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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

                   ________


            COMEDIAS Y ENTREMESES

                    TOMO V


             Versión modernizada


            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle



      C Copyright 1920 Rodolfo Schevill
       C Copyright 1999 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


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p. 3 OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO V EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S.A. M. CM. XX.
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p. 5 A LA BUENA MEMORIA DE LA SEÑORA Phoebe Apperson Hearst (murió en Pleasanton, California, el 13 de abril de 1919) merced a la cual comenzó a publicarse esta primera edición crítica de las “Obras completas de Miguel de Cervantes Saavedra”, continuada generosamente por sus herederos.
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p. 7 COMEDIA LLAMADA TRATO DE ARGEL, hecha por Miguel de Cervantes, que estuvo cautivo en él siete años. [PERSONAJES 5 Aurelio, cautivo. Padre, madre y dos Zahara, ama de muchachos cautivos> Aurelio. (Juanico y Silvia, cautiva, Francisco). esclava de Yzuf. Un niño cautivo. 10 Yzuf, renegado, amo Un demonio. de Aurelio. La Ocasión Mamí (Aydar), La Necesidad. soldado corsario. Pedro Alvarez, Fátima, criada de cautivo. 15 Zahara. Azán, rey de Argel. Sayavedra, soldado Dos mercaderes cautivo. moros (l.° y 2.°). Leonardo, cautivo. Un moro. Sebastián, muchacho Dos muchachillos 20 cautivo. moros. Un pregonero. Otro morillo.
JORNADA PRIMERA p. 8 Dos esclavos Dos alárabes. cristianos. Un león. Otro cristiano. Varios moros. Tres esclavos Cuatro turcos. cristianos más.] 5 JORNADA PRIMERA INTERLOCUTORES AURELIO; ZAHARA, ama de Aurelio; FATIMA, criada de Zahara; YZUF, amo de Aurelio. Aur. ¡Triste y miserable estado! 10 ¡Triste esclavitud amarga, donde es la pena tan larga cuan corto el bien y abreviado! ¡Oh purgatorio en la vida, infierno puesto en el mundo, 15 mal que no tiene segundo, estrecho do no hay salida! ¡Cifra de cuanto dolor se reparte en los dolores, daño que entre los mayores 20 se ha de tener por mayor! ¡Necesidad increíble, muerte creíble y palpable, trato mísero intratable, mal visible e invisible! 25 ¡Toque que nuestra paciencia descubre si es valerosa;
DEL TRATO DE ARGEL p. 9 pobre vida trabajosa, retrato de penitencia! Cállese aquí este tormento, que, según me es enemigo, no llegará cuanto digo 5 a un punto de lo que siento. Pondérase mi dolor, con decir, bañado en lloros, que mi cuerpo está entre moros, y el alma en poder de Amor. 10 Del cuerpo y alma es mi pena: el cuerpo ya veis cual va; mi alma rendida está a la amorosa cadena. Pensé yo que no tenía 15 Amor poder entre esclavos; pero en mí sus recios clavos muestran más su gallardía. ¿Qué buscas en la miseria, Amor, de gente cautiva? 20 Déjala que muera o viva con su pobreza y laceria. ¿No ves que el hilo se corta de esa tu amorosa estambre, aquí con sed o con hambre, 25 a la larga o a la corta? Mas creo que no has querido olvidarme en este estrecho: que has visto sano mi pecho, aunque tan roto el vestido. 30 Desde ahora claro entiendo que el poder que en ti se encierra
JORNADA PRIMERA p. 10 abraza el cielo y la tierra, y más que no comprehendo. Una cosa te pidiera, si en esa tu condición una sombra de razón 5 por entre mil sombras viera, y es que, pues fuiste la causa de acabarme y destruirme, que en el continuo herirme hagas un momento pausa. 10 Yo no te pido que salgas de mi pecho, pues no puedes; antes te pido que quedes, y en este trance me valgas. Mira que se me apareja 15 una muy fiera batalla, y que no he de atropellalla si tu consejo me deja. Del lugar do me pusiste me procuran derribar; 20 pero ¿quién podrá bajar lo que tú una vez subiste? Ya viene Zahara y su arenga; ¡ay, enfadosa porfía, como que me falta el día 25 antes que la noche venga! ¡Valedme, Silvia, bien mío, que, si vos me dais ayuda, de guerra más ardua y cruda llevar la palma confío! 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 11 Entra ahora Zahara, ama de Aurelio, y Fátima, criada de Zahara. Zah. ¿Aurelio? Aur. Señora mía... Zah. Si tú por tal me tuvieras, 5 a fe que luego hicieras lo que ruega mi porfía. Aur. Lo que tú quieres yo quiero, porque al fin te soy esclavo. Zah. Esas palabras alabo; 10 mas tus obras vitupero. Aur. ¿Cuál ha sido por mí hecha que en ella no te complaces? Zah. Aquellas que no me haces, me tienen mal satisfecha. 15 Aur. Señora, no puedo más; por agua me parto luego. Zah. Otra agua pide mi fuego, que no la que tú traerás. No te vayas; está quedo. 20 Aur. De leña hay falta en la casa. Zah. Basta la que a mí me abrasa. Aur. ¡Mi amo...! Zah. No tengas miedo. Aur. Déjame, señora, ir, 25 no venga Yzuf, mi señor. Zah. Quien queda con tanto amor, mal te dejará partir. Aur. No hay para qué más porfíes, señora; déjame ya. 30 Zah. Aurelio, llégate acá.
JORNADA PRIMERA p. 12 Aur. Mejor es que te desvíes. Zah. ¿Así, Aurelio, me despides? Aur. Antes te hago favor, si con el compás de honor lo compasas y lo mides. 5 ¿No miras que soy cristiano, con suerte y desdicha mala? Zah. El amor todo lo iguala; dame por señor la mano. Fát. Zahara, señora mía, 10 dígote que me ha admirado mirar en lo que ha parado tu altivez y fantasía. Ver, por cierto, es gentil cosa, y digna de ser notada, 15 de un cristiano enamorada una mora tan hermosa. Y lo que más llega al cabo tu afición tan sin medida, es mirarte estar rendida 20 a un cristiano que es tu esclavo. ¡Y monta que corresponde el perro a lo que le quieres! Perdóname; frágil eres. Zah. ¿Dónde vas? 25 Fát. Bien sé yo [adónde]. Zah. Dulce amiga verdadera, lo que dices no lo niego; mas ¿qué haré?, que amor es fuego y mi voluntad es cera. 30 Y puesto que el daño veo y el fin do habré de parar,
DEL TRATO DE ARGEL p. 13 imposible es contrastar las fuerzas de mi deseo. Vuelve tu lengua e intento a combatir esta roca, que no será gloria poca 5 gozar de su vencimiento. Fát. Quiero en esto complacerte, pues al fin puedes mandarme. Cristiano, vuelve a mirarme, que no es mi rostro de muerte. 10 Aur. Más que muerte me causáis con vuestros inducimientos. Dejadme con mis tormentos, porque en vano trabajáis. Fát. ¿No ves cómo se retira 15 el perro en su pundonor? Así entiende él del amor como el asno de la lira. Aur. ¿Cómo queréis que yo entienda de amor en esta cadena? 20 Zah. Eso no te cause pena; que luego se hará la enmienda. Las dos te la quitaremos. Aur. Muy mejor será dejarla; que no quiero, con quitarla, 25 pasar de un extremo a extremos. Zah. ¿A qué extremos pasarás? Aur. Quitando al cuerpo este hierro, caeré en otro mayor yerro, que al alma fatigue más. 30 Fát. ¿Almas tenéis los cristianos? Aur. Sí; y tan ricas y extremadas,
JORNADA PRIMERA p. 14 cuanto por Dios rescatadas. Fát. ¡Que son pensamientos vanos! Pero si almas tenéis, de diamante es su valor, pues en la fragua de amor 5 muy más os endurecéis. Aurelio, ¡resolución! Ten cuenta en lo que te digo; no quieras ser tan amigo de tu obstinada opinión. 10 Ya te ves sin libertad, entre hierros apretado, pobre, desnudo, cansado, lleno de necesidad, sujeto a mil desventuras, 15 a palos, a bofetones, a mazmorras, a prisiones, donde estás contino a oscuras. Libertad se te promete; los hierros se quitarán, 20 y después te vestirán. No hay temor de oscuro brete. Cuzcuz, pan blanco a comer, gallinas en abundancia, Y aun habrá vino de Francia, 25 si vino quieres beber. No te pido lo imposible, ni trabajos demasiados, sino blandos, regalados, dulces lo más que es posible. 30 Goza de la coyuntura que se te ríe delante;
DEL TRATO DE ARGEL p. 15 no hagas del ignorante, pues muestras tener cordura. Mira tu señora Zahara y lo mucho que merece. Mira que al sol oscurece 5 la luz de su rostro clara. Contempla su juventud, su riqueza, nombre y fama. Mira bien que ahora llama a tu puerta la salud. 10 Considera el interés que en hacer esto te toca, que hay mil que pondrían la boca donde tu pondrás los pies. Aur. ¿Has dicho, Fátima? 15 Fát. Sí. Aur. ¿Quieres que responda yo? Fát. Responde. Aur. Digo que no. Zah. ¡Ay, Alá! ¿Qué es lo que oí? 20 Aur. Yo digo que no conviene pedirme lo que pedís, porque muy poco advertís el peligro que contiene. Fát. ¿Qué peligro puede haber, 25 queriéndolo tu señora? Aur. La ofensa que, siendo mora, a Mahoma viene a hacer. Zah. ¡Déjame a mí con Mahoma, que ahora no es mi señor, 30 porque soy sierva de Amor, que el alma sujeta y doma!
JORNADA PRIMERA p. 16 ¡Echa ya el pecho por tierra, y levantarte he a mi cielo! Aur. Señora, tengo un recelo que me consume y atierra. Fát. ¿De qué te recelas, di? 5 Aur. Señora, de que no veo ningún camino o rodeo cómo complacerte a ti. En mi ley no se recibe hacer yo lo que me ordenas; 10 antes con muy graves penas y amenazas lo prohíbe; y aun si bautismo tuvieras, siendo, como eres, casada, fuera cosa harto excusada 15 si tal cosa me pidieras. Por eso yo determino antes morir que hacer lo que pide tu querer, y en esto estaré contino. 20 Zah. Aurelio, ¿estás en tu seso? Aur. Y aun por estar tan en él, soy para vos tan cruel. Zah. ¡Ay, desdichado suceso! ¿Que es posible que tan poco 25 valgan mis ruegos contigo? Fát. Sin duda que este enemigo es muy cuerdo, o es muy loco. ¡Perro! ¿Tanta fantasía? ¿Pensáis que hablamos de veras? 30 ¡Antes de mal rayo mueras primero que pase el día!
DEL TRATO DE ARGEL p. 17 ¡Ruin sin razón ni compás, nacido de vil canalla! ¿Pensábades ya triunfalla, perrazo, sin más ni más? Conmigo las has de haber, 5 y de modo, que te aviso que dirá el que nunca quiso: “¡Más le valiera querer!” No estés, Zahara, descontenta; deja el remedio en mi mano, 10 que a este perro cristiano yo le haré que se arrepienta. Zah. No es bien que por mal se lleve. Fát. Ni aun bien llevarlo por bien. Zah. Cese, Aurelio, tu desdén. 15 Fát. Con eso el perro se atreve. Ven, señora, al aposento; que, en esta pena crecida, o yo perderé la vida, o tú tendrás tu contento. 20 Sálense las dos, y queda Aurelio solo. Aur. ¡Padre del cielo, en cuya fuerte diestra está el gobierno de la tierra y cielo; cuyo poder acá y allá se muestra con amoroso, justo y santo celo! 25 Si tu luz, si tu mano no me adiestra a salir de este caos, temo y recelo que, como el cuerpo está en prisión [esquiva, también el alma ha de quedar cautiva. 30 En vos, Virgen Santísima María,
JORNADA PRIMERA p. 18 [entr]e Dios y los hombres medianera, de mi mar incïerto cierta guía, Virgen entre las vírgenes primera; en vos, Virgen y Madre, en vos confía mi alma, que sin vos en nadie espera, 5 que la habéis de guiar con vuestra [lumbre de este hondo valle a la más alta [cumbre. Bien sé que no merezco que se acuerde 10 vuestra eterna memoria de mi daño, porque tengo en el alma fresco y verde el dulce fruto del amor extraño; mas vuestra alta clemencia, que no [pierde 15 ocasión de hacer bien, mi mal tamaño remedie, que ya estoy casi perdido, de Escila y de Caribdis combatido. Si el cuerpo esclavo está, está libre el [alma, 20 puesto que Silvia tiene parte en ella, y la amorosa triunfadora palma sola ha de llevar mi Silvia de ella. Ponga Zahara su amor, póngale en [calma, 25 que mi firmeza no hay pensar rompella, y aquello que a mi Dios y a Silvia [debo, me hace que aun mirarla no me atrevo. ¿Dó estás, Silvia hermosa? ¿Qué 30 [destino, qué fuerza insana de implacable hado,
DEL TRATO DE ARGEL p. 19 el curso de aquel próspero camino tan sin causa y razón nos ha cortado? ¡Oh estrella, oh suerte, oh fortuna, oh signo! Si alguno de vosotros ha causado tamaña perdición, desde aquí digo 5 que mil cuentos de veces le [maldigo. Yo moriré, por lo que al alma toca, antes que hacer lo que mi ama [quiere; 10 firme he de estar cual bien fundada [roca que en torno el viento, el mar [combate y hiere. Que sea mi vida mucha, o que sea 15 [poca, importa poco; sólo el que bien muere, puede decir que tiene larga vida, y el que mal, una muerte sin medida. (SEGUNDA JORNADA. INTERLOCUTORES: SAYAVEDRA, 20 soldado cautivo; LEONARDO, cautivo; YZUF, amo de Aurelio; AURELIO; SEBASTIAN, muchacho cautivo.) Say. En la veloz carrera apresuradas las oras del ligero tiempo veo, 25 contra mí con el cielo conjuradas. Queda atrás la esperanza, y no el [deseo, y así la vida de él, la muerte de ella, el daño, el mal aumentan que 30 [poseo.
JORNADA PRIMERA p. 20 ¡Ay dura, inicua, inexorable estrella! ¡Cómo de los cabellos me has traído al terrible dolor que me atropella! Leo. El llanto en tales tiempos es perdido, pues si llorando el cielo se ablandara, 5 ya le hubieran mis lágrimas movido. A la triste fortuna, alegre cara debe mostrar el pecho generoso: que a cualquier mal, buen ánimo [repara. 10 Say. El cuello enflaquecido, al trabajoso yugo de esclavitud amarga puesto, bien ves que a cuerpo y alma es [peligroso; y más aquel que tiene presupuesto 15 de dejarse morir antes que pase un punto el modo del vivir honesto. Leo. Si acaso yo tus obras imitase, forzoso me sería que al momento en brazos de la hambre me entregase. 20 Bien sé que en el cautivo no hay [contento; mas no quiero creer yo mi fatiga, teniendo en ella siempre el [pensamiento. 25 A mi patrona tengo por amiga; trátame cual me ves; huelgo y paseo; “cautivo soy” el que quisiere diga. Say. Triunfa, Leonardo, y goza ese [trofeo; 30 que, si por ser cautivo le hermoseas, yo sé que es torpe, desgraciado y feo.
DEL TRATO DE ARGEL p. 21 Leo. Amigo Sayavedra, si te arreas de ser predicador, ésta no es tierra do alcanzarás el fruto que deseas. Déjate (d)eso y escucha de la [guerra 5 que el gran Filipo hace nueva cierta, y un poco la pasión de ti [destierra. Dicen que una fragata de Biserta llegó esta noche allí con un cautivo 10 que ha dado vida a mi esperanza [muerta. Quitóle libertad el hado esquivo, de Málaga pasando a Barcelona; cautivóle Mamí, corsario 15 [esquivo. En su manera muestra ser persona de calidad, y que es ejercitado en el duro ejercicio de Belona. Dice el número cierto que ha pasado 20 de soldados a España forasteros, sin los tres tercios nuestros que han [bajado; los príncipes, señores, caballeros, que a servir a Filipo van de gana; 25 los naturales y los extranjeros, y la muestra hermosísima lozana que en Badajoz hacer el rey [pretende de la pujanza de la unión cristiana. 30 Dice con esto que ninguno [entiende
JORNADA PRIMERA p. 22 el designio del rey, y el hablar de esto, al grande y al pequeño se [defiende. Say. Rompeos ya, cielos, y llovednos [presto 5 el librador de nuestra amarga guerra, si ya en el suelo no le tenéis puesto. Cuando llegué cautivo y vi esta [tierra tan nombrada en el mundo, que en su 10 [seno tantos piratas cubre, acoge y cierra, no pude al llanto detener el freno, que, a pesar mío, sin saber lo que era, me vi el marchito rostro de agua lleno. 15 Ofrecióse a mis ojos la ribera y el monte donde el grande Carlos [tuvo levantada en el aire su bandera, y el mar que tanto esfuerzo no 20 [sostuvo, pues, movido de envidia de su [gloria, airado entonces más que nunca [estuvo. 25 Estas cosas volviendo en mi [memoria, las lágrimas trajeran a los ojos, forzados de desgracia tan notoria. Pero si el alto cielo en darme enojos 30 no está con mi ventura conjurado, y aquí no lleva muerte mis despojos,
DEL TRATO DE ARGEL p. 23 cuando me vea en más seguro [estado, o si la suerte o si el favor me ayuda a verme ante Filipo arrodillado, mi lengua balbuciente y casi muda 5 pienso mover en la real presencia, de adulación y de mentir desnuda, diciendo: “Alto señor, cuya potencia sujetas trae las bárbaras naciones al desabrido yugo de obediencia; 10 a quien los negros indios con sus [dones reconocen honesto vasallaje, trayendo el oro acá de sus rincones; despierte en tu real pecho coraje 15 la desvergüenza con que una vil oca aspira de continuo a hacerte ultraje. Su gente es mucha, mas su fuerza es [poca, desnuda, mal armada, que no tiene 20 en su defensa fuerte muro o roca. Cada uno mira si tu armada viene, para dar a los pies el cargo y cura de conservar la vida que sostiene. De la esquiva prisión amarga y dura, 25 adonde mueren quince mil cristianos, tienes la llave de su cerradura. Todos, cual yo, de allá puestas las [manos, las rodillas por tierra, sollozando, 30 cerrados de tormentos inhumanos, poderoso señor, te están rogando
JORNADA PRIMERA p. 24 vuelvas los ojos de misericordia a los suyos, que están siempre llorando; y pues te deja ahora la discordia, que tanto te ha oprimido y fatigado, y amor en darte sigue la concordia, 5 haz, ¡oh buen rey!, que sea por ti [acabado lo que con tanta audacia y valor tanto fue por tu amado padre comenzado. El sólo ver que vas, pondrá un 10 [espanto en la bárbara gente, que adivino ya desde aquí su pérdida y [quebranto.” ¿Quién duda que el real pecho 15 [benigno no se muestre, oyendo la tristeza donde están estos míseros contino? Mas ¡ay! ¡Cómo se muestra la bajeza de mi tan rudo ingenio, pues pretende 20 hablar tan bajo ante tan alta alteza! Mas la ocasión es tal, que me [defiende. Pero a todo silencio poner quiero, que creo que mi plática te ofende, 25 y al trabajo he de ir adonde muero. Aquí entra Sebastián, muchacho, en hábito de esclavo. Seb. ¿Hase visto tal maldad? ¿Hay tierra tan sin concordia, do falta misericordia 30 y sobra la crueldad?
DEL TRATO DE ARGEL p. 25 ¿Dónde se halla disculpa de maldad tan insolente: que pague el que es inocente por el que tiene la culpa? ¡Oh cielos! ¿Qué es lo que he visto? 5 ¡Este sí que es pueblo injusto, donde se tiene por gusto matar los siervos de Cristo! ¡Oh España, patria querida! Mira cuál es nuestra suerte, 10 que, si allá das justa muerte, quita[n] acá justa vida. Leo. Sebastián, dinos qué tienes, que hablas razones tales. Seb. Una infinidad de males 15 y una penuria de bienes. Leo. En ser, como eres, esclavo, se encierra todo dolor. Seb. Otra pena muy mayor me tiene a mí tan al cabo. 20 Say. ¿De dónde puede causarse la pena que dices brava? Seb. De una vida que hoy se acaba para jamás acabarse. Ya sabes que aquí en Argel 25 se supo cómo en Valencia murió por justa sentencia un morisco de Sargel; digo que en Sargel vivía, puesto que era de Aragón, 30 y, al olor de su nación, pasó el perro en Berbería,
JORNADA PRIMERA p. 26 y aquí corsario se hizo, con tan prestas crueles manos, que con sangre de cristianos la suya bien satisfizo. Andando en corso, fue preso, 5 y, como fue conocido, fue en la Inquisición metido, do le formaron proceso; y allí se le averiguó cómo, siendo bautizado, 10 de Cristo había renegado y en Africa se pasó, y que, por su industria y manos, traidores tratos esquivos, habían sido cautivos 15 más de seiscientos cristianos; y como se le probaron tantas maldades y errores, los justos inquisidores al fuego le condenaron. 20 Súpose del moro acá, y la muerte que le dieron, porque luego la escribieron los moriscos que hay allá. La triste nueva sabida 25 de los parientes del muerto, juran y hacen concierto de dar al fuego otra vida. Buscaron luego un cristiano para pagar este escote, 30 y halláronle sacerdote, y de nación valenciano.
DEL TRATO DE ARGEL p. 27 Prendieron éste a gran priesa para ejecutar su hecho, porque vieron que en el pecho traía la cruz de Montesa, y esta señal de victoria 5 que le cupo en buena suerte, si le dio en el suelo muerte, en el cielo le dio gloria; porque estos ciegos sin luz, que en él tal señal han visto, 10 pensando matar a Cristo, matan al que trae su cruz. De su amo lo compraron, y, aunque eran pobres, a un punto el dinero todo junto 15 de limosna lo allegaron. En nuestro pueblo cristiano, por Dios se pide a la gente para sanar al doliente, no para matar al sano. 20 Mas entre esta descreída gente y maldito lugar, no piden para sanar, mas para quitar la vida. Hoy en poder de sayones 25 he visto al siervo de Dios, no sólo puesto entre dos, sino entre dos mil sayones. Iba el sacerdote justo entre injusta gente puesto, 30 marchito y humilde el gesto, a morir por Dios con gusto.
JORNADA PRIMERA p. 28 En darle penas dobladas todo el pueblo se desvela: cuál sus blancas canas pela, cuál le da mil bofetadas. Las manos que a Dios tuvieron 5 mil veces, hoy son tenidas de dos sogas retorcidas con que atrás se las asieron. Al yugo de otro cordel puesto el cuello humilde lleva, 10 haciendo seis moros prueba cuánto pueden tirar de él. A ningún lado miraba que descubra un solo amigo: que todo el pueblo enemigo 15 en torno le rodeaba. Con voluntad tan dañada procuran su pena y lloro, que se tuvo por mal moro quien no le dio bofetada. 20 A la marina llegaron con la víctima inocente, do, con barbarie insolente, a un áncora le ligaron. Dos áncoras a una mano 25 vi yo allí en contrario celo: una, de hierro, en el suelo; otra, de fe, en el cristiano. Y, la una a la otra asida, la de hierro se convierte 30 a dar cruda y presta muerte; la de fe, a dar larga vida.
DEL TRATO DE ARGEL p. 29 Ved si es bien contrario el celo de las dos en esta guerra: la una en el suelo afierra; la otra se ase del cielo; y aunque corra tal fortuna 5 que espante al cuerpo y al alma, como si estuviera en calma, no hay desasirse la una. Sin hierro al hierro ligado, el siervo de Dios se hallaba, 10 y, en su cuerpo atado, estaba espíritu desatado. El cuerpo no se rodea, que le ata más de un cordel; mas el espíritu de él 15 todos los cielos pasea. La canalla, que se enseña a hacer nueva crueldad, trajo luego cantidad de seca y humosa leña, 20 y una espaciosa corona hicieron luego con ella, dejando encerrada en ella la santa humilde persona; y aunque no tienen sosiego 25 hasta verle ya espirar, para más le atormentar, encienden lejos el fuego. Quieren, como el cocinero que a su oficio más mirase, 30 que se ase y no se abrase la carne de aquel cordero.
JORNADA PRIMERA p. 30 Sube el humo al aire vano, y a veces le da en los ojos; quema el fuego los despojos que le vienen más a mano; vase arrugando el vestido 5 con el calor violento, y el fuego, poco contento, busca lo más escondido. Esperad, simple cordero, que esta ardiente llama insana, 10 si os ha quemado la lana, os quiere abrasar el cuero. Combátenle fuegos dos: el uno humano y visible, el otro santo invisible, 15 que es fuego de amor de Dios. Yo no sé a cuál más debía, puesto que a los dos pagaba: al que el cuerpo le abrasaba, o al que el alma le encendía. 20 Los que estaban a mirarle, la ira así les pervierte, que mueren por darle muerte, y entretiénense en matarle. Y, en medio de este tormento, 25 no movió el santo varón la lengua a formar razón que fuese de sentimiento; antes dicen, y yo he visto, que si alguna vez hablaba, 30 en el aire resonaba el eco o nombre de Cristo;
DEL TRATO DE ARGEL p. 31 y cuando en el agonía última el triste se vio, cinco o seis veces llamó la Virgen Santa María. Al fuego el aire le atiza 5 y con tal ardor revuelve, que poco a poco resuelve el santo cuerpo en ceniza. Mas ya que morir le vieron, tantas piedras le tiraron, 10 que las piedras acabaron lo que las llamas no hicieron. ¡Oh Santisteban segundo, que me asegura tu celo que miraste abierto el cielo 15 en tu muerte desde el mundo! Queda el cuerpo en la marina quemado y apedreado; el alma el vuelo ha tomado hacia la región divina. 20 Queda el moro muy gozoso del injusto y crudo hecho; el turco está satisfecho; el cristiano, temeroso. Yo he venido a referiros 25 lo que no pudisteis ver, si os lo ha dejado entender mis lágrimas y suspiros. Say. Deja el llanto, amigo, ya; que no es bien que se haga duelo 30 por los que se van al cielo, sino por quien queda acá:
JORNADA PRIMERA p. 32 que, aunque parece ofendida a humanos ojos su suerte, el acabar con tal muerte, es comenzar mejor vida. Mide por otro nivel 5 tu llanto, que no hay paciencia que las muertes de Valencia se venguen acá en Argel. Muéstrase allá la justicia en castigar la maldad; 10 muestra acá la crueldad cuánto puede la injusticia. Seb. En tan amarga querella, ¿quién detendrá los gemidos? Ellos con culpa punidos; 15 nosotros, muertos sin ella. Leo. Bastábanos ser cautivos, sin temer más desconciertos, pues si allá queman los muertos, abrasan acá los vivos. 20 Usa Valencia otros modos en castigar renegados no en público sentenciados; ¡mueran a tósigo todos! Mas un moro viene acá; 25 no estemos juntos aquí; Sayavedra, por allí; tú, Sebastián, por allá.
DEL TRATO DE ARGEL p. 33 SEGUNDA JORNADA YZUF y AURELIO. Yzuf. Trescientos escudos di, Aurelio, por la doncella. Esto di al turco; que a ella 5 alma y vida le rendí, y es poco, según es bella. Vendiómela de aburrido, que dice que no ha podido, mientras la tuvo en poder, 10 en ningún modo atraer al amoroso partido. Púsela en casa de un moro, sin osarla traer acá, y allí está donde ella está 15 todo mi bien y tesoro y la gloria que amor da. Allí se ve la bondad junto con la crueldad mayor que se vio en la tierra, 20 y juntas, sin hacer guerra, belleza y honestidad. No pueden prometimientos ablandar su duro pecho. Veme en lágrimas deshecho, 25 y ofrece siempre a los vientos cuantos servicios la he hecho. No echa de ver su ventura, ni cómo el dolor me apura
JORNADA SEGUNDA p. 34 poco a poco suspirando; antes, cuando yo más blando, entonces ella más dura. A casa quiero traerla y reclinar en tu mano 5 mi gozo más soberano; quizá tú podrás moverla, siendo, como ella, cristiano, y desde aquí te prometo que, si conduces a efecto 10 mi amorosa voluntad, de darte la libertad y serte amigo perfecto. Aur. En todo lo que quisieres, he, señor, de complacerte, 15 por ser tu esclavo y por verte que melindres de mujeres te tengan de aquesa suerte. ¿De qué nación es la dama que te enciende en esa llama 20 sin mirar a su interés? Yzuf. Española dicen que es. Aur. ¿Y el nombre? Yzuf. Silvia se llama. Aur. ¿Silvia? Una Silvia venía 25 adonde yo cautivé, y, según que la miré, no en tanto allá se tenía. Yzuf. Esa es; yo la compré. Aur. Si ella es, yo sé decir 30 que es hermosa sin mentir, y que no es tan cruda altiva,
DEL TRATO DE ARGEL p. 35 que su condición esquiva a ninguno hace morir. Tráela a casa, señor, luego, y ten las riendas al miedo; y tú verás, si yo puedo, 5 cómo a mis manos y ruego amaina el casto denuedo. Yzuf. Yo voy, y mientras se ordena su venida, por estrena del contento que me has dado, 10 yo diré a mi renegado que te quite esa cadena. Vase Yzuf, y queda Aurelio solo. Aur. ¿Qué es esto, cielos? ¿Qué he oído? ¿Es mi Silvia? Silvia es, cierto. 15 ¿Es posible, ¡oh hado incierto!, que he de ver quien me ha tenido vivo en muerte, en vida muerto? Esta es mi Silvia, a quien llamo, a quien quiero y a quien amo 20 más que a todo lo del suelo. ¡Gracias hago y doy al cielo, que a los dos ha dado un amo! Tregua tendrán mis enojos entre tanta desventura, 25 pues, por extraña ventura, vendrán a mirar mis ojos tu sin igual hermosura. Y si de ella está rendido mi amo, está conocido 30 que, quien la supo mirar,
JORNADA SEGUNDA p. 36 es imposible escapar de preso o de malherido. Y pues que con tales bríos él descubre sus amores, si nos vemos, sus dolores 5 se callarán, y los míos te diré, que son mayores. Y mientras pudiere ver tu hermosura y gentil ser, templaré mi desconsuelo, 10 hasta que disponga el cielo de entrambos lo que ha de ser. Vase Aurelio, y entran mercaderes moros primero y segundo, y padre y madre, y dos hijos cautivos. 15 UN PREGONERO; MAMI, soldado corsario. Mer. 1.° En fin, Aydar, ¿que en Cerdeña habéis hecho la galima? Mamí. Sí; y aun no de poca estima, según se vio en la reseña. 20 Mer. 1.° Dícennos que os dieron caza de Nápoles las galeras. Mamí. Sí dieron; mas no de veras, que el peso las embaraza. El ladrón que va a hurtar, 25 para no dar en el lazo, ha de ir muy sin embarazo, para huir, para alcanzar. Las galeras de cristianos, sabed, si no lo sabéis, 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 37 que tienen falta de pies y que no les sobran manos; y esto lo causa que van tan llenas de mercancías, que, si bogasen dos días, 5 un pontón no tomarán. Nosotros a la ligera, listos, vivos como el fuego, y, en dándonos caza, luego pico al viento y ropa fuera, 10 las obras muertas abajo, árbol y entena en crujía, y así hacemos nuestra vía contra el viento sin trabajo; y el soldado más lucido, 15 el más flaco y más membrudo, luego se muestra desnudo y del bogavante asido. Pero allá tiene la honra el cristiano en tal extremo, 20 que asir en un trance el remo, le parece que es deshonra; y mientras ellos allá en sus trece están honrados, nosotros, de ellos cargados, 25 venimos sin honra acá. Mer. 1.° Esa honra y ese engaño nunca salga de su pecho, [pu]es nuestro mayor provecho nace de su propio daño. 30 Un mozo de poca edad de estos sendos comprar quiero.
JORNADA SEGUNDA p. 38 Mamí. Ya los trae el pregonero vendiendo por la ciudad. Mer. 1.° ¿Hay españoles entre ellos? Mamí. Sí hay; que también tomamos una nave, y allí hallamos 5 hasta veinte y cuatro de ellos. Entra el pregonero, con el padre y la madre y los dos muchachos y un niño de teta a los pechos. Pre. ¿Hay quien compre los perritos, y el viejo, que es el perrazo, 10 y la vieja y su embarazo? ¡Pues a fe que son bonitos! De éste me dan ciento y dos; de éste doscientos me dan; pero no los llevarán. 15 ¡Pasá acá, perrazo, vos! Hijo. ¿Qué es esto, madre? ¿Por dicha, véndennos aquestos moros? Mad. Sí, hijo; que sus tesoros los crece nuestra desdicha. 20 Pre. ¿Hay quien a comprar acierte el niño y la madre junto? Mad. ¡Oh amargo y terrible punto, más terrible que la muerte! Pad. Sosegad, señora, el pecho; 25 que si mi Dios ha ordenado ponernos en este estado, él sabe por qué lo ha hecho. Mad. De estos hijos tengo pena, que no sé por dónde han de ir. 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 39 Pad. Dejad, señora, cumplir lo que el alto cielo ordena. Mer. 1.° ¿Qué han de dar de éste, decí? Pre. Ciento y dos escudos dan. Mer. 1.° ¿Por ciento y diez, darlo han? 5 Pre. No, si no pasáis de ahí. Mer. 1.° ¿Está sano? Pre. Sano está. Mer. 1.° Abre; no tengas temor. Hijo. ¡No me la saque, señor; 10 que ella mis[ma se caerá]! Mer. 1.° ¿Piensa que sacarle quiero el rapaz alguna muela? Hijo. ¡Paso, señor, no me duela; tenga quedo, que me muero! 15 Mer. 2.° De estotro, ¿cuánto dan de él? Pre. Doscientos escudos dan. Mer. 2.° Y ¿por cuánto le darán? Pre. Trescientos piden por él. Mer. 2.° Si te compro, ¿serás bueno? 20 Hijo. Aunque vos no me compréis, seré bueno. Mer. 2.° ¿Serlo heis? Hijo. Ya lo soy, sin ser ajeno. Mer. 1.° Por éste doy ciento y treinta. 25 Pre. Vuestro es; venga el dinero. Mer. 1.° En casa dároslo quiero. Mad. El corazón me revienta. Mer. 1.° Comprad, compañero, esotro. Ven, niño, vente a holgar. 30 Hijo. No, señor; no he de dejar mi madre por ir con otro.
JORNADA SEGUNDA p. 40 Mad. Ve, hijo; que ya no eres sino del que te ha comprado. Hijo. ¡Ay, madre! ¿Habéisme dejado? Mad. ¡Ay, cielo, cuán crudo eres! Moro. Anda, rapaz; ven conmigo. 5 Hijo. Vámonos juntos, hermano. Her. No puedo, ni está en mi mano; el cielo vaya contigo. Mad. ¡Oh mi bien y mi alegría! ¡No se olvide de ti Dios! 10 Hijo. ¿Dónde me llevan sin vos, padre mío y madre mía? Pad. ¿Quieres que hable, señor, a mi hijo aun no un momento? Dame este breve contento, 15 pues es eterno el dolor. Moro. Cuanto quisieres le di, pues será la vez postrera. Pad. Sí, pues ésta es la primera que en este trance me vi. 20 Hijo. Tenedme con vos aquí, madre, que voy no sé dónde. Mad. La ventura se te esconde, [hijo], pues yo te pa[rí]. Pad. Hase oscurecido el cielo, 25 turbado los elementos, conjurado mar y vientos todos en tu desconsuelo. No conoces tu desdicha, aunque estás bien dentro de ella, 30 puesto que el no conocella lo puedes tener a dicha.
DEL TRATO DE ARGEL p. 41 Lo que te ruego, alma mía, pues el verte se me impide, es que nunca se te olvide rezar el Ave María; que esta Reina de bondad, 5 de virtud y gracia llena, ha de limar tu cadena y volver tu libertad. Moro. ¡Mirad la perra cristiana qué consejo da al muchacho! 10 ¡Sí que no estaba él borracho como tú, sin seso, vana! Hijo. Madre, al fin, ¿que no me quedo?, ¿[qu]e me llevan estos moros? Mad. Contigo van mis tesoros. 15 Hijo. A fe que me ponen miedo. Mad. Más miedo me queda a mí de verte ir donde vas, que nunca te acordarás de Dios, de mí ni de ti, 20 porque esos tus tiernos años, ¿qué prometen sino esto, entre inicua gente puesto, fabricadora de engaños...? Pre. ¡Calla, vieja y mala pieza, 25 si no quieres, por más mengua, que lo que dice tu lengua que lo pague la cabeza! ¿De estotro hay quien me dé más? Que es más bello y más lozano 30 que no es el otro su hermano. Mer. 2.° Sus, ¿en cuánto le darás?
JORNADA SEGUNDA p. 42 Pre. ¿No os he dicho que trescientos escudos de oro por cuenta? Mer. 2.° ¿Quieres doscientos y cincuenta? Pre. [Es] dar voces a los vientos. Mer. 2.° Enamorado me ha 5 el donaire del garzón. Yo los doy en conclusión. Pre. Dinero o señal me da. Mer. 2.° Cómo te llamas me di. Hijo. Señor, Francisco me llamo. 10 Mer. 2.° Pues que has mudado de amo, muda el Francisco en Mamí. Hijo. ¿Para qué es mudar el nombre, si no he de mudar la fe? Mer. 2.° Eso ahora no lo sé. 15 Hijo. No hay castigo que me asombre. Mer. 2.° Alto; venidos tras mí. Hijo. ¡Amados padres, adiós! Pad. ¡El mismo vaya con vos! Mad. ¡Francisco! 20 Mer. 2.° No, no; Mamí. Hijo. Eso no, señor patrón; Francisco me has de llamar. Mer. 2.° El palo os hará trocar el nombre y aun la intención. 25 Hijo. Pues me aparta el hado insano de vos, señor, ¿qué mandáis? Pad. Sólo, hijo, que viváis como bueno y fiel cristiano. Mad. Hijo, no las amenazas, 30 no los gustos y regalos, no los azotes y palos,
DEL TRATO DE ARGEL p. 43 no los conciertos y trazas, no todo cuanto tesoro cubre el suelo, el cielo [ha] visto, te mueva a dejar a Cristo por seguir al pueblo moro. 5 Hijo. En mí se verá, si puedo y mi buen Jesús me ayuda, cómo en mi alma no muda la fe la promesa o miedo. Pre. ¡Oh, qué cristiano se muestra 10 el rapaz! ¡Pues yo os prometo que alcéis con santo aprieto la flecha y la mano diestra! Estos rapaces cristianos, al principio muchos lloros, 15 y luego se hacen moros mejor que los más ancianos. Sálense, y entran Yzuf y Silvia. Yzuf. Dejad, Silvia, el llanto ahora; poned tregua al ansia brava, 20 que no os compré para esclava, sino para ser señora. Mirad que imagino y creo que vuestra gran desventura, para daros más ventura 25 ha traído este rodeo. Con vos fortuna en su ley no usa de nuevas leyes: que esclavos se han visto reyes, aunque vos sois más que rey. 30
JORNADA SEGUNDA p. 44 Limpiad los húmedos ojos, que sujetan cuanto miran y, al tiempo que se retiran, llevan de almas los despojos; y no cubra el blanco velo 5 esa divina hermosura, que es como la nieve oscura, que impide la luz del cielo. Sil. Esme ya tan natural, señor, el llanto y tormento, 10 que, si me deja un momento, lo tengo por mayor mal; y aunque así estoy, estaré alegre al obedeceros, pues disteis tantos dineros 15 de mí sin saber por qué: que si acaso lo habéis hecho pensando sacar de mí gran rescate, desde aquí se apoca vuestro provecho; 20 porque os prometo, señor, que de miseria y pobreza tengo cuanto de riqueza, si la riqueza es dolor; y de dolor soy tan rica, 25 cuanto por darme pasión, este caudal la ocasión por puntos le multiplica. Yzuf. Silvia, vives engañada: que yo no quiero de ti 30 sino que quieras de mí ser servida y respetada:
DEL TRATO DE ARGEL p. 45 que el provecho que yo espero, Silvia, de haberte comprado, es ver tu rostro extremado, y no doblar el dinero: que el amor que se mejora 5 en mostrar su fuerza brava, me ha hecho esclavo de mi esclava, esclava que es mi señora; y quedo tan satisfecho de perder la libertad, 10 que alabo la crueldad de este crudo y nuevo hecho. Y porque lo que aquí digo lo entiendas, Silvia, mejor, nunca me llames señor, 15 sino siervo o caro amigo. Sil. Aunque tamaña mudanza hace fortuna en mi estado, no creo se me ha olvidado el término de crianza. 20 Bien sé cómo he de llamarte, y sé que es de obligación que en lo que fuera razón procure de contentarte. Yzuf. Tu habla tan comedida, 25 tu donaire, gracia y ser, claro me dan a entender que eres, Silvia, bien nacida; y aunque pudiera esperar de ti un rescate crecido, 30 a tal término he venido, que tú me has de rescatar.
JORNADA SEGUNDA p. 46 Mas en tanto que a la clara veas cuanto hago por ti, ven, Silvia, vente tras mí; verás a tu ama Zahara. Sil. Vamos, señor, en buen ora. 5 Yzuf. Silvia, no tanto señor, pues mi ventura y amor os ha hecho a vos mi señora. Sale Zahara. Zah. Seáis, Yzuf, bien llegado. 10 ¿Cúya es la esclava rumía? Sil. Vuestra soy, señora mía. Yzuf. Verdad es; yo la he comprado. Zah. Por cierto, la compra es bella, si cual hermosa es honesta. 15 Decid, señor: ¿cuánto os cuesta? Yzuf. Dado he mil doblas por ella. Zah. ¿Espera ser rescatada? Yzuf. De muy rica tiene fama. Zah. ¿Su nombre? 20 Yzuf. Silvia se llama. Zah. ¿Es doncella, o es casada? Sil. Casada soy y doncella. Zah. ¿Cómo es eso, Silvia? Di. Sil. Señora, ello es así, 25 que así lo quiso mi estrella. El cielo me dio marido, no para que le gozase, sino para que quedase yo perdida y él perdido. 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 47 Aquí entra un moro, diciendo: Moro. Yzuf, a llamarte envía aprisa el rey nuestro Azán. Yzuf. ¿Dónde está ahora? Moro. En Duan, 5 metido en grande agonía. Amet, jenízar agá, y los bolucos bajíes, y también los debajíes y oldajes están allá. 10 Hanse juntado a consejo sobre que es averiguado que el rey de España ha juntado de guerra grande aparejo. Dicen que va a Portugal; 15 mas témese no sea maña, y es bien que tema su saña Argel, que le hace más mal. En la guerra hay mil ensayos de fraude y de astucia llenos: 20 acullá suenan los truenos, y acá disparan los rayos. Yzuf. Vamos; que el cielo, que toma por suya nuestra defensa, a España hará, con su ofensa, 25 sujeta y sierva a Mahoma. Y vos, señora, ordenad a Silvia lo que ha de hacer, y vos, Silvia, a su querer sujetad la voluntad. 30 Vanse los dos, y quedan Silvia y Zahara solas.
JORNADA SEGUNDA p. 48 Zah. Cristiana, di: ¿de adónde eres? ¿Eres pobre, o eres rica? ¿De suerte ensalzada, o chica? No me lo niegues, si quieres, porque soy, cual tú, mujer, 5 y no de entrañas tan duras, que tus tristes desventuras no me hayan de enternecer. Sil. Señora, soy de Granada, y de suerte así abatida, 10 cual lo muestra el ser vendida a cada paso y comprada. Dicen que fui rica un tiempo; pero toda mi riqueza se ha vuelto en mayor pobreza, 15 y ha pasado con el tiempo. Zah. ¿Has algún tiempo tenido enamorado deseo? Sil. Al estado en que me veo, el crudo amor me ha traído. 20 Zah. ¿Fuiste acaso bien querida? Sil. Fuilo; y quise con ventaja tal, que apenas la mortaja borrará fe tan subida. Zah. ¿Fuiste querida primero, 25 o empezó el amor de ti? Sil. Primero querida fui del que quise, querré y quiero. Zah. ¿Es mozo? Sil. Y aun gentilhombre. 30 Zah. ¿Es cristiano? Sil. Pues ¡qué!, ¿moro?
DEL TRATO DE ARGEL p. 49 ¡No sale de su decoro quien ha de cristiano el nombre! Zah. ¿Y es pecado querer bien a un moro? Sil. Yo no sé nada; 5 sé que es cosa reprobada, y a cristianas no está bien. Zah. ¿Y querer mora a cristiano? Sil. Eso tú mejor lo entiendes. Zah. ¡Ay, Silvia! ¡Cómo me ofendes 10 y me lastimas temprano! Sil. ¿Yo, mi señora? ¿En qué suerte? Zah. Escucha, y te lo diré: que, en oyéndome, bien sé que vendrás de mí a dolerte. 15 Has de saber, ¡oh Silvia!, que estos días partieron de este puerto con buen [tiempo doce bajeles de corsarios todos, y con próspero viento caminaron 20 la vuelta de las islas de Cerdeña, y allí, en las calas, vueltas y revueltas, y puntas que la mar hace y la tierra, se fueron a esconder, estando alerta si algún bajel de Génova o de 25 [España, o de otra nación, con que no fuese francesa, por el mar se descubría. En esto, un bravo viento se levanta, que maestral se llama, cuya furia 30 dicen los marineros que es tan [fuerte,
JORNADA SEGUNDA p. 50 que las tupidas velas y las jarcias del más recio navío y más armado no pueden resistirla, y es forzoso acudir al abrigo más cercano, si su rigor acaso lo concede. 5 Las levantadas ondas, el rüido del atrevido viento detenía los corsarios bajeles en las calas, sin dejarles salir al mar abierto, y en otra parte, con furor insano, 10 mostrando su braveza, fatigaba una galera de cristiana gente y de riquezas llena, que, corriendo por el hinchado mar sin remo [alguno, 15 venía a su albedrío, temerosa de ser sorbida de las bravas ondas; pero después, a cabo de tres días, del recio mar y viento contrastad[a], descubrió tierra, y fue el 20 [descubrimiento de su mayor dolor y desventura, porque a la misma isla de San [Pedro vino a parar, adonde recogidos 25 estaban los bajeles enemigos, los cuales, de la presa codiciosos, salen, y de furor bélico armados, la galera acometen destrozada y de solos deseos defendida. 30 Una pelota pasa en el momento al capitán el pecho, y a su lado
DEL TRATO DE ARGEL p. 51 del lusitano fuerte, muerto cae un caballero ilustre valenciano. El robo, las riquezas, los cautivos que los turcos hallaron en el seno de la triste galera, me ha(n) contado 5 un cristiano que allí perdió la dulce y amada libertad, para quitarla a quien quiere rendirse a su rendido. Este cristiano, Silvia, este [cristiano, 10 este cristiano es, Silvia, quien me [tiene fuera del ser que a moras es debido, fuera de mi contento y alegría, fuera de todo gusto, y estoy fuera, 15 que es lo peor, de todo mi sentido. Compróle mi marido, y está en casa, y puesto que con lágrimas y ruegos, con suspiros, ternezas y con dádivas, procuro de ablandar su duro pecho, 20 al mío, que contino es blanda cera, el suyo se me muestra de diamante; así que, Silvia hermana, como has [dicho que al cristiano no es lícito dé gusto 25 en cosas del amor a mora alguna, tus razones me tienen ofendida, y con aquesas mismas se defiende Aurelio, a quien ha hecho tan [cristiano 30 el cielo para darme a mí la muerte. Sil. ¿Aurelio dices que por nombre tiene,
JORNADA SEGUNDA p. 52 señora, ese cristiano? Zah. Así se llama. Sil. La galera que dices, según creo, se llamaba San Pablo, y era nueva, y de la sacra religión de Malta. 5 Yo en ella me perdí, y aun imagino que conozco a ese Aurelio, y es un [mozo de rostro hermoso y de nación [hispano. 10 Zah. Sin duda has acertado; ¡ay, Silvia [mía! ¿Quién es este enemigo de mi gloria? ¿Es caballero, o rústico villano? Que todo lo parece en su apostura 15 y dura condición: el talle ilustre, de la ciudad; la condición, del monte. Sil. A mí, pobre escudero me parece, según en la galera se trataba; que de su hacienda no sé más, señora. 20 Zah. Ni yo sé qué te diga, ¡oh Silvia, [Silvia!, sino que a tal extremo soy venida, que le tengo de amar, sea quien se [fuere. 25 Sólo te ruego que procures, Silvia, de ablandar esta tigre y fiera hircana, y atraerla con dulces sentimientos a que sienta la pena que padece esta mísera esclava de su esclavo; 30 y si esto, Silvia, haces, yo te juro, por todo el Alcorán, de buscar modo
DEL TRATO DE ARGEL p. 53 cómo con brevedad alegre vuelvas al patrio dulce suelo deseado. Sil. Deja, señora, el cargo a Silvia de ello, que tú verás lo que mi industria hace, por gusto tuyo y por provecho mío. 5 [Vanse las dos, y sale Aurelio.] AURELIO, solo. Aur. ¡Oh santa edad, por nuestro mal [pasada, a quien nuestros antiguos le pusieron 10 el dulce nombre de la edad dorada! ¡Cuán seguros y libres discurrieron la redondez del suelo los que en ella la caduca mortal vida vivieron! No sonaba en los aires la querella 15 del mísero cautivo, cuando alzaba la voz a mal[decir su] dura estrella. Entonces libertad dulce reinaba, y el nombre odioso de la servidumbre en ningunos oídos resonaba. 20 Pero después que sin razón, sin lumbre, ciegos de la avaricia, los mortales, cargados de terrena pesadumbre, descubrieron los rubios minerales del oro que en la tierra se escondía, 25 ocasión principal de nuestros males, éste, que menos oro poseía, envidioso de aquél, que, con más [maña, más riquezas en uno recogía, 30 sembró la cruda y la mortal cizaña
JORNADA SEGUNDA p. 54 del robo, de la fraude y del engaño, del cambio injusto y trato con maraña. Mas con ninguno hizo mayor daño que con la hambrienta, despiadada [guerra, 5 que al natural destruye y al extraño. Esta consume, abrasa, echa por tierra los reinos, los imperios populosos, y la paz hermosísima destierra, y sus fieros ministros, codiciosos 10 más del rubio metal que de otra cosa, turban nuestros contentos y reposos, y, en la sangrienta guerra peligrosa, pudiendo con el filo de la espada acabar nuestra vida temerosa, 15 la guardan de prisiones rodeada, por ver si prometemos por libralla nuestra pobre riqueza mal lograda. Y así, puede el que es pobre y que se [halla 20 puesto entre esta canalla al daño cierto, su libertad a Dios encomendalla, o contarse, viviendo, ya por muerto, como el que en rota nave y mar airado se halla solo, sin saber dó hay puerto. 25 Y no tengo por menos desdichado al que tiene con qué y el modo ignora cómo llegar al punto deseado, porque esta gente, do bondad no mora, no dio jamás palabra que cumpliese, 30 como falsa, sin ley, sin fe y traidora. Guardará por su Dios al interese,
DEL TRATO DE ARGEL p. 55 y, do éste no interviene, no se espere que por sol[a vir]tud bondad hiciese. Aquí en diverso traje veo que muere el ministro de Dios, y por su oficio más abatido es, peor se quiere, 5 y el mancebo cristiano al torpe vicio es dedicado de esta gente perra, do consiste su gloria y ejercicio. ¡Oh cielo santo! ¡Oh dulce, amada tierra! ¡Oh Silvia! ¡Oh gloria de mi pensamiento! 10 ¿Quién de tu alegre vista me [destierra? Pero, si no me engaño, pasos siento. Yzuf, mi amo, es este que aquí viene. ¡Cuán ajeno de sí le trae el tormento! 15 [Se aparta Aurelio, y sale Yzuf.] Yzuf. Quien con amor amargo se [entretiene, y al duro yugo de su servidumbre el flaco cuello ya inclinado tiene, 20 si del cielo no viene nueva lumbre que aquella ceguedad de los sentidos con claros rayos de razón alumbre, todos estos remedios son perdidos: que al fin irán por tierra derribados 25 los amigos consejos más sabidos. Más viejos y más prácticos soldados tiene el rey a su mando y su servicio; déjeme a mí, que tengo otros [cuidados; 30 mejor será que el trabajoso oficio
JORNADA SEGUNDA p. 56 de reparar los fosos y muralla entregue al que de amor aún es [novicio; que yo más cruda y más fiera batalla espero a cada paso, ¡ay suerte dura!, 5 que teme el alma y ha de atropellalla. ¡Oh Silvia, reina de la hermosura! Por vos a los oficios doy de mano que pudieran honrarme y dar [vent[ura]. 10 Pero ¿qué es lo que he dicho? ¡Oh ciego [insano! ¿No vale más gozar de aquellos ojos, que ser señor del áureo suelo [hispano? 15 Tu beldad, Silvia, adoro aquí de [hinojos. Aurelio vuelve, y, hallándole de rodillas, le dice: [Aur.] ¿Son éstos los despojos, señor mío, que el gran cuidado mío te procura? 20 Por cierto, que es locura averiguada mostrar tan derribada la esperanza. Ten, señor, confianza; espera un poco, que das muestras de loco en lo que [haces. 25 Yzuf. Poco me satisfaces y contentas, si consolarme tientas con razones. ¿Has visto las facciones de mi diosa? Aur. Señor, no he visto cosa. ¿Es ya venida? Si lo es, retraída está allá dentro. 30 Yzuf. Sí está, y aun en el centro de mi pecho.
DEL TRATO DE ARGEL p. 57 Aur. Ten cierto tu provecho desde hoy más. Yzuf. Vamos, y verla has, y ten cuidado de lo que te he rogado, Aur[elio amigo]. Aur. El cielo será de ello [buen testigo]. Vanse, y sale Fátima sola. 5 [Fát.] El esperado punto es ya llegado que pide la no vista hechicería para poder domar el no domado pecho, que domará la ciencia mía. Por la región del cielo, el 10 [estrellado carro lleva la noche oscura y fría, y la ocasión me llama do haré cosas horrendas, estupendas, espantosas. El cabello dorado al aire suelto 15 tiene de estar, y el cuerpo [desceñido; descalzo el pie derecho; el rostro [vuelto al mar, adonde el sol se ha zabullido; 20 al brazo este sartal será revuelto de las piedras preñadas que en el nido del águila se hallan, y esta cuerda con mi intención la virtud suya [acuerda. 25 Aquestas cinco cañas, que cortadas fueron en luna llena por mi mano, en esta misma forma acomodadas, lo que quiero harán fácil y llano; también estas cabezas, arrancadas 30 del jáculo, serpiente, en el verano
JORNADA SEGUNDA p. 58 ardiente, allá en la Libia, me [aprovechan, y aun estos granos, si en el suelo se [echan. Esta carne, quitada de la frente 5 del ternecillo potro cuando nace, cuya virtud rarísima, excelente, en todo a mi deseo satisface, envuelta en esta hierba, a quien el [diente 10 tocó del corderillo cuando pace, hará que Aurelio venga cual [cordero mansísimo y humilde a lo que quiero. Esta figura, que de cera es hecha, 15 en el nombre de Aurelio fabricada, será con blanda mano y dura [flecha por medio el corazón atravesada. Quedará luego Zahara satisfecha 20 de aquella voluntad desordenada, y el helado cristiano vendrá luego ardiendo en amoroso y dulce fuego. [A vosotros, ¡oh justo] Radamanto [y Minos!, que con leyes inmutables] 25 en los oscuros reinos del espanto regís las almas tristes miserables; si acaso tiene fuerza el ronco canto o murmurio de versos [detestables, 30 por ellos os conjuro, ruego y pido ablandéis este pecho endurecido.
DEL TRATO DE ARGEL p. 59 ¡Rápida, Ronca, Run, Raspe, [Riforme, Gandulandín, Clifet, Pantasilonte, ladrante tragador, falso triforme, herbárico pestífero del monte, 5 Herebo, engendrador del rostro enorme de todo fiero dios, a punto ponte, y ven sin detenerte a mi presencia, si no desprecias la zoroastra [ciencia! 10 Sale un demonio, y dice: [Dem.] La fuerza incontrastable de tus versos y murmurios perversos me han traído del reino del olvido a obedecerte; mas, ¡oh mora!, que el verte en esta 15 [empresa, infinito me pesa, porque entiendo que es ir tiempo perdiendo. Fát. ¿Por qué causa? Dem. Pon al conjuro pausa, y al 20 [momento satisfaré tu intento en lo que pides, si acaso tú te mides y acomodas a mis palabras todas y consejos. Todos tus aparejos son en vano, 25 porque un pecho cristiano, que se [arrima a Cristo, en poco estima [hechicerías. Por muy diversas vías te conviene 30 atraerle a que pene por tu amiga.
JORNADA SEGUNDA p. 60 Fát. ¿Así que esta fatiga no aprovecha? Dem. En balde ha sido hecha. Mas escucha, que con presteza mucha y sin rodeo cumplirás tu deseo en este modo: en el infierno [todo no] hay quien haga 5 más cruda y fiera plaga entre [cristianos, aunque muestren más sanos [corazones y limpias intenciones, que es la dura 10 necesidad, que apura la paciencia. No tiene resistencia esta pasión. La otra es la ocasión. Si estas dos [vie[en] y con Aurelio tienen estrecheza, 15 verás a su braveza derribada y en blandura tornada, y con [sosiego, [r]egalarse en el fuego [de Cupido]. [Fát.] [Pues esas dos te pido que me envíes], 20 y que no te desvíes de esta empresa. Dem. Tu mandado se hará con toda [priesa. Vanse. Salen dos esclavos y dos muchachillos moros, que 25 les salen diciendo estas palabras, que se usan decir en Argel: “Joan, o Juan, non rescatar, non fugir. Don Juan no venir; acá morir, perro, acá morir; Don Juan no venir; acá morir”.
DEL TRATO DE ARGEL p. 61 TERCERA JORNADA [Esc. 1.°] ¡Bien decís, perros; bien decís, [traidores! Que si don Juan el valeroso de Austria gozara del vital amado aliento, 5 a sólo él, a sola su ventura la destrucción de vuestra infame tierra guardara el justo y piadoso cielo. Mas no le mereció gozar el mundo; antes, en pena de tan graves culpas 10 como en él se cometen, quiso el hado cortar el hilo de su dulce vida, y arrebatar el alma el alto cielo. [Moro.] ¡Don Juan no venir; acá morir! [Esc. 2.°] ¡Si él acaso viniera, yo sé cierto 15 que huyérades vosotros, gente [infame! [Moro.] ¡Don Juan no venir; acá morir! [Esc. 1.°] ¡Tú morirás, y no podrás huirte del duro cautiverio del infierno! 20 [Moro.] ¡Don Juan no venir; acá morir! [Esc. 2.°] Vendrá su hermano, el ínclito Filipo, el cual, sin duda, ya venido hubiera, si la cerviz indómita y erguida del luterano Flandes no ofendiese 25 tan sin vergüenza a su real corona. [Moro.] ¡Acá morir! [Esc. 1.°] Primero espero ver puestas por [tierra
JORNADA TERCERA p. 62 estas flacas murallas, y este nido y cueva de ladrones abrasado, pena que justamente le es debida a sus continuos y nefandos vicios. [Esc. 2.°] Será nunca acabar si respondemos; 5 déjalos ya, Per Alvarez amigo, que ellos se cansarán, y dime ahora si todavía piensas de huirte. Esc. 1.° ¡Y cómo! Esc. 2.° ¿En qué manera? 10 Esc. 1.° ¿En qué manera? Por tierra, pues no puedo de otra [suerte. Esc. 2.° ¡Dificultosa empresa, cierto, [emprendes! 15 Esc. 1.° Pues ¿qué quieres que haga, dime, [hermano? Que mis ancianos padres que son [muertos, y un hermano que tengo se ha 20 [entregado en la hacienda y bienes que dejaron, el cual es tan avaro, que, aunque sabe la esclavitud amarga que padezco, no quiere dar, para librarme de ella, 25 un real de mi mismo patrimonio. Como esto considero, y veo que tengo un amo tan cruel como tú sabes, y que piensa que yo soy [caballero, 30 y que no hay modo que limosna alguna llegue a dar el dinero que él me pide,
DEL TRATO DE ARGEL p. 63 y la insufrible vida que padezco, de hambre, desnudez, cansancio y frío, determino morir antes huyendo, que vivir una vida tan mezquina. Esc. 2.° ¿Has hecho la mochila? 5 Esc. 1.° Sí; ya tengo casi diez libras de bizcocho bueno. Esc. 2.° ¿Pues hay desde aquí a Orán [sesenta leguas, y no piensas llevar más de diez libras? 10 Esc. 1.° No; porque tengo hecha ya una [pasta de harina y huevos, y con miel [mezclada, y cocida muy bien, la cual me dicen 15 que da muy poco de ella gran sustento; y si esto me faltare, algunas yerbas pienso comer con sal que también llevo. Esc. 2.° ¿Zapatos llevas? Esc. 1.° Sí; tres pares buenos. 20 Esc. 2.° ¿Sabes bien el camino? Esc. 1.° ¡Ni por pienso! Esc. 2.° ¿Pues cómo piensas ir? Esc. 1.° Por la marina; que ahora, como es tiempo de verano, 25 los alárabes todos a la sierra se retiran, buscando el fresco viento. Esc. 2.° ¿Llevas algunas señas por do entiendas cuál es de Orán la deseada tierra? Esc. 1.° Sí llevo, y sé que he de pasar primero 30 dos ríos: uno del Bates (sic) [nombrado,
JORNADA TERCERA p. 64 río del azafrán, que está aquí [junto; otro el de Hiqueznaque, que es más [lejos. Cerca de Mostagán, y a man[o] 5 [derecha, está una levantada y grande cuesta, que dicen que se llama el Cerro Gordo, y, puesto encima de ella, se descubre frente por frente un monte, que es la 10 [silla que sobre Orán levanta la cabeza. Esc. 2.° ¿Caminarás de noche? Esc. 1.° ¿Quién lo duda? Esc. 2.° ¿Por montañas, por riscos, por 15 [honduras te atreves a pasar, en las tinieblas de la cerrada noche, sin camino ni senda que te guíe adonde quieres? ¡Oh libertad, y cuánto eres amada! 20 Amigo dulce, el cielo santo haga salir con buen suceso tu trabajo. Dios te acompañe. Esc. 1.° Y él vaya contigo. [Vanse.] 25 [Salen] Aurelio y Silvia. [Aur.] Dádome ha la fortuna, por descuento de todo mi trabajo, Silvia mía, la gloria de mirarte y el contento. Mi pena será vuelta en alegría 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 65 de hoy más, pues que te veo, Silvia [amada, y mi cerrada noche en claro día. Sil. Yo soy, mi bien, la bien afortunada, pues que torno a gozar de tu presencia, 5 de lo que estaba ya desconfiada. Aur. ¿Cómo os ha ido, esposa, en esta [ausencia, en poder de esta gente, que no alcanza razón, virtud, valor, almas, 10 [conciencia? Sil. Como he tenido y tengo la esperanza puesta en el hacedor de tierra y cielo, con cristiana y segura confianza, por su bondad, aun tengo el casto velo 15 guardado, y con su ayuda santa [espero no tener de mancharle algún recelo. Aur. Sabrás, esposa dulce, que el artero y vengativo amor ha salteado 20 con áspero rigor airado y fiero el pecho de mi ama, y le ha llagado de una llaga incurable, pues le tiene de este pecho, que es tuyo, enamorado, y, a doquiera que voy, conmigo viene; 25 y, según que la mora me declara, con el solo mirarme se entretiene. Sil. Todo ese cuento ya me ha dicho [Zahara, y me ha pedido que yo a ti te pida 30 no quieras desdeñarla así a la [clara.
JORNADA TERCERA p. 66 También no pasa menos triste vida Yzuf, nuestro amo, que también me [adora, con fe que, a lo que creo, no es [fingida. 5 Aur. ¡Oh pobre moro! Sil. ¡Oh desdichada mora! Aur. ¡Cómo enviáis en vano al vano [viento vuestros vanos suspiros de hora en hora! 10 También me ha dicho Yzuf todo su [intento, y me ha rogado que yo a vos os ruegue algún alivio deis a su tormento. Mas antes con airada furia llegue 15 una saeta que me pase el pecho, y esta alma de las carnes se despegue, que tan a costa mía su provecho y tan en daño vuestro procurase, aunque él quede de mí mal 20 [satisfecho. Sil. Si en este caso, Aurelio, nos bastase mostrar a éstos voluntad trocada, sin que el daño adelante más pasase, tendríalo por cosa yo acertada, 25 porque de este fingir se granjearía el no estorbarnos nuestra vista amada. Dirás a Zahara que por causa mía no te muestras tan áspero, y yo al [moro 30 diré que mucho puede tu porfía, y, guardando los dos este decoro
DEL TRATO DE ARGEL p. 67 con discreción, podremos fácilmente aplacar con el vernos nuestro lloro. Aur. El parecer que has dado es excelente, y haráse cual lo ordenas, y [entretanto, 5 quizá se aplacará el hado inclemente. Yo escribiré a mi padre en el [quebranto en que estamos los dos. Tú, Silvia, [puedes 10 escribir a los tuyos otro tanto. Y porque a veces tienen las paredes, según se dice, oídos, Silvia mía, agradeciendo al cielo estas mercedes, pasemos esta plática a otro día. 15 OCASION, NECESIDAD, AURELIO, ZAHARA Y FATIMA. Sale primero la Ocasión y la Necesidad. Oca. Necesidad, fïel ejecutora de cualquiera delito que te ofrece la pública ocasión o la secreta: 20 ya ves cuán apremiadas y forzadas del Herebo infernal habemos sido, para venir a combatir la roca del pecho encastillado de un cristiano que está rebelde y muestra que no 25 [teme del niño y ciego dios la grande [fuerza. Es menester que tú le solicites y te le muestres siempre, a todas horas, 30
JORNADA TERCERA p. 68 en el comer, y en el vestir, y en [todas las cosas que pensare o pretendiere. Yo, por mi parte, de continuo pienso ponérme[le] delante y la melena 5 de mis pocos cabellos ofrecerle, y detenerme un rato, porque pueda asirme de ella, cosa poco usada de mi ligera condición y presta. Nec. Bien puedes, Ocasión, estar segura 10 que yo haré por mi parte maravillas, si tu favor y ayuda no me falta. Pero ves aquí viene el indomable; apercíbete, hermana, y derribemos la vana presunción de este cristiano. 15 Sale Aurelio. [Aur.] ¿Que no ha de ser posible, pobre [Aurelio, el defenderte de esta mora infame, que por tantos caminos te persigue? 20 Sí será, sí, si no me niega el cielo el favor que hasta aquí no me ha [negado. De mil astucias usa y de mil [mañas 25 para traerme a su lascivo intento: ya me regala, ya me vitupera, ya me da de comer en abundancia, ya me mata de hambre y de miseria. Nec. Grande es, por cierto, Aurelio, la que 30 [tienes.
DEL TRATO DE ARGEL p. 69 Aur. Grande necesidad, cierto, padezco. Nec. Rotos traes los zapatos y vestido. Aur. Zapatos y vestidos tengo rotos. Nec. En un pellejo duermes, y en el suelo. Aur. En el suelo me acuesto en un 5 [pellejo. Nec. Corta traes la camisa, sucia y rota. Aur. Sucia, corta camisa y rota traigo. Oca. Pues yo sé, si quisieses, que hallarías ocasión de salir de ese trabajo. 10 Aur. Pues yo sé, si quisiese, que podría salir de esta miseria a poca costa. Oca. Con no más de querer a tu ama [Zahara, o con dar muestras sólo de quererla. 15 Aur. Con no más de querer bien a mi [ama, o fingir que la quiero, me bastaba. Mas ¿quién podrá fingir lo que no [quiere? 20 Nec. Necesidad te fuerza a que lo hagas. Aur. Necesidad me fuerza a que lo haga. Oca. ¡Oh, cuán rica que es Zahara y cuán [hermosa! Aur. ¡Cuán hermosa y cuán rica que es 25 [mi ama! Nec. Y liberal, que hace mucho al caso, que te dará a montón lo que [quisieres. Aur. Y, siendo liberal y enamorada, 30 daráme todo cuanto le pidiere. Oca. ¡Extraña es la ocasión que se te ofrece!
JORNADA TERCERA p. 70 Aur. ¡Extraña es la ocasión que se me [ofrece! Mas no podrá torcer mi hidalga sangre de lo que es justo y a sí misma debe. Oca. ¿Quién tiene de saber lo que tú haces? 5 Y un pecado secreto, aunque sea [grave, cerca tiene el remedio y la disculpa. Aur. ¿Quién tiene de saber lo que yo hago? Y una secreta culpa no merece 10 la pena que a la pública le es dada. Oca. Y más, que la ocasión mil ocasiones te ofrecerá secretas y escondidas. Aur. Y más, que a cada paso se me ofrecen secretas ocasiones infinitas. 15 ¡Cerrar quiero con una! ¡Aurelio, paso, que no es de caballero lo que piensas, sino de mal cristiano, descuidado de lo que a Cristo y a su sangre [debe! 20 Nec. Misericordia tuvo y tiene Cristo, con que perdona siempre las ofensas que por necesidad pura le hacen. Aur. Pero bien sabe Dios que aquí me [fuerza 25 pura necesidad, y esto reciba el cielo por disculpa de mi culpa. Oca. Ahora es tiempo, Aurelio; ahora [puedes asir a la ocasión por los cabellos. 30 ¡Mira cuán linda, dulce y amorosa, la mora hermosa viene a tu mandado!
DEL TRATO DE ARGEL p. 71 Sale Zahara [y Fátima]. [Zah.] Aurelio, ¿solo estás? Aur. ¡Y acompañado! Zah. ¿De quién? Aur. De un amoroso pensamiento. 5 Zah. ¿Quién es la causa, di? Aur. Si te la digo, podría ser que ya no me llamases riguroso, cruel, desamorado. Nec. ¡Obrando va tu fuerza, compañera! 10 Oca. ¿Pues no ha de obrar? Escucha en lo [que para. Zah. Si eso así fuese, Aurelio, [dichosísima sería mi ventura, y tú serías 15 no menos venturoso, dulce Aurelio. Y porque más despacio y más a solas me puedas descubrir tu pensamiento, sígueme, Aurelio, ahora que se ofrece la ocasión de no estar Yzuf en casa. 20 Aur. Sí seguiré, señora; que ya es tiempo de obedecerte, pues que soy tu esclavo. Nec. Por tierra va, Ocasión, el fundamento del bizarro cristiano. ¡Ya se rinde! Oca. ¡Tales combates juntas le hemos 25 [dado! Entrémonos con Zahara en su [aposento, y allí de nuevo, cuando Aurelio [entrare, 30 tornaremos a darle tientos nuevos. Entranse, y queda Aurelio solo.
JORNADA TERCERA p. 72 Aur. Aurelio, ¿dónde vas? ¿Para dó mueves el vagaroso paso? ¿Quién te guía? ¿Con tan poco temor de Dios te atreves a contentar tu loca fantasía? Las ocasiones fáciles y leves 5 que el lascivo regalo al alma envía, tienen de persuadirte y derribarte, y al vano y torpe amor blando [entregarte. ¿Es éste el levantado pensamiento 10 y el propósito firme que tenías de no ofender a Dios, aunque en [tormento acabases tus cortos, tristes días? ¿Tan presto has ofrecido y dado al 15 [viento las justas, amorosas fantasías, y ocupas la memoria de otras vanas, inhonestas, infames y livianas? ¡Vaya lejos de mí el intento vano! 20 ¡Afuera, pensamiento mal nacido! ¡Que el lazo enredador de Amor [insano, de otro más limpio amor será rompido! ¡Cristiano soy, y he de vivir 25 [cristiano; y, aunque a términos tristes conducido, dádivas o promesa, astucia o arte, no harán que un punto de mi Dios me [aparte! 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 73 Sale Francisco, el muchacho hermano del niño que vendieron en la segunda jornada, y dice: [Fra.] ¿Has visto, Aurelio, a mi hermano? Aur. ¿Dices a Juanico? Fra. Sí. 5 Aur. Poquito habrá que le vi. Fra. ¡Oh santo Dios soberano! Aur. ¿Padeces algún tormento, Francisco? Fra. Sí; una fatiga 10 que no sé cómo la diga, aunque sé cómo la siento; y no quieras saber más, para entender mi cuidado, sino que mi hermano ha dado 15 el ánima a Satanás. Aur. ¿Ha renegado, por dicha? Fra. ¿Dicha llamas renegar? Si él lo viene a efectuar, ello será por desdicha. 20 Ha dado ya la palabra de ser moro, y este intento, en su tierno pensamiento con regalos siempre labra. Aur. Vesle, Francisco, a do asoma. 25 ¡Bizarro viene, por cierto! Fra. Estos vestidos le han muerto: que él ¿que sabe qué es Mahoma? Aur. Vengáis norabuena, Juan. Juan. ¿No saben ya que me llamo... 30 Aur. ¿Cómo? Juan. ... así como mi amo?
JORNADA TERCERA p. 74 Fra. ¿En qué modo? Juan. Solimán. Fra. ¡Tósigo fuera mejor que envenenara aquel hombre que así te ha mudado el nombre! 5 ¿Qué es lo que dices, traidor? Juan. Perro, poquito de aqueso, que se lo diré a mi amo. ¿Porque Solimán me llamo, me amenaza? ¡Bueno es eso! 10 Fra. ¡Abrázame, dulce hermano! Juan. ¿Hermano? ¿De cuándo acá? ¡Apártese el perro allá; no me toque con la mano! Fra. ¿Por qué conviertes en lloro 15 mi contento, hermano mío? Juan. Ese es grande desvarío. ¿Hay más gusto que ser moro? Mira este galán vestido, que mi amo me le ha dado, 20 y otro tengo de brocado, más bizarro y más pulido. Alcuzcuz como sabroso, sorbete de azúcar bebo, y el corde, que es dulce, pruebo, 25 y pilao, que es provechoso. Y en vano trabajarás de aplacarme con tu lloro; mas, si tú quieres ser moro, a fe que lo acertarás. 30 Toma mis consejos sanos, y veráste mejorado.
DEL TRATO DE ARGEL p. 75 A Dios, porque es gran pecado hablar tanto con cristianos. Vase. Fra. ¿Hay desventura igual en todo el [suelo? 5 ¿Qué red tiene el demonio aquí [tendida, con que estorba el camino de ir al [cielo? ¡Oh tierna edad! ¡Cuán presto eres 10 [vencida, siendo en esta Sodoma recuestada y con falsos regalos combatida! Aur. ¡Oh cuán bien la limosna es empleada en rescatar muchachos, que en sus 15 [pechos no está la santa fe bien arraigada! ¡Oh, si de hoy más, en caridad [deshechos se viesen los cristianos corazones, 20 y fuesen en el dar no tan estrechos, para sacar de grillos y prisiones al cristiano cautivo, especialmente a los niños de flacas intenciones! Es esta santa obra así excelente, 25 que en ella sola están todas las obras que a cuerpo y alma tocan [juntamente. Al que rescatas, de perdido cobras, reduces a su patria el peregrino, 30 quítasle de cien mil y más zozobras:
JORNADA TERCERA p. 76 de hambre, que le aflige de contino; de la sed insufrible, y de consejos que procuran cerrarle el buen [camino; de muchos y continuos aparejos 5 que aquí el demonio tiende, con [que toma a muchachos cristianos y aun a [viejos. ¡Oh secta fementida de Mahoma, 10 ancha casaca, poco escrupulosa! ¡Con qué facilidad los simples doma! Fra. ¿Mándasme, buen Aurelio, alguna [cosa? Aur. Dios te guíe, Francisco, y ten 15 [paciencia; que la mano bendita poderosa cura[rá] de tu hermano la dolencia. Vase Francisco, y yéndose a salir Aurelio, sale Silvia, y dice: 20 [Sil.] ¿Dó vas, Aurelio, dulce amado esposo? Aur. A verte, Silvia, pues tu vista sola es el perfecto alivio a mis trabajos. Sil. También el verte yo, mi caro [Aurelio, 25 es el remedio de mis graves daños. Abrázanse, y estánlo mirando sus amos, y Zahara va a dar a Silvia, Yzuf a Aurelio. Zah. ¡Perra! ¿Y esto se sufre ante mis [ojos? 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 77 Yzuf. ¡Perro traidor, esclavo! ¿Con la [esclava? Zah. No, no, señor; no tiene culpa Aurelio, que al fin es hombre, sino [aqu]esta [(perra) esclava. 5 Yzuf. ¿La esclava? No, señora. ¡Este [maldito, forjador e inventor de mil [embustes, tiene la culpa de estas desvergüenzas. 10 Zah. Si esta lamida, si esta descarada no le diera ocasión, no se atreviera Aurelio así abrazarla [estrechamente. Aur. No, por cierto, señores; no ha nacido 15 nuestra desenvoltura de ocasiones lascivas, según da las muestras [de ello, sino que a Silvia le rogaba ahora me hiciese una merced que a muchos 20 [días que se la pido, y no por mi interese, y ella también a mí me ha persuadido un servicio le hiciese que conviene para mejor servir la casa vuestra. 25 Y por habernos concedido entrambos aquello que pedía el uno al otro, en señal de contento, nos hablasteis de aquel modo que visteis abrazados, sin manchar los honestos pensamientos. 30 Yzuf. ¿Es verdad esto, Silvia? Sil. Verdad dice.
JORNADA TERCERA p. 78 Yzuf. ¿Qué pediste tú a él? Sil. Poco te importa saber lo que yo a Aurelio le pedía. Zah. ¿Concediótelo, en fin? Sil. Como yo quise. 5 Yzuf. Entraos adentro, que por fuerza os [creo; porque, si no os creyese, convendría castigar vuestro exceso con mil [penas. 10 Entranse Aurelio y Silvia. Yzuf. Sabréis, señora, que en este mismo [punto, viniendo por el zoco, me fue dicho cómo el rey me mandaba que llevase 15 a Silvia con Aurelio a su [presencia, y tengo para mí que algún tresleño y mal cristiano, que a los dos conoce, al rey debe de haber significado 20 cómo son de rescate estos cautivos; y como el rey está tan mal conmigo, porque aceptar no quise el cargo y [honra de reparar los fosos y murallas, 25 quiéremelos quitar, sin duda alguna. Zah. El remedio que en esto se me ofrece es advertir a Aurelio que no diga al rey que es caballero, sino un pobre soldado que iba a Italia, y que esta 30 [Silvia
DEL TRATO DE ARGEL p. 79 es su mujer; y si esto el rey creyese, no querrá por el tanto que costaron quitártelos; que el precio es muy [subido. Yzuf. Muy bien dices, señora; ven, 5 [entremos, y demos este aviso a los dos juntos. Vanse, y entra el cautivo que se huyó, descalzo, roto el vestido, y las piernas señaladas como que trae muchos rasgones, de las espinas y zarzas por do ha 10 pasado.
JORNADA CUARTA p. 80 JORNADA CUARTA Cau. [PER ALVAREZ]. Este largo camino, tanto pasar de breñas y montañas, y el bramido contino de fieras alimañas, 5 me tienen de tal suerte, que pienso de acabarle con mi [muerte. El pan se me ha mojado, y roto entre jarales el vestido; 10 los zapatos rasgado, el brío consumido, de modo que no puedo un pie del otro pie pasar un dedo. Ya la hambre me aqueja, 15 y la sed insufrible me atormenta; ya la fuerza me deja; ya espero de esta afrenta salir con entregarme a quien de nuevo quiera cautivarme. 20 He ya perdido el tino; no sé cuál es de Orán la cierta vía; ni senda ni camino la triste suerte mía me ofrece; mas, ¡ay laso!, 25 que, aunque la hallase, no hay [mover el paso. ¡Virgen bendita y bella, remediadora del linaje humano!
DEL TRATO DE ARGEL p. 81 Sed vos aquí la estrella que en este mar insano mi pobre barca guíe y de tantos peligros me desvíe. ¡Virgen de Monserrate, 5 que esas ásperas sierras hacéis cielo! Enviadme rescate, sacadme de este duelo, pues es hazaña vuestra al mísero caído dar la diestra. 10 Entre estas matas quiero esconderme, porque es entrado el día; aquí morir espero; santísima María, en este trance amargo, 15 el cuerpo y alma dejo a vuestro cargo. Echase a dormir entre unas matas, y sale un león y échase junto a él muy manso, y luego sale otro cristiano, que también se ha huido de Argel, y dice: [Cris.] Estas pisadas no son, 20 por cierto, de moro, no; cristiano las estampó, que con la misma intención debe de ir que llevo yo. De alárabes las pisadas 25 son anchas y mal formadas, porque es ancho su calzado; el nuestro más escotado, y así son diferenciadas. Yo seguro que no está 30 muy lejos de aquí escondido, porque el rastro he ya perdido;
JORNADA CUARTA p. 82 mas el sol alto está ya, y yo mal apercibido. Aquí me quiero esconder, hasta que al anochecer torne a seguir mi viaje; 5 que en este mismo paraje Mostagán viene a caer. Pues el sol sale de allí, el Norte hacia aquí se inclina, no está lejos la marina. 10 ¡Oh qué mal que estoy aquí! ¡Buen Jesús, tú me encamina, que mucho alárabe pasa por esta campaña rasa! Si hoy me he acertado a esconder, 15 no me despido de ver mis hijos, mujer y casa. Escóndese, y luego sale un morillo, como que va buscando yerbas, y ve escondido a este segundo cristiano, y comienza a dar voces: “¡Nizara, nizara!”, 20 a las cuales acuden otros moros y cogen al cristiano, y, dándole de mojicones, se entran. En entrando, despierta el primer cristiano que está junto al león, y viéndole, se espanta y dice: [Cau.] ¡Santo Dios! ¿Qué es lo que veo? 25 ¡Qué manso y fiero león! Saltos me da el corazón; cumplido se ha mi deseo; libre soy ya de pasión, pues lo quiere mi ventura. 30 Este, con su fuerza dura, mis días acabará,
DEL TRATO DE ARGEL p. 83 y su vientre servirá al cuerpo de sepultura. Pero tanta mansedumbre no se ve así fácilmente en animal tan valiente, 5 aunque su fiera costumbre muestra a las veces clemente. Mas ¿quién sabe si, movido el cielo de mi gemido, este león me ha enviado 10 para ser por él tornado al camino que he perdido? Sin duda es divina cosa, y asegúrame este intento, que en mis espíritus siento, 15 con fuerza maravillosa, un nuevo crecido aliento; y ya es caso averiguado que otro león ha llevado a la Goleta a un cautivo 20 que le halló en un monte esquivo, huido y descaminado. ¡Obra es ésta, Virgen pía, de vuestra divina mano, porque ya está claro y llano 25 que, el hombre que en vos confía, no espera y confía en vano! Espérame, compañero, que yo determino y quiero seguirte doquier que fueres; 30 que ya me parece que eres, no león, sino cordero.
JORNADA CUARTA p. 84 Entrase, y vuelve a salir en la cuarta jornada, con el león que le guía. Dice: Nunca con menos afán he caminado camino, y, a(quel)lo que yo imagino, 5 no está muy lejos Orán. ¡Gracias te doy, rey divino! ¡Virgen pura, a vos alabo! Yo ruego llevéis al cabo tan extraña caridad; 10 que, si me dais libertad, prometo seros esclavo. Vase, y en la cuarta jornada salen dos cautivos: Pedro y Sayavedra. [Ped.] Siete escudos de oro he granjeado 15 [co]n mi solicitud, industria y maña, [y au]n son pocos, según he trabajado. Nunca tuve otros tantos en España, cuando anduve en la guerra de [Granada, 20 armado nueve meses en campaña. Say. ¿Cómo cayeron, Pedro, en la celada los siete escudos hoy, por vida mía? ¿Cualque nueva campaña fabricada? Ped. Muy mal se negará a tu cortesía 25 cualquier secreto mío. Escucha ahora, y verás lo que he hecho en este día. En esta casa grande do Yzuf mora, renegado español, que está casado con Zahara, la ilustre hermosa mora, 30
DEL TRATO DE ARGEL p. 85 está un cautivo nuevo, que es llamado Aurelio, y una Silvia, hermosa dama, de quien está el Aurelio enamorado. Los dos de principales tienen fama, y helo dicho yo al rey, y mandó darme 5 los tres escudos de éstos. Say. ¡Gentil trama! Ped. Gentil o no gentil, si remediarme no puedo de otra suerte, y cada día he de dar mi jornal y sustentarme, 10 ¿quieres que cate y guarde cortesía a quien puede pagar bien su rescate? ¡No reza esa oración mi letanía! Say. ¿Los otros cuatro? Ped. Son de un jaque y mate 15 que he dado en una bolsa de un [cristiano con un muy concertado disparate. Hele hecho tocar casi con mano que tengo ya una barca medio hecha, 20 debajo de la tierra, allá en un llano. Queda de esta verdad bien satisfecha su voluntad, y cierto, el bobo piensa alcanzar libertad ya de esta hecha, y para ayuda, el gasto, y la despensa 25 de tablas, vela, pez, clavos y estopa, los cuatro dio con que compró su [ofensa. Say. ¡Desdichado de aquel que acaso topa contigo, Pedro, y tú más desdichado, 30 que así codicias la cristiana ropa! ¡En peligroso golfo has engolfado
JORNADA CUARTA p. 86 tu barca, de mentiras fabricada, y en ella tú serás sólo anegado! Ped. La de Noé, que está bien ancorada en las sierras de Armeña, sería buena, si no vale la mía acaso nada. 5 Quizá nos llevará a Sierra Morena. Pero, por cuatro escudos, buena es [ésta, si acuden otros cuatro a caer carena. Ajenos pies han de subir la cuesta 10 agria de mi trabajo, y yo, holgando, haré agasajo, regocijo y fiesta. ¿Qué piensas, Sayavedra? Say. Estoy pensando cómo se echa a perder aquí un 15 [cristiano, y más, mientras más va, va empeorando. Cautivo he visto yo que da de mano a todo aquello que su ley le obliga, y vive a veces vida de pagano. 20 A otro le avasalla su fatiga, y en Dios y en ella ocupa el [pensamiento; la abraza y la quiere como amiga. Y de ti sé que tienes el intento 25 holgazán, embaidor y codicioso, fundado sobre embustes sin cimiento. T[arde ha]brá libertad... Ped. ¡Estás donoso! [An]tes la tengo ya cierta y segura, 30 sino que estoy un poco vergonzoso. Pienso mudar de nombre y vestidura,
DEL TRATO DE ARGEL p. 87 y llamarme Mamí. Say. ¿Renegar quieres? Ped. Sí quiero. Mas entiende de qué [hechura. Say. Reniega tú del modo que quisieres, 5 que ello es muy gran maldad y horrible [culpa, y correspondes mal a ser quien eres. Ped. Bien sé que la conciencia ya me culpa; pero tanto el salir de aquí deseo, 10 que esta razón daré por mi disculpa. Ni niego a Cristo, ni en Mahoma [creo; con la voz y el vestido seré moro, por alcanzar el bien que no poseo. 15 Si voy en corso, séme yo de coro que, en tocando en la tierra de [cristianos, me huiré, y aun no vacío de tesoro. Say. Lazos son ésos codiciosos, vanos, 20 con que el demonio tienta fácilmente con el alma ligarte pies y manos. Un falso bien te muestra aquí aparente, que es tener libertad, y, en renegando, se te irá el procurarla de la mente, 25 que siempre esperarás el cómo y [cuándo: “Este año no; el otro será cierto.” Y así lo irás por años dilatando. Tiéneme en estos casos bien experto 30 muchos que he visto con tu mismo [intento,
JORNADA CUARTA p. 88 y a ninguno llegar nunca a buen puerto. Y puesto que llegases, ¿es buen cuento poner un tan enorme y falso medio para alcanzar el fin de tu contento? Daño puedes llamarle tal remedio. 5 Ped. Si no puede esperarse, ni es posible de mi necesidad otra salida para alcanzar la libertad gozosa, ¿es mucho aventurarse algunos días a ser moro no más de en la apariencia, 10 si con esta cautela se granjea la amada libertad que va huyendo? Say. Si tú supieses, Pedro, a dó se [extiende la perfección de nuestra Ley 15 [cristiana, verías cómo en ella se nos manda que un pecado mortal no se cometa, aunque se interesase en cometerle la universal salud de todo el mundo. 20 Pues ¿cómo quieres tú, por verte libre de libertad del cuerpo, echar mil [hierro[s] al alma miserable, desdichada, cometiendo un pecado tan enorme 25 como es negar a Cristo y a su Iglesia? Ped. ¿Dónde se niega Cristo ni su Iglesia? ¿Hay más de retajarse y decir ciertas palabras de Mahoma, y no otra cosa, sin que se miente a Cristo ni a sus 30 [santos, ni yo le negaré por todo el mundo,
DEL TRATO DE ARGEL p. 89 que acá en mi corazón estará siempre, y él sólo el corazón quiere del hombre? Say. ¿Quieres ver si lo niegas? Está atento. Fíngete ya vestido a la turquesca, y que vas por la calle, y que yo llego 5 delante de otros turcos, y te digo: “Sea loado Cristo, amigo Pedro. ¿No sabéis cómo el martes es vigilia, y que manda la Iglesia que [ayunemos?” 10 A esto, dime, ¿qué responderías? Sin duda, que me dieses mil puñadas, y dijeses que a Cristo no conoces, ni tienes con su Iglesia cuenta alguna, porque eres muy buen moro, y que te 15 [llamas, no Pedro, sino Aydar o Mahometo. Ped. Eso haríalo yo; mas no con saña, sino porque los turcos que lo oyesen, pensasen que, pues de ello me pesaba, 20 que era perfecto moro, y no cristiano; pero acá en mi intención, cristiano [siempre. Say. ¿No sabes tú que el mismo Cristo [dice: 25 “Aquel que me negare ante los [hombres, de mí será negado ante mi Padre; y el que ante ellos a mí me confesare, será de mí ayudado ante el Eterno 30 Padre mío”? ¿Es prueba ésta bastante que te convenza y desengañe, amigo,
JORNADA CUARTA p. 90 del engaño en que estás en ser [cristiano con sólo el corazón, como tú dices? Y ¿no sabes también que aquel arrimo con que el cristiano se levanta al 5 [cielo, es la cruz y pasión de Jesucristo, en cuya muerte nuestra vida vive, y que el remedio para que aproveche a nuestras almas el tesoro inmenso 10 de su vertida sangre por bien nuestro, depositado está en la penitencia, la cual tiene tres partes esenciales, que la hacen perfecta y acabada: contrición de corazón la una, 15 confesión de la boca la segunda, satisfacción de obras la tercera? Y aquel que contrición dice que tiene, como algunos cristianos renegados, y con la boca y con las obras niegan 20 a Cristo y a sus santos, no la llames aquella contrición, sino un deseo de salir del pecado; y es tan flojo, que respectos humanos le detienen de ejecutar lo que razón le dice; 25 y así, con esta sombra y apariencia de este vano deseo, se les pasa un año y otro, y llega al fin la muerte a ponerle en perpetua servidumbre por aquel mismo modo que él pensaba 30 alcanzar libertad en esta vida. ¡Oh cuántas cosas puras, excelentes,
DEL TRATO DE ARGEL p. 91 verdaderas, sin réplica, sencillas, te pudiera decir que hacen al caso, para poder borrar de tu sentido esta falsa opinión que en él se imprime! Mas el tiempo y lugar no lo permite. 5 Ped. Bastan las que me has dicho, amigo; [bastan y bastarán de modo, que te juro por todo lo que es lícito jurarse, de seguir tu consejo y no apartarme 10 del santísimo gremio de la Iglesia, aunque en la dura esclavitud amarga acabe mis amargos tristes días. Say. Si a ese parecer llegas las obras, el día llegará sabroso y dulce, 15 do tengas libertad; que el cielo sabe darnos gusto y placer por cien mil [vías ocultas al humano entendimiento; y así, no es bien ponerse en 20 [contingencia que, por sola una senda y un camino tan áspero, tan malo y trabajoso, nos venga el bien de muchos [procurado, 25 y hasta aquí conseguido de muy [pocos. Ped. ¡Mis obras te darán señales ciertas de mi arrepentimiento y mi mudanza! Say. ¡El cielo te dé fuerzas, y te quite 30 las ocasiones malas que te incitan a tener tan malvado y ruin propósito!
JORNADA CUARTA p. 92 Ped. El mismo a ti te ayude, cual merece la sana voluntad con que me enseñas. ¡Adiós, que es tarde! Say. ¡Adiós, amigo! Sale el rey con cuatro turcos. 5 Rey. De ira y de dolor hablar no puedo; y es la ocasión de mi pesar insano el ver que don Antonio de Toledo así se me ha escapado de la mano. Los arraces, sus amos, con el miedo 10 que yo no les tomase su cristiano, a Tetuán con prisa le enviaron, y en cinco mil ducados le tallaron. ¿Un tan ilustre y rico caballero por tan vil precio disteis, vil canalla? 15 ¿Tanto os acodiciasteis al dinero, tan grande os pareció que era la talla, que le añadisteis otro compañero, el cual sólo pudiera bien pagalla? ¿Francisco de Valencia no podía 20 pagar sólo por sí mayor cuantía? En fin, favorecióles la ventura, que pudo más que no mi diligencia: que ésta es la que concierta y [asegura 25 lo que no puede hacer humana ciencia. Conocieron el tiempo y coyuntura, y huyeron de no verse en mi [presencia: que si yo a don Antonio aquí hallara, 30 cincuenta mil ducados me pagara.
DEL TRATO DE ARGEL p. 93 Es hermano de un conde, y es [sobrino de una principalísima duquesa, y, en perderse, perdió en este camino ser coronel en una ilustre 5 [empresa. Airado el cielo se mostró y [benino en hacerle cautivo y darse priesa a darle libertad por tal rodeo, 10 que no pudo pedir más el deseo. Pero, pues ya no puede remediarse, el tratar más en ello es excusado. Mirad si viene alguno a querellarse. Moro. Señor, aquí está Yzuf, el renegado. 15 Rey. Entre con intención de aparejarse a obedecer en todo mi mandado; si no, a fe que le trate en mi presencia cual merece su necia inobediencia. Entra Yzuf. 20 [Rey.] ¿Dónde están tus cristianos? Yzuf. Allí fuera. [Rey.] ¿Cuánto diste por ellos? Yzuf. Mil ducados. [Rey.] Yo los daré por ellos. 25 Yzuf. No se espera de tu bondad agravios tan [sobrados. Rey. ¿En esto me replicas? Yzuf. Da siquiera 30 algún alivio en parte a mis cuidados.
JORNADA CUARTA p. 94 Al esclavo te doy, rey, sin dinero, y déjame la esclava, por quien muero. Rey. ¿Tal osaste decir, oh moro infame? Llevadle abajo, y dadle tanto palo, hasta que con su sangre se derrame 5 el deseo que tiene torpe y malo. Yzuf. Dame, señor, mi esclava, y luego dame la muerte en fuego, a hierro, a gancho, [en palo. Rey. ¡Quitádmele delante! ¡Acabad presto! 10 Yzuf. ¿Por pedirte mi hacienda soy [molesto? Sacan fuera a Yzuf a empujones, y entran luego dos alárabes con el cristiano que se huyó, que asieron en el campo, y estos dos moros dicen al rey: “Alicun 15 zalema zultam adareimi guaharan zal zul”. Rey. ¿Adónde ibas, cristiano? Cau. Procuraba llegarme a Orán, si el cielo lo quisiera. Rey. ¿Adónde cautivaste? 20 Cau. En la almadraba. Rey. ¿Tu amo? Cau. Ya murió; que no debiera, pues me dejó en poder de una tan [brava 25 mujer, que no la iguala alguna [fiera. Rey. ¿Español eres? Cau. En Málaga nacido. Rey. Bien lo muestras en ser así 30 [atrevido.
DEL TRATO DE ARGEL p. 95 ¡Oh yuraja caur! Dadle [seiscientos palos en las espaldas muy bien dados, y luego le daréis otros quinientos en la barriga y en los pies cansados. 5 Cau. ¿Tan sin razón ni ley tantos [tormentos tienes para el que huye aparejados? Rey. Cito cifuti breguedi, ¡atadle, abridle, desolladle y aun matadle! 10 Atanle con cuatro cordeles de pies y de manos, y tiran cada uno de su parte, y dos le están dando, y de cuando en cuando el cristiano se encomienda a Nuestra Señora, y el rey se enoja y dice en turquesco con cólera: “Laguedi denicara, bacinaf; ¡a la 15 testa, a la tes[ta]!”, y está diciendo, mientras le están dando : ¡No sé qué raza es ésta de estos perros cautivos españoles! ¿Quién se huye? Español. ¿Quién no cura de los 20 [hierro[s]? Español. ¿Quién hurtando nos [destr[uye]? Español. ¿Quién comete otros mil [yerros? 25 Español. Que en su pecho el [cielo influye un ánimo indomable, acelerado, al bien y al mal contino aparejado. Una virtud en ellos he notado: 30 que guardan su palabra sin reveses, y en esta mi opinión me han confirmado
JORNADA CUARTA p. 96 dos caballeros Sosas portugueses. Don Francisco también la ha asegurado que tiene el sobrenombre de [Meneses, los cuales sobre su palabra han sido 5 enviados a España, y la han [cumplido. Don Fernando de Ormaza también [fuese sobre su fe y palabra, y así ha hecho, 10 un mes antes que el término [cumpliese, la paga, con que bien me ha [satisfecho. De darles libertad, un interese 15 se sigue tal, que dobla mi provecho: que como van sobre su fe prendados, les pido los rescates tresdoblados. Y éste dadle a su amo, y llamad [luego 20 un cristiano de Yzuf que está allí [fuera, que quiero que granjee su sosiego, por ver si mi opinión es verdadera. De pérdida y ganancia es este juego. 25 Moro. Señor, del bien hacer siempre se [espera galardón, y si falta de este suelo, la paga se dilata para el cielo. Entra Aurelio, y dícele el rey: 30 [Rey.] Ya sé quién eres, cristiano;
DEL TRATO DE ARGEL p. 97 tu virtud, valor y suerte, y sé que presto has de verte en el patrio suelo hispano. Esta Silvia, ¿es tu mujer? Aur. Sí, señor. 5 Rey. Y ¿adónde ibas cuando en las ondas esquivas perdiste todo el placer? [Aur.] Yo se lo diré, señor, en verdaderas razones. 10 De otro rey y otras prisiones fui yo esclavo, que es Amor. De esta Silvia enamorado [an]duve un tiempo en mi tierra, y la fuerza de esta guerra 15 me ha traído en este estado. A su padre la pedí muchas veces por mujer; pero nunca a mi querer sólo un punto le rendí; 20 y viendo que no podía por aquel modo alcanzarla, determiné de robarla, que era la más fácil vía. Cumplí en esto mi deseo, 25 y, pensando ir a Milán, trájome el hado al afán y esclavitud do me veo. Rey. No pierdas la confianza en esta vida importuna, 30 pues sabes que de fortuna la condición es mudanza.
JORNADA CUARTA p. 98 Yo te daré libertad a ti y a Silvia al momento, si tienes conocimiento de pagar tal voluntad. Mil ducados he de dar 5 por los dos, y sólo quiero que me deis dos mil; empero habéismelo de jurar, y así sobre vuestra fe os partiréis luego a España. 10 Aur. Señor, a merced tamaña, ¿qué gracias te rendiré? Yo prometo de enviarlos dentro de un mes sin mentir, aunque los sepa pedir 15 por Dios, y si no, hurtarlos. Rey. Pues luego os aparejad, y en la primer saetía tomad de España la vía, que a los dos doy libertad. 20 Aur. El suelo y cielo te trate cual merece tu bondad, y toma mi voluntad por prenda de este rescate; que yo perderé la vida 25 o cumpliré mi palabra: que este bien la escarba y labra en mi sangre bien nacida. Moro. Señor, un navío viene. Rey. ¿De qué parte? 30 Moro. De Occidente. Rey. Mejor es que no de Oriente.
DEL TRATO DE ARGEL p. 99 ¿Es de gavia? Moro. Gavia tiene. Rey. Debe ser de mercancía. Moro. Podría ser; aunque se suena que la mercancía es buena, 5 si es limosna. Rey. Sí sería. Vamos. Tú, Aurelio, procura tu partida, y ten cuidado de aquello que me has jurado. 10 Aur. Crezca el cielo tu ventura. Entrase el rey, y queda Aurelio. ¡Gracias te doy, eterno rey del cielo, que tan sin merecerlo has permitido que, por la mano de que más 15 [temía, tanto bien, tanta gloria me viniese! Entra Francisco, y dice: Fra. ¡Albricias, caro Aurelio!; que es [llegado 20 un navío de España, y todos dicen que es de limosna cierto, y que en él [viene un fraile trinitario cristianísimo, amigo de hacer bien, y conocido, 25 porque ha estado otra vez en esta tierra rescatando cristianos, y da [ejemplo de mucha cristiandad y gran [prudencia. 30
JORNADA CUARTA p. 100 Su nombre es fray Juan Gil. Aur. Mira no sea fray Jorge de Olivar, que es de la [orden de la Merced, que aquí también ha 5 [estado, de no menos bondad y humano [pecho; tanto, que ya después que hubo [expendido 10 bien veinte mil ducados que traía, en otros siete mil quedó empeñado. ¡[Oh] caridad extraña! ¡Oh santo pecho! Entran tres esclavos, asidos en sus cadenas. Esc. 1.° ¡Qué buen día, compañeros! 15 La limosna está en el puerto. Mi remedio tengo cierto, porque aquí me traen dineros. [Esc. 2.°] No tengo bien, ni le espero, ni siento en mi tierra quien 20 me pueda hacer algún bien. [Esc. 3.°] Pues yo no me desespero. [Fra.] Dios nos ha de remediar, hermanos; mostrad buen pecho, que el Señor que nos ha hecho, 25 no nos tiene de olvidar. Roguémosle, como a padre, nos vuelva a nuestra mejora, pues es nuestra intercesora su Madre, que es nuestra Madre; 30 porque, con tan santo medio,
DEL TRATO DE ARGEL p. 101 nuestro bien está seguro: que ella es nuestra fuerza y muro, nuestra luz, nuestro remedio. Echan todos las cadenas al suelo, e híncanse de rodillas, y dice el uno: 5 [Uno]. ¡Vuelve, Virgen Santísima María, tus ojos, que dan luz y gloria al cielo, a los tristes que lloran noche y día y riegan con sus lágrimas el [suelo! 10 Socórrenos, bendita Virgen pía, antes que este mortal corpóreo velo quede sin alma en esta tierra dura y carezca de usada sepultura. Otro. Reina de las alturas celestiales, 15 Madre y Madre de Dios, Virgen y [Madre, espanto de las furias infernales, Madre y Esposa de tu mismo Padre, remedio universal de nuestros males: 20 si con tu condición es bien que [cuadre usar misericordia, úsala ahora, y sácame de entre esta gente mora! Otro. En vos, Virgen dulcísima María, 25 entre Dios y los hombres medianera, de nuestro mar incierto cierta guía, Virgen entre las vírgenes primera: en vos, Virgen y Madre, en vos confía mi alma, que sin vos en nadie 30 [espera,
JORNADA CUARTA DEL TRATO DE ARGEL p. 102 que me habréis de sacar con vuestras [manos de dura servidumbre de paganos. Aur. Si yo, Virgen bendita, he conseguido de tu misericordia un bien tan alto, 5 ¿cuándo podré mostrarme agradecido, tanto que al fin no quede corto y [falto? Recibe mi deseo, que, subido sobre un cristiano obrar, dará tal 10 [salto, que toque ya, olvidado de este suelo, el alto trono del empíreo cielo. Y en tanto que se llega el tiempo y [punto 15 de poner en efecto mi deseo, al ilustre auditorio que está junto, en quien tanta bondad discierno y [veo, si ha estado mal sacado este trasunto 20 de la vida de Argel y trato feo, pues es bueno el deseo que ha [tenido, en nombre del autor, perdón l[e [pido]. 25
p. 103 COMEDIA DEL CERCO DE NUMANCIA Figuras siguientes: Cipión, romano. Leonicio, numantino. Jugurta, romano. Dos sacerdotes 5 [Gayo] Mario, romano. numantinos. Quinto Fabio, romano. Un paje numantino. (Gayo, soldado [Seis pajes más, romano.) numantinos.] Cuatro soldados Un hombre 10 romanos. numantino. Dos numantinos, Milbio, numantino. embajadores. [Un demonio.] España. Un muerto. Duero. Cuatro mujeres de 15 [Tres muchachos que Numancia. representan Lira, doncella. riachuelos.] Dos ciudadanos Teógenes, numantino. numantinos. Caravino, numantino. Una mujer de 20 Cuatro gobernadores Numancia. numantinos. Un hijo suyo. Marquino, hechicero [Otro hijo de aquélla.] numantino. Un muchacho, Marandro, numantino. hermano de Lira. 25
JORNADA PRIMERA p. 104 Una mujer de Servio, muchacho. Numancia. Bariato, muchacho, que Un soldado es el que se arroja numantino. de la torre. Guerra. Un numantino. 5 Enfermedad. Ermilio, soldado Hambre. romano. La mujer de Teógenes. Limpio, soldado Un hijo suyo. romano. [Otro hijo y una hija La Fama. 10 de Teógenes.] JORNADA PRIMERA Entra Cipión, y Jugurta, y Mario, y Quinto Fabio, hermano de Cipión, romanos. Cip. Esta difícil y pesada carga 15 que el Senado romano me ha [encargado, tanto me aprieta, me fatiga y carga, que ya sale de quicio mi cuidado. De guerra y curso tan extraña y larga 20 y que tantos romanos ha costado, ¿quién no estará suspenso al [acabarla? ¡Ah! ¿Quién no temerá de [renovarla? 25 Jug. ¿Quién, Cipión? Quien tiene la ventura, el valor, nunca visto, que en ti [encierras,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 105 pues con ella y con él está segura la victoria y el triunfo de estas guerras. Cip. El esfuerzo regido con cordura allana al suelo las más altas sierras, y la fuerza feroz de loca mano 5 áspero vuelve lo que está más llano; mas no hay que reprimir, a lo que veo, la furia del ejército presente, que, olvidado de gloria y de trofeo, yace embebido en la lascivia ardiente; 10 y esto sólo pretendo, esto deseo: volver a nuevo trato nuestra gente, que, enmendado primero el que es [amigo, sujetaré más presto al enemigo. 15 ¡Mario! Mar. ¿Señor? Cip. Haz que a noticia venga de todo nuestro ejército en un punto, que, sin que estorbo alguno le 20 [detenga, parezca en este sitio todo junto, porque una breve plática de arenga les quiero hacer. Mar. Harélo en este punto. 25 Cip. Camina, porque es bien que sepan [todos mis nuevas trazas y sus viejos modos. Vase Mario. Jug. Séte decir, señor, que no hay soldado 30 que no te tema juntamente y ame;
JORNADA PRIMERA p. 106 [y] porque ese valor tuyo [extremado, de Antártico a Calisto se derrame, cada cual, con feroz ánimo osado, cuando la trompa a la ocasión les 5 [llame, piensa hacer en tus servicios cosas que pasen las hazañas fabulosas. Cip. Primero es menester que se refrene el vicio que entre todos se derrama; 10 que si éste no se quita, en nada tiene con ellos que hacer la buena fama. Si este daño común no se previene, y se deja arraigar su ardiente llama, el vicio sólo puede hacernos guerra 15 más que los enemigos de esta tierra. Tocan a recoger, y échase de adentro este bando: “Manda nuestro general que se recojan armados luego todos los soldados 20 en la plaza principal, y que ninguno no quede de parecer a esta vista, so pena que de la lista al punto borrado quede.” 25 Jug. No dudo yo, señor, sino que importa (re)coger con duro freno la [malicia, y que se dé al soldado rienda corta cuando él se precipita en la 30 [injusticia.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 107 La fuerza del ejército se acorta cuando va sin arrimo de justicia, aunque más le [acompañen] a [montones mil pintadas banderas y escuadrones. 5 Entra un alarde de soldados, armados a lo antiguo, sin arcabuces, y Cipión se sube sobre una peña que estará allí, y dice: Cip. En el fiero ademán, en los lozanos marciales aderezos y vistosos, 10 bien os conozco, amigos, por romanos; romanos, digo, fuertes y animosos; mas en las blancas (y) delicadas [manos, y en las teces de rostros tan lustrosos, 15 allá en Bretaña parecéis criados, y de padres flamencos engendrados. El general descuido vuestro, amigos, el no mirar por lo que tanto os toca, levanta los caídos enemigos, 20 que vuestro esfuerzo y opinión apoca. De esta ciudad los muros son testigos, que aún hoy está cual bien fundada [roca, de vuestras perezosas fuerzas vanas, 25 que sólo el nombre tienen de romanas. ¿Paréceos, hijos, que es gentil hazaña que tiemble del romano nombre el [mundo, y que vosotros solos en España 30 le aniquiléis y echéis en el profundo?
JORNADA PRIMERA p. 108 ¿Qué flojedad es esta tan extraña? ¿Qué flojedad? Si yo mal no me fundo, es flojedad nacida de pereza, enemiga mortal de fortaleza. La blanda Venus con el duro Marte 5 jamás hacen durable ayuntamiento; ella regalos sigue, él sigue arte que incita a daños y furor [sangriento. La [cipria diosa] estése ahora aparte; 10 deje su hijo nuestro alojamiento, que mal se aloja en las marciales [tiendas quien gusta de banquetes y meriendas. ¿Pensáis que sólo [atierra] la muralla 15 el almete y la acerada punta, y que sólo atropella la batalla la multitud de gentes y armas junta? Si esfuerzo de cordura no señala, que todo lo previene y lo barrunta, 20 poco aprovechan muchos escuadrones, y menos infinitas municiones. Si a militar concierto se reduce, cualquier pequeño ejército que sea, veréis que como sol claro reluce, 25 y alcanza las victorias que desea; pero si a flojedad él se conduce, aunque abreviado el mundo en él se [vea, en un momento quedará deshecho 30 por más reglada mano y fuerte pecho. Avergonzaos, varones esforzados,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 109 porque, a nuestro pesar, con [arrogancia, tan pocos españoles, y encerrados, defiendan este nido de Numancia. Dieciséi[s] años son y más pasados 5 que mantienen la guerra y la [ganancia de haber vencido con feroces manos millares de millares de romanos. Vosotros [os] vencéis, que estáis 10 [vencidos del bajo antojo y femenil, liviano, con Venus y con Baco entretenidos, sin que a las armas extendáis la mano. Correos ahora, si no estáis corridos, 15 de ver que este pequeño pueblo hispano contra el poder romano [se] [defienda, y, cuando más rendido, más [ofenda. 20 De nuestro campo quiero, en todo caso, que salgan las infames meretrices, que, de ser reducidos a este paso, ellas solas han sido las raíces. Para beber no quede más de un vaso, 25 y los lechos, un tiempo ya felices, llenos de concubinas, se deshagan, y de fajina y en el suelo se hagan. No me huela el soldado otros olores que el olor de la pez y de resina, 30 ni por golosidad de los sabores traiga siempre aparato de cocina:
JORNADA PRIMERA p. 110 que el que usa en la guerra estos [primores, muy mal podrá sufrir la cota fina; no quiero otro primor ni otra [fragancia, 5 en tanto que español viva en [Numancia. No os parezca, varones, escabroso ni duro este mi justo mandamiento, que al fin conoceréis ser provechoso, 10 cuando aquél consigáis de vuestro [intento. Bien se os a de hacer dificultoso dar a vuestras costumbres nuevo [asiento; 15 mas, si no las mudáis, estará firme la guerra que esta afrenta más confirme. En blandas camas, entre juego y vino, hállase mal el trabajoso Marte; otro aparejo busca, otro camino; 20 otros brazos levantan su estandarte; cada cual se fabrica su destino; no tiene allí fortuna alguna parte; la pereza fortuna baja cría; la diligencia, imperio y monarquía. 25 Estoy con todo esto tan seguro de que al fin mostrareis que sois [romanos, que tengo en nada el defendido muro de estos rebeldes bárbaros hispanos; 30 y así, os prometo por mi diestra y juro que, si igualáis al ánimo las manos,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 111 que las mías se alarguen en pagaros, y mi lengua también en alabaros. Míranse los soldados unos a otros, y hacen señas a uno de ellos, que se llama Gayo Mario, que responda por todos, y dice: 5 Gayo. Si con atentos ojos has mirado, ínclito general, en los semblantes que a tus breves razones han mostrado los que tienes ahora circunstantes, cuál habrás visto sin color, turbado, 10 y cuál con ella, indicios bien bastantes de que [el] temor y la vergüenza [a] [una nos aflige, molesta e importuna: vergüenza, de mirar ser reducidos 15 a término tan bajo por su culpa, que viendo ser por ti reprehendidos, no saben a esa falta hacer disculpa; temor, de tantos yerros cometidos; y la torpe pereza que los culpa 20 los tiene de tal modo, que se holgaran antes morir que en esto se hallaran. Pero el lugar y tiempo que los [queda para mostrar alguna recompensa, 25 es causa que con menos fuerza [pueda fatigarte el rigor de tal ofensa. De hoy más, con presta voluntad y leda, el más mínimo de ésto[s] [cuida] y 30 [piensa
JORNADA PRIMERA p. 112 de ofrecer sin revés a tu servicio la hacienda, vida, honra en [sacrificio. Admite, pues, de sus intentos sanos al justo ofrecimiento, señor mío, 5 y considera al fin que son romanos, en quien nunca faltó del todo brío. Vosotros levantad las diestras manos, en señal que aprobáis el voto mío. Sol. 1.° Todo lo que habéis dicho 10 [confirmamos. Sol. 2.° Y lo juramos todos. Todos. Sí juramos. Cip. Pues, arrimado a tal ofrecimiento, crece ya desde hoy mi confianza, 15 creciendo en vuestros pechos [ardimiento y del viejo vivir nueva mudanza. Vuestras promesas no se lleve el [viento; 20 hacedlas verdaderas con la lanza; que las mías saldrán tan verdaderas, cuanto fuere el valor de vuestras [veras. Sol. 1.° Dos numantinos con seguro vienen 25 a darte, Cipión, una embajada. Cip. ¿Por qué no llegan ya? ¿En qué se [detienen? Sol. Esperan que licencia les sea dada. Cip. Si son embajadores, ya la tienen. 30 Sol. Embajadores son. Cip. Dadles entrada;
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 113 que, aunque descubran cierto falso [pecho, al enemigo siempre de provecho, jamás la falsedad vino cubierta tanto con la verdad, que no mostrase 5 algún pequeño indicio, alguna puerta por donde su maldad se atestiguase. Oír al enemigo es cosa cierta que siempre aprovechó más que [dañase, 10 y, en las cosas de guerra, [la] [experiencia muestra que lo [que] digo es cierta [ciencia. Entran dos numantinos, embajadores. 15 Num. 1.° Si nos das, gran señor, grata licencia, decirte he la embajada que traemos; do estamos, [o] ante sola tu [presencia, todo a lo que venimos te diremos. 20 Cip. Decid; que adondequiera doy [audiencia. Num. 1.° Pues con ese seguro que tenemos, de tu real grandeza concedido, daré principio a lo que soy venido. 25 Numancia, de quien yo soy ciudadano, ínclito general, a ti me envía, como al más fuerte capitán romano que ha cubierto la noche y visto el día, a pedirte, señor, la amiga mano, 30 en señal de que cesa la porfía
JORNADA PRIMERA p. 114 tan trabada y cruel de tantos años, que ha causado sus propios y tus daños. Dice que nunca de la ley y fuero[s] del Senado romano se apartara, si el insufrible mando y desafueros 5 de un cónsul y otro no le fatigara. Ellos con duros estatutos fieros, y con su extraña condición avara, pusieron tan gran yugo a nuestros [cuellos, 10 que forzados salimos de él y de ellos, y, en todo el largo tiempo que ha [durado entrambas partes la contienda, es cierto que ningún general hemos hallado 15 con quien poder tratar algún [concierto. Empero ahora, que ha querido el hado reducir nuestra nave a tan buen puerto, las velas de la gavia recogemos 20 y a cualquiera partido nos ponemos. No imagines que temor nos lleva a pedirte las paces con instancia, pues la larga experiencia ha dado prueba del poder valeroso de Numancia. 25 Tu virtud y valor es quien nos ceba, y nos declara que será ganancia mayor que cuantas desear [podemos, si por señor y amigo te tenemos. 30 A esto ha sido la venida nuestra. Respóndenos, señor, lo que te place.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 115 Cip. ¡Tarde de arrepentidos dais la muestra! Poco vuestra amistad me satisface. De nuevo ejercitad la fuerte diestra, que quiero ver lo que la mía hace; quizá que ha puesto en ella la ventura 5 la gloria nuestra y vuestra [sepultura. A desvergüenza de tan largos años, es poca recompensa pedir paces. Seguid la guerra y renovad los 10 [daños. Salgan de nuevo las valientes haces. Num. 1.º La falsa confianza mil engaños consigo trae; advierte lo que haces, señor, que esa arrogancia que nos 15 [muestras, remunera el valor en nuestras [diestras; y pues niegas la paz que con buen celo te ha sido por nosotros demandada, 20 de hoy más la causa nuestra con el cielo quedará por mejor calificada, y antes que pise[s] de Numancia el [suelo, probarás dó se extiende la indignada 25 fuerza de aquel que, siéndote [enemigo, quiere ser tu vasallo y fiel amigo. Cip. ¿Tenéis más que decir? Num. No; más tenemos 30 que hacer, pues tú, señor, así lo [quieres,
JORNADA PRIMERA p. 116 sin querer la amistad que te ofrecemos, correspondiendo mal de ser quien [eres. Pero entonces verás lo que podremos cuando nos muestres tú lo que 5 [pudieres: que es una cosa razonar de paces, y otra romper por las armadas haces. Cip. Verdad decís; y así, para mostraros si sé tratar en paz y hablar en 10 [guerra, no os quiero por amigos aceptaros, ni lo seré jamás de vuestra tierra. Y con esto podéis luego tornaros. Num. ¿Que en es[to] tu querer, señor, se 15 [encierra? Cip. Ya te he dicho que sí. Num. 2.° Pues, ¡sus!, al hecho; que guerra ama el numantino [pecho. 20 Vanse los embajadores, y dice Quinto Fabio, hermano de Cipión: Quin. El descuido pasado nuestro ha sido el que les hace hablar de aquesta [suerte; 25 mas ya es llegado el tiempo y [es venido do veréis vuestra gloria y vuestra [muerte. Cip. El vano blasonar no es admitido 30 de pecho valeroso, honrado y fuerte.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 117 Templa las amenazas, Fabio, y [calla, y tu valor descubre en la batalla; aunque yo pienso hacer que el [numantino 5 nunca a las manos con nosotros venga, buscando de vencerle tal camino, que más a mi provecho se convenga, y haré que abaje el brío y pierda el [tino 10 y que en sí mismo su furor detenga. Pienso de un hondo foso rodearlos, y por hambre insufrible he de [acabarlos. No quiero yo que sangre de 15 [romanos colore más el suelo de esta tierra; basta la que han vertido estos hispanos en tan larga, reñida y cruda guerra. Ejercítense ahora vuestras manos 20 en romper y a cavar la dura tierra, y cubrirse de polvo los amigos que no lo están de sangre de enemigos. No quede de este oficio reservado ninguno que le tenga preeminente. 25 Trabaje el decurión como el soldado, y no se muestre en esto diferente. Yo mismo tomaré el hierro pesado y romperé la tierra fácilmente. Haced todos cual yo; veréis que 30 [hago tal obra, con que a todos satisfago.
JORNADA PRIMERA p. 118 Quin. Valeroso señor y hermano mío, bien nos muestras en esto tu cordura; pues fuera conocido desvarío y temeraria muestra de locura, pelear contra el loco airado brío 5 de estos desesperados sin ventura. Mejor será encerrarlos como dices, y quitarles al brío las raíces. Bien puede la ciudad toda cercarse, si no es la parte (por) do el río la 10 [baña. Cip. Vamos, y venga luego a efectuarse esta mi nueva traza, usada hazaña; que si en mi favor quiere mostrarse el cielo, quedará sujeta España 15 al Senado romano, solamente con vencer la soberbia de esta gente. Vanse, y sale España, coronada con unas torres, y trae un castillo en la mano, que significa España. 20 Esp. ¡Alto, sereno y espacioso cielo, que, con tus influencias, enriqueces la parte que es mayor de este mi suelo y sobre muchos otros le engrandeces: muévate a compasión mi amargo 25 [duelo, y, pues al afligido favoreces, favoréceme a mí en ansia tamaña, que soy la sola y desdichada [España! 30 Basta ya que un tiempo me tuviste
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 119 todos mis flacos miembros [abrasados, y al sol por mis entrañas descubriste al reino oscuro de los [condenados, 5 y a mil tiranos mil riquezas diste; a fenicios y a griegos entregados mis reinos fueron porque tú has [querido, o porque mi maldad lo ha merecido. 10 ¿Será posible que contino sea esclava de naciones extranjeras, y que un pequeño tiempo yo no vea de libertad tendida[s] mis banderas? Con justísimo título se emplea 15 en mí el rigor de tantas penas fieras, pues mis famosos hijos y valientes andan entre sí mismo[s] diferentes. Jamás entre su pecho concertaron los divididos ánimos furiosos; 20 antes entonces [más los] apartaron cuando se vieron más menesterosos; y así con sus discordias [[convidaron] los bárbaros [de pechos] codiciosos 25 a venir a entregarse en mis [riquezas, [usando] en mí y en ellos [mil] [crudezas. Numancia es la que ahora sola ha sido 30 quien la luciente espada sacó fuera, y a costa de su sangre ha mantenido
JORNADA PRIMERA p. 120 la amada libertad suya y primera. Mas, ¡ay!, que veo el término cumplido, llegada ya la hora postrimera do acabará su vida, y no su fama, cual fénix renovándose en la llama. 5 Estos tan mucho temidos romanos, que buscan de vencer cien mil [caminos, rehuyendo venir más a las manos con los pocos valientes numantinos, 10 ¡oh si saliesen sus intentos vanos, y fuesen sus quimeras desatinos, que esta pequeña tierra de [Numancia sacase de su pérdida ganancia! 15 Mas, ¡ay!, que el enemigo la ha cercado, no sólo con las armas contrapuestas al flaco muro suyo, mas ha obrado con diligencia extraña y manos prestas que un foso por la [margen] 20 [concertado rodee a la ciudad por llano y [cuestas; sólo la parte por do el río se [extiende, 25 de este ardid nunca visto se defiende. Así están escogidos y encerrados los tristes numantinos en sus muros; ni ellos pueden salir, ni ser entrados, y están de los asaltos bien seguros. 30 Pero en sólo mirar que están privados de ejercitar sus fuertes brazos duros,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 121 la guerra pediré o la muerte a [voces, con horrendos acentos y feroces; y pues sola la parte por do corre y toca a la ciudad el ancho Duero, 5 es aquella que ayuda y que socorre en algo al numantino prisionero, antes que alguna máquina o gran torre en sus aguas se funde, rogar quiero al caudaloso y conocido río, 10 en lo que puede, ayude al pueblo mío. Duero gentil, que, con torcidas vueltas, humedeces gran parte de mi [seno], así en tus aguas siempre veas [envueltas 15 arenas de oro cual el Tajo ameno; así las ninfas fugitivas sueltas, de que está el verde prado y bosque [lleno, vengan humildes a tus aguas claras, 20 y en prestar[te] favor no sean [avaras, que prestes a mis ásperos lamentos atento oído, o que a escucharlos [vengas, 25 aunque dejes un rato tus contentos. Suplícote que en nada te detengas. Si tú, con tus continuos crecimientos, de estos fieros romanos no te [vengas, 30 cerrado veo ya cualquier camino a la salud del pueblo numantino.
JORNADA PRIMERA p. 122 Sale el río Duero con otros tres ríos, que serán tres muchachos, vestidos como que son tres riachuelos que entran en Duero junto a Soria, que en aquel tiempo fue Numancia. Due. Madre querida, España: rato había 5 que oí en mis oídos tus querellas, y si en salir acá me detenía, fue por [no] poder dar remedio a [ellas. El [fatal] miserable y triste día, 10 según el disponer de las estrellas, se llega de Numancia, y cierto temo que no hay remedio a su dolor [extremo. Con Obrón y Minuesa y también 15 [Tera, cuyas aguas las mías acrecientan, he llenado mi seno en tal manera, que las usadas márgenes [revientan; 20 mas, sin temor de mi veloz carrera, cual si fuera un arroyo, veo que [intentan de hacer lo que tú, España, nunca [veas: 25 sobre mis aguas, torres y trincheas. Mas ya que el revolver del duro hado tenga el último fin estatuido de ese tu pueblo numantino [armado, 30 pues a términos tales ha venido,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 123 un consuelo le queda en este [[estado]: que no podrán las sombras del olvido oscurecer el sol de sus hazañas, en toda edad tenidas por extrañas; 5 y puesto que el feroz romano [[tiende] el paso [ahora] para tan fértil suelo, que te oprime aquí y allí te ofende con arrogante y ambicioso celo, 10 tiempo vendrá, según que así lo [entiende el saber que a Proteo ha dado el [cielo, que estos romanos sean oprimidos 15 por lo[s] que ahora tienen [abatidos. De remotas naciones venir veo gentes que habitarán tu dulce seno después que, como quiere tu deseo, 20 habrán a los romanos puesto freno: godos serán, que, con vistoso arreo, dejarán de su fama el mundo lleno; vendrán a recoger[se] en tus [entrañas, 25 dando de nuevo vida a sus hazañas. Estas injurias vengará la mano del fiero Atila en tiempos venideros, poniendo al pueblo tan feroz romano sujeto a obedecer todos sus fueros, 30 y portillos abriendo en Vaticano sus bravos hijos y otros extranjeros,
JORNADA PRIMERA p. 124 [harán] que para huir vuelva la [planta el gran piloto de la nave santa; y también vendrá tiempo en que se [mire 5 estar blandiendo el español cuchillo sobre el cuello romano, y que respire sólo por la bondad de su [caudillo]. El grande Albano hará que se retire el español ejército, sencillo, 10 no de valor, sino de poca gente, pues que con ella hará que se le [aumente; y cuando [fuere ya más] conocido el propio hacedor de tierra y cielo, 15 aquel que ha de quedar instituido por visorrey de Dios en todo el suelo, a tus reyes dará tal apellido, que él vea que más cuadre y dé [consuelo. 20 Católicos serán llamados todos, sujeción e insignia de los godos; pero el que más levantará la mano en honra tuya y general contento, haciendo que el valor del nombre 25 [hispano tenga entre todos el mejor asiento, un rey será de cuyo intento sano grandes cosas me muestra el [pensamiento; 30 será llamado, siendo suyo el mundo, el segundo Felipo sin segundo.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 125 Debajo de este imperio tan dichoso, serán a una corona reducidos, por bien universal y a tu reposo, tus reinos, hasta entonces divididos. El jirón lusitano, tan famoso, 5 que un tiempo se cortó de los [vestidos de la ilustre Castilla, ha de asirse de nuevo, y a su antiguo ser venirse. ¡Qué envidia, qué temor, España 10 [amada, te tendrán mil naciones [extranjeras, en quien tú teñirás tu aguda espada y tenderás triunfando tus banderas! 15 Sírvate esto de alivio en la pasada ocasión, por quien lloras tan de veras, pues no puede faltar lo que [ordenado ya tiene de Numancia el duro hado. 20 Esp. Tus razones alivio han dado en parte, famoso Duero, a las pasiones mías, sólo porque imagino que no hay parte de engaño [al]guno en estas [profecías. 25 Due. Bien puede de hecho, España, [asegurarte, puesto que tarden tan dichosos [días. Y adiós, porque me esperan ya mis 30 [ninfas. Esp. ¡El cielo aumente tus sabrosas linfas!
JORNADA SEGUNDA p. 126 JORNADA SEGUNDA Salen Teógenes y Caravino, con otros cuatro numantinos, gobernadores de Numancia, y Marquino, hechicero, y siéntanse. Teó. Paréceme, varones esforzados, 5 que en nuestros [daños] con rigor [influyen los tristes signos y contrarios hados, pues nuestra fuerza humana [disminuyen. 10 Tiénennos los romanos encerrados, y con cobardes manos nos [destruyen; ni con matar muriendo no hay [vengarnos, 15 ni podemos sin alas escaparnos. No sólo a vencernos se despiertan los que habemos vencido veces tantas; que también españoles se conciertan con ellos a segar nuestras 20 [gargantas. Tan gran maldad los cielos no [consientan; con rayos hieran las ligeras plantas que se muestren en daño del amigo, 25 favoreciendo al pérfido enemigo. Mirad si imagináis algún remedio para salir de tanta desventura, porque este largo y trabajoso asedio
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 127 sólo promete presta sepultura. El ancho foso nos estorba el medio de probar con las armas la ventura, aunque a veces valientes, fuertes [brazos, 5 rompen mil [contrapuestos] [embarazos. Car. ¡A Júpiter pluguiera soberano que nuestra juventud sola se viera con todo el cruel ejército romano, 10 adonde el brazo rodear pudiera, que allí, al valor de la española [mano, la misma muerte poco estorbo [hiciera 15 para dejar de abrir franco camino a la salud del pueblo numantino! Mas pues en tales términos nos vemos, que estamos como damas encerrados, hagamos todo cuanto hacer 20 [podemos para mostrar los ánimos osados: a nuestros enemigos convidemos a singular batalla; que, cansados de este cerco tan largo, ser podría 25 quisiesen acabarle por tal vía. Y cuando este remedio no suceda a la justa medida del deseo, otro camino de intentar nos queda, aunque más trabajoso a lo que creo: 30 este foso y muralla que nos [veda] el paso al enemigo que allí veo,
JORNADA SEGUNDA p. 128 en un tropel de noche le rompamos, y por ayuda a los amigos vamos. Num. 1.° O sea por el foso, o por la [muerte], de abrir tenemos paso a nuestra vida: que es dolor insufrible el de la muerte, 5 si llega cuando más vive la vida. Remedio a las miserias es la muerte, si se acrecientan ellas con la vida, y suele tanto más ser excelente, cuanto se muere más 10 [honradamente. Num. 2.° ¿Con que más honra pueden apartarse de nuestros cuerpos estas almas [nuestras, que en las romanas haces arrojarse 15 y en su daño mover las fuerzas [diestras? Y en la ciudad podrá muy bien [quedarse quien gusta de cobarde dar las 20 [muestras; que yo mi gusto pongo en quedar [muerto en el [cerrado] foso o campo abierto. Num. 3.° Esta [in]sufrible hambre macilenta, 25 que tanto nos persigue y nos rodea, hace que en vuestro parecer consienta, puesto que temerario y duro sea. Muriendo, excusar hemos tanta afrenta; y quien morir de hambre no desea, 30 arrójese conmigo al foso, y haga camino su remedio con la daga.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 129 Num. 4.° Primero que vengáis al trance duro de esta resolución que habéis tomado, paréceme ser bien que desde el muro nuestro fiero enemigo sea [avisado], diciéndole que de campo seguro 5 a un numantino y a otro su soldado, y que la muerte de uno sea sentencia que acabe nuestra antigua diferencia. Son los romanos tan soberbia gente, que luego aceptarán este partido; 10 y si lo aceptan, [creo] firmemente que nuestro [amargo] daño ha [fenecido, pues está [un] numantino aquí [presente 15 cuyo valor me tiene persuadido que él solo contra tres de los [romanos quitará la victoria de las manos. También será acertado que Marquino, 20 pues es un agorero tan famoso, mire qué estrella, o qué planeta o [signo nos amenaza a muerte o fin [honroso, 25 o si puede hallar algún camino que nos pueda mostrar si del dudoso cerco cruel do estamos oprimidos saldremos vencedores o vencidos. También primero encargo que se haga 30 a Júpiter solemne sacrificio, de quien podremos esperar la paga
JORNADA SEGUNDA p. 130 harto mayor que nuestro beneficio. Cúrese luego la profunda llaga del arraigado acostumbrado vicio: quizá con esto mudará de intento el hado esquivo, y nos dará contento. 5 Para morir, jamás le falta tiempo al que quiere morir desesperado. Siempre seremos a sazón y a tiempo para mostrar muriendo el pecho osado; mas, porque no se pase en balde el 10 [tiempo, mirad si os cuadra lo que he [demandado, y, si no os parece, dad un modo que mejor venga y que convenga a 15 [todo. Marq. Esa razón que muestran tus razones es aprobada del intento mío. Háganse sacrificios y oblaciones y póngase en efecto el desafío, 20 que yo no perderé las ocasiones de mostrar de mi ciencia el poderío: yo os sacaré del hondo centro [oscuro quien nos declare el bien, el mal 25 [futuro. Teó. Yo desde aquí me ofrezco, si os parece que puede de mi esfuerzo algo fiarse, de salir a esta duda que se ofrece, si por ventura viene a efectuarse. 30 Car. Más honra tu valor claro merece; bien pueden de tu esfuerzo confiarse
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 131 más difíciles cosas, y aun mayores, por ser el que es mejor de los mejores. [Y pues tú ocupas el lugar primero] de la honra y valor con causa justa, yo, que en todo me cuento por 5 [postrero, quiero ser el heraldo de esta justa. Num. 1.° Pues yo con todo el pueblo me prefiero hacer de lo que Júpiter más gusta, que son los sacrificios y oblaciones, 10 si van con enmendados corazones. Num. 2.° Vámonos, y con presta diligencia hagamos cuanto aquí propuesto [habemos, antes que la pestífera dolencia 15 de la hambre nos ponga en los [extremos. Si tiene el cielo dada la sentencia de que en este rigor fiero acabemos, revóquela, si acaso lo merece 20 la presta enmienda que Numancia [ofrece. Vanse, y salen Marandro y Leonicio, numantinos. Leo. Marandro amigo, ¿dó vas, o hacia dó mueves el pie? 25 Mara. Si yo mismo no lo sé, tampoco tú lo sabrás. Leo. ¡Cómo te saca de seso tu amoroso pensamiento! Mara. Antes, después que le siento, 30 tengo más razón y peso.
JORNADA SEGUNDA p. 132 Leo. Eso ya está averiguado: que el que sirviere al amor, ha de ser por [su] dolor con razón muy más pesado. Mara. De malicia o de agudeza 5 no escapa lo que dijiste. Leo. Tú mi agudeza entendiste; mas yo entendí tu simpleza. Mara. ¿Qué simpleza?, ¿querer bien? Leo. Si al querer no se mide 10 como la razón lo pide, con cuándo, cómo, y a quién. Mara. ¿Reglas quies poner [a] amor? Leo. La razón puede ponellas. Mara. Razonables serán ellas; 15 mas no de mucho primor. Leo. En la amorosa porfía, a razón no hay conocella. Mara. Amor no va contra ella, aunque de ella se desvía. 20 Leo. ¿No es ir contra la razón, siendo tú tan buen soldado, andar tan enamorado en tan extraña ocasión? Al tiempo que del dios Marte 25 has de pedir el favor, ¿te entretienes con amor, quien mil blanduras reparte? ¿Ves la patria consumida y de enemigos cercada, 30 y tu memoria, burlada por amor, de ella se olvida?
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 133 Mara. En ira mi pecho se arde por ver que hablas sin cordura. ¿Hizo el amor, por ventura, a ningún pecho cobarde? ¿Dejé yo la centinela 5 por ir donde está mi dama, o estoy durmiendo en la cama cuando mi capitán vela? ¿Hasme visto tú faltar de lo que debo a mi oficio, 10 para algún regalo o vicio, ni menos por bien amar? Y si nada no has hallado de que debo dar disculpa, ¿por qué me das tanta culpa 15 de que sea enamorado? Y si de conversación me ves que ando siempre ajeno, mete la mano en tu seno, verás si tengo razón. 20 ¿No sabes los muchos años que tras Lira ando perdido? ¿No sabes que era venido el fin todo a nuestros daños, porque su padre ordenaba 25 de dármela por mujer, y que Lira su querer con el mío concertaba? También sabes que llegó en tan dulce coyuntura 30 esta fuerte guerra dura, por quien mi gloria cesó.
JORNADA SEGUNDA p. 134 Dilatóse el casamiento hasta acabar esta guerra, porque no está nuestra tierra para fiestas y contento. Mira cuán poca esperanza 5 puedo tener de mi gloria, pues está nuestra victoria toda en la enemiga lanza. De la hambre fatigados, sin medio de algún remedio, 10 tal muralla y foso en medio, pocos, y ésos encerrados; pues como veo llevar mis esperanzas del viento, ando triste y descontento, 15 así cual me ves andar. Leo. Sosiega, Marandro, el pecho; vuelve al brío que tenías; quizá que por otras vías se ordena nuestro provecho, 20 y Júpiter soberano nos descubra buen camino por do el pueblo numantino quede libre del romano, y en dulce paz y sosiego 25 de tu esposa gozarás, y la llama templarás de aquese amoroso fuego; que par[a] tener propicio al gran Júpiter tonante, 30 [ho]y Numancia en este instante le quiere hacer sacrificio.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 135 [Ya el pueblo viene y se muestra con las víctimas e incienso. ¡Oh Júpiter, padre inmenso, mira la miseria nuestra!] Apártanse a un lado, y salen dos numantinos 5 vestidos como sacerdotes antiguos, y han de traer asido de los cuernos en medio un carnero grande, coronado de oliva y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla, y otro con un jarro de agua y otros dos con dos jarros de vino, y otro 10 con otra fuente de plata con un poco de incienso, y otro(s) con fuego y leña, y otro que ponga una mesa con un tapete donde se ponga todo lo que hubiere en la comedia, en hábitos de numantinos; y luego los sacerdotes, dejando el uno el carnero de la mano, 15 diga, y han de entrar Teógenes y muchos numantinos. Sac. 1.° Señales ciertas de dolores ciertos se me han representado en el camino, y los canos cabellos tengo yertos. 20 Sac. 2.° Si acaso yo no soy mal adivino, nunca con bien saldremos de esta [empresa. ¡Ay, desdichado pueblo numantino! Sac. 1.° Hagamos nuestro oficio con la priesa 25 que nos incitan los agüeros tristes. Poned, amigos, hacia aquí esa mesa. Sac. 2.° El vino, incienso y agua que [trajistes ponedlo encima y apartaos afuera, 30 y arrepentíos de cuanto mal hicistes: que la oblación mejor y la primera que se ha de ofrecer al alto cielo,
JORNADA SEGUNDA p. 136 es alma limpia y voluntad sincera. Sac. 1.° El fuego no le hagáis vos en el suelo, que aquí viene brasero para ello, que así lo pide el religioso celo. Sac. 2.° Lavaos las manos y limpiaos el cuello. 5 Dad acá el agua. ¿El fuego no se [enciende? Num. No hay quien pueda, señor[es], [encendello. Sac. 2.° ¡Oh Júpiter! ¿Qué es esto que pretende 10 de hacer en nuestro daño el hado [esquivo? ¿Cómo el fuego en la tea no se [enciende? Num. Ya parece, señor, que está algo 15 [vivo. Sac. 2.° Quítate afuera. ¡Oh flaca llama [oscura, que dolor en mirarte tal recibo! ¿No miras cómo el humo se apresura 20 a caminar al lado de poniente, y la amarilla llama, mal segura, sus puntas encamina hacia el oriente? ¡Desdichada señal, señal notoria que nuestro mal y daño está 25 [patente! Sac. 1.° Aunque lleven romanos la victoria de nuestra muerte, en humo ha de [tornarse, y en llamas vivas nuestra muerte y 30 [gloria. Sac. 2.° Pues debe con el vino rociarse
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 137 el sacro fuego, dad acá ese vino y el incienso también que ha de [quemarse. Rocía el fuego con el vino a la redonda, y luego pone el incienso en el fuego, y dice: 5 Al bien del triste pueblo numantino endereza, ¡oh gran Júpiter!, la fuerza propicia del contrario amargo sino. Así como este ardiente fuego [fuerza 10 a que en humo se vaya el sacro [incienso, así se haga al enemigo fuerza para que en humo, eterno padre [inmenso, 15 todo su bien, toda su gloria vaya, así como tú puedes y yo pienso; tengan los cielos su poder a raya, así como esta víctima tenemos, y, lo que ella ha de haber, él también haya. 20 Sac. 1.° Mal responde el agüero; mal [podremos ofrecer esperanza al pueblo triste, [para salir del mal que poseemos]. Hácese ruido debajo del tablado con un barril 25 lleno de piedras, y dispárese un cohete volador. Sac. 2.° ¿No oyes un ruido, amigo? Di, ¿no [viste el rayo ardiente que pasó volando? [Presagio] verdadero de esto fuiste. 30
JORNADA SEGUNDA p. 138 Sac. 1.° Turbado estoy; de miedo estoy [temblando. ¡Oh qué señales!, a lo que yo veo, ¡qué amargo fin está[n] [pronosticando! 5 ¿No ves un escuadrón airado y feo? ¿Ves unas águilas feas que pelean con otras aves en marcial rodeo? Sac. 2.° Sólo su esfuerzo y su rigor emplean en encerrar las aves en un cabo, 10 y con astucia y arte las rodean. Sac. 1.° Tal seña[l] [vit]upero y no la alabo. ¿Aguilas imperiales vencedoras? ¡Tú verás de Numancia presto el cabo! Sac. 2.° Aguilas, de gran mal anunciadoras, 15 partíos, que ya el agüero vuestro [entiendo, ya [en] efecto contadas son las horas. Sac. 1.° Con todo, el sacrificio hacer pretendo de esta inocente víctima, guardada 20 para pagar el dios del gesto [horrendo. Sac. 2.° ¡Oh gran Plutón, a quien por [suerte dada [le fue la habitación] del reino 25 [oscuro y el mando en la infernal [triste] [morada! Así vivas en paz, cierto y seguro de que la hija de la sacra Ceres 30 corresponda a tu amor con amor [puro,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 139 que todo aquello que en provecho [vieres venir del pueblo triste que te invoca, lo allegues cual se espera de quien [eres. 5 Atapa la profunda, oscura boca por do salen las tres fieras hermanas a hacernos el daño que nos toca, y sean de dañarnos tan livianas sus intenciones, que las lleve el viento, 10 como se lleva el pelo de estas lanas. Quita algunos pelos del carnero, y échalos al aire. Sac. 1.° Y así como te baño y ensangriento este cuchillo [en] esta sangre pura 15 con alma limpia y limpio pensamiento, así la tierra de Numancia dura se bañe con la sangre de romanos, y aun los sirva también de [sepultura. 20 Sale por el hueco del tablado un demonio hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero y volverse a disparar el fuego y todos los sacrificios. Sac. 2.° Mas ¿quién me ha arrebatado de las [manos 25 la víctima? ¿Qué es esto, dioses [santos? ¿Qué prodigios son estos tan insanos? No os han enternecido ya los [llantos 30
JORNADA SEGUNDA p. 140 de este pueblo lloroso y afligido, ni la arpada voz de aquestos [cantos antes creo que se han endurecido, cual pueden inferir en las 5 [señales tan fieras como aquí han acontecido. Nuestros vivos remedios son [mortales; toda nuestra pereza es diligencia, 10 [y los bienes ajenos, nuestros [ma[les]. Num. En fin dado han los cielos la sentencia de nuestro fin amargo y miserable. No nos quiere valer ya su clemencia; 15 lloremos, pues es fin tan [lamentable, nuestra desdicha; que la edad [postrera de él y de nuestras fuerzas siempre 20 [hable. Teó. Marquino haga la experiencia entera de todo su saber, y sepa cuánto nos promete de mal la lastimera suerte, que ha vuelto nuestra risa en 25 [llanto. Vanse todos, y quedan Marandro y Leonicio. Mara. Leonicio, ¿qué te parece? ¿Han remedio nuestros males con estas buenas señales 30 que aquí el cielo nos ofrece?
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 141 ¡Tendrá fin mi desventura cuando se acabe la guerra, que será cuando la tierra me sirva de sepultura! Leo. Marandro, al que es buen soldado, 5 agüeros no le dan pena, que pone la suerte buena en el ánimo esforzado, y esas vanas apariencias nunca le turban el tino: 10 su brazo es su estrella o sino; su valor, sus influencias. Pero si quieres creer en este notorio engaño, aún quedan, si no me engaño, 15 experiencias más que hacer, que Marquino las hará, las mejores de su ciencia, y el fin de nuestra dolencia, si es buena o mala, sabrá. 20 Paréceme que le veo. Mara. ¡En qué extraño traje viene! Quien con feos se entretiene, no es mucho que venga feo. ¿Será acertado seguirle? 25 Leo. Acertado me parece, por si acaso se le ofrece algo en que poder servirle. Aquí sale Marquino con una ropa de bocací grande y ancha, y una cabellera negra, y los pies 30 descalzos, y la cinta traerá de modo que se le vean tres redomillas llenas de agua: la una negra, y la
JORNADA SEGUNDA p. 142 otra clara, y la otra teñida con azafrán; y una lanza en la mano, teñida de negro, y en la otra un libro; y ha de venir otro con él, que se llama Milbio, y cuando entran Leonicio y Marandro, se apartan afuera Marquino y Milbio. 5 Marq. ¿Dó dices, Milbio, que está el joven [triste? Mil. En esta sepultura está encerrado. Marq. No yerres el lugar do le perdiste. Mil. No; que con esta yedra señalado 10 dejé el lugar adonde el mozo tierno fue con lágrimas tiernas enterrado. Marq. ¿De qué murió? Mil. Murió de mal gobierno; la flaca hambre le acabó la vida, 15 peste cruel, salida del infierno. Marq. ¿Al fin dices que ninguna herida le cortó el hilo del vital aliento, ni fue cáncer ni llaga su homicida? Esto te digo, porque hace al cuento 20 de mi saber [que esté] este cuerpo [entero, organizado todo y en su asiento. Mil. Habrá tres horas que le di el postrero reposo y le entregué a la sepultura, 25 y de hambre murió, como refiero. Marq. Está muy bien, y es buena coyuntura lo que me ofrecen los propicios [signos para invocar de la región oscura 30 los feroces espíritus malignos. Presta atentos oídos a mis versos.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 143 Fiero Plutón, que en la región [oscura, entre ministros de ánimos perversos, te cupo de reinar suerte y ventura: haz, aunque sean [de] tu gusto 5 [adversos, cumplidos mis deseos en la dura ocasión que te invoco; no te tardes, ni a ser más oprimido de mí aguardes. Quiero que [al] cuerpo que aquí 10 [está encerrado vuelva el alma que le daba vida, aunque el fiero Carón del otro lado la tenga en la ribera denegrida, y aunque en las tres gargantas del 15 [airado (can) Cerbero esté penada y [escondida. Salga, y torne a la luz del [mundo] [nuestro, 20 que luego tornará al oscuro vuestro; y pues ha de salir, salga informada del fin que ha de tener guerra tan [[cruda], y de esto no me encubra y calle nada, 25 ni me deje confuso y con más duda la plática de esta alma desdichada; de toda [ambigüedad] libre y [desnuda tiene de ser. Envíala; ¿qué 30 [esperas? ¿Esperas a que hable con más veras?
JORNADA SEGUNDA p. 144 ¿No desmovéis la piedra, desleales? Decid, ministros falsos: ¿qué os [detiene? ¿Cómo no me habéis dado ya señales de que hacéis lo que digo y me 5 [conviene? ¿Buscáis con deteneros vuestros males, o gustáis de que ya al momento [ordene de poner en efecto los conjuros 10 que ablanden vuestros fieros [pechos duros? Ea, pues, vil canana mentirosa; aparejaos al duro sentimiento, pues sabéis que mi voz es poderosa 15 de doblaros la [rabia] y el tormento. Dime, traidor esposo de la esposa que seis mes[es] del año a su contento está, sin duda, haciéndote cornudo: ¿por qué a mis peticiones estás mudo? 20 Este yerro, bañado en agua clara que al suelo no tocó en el mes de [mayo, herirá en esta piedra, y hará clara y patente la fuerza de este ensayo. 25 Con el agua clara de la redomilla baña el hierro de la lanza, y luego herirá en la tabla, y debajo suenan cohetes, y hágase ruido. Ya parece, canalla, que a la clara dais muestras de que os toma cruel 30 [desmayo.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 145 ¿Qué rumores son estos? ¡Ea, [malvados, que aun sin venir aquí venís [forzados! Levantad esta piedra, fementidos, 5 y descubrid el cuerpo que aquí [yace. ¿Qué es esto? ¿Qué tardáis? ¿A dó [sois idos? ¿Cómo mi mando al punto no se 10 [hace? ¿No curáis de amenazas, [descreídos? Pues no esperéis que más os amenace; esta agua negra del estigio lago 15 dará a vuestra tardanza presto pago. Agua de la fatal negra laguna, cogida en triste noche, oscura y negra: ¡por el poder que en ti sola se aúna, a quien otro poder ninguno quiebra, 20 a la banda diabólica importuna y a quien la primer forma de culebra tomó, conjuro, apremio, pido y mando que venga a obedecerme aquí [volando! 25 Rocía con agua negra la sepultura, y ábrese. ¡Oh mal logrado mozo! Salid fuera; volved a ver el sol claro y sereno; [dejad] aquella región do no se [espera 30 en ella un día sosegado y bueno;
JORNADA SEGUNDA p. 146 dame, pues puedes, relación entera de lo que has visto en el profundo seno, digo, de aquello a que mandado eres, y más si al caso toca y tú pudieres. Sale el cuerpo amortajado, con un rostro de 5 muerte, y va saliendo poco a poco, y, en saliendo, déjase caer en el tablado. ¿Qué es esto? ¿No respondes?, ¿no [revives? ¿Otra vez has gustado de la muerte? 10 Pues yo haré que con tu pena avives y tengas el hablarme a buena suerte. Pues eres de los míos, no te [esquives de hablarme, responderme; mira, 15 [advierte que, si callas, haré que con tu mengua sueltes la atada y enojada lengua. Rocía el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azotará. 20 [Espíritus malignos, ¿no [aprovecha?] Pues esperad: saldrá el agua encantada, que hará mi voluntad tan satisfecha, cuanto es la vuestra pérfida y dañada; 25 y aunque esta carne fuera polvos [hecha, siendo con este azote castigada, cobrará nueva aunque ligera vida, del áspero rigor suyo oprimida. 30
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 147 Alma rebelde, vuelve al aposento que pocas horas ha desocupaste. Ya vuelves; ya lo muestras; ya te [siento, que al fin a tu pesar en él te entraste. 5 En este punto se estremece el cuerpo, y habla. Muer. Cese la furia del rigor violento tuyo, Marquino; baste, triste, baste lo que yo paso en la región [oscura, 10 sin que tú crezcas más mi desventura. Engáñaste si piensas que recibo contento de volver a esta penosa, mísera y corta vida que ahora vivo, que ya me va faltando presurosa; 15 antes me causas un dolor esquivo, pues otra vez la muerte rigurosa triunfará de mi vida y de mi alma, mi enemigo tendrá doblada palma, el cual, con otros del oscuro bando, 20 de los que son sujetos a agradarte, están con rabia eterna aquí [esperando a que acabe, Marquino, de informarte del lamentable fin, del mal infando 25 que de Numancia puedo asegurarte, la cual acabará a las mismas manos de los que son a ella más cercanos. No llevarán romanos la victoria de la fuerte Numancia, ni ella menos 30 tendrá del enemigo triunfo o gloria,
JORNADA SEGUNDA p. 148 amigos y enemigos siendo buenos; no entiendas que de paz habrá [memoria, que habrá albergue en sus contrarios [senos; 5 el amigo cuchillo el homicida de Numancia será, y será su vida; y quédate, Marquino, que los hados no me conceden más hablar contigo, y aunque mis dichos tengas por 10 [trocados, al fin saldrá verdad lo que te digo. En diciendo esto, se arroja el cuerpo en la sepultura. Marq. ¡Oh tristes signos, signos desdichados! Si esto ha de suceder del pueblo amigo, 15 primero que mirar tal desventura, mi vida acabe en esta sepultura. Arrójase Marquino en la sepultura. Mara. Mira, Leonicio, si ves por dó yo pueda decir 20 que no me haya de salir todo mi gusto al revés. De toda nuestra ventura cerrado está ya el camino; si no, dígalo Marquino, 25 el muerto, y la sepultura. Leo. Que todas son ilusiones, quimeras y fantasías, agüeros y hechicerías, diabólicas invenciones; 30
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 149 no muestres que tienes poca ciencia en creer desconciertos: que poco cuidan los muertos de lo que a los vivos toca. Mara. Nunca Marquino hiciera 5 desatino tan extraño, si nuestro futuro daño como presente no viera. Avisemos de este paso al pueblo, que está mortal. 10 Mas, para dar nueva tal, ¿quién podrá mover el paso?
JORNADA TERCERA p. 150 JORNADA TERCERA Salen Cipión, y Jugurta, y Mario, romanos. Cip. En forma estoy contento en mirar [cómo corresponde a mi gusto la ventura, 5 y esta libre nación soberbia domo sin fuerzas, solamente con cordura. En viendo la ocasión, luego la tomo, porque sé cuánto corre y se [apresura, 10 y si se pasa, en cosas de la guerra, el crédito consume y vida atierra. Juzgaba de ésa el loco desvarío tener los enemigos encerrados, y que era mengua del romano brío 15 no vencerlos con modos más usados. Bien sé que lo habrán dicho; mas yo fío que, los que fueren prácticos [soldados, dirán que es de tener en mayor cuenta 20 la victoria que menos ensangrienta. ¿Qué gloria puede haber más levantada, en las cosas de guerra que aquí digo, que, sin quitar de su lugar la espada, vencer y sujetar al enemigo? 25 Que, cuando la victoria es granjeada con la sangre vertida del amigo, el gusto mengua que causar pudiera la que sin sangre tal ganada fuera.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 151 Tocan una trompeta del muro de Numancia. Jug. Oye, señor, que de Numancia suena el son de una trompeta, y me [aseguro que decirte algo desde allá se ordena, 5 pues el salir acá lo estorba el muro. Caravino se ha puesto en una almena, y una señal ha hecho de seguro; lleguémonos más cerca. Cip. Ea, lleguemos. 10 No más: que desde aquí lo [entenderemos. Pónese Caravino en la muralla, con una bandera o lanza en la mano, y dice: Car. ¡Romanos! ¡Ah, romanos! ¿Puede acaso 15 ser de vosotros esta voz oída? Mar. Puesto que más abajas y hables paso, de cualquier tu razón será [entendida. Car. Decid al general que alargue el paso 20 al foso, porque viene dirigida a él una embajada. Cip. Dila presto, que [yo] soy Cipión. Car. Escucha el resto. 25 Dice Numancia, general prudente, que consideres bien que ha muchos [años que entre la nuestra y tu romana [gente 30
JORNADA TERCERA p. 152 duran los males de la guerra extraños, y que, por evitar que no se aumente la dura pestilencia de estos daños, quiere, si tú quisieres, acaballa con una breve y singular batalla. 5 Un soldado se ofrece de los nuestros a combatir cerrado en estacada con cualquiera esforzado de los [vuestros, para acabar contienda tan trabada; 10 y al que los hados fueren tan [siniestros, que allí le deje[n] sin la vida amada, si fuere el nuestro, démoste la [tierra; 15 si el tuyo fuere, acábese la guerra. Y por seguridad de este concierto, daremos a tu gusto las rehenes. Bien sé que en él vendrás, porque [estás cierto 20 de los soldados que a tu cargo tienes, y sabes que el menor, a campo [abierto, hará sudar el pecho, rostro y sienes al más aventajado de Numancia; 25 así que está segura tu ganancia. Porque a la ejecución se venga [luego, respóndeme, señor, si estás en ello. Cip. Donaire es lo que dices, risa y 30 [juego, y loco el que piensa de hacello.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 153 Usad el medio del humilde ruego, si queréis que se escape vuestro cuello de probar el rigor y filos diestros del romano cuchillo y brazos [nuestros. 5 La fiera que en la jaula está [encerrada por su selvatiquez y fuerza dura, si puede allí con mano ser domada, y con el tiempo y medios de cordura, 10 quien la dejase libre y desatada, daría grandes muestras de locura. Bestias sois, y, por tales, encerradas os tengo donde habéis de ser [domadas; 15 mía será Numancia a pesar vuestro, sin que me cueste un mínimo soldado, y el que tenéis vosotros por más [diestro, rompa por ese foso trincheado; 20 y si en esto os parece que yo muestro un poco mi valor acobardado, el viento lleve [ahora] esta [vergüenza, y vuélvala la fama cuando venza. 25 Vanse Cipión y los suyos, y dice Caravino: Car. ¿No escuchas más, cobarde? ¿Ya te [escondes? ¿Enfádate la igual, justa batalla? Mal con tu nombradía correspondes; 30 mal podrás de este modo sustentalla;
JORNADA TERCERA p. 154 en fin, como cobarde me respondes. Cobardes sois, romanos, vil canalla, con vuestra muchedumbre [confiados, y no en los diestros brazos levantados. 5 ¡Pérfidos, desleales, fementidos, crueles, revoltosos y tiranos; cobardes, indiciosos, malnacidos, pertinaces, feroces y villanos; adúlteros, infames, conocidos 10 por de industriosos, mas cobardes [manos! ¿Qué gloria alcanzaréis en darnos [muerte, teniéndonos atados de esta suerte? 15 En [formado] escuadrón o manga [suelta, en la campaña rasa, do no pueda estorbar la mortal fiera revuelta el ancho foso y muro que la veda, 20 será bien que, sin dar el pie la vuelta, y sin tener jamás la espada queda, ese ejército mucho bravo vuestro se viera con el poco flaco nuestro; mas, como siempre estáis 25 [acostumbrados a vencer con ventajas y con mañas, estos conciertos, en valor fundados, no los admiten bien vuestras marañas; [liebres en pieles fieras disfrazados, 30 load y engrandeced vuestras [hazañas],
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 155 que espero en el gran Júpiter de [[veros] sujetos a Numancia y a sus fueros. Vase, y torna a salir fuera con Teógenes, y Caravino, y Marandro, y otros. 5 Teó. En términos nos tiene nuestra suerte, dulces amigos, que sería ventura de acabar nuestros daños con la [muerte; por nuestro mal, por nuestra 10 [desventura, visteis del sacrificio el triste agüero, y a Marquino tragar la sepultura; el desafío no ha importado un cero; ¿de intentar qué me queda? No 15 [lo siento. Uno es [aceptar] el fin postrero. Esta noche se muestre el ardimiento del numantino acelerado pecho, y póngase por obra nuestro intento. 20 El enemigo muro sea deshecho; salgamos a morir a la campaña, y no como cobardes en estrecho. Bien sé que sólo sirve esta hazaña de que a nuestro morir se mude el 25 [modo, que con ella la muerte se acompaña. Car. Con este parecer yo me acomodo. Morir quiero rompiendo el fuerte muro y deshacerlo por mi mano todo; 30 mas tienen una cosa mal seguro:
JORNADA TERCERA p. 156 que, si nuestras mujeres saben esto, de que no haremos nada os aseguro. Cuando otra vez tuvimos presupuesto de huirnos y dejarlas, cada uno fiado en su caballo y vuelo presto, 5 ellas, que el trato a ellas importuno supieron, al momento nos robaron los frenos, sin dejarnos solo uno. Entonces el huir nos estorbaron, y así lo harán ahora fácilmente, 10 si las lágrimas muestran que [mostraron. Mara. Nuestro designio a todas es patente; todas lo saben ya, y no queda [alguna 15 que no se queje de ello amargamente, y dicen que, en la buena o ruin fortuna, quieren en vida o muerte [acompañaros, aunque su compañía os sea 20 [importuna. Entran cuatro mujeres de Numancia, cada una con un niño en brazos y otros de las manos, y Lira, doncella. Veislas aquí do vienen a rogaros 25 no las dejéis en tantos embarazos; aunque seáis de acero, han de [ablandaros; los tiernos hijos vuestros en los brazos las tristes traen; ¿no veis con qué 30 [señales
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 157 de amor le[s] dan los últimos [abrazos? Muj. 1.ª Dulces señores míos: tras cien [males, hasta aquí de Numancia padecidos, 5 que son menores los que son mortales, y en los bienes también que ya son [idos, siempre mostramos ser mujeres [vuestras, 10 y vosotros también nuestros maridos. ¿Por qué [en] las ocasiones tan [siniestras que el cielo airado ahora nos ofrece, nos dais de aquel amor tan cortas 15 [muestras? Hemos sabido, y claro se parece, que en las romanas manos [arrojaros queréis, pues su rigor menos empece 20 que no la hambre de que veis cercaros, de cuyas flacas manos desabridas por imposible tengo el escaparos. Peleando queréis dejar las vidas, y dejarnos también desamparadas, 25 a deshonras y a muertes ofrecidas. Nuestro cuello ofreced a las espadas vuestras primero, que es mejor partido que vernos de enemigos deshonradas. Yo tengo en mi intención instituido 30 que, si puedo, haré cuanto en mí fuere por morir do muriere mi marido.
JORNADA TERCERA p. 158 Esto mismo hará la que quisiere mostrar que no los miedos de la muerte estorban de querer a quien bien [quiere, en buena o en mala, dulce, alegre 5 [suerte. Muj. 2.ª ¿Qué pensáis, varones claros? ¿Revolvéis aun todavía en la triste fantasía de dejarnos y ausentaros? 10 ¿Queréis dejar, por ventura, a la romana arrogancia las vírgenes de Numancia para mayor desventura, y a los libres hijos vuestros 15 queréis esclavos dejarlos? ¿No será mejor [ahogarlos] con los propios brazos vuestros? ¿Queréis hartar el deseo de la romana codicia, 20 y que triunfe su injusticia de nuestro justo trofeo? [Serán por ajenas manos nuestras casas derribadas. Y las bodas esperadas 25 ¿hanlas de gozar romanos? En salir haréis error que acarrea cien mil yerros, porque dejáis sin los perros el ganado, y sin señor. 30 Si al foso queréis salir, llevadnos en tal salida,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 159 porque tendremos por vida a vuestros lados morir.] No apresuréis el camino al morir, porque su estambre cuidado tiene la hambre 5 de cercenarla contino. Muj. 3.ª Hijos de estas tristes madres, ¿qué es esto? ¿Cómo no habláis, y con lágrimas rogáis que no os dejen vuestros padres? 10 Basta que la hambre insana os acabe con dolor, sin esperar el rigor de la aspereza romana. Decidles que os engendraron 15 libres, y libres nacistes, y que vuestras madres tristes también libres os criaron. Decidles que, pues la suerte nuestra va tan decaída, 20 que, como os dieron la vida, asimismo os den la muerte. ¡Oh muros de esta ciudad! Si podéis hablar, decid y mil veces repetid: 25 “¡Numantinos, libertad los templos, las casas vuestras, levantadas en concordia! Hoy piden misericordia hijos y mujeres vuestras. 30 Ablandad, caros varones, esos pechos diamantinos,
JORNADA TERCERA p. 160 y mostrad, cual numantinos, amorosos corazones: que no por romper el muro se remedia un mal tamaño; antes en ello está el daño 5 más propincuo y más seguro.” Lira. También las tristes doncellas ponen en vuestra defensa el remedio de su ofensa y el alivio a sus querellas. 10 No dejéis tan ricos robos a las codiciosas manos. Mirad que son los romanos hambrientos y fieros lobos. Desesperación notoria 15 es esta que hacer queréis, adonde sólo hallaréis breve muerte y larga gloria. Mas ya que salga mejor que yo pienso esta hazaña, 20 ¿qué ciudad hay en España que quiera daros favor? Mi pobre ingenio os advierte que, si hacéis esta salida, al enemigo dais vida 25 y a toda Numancia muerte. De vuestro acuerdo gentil los romanos burlarán; pero decidme: ¿qué harán tres mil con ochenta mil? 30 Aunque tuviesen abiertos los muros y su defensa,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 161 seríades con ofensa mal vengados y bien muertos. Mejor es que la ventura o el daño que el cielo ordena, o nos salve o nos condena 5 de la vida o sepultura. Teó. Limpiad los ojos [húmedos] del [llanto, mujeres tiernas, y tened entendido que vuestra angustia la sentimos tanto, 10 que responde al amor nuestro subido. Ora crezca el dolor, ora el quebranto sea por nuestro bien diminuido, jamás en muerte o vida os [dejaremos; 15 antes en muerte o vida os serviremos. Pensábamos salir al foso, ciertos antes de allí morir que de escaparnos, pues fuera quedar vivos aunque [muertos, 20 si muriendo pudiéramos vengarnos; mas, pues nuestros designios [descubiertos han sido, y es [locura] aventurarnos, amados hijos y mujeres nuestras, 25 nuestras vidas serán de hoy más las [vuestras. Sólo se ha de mirar que el enemigo no alcance de nosotros triunfo o [gloria; 30 antes ha de servir él de testigo que apruebe y determine la historia;
JORNADA TERCERA p. 162 y si todos venís en lo que digo, mil siglos durará nuestra memoria, y es que no quede cosa aquí en [Numancia de do el contrario pueda hacer 5 [ganancia. En medio de la plaza se haga un fuego, en cuya ardiente llama licenciosa nuestras riquezas todas se echen [luego, 10 desde la pobre a la más rica cosa; y esto podréis tener a dulce juego, cuando os declare la intención [honrosa que se ha de efectuar después que sea 15 abrasada cualquier rica presea. Y para entretener por algún hora la hambre que ya roe nuestros [huesos, haréis descuartizar luego a la hora 20 esos tristes romanos que están presos, y sin del chico al grande hacer mejora, repártanse entre todos, que con [ésos será nuestra comida celebrada 25 por España, cruel, necesitada. Car. Amigos, ¿qué os parece? ¿Estáis en [esto? Digo que a mí me tiene satisfecho, y que a la ejecución se venga presto 30 de un tan extraño y tan honroso [hecho.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 163 Teó. Pues yo de mi intención os diré el [resto: después que sea lo que digo hecho, vamos a ser ministros todos luego de encender el ardiente y rico fuego. 5 Muj. 1.ª Nosotras desde aquí ya comenzamos a dar con voluntad nuestros arreos, y a las vuestras las vidas [entregamos, como se han entregado los deseos. 10 Lira. Pues caminemos presto; vamos, [vamos, y abrásense en un punto los trofeos que pudieran hacer ricas las [manos, 15 y aun hartar la codicia de romanos. Vanse todos, y, al irse, Marandro ase a Lira de la mano, y ella se detiene, y entra Leonicio y apártase a un lado y no le ven, y dice Marandro: Mara. No vayas tan de corrida, 20 Lira; déjame gozar del bien que me puede dar en la muerte alegre vida. Deja que miren mis ojos un rato tu hermosura, 25 pues tanto mi desventura se entretiene en mis enojos. ¡Oh dulce Lira, que suenas contino en mi fantasía con tan suave agonía, 30 que vuelve en gloria mis penas!
JORNADA TERCERA p. 164 ¿Qué tienes? ¿Qué estás pensando, gloria de mi pensamiento? Lira. Pienso cómo mi contento y el tuyo se va acabando; y no será su homicida 5 el cerco de nuestra tierra: que primero que la guerra, se me acabará mi vida. Mara. ¿Qué dices, bien de mi alma? Lira. Que me tiene tal la hambre, 10 que de mi vital estambre llevará presto la palma. ¿Qué tálamo has de esperar de quien está en tal extremo, que te aseguro que temo 15 antes de un hora expirar? Mi hermano ayer expiró, de la hambre fatigado; mi madre ya [ha] acabado, que la hambre la acabó; 20 y si la hambre y su fuerza no hay remedio ni salud, es porque la juventud contra su rigor me esfuerza; pero como a tantos días 25 que no le hago defensa, no pueden contra su ofensa las débiles fuerzas mías. Mara. Enjuga, Lira, los ojos; deja que los tristes míos 30 se vuelven corrientes ríos, nacidos de tus enojos;
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 165 y aunque la hambre ofendida te tenga tan sin compás, de hambre no morirás mientras yo tuviere vida. Yo me ofrezco de saltar 5 el foso y el muro fuerte, y entrar por la misma muerte para la tuya excusar. El pan que el romano toca, sin que el temor me destruya, 10 le quitaré de la suya para ponerlo en tu boca; con mi brazo haré carrera a tu vida y a mi muerte, porque más me mata el verte, 15 señora, de esa manera. Yo te traeré de comer a pesar de los romanos, si ya son estas mis manos las mismas que solían ser. 20 Lira. Hablas como enamorado, Marandro; pero no es justo que tome [gusto] del gusto por tu peligro comprado. Poco podrá sustentarme 25 cualquier robo que harás, aunque más cierto hallarás el perderme que el ganarme. Goza de tu mocedad, en sanidad ya crecida: 30 que más importa tu vida que la mía en la ciudad.
JORNADA TERCERA p. 166 Tú podrás bien defendella de la enemiga asechanza, que no la flaca pujanza de esta tan triste doncella; así que, mi dulce amor, 5 despide ese pensamiento, que yo no quiero sustento ganado con tu sudor; que, aunque puedas alargar mi muerte por algún día, 10 esta hambre que porfía, al fin nos ha de acabar. Mara. ¡En vano trabajas, Lira, de impedirme este camino do mi voluntad y sino 15 allá me convida y tira! Tú rogarás entretanto a los dioses que me vuelvan con despojos que resuelvan tu miseria y mi quebranto. 20 Lira. Marandro, mi dulce amigo, ¡ay!, no vais, que se me antoja que de tu sangre veo roja la espada del enemigo. No hagas esta jornada, 25 Marandro, bien de mi vida, que, si es mala la salida, muy peor será la entrada. Sí, quiero aplacar tu brío; por testigo pongo al cielo 30 que de tu daño recelo, y no del provecho mío.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 167 Mas si acaso, amado amigo, prosigues esta contienda, lleva este abrazo por prenda de que me llevas contigo. Mara. Lira, el cielo te acompañe. 5 Vete, que a Leonicio veo. Lira. Y a ti cumpla tu deseo y en ninguna cosa dañe. Vase Lira, y dice Leonicio: Leo. Terrible ofrecimiento es el que has 10 [hecho, y en él, Marandro, se nos muestra [claro que no hay cobarde enamorado pecho; aunque de tu virtud y valor raro 15 debe más esperarse; mas yo temo que el hado infeliz se (nos) [muestra avaro. He estado atento al miserable extremo que te ha dicho Lira en que se halla, 20 indigno, cierto, [a] su valor [supremo, y que tú has prometido de libralla de este presente daño, y arrojarte en las armas romanas a batalla. 25 Yo quiero, buen amigo, acompañarte, y en empresa tan justa y tan [forzosa con mis pequeñas fuerzas ayudarte. Mara. ¡Oh amistad de mi alma 30 [venturosa!
JORNADA TERCERA p. 168 ¡Oh amistad no en trabajos dividida, ni en la ocasión más próspera y [dichosa! Goza, Leonicio, de la dulce vida; quédate en la ciudad, que yo no quiero 5 ser de tus verdes años homicida; yo solo tengo de ir; yo solo espero volver con los despojos merecidos a mi inviolable fe y amor sincero. Leo. Pues ya tienes, Marandro, conocidos 10 mis deseos, que, en buena o mala [suerte, [al sabor] de los tuyos van medidos, sabrás que ni los medios de la [muerte 15 de ti me apartarán un solo punto, ni otra cosa, si la hay, que sea más [fuerte. ¡Contigo tengo de ir; contigo junto he de volver, si el cielo no ordena 20 que quede en tu defensa allá difunto! Mara. Quédate, amigo; queda enhorabuena, porque si yo acabare aquí la vida, en esta empresa de peligros llena, que puedas a mi madre dolorida 25 consolarla en el trance riguroso, y a la esposa de mí tanto querida. Leo. Cierto que estás, amigo, muy donoso en pensar que en tu muerte [quedaría 30 yo con tal quïetud y tal reposo, que de consuelo alguno serviría
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 169 a la doliente madre y triste esposa. Pues en la tuya está la muerte mía, segura tengo la ocasión dudosa; mira cómo ha de ser, Marandro amigo, y en el quedarme no me hables cosa. 5 Mara. Pues no puede estorbarte el ir [conmigo, en el silencio de esta noche oscura tenemos de saltar al enemigo. Lleva ligeras armas, que ventura 10 es la que ha de ayudar al alto intento, que no la malla entretejida y dura. Lleva asimismo puesto el pensamiento en robar y traer a buen recado lo que pudieres más de bastimento. 15 [Leo. Vamos, que no saldré de tu [mandado]. Vanse, y salen dos numantinos. Num. 1.° ¡Derrama, dulce hermano, por los [ojos 20 el alma en llanto amargo convertida! ¡Venga la muerte, y lleve los despojos de nuestra miserable y triste vida! Num. 2.° Bien poco durarán estos enojos: que ya la muerte viene apercibida 25 para llevar en presto y breve vuelo a cuantos pisan de Numancia el suelo. Principios veo que prometen presto amargo fin a nuestra dulce tierra, sin que tengan cuidado de hacer esto 30 los contrarios ministros de la guerra.
JORNADA TERCERA p. 170 Nosotros mismos, a quien ya es [molesto y enfadoso [el] vivir que nos atierra, hemos dado sentencia irrevocable de nuestra muerte, aunque cruel, 5 [loable. En la plaza mayor ya levantada queda una ardiente y codiciosa [hoguera, que de nuestras riquezas ministrada, 10 sus llamas suben a la cuarta esfera. Allí, con triste prisa acelerada y con mortal y tímida carrera, acuden todos, como santa ofrenda, a sustentar las llamas con su 15 [hacienda. Allí las perlas del rosado [oriente], y el oro en mil vasijas fabricado, y el diamante y rubí más excelente, y la estimada púrpura y brocado, 20 en medio del rigor fogoso ardiente de la encendida llama se ha arrojado; despojos que pudieran los romanos henchir los senos y ocupar las manos. Aquí salen con cargas de ropa por una parte, 25 y éntranse por otra. [Vuelve al triste espectáculo la [vista]; verás con cuánta prisa y cuánta gana toda Numancia en numerosa vista 30 aguija a sustentar la llama insana;
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 171 y no con verde leño o seca arista, no con materia al consumir liviana, sino con sus haciendas mal gozadas, pues se guardaron para ser [quemadas. 5 Num. 1.° Si con esto acabara nuestro daño, pudiéramos llevarlo con paciencia; mas, ¡ay!, que se ha de dar, si no me [engaño, de que muramos todos cruel sentencia. 10 ¡Primero que el rigor bárbaro extraño muestre [en] nuestras gargantas su [inclemencia, verdugos de nosotros nuestras manos serán, y no los pérfidos romanos! 15 Han ordenado que no quede [alguna mujer, niño ni viejo con la vida, pues al fin la cruel hambre importuna con más fiero rigor es su homicida. 20 Mas ves allí a do asoma, hermano, [una que, como sabes, fue de mí querida un tiempo con extremo tal de amores, cual es el que ella tiene de dolores. 25 Sale una mujer con una criatura en los brazos y otra de la mano, y ropa para echar en el fuego. Mad. ¡Oh duro vivir molesto! ¡Terrible y triste agonía! Hijo. Madre, ¿por ventura, habría 30 quien nos diese pan por esto?
JORNADA TERCERA p. 172 Mad. ¿Pan, hijo? ¡Ni aun otra cosa que semeje de comer! Hijo. ¿Pues tengo de fenecer de dura hambre rabiosa? ¡Con poco pan que me deis, 5 madre, no os pediré más! Mad. ¡Hijo, qué pena me das! Hijo. ¿Por qué, madre, no queréis? Mad. Sí quiero; mas ¿qué haré, que no sé dónde buscarlo? 10 Hijo. Bien podréis, madre, comprarlo; si no, yo lo compraré. Mas, por quitarme de afán, si alguno conmigo topa, le dará toda esta ropa 15 por un pedazo de pan. Mad. ¿Qué mamas, triste criatura? ¿No sientes que, a mi despecho, sacas ya del flaco pecho, por leche, la sangre pura? 20 Lleva la carne a pedazos y procura de hartarte, que no pueden ya llevarte mis flacos, cansados brazos. Hijos, mi dulce alegría, 25 ¿con qué os podré sustentar, si apenas tengo que os dar de la propia sangre mía? ¡Oh hambre terrible y fuerte, cómo me acabas la vida! 30 ¡Oh guerra, sólo venida para causarme la muerte!
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 173 Hijo. ¡Madre mía, que me fino! Aguijemos. ¿A dó vamos, que parece que alargamos la hambre con el camino? Mad. Hijo, cerca está la plaza 5 adonde echaremos luego en mitad del vivo fuego el [peso] que te embaraza. Vase la mujer y el niño, y quedan los dos. Num. 2.° Apenas puede ya mover el paso 10 la sin ventura madre desdichada, que, en tan extraño y lamentable caso, se ve de dos hijuelos rodeada. Num. 1.° Todos, al fin, al doloroso paso vendremos de la muerte arrebata[da]. 15 Mas moved vos, hermano, ahora el [vuestro, a ver qué ordena el gran Senado [nuestro.
JORNADA CUARTA p. 174 JORNADA CUARTA Tocan al arma con gran prisa, y a este rumor sale Cipión, y Jugurta, y Mario, alborotados. Cip. ¿Qué es esto, capitanes? ¿Quién nos [toca 5 al arma en tal sazón? ¿Es, por [ventura, alguna gente desmandada y loca que viene a demandar su [sepultura? 10 Mas no sea algún motín el que [provoca tocar al arma en recia coyuntura: que tan seguro estoy del enemigo, que tengo más temor al que es amigo. 15 Sale Quinto Fabio con el espada desnuda, y dice: Quin. Sosiega el pecho, general prudente, que ya de esta arma la ocasión se [sabe, puesto que ha sido a costa de tu gente, 20 de aquel en quien más brío y fuerza [cabe. Dos numantinos, con soberbia [frente, [cuyo valor será razón se alabe], 25 saltando el ancho foso y la muralla, han movido a tu campo cruel batalla. A las primeras guardas embistieron,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 175 y en medio de mil lanzas se arrojaron, y con tal furia y rabia arremetieron, que libre paso al campo les dejaron. Las tiendas de Fabricio acometieron, y allí su fuerza y [su] valor 5 [mostraron de modo, que en un punto seis [soldados fueron de agudas puntas traspasados. No con tanta presteza el rayo 10 [ardiente pasa rompiendo el aire en presto [vuelo, ni tanto la cometa reluciente se muestra y apresura por el cielo, 15 como estos dos por medio de tu gente pasaron, colorando el duro suelo con la sangre romana que sacaban sus espadas doquiera que llegaban. Queda Fabricio traspasado el pecho; 20 abierta la cabeza tiene Eracio; Olmida ya perdió el brazo derecho, y de vivir le queda poco espacio. Fuele asimismo poco de provecho la ligereza al valeroso Estacio, 25 pues el correr al numantino fuerte, fue abreviar el camino de la muerte. Con presta diligencia discurriendo iban de en tienda en tienda, hasta que [hallaron 30 un poco de bizcocho, el cual [[cogiendo],
JORNADA CUARTA p. 176 el paso, y no el furor, atrás tornaron. El uno de ellos se escapó huyendo; al otro mil espadas le acabaron; por donde infiero que la hambre ha sido quien les dio atrevimiento tan subido. 5 Cip. Si, estando deshambridos y encerrados, muestran tan demasiado atrevimiento, ¿qué hicieran siendo libres y enterados en sus fuerzas primeras y ardimiento? ¡Indómitos! ¡Al fin seréis domados, 10 porque contra el furor vuestro violento se tiene de poner la industria nuestra, que de domar soberbios es maestra! Vanse todos, y sale Marandro, herido y lleno de sangre, con una cesta de pan. 15 Mara. ¿No vienes, Leonicio? Di: ¿qué es esto, mi dulce amigo? Si tú no vienes conmigo, ¿cómo vengo yo sin ti? Amigo que te has quedado, 20 amigo que te quedaste: no eres tú el que me dejaste, sino yo el que te he dejado. ¿Que es posible que ya dan tus carnes despedazadas 25 señales averiguadas de lo que cuesta este pan, y es posible que la herida que a ti te dejó difunto, en aquel instante y punto 30 no me acabó a mí la vida?
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 177 No quiso el hado cruel acabarme en paso tal, por hacerme a mí más mal y hacerte a ti más fiel. Tú al fin llevarás la palma 5 de más verdadero amigo; yo a disculparme contigo enviaré presto el alma, y tan presto, que el afán a morir me lleva y tira 10 en dando a mi dulce Lira este tan amargo pan. [Pan ganado de enemigos; pero no ha sido ganado, sino con sangre comprado 15 de dos sin ventura amigos.] Sale Lira con alguna ropa para echarla en el fuego, y dice: Lira. ¿Qué es esto que ven mis ojos? Mara. Lo que presto no verán, 20 según la prisa se dan de acabarme mis enojos. Ves aquí, Lira, cumplida mis palabras y porfías de que tú no morarías 25 mientras yo tuviese vida. Y aun podré mejor decir que presto vendrás a ver que a ti te sobra el comer y a mí me falta el vivir. 30
JORNADA CUARTA p. 178 Lira. ¿Qué dices, Marandro amado? Mara. Lira, que acates la hambre entretanto que la estambre de mi vida corta el hado; pero mi sangre vertida 5 y con este pan mezclada, te ha de dar, mi dulce amada, triste y amarga comida. Ves aquí el pan que guardaban ochenta mil enemigos, 10 que cuesta de dos amigos las vidas que más amaban. Y porque lo entiendas cierto y cuánto tu amor merezco, ya yo, señora, perezco, 15 y Leonicio está ya muerto. Mi voluntad sana y justa recíbela [con] amor, que es la comida mejor y de que el alma más gusta. 20 Y pues en tormento y calma siempre has sido mi señora, ¡recibe este cuerpo ahora, como recibiste el alma! Cáese muerto, y recógele en las faldas 25 o regazo Lira. Lira. ¡Marandro, dulce bie[n] mío! ¿Qué sentís, o qué tenéis? ¿Cómo tan presto perdéis vuestro acostumbrado brío? 30
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 179 Mas, ¡ay triste, sin ventura, que ya está muerto mi esposo! ¡Oh caso el más lastimoso que se vio en la desventura! ¿Qué os hizo, dulce amado, 5 con valor tan excelente, enamorado y valiente, y soldado desdichado? Hicisteis una salida, esposo mío, de suerte, 10 que, por excusar mi muerte, me habéis quitado la vida. ¡Oh pan de la sangre lleno que por mí se derramó! ¡No te tengo en cuenta, no, 15 de pan, sino de veneno! No te llegaré a mi boca por poderme sustentar, si no es para besar esta sangre que te toca! 20 Entra un muchacho, hermano de Lira, hablando desmayadamente. Much. Lira hermana, ya expiró mi madre, y mi padre está en términos, que ya ya 25 morirá, que muero yo: la hambre le ha acabado. Hermana mía, ¿pan tienes? ¡Oh pan, y cuán tarde vienes, que no hay ya pasar bocado! 30
JORNADA CUARTA p. 180 Tiene la hambre apretada mi garganta en tal manera, que, aunque este pan agua fuera, no pudiera pasar nada. Tómalo, hermana querida, 5 que, por más crecer mi afán, veo que me sobra el pan cuando me falta la vida. Cáese muerto. Lira. ¿Expiraste, hermano amado? 10 ¡Ni aliento ni vida tiene! Bueno es el mal cuando viene sin venir acompañado. Fortuna, ¿por qué me aquejas con un daño y otro junto, 15 y por qué en un solo punto huérfana y viuda me dejas? ¡Oh duro escuadrón romano! ¡Cómo me tiene tu espada de dos muertos rodeada: 20 un[o] esposo y otro hermano! ¿A cuál volveré la cara en este trance importuno, si en la vida cada uno fue prenda del alma cara? 25 Dulce esposo, hermano tierno, yo os igualaré en quereros, porque pienso presto veros en el cielo o en el infierno. En el modo de morir 30 a entrambos he de imitar,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 181 porque el hierro ha de acabar y la hambre mi vivir. Primero daré a mi pecho una daga que este pan: que [a] quien vive con afán, 5 es la muerte de provecho. ¿Qué aguardo? ¡Cobarde estoy! Brazo, ¿ya os habéis turbado? ¡Dulce esposo, hermano amado, esperadme, que ya voy! 10 Sale una mujer huyendo, y tras ella un soldado numantino con una daga para matarla. Muj. ¡Eterno padre, Júpiter piadoso, favorecedme en tan adversa suerte! Sol. ¡Aunque más lleves vuelo presuroso, 15 mi dura mano te dará la muerte! Entrase la mujer. Lira. El hierro duro, el brazo belicoso contra mí, buen soldado, le convierte; deja vivir a quien la vida agrada, 20 y quítame la mía, que me enfada. Sol. Puesto que es decreto del Senado que ninguna mujer quede con vida, ¿cuál será el brazo o pecho [acelerado 25 que en ese hermoso vuestro dé herida? Ya, señora, no soy tan mal mirado, que me precie de ser vuestro [homicida;
JORNADA CUARTA p. 182 otra mano, otro hierro ha de acabaros; que yo sólo nací para adoraros. Lira. Esa piedad que quies usar conmigo, valeroso soldado, yo te juro, y al alto cielo pongo por testigo, 5 que ya la estimo por rigor muy [duro. Tuviérate yo entonces por amigo, cuando, con pecho y ánimo seguro, este mi[o] afligido traspasaras, 10 y de la amiga vida me privaras. Pero, pues quies mostrarte piadoso, tan en daño, señor, de mi contento, muéstralo ahora en que a mi triste [esposo 15 demos el funeral y último asiento. También a este mi hermano, que en [reposo yace, ya libre del vital aliento. Mi esposo feneció por darme vida; 20 de mi hermano, la hambre fue [homicida. Sol. Hacer yo lo que mandas está llano, con condición que en el camino [cuentes 25 quien a tu buen esposo y caro [hermano trajo a los postrimeros accidentes. Lira. Amigo, ya el hablar no está en mi [mano. 30 Sol. ¿Que tan al cabo estás? ¿Qué tal te [sientes?
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 183 Lleva a tu hermano, que es de menos [carga; yo a tu esposo, que es más peso y [carga. Llevan los cuerpos, y sale una mujer armada con 5 una lanza en la mano y un escudo, que significa la Guerra, y trae consigo la Enfermedad y la Hambre: la Enfermedad arrimada a una muleta y rodeada de paños la cabeza, con una máscara amarilla; y la Hambre saldrá con un desnudillo de muerte, y 10 encina una ropa de bocací amarilla, y una máscara descolorida. Gue. Hambre, Enfermedad, ejecutores de mis terribles mandos y severos, de vidas y salud consumidores, 15 con quien no vale ruego, mando o [fieros; pues ya de mi intención sois [sabidores, no hay para qué de nuevo encareceros 20 de cuánto gusto me será y contento que luego luego hagáis mi [mandamiento. La fuerza incontrastable de los hados, cuyos efectos nunca salen vanos, 25 me fuerza a que de mí sean [ayudados estos sagaces mílites romanos. Ellos serán un tiempo levantados, y abatidos también estos hispanos; 30 pero tiempo vendrá en que yo me [mude,
JORNADA CUARTA p. 184 y dañe al alto y al pequeño ayude; que yo, que soy la poderosa Guerra, de tantas madres desterrada en [vano, aunque quien me maldice a veces 5 [yerra, pues no sabe el valor de esta mi mano, sé bien que en el orbe de la tierra, seré llevada del valor hispano en la dulce ocasión que estén 10 [reinando un Carlos, y un Felipe, y un [Fernando. Enf. Si ya la hambre, nuestra amiga [[querida], 15 no hubiera tomado con instancia a su cargo de ser fiera homicida de todos cuantos viven en Numancia, fuera de mí [tu] voluntad cumplida de modo que se viera la ganancia 20 fácil y rica que el romano hubiera, harto mejor de aquello que se espera. Mas ella, en cuanto [su poder [alcanza], ya tiene tal el pueblo numantino, 25 que de esperar alguna buena andanza, le ha tomado las sendas y el camino; más del furor la rigurosa lanza, la influencia del contrario sino, le trata con tan áspera violencia, 30 que no es menester hambre ni [dolencia.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 185 El furor y la rabia, tus secuaces, han tomado en su pecho tal asiento, que, cual si fuese de romanas haces, cada cual de esa sangre está [sediento. 5 Muertos, incendios, iras son sus [paces; en el morir han puesto su contento, y, por quitar el triunfo a los romanos, ellos mismos se matan con sus manos. 10 Hamb. Volved los ojos, y veréis ardiendo de la ciudad los encumbrados [techos. Escuchad los suspiros que saliendo van de mil tristes, lastimados pechos. 15 Oíd la voz y lamentable estruendo de bellas damas a quien, ya desechos los tiernos miembros de ceniza y [fuego, no valen padre, amigo, amor ni ruego. 20 Cual suelen las ovejas descuidadas, siendo del fiero lobo acometidas, [andar aquí y allí descarriadas], con temor de perder las simples vidas, tal niños y mujeres desdichadas, 25 viendo ya las espadas homicidas, [andan] de calle en calle, ¡oh hado [insano!, su cierta muerte dilatando en vano. Al pecho de la amada y nueva 30 [esposa traspasa del esposo el hierro agudo.
JORNADA CUARTA p. 186 Contra la madre, ¡nunca vista cosa!, se muestra el hijo de piedad [desnudo; y contra el hijo, el padre, con rabiosa clemencia, levantado el brazo 5 [crudo, rompe aquellas entrañas que ha [engendrado, quedando satisfecho y lastimado. No hay plaza, no hay rincón, no hay calle 10 [o casa que de sangre y de muertos no esté [llena: el hierro mata, el duro fuego abrasa, y el rigor ferocísimo condena. 15 Presto veréis que por el suelo tasa hasta la más subida y alta almena, y las casas y templos más preciados, en polvo y en cenizas son tornados. Venid; veréis que [en] los amados 20 [cuellos de tiernos hijos y mujer querida, Teógenes afila (ahora) y prueba en [ellos de su espada cruel corte homicida, 25 y cómo ya, después de muertos ellos, estima en poco la cansada vida, buscando de morir un modo extraño, que causó en el suyo más de un [daño. 30 Gue. Vamos, pues, y ninguno se descuide de ejecutar por eso aquí su fuerza,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 187 y a lo que digo sólo atienda y cuide, sin que de mi intención un punto [tuerza. Vanse, y sale Teógenes con dos hijos pequeños y una hija, y su mujer. 5 Teó. Cuando el paterno amor no me detiene de ejecutar la furia de mi intento, considerad, mis hijos, cuál me tiene el celo de mi honroso pensamiento. Terrible es el dolor que se previene 10 [con acabar la vida en fin violento], y más el mío, pues al hado [[plugo] que ya sea de vosotros cruel [verdugo. 15 No quedaréis, ¡oh hijos de mi alma!, esclavos, ni el romano poderío llevará de vosotros triunfo o palma, por más que a sujetarnos alce el brío; [el camino] más llano que la palma 20 de nuestra libertad el cielo pío nos ofrece y nos muestra, y nos [advierte que sólo está en las manos de la [muerte. 25 Ni vos, dulce consorte, amada mía, os veréis en peligros que romanos pongan en vuestro pecho y gallardía los vanos ojos y las fieras manos. Mi espada os sacará de esta agonía, 30 y hará que sus intentos salgan vanos,
JORNADA CUARTA p. 188 pues por más que codicia les atiza, triunfarán de Numancia hecha [ceniza. Yo soy, consorte amada, el que [primero 5 del parecer que todos padezcamos, antes que al insufrible desafuero [del romano poder sujetos seamos; y en el morir no pienso ser [postrero], 10 ni lo serán mis hijos. Muj. ¿No podamos escaparnos, señor, por otra vía? ¡El cielo sabe si me holgaría! Mas pues no puede ser, según yo veo, 15 y está ya mi muerte tan cercana, lleva de nuestras vidas tú el trofeo, y no la espada pérfida romana. Mas, ya que he de morir, morir deseo en el sagrado templo de Diana. 20 Allá nos lleva, buen señor, y luego entréganos al hierro, al rayo, al [fuego. Teó. Así se haga, y no nos detengamos, [que ya a morir me incita el triste 25 [hado]. Hijo. Madre, ¿Por qué lloráis? ¿Adónde [vamos? Teneos, que andar no puedo de [cansado. 30 Mejor será, mi madre, que comamos, que la hambre me tiene fatigado.
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 189 Muj. Ven en mis brazos, hijo de mi vida, do te daré la muerte por comida. Vanse, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos es el que se arrojó de la torre. Much. ¿Dónde quieres que huyamos, 5 Servio? Ser. Yo, por do quisieres. Much. Camina; ¡qué flaco eres! Tú ordenas que aquí muramos. ¿No ves, triste, que nos siguen 10 dos mil yerros por matarnos? Ser. Imposible es escaparnos de aquellos que nos persiguen. Mas di: ¿qué piensas hacer, o qué [medio] hay que nos cuadre? 15 Much. A una torre de mi padre me pienso de ir a esconder. Ser. Amigo, bien puedes irte; que yo estoy tan flaco y laso de hambre, que un solo paso 20 no puedo dar, ni seguirte. Much. ¿No quieres venir? Ser. No puedo. Much. Si no puedes caminar, ahí te habrá de acabar 25 la hambre, la espada o miedo. Yo voyme, porque ya temo lo que el vivir desbarata: o que la espada me mata, o que en el fuego me quemo. 30
JORNADA CUARTA p. 190 Vase el muchacho a la torre, y queda Servio, y sale Teógenes con dos espadas desnudas y ensangrentadas las manos, y como Servio le ve, huye y éntrase, y dice Teógenes: Teó. Sangre de mis entrañas derramada, 5 pues sois aquella de los hijos míos; mano, contra ti misma acelerada, llena de honrosos y crueles bríos; fortuna, en daño mío conjurada; cielos, de justa piedad vacíos: 10 ofrecedme en tan dura, amarga suerte, alguna honrosa, aunque cercana [muerte. Valientes numantinos, haced cuenta que yo soy algún pérfido romano, 15 y vengad en mi pecho vuestra afrenta, ensangrentando en él espada y [mano. Una de estas espadas os presenta mi airada furia y mi dolor 20 [insano: que, muriendo en batalla, no se [siente tanto el rigor del último accidente. El que privare del vital sosiego 25 al otro, por señal de beneficio entregue el desdichado cuerpo al [fuego, que éste será bien piadoso oficio. Venid; ¿que os detenéis? Acudid 30 [luego; haced ya de mi vida sacrificio,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 191 y esta terneza que tenéis de amigos, volved en rabia y furia de [enemigos. Sale un numantino y dice: Num. ¿A quién, fuerte Teógenes, (ahora) 5 [invocas? ¿Qué nuevo modo de morir procuras? ¿Para qué nos incitas y provocas a tantas desiguales desventuras? Teó. Valiente numantino, si no apocas 10 con el miedo tus bravas fuerzas duras, toma esta espada y mátate conmigo, así como si fuese tu enemigo: que esta manera de morir me place en este trance más que en otra 15 [alguna. Num. También a mí me agrada y satisface, pues que lo quiere así nuestra [[fortuna]; mas vamos a la plaza adonde yace 20 la [hoguera] a nuestras vidas [importuna, porque el que allí venciere, pueda [luego entregar al vencido al duro fuego. 25 Teó. Bien dices; [y] camina, que se tarda el tiempo de morir como deseo. ¡Ora me mate el hierro, el fuego me [arda, que gloria y honra en cualquier 30 [muerte veo!
JORNADA CUARTA p. 192 Vanse, y sale Cipión, y Jugurta, y Quinto Fabio, y Mario, y Ermilio, y Limpio, y otros soldados romanos. Cip. Si no me engaña el pensamiento mío, o salen mentirosas las señales 5 que habéis visto [en] Numancia [d]el [estruendo y lamentable son y ardiente llama, sin duda alguna [que] recelo y [temo 10 que el bárbaro furor del enemigo contra su propio pecho no se vuelva. [Ya no parece gente en la muralla], ni suenan las usadas centinelas. Todo está en calma y en silencio 15 [puesto, como si en paz tranquila y sosegada estuviesen los fieros numantinos. Mar. Presto podrás salir de aquesa duda, porque, si tú lo quieres, yo me ofrezco 20 de subir sobre el muro, aunque me [ponga al riguroso trance que se ofrece, sólo por ver aquello que en Numancia hacen nuestros soberbios enemigos. 25 Cip. Arrima, pues, [oh] Mario, alguna [escala a la muralla, y haz lo que prometes. Mar. Id por la escala luego, y vos, Ermilio, haced que mi rodela se me traiga, 30 y la celada blanca de las plumas:
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 193 que a fe que tengo de perder la vida, o sacar de esta duda al campo todo. Erm. Ves aquí la rodela y la celada; la escala vesla allí: la trajo [Limpio. 5 Mar. Encomiéndome a Júpiter inmenso, que yo voy a cumplir lo prometido. Jug. Alza más alta la rodela, Mario. Encoge el cuerpo y cubre la [cabeza. 10 ¡Animo, que ya llegas a lo alto! ¿Qué ves? Mar. ¡Oh santos dioses! ¿[Y] qué es [esto? Jug. ¿De qué te admiras? 15 Mar. De mirar de sangre un rojo lago, y de ver mil cuerpos tendidos por las calles de Numancia, de mil agudas puntas traspasados. Cip. ¿Que no hay ninguno vivo? 20 Mar. ¡Ni por pienso! A lo menos, ninguno se me ofrece en todo cuanto alcanzo con la vista. Cip. Salta, pues, dentro, y mira, por tu [vida. 25 Síguele tú también, Jugurta amigo. Salta Mario en la ciudad. Mas sigámosle todos. Jug. No conviene al oficio que tienes esta empresa. 30 Sosiega el pecho, general, y espera
JORNADA CUARTA p. 194 que Mario vuelva, o yo, con la [respuesta de lo que pasa en la ciudad soberbia. Tened bien esa escala. ¡Oh cielos [justos! 5 ¡Oh cuán triste espectáculo y horrendo se me ofrece a la vista! ¡Oh caso [extraño! Caliente sangre baña todo el suelo; cuerpos muertos ocupan plaza y calles. 10 Dentro quiero saltar, y verlo todo. Salta Jugurta en la ciudad. Quin. Sin duda que los fieros numantinos, del bárbaro furor suyo incitados, viéndose sin remedio de salvarse, 15 antes quisieron entregar las vidas al filo agudo de sus propios hierros, que no a las vencedoras manos [nuestras, aborrecidas de ellos lo posible. 20 Cip. Con uno solo que quedase vivo, no se me negaría el triunfo en Roma de haber domado esta nación soberbia, enemiga mortal de nuestro nombre, constante en su opinión, presta, 25 [arrojada al peligro mayor y duro trance; [de] quien jamás se alabará romano que vio la espalda vuelta a [numantino, 30 cuyo valor, cuya destreza en armas
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 195 me [forzó] con razón a usar el [medio de encerrarlos cual fieras indomables y triunfar de ellos con industria y [maña, 5 pues [era] con las fuerzas [imposible. Pero ya me parece vuelve Mario. Torna a salir Mario por la muralla, y dice: Mar. En balde, ilustre general prudente, 10 han sido nuestras fuerzas ocupadas. En balde te has mostrado diligente, pues en humo y en viento son tornadas las ciertas esperanzas de victoria, de tu industria contino aseguradas. 15 En lamentable fin la triste [historia de la ciudad invicta de Numancia merece ser eterna la memoria; sacado han de su pérdida ganancia; 20 quitado te han el triunfo de las manos, muriendo con magnánima constancia; nuestros designios han salido vanos, pues ha podido más su honroso [intento 25 que toda la potencia de romanos. El fatigado pueblo en fin violento acaba la miseria de su vida, dando triste remate al largo cuento. Numancia está en un lago convertida, 30 de roja sangre y de mil cuerpos llena,
JORNADA CUARTA p. 196 de quien fue su rigor propio homicida. De la pesada y sin igual cadena dura de esclavitud se han escapado con presta audacia, de temor ajena. En medio de la plaza levantado 5 está un ardiente fuego temeroso, de sus cuerpos y haciendas sustentado; al tiempo llegué a verlo, que el [furioso Teógenes, valiente numantino, 10 de fenecer su vida deseoso, maldiciendo su corto amargo sino, en medio se arrojaba de la llama, lleno de temerario desatino, y al arrojarse dijo: “Clara fama, 15 ocupa aquí tus lenguas y tus ojos en esta hazaña, que a contar te [llama. ¡Venid, romanos, ya por los despojos de esta ciudad, en polvo y humo 20 [vueltos, y sus flores y frutos en abrojos!” De allí, con pies y pensamientos [sueltos, gran parte de la tierra he rodeado, 25 por las calles y pasos más [revueltos, y un solo numantino no he hallado que poderte traer vivo siquiera, para que fueras de él bien informado 30 por qué ocasión, de qué suerte o [manera
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 197 cometieron tan grande desvarío, apresurando la mortal carrera. Cip. ¿Estaba, por ventura, el pecho mío de bárbara arrogancia y muertes lleno, y de piedad justísima vacío? 5 ¿Es de mi condición, por dicha, [ajeno usar benignidad con el rendido, como conviene al vencedor que es [bueno? 10 [¡Mal], por cierto, tenían [conocido el valor en Numancia de mi pecho, para vencer y perdonar nacido! Quin. Jugurta te hará más satisfecho, 15 señor, de aquello que saber deseas, que vesle vuelve lleno de despecho. Asómase Jugurta a la muralla. Jug. Prudente general, en vano empleas más aquí tu valor. Vuelve a otra parte 20 la industria singular de que te [arreas. No hay en Numancia cosa en que [ocuparte. Todos son muertos, y sólo uno [creo] 25 que queda vivo para el triunfo [darte, allí en aquella torre, según veo. Yo vi denantes un muchacho; [estaba 30 turbado en vista y de gentil arreo.
JORNADA CUARTA p. 198 Cip. Si eso fuese verdad, eso bastaba para triunfar en Roma de Numancia, que es lo que más ahora deseaba. Lleguémonos allá, y haced [in]stancia como el muchacho venga aquestas 5 [manos vivo, que es lo que ahora es de [importancia. Dice Bariato, muchacho, desde la torre: Bar. ¿Dónde venís, o qué buscáis, romanos? 10 Si en Numancia queréis entrar por [fuerte, haréislo sin contraste, a pasos [llanos; pero mi lengua desde aquí os advierte 15 que yo las llaves mal guardadas [tengo de esta ciudad, de quien triunfó la [muerte. Cip. Por ésas, joven, deseo[so] vengo; 20 y más de que tú hagas [experiencia si en este pecho piedad sostengo. Bar. ¡Tarde, cruel, ofreces tu clemencia, pues no hay con quien usarla: que 25 [yo quiero pasar por el rigor de la sentencia que con suceso amargo y lastimero de [mis] padres y patria tan [querida 30 causó el último fin terrible y fiero!
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 199 Quin. Dime: ¿tienes, por suerte, [aborrecida, ciego de un temerario desvarío, tu floreciente edad y tierna vida? Cip. Templa, pequeño joven, templa el 5 [brío; sujeta el valor tuyo, que es [pequeño, al mayor de mi honroso poderío; que desde aquí te doy la fe y 10 [empeño mi palabra, que sólo de ti seas tú mismo propio el conocido dueño; [y] que de ricas joyas y preseas vivas lo que vivieres abastado, 15 como yo podré darte y tú deseas, si a mí te entregas y te das de grado. Bar. Todo el furor de cuantos ya son [muertos en este pueblo, en polvo reducido, 20 todo el huir los pactos y conciertos, ni el dar a sujeción jamás oído, sus iras, sus rencores [descubiertos, está en mi pecho solamente 25 [unido. Yo heredé de Numancia todo el brío; ved, si pensáis vencerme, es [desvarío. Patria querida, pueblo desdichado, 30 no temas, ni imagines que me [admire
JORNADA CUARTA p. 200 de lo que debo ser de ti [engendrado, ni que promesa o miedo me retire, ora me falte el suelo, el cielo, el [hado, 5 ora vencerme todo el mundo [aspire; que imposible será que yo no haga a tu valor la merecida paga. Que si a esconderme aquí me trajo el 10 [miedo de la cercana y espantosa muerte, ella me sacará con más denuedo, con el deseo de seguir tu suerte; de vil temor pasado, como puedo, 15 será la enmienda ahora osada y [fuerte, y el temor de mi edad tierna [inocente pagaré con morir osadamente. 20 Yo os aseguro, ¡oh fuertes ciudadanos!, que no falte por mí la intención [vuestra [de que no triunfen pérfidos [romanos], 25 si ya no fuere de ceniza [nuestra]. Saldrán conmigo sus intentos vanos, ora levanten contra mí su diestra, o me aseguren con promesa [incierta 30 a vida y a regalos ancha puerta. Tened, romanos, sosegad el brío,
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 201 y no os canséis [en] asaltar el muro; con que fuera mayor el poderío vuestro, de no vencerme estad [seguro. Pero muéstrese ya el intento mío, 5 y si ha sido el amor perfecto y puro que yo tuve a mi patria tan querida, asegúrelo luego esta caída. Arrójase el muchacho de la torre, y suena una trompeta, y sale la Fama, y dice Cipión: 10 Cip. ¡Oh! ¡Nunca vi tan memorable [hazaña! ¡Niño de anciano y valeroso [pecho, que, no sólo a Numancia, mas a 15 [España has adquirido gloria en este hecho; con tal vida y virtud heroica [extraña, queda muerto y perdido mi derecho. 20 Tú con esta caída levantaste tu fama y mis victorias derribaste. Que fuera viva y en su ser [Numancia, sólo porque vivieras me holgara; 25 tú sólo me has llevado la ganancia de esta larga contienda, ilustre y rara; lleva, pues, niño, lleva la ganancia y la gloria que el cielo te prepara, por haber, derribándote, vencido 30 al que, subiendo, queda más caído.
JORNADA CUARTA p. 202 Entra la Fama, vestida de blanco, y dice: Fama. Vaya mi clara voz de en gente en [gente, y en dulce y suave son, con tal [sonido 5 [llene] las almas de un deseo [ardiente de eternizar un hecho tan subido. Alzad, romanos, la inclinada frente; llevad de aquí este cuerpo, que ha 10 [podido en tan pequeña edad arrebataros el triunfo que pudiera tanto [honraros, que yo, [que] soy la Fama 15 [pregonera, tendré cuidado, cuanto el alto [cielo moviere el paso en la subida esfera, dando fuerza y vigor al bajo suelo, 20 a publicar con lengua verdadera, con justo intento y presuroso vuelo, el valor de Numancia único, solo, de Batri[a] a Tile, de uno al [otro polo. 25 Indicio ha dado esta no vista hazaña del valor que los siglos venideros tendrán los hijos de la fuerte España, hijos de tales padres herederos. No de la muerte la feroz guadaña, 30 ni los cursos de tiempos tan ligeros
DEL CERCO DE NUMANCIA p. 203 [harán que] de Numancia yo no [cante el fuerte brazo y ánimo constante. Hallo sólo en Numancia todo cuanto debe con justo título cantarse, 5 y lo que puede dar materia al llanto para poder mil siglos ocuparse: la fuerza no vencida, el valor tanto, digno de prosa y verso celebrarse; mas, pues de esto se encarga la 10 [memoria, demos feliz remate a nuestra [historia. FINIS
p. 204 ÍNDICE Páginas. __________ IN MEMORIAM................................. 5 Comedia llamada Trato de Argel.............. 7 Comedia del cerco de Numancia............... 103
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