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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

                   ________


            COMEDIAS Y ENTREMESES

                   TOMO II


             Versión modernizada


            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle



      Copyright © 1916 Rodolfo Schevill
      Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO II EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ Calle del Barquillo, núm. 8. M. CM. XVI.
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p. 5 COMEDIA FAMOSA INTITULADA EL RUFIAN DICHOSO Los que hablan en ella son los siguientes: Lugo, estudiante. Un ángel. 5 Lobillo y Ganchoso, La Comedia. rufianes. La Curiosidad. Alguacil. Fray Antonio. Dos corchetes. Fray Angel. Lagartija, muchacho. El prior. 10 Una dama. Dos ciudadanos. Su marido. Doña Ana de Treviño. El inquisidor Tello de Dos criados. Sandoval. Un clérigo. Dos músicos. Lucifer. 15 Un pastelero. Visiel, demonio. Antonia. El virrey de México. Otra mujer. El padre Cruz. Carrascosa, padre de Saquel, demonio. la mancebía. Tres almas de 20 Peralta y Gilberto, purgatorio. estudiantes. Salen Lugo, envainando una daga de ganchos, y el Lobillo y Ganchoso, rufianes. Lugo viene como
JORNADA PRIMERA p. 6 estudiante, con una media sotana, un broquel en la cinta y una daga de ganchos, que no ha de traer espada. Lob. ¿Por qué fue la cuestión? Lug. No fue por nada. 5 No se repita, si es que amigos somos. Gan. Quiso Lugo empinarse sobre [el hombre, y, siendo rufo de primer tonsura, asentarse en la cátedra de prima, 10 teniendo al hombre aquí por [espantajo. Lug. Mis sores, poco a poco. Yo soy mozo y mazo, y tengo hígados y bofes para dar en el trato de la hampa 15 quinao (o) al más pintado de su [escuela, en la cual no recibe el grado alguno de valeroso, por haber gran tiempo que cura en sus entradas y salidas, 20 sino por las hazañas que [ha]ya hecho. ¿No tienen ya sabido que hay cofrades de luz, y otros de sangre? Lob. Aqueso pido. Gan. ¡Hola, so Lobo! Si es que pide queso, 25 pídalo en otra parte, que, en aquésta, no se da. Si no... Lob. ¡Basta, s(eñ)or Ganchoso! O logue luenga, y téngase por [dicho, 30 que entrevo toda flor y todo rumbo. Gan. ¿Pues nosotros nacimos en Guinea,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 7 so Lobo? Lob. No sé nada. Gan. Pues apréndalo con aquesta lección. Lug. ¡Fuera, Lobillo! 5 Gan. Entrambos sois ovejas fanfarronas, y gallinas mojadas, y conejos. Lob. ¡Menos lengua y más manos, hideputa! Entran a esta sazón un alguacil y dos corchetes; huyen Ganchoso y Lobillo; queda solo Lugo, 10 envainando. Cor. ¡Téngase a la justicia! Lug. ¡Tente, pícaro! ¿Conócesme? Cor. ¡So Lugo! 15 Lug. ¿Qué so Lugo? Alg. Bellacos, ¿no le asís? Cor. 2. Señor nuestro amo, ¿sabe lo que nos manda? ¿No conoce que es el señor Cristóbal el delinque? 20 Alg. ¡Que siempre le he de hallar en estas [danzas! ¡Por Dios, que es cosa recia! ¡No hay [paciencia que lo pueda llevar! 25 Lug. Llévelo en cólera, que tanto monta. Alg. Ahora yo sé cierto que ha de romper el diablo sus zapatos alguna vez. 30 Lug. Mas que los rompa ciento;
JORNADA PRIMERA p. 8 que él los sabrá comprar donde [quisiere. Alg. El señor Sandoval tiene la culpa. Cor. 2. Tello de Sandoval es su amo de éste. Cor. 1. Y manda la ciudad, y no hay justicia 5 que le ose tocar por su respeto. Lug. El señor alguacil haga su oficio, y déjese de cuentos y preámbulos. Alg. ¡Cuán mejor pareciera el señor Lugo en su colegio que en la barbacana, 10 el libro en mano, y no el broquel en [cinta! Lug. Crea el so alguacil que no le cuadra ni esquina el predicar; deje ese [oficio 15 a quien le toca, y vaya y pique [aprisa. Alg. Sin picar nos iremos, y agradézcalo a su amo; que, a fe de hijodalgo, que yo sé en qué parara este negocio. 20 Lug. En irse y en quedarme. Cor. 1. Yo lo creo, porque es un Barrabás este Cristóbal. Cor. 2. No hay gamo que le iguale en ligereza. Cor. 1. Mejor juega la blanca que la negra, 25 y en entrambas es águila volante. Alg. Recójase, y procure no encontrarme, que será lo más sano. Lug. Aunque sea enfermo, hará lo que füere de mi gusto. 30 Alg. Venid vosotros. Entrase el alguacil.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 9 Cor. 1. So Cristóbal, vive que no le conocí; sí, juro cierto. Cor. 2. Señor Cristóbal, yo me recomiendo; de mí no hay que temer; soy ciego y [mudo 5 para ver ni hablar cosa que toque a la mínima suela del calcorro que tapa y cubre la columna y basa que sustentan la máquina hampesca. Lug. ¿Dónde cargaste, Calahorra? 10 Cor. 2. No sé; Dios con la noche me socorra. Entranse los dos corchetes. Lug. Que sólo me respeten por mi amo, y no por mí, no sé esta maravilla; mas yo haré que salga de mí un 15 [bramo que pase de los muros de Sevilla. Cuelgue mi padre de su puerta el [ramo, despoje de su jugo a Manzanilla, 20 conténtese en su humilde y bajo oficio, que yo seré famoso en mi ejercicio. Entra a este instante Lagartija, muchacho. Lag. Señor Cristóbal, ¿qué es esto? ¿Has reñido, por ventura, 25 que tienes turbado el gesto? Lug. Pónele de sepultura el ánimo descompuesto. La de ganchos saqué a luz, porque me hiciese el buz 30
JORNADA PRIMERA p. 10 un bravo por mi respeto; mas huyóse de su aspecto como el diablo de la cruz. ¿Qué me quieres, Lagartija? Lag. La Salmerona y la Pava, 5 la Mendoza y la Librija, que es cada cual por sí brava, gananciosa y buena hija, te suplican que esta tarde, allá cuando el sol no arde, 10 y hiere en rayo sencillo, en el famoso Alamillo hagas de tu vista alarde. Lug. ¿Hay regodeo? Lag. Hay merienda, 15 que las más famosas cenas ante ella cogen la rienda: cazuelas de berenjenas serán penúltima ofrenda. Hay el conejo empanado, 20 por mil partes traspasado con saetas de tocino; blanco el pan, aloque el vino, y hay turrón alicantado. Cada cual para esto roba 25 blancas vistosas y nuevas, una y otra rica coba; dales limones las Cuevas, y naranjas el Alcoba. Daráles en un instante 30 el pescador arrogante más que le hay del Norte al Sur,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 11 el gordo y sabroso albur y la anguilla resbalante. El sábalo vivo, vivo, colear en la caldera o saltar en fuego esquivo, 5 verás en mejor manera que te lo pinto y describo. El pintado camarón, con el partido limón y bien molida pimienta, 10 verás cómo el gusto aumenta y le saca de harón. Lug. ¡Lagartija, bien lo pintas! Lag. Pues llevan otras mil cosas de comer, varias, distintas, 15 que a voluntades golosas las harán poner en quintas. Lug. ¿Qué es (en) quintas? Lag. En división, llevándose la afición 20 aquí y allí y acullá: que la variedad hará no atinar con la razón. Lug. ¿Y quién va con ellas? Lag. ¿Quién? 25 El Patojo, y el Mochuelo, y el Tuerto del Almadén. Lug. Que ha de haber soplo recelo. Lag. Ve tú, y se hará todo bien. Lug. Quizá por tu gusto iré: 30 que tienes un no sé qué de agudeza, que me encanta.
JORNADA PRIMERA p. 12 Lag. Mi boca pongo en la planta de tu valeroso pie. Lug. ¡Alza, rapaz lisonjero, indigno del vil oficio que tienes! 5 Lag. Pues de él espero salir presto a otro ejercicio que muestre ser perulero. Lug. ¿Qué ejercicio? Lag. Señor Lugo, 10 será ejercicio de jugo, puesto que en él se trabaja, que es jugador de ventaja, y de las bolsas verdugo. ¿No has visto tú por ahí 15 mil con capas guarnecidas, volantes más que un neblí, que en dos barajas bruñidas encierran un Potosí? Cuál de éstos se finge manco 20 para dar un toque franco al más agudo, y me alegro de ver no usar de su negro hasta que topen un blanco. Lug. ¡Mucho sabes! ¿Qué papel 25 es el que traes en el pecho? Lag. ¿Descúbreseme algo de él? Todo el seso sin provecho de Apolo se encierra en él. Es un romance jacaro, 30 que le igualo y le comparo al mejor que se ha compuesto;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 13 echa de la hampa el resto en estilo jaco y raro. Tiene vocablos modernos, de tal manera, que encantan; unos bravos, y otros tiernos; 5 ya a los cielos se levantan, ya bajan a los infiernos. Lug. Dile, pues. Lag. Séle de coro: que ninguna cosa ignoro 10 de aquesta que a luz se saque. Lug. ¿Y de qué trata? Lag. De un jaque que se tomó con un toro. Lug. Vaya, Lagartija. 15 Lag. Vaya, y todo el mundo esté atento a mirar cómo se ensaya a pasar mi entendimiento del que más sube la raya. 20 “Año de mil y quinientos y treinta y cuatro corría, a veinte y cinco de mayo, martes, acïago día, sucedió un caso notable 25 en la ciudad de Sevilla, digno que ciegos le canten y que poetas le escriban. Del gran corral de los Olmos, do está la jacarandina, 30 sale Reguilete, el jaque, vestido a las maravillas.
JORNADA PRIMERA p. 14 No va la vuelta del Cairo, del Catay ni de la China, ni de Flandes ni Alemania, ni menos de Lombardía; va la vuelta de la plaza 5 de San Francisco bendita, que corren toros en ella por santa Justa y Rufina, y, apenas entró en la plaza, cuando se lleva la vista 10 tras sí de todos los ojos, que su buen donaire miran. Salió en esto un toro hosco, ¡válgasme, Santa María!, y, arremetiendo con él, 15 dio con él patas arriba. Dejóle muerto y mohíno, bañado en su sangre misma; y aquí da fin el romance, porque llegó el de su vida.” 20 Lug. ¿Y éste es el romance bravo que decías? Lag. Su llaneza y su buen decir alabo; y más, que muestra agudeza 25 en llegar tan presto al cabo. Lug. ¿Quién le compuso? Lag. Tristán, que gobierna en San Román la bendita sacristía, 30 que excede en la poesía a Garcilaso y Boscán.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 15 Entra a este instante una dama, con el manto hasta la mitad del rostro. Dam. Una palabra, galán. Lug. Ve con Dios, y quizá iré, si estás cierto que allá van. 5 Lag. Digo que van; yo lo sé, y sé que te aguardarán. Entrase Lagartija. Dam. Arrastrada de un deseo sin provecho resistido, 10 a hurto de mi marido, delante de vos me veo. Lo que este manto os encubre mirad, y después veréis Mírala por debajo del manto. 15 si es razón que remediéis lo que la lengua os descubre. ¿Conocéisme? Lug. Demasiado. Dam. En eso veréis la fuerza 20 que me incita y aun me fuerza a ponerme en este estado; mas, porque no estéis en calma pensando a qué es mi venida, digo que a daros mi vida 25 con la voluntad del alma. Vuestra rara valentía y vuestro despejo han hecho tanta impresión en mi pecho, que pienso en vos noche y día. 30
JORNADA PRIMERA p. 16 Quítame este pensamiento pensar en mi calidad, y al gusto la voluntad da libre consentimiento; y así, sin guardar decoro 5 a quien soy en ningún modo, Habré de decirlo todo: sabed, Lugo, que os adoro. No fea, y muy rica soy; sabré dar, sabré querer, 10 y esto lo echaréis de ver por este trance en que estoy: que la mujer ya rendida, aunque es toda mezquindad, muestra liberalidad 15 con el dueño de su vida. En la tuya o en mi casa, de mí y de mi hacienda puedes prometerte, no mercedes, sino servicios sin tasa; 20 y, pues miedo no te alcanza, no te le dé mi marido, que el engaño siempre ha sido parcial de la confianza. No llegan de los recelos, 25 porque los tiene discretos, a hacer los tristes efectos que suelen hacer los celos; y porque nunca ocasión de tenerlos yo le he dado, 30 le juzgo por engañado a nuestra satisfacción.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 17 ¿Para qué arrugas la frente y alzas las cejas? ¿Qué es esto? Lug. En admiración me ha puesto tu deseo impertinente. Pudieras, ya que querías 5 satisfacer tu mal gusto, buscar un sujeto al justo de tus grandes bizarrías; pudieras, como entre peras, escoger en la ciudad 10 quien diera a tu voluntad satisfacción con más veras; y así tuviera(s) disculpa con la alteza del empleo tu malnacido deseo, 15 que en mi bajeza te culpa. Yo soy un pobre criado de un inquisidor, cual sabes, de caudal, que está sin llaves, entre libros abreviado; 20 vivo a lo de Dios es Cristo, sin estrechar el deseo, y siempre traigo el baldeo como sacabuche listo; ocúpome en bajas cosas, 25 y en todas soy tan terrible, que el acudir no es posible a las que son amorosas; a lo menos a las altas, como en las que en ti señalas: 30 que son de cuervo mis alas. Dam. No te pintes con más faltas,
JORNADA PRIMERA p. 18 porque en mi imaginación te tiene amor retratado del modo que tú has contado, pero con más perfección. No pido hagas quimeras 5 de ti mismo; sólo pido, deseo bien comedido, que, pues te quiero, me quieras. Pero ¡ay de mí, desdichada! ¡Mi marido! ¿Qué haré? 10 Tiemblo y temo, aunque bien sé que vengo bien disfrazada. Entra su marido. Lug. Sosegaos, no os desviéis, que no os ha de descubrir. 15 Dam. Aunque me quisiera ir, no puedo mover los pies. Mar. Señor Lugo, ¿qué hay de nuevo? Lug. Cierta cosa que contaros, que me obligaba a buscaros. 20 Dam. Irme quiero, y no me atrevo. Mar. Aquí me tenéis; mirad lo que tenéis que decirme. Dam. Harto mejor fuera irme. Lug. Llegaos aquí, y escuchad. 25 La hermosura que dar quiso el cielo a vuestra mujer, con que la vino a hacer en la tierra un paraíso, ha encendido de manera 30 de un mancebo el corazón,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 19 que le tiene hecho carbón de la amorosa hoguera. Es rico y es poderoso, y atrevido de tal modo, que atropella y rompe todo 5 lo que es más dificultoso. No quiere usar de los medios de ofrecer ni de rogar, porque, en su mal, quiere usar de otros más breves remedios. 10 Dice que la honestidad de vuestra consorte es tanta, que le admira y que le espanta tanto como la beldad. Por jamás le ha descubierto 15 su lascivo pensamiento: que queda su atrevimiento, ante su recato, muerto. Mar. ¿Es hombre que entra en mi casa? Lug. Róndala, mas no entra en ella. 20 Mar. Quien casa con mujer bella, de su honra se descasa, si no lo remedia el cielo. Dam. ¿Qué es lo que tratan los dos? ¿Si es de mí? ¡Válgame Dios, 25 de cuántos males recelo! Lug. Digo, en fin, que es tal el fuego que a este amante abrasa y fuerza, que quiere usar de la fuerza en cambio y lugar del ruego. 30 Robar quiere a vuestra esposa, ayudado de otra gente
JORNADA PRIMERA p. 20 como yo, de esta valiente, atrevida y licenciosa. Hame dado cuenta de ello, casi como a principal de esta canalla mortal, 5 que en hacer mal echa el sello. Yo, aunque soy mozo arriscado, de los de campo través, ni mato por interés, ni de ruindades me agrado. 10 De ayudarle he prometido, con intento de avisaros: que es fácil el repararos, estando así prevenido. Mar. ¿Soy hombre yo de amenazas? 15 Tengo valor, ciño espada. Lug. No hay valor que pueda nada contra las traidoras trazas. Mar. En fin, ¿mi consorte ignora todo este cuento? 20 Lug. Así ella os ofende, como aquella cubierta y buena señora. Por el cielo santo os juro que no sabe nada de esto. 25 Mar. De ausentarla estoy dispuesto. Lug. Eso es lo que yo procuro. Mar. Yo la pondré donde el viento apenas pueda tocalla. Lug. En el recato se halla 30 buen fin del dudoso intento. Retiradla, que la ausencia
DEL RUFIAN DICHOSO p. 21 hace, pasando los días, volver las entrañas frías que abrasaba la presencia; y nunca en la poca edad tiene firme asiento amor, 5 y siempre el mozo amador huye la dificultad. Mar. El aviso os agradezco, señor Lugo, y algún día sabréis de mi cortesía 10 si vuestra amistad merezco. El nombre saber quisiera de ese galán que me acosa. Lug. Eso es pedirme una cosa que de quien soy no se espera. 15 Basta que vais avisado de lo que más os conviene, y este negocio no tiene más de lo que os he contado. Vuestra consorte, inocente 20 está de todo este hecho; vos, con esto satisfecho, haced como hombre prudente. Mar. Casa fuerte y heredad tengo en no pequeña aldea, 25 y llaves, que harán que sea grande la dificultad que se oponga al mal intento de ese atrevido mancebo. Quedaos, que en el alma llevo 30 más de un vario pensamiento. Vase el marido.
JORNADA PRIMERA p. 22 Dam. Entre los dientes ya estaba el alma para dejarme; quise, y no pude mudarme, aunque más lo procuraba. ¡Mucho esfuerzo ha menester 5 quien, con traidora conciencia, no se alborota en presencia de aquel que quiere ofender! Lug. Y más si la ofensa es hecha de la mujer al marido. 10 Dam. El nublado ya se ha ido; hazme ahora satisfecha, contándome qué querías a mi esclavo y mi señor. Lug. Hanme hecho corredor 15 de no sé qué mercancías. Díjele, si las quería, que fuésemos luego a vellas. Dam. ¿De qué calidad son ellas? Lug. De la de mayor cuantía; 20 que le importa, estoy pensando, comprarlas, honor y hacienda. Dam. ¿Cómo haré yo que él entienda esa importancia? Lug. Callando. 25 Calla y vete, y así harás muy segura su ganancia. Dam. ¿Pues qué traza de importancia en lo de gozarnos das? Lug. Ninguna que sea de gusto; 30 por hoy, a lo menos. Dam. ¿Pues
DEL RUFIAN DICHOSO p. 23 cuándo la darás, si es que gustas de lo que gusto? Lug. Yo haré por verme contigo. Vete en paz. Dam. Con ella queda, 5 y el amor contigo pueda todo aquello que conmigo. [Vase.] Lug. Como de rayo del cielo, como en el mar de tormenta, como de improviso afrenta, 10 y terremoto del suelo; como de fiera indignada, del vulgo insolente y libre, pediré a Dios que me libre de mujer determinada. 15 Entrase Lugo. Sale el licenciado Tello de Sandoval, amo de Cristóbal de Lugo, y el alguacil que salió primero. Tello. ¿Pasan de mocedades? Alg. Es de modo 20 que, si no se remedia, a buen seguro que ha de escandalizar [al] pueblo todo. Como cristiano, a vuestra merced juro que piensa y hace tales travesuras, que nadie de él se tiene por seguro. 25 Tello. ¿Es ladrón? Alg. No, por cierto. Tello. ¿Quita a oscuras las capas en poblado? Alg. No, tampoco. 30
JORNADA PRIMERA p. 24 Tello. ¿Qué hace, pues? Alg. Otras cien mil diabluras. Esto de valentón le vuelve loco: aquí riñe, allí hiere, allí se arroja, y es en el trato airado el rey y el coco: 5 con una daga que le sirve de hoja, y un broquel que pendiente trae al lado, sale con lo que quiere o se le antoja. Es de toda la hampa respetado, averigua pendencias y las hace, 10 estafa, y es señor de lo guisado; entre rufos, él hace y él deshace, el corral de los Olmos le da parias, y en el dar cantaletas se complace. Por tres heridas de personas varias, 15 tres mandamientos traigo y no ejecuto, y otros dos tiene el alguacil Pedro Arias. Muchas veces he estado resoluto de aventurarlo todo y de prenderle, o ya a la clara, o ya con modo astuto; 20 pero, viendo que da en favorecerle tanto vuestra merced, aún no me atrevo a mirarle, tocarle ni ofenderle. Tello. Esta deuda conozco que la debo, y la pagaré algún día, 25 y procuraré que Lugo use de más cortesía, o le seré yo verdugo, por vida del alma mía. Mas lo mejor es quitarle 30 de aquesta tierra, y llevarle a México, donde voy,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 25 no obstante que puesto estoy en reñirle y castigarle. Vuestra merced en buen hora vaya, que yo le agradezco el aviso, y desde ahora 5 todo por suyo me ofrezco. Alg. Ya adivino su mejora sacándole de Sevilla, que es tierra do la semilla holgazana se levanta 10 sobre cualquiera otra planta que por virtud maravilla. Entrase el alguacil. Tello. ¡Que aqueste mozo me engañe, y que tan a suelta rienda 15 a mi honor y su alma dañe! Pues yo haré, si no se enmienda, que de mi favor se extrañe: que, viéndose sin ayuda, será posible que acuda 20 a la enmienda de su error: que a la sombra del favor crecen los vicios, sin duda. Entrase Tello. Salen dos músicos con guitarras, y Cristóbal con su 25 broquel y daga de ganchos. Lug. Toquen, que ésta es la casa, y al seguro, que presto llegue el bramo a los oídos de la ninfa, que he dicho, jerezana, cuya vida y milagros en mi lengua 30
JORNADA PRIMERA p. 26 viene cifrada en verso correntío. A la jácara toquen, pues comienzo. Mús. 1. ¿Quieres que le rompamos las ventanas antes de comenzar, porque esté atenta? Lug. Acabada la música, andaremos 5 aquestas estaciones. Vaya ahora el guitarresco son y el aquelindo. Tocan. “Escucha, la que viniste de la jerezana tierra 10 a hacer a Sevilla guerra en cueros, como valiente; la que llama su pariente al gran Miramamolín; la que se precia de ruin, 15 como otras de generosas; la que tiene cuatro cosas, y aun cuatro mil, que son malas; la que pasea sin alas los aires en noche oscura; 20 la que tiene a gran ventura ser amiga de un lacayo; la que tiene un papagayo que siempre la llama puta; la que en vieja y en astuta 25 da quinao a Celestina; la que, como golondrina, muda tierras y sazones; la que a pares, y aun a nones, ha ganado lo que tiene; 30 la que no se desaviene
DEL RUFIAN DICHOSO p. 27 por poco que se le dé; la que su palabra y fe que diese, jamás guardó; la que en darse a sí excedió a las godeñas más francas; 5 la que echa por cinco blanca[s] las habas y el cedacillo.” Asómase a la ventana uno medio desnudo, con un paño de tocar y un candil. Uno. ¿Están en sí, señores? ¿No dan cata 10 que no los oye nadie en esta casa? Mús. 1. ¿Cómo así, tajamoco? Uno. Porque el dueño ha que está ya a la sombra cuatro [días. 15 Mús. 2. Convaleciente, di: ¿cómo a la sombra? Uno. En la cárcel; ¿no entrevan? Lug. ¿En la cárcel? ¿Pues por qué la llevaron? Uno. Por amiga 20 de aquel Pierres Papín, el de los [naipes. Mús. 1. ¿Aquel francés giboso? Uno. Aquese mismo, que en la cal de la Sierpe tiene tienda. 25 Lug. ¡Entrate, bodegón almidonado! Mús. 2. ¡Zabúllete, fantasma antojadiza! Mús. 1. ¡Escóndete, podenco cuartanario! Uno. Entrome, ladroncitos en cuadrilla; zabúllome, cernícalos rateros; 30 escóndome, corchetes a lo Caco.
JORNADA PRIMERA p. 28 Lug. ¡Vive Dios, que es de humor el [hideputa! Uno. No tire nadie; estén las manos quedas, y anden las lenguas. Mús. 1. ¿Quién te tira, sucio? 5 Uno. ¿Hay más? ¡Si no me abajo, cuál me [paran! ¡Mancebitos, a Dios! Que no soy pera, que me han de derribar a terronazos. Entrase. 10 Lug. ¿Han visto los melindres del bellaco? No le tiran, y quéjase. Mús. 2. (Este) es un sastre remendón muy donoso. Mús. 1. ¿Qué haremos? 15 Lug. Vamos a dar asalto al pastelero que está aquí cerca. Mús. 2. Vamos, que ya es hora que esté haciendo pasteles; que este [ciego 20 que viene aquí nos da a entender cuán [cerca Entra un ciego. viene ya el día. Ciego. No he madrugado mucho, 25 pues que ya suena gente por la calle. Hoy quiero comenzar por este sastre. Lug. ¡Hola, ciego, buen hombre! Ciego. ¿Quién me llama? Lug. Tomad aqueste real, y diez y siete 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 29 oraciones decid, una tras otra, por las almas que están en purgatorio. Ciego. Que me place, señor, y haré mis fuerzas por decirlas devota y claramente. Lug. No me las engulláis, ni me echéis sisa 5 en ellas. Ciego. No, señor; ni por semejas. A las Gradas me voy, y allí, [sentado, las diré poco a poco. 10 Lug. ¡Dios os guíe! Vase el ciego. Mús. 1. ¿Quédate para vino, Lugo amigo? Lug. Ni aun un solo cornado. Mús. 1. ¡Vive Roque, 15 que tienes condición extraordinaria! Muchas veces te he visto dar limosna al tiempo que la lengua se nos pega al paladar, y sin dejar siquiera para comprar un polvo de Cazalla. 20 Lug. Las ánimas me llevan cuanto tengo; mas yo tengo esperanza que algún día lo tienen de volver ciento por uno. Mús. 2. ¡A la larga lo tomas! Lug. Y a lo corto; 25 que al bien hacer jamás le falta premio. Suena dentro como que hacen pasteles, y canta uno dentro lo siguiente: “¡Afuera, consejos vanos, que despertáis mi dolor! 30
JORNADA PRIMERA p. 30 No me toquen vuestras manos; que, en los consejos de amor, los que matan son los sanos.” Mús. 1. ¡Hola! Cantando está el pastelerazo, y, por lo menos, los consejos vanos. 5 ¿Tienes pasteles, cangilón con tetas? Past. ¡Músico de mohatra sincopado! Lug. Pastelero de riego, ¿no respondes? Past. Pasteles tengo, mancebitos hampos; mas no son para ellos, corchapines. 10 Lug. ¡Abre, socarra, y danos de tu obra! Past. ¡No quiero, socarrones! ¡A otra puerta, que no se abre aquésta por ahora! Lug. ¡Por Dios, que a puntapiés la haga leña si acaso no nos abres, buenos vinos! 15 Past. ¡Por Dios, que no he de abrir, malos [vinagres! Lug. ¡Ahora lo veredes!, dijo Agrajes. Mús. 1. ¡Paso, no la derribes! ¡Lugo, tente! Da de coces a la puerta; sale el pastelero y sus 20 secuaces con palas y barrederos y asadores. Past. ¡Bellacos, no hay aquí Agrajes que [valgan; que, si tocan historias, tocaremos palas y chuzos! 25 Mús. 2. ¡(En)ciérrate, capacho! Lug. ¿Quieres que te derribe aquesas [muelas, remero de Carón el chamuscado? Past. ¡Cuerpo de mí! ¿Es Cristóbal el de 30 [Tello?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 31 Mús. 1. El es. ¿Por qué lo dices, [zangomango? Past. Dígolo porque yo le soy amigo y muy su servidor, y para cuatro o para seis pasteles, no tenía 5 para qué romper puertas ni ventanas, ni darme cantaletas ni matracas. Entre Cristóbal, sus amigos entren, y allánese la tienda por el suelo. Lug. ¡Vive Dios, que eres príncipe entre 10 [príncipes, y que esa sumisión te ha de hacer [franco de todo mi rigor y mal talante! Enváinense la pala y barrederas, 15 y amigos usque ad mortem. Past. Por San Pito, que han de entrar todos, y la buena [estrena han de hacer a la hornada, que ya sale; 20 y más, que tengo de Alanís un cuero que se viene a las barbas y a los ojos. Mús. 1. De miedo hace todo cuanto hace aqueste marión. Lug. No importa nada. 25 Asgamos la ocasión por el harapo, por el hopo o copete, como dicen, ora la ofrezca el miedo o cortesía. El señor pastelero es cortesísimo, y yo le soy amigo verdadero, 30 y hacer su gusto por mi gusto quiero. Entranse todos.
JORNADA PRIMERA p. 32 Sale Antonia con su manto, no muy aderezada, sino honesta. Ant. Si ahora yo le hallase en su aposento, no habría cosa de que más gustase; 5 quizá a solas le diría alguna que le ablandase. Atrevimiento es el mío; pero dame esfuerzo y brío estos celos y este amor, 10 que rinden con su rigor al más exento albedrío. Esta es la casa, y la puerta, como pide mi deseo, parece que está entreabierta; 15 mas, ¡ay!, que a sus quicios veo yacer mi esperanza muerta. Apenas puedo moverme; pero, en fin, he de atreverme, aunque tan cobarde estoy, 20 porque en el punto de hoy está el ganarme o perderme. Sale el inquisidor Tello de Sandoval con ropa de levantar, rezando en unas horas. Tello. Deus in adjutorium meum intende. 25 Domine, ad adjuvandum me festina. Gloria Patri & Filio & Spiritui Sancto. Sicut erat, &c. ¿Quién está ahí? ¿Qué rüido es ése? ¿Quién está ahí? 30 Ant. ¡Ay, desdichada de mí!
DEL RUFIAN DICHOSO p. 33 ¿Qué es lo que me ha sucedido? Tello. Pues, señora, ¿qué buscáis tan de mañana en mi casa? Este de madrugar pasa. No os turbéis. ¿De qué os turbáis? 5 Ant. ¡Señor! Tello. Adelante. ¿Qué es? Proseguid vuestra razón. Ant. Nunca la errada intención supo enderezar los pies. 10 A Lugo vengo a buscar. Tello. ¿Mi criado? Ant. Sí, señor. Tello. ¿Tan de mañana? Ant. El amor 15 tal vez hace madrugar. Tello. ¿Bien le queréis? Ant. No lo niego; mas quiérole en parte buena. Tello. El madrugar os condena. 20 Ant. Siempre es solícito el fuego. Tello. En otra parte buscad materia que le apliquéis, que en mi casa no hallaréi[s] sino toda honestidad; 25 y si el mozo da ocasión que le busquéis, yo haré que desde hoy más no os la dé. Ant. Enójase sin razón vuestra merced; que, en mi alma, 30 que el mancebo es de manera, que puede llevar doquiera
JORNADA PRIMERA p. 34 entre mil honestos palma. Verdad es que él es travieso, matante, acuchillador; pero, en cosas del amor, por un leño le confieso. 5 No me lleva a mí tras él Venus blanda y amorosa, sino su aguda ganchosa y su acerado broquel. Tello. ¿Es valiente? 10 Ant. Muy bien puedes sin escrúpulo igualarle, y aun quizá será agraviarle, a García de Paredes. Y por esto este mocito 15 trae a todas las del trato muertas: por ser tan bravato; que en lo demás es bendito. Tello. Oigole. Escondeos aquí, porque quiero hablar con él 20 sin que os vea. Ant. ¡Que no es él! Tello. Es, sin duda; yo le oí. Después os daré lugar para hablarle. 25 Ant. Sea en buen hora. Escóndese Antonia. Entra Lugo en cuerpo, pendiente a las espaldas el broquel y la daga, y trae el rosario en la mano. Lug. Mi señor suele a esta hora 30 de ordinario madrugar.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 35 Mirad si lo dije bien; hele aquí. Yo apostaré que hay sermón do no pensé. Acábese presto. Amén. Tello. ¿De dónde venís, mancebo? 5 Lug. ¿De dó tengo de venir? Tello. De matar y de herir, que esto para vos no es nuevo. Lug. A nadie hiero ni mato. Tello. Siete veces te he librado 10 de la cárcel. Lug. Ya es pasado aquése, y tengo otro trato. Tello. Mas sé que hay de un mandamiento para prenderte en la plaza. 15 Lug. Sí; mas ninguno amenaza a que dé coces al viento: que todas son liviandades de mozo las que me culpan, y a mí mismo me disculpan, 20 pues no llegan a maldades. Ellas son cortar la cara a un valentón arrogante; una matraca picante, aguda, graciosa y rara; 25 calcorrear diez pasteles o cajas de diacitrón; sustanciar una cuestión entre dos jaques noveles; el tener en la dehesa 30 dos vacas, y a veces tres, pero sin el interés
JORNADA PRIMERA p. 36 que en el trato se profesa; procurar que ningún rufo se entone do yo estuviere, y que estime, sea quien fuere, la suela de mi pantufo. 5 Estas y otras cosas tales hago por mi pasatiempo, demás que rezo algún tiempo los salmos penitenciales; y, aunque peco de ordinario, 10 pienso, y ello será así, dar buena cuenta de mí por las de aqueste rosario. Tello. Dime, simple: ¿y tú no ves que de esa tu plata y cobre, 15 es dar en limosna al pobre del puerco hurtado los pies? Haces a Dios mil ofensas, como dices, de ordinario, ¿y, con rezar un rosario, 20 sin más, ir al cielo piensas? Entra por un libro allí, que está sobre aquella mesa. Dime: ¿qué manera es ésa de andar, que jamás la vi? 25 ¿Hacia atrás? ¿Eres cangrejo? Vuélvete. ¿Qué novedad es ésa? Lug. Es curiosidad y cortesano consejo 30 que no vuelva el buen criado las espaldas al señor.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 37 Tello. Crianza de tal tenor, en ninguno la he notado. Vuelve, digo. Lug. Ya me vuelvo: que por esto el paso atrás 5 daba. Tello. En que eres Satanás desde ahora me resuelvo. ¿Armado en casa? ¿Por suerte, tienes en ella enemigos? 10 Sí tendrás, cual son testigos los ministros de la muerte que penden de tu pretina, y en ellos has confirmado que el mozo descaminado, 15 como tú, hacia atrás camina. ¡Bien iré a la Nueva España cargado de ti, malino; bien a hacer este camino tu ingenio y virtud se amaña! 20 Si, en lugar de libros, llevas estas joyas que veo aquí por cierto que das de ti grandes e ingeniosas pruebas. ¡Bien responde la esperanza 25 en que engañado he vivido al cuidado que he tenido de tu estudio y tu crianza! ¡Bien me pagas, bien procuras que tu humilde nacimiento 30 en ti cobre nuevo asiento, menos bríos y venturas!
JORNADA PRIMERA p. 38 En balde será avisarte, por ejemplos que te den, que nunca se avienen bien Aristóteles y Marte, y que está en los aranceles 5 de la discreción mejor que no guardan un tenor las súmulas y broqueles. Espera, que quiero darte un testigo de quién eres, 10 si es que hacen las mujeres alguna fe en esta parte. Salid, señora, y hablad a vuestro duro diamante, honesto, pero matante, 15 valiente, pero rufián. Sale Antonia. Lug. Demonio, ¿quién te ha traído aquí? ¿Por qué me persigues, si ningún fruto consigues 20 de tu intento malnacido? Entra Lagartija asustado. Tello. Mancebo, ¿qué buscáis vos? ¡Con sobresalto venís! ¿Qué respondéis? ¿Qué decís? 25 Lag. Digo que me valga Dios; digo que al so Lugo busco. Tello. Veisle ahí; dadle el recado. Lag. De cansado y de turbado, en las palabras me ofusco. 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 39 Lug. Sosiégate, Lagartija, y dime lo que me quieres. Lag. Considerando quién eres, mi alma se regocija y espera de tu valor 5 que saldrás con cualquier cosa. Lug. Bien; ¿qué hay? Lag. ¡A Carrascosa le llevan preso, señor! Lug. ¿Al padre? 10 Lag. Al mismo. Lug. ¿Por dónde le llevan? ¡Dímelo; acaba! Lag. Poquito habrá que llegaba junto a la puerta del conde 15 del Castellar. Lug. ¿Quién le lleva, y por qué, si lo has sabido? Lag. Por pendencia, a lo que he oído; y el alguacil Villanueva, 20 con dos corchetes, en peso le llevan, como a un ladrón. ¡Quebrárate el corazón si le vieras! Lug. ¡Bueno es eso! 25 Camina y guía, y espera buen suceso de este caso, si los alcanza mi paso. Lag. ¡Muera Villanueva! Lug. ¡Muera! 30 Vase Lagartija y Lugo alborotados.
JORNADA PRIMERA p. 40 Tello. ¡Qué padre es éste? ¿Por dicha, llevan a algún fraile preso? Ant. No, señor, no es nada de eso: que éste es padre de desdicha, puesto que en su oficio gana 5 más que dos padres, y aun tres. Tello. Decidme de qué orden es. Ant. De los de la casa llana. Es alcaide, con perdón, señor, de la mancebía, 10 a quien llaman padre hoy día las de nuestra profesión; su tenencia es casa llana, porque se allanan en ella cuantas viven dentro de ella. 15 Tello. Bien el nombre se profana en eso de alcaide y padre, nombres honrados y buenos. Ant. Quien vive en ella, a lo menos, no estará sin padre y madre 20 jamás. Tello. Ahora bien: señora, id con Dios, que a este mancebo yo os le pondré como nuevo. Ant. Tras él voy. 25 Tello. Id en buen hora. Sale el alguacil que suele, con dos corchetes, que traen preso a Carrascosa, padre de la mancebía. Padre. Soy de los Carrascosas de Antequera, y tengo oficio honrado en la república, 30 y háseme de tratar de otra manera.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 41 Solíanme hablar a mí por súplica, y es mal hecho y mal caso que se [atreva hacerme un alguacil afrenta pública. Si a un personaje como yo se lleva 5 de aqueste modo, ¿qué hará a un mal [hombre? Por Dios, que anda muy mal, sor [Villanueva; mire que da ocasión a que se asombre 10 el que viere tratarme de esta suerte. Alg. Calle, y la calle con más prisa [escombre, porque le irá mejor, si en ello advierte. Entra a este instante Lugo, puesta la mano en la daga 15 y el broquel; viene con él Lagartija y Lobillo. Lug. Todo viviente se tenga, y suelten a Carrascosa para que conmigo venga, y no se haga otra cosa, 20 aunque a su oficio convenga. Ea, señor Villanueva, dé de contentarme prueba, como otras veces lo hace. Alg. Señor Lugo, que me place. 25 Cor. ¡Juro a mí que se le lleva! Lug. Padre Carrascosa, vaya y éntrese en San Salvador, y a su temor ponga raya. Lag. Este Cid campeador 30 mil años viva y bien haya.
JORNADA PRIMERA p. 42 Alg. Cristóbal, eche de ver que no me quiero perder y que le sirvo. Lug. Está bien; yo lo miraré muy bien 5 cuando fuere menester. Alg. ¡Agradézcalo al padrino, señor padre! Lob. No haya más, y siga en paz su camino. 10 Cor. ¿Este mozo es Barrabás, o es Orlando el Paladino? ¡No hay hacer baza con él! Entrase el alguacil y los corchetes. Padre. Nuevo español bravonel, 15 con tus bravatas bizarras me has librado de las garras de aquel tacaño Luzbel. Yo me voy a retraer, por sí o por no. ¡Queda en paz, 20 honor de la hampa y ser! Lug. Dices bien, y aqueso haz, que yo después te iré a ver. ¡Bien se ha negociado! Lob. Bien; 25 sin sangre, sin hierro o fuego. Lug. De cólera venía ciego y enfadado. Lob. Y yo también. Vamos a cortarla aquí 30 con un polvo de lo caro.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 43 Lug. En otras cosas reparo que me importan más a mí. Ir quiero ahora a jugar con Gilberto, un estudiante que siempre ha sido mi azar, 5 hombre que ha de ser bastante a hacerme desesperar. Cuanto tengo me ha ganado; solamente me han quedado unas súmulas, y a fe 10 que, si las pierdo, que sé cómo esquitarme al doblado. Lob. Yo te daré una baraja hecha, con que le despojes, sin que le dejes alhaja. 15 Lug. ¡Largo medio es el que escoges! Otro sé por do se ataja. Juro a Dios omnipotente que, si las pierdo al presente, me he de hacer salteador. 20 Lob. ¡Resolución de valor, y traza de hombre prudente! Si pierdes, ¡ojalá pierdas!, yo mostraré en tu ejercicio que estas manos no son lerdas. 25 Lag. Siempre fue usado este oficio de personas que son cuerdas, industriosas y valientes, por los casos diferentes que se ofrecen de contino. 30 Lob. De seguirte determino. Lag. Por tuyo es bien que me cuentes.
JORNADA PRIMERA p. 44 Ya ves que mi voluntad es de alquimia, que se aplica al bien como a la maldad. Lug. Esa verdad testifica tu fácil habilidad. 5 No te dejaré jamás, y ¡a Dios! Lob. Lugo, ¿qué, te vas? Lug. Luego seré con vosotros. Lag. Pues, ¡sus!, vámonos nosotros 10 a la ermita del Compás. Entranse todos, y sale Peralta, estudiante, y Antonia. Ant. Si ha de ser hallarle acaso, mis desdichas son mayores. Per. ¿Son celos, o son amores 15 los que aquí os guían el paso, señora Antonia? Ant. No sé, si no es rabia, lo que sea. Per. Por cierto, muy mal se emplea 20 en tal sujeto tal fe. Ant. No hay parte tan escondida, do no se sepa mi historia. Per. Hácela a todos notoria el veros andar perdida 25 buscando siempre a este hombre. Ant. ¿Hombre? Si él lo fuera, fuera descanso mi angustia fiera. Mas no tiene más del nombre; conmigo, a lo menos. 30 Per. ¿Cómo?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 45 Ant. Esto, sin duda, es así; que amor le hirió para mí con las saetas de plomo. No hay hielo que se le iguale. Per. ¿Pues por qué le queréis tanto? 5 Ant. Porque me alegro y me espanto de lo que con hombres vale. ¿Hay más que ver que le dan parias los más arrogantes, de la heria los matantes, 10 los bravos de San Román? ¿Y hay más que vivir segura, la que fuere su respeto, de verse en ningún aprieto de los de nuestra soltura? 15 Quien tiene nombre de suya, vive alegre y respetada; a razón enamorada, no hay ninguna que la arguya. Vase Antonia. 20 Per. Estas señoras del trato precian más, en conclusión, un socarra valentón, que un Medoro gallinato. En efecto, gran lesión 25 es la de esta moza loca. Ya la campanilla toca; entrémonos a lición. Entra Peralta, y salen Gilberto, estudiante, y Lugo. Gil. Ya irás contento, y ya puedes 30
JORNADA PRIMERA p. 46 dejar de gruñir un rato, y ya puedes dar barato tal, que parezcan mercedes. Más me has ganado este día, que yo en ciento te he ganado. 5 Lug. Así es verdad. Gil. Que buen grado le venga a mi cortesía. ¿Yo tus súmulas? ¡Estaba loco, sin duda ninguna! 10 Lug. Sucesos son de fortuna. Gil. Ya yo los adivinaba; porque al tahur no le dura mucho tiempo el alegría, y el que de naipes se fía, 15 tiene al quitar la ventura. Hoy de cualquiera cuestión has de salir victorioso; y ¡a Dios, señor ganancioso! que yo me vuelvo a lición. 20 Entrase Gilberto, y sale el marido de la mujer que salió primero. Mar. Señor Lugo, a gran ventura tengo este encuentro. Lug. Señor, 25 ¿qué hay de nuevo? Mar. Aquel temor de ser ofendido aún dura. Tengo a mi consorte amada retirada en una aldea, 30 y para que el sol la vea,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 47 apenas halla la entrada. Con aquel recato vivo que me mandasteis tener, y muérome por saber de quién tanto mal recibo. 5 Lug. Ya aquel que pudo poneros en cuidado está de suerte, que llegará al de la muerte, y no al punto de ofenderos. Quietad con este seguro 10 el celoso ansiado pecho. Mar. Con eso voy satisfecho, y de servíroslo juro. Hacer podéis de mi hacienda, Lugo, a vuestra voluntad. 15 Lug. Pasó mi necesidad, no hay ninguna que me ofenda; y así, sólo en recompensa recibo vuestro deseo. Mar. No aquel estilo en vos veo 20 que el vulgo engañado piensa. ¡A Dios, señor Lugo! Vase. Lug. ¡A Dios! Entra Lagartija. 25 Pues, Lagartija, ¿a qué vienes? Lag. ¡Qué gentil remanso tienes! ¿No ves que dará las dos, Reza Lugo. y te está esperando toda(vía) 30
JORNADA PRIMERA p. 48 la chirinola hampesca? Ven, que la tarde hace fresca y a los tragos se acomoda. ¿Cuando te están esperando tus amigos con más gusto, 5 andas, cual si fueras justo, Ave Marías tragando? O sé rufián, o sé santo; mira lo que más te agrada. Voyme, porque ya me enfada 10 tanta Gloria, y Patri tanto. Vase Lagartija. Lug. Solo quedo, y quiero entrar en cuentas conmigo a solas, aunque lo impidan las olas 15 donde temo naufragar. Yo hice voto, si hoy perdía, de irme a ser salteador: claro y manifiesto error de una ciega fantasía. 20 Locura y atrevimiento fue el peor que se pensó, puesto que nunca obligó mal voto a su cumplimiento. Pero ¿dejaré por esto 25 de haber hecho una maldad, adonde mi voluntad echó de codicia el resto? No, por cierto. Mas, pues sé que contrario con contrario 30 se cura muy de ordinario,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 49 contrario voto haré, y así, le hago de ser religioso. Ea, Señor; veis aquí a este salteador de contrario parecer. 5 Virgen, que Madre de Dios fuiste por los pecadores; ya os llaman salteadores; oídlos, Señora, vos. Angel de mi guarda, ahora 10 es menester que acudáis, y el temor fortalezcáis que en mi alma amarga mora. Animas de purgatorio, de quien continua memoria 15 he tenido; séaos notoria mi angustia, y mi mal notorio; y pues que la caridad entre esas llamas no os deja, pedid a Dios que su oreja 20 preste a mi necesidad. Salmos de David benditos, cuyos misterios son tantos, que sobreceden a cuantos renglones tenéis escritos; 25 vuestros conceptos me animen, que he advertido veces tantas, a que yo ponga mis plantas donde al alma no lastimen; no en los montes salteando 30 con mal cristiano decoro, sino en los claustros y el coro
JORNADA PRIMERA p. 50 desnudas, y yo rezando. ¡Ea, demonios; por mil modos a todos os desafío, y en mi Dios bueno confío que os he de vencer a todos! 5 Entrase, y suenan a este instante las chirimías; descúbrese una gloria, o, por lo menos, un ángel que, en cesando la música, diga: “Cuando un pecador se vuelve a Dios con humilde celo, 10 se hacen fiestas en el cielo.” Fin del acto primero.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 51 SEGUNDA JORNADA Salen dos figuras de ninfas vestidas bizarramente, cada una con su tarjeta en el brazo: en la una viene escrito «Curiosidad»; en la otra «Comedia». Cur. Comedia. 5 Com. Curiosidad, ¿qué me quieres? Cur. Informarme qué es la causa por que dejas de usar tus antiguos trajes, 10 del coturno en las tragedias, del zueco en las manuales comedias, y de la toga en las que son principales; cómo has reducido a tres 15 los cinco actos que sabes que un tiempo te componían ilustre, risueña y grave; ahora aquí representas, y al mismo momento en Flandes; 20 truecas sin discurso alguno tiempos, teatros, lugares. Véote, y no te conozco. Dame de ti nuevas tales que te vuelva a conocer, 25 pues que soy tu amiga grande. Com. Los tiempos mudan las cosas y perfeccionan las artes, y añadir a lo inventado no es dificultad notable. 30
JORNADA SEGUNDA p. 52 Buena fui pasados tiempos, y en éstos, si los mirares, no soy mala, aunque desdigo de aquellos preceptos graves que me dieron y dejaron 5 en sus obras admirables Séneca, Terencio y Plauto, y otros griegos que tú sabes. He dejado parte de ellos, y he también guardado parte, 10 porque lo quiere así el uso, que no se sujeta al arte. Ya represento mil cosas, no en relación, como de antes, sino en hecho, y así es fuerza 15 que haya de mudar lugares; que como acontecen ellas en muy diferentes partes, voyme allí donde acontecen, disculpa del disparate. 20 Ya la comedia es un mapa donde no un dedo distante verás a Londres y a Roma, a Valladolid y a Gante. Muy poco importa al oyente 25 que yo en un punto me pase desde Alemania a Guinea sin del teatro mudarme; el pensamiento es ligero: bien pueden acompañarme 30 con él doquiera que fuere, sin perderme ni cansarse.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 53 Yo estaba ahora en Sevilla, representando con arte la vida de un joven loco, apasionado de Marte, rufián en manos y lengua, 5 pero no que se enfrascase en admitir de perdidas el trato y ganancia infame. Fue estudiante y rezador de salmos penitenciales, 10 y el rosario ningún día se le pasó sin rezarle. Su conversión fue en Toledo, y no será bien te enfade que, contando la verdad, 15 en Sevilla se relate. En Toledo se hizo clérigo, y aquí, en México, fue fraile, adonde el discurso ahora nos trajo aquí por el aire. 20 El sobrenombre de Lugo mudó en Cruz, y es bien se llame fray Cristóbal de la Cruz desde este punto adelante. A México y a Sevilla 25 he juntado en un instante, zurciendo con la primera ésta y la tercera parte: una de su vida libre, otra de su vida grave, 30 otra de su santa muerte y de sus milagros grandes.
JORNADA SEGUNDA p. 54 Mal pudiera yo traer, a estar atenida al arte, tanto oyente por las ventas y por tanto mar sin naves. Da lugar, Curiosidad, 5 que el bendito fraile sale con fray Antonio, un corista bueno, pero con donaires. Fue en el siglo Lagartija, y en la religión es sacre, 10 de cuyo vuelo se espera que ha de dar al cielo alcance. [Cur.] Aunque no lo quedo en todo, quedo satisfecha en parte, amiga; por esto quiero, 15 sin replicarte, escucharte. Entranse. Sale fray Cristóbal en hábito de santo Domingo, y fray Antonio también. F. Ant. Sepa su paternidad... 20 Cruz. Entone más bajo el punto de cortesía. F. Ant. En verdad, padre mío, que barrunto que tiene su caridad 25 de bronce el cuerpo, y de suerte, que tarde ha de hallar la muerte entrada para acabarle, según da en ejercitarle en rigor áspero y fuerte. 30 Cruz. Es bestia la carne nuestra,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 55 y, si rienda se le da, tan desbocada se muestra, que nadie la volverá de la siniestra a la diestra. Obra por nuestros sentidos 5 nuestra alma: así están tupidos, y no sutiles; es fuerza que a la carrera se tuerza por donde van los perdidos. La lujuria está en el vino, 10 y a la crápula y regalo todo vicio le es vecino. F. Ant. Yo, en ayunando, estoy malo, flojo, indevoto y mohíno. De un otro talle y manera 15 me hallaba yo cuando era en Sevilla tu mandil: que hacen ingenio sutil las blancas roscas de Utrera. ¡Oh uvas albarazadas, 20 que en el pago de Triana por la noche sois cortadas, y os halláis a la mañana tan frescas y aljofaradas, que no hay cosa más hermosa, 25 ni fruta que a la golosa voluntad así despierte! ¡No espero verme en la suerte que ya se pasó dichosa! Cruz. Cierto, fray Antonio amigo, 30 que esa consideración es lazo que el enemigo
JORNADA SEGUNDA p. 56 le pone a su perdición. Esté atento a lo que digo. F. Ant. Consideraba yo ahora dónde estará la señora Librija, o la Salmerona, 5 cada cual, por su persona, buena para pecadora. ¡Quién supiera de Ganchoso, del Lobillo y de Terciado, y del Patojo famoso! 10 ¡Oh feliz siglo dorado, tiempo alegre y venturoso, adonde la libertad brindaba a la voluntad del gusto más exquisito! 15 Cruz. ¡Calle; de Dios sea bendito! F. Ant. Calle su paternidad y déjeme, que con esto evacuo un pésimo humor que me es amargo y molesto. 20 Cruz. Cierto que tengo temor, por verle tan descompuesto, que ha de apostatar un día, que para los dos sería noche de luto cubierta. 25 F. Ant. No saldrá por esa puerta jamás mi melancolía; no me he de extender a más que a quejarme y a sentir el ausencia del Compás. 30 Cruz. ¡Que tal te dejas decir, fray Antonio! Loco estás;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 57 que en el jüicio empeora quien tal acuerdo atesora en su memoria vilmente. F. Ant. Rufián corriente y moliente fuera yo en Sevilla ahora, 5 y tuviera en la dehesa dos yeguas, y aun quizá tres, diestras en el arte aviesa. Cruz. De que en esas cosas des, sabe Dios lo que me pesa; 10 mas yo haré la penitencia de tu rasgada conciencia. Quédate, Antonio, y advierte que de la vida a la muerte hay muy poca diferencia: 15 quien vive bien, muere bien; quien mal vive, muere mal. F. Ant. Digo, padre, que está bien; pero no has de hacer caudal de mí, ni enfado te den 20 mis palabras, que no son nacidas del corazón, que en sola la lengua yacen. Cruz. Dan las palabras y hacen fe de cuál es la intención. 25 Entra un corista llamado fray Angel; señálase con sola la A. A. Padre maestro, el prior llama a vuestra reverencia, y espera en el corredor. 30 Vase luego el padre Cruz.
JORNADA SEGUNDA p. 58 F. Ant. Más presto es a la obediencia, que el sol a dar resplandor. Padre fray Angel, espere. A. Diga presto qué me quiere. Enséñale hasta una docena de naipes. 5 F. Ant. Mire. A. ¿Naipes? ¡Perdición! F. Ant. No se admire, hipocritón, que el caso no lo requiere. A. ¿Quién te los dio, fray Antonio? 10 F. Ant. Una devota que tengo. A. ¿Devota? ¡Será el demonio! F. Ant. Nunca con el bien me avengo; levántasle testimonio. A. ¿Están justos? 15 F. Ant. Pecadores creo que están los señores, pues, para cumplir cuarenta, entiendo faltan los treinta. A. Si fueran algo mejores, 20 buscáramos un rincón donde podernos holgar. F. Ant. Y halláramosle a sazón: que nunca suele faltar para hacer mal ocasión. 25 ¡Bien hayan los gariteros magníficos y groseros, que con un ánimo franco tienen patente el tabanco para blancos y fulleros! 30 Vamos de aquí, que el prior
DEL RUFIAN DICHOSO p. 59 viene allí con el señor que lo fue de nuestro Cruz, gran caballero andaluz, letrado y visitador. Entranse. 5 Salen el prior y Tello de Sandoval. Pri. El es un ángel en la tierra, cierto, y vive entre nosotros de manera, como en las soledades del desierto; no desmaya ni afloja en la carrera 10 del cielo, adonde, por llegar más presto, corre desnudo y pobre, a la ligera, humilde sobre modo, y tan honesto, que admira a quien le ve en edad florida tan recatado en todo y tan compuesto. 15 En efecto, señor, él hace vida de quien puede esperar muerte dichosa y gloria que no pueda ser medida. Su oración es continua y fervorosa, su ayuno inimitable, y su obediencia 20 presta, sencilla, humilde y hacendosa. Resucitado ha en la penitencia de los antiguos padres, que en Egipto en ella acrisolaron la conciencia. Tello. Por millares de lenguas sea bendito 25 el nombre de mi Dios; a este mancebo volvió de do pensé que iba precito. Vuélvome a España, y en el alma llevo tan grande soledad de su persona, que quiero exagerarla, y no me atrevo. 30
JORNADA SEGUNDA p. 60 Pri. Vuestra merced nos deja una corona que ha de honrar este reino mientras [ciña el cerco azul el hijo de la Zona. Está entre aquestos bárbaros aún niña 5 la fe cristiana, y faltan los obreros que cultiven aquí de Dios la viña, y la leche mejor, y los aceros, que a entrambas les hará mayor [provecho. 10 Es ejemplo de[ e]stos jornaleros, que es menester que tenga sano el [pecho el médico que cura a lo divino, para dejar al cielo satisfecho. 15 Entran el padre Cruz y fray Antonio. Aquesta compostura de continuo trae nuestro padre Cruz, tan mansa y [grave, que alegre y triste sigue su camino: 20 que en él lo triste con lo alegre cabe. Cruz. Deo gracias. Pri. Por siempre, amén, éstas y todas naciones con viva fe se las den. 25 Cruz. Suplícote me perdones, señor, si no he andado bien, faltando a la cortesía que a tu presencia debía. Tello. Padre fray Cristóbal mío, 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 61 esto toca en desvarío, porque toca en demasía; yo soy el que he de postrarme a sus pies. Cruz. Por el oficio 5 que tengo, puedo excusarme de haber dado poco indicio de cortés en no humillarme, y más a quien debo tanto, que, a poder decir el cuánto, 10 fuera poco. Tello. Yo confieso que quedo deudor en eso. Pri. Bien cuadra cortés y santo. Tello. A España parto mañana; 15 si me manda alguna cosa, haréla de buena gana. Cruz. Tu jornada sea dichosa: viento en popa y la mar llana. Yo, mis pobres oraciones 20 a las celestes regiones enviaré por tu camino, puesto, señor, que imagino que en recio tiempo te pones a navegar. 25 Tello. La derrota está de fuerza que siga de la ya aprestada flota. Cruz. Ni el huracán te persiga, ni toques en la derrota 30 Bermuda, ni en la Florida, de mil cuerpos homicida,
JORNADA SEGUNDA p. 62 adonde, contra natura, es el cuerpo sepultura viva del cuerpo sin vida. A Cádiz, como deseas, llegues sano, y en Sanlúcar 5 desembarques tus preseas, y, en virtudes hecho un Fúcar, presto en Sevilla te veas, donde a mi padre dirás lo que quisieres, y harás 10 por él lo que mereciere. Tello. Haré lo que me pidiere, y si es poco, haré yo más. Y ahora, por paga, pido de aquella buena intención 15 que en su crianza he tenido, padre, que su bendición me deje aquí enriquecido de esperanzas, con que pueda esperar que me suceda 20 el viaje tan a cuento, que sople propicio el viento, y la fortuna esté queda. Cruz. La de Dios encierre en ésta tanta ventura, que sea 25 la jornada alegre y presta, sin que en tormenta se vea, ni en la calma que molesta. F. Ant. Si viere allá a la persona... Tello. ¿De quién? 30 F. Ant. De la Salmerona, encájele un besapiés
DEL RUFIAN DICHOSO p. 63 de mi parte, y dos o tres buces, a modo de mona. Pri. Fray Antonio, ¿cómo es esto? ¿Cómo delante de mí se muestra tan descompuesto? 5 F. Ant. Ocurrióseme esto aquí, y vase el señor tan presto, que temí que me faltara lugar do le encomendara estos y otros besamanos: 10 que poder ser cortesanos los frailes, es cosa clara. Pri. ¡Calle, y a vernos después! Tello. Por cierto, que no merece castigo por ser cortés. 15 Pri. Cierta enfermedad padece en la lengua. F. Ant. Ello así es; pero nunca hablo cosa que toque en escandalosa; 20 que hablo a la vizcaína. Pri. Yo hablaré a la disciplina, lengua breve y compendiosa. Tello. Déme su paternidad licencia, y aqueste enojo 25 no toque en riguridad. F. Ant. Si conociera al Patojo, hiciérame caridad de saludarle también de mi parte. Aunque me den 30 disciplina porque calle, no puedo no encomendalle
JORNADA SEGUNDA p. 64 aquello que me está bien. Pri. Vuestra merced vaya en paz, que a cólera no me mueve plática que da solaz, y éste, por mozo, se atreve, 5 y él de suyo se es locuaz; y sean estos abrazos muestra de los santos lazos con que caridad nos liga. Abraza a los dos. 10 [Tello.] Mi amor, padre Cruz, le obliga a que apriete más los brazos, y veisme que me enternezco. Cruz. Dios te guíe, señor mío, que a su protección te ofrezco. 15 Tello. Que me dará yo confío, por vos, más bien que merezco. Vase Tello. Pri. Venga, fray Antonio, venga. Cruz. Déjele que se detenga 20 conmigo, padre, aquí un poco. [Pri.] En buen hora; y, si está loco, haga cómo seso tenga. Vase el prior. Cruz. ¿Que es posible, fray Antonio, 25 que ha de caer en tal mengua, que consienta que su lengua se la gobierne el demonio? Cierto que pone mancilla
DEL RUFIAN DICHOSO p. 65 ver que el demonio maldito le trae las ollas de Egipto en lo que dejó en Sevilla. De las cosas ya pasadas, mal hechas, se ha de acordar, 5 no para se deleitar, sino para ser lloradas; de aquella gente perdida no debe acordarse más, ni del Compás, si hay compás 10 do se vive sin medida. Sólo dé gracias a Dios, que, por su santa clemencia, nos dio de la penitencia la estrecha tabla a los dos, 15 para que, de la tormenta y naufragar casi cierto, de la religión el puerto tacásemos sin afrenta. F. Ant. Yo miraré lo que hablo 20 de aquí adelante más cuerdo, pues conozco lo que pierdo, y sé lo que gana el diablo. Ruéguele, padre, al prior que en su furia se mitigue, 25 y no al peso me castigue de mi descuidado error. Cruz. Vamos, que yo le daré bastantísima disculpa de su yerro, y por su culpa 30 y las mías rezaré. Entranse todos.
JORNADA SEGUNDA p. 66 Sale una dama llamada doña Ana Treviño, un médico y dos criados. Todo esto es verdad de la historia. Méd. Vuestra merced sepa cierto que aquesta su enfermedad es de muy ruin calidad; 5 hablo en ella como experto. Mi oficio obliga a decillo, cause o no cause pasión: que, entre razón y razón, pondrá la Parca el cuchillo. 10 Hablando se ha de quedar muerta; y aquesto le digo como médico y amigo que no la quiere engañar. D.ª Ana. Pues a mí no me parece 15 que estoy tan mala. ¿Qué es esto? ¿Cómo me anuncia tan presto la muerte? Méd. El pulso me ofrece, los ojos y la color, 20 esta verdad a la clara. D.ª Ana. En los ojos de mi cara suele mirarse el amor. Méd. Vuestra merced se confiese, Y quédense aparte burlas. 25 Cri. 1. Señor, si es que no te burlas, recio mandamiento es ése. Méd. No me suelo yo burlar en casos de este jaez. D.ª Ana. Podrá su merce(d) esta vez, 30 si quisiere, perdonar,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 67 que, ni quiero confesarme, ni hacer cosa que me diga. Méd. A más mi oficio me obliga, y a Dios. D.ª Ana. El querrá ayudarme. 5 Vase el médico. Pesado médico y necio, siempre cansa y amohína. Cri. 2. Crio Dios la medicina, y hase de tener en precio. 10 D.ª Ana. La medicina yo alabo; pero los médicos no, porque ninguno llegó con lo que es la ciencia al cabo. Algo fatigada estoy. 15 Cri. 1. Procura desenfadarte, esparcirte y alegrarte. D.ª Ana. Al campo pienso de ir hoy. Parece que están templando una guitarra allí fuera. 20 Cri. 1. ¿Será Ambrosio? D.ª Ana. Sea quienquiera, escuchad, que va cantando. Cantan dentro: “Muerte y vida me dan pena; 25 no sé qué remedio escoja: que, si la vida me enoja, tampoco la muerte es buena.” D.ª Ana. Con todo, es mejor vivir: que, en los casos desiguales, 30
JORNADA SEGUNDA p. 68 el mayor mal de los males se sabe que es el morir. Calle el que canta, que aterra oír tratar de la muerte: que no hay tesoro de suerte 5 en tal espacio de tierra. La muerte y la mocedad hacen dura compañía, como la noche y el día, la salud y enfermedad, 10 y edad poca y maldad mucha, y voz de muerte a deshora; ¡ay del alma pecadora que impenitente la escucha! Cri. 1. No me contenta mi ama; 15 nunca la he visto peor: fuego es ya, no es resplandor, el que en su vista derrama. Entranse todos. Sale el padre fray Antonio. 20 F. Ant. Mientras el fraile no llega a ser sacerdote, pasa vida pobre, estrecha, escasa, de quien a veces reniega. Tiene allá el predicador 25 sus devotas y sus botas, y el presentado echa gotas y suda con el prior; mas el novicio y corista, en el coro y en la escoba 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 69 sus apetitos adoba, diciendo con el Salmista: Et potum meum cum fletu miscebam. Pero bien será callar, pues sé que muchos convienen 5 en que las paredes tienen oídos para escuchar. La celda del padre Cruz está abierta, ciertamente; ver quiero este penitente, 10 que está a oscuras y es de luz. Abre la celda; parece el padre Cruz arrobado, hincado de rodillas, con un crucifijo en la mano. ¡Mirad qué postura aquella del bravo rufián divino, 15 y si hallará camino Satanás para rompella! Arrobado está, y es cierto que, en tanto que él está así, los sentidos tiene en sí 20 tan muertos como de un muerto. Suenan desde lejos guitarras y sonajas, y vocería de regocijo. Todo esto de esta máscara y visión fue verdad, que así lo cuenta la historia del santo. Pero ¿qué música es ésta? 25 ¿Qué guitarras y sonajas? ¿Pues los frailes se hacen rajas? ¿Mañana es alguna fiesta? Aunque música a tal hora, no es decente en el convento. 30
JORNADA SEGUNDA p. 70 Miedo de escucharla siento. ¡Válgame Nuestra Señora! Suena más cerca. ¡Padre nuestro, despierte, que se hunde el mundo todo 5 de música! No hallo modo bueno alguno con que acierte. La música no es divina, porque, según voy notando, al modo vienen cantando 10 rufo y de jacarandina. Entran a este instante seis con sus máscaras, vestidos como ninfas lascivamente, y los que han de cantar y tañer, con máscaras de demonios vestidos a lo antiguo, y hacen su danza. Todo esto fue así, que no 15 es visión supuesta, apócrifa ni mentirosa. Cantan: “No hay cosa que sea gustosa, sin Venus blanda amorosa. No hay comida que así agrade, ni que sea tan sabrosa, 20 como la que guisa Venus, en todos gustos curiosa. Ella el verde amargo jugo de la amarga hiel sazona, y de los más tristes tiempos 25 vuelve muy dulces las horas; quien con ella trata, ríe, y quien no la trata, llora. Pasa cual sombra en la vida, sin dejar de sí memoria, 30 ni se eterniza en los hijos,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 71 y es como el árbol sin hojas, sin flor ni fruto, que el suelo con ninguna cosa adorna. Y por esto, en cuanto el sol ciñe y el ancho mar moja, 5 no hay cosa que sea gustosa sin Venus blanda amorosa.” El padre Cruz, sin abrir los ojos, dice: Cruz. No hay cosa que sea gustosa, sin la dura cruz preciosa. 10 Si por esta senda estrecha que la cruz señala y forma no pone el pie el que camina a la patria venturosa, cuando menos lo pensare, 15 de improviso y a deshora, caerá de un despeñadero del abismo en las mazmorras. Torpeza y honestidad nunca las manos se toman, 20 ni pueden caminar juntas por esta senda fragosa. Y yo [sé] que en todo el cielo, ni en la tierra, aunque espaciosa, no hay cosa que sea gustosa 25 sin la dura cruz preciosa. Mús. “¡Dulces días, dulces ratos los que en Sevilla se gozan, y dulces comodidades de aquella ciudad famosa, 30 do la libertad campea,
JORNADA SEGUNDA p. 72 y en sucinta y amorosa manera Venus camina y a todos se ofrece toda, y risueño el amor canta con mil pasajes de gloria: 5 No hay cosa que sea gustosa, sin Venus blanda amorosa!” Cruz. Vade retro, Satanás, que para mi gusto ahora no hay cosa que sea gustosa 10 sin la dura cruz preciosa. Vanse los demonios gritando. F. Ant. Hacerme quiero mil cruces; he visto lo que aún no creo. Afuera el temor, pues veo 15 que viene gente con luces. Cruz. ¿Qué hace aquí, fray Antonio? F. Ant. Estaba mirando atento una danza de quien siento que la guiaba el demonio. 20 Cruz. Debía de estar durmiendo, y soñaba. F. Ant. No, a fe mía; padre Cruz, yo no dormía. Entran a este punto dos ciudadanos con sus 25 linternas y el prior. Ciu. 1. Señor, como voy diciendo, pone gran lástima oírla: que no hay razón de provecho para enternecerle el pecho 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 73 ni de su error divertirla; y pues habemos venido a tal hora a este convento por remedio, es argumento que es el daño muy crecido. 5 Pri. Que diga que Dios no puede perdonarla, caso extraño; es ése el mayor engaño que al pecador le sucede. Fray Cristóbal de la Cruz 10 está en pie; quizá adivino que ha de hacer este camino, y en él dar a este alma luz. Padre, su paternidad con estos señores vaya, 15 y cuanto pueda la raya suba de su caridad, que anda muy listo el demonio con un alma pecadora. Vaya con el padre. 20 F. Ant. ¿Ahora? Pri. No replique, fray Antonio. F. Ant. Vamos, que a mí se me alcanza poco o nada, o me imagino que he de ver en el camino 25 la no fantástica danza de denantes. Cruz. Calle un poco, si puede. Ciu. 2. Señor, tardamos, 30 y será bien que nos vamos. F. Ant. Todos me tienen por loco
JORNADA SEGUNDA p. 74 en aqueste monasterio. Cruz. No hable entre dientes; camine, y esas danzas no imagine que carecen de misterio. Pri. Vaya con Dios, padre mío. 5 Ciu. 1. Con él vamos muy contentos. Cruz. ¡Favorezca mis intento[s] Dios, de quien siempre confío! Sale un clérigo y doña Ana de Treviño y acompañamiento. 10 Clé. Si así la cama la cansa, puede salir a esta sala. D.ª Ana. Cualquiera parte halla mala la que en ninguna descansa. Clé. Lleguen esas sillas. 15 D.ª Ana. Cierto que me tiene su porfía, padre, helada, yerta y fría, y que ella sola me ha muerto. No me canse ni se canse 20 en persuadirme otra cosa, que no soy tan amorosa que con lágrimas me amanse. ¡No hay misericordia alguna que me valga en suelo o cielo! 25 Clé. Toda la verdad del cielo a tu mentira repugna. En Dios no hay minoridad de poder, y, si la hubiera, su menor parte pudiera 30 curar la mayor maldad.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 75 Es Dios un bien infinito, y, a respeto de quien es, cuanto imaginas y ves, viene a ser punto finito. D.ª Ana. Los atributos de Dios 5 son iguales; no os entiendo, ni de entenderos pretendo. Matáisme, y cansáisos vos. ¡Bien fuera que Dios ahora, sin que en nada reparara, 10 sin más ni más, perdonara a tan grande pecadora! No hace cosa mal hecha, y así, no ha de hacer aquésta. Clé. ¿Hay locura como ésta? 15 D.ª Ana. No gritéis, que no aprovecha. Entran a este instante el padre Cruz y fray Antonio, y pónese el padre a escuchar lo que está diciendo el clérigo, el cual prosigue diciendo: Clé. Pues nació para salvarme 20 Dios, y en cruz murió enclavado, perdonará mi pecado, si está en menos perdonarme. De su parte has de esperar, que de la tuya no esperes 25 el gran perdón que no quieres, que él se extrema en perdonar. Deus cui proprium est misereri semper, & parcere, & misericordia ejus super omnia opera ejus. 30 Y el rey divino cantor,
JORNADA SEGUNDA p. 76 las alabanzas que escuchas después que ha dicho, otras muchas dice de aqueste tenor: Misericordias tuas, Domine, in aeternum cantabo. 5 La mayor ofensa haces a Dios que puedes hacer: que, en no esperar y temer, parece que le deshaces, pues vas contra el atributo 10 que él tiene de omnipotente, pecado el más insolente, más sin razón y más bruto. En dos pecados se ha visto que Judas quiso extremarse, 15 y fue el mayor ahorcarse que el haber vendido a Cristo. Hácesle agravio, señora, grande en no esperar en él, porque es paloma sin hiel 20 con quien su pecado llora. Cor contritum & humiliatum, Deus, non despicies. El corazón humillado, Dios por jamás le desprecia; 25 antes, en tanto le precia, que es fe y caso averiguado que [se] regocija el cielo cuando con nueva conciencia se vuelve a hacer penitencia 30 un pecador en el suelo. El padre Cruz está aquí;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 77 buen suceso en todo espero. Cruz. Prosiga, padre, que quiero estarle atento. D.ª Ana. ¡Ay de mí, que otro moledor acude 5 a acrecentar mi tormento! ¡Pues no ha de mudar mi intento aunque más trabaje y sude! ¿Qué me queréis, padre, vos, que tan hinchado os llegáis? 10 ¡Bien parece que ignoráis cómo para mí no hay Dios! No hay Dios, digo, y mi malicia hace, con mortal discordia, que esconda misericordia 15 el rostro, y no la justicia. Cruz. Dixit insipiens in corde suo: non est Deus. Vuestra humildad, señor, sea servida de encomendarme 20 a Dios, que quiero mostrarme sucesor en su pelea. Híncanse de rodillas el clérigo, fray Antonio y el padre Cruz, y los circunstantes todos. ¡Dichosa del cielo puerta, 25 que levantó la caída y resucitó la vida de nuestra esperanza muerta! ¡Pide a tu parto dichoso que ablande aquí estas entrañas, 30 y muestre aquí las hazañas
JORNADA SEGUNDA p. 78 de su corazón piadoso! Et docebo iniquos vias tuas, & impii ad te convertentur. Mi señora doña Ana de Treviño, estando ya tan cerca la partida 5 del otro mundo, pobre es el aliño que veo en esta amarga despedida. Blancas las almas como blanco armiño han de entrar en la patria de la vida, que ha de durar por infinitos siglos, 10 y negras donde habitan los vestiglos. Mirad dónde queréis vuestra alma vaya; escogedle la patria a vuestro gusto. D.ª Ana. La justicia de Dios me tiene a raya; no me ha de perdonar, por ser tan justo; 15 al malo la justicia le desmaya; no habita la esperanza en el injusto pecho del pecador, ni es bien que habite. Cruz. Tal error de tu pecho Dios le quite. En la hora que la muerte 20 a la pobre vida alcanza, se ha de asir de la esperanza el alma que en ello advierte; que, en término tan estrecho y de tan fuerte rigor, 25 no es posible que el temor sea al alma de provecho. El esperar y el temer en la vida han de andar juntos; pero en la muerte otros puntos 30 han de guardar y tener. El que, en el palenque puesto,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 79 teme a su contrario, yerra, y está el que animoso cierra a la victoria dispuesto. En el campo estáis, señora; la guerra será esta tarde; 5 mirad que no os acobarde el enemigo en tal hora. D.ª Ana. Sin armas, ¿cómo he de entrar en el trance riguroso, siendo el contrario mañoso 10 y duro de contrastar? Cruz. Confiad en el padrino y en el juez, que es mi Dios. D.ª Ana. Parece que dais los dos en un mismo desatino. 15 Dejadme, que, en conclusión, tengo el alma de manera, que no quiero, aunque Dios quiera, gozar de indulto y perdón. ¡Ay, que se me arranca el alma! 20 ¡Desesperada me muero! Cruz. Demonio, en Jesús espero que no has de llevar la palma de esta empresa. ¡Oh Virgen pura! ¿Cómo vuestro auxilio tarda? 25 ¡Angel bueno de su guarda, ved que el malo se apresura! Padre mío, no desista de la oración, rece más, que es arma que a Satanás 30 le vence en cualquier conquista. F. Ant. Cuerpo ayuno y desvelado
JORNADA SEGUNDA p. 80 fácilmente se empereza, y, más que reza, bosteza, indevoto y desmayado. D.ª Ana. ¡Que tan sin obras se halle mi alma! 5 Cruz. Si fe recobras, yo haré que te sobren obras. D.ª Ana. ¿Hállanse, a dicha, en la calle? Y la[s] que he hecho hasta aquí, ¿han sido sino de muerte? 10 Cruz. Escucha un poco, y advierte lo que ahora diré. D.ª Ana. Di. Cruz. Un religioso que ha estado gran tiempo en su religión, 15 y con limpio corazón siempre su regla ha guardado, haciendo tal penitencia, que mil veces el prior le manda temple el rigor 20 en virtud de la obediencia; y él, con ayunos continuos, con oración y humildad, busca de riguridad los más ásperos caminos: 25 e[l] duro suelo es su cama, sus lágrimas su bebida, y sazona su comida de Dios la amorosa llama; un canto aplica a su pecho 30 con golpes, de tal manera, que, aunque de diamante fuera,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 81 le tuviera ya deshecho; por huir del torpe vicio de la carne y su regalo, su camisa, aunque esté malo, es de un áspero cilicio; 5 descalzo siempre los pies, de toda malicia ajeno, amando a Dios por ser bueno, sin mirar otro interés. D.ª Ana. ¿Qué quieres de eso inferir, 10 padre? Cruz. Que digáis, señora, si este tal podrá, en la hora angustiada del morir, tener alguna esperanza 15 de salvarse. D.ª Ana. ¿Por qué no? ¡Ojalá tuviera yo la menor parte que alcanza de tales obras tal padre! 20 Pero no tengo ni aun una que en esta angustia importuna a mis esperanzas cuadre. Cruz. Yo os daré todas las mías, y tomaré el grave cargo 25 de las vuestras a mi cargo. D.ª Ana. Padre, dime: ¿desvarías? ¿Cómo se puede hacer eso? Cruz. Si te quieres confesar, los montes puede allanar 30 de caridad el exceso. Pon tú el arrepentimiento
JORNADA SEGUNDA p. 82 de tu parte, y verás luego cómo en tus obras me entrego, y tú en aquellos que cuento. D.ª Ana. ¿Dónde están los fiadores que aseguren el concierto? 5 Cruz. Yo estoy bien seguro y cierto que nadie los dio mejores, ni tan grandes, ni tan buenos, ni tan ricos, ni tan llanos, puesto que son soberanos, 10 y de inmensa alteza llenos. D.ª Ana. ¿A quién me dais? Cruz. A la pura, sacrosanta, rica y bella, que fue Madre y fue doncella, 15 crisol de nuestra ventura. A Cristo crucificado os doy por fiador también; dóyosle niño en Belén, perdido y después hallado. 20 D.ª Ana. Los fiadores me contentan; los testigos, ¿quién serán? Cruz. Cuantos en el cielo están y en sus escaños se sientan. D.ª Ana. El contrato referid, 25 porque yo quede enterada de la merced señalada que me hacéis. Cruz. Cielos, oíd. Yo, fray Cristóbal de la Cruz, indigno 30 religioso, y profeso en la sagrada orden del patriarca felicísimo
DEL RUFIAN DICHOSO p. 83 Domingo santo, en esta forma digo: Que al alma de doña Ana de Treviño, que está presente, doy de buena gana todas las buenas obras que yo he hecho en caridad y en gracia desde el punto 5 que dejé la carrera de la muerte y entré en la de la vida; doyle todos mis ayunos, mis lágrimas y azotes, y el mérito santísimo de cuantas misas he dicho, y asimismo doyle 10 mis oraciones todas y deseos, que han tenido a mi Dios siempre por [blanco; y, en contracambio, tomo sus pecados, por enormes que sean, y me obligo 15 de dar la cuenta de ellos en el alto y eterno tribunal de Dios eterno, y pagar los alcances y las penas que merecieren sus pecados todos. Mas es la condición de este concierto, 20 que ella primero de su parte ponga la confesión y el arrepentimiento. F. Ant. ¡Caso jamás oído es éste, padre! Clé. Y caridad jamás imaginada. Cruz. Y para que me crea y se asegure, 25 le doy por fiadores a la Virgen santísima María y a su Hijo, y a las once mil vírgenes benditas, que son mis valedoras y abogadas; y a la tierra y el cielo hago testigos, 30 y a todos los presentes que me [escuchan.
JORNADA SEGUNDA p. 84 Moradores del cielo, no se os pase esta ocasión, pues que podéis en ella mostrar la caridad vuestra encendida; pedid al gran Pastor de los rebaños del cielo y de la tierra que no deje 5 que lleve Satanás esta ovejuela, que el almagró con su preciosa [sangre. ¿Señora, no aceptáis este concierto? D.ª Ana. Sí acepto, padre, y pido arrepentida 10 confesión, que me muero. Clé. ¡Obras son éstas, gran Señor, de las tuyas! F. Ant. ¡Bueno queda el padre Cruz ahora, hecha arista 15 el alma, seca y sola como espárrago! Paréceme que vuelve al Sicut erat, y que deja el Breviario, y se [acomoda con el barcelonés y la de ganchos. 20 Siempre fue liberal, o malo, o bueno. D.ª Ana. Padre, no me dilate este remedio; oiga las culpas que a su cargo quedan, que, si no le desmayan por ser tantas, yo moriré segura y confiada 25 que he de alcanzar perdón de todas [ellas. Cruz. Padre, vaya al convento, y dé esta [nueva a nuestro padre, y ruéguele que haga 30 general oración, dando las gracias a Dios de este suceso milagroso,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 85 en tanto que a esta nueva penitente oigo de confesión. F. Ant. A mí me place. Cruz. Vamos do estemos solos. D.ª Ana. En buen hora. 5 Clé. ¡Oh bienaventurada pecadora! Fin de la segunda jornada.
JORNADA TERCERA p. 86 JORNADA TERCERA Entra un ciudadano y el prior. Ciu. Oigan los cielos y la tierra entienda tan nueva y tan extraña maravilla, y su paternidad a oírla atienda; 5 que, puesto que no pueda referilla con aquellas razones que merece, peor será que deje de decilla. Apenas a la vista se le ofrece doña Ana al padre Cruz, sin la fe pura 10 que a nuestras esperanzas fortalece, cuando, con caridad firme y segura, hizo con ella un cambio, de tal suerte, que cambió su desgracia en gran [ventura. 15 Su alma de las garras de la muerte eterna arrebató, y volvió a la vida, y de su pertinacia la divierte, la cual, como se viese enriquecida con la dádiva santa que el bendito 20 padre le dio sin tasa y sin medida, alzó al momento un piadoso grito al cielo, y confesión pidió llorando, con voz humilde y corazón contrito; y, en lo que antes dudaba no dudando, 25 de sus deudas dio cuenta muy estrecha a quien ahora las está pagando; y luego, sosegada y satisfecha, todos los sacramentos recibidos, dejó la cárcel de su cuerpo estrecha. 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 87 Oyéronse en los aires divididos coros de voces dulces, de manera que quedaron suspensos los sentidos; dijo al partir de la mortal carrera que las once mil vírgenes estaban 5 todas en torno de su cabecera; por los ojos las almas destilaban de gozo y maravilla los presentes, que la süave música escuchaban; y apenas por los aires transparentes 10 voló de la contrita pecadora el alma a las regiones refulgentes, cuando en aquella misma feliz hora se vio del padre Cruz cubierto el rostro de lepra, adonde el asco mismo mora. 15 Volved los ojos, y veréis el monstruo, que lo es en santidad y en la fiereza, cuya fealdad a nadie le da en rostro. Entra el padre Cruz, llagado el rostro y las manos; tráenle dos ciudadanos de los brazos, y fray 20 Antonio. Cruz. Acompaña a la lepra la flaqueza; no me puedo tener. ¡Dios sea bendito, que así a pagar mi buen deseo [empieza! 25 Pri. Por ese tan borrado sobrescrito no podrá conoceros, varón santo, quien no os mirare muy de hito en hito. Cruz. Padre prior, no se adelante tanto vuestra afición, que me llaméis con 30 [nombre
JORNADA TERCERA p. 88 que me cuadra tan mal, que yo me [espanto. Inútil fraile soy, pecador hombre, puesto que me acompaña un buen [deseo; 5 mas no dan los deseos tal renombre. Ciu. En vos contemplo, padre Cruz, y leo la paciencia de Job, y su presencia en vuestro rostro deslustrado veo. Por la ajena malicia la inocencia 10 vuestra salió, y pagó tan de contado, cual lo muestra el rigor de esta dolencia. Obligásteisos hoy, y habéis pagado hoy. Cruz. A lo menos, de pagar espero, 15 pues de mi voluntad quedé obligado. Ciu. 2. ¡Oh en la viña de Dios gran jornalero! ¡Oh caridad, brasero y fragua ardiente! Cruz. Señores, hijo soy de un tabernero; y si es que adulación no está presente, 20 y puede la humildad hacer su oficio, cese la cortesía, aquí indecente. F. Ant. Yo, traidor, que a la gula, en sacrificio del alma, y a la hampa, engendradora de todo torpe y asqueroso vicio, 25 digo que me consagro desde ahora para limpiar tus llagas y curarte, hasta el fin de mi vida o su mejora; y no tendrá conmigo alguna parte la vana adulación, pues, de contino, 30 antes rufián que santo he de llamarte. Con esto no hallará ningún camino
DEL RUFIAN DICHOSO p. 89 la vanagloria para hacerte guerra, enemigo casero y repentino. Ciu. 2. Vinisteis para bien de aquesta tierra. ¡Dios os guarde mil años, padre amado! Ciu. 1. ¡Sólo en su pecho caridad encierra! 5 Cruz. Padres, recójanme, que estoy cansado. Entranse todos, y salen dos demonios: el uno con figura de oso, y el otro como quisieren. Esta visión fue verdadera, que así se cuenta en su historia. Saq. ¡Que así nos la quitase de las manos! 10 ¡Que así la mies tan sazonada nuestra la segase la hoz del tabernero! ¡Reniego de mí mismo, y aun reniego! ¡Y que tuviese Dios por bueno y justo tal cambalache! Estúvose la dama 15 al pie de cuarenta años en sus vicios, desesperada de remedio alguno; llega estotro buen alma, y dale luego los tesoros de gracia que tenía adquiridos por Cristo y por sus obras. 20 ¡Gentil razón, gentil guardar justicia, y gentil igualar de desiguales y contrapuestas prendas: gracia y culpa, bienes de gloria y del infierno males! Vis. Como fue el corredor de esta mohatra 25 la caridad, facilitó el contrato, puesto que desigual. Saq. De esa manera, más rica queda el alma de este rufo, por haber dado cuanto bien tenía, 30 y tomado el ajeno mal a cuestas,
JORNADA TERCERA p. 90 que antes estaba que el contrato [hiciese. Vis. No sé qué te responda; sólo veo que no puede ninguno de nosotros alabarse que ha visto en el infierno 5 algún caritativo. Saq. ¿Quién lo duda? ¿Sabes qué veo, Visiel amigo? Que no es equivalente aquesta lepra que padece este fraile, a los tormentos 10 que pasara doña Ana en la otra vida. Vis. ¿No adviertes que ella puso de su [parte grande arrepentimiento? Saq. Fue a los fines 15 de su malvada vida. Vis. En un instante nos quita de las manos Dios al alma que se arrepiente y sus pecados llora; cuanto y más, que ésta estaba 20 [enriquecida con las gracias del fraile hi de bellaco. Saq. Mas de este generoso, a lo que [entiendes, ¿qué será de él, ahora que está seco 25 e inútil para cosa de esta vida? Vis. ¿Aqueso ignoras? ¿No sabes (que) [conocen sus frailes su virtud y su talento, su ingenio y su bondad, partes 30 [bastantes para que le encomienden su gobierno?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 91 Saq. ¿Luego será prior? Vis. ¡Muy poco dices! Provincial le verás. Saq. Ya lo adivino. En el jardín está; tú no te muestres, 5 que yo quiero a mis solas darle un [toque con que siquiera a ira le provoque. Entranse. Sale fray Angel y fray Antonio. 10 F. Ant. ¿Qué trae, fray Angel? ¿Son huevos? A. Hable, fray Antonio, quedo. F. Ant. ¿Tiene miedo? A. Tengo miedo. F. Ant. Déme dos de los más nuevos, 15 de los más frescos, le digo, que me los quiero sorber así, crudos. A. Hay que hacer primero otra cosa, amigo. 20 F. Ant. Siempre acudes a mi ruego dilatando tus mercedes. A. Si estos huevos comer puedes, veslos aquí, no los niego. Muéstrale dos bolas de argolla. 25 F. Ant. ¡Oh coristas y novicios! La mano que el bien dispensa, os quite de la despensa las cerraduras y quicios; la yerba del pito os dé, 30
JORNADA TERCERA p. 92 que abre todas cerraduras, y veáis, estando a oscuras, como el luciérnago ve; y, señores de las llaves, sin temor y sobresalto, 5 deis un generoso asalto a las cosas más süaves; busquéis hebras de tocino, sin hacer del unto caso, y en penante y limpio vaso 10 deis dulces sorbos de vino; de almendra morisca y pasa vuestras mangas se vean llenas, y jamás muelas ajenas a las vuestras pongan tasa; 15 cuando en la tierra comáis pan y agua con querellas, halléis empanadas bellas cuando a la celda volváis; hágaos la paciencia escudo 20 en cualquiera vuestro aprieto; mándeos un prior discreto, afable y no cabezudo. A. Deprecación bien cristiana, fray Antonio, es la que has hecho; 25 que aspiró a nuestro provecho, es cosa también bien llana. Grande miseria pasamos y a sumo estrecho venimos los que misa no decimos 30 y los que no predicamos. [F. Ant.] ¿Para qué son esas bolas?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 93 A. Yo las llevaba con fin de jugar en el jardín contigo esta tarde a solas, en las horas que nos dan de recreación. 5 F. Ant. ¿Y llevas argolla? A. Y paletas nuevas. F. Ant. ¿Quién te las dio? A. Fray Beltrán. 10 Se las envió su prima, y él me las ha dado a mí. F. Ant. Con las paletas aquí, haré dos tretas de esgrima. Precíngete como yo, 15 y entrégame una paleta, y está advertido una treta que el padre Cruz me mostró cuando en la jácara fue águila volante y diestra. 20 Muestra, digo; acaba, muestra. A. Toma; pero yo no sé de esgrima más que un jumento. F. Ant. Ponte de aquesta manera: vista alerta; ese pie fuera, 25 puesto en medio movimiento. Tírame un tajo volado a la cabeza. ¡No así; que ése es revés, pese a mí! A. ¡Soy un asno enalbardado! 30 F. Ant. Esta es la brava postura que llaman puerta de hierro
JORNADA TERCERA p. 94 los jaques. A. ¡Notable yerro y disparada locura! F. Ant. Doy broquel, saco el baldeo, levanto, señalo o pego, 5 repárome en cruz, y luego tiro un tajo de voleo. Entra el padre Cruz arrimado a un báculo y rezando en un rosario. Cruz. Fray Antonio, basta ya; 10 no mueran más, si es posible. A. ¡Qué confusión tan terrible! Cruz. ¡Buena la postura está! No se os pueden embotar las agudezas de loco. 15 F. Ant. Indigesto estaba un poco, y quíseme ejercitar para hacer la digestión, que dicen que es conveniente el ejercicio vehemente. 20 Cruz. Vos tenéis mucha razón; mas yo os daré un ejercicio con que os haga por la posta digerir a vuestra costa la superfluidad del vicio: 25 vaya y póngase a rezar dos horas en penitencia; y puede su reverencia, fray Angel, ir a estudiar, y déjese de las tretas 30 de este valiente mancebo.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 95 F. Ant. ¿Las bolas? A. Aquí las llevo. F. Ant. Toma, y lleva las paletas. Entrase fray Antonio y fray Angel. Cruz. De la oscuridad del suelo 5 te saqué a la luz del día, Dios queriendo, y yo querría llevarte a la luz del cielo. Vuelve a entrar Saquel vestido de oso. Todo fue así. 10 Saq. Cambiador nuevo en el mundo, por tu voluntad enfermo, ¿piensas que eres en el yermo algún Macario segundo? ¿Piensas que se han de avenir 15 bien para siempre jamás, con lo que es menos lo más, la vida con el morir, soberbia con humildad, diligencia con pereza, 20 la torpedad con limpieza, la virtud con la maldad? Engáñaste; y es tan cierto no avenirse lo que digo, que puedes ser tú testigo 25 de esta verdad, con que acierto. Cruz. ¿Qué quieres de eso inferir, enemigo Satanás? Saq. Que es locura en la que das, dignísima de reír; 30
JORNADA TERCERA p. 96 que en el cielo ya no dan puerta, a que entren de rondón, así como entró un ladrón, que entre también un rufián. Cruz. Conmigo en balde te pones 5 a disputar: que yo sé que, aunque te sobre en la fe, me has de sobrar tú en razones. Dime a qué fue tu venida, o vuélvete, y no hables más. 10 Saq. Mi venida, cual verás, es a quitarte la vida. Cruz. Si es que traes de Dios licencia, fácil te será quitarla, y más fácil a mí darla 15 con prontísima obediencia. Si la traes, ¿por qué no pruebas a ofenderme? Aunque recelo que no has de tocarme a un pelo, por muy mucho que te atrevas. 20 ¿Qué bramas? ¿Quién te atormenta? Pero espérate, adversario. Saq. Es para mí de un rosario bala la más chica cuenta. Rufián, no me martirices; 25 tuerce, hipócrita, el camino. Cruz. Aun bien que tal vez, malino, algunas verdades dices. Vase el demonio bramando. Vuelve, que te desafío 30 a ti y al infierno todo,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 97 hecho valentón al modo que plugo al gran Padre mío. ¡Oh alma!, mira quién eres, para que del bien no tuerzas; que el diablo no tiene fuerzas, 5 más de las que tú le dieres. Y para que no rehuyas de verte con él a brazos, Dios rompe y quiebra los lazos que pasan las fuerzas tuyas. 10 Vuelve a entrar fray Antonio, con un plato de hilas y paños limpios. F. Ant. Entrese, padre, a curar. Cruz. Paréceme que es locura pretender a mi mal cura. 15 F. Ant. ¿Es eso desesperar? Cruz. No, por cierto, hijo mío; mas es esta enfermedad de una cierta calidad, que curarla es desvarío. 20 Viene del cielo. F. Ant. ¿Es posible que tan mala cosa encierra el cielo, do el bien se encierra? Téngolo por imposible. 25 ¿Estaráse ahora holgando doña Ana, que te la dio, y estaréme en balde yo tu remedio procurando? Entra fray Angel. 30
JORNADA TERCERA p. 98 A. Padre Cruz, mándeme albricias, que han elegido prior. Cruz. Si no te las da el Señor, de mí en vano las codicias. Mas decidme: ¿quién salió? 5 A. Salió su paternidad. Cruz. ¿Yo, padre? A. Sí, en mi verdad. F. Ant. ¿Búrlaste, fray Angel? A. No. 10 Cruz. ¿Sobre unos hombros podridos tan pesada carga han puesto? No sé qué me diga de esto. F. Ant. Cególes Dios los sentidos: que si ellos te conocieran 15 como yo te he conocido, tomaran otro partido, y otro prior eligieran. A. Ahora digo, fray Antonio, que tiene, sin duda alguna, 20 en esa lengua importuna entretejido el demonio: que si ello no fuera así, nunca tal cosa dijera[s]. F. Ant. Fray Angel, no hablo de veras; 25 pero conviene esto aquí. Gusta este santo de verse vituperado de todos, y va huyendo los modos do pueda ensoberbecerse. 30 Mira qué confuso está por la nueva que le has dado.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 99 A. Puesto le tiene en cuidado. F. Ant. El cargo no aceptará. Cruz. ¿No saben estos benditos cómo soy simple y grosero, e hijo de un tabernero, 5 y padre de mil delitos? F. Ant. Si yo pudiera dar voto, a fe que no te le diera; antes, a todos dijera la vida que de hombre roto 10 en Sevilla y en Toledo te vi hacer. Cruz. Tiempo te queda; dila, amigo, porque pueda escaparme de este miedo 15 que tengo de ser prelado, cargo para mí indecente: que ¿a qué será suficiente hombre que está tan llagado y que ha sido un...? 20 F. Ant. ¿Qué? ¿Rufián? Que por Dios, y así me goce, que le vi reñir con doce de heria y de San Román; y en Toledo, en las Ventillas, 25 con siete terciopeleros, él hecho zaque, ellos cueros, le vide hacer maravillas. ¡Qué de capas vi a sus pies! ¡Qué de broqueles rajados! 30 ¡Qué de cascos abollados! Hirió a cuatro; huyeron tres.
JORNADA TERCERA p. 100 Para aqueste ministerio sí que le diera mi voto, porque en él fuera el más doto rufián de nuestro hemisferio; pero para ser prior 5 no le diera yo jamás. Cruz. ¡Oh cuánto en lo cierto estás, Antonio! F. Ant. ¡Y cómo, señor! Cruz. Así cual quieres te goces, 10 cristiano, y fraile, y sin mengua, que des un filo a la lengua, y digas mi vida a voces. Entra el prior, y otro fraile de acompañamiento. Pri. Vuestra paternidad nos dé las manos, 15 y bendición con ellas. Cruz. Padres míos, ¿adónde a mí tal sumisión? Pri. Mi padre, es ya nuestro prelado. 20 F. Ant. ¡Buenos cascos tienen, por vida mía, los que han hecho semejante elección! Pri. ¿Pues qué, no es santa? F. Ant. A un Job hacen prior, que no le falta 25 si no es el muladar y ser casado para serlo del todo. ¡En fin, son frailes! Quien tiene el cuerpo de dolores lleno, ¿cómo podrá tener entendimiento libre para el gobierno que requiere 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 101 tan peligroso y trabajoso oficio como el de ser prior? ¿No lo ven [claro? Cruz. ¡Oh qué bien que lo ha dicho fray [Antonio! 5 ¡El cielo se lo pague! Padres míos, ¿no miran cuál estoy, que en todo el [cuerpo no tengo cosa sana? Consideren que los dolores turban los sentidos, 10 y que ya no estoy bueno para cosa, si no es para llorar y dar gemidos a Dios por mis pecados infinitos. Amigo fray Antonio, di a los padres mi vida, de quien fuiste buen testigo; 15 diles mis insolencias y recreos, la inmensidad descubre de mis culpas, la bajeza les di de mi linaje, diles que soy de un tabernero hijo, porque les haga todo aquesto junto 20 mudar de parecer. Pri. Escusa débil es ésa, padre mío; a lo que ha sido, ha borrado lo que es. Acepte y calle, que así lo quiere Dios. 25 Cruz. ¡El sea bendito! Vamos, que la experiencia dará presto muestras que soy inútil. F. Ant. ¡Vive el cielo, que merece ser Papa tan buen fraile! 30 A. Que será provincial, yo no lo dudo. F. Ant. Aqueso está de molde. Padre, vamos,
JORNADA TERCERA p. 102 que es hora de curarte. Cruz. Sea en buen hora. F. Ant. Va a ser prior, ¿y por no serlo llora? Entranse. Salen Lucifer con corona y cetro, el más galán demonio 5 y bien vestido que ser pueda, y Saquel y Visiel, como quisieren, de demonios feos. Luc. Desde el instante que salimos fuera de la mente eternal, ángeles siendo, y con soberbia voluntad y fiera 10 fuimos el gran pecado aprehendiendo, sin querer ni poder de la carrera torcer donde una vez fuimos subiendo, hasta ser derribados a este asiento, do no se admite el arrepentimiento; 15 digo que desde entonces se recoge la fiera envidia en este pecho fiero, de ver que el cielo en su morada acoge a quien pasó también de Dios el fuero. En mí se extiende y en Adán se encoge 20 la justicia de Dios, manso y severo, y de él gozan los hombres in eterno, y mis secuaces, de este duro infierno. Y, no contento aquel que dio en un palo la vida, que fue muerte de la muerte, 25 de verme despojado del regalo de mi primera aventajada suerte, quiere que se alce con el cielo un malo, un pecador blasfemo, y que se acierte a salvar en un corto y breve instante 30 un ladrón que no tuvo semejante;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 103 la pecadora pública arrebata de sus pies el perdón de sus pecados, y su historia santísima dilata por siglos en los años prolongados; un cambiador, que en sus usuras trata, 5 deja a sola una voz sus intricados libros, y por manera nunca vista le pasa a ser divino coronista; y ahora quiere que un rufián se asiente en los ricos escaños de la gloria, 10 y que su vida y muerte nos la cuente alta, famosa y verdadera historia. Por esto inclino la soberbia frente, y quiero que mi angustia sea notoria a vosotros, partícipes y amigos, 15 y de mi mal y mi rencor testigos; no para que me deis consuelo alguno, pues tenerle nosotros no es posible, sino porque acudáis al oportuno punto que hasta los santos es terrible. 20 Este rufián, cual no lo fue ninguno, por su fealdad al mundo aborrecible, está ya de partida para el cielo, y humilde apresta el levantado vuelo. Acudid, y turbadle los sentidos, 25 y entibiad, si es posible, su esperanza, y de sus vanos pasos y perdidos hacedle temerosa remembranza; no llegue alegre voz a sus oídos que prometa segura confianza 30 de haber cumplido con la deuda y cargo que por su caridad tomó a su cargo.
JORNADA TERCERA p. 104 ¡Ea!, que expira ya, después que ha [hecho prior y provincial tan bien su oficio, que tiene al suelo y cielo satisfecho, y da de que es gran santo gran indicio. 5 Saq. No será nuestra ida de provecho, porque será de hacerle beneficio, pues siempre que a los brazos he venido con él, queda con palma, y yo vencido. Luc. Mientras no arroja el postrimero aliento, 10 bien se puede esperar que en algo tuerza el peso, puesto en duda el pensamiento: que a veces puede mucho nuestra [fuerza. Vis. Yo cumpliré, señor, tu mandamiento: 15 que adonde hay más bondad, allí se [esfuerza más mi maldad. Allá voy diligente. Luc. Todos venid, que quiero estar presente. Entranse todos, y salen tres almas, vestidas con 20 tunicelas de tafetán blanco, velos sobre los rostros, y velas encendidas. Al. 1. Hoy, hermanas, que es el día en quien, por nuestro consuelo, las puertas ha abierto el cielo 25 de nuestra carcelería para venir a este punto, todo lleno de misterio, viendo en este monasterio al gran Cristóbal difunto, 30 al alma devota suya
DEL RUFIAN DICHOSO p. 105 bien será la acompañemos, y a la región la llevemos do está la eterna aleluya. Al. 2. Felice jornada es ésta, santa y bienaventurada, 5 pues se hará, con su llegada, en todos los cielos fiesta: que llevando en compañía alma tan devota nuestra, darán más claro la muestra 10 de júbilo y de alegría. Al. 3. Ella abrió con oraciones, ayunos y sacrificios, de nuestra prisión los quicios, y abrevió nuestras pasiones. 15 Cuando en libertad vivía, de nosotras se acordaba, y el rosario nos rezaba con devoción cada día; y cuando en la religión 20 entró, como habemos visto, muerto al diablo y vivo a Cristo, aumentó la devoción. Ni por la riguridad de las llagas que en sí tuvo, 25 jamás indevoto estuvo, ni falto de caridad. Prior siendo y provincial, tan manso y humilde fue, que hizo de andar a pie 30 y descalzo gran caudal. Trece años ha que ha vivido
JORNADA TERCERA p. 106 llagado, de tal manera, que, a no ser milagro, fuera en dos días consumido. Al. 1. Remite sus alabanzas al lugar donde caminas, 5 que allí las darán condignas al valor que tú no alcanzas; y mezclémonos ahora entre su acompañamiento, escuchando el sentimiento 10 de este su amigo que llora. Entranse. Sale fray Antonio llorando, y trae un lienzo manchado de sangre. F. Ant. Acabó la carrera 15 de su cansada vida; dio al suelo los despojos; del cuerpo voló al cielo la alma santa. ¡Oh padre, que en el siglo fuiste mi nube oscura, 20 mas en el fuerte asilo, que así es la religión, mi norte fuiste! Trece años ha que lidias, por ser caritativo sobre el humano modo, 25 con podredumbre y llagas insufribles; mas los manchados paños de tus sangrientas llagas, se estiman más ahora que delicados y olorosos lienzos: 30 con ellos mil enfermos
DEL RUFIAN DICHOSO p. 107 cobran salud entera; mil veces les imprimen los labios más ilustres y señores. Tus pies, que, mientras fuiste provincial, anduvieron 5 a pie infinitas leguas por lodos, por barrancos, por malezas, ahora sois reliquias, ahora te los besan tus súbditos, y aun todos 10 cuantos pueden llegar adonde yaces. Tu cuerpo, que ayer era espectáculo horrendo, según llagado estaba, hoy es bruñida plata y cristal limpio; 15 señal que tus carbuncos, tus grietas y aberturas, que podrición vertía[n], estaban por milagro en ti, hasta tanto que la deuda pagases 20 de aquella pecadora que fue limpia en un punto: ¡tanto tu caridad con Dios valía! Entra el prior. Pri. Padre Antonio, deje el llanto, 25 y acuda a cerrar las puertas, porque si las halla abiertas el pueblo, que acude tanto, no nos han de dar lugar para enterrar a su amigo. 30 F. Ant. Aunque se cierren, yo digo
JORNADA TERCERA p. 108 que ha poco de aprovechar. No ha de bastar diligencia; pero, con todo, allá iré. Entra fray Angel. A. ¿Dónde vas, padre? 5 F. Ant. No sé. A. Acuda su reverencia, que está toda la ciudad en el convento, y se arrojan sobre el cuerpo, y le despojan 10 con tanta celeridad. Y el virrey está también en su celda. Pri. Padre Antonio, venga a ver el testimonio 15 que el cielo da de su bien. Entranse todos. Salen dos ciudadanos: el uno con lienzo de sangre, y el otro con un pedazo de capilla. Ciu. 1. ¿Qué lleváis vos? 20 Ciu. 2. Un lienzo de sus llagas. ¿Y vos? Ciu. 1. De su capilla este pedazo, que le precio y le tengo en más [estima 25 que si hallara una mina. Ciu. 2. Pues salgamos aprisa del convento, no nos quiten
DEL RUFIAN DICHOSO p. 109 los frailes las reliquias. Ciu. 1. ¡Bueno es eso! ¡Antes daré la vida que volverlas! Entra otro. Ciu. 3. Yo soy, sin duda, la desgracia misma; 5 no he podido topar de aqueste santo siquiera con un hilo de su ropa, puesto que voy contento y satisfecho con haberle besado cuatro veces los santos pies, de quien olor despide 10 del cielo; pero tal fue él en la tierra. El virrey le trae en hombros, y sus [frailes, y aquí, en aquesta bóveda del claustro, le quieren enterrar. Música suena; 15 parece que es del cielo, y no lo dudo. Traen al santo tendido en una tabla, con muchos rosarios sobre el cuerpo; tráenle en hombros sus frailes y el virrey; suena lejos música de flautas o chirimías; cesando la música, dice a voces dentro Lucifer, 20 o, si quisieren, salgan los demonios al teatro: Luc. Aun no puedo llegar siquiera al cuerpo, para vengar en él lo que en el alma no pude: tales armas le defienden. Saq. No hay arnés que se iguale al del 25 [rosario. Luc. Vamos, que en sólo verle me confundo. Saq. No habemos de parar hasta el profundo. F. Ant. ¿Oyes, fray Angel? A. Oigo, y son los diablos. 30 Vir. Háganme caridad sus reverencias
JORNADA TERCERA p. 110 que torne yo otra vez a ver el rostro de este bendito padre. Pri. Sea en buen hora. Padres, abajen, pónganle [en el suelo], que, pues la devoción de su excelencia 5 se extiende a tanto, bien será agradarle. Vir. ¿Que es éste el rostro que yo vi ha dos [días de horror y llagas y materias lleno? ¿Las manos gafas son aquéstas, 10 [cielo? ¡Oh alma, que, volando a las serenas regiones, nos dejaste testimonio del felice camino que hoy has hecho! Clara y limpia la caja do habitaste, 15 abrasada primero y ahumada con el fuego encendido en que se ardía, todo de caridad y amor divino. Ciu. 1. Déjennosle besar sus reverencias los pies siquiera. 20 Pri. Devoción muy justa. Vir. Hagan su oficio, padres, y en la tierra escondan esta joya tan del cielo; esa esperanza nuestro mal remedia. Y aquí da fin felice esta comedia. 25 Fin de esta comedia. Hase de advertir que todas las figuras de mujer de esta comedia las pueden hacer solas dos mujeres.
p. 111 COMEDIA FAMOSA INTITULADA LA GRAN SULTANA doña Catalina de Oviedo. Los que hablan en ella son los siguientes: Salec, turco renegado. Andrea, espía. 5 Roberto, renegado. Dos judíos. Un alárabe. Un embajador de El Gran Turco. Persia. Un paje vestido a lo Dos moros. turquesco, y otros El gran cadí. 10 tres garzones. Cuatro bajaes Mamí y Rustán, ancianos. eunucos. Clara, llamada Zaida. Doña Catalina de Zelinda, que es Oviedo, gran Lamberto. 15 sultana. Un cautivo anciano. Su padre. Dos músicos. Madrigal, cautivo. JORNADA PRIMERA Sale Salec, turco, y Roberto vestido a lo griego, y, 20 detrás de ellos, un alárabe vestido de un alquicel; trae en una lanza muchas estopas, y en una varilla de
JORNADA PRIMERA p. 112 membrillo, en la punta, un papel como billete, y una velilla de cera encendida en la mano; este tal alárabe se pone al lado del teatro, sin hablar palabra, y luego dice Roberto: Rob. La pompa y majestad de este tirano, 5 sin duda alguna, sube y se engrandece sobre las fuerzas del poder humano. Mas ¿qué fantasma es esta que se ofrece, coronada de estopas media lanza? Alárabe en el traje me parece. 10 Sal. Tienen aquí los pobres esta usanza cuando alguno a pedir justicia viene, que sólo el interés es quien la alcanza. De una caña y de estopas se previene, y, cuando el Turco pasa, enciende 15 [fuego, a cuyo resplandor él se detiene; pide justicia a voces, dale luego lugar la guarda, (y) el pobre como jara arremete turbado y sin sosiego, 20 y en la punta y remate de una vara al Gran Señor su memorial presenta, que para aquel efecto el paso para. Luego a un bello garzón, que tiene [cuenta 25 con estos memoriales, se le entrega, que, en relación, después de ellos da [cuenta; pero jamás el término se llega del buen despacho de estos miserables, 30 que el interés le turba y se le niega. Rob. Cosas he visto aquí que, de admirables,
DE LA GRAN SULTANA p. 113 pueden al más gallardo entendimiento suspender. Sal. Verás otras más notables. Ya está a pie el Gran Señor; puedes [atento 5 verle a tu gusto, que el cristiano puede mirarle rostro a rostro a su contento. A ningún moro o turco se concede que levante los ojos a miralle, y en esto a toda majestad excede. 10 Entra a este instante el Gran Turco con mucho acompañamiento; delante de sí lleva un paje vestido a lo turquesco, con una flecha en la mano levantada en alto, y detrás del Turco van otros dos garzones con dos bolsas de terciopelo verde, donde ponen los 15 papeles que el Turco les da. Rob. Por cierto, él es mancebo de buen talle, y que, de gravedad y bizarría, la fama, con razón, puede loalle. Sal. Hoy hace la zalá(c) en Santa Sofía, 20 ese templo que ves que en la grandeza excede a cuantos tiene la Turquía. Rob. A encender y a gritar el moro empieza; el Turco se detiene mesurado, señal de piedad como de alteza. 25 El moro llega; un memorial le ha dado; el Gran Señor le toma, y se le entrega a un bel garzón que casi trae al lado. En tanto que esto dice Roberto, y el Turco pasa, tiene Salec doblado el cuerpo e inclinada la cabeza, sin 30 mirarle al rostro.
JORNADA PRIMERA p. 114 Sal. Esta audiencia al que es pobre no se [niega. ¿Podré alzar la cabeza? Rob. Alza y mira, que ya el Señor a la mezquita llega, 5 cuya grandeza desde aquí me admira. Entrase el Gran Señor, y queda en el teatro Salec y Roberto. Sal. ¿Qué te parece, Roberto, de la pompa y majestad 10 que aquí se te ha descubierto? Rob. Que no creo a la verdad, y pongo duda en lo cierto. Sal. De a pie y de a caballo, van seis mil soldados. 15 Rob. Sí irán. Sal. No hay dudar que seis mil son. Rob. Juntamente, admiración y gusto y asombro dan. Sal. Cuando sale a la zalá, 20 sale con este decoro; y es el día del jumá, que así al viernes llama el moro. Rob. ¡Bien acompañado va! Pero, pues nos da lugar 25 el tiempo, quiero acabar de contarte lo que ayer comencé a darte a entender. Sal. Vuelve, amigo, a comenzar. Rob. Aquel mancebo que dije 30 vengo a buscar: que le quiero
DE LA GRAN SULTANA p. 115 más que al alma por quien vivo, más que a los ojos que tengo. Desde su pequeña edad fui su ayo y su maestro, y del templo de la fama 5 le enseñé el camino estrecho; encaminéle los pasos por el angosto sendero de la virtud; tuve a ray[a] sus juveniles deseos; 10 pero no fueron bastantes mis bien mirados consejos, mis persecuciones cristianas, del bien y mal mil ejemplos, para que, en mitad del curso 15 de su más florido tiempo, amor no le saltease, monfí de los años tiernos. Enamoróse de Clara, la hija de aquel Lamberto 20 que tú en Praga conociste, teutónico caballero. Sus padres y su hermosura nombre de Clara la dieron; pero quizá sus desdichas 25 en oscuridad la han puesto. Demandóla por esposa, y no salió con su intento; no porque no fuese igual y acertado el casamiento, 30 sino porque las desgracias traen su corriente de lejos,
JORNADA PRIMERA p. 116 y no hay diligencia humana que prevenga su remedio. Finalmente, él la sacó: que voluntades que han puesto la mira en cumplir su gusto, 5 pierden respetos y miedos. Solos y a pie, en una noche de las frías del invierno, iban los pobres amantes, sin saber adónde, huyendo; 10 y, al tiempo que ya yo había echado a Lamberto menos, que éste [es] el nombre del triste que he dicho que a buscar vengo, con aliento desmayado, 15 de un frío sudor cubierto el rostro, y todo turbado, ante mis ojos le veo. Arrojóseme a los pies, la color como de un muerto, 20 y, con voz interrumpida de sollozos, dijo: “Muero, padre y señor, que estos nombres a tus obras se los debo. A Clara llevan cautiva 25 los turcos de Rocaferro. Yo, cobarde; yo, mezquino y un traidor, que no lo niego, hela dejado en sus manos, por tener los pies ligeros. 30 Esta noche la llevaba no sé adónde, aunque sé cierto
DE LA GRAN SULTANA p. 117 que, si fortuna quisiera, fuéramos los dos al cielo.” A la nueva triste y nueva, en un confuso silencio quedé, sin osar decirle: 5 “Hijo mío, ¿cómo es esto?” De aquesta perplejidad me sacó el marcial estruendo del rebato a que tocaron las campanas en el pueblo. 10 Púseme luego a caballo, salió conmigo Lamberto en otro, y salió una tropa de caballos herreruelos. Con la oscuridad, perdimos 15 el rastro de los que hicieron el robo de Clara, y otros que con el día se vieron. Temerosos de celada, no nos apartamos lejos 20 del lugar, al cual volvimos cansados y sin Lamberto. Sal. ¿Pues cómo? ¿Quedóse aposta? Rob. Aposta, a lo que sospecho, porque nunca ha parecido 25 desde entonces, vivo o muerto. Su padre ofreció por Clara gran cantidad de dinero; pero no le fue posible cobrarla por ningún precio. 30 Díjose por cosa cierta, que el turco que fue su dueño
JORNADA PRIMERA p. 118 la presentó al Gran Señor, por ser hermosa en extremo. Por saber si esto es verdad, y por saber de Lamberto, he venido como has visto 5 aquí en hábito de griego. Sé hablar la lengua de modo, que pasar por griego entiendo. Sal. Puesto que nunca la sepas, no tienes de qué haber miedo: 10 aquí todo es confusión, y todos nos entendemos con una lengua mezclada que ignoramos y sabemos. De mí no te escaparás, 15 pues, cuando te vi, al momento te conocí. Rob. ¡Gran memoria! Sal. Siempre la tuve en extremo. Rob. ¿Pues cómo te has olvidado 20 de quién eres? Sal. No hablemos en eso ahora; otro día de mis cosas trataremos: que, si va a decir verdad, 25 yo ninguna cosa creo. Rob. Fino ateísta te muestras. Sal. Yo no sé lo que me muestro; sólo sé que he de mostrarte, con obras al descubierto, 30 que soy tu amigo, a la traza como lo fui en algún tiempo;
DE LA GRAN SULTANA p. 119 y para saber de Clara, un eunuco del gobierno del serrallo del Gran Turco podrá hacerme satisfecho, que es mi amigo. Y, entretanto, 5 puedes mirar por Lamberto: quizá, como tuvo el alma, también tendrá preso el cuerpo. Entranse. Salen Mamí y Rustán, eunucos. 10 Mam. Ten, Rustán, la lengua muda, y conmigo no autorices tu fe, de verdad desnuda, pues mientes en cuanto dices, y eres cristiano, sin duda: 15 que el tener así encerrada tanto tiempo y tan guardada a la cautiva española, es señal bastante y sola que tu intención es dañada. 20 Has quitado al Gran Señor de gozar la hermosura que tiene el mundo mayor, siendo mal darle madura fruta que verde es mejor. 25 Seis años ha que la celas y la encubres con cautelas que ya no pueden durar, y ahora por desvelar esta verdad te desvelas. 30
JORNADA PRIMERA p. 120 ¡Pero espera, perro, aguarda, y verás de qué manera la fe al Gran Señor se guarda! Rus. ¡Mamí amigo, espera, espera! Mam. Llega el castigo, aunque tarda; 5 y el que sabe una traición, y se está sin descubrirla algún tiempo, da ocasión de pensar si en consentirla tuvo parte la intención. 10 La tuya he sabido hoy, y, así, al Gran Señor me voy a contarle tu maldad. Entrase Mamí. Rus. No hay negarle esta verdad; 15 por empalado me doy. Sale doña Catalina de Oviedo, gran sultana, vestida a la turquesca. Sul. Rustán, ¿qué hay? Rus. Mi señora, 20 de nuestra temprana muerte es ya llegada la hora, que así el alma me lo advierte, pues en mi constancia llora; que, aunque parezco mujer, 25 nunca suelo yo verter lágrimas que den señal de grande bien o gran mal, como suele acontecer. Mamí, señora, ha notado, 30
DE LA GRAN SULTANA p. 121 con astucia y con maldad, el tiempo que te he guardado, y ha juzgado mi lealtad por traición y por pecado. Al Gran Señor va derecho 5 a contar por malo el hecho que yo he tenido por bueno, de malicia y rabia lleno el siempre maligno pecho. Sul. ¿Qué hemos de hacer? 10 Rus. Esperar la muerte con la entereza que se puede imaginar; aunque sé que a tu belleza sultán ha de respetar. 15 No te matará sultán; quien muera será Rustán, como de este caso autor. Sul. ¿Es crüel el Gran Señor? Rus. Nombre de blando le dan; 20 pero, en efecto, es tirano. Sul. Con todo, confío en Dios, que su poderosa mano ha de librar a los dos de este temor, que no es vano; 25 y si estuvieren cerrados los cielos por mis pecados, por no oír mi petición, dispondré mi corazón a casos más desastrados. 30 No triunfará el inhumano del alma; del cuerpo sí,
JORNADA PRIMERA p. 122 caduco, frágil y vano. Rus. Este suceso temí de mi proceder cristiano. Mas no estoy arrepentido; antes, estoy prevenido 5 de paciencia y sufrimiento para cualquiera tormento. Sul. Con mi intención has venido. Dispuesta estoy a tener por regalo cualquier pena 10 que me pueda suceder. Rus. Nunca a muerte se condena tan gallardo parecer. Hallarás en tu hermosura, no pena, sino ventura; 15 yo, por el contrario extremo, hallaré, como lo temo, en el fuego sepultura. Sul. Bien podrá ofrecerme el mundo cuantos tesoros encierra 20 la tierra y el mar profundo; podrá bien hacerme guerra el contrario sin segundo con una y otra legión de su infernal escuadrón; 25 pero no podrán, Dios mío, como yo de vos confío, mudar mi buena intención. En mi tierna edad perdí, Dios mío, la libertad, 30 que aun apenas conocí; trájome aquí la beldad,
DE LA GRAN SULTANA p. 123 Señor, que pusiste en mí; si ella ha de ser instrumento de perderme, yo consiento, petición cristiana y cuerda, que mi belleza se pierda 5 por milagro en un momento; esta rosada color que tengo, según se muestra en mi espejo adulador, marchítala con tu diestra; 10 vuélveme fea, Señor: que no es bien que lleve palma de la hermosura del alma la del cuerpo. Rus. Dices bien. 15 Mas no es bien que aquí se estén nuestros sentidos en calma, sin que demos traza o medio de buscar a nuestra culpa, o ya disculpa, o remedio. 20 Sul. Del remedio a la disculpa hay grandes montes en medio. Vámonos a apercibir, amigo, para morir cristianos. 25 Rus. Remedio es ése del más subido interese que al cielo puedes pedir. Entranse. Salen Mamí, el eunuco, y el Gran Turco. 30 Mam. Morato Arráez, Gran Señor,
JORNADA PRIMERA p. 124 te la presentó, y es ella la primera y la mejor que del título de bella puede llevarse el honor. De tus ojos escondido 5 este gran tesoro ha sido por industria de Rustán seis años, y a siete van, según la cuenta he tenido. Tur. ¿Y del modo que has contado 10 es hermosa? Mam. Es tan hermosa, como en el jardín cerrado la entreabierta y fresca rosa a quien el sol no ha tocado; 15 o como el alba serena, de aljófar y perlas llena, al salir del claro Oriente; o como sol al Poniente, con los reflejos que ordena. 20 Robó la Naturaleza lo mejor de cada cosa para formar esta pieza, y así, la sacó hermosa sobre la humana belleza. 25 Quitó al cielo dos estrellas, que puso en las luces bellas de sus bellísimos ojos, con que de amor los despojos se aumentan, pues vive en ellas. 30 El todo y sus partes son correspondientes de modo,
DE LA GRAN SULTANA p. 125 que me muestra la razón que en las partes y en el todo asiste la perfección. Y con esto se conforma el color, que hace la forma 5 hermosa en un grado inmenso. Tur. Este loco, a lo que pienso, de alguna diosa me informa. Mam. A su belleza, que es tanta que pasa al imaginar, 10 su discreción se adelanta. Tur. Tú me la harás adorar por cosa divina y santa. Mam. Tal jamás la ha visto el sol, ni otra fundió en su crisol 15 el cielo que la compuso; y, sobre todo, le puso el desenfado español. Digo, señor, que es divina la beldad de esta cautiva, 20 en el mundo peregrina. Tur. De verla el deseo se aviva. ¿Y llámase? Mam. Catalina, y es de Oviedo el sobrenombre. 25 Tur. ¿Cómo no ha mudado el nombre, siendo ya turca? Mam. No sé; como no ha mudado fe, no apetece otro renombre. 30 Tur. ¿Luego es cristiana? Mam. Yo hallo
JORNADA PRIMERA p. 126 por mi cuenta que lo es. Tur. ¿Cristiana, y en mi serrallo? Mam. Más deben de estar de tres; mas ¿quién podrá averiguallo? Si otra cosa yo supiera, 5 como aquésta, la dijera, sin encubrir un momento dicho o hecho o pensamiento que contra ti se ofreciera. Tur. Descuido es vuestro y maldad. 10 Mam. Yo sé decir que te adoro y sirvo con la lealtad y con el justo decoro que debo a tu majestad. Tur. Al serrallo iré esta tarde, 15 a ver si hiela o si arde la belleza única y sola de tu alabada española. Mam. Mahoma, señor, te guarde. Entranse estos dos. 20 Salen Madrigal, cautivo, y Andrea, en hábito de griego. Mad. ¡Vive Roque, canalla barretina, que no habéis de gozar de la cazuela, llena de boronía y caldo prieto! And. ¿Con quién las has, cristiano? 25 Mad. No con nadie. ¿No escucháis la bolina y la algazara que suena dentro de esta casa? Dice dentro un judío: Jud. (¡Ah,) perro! 30
DE LA GRAN SULTANA p. 127 ¡El Dío te maldiga y te confunda! ¡Jamás la libertad amada alcances! And. Di: ¿por qué te maldicen estos tristes? Mad. Entré sin que me viesen en su casa, y en una gran cazuela que tenían 5 de un guisado que llaman boronía, les eché de tocino un gran pedazo. And. ¿Pues quién te lo dio a ti? Mad. Ciertos jenízaros mataron en el monte el otro día 10 un puerco jabalí, que le vendieron a los cristianos de Mamud Arráez, de los cuales compré de la papada lo que está en la cazuela sepultado para dar sepultura a estos malditos, 15 con quien tengo rencor y mal talante, a quien el diablo pape, engulla y [sorba. Pónese un judío a la ventana. Jud. ¡Mueras de hambre, bárbaro insolente; 20 el cuotidiano pan te niegue el Dío; andes de puerta en puerta mendigando; échente de la tierra como a gafo, agraz de nuestros ojos, espantajo, de nuestra sinagoga asombro y miedo, 25 de nuestras criaturas enemigo el mayor que tenemos en el mundo! Mad. ¡Agáchate, judío! Jud. ¡Ay, sin ventura, que entrambas sienes me ha quebrado! 30 [¡Ay, triste!
JORNADA PRIMERA p. 128 And. Sí que no le tiraste. Mad. ¡Ni por pienso! And. ¿Pues de qué se lamenta el hideputa? Dice dentro otro judío: Jud. Quítate, Zabulón, de la ventana, 5 que ese perro español es un demonio, y te hará pedazos la cabeza con sólo que te escupa y que te acierte. ¡Guayas, y qué comida que tenemos! ¡Guayas, y qué cazuela que se pierde! 10 Mad. ¿Los llantos de Ramá volvéis al [mundo, canalla miserable? ¿Otra vez vuelves, perro? Jud. ¿Qué, aún no te has ido? ¿Por 15 [ventura, quieres atosigarnos el aliento? Mad. ¡Recógeme este prisco! Dicen dentro: ¿No aprovecha 20 decirte, Zabulón, que no te asomes? Déjale ya en mal hora; éntrate, hijo. And. ¡Oh gente aniquilada! ¡Oh infame, oh sucia raza, y a qué miseria os ha traído vuestro vano esperar, vuestra locura 25 y vuestra incomparable pertinacia, a quien llamáis firmeza y fe [inmudable, contra toda verdad y buen discurso! Ya parece que callan; ya en silencio 30
DE LA GRAN SULTANA p. 129 pasan su burla y hambre los mezquinos. Español, ¿conocéisme? Mad. Juraría [q]ue en mi vida os he visto. And. Soy Andrea, 5 la espía. Mad. ¿Vos Andrea? And. Sí, sin duda. Mad. ¿El que llevó a Castillo y Palomares, mis camaradas? 10 And. Y el que llevó a Méndez, a Arguijo y Santisteban, todos juntos, y en Nápoles los dejó a sus [anchuras, de la agradable libertad gozando. 15 Mad. ¿Cómo me conocisteis? And. La memoria tenéis dada a adobar, a lo que entiendo, o reducida a voluntad no buena. ¿No os acordáis que os vi y hablé la 20 [noche que recogí a los cinco, y vos quisisteis quedaros por no más de vuestro gusto, poniendo por excusa que os tenía amor rendida el alma, y que una 25 [alárabe, con nuevo cautiverio y nuevas leyes, os la tenía encadenada y presa? Mad. Verdad; y aun todavía tengo el yugo al cuello, todavía estoy cautivo, 30 todavía la fuerza poderosa de amor tiene sujeto a mi albedrío.
JORNADA PRIMERA p. 130 And. ¿Luego en balde será tratar yo ahora de que os vengáis conmigo? Mad. En balde, cierto. And. ¡Desdichado de vos! Mad. Quizá dichoso. 5 And. ¿Cómo puede ser eso? Mad. Son las leyes del gusto poderosas sobremodo. And. Una resolución gallarda puede romperlas. 10 Mad. Yo lo creo; mas no es tiempo de ponerme a los brazos con sus [fuerzas. And. ¿No sois vos español? Mad. ¿Por qué? ¿Por esto? 15 Pues, por las once mil de malla juro, y por el alto, dulce, omnipotente deseo que se encierra bajo el hopo de cuatro acomodados porcionistas, que he de romper por montes de 20 [diamantes y por dificultades indecibles, y he de llevar mi libertad en peso sobre los propios hombros de mi gusto, y entrar triunfando en Nápoles la bella 25 con dos o tres galeras levantadas por mi industria y valor, y Dios delante, y, dando a la Anunciada los dos [bucos, quedaré con el uno rico y próspero, 30 y no ponerme ahora a andar por [trena,
DE LA GRAN SULTANA p. 131 cargado de temor y de miseria. And. ¡Español sois, sin duda! Mad. Y soylo, y soylo; lo he sido y lo seré mientras que viva, y aun después de ser muerto ochenta 5 [siglos. And. ¿Habrá quien quiera libertad huyendo? Mad. Cuatro bravos soldados os esperan, y son gente de pluma y bien nacidos. And. ¿Son los que dijo Arguijo? 10 Mad. Aquellos mismos. And. Yo los tengo escondidos y a recaudo. Mad. ¿Qué turba es ésta? ¿Qué rüido es [éste? And. Es el embajador de los persianos, 15 que viene a tratar paces con el Turco. Haceos a aquesta parte mientras pasa. Entra un embajador, vestido como los que andan aquí y acompáñanle jenízaros; va como turco. Mad. ¡Bizarro va y gallardo por extremo! 20 And. Los más de los persianos son gallardos, y muy grandes de cuerpo, y grandes [hombres de a caballo. Mad. Y son, según se dice, 25 los caballos el nervio de sus fuerzas. ¡Plega a Dios que las paces no se hagan! ¿Queréis venir, Andrea? And. Guía adonde fuere más de tu gusto. 30 Mad. Al baño guío
JORNADA PRIMERA p. 132 del Uchalí. And. Al de Morato guía, que he de juntarme allí con otra espía. Entranse. Entra el Gran Turco, Rustán y Mamí. 5 Tur. Flaca disculpa me das de la traición que me has hecho, mayor que se vio jamás. Rus. Si bien estás en el hecho, señor, no me culparás. 10 Cuando vino a mi poder, no vino de parecer que pudiese darte gusto, y fue el reservarla justo a más tomo y mejor ser; 15 muchos años, Gran Señor, profundas melancolías la tuvieron sin color. Tur. ¿Quién la curó? Rus. Sedequías, 20 el judío, tu doctor. Tur. Testigos muertos presentas en tu causa; a fe que intentas escaparte por buen modo. Rus. Yo digo verdad en todo. 25 Tur. Razón será que no mientas. Rus. No ha tres días que el sereno cielo de su rostro hermoso mostró de hermosura lleno; no ha tres días que un ansioso 30 dolor salió de su seno.
DE LA GRAN SULTANA p. 133 En efecto: no ha tres días que de sus melancolías está libre esta española, que es en la belleza sola. Tur. Tú mientes o desvarías. 5 Rus. Ni miento, ni desvarío. Puedes hacer la experiencia cuando gustes, señor mío. Haz que venga a tu presencia; verás su donaire y brío, 10 verás andar en el suelo, con pies humanos, al cielo, cifrado en su gentileza. Tur. De un temor, otro se empieza; de un recelo, otro recelo. 15 Mucho temo, mucho espero, mucho puede la alabanza en lengua de lisonjero; mas la lisonja no alcanza parte aquí. Rustán, yo quiero 20 ver esa cautiva luego; ¡ve por ella, y por (el) dios ciego que me tiene asombrado, que, a no ser cual la has pintado, que te he de entregar al fuego! 25 Entrase Rustán. Mam. Si no está en más la ventura de Rustán que en ser hermosa la cautiva, y de hermosura rara, su suerte es dichosa; 30 libre está de desventura;
JORNADA PRIMERA p. 134 desde ahora muy bien puedes hacerle, señor, mercedes, porque verás de aquí a poco aquí todo el cielo. Tur. Loco, 5 a todo hipérbole excedes. Deja, que es justo, a los ojos algo que puedan hallar en tan divinos despojos. Mam. ¿Qué vista podrá mirar 10 de Apolo los rayos rojos, que no quede deslumbrada? Tur. Tanta alabanza me enfada. Mam. Remítome a la experiencia que has de hacer con la presencia 15 de ésta en mi lengua agraviada. Entran Rustán y la sultana. Rus. Háblale mansa y süave, que importa, señora mía, porque con todos no acabe. 20 Sul. Daré de la lengua mía al santo cielo la llave; arrojaréme a sus pies; diré que su esclava es la que tiene a gran ventura 25 besárselos. Rus. Es cordura que en ese artificio des. Sul. Las rodillas en la tierra, y mis ojos en tus ojos, 30 te doy, señor, los despojos
DE LA GRAN SULTANA p. 135 que mi humilde ser encierra; y si es soberbia el mirarte, ya los abajo e inclino, por ir por aquel camino que suele más agradarte. 5 Tur. ¡Gente indiscreta, ignorante, locos, sin duda, de atar, a quien no se puede hallar, en ser simples, semejante; robadores de la fama 10 debida a tan gran sujeto; mentirosos, en efecto, que es la traición que os infama! ¡Por cierto que bien se emplea cualquier castigo en vosotros! 15 Mam. ¡Desdichados de nosotros si le ha parecido fea! Tur. ¡Cuán a lo humano hablasteis de una hermosura divina, y esta beldad peregrina 20 cuán vulgarmente pintasteis! ¿No fuera mejor ponella al par de Alá en sus asientos, hollando los elementos y una y otra clara estrella, 25 dando leyes desde allá, que con reverencia y celo guardaremos los del suelo, como Mahoma las da? Mam. ¿No te dije que era rosa 30 en el huerto a medio abrir? ¿Qué más pudiera decir
JORNADA PRIMERA p. 136 la lengua más ingeniosa? ¿No te la pinté discreta cual nunca se vio jamás? ¿Pudiera decirte más un mentiroso poeta? 5 Rus. Cielo te la hice yo, con pies humanos, señor. Tur. A hacerla su Hacedor, acertaras. Rus. Eso no; 10 que esos grandes atributos cuadran solamente a Dios. Tur. En su alabanza los dos anduvisteis resolutos y cortos en demasía, 15 por lo cual, sin replicar, os he de hacer empalar antes que pase este día. Mayor pena merecías, traidor Rustán, por ser cierto 20 que me has tenido encubierto tan gran tesoro tres días. Tres días has detenido el curso de mi ventura; tres días en mal segura 25 vida y penosa he vivido; tres días me has defraudado del mayor bien que se encierra en el cerco de la tierra y en cuanto ve el sol dorado. 30 Morirás, sin duda alguna, hoy, en este mismo día:
DE LA GRAN SULTANA p. 137 que, a do comienza la mía, ha de acabar tu fortuna. Sul. Si ha hallado esta cautiva alguna gracia ante ti, vivan Rustán y Mamí. 5 Tur. Rustán muera; Mamí viva. Pero maldigo la lengua que tal cosa pronunció; vos pedís; no otorgo yo. Recompensaré esta mengua 10 con haceros juramento, por mi valor todo junto, de no discrepar un punto de hacer vuestro mandamiento. No sólo viva Rustán; 15 pero, si vos lo queréis, los cautivos soltaréis que en las mazmorras están; porque a vuestra voluntad tan sujeta está la mía, 20 como está a la luz del día sujeta la oscuridad. Sul. No tengo capacidad para tanto bien, señor. Tur. Sabe igualar el amor 25 el vos y la majestad. De los reinos que poseo, que casi infinitos son, toda su jurisdicción rendida a la tuya veo; 30 ya mis grandes señoríos, que Grande Señor me han hecho,
JORNADA PRIMERA p. 138 por justicia y por derecho son ya tuyos más que míos; y en pensar no te demandes: esto soy, aquello fui: que, pues me mandas a mí, 5 no es mucho que al mundo mandes. Que seas turca o seas cristiana, a mí no me importa cosa; esta belleza es mi esposa, y es de hoy más la gran sultana. 10 Sul. Cristiana soy, y de suerte, que de la fe que profeso no me ha de mudar exceso de promesas ni aun de muerte. Y mira que no es cordura 15 que entre los tuyos se hable de un caso que, por notable, se ha de juzgar por locura. ¿Dónde, señor, se habrá visto que asistan dos en un lecho, 20 que el uno tenga en el pecho a Mahoma, el otro a Cristo? Mal tus deseos se miden con tu supremo valor, pues no junta bien amor 25 dos que las leyes dividen. Allá te avén con tu alteza, con tus ritos y tu secta, que no es bien que se entremeta con mi ley y mi bajeza. 30 Tur. En estos discursos entro, pues amor me da licencia;
DE LA GRAN SULTANA p. 139 yo soy tu circunferencia, y tú, señora, mi centro; de mí a ti han de ser iguales las cosas que se trataren, sin que en otro punto paren 5 que las haga desiguales. La majestad y el amor nunca bien se convinieron, y en la igualdad le pusieron los que hablaron del mejor. 10 De este modo se adereza lo que tú ves después: que, humillándome a tus pies, te levanto a mi cabeza. Iguales estamos ya. 15 Sul. Levanta, señor, levanta, que tanta humildad espanta. Mam. Rindióse; vencido está. Sul. Una merced te suplico, y me la has de conceder. 20 Tur. A cuanto quieras querer, obedezco y no replico. Suelta, condena, rescata, absuelve, quita, haz mercedes, que esto y más, señora, puedes: 25 que amor tu imperio dilata. Pídeme los imposibles que te ofreciere el deseo, que, en fe de ser tuyo, creo que los he de hacer posibles. 30 No vengas a contentarte con pocas cosas, mi amor;
JORNADA PRIMERA p. 140 que haré, siendo pecador, milagros por agradarte. Sul. Sólo te pido tres días, Gran Señor, para pensar... Tur. Tres días me han de acabar. 5 Sul. En no sé qué dudas mías, que escrupulosa me han hecho; y, éstos cumplidos, vendrás, y claramente verás lo que tienes en mi pecho. 10 Tur. Soy contento. Queda en paz, guerra de mi pensamiento, de mis placeres aumento, de mis angustias solaz. Vosotros, atribulados 15 y alegres en un instante, llevaréis de aquí adelante vuestros gajes seis doblados. Entra, Rustán; da las nuevas a esas cautivas todas 20 de mis esperadas bodas. Mam. ¡Gentil recado les llevas! Tur. Y como a cosa divina, y esto también les dirás, sirvan y adoren de hoy más 25 a mi hermosa Catalina. Entranse el Turco, Mamí y Rustán, y queda en el teatro sola la sultana. Sul. ¡A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste, a costa de tu sangre y de tu vida, 30 la mísera de Adán primer caída,
DE LA GRAN SULTANA p. 141 y, adonde él nos perdió, tú nos [cobraste; a ti, Pastor bendito, que buscaste de las cien ovejuelas la perdida, y, hallándola del lobo perseguida, 5 sobre tus hombros santos te la echaste; a ti me vuelvo en mi afición amarga, y a ti toca, Señor, el darme ayuda, que soy cordera de tu aprisco ausente, y temo que a carrera corta o larga, 10 cuando a mi daño tu favor no acuda, me ha de alcanzar esta infernal [serpiente! Fin de la primera jornada.
JORNADA SEGUNDA p. 142 JORNADA SEGUNDA Traen dos moros atado a Madrigal las manos atrás, y sale con ellos el gran cadí, que es el juez obispo de los turcos. Mor. 1. Como te habemos contado, 5 por aviso que tuvimos, en fragante le cogimos cometiendo el gran pecado. La alárabe queda presa, y, como se ve con culpa 10 que carece de disculpa, toda su maldad confiesa. Cadí. Dad con ellos en la mar, de pies y manos atados, y de peso acomodados, 15 que no los dejen nadar; pero si moro se vuelve, casadlos, y libres queden. Mad. Hermanos, atarme pueden. Cadí. ¿En qué el perro se resuelve: 20 en casarse, o en morir? Mad. Todo es muerte, y todo es pena; ninguna cosa hallo buena en casarme ni en vivir. Como la ley no dejara 25 en la cual pienso salvarme, la vida, con el casarme, aunque es muerte, dilatara; pero casarme y ser moro, son dos muertes, de tal suerte, 30 que atado corro a la muerte,
DE LA GRAN SULTANA p. 143 y suelto mi ley adoro. Mas yo sé que de esta vez no he de morir, señor bueno. Cadí. ¿Cómo, si yo te condeno, y soy supremo jüez? 5 De las sentencias que doy no hay apelación alguna. Mad. Con todo, de mi fortuna, aunque mala, alegre estoy. La piedra tendré ya puesta 10 al cuello, y has de pensar que no me pienso anegar; y de esto haré buena puesta. Y porque no estés suspenso, haz salir estos dos fuera; 15 diréte de la manera que ha de ser, según yo pienso. Cadí. Idos, y dejadle atado, que quiero ver de la suerte cómo escapa de la muerte, 20 a quien está condenado. Vanse los dos moros. Mad. Si de bien tendrás memoria, porque no es posible menos, de aquel sabio cuyo nombre 25 fue Apolonio Tianeo, el cual, según que lo sabes, o fuese favor del cielo, o fuese ciencia adquirida con el trabajo y el tiempo, 30 supo entender de las aves
JORNADA SEGUNDA p. 144 el canto tan por extremo, que, en oyéndolas, decía: “Esto dicen.” Y esto es cierto. Ora cantase el canario, ora trinase el jilguero, 5 ora gimiese la tórtola, ora graznasen los cuervos, desde el pardal malicioso hasta el águila de imperio, de sus cantos entendía 10 los escondidos secretos. Este fue, según es fama, abuelo de mis abuelos, a quien dejó de su gracia por únicos herederos. 15 Uno la supo de todos los que en aquel tiempo fueron, y no la hereda más de uno de sus más cercanos deudos. De deudo a deudo ha venido, 20 con el valor de los tiempos, a encerrarse esta ventura en mi desdichado pecho. A esta mañana, que iba al pecado, porque vengo 25 a tener cercada el alma de esperanzas y de miedos, oí en casa de un judío a un ruiseñor pequeñuelo, que, con divina armonía, 30 aquesto estaba diciendo: “¿Adónde vas, miserable?
DE LA GRAN SULTANA p. 145 Tuerce el paso, y hurta el cuerpo a la ocasión que te llama y lleva a tu fin postrero. Cogeránte en el garlito, ya cumplido tu deseo; 5 morirás, sin duda alguna, si te falta este remedio. Dile al jüez de tu causa, que han decretado los cielos que muera de aquí a seis días, 10 y baje al estigio reino; pero que si hiciere enmienda de tres grandes desafueros que a dos moros y una viuda no ha muchos años que ha hecho, 15 y si hiciere la zalá, lavando el cuerpo primero con tal agua --y dijo el agua, que yo decirte no quiero--, tendrá salud en el alma, 20 tendrá salud en el cuerpo, y será del Gran Señor favorecido en extremo.” Con esta gracia admirable, otra más subida tengo: 25 que hago hablar a las bestias dentro de muy poco tiempo. Y aquel valiente elefante del Gran Señor, yo me ofrezco de hacerle hablar en diez años 30 distintamente turquesco; y cuando de esto faltare,
JORNADA SEGUNDA p. 146 que me empalen, que en el fuego me abrasen, que desmenucen brizna a brizna estos mis miembros. Cadí. El agua me has de decir, que importa. 5 Mad. Su tiempo espero, porque ha de ser destilada de ciertas yerbas y yezgos. Tú no la conocerás; yo sí, y al cielo sereno 10 se han de coger en tres noches. Desátale. Cadí. En tu libertad te vuelvo. Pero una cosa me tiene confuso, amigo, y perplejo: 15 que no sé cuál viuda sea, ni cuáles moros sean éstos a quien he de hacer la enmienda: que veo que son sin cuento los moros de mí ofendidos, 20 y viudas pasan de ciento. Mad. Iré a oír al ruiseñor otra vez, y yo sé cierto que él me dirá en su cantico quién son los que no sabemos. 25 Cadí. A estos moros les diré la causa por que te suelto, que será que al elefante has de hacer hablar turquesco. Pero dime: ¿acaso sabes 30
DE LA GRAN SULTANA p. 147 hablar turco? Mad. ¡Ni por pienso! Cadí. ¿Pues cómo de lo que ignoras quieres mostrarte maestro? Mad. Aprenderé cada día 5 lo que mostrarle pretendo, pues habrá tiempo en diez años de aprender el turco y griego. Cadí. Dices verdad. Mira, amigo, que mi vida te encomiendo; 10 que será de esto la paga tu libertad, por lo menos. Mad. ¡Penitencia, gran cadí, penitencia y buen deseo de no hacer de aquí adelante 15 tantos tuertos a derechos! Cadí. No se te olviden las yerbas, que es la importancia del hecho memorable que me has dicho, y sin duda alguna creo: 20 que ya sé que fue en el mundo Apolonio Tianeo, que entendía de las aves el canto, y también entiendo que hay arte que hace hablar 25 a los mudos. Mad. ¡Bueno es eso! Al elefante os aguardo, y las yerbas os espero. Entranse. 30 Parece el Gran Turco detrás de unas cortinas de tafetán
JORNADA SEGUNDA p. 148 verde; salen cuatro bajaes ancianos; siéntanse sobre alfombras y almohadas; entra el embajador de Persia, y, al entrar, le echan encima una ropa de brocado; llévanle dos turcos de brazo, habiéndole mirado primero si trae armas encubiertas; llévanle 5 a asentar en una almohada de terciopelo; descúbrese la cortina; parece el Gran Turco; mientras esto se hace, puede sonar chirimías. Sentados todos, dice el embajador: Emb. Prospere Alá tu poderoso Estado, 10 señor universal casi del suelo; sea por luengos siglos dilatado, por suerte amiga y por querer del cielo. La embajada de aquel que me ha [enviado, 15 con preámbulos cortos, como suelo, diré, si es que me das de hablar licencia; que, sin ella, enmudezco en tu [presencia. Baj. 1. Di con la brevedad que has prometido; 20 que si es con la que sueles, será parte a darte el Gran Señor atento oído, puesto que le forzamos a escucharte. Por muchas persuasiones ha venido a darte audiencia y a respuesta darte; 25 que pocas veces oye al enemigo. Di, pues; que ya eres largo. Emb. Pues ya digo. Dice el soldán, señor, que, si tú gustas de paz, que él te la pide, y que se haga 30 con leyes tan honestas y tan justas, que el tiempo o el rencor no las [deshaga;
DE LA GRAN SULTANA p. 149 si a la suya, que es buena, tu alma [ajustas, dar el cielo a los dos será la paga. Baj. 2. No aconsejes; propón, di tu [embajada. 5 Emb. Toda en pedir la paz está cifrada. Baj. 1. Ese cabeza roja, ese maldito, que de las ceremonias de Mahoma, con depravado y bárbaro apetito, unas cosas despide y otras toma, 10 bien debe de pensar que el infinito poder, que al mundo espanta, estrecha [y doma, del Gran Señor, el cielo tal le tenga, que hacer paces infames le convenga. 15 Su mendiguez sabemos y sus mañas, por quien con él de nuevo me enemisto, viendo que el grande rey de las Españas muchos persianos en su corte ha [visto. 20 Estas son de tu dueño las hazañas: pedir favor a quien adora en Cristo; y como ve que el ayudarle niega, por paz cobarde en ruego humilde [ruega. 25 Emb. Aquella majestad que tiene al mundo admirado y suspenso; el verdadero retrato de Filipo, aquel Segundo, que sólo pudo darse a sí tercero; aquél, cuyo valor alto y profundo 30 no es posible alabarle como quiero; aquél, en fin, que el sol, en su camino,
JORNADA SEGUNDA p. 150 mirando va sus reinos de contino; llevado en vuelo de la buena fama su nombre y su virtud a los oídos del soldán, mi señor, así le inflama el deseo de verle los sentidos, 5 que a mí me insiste, solicita y llama, y manda que por pasos no [entendidos, por mares y por reinos diferentes, vaya a ver al gran rey. 10 Baj. 1. ¿Esto consientes? Echadle fuera. Adulador, camina; embajador cristiano. Echadle fuera; que, de los que profesan su doctrina, algún buen fruto por jamás se espera. 15 El cuerpo dobla; la cabeza inclina. Echadle, digo. Baj. 2. ¿No es mejor que muera? Baj. 1. Goce de embajador la preeminencia, que es la que no ejecuta esa 20 [sentencia. Echanle a empujones al embajador. No es mucho, Gran Señor, que me [desmande a alzar la voz, de cólera encendido: 25 que no ha sido pequeña, sino grande, la desvergüenza de este fementido. Vea tu majestad ahora, y mande la respuesta que más fuere servido que se le dé a este can. 30 Tur. Comunicadme
DE LA GRAN SULTANA p. 151 y, cual el caso pide, aconsejadme. Mirad bien si la paz es conveniente y honrosa. Baj. 2. A lo que yo descubro y veo, que sosegar las armas del Oriente, 5 no te puede pedir más el deseo, con tanto que el persiano no alce [frente contra ti. Triste historia es la que leo: que a nosotros la Persia así nos daña, 10 que es lo mismo que Flandes para [España. Conviene hacer la paz, por las razones que en este pergamino van escritas. Tur. Presto a la paz ociosa te dispones; 15 presto el regalo blando solicitas. Tú, Braín valeroso, ¿no te opones a Mustafá? ¿Por dicha, solicitas también la paz? Baj. 1. La guerra facilito, 20 y daré las razones por escrito. Tur. Veréla, y veré lo que contiene, y de mi parecer os daré parte. Baj. 1. Alá que el mundo entre los dedos [tiene, 25 te entregue de él la rica y mayor parte. Baj. 2. Mahoma así la paz dichosa ordene, que se oiga el son del belicoso Marte, no en Persia, sino en Roma, y tus [galeras 30 corran del mar de España las riberas. Entranse.
JORNADA SEGUNDA p. 152 Sale la sultana y Rustán. Rus. Como de su alhaja, puede gozar de ti a su contento. Sul. La viva fe de mi intento a toda su fuerza excede: 5 resuelta estoy de morir, primero que darle gusto. Rus. Contra intento que es tan justo, no tengo qué te decir; pero mira que una fuerza 10 tal puede mucho, señora, y mira bien que a ser mora no te induce ni te fuerza. Sul. ¿No es grandísimo pecado el juntarme a un infïel? 15 Rus. Si pudieras huïr de él, te lo hubiera aconsejado; mas cuando la fuerza va contra razón y derecho, no está el pecado en el hecho, 20 si en la voluntad no está: condénanos la intención o nos salva en cuanto hacemos. Sul. Eso es andar por extremos. Rus. Sí; mas puestos en razón: 25 que el alma no es bien peligre cuando por fuerza de brazos echan a su cuerpo lazos que rendirán a una tigre. De esta verdad se recibe 30 la que no habrá quien la tuerza:
DE LA GRAN SULTANA p. 153 que peca el que hace la fuerza, pero no quien la recibe. Sul. Mártir seré si consiento; antes morir que pecar. Rus. Ser mártir se ha de causar 5 por más alto fundamento, que es por el perder la vida por confesión de la fe. Sul. Esa ocasión tomaré. Rus. ¿Quién a ella te convida? 10 Sultán te quiere cristiana, y a fuerza, si no de grado, sin darle muerte al ganado, podrá gozar de la lana. Muchos santos desearon 15 ser mártires, y pusieron los medios que convinieron para serlo, y no bastaron: que al ser mártir se requiere virtud sobresingular, 20 y es merced particular que Dios hace a quien él quiere. Sul. Al cielo le pediré, ya que no merezco tanto, que a mi propósito santo 25 de su firmeza le dé; haré lo que fuere en mí, y en silencio, en mis recelos, daré voces a los cielos. Rus. Calla, que viene Mamí. 30 Entra Mamí.
JORNADA SEGUNDA p. 154 Mam. El Gran Señor viene a verte. Sul. ¡Vista para mí mortal! Mam. Hablas, señora, muy mal. Sul. Siempre hablaré de esta suerte; y no quieras tú mostrarte 5 prudente en aconsejarme. Mam. Sé que vendrás a mandarme, y no es bien descontentarte. Entra el Gran Turco. Tur. ¡Catalina! 10 Sul. Ese es mi nombre. Tur. Catalina la Otomana te llamarán. Sul. Soy cristiana, y no admito el sobrenombre, 15 porque es el mío de Oviedo, hidalgo, ilustre y cristiano. Tur. No es humilde el otomano. Sul. Esa verdad te concedo: que en altivo y arrogante, 20 ninguno igualarte puede. Tur. Pues el tuyo al mío excede y en todo le va adelante, pues que desprecias por él al mayor que el suelo tiene. 25 Sul. Sé yo que en él se contiene lo que es de estimar en él, que es el darme a conocer por cristiana si me nombran. Tur. Tus libertades me asombran, 30 que son más que de mujer;
DE LA GRAN SULTANA p. 155 pero bien puedes tenellas con quien solamente puede aquello que le concede el valor que vive en ellas. De él conozco que te estimas 5 en todo aquello que vales, y con arrogancias tales me alegras y me lastimas. Muéstrate más soberana, haz que te tenga respeto 10 el mundo, porque, en efeto, has de ser la gran sultana. Y doyte la preeminencia desde luego: ya lo eres. Sul. ¿Dar a una tu esclava quieres 15 de tu esposa la excelencia? Míralo bien, porque temo que has de arrepentirte presto. Tur. Ya lo he mirado, y en esto no hago ningún extremo, 20 si ya no fuese el de hacer que con la sangre otomana mezcle la tuya cristiana para darle mayor ser. Si el fruto que de ti espero 25 llega a colmo, verá el mundo que no ha de tener segundo el que me dieres primero. No habrá descubierto el sol, en cuanto ciñe y rodea, 30 no quien pase, que igual sea a un otomano español.
JORNADA SEGUNDA p. 156 Mira a lo que te dispones, que ya mi alma adivina que has de parir, Catalina, hermosísimos leones. Sul. Antes tomara engendrar 5 águilas. Tur. A tu fortuna no hay dificultad alguna que la pueda contrastar. En la cumbre de la rueda 10 está, y, aunque varïable, contigo ha de ser estable, estando en tu gloria queda. Daréte la posesión de mi alma aquesta tarde, 15 y la de mi cuerpo, que arde en llamas de tu afición; qué afición de amor interno, que, con poderoso brío, de mi alma y mi albedrío 20 tiene el mando y el gobierno. Sul. He de ser cristiana. Tur. Sélo; que a tu cuerpo, por ahora, es el que mi alma adora, 25 como si fuese su cielo. ¿Tengo yo a cargo tu alma, o soy Dios para inclinarla, o ya de hecho llevarla donde alcance eterna palma? 30 Vive tú a tu parecer, como no vivas sin mí.
DE LA GRAN SULTANA p. 157 Rus. ¿Qué te parece, Mamí? Mam. ¡Mucho puede una mujer! Sul. No me has de quitar, señor, que con cristianos no trate. Mam. Este es grande disparate, 5 y el concederle, mayor. Tur. Tal te veo y tal me veo, que con grave imperio y firme puedes, sultana, pedirme cuando te pida el deseo. 10 De mi voluntad te he dado entera jurisdicción; tus deseos míos son: mira si estoy obligado a cumplirlos. 15 Mam. Caso grave, y entre turcos jamás visto, andar por aquí tu Cristo, Rustán. Rus. El mismo lo sabe. 20 El suele, Mamí, sacar de mucho mal mucho bien. Tur. Tus aranceles me den el modo que he de guardar para no salir un punto 25 de tu gusto; que el saberle y el entenderle y hacerle, estará en mi alma junto. Saca de aquesta humildad, bellísima Catalina, 30 que se guía y se encamina a rendir su voluntad.
JORNADA SEGUNDA p. 158 No quiero gustos por fuerza de gran poder conquistados: que nunca son bien logrados los que se toman por fuerza. Como a mi esclava, en un punto 5 pudiera gozarte ahora; mas quiero hacerte señora, por subir el bien de punto; y aunque del cercado ajeno es la fruta más sabrosa 10 que del propio, ¡extraña cosa!, por la que es tan mía peno. Entre las manos la tengo, y entre la boca y las manos desparece. ¡Oh miedos vanos, 15 y a cuántas bajezas vengo! Puedo cumplir mi deseo, y estoy en comedimientos. Rus. Humilla tus pensamientos, porque muy airado veo 20 al Gran Señor; no fabriques tu tristeza en su pesar, y a quien ya puedes mandar, no será bien que supliques. Sul. Dio el temor con mi buen celo 25 en tierra. ¡Oh pequeña edad! ¡Con cuánta facilidad te rinde cualquier recelo! Gran Señor, veisme aquí; postro las rodillas ante ti; 30 tu esclava soy. Tur. ¿Cómo así?
DE LA GRAN SULTANA p. 159 Alza, señora, ese rostro, y en esos sus soles dos, que tanto le hermosean, harás que mis ojos vean el grande poder de Dios 5 o de la Naturaleza, a quien Alá dio poder para que pudiese hacer milagros en su belleza. Sul. Advierte que soy cristiana, 10 y lo que he de ser contino. Mam. ¡Caso extraño y peregrino: cristiana una gran sultana! Tur. Puedes dar leyes al mundo y guardar la que quisieres. 15 No eres mía; tuya eres, y a tu valor sin segundo se le debe adoración, no sólo humano respeto; y así, de guardar prometo 20 las sombras de tu intención. Mamí, tráeme, ¡así tú vivas!, a que den en mi presencia a sultana la obediencia del serrallo las cautivas. 25 Entrase Mamí. Reveréncienla, no sólo los que obediencia me dan, sino las gentes que están desde éste al contrario polo. 30 Sul. ¡Mira, señor, que ya pasan
JORNADA SEGUNDA p. 160 tus deseos de lo justo! Tur. Las cosas que me dan gusto, no se miden ni se tasan; todas llegan al extremo mayor que pueden llegar, 5 y para las alcanzar, siempre espero, nunca temo. Vuelve Mamí, y con él Clara, llamada Zaida, y Zelinda, que es Lamberto, el que busca Roberto. Mam. Todas vienen. 10 Tur. Estas dos den la obediencia por todas. Zai. Hagan dichosas tus bodas las bendiciones de Dios; fecundo tu seno sea, 15 y, con parto sazonado, del Gran Señor el Estado con mayorazgo se vea; logres la intención que tienes, que ya de Rustán la sé, 20 y en varios modos te dé el mundo mil parabienes. Zel. Hermosísima española, corona de su nación, única en la discreción, 25 y en buenos intentos sola; traiga a colmo tu deseo el cielo, que le conoce, y en estas bodas se goce el dulce y santo Himeneo; 30 por tu parecer se rija
DE LA GRAN SULTANA p. 161 el imperio que posees; ninguna cosa desees que el no alcanzarla te aflija; de ensalzarte es cosa llana que Mahoma el cargo toma. 5 Tur. No le nombréis a Mahoma, que la sultana es cristiana. Doña Catalina es su nombre, y el sobrenombre de Oviedo, para mí, nombre 10 de riquísimo interés; porque, a tenerle de mora, nunca a mi poder llegara, ni del tesoro gozara que en su hermosura mora. 15 Ya como a cosa divina, sin que lo encubra el silencio, el gran nombre reverencio de mi hermosa Catalina. Para celebrar las bodas, 20 que han de dar asombro al suelo, déme de su gloria el cielo, y acudan mis gentes todas; concédame el mar profundo, de sus senos temerosos, 25 los pescados más sabrosos; sus riquezas me dé el mundo; denme la tierra y el viento aves y caza, de modo que esté en cada una el todo 30 del más gustoso alimento. Sul. Mira, señor, que me agravia
JORNADA SEGUNDA p. 162 el bien que de mí pregonas. Tur. Denme para tus coronas perlas el Sur, oro Arabia, púrpura Tiro y olores la Sabea, y, finalmente, 5 denme para ornar tu frente abril y mayo sus flores; y si os parece que el modo de pedir ha dado indicio de tener poco jüicio, 10 venid y veréislo todo. Entranse todos, si no es Zaida y Zelinda. Zel. ¡Oh Clara! ¡Cuán turbias van nuestras cosas! ¿Qué haremos? Que ya están en los extremos 15 del más sin remedio afán. ¿Yo varón, y en el serrallo del Gran Turco? No imagino traza, remedio o camino a este mal. 20 Zai. Ni yo le hallo. ¡Grande fue tu atrevimiento! Zel. Llegó do llegó el amor, que no repara en temor cuando mira a su contento. 25 Entre una y otra muerte, por entre puntas de espadas contra mí desenvainadas, entrara, mi bien, a verte. Ya te he visto y te he gozado, 30 y a este bien no llega el mal
DE LA GRAN SULTANA p. 163 que suceda, aunque mortal. Zai. Hablas como enamorado: todo eres brío, eres todo valor y todo esperanza; pero nuestro mal no alcanza 5 remedio por ningún modo: que de esta triste morada, por nuestro mal conocida, es la muerte la salida, y desventura la entrada. 10 De aquí no hay pensar hüir a más seguro lugar: que sólo se ha de escapar con las alas del morir. Ningún cohecho es bastante 15 que a las guardas enternezca, ni remedio que se ofrezca que el morir no esté delante. ¿Yo preñada, y tú varón, y en este serrallo? Mira 20 adónde pone la mira nuestra cierta perdición. Zel. ¡Alto! Pues se ha de acabar en muerte nuestra fortuna, no esperar salida alguna 25 es lo que se ha de esperar; pero estad, Clara, advertida que hemos de morir de suerte, que nos granjee la muerte nueva y perdurable vida. 30 Quiero decir que muramos cristianos en todo caso.
JORNADA SEGUNDA p. 164 Zai. De la vida no hago caso, como a tal muerte corramos. Entranse. Sale Madrigal, el maestro del elefante, con una trompetilla de hoja de lata, y sale con él Andrea, la 5 espía. And. ¡Bien te dije, Madrigal, que la alárabe algún día a la muerte te traería! Mad. Más bien me hizo que mal. 10 And. Maestro de un elefante te hizo. Mad. ¿Ya es barro, Andrea? Podrá ser que no se vea jamás caso semejante. 15 And. Al cabo, ¿no has de morir cuando caigan en el caso de la burla? Mad. No hace al caso. Déjame ahora vivir, 20 que, en término de diez años, o morirá el elefante, o yo, o el Turco, bastante causa a reparar mi[s] daño[s]. ¿No fuera peor dejarme 25 arrojar en un costal, por lo menos en la mar, donde pudiera ahogarme, sin que pudiera valerme de ser grande nadador? 30 ¿No estoy ahora mejor?
DE LA GRAN SULTANA p. 165 ¿No podéis vos socorrerme ahora con más provecho vuestro y mío? And. Así es verdad. Mad. Andrea, considerad 5 que este hecho es un gran hecho, y aun salir con él entiendo cuando menos os penséis. And. Gracias, Madrigal, tenéis, que al diablo las encomiendo. 10 ¿El elefante ha de hablar? Mad. No quedará por maestro; y él es animal tan diestro, que me hace imaginar que tiene algún no sé qué 15 de discurso racional. And. Vos sí sois el animal sin razón, como se ve, pues en disparates dais en que no da quien la tiene. 20 Mad. Darlo a entender me conviene así al cadí. And. Bien andáis; pero no os cortéis conmigo las uñas, que no es razón. 25 Mad. Es mi propia condición burlarme del más amigo. And. ¿Esa trompeta es de plata? Mad. De plata la pedí yo; mas dijo quien me la dio 30 que bastaba ser de lata. Al elefante con ella
JORNADA SEGUNDA p. 166 he de hablar en el oído. And. ¡Trabajo y tiempo perdido! Mad. ¡Traza ilustre y burla bella! Cien ásperos cada día me dan por acostamiento. 5 And. ¿Dos escudos? ¡Gentil cuento! ¡Buena va la burlería! Mad. El cadí es éste. A más ver, que me convïene hablarle. And. ¿Querrás de nuevo engañarle? 10 Mad. Podrá ser que pueda ser. Vase Andrea, y entra el cadí. Cadí. Español, ¿has comenzado a enseñar al elefante? Mad. Sí; y está muy adelante: 15 cuatro lecciones le he dado. Cadí. ¿En qué lengua? Mad. En vizcaína, que es lengua que se averigua que lleva el lauro de antigua 20 a la etiopia y abisina. Cadí. Paréceme lengua extraña. ¿Dónde se usa? Mad. En Vizcaya. Cadí. ¿Y es Vizcaya? 25 Mad. Allá en la raya de Navarra, junto a España. Cadí. Esta lengua de valor por su antigüedad es sola; enséñale la española, 30 que la entendemos mejor.
DE LA GRAN SULTANA p. 167 Mad. De aquellas que son más graves, le diré las que supiere, y él tome la que quisiere. Cadí. ¿Y cuáles son las que sabes? Mad. La jerigonza de ciegos, 5 la bergamasca de Italia, la gascona de la Galia y la antigua de los griegos; con letras como de estampa una materia le haré, 10 adonde a entender le dé la famosa de la hampa; y si de aquéstas le pesa, porque son algo escabrosas, mostraréle las melosas 15 valenciana y portuguesa. Cadí. A gran peligro se arrisca tu vida, si el elefante no sale grande estudiante en la turquesca o morisca, 20 o en la española, a lo menos. Mad. En todas saldrá perito, si le place al infinito sustentador de los buenos y aun de los malos, pues hace 25 que a todos alumbre el sol. Cadí. Hazme un placer, español. Mad. Por cierto que a mí me place. Declara tu voluntad, que luego será cumplida. 30 Cadí. Será el mayor que en mi vida pueda hacerme tu amistad.
JORNADA SEGUNDA p. 168 Dime: ¿qué iban hablando, con acento bronco y triste, aquellos cuervos que hoy viste ir por el aire volando? Que por entonces no pude 5 preguntártelo. Mad. Sabrás --y de aquesto que me oirás no es bien que tu ingenio dude--, sabrás, digo, que trataban 10 que al campo de Alcudia irían, lugar donde hartar podían la gran hambre que llevaban: que nunca falta res muerta en aquellos campos anchos, 15 donde podrían sus panchos de su hartura hallar la puerta. Cadí. Y esos campos, ¿dónde están? Mad. En España. Cadí. ¡Gran viaje! 20 Mad. Son los cuervos de volaje tan ligeros, que se van dos mil leguas en un tris: que vuelan con tal instancia, que hoy amanecen en Francia, 25 y anochecen en Paris. Cadí. Dime: ¿qué estaba diciendo aquel colorín ayer? Mad. Nunca le pude entender; es húngaro: no le entiendo. 30 Cadí. Y aquella calandria bella, ¿supiste lo que decía?
DE LA GRAN SULTANA p. 169 Mad. Una cierta niñería, que no te importa sabella. Cadí. Yo sé que me lo dirás. Mad. Ella dijo, en conclusión, que andabas tras un garzón, 5 y aun otras cosillas más. Cadí. Pues, ¡válgala Lucifer!, ¿a qué se mete conmigo? Mad. Si hay algo de lo que digo, verás que la sé entender. 10 Cadí. No va muy descaminada; pero no ha llegado el juego a que me abrase en tal fuego. No digas a nadie nada, que el crédito quedaría 15 granjeado, a buenas noches. Mad. Para hablar en tus reproches, es muda la lengua mía. Bien puedes a sueño suelto dormir en mi confianza, 20 pues de hablar en tu alabanza para siempre estoy resuelto. Puesto que los tordos sean de tu ruindad pregoneros, y la digan los jilgueros 25 que en los pimpollos gorjean; ora los asnos roznando digan tus males protervos, ora graznando los cuervos, o los canarios cantando, 30 que pues yo soy aquel solo que los entiende, seré
JORNADA SEGUNDA p. 170 aquel que los callaré desde el uno al otro polo. Cadí. ¿No habrá pájaro que cante alguna virtud de mí? Mad. Respetaránte, ¡oh cadí!, 5 si puedo, de aquí adelante: que apenas veré en sus labios dar indicios de tus menguas, cuando les corte las lenguas, en pena de tus agravios. 10 Entra Rustán, el eunuco, y tras él un cautivo anciano, que se pone a escuchar lo que hablan. Cadí. Buen Rustán, ¿adónde vais? Rus. A buscar un tarasí español. 15 Mad. ¿No es sastre? Rus. Sí. Mad. Sin duda que me buscáis, pues soy sastre y español, y de tan grande tijera, 20 que no la tiene en su esfera el gran tarasí del sol. ¿Qué hemos de cortar? Rus. Vestidos ricos para la sultana, 25 que se viste a la cristiana. Cadí. ¿Dónde tenéis los sentidos? Rustán, ¿qué es lo que decís? ¿Ya hay sultana, y que se viste a la cristiana? 30 Rus. No es chiste;
DE LA GRAN SULTANA p. 171 verdades son las que oís. Doña Catalina ha nombre, con sobrenombre de Oviedo. Cadí. Vos diréis algún enredo con que me enoje y asombre. 5 Rus. Con una hermosa cautiva se ha casado el Gran Señor, y consiéntele su amor que en su ley cristiana viva, y que se vista y se trate 10 como cristiana, a su gusto. Cris. ¡Cielo pïadoso y justo! Cadí. ¿Hay tan grande disparate? Moriré si no voy luego a reñirle. 15 Vase el cadí. Rus. En vano irás, pues del amor [le] hallarás del todo encendido en fuego. Venid conmigo, y mirad 20 que seáis buen sastre. Mad. Señor, yo sé que no le hay mejor en toda esta gran ciudad, cautivo ni renegado; 25 y, para prueba de aquesto, séaos, señor, manifiesto que lo soy aquel nombrado maestro del elefante; y, quien ha de hacer hablar 30 a una bestia, en el cortar
JORNADA SEGUNDA p. 172 de vestir será elegante. Rus. Digo que tenéis razón; pero si otra no me dais, desde aquí conmigo estáis en contraria posesión. 5 Mas, con todo, os llevaré. Venid. Cris. Señor, a esta parte, si quieres, quiero hablarte. Rus. Decid, que os escucharé. 10 Cris. Para mí es averiguada cosa, por más de un indicio, que éste sabe del oficio de sastre muy poco o nada. Yo soy sastre de la corte, 15 y de España, por lo menos, y en ella de los más buenos, de mejor medida y corte; soy, en fin, de damas sastre, y he venido al cautiverio, 20 quizá no sin gran misterio, y sin quizá por desastre. Llevadme; veréis quizá maravillas. Rus. Está bien. 25 Venid vos, y vos también; quizá alguno acertará. Mad. Amigo, ¿sois sastre? Cris. Sí. Mad. Pues yo a Judas me encomiendo 30 si sé coser un remiendo. Cris. ¡Ved qué gentil tarasí!
DE LA GRAN SULTANA p. 173 Aunque pienso con mi maña, antes que a fuerza de brazos, de sacar de aquí retazos que puedan llevarme a España. Entranse todos. 5 Entra la sultana con un rosario en la mano, y el Gran Turco tras ella escuchándola. Sul. ¡Virgen, que el sol más bella; Madre de Dios, que es toda tu [alabanza; 10 del mar del mundo estrella, por quien el alma alcanza a ver de sus borrascas la bonanza! En mi aflicción te invoco; advierte, ¡oh gran Señora!, que me 15 [anego, pues ya en las sirtes toco del desvalido y ciego temor, a quien el alma ansiosa entrego. La voluntad, que es mía 20 y la puedo guardar, ésa os ofrezco, santísima María; mirad que desfallezco; dadme, Señora, el bien que no [merezco. 25 ¡Oh Gran Señor! ¿Aquí vienes? Tur. Reza, reza, Catalina, que, sin la ayuda divina, duran poco humanos bienes; y llama, que no me espanta, 30 antes me parece bien,
JORNADA SEGUNDA p. 174 a tu Lela Marién, que entre nosotros es santa. Sul. No hay generación alguna que no te bendiga, ¡oh Esposa de tu Hijo!, ¡oh, tan hermosa, 5 que es fea ante ti la luna! Tur. Bien la puedes alabar, que nosotros la alabamos, y de ser Virgen la damos la palma en primer lugar. 10 Entra Rustán, Madrigal y el viejo cautivo, y Mamí. Rus. Estos son los tarasíes. Mad. Yo, señor, soy el que sabe cuanto en el oficio cabe; los demás son baladíes. 15 Sul. Vestiréisme a la española. Mad. Eso haré de muy buen grado, como se le dé recado bastante a la chirinola. Sul. ¿Qué es chirinola? 20 Mad. Un vestido trazado por tal compás, que tan lindo por jamás ninguna reina ha vestido: trescientas varas de tela 25 de oro y plata entran en él. Sul. ¿Pues quién podrá andar con él, que no se agobie y se muela? Mad. Ha de ser, señora mía, la falda postiza. 30 Cris. ¡Bueno!
DE LA GRAN SULTANA p. 175 Este está de seso ajeno; o se burla, o desvaría. Amigo, muy mal te burlas, y sabe, si no lo sabes, que con personas tan graves 5 nunca salen bien las burlas. Yo os haré al modo de España un vestido tal, que os cuadre. Sul. Este, sin duda, es mi padre, si no es que la voz me engaña. 10 Tomadme vos la medida, buen hombre. Cris. ¡Fuera acertado que se la hubieran tomado ya los cielos a tu vida! 15 Sul. Sin duda, es él. ¿Qué haré? ¡Puesta estoy en confusión! Tur. Libertad por galardón y gran riqueza os daré. Vestídmela a la española, 20 con vestidos tan hermosos, que admiren por lo(s) costosos, como ella admira por sola; gastad las perlas de Oriente y los diamantes indianos, 25 que hoy os colmaré las manos y el deseo fácilmente. Véase mi Catalina con el adorno que quiere, puesto que en el que trajere 30 la tendré yo por divina. Es ídolo de mis ojos,
JORNADA SEGUNDA p. 176 y, en el propio o extranjero adorno, adorarla quiero, y entregarle mis despojos. Cris. Venid acá, buena alhaja; tomaros he la medida, 5 que fuera más bien medida a ser de vuestra mortaja. Mad. ¡Por la cintura comienza! ¡Así es sastre como yo! Tur. Cristiano amigo, eso no, 10 que algo toca en desvergüenza; tanteadla desde fuera, y no lleguéis a tocalla. Cris. ¿Adónde, señor, se halla sastre que de esa manera 15 haga su oficio? ¿No ves que en el corte erraría, si no llevase por guía la medida? Tur. Ello así es; 20 mas, a poder excusarse, tendríalo por mejor. Cris. De mis abrazos, señor, no hay para qué recelarte, que como de padre puede 25 recibirlos la sultana. Sul. Ya mi sospecha está llana; ya el miedo que tengo excede a todos los de hasta aquí. Tur. Llegad, y haced vuestro oficio. 30 Sul. No des, ¡oh buen padre!, indicio de ser sino tarasí.
DE LA GRAN SULTANA p. 177 Estándole tomando la medida, dice el padre: Cris. ¡Pluguiera a Dios que estos lazos, que tus aseos preparan, fueran los que te llevaran a la huesa entre mis brazos! 5 ¡Pluguiera a Dios que en tu tierra en humildad y bajeza se cambiara la grandeza que esta majestad encierra, y que estos ricos adornos 10 en burieles se trocaran, y en España se gozaran detrás de redes y tornos! Sul. ¡No más, padre, que no puedo sufrir la reprehensión; 15 que me falta el corazón, y me desmayo de miedo! Desmáyase la sultana. Tur. ¿Qué es esto? ¿Qué desconcierto es éste? ¿Qué desespero? 20 Di, encantador, embustero: ¿hasla hechizado?, ¿hasla muerto? Basilisco, di: ¿qué has hecho? Espíritu malo, habla. Cris. Ella volverá a su habla. 25 Haz que la aflojen el pecho, báñenle con agua el rostro, y verás cómo en sí vuelve. Tur. ¡La vida se le resuelve! ¡Empalad luego a ese monstro! 30
JORNADA SEGUNDA p. 178 ¡Empalad aquél también! ¡Quitádmelos de delante! Mad. ¡Primero que el elefante vengo a morir! Mam. ¡Perro, ven! 5 Cris. Yo soy el padre, sin duda, de la sultana, que vive. Mam. De mentiras se apercibe el que la verdad no ayuda. Venid, venid, embusteros, 10 españoles y arrogantes. Mad. ¡Oh flor de los elefantes!, hoy hago estanco en el veros. Llevan Mamí y Rustán por fuerza al padre de la sultana y a Madrigal; queda en el teatro el Gran Turco 15 y la sultana desmayada. Tur. ¡Sobre mis hombros vendrás, cielo de este pobre Atlante, en males sin semejante, si vos en vos no volvéis! 20 Llévala.
DE LA GRAN SULTANA p. 179 JORNADA TERCERA Salen Rustán y Mamí. Mam. A no volver tan presto del grave parasismo, la sultana quedara 5 sin padre, y sin maestro el elefante. Volvió, y a voces dijo: “¿Qué es de mi padre? ¡Ay, triste! ¿Adónde está mi padre?”, buscándole por todo con la vista. 10 Sin esperar respuestas de preguntas tardías, el Gran Señor mandóme que acudiese a quitar del palo o fuego a los dos tarasíes, 15 certísimo adivino que el más anciano era de su querida prenda el padre amado. Corrí, llegué, y hallélos a tiempo que ya estaba 20 aguzando el verdugo las puntas de los palos del suplicio. El español maestro, apenas se vio libre, cuando, dando dos brincos, 25 dijo: “¡Gracias a Dios y a mi discípulo!”; creyendo, a lo que creo, que le daban la vida porque él el habla diese
JORNADA TERCERA p. 180 que tiene prometida al elefante. Al padre anciano traje ante la gran sultana, que con abrazos tiernos le recibió, besándole mil veces. 5 Allí se dieron cuenta, aunque en razones cortas, de mil sucesos varios al padre y a la hija acontecidos. Finalmente, mandóme 10 el Gran Señor que hiciese cómo en la Judería se alojase su suegro. Ordena que le sirvan a la cristiana usanza, 15 con pompa y aparato, que dé fe de su amor y su grandeza. Rus. ¡Extraño caso es éste! Amala tiernamente; su voluntad se rige 20 por la de la cristiana. Al gran cadí no quiso escuchar, sospechoso que con reprehensiones pesadas sus intentos afearía. 25 Quiere de aquí a dos días con ella y sus cautivas holgarse en el serrallo con bailes y con danzas cristianescas. Músicos he buscado, 30 cautivos y españoles, que alegres solemnicen
DE LA GRAN SULTANA p. 181 la fiesta en el serrallo jamás vista. ¿Haré que vayan limpios y vestidos de nuevo? Mam. Sí; pero como esclavos. Rus. A dar lugar el tiempo, mejor fuera 5 que fueran como libres, con plumas y con galas, representando al vivo los saraos que en España se [acostumbran. 10 Mam. No te metas en eso, pues ves que no es posible. Rus. Ya la sultana tiene un vestido español. Mam. ¿Y quién le hizo? 15 [Rus.] Un judío le trajo de Argel, a do llegaron dos galeras de corso, colmas de barcas, fuertes de despojos, y allí compró el judío 20 el vestido que he dicho. Mam. Será indecencia grande vestirse una sultana ropa ajena. Rus. Tiene tanto deseo de verse sin el traje 25 turquesco, que imagino que de jerga y sayal se vestiría, como el vestido fuese cortado a lo cristiano. Mam. A mí, más que se vista 30 de hojas de palmitos o lampazos. Rus. Mamí, vete en buen hora,
JORNADA TERCERA p. 182 porque he de hacer mil cosas. Mam. Y yo dos mil y tantas en el servicio del señor Oviedo. Entranse. Salen la sultana y su padre vestido de negro. 5 Pad. Hija, por más que me arguyas, no puedo darme a entender sino que has venido a ser lo que eres por culpas tuyas, quiero decir, por tu gusto; 10 que, a tenerle más cristiano, no gozara este tirano de gusto que es tan injusto. ¿Qué señales de cordeles descubren tus pies y brazos? 15 ¿Qué ataduras o qué lazos fueron para ti crüeles? De tu propia voluntad te has rendido, convencida de esta licenciosa vida, 20 de esta pompa y majestad. Sul. Si yo de consentimiento pacífico he convenido con el de este descreído, ministro de mi tormento, 25 todo el cielo me destruya, y, atenta a mi perdición, se me vuelva en maldición, padre, la bendición tuya. Mil veces determiné 30 antes morir que agradarle;
DE LA GRAN SULTANA p. 183 mil veces, para enojarle, sus halagos desprecié; pero todo mi desprecio, mis desdenes y arrogancia, fueron medio y circunstancia 5 para tenerme en más precio. Con mi celo le encendía, con mi desdén le llamaba, con mi altivez le acercaba a mí cuando más huía. 10 Finalmente, por quedarme con el nombre de cristiana, antes que por ser sultana, medrosa vine a entregarme. Pad. Has de advertir en tu mal, 15 y sé que lo advertirás, que, por lo menos, estás, hija, en pecado mortal. Mira el estado que tienes, y mira cómo te vales, 20 porque está lleno de males, aunque parece de bienes. Sul. Pues sabrás aconsejarme, dime, mas es disparate: ¿será justo que me mate, 25 ya que no quieren matarme? Tengo de morir a fuerza de mí misma; si no quiere él que viva, me requiere matarme por gusto o fuerza. 30 Pad. Es la desesperación pecado tan malo y feo,
JORNADA TERCERA p. 184 que ninguno, según creo, le hace comparación. El matarse es cobardía, y es poner tasa a la mano liberal del soberano 5 bien que nos sustenta y cría. Esta gran verdad se ha visto donde no puede dudarse: que más pecó en ahorcarse Judas, que en vender a Cristo. 10 Sul. Mártir soy en el deseo, y, aunque por ahora duerma la carne frágil y enferma en este maldito empleo, espero en la luz que guía 15 al cielo al más pecador, que ha de dar su resplandor en mi tiniebla algún día, y de esta cautividad, adonde reino ofendida, 20 me llevará arrepentida a la eterna libertad. Pad. Esperar y no temer, es lo que he de aconsejar, pues no se puede abreviar 25 de Dios el sumo poder. En su confianza atino, y no en mal discurso pinto de este ciego laberinto a la salida el camino; 30 pero si fuera por muerte, no la huyas, está firme.
DE LA GRAN SULTANA p. 185 Sul. Mis propósitos confirme el cielo en mi triste suerte, para que, poniendo el pecho al rigor jamás pensado, él quede de mí pagado, 5 y vos, padre, satisfecho. Y voyme, porque esta tarde tengo mucho en que entender; que el Gran Señor quiere hacer de mis donaires alarde. 10 Si os queréis hallar allí, padre, en vuestra mano está. Pad. ¿Cómo hallarse allí podrá quien está perdido aquí? Guardarás de honestidad 15 el decoro en tus placeres, y haz aquello que supieres alegre y con brevedad; da indicios de bien criada y bien nacida. 20 Sul. Sí haré, puesto que sé que no sé de gracias algo, ni aun nada. Pad. ¡Téngate Dios de su mano! ¡Ve con él, prenda querida, 25 mal contenta y bien servida; yo triste y alegre en vano! Entranse, y la sultana se ha de vestir a lo cristiano, lo más bizarramente que pudiere. Salen los dos músicos, y Madrigal con ellos, como 30 cautivos, con sus almillas coloradas, calzones de
JORNADA TERCERA p. 186 lienzo blanco, borceguíes negros, todo nuevo, con vueltas sin lechuguillas; Madrigal traiga unas sonajas, y los demás sus guitarras; señálanse los músicos primero y 2. Mús. 1. Otro es esto que estar al pie del palo, 5 esperando la burla que os tenía algo de mal talante. Mad. ¡Por San Cristo, que estaba algo mohíno! Media entena habían preparado y puesto a punto 10 para ser asador de mis redaños. Mús. 1. ¿Quién os metió a ser sastre? Mad. El que nos mete ahora a todos tres a ser poetas, músicos y danzantes y bailistas: 15 el diablo, a lo que creo, y no otro alguno. Mús. 1. A no volver en sí la gran sultana tan presto, ¡cuál quedábades, bodega! Mad. Como conejo asado, y no en parrillas. ¡Mirad este tirano! 20 Mús. 2. Hablad pasito, ¡mala Pascua os dé Dios! ¿No se os [acuerda de aquel refrán que dicen comúnmente, que las paredes oyen? 25 Mad. Hablo paso, y digo... Mús. 1. ¿Qué decís? No digáis nada. Mad. Digo que el Gran Señor tiene sus [ímpetus, 30 como otro cualquier rey de su tamaño, y temo que a cualquiera zancadilla
DE LA GRAN SULTANA p. 187 que demos en la danza, ha de [pringarnos. Mús. 2. ¿Y sabéis vos danzar? Mad. Como una mula; pero tengo un romance correntío, 5 que le pienso cantar a la loquesca, que trata ad longum todo el gran [suceso de la grande sultana Catalina. Mús. 1. ¿Cómo lo sabéis vos? 10 Mad. Su mismo padre me lo ha contado todo ad pedem litere. Mús. 2. ¿Qué cantaremos más? Mad. Mil zarabandas, mil zambapalos lindos, mil chaconas, 15 y mil pésame de ello, y mil folías. Mús. 1. ¿Quién las ha de bailar? Mad. La gran sultana. Mús. 2. Imposible es que sepa baile alguno, porque de edad pequeña, según dicen, 20 perdió la libertad. Mad. ¡Mirad, Capacho! No hay mujer española que no salga del vientre de su madre bailadora. Mús. 1. Esa es razón que no la contradigo; 25 pero dudo en que baile la sultana, por guardar el decoro a su persona. Mús. 2. También danzan las reinas en saraos. Mad. Verdad; y, a solas, mil desenvolturas, guardando honestidad, hacen las 30 [damas. Mús. 1. Si nos hubieran dado algún espacio
JORNADA TERCERA p. 188 para poder juntarnos y acordarnos, trazáramos quizá una danza alegre, cantada a la manera que se usa en las comedias que yo vi en España; y aun Alonso Martínez, que Dios 5 [haya, fue el primer inventor de aquestos [bailes, que entretienen y alegran juntamente más que entretiene un entremés [de] 10 [hambriento, ladrón o apaleado. Mús. 2. Verdad llana. Mad. De esta vez nos empalan; de ésta vamos a ser manjar de atunes y de tencas. 15 Mús. 1. Madrigal, ésa es mucha cobardía; mentiroso adivino siempre seas. Entra Rustán. Rus. Amigos, ¿estáis todos? Mad. Todos juntos, 20 como nos ves, con nuestros [instrumentos; pero todos con miedo tal, que temo que habemos de oler mal desde aquí a [poco. 25 Rus. Limpios y bien vestidos vais de nuevo; no temáis, y venid, que ya os espera el Gran Señor. Mad. [Yo] juro a mi pecado que voy. ¡Dios sea en mi ánima! 30 Mús. 2. No temas,
DE LA GRAN SULTANA p. 189 que nos haces temer sin cosa alguna, y ayuda a los osados la fortuna. Entranse. Sale Mamí a poner un estrado, con otros dos o tres garzones; tienden una alfombra turca, con cinco o 5 seis almohadas de terciopelo de color. Mam. Tira más de esa parte, Muza, tira; entra por los cojines tú, Arnaute; y tu, Bairán, ten cuenta que las flores se esparzan por do el Gran Señor 10 [pisare, y enciende los pebetes. ¡Ea, acabemos! Hácese todo esto sin responder los garzones, y, en estando puesto el estrado entra el Gran Turco, Rustán y los músicos y Madrigal. 15 Tur. ¿Sois español[es], por ventura? Mad. Somos. Tur. ¿De Aragón, o andaluces? Mad. Castellanos. Tur. ¿Soldados, u oficiales? 20 Mad. Oficiales. Tur. ¿Qué oficio tenéis vos? Mad. ¿Yo? Pregonero. Tur. Y éste, ¿qué oficio tiene? Mad. Guitarrista; 25 quiero decir, que tañe una guitarra peor ochenta veces que su madre. Tur. ¿Qué habilidad esotro tiene? Mad. Grande: costales cose, y sabe cortar guantes. 30
JORNADA TERCERA p. 190 Tur. ¡Por cierto, los oficios son de estima! Mad. ¿Quisieras tú, señor, que el uno [fuera herrero, y maestro de hacha fuera el [otro, 5 y el otro polvorista, o, por lo menos, maestro de fundar artillería? Tur. A serlo, os estimara y regalara sobre cuantos cautivos tengo. Mad. Bueno; 10 en humo se nos fuera la esperanza de tener libertad. Tur. Cuando Alá gusta, hace cautivo aquél, y aquéste libre: no hay al querer de Alá quien se le 15 [oponga. Mirad si viene Catalina. Rus. Viene, y, adonde pone la hermosa planta, un clavel o azucena se levanta. 20 Entra la sultana vestida a lo cristiano, como ya he dicho, lo más ricamente que pudiere: trae al cuello una cruz pequeña de ébano; salen con ella Zaida y Zelinda, que son Clara y Lamberto, y los tres garzones que pusieron el estrado. 25 Tur. Bien vengas, humana diosa, con verdad, y no opinión, más que los cielos hermosa, centro do mi corazón se alegra, vive y reposa; 30 a mis ojos más lozana que de abril fresca mañana,
DE LA GRAN SULTANA p. 191 cuando, en brazos de la aurora, pule, esmalta, borda y dora el campo, y al mundo ufana. No es menester mudar traje para que os rinda contento 5 todo el orbe vasallaje. Sul. Tantas alabanzas siento que me han de servir de ultraje, pues siempre la adulación nunca dice la razón 10 como en el alma se siente, y así, cuando alaba, miente. Mad. A un mentís, un bofetón. Mús. 2. Madrigal amigo, advierte dónde estamos; no granjees 15 con tu lengua nuestra muerte. Tur. Puede el valor que posees sobre el cielo engrandecerte. Ven, señora, y toma asiento, que hoy mi alma tiene intento, 20 dulce fin de mis enojos, de hacerse toda ojos por mirarte a su contento. Siéntese el Turco y la sultana en las almohadas; quedan en pie Rustán y Mamí y los músicos. 25 Mam. A la puerta está el cadí. Tur. Abrele, y entre, Mamí, pues no hay negarle la entrada. Esta visita me enfada, y más por hacerse aquí. 30 Vendráme a reprehender,
JORNADA TERCERA p. 192 a reñir y a exagerar que tengo en mi proceder, como altivez en mandar, llaneza en obedecer. Inútil reprehensor 5 ha de ser, porque el amor, cuyas hazañas alabo, teniéndome por su esclavo, no me deja ser señor. Entra el cadí. 10 Cadí. ¿Qué es lo que veo? ¡Ay de mí! ¡Cielo, que esto consintáis! Tur. ¡Por vida del gran cadí, que no me reprehendáis, y que os sentéis junto a mí! 15 Porque las reprehensiones piden lugar y ocasiones diferentes que éstas son. Cadí. Enmudezca mi razón el silencio que me pones. 20 Callo y siéntome. Tur. Así haced. Vosotros, como he pedido, a darme gusto atended; que yo sabré, agradecido, 25 hacer a todos merced. Mad. Antes de llegar al trance del baile nunca aprendido, oye, señor, un romance. Mús. 1. ¡Plega a Dios que este perdido 30 no nos pierda en este lance!
DE LA GRAN SULTANA p. 193 Mad. Y has de saber que es la historia de la vida de tu gloria; y cantaréle muy presto, porque soy único en esto, y lo sé bien de memoria. 5 “En un bajel de diez bancos, de Málaga, y en invierno, se embarcó para ir a Orán un tal Fulano de Oviedo, hidalgo, pero no rico: 10 maldición del siglo nuestro, que parece que el ser pobre al ser hidalgo es anejo. Su mujer y una hija suya, niña, y hermosa en extremo, 15 por convenirles así, también con él se partieron. El mar les aseguraba el tiempo, por ser de enero, sazón en que los corsarios 20 se recogen en sus puertos; pero como las desgracias navegan con todos vientos, una les vino tan mala, que la libertad perdieron. 25 Morato Arráez, que no duerme por desvelar nuestro sueño, en aquella travesía alcanzó al bajel ligero; hizo escala en Tetuán, 30 y a la niña vendió luego a un famoso y rico moro
JORNADA TERCERA p. 194 cuyo nombre es Alí Izquierdo. La madre murió de pena; al padre a Argel le trajeron, adonde sus muchos años le excusaron de ir al remo. 5 Cuatro años eran pasados, cuando Morato, volviendo a Tetuán, vio a la niña más hermosa que el sol mismo. Compróla de su patrón, 10 cuatrodoblándole el precio que había dado por ella a Alí, comprador primero; el cual le dijo a Morato: “De buena gana la vendo, 15 pues no la puedo hacer mora por dádivas ni por ruegos. Diez años tiene apenas; mas tal discreción en ellos, que no les hacen ventaja 20 los maduros de los viejos. Es gloria de su nación, y de fortaleza ejemplo; tanto más, cuanto es más sola, y de humilde y frágil sexo.” 25 Con la compra el gran corsario sobremanera contento, se vino a Constantinopla, creo el año de seiscientos; presentóla al Gran Señor, 30 mozo entonces, el cual luego del serrallo a los eunucos
DE LA GRAN SULTANA p. 195 hizo el extremado entrego. En Zoraida el Catalina, su dulce nombre, quisieron trocarle; mas nunca quiso, ni el sobrenombre de Oviedo. 5 Viola al fin el Gran Señor después de varios sucesos, y, cual si mirara al sol, quedó sin vida y suspenso; ofrecióle el mayorazgo 10 de sus extendidos reinos, y diole el alma en señal.” Tur. ¡Qué gran verdad dice en esto! Mad. “Consiéntale ser cristiana.” Cadí. ¡Extraño consentimiento! 15 Tur. Calla, amigo; no me turbes, que estoy mis dichas oyendo. Mad. “Cómo no la halló su padre, contar aquí no pretendo: que serán cuentos muy largos, 20 si he de abreviar este cuento; basta que vino a buscarla por discursos y rodeos dignos de más larga historia y de otra sazón y tiempo. 25 Hoy Catalina es sultana, hoy reina, hoy vive, y hoy vemos que del león otomano pisa el indomable cuello; hoy le rinde y avasalla, 30 y, con no vistos extremos, hace bien a los cristianos.
JORNADA TERCERA p. 196 Y esto sé de este suceso.” Mús. 2. ¡Oh repentino poeta! El rubio señor de Delo, de su agua de Aganipe te dé a beber un caldero. 5 Mús. 1. Paladéente las musas con jamón y vino añejo de Rute y Ciudad Real. Mad. Con San Martín me contento. Cadí. ¡El diablo es este cristiano! 10 Yo le conozco, y sé cierto que sabe más que Mahoma. Tur. Hacerles mercedes pienso. Mad. Tú, señora, a nuestra usanza ven, que has de ser de una danza 15 la primera y la postrera. Sul. El gusto de esa manera del Gran Señor no se alcanza; que, como la libertad perdí tan niña, no sé 20 bailes de curiosidad. Mad. Yo, señora, os guiaré. Sul. En buen hora comenzad. Levántase la sultana a bailar, y ensáyase este baile bien. Cantan los músicos: 25 [Mús.] “A vos, hermosa española, tan rendida el alma tengo, que no miro por mi gusto, por mirar al gusto vuestro; por vos ufano y gozoso 30 a tales extremos vengo,
DE LA GRAN SULTANA p. 197 que precio ser vuestro esclavo más que mandar mil imperios; por vos, con discurso claro, puesto que puedo, no quiero admitir reprehensiones 5 ni escuchar graves consejos; por vos, contra mi Profeta, que me manda en sus preceptos que aborrezca a los cristianos, por vos no los aborrezco; 10 con vos, niña de mis ojos, todas mis venturas veo, y sé que, sin duda alguna, por vos vivo y por vos muero.” Muda el baile. 15 “Escuchaba la niña los dulces [requiebros, y está de su alma su gusto lejos. Como tiene intento de guardar su ley, 20 requiebros del rey no le dan contento. Vuelve el pensamiento a parte mejor, sin que torpe amor 25 le turbe el sosiego. Y está de su alma su gusto lejos. Su donaire y brío extremos contienen que del Turco tienen 30 preso el albedrío.
JORNADA TERCERA p. 198 Arde con su frío, su valor le asombra, y adora su sombra, puesto que ve cierto que está de su alma su gusto lejos.” 5 Tur. Paso, bien mío, no más, porque me llevas el alma tras cada paso que das. Déte el donaire la palma, la ligereza y compás. 10 Alma mía, sosegad, y, si os cansáis, descansad; y, en este dichoso día, la liberal mano mía a todos da libertad. 15 Híncanse delante del Turco, en diciendo esto, todos de rodillas: los cautivos, y Zaida y Zelinda, los garzones y la sultana. Sul. ¡Mil veces los pies te beso! Zel. ¡Este ha sido para mí 20 felicísimo suceso! Tur. Catalina, ¿estás en ti? Sul. No, señor, yo lo confieso: que, con la grande alegría de la suma cortesía 25 que has con nosotros usado, tengo el sentido turbado. Tur. Levanta, señora mía, que a ti no te comprehende la merced que quise hacer; 30 y, si la queréis saber,
DE LA GRAN SULTANA p. 199 a los esclavos se extiende, y no a ti, que eres señora de mi alma, a quien adora como si fueses su Alá. Zel. ¡Cerróseme el cielo ya! 5 ¡Llegó de mi fin la hora! No sé, Clara, qué temores de nuevo me pronostican el fin de nuestros amores, y que ha de ser significan 10 nuevo ejemplo de amadores. Creí que la libertad que la liberalidad del Gran Señor prometía, a nosotros se extendía; 15 mas no ha salido verdad. Zai. Calla, y mira que no des indicio de la sospecha que me contarás después. Cadí. ¿De la merced tan bien hecha 20 no han de gozar estos tres? Tur. Los dos sí; pero éste no, que es aquel que se ofreció de mostrar al elefante a hablar turquesco elegante. 25 Mad. ¡Cuerpo de quien me parió! ¿Ahí llegamos ahora? Tur. Enséñele, y llegará de su libertad la hora. Mad. Hora menguada será, 30 si Andrea no la mejora. Pondré pies en polvorosa;
JORNADA TERCERA p. 200 tomaré de Villadiego las calzas. Cadí. Es tan hermosa Catalina, que no niego ser su suerte venturosa. 5 Pero, entre estos regocijos, atiende, hijo, a hacer hijos, y en más de una tierra siembra. Tur. Catalina es bella hembra. Cadí. Y tus deseos prolijos. 10 Tur. ¿Cómo prolijos, si están a sólo un objeto atentos? Cadí. Los sucesos lo dirán. Tur. Con todo, tus documentos por mí en obra se pondrán. 15 Escucha aparte, Mamí. Mad. Y escuche, señor cadí, cosas que le importan mucho. Cadí. Ya, Madrigal, os escucho. Mad. Pues ya hablo, y digo así: 20 Que me vengan luego a ver treinta escudos, que han de ser para comprar al instante un papagayo elegante que un indio trae a vender. 25 De las Indias del Poniente el pájaro sin segundo viene a enseñar suficiente a la ignorante del mundo sabia y rica y pobre gente. 30 Lo que dice te diré, pues ya sabes que lo sé
DE LA GRAN SULTANA p. 201 por ciencia divina y alta. Cadí. Ve por ellos, que sin falta en mi casa los daré. Tur. Mamí, mira que sea luego, porque he de volver al punto. 5 Venid, yesca de mi fuego, divino y propio trasunto de la madre del dios ciego. Venid vosotros, gozad de la alegre libertad 10 que he concedido a los dos. Mús. 2. ¡Concédate el alto Dios siglos de felicidad! Mad. Discípulo, ¿dónde hallaste una paga tan perdida 15 del gran bien que en mí cobraste? Que, si me diste la vida, la libertad me quitaste. De esto infiero, juzgo y siento que no hay bien sin su descuento, 20 ni mal que algún bien no espere, si no es el mal del que muere y va al eterno tormento. Vanse todos, si no es Mamí y Rustán, que quedan. Mam. ¿Qué piensas que me quería 25 el Gran Sultán? Rus. No sé cierto; pero saberlo querría. Mam. El tiene, y en ello acierto, voluble la fantasía. 30 Quiere renovar su fuego,
JORNADA TERCERA p. 202 y volver al dulce fuego de sus pasados placeres; quiere ver a sus mujeres, y no tarde, sino luego. Cuadróle mucho el consejo 5 del gran cadí, que le dijo, como astuto, sabio y viejo: “Hijo, hasta hacer un hijo, que sembréis os aconsejo en una y en otra tierra: 10 que si ésta no, aquélla encierra alegre fertilidad.” Rus. Fundado en esa verdad, Amurates poco yerra. Poco agravia a la sultana, 15 pues por tener heredero, cualquier agravio se allana. Mad. Y aun es mejor, considero, no haberle en una cristiana de cuantas cautivas tiene. 20 ¿Quién es esta que aquí viene? Rus. Dos son. Mam. Estas dos serán las que principio darán al alarde. 25 Rus. Así conviene, que son en extremo bellas. Entran Clara y Lamberto, y, como se ha dicho, son Zaida y Zelinda. Zel. No puedo de mis querellas 30 darte cuenta, que aún aquí
DE LA GRAN SULTANA p. 203 se están Rustán y Mamí. Zai. Pon silencio, amigo, en ellas. Mam. Cada cual de vosotras pida al cielo que la suerte le sea favorable en que sultán la mire y le contente. 5 Zel. ¿Pues cómo? ¿El Gran Señor vuelve a [su usanza? Rus. Y en este punto se ha de hacer alarde de todas sus cautivas. Zai. ¿Cómo es esto? 10 ¿Tan presto se le fue de la memoria la singular belleza que adoraba? El suyo no es amor, sino apetito. Rus. Busca dónde hacer un heredero, y sea en quien se fuere; ésta es la causa 15 de mostrarse inconstante en sus amores. Mam. ¿Dónde pondré a Zelinda que la mire? Que tiene parecer de ser fecunda. ¿Será bien al principio? Zel. ¡Ni por pienso! 20 Remate sean de la hermosa lista Zaida y Zelinda. Mam. Sean en buen hora, pues que de ello gustáis. Rus. Mira, Zelinda, 25 da rostro al Gran Señor, muéstrale el [vivo varonil resplandor de tus dos soles; quizá te escogerá, y serás dichosa dándole el mayorazgo que desea. 30 Aquí será el remate de la cuenta. Quedaos en tanto que a las otras pongo
JORNADA TERCERA p. 204 en numerosa lista. Zai. Yo obedezco. Zel. Y yo, que aquí nos pongas te agradezco. Vanse Mamí y Rustán. ¡Ahora sí que es llegada 5 la infelicísima hora! Antes de venir, menguada, ¿qué habemos de hacer, señora, yo varón, y tú preñada? Que si Amurates repara 10 en esa tu hermosa cara, escogeráte, sin duda; y no hay prevención que acuda a desventura tan clara. Y si, por desdicha, fuese 15 tan desdichada mi suerte, que el Gran Señor me escogiese... Zai. Veréme en el de mi muerte, si en ese paso te viese. Zel. ¿No será bien afearnos 20 los rostros? Zai. Será obligarnos a dar razón del mal hecho, y será tan sin provecho, que ella sea en condenarnos. 25 Zel. Mira qué prisa se dan el renegado Mamí y el mal cristiano Rustán. Ya las cautivas aquí llegan; ya todas están; 30 yo seguro, si las cuentas,
DE LA GRAN SULTANA p. 205 que hallarás más de doscientas. Zai. Y todas, a lo que creo, con diferente deseo del nuestro, pero contentas. ¡Oh qué de paso que pasa 5 por todas el Gran Señor! A más de la mitad pasa. Zel. Clara, un helado temor el corazón me traspasa. ¡Plegue a Dios que, antes que llegue, 10 el cielo a la tierra pegue sus pies! Zai. Quizá escogerá primero que llegue acá. Zel. Y si llegare, ¡que ciegue! 15 Entra el Gran Turco, Mamí y Rustán. Tur. De cuantas quedan atrás, no me contenta ninguna. Mamí, no me muestres más. Mam. Pues entre estas dos hay una 20 en quien te satisfarás. Rus. Alzad, que aquí la vergüenza no conviene que os convenza; alzad el rostro las dos. Tur. ¡Catalina, como vos, 25 no hay ninguna que me venza! Mas, pues lo quiere el cadí, y ello me conviene tanto, ésta me traeréis, Mamí. Echale un pañizuelo el Turco a Zelinda, y vase. 30
JORNADA TERCERA p. 206 Rus. ¿Tú solemnizas con llanto la dicha de estotra? Zai. Sí; porque quisiera yo ser la que alcanzara tener 5 tal dicha. Mam. Zelinda, vamos. Rus. Sola y triste te dejamos. Zai. ¡Tengo envidia, y soy mujer! Vanse Rustán y Mamí, y llevan a Zelinda, 10 que es Lamberto. ¡Oh mi dulce amor primero! ¿Adónde vas? ¿Quién te lleva a la más extraña prueba que hizo amante verdadero? 15 Esta triste despedida bien claro me da a entender que, por tu sobra, ha de ser mi falta más conocida. ¿Qué remedio habrá que cuadre 20 en tan grande confusión, si eres, Lamberto, varón, y te quieren para madre? ¡Ay de mí, que de la culpa de nuestro justo deseo 25 por ninguna suerte veo ni remedio ni disculpa! Sale la sultana. Sul. Zaida, ¿qué has? Zai. Mi señora, 30
DE LA GRAN SULTANA p. 207 no alcanzo cómo te diga el dolor que [en] mi alma mora: Zelinda, aquella mi amiga que estaba conmigo ahora, al Gran Señor le han llevado. 5 Sul. ¿Pues eso te da cuidado? ¿No va a mejorar ventura? Zai. Llévanla a la sepultura, que es varón, y desdichado. Ambos a dos nos quisimos 10 desde nuestros años tiernos, y ambos somos transilvanos, de una patria y barrio mismo. Cautivé yo por desgracia que ahora no te la cuento, 15 porque el tiempo no se gaste sin pensar en mi remedio; él supo con nueva cierta el fin de mi cautiverio, que fue traerme al serrallo, 20 sepulcro de mis deseos, y los suyos de tal suerte le apretaron y rindieron, que se dejó cautivar con un discurso discreto. 25 Vistióse como mujer, cuya hermosura al momento hizo venderla al Gran Turco sin conocerla su dueño. Con este designio extraño 30 salió con su intento Lamberto, que éste es el nombre del triste
JORNADA TERCERA p. 208 por quien muero y por quien peno. Conocióme y conocíle, y de estos conocimientos he quedado yo preñada, que lo estoy, y estoy muriendo. 5 Mira, hermosa Catalina, que con este nombre entiendo que te alegras: ¿qué he de hacer en mal de tales extremos? Ya estará en poder del Turco 10 el desdichado mancebo, enamorado atrevido, más constante que no cuerdo; ya me parece que escucho que vuelve Mamí diciendo: 15 “Zaida, ya de tus amores se sabe todo el suceso. ¡Disponte a morir, traidora, que para ti queda el fuego encendido, y puesto el gancho 20 para enganchar a Lamberto!” Sul. Ven conmigo, Zaida hermosa, y ten ánima, que espero en la gran bondad de Dios salir bien de aqueste estrecho. 25 Entranse las dos. Sale el Gran Turco, y trae asido del cuello a Lamberto, con una daga desenvainada; sale con el cadí y Mamí. Tur. ¡A mí el ser verdugo toca 30 de tan infame maldad!
DE LA GRAN SULTANA p. 209 Lam. Templa la celeridad que así tu grandeza apoca; déjame hablar, y dame después la muerte que gustes. Tur. No podrás con tus embustes 5 que tu sangre no derrame. Cadí. Justo es escuchar al reo; Amurates, óyele. Tur. Diga, que yo escucharé. Mam. Que se disculpe deseo. 10 Lam. Siendo niña, a un varón sabio oí decir las excelencias y mejoras que tenía el hombre más que la hembra; desde allí me aficioné 15 a ser varón, de manera que le pedí esta merced al cielo con asistencia. Cristiana me la negó, y mora no me la niega 20 Mahoma, a quien hoy gimiendo, con lágrimas y ternezas, con fervorosos deseos, con votos y con promesas, con ruegos y con suspiros 25 que a una roca enternecieran, desde el serrallo hasta aquí, en silencio y con inmensa eficacia, le he pedido me hiciese merced tan nueva. 30 Acudió a mis ruegos tiernos, enternecido, el Profeta,
JORNADA TERCERA p. 210 y en un instante volvióme en fuerte varón de hembra; y si por tales milagros se merece alguna pena, vuelva el Profeta por mí, 5 y por mi inocencia vuelva. Tur. ¿Puede ser esto, cadí? Cadí. Y sin milagro, que es más. Tur. Ni tal vi, ni tal oí. Cadí. El cómo es esto sabrás 10 cuando quisieres de mí, y la razón te dijera ahora, si no viniera la sultana, que allí veo. Tur. Y enojada, a lo que creo. 15 Lam. ¡Mi desesperar espera! Entra la sultana y Zaida. Sul. ¡Cuán fácilmente y cuán presto has hecho con esta prueba tu tibio amor manifiesto! 20 ¡Cuán presto el gusto te lleva tras el que es más descompuesto! Si es que estás arrepentido de haberme, señor, subido desde mi humilde bajeza 25 a la cumbre de tu alteza, déjame, ponme en olvido. Bien, cuitada, yo temía que estas dos habían de ser azares de mi alegría; 30
DE LA GRAN SULTANA p. 211 bien temí que había de ver este punto y este día. Pero, en medio de mi daño, doy gracias al desengaño, y, porque yo no perezca, 5 no ha dejado que más crezca tu sabroso y dulce engaño. Echalas de ti, señor, y del serrallo al momento: que bien merece mi amor 10 que me des este contento y asegures mi temor. Todos mis placeres fundo en pensar no harás segundo yerro en semejante cosa. 15 Tur. Más precio verte celosa, que mandar a todo el mundo, si es que son los celos hijos del amor, según es fama, y, cuando no son prolijos, 20 aumentan de amor la llama, la gloria y los regocijos. Sul. Si, por dejar herederos, este y otro desafueros haces, bien podré afirmar 25 que yo te los he de dar, y que han de ser los primeros, pues tres faltas tengo ya de la ordinaria dolencia que a las mujeres les da. 30 Tur. ¡Oh archivo do la prudencia y la hermosura está!
JORNADA TERCERA p. 212 Con la nueva que me has dado, te prometo, a fe de moro bien nacido y bien crïado, de guardarte aquel decoro que tú, mi bien, me has guardado; 5 que los cielos, en razón de no dar más ocasión a los celos que has tenido, a Zelinda han convertido, como hemos visto, en varón. 10 El lo dice, y es verdad, y es milagro, y es ventura, y es señal de su bondad. Sul. Y es un caso que asegura sin temor nuestra amistad. 15 Y pues tal milagro pasa, con Zaida a Zelinda casa, y con lágrimas te ruego los eches de casa luego; no estén un punto en tu casa, 20 que no quiero ver visiones. Zai. En duro estrecho me pones, que no quisiera casarme. Sul. Podrá ser vengáis a darme por esto mil bendiciones. 25 Hazles alguna merced, que no los he de ver más. Tur. Vos, señora, se la haced. Rus. ¿Ha visto el mundo jamás tal suceso? 30 Tur. Disponed, señora, a vuestro albedrío
DE LA GRAN SULTANA p. 213 de los dos. Sul. Bajá de Chío, Zelinda o Zelindo es ya. Tur. ¿Cómo tan poco le da tu gran poder, si es el mío? 5 Bajá de Rodas le hago, y con esto satisfago a su valor sin segundo. Lam. Déte sujeción el mundo, y a ti el cielo te dé el pago 10 de tus entrañas piadosas, ¡oh rosa puesta entre espinas para gloria de las rosas! Tur. Tú me fuerzas, no que inclinas, a hacer magníficas cosas; 15 y así, quiero, en alegrías de las ciertas profecías que de tus partos me has dado, que tenga el cadí cuidado de hacer de las noches días; 20 infinitas luminarias por las ventanas se pongan, y, con invenciones varias, mis vasallos se dispongan a fiestas extraordinarias; 25 renueven de los romanos los santos y los profanos grandes y admirables juegos, y también los de los griegos, y otros, si hay más soberanos. 30 Cadí. Haráse como deseas, y de esta grande esperanza
JORNADA TERCERA p. 214 en la posesión te veas; y tú, con honesta (esta) usanza, cual Raquel, fecunda seas. Sul. Vosotros luego en camino os poned, que determino 5 no veros más, por no ver ocasión que haya de ser causa de otro desatino. Lam. En dándome la patent[e], me veré, señora mía, 10 de tu alegre vista ausente, y tu ingenio y cortesía tendré continuo presente. Zai. Y yo, hermosa Catalina, por sin par y por divina 15 tendré vuestra discreción. Tur. Justas alabanzas son de su bondad peregrina. Ven, cristiana de mis ojos, que te quiero dar de nuevo 20 de mi alma los despojos. Sul. De ese modo, yo me llevo la palma de estos enojos; porque las paces que hacen amantes desavenidos, 25 alegran y satisfacen sobremodo a los sentidos, que enojados se deshacen. Entranse todos. Salen Madrigal y Andrea. 30 Mad. Veislos aquí, Andrea, y dichosísimo
DE LA GRAN SULTANA p. 215 seré si me ponéis en salvamento; porque no hay que esperar a los diez [años de aquella elefantil cátedra mía; más vale que los ruegos de los buenos 5 el salto de la mata. And. ¿No está claro? Mad. Los treinta de oro en oro son el precio de un papagayo indiano, único al [mundo, 10 que no le falta sino hablar. And. Si es mudo, alabáisle muy bien. Mad. ¡Cadí ignorante...! And. ¿Qué decís del cadí? 15 Mad. Por el camino te diré maravillas. Ven, que muero por verme ya en Madrid hacer [corrillos de gente que pregunte: “¿Cómo es 20 [esto? Diga, señor cautivo, por su vida: ¿es verdad que se llama la sultana que hoy reina en la Turquía, Catalina, y que es cristiana, y tiene don y todo, 25 y que es de Oviedo el sobrenombre [suyo?” ¡Oh! ¡Qué de cosas les diré! Y aun [pienso, pues tengo ya el camino medio 30 [andado siendo poeta, hacerme comediante,
JORNADA TERCERA p. 216 y componer la historia de esta niña sin discrepar de la verdad un punto, representando el mismo personaje allá que hago aquí. ¿Ya es barro, [Andrea, 5 ver al mosqueterón tan boquiabierto, que trague moscas, y aun avispas [trague, sin echarlo de ver, sólo por verme? Mas él se vengará quizá, poniéndome 10 nombres que me amohínen y fastidien. ¡A Dios, Constantinopla famosísima! ¡Pera y Permas, a Dios! ¡A Dios, escala, Chifutí, y aun Guedí! ¡A Dios, hermoso jardín de Visitax! ¡A Dios, gran templo 15 que de Santa Sofía sois llamado, puesto que ya servís de gran mezquita! ¡Tarazanas, a Dios, que os lleve el [diablo, porque podéis al agua cada día 20 echar una galera fabricada desde la quilla al tope de la gavia, sin que le falte cosa necesaria a la navegación! And. Mira que es hora, 25 Madrigal. Mad. Ya lo veo, y no me quedan sino trescientas cosas a quien darles el dulce a Dios acostumbrado mío. And. Vamos; que tanto a Dios es desvarío. 30 Vanse.
DE LA GRAN SULTANA p. 217 Salen Salec, el renegado, y Roberto, los dos primeros que comenzaron la comedia. Sal. Ella, sin duda, [es], según las señas que me ha dado Rustán, aquel eunuco que dije ser mi amigo. 5 Rob. No lo dudo; que aquel volverse en hombre por [milagro fue industria de Lamberto, que es [discreto. 10 Sal. Vamos a la gran corte, que podría ser que saliese ya con la patente de gran bajá de Rodas, como dicen que el Gran Señor le ha hecho. Rob. ¡Dios lo haga 15 ¡Oh si los viese yo primero, y antes que cerrase la muerte estos mis ojos! Sal. Vamos, y el cielo alegre tus enojos. Entranse. Suenan las chirimías; comienzan a poner luminarias; 20 salen los garzones del Turco por el tablado, corriendo con hachas y hachos encendidos, diciendo a voces: “¡Viva la gran sultana doña Catalina de Oviedo! ¡Felice parto tenga, tenga parto felice!” Salen luego Rustán y Mamí, y dicen a los garzones: 25 Rus. Alzad la voz, muchachos; viva a voces la gran sultana doña Catalina, gran sultana y cristiana, gloria y honra de sus pequeños y cristianos años, honor de su nación y de su patria, 30
JORNADA TERCERA p. 218 a quien Dios de tal modo sus deseos encamine por justos y por santos, que de su libertad y su memoria se haga nueva y verdadera historia. Tornan las chirimías y las voces de los garzones, 5 y dase fin.
p. 219 COMEDIA FAMOSA DEL LABERINTO DE AMOR Los que hablan en ella son los siguientes: Anastasio, duque. Tácito y Andronio. 5 Dos ciudadanos. Un carcelero. Cornelio, criado de Dagoberto, duque [de] Anastasio. Utrino. El duque de Novara. Manfredo. Un paje. Rosamira. 10 Un embajador del de Un huésped. Rosena. Dos jueces. Un embajador del de Un verdugo. Dorlán. Trino, correo. Julia y Porcia. 15 JORNADA PRIMERA Salen dos ciudadanos de Novara, y el duque Anastasio en hábito de labrador. Anas. Señores, ¿es verdad lo que se suena? ¿Que apenas treinta millas de Novara 20 está Manfredo, duque de Rosena? Ciu. 1. Si esa verdad queréis saber más clara,
JORNADA PRIMERA p. 220 aquí un embajador del duque viene, que bien la nueva y su llegada aclara. En Rezo y sus jardines se entretiene hasta que nuestro duque le dé aviso para venir al tiempo que conviene. 5 Anas. ¿Y es Manfredo galán? Ciu. 2. Es un Narciso, según que sus retratos dan la muestra, y aun le va bien de discreción y aviso. Anas. ¿Y Rosamira, la duquesa vuestra, 10 pone de voluntad el yugo al cuello? Ciu. 1. Nunca al querer del padre fue siniestra; cuanto más, que se ve que gana en ello, siendo el duque quien es. Anas. Así parece; 15 aunque, con todo, algunos dudan de ello. Ciu. 2. Del duque es esta guarda que se ofrece, y aquí el embajador vendrá, sin duda. Ciu. 1. Mucho le honra el duque. Ciu. 2. El lo merece. 20 Entra el duque Federico de Novara y el embajador del de Rosena con acompañamiento. Duq. Diréis también que a recrearse acuda, y que en Módena o Rezo se [entretenga 25 mientras del tiempo este rigor se muda, para que en este espacio se prevenga a su venida tal recibimiento, que más de amor que de grandeza [tenga; 30 añadiréis el singular contento
DEL LABERINTO DE AMOR p. 221 que con sus dones recibió su [esposa, y más de su llegada a salvamento. Emb. Tu condición, señor, tan generosa, me obliga a que me haga lenguas todo 5 para decir el bien que en ti reposa; pero, aunque no las tenga, me acomodo a decir por extenso al señor mío de tus grandezas el no visto modo. [Duq.] De ellas no; mas de vos muy más confío. 10 Entra Dagoberto, hijo del duque de Utrino. Dag. Si no supiera, ¡oh sabio Federico!, gran duque de Novara generoso, que sabes bien quién soy, y que me [aplico 15 continuo al proceder más virtüoso, juro por lo que puedo y certifico, que a este trance viniera temeroso; mas tráeme mi bondad aquí sin miedo, para decir lo que encubrir no puedo. 20 Tu honra puesta en deshonrado trance está por quien guardarla más debiera, haciendo de ella peligroso alcance la fama, en esta parte verdadera. Forzosa es la ocasión, forzoso el lance; 25 las riendas he soltado en la carrera; imposible es parar hasta que diga lo que una justa obligación me obliga. Tu hija Rosamira en lazo estrecho yace con quien pudiera declararlo, 30 si a la grande importancia de este hecho
JORNADA PRIMERA p. 222 tocara con la lengua publicarlo. Impide una ocasión lo que el derecho pide, y así, es forzoso el ocultarlo; basta que esto es verdad, y que me [obligo 5 a probar con las armas lo que digo. Digo que en deshonrado ayuntamiento se estrecha con un bajo caballero, sin tener a tus canas miramiento, ni a la ofensa de Dios, que es lo primero. 10 Y a probar la verdad de lo que cuento, diez días en el campo armado espero; que ésta es la vía que el derecho halla: do no hay testigos, suple la batalla. Duq. Confuso estoy; no sé qué responderte; 15 considero quién eres, e imagino que sólo la verdad pudo traerte a cerrar de mis glorias el camino. ¿Quién dará medio a extremos de tal [suerte? 20 Es el que acusa (a) un príncipe de Utrino; la acusada, mi hija; él, sabio y justo; ella, cortada de la honra al justo. A que te crea tu valor me incita, puesto que la bondad de Rosamira 25 tiene perpleja el alma, y solicita que no confunda a la razón la ira. Mas si es que en parte la sospecha quita, o muestra la verdad o la mentira, la confesión del reo, oírla quiero, 30 por ver si he de ser padre o juez severo. Traigan a Rosamira a mi presencia,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 223 que es bien que la verdad no se [confunda: que el reo a quien le libra su inocencia, la avisa en gloria y en su honor [redunda. 5 Emb. Dame, señor, para partir licencia; que, aunque entiendas que el príncipe [se funda en claro o en confuso testimonio, borrado ha de Manfredo el matrimonio. 10 Calumnia tal, o falsa o verdadera, deshará más fundadas intenciones: que no es prenda la honra tan ligera, que se deba traer en opiniones. Mira si mandas otra cosa. 15 Duq. Espera; quizá verás que sin razón te pones a llevar a Manfredo aquesta nueva, hasta que veas más fundada prueba. Tráiganme aquí a mi hija. 20 Guar. Ya son idos por ella. Dag. ¿Poca prueba te parece la verdad que en mis hechos [comedidos 25 y en mis palabras la razón ofrece? Duq. Yo he visto engaños por verdad creídos. Dag. El que de ellos se precia, bien merece que su verdad se tenga por mentira. Entra Rosamira. 30 Guar. Ya viene mi señora Rosamira.
JORNADA PRIMERA p. 224 Ros. ¿Qué prisa es ésta, buen señor? Duq. ¿Qué prisa? Dirála ahora el príncipe de Utrino. Dag. Diréla, y sabe Dios cuánto me pesa el venirla a decir por tal camino. 5 Yo he dicho, ¡oh hermosísima duquesa!, lo que callarlo fuera desatino: he dicho que, con torpe ayuntamiento, un caballero está de ti contento; copia de ti le haces en secreto. 10 Y esta prueba remítola a mi espada, que ha de ser el testigo más perfecto que se halle en la causa averiguada; y esto será cuando de este aprieto se admita tu disculpa mal fundada; 15 mas sabes que es tan cierta esta tu [culpa, que no te has de atrever a dar disculpa. Duq. ¿Qué dices, hija? ¿Cómo no respondes? ¿Empáchate el temor, o la vergüenza? 20 Sin duda quieres, pues el rostro [escondes, que tu contrario sin testigos venza. ¡Mal a quien eres, hija, correspondes! Dag. Con la verdad bien es que se convenza. 25 Duq. Culpada estáis; indicio es manifiesto tu lengua muda, tu inclinado gesto. ¿Quién fue el traidor que te engañó, [cuitada? ¿O cuál [fue el que] la honra me ha 30 [llevado? ¿O qué estrella, en mi daño conjurada,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 225 nos ha puesto a los dos en tal estado? ¿Dó está tu condición tan recatada? ¿Adónde tu jüicio reposado? ¡Mal le tuviste con el vicio a raya! Paje. ¡Señores, mi señora se desmaya! 5 Desmáyase Rosamira. Duq. Llévenla como está luego a esta torre, y en ella esté en prisión dura y molesta, hasta que alguna espada o pluma borre la mancha que en la honra lleva puesta. 10 Dag. Porque luenga probanza aquí se ahorre, está mi mano con mi espada presta a probar lo que [he] dicho en campo [abierto. Duq. Parece que admito ese concierto, 15 puesto que (de) [al] parecer de mi [consejo tengo de remitir todo este hecho. Dag. Pues yo en mi espada y mi verdad lo [dejo, 20 y en la sana intención de mi buen [pecho. Emb. Confuso voy, atónito y perplejo, entre el sí y entre el no mal satisfecho. A Dios, señor, porque este extraño 25 [caso, junto con el dolor, acucia el paso. Vase el embajador. Duq. ¡Parte con Dios, y lleva mi deshonra a los oídos de mi yerno honrados, 30
JORNADA PRIMERA p. 226 yerno con quien pensé aumentar la [honra, que tan por tierra han puesto ya mis [hados! Mostrado me has, fortuna, que, quien 5 [honra tus altares, en humo levantados, por premio le has de dar infamia y [mengua, pues quita cien mil honras una lengua. 10 Entrase el duque, y, al entrarse Dagoberto, le detiene Anastasio. Anas. Oye, señor, si no es que tu grandeza no se suele inclinar a dar oídos al bajo parecer de mi rudeza 15 y a los que amenguan rústicos vestidos. Dag. La gravedad de confirmada alteza, no tiene aquesos puntos admitidos; habla cuanto te fuere de contento, que a todo te prometo estar atento. 20 Anas. Por esta acusación, que a Rosamira has puesto tan en mengua de su fama, este rústico pecho, ardiendo en ira, a su defensa me convida y llama: que, ora sea verdad, ora mentira 25 el relatado caso que la infama, el ser ella mujer, y amor la causa, debieran en tu lengua poner pausa. No te azores, escúchame: o tú solo sabías este caso, o ya a noticia 30 vino de más de alguno que notólo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 227 o por curiosidad o por malicia. Si sólo lo sabías, mal mirólo tu discreción, pues, no siendo justicia, pretende castigar secretas culpas, teniendo las de amor tantas disculpas. 5 Si a muchos era el caso manifiesto, dejaras que otro alguno le dijera: que no es decente a tu valor ni honesto, tener para ofender lengua ligera. Si notas de mi arenga el presupuesto, 10 verás que digo, o que decir quisiera, que espadas de los príncipes, cual eres, no ofenden, mas defienden las [mujeres. Si amaras al buen duque de Novara, 15 otro camino hallaras, según creo, por donde, sin que en nada se infamara su honra, tú cumplieras tu deseo. Mas tengo para mí, y es cosa clara, por mil señales que descubro y veo, 20 que en ese pecho tuyo alberga y lidia, más que celo y honor, rabia y envidia. Perdóname que hablo de esta suerte, si es que la verdad, señor, te enoja. Ciu. 1. Apostad que le da el príncipe muerte. 25 ¿No veis el labrador cómo se arroja? Dag. Quisiera de otro modo responderte; mas será bien que la razón recoja las riendas a la ira. Calla y vete, que más paciencia mi bondad promete. 30 Entrase Dagoberto.
JORNADA PRIMERA p. 228 Ciu. 2. Por Dios, que habéis hablado [largamente, y que, notando bien vuestro lenguaje, es tanto del vestido diferente, que uno muestra la lengua, y otro el 5 [traje. Anas. A veces un enojo hace elocuente al de más torpe ingenio: que el coraje levanta los espíritus caídos, y aun hace a los cobardes atrevidos. 10 En fin, ¿éste es el príncipe de Utrino, digo, el hijo heredero del Estado? Ciu. 1. El es. Anas. ¿Pues cómo aquí a Novara vino? Ciu. 2. Dicen que del amor blando forzado. 15 Anas. ¿Y a quién daba su alma? Ciu. 2. Yo imagino, si no es que el vulgo en esto se ha [engañado, que Rosamira le tenía rendido; 20 pero ya lo contrario ha parecido. Anas. Si eso dijo la fama, cosa es clara, y no van mal fundados mis recelos, visto que en su deshonra no repara, que esta su acusación nace de celos. 25 ¡Oh infernal calentura, que a la cara sale, y aun a la boca! ¡Oh santos cielos! ¡Oh amor! ¡Oh confusión jamás oída! ¡Oh vida muerta! ¡Oh libertad rendida! Entrase Anastasio. 30 Ciu. 1. So aquel sayal hay al, sin duda alguna;
DEL LABERINTO DE AMOR p. 229 o yo sé poco, o no sois vos villano. Ciu. 2. Mudan los trajes trances de fortuna, y encubren lo que está más claro y llano. No sé yo si debajo de la luna se ha visto lo que hemos visto. ¡Oh 5 [mundo insano, cómo tus glorias son perecederas, pues vendes burlas, pregonando veras! Entranse. Salen Julia y Porcia en hábito de pastorcillos, 10 con pellicos. Jul. Porcia amiga... Por. ¡Bueno es eso! Rutilio me has de llamar, Si es que quieres excusar 15 un desastrado suceso. Yo no sé cómo te olvidas de nuestros nombres trocados. Jul. Suspéndenme los cuidados de nuestras trocadas vidas; 20 y no es bien que así te asombre ver mi memoria perdida: que, quien de su ser se olvida, no es mucho olvide su nombre, Rutilio amigo, ¡ay de mí!, 25 que arrepentida me veo, muerta a manos de un deseo a quien yo la vida di. Mientras más, Rutilio, voy considerando lo hecho, 30 más temor nace en mi pecho,
JORNADA PRIMERA p. 230 más arrepentida estoy. Por. Eso, amigo, es lo peor que yo veo en tus dolores: que, adonde sobran temores, hay siempre falta de amor. 5 Si el amor en ti se enfría, cuesta se te hará la palma, grave tormenta la calma, noche oscura el claro día. Ama más, y verás luego 10 esparcirse los nublados, todos tus males trocados en dulce paz y sosiego. Pero, quieras o no quieras, ya estás puesta en la batalla, 15 y tienes de atropellalla, sea de burlas, sea de veras. Ya en el ciego laberinto te metió el amor cruel; ya no puedes salir de él 20 por industria ni 1nstinto. El hilo de la razón no hace al caso que prevengas; todo el toque está en que tengas un gallardo corazón, 25 no para entrar en peleas, que en ellas no es bien te pongas, sino con que te dispongas a alcanzar lo que deseas, cuéstete lo que costare: 30 que, si tu deseo alcanzas, no hay cumplidas esperanzas
DEL LABERINTO DE AMOR p. 231 en quien el gusto repare. Muestra ser varón en todo, no te descuides acaso, algo más alarga el paso, y huella de aqueste modo; 5 a la voz da más aliento, no salga tan delicada; no estés encogida en nada, espárcete en tu contento; y, si fuere menester 10 disparar un arcabuz, ¡juro a Dios y a ésta, que es cruz, que lo tenéis de hacer! Jul. ¡Jesús! ¿Quieres que me asombre, Rutilio, en verte jurar? 15 Por. ¿Con qué podré yo mostrar más fácilmente ser hombre? Un voto de cuando en cuando, es gran cosa, por mi fe. Jul. Yo, amiga, jurar no sé. 20 Por. Iráte el tiempo enseñando. Jul. ¿Sabes, Porcia, lo que temo? ¡Ay, que el nombre se me olvida! Por. ¡Juro a Dios que estás perdida! Jul. Ya aqueso pasa de extremo. 25 No jures más; si no, a fe que te deje y que me vaya. Por. Tanto melindre mal haya. Jul. ¿Pues por qué? Por. Yo me lo sé. 30 Jul. En cólera me deshago, en verte jurar por Dios.
JORNADA PRIMERA p. 232 Por. Pues también soy como vos medrosa, y a todo hago; y no os llevo tantos años, que ellos puedan enseñarme la experiencia de librarme 5 de no conocidos daños. Avisad y tened brío, y, pues ya estamos en esto, echad del ánimo el resto, que yo estaré con el mío. 10 Jul. Porcia amiga, ello es así. ¡Ay, que el nombre se olvidó! Por. ¡Mal haya quien me parió! Di Rutilio, ¡pesia a mí! Jul. No te enojes, que yo juro 15 de no olvidarme jamás. Por. Cuando jures, jura más, y estarás muy más seguro. Jul. Témome de estos pellicos que nos han de descubrir. 20 Por. Yo lo he querido decir, que es malo que sean tan ricos. Jul. No va en esto, sino en ser conocidos. Por. ¿Pues en qué? 25 Jul. ¿No ves que yo los mandé de aqueste modo hacer para la farsa o comedia que querían mis doncellas hacer? 30 Por. Haráse sin ellas; mas quizá será tragedia.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 233 Jul. Y no los echaron menos cuando nosotras faltamos. Por esto en peligro estamos, y no por ser ellos buenos. Por. Como a Módena lleguemos, 5 mudaremos este traje. Jul. Yo me vestiré de paje. Por. Entrambos nos vestiremos. Jul. Témome que está en Novara mi hermano. 10 Por. ¡Pluguiese al cielo! Jul. Pues a fe que lo recelo; mas, sin duda, es cosa clara que él de Rosamira está en extremo enamorado, 15 y sírvela disfrazado. Por. Eso importa poco ya; que, en llegando el de Rosena, Celia se casa con él. Podrá tu hermano fïel 20 morir, o dejar su pena. Jul. ¡Qué corta es nuestra ventura! Tú, enamorada de quien tiene a otra por su bien; yo, de quien mi mal procura, 25 de quien se casa mañana. Y la fortuna molesta nos lleva a morir la fiesta de nuestra muerte temprana. ¡Qué de imposibles se oponen 30 a nuestros buenos deseos! ¡Qué miedos, qué devaneos
JORNADA PRIMERA p. 234 nuestra intención descomponen! ¡Ay Rutilio, y cuán en vano ha de ser nuestra venida! Por. Mientras esté con la vida, pienso que en ventura gano. 5 Confía y no desesperes, que puesto en plática está que el diablo no acabará lo que no acaban mujeres. [Jul.] Escucha, que gente suena; 10 cazadores son; escucha; gente viene, y gente mucha. Por. No te dé ninguna pena; saludarlos y pasar, sin ponernos en razones. 15 Entran dos cazadores. Caz. 1. ¿Tomó dos esmerejones? Caz. 2. Sí. Caz. 1. No hay más que desear. ¿Y el duque, quédase atrás? 20 Caz. 2. No; que veisle aquí a do viene. Caz. 1. Mucho en Rezo se detiene. Caz. 2. Sabed que no puede más. Y hoy vendrá su embajador, y sabrá lo que ha de hacer. 25 Por. Camilo, aquí es menester ingenio, esfuerzo y valor; que el de Rosena es aquel que allí viene, según creo. Jul. ¡Amor, ayuda al deseo, 30 pues que me pusiste en él!
DEL LABERINTO DE AMOR p. 235 Sale el duque de Rosena, de caza. Man. ¿La garza no parece? Caz. 1. Ayer se descubrió en esta laguna que a la vista se ofrece. Man. Pues un pastor me ha dicho que ninguna 5 se ha visto en estos llanos. Caz. 2. Pues de dos me dijeron dos villanos. Man. Dése a Rezo la vuelta; que, aunque no es tarde, va creciendo [el viento, 10 y aquella nube suelta señala injuria de turbión violento. ¡Oh qué bellos zagales! Mancebos, ¿sois de Rezo naturales? Jul. En Pavía nacimos. 15 Man. ¿Pues dónde vais ahora? Jul. Hacia Novara, no más de porque oímos que el duque Federico allí prepara una fiesta que admira, 20 porque casa a su hija Rosamira con un señor llamado Manfredo, que es gran duque de Rosena. Man. Verdad os han contado. Por. Pues a la fama que será tan buena 25 la fiesta y boda vamos, y a nuestro padre en cólera dejamos. Man. ¿Y adónde queda el ganado? Por. Imagino que perdido. Man. ¡Mucho atrevimiento ha sido! 30 Jul. A más obliga un cuidado.
JORNADA PRIMERA p. 236 Man. ¿Usanse aquestos pellicos ahora entre los pastores? Por. También muestran sus primores los villanos, si son ricos. Man. ¿Y lleváis bien que gastar? 5 Jul. Un tesoro de paciencia. Man. ¿Encargaréis la conciencia si le acabáis de acabar? Por. Tal puede ser el suceso, que se acabe el sufrimiento. 10 Man. ¡Por Dios, que me dais contento! Jul. Ya nos viéramos en eso. Man. ¿Cómo os llamáis? Jul. Yo, Camilo. Por. Y yo, Rutilio. 15 Man. En verdad que parecen de ciudad vuestros nombres y el estilo, y que en ellos, y aun en él, poco es, mentís villanía. 20 Por. Como hay estudio en Pavía, algo se nos pega de él. Jul. Díganos, señor: ¿qué millas desde aquí a Novara habrá? Man. Treinta a lo más que creo está. 25 Caz. 2. Y dos más; son angostillas. Man. Conmigo os iréis, si os place, que yo ese camino hago. Jul. Yo, por mí, me satisfago. Por. Pues a mí no me desplace. 30 Pero advierta que los dos vamos poco a poco a pie.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 237 Man. Bien está; que yo os daré en que vais. Por. Págueoslo Dios; que bien parecéis honrado, noble, y rico, y principal. 5 Caz. 1. Y aun vosotros, de caudal mayor del que habéis mostrado; si no, dígalo el lenguaje, y el uno y otro pellico. Caz. 2. Es en Pavía muy rico 10 casi todo el villanaje, y éstos hijos deben ser de algún rico ganadero. Man. A Rezo volverme quiero; bien os podéis recoger. 15 Entra uno. Uno. Tu embajador ha llegado. Man. ¿Mompesir? Uno. Sí, mi señor. Man. Esperadme, por mi amor, 20 que luego vuelvo. Por. Haz tu grado. Entranse todos, si no es Porcia y Julia, que quedan. Jul. Rutilio, ¿qué te parece? Por. Camilo amigo, que estás 25 en punto donde verás que es bueno el que se te ofrece. La fortuna te ha traído a poder del duque; advierte que un principio de tal suerte, 30
JORNADA PRIMERA p. 238 un buen fin tiene escondido. Jul. ¿Parécete que le diga quién soy por un modo honesto? Por. No te descubras tan presto. Jul. ¿Pues cómo quies que prosiga? 5 Por. El tiempo vendrá a avisarte de aquello que has de hacer. Jul. Mi mal no puede tener en parte del tiempo parte. Si no estará el duque apenas 10 tres días sin que se case, ¿cómo dejaré que pase el tiempo, como me ordenas? Por. Un caso tan grave y tal, con prisa mal se resuelve. 15 Silencio, que el duque vuelve; el semblante trae mortal. Vuelve a entrar el duque, y el embajador que entró primero, y los dos cazadores. Emb. Digo, señor, que el príncipe de Utrino, 20 Dagoberto, heredero del Estado, en mi presencia y la del duque vino, y allí propuso lo que te he contado. No con la triste nueva perdió el tino el padre; padre no, mas recatado 25 jüez, pues, como tal, mandó traella, y el príncipe afirmó su culpa ante ella. Rosamira la oyó, y en su defensa mover no pudo o nunca quiso el labio; por esto el duque que es culpada 30 [piensa,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 239 pues no responde a tan notable agravio. El caso ponderó, y al fin dispensa en todo, procediendo como sabio, que, mientras se ve el caso, la [duquesa 5 en una torre esté encerrada y presa. Dagoberto se ofrece con su espada a probar en el campo lo que dice. Yo, viendo a Rosamira así acusada, tus bodas al instante las deshice. 10 Esto resulta, en fin, de mi embajada; mira, señor, si bien o si mal hice: que el duque, ya rendido a su fortuna, no quiso responderte cosa alguna. Man. ¡Válgame Dios, qué miserable caso! 15 ¿Dónde fabricas, mundo, estos [vaivenes? ¿Daslos con luenga prevención, o [acaso? ¿O por qué antes de darlos no 20 [previenes? Caz. 1. Señor, con largo y con ligero paso, cubierto de las plantas a las sienes de luto, un caballero veo que asoma por el verde recuesto de esta loma. 25 Man. Y aun me parece que hacia aquí [endereza la rienda, y del caballo ya se apea. ¡Qué bien con la color de mi tristeza viene el que trae aquéste por librea! 30 ¿Quién podrá ser? Caz. 2. La espada se adereza.
JORNADA PRIMERA p. 240 Emb. Descolorido llega. Man. Y mal criado. Entra un embajador del duque de Dorlán, vestido de luto. Dor. ¡Gracias a Dios, Manfredo, que [te] he 5 [hallado! Quien viene a lo que yo, Manfredo, [vengo, no le conviene usar de más crianza: que sólo en las razones me prevengo 10 que estarán en la lengua o en la lanza. La antigua ley de embajador [mantengo; escúchame, y responde sin tardanza, que a ti el gran duque de Dorlán me 15 [envía, y a guerra a sangre y fuego desafía. Dice, y esto es verdad, que, habiendo [dado a tu corte en la suya alojamiento, 20 y habiéndote en su casa agasajado, viniendo a efectuar tu casamiento, como el troyano huésped, olvidado del hospedaje, con lascivo intento, su hija le robaste y su sobrina: 25 traición no de tu fama y nombre digna. Por esto, si a su intento no te ajustas, y a la ley no respondes de hidalguía, de poder a poder, o, si más gustas, de persona a persona, desafía. 30 Por. Nuestras [s]andeces causan estas justas.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 241 ¿Haslo notado bien? Di, Julia mía. Jul. Calla, y entre estos árboles te esconde; veremos lo que el duque le responde. Dor. Y tanto a la venganza está dispuesto de aqueste agravio y malicioso hecho, 5 que de este paño de color funesto que se vista su gente toda ha hecho, en tanto, o ya sea tarde, o ya sea presto, que, a desprecio y pesar de tu [despecho, 10 castiga la insolencia de este ultraje, transgresor de la ley del hospedaje. Este es el fin de mi embajada; mira si quieres responderme alguna cosa. Man. Reprima mi inocencia en mí la ira 15 que alborota tu lengua licenciosa; yo no sé qué responda a esa mentira; sólo sé que fortuna mentirosa debe o quiere probar con su insolencia los quilates que tiene mi paciencia. 20 Diréisle al duque que ante él mismo [apelo de aquesta acusación vana que ha [hecho, porque, por la Deidad que rige el cielo, 25 que jamás tal traición cupo en mi [pecho. Leal pisé de su palacio el suelo, leal salí, guardando aquel derecho que al hospedaje amigo se debía 30 y a la ley que profeso de hidalguía. Ni vi a su hija, ni jamás la he visto,
JORNADA PRIMERA p. 242 ni la intención de mi camino era hacerme con mis huéspedes malquisto, aunque el lascivo gusto lo pidiera: que entonces con mayor fuerza resisto, cuando la torpe inclinación ligera 5 con más regalo acude al pensamiento, estando al ser quien soy contino atento. Ni acepto el desafío, ni desecho; sólo lo que pretendo es dilatarlo hasta que el duque esté más satisfecho 10 y la misma verdad venga a estorbarlo. Y cuando esto no fuese de provecho, y el engaño prosiga en engañarlo, para entonces acepto el desafío, ajustando a su gusto el gusto mío. 15 Esto doy por respuesta, y no otra cosa; mirad si a Rezo queréis ir conmigo. Dor. Es el camino largo, y presurosa la gana de volver al suelo amigo. ¡A Dios quedad! [Vase.] 20 Man. Fortuna rigurosa, ¿qué es esto? ¿Quién soy yo, o qué [pasos sigo tan malos, que se extrema así tu furia en hacerme una injuria y otra injuria? 25 ¡Infamada mi esposa, y yo infamado, y por lo menos de traición! ¿Qué es [esto? ¡En tan triste sazón me tiene puesto! Emb. Señor, si en nada de esto estás culpado, 30 no es bien que te [a]congoje nada de esto: tu esposa aún no era tuya; estotra culpa,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 243 en tu pura verdad tiene disculpa. Man. No me aconsejes ni me des consuelo, y a Rosena mi gente luego vuelva; que este rigor con que me trata el cielo, quiere que en éste sólo me resuelva. 5 Emb. Aunque con vengativo, airado celo, su fuerza el hado contra ti resuelva, yo no le he de dejar. Man. Escucha un poco; quizá dirás de veras que estoy loco. 10 Por. ¿Qué hemos de hacer, Camilo? Jul. ¿No está claro? Seguir del duque las pisadas todas. Por. ¿Con qué ocasión? Jul. En eso no reparo. 15 Por. ¿No ves que se han deshecho ya las [bodas? Jul. Ventura ha sido mía. Man. No me aclaro más por ahora. 20 Emb. En fin, ¿que te acomodas a ir de esa manera? Man. Ten a punto los vestidos que digo. Emb. Harélo al punto. 25 [Man.] Y no quede ninguno de los míos. Y en esto no me hagas más instancia, que la mudable rueda es desvaríos, tiene encerrada a voces la ganancia. Y estos dos pastorcillos, que en sus bríos 30 muestran más sencillez que no [arrogancia,
JORNADA PRIMERA p. 244 si de ello gustan, quedarán conmigo. Por. ¿Entendístele? Jul. ¡Y cómo, oh cielo amigo! Señor, si es que la ida de Novara, según que hemos oído, se te impide, 5 volver queremos a la patria clara, si otra cosa tu gusto no nos pide. Man. Puesto que la fortuna y suerte avara su querer con el mío jamás mide, por esta vez entiendo que me ha(s) dado 10 en los dos lo que pide mi cuidado. Quedaos conmigo, que a Novara [iremos, donde, puesto que fiestas no veamos, quizá cosas más raras hallaremos, 15 con que el sentido y vista [entretengamos. Por. Por tuyos desde aquí nos ofrecemos: que bien se nos trasluce que ganamos en servirte, señor, cuanto es posible. 20 Man. Haz lo que he dicho. Emb. ¡Oh caso no creíble! Entranse todos, y sale Anastasio, y Cornelio, su criado. Anas. Poco me alegra el campo ni las flores. Cor. Ni a mí tus sinsabores me contentan; 25 porque es cierto que afrentan los amores que en tan bajos primores se sustentan, y en mil partes nos cuentan mil autores cien mil varios dolores que atormentan al miserable amante no entendido, 30 poco premiado y menos conocido.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 245 Anas. Ya te he dicho, Cornelio, que te dejes de darme esos consejos excusados; y nunca a los amantes aconsejes cuando tienen por gloria sus cuidados, que es como quien predica a los herejes, 5 en sus vanos errores obstinados. Cor. Muy bien te has comparado. Advierte [y mira que ya no es Rosamira Rosamira: las trenzas de oro y la espaciosa frente, 10 las cejas y sus arcos celestiales, el uno y otro sol resplandeciente, las hileras de perlas orientales, la bella aurora que del nuevo Oriente sale de las mejillas, los corales 15 de los hermosos labios, todo es feo, si a quien lo tiene infama infame [empleo. La buena fama es parte de belleza, y la virtud perfecta hermosura: 20 que, a do suele faltar, naturaleza suple con gran ventaja la cordura; y, entre personas de subida alteza, amor hermoso a secas es locura. En fin, quiero decir que no es hermosa, 25 siéndolo, la mujer no virtüosa. Rosamira, en prisión; la causa, infame; tú, disfrazado y muerto por libralla; ignoras la verdad; ¿y quies que [llame 30 justa la pretensión de esta batalla? Anas. Tu sangre harás, Cornelio, que derrame,
JORNADA PRIMERA p. 246 pues procuras la mía así alteralla con tus razones vanas y estudiadas, y entre libres discursos fabricadas. Vete; déjame y calla; si no, ¡juro...! Cor. Yo callaré; no jures, sino advierte 5 que gente viene alrededor del muro, y temo, al fin, que habrán de acometerte. Anas. De esto puedes estar muy bien seguro, que en la ciudad he estado de esta suerte seis días hace hoy, y estaré ciento: 10 que salió este disfraz a mi contento. Entran Tácito y Andronio, estudiantes capigorristas. And. Deja los libros, Tácito; digo deja el tomar de coro ahora, 15 y, a nuestro beneplácito, gozando el fresco de la fresca aurora, por aquí nos andemos. Tác. ¡Por Dios, que es buen encuentro el que [tenemos! 20 Villano es el morlaco. ¿Quieres que le tentemos las corazas, y veremos si es maco? And. Siempre en las burlas, Tácito, que trazas, salimos mal medrados. 25 Talle tienen los mozos de avisados. Tác. Por esta vez, probemos: que si el pacho consiente [bernardinas, el tiempo entretendremos. 30 And. ¡Con qué facilidad te determinas
DEL LABERINTO DE AMOR p. 247 a hacer bellaquerías! Cor. Hacia nosotros vienen. Tác. No te rías. Díganos, gentilhombre, así la diosa de la verecundia 5 reciproque su nombre, y el blanco pecho de tremante enjundia soborne en confornino: ¿adónde va, si sabe, este camino? Anas. Mancebo, soy de lejos, 10 y no sé responder a esa pregunta. Tác. Dígame: ¿son reflejos los marcurcios que asoman por la [punta de aquel monte, compadre? 15 Cor. ¡Bellaco sois, por vida de mi madre! ¿Bernardinas a horma? Yo apostaré que el duque no le entiende. Anas. Habláisme de tal suerte, que no sé responderos. 20 Tác. Pues atiende, gamicivo, y está atento. Cor. ¡Qué donaire y qué gracioso acento! Tác. Digo que ¿si mi paso tiendo por los barrancos de este llano, 25 si podrá hacer al caso? Anas. Digo que no os entiendo, amigo [hermano. Tác. Pues bien claro se aclara, que es clara, si no es turbia, el agua 30 [clara. Quiero decir que el tronto,
JORNADA PRIMERA p. 248 por do su curso lleva al horizonte, está a caballo, y pronto a propagar la cima de aquel monte. Anas. ¡Ya, ya; ya estoy en ello! Tác. ¿Pues qué quiero decir, gozmio, camello? 5 Anas. Que son bellacos grandes los mancebitos de primer tonsura. Tác. Tontón, no te desmandes, que llevarás del sueño la soltura. Cor. Mi señor estudiante, 10 mire no haga que le asiente el guante. Anas. Confieso que al principio yo no entendí la flor de los mancebos. And. Arena, cal y ripio trago, mi señorazo papahuevos. 15 Cor. Su flor se ha descubierto. Tác. Pues zarpo de éste, y voyme a mejor [puerto. Cor. No se vayan, que asoman otros dos de su traza y compostura, 20 y este camino toman. También son éstos de primer tonsura, y, a lo que yo imagino, de aquí no son, y vienen de camino. Entran Julia y Porcia como estudiantes de camino. 25 Por. Querría que no errásemos en lo que el duque nos mandó, Camilo, y es que aquí le esperásemos. Jul. ¿Entendístelo bien? Por. Bien entendílo. 30 And. Argumentando vienen.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 249 Lleguémonos, si acaso se detienen, y déjennos con ellos; gustarán de la burla. Cor. Que nos place. Anas. Yo no estoy para vellos: 5 que mal la alegre burla satisface al alma que no alcanza a ver, si no es burlada, su esperanza. Entranse Anastasio y Cornelio. Jul. En esta tierra asiste, 10 en disfrazado traje, aquel mi hermano a quien tú adoras triste. Si me encuentra y conoce... Por. Es temor vano: que en tal traje nos vemos, 15 que a la misma verdad engañaremos. A mí una vez me ha visto, y ésa de noche. Jul. A mí, casi ninguna. Mal al temor resisto; 20 estudiantes son éstos. Tác. La fortuna mi atrevimiento ayude; si en trabajo me viere, Andronio, acude. ¿Son estudiantes, señores? 25 Por. Sí, señor, y forasteros. Tác. ¿Pacacios, o caballeros? Jul. No somos de los peores. Tác. ¿Y qué han oído? Por. Desgracias. 30 Jul. Y en ellas somos maestros.
JORNADA PRIMERA p. 250 And. Por mi vida, que son diestros y que saben decir gracias. Pues háganme este latín, así Dios les dé salud: “Yo soy falto de virtud, 5 tan bellaco como ruin.” Por. No venimos de ese espacio. And. No se deben de excusar, si es que nos quieren mostrar que son hombres de palacio. 10 Jul. Ni aun de nada somos hombres. And. Pues, ya que se excusan de esto, dígannos, y luego, y presto, de dónde son, y sus nombres, qué estudian, la edad que tienen 15 si es rico o pobre su padre, la estatura de su madre, dónde van y de a dó vienen. ¡Turbados están! ¡Apriesa, respondan, que tardan mucho! 20 Por. Con gran paciencia te escucho, mancebito de traviesa. Váyase y déjenos ir, y serále muy más sano. And. ¡Jesús, qué mal cortesano! 25 ¿Tal se ha dejado decir? Jul. Es tarde, y hay que hacer, y servimos, y tardamos. Tác. Ténganse, que aquí cobramos la alcabala del saber; 30 porque cuando el sacrilegio a Mahoma se entregó,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 251 esta autoridad nos dio nuestro famoso colegio. ¡Miren si voy arguyendo con razones circunflejas! Por. Atruénasme las orejas, 5 mancebito, y no te entiendo. Tác. Andronio. And. Ya estoy al cabo. Pónese Andronio detrás de Julia para hacerla caer; pero no la ha de derribar. 10 Tác. Volviendo a nuestro comienzo, el asado San Lorenzo, cuyas virtudes alabo, en sus Cuntiloquios dice... Jul. ¡Esta es gran bellaquería, 15 y juro por vida mía...! Tác. Y dirán que yo lo hice. Jul. Pero aquí viene nuestro amo, y mala ventura os mando. Tác. Signori, me recomendo, 20 y a la corona me llamo. Y a revederci altra volta, dove finitemo el resto, or non piu, & visogna presto fugiré de qui si ascolta. 25 Entrase Tácito y Andronio. Entra Manfredo como estudiante, de camino. Man. Rutilio y Camilo, pues, ¿he, por ventura, tardado? Por. Más de un hora hemos estado 30
JORNADA PRIMERA p. 252 esperando, como ves; y aun nos han dado mal rato dos bonitos estudiantes, que tienen más de chocantes, que no de letras su trato. 5 Pero ¿en qué te has detenido tanto tiempo? Man. Fui escuchando dos que iban razonando de este caso sucedido. 10 Y apostaré que estos dos que vienen, tratan también de este hecho. Escucha bien si acierto, así os guarde Dios. Jul. ¿De qué sirve el escuchar, 15 pues podemos preguntallo? Entran los dos ciudadanos que entraron al principio. Ciu. 1. Por mil conjeturas hallo que ella habrá de peligrar. Ciu. 2. En fin, que no se disculpa. 20 Ciu. 1. ¡Esa es una cosa extraña! Ciu. 2. El pensamiento me engaña, o ella no tiene culpa. Man. Mis señores, ¿qué se suena del caso de la duquesa? 25 Ciu. 1. Que se está todavía presa, y el silencio la condena. Man. ¿Quién la acusa? Ciu. 2. Dagoberto. Man. ¿Da testigos? 30 Ciu. 2. Ni aun indicio.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 253 Man. Cierto que no es ése oficio de caballero. Ciu. 1. No, cierto. Man. ¿Y su padre? Ciu. 1. ¿Qué ha de hacer? 5 Sólo ha hecho pregonar que a quien la acierte a librar se la dará por mujer, como sea caballero el que se oponga a la empresa. 10 Man. ¿Y qué, calla la duquesa? Ciu. 2. Como si fuese un madero. Man. ¿Y del duque que se suena que había de ser su esposo? Ciu. 1. Que, en sabiendo el caso astroso, 15 dio la vuelta hacia Rosena. Y aun otras nuevas nos dan, ni sé si es verdad o no: que, estando en Dorlán, sacó una hija al de Dorlán, 20 y también a una parienta, del mismo duque sobrina, y que el duque determina vengarse de aquesta afrenta. Y que se tiene por cierto 25 que la sacó el de Rosena. Ciu. 2. Hasta ahora, así se suena; ni sé si es cierto o incierto. Man. Y si como eso es mentira, como me doy a entender, 30 podrá ser que venga a ser bien mismo de Rosamira:
JORNADA PRIMERA p. 254 que sé que el duque es muy bueno, y que traición ni ruindad, si no es razón y bondad, jamás albergó en su seno. Ciu. 1. ¿Sois acaso milanés? 5 Porque de serlo dais muestra. Man. Aunque la lengua lo muestra, no soy, sino boloniés; mas he estudiado en Pavía, y algo la lengua he tomado. 10 Ciu. 2. ¿Y qué es lo que se ha estudiado? Man. Humanidad. Ciu. 1. Sí haría: que todos los de su edad eso es lo que estudian más. 15 Man. Sin estudiarla, jamás se aprende esta facultad. Ciu. 1. ¿Y a qué venís a Novara? Man. A ver la boda venía. Ciu. 2. No quiso en tanta alegría 20 ponernos la suerte avara; y en lugar de ella, podréis ver, si gustáis, la batalla. Man. Si no hay quien salga a tomalla. Ciu. 1. Poco tiempo os detendréis: 25 que me quedan más de seis días para el plazo puesto. Man. De quedarme estoy dispuesto. Ciu. 1. Sin duda, lo acertaréis. Y ¡a Dios! 30 Man. Con él vais los dos. Ciu. 2. ¿Luego aquí os queréis quedar?
DEL LABERINTO DE AMOR p. 255 Man. Sí; porque aquí he de aguardar a un amigo. Ciu. 2. Pues, ¡a Dios! Man. Yo no sé en qué se confía mi dudosa voluntad, 5 y, si no es curiosidad, ¿qué locura es esta mía? Creo que darme deshonra, ingrato amor, te dispones, pues cuando está en opiniones 10 la honra, no hay tener honra. Entrase Julia, Porcia y Manfredo. Sale el duque Federico y el carcelero que tiene a la duquesa Rosamira. Duq. ¿Cómo está la duquesa? 15 Car. Negro luto cubre su faz, y, sola en su aposento, al suelo da de lágrimas tributo, con doloroso, amargo sentimiento. Duq. ¡Oh bien hermoso y mal nacido fruto, 20 marchito en la sazón de más contento, y cómo al mejor tiempo me has burlado, quedando en mis designios defraudado! ¿Y qué, no se disculpa? Car. Ni por pienso. 25 Duq. ¿De quién se queja? Car. De su corta suerte. [Duq.] En breve tiempo de su vida el censo dará a una infame, inevitable muerte. Car. ¿Sabes, señor, lo que imagino y pienso? 30
JORNADA PRIMERA p. 256 Duq. ¿Qué piensas o imaginas? Car. Que es muy fuerte de creer que el de Utrino verdad diga. Duq. A que lo crea, su bondad me obliga, y el ver que Rosamira, en su disculpa, 5 el labio no ha movido ni le mueve; y es muy cierta señal de tener culpa, el que a volver por sí nunca se atreve. La culpa es grave; grave el que la culpa; el plazo a la batalla, corto y breve; 10 defensor no se ofrece: indicio claro que a su desdicha no ha de hallar [reparo. Car. ¿Si quisiere, por dicha, dar descargo con otro, pues no quiere en tu presencia, 15 quizá turbada del infame cargo, dejarla he visitar? Duq. Con mi licencia. Car. Puesto que el bien guardarla está a mi [cargo, 20 no está a mi cargo usar de esta [inclemencia: que a fe, si su remedio se hallase, que muy poco tus órdenes guardase.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 257 JORNADA SEGUNDA Entran Cornelio y Anastasio. Cor. Volviendo a lo comenzado, señor, ¿qué piensas hacer? Anas. Lo que procuro, es saber 5 si el príncipe se ha engañado, o qué causa le ha movido a acusar a Rosamira: si fueron celos, o ira, ser llamado, y no escogido; 10 y cuando de esta querella no sepa verdad jamás, por gentileza no más, me dispongo a defendella. Cor. Propongo que Dagoberto 15 es vencido en la batalla, y que ella libre se halla de la tormenta en el puerto. ¿Tendrás por cosa notoria el poder asegurarte 20 que la razón vino a darte, y no fuerza, la victoria? Porque de Dios los secretos son tan incomprehensibles, que a veces vemos visibles, 25 de bienes, malos efetos. Anas. Ya entiendo tus argumentos, y con ellos me das pena.
JORNADA SEGUNDA p. 258 Haga el cielo lo que ordena; yo honraré mis pensamientos. Entran Julia y Porcia. Cor. Los estudiantes son estos de quien los otros burlaron. 5 Anas. Sus burlas, ¿en qué pararon? Cor. Eran algo descompuestos. Forastero me parece en cierto modo su traje; eso veré en su lenguaje, 10 si el hablarlos se me ofrece. Por. Camilo, no te descuides en mostrar en dicho y hecho que eres varón, a despecho de cuantos cuidados cuides. 15 Deja melindres aparte, da a las ternezas de mano, y mira que está en tu mano el perderte o el ganarte. Mira que amor te ha traído, 20 por un nunca visto enredo, a ser paje de Manfredo, y paje favorecido: que es principio que asegura buen fin a tu pretensión. 25 Jul. Tienes, Rutilio, razón; mas no tengo yo ventura, pues, cuando más me acomodo a hacer lo que me ordenas, embebecida en mis penas, 30 se me olvida a veces todo.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 259 Mas ¡ay de mí, desdichada, que éste es el duque, mi hermano! Por. Vuelve el rostro a esotra mano, y vuélvete a la posada; que él no me conoce a mí, 5 y conviéneme hablalle. Jul. ¿Por dó he de ir? Por. Por esa calle. Jul. ¿Vendrás presto? Por. Voy tras ti. 10 Vase Julia. Buen hombre, ¿sois de esta tierra? Anas. Ni soy de ella, ni buen hombre. Por. ¿Pues cómo la vuestra ha nombre? Anas. Como el cielo que la encierra. 15 Cor. [Aparte.] Querrá decir Rosamira, que es tierra y cielo a do vive. Estas quimeras concibe quien más por amor suspira. Anas. Y vos, ¿sois de este lugar, 20 señor estudiante? Por. No. Anas. ¿Pues de dónde? Por. Aún no sé yo de a dó me podré llamar: 25 que el cielo y tierra, hasta ahora, me tratan como extranjero, y ni de él ni de ella espero ver en mis cuitas mejora(s). Anas. ¿Vos con cuitas en edad 30 tan tierna? ¡A fe que me espanta!
JORNADA SEGUNDA p. 260 [Por.] A los años se adelanta tal vez la calamidad; y más cuando son de aquellas que trae el amor en sus alas. Cor. Sus razones no son malas, 5 aunque yo no sé entendellas; mas, con todo, apostaré que está el rapaz traspasado del agudo arpón dorado, como el señor su mercé. 10 Anas. ¿Amáis, por ventura? Por. Sí; mas no sé si por ventura, aunque alguna me asegura ver ahora lo que vi. 15 Anas. ¿Pues qué veis? Por. No será honesto hacer que me ponga en mengua tan fácilmente mi lengua como mis ojos me han puesto; 20 ni vuestro traje me mueve, ni mi deseo, a mostrar lo que en silencio ha de estar hasta que otras cosas pruebe. Anas. ¿Tan mal os parece el traje? 25 Por. No, por cierto; porque veo que de ese rústico aseo es muy contrario el lenguaje, y podrá ser que el sayal encubra el al del refrán. 30 Anas. ¿De dónde sois? Por. De Dorlán.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 261 Anas. De ahí soy yo natural. ¿Cuánto ha que de allá vinistes? Por. Poco más de doce días. Anas. ¿Qué hay de nuevo? Por. Niñerías, 5 aunque son un poco tristes. Anas. ¿Y qué son? Por. Que el de Rosena, que el de Dorlán hospedó, a Julia y Porcia robó, 10 como París hizo a Helena. Anas. ¿Tiénese eso por verdad? Por. Sí tiene; mas yo imagino que no lleva más camino que del cielo la maldad. 15 Anas. ¿Pues qué dicen? Por. Yo entreoí que la Porcia quería bien a Anastasio. Anas. ¿Cómo? ¿A quién? 20 Por. A Anastasio. Anas. [Aparte.] ¿Cómo? ¿A mí? ¿A su primo hermano? ¡Bueno! Por. Quizá guiaba su intento por vía de casamiento. 25 Anas. De eso está mi bien ajeno. Mas ¿eso qué importa al hecho de robarla? Por. No sé yo; dícese que la sacó 30 el mismo amor de su pecho. Mas deben de ser hablillas
JORNADA SEGUNDA p. 262 del vulgo mal informado. Cor. A mí me han maravillado. Anas. ¿Pues de qué te maravillas? Di: ¿no puede acontecer, sin admiración que asombre, 5 que una mujer busque a un hombre, como un hombre a una mujer? Cor. Sí puede; y es tan agible lo que dices, que se ve que, en las posibles, no sé 10 otra cosa más posible. Anas. Como a su centro camina, esté cerca o apartado, lo leve o lo que es pesado, y a procurarle se inclina, 15 tal la hembra y el varón el uno al otro apetece, y a veces más se parece en ella esta inclinación; y si la naturaleza 20 quitase a su calidad el freno de honestidad, que templa su ligereza, correría a rienda suelta por do más se le antojase, 25 sin que la razón bastase a hacerla dar la vuelta; y así, cuando el freno toma entre los dientes del gusto, ni la detiene lo justo, 30 ni algún respeto la doma. Por. ¡En poca deuda os están
DEL LABERINTO DE AMOR p. 263 las mujeres! Cor. Si así fuera, ni yo este traje trajera, ni él vistiera aquel gabán. Anas. No es tan poca: que si hago 5 la cuenta, no sé yo paga que a la deuda satisfaga, puesto que en ella me pago. Por. En fin, ¿amáis? Anas. Alma tengo, 10 y no he de estar sin amor. Por. Hay amor bueno, y mejor. Anas. Yo con el mejor me avengo. Por. ¿Es labradora? Anas. El tabarro 15 que me cubre así lo dice. Por. Pues todo lo contradice el talle y horro bizarro: que el tabarro es tosca caja que encierra el fino diamante. 20 Cor. ¡El diablo es el estudiante! ¡Qué bien su razón encaja! Apostaré que mi amo, sin más ni más, le da cuenta de quién es y lo que intenta. 25 Por aquesto le desamo: que presume de discreto, y no ve que es ignorancia, en las cosas de importancia, fiar de nadie el secreto. 30 Anas. Ahora bien: si vuestra estada no es de asiento en el lugar,
JORNADA SEGUNDA p. 264 y queréis conmigo estar en una misma posada, en la que tengo os ofrezco el género de amistad que engrandece la igualdad. 5 Por. Daisme lo que no merezco. Mas heme de despedir primero de un cierto amigo. Cor. Aquesto es lo que yo digo: él se vendrá a descubrir. 10 Anas. A la insignia del Pavón es mi estancia. Por. Andad con Dios, que mañana soy con vos. ¡Oh venturosa ocasión! 15 Entrase Anastasio y Cornelio. Si al fuego natural no se le pone materia que en la tierra le sustente, volveráse a su esfera fácilmente, que así naturaleza lo dispone. 20 Y el amante que quiere que se abone su fe con afirmar que no consiente en su alma esperanza, poco siente de amor, pues que a su ley justa se [opone. 25 Cual sin el agua quedaría la tierra, sin sol el cielo, el aire sin vacío, el mar en tempestad, nunca en [bonanza, y sin su objeto, que es la paz, la guerra, 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 265 forzado sin su gusto el albedrío, tal quedara amor sin esperanza. Entrase Porcia. Salen Tácito y Andronio. And. Vamos hacia la prisión 5 de la duquesa, que importa. Tác. Reporta, Andronio, reporta tu arrojada condición: que siempre quieres saber lo que no te importa un pelo. 10 And. Soy curioso. Tác. Yo recelo que aqueso te ha de ofender. Necio llamaré del todo, no curioso, al que se mete 15 en lo que no le compete ni toca por algún modo. Hay algunos tan simplones, que desde su muladar se ponen a gobernar 20 mil reinos y mil naciones; dan trazas, forman estados y repúblicas sin tasa, y no saben en su casa gobernar a dos criados. 25 De aquéllos mi Andronio es, y esto lo sé con certeza, que enmiendan a la cabeza, y apenas son ellos pies. Llaman con su ceguedad 30 y mal fundada opinión,
JORNADA SEGUNDA p. 266 al recato, remisión; al castigo, crueldad. El gobierno no les cuadra más justo y más nivelado; siguen del vulgo engañado 5 la siempre mudable escuadra. El que es buen vasallo, atiende a rogar por su señor, si es bueno, que sea mejor; y si es malo, que se enmiende. 10 De los viejos que enterramos, fue sentencia singular que el mundo hemos de dejar del modo que le hallamos. ¿Qué te importa a ti si hace 15 bien o mal el duque en esto? And. ¿Hasme oído tratar de esto? Tác. Y tanto, que me desplace. Que quemen a la duquesa, no se te dé a ti un ardite. 20 And. Desde hoy más guardaré el chite, y de lo hablado me pesa. Tác. A la espada me remito de Dagoberto en la riña. And. ¿Si vence?... 25 Tác. Pague la niña: que, a buen bocado, buen grito. Quien de honestidad los muros rompe, mil males se aplica. And. Cuando la zorra predica, 30 no están los pollos seguros. Entranse Tácito y Andronio.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 267 Sale Porcia como labrador y Julia como estudiante. Jul. ¿Por qué quieres intentar, Rutilio, tan gran locura? Por. Porque en el mal es cordura no temer, sino esperar; 5 y la negligencia estraga los remedios del dolor, y no quiero yo que amor conmigo milagros haga. El que padece tormenta, 10 si es que de piloto sabe, si puede, guíe la nave adonde menos la sienta. Yo en la mía un puerto veo a los ojos de mi fe, 15 y allá me encaminaré con los soplos del deseo. Ya viste que era tu hermano el labrador que aquí vimos: que los dos le conocimos, 20 aunque en el traje villano; y ha muchos días que sabes, y yo también, por mi mal, que tiene de su caudal el amor todas las llaves, 25 y que Rosamira es la que así le tiene aquí. Jul. Ya yo te he dicho que sí. Por. Pues dime: ¿ahora no ves que será muy acertada 30 la traza que te he contado?
JORNADA SEGUNDA p. 268 Jul. Caminas tras tu cuidado; en fin, como enamorada. ¿Que podrás dejarme a solas? Por. ¿A solas dices que estás, quedando con quien podrás 5 contrastar de amor las olas? Ingenio tienes y brío, y ocasión tienes también para procurar tu bien, como yo procuro el mío. 10 Jul. ¿Y si te conoce, a dicha? Por. Engañada en eso estás: que él no me ha visto jamás. Jul. Puede mucho una desdicha. [Por.] Nuestro mucho encerramiento 15 y libertad oprimida, como causó esta venida, cegará su entendimiento. Jul. Pues si el cielo, mi enemigo, te hiciere conocer, 20 nunca lo des a entender que te viniste conmigo. Sigue a solas tu ventura, que yo seguiré la mía, y el blando amor que nos guía, 25 abone nuestra locura. Yo a Manfredo le diré que a la patria te volviste. Mas ¿qué gente es ésta? ¡Ay, triste! Por. No sé; disimúlate. 30 Entran Anastasio, Manfredo y los dos ciudadanos.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 269 Ciu. 1. Es el caso inaudito, y la insolencia del duque de Rosena demasiada, mala en el hecho y mala en la [apariencia. Anas. Cuando del apetito es sojuzgada 5 la razón, no hay respeto que se mire, ni justa obligación que sea guardada. Ciu. 2. ¿Quién lo vendrá a entender que no se [admire?: que, faltando a la ley del hospedaje, 10 con las prendas del huésped se retire. Y más aquel que debe por linaje, por ser por calidad, por gentileza, hacer a todos bien, a nadie ultraje. Anas. Debe de ser de vil naturaleza, 15 o a quien soberbia natural inclina a tan infames hechos de bajeza. Pues a fe que fabricas tu rüina, Manfredo ingrato: que Dorlán bien suele amansar tu arrogancia repentina. 20 Man. A un pobre labrador, ¿por qué le duele tanto de Julia y Porcia el robo incierto? Quizá miente la fama. Por. ¿Hablaréle? Jul. Háblale; pero no te ha descubierto. 25 Anas. ¡Siempre son ciertas las desdichas mías! Man. ¿Desdichas tuyas? ¡Bueno estás, por [cierto! Anas. ¿Qué escita vive en sus regiones [fieras, 30 qué garamanta en su abrasada arena, o en tierras, si las hay, de amubaceas,
JORNADA SEGUNDA p. 270 que apruebe que un gran duque de [Rosena, siendo del de Dorlán huésped y amigo... Jul. Aquestos argumentos me dan pena. Anas. ...como astuto ladrón, como enemigo, 5 haberle de sus prendas despojado, sin que diga lo mismo que yo digo: que fue Manfredo ingrato y mal mirado? Jul. Apostaré que el duque te conoce. Por. Desvíate en buen hora a esotro lado. 10 Man. Buen hombre, no es razón que se [alboroce así vuestro sentido: que a Manfredo no le estima cual vos quien le conoce. Jul. Que han de reñir los dos tengo gran 15 [miedo. Por. Pues, por Dios, que si riñen... Jul. Calla, o vete. Por. Añade a lo que dices: si es que puedo. Anas. Tampoco no sé yo a qué se entremete 20 a defender un hecho un estudiante donde tan gran pecado se comete. Ciu. 2. Señores, no paséis más adelante: que si es verdad que el duque hizo tal [hecho, 25 aquel que lo defienda es ignorante. Anas. ¡Vive Dios, que se me arde en rabia el [pecho! Man. ¡Por Dios, que está el villano muy [donoso! 30 Jul. Cuajóse la cuestión; ello está hecho. Anas. ¿Villano a mí? ¡Escolar sucio y astroso,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 271 capigorrón, brodista, pordiosero! Man. ¡Oh villano otra vez, loco furioso! Por. Mal haré si no ayudo a quien bien quiero. Ciu. 1. ¿Qué es esto? ¿Con puñal a un [desarmado? 5 Anas. Dejad que llegue aqueste vil grosero. Ciu. 2. Cada cual de los dos sea bien mirado; miren quién está en medio. Man. ¿Tanto brío en un villano pecho está encerrado? 10 Jul. ¿Piedras a mi señor? Por. ¿Piedras tú al mío? Jul. ¡Oh! ¿También tú, villano? Por. ¡Oh sucio paje! Jul. Rutilio, di: ¿no es éste desvarío? 15 ¿Bofetada en mi rostro? ¡Ya el coraje ha llegado a su punto, y no es posible que temor o respeto aquí le ataje! Ciu. 1. Los dos criados, con furor terrible, se han asido también. 20 Ciu. 2. ¡Ténganse, digo! Man. ¡Hasta que mate a éste, es imposible! Anas. ¡No estimo su puñal en sólo un higo! Ciu. 2. ¡Otra vez digo que se tengan, ea! Jul. ¡Deja estar los cabellos, enemigo! 25 ¿Quieres, con esparcirlos, que se vea quién somos? Por. Pues, hereje, ¿estásme dando, y no te he yo de dar? Ciu. 1. Otra pelea 30 es ésta más cruel que estoy mirando. Jul. ¡Ay, que la boca toda me deshaces!
JORNADA SEGUNDA p. 272 Por. ¡Suelta tú el labio! Jul. ¡Ya le voy soltando! Por. ¡Acaba de soltar! Ciu. 1. ¡Quitad, rapaces! Jul. ¡Ay, que me muerde! 5 Por. ¿Echáisme zancadilla? Jul. ¿Qué haces, enemigo? Por. Y tú, ¿qué haces? Ciu. 2. Envainad vos, señor, y esta rencilla quédese así, pues no os importa nada. 10 Man. ¡Dios sabe por qué gusto diferilla! Por. Quitásteme el gabán, desvergonzada; la mano, digo, que tal fuerza tiene; pero esta mía me hará vengada. Ciu. 1. ¿Han visto con qué brío el mozo viene? 15 ¿Y éste es vuestro criado? Anas. No, por cierto. Man. Rutilio, ¿cómo es esto? Por. No conviene que mi designio aquí sea descubierto. 20 Man. ¿Pues por qué peleabas con tu [hermano? Por. De ignorancia nació mi desconcierto: que, como vi este traje de villano, tan parecido a aquellos de mi tierra, 25 dejarle de ayudar no fue en mi mano. Y creo, si la vista no se yerra, que éste es un mi pariente conocido, que de todo mi gusto me destierra. Man. El seso, al parecer, tienes perdido; 30 mas no le pierdas tanto, que señales pieza por donde yo sea conocido.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 273 Por. Seguro está, señor, que, ni por males ni bienes que a Rutilio el cielo envíe, dará de ser quién eres las señales, y en tal seguro el tuyo se confíe. Man. ¿De modo que a la patria quies 5 [volverte? Por. Antes que el tiempo cargue y más [enfríe. Man. ¡A Dios!, que yo no quiero detenerte. Por. Mi hermano queda acá. 10 Man. Gusto infinito. Por. Plega a Dios que en servirte en todo [acierte. Vase Manfredo y los dos ciudadanos. Jul. Dime, Rutilio: ¿a dicha, queda escrito 15 en el alma el rencor que hemos [mostrado? Por. A la ocasión y al gusto lo remito. Jul. ¿Iré de tu buen pecho confiado? Por. ¿Pues quién lo duda? 20 Jul. ¡A Dios, pues, firme amigo! Vase Julia. Por. ¡A Dios, mocito malaconsejado! Ya me tienes, señor, aquí contigo; a tu gusto me manda, que yo espero 25 que amor me ha de ayudar al bien que [sigo. Anas. Pues yo de todo bien ya desespero. ¡Oh amor, que con la vida me atropellas la honra, pues sin ella vivo y muero! 30
JORNADA SEGUNDA p. 274 Allí llega el ardor de sus centellas, donde pueda quitar el sentimiento de las cosas, que es muerte el no [tenellas. Julia robada; el duque en salvamento; 5 yo, a quien el caso toca, descuidado con el cuidado que en el alma siento. De un estudiante vil mal afrentado; socorrido de un pobre pastorcillo, aunque en esto me doy por bien 10 [pagado. Padezco el mal; no sé a quién [descubrillo; mas, aunque lo supiese, no osaría, pues no es para sufrirlo ni decillo. 15 Por. Si acaso éste no fuera el primer día que de buena amistad te doy la mano, pudiéraste fïar de la fe mía. Acomódome al traje de villano por servirte en el tuyo: señal clara 20 que soy de proceder fácil y llano. Si en algunos escrúpulos repara tu voluntad, el tiempo tendrá cargo de mostrarte la mía abierta y clara. Yo de serte fïel sólo me encargo, 25 con pecho noble, sin torcido enredo, sin que dificultad me ponga embargo. Anas. Sabrás...; basta, no más. Por. ¿Qué, tienes miedo de descubrirte a mí? Pues yo te juro, 30 por todo aquello que jurarte puedo, que puedes sin escrúpulo, al seguro,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 275 fïar de mí cualquier tu pensamiento. Anas. Conviéneme creer que estoy seguro; porque, para sa[lir] con el intento que tengo, sólo entiendo que tú eres el más fácil y cómodo instrumento; 5 y es menester, si gusto darme quieres, que, fingiendo ser moza labradora... ¿De qué te ríes? Por. Di lo que quisieres, que no me río, a fe. 10 Anas. Si es que no mora voluntad en tu pecho de servirme, dímelo, y callaré luego a la hora. Por. No digo de mujer; pero vestirme de diablo lo haré, pues que te 15 [agrada, con pronta voluntad y ánimo firme. Anas. Serás de mí tan bien gratificado, que iguale a tu deseo el beneficio. Por. Quedo en sólo servirte bien pagado. 20 Prosigue, pues. Anas. Ha dado en sacrificio un amigo su alma a la duquesa, que está acusada de un infame vicio. No se puede saber, como está presa, 25 si tiene culpa o no, y él, sin sabello, duda el ser defensor de tal empresa. A mí me ha dado el cargo de [entendello, y, con este gabán disimulado, 30 ha algunos días que he entendido en [ello.
JORNADA SEGUNDA p. 276 Por. ¿Y has alguna verdad averiguado? Anas. Ninguna. Por. ¿Pues qué ordenas? Anas. Que te pongas en el traje que digo disfrazado, 5 y a dar a Rosamira te dispongas un papel, y a sacarle de su pecho cuanto tuviere en él. Por. Como compongas bien el rústico traje, ten por hecho 10 lo que pides. Anas. La entrada está segura, dejando al carcelero satisfecho. Has de llevar el rostro con mesura. Por. Para una labradora, poco importa; 15 basta que lleve el pecho con cordura. La carta escribe y la partida acorta; que yo de parecer mujer no dudo. Anas. Habla sutil, y en pláticas sé corta. Por. ¡Ah, ciego amor, de pïedad desnudo, 20 y en qué trance me pones! Anas. ¿Te arrepientes? Por. Nunca del buen intento yo me mudo. Aunque tuviera el caso inconvenientes mayores, con mi industria los venciera, 25 y buscara los medios suficientes. Anas. Si supieses la paga que te espera, cual yo la sé, mancebo generoso, a más tu voluntad se dispusiera: que soy otra persona que este astroso 30 hábito muestra. Por. Y yo seré un criado
DEL LABERINTO DE AMOR p. 277 para ti el más fïel y cuidadoso que se pueda hallar en lo criado. Entranse. Sale Manfredo y Julia. Man. ¡Brioso era el villano! 5 Jul. Y atrevido además, según dio muestra. Man. Y muy necio tu hermano. Jul. La juventud lo causa, poco diestra en lazos de importancia. Man. ¿Volvióse? 10 Jul. ¡Y no le arriendo la ganancia! Man. Torna, pues, ¡oh Camilo!, y dime aquello que decías ahora, usando el mismo estilo: que el modo de decirlo me enamora, 15 y el caso me suspende. Jul. Pues de ello gustas, buen señor, atiende. Llegóse a mí un mancebo de agradable presencia, bien tratado, con un vestido nuevo, 20 que creo que por éste fue trazado; llegóse, como digo, y díjome: “Escuchadme, buen amigo.” Volví, miréle, y vile lloviendo perlas de sus bellos ojos; 25 la mano entonces dile, de lástima movido, y él, de hinojos, temeroso tomóla, y, bañándola en lágrimas, besóla. Yo, del caso espantado, 30 le alcé, y le pregunté lo que quería;
JORNADA SEGUNDA p. 278 él, casi desmayado, me dijo que merced recibiría si un poco le escuchase en parte donde nadie nos notase. Llevéle a mi aposento; 5 sentóse, sosegóse, y después dijo con desmayado aliento, con voz turbada y anhelar prolijo: “Yo soy...”, y calló luego, y el rostro se le puso como un fuego. 10 Por estos movimientos conocí que vergüenza le estorbaba a decir sus intentos; y como yo saberlos deseaba, lleguéme a él, diciendo 15 razones que le fueron convenciendo. En fin, de ellas vencido, tras de un suspiro doloroso, ardiente, ya el rostro amortecido, el codo y palma en la rodilla y frente, 20 dijo: “Yo soy aquélla a quien persigue su contraria estrella; yo soy la sin ventura que, a la primera vista de unos ojos, sin valor ni cordura, 25 rendí la libertad de los despojos de la honra y la vida, pues una y otra cuento por perdida; yo soy Julia, la hija del duque de Dorlán, cuyo deseo 30 ya no hay quien le corrija; ni el cielo ofrece, ni en la tierra veo
DEL LABERINTO DE AMOR p. 279 remedio al dolor mío, y es bien que no le tenga un desvarío.” Quedé en oyendo aquesto bien como estatua mudo, y, sin hablarla, quise escuchar el resto, 5 temiendo con mi plática estorbarla; y prosiguió diciendo lo que me fue encantando y [suspendiendo. “Yo”, dijo, “vi a Manfredo, 10 aqueste dueño venturoso tuyo --que ya no tengo miedo, ni de contar, y más a ti, rehuyo la mal tejida historia, digna de infame y de inmortal 15 [memoria--. Teníame mi padre encerrada do el sol entraba apenas, era muerta mi madre, y eran mi compañía las almenas 20 de torres levantadas, sobre vanos temores fabricadas. Avivóme el deseo la privación de lo que no tenía --que crece, a lo que creo, 25 la hambre que imagina carestía--; mas no era de manera que yo no respondiese a ser quien era. Hasta que mi desdicha hizo que este Manfredo huésped fuese 30 de mi padre, que a dicha tuvo que la ocasión se le ofreciese
JORNADA SEGUNDA p. 280 de mostrar su grandeza sirviendo a un duque de tan grande [alteza. En fin, yo, de curiosa, un agujero hice en una puerta, 5 que a la vista medrosa, y aun al alma, mostró ventana abierta para ver a Manfredo. Vile, y quedé cual declarar no puedo.” Ni aun yo puedo contarte 10 más por ahora, porque gente viene. Man. Vamos por esta parte, que está más fresca, y menos gente [tiene. Anda, que estoy suspenso, 15 y vame dando el cuento gusto inmenso. Entranse Manfredo y Julia. Sale Porcia como labradora, con un canastico de flores y fruta. Por. Amor, bien será que abajes 20 mi vida a tu proceder, pues no me quieres comer, aun hecha tantos potajes. Primeramente pastor me hiciste, y luego estudiante, 25 y, andando un poco adelante, me volviste en labrador, para labrar mis desdichas con yerros de tus marañas: que éstas son de tus hazañas 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 281 las más venturosas dichas. Flores llevo, donde el fruto que cogeré ha de ser tal, que al corazón de mortal le sirva [y] de triste luto. 5 Papel que vas encerrado entre estas flores, advierte que eres sierpe que a mi muerte ha el amor determinado. No pienses, yendo conmigo, 10 ver tu intención declarada: que no he de poner la espada en manos de mi enemigo. Tú de mi alma lo eres, y éstos del cuerpo lo son. 15 Entra Tácito y Andronio. ¡Del diablo es esta visión! ¡Vade retro! ¿Qué me quieres? Tác. ¡Oh, qué buen rato se ofrece con la pulida villana! 20 Por. ¡Por Dios, que vengo de gana! And. Bonísima me parece. ¿Qué es lo que cogió del suelo? Tác. Algo que se le cayó. O tú llega, o llego yo. 25 Por. Algún mal caso recelo: que éstos son grandes bellacos, y me tienen de embestir. ¡Oh, quién pudiera hüir el encuentro de estos cacos! 30 Tác. Mi señora labradora,
JORNADA SEGUNDA p. 282 vengáis con los años buenos, de paz y abundancia llenos. And. Vengáis muy mucho en buen hora. Tác. ¿Qué trae aquí, por mi vida? ¡Oh, pese a quien me parió! 5 And. ¿Diote? Tác. Sí. ¡Y cómo que me dio! La mano tengo aturdida. ¡Con otro me has de pagar el garrote que me has dado! 10 Por. ¡Que me roban en poblado! ¿No hay quien me venga a ayudar? ¡Que me roban, ay de mí! ¡Ladrones dejad la cesta! Sale el carcelero. 15 ¿Qué soledad es aquésta? ¿Nadie pasa por aquí? Car. ¿Qué es esto, desvergonzados? Tác. Ojo. El señor, ¿con qué viene? Bien parece que no tiene 20 los amplíficos cuidados ni la cuenta del negocio de los dolientes distintos, cuando de estos laberintos es la propia causa el ocio. 25 Car. ¿Qué es lo que decís, malditos? And. Que se vaya dilatando en paz, con el cómo y cuándo; tenga los ojos marchitos, porque nos cumple acabar 30 con aquesta labradora.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 283 Car. Y vos, ¿qué decís, señora? Por. Que me querían robar aquesta fruta que llevo a la señora duquesa. Car. ¿A la presa? 5 Por. Sí, a la presa. Tác. Nego. And. Probo. Meten la mano en el canastillo, y comen de la fruta. Tác. Y yo las pruebo. 10 Car. ¡Hideputa, sinvergüenza! ¡Andad, bellacos, de aquí! Tác. Nunca el comer puso en mí género de desvergüenza. And. Agradezca la villana 15 que ha tenido buen padrino; mas si hacéis otro camino, yo reharé mi sotana. Tác. ¡Mal haya la suerte avara! And. Vamos, amigo, a lección. 20 Entranse Tácito y Andronio. Car. Tan grandes bellacos son, como los hay en Ferrara. Vamos, labradora, adonde podáis ver a la duquesa, 25 que en mi poder está presa. Por. Guíe, que no sé por dónde. Entranse.
JORNADA SEGUNDA p. 284 Salen Manfredo y Julia. Man. Prosigue, que no hay gente que aquí nos pueda oír. Jul. La desdichada prosiguió en voz doliente 5 su historia, en desvaríos comenzada, y dijo: “Vi a Manfredo, vile, y quedé cual declarar no puedo: que en un instante pudo y quiso amor, con mano poderosa, 10 de pïedad desnudo, la imagen de Manfredo generosa grabar así en mi alma, que de ella luego le entregué la palma. Volvíme a mi aposento, 15 llevando en la memoria y en el seno, con gusto y descontento, la mirada belleza y el veneno de amor que me abrasaba, y la virtud honrosa refriaba. 20 Hice discursos varios, fundé esperanzas en el aire vano, atropellé contrarios, dile al amor renombre de tirano y de señor piadoso, 25 y al cabo el entregarme fue forzoso. Dejé mi padre, ¡ay cielos!, dejé mi libertad, dejé mi honra, y, en su lugar, recelos y sujeción tomé, muerte y deshonra, 30 y a buscar he venido
DEL LABERINTO DE AMOR p. 285 este huésped apenas conocido. Hoy en tu compañía le he visto, y, aunque en traje [disfrazado, como en el alma mía 5 traigo su rostro al vivo dibujado, al punto conocíle; vile, alegréme, y hasta aquí seguíle. Quiero, pues, ¡oh mancebo!” --y esto cubriendo perlas sus mejillas, 10 hincándose de nuevo ante mí, visión bella, de rodillas--, “quiero,” dijo, “que digas al tuyo, que es mi dueño, mis fatigas. Que yo no tengo lengua 15 para decir mi mal ni la dolencia mi honestidad amengua, para poder ponerme en su presencia. Tú a solas le relata la muerte con que amor mi vida mata: 20 que no estará tan duro cual peñasco al tocar de leves ondas, ni cual está al conjuro del sabio encantador, en cuevas hondas, la sierpe, en esto cauta, 25 ni cual airado viento al Euste nauta. No le habrán leche dado leonas fieras de la Libia ardiente, ni habrá sido engendrado de algún cíclope bárbaro inclemente, 30 para que no se ablande oyendo mi dolor y amor tan grande.
JORNADA SEGUNDA p. 286 Rica soy y no fea, tan buena como él en el linaje, si ya no es que me afea y me deshonra este trocado traje; mas, cuando amor las causa, 5 en todas estas cosas pone pausa. Rosamira infamada, justamente impedido el casamiento, yo de él enamorada, cual la tierra del húmedo elemento: 10 si esto no es desvarío, ¿quién lo podrá estorbar que no sea [mío?” Esto dijo, y al punto dejó caer los brazos desmayados, 15 quedó el rostro difunto, los labios, que antes eran colorados, cárdenos se tornaron, y sus dos bellos soles se eclipsaron. Levantósele el pecho, 20 su rostro de un sudor frío cubrióse, púsela sobre el lecho, de allí a un pequeño rato estremecióse, volvió en sí suspirando, siempre lágrimas tiernas derramando. 25 Consoléla, y roguéla que en aquel aposento se estuviese, sin temor de cautela, hasta que yo su historia te dijese. Encerrada la dejo; 30 ¡mira si es raro de mi cuento el dejo! Man. Y tan raro, que no puedo
DEL LABERINTO DE AMOR p. 287 persuadirme a que es verdad; aunque amor y liviandad no se apartan por un dedo. ¿Y qué, queda en tu aposento? Jul. Como digo, sin mentir. 5 Man. No me pudiera venir nueva de mayor contento. Jul. ¿Luego piénsasla gozar? Man. Mal me conoces, Camilo: que tan mal mirado estilo 10 no se puede en mí hallar. Jul. ¿Pues qué piensas hacer de ella? Man. Enviarla al padre suyo: que con esto restituyo mi inocencia y su querella. 15 Jul. ¡Mal pagas lo que te quiere! Man. La honra se satisfaga: que un torpe amor esta paga y aun otra peor requiere. Jul. ¿Amar tan alto sujeto 20 es error? Man. Y conocido; porque amor tan atrevido, aunque es amor, no es perfeto. Es el amor, cuando es bueno, 25 deseo de lo mejor; si esto falta, no es amor, sino apetito sin freno. Con todo, vamos a verla; pero no es bien miralla, 30 que en tales visitas se halla ocasión para perderla:
JORNADA SEGUNDA p. 288 que yo no soy Escipión ni Alejandro en continencia, para hacer la experiencia de mi blanda condición; y yo soy de parecer, 5 y la experiencia lo enseña, que ablandarán una peña lágrimas de una mujer. Jul. Si no te ablanda su amor, no lo hará su hermosura. 10 Man. Con todo, será cordura hüir del daño mayor. Si la recibo, me hago en su hüida culpado; si la vuelvo, habré mostrado 15 que a ser quien soy satisfago, excusaré el desafío, cobraré el perdido honor. Jul. ¡Oh! ¡Mal haya tanto amor, mal pagado y mal nacido! 20 ¡Desdichada de la triste que te quiso sin porqué! [Man.] En esos trances se ve quien su gusto no resiste. Pero vámonos a casa: 25 que, con todo, pienso verla. Jul. Quizá vendrás a quererla. Man. No es mi fuego de esa brasa. Entrase Manfredo. Jul. ¡Ay crüel, cómo te vas, 30 triunfando de mis despojos!
DEL LABERINTO DE AMOR p. 289 ¿Qué consejo en mis enojos es, ¡oh amor!, el que me das? En gran confusión me veo. ¿Quién me podrá aconsejar? En fin habré de acabar 5 a las manos del deseo. [Entrase Julia.] Sale Rosamira con un manto hasta los ojos. Ros. Quien me viere de esta suerte, juzgará, sin duda alguna, 10 que me tiene la fortuna en los brazos de la muerte. Pues no es así; porque amor, cuando se quiere extremar, con el velo del pesar 15 suele encubrir su favor. Honra, eclipse padecéis, porque entre vos y mi gusto la industria ha puesto un disgusto, por el cual oscura os veis; 20 mas pasará esta fortuna, que así vuestra luz atierra, como sombra de la tierra, puesta entre el sol y la luna. Entran el carcelero y Porcia. 25 Car. Veisla ahí; habladla, y luego os salid con brevedad. [Por.] ¡Ay oscura claridad! ¡Mal haya el vendado ciego! ¡Mirad cuál la tiene puesta! 30
JORNADA SEGUNDA p. 290 Ros. Pues, amiga, ¿qué buscáis? Por. Señora, que recibáis lo que traigo en esta cesta, que son unas bellas flores con alguna fruta nueva. 5 Ros. ¡Vos sola habéis hecho prueba de consolar mis dolores! Sentaos aquí par de mí, y esas flores me mostrad, y ese rebozo os quitad. 10 Por. Señora, veislas aquí; pero sentarme, eso no. El embozo ya le quito. Ros. Sentaos conmigo un poquito; basta que lo diga yo. 15 Por. Estaba determinada, señora, de no lo hacer; mas dicen que es mejor ser necia, que no porfiada, y así, me asiento y suplico, 20 si mi ruego puede tanto, que os alcéis del rostro el manto otro poco, otro tantico. Ros. Vesme descubierta, amiga: que a más fuerza tu cordura. 25 Por. ¡Jesús! ¿Que tanta hermosura ha puesto en tanta fatiga? Ros. Amiga, déjate de eso, y dime: ¿qué te movió a venirme a ver? 30 Por. Sé yo que fue de amor el exceso,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 291 y el ver que ya el señalado plazo llega a más correr, adonde el mundo ha de ver tu inocencia o tu pecado; y querría ver si puedo 5 serte en algo de provecho antes de llegar al hecho que al más fuerte pone miedo: que es Dagoberto valiente. Ros. Así le conviene ser 10 quien tiene de defender que es culpada la inocente. Sale del curso ordinario el caso de mi porfía, porque está la salud mía 15 en la lengua del contrario. Quien me deshonra ha de ser el mismo que me ha de honrar, y esto me hace callar y culpada parecer. 20 Mas dime: ¿acaso has oído qué se hizo el de Rosena? Por. Por todo el lugar se suena que volvió al suyo corrido. Otros la culpa le dan 25 de que la hija sacó, cuando alegre le hospedó el gran duque de Dorlán, y con ella otra su prima; pero yo sé que es mentira. 30 Ros. ¡Ya no es sola Rosamira a quien fortuna lastima!
JORNADA SEGUNDA p. 292 Por. Y esta su prima es hermana de Dagoberto el traidor. Ros. ¡Sabes muy poco de amor, discreta y bella aldeana! Por. El hijo del de Dorlán 5 se suena que te defiende. Ros. ¿Quién lo dice? Por. Quien lo entiende. Ros. ¡En vano toma ese afán! Mas su intención le agradezco, 10 porque, al fin, es de quien es. Por. Que él no pida el interés, aunque venza, yo me ofrezco; porque por su gentileza lo hace, y no por su amor. 15 Ros. Así mostrará mejor su valentía y nobleza. Pero, puesto que él venciese con él no me casaré. Por. ¿Pues por qué? 20 Ros. Yo sé el porqué. Por. ¿Y si él el premio pidiese? Ros. No llegará a aquese extremo, si me vale mi justicia; mas, como reina malicia, 25 de cien mil azares temo. Ven conmigo a otro aposento, labradora de mi vida, que en parte más escondida te quiero hablar un momento: 30 que me ha dado el corazón que el cielo aquí te ha traído
DEL LABERINTO DE AMOR p. 293 para que en gozo cumplido vuelvas mi amarga prisión. Ven, que ya en tu voluntad está mi vida o mi muerte, mi buena o mi mala suerte, 5 mi prisión o libertad. Por. Vamos, señora, do quieres, y de mí daré a entender que te puedes prometer aun más de lo que quisieres: 10 que desde aquí te consagro la voluntad y la vida. Ros. Sin duda que tu venida ha sido aquí por milagro.
JORNADA TERCERA p. 294 JORNADA TERCERA Salen Manfredo y Julia. Man. ¿Qué, se fue? Jul. Como lo cuento. Man. ¿Pues por qué no la tuviste? 5 Jul. Porque muy mal se resiste un determinado intento. Apenas abrí la puerta, cuando dijo: “Amigo mío, yo sé que mi desvarío 10 en ninguna cosa acierta. No digas al duque nada, pues sé que no ha de importar, y es mejor el acabar con mi muerte esta jornada. 15 ¡Quédate a Dios!” Y salióse, sin poderla resistir; y, aunque la quise seguir, al punto desparecióse. Man. Mucho descuido has tenido. 20 ¿Por dó se fue? Jul. No sé, a fe. Man. ¿Que es posible que se fue? Jul. Del modo que he referido. Mas, si no la puedes ver, 25 mejor es que no esté en casa. Man. ¿No sabes ya lo que pasa? Jul. Más de lo que he menester.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 295 [Aparte.] ¡Ay de mí, cómo me veo, puesta en dudosa balanza, esperando la esperanza cuando revive el deseo! Man. ¿Qué es lo que dices? 5 Jul. No nada; sólo digo que va tal, que será el fin de su mal acabar desesperada. Man. En eso echarás de ver, 10 Camilo, bien claramente, que apenas hay accidente que sea bueno en la mujer. Quieren do han de aborrecer, vanse de adonde han de estar, 15 temen donde han de esperar, esperan do han de temer. Jul. Pues, si la vuelvo a encontrar, ¿quieres, señor, que la diga que te duele su fatiga? 20 Man. A nadie supe engañar; mas dile lo que quisieres, como hagas que la vea. Jul. De modo haré que así sea, si haces como quien eres. 25 Man. ¿Qué es lo que tengo de hacer? Jul. Ni reñirla, ni afrentarla, ni al padre suyo enviarla. Man. No sé cómo podrá ser. Sin duda, te dejó el pecho 30 blando Julia con su llanto. Jul. Tanto, que, a entender tú el cuánto,
JORNADA TERCERA p. 296 ya la hubieras satisfecho. ¿Lágrimas eran aquéllas para no ablandar un canto? Y ¿hay cielo que se alce tanto, do no alcancen sus querellas? 5 ¡Ah, señor Manfredo! Man. A fe, Camilo, que estás rendido. Jul. Tengo el corazón herido de lo que en Julia noté. 10 El agradable reposo, las razones tan sentidas, aquellas perlas vertidas por aquel rostro hermoso; los desmayos, los temores, 15 la vergüenza y sobresaltos, el darle el corazón saltos, en fin, el morir de amores, con otras cosas que, a vellas tú, señor, como las vi, 20 así como han hecho a mí, te ablandaran sus querellas. Man. Vamos; que, pues ya se fue, no hay de ella tratarme más; mas, si vuelve, le dirás... 25 Jul. ¿Qué? Man. ¡Por Dios, que no sé qué! ¿Dicen que dejan hablar ya a la presa Rosamira? Jul. Esa cuerda es la que tira 30 de tu gusto y mi pesar. Man. Y he de procurar, si puedo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 297 hablarla, porque me importa. Jul. [Aparte.] ¡En fin, mi ventura es corta; no hay que esperar en Manfredo! Mas, antes que el fin funesto llegue que temo y deseo, 5 yo echaré de mi deseo en la plaza todo el resto. Entranse Julia y Manfredo. Sale Rosamira con el vestido y rebozo de Porcia, y Porcia sale con el de Rosamira, con el manto hasta 10 cubrirse todo el rostro. Ros. Abrázame, y a Dios queda, y de mi palabra fía. Por. Advertid, señora mía, que es variable la rüeda 15 de la fortuna, y que es bien que a la prisión no volváis; porque, aunque sin culpa estáis, hasta ahora no veo quién os defienda. 20 Ros. Yo haré en eso lo que a entrambas más importe. Por. Dad en vuestras cosas corte, sin temor de mi suceso: que a mí no me han de matar 25 por hacer tan buena obra, y yo sé que mi alma cobra en ella un bien singular, y en que vos no parezcáis está este bien escondido. 30
JORNADA TERCERA p. 298 Idos, que siento rüido. Ros. Yo volveré. [Vase.] Por. No volváis. Entra el carcelero en la mano un manto, la mitad de arriba abajo de tafetán negro, y la otra mitad 5 de tafetán verde. Car. ¡Vais norabuena, labradora hermosa! Si de volver gustáredes, prometo de daros puerta franca a todas horas, y aun a todos aquellos que quisieren 10 comunicar con mi señora. Por. Bueno. Car. No sino no le den al delincuente procurador, y niéguenle abogado, ciérrenle los caminos y los medios 15 de su defensa, tápenle la boca: quedarse ha a buenas noches de la vida. ¡Oh señora!, ¿aquí estabas? Yo te hacía en el otro aposento, donde sueles en ciega oscuridad pasar los días. 20 Orden es de tu padre que te pongas mañana, cuando salgas a la plaza, al triste, temeroso, amargo trance, este manto que ves de dos colores. Ha ordenado también que te 25 [acompañen la mitad de su guarda con insignias de dolor y tristeza, y que asimismo vaya la otra mitad de gala y fiesta. Al lado izquierdo has de llevar, señora, 30 al verdugo, blandiendo el terso acero,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 299 instrumento mortal que te amenace a muerte irreparable, si, por dicha, venciere Dagoberto en tu deshonra. De verde lauro una corona hermosa al diestro lado ha de llevar un niño, 5 para que del suceso que resulte, alegre o triste, o ya el cuchillo corra por tu bella garganta, o ya sus sienes del victorioso lauro veas ceñidas. Esto vengo a decirte, y no otra cosa. 10 ¿No me respondes? Pues a fe que sabes la voluntad que tengo de servirte, y que, como el soltarte no me pidas, porque en fin soy leal al señor mío, que no habrá cosa que por ti no haga, 15 y así, una pura voluntad te ofrezco. ¿Qué me respondes? Por. Que te lo agradezco. Entrase Porcia. Car. ¡Extraño silencio es éste! 20 ¡Mucho me da que pensar! ¡Mas téngola de ayudar, aunque la vida me cueste! Entran Anastasio y Cornelio. Cor. De un mozo no conocido 25 fiarte así, ¿quién tal vio? Anas. ¿Pues qué ha de hacer? Cor. ¿Qué sé yo? Anas. ¿Hase de ir así vestido? Cor. Con todo, digo que fue 30
JORNADA TERCERA p. 300 error conocido y claro. Anas. A lo hecho no hay reparo. Mas ¿no es éste? Cor. ¿Yo qué sé? Sale Rosamira con el embozo. 5 Anas. El es. Vengas en buen hora, Rutilio, mi buen amigo. Cor. Tal estás, que afirmo y digo que eres pura labradora. Anas. No porque estemos los dos, 10 vayas el caso encubriendo. Ros. Hermanos, yo no os entiendo; dejadme, y andad con Dios, que no soy la que pensáis. Anas. No es de Rutilio la habla. 15 ¡Mal mi negocio se entabla! ¿Pues quién sois? ¿Adónde vais? O ¿quién os dio este vestido? Porque le conozco yo. Ros. Mi dinero me le dio. 20 Anas. Y el vendedor, ¿quién ha sido? Porque hasta que lo digáis, no habéis de pasar de aquí. Ros. ¡Desventurada de mí! ¡Mal término es el que usáis! 25 No me quitéis el embozo, porque a fe que os cueste caro. Anas. En amenazas reparo; venga el vestido, o el mozo. ¿Qué dije? Muy mal hablé. 30 Este vestido os demando.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 301 Sale Dagoberto y un criado suyo. Dag. Alza los ojos, mirando si la ves. Ros. Ya me escapé; porque aquéste es Dagoberto, 5 a quien yo vengo a buscar. Anas. ¿Pues qué, piénsaste escapar? Ros. Tenga; si no, juro, cierto... Dag. ¿Qué pendencia es ésta, amigos? Ros. Príncipe, hablarte quisiera 10 a solas, si ser pudiera, o no con tantos testigos. Y, para facilitallo, mira quién soy. Descúbrese Rosamira a sólo Dagoberto. 15 Dag. ¿Qué es aquesto? Amigos, váyanse presto. Anas. En gran confusión me hallo: que éste no es Rutilio, no, puesto que trae su vestido. 20 Cor. Algún mal le ha sucedido. Anas. ¿Mal ha de ser? Cor. No sé yo. Anas. Yo he de hablar a Rosamira, y de ella lo he de saber. 25 Cor. A mucho te quies poner. Dag. Señora, el verte me admira. ¿Cómo vienes de este modo? ¿Quién te puso en este traje? [Ros.] El tiempo, que es corto, ataje 30
JORNADA TERCERA p. 302 el darte cuenta de todo. Sólo vengo a que me lleves luego a Utrino. Dag. ¿Cómo así? [Ros.] Y lo ordenado hasta aquí, 5 ni lo intentes, ni lo pruebes. No quiero en un cadahalso verme puesta, hecha terrero del vulgo bajo y grosero, ni a ti juzgado por falso. 10 Dag. ¿Tienes más que me decir? Ros. No. Dag. ¿Ni viniste a otra cosa? Ros. No. Dag. Mi aldeana hermosa, 15 mal me sabéis persuadir. Vamos; que yo daré medio a lo que más nos importe. Ros. Yo no sé otro mejor corte. Dag. Mil tiene nuestro remedio. 20 Entrase Rosamira, Dagoberto y su criado. Salen el carcelero, Manfredo y Julia. Car. Señor, yo os pondré con ella; y, pues venís por su bien, a los dos nos está bien, 25 a mí mostrarla, a vos vella. Si la prisión os he abierto, es que me da el corazón que tiene poca razón el príncipe Dagoberto. 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 303 Esperad aquí un poquito; entraré a llamarla yo. Man. Camilo, vete. Car. No, no; estése aquí el pajecito: 5 que mejor es que haya gente, por carecer de sospechas. Entrase el carcelero. Jul. ¡Ay, triste, con cuántas flechas me hiere amor inclemente! 10 Man. ¿Qué dices, Camilo? Jul. Digo que es Julia muy desdichada. Man. No anduvo en irse acertada. Jul. Fue huyendo de su enemigo. 15 Man. Esta es la duquesa, calla. Jul. ¡Qué cubierto el rostro tiene! Car. Digo, señora, que viene a hacer por vos batalla; Sale Porcia y el carcelero. 20 y es de gentil contenencia y de persona despierta. Yo me quiero ir a la puerta, por si viene su excelencia. Vase el carcelero. 25 Man. Aunque de quien sois se infiere y nace seguridad que no os toca la maldad que os ahija el que no os quiere,
JORNADA TERCERA p. 304 será bien que vuestra lengua descubra lo que hay en esto, porque su silencio ha puesto a vuestro crédito en mengua. Quien lleva en el desafío 5 a la razón de su parte, de hombre tierno, se hace un Marte; de flaco y torpe, con brío. Si estáis sin culpa, no os pene que Dagoberto sea tal, 10 que el mundo no le dé igual en cuantos valientes tiene; porque sabed, Rosamira, que los filos de verdad cortan con facilidad 15 las armas de la mentira. Y si acaso estáis culpada, y de amor la culpa fue, asimismo probaré con el contrario mi espada: 20 que en fe de que él no hizo bien en descubrir lo secreto, de mi victoria os prometo que os den más de un parabién. Y soy persona que puedo 25 prometer esto y aun más. ¿Para qué en silencio estás? Habla; desecha ya el miedo. Por. Esta noche, y no durmiendo, porque entre el sueño y mis cuitas 30 nunca el reposo hizo treguas, ni de veras ni de burlas,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 305 digo que, estando despierta, desvelada en mis angustias, se me ofreció ante mis ojos de ti mismo una figura. Las razones que aquí has dicho 5 dijo aquel tú, y otras muchas, que todas se encaminaban a desear mi ventura. Dijo que le asegurase de mi inocencia o mi culpa; 10 aunque, de cualquier manera, se ofrecía a darme ayuda. Yo, sepultada en silencio, y con el miedo confusa, hice lengua de los ojos, 15 por tener la lengua muda; con ellos le di a entender ser traidor el que me acusa, y que mi silencio nace de considerada astucia. 20 Ya la visión se volvía, cuando vi, sin poner duda, entre el sí y el no una sombra, ¿qué digo sombra?, a la luna vi y al sol en dos mejillas 25 de una doncella importuna que, arrodillada a tu imagen, tales razones pronuncia: “Yo soy”, dijo, “señor mío, la desventurada Julia, 30 que, cual Clicia, voy siguiendo esa luz del sol y tuya.
JORNADA TERCERA p. 306 Soy quien te ha entregado el alma con la fe más tierna y pura que vio amor en cuantos pechos ha rendido a su ley justa. Tú ofreces favor a quien 5 ni te quiere ni te escucha, y niegas de dar oídos a quien te sigue aunque huyas. Promete, acorre, defiende, ofrece, trabaja y suda: 10 que amor tiene decretado que al fin fin yo he de ser tuya.” A estas sentidas razones acompañaba una lluvia de vivas líquidas perlas, 15 correos de su tristura. Tu imagen se le humilló, y aun le dijo: “Estad segura, señora, que he de ser vuestro, a pesar de la fortuna.” 20 Si esto es así, ¿qué me ofreces? ¿Para qué siempre procuras otro bien, si te da el cielo el mayor, dándote a Julia? Mas ¿con quién hablo, cuitada? 25 La misma visión, sin duda, es aquesta que vi anoche, o en muy poquito se muda. Del varón ésta es la imagen; la de aquéste, la de Julia. 30 ¡Oh visiones amorosas, dejadme en mi desventura,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 307 idos a buscar verdades, y no os curéis de mis burlas; haced cierto lo que amor os da a entender por figuras! ¿No os vais? Por Dios que dé gritos: 5 que mis ojos no acostumbran a ver visiones, aunque éstas más alegran que atribulan. ¿No os vais? A fe que dé voces. ¿No hay ninguno que me acuda? 10 Man. Ya nos vamos; calla un poco. ¡Ella está loca sin duda! Jul. Antes parece profeta. ¿Quién te ha dicho lo de Julia? Man. Calla, que su guarda vuelve. 15 ¡El alma llevo confusa! Vanse Manfredo y Julia, y entra el carcelero. Car. Otro Escipión está abajo, que, si aquéste no os contenta, por sacaros de esta afrenta, 20 se pondrá en cualquier trabajo. Vestido trae de villano; pero a fe que es caballero: que el lenguaje no es grosero, y el brío es de cortesano. 25 Dice que os quiere hablar, y yo estoy puesto en que os hable. Hablad más, mostraos afable, que os mata tanto callar. Vuelve a salir el carcelero. 30
JORNADA TERCERA p. 308 Por. Si fuese Anastasio... ¡Ay, cielos! ¿Qué he de hacer si acaso es él? ¿He de estar muda con él, o hele de decir mis duelos? ¡En gran confusión me veo! 5 Ingenio, cielos, ayuda: que no es posible estar muda con tan parlero deseo. Entra Anastasio y Cornelio, su criado, y el carcelero. Car. Despachad con brevedad, 10 no os suceda algún desmán: que estos negocios están de muy mala calidad. Que el silencio de esta dama tiene a Novara suspensa, 15 y no imagino en qué piensa la que no piensa en su fama. Yo estaré con ojo alerta por algún pequeño espacio, mirando si de palacio 20 alguno llega a esta puerta. Entrase el carcelero. Por. ¿Sois vos Anastasio? Anas. Sí. Por. ¿El que envió este papel? 25 Anas. Señora, yo soy aquel que ha mucho que el alma os di; soy quien por vuestra desgracia a más desventuras vino que las que vio en su camino 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 309 el gran músico de Tracia; soy aquel que alegre piensa, fiado en vuestro valor, poner la vida y honor y el alma en vuestra defensa. 5 Por. ¿No leísteis la respuesta que os llevó la labradora? Anas. No la he visto más, señora, y harto el buscarla me cuesta. Por. Quizá, como forastera, 10 debió de errar la posada. ¡Pues a fe que es avisada, y que os fue buena tercera! En efecto, correspondía con justos comedimientos, 15 que vuestros ofrecimientos con el alma agradecía, y que de mi honestidad, que ahora la infamia lleva, hiciésedes vos la prueba 20 que os mostrase la verdad. Jurábaos que Dagoberto jamás en dicho o en hecho pudo ver cosa en mi pecho que apruebe su desconcierto. 25 En vuestros brazos valientes me resignaba, y ponía en ellos la suerte mía, segura de inconvenientes. Ofrecía, finalmente, 30 de tomaros por esposo: señal de que es mentiroso
JORNADA TERCERA p. 310 Dagoberto, y yo inocente. Anas. ¡Oh dulce fin de mis males y principio de mis bienes, cielo que en la tierra tienes glorias que son sin iguales! 5 Vesme rendido a tus pies; dispón a tu voluntad con toda seguridad de cuanto valgo. Por. ¿No ves 10 que soy tuya, y que a ti toca disponer de mí a tu gusto? Anas. ¡Alma, ahora sí que es justo que os vuelva este gusto loca! Car. Déjate de esas sandeces; 15 haz, señor, lo que has de hacer: que no es tiempo de expender el tiempo así todas veces. Recíbela por esposa; acaba, y vamos de aquí. 20 Anas. Señora, ¿queréislo así? Por. Sí, y me tengo por dichosa. Anas. Pues dadme esa hermosa mano, y tomad mi fe y la mía. Danse las manos. 25 Por. Veisla ahí: que una porfía, cualquier risco vuelve en llano. Anas. Ya, pues, que hasta vuestro cielo levantaste mi caída, sed, mi señora, servida 30 de alzar de él el negro velo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 311 para que las luces bellas vea cuyos rayos fueron los que han hecho y deshicieron las nubes de mis querellas, y para que, con su llama 5 alentado el corazón, de la esperada cuestión se prometa triunfo y fama. Por. No verán ojos mortales, de estos que vos amáis tanto, 10 levantado el negro manto, ni más alegres señales, hasta que mi fama oscura, a pesar de Dagoberto, vuelva por vos a buen puerto 15 limpia, alegre, clara y pura. Y perdonadme, señor, negaros la primer cosa que pedís a vuestra esposa. Echad la culpa a mi amor. 20 Anas. Dadme un abrazo siquiera. Por. Eso, de muy buena gana. Cor. Vamos, y espere mañana vuestro invierno primavera. Vanse Anastasio y Cornelio. 25 Por. Hasta ahora, en popa el viento lleva mi barca amorosa. ¡Oh fortuna poderosa, condúcela a salvamento! Entrase Porcia. 30
JORNADA TERCERA p. 312 Sale Julia con una rica rodela y una espada, todo en la mano; sale también Manfredo. Jul. En fin, ¿las armas son éstas que señaló Dagoberto? Man. Sí, amigo. 5 Jul. El está en lo cierto: que son livianas y prestas, y él tiene fama de diestro y de ligero además. Toma Manfredo la espada y la rodela. 10 Man. Muestra, Camilo, y verás cómo soy de ellas maestro. Jul. ¿Pues con quién te has de probar? Man. Llama al huésped. Jul. Vesle aquí. 15 Hués. [Sale.] ¡Ah, Camilo, pesia mí! Venid, que os ando a buscar más ha de un hora. Jul. Pues bien: ¿qué hay de nuevo? 20 Hués. Que os espera vuestra mujer allí fuera. Jul. ¿Mujer a mí? Hués. Y aun de bien, según su traje. 25 Jul. Imagino que es Julia. Man. Si Julia es, hazla entrar. Jul. ¿Qué harás después 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 313 de entrada? Man. Yo determino de hablarla y ver qué es su intento. Jul. ¿Y enviarásla do dijiste? Man. No, por Dios. 5 Jul. No; que la triste no puede más, según siento. ¡Oh, a qué buen tiempo llegaste! Huésped, yo os lo serviré. ¿Y el vestido que ordené? 10 Hués. Está donde lo ordenaste. Entrase Julia a vestirse de mujer lo más breve que se pueda. Man. Si otra rodela tenéis, id por ella, y volved luego. 15 Hués. ¿Queréis probar en el juego lo que en las veras haréis? Man. Sí, amigo. Hués. Yo vuelvo presto con una que es de provecho. 20 Entrase el huésped. Man. El corazón en el pecho me da saltos. ¿Qué es aquesto? Mas, si anuncia que es verdad lo que Rosamira dijo, 25 por vanas cuentas me rijo. ¿No tengo yo voluntad? ¿Cómo? ¿Sentidos no tengo? ¿No tengo libre albedrío?
JORNADA TERCERA p. 314 ¿Pues qué miedo es este mío? ¡Mal con mi esfuerzo me avengo! ¿Conque, para que me venza, Julia me ha obligado a mí? Pues no es señal verla aquí 5 de amor, mas de desvergüenza. ¿A dicha, solicitéla? ¿Dónde ve ricos despojos? ¿Viéronla jamás mis ojos, o, por ventura, habléla? 10 No, por cierto. ¿Pues qué cargo me puede Julia hacer? ¿Que me quiere y es mujer? No me faltará descargo. Vuelve a entrar el huésped con una rodela. 15 Hués. Vesla aquí. Man. Toma tu espada, y vente hacia a mí con ella. Muy mejor fuera no vella. Hués. ¿Qué dices? 20 Man. No digo nada. Hués. ¿Hela de desenvainar? Man. Poco importa; desenvaina. Hués. Más seguro es con la vaina. Man. ¡Mucho me das que pensar, 25 Julia! Hués. Mas yo desenvaino. ¿Estoy bien puesto? ¿No entiendes, señor? ¿De qué te suspendes? Si no te ensayas, envaino. 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 315 Man. No verla fuera mejor, digo otra vez y otras ciento. Vente a mí. Hués. ¡Dios ponga tiento en sus manos! 5 Man. ¡Las de amor son las que me desatientan! Hués. ¿Qué es lo que entre dientes hablas? Man. ¡Mal tus negocios entablas, amor, cuando al fin afrentan! 10 Ponte en aquesta postura, la rodela junto al pecho, y parte con pie derecho. ¡Extraña desenvoltura ha sido la de esta loca! 15 Hués. ¿Qué es lo que dices, señor? Man. ¡A qué locura, ¡oh amor!, tu locura me provoca! No hay piloto tan famoso que en tus mares no se ahogue; 20 hieres, amor, como azogue penetrante y bullicioso. Hués. Cordura será dejarte, mejor sazón aguardando: que estás del amor tratando, 25 cuando has de tratar de Marte. Man. Mas quizá no será ella. Hués. El temor le desatienta. Man. Si él aquesta treta tienta, bien sé yo la contra de ella. 30 ¡Válgate Dios, la mujer, cuál me tienes sin por qué!
JORNADA TERCERA p. 316 Entra Tácito. Tác. Señor huésped, óigame, que una merced me ha de hacer, y es que me preste su jaca para ver el desafío 5 mañana. Hués. A la fe, hijo mío, ya no puede andar de flaca. Tác. No importa: que poco peso, y no he de estar mucho en ella. 10 Hués. Sobre su espinazo está subido un palmo de hueso. Tác. Hacerles casi la atrás o adelante, si es que importa. Hués. ¿No sabéis que es pasicorta, 15 y que es rijosa, además? Tác. Yo le tiraré del freno y me pondré desviado de otras bestias. Hués. Hale dado 20 torozón de comer feno. Tác. Tendréla yo sin comer dos días, y sanará. Hués. Para comer, sana está; pero no para correr. 25 Tác. ¿Yo correrla? ¡Ni por lumbre! Hués. Digo que está ciega y manca. [Tác.] Eso no importa una blanca. ¿No sabe ya mi costumbre? Que correré sobre un palo, 30 sin pies y manos, si quiero.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 317 Man. ¡Qué gracioso chocarrero! Hués. No es el jinete muy malo, que no acaba de entender que no la quiero prestar. Tác. ¡Acabara yo de hablar! 5 Man. Y vos, de importuno ser. Tác. Pues présteme seis reales para alquilar un rocín. Hués. ¿Yo prestar? ¡Ni aun un cuatrín! Tác. ¿Tanto era, pesia mis males? 10 ¿Pedíalo algún chocante, o algún mozuelo ordinario, sino un mero bacalario, diestro músico estudiante? Man. Veislos aquí. Andad con Dios, 15 que vuestro donaire fuerza a que os den más. Tác. Y esme fuerza, señor, llevar otros dos para alquilar un pretal 20 de cascabeles. Man. Tomad. Tác. Vuestra liberalidad es de persona real. ¡Oh si al pretal se añadieran 25 un par de espuelas! Man. Compradlas. Hués. Pedí un puño de esmeraldas. Tác. ¿Qué mucho que las pidieran? Tan aína este señor 30 las tuviera aquí a la mano. Hués. Idos en buen hora, hermano.
JORNADA TERCERA p. 318 Tác. Prospere el cielo tu honor, y a tu jaca dé salud, y a mí gracia de corrella. Hués. ¡No echaréis la pierna en ella, por vida de Cafalud!, 5 Vase Tácito. que éste es mi nombre. Man. Camina, que me importa quedar solo. Hués. Encubierta trae este Apolo 10 su angélica faz divina. Vase el huésped, y entra Julia muy bien aderezada de mujer, cubierta con su manto hasta los ojos, y pónese de rodillas ante Manfredo. Jul. Si no halla en tu valor 15 disculpa mi atrevimiento, en las disculpas no siento que la puede haber mejor; y si no templa el rigor de tu indignación mi pena, 20 acabaré esta jornada culpada y desesperada, como mi suerte lo ordena. Man. Levanta, señora mía, que esta tu tamaña culpa 25 el deseo la disculpa que en tus entrañas se cría: que de amor la tiranía a peores cosas fuerza, y sé yo por experiencia 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 319 que no hay hacer resistencia a los golpes de su fuerza. Pues ya amor me ha descubierto tus pasos, tu intento y celo, descúbreme tú ese cielo 5 que traes con nubes cubierto; y, si lo ignoras, te advierto que son seguras verdades las que la experiencia apura: que es parte la hermosura 10 para mudar voluntades. Jul. Harélo, como es razón; mas, ¡ay de mí!, que barrunto que ha de llegar en un punto mi muerte y tu admiración. 15 No te espante esta visión ni este nunca visto estilo: que el amor que en mí se esmera, de Julia la verdadera hizo un fingido Camilo. 20 Man. Gran desenvoltura es ésta, Camilo, y pensando voy por qué te burlas, si estoy más de luto que de fiesta; y es cosa muy descompuesta 25 burla de tal proceder en tiempo turbado y triste; y, el que de mujer se viste, mucho tiene de mujer. Jul. Julia soy la desdichada, 30 y, entre mi pena crecida, más siento el no ser creída,
JORNADA TERCERA p. 320 que siento el ser mal pagada. Como no repara en nada aquel que llaman amor, quiere que sus hechos cante, Julia vuelta en estudiante, 5 que primero fue pastor. Soy la que vio Rosamira en visión ante tus pies; soy, señor, la que no es en los ojos de tu ira; 10 soy la que de sí se admira, viendo las muchas mudanzas que amor en sus trajes pone, y que en ninguno dispone el fin de sus esperanzas. 15 Man. Yo te creo, pues tus ojos no pudieran fingir tanto, que mostrara[n] con su llanto entregarme tus despojos. Pon ya tregua a tus enojos, 20 Julia hermosa, y ven conmigo: que quizá en estos rodeos descubrirán tus deseos que no es amor tu enemigo. Servirásme de padrino 25 en la batalla que espero: que por gentileza quiero ponerme en este camino; y si el cielo y el destino ordenan que yo sea tuyo, 30 no por salir a este trance se ha de borrar este lance,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 321 y mas si yo no le huyo. No te arrodilles; levanta, que eres mi igual, y aun mejor. Entrase Manfredo. Jul. De hoy más diré que es, amor, 5 tu rigor blandura santa; ya [a] mi pena se adelanta mi gozo; ya me contemplo, libre del mar de mis penas, colgar, ¡oh amor!, las cadenas 10 en los muros de tu [templo]. Entrase Julia. Suenan trompetas tristes; sale el duque de Novara con su acompañamiento y dos jueces; siéntase en su trono, que ha de estar cubierto de luto, y dice: 15 Duq. Traigan a Rosamira de aquel modo que yo tengo ordenado. Uno. Ya ella viene, según lo dice el triste son que suena. Sale Porcia cubierta con el manto que le dio el 20 carcelero, acompañada de la misma manera que dijo, con la mitad del acompañamiento enlutado y la otra mitad de fiesta, el verdugo al lado izquierdo desenvainado el cuchillo, y al siniestro el niño con la corona de laurel; los atambores delante sonando 25 triste y ronco, la mitad de la caja de verde y la otra mitad de negro, que será un extraño espectáculo; siéntase Porcia cubierta en un asiento alto que ha de estar a un lado del teatro, desviado del de su
JORNADA TERCERA p. 322 padre; entran asimismo Dagoberto y Rosamira, como peregrinos embozados, [y Tácito]. Duq. ¿Cómo no viene Dagoberto? ¿Espera que se le pase el día, pues ya es hora? Juez. Sin duda, debe ser este que viene: 5 que el actor es costumbre se presente antes que el reo en la estacada. Duq. Es claro. Entra Anastasio, y Cornelio por padrino, y Anastasio viene cubierto el rostro con un tafetán; viene con 10 sus atambores; serán los mismos que trajeron a Porcia. ¿No es éste Dagoberto? Anas. Ni aun quisiera serlo por la mitad de todo el mundo. 15 Duq. ¿Pues quién sois? Anas. Su enemigo, sólo en cuanto lo es de la duquesa Rosamira, cuya defensa tomo yo a mi cargo. Duq. Yo os lo agradezco. 20 Juez. Dagoberto tarda. Duq. Cajas oigo sonar; él es, sin duda. Entra Manfredo con un tafetán por el rostro; trae a Julia por padrino, que asimismo viene embozada. Juez. Tampoco es éste Dagoberto. 25 Duq. El talle no nos dice que es él. Juez. Sin duda, pienso que ha de tener de sobra defensores
DEL LABERINTO DE AMOR p. 323 la duquesa. Duq. Sepamos quién es éste. Juez. ¿Quién sois, o a qué venís, buen [caballero? Man. El saber quién yo sea, importa poco; 5 saber a lo que vengo, sí que importa: a defender a la duquesa vengo. Dag. ¿Quién serán estos dos? Ros. No los conozco ni sé quién pueden ser. 10 Anas. A mí me toca por derecho y razón esa defensa, pues fui el primero que llegué a este [punto. Tác. Razón tiene el primero, o yo sé poco 15 de esto de desafíos y estacadas. Juez. A la duquesa toca el declararse cuál quiere de los dos que la defienda. Duq. Eso es razón. Anas. Y yo por tal la tengo. 20 Man. Y yo también: que no me queda cosa por saber de las leyes de la guerra. Duq. Pregúntenselo, pues, y vea[n] qué dice mi hija. ¡Oh nombre dulce, cuando el [cielo 25 quiso que sin escrúpulo llegase a mis oídos! Juez. Id vos, y sabedlo. Uno. El duque, mi señor, dice, señora, que estos caballeros han venido 30 a ser tus defensores, y que escojas cuál quieres de los dos que te defienda.
JORNADA TERCERA p. 324 Por. En Dios y en el primero deposito mi agravio, mi inocencia y esperanza. Dag. ¿Labradora es ésta? Mejor me ayude el cielo que la crea. Ya se tarda mi criado. 5 Ros. Confusa estoy, amigo. No sé en qué ha de parar tan grande [enredo. Juez. Bien se oyó lo que dijo; a vos os toca, señor, su defensa. 10 Man. Tener paciencia es lo que más importa en este caso; basta que se ha mostrado al descubierto mi voluntad. Duq. El cielo así os lo pague, 15 como yo os lo agradezco. Juez. No hay disculpa que pueda disculpar ya la tardanza de Dagoberto. Duq. ¡Mas que nunca venga! 20 Tác. Ciégale, San Antón; quémale un [brazo; destróncale un tobillo; nunca acierte a venir a este sitio; salga en palmas nuestra buena duquesa, que es un 25 [ángel, una paloma duenda, una cordera, que no tiene más hiel que cuatro toros. Entra un correo con una carta. Corr. Es de tanta importancia este despacho 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 325 que traigo, ¡oh buen señor!, que me es [forzoso dártele aquí: que así me lo mandaron, porque es de Dagoberto, y que te [importa. 5 Duq. ¿De Dagoberto? Muestra cómo es esto. ¿Cómo toma la pluma por la espada? ¿Tiempo es éste de cartas? Corr. No sé nada; ello dirá. 10 Juez. Vuestra excelencia vea lo que la carta dice. Duq. Así lo hago. Dag. Parece que se turba el duque. Ros. ¡Ay, triste! 15 ¡Cuánto mejor nos fuera habernos [ido, y esperar desde lejos el suceso de este tan grande enredo y desventura! ¡Temblando estoy! 20 Tác. ¿Carticas a tal tiempo? Apostaré que no llega esta danza a hacer con las cindojas el tretoque. Duq. ¿Hay cosa igual? Leed aquesa carta en alta voz, que es bien que la oigan 25 [todos. Después de haber leído el duque la carta, se la da al juez, que la lee en alta voz. [Juez.] “La presta resolución que tomaste de entregar a Manfredo por esposa a 30 tu hija Rosamira, me forzó a usar de la
JORNADA TERCERA p. 326 industria de acusarla, por evitar por entonces el peligro de perderla. La mejor señal que te podré dar de que es buena, es el haberla yo escogido por mi legítima mujer. Considera, señor, 5 antes que del todo me culpes, que soy tan bueno como Manfredo, y que tu hija escogió lo que quizá tú no le dieras casándola contra su voluntad. Si con ella usare[s] término de piadoso 10 padre, usaré yo contigo el de obediente hijo; aunque, de cualquier manera que me trates, lo habré de ser hasta la muerte. --Tu hijo Dagoberto.Anas. ¿Hase visto maldad tan insolente? 15 A no estar seguro de este hecho, ¿saliera Dagoberto fácilmente con el embuste que forjó en su pecho? Duq. Si esto permite el cielo y lo consiente, ¿qué puedo yo hacer? Ello está hecho; 20 gócela en paz. Anas. Aqueso es sin justicia y contra todo estilo de milicia. Según tu bando, mía es Rosamira; porque tú prometiste de entregarla 25 por legítima esposa al que la mira pusiese en defenderla y libertarla. Lo que el de Utrino dice es gran [mentira, y podrá la experiencia averiguarla; 30 luego en este momento yo he vencido,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 327 pues mi contrario al puesto no ha [venido, y la excusa que da no es de importancia, porque es todo al revés de lo que cuenta. Man. Venciste; pero mía es tu ganancia, 5 si aquí al buen proceder se tiene cuenta. Si de otro es Rosamira, es ignorancia pensar que ha de ser tuya. Anas. ¡No consienta el cielo que mi esposa de otro sea! 10 Man. Esta verdad haré que aquí se vea. Anas. ¿En qué la fundas? Man. En que soy Manfredo, de Rosamira, por concierto, esposo. Que la has librado tú, yo lo concedo, 15 no más de porque yo fui perezoso. Por cuatro pasos, bien decirlo puedo, que llevaste a los míos, fin dichoso has alcanzado en la dudosa empresa; mas no por esto es tuya la duquesa: 20 que la razón que así te da el derecho, por primer defensor que llegó al puesto, la turba, según siento, estar ya hecho conmigo el casamiento antes de [aquesto. 25 Por. ¡Saltando el corazón me está en el [pecho! Jul. ¡Válgame Dios! ¿En qué ha de parar esto? Ros. ¿Adónde vas? Dag. Sosiégate. 30 Anas. Recelo... Duq. ¿Ha visto caso semejante el suelo?
JORNADA TERCERA p. 328 Anas. Quedaos, amor, un poco aquí arrimado; venid en su lugar, honra, conmigo. Oye, Manfredo, huésped mal mirado, ladrón de paz y engañador amigo: ¿dó están las ricas prendas que has 5 [robado? ¿Por qué tan sin por qué, como [enemigo, usando en la amistad tan mal decoro, a mi padre robaste su tesoro? 10 Man. ¿Quién eres? Anas. Anastasio, el heredero de Dorlán, y de Julia único hermano, de Porcia primo, por las cuales quiero probar que eres ladrón torpe y villano. 15 Man. Si, como eres valiente caballero, fueras más atentado, claro y llano, vieras que esas razones afrentosas se fundan en quimeras fabulosas. Yo no robé a tu hermana ni a tu 20 [prima; mas de alguna sabrás, como tú hagas que a la cuestión primera se dé cima, con que tu gusto al mío satisfagas. Dag. La honra de mi hermana me lastima. 25 Ros. ¿Dónde vas, Dagoberto? No deshagas el buen principio que la suerte [muestra de dar buen fin a la desdicha nuestra. Dag. Sabe que soy Dagoberto, 30 Manfredo, y sabe que soy aquel que agraviado estoy
DEL LABERINTO DE AMOR p. 329 de tu infame desconcierto. ¡Dame a mi hermana, traidor, de fe falsa y alevosa! Man. Restituye tú a mi esposa antes el robado honor. 5 No te desmiento, porque de aquí a bien poco verás en el engaño en que estás y la bondad de mi fe. Anas. Primo --mas quédese aparte 10 el parentesco hasta ver si del justo proceder os dio el cielo alguna parte--, ¿vos decís que es vuestra esposa Rosamira? 15 Dag. Y es verdad. Anas. ¿Tenéis otra claridad de este hecho no dudosa, como es el decirlo vos? Dag. ¿Bastará que yo lo diga? 20 Anas. ¿Quién duda? Dag. Pues no se diga más contienda entre los dos ni entre los tres, que yo haré que ella lo declare al punto. 25 Duq. El bien me ha venido junto cuando menos lo pensé. Escoja mi hija, y haga su gusto: que todos tres son iguales. 30 Juez. Así es. Man. Bien cierta tengo la paga,
JORNADA TERCERA p. 330 pues tan de su voluntad se entregaba por mi esposa. Anas. No (es) está mi suerte dudosa, si es que es firme la verdad. Dag. ¡Qué engañados quedarán 5 los dos en este suceso! Jul. Cerrado está ya el proceso; mirad qué sentencia os dan, corazón. ¡Ay de mí, triste, que el miedo crece, y desmengua 10 la esperanza! Callad, lengua, que mal tal, mal se resiste. Por. [Aparte.] ¿Si es tiempo de descubrir la verdad de mi mentira? Man. Señor, manda a Rosamira 15 diga a quién quiere admitir. Duq. Dígalo en buen hora. Por. Digo que es Anastasio mi esposo. Jul. ¡Alentad, pecho amoroso! 20 Ros. Lo que tú dices desdigo: que Dagoberto es mi bien. Anas. Y vos, señora, mi gloria. Man. Tragedia ha sido mi historia. Jul. Aún quedan glorias que os den. 25 ¿Tuya no soy, pena vuestra? Tome la mano Rosamira a Dagoberto, y Anastasio a Porcia, y a este instante se declaren entrambas. Tác. ¿De qué Anastasio se admira? Jul. Aquélla no es Rosamira. 30 Anas. ¿Hay suerte airada y siniestra?
DEL LABERINTO DE AMOR p. 331 ¿Quién eres? Por. Soy la que quiso el cielo, en todo piadoso, sacarla de un riguroso infierno a tu paraíso; 5 soy la que, en traje mudado, trayendo amor en el pecho, procurando tu provecho, he mi gusto procurado; soy aquella a quien tú diste 10 de esposa la fe y la mano; soy quien tiene amor ufano por ver que no se resiste; soy de Dagoberto hermana, y soy tu prima, y soy quien, 15 cuando me falte tu bien, no soy más que sombra vana. Anas. ¿Dónde está Julia? Por. Señor, yo sé que la verás presto. 20 Jul. ¿Podre esperar, según esto, blandura de tu rigor? Mira con qué mansedumbre Anastasio a Porcia mira; mira que es de Rosamira 25 ya Dagoberto su lumbre; mira que yo sola quedo en los brazos de la muerte, si tu clemencia no advierte que soy Julia y tú Manfredo. 30 Man. Levanta, pues que ya el cielo tus deseos asegura,
JORNADA TERCERA p. 332 gracias a tu hermosura y a mi siempre honrado celo. Anastasio, mira ahora con gusto y admiración que yo nunca fui ladrón, 5 ni de condición traidora. Aquésta es Julia, tu hermana, y (a) ésa tu prima, cual dice, con las cuales nunca hice traición ni fuerza villana. 10 Ellas te dirán después del modo que aquí vinieron, hasta que el fin consiguieron, y es gusto de su interés. Tu industria y el cielo han hecho 15 que les seamos esposos; ellos son lances forzosos; no hay sino hacerles buen pecho. Quien se pudiera quejar de Rosamira, era yo; 20 mas si el cielo esto ordenó... Anas. Que paciencia y barajar. Dag. ¡Oh hermana mía! Por. ¡Oh mi hermano! Dag. ¡Buenos pasos son aquéstos! 25 Por. Nunca pasos descompuestos ganaron lo que yo gano. Anas. Más es tiempo de aliviarlos aquéste, que de reñillos. Duq. Aquéstas son maravillas 30 dignas solas de admirarlas. Anas. En fin, mi hermana es tu esposa.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 333 Man. Así es. Anas. Y Porcia es mía, si no lo impide y desvía ser mi prima. Duq. Fácil cosa 5 es haber dispensación en caso tan importante. Tác. Hoy del campo de Agramante he visto la confusión, y la paz de Octaviano 10 he visto en espacio breve. ¡No hay camino que amor pruebe, difícil, que no sea llano! Duq. Entremos en la ciudad, donde despacio sabremos 15 de estos no vistos extremos toda la puntualidad, y allí se harán regocijos y desposorios honrosos de los seis tan venturosos 20 que ya los tengo por hijos. Tác. Estas son, ¡oh amor!, en fin, tus disparates y hazanas; y aquí acaban las marañas tuyas, que no tienen fin. 25 FIN
p. 334 ÍNDICE Páginas. __________ Comedia famosa intitulada el rufián dichoso. 5 Comedia famosa intitulada la gran su doña Catalina de Oviedo................... 111 Comedia famosa del laberinto de amor........ 219
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