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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                   TOMO III
                 [con notas]




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
       Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO III EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XXXV.
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p. 5 Advertencia preliminar La impresión del texto de la primera edición de la Segunda Parte de Don Quijote no resultó tan descuidada y deficiente como la de la Primera Parte de 1605, aunque ni el papel ni el tipo resulten mayormente recomendables. Desde el principio se notan letras rotas o caídas; entre aquéllas figuran t, f, la s larga (ƒ), n y u; hay confusión entre e y c, r y t; la paginación está errada en bastantes ocasiones; la puntuación en casi todas partes es execrable, no obstante mostrar discreción al servirse de los signos ortográficos en alguno que otro pasaje difícil. Por consiguiente, es raro que se pueda apelar al original para determinar el sentido de la frase por medio de la puntuación primitiva. En la Primera Parte se lee más Vuestra Merced (además de v. m. sin resolver), y en la Segunda, Vuessa Merced (al lado de v. merced y v. m.). Habiendo optado por Vuestra Merced al disolver v. m. en la Parte I, he seguido este mismo sistema en la Parte II (*). A menudo se presentaba la tentación de enmendar pequeños defectos de lenguaje en el original, y muchos editores lo han hecho sin indicar el cambio; pero he de insistir que el resultado así conseguido no representa el texto __________ (*) En la segunda mitad de la Parte II, es decir en el Tomo IV, R. Schevill cambió de parecer y optó por vuessa merced para disolver la abreviatura v.m. Para que concuerden los dos tomos de la Parte II, he resuelto esta abreviatura en este Tomo III en vuessa merced. F.J.
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 6 de Cervantes. Para no abultar demasiadamente estos volúmenes no me he explayado en el comentario de términos, frases o nombres ya tratados por otros editores. Tampoco he incluido voces y giros registrados por el diccionario académico. Las abreviaturas se resuelven como en los demás tomos. No hago caso de variantes, omisiones ni adiciones caprichosas de las ediciones posteriores a la muerte de Cervantes, a menos que tengan especial importancia para aclarar el texto. La Segunda Parte no ofrece ningunas dificultades que desenredar de tanta monta como la Primera, vbgr., la pérdida del rucio y su hallazgo, ambos sin explicar, o los pasajes viciados por omisiones o trastornos de frases enteras. El problema que más ha dado que conjeturar a los cervantistas, y que todavía queda en pie a pesar de sus esfuerzos, es la solución del misterio que nos encubre el verdadero nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, autor del falso Quijote, “de aquel que dizen que se engendró en Tordesillas, y nació en Tarragona”. ¿Quién era este escritor, y de qué modo se relacionaba su existencia con la de Cervantes? Se cree, por lo común, que Cervantes no llegó nunca a conocer al historiador fingido; si supiese quién fuera, se hace difícil de interpretar su silencio sobre el caso. ¿Sería posible que no quisiera mentarle para no embrollarse con él, ni andar en dares y tomares con el mundo malicioso de los literatos? Se ha exagerado
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 7 mucho la importancia de la identidad del supuesto autor, y no es probable que el saber su nombre nos explique jamás las semejanzas notables entre ciertos rasgos de su libro y algunos de la Segunda Parte de Cervantes. Todas las conjeturas sobre Avellaneda, hasta ahora divulgadas, han perdido terreno poco a poco, y su verdadera persona se mantiene todavía desconocida. En un artículo que acaba de publicar D. Emilio Cotarelo en el Boletín de la Academia Española (junio de 1934), el erudito académico cree haber encontrado por fin en Guillén de Castro al autor del falso Quijote. Si no me equivoco, tampoco ha dado con la solución, la cual necesita pruebas más terminantes para convencernos y dispersar definitivamente nuestras dudas. No siendo este prólogo el lugar a propósito para refutar esta nueva hipótesis, trataré de ella en otra ocasión. En cuanto a la obra de Avellaneda, la crítica hostil ha aflojado mucho su tono intolerante, y promete cambiar todavía más hasta ver en el desconocido novelista un escritor de dotes muy apreciables. En el siglo XIX los críticos se complacían en hallar en el Quijote de Avellaneda una obra pornográfica y licenciosa, y, por lo general, de pocos, o ningunos méritos. Pero la única base de todo criterio recto en la evaluación artística viene a ser una crítica comparada, según la cual ha de señalarse el cambio del gusto estético de estas materias. Es evidente que el siglo XIX, en consecuencia de una
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 8 sensibilidad falsa y pasajera, veía en las páginas de Avellaneda aspectos censurables en los cuales ya no se hace tanto hincapié ahora. Si algunos escritores de dicho siglo encontraban en el novelista tordesillesco fealdades “que levantaban el estómago en cada página” (M. y P.), ¿qué dirían de la tendencia franca y sobremanera naturalista de ciertos novelistas modernos? Toda crítica ha de ser relativa, y, por lo tanto, nos inclinamos hoy día a reconocer que hay en Avellaneda muchas vulgaridades, una nota prosaica, monotonía en los episodios, ocasionada por falta de invención, lo cual tiende a fatigar al lector. El desconocido autor carece, sobre todo, de esa cualidad luminosa del genio de Cervantes. Pero llegamos a tal conclusión solamente después de una comparación imprescindible del lenguaje, del contenido y del arte de Avellaneda con las bellezas eternas de la obra del más grande de los literatos españoles. En cambio, juzgada por sí sola la novela de Avellaneda, sería un dislate manifiesto no querer admitir que hay en ella muchos rasgos admirables. Desde luego, lejos de estar toda la obra llena de episodios groseros y brutales, está escrita en un castellano vigoroso, con estilo claro, y sin tacha ni de culteranismo, ni de retórica falsa. Si Avellaneda se deja arrastrar algunas veces por su humor espontáneo --por otro lado, casi siempre sano-- a proferir una palabra o un pensamiento arriesgado,
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 9 o si se deja vencer por el mal gusto hasta pintarnos, una sola vez, una escena realmente atrevida, y aun ofensiva (cuento del Rico desesperado), hay que advertir, con plena justicia, que esto sucede en contadísimas páginas, y, que además, por supuesto, no causa mayor efecto en el paladar del lector acostumbrado a las producciones modernas. Nos preguntamos hoy si no sería la novela alguna composición de los años juveniles o estudiantiles del autor desconocido. Hasta el humor quevedesco, los chistes francos y la risa estrepitosa nos llevan a tal conclusión. Lo que parece poco menos que milagroso es que el autor no hubiese escrito más obra que ésta. Y, sin embargo, ni su estilo ni su contenido, recuerdan los de ningún otro escritor coetáneo. Con este tomo y el que ha de seguir pronto termino el comentario a las obras de Cervantes. Han de finalizar la colección un índice y una breve memoria acerca de la vida del gran autor. Durante los muchos años consagrados al trabajo de dilucidar sus escritos, me he atrevido a abrigar una sola esperanza: la de que se haya adelantado algo en el establecimiento de un texto fidedigno de sus obras completas. Al terminar la faena laboriosa de comentarista (ocupación por lo común despreciada), no me hago la ilusión de haber publicado estos volúmenes cervantinos sin muchos defectos, que son de lamentar, ni numerosas equivocaciones, que nadie querrá disculpar. No me ha de valer
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 10 el que todo estudio de lenguaje sea difícil, ni que no hubiera bastado una vida entera dedicada a pesquisas y averiguaciones para dar con la verdad en cada caso. Para tratar del sentido de las voces o de los giros usados en tiempos lejanos, todo investigador se ve obligado, a menudo, a discurrir sobre lo que en realidad no entiende; y para llevar a cabo semejante empresa hay que tener en cuenta la prisa ineludible y el desmayarse de las fuerzas: condiciones de una obra que tiene afinidad, según una comparación de Escalígero, con la faena de laborear las minas y el trabajo del yunque. Para nada sirve alegar inadvertencias causadas por rutinarios deberes del día, ni olvidos producidos por traiciones de la memoria en el momento de mayor urgencia. Se nos escapa hoy lo que se sabía ayer y que se recordará, sin ser llamado, mañana. ¡Felices los que sean escogidos para proseguir una labor tan espiritualmente grata con la seguridad de poderla dejar mejorada en tercio y quinto con sus esfuerzos! Me tendré por afortunado si para el edificio que ellos levanten se vieran necesitados a utilizar algunas de las piedras por mí allegadas. R. S. Berkeley, otoño de 1934.
p. 11 SEGVNDA PARTE DEL INGENIOSO CAVALLERO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Por Miguel de Ceruantes Saauedra, autor de su primera parte Dirigida a don Pedro Fernandez de Castro, Conde de Lemos (*), de Andrade y de Villalua, Marques de Sarria, Gentilhombre de la Camara de Su Magestad, Comendador de la Encomienda de Peñafiel, y la Zarça de la Orden de Alcantara, Virrey, Gouernador y Capitan General del Reyno de Napoles, y Presidente del Supremo Consejo de Italia. Escudo del impresor: una mano, sobre la cual hay un halcón, puesto el Año capirote; debajo, 1615 un león echado; la leyenda dice: Post tenebras spero lvcem. CON PRIVILEGIO __________________________________________________ EN MADRID, por Iuan de la Cuesta. Vendese en casa de Francisco de Robles, librero del Rey nuestro señor.
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p. 13 TASSA Yo, Hernando de Vallejo, Escriuano de Camara del Rey nuestro señor, de los que residen en su Consejo, doy fe: que auiendose visto por los señores del vn libro que compuso 5 Miguel de Ceruantes Saauedra, intitulado don Quixote de la Mancha, segunda parte, que con licencia de su Magestad fue impresso, le tassaron a quatro marauedis cada pliego en papel, el qual tiene setenta y tres pliegos, que al 10 dicho respeto suma y monta docientos y nouenta y dos marauedis, y mandaron que esta tassa se pon[g]a (*) al principio de cada volumen del dicho libro, para que se sepa y entienda, lo que por el se ha de pedir, y lleuar, sin 15 que se exceda en ello en manera alguna, como consta y parece por el auto y decreto orig[i]nal sobre ello dado, y que queda en mi poder, a que me refiero, y de mandamiento de los dichos señores del Consejo, y de pedimiento de 20 la parte del dicho Miguel de Ceruantes di esta fee en Madrid, a veynte y vno dias del mes de otubre de (*) mil y seis cientos y quinze años. Hernando de Vallejo.
p. 14 FEE DE ERRATAS Vi este libro intitulado Segunda parte de don Quixote de la Mancha, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra, y no ay en el cosa digna de notar que no corresponda a su original. 5 Dada en Madrid a veynte y vno de otubre, mil y seiscientos y quinze. El Licenciado Francisco Murcia de la Llana (*).
p. 15 APROVACION Por comission y mandado de los señores del Consejo, he hecho ver el libro contenido en este memorial; no contiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes es libro de mucho 5 entretenimiento licito, mezclado de mucha Filosofia moral; puedesele dar licencia para imprimirle. En Madrid, a cinco de nouiembre de mil seyscientos y quinze. 10 Doctor Gutierre de Cetina (*).
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p. 17 APROVACION Por comission y mandado de los señores del Consejo he visto la segunda parte de don Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes Saauedra; no contiene cosa contra nuestra 5 santa fe catolica, ni buenas costumbres: antes muchas de honesta recreacion y apazible diuertimiento, que los antiguos juzgaron conuenientes a sus Republicas, pues aun [en] la seuera de los Lacedemonios leuantaron estatua a la risa, 10 y los de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo dize Pausanias, referido de Bosio, lib. 2 de signis Eccles., cap. 10, alentando animos marchitos y espiritus melancolicos, de que se acordo Tulio en el primero de legibus, y el poeta 15 diziendo: “Interpone tuis interdum gaudia (*) curis” (*), lo qual haze el autor mezclando las veras a las burlas, lo dulce a lo prouechoso y lo moral a lo faceto, dissimulando en el cebo del donayre el ançuelo de la reprehension, y 20 cumpliendo con el acertado assunto en que pretende la expulsion de los libros de Cauallerias, pues con su buena diligencia mañosamente a limpiado (*) de su contagiosa dolencia a estos reynos. Es obra muy digna de su grande 25 ingenio, honra y lustre de nuestra nacion, admiracion y inuidia de las estrañas. Este es mi parecer, saluo, etc. En Madrid, a 17 de março de 1615. El M. Ioseph de Valdiuielso (*). 30
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p. 19 APROVACION Por comission del señor Doctor Gutierre de Cetina, vicario general desta villa de Madrid, Corte de su Magestad, he visto este libro de la segunda parte del Ingenioso Cauallero don 5 Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes Saauedra, y no hallo en el cosa indigna de vn christiano zelo ni que disuene de la decencia deuida a buen exemplo, ni virtudes morales: antes mucha erudicion y aprouechamiento, assi 10 en la continencia de su bien seguido assunto para extirpar los vanos y mentirosos libros de Cauallerias, cuyo contagio auia cundido mas de lo que fuera justo, como en la lisura del lenguage castellano, no adulterado con enfadosa y 15 estudiada afectacion, vicio con razon aborrecido de hombres cuerdos, y en la correcion de vicios que generalmente toca, ocasionado de sus agudos discursos, guarda con tanta cordura las leyes de reprehension christiana, que aquel que 20 fuere tocado de la enfermedad que pretende curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas gustosamente aura beuido, quando menos lo imagine, sin empacho ni asco alguno, lo prouechoso de la detestacion de su vicio, con que 25 se hallará, que es lo mas dificil de conseguirse, gustoso y reprehendido. Ha auido muchos que por no auer sabido templar ni mezclar a proposito lo vtil con lo dulce han dado con todo su molesto trabajo en 30
APROVACION p. 20 tierra, pues no pudiendo imitar a Diogenes en lo filosofo y docto, atreuida, por no dezir licenciosa y desalumbradamente, le pretenden imitar en lo cinico, entregandose a maldicientes, inuentando casos que no passaron para hazer 5 capaz al vicio que tocan de su aspera reprehension, y por ventura descubren caminos para seguirle hasta entonces ignorados, con que vienen a quedar, si no reprehensores, a lo menos maestros del. Hazense odiosos a los bien 10 entendidos, con el pueblo pierden el credito, si alguno tuuieron, para admitir sus escritos y los vicios que arrojada e imprudentemente quisieren corregir en muy peor estado que antes, que no todas las postemas a vn mismo tiempo 15 estan dispuestas para admitir las recetas o cauterios; antes algunos mucho mejor reciben las blandas y suaues medicinas, con cuya aplicacion el atentado y docto medico consigue el fin de resoluerlas, termino que muchas vezes 20 es mejor que no el que se alcança con el rigor del hierro. Bien diferente han sentido de los escritos de Miguel de Ceruantes assi nuestra nacion como las estrañas, pues como a milagro dessean ver 25 el autor de libros que con general aplauso, assi por su decoro y decencia como por la suauidad y blandura de sus discursos han recebido España, Francia, Italia, Alemania y Flandes (*). Certifico con verdad que en veynte y cinco 30 de febrero deste año de seyscientos y quinze, auiendo ydo el illustrissimo señor don Bernardo
APROVACION p. 21 de Sandoual y Rojas, cardenal arçobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Illustrissima hizo el embaxador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus principes y los de España, muchos 5 caualleros francesses de los que vinieron acompañando al embaxador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mi y a otros capellanes del cardenal mi señor, desseosos de saber qué libros de ingenio 10 andauan mas validos, y tocando a caso en este que yo estaua censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Ceruantes, quando se començaron a hazer lenguas, encareciendo la estimacion en que assi en Francia como en los 15 reynos sus confinantes, se tenian sus obras, la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte desta, y las Nouelas. Fueron tantos sus encare[ci]mientos, que me ofreci lleuarles que viessen el autor dellas, que 20 estimaron con mil demostraciones de viuos desseos. Preguntaronme muy por menor su edad, su profession, calidad y cantidad. Halleme obligado a dezir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que vno respondio estas 25 formales palabras: “Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario publico?” Acudio otro de aquellos caualleros con este pensamiento y con mucha agudeza, y dixo: 30 “Si necessidad le ha de obligar a escriuir, plega a Dios que nunca tenga abundancia para
APROVACION p. 22 que con sus obras, siendo el pobre, haga rico a todo el mundo.” Bien creo que está, para censura, vn poco larga, alguno dira que toca los limites de lisongero elogio: mas la verdad de lo que 5 cortamente digo deshaze en el critico la sospecha y en mi el cuydado; ademas que el dia de oy no se lisongea a quien no tiene con que cebar el pico del adulador que, aunque afectuosa y falsamente dize de burlas, pretende ser remunerado 10 de veras. En Madrid, a veynte y siete de febrero de mil y seyscientos y quinze. El Licenciado Marquez Torres (*).
p. 23 PRIVILEGIO Por quanto por parte de vos, Miguel de Ceruantes Saauedra, nos fue fecha relacion que auiades compuesto la segunda parte de don Quixote de la Mancha, de la qual haziades 5 presentacion, y por ser libro de historia agradable y honesta, y aueros costado mucho trabajo y estudio, nos suplicastes os mandassemos dar licencia para le poder imprimir y priuilegio por veynte años, o como la nuestra 10 merced fuesse, lo qual visto por los del nuestro Consejo, por quanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la prematica, por nos sobre ello fecha, dispone, fue acordado que deuiamos mandar dar esta nuestra cedula en 15 la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por la qual vos damos licencia y facultad para que por tiempo y espacio de diez años cumplidos primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el dia de la fecha de esta nuestra cedula 20 en adelante, vos, o la persona que para ello vuestro poder ouiere, y no otra alguna, podais imprimir y vender el dicho libro que de suso se haze mencion, y por la presente damos licencia y facultad a qualquier impressor de 25 nuestros reynos que nombraredes para que durante el dicho tiempo le pueda imprimir por el original, que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Hernando de Vallejo, nuestro escriuano de Camara, y 30
PRIVILEGIO p. 24 vno de los que en el residen, con que antes y primero que se venda lo traygais ante ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la dicha impression está conforme a el, o traygais fe en publica forma, como por 5 corretor por nos nombrado se vio y corrigio la dicha impression por el dicho original, y mas al dicho impressor que ansi imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego del, ni entregue mas de vn solo libro 10 con el original al autor y persona a cuya costa lo imprimiere, ni a otra alguna, para efecto de la dicha correcion y tassa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y tassado por los del nuestro Consejo, y estando hecho, 15 y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, en el qual imediatamente ponga esta nuestra licencia y la aprouacion, tassa y erratas, ni lo podais vender, ni vendais vos ni otra persona alguna, hasta que 20 esté el dicho libro en la forma susodicha, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la dicha prematica y leyes de nuestros reynos que sobre ello disponen, y mas, que durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra 25 licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere y vendiere aya perdido y pierda qualesquiera libros, moldes y aparejos que del tuuiere, y mas incurra en pena de cincuenta mil marauedis por cada vez 30 que lo contrario hiziere, de la qual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Camara, y la
PRIVILEGIO p. 25 otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para el que lo denunciare; y mas a los del nuestro Consejo, Presidentes, Oydores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alg[u]aziles de la nuestra Casa 5 y Corte y Chancillerias, y a otras qualesquiera justicias de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reynos y señorios y a cada vno en su juridicion, ansi a los que agora son como a los que seran de aqui adelante, que 10 vos guarden y cumplan esta nuestra cedula y merced, que ansi vos hazemos, y contra ella no vayan ni passen en manera alguna, so pena de la nuestra merced y de diez mil marauedis para la nuestra Camara. 15 Dada en Madrid, a treynta dias del mes de Março de mil y seiscientos y quinze años. YO EL REY Por mandado del Rey nuestro señor, Pedro de Contreras 20
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p. 27 PROLOGO AL LECTOR (*) Valame Dios, y con quanta gana deues de estar esperando aora, lector illustre, o quier plebeyo, este prologo, creyendo hallar en el venganças, riñas y vituperios del autor del 5 segundo don Quixote, digo de aquel que dizen que se engendró en Tordesillas y nacio en Tarragona (*). Pues en verdad que no te he (*) dar este contento, que puesto que los agrauios despiertan la colera en los mas humildes 10 pechos, en el mio ha de padecer excepcion esta regla; quisieras tu que lo diera del asno, del mentecato y del atreuido; pero no me passa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y alla se lo aya (*). 15 Lo que no he podido dexar de sentir es que me note de viejo y de manco (*), como si huuiera sido en mi mano auer detenido el tiempo que no passasse por mi, o si mi manquedad huuiera nacido en alguna taberna, sino en la 20 mas alta ocasion que vieron los siglos passados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimacion de los que saben dónde se 25 cobraron; que el soldado mas bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga (*), y es esto en mi de manera, que si aora me propusieran y facilitaran vn impossible, quisiera antes auerme hallado en aquella faccion 30
PROLOGO p. 28 prodigiosa que sano aora de mis heridas sin auerme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guian a los demas al cielo de la honra, y al de dessear la justa alabança, y hase de 5 aduertir que no se escriue con las canas, sino con el entendimiento, el qual suele mejorarse con los años. He sentido tambien que me llame inuidioso, y que, como a ignorante, me descriua qué cosa 10 sea la inuidia (*); que en realidad de verdad, de dos que ay yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada; y siendo esto assi, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningun sacerdote, y mas si tiene por añadidura 15 ser familiar del Santo Oficio (*), y si el lo dixo, por quien parece que lo dixo, engañose de todo en todo; que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupacion continua y virtuosa. Pero, en efecto, le agradezco a este 20 señor autor el dezir que mis Nouelas son mas satiricas que exemplares (*), pero que son buenas; y no lo pudieran ser si no tuuieran de todo. Pareceme que me dizes que ando muy limitado y que me contengo mucho en los terminos 25 de mi modestia, sabiendo que no se ha añadir (*) aflicion al afligido, y que la que deue de tener este señor sin duda es grande, pues no ossa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su 30 patria, como si huuiera hecho alguna traycion de lesa magestad. Si por ventura llegares a
PROLOGO p. 29 conocerle, dile de mi parte que no me tengo por agrauiado; que bien se lo que son tentaciones del demonio, y que vna de las mayores es ponerle a vn hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir vn libro con 5 que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros quanta fama, y para confirmacion desto quiero que en tu buen donayre y gracia le cuentes este cuento. Auia en Seuilla vn loco que dio en el mas 10 gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo. Y fue que hizo vn cañuto de caña puntiagudo en el fin, y, en cogiendo algun perro en la calle, o en qualquiera otra parte, con el vn pie le cogia el suyo, y el otro le alçaua con 15 la mano, y como mejor podia le acomodaua el cañuto en la parte que, soplandole, le ponia redondo como vna pelota, y, en teniendolo desta suerte, le daua dos palmaditas en la barriga y le soltaua, diziendo a los circunstantes, 20 que siempre eran muchos: “¿Pensarán vuessas mercedes aora que es poco trabajo inchar vn perro?” “¿Pensará vuessa merced aora que es poco trabajo hazer vn libro?” --Y si este cuento no le quadrare, dirasle, lector amigo, este, 25 que tambien es de loco y de perro. Auia en Cordoua otro loco que tenia por costumbre de traer encima de la cabeça vn pedaço de losa de marmol, o vn canto no muy liuiano, y, en topando algun perro descuydado, 30 se le ponia junto, y a plomo dexaua caer sobre el el peso (*). Amohinauase el perro y,
PROLOGO p. 30 dando ladridos y aullidos, no paraua en tres calles. Sucedio, pues, que entre los perros que descargó la carga, fue vno vn perro de vn bonetero, a quien queria mucho su dueño. Baxó el 5 canto, diole en la cabeça, alçó el grito el molido perro, violo y sintiolo su amo, assio de vna vara de medir y salio al loco, y no le dexó huesso sano; y cada palo que le daua dezia: “Perro ladron, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, 10 que era podenco mi perro?” Y, repitiendole el nombre de podenco muchas vezes, embió al loco echo vna alheña. Escarmento el loco y retirose, y en mas de vn mes no salio a la plaça, al cabo del qual 15 tiempo boluio con su inuencion y con mas carga. Llegauase donde estaua el perro y, mirandole muy bien de hito en hito y, sin querer ni atreuerse a descargar la piedra, dezia: “Este es podenco; guarda.” En (*) efeto, todos quantos 20 perros topaua, aunque fuessen alanos o gozques, dezia que eran podencos, y assi, no solto mas el canto. Quiça de esta suerte le podra acontecer a este historiador, que no se atreuera a soltar 25 mas la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son mas duros que las peñas. Dile tambien que de la amenaza que me haze, que me ha de quitar la ganancia con su libro (*), no se me da vn ardite; que acomodandome 30 al entremes famoso de la Perendenga (*), le respondo que me viua el Veynteyquatro
PROLOGO p. 31 mi señor, y Christo con todos. Viua el gran Conde de Lemos, cuya christiandad y liberalidad bien conocida contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y viuame la suma caridad del illustrissimo de Toledo don 5 Bernardo de Sandoual y Rojas (*), y siquiera no aya emprentas en el mundo, y siquiera se impriman contra mi mas libros que tienen (*) letras las coplas de Mingo Rebulgo. Estos dos principes, sin que los solicite adulacion mia, ni 10 otro genero de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hazerme merced y fauorecerme; en lo que me tengo por mas dichoso y mas rico que si la fortuna por camino ordinario me huuiera puesto en su cumbre. 15 La honra puedela tener el pobre, pero no el vicioso: la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud de alguna luz de si, aunque sea por los inconuenientes y resquicios de la estrecheza, 20 viene a ser estimada de los altos y nobles espiritus, y, por el consiguiente, fauorecida. Y no le digas mas, ni yo quiero dezirte mas a ti, sino aduertirte que consideres que esta segunda parte de don Quixote que te ofrezco, 25 es cortada del mismo artifice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quixote dilatado y, finalmente, muerto y sepultado, por que ninguno se atreua a leuantarle nueuos testimonios, pues bastan los passados, 30 y basta tambien que vn hombre honrado aya dado noticia destas discretas locuras, sin querer
PROLOGO p. 32 de nueuo entrarse en ellas; que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, haze que no se estimen, y la carestia, aun de las malas, se estima en algo. Oluidaseme (*) de dezirte, que esperes el Persiles que ya estoy acabando y la 5 segunda parte de Galatea.
p. 33 DEDICATORIA AL CONDE DE LEMOS Embiando a Vuestra Excelencia los dias passados mis Comedias, antes impressas que representadas, si bien me acuerdo, dixe que don Quixote quedaua calçadas las espuelas 5 para yr a besar las manos a Vuestra Excelencia, y aora digo que se las ha calçado y se ha puesto en camino, y si el alla llega me parece que aure hecho algun seruicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priessa que de 10 infinitas partes me dan a que le embie, para quitar el hamago y la nausea que ha causado otro don Quixote, que con nombre de segunda parte se ha disfraçado y corrido por el orbe; y el que mas ha mostrado dessearle ha sido el grande 15 Emperador de la China, pues en lengua chinesca aura vn mes que me escriuio vna carta con vn propio (*), pidiendome, o por mejor dezir, suplicandome, se le embiasse porque queria fundar vn colegio donde se leyesse la lengua 20 castellana, y queria que el libro que se leyesse fuesse el de la historia de don Quixote; juntamente con esto me dezia que fuesse yo a ser el Rector del tal colegio. Preguntele al portador (*) si su magestad le 25 auia dado para mi alguna ayuda de costa. Respondiome que ni por pensamiento. “Pues, hermano”, le respondi yo, “vos os podeys boluer a vuestra China a las diez o a las veynte o a las que venis despachado, porque yo 30
DEDICATORIA p. 34 no estoy con salud para ponerme en tan largo viage. Ademas, que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y, emperador por emperador y monarca por monarca, en Napoles tengo al grande Conde de Lemos, que, sin tantos titulillos 5 de colegios ni rectorias, me sustenta, me ampara y haze mas merced que la que yo acierto a dessear.” Con esto le despedi, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia Los trabajos 10 de Persilis y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente; el qual ha de ser, o el mas malo, o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero dezir de los de entretenimiento, y digo que me 15 arrepiento de auer dicho el mas malo, porque segun la opinion de mis amigos ha de llegar al estremo de bondad possible. Venga Vuestra Excelencia con la salud que es desseado, que ya estara Persiles para besarle 20 las manos, y yo, los pies, como criado que soy de Vuestra Excelencia. De Madrid, vltimo de otubre de mil seyscientos y quinze. Criado de Vuestra Excelencia, 25 Miguel de Ceruantes Saauedra.
p. 35 Capitulo primero De lo que el cura y el barbero passaron con don Quixote cerca de su enfermedad. Cuenta Zide Hamete Benengeli en la segunda parte desta historia, y tercera salida de 5 don Quixote, que el cura y el barbero se estuuieron casi vn mes sin verle, por no renouarle y traerle a la memoria las cosas passadas. Pero no por esto dexaron de visitar a su sobrina y a su ama, encargandolas tuuiessen cuenta 10 con regalarle, dandole a comer cosas confortatiuas y apropiadas para el coraçon y el celebro, de donde procedia, segun buen discurso, toda su mala ventura. Las quales dixeron que assi lo hazian, y lo harian con la voluntad y 15 cuydado possible, porque echauan de ver que su señor por momentos yua dando muestras de estar en su entero juyzio, de lo qual recibieron los dos gran contento por parecerles que auian acertado en auerle traydo encantado en el 20 carro de los bueyes, como se conto en la primera parte desta tan grande como puntual historia, en su vltimo capitulo. Y, assi, determinaron de visitarle y hazer esperiencia de su mejoria, aunque tenian casi por impossible que 25 la tuuiesse, y acordaron de no tocarle en ningun punto de la andante caualleria, por no ponerse a peligro de descosser los de la herida, que tan tiernos estauan. Visitaronle, en fin, y hallaronle sentado en 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36 la cama, vestida vna almilla de vayeta verde, con vn bonete colorado toledano, y estaua tan seco y amoxamado, que no parecia sino hecho de carne momia. Fueron del muy bien recebidos, preguntaronle por su salud, y el dio cuenta 5 de si y de ella con mucho juyzio y con muy elegantes palabras. Y en el discurso de su platica vinieron a tratar en esto que llaman razon de estado y modos de gouierno, enmendando este abuso y condenando aquel; 10 reformando vna costumbre y desterrando otra, haziendose cada vno de los tres vn nueuo legislador, vn Licurgo moderno o vn Solon flamante; y de tal manera renouaron la Republica, que no parecio sino que la auian puesto 15 en vna fragua y sacado otra de la que pusieron; y habló don Quixote con tanta discrecion en todas las materias que se tocaron, que los dos essaminadores creyeron indubitadamente que estaua del todo bueno y en su entero 20 juyzio. Hallaronse presentes a la platica la sobrina y ama, y no se hartauan de dar gracias a Dios de ver a su señor con tan buen entendimiento; pero el cura, mudando el proposito primero, 25 que era de no tocarle en cosa de cauallerias, quiso hazer de todo en todo esperiencia si la sanidad de don Quixote era falsa o verdadera; y assi, de lance en lance vino a contar algunas nueuas que auian venido de la Corte, y, entre 30 otras, dixo que se tenia por cierto que el Turco baxaua con vna poderosa armada, y que no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 37 se sabia su designio, ni adonde auia de descargar tan gran nublado, y con este temor, con que casi cada año nos toca arma, estaua puesta en ella toda la christiandad, y su magestad auia hecho proueer las costas de Napoles y 5 Sicilia y la Isla de Malta. A esto respondio don Quixote: “Su magestad ha hecho como prudentissimo guerrero en proueer sus estados con tiempo porque no le halle dessapercebido el enemigo, 10 pero si se tomara mi consejo, aconsejarale yo que vsara de vna preuencion, de la qual su magestad la hora de agora deue estar muy ageno de pensar en ella.” Apenas oyo esto el cura, quando dixo 15 entre si: “Dios te tenga de su mano, pobre don Quixote, que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad.” 20 Mas el barbero, que ya auia dado en el mesmo pensamiento que el cura, preguntó a don Quixote quál era la aduertencia de la preuencion que dezia era bien se hiziesse; quiza podria ser tal, que se pusiesse en la lista 25 de los muchos aduertimientos impertinentes que se suelen dar a los principes. “El mio, señor rapador”, dixo don Quixote, “no sera impertinente, sino perteneciente.” “No lo digo por tanto”, replicó el barbero, 30 “sino porque tiene mostrado la esperiencia que todos o los mas arbitrios, que se dan a su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38 magestad, o son impossibles o disparatados, o en daño del rey o del reyno.” “Pues el mio”, respondio don Quixote, “ni es impossible ni disparatado, sino el mas facil, el mas justo y el mas mañero y breue que puede 5 caber en pensamiento de arbitrante alguno.” “Ya tarda en dezirle vuessa merced, señor don Quixote”, dixo el cura. “No querria”, dixo don Quixote, “que le dixesse yo aqui agora, y amaneciesse mañana 10 en los oydos de los señores consejeros, y se lleuasse otro las gracias y el premio de mi trabajo.” “Por mi”, dixo el barbero, “doy la palabra, para aqui y para delante de Dios, de no dezir 15 lo que vuessa merced dixere a rey ni a roque, ni a hombre terrenal: juramento que aprendi del romance del cura que en el prefacio auisó al rey del ladron que le auia robado las cien doblas y la su mula la andariega (*).” 20 “No se historias”, dixo don Quixote, “pero se que es bueno esse juramento, en fee de que se que es hombre de bien el señor barbero.” “Quando no lo fuera”, dixo el cura, “yo le abono y salgo por el, que en este caso no 25 hablará mas que vn mudo, so pena de pagar lo juzgado y sentenciado.” “Y a vuessa merced ¿quién le fia, señor cura?”, dixo don Quixote. “Mi profession”, respondio el cura, “que es 30 de guardar secreto.” “¡Cuerpo de tal!”, dixo a esta sazon don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 39 Quixote. “¿Ay mas sino mandar su magestad por publico pregon que se junten en la Corte para vn dia señalado todos los caualleros andantes que vagan por España, que aunque no viniessen sino media docena, tal podria venir 5 entre ellos que solo bastasse a destruyr toda la potestad del Turco? Estenme vuessas mercedes atentos y vayan conmigo. ¿Por ventura, es cosa nueua deshazer vn solo cauallero andante vn exercito de docientos mil hombres, 10 como si todos juntos tuuieran vna sola garganta, o fueran hechos de alfeñique (*)? Si no, diganme, ¿quántas historias estan llenas destas marauillas? ¡Auia, en hora mala para mi, que no quiero dezir para otro, de viuir oy el famoso 15 don Belianis o alguno de los del inumerable linage de Amadis de Gaula!; que si alguno destos oy viuiera y con el Turco se afrontara, a fee que no le arrendara la ganancia; pero Dios mirará por su pueblo y deparará alguno, 20 que, si no tan brauo como los passados andantes caualleros, a lo menos, no les sera inferior en el animo; y Dios me entiende y no digo mas.” “¡Hai!”, dixo a este punto la sobrina, “¡que 25 me maten, si no quiere mi señor boluer a ser cauallero andante!” A lo que dixo don Quixote: “Cauallero andante he de morir, y baxe o suba el Turco quando el quisiere y quan 30 poderosamente pudiere; que otra vez digo que Dios me entiende.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40 A esta sazon dixo el barbero: “Suplico a vuessas mercedes que se me de licencia para contar vn cuento breue que sucedio en Seuilla, que, por venir aqui como de molde, me da gana de contarle.” 5 Dio la licencia don Quixote, y el cura y los demas le prestaron atencion, y el començo desta manera: “En la casa de los locos de Seuilla estaua vn hombre a quien sus parientes auian puesto alli 10 por falto de juyzio; era graduado en Canones por Osuna, pero aunque lo fuera por Salamanca, segun opinion de muchos, no dexara de ser loco. Este tal graduado, al cabo de algunos años de recogimiento (*) se dio a entender que 15 estaua cuerdo y en su entero juyzio, y con esta imaginacion escriuio al arçobispo, suplicandole encarecidamente, y con muy concertadas razones, le mandasse sacar de aquella miseria en que viuia, pues por la misericordia de Dios 20 auia ya cobrado el juyzio perdido, pero que sus parientes, por gozar de la parte de su hazienda, le tenian alli, y, a pesar de la verdad, querian que fuesse loco hasta la muerte. ”El arçobispo, persuadido de muchos villetes 25 concertados y discretos, mandó a vn capellan suyo se informasse del retor de la casa si era verdad lo que aquel licenciado le escriuia, y que assimesmo hablasse con el loco, y que si le pareciesse que tenia juyzio, le sacasse y 30 pusiesse en libertad. Hizolo assi el capellan, y el retor le dixo que aquel hombre aun se estaua
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 41 loco; que puesto que hablaua muchas vezes como persona de grande entendimiento, al cabo disparaua (*) con tantas necedades, que en muchas y en grandes igualauan a sus primeras discreciones, como se podia hazer la esperiencia 5 hablandole. Quiso hazerla el capellan, y, poniendole con el loco, habló con el vna hora y mas, y en todo aquel tiempo jamas el loco dixo razon torzida ni disparatada, antes habló tan atentadamente que el capellan fue forçado a 10 creer que el loco estaua cuerdo; y entre otras cosas que el loco le dixo fue que el retor le tenia ojeriza, por no perder los regalos que sus parientes le hazian por que dixesse que aun estaua loco, y con luzidos interualos, y que el 15 mayor contrario que en su desgracia tenia era su mucha hazienda, pues por gozar della sus enemigos ponian dolo y dudauan de la merced que nuestro Señor le auia hecho en boluerle de bestia en hombre; finalmente, el habló de 20 manera, que hizo sospechoso al retor, codiciosos y desalmados a sus parientes, y a el tan discreto, que el capellan se determinó a lleuarsele consigo, a que el arçobispo le viesse y tocasse con la mano la verdad de aquel 25 negocio. ”Con esta buena fee, el buen capellan pidio al retor mandasse dar los vestidos con que alli auia entrado el licenciado; boluio a dezir el retor que mirasse lo que hazia, porque sin duda 30 alguna el licenciado aun se estaua loco; no siruieron de nada para con el capellan las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42 preuenciones y aduertimientos del retor para que dexasse de lleuarle; obedecio el retor, viendo ser orden del arçobispo; pusieron al licenciado sus vestidos, que eran nueuos y decentes, y como el se vio vestido de cuerdo y desnudo 5 de loco, suplicó al capellan que por caridad le diesse licencia para yr a despedirse de sus compañeros los locos; el capellan dixo que el le queria acompañar y ver los locos que en la casa auia; subieron, en efeto, y con ellos 10 algunos que se hallaron presentes, y llegado el licenciado a vna xaula adonde estaua vn loco furioso, aunque entonces sossegado y quieto, le dixo: «Hermano mio, mire si me manda algo, que 15 »me voy a mi casa; que ya Dios ha sido seruido »por su infinita bondad y misericordia, sin yo »merecerlo, de boluerme mi juyzio; ya estoy »sano y cuerdo, que acerca del poder de Dios »ninguna cosa es impossible; tenga grande 20 »esperança y confiança en El, que pues a mi me »ha buelto a mi primero estado, tambien le boluera »a el, si en El confia; yo tendre cuydado de »embiarle algunos regalos que coma, y comalos »en todo caso, que le hago saber que imagino, 25 »como quien ha passado por ello, que todas »nuestras locuras proceden de tener los »estomagos vazios y los celebros llenos de ayre; »esfuercesse, esfuercese, que el descaecimiento »en los infortunios apoca la salud y acarrea la 30 »muerte.» ”Todas estas razones del licenciado escuchó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 43 otro loco que estaua en otra xaula, frontero de la del furioso, y leuantandose de vna estera vieja, donde estaua echado y desnudo en cueros, preguntó a grandes vozes quién era el que se yua sano y cuerdo; el licenciado respondio: 5 «Yo soy, hermano, el que me voy; que ya no »tengo necessidad de estar mas aqui, por lo que »doy infinitas gracias a los cielos que tan »grande merced me han hecho.» «Mirad lo que dezis, licenciado, no os engañe 10 »el diablo», replicó el loco; «sossegad el pie y »estaos quedito en vuestra casa y ahorrareis la »buelta.» «Yo se que estoy bueno», replicó el licenciado, «y no aura para que tornar a andar 15 »estaciones.» «¿Vos bueno?», dixo el loco; «agora bien, ello »dira; andad con Dios, pero yo os voto a Iupiter, »cuya magestad yo represento en la tierra, que »por solo este pecado que oy comete Seuilla en 20 »sacaros desta casa y en teneros por cuerdo, »tengo de hazer vn tal castigo en ella, que quede »memoria del por todos los siglos de los siglos, »amen. ¿No sabes tu, licenciadillo menguado, »que lo podre hazer, pues, como digo, soy 25 »Iupiter tonante, que tengo en mis manos los rayos »abrassadores con que puedo y suelo amenazar »y destruyr el mundo? Pero con sola vna cosa »quiero castigar a este ignorante pueblo, y es »con no llouer en el, ni en todo su distrito y 30 »contorno, por tres enteros años, que se han de »contar desde el dia y punto en que ha sido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44 »hecha esta amenaza en adelante. ¿Tu libre, tu »sano, tu cuerdo; y yo loco, y yo enfermo, y yo »atado? Assi pienso llouer como pensar »ahorcarme.» ”A las vozes y a las razones del loco 5 estuuieron los circustantes atentos; pero nuestro licenciado, boluiendose a nuestro capellan y asiendole de las manos, le dixo: «No tenga vuessa merced pena, señor mio, »ni haga caso de lo que este loco ha dicho; que 10 »si el es Iupiter y no quisiere llouer, yo que soy »Neptuno, el padre y el dios de las aguas, »llouere todas las vezes que se me antojare y »fuere menester.» ”A lo que respondio el capellan: 15 «Con todo esso, señor Neptuno, no sera bien »enojar al señor Iupiter; vuessa merced se »quede en su casa; que otro dia, quando aya mas »comodidad y mas espacio, bolueremos por »vuessa merced.» 20 ”Riose el retor y los presentes, por cuya risa se medio corrio el capellan; desnudaron al licenciado, quedose en casa y acabose el cuento.” “Pues ¿este es el cuento, señor barbero”, dixo 25 don Quixote, “que, por venir aqui como de molde, no podia dexar de contarle? ¡A, señor rapista, señor rapista, y quán ciego es aquel que no vee por tela de cedazo! Y ¿es possible que vuessa merced no sabe que las comparaciones que 30 se hazen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linage a linage
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 45 son siempre odiosas y mal recebidas? Yo, señor barbero, no soy Neptuno el dios de las aguas, ni procuro que nadie me tenga por discreto, no lo siendo; solo me fatigo por dar a entender al mundo en el error (*) en que está, en no renouar 5 en si el felicissimo tiempo donde campeaua la orden de la andante caualleria; pero no es merecedora la deprauada edad nuestra de gozar tanto bien como el que gozaron las edades donde los andantes caualleros tomaron a su 10 cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reynos, el amparo de las donzellas, el socorro de los huerfanos y pupilos, el castigo de los soberuios y el premio de los humildes. Los mas de los caualleros que agora se vsan, 15 antes les cruxen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no ay cauallero que duerma en los campos, sugeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la 20 cabeça; y ya no ay quien (*), sin sacar los pies de los estriuos, arrimado a su lança, solo procure descabeçar, como dizen, el sueño como lo hazian los caualleros andantes. Ya no ay ninguno que saliendo deste bosque entre en 25 aquella montaña, y de alli, pise vna esteril y desierta playa del mar, las mas vezes proceloso y alterado; y, hallando en ella y en su orilla vn pequeño batel sin remos, vela, mastil, ni xarcia alguna, con intrepido coraçon se arroge 30 en el, entregandose a las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46 baxan al abismo, y el, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, quando menos se cata, se halla tres mil y mas leguas distante del lugar donde se embarcó; y, saltando en tierra remota y no conocida le suceden cosas dignas 5 de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. ”Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentia y la teorica 10 de la practica de las armas, que solo viuieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caualleros. Si no, diganme, ¿quién mas honesto y mas valiente que el famoso Amadis de Gaula? ¿Quién mas discreto que 15 Palmerin de Inglaterra? ¿Quién mas acomodado y manual que Tirante el Blanco? ¿Quién mas galan que Lisuarte de Grecia? ¿Quién mas acuchillado ni acuchillador que don Belianis? ¿Quién mas intrepido que Perion de Gaula? 20 O ¿quién mas acometedor de peligros que Felixmarte de Yrcania? O ¿quién mas sincero que Esplandian? ¿Quién mas arrojado que don Ceriongilio (*) de Tracia? ¿Quién mas brauo que Rodamonte? ¿Quién mas prudente que el 25 rey Sobrino? ¿Quién mas atreuido que Reynaldos? ¿Quién mas inuencible que Roldan? Y ¿quién mas gallardo y mas cortés que Rugero, de quien decienden oy los duques de Ferrara, segun Turpin en su Cosmografia? (*) 30 ”Todos estos caualleros, y otros muchos que pudiera dezir, señor cura, fueron caualleros
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 47 andantes, luz y gloria de la caualleria. Destos, o tales como estos, quisiera yo que fueran los de mi arbitrio, que a serlo, su magestad se hallara bien seruido, y ahorrara de mucho gasto, y el Turco se quedara pelando las barbas; y, 5 con esto, no (*) quiero quedar en mi casa, pues no me saca el capellan della, y [si] (*) Iupiter, como ha dicho el barbero, no llouiere, aqui estoy yo que llouere quando se me antojare; digo esto, por que sepa el señor Vazia que le 10 entiendo.” “En verdad, señor don Quixote”, dixo el barbero, “que no lo dixe por tanto, y assi me ayude Dios como fue buena mi intencion, y que no deue vuessa merced sentirse.” 15 “Si puedo sentirme o no”, respondio don Quixote “yo me lo se.” A esto dixo el cura: “Aun bien que yo casi no he hablado palabra hasta aora, y no quisiera quedar con vn 20 escrupulo que me roe y escarua la conciencia, nacido de lo que aqui el señor don Quixote ha dicho.” “Para otras cosas mas”, respondio don Quixote, “tiene licencia el señor cura, y assi puede 25 dezir su escrupulo, porque no es de gusto andar con la conciencia escrupulosa.” “Pues con esse beneplacito”, respondio el cura, “digo que mi escrupulo es que no me puedo persuadir en ninguna manera a que 30 toda la caterua de caualleros andantes que vuessa merced, señor don Quixote, ha referido,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48 ayan sido real y verdaderamente personas de carne y huesso en el mundo; antes imagino que todo es ficcion, fabula y mentira, y sueños contados por hombres despiertos o, por mejor dezir, medio dormidos.” 5 “Esse es otro error”, respondio don Quixote, “en que han caydo muchos que no creen que aya auido tales caualle[r]os en el mundo, y yo muchas vezes, con diuersas gentes y ocasiones, he procurado sacar a la luz de la verdad este 10 casi comun engaño; pero algunas vezes no he salido con mi intencion y otras si, sustentandola sobre los ombros de la verdad, la qual verdad es tan cierta, que estoy por dezir que con mis propios ojos vi a Amadis de Gaula, que 15 era vn hombre alto de cuerpo, blanco de rostro, bien puesto de barba, aunque negra, de vista entre blanda y rigurosa, corto de razones, tardo en ayrarse y presto en deponer la ira; y del modo que he delineado a Amadis, pudiera, a 20 mi parecer, pintar y [describir] (*) todos quantos caualleros andantes andan en las historias en el orbe; que por la aprehension que tengo de que fueron como sus historias cuentan, y por las hazañas que hizieron y condiciones que 25 tuuieron, se pueden sacar por buena filosofia sus faciones, sus colores y estaturas.” “¿Qué tan (*) grande le parece a vuessa merced, mi señor don Quixote”, preguntó el barbero, “deuia de ser el gigante Morgante?” 30 “En esto de gigantes”, respondio don Quixote, “ay diferentes opiniones, si los ha auido o
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 49 no en el mundo (*): pero la Santa Escritura, que no puede faltar vn atomo en la verdad, nos muestra que los huuo, contandonos la historia de aquel filisteazo de Golias, que tenia siete codos y medio de altura, que es vna desmesurada 5 grandeza. Tambien en la isla de Sicilia se han hallado canillas (*) y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes, como grandes torres, que la geometria saca esta verdad de 10 duda. Pero con todo esto no sabre dezir con certidumbre qué tamaño tuuiesse Morgante, aunque imagino que no deuio de ser muy alto; y mueueme a ser deste parecer hallar en la historia donde se haze mencion particular 15 de sus hazañas, que muchas vezes dormia debaxo de techado, y pues hallaua casa donde cupiesse, claro está que no era desmesurada su grandeza.” “Assi es”, dixo el cura. 20 El qual, gustando de oyrle dezir tan grandes disparates, le preguntó que qué sentia acerca de los rostros de Reynaldos de Montaluan y de don Roldan, y de los demas doze Pares de Francia, pues todos auian sido caualleros 25 andantes. “De Reynaldos”, respondio don Quixote, “me atreuo a dezir que era ancho de rostro, de color bermejo, los ojos bayladores y algo saltados, puntoso y colerico en demasia, amigo 30 de ladrones y de gente perdida; de Roldan o Rotolando o Orlando, que con todos estos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 nombres le nombran las historias, soy de parecer, y me afirmo, que fue de mediana estatura, ancho de espaldas, algo esteuado, moreno de rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y de vista amenazadora, corto de razones, pero 5 muy comedido y bien criado.” “Si no fue Roldan mas gentilhombre que vuessa merced ha dicho”, replicó el cura, “no fue marauilla que la señora Angelica la Bella le desdeñasse y dexasse por la gala, brio y 10 donayre que deuia de tener el morillo barbiponiente a quien ella se entregó, y anduuo discreta de adamar antes la blandura de Medoro, que la aspereça de Roldan.” “Essa Angelica”, respondio don Quixote, 15 “señor cura, fue vna donzella destrayda, andariega y algo antojadiza, y tan lleno dexó el mundo de sus impertinencias como de la fama de su hermosura: despreció mil señores, mil valientes y mil discretos, y contentose con 20 vn pagezillo barbiluzio, sin otra hazienda ni nombre que el que le pudo dar de agradecido la amistad que guardó a su amigo. El gran cantor de su belleza, el famoso Ariosto, por no atreuerse o por no querer cantar lo que a esta 25 señora le sucedio despues de su ruyn entrego, que no deuieron ser cosas demasiadamente honestas, la dexó, donde dixo: Y como del Catay recibio el cetro, quiza otro cantará con mejor plectro (*). 30 ”Y, sin duda, que esto fue como profecia, que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 51 los poetas tambien se llaman vates, que quiere dezir adiuinos; veese esta verdad clara: porque despues aca vn famoso poeta andaluz lloró y cantó sus lagrimas, y otro famoso y vnico poeta castellano cantó su hermosura (*).” 5 “Digame, señor don Quixote”, dixo a esta sazon el barbero, “¿no ha auido algun poeta que aya hecho alguna satira a essa señora Angelica entre tantos como la han alabado?” “Bien creo yo”, respondio don Quixote, “que 10 si Sacripante o Roldan fueran poetas, que ya me huuieran xabonado a la donzella, porque es propio y natural de los poetas desdeñados y no admitidos de sus damas --fingidas (*), o [no] fingidas-- en efeto, de aquellas (*) a quien 15 ellos escogieron por señoras de sus pensamientos, vengarse con satiras y libelos, vengança, por cierto, indigna de pechos generosos; pero hasta agora no ha llegado a mi noticia ningun verso infamatorio contra la señora Angelica, 20 que truxo rebuelto el mundo.” (*) “Milagro”, dixo el cura. Y, en esto, oyeron que la ama y la sobrina, que ya auian dexado la conuersacion, dauan grandes vozes en el patio, y acudieron todos 25 al ruydo.
p. 52 Capitulo II Que trata de la notable pendencia (*) que Sancho Pança tuuo con la sobrina y ama de don Quixote, con otros sugetos graciosos. Cuenta la Historia que las vozes que oyeron 5 don Quixote, el cura y el barbero eran de la sobrina y ama, que las dauan, diziendo a Sancho Pança, que pugnaua por entrar a ver a don Quixote, y ellas le defendian la puerta: “¿Qué quiere este mostrenco en esta casa? 10 Ydos a la vuestra, hermano; que vos soys, y no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor y le lleua por essos andurriales.” A lo que Sancho respondio: “Ama de Satanas, el sonsacado y el destraydo 15 y el lleuado por essos andurriales soy yo, que no tu amo; el me lleuó por essos mundos, y vosotras os engañays en la mitad del justo precio; el me sacó de mi casa con engañifas (*), prometiendome vna insula, que hasta 20 agora la espero.” “Malas insulas te ahoguen”, respondio la sobrina, “Sancho maldito, y ¿qué son insulas? ¿Es alguna cosa de comer, golosazo, comilon, que tu eres (*)?” 25 “No es de comer”, replicó Sancho, “sino de gouernar y regir mejor que quatro ciudades (*) y que quatro alcaldes de Corte.” “Con todo esso”, dixo el ama, “no entrareis aca, saco de maldades y costal de malicias; id 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 53 a gouernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y dexaos de pretender insulas ni insulos.” Grande gusto recebian el cura y el barbero de oyr el coloquio de los tres; pero don 5 Quixote, temeroso que Sancho se descosiesse y desbuchasse algun monton de maliciosas necedades y tocasse en puntos que no le estarian bien a su credito, le llamó y hizo a las dos que callassen y le dexassen entrar; entró Sancho, y 10 el cura y el barbero se despidieron de don Quixote, de cuya salud dessesperaron, viendo quán puesto estaua en sus desuariados pensamientos y quán embeuido en la simplicidad de sus mal andantes cauallerias, y, assi, dixo el 15 cura al barbero: “Vos vereis, compadre, como, quando menos lo pensemos, nuestro hidalgo sale otra vez a bolar la ribera.” “No pongo yo duda en esso”, respondio el 20 barbero; “pero no me marauillo tanto de la locura del cauallero como de la simplicidad del escudero, que tan creydo tiene aquello de la insula, que creo que no se lo sacarán del casco quantos dessengaños pueden imaginarse.” 25 “Dios los remedie”, dixo el cura, “y estemos a la mira: veremos en lo que para esta maquina de disparates de tal cauallero y de tal escudero; que parece que los forxaron a los dos en vna mesma turquessa, y que las locuras 30 del señor sin las necedades del criado no valian vn ardite.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 “Assi es”, dixo el barbero, “y holgara mucho saber qué tratarán aora los dos.” “Yo seguro” (*), respondio el cura, “que la sobrina del ama nos lo cuenta despues, que no son de condicion que dexarán de escucharlo.” 5 En tanto, don Quixote se encerro con Sancho en su aposento, y, estando solos, le dixo: “Mucho me pesa, Sancho, que ayas dicho y digas que yo fuy el que te saqué de tus casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis 10 casas; juntos salimos, juntos fuymos y juntos peregrinamos; vna misma fortuna y vna misma suerte ha corrido por los dos; si a ti te mantearon vna vez, a mi me han molido ciento, y esto es lo que te lleuo de ventaja.” 15 “Esso estaua puesto en razon”, respondio Sancho, “porque, segun vuessa merced dize, mas anexas son a los caualleros andantes las desgracias que a sus escuderos.” “Engañaste, Sancho”, dixo don Quixote, 20 “segun aquello, quando caput dolet, &c (*).” “No entiendo otra lengua que la mia”, respondio Sancho. “Quiero dezir”, dixo don Quixote, “que quando la cabeça duele, todos los miembros 25 duelen, y, assi, siendo yo tu amo y señor, soy tu cabeça y tu mi parte, pues eres mi criado, y por esta razon el mal que a mi me toca o tocare, a ti te ha de doler y a mi el tuyo.” “Assi auia de ser, dixo Sancho; “pero 30 quando a mi me manteauan como a miembro, se estaua mi cabeça detras de las bardas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 55 mirandome bolar por los ayres, sin sentir dolor alguno, y pues los miembros estan obligados a dolerse del mal de la cabeça, auia de estar obligada ella a dolerse dellos.” “¿Querras tu dezir agora, Sancho”, respondio 5 don Quixote, “que no me dolia yo quando a ti te manteauan? Y si lo dizes, no lo digas, ni lo pienses, pues mas dolor sentia yo entonces en mi espiritu que tu en tu cuerpo; pero dexemos esto a parte por agora, que tiempo 10 aura donde lo ponderemos y pongamos en su punto; y dime, Sancho amigo, ¿qué es lo que dizen de mi por esse lugar, en qué opinion me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caualleros? ¿Qué dizen de mi valentia, 15 qué de mis hazañas y qué de mi cortesia? ¿Qué se platica del assumpto que he tomado de resucitar y boluer al mundo la ya oluidada orden caualleresca? Finalmente, quiero, Sancho, me digas lo que acerca desto ha llegado 20 a tus oydos, y esto me has de dezir, sin añadir al bien ni quitar al mal cosa alguna; que de los vassallos leales es dezir la verdad a sus señores en su ser y figura propia, sin que la adulacion la acreciente, o otro vano respeto la 25 disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que si a los oydos de los principes llegasse la verdad desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros siglos correrian, otras edades serian tenidas por mas de hierro que la nuestra, que entiendo 30 que de las que aora se vsan es la dorada; siruate este aduertimiento, Sancho, para que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 discreta y bien intencionadamente pongas en mis oydos la verdad de las cosas que supieres de lo que te he preguntado.” “Esso hare yo de muy buena gana, señor mio”, respondio Sancho, “con condicion que 5 vuessa merced no se ha de enojar de lo que dixere, pues quiere que lo diga en cueros sin vestirlo de otras ropas de aquellas con que llegaron a mi noticia.” “En ninguna manera me enojaré”, respondio 10 don Quixote; “bien puedes, Sancho, hablar libremente y sin rodeo alguno.” “Pues lo primero que digo”, dixo, “es que el vulgo tiene a vuessa merced por grandissimo loco y a mi por no menos mentecato. Los 15 hidalgos dizen que, no conteniendose vuessa merced en los limites de la hidalguia, se ha puesto don y se ha arremetido a cauallero, con quatro cepas y dos yugadas de tierra y con vn trapo atras y otro adelante. Dizen los caualleros 20 que no querrian que los hidalgos se opusiessen a ellos, especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los çapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde.” 25 “Esso”, dixo don Quixote, “no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien vestido y jamas remendado; roto, bien podria ser, y el roto mas de las armas que del tiempo.” “En lo que toca”, prosiguio Sancho, “a 30 la valentia, cortesia, hazañas y assumpto de vuessa merced, ay diferentes opiniones: vnos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 57 dizen «loco, pero gracioso»; otros, «valiente, »pero desgraciado»; otros, «cortés, pero »impertinente»; y por aqui van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuessa merced ni a mi nos dexan huesso sano.” 5 “Mira, Sancho”, dixo don Quixote, “donde quiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que passaron dexó de ser calumniado de la malicia. Iulio Cesar, animosissimo, 10 prudentissimo y valentissimo capitan, fue notado de ambicioso y algun tanto no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres. Alexandro, a quien sus hazañas le alcançaron el renombre de Magno, dizen del que tuuo sus 15 ciertos puntos de borracho. De Hercules, el de los muchos trabajos, se cuenta que fue lasciuo y muelle. De don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, se murmura que fue mas que demasiadamente rixoso, y de su hermano, que fue 20 lloron. Assi que, o Sancho, entre las tantas calumnias de buenos bien pueden passar las mias, como no sean mas de las que has dicho.” “Ai está el toque, cuerpo de mi padre”, replicó Sancho. 25 “Pues ¿ay mas?”, preguntó don Quixote. “Aun la cola falta por dessollar” (*), dixo Sancho: “lo de hasta aqui son tortas y pan pintado; mas si vuessa merced quiere saber todo lo que ay acerca de las caloñas (*) que le ponen, 30 yo le traere aqui luego al momento quien se las diga todas, sin que les falte vna meaja; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 anoche llegó el hijo de Bartolome Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y, yendole yo a dar la bienvenida, me dixo que andaua ya en libros la historia de vuessa merced con nombre del ingenioso Hidalgo don 5 Quixote de la Mancha; y dize que me mientan a mi en ella con mi mesmo nombre de Sancho Pança, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que passamos nosotros a solas, que me hize cruzes de espantado, cómo las pudo 10 saber el historiador que las escriuio.” “Yo te asseguro, Sancho”, dixo don Quixote, “que deue de ser algun sabio encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escriuir.” 15 “Y ¡cómo”, dixo Sancho, “si era sabio y encantador, pues --segun dize el bachiller Sanson Carrasco, que assi se llama el que dicho tengo-- que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berengena (*)!” 20 “Esse nombre es de moro”, respondio don Quixote. “Assi sera”, respondio Sancho, “porque por la mayor parte he oydo dezir que los moros son amigos de berengenas.” 25 “Tu deues, Sancho”, dixo don Quixote, “errarte en el sobrenombre de esse Cide, que en arabigo quiere dezir señor.” “Bien podria ser”, replicó Sancho; “mas si vuessa merced gusta que yo le haga venir 30 aqui, yre por el en bolandas.” “Harasme mucho placer, amigo”, dixo don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 59 Quixote; “que me tiene suspenso lo que me has dicho, y no comere bocado que bien me sepa hasta ser informado de todo.” “Pues yo voy por el”, respondio Sancho. Y, dexando a su señor, se fue a buscar al 5 bachiller, con el qual boluio de alli a poco espacio, y entre los tres passaron vn graciosissimo coloquio.
p. 60 Capitulo III Del ridiculo razonamiento que passó entre don Quixote, Sancho Pança y el bachiller Sanson Carrasco. Pensatiuo a demas quedó don Quixote, esperando 5 al bachiller Carrasco, de quien esperaua oir las nueuas de si mismo puestas en libro como auia dicho Sancho, y no se podia persuadir a que tal historia huuiesse, pues aun no estaua enxuta en la cuchilla de su espada la 10 sangre de los enemigos que auia muerto, y ya querian que anduuiessen en estampa sus altas cauallerias. Con todo esso, imaginó que algun sabio, o ya amigo [o] (*) enemigo, por arte de encantamento las aura (*) dado a la estampa: si 15 amigo, para engrandecerlas y leuantarlas sobre las mas señaladas de cauallero andante; si enemigo, para aniquilarlas y ponerlas debaxo de las mas viles que de algun vil escudero se huuiessen escrito, puesto, dezia entre si, que 20 nunca hazañas de escuderos se escriuieron: y quando fuesse verdad que la tal historia huuiesse, siendo de cauallero andante, por fuerça auia de ser grandiloqua, alta, insigne, magnifica y verdadera. 25 Con esto se consolo algun tanto, pero desconsolole pensar que su autor era moro, segun aquel nombre de Cide, y de los moros no se podia esperar verdad alguna; porque todos son
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 61 embelecadores, falsarios y quimeristas. Temiase no huuiesse tratado sus amores con alguna indecencia que redundasse en menoscabo y perjuyzio de la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso; desseaua que huuiesse declarado 5 su fidelidad y el decoro que siempre la auia guardado, menospreciando reynas, emperatrices y donzellas de todas calidades, teniendo a raya los impetus de los naturales mouimientos; y, assi, embuelto y rebuelto en estas y 10 otras muchas imaginaciones, le hallaron Sancho y Carrasco, a quien don Quixote recibio con mucha cortesia. Era el bachiller, aun que se llamaua Sanson, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran 15 socarron, de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendria hasta veinte y quatro años, cariredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condicion maliciosa y amigo de donayres y de burlas, como 20 lo mostro en viendo a don Quixote, poniendose delante del de rodillas, diziendole: “Deme vuestra grandeza las manos, señor don Quixote de la Mancha; que por el habito de San Pedro (*) que visto, aunque no tengo otras 25 ordenes que las quatro primeras, que es vuessa merced vno de los mas famosos caualleros andantes que ha auido (*), ni aun aura en toda la redondez de la tierra. Bien aya Cide Hamete Benengeli que la historia de vuestras grandezas 30 dexó escritas, y rebien aya el curioso que tuuo cuydado de hazerlas traduzir de arabigo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 en nuestro vulgar castellano para vniuersal entretenimiento de las gentes.” Hizole leuantar don Quixote, y dixo: “¿Dessa manera verdad es que ay historia mia, y que fue moro y sabio el que la compuso?” 5 “Es tan verdad, señor”, dixo Sanson, “que tengo para mi, que el dia de oy estan impressos mas de doze mil libros de la tal (*) historia; si no, digalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impresso, y aun ay fama que se 10 está imprimiendo en Amberes (*), y a mi se me trasluze que no ha de auer nacion ni lengua donde no se traduzga.” “Vna de las cosas”, dixo a esta sazon don Quixote, “que mas deue de dar contento a vn 15 hombre virtuoso y eminente es verse, viuiendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa; dixe con buen nombre: porque siendo al contrario, ninguna muerte se le ygualara.” 20 “Si por buena fama y si por buen nombre va”, dixo el bachiller, “solo vuessa merced lleua la palma a todos los caualleros andantes; porque el moro en su lengua y el christiano en la suya tuuieron cuydado de pintarnos muy al 25 viuo la gallardia de vuessa merced, el animo grande en acometer los peligros, la paciencia en las aduersidades y el sufrimiento, assi en las desgracias como en las heridas, la honestidad y continencia en los amores tan 30 platonicos de vuessa merced y de mi señora doña Dulcinea del Toboso.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 63 “Nunca”, dixo a este punto Sancho Pança, “he oido llamar con don a mi señora Dulcinea, sino solamente la señora Dulcinea del Toboso, y ya en esto anda errada la historia.” “No es objecion de importancia essa”, 5 respondio Carrasco. “No por cierto”, respondio don Quixote. “Pero digame vuessa merced, señor bachiller, ¿qué hazañas mias son las que mas se ponderan en essa historia?” 10 “En esso”, respondio el bachiller, “ay diferentes opiniones, como ay diferentes gustos: vnos se atienen a la auentura de los molinos de viento, que a vuessa merced le parecieron Briareos y gigantes; otros, a la de los batanes; 15 este, a la descripcion de los dos exercitos, que despues parecieron ser dos manadas de carneros; aquel encarece la del muerto que lleuauan a enterrar a Segouia; vno dize que a todas se auentaja la de la libertad de los galeotes; otro, 20 que ninguna yguala a la de los dos gigantes benitos, con la pendencia del valeroso vizcaino.” “Digame, señor bachiller”, dixo a esta sazon Sancho, “¿entra ay la auentura de los 25 yangueses, quando a nuestro buen Rozinante se le antojó pedir cotufas en el golfo?” (*) “No se le quedó nada”, respondio Sanson, “al sabio en el tintero; todo lo dize y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen 30 Sancho hizo en la manta.” “En la manta no hize yo cabriolas”, respondio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 64 Sancho; “en el aire si, y aun mas de las que yo quisiera.” “A lo que yo imagino”, dixo don Quixote, “no ay historia humana en el mundo que no tenga sus altibaxos, especialmente las que 5 tratan de cauallerias, las quales nunca pueden estar llenas de prosperos sucessos.” “Con todo esso”, respondio el bachiller, “dizen algunos que han leydo la historia, que se holgaran se les huuiera oluidado a los autores 10 della algunos de los infinitos palos que en diferentes encuentros dieron al señor don Quixote.” “Ay entra la verdad de la historia”, dixo Sancho. 15 “Tambien pudieran callarlos por equidad”, dixo don Quixote, “pues las acciones que ni mudan, ni alteran la verdad de la historia, no ay para qué escriuirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia. A fee que 20 no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Vlisses como le descriue Homero.” “Assi es”, replicó Sanson; “pero vno es escriuir como poeta y otro como historiador; el 25 poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como deuian ser, y el historiador las ha de escriuir, no como deuian ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.” 30 “Pues si es que se anda a dezir verdades esse señor moro”, dixo Sancho, “a buen seguro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 65 que entre los palos de mi señor se hallen los mios; porque nunca a su merced le tomaron la medida de las espaldas, que no me la tomassen a mi de todo el cuerpo; pero no ay de que marauillarme, pues como dize el mismo 5 señor mio, del dolor de la cabeça han de participar los miembros.” “Socarron soys, Sancho”, respondio don Quixote; “a fee que no os falta memoria, quando vos quereis tenerla.” 10 “Quando yo quisiesse oluidarme de los garrotazos que me han dado”, dixo Sancho, “no lo consentiran los cardenales, que aun se estan frescos en las costillas.” “Callad, Sancho”, dixo don Quixote, “y no 15 interrumpais al señor bachiller, a quien suplico passe adelante en dezirme lo que se dize de mi en la referida historia.” “Y de mi”, dixo Sancho; “que tambien dizen que soy yo vno de los principales presonages 20 della.” “Personages, que no presonages, Sancho amigo”, dixo Sanson. “Otro reprochador de voquibles tenemos”, dixo Sancho; “pues andense a esso y no 25 acabaremos en toda la vida.” “Mala me la de Dios, Sancho”, respondio el bachiller, “si no soys vos la segunda persona de la historia, y que ay tal que precia mas oyros hablar a vos que al mas pintado de toda 30 ella, puesto que tambien ay quien diga que anduuistes demasiadamente de credulo en creer
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 que podia ser verdad el gouierno de aquella insula ofrecida por el señor don Quixote, que está presente.” “Aun ay sol en las (*) vardas”, dixo don Quixote, “y mientras mas fuere entrando en edad 5 Sancho, con la esperiencia que dan los años, estara mas idoneo y mas habil para ser gouernador, que no está agora.” “Por Dios, señor”, dixo Sancho, “la isla que yo no gouernasse con los años que tengo, no 10 la gouernaré con los años de Matusalen; el daño está en que la dicha insula se entretiene, no se dónde, y no en faltarme a mi el caletre para gouernarla.” “Encomendadlo a Dios, Sancho”, dixo don 15 Quixote; “que todo se hara bien, y quiça mejor de lo que vos pensais; que no se mueue la hoja en el arbol sin la voluntad de Dios.” “Assi es verdad”, dixo Sanson, “que si Dios quiere, no le faltarán a Sancho mil islas que 20 gouernar, quanto mas vna.” “Gouernador (*) he visto por ay”, dixo Sancho, “que a mi parecer no llegan a la suela de mi çapato, y, con todo esso, los llaman señoria, y se siruen con plata.” 25 “Essos no son gouernadores de insulas”, replicó Sanson, “sino de otros gouiernos mas manuales; que los que gouiernan insulas, por lo menos, han de saber gramatica.” “Con la grama bien me auendria yo”, dixo 30 Sancho, “pero con la tica ni me tiro ni me pago (*), porque no la entiendo; pero dexando
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 67 esto del gouierno en las manos de Dios, que me eche a las partes donde mas de mi se sirua, digo, señor bachiller Sanson Carrasco, que infinitamente me ha dado gusto que el autor de la historia aya hablado de mi de manera, que 5 no enfadan las cosas que de mi se cuentan; que a fe de buen escudero que si huuiera dicho de mi cosas que no fueran muy de christiano viejo, como soy, que nos auian de oyr los sordos.” 10 “Esso fuera hazer milagros”, respondio Sanson. “Milagros o no milagros”, dixo Sancho, “cada vno mire cómo habla o cómo escriue de las presonas, y no ponga a troche moche lo 15 primero que le viene al magin.” “Vna de las tachas que ponen a la tal historia”, dixo el bachiller, “es que su autor puso en ella vna nouela intitulada: El Curioso Impertinente, no por mala ni por mal razonada, 20 sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quixote.” “Yo apostaré”, replicó Sancho, “que ha mezclado el hideperro berzas con capachos (*).” 25 “Aora digo”, dixo don Quixote, “que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algun ignorante hablador que, a tiento y sin algun discurso, se puso a escriuirla, salga lo que saliere, como hazia Orbaneja, el pintor de 30 Vbeda (*), al qual preguntandole qué pintaua, respondio: «Lo que saliere»; tal vez pintaua vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras goticas escriuiesse junto a el: «este es gallo»; y assi deue de ser de mi historia, que tendra necessidad de comento para entenderla.” 5 “Esso no”, respondio Sanson; “porque es tan clara, que no ay cosa que dificultar en ella; los niños la manosean, los (*) moços la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran, y, finalmente, es tan trillada y tan leyda, y tan 10 sabida de todo genero de gentes, que apenas han visto algun rocin flaco, quando dizen: «Alli »va Rocinante», y los que mas se han dado a su letura son los pages. No ay antecamara de señor, donde no se halle vn don Quixote; vnos 15 le toman, si otros le dexan; estos le embisten y aquellos le piden; finalmente, la tal historia es del mas gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se aya visto; porque en toda ella no se descubre, ni por semejas, vna 20 palabra deshonesta, ni vn pensamiento menos que catolico.” “A escriuir de otra suerte”, dixo don Quixote, “no fuera escriuir verdades, sino mentiras, y los historiadores que de mentiras se valen 25 auian de ser quemados, como los que hazen moneda falsa, y no se yo que le mouio al autor a valerse de nouelas y cuentos agenos, auiendo tanto que escriuir en los mios; sin duda se deuio de atener al refran: «De paja y de heno, 30 »&c.» (*). Pues en verdad que en solo manifestar mis pensamientos, mis sospiros, mis lagrimas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 69 mis buenos desseos y mis acometimientos pudiera hazer vn volumen mayor, o tan grande, que el que pueden hazer todas las obras del Tostado (*). En efeto, lo que yo alcanço, señor bachiller, es que para componer 5 historias y libros de qualquier suerte que sean, es menester vn gran juyzio y vn maduro entendimiento; dezir gracias y escriuir donayres es de grandes ingenios; la mas discreta figura de la comedia es la del bobo (*), porque no lo ha de 10 ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad está Dios, en quanto a verdad, pero no obstante esto ay algunos que assi componen y arrojan libros 15 de si, como si fuessen buñuelos.” “No ay libro tan malo”, dixo el bachiller, “que no tenga algo bueno (*).” “No ay duda en esso”, replicó don Quixote, “pero muchas vezes acontece, que los que 20 tenian meritamente grangeada y alcançada gran fama por sus escritos, en dandolos a la estampa, la perdieron del todo, o la menoscabaron en algo.” “La causa desso es”, dixo Sanson, “que como 25 las obras impressas se miran despacio, facilmente se veen sus faltas, y tanto mas se escudriñan quanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres historiadores, 30 siempre, o las mas vezes, son embidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 entretenimiento juzgar los escritos agenos, sin auer dado algunos propios a la luz del mundo.” “Esso no es de marauillar”, dixo don Quixote, “porque muchos teologos ay que no son 5 buenos para el pulpito, y son bonissimos para conocer las faltas o sobras de los que predican.” “Todo esso es assi, señor don Quixote”, dixo Carrasco; “pero quisiera yo que los tales 10 censuradores fueran mas misericordiosos y menos escrupulosos, sin atenerse a los atomos del sol clarissimo de la obra de que murmuran, que si aliquando bonus dormitat Homerus (*), consideren lo mucho que estuuo despierto por 15 dar la luz de su obra con la menos sombra que pudiesse, y quiça podria ser que lo que a ellos les parece mal, fuessen lunares que a las vezes acrecientan la hermosura del rostro que los tiene, y, assi, digo que es grandissimo el 20 riesgo a que se pone el que imprime vn libro, siendo de toda impossibilidad impossible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeren.” “El que de mi trata”, dixo don Quixote, “a 25 pocos aura contentado.” “Antes es al reues”, [replicó Sanson], “que como de stultorum infinitus est numerus (*), infinitos son los que han gustado de la tal historia. Y algunos han puesto falta y dolo en la 30 memoria del autor, pues se le oluida de contar quién fue el ladron que hurtó el ruzio a Sancho,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 71 que alli no se declara (*), y solo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de alli a poco le vemos a cauallo sobre el mesmo jumento, sin auer parecido; tambien dizen que se le oluidó poner lo que Sancho hizo de aquellos cien 5 escudos que halló en la maleta en Sierra Morena, que nunca mas los nombra, y ay muchos que desean saber qué hizo dellos, o en qué los gastó, que es vno de los puntos sustanciales que faltan en la obra.” 10 Sancho respondio: “Yo, señor Sanson, no estoy aora para ponerme en cuentas ni cuentos; que me ha tomado vn desmayo de estomago, que si no le reparo con dos tragos de lo añejo (*) me pondra 15 en la espina de Santa Lucia (*); en casa lo tengo, mi oislo (*) me aguarda, en acabando de comer dare la buelta, y sati[s]fare (*) a vuessa merced y a todo el mundo de lo que preguntar quisieren, assi de la perdida del jumento, como 20 del gasto de los cien escudos.” Y, sin esperar respuesta ni dezir otra palabra, se fue a su casa. Don Quixote pidio y rogo al bachiller se quedasse a hazer penitencia con el; tuuo el bachiller el embite, quedose, 25 añadiose al ordinario vn par de pichones, tratose en la mesa de cauallerias, siguiole el humor Carrasco, acabose el banquete, durmieron la siesta, boluio Sancho y renouose la platica passada. 30
p. 72 Capitulo IV Donde Sancho Pança satisfaze al bachiller Sanson Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucessos dignos de saberse y de contarse. 5 Boluio Sancho a casa de don Quixote, y boluiendo al passado razonamiento, dixo: “A lo que el señor Sanson dixo que se desseaua saber quién, o cómo, o quándo se me hurtó el jumento, respondiendo digo, que la 10 noche misma que huyendo de la Santa Hermandad nos entramos en Sierra Morena, despues de la auentura sin ventura de los galeotes, y de la del difunto que lleuauan a Segouia, mi señor y yo nos metimos entre vna espesura, 15 adonde mi señor, arrimado a su lança, y yo sobre mi ruzio, molidos y cansados de las passadas refriegas, nos pusimos a dormir como si fuera sobre quatro colchones de pluma; especialmente yo dormi con tan pesado sueño, que 20 quienquiera que fue tuuo lugar de llegar y suspenderme sobre quatro estacas que puso a los quatro lados de la albarda, de manera, que me dexó a cauallo sobre ella y me sacó debaxo de mi al ruzio, sin que yo lo sintiesse.” 25 “Esso es cosa facil”, [dixo Sanson], “y no acontecimiento nueuo; que lo mesmo le sucedio a Sacripante quando, estando en el cerco de Albraca, con essa misma inuencion le sacó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 73 el cauallo de entre las piernas aquel famoso ladron llamado Brunelo (*).” “Amanecio”, prosiguio Sancho, “y apenas me huue estremecido, quando, faltando las estacas, di conmigo en el suelo vna gran caida, 5 miré por el jumento y no le vi, acudieronme lagrimas a los ojos y hize vna lamentacion, que si no la puso el autor de nuestra historia, puede hazer cuenta que no puso cosa buena. Al cabo de no se quántos dias, viniendo con la 10 señora princesa Micomicona, conoci mi asno, y que venia sobre el en habito de gitano aquel Gines de Passamonte, aquel embustero y grandissimo maleador (*) que quitamos mi señor y yo de la cadena.” 15 “No está en esso el yerro”, replicó Sanson, “sino en que antes de auer parecido el jumento, dize el autor que yua a cauallo Sancho en el mesmo ruzio.” “A esso”, dixo Sancho, “no se qué responder, 20 sino que el historiador se engañó o ya seria descuido del impressor.” “Assi es, sin duda”, dixo Sanson, “pero, ¿qué se hizieron los cien escudos?; ¿deshizieronse?” Respondio Sancho: 25 “Yo los gasté en pro de mi persona y de la de mi muger y de mis hijos, y ellos han sido causa de que mi muger lleue en paciencia los caminos y carreras que he andado siruiendo a mi señor don Quixote; que si al cabo de tanto 30 tiempo boluiera sin blanca y sin el jumento a mi casa, negra ventura me esperaua; y si ay
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 mas que saber de mi, aqui estoy, que respondere al mesmo rey en presona, y nadie tiene para qué meterse en si truxe o no truxe, si gasté o no gasté; que si los palos que me dieron en estos viages se huuieran de pagar a dinero, aunque 5 no se tassaran sino a quatro marauedis cada vno, en otros cien escudos no auia para (*) pagarme la mitad; y cada vno meta la mano en su pecho y no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo negro por blanco; que cada vno es 10 como Dios le hizo, y aun peor muchas vezes.” “Yo tendre cuidado”, dixo Carrasco, “de acusar al autor de la historia que si otra vez la imprimiere, no se le oluide esto que el buen Sancho ha dicho, que sera realçarla vn buen 15 coto mas de lo que ella se está (*).” “¿Ay otra cosa que enmendar en essa leyenda, señor bachiller?”, preguntó don Quixote. “Si deue de auer”, respondio el; “pero ninguna deue de ser de la importancia de las ya 20 referidas.” “Y ¿por ventura”, dixo don Quixote, “promete el autor segunda parte?” “Si promete”, re[s]pondio Sanson; “pero dize que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y, assi, 25 estamos en duda si saldra o no; y, assi, por esto, como porque algunos dizen: «Nunca segundas »partes fueron buenas», y otros: «De las cosas de »don Quixote bastan las escritas», se duda que no ha de auer segunda parte, aunque algunos 30 que son mas jouiales que saturninos dizen: «Vengan mas quixotadas, embista don Quixote,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 75 »y hable Sancho Pança, y sea lo que fuere; que »con esso nos contentamos».” “Y ¿a qué se atiene el autor?” “A que”, respondio Sanson, “en hallando que halle (*) la historia que el va buscando con 5 extraordinarias diligencias, la dara luego a la estampa, lleuado mas del interes que de darla se le sigue, que de otra alabança alguna.” A lo que dixo Sancho: “¿Al dinero y al interes mira el autor? 10 Marauilla sera que acierte, porque no hara sino harbar, harbar como sastre en visperas de pasquas, y las obras que se hazen a priessa nunca se acaban con la perfecion que requieren; atienda esse señor moro, o (*) lo que es, a mirar lo que 15 haze; que yo y mi señor le daremos tanto ripio a la mano en materia de auenturas y de sucessos diferentes, que pueda componer no solo segunda parte, sino ciento; deue de pensar el buen hombre, sin duda, que nos dormimos 20 aqui en las pajas; pues tenganos el pie al herrar y vera del que cosqueamos. Lo que yo se dezir es que si mi señor tomasse mi consejo, ya auiamos de estar en essas campañas deshaziendo agrauios y endereçando tuertos, como es 25 vso y costumbre de los buenos andantes caualleros.” No auia bien acabado de dezir estas razones Sancho, quando llegaron a sus oidos relinchos de Rozinante, los quales relinchos tomó don 30 Quixote por felicissimo aguero, y determinó de hazer de alli a tres o quatro dias otra salida, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 declarando su intento al bachiller, le pidio consejo por qué parte començaria su jornada; el qual le respondio que era su parecer que fuesse al reyno de Aragon y a la ciudad de Zaragoça (*), adonde de alli a pocos dias se auian de hazer 5 vnas solenissimas justas por la fiesta de San Iorge, en las quales podria ganar fama sobre todos los caualleros aragonesses, que seria ganarla sobre todos los del mundo. Alabole ser honradissima y valentissima su determinacion, 10 y aduirtiole que anduuiesse mas atentado en acometer los peligros, a causa que su vida no era suya, sino de todos aquellos que le auian de menester para que los amparasse y socorriesse en sus desuenturas. 15 “Desso es lo que yo reniego, señor Sanson”, dixo a este punto Sancho; “que assi acomete mi señor a cien hombres armados, como vn muchacho goloso a media dozena de badeas; ¡cuerpo del mundo, señor bachiller, si, que tiempos 20 ay de acometer, y tiempos de retirar; si (*), no ha de ser todo «Santiago, y cierra, España!» Y mas, que yo he oido dezir, y creo que a mi señor mismo, si mal no me acuerdo, que en (*) los estremos de cobarde y de temerario está el 25 medio de la valentia, y si esto es assi, no quiero que huya sin tener para qué, ni que acometa quando la demasia pide otra cosa; pero, sobre todo, auiso a mi señor que si me ha de lleuar consigo, ha de ser con condicion que el se lo ha 30 de batallar todo, y que yo no he de estar obligado a otra cosa que a mirar por su persona en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 77 lo que tocare a su limpieza y a su regalo; que en esto yo le bailaré el agua delante; pero pensar que tengo de poner mano a la espada, aunque sea contra villanos malandrines de acha y capellina (*), es pensar en lo escusado. Yo, 5 señor Sanson, no pienso grangear fama de valiente, sino del mejor y mas leal escudero que jamas siruio a cauallero andante; y si mi señor don Quixote, obligado de mis muchos y buenos seruicios, quisiere darme alguna insula de 10 las muchas que su merced dize que se ha de topar por ay, recibire mucha merced en ello; y quando no me la diere, nacido soy (*), y no ha de viuir el hombre en oto (*) de otro, sino de Dios, y mas, que tan bien, y aun quiça mejor, 15 me sabra el pan desgouernado que siendo gouernador. Y ¿se yo, por ventura, si en essos gouiernos me tiene aparejada el diablo alguna çancadilla donde tropiece y caiga y me haga las muelas (*)? Sancho naci y Sancho pienso 20 morir; pero si con todo esto, de buenas a buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me deparasse el cielo alguna insula o otra cosa semejante, no soy tan necio que la desechasse; que tambien se dize: «quando te dieren la 25 »baquilla, corre con la soguilla», y «quando viene »el bien, metelo en tu casa».” “Vos, hermano Sancho”, dixo Carrasco, “aueis hablado como vn cathedratico; pero con todo esso confiad en Dios y en el señor don Quixote, 30 que os ha de dar vn reyno, no que (*) vna insula.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78 “Tanto es lo demas como lo de menos”, respondio Sancho; “aunque sé dezir al señor Carrasco, que no echará mi señor el reyno que me diera en (*) saco roto; que yo he tomado el pulso a mi mismo, y me hallo con salud para 5 regir reynos y gouernar insulas, y esto ya otras vezes lo he dicho a mi señor.” “Mirad, Sancho”, dixo Sanson, “que los oficios mudan las costumbres, y podria ser que, viendoos gouernador, no conociessedes a la 10 madre que os pario.” “Esso alla se ha de entender”, respondio Sancho, “con los que nacieron en las maluas (*), y no con los que tienen sobre el alma quatro dedos de enjundia de christianos viejos como 15 yo los tengo: ¡no, sino llegaos a mi condicion, que sabra vsar de desagradecimiento con alguno!” “Dios lo haga”, dixo don Quixote, “y ello dira quando el gouierno venga; que ya me 20 parece que le trayo entre los ojos.” Dicho esto, rogo al bachiller que, si era poeta, le hiziesse merced de componerle vnos versos que tratassen de la despedida que pensaua hazer de su señora Dulcinea del Toboso, y que 25 aduirtiesse que en el principio de cada verso auia de poner vna letra de su nombre, de manera, que al fin de (*) los versos, juntando las primeras letras, se leyesse Dulcinea del Toboso. 30 El bachiller respondio que puesto que el no era de los famosos poetas que auia en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 79 España, que dezian que no eran sino tres y medio, que no dexaria de componer los tales metros, aunque hallaua vna dificultad grande en su composicion a causa que las letras que contenian el nombre eran diez y siete, y que si 5 hazia quatro castellanas de a quatro versos, sobrara vna letra, y si de a cinco, a quien llaman dezimas o redondillas (*), faltauan tres letras; pero con todo esso procuraria embeuer vna letra lo mejor que pudiesse, de manera, que 10 en las quatro castellanas se incluyesse el nombre de Dulcinea del Toboso. “Ha de ser assi en todo caso”, dixo don Quixote; “que si alli no va el nombre patente y de manifiesto, no ay muger que crea que para 15 ella se hizieron los metros.” Quedaron en esto y en que la partida seria de alli a ocho dias; encargó don Quixote al bachiller la tuuiesse secreta, especialmente al cura y a maesse Nicolas y a su sobrina y al 20 ama, porque no estoruassen su honrada y valerosa determinacion; todo lo prometio Carrasco. Con esto se despidio, encargando a don Quixote que de todos sus buenos o malos sucessos le auisasse, auiendo comodidad, y, assi, 25 se despidieron, y Sancho fue a poner en orden lo necessario para su jornada.
p. 80 Capitulo V De la discreta y graciosa platica que passó entre Sancho Pança y su muger Teresa Pança, y otros sucessos dignos de felice recordacion. 5 Llegando a escriuir el traductor desta historia este quinto capitulo, dize que le tiene por apocrifo, porque en el habla Sancho Pança con otro estilo del que se podia prometer de su corto ingenio, y dize cosas tan sutiles, que no 10 tiene por possible que el las supiesse; pero que no quiso dexar de traduzirlo, por cumplir con lo que a su oficio deuia, y, assi, prosiguio diziendo: Llegó Sancho a su casa tan regozijado y 15 alegre, que su muger conocio su alegria a tiro de ballesta, tanto, que la obligó a preguntarle: “¿Qué trae[i]s (*), Sancho amigo, que tan alegre venis?” A lo que el respondio: 20 “Muger mia, si Dios quisiera, bien me holgara yo de no estar tan contento como muestro.” “No os entiendo, marido”, replicó ella, “y no se qué quereis dezir en esso de que os holgaredes, si Dios quisiera, de no estar contento; 25 que maguer (*) tonta, no se yo quién recibe gusto de no tenerle.” “Mirad, Teresa”, respondio Sancho: “yo estoy alegre porque tengo determinado de boluer a seruir a mi amo don Quixote, el qual quiere la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 81 vez tercera (*) salir a buscar las auenturas, y yo bueluo a salir con el porque lo quiere assi mi necessidad, junto con la esperança que me alegra de pensar si podre hallar otros cien escudos como los ya gastados, puesto que me 5 entristeze el auerme de apartar de ti y de mis hijos; y si Dios quisiera darme de comer a pie enxuto y en mi casa, sin traerme por vericuetos y encrucijadas, pues lo podia hazer a poca costa y no mas de quererlo, claro está que mi 10 alegria fuera mas firme y valedera, pues que la que tengo va mezclada con la tristeza del dexarte; assi, que dixe bien que holgara, si Dios quisiera, de no estar contento.” “Mirad, Sancho”, replicó Teresa; “despues 15 que os hizistes miembro de cauallero andante, hablais de tan rodeada manera, que no ay quien os entienda.” “Basta que me entienda Dios, muger”, respondio Sancho, “que El es el entendedor de 20 todas las cosas, y quedese esto aqui; y aduertid, hermana, que os conuiene tener cuenta estos tres dias con el ruzio, de manera, que esté para armas tomar (*); dobladle los piensos, requerid la albarda y las demas xarcias, porque no vamos 25 a bodas, sino a rodear el mundo, y a tener dares y tomares con gigantes, con endriagos y con vestiglos, y a oyr siluos, rugidos, bramidos y baladros, y aun todo esto fuera flores de cantueso, si no tuuieramos que entender con 30 yanguesses y con moros encantados.” “Bien creo yo, marido”, replicó Teresa, “que,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 los escuderos andantes no comen el pan de valde, y, assi, quedaré rogando a nuestro Señor os saque presto de tanta mala ventura.” “Yo os digo, muger”, respondio Sancho, “que si no pensasse antes de mucho tiempo 5 verme gouernador de vna insula, aqui me caeria muerto.” “Esso no, marido mio”, dixo Teresa; “viua la gallina, aunque sea con su pepita; viuid vos, y lleuese el diablo quantos gouiernos ay en el 10 mundo. Sin gouierno salistes del vientre de vuestra madre, sin gouierno aueys viuido hasta aora, y sin gouierno os yreys o os lleuarán a la sepultura quando Dios fuere seruido. Como essos ay en el mundo que viuen sin gouierno, 15 y no por esso dexan de viuir y de ser contados en el numero de las gentes. La mejor salsa del mundo es la hambre, y como esta no falta a los pobres, siempre comen con gusto. Pero mirad, Sancho, si por ventura os vieredes con 20 algun gouierno, no os oluideys de mi y de vuestros hijos. Aduertid que Sanchico tiene ya quinze años cabales, y es razon que vaya a la escuela, si es que su tio, el abad, le ha de dexar hecho de la Iglesia. Mirad tambien que 25 Mari Sancha, vuestra hija, no se morira si la casamos, que me va dando barruntos que dessea tanto tener marido como vos desseays veros con gouierno, y en fin en fin (*), mejor parece la hija mal casada que bien 30 abarraganada.” “A buena fe”, respondio Sancho, “que si
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 83 Dios me llega a tener algo que (*) de gouierno, que tengo de casar, muger mia, a Mari Sancha tan altamente que no la alcancen sino con llamarla señor[i]a.” “Esso no, Sancho”, respondio Teresa; 5 “casadla con su ygual, que es lo mas acertado; que si de los çuecos la sacays a chapines y de saya parda de catorzeno a verdugado y saboyanas de seda, y de vna Marica y vn tu a vna doña tal y señoria, no se ha de hallar la 10 mochacha y a cada paso ha de caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grossera.” “Calla, boba”, dixo Sancho, “que todo sera vsarlo dos o tres años; que despues le vendra 15 el señorio y la grauedad como de molde, y quando no, ¿qué importa? Sease ella señoria y venga lo que viniere.” “Medios, Sancho, con vuestro estado”, respondio Teresa, “no os querays alçar a mayores 20 y aduertid al refran que dize: al hijo de tu vezino limpiale las narizes y metele en tu casa. Por cierto que seria gentil cosa casar a nuestra Maria con vn condazo, o con [vn] cauallerote que quando se le antojase la pusiesse como 25 nueua, llamandola de villana, hija del destripaterrones y de la pelaruecas. ¡No en mis dias, marido; para esso por cierto he criado yo a mi hija! Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dexadlo a mi cargo; que ai está Lope Tocho, el 30 hijo de Iuan Tocho, moço rollizo y sano, y que le conocemos, y se que no mira de mal ojo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 la mochacha, y con este que es nuestro ygual estara bien casada, y le tendremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos vnos, padres y hijos, nietos y yernos, y andara la paz y la bendicion de Dios entre todos nosotros, y no 5 casarmela vos aora en essas cortes y en essos palacios grandes, adonde ni a ella la entiendan ni ella se entienda.” “Ven aca, bestia y muger de Barrabas”, replicó Sancho; “¿por qué quieres tu aora, sin 10 qué ni para qué, estoruarme que no case a mi hija con quien me de nietos que se llamen señoria? Mira, Teresa, siempre he oydo dezir a mis mayores que el que no sabe gozar de la ventura quando le viene, que no se deue quexar 15 si se le passa. Y no seria bien que, aora que está llamando a nuestra puerta, se la cerremos; dexemonos lleuar deste viento fauorable que nos sopla.” (Por este modo de hablar y por lo que mas abaxo dize Sancho, dixo el 20 tradutor desta historia que tenia por apocrifo este capitulo.) “¿No te parece, animalia”, prosiguio Sancho, “que sera bien dar con mi cuerpo en algun gouierno prouechoso que nos saque el pie del 25 lodo? Y casesse (*) a Mari Sancha con quien yo quisiere, y veras como te llaman a ti doña Teresa Pança, y te sientas en la iglesia sobre alcatifa, almohadas y arambeles, a pesar y despecho de las hidalgas del pueblo. No, sino 30 estaos siempre en vn ser, sin crecer ni menguar, como figura de paramento, y en esto no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 85 hablemos mas, que Sanchica ha de ser condessa, aunque tu mas me digas (*).” “¿Veis quanto dezis, marido?”, respondio Teresa. “Pues con todo esso temo que este condado de mi hija ha de ser su perdicion; 5 vos hazed lo que quisieredes, ora la hagays duquessa o princessa; pero seos dezir que no sera ello con voluntad ni consentimiento mio. Siempre, hermano, fuy amiga de la ygualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa 10 me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras, ni cortapisas, ni arrequiues de dones ni donas; Cascajo se llamó mi padre, y a mi, por ser vuestra muger, me llaman Teresa Pança, que a buena razon me 15 auian de llamar Teresa Cascajo. Pero alla van reyes do quieren leyes, y con este nombre me contento, sin que me le pongan vn don encima que pese tanto, que no le pueda lleuar, y no quiero dar que dezir a los que me vieren andar 20 vestida a lo condesil o a lo de gouernadora, que luego diran: «¡Mirad que entonada va la »pazpuerca (*): ayer no se hartaua de estirar de »vn copo de estopa, y yua a missa cubierta la »cabeça con la falda de la saya en lugar de 25 »manto, y ya oy va con verdugado, con broches y con »entono, como si no la conociessemos!» Si Dios me guarda mis siete o mis cinco sentidos, o los que tengo, no pienso dar ocasion de verme en tal aprieto. Vos, hermano, ydos a ser gouierno 30 o insulo, y entonaos a vuestro gusto; que mi hija ni yo por el siglo de mi madre que no nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 hemos de mudar vn paso de nuestra aldea: la muger honrada, la pierna quebrada y en casa; y la donzella honesta, el hazer algo es su fiesta; ydos con vuestro don Quixote a vuestras auenturas y dexadnos a nosotras con nuestras 5 malas venturas; que Dios nos las mejorará como seamos buenas. Y yo no se por cierto quién le puso a el don que no tuuieron sus padres ni sus aguelos.” “Aora digo”, replicó Sancho, “que tienes 10 algun familiar en esse cuerpo. ¡Valate Dios, la muger, y qué de cosas has ensartado vnas en otras, sin tener pies ni cabeça! ¿Qué tiene que ver el Cascajo, los broches, los refranes y el entono con lo que yo digo? Ven acá, mentecata 15 e ignorante, que assi te puedo llamar, pues no entiendes mis razones y vas huyendo de la dicha. Si yo dixera que mi hija se arrojara de vna torre abaxo, o que se fuera por essos mundos, como se quiso yr la infanta doña Vrraca (*), 20 tenias razon de no venir con mi gusto; pero si en dos paletas y en menos de vn abrir y cerrar de ojos te la chanto vn don y vna señoria acuestas, y te la saco de los rastrojos, y te la pongo en toldo y en peana y en vn estrado de 25 mas almohadas de velludo, que tuuieron moros en su linage los Almohadas de Marruecos, ¿por qué no has de consentir y querer lo que yo quiero?” “¿Sabeys por qué, marido?”, respondio Teresa: 30 “por el refran que dize: Quien te cubre te descubre. Por el pobre todos passan los ojos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 87 como de corrida, y en el rico los detienen, y si el tal rico fue vn tiempo pobre, alli es el murmurar, y el mal dezir, y el peor perseuerar de los maldizientes, que los ay por essas calles a montones, como enxambres de abejas.” 5 “Mira, Teresa”, respondio Sancho, “y escucha lo que agora quiero dezirte, quiça no lo auras oydo en todos los dias de tu vida, y yo agora no hablo de mio; que todo lo que pienso dezir son sentencias del padre predicador que 10 la quaresma passada predicó en este pueblo, el qual, si mal no me acuerdo, dixo que todas las cosas presentes que los ojos estan mirando se presentan, estan y assisten en nuestra memoria mucho mejor y con mas vehemencia 15 que las cosas passadas.” (Todas estas razones que aqui va diziendo Sancho son las segundas por quien dize el tradutor que tiene por apocrifo este capitulo, que exceden a la capacidad de Sancho. El qual prosiguio diziendo:) “De 20 donde nace que quando vemos alguna persona bien adereçada y con ricos vestidos compuesta y con ponpa (*) de criados, parece que por fuerça nos mueue y combida a que la tengamos respeto, puesto que la memoria en aquel 25 instante nos represente alguna baxeza en que vimos a la tal persona; la qual inominia, aora sea de pobreza, o de linage, como ya passó, no es, y solo es lo que vemos presente. Y si este a quien la fortuna sacó del borrador de 30 su baxeza --que por estas mesmas razones lo dixo (*) el padre--, a la alteza de su prosperidad,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88 fuere bien criado, liberal y cortés con todos, y no se pusiere en cuentos con aquellos que por antiguedad son nobles, ten por cierto, Teresa, que no aura quien se acuerde de lo que fue, sino que reuerencien lo que es, si no 5 fueren los inuidiosos, de quien ninguna prospera fortuna está segura.” “Yo no os entiendo, marido”, replicó Teresa; “hazed lo que quisieredes y no me quebreys mas la cabeça con vuestras arengas y retoricas. 10 Y si estays rebuelto en hazer lo que dezys...” “Resuelto has de dezir, muger”, dixo Sancho, “y no rebuelto.” “No os pongays a disputar, marido, conmigo”, respondio Teresa; “yo hablo como Dios es 15 seruido y no me meto en mas dibuxos; y digo, que si estays porfiando en tener gouierno, que lleueys con vos a vuestro hijo Sancho, para que desde agora le enseñeys a tener gouierno; que bien es que los hijos hereden y aprendan 20 los oficios de sus padres.” “En teniendo gouierno”, dixo Sancho, “embiaré por el por la posta, y te embiaré dineros que no me faltarán, pues nunca falta quien se los preste a los gouernadores quando no los 25 tienen, y vistele de modo que dissimule lo que es y parezca lo que ha de ser.” “Embiad vos dinero”, dixo Teresa, “que yo os lo vistire como vn palmito.” “En efecto, ¿quedamos de acuerdo”, dixo 30 Sancho, “de que ha de ser condessa nuestra hija?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 89 “El dia que yo la viere condessa”, respondio Teresa, “esse hare cuenta que la entierro; pero otra vez os digo que hagays lo que os diere gusto; que con esta carga nacemos las mugeres de estar obedientes a sus maridos aunque 5 sean vnos porros.” Y, en esto, començo a llorar tan de veras como si ya viera muerta y enterrada a Sanchica. Sancho la consolo diziendole que ya que la huuiesse de hazer condessa, la haria todo lo 10 mas tarde que ser pudiesse. Con esto se acabó su platica, y Sancho boluio a ver a don Quixote para dar orden en su partida.
p. 90 Capitulo VI De lo que le passó a don Quixote con su sobrina y con su ama, y es vno de los importantes capitulos de toda la historia. En tanto que Sancho Pança y su muger Teresa 5 Cascajo passaron la impertinente referida platica, no estauan ociosas la sobrina y el ama de don Quixote, que por mil señales yuan coligiendo que su tio y señor queria desgarrarse la vez tercera y boluer al exercicio de su, para 10 ellas, mal andante caualleria; procurauan por todas las vias possibles aparta[r]le de tan mal pensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frio. Con todo esto, entre otras muchas razones que con el passaron, le 15 dixo el ama: “En verdad, señor mio, que si vuessa merced no afirma el pie llano y se está quedo en su casa y se dexa de andar por los montes y por los valles como anima en pena, buscando essas 20 que dizen que se llaman auenturas, a quien yo llamo desdichas, que me tengo de quexar en voz y en grita a Dios y al rey, que pongan remedio en ello.” A lo que respondio don Quixote: 25 “Ama, lo que Dios respondera a tus quexas yo no lo se, ni lo que ha de responder su magestad tan poco, y solo se que si yo fuera rey, me escusara de responder a tanta infinidad de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 91 memoriales impertinentes como cada dia le dan; que vno de los mayores trabajos que los reyes tienen entre otros muchos es el estar obligados a escuchar a todos y a responder a todos, y, assi, no querria yo que cosas mias le 5 diessen pesadumbre.” A lo que dixo el ama: “Diganos, señor, ¿en la corte de su magestad no ay caualleros?” “Si”, respondio don Quixote, “y muchos, y 10 es razon que los aya para adorno de la grandeza de los principes y para ostentacion de la magestad real.” “Pues ¿no seria vuessa (*) merced”, replicó ella, “vno de los que a pie quedo siruiessen a 15 su rey y señor, estandose en la corte?” “Mira, amiga”, respondio don Quixote, “no todos los caualleros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deuen ser caualleros andantes; de todos ha de auer (*) en el 20 mundo, y aunque todos seamos caualleros, va mucha diferencia de los vnos a los otros: porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los vmbrales de la corte, se passean por todo el mundo, mirando vn mapa, sin costarles 25 blanca, ni padecer calor ni frio, hambre ni sed. Pero nosotros los caualleros andantes verdaderos, al sol, al frio, al ayre, a las inclemencias del cielo, de noche y de dia, a pie y a cauallo, medimos toda la tierra con nuestros mismos 30 pies. Y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92 y en toda ocasion los acometemos, sin mirar en niñerias, ni en las leyes de los desafios, si lleua o no lleua mas corta la lança o la espada, si trae sobre si reliquias o algun engaño encubierto, si se ha de partir y hazer tajadas el sol, 5 o no, con otras ceremonias deste jaez, que se vsan en los desafios particulares de persona a persona, que tu no sabes y yo si. ”Y has de saber mas: que el buen cauallero andante, aunque vea diez gigantes que con las 10 cabeças no solo tocan, sino passan las nubes, y que a cada vno le siruen de piernas dos grandissimas torres, y que los braços semejan arboles de gruessos y poderosos nauios, y cada ojo como vna gran rueda de molino y mas 15 ardiendo que vn horno de vidrio, no le han de espantar (*) en manera alguna, antes con gentil continente y con intrepido coraçon los ha de acometer y embestir, y, si fuere possible, vencerlos y desbaratarlos en vn pequeño instante, 20 aunque viniessen armados de vnas conchas de vn cierto pescado (*) que dizen que son mas duras que si fuessen de diamantes, y en lugar de espadas truxessen cuchillos tajantes de damasquino azero, o porras ferradas con puntas 25 assimismo de azero, como yo las he visto mas de dos vezes. Todo esto he dicho, ama mia, porque veas la diferencia que ay de vnos caualleros a otros, y seria razon que no huuiesse principe que no estimasse en mas esta segunda, o 30 por mejor dezir, primera especie de caualleros andantes; que, segun leemos en sus historias,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 93 tal ha auido entre ellos, que ha sido la salud no solo de vn reyno, sino de muchos.” “¡A, señor mio!”, dixo a esta sazon la sobrina, “aduierta vuessa merced que todo esso que dize de los caualleros andantes es fabula y 5 mentira, y sus historias, ya que no las quemassen, merecian que a cada vna se le echasse vn sanbenito, o alguna señal en que fuesse conocida por infame y por gastadora de las buenas costumbres.” 10 “Por el Dios que me sustenta”, dixo don Quixote, “que si no fueras mi sobrina derechamente, como hija de mi misma hermana, que auia de hazer vn tal castigo en ti por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el 15 mundo. ¿Cómo que es possible que vna rapaza que apenas sabe menear doze palillos de randas se atreua a poner lengua y a censurar las historias de los caualleros andantes? ¿Qué dixera el señor Amadis si lo tal (*) oyera? Pero a 20 buen seguro que el te perdonara, porque fue el mas humilde y cortés cauallero de su tiempo, y demas, grande amparador de las donzellas; mas tal te pudiera auer oydo, que no te fuera bien dello; que no todos son cortesses ni bien 25 mirados: algunos ay follones y descomedidos. Ni todos los que se llaman caualleros lo son de todo en todo, que vnos son de oro, otros de alquimia y todos parecen caualleros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la 30 verdad. Hombres baxos ay que rebientan por parecer caualleros, y, caualleros altos ay que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94 parece que aposta mueren por parecer hombres baxos; aquellos se lleuantan, o con la ambicion, o con la virtud, estos se abaxan, o con la floxedad, o con el vicio, y es menester aprouecharnos del conocimiento discreto para 5 distinguir estas dos maneras de caualleros tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones.” “Valame Dios”, dixo la sobrina; “que sepa vuessa merced tanto, señor tio, que si fuesse 10 menester en vna necessidad, podria subir en vn pulpito e yrse a predicar por essas calles, y que, con todo esto, de en vna ceguera tan grande y en vna sandez tan conocida, que se de a entender que es valiente, siendo viejo, 15 que tiene fuerças, estando enfermo, y que endereça tuertos, estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es cauallero, no lo siendo, porque aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres.” 20 “Tienes mucha razon, sobrina, en lo que dizes”, respondio don Quixote, “y cosas te pudiera yo dezir cerca de los linages, que te admiraran, pero por no mezclar lo diuino con lo humano, no las digo. Mirad, amigas, a quatro 25 suertes de linages, y estadme atentas, se pueden reduzir todos los que ay en el mundo, que son estas: vnos que tuuieron principios humildes y se fueron estendiendo y dilatando hasta llegar a vna suma grandeza; otros, que tuuieron 30 principios grandes y los fueron conseruando, y los conseruan y mantienen en el ser que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 95 començaron; otros, que aunque tuuieron principios grandes, acauaron en punta como piramide, auiendo diminuido y aniquilado su principio hasta parar en nonada, como lo es la punta de la piramide, que respeto de su bassa 5 o assiento no es nada; otros ay, y estos son los mas, que ni tuuieron principio bueno, ni razonable medio, y assi tendran el fin, sin nombre, como el linage de la gente plebeya y ordinaria. 10 ”De los primeros que tuuieron principio humilde y subieron a la grandeza que agora conseruan te sirua de exemplo la casa Otomana, que de vn humilde y baxo pastor que le dio principio (*), está en la cumbre que le vemos (*). 15 Del segundo linage, que tuuo principio en grandeza y la conserua sin aumentarla, seran exemplo muchos principes que por herencia lo son, y se conseruan en ella sin aumentarla ni diminuirla, conteniendose en los limites de sus 20 estados pacificamente. De los que començaron grandes y acabaron en punta ay millares de exemplos. Porque todos los Faraones y Tolomeos de Egypto, los Cesares de Roma, con toda la caterba, si es que se le puede dar este 25 nombre, de infinitos principes, monarcas, señores, medos, asirios, persas, griegos y barbaros, todos estos linages y señorios han acabado en punta y en nonada, assi ellos como los que les dieron principio, pues no sera possible hallar 30 agora ninguno de sus decendientes, y si le hallassemos, seria en baxo y humilde estado.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 96 Del linage plebeyo no tengo que dezir, sino que sirue solo de acrecentar el numero de los que viuen, sin que merezcan otra fama ni otro elogio sus grandezas. “De todo lo dicho quiero que infirays, bobas 5 mias, que es grande la confusion que ay entre los linages, y que solos aquellos parecen grandes y illustres que lo muestran en la virtud y en la riqueza y liberalidad de sus dueños. Dixe virtudes, riquezas y liberalidades, porque el 10 grande que fuere vicioso sera vicioso grande, y el rico no liberal sera vn auaro mendigo; que al posseedor de las riquezas no le haze dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas bien gastar. Al 15 cauallero pobre no le queda otro camino para mostrar que es cauallero, sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso; no soberuio, no arrogante, no murmurador y, sobre todo, caritatiuo; que con dos 20 marauedis que con animo alegre de al pobre, se mostrará tan liberal como el que a campana herida da limosna, y no aura quien le vea adornado de las referidas virtudes que, aunque no le conozca, dexe de juzgarle y tenerle por de 25 buena casta, y el no serlo seria milagro; y siempre la alabança fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dexar de ser alabados. ”Dos caminos ay, hijas, por donde pueden yr los hombres a llegar a ser ricos y honrados: el 30 vno es el de las letras, otro, el de las armas. Yo tengo mas armas que letras, y naci, segun
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 97 me inclino a las armas, debaxo de la influencia del planeta Marte; assi, que casi me es forçoso seguir por su camino, y por el tengo de yr a pesar de todo el mundo, y sera en valde cansaros en persuadirme a que no quiera yo 5 lo que los cielos quieren, la fortuna ordena y la razon pide y, sobre todo, mi voluntad dessea. Pues con saber, como se, los innumerables trabajos que son anexos al (*) andante caualleria, se tambien los infinitos bienes que se alcançan 10 con ella. Y se que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio ancho y espacioso. Y se que sus fines y paraderos son diferentes, porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en muerte, y el de la virtud, angosto 15 y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendra fin. Y se, como dize el gran poeta castellano nuestro, que: “Por estas asperezas se camina de la inmortalidad al alto asiento, 20 do nunca arriba, quien de alli declina (*).” “¡Ay desdichada de mi!”, dixo la sobrina, “que tambien mi señor es poeta. Todo lo sabe, todo lo alcança; yo apostaré que si quisiera ser albañil, que supiera fabricar vna casa como 25 vna xaula.” “Yo te prometo, sobrina”, respondio don Quixote, “que si estos pensamientos cauallerescos no me lleuassen tras si todos los sentidos, que no auria cosa que yo no hiziesse, ni 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98 curiosidad que no saliesse de mis manos, especialmente xaulas y palillos de dientes.” A este tiempo llamaron a la puerta, y preguntando quién llamaua, respondio Sancho Pança que el era, y apenas le huuo conocido 5 el ama, quando corrio a esconderse por no verle: tanto le aborrecia. Abriole la sobrina, salio a recebirle con los braços abiertos su señor don Quixote, y encerraronse los dos en su aposento, donde tuuieron otro coloquio que no le 10 haze ventaja el passado.
p. 99 Capitulo VII De lo que passó don Quixote con su escudero, con otros sucessos famosissimos. Apenas vio el ama que Sancho Pança se encerraua con su señor, quando dio en la 5 cuenta de sus tratos, y, imaginando que de aquella consulta auia de salir la resolucion de su tercera salida, y, tomando su manto, toda llena de congoxa y pesadumbre, se fue a buscar al bachiller Sanson Carrasco, pareciendole 10 que por ser bien hablado y amigo fresco de su señor, le podria persuadir a que dexasse tan desuariado proposito. Hallole passeandose por el patio de su casa, y, viendole, se dexó caer ante sus pies, trasudando 15 y congoxosa. Quando la vio Carrasco con muestras tan doloridas y sobresaltadas, le dixo: “¿Qué es esto, señora ama? ¿Qué le ha acontecido, que parece que se le quiere arrancar el alma?” 20 “No es nada, señor Sanson mio, sino que mi amo se sale, salese sin duda.” “Y ¿por dónde se sale, señora?”, preguntó Sanson. “¿Hasele roto alguna parte de su cuerpo?” 25 “No se sale”, respondio ella, “sino por la puerta de su locura. Quiero dezir, señor bachiller de mi anima, que quiere salir otra vez, que con esta sera la tercera, a buscar por esse mundo lo que el llama venturas, que yo no 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100 puedo entender como les da este nombre. La vez primera nos le boluieron atrauesado sobre vn jumento, molido a palos. La segunda vino en vn carro de bueyes, metido y encerrado en vna xaula, adonde el se daua a entender que 5 estaua encantado, y venia tal el triste, que no le conociera la madre que le pario: flaco, amarillo, los ojos hundidos en los vltimos camaranchones del celebro; que para auerle de boluer algun tanto en si, gasté mas de seiscientos 10 hueuos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis gallinas que no me dexarán mentir.” “Esso creo yo muy bien”, respondio el bachiller; “que ellas son tan buenas, tan gordas y tan bien criadas, que no diran vna cosa por 15 otra si rebentassen. En efecto, señora ama, ¿no ay otra cosa, ni ha sucedido otro desman alguno, sino el que se teme que quiere hazer el señor don Quixote?” “No, señor”, respondio ella. 20 “Pues no tenga pena”, respondio el bachiller, “sino vayase en hora buena a su casa, y tengame adereçado de almorzar alguna cosa caliente, y, de camino, vaya rezando la oracion de Santa Apolonia, si es que la sabe; que yo yre 25 luego alla y vera marauillas.” “Cuytada de mi”, replicó el ama: “la oracion de Santa Apolonia (*) dize vuessa merced que reze; esso fuera si mi amo lo huuiera de las muelas, pero no lo ha sino de los cascos.” 30 “Yo se lo que digo, señora ama; vayase y no se ponga a disputar conmigo, pues sabe que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 101 soy bachiller por Salamanca, que no ay mas que bachillear”, respondio Carrasco. Y, con esto, se fue el ama, y el bachiller fue luego a buscar al cura, a comunicar con el lo que se dira a su tiempo. 5 En el que estuuieron encerrados don Quixote y Sancho passaron las razones que con mucha puntualidad y verdadera relacion cuenta la historia. Dixo Sancho a su amo: “Señor, ya yo tengo reluzida a mi muger a 10 que me dexe yr con vuessa merced adonde quisiere lleuarme.” “Reduzida has de dezir, Sancho”, dixo don Quixote, “que no reluzida.” “Vna o dos vezes”, respondio Sancho, “si 15 mal no me acuerdo, he suplicado a vuessa merced que no me emiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero dezir en ellos, y que quando no los entienda, diga, «Sancho, o diablo, »no te entiendo»; y si yo no me declarare, 20 entonces podra emendarme; que yo soy tan focil.” “No te entiendo, Sancho”, dixo luego don Quixote, “pues no se qué quiere dezir soy ta[n] focil.” “Tan focil quiere dezir”, respondio Sancho, 25 “Soy tan assi.” “Menos te entiendo agora”, replicó don Quixote. “Pues si no me puede entender”, respondio Sancho, “no se cómo lo diga; no se mas, y 30 Dios sea conmigo.” “Ya, ya caygo”, respondio don Quixote, “en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102 ello. Tu quieres dezir que eres tan docil, blando y mañero, que tomarás lo que yo te dixere, y passarás por lo que te enseñare.” “Apostaré yo”, dixo Sancho, “que desde el emprincipio me caló y me entendio, sino que (*) 5 quiso turbarme por oyrme (*) dezir otras docientas patochadas.” “Podra ser”, replicó don Quixote; “y, en efecto, ¿qué dize Teresa?” “Teresa dize”, dixo Sancho, “que ate bien 10 mi dedo con vuessa merced, y que hablen cartas y callen barbas, porque quien destaja no baraja, pues mas vale vn toma que dos te dare. Y yo digo que el consejo de la muger es poco, y el que no le toma es loco.” 15 “Y yo lo digo tambien”, respondio don Quixote. “Dezid, Sancho amigo; passá adelante, que hablays oy de perlas.” “Es el caso”, replicó Sancho, “que como vuessa merced mejor sabe, todos estamos 20 sugetos a la muerte, y que oy somos y mañana no, y que tan presto se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este (*) mundo mas horas de vida de las que Dios quisiere darle, porque la muerte es sorda, 25 y quando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa, y no la haran detener ni ruegos, ni fuerças, ni ceptros, ni mitras, segun es publica voz y fama, y segun nos lo dizen por essos pulpitos.” 30 “Todo esso es verdad”, dixo don Quixote. “Pero no se donde vas a parar.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 103 “Voy a parar”, dixo Sancho, “en que vuessa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes, el tiempo que le siruiere, y que el tal salario se me pague de su hazienda; que no quiero estar a mercedes que 5 llegan tarde, o mal, o nunca; con lo mio me ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco o mucho que sea; que sobre vn hueuo pone la gallina, y muchos pocos hazen vn mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. 10 Verdad sea, que si sucediesse, lo qual ni lo creo, ni lo espero, que vuessa merced me diesse la insula que me tiene prometida, no soy tan ingrato, ni lleuo las cosas tan por los cabos, que no querre que se aprecie lo que montare 15 la renta de la tal insula, y se descuente de mi salario gata por cantidad.” “Sancho amigo”, respondio don Quixote, “a las vezes tan buena suele ser vna gata como vna rata.” 20 “Ya entiendo”, dixo Sancho: “yo apostaré que auia de dezir rata y no gata, pero no importa nada, pues vuessa merced me ha entendido.” “Y tan entendido”, respondio don Quixote, 25 “que he penetrado lo vltimo de tus pensamientos, y se al blanco que tiras (*) con las inumerables saetas de tus refranes. Mira, Sancho, yo bien te señalaria salario, si huuiera hallado en alguna de las historias de los caualleros andantes 30 exemplo que me descubriesse y mostrasse por algun pequeño resquicio, qué es lo que solian ganar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104 cada mes o cada año; pero yo he leydo todas, o las mas de sus historias, y no me acuerdo auer leydo (*) que ningun cauallero andante aya señalado conocido salario a su escudero. Solo se que todos seruian a merced, y que quando 5 menos se lo pensauan, si a sus señores les auia corrido bien la suerte, se hallauan premiados con vna insula o con otra cosa equiualente, y, por lo menos, quedauan con titulo y señoria. Si con estas esperanças y aditamentos vos, 10 Sancho, gustais de boluer a seruirme, sea en buena hora; que pensar que yo he de sacar de sus terminos y quicios la antigua vsança de la caualleria andante, es pensar en lo escusado. Assi que, Sancho mio, bolueos a vuestra casa y 15 declarad a vuestra Teresa mi intencion, y si ella gustare y vos gustaredes de estar a merced conmigo, bene quidem, y si no, tan amigos como de antes; que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas. Y aduertid, hijo, que vale 20 mas buena esperança que ruin possession, y buena quexa que mala paga. Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que tambien como vos se yo arrojar refranes como llouidos. Y, finalmente, quiero dezir, y os digo, que si 25 no quereys venir a merced conmigo, y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga vn santo; que a mi no me faltarán escuderos mas obedientes, mas solicitos y no tan empachados, ni tan habladores como vos.” 30 Quando Sancho oyo la firme resolucion de su amo, se le anubló el cielo y se le cayeron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 105 las alas del coraçon, porque tenia creydo que su señor no se yria sin el por todos los aueres del mundo, y, assi, estando suspenso y pensatiuo, entró Sanson Carrasco y la sobrina (*), desseosos de oyr con qué razones persuadia a 5 su señor que no tornasse a buscar las auenturas. Llegó Sanson, socarron famoso, y, abraçandole como la vez primera, y con voz leuantada, le dixo: “¡O flor de la andante caualleria, o luz 10 resplandeciente de las armas, o honor y espejo de la nacion española!; plega a Dios todopoderoso donde mas largamente se contiene (*), que la persona o personas que pusieren impedimento y estoruaren tu tercera salida, que no la hallen 15 en el laberinto de sus desseos, ni jamas se les cumpla lo que mas (*) dessearen.” Y, boluiendose al ama, le dixo: “Bien puede la señora ama no rezar mas la oracion de Santa Apolonia; que yo se que es 20 determinacion precisa de las esferas que el señor don Quixote buelua a executar sus altos y nueuos pensamientos, y yo encargaria mucho mi conciencia si no intimasse y persuadiesse a este cauallero que no tenga mas tiempo encogida 25 y detenida la fuerça de su valeroso braço y la bondad de su animo valentissimo, porque defrauda con su tardança el derecho de los tuertos, el amparo de los huerfanos, la honra de las donzellas, el fauor de las viudas y el 30 arrimo de las casadas, y otras cosas deste jaez, que tocan, atañen, dependen y son anejas a la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106 orden de la caualleria andante. Ea, señor don Quixote mio, hermoso y brauo, antes oy que mañana se ponga vuessa merced y su grandeza en camino, y si alguna cosa faltare para ponerle en execucion, aqui estoy yo para suplirla 5 con mi persona y hazienda, y si fuere necessidad seruir a tu (*) magnificencia de escudero, lo tendre a felicissima ventura.” A esta sazon dixo don Quixote, boluiendose a Sancho: 10 “¿No te dixe yo, Sancho, que me auian de sobrar escuderos? Mira quién se ofrece a serlo sino el inaudito bachiller Sanson Carrasco, perpetuo trastulo (*) y regozijador de los patios de las escuelas salmanticenses, sano de 15 su persona, agil de sus miembros, callado, sufridor assi del calor como del frio, assi de la hambre como de la sed, con todas aquellas partes que se requieren para ser escudero de vn cauallero andante; pero no permita el 20 cielo que por seguir mi gusto desxarrete y quiebre la coluna de las letras y el vaso de las ciencias y tronque la palma eminente de las buenas y liberales artes. Quedese el nueuo Sanson en su patria, y, honrandola, honre 25 juntamente las canas de sus (*) ancianos padres; que yo con qualquier escudero estare contento, ya que Sancho no se digna de venir conmigo.” “Si digno”, respondio Sancho, enternecido y llenos de lagrimas los ojos, y prosiguio: “No 30 se dira por mi, señor mio, «el pan comido y la »compañia desecha»; si, que no vengo yo de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 107 alguna alcurnia desagradecida; que ya sabe todo el mundo, y especialmente mi pueblo, quién fueron los Panças de quien yo deciendo, y mas, que tengo conocido y calado por muchas buenas obras y por mas buenas 5 palabras el desseo que vuessa merced tiene de hazerme merced, y si me he puesto en cuentas de tanto mas quanto acerca de mi salario, ha sido por complazer a mi muger, la qual quando toma la mano a persuadir vna cosa, no ay 10 maço que tanto apriete los aros de vna cuba como ella aprieta a que se haga lo que quiere; pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre, y la muger, muger, y pues yo soy hombre dondequiera, que no lo puedo negar, tambien 15 lo quiero ser en mi casa, pese a quien pesare; y, assi, no ay mas que hazer sino que vuessa merced ordene su testamento con su codicilo, en modo que no se pueda rebolcar, y pongamonos luego en camino, porque no padezca el 20 alma del señor Sanson, que dize que su conciencia le lita que persuada a vuessa merced a salir vez tercera por esse mundo; y yo de nueuo me ofrezco a seruir a vuessa merced fiel y legalmente, tambien y mejor que quantos 25 escuderos han seruido a caualleros andantes en los passados y presentes tiempos.” Admirado quedó el bachiller de oir el termino y modo de hablar de Sancho Pança, que, puesto que auia leido la primera historia de su 30 señor, nunca creyo que era tan gracioso como alli le pintan; pero oyendole dezir aora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108 testamento y codicilo que no se pueda rebolcar, en lugar de testamento y codicilo que no se pueda reuocar, creyo todo lo que del auia leido, y confirmolo por vno de los mas solenes mentecatos de nuestros siglos, y dixo entre si que 5 tales dos locos como amo y moço no se aurian visto en el mundo. Finalmente, don Quixote y Sancho se abraçaron y quedaron amigos, y con parecer y beneplacito del gran Carrasco, que por entonces 10 era su oraculo, se ordenó que de alli a tres dias fuesse su partida, en los quales auria lugar de adereçar lo necessario para el viage, y de buscar vna celada de encaxe, que en todas maneras dixo don Quixote que la auia 15 de lleuar. Ofreciosela Sanson, porque sabia no se la negaria vn amigo suyo que la tenia, puesto que estaua mas escura por el orin y el moho que clara y limpia por el terso acero. Las maldiciones (*) que las dos, ama y 20 sobrina, echaron al bachiller no tuuieron cuento; mesaron sus cabellos, arañaron sus rostros, y al modo de las endechaderas (*) que se vsauan, lamentauan la partida como si fuera la muerte de su señor. El designo que tuuo 25 Sanson para persuadirle a que otra vez saliesse fue hazer lo que adelante cuenta la historia, todo por consejo del cura y del barbero, con quien el antes lo auia comunicado. En resolucion, en aquellos tres dias don 30 Quixote y Sancho se acomodaron de lo que les parecio conuenirles, y, auiendo aplacado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 109 Sancho a su muger, y don Quixote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viesse sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso, Don Quixote sobre su buen 5 Rocinante y Sancho sobre su antiguo ruzio, proueidas las alforjas de cosas tocantes a la bucolica (*), y la bolsa, de dineros, que le dio don Quixote para lo que se ofreciesse. Abraçole Sanson y suplicole le auisasse de su buena o 10 mala suerte, para alegrarse con esta o entristecerse con aquella, como las leyes de su amistad pedian; prometioselo don Quixote, dio Sanson la buelta a su lugar, y los dos tomaron la de la gran ciudad del Toboso. 15
p. 110 Capitulo VIII Donde se cuenta lo que le sucedio a don Quixote, yendo a ver su señora Dulcinea del Toboso. ¡Bendito sea el poderoso Ala!, dize Hamete 5 Benengeli al comienço deste octauo capitulo; ¡bendito sea Ala!, repite tres vezes, y dize que da estas bendiciones por ver que tiene ya en campaña a don Quixote y a Sancho, y que los letores de su agradable historia pueden hazer 10 cuenta que desde este punto comiençan las hazañas y donaires de don Quixote y de su escudero; persuadeles que se les oluiden las passadas cauallerias del ingenioso hidalgo, y pongan los ojos en las que estan por venir, que desde 15 agora en el camino del Toboso comiençan, como las otras començaron en los campos de Montiel, y no es mucho lo que pide para tanto como el promete, y, assi, prosigue diziendo: Solos quedaron don Quixote y Sancho, y 20 apenas se huuo apartado Sanson, quando començo a relinchar Rocinante y a sospirar el ruzio, que de entrambos, cauallero y escudero, fue tenido a buena señal y por felicissimo aguero (*), aunque, si se ha de contar la 25 verdad, mas fueron los sospiros y rebuznos del ruzio que los relinchos del rocin, de donde coligio Sancho que su ventura auia de sobrepujar y ponerse encima de la de su señor, fundandose no se si en astrologia judiciaria 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 111 que el se sabia, puesto que la historia no lo declara; solo le oyeron dezir que quando tropeçaua o caia, se holgara no auer salido de casa, porque del tropeçar o caer no se sacaua otra cosa sino el çapato roto o las costillas 5 quebradas, y aunque tonto, no andaua en esto muy fuera de camino. Dixole don Quixote: “Sancho amigo, la noche se nos va entrando a mas andar y con mas escuridad de la que 10 auiamos menester para alcançar a ver con el dia al Toboso, adonde tengo determinado de yr antes que en otra auentura me ponga, y alli tomaré la bendicion y buena licencia de la sin par Dulcinea, con la qual licencia pienso y 15 tengo por cierto de acabar y dar felice cima a toda peligrosa auentura, porque ninguna cosa desta vida haze mas valientes a los caualleros andantes que verse fauorecidos de sus damas.” “Yo assi lo creo”, respondio Sancho; “pero 20 tengo por dificultoso que vuessa merced pueda hablarla, ni verse con ella en parte, a lo menos, que pueda recebir su bendicion, si ya no se la echa desde las bardas del corral, por donde yo la vi la vez primera, quando le lleué la carta 25 donde yuan las nueuas de las sandezes y locuras que vuessa merced quedaua haziendo en el coraçon de Sierra Morena.” “¿Bardas de corral se te antojaron aquellas, Sancho”, dixo don Quixote, “adonde o por 30 donde viste aquella jamas bastantemente alabada gentileza y hermosura? No deuian de ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112 sino galerias, o corredores, o lonjas, o como las llaman, de ricos y reales palacios.” “Todo pudo ser”, respondio Sancho, “pero a mi bardas me parecieron, si no es que soy falto de memoria.” 5 “Con todo esso, vamos alla, Sancho”, replicó don Quixote; “que como yo la vea, esso se me da que sea por bardas que por ventanas, o por resquicios, o verjas de jardines; que qualquier rayo que del sol de su belleza llegue a mis 10 ojos alumbrará mi entendimiento y fortalezera (*) mi coraçon de modo, que quede vnico y sin ygual en la discrecion y en la valentia.” “Pues en verdad, señor”, respondio Sancho, “que quando yo vi esse sol de la señora 15 Dulcinea del Toboso, que no estaua tan claro que pudiesse echar de si rayos algunos, y deuio de ser que como su merced estaua ahechando aquel trigo que dixe, el mucho poluo que sacaua se le puso como nube ante el rostro y se le 20 escurecio.” “¡Que todauia das, Sancho”, dixo don Quixote, “en dezir, en pensar, en creer y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaua trigo, siendo esso vn menester y exercicio que va desuiado 25 de todo lo que hazen y deuen hazer las personas principales que estan constituidas y guardadas para otros exercicios y entretenimientos, que muestran a tiro de ballesta su principalidad! Mal se te acuerdan a ti, o Sancho, aquellos 30 versos de nuestro poeta, donde nos pinta las labores que hazian, alla en sus moradas de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 113 cristal, aquellas quatro ninfas que del Tajo amado sacaron las cabeças, y se sentaron a labrar en el prado verde aquellas ricas telas que alli el ingenioso poeta nos descriue, que todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y texidas 5 (*). Y desta manera deuia de ser el de mi señora quando tu la viste, sino que la embidia que algun mal encantador deue de tener a mis cosas, todas las que me han de dar gusto trueca y buelue en diferentes figuras que ellas tienen, 10 y, assi, temo que en aquella historia que dizen que anda impressa de mis hazañas, si por ventura ha sido su autor algun sabio mi enemigo, aura puesto vnas cosas por otras, mezclando con vna verdad mil mentiras, 15 diuertiendose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuacion de vna verdadera historia. ¡O embidia, rayz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen vn no se qué de deleyte consigo; 20 pero el de la embidia no trae sino disgustos, rancores y rabias.” “Esso es lo que yo digo tambien”, respondio Sancho, “y pienso que en essa leyenda o historia que nos dixo el bachiller Carrasco que de 25 nosotros auia visto, deue de andar mi honra a coche aca, cinchado (*), y, como dizen, al estricote, aqui y alli, barriendo las calles. Pues a fe de bueno, que no he dicho yo mal de ningun encantador ni tengo tantos bienes que pueda ser 30 embidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos assomos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114 vellaco; pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mia, siempre natural y nunca artificiosa, y quando otra cosa no tuuiesse sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente, en Dios y en todo aquello que tiene y 5 cree la santa Iglesia Catolica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judios, deuian los historiadores tener misericordia de mi y tratarme bien en sus escritos; pero digan lo que quisieren, que desnudo naci, desnudo me 10 hallo, ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por esse mundo de mano en mano, no se me da vn higo que digan de mi todo lo que quisieren.” “Esso me parece, Sancho”, dixo don Quixote, 15 “a lo que sucedio a vn famoso poeta destos tiempos, el qual, auiendo hecho vna maliciosa satira contra todas las damas cortesanas (*), no puso ni nombró en ella a vna dama que se podia dudar si lo era o no; la qual, viendo que 20 no estaua en la lista de las demas, se quexó al poeta, diziendole que qué auia visto en ella para no ponerla en el numero de las otras, y que alargasse la satira y la pusiesse en el ensanche; si no, que mirasse para lo que auia 25 nacido; hizolo assi el poeta, y pusola qual no digan dueñas, y ella quedó satisfecha por verse con fama, aunque infame; tambien viene con esto lo que cuentan de aquel pastor que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, 30 contado por vna de las siete marauillas del mundo, solo porque quedasse viuo su nombre
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 115 en los siglos venideros; y aunque se mandó que nadie le nombrasse ni hiziesse por palabra o por escrito mencion de su nombre, porque no consiguiesse el fin de su desseo, todauia se supo que se llamaua Erostrato; tambien alude 5 a esto lo que sucedio al grande emperador Carlo Quinto con vn cauallero en Roma. ”Quiso ver el emperador aquel famoso templo de la Rotunda (*), que en la antiguedad se llamó el templo de todos los dioses, y aora, con 10 mejor vocacion, se llama de todos los santos, y es el edificio que mas entero ha quedado de los que alçó la gentilidad en Roma, y es el que mas conserua la fama de la grandiosidad y magnificencia de sus fundadores. El es de 15 hechura de vna media naranja, grandissimo en estremo y está muy claro, sin entrarle otra luz que la que le concede vna ventana o, por mejor dezir, claraboya redonda que está en su cima, desde la qual mirando el emperador el 20 edificio, estaua con el y a su lado vn cauallero romano declarandole los primores y sutilezas de aquella gran maquina y memorable arquitetura, y, auiendose quitado de la claraboya, dixo al emperador: 25 «Mil vezes, sacra magestad, me vino »desseo de abraçarme con vuestra magestad y »arrojarme de aquella claraboya abaxo por »dexar de mi fama eterna en el mundo.» «Yo os agradezco», respondio el emperador, 30 «el no auer puesto tan mal pensamiento en »efeto, y de aqui adelante no os pondre yo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116 »en ocasion que boluais a hazer prueua de »vuestra lealtad, y, assi, os mando que jamas »me hableis, ni esteis donde yo estuuiere», y tras estas palabras le hizo vna gran merced. ”Quiero dezir, Sancho, que el desseo de 5 alcançar fama es actiuo en gran manera: ¿quién piensas tu que arrojó a Horacio del puente abaxo, armado de todas armas, en la profundidad del Tibre?; ¿quién abrasó el braço y la mano a Mucio?; ¿quién impelio a Curcio a lançarse 10 en la profunda sima ardiente que aparecio en la mitad de Roma?; ¿quién contra todos los agueros que en contra se le auian mostrado, hizo passar el Rubicon a [Iulio] Cesar? (*); y, con exemplos mas modernos, ¿quién barrenó 15 los nauios y dexó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesissimo Cortés en el nueuo mundo? Todas estas, y otras grandes y diferentes hazañas son, fueron y seran obras de la fama que los mortales 20 dessean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos merecen, puesto que los christianos, catolicos y andantes caualleros mas auemos de atender a la gloria de los siglos venideros, que es eterna en las 25 regiones etereas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcança; la qual fama, por mucho que dure, en fin se ha de acabar con el mesmo mundo, que tiene su fin señalado; assi, o Sancho, que 30 nuestras obras no han de salir del limite que nos tiene puesto la religion christiana que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 117 professamos. Hemos de matar en los gigantes a la soberuia; a la embidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del animo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el 5 mucho velar que velamos; a la [lujuria] (*) y lasciuia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo buscando las ocasiones que nos 10 puedan hazer y hagan, sobre christianos, famosos caualleros. Ves aqui, Sancho, los medios por donde se alcançan los estremos de alabanças que consigo trae la buena fama.” “Todo lo que vuessa merced hasta aqui me 15 ha dicho”, dixo Sancho, “lo he entendido muy bien, pero con todo esso querria que vuessa merced me sorbiesse vna duda que agora en este punto me ha venido a la memoria.” “Assoluiesse quieres dezir, Sancho”, dixo 20 don Quixote; “di en buenora; que yo respondere lo que supiere.” “Digame, señor”, prosiguio Sancho, “essos Iulios o Agostos, y todos essos caualleros hazañosos que ha dicho, que ya son muertos, 25 ¿dónde estan agora?” “Los gentiles”, respondio don Quixote, “sin duda estan en el infierno; los christianos, si fueron buenos christianos, o estan en el purgatorio o en el cielo.” 30 “Está bien”, dixo Sancho, “pero sepamos aora, essas sepulturas donde estan los cuerpos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118 dessos señorazos, ¿tienen delante de si lamparas de plata, o estan adornadas las paredes de sus capillas de muletas, de mortajas, de cabelleras, de piernas y de ojos de cera? Y si desto no, ¿de qué estan adornadas?” 5 A lo que respondio don Quixote: “Los sepulcros de los gentiles fueron por la mayor parte suntuosos templos; las cenizas del cuerpo de Iulio Cesar se pusieron sobre vna piramide de piedra de desmesurada grandeza, 10 a quien oy llaman en Roma la Aguja de San Pedro. Al emperador Adriano le siruio de sepultura vn castillo tan grande como vna buena aldea, a quien llamaron Moles Adriani, que agora es el castillo de Santangel en Roma; la 15 reyna Artemisa (*) sepultó a su marido Mausoleo en vn sepulcro que se tuuo por vna de las siete marauillas del mundo (*); pero ninguna destas sepulturas, ni otras muchas que tuuieron los gentiles, se adornaron con mortajas, ni con 20 otras ofrendas y señales que mostrassen ser santos los que en ellas estauan sepultados.” “A esso voy”, replicó Sancho, “y digame (*) agora, ¿quál es mas: resucitar a vn muerto, o matar a vn gigante?” 25 “La respuesta está en la mano”, respondio don Quixote: “mas es resucitar a vn muerto.” “Cogido le tengo”, dixo Sancho; “luego la fama del que resucita muertos, da vista a los ciegos, endereza los coxos y da salud a los 30 enfermos, y delante de sus sepulturas arden lamparas y estan llenas sus capillas de gentes
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 119 deuotas que de rodillas adoran sus reliquias, mejor fama sera para este y para el otro siglo, que la que dexaron y dexaren quantos emperadores gentiles y caualleros andantes ha auido en el mundo.” 5 “Tambien confiesso essa verdad”, respondio don Quixote. “Pues esta fama, estas gracias, estas prerogatiuas, como llaman a esto”, respondio Sancho, “tienen los cuerpos y las reliquias de los 10 santos, que con aprouacion y licencia de nuestra santa madre Iglesia tienen lamparas, velas, mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos, piernas, con que aumentan la deuocion y engrandecen su christiana fama; los cuerpos de 15 los santos o sus reliquias lleuan los reyes sobre sus ombros, besan los pedaços de sus huessos, adornan y enriquezen con ellos sus oratorios y sus mas preciados altares...” “¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo 20 lo que has dicho?”, dixo don Quixote. “Quiero dezir”, dixo Sancho, “que nos demos a ser santos y alcançaremos mas breuemente la buena fama que pretendemos; y aduierta, señor, que ayer o antes de ayer, que 25 segun ha poco se puede dezir desta manera, canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalços, cuyas cadenas de hierro con que ceñian y atormentauan sus cuerpos se tiene aora a gran ventura el besarlas y tocarlas, y estan en 30 mas veneracion que está, segun dixe, la espada de Roldan en la armeria del rey nuestro señor,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120 que Dios guarde; assi que, señor mio, mas vale ser humilde frailecito de qualquier orden que sea, que valiente y andante cauallero; mas alcançan con Dios dos dozenas de diciplinas que dos mil lançadas, ora las den a gigantes, 5 ora a vestiglos o a endri[a]gos.” “Todo esso es assi”, respondio don Quixote; “pero no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleua Dios a los suyos al cielo; religion es la caualleria, 10 caualleros santos ay en la gloria.” “Si”, respondio Sancho, “pero yo he oido dezir que ay mas frailes en el cielo que caualleros andantes.” “Esso es”, respondio don Quixote, “porque 15 es mayor el numero de los religiosos que el de los caualleros.” “Muchos son los andantes”, dixo Sancho. “Muchos”, respondio don Quixote, “pero pocos los que merecen nombre de caualleros.” 20 En estas y otras semejantes platicas se les passó aquella noche y el dia siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuesse, de que no poco le pesó a don Quixote; en fin, otro dia al (*) anochecer descubrieron la gran ciudad 25 del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espiritus a don Quixote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabia la casa de Dulcinea, ni en su vida la auia visto, como no la auia visto su señor; de modo que el vno por verla, 30 y el otro por no auerla visto, estauan alborotados, y no imaginaua Sancho qué auia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 121 hazer quando su dueño le embiasse al Toboso; finalmente, ordenó don Quixote entrar en la ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora se llegaua, se quedaron entre vnas enzinas que cerca del Toboso estauan; y, llegado el 5 determinado punto, entraron en la ciudad, donde les sucedio cosas que a cosas llegan.
p. 122 Capitulo IX Donde se cuenta lo que en el se vera. Media noche era por filo (*), poco mas a menos, quando don Quixote y Sancho dexaron el monte y entraron en el Toboso; 5 estaua el pueblo en vn sossegado silencio, porque todos sus vezinos dormian y reposauan a pierna tendida, como suele dezirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura por hallar en su escuridad 10 disculpa de su sandez; no se oia en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronauan los oidos de don Quixote y turbauan el coraçon de Sancho; de quando en quando rebuznaua vn jumento, gruñian puercos, mayauan gatos, cuyas 15 vozes de diferentes sonidos se aumentauan con el silencio de la noche, todo lo qual tuuo el enamorado cauallero a mal aguero (*), pero, con todo esto, dixo a Sancho: “Sancho hijo, guia al palacio de Dulcinea; 20 quiça podra ser que la hallemos despierta.” “¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del sol”, respondio Sancho, “que en el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña?” “Deuia de estar retirada entonces”, respondio 25 don Quixote, “en algun pequeño apartamiento de su alcaçar, solazandose a solas con sus donzellas, como es vso y costumbre de las altas señoras y princesas.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 123 “Señor”, dixo Sancho, “ya que vuessa merced quiere, a pesar mio, que sea alcaçar la casa de mi señora Dulcinea, ¿es hora esta, por ventura, de hallar la puerta abierta?; ¿y sera bien que demos aldauazos para que nos oyan y nos 5 abran, metiendo en alboroto y rumor toda la gente?; ¿vamos por dicha a llamar a la casa de nuestras mancebas, como hazen los abarraganados, que llegan y llaman y entran a qualquier hora, por tarde que sea?” 10 “Hallemos primero vna por vna el alcaçar”, replicó don Quixote; “que entonces yo te dire, Sancho, lo que sera bien que hagamos, y aduierte, Sancho, que yo veo poco, [o] que aquel bulto grande y sombra que desde aqui se descubre, 15 la deue de hazer el palacio de Dulcinea.” “Pues guie vuessa merced”, respondio Sancho; “quiça sera assi: aunque (*) yo lo vere con los ojos y lo tocaré con las manos, y assi lo creere yo como creer que es aora de dia.” 20 Guio don Quixote, y auiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hazia la sombra, y vio vna gran torre, y luego conocio que el tal edificio no era alcaçar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dixo: 25 “Con la iglesia hemos dado, Sancho.” “Ya lo veo”, respondio Sancho, “y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura; que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y mas auiendo yo dicho a vuessa 30 merced, si mal no acuerdo, que la casa desta señora ha de estar en vna callejuela sin salida.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124 “Maldito seas de Dios, mentecato”, dixo don Quixote; “¿adónde has tu hallado que los alcaçares y palacios reales esten edificados en callejuelas sin salida?” “Señor”, respondio Sancho, “en cada tierra 5 su vso; quiça se vsa aqui en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y, assi, suplico a vuessa merced me dexe buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen; podria ser que en algun rincon topasse 10 con esse alcaçar, que le vea yo comido de perros, que assi nos trae corridos y asendereados.” “Habla con respeto, Sancho, de las cosas de mi señora”, dixo don Quixote, “y tengamos la 15 fiesta en paz, y no arrojemos la soga tras el caldero.” “Yo me reportaré”, respondio Sancho, “pero ¿con qué paciencia podre lleuar que quiera vuessa merced que de sola vna vez que vi la casa 20 de nuestra ama la aya de saber siempre, y hallarla a media noche, no hallandola vuessa merced, que la deue de auer visto millares de vezes?” “Tu me haras desesperar, Sancho”, dixo don 25 Quixote; “ven aca, herege, ¿no te he dicho mil vezes que en todos los dias de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamas atrauesse los vmbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oidas (*), y de la gran fama que 30 tiene de hermosa y discreta?” “Aora lo oygo”, respondio Sancho, “y digo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 125 que pues vuessa merced no la ha visto, ni yo tampoco.” “Esso no puede ser”, replicó don Quixote; “que, por lo menos, ya me has dicho tu que la viste ahechando trigo, quando me truxiste la 5 respuesta de la carta que le embié contigo.” “No se atenga a esso, señor”, respondio Sancho, “porque le hago saber que tambien fue de oidas la vista y la respuesta que le truxe; porque assi se yo quien es la señora Dulcinea, 10 como dar vn puño en el cielo.” “Sancho, Sancho”, respondio don Quixote, “tiempos ay de burlar, y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma 15 has tu de dezir tambien que ni la has hablado ni visto, siendo tan al reues como sabes.” Estando los dos en estas platicas, vieron que venia a passar por donde estauan vno con dos mulas, que por el ruido que hazia el arado, que 20 arrastraua por el suelo, juzgaron que deuia de ser labrador, que auria madrugado antes del dia a yr a su labrança, y assi fue la verdad; venia el labrador cantando (*) aquel romance que dizen: 25 “Mala la (*) huuistes, franceses, en essa de Roncesualles (*).” “Que me maten, Sancho”, dixo en oyendole don Quixote, “si nos ha de suceder cosa buena esta noche. ¿No oyes lo que viene cantando 30 esse villano?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126 “Si oigo”, respondio Sancho, “pero ¿qué haze a nuestro proposito la caça de Roncesualles? Assi pudiera cantar el romance de Calainos (*), que todo fuera vno para sucedernos bien o mal en nuestro negocio.” 5 Llegó en esto el labrador, a quien don Quixote preguntó: “¿Sabreisme dezir, buen amigo, que buena ventura os de Dios, dónde son por aqui los palacios de la sin par princesa doña Dulcinea 10 del Toboso?” “Señor”, respondio el moço, “yo soy forastero y ha pocos dias que estoy en este pueblo siruiendo a vn labrador rico en la labrança del campo; en essa casa frontera viuen el cura y 15 el sacristan del lugar: entrambos o qualquier dellos sabra dar a vuessa merced razon dessa señora princesa, porque tienen la lista de todos los vezinos del Toboso; aunque para mi tengo que en todo el no viue princesa alguna, muchas 20 señoras si, principales, que cada vna en su casa puede ser princesa.” “Pues entre essas”, dixo don Quixote, “deue de estar, amigo, esta por quien te pregunto.” “Podria ser”, respondio el moço; “y a Dios, 25 que ya viene el alua.” Y, dando a sus mulas, no atendio a mas preguntas. Sancho, que vio suspenso a su señor, y assaz mal contento, le dixo: 30 “Señor, ya se viene a mas andar el dia y no sera acertado dexar que nos halle el sol en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 127 calle; mejor sera que nos salgamos fuera de la ciudad, y que vuessa merced se embosque en alguna floresta aqui cercana, y yo boluere de dia, y no dexaré ostugo en todo este lugar, donde no busque la casa, alcaçar o palacio de mi 5 señora, y assaz seria de desdichado si no le hallase, y hallandole, hablaré con su merced, y le dire dónde y cómo queda vuessa merced esperando que le de orden y traça para verla, sin menoscabo de su honra y fama.” 10 “Has dicho, Sancho”, dixo don Quixote, “mil sentencias encerradas en el circulo de breues palabras; el consejo que aora me has dado le apetezco y recibo de bonissima gana; ven, hijo, y vamos a buscar donde me embosque; que tu 15 bolueras, como dizes, a buscar, a ver y hablar a mi señora, de cuya discrecion y cortesia espero mas que milagrosos fauores.” Rabiaua Sancho por sacar a su amo del pueblo, porque no aueriguasse la mentira de la 20 respuesta que de parte de Dulcinea le auia lleuado a Sierra Morena, y, assi, dio priessa a la salida, que fue luego, y a dos millas de[l] lugar hallaron vna floresta o bosque, donde don Quixote se emboscó, en tanto que Sancho boluia 25 a la ciudad a hablar a Dulcinea, en cuya embaxada le sucedieron cosas que piden nueua atencion y nueuo credito.
p. 128 Capitulo X Donde se cuenta la industria que Sancho tuuo para encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucessos tan ridiculos como verdaderos. Llegando el autor desta grande historia a 5 contar lo que en este capitulo cuenta, dize que quisiera passarle en silencio, temeroso de que no auia de ser creido; porque las locuras de don Quixote llegaron aqui al termino y raya de las mayores que pueden imaginarse, y aun 10 passaron dos tiros de ballesta mas alla de las mayores; finalmente, aunque con este miedo y rezelo, las escriuio de la misma manera que el las hizo, sin añadir ni quitar a la historia vn atomo de la verdad, sin darsele nada por las 15 objeciones que podian ponerle de mentiroso; y tuuo razon, porque la verdad adelgaza, y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el azeite sobre el agua; y, assi, prosiguiendo su historia, dize, que assi como don Quixote se emboscó 20 en la floresta, encinar, o selua junto al gran Toboso, mandó a Sancho boluer a la ciudad, y que no boluiesse a su presencia sin auer primero hablado de su parte a su señora, pidiendola fuesse seruida de dexarse ver de su cautiuo 25 cauallero, y se dignasse de echarle su bendicion, para que pudiesse esperar por ella felicissimos sucessos de todos sus acometimientos y dificultosas empresas. Encargose Sancho de hazerlo assi como se le mandaua, y de 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 129 traerla (*) tan buena respuesta, como le truxo la vez primera. “Anda, hijo”, replicó don Quixote, “y no te turbes quando te vieres ante la luz del sol de hermosura que vas a buscar. Dichoso tu sobre 5 todos los escuderos del mundo; ten memoria y no se te passe della, cómo te recibe, si muda las colores el tiempo que la estuuieres dando mi embaxada, si se desasossiega y turba, oyendo mi nombre; si no cabe en la almohada si acaso 10 la hallas sentada en el estrado rico de su autoridad, y si está en pie, mirala, si se pone aora sobre el vno, aora sobre el otro pie; si te repite la respuesta que te diere, dos o tres vezes; si la muda de blanda en aspera, de azeda en amorosa; 15 si leuanta la mano al cabello para componerle, aunque no esté desordenado; finalmente, hijo, mira todas sus acciones y mouimientos; porque si tu me los relatares como ellos fueron, sacaré yo lo que ella tiene escondido en lo 20 secreto de su coraçon acerca de lo que al fecho de mis amores toca; que has de saber, Sancho, si no lo sabes, que entre los amantes las acciones y mouimientos exteriores (*) que muestran, quando de sus amores se trata, son certissimos 25 correos que traen las nueuas de lo que alla en lo interior del alma passa. Ve, amigo, y guiete otra mejor ventura que la mia, y bueluate otro mejor sucesso del que yo quedo temiendo y esperando en esta amarga soledad en que me 30 dexas.” “Yo yre y boluere presto”, dixo Sancho, “y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130 ensanche vuessa merced, señor mio, esse coraçoncillo, que le deue de tener agora no mayor que vna abellana, y considere que se suele dezir que buen coraçon quebranta mala ventura, y que donde no ay tocinos no ay estacas; y 5 tambien se dize, donde no piensa, salta la liebre (*); digolo porque si esta noche no hallamos los palacios o alcaçares de mi señora, agora que es de dia los pienso hallar, quando menos lo (*) piense, y hallados, dexenme a mi con 10 ella.” “Por cierto, Sancho”, dixo don Quixote, “que siempre traes tus refranes tan a pelo de lo que tratamos, quanto me de Dios mejor ventura en lo que desseo.” 15 Esto dicho, boluio Sancho las espaldas y vareó su ruzio, y don Quixote se quedó a cauallo, descansando sobre los estriuos y sobre el arrimo de su lança, lleno de tristes y confusas imaginaciones, donde le dexaremos, yendonos 20 con Sancho Pança, que no menos confuso y pensatiuo se apartó de su señor que el quedaua; y tanto, que apenas huuo salido del bosque, quando, boluiendo la cabeça y viendo que don Quixote no parecia, se apeó del 25 jumento, y, sentandose al pie de vn arbol, començo a hablar consigo mesmo y a dezirse: “Sepamos agora, Sancho hermano, ¿adónde va vuessa merced? ¿Va a buscar algun jumento que se le aya perdido? No por cierto. Pues 30 ¿qué va a buscar? Voy a buscar, como quien no dize nada, a vna princessa, y en ella al sol
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 131 de la hermosura, y a todo el cielo junto. Y ¿adónde pensays hallar esso que dezys, Sancho? ¿Adónde? En la gran ciudad del Toboso. Y bien, y ¿de parte de quién la vays a buscar? De parte del famoso Cauallero don Quixote 5 de la Mancha, que desfaze los tuertos y da de comer al que ha sed y de beuer al que ha hambre. Todo esso está muy bien; y ¿sabeys su casa, Sancho? Mi amo dize que han de ser vnos reales palacios o vnos soberuios 10 alcaçares. Y ¿aueysla visto algun dia por ventura? Ni yo ni mi amo la auemos visto jamas. Y ¿pareceos que fuera acertado y bien hecho que si los del Toboso supiessen que estays vos aqui con intencion de yr a sonsacarles 15 sus princessas y a dessassossegarles sus damas, viniessen y os moliessen las costillas a puros palos y no os dexassen huesso sano? En verdad que tendrian mucha razon, quando no considerassen que soy mandado, y que 20 mensagero soys, amigo, no mereceys culpa, non (*). No os fieys en esso, Sancho, porque la gente manchega es tan colerica como honrada y no consiente cosquillas de nadie. Viue Dios, que 25 si os huele, que os mando mala ventura (*). ¡Oxte, puto!; ¡alla daras, rayo! No, sino andeme yo buscando tres pies al gato por el gusto ageno; y mas, que assi sera buscar a Dulcinea por el Toboso como a Marica por Rabena (*) o al 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132 bachiller en Salamanca; el diablo, el diablo me ha metido a mi en esto, que otro no.” Este soliloquio passó consigo Sancho, y lo que sacó del fue que boluio a dezirse: “Aora bien, todas las cosas tienen remedio, si no es 5 la muerte, debaxo de cuyo yugo hemos de passar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. Este mi amo por mil señales he visto que es vn loco de atar, y aun tambien yo no le quedo en zaga, pues soy mas mentecato que 10 el, pues le sigo y le siruo, si es verdadero el refran que dize: «dime con quién andas, dezirte »he quién eres», y el otro de «no con quien »naces, sino con quien paces». Siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las mas vezes 15 toma vnas cosas por otras y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, como le parecio quando dixo que los molinos de viento eran gigantes, y las mulas de los religiosos dromedarios, y las manadas de carneros exercitos 20 de enemigos, y otras muchas cosas a este tono, no sera muy dificil hazerle creer que vna labradora, la primera que me topare por aqui, es la señora Dulcinea, y quando el no lo crea, juraré yo, y si el jurare, tornaré yo a jurar, y 25 si porfiare, porfiaré yo mas, y de manera, que tengo de tener la mia siempre sobre el hito (*), venga lo que viniere; quiça con esta porfia acabaré con el que no me embie otra vez a semejantes mensagerias, viendo quán mal 30 recado le traygo dellas, o quiça pensará, como yo imagino, que algun mal encantador de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 133 estos que el dize que le quieren mal la aura mudado la figura por hazerle mal y daño.” Con esto que pensó Sancho (*) Pança quedó sossegado su espiritu, y tuuo por bien acabado su negocio, (y) deteniendose alli hasta la tarde, 5 por dar lugar a que don Quixote pensasse que le [a]uia tenido para yr y boluer del Toboso; y sucediole todo tan bien, que, quando se leuantó para subir en el ruzio, vio que del Toboso hazia donde el estaua venian tres labradoras 10 sobre tres pollinos, o pollinas, que el autor no lo declara, aunque mas se puede creer que eran borricas, por ser ordinaria caualleria de las aldeanas; pero como no va mucho en esto, no ay para qué detenernos en 15 aueriguarlo. En resolucion, assi como Sancho vio a las labradoras, a paso tirado boluio a buscar a su señor don Quixote, y hallole suspirando y diziendo mil amorosas lamentaciones. Como don 20 Quixote le vio, le dixo: “¿Qué ay, Sancho amigo? ¿Podre señalar este dia con piedra blanca, o con negra?” “Mejor sera”, respondio Sancho, “que vuessa merced le (*) señale con almagre, como retulos 25 de catedras, porque le echen bien de ver los que le vieren.” “De esse modo”, replicó don Quixote, “buenas nueuas traes.” “Tan buenas”, respondio Sancho, “que no 30 tiene mas que hazer vuessa merced sino picar a Rozinante y salir a lo raso a ver a la señora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134 Dulcinea del Toboso, que con otras dos, donzellas suyas, viene a ver a vuessa merced.” “Santo Dios, ¿qué es lo que dizes, Sancho amigo?”, dixo don Quixote. “Mira no me engañes, ni quieras con falsas alegrias alegrar 5 mis verdaderas tristezas.” “¿Qué sacaria yo de engañar a vuessa merced”, respondio Sancho, “y mas estando tan cerca de descubrir mi verdad? Pique, señor, y venga, y vera venir a la princessa, nuestra 10 ama, vestida y adornada, en fin, como quien ella es. Sus donzellas y ella todas son vna ascua de oro. Todas maçorcas (*) de perlas, todas son diamantes, todas rubies, todas telas de brocado de mas de diez altos. Los cabellos 15 sueltos por las espaldas, que son otros tantos rayos del sol, que andan jugando con el viento, y, sobre todo, vienen a cauallo sobre tres cananeas remendadas, que no ay mas que ver.” “Hacaneas, querras dezir, Sancho.” 20 “Poca diferencia ay”, respondio Sancho, “de cananeas a hacaneas; pero vengan sobre lo que vinieren, ellas vienen (*) las mas galanas señoras que se puedan dessear, especialmente la princessa Dulcinea, mi señora, que pasma 25 los sentidos.” “Vamos, Sancho hijo”, respondio don Quixote, “y en albricias destas no esperadas como buenas nueuas te mando el mejor despojo que ganare en la primera auentura que tuuiere, y 30 si esto no te contenta, te mando las crias que este año me dieren las tres yeguas mias, que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 135 tu sabes que quedan para parir en el prado concegil de nuestro pueblo (*).” “A las crias me atengo”, respondio Sancho, “porque de ser buenos los despojos de la primera auentura no está muy cierto.” 5 Ya en esto, salieron de la selua y descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendio don Quixote los ojos por todo el camino del Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras, turbose todo, y preguntó a Sancho si las auia dexado 10 fuera de la ciudad. “¿Cómo fuera de la ciudad?”, respondio; “¿por ventura tiene vuessa merced los ojos en el colodrillo, que no vee que son estas las que aqui vienen, resplandecientes como el mismo 15 sol a medio dia?” “Yo no veo, Sancho”, dixo don Quixote, “sino a tres labradoras sobre tres borricos.” “Agora me libre Dios del diablo”, respondio Sancho; “y ¿es possible que tres hacaneas, o 20 como se llaman, blancas como el hampo de la nieue, le parezcan a vuessa merced borricos? ¡Viue el Señor, que me pele estas barbas si tal fuesse verdad!” “Pues yo te digo, Sancho amigo”, dixo don 25 Quixote, “que es tan verdad que son borricos, o borricas, como yo soy don Quixote y tu Sancho Pança; a lo menos, a mi tales me parecen.” “Calle, señor”, dixo Sancho, “no diga la tal palabra, sino despauile essos ojos y venga a 30 hazer reuerencia a la señora de sus pensamientos, que ya llega cerca.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136 Y, diziendo esto, se adelantó a recebir a las tres aldeanas, y, apeandose del ruzio, tuuo del cabestro al jumento de vna de las tres labradoras, y, hincando ambas rodillas en el suelo, dixo: 5 “Reyna y princessa y duquessa de la hermosura, vuestra altiuez y grandeza sea seruida de recebir en su gracia y buen talente (*) al cautiuo cauallero vuestro, que alli está hecho piedra marmol, todo turbado y sin pulsos de verse 10 ante vuestra magnifica presencia. Yo soy Sancho Pança su escudero, y el es el assendereado cauallero don Quixote de la Mancha, llamado por otro nombre el Cauallero de la Triste Figura.” 15 A esta sazon ya se auia puesto don Quixote de hinojos junto a Sancho, y miraua con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaua reyna y señora, y (*) como no descubria en ella sino vna moça aldeana y no de muy 20 buen rostro, porque era cariredonda y chata, estaua suspenso y admirado, sin osar desplegar los labios. Las labradoras estauan assimismo atonitas, viendo aquellos dos hombres tan diferentes hincados de rodillas, que no dexauan 25 passar adelante a su compañera. Pero rompiendo el silencio la detenida, toda desgraciada y mohina dixo: “Apartense nora en tal del camino, y dexenmos passar; que vamos de priesa.” 30 A lo que respondio Sancho: “¡O princessa y señora vniuersal del Toboso!
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 137 ¿Cómo vuestro magnanimo coraçon no se enternece viendo arrodillado ante vuestra sublimada presencia a la coluna y sustento de la andante caualleria?” Oyendo lo qual otra de las dos, dixo: 5 “¡Mas jo, que te estrego (*), burra de mi suegro!; mirad con qué se vienen los señoritos (*) aora a hazer burla de las aldeanas, como si aqui no supiessemos echar pullas como ellos; vayan su camino e dexenmos hazer el nueso (*), 10 y serles ha sano.” “Leuantate, Sancho”, dixo a este punto don Quixote; “que ya veo que la Fortuna, de mi mal no harta, tiene tomados los caminos todos por donde pueda venir algun contento a esta anima 15 mezquina que tengo en las carnes. Y tu, ¡o estremo del valor que puede dessearse, termino de la humana gentileza, vnico remedio deste afligido coraçon que te adora!, ya que el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y 20 cataratas en mis ojos, y para solo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin ygual hermosura y rostro en el de vna labradora pobre, si ya tambien el mio no le ha cambiado en el de algun vestiglo para hazerle 25 aborrecible a tus ojos, no dexes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumision y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago, la humildad con que mi alma te adora.” 30 “¡Tomá qué, mi aguelo!”, respondio la aldeana; “amiguita soy yo de oyr resquebraxos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138 Apartense y dexenmos yr y agradecerselo hemos.” Apartose Sancho y dexola yr, contentissimo de auer salido bien de su enredo. Apenas se vio libre la aldeana que auia hecho 5 la figura de Dulcinea, quando, picando a su cananea con vn aguijon que en vn palo traia, dio a correr por el prado adelante. Y como la borrica sentia la punta del aguijon que le fatigaua mas de lo ordinario, començo a dar 10 corcobos, de manera, que dio con la señora Dulcinea en tierra; lo qual visto por don Quixote, acudio a leuantarla, y Sancho a componer y cinchar el albarda, que tambien vino a la barriga de la pollina. Acomodada, pues, la 15 albarda, y quiriendo don Quixote leuantar a su encantada señora en los braços sobre la jumenta, la señora, leuantandose del suelo, le quitó de aquel trabajo, porque haziendose algun tanto atras, tomó vna corridica, y puestas 20 ambas manos sobre las ancas de la pollina, dio con su cuerpo mas ligero que vn halcon sobre la albarda, y quedó a horcajadas, como si fuera hombre; y entonces dixo Sancho: “Viue Roque, que es la señora nuestra ama 25 mas ligera que vn a[l]cotan (*) y que puede enseñar a subir a la gineta al mas diestro cordoues o mexicano. El arzon trasero de la silla passó de vn salto, y sin espuelas haze correr la hacanea como vna zebra (*), y no le van 30 en zaga sus donzellas, que todas corren como el viento.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 139 Y assi era la verdad, porque en viendose a cauallo Dulcinea, todas picaron tras ella y dispararon a correr, sin boluer la cabeça atras por espacio de mas de media legua. Siguiolas don Quixote con la vista, y quando vio que no 5 parecian, boluiendose a Sancho, le dixo: “¿Sancho, qué te parece quán mal quisto soy de encantadores? Y mira hasta dónde se estiende su malicia y la ogeriza que me tienen, pues me han querido priuar del contento que 10 pudiera darme ver en su ser a mi señora. En efecto, yo naci para exemplo de desdichados y para ser blanco y terrero donde tomen la mira y assiesten las flechas de la mala fortuna. Y has tambien de aduertir, Sancho, que no se 15 contentaron estos traydores de auer buelto y transformado a mi Dulcinea, sino que la transformaron y boluieron en vna figura tan baxa y tan fea como la de aquella aldeana, y juntamente le quitaron lo que es tan suyo de las 20 principales señoras, que es el buen olor, por andar siempre entre ambares y entre flores; porque te hago saber, Sancho, que quando llegué a subir a Dulcinea sobre su hacanea, segun tu dizes, que a mi me parecio borrica, 25 me dio vn olor de ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma.” “¡O canalla!”, gritó a esta sazon Sancho, “¡o encantadores aziagos y mal intencionados, y quién os viera a todos ensartados por las 30 agallas como sardinas en lercha! Mucho sabeys, mucho podeys y mucho mas (*) hazeys; bastaros
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 140 deuiera, vellacos, auer mudado las perlas de los ojos de mi señora en agallas alcornoqueñas y sus cabellos de oro purissimo en cerdas de cola de buey bermejo, y, finalmente, todas sus faciones de buenas en malas, sin que 5 le tocarades en el olor; que por el siquiera sacaramos lo que estaua encubierto debaxo de aquella fea corteza, aunque, para dezir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la qual subia de punto y quilates vn lunar que 10 tenia sobre el labio derecho a manera de vigote, con siete o ocho cabellos rubios como hebras de oro y largos de mas de vn palmo.” “A esse lunar”, dixo don Quixote, “segun la correspondencia que tienen entre si los del 15 rostro con los del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla del muslo que corresponde al lado donde tiene el del rostro; pero muy luengos para lunares son pelos de la grandeza que has significado.” 20 “Pues yo se dezir a vuessa merced”, respondio Sancho, “que le parecian alli como nacidos.” “Yo lo creo, amigo”, replicó don Quixote, “porque ninguna (*) cosa puso la naturaleza 25 en Dulcinea que no fuesse perfecta y bien acabada, y assi, si tuuiera cien lunares como el que dizes, en ella no fueran lunares, sino lunas y estrellas resplandecientes. Pero dime, Sancho, ¿aquella que a mi me parecio albarda que 30 tu adereçaste, era silla rasa, o sillon?” “No era”, respondio Sancho, “sino silla a la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 141 gineta, con vna cubierta de campo que vale la mitad de vn reyno, segun es de rica.” “Y ¡que no viesse yo todo esso, Sancho!”, dixo don Quixote; “aora torno a dezir, y dire mil vezes, que soy el mas desdichado de los 5 hombres.” Harto tenia que hazer el socarron de Sancho en dissimular la risa, oyendo las sandezes de su amo, tan delicadamente engañado. Finalmente, despues de otras muchas razones que entre los 10 dos passaron, boluieron a subir en sus bestias y siguieron el camino de Zaragoça, adonde pensauan llegar a tiempo que pudiessen hallarse en vnas solenes fiestas que en aquella insigne ciudad cada año suelen hazerse. Pero 15 antes que alla llegassen les sucedieron cosas, que por muchas, grandes y nueuas, merecen ser escritas y leydas, como se vera adelante.
p. 142 Capitulo XI De la estraña auentura que le sucedio al valeroso don Quixote con el carro o carreta de las Cortes de la Muerte. Pensatiuo a demas yua don Quixote por su 5 camino adelante, considerando la mala burla que le auian hecho los encantadores, boluiendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaua qué remedio tendria para boluerla a su ser primero, y estos 10 pensamientos le lleuauan tan fuera de si, que, sin sentirlo, solto las riendas a Rocinante, el qual, sintiendo la libertad que se le daua, a cada paso se detenia a pacer la verde yerua, de que aquellos campos abundauan; de su 15 embelesamiento le boluio Sancho Pança, diziendole: “Señor, las tristezas no se hizieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado se bueluen bestias; 20 vuessa merced se reporte y buelua en si y coja las riendas a Rozinante, y auiue y despierte, y muestre aquella gallardia que conuiene que tengan los caualleros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué descaecimiento es este? 25 ¿Estamos aqui, o en Francia? Mas que se lleue Satanas a quantas Dulcineas ay en el mundo, pues vale mas la salud de vn solo cauallero andante que todos los encantos y transformaciones de la tierra.” 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 143 “Calla, Sancho”, respondio don Quixote con voz no muy desmayada; “calla, digo, y no digas blasfemias contra aquella encantada señora; que de su desgracia y desuentura yo solo tengo la culpa: de la inuidia que me tienen los 5 malos ha nacido su mala andança.” “Assi lo digo yo”, respondio Sancho: “quien la vido y la vee aora, ¿quál es el coraçon que no llora (*)?” “Esso puedes tu dezir bien, Sancho”, replicó 10 don Quixote, “pues la viste en la entereza caual de su hermosura; que el encanto no se estendio a turbarte la vista ni a encubrirte su belleza; contra mi solo y contra mis ojos se endereza la fuerça de su veneno. Mas con 15 todo esto he caydo, Sancho, en vna cosa, y es que me pintaste mal su hermosura, porque, si mal no me acuerdo, dixiste que tenia los ojos de perlas, y los ojos que parecen de perlas, antes son de besugo que de dama, y a lo que 20 yo creo, los de Dulcinea deuen ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos que les siruen de cejas. Y essas perlas quitalas de los ojos y passalas a los dientes; que sin duda te trocaste, Sancho, tomando los ojos por 25 los dientes.” “Todo puede ser”, respondio Sancho, “porque tambien me turbó a mi su hermosura como a vuessa merced su fealdad; pero encomendemoslo todo a Dios, que El es el sabidor de las 30 cosas que han de suceder en este valle de lagrimas, en este mal mundo que tenemos, donde
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144 apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y vellaqueria. De vna cosa me pesa, señor mio, mas que de otras: que es pensar qué medio se ha de tener quando vuessa merced vença a algun gigante o otro cauallero, 5 y le mande que se vaya a presentar ante la hermosura de la señora Dulcinea, ¿adónde la ha de hallar este pobre gigante o este pobre y misero cauallero vencido? Pareceme que los veo andar por el Toboso hechos vnos bausanes 10 buscando a mi señora Dulcinea, y aunque la encuentren en mitad de la calle, no la conoceran mas que a mi padre.” “Quiça, Sancho”, respondio don Quixote, “no se estendera el encantamento a quitar el 15 conocimiento de Dulcinea a los vencidos y presentados gigantes y caualleros, y en vno o dos de los primeros que yo vença y le embie haremos la experiencia, si la ven o no, mandandoles que bueluan a darme relacion de lo que acerca 20 desto les huuiere sucedido.” “Digo, señor”, replicó Sancho, “que me ha parecido bien lo que vuessa merced ha dicho, y que con esse artificio vendremos en conocimiento de lo que desseamos, y si es que ella a 25 solo vuessa merced se encubre, la desgracia mas sera de vuessa merced que suya; pero como la señora Dulcinea tenga salud y contento, nosotros por aca nos auendremos y lo passaremos lo mejor que pudieremos, buscando 30 nuestras auenturas, y dexando al tiempo que haga de las suyas; que el es el mejor
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 145 medico destas y de otras mayores enfermedades.” Responder queria don Quixote a Sancho Pança; pero estoruoselo vna carreta que salio al traues del camino, cargada de los mas diuersos 5 y estraños personages y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaua las mulas y seruia de carretero era vn feo demonio. Venia la carreta descubierta al cielo abierto, sin toldo ni çarço. La primera figura que se ofrecio a los 10 ojos de don Quixote, fue la de la misma Muerte, con rostro humano; junto a ella venia vn angel con vnas grandes y pintadas alas. Al vn lado estaua vn emperador con vna corona, al parecer de oro, en la cabeça. A los pies de la 15 Muerte estaua el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, pero con su arco, carcax y saetas. Venia tambien vn cauallero armado de punta en blanco, excepto que no traia morrion, ni celada, sino vn sombrero lleno de plumas de 20 diuersas colores; con estas venian otras personas de diferentes trages y rostros. Todo lo qual visto de improuiso en alguna manera alborotó a don Quixote, y puso miedo en el coraçon de Sancho; mas luego se alegró don Quixote, 25 creyendo que se le ofrecia alguna nueua y peligrosa auentura, y con este pensamiento, y con animo dispuesto de acometer qualquier peligro, se puso delante de la carreta, y, con voz alta y amenazadora, dixo: 30 “Carretero, cochero, o diablo, o lo que eres, no tardes en dezirme quién eres, a do vas y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146 quién es la gente que lleuas en tu carricoche, que mas parece la barca de Caron que carreta de las que se vsan.” A lo qual mansamente, deteniendo el diablo la carreta, respondio: 5 “Señor, nosotros somos recitantes de la compañia de Angulo el malo (*); hemos hecho en vn lugar que está detras de aquella loma, esta mañana, que es la octaua del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte (*), y hemosle de 10 hazer esta tarde en aquel lugar que desde aqui se parece, y por estar tan cerca y escusar el trabajo de desnudarnos y boluernos a vestir, nos vamos vestidos con los mesmos vestidos que representamos. Aquel mancebo va de Muerte, 15 el otro de Angel. Aquella muger, que es la del autor, va de Reyna, el otro de Soldado, aquel de Emperador, y yo de Demonio, y soy vna de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañia los primeros papeles. Si otra 20 cosa vuessa merced dessea saber de nosotros, preguntemelo, que yo le sabre responder con toda puntualidad; que como soy demonio, todo se me alcança.” “Por la fe de cauallero andante”, respondio 25 don Quixote, “que assi como vi este carro imaginé que alguna grande auentura se me ofrecia, y aora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño. Andad con Dios, buena gente, y hazed vuestra 30 fiesta; y mirad si mandays algo en que pueda seros de prouecho; que lo haré con buen animo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 147 y buen talante, porque desde mochacho fuy aficionado a la caratula, y en mi mocedad se me yuan los ojos tras la farandula (*).” Estando en estas platicas quiso la suerte que llegasse vno de la compañia, que venia vestido 5 de bogiganga, con muchos cascabeles, y en la punta de vn palo traia tres bexigas de vaca hinchadas; el qual moarracho, llegandose a don Quixote, començo a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las bexigas (*) y a dar grandes 10 saltos, sonando los cascabeles, cuya mala vision assi alborotó a Rozinante, que, sin ser poderoso a detenerle don Quixote, tomando el freno entre los dientes, dio a correr por el campo con mas ligereza que jamas prometieron los huesos de 15 su notomia (*). Sancho, que consideró el peligro en [que] yua su amo de ser derribado, saltó del ruzio, y a toda (*) priesa fue a valerle; pero quando a el llegó, ya estaua en tierra, y junto a el Rozinante, que con su amo vino al suelo: 20 ordinario fin y paradero de las lozanias de Rozinante y de sus atreuimientos. Mas apenas huuo dexado su caualleria Sancho por acudir a don Quixote, quando el demonio baylador de las bexigas saltó sobre el 25 ruzio, y, sacudiendole con ellas, el miedo y ruydo, mas que el dolor de los golpes, le hizo volar por la campaña hazia el lugar donde yuan a hazer la fiesta. Miraua Sancho la carrera de su ruzio y la cayda de su amo, y no sabia 30 a quál de las dos necessidades acudiria primero. Pero, en efecto, como buen escudero y como
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148 buen criado, pudo mas con el el amor de su señor que el cariño de su jumento, puesto que cada vez que veia leuantar las bexigas en el ayre y caer sobre las ancas de su ruzio, eran para el tartagos y sustos de muerte, y antes 5 quisiera que aquellos golpes se los dieran a el en las niñas de los ojos que en el mas minimo pelo de la cola de su asno. Con esta perplexa tribulacion llegó donde estaua don Quixote, harto mas maltrecho de lo que el quisiera, y, 10 ayudandole a subir sobre Rozinante, le dixo: “Señor, el Diablo se ha lleuado al ruzio.” “¿Qué diablo?”, preguntó don Quixote. “El de las bexigas”, respondio Sancho. “Pues yo le cobraré”, replicó don Quixote, 15 “si bien se encerrasse con el en los mas hondos y escuros calaboços del infierno. Sigueme, Sancho; que la carreta va despacio, y con las mulas della satisfare la perdida del ruzio.” “No ay para qué hazer essa diligencia, 20 señor”, respondio Sancho; “vuessa merced temple su colera; que, segun me parece, ya el Diablo ha dexado el ruzio, y buelue a la querencia.” Y assi era la verdad, porque auiendo caydo 25 el Diablo con el ruzio, por imitar a don Quixote y a Rozinante, el Diablo se fue a pie al pueblo, y el jumento se boluio a su amo. “Con todo esso”, dixo don Quixote, “sera bien castigar el descomedimiento de aquel 30 demonio en alguno de los de la carreta, aunque sea el mesmo Emperador.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 149 “Quitesele a vuessa merced esso de la imaginacion”, replicó Sancho, “y tome mi consejo, que es que nunca se tome con farsantes, que es gente fauorecida. Recitante he visto yo estar preso por dos muertes y salir libre y sin costas. 5 Sepa vuessa merced que, como son gentes alegres y de plazer, todos los fauorecen, todos los amparan, ayudan y estiman, y mas siendo de aquellos de las compañias reales y de titulo (*), que todos, o los mas, en sus trages y 10 compostura parecen vnos principes.” “Pues con todo”, respondio don Quixote, “no se me ha de yr el demonio farsante alabando, aunque le fauorezca todo el genero humano.” 15 Y, diziendo esto, boluio a la carreta, que ya estaua bien cerca del pueblo; [y] yua dando vozes, diziendo: “Deteneos, esperad, turba alegre y regozijada; que os quiero dar a entender cómo se han 20 de tratar los jumentos y alimañas que siruen de caualleria a los escuderos de los caualleros andantes.” Tan altos eran los gritos de don Quixote, que los oyeron y entendieron los de la carreta, 25 y, juzgando por las palabras la intencion del que las dezia, en vn instante saltó la Muerte de la carreta, y tras ella, el Emperador, el Diablo carretero y el Angel, sin quedarse la Reyna ni el dios Cupido, y todos se cargaron de piedras 30 y se pusieron en ala, esperando recebir a don Quixote en las puntas de sus guijarros. Don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150 Quixote que los vio puestos en tan gallardo esquadron, los braços leuantados con ademan de despedir poderosamente las piedras, detuuo las riendas a Rozinante y pusose a pensar de qué modo los acometeria con menos peligro 5 de su persona. En esto que se detuuo, llegó Sancho, y viendole en talle de acometer al bien formado esquadron, le dixo: “Assaz de locura seria intentar tal empresa; considere vuessa merced, señor mio, que para 10 sopa de arroyo y tente, bonete, no ay arma defensiua en el mundo, sino es embutirse y encerrarse en vna campana de bronze, y tambien se ha de considerar que es mas temeridad que valentia acometer vn hombre solo a vn 15 exercito donde está la Muerte y pelean en persona emperadores, y a quien ayudan los buenos y los malos angeles; y si esta consideracion no le mueue a estarse quedo, mueuale saber de cierto que entre todos los que alli estan, 20 aunque parecen reyes, principes y emperadores, no ay ningun cauallero andante.” “Aora si”, dixo don Quixote, “has dado, Sancho, en el punto que puede y deue mudarme de mi ya determinado intento. Yo no puedo ni 25 deuo sacar la espada, como otras vezes muchas te he dicho, contra quien no fuere armado cauallero. A ti, Sancho, toca, si quieres tomar la vengança del agrauio que a tu ruzio se le ha hecho; que yo desde aqui te ayudaré con 30 vozes y aduertimientos saludables.” “No ay para qué, señor”, respondio Sancho,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 151 “tomar vengança de nadie, pues no es de buenos christianos tomarla de los agrauios, quanto mas que yo acabaré con mi asno que ponga su ofensa en las manos de mi voluntad, la qual es de viuir pacificamente los dias que los 5 cielos me dieren de vida.” “Pues essa es tu determinacion”, replicó don Quixote, “Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho christiano y Sancho sincero, dexemos estas fantasmas y boluamos a buscar mejores y mas 10 calificadas auenturas; que yo veo esta tierra de talle que no han de faltar en ella muchas y muy milagrosas.” Boluio las riendas luego, Sancho fue a tomar su ruzio, la Muerte con todo su esquadron 15 bolante boluieron a su carreta y prosiguieron su viage, y este felice fin tuuo la temerosa auentura de la carreta de la Muerte, gracias sean dadas al saludable consejo que Sancho Pança dio a su amo, al qual el dia siguiente le sucedio 20 otra con vn enamorado y andante cauallero, de no menos suspension que la passada.
p. 152 Capitulo XII De la estraña auentura que le sucedio al valero[so] don Quixote con el brauo Cauallero de los Espejos. La noche que siguio al dia del rencuentro de 5 la Muerte la passaron don Quixote y su escudero debaxo de vnos altos y sombrosos arboles, auiendo, a persuasion de Sancho, comido don Quixote de lo que venia en el repuesto del ruzio, y, entre la cena, dixo Sancho a su 10 señor: “Señor, qué tonto huuiera andado yo, si huuiera escogido en albricias los despojos de la primera auentura que vuessa merced acabara, antes que las crias de las tres yeguas. En efecto, 15 en efecto, mas vale paxaro en mano que buytre volando.” “Todauia”, respondio don Quixote, “si tu, Sancho, me dexaras acometer, como yo queria, te huuieran cabido en despojos, por lo menos, 20 la corona de oro de la Emperatriz y las pintadas alas de Cupido; que yo se las quitara al redropelo y te las pusiera en las manos.” “Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes”, respondio Sancho Pança, “fueron 25 de oro puro, sino de oropel o hoja de lata.” “Assi es verdad”, replicó don Quixote, “porque no fuera acertado que los atauios de la comedia fueran finos, sino fingidos y aparentes como lo es la mesma comedia, con 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 153 la qual quiero, Sancho, que estes bien, teniendola en tu gracia, y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los que las componen, porque todos son instrumentos de hazer vn gran bien a la Republica, poniendonos vn 5 espejo a cada paso (*) delante, donde se veen al viuo las acciones de la vida humana, y ninguna comparacion ay que mas al viuo nos represente lo que somos y lo que auemos de ser como la comedia y los comediantes: si no, dime, 10 ¿no has visto tu representar alguna comedia adonde se introduzen reyes, emperadores y pontifices, caualleros, damas y otros diuersos personages? Vno haze el rufian, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro 15 el simple discreto, otro el enamorado simple. Y, acabada la comedia, y desnudandose de los vestidos della, quedan todos los recitantes yguales.” “Si he visto”, respondio Sancho. 20 “Pues lo mesmo”, dixo don Quixote, “acontece en la comedia y trato deste mundo, donde vnos hazen los emperadores, otros los pontifices, y, finalmente, todas quantas figuras se pueden introduzir en vna comedia; pero, en 25 llegando al fin, que es quando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciauan, y quedan yguales en la sepultura.” “Braua comparacion”, dixo Sancho, “aunque 30 no tan nueua que yo no la aya oydo muchas y diuersas vezes, como aquella del juego
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 154 del axedrez, que mientras dura el juego, cada pieça tiene su particular oficio, y, en acabandose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en vna bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.” 5 “Cada dia, Sancho”, dixo don Quixote, “te vas haziendo menos simple y mas discreto.” “Si, que algo se me ha de pegar de la discrecion de vuessa merced”, respondio Sancho; “que las tierras que de suyo son esteriles 10 y secas, estercolandolas y cultiuandolas, vienen a dar buenos frutos; quiero dezir que la conuersacion de vuessa merced ha sido el estiercol que sobre la esteril tierra de mi seco ingenio ha caydo; la cultiuacion, el tiempo que 15 ha que le siruo y comunico, y con esto espero de dar frutos de mi que sean de bendicion, tales, que no desdigan ni deslizen de los senderos de la buena criança que vuessa merced ha hecho en el agostado entendimiento mio.” 20 Riose don Quixote de las afectadas razones de Sancho, y pareciole ser verdad lo que dezia de su emienda, porque de quando en quando hablaua de manera que le admiraua, puesto que todas o las mas vezes que Sancho queria 25 hablar de oposicion, y a lo cortesano, acabaua su razon con despeñarse del monte de su simplicidad al profundo de su ignorancia, y en lo que el se mostraua mas elegante y memorioso era en traer refranes, viniessen o no viniessen 30 a pelo de lo que trataua, como se aura visto y se aura notado en el discurso desta historia.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 155 En estas y en otras platicas se les passó gran parte de la noche, y a Sancho le vino en voluntad de dexar caer las compuertas de los ojos, como el dezia quando queria dormir, y, desaliñando al ruzio, le dio pasto abundoso 5 y libre. No quitó la silla a Rozinante por ser expreso mandamiento de su señor que en el tiempo que anduuiessen en campaña, o no durmiessen debaxo de techado, no desaliñasse a Rozinante: antigua vsança establecida 10 y guardada de los andantes caualleros, quitar el freno y colgarle del arzon de la silla; pero ¿quitar la silla al cauallo?, ¡guarda!; y assi lo hizo Sancho, y le dio la misma libertad que al ruzio, cuya amistad del y de Rozinante fue tan vnica 15 y tan trauada, que ay fama, por tradicion de padres a hijos, que el autor desta verdadera historia hizo particulares capitulos della; mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroyca historia se deue, no los puso en 20 ella, puesto que algunas vezes se descuyda deste su prosupuesto, y escriue que assi como las dos bestias se juntauan, acudian a rascarse el vno al otro, y que, despues de cansados y satisfechos, cruzaua Rozinante el pescuezo 25 sobre el cuello del ruzio, que le sobraua de la otra parte mas de media vara, y mirando los dos atentamente al suelo, se solian estar de aquella manera tres dias, a lo menos, todo el tiempo que les dexauan o no les compelia la 30 hambre a buscar sustento. Digo que dizen que dexó el autor escrito
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156 que los auia comparado en la amistad a la que tuuieron Niso y Eurialo, y Pilades y Orestes, y si esto es assi, se podia echar de ver, para vniuersal admiracion, quán firme deuio ser la amistad destos dos pacificos animales, y para 5 confusion de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los vnos a los otros. Por esto se dixo: «No ay amigo para amigo, las cañas se bueluen lanças...(*) 10 y el otro que cantó: De amigo a amigo la chinche (*), etc. Y no le parezca a alguno que anduuo el autor algo fuera de camino en auer comparado la amistad destos animales a la de los 15 hombres; que de las bestias han recebido muchos aduertimientos los hombres y aprendido muchas cosas de importancia, como son: de las cigueñas, el cristel; de los perros, el vomito y el agradecimiento; de las grullas, la 20 vigilancia; de las hormigas, la prouidencia; de los elefantes, la honestidad; y la lealtad del cauallo (*). Finalmente, Sancho se quedó dormido al pie de vn alcornoque, y don Quixote, dormitando al de vna robusta enzina. 25 Pero poco espacio de tiempo auia passado quando le desperto vn ruydo que sintio a sus espaldas, y, leuantandose con sobresalto, se puso a mirar y a escuchar de dónde el ruydo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 157 procedia, y vio que eran dos hombres a cauallo, y que el vno, dexandose derribar de la silla, dixo al otro: “Apeate, amigo, y quita los frenos a los cauallos; que, a mi parecer, este sitio abunda de 5 yerua para ellos y del silencio y soledad que han menester mis amorosos pensamientos.” El dezir esto y el tenderse en el suelo todo fue a vn mesmo tiempo, y al arrojarse hizieron ruydo las armas de que venia armado, 10 manifiesta señal por donde conocio don Quixote que deuia de ser cauallero andante, y, llegandose a Sancho, que dormia, le trabó del braço, y con no pequeño trabajo le boluio en su acuerdo, y con voz baxa le dixo: 15 “Hermano Sancho, auentura tenemos.” “Dios nos la de buena”, respondio Sancho; “y ¿adónde está, señor mio, su merced de essa señora auentura?” “¿Adónde, Sancho?”, replicó don Quixote. 20 “Buelue los ojos y mira, y veras alli tendido vn andante cauallero, que, a lo que a mi se me trasluze, no deue de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del cauallo y tenderse en el suelo con algunas muestras de 25 despecho, y al caer le cruxieron las armas.” “Pues ¿en qué halla vuessa merced”, dixo Sancho, “que esta sea auentura?” “No quiero yo dezir”, respondio don Quixote, “que esta sea auentura del todo, sino 30 principio della; que por aqui se comiençan las auenturas. Pero escucha; que, a lo que parece,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158 templando está vn laud o viguela, y segun escupe y se desembaraça el pecho, deue de prepararse para cantar algo.” “A buena fe que es assi”, respondio Sancho, “y que deue de ser cauallero enamorado.” 5 “No ay ninguno de los andantes que no lo sea”, dixo don Quixote, “y escuchemosle; que por el hilo sacaremos el ouillo de sus pensamientos, si es que canta; que de la abundancia del coraçon habla la lengua.” 10 Replicar queria Sancho a su amo; pero la voz del Cauallero del Bosque, que no era muy mala ni muy buena, lo estoruó, y estando los dos atonitos (*), oyeron que lo que cantó fue este 15 «SONETO. Dadme, señora, vn termino que siga, conforme a vuestra voluntad cortado; que sera de la mia assi estimado, que por jamas vn punto del desdiga. 20 Si gustays que callando mi fatiga muera, contadme ya por acabado; si quereys que os la cuente en desusado modo, hare que el mesmo Amor la diga. A prueua de contrarios estoy hecho, 25 de blanda cera y de diamante duro, y a las leyes de amor el alma ajust[o]. Blando qual es, o fuerte, ofrezco el pecho; entallad o imprimid lo que os de gusto, que de guardarlo eternamente juro.» 30 Con vn ¡ay! arrancado, al parecer, de lo intimo de su coraçon, dio fin a su canto el Cauallero
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 159 del Bosque, y de alli a vn poco, con voz doliente y lastimada, dixo: “¡O la mas hermosa y la mas ingrata muger del orbe!, ¿cómo que sera possible, serenissima Casildea de Vandalia, que has de consentir 5 que se consuma y acabe en continuas peregrinaciones y en asperos y duros trabajos este tu cautiuo cauallero? ¿No basta ya que he hecho que te confiessen por la mas hermosa del mundo todos los caualleros de Nauarra, todos los 10 leoneses, todos los tartesios, todos los castellanos y, finalmente, todos los caualleros de la Mancha?” “Esso no”, dixo a esta sazon don Quixote, “que yo soy de la Mancha y nunca tal he 15 confessado, ni podia, ni deuia confessar vna cosa tan perjudicial a la belleza de mi señora, y este tal cauallero ya vees tu, Sancho, que desuaria; pero escuchemos: quiça se declarará mas.” “Si hará”, replicó Sancho; “que termino 20 lleua de quexarse vn mes a[r]reo.” Pero no fue assi, porque auiendo entreoydo el Cauallero del Bosque que hablauan cerca del, sin passar adelante en su lamentacion se puso en pie, y dixo con voz sonora y comedida: 25 “¿Quién va alla, qué gente?; ¿es por ventura de la del numero de los contentos, o la del (*) de los afligidos?” “De los afligidos”, respondio don Quixote. “Pues lleg[u]ese a mi”, respondio el del 30 Bosque, “y hara cuenta que se llega a la mesma tristeza y a la aflicion mesma.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160 Don Quixote, que se vio responder tan tierna y comedidamente, se llegó a el, y Sancho ni mas ni menos; el cauallero lamentador assio a don Quixote del braço, diziendo: “Sentaos aqui, señor cauallero; que para 5 entender que lo soys y de los que professan la andante caualleria, bastame el aueros hallado en este lugar, donde la soledad y el sereno os hazen compañia, naturales lechos y propias estancias de los caualleros andantes.” 10 A lo que respondio don Quixote: “Cauallero soy y de la profession que dezis, y aunque en mi alma tienen su propio assiento las tristezas, las desgracias y las desuenturas, no por esso se ha ahuyentado della 15 la compassion que tengo de las agenas desdichas; de lo que contaste[s] poco ha, colegi que las vuestras son enamoradas, quiero dezir, del amor que teneis a aquella hermosa ingrata que en vuestras lamentaciones 20 nombrastes.” Ya quando esto passauan, estauan sentados juntos sobre la dura tierra en buena paz y compañia, como si al romper del dia no se huuieran de romper las cabeças. 25 “¿Por ventura, señor cauallero”, preguntó el del Bosque a don Quixote: “soys enamorado?” “Por desuentura, lo soy”, respondio don Quixote, “aunque los daños que nacen de los 30 bien colocados pensamientos, antes se deuen tener por gracias que por desdichas.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 161 “Assi es la verdad”, replicó el del Bosque, “si no nos turbassen la razon y el entendimiento los desdenes, que siendo muchos, parecen venganças.” “Nunca fuy desdeñado de mi señora”, 5 respondio don Quixote. “No, por cierto”, dixo Sancho, que alli junto estaua, “porque es mi señora como vna borrega mansa: es mas blanda que vna manteca.” 10 “¿Es vuestro escudero este?”, preguntó el del Bosque. “Si es”, respondio don Quixote. “Nunca he visto yo escudero”, replicó el del Bosque, “que se atreua a hablar donde habla 15 su señor; a lo menos, ai está esse mio, que es tan grande como su padre, y no se prouará que aya desplegado el labio donde yo hablo.” “Pues a fe”, dixo Sancho, “que he hablado yo y puedo hablar delante de otro tan..., y aun 20 quedese aqui; que es peor meneallo.” El escudero del Bosque assio por el braço a Sancho, diziendole: “Vamonos los dos donde podamos hablar escuderilmente todo quanto quisieremos, y 25 dexemos a estos señores amos nuestros que se den de las astas (*) contandose las historias de sus amores; que a buen seguro que les ha de coger el dia en ellas y no las han de auer acabado.” 30 “Sea en buena hora”, dixo Sancho, “y yo le dire a vuessa merced quien soy, para que vea
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162 si puedo entrar en dozena con los mas hablantes escuderos.” Con esto se apartaron los dos escuderos, entre los quales passó vn tan gracioso coloquio, como fue graue el que passó entre sus 5 señores.
p. 163 Capitulo XIII Donde se prosigue la auentura del Cauallero del Bosque, con el discreto, nueuo y suaue coloquio que passó entre los dos escuderos. Diuididos estauan caualleros y escuderos, 5 estos contandose sus vidas, y aquellos sus amores; pero la historia cuenta primero el razonamiento de los moços y luego prosigue el de los amos, y, assi, dize que, apartandose vn poco dellos, el del Bosque dixo a Sancho: 10 “Trabajosa vida es la que passamos y viuimos, señor mio, estos que somos escuderos de caualleros andantes; en verdad que comemos el pan en el sudor de nuestros rostros (*), que es vna de las maldiciones que echó Dios a 15 nuestros primeros padres.” “Tambien se puede dezir”, añadio Sancho, “que lo comemos en el yelo de nuestros cuerpos, porque ¿quién mas calor y mas frio que los miserables escuderos de la andante caualleria?; 20 y aun menos mal si comieramos, pues los duelos con pan son menos; pero tal vez ay que se nos passa vn dia y dos sin desayunarnos, si no es del viento que sopla.” “Todo esso se puede lleuar y conlleuar”, dixo 25 el del Bosque, “con la esperança que tenemos del premio, porque si demasiadamente no es desgraciado el cauallero andante a quien vn escudero sirue, por lo menos, a pocos lances se vera premiado con vn hermoso gouierno de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164 qualque insula, o con vn condado de buen parecer.” “Yo”, replicó Sancho, “ya he dicho a mi amo que me contento con el gouierno de alguna insula, y el es tan noble y tan liberal que 5 me le ha prometido muchas y diuersas vezes.” “Yo”, dixo el del Bosque, “con vn canonicato quedaré satisfecho de mis seruicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal!” “Deue de ser”, dixo Sancho, “su amo de 10 vuessa merced cauallero a lo eclesiastico, y podra hazer essas mercedes a sus buenos escuderos, pero el mio es meramente lego, aunque yo me acuerdo quando le querian aconsejar personas discretas, aunque, a mi parecer, 15 mal intencionadas, que procurasse ser arçobispo; pero el no quiso sino ser emperador, y yo estaua entonces temblando si le venia en voluntad de ser de la Iglesia, por no hallarme suficiente de tener beneficios por ella, porque le 20 hago saber a vuessa merced que, aunque parezco hombre, soy vna (*) bestia para ser de la Iglesia.” “Pues en verdad que lo yerra vuessa merced”, dixo el del Bosque, “a causa que los gouiernos 25 insulanos no son todos de buena data; algunos ay torcidos, algunos pobres, algunos malenconicos y, finalmente, el mas erguido y bien dispuesto trae consigo vna pesada carga de pensamientos y de incomodidades, que 30 pone sobre sus ombros el desdichado que le cupo en suerte. Harto mejor seria que los que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 165 professamos esta maldita seruidumbre nos retirassemos a nuestras casas, y alli nos entretuuiessemos en exercicios mas suaues, como si dixessemos, caçando o pescando; que ¿qué escudero ay tan pobre en el mundo a quien le 5 falte vn rozin, y vn par de galgos, y vna caña de pescar, con que entretenerse en su aldea?” “A mi no me falta nada desso”, respondio Sancho; “verdad es que no tengo rozin, pero tengo vn asno que vale dos vezes mas que el 10 cauallo de mi amo. Mala pascua me de Dios, y sea la primera que viniere, si le trocara por el, aunque me diessen quatro fanegas de cebada encima; a burla tendra vuessa merced el valor de mi ruzio; que ruzio es el color de mi 15 jumento. Pues galgos, no me auian de faltar, auiendolos sobrados en mi pueblo; y mas, que entonces es la caça mas gustosa, quando se haze a costa agena.” “Real y verdaderamente”, respondio el del 20 Bosque, “señor escudero, que tengo propuesto y determinado de dexar estas borracherias destos caualleros, y retirarme a mi aldea y criar mis h[i]jitos, que tengo tres como tres orientales perlas.” 25 “Dos tengo yo”, dixo Sancho, “que se pueden presentar al Papa en persona, especialmente vna muchacha, a quien crio para condessa, si Dios fuere seruido, aunque a pesar de su madre.” 30 “Y ¿qué edad tiene essa señora que se cria para condessa?”, preguntó el del Bosque.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166 “Quinze años, dos mas a menos“, respondio Sancho; “pero es tan grande como vna lança, y tan fresca como vna mañana de abril, y tiene vna fuerça de vn ganapan.” “Partes son essas”, respondio el del Bosque, 5 “no solo para ser condessa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡O hideputa puta, y qué rexo deue de tener la vellaca!” A lo que respondio Sancho, algo mohino: “Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo sera 10 ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras yo viuiere. Y hablese mas comedidamente; que para auerse criado vuessa merced entre caualleros andantes, que son la mesma cortesia, no me parecen muy concertadas essas palabras.” 15 “¡O, qué mal se le entiende a vuessa merced”, replicó el del Bosque, “de achaque de alabanças, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que quando algun cauallero da vna buena lançada al toro en la plaça, o quando alguna persona 20 haze alguna cosa bien hecha, suele dezir el vulgo: «¡o hideputa puto, y qué bien que lo ha »hecho!», y aquello que parece vituperio en aquel termino, es alabança notable? Y renegad vos, señor, de los hijos o hijas que no hazen 25 obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes.” “Si reniego”, respondio Sancho; “y desse modo y por essa misma razon podia echar vuessa merced a mi, y hijos (*), y a mi muger 30 toda vna puteria encima, porque todo quanto hazen y dizen son estremos dignos de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 167 semejantes alabanças; y para boluerlos a ver, ruego yo a Dios me saque de pecado mortal, que lo mesmo sera si me saca deste peligroso oficio de escudero, en el qual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de vna bolsa 5 con cien ducados que me hallé vn dia en el coraçon de Sierra Morena; y el diablo me pone ante los ojos aqui, alli, aca no, sino aculla, vn talego lleno de doblones, que me parece que a cada paso le toco con la mano y me abraço 10 con el, y lo lleuo a mi casa, y echo censos, y fundo rentas, y viuo como vn principe, y el rato que en esto pienso se me hazen faciles y lleuaderos quantos trabajos padezco con este mentecato de mi amo, de quien se que tiene mas 15 de loco que de cauallero.” “Por esso”, respondio el del Bosque, “dizen que la codicia rompe el saco, y si va a tratar dellos, no ay otro mayor en el mundo que mi amo, porque es de aquellos que dizen: 20 «cuydados agenos matan al asno»; pues porque cobre otro cauallero el juyzio que ha perdido, se haze el loco, y anda buscando lo que no se si despues de hallado le ha de salir a los hozicos.” 25 “Y ¿es enamorado por dicha?” “Si”, dixo el del Bosque, “de vna tal Casildea de Vandalia, la mas cruda y la mas asada señora que en todo el orbe puede hallarse; pero no coxea del pie de la crudeza; que otros 30 mayores embustes le gruñen en las entrañas, y ello dira antes de muchas horas.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168 “No ay camino tan llano”, replicó Sancho, “que no tenga algun tropezon o barranco; en otras casas cuezen habas, y en la mia, a calderadas; mas acompañados y paniaguados deue de tener la locura que la discrecion. Mas si es 5 verdad lo que comunmente se dize, que el tener compañeros en los trabajos suele seruir de aliuio en ellos, con vuessa merced podre consolarme, pues sirue a otro amo tan tonto como el mio.” 10 “Tonto, pero valiente”, respondio el del Bosque, “y mas vellaco que tonto y que valiente.” “Esso no es el mio”, respondio Sancho; “digo que no tiene nada de vellaco, antes tiene vna alma como vn cantaro; no sabe hazer mal 15 a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; vn niño le hara entender que es de noche en la mitad del dia, y por esta senzillez le quiero como a las telas de mi coraçon, y no me amaño a dexarle, por mas disparates que haga.” 20 “Con todo esso, hermano y señor”, dixo el del Bosque, “si el ciego guia al ciego, ambos van a peligro de caer en el hoyo. Mejor es retirarnos con buen compas de pies y boluernos a nuestras querencias; que los que buscan 25 auenturas no siempre las hallan buenas.” Escupia Sancho a menudo, al parecer, vn cierto genero de saliua pegajosa y algo seca, lo qual visto y notado por el caritatiuo bosqueril escudero, dixo: 30 “Pareceme que de lo que hemos hablado se nos pegan al paladar las lenguas; pero yo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 169 traygo vn despegador pendiente del arzon de mi cauallo, que es tal como bueno.” Y, leuantandose, boluio desde alli a vn poco con vna gran bota de vino y vna empanada de media vara, y no es encarecimiento, porque 5 era de vn conejo albar tan grande, que Sancho, al tocarla, entendio ser de algun cabron, no que de cabrito; lo qual visto por Sancho, dixo: “Y ¿esto trae vuessa merced consigo, señor?” “Pues ¿qué se pensaua”, respondio el otro; 10 “soy yo por ventura algun escudero de agua y lana (*)? Mejor repuesto traygo yo en las ancas de mi cauallo que lleua consigo quando va de camino vn general.” Comio Sancho sin hazerse de rogar, y 15 tragaua a escuras bocados de nudos de suelta, y dixo: “Vuessa merced si que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnifico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha 20 venido aqui por arte de encantamento, parecelo, a lo menos; y no como yo, mezquino y malauenturado, que solo traygo en mis alforjas vn poco de queso, tan duro, que pueden descalabrar con ello a vn gigante; a quien (*) hazen 25 compañia quatro dozenas de algarrobas y otras tantas de auellanas y nuezes, mercedes a la estrecheza de mi dueño y a la opinion que tiene y orden que guarda de que los caualleros andantes no se han de mantener y sustentar 30 sino con frutas secas y con las yeruas del campo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170 “Por mi fe, hermano”, replicó el del Bosque, “que yo no tengo hecho el estomago a tagarninas, ni a piruetanos, ni a rayzes de los montes; alla se lo ayan con sus opiniones y leyes cauallerescas nuestros amos, y coman lo que ellos 5 mandaren; fiambreras traygo y esta bota colgando del arzon de la silla, por si o por no; y es tan deuota (*) mia, y quierola tanto, que pocos ratos se passan sin que la de mil besos y mil abraços.” 10 Y, diziendo esto, se la puso en las manos a Sancho, el qual, empinandola puesta a la boca, estuuo mirando las estrellas vn quarto de hora, y, en acabando de beuer, dexó caer la cabeça a vn lado, y, dando vn gran suspiro, dixo: 15 “¡O hideputa, vellaco, y cómo es catolico!” “¿Veis ai”, dixo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho, “como aueis alabado este vino, llamandole hideputa?” “Digo”, respondio Sancho, “que confiesso 20 que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie quando cae debaxo del entendimiento de alabarle. Pero digame, señor, por el siglo de lo que mas quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?” 25 “¡Brauo moxon!”, respondio el del Bosque; “en verdad que no es de otra parte, y que tiene algunos años de ancianidad.” “¡A mi con esso!”, dixo Sancho; “no tomeys menos, sino que se me fuera a mi por alto dar 30 alcance a su conocimiento. ¿No sera bueno, señor escudero, que tenga yo vn instinto tan
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 171 grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dandome a oler qualquiera, acierto la patria, el linage, el sabor, y la dura y las bueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no ay de que 5 marauillarse, si tuue en mi linage por parte de mi padre los dos mas excelentes moxones que en luengos años conocio la Mancha; para prueua de lo qual les sucedio lo que aora dire. Dieronles a los dos a prouar del vino de vna cuba, 10 pidiendoles su parecer del estado, qualidad, bondad o malicia del vino; el vno lo prouo con la punta de la lengua, el otro no hizo mas de llegarlo a las narizes. El primero dixo que aquel vino sabia a hierro, el segundo dixo 15 que mas sabia a cordouan. El dueño dixo que la cuba estaua limpia y que el tal vino no tenia adobo alguno, por donde huuiesse tomado sabor de hierro ni de cordouan. Con todo esso, los dos famosos moxones se afirmaron en lo 20 que auian dicho. Anduuo el tiempo, vendiose el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella vna llaue pequeña pendiente de vna correa de cordouan (*). Porque vea vuessa merced si quien viene desta ralea podra dar su parecer 25 en semejantes causas.” “Por esso digo”, dixo el del Bosque, “que nos dexemos de andar buscando auenturas, y pues tenemos hogaças, no busquemos tortas, y boluamonos a nuestras choças; que alli nos 30 hallará Dios si El quiere.” “Hasta que mi amo llegue a Zaragoça, le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172 seruire; que despues todos nos entenderemos.” Finalmente, tanto hablaron y tanto beuieron los dos buenos escuderos, que tuuo necessidad el sueño de atarles las lenguas y templarles la 5 sed, que quitarsela fuera impossible; y, assi, assidos entrambos de la ya casi vazia bota, con los bocados a medio mascar en la boca, se quedaron dormidos, donde los dexaremos por aora, por contar lo que el Cauallero del 10 Bosque passó con el de la Triste Figura.
p. 173 Capitulo XIV Donde se prosigue la auentura del Cauallero del Bosque. Entre muchas razones que passaron don Quixote y el Cauallero de la Selua, dize la historia 5 que el del Bosque dixo a don Quixote: “Finalmente, señor cauallero, quiero que sepays que mi destino, o por mejor dezir, mi eleccion me truxo a enamorar de la sin par Casildea de Vandalia; llamola sin par, porque 10 no le tiene, assi en la grandeza del cuerpo como en el estremo del estado y de la hermosura. Esta tal Casildea, pues, que voy contando, pagó mis buenos pensamientos y comedidos desseos con hazerme ocupar, como su madrina 15 a Hercules, en muchos y diuersos peligros, prometiendome al fin de cada vno, que en el fin del otro llegaria el de mi esperança; pero assi se han ydo eslabonando mis trabajos, que no tienen cuento, ni (*) yo se quál ha de ser el 20 vltimo que de principio al cumplimiento de mis buenos desseos. Vna vez me mandó que fuesse a desafiar a aquella famosa giganta de Seuilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronze, y sin mudarse de vn 25 lugar es la mas mouible y voltaria muger del mundo. Llegué, vila y vencila, y hizela estar queda y a raya, porque en mas de vna semana no soplaron sino vientos nortes. Vez tambien huuo, que me mandó fuesse a tomar en peso 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174 las antiguas piedras de los valientes toros de Guisando (*), empresa mas para encomendarse a ganapanes que a caualleros; otra vez me mandó que me precipitasse y sumiesse en la sima de Cabra (*), peligro inaudito y 5 temeroso, y que le truxesse particular relacion de lo que en aquella escura profundidad se encierra. Detuue el mouimiento a la Giralda, pesé los toros de Guisando, despeñeme en la sima y saqué a luz lo escondido de su abismo, 10 y mis esperanças, muertas que muertas, y sus mandamientos y desdenes, viuos que viuos. ”En resolucion, vltimamente me ha mandado que discurra por todas las prouincias de 15 España y haga confessar a todos los andantes caualleros, que por ellas vagaren, que ella sola es la mas auentajada en hermosura de quantas oy viuen, y que yo soy el mas valiente y el mas bien enamorado cauallero del orbe; en 20 cuya demanda he andado ya la mayor parte de España, y en ella he vencido muchos caualleros; que se han atreuido a contradezirme. Pero de lo que yo mas me precio y vfano es de auer vencido en singular batalla a aquel 25 tan famoso cauallero don Quixote de la Mancha, y hechole confessar que es mas hermosa mi Casildea que su Dulcinea, y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caualleros del mundo, porque el tal don 30 Quixote que digo los ha vencido a todos, y auiendole yo vencido a el, su gloria, su fama
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 175 y su honra se ha transferido y passado a mi persona: Y tanto el vencedor es mas honrado, quanto mas el vencido es reputado (*). ”Assi, que ya corren por mi cuenta y son 5 mias las inumerables hazañas del ya referido don Quixote.” Admirado quedó don Quixote de oyr al Cauallero del Bosque, y estuuo mil vezes por dezirle que mentia, y ya tuuo el mentis en el 10 pico de la lengua; pero reportose lo mejor que pudo por hazerle confessar por su propia boca su mentira, y, assi, sossegadamente le dixo: “De que vuessa merced, señor cauallero, aya vencido a los mas caualleros andantes de 15 España, y aun de todo el mundo, no digo nada; pero de que aya vencido a don Quixote de la Mancha, pongolo en duda; podria ser que fuesse otro que le pareciesse, aunque ay pocos que le parezcan.” 20 “¿Cómo no?”, replicó el del Bosque; “por el cielo que nos cubre que peleé con don Quixote, y le venci y rendi, y es vn hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y abellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña 25 y algo corba, de vigotes grandes, negros y caydos. Campea debaxo del nombre del Cauallero de la Triste Figura, y trae por escudero a vn labrador llamado Sancho Pança, oprime el lomo y rige el freno (*) de vn famoso cauallo 30 llamado Rozinante, y, finalmente, tiene por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176 señora de su voluntad a vna tal Dulcinea del Toboso, llamada vn tiempo Aldonça Lorenço; como la mia, que, por llamarse Casilda y ser de la Andaluzia, yo la llamo Casildea de Vandalia; si todas estas señas no bastan para 5 acreditar mi verdad, aqui está mi espada que la hara dar credito a la mesma incredulidad.” “Sossegaos, señor cauallero”, dixo don Quixote, “y escuchad lo que deziros quiero. Aueis de saber que esse don Quixote que dezis es 10 el mayor amigo que en este mundo tengo, y tanto, que podre dezir que le tengo en lugar de mi misma persona, y que por las señas que del me aueis dado, tan puntuales y ciertas, no puedo pensar sino que sea el mismo que aueis 15 vencido. Por otra parte, veo con los ojos y toco con las manos no ser possible ser el mesmo, si ya no fuesse que como el tiene muchos enemigos encantadores, especialmente vno que de ordinario le persigue, no (*) aya alguno dellos 20 tomado su figura para dexarse vencer, por defraudarle de la fama que sus altas cauallerias le tienen grangeada y adquirida, por todo lo descubierto de la tierra. Y, para confirmacion desto, quiero tambien que sepays que los tales 25 encantadores, sus contrarios, no ha mas de dos dias que transformaron la figura y persona de la hermosa Dulcinea del Toboso en vna aldeana soez y baxa, y desta manera auran transformado a don Quixote; y si todo esto no 30 basta para enteraros en esta verdad que digo, aqui está el mesmo don Quixote que la sustentará
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 177 con sus armas, a pie o a cauallo, o de qualquiera suerte que os agradare.” Y, diziendo esto, se leuantó en pie y se empuñó en la espada, esperando qué resolucion tomaria el Cauallero del Bosque, el qual, con 5 voz assimismo sossegada, respondio y dixo: “Al buen pagador no le duelen prendas; el que vna vez, señor don Quixote, pudo venceros transformado, bien podra tener esperança de rendiros en vuestro propio ser. Mas porque no 10 es bien que los caualleros hagan sus fechos de armas ascuras, como los salteadores y rufianes, esperemos el dia para que el sol vea nuestras obras. Y ha de ser condicion de nuestra batalla que el vencido ha de quedar a la 15 voluntad del vencedor, para que haga del todo lo que quisiere, con tal que sea decente a cauallero lo que se le ordenare.” “Soy mas que contento dessa condicion y conuenencia”, respondio don Quixote. 20 Y, en diziendo esto, se fueron donde estauan sus escuderos, y los hallaron roncando y en la misma forma que estauan quando les salteó el sueño. Despertaronlos y mandaronles que tuuiessen a punto los cauallos, porque en saliendo 25 el sol auian de hazer los dos vna sangrienta, singular y desigual batalla; a cuyas nueuas quedó Sancho atonito y pasmado, temeroso de la salud de su amo por las valentias que auia oydo dezir del suyo al escudero del Bosque; 30 pero, sin hablar palabra, se fueron los dos escuderos a buscar su ganado; que ya todos tres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 178 cauallos y el ruzio se auian olido y estauan todos juntos. En el camino dixo el del Bosque a Sancho: “Ha de saber, hermano, que tienen por costumbre los peleantes de la Andaluzia, quando 5 son padrinos de alguna pendencia, no estarse ociosos, mano sobre mano, en tanto que sus ahijados riñen; digolo porque esté aduertido, que mientras nuestros dueños riñeren nosotros tambien hemos de pelear y hazernos astillas.” 10 “Essa costumbre, señor escudero”, respondio Sancho, “alla puede correr y passar con los rufianes y peleantes que dize; pero con los escuderos de los caualleros andantes, ni por pienso. A lo menos, yo no he oydo dezir a mi 15 amo semejante costumbre, y sabe de memoria todas las ordenanças de la andante caualleria. Quanto mas que yo quiero que sea verdad y ordenança expresa el pelear los escuderos en tanto que sus señores pelean; pero yo no 20 quiero cumplirla, sino pagar la pena que estuuiere puesta a los tales pacificos escuderos, que yo asseguro que no passe de dos libras de cera, y mas quiero pagar las tales libras, que se que me costarán menos que las hilas que podre 25 gastar en curarme la cabeça, que ya me la cuento por partida y diuidida en dos partes; ay mas: que me impossibilita el reñir el no tener espada, pues en mi vida me la puse.” “Para esso se yo vn buen remedio”, dixo el 30 del Bosque; “yo traygo aqui dos talegas de lienço de vn mesmo tamaño; tomareys vos la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 179 vna y yo la otra, y riñiremos a talegazos con armas yguales.” “Dessa manera, sea en buena hora”, respondio Sancho, “porque antes seruira la tal pelea de despoluorearnos que de herirnos.” 5 “No ha de ser assi”, replicó el otro, “porque se han de echar dentro de las talegas, porque no se las lleue el ayre, media dozena de guijarros lindos y pelados que pesen tanto los vnos como los otros, y desta manera nos pondremos 10 atalegar sin hazernos mal ni daño.” “Mirad, ¡cuerpo de mi padre”, respondio Sancho, “qué martas cebollinas (*) o qué copos de algodon cardado pone en las talegas para no quedar molidos los cascos y hechos 15 alheña los huesos! Pero aunque se llenaran de capullos de seda, sepa, señor mio, que no he de pelear; peleen nuestros amos y alla se lo ayan, y beuamos y viuamos (*) nosotros; que el tiempo tiene cuydado de quitarnos las vidas, 20 sin que andemos buscando apetites para que se acaben antes de llegar su sazon y termino, y que se cayan de maduras.” “Con todo”, replicó el del Bosque, “hemos de pelear siquiera media hora.” 25 “Esso, no”, respondio Sancho; “no sere yo tan descortes ni tan desagradecido, que con quien he comido y he beuido trabe question alguna, por minima que sea; quanto mas que estando sin colera y sin enojo, ¿quién diablos 30 se ha de amañar a reñir a secas?” “Para esso”, dixo el del Bosque, “yo dare vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180 suficiente remedio, y es que antes que comencemos la pelea, yo me llegaré bonitamente a vuessa merced y le dare tres o quatro bofetadas que de con el a mis pies, con las quales le hare despertar la colera aunque esté con 5 mas sueño que vn liron.” “Contra esse corte se yo otro”, respondio Sancho, “que no le va en zaga: cogere yo vn garrote, y antes que vuessa merced llegue a despertarme la colera hare yo dormir a garrotazos 10 de tal suerte la suya, que no despierte si no fuere en el otro mundo, en el qual se sabe que no soy yo hombre que me dexo manosear el rostro de nadie; y cada vno mire por el virote. Aunque lo mas acertado seria dexar 15 dormir su colera a cada vno; que no sabe nadie el alma de nadie, y tal suele venir por lana que buelue tresquilado, y Dios bendixo la paz y maldixo las riñas; porque si vn gato acosado, encerrado y apretado se buelue en 20 leon, yo, que soy hombre, Dios sabe en lo que podre boluerme, y, assi, desde aora intimo a vuessa merced, señor escudero, que corra por su cuenta todo el mal y daño que de nuestra pendencia resultare.” 25 “Está bien”, replicó el del Bosque; “amanezera Dios y medraremos.” En esto, ya començauan a gorgear en los arboles mil suertes de pintados paxarillos, y en sus diuersos y alegres cantos parecia que dauan 30 la norabuena y saludauan a la fresca aurora, que ya por las puertas y balcones del Oriente
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 181 yua descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos vn numero infinito de liquidas perlas, en cuyo suaue licor bañandose las yeruas, parecia assimesmo [que] ellas brotauan y llouian blanco y menudo aljofar; 5 los sauzes destilauan maná sabroso, reianse las fuentes, murmurauan los arroyos, alegrauanse las seluas y enriquezianse los prados con su venida. Mas apenas dio lugar la claridad del dia para ver y diferenciar las cosas, quando la 10 primera que se ofrecio a los ojos de Sancho Pança fue la nariz del escudero del Bosque, que era tan grande, que casi le hazia sombra a todo el cuerpo. Cuentase, en efecto, que era de demasiada (*) grandeza, corba en la mitad 15 y toda llena de berrugas, de color amoratado, como de verengena; baxauale dos dedos mas abaxo de la boca, cuya grandeza, color, berrugas y encorbamiento assi le afeauan el rostro, que, en viendole Sancho, començo a herir de 20 pie y de mano como niño con alferezia, y propuso en su coraçon de dexarse dar dozientas bofetadas antes que despertar la colera para reñir con aquel vestiglo. Don Quixote miró a su contendor y hallole 25 ya puesta y calada la celada, de modo que no le pudo ver el rostro, pero notó que era hombre membrudo, y no muy alto de cuerpo. Sobre las armas traia vna sobreuista o casaca de vna tela, al parecer, de oro finissimo, sembradas por 30 ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes espejos, que le hazian en grandissima manera
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182 galan y vistoso; bolauanle sobre la celada grande cantidad de plumas verdes, amarillas y blancas; la lança que tenia arrimada a vn arbol era grandissima y gruessa, y de vn hierro azerado de mas de vn palmo. 5 Todo lo miró y todo lo notó don Quixote, y juzgó de lo visto y mirado que el ya dicho cauallero deuia de ser de grandes fuerças; pero no por esso temio como Sancho Pança, antes con gentil denuedo dixo al Cauallero de 10 los Espejos: “Si la mucha gana de pelear, señor cauallero, no os gasta la cortesia, por ella os pido que alceys la visera vn poco, porque yo vea si la gallardia de vuestro rostro responde a la de 15 vuestra disposicion.” “O vencido o vencedor que salgays desta empresa, señor cauallero”, respondio el de los Espejos, “os quedará tiempo y espacio demasiado para verme, y si aora no satisfago a 20 vuestro desseo, es por parecerme que hago notable agrauio a la hermosa Casildea de Vandalia en dilatar el tiempo que tardare en alçarme la visera, sin hazeros confessar lo que ya sabeys que pretendo.” 25 “Pues en tanto que subimos a cauallo”, dixo don Quixote, “bien podeys dezirme si soy yo aquel don Quixote que dixistes auer vencido.” “A esso vos respondemos”, dixo el de los Espejos, “que pareceys como se parece vn 30 hueuo a otro al mismo cauallero que yo venci; pero, segun vos dezis que le persiguen
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 183 encantadores, no osaré afirmar si soys el contenido o no.” “Esso me basta a mi”, respondio don Quixote, “para que crea vuestro engaño; empero, para sacaros del de todo punto, vengan nuestros 5 cauallos; que en menos tiempo que el que tardarades (*) en alçaros la visera, si Dios, si mi señora y mi braço me valen, vere yo vuestro rostro, y vos vereis que no soy yo el vencido don Quixote que pensays.” 10 Con esto, acortando razones, subieron a cauallo, y don Quixote boluio las riendas a Rozinante para tomar lo que conuenia del campo para boluer a encontrar a su contrario, y lo mesmo hizo el de los Espejos; pero no se auia 15 apartado don Quixote veynte pasos, quando se oyo llamar del de los Espejos, y partiendo los dos el camino, el de los Espejos le dixo: “Aduertid, señor cauallero, que la condicion de nuestra batalla es que el vencido, como 20 otra vez he dicho, ha de quedar a discrecion del vencedor.” “Ya la se”, respondio do[n] Quixote, “con tal que lo que se le impusiere y mandare al vencido han de ser cosas que no salgan de los 25 limites de la caualleria.” “Assi se entiende”, respondio el de los Espejos. Ofrecieronsele en esto a la vista de don Quixote las estrañas narizes del escudero, y no se 30 admiró menos de verlas que Sancho, tanto, que le juzgó por algun monstro, o por hombre nueuo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184 y de aquellos que no se vsan en el mundo. Sancho, que vio partir a su amo para tomar carrera, no quiso quedar solo con el narigudo, temiendo que con solo vn passagonçalo (*) con aquellas narizes en las suyas seria 5 acabada la pendencia suya, quedando del golpe, o del miedo, tendido en el suelo, y fuesse tras su amo, assido a vna accion (*) de Rozinante, y quando le parecio que ya era tiempo que boluiesse, le dixo: 10 “Suplico a vuessa merced, señor mio, que antes que buelua a encontrarse me ayude a subir sobre aquel alcornoque, de donde podre ver mas a mi sabor, mejor que desde el suelo, el gallardo encuentro que vuessa merced ha de 15 hazer con este cauallero.” “Antes creo, Sancho”, dixo don Quixote, “que te quieres encaramar y subir en andamio por ver sin peligro los toros.” “La verdad que diga”, respondio Sancho, 20 “las desaforadas narizes de aquel escudero me tienen atonito y lleno de espanto, y no me atreuo a estar junto a el.” “Ellas son tales”, dixo don Quixote, “que a no ser yo quien soy, tambien me asombraran, 25 y, assi, ven, ayudarte he a subir donde dizes.” En lo que se detuuo don Quixote en que Sancho subiesse en el alcornoque, tomó el de los Espejos del campo lo que le parecio necessario, y creyendo que lo mismo auria hecho 30 don Quixote, sin esperar son de trompeta ni otra señal que los auisasse, boluio las riendas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 185 a su cauallo, que no era mas ligero ni de mejor parecer que Rozinante, y a todo su correr, que era vn mediano trote, yua a encontrar a su enemigo; pero viendole ocupado en la subida de Sancho, detuuo las riendas y parose en la 5 mitad de la carrera, de lo que el cauallo quedó agradecidissimo, a causa que ya no podia mouerse. Don Quixote, que le parecio que ya su enemigo venia volando, arrimó reziamente las espuelas a las trashijadas hijadas de Rozinante, 10 y le hizo aguijar de manera, que cuenta la historia que esta sola vez se conocio auer corrido algo, porque todas las demas siempre fueron trotes declarados, y con esta no vista furia llegó donde el de los Espejos estaua hincando a su 15 cauallo las espuelas hasta los botones, sin que le pudiesse mouer vn solo dedo del lugar donde auia hecho estanco de su carrera. En esta buena sazon y coyuntura halló don Quixote a su contrario embaraçado con su 20 cauallo y ocupado con su lança, que nunca, o no acerto, o no tuuo lugar de ponerla en ristre. Don Quixote, que no miraua en estos inconuenientes, a saluamano y sin peligro alguno encontro al de los Espejos con tanta fuerça, que 25 mal de su grado le hizo venir al suelo por las ancas del cauallo, dando tal cayda, que sin mouer pie ni mano, dio señales de que estaua muerto. Apenas le vio caydo Sancho, quando se 30 deslizó del alcornoque, y a toda priesa vino donde su señor estaua, el qual, apeandose de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186 Rozinante, fue sobre el de los Espejos, y quitandole las lazadas del yelmo para ver si era muerto, y para que le diesse el ayre, si acaso estaua viuo, [y] (*) vio... ¿quién podra dezir lo que vio, sin causar admiracion, marauilla y espanto a 5 los que lo oyeren? Vio, dize la historia, el rostro mesmo, la misma figura, el mesmo aspecto, la misma fisonomia, la mesma efigie, la pespetiua (*) mesma del bachiller Sanson Carrasco, y assi como la vio, en altas vozes dixo: 10 “Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y no lo has creer (*); aguija, hijo, y aduierte lo que puede la magia, lo que pueden los hechizeros y los encantadores.” Llegó Sancho, y como vio el rostro del 15 bachiller Carrasco, començo a hazerse mil cruzes y a santiguarse otras tantas; en todo esto, no daua muestras de estar viuo el derribado cauallero, y Sancho dixo a don Quixote: “Soy de parecer, señor mio, que, por si o por 20 no, vuessa merced hinque y meta la espada por la boca a este que parece el bachiller Sanson Carrasco: quiça matará en el a alguno de sus enemigos los encantadores.” “No dizes mal”, dixo don Quixote, “porque 25 de los enemigos, los menos.” Y, sacando la espada para poner en efecto el auiso y consejo de Sancho, llegó el escudero del de los Espejos, ya sin las narizes que tan feo le auian hecho, y a grandes vozes dixo: 30 “Mire vuessa merced lo que haze, señor don Quixote; que esse que tiene a los pies es el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 187 bachiller Sanson Carrasco, su amigo, y yo soy su escudero.” Y, viendole Sancho sin aquella fealdad primera, le dixo: “Y ¿las narizes?” 5 A lo que el respondio: “Aqui las tengo, en la faldriquera.” Y, echando mano a la derecha, sacó vnas narizes de pasta y barniz de mascara, de la manifatura que quedan delineadas, y mirandole 10 mas y mas Sancho, con voz admiratiua y grande, dixo: “¡Santa Maria, y valme!, ¿este no es Tomé Cecial, mi vezino y mi compadre?” “Y ¡cómo si lo soy!”, respondio el ya 15 desnarigado escudero. “Tomé Cecial soy, compadre y amigo Sancho Pança, y luego os dire los arcaduzes, embustes y enredos por donde soy aqui venido, y, en tanto, pedid y suplicad al señor vuestro amo que no toque, maltrate, hiera ni 20 mate al Cauallero de los Espejos que a sus pies tiene, porque sin duda alguna es el atreuido y mal aconsejado [d]el (*) bachiller Sanson Carrasco, nuestro compatrioto.” En esto, boluio en si el de los Espejos, lo qual 25 visto por don Quixote, le puso la punta desnuda de su espada encima del rostro, y le dixo: “Muerto soys, cauallero, si no confessays que la sin par Dulcinea del Toboso se auentaja en belleza a vuestra Casildea de Vandalia; y demas 30 de esto aueys de prometer, si de esta contienda y cayda quedarades (*) con vida, de yr a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188 la ciudad del Toboso, y presentaros en su presencia de mi parte, para que haga de vos lo que mas en voluntad le viniere; y si os dexare en la vuestra, assimismo aueys de boluer a buscarme --que el rastro de mis hazañas os seruira 5 de guia que os trayga donde yo estuuiere-- y a dezirme lo que con ella huuieredes passado; condiciones que, conforme a las que pusimos antes de nuestra batalla, no salen de los terminos de la andante caualleria.” 10 “Confiesso”, dixo el caydo cauallero, “que vale mas el çapato descosido y suzio de la señora Dulcinea del Toboso, que las barbas mal peynadas, aunque limpias, de Casildea, y prometo de yr y boluer de su presencia a la vuestra 15 y daros entera y particular cuenta de lo que me pedis.” “Tambien aueis de confessar y creer”, añadio don Quixote, “que aquel cauallero que vencistes no fue ni pudo ser don Quixote de 20 la Mancha, sino otro que se le parecia, como yo confiesso y creo que vos, aunque pareceys el bachiller Sanson Carrasco, no lo soys, sino otro que le parece, y que en su figura aqui (*) me le han puesto mis enemigos para que detenga y 25 temple el impetu de mi colera, y para que vse blandamente de la gloria del vencimiento.” “Todo lo confiesso, juzgo y siento como vos lo creeys, juzgays y sentis”, respondio el derrengado cauallero. “Dexadme leuantar, os 30 ruego, si es que lo permite el golpe de mi cayda, que assaz maltrecho me tiene.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 189 Ayudole a leuantar don Quixote y Tomé Cecial su escudero, del qual no apartaua los ojos Sancho, preguntandole cosas, cuyas respuestas le dauan manifiestas señales de que verdaderamente era el Tomé Cecial que dezia; 5 mas la aprehension que en Sancho auia hecho lo que su amo dixo, de que los encantadores auian mudado la figura del Cauallero de los Espejos en la del bachiller Carrasco, no le dexaua dar credito a la verdad que con los ojos estaua 10 mirando. Finalmente, se quedaron con este engaño amo y moço, y el de los Espejos y su escudero, mohinos y mal andantes, se apartaron de don Quixote y Sancho, con intencion de buscar algun lugar donde vizmarle y entablarle 15 las costillas. Don Quixote y Sancho boluieron a proseguir su camino de Zaragoça, donde los dexa la historia, por dar cuenta de quien era el cauallero de los Espejos y su narigante escudero. 20
p. 190 Capitulo XV Donde se cuenta y da noticia de quién era el Cauallero de los Espejos y su escudero. En estremo contento, vfano y vanaglorioso yua don Quixote por auer alcançado vitoria 5 de tan valiente cauallero como el se imaginaua que era el de los Espejos, de cuya caualleresca palabra esperaua saber si el encantamento de su señora passaua adelante, pues era forçoso que el tal vencido cauallero boluiesse, 10 so pena de no serlo, a darle razon de lo que con ella le huuiesse sucedido. Pero vno pensaua don Quixote y otro el de los Espejos, puesto que por entonces no era otro su pensamiento sino buscar donde vizmarse, como 15 se ha dicho. Dize, pues, la historia que quando el bachiller Sanson Carrasco aconsejó a don Quixote que boluiesse a proseguir sus dexadas cauallerias, fue por auer entrado primero en bureo 20 con el cura y el barbero, sobre qué medio se podria tomar para reduzir a don Quixote a que se estuuiesse en su casa quieto y sossegado, sin que le alborotassen sus mal buscadas auenturas, de cuyo consejo salio por voto comun 25 de todos y parecer particular de Carrasco, que dexassen salir a don Quixote, pues el detenerle parecia impossible, y que Sanson le saliesse al camino como cauallero andante, y trabasse
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XV p. 191 batalla con el, pues no faltaria sobre qué, y le venciesse, teniendolo por cosa facil, y que fuesse pacto y concierto que el vencido quedasse a merced del vencedor, y, assi, vencido don Quixote, le auia de mandar el bachiller 5 cauallero se boluiesse a su pueblo y casa, y no saliesse della en dos años, o hasta tanto que por el le fuesse mandado otra cosa; lo qual era claro que don Quixote, vencido, cumpliria indubitablemente, por no contrauenir y faltar a las 10 leyes de la caualleria, y podria ser que en el tiempo de su reclusion se le oluidassen sus vanidades, o se diesse lugar de buscar a su locura algun conueniente remedio. Aceptolo Carrasco, y ofreciosele por escudero 15 Tomé Cecial, compadre y vezino de Sancho Pança, hombre alegre y de luzios cascos. Armose Sanson como queda referido y Tomé Cecial acomodó sobre sus naturales narizes las falsas y de mascara ya dichas, porque no fuesse 20 conocido de su compadre quando se viessen, y, assi, siguieron el mismo viage que lleuaua don Quixote, y llegaron casi a hallarse en la auentura del carro de la Muerte. Y, finalmente, dieron con ellos en el bosque, donde les sucedio 25 todo lo que el prudente ha leydo, y si no fuera por los pensamientos extraordinarios de don Quixote, que se dio a entender que el bachiller no era el bachiller, el señor bachiller quedara impossibilitado para siempre de graduarse 30 de licenciado, por no auer hallado nidos donde penso hallar paxaros.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 192 Tomé Cecial, que vio quán mal auia logrado sus desseos y el mal paradero que auia tenido su camino, dixo al bachiller: “Por cierto, señor Sanson Carrasco, que tenemos nuestro merecido; con facilidad se piensa 5 y se acomete vna empresa, pero con dificultad las mas vezes se sale della; don Quixote loco, nosotros cuerdos, el se va sano y riendo, vuessa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, aora, quál es mas loco, ¿el que lo es por 10 no poder menos, o el que lo es por su voluntad?” A lo que respondio Sanson: “La diferencia que ay entre essos dos locos es que el que lo es por fuerça lo sera siempre, 15 y el que lo es de grado, lo dexará de ser quando quisiere.” “Pues assi es”, dixo Tomé Cecial, “yo fuy por mi voluntad loco quando quise hazerme escudero de vuessa merced, y por la 20 misma quiero dexar de serlo y voluerme a mi casa.” “Esso os cumple”, respondio Sanson, “porque pensar que yo he de boluer a la mia hasta auer molido a palos a don Quixote es pensar 25 en lo escusado, y no me lleuará aora a buscarle el desseo de que cobre su juyzio, sino el de la vengança; que el dolor grande de mis costillas no me dexa hazer mas piadosos discursos.” 30 En esto fueron razonando los dos, hasta que llegaron a vn pueblo donde fue ventura
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XV p. 193 hallar vn algebrista con quien se curó el Sanson desgraciado. Tomé Cecial se boluio y le dexó, y el quedó imaginando su vengança, y la (*) historia buelue a hablar del a su tiempo, por no dexar de regozijarse aora con don 5 Quixote.
p. 194 Capitulo XVI De lo que sucedio a don Quixote con vn discreto cauallero de la Mancha. Con la alegria, contento y vfanidad que se ha dicho, seguia don Quixote su jornada, 5 imaginandose por la passada vitoria (*) ser el cauallero andante mas valiente que tenia en aquella edad el mundo; daua por acabadas y a felize fin conduzidas quantas auenturas pudiessen sucederle de alli adelante; tenia en 10 poco a los encantos y a los encantadores, no se acordaua de los inumerables palos que en el discurso de sus cauallerias le auian dado, ni de la pedrada que le derribó la mitad de los dientes, ni del desagradecimiento de los 15 galeotes, ni del atreuimiento y lluuia de estacas de los yangueses. Finalmente, dezia entre si, que si el hallara arte, modo o manera cómo desencantar a su señora Dulcinea, no inuidiara a la mayor ventura que alcançó o pudo alcançar 20 el mas venturoso cauallero andante de los passados siglos. En estas imaginaciones yua todo ocupado, quando Sancho le dixo: “¿No es bueno (*), señor, que aun todauia 25 traygo entre los ojos las desaforadas narizes, y mayores de marca, de mi compadre Tomé Cecial?” “Y ¿crees tu, Sancho, por ventura, que el Cauallero de los Espejos era el bachiller Carrasco, y su escudero Tomé Cecial, tu compadre?” 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 195 “No se qué me diga a esso”, respondio Sancho, “solo se que las señas que me dio de mi casa, muger y hijos, no me las podria dar otro que el mesmo, y la cara, quitadas las narizes, era la misma de Tomé Cecial, como yo se la 5 he visto muchas vezes en mi pueblo y pared en medio de mi misma casa, y el tono de la habla era todo vno.” “Estemos a razon, Sancho”, replicó don Quixote: “Ven acá, ¿en qué consideracion puede 10 caber que el bachiller Sanson Carrasco viniesse como cauallero andante armado de armas ofensiuas y defensiuas, a pelear conmigo? ¿He sido yo su enemigo, por ventura? ¿Hele dado yo jamas ocasion para tenerme ogeriza? ¿Soy yo 15 su ribal, o haze el profession de las armas para tener inuidia a la fama que yo por ellas he ganado?” “Pues ¿qué diremos, señor”, respondio Sancho, “a esto de parecerse tanto aquel cauallero, 20 sea el que se fuere, al bachiller Carrasco, y su escudero a Tomé Cecial, mi compadre? Y si ello es encantamento como vuessa merced ha dicho, ¿no auia en el mundo otros dos a quien se parecieran?” 25 “Todo es artificio y traça”, respondio don Quixote, “de los malignos magos que me persiguen, los quales, anteuiendo que yo auia de quedar vencedor en la contienda, se preuinieron de que el cauallero vencido mostrasse el 30 rostro de mi amigo el bachiller, porque la amistad que le tengo se pusiesse entre los filos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 196 mi espada y el rigor de mi braço, y templasse la justa ira de mi coraçon, y desta manera quedasse con vida el que con embelecos y falsias procuraua quitarme la mia. Para prueua (*) de lo qual ya sabes, ¡o Sancho!, por experiencia 5 que no te dexará mentir ni engañar, quán facil sea a los encantadores mudar vnos rostros en otros, haziendo de lo hermoso feo y de lo feo hermoso, pues no ha dos dias que viste por tus mismos ojos la hermosura y gallardia de 10 la sin par Dulcinea en toda su entereza y natural conformidad, y yo la vi en la fealdad y baxeza de vna zafia labradora, con cataratas en los ojos (*) y con mal olor en la boca; y mas, que el peruerso encantador que se atreuio a 15 hazer vna transformacion tan mala, no es mucho que aya hecho la de Sanson Carrasco y la de tu compadre, por quitarme la gloria del vencimiento de las manos. Pero, con todo esto, me consuelo, porque, en fin, en qualquiera (*) 20 figura que aya sido, he quedado vencedor de mi enemigo.” “Dios sabe la verdad de todo”, respondio Sancho. Y como el sabia que la transformacion de 25 Dulcinea auia sido traça y embeleco suyo, no le satisfazian las quimeras de su amo; pero no le quiso replicar, por no dezir alguna palabra que descubriesse su embuste. En estas razones estauan, quando los alcançó 30 vn hombre que detras dellos por el mismo camino venia sobre vna muy hermosa yegua
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 197 tordilla, vestido vn gauan de paño fino verde, gironado de terciopelo leonado, con vna montera del mismo terciopelo; el adereço de la yegua era de campo, y de la gineta, assimismo de morado y verde; traia vn alfange morisco 5 pendiente de vn ancho tahali de verde y oro, y los borzeguies eran de la labor del tahali; las espuelas no eran doradas, sino dadas con vn barniz verde, tan tersas y bruñidas, que, por hazer labor con todo el vestido, 10 parecian mejor que si fuera[n] de oro puro. Quando llegó a ellos el caminante los saludó cortesmente, y, picando a la yegua, se passaua de largo; pero don Quixote le dixo: “Señor galan, si es que vuessa merced lleua 15 el camino que nosotros y no importa el darse priesa, merced recibiria en que nos fuessemos juntos.” “En verdad”, respondio el de la yegua, “que no me passara tan de largo, si no fuera por 20 temor que con la compañia de mi yegua no se alborotara esse cauallo.” “Bien puede, señor”, respondio a esta sazon Sancho, “bien puede tener las riendas a su yegua, porque nuestro cauallo es el mas 25 honesto y bien mirado del mundo; jamas en semejantes ocasiones ha hecho vileza alguna, y vna vez que se desmandó (h)a hazerla, la lastamos mi señor y yo con las setenas. Digo otra vez, que puede vuessa merced detenerse, si 30 quisiere; que aunque se la den entre dos platos, a buen seguro que el cauallo no la arrostre.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198 Detuuo la rienda el caminante, admirandose de la apostura y rostro de don Quixote, el qual yua sin celada, que la lleuaua Sancho como maleta en el arzon delantero de la albarda del ruzio, y si mucho miraua el de lo verde a don 5 Quixote, mucho mas miraua don Quixote al de lo verde, pareciendole hombre de chapa; la edad mostraua ser de cincuenta años, las canas pocas y el rostro aguileño, la vista entre alegre y graue; finalmente, en el trage y apostura daua 10 a entender ser hombre de buenas prendas. Lo que juzgó de don Quixote de la Mancha el de lo verde fue que semejante manera ni parecer de hombre no le auia visto jamas; admirole la longura de su cauallo (*), la grandeza 15 de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus armas, su ademan y compostura, figura y retrato no visto por luengos tiempos atras en aquella tierra. Notó bien don Quixote la atencion con que el caminante le miraua, y 20 leyole en la suspenssion su desseo, y como era tan cortés y tan amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntasse nada le salio al camino, diziendole: “Esta figura que vuessa merced en mi ha 25 visto, por ser tan nueua y tan fuera de las que comunmente se vsan, no me marauillaria yo de que le huuiesse marauillado; pero dexará vuessa merced de estarlo, quando le diga, como le digo, que soy cauallero 30 destos que dizen las gentes, que a sus auenturas van (*).
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 199 Sali de mi patria, empeñé mi hazienda, dexé mi regalo y entregueme en los braços de la Fortuna que me lleuassen donde mas fuesse seruida. Quise resucitar la ya muerta andante caualleria, y ha muchos dias que, tropeçando aqui, cayendo 5 alli, despeñandome aca y leuantandome aculla, he cumplido gran parte de mi desseo, socorriendo viudas, amparando donzellas y fauoreciendo casadas, huerfanos y pupilos, propio y natural oficio de caualleros andantes, y, assi, por mis 10 valerosas, muchas y christianas hazañas he merecido andar ya en estampa en casi todas o las mas naciones del mundo; treynta mil volumenes se han impresso de mi historia, y lleua camino de imprimirse treynta mil vezes de millares, 15 si el cielo no lo remedia. Finalmente, por encerrarlo todo en breues palabras, o en vna sola, digo que yo soy don Quixote de la Mancha, por otro nombre llamado el Cauallero de la Triste Figura, y puesto que las propias alabanças 20 enuilezen, esme forçoso dezir yo tal vez las mias, y esto se entiende quando no se halla presente quien las diga; assi que, señor gentilhombre, ni este cauallo, [ni] esta lança, ni este escudo ni escudero, ni todas juntas estas armas, ni la 25 amarillez de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza os podra admirar de aqui adelante, auiendo ya sabido quién soy y la profession que hago.” Calló en diziendo esto don Quixote, y el de lo verde, segun se tardaua en responderle, 30 parecia que no acertaua a hazerlo; pero de alli a buen espacio le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200 “Acertastes, señor cauallero, a conocer por mi suspension mi desseo; pero no aueys acertado a quitarme la marauilla que en mi causa el aueros visto; que puesto que como vos, señor, dezys, que el saber ya quién soys me 5 la (*) podria quitar, no ha sido assi, antes, agora que lo se, quedo mas suspenso y marauillado. ¿Cómo y es possible que ay oy caualleros andantes en el mundo, y que ay historias impressas de verdaderas cauallerias? No me puedo 10 persuadir que aya oy en la tierra quien fauorezca viudas, ampare donzellas, ni honre casadas, ni socorra huerfanos, y no lo creyera si en vuessa merced no lo huuiera visto con mis ojos. Bendito sea el cielo, que con essa historia 15 que vuessa merced dize que está impressa de sus altas y verdaderas cauallerias, se auran puesto en oluido las innumerables de los fingidos caualleros andantes, de que estaua lleno el mundo, tan en daño de las buenas costumbres y tan en 20 perjuyzio y descredito de las buenas historias.” “Ay mucho que dezir”, respondio don Quixote, “en razon de si son fingidas o no las historias de los andantes caualleros.” “Pues ¿ay quien dude”, respondio el Verde, 25 “que no son falsas las tales historias?” “Yo lo dudo”, respondio don Quixote; “y quedese esto aqui; que si nuestra jornada dura, espero en Dios de dar a entender a vuessa merced que ha hecho mal en yrse con la corriente 30 de los que tienen por cierto que no son verdaderas.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 201 Desta vltima razon de don Quixote tomó barruntos el caminante de que don Quixote deuia de ser algun mentecato, y aguardaua que con otras lo confirmasse; pero antes que se diuertiessen en otros razonamientos, don 5 Quixote le rogo le dixesse quién era, pues el le auia dado parte de su condicion y de su vida. A lo que respondio el del Verde Gauan: “Yo, señor Cauallero de la Triste Figura, soy vn hidalgo, natural de vn lugar donde yremos 10 a comer oy, si Dios fuere seruido; soy mas que medianamente rico, y es mi nombre don Diego de Miranda; passo la vida con mi muger y con mis hijos y con mis amigos; mis exercicios son el de la caça y pesca, pero no mantengo ni 15 halcon, ni galgos, sino algun perdigon manso o algun huron atreuido; tengo hasta seys dozenas de libros, quáles de romance y quáles de latin, de historia algunos y de deuocion otros; los de cauallerias aun no han entrado 20 por los vmbrales de mis puertas; hogeo mas los que son profanos que los deuotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleyten con el lenguage y admiren y suspendan con la inuencion, puesto que destos ay muy pocos 25 en España. Alguna vez como con mis vezinos y amigos, y muchas vezes los combido; son mis combites limpios y asseados y no nada escassos; ni gusto de murmurar, ni consiento que delante de mi se murmure; no escudriño las 30 vidas agenas, ni soy linze de los hechos de los otros; oygo missa cada dia, reparto de mis
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202 bienes con los pobres, sin hazer alarde de las buenas obras por no dar entrada en mi coraçon a la hipocresia y vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del coraçon mas recatado; procuro poner en paz los que se que 5 estan desauenidos. Soy deuoto de Nuestra Señora y confio siempre en la misericordia infinita de Dios Nuestro Señor.” Atentissimo estuuo Sancho a la relacion de la vida y entretenimientos del hidalgo, y, 10 pareciendole buena y santa, y que quien la hazia deuia de hazer milagros, se arrojó del ruzio y con gran priesa le fue a assir del estriuo derecho, y con deuoto coraçon y casi lagrimas le besó los pies vna y muchas vezes. Visto lo 15 qual por el hidalgo, le preguntó: “¿Qué hazeys, hermano? ¿Qué besos son estos?” “Dexenme besar”, respondio Sancho, “porque me parece vuessa merced el primer santo 20 a la gineta que he visto en todos los dias de mi vida.” “No soy santo”, respondio el hidalgo, “sino gran pecador; vos si, hermano, que deueys de ser bueno, como vuestra simplicidad lo 25 muestra.” Boluio Sancho a cobrar la albarda, auiendo sacado a plaça la risa de la profunda malencolia de su amo y causado nueua admiracion a don Diego. 30 Preguntole don Quixote que quántos hijos tenia, y dixole que vna de las cosas en que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 203 ponian el sumo bien los antiguos filosofos, que carecieron del verdadero conocimiento de Dios, fue en los bienes de la naturaleza, en los de la fortuna, en tener muchos amigos y en tener muchos y buenos hijos. 5 “Yo, señor don Quixote”, respondio el hidalgo, “tengo vn hijo que a no tenerle quiça me juzgara por mas dichoso de lo que soy, y no porque el sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera; sera de edad de diez 10 y ocho años, los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas (*) latina y griega, y quando quise que passasse a estudiar otras ciencias, hallele tan embeuido en la de la Poesia, si es que se puede llamar ciencia, que no 15 es possible hazerle arrostrar la de las Leyes, que yo quisiera que estudiara, ni de la reyna de todas, la Theologia; qu[i]siera yo que fuera corona de su linage, pues viuimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las 20 virtuosas y buenas letras, porque letras sin virtud son perlas en el muladar. Todo el dia se le passa en aueriguar si dixo bien o mal Homero en tal verso de la Iliada, si Marcial anduuo deshonesto o no en tal epigrama, si se han de 25 entender de vna manera o otra tales y tales versos de Virgilio. En fin, todas sus conuersaciones son con los libros de los referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Iuuenal y Tibulo; que de los modernos romancistas no 30 haze mucha cuenta, y con todo el mal cariño que muestra tener a la poesia de romance, le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204 tiene agora desuanecidos los pensamientos el hazer vna glossa a quatro versos que le han embiado de Salamanca, y pienso que son de justa literaria.” A todo lo qual respondio don Quixote: 5 “Los hijos, señor, son pedaços de las entrañas de sus padres, y, assi, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida; a los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos 10 de la virtud, de la buena criança y de las buenas y christianas costumbres, para que, quando grandes, sean baculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad; y en lo de forçarles que estudien esta o aquella ciencia no lo 15 tengo por acertado, aunque el persuadirles no sera dañoso; y quando no se [h]a de estudiar para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante, que le dio el cielo padres que se lo dexen, seria yo de parecer que le dexen seguir 20 aquella ciencia a que mas le vieren inclinado, y aunque la de la poesia es menos vtil que deleytable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien las possee. “La poesia, señor hidalgo, a mi parecer, es 25 como vna donzella tierna y de poca edad y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuydado de enriquezer, pulir y adornar otras muchas donzellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de seruir de todas, y todas se han de autorizar 30 con ella; pero esta tal donzella no quiere ser manoseada, ni trayda por las calles, ni publicada
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 205 por las esquinas de las plaças ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de vna alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la boluera en oro purissimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuuiere, a raya, 5 no dexandola correr en torpes satyras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroycos (*), en lamentables tragedias, o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dexar 10 tratar de los truhanes ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penseys, señor, que yo llamo aqui vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque 15 sea señor y principe, puede y deue entrar en numero de vulgo. “Y, assi, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuuiere a la poesia, sera famoso y estimado su nombre en todas las naciones polticas 20 del mundo. Y a lo que dezys, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesia de romance, doyme a entender que no anda muy acertado en ello, y la razon es esta: el grande Homero no escriuio en latin porque era griego, ni 25 Virgilio no escriuio en griego porque era latino. En resolucion, todos los poetas antiguos escriuieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estrangeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto 30 assi, razon seria se estendiesse esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimasse
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206 el poeta aleman porque escriue en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcayno que escriue en la suya. ”Pero vuestro hijo, a lo que yo, señor, imagino, no deue de estar mal con la poesia de 5 romance, sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni otras ciencias que adornen y despierten y ayuden a su natural impulso, y aun en esto puede auer yerro. Porque, segun es opinion verdadera, el 10 poeta nace... (*): quieren dezir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinacion que le dio el cielo, sin mas estudio ni artificio, compone cosas que haze verdadero al que dixo: Est Deus in nobis, etc. (*). 15 Tambien digo que el natural poeta que se ayudare del arte sera mucho mejor y se auentajará al poeta que solo por saber el arte quisiere serlo; la razon es porque el arte no se auentaja a la naturaleza, sino perficionala; assi que, 20 mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán vn perfetissimo poeta. ”Sea, pues, la conclusion de mi platica, señor hidalgo, que vuessa merced dexe caminar a su hijo por donde su estrella le llama; que, 25 siendo el tan buen estudiante como deue de ser, y, auiendo ya subido felicemente el primer escalon de las [ciencias] (*), que es el de las lenguas, con ellas por si mesmo subira a la cumbre de las letras humanas, las quales tan 30 bien parecen en vn cauallero de capa y espada, y assi le adornan, honran y engrandecen como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 207 las mitras a los obispos, o como las garnachas a los peritos jurisconsultos. Riña vuessa merced a su hijo si hiziere satyras que perjudiquen las honras agenas, y castiguele y rompaselas (*); pero si hiziere sermones al modo de 5 Horacio, donde reprehenda los vicios en general, como tan elegantemente el lo hizo, alabele, porque licito es al poeta escriuir contra la inuidia y dezir en sus versos mal de los inuidiosos, y assi de los otros vicios, con que no 10 señale persona alguna; pero ay poetas que a trueco de dezir vna malicia se pondran a peligro que los destierren a las islas de Ponto (*). Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo sera tambien en sus versos: la pluma es lengua del alma; 15 quales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales seran sus escritos, y quando los reyes y principes veen la milagrosa ciencia de la poesia en sugetos prudentes, virtuosos y graues, los honran, los estiman y los enriquezen, 20 y aun los coronan con las hojas del arbol a quien no ofende el rayo, como en señal que no han de ser ofendidos de nadie los que con tales coronas veen honradas (*) y adornadas sus sienes.” 25 Admirado quedó el del Verde Gauan del razonamiento de don Quixote, y tanto, que fue perdiendo de la opinion que con el tenia de ser mentecato. Pero a la mitad desta platica, Sancho, por no ser muy de su gusto, se auia desuiado 30 del camino a pedir vn poco de leche a vnos pastores que alli junto estauan ordeñando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208 vnas ouejas, y en esto, ya boluia a renouar la platica el hidalgo, satisfecho en estremo de la discrecion y buen discurso de don Quixote, quando, alçando don Quixote la cabeça, vio que por el camino por donde ellos yuan venia vn 5 carro lleno de vanderas reales; y, creyendo que deuia de ser alguna nueua auentura, a grandes vozes llamó a Sancho que viniesse a darle la celada, el qual Sancho, oyendose llamar, dexó a los pastores, y a toda priesa picó al ruzio y 10 llegó donde su amo estaua, a quien sucedio vna espantosa y desatinada auentura.
p. 209 Capitulo XVII De donde se declaró el vltimo punto y estremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito animo de don Quixote con la felizemente acabada auentura de los leones. 5 Cuenta la historia que quando don Quixote daua vozes a Sancho que le truxesse el yelmo, estaua el comprando vnos requesones que los pastores le vendian, y acossado de la mucha priesa de su amo, no supo que hazer dellos, ni 10 en qué traerlos, y por no perderlos, que ya los tenia pagados, acordo de echarlos en la celada de su señor, y con este buen recado boluio a ver lo que le queria; el qual, en llegando, le dixo: 15 “Dame, amigo, essa celada; que yo se poco de auenturas, o lo que alli descubro es alguna que me ha de necessitar, y me necessita, a tomar mis armas.” El del Verde Gauan, que esto oyo, tendio la 20 vista por todas partes, y no descubrio otra cosa que vn carro que hazia ellos venia, con dos o tres vanderas pequeñas, que le dieron a entender que el tal carro deuia de traer moneda de su magestad, y, assi, se lo dixo a don Quixote; 25 pero el no le dio credito, siempre creyendo y pensando que todo lo que le sucediesse auian de ser auenturas y mas auenturas, y, assi, respondio al hidalgo: “Hombre apercebido, medio combatido; no se 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 210 pierde nada en que yo me aperciba; que se por experiencia que tengo enemigos visibles e inuisibles, y no se quándo, ni adónde, ni en qué tiempo, ni en qué figuras me han de acometer.” Y, boluiendose a Sancho, le pidio la celada, 5 el qual, como no tuuo lugar de sacar los requesones, le fue forçoso darsela como estaua. Tomola don Quixote, y sin que echasse de ver lo que dentro venia, con toda priesa se la encaxó en la cabeça, y como los requesones se apretaron 10 y exprimieron, començo a correr el suero por todo el rostro y barbas de don Quixote, de lo que recibio tal susto, que dixo a Sancho: “¿Qué sera esto, Sancho, que parece que se me ablandan los cascos o se me derriten los 15 sesos, o que sudo de los pies a la cabeça? Y si es que sudo, en verdad que no es de miedo; sin duda creo que es terrible la auentura que agora quiere sucederme. Dame, si tienes, con que me limpie; que el copioso sudor me ciega los ojos.” 20 Calló Sancho y diole vn paño, y dio, con el, gracias a Dios de que su señor no huuiesse caydo en el caso. Limpiose don Quixote y quitose la celada, por ver qué cosa era la que, a su parecer, le enfriaua la cabeça, y viendo aquellas 25 gachas blancas dentro de la celada, las llegó a las narizes, y, en oliendolas, dixo: “¡Por vida de mi señora Dulcinea del Toboso que son requesones los que aqui me has puesto, traydor, vergante y mal mirado escudero!” 30 A lo que con gran flema y dissimul[a]cion respondio Sancho:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 211 “Si son requesones, demelos vuessa merced, que yo me los comere; pero comalos el diablo, que deuio de ser el que ahi los puso. ¿Yo auia de tener atreuimiento de ensuziar el yelmo de vuessa merced? ¡Hallado le aueis el atreuido! A 5 la fe, señor, a lo que Dios me da a entender, tambien deuo yo de tener encantadores que me persiguen, como a hechura y miembro de vuessa merced, y auran puesto ahi essa inmundicia para mouer a colera su paciencia, y hazer que 10 me muela, como suele, las costillas. Pues en verdad que esta vez han dado salto en vago; que yo confio en el buen discurso de mi señor, que aura considerado que ni yo tengo requesones, ni leche, ni otra cosa que lo valga, y que 15 si la tuuiera, antes la pusiera en mi estomago que en la celada.” “Todo puede ser”, dixo don Quixote. Y todo lo miraua el hidalgo, y de todo se admiraua, especialmente quando, despues de 20 auerse limpiado don Quixote cabeça, rostro y barbas y celada, se la encaxó, y afirmandose bien en los estriuos, requiriendo la espada y assiendo la lança, dixo: “Aora venga lo que viniere; que aqui estoy 25 con animo de tomarme con el mesmo Satanas en persona.” Llegó, en esto, el carro de las vanderas, en el qual no venia otra gente que el carretero en las mulas, y vn hombre sentado en la delantera. 30 Pusose don Quixote delante, y dixo: “¿Adónde vays, hermanos? ¿Qué carro es
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212 este, qué lleuays en el y qué vanderas son aquestas?” A lo que respondio el carretero: “El carro es mio; lo que va en el son dos brauos leones enxaulados, que el General de 5 Oran embia a la Corte, presentados a su magestad; las vanderas son del rey nuestro señor, en señal que (*) aqui va cosa suya.” “Y ¿son grandes los leones?”, preguntó don Quixote. 10 “Tan grandes”, respondio el hombre que yua a la puerta del carro, “que no han passado mayores, ni tan grandes, de Africa a España jamas, y yo soy el leonero y he passado otros, pero como estos ninguno; son hembra y macho, 15 el macho va en esta xaula primera, y la hembra en la de atras, y aora van hambrientos, porque no han comido oy; y, assi, vuessa merced se desuie; que es menester llegar presto donde les demos de comer.” 20 A lo que dixo don Quixote, sonriendose vn poco: “¿Leoncitos a mi?, ¿a mi leoncitos, y a tales horas? Pues por Dios que han de ver essos señores que aca los embian, si soy yo hombre 25 que se espanta de leones. Apeaos, buen hombre, y pues soys el leonero, abrid essas xaulas y echadme essas bestias fuera; que en mitad desta campaña les dare a conocer quién es don Quixote de la Mancha, a despecho y pesar de los 30 encantadores que a mi los embian.” “Ta, ta”, dixo a esta sazon entre si el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 213 hidalgo, “dado ha señal de quien es nuestro buen cauallero; los requesones sin duda le han ablandado los cascos y madurado los sesos.” Llegóse, en esto, a el Sancho, y dixole: 5 “Señor, por quien Dios es, que vuessa merced haga de manera que mi señor don Quixote no se tome con estos leones; que si se toma, aqui nos han de hazer pedaços a todos.” “Pues ¿tan loco es vuestro amo”, respondio 10 el hidalgo, “que temeys y creeys que se ha de tomar con tan fieros animales?” “No es loco”, respondio Sancho, “sino atreuido.” “Yo hare que no lo sea”, replicó el hidalgo. 15 Y, llegandose a don Quixote, que estaua dando priesa al leonero que abriesse las xaulas, le dixo: “Señor cauallero: los caualleros andantes han de acometer las auenturas que prometen 20 esperança de salir bien dellas, y no aquellas que de [todo] en todo la quitan; porque la valentia que se entra en la juridicion de la temeridad, mas tiene de locura que de fortaleza. Quanto mas que estos leones no vienen contra vuessa 25 merced, ni lo sueñan; van presentados a su magestad, y no sera bien detenerlos ni impedirles su viage.” “Vayase vuessa merced, señor hidalgo”, respondio don Quixote, “(h)a entender con su 30 perdigon manso y con su huron atreuido, y dexe a cada vno hazer su oficio; este es el mio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214 y yo se si vienen a mi o no estos señores leones.” Y, boluiendose al leonero, le dixo: “¡Voto a tal, don vellaco, que si no abris luego luego las xaulas, que con esta lança os he de 5 coser con el carro!” El carretero, que vio la determinacion de aquella armada fantasma (*), le dixo: “Señor mio, vuessa merced sea seruido, por caridad, dexarme (*) desunzir las mulas y ponerme 10 en saluo con ellas, antes que se desenuaynen los leones, porque si me las matan, quedaré rematado para toda mi vida; que no tengo otra hazienda sino este carro y estas mulas.” “¡O hombre de poca fe!”, respondio don Quixote; 15 “apeate y desunze y haz lo que quisieres, que presto veras que trabajaste en vano, y que pudieras ahorrar desta diligencia.” Apeose el carretero y desunzio a gran priesa, y el leonero dixo a grandes vozes: 20 “Seanme testigos quantos aqui estan, como contra mi voluntad y forçado abro las xaulas y suelto los leones, y de que protesto a este señor que todo el mal y daño que estas bestias hizieren corra y vaya por su cuenta, con mas 25 mis salarios y derechos; vuestras mercedes, señores, se pongan en cobro antes que abra; que yo seguro estoy que no me han de hazer daño.” Otra vez le persuadio el hidalgo que no 30 hiziesse locura semejante, que era tentar a Dios acometer tal disparate. A lo que respondio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 215 don Quixote, que el sabia lo que hazia. Respondiole el hidalgo que lo mirasse bien, que el entendia que se engañaua. “Aora, señor”, replicó (*) don Quixote, “si vuessa merced no quiere ser oyente desta que 5 a su parecer ha de ser tragedia, pique la tordilla y pongase en saluo.” Oydo lo qual por Sancho, con lagrimas en los ojos le suplicó desistiesse de tal empresa, en cuya comparacion auian sido tortas y pan 10 pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes y, finalmente, todas las hazañas que auia acometido en todo el discurso de su vida. “Mire, señor”, dezia Sancho, “que aqui no 15 ay encanto ni cosa que lo valga; que yo he visto por entre las verjas y resquizios de la xaula vna vña de leon verdadero, y saco por ella (*) que el tal leon, cuya deue de ser la tal vña, es mayor que vna montaña.” 20 “El miedo, a lo menos”, respondio don Quixote, “te le hara parecer mayor que la mitad del mundo. Retirate, Sancho, y dexame, y si aqui muriere, ya sabes nuestro antiguo concierto: acudiras a Dulcinea, y no te digo mas.” 25 A estas añadio otras razones con que quitó las esperanças de que no (*) auia de dexar de proseguir su desuariado intento. Quisiera el del Verde Gauan oponersele, pero viose desigual en las armas, y no le parecio cordura tomarse 30 con vn loco, que ya se lo auia parecido de todo punto don Quixote, el qual, boluiendo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 216 a dar priesa al leonero y a reyterar las amenazas, dio ocasion al hidalgo a que picase la yegua y Sancho al ruzio y el carretero a sus mulas, procurando todos apartarse del carro lo mas que pudiessen, antes que los leones se 5 desembanastassen. Lloraua Sancho la muerte de su señor, que aquella vez sin duda creya que llegaua en las garras de los leones, maldezia su ventura y llamaua menguada la hora en que le vino al 10 pensamiento boluer a seruirle; pero no por llorar y lamentarse dexaua de aporrear al ruzio para que se alexasse del carro. Viendo, pues, el leonero que ya los que yuan huyendo estauan bien desuiados, tornó a requerir y (h)a 15 intimar a don Quixote lo que ya le auia requerido e intimado, el qual respondio que lo oia y que no se curasse de mas intimaciones y requirimientos; que todo seria de poco fruto, y que se diesse priessa. En el espacio que tardó 20 el leonero en abrir la xaula primera, estuuo considerando don Quixote si seria bien hazer la batalla antes a pie que a cauallo. Y, en fin, se determinó de hazerla a pie, temiendo que Rozinante se espantaria con la vista de los leones; 25 por esto saltó del cauallo, arrojó la lança y embraçó el escudo, y, desenuaynando la espada, paso ante paso, con marauilloso denuedo y coraçon valiente, se fue a poner delante del carro, encomendandose a Dios de todo coraçon, 30 y luego a su señora Dulcinea. Y es de saber que, llegando a este paso
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 217 el autor de esta verdadera historia, exclama y dize: “¡O fuerte y sobre todo encarecimiento animoso don Quixote de la Mancha, espejo donde se pueden mirar todos los valientes del mundo, 5 segundo y nueuo don Manuel de Leon (*), que fue gloria y honra de los españoles caualleros! ¿Con qué palabras contaré esta tan espantosa hazaña, o con qué razones la hare creyble a los siglos venideros, o qué alabanças aura 10 que no te conuengan y quadren, aunque sean hiperboles sobre todos los hiperboles? Tu a pie, tu solo, tu intrepido, tu magnanimo, con sola vna espada, y no de las del perrillo (*) cortadoras, con vn escudo no de muy luziente y 15 limpio azero, estás aguardando y atendiendo los dos mas fieros leones que jamas criaron las africanas seluas. Tus mismos hechos sean los que te alaben, valeroso manchego; que yo los dexo aqui en su punto, por faltarme palabras 20 con que encarecerlos.” Aqui cessó la referida exclamacion del autor y passó adelante, anudando el hilo de la historia, diziendo: Que visto (*) el leonero ya puesto en postura 25 a don Quixote, y que no podia dexar de soltar al leon macho, so pena de caer en la desgracia del indignado y atreuido cauallero, abrio de par en par la primera xaula donde estaua, como se ha dicho, el leon, el qual parecio de 30 grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo fue reboluerse
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 218 en la xaula, donde venia echado, y tender la garra y despereçarse todo; abrio luego la boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera se despoluoreó los ojos y se lauo el rostro; hecho esto, sacó la 5 cabeça fuera de la xaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademan para poner espanto a la misma temeridad. Solo don Quixote lo miraua atentamente, desseando que saltasse ya del carro, y viniesse con el a 10 las manos, entre las quales pensaua hazerle pedaços. Hasta aqui llegó el extremo de su jamas vista locura. Pero el generoso leon, mas comedido que arrogante, no haziendo caso de 15 niñerias ni de brauatas, despues de auer mirado a vna y otra parte, como se ha dicho, boluio las espaldas y enseñó sus traseras partes a don Quixote, y con gran flema y remanso se boluio a echar en la xaula. Viendo lo qual, don 20 Quixote mandó al leonero que le diesse de palos y le irritasse para echarle fuera. “Esso no hare yo”, respondio el leonero, “porque si yo le instigo, el primero a quien hara pedaços sera a mi mismo. Vuessa merced, señor 25 cauallero, se contente con lo hecho, que es todo lo que puede dezirse en genero de valentia, y no quiera tentar segunda fortuna. El leon tiene abierta la puerta, en su mano está salir o no salir, pero pues no ha salido hasta aora, 30 no saldra en todo el dia. La grandeza del coraçon de vuessa merced ya está bien declarada;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 219 ningun brauo peleante, segun a mi se me alcança, está obligado a mas que a desafiar a su enemigo y esperarle en campaña, y si el contrario no acude, en el se queda la infamia, y el esperante gana la corona del vencimiento.” 5 “Assi es verdad”, respondio don Quixote; “cierra, amigo, la puerta, y dame por testimonio en la mejor forma que pudieres lo que aqui me has visto hazer. Conuiene a saber: como tu abriste al leon, yo le esperé, el no 10 salio, boluile a esperar, boluio a no salir y boluiose acostar (*). No deuo mas, y encantos afuera; y Dios ayude a la razon, y a la verdad, y a la verdadera caualleria; y cierra, como he dicho, en tanto que hago señas a los huydos 15 y ausentes, para que sepan de tu boca esta hazaña.” Hizolo assi el leonero, y don Quixote, poniendo en la punta de la lança el lienço con que se auia limpiado el rostro de la lluuia de 20 los requesones, començo a llamar a los que no dexauan de huyr ni de boluer la cabeça a cada paso, todos en tropa y antecogidos del hidalgo; pero alcançando Sancho a ver la señal del blanco paño, dixo: 25 “Que me maten si mi señor no ha vencido a las fieras bestias, pues nos llama.” Detuuieronse todos y con[o]cieron que el que hazia las señas era don Quixote, y, perdiendo alguna parte del miedo, poco a poco se vinieron 30 acercando hasta donde claramente oyeron las vozes de don Quixote, que los llamaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220 Finalmente, boluieron al carro, y, en llegando, dixo don Quixote al carretero: “Bolued, hermano, a vnzir vuestras mulas y a proseguir vuestro viage, y tu, Sancho, dale dos escudos de oro para el y para el leonero, 5 en recompensa de lo que por mi se han detenido.” “Essos dare yo de muy buena gana”, respondio Sancho; “pero ¿qué se han hecho los leones? ¿Son muertos, o viuos?” 10 Entonces el leonero, menudamente y por sus pausas, conto el fin de la contienda, exagerando como el mejor pudo y supo el valor de don Quixote, de cuya vista el leon, acobardado, no quiso ni osó salir de la xaula, puesto que 15 auia tenido vn buen espacio abierta la puerta de la xaula; y que por auer el dicho a aquel cauallero que era tentar a Dios irritar al leon para que por fuerça saliesse, como el queria que se irritasse, mal de su grado, y contra toda 20 su voluntad, auia permitido que la puerta se cerrasse. “¿Qué te parece desto, Sancho?”, dixo don Quixote. “¿Ay encantos que valgan contra la verdadera valentia? Bien podran los encantadores 25 quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el animo, sera impossible.” Dio los escudos Sancho, vnzio el carretero, besó las manos el leonero a don Quixote por la merced recebida, y prometiole de contar 30 aquella valerosa hazaña al mismo rey quando en la corte se viesse.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 221 “Pues si acaso su magestad preguntare quién la hizo, direisle que el Cauallero de los Leones, que de aqui adelante quiero que en este se trueque, cambie, buelua y mude el que hasta aqui he tenido del Cauallero de la 5 Triste Figura, y en esto sigo la antigua vsança de los andantes caualleros, que se mudauan los nombres quando querian, o quando les venia a cuento.” Siguio su camino el carro, y don Quixote, 10 Sancho y el del Verde Gauan prosiguieron el suyo. En todo este tiempo no auia hablado palabra don Diego de Miranda, todo atento a mirar y a notar los hechos y palabras de don Quixote, pareciendole que era vn cuerdo loco 15 y vn loco que tiraua a cuerdo. No auia aun llegado a su noticia la primera parte de su historia; que si la huuiera leydo, cessara la admiracion en que lo ponian sus hechos y sus palabras, pues ya supiera el genero de su locura; 20 pero como no la sabia, ya le tenia por cuerdo y ya por loco, porque lo que hablaua era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hazia, disparatado, temerario y tonto, y dezia entre si, «¿Qué mas locura puede ser que ponerse la 25 »celada llena de requesones y darse a entender »que le ablandaua[n] los cascos los enca[n]tadores, »y qué mayor temeridad y disparate que »querer pelear por fuerza con leones?» Destas imaginaciones y deste soliloquio le 30 sacó don Quixote, diziendole: “¿Quién duda, señor don Diego de Miranda,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222 que vuessa merced no me tenga en su opinion por vn hombre disparatado y loco? Y no seria mucho que assi fuesse, porque mis obras no pueden dar testimonio de otra cosa; pues, con todo esto, quiero que vuessa merced aduierta 5 que no soy tan loco ni tan menguado como deuo de auerle parecido. Bien parece vn gallardo cauallero a los ojos de su rey, en la mitad de vna gran plaça, dar vna lançada con felize sucesso a vn brauo toro. Bien parece vn 10 cauallero armado de resplandecientes armas passar la tela en alegres justas delante de las damas, y bien parecen todos aquellos caualleros que en exercicios militares, o que lo parezcan, entretienen y alegran y, si se puede dezir, 15 honran las cortes de sus principes; pero sobre todos estos parece mejor vn cauallero andante, que por los desiertos, por las soledades, por las encrucijadas, por las seluas y por los montes anda buscando peligrosas auenturas, con 20 intencion de darles dichosa y bien afortunada cima, solo por alcançar gloriosa fama y duradera. Mejor parece, digo, vn cauallero andante socorriendo a vna viuda en algun despoblado que vn cortesano cauallero requebrando a vna 25 donzella en las ciudades. Todos los caualleros tienen sus particulares exercicios: sirua a las damas el cortesano, autorize la corte de su rey con libreas, sustente los caualleros pobres con el esplendido plato de su mesa, concierte 30 justas, mantenga torneos y muestrese grande, liberal y magnifico y buen christiano sobre
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 223 todo, y desta manera cumplira con sus precisas obligaciones. ”Pero el andante cauallero busque los rincones del mundo, entrese en los mas intricados laberintos, acometa a cada paso lo impossible, 5 resista en los paramos despoblados los ardientes rayos del sol en la mitad del verano, y en el inuierno la dura inclemencia de los vientos y de los yelos; no le asombren leones, ni le espanten vestiglos, ni atemorizen endriagos; que 10 buscar estos, acometer aquellos y vencerlos a todos son sus principales y verdaderos exercicios. Yo, pues, como me cupo en suerte ser vno del numero de la andante caualleria, no puedo dexar de acometer todo aquello que a 15 mi me pareciere que cae debaxo de la juridicion de mis exercicios, y assi, el acometer los leones que aora acometi derechamente me tocaua, puesto que conoci ser temeridad esoruitante, porque bien se lo que es valentia, que 20 es vna virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la couardia y la temeridad; pero menos mal sera que el que es valiente toque y suba al punto de temerario, que no que baxe y toque en el punto de couarde; que 25 assi como es mas facil venir el prodigo a ser liberal que al (*) auaro, assi es mas facil dar el temerario en verdadero valiente que no el couarde subir a la verdadera valentia; y en esto de acometer auenturas, creame vuessa merced, 30 señor don Diego, que antes se [h]a de perder por carta de mas que de menos, porque mejor
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 224 suena en las orejas de los que lo oyen, «el tal »cauallero (*) es temerario y atreuido», que no «el tal cauallero es timido y couarde».” “Digo, señor don Quixote”, respondio don Diego, “que todo lo que vuessa merced ha 5 dicho y hecho va niuelado con el fiel de la misma razon, y que entiendo que si las ordenanças y leyes de la caualleria andante se perdiessen, se hallarian en el pecho de vuessa merced como en su mismo deposito y archiuo; 10 y demonos priesa, que se haze tarde, y lleguemos a mi aldea y casa, donde descansará vuessa merced del passado trabajo, que si no ha sido del cuerpo, ha sido del espiritu, que suele tal vez redundar en cansancio del cuerpo.” 15 “Tengo el ofrecimiento a gran fauor y merced, señor don Diego”, respondio don Quixote. Y, picando mas de lo que hasta entonces, serian como las dos de la tarde quando llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a 20 quien don Quixote llamaua el Cauallero del Verde Gauan.
p. 225 Capitulo XVIII De lo que sucedio a don Quixote en el castillo o casa del Cauallero del Verde Gauan, con otras cosas extrauagantes. Halló don Quixote ser la casa de don Diego 5 de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle, la bodega en el patio, la cueua en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del Toboso (*), le renouaron las 10 memorias de su encantada y transformada Dulcinea; y, sospirando y sin mirar lo que dezia, ni delante de quien estaua, dixo: “¡O dulces prendas, por mi mal halladas; dulces y alegres quando Dios queria (*)! 15 ”¡O tobosescas tinajas, que me aueys traydo a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!” Oyole dezir esto el estudiante poeta, hijo de don Diego, que con su madre auia salido a 20 recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de ver la extraña figura de don Quixote, el qual, apeandose de Rozinante, fue con mucha cortesia a pedirle las manos para besarselas, y don Diego dixo: 25 “Recebid, señora, con vuestro solito agrado al señor don Quixote de la Mancha, que es el que teneis delante, andante cauallero, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226 el mas valiente y el mas discreto que tiene el mundo.” La señora, que doña Cristina se llamaua, le recibio con muestras de mucho amor y de mucha cortesia, y don Quixote se le ofrecio con 5 assaz de discretas y comedidas razones; casi los mismos comedimientos passó con el estudiante, que, en oyendole hablar don Quixote, le tuuo por discreto y agudo. Aqui pinta el autor todas las circunstancias 10 de la casa de don Diego, pintandonos en ellas lo que contiene vna casa de vn cauallero labrador y rico; pero al traductor desta historia le parecio passar estas y otras semejantes menudencias en silencio, porque no venian bien con 15 el proposito principal de la historia, la qual mas tiene su fuerça en la verdad que en las frias digressiones. Entraron a don Quixote en vna sala, desarmole Sancho, quedó en valones y en jubon de 20 camuça, todo visunto con la mugre de las armas; el cuello era valona a lo estudiantil, sin almidon y sin randas; los borzeguies eran datilados, y encerados los çapatos; ciñose su buena espada, que pendia de vn tahali de lobos 25 marinos (*), que es opinion que muchos años fue enfermo de los riñones; cubriose vn herreruelo de buen paño pardo; pero antes de todo con cinco calderos o seys de agua, que en la cantidad de los calderos ay alguna diferencia, se 30 lauó la cabeça y rostro, y todauia se quedó el agua de color de suero, merced a la golosina
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 227 de Sancho y a la compra de sus negros requesones, que tan blanco pusieron a su amo. Con los referidos atauios y con gentil donayre y gallardia salio don Quixote a otra sala, donde el estudiante le estaua esperando para 5 entretenerle en tanto que las mesas se ponian; que por la venida de tan noble huesped queria la señora doña Cristina mostrar que sabia y podia regalar a los que a su casa llegassen. En tanto que don Quixote se estuuo 10 desarmando, tuuo lugar don Lorenço, que assi se llamaua el hijo de don Diego, de dezir a su padre: “¿Quién diremos, señor, que es este cauallero que vuessa merced nos ha traydo a casa? Que 15 el nombre, la figura y el dezir que es cauallero andante, a mi y a mi madre nos tiene suspensos.” “No se lo que te diga, hijo”, respondio don Diego; “solo te sabre dezir, que le he visto 20 hazer cosas del mayor loco del mundo, y dezir razones tan discretas que borran y deshazen sus hechos; hablale tu y toma el pulso a lo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discrecion o tonteria lo que mas puesto en razon 25 estuuiere; aunque, para dezir verdad, antes le tengo por loco que por cuerdo.” Con esto se fue don Lorenço a entretener a don Quixote, como queda dicho, y entre otras platicas que los dos passaron, dixo don 30 Quixote a don Lorenço: “El señor don Diego de Miranda, padre de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228 vuessa merced, me ha dado noticia de la rara habilidad y sutil ingenio que vuessa merced tiene, y, sobre todo, que es vuessa merced vn gran poeta.” “Poeta bien podra ser”, respondio don Lorenço, 5 “pero grande, ni por pensamiento; verdad es que yo soy algun tanto aficionado a la poesia y a leer los buenos poetas; pero no de manera que se me pueda dar el nombre de grande que mi padre dize.” 10 “No me parece mal essa humildad”, respondio don Quixote, “porque no ay poeta que no sea arrogante y piense de si que es el mayor poeta del mundo.” “No ay regla sin excepcion”, respondio don 15 Lorenço, “y alguno aura que lo sea y no lo piense.” “Pocos (*)”, respondio don Quixote; “pero digame vuessa merced, ¿qué versos son los que agora trae entre manos, que me ha dicho el 20 señor su padre que le traen algo inquieto y pensatiuo? Y si es alguna glossa, a mi se me entiende algo de achaque de glossas, y holgaria saberlos; y si es que son de justa literaria, procure vuessa merced lleuar el segundo premio, 25 que el primero siempre se lleua el fauor o la gran calidad de la persona, el segundo se le lleua la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, sera el tercero, al modo de las licencias que se dan 30 en las vniuersidades (*); pero con todo esto, gran personage es el nombre de primero.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 229 “Hasta aora”, dixo entre si don Lorenço, “no os podre yo juzgar por loco; vamos adelante.” Y dixole: “Pareceme que vuessa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oydo?” 5 “La de la caualleria andante”, respondio don Quixote, “que es tan buena como la de la poesia, y aun dos deditos mas.” “No se que ciencia sea essa”, replicó don Lorenço, “y hasta aora no ha llegado a mi 10 noticia.” “Es vna ciencia”, replicó don Quixote, “que encierra en si todas o las mas ciencias del mundo, a causa que el que la professa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia 15 distributiua y comutatiua, para dar a cada vno lo que es suyo y lo que le conuiene; ha de ser theologo, para saber dar razon de la christiana ley que professa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser medico, 20 y principalmente heruolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yeruas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el cauallero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser 25 astrologo, para conocer por las estrellas quantas horas son passadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matematicas, porque a cada paso se le ofrecera tener necessidad dellas, y, dexando 30 aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes theologales y cardinales, decendiendo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230 a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dizen que nadaua el pexe Nicolas o Nicolao (*); ha de saber herrar vn cauallo y aderezar la silla y el freno, y, boluiendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; 5 ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritatiuo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el 10 defenderla. De todas estas grandes y minimas partes se compone vn buen cauallero andante, porque vea vuessa merced, señor don Lorenço, si es ciencia mocosa lo que aprende el cauallero que la estudia y la professa, y si se puede 15 ygualar a las mas estiradas que en los ginasios y escuelas se enseñan.” “Si esso es assi”, replicó don Lorenço, “yo digo que se auentaja essa ciencia a todas.” “¿Cómo si es assi?”, respondio don Quixote. 20 “Lo que yo quiero dezir”, dixo don Lorenço, “es que dudo que aya auido, ni que los ay aora, caualleros andantes y adornados de virtudes tantas.” “Muchas vezes he dicho lo que bueluo a 25 dezir aora”, respondio don Quixote: “que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha auido en el caualleros andantes, y por parecerme a mi que si el cielo milagrosamente no les da a entender la verdad 30 de que los huuo y de que los ay, qualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 231 muchas vezes me lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuessa merced del error, que con los muchos tiene; lo que pienso hazer es el (*) rogar al cielo le saque del, y le de a entender quán 5 prouechosos y quán necessarios fueron al mundo los caualleros andantes en los passados siglos, y quán vtiles fueran en el presente, si se vsaran; pero triunfan aora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el 10 regalo.” “Escapado se nos ha nuestro huesped”, dixo a esta sazon entre si don Lorenço; “pero con todo esso, el es loco vizarro, y yo seria mentecato floxo si assi no lo creyesse.” 15 Aqui dieron fin a su platica, porque los llamaron a comer. Preguntó don Diego a su hijo qué auia sacado en limpio del ingenio del huesped, a lo que el respondio: “No le sacarán del borrador de su locura 20 quantos medicos y buenos escriuanos tiene el mundo; el es vn entreuerado loco, lleno de luzidos interualos.” Fueronse a comer, y la comida fue tal como don Diego auia dicho en el camino que la 25 solia dar a sus combidados: limpia, abundante y sabrosa; pero de lo que mas se contentó don Quixote fue del marauilloso silencio que en toda la casa auia, que semejaua vn monasterio de cartuxos. Leuantados, pues, los ma[n]teles 30 y dadas gracias a Dios, y agua a las manos, don Quixote pidio ahincadamente a don Lorenço,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232 dixesse los versos de la justa literaria. A lo que el respondio, que por no parecer de aquellos poetas que quando les ruegan digan sus versos los niegan, y quando no se los piden los vomitan, “yo dire mi glossa (*), de la 5 qual no espero premio alguno; que solo por exercitar el ingenio la he hecho.” “Vn amigo y discreto”, respondio don Quixote, “era de parecer que no se auia de cansar nadie en glossar versos, y la razon, dezia el, 10 era que jamas la glossa podia llegar al texto, y que muchas o las mas vezes yua la glossa fuera de la intencion y proposito de lo que pedia lo que se glossaua, y mas que las leyes de la glossa eran demasiadamente estrechas: 15 que no sufrian interrogantes, ni dixo, ni dire, ni hazer nombres de verbos, ni mudar el sentido, con otras ataduras y estrechezas con que van atados los que glossan (*), como vuessa merced deue de saber.” 20 “Verdaderamente, señor don Quixote”, dixo don Lorenço, “que desseo coger a vuessa merced en vn mal latin continuado, y no puedo, porque se me desliza de entre las manos como anguila.” 25 “No entiendo”, respondio don Quixote, “lo que vuessa merced dize ni quiere dezir en esso del deslizarme.” “Yo me dare a entender”, respondio don Lorenço, “y por aora esté vuessa merced atento 30 a los versos glossados y a la glossa, que dizen desta manera:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 233 ¡Si mi fue tornasse a es, sin esperar mas sera, o viniesse el tiempo ya de lo que sera despues! GLOSSA 5 Al fin, como todo passa, se passó el bien que me dio fortuna, vn tiempo no escassa, y nunca me le boluio, ni abundante ni por tassa. 10 Siglos ha ya que me vees, fortuna, puesto a tus pies; buelueme a ser venturoso; que sera mi ser dichoso si mi fue tornasse a es. 15 No quiero otro gusto o gloria, otra palma o vencimiento, otro triunfo, otra vitoria, sino boluer al contento que es pessar en mi memoria. 20 Si tu me buelues allá, fortuna, templado está todo el rigor de mi fuego, y mas si este bien es luego, sin esperar mas sera. 25 Cosas impossibles pido, pues boluer el tiempo a ser despues que vna vez ha sido, no ay en la tierra poder que a tanto se aya estendido. 30 Corre el tiempo, buela y va ligero y no boluera, y herraria el que pidiesse o que el tiempo ya se fuesse, o boluiesse (*) el tiempo ya. 35
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 234 Viuo (*) en perplexa vida, ya esperando, ya temiendo, es muerte muy conocida, y es mucho mejor muriendo buscar al dolor salida. 5 A mi me fuera interes acabar, mas no lo es, pues, con discurso mejor, me da la vida el temor de lo que sera despues.” 10 En acabando de dezir su glossa don Lorenço, se leuantó en pie don Quixote, y en voz leuantada que parecia grito, assiendo con su mano la derecha de don Lorenço, dixo: “Viuen los cielos donde mas altos estan, 15 mancebo generoso, que soys el mejor poeta del orbe, y que mereceys estar laureado, no por Chipre, ni por Gaeta, como dixo vn poeta que Dios perdone (*), sino por las Academias de Atenas, si oy viuieran, y por las que oy viuen 20 de Paris, Bolonia y Salamanca; plega al cielo que los juezes que os quitaren el premio primero, Febo los assaetee y las Musas jamas atrauiessen los vmbrales de sus casas. Dezidme, señor, si soys seruido, algunos versos 25 mayores; que quiero tomar de todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio.” ¿No es bueno que dizen que se holgo don Lorenço de verse alabar de don Quixote, aunque le tenia por loco? ¡O fuerça de la adulacion, 30 a quánto te estiendes y quán dilatados limites son los de tu juridicion agradable! Esta verdad acreditó don Lorenço, pues concedio con la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 235 demanda y desseo de don Quixote, diziendole este soneto a la fabula o historia de Piramo y Tisbe: “SONETO El muro rompe la donzella hermosa, 5 que de Piramo abrio el gallardo pecho; parte el Amor de Chipre y va derecho a ver la quiebra estrecha y prodigiosa. Habla el silencio alli, porque no osa la voz entrar por tan estrecho estrecho; 10 las almas si, que amor suele de hecho facilitar la mas dificil cosa. Salio el desseo de compas, y el paso de la imprudente virgen solicita por su gusto su muerte. Ved que historia: 15 que a entrambos en vn punto ¡o estraño caso! los mata, los encubre y resucita vna espada, vn sepulcro, vna memoria.” “¡Bendito sea Dios!”, dixo don Quixote, auiendo oydo el soneto a don Lorenço, “que 20 entre los infinitos poetas consumidos que ay, he visto vn consumado poeta, como lo es vuessa merced, señor mio; que assi me lo da a entender el artificio deste soneto.” Quatro dias estuuo don Quixote regaladissimo 25 en la casa de don Diego, al cabo de los quales le pidio licencia para yrse, diziendole que le agradecia la merced y buen tratamiento que en su casa auia recebido, pero que por no parecer bien que los caualleros andantes se 30 den muchas horas a[l] ocio y al regalo se queria yr a cumplir con su oficio, buscando las auenturas,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236 de quien tenia noticia que aquella tierra abundaua, donde esperaua entretener el tiempo hasta que llegasse el dia de las justas de Zaragoça, que era el de su derecha derrota, y que primero auia de entrar en la cueua de 5 Montesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contauan, sabiendo e inquiriendo assimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comunmente de Ruydera. 10 Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa determinacion, y le dixeron que tomasse de su casa y de su hazienda todo lo que en grado le viniesse; que le seruirian con la voluntad possible, que a ello les obligaua el valor de su 15 persona y la honrosa profession suya. Llegose, en fin, el dia de su partida, tan alegre para don Quixote como triste y aziago para Sancho Pança, que se hallaua muy bien con la abundancia de la casa de don Diego, y rehusaua de boluer 20 a la hambre que se vsa en las florestas [y] despoblados, y a la estrecheza de sus mal proueydas alforjas; con todo esto, las llenó y colmó de lo mas necessario que le parecio. Y al despedirse, dixo don Quixote a don Lorenço: 25 “No se si he dicho a vuessa merced otra vez, y si lo he dicho, lo bueluo a dezir, que quando vuessa merced quisiere ahorrar caminos y trabajos para llegar a la inacessible cumbre del templo de la fama, no tiene que hazer otra 30 cosa sino dexar a vna parte la senda de la poesia, algo estrecha, y tomar la estrechissima
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 237 de la andante caualleria, bastante para hazerle emperador en daca las pajas.” Con estas razones acabó don Quixote de cerrar el processo de su locura, y mas con las que añadio, diziendo: 5 “Sabe Dios si quisiera lleuar conmigo al señor don Lorenço para enseñarle cómo se han de perdonar los sugetos y supeditar y acozear los soberuios (*), virtudes anejas a la profession que yo professo; pero pues no lo pide 10 su poca edad, ni lo querran consentir sus loables exercicios, solo me contento con aduertirle a vuessa merced, que siendo poeta podra ser famoso, si se guia mas por el parecer ageno que por el propio, porque no ay padre ni madre 15 a quien sus hijos les parezcan feos, y en los que lo son del entendimiento corre mas este engaño.” De nueuo se admiraron padre y hijo de las entremetidas razones de don Quixote, ya 20 discretas y ya disparatadas, y del tema y teson que lleuaua de acudir de todo en todo a la busca de sus desuenturadas auenturas, que las tenia por fin y blanco de sus desseos; reyteraronse los ofrecimientos y comedimientos, y con 25 la buena licencia de la señora del castillo, don Quixote y Sancho, sobre Rozinante y el ruzio, se partieron.
p. 238 Capitulo XIX Donde se cuenta la auentura del pastor enamorado, con otros, en verdad, graciosos sucessos. Poco trecho se auia alongado don Quixote 5 del lugar de don Diego, quando encontro con dos como clerigos o como estudiantes y con dos labradores que sobre quatro bestias asnales venian caualleros; el vno de los estudiantes traia como en portamanteo, en vn lienço de vocazi 10 verde embuelto, al parecer, vn poco de grana blanca y dos pares de medias de cordellate; el otro no traia otra cosa que dos espadas negras de esgrima, nueuas, y con sus çapatillas. Los labradores traian otras cosas que dauan indicio y 15 señal que venian de alguna villa grande, donde las auian comprado y las lleuauan a su aldea; y, assi, estudiantes como labradores cayeron en la misma admiracion en que caian todos aquellos que la vez primera veyan a don Quixote, y 20 morian por saber qué hombre fuesse aquel tan fuera del vso de los otros hombres. Saludoles don Quixote, y despues de saber el camino que lleuauan, que era el mesmo que el hazia, les ofrecio su compañia, y les pidio detuuiessen el 25 paso, porque caminauan mas sus pollinas que su cauallo, y para obligarlos, en breues razones les dixo quién era, y su oficio y profession, que era de cauallero andante, que yua a buscar las auenturas por todas las partes del mundo. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 239 Dixoles que se llamaua de nombre propio don Quixote de la Mancha, y por el apelatiuo el Cauallero de los Leones. Todo esto para los labradores era hablarles en griego o en gerigonça, pero no para los estudiantes, que luego 5 entendieron la flaqueza del celebro de don Quixote; pero, con todo esso, le mirauan con admiracion y con respecto, y vno dellos le dixo: “Si vuessa merced, señor cauallero, no lleua 10 camino determinado, como no le suelen lleuar los que buscan las auenturas, vuessa merced se venga con nosotros, vera vna de las mejores bodas y mas ricas que hasta el dia de oy se auran celebrado en la Mancha, ni en otras 15 muchas leguas a la redonda.” Preguntole don Quixote si eran de algun principe que assi las ponderaua. “No son”, respondio el estudiante, “sino de vn labrador y vna labradora: el, el mas rico de 20 toda esta tierra, y ella, la mas hermosa que han visto los hombres. El aparato con que se han de hazer es estraordinario y nueuo, porque se han de celebrar en vn prado que está junto al pueblo de la nouia, a quien por excelencia llaman 25 Quiteria la hermosa, y el desposado se llama Camacho el rico, ella de edad de diez y ocho años y el de veinte y dos, ambos para en vno, aunque algunos curiosos, que tienen de memoria los linages de todo el mundo, quieren dezir 30 que el de la hermosa Quiteria se auentaja al de Camacho; pero ya no se mira en esto, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240 las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras. En efecto, el tal Camacho es liberal, y hasele antojado de enramar y cubrir todo el prado por arriba, de tal suerte, que el sol se ha de ver en trabajo, si quiere entrar a visitar las 5 yeruas verdes de que está cubierto el suelo. Tiene assimesmo maheridas danças, assi de espadas como de cascabel menudo, que ay en su pueblo quien los repique y sacuda por estremo; de çapateadores no digo nada, que es vn 10 juyzio los que tiene muñidos; pero ninguna de las cosas referidas, ni otras muchas que he dexado por referir, ha de hazer mas memorables estas bodas, sino las que imagino que hara en ellas el despechado Basilio. 15 ”Es este Basilio vn zagal vezino del mesmo lugar de Quiteria, el qual tenia su casa pared y medio de la de los padres de Quiteria, de donde tomó ocasion el amor de renouar al mundo los ya oluidados amores de Piramo y 20 Tisbe, porque Basilio se enamoró de Quiteria desde sus tiernos y primeros años, y ella fue correspondiendo a su desseo con mil honestos fauores. Tanto, que se contauan por entretenimiento en el pueblo los amores de los dos niños 25 Basilio y Quiteria. Fue creciendo la edad, y acordo el padre de Quiteria de estoruar a Basilio la ordinaria entrada que en su casa tenia, y por quitarse de andar rezeloso y lleno de sospechas, ordenó de casar a su hija con el rico 30 Camacho, no pareciendole ser bien casarla con Basilio, que no tenia (*) tantos bienes de fortuna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 241 como de naturaleza, pues si va (h)a dezir las verdades sin inuidia, el es el mas agil mancebo que conocemos, gran tirador de barra, luchador estremado y gran jugador de pelota; corre como vn gamo, salta mas que vna cabra y birla 5 a los bolos como por encantamento; canta como vna calandria y toca vna guitarra que la haze hablar, y, sobre todo, juega vna espada como el mas pintado.” “Por essa sola gracia”, dixo a esta sazon don 10 Quixote, “merecia esse mancebo no solo casarse con la hermosa Quiteria, sino con la mesma reyna Ginebra, si fuera oy viua, a pesar de Lanzarote y de todos aquellos que estoruarlo quisieran.” 15 “A mi muger con esso”, dixo Sancho Pança, que hasta entonces auia ydo callando y escuchando, “la qual no quiere sino que cada vno case con su ygual, ateniendose al refran que dizen, «cada oueja con su pareja»; lo que yo 20 quisiera es, que esse buen Basilio, que ya me le voy aficionando, se casara con essa señora Quiteria; que buen siglo ayan y buen poso, yua a dezir al rebes, los que estoruan que se casen los que bien se quieren.” 25 “Si todos los que bien se quieren se huuiessen de casar”, dixo don Quixote, “quitariase la elecion y juridicion a los padres de casar sus hijos con quien y quando deuen, y si a la voluntad de las hijas quedasse escoger 30 los maridos, tal auria que escogiesse al criado de su padre, y tal al que vio passar por la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 242 calle, a su parecer, vizarro y entonado, aunque fuesse vn desbaratado espadachin; que el amor y la aficion con facilidad ciegan los ojos del entendimiento, tan necessarios para escoger estado, y el del matrimonio está muy a peligro 5 de errarse, y es menester gran tiento y particular fauor del cielo para acertarle. Quiere hazer vno vn viage largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañia segura y apazible con quien 10 acompañarse. Pues ¿por qué no hara lo mesmo el que ha de caminar toda la vida hasta el paradero de la muerte, y mas si la compañia le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la muger con 15 su marido? La de la propia muger no es mercaduria que vna vez comprada se buelue, o se trueca o cambia, porque es accidente inseparable que dura lo que dura la vida. Es vn lazo, que si vna vez le echays al cuello, se buelue 20 en el nudo gordiano, que si no le corta la guadaña de la muerte, no ay desatarle. Muchas mas cosas pudiera dezir en esta materia, si no lo estoruara el desseo que tengo de saber si le queda mas que dezir al señor licenciado 25 acerca de la historia de Basilio.” A lo que respondio el estudiante bachiller, o licenciado, como le llamó don Quixote, (que): “De todo no me queda mas que dezir, sino que desde el punto que Basilio supo que la 30 hermosa Quiteria se casaua con Camacho el rico, nunca mas le han visto reyr, ni hablar
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 243 razon concertada, y siempre anda pensatiuo y triste, hablando entre si mismo, con que da ciertas y claras señales de que se le ha buelto el juyzio; come poco y duerme poco, y lo que come son frutas, y en lo que duerme, si duerme, 5 es en el campo sobre la dura tierra como animal bruto; mira de quando en quando al cielo, y otras vezes claua los ojos en la tierra, con tal embelesamiento, que no parece sino estatua vestida que el ayre le mueue la ropa. En 10 fin, el da tales muestras de tener apassionado el coraçon, que tememos todos los que le conocemos que el dar el si mañana la hermosa Quiteria ha de ser la sentencia de su muerte.” “Dios lo hara mejor”, dixo Sancho, “que 15 Dios que da la llaga da la medicina; nadie sabe lo que está por venir, de aqui a mañana muchas horas ay, y en vna, y aun en vn momento, se cae la casa; yo he visto llouer y hazer sol, todo a vn mesmo punto; tal se acuesta 20 sano la noche, que no se puede mouer otro dia; y diganme, ¿por ventura aura quien se alabe que tiene echado vn clauo a la rodaja de la Fortuna? No, por cierto, y entre el si y el no de la muger no me atreueria yo a poner 25 vna punta de alfiler, porque no cabria; denme a mi que Quiteria quiera de buen coraçon y de buena voluntad a Basilio, que yo le dare a el vn saco de buena ventura; que el amor, segun yo he oydo dezir, mira con vnos antojos que 30 hazen parecer oro al cobre, a la pobreza riqueza y a las lagañas perlas.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244 “¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito?”, dixo don Quixote. “Que quando comienças a ensartar refranes y cuentos, no te puede esperar sino el mesmo Iudas, que te lleue. Dime, animal, ¿qué sabes tu de clauos, ni de 5 rodajas, ni de otra cosa ninguna?” “O, pues si no me entienden”, respondio Sancho, “no es marauilla que mis sentencias sean tenidas por disparates; pero no importa, yo me entiendo y se que no he dicho muchas 10 necedades en lo que he dicho, sino que vuessa merced, señor mio, siempre es friscal de mis dichos y aun de mis hechos.” “Fiscal has de dezir”, dixo don Quixote, “que no friscal, preuaricador del buen lenguage, 15 que Dios te confunda.” “No se apunte vuessa merced conmigo”, respondio Sancho, “pues sabe que no me he criado en la corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado o quito alguna 20 letra a mis vocablos. Si, que valgame Dios, no ay para qué obligar al sayagues a que hable como el toledano, y toledanos puede auer que no las (*) corten en el ayre en esto del hablar polido.” 25 “Assi es”, dixo el licenciado, “porque no pueden hablar tan bien los que se crian en las Tenerias y en Zocodouer como los que se passean casi todo el dia por el claustro de la Iglesia Mayor, y todos son toledanos (*); el 30 lenguage puro, el propio, el elegante y claro está en los discretos cortesanos, aunque ayan
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 245 nacido en Majalahonda; dixe discretos, porque ay muchos que no lo son, y la discrecion es la gramatica del buen lenguage que se acompaña con el vso; yo, señores, por mis pecados he estudiado canones en Salamanca, y picome 5 algun tanto de dezir mi razon con palabras claras, llanas y significantes.” “Si no os picarades (*) mas de saber mas menear las negras que lleuais que la lengua”, dixo el otro estudiante, “vos lleuarades el primero 10 en licencias, como lleuastes cola (*).” “Mirad, bachiller”, respondio el licenciado, “vos estais en la mas errada opinion del mundo acerca de la destreza de la espada, teniendola por vana.” 15 “Para mi no es opinion, sino verdad assentada”, replicó Corchuelo; “y si quereys que os lo muestre con la experiencia, espadas traeis, comodidad ay, yo pulsos y fuerças tengo, que acompañadas de mi animo, que no es poco, os 20 haran confessar que yo no me engaño; apeaos y vsad de vuestro compas de pies, de vuestros circulos y vuestros angulos y ciencia, que yo espero de hazeros ver estrellas a medio dia con mi destreza moderna y zafia, en quien 25 espero, despues de Dios, que está por nacer hombre que me haga boluer las espaldas, y que no le ay en el mundo a quien yo no le haga perder tierra.” “En esso de boluer o no las espaldas, no me 30 meto”, replicó el diestro, “aunque podria ser que en la parte donde la vez primera clauassedes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246 el pie, alli os abriessen la sepultura; quiero dezir, que alli quedassedes muerto por la despreciada destreza.” “Aora se vera”, respondio Corchuelo. Y, apeandose con gran presteza de su jumento, 5 tiró con furia de vna de las espadas que lleuaua el licenciado en el suyo. “No ha de ser assi”, dixo a este instante don Quixote, “que yo quiero ser el maestro desta esgrima y el juez desta muchas vezes no 10 aueriguada question.” Y, apeandose de Rozinante y assiendo de su lança, se puso en la mitad del camino, a tiempo que ya el licenciado, con gentil donayre de cuerpo y compas de pies, se yua contra 15 Corchuelo, que contra el se vino lançando, como dezirse suele, fuego por los ojos; los otros dos labradores del acompañamiento, sin apearse de sus pollinas, siruieron de aspetatores en la mortal tragedia; las cuchilladas, 20 estocadas, altibaxos, reueses y mandobles que tiraua Corchuelo eran sin numero, mas espesas que higado (*) y mas menudas que granizo. Arremetia como vn leon irritado; pero saliale al encuentro vn tapaboca de la çapatilla de 25 la espada del licenciado, que en mitad de su furia le detenia y se la hazia besar como si fuera reliquia, aunque no con tanta deuocion como las reliquias deuen y suelen besarse. Finalmente, el licenciado le contó a estocadas 30 todos los botones de vna media sotanilla que traia vestida, haziendole tiras los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 247 faldamentos como colas de pulpo, derribole el sombrero dos vezes y cansole de manera, que de despecho, colera y rabia assio la espada por la empuñadura y arrojola por el ayre con tanta fuerça, que vno de los labradores assistentes, 5 que era escriuano, que fue por ella, dio despues por testimonio que la alongo de si casi tres quartos de legua, el qual testimonio sirue y ha seruido para que se conozca y vea con toda verdad como la fuerça es vencida del 10 arte. Sentose cansado Corchuelo y, llegandose a el Sancho, le dixo: “Mia fe, señor bachiller, si vuessa merced toma mi consejo, de aqui adelante no ha de 15 desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a tirar la barra, pues tiene edad y fuerças para ello; que destos a quien llaman diestros he oydo dezir que meten vna punta de vna espada por el ojo de vna aguja.” 20 “Yo me contento”, respondio Corchuelo, “de auer caydo de mi burra, y de que me aya mostrado la experiencia la verdad de quien tan lexos estaua.” Y, leuantandose abraçó al licenciado y 25 quedaron mas amigos que de antes; y no queriendo esperar al escriuano, que auia ydo por la espada, por parecerle que tardaria mucho, (y) (*) assi determinaron seguir por llegar temprano a la aldea de Quiteria, de donde todos eran. 30 En lo que faltaua del camino les fue contando el licenciado las excelencias de la espada,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248 con tantas razones demostratiuas, y con tantas figuras y demostraciones matematicas, que todos quedaron enterados de la bondad de la ciencia, y Corchuelo reduzido de su pertinacia. Era anochecido, pero antes que llegassen 5 les parecio a todos que estaua delante del pueblo vn cielo lleno de inumerables y resplandecientes estrellas. Oyeron assimismo confusos y suaues sonidos de diuersos instrumentos como de flautas, tamborinos, salterios, 10 albogues, panderos y sonajas, y quando llegaron cerca vieron que los arboles de vna enramada que a mano auian puesto a la entrada del pueblo estauan todos llenos de luminarias, a quien no ofendia el viento, que entonces no 15 soplaua sino tan manso, que no tenia fuerça para mouer las hojas de los arboles; los musicos eran los regozijadores de la boda, que en diuersas quadrillas por aquel agradable sitio andauan, vnos baylando, y otros cantando, y 20 otros tocando la diuersidad de los referidos instrumentos; en efecto, no parecia sino que por todo aquel prado andaua corriendo la alegria y saltando el contento. Otros muchos andauan ocupados en leuantar 25 andamios, de donde con comodidad pudiessen ver otro dia las representaciones y danças que se auian de hazer en aquel lugar, dedicado para solenizar las bodas del rico Camacho y las exequias de Basilio. No quiso 30 entrar en el lugar don Quixote, aunque se lo pidieron assi el labrador como el bachiller;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 249 pero el dio por disculpa, bastantissima a su parecer, ser costumbre de los caualleros andantes dormir por los campos y florestas antes que en los poblados, aunque fuesse debaxo de dorados techos, y, con esto, se desuió vn 5 poco del camino, bien contra la voluntad de Sancho, viniendosele a la memoria el buen alojamiento que auia tenido en el castillo o casa de don Diego.
p. 250 Capitulo XX Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico con el sucesso de Basilio el pobre. Apenas la blanca aurora auia dado lugar a que el luziente Febo, con el ardor de sus 5 calientes rayos las liquidas perlas de sus cabellos de oro enxugasse, quando don Quixote, sacudiendo la pereza de sus miembros, se puso en pie y llamó a su escudero Sancho, que aun todauia roncaua, lo qual visto por 10 don Quixote, antes que le despertasse le dixo: “¡O tu, bienauenturado sobre quantos viuen sobre la haz de la tierra, pues, sin tener inuidia ni ser inuidiado, duermes con sossegado (*) espiritu, ni te persiguen encantadores ni 15 sobresaltan encantamentos! Duerme[s], digo otra vez, y lo dire otras ciento, sin que te tengan en contina (*) vigilia zelos de tu dama, ni te desuelen pensamientos de pagar deudas que deuas, ni de lo que has de hazer para comer 20 otro dia tu y tu pequeña y angustiada familia, ni la ambicion te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los limites de tus desseos no se estienden a mas que a pensar tu jumento; que el de tu persona sobre mis 25 ombros le tienes puesto, contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hazer mercedes; la congoxa de ver que 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 251 el cielo se haze de bronze sin acudir a la tierra con el conueniente rozio no aflige al criado, sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le siruio en la fertilidad y abundancia.” 5 A todo esto no respondio Sancho porque dormia, ni despertara tan presto si don Quixote con el cuento de la lança no le hiziera (*) boluer en si. Desperto, en fin, soñoliento y perezoso, y, boluiendo el rostro a todas partes, 10 dixo: “De la parte desta enramada, si no me engaño, sale vn tufo y olor harto mas de torreznos assados que de juncos y tomillos; bodas que por tales olores comiençan, para mi 15 santiguada que deuen de ser abundantes y generosas.” “Acaba, gloton”, dixo don Quixote; “ven, yremos a ver estos desposorios, por ver lo que haze el desdeñado Basilio.” 20 “Mas que haga lo que quisiere”, respondio Sancho; “no fuera el pobre, y casarase con Quiteria; ¿no ay mas sino no tener vn quarto y querer ca[sa]rse por las nubes? A la fe, señor, yo soy de parecer que el pobre deue de 25 contentarse con lo que hallare, y no pedir cotufas en el golfo; yo apostaré vn braço que puede Camacho emboluer en reales a Basilio, y si esto es assi, como deue de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las (*) galas y las 30 joyas que le deue de auer dado y le puede dar Camacho, por escoger el tirar de la barra y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252 el jugar de la negra de Basilio. Sobre vn buen tiro de barra o sobre vna gentil treta de espada no dan vn quartillo de vino en la taberna; habilidades y gracias que no son vendibles, mas que las tenga el conde Dirlos; pero quando 5 las tales gracias caen sobre quien tiene buen dinero, tal sea mi vida como ellas parecen; sobre vn buen cimiento se puede leuantar vn buen edificio, y el mejor cimiento y çanja del mundo es el dinero.” 10 “Por quien Dios es, Sancho”, dixo a esta sazon don Quixote, “que concluyas con tu arenga, que tengo para mi que si te dexassen seguir en las que a cada paso comienças, no te quedaria tiempo para comer ni para dormir; 15 que todo le gastarias en hablar.” “Si vuessa merced tuuiera buena memoria”, replicó Sancho, “deuierase acordar de los capitulos de nuestro concierto antes que esta vltima vez saliessemos de casa; vno dellos fue 20 que me auia de dexar hablar todo aquello que quisiesse, con que no fuesse contra el proximo, ni contra la autoridad de vuessa merced, y hasta agora me parece que no he contrauenido contra el tal capitulo.” 25 “Yo no me acuerdo, Sancho”, respondio don Quixote, “del tal capitulo, y puesto que sea assi, quiero que calles y vengas; que ya los instrumentos que anoche oymos bueluen a alegrar los valles, y sin duda los desposorios 30 se celebrarán en el frescor de la mañana, y no en el calor de la tarde.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 253 Hizo Sancho lo que su señor le mandaua, y poniendo la silla a Rozinante y la albarda al ruzio, subieron los dos, y paso ante paso se fueron entrando por la enramada. Lo primero que se le ofrecio a la vista de Sancho fue, espetado 5 en vn assador de vn olmo entero, vn entero nouillo, y en el fuego donde se auia de assar ardia vn mediano monte de leña, y seys ollas que alrededor de la hoguera estauan no se auian hecho en la comun turquesa de las 10 demas ollas, porque eran seys medias tinajas, que cada vna cabia vn rastro de carne, assi embeuian y encerrauan en si carneros enteros, sin echarse de ver como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin 15 pluma que estauan colgadas por los arboles para sepultarlas en las ollas no tenian numero; los paxaros y caça de diuersos generos eran infinitos, colgados de los arboles para que el ayre los enfriasse. Conto Sancho mas de sesenta 20 zaques de mas de a dos (*) arrobas cada vno y todos llenos, segun despues parecio, de generosos vinos; assi auia rimeros de pan blanquissimo como los suele auer de montones de trigo en las heras; los quesos puestos como 25 ladrillos en reja[le]s (*) formauan vna muralla, y dos calderas de azeyte mayores que las de vn tinte seruian de freir cosas de masa, que con dos valientes palas las sacauan fritas y las zabullian en otra caldera de preparada miel que 30 alli junto estaua. Los cozineros y cozineras passauan de cincuenta, todos limpios, todos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254 diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del nouillo estauan doze tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, seruian de darle sabor y enternecerle; las especias de diuersas suertes no parecia auerlas 5 comprado por libras, sino por arrobas, y todas estauan de manifiesto en vna grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rustico, pero tan abundante, que podia sustentar a vn exercito. 10 Todo lo miraua Sancho Pança, y todo lo contemplaua, y de todo se aficionaua: primero le cautiuaron y rindieron el desseo las ollas, de quien el tomara de bonissima gana vn mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad 15 los zaques y, vltimamente, las frutas de sarten, si es que se podian llamar sartenes las tan orondas calderas; y, assi, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hazer otra cosa, se llegó a vno de los solicitos cozineros, y con corteses y 20 hambrientas razones le rogo le dexasse mojar vn mendrugo de pan en vna de aquellas ollas. A lo que el cozinero respondio: “Hermano, este dia no es de aquellos sobre quien tiene juridicion la hambre, merced al 25 rico Camacho; apeaos y mirad si ay por ay vn cucharon, y espumad vna gallina o dos, y buen prouecho os hagan.” “No veo ninguno”, respondio Sancho. “Esperad”, dixo el cozinero; “¡pecador de mi, 30 y qué melindroso y para poco deueis de ser!” Y, diziendo esto, assio de vn caldero y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 255 encaxandole en vna de las medias tinajas, sacó en el tres gallinas y dos gansos, y dixo a Sancho: “Comed, amigo, y desayunaos con esta espuma en tanto que se llega la hora del yantar.” “No tengo en qué echarla”, respondio Sancho. 5 “Pues lleuaos”, dixo el cozinero, “la cuchara y todo; que la riqueza y el contento de Camacho todo lo suple.” En tanto, pues, que esto passaua Sancho, estaua don Quixote mirando como por vna parte 10 de la enramada entrauan hasta doze labradores sobre doze hermosissimas yeguas, con ricos y vistosos jaezes de campo y con muchos cascaueles en los petrales, y todos vestidos de regozijo y fiestas, los quales, en concertado tropel, 15 corrieron no vna sino muchas carreras por el prado, con regozijada algazara y grita, diziendo: “Viuan Camacho y Quiteria, el tan rico como ella hermosa, y ella la mas hermosa del mundo.” 20 Oyendo lo qual don Quixote, dixo entre si: “Bien parece que estos no han visto a mi Dulcinea del Toboso; que si la huuieran visto, ellos se fueran a la mano en las alabanças desta su Quiteria.” 25 De alli a poco començaron a entrar por diuersas partes de la enramada muchas y diferentes danças, entre los quales venia vna de espadas, de hasta veinte y quatro zagales de gallardo parecer y brio, todos vestidos de 30 delgado y blanquissimo lienço, con sus paños de tocar labrados de varias colores de fina seda,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256 y al que los guiaua, que era vn ligero mancebo, preguntó vno de los de las yeguas si se auia herido alguno de los dançantes. “Por aora, bendito sea Dios, no se ha herido nadie, todos vamos sanos.” 5 Y luego començo a enredarse con los demas compañeros, con tantas bueltas y con tanta destreza, que aunque don Quixote estaua hecho a ver semejantes danças, ninguna le auia parecido tan bien como aquella. Tambien le 10 parecio bien otra que entró de donzellas hermosissimas, tan moças, que, al parecer, ninguna baxaua de catorze ni llegaua a diez y ocho años, vestidas todas de palmilla verde, los cabellos parte trançados y parte sueltos, pero 15 todos tan rubios que con los del sol podian tener competencia, sobre los quales traian guirnaldas de jazmines, rosas, amaranto y madreselua compuestas; guiaualas vn venerable viejo y vna anciana matrona, pero mas ligeros 20 y sueltos que sus años prometian. Haziales el son vna gayta zamorana (*), y ellas, lleuando en los rostros y en los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostrauan las mejores bayladoras del mundo. 25 Tras esta entró otra dança de artificio y de las que llaman habladas: era de ocho ninfas, repartidas en dos hileras; de la vna hilera era guia el dios Cupido, y de la otra el Interes, aquel adornado de alas, arco, aljaua y saetas; 30 este, vestido de ricas y diuersas colores de oro y seda; las ninfas que al Amor seguian traian
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 257 a las espaldas en pargamino blanco y letras grandes escritos sus nombres: Poesia era el titulo de la primera, el de la segunda Discrecion, el de la tercera Buen linage, el de la quarta Valentia; del modo mesmo venian señaladas 5 las que al Interes seguian: dezia Liberalidad el titulo de la primera, Dadiua el de la segunda, Tesoro el de la tercera y el de la quarta Possession pacifica. Delante de todos venia vn castillo de madera a quien tirauan quatro saluages, 10 todos vestidos de yedra y de cañamo teñido de verde, tan al natural, que por poco espantaran a Sancho. En la frontera del castillo y en todas quatro partes de sus quadros traia escrito, Castillo del buen recato; hazianles el son 15 quatro diestros tañedores de tamboril y flauta; començaua la dança Cupido, y auiendo hecho dos mudanças, alçaua los ojos y flechaua el arco contra vna donzella que se ponia entre las almenas del castillo, a la qual desta suerte 20 dixo: “Yo soy el dios poderoso en el ayre y en la tierra y en el ancho mar vndoso, y en quanto el abismo encierra 25 en su baratro espantoso. Nunca conoci qué es miedo, todo quanto quiero puedo, aunque quiera lo impossible, y en todo lo que es possible 30 mando, quito, pongo y vedo.” Acabó la copla, disparó vn[a] flecha por lo alto del castillo y retirose a su puesto. Salio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258 luego el Interes y hizo otras dos mudanças; callaron los tamborinos, y el dixo: “Soy quien puede mas que Amor, y es Amor el que me guia, soy de la estirpe mejor 5 que el cielo en la tierra cria, mas conocida y mayor. Soy el Interes en quien pocos suelen obrar bien, y obrar sin mi es gran milagro, 10 y qual soy te me consagro por siempre jamas, amen.” Retirose el Interes y hizose adelante la Poesia, la qual, despues de auer hecho sus mudanças como los demas, puestos los ojos en la 15 donzella del castillo, dixo: “En dulcisissimos conceptos, la dulcissima Poesia, altos, graues y discretos, señora, el alma te embia, 20 embuelta entre mil sonetos. Si acaso no te importuna mi porfia, tu fortuna, de otras muchas inuidiada, sera por mi leuantada 25 sobre el cerco de la luna.” Desuiose la Poesia y de la parte del Interes salio la Liberalidad, y despues de hechas sus mudanças, dixo: “Llaman Liberalidad 30 al dar, que el estremo huye de la prodigalidad, y del contrario, que arguye tibia y floxa voluntad.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 259 Mas yo por te engrandezer, de oy mas prodiga he de ser; que aunque es vicio, es vicio honrado y de pecho enamorado, que en el dar se echa de ver.” 5 Deste modo salieron y se retiraron todas las (dos) figuras de las dos esquadras, y cada vno hizo sus mudanças y dixo sus versos, algunos elegantes y algunos ridiculos, y solo tomó de memoria don Quixote, que la tenia grande, los 10 ya referidos; y luego se mezclaron todos, haziendo y deshaziendo lazos con gentil donayre y desemboltura, y quando passaua el Amor por delante del castillo disparaua por alto sus flechas, pero el Interes quebraua en el alcancias 15 doradas. Finalmente, despues de auer baylado vn buen espacio, el Interes sacó vn bolson que le formaua el pellejo de vn gran gato romano, que parecia estar lleno de dineros, y arrojandole 20 al castillo, con el golpe se desencaxaron las tablas y se cayeron, dexando a la donzella descubierta y sin defensa alguna; llegó el Interes con las figuras de su valia, y echandola vna gran cadena de oro al cuello, mostraron 25 prenderla, rendirla y cautiuarla; lo qual visto por el Amor y sus valedores, hizieron ademan de quitarsela, y todas las demostraciones que hazian eran al son de los tamborinos, baylando y dançando concertadamente; pusieronlos 30 en paz los saluages, los quales con mucha presteza boluieron a armar y a encaxar las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260 tablas del castillo, y la donzella se encerro en el como de nueuo, y con esto se acabó la dança, con gran contento de los que la mirauan. Preguntó don Quixote a vna de las ninfas, que quién la auia compuesto y ordenado. 5 Respondiole que vn beneficiado de aquel pueblo, que tenia gentil caletre para semejantes inuenciones. “Yo apostaré”, dixo don Quixote, “que deue de ser mas amigo de Camacho que de Basilio 10 el tal bachiller o beneficiado, y que deue de tener mas de satirico que de visperas (*); bien [h]a encaxado en la dança las habilidades de Basilio y las riquezas de Camacho.” Sancho Pança, que lo escuchaua todo, dixo: 15 “El rey es mi gallo, a Camacho me atengo.” “En fin”, dixo don Quixote, “bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dizen, viua quien vence.” “No se de los que soy”, respondio Sancho, 20 “pero bien se que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las de Camacho.” Y enseñole el caldero lleno de gansos y de gallinas, y, assiendo de vna, començo a comer 25 con mucho donayre y gana, y dixo: “¡A la barba (*) de las habilidades de Basilio!; que tanto vales quanto tienes, y tanto tienes quanto vales. Dos linages solos ay en el mundo, como dezia vna aguela mia, que son el 30 tener y el no tener, aunque ella al del tener se atenia, y el dia de oy, mi señor don Quixote,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 261 antes se toma el pulso al auer que al saber: vn asno cubierto de oro parece mejor que vn cauallo enalbardado. Assi que bueluo a dezir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres 5 y conejos, y de las de Basilio seran, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle.” “¿Has acabado tu arenga, Sancho?”, dixo don Quixote. 10 “Aurela acabado”, respondio Sancho, “porque veo que vuessa merced recibe pesadumbre con ella; que si esto no se pusiera de por medio, obra auia cortada para tres dias.” “Plega a Dios, Sancho”, replicó don Quixote, 15 “que yo te vea mudo antes que me muera.” “Al paso que lleuamos”, respondio Sancho, “antes que vuessa merced se muera estare yo mascando barro, y entonces podra ser que esté tan mudo que no hable palabra hasta la 20 fin del mundo, o, por lo menos, hasta el dia del juyzio.” “Aunque esso assi suceda, ¡o Sancho!”, respondio don Quixote, “nunca llegará tu silencio a do ha llegado lo que has hablado, hablas y 25 tienes de hablar en tu vida, y mas, que está muy puesto en razon natural que primero llegue el dia de mi muerte que el de la tuya, y assi, jamas pienso verte mudo, ni aun quando estes beuiendo o durmiendo, que es lo que 30 puedo encarecer.” “A buena fe, señor”, respondio Sancho, “que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262 no ay que fiar en la descarnada, digo en la muerte, la qual tambien (*) come cordero como carnero, y a nuestro cura he oydo dezir que con ygual pie pisaua las altas torres de los reyes como las humildes choças de los pobres (*); 5 tiene esta señora mas de poder que de melindre, no es nada asquerosa, de todo come y a todo haze, y de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hinche sus alforjas; no es segador que duerme las siestas, que a todas horas 10 siega, y corta assi la seca como la verde yerua, y no parece que masca, sino que engulle y traga quanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; y aunque no tiene barriga, da a entender que está 15 hidropica y sedienta de beuer solas las vidas de quantos viuen, como quien se beue vn jarro de agua fria.” “No mas, Sancho”, dixo a este punto don Quixote, “tente en buenas (*) y no te dexes 20 caer, que en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus rusticos terminos, es lo que pudiera dezir vn buen predicador. Digote, Sancho, que, [a]si (*) como tienes buen natural y discrecion, pudieras tomar vn pulpito en 25 la mano y yrte por esse mundo predicando lindezas.” “Bien predica quien bien viue”, respondio Sancho, “y yo no se otras thologias.” “Ni las has menester”, dixo don Quixote; 30 “pero yo no acabo de entender, ni alcançar, cómo siendo el principio de la sabiduria el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 263 temor de Dios, tu, que temes mas a vn lagarto que a El, sabes tanto.” “Iuzgue vuessa merced, señor, de sus cauallerias”, respondio Sancho, “y no se meta en juzgar de los temores o valentias agenas; que 5 tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada hijo de vezino, y dexeme vuessa merced despabilar esta espuma, que lo demas todas son palabras ociosas de que nos han de pedir cuenta en la otra vida.” 10 Y, diziendo esto, començo de nueuo a dar assalto a su caldero con tan buenos alientos, que desperto los de don Quixote, y sin duda le ayudara, si no lo impidiera lo que es fuerça se diga adelante. 15
p. 264 Capitulo XXI Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucessos. Quando estauan don Quixote y Sancho en las razones referidas en el capitulo antecedente, se 5 oyeron grandes vozes y gran ruydo, y dauanlas y causauanle los de las yeguas, que con larga carrera y grita yuan a recebir a los nouios, que, rodeados de mil generos de instrumentos y de inuenciones, venian acompañados del cura 10 y de la parentela de entrambos y de toda la gente mas luzida de los lugares circunuezinos, todos vestidos de fiesta. Y como Sancho vio a la nouia, dixo: “A buena fe que no viene vestida de labradora, 15 sino de garrida palaciega. ¡Pardiez que segun diuiso, que las patenas que auia de traer son ricos corales, y la palmilla verde de Cuenca es terciopelo de treynta pelos, y montas que la guarnicion es de tiras de lienço blanco (*)! ¡Voto 20 a mi que es de raso; pues, tomadme las manos adornadas con sortijas de azauache! No medre yo si no son anillos de oro, y muy de oro, y empedrados con pelrras blancas como vna quajada, que cada vna deue de valer vn ojo de la 25 cara. ¡O hideputa y qué cabellos, que si no son postizos, no los he visto mas luengos ni mas rubios en toda mi vida! ¡No sino ponedla tacha en el brio y en el talle, y no la compareys a vna palma que se mueue cargada de razimos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 265 de datiles, que lo mesmo parecen los dixes que trae pendientes de los cabellos y de la garganta! Iuro en mi anima que ella es vna chapada moça y que puede passar por los bancos de Flandes (*).” 5 Riose don Quixote de las rusticas alabanças de Sancho Pança; pareciole que, fuera de su señora Dulcinea del Toboso, no auia visto muger mas hermosa jamas; venia la hermosa Quiteria algo descolorida, y deuia de ser de la 10 mala noche que siempre passan las nouias en componerse para el dia venidero de sus bodas. Yuanse acercando a vn teatro que a vn lado del prado estaua adornado de alfombras y ramos, adonde se auian de hazer los desposorios y de 15 donde auian de mirar las danças y las inuenciones. Y a la sazon que llegauan al puesto, oyeron a sus espaldas grandes vozes, y vna que dezia: “¡Esperaos vn poco, gente tan inconsiderada 20 como presurosa!” A cuyas vozes y palabras todos voluieron la cabeça, y vieron que las daua vn hombre vestido, al parecer, de vn sayo negro gironado de carmesi a llamas; venia coronado, como se vio 25 luego, con vna corona de funesto cipres, en las manos traia vn baston grande; en llegando mas cerca fue conocido de todos por el gallardo Basilio, y todos estuuieron suspensos, esperando en qué auian de parar sus vozes y sus 30 palabras, temiendo algun mal sucesso de su venida en sazon semejante.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266 Llegó, en fin, cansado y sin aliento, y puesto delante de los desposados, hincando el baston en el suelo, que tenia el cuento de vna punta de azero, mudada la color, puestos los ojos en Quiteria, con voz tremente y ronca estas 5 razones dixo: “Bien sabes, desconocida Quiteria, que conforme a la santa ley que professamos, que, viuiendo yo, tu no puedes tomar esposo; y juntamente no ignoras, que por esperar yo que el 10 tiempo y mi diligencia mejorassen los bienes de mi fortuna, no he querido dexar de guardar el decoro que a tu honra conuenia; pero tu, echando a las espaldas todas las obligaciones que deues a mi buen desseo, quieres hazer 15 señor de lo que es mio a otro, cuyas riquezas le siruen no solo de buena fortuna, sino de bonissima ventura. Y para que la tenga colmada, y no como yo pienso que la merece, sino como se la quieren dar los cielos, yo, por mis 20 manos, deshare el impossible o el inconueniente que puede estoruarsela, quitandome a mi de por medio. ¡Viua, viua el rico Camacho con la ingrata Quiteria largos y felices siglos, y muera, muera el pobre Basilio, cuya pobreza cortó las 25 alas de su dicha y le puso en la sepultura!” Y, diziendo esto, assio del baston que tenia hincado en el suelo, y, quedandose la mitad del en la tierra, mostro que seruia de vayna a vn mediano estoque que en el se ocultaua, y 30 puesta la que se podia llamar empuñadura en el suelo, con ligero desenfado y determinado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 267 proposito se arrojó sobre el, y en vn punto mostro la punta sangrienta a las espaldas, con la mitad del (*) azerada cuchilla, quedando el triste bañado en su sangre y tendido en el suelo, de sus mismas armas traspassado. 5 Acudieron luego sus amigos a fauorecerle, condolidos de su miseria y lastimosa desgracia, y, dexando don Quixote a Rozinante, acudio a fauorecerle y le tomó en sus braços, y halló que aun no auia espirado. Quisieronle sacar el 10 estoque, pero el cura, que estaua presente, fue de parecer que no se le sacassen antes de confessarle, porque el sacarsele y el espirar seria todo a vn tiempo; pero boluiendo vn poco en si Basilio, con voz doliente y desmayada dixo: 15 “Si quisiesses, cruel Quiteria, darme en este vltimo y forçoso trance la mano de esposa, aun pensaria que mi temeridad tendria desculpa, pues en ella alcancé el bien de ser tuyo.” El cura, oyendo lo qual, le dixo que atendiesse 20 a la salud del alma antes que a los gustos del cuerpo, y que pidiesse muy de veras a Dios perdon de sus pecados y de su desesperada determinacion. A lo qual replicó Basilio que en ninguna 25 manera se confessaria si primero Quiteria no le daua la mano de ser su esposa; que aquel contento le adobaria la voluntad y le daria aliento para confessarse. En oyendo don Quixote la peticion del herido, 30 en altas vozes dixo que Basilio pedia vna cosa muy justa y puesta en razon y, ademas,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268 muy hazedera, y que el señor Camacho quedaria tan honrado recibiendo a la señora Quiteria viuda del valeroso Basilio, como si la recibiera del lado de su padre: “Aqui no ha de auer mas de vn si, que no tenga otro efecto 5 que el pronunciarle, pues el talamo de estas bodas ha de ser la sepultura.” Todo lo oia Camacho y todo le tenia suspenso y confuso, sin saber qué hazer ni qué dezir; pero las vozes de los amigos de Basilio fueron 10 tantas, pidiendole que consintiesse que Quiteria le diesse la mano de esposa, porque su alma no se perdiesse, partiendo desesperado desta vida, que le mouieron, y aun forçaron, a dezir que si Quiteria queria darsela, que el se 15 contentaua, pues todo era dilatar por vn momento el cumplimiento de sus desseos. Luego acudieron todos a Quiteria, y vnos con ruegos y otros con lagrimas y otros con eficaces razones la persu[a]dian que diesse la 20 mano al pobre Basilio, y ella, mas dura que vn marmol y mas sesga que vna estatua, mostraua que ni sabia, ni podia, ni queria responder palabra; ni la respondiera, si el cura no la dixera que se determinasse presto en lo que auia de 25 hazer, porque tenia Basilio ya el alma en los dientes, y no daua lugar a esperar inresolutas determinaciones. Entonces la hermosa Quiteria, sin responder palabra alguna, turbada, al parecer, triste y 30 pesarosa, llegó donde Basilio estaua, ya los ojos bueltos, el aliento corto y apresurado,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 269 murmurando entre los dientes el nombre de Quiteria, dando muestras de morir como gentil y no como christiano. Llegó, en fin, Quiteria, y puesta de rodillas le pidio la mano por señas, y no por palabras. Desencaxó los ojos Basilio, 5 y mirandola atentamente, le dixo: “¡O Quiteria, que has venido a ser piadosa a tiempo, quando tu piedad ha de seruir de cuchillo que me acabe de quitar la vida, pues ya no tengo fuerças para lleuar la gloria que me 10 das en escogerme por tuyo, ni para suspender el dolor que tan apriesa me va cubriendo los ojos con la espantosa sombra de la muerte! Lo que te suplico es, ¡o fatal estrella mia!, que la mano que me pides y quieres darme no sea por 15 cumplimiento, ni para engañarme de nueuo, sino que confiesses y digas que, sin hazer fuerça a tu voluntad, me la entregas y me la das como a tu legitimo esposo, pues no es razon que en vn trance como (*) este me engañes ni 20 vses de fingimientos con quien tantas verdades ha tratado contigo.” Entre estas razones se desmayaua; de modo que todos los presentes pensauan que cada desmayo se auia de lleuar el alma consigo. 25 Quiteria, toda honesta y toda vergonçosa, assiendo con su derecha mano la de Basilio, le dixo: “Ninguna fuerça fuera bastante a torcer mi voluntad, y, assi, con la mas libre que tengo te 30 doy la mano de legitima esposa, y recibo la tuya, si es que me la das de tu libre aluedrio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270 sin que la turbe ni contraste la calamidad en que tu discurso acelerado te ha puesto.” “Si doy”, respondio Basilio, “no turbado ni confuso, sino con el claro entendimiento que el cielo quiso darme, y assi me doy y me 5 entrego por tu esposo.” “Y yo por tu esposa”, respondio Quiteria, “aora viuas largos años, aora te lleuen de mis braços a la sepultura.” “Para estar tan herido este mancebo”, dixo 10 a este punto Sancho Pança, “mucho habla; haganle que se dexe de requiebros, y que atienda a su alma; que, a mi parecer, mas la tiene en la lengua que en los dientes.” Estando, pues, assidos de las manos Basilio 15 y Quiteria, el cura, tierno y lloroso, los (*) echó la bendicion y pidio al cielo diesse buen poso al alma del nueuo desposado, el qual assi como recibio la bendicion, con presta ligereza se leuantó en pie, y con no vista desemboltura 20 se sacó el estoque a quien seruia de vayna su cuerpo. Quedaron todos los circunstantes admirados, y algunos dellos, mas simples que curiosos, en altas vozes començaron a dezir: 25 “¡Milagro, milagro!” Pero Basilio replicó: “No milagro, milagro, sino industria, industria (*).” El cura, desatentado y atonito, acudio con 30 ambas manos a tentar la herida, y halló que la cuchilla auia passado, no por la carne y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 271 costillas de Basilio, sino por vn cañon hueco de hierro que, lleno de sangre, en aquel lugar bien acomodado tenia, preparada la sangre, segun despues se supo, de modo que no se elasse. Finalmente, el cura y Camacho, con todos los 5 mas circunstantes, se tuuieron por burlados y escarnidos. La esposa no dio muestras de pesarle de la burla, antes oyendo dezir que aquel casamiento, por auer sido engañoso, no auia de ser valedero, dixo que ella le confirmaua 10 de nueuo, de lo qual coligieron todos que de consentimiento y sabiduria de los dos se auia trazado aquel caso; de lo que quedó Camacho y sus valedores tan corridos, que remitieron su vengança a las manos, y, desenuaynando muchas 15 espadas, arremetieron a Basilio, en cuyo fauor en vn instante se desenuaynaron casi otras tantas. Y tomando la delantera a cauallo don Quixote, con la lança sobre el braço, y bien cubierto de su escudo, se hazia dar lugar 20 de todos. Sancho, a quien jamas pluguieron ni solazaron semejantes fechurias, se acogio a las tinajas donde auia sacado su agradable espuma, pareciendole aquel lugar como sagrado, que auia de ser tenido en respeto. Don Quixote 25 a grandes vozes dezia: “Teneos, señores, teneos, que no es razon tomeys vengança de los agrauios que el amor nos haze; y aduertid que el amor y la guerra son vna misma cosa, y assi como en la guerra 30 es cosa licita y acostumbrada vsar de ardides y estratagemas para vencer al enemigo, assi en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272 las contiendas y competencias amorosas se tienen por buenos los embustes y marañas que se hazen para conseguir el fin que se dessea, como no sean en menoscabo y deshonra de la cosa amada. Quiteria era de Basilio y Basilio 5 de Quiteria por justa y fauorable disposicion de los cielos. Camacho es rico y podra comprar su gusto, quando, donde y como quisiere; Basilio no tiene mas desta oueja, y no se la ha de quitar alguno, por poderoso que sea; que a 10 los dos que Dios junta no podra separar el hombre, y el que lo intentare, primero ha de passar por la punta desta lança.” Y, en esto, la blandió tan fuerte y tan diestramente, que puso pauor en todos los que no le 15 conocian; y tan intensamente se fixó en la imaginacion de Camacho el desden de Quiteria, que se la borró de la memoria en vn instante, y, assi, tuuieron lugar con el las persuasiones del cura, que era varon prudente y bien 20 intencionado, con las quales quedó Camacho y los de su parcialidad pacificos y sossegados; en señal de lo qual boluieron las espadas a sus lugares, culpando mas a la facilidad de Quiteria que a la industria de Basilio; haziendo 25 discurso Camacho, que si Quiteria queria bien a Basilio donzella, tambien le quisiera casada, y que deuia de dar gracias al cielo, mas por auersela quitado, que por auersela dado. Consolado, pues, y pacifico Camacho y los 30 de su mesnada, todos los de la de Basilio se sossegaron, y el rico Camacho, por mostrar
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 273 que no sentia la burla ni la estimaua en nada, quiso que las fiestas passassen adelante como si realmente se desposara; pero no quisieron assistir a ellas Basilio ni su esposa ni sequazes, y, assi, se fueron a la aldea de Basilio, 5 que tambien los pobres virtuosos y discretos tienen quien los siga, honre y ampare, como los ricos tienen quien los lisongee y acompañe. Lleuaronse consigo a don Quixote, estimandole por hombre de valor y de pelo en pecho. 10 A solo Sancho se le escurecio el alma por verse impossibilitado de aguardar la esplendida comida y fiestas de Camacho, que duraron hasta la noche; y, assi, assender[e]ado y triste, siguio a su señor, que con la quadrilla de 15 Basilio yua, y assi se dexó atras las ollas de Egypto, aunque las lleuaua en el alma; cuya ya casi consumida y acabada espuma que en el caldero lleuaua, le representaua la gloria y la abundancia del bien que perdia, y, assi, 20 congoxado y pensatiuo, aunque sin hambre, sin apearse del ruzio, siguio las huellas de Rozinante.
p. 274 Capitulo XXII Donde se da cuenta [de] la grande auentura de la cueua de Montesinos, que está en el coraçon de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quixote de la Mancha. 5 Grandes fueron y muchos los regalos que los desposados hizieron a don Quixote, obligados de las muestras que auia dado, defendiendo su causa, y al par de la valentia le graduaron la discrecion, teniendole por vn Cid en las 10 armas y por vn Ciceron en la elocuencia. El buen Sancho se refociló tres dias a costa de los nouios, de los quales se supo que no fue traça comunicada con la hermosa Quiteria el herirse fingidamente, sino industria de Basilio, 15 esperando della el mesmo sucesso que se auia visto; bien es verdad que confesso que auia dado parte de su pensamiento a algunos de sus amigos, para que al tiempo necessario fauoreciessen su intencion y abonassen su engaño. 20 “No se pueden ni deuen llamar engaños”, dixo don Quixote, “los que ponen la mira en virtuosos fines.” Y que el de casarse los enamorados era el fin de mas excelencia, aduirtiendo que el 25 mayor contrario que el amor tiene es la hambre y la continua necessidad, porque el amor es todo alegria, regozijo y contento, y mas quando el amante está en possession de la cosa amada, contra quien son enemigos opuestos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 275 y declarados la necessidad y la pobreza; y que todo esto dezia con intencion de que se dexasse el señor Basilio de exercitar las habilidades que sabe, que aunque le dauan fama, no le dauan dineros, y que atendiesse a grangear 5 hazienda por medios licitos e industriosos, que nunca faltan a los prudentes y aplicados. “El pobre honrado, si es que puede ser honrado el pobre, tiene prenda en tener muger 10 hermosa, que quando se la quitan, le quitan la honra y se la matan. La muger hermosa y honrada, cuyo marido es pobre, merece ser coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo; la hermosura por si sola atrae las 15 voluntades de quantos la miran y conocen, y como a señuelo gustoso se le abaten las aguilas reales y los paxaros altaneros; pero si a la tal hermosura se le junta la necessidad y estrecheza, tambien la embisten los cueruos, 20 los milanos y las otras aues de rapiña, y la que está a tantos encuentros firme, bien merece llamarse corona de su marido. ”Mirad, discreto Basilio”, añadio don Quixote, “opinion fue de no se qué sabio que no 25 auia en todo el mundo sino vna sola muger buena, y daua por consejo, que cada vno pensasse y creyesse que aquella sola buena era la suya, y assi viuiria contento. Yo no soy casado ni hasta agora me ha venido en pensamiento 30 serlo, y con todo esto me atreueria a dar consejo al que me lo pidiesse [d]el modo que auia de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 276 buscar la muger con quien se quisiesse casar. Lo primero, le aconsejaria que mirasse mas a la fama que a la hazienda, porque la buena muger no alcança la buena fama solamente con ser buena, sino con parecerlo; que mucho mas 5 dañan a las honras de las mugeres las desembolturas y libertades publicas que las maldades secretas. Si traes buena muger a tu casa, facil cosa seria conseruarla y aun mejorarla en aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te 10 pondra el enmendarla; que no es muy hazedero passar de vn estremo a otro. Yo no digo que sea impossible, pero tengolo por dificultoso.” Oia todo esto Sancho, y dixo entre si: “Este mi amo, quando yo hablo cosas de 15 meollo y de sustancia, suele dezir que podria yo tomar vn pulpito en las manos y yrme por esse mundo adelante predicando lindezas, y yo digo del, que quando comiença a enhilar sentencias y a dar consejos, no solo puede tomar 20 [vn] pulpito en las manos, sino dos en cada dedo y andarse por essas plaças a qué quieres, boca. ¡Valate el diablo por cauallero andante que tantas cosas sabes! Yo pensaua en mi anima que solo podia saber aquello que tocaua a 25 sus cauallerias, pero no ay cosa donde no pique y dexe de meter su cucharada.” Murmuraua esto algo (*) Sancho, y entreoyole su señor y preguntole: “¿Qué murmuras, Sancho?” 30 “No digo nada ni murmuro de nada”, respondio Sancho, “solo estaua diziendo entre mi,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 277 que quisiera auer oydo lo que vuessa merced aqui ha dicho antes que me casara, que quiça dixera yo agora: el buey suelto bien se lame.” “¿Tan mala es tu Teresa, Sancho?”, dixo don Quixote. 5 “No es muy mala”, respondio Sancho, “pero no es muy buena, a lo menos, no es tan buena como yo quisiera.” “Mal hazes, Sancho”, dixo don Quixote, “en dezir mal de tu muger, que en efecto es madre 10 de tus hijos.” “No nos deuemos nada”, respondio Sancho; “que tambien ella dize mal de mi quando se le antoja, especialmente quando está zelosa; que entonces sufrala el mesmo Satanas.” 15 Finalmente, tres dias estuuieron con los nouios, donde fueron regalados y seruidos como cuerpos de rey. Pidio don Quixote al diestro licenciado le diesse vna guia que le encaminasse a la cueua de Montesinos, porque tenia 20 gran desseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las marauillas que de ella se dezian por todos aquellos contornos. El licenciado le dixo que le daria a vn primo suyo, famoso estudiante y muy aficionado a 25 leer libros de cauallerias, el qual con mucha voluntad le pondria a la boca de la mesma cueua y le enseñaria las lagunas de Ruydera, famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España, y dixo[l]e que lleuaria 30 con el gustoso entretenimiento, a causa que era moço que sabia hazer libros para imprimir,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278 y para dirigirlos a principes. Finalmente, el primo vino con vna pollina preñada, cuya albarda cubria vn gayado tapete o arpillera. Ensilló Sancho a Rozinante y adereçó al ruzio, proueyó sus alforjas, a las quales acompañaron 5 las del primo, assimismo bien proueydas, y, encomendandose a Dios y despediendose de todos, se pusieron en camino, tomando la derrota de la famosa cueua de Montesinos. En el camino preguntó don Quixote al primo 10 de qué genero y calidad eran sus exercicios, su pr[o]fession y estudios. A lo que el respondio: que su profession era ser humanista, sus exercicios y estudios componer libros para dar a la estampa, todos de gran prouecho y no menos 15 entretenimiento para la republica; que el vno se intitulaua El de las libreas, donde pinta (*) setecientas y tres libreas con sus colores, motes y cifras, de donde podian sacar y tomar las que quisiessen en tiempo de fiestas y regozijos los 20 caualleros cortesanos, sin andarlas mendigando de nadie, ni lambicando, como dizen, el cerbelo por sacarlas conformes a sus desseos e intenciones. “Porque doy al zeloso, al desdeñado, al 25 oluidado y al ausente las que les conuienen, que les vendran mas justas que pecadoras. Otro libro tengo tambien, a quien he de llamar Metamorfoseos, o Ouidio español, de inuencion nueua y rara, porque en el, imitando a Ouidio 30 a lo burlesco, pinto quién fue la Giralda de Seuilla y el Angel de la Madalena, quién el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 279 Caño de Vecinguerra de Cordoua, quiénes los toros de Guisando, la Sierra Morena, las fuentes de Leganitos y Lauapies en Madrid, no oluidandome de la del Piojo, de la del Caño Dorado y de la Priora (*), y esto, con sus alegorias, 5 metaforas y translaciones, de modo, que alegran, suspenden y enseñan a vn (*) mismo punto. ”Otro libro tengo que le llamo Suplemento a Virgilio Polidoro (*), que trata de la inuencion de las cosas, que es de grande erudicion y 10 estudio, a causa que las cosas que se dexó de dezir Polidoro de gran sustancia, las aueriguo yo y las declaro por gentil estilo. Oluidosele a Virgilio de declararnos quién fue el primero que tuuo catarro en el mundo, y el primero que 15 tomó las vnciones para curarse del morbo galico, y yo lo declaro al pie de la letra y lo autorizo con mas de veynte y cinco autores: porque vea vuessa merced si he trabajado bien y si ha de ser vtil el tal libro a todo el mundo.” 20 Sancho, que auia estado muy atento a la narracion del primo, le dixo: “Digame, señor, assi Dios le de buena manderecha en la impression de sus libros, ¿sabriame dezir, que si sabra, pues todo lo sabe, 25 quién fue el primero que se rascó en la cabeça?; que yo para mi tengo que deuio de ser nuestro padre Adan.” “Si seria”, respondio el primo, “porque Adan no ay duda sino que tuuo cabeça y 30 cabellos, y siendo esto assi, y siendo el primer hombre del mundo, alguna vez se rascaria.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280 “Assi lo creo yo”, respondio Sancho; “pero digame aora: ¿quién fue el primer bolteador del mundo?” “En verdad, hermano”, respondio el primo, “que no me sabre determinar por aora, hasta 5 que lo estudie; yo lo estudiaré en boluiendo adonde tengo mis libros, y yo os satisfare quando otra vez nos veamos; que no ha de ser esta la postrera.” “Pues mire, señor”, replicó Sancho, “no tome 10 trabajo en esto, que aora he caydo en la cuenta de lo que le he preguntado; sepa que el primer bolteador del mundo fue Lucifer, quando le echaron o arrojaron del cielo, que vino bolteando hasta los abismos.” 15 “Tienes razon, amigo”, dixo el primo. Y dixo don Quixote: “Essa pregunta y respuesta no es tuya, Sancho; a alguno las has oydo dezir.” “Calle, señor”, replicó Sancho, “que a buena 20 fe que si me doy a preguntar y a responder, que no acabe de aqui a mañana. Si, que (*) para preguntar necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda de vezinos.” 25 “Mas has dicho, Sancho, de lo que sabes”, dixo don Quixote; “que ay algunos que se cansan en saber y aueriguar cosas que despues de sabidas y aueriguadas no importan vn ardite al entendimiento ni a la memoria.” 30 En estas y otras gustosas platicas se les passó aquel dia, y a la noche se aluergaron en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 281 vna pequeña aldea, adonde el primo dixo a don Quixote que desde alli a la cueua de Montesinos (*) no auia mas de dos leguas, y que si lleuaua determinado de entrar en ella, era menester prou[e]erse de sogas para atarse 5 y descolgarse en su profundidad. Don Quixote dixo que aunque llegasse al abismo, auia de ver donde paraua, y, assi, compraron casi cien braças de soga, y otro dia, a las dos de la tarde, llegaron a la cueua, cuya 10 boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahigos, de çarças y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren. En viendola, se apearon el primo, Sancho y don Quixote, al qual los 15 dos le ataron luego fortissimamente con las sogas; y en tanto que le faxauan y ceñian, le dixo Sancho: “Mire vuessa merced, señor mio, lo que haze, no se quiera sepultar en vida, ni se 20 ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algun pozo. Si que a vuessa merced no le toca ni atañe ser el escudriñador desta que deue de ser peor que mazmorra.” “Ata y calla”, respondio don Quixote; “que 25 tal empresa como aquesta, Sancho amigo, para mi estaua guardada (*).” Y entonces dixo la guia: “Suplico a vuessa merced, señor don Quixote, que mire bien y especule con cien ojos lo 30 que ay alla dentro: quiça aura cosas que las ponga yo en el libro de mis Transformaciones.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282 “En manos está el pandero que le sabra bien tañer” (*), respondio Sancho Pança. Dicho esto, y acabada la ligadura de don Quixote, que no fue sobre el arnes, sino sobre el jubon de armar, dixo don Quixote: 5 “Inaduertidos hemos andado en no auernos proueydo de algun esquilon pequeño, que fuera atado junto a mi en esta mesma soga, con cuyo sonido se entendiera que todauia baxaua y estaua viuo; pero pues ya no es possible, a 10 la mano de Dios, que me guie.” Y luego se hincó de rodillas y hizo vna oracion en voz baxa al cielo, pidiendo a Dios le ayudasse y le diesse buen sucesso en aquella, al parecer, peligrosa y nueua auentura, y en 15 voz alta dixo luego: “¡O señora de mis acciones y mouimientos, clarissima y sin par Dulcinea del Toboso! Si es possible que lleguen a tus oydos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso amante, por 20 tu inaudita belleza te ruego las escuches; que no son otras que rogarte no me niegues tu fauor y amparo aora que tanto le he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el abismo que aqui se me representa, 25 solo porque conozca el mundo que si tu me fauoreces, no aura impossible a quien yo no acometa y acabe.” Y, en diziendo esto, se acercó a la sima, vio no ser possible descolgarse ni hazer lugar a la 30 entrada, si no era a fuerça de braços o a cuchilladas, y assi, poniendo mano a la espada,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 283 començo a derribar y a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueua estauan, por cuyo ruydo y estruendo salieron por ella vna infinidad de grandissimos cueruos y grajos, tan espesos y con tanta priesa, que dieron con 5 don Quixote en el suelo; y si el fuera tan agorero como catolico christiano, lo tuuiera a mala señal y escusara de encerra[r]se en lugar semejante. Finalmente, se leuantó, y viendo que no salian mas cueruos ni otras aues 10 noturnas, como fueron murcielagos, que assimismo entre los cueruos salieron, dandole soga el primo y Sancho (y) se (*) dexó calar al fondo de la caberna espantosa, y al entrar, echandole Sancho su bendicion y haziendo sobre el 15 mil cruces, dixo: “¡Dios te guie y la Peña de Francia, junto con la Trinidad de Gaeta (*), flor, nata y espuma de los caualleros andantes! ¡Alla vas, valenton del mundo, coraçon de azero, braços de bronze! 20 ¡Dios te guie, otra vez, y te buelua libre, sano y sin cautela a la luz desta vida que dexas por enterrarte en esta escuridad que buscas!” Casi las mismas plegarias y deprecaciones hizo el primo. 25 Yua don Quixote dando vozes que le diessen soga y mas soga, y ellos se la dauan poco a poco, y quando las vozes, que acanaladas por la cueua salian, dexaron de oyrse, ya ellos tenian descolgadas las cien braças de soga, y 30 fueron de parecer de boluer a subir a don Quixote, pues no le podian dar mas cuerda; con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284 todo esso, se detuuieron como media hora, al cabo del qual espacio boluieron a recoger la soga con mucha facilidad y sin peso alguno, señal que les hizo imaginar que don Quixote se quedaua dentro, y, creyendolo assi Sancho, 5 lloraua amargamente y tiraua con mucha priesa por desengañarse; pero llegando, a su parecer, a poco mas de las ochenta braças, sintieron peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente, a las diez, vieron distintamente a don 10 Quixote, a quien dio vozes Sancho, diziendole: “Sea vuessa merced muy bien buelto, señor mio, que ya pensauamos que se quedaua alla para casta.” Pero no respondia palabra don Quixote, y, 15 sacandole del todo, vieron que traia cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendieronle en el suelo y desliaronle, y con todo esto, no despertaua. Pero tanto le boluieron y reboluieron, sacudieron y menearon, que al 20 cabo de vn buen espacio boluio en si, desperezandose, bien como si de algun graue y profundo sueño despertara, y, mirando a vna y otra parte como espantado, dixo: “Dios os lo perdone, amigos, que me aueis 25 quitado de la mas sabrosa y agradable vida y vista que ningun humano ha visto ni passado. En efecto: aora acabo de conocer que todos los contentos desta vida passan como sombra y sueño, o se marchitan como la flor del campo. 30 ¡O desdichado Montesinos; o mal ferido Durandarte; o sin ventura Belerma; o lloroso
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 285 Guadiana, y vosotras sin dicha hijas de Ruidera, que mostrays en vuestras aguas las que lloraron vuestros hermosos ojos!” Con [atencion es]cuchauan (*) el primo y Sancho las palabras de don Quixote, que las dezia 5 como si con dolor inmenso las sacara de las entrañas. Suplicaronle les diesse a entender lo que dezia, y les dixesse lo que en aquel infierno auia visto. “¿Infierno le llamais?”, dixo don Quixote; 10 “pues no le llameis ansi, porque no lo merece, como luego vereis.” Pidio que le diessen algo de comer, que traia grandissima hambre; tendieron la harpillera del primo sobre la verde yerua, acudieron a la 15 despensa de sus alforjas, y, sentados todos tres en buen amor y compaña, merendaron y cenaron todo junto. Leuantada la harpillera, dixo don Quixote de la Mancha: “No se leuante nadie y estadme, hijos, todos 20 atentos (*).”
p. 286 Capitulo XXIII De las admirables cosas que el estremado don Quixote conto que auia visto en la profunda cueua de Montesinos, cuya impossibilidad y grandeza haze que se tenga esta auentura 5 por apocrifa. Las quatro de la tarde serian, quando el sol entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos, dio lugar a don Quixote para que sin calor y pesadumbre contasse a sus dos 10 clarissimos oyentes lo que en la cueua de Montesinos auia visto, y començo en el modo siguiente: “A obra de doze o catorze estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, 15 se haze vna concauidad y espacio capaz de poder caber en ella vn gran carro con sus mulas; entrale vna pequeña luz por vnos resquizios o agujeros, que lexos le responden, abiertos (*) en la superficie de la tierra; esta 20 concauidad y espacio vi yo a tiempo, quando ya yua cansado y mohino de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura region abaxo, sin lleuar cierto ni determinado camino, y, assi, determiné entrarme en 25 ella y descansar vn poco; di vozes pidiendoos que no descolgassedes mas soga hasta que yo os lo dixesse, pero no deuistes de oyrme; fuy recogiendo la soga que embiauades, y, haziendo della vna rosca o rimero, me sente sobre el, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII 287 p. 287 pensatiuo a demas, considerando lo que hazer deuia para calar al fondo, no teniendo quien me sustentasse; y estando en este pensamiento y confusion, de repente, y sin procurarlo, me salteó vn sueño profundissimo, y quando 5 menos lo pensaua, sin saber cómo ni cómo no, desperte del y me hallé en la mitad del mas bello, ameno y deleytoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar la mas discreta imaginacion humana. Despauilé los ojos, 10 limpiemelos y vi que no dormia, sino que realmente estaua despierto; con todo esto me tente la cabeça y los pechos, por certificarme si era yo mismo el que alli estaua, o alguna fantasma vana y contrahecha; pero el tacto, el sentimiento, 15 los discursos concertados, que entre mi hazia, me certificaron que yo era alli entonces el que soy aqui aora. ”Ofrecioseme luego a la vista vn real y suntuoso palacio o alcaçar, cuyos muros y paredes 20 parecian de transparente y claro cristal fabricados, del qual abriendose dos grandes puertas, vi que por ellas salia y hazia mi se venia vn venerable anciano, vestido con vn capuz de bayeta morada, que por el suelo le arrastraua; 25 ceñiale los ombros y los pechos vna beca de colegial de raso verde, cubriale la cabeça vna gorra milanesa negra (*), y la barba, canissima, le passaua de la cintura; no traia arma ninguna, sino vn rosario de cuentas en la mano, 30 mayores que medianas nuezes, y los diezes assimismo como hueuos medianos de auestruz; el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288 continente, el paso, la grauedad y la anchissima presencia, cada cosa de por si y todas juntas, me suspendieron y admiraron. Llegose a mi, y lo primero que hizo fue abraçarme estrechamente y luego dezirme: «Luengos tiempos ha, 5 »valeroso cauallero don Quixote de la Mancha, »que los que estamos en estas soledades »encantados esperamos verte, para que des »noticia al mundo de lo que encierra y cubre »la profunda cueua por donde has entrado, 10 »llamada la cueua de Montesinos; hazaña solo »guardada para ser acometida de tu inuencible »coraçon y de tu animo stupendo. Ven conmigo, »señor clarissimo, que te quiero mostrar »las marauillas que este transparente alcaçar 15 »solapa, de quien yo soy alcayde y (*) guarda »mayor perpetua, porque soy el mismo »Montesinos, de quien la cueua toma nombre.» ”Apenas me dixo que era Montesinos, quando le pregunté si fue verdad lo que en el mundo 20 de acarriba (*) se contaua, que el auia sacado de la mitad del pecho, con vna pequeña daga, el coraçon de su grande amigo Durandarte y lleuadole (*) a la señora Belerma, como el se lo mandó al punto de su muerte (*). 25 ”Respondiome que en todo dezian verdad, sino en la daga; porque no fue daga, ni pequeña, sino vn puñal buydo (*), mas agudo que vna lezna.” “Deuia de ser”, dixo a este punto Sancho, “el 30 tal puñal de Ramon de Hozes el seuillano.” “No se”, prosiguio don Quixote, “pero no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 289 seria desse puñalero, porque Ramon de Hozes fue ayer, y lo de Roncesualles, donde acontecio esta desgracia, ha muchos años, y esta aueriguacion no es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la historia.” 5 “Assi es”, respondio el primo; “prosiga vuessa merced, señor don Quixote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.” “No con menor lo cuento yo”, respondio don Quixote; “y assi digo, que el venerable Montesinos 10 me metio en el cristalino palacio, donde en vna sala baxa fresquissima sobremodo y toda de alabastro, estaua vn sepulcro de marmol con gran maestria fabricado, sobre el qual vi a vn cauallero tendido de largo a largo, no 15 de bronze, ni de marmol, ni de jaspe hecho, como los suele auer en otros sepulcros, sino de pura carne y de puros huesos. Tenia la mano derecha, que, a mi parecer, es algo peluda y neruosa, señal de tener muchas fuerças su 20 dueño, puesta sobre el lado del coraçon; y antes que preguntasse nada a Montesinos, viendome suspenso mirando al del sepulcro, me dixo: «Este es mi amigo Durandarte, flor y espejo »de los caualleros enamorados y valientes de su 25 »tiempo; tienele aqui encantado, como me tiene »a mi y a otros muchos y muchas, Merlin, aquel »frances encantador, que dizen que fue hijo del »diablo; y lo que yo creo es que no fue hijo del »diablo, sino que supo, como dizen, vn punto 30 »mas que el diablo. El cómo o para qué nos »encantó nadie lo sabe, y ello dira andando los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290 »tiempos, que no estan muy lexos, segun imagino; »lo que a mi me admira es que se, tan cierto »como aora es de dia, que Durandarte acabó »los de su vida en mis braços, y que despues »de muerto le saqué el coraçon con mis propias 5 »manos (*), y en verdad que deuia de pesar »dos libras, porque segun los naturales, el que »tiene mayor coraçon es dotado de mayor valentia »del que le tiene pequeño (*); pues siendo »esto assi, y que realmente murio este cauallero, 10 »¿cómo aora se quexa y sospira de quando en »quando, como si estuuiesse viuo?» ”Esto dicho, el misero Durandarte, dando vna gran voz, dixo: «¡O mi primo Montesinos!, 15 lo postrero que os rogaua, que quando yo fuere muerto y mi anima arrancada, que lleueis mi coraçon adonde Belerma estaua, 20 sacandomele del pecho, ya con puñal, ya con daga.» ”Oyendo lo qual el venerable Montesinos, se puso de rodillas ante el lastimado cauallero, y con lagrimas en los ojos le dixo: 25 «Ya señor Durandarte, carissimo primo mio, »ya hize lo que me mandastes en el azyago dia »de nuestra perdida; yo os saqué el coraçon lo »mejor que pude, sin que os dexasse vna »minima parte en el pecho; yo le limpié con vn 30 »pañizuelo de puntas, yo parti con el de carrera »para Francia, auiendoos primero puesto en el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 291 »seno de la tierra, con tantas lagrimas, que »fueron bastantes a lauarme las manos y limpiarme »con ellas la sangre que tenian de aueros andado »en las entrañas; y por mas señas, primo de »mi alma, en el primero lugar que topé saliendo 5 »de Roncesualles, eché vn poco de sal en vuestro »coraçon, porque no oliesse mal y fuesse, si »no fresco, a lo menos, amojamado a la presencia »de la señora Belerma, la qual (*), con vos »y conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, 10 »y con la dueña Ruydera y sus siete hijas y dos »sobrinas, y con otros muchos de vuestros »conocidos y amigos, nos tiene aqui encantados »el sabio Merlin ha muchos años; y aunque »passan de quinientos, no se ha muerto ninguno 15 »de nosotros; solamente faltan Ruydera y sus »hijas y sobrinas, las quales llorando, por »compassion que deuio de tener Merlin dellas, las »conuirtio en otras tantas lagunas, que aora en »el mundo de los viuos y en la prouincia de la 20 »Mancha las llaman (*) las lagunas de Ruydera; »las siete son de los reyes de España, y las dos »sobrinas, de los caualleros de vna Orden »santissima que llaman de San Iuan (*). Guadiana, »vuestro escudero, plañendo assimesmo vuestra 25 »desgracia, fue conuertido en vn rio llamado »de su mesmo nombre, el qual quando llegó a la »superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, »fue tanto el pesar que sintio de ver que os »dexaua, que se sumergio en las entrañas de la 30 »tierra; pero como no es possible dexar de acudir »a su natural corriente, de quando en quando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292 »sale y se muestra donde el sol y las gentes le »vean; vanle administrando de sus aguas las »referidas lagunas, con las quales y con otras »muchas que se llegan, entra pomposo y grande »en Portugal. Pero con todo esto, por donde 5 »quiera que va, muestra su tristeza y melancolia »y no se precia de criar en sus aguas pezes »regalados y de estima, sino burdos y dessabridos, »bien diferentes de los del Tajo dorado »(*); y esto que agora os digo, ¡o primo mio!, 10 »os lo he dicho muchas vezes, y como no me »respondeis, imagino que no me days credito, »o no me oys, de lo que yo recibo tanta pena »qual Dios lo sabe. »Vnas nueuas os quiero dar aora, las quales, 15 »ya que no siruan de aliuio a vuestro dolor, no »os le aumentarán en ninguna manera. Sabed »que teneis aqui en vuestra presencia, y abrid »los ojos y vereislo, aquel gran cauallero de »quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio 20 »Merlin, aquel don Quixote de la Mancha, digo, »que de nueuo y con mayores ventajas que en »los passados siglos ha resucitado en los »presentes la ya oluidada andante caualleria, por »cuyo medio y fauor podria ser que nosotros 25 »fuessemos desencantados: que las grandes »hazañas para los grandes hombres estan »guardadas.» «Y quando assi no sea», respondio el lastimado Durandarte con voz desmayada y baxa, 30 «quando assi no sea, ¡o primo!, digo, paciencia »y barajar.» Y, boluiendose de lado, tornó a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 293 su acostumbrado silencio, sin hablar mas palabra. ”Oyeronse en esto grandes alaridos y llantos, acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos; bolui la cabeça y vi por las 5 paredes de cristal que por otra sala passaua vna procession de dos hileras de hermosissimas donzellas, todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabeças, al modo turquesco; al cabo y fin de las hileras venia vna 10 señora, que en la grauedad lo parecia, assimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas, que besauan la tierra. Su turbante era mayor dos vezes que el mayor de alguna de las otras; era cexijunta y la nariz 15 algo chata, la boca grande, pero colorados los labios; los dientes, que tal vez los descubria, mostrauan ser ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como vnas peladas almendras; traia en las manos vn lienço delgado, y entre 20 el, a lo que pude diuisar, vn coraçon de carne momia, segun venia seco y amojamado; dixome Montesinos como toda aquella gente de la procession eran siruientes de Durandarte y de Belerma, que alli con sus dos señores estauan 25 encantados, y que la vltima que traia el coraçon entre el lienço y en las manos era la señora Belerma, la qual, con sus donzellas, quatro dias en la semana hazian aquella procession y cantauan, o, por mejor dezir, llorauan 30 endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado coraçon de su primo; y que si me auia parecido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294 algo fea, o no tan hermosa como tenia la fama, era la causa las malas noches y peores dias que en aquel encantamento passaua, como lo podia ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza. 5 «Y no toma (*) ocasion su amarillez y sus »ojeras de estar con el mal mensil, ordinario en »las mugeres, porque ha muchos meses, y aun »años, que no le tiene, ni assoma por sus »puertas, sino del dolor que siente su coraçon por 10 »el que de contino tiene en las manos, que le »renueua y trae a la memoria la desgracia de »su mal logrado amante; que si esto no fuera, »apenas la ygualara en hermosura, donayre »y brio la gran Dulcinea del Toboso, tan 15 »celebrada en todos estos contornos y aun en todo »el mundo.» «Cepos quedos», dixe yo entonces, «señor don »Montesinos: cuente vuessa merced su historia »como deue, que ya sabe que toda comparacion 20 »es odiosa, y, assi, no ay para qué comparar »a nadie con nadie; la sin par Dulcinea »del Toboso es quien es, y la señora doña »Belerma es quien es y quien ha sido, y quedese »aqui.» 25 ”A lo que el me respondio: «Señor don Quixote, perdoneme vuessa »merced, que yo confiesso que anduue mal y »no dixe bien en dezir que apenas ygualara la »señora Dulcinea a la señora Belerma, pues me 30 »bastaua a mi auer entendido por no se qué »barruntos que vuessa merced es su cauallero,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 295 »para que me mordiera la lengua antes de »compararla sino con el mismo cielo.» ”Con esta satisfacion que me dio el gran Montesinos, se quietó mi coraçon del sobresalto que recebi en oyr que a mi señora la 5 comparauan con Belerma.” “Y aun me marauillo yo”, dixo Sancho, “de como vuessa merced no se subio sobre el vejote, y le molio a cozes todos los huessos y le peló las barbas, sin dexarle pelo en ellas.” 10 “No, Sancho amigo”, respondio don Quixote; “no me estaua a mi bien hazer esso, porque estamos todos obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caualleros, y principalmente a los que lo son y estan encantados; 15 yo se bien que no nos quedamos a deuer nada en otras muchas demandas y respuestas que entre los dos passamos.” A esta sazon dixo el primo: “Yo no se, señor don Quixote, cómo vuessa 20 merced en tan poco espacio de tiempo como ha que está alla baxo (*), aya visto tantas cosas y hablado y respondido tanto.” “¿Quánto ha que baxé?”, preguntó don Quixote. 25 “Poco mas de vna hora”, respondio Sancho. “Esso no puede ser”, replicó don Quixote, “porque alla me anochecio y amanecio, y tornó a anochecer y amanecer tres vezes; de modo que, a mi cuenta, tres dias he estado en 30 aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296 “Verdad deue de dezir mi señor”, dixo Sancho; “que como todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quiça lo que a nosotros nos parece vn hora, deue de parecer alla tres dias con sus noches.” 5 “Assi sera”, respondio don Quixote. “Y ¿ha comido vuessa merced en todo este tiempo, señor mio?”, preguntó el primo. “No me he desayunado de bocado”, respondio don Quixote, “ni aun he tenido hambre, ni 10 por pensamiento.” “Y ¿los encantados comen?”, dixo el primo. “No comen”, respondio don Quixote, “ni tienen escrementos mayores, aunque es opinion que les crecen las vñas, las barbas y los 15 cabellos.” “¿Y duermen por ventura los encantados, señor?”, preguntó Sancho. “No, por cierto”, respondio don Quixote; “a lo menos, en estos tres dias que yo he estado 20 con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo tampoco.” “Aqui encaxa bien el refran”, dixo Sancho, “de dime con quién andas, dezirte he quién eres; andase vuessa merced con encantados, 25 ayunos y vigilantes, mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduuiere; pero perdoneme vuessa merced, señor mio, si le digo que de todo quanto aqui ha dicho, lleueme Dios, que yua a dezir el diablo, si le 30 creo cosa alguna.” “¿Cómo no?”, dixo el primo, “Pues ¿auia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 297 mentir el señor don Quixote, que, aunque quisiera, no ha tenido lugar para componer e imaginar tanto millon de mentiras?” “Yo no creo que mi señor miente”, respondio Sancho. 5 “Si no ¿qué crees?”, le preguntó don Quixote. “Creo”, respondio Sancho, “que aquel Merlin o aquellos encantadores que encantaron a toda la chusma que vuessa merced dize que ha visto y comunicado alla baxo, le encaxaron 10 en el magin o la memoria toda essa maquina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le queda.” “Todo esso pudiera ser, Sancho”, replicó don Quixote; “pero no es assi, porque lo que he 15 contado lo vi por mis propios ojos y lo toqué con mis mismas manos; pero ¿qué diras quando te diga yo aora como entre otras infinitas cosas y marauillas que me mostro Montesinos, las quales despacio y a sus tiempos te las yre 20 contando en el discurso de nuestro viage, por no ser todas deste lugar, me mostro tres labradoras que por aquellos amenissimos campos yuan saltando y brincando como cabras, y apenas las huue visto, quando conoci ser la 25 vna la sin par Dulcinea del Toboso, y las otras dos aquellas mismas labradoras que venian con ella, que hablamos a la salida del Toboso? Pregunté a Montesinos si las conocia; respondiome que no, pero que el imaginaua que 30 deuian de ser algunas señoras principales encantadas, que pocos dias auia que en aquellos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 298 prados auian parecido, y que no me marauillasse desto, porque alli estauan otras muchas señoras de los passados y presentes siglos, encantadas en diferentes y estrañas figuras, entre las quales conocia el a la reyna Ginebra y su 5 dueña Quintañona, escanciando el vino a Lançarote quando de Bretaña vino (*).” Quando Sancho Pança oyo dezir esto a su amo, penso perder el juyzio o morirse de risa; que como el sabia la verdad del fingido 10 encanto de Dulcinea, de quien el auia sido el encantador y el leuantador de tal testimonio, acabó de conocer indubitablemente que su señor estaua fuera de juyzio y loco de todo punto, y, assi, le dixo: 15 “En mala coyuntura y en peor sazon y en aziago dia baxó vuessa merced, caro patron mio, al otro mundo, y en mal punto se encontro con el señor Montesinos, que tal nos le ha buelto. Bien se estaua vuessa merced acarriba 20 con su entero juyzio, tal qual Dios se le auia dado, hablando sentencias y dando consejos a cada paso, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse.” “Como te conozco, Sancho”, respondio don 25 Quixote, “no hago caso de tus palabras.” “Ni yo tampoco de las de vuessa merced”, replicó Sancho, “siquiera me hiera, siquiera me mate por las que le he dicho o por las que le pienso dezir si en las suyas no se corrige y 30 enmienda. Pero digame vuessa merced, aora que estamos en paz: ¿cómo o en qué conocio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 299 a la señora nuestra ama? Y si la habló, ¿qué dixo y qué le respondio?” “Conocila”, respondio don Quixote, “en que trae los mesmos vestidos que traia quando tu me la (*) mostraste; hablela, pero no me respondio 5 palabra, antes me boluio las espaldas, y se fue huyendo con tanta priessa, que no la alcançara vna xara; quise seguirla, y lo hiziera si no me aconsejara Montesinos que no me cansasse en ello, porque seria en balde, y mas, porque 10 se llegaua la hora donde me conuenia boluer a salir de la sima. Dixome assimesmo que andando el tiempo se me daria auiso cómo auian de ser desencantados el y Belerma y Durandarte, con todos los que alli estauan; 15 pero lo que mas pena me dio de las que alli vi y noté, fue que estandome diziendo Montesinos estas razones, se llegó a mi por vn lado, sin que yo la viesse venir, vna de las dos compañeras de la sin ventura Dulcinea, y llenos 20 los ojos de lagrimas, con turbada y baxa voz me dixo: «Mi señora Dulcinea del Toboso besa »a vuessa merced las manos, y suplica a »vuessa merced se la haga de hazerla saber cómo »está; y que, por estar en vna gran necessidad 25 »assimismo suplica a vuessa merced, quan »encarecidamente puede, sea seruido de prestarle »sobre este faldellin que aqui traygo, de »cotonia, nueuo, media dozena de reales, o los »que vuessa merced tuuiere; que ella da su 30 »palabra de boluerselos con mucha breuedad.» ”Suspendiome y admirome el tal recado, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300 boluiendome al señor Montesinos, le pregunté: »¿Es possible, señor Montesinos, que los »encantados principales padecen necessidad?» A lo que el me respondio: «Creame vuessa merced, »señor don Quixote de la Mancha, que esta 5 »que llaman necessidad adonde quiera se vsa, »y por todo se estiende y a todos alcança, y aun »hasta los (*) encantados no perdona; y pues »la señora Dulcinea del Toboso embia a pedir »essos seis reales y la prenda es buena, segun 10 »parece, no ay sino darselos; que sin duda »deue de estar puesta en algun grande aprieto.» «Prenda, no la tomaré yo», le respondi, «ni menos le dare lo que pide, porque no tengo »sino solos quatro reales.» Los quales le di, 15 que fueron los que tu, Sancho, me diste el otro dia para dar limosna a los pobres que topasse por los caminos, y le dixe: «Dezid, amiga mia, »a vuessa señora, que a mi me pesa en el alma »de sus trabajos, y que quisiera ser vn Fucar (*) 20 »para remediarlos; y que le hago saber que yo »no puedo ni deuo tener salud, careciendo de »su agradable vista y discreta conuersacion, y »que le suplico quan encarecidamente puedo, »sea seruida su merced de dexarse ver y tratar 25 »deste su cautiuo seruidor y assendereado »cauallero. Direisle tambien que quando menos »se lo piense oyra dezir como yo he hecho vn »juramento y voto, a modo de aquel que hizo »el marques de Mantua, de vengar a su sobrino 30 »Baldouinos quando le halló para espirar en »mitad de la montiña (*), que fue de no comer
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 301 »pan a manteles, con las otras zarandajas que »alli añadio, hasta vengarle; y assi le hare yo »de no sossegar y de andar las siete partidas »del mundo, con mas puntualidad que las »anduuo el infante don Pedro de Portugal (*), 5 »hasta desencantarla.» «Todo esso y mas deue »vuessa merced a mi señora», me respondio la donzella; y tomando los quatro reales, en lugar de hazerme vna reuerencia, hizo vna cabriola, que se leuantó dos varas de medir 10 en el ayre.” “¡O santo Dios!”, dixo a este tiempo dando vna gran voz Sancho, “¿es possible que tal ay (*) en el mundo y que tengan en el tanta fuerça los encantadores y encantamentos, que 15 ayan trocado el buen juyzio de mi señor en vna tan disparatada locura? ¡O señor, señor!; por quien Dios es, que vuessa merced mire por si y buelua por su honra, y no de credito a essas vaciedades que le tienen menguado y 20 descabalado el sentido.” “Como me quieres bien, Sancho, hablas dessa manera”, dixo don Quixote, “y como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad 25 te parecen impossibles; pero andara el tiempo, como otra vez he dicho, y yo te contaré algunas de las que alla abaxo he visto, que te haran creer las que aqui he contado, cuya verdad ni admite replica ni disputa.” 30
p. 302 Capitulo XXIV Donde se cuentan mil çarandajas tan impertinentes como necessarias al verdadero entendimiento desta grande historia. Dize el que traduxo esta grande historia del 5 original, de la que escriuio su primer autor Cide Hamete Benengeli, que llegando al capitulo de la auentura de la cueua de Montesinos, en el margen del estauan escritas de mano del mesmo Hamete estas mismas razones: 10 “No me puedo dar a entender, ni me puedo persuadir, que al valeroso don Quixote le passasse puntualmente todo lo que en el antecedente capitulo queda escrito; la razon es que todas las auenturas hasta aqui sucedidas 15 han sido contingibles y verisimiles; pero esta desta cueua (*) no le hallo entrada alguna para tenerla por verdadera, por yr tan fuera de los terminos razonables; pues pensar yo que don Quixote mintiesse, siendo el mas verdadero 20 hidalgo y el mas noble cauallero de sus tiempos, no es possible; que no dixera el vna mentira si le assaetearan. Por otra parte, considero que el la conto y la dixo con todas las circunstancias dichas, y que no pudo fabricar en tan 25 breue espacio tan gran maquina de disparates, y si esta auentura parece apocrifa, yo no tengo la culpa, y assi, sin afirmarla por falsa o verdadera la escriuo. Tu, letor, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no deuo ni 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 303 puedo mas, puesto que se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte dizen que se retrató della y dixo que el la auia inuentado, por parecerle que conuenia y quadraua bien con las auenturas que auia leydo en sus 5 historias.” Y luego prosigue diziendo: Espantose el primo, assi del atreuimiento de Sancho Pança como de la paciencia de su amo, y juzgó que del contento que tenia de auer 10 visto a su señora Dulcinea del Toboso, aunque encantada, le nacia aquella condicion blanda que entonces mostraua, porque si assi no fuera, palabras y razones le dixo Sancho, que merecian molerle a palos; porque realmente le 15 parecio que auia andado atreuidillo con su señor, a quien le dixo: “Yo, señor don Quixote de la Mancha, doy por bien empleadissima la jornada que con vuessa merced he hecho, porque en ella he 20 grangeado quatro cosas. La primera, auer conocido a vuessa merced, que lo tengo a gran felicidad. La segunda, auer sabido lo que se encierra en esta cueua de Montesinos, con las mutaciones de Guadiana y de las lagunas de 25 Ruidera, que me seruiran para el Ouidio español que traygo entre manos. La tercera, entender la antiguedad de los naypes (*), que, por lo menos, ya se vsauan en tiempo del emperador Carlo Magno, segun puede colegirse de las 30 palabras que vuessa merced dize que dixo Durandarte, quando al cabo de aquel grande
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304 espacio que estuuo hablando con el Montesinos, el desperto, diziendo: «Paciencia y barajar», y esta razon y modo de hablar no la pudo aprender encantado, sino quando no lo estaua, en Francia y en tiempo del referido emperador 5 Carlo Magno, y esta aueriguacion me viene pintiparada para el otro libro que voy componiendo, que es Suplemento de Virgilio Polidoro, en la inuencion de las antiguedades, y creo que en el suyo no se acordo de poner la de los 10 naypes, como la pondre yo aora; que sera de mucha importancia, y mas, alegando autor tan graue y tan verdadero como es el señor Durandarte. La quarta es auer sabido con certidumbre el nacimiento del rio Guadiana, hasta 15 aora ignorado de las gentes.” “Vuessa merced tiene razon”, dixo don Quixote; “pero querria yo saber, ya que Dios le haga merced de que se le de licencia para imprimir essos sus libros, que lo dudo, ¿a quién 20 piensa dirigirlos?” “Señores y grandes ay en España a quien puedan dirigirse”, dixo el primo. “No muchos”, respondio don Quixote, “y no porque no lo merezcan, sino que no quieren 25 admitirlos por no obligarse a la satisfacion que parece se deue al trabajo y cortesia de sus autores. Vn principe conozco yo que puede suplir la falta de los demas con tantas ventajas, que si me atreuiere (*) a dezirlas, quiça 30 despertará la inuidia en mas de quatro generosos pechos; pero quedese esto aqui para otro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 305 tiempo mas comodo, y vamos a buscar adonde recogernos esta noche.” “No lexos de aqui”, respondio el primo, “está vna hermita donde haze su habitacion vn hermitaño, que dizen ha sido soldado, y 5 está en opinion de ser vn buen christiano, y muy discreto y caritatiuo ademas. Iunto con la hermita tiene vna pequeña casa que el ha labrado a su costa, pero, con todo, aunque chica, es capaz de recibir huespedes.” 10 “¿Tiene, por ventura, gallinas el tal hermitaño?”, preguntó Sancho. “Pocos hermitaños estan sin ellas”, respondio don Quixote, “porque no son los que agora se vsan como aquellos de los desiertos de 15 Egypto, que se vestian de hojas de palma y comian rayzes de la tierra. Y no se entienda que por dezir bien de aquellos, no lo digo de aquestos, sino que quiero dezir que al rigor y estrecheza de entonces no llegan las penitencias 20 de los de agora; pero no por esto dexan de ser todos buenos, a lo menos, yo por buenos los juzgo, y quando todo corra turbio, menos mal haze el hipocrita que se finge bueno que el publico pecador.” 25 Estando en esto, vieron que hazia donde ellos estauan venia vn hombre a pie, caminando a priesa y dando varazos a vn macho que venia cargado de lanças y de alabardas; quando llegó a ellos, los saludó y passó de 30 largo; don Quixote le dixo: “Buen hombre; deten[e]os, que parece que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306 vays con mas diligencia que esse macho ha menester.” “No me puedo detener, señor”, respondio el hombre, “porque las armas que veys que aqui lleuo han de seruir mañana, y, assi, me es forçoso 5 el no detenerme, y a Dios; pero si quisieredes saber para qué las lleuo, en la venta que está mas arriba de la hermita pienso alojar esta noche, y si es que hazeis este mesmo camino, alli me hallareys, donde os contaré 10 marauillas, y a Dios otra vez.” Y de tal manera aguijó el macho, que no tuuo lugar don Quixote de preguntarle qué marauillas eran las que pensaua dezirles, y como el era algo curioso y siempre le 15 fatigauan desseos de saber cosas nueuas, ordenó que al momento se partiessen y fuessen a passar la noche en la venta, sin tocar en la hermita, donde quisiera el primo que se quedaran. 20 Hizose assi, subieron a cauallo y siguieron todos tres el derecho camino de la venta --a la qual llegaron vn poco antes de anochezer--. Dixo el primo a don Quixote que llegassen a ella (*) a beuer vn trago. Apenas oyo esto 25 Sancho Pança, quando encaminó el ruzio a la hermita, y lo mismo hizieron don Quixote y el primo; pero la mala suerte de Sancho parece que ordenó que el hermitaño no estuuiesse en casa, que assi se lo dixo vna sotahermitaño que en 30 la hermita hallaron; pidieronle de lo caro, respondio que su señor no lo tenia, pero que si
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 307 querian agua barata, que se la daria de muy buena gana. “Si yo la tuuiera de agua”, respondio Sancho, “pozos ay en el camino, donde la huuiera satisfecho. ¡A, bodas de Camacho y abundancia 5 de la casa de don Diego, y quántas vezes os tengo de echar menos!” Con esto dexaron la hermita y picaron hazia la venta, y a poco trecho toparon vn mancebito que delante dellos yua caminando no con 10 mucha priesa, y assi le alcançaron; lleuaua la espada sobre el ombro y en ella puesto vn bulto o emboltorio, al parecer, de sus vestidos, que, al parecer, deuian de ser los calçones o greguescos, y herreruelo, y alguna camisa, porque traia 15 puesta vna ropilla de terciopelo, con algunas vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las medias eran de seda y los çapatos quadrados, a vso de Corte; la edad llegaria a diez y ocho o diez y nueue años, alegre de rostro y, al 20 parecer, agil de su persona; yua cantando seguidillas para entretener el trabajo del camino; quando llegaron a el, acabaua de cantar vna, que el primo tomó de memoria, que dizen que dezia: 25 “A la guerra me lleua mi necessidad. Si tuuiera dineros, no fuera, en verdad.” El primero que le habló fue don Quixote, diziendole: “Muy a la ligera camina vuessa merced, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308 señor galan, y ¿adónde bueno?; sepamos, si es que gusta dezirlo.” A lo que el moço respondio: “El caminar tan a la ligera lo causa el calor y la pobreza, y el adónde voy es a la guerra.” 5 “¿Cómo la pobreza?”, preguntó don Quixote; “que por el calor bien puede ser.” “Señor”, replicó el mancebo, “yo lleuo en este emboltorio vnos greguescos de terciopelo, compañeros desta ropilla; si los gasto en 10 el camino, no me podre honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con qué comprar otros; y, assi, por esto, como por orearme, voy desta manera hasta alcançar vnas compañias de infanteria, que no estan doze leguas de aqui, donde 15 assentaré mi plaça, y no faltarán bagajes en que caminar de alli adelante, hasta el embarcadero, que dizen ha de ser en Cartagena; y mas quiero tener por amo y por señor al rey y seruirle en la guerra, que no a vn pelon en la 20 corte.” “Y ¿lleua vuessa merced alguna ventaja por ventura?”, preguntó el primo. “Si yo huuiera seruido a algun grande de España o algun principal personage”, respondio 25 el moço, “a buen seguro que yo la lleuara, que esso tiene el seruir a los buenos; que del tinelo suelen salir a ser alferez (*) o capitanes, o con algun buen entretenimiento; pero yo, desuenturado, serui siempre a catariberas y a 30 gente aduenediza, de racion y quitacion tan misera y atenuada, que en pagar el almidonar vn cuello
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 309 se consumia la mitad della, y seria tenido a milagro que vn page auenturero alcançasse alguna siquiera razonable ventura.” “Y digame por su vida, amigo”, preguntó don Quixote, “¿es possible que en los años que 5 siruio no ha podido alcançar alguna librea?” “Dos me han dado”, respondio el page, “pero assi como el que (*) se sale de alguna religion antes de professar le quitan el habito y le bueluen sus vestidos, assi me boluian a mi los 10 mios mis amos, que, acabados los negocios a que venian a la corte, se boluian a sus casas y recogian las libreas que por sola ostentacion auian dado (*).” “Notable espilorcheria (*), como dize el 15 italiano”, dixo don Quixote; “pero con todo esso, tenga a felice ventura el auer salido de la corte con tan buena intencion como lleua, porque no ay otra cosa en la tierra mas honrada ni de mas prouecho que seruir a Dios, primeramente, 20 y luego a su rey y señor natural, especialmente en el exercicio de las armas, por las quales se alcançan, si no mas riquezas, a lo menos, mas honra que por las letras, como yo tengo dicho muchas vezes; que puesto que han fundado 25 mas mayorazgos las letras que las armas, todauia lleuan vn no se qué los de las armas a los de las letras, con vn si se qué de esplendor, que se halla en ellos, que los auentaja a todos. Y esto que aora le quiero dezir, lleuelo en la 30 memoria, que le sera de mucho prouecho y aliuio en su trabajos, y es que aparte la imaginacion
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310 de los sucessos aduersos que le podran venir; que el peor de todos es la muerte, y como esta sea buena, el mejor de todos es el morir. Preguntaronle a Iulio Cesar, aquel valeroso emperador romano, quál era la mejor muerte; 5 respondio que la impensada, la de repente y no preuista, y aunque respondio como gentil y ageno del conocimiento del verdadero Dios, con todo esso, dixo bien, para ahorrarse del sentimiento humano; que puesto caso que os maten 10 en la primera faccion y refriega, o ya de vn tiro de artilleria, o bolado de vna mina, ¿qué importa?, todo es morir y acabose la obra; y segun Terencio, mas bien parece el soldado muerto en la batalla que viuo y saluo en la huyda, y 15 tanto alcança de fama el buen soldado, quanto tiene de obediencia a sus capitanes y a los que mandarle pueden. Y aduertid, hijo, que al soldado mejor le está el oler a poluora que algalia, y que si la vejez os coge en este honroso exercicio, 20 aunque sea lleno de heridas y estropeado o coxo, a lo menos, no os podra coger sin honra, y tal, que no os la podra menoscabar la pobreza; quanto mas que ya se va dando orden como se entretengan y remedien los soldados viejos 25 y estropeados, porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen hazer los que ahorran y dan libertad a sus negros quando ya son viejos y no pueden seruir, y, echandolos de casa con titulo de libres, los hazen esclauos de la 30 hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte. Y por aora no os quiero dezir
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 311 mas, sino que subays a las ancas deste mi cauallo hasta la venta, y alli cenareys conmigo, y por la mañana seguireis el camino, que os le de Dios tan bueno como vuestros desseos merecen.” 5 El page no aceptó el convite de las ancas, aunque si el de cenar con el en la venta, y a esta sazon dizen que dixo Sancho entre si: “¡Valate Dios por señor! Y ¿es possible que hombre que sabe dezir tales, tantas y tan 10 buenas cosas como aqui ha dicho, diga que ha visto los disparates impossibles que cuenta de la cueua de Montesinos? Aora bien, ello dira.” Y en esto llegaron a la venta a tiempo que anochezia, y no sin gusto de Sancho, por ver 15 que su señor la juzgó por verdadera venta y no por castillo, como solia. No huuieron bien entrado, quando don Quixote preguntó al ventero por el hombre de las lanças y alabardas, el qual le respondio que en la caualleriza estaua 20 acomodando el macho; lo mismo hizieron de sus jumentos el sobrino (*) y Sancho, dando a Rozinante el mejor pesebre y el mejor lugar de la caualleriza.
p. 312 Capitulo XXV Donde se apunta la auentura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adiuinanças del mono adiuino. No se le cozia el pan a don Quixote, como 5 suele dezirse, hasta oyr y saber las marauillas prometidas del hombre condutor de las armas; fuele a buscar donde el ventero le auia dicho que estaua, y hallole, y dixole que en todo caso le dixesse luego lo que le auia de dezir 10 despues, acerca de lo que le auia preguntado en el camino. El hombre le respondio: “Mas despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis marauillas: dexeme vuessa merced, señor bueno, acabar de dar recado a 15 mi bestia, que yo le dire cosas que le admiren.” “No quede por esso”, respondio don Quixote; “que yo os ayudaré a todo.” Y assi lo hizo, aechandole la ceuada y limpiando el pesebre, humildad que obligó al 20 hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedia, y, sentandose en vn poyo y don Quixote junto a el, teniendo por senado y auditorio al primo, al page, a Sancho Pança y al ventero, començo a dezir desta manera: 25 “Sabran vuessas mercedes que en vn lugar que está quatro leguas y media desta venta, sucedio que a vn regidor del, por industria y engaño de vna muchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó vn asno, y aunque 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 313 el tal regidor hizo las diligencias possibles por hallarle, no fue possible. Quinze dias serian passados, segun es publica voz y fama, que el asno faltaua, quando, estando en la plaça el regidor perdidoso, otro regidor del mismo pueblo 5 le dixo: «Dadme albricias, compadre, que »vuestro jumento ha parecido.» «Yo os las mando »y buenas, compadre», respondio el otro; «pero »sepamos dónde ha parecido.» «En el monte», respondio el hallador, «le vi esta mañana, 10 »sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flaco »que era vna compassion miralle; quisele »antecoger delante de mi y traerosle, pero está »ya tan montaraz y tan vraño, que quando »llegué a el, se fue huyendo y se entró en 15 »lo mas escondido del monte; si quereis que »boluamos los dos a buscarle, dexadme poner »esta borrica en mi casa, que luego bueluo.» «Mucho plazer me hareis», dixo el del jumento, «e yo procuraré pagaroslo en la 20 »mesma moneda.» ”Con estas circunstancias todas y de la mesma manera que yo lo voy contando lo cuentan todos aquellos que estan enterados en la verdad deste caso; en resolucion, los dos 25 regidores, a pie y mano a mano, se fueron al monte, y llegando al lugar y sitio donde pensaron hallar el asno, no le hallaron, ni parecio por todos aquellos contornos, aunque mas le buscaron; viendo, pues, que no parecia, dixo el 30 regidor que le auia visto al otro: «Mirad, compadre, vna traça me ha venido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314 »al pensamiento, con la qual, sin duda alguna, »podremos descubrir este animal aunque esté »metido en las entrañas de la tierra, no que del »monte, y es que yo se rebuznar marauillosamente, »y si vos sabeis algun tanto, dad el 5 »hecho por concluydo.» «¿Algun tanto dezis, »compadre?», dixo el otro; «por Dios que no »de la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos »asnos.» «Aora lo veremos,» respondio el regidor segundo, «porque tengo determinado que 10 »os vais vos por vna parte del monte y yo por »otra, de modo que le rodeemos y andemos »todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos »y rebuznaré yo, y no podra ser menos sino »que el asno nos oya y nos responda, si es 15 »que está en el monte.» A lo que respondio el dueño del jumento: «Digo, compadre, que la »traça es excelente y digna de vuestro gran »ingenio.» ”Y, diuidiendose los dos, segun el acuerdo, 20 sucedio que casi a vn mesmo tiempo rebuznaron, y cada vno, engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse, pensando que ya el jumento auia parecido; y en viendose, dixo el perdidoso: «¿Es possible, compadre, que no fue mi 25 »asno el que rebuznó?» «No fue sino yo», respondio el otro. «Aora digo», dixo el dueño, «que de vos a vn asno, compadre, no ay alguna »diferencia, en quanto toca al rebuznar, »porque en mi vida he visto ni oido cosa mas 30 »propia.» «Essas alabanças y encarecimiento», respondio el de la traça, «mejor os atañen
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 315 »y tocan a vos que a mi, compadre; que por »el Dios que me crio que podeis dar dos »rebuznos de ventaja al mayor y mas perito »rebuznador del mundo; porque el sonido que »teneis es alto, lo sostenido de la voz, a su 5 »tiempo y compas, los dexos, muchos y »apresurados, y, en resolucion, yo me doy por »vencido y os rindo la palma y doy la vandera »desta rara habilidad.» «Aora digo», respondio el dueño, «que me tendre y estimaré en 10 »mas de aqui adelante y pensaré que se »alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que »puesto que pensara que rebuznaua bien, nunca »entendi que llegaua al estremo que dezis.» «Tambien dire yo aora», respondio el segundo, 15 »que ay raras habilidades perdidas en el »mundo y que son mal empleadas en aquellos que »no saben aprouecharse dellas.» «Las nuestras», respondio el dueño, «si no es en casos »semejantes como el que traemos entre manos, 20 »no nos pueden seruir en otros, y aun en este »plega a Dios que nos sean de prouecho.» ”Esto dicho, se tornaron a diuidir y a boluer a sus rebuznos, y a cada paso se engañauan y boluian a juntarse, hasta que se dieron por 25 contraseño que para entender que eran ellos y no el asno, rebuznassen dos vezes, vna tras otra; con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el monte sin que el perdido jumento respondiesse, ni aun por señas. Mas 30 ¿cómo auia de responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo mas escondido del
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316 bosque comido de lobos? Y, en viendole, dixo su dueño: «Ya me marauillaua yo de que el »no respondia, pues a no estar muerto, el »rebuznara si nos oyera, o no fuera asno; pero a »trueco de aueros oydo rebuznar con tanta 5 »gracia, compadre, doy por bien empleado el »trabajo que he tenido en buscarle, aunque le he »hallado muerto.» «En buena mano está, »compadre», respondio el otro, «pues si bien canta »el abad, no le va en zaga el monazillo.» 10 ”Con esto, desconsolados y roncos, se boluieron a su aldea, adonde contaron a sus amigos, vezinos y conocidos quanto les auia acontecido en la busca del asno, exagerando el vno la gracia del otro en el rebuznar, todo 15 lo qual se supo y se estendio por los lugares circunuezinos. Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar renzillas y discordia por doquiera, leuantando caramillos en el viento y grandes quimeras de nonada, 20 ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, en viendo a alguno de nuestra aldea, rebuznasse[n], como dandoles en rostro con el rebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar en manos y en 25 bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo el rebuzno de en vno en otro pueblo (*), de manera, que son conocidos los naturales del pueblo del rebuzno, como son conocidos y diferenciados los negros de los blancos, y 30 ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchas vezes con mano armada y formado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 317 esquadron han salido contra los burladores los burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque, ni temor, ni verguença. Yo creo que mañana o essotro dia han de salir en campaña los de mi pueblo, que son los del 5 rebuzno, contra otro lugar que está a dos leguas del nuestro, que es vno de los que mas nos persiguen, y por salir bien apercebidos, lleuo compradas estas lanças y alabardas que aueis visto. Y estas son las marauillas que 10 dixe que os auia de contar, y si no os lo han parecido, no se otras.” Y, con esto, dio fin a su platica el buen hombre, y, en esto, entró por la puerta de la venta vn hombre todo vestido de camuça, 15 medias, greguescos y jubon, y con voz leuantada dixo: “Señor huesped, ¿ay posada? Que viene aqui el mono adiuino y el retablo de la libertad de Melisendra.” 20 “¡Cuerpo de tal”, dixo el ventero, “que aqui está el señor masse (*) Pedro!; buena noche se nos apareja.” Oluidauaseme de dezir como el tal masse Pedro traia cubierto el ojo yzquierdo y casi 25 medio carrillo con vn parche de tafetan verde, señal que todo aquel lado deuia de estar enfermo; y el ventero prosiguio diziendo: “Sea bien venido vuessa merced, señor masse Pedro; ¿adónde está el mono y el 30 retablo, que no los veo?” “Ya llegan cerca”, respondio el todo camuça,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318 “sino que yo me he adelantado a saber si ay posada.” “Al mismo duque de Alua se la quitara para darsela al señor masse Pedro”, respondio el ventero; “llegue el mono y el retablo, que 5 gente ay esta noche en la venta que pagará el verle y las habilidades del mono.” “Sea en buenora”, respondio el del parche, “que yo moderaré el precio, y con sola la costa me daré por bien pagado; y yo bueluo a hazer 10 que camine la carreta, donde viene el mono y el retablo.” Y luego se boluio a salir de la venta. Preguntó luego don Quixote al ventero qué masse Pedro era aquel, y qué retablo y qué 15 mono traia. A lo que respondio el ventero: “Este es vn famoso titerero (*) que ha muchos dias que anda por esta Mancha de Aragon enseñando vn retablo de Melisendra [libertada] (*) 20 por el famoso don Gayferos, que es vna de las mejores y mas bien representadas historias que de muchos años a esta parte en este reyno se han visto; trae assimismo consigo vn mono de la mas rara habilidad que se vio entre 25 monos, ni se imaginó entre hombres, porque si le preguntan algo, está atento a lo que le pregunta[n] (*), y luego salta sobre los ombros de su amo, y llegandosele al oydo le dize la respuesta de lo que le preguntan, y maesse Pedro la 30 declara luego; y de las cosas passadas dize mucho mas que de las que estan por venir, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 319 aunque no todas vezes acierta en todas, en las mas no yerra, de modo, que nos haze creer que tiene el diablo en el cuerpo; dos reales lleua por cada pregunta, si es que el mono responde, quiero dezir, si responde el amo por el, despues 5 de auerle hablado al oydo; y, assi, se cree que el tal maesse Pedro está riquissimo; y es hombre galante, como dizen en Italia, y bon compaño, y dase la mejor vida del mundo; habla mas que seys y beue mas que doze, todo 10 a costa de su lengua y de su mono y de su retablo.” En esto, boluio maesse Pedro, y en vna carreta venia el retablo, y el mono, grande y sin cola, con las posaderas de fieltro, pero no de 15 mala cara, y apenas le vio don Quixote, quando le preguntó: “Digame vuessa merced, señor adiuino, ¿qué pexe pillamo? (*), ¿qué ha de ser de nosotros?; y vea aqui mis dos reales.” 20 Y mandó a Sancho que se los diesse a maesse Pedro, el qual respondio por el mono y dixo: “Señor, este animal no responde, ni da noticia de las cosas que estan por venir; de las 25 passadas sabe algo, y de las presentes, algun tanto.” “¡Voto a rrus! (*)”, dixo Sancho, “no de yo vn ardite porque me digan lo que por mi ha passado, porque ¿quién lo puede saber mejor 30 que yo mesmo?; y pagar yo porque me digan lo que se, seria vna gran necedad; pero pues
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 320 sabe las cosas presentes, e aqui mis dos reales y digame el señor monissimo qué haze aora mi muger Teresa Pança y en qué se entretiene.” No quiso tomar maesse Pedro el dinero, 5 diziendo: “No quiero recebir adelantados los premios sin que ayan precedido los seruicios.” Y, dando con la mano derecha dos golpes sobre el ombro yzquierdo, en vn brinco se le 10 puso el mono en el, y, llegando la boca al oydo, daua diente con diente muy a priesa; y, auiendo hecho este ademan por espacio de vn credo, de otro brinco se puso en el suelo; y al punto con grandissima priessa se fue maesse Pedro a 15 poner de rodillas ante don Quixote, y abraçandole las piernas dixo: “Estas piernas abraço, bien assi como si abraçara las dos colunas de Hercules, ¡o resucitador insigne de la ya puesta en oluido 20 andante caualleria, o no jamas como se deue alabado cauallero don Quixote de la Mancha, animo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, braço de los caydos, baculo y consuelo de todos los desdichados!” 25 Quedó pasmado don Quixote, absorto Sancho, suspenso el primo, atonito el page, abobado el del rebuzno, confuso el ventero y, finalmente, espantados todos los que oyeron las razones del titerero, el qual prosiguio, 30 diziendo: “Y tu, ¡o buen Sancho Pança!, el mejor escudero
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 321 y del mejor cauallero del mundo: alegrate, que tu buena muger Teresa está buena, y esta es la hora en que ella está rastrillando vna libra de lino, y por mas señas, tiene a su lado yzquierdo vn jarro desbocado que cabe vn buen 5 porqué (*) de vino, con que se entretiene en su trabajo.” “Esso creo yo muy bien”, respondio Sancho, “porque es ella vna bienauenturada, y a no ser zelosa, no la trocara yo por la giganta 10 Andandona (*), que, segun mi señor, fue vna muger muy cabal y muy de pro, y es mi Teresa de aquellas que no se dexan mal passar, aunque sea a costa de sus herederos.” “Aora digo”, dixo a esta sazon don Quixote, 15 “que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho. Digo esto, porque ¿qué persuasion fuera bastante para persuadirme que ay monos en el mundo que adiuinen, como lo he visto aora por mis propios ojos?: porque 20 yo soy el mesmo don Quixote de la Mancha, que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algun tanto en mis alabanças; pero como quiera que yo me sea, doy gracias al cielo, que me dotó de vn animo blando y 25 compassiuo, inclinado siempre a hazer bien a todos y mal a ninguno.” “Si yo tuuiera dineros”, dixo el page, “preguntara al señor mono que me ha de suceder en la peregrinacion que lleuo.” 30 A lo que respondio maesse Pedro, que ya se auia leuantado de los pies de don Quixote:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322 “Ya he dicho que esta bestezuela no responde a lo por venir, que si respondiera no importara no auer dineros; que por seruicio del señor don Quixote, que está presente, dexara yo todos los interesses del mundo, y agora porque 5 se lo deuo y por darle gusto, quiero armar mi retablo y dar plazer a quantos estan en la venta, sin paga alguna.” Oyendo lo qual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde se podia poner el 10 retablo, que en vn punto fue hecho. Don Quixote no estaua muy contento con las adiuinanças del mono, por parecerle no ser a proposito que vn mono adiuinasse, ni las de por venir, ni las passadas cosas, y, assi, en tanto que maesse 15 Pedro acomodaua el retablo, se retiró don Quixote con Sancho a vn rincon de la caualleriza, donde, sin ser oydos de nadie, le dixo: “Mira, Sancho, yo he considerado bien la estraña habilidad deste mono, y hallo por mi 20 cuenta que sin duda este maesse Pedro, su amo, deue de tener hecho pacto, tacito o espreso, con el demonio.” “Si el patio es espeso y del demonio”, dixo Sancho, “sin duda deue de ser muy suzio patio; 25 pero ¿de qué prouecho le es al tal maesse Pedro tener essos patios?” “No me entiendes, Sancho; no quiero dezir sino que deue de tener hecho algun concierto con el demonio, de que infunda essa habilidad 30 en el mono, con que gane de comer, y despues que esté rico le dara su alma, que es lo que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 323 este vniuersal enemigo pretende; y hazeme creer esto el ver que el mono no responde sino a las cosas passadas o presentes, y la sabiduria del diablo no se puede estender a mas, que las por venir no las sabe, si no es por 5 conjeturas, y no todas vezes; que a solo Dios está reseruado conocer los tiempos y los momentos, y para El no ay passado ni porvenir, que todo es presente; y siendo esto assi, como lo es, está claro que este mono habla con el estilo del 10 diablo, y estoy marauillado como no le han acusado al Santo Oficio, y examinadole, y sacado de quajo en virtud de quién adiuina; porque cierto está que este mono no es astrologo, ni su amo ni el alçan, ni saben alçar estas figuras que 15 llaman judiciarias (*), que tanto aora se vsan en España, que no hay mugercilla, ni page, ni çapatero de viejo que no presuma de alçar vna figura, como si fuera vna sota de naypes del suelo, echando a perder con sus mentiras e 20 ignorancias la verdad marauillosa de la ciencia. De vna señora se yo, que preguntó a vno destos figureros que si vna perrilla de falda, pequeña, que tenia, si se empreñaria y pariria, y quántos y de qué color serian los perros que 25 pariesse; a lo que el señor judiciario, despues de auer alçado la figura, respondio que la perrica se empreñaria y pariria tres perricos, el vno verde, el otro encarnado y el otro de mezcla, con tal condicion, que la tal perra se 30 cubriesse entre las onze y doze del dia o de la noche, y que fuesse en lunes o en sabado; y lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324 que sucedio fue que de alli a dos dias se murio la perra de ahita, y el señor leuantador quedó acreditado en el lugar por acertadissimo judiciario, como lo quedan todos o los mas leuantadores.” 5 “Con todo esso querria”, dixo Sancho, “que vuessa merced dixesse a maesse Pedro preguntasse a su mono si es verdad lo que a vuessa merced le passó en la cueua de Montesinos; que yo para mi tengo, con perdon de 10 vuessa merced, que todo fue embeleco y mentira, o, por lo menos, cosas soñadas.” “Todo podria ser”, respondio don Quixote; “pero yo hare lo que me aconsejas, puesto que me ha de quedar vn no se qué de escrupulo.” 15 Estando en esto, llegó maesse Pedro a buscar a don Quixote y dezirle que ya estaua en orden el retablo, que su merced viniesse a verle porque lo merecia; don Quixote le comunicó su pensamiento y le rogo preguntasse luego a su 20 mono le dixesse si ciertas cosas que auia passado en la cueua de Montesinos auian sido soñadas o verdaderas, porque a el le parecia que tenian de todo. A lo que maesse Pedro, sin responder palabra, boluio a traer el mono, y 25 puesto delante de don Quixote y de Sancho, dixo: “Mirad, señor mono, que este cauallero quiere saber si ciertas cosas que le passaron en vna cueua llamada de Montesinos, si fueron falsas, 30 o verdaderas.” Y, haziendole la acostumbrada señal, el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 325 mono se le subio en el ombro yzquierdo, y hablandole al parecer en el oydo, dixo luego maesse Pedro: “El mono dize que parte de las cosas que vuessa merced vio o passó en la dicha cueua 5 son falsas, y parte verissimiles, y que esto es lo que sabe, y no otra cosa, en quanto a esta pregunta; y que si vuessa merced quisiere saber mas, que el viernes venidero respondera a todo lo que se le preguntare; que por aora se le ha 10 acabado la virtud, que no le vendra hasta el viernes, como dicho tiene.” “¿No lo dezia yo”, dixo Sancho, “que no se me podia assentar que todo lo que vuessa merced, señor mio, ha dicho de los acontecimientos 15 de la cueua era verdad, ni aun la mitad?” “Los sucessos lo diran, Sancho”, respondio don Quixote; “que el tiempo, descubridor de todas las cosas, no se dexa ninguna que no las saque a la luz del sol, aunque esté escondida 20 en los senos de la tierra; y por aora baste esto, y vamonos a ver el retablo del buen maesse Pedro, que para mi tengo que deue de tener alguna nouedad.” “¿Cómo alguna?”, respondio maesse Pedro; 25 “sesenta mil encierra en si este mi retablo: digole a vuessa merced, mi señor don Quixote, que es vna de las cosas mas de ver que oy tiene el mundo, y operibus credite & non verbis (*); y manos a labor (*), que se haze 30 tarde, y tenemos mucho que hazer y que dezir y que mostrar.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 326 Obedecieronle don Quixote y Sancho, y vinieron donde ya estaua el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera encendidas, que le hazian vistoso y resplandeciente. En llegando, se metio maesse 5 Pedro dentro del, que era el que auia de manejar las figuras del artificio, y fuera se puso vn muchacho, criado del maesse Pedro, para seruir de interprete y declarador de los misterios del tal retablo; tenia vna varilla en la mano con 10 que señalaua las figuras que salian. Puestos, pues, todos quantos auia en la venta, y algunos en pie, frontero del retablo, y acomodados don Quixote, Sancho, el page y el primo en los mejores lugares, el truxaman començo a dezir 15 lo que oyra y vera el que le oyere, o viere el capitulo siguiente.
p. 327 Capitulo XXVI Donde se prosigue la graciosa auentura del titerero, con otras cosas en verdad harto buenas. “Callaron todos, tirios y troyanos (*),” 5 quiero dezir, pendientes estauan todos los que el retablo mirauan de la boca del declarador (*) de sus marauillas, quando se oyeron sonar en el retablo cantidad de atabales, y trompetas, y dispararse mucha artilleria, cuyo rumor passó 10 en tiempo breue, y luego alçó la voz el muchacho, y dixo: “Esta verdadera historia que aqui a vuessas mercedes se representa, es sacada al pie de la letra de las coronicas francessas y de los 15 romances españoles que andan en boca de las gentes y de los muchachos por essas calles; trata de la libertad que dio el señor don Gayferos a su esposa Melisendra, que estaua cautiua en España, en poder de moros, en la ciudad de 20 Sansueña, que assi se llamaua entonces la que oy se llama Zaragoça; y vean vuessas mercedes alli como está jugando a las tablas don Gayferos, segun aquello que se canta: Iugando está a las tablas don Gayferos 25 que ya de Melisendra está oluidado (*); y aquel personage, que alli asoma con corona
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 328 en la cabeça y ceptro en las manos, es el emperador Carlo Magno, padre putatiuo de la tal Melisendra, el qual, mohino de ver el ocio y descuydo de su yerno, le sale a reñir; y aduiertan con la vehemencia y ahinco que le riñe, 5 que no parece sino que le quiere dar con el ceptro media dozena de coscorrones, y aun ay autores que dizen que se los dio, y muy bien dados, y despues de auerle dicho muchas cosas acerca del peligro que corria su honra en no 10 procurar la libertad de su esposa, dizen que le dixo: «harto os he dicho, miradlo (*)». Miren vuessas mercedes tambien como el emperador buelue las espaldas y dexa despechado 15 (*) a don Gayferos, el qual ya ven como arroja impaciente de la colera lexos de si el tablero y las tablas, y pide a priesa las armas, y a don Roldan, su primo, pide prestada su espada Durindana, y como don Roldan no se la quiere 20 prestar, ofreciendole su compañia en la dificil empresa en que se pone; pero el valeroso enojado no lo quiere aceptar, antes dize que el solo es bastante para sacar a su esposa, si bien estuuiesse metida en el mas hondo centro de 25 la tierra; y, con esto, se entra a armar para ponerse luego en camino. ”Bueluan vuessas mercedes los ojos a aquella torre que alli parece, que se presupone que es vna de las torres del alcaçar de Zaragoça, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 329 que aora llaman la Aljaferia, y aquella dama que en aquel valcon parece, vestida a lo moro, es la sin par Melisendra, que desde alli muchas vezes se ponia a mirar el camino de Francia, y puesta la imaginacion en Paris y en su esposo, 5 se consolaua en su cautiuerio. Miren tambien vn nueuo caso que aora sucede, quiça no visto jamas. ¿No veen aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se llega por las espaldas de Melisendra? Pues 10 miren como la da vn beso en mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir y a limpiarselos con la blanca manga de su camisa, y como se lamenta y se arranca de pesar sus hermosos cabellos, como si ellos tuuieran la 15 culpa del maleficio. Miren tambien como aquel graue moro que está en aquellos corredores es el rey Marsilio de Sansueña, el qual, por auer visto la insolencia del moro, puesto que era vn pariente y gran priuado suyo, le mandó luego 20 prender y que le den dozientos açotes, lleuandole por las calles acostumbradas de la ciudad, con chilladores delante, y enuaramiento detras (*); 25 y veys aqui donde salen a executar la sentencia, aun bien apenas no (*) auiendo sido puesta en execucion la culpa, porque entre moros no ay traslado a la parte, ni a prueua y estese como entre nosotros.” 30 “Niño, niño”, dixo con voz alta a esta sazon
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 330 don Quixote: “Seguid vuestra historia linea recta y no os metais en las curuas o transuersales; que para sacar vna verdad en limpio menester son muchas prueuas y reprueuas.” Tambien dixo maesse Pedro desde dentro: 5 “Muchacho, no te metas en dibuxos, sino haz lo que esse señor te manda, que sera lo mas acertado; sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles.” 10 “Yo lo hare assi”, respondio el muchacho, y prosiguio, diziendo: “Esta figura que aqui parece a cauallo cubierta con vna capa gascona, es la mesma de don Gayferos; [aqui] (*) su esposa, ya vengada 15 del atreuimiento del enamorado moro, con mejor y mas sossegado semblante se ha puesto a los miradores de la torre, y habla con su esposo creyendo que es algun passagero, con quien passó todas aquellas razones y coloquios de 20 aquel romance que dizen: «Cauallero, si a Francia ydes, por Gayferos preguntad (*).» Las quales no digo yo aora, porque de la prolixidad se suele engendrar el fastidio; basta ver 25 como don Gayferos se descubre, y que por los ademanes alegres que Melisendra haze, se nos da a entender que ella le ha conocido, y mas aora que veemos se descuelga del valcon, para ponerse en las ancas del cauallo de su buen 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 331 esposo; mas ¡ay, sin ventura!, que se le ha assido vna punta del faldellin de vno de los hierros del valcon, y está pendiente en el ayre, sin poder llegar al suelo. Pero veys como el piadoso cielo socorre en las mayores necessidades, pues 5 llega don Gayferos, y sin mirar si se rasgará o no el rico faldellin, asse della, y mal su grado la haze baxar al suelo, y luego de vn brinco la pone sobre las ancas de su cauallo, a horcajadas como hombre, y la manda que se tenga 10 fuertemente y le eche los braços por las espaldas, de modo que los cruze en el pecho, porque no se cayga, a causa que no estaua la señora Melisendra acostumbrada a semejantes cauallerias. Veys tambien como los relinchos 15 del cauallo dan señales que va contento con la valiente y hermosa carga que lleua en su señor y en su señora. Veys como bueluen las espaldas y salen de la ciudad, y alegres y regozijados toman de Paris la via. ¡Vays en paz, o par 20 sin par de verdaderos amantes; llegueis a saluamento a vuestra desseada patria, sin que la fortuna ponga estoruo en vuestro felice viage; los ojos de vuestros amigos y parientes os vean gozar en paz tranquila los dias --que los de 25 Nestor sean--, que os quedan de la vida!” Aqui alçó otra vez la voz maesse Pedro, y dixo: “Llaneza, muchacho, no te encumbres; que toda afectacion es mala.” 30 No respondio nada el interprete, antes prosiguio, diziendo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 332 “No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no viessen (*) la baxada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el qual mandó luego tocar al arma, y miren con qué priesa: que ya la ciudad 5 se hunde con el son de las campanas, que en todas las torres de las mezquitas suenan.” “Esso no”, dixo a esta sazon don Quixote; “en esto de las campanas anda muy impropio maesse Pedro, porque entre moros no se vsan 10 campanas, sino atabales y vn genero de dulzaynas que parecen nuestras chirimias, y esto de sonar campanas en Sansueña sin duda que es vn gran disparate.” Lo qual oydo por maesse Pedro, cessó el 15 tocar, y dixo: “No mire vuessa merced en niñerias, señor don Quixote, ni quiera lleuar las cosas tan por el cabo, que no se le halle. ¿No se representan por ay casi de ordinario mil comedias llenas de 20 mil impropiedades y disparates, y, con todo esso, corren felicissimamente su carrera y se escuchan, no solo con aplauso, sino con admiracion y todo? Prosigue, muchacho, y dexa dezir, que como yo llene mi talego, siquiera 25 represente mas impropiedades que tiene atomos el sol.” “Assi es la verdad”, replicó don Quixote. Y el muchacho dixo: “Miren quánta y quán luzida caualleria sale 30 de la ciudad en siguimiento de los dos catolicos amantes, quántas trompetas que suenan,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 333 quántas dulzaynas que tocan y quántos atabales y atambores que retumban; temome que los han de alcançar y los han de boluer atados a la cola de su mismo cauallo, que seria vn horrendo espetaculo.” 5 Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo don Quixote, pareciole ser bien dar ayuda a los que huian, y, leuantandose en pie, en voz alta dixo: “No consentire yo que en mis dias y en mi 10 presencia se le haga supercheria (*) a tan famoso cauallero y a tan atreuido enamorado como don Gayferos. ¡Deteneos, mal nacida canalla, no le siguays ni persigays; si no, conmigo sois en la batalla!” 15 Y, diziendo y haziendo, desenuaynó la espada, y de vn brinco se puso junto al retablo y con acelerada y nunca vista furia començo a llouer cuchilladas sobre la titerera morisma (*), derribando a vnos, descabeçando a otros, 20 estropeando a este, destroçando a aquel, y entre otros muchos, tiró vn altibaxo tal, que si maesse Pedro no se abaxa, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeça con mas facilidad que si fuera hecha de masa de maçapan. Daua vozes 25 maesse Pedro, diziendo: “Detengase vuessa merced, señor don Quixote, y aduierta que estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino vnas figurillas de pasta; ¡mire, pecador de mi, que me 30 destruye y echa a perder toda mi hazienda!” Mas no por esto dexaua de menudear don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 334 Quixote cuchilladas, mandobles, tajos y rebeses como llouidos. Finalmente, en menos de dos credos dio con todo el retablo en el suelo, hechas pedaços y desmenuzadas todas sus jarcias y figuras, el rey Marsilio mal herido y el 5 emperador Carlo Magno, partida la corona y la cabeça en dos partes. Alborotose el senado de los oyentes, huyose el mono por los tejados de la venta (*), temio el primo, acobardose el page, y hasta el mesmo Sancho Pança tuuo 10 pauor grandissimo, porque como el juró despues de passada la borrasca, jamas auia visto a su señor con tan desatinada colera. Hecho, pues, el general destroço del retablo, sossegose vn poco don Quixote y dixo: 15 “Quisiera yo tener aqui delante en este punto todos aquellos que no creen ni quieren creer de quánto prouecho sean en el mundo los caualleros andantes; miren si no me hallara yo aqui presente qué fuera del buen don Gayferos y de 20 la hermosa Melisendra; a buen seguro que esta fuera ya la hora que los huuieran alcançado estos canes y les huuieran hecho algun desaguisado. En resolucion, ¡viua la andante caualleria sobre quantas cosas oy viuen en la tierra!” 25 “Viua en hora buena”, dixo a esta sazon con voz enfermiza maesse Pedro, “y muera yo, pues soy tan desdichado que puedo dezir con el rey don Rodrigo: Ayer fuy señor de España, 30 y oy no tengo vna almena que pueda dezir que es mia (*).
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 335 No ha media hora, ni aun vn mediano momento, que me vi señor de reyes y de emperadores, llenas mis cauallerizas y mis cofres y sacos de infinitos cauallos y de innumerables galas, y agora me veo desolado y abatido, 5 pobre y mendigo, y, sobre todo, sin mi mono, que a fe que primero que le buelua a mi poder me han de sudar los dientes, y todo por la furia mal considerada deste señor cauallero, de quien se dize que ampara pupilos y endereza 10 tu[e]rtos, y haze otras obras caritatiuas, y en mi solo ha venido a faltar su intencion generosa, que sean benditos y alabados los cielos alla donde tienen mas leuantados sus assientos. En fin, el Cauallero de la Triste 15 Figura auia de ser aquel que auia de desfigurar las mias.” Enterneciose Sancho Pança con las razones de maesse Pedro, y dixole: “No llores, maesse Pedro, ni te lamentes, 20 que me quiebras el coraçon; porque te hago saber que es mi señor don Quixote tan catolico y escrupuloso christiano, que si el cae en la cuenta de que te ha hecho algun agrauio, te lo sabra y te lo querra pagar y satisfazer con 25 muchas ventajas.” “Con que me pagasse el señor don Quixote alguna parte de las hechuras que me ha deshecho, quedaria contento, y su merced asseguraria su conciencia, porque no se puede saluar 30 quien tiene lo ageno contra la voluntad de su dueño y no lo restituye.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 336 “Assi es”, dixo don Quixote; “pero hasta aora yo no se que tenga nada vuestro, maesse Pedro.” “¿Cómo no?”, respondio maesse Pedro. “Y estas reliquias que estan por este duro y esteril 5 suelo, ¿quién las esparcio y aniquiló sino la fuerça inuencible desse poderoso braço? Y ¿cuyos eran sus cuerpos sino mios? Y ¿con quién me sustentaua yo sino con ellos?” “Aora acabo de creer”, dixo a este punto 10 don Quixote, “lo que otras muchas vezes he creydo: que estos encantadores que me persiguen no hazen sino ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan y truecan en las que ellos quieren. 15 Real y verdaderamente os digo, señores que me ois, que a mi me parecio todo lo que aqui ha passado que passaua al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra; don Gayferos, don Gayferos; Marsilio, Marsilio, y Carlo Magno, 20 Carlo Magno. Por esso se me alteró la colera, y, por cumplir con mi profession de cauallero andante, quise dar ayuda y fauor a los que huian, y con este buen proposito hize lo que aueys visto; si me ha salido al rebes no es culpa mia, 25 sino de los malos que me persiguen; y, con todo esto, deste mi hierro, aunque no ha procedido de malicia, quiero yo mismo condenarme en costas; vea maesse Pedro lo que quiere por las figuras deshechas; que yo me ofrezco 30 a pagarselo luego en buena y corriente moneda castellana.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 337 Inclinosele maesse Pedro, diziendole: “No esperaua yo menos de la inaudita christiandad del valeroso don Quixote de la Mancha, verdadero socorredor y amparo de todos los necessitados y menesterosos vagamundos; 5 y aqui el señor ventero y el gran Sancho seran medianeros y apreciadores entre vuessa merced y mi de lo que valen o podian valer las ya deshechas figuras.” El ventero y Sancho dixeron que assi lo 10 harian, y luego maesse Pedro alçó del suelo, con la cabeça menos, al rey Marsilio de Zaragoça, y dixo: “Ya se vee quán impossible es boluer a este rey a su ser primero, y, assi, me parece, saluo 15 mejor juyzio, que se me de por su muerte, fin y acabamiento quatro reales y medio.” “Adelante”, dixo don Quixote. “Pues por esta abertura de arriba abaxo”, prosiguio maesse Pedro, tomando en las 20 manos al partido emperador Carlo Magno, “no seria mucho que pidiesse yo cinco reales y vn quartillo.” “No es poco”, dixo Sancho. “Ni mucho”, replicó el ventero; “mediese la 25 partida y señalensele cinco reales.” “Densele todos cinco y quartillo”, dixo don Quixote; “que no está en vn quartillo mas a menos la monta desta notable desgracia, y acabe presto maesse Pedro, que se haze hora de cenar 30 y yo tengo ciertos barruntos de hambre.” “Por esta figura”, dixo maesse Pedro, “que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 338 está sin narizes y vn ojo menos, que es de la hermosa Melisendra, quiero, y me pongo en lo justo, dos reales y doze marauedis.” “Aun ai seria el diablo”, dixo don Quixote, “si ya no estuuiesse Melisendra con su esposo, 5 por lo menos, en la raya de Francia, porque el cauallo en que yuan a mi me parecio que antes bolaua que corria, y, assi, no ay para qué venderme a mi el gato por liebre, presentandome aqui a Melisendra desnarigada, estando 10 la otra, si viene a mano, aora holgandose en Francia con su esposo a pierna tendida. Ayude Dios con lo suyo a cada vno, señor maesse Pedro, y caminemos todos con pie llano y con intencion sana, y prosiga.” 15 Maesse Pedro, que vio que don Quixote yzqui[e]rdeaua y que boluia a su primer tema, no quiso que se le escapasse, y, assi, le dixo: “Esta no deue de ser Melisendra, sino alguna de las donzellas que la seruian, y, assi, con 20 sesenta marauedis que me den por ella, quedaré contento y bien pagado.” Desta manera fue poniendo precio a otras muchas destroçadas figuras, que despues los moderaron los dos juezes arbitros, con 25 satisfacion de las partes, que llegaron a quarenta reales y tres quartillos, y ademas desto, que luego lo desembolsó Sancho, pidio maesse Pedro dos reales por el trabajo de tomar el mono. “Daselos, Sancho”, dixo don Quixote, “no 30 para tomar el mono, sino la mona, y dozientos diera yo aora en albricias a quien me dixera
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 339 con certidumbre que la señora doña Melisendra y el señor don Gayferos estauan ya en Francia y entre los suyos.” “Ninguno nos lo podra dezir mejor que mi mono”, dixo maesse Pedro, “pero no aura diablo 5 que aora le tome; aunque imagino que el cariño y la hambre le han de forçar (h)a que me busque esta noche, y amanecera Dios, y veremonos.” En resolucion, la borrasca del retablo se acabó y todos cenaron en paz y en buena 10 compañia, a costa de don Quixote, que era liberal en todo estremo. Antes que amaneciesse se fue el que lleuaua las lanças y las alabardas, y ya despues de amanecido se vinieron a despedir de don Quixote el primo y el page, el 15 vno para boluerse a su tierra, y el otro, a proseguir su camino, para ayuda del qual le dio don Quixote vna dozena de reales. Maesse Pedro no quiso boluer a entrar en mas dimes ni diretes con don Quixote, a quien el conocia 20 muy bien, y, assi, madrugó antes que el sol, y, cogiendo las reliquias de su retablo y a su mono, se fue tambien a buscar sus auenturas. El ventero (*), que no conocia a don Quixote, tan admirado le tenian sus locuras como su 25 liberalidad. Finalmente, Sancho le pagó muy bien por orden de su señor, y, despidiendose del, casi a las ocho del dia dexaron la venta y se pusieron en camino, donde los dexaremos yr, que assi conuiene, para dar lugar a contar 30 otras cosas pertenecientes a la declaracion desta famosa historia.
p. 340 Capitulo XXVII Donde se da cuenta quiénes eran maesse Pedro y su mono, con el mal sucesso que don Quixote tuuo en la auentura del rebuzno, que no la acabó como el quisiera y como lo 5 tenia pensado. Entra Cide Hamete, coronista desta grande historia, con estas palabras en este capitulo: “Iuro como catolico christiano”; a lo que su traductor dize que el (*) jurar Cide Hamete como 10 catolico christiano, siendo el moro, como sin duda lo era, no quiso dezir otra cosa, sino que assi como el catolico christiano, quando jura, jura o deue jurar verdad y dezirla en lo que dixere, assi el la dezia como si jurara como 15 christiano catolico en lo que queria escriuir de don Quixote, especialmente en dezir quién era maesse Pedro y quién el mono adiuino que traia admirados todos aquellos pueblos con sus adiuinanças. 20 Dize, pues, que bien se acordará el que huuiere leydo la primera parte desta historia de aquel Gines de Passamonte a quien, entre otros galeotes, dio libertad don Quixote en Sierra Morena, beneficio que despues le fue mal 25 agradecido y peor pagado de aquella gente maligna y mal acostumbrada. Este Gines de Passamonte, a quien don Quixote llamaua Ginessillo de Parapilla, fue el que hurtó a Sancho Pança el ruzio, que por no auerse puesto el cómo ni 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 341 el quándo en la primera parte, por culpa de los impressores, ha dado en qué entender a muchos, que atribuian a poca memoria del autor la falta de emprenta (*). Pero, en resolucion, Gines le hurtó estando sobre el durmiendo 5 Sancho Pança, vsando de la traça y modo que vsó Brunelo quando, estando Sacripante sobre Albraca, le sacó el cauallo de entre las piernas, y despues le cobró Sancho, como se ha contado. Este Gines, pues, temeroso de no ser 10 hallado de la justicia que le buscaua para castigarle de sus infinitas vellaquerias y delitos, que fueron tantos y tales, que el mismo compuso vn gran volumen contandolos, determinó passarsse al reyno de Aragon y cubrirse el ojo 15 yzquierdo, acomodandose al oficio de titerero; que esto y el jugar de manos lo sabia hazer por estremo. Sucedio, pues, que de vnos christianos ya libres que venian de Berberia compró aquel 20 mono, a quien enseñó que en haziendole cierta señal, se le subiesse en el ombro y le murmurasse, o lo pareciesse, al oydo. Hecho esto, antes que entrasse en el lugar donde entraua con su retablo y mono, se informaua en el 25 lugar más cercano, o de quien el mejor podia, qué cosas particulares huuiessen sucedido en el tal lugar y a qué personas, y lleuandolas bien en la memoria, lo primero que hazia era mostrar su retablo, el qual vnas vezes era de vna 30 historia y otras de otra, pero todas alegres y regozijadas y conocidas. Acabada (*) la muestra
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 342 proponia las habilidades de su mono, diziendo al pueblo que adiuinaua todo lo passado y lo presente, pero que en lo de por venir no se daua maña; por la respuesta de cada pregunta pedia dos reales y de algunas hazia 5 varato, segun tomaua el pulso a los preguntantes, y como tal vez llegaua a las casas de quien el sabia los sucessos de los que en ella morauan, aunque no le preguntassen nada, por no pagarle, el hazia la seña al mono y 10 luego dezia que le auia dicho tal y tal cosa, que venia de molde con lo sucedido; con esto cobraua credito inefable y andauanse todos tras el; otras vezes, como era tan discreto, respondia de manera, que las respuestas venian 15 bien con las preguntas, y como nadie le apuraua ni apretaua a que dixesse como adeuinaua su mono, a todos hazia monas y llenaua sus esqueros. Assi como entró en la venta conocio a don 20 Quixote y a Sancho, por cuyo conocimiento le fue facil poner en admiracion a don Quixote y a Sancho Pança y a todos los que en ella estauan; pero huuierale de costar caro, si don Quixote baxara vn poco mas la mano, quando 25 cortó la cabeça al rey Marsilio y destruyó toda su caualleria, como queda dicho en el antecedente capitulo. Esto es lo que ay que dezir de maesse Pedro y de su mono. Y, boluiendo a don Quixote de 30 la Mancha, digo que despues de auer salido de la venta, determinó de ver primero las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 343 riberas del rio Hebro y todos aquellos contornos, antes de entrar en la ciudad (*) de Zaragoça, pues le daua tiempo para todo el mucho que faltaua desde alli a las justas. Con esta intencion siguio su camino, por el qual anduuo dos 5 dias sin acontecerle cosa digna de ponerse en escritura, hasta que al tercero, al subir de vna loma, oyo vn gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuzes; al principio penso que algun tercio de soldados passaua por aquella 10 parte, y por verlos picó a Rozinante y subio la loma arriba, y quando estuuo en la cumbre vio al pie della, a su parecer, mas de dozientos hombres armados de diferentes suertes de armas, como si dixessemos lanzones, ballestas, 15 partesanas, alabardas y picas, y algunos arcabuzes y muchas rodelas. Baxó del recuesto y acercose al esquadron, tanto, que distintamente vio las vanderas, juzgó de las colores y notó las empressas que en ellas traian, especialmente 20 vna que en vn estandarte o giron de raso blanco venia, en el qual estaua pintado muy al viuo vn asno como vn pequeño sardesco, la cabeça leuantada, la boca abierta y la lengua de fuera, en acto y postura como si estuuiera 25 rebuznando; alrededor del estauan escritos de letras grandes estos dos versos: “No rebuznaron en valde el vno y el otro alcalde.” Por esta insignia sacó don Quixote que aquella 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 344 gente deuia de ser del pueblo del rebuzno, y assi se lo dixo a Sancho, declarandole lo que en el estandarte venia escrito; dixole tambien que el que les auia dado noticia de aquel caso se auia errado en dezir que dos regidores auian 5 sido los que rebuznaron; pero, que (*) segun los versos del estandarte, no auian sido sino alcaldes. A lo que respondio Sancho Pança: “Señor, en esso no ay que reparar, que bien puede ser que los regidores que entonces 10 rebuznaron viniessen con el tiempo a ser alcaldes de su pueblo, y, assi, se pueden llamar con entrambos titulos, quanto mas que no haze al caso a la verdad de la historia ser los rebuznadores alcaldes o regidores, como ellos vna por 15 vna ayan rebuznado, porque tan a pique está de rebuznar vn alcalde como vn regidor.” Finalmente, conocieron y supieron como el pueblo corrido salia a pelear con otro que le corria mas de lo justo y de lo que se deuia a 20 la buena vezindad. Fuesse llegando a ellos don Quixote, no con poca pesadumbre de Sancho, que nunca fue amigo de hallarse en semejantes jornadas. Los del esquadron le recogieron en medio, creyendo que era alguno de los de 25 su parcialidad. Don Quixote, alçando la visera, con gentil brio y continente llegó hasta el estandarte del asno, y alli se le pusieron alrededor todos los mas principales del exercito, por verle, admirados con la admiracion acostumbrada, 30 en que caian todos aquellos que la vez primera le mirauan (*). Don Quixote, que los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 345 vio tan atentos a mirarle, sin que ninguno le hablasse ni le preguntasse nada, quiso aprouecharse de aquel silencio y, rompiendo el suyo, alçó la voz y dixo: “Buenos señores, quan encarecidamente 5 puedo os suplico que no interrumpays vn razonamiento que quiero hazeros, hasta que veays que os disgusta y enfada; que si esto sucede, con la mas minima señal que me hagays, pondre vn sello en mi boca y echaré vna 10 mordaza a mi lengua.” Todos le dixeron que dixesse lo que quisiesse, que de buena gana le escucharian. Don Quixote, con esta licencia, prosiguio, diziendo: “Yo, señores mios, soy cauallero andante, 15 cuyo exercicio es el de las armas, y cuya profession la de fauorecer a los necessitados de fauor y acudir a los menesterosos. Dias ha que he sabido vuestra desgracia y la causa que os mueue a tomar las armas a cada paso, para 20 vengaros de vuestros enemigos. Y, auiendo discurrido vna y muchas vezes en mi entendimiento sobre vuestro negocio, hallo, segun las leyes del duelo, que estays engañados en teneros por afrentados, porque ningun particular 25 puede afrentar a vn pueblo entero, si no es retandole de traydor por junto, porque no sabe en particular quién cometio la traycion porque le reta. Exemplo desto tenemos en don Diego Ordoñez de Lara, que retó a todo el pueblo 30 zamorano, porque ignoraua que solo Vellido Dolfos auia cometido la traycion de matar a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 346 su rey, y, assi, retó a todos y a todos tocaua la vengança y la respuesta; aunque bien es verdad que el señor don Diego anduuo algo demasiado y aun pasó muy adelante de los limites del reto, porque no tenia para qué retar a 5 los muertos, a las aguas, ni a los panes, ni a los que estauan por nacer, ni a las otras menudencias que alli se declaran (*); pero ¡vaya!, pues quando la colera sale de madre, no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la corrija. 10 Siendo, pues, esto assi, que vno solo no puede afrentar a reyno, prouincia, ciudad, republica ni pueblo entero, queda en limpio que no ay para qué salir a la vengança del reto de la tal afrenta, pues no lo es; porque ¡bueno seria que se 15 matassen a cada paso los del pueblo de la Reloxa (*) con quien se lo llama, ni los cazoleros, verengeneros, vallenatos, xauoneros, ni los de otros nombres y apellidos que andan por ahi en boca de los muchachos y de gente de poco 20 mas a menos! ¡Bueno seria, por cierto, que todos estos insignes pueblos se corriessen y vengassen y anduuiessen contino hechas las espadas sacabuches a qualquier pendencia, por pequeña que fuesse! No, no, ni Dios lo permita 25 o quiera; los varones prudentes, las republicas bien concertadas, por quatro cosas han de tomar las armas y desenuaynar las espadas y poner a riesgo sus personas, vidas y haziendas (*): la primera, por defender la fe catolica; 30 la segunda, por defender su vida, que es de ley natural y diuina; la tercera, en defensa de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 347 su honra, de su familia y hazienda; la quarta, en seruicio de su rey en la guerra justa, y si le quisieremos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria. A estas cinco causas, como capitales, se 5 pueden agregar algunas otras que sean justas y razonables y que obliguen a tomar las armas; pero tomarlas por niñerias y por cosas que antes son de risa y passatiempo que de afrenta, parece que quien las toma carece de 10 todo razonable discurso, quanto mas que el tomar vengança injusta, que justa no puede auer alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que professamos, en la qual se nos manda que hagamos bien a nuestros 15 enemigos y que amemos a los que nos aborrecen, mandamiento que aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo, y mas de carne que de espiritu; porque Iesu 20 Christo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintio, ni pudo ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dixo que su yugo era suaue y su carga liuiana, y, assi, no nos auia de mandar cosa que fuesse impossible el cumplirla. Assi que, 25 mis señores, vuessas mercedes estan obligados por leyes diuinas y humanas a sossegarse.” “El diablo me lleue”, dixo a esta sazon Sancho entre si, “si este mi amo no es tologo, y si no lo es, que lo parece como vn gueuo a otro.” 30 Tomó vn poco de aliento don Quixote, y, viendo que todauia le prestauan silencio, quiso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 348 passar adelante en su platica, como passara si no se pusiera (*) en medio la agudeza de Sancho, el qual, viendo que su amo se detenia, tomó la mano por el, diziendo: “Mi señor don Quixote de la Mancha, que 5 vn tiempo se llamó el Cauallero de la Triste Figura y aora se llama el Cauallero de los Leones, es vn hidalgo muy atentado que sabe latin y romance como vn bachiller, y en todo quanto trata y aconseja procede como muy 10 buen soldado, y tiene todas las leyes y ordenanças de lo que llaman el duelo en la vña, y assi no ay mas que hazer sino dexarse lleuar por lo que el dixere, y sobre mi si lo erraren; quanto mas que ello se está dicho que es 15 necedad correrse por solo oyr vn rebuzno; que yo me acuerdo, quando muchacho, que rebuznaua cada y quando que se me antojaua, sin que nadie me fuesse a la mano, y con tanta gracia y propiedad, que en rebuznando yo, 20 rebuznauan todos los asnos del pueblo, y no por esso dexaua de ser hijo de mis padres, que eran honradissimos; y aunque por esta habilidad era inuidiado de mas de quatro de los estirados de mi pueblo, no se me daua dos ardites. 25 Y porque se vea que digo verdad, esperen y escuchen; que esta ciencia es como la del nadar que, vna vez aprendida, nunca se oluida.” Y luego, puesta la mano en las narizes, començo a rebuznar tan reziamente, que todos 30 los cercanos valles retumbaron. Pero vno de los que estauan junto a el, creyendo que hazia
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 349 burla dellos, alçó vn varapalo que en la mano tenia y diole tal golpe con el, que sin ser poderoso a otra cosa, dio con Sancho Pança en el suelo. Don Quixote, que vio tan mal parado a Sancho, arremetio al que le auia dado, con la 5 lança sobre mano; pero fueron tantos los que se pusieron en medio, que no fue possible vengarle; antes, viendo que llouia sobre el vn nublado de piedras y que le amenazauan mil encaradas ballestas y no menos cantidad de 10 arcabuzes, boluio las riendas a Rozinante, y a todo lo que su galope pudo se salio de entre ellos, encomendandose de todo coraçon a Dios, que de aquel peligro le librasse, temiendo a cada paso no le entrasse alguna vala por las 15 espaldas y le saliesse al pecho, y a cada punto recogia el aliento, por ver si le faltaua. Pero los del esquadron se contentaron con verle huyr, sin tirarle. A Sancho le pusieron sobre su jumento, apenas buelto en si y le dexaron yr 20 tras su amo, no porque el tuuiesse sentido para regirle; pero el ruzio siguio las huellas de Rozinante, sin el qual no se hallaua vn punto. Alongado, pues, don Quixote buen trecho, boluio la cabeça y vio que Sancho venia, y 25 atendiole, viendo que ninguno le seguia. Los del esquadron se estuuieron alli hasta la noche, y por no auer salido a la batalla sus contrarios se boluieron a su pueblo regozi[j]ados y alegres, y si ellos supieran la costumbre 30 antigua de los griegos, leuantaran en aquel lugar y sitio vn trofeo.
p. 350 Capitulo XXVIII De cosas que dize Benengeli que las sabra quien le leyere, si las lee con atencion. Quando el valiente huye la supercheria está descubierta, y es de varones prudentes guardarse 5 para mejor ocasion. Esta verdad se verificó en don Quixote, el qual, dando lugar a la furia del pueblo y a las malas intenciones de aquel indignado escuadron, puso pies en poluorosa, y sin acordarse de Sancho ni del 10 peligro en que le dexaua, se apartó tanto quanto le parecio que bastaua, para estar seguro. Seguiale Sancho atrauessado en su jumento, como queda referido. Llegó, en fin, ya buelto en su acuerdo, y al llegar se dexó caer del 15 ruzio a los pies de Rozinante, todo ansioso, todo molido y todo apaleado. Apeose don Quixote para catarle las feridas, pero como le hallase sano de los pies a la cabeça, con assaz colera le dixo: 20 “¡Tan en hora mala supistes vos rebuznar, Sancho! Y ¿dónde hallastes vos ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado? A musica de rebuznos ¿qué contrapunto se auia de lleuar sino de varapalos? Y dad gracias a 25 Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con vn palo, no os hizieron el per signum cruzis con vn alfange.” “No estoy para responder”, respondio Sancho, “porque me parece que hablo por las 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 351 espaldas; subamos y apartemonos de aqui, que yo pondre silencio en mis rebuznos; pero no [puedo] (*) dexar de dezir que los caualleros andantes huyen, y dexan a sus buenos escuderos molidos como alheña o como cibera en 5 poder de sus enemigos.” “No huye el que se retira”, respondio don Quixote, “porque has de saber, Sancho, que la valentia que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas 10 del temerario mas se atribuyen a la buena fortuna que a su animo. Y, assi, yo confiesso que me he retirado, pero no huydo, y en esto e imitado a muchos valientes, que se han guardado para tiempos mejores, y desto estan las 15 historias llenas, las quales, por no serte a ti de prouecho ni a mi de gusto, no te las refiero aora.” En esto, ya estaua a cauallo Sancho, ayudado de don Quixote, el qual assimismo subio 20 en Rozinante, y poco a poco se fueron a emboscar en vna alameda que hasta vn quarto de legua de alli se parecia. De quando en quando daua Sancho vnos ayes profundissimos y vnos gemidos dolorosos. Y, preguntandole don 25 Quixote la causa de tan amargo sentimiento, respondio que desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro le dolia de manera, que le sacaua de sentido. “La causa desse dolor deue de ser, sin duda”, 30 dixo don Quixote, “que como era el palo con que te dieron largo y tendido, te cogio todas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 352 las espaldas, donde entran todas essas partes que te duelen; y si mas te cogiera, mas te doliera.” “Por Dios”, dixo Sancho, “que vuessa merced me ha sacado de vna gran duda, y que me 5 la ha declarado por lindos terminos. ¡Cuerpo de mi!, ¿tan encubierta estaua la causa de mi dolor, que ha sido menester dezirme que me duele todo todo (*) aquello que alcançó el palo? Si me dolieran los touillos, aun pudiera ser que 10 se anduuiera adiuinando el por qué me dolian; pero dolerme lo que me molieron no es mucho adiuinar. A la fe, señor nuestro amo, el mal ageno de pelo cuelga, y cada dia voy descubriendo tierra de lo poco que puedo esperar 15 de la compañia que con vuessa merced tengo, porque si esta vez me ha dexado apalear, otra y otras ciento bolueremos a los manteamientos de marras y a otras muchacherias, que si aora me han salido a las espaldas, despues 20 me saldran a los ojos. Harto mejor haria yo, sino que soy vn barbaro y no hare nada que bueno sea en toda mi vida, harto mejor haria yo, bueluo a dezir, en boluerme a mi casa y a mi muger y a mis hijos, y sustentarla y criarlos 25 con lo que Dios fue[sse] seruido de darme, y no andarme tras vuessa merced por caminos sin camino, y por sendas y carreras que no las tienen, beuiendo mal y comiendo peor. Pues ¡tomadme el dormir! Contad, hermano escudero, 30 siete pies de tierra, y si quisieredes mas, tomad otros tantos, que en vuestra mano está escudillar,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 353 y tendeos a todo vuestro buen talante, que quemado vea yo y hecho poluos al primero que dio puntada en la andante caualleria, o, a lo menos, al primero que quiso ser escudero de tales tontos como deuieron ser todos los 5 caualleros andantes passados; de los presentes no digo nada, que por ser vuessa merced vno dellos los tengo respeto, y porque se que sabe vuessa merced vn punto mas que el diablo en quanto habla y en quanto piensa.” 10 “Haria yo vna buena apuesta con vos, Sancho”, dixo don Quixote, “que aora que vays hablando, sin que nadie os vaya a la mano, que no os duele nada en todo vuestro cuerpo. Hablad, hijo mio, todo aquello que os viniere 15 al pensamiento y a la boca; que a trueco de que a vos no os duela nada, tendre yo por gusto el enfado que me dan vuestras impertinencias, y si tanto desseays bolueros a vuestra casa con vuestra muger y hijos, no permita 20 Dios que yo os lo impida; dineros teneys mios, mirad quánto ha que esta tercera vez salimos de nuestro pueblo, y mirad lo que podeys y deueys ganar cada mes, y pagaos de vuestra mano.” 25 “Quando yo seruia”, respondio Sancho, “a Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sanson Carrasco, que vuessa merced bien conoce, dos ducados ganaua cada mes, amen de la comida; con vuessa merced no se lo que puedo ganar, 30 puesto que se que tiene mas trabajo el escudero del cauallero andante que el que sirue a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 354 vn labrador; que, en resolucion, los que seruimos a labradores, por mucho que trabajemos de dia, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la qual no he dormido despues que ha que siruo a vuessa 5 merced, si no ha sido el tiempo breue que estuuimos en casa de don Diego de Miranda, y la gira que tuue con la espuma que saqué de las ollas de Camacho, y lo que comi y beui y dormi en casa de Basilio; todo el otro tiempo 10 he dormido en la dura tierra al cielo abierto, sugeto a lo que dizen inclemencias del cielo, sustentandome con rajas de queso y mendrugos de pan, y beuiendo aguas, ya de arroyos, ya de fuentes, de las que encontramos por 15 essos andurriales donde andamos.” “Confiesso”, dixo don Quixote, “que todo lo que dizes, Sancho, sea verdad; ¿quánto parece que os deuo dar mas de lo que os daua Tomé Carrasco?” 20 “A mi parecer”, dixo Sancho, “con dos reales mas que vuessa merced añadiesse cada mes me tendria por bien pagado. Esto es quanto al salario de mi trabajo; pero en quanto a satisfazerme a la palabra y promessa que 25 vuessa merced me tiene hecha de darme el gouierno de vna insula, seria justo que se me añadiessen otros seys reales, que por todos serian treynta.” “Está muy bien”, replicó don Quixote “y 30 conforme al salario que vos os aueis señalado, 25 dias ha que salimos de nuestro pueblo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 355 contad, Sancho, rata por cantidad y mirad lo que os deuo, y pagaos, como os tengo dicho, de vuestra mano.” “¡O cuerpo de mi!”, dixo Sancho, “que va vuessa merced muy errado en esta cuenta, 5 porque en lo de la promessa de la insula se ha de contar desde el dia que vuessa merced me la prometio, hasta la presente hora en que estamos.” “Pues ¿qué tanto (*) ha, Sancho, que os la 10 prometi?”, dixo don Quixote. “Si yo mal no me acuerdo”, respondio Sancho, “deue de auer mas de 20 años, tres dias mas a menos.” Diose don Quixote vna gran palmada en la 15 frente (*), y començo a reyr muy de gana, y dixo: “Pues no anduue yo en Sierra Morena, ni en todo el discurso de nuestras salidas, sino dos meses apenas, y ¿dizes, Sancho, que ha 20 20 años que te prometi la insula? Aora digo que quieres que se consuma (*) en tus salarios el dinero que tienes mio, y si esto es assi y tu gustas dello, desde aqui te lo doy y buen prouecho te haga; que a trueco de verme sin tan 25 mal escudero, holgareme de quedarme pobre y sin blanca. Pero dime, preuaricador de las ordenanças escuderiles de la andante caualleria, ¿dónde has visto tu, o leydo, que ningun escudero de cauallero andante se aya puesto con 30 su señor, en [tanto mas quanto] (*) me aueis de dar cada mes porque os sirua? Entrate,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 356 entrate, malandrin, follon y vestiglo, que todo lo pareces, entrate, digo, por el mare magnum de sus historias, y si hallares que algun escudero aya dicho, ni pensado, lo que aqui has dicho, quiero que me le claues en la frente, y, 5 por añadidura, me hagas quatro mamonas selladas en mi rostro. Buelue las riendas, o el cabestro, al ruzio, y bueluete a tu casa, porque vn solo paso desde aqui no has de passar mas adelante conmigo. ¡O pan mal conocido! (*); 10 ¡o promessas mal colocadas!; ¡o hombre que tiene mas de bestia que de persona! ¿Aora quando yo pensaua ponerte en estado, y tal, que a pesar de tu muger te llamaran señoria, te despides? ¿Aora te vas, quando yo venia con 15 intencion firme y valedera de hazerte señor de la mejor insula del mundo? En fin, como tu has dicho otras vezes, no es la miel, etc.; asno eres, y asno has de ser y en asno has de parar quando se te acabe el curso de la vida, que para 20 mi tengo que antes llegará ella a su vltimo termino que tu caygas y des en la cuenta de que eres bestia.” Miraua Sancho a don Quixote de en hito en hito, en tanto que los tales vituperios le dezia; 25 y compungiose de manera, que le vinieron las lagrimas a los ojos, y con voz dolorida y enferma le dixo: “Señor mio, yo confiesso que, para ser del todo asno, no me falta mas de la cola; si 30 vuessa merced quiere ponermela, yo la dare por bien puesta y le seruire como jumento todos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 357 los dias que me quedan de mi vida. Vuessa merced me perdone y se duela de mi mocedad, y aduierta que se poco, y que si hablo mucho, mas procede de enfermedad que de malicia; mas quien yerra y se enmienda, a Dios 5 se encomienda.” “Marauillarame yo, Sancho, si no mezclaras algun refrancico en tu coloquio. Aora bien, yo te perdono con que te emiendes y con que no te muestres de aqui adelante tan amigo de 10 tu interes, sino que procures ensanchar el coraçon y te alientes y animes a esperar el cumplimiento de mis promessas, que, aunque se tarda, no se impossibilita.” Sancho respondio que si haria, aunque sacasse 15 fuerças de flaqueza. Con esto, se metieron en la alameda, y don Quixote se acomodó al pie de vn olmo y Sancho al de vna haya, que estos tales arboles y otros sus semejantes siempre tienen pies, y no manos. Sancho passó la 20 noche penosamente, porque el varapalo se hazia mas sentir con el sereno. Don Quixote la passó en sus continuas memorias, pero con todo esso dieron los ojos al sueño, y al salir del alua siguieron su camino buscando las 25 riberas del famoso Ebro, donde les sucedio lo que se contará en el capitulo venidero.
p. 358 Capitulo XXIX De la famosa auentura del barco encantado (*). Por sus pasos contados y por contar, dos dias despues que salieron de la alameda, llegaron don Quixote y Sancho al rio Hebro, y el 5 verle fue de gran gusto a don Quixote, porque contempló y miró en el la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sossiego de su curso y la abundancia de sus liquidos cristales, cuya alegre vista renouo en su 10 memoria mil amorosos pensamientos; especialmente, fue y vino en lo que auia visto en la cueua de Montesinos, que, puesto que el mono de maesse Pedro le auia dicho que parte de aquellas cosas eran verdad y parte mentira, el 15 se atenia mas a las verdaderas que a las mentirosas, bien al rebes de Sancho, que todas las tenia por la mesma mentira. Yendo, pues, desta manera, se le ofrecio a la vista vn pequeño barco sin remos, ni otras 20 jarcias algunas, que estaua atado en la orilla a vn tronco de vn arbol que en la ribera estaua. Miró don Quixote a todas partes y no vio persona alguna, y luego, sin mas ni mas se apeó de Rozinante y mandó a Sancho que lo mesmo 25 hiziesse del ruzio, y que a entrambas bestias las atasse muy bien, juntas, al tronco de vn alamo o sauze que alli estaua. Preguntole Sancho la causa de aquel subito apeamiento y de aquel ligamiento. Respondio don Quixote: 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 359 “Has de saber, Sancho, que este barco que aqui está, derechamente y sin poder ser otra cosa en contrario, me está llamando y combidando a que entre en el, y vaya en el a dar socorro a algun cauallero o a otra necessitada 5 y principal persona, que deue de estar puesta en alguna grande cuyta, porque este es estilo de los libros de las historias cauallerescas y de los encantadores que en ellas se entremeten y platican: quando algun cauallero está puesto 10 en algun trabajo, que no puede ser librado del sino por la mano de otro cauallero, puesto que esten distantes el vno del otro dos o tres mil leguas y aun mas, o le arrebatan en vna nube, o le deparan vn barco donde se entre, y, en 15 menos de vn abrir y cerrar de ojos, le lleuan, o por los ayres o por la mar, donde quieren y adonde es menester su ayuda. Assi que, ¡o Sancho!, este barco está puesto aqui para el mesmo efecto, y esto es tan verdad como es 20 aora de dia, y antes que este se passe, ata juntos al ruzio y a Rozinante, y a la mano de Dios que nos guie; que no dexaré de embarcarme si me lo pidiessen frayles descalços.” “Pues assi es”, respondio Sancho, “y vuessa 25 merced quiere dar a cada paso en estos que no se si los llame disparates, no ay sino obedecer y baxar la cabeça, atendiendo al refran: haz lo que tu amo te manda y sientate con el a la mesa. Pero con todo esto, por lo que toca 30 al descargo de mi conciencia, quiero aduertir a vuessa merced que a mi me parece que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 360 este tal barco no es de los encantados, sino de algunos pescadores deste rio, porque en el se pescan las mejores sabogas del mundo.” Esto dezia mientras ataua las bestias Sancho, dexandolas a la protecion y amparo de 5 los encantadores, con harto dolor de su anima. Don Quixote le dixo que no tuuiesse pena del desamparo de aquellos animales; que el que los lleuaria a ellos por tan longinquos caminos y regiones tendria cuenta de sustentarlos. 10 “No entiendo esso de logicuos”, dixo Sancho, “ni he oydo tal vocablo en todos los dias de mi vida.” “Longinquos”, respondio don Quixote, “quiere dezir apartados, y no es marauilla que no lo 15 entiendas, que no estás tu obligado a saber latin, como algunos que presumen que lo saben, y lo ignoran.” “Ya estan atados”, replicó Sancho; “¿qué hemos de hazer aora?” 20 “¿Qué?”, respondio don Quixote; “santiguarnos y leuar ferro, quiero dezir, embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado.” Y, dando vn salto en el, siguiendole Sancho, 25 cortó el cordel, y el barco se fue apartando poco a poco de la ribera, y quando Sancho se vio obra de dos varas dentro del rio, començo a temblar, temiendo su perdicion; pero ninguna cosa le dio mas pena que el oyr roznar al 30 ruzio y el ver que Rozinante pugnaua por desatarse, y dixole a su señor:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 361 “El ruzio rebuzna, condolido de nuestra ausencia, y Rozinante procura ponerse en libertad para arrojarse tras nosotros. ¡O carissimos amigos, quedaos en paz, y la locura que nos aparta de vosotros, conuertida en desengaño, nos 5 buelua a vuestra presencia!” Y en esto, començo a llorar tan amargamente, que don Quixote, mohino y colerico, le dixo: “¿De qué temes, couarde criatura? ¿De qué lloras, coraçon de mantequillas? ¿Quién te 10 persigue o quién te acosa, animo de raton casero, o qué te falta, menesteroso en la mitad de las entrañas de la abundancia? ¿Por dicha vas caminando a pie y descalço por las montañas rifeas, sino sentado en vna tabla como vn 15 archiduque, por el sesgo curso deste agradable rio, de donde en breue espacio saldremos al mar dilatado? Pero ya auemos de auer salido, y caminado, por lo menos, setecientas o ochocientas leguas, y si yo tuuiera aqui vn 20 astrolabio (*) con que tomar la altura del polo, yo te dixera las que hemos caminado, aunque, o yo se poco, o ya hemos passado o passaremos presto por la linea equinocial que diuide y corta los dos contrapuestos polos en ygual 25 distancia.” “Y quando lleguemos a essa leña que vuessa merced dize”, preguntó Sancho, “¿quánto auremos caminado?” “Mucho”, replicó don Quixote, “porque de 30 trecientos y sesenta grados que contiene el globo del agua y de la tierra, segun el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 362 computo de Ptolomeo, que fue el mayor cosmografo (*) que se sabe, la mitad auremos caminado, llegando a la linea que he dicho.” “Por Dios”, dixo Sancho, “que vuessa merced me trae por testigo de lo que dize a vna gentil 5 persona, puto y gafo, con la añadidura de meon o meo, o no se cómo.” Riose don Quixote de la interpretacion que Sancho auia dado al nombre y al computo y cuenta del cosmografo Ptolomeo, y dixole: 10 “Sabras, Sancho, que los españoles y los que se embarcan en Cadiz para yr a las Indias Orientales, vna de las señales que tienen para entender que han passado la linea equinocial que te he dicho, es que a todos los que 15 van en el nauio se les mueren los piojos, sin que les quede ninguno, ni en todo el vagel le hallarán si le pesan a oro, y, assi, puedes, Sancho, passear vna mano por vn muslo, y si topares cosa viua, saldremos desta duda, y si no, 20 passado auemos.” “Yo no creo nada desso”, respondio Sancho, “pero con todo hare lo que vuessa merced me manda, aunque no se para qué ay necessidad de hazer essas experiencias, pues yo veo con 25 mis mismos ojos que no nos auemos apartado de la ribera cinco varas, ni hemos decantado de donde estan las alemañas dos varas, porque alli estan Rozinante y el ruzio en el propio lugar do los dexamos, y tomada la mira como 30 yo la tomo aora, voto a tal que no nos mouemos ni andamos al paso de vna hormiga.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 363 “Haz, Sancho, la aueriguacion que te he dicho y no te cures de otra, que tu no sabes qué cosa sean coluros, lineas, paralelos, zodiacos, cliticas (*), polos, solsticios, equinocios, planetas, signos, puntos, medidas de que se compone la 5 esfera celeste y terrestre; que si todas estas cosas supieras, o parte dellas, vieras claramente qué de paralelos hemos cortado, qué de signos visto y qué de imagines hemos dexado atras y vamos dexando aora. Y tornote a dezir 10 que te tientes y pesques; que yo para mi tengo que estás mas limpio que vn pl[i]ego de papel liso y blanco.” Tentose Sancho, y, llegando con la mano bonitamente y con tiento hazia la corba 15 yzquierda, alçó la cabeça y miró a su amo, y dixo: “O la experiencia es falsa, o no hemos llegado adonde vuessa merced dize, ni con muchas leguas.” “Pues ¿qué?”, preguntó don Quixote; “¿has 20 topado algo?” “Y aun algos (*)”, respondio Sancho. Y, sacudiendose los dedos, se lauó toda la mano en el rio, por el qual sossegadamente se deslizaua el barco por mitad de la corriente, 25 sin que le mouiesse alguna inteligencia secreta ni algun encantador escondido, sino el mismo curso del agua, blando entonces y suaue. En esto, descubrieron vnas grandes hazeñas que en la mitad del rio estauan, y apenas las 30 huuo visto don Quixote, quando con voz alta dixo a Sancho:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 364 “¿Vees? Alli, ¡o amigo!, se descubre la ciudad, castillo o fortaleza donde deue de estar algun cauallero oprimido, o alguna reyna, infanta o princessa malparada, para cuyo socorro soy aqui traydo.” 5 “¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo, dize vuessa merced, señor?”, dixo Sancho; “¿no echa de ver que aquellas son hazeñas que estan en el rio, donde se muele el trigo?” “Calla, Sancho”, dixo don Quixote, “que 10 aunque parecen hazeñas, no lo son, y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural los encantos; no quiero dezir que las mudan de en vno en otro ser realmente, sino que lo parece, como lo mostro 15 la experiencia en la transformacion de Dulcinea, vnico refugio de mis esperanças.” En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del rio, començo a caminar no tan lentamente como hasta alli. Los molineros de 20 las hazeñas, que vieron venir aquel barco por el rio y que se yua a embocar por el raudal de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas a detenerle, y como salian enharinados y cubiertos los rostros y los 25 vestidos del poluo de la harina, representauan vna mala vista; dauan vozes grandes, diziendo: “¡Demonios de hombres! ¿Dónde vays? ¿Venis desesperados, que quereys ahogaros y hazeros pedaços en estas ruedas?” 30 “¿No te dixe yo, Sancho”, dixo a esta sazon don Quixote, “que auiamos llegado donde he
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 365 de mostrar a do llega el valor de mi braço? Mira qué de malandrines y follones me salen al encuentro; mira quántos vestiglos se me oponen; mira quántas feas cataduras nos hazen cocos; pues ¡aora lo vereis, bellacos!” 5 Y, puesto en pie en el barco, con grandes vozes començo a amenazar a los molineros, diziendoles: “¡Canalla maluada y peor aconsejada, dexad en su libertad y libre aluedrio a la persona que 10 en essa vuestra fortaleza o prision teneis oprimida, alta o baxa, de qualquiera suerte o calidad que sea; que yo soy don Quixote de la Mancha, llamado el Cauallero de los Leones por otro nombre, a quien está reseruada por 15 orden de los altos cielos el dar fin felice a esta auentura!” Y, diziendo esto, echó mano a su espada y començo a esgrimirla en el ayre contra los molineros, los quales, oyendo y no entendiendo 20 aquellas sandezes, se pusieron con sus varas a detener el barco que ya yua entrando en el raudal y canal de las ruedas. Pusose Sancho de rodillas, pidiendo deuotamente al cielo le librasse de tan manifiesto peligro, como lo hizo 25 por la industria y presteza de los molineros, que, oponiendose con sus palos al barco, le detuuieron, pero no de manera, que dexassen de trastornar el barco y dar con don Quixote y con Sancho al traues en el agua; pero vinole bien a 30 don Quixote, que sabia nadar como vn ganso, aunque el peso de las armas le lleuó al fondo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 366 dos vezes (*), y si no fuera por los molineros, que se arrojaron (*) al agua y los sacaron como en peso a entrambos, alli auia sido Troya para los dos. Puestos, pues, en tierra, mas mojados que 5 muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las manos juntas y los ojos clauados al cielo, pidio a Dios con vna larga y deuota plegaria le librasse de alli adelante de los atreuidos desseos y acometimientos de su señor. Llegaron, 10 en esto, los pescadores dueños del barco, a quien auian hecho pedaços las ruedas de las hazeñas, y viendole roto, acometieron a desnudar a Sancho y a pedir a don Quixote se lo pagasse, el qual, con gran sossiego, como si no 15 huuiera passado nada por el, dixo a los molineros y pescadores que el pagaria el barco de bonissima gana, con condicion que le diessen libre y sin cautela a la persona o personas que en aquel castillo estauan oprimidas. 20 “¿Qué personas o qué castillo dize” (*), respondio vno de los molineros, “hombre sin juyzio?; ¿quiereste lleuar, por ventura, las que vienen a moler trigo a estas hazeñas?” “Basta”, dixo entre si don Quixote, “aqui sera 25 predicar en desierto querer reduzir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en esta auentura se deuen de auer encontrado dos valientes encantadores, y el vno estorua lo que el otro intenta; el vno me deparó el 30 barco y el otro dio conmigo al traues. Dios lo remedie; que todo este mundo es maquinas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 367 y traças, contrarias vnas de otras. Yo no puedo mas.” Y, alçando la voz, prosiguio diziendo y mirando a las hazeñas: “Amigos, qualesquiera que seays, que en 5 essa prision quedays encerrados, perdonadme, que por mi desgracia y por la vuestra yo no os puedo sacar de vuestra cuyta; para otro cauallero deue de estar guardada y reseruada esta auentura.” 10 En diziendo esto, se concerto con los pescadores y pagó por el barco 50 reales, que los dio Sancho de muy mala gana, diziendo: “A dos barcadas como esta(s), daremos con todo el caudal al fondo.” 15 Los pescadores y molineros estauan admirados, mirando aquellas dos figuras tan fuera del vso, al parecer, de los otros hombres, y no acabauan de entender a do se encaminauan las razones y preguntas que don Quixote les dezia, 20 y, teniendolos por locos, les dexaron y se recogieron a sus hazeñas, y los pescadores a sus ranchos. Boluieron a sus bestias y a ser bestias, don Quixote y Sancho; y este fin tuuo la auentura del encantado barco. 25
p. 368 Capitulo XXX De lo que le auino a don Quixote con vna bella caçadora. Assaz melancolicos y de mal talante llegaron a sus animales cauallero y escudero, esp[e]cialmente 5 Sancho, a quien llegaua al alma llegar al caudal del dinero, pareciendole que todo lo que del se quitaua era quitarselo a el de las niñas de sus ojos. Finalmente, sin hablarse palabra, se pusieron a cauallo y se apartaron del 10 famoso rio, Don Quixote, sepultado en los pensamientos de sus amores, y Sancho, en los de su acrecentamiento, que por entonces le parecia que estaua bien lexos de tenerle, porque maguer era tonto, bien se le alcançaua que 15 las acciones de su amo, todas o las mas, eran disparates, y buscaua ocasion de que, sin entrar en cuentas ni en despedimientos con su señor, vn dia se desgarrasse y se fuesse a su casa; pero la fortuna ordenó las cosas muy al reues 20 de lo que el temia. Sucedio, pues, que otro dia, al poner del sol, y al salir de vna selua, tendio don Quixote la vista por vn verde prado, y en lo vltimo del vio gente, y, llegandose cerca, conocio que eran 25 caçadores de altaneria; llegose mas, y entre ellos vio vna gallarda señora sobre vn palafren o hacanea blanquissima, adornada de guarniciones verdes y con vn sillon de plata. Venia la señora assimismo vestida de verde, tan bizarra 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 369 y ricamente, que la misma bizarria venia transformada en ella. En la mano yzquierda traia vn azor, señal que dio a entender a don Quixote ser aquella alguna gran señora, que deuia serlo de todos aquellos caçadores, como era la 5 verdad, y, assi, dixo a Sancho: “Corre, hijo Sancho, y di a aquella señora del palafren y del azor, que yo, el Cauallero de los Leones, besa las manos a su gran fermosura, y que si su grandeza me da licencia, se las 10 yre a besar y a seruirla en quanto mis fuerças pudieren y su alteza me mandare; y mira, Sancho, cómo hablas, y ten cuenta de no encaxar algun refran de los tuyos en tu embaxada.” “Hallado os le aueis el encaxador”, respondio 15 Sancho. “¡A mi con esso!; ¡si, que no es esta la vez primera que he lleuado embaxadas a altas y crecidas señoras en esta vida!” “Si no fue la que lleuaste a la señora Dulcinea”, replicó don Quixote, “yo no se que ayas 20 lleuado otra, a lo menos, en mi poder.” “Assi es verdad”, respondio Sancho, “pero al buen pagador no le duelen prendas, y en casa llena presto se guisa la cena; quiero dezir que a mi no ay que dezirme ni aduertirme de 25 nada; que para todo tengo y de todo se me alcança vn poco.” “Yo lo creo, Sancho”, dixo don Quixote; “ve en buena hora y Dios te guie.” Partio Sancho de carrera, sacando de su paso 30 al ruzio, y llegó donde la bella caçadora estaua, y apeandose, puesto ante ella de hinojos, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 370 “Hermosa señora: aquel cauallero que alli se parece, llamado el Cauallero de los Leones, es mi amo, y yo soy vn escudero suyo, a quien llaman en su casa Sancho Pança; este tal Cauallero de los Leones, que no ha mucho que se 5 llamaua el de la Triste Figura, embia por mi a dezir a vuestra grandeza sea seruida de darle licencia para que, con su proposito y beneplacito y consentimiento, el venga a poner en obra su desseo, que no es otro, segun el dize 10 y yo pienso, que de seruir a vuestra encumbrada altaneria y fermosura; que en darsela vuestra señoria hara cosa que redunde en su pro, y el recibira señaladissima merced y contento.” 15 “Por cierto, buen escudero”, respondio la señora, “vos aueys dado la embaxada vuestra con todas aquellas circunstancias que las tales embaxadas piden: leuantaos del suelo, que escudero de tan gran cauallero como es el de la 20 Triste Figura, de quien ya tenemos aca mucha noticia, no es justo que esté de hinojos; leuantaos, amigo, y dezid a vuestro señor que venga mucho en hora buena a seruirse de mi y del duque, mi marido, en vna casa de plazer que 25 aqui tenemos.” Leuantose Sancho, admirado assi de la hermosura de la buena señora como de su mucha criança y cortesia, y mas de lo que le auia dicho que tenia noticia de su señor el Cauallero de 30 la Triste Figura, y que si no le auia llamado el de los Leones, deuia de ser por auersele
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 371 puesto tan nueuamente. Preguntole la duquessa --cuyo titulo aun no se sabe: “Dezidme, hermano escudero, este vuestro señor, ¿no es vno de quien anda impressa vna historia que se llama del Ingenioso Hidalgo 5 don Quixote de la Mancha, que tiene por señora de su alma a vna tal Dulcinea del Toboso?” “El mesmo es, señora”, respondio Sancho, “y aquel escudero suyo que anda, o deue de andar, en la tal historia, a quien llaman Sancho 10 Pança, soy yo, si no es que me trocaron en la cuna, quiero dezir, que me trocaron en la estampa.” “De todo esso me huelgo yo mucho”, dixo la duquessa; “yd, hermano Pança, y dezid a 15 vuestro señor que el sea el bien llegado y el bien venido a mis estados, y que ninguna cosa me pudiera venir que mas contento me diera.” Sancho, con esta tan agradable respuesta, con grandissimo gusto boluio a su amo, a 20 quien conto todo lo que la gran señora le auia dicho, leuantando con sus rusticos terminos a los cielos su mucha fermosura, su gran donayre y cortesia. Don Quixote se gallardeó en la silla; pusose bien en los estriuos, acomodose 25 la visera, arremetio a Rozinante y con gentil denuedo fue a besar las manos a la duquessa; la qual, haziendo llamar al duque, su marido, le conto, en tanto que don Quixote llegaua, toda la embaxada suya, y los dos, por auer 30 leydo la primera parte desta historia y auer entendido por ella el disparatado humor de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 372 don Quixote, con grandissimo gusto y con desseo de conocerle, le atendian, con prosupuesto de seguirle el humor y conceder con el en quanto les dixesse, tratandole como a cauallero andante los dias que con ellos se 5 detuuiesse, con todas las ceremonias acostumbradas en los libros de cauallerias, que ellos auian leydo, y aun les eran muy aficionados. En esto, llegó don Quixote, alçada la visera, y dando muestras de apearse, acudio Sancho 10 a tenerle el estriuo; pero fue tan desgraciado, que al apearse del ruzio, se le assio vn pie en vna soga del albarda, de tal modo, que no fue possible desenredarle, antes quedó colgado del, con la boca y los pechos en el suelo. Don 15 Quixote, que no tenia en costumbre apearse sin que le tuuiessen el estriuo, pensando que ya Sancho auia llegado a tenersele, descargó de golpe el cuerpo y lleuose tras si la silla de Rozinante, que deuia de estar mal cinchado, y 20 la silla y el vinieron al suelo, no sin verguença suya y de muchas maldiciones que entre dientes echó al desdichado de Sancho, que aun todauia tenia el pie en la corma. El duque mandó a sus caçadores que acudiessen 25 al cauallero y al escudero, los quales leuantaron a don Quixote maltrecho de la cayda, y, renqueando y como pudo, fue a hincar las rodillas ante los dos señores; pero el duque no lo consintio en ninguna manera; 30 antes, apeandose de su cauallo, fue a abraçar a don Quixote, diziendole:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 373 “A mi me pesa, señor Cauallero de la Triste Figura, que la primera que vuessa merced ha hecho en mi tierra aya sido tan mala como se ha visto; pero descuydos de escuderos suelen ser causa de otros peores sucessos.” 5 “El que yo he tenido en veros, valeroso principe”, respondio don Quixote, “es impossible ser malo, aunque mi cayda no parara hasta el profundo de los abismos, pues de alli me leuantara y me sacara la gloria de aueros 10 visto. Mi escudero, que Dios maldiga, mejor desata la lengua para dezir malicias que ata y cincha vna silla para que esté firme; pero como quiera que yo me halle, caydo o leuantado, a pie o a cauallo, siempre estare al seruicio 15 vuestro y al de mi señora la duquessa, digna consorte vuestra y digna señora de la hermosura y vniuersal princessa de la cortesia.” “Pasito, mi señor don Quixote de la 20 Mancha”, dixo el duque; “que adonde está mi señora doña Dulcinea del Toboso, no es razon que se alaben otras fermosuras.” Ya estaua a esta sazon libre Sancho Pança del lazo, y, hallandose alli cerca, antes que su 25 amo respondiesse, dixo: “No se puede negar, sino afirmar, que es muy hermosa mi señora Dulcinea del Toboso; pero donde menos se piensa se leuanta la liebre, que yo he oydo dezir que esto que llaman 30 naturaleza es como vn alcaller que haze vasos de barro, y el que haze vn vaso hermoso tambien
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 374 puede hazer dos, y tres, y ciento; digolo, porque mi señora la duquessa a fee que no va en zaga a mi ama la señora Dulcinea del Toboso.” Boluiose don Quixote a la duquessa y dixo: 5 “Vuestra grandeza imagine que no tuuo cauallero andante en el mundo escudero mas hablador ni mas gracioso del que yo tengo, y el me sacará verdadero si algunos dias quisiere vuestra gran celsitud seruirse de mi.” 10 A lo que respondio la duquessa: “De que Sancho el bueno sea gracioso lo estimo yo en mucho, porque es señal que es discreto; que las gracias y los donayres, señor don Quixote, como vuessa merced bien sabe, 15 no assientan sobre ingenios torpes; y pues el buen Sancho es gracioso y donayroso, desde aqui le confirmo por discreto.” “Y hablador”, añadio don Quixote. “Tanto que mejor (*)”, dixo el duque, 20 “porque muchas gracias no se pueden dezir con pocas palabras; y porque no se nos vaya el tiempo en ellas, venga el gran Cauallero de la Triste Figura.” “De los Leones ha de dezir vuestra alteza”, 25 dixo Sancho; “que ya no ay Triste Figura ni Figuro (*).” “Sea el de los Leones”, prosiguio el duque: “digo que venga el señor Cauallero de los Leones a vn castillo mio que está aqui cerca, 30 donde se le hara el acogimiento que a tan alta persona se deue justamente, y el que yo y la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 375 duquessa solemos hazer a todos los caualleros andantes que a el llegan.” Ya en esto Sancho auia adereçado y cinchado bien la silla a Rozinante, y, subiendo en el don Quixote, y el duque en vn hermoso 5 cauallo, pusieron a la duquessa en medio y encaminaron al castillo. Mandó la duquessa a Sancho que fuesse junto a ella, porque gustaua infinito de oyr sus discreciones. No se hizo de rogar Sancho, y entretexiose entre los 10 tres y hizo quarto en la conuersacion, con gran gusto de la duquessa y del duque, que tuuieron a gran ventura acoger en su castillo tal cauallero andante y tal escudero andado.
p. 376 Capitulo XXXI Que trata de muchas y grandes cosas. Suma era la alegria que lleuaua consigo Sancho viendose, a su parecer, en priuança con la duquessa, porque se le figuraua que auia 5 de hallar en su castillo lo que en la casa de don Diego y en la de Basilio, siempre aficionado a la buena vida, y, assi, tomaua la ocasion por la melena en esto del regalarse cada y quando que se le ofrecia. 10 Cuenta, pues, la historia, que antes que a la [casa] (*) de plazer o castillo llegassen, se adelantó el duque y dio orden a todos sus criados del modo que auian de tratar a don Quixote, el qual como llegó con la duquessa a las puertas 15 del castillo, al instante salieron del dos lacayos o palafreneros, vestidos hasta en pies de vnas ropas que llaman de leuantar, de finissimo raso carmesi, y, cogiendo a don Quixote en braços, sin ser oydo ni visto, le dixeron: 20 “Vaya la vuestra grandeza a apear a mi señora la duquessa.” Don Quixote lo hizo, y huuo grandes comedimientos entre los dos sobre el caso; pero, en efecto, vencio la porfia de la duquessa y no 25 quiso decender o baxar del palafren sino en los braços del duque, diziendo que no se hallaua digna de dar a tan gran cauallero tan inutil carga. En fin, salio el duque a apearla, y al entrar en vn gran patio, llegaron dos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 377 hermosas donzellas y echaron sobre los ombros a don Quixote vn gran manto de finissima escarlata, y en vn instante se coronaron todos los corredores del patio de criados y criadas de aquellos señores, diziendo a grandes vozes: 5 “Bien sea venido la flor y la nata de los caualleros andantes.” Y todos, o los mas, derramauan pomos de aguas olorosas sobre don Quixote y sobre los duques, de todo lo qual se admiraua don Quixote, 10 y aquel fue el primer dia que de todo en todo conocio y creyo ser cauallero andante verdadero, y no fantastico, viendose tratar del mesmo modo que el auia leydo se tratauan los tales caualleros en los passados siglos. 15 Sancho, desamparando al ruzio, se cosio con la duquessa y se entró en el castillo, y, remordiendole la conciencia de que dexaua al jumento solo, se llegó a vna reuerenda dueña, que con otras a recebir a la duquessa auia 20 salido, y con voz baxa le dixo: “Señora Gonçalez, o como es su gracia de vuessa merced ...” “Doña Rodriguez de Grijalua me llamo”, respondio la dueña; “¿qué es lo que mandays, 25 hermano?” A lo que respondio Sancho: “Querria que vuessa merced me la hiziesse de salir a la puerta del castillo, donde hallará vn asno ruzio mio; vuessa merced sea seruida 30 de mandarle poner, o ponerle, en la caualleriza, porque el pobrezito es vn poco medroso, y no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 378 se hallará a estar solo, en ninguna de las maneras.” “Si tan discreto es el amo como el moço”, respondio la dueña, “medradas estamos. Andad, hermano, mucho de enhoramala para vos 5 y para quien aca os truxo, y tened cuenta con vuestro jumento, que las dueñas desta casa no estamos acostumbradas a semejantes haziendas.” “Pues en verdad”, respondio Sancho, “que 10 he oydo yo dezir a mi señor, que es zahori de las historias, contando aquella de Lanzarote: Quando de Bretaña vino, que damas curauan del, y dueñas del su rozino (*); 15 y que en el particular de mi asno, que no le trocara yo con el rozin del señor Lanzarote.” “Hermano, si soys juglar”, replicó la dueña, “guardad vuestras gracias para donde lo parezcan y se os paguen; que de mi no podreys 20 lleuar sino vna higa (*).” “Aun bien”, respondio Sancho, “que sera bien madura, pues no perdera vuessa merced la quinola de sus años por punto menos (*).” “Hijo de puta”, dixo la dueña, toda ya encendida 25 (*) en colera, “si soy vieja o no, a Dios dare la cuenta, que no a vos, vellaco harto de ajos.” Y esto dixo en voz tan alta, que lo oyo la duquessa, y, boluiendo y viendo a la dueña tan 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 379 alborotada y tan encarnizados los ojos, le preguntó con quién las auia. “Aqui las he”, respondio la dueña, “con este buen hombre que me ha pedido encarecidamente que vaya a poner en la caualleriza a vn 5 asno suyo que está a la puerta del castillo, trayendome por exemplo que assi lo hizieron no se dónde, que vnas damas curaron a vn tal Lanzarote, y vnas dueñas a su rozino, y, sobre todo, por buen termino me ha llamado vieja.” 10 “Esso tuuiera yo por afrenta”, respondio la duquessa, “mas que quantas pudieran dezirme.” Y, hablando con Sancho, le dixo: “Aduertid, Sancho amigo, que doña Rodriguez 15 es muy moça, y que aquellas tocas mas las trae por autoridad y por la vsança, que por los años.” “Malos sean los que me quedan por viuir”, respondio Sancho, “si lo dixe por tanto; solo 20 lo dixe porque es tan grande el cariño que tengo a mi jumento, que me parecio que no podia encomendarle a persona mas caritatiua que a la señora doña Rodriguez.” Don Quixote, que todo lo oia, le dixo: 25 “¿Platicas son estas, Sancho, para este lugar?” “Señor”, respondio Sancho, “cada vno ha de hablar de su menester donde quiera que estuuiere. Aqui se me acordo del ruzio y aqui hablé del, y si en la caualleriza se me acordara, 30 alli hablara.” A lo que dixo el duque:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 380 “Sancho está muy en lo cierto y no ay que culparle en nada; al ruzio se le dara recado a pedir de boca, y descuyde Sancho; que se le tratará como a su mesma persona.” Con estos razonamientos, gustosos a todos, 5 sino a don Quixote, llegaron a lo alto, y entraron a don Quixote en vna sala adornada de telas riquissimas de oro y de brocado; seys donzellas le desarmaron y siruieron de pages, todas industriadas y aduertidas del duque y de 10 la duquessa de lo que auian de hazer, y de cómo auian de tratar a don Quixote para que imaginasse y viesse que le tratauan como cauallero andante. Quedó don Quixote, despues de desarmado, en sus estrechos greguescos 15 y en su jubon de camuza, seco, alto, tendido, con las quixadas, que por de dentro se besaua la vna con la otra: figura que, a no tener cuenta las donzellas que le seruian con dissimular la risa, que fue vna de las precisas ordenes que 20 sus señores les auian dado, rebentaran riendo. Pidieronle que se dexasse desnudar para vna camisa; pero nunca lo consintio, diziendo que la honestidad parecia tan bien en los caualleros andantes como la valentia. Con todo, 25 dixo que diessen la camisa a Sancho, y, encerrandose con el en vna quadra donde estaua vn rico lecho, se desnudó y vistio la camisa, y viendose solo con Sancho, le dixo: “Dime, truhan moderno y majadero antiguo, 30 ¿parecete bien deshonrar y afrentar a vna dueña tan veneranda y tan digna de respeto como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 381 aquella? ¿Tiempos eran aquellos para acordarte del ruzio? ¿O señores son estos para dexar mal passar a las bestias, tratando tan elegantemente a sus dueños? Por quien Dios es, Sancho, que te reportes y que no descubras la 5 hilaza de manera, que caygan en la cuenta de que eres de villana y grossera tela texido. Mira, pecador de ti, que en tanto mas es tenido el señor, quanto tiene mas honrados y bien nacidos criados, y que vna de las ventajas mayores 10 que lleuan los principes a los demas hombres es que se siruen de criados tan buenos como ellos. ¿No aduiertes, angustiado de ti y mal auenturado de mi, que si veen que tu eres vn grossero villano o vn mentecato gracioso, 15 pensarán que yo soy algun echacueruos o algun cauallero de mohatra? No, no, Sancho amigo; huye, huye destos inconuinientes; que quien tropieça en hablador y en gracioso, al primer puntapie cae y da en truhan desgraciado; enfrena 20 la lengua, considera y rumia las palabras antes que te salgan de la boca, y aduierte que hemos llegado a parte donde, con el fauor de Dios y valor de mi braço, hemos de salir mejorados en tercio y quinto, en fama y en 25 hazienda.” Sancho le prometio, con muchas veras, de coserse la boca o morderse la lengua antes de hablar palabra que no fuesse muy a proposito y bien considerada, como el se lo mandaua, 30 y que descuydasse acerca de lo tal; que nunca por el se descubriria quién ellos eran. Vistiose
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 382 don Quixote, pusose su tahali con su espada, echose el manton de escarlata a cuestas, pusose vna montera de raso verde que las donzellas le dieron, y con este adorno salio a la gran sala, adonde halló a las donzellas puestas en 5 ala, tantas a vna parte como a otra, y todas con adereço de darle aguamanos (*), la qual le dieron con muchas reuerencias y ceremonias. Luego llegaron doze pages con el maestresala para lleuarle a comer, que ya los señores 10 le aguardauan. Cogieronle en medio, y lleno de pompa y magestad, le lleuaron a otra sala donde estaua puesta vna rica mesa con solos quatro seruicios; la duquessa y el duque salieron a la puerta de la sala a recebirle, y con ellos 15 vn graue eclesiastico destos que gouiernan las casas de los (*) principes; destos que, como no nacen principes, no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo son; destos que quieren que la grandeza de los grandes se mida 20 con la estrecheza de sus animos; destos que queriendo mostrar a los que ellos gouiernan a ser limitados, les hazen ser miserables; destos tales, digo, que deuia de ser el graue religioso que con los duques salio a recebir a don 25 Quixote. Hizieronse mil corteses comedimientos, y, finalmente, cogiendo a don Quixote en medio, se fueron assentar a la mesa. Combidó el duque a don Quixote con la cabecera de la mesa, y aunque el lo reusó, las 30 importunaciones del duque fueron tantas, que la huuo de tomar. El eclesiastico se sento
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 383 frontero, y el duque y la duquessa a los dos lados. A todo estaua presente Sancho, embobado y atonito de ver la honra que a su señor aquellos principes le hazian, y, viendo las muchas ceremonias y ruegos que passaron entre el duque y 5 don Quixote para hazerle sentar a la cabecera de la mesa, dixo: “Si sus mercedes me dan licencia, les contaré vn cuento que passó en mi pueblo, acerca desto de lo[s] assientos.” 10 Apenas huuo dicho esto Sancho, quando don Quixote temblo, creyendo, sin duda alguna, que auia de dezir alguna necedad. Mirole Sancho y entendiole, y dixo: “No tema vuessa merced, señor mio, que yo 15 me desmande ni que diga cosa que no venga muy a pelo; que no se me han oluidado los consejos que poco ha vuessa merced me dio sobre el hablar mucho o poco, o bien o mal.” “Yo no me acuerdo de nada, Sancho”, respondio 20 don Quixote; “di lo que quisieres, como lo digas presto.” “Pues lo que quiero dezir”, dixo Sancho, “es tan verdad, que mi señor don Quixote, que está presente, no me dexará mentir.” 25 “Por mi”, replicó don Quixote, “miente tu, Sancho, quanto quisieres, que yo no te yre a la mano; pero mira lo que vas a dezir.” “Tan mirado y remirado lo tengo, que a buen saluo está el que repica, como se vera por la 30 obra.” “Bien sera”, dixo don Quixote, “que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 384 vuestras grandezas manden echar de aqui a este tonto, que dira mil patochadas.” “Por vida del duque”, dixo la duquessa, “que no se ha de apartar de mi Sancho vn punto; quierole yo mucho, porque se que es muy 5 discreto.” “Discretos dias”, dixo Sancho, “viua vuestra santidad por el buen credito que de mi tiene, aunque en mi no lo aya. Y el cuento que quiero dezir es este. Combidó (a) vn hidalgo de mi 10 pueblo, muy rico y principal, porque venia de los Alamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencia de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañon, cauallero del habito de Santiago, que se ahogó en la Herradura (*), por 15 quien huuo aquella pendencia años ha en nuestro lugar, que a lo que entiendo, mi señor don Quixote se halló en ella, de donde salio herido Tomasillo el Trabieso, el hijo de Baluastro el herrero. ¿No es verdad todo esto, señor nuestro 20 amo? Digalo por su vida, porque estos señores no me tengan por algun hablador mentiroso.” “Hasta aora”, dixo el eclesiastico, “mas os tengo por hablador que por mentiroso; pero de aqui adelante no se por lo que os tendre.” 25 “Tu das tantos testigos, Sancho (*), y tantas señas, que no puedo dexar de dezir que deues de dezir verdad; passa adelante y acorta el cuento, porque lleuas camino de no acabar en dos dias.” 30 “No ha de acortar tal”, dixo la duquessa, “por hazerme a mi plazer; antes le ha de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 385 contar de la manera que le sabe, aunque no le acabe en seys dias; que si tantos fuessen, serian para mi los mejores que huuiesse lleuado en mi vida.” “Digo, pues, señores mios”, prosiguio Sancho, 5 “que este tal hidalgo, que yo conozco como a mis manos, porque no ay de mi casa a la suya vn tiro de ballesta, combidó vn labrador (*) pobre, pero honrado.” “Adelante, hermano”, dixo a esta sazon el 10 religioso; “que camino lleuays de no parar con vuestro cuento hasta el otro mundo.” “A menos de la mitad pararé, si Dios fuere seruido”, respondio Sancho; “y, assi, digo, que llegando el tal labrador a casa del dicho 15 hidalgo (*) combidador, que buen poso aya su anima, que ya es muerto, y por mas señas dizen que hizo vna muerte de vn angel, que yo no me hallé presente, que auia ydo por aquel tiempo a segar a Tembleque...” 20 “Por vida vuestra, hijo (*), que boluays presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, si no quereis hazer mas exequias, acabeis vuestro cuento.” “Es pues, el caso”, replicó Sancho, “que 25 estando los dos para assentarse a la mesa, que parece que aora los veo mas que nunca...” Gran gusto recebian los duques del disgusto que mostraua tomar el buen religioso de la dilacion y pausas con que Sancho contaua su 30 cuento, y don Quixote se estaua consumiendo en colera y en rabia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 386 “Digo, assi”, dixo Sancho, “que estando como he dicho los dos para sentarse a la mesa, el labrador porfiaua con el hidalgo que tomasse la cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaua tambien que el labrador la tomasse, porque en 5 su casa se auia de hazer lo que el mandasse; pero el labrador, que presumia de cortés y bien criado, jamas quiso, hasta que el hidalgo, mohino, poniendole ambas manos sobre los ombros, le hizo sentar por fuerça, diziendole: «Sentaos, 10 »majagranzas; que adonde quiera que yo me »siente sera vuestra cabecera.» Y este es el cuento, y en verdad que creo que no ha sido aqui traydo fuera de proposito.” Pusose don Quixote de mil colores, que sobre 15 lo moreno le jaspeauan y se le parecian; los señores dissimularon (*) la risa, porque don Quixote no acabase de correrse, auiendo entendido la malicia de Sancho, y por mudar de platica y hazer que Sancho no prosiguiesse con 20 otros disparates, preguntó la duquessa a don Quixote que qué nueuas tenia de la señora Dulcinea, y que si le auia embiado aquellos dias algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no podia dexar de auer vencido muchos. 25 A lo que don Quixote respondio: “Señora (*) mia, mis desgracias, aunque tuuieron principio, nunca tendran fin; gigantes he vencido, y follones y malandrines le he embiado; pero ¿adónde la auian de hallar, si está 30 encantada y buelta en la mas fea labradora que imaginar se puede?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 387 “No se”, dixo Sancho Pança; “a mi me parece la mas hermosa criatura del mundo; a lo menos, en la ligereza y en el brincar, bien se yo que no dara ella la ventaja a vn bolteador; a buena fe, señora duquessa, assi salta desde el 5 suelo sobre vna borrica como si fuera vn gato.” “¿Aueisla visto vos encantada, Sancho?”, preguntó el duque. “Y ¡cómo si la he visto!”, respondio Sancho. “Pues ¿quién diablos, sino yo, fue el primero 10 que cayo en el achaque del encantorio? Tan encantada está como mi padre.” El eclesiastico, que oyo dezir de gigantes, de follones y de encantos, cayo en la cuenta de que aquel deuia de ser don Quixote de la Mancha, 15 cuya historia leya el duque de ordinario, y el se lo auia reprehendido muchas vezes, diziendole que era disparate leer tales disparates, y enterandose ser verdad lo que el sospechaua, con mucha colera, hablando con el 20 duque, le dixo: “Vuestra excelencia, señor mio, tiene que dar cuenta a nuestro Señor de lo que haze este buen hombre. Este don Quixote, o don Tonto, o como se llama, imagino yo que no deue de ser 25 tan mentecato como vuestra excelencia quiere que sea, dandole ocasiones a la mano para que lleue adelante sus sandezes y vaziedades.” Y, boluiendo la platica a don Quixote, le dixo: “Y a vos, alma de cantaro, ¿quién os ha 30 encaxado en el celebro que soys cauallero andante y que venceys gigantes y prendeys
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 388 malandrines? Andad en hora buena, y en tal se os diga: bolueos a vuestra casa y criad vuestros hijos si los teneys, y curad de vuestra hazienda, y dexad de andar vagando por el mundo, papando viento y dando que reyr a quantos os 5 conocen y no conocen. ¿En dónde, ¡nora tal!, aueys vos hallado que huuo ni ay aora caualleros andantes? ¿Dónde ay gigantes en España o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterua de las simplicidades 10 que de vos se cuentan?” Atento estuuo don Quixote a las razones de aquel venerable varon, y, viendo que ya callaua, sin guardar respeto a los duques, con semblante ayrado y alborotado rostro, se puso en 15 pie y dixo... Pero esta respuesta capitulo por si merece.
p. 389 Capitulo XXXII De la respuesta que dio don Quixote a su reprehensor, con otros graues y graciosos sucessos. Leuantado, pues, en pie don Quixote, 5 temblando de los pies a la cabeça como azogado, con presurosa y turbada lengua dixo: “El lugar donde estoy y la presencia ante quien me hallo, y el respeto que siempre tuue y tengo al estado que vuessa merced professa, 10 tienen y atan las manos de mi justo enojo; y assi por lo que he dicho como por saber que saben todos que las armas de los togados son las mesmas que las de la muger, que son la lengua, entraré con la mia en ygual batalla 15 con vuessa merced, de quien se deuia esperar antes buenos consejos que infames vituperios; las reprehensiones santas y bien intencionadas otras circunstancias requieren y otros puntos piden. A lo menos, el auerme reprehendido en 20 publico, y tan asperamente, ha passado todos los limites de la buena reprehension, pues las primeras mejor assientan sobre la blandura que sobre la aspereza, y no es bien, que sin tener conocimiento del pecado que se reprehende, 25 llamar al pecador sin mas ni mas mentecato y tonto. Si no, digame vuessa merced, ¿por quál de las mentecaterias que en mi ha visto me condena y vitupera, y me manda que me vaya a mi casa a tener cuenta en el gouierno 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 390 della y de mi muger y de mis hijos, sin saber si la tengo o los tengo? ¿No ay mas sino a troche moche entrarse por las casas agenas a gouernar sus dueños, y, auiendose criado algunos en la estrecheza de algun pupilage, sin auer 5 visto mas mundo que el que puede contenerse en veynte o treynta leguas de distrito, meterse de rondon a dar leyes a la caualleria y a juzgar de los caualleros andantes? ¿Por ventura es asumpto vano, o es tiempo mal gastado el que 10 se gasta en vagar por el mundo, no buscando los regalos del, sino las asperezas por donde los buenos suben al assiento de la inmortalidad? Si me tuuieran por tonto los caualleros, los magnificos, los generosos, los altamente 15 nacidos, tuuieralo por afrenta inreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes, que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caualleria, no se me da vn ardite: cauallero soy y cauallero he de morir si plaze al Altissimo. 20 ”Vnos van por el ancho campo de la ambicion soberuia, otros por el de la adulacion seruil y baxa, otros por el de la hipocresia engañosa y algunos por el de la verdadera religion; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta 25 senda de la caualleria andante, por cuyo exercicio desprecio la hazienda, pero no la honra; yo he satisfecho agrauios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no mas 30 de porque es forçoso que los caualleros andantes lo sean, y siendolo, no soy de los enamorados
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 391 viciosos, sino de los platonicos continentes. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hazer bien a todos y mal a ninguno; si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado 5 bobo, diganlo vuestras grandezas, duque y duquessa excelentes.” “Bien, por Dios”, dixo Sancho; “no diga mas vuessa merced, señor y amo mio, en su abono, porque no ay mas que dezir, ni mas que pensar, 10 ni mas que perseuerar en el mundo; y mas, que negando este señor, como ha negado, que no ha auido en el mundo ni los ay, caualleros andantes, ¿qué mucho que no sepa ninguna de las cosas que ha dicho?” 15 “Por ventura”, dixo el eclesiastico, “¿soys vos, hermano, aquel Sancho Pança que dizen, a quien vuestro amo tiene prometida vna insula?” “Si soy”, respondio Sancho, “y soy quien 20 la merece tambien como otro qualquiera; soy quien juntate a los buenos y seras vno dellos, y soy yo de aquellos no con quien naces sino con quien paces, y de los quien a buen arbol se arrima buena sombra le cobija; yo me he 25 arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañia y he de ser otro como el, Dios queriendo; y viua el y viua yo, que ni a el le faltarán imperios que mandar, ni a mi insulas que gouernar.” 30 “No, por cierto, Sancho amigo”, dixo a esta sazon el duque; “que yo, en nombre del señor
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 392 don Quixote, os mando el gouierno de vna que tengo de nones, de no pequeña calidad.” “Hincate de rrodillas, Sancho”, dixo don Quixote, “y besa los pies a su excelencia, por la merced que te ha hecho.” 5 Hizolo assi Sancho. Lo qual visto por el eclesiastico, se leuantó de la mesa (*) mohino a demas, diziendo: “Por el habito que tengo, que estoy por dezir que es tan sandio vuestra excelencia como 10 estos pecadores; mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras; quedese vuestra excelencia con ellos; que en tanto que estuuieren en casa, me estare yo en la mia, y me escusaré de reprehender lo que 15 no puedo remediar.” Y, sin dezir mas, ni comer mas, se fue, sin que fuessen parte a detenerle los ruegos de los duques, aunque el duque no le dixo mucho, impedido de la risa que su impertinente colera 20 le auia causado. Acabó de reyr, y dixo a don Quixote: “Vuessa merced, señor Cauallero de los Leones, ha respondido por si tan altamente, que no le queda cosa por satisfazer deste, que 25 aunque parece agrauio, no lo es en ninguna manera, porque assi como no agrauian las mugeres, no agrauian los eclesiasticos, como vuessa merced mejor sabe.” “Assi es”, respondio don Quixote, “y la 30 causa es que el que no puede ser agrauiado, no puede agrauiar a nadie. Las mugeres, los niños
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 393 y los eclesiasticos, como no pueden defenderse, aunque sean ofendidos, no pueden ser afrentados, porque entre el agrauio y la afrenta (*) ay esta diferencia, como mejor vuestra excelencia sabe. La afrenta viene de parte de quien la 5 puede hazer y la haze y la sustenta; el agrauio puede venir de qualquier parte sin que afrente. Sea exemplo: está vno en la calle descuydado, llegan diez con mano armada, y, dandole de palos, pone mano a la espada y haze su deuer; 10 pero la muchedumbre de los contrarios se le opone y no le dexa salir con su intencion, que es de vengarse; este tal queda agrauiado, pero no afrentado, y lo mesmo confirmará otro exemplo: está vno buelto de espaldas, llega 15 otro y dale de palos, y en dandoselos huye y no espera, y el otro le sigue y no alcança; este que recibio los palos, recibio agrauio, mas no afrenta, porque la afrenta ha de ser sustentada. Si el que le dio los palos, aunque se los 20 dio a hurta cordel, pusiera mano a su espada y se estuuiera quedo haziendo rostro a su enemigo, quedara el apaleado agrauiado y afrentado juntamente; agrauiado, porque le dieron a traycion; afrentado, porque el que le dio 25 sustentó lo que auia hecho, sin boluer las espaldas y a pie quedo. Y, assi, segun las leyes del maldito duelo, yo puedo estar agrauiado, mas no afrentado, porque los niños no sienten, ni las mugeres, ni pueden huyr, ni tienen para 30 que esperar, y lo mesmo los constituydos en la sacra religion, porque estos tres generos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 394 gente carecen de armas ofensiuas y defensiuas, y, assi, aunque naturalmente esten obligados a defenderse, no lo estan para ofender a nadie, y aunque poco ha dixe que yo podia estar agrauiado, agora digo que no, en ninguna 5 manera, porque quien no puede recebir afrenta, menos la puede dar; por las quales razones yo no deuo sentir, ni siento, las que aquel buen hombre me ha dicho; solo quisiera que esperara algun poco para darle a entender en el 10 error en (*) que está en pensar y dezir que no ha auido, ni los ay, caualleros andantes en el mundo; que si lo tal oyera Amadis, o vno de los infinitos de su linage, yo se que no le fuera bien a su merced.” 15 “Esso juro yo bien”, dixo Sancho; “cuchillada le huuieran dado, que le abrieran de arriba abaxo como vna granada o como a vn melon muy maduro. ¡Bonitos eran ellos para sufrir semejantes cosquillas! Para mi santiguada que 20 tengo por cierto que si Reynaldos de Montaluan huuiera oydo estas razones al hombrecito, tapaboca le huuiera dado que no hablara mas en tres años; ¡no sino tomarase con ellos, y viera cómo escapaua de sus manos!” 25 Perecia de risa la duquessa en oyendo hablar a Sancho, y en su opinion le tenia por mas gracioso y por mas loco que a su amo, y muchos huuo en aquel tiempo que fueron deste mismo parecer. Finalmente, don Quixote 30 se sossego y la comida (*) se acabó, y, en leuantando los manteles, llegaron quatro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 395 donzellas: la vna, con vna fuente de plata, y la otra, con vn aguamanil assimismo de plata, y la otra, con dos blanquissimas y riquissimas toallas al ombro, y la quarta, descubiertos los braços hasta la mitad, y en sus blancas manos, 5 que sin duda eran blancas, vna redonda pella de xauon napolitano (*). Llegó la de la fuente, y con gentil donayre y desemboltura encaxó la fuente debaxo de la barba de don Quixote; el qual, sin hablar palabra, admirado de semejante 10 ceremonia, creyendo (*) que deuia ser vsança de aquella tierra en lugar de las manos lauar las barbas, (y) assi tendio la suya todo quanto pudo, y al mismo punto començo a llouer el aguamanil, y la donzella del xauon le 15 manoseó las barbas con mucha priessa, leuantando copos de nieue, que no eran menos blancas las xauonaduras, no solo por las barbas, mas por todo el rostro y por los ojos del obediente cauallero, tanto que se los hizieron 20 cerrar por fuerça. El duque y la duquessa, que de nada desto eran sabidores, estauan esperando en que auia de parar tan extraordinario lauatorio. La donzella barbera, quando le tuuo con vn 25 palmo de xauonadura, fingio que se le auia acabado el agua, y mandó a la del aguamanil fuesse por ella; que el señor don Quixote esperaria. Hizolo assi, y quedó don Quixote con la (*) mas estraña figura y mas para hazer reyr 30 que se pudiera imaginar. Mirauanle todos los que presentes estauan, que eran muchos, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 396 como le veian con media vara de cuello, mas que medianamente moreno, los ojos cerrados y las barbas llenas de xauon, fue gran marauilla y mucha discrecion poder dissimular la risa; las donzellas de la burla tenian los ojos 5 baxos, sin osar mirar a sus señores; a ellos les retozaua la colera y la risa en el cuerpo, y no sabian a qué acudir: o a castigar el atreuimiento de las muchachas, o darles premio por el gusto que recibian de ver a don Quixote de aquella 10 suerte. Finalmente, la donzella del aguamanil vino y acabaron de lauar a don Quixote, y luego la que traia las toallas le limpió y le enxugó muy reposadamente, y, haziendole todas quatro a 15 la par vna grande y profunda inclinacion y reuerencia, se querian yr, pero el duque, porque don Quixote no cayesse en la burla, llamó a la donzella de la fuente, diziendole: “Venid y lauadme a mi, y mirad que no se 20 os acabe el agua.” La muchacha, aguda y diligente, llegó y puso la fuente al duque como a don Quixote, y, dandose prisa, le lauaron y xauonaron muy bien, y, dexandole enxuto y limpio, haziendo 25 reuerencias se fueron; despues se supo que auia jurado el duque que si a el no le lauaran como a don Quixote auia de castigar su desemboltura, lo qual auian enmendado discretamente con auerle a el xauonado. 30 Estaua atento Sancho a las ceremonias de aquel lauatorio y dixo entre si:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 397 “¡Valame Dios! ¿Si sera tambien vsança en esta tierra lauar las barbas a los escuderos como a los caualleros? Porque en Dios y en mi anima que lo he bien menester, y aun que (*) si me las rapassen (*) a nauaja, lo tendria a 5 mas beneficio.” “¿Qué dezis entre vos, Sancho?”, preguntó la duquessa. “Digo, señora”, respondio el, “que en las cortes de los otros (*) principes siempre he oydo 10 dezir que en leuantando los manteles dan agua a las manos, pero no lexia a las barbas; y que por esso es bueno viuir mucho por ver mucho, aunque tambien dizen que el que larga vida viue mucho mal ha de passar, puesto que 15 passar por vn lauatorio de estos antes es gusto que trabajo.” “No tengais pena, amigo Sancho”, dixo la duquessa, “que yo haré que mis donzellas os lauen, y aun os metan en colada, si fuere 20 menester.” “Con las barbas me contento”, respondio Sancho, “por aora, a lo menos; que andando el tiempo, Dios dixo lo que sera.” “Mirad, maestresala”, dixo la duquessa, “lo 25 que el buen Sancho pide, y cumplidle su voluntad al pie de la letra.” El maestresala respondio que en todo seria seruido el señor Sancho, y, con esto, se fue a comer y lleuó consigo a Sancho, quedandose 30 a la mesa los duques y don Quixote, hablando en muchas y diuersas cosas, pero todas tocantes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 398 al exercicio de las armas y de la andante caualleria. La duquessa rogo a don Quixote que le delineasse y descriuiesse, pues parecia tener felice memoria, la hermosura y facciones de la señora Dulcinea del Toboso, que, 5 segun lo que la fama pregonaua de su belleza, tenia por entendido que deuia de ser la mas bella criatura del orbe, y aun de toda la Mancha. Sospiró don Quixote oyendo lo que la duquessa le mandaua, y dixo: 10 “Si yo pudiera sacar mi coraçon y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza, aqui sobre esta mesa y en vn plato, quitara el trabajo a mi lengua de dezir lo que apenas se puede pensar, porque vuestra excelencia la viera en el toda 15 retratada; pero ¿para qué es ponerme yo aora a delinear y descriuir punto por punto y parte por parte la hermosura de la sin par Dulcinea, siendo carga digna de otros ombros que de los mios, empresa en quien se deuian ocupar los 20 pinzeles de Parrasio, de Timantes y de Apeles, y los buriles de Lisipo, para pintarla y grauarla en tablas, en marmoles y en bronzes, y la retorica ciceroniana y demostina para alabarla?” “¿Qué quiere dezir demostina, señor don 25 Quixote?”, preguntó la duquessa; “que es vocablo que no le he oydo en todos los dias de mi vida.” “Retorica demostina”, respondio don Quixote, “es lo mismo que dezir retorica de 30 Demostenes, como ciceroniana de Ciceron, que fueron los dos mayores retoricos del mundo.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 399 “Assi es”, dixo el duque, “y aueis andado deslumbrada en la tal pregunta; pero, con todo esso, nos daria gran gusto el señor don Quixote si nos la pintasse; que a buen seguro que aunque sea en rasguño y bosquexo, que ella salga 5 tal, que la tengan inuidia las mas hermosas.” “Si hiziera, por cierto”, respondio don Quixote, “si no me la huuiera borrado de la idea la desgracia que poco ha que le sucedio, que es tal, que mas estoy para llorarla que para 10 describirla, porque auran de saber vuestras grandezas, que yendo los dias passados a besarle las manos y a recebir su bendicion, beneplacito y licencia para esta tercera salida, hallé otra de la que buscaua: hallela encantada 15 y conuertida de princessa en labradora, de hermosa en fea, de angel en diablo, de olorosa en pestifera, de bien hablada en rustica, de reposada en brincadora, de luz en tinieblas, y, finalmente, de Dulcinea del Toboso en vna 20 villana de Sayago.” “¡Valame Dios!”, dando vna gran voz dixo a este instante el duque: “¿Quién ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado del la belleza que le alegraua, el 25 donayre que le entretenia y la honestidad que le acreditaua?” “¿Quién?”, respondio don Quixote. “¿Quién puede ser sino algun maligno encantador de los muchos inuidiosos que me persiguen? Esta 30 raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 400 y para dar luz y leuantar los fechos de los malos. Perseguido me han encantadores, encantadores me persiguen y encantadores me persiguiran hasta dar conmigo y con mis altas cauallerias en el profundo abismo del oluido; 5 y en aquella parte me dañan y hieren donde veen que mas lo siento, porque quitarle a vn cauallero andante su dama es quitarle los ojos con que mira, y el sol con que se alumbra, y el sustento con que se mantiene. Otras muchas 10 vezes lo he dicho, y aora lo bueluo a dezir, que el cauallero andante sin dama es como el arbol sin hojas, el edificio sin cimiento, y la sombra sin cuerpo de quien se cause.” “No ay mas que dezir”, dixo la duquessa; 15 “pero si con todo esso hemos de dar credito a la historia que del señor don Quixote de pocos dias a esta parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, della se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuessa 20 merced ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantastica, que vuessa merced la engendró y pario en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfeciones que quiso.” 25 “En esso ay mucho que dezir”, respondio don Quixote; “Dios sabe si ay Dulcinea o no [en] el mundo, o si es fantastica o no es fantastica; y estas no son de las cosas cuya aueriguacion se ha de lleuar hasta el cabo. Ni yo 30 engendré ni pari a mi señora, puesto que la contemplo como conuiene que sea vna dama
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 401 que contenga en si las partes que puedan hazerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa sin tacha, graue sin soberuia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada y, finalmente, alta por 5 linage, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con mas grados de perfecion que en las hermosas humildemente nacidas.” “Assi es”, dixo el duque, “pero hame de 10 dar licencia el señor don Quixote para que diga lo que me fuerça a dezir la historia que de sus hazañas he leydo, de donde se infiere, que, puesto que se conceda que ay Dulcinea en el Toboso o fuera del, y que sea hermosa 15 en el sumo grado que vuessa merced nos la pinta, en lo de la alteza del linage no corre parejas con las Orianas, con las Alastrajareas, con las Madasimas (*), ni con otras deste jaez, de quien estan llenas las historias que vuessa 20 merced bien sabe.” “A esso puedo dezir”, respondio don Quixote, “que Dulcinea es hija de sus obras y que las virtudes adoban la sangre, y que en mas se ha de estimar y tener vn humilde virtuoso, que 25 vn vicioso leuantado (*). Quanto mas que Dulcinea tiene vn giron que la puede lleuar a ser reyna de corona y ceptro: que el merecimiento de vna muger hermosa y virtuosa a hazer mayores milagros se estiende, y aunque no formalmente, 30 virtualmente tiene en si encerradas mayores venturas.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 402 “Digo, señor don Quixote”, dixo la duquessa, “que en todo quanto vuessa merced dize va con pie de plomo y, como suele dezirse, con la sonda en la mano, y que yo, desde aqui adelante, creere y hare creer a todos los de mi 5 casa, y aun al duque mi señor si fuere menester, que ay Dulcinea en el Toboso y que viue oy dia, y es hermosa, y principalmente nacida y merecedora que vn tal cauallero como es el señor don Quixote la sirua, que es lo mas que 10 puedo ni se encarecer. Pero no puedo dexar de formar vn escrupulo y tener algun no se que de ogeriza contra Sancho Pança; el escrupulo es que dize la historia referida que el tal Sancho Pança halló a la tal señora Dulcinea, 15 quando de parte de vuessa merced le lleuó vna (*) epistola, ahechando vn costal de trigo, y, por mas señas, dize que era rubion, cosa que me haze dudar en la alteza de su linage.” A lo que respondio (*) don Quixote: 20 “Señora mia, sabra la vuestra grandeza que todas o las mas cosas que a mi me suceden van fuera de los terminos ordinarios de las que a los otros caualleros andantes acontecen, o ya sean encaminadas por el querer inescrutable 25 de los hados, o ya vengan encaminadas por la malicia de algun encantador inuidioso, y como es cosa ya aueriguada que todos o los mas caualleros andantes y famosos, vno tenga gracia de no poder ser encantado, otro, de ser de 30 tan impenetrables carnes que no pueda ser herido, como lo fue el famoso Roldan, vno de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 403 los Doze Pares de Francia, de quien se cuenta que no podia ser ferido sino por la planta del pie yzquierdo, y que esto auia de ser con la punta de vn alfiler gordo y no con otra suerte de arma alguna; y, assi, quando Bernardo del 5 Carpio le mató en Ronce[s]ualles (*), viendo, que no le podia llagar con fierro, le leuantó del suelo entre los braços y le ahogó, acordandose entonces de la muerte que dio Hercules a Anteon, aquel feroz gigante que dezian ser 10 hijo de la tierra (*). Quiero inferir de lo dicho, que podria ser que yo tuuiesse alguna gracia destas, no del no poder ser ferido, porque muchas vezes la experiencia me ha mostrado que soy de carnes blandas y no nada impenetrables, 15 ni la de no poder ser encantado, que ya me he visto metido en vna xaula, donde todo el mundo no fuera poderoso a encerra[r]me, si no fuera a fuerças de encantamentos; pero pues de aquel (*) me libré, quiero creer que no 20 ha de auer otro alguno que me empezca, y, assi, viendo estos encantadores que con mi persona no pueden vsar de sus malas mañas, venganse en las cosas que mas quiero, y quieren quitarme la vida maltratando la de Dulcinea, 25 por quien yo viuo; y, assi, creo (*) que quando mi escudero le lleuó mi embaxada, se la conuirtieron en villana y ocupada en tan baxo exercicio como es el de ahechar trigo; pero ya tengo yo dicho que aquel trigo ni era rubion 30 ni trigo, sino granos de perlas orientales; y para prueua desta verdad quiero dezir a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 404 vuestras magnitudes, como viniendo poco ha por el Toboso, jamas pude hallar los palacios de Dulcinea; y que otro dia, auiendola visto Sancho, mi escudero, en su mesma figura, que es la mas bella del orbe, a mi me parecio vna 5 labradora tosca y fea y no nada bien razonada, siendo la discrecion del mundo. Y pues yo no estoy encantado ni lo puedo estar, segun buen discurso, ella es la encantada, la ofendida y la mudada, trocada y trastrocada, y en ella se han 10 vengado de mi mis enemigos, y por ella viuire yo en perpetuas lagrimas hasta verla en su pristino estado. ”Todo esto he dicho para que nadie repare en lo que Sancho dixo del cernido ni del ahecho 15 de Dulcinea; que pues a mi me la mudaron, no es marauilla que a el se la cambiassen. Dulcinea es principal y bien nacida, y de los hidalgos linages que ay en el Toboso, que son muchos, antiguos y muy buenos, a buen seguro 20 que no le cabe poca parte a la sin par Dulcinea, por quien su lugar sera famoso y nombrado en los venideros siglos, como lo ha sido Troya por Elena, y España por la Caba, aunque con mejor titulo y fama; por otra parte, quiero 25 que entiendan vuestras señorias que Sancho Pança es vno de los mas graciosos escuderos que jamas siruio a cauallero andante: tiene a vezes vnas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no pequeño 30 contento; tiene malicias que le condenan por vellaco, y descuydos que le confirman por bobo;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 405 duda de todo y creelo todo; quando pienso que se va a despeñar de tonto, sale con vnas discreciones que le leuantan al cielo. Finalmente, yo no le trocaria con otro escudero, aunque me diessen de añadidura vna ciudad; y, assi, estoy 5 en duda si sera bien embiarle al gouierno de quien vuestra grandeza le ha hecho merced, aunque veo en el vna cierta aptitud para esto de gouernar, que atusandole tantico el entendimiento, se saldria con qualquiera gouierno 10 como el rey con sus alcabalas. Y mas que ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser vno gouernador, pues ay por ai ciento que apenas saben leer y gouiernan como vnos 15 girifaltes; el (*) toque está en que tengan buena intencion y desseen acertar en todo, que nunca les faltará quien les aconseje y encamine en lo que han de hazer, como los gouernadores caualleros y no letrados, que sentencian con 20 assessor. Aconsejariale yo que ni tome coecho, ni pierda derecho, y otras cosillas que me quedan en el estomago, que saldran a su tiempo para vtilidad de Sancho, y prouecho de la insula que gouernare.” 25 A este punto llegauan de su coloquio el duque, la duquessa y don Quixote, quando oyeron muchas vozes y gran rumor de gente en el palacio, y a deshora entró Sancho en la sala, todo assustado, con vn cernadero por bauador, 30 y tras el muchos moços, o, por mejor dezir, picaros de cozina, y otra gente menuda, y vno venia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 406 con vn artesoncillo de agua que, en la color y poca limpieza, mostraua ser de fregar; seguiale y perseguiale el de la artesa, y procuraua con toda solicitud ponersela y encaxarsela debaxo de las barbas, y otro picaro mostraua 5 quererselas lauar. “¿Qué es esto, hermanos?”, preguntó la duquessa. “¿Qué es esto? ¿Qué quereis a esse buen hombre? ¿Cómo y no considerays que está electo gouernador?” 10 A lo que respondio el picaro barbero: “No quiere este señor dexarse (*) lauar como es vsança y como se la lauó el duque mi señor y el señor su amo.” “Si quiero”, respondio Sancho con mucha 15 colera; “pero querria que fuesse con toallas mas limpias, con lexia mas clara y con manos no tan suzias; que no ay tanta diferencia de mi a mi amo, que a el le lauen con agua de angeles y a mi con lexia de diablos; las vsanças 20 de las tierras y de los palacios de los principes tanto son buenas quanto no dan pesadumbre; pero la costumbre del lauatorio que aqui se vsa peor es que de diciplinantes; yo estoy limpio de barbas, y no tengo necessidad de semejantes 25 (*) refrigerios, y el que se llegare a lauarme ni a tocarme a vn pelo de la cabeça, digo, de mi barba, hablando con el deuido acatamiento, le dare tal puñada, que le dexe el puño engastado en los cascos; que estas tales ceremonias (*) y 30 xauonaduras mas parecen burlas que gasajos de huespedes.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 407 Perecida de risa estaua la duquessa, viendo la colera y oyendo las razones de Sancho; pero no dio mucho gusto a don Quixote verle tan mal adeliñado con la jaspeada toalla, y tan rodeado de tantos entretenidos de cozina, y, assi, 5 haziendo vna profunda reuerencia a los duques, como que les pedia licencia para hablar, con voz reposada dixo a la canalla: “¡Ola, señores caualleros!, vuessas mercedes dexen al mancebo y bueluanse por donde vinieron, 10 o por otra parte si se les antojare; que mi escudero es limpio tanto como otro, y essas artesillas son para el estrechas, y penantes bucaros (*); tomen mi consejo y dexenle, porque ni el ni yo sabemos de achaque de burlas.” 15 Cogiole la razon de la boca Sancho, y prosiguio diziendo: “No sino lleguense a hazer burla del mostrenco, que assi lo sufrire como aora es de noche; traygan aqui vn peyne, o lo que quisieren, 20 y almoazenme estas barbas, y si sacaren dellas cosa que ofenda a la limpieza, que me trasquilen a cruzes.” A esta sazon, sin dexar la risa, dixo la duquessa: 25 “Sancho Pança tiene razon en todo quanto ha dicho, y la tendra en todo quanto dixere; el es limpio, y, como el dize, no tiene necessidad de lauarse, y si nuestra vsança no le contenta, su alma en su palma; quanto mas que vosotros, 30 ministros de la limpieza, aueis andado demasiadamente de remisos y descuydados, y no se si
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 408 diga atreuidos, a (*) traer a tal personage y a tales barbas en lugar de fuentes y aguamaniles de oro puro y de alemanas toallas, artesillas y dornajos de palo y rodillas de aparadores; pero, en fin, soys malos y mal nacidos, y no podeis 5 dexar, como malandrines que soys, de mostrar la ogeriza que teneis con los escuderos de los andantes caualleros.” Creyeron los apicarados ministros, y aun el maestresala que venia con ellos, que la duquessa 10 hablaua de veras, y, assi, quitaron el cernadero del pecho de Sancho, y todos confusos y casi corridos se fueron y le dexaron; el qual, viendose fuera de aquel a su parecer sumo peligro, se fue a hincar de rodillas ante la 15 duquessa, y dixo: “De grandes señoras grandes mercedes se esperan; esta que la vuestra merced oy me ha fecho, no puede pagarse con menos sino es con dessear verme armado cauallero andante para 20 ocuparme todos los dias de mi vida en seruir a tan alta señora. Labrador soy, Sancho Pança me llamo, casado soy, hijos tengo y de escudero siruo; si con alguna destas cosas puedo seruir a vuestra grandeza, menos tardaré yo en 25 obedecer que vuestra señoria en mandar.” “Bien parece, Sancho”, respondio la duquessa, “que aueis aprendido a ser cortés en la escuela de la misma cortesia; bien parece, quiero dezir, que os aueis criado a los pechos del 30 señor don Quixote, que deue de ser la nata de los comedimientos y la flor de las ceremonias
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 409 o cirimonias, como vos dezis; bien aya tal señor y tal criado, el vno, por norte de la andante caualleria, y el otro, por estrella de la escuderil fidelidad; leuantaos, Sancho amigo, que yo satisfare vuestras cortesias con hazer que el 5 duque, mi señor, lo mas presto que pudiere, os cumpla la merced prometida del gouierno.” Con esto cessó la platica, y don Quixote se fue a reposar la siesta, y la duquessa pidio a Sancho que, si no tenia mucha gana de dormir, 10 viniesse a passar la tarde con ella y con sus donzellas en vna muy fresca sala. Sancho respondio, que aunque era verdad que tenia por costumbre dormir quatro o cinco horas las siestas del verano, que por seruir a su bondad, el 15 procuraria con todas sus fuerças no dormir aquel dia ninguna, y vendria obediente a su mandado, y fuesse; el duque dio nueuas ordenes como se tratasse a don Quixote como a cauallero andante, sin salir vn punto del estilo, 20 como cue[n]tan que se tratauan los antiguos caualleros.
p. 410 Capitulo XXXIII De la sabrosa platica que la duquessa y sus donzellas passaron con Sancho Pança, digna de que se lea y de que se note. Cuenta, pues, la historia, que Sancho no 5 durmio aquella siesta, sino que por cumplir su palabra, vino en comiendo a ver a la duquessa; la qual, con el gusto que tenia de oyrle, le hizo sentar junto a si en vna silla baxa, aunque Sancho, de puro bien (*) criado, no queria sentarse; 10 pero la duquessa le dixo que se sentasse como gouernador y hablasse como escudero, puesto que por entrambas cosas merecia el mismo escaño del Cid Ruy Diaz Campeador. Encogio Sancho los ombros, obedecio y 15 sentose, y todas las donzellas y dueñas de la duquessa la rodearon atentas, con grandissimo silencio, a escuchar lo que diria; pero la duquessa fue la que habló primero, diziendo: “Aora que estamos solos, y que aqui no nos 20 oye nadie, querria yo que el señor gouernador me asoluiesse ciertas dudas que tengo, nacidas de la historia que del gran don Quixote anda ya impressa, vna de las quales dudas es que pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, 25 digo, a la señora Dulcinea del Toboso, ni le lleuó la carta del señor don Quixote, porque se quedó en el libro de memoria en Sierra Morena, cómo se atreuio a fingir la respuesta y aquello de que la halló aechando trigo, siendo 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 411 todo burla y mentira, y tan en daño de la buena opinion de la sin par Dulcinea, y todas (*) que no vienen bien con la calidad y fidelidad de los buenos escuderos.” A estas razones, sin responder con alguna, 5 se leuan[t]ó Sancho de la silla, y con pasos quedos, el cuerpo agouiado y el dedo puesto sobre los labios, anduuo por toda la sala leuantando los doseles, y luego, esto hecho, se boluio assentar y dixo: 10 “Aora, señora mia, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuera de los circunstantes, sin temor ni sobresalto, respondere a lo que se me ha preguntado y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo es 15 que yo tengo a mi señor don Quixote por loco rematado, puesto que (*) algunas vezes dize cosas que, a mi parecer y aun de todos aquellos que le escuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmo Satanas 20 no las podria dezir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente y sin escrupulo, a mi se me ha assentado que es vn mentecato. Pues como yo tengo esto en el magin, me atreuo a hazerle creer lo que no lleua pies ni cabeça, 25 como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de aura seys o ocho dias, que aun no está en historia, conuiene a saber: lo del encanto de mi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, no siendo mas verdad 30 que por los cerros de Vbeda.” Rogole la duquessa que le contasse aquel (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 412 encantamento o burla, y Sancho se lo conto todo del mesmo modo que auia passado, de que no poco gusto recibieron los oyentes; y, prosiguiendo en su platica, dixo la duquessa: “De lo que el buen Sancho me ha contado 5 me anda brincando vn escrupulo en el alma, y vn cierto susurro llega a mis oydos, que me dize: pues don Quixote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Pança su escudero lo conoce, y, con todo esso, le sirue y 10 le sigue y va atenido a las vanas promessas suyas, sin duda alguna deue de ser el mas loco y tonto que su amo; y, siendo esto assi, como lo es, mal contado te sera, señora duquessa, si al tal Sancho Pança le das insula que gouierne, 15 porque el que no sabe gouernarse a si, ¿cómo sabra gouernar a otros?” “Par Dios, señora”, dixo Sancho, “que esse escrupulo viene con parto derecho; pero digale vuessa merced que hable claro, o como quisiere, 20 que yo conozco que dize verdad; que si yo fuera discreto, dias ha que auia de auer dexado a mi amo. Pero esta fue mi suerte y esta mi mal andança; no puedo mas, seguirle tengo, somos de vn mismo lugar, he comido su pan, 25 quierole bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel, y, assi es impossible que nos pueda apartar otro sucesso que el de la pala y açadon. Y si vuestra altaneria no quisiere que se me de el prometido gouierno, 30 de menos me hizo Dios, y podria ser que el no darmele redundasse en pro de mi conciencia;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 413 que maguera (*) tonto se me entiende aquel refran de por su mal le nacieron alas a la hormiga; y aun podria ser que se fuesse mas ayna Sancho escudero al cielo que no Sancho gouernador. Tan buen pan hazen aqui como en 5 Francia, y de noche todos los gatos son pardos, y assaz de desdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; y no ay estomago que sea vn palmo mayor que otro, el qual se puede llenar, como suele dezirse, de 10 paja y de heno, y las auezitas del campo tienen a Dios por su proueedor y despensero; y mas calientan quatro varas de paño de Cuenca que otras quatro de limiste de Segouia (*); y al dexar este mundo y meternos la tierra 15 adentro, por tan estrecha senda va el principe como el jornalero, y no ocupa mas pies de tierra el cuerpo del papa que el del sacristan, aunque sea mas alto el vno que el otro; que al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y 20 encogemos, o nos hazen ajustar y encoger, mal que nos pese, y a buenas noches; y torno a dezir que si vuestra señoria no me quisiere dar la insula por tonto, yo sabre no darseme nada por discreto; y yo he oydo dezir que detras de la 25 cruz está el diablo, y que no es oro todo lo que reluze; y que de entre los bueyes, arados y coyundas sacaron al labrador Bamba (*) para ser rey de España, y de entre los brocados, passatiempos y riquezas sacaron a Rodrigo 30 para ser comido de culebras, si es que las trobas de los romances antiguos no mienten (*).”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 414 “Y ¡cómo que no mienten!”, dixo a esta sazon doña Rodriguez, la dueña, que era vna de las escuchantes, “que vn romance ay que dize, que metieron al rey Rodrigo viuo viuo en vna tumba llena de sapos, culebras y lagartos, y que 5 de alli a dos dias dixo el rey desde dentro de la tumba, con voz doliente y baxa: «Ya me comen, ya me comen por do mas pecado auia.» Y, segun esto, mucha razon tiene este señor 10 en dezir que quiere mas ser mas labrador (*) que rey, si le han de comer sabandijas.” No pudo la duquessa tener la risa oyendo la simplicidad de su dueña, ni dexó de admirarse en oyr las razones y refranes de Sancho, 15 a quien dixo: “Ya sabe el buen Sancho que lo que vna vez promete vn cauallero, procura cumplirlo, aunque le cueste la vida. El duque, mi señor y marido, aunque no es de los andantes, no por 20 esso dexa de ser cauallero, y, assi, cumplira la palabra de la prometida insula, a pesar de la inuidia y de la malicia del mundo. Esté Sancho de buen animo; que quando menos lo piense se vera sentado en la silla de su insula, y en la 25 de su estado, y empuñará su gouierno, que con otro de brocado de tres altos lo deseche (*). Lo que yo le encargo es que mire cómo gouierna sus vassallos, aduirtiendo que todos son leales (*) y bien nacidos.” 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 415 “Esso de gouernarlos bien”, respondio Sancho, “no ay para qué encargarmelo, porque yo soy caritatiuo de mio y tengo compassion de los pobres, y a quien cueze y amasa no le hurtes hogaza; y para mi santiguada que no 5 me han de echar dado falso; soy perro viejo y entiendo todo tus, tus, y se despauilarme a sus tiempos, y no consiento que me anden musarañas ante los ojos, porque se dónde me aprieta el çapato; digolo, porque los buenos tendran 10 conmigo mano y concauidad y los malos, ni pie ni entrada. Y pareceme a mi que en esto de los gouiernos todo es començar, y podria ser que a quinze dias de gouernador me comiesse las manos tras (*) el oficio y supiesse mas del 15 que de la labor del campo en que me he criado.” “Vos teneis razon (*), Sancho”, dixo la duquessa; “que nadie nace enseñado, y de los hombres se hazen los obispos, que no de las 20 piedras; pero boluiendo a la platica que poco ha tratauamos del encanto de la señora Dulcinea, tengo por cosa cierta y mas que aueriguada que aquella imaginacion que Sancho tuuo de burlar a su señor, y darle a entender 25 que la labradora era Dulcinea, y que si su señor no la conocia deuia de ser por estar encantada, toda fue inuencion de alguno de los encantadores que al señor don Quixote persiguen; porque real y verdaderamente yo se de 30 buena parte que la villana que dio el brinco sobre la pollina era y es Dulcinea del Toboso,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 416 y que el buen Sancho, pensando ser el engañador, es el engañado, y no ay poner mas duda en esta verdad que en las cosas que nunca vimos; y sepa el señor Sancho Pança, que tambien tenemos aca encantadores que 5 nos quieren bien y nos dizen lo que passa por el mundo, pura y se[n]zillamente, sin enredos ni maquinas; y creame Sancho que la villana brincadora era y es Dulcinea del Toboso, que está encantada como la madre que la pario; y 10 quando menos nos pensemos, la auemos de ver en su propia figura, y entonces saldra Sancho del engaño en que viue.” “Bien puede ser todo esso”, dixo Sancho Pança, “y agora quiero creer lo que mi amo 15 cuenta de lo que vio en la cueua de Montesinos, donde dize que vio a la señora Dulcinea del Toboso en el mesmo trage y habito que yo dixe que la auia visto quando la encanté por solo mi gusto; y todo deuio de ser al reues, 20 como vuessa merced, señora mia, dize, porque de mi ruin ingenio no se puede ni deue presumir que fabricasse en vn instante tan agudo embuste, ni creo yo que mi amo es tan loco que con tan flaca y magra persuasion como la 25 mia creyesse vna cosa tan fuera de todo termino; pero, señora, no por esto sera bien que vuestra bondad me tenga por maleuolo, pues no esta obligado vn porro como yo a taladrar los pensamientos y malicias de los pessimos 30 encantadores; yo fingi aquello por escaparme de las riñas de mi señor don Quixote, y no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 417 con intencion de ofenderle; y si ha salido al reues, Dios está en el cielo, que juzga los coraçones.” “Assi es la verdad”, dixo la duquessa; “pero digame agora Sancho qué es esto que dize de 5 la cueua de Montesinos; que gustaria saberlo.” Entonces Sancho Pança le conto punto por punto lo que queda dicho acerca de la tal auentura. Oyendo lo qual, la duquessa dixo: “Deste sucesso se puede inferir que pues el 10 gran don Quixote dize que vio alli a la mesma labradora que Sancho vio a la salida del Toboso, sin duda es Dulcinea, y que andan por aqui los encantadores muy listos y demasiadamente curiosos.” 15 “Esso digo yo”, dixo Sancho Pança; “que si mi señora Dulcinea del Toboso está encantada, su daño; que yo no me tengo de tomar (*) con los enemigos de mi amo, que deuen de ser muchos y malos; verdad sea que la que yo 20 vi fue vna labradora, y por labradora la tuue y por tal labradora la juzgué; y si aquella era Dulcinea, no ha de estar a mi cuenta, ni ha de correr por mi, o sobre ello, morena. No sino andense a cada triquete conmigo a dime y 25 direte, Sancho lo dixo, Sancho lo hizo, Sancho tornó y Sancho boluio, como si Sancho fuesse algun quienquiera, y no fuesse el mismo Sancho Pança, el que anda ya en libros por esse mundo adelante, segun me dixo Sanson Carrasco, 30 que, por lo menos, es persona bachillerada por Salamanca; y los tales no pueden
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 418 mentir, si no es quando se les antoja o les viene muy a cuento; assi que no ay para qué nadie se tome conmigo, y pues que tengo buena fama y, segun oi dezir a mi señor, que mas vale el buen nombre que las muchas riquezas, 5 encaxenme esse gouierno y veran marauillas; que quien ha sido buen escudero sera buen gouernador.” “Todo quanto aqui ha dicho el buen Sancho”, dixo la duquessa, “son sentencias catonianas, 10 o, por lo menos, sacadas de las mesmas entrañas del mismo Micael Verino, florentibus occidit annis (*). En fin, en fin, hablando a su modo, debaxo de mala capa suele auer buen beuedor.” 15 “En verdad, señora”, respondio Sancho, “que en mi vida he beuido de malicia; con sed, bien podria ser, porque no tengo nada de hipocrita; beuo quando tengo gana, y quando no la tengo, y quando me lo dan, por no parecer 20 o melindroso o mal criado; que a vn brindis de vn amigo, ¿qué coraçon ha de auer tan de marmol que no haga la razon?; pero, aunque las calço, no las ensuzio; quanto mas que los escuderos de los (*) caualleros andantes casi de 25 ordinario beuen agua, porque siempre andan por florestas, seluas y prados, montañas y riscos, sin hallar vna misericordia de vino, si dan por ella vn ojo.” “Yo lo creo assi”, respondio la duquessa, 30 “y por aora vayase Sancho a reposar, que despues hablaremos mas largo y daremos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 419 orden como vaya presto a encaxarse, como el dize, aquel gouierno.” De nueuo le besó las manos Sancho a la duquessa, y le suplicó le hiziesse merced de que se tuuiesse buena cuenta con su ruzio, 5 porque era la lumbre de sus ojos. “¿Qué ruzio es este?”, preguntó la duquessa. “Mi asno”, respondio Sancho, “que por no nombrarle con este nombre, le suelo llamar el 10 ruzio, y a esta señora dueña le rogue, quando entré en este castillo, tuuiesse cuenta con el, y azorose de manera, como si la huuiera dicho que era fea o vieja, deuiendo ser mas propio y natural de las dueñas pensar jumentos que 15 autorizar las salas. ¡O, valame Dios, y quán mal estaua con estas señoras vn hidalgo de mi lugar!” “Seria algun villano”, dixo doña Rodriguez, la dueña; “que si el fuera hidalgo y bien nacido, 20 el las pusiera sobre el cuerno de la luna.” “Agora bien”, dixo la duquessa, “no aya mas; calle doña Rodriguez y sossieguese el señor Pança, y quedesse a mi cargo el regalo del ruzio, que por ser alhaja de Sancho, le 25 pondre yo sobre las niñas de mis ojos.” “En la caualleriza basta que esté”, respondio Sancho, “que sobre las niñas de los ojos de vuestra grandeza, ni el ni yo somos dignos de estar solo vn momento; y assi lo consintiria yo 30 como darme de puñaladas, que aunque dize mi señor que en las cortesias antes se ha de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 420 perder por carta de mas que de menos, en las jumentiles y assininas (*) se ha de yr con el compas en la mano y con medido termino.” “Lleuele”, dixo la duquessa, “Sancho al gouierno, y allá le podra regalar como 5 quisiere, y aun jubilarle del trabajo.” “No piense vuessa merced, señora duquessa, que ha dicho mucho”, dixo Sancho; “que yo he visto yr mas de dos asnos a los gouiernos, y que lleuasse yo el mio no seria cosa 10 nueua.” Las razones de Sancho renouaron en la duquessa la risa y el contento, y, embiandole a reposar, ella fue a dar cuenta al duque de lo que con el auia passado; y entre los dos dieron 15 traça y orden de hazer vna burla a don Quixote que fuesse famosa y viniesse bien con el estilo caualleresco; en el qual le hizieron muchas, tan propias y discretas, que son las mejores auenturas que en esta grande historia se 20 contienen.
p. 421 Capitulo XXXIV Que cuenta de la noticia que se tuuo de cómo se auia de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es vna de las auenturas mas famosas deste libro. 5 Grande era el gusto que recebian el duque y la duquessa de la conuersacion de don Quixote y de la de Sancho Pança, y, confirmandose en la intencion que tenian de hazerles algunas burlas que lleuassen vislumbres y apariencias 10 de auenturas, tomaron motiuo de la que don Quixote (*) ya les auia contado de la cueua de Montesinos, para hazerle vna que fuesse famosa --pero de lo que mas la duquessa se admiraua era que la simplicidad de Sancho fuesse 15 tanta, que huuiesse venido a creer ser verdad infalible que Dulcinea del Toboso estuuiesse encantada, auiendo sido el mesmo el encantador y el embustero de aquel negocio--; y, assi, auiendo dado orden a sus criados de todo lo 20 que auian de hazer, de alli a seys dias le lleuaron a caça de monteria, con tanto aparato de monteros y caçadores como pudiera lleuar vn rey coronado. Dieronle a don Quixote vn vestido de monte y a Sancho otro verde, de 25 finissimo paño; pero don Quixote no se le quiso poner, diziendo que otro dia auia de boluer al duro exercicio de las armas, y que no podia lleuar consigo guardarropas ni reposterias. Sancho si tomó el que le dieron, con intencion 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 422 de venderle en la primera ocasion que pudiesse. Llegado, pues, el esperado dia, armose don Quixote, vistiose Sancho, y encima de su ruzio, que no le quiso dexar, aunque le dauan vn 5 cauallo, se metio entre la tropa de los monteros; la duquessa salio bizarramente aderezada, y don Quixote, de puro cortes y comedido, tomó la rienda de su palafren, aunque el duque no queria consentirlo, y, finalmente, 10 llegaron a vn bosque que entre dos altissimas montañas estaua, donde, tomados los puestos, paranzas y veredas, y repartida la gente por diferentes puestos, se començo la caça con grande estruendo, grita y vozeria, de manera, 15 que vnos a otros no podian oyrse, assi por el ladrido de los perros, como por el son de las bozinas. Apeose la duquessa, y con vn agudo venablo en las manos, se puso en vn puesto por donde ella sabia que solian venir algunos 20 jaualies. Apeose assimismo el duque y don Quixote y pusieronse a sus lados; Sancho se puso detras de todos, sin apearse del ruzio, a quien no osara desamparar, porque no le sucediesse algun desman. 25 Y apenas auian sentado el pie y puesto[se] (*) en ala con otros muchos criados suyos, quando acosado de los perros y seguido de los caçadores vieron que hazia ellos venia vn desmesurado jauali, cruxiendo dientes y colmillos y 30 arrojando espuma por la boca, y, en viendole, embraçando su escudo y puesta mano a su
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 423 espada, se adelantó a recebirle don Quixote; lo mesmo hizo el duque con su venablo; pero a todos se adelantara la duquessa si el duque no se lo estoruara. Solo Sancho, en viendo al valiente animal, desamparó al ruzio y dio a 5 correr quanto pudo; y, procurando subirse sobre vna alta encina, no fue possible; antes, estando ya a la mitad del (*), assido de vna rama, pugnando (*) subir a la cima, fue tan corto de ventura y tan desgraciado, que se 10 desgajó la rama, y al venir al suelo, se quedó en el ayre, assido de vn gancho de la encina, sin poder llegar al suelo, y, viendose assi, y que el sayo verde se le rasgaua, y pareciendole que si aquel fiero animal alli allegaua le podia 15 alcançar, començo a dar tantos gritos y a pedir socorro con tanto ahinco, que todos los que le oian y no le veian creyeron que estaua entre los dientes de alguna fiera. Finalmente, el colmilludo jauali quedó 20 atrauessado de las cuchillas de muchos venablos que se le pusieron delante, y, boluiendo la cabeça don Quixote a los gritos de Sancho, que ya por ellos le auia conocido, viole pendiente de la encina, y la cabeça abaxo, y al ruzio junto 25 a el, que no le desamparó en su calamidad; y dize Cide Hamete que pocas vezes vio a Sancho Pança sin ver al ruzio, ni al ruzio sin ver a Sancho: tal era la amistad y buena fe que entre los dos se guardauan. Llegó don Quixote y 30 descolgo a Sancho, el qual, viendose libre y en el suelo, miró lo desgarrado del sayo de monte,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 424 y pesole en el alma; que penso que tenia en el vestido vn mayorazgo. En esto, atrauessaron al jauali poderoso sobre vna azemila, y, cubriendole con matas de romero y con ramas de mirto, le lleuaron, como 5 en señal de vitoriosos despojos, a vnas grandes tiendas de campaña que en la mitad del bosque estauan puestas, donde hallaron las mesas en orden y la comida aderezada, tan sumptuosa y grande, que se echaua bien de ver en ella la 10 grandeza y magnificencia de quien la daua. Sancho, mostrando las llagas a la duquessa de su roto vestido, dixo: “Si esta caça fuera de liebres o de paxarillos, seguro estuuiera mi sayo de verse en este 15 estremo; yo no se qué gusto se recibe de esperar a vn animal que si os alcança con vn colmillo, os puede quitar la vida; yo me acuerdo auer oydo cantar vn romance antiguo, que dize: De los osos seas comido 20 como Fabila el nombrado (*).” “Esse fue vn rey godo”, dixo don Quixote, “que yendo a caça de monteria, le comio vn oso.” “Esso es lo que yo digo”, respondio Sancho, 25 “que no querria yo que los principes y los reyes se pusiessen en semejantes peligros, a trueco de vn gusto que parece que no le auia de ser, pues consiste en matar a vn animal que no ha cometido delito alguno.” 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 425 “Antes os engañais, Sancho”, respondio el duque, “porque el exercicio de la caça de monte es el mas conueniente y necessario para los reyes y principes que otro alguno. La caça es vna imagen de la guerra: ay en ella estratagemas, 5 astucias, insidias para vencer a su saluo al enemigo; padecense en ella frios grandissimos y calores intolerables, menoscabase el ocio y el sueño, corroboranse las fuerças, agilitanse los miembros del que la vsa, y, en resolucion, es 10 exercicio que se puede hazer sin perjuyzio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que el tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros generos de caça, excepto el de la bolateria, que tambien es solo para reyes y grandes 15 señores. Assi que, ¡o Sancho!, mudad de opinion, y, quando seays gouernador, ocupaos en la caça y vereys como os vale vn pan por ciento.” “Esso no”, respondio Sancho; “el buen gouernador la pierna quebrada, y en casa; bueno 20 seria que viniessen los negociantes a buscarle fatigados, y el estuuiesse en el monte holgandose; assi enhoramala andaria el gouierno. Mia fe, señor, la caça y los passatiempos mas han de ser para los holgaçanes que para los 25 gouernadores; en lo que yo pienso entretenerme, es en jugar al triunfo embidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas; que essas caças ni caços no dizen con mi condicion ni hazen con mi conciencia.” 30 “Plega a Dios, Sancho, que assi sea, porque del dicho al hecho ay gran trecho.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 426 “Aya lo que huuiere”, replicó Sancho, “que al buen pagador no le duelen prendas, y mas vale al que Dios ayuda, que al que mucho madruga; y tripas lleuan pies, que no pies a tripas; quiero dezir que si Dios me ayuda, y 5 yo hago lo que deuo con buena intencion, sin duda que gouernaré mejor que vn gerifalte; no sino ponganme el dedo en la boca, y veran si aprieto o no.” “¡Maldito seas de Dios y de todos sus 10 santos, Sancho maldito”, dixo don Quixote, “y quándo sera el dia, como otras muchas vezes he dicho, donde yo te vea hablar sin refranes vna razon corriente y concertada! Vuestras grandezas dexen a este tonto, señores mios, 15 que les molera las almas, no solo puestas entre dos, sino entre dos mil refranes traydos tan a sazon y tan a tiempo quanto le de Dios a el la salud, o a mi si los querria escuchar.” “Los refranes de Sancho Pança”, dixo la 20 duquessa, “puesto que son mas que los del Comendador Griego (*), no por esso son en menos (*) de estimar por la breuedad de las sentencias. De mi se dezir que me dan mas gusto que otros, aunque sean mejor traydos y con 25 mas sazon acomodados.” Con estos y otros entretenidos razonamientos salieron de la tienda al bosque, y en requerir algunas paranzas (y) (*) presto se les pasó el dia y se les vino la noche, y no tan clara ni tan 30 sesga como la sazon del tiempo pedia, que era en la mitad del verano; pero vn cierto claro escuro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 427 que truxo consigo, ayudó mucho a la intencion de los duques; y, assi, como començo a anochezer, vn poco mas adelante del crepusculo, a deshora parecio que todo el bosque por todas quatro partes se ardia; y luego se oyeron por aqui 5 y por alli, y por aca y por aculla, infinitas cornetas y otros instrumentos de guerra, como de muchas tropas de caualleria que por el bosque passaua; la luz del fuego, el son de los belicos instrumentos, casi cegaron y atronaron los ojos 10 y los oydos de los circunstantes y aun de todos los que en el bosque estauan. Luego se oyeron infinitos lelilies al vso de moros quando entran en las batallas; sonaron trompetas y clarines, retumbaron tambores, 15 resonaron pifaros, casi todos a vn tiempo, tan contino y tan apriesa, que no tuuiera sentido el que no quedara sin el al son confuso de tantos instrumentos. Pasmose el duque, suspendiose la duquessa, admirose don Quixote, temblo 20 Sancho Pança, y, finalmente, aun hasta los mesmos sabidores de la causa se espantaron; con el temor les cogio el silencio, y vn postillon (que) (*) en trage de demonio les passó por delante, tocando en vez (*) de corneta vn hueco 25 y desmesurado cuerno, que vn ronco y espantoso son despedia. “Ola, hermano correo”, dixo el duque, “¿quién soys, adónde vays y qué gente de guerra es la que por este bosque parece que atrauiessa?” 30 A lo que respondio el correo con voz horrisona y desenfadada:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 428 “Yo soy el diablo; voy a buscar a don Quixote de la Mancha; la gente que por aqui viene son seys tropas de encantadores, que sobre vn carro triunfante traen a la sin par Dulcinea del Toboso; encantada viene con el gallardo 5 frances Montesinos a dar orden a don Quixote de cómo ha de ser desencantada la tal señora.” “Si vos fuerades diablo, como dezis y como vuestra figura muestra, ya huuierades conocido al tal cauallero don Quixote de la Mancha, 10 pues le teneys delante.” “En Dios y en mi conciencia”, respondio el diablo, “que no miraua en ello, porque traygo en tantas cosas diuertidos los pensamientos, que de la principal, a que venia, se me 15 oluidaua.” “Sin duda“, dixo Sancho, “que este demonio deue de ser hombre de bien y buen christiano, porque a no serlo, no jurara en Dios y en mi conciencia. Aora, yo tengo para mi que aun en 20 el mesmo infierno deue de auer buena gente.” Luego el demonio, sin apearse, encaminando la vista a don Quixote, dixo: “A ti, el Cauallero de los Leones --que entre las garras dellos te vea yo--, me embia el 25 desgraciado pero valiente cauallero Montesinos, mandandome que de su parte te diga que le esperes en el mismo lugar que (*) te topare, a causa que trae consigo a la que llaman Dulcinea del Toboso, con orden de darte la que es menester 30 para desencantarla; y por no ser para mas mi venida, no ha de ser mas mi estada; los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 429 demonios como yo queden contigo y los angeles buenos con estos señores.” Y, en diziendo esto, tocó el desaforado cuerno y boluio las espaldas y fuesse sin esperar respuesta de ninguno. 5 Renouose la admiracion en todos, especialmente en Sancho y don Quixote; en Sancho, en ver que, a despecho de la verdad, querian que estuuiesse encantada Dulcinea; en don Quixote, por no poder assegurarse si era verdad o no 10 lo que le auia passado en la cueua de Montesinos; y, estando eleuado en estos pensamientos, el duque le dixo: “¿Piensa vuessa merced esperar, señor don Quixote?” 15 “¿Pues no?” respondio el. “Aqui esperaré intrepido y fuerte, si me viniesse a embestir todo el infierno.” “Pues si yo veo otro diablo y oygo otro cuerno como el passado, assi esperaré yo aqui 20 como en Flandes”, dixo Sancho. En esto, se cerro mas la noche, y començaron a discurrir muchas luzes por el bosque, bien assi como discurren por el cielo las exhalaciones secas de la tierra, que parecen a 25 nuestra vista estrellas que corren; oyose, assimismo, vn espantoso ruydo, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrio aspero y continuado se dize que huyen los lobos y los 30 osos, si los ay por donde passan. Añadiose a toda esta tempestad otra que las aumentó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 430 todas, que fue que parecia verdaderamente que a las quatro partes del bosque se estauan dando a vn mismo tiempo quatro rencuentros o batallas, porque alli sonaua el duro estruendo de espantosa artilleria; aculla se disparauan 5 infinitas escopetas; cerca casi sonauan las (*) vozes de los combatientes; lexos se reyterauan los lililies agarenos. Finalmente, las cornetas, los cuernos, las bozinas, los clarines, las trompetas, los tambores, 10 la artilleria, los arcabuzes y, sobre todo, el temeroso ruydo de los carros, formauan todos juntos vn son tan confuso y tan horrendo, que fue menester que don Quixote se valiesse de todo su coraçon para sufrirle; pero el de 15 Sancho vino a tierra y dio con el desmayado en las faldas de la duquessa, la qual le recibio en ellas y a gran priessa mandó que le echassen agua en el rostro. Hizose assi, y el boluio en su acuerdo a tiempo que ya vn carro de las rechinantes 20 ruedas llegaua a aquel puesto; tirauanle quatro perezosos bueyes, todos cubiertos de paramentos negros; en cada cuerno traian atada y encendida vna grande acha de cera, y encima del carro venia hecho vn assiento alto, 25 sobre el qual venia sentado vn venerable viejo con vna barba mas blanca que la mesma nieue, y tan luenga que le passaua de la cintura; su vestidura era vna ropa larga de negro vocazi; que por venir el carro lleno de infinitas luzes 30 se podia bien diuisar y discernir todo lo que en el venia. Guiauanle dos feos demonios vestidos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 431 del mesmo vocazi, con tan feos rostros, que Sancho, auiendolos visto vna vez, cerro los ojos por no verlos otra. Llegando, pues, el carro a ygualar al puesto, se leuantó de su alto assiento el viejo venerable, y puesto en pie, dando 5 vna gran voz, dixo: “Yo soy el sabio Lirgandeo (*).” Y passó el carro adelante, sin hablar mas palabra. Tras este passó otro carro de la misma 10 manera, con otro viejo entronizado, el qual, haziendo que el carro se detuuiesse, con voz no menos graue que el otro, dixo: “Yo soy el sabio Alquife, el grande amigo de Vrganda la Desconocida.” 15 Y passó adelante. Luego, por el mismo continente llegó otro carro; pero el que venia sentado en el trono no era viejo como los demas, sino hombron robusto y de mala catadura, el qual, al llegar, 20 leuantandose en pie como los otros, dixo con voz mas ronca y mas endiablada: “Yo soy Arcalaus, el encantador, enemigo mortal de Amadis de Gaula y de toda su parentela.” Y passó adelante. 25 Poco desuiados de alli hizieron alto estos tres carros y cessó el enfadoso ruydo de sus ruedas; y luego se oyo otro, no ruydo, sino vn son de vna suaue y concertada musica formado, con que Sancho se alegró y lo tuuo a 30 buena señal; y, assi, dixo a la duquessa, de quien vn punto ni vn paso se apartaua:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 432 “Señora, donde ay musica no puede auer cosa mala.” “Tampoco donde ay luzes y claridad”, respondio la duquessa. A lo que replicó Sancho: 5 “Luz da el fuego, y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos cercan, y bien podria ser que nos abrasassen; pero la musica siempre es indicio de regozijos y de fiestas.” “Ello dira”, dixo don Quixote, que todo lo 10 escuchaua, y dixo bien, como se muestra en el capitulo siguiente.
p. 433 Capitulo XXXV Donde se prosigue la noticia que tuuo don Quixote del desencanto de Dulcinea con otros admirable[s] sucessos. Al compas de la agradable musica vieron 5 que hazia ellos venia vn carro de los que llaman triunfales, tirado de seys mulas pardas encubertadas, empero, de lienço blanco, y sobre cada vna venia vn diciplinante de luz (*), assimesmo vestido de blanco, con vna 10 acha de cera grande, encendida, en la mano; era el carro dos vezes, y aun tres, mayor que los passados, y los lados y encima del, ocupauan doze otros diciplinantes albos como la nieue, todos con sus achas encendidas, vista 15 que admiraua y espantaua juntamente; y en vn leuantado trono venia sentada vna ninfa vestida de mil velos de tela de plata, brillando por todos ellos infinitas hojas de argenteria de oro, que la hazian, si no rica, a lo menos, 20 vistosamente vestida; traia el rostro cubierto con vn transparente y delicado cendal, de modo, que, sin impedirlo sus lizos, por entre ellos se descubria vn hermosissimo rostro de donzella; y las muchas luzes dauan lugar para distinguir 25 la belleza y los años, que, al parecer, no llegauan a veynte ni baxauan de diez y siete; junto a ella venia vna figura vestida de vna ropa de las que llaman rozagantes, hasta los pies, cubierta la cabeça con vn velo negro; pero al 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 434 punto que llegó el carro a estar frente a frente de los duques y de don Quixote, cessó la musica de las chirimias, y luego la de las harpas y laudes que en el carro sonauan; y, leuantandose en pie la figura de la ropa, la apartó a 5 entrambos lados, y, quitandose el velo del rostro, descubrio patentemente ser la mesma figura de la Muerte descarnada y fea, de que don Quixote recibio pesadumbre, y Sancho miedo, y los duques hizieron algun sentimiento temeroso. 10 Alçada y puesta en pie esta Muerte viua, con voz algo dormida y con lengua no muy despierta, començo a dezir desta manera: “Yo soy Merlin (*), aquel que las historias dizen que tuue por mi padre al diablo, 15 (mentira autorizada de los tiempos), principe de la magica y monarca y archiuo de la ciencia zoroastrica, emulo a las edades y a los siglos, que solapar pretenden las hazañas 20 de los andantes brauos caualleros, a quien yo tuue y tengo gran cariño. Y puesto que es de los encantadores, de los magos o magicos contino dura la condicion, aspera y fuerte, 25 la mia es tierna, blanda y amorosa, y amiga de hazer bien a todas gentes. En las cauernas lobregas de Dite, donde estaua mi alma entretenida en formar ciertos rombos y caráteres, 30 llegó la voz doliente de la bella y sin par Dulcinea del Toboso. Supe su encantamento y su desgracia, y su trasformacion de gentil dama en rustica aldeana: condolime, 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 435 y encerrando mi espiritu en el hueco desta espantosa y fiera notomia, despues de auer rebuelto cien mil libros desta mi ciencia endemoniada y torpe, vengo a dar el remedio que conuiene 5 a tamaño dolor, a mal tamaño. ¡O tu, gloria y honor de quantos visten las tunicas de azero y de diamante, luz y farol, sendero, norte y guia de aquellos que, dexando el torpe sueño 10 y las ociosas plumas, se acomodan a vsar el exercicio intolerable de las sangrientas y pesadas armas!; a ti digo, ¡o varon, como se (*) deue, por jamas alabado!, a ti, valiente 15 juntamente y discreto don Quixote, de la Mancha esplendor, de España estrella, que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho, tu escudero, 20 se de tres mil açotes y trecientos en ambas sus valientes posaderas, al ayre descubiertas, y de modo, que le escuezan, le amarguen y le enfaden; y en esto se resueluen todos quantos 25 de su desgracia han sido los autores, y a esto es mi venida, mis señores.” “¡Voto a tal!”, dixo a esta sazon Sancho; “no digo yo tres mil açotes, pero assi me dare yo tres, como tres puñaladas; ¡valate el diablo por 30 modo de desencantar; yo no se qué tienen que ver mis posas con los encantos! Par Dios que si el señor Merlin no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea (*) del Toboso, encantada se podra yr a la sepultura.” 35 “Tomaros he yo”, dixo don Quixote, “don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 436 villano, harto de ajos, y amarraros he a vn arbol, desnudo como vuestra madre os pario, y no digo yo tres mil y trecientos, sino seys mil y seys cientos açotes os dare, tan bien pegados, que no se os caygan a tres mil y trecientos 5 tirones; y no me repliqueys palabra, que os arrancaré el alma.” Oyendo lo qual Merlin, dixo: “No ha de ser assi, porque los açotes que ha de recebir el buen Sancho, han de ser por su 10 voluntad y no por fuerça, y en el tiempo que el quisiere; que no se le pone termino señalado; pero permitesele que si el quisiere redemir su vexacion por la mitad de este vapulamiento, puede dexar que se los de agena mano, 15 aunque sea algo pesada.” “Ni agena, ni propia, ni pesada, ni por pesar”, replicó Sancho: “a mi no me ha de tocar alguna mano. ¿Pari yo, por ventura, a la señora Dulcinea del Toboso, para que paguen 20 mis posas lo que pecaron sus ojos? El señor mi amo si, que es parte suya, pues la llama a cada paso mi vida, mi alma, sustento y arrimo suyo, se puede y deue açotar por ella y hazer todas las diligencias necessarias para su 25 desencanto. Pero ¿açotarme yo?; abernuncio.” Apenas acabó de dezir esto Sancho, quando leuantandose en pie la argentada ninfa que junto al espiritu de Merlin venia, quitandose el sutil velo del rostro, le descubrio tal, que a 30 todos parecio mas que demasiadamente hermoso, y con vn desenfado varonil y con vna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 437 voz no muy adamada, hablando derechamente con Sancho Pança, dixo: “¡O malauenturado escudero, alma de cantaro, coraçon de alcornoque, de entrañas guigeñas y apederna[l]adas!; si te mandaran, ladron, 5 desuellacaras, que te arrojaras de vna alta torre al suelo, si te pidieran, enemigo del genero humano, que te comieras vna dozena de sapos, dos de lagartos y tres de culebras, si te persuadieran a que mataras a tu muger y a 10 tus hijos con algun truculento y agudo alfange, no fuera marauilla que te mostraras melindroso y esquiuo. Pero hazer caso de tres mil y trecientos açotes, que no ay niño de la Doctrina, por ruyn que sea, que no se los lleue cada mes, 15 admira, adarua, espanta a todas las entrañas piadosas de los que lo escuchan y aun las de todos aquellos que lo vinieren a saber con el discurso del tiempo. Pon ¡o miserable y endurecido animal!, pon, digo, essos tus ojos de 20 mochuelo (*) espantadizo en las niñas destos mios, comparados a rutilantes estrellas, y veraslos llorar hilo a hilo y madexa a madexa, haziendo surcos, carreras y sendas por los hermosos campos de mis mexillas. Mueuate, 25 socarron y mal intencionado monstro, que la edad tan florida mia, que aun se está todauia en el diez y ... de los años, pues tengo diez y nueue y no llego a veynte, se consume y marchita debaxo de la corteza de vna rustica 30 labradora; y si aora no lo parezco es merced particular que me ha hecho el señor Merlin,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 438 que está presente, solo porque te enternezca mi belleza; que las lagrimas de vna afligida hermosura bueluen en algodon los riscos y los tigres en ouejas. Date, date en essas carnazas, bestion indomito, y saca de haron esse brio 5 que a solo comer y mas comer te inclina; y pon en libertad la lisura de mis carnes, la mansedumbre de mi condicion y la belleza de mi faz; y si por mi no quieres ablandarte ni reduzirte a algun razonable termino, hazlo por esse 10 pobre cauallero que a tu lado tienes, por tu amo, digo, de quien estoy viendo el alma, que la tiene atrauessada en la garganta, no diez dedos de los labios, que no espera sino tu rigida o blanda repuesta, o para salirse por la 15 boca, o para boluerse al estomago.” Tentose oyendo esto la garganta don Quixote, y dixo, boluiendose al duque: “Por Dios, señor, que Dulcinea ha dicho la verdad, que aqui tengo el alma 20 atrauessada en la garganta, como vna nuez de ballesta.” “¿Qué dezis vos a esto, Sancho?”, preguntó la duquessa. “Digo, señora”, respondio Sancho, “lo que 25 tengo dicho: que de los açotes auernuncio.” “Abrrenuncio aueis de dezir, Sancho, y no como dezis”, dixo el duque. “Dexeme vuestra grandeza”, respondio Sancho; “que no estoy agora para mirar en 30 sotilezas, ni en letras mas a menos, porque me tienen tan turbado estos açotes que me han de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 439 dar o me tengo de dar, que no se lo que me digo ni lo que me hago; pero querria yo saber de la señora, mi señora doña Dulcinea (*) del Toboso, adonde aprendio el modo de rogar que tiene; viene a pedirme que me abra las 5 carnes a açotes, y llamame alma de cantaro y bestion indomito, con vna tiramira de malos nombres, que el diablo los sufra. ¿Por ventura son mis carnes de bronze?, ¿o vame a mi algo en que se desencante o no? ¿Qué canasta de 10 ropa blanca, de camisas, de tocadores y de escarpines, a[n]que (*) no los gasto, trae delante de si para ablandarme, sino vn vituperio y otro, sabiendo aquel refran que dizen por ay, que vn asno cargado de oro sube ligero por vna 15 montaña, y que dadiuas quebrantan peñas, y a Dios rogando y con el maço dando, y que mas vale vn toma que dos te dare? Pues el señor, mi amo, que auia de traerme la mano por el cerro y halagarme para que yo me 20 hiziesse de lana y de algodon cardado, dize que si me coge me amarrará desnudo a vn arbol, y me doblará la parada de los açotes; y auian de considerar estos lastimados señores que no solamente piden que se açote vn escudero, 25 sino vn gouernador; como quien dize: beue con g[u]indas. Aprendan, aprendan mucho de enhoramala a saber rogar, y a saber pedir, y a tener criança; que no son todos los tiempos vnos, ni estan los hombres siempre de vn buen humor; 30 estoy yo aora rebentando de pena por ver mi sayo verde roto, y vienen a pedirme que me
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 440 açote de mi voluntad, estando ella tan agena dello, como de boluerme cazique.” “Pues en verdad, amigo Sancho”, dixo el duque, “que si no os ablandais mas que vna breua madura, que no aueis de empuñar el 5 gouierno. Bueno seria que yo embiasse a mis insulanos vn gouernador cruel, de entrañas pedernalinas, que no se doblega a las lagrimas de las afligidas donzellas ni a los ruegos de discretos, imperiosos y antiguos encantadores 10 y sabios. En resolucion, Sancho: o vos aueis de ser açotado, o os han de açotar, o no aueis de ser gouernador.” “Señor”, respondio Sancho, “¿no se me darian dos dias de termino para pensar lo [que] 15 me está mejor?” “No, en ninguna manera”, dixo Merlin; “aqui, en este instante y en este lugar ha de quedar assentado lo que ha de ser deste negocio: o Dulcinea boluera a la cueua de Montesinos 20 y a su pristino estado de labradora, o ya, en el ser que está sera lleuada a los Eliseos campos, donde estara esperando se cumpla el numero del vapulo.” “Ea, buen Sancho”, dixo la duquessa, “buen 25 animo y buena correspondencia al pan que aueis comido del señor don Quixote, a quien todos deuemos seruir y agradar por su buena condicion y por sus altas cauallerias. Dad el si, hijo, desta açotayna, y vayase el diablo para diablo y 30 el temor para mezquino; que vn buen coraçon quebranta mala ventura, como vos bien sabeis.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 441 A estas razones respondio con estas disparatadas Sancho, que, hablando con Merlin, le preguntó: “Digame vuessa merced, señor Merlin: quando llegó aqui el diablo correo, (y) dio (*) a 5 mi amo vn recado del señor Montesinos, mandandole de su parte que le esperasse aqui, porque venia a dar orden de que la señora doña Dulcinea del Toboso se desencantasse, y hasta agora no hemos visto a Montesinos ni a sus 10 semejas.” A lo qual respondio Merlin: “El diablo, amigo Sancho, es vn ignorante y vn grandissimo bellaco; yo le embié en busca de vuestro amo, pero no con recado de Montesinos, 15 sino mio, porque Montesinos se está en su cueua, entendiendo, o por mejor dezir, esperando su desencanto, que aun le falta la cola por desollar; si os deue algo o teneys alguna cosa que negociar con el, yo os lo traere y 20 pondre donde vos mas quisieredes; y por agora acabad de dar el si desta diciplina, y creedme que os sera de mucho prouecho, assi para el alma como para el cuerpo: para el alma, por la caridad con que la hareys; para el 25 cuerpo, porque yo se que soys de complexion sanguinea, y no os podra hazer daño sacaros vn poco de sangre.” “Muchos medicos ay en el mundo, hasta los encantadores son medicos”, replicó Sancho; 30 “pero, pues todos me lo dizen, aunque yo no me lo veo, digo que soy contento de darme los tres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 442 mil y trecientos açotes, con condicion que me los tengo de dar cada y quando que yo quisiere, sin que se me ponga tassa en los dias ni en el tiempo; y yo procuraré salir de la deuda lo mas presto que sea possible, porque goze 5 el mundo de la hermosura de la señora doña Dulcinea del Toboso, pues, segun parece, al rebes de lo que yo pensaua, en efecto es hermosa. Ha de ser tambien condicion, que no [he] de estar obligado a sacarme sangre con la 10 diciplina, y que si algunos açotes fueren de mosqueo, se me han de tomar en cuenta. Y ten, que si me errare en el numero, el señor Merlin, pues lo sabe todo, ha de tener cuydado de contarlos y de auisarme los que me faltan o 15 los que me sobran.” “De las (*) sobras no aura que auisar”, respondio Merlin, “porque llegando al cabal numero, luego quedará de improuiso desencantada la señora Dulcinea, y vendra a buscar, 20 como agradecida, al buen Sancho y a darle las gracias y aun premios por la buena obra. Assi que no ay de qué tener escrupulo de las sobras ni de las faltas, ni el cielo permita que yo engañe a nadie, aunque sea en vn pelo de 25 la cabeça.” “Ea, pues, a la mano de Dios”, dixo Sancho; “yo consiento en mi mala ventura, digo, que yo acepto la penitencia con las condiciones apuntadas.” 30 Apenas dixo estas vltimas palabras Sancho, quando boluio a sonar la musica de las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 443 chirimias y se boluieron a disparar infinitos arcabuzes, y don Quixote se colgo del cuello de Sancho, dandole mil besos en la frente y en las mexillas. La duquessa y el duque y todos los circunstantes dieron muestras de auer recebido 5 grandissimo contento, y el carro començo a caminar, y al passar la hermosa Dulcinea inclinó la cabeça a los duques y hizo vna gran reuerencia a Sancho. Y ya, en esto, se venia a mas andar el alua 10 alegre y risueña; las florezillas de los campos se descollauan y erguian, y los liquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre blancas y pardas guijas, yuan a dar tributo a los rios que los (*) esperauan; la tierra alegre, 15 el cielo claro, el ayre limpio, la luz serena, cada vno por si y todos juntos dauan manifiestas señales que el dia que al aurora venia pisando las faldas auia de ser sereno y claro. Y satisfechos los duques de la caça y de auer 20 conseguido su intencion tan discreta y felizemente, se boluieron a su castillo con prosupuesto de segundar en sus burlas; que para ellos no auia veras que mas gusto les diessen.
p. 444 Capitulo XXXVI Donde se cuenta la estraña y jamas imaginada auentura de la dueña Dolorida, alias de la condessa Trifaldi, con vna carta que Sancho Pança escriuio a su muger, Teresa 5 Pança. Tenia vn mayordomo el duque de muy burlesco y desenfadado ingenio, el qual hizo la figura de Merlin y acomodó todo el aparato de la auentura passada, compuso los versos y 10 hizo que vn page hiziesse a Dulcinea. Finalmente, con interuencion de sus señores ordenó otra del mas gracioso y estraño artificio que puede imaginarse. Preguntó la duquessa a Sancho otro dia si auia començado la tarea 15 de la penitencia que auia de hazer por el desencanto de Dulcinea; dixo que si, y que aquella noche se auia dado cinco açotes. Preguntole la duquessa que con qué se los auia dado; respondio que con la mano. 20 “Esso”, replicó la duquessa, “mas es darse de palmadas que de açotes; yo tengo para mi que el sabio Merlin no estara contento con tanta blandura; menester sera que el buen Sancho haga alguna diciplina de abroxos, o de 25 las de canelones, que se dexen sentir, porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de vna tan gran señora como lo es Dulcinea por tan poco precio; y aduierta Sancho que las obras de caridad que se hazen 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 445 tibia y floxamente no tienen merito ni valen nada (*).” A lo que respondio Sancho: “Deme vuestra señoria alguna diciplina o ramal conueniente, que yo me dare con el, como 5 no me duela demasiado; porque hago saber a vuessa merced que, aunque soy rustico, mis carnes tienen mas de algodon que de esparto, y no sera bien que yo me descrie por el prouecho ageno.” 10 “Sea en buena hora”, respondio la duquessa; “yo os dare mañana vna diciplina que os venga muy al justo y se acomode con la ternura de vuestras carnes, como si fueran sus hermanas propias.” 15 A lo que dixo Sancho: “Sepa vuestra alteza, señora mia de mi anima, que yo tengo escrita vna carta a mi muger Teresa Pança, dandole cuenta de todo lo que me ha sucedido despues que me aparté della; aqui 20 la tengo en el seno, que no le falta mas de ponerle el sobreescrito; querria que vuestra discrecion la leyesse, porque me parece que va conforme a lo de gouernador, digo, al modo que deuen de escriuir los gouernadores.” 25 “Y ¿quién la notó?”, preguntó la duquessa. “¿Quién la auia de notar sino yo, pecador de mi?”, respondio Sancho. “Y ¿escriuistesla vos?”, dixo la duquessa. “Ni por pienso”, respondio Sancho, “porque 30 yo no se leer ni escriuir, puesto que se firmar.” “Veamosla”, dixo la duquessa; “que a buen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 446 seguro que vos mostreis en ella la calidad y suficiencia de vuestro ingenio.” Sacó Sancho vna carta abierta del seno, y, tomandola la duquessa, vio que dezia desta manera: 5 CARTA DE SANCHO PANÇA A TERESA PANÇA, SV MVGER “Si buenos açotes me dauan, bien cauallero me yua; si buen gouierno me tengo, buenos açotes me cuesta. Esto no lo entenderas tu, 10 Teresa mia, por aora; otra vez lo sabras. Has de saber, Teresa, que tengo determinado que andes en coche, que es lo que haze al caso, porque todo otro andar es andar a gatas. Muger de vn gouernador eres, ¡mira si te roera nadie los 15 çancajos! Ai te embio vn vestido verde de caçador que me dio mi señora la duquessa; acomodale en modo que sirua de saya y cuerpos a nuestra hija. Don Quixote, mi amo, segun he oydo dezir en esta tierra, es vn loco cuerdo y 20 vn mentecato gracioso, y que yo no le voy en zaga. Hemos estado en la cueua de Montesinos, y el sabio Merlin ha echado mano de mi para el desencanto de Dulcinea del Toboso, que por alla se llama Aldonça Lorenço; con tres mil y 25 trecientos açotes menos cinco, que me he de dar, quedará desencantada como la madre que la pario. No diras desto nada a nadie, porque pon lo tuyo en concejo, y vnos diran que es blanco y otros que es negro. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 447 ”De aqui a pocos dias me partire al gouierno, adonde voy con grandissimo desseo de hazer dineros, porque me han dicho que todos los gouernadores nueuos van con este mesmo desseo; tomarele el pulso y auisarete si has de venir a 5 estar conmigo o no. El ruzio está bueno, y se te encomienda mucho, y no lo pienso dexar aunque me lleuaran a ser Gran Turco. La duquessa, mi señora, te besa mil vezes las manos; bueluele el retorno con dos mil, que no ay cosa 10 que menos cueste ni valga mas barata, segun dize mi amo, que los buenos comedimientos. No ha sido Dios seruido de depararme otra maleta con otros cien escudos como la de marras; pero no te de pena, Teresa mia, que en saluo está 15 el que repica, y todo saldra en la colada del gouierno; sino que me ha dado gran pena que me dizen que si vna vez le prueuo, que me tengo de comer las manos tras el, y si assi fuesse, no me costaria muy barato, aunque los 20 estropeados y mancos ya tienen su calongia (*) en la limosna que piden; assi que, por vna via o por otra, tu has de ser rica, de buena ventura. Dios te la de, como puede, y a mi me guarde para seruirte. Deste castillo, a veynte 25 de julio 1614. Tu marido el gouernador, Sancho Pança.” En acabando la duquessa de leer la carta, dixo a Sancho: 30 “En dos cosas anda vn poco descaminado el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 448 buen gouernador: la vna, en dezir o dar a entender que este gouierno se le han dado por los açotes que se ha de dar, sabiendo el, que no lo puede negar, que quando el duque, mi señor, se le prometio, no se soñaua auer açotes en el 5 mundo; la otra es, que se muestra en ella muy codicioso, y no querria que oregano fuesse, porque la codicia rompe el saco, y el gouernador codicioso haze la justicia desgouernada.” “Yo no lo digo por tanto, señora”, respondio 10 Sancho, “y si a vuessa merced le parece que la tal carta no va como ha de yr, no ay sino rasgarla y hazer otra nueua, y podria ser que fuesse peor si me lo dexan a mi caletre.” “No, no”, replicó la duquessa; “buena está 15 esta, y quiero que el duque la vea.” Con esto se fueron a vn jardin donde auian de comer aquel dia; mostro la duquessa la carta de Sancho al duque, de que recibio grandissimo contento. Comieron, y despues de alçado 20 los manteles, y despues de auerse entretenido vn buen espacio con la sabrosa conuersacion de Sancho, a deshora se oyo el son tristissimo de vn pifaro y el de vn ronco y destemplado tambor; todos mostraron alborotarse con la 25 confusa, marcial y triste armonia, especialmente don Quixote, que no cabia en su assiento de puro alborotado; de Sancho no ay que dezir, sino que el miedo le lleuó a su acostumbrado refugio, que era el lado o faldas de la 30 duquessa, porque real y verdaderamente el son que se escuchaua era tristissimo y malencolico.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 449 Y, estando todos assi suspensos, vieron entrar por el jardin adelante dos hombres vestidos de luto, tan luengo y tendido que les arrastraua por el suelo; estos venian tocando dos grandes tambores, assimismo cubiertos de negro. A su 5 lado venia el pifaro, negro y pizmiento como los demas; seguia a los tres vn personage de cuerpo agigantado, amantado, no que vestido, con vna negrissima loba, cuya falda era assimismo desaforada de grande; por encima de la loba le 10 ceñia y atrauessaua vn ancho taheli, tambien negro, de quien pendia vn desmesurado alfange de guarniciones y vayna negra. Venia cubierto el rostro con vn trasparente velo negro, por quien se entreparecia vna longissima barba, 15 blanca como la nieue. Mouia el paso al son de los tambores con mucha grauedad y reposo. En fin, su grandeza, su contoneo, su negrura y su acompañamiento pudiera y pudo suspender a todos aquellos que, sin conocerle, le miraron. 20 Llegó, pues, con el espacio y proso[po]peya referida a hincarse de rodillas ante el duque, que en pie, con los demas que alli estauan, le atendia. Pero el duque en ninguna manera le consintio hablar hasta que se leuantasse. Hizolo 25 assi el espantajo prodigioso, y, puesto en pie, alçó el antifaz del rostro y hizo patente la mas horrenda, la mas larga, la mas blanca y mas poblada barba que hasta entonces humanos ojos auian visto, y luego desencaxó y arrancó del 30 ancho y dilatado pecho vna voz graue y sonora, y poniendo los ojos en el duque, dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 450 “Altissimo y poderoso señor: a mi me llaman Trifaldin el de la Barba Blanca, soy escudero de la condessa Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña Dolorida, de parte de la qual traygo a vuestra grandeza vna embaxada, y es que la 5 vuestra magnificencia sea seruida de darla facultad y licencia para entrar a dezirle su cuyta, que es vna de las mas nueuas y mas admirables que el mas cuytado pensamiento del orbe pueda auer pensado; y primero quiere saber si 10 está en este vuestro (*) castillo el valeroso y jamas vencido cauallero don Quixote de la Mancha, en cuya busca viene a pie, y sin desayunarse, desde el reyno de Candaya hasta este vuestro estado, cosa que se puede y deue tener 15 a milagro, o a fuerça de encantamento; ella queda a la puerta desta fortaleza o casa de campo, y no aguarda para entrar sino vuestro beneplacito; dixe.” Y tosio luego, y manoseose la barba de arriba 20 abaxo con entrambas manos, y con mucho sossiego estuuo atendiendo la respuesta del duque, que fue: “Ya, buen escudero Trifaldin de la Blanca Barba, ha muchos dias que tenemos noticia de 25 la desgracia de mi señora la condessa Trifaldi, a quien los encantadores la hazen llamar la dueña Dolorida; bien podeys, estupendo escudero, dezirle que entre y que aqui está el valiente cauallero don Quixote de la Mancha, de 30 cuya condicion generosa puede prometerse con seguridad todo amparo y toda ayuda, y assimismo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 451 le podreys dezir de mi parte que si mi fauor le fuere necessario, no le ha de faltar, pues ya me tiene obligado a darsele el ser cauallero, a quien es anejo y concerniente fauorecer a toda suerte [de] mugeres, en especial a 5 las dueñas viudas (*), menoscabadas y doloridas, qual lo deue estar su señoria.” Oyendo lo qual Trifaldin, inclinó la rodilla hasta el suelo, y, haziendo al pifaro y tambores señal que tocassen, al mismo son y al mismo 10 paso que auia entrado, se boluio a salir del jardin, dexando a todos admirados de su presencia y compostura. Y, boluiendose el duque a don Quixote, le dixo: “En fin, famoso cauallero, no pueden las 15 tinieblas de la malicia ni de la ignorancia encubrir y escurecer la luz del valor y de la virtud. Digo esto, porque apenas ha seys dias que la vuestra bondad está en este castillo, quando ya os vienen a buscar de lueñas (*) y 20 apartadas tierras; y no en carroças ni en dromedarios, sino a pie y en ayunas, los tristes, los afligidos, confiados que han de hallar en esse fortissimo braço el remedio de sus cuytas y trabajos, merced a vuestras grandes hazañas, 25 que corren y rodean todo lo descubierto de la tierra.” “Quisiera yo, señor duque”, respondio don Quixote, “que estuuiera aqui presente aquel bendito religioso, que a la mesa el otro dia 30 mostro tener tan mal talante y tan mala ogeriza contra los caualleros andantes, para que viera
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 452 por vista de ojos si los tales caualleros son necessarios en el mundo; tocara, por lo menos, con la mano que los extraordinariamente afligidos y desconsolados, en casos grandes y en desdichas inormes, no van a buscar su remedio a las 5 casas de los letrados, ni a la de los sacristanes de las aldeas, ni al cauallero que nunca ha acertado a salir de los terminos de su lugar, ni al perezoso cortesano, que antes busca nueuas para referirlas y contarlas que procura hazer 10 obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriuan; el remedio de las cuytas, el socorro de las necessidades, el amparo de las donzellas, el consuelo de las viudas, en ninguna suerte de personas se halla mejor que en los 15 caualleros andantes, y de serlo yo doy infinitas gracias al cielo, y doy por muy bien empleado qualquier desman y trabajo que en este tan honroso exercicio pueda sucederme. Venga esta dueña y pida lo que quisiere; que yo le 20 libraré su remedio en la fuerça de mi braço y en la intrepida resolucion de mi animoso espiritu.”
p. 453 Capitulo XXXVII Donde se prosigue la famosa auentura de la dueña Dolorida. En estremo se holgaron el duque y la duquessa de ver quán bien yua respondiendo a 5 su intencion don Quixote, y a esta sazon dixo Sancho: “No querria yo que esta señora dueña pusiesse algun tropiezo a la promessa de mi gouierno, porque yo he oydo dezir a vn boticario 10 toledano, que hablaua como vn silguero, que donde interuiniessen dueñas no podia suceder cosa buena. ¡Valame Dios y qué mal estaua con ellas el tal boticario!; de lo (*) que yo saco que, pues todas las dueñas son enfadosas e 15 impertinentes, de qualquiera calidad y condicion que sean, ¿qué seran las que son doloridas, como han dicho que es esta condessa Tres Faldas o Tres Colas?; que en mi tierra faldas y colas, colas y faldas, todo es vno.” 20 “Calla, Sancho amigo”, dixo don Quixote, “que pues esta señora dueña de tan lueñes tierras viene a buscarme, no deue ser de aquellas que el boticario tenia en su numero; quanto mas que esta es condessa, y quando las 25 condessas siruen de dueñas, sera siruiendo a reynas y a emperatrizes, que en sus casas son señorissimas que se siruen de otras dueñas.” A esto respondio doña Rodriguez, que se halló presente: 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 454 “Dueñas tiene mi señora la duquessa en su seruicio, que pudieran ser condessas, si la fortuna quisiera; pero alla van leyes do quieren reyes, y nadie diga mal de las dueñas, y mas de las antiguas y donzellas, que aunque yo no 5 lo soy, bien se me alcança y se me trasluze la ventaja que haze vna dueña donzella a vna dueña viuda, y quien a nosotras trasquiló, las tixeras le quedaron en la mano.” “Con todo esso”, replicó Sancho, “ay tanto 10 que trasquilar en las dueñas, segun mi barbero (*), quanto sera mejor no menear el arroz, aunque se pegue.” “Siempre los escuderos”, respondio doña Rodriguez, “son enemigos nuestros; que como 15 son duendes de las antesalas y nos veen a cada paso, los ratos que no rezan, que son muchos, los gastan en murmurar de nosotras, desenterrandonos los huesos y enterrandonos la fama. Pues mandoles yo a los leños mouibles, que, 20 mal que les pese, hemos de viuir en el mundo y en las casas principales, aunque muramos de hambre y cubramos con vn negro mongil nuestras delicadas o no delicadas carnes, como quien cubre o tapa vn muladar con vn tapiz en 25 dia de procession. A fe que si me fuera dado y el tiempo lo pidiera, que yo diera a entender, no solo a los presentes, sino a todo el mundo, como no ay virtud que no se encierre en vna dueña.” 30 “Yo creo”, dixo la duquessa, “que mi buena doña Rodriguez tiene razon, y muy grande;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 455 pero conuiene que aguarde tiempo para boluer por si y por las demas dueñas, para confundir la mala opinion de aquel mal boticario y desarraygar la que tiene en su pecho el gran Sancho Pança.” 5 A lo que Sancho respondio: “Despues que tengo humos de gouernador se me han quitado los vaguidos de escudero y no se me da por quantas dueñas ay vn cabrahigo.” 10 Adelante passaran con el coloquio dueñesco, si no oyeran que el pifaro y los tambores boluian a sonar, por donde entendieron que la dueña Dolorida entraua; preguntó la duquessa al duque si seria bien yr a recebirla, pues era 15 condessa y persona principal. “Por lo que tiene de condessa”, respondio Sancho, antes que el duque respondiesse, “bien estoy en que vuestras grandezas salgan a recebirla; pero por lo de dueña, soy de parecer que 20 no se mueuan vn paso.” “¿Quién te mete a ti en esto, Sancho?”, dixo don Quixote. “¿Quién, señor?”, respondio Sancho. “Yo me meto, que puedo meterme, como escudero que 25 ha aprendido los terminos de la cortesia en la escuela de vuessa merced, que es el mas cortés y bien criado cauallero que ay en toda la cortesania, y en estas cosas, segun he oydo dezir a vuessa merced, tanto se pierde por carta 30 de mas como por carta de menos, y al buen entendedor, pocas palabras.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 456 “Assi es como Sancho dize”, dixo el duque; “veremos el talle de la condessa, y por el tantearemos la cortesia que se le deue.” En esto, entraron los tambores y el pifaro, como la vez primera. 5 Y aqui, con este breue capitulo dio fin el autor, y començo el otro, siguiendo la mesma auentura, que es vna de las mas notables de la historia.

DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 457


NOTAS

    En esta Segunda Parte empleo las abreviaturas que siguen:

    B. A. E. = Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.

    N. B. A. E. = Nueva Biblioteca de Autores Españoles.

    R. M., u. e. = D. Francisco Rodríguez Marín: Edición crítica del Quijote = última edición, siete tomos, 1927-28.

    Clem. = D. Diego Clemencín: Edición del Quijote, seis tomos, 1833-39; los hijos y amigos de Clemencín publicaron los tomos IV-VI.

    Cort. = D. Clemente Cortejón: Edición crítica del Quijote, seis tomos, 1905-13.

    Cej. = D. Julio Cejador: La Lengua de Cervantes, Gramática y Diccionario, dos tomos, 1905-6.

    Cov.= Covarrubias: Tesoro de la Lengua Castellana.

    Para las Obras Completas de Cervantes (menos el cuarto y último tomo del Quijote) cito los diez y siete tomos publicados de esta edición, 1914-1934.

    El primer número de los que figuran a la izquierda de cada nota se refiere a la página, el siguiente a la línea del texto.

    Portada. Conde de Lemos: véase la nota en Pers. y Sig., I, 325; añad. el libro de Alfonso P. M. de Villena, Marqués de Rafal, titulado Un Mecenas español del


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 458

siglo XVII: el Conde de Lemos, etcét., Madrid, 1911; Otis H. Green, The literary Court of the Conde de Lemos at Naples, 1610-16, en la Hisp. Rev., I, 1933, págs. 290 y ss.; Azorín: Lemos y Cervantes, en Los valores liter., 1913, pág. 15 y ss.

    13-13.   En algunos ejempl. ha caído la g.

    13-23.   El texto: del.

    14-8.     Acerca de este Lic. Franc. Murcia de la Llana véase la nota en D. Q., I, 22-8; Pérez Pastor: Bibliogr. madrileña, III, 434.

    15-11.   Sobre el Doctor Gutierre de Cetina cons. la nota Viaje del Parnaso, pág. 135.

    17-16.   El texto: guadia.

    17-17.   No ha sido posible comprobar todas estas alusiones. Pausanias vió, durante sus viajes, varias estatuas levantadas a Dionisio (Baco) (a quien Cerv., I, 15, llama “el alegre Dios de la risa”), y hace mención también de fiestas que le dedicaron varios pueblos de Grecia; cons. la gran edic. de Pausanias publ. por Frazer, libr. II, xxiii-7; III, xix-6; VI, xxvi-1; VII, xxi-6, etcét. No he encontrado el mencionado libro de Bosio, tit. De signis Eccles.* En cuanto al pasaje aludido del primer libro de la obra De legibus, de Cicerón, es posible que Valdivielso se refiera a I, 8, donde el filósofo y orador romano dice que antes de emprender otro trabajo el que está preocupado por muchos cuidados, necesita el alivio de tranquilidad y holganza: opus est et cura vacare et negotio. El verso latino se encuentra en la conocidísima obra: Disticha de Moribus, nomine Catonis inscripta, cum Latina & Hispanica interpretatione; tengo delante la edic. de Londres, 1543.

Interpone tuis interdum gaudia curis,
ut possis animo quemvis sufferre laborem, p. 78.

*Del apéndice a este tomo (p. 511):

    Don Quijote, III, pág. 17-17: Debo a la atención de su Eminencia Mgr. Eugène Tisserant, Pro-Prefetto della Bibl. Apos. Vaticana la nota siguiente acerca de Bosio: “No he encontrado ningún libro impreso, titulado: De Signis Ecclesiae, atribuído a Bosio. Es posible que el autor fuese el Evangelista Bosio de Padua, O. S. A., el cual era Regente de los Estudios y Profesor desde 1569, hasta su muerte en 1593. (Vid. Encomiasticon Augustinianum, auctore R. P. F. Phil. Elssio..., Brux. I 1654.) Dicho Bossio publicó Theoremata Theologica, Roma, 1591. No se sabe que una obra suya De Sig. Eccl. llegase a imprimirse.”

Y del apéndice al tomo IV (p. 459):

    Don Quijote, III, página 458, nota 17-17: Por casualidad he encontrado en el desván de la Biblioteca Municipal de San Francisco de California, entre varios libros antiguos todavía sin catalogar, la obra de “Bosio”. Se titula: De Signis Ecclesiae Dei Libri XXIIII, auctore Thoma Bozio, Eugubino congregationis Oratorii Presbytero; in tres tomos divisi, Lugduni, 1594; Sumptibus Petri Landry. En la Bibl. Nat. de París se conserva un ejemp. de la edic. de 1592, Coloniae Agrip.

    17-24.   El texto: limpiando.

    17-30.   Valdiuielso: véase Viaje del P., 135 (3-13).


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 459

    20-29.   Sobre ediciones cervantinas, y acerca de la influencia que han tenido las obras de Cervantes en los países mencionados, cons. Leop. Rius, op. cit.; J. D. M. Ford and R. Lansing: Cervantes, a tentative Bibliogr. of his Works, etcét., Cambridge, Mass., 1931; Givanel y Mas, J.: Catáleg, etc., op cit.; G.-M. del Río y Rico: Catálogo Bibliogr. de la Sección de Cervantes de la B. N., Madrid, 1930; reseña del libro de Ford y Lansing en Romanic Review, XXIV, 2, 1933; J. Brimeur: Supplément français à la bibliogr. de Cervantes, en Rev. Hisp., XV, 1906, pág. 819 y ss.; M. Bardon: Don Quichotte en France au XVIIe et au XVIIIe siècle (1605-1805), 2 tomos, París, 1931; Esther J. Crooks: The Influence of Cervantes in France in the seventeenth Century, Baltimore, 1931; E. Mele: Per la fortuna del Cerv. in Italia nel Seicento, en Studj di Filologia moderna, II, 1909, pág. 229 y ss.; Farinelli: (1) Die Beziehungen zw. Spanien u. Deutschland in der Litt. beider Länder, Berlín,1892; (2) Divagazioni erudite: Italia e Spagna, pág. 221 y ss., Spagna a Germania, pág. 347 y ss., Torino, 1925; (3) Ensayos y Discursos de Crit. lit., etcét., 2 tomos, Roma, 1925, II, España y Francia, página 305 y ss.; E. Dorer: Cerv. u. seine Werke nach deutsch. Urtheilen, etcét., Leipzig, 1881; Fitzmaurice-Kelly: Cervantes in England, Londres, 1905; B. Croce, Saggi nella lett. del Seicento, pág. 125 y ss.

    22-13.   Márquez Torres publicó un libro titulado Discursos consolatorios al Excmo. Sr. D. Christoval de Sandoval y Rojas, Duque de Uceda, etcét. (llamándose el autor “Capellán maestro de Pajes” del Illmo. Señor D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Card. Arz. de Toledo), Madrid, 1616. En su carta dirigida al Cardenal y fechada el 26 de marzo de 1616, Cervantes se llama “su humilde criado”. ¿Es posible que Márquez conociese a Cervantes en el palacio arzobispal, y que, con tal motivo, escribiese el elogio precioso de esta Aprobación? Véase también R. M. u. e., VII, apén. xxi; Pérez Pastor: Bibliogr. madrileña, tomo II, núm 1405.

    27-1.     En las Novelas (1613), las Comedias y Entremeses (1614) y en esta Segunda Parte del Quijote el Prólogo precede a la Dedicatoria, y es posible que se conservase el orden, tal como estaba en el manuscrito.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 460

    27-8.     Ya en la Portada Cerv. había tenido presente al personaje malvado de la pieza, es decir, al desconocido autor “natural de Tordesillas”, precaviendo a los lectores de los tiempos venideros que él sólo era el autor de la Primera y de la verdadera Segunda Parte. A pesar de muchas pesquisas no se sabe todavía quién era Alonso Fernández de Avellaneda. Véase la Introducción de este volumen.

    27-8.     No lo he dar: Comp. la nota más adelante, pág. 28-27.

    27-15.   Allá se lo aya: de estos dichos populares hay otros ejemp. en D. Q., I, 310-27, 350-2; comp. Cejador: Fraseología, II, 606; III, 223.

    27-17.   que me note de viejo y de manco: Las palabras de Avellaneda son: ... “con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron, y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una; y hablando tanto de todos, hemos de dezir del, que, como soldado tan viejo en años cuanto moço en bríos tiene más lengua que manos, etcét .
    ... Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes, y por los años tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que, quando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había de ahijarlos, como el dize, al Preste Juan de las Indias, etcét.”
    La contestación de Cervantes de “no haber nacido su manquedad en ninguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados etcét.”, recuerda uno de los romances del Cid (núm. 50 en la antología de Wolf; Men. y Pel.: Antología, VIII, pág. 91:

Calledes, hija, calledes, —que si un hijo me han muerto,
ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas,
ni a las tablas jugando: mas murió sobre Zamora
vuestra honra resguardando.

    27-27.   que el soldado mas bien parece, muerto en la batalla, etcét.; comp. Pers. y Sig. II, 207.

    28-11.   la inuidia... de dos que ay: una es pecado


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mortal, la otra es la emulación; comp. Saavedra Fajardo: Idea de un Príncipe polít. crist., empresa IX, sobre la invidia: “La emulación gloriosa, la que no invidia a la virtud y grandeza ajena, sino la echa de menos en sí, y la procura adquirir con prueba de su valor y ingenio, ésta es loable: no vicio, sino centella de virtud, nacida de un ánimo noble y generoso”.

    28-16.    familiar del Santo Oficio: el aludido “sacerdote” es Lope de Vega, que recibió órdenes sagradas en la primavera de 1614; y, por consiguiente, Cerv. no pudo perseguir a Lope como sacerdote en 1605, fecha de la Ira Parte del Quijote; el título de “familiar del Santo Oficio” le fué concedido a Lope probablemente en 1608.

    28-22.   De las novelas de Cerv. dice Avellaneda que son “más satiricas que exemplares, si bien no poco ingeniosas”. Poco favor tuvieron con Suárez de Figueroa, que dice en su Plaza Universal (1615, fol. 276) aludiendo a las Novelas entre otras obras, que combatieron con sus “dislates lascivos la virtud de las mujeres casadas, la castidad de las donzellas, y la preciosa honestidad de las viudas”. En cambio, para otros Cerv. era el “Bocacio español”. Lope no dejó de mencionarle, pero quizá solamente porque el nombre de Cervantes venía bien de consonante para el verso; vgr.: en El premio del bien hablar, I, x:

    ¿Cómo discreta? Cicerón, Cervantes,
ni Juan de Mena, ni otro después ni antes
no fueron tan discretos ni entendidos.

    En la dedicat. de sus Novelas a la Sra. Marcia Leonarda, Lope escribe: “también ay libros de novelas dellas traduzidas de Italianos, y dellas propias en que no le faltó gracia y estilo a Miguel de Cervantes”.
    Tirso, en el prólogo que puso Al bien intencionado vid. (Cigarrales de Toledo), parece aludir a las doce Novelas ejemp., de las cuales Cerv. había afirmado que eran “suyas propias, no imitadas ni hurtadas”. Tirso escribe: “También han de seguir mis buenas o malas fortunas doze novelas, ni hurtadas a las toscanas, ni ensartadas unas tras otras como procesión de diciplinantes”.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 462

En la comedia La fingida Arcadia (I, i), Tirso pone en boca de Angela este elogio:

    Notable falta hace agora
en nuestra España Cervantes.

    Y en El castigo de penséque leemos (I, x):

RODR. ¿Hay sucesos semejantes?
CHINCH.   Cuando los llegue a saber
Madrid, los ha de poner
en sus novelas Cervantes.


    De estas alusiones al gran novelista hay bastantes en las comedias de la época, pero casi siempre su nombre está indicado por la consonancia.

    28-27.   no se ha añadir: me parece justificado no corregir el texto; en D. Q., I, 270-9, se lee no hay pasar; en D. Q., I, 316-19: no hay usar; ahora bien, es posible que se confundiesen en el habla del vulgo dos usos impersonales, el de no hay añadir, y no se ha añadir; en el Prólogo, pág. 27-8 se lee no te he dar, donde el uso ha dado, al parecer, un paso más por tratarse de una locución personal; comp. este tomo 186-12; vid. también Lope: El mayor imposible (II, xxiii): “Pero no lo has mover”. En el falso Quijote (edic. B. A. E.), cap. XIX, Avellaneda escribe: “estas han ser las dellos”.

    29-32.   Auia en Córdoba otro loco, etcét.: comp. el cuento del loco en Alemán: Guz. de Alf, II, 2, 8, tomado quizá de la Floresta esp. de Melchor de Santa Cruz, 6ta pte., cap. iii, núm. 4: “de locos”. La prim. ed. de la Floresta parece ser de 1574, apud Gallardo, número 3860; hay reimpresión en Bibliof. madr., 1910, cons. el tomo I, 99; vid. también Giannini: Don Chisciotte della Mancia, III, pág. 341.

    30-20.   El texto: en en.

    30-30.   Las palabras de Avellaneda son: “Quexese de mi trabajo por la ganancia que le quito.”

    30-31.   la Perendenga: Entremés del que no hay noticia


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 463

alguna de haber sido impreso; quizá se encuentre en algún manuscrito.

    31-6.     Sobre D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Cardenal Arzobispo de Toledo, m. 1618, cons. Navarrete: Vida de Cervantes, 183 y ss.; se conserva la carta autógrafa que le dirigió Cerv. con fecha del 26 de marzo de 1616.

    31-8.     El texto: tienes; de las Coplas de Mingo Revulgo hay edic. en Gallardo, I, núm. 758; cons. Men. y Pel.: Antología, III, pág. 5 y ss.; VI, pág. xii y ss.

    32-4.     oluidaseme: quizá por oluidabaseme, que es como Cerv. lo escribe en otros lugares, vgr., Nov., I, 252, D. Q., I, 257-29, D. Q., III, 317, 24.

    33-18.   El Emperador de la China... con un propio: Fernández Guerra (en Gallardo, I, col. 1314) opinaba que esta Embajada festiva del Emperador de la China se inspiró en un episodio histórico del año 1612, es decir, en una carta de dicho monarca, “que ha traído cierto fraile descalzo para S. M., en la que desea la amistad de acá y corresponder en lo que se ofreciere de sus reinos”. Cons. Cabrera de Córdoba: Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de Esp. desde 1599 hasta 1614, Madrid, edic. de 1857, pág. 462.

    33-25.   El texto: portardor.

    38-20.   El romance del cura: cons. la nota en R. M. u. e., VII, apén. xxii.

    39-12.   El texto: alfenique.

    40-15.   El texto: recogimiente.

    41-3.     disparaua: Clem. enmienda: disparataba; sin embargo, véase D. Q., I, 32-24; D. Q., 2a Pte, cap. 43: “solo disparaua en tocándole en la cauallería” etcét.; D. Q., 2a Pte, cap. 54: “disparaua con vna risa, etcét.”

    45-5.     En el error en que está: comp. D. Q., I, 198-7; Cej.: Gramática, págs. 433, 439-40.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 464

    45-21.   El texto: qulen.

    46-24.   Así por Cirongilio; vid. D. Q., II, 83-5.

    46-30.   Turpin en su Cosmografía: Cerv. le mencionó en D. Q., I, 98-27; cons. Men. y Pel.: Orígenes de la Novela, I, cxxviii y ss. No se atribuye ninguna Cosmografía a Turpín, de cuya autoridad como “verdadero historiador” Cerv. se había burlado antes.

    47-6.     Alg. ed. me; quizá esté el vicio de la frase en pues por puesto que; vid. Hartzenbusch, nota 1.036.

    47-7.     El texto: su.

    48-21.   El texto: descubrir.

    48-28.   ¿Qué tan...? lo mismo que cuán; vid. Hanssen: Gramática, op. cit., párr. 552; Bello-Cuervo, párr. 1156; “consideren con tanto real qué tantos gansos comprarían el rey y la reina” se lee en Avellaneda, cap. xxi.

    49-1.     En esto de gigantes... mundo: Clem., III, 432, da alfabéticamente noticia de los muchos gigantes que se nombran en los libros de las Caballerías.

    49-7.     En la isla de Sicilia se han hallado Canillas: Haedo: Topografía de Argel (1612), vid. edic. de Bibliof. Esp., II pág. 39 y ss., habla de restos de gigantes hallados en Africa, en Sicilia y otras partes; pero es más probable que Cerv. se acordase de los hallazgos sicilianos mencionados por Ant. de Torquemada en El Jardín de flores, etcét., 1570, fols. 39 y 40: “Por mayor marauilla tendreys lo que escriue Sinforiano Campegio (Symphorien Champier) en su libro que llamó Ortus gallicus (Hortus gallicus, 1533), lo qual dize por autoridad de Iuan Bocacio, que affirma el mesmo auerlo visto, y fue que en Sicilia... hallaron... vn hombre sentado, de tan admirable grandeza que, espantados y atonitos comenzaron a huyr, etcét”. “Boluamos a lo que el mesmo Sinforiano Campegio dice, que vio cabe la ciudad de Valencia... los huessos de vn gigante, que sacando por buena geometria la estatura del cuerpo, conforme a ellos, era mayor que quarenta pies”. Mi colega D. J. Elsdon


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 465

ha terminado una tesis doc. sobre Ant. de Torquemada y su libro El Jardín de Flores raras o curiosas.

    50-30.   Cerv. había citado ya en D. Q., II, 406, el segundo verso de este pasaje; véanse Clem., IV, 29; Pellicer, III, 275.

    51-5.     El primer poeta aludido es Luis Barahona de Soto; de su obra La primera parte de la Angélica hay ejemplares en la biblioteca de la Hisp. Soc. de N. Y. y en el Museo Brit.; Comp. D. Q., I, 457; Gallardo, II, col. 14. El segundo poeta “famoso y unico” es Lope de Vega; ejemplares de su obra La Hermosura de Angélica se custodian en la Bibl. Nac. y en el Mus. Brit. Vid. también Rennert-Castro: Vida de Lope de Vega, página 148.

    51-14.   damas fingidas: R. M. enmienda sin comentario este pasaje difícil y lee: “no fingidas, o fingidas, en efecto, de aquellas, etcét.” Pellicer había leído “fingidas o no fingidas (en efecto de aquellas a quienes ellos escogieron, etcét.)”, enmienda que parece aceptable, pero aun así el paso queda oscuro y defectuoso; véase también Cort., IV, 54. ¿Es posible que hubiera en el ms. otro verbo en lugar del segundo fingidas? Clem. y Cej. rechazaron la enmienda de Pell. prefiriendo, al parecer, conservar la falta de claridad del original.

    51-15.   El texto: aquellos.

    51-21.   no ha llegado a mi noticia ningun verso infamatorio contra la señora Angelica: hubo, sin embargo, versos satíricos de Góngora, titulados Angélica y Medoro, escritos en 1602; véase la edic. Romances de Góngora, por J. M. de Cossio, núm. 49; en Durán, núm. 411. De Quevedo hay un “Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado”, B. A. E.: Obras de Quevedo, III, 287.

    52-2.     El texto: peudencia.

    52-20.   engañifas: voz que no he hallado en ningún autor anterior a Cerv.; tampoco la ha usado ningún contemporáneo suyo, que yo sepa.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 466

    52-25.   comilón que tú eres: parece locución no muy corriente en castellano; comp. Weigert: Untersuchungen zur Span. Syntax, op. cit., pág. 100; Cej.: Gram., 441; Dicc., 913; Hanssen, op. cit., 543.

    52-27.   cuatro ciudades: en el sentido que registra el Dicc. Acad.: “Ayuntamiento o cabildo de cualquiera ciudad”.

    54-3.     Yo seguro: Comp. R. M. u. e., VII, apén. xxiv.

    54-21.   Quando caput dolet, caetera membra dolent: En las glosas puestas a las Coplas de Mingo Revulgo (en Gallardo, I, col. 825) el verso “la cabeça desgreñada” lleva por comentario: “Nota que quando la cabeça enferma, todos los miembros duelen, quier presuponga dezir por la cabeça o regidor principal, y por la cabeça et vniuersidad desgouernada... la cosa pública es perdida y cayda”. También lo cita Pero López Ayala, (Poesías, edic. Kuersteiner, estr. 191) para darle un sentido político:

    Los físicos, lo dizen, si bien me viene miente,
si la cabeça duele, todo el cuerpo es doliente;
y agora, mal pecado, oy es este açidente,
ca nuestro mayoral en todo mal se siente.

    57-27.   Aun la cola falta por desollar: Véase Cej., Fraseología, I, 315; D. Q., III, 441-18; Correas, edic. de 1924, pág. 71; Cov., voz rabo.

    57-30.   Caloñas (ant. Calumnia): Cov.: voz calonia; también significaba pena pecuniaria: “quien lo desir fesiere, pechar deue caloña” se lee en Juan Ruiz, estr. 1517 d.

    58-20.   Cidi Hamete Berengena: véase la nota Don Quijote, I, 130-28.

    60-14.   El texto: de.

    60-15.   Aura: así el texto; algunos edit. leen había o habría; si el ms. tenía el futuro, sería un cambio inconsciente


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 467

al discurso directo desde “algun sabio, o ya amigo, etcét.”, hasta “escriuieron”.

    61-25.   Por el hábito de San Pedro: vestido del clero secular; es exclamación popular: “Por el hábito de San Pedro, que se han de ir ellos solos, porque yo a mi casa me vuelvo”, se halla en El Donado hablador, del Dr. Jer. de Alcalá, I, 1. Clem. cita también a Suárez de Figueroa: El Pasajero, V (edic. Bibliof. esp. 277).

    61-28.   El texto: anido.

    62-8.     El texto: tla.

    62-11.   se está imprimiendo en Amberes: no hubo edic. de Amberes hasta 1673; tampoco se conoce edición alguna de Barcelona anterior a la de 1617. Cerv. habría oído hablar de una edic. de Bruselas,1607.

    63-27.    pedir cotufas en el golfo: véase D. Q., II, 58-4.

    66-4.     El texto: los; Correas, op. cit, 71, registra el dicho; véase Cej.: Fraseología, IV, 538.

    66-22.   gouernador he visto por ay: R. M. enmienda sin comentario: gobernadores; esta falta de concordancia es frecuente en Cerv. y se puede sobrentender un sujeto mental en plural.

    66-32.   ni me tiro ni me pago: Cej.: Fraseología, IV, 595; R. M. u. e., IV, 89; encuentro una variante en el Quijote de Avellaneda (cap. XXXI): “pues no me tiro ni pongo con gente que no tiene más de palabra, cual estos encantadores y nigrománticos”.

    67-25.   mezclar berzas con capochos: vid. Cov.: voz herreñal; Cej.: Fraseología, I, 156; en Correas, op. cit., 419, se halla la variante: “¿qué tienen que ver berzas con gazpachos?”

    67-31.   El pintor de Vbeda: aludido en el cap. LXXI.

    68-8.     El texto: las.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 468

    68-31.   De paja o de heno mi vientre lleno: así se registra en Pedro Vallés y en el Refranero del Comendador Griego, Hernán Núñez.

    69-4.     Alfonso [Tostado Ribera] de Madrigal, obispo de Avila (m. 1450), llamado “el Tostado”, nombre proverbial, y símbolo durante años de una laboriosidad de polígrafo infatigable, cuyas obras descansan hoy en un olvido completo. Vid. Nic. Antonio: Bibliotheca vetus, II, cap. vii, libro x, que da una idea de la ingente labor del Tostado; Palau y Dulcet: Manual, V, 12.

    69-10.   Del bobo tratan Crawford: en Romanic Rev., II, 1911, pág. 376; Hendrix: Some native comic types, etcét., Columbus, Ohio, 1924; Clem.: D. Q., IV, 64; R. F. E., XIII, 1926, pág. 309.

    69-18.   No hay libro tan malo, etcét., dicho que nos viene de Plinio el mozo (Epis. 5, libro iii), quien lo atribuye a su tío Plinio el mayor. Es pensamiento trivial y discutible que no merece el que lo repitiesen tantas veces los autores del Renacimiento. Cerv. vuelve a citarlo en el cap. LIX.

    70-14.   aliquando bonus dormitat Homerus: es parte de un verso (359) de Horacio: de Arte poética: Indignor quandoque bonus dormitat Homerus.

    70-28.   de (sic) stultorum infinitus est numerus: de la Vulgata: Eccles, I, 15.

    71-1.     Alli no se declara: comp. D. Q., I, 495.

    71-15.   El texto: Anejo.

    71-16.   la Espina de Santa Lucia: cons. Cej.: Fraseología, II, 522; R. M. u. e., IV, 102.

    71-17.   oislo: comp. D. Q., I, 113-6; Com. y Entr., IV, 32-25.

    71-18.   sati[s]fare: R. M. deja la forma satifaré; del original, considerándola natural en boca de Sancho. Pero, según I, 321-13, Sancho dice satisfare, y Cerv. no


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atribuye al gracioso escudero una pronunciación particular y rústica, con la excepción de ciertas voces mal apropiadas al habla villana, como personages, focil (docil), gramatica, revuelto por resuelto (Teresa P.) friscal, autorizar el litado, y hasta citas en latín: quien ha infierno, nula es retencio.

    73-2.     Brunelo: Cerv. se inspiró en Ariosto: Orlando furioso, canto xxvii, estr. 84; quizá también en Boiardo: Orlando Innam., II, v, 40; vid. Clem., D. Q., IV, 71.

    73-14.   maleador: sustantivo raro que no registró el Dicc. de Aut. ni lo he hallado en ningún otro autor de la época; Hidalgo: Voces de Germ., trae solamente maleante en el sentido de burlador (comp. D. Q., I, 63-3, 227-21).

    74-7.     El texto: para para.

    74-16.   mas de lo que ella se está: de esta forma refleja tratan Cej.: Gramática, 224; Hanssen, op. cit., pág. 200, párr. 515; R. Lenz: La Oración y sus partes, pág. 245.

    75-5.     en hallando que halle: sobre el gerundio con la prep. en y con verbo comp. Weigert, op. cit., página 106; Hanssen, pág. 261; Cej.: Gram., pág. 462; Bello-Cuervo, nota 107; véase también D. Q., I, 381-26.

    75-15.   El texto: a.

    76-4.     a la ciudad de Zaragoza: Don Quijote cambió este itinerario en el cap. LIX, al percatarse de la existencia del falso Quijote que realiza el proyecto de “hallarse en unas famosas justas en Zaragoza”, ya mencionado en el último cap. de la primera parte.

    76-21.   Sí, no ha de ser todo “Santiago y cierra España”: Mayáns, en la edic. de Tonson (1780) cambió este ; en y; todos los editores le han seguido; me parece una repetición del , que tiempos ay, etcét., , [que] no ha de ser todo, etcét.; comp. que, válgame Dios, NO ay para obligar, etcét., III, 244-21; Si que para preguntar necedades... no he menester, etcét., III, 280-22.


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    76-24.   en: algunos editores enmiendan: entre.

    77-5.     de acha y capellina: véase D. Q., I, 129-8.

    77-13.   nacido soy: comp. Comed. y Entr., IV, 28-2; Cej.: Fraseología, III, 138.

    77-14.   en hoto de otro: de fautus, favorecido; el Dicc. de Aut. considera hoto voz anticuada; comp. Cej.: Fraseología, II, 662. En Cov. leemos: “vocablo cast. antiguo, vale hucia, fucia o fiducia, conviene a saber, confianza”.

    77-20.   me haga las muelas: Cov.: “algunas vezes hazer vale deshazer, como hazerse las narizes, etcét... hazerse, deshazerse, congoxarse”. En Miguel Moreno: Flores de España, (Epigramas), 1635, se lee:

    Que le hicieron las narices
riñendo, a Sileno, afirmas;
y el hispanismo confirmas,
sin ver que te contradices.

    77-31.   no que: Vid. D. Q., I, 360-21; II, 118-4; y R. A. Haynes: Negation in Don Quijote, Austin Texas, 1933, pág. 29 y ss.

    78-4.     El texto: in.

    78-13.   nacieron en las malvas: comp. Com. y Entr., IV, 111-1; Cej.: Fraseología, III, 14.

    78-28.   El texto: de de.

    79-8.     quatro castellanas... a quien llaman dezimas o redondillas: Const. Argote de Molina: Discurso sobre la poesía cast., edic. de E. F. Tiscornia (1926), pág. 26, donde se halla una “copla castellana redondilla”; son cuatro versos (a b a b) octosílabos; Dorotea Clarke: Sobre la quintilla, R. F. E., XX, 1933, pág. 288; R. M. u. e., IV, 118; Cov.: voz copla: “cierto verso castellano que llamamos redondillas”; lo mismo en la voz redondillas.


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    80-18.   trae[i]s: R. M. conserva el traes del orig., pero acentúa traés, considerándolo forma rústica; pero como Teresa Panza dice luego: quereis, veis, sabeis, etcét., es más lógico leer también traeis.

    80-26.   maguer: vid. D. Q., I, 46-14; 367-28; 387-14; III, 368-15; maguera, 413-1, y cap. XLIX; cons. Men. Pidal: Mio Cid, III, 739; Richardson: Vocab. to the Libro de Buen Amor, 142; Lope: Dorotea (Acto II, esc. 7):

    Esté en buen hora la honra de las viudas
... maguer aunque con poca dicha.

    Cronica sarracina, 2a pte., cap. 99, f.166, edic. Alcalá, 1587: “maguera que era ella vna de las hermosas donzellas que el auia visto”.

    81-1.     El texto: tercera a.

    81-24.   estar para armas tomar: recuerda un verso del romance: “Asentado está Gayferos”, en Durán, núm. 377:

    Si asi fuesedes Gayferos,
para armas tomare,
como sois para dados
y para tablas jugare, etcét.


    82-29.   En fin en fin: “Como todas las artes al fin al fin harten, y todas las sciencias por dulces que sean al fin al fin empalaguen”; Guevara: Libro Aureo, Rev. Hisp., núm. 169, pág. 37; Cej.: Gram., 519.

    83-1.     algo que: comp. Pers. y Sig., I, lviii-3; Hanssen, Gram., pág. 221.

    84-26.   El texto: casasse.

    85-2.     Sanchica ha de ser condesa, etcét.: véase Pellicer, IV, 52; Morley: Notes on Spanish sources of Molière, en Publications of the Mod. Lang. Assn., XIX, 1904.

    85-23.   pazpuerca: no he encontrado esta palabra en


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 472

ningún autor de la época de Cerv., ni sé por qué el Dicc. Acad. afirma que se dice “de la mujer sucia y grosera”. Antes parece relacionarse con pacer y así significaría que Teresa, en vez de andar entonada a lo condesil, estaría mejor con la faena de apacentar puercos.

    86-20.   doña Urraca: véase el romance núm. 763, en Durán, I, pág. 498.

    87-23.   El texto: ponga.

    87-32.   El texto: dexo: la Acad., 1780, pág. 43, conserva la palabra y puntúa así: “de su baxeza (que por estas mismas razones lo dexó el padre a la alteza de su prosperidad) fuere bien criado, etcét.”

    91-14.   El texto: vuesse.

    91-20.   El texto: aner.

    92-17.   que el buen cauallero andante... no le han de espantar: anacoluto, que enmiendan alg. edit. leyendo al buen caballero.

    92-22.   conchas de un cierto pescado: comp. Clem., IV, 104.

    93-20.   Si lo tal oyera: acerca de lo tal vid. Bello-Cuervo, párr. 342; Hanssen, párr. 630; D. Q., III, 381-31, 394-13.

    95-15.   El principio de la casa Otomana: cons. la obra monumental de J. v. Hammer Purgstall: Geschichte des Osmanischen Reichs, seg. edic., Pest, 1840; Nicolae Iorga: Geschichte des Osmanischen Reichs, Gotha, 1908-13; comp. D. Q., II, 217-29, donde hay nota a la cual se puede añadir la obra de Hammer Purgstall: Ueber die Namen der Araber, Viena, 1852.

    95-15.   En la cumbre que le vemos: vid. D. Q., III, 45-5, 103-27; alg. edit.: la vemos.

    97-9.     al: así el texto, por a la, quizá por omisión inconsciente de una a al dictarse el pasaje al cajista.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 473

    97-21.   Son versos de la Elegía primera (vs. 202-4) de Garcilaso.

    100-28. la oración de Santa Apolonia: vid. Clem., IV, 117; R. M. u. e., IV, 153; Rivadeneyra: Flos Sanctorum, Barcelona, 1790, I, 358; Nov. ejempl., II, 317-20.

    102-5.   apostaré yo... que me entendio, sino que: sobre este sino que cons. Bello-Cuervo, pág. 335; Cej.: Gram., 391; Weigert, pág. 180; Haynes, pág. 148 y siguientes.

    102-6.   El texto: oryme.

    102-24. El texto: esta.

    103-27. se al blanco que tiras: D. Q., I, 53-4; 198-7; III, 45-5, 95-15.

    104-3.   me acuerdo auer leydo: cons. Cuervo: Dicc. de construcción etc., I, 141, col. 2 y ss.

    105-4.   entró Sanson Carrasco y la sobrina deseosos: por descuido se le olvidó al autor, o al impresor, incluir al ama, a quien luego dirige la palabra el bachiller; es falta que suplen los edit. mod. leyendo o el ama en lugar de la sobrina, o el ama y la sobrina deseosas. Es otro caso de sujeto plural con verbo singular: cons. Weigert, 21.

    105-13. donde mas largamente se contiene: vid. D. Q., II, 49-29.

    105-17. mas: el texto: mal.

    106-7.   tu magnificencia: muchos editores leen su; pero tu puede ser burla del bachiller, “socarron famoso”.

    106-14. trastulo: del ital. trastullo,  juguete, pasatiempo; comp. Pellicer, IV, 67; Giannini lo traduce en su versión ital. con sollazzo.

    106-26. El texto: su.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 474

    108-20. El texto: maldicionee.

    108-23. endechaderas: Cov. registra solamente endecheras en la voz endecha; en el Dicc. de Aut. se hallan ambas voces con ejemplos; cons. Clem.: IV, 130; el lector se acordará del entierro (en Lazarillo de Tor., III), en el que iba la mujer del difunto “y con ella otras muchas mujeres”, sirviendo de plañideras.

    109-8.   cosas tocantes a la bucolica: bucólica o bocólica, con el sentido de comida, de bucca, boca; se halla en la Dorotea, de Lope de Vega, acto IV:

    No quiero más ventura
que tener la bucólica segura.

    En Estebanillo González, cap. IX: “me mandó que tuviese cuidado de visitar todos los oficios tocantes a la bocólica”; en Luis Vélez: El Diablo Cojuelo, tranco VII: “Esta tropa inumerable... es de oficiales de boca... que toca a la bucólica”.

    110-25por felicissimo aguero: lo mismo en el capítulo IV pág. 75-31; vid. Clem.: IV, 76, y más extensamente VI, 164 y ss., acerca de los agüeros.

    112-12. El texto: fortalezara.

    113-6.   todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y texidas: es alusión a la Egloga tercera (vs. 53 y ss.) de Garcilaso; los Dicc. de la Acad. no registran contexto-a como adjetivo, pero se encuentra como tal en el de Salvá.

    113-27. debe de andar mi honra a coche acá, cinchado: se conocen tres interjecciones o gritos, que, me parece, no deben considerarse idénticos: (1) coche acá o coche allá; (2) coche acá, cinchado; (3) harre acá, cinchado. Con el primero se llama al cerdo, y varios escritores aluden a este grito con frecuencia; lo explica bien Horozco en su Cancionero, pág. 244: Sobre los Coches:


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 475

    Ya las mugeres han dado
en querer andar en coches...
Hasta la del escudero
quiere ya doquier que va
que la lleve su cochero;
no hace más el porquero:
coche acá, coche acullá.
 
    Si para hazer huir
al puerco dizimos coche,
no sé do pudo venir,
aviendo en él ellas de ir,
usar aquese reproche, etcét.


    El segundo, coche acá, cinchado, se halla en el Dicc. Acad., voz coche, pero no registra el cinchado ni es aplicable a lo dicho por Sancho la definición dada allí: “Empeñarse trabajosamente en hacer cumplir bien a quienes rehuyen hacerlo”, explicación que parece algo forzada. Ahora bien, Cej.: Dicc., define cinchado con “puerco listado en lomo y vientre”, con lo cual sigue a D. Juan Calderón (Cervantes vindicado, etcét., página 138), quien, mofándose de la ignorancia de Clemencín, añade: “es cosa sabida que estos animalitos (los de la gran lista blanca) siguen muy mal en su camino la línea recta, cuando van de mala gana”. Pero no se entiende por qué, en un ganado de cerdos, el puerco listado sea precisamente el único inclinado a seguir muy mal la línea recta, para que tenga que gritarle el porquerizo “coche acá, cinchado”. En Correas, pág. 531, se halla: “andar a coche acá, cinchado, lo que andar a arre acá, cinchado, cuando uno no puede bien atraer a otros a hacer lo que deben, etcét.” “A harre acá, cinchado” fué registrado por Pedro Espinosa en una lista de frases condenadas (edic. Rodr. Marín, pág. 195). Cardaillac (trad. del Quijote, II, tomo I, 95), habiendo mal entendido la explicación de Calderón, comprendió con “listado el lomo y vientre” “bardé de toile”, y, metiéndose a porquerizo, añade: “Ce caparaçon de toile et de bois, dont nous avons vu jadis des porcs recouverts... a pour effet... surtout de gêner leurs mouvements indociles”. Me parece menos complicada la explicación de estos gritos: si está claro


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 476

que el coche acá es grito del porquerizo para llamar o ahuyentar al cerdo, no lo está tanto el cinchado, voz que, según la frase “arre acá, cinchado” parece antes aplicarse a la bestia jumento, o lo que sea, cinchado, al que grita el porquerizo mientras conduce a su ganado. Y Sancho, que en su vida habría visto un puerco bardé de toile et de bois, querría decir sencillamente que andaba su honra maltratada, enlodada, “aquí y allí, barriendo las calles”.

    114-18. una maliciosa sátira contra las damas cortesanas: ¿será; alusión a una “Sátira contra las damas de Sevilla” de Vicente Espinel? La publicaron E. Mele y A. Bonilla en Rev. de Arch. Bibl. y Mus., 1904, X, págs. 410 y ss.

    115-9.   El templo de la Rotunda: es el antiguo Panteón, consagrado al culto de todos los dioses, reedificado en su forma actual por Hadriano y otros emperadores; fué dedicado en 607 por Bonifacio IV, al culto de la Iglesia, y se llama hoy il Tempio di Sta Maria della Rotonda. La “ventana o claraboya redonda que está en su cima” tiene ocho metros y medio de diámetro. De la estancia de Carlos V en Roma habla Prudencio de Sandoval en su Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V (libr. XXIII, año 1536): “anduvo disfrazado por Roma y para mejor poder mirar su antigua grandeza subió encima de la Redonda, maravillado de tan suntuoso edificio”. Algo parecido dice Alonso de Santa Cruz en su Crónica del Emp. Carlos V, Madrid, 1922, III, pág. 329. En cuanto a la anécdota “de lo que sucedió al emperador con un Caballero en Roma”, no la he hallado en ningún otro escritor; ¿es posible que Cerv. la oyese contar en Italia? Nos ha dejado algunos recuerdos de su residencia en Roma en el libro IV del Persiles.

    116-14. [Julio] Cesar: en vez de Cesar, por lo que pregunta Sancho más tarde sobre “esos Julios o Agostos”.

    117-6.   lujuria: el texto injuria; al parecer D. Q. habla de los siete pecados mortales.

    118-16. Artemisa: así, por Artemisia, se lee también


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 477

en Cov., quizá por confundirse en el habla pop. con una hierba medicinal artemisa venerada por los caminantes por ser “muy provechosa para los que se han despeado en el camino”.

    118-18. las siete marauillas del mundo (miracula septem): dicho conocido ya por Amiano Marcelino, siglo IV; véase su Hist. del imp. rom., XXII, 15, 28. En el Viaje del P., 88-17, se alude a tres: el Sepulcro de Mausolo, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. Las restantes son: las Pirámides, los Jardines de Babilonia, el Templo de Diana en Efeso (arriba 114-30) y la Estatua de Zeus de Fidias.

    118-23. El texto: digama.

    120-25. El texto: la.

    122-3.   Verso del romance El Conde Claros; Durán, núm. 362; Men. y Pel.: Antología, IX, núm. 190; XII, 399 y ss.; Dicc., voz filo.

    122-18. aguero: comp. pág. 110-25; R. M. u. e., VII, apéndice xiii.

    123-18. aunque: = pero; cons. Bello-Cuervo, párrafo 1225, pág. 324.

    124-30. Comp. R. F. E., XXI, 1934, pág. 192.

    125-24. El texto: cantantando.

    125-26. la huuistes: sobre la cons. Hanssen, párrafo 502; Cej.: Gram., 305.

    125-27. Roncesvalles: Men. y Pel.; Antología, IX, pág. 113; XII, pág. 374. Quiñones de Benavente (Entremeses, Libros de Antaño, I, 293):

    Mala la hubisteis, franceses,
la caza de Roncesvalles.

    Así han enmendado al texto algunos edit.; comp. Cort., IV, 153; R. M. u. e., IV, 191.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 478

    126-4.   El romance de Calaínos: Durán, I, número 373; Men. y Pel., Antología, IX, núm. 193.

    129-1.   El texto: la.

    129-24. Algunos ejemp.: extetiores.

    130-7.   donde no piensa, etcét.: algunos leen piensan, otros se piensa; Correas (p.150) registra: “de adonde no piensan salta la liebre”, pero en el Dicc. de Aut. se halla: “donde menos se piensa, etcét.”, y Pedro Vallés lo da así: “de do no pensays salta la liebre”; Bowle cita a Blasco Garay: “donde hombre no piensa salta la liebre”.

    130-10. El texto: los.

    131-22. mensajero soys, amigo: del romance: “con cartas y mensajeros”; Durán, I, núm. 654; Men. y Pel., VIII, pág. 23; XI, 176 y ss.; Milá y Fontanals: De la poesía heroico-pop.-cast., tomo VII de sus Obras completas, pág. 130 y ss.

    131-26. os mando mala ventura: Correas, pág. 281, registra: “Llegaos a mi, que no os faltará mala ventura”.

    131-30. buscar a Marica por Rabena: según el Vocab. della Crusca, es buscar una cosa allí donde no se puede hallar; cons. Giannini, traduc. del Quijote al ital., III, pág. 350.

    132-27. tener la mía siempre sobre el hito: vid. el cap. LXX: tener la suya sobre el hito; dar en el hito, cap. LI; ya han mudado del hito, en Gracián, El Criticón, edit. Cejador, I, 64; Boscán, trad. de Castiglione: El Cortesano (edic. Libr. de Antaño), III, 400; Cej.: Fraseología, II, 644 y ss.

    133-3.   El texto: Sancha.

    133-25. El texto: la.

    134-13. El texto: mayorcas.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 479

    134-23. El texto: vinenen.

    135-2.   El prado concejil: Cov., voz concejil: “que es del común”; de las dehesas vedadas, llamadas más tarde ejidos, reservadas para el uso común de los pueblos, y de su historia trata J. Klein, The Mesta, Cambridge, 1920, vid. págs. 301 y ss.

    136-8.   talente: los más editores leen: talante, como lo suele escribir Cerv., vgr., cap. xi, pág. 147-1; comp., sin embargo, Juan Ruiz, estrofa 1178: “a los que allá van con el su buen talente”.

    136-19. El texto: y rota, o caída del todo en algunos ejemplares.

    137-6.   Mas jo, que lo estrego, burra de mi suegro: vid. Juan de Luna: Diálogos familiares, 1619, pág. 458: “Xo, que lo estriego, que largas le nacieron a v. m.” y lo traduce: “Ho, que je t'estrille, o qu'elles vous sont venues longues”. También Celestina, I, edic. Cej., pág. 92; Cov., voz estregar; el dicho de Cerv. se encuentra en Avellaneda, cap. XXXV.

    137-8.   señoritos: R. M. y otros, señoricos; ninguno de los ej. que he examinado tiene señoricos, aunque si, algunos una t rota, semejando una c.

    137-10. dexenmos hazer el nueso: de — mos trata Hanssen, párr. 170; de nuesso por nuestro, Morel-Fatio, Romania, XXXIII, 272.

    138-26. alcotan: R. M. deja acotan, como se lee en el orig. por ser pronunciación de Sancho. Cerv. no da a Sancho, en casos semejantes, una locución distinta de los demás.

    138-30. haze correr la hacanea como una zebra: “fuyendo va el rey Marsin, caballero en una zebra”, dice el romance de dicho rey; vid. Men. y Pel., Antol., IX, 246; cons. A. Castro R. F. E., XV, 173, sobre zebro.

    139-32. mas: los edit. modernos leen mal.


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    140-25. El texto: ninugna.

    143-9.   Pedro Vallés registra el refrán: “quien me vido y me ve agora, ¿quál es el coraçon que no llora?”

    146-7.   Angulo el Malo: comp. Nov. ejemp., III, 239-4.

    146-10. Las Cortes de la Muerte: quizás sea el auto aludido el publicado por Men. y Pel. en Obras de Lope de Vega, III, 1893, pág. 592; cons. sus Estudios sobre el teatro de L. de V., I, 127; es de interés el artículo del Prof. Crawford: The Devil as a dramatic figure in the Span. relig. drama before L. d. V., en Romanic Rev., N. Y., 1910, 302 y ss., y 374 y ss. Parece también posible que Cerv. se inspirase para este episodio burlesco de la carreta guiada por un diablo en Amadís de Gaula, II, cap. xii: “Conociendo los caballeros que en la carreta venían, e a Leonoreta e a sus doncellas con ellos, hubo gran duelo de los ver... E cabalgando luego [Beltenebrós] en su caballo, demandó a Enil que le diese las armas; mas él le dijo: — ¿Para qué las quereis? Dejad primero pasar estos diablos que aquí vienen. — Dadmelas, —dijo Beltenebrós—, que antes que pasen quiero tentar la misericordia de Dios, si le placerá que por mí sea quitada tan gran fuerza que entre sus enemigos hacen...” Vid. también, Florence Whyte, The Dance of Death in Spain and Catalonia, Baltimore, 1931, p. 145.

    147-3.   la farandula: comp. Clem., IV, 195 y ss.; Cov., voz farandulero; Men. y Pel., Orígenes de la Nov., IV, N. B. A. E., XXI, pág. 498.

    147-10. sacudir el suelo con las bexigas: incidente que recuerda uno parecido en Lope de Rueda: Colloquio de Socrato y Camila, edic. acad., II, pág. 68.

    147-16. notomia: comp. Quevedo: Obras, B. A. E., III, 276:

    Esta que miras al cabo,
triste, bolsicalavera,
notomia de las lindas,
esqueleto de las feas, etcét.

    147-18. El texto: todo.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 481

    149-9.   Compañías reales y de título: vid. Comed. y Entr. I, 9-7; Rennert, The Span. Stage in the time of L. d. V., New York, 1909, pág. 146, y cap. X.

    153-6.   El texto: pafo.

    156-10. Son versos del romance “A fuera, a fuera, a fuera”, incluído por Pérez de Hita en las Guerras civiles de Granada; véase la edic. de Paula Blanchard-Demouge, Madrid, 1913, I, pág. 62; Durán, núm. 88.

    156-12. de amigo a amigo la chinche: cons. Cej.: Fraseología, I, 83; Bonilla, edic. de El Diablo coj. (1910), pág. 116; R. M. u. e., IV, 250.

    156-23. de las cigueñas el cristel... la lealtad del caballo: cons. Clem., IV, 211; Cov., en las voces ibis (cigüeña), vómito, perro, grulla, hormiga, elefante, donde trata de las especies folklóricas referidas por Cerv.

    158-14. atonitos: algs. edits. enmiendan atentos.

    159-27. O la del: R. M. suple de leyendo: o de la del; otros edits. suprimen de la, y la del, dejando “es por ventura del numero de los contentos o de los afligidos”.

    161-27. que se den de las astas; “Yo y mi estudiante nos dabamos de las astas bien a menudo.” — Estebanillo González, cap. XI.

    163-14. en el sudor de nuestros rostros: en el sudor, en vez de con el sudor, que es como Cerv. suele decirlo; comp. Nov. ejemp., II, 104-7; es recuerdo del latín in sudore vultus, etcét. Génesis, cap. III, vs. 19; “en el sudor de tu rostro” dice también la trad. de Cipr. de Valera.

    164-22. El texto: patezco hombre soy vno bestia.

    166-30. a mí y hijos: todos los edit. suplen a mis, sin comentario, y leen: a mi y a mis hijos.

    169-12. escudero de agua y lana: vid. Cej.: Fraseología, I, 43; a lo cual se puede añadir; “a las veces pone


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Dios un desengaño en un hombrecito de agua y lana, que quiso tener encubierto a los nobles y cortesanos de gran estofa” (Luj. de Sayavedra: Guz. de Al., II, 2, 8, pág. 394, edic. B. A. E., de lo cual se colige que de agua y lana es lo opuesto de de gran estofa; también R. M. u. e., IV, 272.

    169-25. quien: relat. para las cosas; cons. Hanssen, pág. 212; Bello-Cuervo, párr. 329; Cej.: Gram., pág. 442; D. Q., I, 147-18.

    170-8.   esta bota es tan deuota mía: el mismo juego de palabras se lee en Gasp. Lucas Hidalgo: Diálogos, I, cap. iii: “cuando el vino sale de bota es bebida muy devota”.

    171-24. De este cuento pop. traído quizá por españoles, hay huellas en el sur de los EE. UU.: Mod. Lang. Notes, 1908, pág. 185; Comed. y Entr., IV, 44-14.

    173-20. El texto: no.

    174-2.   los toros de Guisando: cons. Miguel de Asúa: Los Toros de Guisando, Madrid [1922].

    174-5.   la sima de Cabra: comp. Viaje del P.,133-9; Madoz: Dicc. geogr., V, pág. 46.

    175-4.   Sobre estos versos véase Clem., IV, 239; son un recuerdo de dos de la Araucana de Ercilla, I, estrofa 2.

    175-30. El texto: fredo.

    176-20. que NO aya alguno tomado: de este no pleonástico trata R. A. Haynes: Negation in D. Q., op. cit., pág. 42 y ss. (pág. 60).

    179-13. martas cebollinas: Dicc. Acad., Cov., voces marta y cebellina; vid. Comed. y Entr., III, 101-2.

    179-19. beuamos y viuamos: el mismo juego de palabras en Guz. de Alf., II, 2, 7: “debajo desta capa suele vivir un mal vividor”. Correas (pág. 151) añade:


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 483

por gracia dicen algunos “hay buen vividor (en vez de bebedor) por la semejanza de la palabra”.

    181-15. El texto: demasiadada.

    183-7.   Así el texto: tardarades; para que no resulte una condición mixta, alg. edit. enmiendan tardaredes.

    184-5.   pasagonzalo: “habeis de recebir de la mano de vuestra amiga tres pasagonzalos en esas narices bien pegados”. Lope de Rueda: Registro de Represent., quinto paso; Quevedo: Obras, B. A. E., III, 226, col. 1.

    184-8.   accion: así por acion; R. M. u. e., IV, 296.

    186-4.   viuo y vió: los edit. omiten este y redundante.

    186-9.   pespetiua: muchos edit, enmiendan perspectiva. Ocurren en esta frase mesmo (4 veces) y mismo (2 veces).

    186-12. no lo has creer: comp. la nota arriba, 28-27.

    187-23. [d]el bachiller: así enmiendan el pasaje Hartz. y R. M.; otros omiten el; F.-K. omite el ante atrevido y lee: “es atrevido... el bachiller, etcét.”

    187-32. quedarades: así el texto, quizá por quedaredes.

    188-24. El texto: a que.

    193-4.   El texto: lo.

    194-6.   El texto: viroria.

    194-25. No es bueno que: comp. D. Q., I, 153-18; 215-7; este tomo 170-31; Dicc. Acad., voz bueno, acep.17.

    196-4.   El texto: pruena.

    196-14. con cataratas en los ojos: en el cap. X Cervantes había puesto en boca de D. Q. lo siguiente: “el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y


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cataratas en mis ojos”; ahora, olvidándose de dicho pasaje, hace de Dulcinea un retrato que no se conforma a lo escrito antes, porque D. Q. dice que la vió convertida en una zafia labradora, y que era ella quien tenía cataratas en los ojos.

    196-20. El texto: en aqualquiera.

    198-15. Cauallo: la mayor parte de los edits. enmiendan cuello.

    198-32. Dos versos citados antes: D. Q., II, 366 (Primera pte, cap. 49).

    200-6.   El texto: lo.

    203-12. El texto: lgenuas.

    205-9.   El texto: heroycas.

    206-11. El poeta nace: vid. Pers. y Sig., I, 115-18, donde se lee: el poeta nascitur; es dicho pop. reconocido ya como tal por Celio Rhodigano (1450-1525) en sus Lectiones antiquae, vii, 4: vulgo certe iactatur nasci poetam, oratorem fieri; véase también Notes and Queries, 6a serie, 1883, pág. 255.

    206-15. est Deus in nobis: de Ovidio, Fasti, VI, 5; citado ya en Nov. ejemp., II, 93-10.

    206-28. El texto: essencias.

    207-5.   si hiziere satyras... rompaselas: comp. Viaje del P., IV, 8 y ss.:

    Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte.
    Nunca voló la pluma humilde mía
por la región satírica, baxeza
que a infames premios y desgracias guía.


    207-13. a las islas de Ponto: alusión al destierro de Ovidio, mencionado también en Viaje del P., IV, 6.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 485

    207-24. El texto: honrados.

    212-8.   El texto: que que.

    214-8.   El texto: fantasia.

    214-10. sea servido dexarme: R. M., de dejarme.

    215-4.   El texto: replcio.

    215-19. saco por la uña que el tal leon, etcét.: “ciertos rasguños suyos en verso... me bastaron, como por las uñas sacar al leon”. — Pineda: Agricultura Christ., 5, 1; Cov., voz uña.

    215-27. no: redundante: vid. Weigert, 150; Haynes, 57.

    217-6.   don Manuel de Leon: cons. D. Q., II, 363-24.

    217-14. una espada... del perrillo: comp. Nov. ejemp., I, 252-14; Pellicer: D. Q., IV, 173; Clem., IV, 301; R. M. u. e., IV, 343.

    217-25. Que visto el leonero: alg. edit. añaden: habiendo, y leen: que habiendo visto.

    219-12. boluiose acostar: los editores suplen la prep. a.

    223-27. al avaro: muchos edit. leen el avaro; pero puede ser construcción mixta de “es más fácil venir el pródigo a ser liberal que el avaro” y “es más fácil al pródigo ser liberal que al avaro”.

    224-2.   El texto: caualleros.

    225-10. tinajas del Toboso: véase R. M. u. e., IV, 356.

    225-15. Son versos de Garcilaso, soneto X.

    226-26. lobos marinos: vid. Clem., IV, 325; R. M. u. e., VII, apén. xiii, pág. 205.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 486

    228-18. El texto: pocas.

    228-31. las licencias que se dan en las universidades: comp. Nov. ejem., II, 113-4; Clem., IV, 328.

    230-3.   el pexe Nicolao: cons. Clem., IV, 331; Gallardo: Ensayo, I, núm. 960: Pez Nicolao: Relación de como el peçe Nicolao se ha parecido de nuevo en el mar, etcét., Barcelona, 1608; de estos monstruos del folklore habla Torquemada en su Jardín de flores curiosas; recuérdese la seg. pte. anón. del Lazarillo (1555) hecho atún. Comp. G. Marañón, Las ideas biológicas del Padre Feijóo, Madrid, 1934, págs. 236 y siguientes.

    231-4.   Alg. edic. omiten el.

    232-5.    yo diré mi glosa: La oración pide la conclusión: “él diría su glosa” en vez de la prim. persona, cambio inconsciente, tal como se ha señalado en otros lugares.

    232-19. El texto: glossau.

    233-35. boluiesse: así por viniesse, como reza la copla glosada.

    234-1.   Viuo: el verso pide vivir.

    234-19. vn poeta que Dios perdone: Según el manuscrito núm. 3796 de la Bibl. Nac. (fol. 346), Liñan de Riaza (m. 1607) es el autor de cierto soneto satírico con el verso “laureado por Chipre y por Gaeta”; luego dicho poeta será el aludido “que Dios perdone”. Comp. Galatea, II, 320.

    237-9.   perdonar los sugetos, etcét.: comp. pte 2a, cap. 52: “mi profesión es perdonar a los humildes y castigar a los soberbios”, y la versión festiva (II, 396-30): “Oh humilde con los soberbios y arrogante con los humildes”; el pensamiento es recuerdo de la Eneida, VI, 853: “parcere subiectis et debellare superbos”. Es posible que Cerv., sin acudir al original, tomase la idea de la trad. esp. de Hernández de Velasco donde se conserva


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la palabra sujetos: “A soberbios bajar con cruda guerra, y perdonar a humildes y sujetos”.

    240-32. El texto: tienia.

    244-24. que no las corten: comp. tenerlas (I, 249-25), pelarlas (I, 307-30), haberlas con (este vol., 379-2), mala la hubistes (arriba, 125-26).

    244-30. todos son toledanos: acerca de “hablar como el toledano”, véase Viaje del P., cap. VI, 91-6; Ticknor: Hist. d. l. lit. esp., 2a época, cap. 5, pág. 110; R. M. u. e., IV, 390-2.

    245-8.   El texto: picaredes.

    245-11. llevar cola: comp. La Pícara Justina, edic. Puyol, tomo III, 142; Cov., voz cola.

    246-23. más espesas que higado: frase que falta en el Dicc. Acad. ¿Tendría su origen en que los puercos y los patos después de cebados con higos, tienen el hígado muy crecido y espeso?

    247-28. Con omitir este y se lee con más claridad: “y no queriendo esperar al escriuano... assi determinaron, etcét”.

    250-14. El texto: sessegado.

    250-18. El texto: contiua.

    251-8.   El texto: hiziere.

    251-30. El texto: las las.

    253-21. El texto: de a dos a.

    253-26. El texto: enrejados; la enmienda de Hartz. en rejales es la más aceptable, por necesitar menos cambio; R. M., enrejalados.

    256-22. gaita Zamorana: R. M., IV, u. e., 411.


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    260-12. deue de tener más de satírico que de vísperas: debe de ser más inclinado a decir sátiras que a rezar la hora de vísperas.

    260-27. A la barba de las habilidades de Basilio: expresión de desprecio, como “darle a uno por las barbas”; “decírselo en sus barbas”, etcét. Giannini la traduce: “alla barba di Basilio e delle sue capacità!” Cardaillac: “nargue des talents de Basile!” Ormsby: “A fig for the accomplishments of Basilio.” Tieck: “Schade was um Basilios Geschicklichkeiten.”

    262-2.   El texto: tbien.

    262-5.   las altas torres... choças de los pobres: “I Oracio lo sintió igualmente cuando dijo: Asi la muerte palida iguala de los pobres las tavernas como las torres fuertes de los reyes”, en Sucesos de M. Alemán, edic. Bushee, pág. 52; vid. también D. Q., I, Pról., 34-16.

    262-20. tente en buenas: como en el caso del pronombre la, las (arriba 125-26); hay otras locuciones en las que el sustantivo no está expresado, dando al femenino el carácter del neutro; comp. “de buena te libraste”; “ésta sí que es buena”; “si buena me la dices, buena me la torno”; Cej.: Fraseología, I, 201.

    262-24. El texto: que si como tienes buen natural y discrecion: casi todas las edic. desde la de Tonson (1738) suplen un verbo, y leen: “que si como tienes buen natural tuvieras discreción”; parece más aceptable atribuir el defecto de la frase a la omisión mecánica de una letra. Es frecuente la contigüidad de así y como.

    264-20. El texto: blanca.

    265-5.   ella es vna chapada moça y que puede passar por los bancos de Flandes: acerca de “moza de chapa” vid. D. Q., I, 363-16; “pasar por los bancos de Flandes” es pasaje que ha sido bastante discutido a causa de los varios sentidos que tuvo en el lenguaje corriente de aquel entonces; las acepciones son estas tres: (a) alusión a los bancos o bajíos de la costa flamenca,


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tan peligrosos para la navegación (comp. Zapata: Miscelánea, pág. 297: “pasó catorce veces el canal de Inglaterra y los peores que Scila y Caribdis, los temerosos bancos de Flandes”; también Lope de V.: Al pasar del arroyo, I, esc. 5; Laz. de Tor., 2.a pte., de incierto autor, cap. 14, B. A. E., III, pág. 105. (b) alusión a los bancos o casas de crédito de Flandes (comp. Lope d. V., El mayor imposible, III, esc. 22: “mando que se le den y paguen veinte mil ducados librados en los bancos de Flandes, de lo que hubiere procedido de las naves que allí se pierden”; también El príncipe perfecto, 1ra pte., II, esc. 2; otros ejempl. en Clem., IV, 389. (c) se aludía a ciertos muebles de casa, es decir, a los bancos sobre los cuales se pusieron las camas, mesas, etcét.; vid. Cej.: Fraseología, I, 134; R. M. u. c., VII, apén. xxvi, pág. 300. Luego parece que Sancho quería decir de Quiteria que, por su belleza, edad, riqueza y otras prendas (de moza chapada), la joven estaba ya en condiciones para poder afrontar el matrimonio con los peligros que trae consigo la vida azarosa de casada. Sin embargo, no se habrá de dar ningún significado tan literal a la voz Flandes, suponiendo que venían de Flandes dichos muebles, o la madera de la que se fabricaban. Los estudios sobre moblaje españ. nos dicen que las maderas empleadas eran (1) de roble (2), de nogal y (3) de pino, siendo este último el más usado para muebles de gente humilde. Ahora bien, uno de los pinos más comunes en las sierras del centro de Esp. y de Andalucía es el pinus pinaster Solander (vid. Laguna: Flora forestal esp., 1883, I, pág. 89), conocido por el nombre vulgar de pino de Flandes (vid. Colmeiro: Dicc. de los diversos nombres vulg. de muchas plantas, etcét., pág. 151). Luego ¿no es probable que los bancos aludidos se hiciesen del pino de Flandes en la propia España? No hemos de suponer que los muebles usados por gente rústica, como lo eran Sancho y Teresa Panza, se fabricasen de madera importada, y precisamente de los Países Bajos. Si en el origen del nombre hubo influencia flamenca en cuanto al estilo de dichos bancos, cofres, sillas, etcét., ora sea en la forma, ora en el adorno, no lo he podido averiguar.

    267-3.   del azerada: así el texto, quizás por omisión


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de una a cuando hay dos inmediatas, o por hallarse el artículo delante de una palabra con inicial a, ora sea con o sin acento sobre la prim. síl. Comp. Bello-Cuervo, párr. 271, pág. 70.

    269-20. El texto: come.

    270-16. los: R. M. y otros: les.

    270-29. no milagro sino industria: Para episodios parecidos de heridas fingidas comp. Tragicomedia de Lisandro y Roselía, en Libros raros o cur., III, página 199; Laz. de Tormes, de Luna, cap. xi.

    276-28. algo: quizá por alto; Máinez: algo alto; Hartzenbusch: algo recio.

    278-17.  pinta: quizá por pintaba.

    279-5.   De estas torres y fuentes tratan Bowle: Anot., 59; Pellicer, IV, 235 y ss.; Clem., IV, 408 y ss.; R. M., IV, 447 y ss.; acerca de las fuentes de Madrid, vid. la Guía de M. para el año 1656, publ. por don L. Martínez Kleiser, 1926, pág. 51; Madoz: Dice. geogr., X, 700 y ss.

    279-7.   El texto: a aun.

    279-9.   Virgilio Polidoro: historiador ital. n. en Urbino hacia 1470, estudió en Bolonia, siguiendo la carrera eclesiástica; pasó más de cincuenta años de su vida en Inglaterra; volvió a Urbino, donde murió hacia 1550; fué nombrado archidiácono de Wells, alcanzando hasta la dignidad de obispo de Bath y de Wells. Su obra más importante es la titulada Anglicae Historiae libri xxvi (Basileae, 1534, Mus. Brit.), tema que le fué propuesto por Enrique VII. De su obra De inventoribus rerum en tres libros hay edic. de Venecia, 1499 (Mus. Brit.), aumentada hasta ocho libros, Basileae, 1521(Mus. Brit.). Su Liber proverbiorum (adagia) se imprimió en Venecia, 1498; hay edic. Bas., 1521 (Mus. Brit.). El bach. Franc. Thamara tradujo el Libro de Polidoro Vergilio que tracta de la invención y


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principio de todas las cosas, prim. edic. Amberes, 1550. Vid. Palau: Manual, VII, 208.

    280-22. si, que: vid. Bello-Cuervo, párr. 392 y la nota, pág. 57; ocurre otra vez en las págs. 76-20 y 281-22 de este tomo III.

    281-3.   Acerca de la cueva de Montesinos, véase Azorín: La ruta de Don Quijote, 1912; Antonio Blázquez: La Mancha en tiempo de Cerv., conferencia en la R. Soc. geogr., Madrid, 1905; A. Baig Baños: La Mancha y Cer., 1934; sobre la leyenda de Montesinos y los encantados que D. Q. halla en el país maravilloso debajo de la tierra cons. Philip S. Barto: The subterranean Grail Paradise of Cerv. en P. M. L. A., xxxviii, página 401; véanse también La demanda del Sancto Grial, N. B. A. E., VI, vgr. 306a: los romances en Durán, número 382 y ss.; Pellicer, D. Q., IV, 248-263; John Ormsby (que visitó el sitio), en su traducción del Quijote, dice del mapa incluído por Pellicer: “the map misplaces the cave and several other points, and is entirely misleading!”; Clem., IV, 420 y ss. Merece ser comparado con este episodio de la cueva de Mont. un pasaje de la Selva de Aventuras de Jer. de Contreras (libr. VI), B. A. E., III, pág. 498; allí entra Luzman en una cueva, hallándose luego en un hermoso prado donde se maravilla de lo que ve; encuentra a la sabia Cuma, quien le declara las cosas que en su tiempo habían de suceder. Contreras se inspiró en el sexto libro de la Eneida.

    281-27. tal empresa para mí estaba guardada: al final del Quijote, Cerv. dice a su pluma:

¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguno sea tocada;
porque esta empresa, buen rey,
para mí estaba guardada.

    Los dos últ. versos son de un antiguo romance, según Clem. (VI, 464), que no lo da. Se hallan en las Guerras Civiles de Granada, de Pérez de Hita, pte. I, cap. 17, edic. Blanchard-Demouge, I, pág. 308:


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 492

Aquesta empresa, Señor,
para mí estaba guardada.

Comp. más adelante, pág. 367-8: “para otro caballero deue de estar guardada y reservada esta aventura”; lo mismo al principio del cap. xli de la seg. pte.

    282-2.   en manos está el pandero que, etcét.: el mismo refrán en Nov. ejem., I, 296-20; Cej.: Fraseología, III, 36; Santillana y Hern. Núñez registran: “en manos está el pandero de quien lo sabrá tañer”. El que del texto se refiere a de alguno, un sujeto mental omitido.

    283-13. El texto: Sancho (y) se, con y redundante; Mayáns (edic. de Tonson) enmendó: Sancho el se.

    283-18. la Peña de Francia: Nuestra Sra. de la Peña de Francia: es alusión a un monasterio de frailes dominicos en la Sierra d. l. P. d. F., entre Ciudad Rodrigo y Salamanca; Clem., IV, 416; la Trinidad de Gaeta: Se refiere a una capilla dedicada a la Trin. que se halla en el promontorio de Gaeta, al norte de Nápoles. No la considero en boca de Sancho (no muy ducho en cosas del mar) “recuerdo de las invocaciones de los navegantes”, sino mera exclamación, tal como se lee en la Trag. Policiana, Orígenes de la Novela, III, 40, N. B. A. E. XIV:
    Sol. “Nuestro amo pide de vestir y manda que nos armemos. Según Dios le hizo de asno, pensará que auemos de yr con el.” — Sal. “Donoso recaudo tiene; en tus manos lo encomiendo, Solino; que (por la Trinidad de Gaeta, allá no vaya!”
    También Contreras, Selva de Aventuras, recuerda el monasterio de la Trinidad de Gaeta. Selva, VI.

    285-4.   Al final del folio 89 r. del texto: hermosos ojos; debajo de ojos el reclamo Con; luego a la vuelta de la hoja: cuchauan. Puede haber errata solamente en el reclamo, el que, con leer Es- en vez de Con, subsana la falta; luego no sería necesario suplir Con atención.

    285-21. estadme todos atentos: R. M. enmienda


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 493

todos dos atentos considerando el texto defectuoso otra vez por la omisión mecánica de dos después de todos; pero esta enmienda ¿no quita al pasaje la gracia de principiar D. Q. su alocución dirigida sólo al primo y a Sancho con “estadme todos atentos”? Tampoco comprueba el que tengamos que leer todos dos aquí el hecho de que tres renglones atrás el autor haya dicho que estaban “todos tres sentados en buen amor y compaña”.

    286-20. El texto: abiertas.

    287-28. gorra milanesa: Con voz gorra: “La forma de la gorra redonda y en tiempos atrás se traía llana sobre la cabeza, y era u de aguja u de paño, y las finas traían de Milán. Estas sustentauan con unos cartones, y las de Milán con un cerquillo de hierro que la tenía tiesa.”

    288-16. El texto: y y.

    288-21. acarriba: así el texto, que todos los edit. resuelven en acá arriba.

    288-24. lleuadole: alg. ejem. lleuandole, y así lo copió la edic. de Bruselas, 1616.

    288-25. Trata de la muerte de Durandarte el romance núm. 387 en Durán, I, B. A. E.

    288-28. buydo: Quevedo, en una poesía que “encarece la suma flaqueza de una dama”, dice que es “débil, magro, sutil, buida, ligera, etcét.” Obras, III, 144, B. A. E.

    290-6.   le saqué el corazón con mis propias manos: de esta leyenda y de sus relaciones con el Roman du Châtelain de Couci trata Gaston París en el tomo 28 de la Histoire litt. de la France, pág. 352 y ss.

    290-9.   el que tiene mayor corazon es dotado de mayor valentía del que le tiene pequeño: comp., sin embargo, a Cov., voz corazon: “los animales medrosos tienen el corazon mayor en proporción que los demás,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 494

como es la liebre, el ciervo, el ratón y otros animales cobardes, de que hace mención Arist., lib. 3, de part. animalium, y, assí tener gran corazon un hombre o un animal, quando le loamos de animoso, no es tenerle materialmente grande en cantidad, sino en fuego, etcét.”

    291-9.   la qual: así el texto; casi todos los editor. enmiendan a la cual; pero con semejantes mejoras se vicia el orig. por ser muchos los ejemplos de tales omisiones; no es sino un caso de anacoluto.

    291-21. El texto: llamas; sobre las lagunas de Ruidera vid. arriba la nota 281-3.

    291-24. una Orden que llaman de San Iuan: cons. Madoz: Dicc. geogr., voces Guadiana y Ruidera.

    292-10. los peces del Guadiana: cons. Clem., IV, 436; R. M., IV, u. e. 470.

    294-6.   Y no toma, etcét.: Desde este punto no es D. Q., sino Montesinos quien habla, continuando el relato.

    295-22. alla baxo: alg. edit., entre ellos Hartz. y R. M. enmiendan allá abajo, lección propuesta por Clem. en una nota; pero allá baxo ocurre otra vez en la pág. 297-10, y así pudo estar en el manuscrito.

    298-7.   quando de Bretaña vino: comp. D. Q., I, 64-16.

    299-5.   El texto: le.

    300-8.   hasta los: alg. edit. enmiendan hasta a los, R. M., atribuyendo la falta de a a omisión mecánica. ¿Y si faltase en el manuscrito?

    300-20. ser un Fucar: vid. R. Ehrenberg: Capital and Finance in the age of the Renaissance; a study of the Fuggers, Londres, 1928; K. Haebler: Die Gesch. der Fuggerschen Handlung in Spanien, Weimar,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 495

1897; The Fugger News-letters etcét. (1568-1605) edic. V. v. Klarwill, N. Y. y Londres, 1924-6.

    300-32. espirar en mitad de la montiña: D. Q., I, 88- 9.

    301-5.   las siete partidas del mundo, etcét.: no se debe el decirse siete en vez de cuatro partidas del mundo “a contaminación con el nombre del famoso codigo de las Siete Partidas”, como opina R. M. Ya en tiempos del Rey Sabio la gente hablaba de las siete partes del mundo, y el propio Alfonso explica por qué se decía así en su General Estoria (edic. Solalinde, I, 66):
    “Estas siete estrellas eran ya mas arriba a mas celestiales a de la natura de Dios que los elementos, e dexaron de aorar aquellos a aoraron a estas. E fizieron los ende siete partes del mundo, siete templos muy grandes, etcét.” Góngora escribió en un romance (edic. Cossío, 1927, pág. 67):

de la Cosmographia
pasó pocas millas
aunque oyó al Infante
las siete partidas.

    Comp. D. Q., II, 349-26, donde hay mención de “todas las quatro partes del mundo”. Cerv. recuerda el Libro del Infante Don Pedro de Portugal, que anduvo las quatro partidas del mundo; las edic. antiguas son rarísimas: un ejemp. de la edic. de Salamanca, 1547, se conserva en la Bibl. Nat. de París; hay edic. de Burgos, 1563, Bibl. Nac. ejemp. que fué de Gayangos; Gallardo, núm. 1028, citó una edic. de Zaragoza de 1570. En Vélez de Guevara hay alusión al Infante don Pedro d. P. el que anduvo las siete partidas del m. Vid. El diablo coj., edic. Bonilla en Bibliof. Mad., 1910, pág. 185; cons. Viajes del Infante D. Pedro de P. en el siglo XV, etcét., por D. Ces. Fernández Duro, en Bol. de l. Soc. geog., 1903.

    301-14. ay: alg. edits. enmiendan: haya.

    302-17. esta desta cueva: alg. edits. suplen a, leyendo


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 496

a esta, etcét.; parece ser uno de los muchos casos de anacoluto que hay en la prosa de Cerv.

    303-28. la antigüedad de los naypes: cons. Catherine Perry Hargrave: A History of playing cards and a bibliography of cards, etcét. Boston and New York, 1930; alg. datos de interés en Clem., V, 4; R. M., V, 10; de “la invención de los dañosos naypes”, por Bilhan habla Juan de la Cueva, vid. Los quatro libros de los inventores de las cosas, III, en Parnaso esp., tomo IX, pág. 306.

    304-30. si me atreuiere: en la edic. de Madrid, 1647, se lee ya: atreuiera; Pellicer, Fitzmaurice-Kelly y R. M.: atreviese.

    306-25. que llegasen a ella... encaminó el rucio a la hermita: Alg. edit., vgr., la Acad., 1780, Hartz. y R. M. cambian la frase, leyendo la hermita en lugar de ella, y ella en lugar de la ermita. Aun así no se remedia del todo el defecto del texto, y es posible que algo del manuscrito se omitiese en la impresión.

    308-28. alferez: aquí forma plural.

    309-8.   el que: anacoluto; varios edits. leen al que.

    309-14. las libreas que por sola ostentación auian dado: muchos detalles de interés acerca de la vida de la servidumbre en palacio se hallan en el Diálogo de la vida de los pajes de palacio, por Diego de Hermosilla, edit. de Donald Mackenzie, Valladolid, 1916.

    309-15. espilorcheria: Cov. registra espilocho: “vocablo italiano... llaman espilocho a un pobretón desarrapado que no tiene casa ni hogar”; ital. spilorceria = mezquindad, miseria.

    311-22. sobrino: descuido de Cervantes por primo.

    316-28. de en uno en otro pueblo: comp. Numancia, Com. y Entr., V, 202-2.

    317-22. masse Pedro: conservo el texto, por hallarse


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en el orig. unas veces mase y otras maese; ambas formas se usaban en tiempos de Cerv.; vid. R. M. u. e., V, 34.

    318-18. vn famoso titerero: del teatro de títeres habla Cotarelo y Valledor: El Teatro de Cerv., pág. 574 y ss. Véase también Helen H. Joseph: A Book of Marionettes, N. Y., 1920; Creizenach: Gesch. d. neueren Dramas, I, 388; y el hermoso libro de Alfred Altherr: Marionetten (Erlenbach-Zürich, 1927), con varias láminas de las figurillas y del aparato escénico construído por Otto Morach para la ópera de D. Manuel de Falla, El Retablo de maese Pedro.

    318-20. El texto: vn retablo de Melisandra dada; la enmienda libertada, hecha por la Acad., 1780, parece ser la más aceptable, porque trae consigo poco cambio del orig.; R. M. lee: “un retablo de la libertad de M. dada por, etcét.”

    318-28. Algun. ejemps.: pregunta.

    319-19. ¿qué pexe pillamo? Giannini registra “Che pesci si piglia?” D. Q. se refiere a “la noticia de las cosas que están por venir”, la cual les había de dar el mono adivino. El bon compaño ocurre otra vez en el cap. liv.

    319-28. voto a rrus: Correas registra la expresión y añade: voto a tal, juras de poca pasión; como exclam. se halla en la Comedia Selvagia, Libros raros, V, pág. 25, notada ya por Pellicer: “voto a rus, bien se ha ordenado”.

    321-6.   vn jarro que cabe vn buen porqué de vino: comp. más atrás 253-12: “que cada vna cabía un rastro de carne”; vid. Bello-Cuervo, pág. 195, y Cuervo, Dicc. de Constr., II, pág. 9, voz caber; “les costó buen porqué de su sangre” se leyó en D. Q., I, 170-18.

    321-11. La giganta Andandona: comp. Amadís, III, cap. iii, pág.190; cap. vi, pág. 202, B. A. E.; Clem., V, 31.

    323-16.  figuras judiciarias: Clem., V, 35; Cov., voz


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    figura; Pers. y Sig., I, 110, II, 172 y ss.; de Ambrosio de Morales hay un discurso sobre “Una consideración por donde se puede bien entender cómo algunas veces las estrellas tienen poderío sobre todo el hombre”; vid. Obras del maestro F. Pérez de Oliva, Córdoba, 1586, f. 186 v.; el lector puede consultar con provecho el artículo de la Enciclop. de Espasa, VI, pág. 804 y ss. con bibliografía.

    325-30. operibus credite, etcét.: de San Juan, capítulo 10, vs. 38; Cipr. de Valera lo traduce: “mas si las hago (las obras), aunque a mí no creáis, creed a las obras”.

    325-30. manos a labor: lo mismo en D. Q., II, 40-12.

    327-5.   callaron todos, etcét.: es verso de la traducción de la Eneida, II, 1, que hizo Greg. Hernández de Velasco. La prim. edic. parece ser la de Amberes de 1555; hubo otra de Toledo del mismo año (ejemplares Mus. Brit. y Hisp. Soc. N. Y.); cons. R. Schevill: Studies in Cerv., III, Virgil's Aeneid, en Transactions of the Conn. Acad., New Haven, 1908.

    327-7.   El texto: declatador.

    327-26. Estos versos son los primeros de unas octavas halladas por Pellicer (IV, 304) acerca de los romances de Gayferos; vid. Men. y Pel., Antol. de poetas, IX; 61, núm. 173; XII, 378 y ss.; Durán, núm. 374 y ss., Men. Pidal, L'épopée cast., pág. 20.

    328-13. harto os he dicho, miradlo: verso del romance 378 de Durán; Clem., V, 47; R. M. u. e. V., 50; véase también el Entremés de Melisandra, impreso entre las Comedias de Lope d. V., Valladolid, 1609, f. 333; en Cotarelo: Colec. de Entremeses, I, pág. 108.

    328-16. El texto: despachado.

    329-25. Clem., V, 52, recordó que estos versos se hallan también en una jácara de Quevedo: núm. 335, Obras, III, B. A. E., pág. 97.


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    329-27. apenas no: de esta construcción dice Bello, pág. 321, que no debe imitarse; se halla varias veces en Cerv.; vid. Weigert, pág.152, y Haynes, pág. 76 (D).

    330-15. aquí;: el texto: a quien su esposa, resultando anacoluto que pide cuya esposa; la más aceptable enmienda, propuesta por R. M., es aquí por a quien.

    330-23. dos versos del romance 377 de Durán.

    332-2.   que no viessen: de esta negación superflua tratan Hanssen, pág. 273; Cej.: Gram., 361; Weigert, 147.

    333-11. supercheria: “injuria o violencia hecha con abuso de fuerza, (Dicc. Acad.); comp, Nov. ej., III, 74-18.

    333-19. El texto: merisma.

    334-9.   El texto: ventana.

    334-32. Con estos versos maese Pedro recuerda un romance del Rey Rodrigo; cons. Men. y Pel.: Antol. VIII, núm. 5; XI, 133 y ss., y 169.

    339-24. El ventero: anacoluto; el pasaje pide: al ventero.

    340-10. que el jurar: alg. edits. enmiendan al jurar; otros en jurar.

    341-4.    falta de emprenta: comp. D. Q., I (Prólogo), págs. 9, 495; II, 420.

    341-32. El texto: aacaba.

    343-2.   El texto: ciudadad.

    344-6.   se auia errado en dezir que dos regidores auian sido los que rebuznaron; pero que, segun los versos... no auian sido sino alcaldes: en vez de pero que las más edic. leen porque; R. M. considera pero que italianismo; tal como está parece ser frase elíptica, pero teniendo la fuerza de empero, sin embargo, con


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el que redundante, como otras veces: “sin embargo (que), según los versos, etcét.”

    344-32. El texto: mirarauan.

    346-8.   alli se declaran: véanse los romances del Cid en Men. y Pel.: Antol., VIII, pág. 74 y ss.

    346-17. el pueblo de la Reloxa: cons. Gallardo: Ensayo, I, Col. 1.317; R. M. u. e., VII, apén. XXX.

    346-30. los varones prudentes... por cuatro cosas han de... poner a riesgo sus personas, etcét.: En el siglo XVI muchos humanistas escribieron en pro o en contra de la guerra; vid. Cort., V, 61-2; Clem. V, 78; según la doctrina de Santo Tomás (Summa Theologica), II, II, quaest, 40 (1), de bello, tres cosas son necesarias para justificar la guerra: “Primo quidem, auctoritas principis, cuius mandato bellum est gerendum. Secundo, requiritur causa iusta. Tertio, requiritur ut sit intentio bellantium recta.” Vid. también quaest, 108, de vindicatione; otra obra que tiene autoridad eclesiástica es la de Luis de Molina, De iustitia et iure, sec. xcix. El que con más insistencia escribió contra la guerra en todos sus aspectos fué Erasmo. Los escritos que tanta enemistad le acarrearon son dulce bellum inexpertis (entre los Adagia), Querela pacis, e Institutio principis christ. Cons. Erasmus against war. Introd. by J. W. Mackail, Boston, 1907.

    348-2.   El texto: pusiere.

    351-3.   El texto: pero no en dexar de dezir: los edits. se han percatado de que la frase es viciosa porque dice lo contrario de lo que pide el sentido; pero no han introducido ninguna enmienda en el texto. En la página 44-27 se lee: “no podia dexar de contarle”, y en la pág. 384-27: “no puedo dexar de dezir”, y en otros pasajes Cerv. escribió: “no pensaba dexar persona viua” (I., 74-22); “pensar que dexaré de abrasar los que quedan” (I, 179-5); creo que se puede suplir o puedo o pienso por en del texto.


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    352-9.   El texto: todo todo: con la excep. de R. M. los edit. omiten un todo.

    355-10. Pues ¿qué tanto ha? = cuánto; véase Hanssen, párr. 670; Bello-Cuervo, párr. 1156; “consideren, señores, con tanto real, qué tantos gansos comprarían el rey y la reina”, se lee en el Quijote de Avellaneda, cap. XXI.

    355-16. Diose D. Q. vna gran palmada en la frente: lo mismo en D. Q., I, 32-23; y Celestina, aucto sesto.

    355-22. El texto: consuman.

    355-31. El texto: en quanto mas tan mas tanto: leo como se halla en otros lugares, vgr., “no repararé en tanto mas quanto”, D. Q., I, 375-7.

    356-10. O pan mal conocido; Cov. voz pan lo registra y añade “al ingrato”.

    358-2.   Acerca del barco encantado véase Clem., V, 93, donde trata de episodios en que se pudo inspirar Cerv.; Bowle: Anot., pág. 78. También hay un barco encantado en el Libro del esforzado cauallero Conde Partinuples, etcét. Alcalá, 1513.

    361-21. Si yo tuuiera aqui vn astrolabio: acerca del arte de navegar hubo en tiempos de Cerv. varios tratados: vid. Men. y Pel.: Ciencia española, III, pág. 346 y ss.; una obra que todavía tiene interés es la Suma de Geographia de Mart. Fernández de Enciso, Sevilla, 1519; en su introducción explica todos los términos náuticos que D. Q. usa un poco más adelante (363-4).

    362-2.   Ptolomeo el mayor cosmógrafo: Véase The Geography of Claud. Ptolemy, transl. into Engl. and edit. by E. L. Stevenson, N. Y. 1932; Winsor J. A.: A Bibliography of Ptolemy's Geography, Cambridge, Mass., 1884; sobre la prim. versión lat. del Almagesto vid. Haskins and Lockwood, p. 75 y ss. en Harvard Studies of Class. Phil., vol. 21, 1910; Erasmo publicó el texto griego de la Cosmografia de Tolomeo en 1533


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 502

(Basilea); el Almagesto (en latín) se publicó en 1515, el texto griego no se imprimió hasta 1538 (Basilea).

    363-4.   cliticas: todas las edic. que yo sepa, enmiendan: ecliticas o eclipticas; Cov. registra ecliptica.

    363-22. algos: en Fray Juan de Pineda: Agricultura christ., 1589, se lee: “a quantos ay en el mundo tengo por hijos de algo y aun de algos, como todos tengan padre y madre, y cada persona es un algo y dos son dos algos, II, 3.

    366-1.   El texto: vozes.

    366-2.   el reclamo fol.113: arrojaron, pero el texto: rrrojaron.

    366-21. dize: alg. edic. enmiendan: dices.

    374-20. tanto que mejor: comp. Cej.: Fraseología, IV, 569, donde se registra también tanto que peor.

    374-27. El texto: ya no hay triste figura. El figuro sea el de los leones. Prosiguio el Duque, etcét.: el paso tal como está parece muy defectuoso; alg. edits. consideran el figuro errata, y el pasaje ha sido enmendado de varios modos sin mejorarlo; vid. Cort.: D. Q., V, 100; el vicio no estará en figuro: comp. otras combinaciones cervant., vgr.: “cuentas ni cuentos”, “insulas ni insulos”, “donas ni dones”, “cazas ni cazos”. Por eso leo figura ni figuro. Luego la contestación del duque encaja bien con lo demás. En el Quijote de Avellaneda hallo: “no hay que firmar para ella [Mari-Gutiérrez] no necesita ella de firma ni firmo”, (cap. XXXV).

    376-12. [casa]: el texto: plaça; es corriente la frase casa de plaçer; el compositor por influencia de plazer supliría plaza por casa; vid. pág. 370-25.

    378-15. Sobre estos versos que ocurren D. Q., I, 64-9, vid. Men. y Pel.: Antol., XII, 446, y VIII, romance 148.


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    378-21. de mi no podreys lleuar sino vna higa: comp. Cej.: Fraseología, II, 631; R. M. u. e., V, 132.

    378-24. no perdera la quinola de sus años por punto menos: comp. Com. y Entr., I, 283-18:

Tu moriras, borracho,
bardaja fementido;
quinola punto menos.

    Aquí “el sacristán parece motejar a los moritos de malhadados, sujetos a perder siempre en sus juegos por no lograr una quinola completa, sino punto menos”. Sancho moteja a la dueña de vieja por tener una quínola completa de años, a la cual no falta un punto.

    378-26. El texto: encencida.

    382-7.   El texto: aguna manos.

    382-17. El texto: las.

    384-15. se ahogó en la Herradura: el 19 de octubre de 1562; vid. Galindo y la Vera: Mem. histórica de las Posesiones hispano-africanas, pág. 196 y ss.; Com. y Entr., I, 104-12.

    384-26. Después de Sancho alg. edic. suplen dijo don Quijote.

    385-8.   combidó vn labrador: los más edit. a un labrador.

    385-16. El texto: Higalgo.

    385-21. Después de hijo alg. edic. añaden dijo el eclesiástico, o dijo el religioso.

    386-17. El texto: dissimalaron.

    386-27. El texto: Senora.

    392-7.   El texto: mesma.


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    393-3. el agrauio y la afrenta: comp. Pers. y Sig., II, 87-12.

    394-11. entender en el error en que está: comp. D. Q., I, 198-7; arriba 45-5; Bello-Cuervo, nota 138, página 127.

    394-31. El texto: comiada.

    395-7.   Xauon napolitano: vid. la nota de Giannini, en su trad. del Quijote, III, 369; Ben. Croce, Due Ilustrazioni, etcét., en Homenaje a Men. y Pel., I, 186.

    395-11. creyendo: muchos edits. enmiendan creyó; pero, si se omite la conj. y redundante después de las barbas, l. 13, la oración está bien. En cuanto a la ceremonia intercalada aquí, ya señaló Pellicer un episodio parecido que se cuenta del Conde de Benavente (vid. Zapata: Miscelanea, Mem. hist. esp., XI, 114.)

    395-30. El texto: las.

    397-4.   y aun que si me las rapassen: alg. edits. enmiendan: y aun si, pero está bien el orig. que dice: “lo he bien menester, y aun (si me las rapasen a navaja) que lo tendría a más beneficio”.

    397-5.   El texto: rapassan.

    397-10. El texto: orros.

    401-19. De estas altas señoras trata Clem., V, 160; la historia de Alastrajarea se cuenta en la Coronica de los muy valientes y esforçados y inuencibles caualleros Don Florisel de Niquea y el fuerte Anaxartes, etcét. (libr. X y XI de Amadís); cons. Gallardo: Ensayo, I, 376 y ss.; es crónica en tres partes, con dos libros de una 4ta parte; hay ejemp. de la prim. edic. de Valladolid de 1532 (partes 1ra y 2.a) en el Mus. Brit. Vid. Catál. d. l. Exposición, pág. 12 y ss. Gayangos: Catál. de los libros de Caball., B. A. E., XL, pág. lxix.

    401-26. vn vicioso leuantado: comp. 96-11 arriba.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 505

    402-17. El texto: vno.

    402-20. El texto: sespondio.

    403-6.   Roncesualles: comp. D. Q., I, 52-20.

    403-11. Anteon, hijo de la tierra: comp. D. Q., I, 52-22; Anteón, en vez de Anteo, se escribía a veces en tiempos de Cerv.

    403-20. El texto: alquel.

    403-26. El texto: creeo.

    405-16. El texto: le.

    406-12. dexarse lauar... y como se la lauó: R. M. suple la después de dexarse, entendiendo otra vez que falta por omisión mecánica.

    406-26. El texto: semajantes.

    406-30. ceremonias: para justificar lo que dice la duquesa después (pág. 409-1) es posible que tuviese el manuscr. aquí: cirimonias.

    407-14. estrechas, y penantes búcaros: alg. edic. leen estrechos; no he encontrado penante en otro escritor, pero sí penado, vgr., en Carlos Boil: El marido asegurado, I:

Calla, pues me quieres dar
la purga en taza penada.

    408-1.   a traer: quizá por al traer.

    410-10. El texto: bian.

    411-2.   todas: Máinez y R. M. enmiendan: cosas; no hace falta porque todas se refiere a burla y mentira de la línea anterior.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 506

    411-17. El texto: qua.

    411-32. El texto: apuel.

    413-1.   maguera: vid. la nota 80-26.

    413-14. limiste: un paño de Segovia; comp. el francés limestre, que se encuentra en Rabelais, y según el Dicc. Trévoux, fué el nombre del primer fabricante; vid. Gamillscheg, Etym. Wörterbuch d. franz. Sprache: “El vestido era todo de paño, punto menos de limiste, perpetuo bonete y guantes, etcét.” Suárez de Figueroa: Pasagero, alivio III (edic. Biblióf. esp., pág. 139); de esta industria principal segoviana de aquel entonces dice Alcalá Yáñez y Ribera en El Donado hablador, II, xi: “Segovia es rica por tener, como tiene, el trato mejor y de tanto caudal, tan honroso y necesario como es el de los paños, cuyos hacedores son sin número los que tiene Segovia gente principal de todas naciones...; y así, ejercitándose en la fábrica de lana, no sólo adquieren con su industria caudal suficiente y hacienda, sino que también son verdaderos padres de familias, sustentando innumerables oficiales, a quien, por su trabajo, dan de comer.”

    413-28. el labrador Bamba: vid. D. Q., I, 385-28.

    413-32. si las trobas... no mienten: véase la nota página 334-32, sobre los romances del rey Rodrigo; los versos citados no se hallan en la misma forma en Durán, núm. 606; de la penitencia de Rodrigo se trata con mucha extensión en la Crónica Sarracina, II, cap. ccliiii (fol. 218, edic. de Alcalá, 1587).

    414-11. quiere más ser más labrador que rey: todos los edit. omiten un más; pero es posible que Doña Rodríguez quería, a su modo, reforzar la frase con la repetición de más. No parece lícito enmendar la plana al original.

    414-27. que con otro... lo deseche: Com. y Entr., III,


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124-4; IV, 107-5, y sobre todo la enmienda, V, 362; ya lo había aclarado Arrieta en su D. Q., V. 333.

    414-30. El texto: lealess.

    415-15. El texto: tres.

    415-18. El texto: razon razon.

    417-18. El texto: de tomar yo.

    418-13. Micael Verino: De los dísticos latinos de Miguel Verino hubo varias edic., entre ellas algunas impresas en España, después de la primera de Florencia, 1487. Vid. el Manual de Palau, VII, 159; la cita latina del texto es de un epigrama que en honor de Verino compuso Policiano, y que se halla al frente de los dísticos. Estos sirvieron, al parecer, de texto en las escuelas, con lo cual se explica la frecuencia con que se publicaron. Cons. el art. Miguel Verí; en la Enciclopedia Espasa.

    418-25. El texto: las.

    420-2.   El texto: assí niñas.

    421-12. Fué Sancho quien contó a la duquesa la aventura de la cueva.

    422-26. puesto [se]: es enmienda de Mayáns en la edic. de Tonson, 1738.

    423-8.   del: enmendado por otros edits.: della; puede aludir a un sujeto mental masc. árbol, en vez de encina.

    423-9.   pugnando subir: así el texto; es posible que Cerv. pensase haber escrito procurando subirse como pocos renglones atrás.

    424-21. Sobre este romance véase Gallardo (Ensayo,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, NOTAS, p. 508

IV, col. 316) donde describe un pliego suelto, que quizá sea el mismo de la B. N. mencionado por R. M., V, 212.

    426-22. El Comendador Griego: es alusión a su colección de refranes, impresa en Salamanca en 1555, vid. Gallardo, III, 982, núm. 3243 y ss.

    426-23. El texto: son menos en de.

    426-29. paranzas (y) presto: considero esta y redundante; ya ocurre con frecuencia en este párrafo, en el que y aparece 14 veces; alg. edic. leen y puestos; vid. Hartzenbusch, nota 1.300.

    427-24. vn postillón (que) en trage, etcét.: para Clem. esta frase no se entiende; como ocurre a menudo en Cerv. parece haber un que pleonástico; con omitirlo la construcción queda bien.

    427-25. El texto: voz.

    428-28. El mismo lugar que: comp. D. Q., I, 53-4; arriba, págs. 45-5 y 95-15.

    430-6.   El texto: los.

    431-7.   Lirgandeo: acerca de los personajes de los libros de caball. aludidos en este pasaje cons. Clem., V, 210 y ss.; también D. Q., II, 288-1.

    433-10. diciplinante de luz: cons. Nov. ejemp., III, 163-19, Com. y Entr., II, 6-23.

    434-14. Merlin: en vez de Merlín, esperamos a Montesinos, a quien el diablo postillón había anunciado antes, como reparó Clem.; pero Cerv. supo hacer de este cambio inesperado otro incidente divertido. Sobre Merlín véase K. Pietsch: Spanish Grail Fragments, I, 57: La estoria de Merlin e cuyo Fijo fué. De El baladro del sabio Merlín y La Demanda del sancto grial, hay reimpr. en Libr. de Caball., I, N. B. A. E. Es


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evidente que Cerv. estaba bien enterado en la materia de estas leyendas. Comp. D. Q., I, 167-25; II, 365-31, arriba 281-3; Clem., V, 222.

    435-14. El texto: se de deue.

    435-34. El texto: Duulcinea.

    437-21. El texto: machuelo.

    439-3.   El texto: Dulcina.

    439-12. El texto: a que, al parecer por ã que.

    441-5.   correo (y) dio: otra vez y redundante.

    442-17. El texto: los.

    443-15. El texto: las.

    445-2.   las obras de caridad... ni valen nada: por ser error teológico este pasaje fué suprimido en la mayor parte de edic. impresas en España, desde la de Valencia, 1616; véase Rius, I, 17; Fitzmaurice-Kelly, edic. D. Q., II, 287; R. M. u. e., VII, apén. xxxi.

    447-21. Calongia: véase Cov., voz canonigo.

    450-11. Algunos ejempl.: vaestro.

    451-6.   Algunos ejempl.: vindas.

    451-20. de lueñas y apartadas tierras: Cerv. escribe lueñes tierras en otros lugares, vgr., D. Q., II, 38-27, y 453-22 de este tomo; muchas edic. enmiendan aquí el texto lueñes; cons. Bello-Cuervo, p. 32, nota 17 de Cuervo; ¿es posible que el manuscr. tuviese luengas, que es como se lee en las edic. de Valencia, 1616, y de Barc., 1617? Cej.: Lengua de Cerv., registra solamente lueñas en la pág. 668, pero en la pág. 1072 da lueñes (voz tierra). Cov. registra lueñes, y luengo, pero no lueñas.

    453-14. El texto: la.


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    454-12. mi barbero: alg. edic. leen mi boticario; vid. R. M. u. e., V, 261.


LA TABLA

    513.      El texto: el el.

    513.      El texto omite de.

    514.      El texto: dio dio.

    515.      El texto: sobrosa.

    515.      El texto: De donde.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO III, p. 511


APÉNDICE

    Don Quijote, I, pág. 72-1: lo qual, visto; léase: lo qual visto.

    Don Quijote, III, pág. 17-17: Debo a la atención de su Eminencia Mgr. Eugène Tisserant, Pro-Prefetto della Bibl. Apos. Vaticana la nota siguiente acerca de Bosio: “No he encontrado ningún libro impreso, titulado: De Signis Ecclesiae, atribuído a Bosio. Es posible que el autor fuese el Evangelista Bosio de Padua, O. S. A., el cual era Regente de los Estudios y Profesor desde 1569, hasta su muerte en 1593. (Vid. Encomiasticon Augustinianum, auctore R. P. F. Phil. Elssio..., Brux. I 1654.) Dicho Bossio publicó Theoremata Theologica, Roma, 1591. No se sabe que una obra suya De Sig. Eccl. llegase a imprimirse.”



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p. 513 TABLA DE LOS CAPITVLOS DESTA SEGVNDA PARTE DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA _______ Págs. _____ Capitulo I. - De lo que el cura y el barbero passaron con don Quixote cerca de su enfermedad..................................... 35 Capitulo II. - Que trata de la notable pendencia que Sancho Pança tuuo con la sobrina y ama de don Quixote con otros sugetos graciosos...................................... 52 Capitulo III. - Del ridiculo razonamiento que passó entre don Quixote, Sancho Pança y el (*) bachiller Sanson Carrasco............... 60 Capitulo IV. - Donde Sancho Pança satisfaze al bachiller Sanson Carrasco de sus dudas y preguntas con otros sucessos dignos de saberse y (*) contarse......................... 72 Capitulo V. - De la discreta y graciosa platica que passó entre Sancho Pança y su muger Teresa Pança y otros sucessos dignos de felice recordacion.................................... 80 Capitulo VI. - De lo que le passó a don Quixote con su sobrina y con su ama, y es vno de los importantes capitulos de toda la historia.. 90 Capitulo VII. - De lo que passó don Quixote con su escudero con otros sucessos famosissimos................................... 99 Capitulo VIII. - Donde se cuenta lo que le sucedio a don Quixote, yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso............................ 110 Capitulo IX. - Donde se cuenta lo que en el se vera........................................ 122 Capitulo X. - Donde se cuenta la industria que Sancho tuuo para encantar a la señora Dulcinea y de otros sucessos tan ridiculos como verdaderos................................ 128 Capitulo XI. - De la estraña auentura que le
TABLA p. 514 Págs. _____ sucedio al valeroso don Quixote con el carro o carreta de las Cortes de la Muerte........... 142 Capitulo XII. - De la estraña auentura que le sucedio al valeroso don Quixote con el brauo Cauallero de los espejos....................... 152 Capitulo XIII. - Donde se prosigue la auentura del Cauallero del bosque con el discreto, nueuo y suaue coloquio que passó entre los dos escuderos.................................. 163 Capitulo XIV. - Donde se prosigue la auentura del Cauallero del bosque....................... 173 Capitulo XV. - Donde se cuenta y da noticia de quien era el Cauallero de los espejos y su escudero....................................... 190 Capitulo XVI. - De lo que sucedio a don Quixote con vn discreto Cauallero de la Mancha......... 194 Capitulo XVII. - De donde se declaró el vltimo punto y estremo a donde llegó y pudo llegar el inaudito animo de don Quixote con la felizemente acabada auentura de los leones.. 209 Capitulo XVIII. - De lo que sucedio a don Quixote en el castillo o casa del Cauallero del verde gauan con otras cosas extrauagantes...... 225 Capitulo XIX. - Donde se cuenta la auentura del pastor enamorado con otros en verdad graciosos sucessos............................. 238 Capitulo XX. - Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico con el sucesso de Basilio el pobre....................................... 250 Capitulo XXI. - Donde se prosiguen las bodas de Camacho con otros gustosos sucessos......... 264 Capitulo XXII. - Donde se cuenta la grande auentura de la cueua de Montesinos, que está en el coraçon de la Mancha, a quien dio (*) felice cima el valeroso don Quixote de la Mancha 274 Capitulo XXIII. - De las admirables cosas que el estremado don Quixote conto que auia visto en la profunda cueua de Montesinos, cuya impossibilidad y grandeza haze que se tenga esta auentura por apocrifa............... 286 Capitulo XXIV. - Donde se cuentan mil çarandajas tan impertinentes como necessarias al verdadero entendimiento desta grande historia....................................... 302
TABLA p. 515 Págs. _____ Capitulo XXV. - Donde se apunta la auentura del rebuzno y la graciosa del titerero con las memorables adiuinanças del mono adiuino........ 312 Capitulo XXVI. - Donde se prosigue la graciosa auentura del titerero con otras cosas en verdad harto buenas............................ 327 Capitulo XXVII. - Donde se da cuenta quienes eran maesse Pedro y su mono con el mal sucesso que don Quixote tuuo en la auentura del rebuzno, que no la acabó como el quisiera y como lo tenia pensado........................ 340 Capitulo XXVIII. - De cosas que dize Benengeli que las sabra quien le leyere, si las lee con atencion................................... 350 Capitulo XXIX. - De la famosa auentura del barco encantado................................ 358 Capitulo XXX. - De lo que le auino a don Quixote con vna bella caçadora................. 368 Capitulo XXXI. - Que trata de muchas y grandes cosas.......................................... 376 Capitulo XXXII. - De la re[s]puesta que dio don Quixote a su reprehensor, con otros graues y graciosos sucessos.................... 389 Capitulo XXXIII. - De la sabrosa (*) platica que la Duquessa y sus donzellas passaron con Sancho Pança, digna de que se lea y de que se note........................................ 410 Capitulo XXXIV. - Que cuenta de la noticia que se tuuo de cómo se auia de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es vna de las auenturas mas famosas deste libro.......... 421 Capitulo XXXV. - Donde se prosigue la noticia que tuuo don Quixote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucessos........ 433 Capitulo XXXVI. - Donde se cuenta la estraña y jamas imaginada auentura de la dueña dolorida, alias de la Condessa Trifaldi, con vna carta que Sancho Pança escriuio a su muger Teresa Pança................................... 444 Capitulo XXXVII. - Donde (*) se prosigue la famosa auentura de la dueña Dolorida........... 453
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p. 517 ÍNDICE ____ Págs. _____ Advertencia preliminar........................... 5 Tassa............................................ 13 Fee de Erratas................................... 14 Aprouacion....................................... 15 Aprouacion....................................... 17 Aprouacion....................................... 19 Privilegio....................................... 23 Prologo al Lector................................ 27 Dedicatoria...................................... 33 Texto............................................ 35 Notas............................................ 457 Apéndice......................................... 511 * Tabla de los Capítulos......................... 513 * Según la primera edición. [Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV]

ENMIENDAS

Página   Línea   Dice   Debe decir
21 1 de de Toledo de Toledo
33 22 juntatamente juntamente
42 7 disse diesse
50 29 cetro. cetro,
68 6 por que porque
77 13 ha viuir ha de viuir


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