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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                   TOMO II
                 [sin notas]



            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle



      Copyright © 1931 Rodolfo Schevill
      Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO II EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XXXI.
p. 4
p. 5 ADVERTENCIA Para ahorrar repeticiones enojosas, remito al lector al Prólogo del primer tomo del QUIJOTE, página 6 y siguientes. Empleando el mismo proceder, he cotejado varios ejemplares de la primera edición (A) en Nueva York, Londres y España, y he señalado las variantes y erratas de dichos ejemplares. He hojeado también varios ejemplares de B y de C, y he podido notar tanto en el grupo B como en el de C algunas discrepancias, aunque de poca importancia, siendo éstas, por la mayor parte, erratas corregidas en uno que otro ejemplar. El señalar en mis notas las erratas y las variantes entre los ejemplares del grupo B y las que se manifiestan entre los del grupo C, sería nunca acabar. Por consiguiente, pienso reservarlas para un estudio aparte si el cielo me concede vida y fuerzas para emprenderlo. R. S. Berkeley, otoño de l930.
p. 6
p. 7 QVARTA PARTE DEL INGENIOSO hidalgo don Quixote de la Mancha. Capitulo XXVIII 5 Que trata de la nueua y agradable auentura que al cura y barbero sucedio en la mesma (*) sierra. Felicissimos y venturosos fueron los tiempos donde se echó al mundo el audacissimo cauallero 10 don Quixote de la Mancha, pues por auer tenido tan honrosa determinacion, como fue el querer resucitar y boluer al mundo la ya perdida y casi muerta orden de la andante caualleria, gozamos aora, en esta nuestra edad, 15 necessitada de alegres entretenimientos, no solo de la dulçura de su verdadera historia, sino de los cuentos y episodios della, que, en parte, no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma historia. La qual, prosiguiendo 20 su rastrillado, torcido y aspado hilo, cuenta que, assi como el cura començo a preuenirse para consolar a Cardenio, lo impidio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 8 vna voz que llegó a sus oydos, que, con tristes acentos, dezia desta manera: “¡Ay Dios! ¿Si sera possible que he ya hallado lugar que pueda seruir de escondida sepultura a la carga pesada deste cuerpo, que tan 5 contra mi voluntad sostengo? Si sera, si la soledad que prometen estas sierras no me miente. ¡Ay desdichada!, y quán mas agradable compañia haran estos riscos y malezas a mi intencion --pues me daran lugar para que con 10 quexas comunique mi desgracia al cielo-- que no la de ningun hombre humano, pues no ay ninguno en la tierra de quien se pueda esperar consejo en las dudas, aliuio en las quexas, ni remedio en los males.” 15 Todas estas razones oyeron y percibieron el cura y los que con el estauan; y por parecerles, como ello era, que alli junto las dezian, se leuantaron a buscar el dueño, y no huuieron andado veynte passos, quando, detras de vn 20 peñasco, vieron sentado al pie de vn fresno a vn moço vestido como labrador, al (*) qual, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lauaua los pies en el arroyo que por alli corria, no se le pudieron ver por entonces; y ellos 25 llegaron con tanto silencio, que del no fueron sentidos, ni el estaua a otra cosa atento que a lauarse los pies, que eran tales, que no parecian sino dos pedaços de blanco cristal que entre las otras piedras del arroyo se auian 30 nacido. Suspendioles la blancura y belleza de los pies, pareciendoles que no estauan hechos a
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 9 pisar terrones, ni a andar tras el arado y los bueyes, como mostraua el habito de su dueño. Y, assi, viendo que no auian sido sentidos, el cura, que yua delante, hizo señas a los otros dos que se agaçapassen o escondiessen 5 detras de vnos pedaços de peña que alli auia; y (*) assi lo hizieron todos, mirando con atencion lo que el moço hazia, el qual trahia puesto vn capotillo pardo de dos haldas, muy ceñido al cuerpo con vna toalla blanca. Trahia, 10 ansimesmo (*), vnos calçones y polaynas de paño pardo, y en la cabeça vna montera parda. Tenia las polaynas leuantadas (*) hasta la mitad de la pierna, que, sin duda alguna, de blanco alabastro parecia. Acabose de lauar los 15 hermosos pies, y luego, con vn paño de tocar, que sacó debaxo de la montera, se los limpió; y, al querer quitarsele, alçó el rostro, y tuuieron lugar los que mirandole estauan de ver vna hermosura incomparable, tal, que 20 Cardenio dixo al cura con voz baxa: “Esta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino diuina.” El moço se quitó la montera, y, sacudiendo la cabeça a vna y a otra parte, se començaron 25 a descoger y desparzir vnos cabellos que pudieran los del sol tenerles embidia. Con esto conocieron que el que parecia labrador era muger, y delicada, y aun la mas hermosa que hasta entonces los ojos de los dos auian visto, 30 y aun los de Cardenio, si no huuieran mirado y conocido a Luscinda; que despues afirmó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 10 que sola la belleza de Luscinda podia contender con aquella. Los luengos y ruuios cabellos, no solo le cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debaxo de ellos, que, si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo 5 se parecia: tales y tantos eran. En esto, les siruio (*) de peyne vnas manos, que si los pies en el agua auian parecido pedaços de cristal, las manos en los cabellos semejauan pedaços de apretada nieue; todo lo qual en mas 10 admiracion y en mas desseo de saber quién era ponia a los tres que la mirauan. Por esto determinaron de mostrarse, y, al mouimiento que hizieron de ponerse en pie, la hermosa moça alçó la cabeça, y, apartandose 15 los cabellos de delante de los ojos con entrambas manos, miró los que el ruydo hazian; y apenas los huuo visto, quando se leuantó en pie, y sin aguardar a calçarse ni a recoger los cabellos, asio con mucha presteza vn bulto 20 como de ropa que junto a si tenia, y quiso ponerse en huyda, llena de turbacion y sobresalto. Mas no huuo dado seys passos, quando, no pudiendo sufrir los delicados pies la aspereza de las piedras, dio consigo en el suelo; lo qual 25 visto por los tres, salieron a ella, y el cura fue el primero que le dixo: “Deteneos, señora, quienquiera que seays; que los que aqui veys solo tienen intencion de seruiros. No ay para que os pongays en tan 30 impertinente huyda, porque ni vuestros pies lo podran sufrir, ni nosotros consentir.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 11 A todo esto, ella no respondia palabra, atonita y confusa. Llegaron, pues, a ella, y asiendola por la mano el cura, prosiguio diziendo: “Lo que vuestro traje, señora, nos niega, vuestros cabellos nos descubren: señales 5 claras, que no deuen de ser de poco momento las causas que han disfraçado vuestra belleza en habito tan indigno, y traydola a tanta soledad como es esta, en la qual ha sido ventura el hallaros, si no para dar remedio a vuestros 10 males, a lo menos, para darles consejo, pues ningun mal puede fatigar tanto, ni llegar tan al estremo de serlo, mientras no acaba la vida, que rehuya de no escuchar siquiera el consejo que con buena intencion se le da al que lo 15 padece. Assi que, señora mia, o señor mio, o lo que vos quisierdes (*) ser, perded el sobresalto que nuestra vista os ha causado, y contadnos vuestra buena o mala suerte; que en nosotros juntos, o en cada vno, hallareys quien os 20 ayude a sentir vuestras desgracias.” En tanto que el cura dezia estas razones, estaua la disfraçada moça como enuelesada, mirandolos a todos, sin mouer labio ni dezir palabra alguna, bien assi como rustico aldeano 25 que, de improuiso, se le muestran cosas raras y del jamas vistas. Mas boluiendo el cura a dezirle otras razones, al mesmo (*) efeto encaminadas, dando ella vn profundo suspiro, rompio el silencio y dixo: 30 “Pues que la soledad destas sierras no ha sido parte para encubrirme, ni la soltura de mis
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 12 descompuestos cabellos no ha permitido que sea mentirosa mi lengua, en balde seria fingir yo de nueuo aora, lo que, si se me creyesse, seria mas por cortesia que por otra razon alguna. Presupuesto esto, digo, señores, que os 5 agradezco el ofrecimiento que me aueys hecho, el qual me ha puesto en obligacion de satisfazeros en todo lo que me aueys pedido, puesto que temo que la relacion que os hiziere de mis desdichas os ha de causar, al par de la compassion, 10 la pesadumbre, porque no aueys de hallar remedio para remediarlas, ni consuelo para entretenerlas. Pero con todo esto, porque no ande vacilando mi honra en vuestras intenciones, auiendome ya conocido por muger, y 15 viendome moça, sola y en este trage, cosas todas juntas, y cada vna por si, que pueden echar por tierra qualquier honesto credito, os aure de dezir lo que quisiera callar, si pudiera.” Todo esto dixo sin parar la que tan hermosa 20 muger parecia, con tan suelta lengua, con voz tan suaue, que no menos les admiró su discrecion que su hermosura. Y, tornandole a hazer nueuos ofrecimientos y nueuos ruegos para que lo prometido cumpliesse, ella, sin hazerse 25 mas de rogar, calçandose con toda honestidad y recogiendo sus cabellos, se acomodó en el assiento de vna piedra, y puestos los tres alrededor della, haziendose fuerça por detener algunas lagrimas que a los ojos se le venian, 30 con voz reposada y clara començo la historia de su vida desta manera:
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 13 “En esta Andaluzia ay vn lugar, de quien toma titulo vn duque (*), que le haze vno de los que llaman grandes en España. Este tiene dos hijos: el mayor, heredero de su estado, y, al parecer, de sus buenas costumbres, y el menor, 5 no se yo de qué sea heredero, sino de las trayciones de Vellido y de los embustes de Galalon (*). Deste señor son vassallos mis padres, humildes en linage, pero tan ricos, que si los bienes de su naturaleza ygualaran a los de su 10 fortuna, ni ellos tuuieran mas que dessear, ni yo temiera verme en la desdicha en que me veo; porque quiça nace mi poca ventura de la que no tuuieron ellos en no auer nacido ilustres. Bien es verdad que no son tan baxos que 15 puedan afrentarse de su estado, ni tan altos que a mi me quiten la imaginacion que tengo de que de su humildad viene mi desgracia. Ellos, en fin, son labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza mal sonante, y, como 20 suele dezirse, christianos viejos ranciosos, pero tan ricos (*), que su riqueza y magnifico trato les va poco a poco adquiriendo nombre de hidalgos, y aun de caualleros, puesto que de la mayor riqueza y nobleza que ellos se preciauan 25 era de tenerme a mi por hija; y assi, por no tener otra ni otro que los heredasse, como (*) por ser padres y aficionados, yo era vna de las mas regaladas hijas que padres jamas regalaron. Era el espejo en que se mirauan, el baculo 30 de su vejez y el sujeto a quien encaminauan, midiendolos con el cielo, todos sus desseos; de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 14 los quales, por ser ellos tan buenos, los mios no salian vn punto. Y, del mismo modo que yo era señora de sus animos, ansi lo era de su hazienda. Por mi se recebian (*) y despedian los criados. La razon y cuenta de lo que se sembraua 5 y cogia passaua por mi mano: los molinos de azeyte, los lagares del vino, el numero del (*) ganado mayor y menor, el de las colmenas. Finalmente, de todo aquello que vn tan rico labrador como mi padre puede tener, y 10 tiene, tenia yo la cuenta, y era la mayordoma y señora, con tanta solicitud mia y con tanto gusto suyo, que buenamente no acertaré a encarecerlo. ”Los ratos que del dia me quedauan, despues 15 de auer dado lo que conuenia a los mayorales, a (*) capatazes y a otros jornaleros, los entretenia en exercicios que son a las donzellas tan licitos como necessarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca 20 muchas vezes; y, si alguna, por recrear el animo, estos exercicios dexaua, me acogia al entretenimiento de leer algun libro deuoto o a tocar vna harpa, porque la experiencia me mostraua que la musica compone los animos 25 descompuestos y aliuia los trabajos que nacen del espiritu (*). ”Esta, pues, era la vida que yo tenia en casa de mis padres, la qual si tan particularmente he contado, no ha sido por ostentacion, ni por 30 dar a entender que soy rica, sino porque se aduierta quán sin culpa me he venido de aquel
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 15 buen estado que he dicho, al infelice en que aora me hallo. Es, pues, el caso que passando mi vida en tantas ocupaciones y en vn encerramiento tal, que al de vn monesterio pudiera compararse, sin ser vista, a mi parecer, de 5 otra persona alguna que de los criados de casa, porque los dias que yua a missa era tan de mañana, y tan acompañada de mi madre y de otras criadas, y yo tan cubierta y recatada, que apenas vian mis ojos mas tierra de 10 aquella donde ponia los pies (*), y, con todo esto, los del amor, o los de la ociosidad, por mejor dezir, a quien los de lince no pueden ygualarse, me vieron, puestos en la solicitud de don Fernando, que este es el nombre del 15 hijo menor del duque que os he contado.” No huuo bien nombrado a don Fernando la que el cuento contaua, quando a Cardenio se le mudó la color del rostro, y començo a trasudar, con tan grande alteracion, que el cura 20 y el barbero, que miraron en ello, temieron que le venia aquel accidente (*) de locura que auian oydo dezir que de quando en quando le venia. Mas Cardenio no hizo otra cosa que trasudar y estarse quedo, mirando de hito en 25 hito a la labradora, imaginando quién ella era. La qual, sin aduertir en los mouimientos de Cardenio, prosiguio su historia, diziendo: ”Y no me huuieron bien visto, quando, segun el dixo despues, quedó tan preso de mis 30 amores, quanto lo dieron bien a entender sus demostraciones (*). Mas por acabar presto con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 16 el cuento, que no le tiene, de mis desdichas, quiero passar en silencio las diligencias que don Fernando hizo para declararme su voluntad. Sobornó toda la gente de mi casa, dio y ofrecio dadiuas (*) y mercedes a mis parientes. 5 Los dias eran todos de fiesta y de regozijo en mi calle; las noches no dexauan dormir a nadie las musicas. Los villetes que, sin saber cómo, a mis manos venian, eran infinitos, llenos de enamoradas razones y ofrecimientos, 10 con menos letras que promessas y juramentos. Todo lo qual no solo no me ablandaua, pero me endurecia de manera, como si fuera mi mortal enemigo, y que todas las obras que para reduzirme a su voluntad hazia, las hiziera 15 para el efeto contrario; no porque a mi me pareciesse mal la gentileza de don Fernando, ni que tuuiesse a demasia sus solicitudes, porque me daua vn no se qué de contento verme tan querida y estimada de vn tan principal 20 cauallero; y no me pesaua ver en sus papeles mis alabanças; que en esto, por feas que seamos las mugeres, me parece a mi que siempre nos da gusto el oyr que nos llaman hermosas. ”Pero a todo esto se opone (*) mi honestidad 25 y los consejos continuos que mis padres me dauan, que ya muy al descubierto sabian la voluntad de don Fernando, porque ya a el no se le (*) daua nada de que todo el mundo la supiesse. Dezianme mis padres que en sola 30 mi virtud y bondad dexauan y depositauan su honra y fama, y que considerasse la desigualdad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 17 que auia entre mi y don Fernando, y que por aqui echaria de ver que sus pensamientos, aunque el dixesse otra cosa, mas se encaminauan a su gusto que a mi prouecho; y que si yo quisiesse poner en alguna manera algun 5 inconueniente para que el se dexasse de su injusta pretension, que ellos me casarian luego con quien yo mas gustasse, assi de los mas principales de nuestro lugar, como de todos los circunuezinos, pues todo se podia esperar de 10 su mucha hazienda y de mi buena fama. Con estos ciertos prometimientos, y con la verdad que ellos me dezian, fortificaua yo mi entereza, y jamas quise responder a don Fernando palabra que le pudiesse mostrar, aunque de muy 15 lexos, esperança de alcançar su desseo. Todos estos recatos mios, que el deuia de tener por desdenes, deuieron de ser causa de auiuar mas su lasciuo apetito, que este nombre quiero dar a la voluntad que me (*) mostraua; la 20 qual, si ella fuera como deuia, no la supierades vosotros aora, porque vuiera faltado la (*) ocasion de dezirosla. ”Finalmente, don Fernando supo que mis padres andauan por darme estado, por quitalle 25 a el la esperança de posseerme, o, a lo menos, porque yo tuuiesse mas guardas para guardarme. Y esta nueua o sospecha fue causa para que hiziesse lo que aora oyreys. Y fue que vna noche, estando yo en mi aposento, 30 con sola la compañia de vna donzella que me seruia, teniendo bien cerradas las puertas, por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 18 temor que, por descuydo, mi honestidad no se viesse en peligro, sin saber ni imaginar cómo, en medio destos recatos y preuenciones, y en la soledad deste silencio y encierro, me le hallé delante, cuya vista me turbó de (*) 5 manera, que me quitó la de mis ojos y me enmudecio la lengua. Y, assi, no fuy poderosa de dar vozes, ni aun el creo que me las dexara dar, porque luego se llegó a mi, y, tomandome entre sus braços, porque yo, como digo, no 10 tuue fuerças para defenderme, segun estaua turbada, començo a dezirme tales razones, que no se cómo es possible que tenga tanta abilidad la mentira, que las sepa componer de modo que parezcan tan verdaderas. Hazia 15 el traydor que sus lagrimas acreditassen sus palabras, y los suspiros (*) su intencion. Yo, pobrezilla, sola, entre los mios mal exercitada en casos semejantes, comence, no se en qué modo, a tener por verdaderas tantas falsedades; 20 pero no de suerte que me mouiessen a compassion, menos que buena, sus lagrimas y suspiros (*). ”Y, assi, passandoseme aquel sobresalto primero, torné algun tanto a cobrar mis perdidos 25 espiritus, y con mas animo del que pense que pudiera tener, le dixe: «Si como estoy, »señor, en tus braços, estuuiera entre los de vn »leon fiero, y el librarme dellos se me »assegurara con que hiziera o dixera cosa que fuera 30 »en perjuyzio de mi honestidad, assi fuera »possible hazella o dezilla, como es possible dexar
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 19 »de auer sido lo que fue. Assi que, si tu tienes »ceñido mi cuerpo con tus braços, yo tengo »atada mi alma con mis buenos desseos, que »son tan diferentes de los tuyos, como lo veras, »si con hazerme fuerça quisieres passar 5 »adelante en ellos. Tu vassalla soy, pero no tu »esclaua; ni tiene ni deue tener imperio la »nobleza de tu sangre para deshonrar y tener »en poco la humildad de la mia. Y en tanto »me estimo yo, villana y labradora, como tu, 10 »señor y cauallero. Conmigo no han de ser de »ningun efecto (*) tus fuerças, ni han de tener »valor tus riquezas, ni tus palabras han de »poder engañarme, ni tus suspiros (*) y »lagrimas enternecerme. Si alguna de todas estas 15 »cosas que he dicho viera yo en el que mis »padres me dieran por esposo, a su voluntad »se ajustara la mia, y mi voluntad de la suya »no saliera. De modo que, como quedara con »honra, aunque quedara sin gusto, de grado 20 »le (*) entregara lo que tu, señor, aora con tanta »fuerça procuras. Todo esto he dicho, porque »no es pensar que de mi alcance cosa alguna »el que no fuere mi ligitimo (*) esposo.» «Si no »reparas mas que en esso, bellissima Dorotea», 25 que este es el nombre desta desdichada --dixo el desleal cauallero--, «ves, aqui te doy la »mano de serlo tuyo, y sean testigos desta »verdad los cielos, a quien ninguna cosa se »asconde (*), y esta imagen de nuestra señora que 30 »aqui tienes.»” Quando Cardenio le oyo dezir que se llamaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 20 Dorotea, tornó de nueuo a sus sobresaltos, y acabó de confirmar por verdadera su primera opinion; pero no quiso interromper el cuento por ver en qué venia a parar lo que el ya casi sabia; solo dixo: 5 “¿Que Dorotea es tu nombre, señora? Otra he oydo yo dezir del mesmo (*), que quiça corre parejas con tus desdichas. Passa adelante; que tiempo vendra en que te diga cosas que te espanten en el mesmo (*) grado que te 10 lastimen.” Reparó Dorotea en las razones de Cardenio, y en su estraño y desastrado traje, y rogole que si alguna cosa de su hazienda sabia, se la dixesse luego; porque si algo le auia dexado 15 bueno la fortuna, era el animo que tenia para sufrir qualquier desastre que le sobreuiniesse, segura de que, a su parecer, ninguno podia llegar que el que tenia acrecentasse vn punto. “No le perdiera yo, señora”, respondio 20 Cardenio, “en dezirte lo que pienso, si fuera verdad lo que imagino, y hasta aora no se pierde coyuntura, ni a ti te importa nada el saberlo.” “Sea lo que fuere”, respondio Dorotea, “lo que en mi cuento passa fue que, tomando don 25 Fernando vna ymagen que en aquel aposento estaua, la puso por testigo de nuestro desposorio. Con palabras eficacissimas y juramentos estraordinarios me dio la palabra de ser mi marido, puesto que, antes que acabasse de 30 dezirlas, le dixe que mirasse bien lo que hazia, y que considerasse el enojo que su padre auia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 21 de recebir de verle casado con vna villana, vasalla suya; que no le cegasse mi hermosura, tal qual era, pues no era bastante para hallar en ella disculpa de su yerro, y que si algun bien me queria hazer, por el amor que me 5 tenia, fuesse dexar correr mi suerte a lo ygual de lo que mi calidad pedia (*), porque nunca los tan desyguales casamientos se gozan, ni duran mucho en aquel gusto con que se comiençan. 10 ”Todas estas razones que aqui he dicho, le dixe, y otras muchas de que no me acuerdo; pero no fueron parte para que el dexasse de seguir su intento, bien ansi como el que no piensa pagar, que, al concertar de la barata, 15 no repara en inconuenientes. Yo, a esta sazon, hize vn breue discurso conmigo, y me dixe a mi mesma (*): «Si, que no sere yo la primera »que por via de matrimonio aya subido de »humilde a grande estado, ni sera don Fernando 20 »el primero a quien hermosura o ciega aficion, »que es lo mas cierto, aya hecho tomar »compañia desygual a su grandeza. Pues si no »hago ni mundo ni vso nueuo, bien es acudir »a esta honra que la suerte me ofrece, puesto 25 »que en este no dure mas la voluntad que me »muestra de quanto dure el cumplimiento de »su desseo, que, en fin, para con Dios sere su »esposa. Y si quiero con desdenes despedille »(*), en termino le veo que no vsando el 30 »que deue, vsará el de la fuerça, y vendre (*) a »quedar deshonrada y sin disculpa de la culpa
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 22 »que me podia dar el que no supiere (*) quán »sin ella he venido a este punto. Porque, ¿qué »razones seran bastantes para persuadir a mis »padres y a otros que este cauallero entró en »mi aposento sin consentimiento mio?» 5 ”Todas estas demandas y respuestas rebolui (*) en vn instante en la imaginacion. Y, sobre todo, me començaron a hazer fuerça, y a inclinarme a lo que fue, sin yo pensarlo, mi perdicion (*), los juramentos de don Fernando, 10 los testigos que ponia, las lagrimas que derramaua, y, finalmente, su dispusicion (*) y gentileza, que, acompañada con tantas muestras de verdadero amor, pudieran rendir a otro tan libre y recatado coraçon como el 15 mio. Llamé a mi criada para que en la tierra acompañasse a los testigos del cielo. Tornó don Fernando a reyterar y confirmar sus juramentos. Añadio a los primeros nueuos santos por testigos; echose mil futuras maldiciones 20 si no cumpliesse lo que me prometia. Boluio a humedecer sus ojos y a acrecentar sus suspiros (*); apretome mas entre sus braços, de los quales jamas me auia dexado. Y, con esto, y con boluerse a salir del aposento mi 25 donzella, yo dexé de serlo y el acabó de ser traydor y fementido. ”El dia que sucedio a la noche de mi desgracia se venia aun no tan apriessa como yo pienso que don Fernando desseaua, porque, 30 despues de cumplido aquello que el apetito pide, el mayor gusto que puede venir es
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 23 apartarse de donde le alcançaron. Digo esto, porque don Fernando dio priessa por partirse de mi; y, por industria de mi donzella, que era la misma que alli le auia traydo, antes que amaneciesse se vio en la calle. Y, al 5 despedirse de mi, aunque no con tanto ahinco y vehemencia como quando vino, me dixo que estuuiesse segura de su fe y de ser firmes y verdaderos sus juramentos; y para mas confirmacion de su palabra, sacó vn rico anillo 10 del dedo y lo puso en el mio. En efecto, el se fue y yo quedé, ni se si triste o alegre: esto se bien dezir, que quedé confusa y pensatiua, y casi fuera de mi, con el nueuo acaecimiento, y no tuue animo, o no se me acordo, de reñir 15 a mi donzella por la traycion cometida de encerrar a don Fernando en mi mismo aposento, porque aun no me determinaua si era bien o mal el que me auia sucedido. Dixele, al partir, a don Fernando que por el mesmo (*) camino 20 de aquella podia (*) verme otras noches, pues ya era suya, hasta que, quando el quisiesse, aquel hecho se publicasse. Pero no vino otra alguna, si no fue la siguiente, ni yo pude verle en la calle ni en la yglesia en mas de vn mes, 25 que en vano me cansé en solicitallo (*), puesto que supe que estaua en la villa y que los mas dias yua a caça, exercicio de que el era muy aficionado. ”Estos dias y estas horas (*) bien se yo que 30 para mi fueron aziagos y menguadas. Y bien se que comence a dudar en ellos, y aun a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 24 descreer de la fe de don Fernando; y se tambien que mi donzella oyo entonces las palabras que, en reprehension de su atreuimiento, antes no auia oydo; y se que me fue forçoso tener cuenta con mis lagrimas y con la compostura de 5 mi rostro, por no dar ocasion a que mis padres me preguntassen que de qué andaua descontenta y me obligassen a buscar mentiras que dezilles. Pero todo esto se acabó en vn punto, llegandose vno donde se atropellaron respectos 10 (*) y se acabaron los honrados discursos, y adonde se perdio la paciencia y salieron a plaça mis secretos pensamientos. Y esto fue porque, de alli a pocos dias, se dixo en el lugar como en vna ciudad alli cerca se auia casado 15 don Fernando con vna donzella hermosissima en todo estremo y de muy principales padres, aunque no tan rica, que por la dote pudiera aspirar a tan noble casamiento. Dixose que se llamaua Luszinda, con otras cosas que en sus 20 desposorios sucedieron, dignas de admiracion.” Oyo Cardenio el nombre de Luszinda, y no hizo otra cosa que encoger los hombros, morderse los labios, enarcar las cejas y dexar de alli a poco caer por sus ojos dos fuentes de 25 lagrimas. Mas no por esto dexó Dorotea de seguir su cuento, diziendo: “Llegó esta triste nueua a mis oydos, y en lugar de elarseme el coraçon en oylla, fue tanta la colera y rabia que se encendio en el, que 30 faltó poco para no (*) salirme por las calles dando vozes, publicando la aleuosia y traycion
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 25 que se me auia hecho. Mas templose esta furia por entonces con pensar de poner aquella mesma (*) noche por obra lo que puse, que fue ponerme en este habito que me dio vno de los que llaman çagales en casa de los labradores, 5 que era criado de mi padre, al qual descubri toda mi desuentura, y le rogue me acompañasse hasta la ciudad, donde entendi que mi enemigo estaua. El, despues que vuo reprehendido mi atreuimiento y afeado mi determinacion, 10 viendome resuelta en mi parecer, se ofrecio a tenerme compañia, como el dixo, hasta el cabo del mundo. Luego, al momento encerre en vna almohada de lienço vn vestido de muger y algunas joyas y dineros, por lo que podia 15 suceder. Y en el silencio de aquella noche, sin dar cuenta a mi traydora donzella, sali de mi casa, acompañada de mi criado, y de muchas imaginaciones, y me puse en camino de la ciudad a pie, lleuada en buelo del desseo 20 de llegar, ya que no a estoruar lo que tenia por hecho, a lo menos, a dezir a don Fernando me dixesse con qué alma lo auia hecho. ”Llegué en dos dias y medio donde queria, y, en entrando por la ciudad, pregunté por la 25 casa de los padres de Luszinda; y al (*) primero a quien hize la pregunta, me respondio mas de lo que yo quisiera oyr. Dixome la casa y todo lo que auia sucedido en el desposorio de su hija; cosa tan publica en la ciudad, que se 30 hazen (*) corrillos para contarla por toda ella. Dixome que la noche que don Fernando se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 26 desposó con Luszinda, despues de auer ella dado el si de ser su esposa, le auia tomado vn rezio desmayo, y que, llegando su esposo a desabrocharle el pecho para que le diesse el ayre, le halló vn papel escrito de la misma letra de 5 Luszinda, en que dezia y declaraua que ella no podia ser esposa de don Fernando, porque lo era de Cardenio, que, a lo que el hombre me dixo, era vn cauallero muy principal de la mesma (*) ciudad; y que si auia dado el si a 10 don Fernando, fue por no salir de la obediencia de sus padres. En resolucion, tales razones dixo que contenia el papel, que daua a entender que ella auia tenido intencion de matarse en acabandose de desposar, y daua alli las razones 15 por que se auia quitado la vida; todo lo qual dizen que confirmó vna daga que le hallaron, no se en qué parte de sus vestidos. Todo lo qual visto por don Fernando, pareciendole que Luszinda le auia burlado y escarnecido y 20 tenido en poco, arremetio a ella antes que de su desmayo boluiesse, y con la misma daga que le hallaron la quiso dar de puñaladas, y lo hiziera, si sus padres y los que se hallaron presentes no se lo estoruaran. Dixeron mas: que 25 luego se ausentó don Fernando, y que Luszinda no auia buelto de su parasismo hasta otro dia, que conto a sus padres como ella era verdadera esposa de aquel Cardenio que he dicho. ”Supe mas: que el Cardenio, segun dezian, 30 se halló presente a los desposorios, y que, en viendola desposada, lo qual el jamas penso, se
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 27 salio de la ciudad desesperado, dexandole primero escrita vna carta, donde daua a entender el agrauio que Luszinda le auia hecho, y de como el se yua adonde gentes no le viessen. Esto todo era publico y notorio en toda la 5 ciudad, y todos hablauan dello; y mas hablaron quando supieron que Luszinda auia faltado de casa de sus padres (*) y de la ciudad, pues no la hallaron en toda ella; de que perdian el juyzio sus padres y no sabian qué medio se tomar 10 para hallarla. Esto que supe puso en vando mis esperanças, y tuue por mejor no auer hallado a don Fernando, que no (*) hallarle casado, pareciendome que aun no estaua del todo cerrada la puerta a mi remedio, dandome yo 15 a entender que podria ser que el cielo vuiesse puesto aquel impedimento en el segundo matrimonio, por atraerle a conocer lo que al primero deuia, y a caer en la cuenta de que era christiano, y que estaua mas obligado a su 20 alma que a los respetos humanos. ”Todas estas cosas reboluia en mi fantasia, y me consolaua sin tener consuelo, fingiendo vnas esperanças largas y desmayadas para entretener la vida, que ya aborrezco. Estando, 25 pues, en la ciudad, sin saber qué hazerme, pues a don Fernando no hallaua, llegó a mis oydos vn publico pregon, donde se prometia grande hallazgo a quien me hallasse, dando las señas de la edad y del mesmo (*) traje que 30 trahia. Y oy dezir que se dezia que me auia sacado de casa de mis padres el moço que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 28 conmigo vino, cosa que me llegó al alma, por ver quán de cayda andaua mi credito, pues no bastaua perderle con mi venida, sino añadir el con quién, siendo subjeto (*) tan baxo y tan indigno de mis buenos pensamientos. Al punto 5 que oy (*) el pregon, me sali de la ciudad con mi criado, que ya començaua a dar muestras de titubear en la fe que de fidelidad me tenia prometida, y aquella noche nos entramos por lo espesso desta montaña, con el miedo de 10 no ser hallados. ”Pero como suele dezirse que vn mal llama a otro, y que el fin de vna desgracia suele ser principio de otra mayor, assi me sucedio a mi; porque mi buen criado, hasta entonces fiel y 15 seguro, assi como me vio en esta soledad, incitado de su mesma (*) vellaqueria antes que de mi hermosura, quiso aprouecharse de la ocasion que, a su parecer, estos yermos le ofrecian. Y con poca verguença y menos temor de 20 Dios, ni respeto mio, me requirio de amores; y viendo que yo, con feas y justas palabras, respondia a las desuerguenças de sus propositos, dexó aparte los ruegos, de quien (*) primero penso aprouecharse, y començo a vsar 25 de la fuerça. Pero el justo cielo, que pocas o ningunas vezes dexa de mirar y fauorecer a las justas intenciones, fauorecio las mias de manera, que, con mis pocas fuerças y con poco trabajo, di con el por vn derrumbadero, donde 30 le dexé, ni se si muerto o si viuo. Y luego, con mas ligereza que mi sobresalto y cansancio
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 29 pedian, me entré por estas montañas, sin lleuar otro pensamiento ni otro disignio que esconderme en ellas y huyr de mi padre y de aquellos que de su parte me andauan buscando. ”Con este desseo ha no se quantos meses 5 que entré en ellas, donde hallé vn ganadero que me lleuó por su criado a vn lugar que está en las entrañas desta sierra, al qual he seruido de çagal todo este tiempo, procurando estar siempre en el campo por encubrir estos cabellos 10 que aora, tan sin pensarlo, me han descubierto. Pero toda mi industria y toda mi solicitud fue, y ha sido, de ningun prouecho, pues mi amo vino en conocimiento de que yo no era varon, y nacio en el el mesmo (*) mal 15 pensamiento que en mi criado; y como no siempre la fortuna con los trabajos da los remedios, no hallé derrumbadero ni barranco de donde despeñar y despenar (*) al amo, como le hallé para el criado. Y, assi, tuue por menor inconueniente 20 dexalle y asconderme (*) de nueuo entre estas asperezas que prouar con el mis fuerças o mis disculpas (*). Digo, pues, que me torné a emboscar (*) y a buscar donde, sin impedimento alguno, pudiesse con suspiros (*) y lagrimas 25 rogar al cielo se duela de mi desuentura y me de industria y fauor para salir della, o para dexar la vida entre estas soledades, sin que quede memoria desta triste, que tan sin culpa suya aura dado materia para que de ella se 30 hable y murmure en la suya y en las agenas tierras.”
p. 30 Capitulo XXIX Que trata de la discrecion (*) de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y passatiempo (*). “Esta es, señores, la verdadera historia de 5 mi tragedia: mirad y juzgad aora si los suspiros (*) que escuchastes, las palabras que oystes y las lagrimas que de mis ojos salian, tenian ocasion bastante para mostrarse en mayor abundancia; y considerada la calidad de mi 10 desgracia, vereys que sera en vano el consuelo, pues es impossible el remedio della. Solo os ruego, lo que con facilidad podreys y deueys hazer, que me aconsejeys dónde podre passar la vida, sin que me acabe el temor y 15 sobresalto que tengo de ser hallada de los que me buscan; que, aunque se que el mucho amor que mis padres me tienen me (*) assegura que sere dellos bien recebida, es tanta la verguença que me ocupa solo al (*) pensar 20 que, no como ellos pensauan, tengo de parecer a su presencia, que tengo por mejor desterrarme para siempre de ser vista, que no verles el rostro con pensamiento que ellos miran el mio ageno de la honestidad que de 25 mi se deuian de tener prometida.” Calló en diziendo esto, y el rostro se le cubrio de vn color que mostro bien claro el sentimiento y verguença del alma. En las suyas sintieron los que escuchado la auian tanta 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 31 lastima como admiracion de su desgracia; y aunque luego quisiera el cura consolarla y aconsejarla, tomó primero la mano Cardenio, diziendo: “En fin, señora, que tu eres la hermosa 5 Dorotea, la hija vnica del rico Clenardo.” Admirada quedó Dorotea quando oyo el nombre de su padre, y de ver quán de poco era el que le nombraua, porque ya se ha dicho de la mala manera que Cardenio estaua 10 vestido. Y, assi, le dixo: “¿Y quién soys vos, hermano, que assi sabeys el nombre de mi padre? Porque yo, hasta aora, si mal no me acuerdo, en todo el discurso del cuento de mi desdicha no le he 15 nombrado.” “Soy”, respondio Cardenio, “aquel sin ventura que, segun vos, señora, aueys dicho, Luszinda dixo que era su esposo (*). Soy el desdichado Cardenio, a quien el mal termino de aquel 20 que a vos os ha puesto en el que estays, me ha traydo a que me veays, qual me veys, roto, desnudo, falto de todo humano consuelo, y, lo que es peor de todo, falto de juyzio, pues no le tengo sino quando al cielo se le antoja 25 darmele por algun breue espacio. Yo [Dorotea] (*), soy el que me hallé presente a las sinrazones de don Fernando, y el que aguardó oyr el si que de ser su esposa pronunció Luszinda. Yo soy el que no tuuo animo para ver en qué paraua 30 su desmayo, ni lo que resultaua del papel que le fue hallado en el pecho, porque no tuuo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 32 el alma sufrimiento para ver tantas desuenturas juntas; y, assi, dexé la casa y la paciencia, y vna carta que dexé a vn huesped mio, a quien rogue que en manos de Luszinda la pusiesse, y vineme a estas soledades con 5 intencion de acabar en ellas la vida, que desde aquel punto (*) aborreci como mortal enemiga mia. Mas no ha querido la suerte quitarmela, contentandose con quitarme el juyzio, quiça por (*) guardarme para la buena ventura que he 10 tenido en hallaros, pues siendo verdad, como creo que lo es, lo que aqui aueys contado, aun podria ser que a entrambos nos tuuiesse el cielo guardado mejor sucesso en nuestros desastres que nosotros pensamos. Porque 15 presupuesto que Luszinda no puede casarse con don Fernando, por ser mia, ni don Fernando con ella, por ser vuestro, y auerlo ella tan manifiestamente declarado, bien podemos esperar que el cielo nos restituya lo que es nuestro, 20 pues está todauia en ser y no se ha enagenado ni deshecho. Y pues este consuelo tenemos, nacido no de muy remota esperança, ni fundado en desuariadas imaginaciones, suplicoos, señora, que tomeys otra resolucion en vuestros 25 honrados pensamientos, pues yo la pienso tomar en los mios, acomodandoos a esperar mejor fortuna; que yo os juro por la fe de cauallero y de christiano de no desampararos hasta veros en poder de don Fernando, y que, 30 quando con razones no le pudiere atraer a que conozca lo que os deue, de vsar entonces la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 33 libertad que me concede el ser cauallero y poder, con justo titulo, desafialle en razon de la sinrazon que os haze, sin acordarme de mis agrauios, cuya vengança dexaré al cielo por acudir en la tierra a los vuestros.” 5 Con lo que Cardenio dixo se acabó de admirar Dorotea, y por no saber qué gracias boluer a tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle los pies para besarselos, mas no lo consintio Cardenio; y el licenciado respondio por 10 entrambos y aprouo el buen discurso de Cardenio, y, sobre todo, les rogo, aconsejó y persuadio que se fuessen con el a su aldea, donde se podrian reparar de las cosas que les faltauan, y que alli se daria orden cómo buscar a don 15 Fernando, o cómo lleuar a Dorotea a sus padres, o hazer lo que mas les pareciesse conueniente. Cardenio y Dorotea se lo agradecieron y acetaron la merced que se les ofrecia. El barbero, que a todo auia estado suspenso y 20 callado, hizo tambien su buena platica y se ofrecio, con no menos voluntad que el cura, a todo aquello que fuesse bueno para seruirles. Conto, assimesmo (*), con breuedad la causa que alli los auia traydo, con la estrañeza de la 25 locura de don Quixote, y como aguardauan a su escudero, que auia ydo a buscalle. Vinosele a la memoria a Cardenio, como por sueños, la pendencia que con don Quixote auia tenido, y contola a los demas; mas no supo dezir por 30 qué causa fue su quistion (*). En esto, oyeron vozes y conocieron que el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 34 que las daua era Sancho Pança, que, por no auerlos hallado en el lugar donde los dexó, los llamaua a vozes. Salieronle al encuentro, y preguntandole (*) por don Quixote, les dixo como le auia hallado desnudo en camisa, 5 flaco, amarillo y muerto de hambre, y suspirando (*) por su señora Dulzinea; y que, puesto que le auia dicho que ella le mandaua que saliesse de aquel lugar y se fuesse al del Toboso, donde le quedaua esperando, auia 10 respondido que estaua determinado de no parecer ante su fermosura fasta que ouiesse fecho fazañas que le fiziessen digno de su gracia. Y que si aquello passaua adelante, corria peligro de no venir a ser emperador, como estaua 15 obligado, ni aun arçobispo, que era lo menos que podia ser. Por esso, que mirassen lo que se auia de hazer para sacarle de alli. El licenciado le respondio que no tuuiesse pena; que ellos le sacarian de alli, mal que le 20 pesasse. Conto luego a Cardenio y a Dorotea lo que tenian pensado para remedio de don Quixote, a lo menos, para lleuarle a su casa. A lo qual dixo Dorotea que ella haria la donzella menesterosa mejor que el barbero, y mas, que 25 tenia alli vestidos con que hazerlo al natural, y que la dexassen el cargo de saber representar todo aquello que fuesse menester para lleuar adelante su intento, porque ella auia leydo muchos libros de cauallerias y sabia bien el 30 estilo que tenian las donzellas cuytadas quando pedian sus dones a los andantes caualleros.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 35 “Pues no es menester mas”, dixo el cura, “sino que luego se ponga por obra; que, sin duda, la buena suerte se muestra en fauor mio (*), pues tan sin pensarlo, a vosotros, señores, se os ha començado a abrir puerta para 5 vuestro remedio, y a nosotros se nos ha facilitado la que auiamos menester.” Sacó luego Dorotea de su almohada vna saya entera de cierta telilla rica y vna mantellina de otra vistosa tela verde, y de vna caxita 10 vn collar y otras joyas, con que en vn instante se adornó, de manera, que vna rica y gran señora parecia. Todo aquello y mas dixo que auia sacado de su casa para lo que se ofreciesse, y que hasta entonces no se le auia ofrecido 15 ocasion de auello menester. A todos contentó en estremo su mucha gracia, donayre y hermosura, y confirmaron a don Fernando por de poco conocimiento, pues tanta belleza desechaua. 20 Pero el que mas se admiró fue Sancho Pança, por parecerle, como era assi verdad, que en todos los dias de su vida auia (*) visto tan hermosa criatura; y, assi, preguntó al cura con grande ahinco le dixesse (*) quién era aquella 25 tan fermosa señora y qué era lo que buscaua por aquellos andurriales. “Esta hermosa señora”, respondio el cura, “Sancho hermano, es (*), como quien no dize nada, es la heredera, por linea recta de varon, 30 del gran reyno de Micomicon, la qual viene en busca de vuestro amo a pedirle vn don, el qual
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36 es que le desfaga vn tuerto o agrauio que vn mal gigante le tiene fecho; y a la fama que de buen cauallero (*) vuestro amo tiene por todo lo descubierto (*), de Guinea ha venido a buscarle esta princesa.” 5 “¡Dichosa buscada y dichoso hallazgo!”, dixo a esta sazon Sancho Pança; “y mas si mi amo (*) es tan venturoso que desfaga esse agrauio y enderece esse tuerto, matando a esse hideputa desse gigante que vuestra merced 10 dize; que si matará, si el le encuentra, si ya no fuesse fantasma; que contra las fantasmas no tiene mi señor poder alguno. Pero vna cosa quiero suplicar a vuestra merced, entre otras, señor licenciado, y es que porque a mi 15 amo no le tome gana de ser arçobispo, que es lo que yo temo, que vuestra merced le aconseje que se case luego con esta princesa, y assi quedará impossibilitado de recebir (*) ordenes arçobispales, y vendra con facilidad a 20 su imperio, y yo al fin de mis desseos; que yo he mirado bien en ello y hallo por mi cuenta que no me está bien que mi amo sea arçobispo, porque yo soy inutil para la Yglesia, pues soy casado, y andarme aora a traer dispensaciones 25 para poder tener renta por la Yglesia, teniendo, como tengo, muger y hijos, seria nunca acabar. Assi que, señor, todo el toque está en que mi amo se case luego con esta señora, que hasta aora no se su gracia, y assi 30 no la llamo por su nombre.” “Llamase”, respondio el cura, “la princesa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 37 Micomicona, porque llamandose su reyno Micomicon, claro está que ella se ha de llamar assi.” “No ay duda en esso”, respondio Sancho; “que yo he visto a muchos tomar el apellido y 5 alcurnia del lugar donde nacieron, llamandose Pedro de Alcala, Iuan de Vbeda y Diego de Valladolid; y esto mesmo se deue de vsar alla en Guinea: tomar las reynas los nombres de sus reynos.” 10 “Assi deue de ser”, dixo el cura; “y en lo del (*) casarse vuestro amo, yo hare en ello todos mis poderios.” Con lo que quedó tan contento Sancho, quanto el cura admirado de su simplicidad y 15 de ver quán encaxados tenia en la fantasia los mesmos (*) disparates que su amo, pues sin alguna duda se daua a entender que auia de venir a ser emperador. Ya en esto se auia puesto Dorotea sobre la mula del cura, y el 20 barbero se auia acomodado al rostro la barba de la cola de (*) buey, y dixeron a Sancho que los guiasse adonde don Quixote estaua, al qual aduirtieron que no dixesse que conocia al licenciado ni al barbero, porque en no 25 conocerlos consistia todo el toque de venir a ser emperador su amo; puesto que ni el cura ni (*) Cardenio quisieron yr con ellos, porque no se le acordasse a don Quixote la pendencia que con Cardenio (*) auia tenido, y el cura porque 30 no era menester por entonces su presencia. Y, assi, los dexaron yr delante y ellos los fueron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38 siguiendo a pie, poco a poco. No dexó de auisar el cura lo que auia de hazer Dorotea, a lo que ella dixo que descuydassen: que todo se haria sin faltar punto, como lo pedian y pintauan los libros de cauallerias. 5 Tres quartos de legua aurian andado, quando descubrieron a don Quixote entre vnas intricadas peñas, ya vestido, aunque no armado; y assi como Dorotea le vio y fue informada de Sancho que aquel era don Quixote, dio del 10 açote a su palafren, siguiendole el bien barbado barbero. Y, en llegando junto a el, el escudero se arrojó de la mula y fue a tomar en los braços a Dorotea, la qual, apeandose con grande desemboltura, se fue a hincar de rodillas 15 ante las de don (*) Quixote, y, aunque el pugnaua por leuantarla, ella, sin leuantarse, le fabló en esta guisa: “De aqui no me leuantaré, ¡o valeroso y esforçado cauallero!, fasta que la vuestra bondad 20 y cortesia me otorgue vn don, el qual redundará en honra y prez de vuestra persona, y en pro de la mas desconsolada y agrauiada donzella que el sol ha visto. Y si es que el valor de vuestro fuerte braço corresponde a la voz 25 de vuestra inmortal (*) fama, obligado estays a fauorecer a la sin ventura que de tan lueñes tierras viene, al olor de vuestro famoso nombre, buscandoos para remedio de sus desdichas.” 30 “No os responderé palabra, fermosa señora”, respondio don Quixote, “ni oyre mas cosa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 39 de vuestra facienda, fasta que os leuanteys de tierra.” “No me leuantaré, señor”, respondio la afligida donzella, “si primero, por la vuestra cortesia, no me es otorgado el don que pido.” 5 “Yo vos le otorgo y concedo”, respondio don Quixote, “como no se aya de cumplir en daño o mengua de mi rey, de mi patria y de aquella que de mi coraçon y libertad tiene la llaue.” 10 “No sera en daño ni en mengua de los que dezis, mi buen señor”, replicó la dolorosa donzella. Y, estando en esto, se llegó Sancho Pança al oydo de su señor, y muy pasito le dixo: 15 “Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es cosa de nada: solo es matar a vn gigantazo; y esta que lo pide es la alta princesa Micomicona, reyna del gran reyno Micomicon, de Etiopia.” 20 “Sea quien fuere”, respondio don Quixote; “que yo hare lo que soy obligado y lo que me dicta mi conciencia, conforme a lo que professado tengo.” Y, boluiendose a la donzella, dixo: 25 “La vuestra gran fermosura se leuante; que yo le otorgo el don que pedirme quisiere.” “Pues el que pido es”, dixo la donzella, “que la vuestra magnanima persona se venga luego conmigo donde yo le lleuare, y me prometa 30 que no se ha de entremeter en otra auentura ni demanda alguna hasta darme vengança de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40 vn traydor que, contra todo derecho diuino y humano, me tiene vsurpado mi reyno.” “Digo que assi lo otorgo”, respondio don Quixote, “y assi podeys, señora, desde oy mas, desechar la malenconia (*) que os fatiga y 5 hazer que cobre nueuos brios y fuerças vuestra desmayada esperança; que, con el ayuda de Dios y la de mi braço, vos os vereys presto restituyda en vuestro reyno y sentada en la silla de vuestro antiguo y grande estado, a 10 pesar y a despecho de los follones que contradezirlo quisieren; y manos a labor, que en la tardança dizen que suele estar el peligro.” La menesterosa donzella pugnó con mucha porfia por besarle las manos; mas don Quixote, 15 que en todo era comedido y cortes cauallero, jamas lo consintio; antes la hizo leuantar y la abraçó con mucha cortesia y comedimiento; y mandó a Sancho que requiriesse las cinchas a Rozinante, y le armasse luego al punto. 20 Sancho descolgo las armas, que, como trofeo, de vn arbol estauan pendientes, y, requiriendo las cinchas, en vn punto armó a su señor, el qual, viendose armado, dixo: “Vamos de aqui, en el nombre de Dios, a 25 fauorecer esta gran señora.” Estauase el barbero aun de rodillas, teniendo gran cuenta de dissimular la risa y de que no se le cayesse la barba, con cuya cayda quiça quedaran todos sin conseguir su buena 30 intencion; y, viendo que ya el don estaua concedido, y con la diligencia que (*) don Quixote
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 41 se alistaua para yr a cumplirle, se leuantó y tomó de la otra mano (*) a su señora, y entre los dos la subieron en la mula; luego subio don Quixote sobre Rozinante y el barbero se acomodó en su caualgadura, quedandose 5 Sancho a pie, donde de nueuo se le renouo la perdida (*) del ruzio, con la falta que entonces le hazia; mas todo lo lleuaua con gusto, por parecerle que ya su señor estaua puesto en camino y muy a pique de ser emperador, porque, 10 sin duda alguna, pensaua que se auia de casar con aquella princessa y ser, por lo menos, rey de Micomicon; solo le daua pesadumbre el pensar que aquel reyno era en tierra de negros, y que la gente que por sus vassallos 15 le diessen auian de ser todos negros, a lo qual hizo luego en su imaginacion vn buen remedio, y dixose a si mismo: “¿Qué se me da a mi que mis vassallos sean negros? ¿Aura mas que cargar con ellos y 20 traerlos a España, donde los podre vender, y adonde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podre comprar algun titulo o algun oficio con que viuir descansado todos los dias de mi vida? ¡No, sino dormios, y no tengays 25 ingenio ni habilidad para disponer de las cosas y para vender treynta o diez mil vasallos en dacame essas pajas! ¡Par Dios que los he de bolar, chico con grande, o como pudiere; y que por negros que sean los he de boluer blancos, 30 o amarillos; llegaos, que me mamo el dedo!” Con esto andaua tan solicito y tan contento,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42 que se le oluidaua la pesadumbre de caminar a pie. Todo esto mirauan de entre vnas breñas Cardenio y el cura, y no sabian qué hazerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era 5 gran tracista, imaginó luego lo que harian para conseguir lo que desseauan, y fue que, con vnas tixeras que trahia en vn estuche, quitó con mucha presteza la barba a Cardenio y vistiole vn capotillo pardo que el trahia, y diole 10 vn herreruelo negro, y el se quedó en calças y en jubon; y quedó tan otro de lo que antes parecia Cardenio, que el mesmo (*) no se conociera, aunque a vn espejo se mirara. Hecho esto, puesto ya que los otros auian passado 15 adelante en tanto que ellos se disfraçaron, con facilidad salieron al camino real antes que ellos, porque las malezas y malos passos de aquellos lugares no concedian que anduuiessen tanto los de a cauallo como los de a pie. 20 En efeto, ellos se pusieron en el llano a la salida de la sierra, y assi como salio della don Quixote y sus camaradas, el cura se le puso a mirar muy de espacio, dando señales de que le yua reconociendo; y al cabo de auerle vna 25 buena pieça estado mirando, se fue a el abiertos los braços y diziendo a vozes: “¡Para bien sea hallado el espejo de la caualleria, el mi buen compatriote (*) don Quixote de la Mancha, la flor y la nata de la gentileza, 30 el amparo y remedio de los menesterosos, la quinta essencia de los caualleros andantes!”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 43 Y, diziendo esto, tenia abraçado por la rodilla de la pierna yzquierda a don Quixote, el qual, espantado de lo que veia (*) y oia dezir y hazer aquel (*) hombre, se le puso a mirar con atencion, y, al fin, le conocio, y quedó 5 como espantado de verle, y hizo grande fuerça por apearse; mas el cura no lo consintio, por lo qual don Quixote dezia: “Dexeme vuestra merced, señor licenciado; que no es razon que yo esté a cauallo, y vna 10 tan reuerenda persona como vuestra merced esté a pie.” “Esso no consentire yo en ningun (*) modo”, dixo el cura; “estese la vuestra grandeza a cauallo, pues estando a cauallo acaba las 15 mayores fazañas y auenturas que en nuestra edad se han visto; que a mi, aunque indigno sacerdote, bastaráme subir en las ancas de vna destas mulas destos señores que con vuestra merced caminan, si no lo han por enojo. Y aun 20 hare cuenta que voy cauallero sobre el cauallo Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que caualgaua aquel famoso moro Muzaraque (*), que aun hasta aora yaze encantado en la gran cuesta Çulema, que dista poco de la gran 25 Compluto.” “Aun no caia yo en tanto, mi señor licenciado”, respondio don Quixote, “y yo se que mi señora la princessa sera seruida, por mi amor, de mandar a su escudero de a vuestra merced 30 la silla de su mula; que el podra acomodarse en las ancas, si es que ella las sufre.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44 “Si sufre, a lo que yo creo”, respondio la princessa; “y tambien se que no sera menester mandarselo al señor mi escudero, que el es tan cortes y tan cortesano, que no consentira que vna persona eclesiastica vaya a pie, 5 pudiendo yr a cauallo.” “Assi es”, respondio el barbero. Y, apeandose en vn punto, combidó al cura con la silla, y el la tomó sin hazerse mucho de rogar. Y fue el mal que, al subir a las ancas el 10 barbero, la mula, que, en efeto, era de alquiler, que para dezir que era mala esto basta, alçó vn poco los quartos traseros y dio dos cozes en el ayre, que a darlas en el pecho de maese Nicolas, o en la cabeça, el diera al diablo la 15 venida por don Quixote. Con todo esso le sobresaltaron de manera, que cayo en el suelo, con tan poco cuydado de las barbas, que se le cayeron (*) en el suelo; y como se vio sin ellas, no tuuo otro remedio sino acudir a 20 cubrirse el rostro con ambas manos y a quexarse que le auian derribado las muelas. Don Quixote, como vio todo aquel maço de barbas sin quixadas y sin sangre, lexos del rostro del escudero caydo, dixo: 25 “¡Viue Dios, que es gran milagro este! ¡Las barbas le ha derribado y arrancado del rostro, como si las quitaran a posta!” El cura, que vio el peligro que corria su inuencion de ser descubierta, acudio luego a las 30 barbas y fuesse con ellas adonde yazia maese Nicolas, dando aun vozes todauia; y de vn
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 45 golpe, llegandole la cabeça a su pecho, se las puso, murmurando sobre el vnas palabras, que dixo que era cierto ensalmo apropiado para pegar barbas, como lo verian; y, quando se las tuuo puestas, se apartó, y quedó el escudero 5 tan bien (*) barbado y tan sano como de antes; de que se admiró don Quixote sobremanera y rogo al cura que, quando tuuiesse lugar, le enseñasse aquel ensalmo; que el entendia que su virtud a mas que pegar barbas se deuia de 10 estender, pues estaua claro que de donde las barbas se quitassen auia de quedar la carne llagada y maltrecha; y que pues todo lo sanaua, a mas que barbas aprouechaua. “Assi es”, dixo el cura; y prometio de 15 enseñarsele en la primera ocasion. Concertaronse que, por entonces, subiesse el cura, y a trechos se fuessen los tres mudando, hasta que llegassen a la venta, que estaria hasta dos leguas de alli. Puestos los tres a 20 cauallo, es a saber, don Quixote, la princessa y el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero y Sancho Pança, don Quixote dixo a la donzella: “Vuestra grandeza, señora mia, guie por 25 donde mas gusto le diere.” Y antes que ella respondiesse, dixo el licenciado: “¿Hazia qué reyno quiere guiar la vuestra señoria? ¿Es por ventura hazia el de 30 Micomicon? Que si deue de ser, o yo se poco de reynos.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46 Ella, que estaua bien en todo, entendio que auia de responder que si; y, assi, dixo: “Si, señor; hazia esse reyno es mi camino.” “Si assi es”, dixo el cura, “por la mitad de mi pueblo hemos de passar, y de alli tomará 5 vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podra embarcar con la buena ventura; y si ay viento prospero, mar tranquilo y sin borrasca, en poco menos de nueue años se podra estar a vista de la gran laguna Meona, digo 10 Meotides, que está poco mas de cien jornadas mas aca del reyno de vuestra grandeza.” “Vuestra merced está engañado, señor mio”, dixo ella, “porque no ha dos años que yo parti del, y, en verdad, que nunca tuue buen tiempo; 15 y, con todo esso, he llegado a ver lo que tanto desseaua, que es al señor don Quixote de la Mancha, cuyas nueuas llegaron a mis oydos assi como puse los pies en España, y ellas me mouieron a buscarle para encomendarme 20 en su cortesia y fiar mi justicia del valor de su inuencible braço.” “¡No mas; cessen mis alabanças!”, dixo a esta sazon don Quixote, “porque soy enemigo de todo genero de adulacion, y, aunque esta 25 no lo sea, todauia ofenden mis castas orejas semejantes platicas. Lo que yo se dezir, señora mia, que ora tenga valor o no, el que tuuiere o no tuuiere, se ha de emplear en vuestro seruicio hasta perder la vida; y, assi, dexando 30 esto para su tiempo, ruego al señor licenciado me diga qué es la causa que le ha traydo por
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 47 estas partes, tan solo, y (*) tan sin criados, y tan a la ligera, que me pone espanto.” “A esso yo respondere con breuedad”, respondio el cura, “porque sabra vuestra merced, señor don Quixote, que yo y maese Nicolas, 5 nuestro amigo y nuestro barbero, yuamos a Seuilla a cobrar cierto dinero (*) que vn pariente mio, que ha muchos años que passó a Indias, me auia embiado, y no tan pocos que no passan de sesenta mil pesos ensayados (*), que es 10 otro que tal (*), y, passando ayer por estos lugares, nos salieron al encuentro quatro salteadores y nos quitaron hasta las barbas; y de modo nos las quitaron, que le conuino al barbero ponerselas postizas (*); y aun a este 15 mancebo que aqui va --señalando a Cardenio-- le pusieron como de nueuo. Y es lo bueno, que es publica fama por todos estos contornos, que los que nos saltearon son de vnos galeotes que dizen que libertó, casi en este mesmo (*) 20 sitio, vn hombre tan valiente, que, a pesar del comissario y de las guardas, los solto a todos; y, sin duda alguna, el deuia de estar fuera de juyzio, o deue de ser tan grande vellaco como ellos, o algun hombre sin alma y sin conciencia, 25 pues quiso soltar al lobo entre las ouejas, a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre la miel; quiso defraudar la justicia, yr contra su rey y señor natural, pues fue contra sus justos mandamientos. Quiso, digo, quitar a las 30 galeras sus pies, poner en alboroto a la Santa Hermandad, que auia muchos años que reposaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48 Quiso, finalmente, hazer vn hecho por donde se pierda su alma y no se gane su cuerpo.” Auiales contado Sancho al cura y al barbero la auentura de los galeotes, que acabó su 5 amo con tanta gloria suya, y por esto cargaua la mano el cura refiriendola, por ver lo que hazia o dezia don Quixote, al qual se le mudaua la color a cada palabra, y no osaua dezir que el auia sido el libertador de aquella 10 buena gente. “Estos, pues”, dixo el cura, “fueron los que nos robaron; ¡que Dios por su misericordia se lo perdone al que no los dexó lleuar al deuido suplicio!” 15
p. 49 Capitulo XXX Que trata del gracioso artificio y orden que se tuuo en sacar a nuestro enamorado cauallero de la asperissima penitencia en que se auia puesto (*). 5 No huuo bien acabado el cura, quando Sancho dixo: “Pues mia fe, señor licenciado, el que hizo essa fazaña fue mi amo, y no porque yo no le dixe antes y le auisé que mirasse lo que 10 hazia, y que era pecado darles libertad, porque todos yuan alli por grandissimos vellacos.” “¡Majadero!”, dixo a esta sazon don Quixote; “a los caualleros andantes no les toca, ni atañe aueriguar, si los afligidos, encadenados 15 y opressos que encuentran por los caminos van de aquella manera, o estan en aquella angustia por sus culpas o por sus gracias (*); solo le (*) toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus 20 vellaquerias. Yo topé vn rosario y sarta de gente mohina y desdichada, y hize con ellos lo que mi religion me pide, y lo demas alla se auenga; y a quien mal le ha parecido, saluo la santa dignidad del señor licenciado y su honrada 25 persona, digo que sabe poco de achaque de caualleria, y que miente como vn hideputa y mal nacido, y esto le hare conocer con mi espada donde mas largamente se contiene.” Y esto dixo, afirmandose en los estribos y 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 calandose el morrion, porque la vazia de barbero, que a su cuenta era el yelmo de Mambrino, lleuaua colgado del arzon delantero, hasta adobarla del mal tratamiento que la hizieron los galeotes. Dorotea, que era discreta 5 y de gran donayre, como quien ya sabia el menguado humor de don Quixote y que todos hazian burla del, sino Sancho Pança, no quiso ser para menos, y viendole tan enojado, le dixo: 10 “Señor cauallero, miembresele a la vuestra merced el don que me tiene prometido, y que conforme a el, no puede entremeterse en otra auentura, por vrgente que sea; sossiegue vuestra merced el pecho; que si el señor licenciado 15 supiera que por esse inuicto braço auian sido librados (*) los galeotes, el se diera tres puntos en (*) la boca, y aun se mordiera tres vezes la lengua, antes que auer dicho palabra que en despecho de vuestra merced redundara.” 20 “Esso juro yo bien”, dixo el cura, “y aun me huuiera quitado vn vigote.” “Yo callaré, señora mia”, dixo don Quixote, “y reprimire la justa colera que ya en mi pecho se auia leuantado, y yre quieto y pacifico hasta 25 tanto que os cumpla el don prometido; pero en pago deste buen desseo os suplico me digays, si no se os haze de mal, quál es la vuestra cuyta y quántas, quiénes y quáles son las personas de quien os tengo de dar deuida, 30 satisfecha y entera vengança.” “Esso hare yo de gana”, respondio Dorotea,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 51 “si es que no os enfada (*) oyr lastimas y desgracias.” “No enfadará, señora mia”, respondio don Quixote. A lo que respondio Dorotea: 5 “Pues assi es, estenme vuestras mercedes atentos.” No huuo ella dicho esto, quando Cardenio y el barbero se le pusieron al lado, desseosos de ver como fingia su historia la discreta 10 Dorotea (*), y lo mismo hizo Sancho, que tan engañado (*) yua con ella como su amo. Y ella, despues de auerse puesto bien en la silla y preuenidose con toser y hazer otros ademanes, con mucho donayre començo a dezir desta 15 manera: “Primeramente quiero que vuestras mercedes sepan, señores mios, que a mi me llaman...” Y detuuose aqui vn poco, porque se le 20 oluidó el nombre que el cura le auia puesto; pero el acudio al remedio, porque entendio en lo que reparaua, y dixo: “No es marauilla, señora mia, que la vuestra grandeza se turbe y empache contando sus 25 desuenturas; que ellas suelen ser tales, que muchas vezes quitan la memoria a los que maltratan, de tal manera, que aun de sus mesmos (*) nombres no se les acuerda, como han hecho con vuestra gran señoria, que se ha 30 oluidado que se llama la princessa Micomicona, legitima heredera del gran reyno Micomicon;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52 y con este apuntamiento puede la vuestra grandeza reduzir aora facilmente a su lastimada memoria todo aquello que contar quisiere.” “Assi es la verdad”, respondio la donzella, “y desde aqui adelante creo que no sera 5 menester apuntarme nada; que yo saldre a buen puerto con mi verdadera historia. La qual es que el rey mi padre, que se llamaua Tinacrio el Sabidor, fue muy docto en esto que llaman el arte magica, y alcançó por su ciencia que 10 mi madre, que se llamaua la reyna Xaramilla, auia de morir primero que el, y que de alli a poco tiempo el tambien auia de passar desta vida y yo auia de quedar huerfana de padre y madre. Pero dezia el que no le fatigaua tanto 15 esto quanto le ponia en confusion saber por cosa muy cierta que vn descomunal gigante, señor de vna grande insula, que casi alinda con nuestro reyno, llamado Pandafilando de la Fosca Vista --porque es cosa aueriguada que 20 aunque tiene los ojos en su lugar y derechos, siempre mira al reues, como si fuese vizco, y esto lo haze el de maligno (*) y por poner miedo y espanto a los que mira--, digo que supo que este gigante, en sabiendo mi 25 horfandad, auia de passar con gran poderio sobre mi reyno y me lo auia de quitar todo, sin dexarme vna pequeña aldea donde me recogiesse; pero que podia escusar toda esta ruyna y desgracia si yo me quisiesse casar con el; 30 mas, a lo que el entendia, jamas pensaua que me vendria a mi en voluntad de hazer tan
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 53 desygual casamiento; y dixo en esto la pura verdad, porque jamas me ha passado por el pensamiento casarme con aquel gigante, pero (*) ni con otro alguno, por grande y desaforado que fuesse. 5 ”Dixo tambien mi padre que despues que el fuesse muerto y viesse yo que Pandafilando començaua a passar sobre mi reyno, que no aguardasse a ponerme en defensa, porque seria destruyrme, sino que libremente le dexasse 10 desembaraçado el reyno, si queria escusar la muerte y total destruycion de mis buenos y leales vassallos, porque no auia de ser possible defenderme de la endiablada fuerça del gigante; sino que luego, con algunos de los 15 mios, me pusiesse en camino de las Españas, donde hallaria el remedio de mis males, hallando a vn cauallero andante, cuya fama en este tiempo se estenderia por todo este reyno, el qual se auia de llamar, si mal no me 20 acuerdo, don Açote o don Gigote.” “Don Quixote diria, señora (*)”, dixo a esta sazon Sancho Pança, “o, por otro nombre, el Cauallero de la Triste Figura.” “Assi es la verdad”, dixo Dorotea. “Dixo 25 mas: que auia de ser alto de cuerpo, seco de rostro, y que en el lado derecho, debaxo del ombro yzquierdo, o por alli junto, auia de tener vn lunar pardo, con ciertos cabellos a manera de cerdas.” 30 En oyendo esto don Quixote, dixo a su escudero:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 “Ten aqui, Sancho, hijo; ayudame a desnudar; que quiero ver si soy el cauallero que aquel sabio rey dexó profetizado.” “Pues ¿para qué quiere vuestra merced desnudarse?”, dixo Dorotea. 5 “Para ver si tengo esse lunar que vuestro padre dixo”, respondio don Quixote. “No ay para qué desnudarse”, dixo Sancho; “que yo se que tiene vuestra merced vn lunar dessas señas en la mitad del espinazo, que es 10 señal de ser hombre fuerte.” “Esso basta”, dixo Dorotea; “porque con los amigos no se ha de mirar en pocas cosas, y que esté en el hombro, o que esté en el espinazo, importa poco; basta que aya lunar, y esté 15 donde estuuiere, pues todo es vna mesma (*) carne; y, sin duda, acerto mi buen padre en todo, y yo he acertado en encomendarme al señor don Quixote, que el es por quien mi padre dixo, pues las señales del rostro vienen con 20 las de la buena fama que este cauallero tiene, no solo en España, pero en toda la Mancha (*), pues apenas me huue desembarcado en Osuna, quando ohi dezir tantas hazañas suyas que luego me dio el alma que era el mesmo (*) 25 que venia a buscar.” “¿Pues cómo se desembarcó vuestra merced en Osuna, señora mia”, preguntó don Quixote, “si no es puerto de mar?” Mas antes que Dorotea respondiesse, tomó 30 el cura la mano y dixo: “Deue de querer dezir la señora princessa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 55 que, despues que desembarcó en Malaga, la primera parte donde oyo nueuas de vuestra merced fue en Osuna.” “Esso quise dezir”, dixo Dorotea. “Y esto lleua camino”, dixo el cura, “y 5 prosiga vuestra magestad adelante.” “No ay que proseguir”, respondio Dorotea, “sino que, finalmente, mi suerte ha sido tan buena en hallar al señor don Quixote, que ya me cuento y tengo por reyna y señora de todo 10 mi reyno, pues el, por su cortesia y magnificencia, me ha prometido el don de yrse conmigo donde quiera que yo le lleuare, que no sera a otra parte que a ponerle delante de Pandafilando de la Fosca Vista para que le 15 mate y me restituya lo que tan contra razon me tiene vsurpado; que todo esto ha de suceder a pedir de boca, pues assi lo dexó profetizado Tinacrio el Sabidor, mi buen padre; el qual tambien dexó dicho y escrito, en letras caldeas 20 o griegas, que yo no las se leer, que si este cauallero de la profecia, despues de auer degollado al gigante, quisiesse casarse conmigo, que yo me otorgasse luego, sin replica alguna, por su legitima esposa, y le diesse la possession 25 de mi reyno, junto con la de mi persona.” “¿Qué te parece, Sancho amigo?”, dixo a este punto don Quixote. “¿No oyes lo que passa? ¿No te lo dixe yo? Mira si tenemos ya reyno que mandar y reyna con quien casar.” 30 “Esso juro yo”, dixo Sancho; “¡para el puto que no se casare en abriendo el gaznatico al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 señor Pandahilado! Pues ¡monta que es mala la reyna! Assi se me bueluan las pulgas de la cama.” Y, diziendo esto, dio dos çapatetas en el ayre, con muestras de grandissimo contento, y 5 luego fue a tomar las riendas de la mula de Dorotea, y, haziendola detener, se hincó de rodillas ante ella, suplicandole le diesse las manos para besarselas, en señal que la recibia por su reyna y señora. ¿Quién no auia de reyr 10 de los circustantes, viendo la locura del amo y la simplicidad del criado? En efecto (*), Dorotea se las dio y le prometio de hazerle gran señor en su reyno, quando el cielo le hiziesse tanto bien que se lo dexasse cobrar y gozar. 15 Agradecioselo Sancho con tales palabras, que renouo la risa en todos. “Esta, señores”, prosiguio Dorotea, “es mi historia; solo resta por deziros que de quanta gente de acompañamiento saqué de mi reyno, 20 no me ha quedado sino solo este buen (*) barbado escudero, porque todos se anegaron en vna gran borrasca que tuuimos a vista del puerto. Y el y yo salimos en dos tablas a tierra, como por milagro; y assi, es todo milagro y misterio 25 el discurso de mi vida, como lo aureys (*) notado. Y si en alguna cosa he andado demasiada, o no tan acertada como deuiera, echad la culpa a lo que el señor licenciado dixo al principio de mi cuento: que los trabajos continuos 30 y extraordinarios quitan la memoria al que los padece.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 57 “Essa no me quitarán a mi, ¡o alta y valerosa señora!”, dixo don Quixote, “quantos yo passare en seruiros, por grandes y no vistos que sean. Y, assi, de nueuo confirmo el don que os he prometido, y juro de yr con vos al 5 cabo del mundo hasta verme con el fiero enemigo vuestro, a quien pienso, con el ayuda de Dios y de mi braço, tajar (*) la cabeça soberuia con los filos desta, no quiero dezir buena espada, merced a Gines de Passamonte, que me 10 lleuó la mia (*) --esto dixo entre dientes, y prosiguio diziendo--, y despues de auersela tajado y puestoos en pacifica possession de vuestro estado, quedará a vuestra voluntad hazer de vuestra persona lo que mas en talante 15 os viniere; porque mientras que yo tuuiere ocupada la memoria y cautiua la voluntad, perdido el entendimiento, a (*) aquella... y no digo mas, no es possible que yo arrostre, ni por pienso, el casarme, aunque fuesse con el 20 aue fenix.” Pareciole tan mal a Sancho lo que vltimamente su amo dixo acerca de no querer casarse, que, con grande enojo, alçando la voz, dixo: “¡Boto a mi y juro a mi, que no tiene vuestra 25 merced, señor don Quixote, cabal juyzio! Pues ¿cómo es possible que pone vuestra merced en duda el casarse con tan alta princesa como aquesta? ¿Piensa que le ha de ofrecer la fortuna, tras cada cantillo, semejante ventura 30 como la que aora se le ofrece? ¿Es por dicha mas hermosa mi señora Dulzinea? No, por cierto;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 ni aun con la mitad, y aun estoy por dezir que no llega a su çapato de la que está delante. Assi, noramala alcançaré yo el condado que espero, si vuestra merced se anda a pedir cotufas en el golfo. Casese, casesse luego, 5 encomiendole yo a Satanas, y tome esse reyno que se le viene a las manos de vobis, vobis (*); y, en siendo rey, hagame marques o adelantado, y luego, siquiera se lo lleue el diablo todo.” Don Quixote, que tales blasfemias oyo dezir 10 contra su señora Dulzinea, no lo pudo sufrir, y, alçando el lançon, sin hablalle palabra a Sancho, y sin dezirle esta boca es mia, le dio tales dos palos, que dio con el en tierra; y si no fuera porque Dorotea le dio vozes que no 15 le diera mas, sin duda le quitara alli la vida. “¿Pensays”, le dixo a cabo de rato, “villano ruyn, que ha de auer lugar siempre para ponerme la mano en la horcaxadura, y que todo ha de ser errar vos y perdonaros yo? Pues ¡no lo 20 penseys, vellaco descomulgado, que sin duda lo estás, pues has (*) puesto lengua en la sin par Dulzinea! Y ¿no sabeys vos, gañan, faquin (*), belitre, que si no fuesse por el valor que ella infunde en mi braço, que no le tendria 25 yo para matar vna pulga? Dezid, socarron de lengua viperina, y ¿quién pensays que ha ganado este reyno; y cortado la cabeça a este gigante; y hechoos a vos marques, que todo esto doy ya por hecho y por cosa passada en 30 cosa juzgada, si no es el valor de Dulzinea, tomando a mi braço por instrumento de sus
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 59 hazañas? Ella pelea en mi y vence en mi, y yo viuo y respiro en ella, y tengo vida y ser. ¡O hideputa, vellaco, y cómo soys desagradecido, que os veys leuantado del poluo de la tierra a ser señor de titulo, y correspondeys a tan 5 buena obra con dezir mal de quien os la hizo!” No estaua tan maltrecho Sancho que no oyesse todo quanto su amo le dezia, y, leuantandose con vn poco de presteza, se fue a poner detras del palafren de Dorotea, y desde alli 10 dixo a su amo: “Digame, señor; si vuestra merced tiene determinado de no casarse con esta gran princesa, claro está que no sera el reyno suyo, y, no siendolo, ¿qué mercedes me puede hazer? Esto 15 es de lo que yo me quexo; casese vuestra merced vna por vna con esta reyna, aora que la tenemos aqui como llouida del cielo, y despues puede boluerse con mi señora Dulzinea; que reyes deue de auer auido en el mundo que ayan 20 sido amancebados. En lo de la hermosura no me entremeto, que, en verdad, si va a dezirla, que entrambas me parecen bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulzinea.” “¿Cómo que no la has visto, traydor 25 blasfemo?”, dixo don Quixote; “pues ¿no acabas de traerme aora vn recado de su parte?” “Digo que no la he visto tan (*) despacio”, dixo Sancho, “que pueda auer notado particularmente su hermosura y sus buenas partes, 30 punto por punto; pero assi a bulto, me parece bien.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60 “Aora te disculpo”, dixo don Quixote, “y perdoname el enojo que te he dado; que los primeros mouimientos no son en manos de los hombres (*).” “Ya yo lo veo”, respondio Sancho, “y asi 5 en mi la gana de hablar siempre es primero mouimiento, y no puedo dexar de dezir por vna vez siquiera lo que me viene a la lengua.” “Con todo esso”, dixo don Quixote, “mira, Sancho, lo que hablas, porque tantas vezes va 10 el cantarillo a la fuente...; y no te digo mas.” “Aora bien”, respondio Sancho, “Dios está en el cielo, que ve las trampas, y sera juez de quién haze mas mal: yo en no hablar bien, o vuestra merced en [no] (*) obrallo.” 15 “¡No aya mas!”, dixo Dorotea; “corred, Sancho, y besad la mano a vuestro señor y pedilde (*) perdon, y de aqui adelante andad mas atentado en vuestras alabanças y vituperios, y no digays mal de aquesa señora Tobosa, a 20 quien yo no conozco, si no es para seruilla, y tened confianza en Dios, que no os ha de faltar vn estado donde viuays como vn principe.” Fue Sancho cabizbajo y pidio la mano a su señor, y el se la dio con reposado continente, 25 y despues que se la vuo besado, le echó la bendicion, y dixo a Sancho que se adelantassen vn poco: que tenia que preguntalle y que departir con el cosas de mucha importancia. Hizolo assi Sancho, y apartaronse los dos algo 30 adelante, y dixole don Quixote: “Despues que veniste no he tenido lugar ni
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 61 espacio para preguntarte muchas cosas de particularidad acerca de la embaxada que lleuaste y de la respuesta que truxiste, y aora, pues la fortuna nos ha concedido tiempo y lugar, no me niegues tu la ventura que puedes darme 5 con tan buenas nueuas.” “Pregunte vuestra merced lo que quisiere”, respondio Sancho; “que a todo dare tan buena salida como tuue la entrada. Pero suplico a vuestra merced, señor mio, que no sea de aqui 10 adelante tan vengatiuo.” “¿Por qué lo dizes, Sancho?”, dixo don Quixote. “Digolo”, respondio, “porque estos palos de agora mas fueron por la pendencia que entre 15 los dos trauó el diablo la otra noche, que por lo que dixe contra mi señora Dulzinea, a quien amo y reuerencio como a vna reliquia, aunque en ella no lo (*) aya, solo por ser cosa de vuestra merced.” 20 “No tornes a essas platicas, Sancho, por tu vida”, dixo don Quixote; “que me dan pesadumbre; ya te perdoné entonces, y bien sabes tu que suele dezirse: a pecado nueuo, penitencia nueua (*).” 25 En tanto que los dos yuan en estas platicas, dixo el cura a Dorotea que auia andado muy discreta, assi en el cuento como en la breuedad del y en la similitud que tuuo con los de los libros de cauallerias. Ella dixo que 30 muchos ratos se auia entretenido en leellos; pero que no sabia ella donde eran las prouincias
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 ni puertos de mar, y que assi auia dicho a tiento que se auia desembarcado en Ossuna. “Yo lo entendi assi”, dixo el cura, “y por esso acudi luego a dezir lo que dixe, con que se acomodó todo. Pero ¿no es cosa estraña ver 5 con quánta facilidad cree este desuenturado hidalgo todas estas inuenciones y mentiras, solo porque lleuan el estilo y modo de las necedades de sus libros?” “Si es”, dixo Cardenio, “y tan rara y nunca 10 vista, que yo no se si queriendo inuentarla y fabricarla mentirosamente, vuiera tan agudo ingenio que pudiera dar en ella.” “Pues otra cosa ay en ello”, dixo el cura: “que, fuera de las simplicidades que este buen 15 hidalgo dize tocantes a su locura, si le tratan de otras cosas, discurre con bonissimas razones y muestra tener vn entendimiento claro y apazible en todo; de manera, que, como no le toquen en sus cauallerias, no aura nadie que le juzgue 20 sino por de muy buen entendimiento.” En tanto que ellos yuan en esta conuersacion, prosiguio don Quixote con la suya, y dixo a Sancho: “Echemos, Pança amigo, pelillos a la mar (*) 25 en esto de nuestras pendencias, y dime aora, sin tener cuenta con enojo ni rencor alguno, ¿dónde, cómo y quándo hallaste a Dulzinea? ¿Qué hazia? ¿Qué le dixiste? ¿Qué te respondio? ¿Qué rostro hizo quando leya mi carta? 30 ¿Quién te la trasladó? Y todo aquello que vieres que en este caso es digno de saberse, de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 63 preguntarse y satisfazerse, sin que añadas o mientas por darme gusto, ni menos te acortes por no quitarmele.” “Señor”, respondio Sancho, “si va a dezir la verdad, la carta no me la trasladó nadie, 5 porque yo no lleué carta alguna.” “Assi es, como tu dizes”, dixo don Quixote, “porque el librillo de memoria donde yo la escriui le hallé en mi poder a cabo de dos dias de tu partida, lo qual me causó grandissima 10 pena, por no saber lo que auias tu de hazer quando te viesses sin carta, y crey siempre que te boluieras desde el lugar donde (*) la echaras menos.” “Assi fuera”, respondio Sancho, “si no la 15 vuiera yo tomado en la memoria quando vuestra merced me la leyo, de manera que se la dixe a vn sacristan que me la trasladó del entendimiento, tan punto por punto, que dixo que en todos los dias de su vida, aunque auia leydo 20 muchas cartas de descomunion, no auia visto ni leydo tan linda carta como aquella.” “Y ¿tienesla todauia en la memoria, Sancho?”, dixo don Quixote. “No, señor”, respondio Sancho, “porque 25 despues que la di, como vi que no auia de ser de mas prouecho, di en oluidalla. Y si algo se me acuerda, es aquello del (*) sobajada, digo del soberana señora, y lo vltimo, «vuestro hasta »la muerte, el Cauallero de la Triste Figura». 30 Y en medio destas dos cosas le puse mas de trezientas almas, y vidas, y ojos mios.”
p. 64 Capitulo XXXI De los sabrosos razonamientos que passaron entre don Quixote y Sancho Pança, su escudero, con otros sucessos. “Todo esso no me descontenta; prosigue 5 adelante”, dixo don Quixote. “Llegaste, y ¿qué hazia aquella reyna de la hermosura? A buen seguro que la hallaste ensartando perlas, o bordando alguna empresa con oro de cañutillo para este su cautiuo cauallero.” 10 “No la hallé”, respondio Sancho, “sino ahechando dos anegas de trigo en vn corral de su casa.” “Pues haz cuenta”, dixo don Quixote, “que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, 15 tocados de sus manos. Y si miraste, amigo, el trigo ¿era candeal, o trechel?” “No era sino rubion”, respondio Sancho. “Pues yo te asseguro”, dixo don Quixote, “que, ahechado por sus manos, hizo pan 20 candeal, sin duda alguna; pero passa adelante. Quando le diste mi carta, ¿besola? ¿Pusosela sobre la cabeça? ¿Hizo alguna ceremonia digna de tal carta, o qué hizo?” “Quando yo se la yua a dar”, respondio 25 Sancho, “ella estaua en la fuga del meneo de vna buena parte de trigo que tenia en la criua. Y dixome: «Poned, amigo, essa carta sobre »aquel costal; que no la puedo leer hasta que »acabe de acriuar todo lo que aqui está.»” 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 65 “Discreta señora”, dixo don Quixote; “esso deuio de ser por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante, Sancho; y en tanto que estaua en su menester, ¿qué coloquios passó contigo? ¿Qué te preguntó de mi? Y tu, ¿qué le 5 respondiste? Acaba, cuentamelo todo, no se te quede en el tintero vna minima.” “Ella no me preguntó nada”, dixo Sancho; “mas yo le dixe de la manera que vuestra merced, por su seruicio, quedaua haziendo penitencia, 10 desnudo de la cintura arriba, metido entre estas sierras, como si fuera saluaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan a manteles ni sin peynarse la barba, llorando y maldiziendo su fortuna.” 15 “En dezir que maldezia mi fortuna dixiste mal”, dixo don Quixote, “porque antes la bendigo y bendezire todos los dias de mi vida por auerme hecho digno de merecer amar tan alta señora como Dulzinea del Toboso.” 20 “Tan alta es”, respondio Sancho, “que a buena fe que me lleua a mi mas de vn coto.” “Pues ¿cómo, Sancho”, dixo don Quixote, “haste medido tu con ella?” “Medime en esta manera”, respondio Sancho: 25 “que llegandole (*) a ayudar a poner vn costal de trigo sobre vn jumento, llegamos tan juntos, que eché de ver que me lleuaua mas de vn gran palmo.” “Pues ¡es verdad”, replicó don Quixote, “que 30 no acompaña essa grandeza y la adorna (*) con mil millones de (*) gracias del alma! Pero no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 me negarás, Sancho, vna cosa: quando llegaste junto a ella, ¿no sentiste vn olor sabeo, vna fragancia (*) aromatica y vn no se qué de bueno, que yo no acierto a dalle nombre? Digo ¿vn tuho, o tufo, como si estuuieras en la tienda 5 de algun curioso guantero (*)?” “Lo que se dezir”, dixo Sancho, “es que senti vn olorzillo algo hombruno, y deuia de ser que ella, con el mucho exercicio, estaua sudada y algo correosa.” 10 “No seria esso”, respondio don Quixote, “sino que tu deuias de estar romadizado (*) o te deuiste de oler a ti mismo, porque yo se bien a (*) lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ambar desleydo.” 15 “Todo puede ser”, respondio Sancho; “que muchas vezes sale de mi aquel olor que entonces me parecio que salia de su merced de la señora Dulzinea; pero no ay de qué marauillarse, que vn diablo parece a otro.” 20 “Y bien”, prosiguio don Quixote, “he aqui que acabó de limpiar su trigo y de embiallo al molino. ¿Qué hizo quando leyo la carta?” “La carta”, dixo Sancho, “no la leyo, porque dixo que no sabia leer ni escriuir; antes la 25 rasgó y la hizo menudas pieças, diziendo que no la queria dar a leer a nadie, porque no se supiessen en el lugar sus secretos, y que bastaua lo que yo le auia dicho de palabra acerca del amor que vuestra merced le tenia y de la 30 penitencia extraordinaria que por su causa quedaua haziendo. Y, finalmente, me dixo que dixesse
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 67 a vuestra merced que le besaua las manos y que alli quedaua con mas desseo de verle que de escriuirle, y que assi le suplicaua, y mandaua, que, vista la presente, saliesse de aquellos matorrales y se dexasse de hazer disparates 5 y se pusiesse luego luego en camino del Toboso, si otra cosa de mas importancia no le sucediesse, porque tenia gran desseo de ver a vuestra merçed. Riose mucho quando le dixe como se llamaua vuestra merced el Cauallero 10 de la Triste Figura. Preguntele si auia ydo alla el vizcayno de marras; dixome que si, y que era vn hombre muy de bien. Tambien le pregunté por los galeotes, mas dixome que no auia visto hasta entonces alguno.” 15 “Todo va bien hasta agora”, dixo don Quixote. “Pero dime: ¿qué joya fue la que te dio al despedirte, por las nueuas que de mi le lleuaste? Porque es vsada y antigua costumbre entre los caualleros y damas andantes dar a (*) 20 los escuderos, donzellas o enanos que les lleuan nueuas, de sus damas a ellos, a ellas de sus andantes, alguna rica joya, en albricias, en agradecimiento de su recado.” “Bien puede esso ser assi, y yo la tengo por 25 buena vsança. Pero esso deuio (*) de ser en los tiempos passados; que aora solo se deue de acostumbrar a dar vn pedaço de pan y queso, que esto fue lo que me dio mi señora Dulzinea, por las bardas de vn corral, quando della me 30 despedi; y aun, por mas señas, era el queso ouejuno.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 “Es liberal en estremo”, dixo don Quixote, “y si no te dio joya de oro, sin duda deuio de ser porque no la tendria alli a la mano para dartela; pero buenas son mangas despues de Pasqua (*); yo la vere, y se satisfara todo. ¿Sabes 5 de qué estoy marauillado, Sancho? De que me parece que fuyste y veniste por los ayres, pues poco mas de tres dias has tardado en yr y venir desde aqui al Toboso, auiendo de aqui alla mas de treynta leguas. Por lo qual me doy a 10 entender que aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque por fuerça le ay y le ha de auer, so pena que yo no seria buen cauallero andante, digo que este tal te deuio de ayudar a caminar sin que tu lo 15 sintiesses; que ay sabio destos que coje a vn cauallero andante durmiendo en su cama y, sin saber cómo o en qué manera, amanece otro dia mas de mil leguas de donde anochecio. Y si no fuesse por esto, no se podrian socorrer en sus 20 peligros los caualleros andantes vnos a otros, como se socorren a cada passo. Que acaece estar vno peleando en las sierras de Armenia con algun endriago (*) o con algun fiero vestiglo, o con otro cauallero, donde lleua lo peor 25 de la batalla y está ya a punto de muerte, y quando no os me cato (*) assoma por aculla, encima de vna nuue o sobre vn carro de fuego, otro cauallero amigo suyo que poco antes se hallaua en Ingalaterra (*), que le fauorece y libra 30 de la muerte, y a la noche se halla en su posada cenando muy a su sabor, y suele auer de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 69 la vna a la otra parte dos o tres mil leguas (*). Y todo esto se haze por industria y sabiduria destos sabios encantadores que tienen cuydado destos valerosos caualleros. Assi que, amigo Sancho, no se me haze dificultoso creer que en 5 tan breue tiempo ayas ydo y venido desde este lugar al del Toboso; pues, como tengo dicho, algun sabio amigo te deuio de lleuar en bolandillas, sin que tu lo sintiesses.” “Assi seria”, dixo Sancho, “porque a buena 10 fe que andaua Rozinante como si fuera asno de gitano con azogue en los oydos (*).” “Y ¡cómo si lleuaua azogue!”, dixo don Quixote, “y aun vna legion de demonios, que es gente que camina y haze caminar sin cansarse, 15 todo aquello que se les antoja. Pero, dexando esto aparte, ¿qué te parece a ti que deuo yo de hazer aora, cerca de lo que mi señora me manda que la vaya a ver?; que aunque yo veo que estoy obligado a cumplir su 20 mandamiento, veome tambien impossibilitado del don que he prometido a la princesa que con nosotros viene, y fuerçame la ley de caualleria a cumplir mi palabra antes que mi gusto. Por vna parte, me acossa y fatiga el desseo de ver 25 a mi señora; por otra, me incita y llama la prometida fe y la gloria que he de alcançar en esta empresa. Pero lo que pienso hazer sera caminar a priessa y llegar presto donde está este gigante, y, en llegando, le cortaré la 30 cabeça y pondre a la princesa pacificamente en su estado, y al punto dare la buelta a ver a la luz
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 que mis sentidos alumbra. A la qual dare tales disculpas, que ella venga a tener por buena mi tardança, pues vera (*) que todo redunda en aumento de su gloria y fama, pues quanta yo he alcançado, alcanço y alcançare por las 5 armas en esta vida, toda me viene del fauor que ella me da y de ser yo suyo.” “¡Ay”, dixo Sancho, “y cómo está vuestra merced lastimado de essos cascos! Pues digame, señor, ¿piensa vuestra merced caminar 10 este camino en balde y dexar passar (*) y perder vn tan rico y tan principal casamiento como este, donde le dan en dote vn reyno, que a buena verdad que he oydo dezir que tiene mas de veynte mil leguas de contorno, y que es 15 abundantissimo de todas las cosas que son necessarias para el sustento de la vida humana, y que es mayor que Portugal y que Castilla juntos? Calle, por amor de Dios, y tenga verguença de lo que ha dicho, y tome mi consejo, 20 y perdoneme, y casesse luego en el primer lugar que aya cura, y si no, ahi está nuestro licenciado, que lo hara de perlas. Y aduierta que ya tengo edad para dar consejos, y que este que le doy le viene de molde; y (*) que 25 mas vale paxaro en mano que buytre bolando, porque quien bien tiene y mal escoge, por bien que se enoja, no se venga (*).” “Mira, Sancho”, respondio don Quixote, “si el consejo que me das de que me case es 30 porque sea luego rey, en matando al gigante, y tenga comodo para hazerte mercedes y darte
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 71 lo prometido, hagote saber que sin casarme podre cumplir tu desseo muy facilmente, porque yo sacaré de adahala (*), antes de entrar en la batalla, que, saliendo vencedor della, ya que no me case, me han de dar vna parte del 5 reyno para que la pueda dar a quien yo quisiere, y, en dandomela, ¿a quién quieres tu que la de sino a ti?” “Esso está claro”, respondio Sancho; “pero mire vuestra merced que la escoja hazia la 10 marina, porque, si no me contentare la viuienda, pueda embarcar mis negros vassallos y hazer dellos lo que ya he dicho. Y vuestra merced no se cure de yr por agora (*) a ver a (*) mi señora Dulzinea, sino vayasse a matar 15 al gigante y concluyamos este negocio; que por Dios que se me assienta que ha de ser de mucha honra y de mucho prouecho.” “Digote, Sancho”, dixo don Quixote, “que estás en lo cierto, y que aure de tomar tu 20 consejo en quanto el yr antes con la princesa que a ver a Dulzinea. Y auisote que no digas nada a nadie, ni a los que con nosotros vienen, de lo que aqui hemos departido y tratado; que pues Dulzinea es tan recatada que no quiere 25 que se sepan sus pensamientos, no sera bien que yo, ni otro por mi, los descubra.” “Pues si esso es assi”, dixo Sancho, “¿cómo haze vuestra merced que todos los que vence por su braço se vayan a presentar ante mi 30 señora Dulzinea, siendo esto firma de su nombre, que la quiere bien, y que es su enamorado? Y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72 siendo forçoso que los que fueren se han de yr a hincar de finojos ante su presencia y dezir que van de parte de vuestra merced a dalle la obediencia, ¿cómo se pueden encubrir los pensamientos de entrambos?” 5 “¡O, qué necio y qué simple que eres!”, dixo don Quixote. “¿Tu no ves, Sancho, que esso todo redunda en su mayor ensalçamiento? Porque has de saber que en este nuestro estilo de caualleria es gran honra tener vna dama 10 muchos caualleros andantes que la siruan, sin que se estiendan mas sus pensamientos que a seruilla, por solo ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus muchos y buenos desseos sino que ella se contente de acetarlos por sus 15 caualleros.” “Con essa manera de amor”, dixo Sancho, “he oydo yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por si solo, sin que nos mueua esperança de gloria o temor de pena. Aunque 20 yo le querria amar y seruir por lo que pudiesse.” “¡Valate el diablo por villano”, dixo don Quixote, “y qué de discreciones dizes a las vezes!; no parece sino que has estudiado.” 25 “Pues a fe mia que no se leer”, respondio Sancho. En esto, les dio vozes maesse Nicolas que esperassen vn poco; que querian detenerse a beuer en vna fontezilla (*) que alli estaua. 30 Detuuose don Quixote, con no poco gusto de Sancho, que ya estaua cansado de mentir tanto, y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 73 temia no le cogiesse su amo a palabras; porque, puesto que el sabia que Dulzinea era vna labradora del Toboso, no la auia visto en toda su vida. Auiase en este tiempo vestido Cardenio los 5 vestidos que Dorotea traya quando la hallaron, que, aunque no eran muy buenos, hazian mucha ventaja a los que dexaua. Apearonse junto a la fuente, y con lo que el cura se acomodó en la venta satisfizieron, aunque poco, la 10 mucha hambre que todos trayan. Estando en esto, acerto a passar por alli vn muchacho que yua de camino, el qual, poniendose a mirar con mucha atencion a los que en la fuente estauan, de alli a poco 15 arremetio a don Quixote, y abraçandole por las piernas, començo a llorar muy de proposito, diziendo: “¡Ay, señor mio!, ¿no me conoce vuestra merced? Pues mireme bien, que yo soy aquel 20 moço Andres que quitó vuestra merced de la encina donde estaua atado.” Reconociole don Quixote y, asiendole por la mano, se boluio a los que alli estauan, y dixo: “Porque vean vuestras mercedes quán de 25 importancia es auer caualleros andantes en el mundo, que desfagan los tuertos y agrauios que en el se hazen por los insolentes y malos hombres que en el viuen, sepan vuestras mercedes que los dias passados, passando yo por 30 vn bosque, oy vnos gritos y vnas vozes muy lastimosas, como de persona afligida y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 menesterosa; acudi luego, lleuado de mi obligacion, hazia la parte donde me parecio que las lamentables vozes sonauan, y hallé atado a vna encina a este muchacho que aora está delante, de lo que me huelgo en el alma, porque sera 5 testigo que no me dexará mentir en nada. Digo que estaua atado a la encina, desnudo del medio cuerpo arriba, y estauale abriendo a açotes con las riendas de vna yegua vn villano, que despues supe que era amo suyo; 10 y assi como yo le vi, le pregunté la causa de tan atroz vapulamiento; respondio el zafio que le açotaua porque era su criado, y que ciertos descuydos que tenia nacian mas de ladron que de simple. A lo qual este niño dixo: «Señor, 15 »no me açota sino porque le pido mi salario.” El amo replicó no se qué arengas y disculpas, las quales, aunque de mi fueron oydas, no fueron admitidas. En resolucion, yo le hize desatar, y tomé juramento al villano de que le 20 lleuaria consigo y le pagaria vn real sobre otro, y aun sahumados. ¿No es verdad todo esto, hijo Andres? ¿No notaste con quánto imperio se lo (*) mandé y con quánta humildad prometio de hazer todo quanto yo le impuse, 25 y notifiqué y quise? Responde, no te turbes ni dudes en nada; di lo que passó a estos señores, porque se vea y considere ser del prouecho que digo auer caualleros andantes por los caminos.” 30 “Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad”, respondio el muchacho; “pero
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 75 el fin del negocio sucedio muy al reues de lo que vuestra merced se imagina.” “¿Cómo al reues?”, replicó don Quixote; “¿luego no te pagó el villano?” “No solo no me pagó”, respondio el muchacho, 5 “pero assi como vuestra merced traspuso del bosque y quedamos solos, me boluio a atar a la mesma (*) encina y me dio de nueuo tantos açotes, que quedé hecho vn Sambartolome desollado. Y a cada açote que me daua me 10 dezia vn donayre y chufeta acerca de hazer burla de vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo que dezia. En efecto, el me paró tal, que hasta aora he estado curandome en vn hospital del mal que el mal 15 villano entonces me hizo. De todo lo qual tiene vuestra merced la culpa, porque si se fuera su camino adelante y no viniera donde no le llamauan, ni se entremetiera en negocios agenos, mi amo se contentara con darme vna (*) o dos 20 dozenas de açotes, y luego me soltara y pagara quanto me deuia. Mas como vuestra merced le deshonró tan sin proposito y le dixo tantas villanias, encendiosele la colera, y como no la pudo vengar en vuestra merced, quando 25 se vio solo descargó sobre mi el nublado, de modo, que me parece que no sere mas hombre en toda mi vida.” “El daño estuuo”, dixo don Quixote, “en yrme yo de alli, que no me auia de yr hasta 30 dexarte pagado; porque bien deuia yo de saber, por luengas experiencias, que no ay villano que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 guarde palabra que [diere] (*), si el vee que no le está bien guardalla. Pero ya te acuerdas, Andres, que yo juré que si no te pagaua, que auia de yr a buscarle y que le auia de hallar, aunque se escondiesse en el vientre de la 5 vallena.” “Assi es la verdad”, dixo Andres, “pero no aprouechó nada.” “Ahora veras si aprouecha”, dixo don Quixote. 10 Y, diziendo esto, se leuantó muy apriessa y mandó a Sancho que enfrenasse a Rozinante, que estaua paciendo en tanto que ellos comian (*). Preguntole Dorotea qué era lo que hazer queria. El le respondio que queria yr a 15 buscar al villano y castigalle de tan mal termino y hazer pagado a Andres hasta el vltimo marauedi, a despecho y pesar de quantos villanos huuiesse en el mundo. A lo que ella respondio que aduirtiesse que no podia, conforme 20 al don prometido, entremeterse en ninguna empresa hasta acabar la suya, y que pues esto sabia el mejor que otro alguno, que sossegasse el pecho hasta la buelta de su reyno. “Assi es verdad”, respondio don Quixote, 25 “y es forçoso que Andres tenga paciencia hasta la buelta, como vos, señora, dezis; que yo le torno a jurar y a prometer de nueuo de no parar hasta hazerle vengado y pagado.” “No me creo dessos juramentos”, dixo Andres; 30 “mas quisiera tener agora con que llegar a Seuilla, que todas las venganças del mundo;
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 77 deme, si tiene ai, algo que coma y lleue, y quedese con Dios su merced y todos los caualleros andantes, que tambien (*) andantes sean ellos para consigo (*), como lo han sido para conmigo.” 5 Sacó de su repuesto Sancho vn pedaço de pan y otro de queso, y, dandoselo al moço, le dixo: “Tomá, hermano Andres; que a todos nos alcança parte de vuestra desgracia.” 10 “Pues ¿qué parte os alcança a vos?”, preguntó Andres. “Esta parte de queso y pan que os doy”, respondio Sancho; “que Dios sabe si me ha de hazer falta o no, porque os hago saber, amigo, 15 que los escuderos de los caualleros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mala ventura, y aun a otras cosas que se sienten mejor que se dizen.” Andres asio de su pan y queso, y, viendo 20 que nadie le daua otra cosa, abaxó su cabeça y tomó el camino en las manos, como suele dezirse. Bien es verdad que, al partirse, dixo a don Quixote: “¡Por amor de Dios, señor cauallero andante 25 (*), que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hazen pedaços, no me socorra ni ayude, sino dexeme con mi desgracia, que no sera tanta que no sea mayor la que me vendra de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios 30 maldiga, y a todos quantos caualleros andantes han nacido en el mundo!”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78 Yuase a leuantar don Quixote para castigalle, mas el se puso a correr de modo que ninguno se atreuio a seguille (*). Quedó corridissimo don Quixote del cuento de Andres, y fue menester que los demas tuuiessen mucha 5 cuenta con no reyrse, por no acaballe de correr del todo.
p. 79 Capitulo XXXII Que trata de lo que sucedio en la venta a toda la quadrilla de don Quixote. Acabose la buena comida, ensillaron luego, y, sin que les sucediesse cosa digna de contar, 5 llegaron otro dia a la venta, espanto y asombro de Sancho Pança; y aunque el quisiera no entrar en ella, no lo pudo huyr. La ventera, ventero, su hija y Maritornes, que vieron venir a don Quixote y a Sancho, les salieron a recebir 10 con muestras de mucha alegria, y el las recibio con graue continente y aplauso, y dixoles que le adereçassen otro mejor lecho que la vez passada; a lo qual le respondio la huespeda que como la pagasse mejor que la otra vez, que (*) 15 ella se le (*) daria de principes. Don Quixote dixo que si haria, y, assi, le adereçaron vno razonable en el mismo caramanchon (*) de marras, y el se acosto luego, porque venia muy quebrantado y falto de juyzio. No se huuo bien 20 encerrado, quando la huespeda arremetio al barbero y, asiendole de la barba, dixo: “Para mi santiguada, que no se ha aun de aprouechar mas de mi rabo para su barba, y que me ha de boluer mi cola; que anda lo de 25 mi marido por essos suelos, que es vergüença, digo, el peyne que solia yo colgar de mi buena cola.” No se la queria dar el barbero, aunque ella mas tiraua, hasta que el licenciado le dixo que 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80 se la diesse; que ya no era menester mas vsar de aquella industria, sino que se descubriesse y mostrasse en su misma forma, y dixesse a don Quixote que quando le despojaron los ladrones galeotes se auia (*) venido a aquella 5 venta huyendo, y que si preguntasse por el escudero de la princesa, le dirian que ella le auia embiado adelante a dar auiso a los de su reyno como ella yua y lleuaua consigo al libertador de todos. Con esto dio de buena gana la 10 cola a la ventera el barbero, y assimismo le boluieron todos los aderentes que auia prestado para la libertad de don Quixote. Espantaronse todos los de la venta de la hermosura de Dorotea, y aun del buen talle del zagal Cardenio. 15 Hizo el cura que les adereçassen de comer de lo que en la venta huuiesse, y el huesped, con esperança de mejor paga, con diligencia les adereçó vna razonable comida; y a todo esto dormia don Quixote, y fueron de parecer de no 20 despertalle, porque mas prouecho le haria por entonces el dormir que el comer. Trataron sobre comida, estando delante el ventero, su muger, su hija (*), Maritornes, todos los passageros, de la estraña locura de don 25 Quixote y del modo que le auian hallado. La huespeda les conto lo que con el y con el harriero les auia acontecido; y (*), mirando si acaso estaua alli Sancho, como no le viesse, conto todo lo de su manteamiento, de que no 30 poco gusto recibieron. Y como el cura dixesse que los libros de cauallerias que don Quixote
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 81 auia leydo le auian buelto el juyzio, dixo el ventero: “No se yo cómo puede ser esso; que en verdad que, a lo que yo entiendo, no ay mejor letrado (*) en el mundo, y que tengo ai dos o tres 5 dellos, con otros papeles, que verdaderamente me han dado la vida, no solo a mi, sino a otros muchos. Porque quando es tiempo de la siega, se recogen aqui, las fiestas, muchos segadores, y siempre ay algunos que saben (*) leer, el qual 10 coge vno destos libros en las manos, y rodeamonos del mas de treynta, y estamosle escuchando con tanto gusto que nos quita mil canas; a lo menos, de mi se dezir que quando oyo dezir aquellos furibundos y terribles golpes 15 que los caualleros pegan, que me toma gana de hazer otro tanto, y que querria estar oyendolos noches y dias.” “Y yo ni mas ni menos”, dixo la ventera, “porque nunca tengo buen rato en mi casa, 20 sino aquel que vos estays escuchando leer; que estays tan embobado, que no os acordays de reñir por entonces.” “Assi es la verdad”, dixo Maritornes; “y a buena fe que yo tambien gusto mucho de oyr 25 aquellas cosas, que son muy lindas, y mas quando cuentan que se está la otra (*) señora debaxo de vnos naranjos abraçada con su cauallero, y que les está vna dueña haziendoles la guarda, muerta de embidia y con mucho 30 sobresalto. Digo que todo esto es cosa de mieles.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 “Y a vos ¿qué os parece, señora donzella?”, dixo el cura, hablando con la hija del ventero. “No se, señor, en mi anima”, respondio ella; “tambien yo lo escucho, y en verdad que, aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oyllo; 5 pero no gusto yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los caualleros hazen quando estan ausentes de sus señoras; que en verdad que algunas vezes me hazen llorar de compassion que les tengo.” 10 “Luego ¿bien las remediarades vos, señora donzella”, dixo Dorotea, “si por vos lloraran?” “No se lo que me hiziera”, respondio la moça, “solo se que ay algunas señoras de aquellas tan crueles, que las llaman sus caualleros 15 tigres, y leones, y otras mil inmundicias. Y ¡Iesus!, yo no se qué gente es aquella tan desalmada y tan sin conciencia, que por no mirar a vn hombre honrado, le dexan que se muera, o que se buelua loco. Yo no se para 20 qué es tanto melindre; si lo hazen de honradas, casense con ellos, que ellos no dessean otra cosa.” “¡Calla, niña!”, dixo la ventera; “que parece que sabes mucho destas cosas, y no está bien 25 a las donzellas saber ni hablar tanto.” “Como me lo pregunta este señor”, respondio ella, “no pude dexar de respondelle.” “Aora bien”, dixo el cura, “traedme, señor huesped, aquessos libros; que los quiero ver.” 30 “Que me (*) plaze”, respondio el. Y, entrando en su aposento, sacó del vna
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 83 maletilla vieja cerrada con vna cadenilla, y, abriendola, halló en ella tres libros grandes y vnos papeles de muy buena letra, escritos de mano. El primer libro que abrio vio que era Don Cirongilio de Tracia, y el otro de Felixmarte 5 de Yrcania, y el otro la Historia del Gran Capitan Gonçalo Hernandez de Cordoua, con la vida de Diego Garcia de Paredes (*). Assi como el cura leyo los dos titulos primeros, boluio el rostro al barbero, y dixo: 10 “Falta nos hazen aqui aora el ama de mi amigo y su sobrina.” “No hazen”, respondio el barbero; “que tambien se yo lleuallos (*) al corral o a la chimenea: que en verdad que ay muy buen fuego 15 en ella.” “Luego ¿quiere vuestra merced quemar mas (*) libros?”, dixo el ventero. “No mas”, dixo el cura, “que estos dos: el de Don Cirongilio y el de Felixmarte.” 20 “Pues, ¿por ventura”, dixo el ventero, “mis libros son herejes o flematicos, que los quiere quemar?” “Cismaticos quereys dezir, amigo”, dixo el barbero; “que no flematicos.” 25 “Assi es”, replicó el ventero; “mas si alguno quiere quemar, sea esse del Gran Capitan y desse Diego Garcia; que antes dexaré quemar vn hijo que dexar quemar ninguno dessotros.” “Hermano mio”, dixo el cura, “estos dos libros 30 son mentirosos y estan llenos de disparates y deuaneos. Y este del Gran Capitan es historia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 verdadera y tiene los hechos de Gonçalo Hernandez de Cordoua; el qual, por sus muchas y grandes hazañas merecio ser llamado de todo el mundo Gran Capitan (*), renombre famoso y claro y del solo merecido. Y este Diego Garcia 5 de Paredes fue vn principal cauallero, natural de la ciudad de Truxillo, en Estremadura, valentissimo soldado, y de tantas fuerças naturales, que detenia con vn dedo (*) vna rueda de molino en la mitad de su furia. Y puesto con 10 vn montante en la entrada de vna puente, detuuo a todo vn innumerable exercito, que no passasse por ella. Y hizo otras tales cosas, que si como (*) el las cuenta y las escriue el, assimismo (*) con la modestia de cauallero y de 15 coronista propio, las escriuiera otro libre y desapassionado, pusieran en su (*) oluido las de los Hetores (*), Aquiles y Roldanes.” “¡Tomaos con mi padre!”, dixo el (*) ventero; “mirad de qué se espanta, de detener vna 20 rueda de molino; por Dios, aora auia vuestra merced de leer lo que [hizo] (*) Felixmarte de Yrcania, que de vn reues solo partio cinco gigantes por la cintura como si fueran hechos de hauas, como los fraylezicos que hazen los 25 niños. Y otra vez arremetio con vn grandissimo y poderosissimo exercito, donde lleuó mas de vn millon y seyscientos mil soldados, todos armados desde el pie hasta la cabeça, y los desbarató a todos como si fueran manadas de 30 ouejas. Pues ¿qué me diran del bueno de don Cirongilio de Tracia, que fue tan valiente y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 85 animoso como se vera en el libro, donde cuenta (*) que nauegando por vn rio, le salio de la mitad del agua vna serpiente de fuego, y el, assi como la vio, se arrojó sobre ella, y se puso a horcaxadas encima de sus escamosas 5 espaldas y la apreto con ambas manos la garganta, con tanta fuerça que, viendo la serpiente que la yua ahogando, no tuuo otro remedio sino dexarse yr a lo hondo del rio, lleuandose tras si al cauallero, que nunca la quiso soltar? 10 Y quando llegaron alla [a]baxo (*), se halló en vnos palacios y en vnos jardines tan lindos, que era marauilla, y luego la sierpe se boluio en vn viejo anciano, que le dixo tantas de cosas que no ay mas que oyr. ¡Calle, señor, que 15 si oyesse esto, se bolueria loco de plazer; dos higas para el Gran Capitan y para esse Diego Garcia, que dize!” Oyendo esto Dorotea, dixo callando (*) a Cardenio: 20 “Poco le falta a nuestro huesped para hazer la segunda parte de don Quixote.” “Assi me parece a mi”, respondio Cardenio, “porque, segun da indicio, el tiene por cierto que todo lo que estos libros cuentan passó ni 25 mas ni menos que lo escriuen, y no le haran creer otra cosa frayles descalços.” “Mirad, hermano”, tornó a dezir el cura, “que no huuo en el mundo Felixmarte de Yrcania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caualleros 30 semejantes que los libros de cauallerias cuentan. Porque todo es compostura y ficcion de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 ingenios ociosos que los compusieron para el efeto que vos dezis de entretener el tiempo, como lo entretienen leyendolos vuestros segadores; porque, realmente, os juro que nunca tales caualleros fueron en el mundo, ni tales 5 hazañas ni disparates acontecieron en el.” “¡A otro perro con esse huesso! (*)”, respondio el ventero. “¡Como si yo no supiesse quántas son cinco y adónde me aprieta el çapato! ¡No piense vuestra merced darme papilla, 10 porque, por Dios que no soy nada blanco! (*) ¡Bueno es que quiera darme vuestra merced a entender que todo aquello que estos buenos libros dizen sea disparates y mentiras, estando impresso (*) con licencia de los señores del 15 Consejo Real, como si ellos fueran gente que auian de dexar imprimir tanta mentira junta, y tantas batallas y tantos encantamentos, que quitan el juyzio!” “Ya os he dicho, amigo”, replicó el cura, 20 “que esto se haze para entretener nuestros ociosos pensamientos; y assi como se consiente en las republicas bien concertadas que aya juegos de axedrez, de pelota y de trucos, para entretener a algunos que ni tienen (*) ni deuen 25 ni pueden trabajar, assi se consiente imprimir y que aya tales libros; creyendo, como es verdad, que no ha de auer alguno tan ignorante que tenga por historia verdadera ninguna (*) destos libros. Y si me fuera licito agora (*) y el 30 auditorio lo requiriera, yo dixera cosas acerca de lo que han de tener los libros de cauallerias para
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 87 ser buenos, que quiça fueran de prouecho y aun de gusto para algunos; pero yo espero que vendra tiempo en que lo pueda comunicar con quien pueda remediallo, y en este entretanto, creed, señor ventero, lo que os he dicho, y 5 tomad vuestros libros, y alla os auenid con sus verdades o mentiras, y buen prouecho os hagan, y quiera Dios que no coxeeys del pie que coxea vuestro huesped don Quixote.” “Esso no”, respondio el ventero; “que no 10 sere yo tan loco que me haga cauallero andante: que bien veo que aora no se vsa lo que se vsaua en aquel tiempo, quando se dize que andauan por el mundo estos famosos caualleros.” 15 A la mitad desta platica se halló Sancho presente, y quedó muy confuso y pensatiuo de lo que auia oydo dezir: que aora no se vsauan caualleros andantes, y que todos los libros de cauallerias eran necedades y mentiras, y 20 propuso en su coraçon de esperar en lo que paraua aquel viaje de su amo, y que si no salia con la felicidad que el pensaua, determinaua de dexalle y boluerse con su muger y sus hijos a su acostumbrado trabajo. 25 Lleuauase la maleta y los libros el ventero, mas el cura le dixo: “Esperad, que quiero ver qué papeles son essos que de tan buena letra estan escritos.” Sacolos el huesped, y, dandoselos a leer, vio 30 hasta obra de ocho pliegos, escritos de mano, y al principio tenian vn titulo grande que dezia:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88 Nouela del Curioso impertinente. Leyo el cura para si tres o quatro renglones, y dixo: “Cierto que no me parece mal el titulo desta nouela, y que me viene voluntad de leella toda.” 5 A lo que respondio el ventero: “Pues bien puede leella su reuerencia, porque le hago saber que [a] algunos (*) huespedes que aqui la han leydo les ha contentado mucho, y me la han pedido con muchas veras; 10 mas yo no se la he querido dar, pensando boluersela a quien aqui dexó esta maleta oluidada con estos libros y essos papeles; que bien puede ser que buelua su dueño por aqui algun tiempo, y aunque se que me han de hazer falta 15 los libros, a fe que se los he de boluer; que aunque ventero todauia soy christiano.” “Vos teneys mucha razon, amigo”, dixo el cura; “mas, con todo esso, si la nouela me contenta, me la aueys de dexar trasladar.” 20 “De muy buena gana”, respondio el ventero. Mientras los dos esto dezian, auia tomado Cardenio la nouela y començado a leer en ella, y, pareciendole lo mismo que al cura, le rogo que la leyesse de modo que todos la 25 oyessen. “Si leyera”, dixo el cura, “si no fuera mejor gastar este tiempo en dormir que en leer.” “Harto reposo sera para mi”, dixo Dorotea, “entretener el tiempo oyendo algun cuento, 30 pues aun no tengo el espiritu tan sossegado, que me conceda dormir quando fuera razon.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 89 “Pues dessa manera”, dixo el cura, “quiero leerla por curiosidad siquiera; quiça tendra alguna (*) de gusto.” Acudio maese Nicolas a rogarle lo mesmo (*), y Sancho tambien; lo qual visto del 5 cura, y entendiendo que a todos daria gusto y el le recibiria (*), dixo: “Pues assi es, estenme todos atentos; que la nouela comiença desta manera.”
p. 90 Capitulo XXXIII Donde se cuenta la nouela del Curioso impertinente. En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la prouincia que llaman Toscana, viuian 5 Anselmo y Lotario, dos caualleros (*) ricos y principales, y tan amigos, que por excelencia y antonomasia de todos los que los conocian los dos amigos eran llamados (*). Eran solteros, moços de vna misma edad y de vnas mismas 10 costumbres, todo lo qual era bastante causa a que los dos con reciproca amistad se correspondiessen. Bien es verdad que el Anselmo era algo mas inclinado a los passatiempos amorosos que el Lotario, al qual lleuauan tras 15 si los de la caça. Pero quando se ofrecia dexaua Anselmo de acudir a sus gustos por seguir los de Lotario, y Lotario dexaua los suyos por acudir a los de Anselmo; y desta manera andauan tan a vna sus voluntades, que no auia 20 concertado relox que assi lo anduuiesse. Andaua Anselmo perdido de amores de vna donzella principal y hermosa de la misma ciudad, hija de tan buenos padres, y tan buena ella por si, que se determinó, con el parecer 25 de su amigo Lotario, sin el qual ninguna cosa hazia, de pedilla por esposa a sus padres; y, assi, lo puso en execucion; y el que lleuó la embaxada fue Lotario, y el que (*) concluyó el negocio tan a gusto de su amigo, que en breue 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 91 tiempo se vio puesto en la possession que desseaua, y Camila tan contenta de auer alcançado a Anselmo por esposo, que no cessaua de dar gracias al cielo y a Lotario, por cuyo medio tanto bien le auia venido. 5 Los primeros dias, como todos los de boda suelen ser alegres, continuó Lotario, como solia, la casa de su amigo Anselmo, procurando honralle, festejalle y regozijalle con todo aquello que a el le fue possible. Pero acabadas las 10 bodas, y sossegada ya la frequencia de las visitas y parabienes, començo Lotario a descuydarse con cuydado de las ydas en casa de Anselmo, por parecerle a el, como es razon que parezca a todos los que fueren discretos, que 15 no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos casados de la misma manera que quando eran solteros; porque aunque la buena y verdadera amistad no puede ni deue de ser sospechosa en nada, con todo esto es tan 20 delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mesmos (*) hermanos, quanto mas de los amigos. Notó Anselmo la remission de Lotario, y formó del quexas grandes, diziendole que si el 25 supiera que el casarse auia de ser parte para no comunicalle como solia, que jamas lo huuiera hecho; y que si por la buena correspondencia que los dos tenian mientras el fue soltero auian alcançado tan dulce nombre como 30 el de ser (*) llamados los dos amigos, que no permitiesse por querer hazer del circunspecto
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92 (*), sin otra ocasion alguna, que tan famoso y tan agradable nombre se perdiesse; y que, assi, le suplicaua (*), si era licito que tal termino de hablar se vsasse entre ellos, que boluiesse a ser señor de su casa y a entrar y salir 5 en ella como de antes, asegurandole que su esposa Camila no tenia otro gusto ni otra voluntad que la que el queria que tuuiesse; y que por auer sabido ella con quántas veras los dos se amauan, estaua confusa de ver en el tanta 10 esquiueza. A todas estas y otras muchas razones que Anselmo dixo a Lotario para persuadille boluiesse, como solia, a su casa, respondio Lotario con tanta prudencia, discrecion y auiso, que 15 Anselmo quedó satisfecho de la buena intencion de su amigo; y quedaron de concierto que dos dias en la semana y las fiestas fuesse Lotario a comer con el; y aunque esto quedó assi concertado entre los dos, propuso Lotario de 20 no hazer mas de aquello que viesse que mas conuenia a la honra de su amigo, cuyo credito est[im]aua (*) en mas que el suyo proprio. Dezia el, y dezia bien, que el casado a quien el cielo auia concedido muger hermosa tanto 25 cuydado auia de tener qué amigos lleuaua a su casa, como en mirar con qué amigas su muger conuersaua, porque lo que no se haze ni concierta en las plaças, ni en los templos, ni en las fiestas publicas, ni estaciones, cosas que no 30 todas vezes las han de negar los maridos a sus mugeres, se concierta y facilita en casa de la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 93 amiga o la parienta de quien mas satisfacion se tiene (*). Tambien dezia Lotario que tenian necessidad los casados de tener cada vno algun amigo que le aduirtiesse de los descuydos que en 5 su proceder hiziesse (*), porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la muger tiene, o no le aduierte, o no le dize, por no enojalla, que haga o dexe de hazer algunas cosas, que el hazellas, o no, le seria de honra, 10 o de vituperio; de lo qual, siendo del amigo aduertido, facilmente pondria remedio en todo. Pero ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal y verdadero como aqui Lotario (*) le pide? No lo se yo, por cierto; solo Lotario era 15 este, que con toda solicitud y aduertimiento miraua por la honra de su amigo, y procuraua dezmar, frisar y acortar los dias del concierto del yr a su casa, porque no pareciesse mal (*) al vulgo ocioso, y a los ojos vagabundos y 20 maliciosos, la entrada de vn moço rico, gentilhombre y bien nacido, y de las buenas partes que el pensaua que tenia (*), en la casa de vna muger tan hermosa como Camila; que, puesto que su bondad (*) y valor podia poner freno 25 a toda maldiciente lengua, todauia no queria poner en duda su credito ni el de su amigo, y por esto los mas de los dias del concierto los ocupaua y entretenia (*) en otras cosas, que el daua a entender ser inexcusables. Assi que en 30 quexas del vno y disculpas del otro se passauan muchos ratos y partes del dia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94 Sucedio, pues, que vno, que los dos se andauan passeando por vn prado fuera de la ciudad, Anselmo dixo a Lotario las semejantes razones (*): “Pensauas (*), amigo Lotario, que a las 5 mercedes que Dios me ha hecho en hazerme hijo de tales padres como fueron los mios, y al (*) darme no con mano escasa los bienes, assi los que llaman de naturaleza como los de fortuna, no puedo yo corresponder con agradecimiento 10 que llegue al bien recebido y sobre al que (*) me hizo en darme a ti por amigo y a Camila por muger propria (*), dos prendas que las estimo, si no en el grado que deuo (*), en el que puedo. Pues con todas estas partes, que suelen 15 ser el todo con que los hombres suelen y pueden viuir contentos, viuo yo el mas despechado y el mas desabrido hombre de todo el vniuerso mundo (*). Porque no se qué dias a esta parte me fatiga y aprieta vn desseo tan estraño 20 y tan fuera del vso comun de otros, que yo me marauillo de mi mismo (*), y me culpo, y me riño a solas, y procuro callarlo y encubrirlo (*) de mis proprios (*) pensamientos, y, assi, me ha sido possible salir con este secreto (*) como 25 si de industria procurara dezillo a todo el mundo; y pues que, en efeto, el ha de salir a plaça, quiero que sea en la del archiuo de tu secreto, confiado que con (*) el y con la diligencia que pondras, como mi amigo verdadero, en remediarme, 30 yo me vere presto libre de la angustia que me causa, y llegará mi alegria por tu
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 95 solicitud al grado que ha llegado mi descontento por mi locura.” Suspenso tenian a Lotario las razones de Anselmo, y no sabia en qué auia de parar tan larga preuencion o preambulo, y aunque yua 5 reboluiendo en su imaginacion qué desseo podria ser aquel que a su amigo tanto fatigaua, dio siempre muy lexos del blanco de la verdad; y por salir presto de la agonia que le causaua aquella suspension, le dixo que hazia notorio 10 agrauio a su mucha amistad en andar buscando rodeos para dezirle sus mas encubiertos (*) pensamientos, pues tenia cierto que se podia prometer del, o ya consejos para entretenellos (*), o ya remedio para cumplillos. 15 “Assi es la verdad”, respondio Anselmo, “y con essa confiança te hago saber, amigo Lotario, que el desseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, [es tan] (*) buena y tan perfeta como yo pienso, y no puedo enterarme 20 en esta verdad si no es prouandola de manera, que la prueua manifieste los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro. Porque yo tengo para mi, o amigo, que no es vna muger mas buena de quanto es o no es 25 solicitada, y que aquella sola es fuerte que no se (*) dobla a las promessas, a las dadiuas, a las lagrimas y a las continuas importunidades de los solicitos amantes. Porque, ¿qué ay que agradecer --dezia él-- que vna muger sea buena, 30 si nadie le dize que sea mala? ¿Qué mucho que esté recogida y temerosa la que no le dan ocasion
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 96 para que se suelte, y la que sabe que tiene marido que, en cogiendola en la primera desemboltura, la ha de quitar la vida? Ansi que la que es buena por temor, o por falta de lugar, yo no la quiero tener en aquella estima en que 5 tendre a la solicitada y perseguida que salio con la corona del vencimiento. De modo que, por estas razones y por otras muchas que te pudiera dezir para acreditar y fortalecer la opinion que tengo, desseo que Camila mi esposa 10 passe por estas dificultades y se acrisole y quilate en el fuego de verse requerida y solicitada, y de quien tenga valor para poner en ella sus desseos; y si ella sale, como creo que saldra, con la palma desta batalla, tendre yo por sin 15 ygual mi ventura. Podre yo dezir que está colmo el vazio de mis desseos. Dire que me cupo en suerte la muger fuerte de quien el Sabio dize que ¿quién la hallará? Y quando esto suceda al reues de lo que pienso, con el gusto 20 de ver que acerte en mi opinion, lleuaré sin pena la que de razon podra causarme mi tan costosa experiencia. Y prosupuesto que ninguna cosa de quantas me dixeres en contra de mi desseo ha de ser de algun prouecho para 25 dexar de ponerle por la obra, quiero, o amigo Lotario, que te dispongas a ser el instrumento que labre aquesta obra de mi gusto; que yo te dare lugar para que lo hagas, sin faltarte todo aquello que yo viere ser necessario para 30 solicitar a vna muger honesta, honrada, recogida y desinteressada.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 97 ”Y mueueme, entre otras cosas, a fiar de ti esta tan ardua empresa, el ver que si de ti es vencida Camila, no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a solo a tener por hecho lo que se ha de hazer (*), por buen 5 respeto, y, assi, no quedaré yo ofendido mas de con el desseo, y mi injuria quedará escondida en la virtud de tu silencio, que bien se que en lo que me tocare ha de ser eterno como el de la muerte. Assi que, si quieres que yo tenga 10 vida que pueda dezir que lo es, desde luego has de entrar en esta amorosa batalla, no tibia ni perezosamente, sino con el ahinco y diligencia que mi desseo pide y con la confiança que nuestra amistad me assegura.” 15 Estas fueron las razones que Anselmo dixo a Lotario, a todas las quales estuuo tan atento, que, si no fueron las que quedan escritas que le dixo, no desplego sus labios hasta que huuo acabado, y viendo que no dezia mas, despues 20 que le estuuo mirando vn buen espacio, como si mirara otra cosa que jamas huuiera visto, que le causara admiracion y espanto, le dixo: “No me puedo persuadir, o amigo Anselmo, a que no sean burlas las cosas que me has 25 dicho; que a pensar que de veras las dezias no consintiera que tan adelante passaras, porque con no escucharte preuiniera tu larga arenga. Sin duda imagino, o que no me conoces, o que yo no te conozco. Pero no: que bien se que eres 30 Anselmo y tu sabes que yo soy Lotario; el daño está en que yo pienso que no eres el Anselmo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98 que solias, y tu deues de auer pensado que tampoco yo soy el Lotario que deuia ser; porque las cosas que me has dicho, ni son de aquel Anselmo mi amigo, ni las que me pides se han de pedir a aquel Lotario que tu conoces. 5 Porque los buenos amigos han de prouar a sus amigos, y valerse dellos, como dixo vn poeta: vsque ad aras; que quiso dezir que no se auian de valer de su amistad en cosas que fuessen contra Dios. Pues si esto sintio vn gentil de la 10 amistad, ¿quánto mejor es que lo sienta el christiano que sabe que por ninguna humana ha de perder la amistad diuina? Y quando el amigo tirasse tanto la barra, que pusiesse aparte los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, 15 no ha de ser por cosas ligeras y de poco momento, sino por aquellas en que vaya la honra y la vida de su amigo. Pues dime tu aora, Anselmo, ¿quál destas dos cosas tienes en peligro, para que yo me auenture a complacerte y a 20 hazer vna cosa tan detestable como me pides? Ninguna, por cierto; antes me pides, segun yo entiendo, que procure y solicite quitarte la honra y la vida, y quitarmela a mi juntamente. Porque si yo he de procurar quitarte la honra, 25 claro está que te quito la vida, pues el hombre sin honra peor es que vn muerto; y, siendo yo el instrumento, como tu quieres que lo sea, de tanto mal tuyo, ¿no vengo a quedar (*) deshonrado y, por el mesmo consiguiente, sin 30 vida? Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia de no responderme hasta que acabe de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 99 dezirte lo que se me ofreciere acerca de lo que te ha pedido tu desseo; que tiempo quedará para que tu me repliques y yo te escuche.” “Que me plaze”, dixo Anselmo; “di lo que quisieres.” 5 Y Lotario prosiguio, diziendo: “Pareceme, o Anselmo, que tienes tu aora el ingenio como el que siempre tienen los moros, a los quales no se les puede dar a entender el error de su secta (*) con las acotaciones de la 10 Santa Escritura, ni con razones que consistan en especulacion del entendimiento, ni que vayan fundadas en articulos de fe, sino que les han de traer exemplos palpables, faciles, intelegibles (*), demonstratiuos, indubitables, con 15 demostraciones (*) matematicas, que no se pueden negar, como quando dizen: «Si de dos partes »yguales quitamos partes yguales, las que »quedan tambien son yguales.» Y quando esto no entiendan de palabra, como en efeto no lo 20 entienden, haseles de mostrar con las manos y ponerselo delante de los ojos, y aun con todo esto no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de mi (*) sacra religion. Y este mesmo (*) termino y modo me conuendra vsar 25 contigo, porque el desseo que en ti ha nacido va tan descaminado y tan fuera de todo aquello que tenga sombra de razonable, que me parece que ha de ser tiempo gastado (*) el que ocupare en darte a entender tu simplicidad, que 30 por aora no le quiero dar otro nombre, y aun estoy por dexarte en tu desatino, en pena de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100 tu mal desseo; mas no me dexa vsar deste rigor la amistad que te tengo, la qual no consiente que te dexe puesto en tan manifiesto peligro de perderte. ”Y porque claro lo veas, dime, Anselmo: ¿tu 5 no me has dicho que tengo de solicitar a vna retirada, persuadir a vna honesta, ofrecer a vna desinteressada, seruir a vna prudente? Si que me lo has dicho. Pues si tu sabes que tienes muger retirada, honesta, desinteressada y 10 prudente, ¿qué buscas? Y si piensas que de todos mis assaltos ha de salir vencedora, como saldra sin duda, ¿qué mejores titulos piensas darle despues que los que aora tiene?; ¿o qué sera mas despues de lo que es aora? O es que 15 tu no la tienes por la que dizes, o tu no sabes lo que pides. Si no la tienes por lo (*) que dizes, ¿para qué quieres prouarla, sino, como a mala, hazer della lo que mas te viniere en gusto? Mas si es tan buena como crees, impertinente cosa 20 sera hazer experiencia de la mesma (*) verdad, pues despues de hecha se ha de quedar con la estimacion que primero tenia. Assi que es razon concluyente que el intentar las cosas de las quales antes nos puede suceder daño que 25 prouecho es de juyzios sin discurso y temerarios; y mas quando quieren intentar aquellas a que no son forçados ni compelidos, y que de muy lexos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura. 30 ”Las cosas dificultosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entrambos a dos: las
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 101 que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, acometiendo a viuir vida de angeles en cuerpos humanos; las que se acometen por respeto del mundo son las de aquellos que passan tanta infinidad de agua, tanta 5 diuersidad de climas, tanta estrañeza de gentes, por adquirir estos que llaman bienes de fortuna. Y las que se intentan por Dios y por el mundo juntamente, son aquellas de los valerosos soldados, que apenas veen en el contrario 10 muro abierto tanto espacio quanto es el que pudo hazer vna redonda bala de artilleria, quando, puesto aparte todo temor, sin hazer discurso ni aduertir al manifiesto peligro que les amenaza, lleuados en buelo de las alas del 15 desseo de boluer por su fe, por su nacion y por su rey, se arrojan intrepidamente por la mitad de mil contrapuestas muertes (*) que los esperan. Estas cosas son las que suelen intentarse, y es honra, gloria y prouecho intentarlas, 20 aunque tan llenas de inconuenientes y peligros. ”Pero la que tu dizes que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcançar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los hombres; porque, puesto que salgas con ella como 25 desseas, no has de quedar ni mas vfano, ni mas rico, ni mas honrado que estás aora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda; porque no te ha de aprouechar pensar entonces que no sabe nadie la 30 desgracia que te ha sucedido, porque bastará para afligirte y deshazerte que la sepas tu
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102 mesmo (*). Y para confirmacion desta verdad, te quiero dezir vna estancia, que hizo el famoso poeta Luys Tansilo, en el fin de su primera parte de las Lagrimas de san Pedro, que dize assi: Crece el dolor y crece la verguença 5 en Pedro, quando el dia se ha mostrado, y aunque alli no ve a nadie, se auerguença de si mesmo (*), por ver que auia pecado: que a vn magnanimo pecho a (*) auer verguença no solo ha de mouerle el ser mirado; 10 que de si se auerguença quando yerra, si bien otro no vee que cielo y tierra (*). ”Assi que no escusarás con el secreto tu dolor; antes tendras que llorar contino, si no lagrimas de los ojos, lagrimas de sangre del 15 coraçon, como las lloraua aquel simple doctor que nuestro poeta nos cuenta, que hizo la prueua del vaso (*), que con mejor discurso se escusó de hazerla el prudente Reynaldos; que puesto que aquello sea ficcion poetica, tiene en si 20 encerrados secretos morales dignos de ser aduertidos y entendidos e imitados. Quanto mas, que con lo que aora pienso dezirte, acabarás de venir en conocimiento del grande error que quieres cometer. 25 ”Dime, Anselmo: si el cielo, o la suerte buena, te huuiera hecho señor y legitimo possessor de vn finissimo diamante, de cuya bondad y quilates estuuiessen satisfechos quantos lapidarios le viessen, y (*) que todos a vna voz y de comun 30 parecer dixessen que llegaua en quilates, bondad y fineza a quanto se podia estender la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 103 naturaleza de tal piedra, y tu mesmo lo creyesses assi, sin saber otra cosa en contrario, ¿seria justo que te viniesse en desseo de tomar aquel diamante, y ponerle entre vn ayunque y vn martillo, y alli, a pura fuerça de golpes y 5 braços, prouar si es tan duro y tan fino como dizen? Y mas, si lo pussiesses por obra; que puesto caso que la piedra hiziesse resistencia a tan necia prueua, no por esso se le añadiria mas valor ni mas fama, y si se rompiesse, cosa 10 que podria ser, ¿no se perdia (*) todo? Si, por cierto, dexando a su dueño en estimacion de que todos le tengan por simple. Pues haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es finissimo diamante, assi en tu estimacion como en la 15 agena, y que no es razon ponerla en contingencia de que se quiebre, pues aunque se quede con su entereza, no puede subir a mas valor del que aora tiene, y si faltasse y no resistiesse, considera desde aora quál quedarias (*) sin 20 ella, y con quánta razon te podrias quexar de ti mesmo (*), por auer sido causa de su perdicion y la tuya. ”Mira que no ay joya en el mundo que tanto valga como la muger casta y honrada, y que 25 todo el honor de las mugeres consiste en la opinion buena que dellas se tiene; y pues la de tu esposa es tal, que llega al estremo de bondad que sabes, ¿para qué quieres poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la muger 30 es animal imperfecto (*) y que no se le han de poner embaraços donde tropiece y cayga,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104 sino quitarselos y despejalle el camino de qualquier inconueniente, para que sin pesadumbre corra ligera a alcançar la perfecion que le falta, que consiste en el ser virtuosa. ”Cuentan los naturales que el arminio es 5 vn animalejo que tiene vna piel blanquissima, y que, quando quieren caçarle los caçadores, vsan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele passar y acudir, las atajan con lodo, y despues, ojeandole, le encaminan hazia 10 aquel lugar, y assi como el arminio llega al lodo, se está quedo y se dexa prender y cautiuar, a trueco de no passar por el cieno y perder y ensuziar su blancura, que la estima en mas que la libertad y la vida (*). La honesta y 15 casta muger es arminio, y es mas que nieue blanca y limpia la virtud de la honestidad, y el que quisiere que no la pierda, antes la guarde y conserue, ha de vsar de otro estilo diferente que con el arminio se tiene, porque no 20 le han de poner delante el cieno de los regalos y seruicios de los importunos amantes, porque quiça, y aun sin quiça, no tiene tanta virtud y fuerça natural que pueda por si mesma (*) atropellar y passar por aquellos embaraços, y 25 es necessario quitarselos y ponerle delante la limpieza de la virtud y la belleza que encierra en si la buena fama. ”Es assimesmo (*) la buena muger como espejo de cristal (*) luziente y claro, pero está 30 sugeto a empañarse y escurecerse con qualquiera aliento que le toque. Hase de vsar con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 105 la honesta muger el estilo que con las reliquias: adorarlas y no tocarlas. Hase de guardar y estimar la muger buena como se guarda y estima vn hermoso jardin que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño no consiente que nadie le 5 passee (*) ni manosee; basta que desde lexos y por entre las verjas de hierro gozen de su fragrancia y hermosura. Finalmente, quiero dezirte vnos versos que se me han venido a la memoria, que los ohi en vna comedia moderna, 10 que me parece que hazen al proposito de lo que vamos tratando. Aconsejaua vn prudente viejo a otro, padre de vna donzella, que la recogiesse, guardasse y encerrasse, y, entre otras razones, le dixo estas: 15 Es de vidrio (*) la muger; pero no se ha de prouar si se puede o no quebrar, porque todo podria ser. Y es mas facil el quebrarse, 20 y no es cordura ponerse a peligro de romperse lo que no puede soldarse. Y en esta opinion esten todos, y en razon la fundo, 25 que si ay Danaes en el mundo, ay pluuias de oro tambien. ”Quanto hasta aqui te he dicho, o Anselmo, ha sido por lo que a ti te toca; y aora es bien que se oyga algo de lo que a mi me conuiene; 30 y si fuere largo, perdoname; que todo lo requiere el laberinto donde te has entrado, y de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106 donde quieres que yo te saque. Tu me tienes por amigo, y quieres quitarme la honra, cosa que es contra toda amistad, y aun no solo pretendes esto, sino que (*) procuras que yo te la quite a ti. Que me la quieres quitar a mi, está 5 claro, pues quando Camila vea que yo la solicito, como me pides, cierto está que me ha de tener por hombre sin honra y mal mirado, pues intento y hago vna cosa tan fuera de aquello que el ser quien soy y tu amistad me 10 obliga. De que quieres que te la quite a ti, no ay duda, porque viendo Camila que yo la solicito, ha de pensar que yo he visto en ella alguna liuiandad que me dio atreuimiento a descubrirle mi mal desseo, y, teniendose por 15 deshonrada, te toca a ti, como a cosa suya, su mesma (*) deshonra. Y de aqui nace lo que comunmente se platica: que el marido de la muger adultera, puesto que el no lo sepa ni aya dado ocasion para que su muger no sea la que 20 deue, ni aya sido en su mano, ni en su descuydo y poco recato estoruar su desgracia, con todo le llaman y le nombran con nombre de vituperio y baxo, y en cierta manera le miran los que la maldad de su muger saben con ojos 25 de menosprecio, en cambio de mirarle con los de lastima (*), viendo que, no por su culpa, sino por el gusto de su mala compañera, está en aquella desuentura. ”Pero quierote dezir la causa, porque con 30 justa razon es deshonrado el marido de la muger mala, aunque el no sepa que lo es, ni
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 107 tenga culpa, ni aya sido parte, ni dado ocasion para que ella lo sea. Y no te canses de oyrme; que todo ha de redundar en tu prouecho. Quando Dios crió a nuestro primero padre en el Parayso Terrenal, dize la Diuina Escritura que 5 infundio Dios sueño en Adan, y que, estando durmiendo, le sacó vna costilla del lado siniestro, de la qual formó a nuestra madre Eua; y assi como Adan desperto y la miró, dixo: «Esta »es carne de mi carne y huesso de mis huessos.» 10 Y Dios dixo: «Por esta dexará el hombre »a su padre y madre, y seran dos en vna carne »misma.» Y, entonces fue instituydo el diuino sacramento del matrimonio, con tales lazos, que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene 15 tanta fuerça y virtud este milagroso sacramento, que haze que dos diferentes personas sean vna mesma (*) carne; y aun haze mas en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas, no tienen mas de vna voluntad. Y de aqui 20 viene que, como la carne de la esposa sea vna mesma (*) con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los defectos (*) que se procura, redundan en la carne del marido, aunque el no aya dado, como queda dicho, ocasion para 25 aquel daño. Porque assi como el dolor del pie, o de qualquier miembro del cuerpo humano, le siente todo el cuerpo, por ser todo de vna carne mesma (*), y la cabeça siente el daño del touillo, sin que ella se le aya causado, assi el 30 marido es participante de la deshonra de la muger por ser vna mesma (*) cosa con ella. Y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108 como las honras y deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de la muger mala sean deste genero, es forçoso que al marido le quepa parte dellas y sea tenido por deshonrado sin que el lo sepa. 5 ”Mira, pues, o Anselmo, al peligro que te pones en querer turbar el sossiego en que tu buena esposa viue. Mira por quán vana e impertinente curiosidad quieres reboluer los humores que aora estan sossegados en el pecho 10 de tu casta esposa. Aduierte que lo que auenturas a ganar es poco, y que lo que perderas sera tanto, que lo dexaré en su punto, porque me faltan palabras para encarecerlo. Pero si todo quanto he dicho no basta a mouerte de 15 tu mal proposito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desuentura; que yo no pienso serlo, aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor perdida que imaginar puedo.” 20 Calló en diziendo esto el virtuoso y prudente Lotario, y Anselmo quedó tan confuso y pensatiuo, que por vn buen espacio no le pudo responder palabra; pero, en fin, le dixo: “Con la atencion que has visto he escuchado, 25 Lotario amigo, quanto has querido dezirme, y en tus razones, exemplos y comparaciones he visto la mucha discrecion que tienes y el estremo de la verdadera amistad que alcanças; y ansimesmo (*) veo y confiesso que si no 30 sigo tu parecer y me voy tras el mio, voy huyendo del bien y corriendo tras el mal.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 109 Prosupuesto (*) esto, has de considerar que yo padezco aora la enfermedad que suelen tener algunas mugeres, que se les antoja comer tierra, yesso, carbon y otras cosas peores (*), aun asquerosas para mirarse, quanto mas para 5 comerse; assi que es menester vsar de algun artificio para que yo sane, y esto se podia hazer con facilidad solo con que comiences, aunque tibia y fingidamente, a solicitar a Camila, la qual no ha de ser tan tierna, que a los primeros 10 encuentros de con su honestidad por tierra; y con solo este principio quedaré contento, y tu auras cumplido con lo que deues a nuestra amistad, no solamente dandome la vida, sino persuadiendome de no verme sin honra. Y estás 15 obligado a hazer esto por vna razon sola, y es que estando yo, como estoy, determinado de poner en platica esta prueua, no has tu de consentir que yo de cuenta de mi desatino a otra persona, con que pondria en auentura el honor 20 que tu procuras que no pierda; y quando el tuyo no esté en el punto que deue en la intencion de Camila en tanto que la solicitares, importa poco o nada, pues con breuedad, viendo [en] ella (*) la entereza que esperamos, le 25 podras dezir la pura verdad de nuestro artificio, con que boluera tu credito al ser primero. Y pues tan poco auenturas y tanto contento me puedes dar auenturandote, no lo dexes de hazer, aunque mas inconuenientes se te pongan 30 delante, pues, como ya he dicho, con solo que comiences dare por concluyda la causa.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 110 Viendo Lotario la resoluta voluntad de Anselmo, y no sabiendo qué mas exemplos traerle, ni qué mas razones mostrarle para que no la siguiesse, y viendo que le amenazaua que daria a otro cuenta de su mal desseo, por euitar 5 mayor mal, determinó de contentarle y hazer lo que le pedia, con proposito e intencion de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar los pensamientos de Camila, quedasse Anselmo satisfecho; y, assi, le respondio que no 10 comunicasse su pensamiento con otro alguno, que el tomaua a su cargo aquella empresa, la qual començaria quando a el le diesse mas gusto. Abraçole Anselmo tierna y amorosamente, y agradeciole su ofrecimiento, como si 15 alguna grande merced le huuiera hecho, y quedaron de acuerdo entre los dos que desde otro dia siguiente se començasse la obra; que el le daria lugar y tiempo como a sus solas pudiesse hablar a Camila, y assimesmo (*) le 20 daria dineros y joyas que darla y que ofrecerla. Aconsejole que le diesse musicas, que escriuiesse versos en su alabança, y que, quando el no quisiesse tomar trabajo de hazerlos, el mesmo (*) los haria. A todo se ofrecio Lotario, bien 25 con diferente intencion que Anselmo pensaua. Y con este acuerdo se boluieron a casa de Anselmo, donde hallaron a Camila con ansia y cuydado, esperando a su esposo, porque aquel dia tardaua en venir mas de lo acostumbrado. 30 Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya, tan contento como Lotario fue pensatiuo,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 111 no sabiendo qué traça dar para salir bien de aquel impertinente negocio. Pero aquella noche penso el modo que tendria para engañar a Anselmo sin ofender a Camila; y otro dia vino a comer con su amigo, y fue bien recebido 5 de Camila, la qual le recebia y regalaua con mucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenia. Acabaron de comer, leuantaron los manteles, y Anselmo dixo a Lotario que se quedasse alli 10 con Camila en tanto que el yua a vn negocio forçoso; que dentro de hora y media bolueria. Rogole Camila que no se fuesse, y Lotario se ofrecio a hazerle compañia; mas nada aprouechó con Anselmo, antes importunó a Lotario 15 que se quedasse y le aguardasse, porque tenia que tratar con el vna cosa de mucha importancia. Dixo tambien a Camila que no dexasse solo a Lotario, en tanto que el boluiesse. En efeto, el supo tan bien fingir la necessidad o 20 necedad de su ausencia, que nadie pudiera entender que era fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque la demas gente de casa toda se auia ydo a comer. Viose Lotario puesto en la estacada (*) 25 que su amigo desseaua, y con el enemigo delante, que pudiera vencer, con sola su hermosura, a vn esquadron de caualleros armados; mirad si era razon que le temiera Lotario. Pero lo que hizo fue poner el codo sobre 30 el braço de la silla y la mano abierta en la mexilla, y pidiendo perdon a Camila del mal
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112 comedimiento, dixo que queria reposar vn poco en tanto que Anselmo boluia. Camila le respondio que mejor reposaria en el estrado que en la silla, y, assi, le rogo se entrasse a dormir en el. No quiso Lotario, y alli se quedó 5 dormido hasta que boluio Anselmo; el qual, como halló a Camila en su aposento y a Lotario durmiendo, creyó que, como se auia tardado tanto, ya aurian tenido los dos lugar para hablar y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario 10 despertasse, para boluerse con el fuera y preguntarle de su ventura. Todo le sucedio como el quiso; Lotario desperto, y luego salieron los dos de casa, y, assi (*), le preguntó lo que desseaua; y le 15 respondio Lotario que no le auia parecido ser bien que la primera vez se descubriesse del todo, y, assi, no auia hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, diziendole que en toda la ciudad no se trataua de otra cosa que de su hermosura 20 y discrecion; y que este le auia parecido buen principio para entrar ganando la voluntad y disponiendola a que otra vez le escuchasse con gusto, vsando en esto del artificio que el demonio vsa quando quiere engañar a alguno 25 que está puesto en atalaya de mirar por si; que se transforma en angel de luz, siendolo el de tinieblas, y, poniendole delante apariencias buenas, al cabo descubre quien es, y sale con su intencion, si a los principios no es descubierto 30 su engaño. Todo esto le contentó mucho a Anselmo, y dixo que cada dia daria el mesmo (*)
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 113 lugar, aunque no saliesse de casa, porque en ella se ocuparia en cosas que Camila no pudiesse venir en conocimiento de su artificio. Sucedio, pues, que se passaron muchos dias que, sin dezir Lotario palabra a Camila, 5 respondia a Anselmo que la hablaua, y jamas podia sacar della vna pequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuesse, ni aun dar vna señal de sombra de esperança; antes dezia que le amenazaua que si de aquel mal pensamiento 10 no se quitaua, que lo auia de dezir a su esposo. “Bien está”, dixo Anselmo; “hasta aqui ha resistido Camila a las palabras; es menester ver cómo resiste a las obras: yo os dare mañana 15 dos mil escudos de oro para que se los ofrezcays y aun se los deys, y otros tantos para que compreys joyas con que cebarla; que las mugeres suelen ser aficionadas, y mas si son hermosas, por mas castas que sean, a esto de traerse 20 bien y andar galanas; y si ella resiste a esta tentacion, yo quedaré satisfecho y no os dare mas pesadumbre.” Lotario respondio que ya que auia començado, que el lleuaria hasta el fin aquella empresa, 25 puesto que entendia salir della cansado y vencido. Otro dia recibio los quatro mil escudos, y con ellos quatro mil confusiones, porque no sabia qué dezirse para mentir de nueuo; pero, en efeto, determinó de dezirle que Camila 30 estaua tan entera a las dadiuas y promessas como a las palabras, y que no auia para qué
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114 cansarse mas, porque todo el tiempo se gastaua en balde. Pero la suerte, que las cosas guiaua de otra manera, ordenó que, auiendo dexado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras vezes 5 solia, el se encerro en vn aposento, y por los agujeros de la cerradura estuuo mirando y escuchando lo que los dos tratauan, y vio que en mas de media hora Lotario no habló palabra a Camila, ni se la hablara si alli estuuiera vn 10 siglo. Y cayó en la cuenta de que quanto su amigo le auia dicho de las respuestas de Camila todo era ficcion y mentira. Y para ver si esto era ansi, salio del aposento, y, llamando a Lotario a parte, le preguntó qué nueuas auia y de 15 qué temple estaua Camila. Lotario le respondio que no pensaua mas darle puntada en aquel negocio, porque respondia tan aspera y dessabridamente, que no tendria animo para boluer a dezirle cosa alguna. 20 “¡Ha!”, dixo Anselmo, “¡Lotario, Lotario, y quán mal correspondes a lo que me deues y a lo mucho que de ti confio! Aora te he estado mirando por el lugar que concede la entrada desta llaue, y he visto que no has dicho palabra 25 a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras le tienes por dezir; y si esto es assi, como sin duda lo es, ¿para qué me engañas? O ¿por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yo podria hallar para 30 conseguir mi desseo?” No dixo mas Anselmo, pero bastó lo que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 115 auia dicho para dexar corrido y confuso a Lotario. El qual, casi como tomando por punto de honra el auer sido hallado en mentira, juró a Anselmo que desde aquel momento tomaua tan a su cargo el contentalle y no mentille, qual 5 lo veria, si con curiosidad lo espiaua; quanto mas que no seria menester vsar de ninguna diligencia, porque la que el pensaua poner en satisfazelle le quitaria de toda sospecha. Creyole Anselmo, y para dalle comodidad mas 10 segura y menos sobresaltada, determinó de hazer ausencia de su casa por ocho dias, yendose a la de vn amigo suyo que estaua en vna aldea, no lexos de la ciudad. Con el qual amigo concerto que le embiasse a llamar con muchas 15 veras, para tener ocasion con Camila de su partida. ¡Desdichado y mal aduertido de ti, Anselmo! ¿Qué es lo que hazes?, ¿qué es lo que traças?, ¿qué es lo que ordenas? Mira que hazes 20 contra ti mismo, traçando tu deshonra y ordenando tu perdicion. Buena es tu esposa Camila, quieta y sossegadamente la possees, nadie sobresalta tu gusto, sus pensamientos no salen de las paredes de su casa, tu eres su cielo en 25 la tierra, el blanco de sus desseos, el cumplimiento de sus gustos y la medida por donde mide su voluntad, ajustandola en todo con la tuya y con la del cielo. Pues si la mina de su honor, hermosura, honestidad y recogimiento 30 te da sin ningun trabajo toda la riqueza que tiene y tu puedes dessear, ¿para qué quieres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116 ahondar la tierra y buscar nueuas vetas de nueuo y nunca visto tesoro, poniendote a peligro que toda venga abaxo, pues, en fin, se sustenta sobre los debiles arrimos de su flaca naturaleza? Mira que el que busca lo impossible 5 es justo que lo possible se le niegue, como lo dixo mejor vn poeta, diziendo: “Busco en la muerte la vida, salud en la enfermedad, en la prision libertad, 10 en lo cerrado salida y en el traydor lealtad. Pero mi suerte, de quien jamas espero algun bien, con el cielo ha estatuydo 15 que, pues lo impossible pido, lo possible aun no me den.” Fuese otro dia Anselmo a la aldea, dexando dicho a Camila que el tiempo que el estuuiesse ausente vendria Lotario a mirar por su casa y 20 a comer con ella; que tuuiesse cuydado de tratalle como a su mesma (*) persona. Afligiose Camila, como muger discreta y honrada, de la orden que su marido le dexaua, y dixole que aduirtiesse que no estaua bien que nadie, el 25 ausente, ocupasse la silla de su mesa, y que si lo hazia por no tener confiança que ella sabria gouernar su casa, que prouasse por aquella vez, y veria por experiencia como para mayores cuydados era bastante. Anselmo le replicó 30 que aquel era su gusto y que no tenia mas que hazer que baxar la cabeça y obedecelle. Camila
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 117 dixo que ansi lo haria, aunque contra su voluntad. Partiose Anselmo, y otro dia vino a su casa Lotario, donde fue rescebido (*) de Camila con amoroso y honesto acogimiento. La qual jamas 5 se puso en parte donde Lotario la viesse a solas, porque siempre andaua rodeada de sus criados y criadas, especialmente de vna donzella suya, llamada Leonela, a quien ella mucho queria por auerse criado desde niñas 10 las dos juntas en casa de los padres de Camila, y quando se casó con Anselmo la truxo consigo. En los tres dias primeros nunca Lotario le dixo nada, aunque pudiera, quando se leuantauan los manteles y la gente se yua a 15 comer con mucha priessa, porque assi se lo tenia mandado Camila. Y aun tenia orden Leonela que comiesse primero que Camila, y que de su lado jamas se quitasse; mas ella, que en otras cosas de su gusto tenia puesto el 20 pensamiento y auia menester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, no cumplia todas vezes el mandamiento de su señora; antes los dexaua solos, como si aquello le vuieran mandado. Mas la honesta presencia 25 de Camila, la grauedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que ponia freno a la lengua de Lotario. Pero el prouecho que las muchas virtudes de Camila hizieron, poniendo silencio en la lengua de Lotario, 30 redundó mas en daño de los dos, porque si la lengua callaua (*), el pensamiento discurria, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118 tenia lugar de contemplar parte por parte todos los estremos de bondad y de hermosura que Camila tenia, bastantes a enamorar vna estatua de marmol, no que (*) vn coraçon de carne. 5 Mirauala Lotario en el lugar y espacio que auia de hablarla, y consideraua quán digna era de ser amada, y esta consideracion començo poco a poco a dar assaltos (*) a los respectos que a Anselmo tenia (*), y mil vezes quiso 10 ausentarse de la ciudad y yrse donde jamas Anselmo le viesse a el, ni el viesse a Camila; mas ya le hazia impedimento y detenia el gusto que hallaua en mirarla. Haziase fuerça y peleaua consigo mismo por desechar y no sentir el 15 contento que le lleuaua a mirar a Camila. Culpauase a solas de su desatino, llamauase mal amigo y aun mal christiano. Hazia discursos y comparaciones entre el y Anselmo, y todos parauan en dezir que mas auia sido la locura 20 y confiança de Anselmo que su poca fidelidad. Y que si assi tuuiera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensaua hazer, que no temiera pena por su culpa. En efecto (*), la hermosura y la bondad de 25 Camila, juntamente con la ocasion que el ignorante marido le auia puesto en las manos, dieron con la lealtad de Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra cosa que aquella a que su gusto le inclinaua, al cabo de tres dias de la ausencia 30 de Anselmo, en los quales estuuo en continua batalla por resistir a sus desseos, començo a
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 119 requebrar a Camila con tanta turbacion y con tan amorosas razones, que Camila quedó suspensa, y no hizo otra cosa que leuantarse de donde estaua y entrarse en su aposento sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta 5 sequedad se desmayó en Lotario la esperança, que siempre nace juntamente con el amor; antes tuuo en mas a Camila. La qual, auiendo visto en Lotario lo que jamas pensara, no sabia qué hazerse. Y, pareciendole no ser cosa 10 segura ni bien hecha darle ocasion ni lugar a que otra vez la hablasse, determinó de embiar aquella mesma (*) noche, como lo hizo, a vn criado suyo con vn villete a Anselmo, donde le escriuio estas razones: 15
p. 120 Capitulo XXXIV Donde se prosigue la nouela del Curioso impertinente. “Assi como suele dezirse que parece mal el exercito sin su general y el castillo sin su 5 castellano, digo yo que parece muy peor la muger casada y moça sin su marido, quando justissimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo tan mal sin vos, y tan impossibilitada de no poder (*) sufrir esta ausencia, que si presto no 10 venis me aure de yr a entretener en casa de mis padres, aunque dexe sin guarda la vuestra (*). Porque la que me dexastes, si es que quedó con tal titulo, creo que mira mas por su gusto que por lo que a vos os toca, y pues soys 15 discreto, no tengo mas que deziros, ni aun es bien que mas os diga.” Esta carta recibio Anselmo, y entendio por ella que Lotario auia ya començado la empresa, y que Camila deuia de auer respondido 20 como el desseaua. Y, alegre sobremanera de tales nueuas, respondio a Camila, de palabra, que no hiziesse mudamiento de su casa en modo alguno (*), porque el bolueria con mucha breuedad. Admirada quedó Camila de la respuesta 25 de Anselmo, que la puso en mas confusion que primero, porque ni se atreuia a estar en su casa, ni menos yrse a la de sus padres, porque en la quedada corria peligro su
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 121 honestidad, y en la yda yua contra el mandamiento de su esposo. En fin, se resoluio en lo que le estuuo peor, que fue en el quedarse, con determinacion de no huyr la presencia de Lotario, por no dar 5 que dezir a sus criados; y ya le pesaua de auer escrito lo que escriuio a su esposo, temerosa de que no pensasse que Lotario auia visto en ella alguna desemboltura que le vuiesse mouido a no guardalle el decoro que deuia. 10 Pero, fiada en su bondad, se fio en Dios y en su buen pensamiento, con que pensaua resistir callando a todo aquello que Lotario dezirle quisiesse, sin dar mas cuenta a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y 15 trabajo. Y aun andaua buscando manera como disculpar a Lotario con Anselmo, quando le preguntasse la ocasion que le auia mouido a escriuirle aquel papel. Con estos pensamientos, mas 20 honrados que acertados ni prouechosos, estuuo otro dia escuchando a Lotario, el qual cargó la mano de manera, que començo a titubear la firmeza de Camila, y su honestidad tuuo harto que hazer en acudir a los ojos, para que no 25 diessen muestra (*) de alguna amorosa compassion que las lagrimas y las razones de Lotario en su pecho auian despertado. Todo esto notaua Lotario y todo le encendia. Finalmente, a el le pareció que era menester, 30 en el espacio y lugar que daua la ausencia de Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122 Y, assi, acometio a su presuncion (*) con las alabanças de su hermosura, porque no ay cosa que mas presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad de las hermosas que la mesma (*) vanidad, puesta en las 5 lenguas de la adulacion. En efecto (*), el, con toda diligencia, minó la roca de su entereza con tales pertrechos, que, aunque Camila fuera toda de bronze, viniera al suelo. Lloró, rogo, ofrecio, aduló, porfió y fingio Lotario con 10 tantos sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al traues con el recato de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaua y mas desseaua. Rindiose Camila; Camila se rindio; pero ¿qué mucho si la amistad de 15 Lotario no quedó en pie? Exemplo claro que nos muestra que solo se vence la passion amorosa con huylla, y que nadie se ha de poner a braços con tan poderoso enemigo, porque es (*) menester fuerças diuinas para vencer las suyas 20 humanas. Solo supo Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la pudieron encubrir los dos malos amigos y nueuos amantes. No quiso Lotario dezir a Camila la pretension de Anselmo, ni que el le auia dado lugar para 25 llegar a aquel punto, porque no tuuiesse en menos su amor, y pensasse que assi, acaso y sin pensar, y no de proposito, la auia solicitado. Boluio de alli a pocos dias Anselmo a su 30 casa, y no echó de ver lo que faltaua en ella, que era lo que en menos tenia y mas estimaua.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 123 Fuese luego a ver a Lotario, y hallole en su casa; abraçaronse los dos, y el vno preguntó por las nueuas de su vida o de su muerte. “Las nueuas que te podre dar, o amigo 5 Anselmo”, dixo Lotario, “son de que tienes vna muger que dignamente puede ser exemplo y corona de todas las mugeres buenas. Las palabras que le he dicho se las ha lleuado el ayre; los ofrecimientos se han tenido en poco; las 10 dadiuas no se han admitido; de algunas lagrimas fingidas mias se ha hecho burla notable. En resolucion: assi como Camila es cifra de toda belleza, es archiuo donde assiste la honestidad y viue el comedimiento y el recato y 15 todas las virtudes que pueden hazer loable y bien afortunada a vna honrada muger. Buelue a tomar tus dineros, amigo; que aqui los tengo sin auer tenido necessidad de tocar a ellos, que la entereza de Camila no se rinde a cosas tan 20 baxas como son dadiuas ni promessas. Contentate, Anselmo, y no quieras hazer mas prueuas de las hechas. Y, pues a pie enxuto has passado el mar de las dificultades y sospechas que de las mugeres suelen y pueden tenerse, no quieras 25 entrar de nueuo en el profundo pielago de nueuos inconuenientes, ni quieras hazer experiencia con otro piloto de la bondad y fortaleza del nauio que el cielo te dio en suerte para que en el passasses la mar deste mundo, sino 30 haz cuenta que estás ya en seguro puerto, y aferrate con las ancoras de la buena
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124 consideracion, y dexate estar hasta que te vengan a pedir la deuda que no ay hidalguia humana que de pagarla se escuse.” Contentissimo quedó Anselmo de las razones de Lotario, y assi se las creyo como si fueran 5 dichas por algun oraculo. Pero, con todo esso, le rogo que no dexasse la empresa, aunque no fuesse mas de por curiosidad y entretenimiento, aunque no se aprouechasse de alli adelante de tan ahincadas diligencias como hasta 10 entonces. Y que solo queria que le escriuiesse algunos versos en su alabança, debaxo del nombre de Clori, porque el le daria a entender a Camila que andaua enamorado de vna dama, a quien le auia puesto aquel nombre, por poder 15 celebrarla con el decoro que a su honestidad se le deuia. Y que, quando Lotario no quisiera tomar trabajo de escriuir los versos, que el los haria. “No sera menester esso”, dixo Lotario, “pues 20 no me son tan enemigas las musas, que algunos ratos del año no me visiten. Dile tu a Camila lo que has dicho del fingimiento de mis amores; que los versos yo los hare, si no tan buenos como el subjeto (*) merece, seran, por lo menos, 25 los mejores que yo pudiere.” Quedaron deste acuerdo el impertinente y el traydor amigo. Y buelto [Anselmo] (*) a su casa, preguntó a Camila lo que ella ya se marauillaua que no se lo vuiesse preguntado: que fue que 30 le dixesse la ocasion por que le auia escrito el papel que le embió. Camila le respondio que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 125 le auia parecido que Lotario la miraua vn poco mas desembueltamente que quando el estaua en casa; pero que ya estaua desengañada y creya que auia sido imaginacion suya, porque ya Lotario huya de vella y de estar con ella a 5 solas. Dixole Anselmo que bien podia estar segura de aquella sospecha, porque el sabia que Lotario andaua enamorado de vna donzella principal de la ciudad, a quien el celebraua debaxo del nombre de Clori, y que, aunque no lo 10 estuuiera, no auia que temer de la verdad (*) de Lotario y de la mucha amistad de entrambos. Y, a no estar auisada Camila de Lotario de que eran fingidos aquellos amores de Clori, y que el se lo auia dicho a Anselmo por poder 15 ocuparse algunos ratos en las mismas alabanças de Camila, ella sin duda cayera en la desesperada red de los zelos; mas por estar ya aduertida passó aquel sobresalto sin pesadumbre. 20 Otro dia, estando los tres sobre mesa, rogo Anselmo a Lotario dixesse alguna cosa de las que auia compuesto a su amada Clori; que pues Camila no la conocia, seguramente podia dezir lo que quisiesse. 25 “Aunque la conociera”, respondio Lotario, “no encubriera yo nada, porque quando algun amante loa a su dama de hermosa y la nota de cruel, ningun oprobrio haze a su buen credito. Pero sea lo que fuere, lo que se dezir (*), 30 que ayer hize vn soneto a la ingratitud desta Clori, que dize ansi:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126 SONETO En el silencio de la noche, quando ocupa el dulce sueño a los mortales, la pobre cuenta de mis ricos males estoy al cielo y a mi Clori dando. 5 Y al tiempo quando el sol se va mostrando por las rosadas puertas orientales, con suspiros y acentos desiguales voy la antigua querella renouando. Y quando el sol, de su estrellado assiento 10 derechos rayos a la tierra embia, el llanto crece y doblo los gemidos. Buelue la noche, y bueluo al triste cuento, y siempre hallo, en mi mortal porfia, al cielo, sordo; a Clori, sin oydos (*).” 15 Bien le parecio el soneto a Camila, pero mejor a Anselmo, pues le alabó y dixo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras verdades no correspondia. A lo que dixo Camila: 20 “Luego ¿todo aquello que los poetas enamorados dizen, es verdad?” “En quanto poetas, no la dizen”, respondio Lotario; “mas en quanto enamorados, siempre quedan tan cortos como verdaderos.” 25 “No ay duda desso”, replicó Anselmo, todo por apoyar y acreditar los pensamientos de Lotario con Camila, tan descuydada del artificio de Anselmo, como ya enamorada de Lotario. Y, assi, con el gusto que de sus cosas tenia, y 30 mas, teniendo por entendido que sus desseos y escritos a ella se encaminauan, y que ella era
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 127 la verdadera Clori, le rogo que si otro soneto o otros versos sabia, los dixesse. “Si se”, respondio Lotario, “pero no creo que es tan bueno como el primero, o, por mejor dezir, menos malo. Y podreyslo bien juzgar, pues 5 es este: SONETO Yo se que muero, y si no soy creydo, es mas cierto el morir, como es mas cierto verme a tus pies, ¡o bella ingrata!, muerto 10 antes que de adorarte arrepentido. Podre yo verme en la region de oluido, de vida y gloria y de fauor desierto, y alli verse podra en mi pecho abierto como tu hermoso rostro está esculpido. 15 Que esta reliquia guardo para el duro trance que me amenaza mi porfia, que en tu mismo (*) rigor se fortaleze. ¡Ay de aquel que nauega, el cielo escuro, por mar no vsado y peligrosa via, 20 adonde norte o puerto no se ofrece! (*) Tambien alabó este segundo soneto Anselmo, como auia hecho el primero, y desta manera yua añadiendo eslauon a eslauon a la cadena con que se enlazaua y trauaua su 25 deshonra, pues quando mas Lotario le deshonraua, entonces le dezia que estaua mas honrado. Y con esto, todos los escalones que Camila baxaua (*) hazia el centro de su menosprecio, los subia, en la opinion de su marido, hazia la 30 cumbre de la virtud y de su buena fama. Sucedio en esto, que hallandose vna vez, entre otras, sola Camila con su donzella, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 128 “Corrida estoy, amiga Leonela, de ver en quán poco he sabido estimarme, pues siquiera no hize que, con el tiempo, comprara Lotario la entera possession que le di tan presto de mi voluntad. Temo que ha de estimar (*) mi presteza 5 o ligereza, sin que eche de ver la fuerça que el me hizo para no poder resistirle.” “No te de pena esso, señora mia”, respondio Leonela; “que no está la monta, ni es causa para menguar (*) la estimacion, darse lo que se 10 da presto, si, en efecto (*), lo que se da es bueno, y ello por si digno de estimarse. Y aun suele dezirse que el que luego da, da dos vezes.” “Tambien se suele dezir”, dixo Camila, “que lo que cuesta poco se estima en menos.” 15 “No corre por ti essa razon”, respondio Leonela, “porque el amor, segun he oydo dezir, vnas vezes buela y otras anda, con este corre y con aquel va despacio, a vnos entibia y a otros abrasa, a vnos hiere y a otros mata. En 20 vn mesmo (*) punto comiença la carrera de sus desseos, y en aquel mesmo (*) punto la acaba y concluye. Por la mañana suele poner el cerco a vna fortaleza, y a la noche la tiene rendida, porque no ay fuerça que le resista (*). Y, siendo 25 assi, ¿de qué te espantas, o de qué temes, si lo mismo deue de auer acontecido a Lotario, auiendo tomado el amor por instrumento de rendirnos (*) la ausencia de mi señor? Y era forçoso que en ella se concluyesse lo que el amor 30 tenia determinado, sin dar tiempo al tiempo (*), para que Anselmo le tuuiesse de boluer y con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 129 su presencia quedasse imperfecta (*) la obra. Porque el amor no tiene otro mejor ministro para executar lo que dessea que es la ocasion; de la ocasion se sirue en todos sus hechos, principalmente en los principios. Todo esto se yo 5 muy bien, mas de experiencia que de oydas; y algun dia te lo dire, señora, que yo tambien soy de carne, y de sangre moça. Quanto mas, señora Camila, que no te entregaste, ni diste tan luego, que primero no vuiesses visto en los 10 ojos, en los suspiros, en las razones y en las promessas y dadiuas de Lotario toda su alma, viendo en ella y en sus virtudes quán digno era Lotario de ser amado. Pues si esto es ansi, no te assalten la imaginacion essos escrupulosos 15 y melindrosos pensamientos, sino assegurate que Lotario te estima como tu le estimas a el, y viue con contento y satisfacion de que ya que cayste en el lazo amoroso, es el que te aprieta de valor y de estima. Y que no solo 20 tiene las quatro SS que dizen que han de tener los buenos enamorados (*), sino todo vn A B C entero; si no, escuchame y veras como te le (*) digo de coro: El es, segun yo veo y a mi me parece, agradecido, bueno, cauallero, dadiuoso, 25 enamorado, firme, gallardo, honrado, ilustre, leal, moço, noble, honesto, principal, quantioso, rico; y las SS que dizen. Y luego, tacito, verdadero. La X no le quadra, porque es letra aspera. La Y ya está dicha. La Z, zelador de tu 30 honra.” Riose Camila del A B C de su donzella, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130 tuuola por mas platica en las cosas de amor que ella dezia. Y, assi, lo confesso ella, descubriendo a Camila como trataua amores con vn mancebo bien nacido, de la mesma (*) ciudad. De lo qual se turbó Camila, temiendo que era aquel 5 camino por donde su honra podia correr riesgo. Apurola si passauan sus platicas a mas que serlo. Ella, con poca verguença y mucha desemboltura, le respondio que si passauan. Porque es cosa ya cierta que los descuydos de las 10 señoras quitan la verguença a las criadas, las quales, quando ven a las amas echar traspies, no se les da nada a ellas de coxear, ni de que lo sepan. No pudo hazer otra cosa Camila sino rogar 15 a Leonela no dixesse nada de su hecho al que dezia ser su amante, y que tratasse sus cosas con secreto, porque no viniessen a noticia de Anselmo ni de Lotario. Leonela respondio que assi lo haria; mas cumpliolo de manera, que 20 hizo cierto el temor de Camila de que por ella auia de perder su credito. Porque la deshonesta y atreuida Leonela, despues que vio que el proceder de su ama no era el que solia, atreuiose a entrar y poner dentro de casa a su 25 amante, confiada que, aunque su señora le viesse, no auia de osar descubrille (*). Que este daño acarrean, entre otros, los pecados de las señoras, que se hazen esclauas de sus mesmas (*) criadas, y se obligan a 30 encubrirles sus deshonestidades y vilezas, como acontecio con Camila; que, aunque vio vna y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 131 muchas vezes que su Leonela estaua con su galan en vn aposento de su casa, no solo no la osaua reñir, mas dauale lugar a que lo encerrasse, y quitauale todos los estoruos para que no fuesse visto de su marido. Pero no los pudo 5 quitar, que Lotario no le viesse vna vez salir, al romper del alua, el qual, sin conocer quién era, penso primero que deuia de ser alguna fantasma. Mas quando le vio caminar, emboçarse y encubrirse con cuydado y recato, cayo de su 10 simple pensamiento y dio en otro, que fuera la perdicion de todos, si Camila no lo remediara. Penso Lotario que aquel hombre que auia visto salir tan a deshora de casa de Anselmo no auia entrado en ella por Leonela, ni aun se 15 acordo si Leonela era en el mundo. Solo creyo que Camila, de la misma manera que auia sido facil y ligera con el, lo era para otro; que estas añadiduras trae consigo la maldad de la muger mala, que pierde el credito de su honra con el 20 mesmo (*) a quien se entregó rogada y persuadida, y cree que con mayor facilidad se entrega a otros, y da infalible credito a qualquiera sospecha que desto le venga. Y no parece sino que le faltó a Lotario en este punto todo 25 su buen entendimiento, y se le fueron de la memoria todos sus aduertidos discursos, pues sin hazer alguno que bueno fuesse, ni aun razonable, sin mas ni mas, antes que Anselmo se leuantasse, impaciente y ciego de la 30 zelosa rabia, que las entrañas le roya, muriendo por vengarse de Camila, que en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132 ninguna cosa le auia ofendido, se fue a Anselmo y le dixo: “Sabete, Anselmo, que ha muchos dias que he andado peleando conmigo mesmo (*), haziendome fuerça a no dezirte lo que ya no es 5 possible ni justo que mas te encubra. Sabete que la fortaleza de Camila está ya rendida y sugeta a todo aquello que yo quisiere hazer della, y si he tardado en descubrirte esta verdad, ha sido por ver si era algun liuiano antojo suyo, o 10 si lo hazia por prouarme y ver si eran con proposito firme tratados los amores que, con tu licencia, con ella he començado. Crey ansimismo que ella, si fuera la que deuia y la que entrambos pensauamos, ya te vuiera dado cuenta 15 de mi solicitud; pero auiendo visto que se tarda, conozco que son verdaderas las promessas que me ha dado de que, quando otra vez hagas ausencia de tu casa, me hablará en la recamara donde está el repuesto de tus alhajas 20 --y era la verdad que alli le solia hablar Camila--, y no quiero que precipitosamente corras a hazer alguna vengança, pues no esta aun cometido el pecado sino con pensamiento, y podria ser que desde este hasta (*) el tiempo de 25 ponerle por obra se mudasse el de Camila, y naciesse en su lugar el arrepentimiento. Y assi, ya que en todo o en parte has seguido siempre mis consejos, sigue y guarda vno que aora te dire, para que sin engaño y con medroso 30 aduertimento (*) te satisfagas de aquello que mas vieres que te conuenga. Finge que te ausentas
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 133 por dos o tres dias, como otras vezes sueles, y haz de manera que te quedes escondido en tu recamara, pues los tapizes que alli ay, y otras cosas con que te puedas encubrir, te ofrecen mucha comodidad, y entonces veras por tus 5 mismos ojos, y yo por los mios, lo que Camila quiere; y si fuere la maldad, que se puede temer antes que esperar, con silencio, sagacidad y discrecion podras ser el verdugo de tu agrauio.” 10 Absorto, suspenso y admirado quedó Anselmo con las razones de Lotario, porque le cogieron en tiempo donde menos las esperaua oyr, porque ya tenia a Camila por vencedora de los fingidos assaltos de Lotario, y començaua 15 a gozar la gloria del vencimiento. Callando estuuo por vn buen espacio, mirando al suelo sin mouer pestaña, y al cabo dixo: “Tu lo has hecho, Lotario, como yo esperaua de tu amistad; en todo he de seguir tu 20 consejo; haz lo que quisieres, y guarda aquel secreto que ves que conuiene en caso tan no pensado.” Prometioselo Lotario, y, en apartandose del, se arrepintio totalmente de quanto le auia dicho, 25 viendo quán neciamente auia andado, pues pudiera el vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldezia su entendimiento, afeaua su ligera determinacion, y no sabia qué medio tomarse para deshazer lo 30 hecho, o para dalle alguna razonable salida. Al fin acordo de dar cuenta de todo a Camila,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134 y como no faltaua lugar para poderlo hazer, aquel mismo dia la halló sola, y [ella] (*), assi como vio que le podia hablar, le dixo: “Sabed, amigo Lotario, que tengo vna pena en el coraçon, que me le aprieta de suerte, que 5 parece que quiere rebentar en el pecho, y ha de ser marauilla si no lo haze. Pues ha llegado la desuerguença de Leonela a tanto, que cada noche encierra a vn galan suyo en esta casa, y se está con el hasta el dia, tan a costa de mi 10 credito, quanto le quedará campo abierto de juzgarlo al que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa; y lo que me fatiga es que no la puedo castigar ni reñir; que el ser ella secretario de nuestros tratos me ha puesto vn freno 15 en la boca para callar los suyos, y temo que de aqui ha de nacer algun mal sucesso.” Al principio que Camila esto dezia creyo Lotario que era artificio para desmentille que el hombre que auia visto salir era de Leonela, 20 y no suyo; pero viendola llorar y afligirse y pedirle remedio, vino a creer la verdad, y, en creyendola, acabó de estar confuso y arrepentido del todo. Pero, con todo esto, respondio a Camila que no tuuiesse pena, que el ordenaria 25 remedio para atajar la insolencia de Leonela. Dixole assimismo lo que, instigado de la furiosa rauia de los zelos, auia dicho a Anselmo, y como estaua concertado de esconderse en la recamara para ver desde alli a la clara la poca 30 lealtad que ella le guardaua. Pidiole perdon desta locura, y consejo para poder remedialla
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 135 y salir bien de tan rebuelto laberinto como su mal discurso le auia puesto. Espantada quedó Camila de oyr lo que Lotario le dezia, y con mucho enojo y muchas y discretas razones le riñó y afeó su mal 5 pensamiento y la simple y mala determinacion que auia tenido (*). Pero como naturalmente tiene la muger ingenio presto para el bien y para el mal, mas que el varon, puesto que le va faltando quando de proposito se pone a 10 hazer discursos, luego al instante halló Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable negocio (*), y dixo a Lotario que procurasse que otro dia se escondiesse Anselmo donde dezia, porque ella pensaua sacar de 15 su escondimiento comodidad para que desde alli en adelante los dos se gozassen sin sobresalto alguno; y sin declararle del todo su pensamiento, le aduirtio que tuuiesse cuydado que, en estando Anselmo escondido, el 20 viniesse quando Leonela le llamasse, y que a quanto ella le dixesse le respondiesse como respondiera aunque no supiera que Anselmo le escuchaua. Porfió Lotario que le acabasse de declarar su intencion, por que con mas 25 seguridad y auiso guardasse todo lo que viesse ser necessario. “Digo”, dixo Camila, “que no ay mas que guardar, si no fuere responderme como yo os preguntare”; --no queriendo Camila darle 30 antes cuenta de lo que pensaua hazer, temerosa que no quisiesse seguir el parecer que a ella
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136 tan bueno le parecia, y siguiesse o buscasse otros que no podrian ser tan buenos. Con esto se fue Lotario, y Anselmo, otro dia, con la escusa de yr [a] aquella (*) aldea de su amigo, se partio y boluio a esconderse; que lo 5 pudo hazer con comodidad, porque de industria se la dieron Camila y Leonela. Escondido, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se puede imaginar que tendria el que esperaua ver por sus ojos hazer notomia de las entrañas 10 de su honra, yuase (*) a pique de perder el sumo bien que el pensaua que tenia en su querida Camila. Seguras ya y ciertas Camila y Leonela que Anselmo estaua escondido, entraron en la recamara, y apenas huuo puesto los 15 pies en ella Camila, quando, dando vn grande suspiro, dixo: “¡Ay, Leonela amiga!, ¿no seria mejor que antes que llegasse a poner en execucion lo que no quiero que sepas, porque no procures 20 estoruarlo, que tomasses la daga de Anselmo que te he pedido y passasses con ella este infame pecho mio? Pero no hagas tal; que no sera razon que yo lleue la pena de la agena culpa. Primero quiero saber qué es lo que 25 vieron en mi los atreuidos y deshonestos ojos de Lotario que fuesse causa de darle atreuimiento a descubrirme vn tan mal desseo como es el que me ha descubierto en desprecio de su amigo y en deshonra mia. Ponte, Leonela, a 30 essa ventana y llamale; que sin duda alguna el (*) deue de estar en la calle esperando poner
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 137 en efeto su mala intencion. Pero primero se pondra la cruel quanto honrada mia.” “¡Ay, señora mia!”, respondio la sagaz y aduertida Leonela, “y ¿qué es lo que quieres hazer con esta daga? ¿Quieres, por ventura, 5 quitarte la vida o quitarsela a Lotario? Que qualquiera destas cosas que quieras ha de redundar en perdida de tu credito y fama. Mejor es que dissimules tu agrauio, y no des lugar a que este mal hombre entre aora en esta casa 10 y nos halle solas; mira, señora, que somos flacas mugeres, y el es hombre, y determinado, y como viene con aquel mal proposito, ciego y apassionado, quiça antes que tu pongas en execucion el tuyo, hara el lo que te estaria mas 15 mal que quitarte la vida. ¡Mal aya mi señor Anselmo, que tanto mal (*) ha querido dar a este desuellacaras en su casa! Y ya, señora, que le mates, como yo pienso que quieres hazer, ¿qué hemos de hazer del despues de muerto?” 20 “¿Qué, amiga?”, respondio Camila; “dexaremosle para que Anselmo le entierre, pues sera justo que tenga por descanso el trabajo que tomare en poner debaxo de la tierra su misma infamia. Llamale, acaba; que todo el tiempo 25 que tardo en tomar la deuida vengança de mi agrauio parece que ofendo a la lealtad que a mi esposo deuo.” Todo esto escuchaua Anselmo, y a cada palabra que Camila dezia se le mudauan los 30 pensamientos. Mas quando entendio que estaua resuelta en matar a Lotario, quiso salir y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138 descubrirse, por que tal cosa no se hiziesse; pero detuuole el desseo de ver en qué paraua tanta gallardia y honesta resolucion, con proposito de salir a tiempo que la estoruasse. Tomole en esto a Camila vn fuerte desmayo, y, arrojandose 5 encima de vna cama que alli estaua, començó Leonela a llorar muy amargamente y a dezir: “¡Ay, desdichada de mi, si fuesse tan sin ventura, que se me muriesse aqui entre mis braços la flor de la honestidad del mundo, la 10 corona de las buenas mugeres, el exemplo de la castidad!”, con otras cosas a estas semejantes, que ninguno la escuchara que no la tuuiera por la mas lastimada y leal donzella del mundo, y a su señora por otra nueua y perseguida 15 Penelope. Poco tardó en boluer de su desmayo Camila, y al boluer en si, dixo: “¿Por qué no vas, Leonela, a llamar al mas leal (*) amigo de amigo que vio el sol o cubrio la noche? ¡Acaba, corre, aguija, camina, no se 20 esfogue (*) con la tardança el fuego de la colera que tengo, y se passe en amenazas y maldiciones la justa vengança que espero!” “Ya voy a llamarle, señora mia”, dixo Leonela; “mas hasme de dar primero essa daga, 25 porque no hagas cosa, en tanto que falto, que dexes con ella que llorar toda la vida a todos los que bien te quieren.” “Ve segura, Leonela amiga, que no hare”, respondio Camila, “porque ya que sea atreuida 30 y simple a tu parecer en boluer por mi honra, no lo he de ser tanto como aquella Lucrecia,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 139 de quien dizen que se mató sin auer cometido error alguno, y sin auer muerto primero a quien tuuo la causa de su desgracia; yo morire, si muero, pero ha de ser vengada y satisfecha del que me ha dado ocasion de venir a este 5 lugar a llorar sus atreuimientos, nacidos tan sin culpa mia.” Mucho se hizo de rogar Leonela antes que saliesse a llamar a Lotario, pero en fin salio, y entretanto que boluia, quedó Camila (*) 10 diziendo, como que hablaua consigo misma: “¡Valame Dios! ¿No fuera mas acertado auer despedido a Lotario, como otras muchas vezes lo he hecho, que no ponerle en condicion, como ya le he puesto, que me tenga por deshonesta y 15 mala, siquiera este tiempo que he de tardar en desengañarle? Mejor fuera, sin duda; pero no quedara yo vengada, ni la honra de mi marido satisfecha, si tan a manos lauadas y tan a passo llano se boluiera a salir de donde sus malos 20 pensamientos le entraron. Pague el traydor con la vida lo que intentó con tan lasciuo desseo. Sepa el mundo, si acaso llegare a saberlo, de que Camila no solo guardó la lealtad a su esposo, sino que le dio vengança del que se atreuio 25 a ofendelle. Mas, con todo, creo (*) que fuera mejor dar cuenta desto a Anselmo; pero ya se la apunté a dar en la carta que le escriui al aldea, y creo que el no acudir el al remedio del daño que alli le señalé, deuio de ser que, 30 de puro bueno y confiado, no quiso ni pudo (*) creer que en el pecho de su tan firme amigo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 140 pudiesse caber genero de pensamiento que contra su honra fuesse, ni aun yo lo crey despues por muchos dias, ni lo creyera jamas, si su insolencia no llegara a tanto, que las manifiestas dadiuas y las largas promessas y las 5 continuas lagrimas no me lo manifestaran. Mas ¿para qué hago yo aora estos discursos? ¿Tiene, por ventura, vna resulucion (*) gallarda necessidad de consejo alguno? No, por cierto. ¡Afuera, pues, traydores! ¡Aqui, venganças! 10 ¡Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe, y suceda lo que sucediere! Limpia entré en poder del que el cielo me dio por mio; limpia he de salir del, y, quando mucho, saldre bañada en mi casta sangre y en la impura del mas 15 falso amigo que vio la amistad en el mundo.” Y, diziendo esto, se passeaua por la sala con la daga desembaynada, dando tan desconcertados y desaforados passos y haziendo tales ademanes, que no parecia sino que le faltaua 20 el juyzio y que no era muger delicada, sino vn rufian desesperado. Todo lo miraua Anselmo, cubierto detras de vnos tapizes donde se auia escondido, y de todo se admiraua y ya le parecia que lo que 25 auia visto y oido era bastante satisfacion para maiores sospechas, y ya quisiera que (*) la prueua de venir Lotario faltara, temeroso de algun mal repentino sucesso; y, estando ya para manifestarse y salir, para abraçar y 30 desengañar a su esposa, se detuuo porque vio que Leonela boluia con Lotario de la mano; y assi
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 141 como Camila le vio, haziendo con la daga en el suelo vna gran raya delante della, le dixo: “Lotario, aduierte lo que te digo: si a dicha te atreuieres a passar desta raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo 5 intentas, en esse mismo me passaré el pecho con esta daga que en las manos tengo, y antes que a esto me respondas palabra, quiero que otras algunas (*) me escuches; que despues responderas lo que mas te agradare. Lo primero, 10 quiero, Lotario, que me digas si conoces a Anselmo, mi marido, y en qué opinion le tienes. Y lo segundo, quiero saber tambien si me conoces a mi. Respondeme a esto, y no te turbes, ni pienses mucho lo que has de responder, pues 15 no son dificultades las que te pregunto.” No era tan ignorante Lotario, que desde el primer punto que Camila le dixo que hiziesse esconder a Anselmo no huuiesse dado en la cuenta de lo que ella pensaua hazer, y, assi, 20 correspondio con su intencion tan discretamente y tan a tiempo, que hizieran los dos passar aquella mentira por mas que cierta verdad, y, assi, respondio a Camila desta manera: “No pense yo, hermosa Camila, que me 25 llamauas para preguntarme cosas tan fuera de la intencion con que yo aqui vengo; si lo hazes por dilatarme la prometida merced, desde mas lexos pudieras entretenerla, porque tanto mas fatiga el bien desseado quanto la esperança 30 está mas cerca de posseello; pero porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 142 que conozco a tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros mas tiernos años, y no quiero dezir lo que tu tambien sabes de nuestra amistad, por [no] me hazer (*) testigo del agrauio que el amor haze que le haga: 5 poderosa disculpa de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en la misma possession que el te tiene; que, a no ser assi, por menos prendas que las tuyas no auia yo de yr contra lo que deuo a ser quien soy, y contra las santas 10 leyes de la verdadera amistad, aora por tan poderoso enemigo como el amor por mi rompidas y violadas.” “Si esso confiessas”, respondio Camila, “enemigo mortal de todo aquello que justamente 15 merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer ante quien sabes que es el espejo donde se mira aquel en quien tu te deuieras mirar, para que vieras con quán poca ocasion le agrauias? Pero ya cayo, ¡ai, desdichada de mi!, en la 20 cuenta de quién te ha hecho tener tan poca con lo que a ti mismo deues, que deue de auer sido alguna desemboltura mia, que no quiero llamarla deshonestidad, pues no aura procedido de deliberada determinacion, sino de algun 25 descuydo de los que las mugeres, que piensan que no tienen de quién recatarse, suelen hazer inaduertidamente. Si no, dime: ¿quándo, ¡o traydor!, respondi a tus ruegos con alguna palabra o señal que pudiesse despertar en ti 30 alguna sombra de esperança de cumplir tus infames desseos? ¿Quándo tus amorosas palabras
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 143 no fueron deshechas y reprehendidas de las mias con rigor y con aspereza? ¿Quándo tus muchas promessas y mayores dadiuas fueron de mi creydas ni admitidas? Pero por parecerme que alguno no puede perseuerar en el intento 5 amoroso luengo tiempo si no es sustentado de alguna esperança, quiero atribuyrme a mi la culpa de tu impertinencia, pues sin duda algun descuydo mio ha sustentado tanto tiempo tu cuydado, y, assi, quiero castigarme y darme la 10 pena que tu culpa merece. Y, porque viesses que siendo conmigo tan inhumana no era possible dexar de serlo contigo, quise traerte a ser testigo del sacrificio que pienso hazer a la ofendida honra de mi tan honrado marido, 15 agrauiado de ti con el mayor cuydado que te ha sido possible, y de mi tambien con el poco recato que he tenido del huyr la ocasion, si alguna te di, para fauorecer y canonizar tus malas intenciones. Torno a dezir que la sospecha 20 que tengo que algun descuydo mio engendró en ti tan desuariados pensamientos es la que mas me fatiga, y la que yo mas desseo castigar con mis propias manos, porque, castigandome otro verdugo, quiça seria mas publica mi culpa; 25 pero antes que esto haga, quiero matar muriendo, y lleuar conmigo quien me acabe de satisfazer el desseo de la vengança que espero y tengo, viendo alla, donde quiera que fuere, la pena que da la justicia desinteressada y que no 30 se dobla al que en (*) terminos tan desesperados me ha puesto.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144 Y, diziendo estas razones, con vna increyble fuerça y ligereza arremetio a Lotario con la daga desembaynada, con tales muestras de querer enclauarsela en el pecho, que casi el estuuo en duda si aquellas demostraciones 5 eran falsas o verdaderas, porque le fue forçoso valerse de su industria y de su fuerça para estoruar que Camila no le diesse; la qual tan viuamente fingia aquel estraño embuste y fealdad (*), que por dalle color de verdad, la quiso 10 matizar con su misma sangre; porque viendo que no podia auer (*) a Lotario, o fingiendo que no podia, dixo: “Pues la suerte no quiere satisfazer del todo mi tan justo desseo, a lo menos no sera tan 15 poderosa, que, en parte, me quite que no le satisfaga.” Y, haziendo fuerça para soltar la mano de la daga que Lotario la tenia asida, la sacó, y guiando su punta por parte que pudiesse herir 20 no profundamente, se la entró y escondio por mas arriba de la islilla del lado izquierdo, junto al ombro, y luego, se dexó caer en el suelo, como desmayada. Estauan Leonela y Lotario suspensos y 25 atonitos de tal sucesso, y todauia dudauan de la verdad de aquel hecho, viendo a Camila tendida en tierra y bañada en su sangre; acudio Lotario con mucha presteza, despauorido y sin aliento, a sacar la daga, y, en ver la pequeña 30 herida, salio del temor que hasta entonces tenia, y de nueuo se admiró de la sagazidad,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 145 prudencia y mucha discrecion de la hermosa Camila; y por acudir con lo que a el le tocaua, començo a hazer vna larga y triste lamentacion sobre el cuerpo de Camila, como si estuuiera difunta, echandose muchas maldiciones, 5 no solo a el, sino al que auia sido causa de auelle puesto en aquel termino. Y como sabia que le escuchaua su amigo Anselmo, dezia cosas que el que le oyera le tuuiera mucha mas lastima que a Camila, aunque por muerta 10 la juzgara. Leonela la tomó en braços y la puso en el lecho, suplicando a Lotario fuesse a buscar quien secretamente a Camila curasse. Pediale assimismo consejo y parecer de lo que dirian 15 a Anselmo de aquella herida de su señora, si acaso viniesse antes que estuuiesse sana. El respondio que dixessen lo que quisiessen; que el no estaua para dar consejo que de prouecho fuesse; solo le dixo que procurasse tomarle 20 la sangre, porque el se yua adonde gentes no le viessen. Y con muestras de mucho dolor y sentimiento se salio de casa, y quando se vio solo y en parte donde nadie le veya (*), no cessaua de hazerse cruzes, marauillandose de la 25 industria (*) de Camila y de los ademanes tan proprios (*) de Leonela. Consideraua quán enterado auia de quedar Anselmo de que tenia por muger a vna segunda Porcia, y desseaua verse con el para celebrar los dos la mentira y 30 la verdad mas dissimulada que jamas pudiera imaginarse. Leonela tomó, como se ha dicho, la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146 sangre a su señora, que no era mas de aquello que bastó para acreditar su embuste, y lauando con vn poco de vino la herida, se la ató lo mejor que supo, diziendo tales razones en tanto que la curaua, que aunque no huuieran precedido 5 otras, bastaran a hazer creer a Anselmo que tenia en Camila vn simulacro de la honestidad. Iuntaronse a las palabras de Leonela otras de Camila, llamandose cobarde y de poco animo, 10 pues le auia faltado al tiempo que fuera mas necessario tenerle, para quitarse la vida, que tan aborrecida tenia. Pedia consejo a su donzella si daria (*), o no, todo aquel sucesso a su querido esposo, la qual le dixo que no se lo 15 dixesse, porque le pondria en obligacion de vengarse de Lotario, lo qual no podria ser sin mucho riesgo (*) suyo; y que la buena muger estaua obligada a no dar ocasion a su marido a que riñesse, sino a quitalle todas aquellas 20 que le fuesse possible. Respondio Camila que le parecia muy bien su parecer, y que ella le seguiria; pero que en todo caso conuenia buscar qué dezir a Anselmo de la causa de aquella herida, que el no 25 podria dexar de ver; a lo que Leonela respondia que ella, ni aun burlando, no sabia mentir. “Pues yo, hermana”, replicó Camila, “¿qué tengo de saber, que no me atreuere a forjar ni sustentar vna mentira si me fuesse en ello la 30 vida? Y si es que no hemos de saber dar salida a esto, mejor sera dezirle la verdad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 147 desnuda, que no que nos alcance en mentirosa cuenta.” “No tengas pena, señora; de aqui a mañana”, respondio Leonela, “yo pensaré qué le digamos, y quiça que por ser la herida donde es, 5 se (*) podra encubrir sin que el la vea, y el cielo sera seruido de fauorecer a nuestros tan justos y tan honrados pensamientos. Sossiegate, señora mia, y procura sossegar tu alteracion, por que mi señor no te halle sobresaltada; y lo 10 demas dexalo a mi cargo y al de Dios, que siempre acude a los buenos desseos.” Atentissimo auia estado Anselmo a escuchar y a ver representar la tragedia de la muerte de su honra; la qual con tan estraños y eficaces 15 afectos (*) la representaron los personages (*) della, que parecio que se auian transformado en la misma verdad de lo que fingian. Desseaua mucho la noche y el tener lugar para salir de su casa, y yr a verse con su buen amigo Lotario, 20 congratulandose con el de la margarita preciosa que auia hallado en el desengaño de la bondad de su esposa. Tuuieron cuydado las dos de darle lugar y comodidad a que saliesse, y el, sin perdella, salio, y luego fue a buscar a 25 Lotario; el qual hallado, no se puede buenamente contar los abraços que le dio, las cosas que de su contento le dixo, las alabanças que dio a Camila. Todo lo qual escuchó Lotario sin poder dar muestras de alguna alegria; porque se le 30 representaua a la memoria quán engañado estaua su amigo, y quán injustamente el le agrauiaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148 Y aunque Anselmo veya (*) que Lotario no se alegraua, creya ser (*) la causa por auer dexado a Camila herida y auer el sido la causa. Y, assi, entre otras razones, le dixo que no tuuiesse pena del sucesso de Camila, porque, 5 sin duda, la herida era ligera, pues quedauan de concierto de encubrirsela a el. Y que, segun esto, no auia de qué temer, sino que de alli adelante se gozasse y alegrasse con el, pues por su industria y medio el se veya (*) leuantado a 10 la mas alta felicidad que acertara dessearse, y queria que no fuessen otros sus entretenimientos que en (*) hazer versos en alabança de Camila, que la hiziessen eterna en la memoria de los siglos venideros. Lotario alabó su buena 15 determinacion, y dixo que el por su parte ayudaria a leuantar tan ilustre edificio. Con esto quedó Anselmo el hombre mas sabrosamente engañado que pudo auer en el mundo; el mismo lleuaua (*) por la mano a su casa, creyendo 20 que lleuaua el instrumento de su gloria, toda (*) la perdicion de su fama. Recebiale (*) Camila con rostro al parecer torcido, aunque con alma risueña. Duró este engaño algunos dias, hasta que al cabo de pocos meses boluio fortuna su 25 rueda y salio a plaça la maldad con tanto artificio hasta alli cubierta, y a Anselmo le costo la vida su impertinente curiosidad.
p. 149 Capitulo XXXV Donde se da fin a la nouela del Curioso impertinente (*). Poco mas quedaua por leer de la nouela, quando del caramanchon donde reposaua don 5 Quixote salio Sancho Pança todo alborotado, diziendo a bozes: “¡Acudid, señores, presto y socorred a mi señor, que anda embuelto en la mas reñida y trauada batalla que mis ojos han visto! ¡Viue 10 Dios que ha dado vna cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeça cercen a cercen, como si fuera vn nabo!” “¿Qué dizes (*), hermano?”, dixo el cura, 15 dexando de leer lo que de la nouela quedaua. “¿Estays en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser esso que dezis, estando el gigante dos mil leguas de aqui?” En esto oyeron vn gran ruydo en el 20 aposento, y que don Quixote dezia a bozes: “¡Tente, ladron, malandrin, follon; que aqui te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!” Y parecia que daua grandes cuchilladas por las paredes. Y dixo Sancho: 25 “No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no sera menester, porque sin duda alguna el gigante está ya muerto y dando cuenta a Dios de su passada y mala vida; que 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150 yo vi correr la sangre por el suelo y la cabeça cortada y cayda a vn lado, que es tamaña como vn gran cuero de vino.” “Que me maten”, dixo a esta sazon el ventero, “si don Quixote, o don diablo, no ha dado 5 alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estauan llenos, y el vino derramado deue de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.” Y con esto, entró en el aposento, y todos tras 10 el, y hallaron a don Quixote en el mas estraño traje del mundo: estaua en camisa, la qual no era tan cumplida que por delante le acabasse de cubrir los muslos, y por detras tenia seys dedos menos; las piernas eran muy largas y 15 flacas, llenas de vello y no nada limpias. Tenia en la cabeça vn bonetillo colorado grassiento, que era del ventero. En el braço yzquierdo tenia rebuelta la manta de la cama, con quien tenia ogeriza Sancho, y el se sabia bien el 20 porqué; y en la derecha desembaynada la espada, con la qual daua cuchilladas a todas partes, diziendo palabras como si verdaderamente estuuiera peleando con algun gigante; y es lo bueno que no tenia los ojos abiertos, porque 25 estaua durmiendo (*) y soñando que estaua en batalla con el gigante: que fue tan intensa la imaginacion de la auentura que yua a fenecer, que le hizo soñar que ya auia llegado al reyno de Micomicon y que ya estaua en la pelea con 30 su enemigo. Y auia dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daua en el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 151 gigante, que todo el aposento estaua lleno de vino; lo qual visto por el ventero, tomó tanto enojo, que arremetió con don Quixote, y, a puño cerrado, le començo a dar tantos golpes, que si Cardenio y el cura no se le quitaran, 5 el acabara la guerra del gigante; y con todo aquello no despertaua el pobre cauallero, hasta que el barbero truxo vn gran caldero de agua fria del pozo, y se le echó por todo el cuerpo de golpe, con lo qual desperto don Quixote, 10 mas no con tanto acuerdo, que echasse de ver de la manera que estaua. Dorotea, que vio quán corta y sotilmente estaua vestido, no quiso entrar a ver la batalla de su ayudador y de su contrario. Andaua 15 Sancho buscando la cabeça del gigante por todo el suelo, y como no la hallaua, dixo: “Ya yo se que todo lo desta casa es encantamento; que la otra vez, en este mesmo (*) lugar donde aora me hallo, me dieron muchos 20 moxicones y porrazos, sin saber quién me los daua, y nunca pude ver a nadie; y aora no parece por aqui esta cabeça que vi cortar por mis mismissimos (*) ojos, y la sangre corria del cuerpo como de vna fuente.” 25 “¿Qué sangre ni qué fuente dizes, enemigo de Dios y de sus santos?”, dixo el ventero. “¿No vees, ladron, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aqui estan horadados y el vino tinto que nada en este 30 aposento, que nadando vea yo el alma, en los infiernos, de quien los horadó?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 152 “No se nada”, respondio Sancho; “solo se que vendre a ser tan desdichado, que por no hallar esta cabeça, se me ha de deshazer mi condado como la sal en el agua.” Y estaua peor Sancho despierto que su amo 5 durmiendo (*): tal le tenian las promessas que su amo le auia hecho. El ventero se desesperaua de ver la flema del escudero y el maleficio del señor, y juraua que no auia de ser como la vez passada, que se le fueron sin pagar; y que 10 aora no le auian de valer los preuilegios de su caualleria para dexar de pagar lo vno y lo otro, aun hasta lo que pudiessen costar las botanas que se auian de echar a los rotos cueros. Tenia el cura de las manos a don Quixote, el 15 qual, creyendo que ya auia acabado la auentura y que se hallaua delante de la princessa Micomicona, se hincó de rodillas delante del cura, diziendo: “Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa 20 (*) señora, viuir, de oy mas, segura que (*) le pueda hazer mal esta mal nacida criatura, y yo tambien de oy mas soy quito de la palabra que os di, pues con el ayuda del alto Dios y con el fauor de aquella por quien yo viuo y 25 respiro, tambien (*) la he cumplido.” “¿No lo dixe yo?”, dixo oyendo esto Sancho. “Si que no estaua yo borracho; ¡mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! ¡Ciertos son los toros; mi condado está de 30 molde!” ¿Quién no auia de reyr con los disparates
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 153 de los dos, amo y moço? Todos reian, sino el ventero, que se daua a Satanas. Pero, en fin, tanto hizieron el barbero, Cardenio y el cura, que con no poco trabajo dieron con don Quixote en la cama, el qual se quedó dormido, con 5 muestras de grandissimo cansancio. Dexaronle dormir y salieronse al portal de la venta a consolar a Sancho Pança de no auer hallado la cabeça del gigante, aunque mas tuuieron que hazer en aplacar al ventero, que estaua 10 desesperado por la repentina muerte de sus cueros, y la ventera dezia en voz y en grito: “En mal punto y en hora menguada entró en mi casa este cauallero andante, que nunca mis ojos le huuieran visto, que tan caro me cuesta. 15 La vez passada se fue con el costo (*) de vna noche, de cena, cama, paja y (*) ceuada, para el y para su escudero, y vn rozin y vn jumento, diziendo que era cauallero auenturero --¡que mala ventura (*) le de Dios a el y a quantos 20 auentureros ay en el mundo!--, y que por esto no estaua obligado a pagar nada; que assi estaua escrito en los aranzeles de la caualleria andantesca. Y aora, por su respeto, vino estotro señor y me lleuó mi cola, y hamela buelto con 25 mas de dos quartillos de daño, toda pelada, que no puede seruir para lo que la quiere mi marido. Y, por fin y remate de todo, romperme mis cueros y derramarme mi vino, que derramada le vea yo su sangre. ¡Pues no se piense; que por 30 los huessos de mi padre y por el siglo de mi madre, si no (*) me lo han de pagar vn quarto
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 154 sobre otro, o no me llamaria yo como me llamo ni seria hija de quien soy!” Estas y otras razones tales dezia la ventera con grande enojo, y ayudauala su buena criada Maritornes. La hija callaua y de quando en 5 quando se sonrehia. El cura lo sossego todo, prometiendo de satisfazerles su perdida lo mejor que pudiesse, assi de los cueros como del vino, y principalmente del menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hazian. Dorotea 10 consolo a Sancho Pança, diziendole que cada y quando que pareciesse auer sido verdad que su amo huuiesse descabeçado al gigante, le prometia, en viendose pacifica en su reyno, de darle el mejor condado que en el huuiesse. 15 Consolose con esto Sancho y asseguró a la princessa que tuuiesse por cierto que el auia visto la cabeça del gigante, y que, por mas señas, tenia vna barba que le llegaua a la cintura, y que si no parecia era porque todo quanto en 20 aquella casa passaua era por via de encantamento, como el lo auia prouado otra vez que auia posado en ella. Dorotea dixo que assi lo creia, y que no tuuiesse pena, que todo se haria bien y sucederia a pedir de boca. 25 Sossegados todos, el cura quiso acabar de leer la nouela, porque vio que faltaua poco. Cardenio, Dorotea y todos los demas le rogaron la acabasse; el, que a todos quiso dar gusto y por el que el tenia de leerla, prosiguio el 30 cuento, que assi dezia: Sucedio, pues, que por la satisfacion que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 155 Anselmo tenia de la bondad de Camila, viuia vna vida contenta y descuydada, y Camila, de industria, hazia mal rostro a Lotario, porque Anselmo entendiesse al reues de la voluntad que le tenia, y para mas confirmacion 5 de su hecho, pidio licencia Lotario para no venir a su casa, pues claramente se mostraua la pesadumbre que con su vista Camila recebia; mas el engañado Anselmo le dixo que en ninguna manera tal hiziesse. Y desta 10 manera, por mil maneras era Anselmo el fabricador de su deshonra, creyendo que lo era de su gusto. En esto, el que (*) tenia Leonela de verse qualificada, no de [deshonesta] (*) con sus amores, 15 llegó a tanto, que, sin mirar a otra cosa, se yua tras el a suelta rienda, fiada en que su señora la encubria y aun la aduertia del modo que con poco rezelo pudiesse ponerle en execucion. En fin, vna noche sintio Anselmo passos en el 20 aposento de Leonela, y, queriendo entrar a ver quién los daua, sintio que le detenian la puerta, cosa que le puso mas voluntad de abrirla; y tanta fuerça hizo, que la abrio, y entró dentro a tiempo que vio que vn hombre saltaua por la 25 ventana a la calle, y acudiendo con presteza a alcançarle o conocerle, no pudo conseguir lo vno ni lo otro, porque Leonela se abraçó con el, diziendole: “Sossiegate, señor mio, y no te alborotes ni 30 sigas al que de aqui saltó: es (*) cosa mia, y tanto, que es mi esposo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156 No lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sacó la daga y quiso herir a Leonela, diziendole que le dixesse la verdad; si no, que la mataria. Ella, con el miedo, sin saber lo que se dezia, le dixo: 5 “No me mates, señor; que yo te diré cosas de mas importancia de las que puedes imaginar.” “Dilas luego”, dixo Anselmo; “si no, muerta eres.” 10 “Por aora sera impossible”, dixo Leonela, “segun estoy de turbada; dexame hasta mañana, que entonces sabras de mi lo que te ha de admirar; y está seguro que el que saltó por esta ventana es vn mancebo desta 15 ciudad, que me ha dado la mano de ser mi esposo.” Sossegose con esto Anselmo y quiso aguardar el termino que se le pedia, porque no pensaua oyr cosa que contra Camila fuesse, por estar 20 de su bondad tan satisfecho y seguro; y, assi, se salio del aposento y dexó encerrada en el a Leonela, diziendole que de alli no saldria hasta que le dixesse lo que tenia que dezirle. Fue luego a ver a Camila y a dezirle, como le dixo, 25 todo aquello que con su donzella le auia passado, y la palabra que le auia dado de dezirle grandes cosas y de importancia. Si se turbó Camila o no, no ay para qué dezirlo, porque fue tanto el temor que cobró, creyendo verdaderamente 30 --y era de creer-- que Leonela auia de dezir a Anselmo todo lo que sabia de su poca
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 157 fe, que no tuuo animo para esperar si su sospecha salia falsa o no. Y aquella mesma (*) noche, quando le parecio que Anselmo dormia, juntó las mejores joyas que tenia y algunos dineros, y, sin ser de nadie sentida, salio de 5 casa y se fue a la de Lotario, a quien conto lo que passaua, y le pidio que la pusiesse en cobro, o que se ausentassen los dos donde de Anselmo pudiessen estar seguros. La confusion en que Camila puso a Lotario fue tal, que no 10 le sabia responder palabra, ni menos sabia resoluerse en lo que haria. En fin, acordo de lleuar a Camila a vn monesterio (*) en quien era priora vna su hermana. Consintio Camila en ello, y con la presteza 15 que el caso pedia, la lleuó Lotario y la dexó en el monesterio (*), y el ansimesmo (*) se ausentó luego de la ciudad, sin dar parte a nadie de su ausencia. Quando amanecio, sin echar de ver Anselmo 20 que Camila faltaua de su lado, con el desseo que tenia de saber lo que Leonela queria dezirle, se leuantó y fue a donde la auia dexado encerrada. Abrio y entró en el aposento, pero no halló en el a Leonela; solo halló puestas 25 vnas sauanas añudadas a la ventana, indicio y señal que por alli se auia descolgado e ydo. Boluio luego muy triste a dezirselo a Camila, y, no hallandola en la cama ni en toda la casa, quedó assombrado. Preguntó a los criados de 30 casa por ella, pero nadie le supo dar razon de lo que pedia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158 Acerto acaso, andando a buscar a Camila, que vio sus cofres abiertos, y que dellos faltauan las mas de sus joyas, y con esto acabó de caer en la cuenta de su desgracia, y en que no era Leonela la causa de su desuentura. Y ansi 5 como estaua, sin acabarse de vestir, triste y pensatiuo, fue a dar cuenta de su desdicha a su amigo Lotario; mas quando no le halló, y sus criados le dixeron que aquella noche auia faltado de casa, y auia lleuado consigo todos los 10 dineros que tenia, penso perder el juyzio. Y para acabar de concluyr con todo, boluiendose a su casa, no halló en ella ninguno de quantos criados ni criadas tenia, sino la casa desierta y sola. No sabia qué pensar, qué dezir, ni qué 15 hazer, y poco a poco se le yua boluiendo el juyzio. Contemplauase y mirauase en vn instante sin muger, sin amigo y sin criados; desamparado, a su parecer, del cielo que le cubria, y, sobre todo, sin honra, porque en la falta de 20 Camila vio su perdicion. Resoluiose, en fin, a cabo de vna gran pieça, de yrse a la aldea de su amigo, donde auia estado quando dio lugar a que se maquinasse toda aquella desuentura. Cerro las puertas de 25 su casa, subio a cauallo, y con desmayado aliento se puso en camino; y apenas huuo andado la mitad, quando, acossado de sus pensamientos, le fue forçoso apearse y arrendar su cauallo a vn arbol, a cuyo tronco se dexó caer, 30 dando tiernos y dolorosos suspiros; y alli se estuuo hasta casi que anochecia, y (*) aquella
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 159 hora vio que venia vn hombre a cauallo de la ciudad, y, despues de auerle saludado, le preguntó qué nueuas auia en Florencia. El ciudadano respondio: “Las mas estrañas que muchos dias ha se 5 han oydo en ella, porque se dize publicamente que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que viuia a San Iuan, se lleuó esta noche a Camila, muger de Anselmo, el qual tampoco parece. Todo esto ha dicho vna criada de 10 Camila, que anoche la halló el gouernador descolgandose con vna sauana por las ventanas de la casa de Anselmo. En efeto, no se puntualmente cómo passó el negocio; solo se que toda la ciudad está admirada deste sucesso, 15 porque no se podia esperar tal hecho de la mucha y familiar amistad de los dos, que dizen que era tanta, que los llamauan los dos amigos.” “¿Sabese, por ventura”, dixo Anselmo, “el 20 camino que lleuan Lotario y Camila?” “Ni por pienso”, dixo el ciudadano, “puesto que el gouernador ha vsado de mucha diligencia en buscarlos.” “A Dios vays, señor”, dixo Anselmo. 25 “Con el quedeys”, respondio el ciudadano, y fuese. Con tan desdichadas nueuas casi casi llegó a terminos Anselmo no solo de perder el juyzio, sino de acabar la vida. Leuantose como 30 pudo, y llegó a casa de su amigo, que aun no sabia su desgracia; mas como le vio llegar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160 amarillo, consumido y seco, entendio que de algun graue mal venia fatigado. Pidio luego Anselmo que le acostassen, y que le diessen adereço de escriuir. Hizose assi, y dexaronle acostado y solo, porque el assi lo quiso, y aun 5 que le cerrassen la puerta. Viendose, pues, solo, començo a cargar tanto la imaginacion de su desuentura, que claramente conocio (*) que se le yua acabando la vida; y, assi, ordenó de dexar noticia de la causa de su estraña muerte; 10 y començando a escriuir, antes que acabasse de poner todo lo que queria, le faltó el aliento y dexó la vida en las manos del dolor que le causó su curiosidad impertinente. Viendo el señor de casa que era ya tarde, y 15 que Anselmo no llamaua, acordo de entrar a saber si passaua adelante su indisposicion, y hallole tendido boca abaxo, la mitad del cuerpo en la cama y la otra mitad sobre el bufete, sobre el qual estaua con el papel escrito y 20 abierto, y el tenia aun la pluma en la mano. Llegose el huesped a el, auiendole llamado primero, y trauandole por la mano, viendo que no le respondia, y hallandole frio, vio que estaua muerto. Admirose y congoxose en gran 25 manera, y llamó a la gente de casa para que viessen la desgracia a Anselmo sucedida; y, finalmente, leyo el papel, que conocio que de su mesma (*) mano estaua escrito, el qual contenia estas razones: 30 “Vn necio e impertinente desseo me quitó la vida. Si las nueuas de mi muerte llegaren a los
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 161 oydos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaua ella obligada a hazer milagros, ni yo tenia necessidad de querer que ella los hiziesse; y pues yo fuy el fabricador de mi deshonra, no ay para qué...” 5 Hasta aqui escriuio Anselmo, por donde se echó de ver que en aquel punto, sin poder acabar la razon, se le acabó la vida. Otro dia dio auiso su amigo a los parientes de Anselmo de su muerte, los quales ya sabian su desgracia 10 y el monesterio donde Camila estaua, casi en el termino de acompañar a su esposo en aquel forçoso viage, no por las nueuas del muerto esposo, mas por las que supo del ausente amigo. Dizese que, aunque se vio biuda, 15 no quiso salir del monesterio, ni menos hazer profession de monja, hasta que, no de alli a muchos dias, le vinieron nueuas que Lotario auia muerto en vna batalla que en aquel tiempo dio Monsiur de Lautrec al Gran Capitan 20 Gonçalo Fernandez de Cordoua en el reyno de Napoles (*), donde auia ydo a parar el tarde arrepentido amigo, lo qual sabido por Camila, hizo profession y acabó en breues dias la vida a las rigurosas manos de tristezas y 25 melancolias. Este fue el fin que tuuieron todos, nacido de vn tan desatinado principio. “Bien”, dixo el cura, “me parece esta nouela; pero no me puedo persuadir que esto sea 30 verdad, y si es fingido, fingio mal el autor, porque no se puede imaginar que aya marido tan
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162 necio, que quiera hazer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre vn galan y vna dama, pudierase lleuar; pero entre marido y muger algo tiene del (*) impossible; y en lo que toca al modo de contarle, no 5 me descontenta (*).”
p. 163 Capitulo XXXVI Que trata de (la braua y descomunal batalla que don Quixote tuuo con vnos cueros de vino tinto, con) otros raros sucessos que en la venta le sucedieron (*). 5 Estando en esto, el ventero, que estaua a la puerta de la venta, dixo: “Esta que viene es vna hermosa tropa de huespedes; si ellos paran aqui, gaudeamus tenemos.” 10 “¿Qué gente es?”, dixo Cardenio. “Quatro hombres”, respondio el ventero, “vienen a cauallo, a la gineta (*), con lanças y adargas, y todos con antifazes negros; y junto con ellos viene vna muger vestida de blanco, 15 en vn sillon, ansimesmo cubierto el rostro, y otros dos moços de a pie.” “¿Vienen muy cerca?”, preguntó el cura. “Tan cerca”, respondio el ventero, “que ya llegan.” 20 Oyendo esto Dorotea, se cubrio el rostro, y Cardenio se entró en el aposento de don Quixote; y casi no auian tenido lugar para esto, quando entraron en la venta todos los que el ventero auia dicho; y, apeandose los quatro de 25 a cauallo, que de muy gentil talle y disposicion eran, fueron a apear a la muger que en el sillon venia; y, tomandola vno dellos en sus braços, la sento en vna silla que estaua a la entrada del aposento donde Cardenio se auia escondido. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164 En todo este tiempo, ni ella ni ellos se auian quitado los antifazes, ni hablado palabra alguna; solo que, al sentarse la muger en la silla, dio vn profundo suspiro (*) y dexó caer los braços, como persona enferma y desmayada. 5 Los moços de a pie lleuaron los cauallos a la caualleriza. Viendo esto el cura, desseoso de saber qué gente era aquella que con tal trage y tal silencio estaua, se fue donde estauan los moços, y a 10 vno dellos le preguntó lo que ya desseaua (*), el qual le respondio: “¡Pardiez, señor!, yo no sabre deziros qué gente sea esta; solo se que muestra ser muy principal, especialmente aquel que llegó a 15 tomar en sus braços a aquella señora que aueys visto; y esto digolo porque todos los demas le tienen respeto, y no se haze otra cosa mas de la que el ordena y manda.” “Y la señora, ¿quién es?”, preguntó el cura. 20 “Tampoco sabre dezir esso”, respondio el moço, “porque en todo el camino no la he visto el rostro; suspirar (*) si la he oydo muchas vezes, y dar vnos gemidos, que parece que con cada vno dellos quiere dar el alma; y no es 25 de marauillar que no sepamos mas de lo que auemos dicho, porque mi compañero y yo no ha mas de dos dias que los acompañamos; porque, auiendolos encontrado en el camino, nos rogaron y persuadieron que viniessemos con 30 ellos hasta el Andaluzia, ofreciendose a pagarnoslo muy bien.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 165 “Y ¿aueys oydo nombrar a alguno dellos?”, preguntó el cura. “No, por cierto”, respondio el moço, “porque todos caminan con tanto silencio, que es marauilla, porque no se oye entre ellos otra cosa que 5 los suspiros (*) y solloços de la pobre señora, que nos mueuen a lastima, y sin duda tenemos creydo que ella va forçada donde quiera que va; y segun se puede colegir por su habito, ella es monja, o va a serlo, que es lo mas cierto, y 10 quiça porque no le deue de nacer de voluntad el mongio, va triste, como parece.” “Todo podria ser”, dixo el cura. Y, dexandolos se boluio a donde estaua Dorotea, la qual, como auia oydo suspirar (*) a la 15 emboçada, mouida de natural compassion, se llegó a ella, y le dixo: “¿Qué mal sentis, señora mia? Mirad si es alguno de quien las mugeres suelen tener vso y experiencia de curarle; que de mi parte os 20 ofrezco vna buena voluntad de seruiros.” A todo esto callaua la lastimada señora, y aunque Dorotea tornó con mayores ofrecimientos, todauia se estaua en su silencio, hasta que llegó el cauallero emboçado, que (*) dixo el 25 moço que los demas obedecian, y dixo a Dorotea: “No os canseys, señora, en ofrecer nada a essa muger, porque tiene por costumbre de no agradecer cosa que por ella se haze, ni 30 procureys que os responda, si no quereys oyr alguna mentira de su boca.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166 “Iamas la dixe”, dixo a esta sazon la que hasta alli auia estado callando; “antes, por ser tan verdadera y tan sin traças mentirosas, me veo aora en tanta desuentura; y desto vos mesmo (*) quiero que seays el testigo, pues mi pura 5 verdad os haze a vos ser falso y mentiroso.” Oyo estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaua tan junto de quien las dezia, que sola la puerta del aposento de don Quixote estaua en medio, y assi como 10 las oyo, dando vna gran voz, dixo: “¡Valgame (*) Dios!, ¿qué es esto que oygo? ¿Qué voz es esta que ha llegado a mis oydos?” Boluio la cabeça a estos gritos aquella señora, toda sobresaltada, y, no viendo quién las (*) 15 daua, se leuantó en pie y fuese a entrar en el aposento; lo qual visto por el cauallero, la detuuo, sin dexarla mouer vn passo. A ella, con la turbacion y desassossiego, se le cayó el tafetan con que trahia cubierto el rostro, y descubrio 20 vna hermosura incomparable y vn rostro milagroso, aunque descolorido y assombrado, porque con los ojos andaua rodeando todos los lugares donde alcançaua con la vista, con tanto ahinco, que parecia persona fuera de juyzio, 25 cuyas señales, sin saber por qué las hazia, pusieron gran lastima en Dorotea y en quantos la mirauan. Teniala el cauallero fuertemente asida por las espaldas, y por estar tan ocupado en tenerla, no pudo acudir a alçarse el emboço 30 que se le cahia, como, en efeto, se le cayo del todo, y, alçando los ojos Dorotea, que abraçada
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 167 con la señora estaua, vio que el que abraçada ansimesmo (*) la tenia era su esposo don Fernando; y apenas le huuo conocido, quando arrojando de lo intimo de sus entrañas vn luengo y tristissimo ¡ay!, se dexó caer de 5 espaldas, desmayada, y a no hallarse alli junto el barbero, que la recogio en los braços, ella diera consigo en el suelo. Acudio luego el cura a quitarle el emboço para echarle agua en el rostro, y assi como la 10 descubrio, la conocio don Fernando, que era el que estaua abraçado con la otra, y quedó como muerto en verla; pero no porque dexasse, con todo esto, de tener a Luscinda, que era la que procuraua soltarse de sus braços; la qual auia 15 conocido en el suspiro (*) a Cardenio, y el la auia conocido a ella. Oyo assimesmo (*) Cardenio el ¡ay! que dio Dorotea quando se cayo desmayada, y creyendo que era su Luscinda, salio del aposento despauorido, y lo primero 20 que vio fue a don Fernando, que tenia abraçada a Luscinda. Tambien don Fernando conocio luego a Cardenio, y todos tres, Luscinda, Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo que les auia acontecido. 25 Callauan todos y mirauanse todos: Dorotea a don Fernando, don Fernando a Cardenio, Cardenio a Luscinda, y Luscinda a Cardenio. Mas quien primero rompio el silencio fue Luscinda, hablando a don Fernando desta manera: 30 “Dexadme, señor don Fernando, por lo que deueis a ser quien soys, ya que por otro
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168 respeto no lo hagays; dexadme llegar al muro de quien yo soy yedra, al arrimo de quien no me han podido apartar vuestras importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promessas ni vuestras dadiuas. Notad cómo el cielo, por 5 desusados y a nosotros encubiertos caminos, me ha puesto a mi verdadero esposo delante. Y bien sabeys por mil costosas experiencias que sola la muerte fuera bastante para borrarle de mi memoria: sean, pues, parte tan claros 10 desengaños para que boluays, ya que no podays hazer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad en despecho, y acabadme con el la vida; que como yo la rinda delante de mi buen esposo, la dare por bien empleada; quiça con mi muerte 15 quedará satisfecho de la fe que le mantuue, hasta el vltimo trance de la vida.” Auia en este entretanto buelto Dorotea en si, y auia estado escuchando todas las razones que Luscinda dixo, por las quales vino en 20 conocimiento de quién ella era; que (*) viendo que don Fernando aun no la dexaua de los braços, ni respondia a sus razones, esforçandose lo mas que pudo, se leuantó y se fue a hincar de rodillas a sus pies, y, derramando mucha cantidad 25 de hermosas y lastimeras lagrimas, assi le començo a dezir: “Si ya no es, señor mio, que los rayos deste sol que en tus braços eclypsado tienes te quitan y ofuscan los de tus ojos, ya auras echado 30 de ver que la que a tus pies está arrodillada es la sinventura, hasta que tu quieras, y (*) la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 169 desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora humilde a quien tu, por tu bondad o por tu gusto, quisiste leuantar a la alteza de poder llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los limites de la honestidad, viuio vida contenta 5 hasta que a las vozes de tus importunidades y, al parecer, justos y amorosos sentimientos, abrio las puertas de su recato y te entregó las llaues de su libertad, dadiua de ti tan mal agradecida qual lo muestra bien claro auer sido 10 forçoso hallarme en el lugar donde me hallas, y verte yo a ti de la manera que te veo. Pero, con todo esto, no querria que cayesse en tu imaginacion pensar que he venido aqui con passos de mi deshonra, auiendome traydo solo 15 los del dolor y sentimiento de verme de ti oluidada. Tu quisiste que yo fuesse tuya, y quisistelo de manera, que, aunque aora quieras que no lo sea, no sera possible que tu dexes de ser mio. Mira, señor mio, que puede ser 20 recompensa a la hermosura y nobleza por quien me dexas la incomparable voluntad que te tengo. Tu no puedes ser de la hermosa Luscinda, porque eres mio, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio. Y mas facil te (*) sera, 25 si en ello miras, reduzir tu voluntad a querer a quien te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera. Tu solicitaste mi descuydo, tu rogaste a mi entereza, tu no ignoraste mi calidad, tu sabes bien de la 30 manera que me entregué a toda tu voluntad: no te queda lugar ni acogida de llamarte a engaño.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170 ”Y si esto es assi, como lo es, y tu eres tan christiano como cauallero, ¿por qué por tantos rodeos dilatas de hazerme venturosa en los fines, como me heziste (*) en los principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu 5 verdadera y legitima esposa, quiereme, a lo menos, y admiteme por tu esclaua; que como yo esté en tu poder, me tendre por dichosa y bien afortunada. No permitas, con dexarme y desampararme, que se hagan y junten corrillos 10 en mi deshonra. No des tan mala vejez a mis padres, pues no lo merecen los leales seruicios que, como buenos vassallos, a los tuyos siempre han hecho. Y si te parece que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la mia, 15 considera que pocas o ninguna nobleza ay en el mundo que no aya corrido por este camino, y que la que se toma de las mugeres no es la que haze al caso en las ilustres decendencias (*). Quanto mas que la verdadera nobleza consiste 20 en la virtud, y si esta a ti te falta, negandome lo que tan justamente me deues, yo quedaré con mas ventajas de noble que las que tu tienes. En fin, señor, lo que vltimamente te digo es que, quieras o no quieras, yo soy tu esposa, 25 testigos son tus palabras, que no han ni deuen (*) ser mentirosas, si ya es que te precias de aquello por que me desprecias. Testigo sera la firma que hiziste, y testigo el cielo a quien tu llamaste por testigo de lo que me prometias. Y 30 quando todo esto falte, tu misma conciencia no ha de faltar de dar bozes callando en mitad de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 171 tus alegrias, boluiendo por esta verdad que te he dicho, y turbando tus mejores gustos y contentos.” Estas y otras razones dixo la lastimada Dorotea con tanto sentimiento y lagrimas, que los 5 mismos que acompañauan a don Fernando, y quantos presentes estauan la acompañaron en ellas. Escuchola don Fernando sin replicalle palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y principio a tantos solloços y suspiros (*), que bien 10 auia de ser coraçon de bronze el que con muestras de tanto dolor no se enterneciera. Mirandola estaua Luscinda, no menos lastimada de su sentimiento que admirada de su mucha discrecion y hermosura, y, aunque quisiera llegarse 15 a ella y dezirle algunas palabras de consuelo, no la dexauan los braços de don Fernando, que apretada la tenian; el qual, lleno de confusion y espanto, al cabo de vn buen espacio que atentamente estuuo mirando a Dorotea, abrio los 20 braços, y, dexando libre a Luscinda, dixo: “Venciste, hermosa Dorotea, venciste: porque no es possible tener animo para negar tantas verdades juntas.” Con el desmayo que Luscinda auia tenido, 25 assi como la dexó don Fernando yua a caer en el suelo; mas hallandose Cardenio alli junto, que a las espaldas de don Fernando se auia puesto porque no le conociesse, pospuesto (*) todo temor y auenturando (*) a todo riesgo, 30 acudio a sostener a Luscinda, y, cogiendola entre sus braços, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172 “Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas algun descanso, leal, firme y hermosa señora mia, en ninguna parte creo yo que le tendras mas seguro que en estos braços que aora te reciben y otro tiempo te recibieron, 5 quando la fortuna quiso que pudiesse llamarte mia.” A estas razones puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, auiendo començado a conocerle, primero por la voz, y, assegurandose que el era 10 con la vista, casi fuera de sentido y sin tener cuenta a ningun honesto respeto, le echó los braços al cuello, y, juntando su rostro con el de Cardenio, le dixo: “Vos, si, señor mio, sois el verdadero dueño 15 desta vuestra captiua (*), aunque mas lo impida la contraria suerte, y aunque mas amenazas le hagan [a] esta vida (*) que en la vuestra se sustenta.” Estraño espectaculo fue este para don 20 Fernando y para todos los circunstantes, admirandose de tan no visto sucesso. Pareciole a Dorotea que don Fernando auia perdido la color del rostro y que hazia ademan de querer vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar 25 la mano a ponella en la espada; y assi como lo penso, con no vista presteza se abraço con el por las rodillas, besandoselas y teniendole apretado, que no le dexaua mouer, y, sin cessar vn punto de sus lagrimas, le dezia: 30 “¿Qué es lo que piensas hazer, vnico refugio mio, en este tan impensado trance? Tu tienes
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 173 a tus pies a tu esposa, y la que quieres que lo sea está en los braços de su marido; mira si te estara bien, o te sera possible, deshazer lo que el cielo a hecho, o si te conuendra querer leuantar a igualar a ti mismo a la que, 5 pospuesto (*) todo inconueniente, confirmada en su verdad y firmeza, delante de tus ojos tiene los suyos, bañados de licor amoroso el (*) rostro y pecho de su verdadero esposo. Por quien Dios es te ruego, y por quien tu eres 10 te suplico, que este tan notorio desengaño no solo no acreciente tu ira, sino que la mengue en tal manera, que con quietud y sossiego permitas que estos dos amantes le tengan sin impedimento tuyo todo el tiempo que el cielo 15 quisiere concedersele, y en esto mostrarás la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y vera el mundo que tiene contigo mas fuerça la razon que el apetito.” En tanto que esto dezia Dorotea, aunque 20 Cardenio tenia abraçada a Luscinda, no quitaua los ojos de don Fernando, con determinacion de que si le viesse hazer algun mouimiento en su perjuyzio, procurar defenderse y ofender como mejor pudiesse (*) a todos 25 aquellos que en su daño se mostrassen, aunque le costasse la vida; pero a esta sazon acudieron los amigos de don Fernando, y el cura y el barbero, que a todo auian estado presentes, sin que faltasse el bueno de Sancho Pança, y 30 todos rodeauan a don Fernando, suplicandole tuuiesse por bien de mirar las lagrimas de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174 Dorotea, y que, siendo verdad, como sin duda ellos creyan que lo era, lo que en sus razones auia dicho, que no permitiesse quedasse defraudada de sus tan justas esperanças. Que considerasse que no acaso, como parecia, sino 5 con particular prouidencia del cielo se auian todos juntado en lugar donde menos ninguno pensaua. Y, que aduirtiesse, dixo el cura, que sola la muerte podia apartar a Luscinda de Cardenio, y aunque los diuidiessen filos de alguna 10 espada, ellos tendrian por felicissima su (*) muerte, y que en los lazos (*) inremediables era suma cordura, forçandose y venciendose a si mismo, mostrar vn generoso pecho, permitiendo que por sola su voluntad los dos gozassen 15 el bien que el cielo ya les auia concedido; que pusiesse los ojos ansimesmo (*) en la beldad de Dorotea, y veria que pocas, o ninguna, se le podian igualar, quanto mas hazerle ventaja, y que juntasse a su hermosura su 20 humildad y el estremo del amor que le tenia, y, sobre todo, aduirtiesse que si se preciaua de cauallero y de christiano, que no podia (*) hazer otra cosa que cumplille (*) la palabra dada; y que, cumpliendosela, cumpliria con Dios y 25 satisfaria a las gentes discretas, las quales saben y conocen que es prerrogatiua de la hermosura, aunque esté en sujeto humilde, como se acompañe con la honestidad, poder leuantarse e igualarse a qualquiera alteza, sin nota 30 de menoscabo del que la leuanta e iguala a si mismo; y quando se cumplen las fuertes leyes
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 175 del gusto, como en ello no interuenga pecado, no deue de ser culpado el que las sigue. En efeto, a estas razones añadieron todos otras, tales y tantas, que el valeroso pecho de don Fernando, en fin, como alimentado con 5 ilustre sangre, se ablandó y se dexó vencer de la verdad que el no pudiera negar aunque quisiera, y la señal que dio de auerse rendido y entregado al buen parecer que se le auia propuesto fue abaxarse y abraçar a Dorotea, 10 diziendole: “Leuantaos, señora mia; que no es justo que esté arrodillada a mis pies la que yo tengo en mi alma, y si hasta aqui no he dado muestras de lo que digo, quiça ha sido por orden del 15 cielo, para que, viendo yo en vos la fe con que me amays, os sepa estimar en lo que mereceys. Lo que os ruego es que no me reprehendais mi mal termino y mi mucho descuydo, pues la misma ocasion y fuerça que me mouio para 20 acetaros por mia, essa misma me impelio para procurar no ser vuestro; y que esto sea verdad, bolued y mirad los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallareys disculpa de todos mis yerros; y pues ella halló y alcançó lo que 25 desseaua, y yo he hallado en vos lo que me cumple, viua ella segura y contenta luengos y felices años con su Cardenio, que yo rogaré (*) al cielo que me los dexe viuir con mi Dorotea.” 30 Y, diziendo esto, la tornó a abraçar y a juntar su rostro con el suyo, con tan tierno
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176 sentimiento, que le fue necessario tener gran cuenta con que las lagrimas no acabassen de dar indubitables señas (*) de su amor y arrepentimiento. No lo hizieron assi las de Luscinda y Cardenio, y aun las de casi todos los que 5 alli presentes estauan, porque començaron a derramar tantas, los vnos de contento proprio (*), y los otros del ageno, que no parecia sino que algun graue y mal caso a todos auia sucedido. Hasta Sancho Pança lloraua, aunque 10 despues dixo que no lloraua el sino por ver que Dorotea no era, como el pensaua, la reyna Micomicona, de quien el tantas mercedes esperaua. Duró algun espacio, junto con el llanto, la admiracion en todos, y luego Cardenio y 15 Luscinda se fueron a poner de rodillas ante don Fernando, dandole gracias de la merced que les auia hecho con tan corteses razones, que don Fernando no sabia qué responderles, y, assi, los leuantó y abraçó con muestras de 20 mucho amor y de mucha cortesia. Preguntó luego a Dorotea le dixesse cómo auia venido a aquel lugar tan lexos del suyo. Ella, con breues y discretas razones, conto todo lo que antes auia contado a Cardenio, de lo 25 qual gustó tanto don Fernando y los que con el venian, que quisieran que durara el cuento mas tiempo: tanta era la gracia con que Dorotea contaua sus desuenturas. Y assi como huuo acabado, dixo don Fernando lo que en la ciudad 30 le auia acontecido, despues que halló el papel en el seno de Luscinda, donde declaraua
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 177 ser esposa de Cardenio y no poderlo ser suya; dixo que la quiso matar, y lo hiziera si de sus padres no fuera impedido, y que, assi, se salio de su casa despechado y corrido, con determinacion de vengarse con (*) mas comodidad, y 5 que otro dia supo como Luscinda auia faltado de casa de sus padres, sin que nadie supiesse dezir dónde se auia ydo, y que, en resolucion, al cabo de algunos meses vino a saber como estaua en vn monesterio (*), con voluntad de 10 quedarse en el toda la vida, si no la pudiesse passar con Cardenio; y que assi como lo supo, escogiendo para su compañia aquellos tres caualleros, vino al lugar donde estaua, a la qual no auia querido hablar, temeroso que en 15 sabiendo que el estaua alli, auia de auer mas guarda en el monesterio (*); y, assi, aguardando vn dia a que la porteria estuuiesse abierta, dexó a los dos a la guarda de la puerta, y el con otro auian entrado en el monesterio 20 (*) buscando a Luscinda, la qual hallaron en el claustro (*) hablando con vna monja; y, arrebatandola, sin darle lugar a otra cosa, se auian venido con ella a vn lugar donde se acomodaron de aquello que huuieron menester 25 para traella. Todo lo qual auian podido hazer bien a su saluo por estar el monesterio (*) en el campo, buen trecho fuera del pueblo. Dixo que assi como Luscinda se vio en su poder, perdio todos los sentidos, y que 30 despues de buelta en si no auia hecho otra cosa sino llorar y suspirar (*), sin hablar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 178 palabra alguna, y que, assi, acompañados de silencio y de lagrimas auian llegado a aquella venta, que para el era auer llegado al cielo, donde se rematan y tienen fin todas las desuenturas de la tierra. 5
p. 179 Capitulo XXXVII Donde (*) se prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas auenturas. Todo esto escuchaua Sancho, no con poco 5 dolor de su anima, viendo que se le desparecian e yuan en humo las esperanças de su ditado, y que la linda princesa Micomicona se le auia buelto en Dorotea, y el gigante en don Fernando, y su amo se estaua durmiendo (*) a 10 sueño suelto, bien descuydado de todo lo sucedido. No se podia assegurar Dorotea si era soñado el bien que posseya. Cardenio estaua en el mismo pensamiento, y el de Luscinda corria por la misma cuenta. Don Fernando daua 15 gracias al cielo por la merced recebida (*) y auerle sacado de aquel intricado laberinto, donde se hallaua tan a pique de perder el credito y el alma; y, finalmente, quantos en la venta estauan, estauan contentos y gozosos del buen 20 sucesso que auian tenido tan trauados y desesperados negocios. Todo lo ponia en su punto el cura, como discreto, y a cada vno daua el parabien del bien alcançado; pero quien mas jubilaua y se 25 contentaua era la ventera, por la promessa que Cardenio y el cura le auian hecho de pagalle todos los daños e interesses que por cuenta de don Quixote le huuiessen venido. Solo Sancho, como ya se ha dicho, era el afligido, el 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180 desuenturado y el triste; y, assi, con malenconico (*) semblante entró a su amo, el qual acabaua de despertar, a quien dixo: “Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuydado 5 de matar a ningun gigante, ni de boluer a la princesa su reyno; que ya todo está hecho y concluydo.” “Esso creo yo bien”, respondio don Quixote, “porque he tenido con el gigante la mas 10 descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los dias de mi vida; y de vn reues, ¡zas!, le derribé la cabeça en el suelo; y fue tanta la sangre que le salio, que los arroyos corrian por la tierra, como si fueran de agua.” 15 “Como si fueran de vino tinto, pudiera vuestra merced dezir mejor”, respondio Sancho; “porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el gigante muerto es vn cuero horadado, y la sangre, seys arrobas de 20 vino tinto que encerraua en su vientre; y la cabeça cortada es la puta que me pario, y lleuelo todo Satanas.” “Y ¿qué es lo que dizes, loco?”, replicó don Quixote. “¿Estás en tu seso?” 25 “Leuantese vuestra merced”, dixo Sancho, “y vera el buen recado que a hecho, y lo que tenemos que pagar; y vera a la reyna conuertida en vna dama particular, llamada Dorotea, con otros sucessos, que, si cae en ellos, le han 30 de admirar.” “No me marauillaria de nada desso”, replicó
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 181 don Quixote, “porque, si bien te acuerdas, la otra vez que aqui estuuimos, te dixe yo que todo quanto aqui sucedia eran cosas de encantamento, y no seria mucho que aora fuesse lo mesmo (*).” 5 “Todo lo creyera yo”, respondio Sancho, “si tambien mi manteamiento fuera cosa desse jaez; mas no lo fue, sino real y verdaderamente, y vi yo que el ventero, que aqui está oy dia, tenia del vn cabo de la manta, y me empujaua 10 hazia el cielo con mucho donayre y brio, y con tanta risa como fuerça; y donde interuiene conocerse las personas, tengo para mi, aunque simple y pecador, que no ay encantamento alguno, sino mucho molimiento y mucha mala 15 ventura.” “Aora bien, Dios lo remediará”, dixo don Quixote; “dame de vestir, y dexame salir alla fuera; que quiero ver los sucessos y transformaciones que dizes.” 20 Diole de vestir Sancho, y en el entretanto que se vestia, conto el cura a don Fernando y a los demas (*) las locuras de don Quixote, y del artificio que auian vsado para sacarle de la Peña Pobre, donde el se imaginaua estar por 25 desdenes de su senora. Contoles assimismo casi todas las auenturas que Sancho auia contado, de que no poco se admiraron y rieron, por parecerles, lo que a todos parecia, ser el mas estraño genero de locura que podia caber 30 en pensamiento desparatado (*). Dixo mas el cura: que pues ya el buen sucesso de la señora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182 Dorotea impidia passar con su disignio adelante, que era menester inuentar y hallar otro para poderle lleuar a su tierra. Ofreciose Cardenio de proseguir lo començado, y que Luscinda haria y representaria (*) la persona de Dorotea. 5 “No”, dixo don Fernando; “no ha de ser assi; que yo quiero que Dorotea prosiga su inuencion, que, como no sea muy lexos de aqui el lugar deste buen cauallero, yo holgaré de que se procure su remedio.” 10 “No está mas de dos jornadas de aqui (*).” “Pues aunque estuuiera mas (*), gustara yo de caminallas, a trueco de hazer tan buena obra.” Salio en esto don Quixote, armado de todos 15 sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino (*) en la cabeça, embraçado de su rodela y arrimado a su tronco o lançon. Suspendio a don Fernando y a los demas la estraña presencia de don Quixote, viendo su 20 rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su messurado continente, y estuuieron callando hasta ver lo que el dezia, el qual, con mucha grauedad y reposo, puestos los ojos en la 25 hermosa Dorotea, dixo: “Estoy informado, hermosa señora, deste mi escudero que la vuestra grandeza se ha aniquilado, y vuestro ser se ha deshecho, porque de reyna y gran señora que soliades ser, os aueys 30 buelto en vna particular donzella; si esto ha sido por orden del rey nigromante de vuestro
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 183 padre, temeroso que yo no os diesse la necessaria y deuida ayuda, digo que no supo, ni sabe, de la missa la media, y que fue poco versado en las historias cauallerescas; porque si el las huuiera leydo y passado tan atentamente, 5 y con tanto espacio como yo las passé y lei, hallara a cada passo cómo otros caualleros, de menor fama que la mia, auian acabado cosas mas dificultosas, no siendolo mucho matar a vn gigantillo, por arrogante que sea; porque no ha 10 muchas horas que yo me vi con el; y... quiero callar, porque no me digan que miento; pero el tiempo, descubridor (*) de todas las cosas, lo dira quando menos lo pensemos.” “Vistesos vos con dos cueros, que no con vn 15 gigante”, dixo a esta sazon el ventero, al qual mandó don Fernando que callasse y no interrumpiesse (*) la platica de don Quixote en ninguna manera; y don Quixote prosiguio, diziendo: 20 “Digo, en fin, alta y desheredada señora, que si por la causa que he dicho vuestro padre ha hecho este metamorfoseos (*) en vuestra persona, que no le deys credito alguno; porque no ay ningun peligro en la tierra por quien no 25 se (*) abra camino mi espada, con la qual, poniendo la cabeça de vuestro enemigo en tierra, os pondre a vos la corona de la vuestra en la cabeça, en breues dias.” No dixo mas don Quixote, y esperó a que 30 la princesa le respondiesse, la (*) qual, como ya sabia la determinacion de don Fernando,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184 de que se prosiguiesse adelante en el engaño hasta lleuar a su tierra a don Quixote, con mucho donayre y grauedad le respondio: “Quienquiera que os dixo, valeroso cauallero de la Triste Figura, que yo me auia mudado 5 y trocado de mi ser, no os dixo lo cierto, porque la misma que ayer fuy me soy oy: verdad es que alguna mudança han hecho en mi ciertos acaecimientos de buena ventura, que me la han dado la mejor que yo pudiera dessearme; 10 pero no por esso he dexado de ser la que antes, y de tener los mesmos (*) pensamientos de valerme del valor de vuestro valeroso e inuenerable (*) braço que siempre he tenido; assi que, señor mio, vuestra bondad buelua la 15 honra al padre que me engendró, y tengale por hombre aduertido y prudente, pues con su ciencia halló camino tan facil y tan verdadero para remediar mi desgracia; que yo creo que si por vos, señor, no fuera, jamas acertara a 20 tener la ventura que tengo, y en esto digo tanta verdad, como son buenos testigos della los mas destos señores que estan presentes; lo que resta es que mañana nos pongamos en camino, porque ya oy se podra hazer poca 25 jornada, y en lo demas del buen sucesso que espero, lo dexaré a Dios y al valor de vuestro pecho (*).” Esto dixo la discreta Dorotea, y, en oyendolo don Quixote, se boluio a Sancho, y, con 30 muestras de mucho enojo, le dixo: “Aora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 185 vellaquelo que ay en España; dime, ladron bagamundo, ¿no me acabaste de dezir aora que esta princesa se auia buelto en vna donzella que se llamaua Dorotea, y que la cabeça que entiendo que corté a vn gigante era la puta 5 que te pario, con otros disparates que me pusieron en la mayor confusion que jamas he estado en todos los dias de mi vida? ¡Voto --y miró al cielo y apreto los dientes--, que estoy por hazer vn estrago en ti, que ponga sal en la 10 mollera a todos quantos mentirosos escuderos huuiere de caualleros andantes, de aqui adelante, en el mundo!” “Vuestra merced se sossiegue, señor mio”, respondio Sancho, “que bien podria ser que 15 yo me huuiesse engañado en lo que toca a la mutacion de la señora princesa Micomicona; pero en lo que toca a la cabeça del gigante, o, a lo menos, a la horadacion de los cueros, y a lo de ser vino tinto la sangre, no me engaño, 20 ¡viue Dios!, porque los cueros alli estan heridos a la cabecera del lecho de vuestra merced, y el vino tinto tiene hecho vn lago el aposento, y si no, al freyr de los hueuos lo vera: quiero dezir, que lo vera quando aqui su merced del señor 25 ventero le pida el menoscabo de todo. De lo demas, de que la señora reyna se esté como se estaua, me regozijo en el alma, porque me va mi parte, como a cada hijo de vezino.” “Aora yo te digo, Sancho”, dixo don Quixote, 30 “que eres vn mentecato, y perdoname, y basta.” “Basta”, dixo don Fernando, “y no se hable
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186 mas en esto; y pues la señora princesa dize que se camine mañana, porque ya oy es tarde, hagase asi, y esta noche la podremos passar en buena conuersacion hasta el venidero dia, donde todos acompañaremos al señor don Quixote, 5 porque queremos ser testigos de las valerosas e inauditas hazañas que ha de hazer en el discurso desta grande empresa que a su cargo lleua.” “Yo soy el que tengo de seruiros y 10 acompañaros”, respondio don Quixote; “y agradezco mucho la merced que se me haze y la buena opinion que de mi se tiene, la qual procuraré que salga verdadera, o me costará la vida, y aun mas, si mas costarme puede.” 15 Muchas palabras de comedimiento y muchos ofrecimientos passaron entre don Quixote y don Fernando; pero a todo puso silencio vn passagero que en aquella sazon entró en la venta, el qual en su traje mostraua ser christiano rezien 20 venido de tierra de moros, porque venia vestido con vna casaca de paño azul, corta de faldas, con medias mangas y sin cuello; los calçones eran assimismo de lienço azul (*), con bonete de la misma color; traya vnos borzeguies datilados 25 y vn alfanje morisco, puesto en vn taheli (*) que le atrauessaua el pecho. Entró luego tras el, encima de vn jumento, vna muger a la morisca vestida, cubierto el rostro, con vna toca en la cabeça; traya vn bonetillo de brocado, y 30 vestida vna almalafa (*) que desde los ombros a los pies la cubria.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 187 Era el hombre de robusto y agraciado talle, de edad de poco mas de quarenta años, algo moreno de rostro, largo de vigotes, y la barba muy bien puesta; en resolucion, el mostraua en su apostura, que si estuuiera bien vestido, le 5 juzgaran por persona de calidad y bien nacida. Pidio en entrando vn aposento, y como le dixeron que en la venta no le auia, mostro recebir (*) pesadumbre, y, llegandose a la que en el traje parecia mora, la apeó en sus braços. 10 Luscinda, Dorotea, la ventera, su hija y Maritornes, lleuados (*) del nueuo y para ellos nunca visto traje, rodearon a la mora, y Dorotea, que siempre fue agraciada, comedida y discreta, pareciendole que assi ella como el que la traya se 15 congoxauan por la falta del aposento, le dixo: “No os de mucha pena, señora mia, la incomodidad de regalo que aqui falta, pues es proprio (*) de ventas no hallarse en ellas; pero, con todo esto, si gustaredes de passar (*) con 20 nosotras --señalando a Luscinda--, quiça en el discurso de este camino aureys hallado otros no tan buenos acogimientos.” No respondio nada a esto la emboçada, ni hizo otra cosa que leuantarse de donde sentado 25 se auia, y puestas entrambas manos cruzadas sobre el pecho, inclinada la cabeça, dobló el cuerpo en señal de que lo agradecia. Por su silencio imaginaron que, sin duda alguna, deuia de ser mora y que no sabia hablar christiano 30 (*). Llegó en esto el cautiuo, que entendiendo en otra cosa hasta entonces auia estado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188 y, viendo que todas tenian cercada a la que con el venia, y que ella a quanto le dezian callaua, dixo: “Señoras mias, esta donzella apenas entiende mi lengua, ni sabe hablar otra ninguna sino 5 conforme a su tierra, y por esto no deue de auer respondido, ni responde, a lo que se le ha preguntado.” “No se le pregunta otra cosa ninguna”, respondio Luscinda, “sino ofrecelle por esta 10 noche nuestra compañia y parte del lugar donde nos acomodaremos, donde se le hara el regalo que la comodidad ofreciere con la voluntad que obliga a seruir a todos los estrangeros que dello tuuieren necessidad, especialmente 15 siendo muger a quien se sirue.” “Por ella y por mi”, respondio el captiuo (*), “os beso, señora mia, las manos, y estimo mucho (*) y en lo que es razon la merced ofrecida, que en tal ocasion, y de tales personas como 20 vuestro parecer muestra, bien se hecha de ver que ha de ser muy grande.” “Dezidme, señor”, dixo Dorotea: “esta señora ¿es christiana o mora? Porque el traje y el silencio nos haze pensar que es lo que no 25 querriamos que fuesse.” “Mora es en el traje y en el cuerpo (*); pero en el alma es muy grande christiana, porque tiene grandissimos desseos de serlo.” “Luego ¿no es baptizada (*)?”, replicó 30 Luscinda. “No ha auido lugar para ello”, respondio el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 189 captiuo (*), “despues que salio de Argel, su patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en peligro de muerte tan cercana, que obligasse a baptizalla (*) sin que supiesse primero todas las ceremonias que nuestra madre la Santa Iglesia 5 manda; pero Dios sera seruido que presto se bautize (*) con la decencia que la calidad de su persona merece, que es mas de lo que muestra su habito y el mio.” [Con] estas razones puso (*) gana en todos 10 los que escuchandole estauan de saber quién fuesse la mora y el captiuo (*); pero nadie se lo quiso preguntar por entonces, por ver que aquella sazon era mas para procurarles descanso que para preguntarles (*) sus vidas. Dorotea 15 la tomó por la mano y la lleuó a sentar junto a si, y le rogo que se quitasse el emboço. Ella miró al cautiuo, como si le preguntara le dixesse lo que dezian y lo que ella haria. El, en lengua arauiga, le dixo que le pedian se quitasse 20 el emboço, y que lo hiziesse, y, assi, se lo quitó y descubrio vn rostro tan hermoso, que Dorotea la tuuo por mas hermosa que a Luscinda, y Luscinda por mas hermosa que a Dorotea, y todos los circustantes (*) conocieron 25 que si alguno se podria igualar al de las dos, era el de la mora, y aun huuo algunos que le auentajaron en alguna cosa. Y como la hermosura tenga prerrogatiua y gracia de reconciliar los animos y atraer las voluntades, luego 30 se rindieron todos al desseo de seruir y acariciar a la hermosa mora.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 190 Preguntó don Fernando al captiuo (*) cómo se llamaua la mora, el qual respondio que lela Zorayda, y assi como esto oyo ella, entendio lo que le auian preguntado al christiano, y dixo con mucha priessa, llena de congoxa y 5 donayre: “¡No, no Zorayda: Maria, Maria!”, dando a entender que se llamaua Maria y no Zorayda. Estas palabras, el grande afecto (*) con que la mora las dixo, hizieron derramar mas de vna 10 lagrima a algunos de los que la escucharon, especialmente a las mugeres, que de su naturaleza son tiernas y compassiuas. Abraçola Luscinda con mucho amor, diziendole: “¡Si, si; Maria, Maria!” 15 A lo qual respondio la mora: “¡Si, si; Maria; Zorayda macange! (*)”, que quiere dezir, no. Ya en esto llegaua la noche (*), y por orden de los que venian con don Fernando auia el 20 ventero puesto diligencia y cuydado en adereçarles de cenar (*) lo mejor que a el le fue possible. Llegada, pues, la hora, sentaronse todos a vna larga mesa, como de tinelo, porque no la auia redonda ni quadrada en la 25 venta, y dieron la cabecera y principal assiento, puesto que el lo rehusaua, a don Quixote, el qual quiso que estuuiesse a su lado la señora Micomicona, pues el era su aguardador (*). Luego se sentaron Luscinda y Zorayda, y frontero 30 dellas, don Fernando y Cardenio, y luego el cautiuo y los demas caualleros, y al lado de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 191 las señoras, el cura y el barbero. Y, assi, cenaron (*) con mucho contento, y acrecentoseles mas viendo que, dexando de comer don Quixote, mouido de otro semejante espiritu que el que le mouio a hablar tanto como habló quando 5 cenó con los cabreros, començo a dezir: “Verdaderamente, si bien se considera, señores mios, grandes e inauditas cosas ven los que professan la orden de la andante caualleria. Si no, ¿quál de los viuientes aura (*) en el mundo 10 que aora por la puerta deste castillo entrara (*), y de la suerte que estamos nos viere, que juzgue y crea que nosotros somos quien somos? ¿Quién podra dezir que esta señora que está a mi lado es la gran reyna que todos sabemos, y 15 que yo soy aquel cauallero de la Triste Figura que anda por ahi en boca de la fama? Aora no ay que dudar, sino que esta arte y exercicio excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inuentaron, y tanto mas se ha de tener en 20 estima, quanto a mas peligros está sugeto. Quitenseme delante los que dixeren que las letras hazen ventaja a las armas; que les dire, y sean quien se fueren, que no saben lo que dizen. Porque la razon que los tales suelen dezir, y a 25 lo que ellos mas se atienen, es que los trabajos del espiritu exceden a los del cuerpo, y que las armas solo con el cuerpo se exercitan, como si fuesse su exercicio oficio de ganapanes, para el qual no es menester mas de buenas fuerças, 30 o como si en esto que llamamos armas los que las professamos no se encerrassen los actos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 192 la fortaleza, los quales piden para executallos mucho entendimiento, o como si no trabajasse el animo del guerrero que tiene a su cargo vn exercito o la defensa de vna ciudad sitiada, assi con el espiritu como con el cuerpo. Si no, 5 vease si se alcança con las fuerças corporales a saber y congeturar el intento del enemigo, los disignios (*), las estratagemas, las dificultades, el preuenir los daños que se temen; que todas estas cosas son acciones del 10 entendimiento, en quien no tiene parte alguna el cuerpo. ”Siendo, pues, ansi, que las armas requieren espiritu como las letras, veamos aora quál de los dos espiritus, el del letrado o el del 15 guerrero, trabaja mas. Y esto se vendra a conocer por el fin y paradero a que cada vno se encamina, porque aquella intencion se ha de estimar en mas que tiene por objeto mas noble fin. Es el fin y paradero de las letras..., y no 20 hablo aora de las diuinas, que tienen por blanco lleuar y encaminar las almas al cielo; que a vn fin tan sin fin como este ninguno otro se le puede ygualar: hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia 25 distributiua y dar a cada vno lo que es suyo, entender y hazer que las buenas leyes se guarden, fin por cierto generoso y alto y digno de grande alabança, pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las 30 quales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden dessear
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 193 en esta vida. Y, assi, las primeras buenas nueuas que tuuo el mundo y tuuieron los hombres fueron las que dieron los angeles la noche que fue nuestro dia, quando cantaron en los ayres: «Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a 5 »los hombres de buena voluntad»; y a la salutacion que el mejor maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y fauoridos (*) fue dezirles que, quando entrassen en alguna casa, dixessen: «Paz sea en esta casa.» Y otras 10 muchas vezes les dixo: «Mi paz os doy, mi paz os »dexo, paz sea con vosotros», bien como joya y prenda dada y dexada de tal mano, joya, que sin ella, en la tierra ni en el cielo puede auer bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la 15 guerra, que lo mesmo (*) es dezir armas que guerra. Prosupuesta (*), pues, esta verdad, que el fin de la guerra es la paz, y que en esto haze ventaja al fin de las letras, vengamos aora a los trabajos del cuerpo del letrado y a los del 20 professor de las armas, y vease quáles son mayores.” De tal manera y por tan buenos terminos yua prosiguiendo en su platica don Quixote, que obligó a que por entonces ninguno de los 25 que escuchandole estauan le tuuiesse (*) por loco. Antes, como todos los mas eran caualleros, a quien son anejas las armas, le escuchauan de muy buena gana; y el prosiguio diziendo: 30 “Digo, pues, que los trabajos del estudiante son estos: principalmente, pobreza, no porque
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 194 todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el estremo que pueda (*) ser, y en auer dicho que padece pobreza, me parece que no auia que dezir mas de su mala ventura. Porque quien es pobre no tiene cosa buena; esta 5 pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frio, ya en desnudez, ya en todo junto. Pero, con todo esso, no es tanta, que no coma, aunque sea vn poco mas tarde de lo que se vsa, aunque sea de las sobras de 10 los ricos; que es la mayor miseria del estudiante este (*) que entre ellos llaman andar a la sopa, y no les falta algun ageno brasero o chimenea, que, si no callenta (*), a lo menos entibie su frio, y, en fin, la noche duermen 15 debaxo (*) de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, conuiene a saber, de la falta de camisas y no sobra de çapatos, la raridad y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, quando la buena suerte 20 les depara algun banquete. ”Por este camino que he pintado, aspero y dificultoso, tropeçando aqui, cayendo alli, leuantandose aculla, tornando a caer aca, llegan al grado que dessean, el qual alcançado (*), a 25 muchos hemos visto que, auiendo passado por estas Sirtes y por estas Scilas y Caribdis, como lleuados en buelo de la fauorable fortuna, digo que los hemos visto mandar y gouernar (*) el mundo desde vna silla, trocada su hambre en 30 hartura, su frio en refrigerio (*), su desnudez en galas y su dormir en vna estera en reposar
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 195 en olandas y damascos, premio justamente merecido de su virtud; pero contrapuestos y comparados sus trabajos con los del milite guerrero, se quedan muy atras en todo, como aora dire.” 5
p. 196 Capitulo XXXVIII Que trata del curioso discurso que hizo don Quixote de las armas y las letras (*). Prosiguiendo don Quixote, dixo: “Pues començamos en el estudiante por la 5 pobreza y sus partes, veamos si es mas rico el soldado. Y veremos que no ay ninguno mas pobre en la misma pobreza, porque está atenido a la miseria de su paga, que viene o tarde o nunca, o a lo que garbeare por sus 10 manos, con notable peligro de su vida y de su conciencia. Y a vezes suele ser su desnudez tanta, que vn coleto acuchillado le sirue de gala y de camisa, y en la mitad del inuierno se suele reparar de las inclemencias del cielo, 15 estando en la campaña rasa, con solo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vazio, tengo por aueriguado que deue de salir frio, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la noche para restaurarse de todas 20 estas incomodidades en la cama que le aguarda, la qual, si no es por su culpa, jamas pecará de estrecha; que bien puede medir en la tierra los pies que quisiere, y reboluerse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las 25 sauanas. ”Lleguese, pues, a todo esto el dia y la hora de recebir el grado de su exercicio; lleguese vn dia de batalla, que alli le pondran la borla en la cabeça, hecha de hilas, para curarle algun 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 197 balazo que quiça le aura passado las sienes, o le dexará estropeado de braço o pierna. Y quando esto no suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserue sano y viuo, podra ser que se quede en la mesma (*) pobreza que 5 antes estaua, y que sea menester que suceda vno y otro rencuentro, vna y otra batalla, y que de todas salga vencedor, para medrar en algo. Pero estos milagros vense raras vezes. ”Pero dezidme, señores, si aueys mirado en 10 ello, quán menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella. Sin duda aueys de responder que no tienen comparacion, ni se pueden reduzir a cuenta los muertos, y que se podran contar los premiados 15 viuos con tres letras de guarismo. Todo esto es al reues en los letrados, porque de faldas, que no quiero dezir de mangas, todos tienen en qué entretenerse. Assi que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menor el 20 premio. Pero a esto se puede responder que es mas facil premiar a dos mil letrados que a treynta mil soldados, porque a aquellos se premian con darles oficios que por fuerça se (*) han de dar a los de su profession, y a estos no 25 se pueden (*) premiar, sino con la mesma (*) hazienda del señor a quien siruen, y esta impossibilidad fortifica mas la razon que tengo. ”Pero dexemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino boluamos a la 30 preeminencia de las armas contra las letras: materia que hasta aora está por aueriguar,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198 segun son las razones que cada vna de su parte alega; y entre las que he dicho, dizen las letras que sin ellas no se podrian sustentar las armas, porque la guerra tambien tiene sus leyes y está sugeta a ellas, y que las leyes caen debaxo de 5 lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podran sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las republicas, se conseruan los reynos, se guardan las ciudades, se asseguran los caminos, 10 se despejan (*) los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuesse, las republicas, los reynos, las monarquias, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarian sugetos al rigor y a la confusion que trae consigo la 15 guerra el tiempo que dura y tiene licencia de vsar de sus preuilegios y de sus fuerças. Y es razon aueriguada que aquello que mas cuesta se estima y deue de estimar (*) en mas. ”Alcançar alguno a ser eminente en letras le 20 cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, vaguidos (*) de cabeça, indigestiones de estomago y otras cosas a estas aderentes, que en parte ya las tengo referidas. Mas llegar vno por sus terminos a ser buen soldado le cuesta todo lo 25 que a el estudiante, en tanto mayor grado que no tiene comparacion, porque a cada passo está a pique de perder la vida. Y ¿qué temor de necessidad y pobreza puede llegar, ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene vn 30 soldado, que, hallandose cercado en alguna fuerça, y estando de posta o guarda en algun
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 199 rebellin o cauallero (*), siente que los enemigos estan minando hazia la parte donde el está, y no puede apartarse de alli por ningun caso, ni huyr el peligro que de tan cerca le amenaza? Solo lo que puede hazer es dar noticia a su 5 capitan de lo que passa, para que lo remedie con alguna contramina, y el estarse quedo, temiendo y esperando quándo improuisamente ha de subir a las nuues sin alas y baxar al profundo sin su voluntad. 10 ”Y si este parece pequeño peligro, veamos si le yguala, o haze ventajas (*), el de enuestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las quales, enclauijadas y trauadas, no le queda al soldado mas espacio del 15 que concede (*) dos pies de tabla del espolon. Y, con todo esto, viendo que tiene delante de si tantos ministros de la muerte que le amenazan quantos cañones de artilleria se assestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo 20 vna lança, y, viendo que al primer descuydo de los pies yria a visitar los profundos senos de Neptuno; y (*), con todo esto, con intrepido coraçon, lleuado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabuzeria y 25 procura passar por tan estrecho passo al baxel contrario. Y lo que mas es de admirar, que apenas vno ha caydo donde no se podra leuantar hasta la fin del mundo, quando otro ocupa su mesmo (*) lugar, y si este tambien cae en el mar, que 30 como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo (*) de sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200 muertes: valentia y atreuimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra. ”Bien ayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artilleria, a 5 cuyo inuentor tengo para mi que en el infierno se le está dando el premio de su diabolica inuencion, con la qual dio causa que vn infame y cobarde braço quite la vida a vn valeroso cauallero, y que, sin saber cómo o por dónde, 10 en la mitad del corage y brio que enciende y anima a los valientes pechos, llega vna desmandada bala, disparada de quien quiza huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita maquina, y corta y 15 acaba en vn instante los pensamientos y vida de quien la merecia gozar luengos siglos. ”Y, assi, considerando esto, estoy por dezir que en el alma me pesa de auer tomado este exercicio de cauallero andante en edad tan 20 detestable como es esta en que aora viuimos, porque aunque a mi ningun peligro me pone miedo, todauia me pone rezelo pensar si la poluora y el estaño (*) me han de quitar la ocasion de hazerme famoso y conocido por el 25 valor de mi braço y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra. Pero haga el cielo lo que fuere seruido; que tanto sere mas estimado, si salgo con lo que pretendo, quanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron 30 los caualleros andantes de los passados siglos.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 201 Todo este largo preambulo dixo don Quixote en tanto que los demas cenauan (*), oluidandose de lleuar bocado a la boca, puesto que algunas vezes le auia dicho Sancho Pança que cenasse (*), que despues auria lugar para dezir 5 todo lo que quisiesse. En los que escuchado le auian sobreuino nueua lastima, de ver que hombre que, al parecer, tenia buen entendimiento y buen discurso en todas las cosas que trataua (*), le vuiesse perdido tan rematadamente 10 en tratandole de su negra y pizmienta (*) caualleria. El cura le dixo que tenia mucha razon en todo quanto auia dicho en fauor de las armas, y que el, aunque letrado y graduado, estaua de su mesmo (*) parecer. 15 Acabaron de cenar (*), leuantaron los manteles, y en tanto que la ventera, su hija y Maritornes adereçauan el camaranchon de don Quixote de la Mancha, donde auian determinado que aquella noche las mugeres solas en el se 20 recogiessen, don Fernando rogo al cautiuo les contasse el discurso de su vida, porque no podria ser sino que fuesse peregrino y gustoso, segun las muestras que auia començado a dar, viniendo en compañia de Zorayda. A lo qual 25 respondio el cautiuo que de muy buena gana haria lo que se le mandaua, y que solo temia que el cuento no auia de ser tal, que les diesse el gusto que el desseaua; pero que, con todo esso, por no faltar en obedecelle, le contaria. 30 El cura y todos los demas se lo agradecieron, y de nueuo se lo rogaron. Y el, viendose rogar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202 de tantos, dixo que no eran menester ruegos adonde el mandar tenia tanta fuerça. “Y, assi, esten vuestras mercedes atentos, y oyran vn discurso verdadero, a quien podria ser que no llegassen los mentirosos que con 5 curioso y pensado artificio suelen componerse.” Con esto que dixo, hizo que todos se acomodassen y le prestassen vn grande silencio, y el, viendo que ya callauan y esperauan lo que dezir quisiesse, con voz agradable y 10 reposada començo a dezir desta manera:
p. 203 Capitulo XXXIX Donde el cautiuo cuenta su vida y sucessos. “En vn lugar de las montañas de Leon tuuo principio mi linaje, con quien fue mas agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna, 5 aunque en la estrecheza de aquellos pueblos todauia alcançaua mi padre fama de rico, y verdaderamente lo fuera, si assi se diera maña a conseruar su hazienda como se la daua en gastalla. Y la condicion que tenia de ser liberal 10 y gastador le procedio de auer sido soldado los años de su jouentud (*); que es escuela la soldadesca, donde el mezquino se haze franco y el franco prodigo, y si algunos soldados se hallan miserables, son como monstruos que 15 se ven raras vezes. Passaua mi padre los terminos de la liberalidad y rayaua en los de ser prodigo, cosa que no le es de ningun prouecho al hombre casado y que tiene hijos que le han de suceder en el nombre y en el ser. Los que 20 mi padre tenia eran tres, todos varones y todos de edad de poder elegir estado. Viendo, pues, mi padre que, segun el dezia, no podia yrse a la mano contra su condicion, quiso priuarse del instrumento y causa que le hazia gastador 25 y dadiuoso, que fue priuarse de la hazienda, sin la qual el mismo Alexandro pareciera estrecho. ”Y, assi, llamandonos vn dia a todos tres (*) a solas en vn aposento, nos dixo vnas razones 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204 semejantes a las que aora dire. «Hijos, para deziros que os quiero bien, basta saber y dezir que soys mis hijos, y para entender que os quiero mal, basta saber que no me voy a la mano en lo que toca a conseruar vuestra 5 hazienda. Pues para que entendays desde aqui adelante que os quiero como padre, y que no os quiero destruyr como padrastro, quiero hazer vna cosa con vosotros, que ha muchos dias que la tengo pensada y con madura consideracion 10 dispuesta. Vosotros estays ya en edad de tomar estado, o, a lo menos, de elegir exercicio, tal, que, quando mayores, os honre y aproueche. Y (*) lo que he pensado es hazer de mi hazienda quatro partes: las tres os dare a 15 vosotros, a cada vno lo que le tocare, sin exceder en cosa alguna, y con la otra me quedaré yo para viuir y sustentarme los dias que el cielo fuere seruido de darme de vida. Pero querria que despues que cada vno tuuiesse en 20 su poder la parte que le toca de su hazienda, siguiesse vno de los caminos que le dire. Ay vn refran en nuestra España, a mi parecer, muy verdadero, como todos lo son, por ser sentencias breues sacadas de la luenga y discreta 25 experiencia, y el que yo digo (*), dize: «Yglesia, »o mar, o casa Real» (*), como si mas claramente dixera: Quien quisiere valer y ser rico, siga, o la Yglesia, o nauegue exercitando el arte de la mercancia, o entre a seruir a los 30 reyes en sus casas. Porque dizen: «Mas vale »migaja de rey, que merced de señor.» Digo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 205 esto, porque querria, y es mi voluntad, que vno de vosotros siguiesse las letras, el otro la mercancia, y el otro siruiesse al rey en la guerra, pues es dificultoso entrar a seruirle en su casa; que ya que la guerra no de muchas riquezas, 5 suele dar mucho valor y mucha fama. Dentro de ocho dias os dare toda vuestra parte en dineros, sin defraudaros en vn ardite, como lo vereys por la obra. Dezidme aora si quereys seguir mi parecer y consejo en lo que os he 10 propuesto.» ”Y, mandandome a mi, por ser el mayor, que respondiesse, despues de auerle dicho que no se deshiziesse de la hazienda, sino que gastasse todo lo que fuesse su voluntad, que nosotros 15 eramos moços para saber ganarla, vine a concluyr en que cumpliria su gusto, y que el mio era seguir el exercicio de las armas, siruiendo en el a Dios y a mi rey. El segundo hermano hizo los mesmos (*) ofrecimientos, y escogio el 20 yrse a las Indias, lleuando empleada la hazienda que le cupiesse. El menor, y, a lo que yo creo, el mas discreto, dixo que queria seguir la Yglesia, o yrse a acabar sus començados estudios a Salamanca. Assi como 25 acabamos de concordarnos, y escoger nuestros exercicios, mi padre nos abraçó a todos, y con la breuedad que dixo, puso por obra quanto nos auia prometido; y, dando a cada vno su parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada 30 tres mil ducados, en dineros, porque vn nuestro tio compró toda la hazienda y la pagó de contado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206 porque no saliesse del tronco de la casa, en vn mesmo (*) dia nos despedimos todos tres de nuestro buen padre, y en aquel mesmo (*), pareciendome a mi ser inhumanidad que mi padre quedasse viejo y con tan poca hazienda, 5 hize con el que de mis tres mil tomasse los dos mil ducados, porque a mi me bastaua el resto para acomodarme de lo que auia menester vn soldado. ”Mis dos hermanos, mouidos de mi exemplo, 10 cada vno le dio mil ducados. De modo que a mi padre le quedaron quatro mil (*) en dineros, y mas tres mil, que, a lo que parece, valia la hazienda que le cupo, que no quiso vender, sino quedarse con ella en rayzes. Digo, en fin, 15 que nos despedimos del y de aquel nuestro tio que he dicho, no sin mucho sentimiento y lagrimas de todos, encargandonos que les hiziessemos saber, todas las vezes que vuiesse comodidad para ello, de nuestros sucessos, prosperos 20 o aduersos. Prometimosselo, y, abraçandonos y echandonos su bendicion, el vno tomó el viage de Salamanca, el otro de Seuilla, y yo el de Alicante, adonde tuue nueuas que auia vna naue ginouesa que cargaua alli lana para 25 Genoua. ”Este hara (*) veynte y dos años que sali de casa de mi padre, y en todos ellos, puesto que he escrito algunas cartas, no he sabido del ni de mis hermanos nueua (*) alguna. Y lo que en 30 este discurso de tiempo he passado lo dire breuemente. Embarqueme en Alicante, llegué con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 207 prospero viage a Genoua, fuy desde alli a Milan, donde me acomodé de armas y de algunas galas de soldado, de donde quise yr a assentar mi plaça al Piamonte, y, estando ya de camino para Alexandria de la Palla (*), tuue nueuas que 5 el gran Duque de Alua passaua a Flandes (*). Mudé proposito, fuyme con el, seruile en las jornadas que hizo, halleme en la muerte de los Condes de Eguemon y de Hornos, alcancé a ser alferez de vn famoso capitan de Guadalajara, 10 llamado Diego de Vrbina (*). Y a cabo de algun tiempo que llegué a Flandes, se tuuo nueuas (*) de la liga que la Santidad del papa Pio Quinto, de felice recordacion, auia hecho con Venecia (*) y con España contra el enemigo 15 comun, que es el turco. El qual, en aquel mesmo (*) tiempo, auia ganado con su armada la famosa Isla de Chipre, que estaua debaxo del dominio de venecianos (*), y perdida lamentable y desdichada. 20 ”Supose cierto que venia por general desta liga el serenissimo don Iuan de Austria (*), hermano natural de nuestro buen rey don Felipe. Diuulgose el grandissimo aparato de guerra que se hazia. Todo lo qual me incitó y 25 conmouio el animo y el desseo de verme en la jornada que se esperaua; y aunque tenia barruntos, y casi promessas ciertas, de que en la primera ocasion que se ofreciesse seria promouido a capitan, lo quise dexar todo y venirme, 30 como me vine, a Italia. Y quiso mi buena suerte que el señor don Iuan de Austria
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208 acabaua de llegar a Genoua; que passaua a Napoles a juntarse con la armada de Venecia, como despues lo hizo en Mecina (*). ”Digo, en fin, que yo me hallé en aquella felicissima jornada (*), ya hecho capitan de 5 infanteria, a cuyo honroso cargo me subio mi buena suerte mas que mis merecimientos. Y aquel dia, que fue para la christiandad tan dichoso, porque en el se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estauan, 10 creyendo que los turcos eran inuencibles por la mar, en aquel dia, digo, donde quedó el orgullo y soberuia otomana quebrantada, entre tantos venturosos como alli vuo --porque mas ventura tuuieron los christianos que alli murieron, 15 que los que viuos y vencedores quedaron--, yo solo fuy el desdichado; pues, en cambio de que pudiera esperar, si fuera en los romanos siglos, alguna naual corona, me vi aquella noche, que siguio a tan famoso dia, con cadenas a los pies 20 y esposas a las manos (*). ”Y fue desta suerte, que auiendo el Vchali, rey de Argel, atreuido y venturoso cosario, enuestido y rendido la capitana de Malta, que solos tres caualleros quedaron viuos en ella, y 25 estos mal heridos, acudio la capitana de Iuan Andrea (*) a socorrella, en la qual yo yua con mi compañia, y haziendo lo que deuia en ocasion semejante, salté en la galera contraria, la qual, desuiandose de la que la auia enuestido, 30 estoruó que mis soldados me siguiessen, y, assi, me hallé solo entre mis enemigos, a quien no
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 209 pude resistir por ser tantos; en fin, me rindieron lleno de heridas. Y como ya aureys (*), señores, oydo dezir que el Vchali se saluó con toda su esquadra, vine yo a quedar cautiuo en su poder, y solo fuy el triste entre tantos alegres, y 5 el cautiuo entre tantos libres; porque fueron quinze mil christianos los que aquel dia alcançaron la desseada libertad, que todos venian al remo en la turquesca armada. ”Lleuaronme a Costantinopla, donde el Gran 10 Turco Selin hizo general de la mar a mi amo, porque auia hecho su deuer en la batalla, auiendo lleuado por muestra de su valor el estandarte de la religion de Malta. Halleme el segundo año, que fue el de setenta y dos, en 15 Nauarino (*), bogando en la capitana de los tres fanales. Vi y noté la ocasion que alli se perdio de no coger en el puerto toda el armada (*) turquesca. Porque todos los leuentes (*) y genizaros que en ella venian tuuieron por cierto 20 que les auian de enuestir dentro del mesmo (*) puerto, y tenian (*) a punto su ropa y passamaques (*), que son sus çapatos, para huyrse luego por tierra sin esperar ser (*) combatidos: tanto era el miedo que auian cobrado a nuestra 25 armada. Pero el cielo lo ordenó de otra manera, no por culpa ni descuydo del general que a los nuestros regia, sino por los pecados de la christiandad, y porque quiere y permite Dios que tengamos siempre verdugos que nos 30 castiguen. ”En efeto, el Vchali se recogio a Modon,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 210 que es vna isla que está junto a Nauarino, y, echando la gente en tierra, fortificó la boca del puerto y estuuose quedo hasta que el señor don Iuan se boluio. En este viage se tomó la galera que se llamaua La Presa, de quien era capitan 5 vn hijo de aquel famoso cossario Barba Roxa: tomola la capitana de Napoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamas vencido capitan don Aluaro de Baçan, 10 marques de Santa Cruz (*). Y no quiero dexar de dezir lo que sucedio en la presa de La Presa. Era tan cruel el hijo de Barba Roxa, y trataua tan mal a sus cautiuos, que assi como los que venian al remo vieron que la galera Loba les 15 yua entrando, y que los alcançaua, soltaron todos a vn tiempo los remos, y asieron de su capitan que estaua sobre el estanterol gritando que bogassen a priessa, y passandole de banco en banco, de popa a proa, le dieron bocados 20 (*), que a poco mas que passó del arbol ya auia passado su anima al infierno. Tal era, como he dicho, la crueldad con que los trataua y el odio que ellos le tenian. ”Boluimos a Constantinopla, y el año 25 siguiente, que fue el de setenta y tres, se supo en ella como el señor don Iuan auia ganado a Tunez y quitado aquel reyno a los turcos, y puesto en possession del a Muley Hamet, cortando las esperanças que de boluer a reynar en 30 el tenia Muley Hamida, el moro mas cruel y mas valiente que tuuo el mundo. Sintio mucho
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 211 esta perdida el gran turco, y vsando de la sagazidad que todos los de su casa tienen, hizo paz con venecianos, que mucho mas que el la desseauan, y el año siguiente de setenta y quatro acometio a la Goleta y al Fuerte que junto a 5 Tunez auia dexado medio leuantado el señor don Iuan. ”En todos estos trances andaua yo al remo, sin esperança de libertad alguna; a lo menos, no esperaua tenerla por rescate, porque tenia 10 determinado de no escriuir las nueuas de mi desgracia a mi padre. Perdiose, en fin, la Goleta; perdiose el Fuerte, sobre las quales plaças huuo de soldados turcos, pagados, setenta y cinco mil, y de moros y alarabes de 15 toda la Africa mas de quatrocientos mil, acompañado este tan gran numero de gente con tantas municiones y pertrechos de guerra, y con tantos gastadores, que con las manos y a puñados de tierra pudieran cubrir la Goleta y 20 el Fuerte. ”Perdiose primero la Goleta, tenida hasta entonces por inexpugnable, y no se perdio por culpa de sus defensores, los quales hizieron en su defensa todo aquello que deuian y podian, 25 sino porque la experiencia mostro la facilidad con que se podian leuantar trincheas en aquella desierta arena, porque a dos palmos se hallaua agua, y los turcos no la hallaron a dos varas, y, assi, con muchos sacos de arena 30 leuantaron las trincheas tan altas, que sobrepujauan las murallas de la fuerça, y tirandoles a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212 cauallero, ninguno podia parar ni assistir a la defensa. Fue comun opinion que no se auian de encerrar los nuestros en la Goleta, sino esperar en campaña al desembarcadero, y los que esto dizen hablan de lexos y con poca 5 experiencia de casos semejantes; porque si en la Goleta y en el Fuerte apenas auia siete mil soldados, ¿cómo podia tan poco numero, aunque mas esforçados fuessen, salir a la campaña y quedar en las fuerças contra tanto como era el 10 de los enemigos? Y ¿cómo es possible dexar de perderse fuerça que no es socorrida, y mas quando la cercan enemigos muchos y porfiados y en su mesma (*) tierra? ”Pero a muchos les parecio, y assi me parecio 15 a mi, que fue particular gracia y merced que el cielo hizo a España en permitir que se assolasse aquella oficina y capa de maldades, y aquella gomia o esponxa y polilla de la infinidad de dineros que alli sin prouecho se 20 gastauan, sin seruir de otra cosa que de conseruar la memoria de auerla ganado la felicissima del inuictissimo Carlos Quinto, como si fuera menester para hazerla eterna, como lo es y sera, que aquellas piedras la sustentaran. Perdiose 25 tambien el Fuerte, pero fueronle ganando los turcos palmo a palmo, porque los soldados que lo defendian pelearon tan valerosa y fuertemente, que passaron de veynte y cinco mil enemigos los que mataron en veynte y dos assaltos 30 generales que les dieron. Ninguno cautiuaron sano de trecientos que quedaron viuos, señal
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 213 cierta y clara de su esfuerço (*) y valor y de lo bien que se auian defendido y guardado sus plaças. ”Rindiose a partido vn pequeño fuerte o torre que estaua en mitad del estaño, a cargo de 5 don Iuan Zanoguera, cauallero valenciano y famoso soldado. Cautiuaron a don Pedro Puertorcarrero, general de la Goleta, el qual hizo quanto fue possible por defender su fuerça, y sintio tanto el auerla perdido, que de pesar 10 murio en el camino de Constantinopla, donde le lleuauan cautiuo. Cautiuaron ansimesmo (*) al general del Fuerte, que se llamaua Gabrio Cerbellon, cauallero milanes, grande ingeniero y valentissimo soldado. Murieron en estas 15 dos fuerças muchas personas de cuenta, de las quales fue vna Pagan de Oria, cauallero del habito de San Iuan, de condicion generoso, como lo mostro la summa (*) liberalidad que vsó con su hermano, el famoso Iuan Andrea (*) 20 de Oria, y lo que mas hizo lastimosa su muerte fue auer muerto a manos de vnos alarabes de quien se fió, viendo ya perdido el Fuerte, que le (*) ofrecieron de lleuarle en habito de moro a Tabarca, que es vn portezuelo o casa que en 25 aquellas riberas tienen los ginoueses que se exercitan en la pesqueria del coral, los quales alarabes le cortaron la cabeça y se la truxeron al general de la armada turquesca, el qual cumplio con ellos nuestro refran castellano que 30 «aunque la traycion aplaze, el traydor se »aborrece», y, assi, se dize que mandó el general
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214 ahorcar a los que le truxeron el presente, porque no se le auian traydo viuo. ”Entre los christianos que en el Fuerte se perdieron, fue vno llamado don Pedro de Aguilar (*), natural no se de qué lugar del Andaluzia, 5 el qual auia sido alferez en el Fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento; especialmente tenia particular gracia en lo que llaman poesia. Digolo porque su suerte le truxo a mi galera y a mi banco y a ser esclauo de 10 mi mesmo (*) patron, y antes que nos partiessemos de aquel puerto hizo este cauallero dos sonetos a manera de epitafios, el vno a la Goleta y el otro al Fuerte. Y en verdad que los tengo de dezir, porque los se de memoria, 15 y creo que antes causarán gusto que pesadumbre.” En el punto que el cautiuo nombró a don Pedro de Aguilar, don Fernando miró a sus camaradas, y todos tres se sonrieron, y quando llegó 20 a dezir de los sonetos, dixo el vno: “Antes que vuestra merced passe adelante, le suplico me diga qué se hizo esse don Pedro de Aguilar que ha dicho.” “Lo que se es”, respondio el cautiuo, “que al 25 cabo de dos años que estuuo en Constantinopla, se huyo en trage de arnaute (*) con vn griego espia, y no se si vino en libertad, puesto que creo que si, porque de alli a vn año vi yo al griego en Constantinopla, y no le pude 30 preguntar el sucesso de aquel viage.” “Pues lo (*) fue”, respondio el cauallero,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 215 “porque esse don Pedro es mi hermano, y está aora en nuestro lugar, bueno y rico, casado y con tres hijos.” “Gracias sean dadas a Dios”, dixo el cautiuo, “por tantas mercedes como le hizo, porque 5 no ay en la tierra, conforme (*) mi parecer, contento que se yguale a alcançar la libertad perdida.” “Y mas”, replicó el cauallero, “que yo se los sonetos que mi hermano hizo.” 10 “Digalos, pues, vuestra (*) merced”, dixo el cautiuo; “que los sabra dezir mejor que yo.” “Que me plaze”, respondio el cauallero; y el de la Goleta dezia assi:
p. 216 Capitulo XL Donde se prosigue la historia del cautiuo. SONETO Almas dichosas que del mortal velo libres y essentas, por el bien que obrastes, 5 desde la baxa tierra os leuantastes, a lo mas alto y lo mejor del cielo. Y, ardiendo en ira y en honroso zelo, de los cuerpos la fuerça exercitastes, que en propia (*) y sangre agena colorastes 10 el mar vezino y arenoso suelo; primero que el valor, faltó la vida en los cansados braços que, muriendo, con ser vencidos, lleuan la vitoria. Y esta vuestra mortal, triste cayda, 15 entre el muro y el hierro, os va adquiriendo fama que el mundo os da, y el cielo gloria (*). “Dessa mesma (*) manera le se yo”, dixo el cautiuo. “Pues el del Fuerte, si mal no me acuerdo”, 20 dixo el cauallero, “dize assi”: SONETO De entre esta tierra esteril, derribada destos terrones (*) por el suelo echados, las almas santas de tres mil soldados 25 subieron viuas a mejor morada, siendo primero, en vano, exercitada la fuerça de sus braços esforçados, hasta que, al fin, de pocos y cansados, dieron la vida al filo de la espada. 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 217 Y este es el suelo que continuo ha sido de mil memorias lamentables lleno en los passados siglos y pressentes. Mas no mas justas de su duro seno auran al claro cielo almas subido, 5 ni aun el sostuuo cuerpos tan valientes. No parecieron mal los sonetos, y el cautiuo se alegró con las nueuas que de su camarada le dieron, y, prosiguiendo su cuento, dixo: “Rendidos, pues, la Goleta y el Fuerte, los 10 turcos dieron orden en desmantelar la Goleta, porque el Fuerte quedó tal, que no huuo qué poner por tierra, y para hazerlo con mas breuedad y menos trabajo, la minaron por tres partes, pero con ninguna se pudo bolar lo que 15 parecia menos fuerte, que eran las murallas viejas; y todo aquello que auia quedado en pie de la fortificacion nueua, que auia hecho el Fratin (*), con mucha facilidad vino a tierra. En resolucion, la armada boluio a Constantinopla 20 triunfante y vencedora, y de alli a pocos meses murio mi amo, el Vchali, al qual llamauan Vchali Fartax, que quiere dezir en lengua turquesca el renegado tiñoso (*), porque lo era, y es costumbre entre los turcos ponerse 25 nombres de alguna falta que tengan, o de alguna virtud que en ellos aya. Y esto es porque no ay entre ellos sino quatro apellidos de linages, que decienden (*) de la casa Otomana, y los demas, como tengo dicho, toman nombre y apellido 30 ya de las tachas del cuerpo, y ya de las virtudes del animo. Y este Tiñoso bogó el (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 218 remo, siendo esclauo del Gran Señor, catorze años, y a mas de los treinta y quatro de su edad renego, de despecho de que (*) vn turco, estando (*) al remo, le dio vn bofeton, y por poderse vengar dexó su fe, y fue tanto su valor, que, sin 5 subir por los torpes medios y caminos que los mas priuados del Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y despues, a ser general de la mar, que es el tercero cargo que ay en aquel señorio. Era calabres de nacion, y moralmente 10 fue hombre de bien y trataua con mucha humanidad a sus cautiuos, que llegó a tener tres mil, los quales, despues de su muerte, se repartieron, como el lo dexó en su testamento, entre el Gran Señor, que tambien es hijo 15 heredero de quantos mueren y entra a la parte con los mas (*) hijos que dexa el difunto, y entre sus renegados; y yo cupe a vn renegado veneciano que, siendo grumete de vna naue, le cautiuó el Vchali, y le quiso tanto, que fue vno de 20 los mas regalados garzones (*) suyos, y el vino a ser el mas cruel renegado que jamas se ha visto. Llamauase Azan Aga (*), y llegó a ser muy rico y a ser rey de Argel, con el qual yo vine de Constantinopla algo contento por estar 25 tan cerca de España, no porque pensasse escriuir a nadie el desdichado sucesso mio, sino por ver si me era mas fauorable la suerte en Argel que en Constantinopla, donde ya auia prouado mil maneras de huyrme, y ninguna tuuo sazon 30 ni ventura; y pensaua en Argel buscar otros medios de alcançar lo que tanto desseaua, porque
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 219 jamas me desamparó la esperança de tener libertad, y quando en lo que fabricaua, pensaua y ponia por obra no correspondia el sucesso a la intencion, luego, sin abandonarme, fingia y buscaua otra esperança que me 5 sustentasse, aunque fuesse debil y flaca. ”Con esto entretenia la vida, encerrado en vna prision o casa que los turcos llaman baño, donde encierran los cautiuos christianos, assi los que son del rey como de algunos particulares, 10 y los que llaman del almazen, que es como dezir cautiuos del Concejo, que siruen a la ciudad en las obras publicas que haze y en otros oficios, y estos tales cautiuos tienen muy dificultosa su libertad; que, como son del 15 comun y no tienen amo particular, no ay con quién tratar su rescate, aunque le tengan. En estos baños, como tengo dicho, suelen lleuar a sus cautiuos algunos particulares del pueblo, principalmente quando son de rescate, porque 20 alli los tienen holgados y seguros hasta que venga su rescate. Tambien los cautiuos del rey que son de rescate no salen al trabajo con la demas chusma, si no es quando se tarda su rescate; que entonces, por hazerles que escriuan 25 por el con mas ahinco, les hazen trabajar y yr por leña con los demas, que es vn no pequeño trabajo. ”Yo, pues, era vno de los de rescate, que como se supo que era capitan, puesto que dixe 30 mi poca possibilidad y falta de hazienda, no aprouechó nada para que no me pusiessen en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220 el numero de los caualleros y gente de rescate. Pusieronme vna cadena, mas por señal de rescate que por guardarme con ella, y, assi, passaua la vida en aquel baño, con otros muchos caualleros y gente principal, señalados y 5 tenidos por de rescate. Y aunque la hambre y desnudez pudiera fatigarnos a vezes, y aun casi siempre, ninguna cosa nos fatigaua tanto como oyr y ver a cada passo las jamas vistas ni oydas crueldades que mi amo vsaua con los 10 christianos. Cada dia ahorcaua el suyo (*), empalaua a este, desorejaua a (*) aquel; y esto por tan poca ocasion, y tan sin ella, que los turcos conocian que lo hazia no mas de por hazerlo, y por ser natural condicion suya ser omicida de 15 todo el genero humano. Solo libró bien con el vn soldado español llamado tal de Saauedra, el qual, con auer hecho cosas que quedarán (*) en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcançar libertad, jamas le dio 20 palo, ni se lo mandó dar, ni le dixo mala palabra, y por la menor cosa de muchas que hizo temiamos todos que auia de ser empalado; y assi lo temio el mas de vna vez, y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dixera aora 25 algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia. ”Digo, pues, que encima del patio de nuestra prision cahian las ventanas de la casa de 30 vn moro rico y principal, las quales, como de ordinario son las de los moros, mas eran
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 221 agujeros que ventanas, y aun estas se cubrian con celosias muy espessas y apretadas. Acaecio, pues, que vn dia, estando en vn terrado de nuestra prision con otros tres compañeros, haziendo prueuas de saltar con las cadenas, por 5 entretener el tiempo, estando solos, porque todos los demas christianos auian salido a trabajar, alçé acaso los ojos, y vi que por aquellas cerradas ventanillas que he dicho parecia vna caña, y al remate della puesto vn lienço 10 atado, y la caña se estaua blandeando y mouiendose, casi como si hiziera señas que llegassemos a tomarla. Miramos en ello, y vno de los que conmigo estauan fue a ponerse debaxo de la caña, por ver si la soltauan, o lo que 15 hazian; pero assi como llegó, alçaron la caña y la mouieron a los dos lados, como si dixeran no con la cabeça. Boluiose el christiano, y tornaronla a baxar y hazer los mesmos (*) mouimientos que primero. Fue otro de mis 20 compañeros, y sucediole lo mesmo (*) que al primero. Finalmente, fue el tercero, y auinole lo que al primero y al segundo. ”Viendo yo esto, no quise dexar de prouar la suerte, y assi como llegué a ponerme debaxo 25 de la caña, la dexaron caer, y dio a mis pies dentro del baño; acudi luego a desatar el lienço, en el qual vi vn nudo (*), y dentro del venian diez zianiys (*), que son vnas monedas de oro baxo que vsan los moros, que cada vna 30 vale diez reales de los nuestros. Si me holgue con el hallazgo, no ay para qué dezirlo, pues
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222 fue tanto el contento como la admiracion de pensar de donde podia venirnos aquel bien, especialmente a mi, pues las muestras de no auer querido soltar la caña sino a mi claro dezian que a mi se hazia la merced. Tomé mi 5 buen dinero, quebre la caña, boluime al terradillo, miré la ventana y vi que por ella salia vna muy blanca mano, que la abrian y cerrauan muy apriessa. Con esto entendimos o imaginamos que alguna muger que en aquella casa 10 viuia nos deuia de auer hecho aquel beneficio, y en señal de que lo agradeciamos hezimos (*) zalemas a vso de moros, inclinando la cabeça, doblando el cuerpo y poniendo los braços sobre el pecho. De alli a poco, sacaron por la 15 mesma (*) ventana vna pequeña cruz hecha de cañas, y luego la boluieron a entrar (*). Esta señal nos confirmó en que alguna christiana deuia de estar cautiua en aquella casa, y era la que el bien nos hazia; pero la blancura de 20 la mano y las axorcas que en ella vimos nos deshizo este pensamiento, puesto que imaginamos que deuia de ser christiana renegada, a quien de ordinario suelen tomar por legitimas mugeres sus mesmos (*) amos, y aun lo tienen 25 a ventura, porque las estiman en mas que las de su nacion. ”En todos nuestros discursos dimos muy lexos de la verdad del caso, y, assi, todo nuestro entretenimiento desde alli adelante era mirar y 30 tener por norte a la ventana donde nos auia aparecido la estrella de la caña; pero bien se
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 223 passaron quinze dias en que no la vimos, ni la mano tampoco, ni otra señal alguna. Y aunque en este tiempo procuramos con toda solicitud saber quién en aquella casa viuia, y si auia en ella alguna christiana renegada, jamas huuo 5 quien nos dixesse otra cosa, sino que alli viuia vn moro principal y rico, llamado Agimorato, alcayde que auia sido de la Pata (*), que es oficio entre ellos de mucha calidad. Mas quando mas descuydados estauamos de que por alli 10 auian de llouer mas zianiys, vimos a deshora parecer la caña y otro lienço en ella con otro nudo (*) mas crecido, y esto fue a tiempo que estaua el baño como la vez passada, solo y sin gente. Hezimos (*) la acostumbrada prueua, 15 yendo cada vno primero que yo, de los mismos tres que estauamos, pero a ninguno se rindio la caña sino a mi, porque en llegando yo, la dexaron caer. Desaté el nudo (*) y hallé quarenta escudos de oro españoles, y vn papel escrito 20 en arauigo, y al cabo de lo escrito, hecha vna grande cruz. Besé la cruz, tomé los escudos, boluime al terrado, hezimos (*) todos nuestras zalemas, tornó a parecer la mano, hize señas que leeria el papel, cerraron la ventana. 25 Quedamos todos confusos y alegres con lo sucedido, y como ninguno de nosotros no entendia el arauigo, era grande el desseo que teniamos de entender lo que el papel contenia, y mayor la dificultad de buscar quien lo 30 leyesse. ”En fin, yo me determiné de fiarme de vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 224 renegado, natural de Murcia, que se auia dado por grande amigo mio, y puesto prendas entre los dos que le obligauan a guardar el secreto que le encargasse, porque suelen algunos renegados, quando tienen intencion de boluerse a 5 tierra de christianos, traer consigo algunas firmas de cautiuos principales, en que dan fe, en la forma que pueden, como el tal renegado es hombre de bien y que siempre ha hecho bien a christianos, y que lleua desseo de huyrse en la 10 primera ocasion que se le ofrezca. Algunos ay que procuran estas fees con buena intencion; otros se siruen dellas acaso y de industria; que viniendo a robar a tierra de christianos, si a dicha se pierden o los cautiuan, sacan sus firmas 15 y dizen que por aquellos papeles se vera el proposito con que venian, el qual era de quedarse en tierra de christianos, y que por esso venian en corso con los demas turcos. Con esto se escapan de aquel primer impetu, y se reconcilian 20 con la Yglesia, sin que se les haga daño, y quando veen la suya, se bueluen a Berberia a ser lo que antes eran. Otros ay que vsan destos papeles, y los procuran con buen intento, y se quedan en tierra de christianos. 25 ”Pues vno de los renegados que he dicho era este mi (*) amigo, el qual tenia firmas de todas nuestras camaradas, donde le acreditauamos quanto era possible, y si los moros le hallaran estos papeles, le quemaran viuo. Supe 30 que sabia muy bien arauigo, y no solamente hablarlo, sino escriuirlo. Pero antes que del
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 225 todo me declarasse con el, le dixe que me leyesse aquel papel, que acaso me auia hallado en vn agujero de mi rancho. Abriole y estuuo vn buen espacio mirandole y construyendole, murmurando entre los dientes. Preguntele si lo 5 entendia. Dixome que muy bien, y que si queria que me lo declarasse palabra por palabra, que le diesse tinta y pluma, porque mejor lo hiziesse. Dimosle luego lo que pedia, y el, poco a poco, lo fue traduziendo; y, en acabando, dixo: 10 «Todo lo que va aqui en romance, sin faltar »letra, es lo que contiene este papel morisco, y »hase de aduertir que adonde dize Lela Marien, »quiere dezir Nuestra Señora la Virgen Maria.» ”Leymos el papel, y dezia assi: 15 «Quando yo era niña tenia mi padre vna »esclaua, la qual en mi lengua me mostro la zala »christianesca y me dixo muchas cosas de Lela »Marien. La christiana murio, y yo se que no »fue al fuego, sino con Ala, porque despues la 20 »vi dos vezes, y me dixo que me fuesse a tierra »de christianos a ver a Lela Marien, que me »queria mucho. No se yo cómo vaya; muchos »christianos he visto por esta ventana, y »ninguno me ha parecido cauallero, sino tu. Yo 25 »soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos »dineros que lleuar conmigo. Mira tu si »puedes hazer como nos vamos, y seras alla »mi marido, si quisieres; y si no quisieres, no »se me dara nada, que Lela Marien me dara 30 »con quien me case. Yo escriui esto; mira a »quién lo das a leer; no te fies de ningun moro,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226 »porque son todos marfuzes (*). Desto tengo »mucha pena, que quisiera que no te descubrieras »a nadie, porque si mi padre lo sabe, »me echará luego en vn pozo y me cubrira de »piedras. En la caña pondre vn hilo, ata alli la 5 »respuesta; y si no tienes quien te escriua »arauigo, dimelo por señas; que Lela Marien »hara que te entienda. Ella y Ala te »guarden (*), y essa cruz que yo beso muchas »vezes; que assi me lo mandó la cautiua.» 10 ”Mirad, señores, si era razon que las razones deste papel nos admirassen y alegrassen, y, assi, lo vno y lo otro fue de manera que el renegado entendio que no acaso se auia hallado aquel papel, sino que realmente a alguno de 15 nosotros se auia escrito; y, assi, nos rogo que si era verdad lo que sospechaua, que nos fiassemos del y se lo dixessemos, que el auenturaria su vida por nuestra libertad; y, diziendo esto, sacó del pecho vn cruzifixo de metal, y 20 con muchas lagrimas juró por el Dios que aquella imagen representaua, en quien el, aunque pecador y malo, bien y fielmente creia, de guardarnos lealtad y secreto en todo quanto quisiessemos descubrirle, porque le parecia, y 25 casi adeuinaua, que por medio de aquella que aquel papel auia escrito, auia el y todos nosotros de tener libertad y verse el en lo que tanto desseaua, que era reduzirse al gremio de la Santa Iglesia su madre, de quien como 30 miembro podrido estaua diuidido y apartado, por su ignorancia y pecado.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 227 ”Con tantas lagrimas y con muestras de tanto arrepentimiento dixo esto el renegado, que todos de vn mesmo (*) parecer consentimos y venimos en declararle la verdad del caso, y, assi, le dimos cuenta de todo, sin encubrirle 5 nada. Mostramosle la ventanilla por donde parecia la caña, y el marcó desde alli la casa y quedó de tener especial y gran cuydado de informarse quién en ella venia (*). Acordamos ansimesmo (*) que seria bien responder al 10 villete de la mora, y como teniamos quien lo supiesse hazer, luego al momento el renegado escriuio las razones (*) que yo le fuy notando, que puntualmente fueron las que dire, porque de todos los puntos sustanciales que en este 15 sucesso me acontecieron, ninguno se me ha ydo de la memoria, ni aun se me yra en tanto que tuuiere vida. En efeto, lo que a la mora se le respondio, fue esto: «El verdadero Ala te guarde, señora mia, y 20 »aquella bendita Marien, que es la verdadera »madre de Dios, y es la que te ha puesto en »coraçon que te vayas a tierra de christianos, »porque te quiere bien. Ruegale tu que se sirua »de darte a entender cómo podras poner por 25 »obra lo que te manda; que ella es tan buena, »que si hara. De mi parte, y de la de todos estos »christianos que estan conmigo, te ofrezco de »hazer por ti todo lo que pudieremos, hasta »morir. No dexes de escriuirme y auisarme lo que 30 »pensares hazer, que yo te respondere siempre; »que el grande Ala nos ha dado vn christiano
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228 »cautiuo que sabe hablar y escriuir tu lengua »tan bien como lo veras por este papel. Assi »que, sin tener miedo, nos puedes auisar de »todo lo que quisieres. A lo que dizes que si »fueres a tierra de christianos que has de ser mi 5 »muger, yo te lo prometo como buen christiano, »y sabe que los christianos cumplen lo que »prometen mejor que los moros. Ala y Marien su »madre sean en tu guarda, señora mia.» ”Escrito y cerrado este papel, aguardé dos 10 dias a que estuuiesse el baño solo, como solia, y luego sali al passo acostumbrado del terradillo, por ver si la caña parecia, que no tardó mucho en assomar. Assi como la vi, aunque no podia ver quien la ponia, mostre el papel como dando 15 a entender que pusiessen el hilo; pero ya venia puesto en la caña, al qual até el papel, y de alli a poco tornó a parecer nuestra estrella con la blanca vandera de paz del atadillo; dexaronla caer, y alcé (*) yo, y hallé en el paño, 20 en toda suerte de moneda de plata y de oro, mas de cinquenta escudos, los quales cinquenta vezes mas doblaron nuestro contento y confirmaron la esperança de tener libertad. ”Aquella misma noche boluio nuestro 25 renegado, y nos dixo que auia sabido que en aquella casa viuia el mesmo (*) moro que a nosotros nos auian dicho que se llamaua Aguimorato (*), riquissimo por todo estremo, el qual tenia vna sola hija, heredera de toda 30 su hazienda; y que era comun opinion en toda la ciudad ser la mas hermosa muger de la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 229 Berberia, y que muchos de los vireyes que alli venian la auian pedido por muger, y que ella nunca se auia querido casar; y que tambien supo que tuuo vna christiana cautiua, que ya se auia muerto. Todo lo qual concertaua 5 con lo que venia en el papel. Entramos luego en consejo con el renegado en qué orden se tendria para sacar a la mora y venirnos todos a tierra de christianos; y, en fin, se acordo por entonces que esperassemos al 10 auiso segundo de Zorayda, que assi se llamaua la que aora quiere llamarse Maria. Porque bien vimos que ella, y no otra alguna, era la que auia de dar medio a todas aquellas dificultades. Despues que quedamos en esto, 15 dixo el renegado que no tuuiessemos pena; que el perderia la vida, o nos pondria en libertad. ”Quatro dias estuuo el baño con (*) gente, que fue ocasion que quatro dias tardasse en 20 parecer la caña; al cabo de los quales, en la acostumbrada soledad del baño parecio con el lienço tan preñado, que vn felicissimo parto prometia; inclinose a mi la caña y el lienço, hallé en el otro papel y cien escudos de oro, 25 sin otra moneda alguna; estaua alli el renegado, dimosle a leer el papel dentro de nuestro rancho, el qual dixo que assi dezia: «Yo no se, mi señor, cómo dar orden que »nos vamos a España, ni Lela Marien me lo ha 30 »dicho, aunque yo se lo he preguntado; lo que »se podra hazer es que yo os dare por esta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230 »ventana muchissimos dineros de oro: rescataos »vos con ellos, y vuestros amigos, y vaya vno »en tierra de christianos, y compre alla vna »barca, y buelua por los demas, y a mi me »hallarán (*) en el jardin de mi padre, que está 5 »a la puerta de Babazon (*), junto a la marina, »donde tengo de estar todo este verano con mi »padre y con mis criados; de alli de noche me »podreys sacar sin miedo y lleuarme a la barca; »y mira que has de ser mi marido, porque si 10 »no, yo pedire a Marien que te castigue. Si no »te fias de nadie que vaya por la barca, rescatate »tu y ve; que yo se que bolueras mejor que »otro, pues eres cauallero y christiano. Procura »saber el jardin, y quando te passees por ay 15 »sabre que está solo el baño y te dare mucho »dinero. Ala te guarde, señor mio.» ”Esto dezia y contenia el segundo papel, lo qual visto por todos, cada vno se ofrecio a querer ser el rescatado, y prometio de yr y boluer 20 con toda puntualidad, y tambien yo me ofreci a lo mismo; a todo lo qual se opuso el renegado, diziendo que en ninguna manera consentiria que ninguno saliesse de libertad hasta que fuessen todos juntos, porque la experiencia le 25 auia mostrado quán mal cumplian los libres las palabras que dauan en el cautiuerio; porque muchas vezes auian vsado de aquel remedio algunos principales cautiuos, rescatando a vno que fuesse a Valencia o Mallorca con dineros 30 para poder armar vna barca y boluer por los que le auian rescatado, y nunca auian buelto.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 231 Porque, de[zia] (*), la libertad alcançada y el temor de no boluer a perderla les borraua de la memoria todas las obligaciones del mundo. Y, en confirmacion de la verdad que nos dezia, nos conto breuemente vn caso que casi en aquella 5 mesma (*) sazon auia acaecido a vnos caualleros christianos, el mas estraño que jamas sucedio en aquellas partes, donde a cada passo suceden cosas de grande espanto y de admiracion. 10 ”En efecto (*), el vino a dezir que lo que se podia y deuia hazer era que el dinero que se auia de dar para rescatar al christiano, que se le diesse a el, para comprar alli, en Argel, vna barca, con achaque de hazerse mercader y 15 tratante en Tetuan y en aquella costa, y que siendo el señor de la barca, facilmente se daria traça para sacarlos del baño y embarcarlos a todos. Quanto mas que si la mora, como ella dezia, daua dineros para rescatarlos a todos, 20 que estando libres, era facilissima cosa aun embarcarse en la mitad del dia, y que la dificultad que se ofrecia mayor era que los moros no consienten que renegado alguno compre ni tenga barca, si no es baxel grande para yr en corso, 25 porque se temen que el que compra barca, principalmente si es español, no la quiere sino para yrse a tierra de christianos; pero que el facilitaria este inconueniente con hazer que vn moro tagarino (*) fuesse a la parte con el en 30 la compañia de la barca y en la ganancia de las mercancias, y con esta sombra el vendria a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232 ser señor de la barca, con que daua por acabado todo lo demas. ”Y puesto que a mi y a mis camaradas nos auia parecido mejor lo de embiar por la barca a Mallorca, como la mora dezia, no osamos 5 contradezirle, temerosos que si no haziamos lo que el dezia, nos auia de descubrir y poner a peligro de perder las vidas, si descubriesse el trato de Zorayda, por cuya vida dieramos todos las nuestras, y, assi, determinamos de ponernos 10 en las manos de Dios y en las del renegado, y en aquel mismo (*) punto se le respondio a Zorayda diziendole que hariamos todo quanto nos aconsejaua, porque lo auia aduertido tambien (*) como si Lela Marien se lo huuiera 15 dicho, y que en ella sola estaua dilatar aquel negocio o ponello luego por obra. Ofrecimele de nueuo de ser su esposo, y con esto, otro dia que acaecio a estar solo el baño, en diuersas vezes, con la caña y el paño, nos dio dos mil 20 escudos de oro, y vn papel donde dezia que el primer juma (*), que es el viernes, se yua al jardin de su padre, y que antes que se fuesse nos daria mas dinero, y que si aquello no bastasse, que se lo auisassemos, que nos daria 25 quanto le pidiessemos: que su padre tenia tantos, que no lo echaria menos, quanto mas que ella tenia las llaues de todo. ”Dimos luego quinientos escudos al renegado para comprar la barca; con ochocientos me 30 rescaté yo, dando el dinero a vn mercader valenciano que a la sazon se hallaua en Argel, el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 233 qual me rescató del rey, tomandome sobre su palabra, dandola de que con el primer baxel que viniesse de Valencia pagaria mi rescate; porque si luego diera el dinero, fuera dar sospechas al rey que auia muchos dias que mi rescate estaua 5 en Argel, y que el mercader, por sus grangerias, lo auia callado. Finalmente, mi amo era tan cauiloso, que en ninguna manera me atreui a que luego se desembolsasse el dinero. El jueues antes del viernes que la hermosa Zorayda se 10 auia de yr al jardin nos dio otros mil escudos y nos auisó de su partida, rogandome que si me rescatasse, supiesse luego el jardin de su padre, y que en todo caso buscasse ocasion de yr alla y verla. Respondile en breues palabras que assi 15 lo haria, y que tuuiesse cuydado de encomendarnos a Lela Marien con todas aquellas oraciones que la cautiua le auia enseñado. ”Hecho esto, dieron orden en que los tres compañeros nuestros se rescatassen, por facilitar 20 la salida del baño, y porque viendome a mi rescatado, y a ellos no, pues auia dinero, no se alborotassen y les persuadiesse el diablo que hiziessen alguna cosa en perjuyzio de Zorayda; que puesto que el ser ellos quien eran me 25 podia assegurar deste temor, con todo esso, no quise poner el negocio en auentura, y, assi, los hize rescatar por la misma orden que yo me rescaté, entregando todo el dinero al mercader para que con certeza y seguridad pudiesse 30 hazer la fiança, al qual nunca descubrimos nuestro trato y secreto por el peligro que auia.”
p. 234 Capitulo XLI Donde todauia prosigue el cautiuo su sucesso. “No se passaron quinze dias, quando ya nuestro renegado tenia comprada vna muy buena barca, capaz de mas de treynta personas; 5 y para assegurar su hecho y dalle color, quiso hazer, como hizo, vn viaje a vn lugar que se llamaua (*) Sargel, que está treynta leguas de Argel, hazia la parte de Oran, en el qual ay mucha contratacion de higos passos. Dos 10 o tres vezes hizo este viaje en compañia del tagarino que auia dicho. Tagarinos (*) llaman en Berueria a los moros de Aragon, y a los de Granada mudejares, y en el reyno de Fez llaman a los mudejares elches (*), los quales 15 son la gente de quien aquel rey mas se sirue en la guerra. ”Digo, pues, que cada vez que passaua con su barca daua fondo en vna caleta que estaua no dos tiros de ballesta del jardin donde Zorayda 20 esperaua, y alli, muy de proposito, se ponia el renegado con los morillos que bogauan el (*) remo, o ya a hazer la çala, o a como por ensayarse de burlas (*) a lo que pensaua hazer de veras; y, assi, se yua al jardin de Zorayda y 25 le pedia fruta; y su padre se la daua sin conocelle, y aunque el quisiera hablar a Zorayda, como el despues me dixo, y dezille que el era el que por orden mia le auia de lleuar a tierra de christianos, que estuuiesse contenta y segura, 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 235 nunca le fue possible, porque las moras no se dexan ver de ningun moro ni turco, si no es que su marido o su padre se lo manden. De christianos cautiuos se dexan tratar y comunicar, aun mas de aquello que seria razonable, 5 y a mi me huuiera pesado que el la huuiera hablado: que quiça la alborotara, viendo que su negocio andaua en boca de renegados. ”Pero Dios, que lo ordenaua de otra manera, no dio lugar al buen desseo que nuestro 10 renegado tenia; el qual, viendo quán seguramente yua y venia a Sargel, y que daua fondo quando y como y adonde queria, y que el tagarino, su compañero, no tenia mas voluntad de lo que la suya ordenaua, y que yo estaua ya 15 rescatado, y que solo faltaua buscar algunos christianos que bogassen el remo, me dixo que mirasse yo quáles queria traer conmigo, fuera de los rescatados, y que los tuuiesse hablados para el primer viernes, donde tenia determinado 20 que fuesse nuestra partida. Viendo esto, hablé a doze españoles, todos valientes hombres del (*) remo, y de aquellos que mas libremente podian salir de la ciudad, y no fue poco hallar tantos en aquella coyuntura, porque estauan 25 veynte baxeles en corso y se auian lleuado toda la gente de remo; y estos no se hallaran, si no fuera que su amo se quedó aquel verano sin yr en corso, a acabar vna galeota que tenia en astillero (*). A los quales no les dixe otra 30 cosa sino que el primer viernes, en la tarde, se saliessen vno a vno, dissimuladamente, y se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236 fuessen la buelta del jardin de Aguimorato, y que alli me aguardassen hasta que yo fuesse. A cada vno di este auiso de por si, con orden que, aunque alli viessen a (*) otros christianos, no les dixessen sino que yo les auia mandado 5 esperar en aquel lugar. ”Hecha esta diligencia, me faltaua hazer otra, que era la que mas me conuenia: y era la de auisar a Zorayda en el punto que estauan los negocios para que estuuiesse apercebida y 10 sobre auiso, que no se sobresaltasse, si de improuiso la assaltassemos antes del tiempo que ella podia imaginar que la barca de christianos podia boluer. Y, assi, determiné de yr al jardin y ver si podria (*) hablarla, y, con 15 ocasion de coger algunas yeruas, vn dia antes de mi partida, fuy alla, y la primera persona con quien encontre fue con su padre, el qual me dixo en lengua que en toda la Berueria y aun en Costantinopla se halla (*) entre cautiuos y 20 moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nacion alguna, sino vna mezcla de todas las lenguas, con la qual todos nos entendemos, digo, pues, que en esta manera de lenguaje me preguntó que qué buscaua en aquel su jardin 25 y de quién era. Respondile que era esclauo de Arnaute Mami (*) --y esto porque sabia yo por muy cierto que era vn grandissimo amigo suyo--, y que buscaua de todas yeruas para hazer ensalada. Preguntome, por el 30 consiguiente, si era hombre de rescate o no, y que quánto pedia mi amo por mi.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 237 ”Estando en todas estas preguntas y respuestas, salio de la casa del jardin la bella Zorayda, la qual ya auia mucho que me auia visto, y como las moras en ninguna manera hazen melindre de mostrarse a los christianos, ni tampoco 5 se esquiuan, como ya he dicho, no se le dio nada de venir adonde su padre conmigo estaua; antes, luego quando su padre vio que venia y de espacio, la llamó y mandó que llegasse. Demasiada cosa seria dezir yo agora (*) 10 la mucha hermosura, la gentileza, el gallardo y rico adorno con que mi querida Zorayda se mostro a mis ojos; solo dire que mas perlas pendian de su hermosissimo cuello, orejas y cabellos, que cabellos tenia en la cabeça. En las 15 gargantas de los sus pies, que descubiertas a su vsança trahia, trahia dos carcaxes --que assi se llamauan (*) las manillas o axorcas de los pies en morisco-- de purissimo oro, con tantos diamantes engastados, que ella me dixo 20 despues que su padre los estimaua en diez mil doblas, y las que trahia en las muñecas de las manos valian otro tanto. Las perlas eran en gran cantidad y muy buenas, porque la mayor gala y bizarria de las moras es adornarse (*) de 25 ricas perlas y aljofar, y, assi, ay mas perlas y aljofar entre moros que entre todas las demas naciones, y el padre de Zorayda tenia fama de tener muchas y de las mejores que en Argel auia, y de tener assimismo (*) mas de dozientos 30 mil escudos españoles, de todo lo qual era señora esta que aora lo es mia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 238 ”Si con todo este adorno podia venir entonces hermosa, o no, por las reliquias que le han quedado en tantos trabajos se podra conjeturar quál deuia de ser en las prosperidades. Porque ya se sabe que la hermosura de algunas mugeres 5 tiene dias y sazones, y requiere accidentes (*) para diminuyrse o acrecentarse, y es natural cosa que las passiones del animo la leuanten o abaxen (*), puesto que las mas vezes la destruyen; digo, en fin, que entonces llegó 10 en todo estremo adereçada y en todo estremo hermosa, o, a lo menos, a mi me parecio serlo la mas que hasta entonces auia visto, y con esto, viendo las obligaciones en que me auia puesto, me parecia (*) que tenia delante de mi 15 vna deidad del cielo, venida a la tierra para mi gusto y para mi remedio. ”Assi como ella llegó, le dixo su padre en su lengua como yo era cautiuo de su amigo Arnaute Mami, y que venia a buscar ensalada. Ella 20 tomó la mano, y, en aquella mezcla de lenguas que tengo dicho, me preguntó si era cauallero y qué era la causa que no me rescataua. Yo le respondi que ya estaua rescatado, y que en el precio podia echar de ver en lo que mi amo 25 me estimaua, pues auia dado por mi mil y quinientos çoltanis (*). A lo qual ella respondio: «En verdad que si tu fueras de mi padre, »que yo hiziera que no te diera el por otros dos »tantos; porque vosotros, christianos, siempre 30 »mentis en quanto dezis, y os hazeis pobres »por engañar a los moros.» «Bien podria ser
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 239 »esso, señora», le respondi; «mas en verdad »que yo la he tratado con mi amo, y la trato y »la trataré con quantas personas ay en el »mundo.» «Y ¿quándo te vas?», dixo Zorayda. «Mañana creo yo», dixe, «porque está aqui vn 5 »baxel de Francia que se haze mañana a la »vela, y pienso yrme en el.» «¿No es mejor», replicó Zorayda, «esperar a que vengan baxeles »de España y yrte con ellos, que no con los »de Francia, que no son vuestros amigos?» 10 «No», respondi yo; «aunque si como ay nueuas »que viene ya vn baxel de España es verdad, »todauia yo le aguardaré, puesto que es mas »cierto el partirme mañana, porque el desseo »que tengo de verme en mi tierra y con las 15 »personas que bien quiero es tanto, que no me »dexará esperar otra comodidad si se tarda, »por mejor que sea.» «Deues de ser, sin duda, »casado en tu tierra», dixo Zorayda, «y por esso »desseas yr a verte con tu muger.» «No soy», 20 respondi yo, «casado, mas tengo dada la »palabra de casarme en llegando alla.» «Y ¿es »hermosa la dama a quien se la diste?», dixo Zorayda. «Tan hermosa es», respondi yo, «que »para encarecella y dezirte la verdad, te (*) 25 »parece a ti mucho.» ”Desto se riyo muy de veras su padre, y dixo: «Guala, christiano, que deue de ser muy »hermosa si se parece a mi hija, que es la mas »hermosa de todo este reyno. Si no, mirala bien 30 »y veras como te digo verdad.» Seruianos de interprete a las mas de estas palabras y razones
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240 el padre de Zorayda, como mas ladino, que aunque ella hablaua la bastarda lengua que, como he dicho, alli se vsa, mas declaraua su intencion por señas que por palabras. ”Estando en estas y otras muchas razones 5 llegó vn moro corriendo y dixo a grandes bozes que por las bardas o paredes del jardin auian saltado quatro turcos y andauan cogiendo la fruta, aunque no estaua madura. Sobresaltose el viejo, y lo mesmo (*) hizo Zorayda; porque 10 es comun y casi natural el miedo que los moros a los turcos tienen, especialmente a los soldados, los quales son tan insolentes y tienen tanto imperio sobre los moros que a ellos estan sugetos, que los tratan peor que si fuessen 15 esclauos suyos. Digo, pues, que dixo su padre a Zorayda: «Hija, retirate a la casa y encierrate en »tanto que yo voy a hablar a estos canes, y tu, »christiano, busca tus yeruas y vete en buen »hora, y lleuete Ala con bien a tu tierra.» Yo me 20 incliné y el se fue a buscar los turcos, dexandome solo con Zorayda, que començo a dar muestras de yrse donde su padre la auia mandado. Pero apenas el se encubrio con los arboles del jardin, quando ella, boluiendose (*) a mi, llenos 25 los ojos de lagrimas, me dixo: «¿Amexi (*), »christiano, amexi?». Que quiere dezir: ¿Vaste, christiano, vaste? Yo la respondi: «Señora, si, pero »no en ninguna manera sin ti; el primero juma »me aguarda, y no te sobresaltes quando nos 30 »veas; que sin duda alguna yremos a tierra de »christianos.»
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 241 ”Yo le dixe esto de manera que ella me entendio muy bien a todas las razones que entrambos passamos, y, echandome vn braço al cuello, con desmayados passos començo a caminar hazia la casa, y quiso la suerte, que pudiera 5 ser muy mala, si el cielo no lo ordenara de otra manera, que yendo los dos de la manera y postura que os he contado, con vn braço al cuello, su padre, que ya boluia de hazer yr a los turcos, nos vio de la suerte y 10 manera que yuamos, y nosotros vimos que el nos auia visto; pero Zorayda, aduertida y discreta, no quiso quitar el braço de mi cuello, antes se llegó mas a mi y puso su cabeça sobre mi pecho, doblando vn poco las rodillas, 15 dando claras señales y muestras que se desmayaua, y yo ansimismo di a entender que la sostenia contra mi voluntad. Su padre llegó corriendo adonde estauamos, y, viendo a su hija de aquella manera, le preguntó que qué 20 tenia; pero como ella no le respondiesse, dixo su padre: «Sin duda alguna que con el »sobresalto de la entrada de estos canes se ha »desmayado»; y, quitandola del mio, la arrimó a su pecho, y ella, dando vn suspiro (*) y aun no 25 enxutos los ojos de lagrimas, boluio a dezir: «¡Amexi, christiano, amexi!» (¡Vete, christiano, vete!) A lo que su padre respondio: «No importa, »hija, que el christiano se vaya, que ningun »mal te ha hecho, y los turcos ya son ydos; 30 »no te sobresalte cosa alguna, pues ninguna »ay que pueda darte pesadumbre, pues, como
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 242 »ya te he dicho, los turcos, a mi ruego, se »boluieron por donde entraron.» «Ellos, señor, la »sobresaltaron, como has dicho», dixe yo a su padre; «mas pues ella dize que yo me vaya, no »la quiero dar pesadumbre; quedate en paz, y 5 »con tu licencia boluere (*), si fuere menester, »por yeruas a este jardin; que, segun dize mi »amo, en ninguno las ay mejores para ensalada »que en el.» «Todas las que quisieres podras »boluer», respondio Aguimorato; «que mi hija 10 »no dize esto porque tu ni ninguno de los »christianos la enojauan (*), sino que por dezir »que los turcos se fuessen, dixo que tu te »fuesses, o porque ya era hora que buscasses »tus yeruas.» 15 ”Con esto me despedi al punto de entrambos, y ella, arrancandosele el alma, al parecer, se fue con su padre. Y yo, con achaque de buscar las yeruas, rodeé muy bien y a mi plazer todo el jardin. Miré bien las entradas y 20 salidas, y la fortaleza de la casa, y la comodidad que se podia ofrecer para facilitar todo nuestro negocio. Hecho esto, me vine y di quenta de quanto auia passado al renegado y a mis compañeros. Y ya no veia (*) la hora de 25 verme gozar sin sobresalto del bien que en la hermosa y bella Zorayda la suerte me ofrecia. ”En fin, el tiempo se passó y se llegó el dia y plazo de nosotros tan desseado, y, siguiendo todos el orden y parecer que con discreta 30 consideracion y largo discurso muchas vezes auiamos dado, tuuimos el buen sucesso que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 243 desseauamos. Porque el viernes que se siguio al dia que yo con Zorayda hablé en el jardin, [nuestro renegado] (*), al anochecer, dio fondo con la barca casi frontero de donde la hermosissima Zorayda estaua. Ya los christianos 5 que auian de bogar el (*) remo estauan preuenidos y escondidos por diuersas partes de todos aquellos alrrededores. Todos estauan suspensos y alboroçados aguardandome, desseosos ya de enuestir con el baxel que a los 10 ojos tenian; porque ellos no sabian el concierto del renegado, sino que pensauan que a fuerça de braços auian de auer y ganar la libertad, quitando la vida a los moros que dentro de la barca estauan. 15 ”Sucedio, pues, que assi como yo me mostre y mis compañeros, todos los demas escondidos que nos vieron se vinieron llegando a nosotros. Esto era ya a tiempo que la ciudad estaua ya cerrada, y por toda aquella campaña ninguna 20 persona parecia. Como estuuimos juntos, dudamos si seria mejor yr primero por Zorayda, o rendir primero a los moros vagarinos (*), que bogauan el (*) remo en la barca. Y, estando en esta duda, llegó a nosotros nuestro renegado, 25 diziendonos que en qué nos deteniamos, que ya era hora, y que todos sus moros estauan descuydados, y los mas de ellos durmiendo (*). Diximosle en lo que reparauamos, y el dixo que lo que mas importaua era rendir primero 30 el baxel, que se podia hazer con grandissima facilidad y sin peligro alguno, y que luego
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244 podiamos yr por Zorayda. Parecionos bien a todos lo que dezia, y, assi, sin detenernos mas, haziendo el la guia, llegamos al baxel, y saltando el dentro primero, metio mano a vn alfanje y dixo en morisco: «¡Ninguno de vosotros 5 »se mueua de aqui, si no quiere que le cueste la »vida!» Ya a este tiempo, auian entrado dentro casi todos los christianos. Los moros, que eran de poco animo, viendo hablar de aquella manera a su arraez, quedaronse espantados, y sin 10 ninguno de todos ellos echar mano a las armas, que pocas o casi ningunas tenian, se dexaron, sin hablar alguna palabra, maniatar de los christianos, los quales con mucha presteza lo hizieron, amenazando a los moros que si 15 alçauan por alguna via o manera la voz, que luego al punto los passarian todos a cuchillo. ”Hecho ya esto, quedandose en guardia dellos la mitad de los nuestros, los que quedauamos, haziendonos assimismo el renegado la 20 guia, fuymos al jardin de Aguimorato, y quiso la buena suerte que, llegando a abrir la puerta, se abrio con tanta facilidad como si cerrada no estuuiera; y, assi, con gran quietud y silencio, llegamos a la casa sin ser sentidos de nadie. 25 Estaua la bellissima Zorayda aguardandonos a vna ventana, y assi como sintio gente, preguntó con voz baxa si eramos nizarani (*), como si dixera o preguntara si eramos christianos. Yo le respondi que si, y que baxasse. Quando 30 ella me conocio, no se detuuo vn punto, porque, sin responderme palabra, baxó en vn
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 245 instante, abrio la puerta y mostrose a todos tan hermosa y ricamente vestida, que no lo acierto (*) a encarecer. Luego que yo la vi, le tomé vna mano y la comence a besar, y el renegado hizo lo mismo, y mis dos camaradas; y los 5 demas, que el caso no sabian, hizieron lo que vieron que nosotros haziamos; que no parecia (*) sino que le dauamos las gracias y la reconociamos por señora de nuestra libertad. El renegado le dixo en lengua morisca si estaua 10 su padre en el jardin. Ella respondio que si, y que dormia. «Pues sera menester despertalle», replicó el renegado, «y lleuarnosle con nosotros, »y todo aquello que tiene de valor (*) este »hermoso jardin.» «No», dixo ella; «a mi padre no 15 »se ha de tocar en ningun modo; y en esta casa »no ay otra cosa que lo que yo lleuo, que es »tanto, que bien aura para que todos quedeys »ricos y contentos; y esperaros (*) vn poco y »lo vereys.» 20 ”Y, diziendo esto, se boluio a entrar, diziendo que muy presto bolueria; que nos estuuiessemos quedos, sin hazer ningun ruydo. Preguntele al renegado lo que con ella auia passado, el qual me lo conto, a quien yo dixe que 25 en ninguna cosa se auia de hazer mas de lo que Zorayda quisiesse; la qual ya que (*) boluia cargada con vn cofrezillo lleno de escudos de oro, tantos (*), que apenas lo podia sustentar, quiso la mala suerte que su padre despertasse 30 en el interin y sintiesse el ruydo que andaua en el jardin, y, assomandose a la ventana,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246 luego conocio que todos los que en el estauan eran christianos; y, dando muchas, grandes y desaforadas bozes, començo a dezir en arabigo: «¡Christianos, christianos! ¡Ladrones, »ladrones!» Por los quales gritos nos vimos todos 5 puestos en grandissima y temerosa confusion. Pero el renegado, viendo el peligro en que estauamos, y lo mucho que le importaua salir con aquella empresa antes de ser sentido, con grandissima presteza, subio donde Aguimorato 10 estaua, y juntamente con el fueron algunos de nosotros; que yo no osé desamparar a la (*) Zorayda, que como desmayada se auia dexado caer en mis braços. ”En resolucion, los que subieron se dieron 15 tan buena maña, que en vn momento baxaron con Agimorato, trayendole atadas las manos y puesto vn pañizuelo en la boca, que no le dexaua hablar palabra, amenazandole que el hablarla (*) le auia de costar la vida. Quando 20 su hija le vio, se cubrio los ojos por no verle, y su padre quedó espantado, ignorando quán de su voluntad se auia puesto en nuestras manos. Mas entonces siendo mas necessarios los pies, con diligencia y presteza nos pusimos en la 25 barca, que ya los que en ella auian quedado nos esperauan, temerosos de algun mal sucesso nuestro. ”Apenas serian dos horas passadas de la noche, quando ya estauamos todos en la barca, 30 en la qual se le quitó al padre de Zorayda la atadura de las manos y el paño de la boca;
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 247 pero tornole a dezir el renegado que no hablasse palabra; que le quitarian la vida. El, como vio alli a su hija, començo a suspirar (*) ternissimamente, y mas quando vio que yo estrechamente la tenia abraçada, y que ella, sin 5 defender (*), quexarse ni esquiuarse, se estaua queda; pero, con todo esto, callaua, porque no pusiessen en efeto las muchas amenazas que el renegado le hazia. ”Viendose, pues, Zorayda ya en la barca, y 10 que queriamos dar los remos al agua, y viendo alli a su padre y a los demas moros, que atados estauan, le dixo al renegado que me dixesse le hiziesse merced de soltar a aquellos moros y de dar libertad a su padre, porque antes 15 se arrojaria en la mar que ver delante de sus ojos, y por causa suya, lleuar cautiuo a vn padre que tanto la auia querido. El renegado me lo dixo, y yo respondi que era muy contento. Pero el respondio que no convenia, a causa 20 que, si alli los dexauan, apellidarian luego la tierra y alborotarian la ciudad, y serian causa que saliessen a buscallos (*) con algunas fragatas ligeras, y les (*) tomassen la tierra y la mar, de manera, que no pudiessemos escaparnos; 25 que lo que se podria hazer era darles libertad en llegando a la primera tierra de christianos. En este parecer venimos todos, y Zorayda, a quien se le dio cuenta, con las causas que nos mouian a no hazer luego lo que queria, tambien 30 se satisfizo; y luego, con regozijado silencio y alegre diligencia, cada vno de nuestros
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248 valientes remeros tomó su remo, y començamos, encomendandonos a Dios de todo coraçon, a nauegar la buelta de las islas de Mallorca, que es la tierra de christianos mas cerca. ”Pero a causa de soplar vn poco el viento 5 tramontana (*), y estar la mar algo picada, no fue possible seguir la derrota de Mallorca, y fuenos forçoso dexarnos yr tierra a tierra la buelta de Oran, no sin mucha pesadumbre nuestra, por no ser descubiertos del lugar de 10 Sargel, que en aquella costa cae (*) sesenta millas de Argel. Y assimismo temiamos encontrar por aquel parage alguna galeota de las que de ordinario vienen (*) con mercancia de Tetuan, aunque cada vno por si, y por todos juntos, 15 presumiamos de que si se encontraua galeota de mercancia, como no fuesse de las que andan en corso, que no solo no nos perderiamos, mas que tomariamos baxel donde con mas seguridad pudiessemos acabar nuestro viaje. Yua 20 Zorayda, en tanto que se nauegaua, puesta la cabeça entre mis manos por no ver a su padre, y sentia yo que yua llamando a Lela Marien, que nos ayudasse. ”Bien auriamos nauegado treynta millas, 25 quando nos amanecio, como tres tiros de arcabuz desuiados de tierra, toda la qual vimos desierta, y sin nadie que nos descubriesse, pero con todo esso nos fuymos, a fuerça de braços, entrando vn poco en la mar que ya 30 estaua algo mas sossegada; y, auiendo entrado casi dos leguas, diose orden que se bogasse
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 249 a quarteles (*) en tanto que comiamos algo, que yua bien proueyda la barca, puesto que los que bogauan dixeron que no era aquel tiempo de tomar reposo alguno: que les diessen de comer los que no bogauan; que ellos no 5 querian soltar los remos de las manos en manera alguna. Hizose ansi y, en esto, començo a soplar vn viento largo que nos obligó a hazer luego vela y a dexar el remo, y endereçar a Oran, por no ser possible poder hazer otro 10 viaje. Todo se hizo con mucha presteza, y, assi, a la vela nauegamos por mas de ocho millas por hora, sin lleuar otro temor alguno, sino el de encontrar con baxel que de corso fuesse. ”Dimos de comer a los moros vagarinos (*) y 15 el renegado les consolo, diziendoles como no yuan cautiuos: que en la primera ocasion les darian libertad; lo mismo se le dixo al padre de Zorayda, el qual respondio: «Qualquiera »otra cosa pudiera yo esperar y creer de vuestra 20 »liberalidad y buen termino, ¡o christianos!; »mas el darme libertad (*), no me tengais por »tan simple que lo imagine; que nunca os »pusistes vosotros al peligro de quitarmela para »boluerla (*) tan liberalmente, especialmente 25 »sabiendo quién soy yo, y el interesse que se »os puede seguir de darmela, el qual (*) »interesse si le quereys poner nombre, desde aqui »os ofrezco todo aquello que quisieredes por »mi y por essa desdichada hija mia, o si no, 30 »por ella sola, que es la mayor y la mejor parte »de mi alma.»
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 250 ”En diziendo esto, començo a llorar tan amargamente, que a todos nos mouio a compassion, y forço a Zorayda que le mirasse; la qual, viendole llorar, assi se enternecio, que se leuantó de mis pies y fue a abraçar a su padre, 5 y juntando su rostro con el suyo començaron los dos tan tierno llanto, que muchos de los que alli yuamos le acompañamos en el; pero quando su padre la vio adornada de fiesta y con tantas joyas sobre si, le dixo en su lengua: 10 «¿Qué es esto, hija, que ayer al anochecer »antes que nos sucediesse esta terrible »desgracia en que nos vemos, te vi con tus »ordinarios y caseros vestidos, y agora, sin que »ayas tenido tiempo de vestirte, y sin auerte 15 »dado alguna nueua alegre de solenizalle (*) »con adornarte y pulirte, te veo compuesta con »los mejores vestidos que yo supe y pude darte »quando nos fue la ventura mas fauorable? »Respondeme a esto, que me tiene mas suspenso 20 »y admirado que la misma desgracia en que »me hallo.» ”Todo lo que el moro dezia a su hija nos lo declaraua el renegado, y ella no le respondia palabra; pero quando el vio a vn lado de la 25 barca el cofrezillo donde ella solia tener sus joyas, el qual sabia el bien que le auia dexado en Argel y no traydole al jardin, quedó mas confuso, y preguntole que cómo aquel cofre auia venido a nuestras manos, y qué era 30 lo que venia dentro. A lo qual el renegado, sin aguardar que Zorayda le respondiesse, le
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 251 respondio: «No te canses, señor, en preguntar a »Zorayda tu hija tantas cosas, porque con vna »que yo te responda te satisfare a todas; y, assi, »quiero que sepas que ella es christiana, y es »la que ha sido la lima de nuestras cadenas y 5 »la libertad de nuestro cautiuerio; ella va aqui »de su voluntad, tan contenta, a lo que yo »imagino, de verse en este estado, como el que sale »de las tinieblas a (*) la luz, de la muerte a la »vida y de la pena a la gloria.» «¿Es verdad lo 10 »que este dize, hija?», dixo el moro. «Assi es», respondio Zorayda. «¿Que en efeto», replicó el viejo, «tu eres christiana, y la que ha puesto a »su padre en poder de sus enemigos?» A lo qual respondio Zorayda: «La que es christiana 15 »yo soy, pero no la que te ha puesto en este »punto, porque nunca mi desseo se estendio a »dexarte, ni a hazerte mal, sino a hazerme a »mi bien.» «Y ¿qué bien es el que te has hecho, »hija?» «Esso», respondio ella, «preguntaselo 20 »tu a Lela Marien; que ella te lo sabra dezir »mejor que no (*) yo.» ”Apenas huuo oydo esto el moro, quando, con vna increyble presteza, se arrojó de cabeça en la mar, donde sin ninguna duda se ahogara, 25 si el vestido largo y embaraçoso que traya no le entretuuiera vn poco sobre el agua. Dio bozes Zorayda que le sacassen, y, assi, acudimos luego todos, y, asiendole de la almalafa, le sacamos medio ahogado y sin sentido, de que 30 recibio tanta pena Zorayda, que, como si fuera ya muerto, hazia sobre el vn tierno y doloroso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252 llanto. Boluimosle boca abaxo, boluió mucha agua, tornó en si al cabo de dos horas, en las quales, auiendose trocado el viento, nos conuino boluer hazia tierra y hazer fuerça de remos por no enuestir en ella; mas quiso nuestra 5 buena suerte que llegamos a vna cala que se haze al lado de vn pequeño promontorio o cabo, que de los moros es llamado el de la Caua Rumia, que en nuestra lengua quiere dezir la mala muger christiana; y es tradicion 10 entre los moros que en aquel lugar está enterrada la Caua, por quien se perdio España; porque caua en su lengua quiere dezir muger mala, y rumia, christiana (*), y aun tienen por mal aguero llegar alli a dar fondo quando la 15 necessidad les fuerça a ello, porque nunca le dan sin ella, puesto que para nosotros no fue abrigo de mala muger, sino puerto seguro de nuestro remedio, segun andaua alterada la mar. ”Pusimos nuestras centinelas en tierra, y no 20 dexamos jamas los remos de la mano; comimos de lo que el renegado auia proueydo, y rogamos a Dios y a Nuestra Señora, de todo nuestro coraçon, que nos ayudasse y fauoreciesse, para que felicemente (*) diessemos fin a tan 25 dichoso principio. Diose orden, a suplicacion de Zorayda, como echassemos en tierra a su padre y a todos los demas moros que alli atados venian; porque no le bastaua el animo, ni lo podian sufrir sus blandas entrañas, ver delante 30 de sus ojos atado a su padre y aquellos de su tierra presos. Prometimosle de hazerlo assi al
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 253 tiempo de la partida, pues no corria peligro el dexallos en aquel lugar, que era despoblado. No fueron tan vanas nuestras oraciones, que no fuessen oydas del cielo, que en nuestro fauor luego boluio el viento, tranquilo el mar, 5 combidandonos a que tornassemos alegres a proseguir nuestro començado viaje. ”Viendo esto, desatamos a los moros y vno a vno los pusimos en tierra, de lo que ellos se quedaron admirados; pero llegando a 10 desembarcar al padre de Zorayda, que ya estaua en todo su acuerdo, dixo: «¿Por qué pensays, »christianos, que esta mala hembra huelga de »que me deys libertad? ¿Pensays que es por »piedad que de mi tiene? No, por cierto; sino 15 »que lo haze por el estoruo que le dará mi »presencia quando quiera poner en execucion »sus malos desseos; ni penseys que la ha »mouido a mudar religion entender ella que la »vuestra a la nuestra se auentaja, sino el saber 20 »que en vuestra tierra se vsa la deshonestidad »(*) mas libremente que en la nuestra.» Y, boluiendose a Zorayda, teniendole yo y otro christiano de entrambos braços asido porque algun desatino no hiziesse, le dixo: «¡O infame 25 »moça y mal aconsejada muchacha! ¿Adónde »vas, ciega y desatinada, en poder destos »perros, naturales enemigos nuestros? ¡Maldita »sea la hora en que yo te engendré y malditos »sean los regalos y deleytes en que te he 30 »criado!». Pero viendo yo que lleuaua termino de no acabar tan presto, di priessa a ponelle en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254 tierra, y desde alli, a bozes, prosiguio en sus maldiciones y lamentos, rogando a Mahoma rogasse a Ala que nos destruyesse, confundiesse y acabasse; y quando, por auernos hecho a la vela, no podimos oyr sus palabras, 5 vimos sus obras, que eran arrancarse las barbas, messarse los cabellos y arrastrarse (*) por el suelo; mas vna vez esforço la voz de tal manera, que podimos entender que dezia: «¡Buelue, »amada hija, buelue a tierra, que todo te lo 10 »perdono; entrega a essos hombres esse dinero »que ya es suyo, y buelue a consolar a este »triste padre tuyo que en esta desierta arena »dexará la vida, si tu le dexas!» ”Todo lo qual escuchaua Zorayda, y todo lo 15 sentia y lloraua, y no supo dezirle ni respondelle palabra, sino: «¡Plega a Ala, padre mio, »que Lela Marien, que ha sido la causa de que »yo sea christiana, ella te consuele en tu »tristeza! Ala sabe bien que no pude hazer otra 20 »cosa de la que he hecho, y que estos »christianos no deuen nada a mi voluntad, pues »aunque quisiera no venir con ellos y quedarme »en mi casa, me fuera impossible, segun »la priessa que me daua mi alma a poner por 25 »obra esta que a mi me parece tan buena »como tu, padre amado, la juzgas por mala.» Esto dixo a tiempo que ni su padre la oya, ni nosotros ya le veyamos; y, assi, consolando yo a Zorayda, atendimos todos a nuestro 30 viaje, el qual nos le facilitaua el proprio (*) viento, de tal manera, que bien tuuimos por
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 255 cierto de vernos otro dia al amanecer en las riberas de España. ”Mas como pocas vezes, o nunca, viene el bien puro y senzillo, sin ser acompañado o seguido de algun mal que le turbe o sobresalte, 5 quiso nuestra ventura, o quiça las maldiciones que el moro a su hija auia echado, que siempre se han de temer de qualquier padre que sean, quiso, digo, que estando ya engolfados, y siendo ya casi passadas tres horas de la 10 noche, yendo con la vela tendida de alto baxa (*), frenillados los remos porque el prospero viento nos quitaua del trabajo de auerlos menester, con la luz de la luna que claramente resplandecia, vimos cerca de nosotros vn 15 baxel redondo, que, con todas las velas tendidas (*), lleuando vn poco a orça el timon, delante de nosotros atrauessaua, y esto tan cerca, que nos fue forçoso amaynar por no enuestirle, y ellos, assimesmo (*), hizieron 20 fuerça de timon para darnos lugar que passassemos. ”Auianse puesto a bordo del baxel a preguntarnos quién eramos y adónde nauegauamos y de dónde veniamos; pero por preguntarnos 25 esto en lengua francesa, dixo nuestro renegado: «Ninguno responda, porque estos sin »duda son cosarios franceses que hazen a toda »ropa (*).» Por este aduertimiento ninguno respondio palabra, y, auiendo passado vn poco 30 delante, que ya el baxel quedaua [a] (*) sotauento, de improuiso soltaron dos pieças de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256 artilleria, y, a lo que parecia, ambas venian con cadenas, porque con vna cortaron nuestro arbol por medio y dieron con el y con la vela en la mar, y al momento disparando otra pieça, vino a dar la [vala] (*) en mitad de nuestra 5 barca, de modo que la abrio toda sin hazer otro mal alguno; pero como nosotros nos vimos yr a fondo, començamos todos a grandes bozes a pedir socorro y a rogar a los del baxel que nos acogiessen, porque nos anegauamos. Amaynaron 10 entonces, y, echando el esquife o barca a la mar, entraron en el hasta doze franceses, bien armados, con sus arcabuzes y cuerdas encendidas; y assi llegaron junto al nuestro, y, viendo quán pocos eramos, y como el baxel 15 se hundia, nos recogieron, diziendo que por auer vsado de la descortesia de no respondelles nos auia sucedido aquello. ”Nuestro renegado tomó el cofre de las riquezas de Zorayda, y dio con el en la mar, sin 20 que ninguno echasse de ver en lo que hazia. En resolucion, todos passamos con los franceses, los quales, despues de auerse informado de todo aquello que de nosotros saber quisieron, como si fueran nuestros capitales enemigos, 25 nos despojaron de todo quanto teniamos, y a Zorayda le quitaron hasta los carcaxes que trahia en los pies. Pero no me daua a mi tanta pesadumbre la que a Zorayda dauan, como me la daua el temor que tenia de que auian de 30 passar del quitar de las riquissimas y preciosissimas joyas al quitar de la joya que mas valia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 257 y ella mas estimaua; pero los desseos de aquella gente no se estienden a mas que al dinero, y desto (*) jamas se vee harta su codicia; lo (*) qual entonces llegó a tanto, que aun hasta los vestidos de cautiuos nos quitaran si de algun 5 prouecho les fueran. Y huuo parecer entre ellos de que a todos nos arrojassen a la mar embueltos en vna vela, porque tenian intencion de tratar en algunos puertos de España con nombre de que eran bretones (*), y si nos 10 lleuauan viuos serian castigados, siendo descubierto su hurto. ”Mas el capitan, que era el que auia despojado a mi querida Zorayda, dixo que el se contentaua con la presa que tenia, y que no 15 queria tocar en ningun puerto de España, sino passar (*) el estrecho de Gibraltar de noche, o como pudiesse, y yrse (*) a la Rochela, de donde auia salido; y, assi, tomaron por acuerdo de darnos el esquife de su nauio y todo lo 20 necessario para la corta nauegacion que nos quedaua, como lo hizieron otro dia, ya a vista de tierra de España, con la qual vista (*) todas nuestras pesadumbres y pobrezas se nos oluidaron de todo punto, como si (*) no huuieran 25 passado por nosotros: tanto es el gusto de alcançar la libertad perdida. ”Cerca de medio dia podria ser quando nos echaron en la barca, dandonos dos barriles de agua y algun bizcocho; y el capitan, mouido no 30 se de qué misericordia, al embarcarse la hermosissima Zorayda, le dio hasta quarenta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258 escudos de oro, y no consintio que le quitassen sus soldados estos mesmos (*) vestidos que ahora (*) tiene puestos. Entramos en el baxel, dimosles las gracias por el bien que nos hazian mostrandonos mas agradecidos que quexosos; 5 ellos se hizieron a lo largo siguiendo la derrota del estrecho; nosotros, sin mirar a otro norte que a la tierra que se nos mostraua delante, nos dimos tanta priessa a bogar, que al poner del sol estauamos tan cerca, que bien pudieramos, 10 a nuestro parecer, llegar antes que fuera muy noche; pero por no parecer en aquella noche la luna y el cielo mostrarse escuro, y por ignorar el parage en que estauamos, no nos parecio cosa segura enuestir en tierra, como a 15 muchos de nosotros les parecia, diziendo que diessemos en ella, aunque fuesse en vnas peñas y lexos de poblado (*), porque assi assegurariamos el temor que de razon se deuia tener que por alli anduuiessen baxeles de cosarios 20 de Tetuan, los quales anochecen en Berberia y amanecen en las costas de España, y hazen de ordinario presa, y se bueluen a dormir a sus casas; pero de los contrarios pareceres el que se tomó fue que nos llegassemos poco a poco 25 y que si el sossiego del mar lo concediesse, desembarcassemos donde pudiessemos. ”Hizose assi, y poco antes de la media noche seria quando llegamos al pie de vna disformissima y alta montaña, no tan junto al mar 30 que no concediesse vn poco de espacio para poder desembarcar comodamente; enuestimos
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 259 en la arena, salimos a tierra (*), besamos el suelo, y con lagrimas de muy (*) alegrissimo contento dimos todos gracias a Dios, Señor Nuestro, por el bien tan incomparable que nos auia hecho (*); sacamos de la barca los 5 bastimentos que tenia, tiramosla en tierra, y subimonos (*) vn grandissimo trecho en la montaña, porque aun alli estauamos y aun no podiamos assegurar el pecho, ni acabauamos de creer que era tierra de christianos la que ya nos 10 sostenia. Amanecio mas tarde, a mi parecer, de lo [que] (*) quisieramos; acabamos de subir toda la montaña por ver si desde alli algun poblado se descubria, o algunas cabañas de pastores, pero aunque mas tendimos la vista, ni poblado, 15 ni persona, ni senda, ni camino descubrimos. ”Con todo esto (*) determinamos de entrarnos la tierra adentro, pues no podria ser menos sino que presto descubriessemos quien nos diesse noticia della; pero lo que a mi mas me 20 fatigaua era el ver yr a pie a Zorayda por aquellas asperezas, que, puesto que alguna vez la puse sobre mis ombros, mas le cansaua a ella mi cansancio que la reposaua su reposo, y, assi, nunca mas quiso que yo aquel trabajo tomasse; 25 y con mucha paciencia y muestras de alegria, lleuandola yo siempre de la mano, poco menos de vn quarto de legua deuiamos de auer andado, quando llegó a nuestros oydos el son de vna pequeña esquila, señal clara que por alli 30 cerca auia ganado, y, mirando todos con atencion si alguno se (*) parecia, vimos al pie de vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260 alcornoque vn pastor moço, que con grande reposo y descuydo estaua labrando vn palo con vn cuchillo; dimos bozes, y el, alçando la cabeça, se puso ligeramente en pie, y a lo que despues supimos, los primeros que a la vista se 5 le ofrecieron fueron el renegado y Zorayda, y, como el los vio en habito de moros, penso que todos los de la Berberia estauan sobre el, y, metiendose con estraña lijereza por el bosque adelante, començo a dar los mayores gritos del 10 mundo, diziendo: «¡Moros, moros ay en la »tierra; moros, moros, arma, arma!» ”Con estas bozes quedamos todos confusos, y no sabiamos qué hazernos, pero considerando que las bozes del pastor auian de alborotar 15 la tierra, y que la caualleria de la costa auia de venir luego a ver lo que era, acordamos que el renegado se desnudasse las ropas de (*) turco y se vistiesse vn gilequelco (*) o casaca de cautiuo que vno de nosotros le dio luego, aunque se 20 quedó en camisa; y, assi, encomendandonos a Dios, fuymos por el mismo camino que vimos que el pastor lleuaua, esperando siempre quándo auia de dar sobre nosotros la caualleria de la costa; y no nos engañó nuestro pensamiento, 25 porque aun no aurian passado dos horas, quando, auiendo ya salido de aquellas malezas a vn llano, descubrimos hasta cincuenta caualleros que con gran ligereza, corriendo a media rienda, a nosotros se venian, y assi como los vimos nos 30 estuuimos quedos aguardandolos; pero como ellos llegaron y vieron, en lugar de los moros
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 261 que buscauan, tanto pobre christiano, quedaron confusos, y vno dellos nos preguntó si eramos nosotros acaso la ocasion porque vn pastor auia apellidado al (*) arma. «Si», dixe yo; y queriendo començar a dezirle mi sucesso, y de dónde 5 veniamos, y quién eramos, vno de los christianos que con nosotros venian conocio al ginete que nos auia hecho la pregunta, y dixo sin dexarme a mi dezir mas palabra: «Gracias sean »dadas a Dios, señores, que a tan buena parte 10 »nos ha conduzido, porque si yo no me engaño, »la tierra que pisamos es la de Velez Malaga, si »ya los años de mi cautiuerio no me han quitado »de la memoria el acordarme que vos, señor, »que nos preguntays quién somos, soys Pedro 15 »de Bustamante, tio mio.» ”Apenas huuo dicho esto el christiano cautiuo, quando el ginete se arrojó del cauallo y vino a abraçar al moço, diziendole: «Sobrino »de mi alma y de mi vida; ya te conozco, y ya 20 »te he llorado por muerto yo, y mi hermana tu »madre, y todos los tuyos, que aun viuen, y »Dios ha sido seruido de darles vida para que »gozen el plazer de verte; ya sabiamos que »estauas en Argel, y por las señales y muestras 25 »de tus vestidos y la de todos los desta »compañia, comprehendo que aueys tenido milagrosa »libertad.» «Assi es», respondio el moço, «y tiempo nos quedará para contaroslo todo.» Luego que los ginetes entendieron que eramos 30 christianos cautiuos, se apearon de sus cauallos, y cada vno nos combidaua con el suyo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262 para lleuarnos a la ciudad de Velez Malaga, que legua y media de alli estaua. Algunos dellos boluieron a lleuar la barca a la ciudad, diziendoles dónde la auiamos dexado; otros nos subieron a las ancas, y Zorayda fue en las 5 del cauallo del tio del christiano. ”Salionos a recebir todo el pueblo, que ya de alguno que se auia adelantado sabian la nueua de nuestra venida. No se admirauan de ver cautiuos libres, ni moros cautiuos, porque 10 toda la gente de aquella costa está hecha a ver a los vnos y a los otros, pero admirauanse de la hermosura de Zorayda, la qual en aquel instante y sazon estaua en su punto, ansi con el cansancio del camino como con la alegria de 15 verse ya en tierra de christianos, sin sobresalto de perderse, y esto le auia sacado al rostro tales colores, que si no es que la aficion entonces me engañaua, osaré (*) dezir que mas hermosa criatura no auia en el mundo; a lo 20 menos, que yo la huuiesse visto. ”Fuymos derechos a la iglesia a dar gracias a Dios por la merced recebida, y assi como en ella entró Zorayda, dixo que alli auia rostros que se parecian a los de Lela Marien; diximosle 25 que eran imagines suyas, y, como mejor se pudo, le dio el renegado a entender lo que significauan, para que ella las adorasse como si verdaderamente fueran cada vna dellas (*) la misma Lela Marien que la auia hablado; ella, 30 que tiene buen entendimiento y vn natural facil y claro, entendio luego quanto acerca de las
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 263 imagenes se le dixo. Desde alli nos lleuaron y repartieron a todos en diferentes casas del pueblo, pero al renegado, Zorayda y a mi nos lleuó el christiano que vino con nosotros, y (*) en casa de sus padres, que medianamente eran 5 acomodados de los bienes de fortuna, y nos regalaron con tanto amor como a su mismo hijo. ”Seys dias estuuimos en Velez, al cabo de los quales el renegado, hecha su informacion 10 de quanto le conuenia, se fue a la ciudad de Granada a reduzirse por medio de la Santa Inquisicion al gremio santissimo de la Iglesia; los demas christianos libertados se fueron cada vno donde mejor le parecio; solos quedamos 15 Zorayda y yo con solos los escudos que la cortesia del frances le dio a Zorayda, de los quales compré este animal en que ella viene; y, siruiendola yo hasta agora (*) de padre y escudero, y no de esposo, vamos con intencion de 20 ver si mi padre es viuo, o si alguno de mis hermanos ha tenido mas prospera ventura que la mia, puesto que por auerme hecho el cielo compañero de Zorayda, me parece que ninguna otra suerte me pudiera venir, por buena que 25 fuera, que mas la estimara. La paciencia con que Zorayda lleua las incomodidades que la pobreza trae consigo y el desseo que muestra tener de verse ya christiana es tanto (*) y tal, que me admira y me mueue a seruirla todo el 30 tiempo de mi vida; puesto que el gusto que tengo de verme suyo y de que ella sea mia me
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 264 le turba y deshaze no saber si hallaré en mi tierra algun rincon donde recogella, y si auran hecho el tiempo y la muerte tal mudança en la hazienda y vida de mi padre y hermanos, que apenas halle quien me conozca, si ellos faltan. 5 ”No tengo mas, señores, que deziros de mi historia, la qual si es agradable y peregrina, juzguenlo vuestros buenos entendimientos; que de mi se dezir que quisiera auerosla contado mas breuemente, puesto que el temor de 10 enfadaros mas de quatro circustancias me ha quitado de la lengua.”
p. 265 Capitulo XLII Que trata de lo que mas sucedio en la venta y de otras muchas cosas dignas de saberse. Calló en diziendo esto el cautiuo, a quien don Fernando dixo: 5 “Por cierto, señor capitan, el modo con que aueys contado este estraño sucesso ha sido tal, que yguala a la nouedad y estrañeza del mesmo (*) caso. Todo es peregrino y raro y lleno de accidentes que marauillan y suspenden 10 a quien los oye. Y es de tal manera el gusto que hemos recebido en escuchalle que, aunque nos hallara el dia de mañana entretenidos en el mesmo (*) cuento, holgaramos que de nueuo se començara.” 15 Y, en diziendo esto, [Cardenio] (*) y todos los demas se le ofrecieron con todo lo a ellos possible para seruirle, con palabras y razones tan amorosas y tan verdaderas, que el capitan se tuuo por bien satisfecho de sus voluntades. 20 Especialmente le ofrecio don Fernando que si queria boluerse con el, que el haria que el marques, su hermano, fuesse padrino del bautismo de Zorayda, y que el, por su parte, le acomodaria de manera, que pudiesse entrar 25 en su tierra con el autoridad y comodo que a su persona se deuia. Todo lo agradecio cortesissimamente el cautiuo, pero no quiso acetar ninguno de sus liberales ofrecimientos. En esto llegaua ya la noche, y al cerrar 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266 della, llegó a la venta vn coche, con algunos hombres de a cauallo; pidieron posada; a quien la ventera respondio que no auia en toda la venta vn palmo desocupado. “Pues aunque esso sea”, dixo vno de los de 5 a cauallo que auian entrado, “no ha de faltar para el señor oydor que aqui viene.” A este nombre se turbó la guespeda (*), y dixo: “Señor, lo que en ello ay es que no tengo 10 camas; si es que su merced del señor oydor la trae, que si deue de traer, entre en buen hora; que yo y mi marido nos saldremos de nuestro aposento, por acomodar a su merced.” “Sea en buen hora”, dixo el escudero. 15 Pero a este tiempo ya auia salido del coche vn hombre que, en el traje, mostro luego el oficio y cargo que tenia, porque la ropa luenga, con las mangas arrocadas, que vestia, mostraron ser oydor, como su criado auia dicho. 20 Trahia de la mano a vna donzella, al parecer de hasta diez y seys años, vestida de camino, tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda, que a todos puso en admiracion su vista, de suerte, que a no auer visto a Dorotea y a Luscinda y 25 Zorayda, que en la venta estauan, creyeran que otra tal hermosura como la desta donzella dificilmente pudiera hallarse. Hallose don Quixote al entrar del oydor y de la donzella, y assi como le vio, dixo: 30 “Seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo; que aunque es
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 267 estrecho y mal acomodado, no ay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no de lugar a las armas y a las letras, y mas si las armas y letras traen por guia y adalid a la fermosura, como la traen las letras de vuestra merced en 5 esta fermosa donzella, a quien deuen no solo abrirse y manifestarse los castillos, sino apartarse los riscos, y deuidirse y abaxarse las montañas, para dalle acogida. Entre vuestra merced, digo, en este parayso: que aqui hallará 10 estrellas y soles que acompañen el cielo que vuestra merced trae consigo. Aqui hallará las armas en su punto y la hermosura en su estremo.” Admirado quedó el oydor del razonamiento 15 de don Quixote, a quien se puso a mirar muy de proposito. Y no menos le admiraua su talle que sus palabras, y, sin hallar ningunas con que respondelle, se tornó a admirar de nueuo quando vio delante de si a Luscinda, Dorotea (*) 20 y a Zorayda, que, a las nueuas de los nueuos guespedes (*) y a las que la ventera les auia dado de la hermosura de la donzella, auian venido a verla y a recebirla. Pero don Fernando, Cardenio y el cura le hizieron mas llanos (*) y 25 mas cortesanos ofrecimientos. En efecto, el señor oydor entró confuso, assi de lo que veya (*) como de lo que escuchaua, y las hermosas de la venta dieron la bienllegada a la hermosa donzella. 30 En resolucion, bien echó de ver el oydor que era gente principal toda la que alli estaua. Pero
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268 el talle, visage y la apostura (*) de don Quixote le desatinaua; y, auiendo passado entre todos corteses ofrecimientos y tanteado la comodidad de la venta, se ordenó lo que antes estaua ordenado: que todas las mugeres se entrassen en el 5 camaranchon (*) ya referido, y que los hombres se quedassen fuera, como en su guarda. Y, assi, fue contento el oydor que su hija, que era la donzella, se fuesse con aquellas señoras, lo que ella hizo de muy buena gana. Y con parte 10 de la estrecha cama del ventero, y con la mitad de la que el oydor trahia, se acomodaron aquella noche mejor de lo que pensauan. El cautiuo, que desde el punto que vio al oydor, le dio saltos el coraçon y barruntos de 15 que aquel era su hermano, preguntó a vno de los criados que con el venian que cómo se llamaua y si sabia de qué tierra era. El criado le respondio que se llamaua el licenciado Iuan Perez de Viedma, y que auia oydo dezir que 20 era de vn lugar de las montañas de Leon. Con esta relacion, y con lo que el auia visto, se acabó de confirmar de que aquel era su hermano, que auia seguido las letras por consejo de su padre. Y alborotado y contento, llamando aparte 25 a don Fernando, a Cardenio y al cura, les conto lo que passaua, certificandoles que aquel oydor era su hermano. Auiale dicho tambien el criado como yua proueydo por oydor a las Indias, en la Audiencia de Mexico. Supo tambien 30 como aquella donzella era su hija, de cuyo parto auia muerto su madre, y que el auia quedado
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 269 muy rico con el dote que con la hija se le quedó en casa. Pidioles consejo qué modo tendria para descubrirse, o para conocer primero si, despues de descubierto, su hermano, por verle pobre, se afrentaua, o le recebia (*) con buenas 5 entrañas. “Dexeseme a mi el hazer essa experiencia”, dixo el cura, “quanto mas que no ay pensar sino que vos, señor capitan, sereys muy bien recebido (*), porque el valor y prudencia que en 10 su buen parecer descubre vuestro hermano no da indicios de ser arrogante, ni desconocido, ni que no ha de saber poner los casos de la fortuna en su punto.” “Con todo esso”, dixo el capitan, “yo querria, 15 no de improuiso, sino por rodeos, darmele a conocer.” “Ya os digo”, respondio el cura, “que yo lo traçaré de modo que todos quedemos satisfechos.” 20 Ya, en esto, estaua adereçada la cena, y todos se sentaron a la mesa, eceto el cautiuo y las señoras, que cenaron de por si en su aposento. En la mitad de la cena, dixo el cura: “Del mesmo (*) nombre de vuestra merced, 25 señor oydor, tuue yo vna camarada en Costantinopla, donde estuue cautiuo algunos años. La qual camarada era vno de los valientes soldados y capitanes que auia en toda la infanteria española. Pero tanto quanto (*) 30 tenia de esforçado y valeroso tenia de desdichado.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270 “Y ¿cómo se llamaua esse capitan, señor mio?”, preguntó el oydor. “Llamauase”, respondio el cura, “Ruyperez de Viedma, y era natural de vn lugar de las montañas de Leon. El qual me conto vn caso 5 que [a] (*) su padre con sus hermanos le auia sucedido, que, a no contarmelo vn hombre tan verdadero como el, lo tuuiera por conseja, de aquellas que las viejas cuentan el inuierno al fuego. Porque me dixo que su padre auia diuidido 10 su hazienda entre tres hijos que tenia, y les auia dado ciertos consejos, mejores que los de Caton. Y se yo dezir que el que el escogio de venir a la guerra le auia sucedido tan bien, que en pocos años, por su valor y esfuerço, sin otro 15 braço que el de su mucha virtud, subio a ser capitan de infanteria, y a verse en camino y predicamento de ser presto maestre de campo. Pero fuele la fortuna contraria, pues donde la pudiera esperar y tener buena, alli la perdio 20 con perder la libertad, en la felicissima jornada donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de Lepanto. Yo la perdi en la Goleta, y despues, por diferentes sucessos, nos hallamos camaradas en Costantinopla (*). Desde alli 25 vino a Argel, donde se que le sucedio vno de los mas estraños casos que en el mundo han sucedido.” De aqui fue prosiguiendo el cura, y con breuedad sucinta conto lo que con Zorayda a su 30 hermano auia sucedido. A todo lo qual estaua tan atento el oydor, que ninguna vez auia sido
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 271 tan oydor como entonces. Solo llegó el cura al punto de quando los franceses despojaron a los christianos que en la barca venian, y la pobreza y necessidad en que su camarada y la hermosa mora auian quedado, de los quales no 5 auia sabido en qué auian parado, ni si auian llegado a España, o lleuadolos los franceses a Francia. Todo lo que el cura dezia estaua escuchando algo de alli desuiado el capitan, y notaua todos los mouimientos que su hermano 10 hazia. El qual, viendo que ya el cura auia llegado al fin de su cuento, dando vn grande suspiro (*) y llenandosele los ojos de agua, dixo: “¡O, señor, si supiessedes las nueuas que me aueys contado, y cómo me tocan tan en 15 parte, que me es forçoso dar muestras dello con estas lagrimas que, contra toda mi discrecion y recato, me salen por los ojos! Esse capitan tan valeroso que dezis es mi mayor hermano, el qual, como mas fuerte y de mas altos 20 pensamientos que yo ni otro hermano menor mio, escogio el honroso y digno exercicio de la guerra, que fue vno de los tres caminos que nuestro padre nos propuso, segun os dixo vuestra camarada en la conseja que, a vuestro parecer, 25 le oystes. Yo segui el de las letras, en las quales Dios y mi diligencia me han puesto en el grado que me veys. Mi menor hermano está en el Piru, tan rico, que con lo que ha embiado a mi padre y a mi ha satisfecho bien la parte 30 que el se lleuó, y aun dado a las manos de mi padre con que poder hartar su liberalidad
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272 natural. Y yo, ansimesmo (*), he podido con mas decencia y autoridad tratarme en mis estudios y llegar al puesto en que me veo. Viue aun mi padre, muriendo (*) con el desseo de saber de su hijo mayor, y pide a Dios con continuas 5 oraciones no cierre la muerte sus ojos hasta que el vea con vida a los de su hijo. Del qual me marauillo, siendo tan discreto, como en tantos trabajos y afliciones o prosperos sucessos se aya descuydado de dar noticia de si a su padre; 10 que si el lo supiera, o alguno de nosotros, no tuuiera necessidad de aguardar al milagro de la caña para alcançar su rescate. Pero de lo que yo agora me temo es de pensar si aquellos franceses le auran dado libertad, o le auran 15 muerto por encubrir su hurto. Esto todo sera (*) que yo prosiga mi viage, no con aquel contento con que le comence, sino con toda melancolia y tristeza. ¡O buen hermano mio, y quién supiera agora donde estauas (*); que yo te fuera 20 a buscar y a librar de tus trabajos, aunque fuera a costa de los mios! ¡O, quién lleuara nueuas a nuestro viejo padre de que tenias vida, aunque estuuieras en las mazmorras mas escondidas de Berberia; que de alli te sacaran 25 sus (*) riquezas, las de mi hermano y las mias! ¡O Zorayda hermosa y liberal, quién pudiera pagar (*) el bien que a vn (*) hermano hiziste; quién pudiera hallarse al renacer de tu alma, y a las bodas, que tanto gusto a todos nos 30 dieran!” Estas y otras semejantes palabras dezia el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 273 oydor, lleno de tanta compassion con las nueuas que de su hermano le auian dado, que todos los que le oyan le acompañauan en dar muestras del sentimiento que tenian de su lastima. Viendo, pues, el cura, que tan bien auia 5 salido con su intencion, y con lo que desseaua el capitan, no quiso tenerlos a todos mas tiempo tristes, y, assi, se leuantó de la mesa, y entrando donde estaua Zorayda, la tomó por la mano, y tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea 10 y la hija del oydor. Estaua esperando el capitan a ver lo que el cura queria hazer, que fue que, tomandole a el assimesmo (*) de la otra mano, con entrambos a dos, se fue donde el oydor y los demas caualleros estauan, y dixo: 15 “Cessen, señor oydor, vuestras lagrimas, y colmese vuestro desseo de todo el bien que acertare a dessearse, pues teneys delante a vuestro buen hermano, y a vuestra buena cuñada; este que aqui veys es el capitan Viedma, 20 y esta la hermosa mora que tanto bien le hizo. Los franceses que os dixe los pusieron en la estrecheza que veys, para que vos mostreys la liberalidad de vuestro buen pecho.” Acudio el capitan a abraçar a su hermano, 25 y el le puso ambas (*) manos en los pechos, por mirarle algo mas apartado; mas quando le acabó de conocer, le abraçó tan estrechamente, derramando tan tiernas lagrimas de contento, que los mas de los que presentes estauan le 30 vuieron de acompañar en ellas. Las palabras que entrambos hermanos se dixeron, los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 274 sentimientos que mostraron, apenas creo que pueden pensarse, quanto mas escriuirse. Alli, en breues razones, se dieron cuenta de sus sucessos; alli mostraron, puesta en su punto, la buena amistad de dos hermanos; alli abraçó el 5 oydor a Zorayda; alli la ofrecio su hazienda; alli hizo que la abraçasse su hija; alli la christiana hermosa y la mora hermosissima renouaron las lagrimas de todos. Alli don Quixote estaua atento sin hablar 10 palabra, considerando estos tan estraños sucessos, atribuyendolos todos a quimeras de la andante caualleria. Alli concertaron que el capitan y Zorayda se boluiessen con su hermano a Seuilla, y auisassen a su padre de su 15 hallazgo y libertad, para que, como pudiesse, viniesse a hallarse en las bodas y bautismo de Zorayda, por no le ser al oydor possible dexar el camino que lleuaua, a causa de tener nueuas que de alli a vn mes partia flota (*) 20 de Seuilla a la Nueua España, y fuerale de grande incomodidad perder el viage. En resolucion, todos quedaron contentos y alegres del buen sucesso del cautiuo, y como ya la noche yua casi en las dos partes de su 25 jornada, acordaron de recogerse y reposar lo que de ella les quedaua. Don Quixote se ofrecio a hazer la guardia del castillo, porque de algun gigante o otro mal andante follon no fuessen acometidos, codiciosos del gran tesoro 30 de hermosura que en aquel castillo se encerraua. Agradecieronselo los que le conocian, y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 275 dieron al oydor cuenta del humor estraño de don Quixote, de que no poco gusto recibio. Solo Sancho Pança se desesperaua con la tardança del recogimiento, y solo el se acomodó mejor que todos, echandose sobre los aparejos 5 de su jumento, que le costaron tan caros como adelante se dira. Recogidas, pues, las damas en su estancia, y los demas acomodadose (*) como menos mal pudieron, don Quixote se salio fuera de la venta 10 a hazer la centinela del castillo, como lo auia prometido. Sucedio, pues, que faltando (*) poco por (*) venir el alua, llegó a los oydos de las damas vna voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas le prestassen atento 15 oydo, especialmente Dorotea, que despierta estaua, a cuyo lado dormia doña Clara de Viedma, que ansi se llamaua la hija del oydor. Nadie podia imaginar quién era la persona que tan bien cantaua, y era vna voz sola, sin que la 20 acompañasse instrumento alguno. Vnas vezes les parecia que cantauan en el patio, otras que en la caualleriza. Y, estando en esta confusion muy atentas, llegó a la puerta del aposento Cardenio, y dixo: 25 “Quien no duerme, escuche; que oyran vna voz de vn moço de mulas, que de tal manera canta, que encanta.” “Ya lo oymos, señor”, respondio Dorotea. Y con esto se fue Cardenio, y Dorotea, 30 poniendo toda la atencion possible, entendio que lo que se cantaua era esto:
p. 276 [Capitulo XLIII Donde se quenta la agradable historia del moço de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos.] (*) Marinero soy de amor, 5 y en su pielago profundo nauego sin esperança de llegar a puerto alguno. Siguiendo voy a vna estrella que desde lexos descubro, 10 mas bella y resplandeciente que quantas vio Palinuro. Yo no se adónde me (*) guia, y, asi, nauego confuso, el alma a mirarla atenta, 15 cuydadosa y con descuydo. Recatos impertinentes, honestidad contra el vso, son nuues que me la encubren quando mas verla procuro. 20 ¡O clara y luziente estrella, en cuya lumbre me apuro!, al punto que te me encubras, sera de mi muerte el punto. Llegando el que cantaua a este punto, le 25 parecio a Dorotea que no seria bien que dexasse Clara de oyr vna tan buena voz, y, assi, mouiendola a vna y a otra parte, la desperto, diziendole: “Perdoname, niña, que te despierto, pues lo 30 hago porque gustes de oyr la mejor voz que quiça auras oydo en toda tu vida.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 277 Clara desperto toda soñolienta, y de la primera vez no entendio lo que Dorotea le dezia, y, boluiendoselo a preguntar ella, se lo boluio a dezir, por lo qual estuuo atenta Clara. Pero apenas vuo oydo dos versos, que el que 5 cantaua yua prosiguiendo, quando le tomó vn temblor tan estraño, como si de algun graue accidente (*) de quartana estuuiera enferma, y, abraçandose estrechamente con Dorotea (*), le dixo: 10 “¡Ay, señora de mi alma y de mi vida! ¿Para qué me despertastes?; que el mayor bien que la fortuna me podia hazer por aora era tenerme cerrados los ojos y los oydos, para no ver ni oyr a esse desdichado musico.” 15 “¿Qué es lo que dizes, niña? Mira que dizen que el que canta es vn moço de mulas.” “No es sino señor de lugares”, respondio Clara, “y el que le tiene en mi alma, con tanta seguridad, que si el no quiere dexalle, no le 20 sera quitado eternamente.” Admirada quedó Dorotea de las sentidas razones de la muchacha, pareciendole que se auentajauan en mucho a la discrecion que sus pocos años prometian. Y, assi, le dixo: 25 “Hablays de modo, señora Clara, que no puedo entenderos; declaraos mas, y dezidme qué es lo que dezis de alma y de lugares y deste musico, cuya voz tan inquieta os tiene. Pero no me digays nada por ahora; que no 30 quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oyr al que canta: que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278 me parece que con nueuos versos y nueuo tono torna a su canto.” “Sea en buen hora”, respondio Clara. Y, por no oylle, se tapó con las manos entrambos oydos, de lo que tambien se admiró 5 Dorotea; la qual, estando atenta a lo que se cantaua, vio que proseguian en esta manera: Dvlce esperança mia, que, rompiendo impossibles y malezas, sigues firme la via 10 que tu mesma (*) te finges y adereças, no te desmaye el verte a cada passo junto al de tu muerte. No alcançan perezosos honrados triunfos, ni vitoria alguna, 15 ni pueden ser dichosos los que, no contrastando a la fortuna, entregan, desualidos al ocio blando todos los sentidos. Que amor sus glorias venda 20 caras, es gran razon y es trato justo; pues no ay mas rica prenda que la que se quilata por su gusto, y es cosa manifiesta que no es de estima lo que poco cuesta. 25 Amorosas porfias tal vez alcançan impossibles cosas, y ansi, aunque con las mias sigo de amor las mas dificultosas, no por esso rezelo 30 de no alcançar desde la tierra el cielo (*). Aqui dio fin la voz, y principio a nueuos solloços Clara. Todo lo qual encendia el desseo de Dorotea, que desseaua saber la causa de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 279 tan suaue canto y de tan triste lloro. Y, assi, le boluio a preguntar qué era lo que le queria dezir denantes. Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no la oyesse, abraçando estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto 5 del oydo de Dorotea, que seguramente podia hablar sin ser de otro (*) sentida. Y, assi, le dixo: “Este que canta, señora mia, es vn (*) hijo de vn cauallero, natural del reyno de Aragon, señor 10 de dos lugares, el qual viuia frontero de la casa de mi padre, en la corte. Y aunque mi padre tenia las ventanas de su casa con lienços en el inuierno y zelosias en el verano, yo no se lo que fue, ni lo que no, que este 15 cauallero, que andaua al estudio, me vio, ni se si en la yglesia o en otra parte. Finalmente, el se enamoró de mi, y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa, con tantas señas y con tantas lagrimas, que yo le huue de creer, y aun 20 querer, sin saber lo que me queria. Entre las señas que me hazia, era vna de juntarse la vna mano con la otra, dandome a entender que se casaria conmigo, y aunque yo me holgaria (*) mucho de que ansi fuera, como sola y sin madre, 25 no sabia con quién comunicallo, y, assi, lo dexé estar, sin dalle otro fabor, si no era, quando estaua mi padre fuera de casa y el suyo tambien, alçar vn poco el lienço, o la zelosia, y dexarme ver toda, de lo que el hazia tanta 30 fiesta, que daua señales de boluerse loco. ”Llegose en esto el tiempo de la partida de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280 mi padre, la qual el supo, y no de mi, pues nunca pude dezirselo. Cayó malo, a lo que yo entiendo, de pesadumbre, y, assi, el dia que nos partimos nunca pude verle para despedirme del, siquiera con los ojos. Pero a cabo de dos 5 dias que caminauamos, al entrar de vna posada en vn lugar vna jornada de aqui, le vi a la puerta del meson, puesto en abito de moço de mulas, tan al natural, que si yo no le truxera tan retratado en mi alma, fuera impossible 10 conocelle. Conocile, admireme y alegreme; el me miró a hurto de mi padre, de quien el siempre se esconde quando atrauiessa por delante de mi en los caminos y en las posadas do llegamos. Y, como yo se quién es, y considero que 15 por amor de mi viene a pie y con tanto trabajo, muerome de pesadumbre, y adonde el pone los pies, pongo yo los ojos. No se con qué intencion viene, ni cómo ha podido escaparse de su padre, que le quiere extraordinariamente, 20 porque no tiene otro heredero y porque el lo merece, como lo vera vuestra merced quando le vea. Y, mas le se dezir, que todo aquello que canta lo saca de su cabeça; que he oydo dezir que es muy gran (*) estudiante 25 y poeta. Y ay mas: que cada vez que le veo o le oygo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros desseos. En mi vida le he hablado palabra, y con todo esso le 30 quiero de manera, que no he de poder viuir sin el. Esto es, señora mia, todo lo que os puedo dezir
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 281 deste musico, cuya voz tanto os ha contentado, que en sola ella echareys bien de ver que no es moço de mulas, como dezis, sino señor de almas y lugares, como yo (*) os he dicho.” “No digays mas, señora doña Clara”, dixo a 5 esta sazon Dorotea, y esto, besandola mil vezes. “No digays mas, digo, y esperad que venga el nueuo dia; que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios, que tengan el felize (*) fin que tan honestos 10 principios merecen.” “¡Ay, señora!”, dixo doña Clara, “¿qué fin se puede esperar, si su padre es tan principal y tan rico que le parecera que aun yo no puedo ser criada de su hijo, quanto mas esposa? Pues 15 casarme yo a hurto de mi padre, no lo hare por quanto ay en el mundo. No querria sino que este moço se boluiesse y me dexasse; quiça con no velle y con la gran distancia del camino que lleuamos se me aliuiaria la pena que 20 aora lleuo; aunque se dezir que este remedio que me imagino me ha de aprouechar bien poco; no se qué diablos ha sido esto, ni por dónde se ha entrado este amor que le tengo, siendo yo tan muchacha y el tan muchacho, 25 que en verdad que creo que somos de vna edad mesma (*), y que yo no tengo cumplidos diez y seys años; que para el dia de San Miguel que vendra dize mi padre que los cumplo.” No pudo dexar de reyrse Dorotea oyendo 30 quán como niña hablaua doña Clara, a quien dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282 “Reposemos, señora, lo poco que creo queda de la noche, y amanecera Dios y medraremos, o mal me andaran las manos.” Sossegaronse con esto, y en toda la venta se guardaua vn grande silencio; solamente no 5 dormian la hija de la ventera, y Maritornes su criada. Las quales como ya sabian el humor de que pecaua don Quixote, y que estaua fuera de la venta, armado y a cauallo, haziendo la guarda, determinaron las dos de hazelle alguna 10 burla, o, a lo menos, de passar vn poco el tiempo oyendole sus disparates. Es, pues, el caso, que en toda la venta no auia ventana que saliesse al campo, sino vn agujero de vn pajar, por donde echauan la paja 15 por de fuera. A este agujero se pusieron las dos semidonzellas, y vieron que don Quixote estaua a cauallo, recostado sobre su lançon, dando de quando en quando tan dolientes y profundos suspiros, que parecia que con cada vno se le 20 arrancaua el alma. Y, assimesmo (*), oyeron que dezia con voz blanda, regalada y amorosa: “¡O mi señora Dulzinea del Toboso, estremo de toda hermosura, fin y remate de la discrecion, archiuo del mejor donayre, deposito de la 25 honestidad, y, vltimadamente, idea de todo lo prouechoso, honesto y deleytable que ay en el mundo! Y ¿qué fará agora la tu merced? ¿Si tendras, por ventura, las mientes en tu cautiuo cauallero, que a tantos peligros por solo 30 seruirte de su voluntad ha querido ponerse? Dame tu nueuas della, ¡o luminaria de las tres
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 283 caras! (*); quiça con embidia de la suya la estás aora mirando, que, o passeandose (*) por alguna galeria de sus suntuosos palacios, o ya puesta de pechos sobre algun valcon, está considerando cómo, salua su honestidad y grandeza, 5 ha de amansar la tormenta que por ella este mi cuytado coraçon padece, qué gloria ha de dar a mis penas, qué sossiego a mi cuydado, y, finalmente, qué vida a mi muerte y qué premio a mis seruicios. Y tu, sol, que ya deues 10 de estar apriessa ensillando tus cauallos por madrugar y salir a ver a mi señora, assi como la veas, suplicote que de mi parte la saludes; pero guardate que al verla y saludarla no le des paz en el rostro; que tendre mas zelos de 15 ti que tu los tuuiste de aquella ligera ingrata que tanto te hizo sudar y correr por los llanos de Tesalia, o por las riberas de Peneo (*); que no me acuerdo bien por dónde corriste entonces, zeloso y enamorado.” 20 A este punto llegaua entonces don Quixote en su tan lastimero razonamiento, quando la hija de la ventera le començo a cecear, y a dezirle: “Señor mio, lleguese aca la vuestra merced, 25 si es seruido.” A cuyas señas y voz boluio don Quixote la cabeça, y vio a la luz de la luna, que entonces estaua en toda su claridad, como le llamauan del agujero que a el le parecio ventana, y aun 30 con rejas doradas, como conuiene que las tengan tan ricos castillos como el se imaginaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284 que era aquella venta; y luego en el instante se le representó en su loca imaginacion que otra vez, como la passada, la donzella fermosa, hija de la señora de aquel castillo, vencida de su amor, tornaua a solicitarle; y, con este 5 pensamiento, por no mostrarse descortes y desagradecido, boluio las riendas a Rozinante y se llegó al agujero, y assi como vio a las dos moças, dixo: “Lastima os tengo, fermosa señora, de que 10 ayades puesto vuestras amorosas mientes en parte donde no es possible corresponderos conforme merece vuestro gran valor y gentileza; de lo que no deueys dar culpa a este miserable andante cauallero, a quien tiene amor 15 impossibilitado de poder entregar su voluntad a otra que (*) aquella que en el punto que sus ojos la vieron, la hizo señora absoluta de su alma. Perdonadme, buena señora, y recogeos en vuestro aposento, y no querays con 20 significarme mas vuestros desseos que yo me muestre mas desagradecido; y si del amor que me teneys hallays en mi otra cosa con que satisfazeros que el mismo amor no sea, pedidmela; que yo os juro por aquella ausente enemiga 25 dulce mia, de darosla encontinente, si bien me pidiessedes vna guedeja de los cabellos de Medusa, que eran todos culebras, o ya los mesmos (*) rayos del sol, encerrados en vna redoma.” 30 “No ha menester nada desso mi señora, señor cauallero”, dixo a este punto Maritornes.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 285 “Pues ¿qué ha menester, discreta dueña, vuestra señora?”, respondio don Quixote. “Sola vna de vuestras hermosas manos”, dixo Maritornes, “por poder deshogar (*) con ella el gran desseo que a este agujero la ha 5 traydo, tan a peligro de su honor, que si su señor padre la huuiera sentido, la menor tajada della fuera la oreja (*).” “Ya quisiera yo ver esso”, respondio don Quixote; “pero el se guardará bien desso, si 10 ya no quiere hazer el mas desastrado fin que padre hizo en el mundo, por auer puesto las manos en los delicados miembros de su enamorada hija.” Pareciole a Maritornes que sin duda don 15 Quixote daria la mano que le auian (*) pedido, y, proponiendo en su pensamiento lo que auia de hazer, se baxó del agujero y se fue a la caualleriza (*), donde tomó el cabestro del jumento de Sancho Pança, y con mucha 20 presteza se boluio a su agujero, a tiempo que don Quixote se auia puesto de pies sobre la silla de Rozinante, por alcançar a la ventana enrejada donde se imaginaua estar la ferida donzella; y al darle la mano, dixo: 25 “Tomad, señora, essa mano, o por mejor dezir, esse verdugo de los malhechores del mundo; tomad essa mano, digo, a quien no ha tocado otra de muger alguna, ni aun la de aquella que tiene entera possession de todo 30 mi cuerpo. No os la doy para que la beseys, sino para que mireys la contestura de sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 286 neruios, la trauazon de sus musculos, la anchura y espaciosidad de sus venas; de donde sacareys qué tal deue de ser la fuerça del braço que tal mano tiene.” “Aora lo veremos”, dixo Maritornes. 5 Y, haziendo vna lazada corrediza al cabestro, se la echó a la muñeca, y, baxandose del agujero, ató lo que quedaua al cerrojo de la puerta del pajar muy fuertemente. Don Quixote, que sintio la aspereza del cordel en su 10 muñeca, dixo: “Mas parece que vuestra merced me ralla que no que me regala la mano; no la trateys tan mal, pues ella no tiene la culpa del mal que mi voluntad os haze, ni es bien que en tan poca 15 parte vengueys el todo de vuestro enojo; mirad que quien quiere bien no se venga tan mal.” Pero todas estas razones de don Quixote ya no las escuchaua nadie, porque assi como Maritornes le ató, ella y la otra se fueron, muertas 20 de risa, y le dexaron asido de manera, que fue impossible soltarse. Estaua, pues, como se ha dicho, de pies sobre Rozinante, metido todo el braço por el agujero, y atado de la muñeca y al cerrojo de la puerta, con grandissimo temor 25 y cuydado que si Rozinante se desuiaua a vn cabo o a otro, auia de quedar colgado del braço; y, assi, no osaua hazer mouimiento alguno, puesto que de la paciencia y quietud de Rozinante bien se podia esperar que estaria sin 30 mouerse vn siglo entero. En resolucion, viendose don Quixote atado,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 287 y que ya las damas se auian ydo, se dio a imaginar que todo aquello se hazia por via de encantamento, como la vez passada, quando en aquel mesmo (*) castillo le molio aquel moro encantado del harriero, y maldezia entre si su 5 poca discrecion y discurso, pues auiendo salido tan mal la vez primera de aquel castillo, se auia auenturado a entrar en el la segunda, siendo aduertimiento de caualleros andantes que, quando han prouado vna auentura y no 10 salido (*) bien con ella, es señal que no está para ellos guardada, sino para otros, y, assi, no tienen necessidad de prouarla segunda vez. Con todo esto, tiraua de su braço por ver si podia soltarse, mas el estaua tan bien asido, 15 que todas sus prueuas fueron en vano. Bien es verdad que tiraua con tiento, porque Rozinante no se mouiesse, y aunque el quisiera sentarse y ponerse en la silla, no podia sino estar en pie, o arrancarse la mano. 20 Alli fue el dessear de la espada de Amadis, contra quien no tenia fuerça encantamento alguno (*); alli fue el maldezir de su fortuna; alli fue el exagerar la falta que haria en el mundo su presencia el tiempo que alli estuuiesse 25 encantado, que sin duda alguna se auia creydo que lo estaua; alli el acordarse de nueuo de su querida Dulzinea del Toboso; alli fue el llamar a su buen escudero Sancho Pança, que, sepultado en sueño, y tendido sobre el albarda 30 de su jumento, no se acordaua en aquel instante de la madre que lo auia parido; alli llamó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288 a los sabios Lirgandeo y Alquife (*), que le ayudassen; alli inuocó a su buena amiga Vrganda, que le socorriesse, y, finalmente, alli le tomó la mañana, tan desesperado y confuso, que bramaua como vn toro; porque no esperaua 5 el que con el dia se remediaria su cuyta, porque la tenia por eterna, teniendose por encantado. Y haziale creer esto ver que Rozinante poco ni mucho se mouia, y creia que de aquella suerte, sin comer, ni beuer, ni dormir, auian 10 de estar el y su cauallo hasta que aquel mal influxo de las estrellas se passasse, o hasta que otro mas sabio encantador le desencantasse. Pero engañose mucho en su creencia, porque apenas començo a amanecer, quando llegaron 15 a la venta quatro hombres de a cauallo, muy bien puestos y adereçados, con sus escopetas sobre los arzones. Llamaron a la puerta de la venta, que aun estaua cerrada, con grandes golpes, lo qual visto por don Quixote desde 20 donde aun no dexaua de hazer la centinela, con voz arrogante y alta, dixo: “Caualleros, o escuderos, o quienquiera que seays, no teneys para qué llamar a las puertas deste castillo; que asaz de claro está que a 25 tales horas, o los que estan dentro duermen, o no tienen por costumbre de abrirse las fortalezas hasta que el sol esté tendido por todo el suelo; desuiaos a fuera, y esperad que aclare el dia, y entonces veremos si sera justo o no que 30 os abran.” “¿Qué diablos de fortaleza o castillo es este”,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 289 dixo vno, “para obligarnos a guardar estas ceremonias? Si soys el ventero, mandad que nos abran; que somos caminantes que no queremos mas de dar ceuada a nuestras caualgaduras y passar adelante, porque vamos de priessa.” 5 “¿Pareceos, caualleros, que tengo yo talle de ventero?”, respondio don Quixote. “No se de qué teneys talle”, respondio el otro, “pero se que dezis disparates en llamar castillo a esta venta.” 10 “Castillo es”, replicó don Quixote, “y aun de los mejores de toda esta prouincia; y gente tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y corona en la cabeça.” “Mejor fuera al reues”, dixo el caminante: 15 “el cetro en la cabeça y la corona en la mano, y sera, si a mano viene, que deue de estar dentro alguna compañia de representantes, de los quales es tener a menudo essas coronas y cetros que dezis, porque en vna venta tan 20 pequeña, y adonde se guarda tanto silencio como esta, no creo yo que se alojan personas dignas de corona y cetro.” “Sabeys poco del mundo”, replicó don Quixote, “pues ignorays los casos que suelen 25 acontecer en la caualleria andante.” Cansauanse los compañeros que con el preguntante venian del coloquio que con don Quixote passaua, y, assi, tornaron a llamar con grande furia, y fue de modo, que el ventero 30 desperto, y aun todos quantos en la venta estauan, y assi, se leuantó a preguntar quién llamaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290 Sucedio en este tiempo que vna de las caualgaduras en que venian los quatro que llamauan se llegó a oler a Rozinante, que, melancolico y triste, con las orejas caydas, sostenia sin mouerse a su estirado señor; y como, en fin, 5 era de carne, aunque parecia de leño, no pudo dexar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaua a hazer caricias, y, assi, no se huuo mouido tanto quanto, quando se desuiaron los juntos pies de don Quixote, y, resbalando de 10 la silla, dieran con el en el suelo a no quedar colgado del braço, cosa que le causó tanto dolor, que creyó, o que la muñeca le cortauan, o que el braço se le arrancaua, porque el quedó tan cerca del suelo, que con los estremos 15 de las puntas de los pies besaua la tierra, que era en su perjuyzio, porque como sentia lo poco que le faltaua para poner las plantas en la tierra, fatigauase y estirauase quanto podia por alcançar al suelo, bien assi como los que 20 estan en el tormento de la garrucha puestos a toca, no toca, que ellos mesmos (*) son causa de acrecentar su dolor con el ahinco que ponen en estirarse, engañados de la esperança que se les representa, que con poco mas que se 25 estiren llegarán al suelo.
p. 291 Capitulo XLIV Donde se prosiguen los inauditos sucessos de la venta. En efeto, fueron tantas las vozes que don Quixote dio, que, abriendo de presto las puertas 5 de la venta, salio el ventero, despauorido, a ver quién tales gritos daua, y los que estauan fuera hizieron lo mesmo (*). Maritornes, que ya auia despertado a las mismas vozes, imaginando lo que podia ser, se fue al pajar y desató, 10 sin que nadie lo viesse, el cabestro que a don Quixote sostenia, y el dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegandose a el, le preguntaron qué tenia, que tales vozes daua. El, sin responder palabra, se 15 quitó el cordel de la muñeca, y, leuantandose en pie, subio sobre Rozinante, embraçó su adarga, enristró su lançon, y, tomando buena parte del campo, boluio a medio galope, diziendo: 20 “Qualquiera que dixere que yo he sido con justo titulo encantado, como mi señora la princessa Micomicona me de licencia para ello, yo le desmiento, le rieto (*) y desafio a singular batalla.” 25 Admirados se quedaron los nueuos caminantes de las palabras de don Quixote, pero el ventero les quitó de aquella admiracion, diziendoles que era don Quixote, y que no auia que hazer caso del, porque estaua fuera de juyzio. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292 Preguntaronle al ventero si acaso auia llegado a aquella venta vn muchacho de hasta edad de quinze años, que venia vestido como moço de mulas, de tales y tales señas, dando las mesmas (*) que trahia el amante de doña Clara. 5 El ventero respondio que auia tanta gente en la venta, que no auia echado de ver en el que preguntauan. Pero auiendo visto vno dellos el coche donde auia venido el oydor, dixo: “Aqui deue de estar, sin duda, porque este 10 es el coche que el dizen que sigue; quedese vno de nosotros a la puerta, y entren los demas a buscarle, y aun seria bien que vno de nosotros rodeasse toda la venta, porque no se fuesse por las bardas de los corrales.” 15 “Assi se hara”, respondio vno dellos. Y, entrandose los dos dentro, vno se quedó a la puerta y el otro se fue a rodear la venta, todo lo qual veia (*) el ventero, y no sabia atinar para qué se hazian aquellas diligencias, 20 puesto que bien creyo que buscauan aquel (*) moço, cuyas señas le auian dado. Ya a esta sazon aclaraua el dia, y assi por esto, como por el ruydo que don Quixote auia hecho, estauan todos despiertos y se leuantauan, especialmente 25 doña Clara y Dorotea, que, la vna con (*) sobresalto de tener tan cerca a su amante, y la otra con el desseo de verle, auian podido dormir bien mal aquella noche. Don Quixote, que vio que ninguno de los 30 quatro caminantes hazia caso del, ni le respondian a su demanda, moria y rabiaua de despecho
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 293 y saña, y si el hallara en las ordenanças de su caualleria que licitamente podia el cauallero andante tomar y emprender otra empresa, auiendo dado su palabra y fe de no ponerse en ninguna hasta acabar la que auia prometido, 5 el enuistiera (*) con todos y les hiziera responder, mal de su grado. Pero por parecerle no conuenirle ni estarle (*) bien començar nueua empresa hasta poner a Micomicona en su reyno, huuo de callar y estarse quedo, esperando 10 a ver en qué parauan las diligencias de aquellos caminantes, vno de los quales halló al mancebo que buscaua durmiendo (*) al lado de vn moço de mulas, bien descuydado de que nadie ni le buscasse, ni menos de que (*) le 15 hallasse. El hombre le trauó del braço y le dixo: “Por cierto, señor don Luys, que responde bien a quien vos soys el habito que teneys, y que dize bien la cama en que os hallo al regalo con que vuestra madre os crió.” 20 Limpiose el moço los soñolientos ojos, y miró de espacio al que le tenia asido, y luego conocio que era criado de su padre, de que recibio tal sobresalto, que no acerto o no pudo hablarle palabra por vn buen espacio, y el 25 criado prosiguio, diziendo: “Aqui no ay que hazer otra cosa, señor don Luys, sino prestar paciencia y dar la buelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que su padre y mi señor la de al otro mundo, porque 30 no se puede esperar otra cosa de la pena con que queda por vuestra ausencia.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294 “Pues ¿cómo supo mi padre”, dixo don Luys, “que yo venia este camino y en este traje?” “Vn estudiante”, respondio el criado, “a quien distes cuenta de vuestros pensamientos, fue el que lo descubrio, mouido a lastima, de 5 las que vio que hazia vuestro padre al punto que os echó menos; y, assi, despachó a quatro de sus criados en vuestra busca, y todos estamos aqui a vuestro seruicio, mas contentos de lo que imaginar se puede por el buen despacho 10 con que tornaremos, lleuandoos a los ojos que tanto os quieren.” “Esso sera como yo quisiere, o como el cielo lo (*) ordenare”, respondio don Luys. “¿Qué aueys de querer, o qué ha de ordenar 15 el cielo, fuera de consentir en bolueros, porque no ha de ser possible otra cosa?” Todas estas razones que entre los dos passauan oyó el moço de mulas, junto a quien don Luys estaua, y, leuantandose de alli, fue a 20 dezir lo que passaua a don Fernando y a Cardenio y a los demas, que ya vestido se auian; a los quales dixo como aquel hombre llamaua de don a aquel muchacho, y las razones que passauan, y como le queria boluer a casa de su 25 padre, y el moço no queria; y con esto (*), y con lo que del sabian, de la buena voz que el cielo le auia dado, vinieron todos en gran desseo de saber mas particularmente quién era, y aun de ayudarle, si alguna fuerça le quisiessen hazer; 30 y, assi, se fueron hazia la parte donde aun estaua hablando y porfiando con su criado.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 295 Salia (*) en esto Dorotea de su aposento, y tras ella doña Clara toda turbada; y, llamando Dorotea a Cardenio aparte, le conto en breues razones la historia del musico y de doña Clara, a quien el tambien dixo lo que passaua de la 5 venida a buscarle los criados de su padre, y no se lo dixo tan callando, que lo dexasse de oyr Clara (*); de lo que quedó tan fuera de si, que si Dorotea no llegara a tenerla, diera consigo en el suelo. Cardenio dixo a Dorotea que se 10 boluiessen al aposento, que el procuraria poner remedio en todo, y ellas lo hizieron. Ya estauan todos los quatro que venian a buscar a don Luys dentro de la venta, y rodeados del, persuadiendole que luego, sin detenerse 15 vn punto, boluiesse a consolar a su padre. El respondio que en ninguna manera lo podia hazer hasta dar fin a vn negocio en que le yua la vida, la honra y el alma. Apretaronle entonces los criados, diziendole que en ningun modo 20 boluerian sin el, y que le lleuarian, quisiesse o no quisiesse. “Esso (*) no hareys vosotros”, replicó don Luys, “si no es lleuandome muerto, aunque de qualquiera manera que me lleueys, sera 25 lleuarme sin vida.” Ya a esta sazon auian acudido a la porfia todos los mas que en la venta estauan, especialmente Cardenio, don Fernando, sus camaradas, el oydor, el cura, el barbero y don 30 Quixote, que ya le parecio que no auia necessidad de guardar mas el castillo. Cardenio, como ya
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296 sabia la historia del moço, preguntó a los que lleuarle querian, que qué les mouia a querer lleuar contra su voluntad [a] (*) aquel muchacho. “Mueuenos”, respondio vno de los quatro, 5 “dar la vida a su padre, que por la ausencia deste cauallero queda a peligro de perderla.” A esto dixo don Luys: “No ay para qué se de cuenta aqui de mis cosas; yo soy libre y boluere si me diere 10 gusto, y si no, ninguno de vosotros me ha de hazer fuerça.” “Harasela a vuestra merced la razon”, respondio el hombre, “y quando ella no bastare con vuestra merced, bastará con nosotros para 15 hazer a lo que venimos y lo que somos obligados.” “Sepamos que es esto de rayz”, dixo a este tiempo el oydor. Pero el hombre que lo conocio, como vezino 20 de su casa, respondio: “¿No conoce vuestra merced, señor oydor, a este cauallero, que es el hijo de su vezino, el qual se ha ausentado de casa de su padre, en el habito tan indecente a su calidad, como 25 vuestra merced puede ver?” Mirole entonces el oydor mas atentamente, y conociole, y abraçandole, dixo: “¿Qué niñerias son estas, señor don Luys, o qué causas tan poderosas, que os ayan 30 mouido a venir desta manera, y en este trage, que dize tan mal con la calidad vuestra?”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 297 Al moço se le vinieron las lagrimas a los ojos, y no pudo responder palabra. El (*) oydor dixo a los quatro que se sossegassen, que todo se haria bien, y, tomando por la mano a don Luys, le apartó a vna parte, y 5 le preguntó qué venida auia sido aquella. Y en tanto que le hazia esta y otras preguntas, oyeron grandes vozes a la puerta de la venta, y era la causa dellas que dos huespedes, que aquella noche auian alojado en ella, 10 viendo a toda la gente ocupada en saber lo que los quatro buscauan, auian intentado a yrse sin pagar lo que deuian; mas el ventero, que atendia mas a su negocio que a los agenos, les asio al salir de la puerta y pidio su paga, y les 15 afeó su mala intencion con tales palabras, que les mouio a que le respondiessen con los puños; y, assi, le començaron a dar tal mano, que el pobre ventero tuuo necessidad de dar vozes y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron 20 a otro mas desocupado para poder socorrerle que a don Quixote, a quien la hija de la ventera dixo: “Socorra vuestra merced, señor cauallero, por la virtud que Dios le dio, a mi pobre padre; 25 que dos malos hombres le estan moliendo como a cibera.” A lo qual respondio don Quixote muy de espacio y con mucha flema: “Fermosa donzella, no ha lugar por aora 30 vuestra peticion, porque estoy impedido de entremeterme en otra auentura en tanto que no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 298 diere cima a vna en que mi palabra me ha puesto; mas lo que yo podre hazer por seruiros, es lo que aora diré: corred y dezid a vuestro padre que se entretenga en essa batalla lo mejor que pudiere y que no se dexe vencer en 5 ningun modo, en tanto que yo pido licencia a la princessa Micomicona para poder socorrerle en su cuyta; que si ella me la da, tened por cierto que yo le sacaré della.” “Pecadora de mi”, dixo a esto Maritornes, 10 que estaua delante, “primero que vuestra merced alcance essa licencia que dize, estará ya mi señor en el otro mundo.” “Dadme vos, señora, que yo alcance la licencia que digo”, respondio don Quixote; “que 15 como yo la tenga, poco hara al caso que el esté en el otro mundo, que de alli le sacaré, a pesar del mismo mundo que lo contradiga; o, por lo menos, os dare tal vengança de los que alla le huuieren embiado, que quedeys mas que 20 medianamente satisfechas.” Y, sin dezir mas, se fue a poner de hinojos ante Dorotea, pidiendole, con palabras cauallerescas y andantescas, que la su grandeza fuesse seruida de darle licencia de acorrer y socorrer 25 al castellano de aquel castillo, que estaua puesto en vna graue mengua. La princessa se la dio de buen talante, y el luego, embraçando su adarga y poniendo mano a su espada, acudio a la puerta de la venta, adonde aun todauia 30 trahian los dos huespedes a mal traer al ventero; pero assi como llegó, embraço (*) y se estuuo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 299 quedo, aunque Maritornes y la ventera le dezian que en qué se detenia; que socorriesse a su señor y marido. “Detengome”, dixo don Quixote, “porque no me es licito poner mano a la espada contra 5 gente escuderil; pero llamadme aqui a mi escudero Sancho; que a el toca y atañe esta defensa y vengança.” Esto passaua en la puerta de la venta, y en ella andauan las puñadas y moxicones muy en 10 su punto, todo en daño del ventero y en rabia de Maritornes, la ventera y su hija, que se desesperauan de ver la cobardia de don Quixote, y de lo mal que lo passaua su marido, señor y padre. 15 Pero dexemosle aqui, que no faltará quien le socorra; o si no, sufra y calle el que se atreue a mas de a lo que sus fuerças le prometen, y boluamonos atras cincuenta passos a ver qué fue lo que don Luys respondio al oydor; 20 que le dexamos aparte preguntandole la causa de su venida a pie, y de tan vil trage vestido. A lo qual el moço, asiendole fuertemente de las manos, como en señal de que algun gran dolor le apretaua el coraçon, y, derramando 25 lagrimas en grande abundancia, le dixo: “Señor mio, yo no se deziros otra cosa sino que desde el punto que quiso el cielo y facilitó nuestra vezindad que yo viesse a mi señora doña Clara, hija vuestra y señora mia, desde 30 aquel instante la hize dueño de mi voluntad; y si la vuestra, verdadero señor y padre mío,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300 no lo impide, en este mesmo (*) dia ha de ser mi esposa. Por ella dexé la casa de mi padre, y por ella me puse en este trage para seguirla donde quiera que fuesse, como la saeta al blanco, o como el marinero al norte. Ella no 5 sabe de mis desseos mas de lo que ha podido entender de algunas vezes que desde lexos ha visto llorar mis ojos. Ya, señor, sabeys la riqueza y la nobleza de mis padres, y como yo soy su vnico heredero; si os parece que estas son 10 partes para que os auentureys a hazerme en todo venturoso, recebidme luego por vuestro hijo; que si mi padre, lleuado de otros disignios (*) suyos, no gustare deste bien que yo supe buscarme, mas fuerça tiene el tiempo para 15 deshazer y mudar las cosas que las humanas voluntades.” Calló en diziendo esto el enamorado mancebo, y el oydor quedó en oyrle suspenso, confuso y admirado, assi de auer oydo el modo y 20 la discrecion con que don Luys le auia descubierto su pensamiento, como de verse en punto que no sabia el que (*) poder tomar en tan repentino y no esperado negocio; y, assi, no respondio otra cosa sino que se sossegasse por 25 entonces, y entretuuiesse a sus criados, que por aquel dia no le boluiessen, porque se tuuiesse tiempo para considerar lo que mejor a todos estuuiesse. Besole las manos por fuerça don Luys, y aun se las bañó con lagrimas, cosa que 30 pudiera enternecer vn coraçon de marmol, no solo el del oydor, que, como discreto, ya auia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 301 conocido quán bien le estaua a su hija aquel matrimonio; puesto que, si fuera possible, lo quisiera efetuar con voluntad del padre de don Luys, del qual sabia que pretendia hazer de titulo a su hijo. 5 Ya a esta sazon estauan en paz los huespedes con el ventero, pues por persuasion y buenas razones de don Quixote, mas que por amenazas, le auian pagado todo lo que el quiso, y los criados de don Luys aguardauan el fin de 10 la platica del oydor y la resolucion de su amo, quando el demonio, que no duerme, ordenó que en aquel mesmo (*) punto entró en la venta el barbero a quien don Quixote quitó el yelmo de Mambrino, y Sancho Pança los aparejos 15 del asno, que troco con los del suyo; el qual barbero, lleuando su jumento a la caualleriza, vio a Sancho Pança que estaua adereçando no se qué de la albarda, y assi como la vio, la conocio, y se atreuio a arremeter a 20 Sancho, diziendo: “¡A, don ladron, que aqui os tengo! Venga mi vazia y mi albarda, con todos mis aparejos que me robastes.” Sancho, que se vio acometer tan de improuiso 25 y oyo los vituperios que le dezian, con la vna mano asio de la albarda, y con la otra dio vn moxicon al barbero, que le bañó los dientes en sangre; pero no por esto dexó el barbero la presa que tenia hecha en el albarda, antes 30 alçó la voz de tal manera, que todos los de la venta acudieron al ruydo y pendencia; y dezia:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 302 “¡Aqui del rey y de la justicia; que sobre cobrar mi hazienda me quiere matar este ladron, salteador de caminos!” “¡Mentis”, respondio Sancho; “que yo no soy salteador de caminos; que en buena guerra 5 ganó mi señor don Quixote estos despojos!” Ya estaua don Quixote delante, con mucho contento de ver quán bien se defendia y ofendia su escudero, y tuuole desde alli adelante por hombre de pro, y propuso en su coraçon 10 de armalle (*) cauallero en la primera ocasion que se le ofreciesse, por parecerle que seria en el bien empleada la orden de la caualleria. Entre otras cosas que el barbero dezia en el discurso de la pendencia, vino a dezir: 15 “Señores: assi esta albarda es mia como la muerte que deuo a Dios; y assi la conozco como si la huuiera parido, y ahi está mi asno en el establo, que no me dexará mentir; si no, prueuensela, y si no le viniere pintiparada, yo 20 quedaré por infame; y ay mas: que el mismo dia que ella se me quitó, me quitaron tambien vna bazia de açofar nueua que no se auia estrenado, que era señora de vn escudo.” Aqui no se pudo contener don Quixote sin 25 responder, y, poniendose entre los dos, y apartandoles, depositando la albarda en el (*) suelo, que la tuuiesse de manifiesto hasta que la verdad se aclarasse, dixo: “¡Porque vean vuestras mercedes clara y 30 manifiestamente el error en que está este buen escudero, pues llama bazia a lo que fue, es y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 303 sera yelmo (*) de Mambrino, el qual se le quité yo en buena guerra, y me hize señor del con ligitima y licita possession! En lo del albarda no me entremeto; que lo que en ello sabre dezir es que mi escudero Sancho me pidio 5 licencia para quitar los jaezes del cauallo deste vencido couarde, y con ellos adornar el suyo; yo se la di y el los tomó, y de auerse conuertido de jaez en albarda no sabre dar otra razon si no es la ordinaria: que como essas 10 transformaciones se ven (*) en los sucessos de la caualleria; para confirmacion de lo qual, corre, Sancho hijo, y saca aqui el yelmo que este buen hombre dize ser bazia.” “¡Pardiez, señor!”, dixo Sancho, “si no 15 tenemos otra prueua de nuestra intencion que la que vuestra merced dize, tan bazia es el yelmo de Malino (*) como el jaez deste buen hombre albarda.” “Haz lo que te mando”, replicó don Quixote; 20 “que no todas las cosas deste castillo han de ser guiadas por encantamento.” Sancho fue a do estaua la bazia y la truxo, y assi como don Quixote la vio, la tomó en las manos y dixo: 25 “Miren vuestras mercedes con qué cara podia dezir este escudero que esta es bazia, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caualleria que professo, que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin auer añadido en 30 el ni quitado cosa alguna.” “En esso no ay duda”, dixo a esta sazon
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304 Sancho; “porque desde que mi señor le ganó hasta agora no a hecho con el mas de vna batalla, quando libró a los sin ventura encadenados, y si no fuera por este vaziyelmo, no lo passara entonces muy bien, porque huuo asaz 5 de pedradas en aquel trance.”
p. 305 Capitulo XLV (*) Donde se acaba de aueriguar la duda del yelmo de Mambrino y de la albarda, y otras auenturas sucedidas, con toda verdad. “¿Qvé les parece a vuestras mercedes, señores”, 5 dixo el barbero, “de lo que afirman estos gentiles hombres, pues aun porfian (*) que esta no es bazia, sino yelmo?” “Y quien lo contrario dixere”, dixo don Quixote, “le hare yo conocer que miente, si fuere 10 cauallero, y si escudero, que remiente mil vezes.” Nuestro barbero, que a todo estaua presente, como tenia tan bien conocido el humor de don Quixote, quiso esforçar su desatino y lleuar 15 adelante la burla, para que todos riessen, y dixo hablando con el otro barbero: “Señor barbero, o quien soys, sabed que yo tambien soy de vuestro oficio, y tengo mas ha de veynte años carta de examen, y conozco 20 muy bien de todos los instrumentos de la barberia, sin que le falte vno; y ni mas ni menos fuy vn tiempo en mi mocedad soldado, y se tambien qué es yelmo, y qué es morrion y celada de encaxe, y otras cosas tocantes a la milicia, 25 digo, a los generos de armas de los soldados; y digo, saluo mejor parecer, remitiendome siempre al mejor entendimiento, que esta pieça que está aqui delante, y (*) que este buen señor tiene en las manos, no solo no es bazia de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306 barbero, pero está tan lexos de serlo, como está lexos lo blanco de lo negro y la verdad de la mentira; tambien digo que este, aunque es yelmo, no es yelmo entero.” “No, por cierto”, dixo don Quixote, “porque 5 le falta la mitad, que es la babera.” “Assi es”, dixo el cura, que ya auia entendido la intencion de su amigo el barbero. Y lo mismo confirmó Cardenio, don Fernando y sus camaradas; y aun el oydor, si no 10 estuuiera tan pensatiuo con el negocio de don Luys, ayudara por su parte a la burla; pero las veras de lo que pensaua le tenian tan suspenso, que poco o nada atendia a aquellos donayres. “¡Valame Dios!”, dixo a esta sazon el barbero 15 burlado. “¿Que es possible que tanta gente honrada diga que esta no es bazia, sino yelmo? Cosa parece esta que puede poner en admiracion a toda vna Vniuersidad, por discreta que sea. Basta; si es que esta bazia es yelmo, 20 tambien deue de ser esta albarda jaez de cauallo, como este señor ha dicho.” “A mi albarda me parece”, dixo don Quixote; “pero ya he dicho que en esso no me entremeto.” 25 “De que sea albarda o jaez”, dixo el cura, “no está en mas de dezirlo el señor don Quixote; que en estas cosas de la caualleria todos estos señores y yo le damos la ventaja.” “Por Dios, señores mios”, dixo don Quixote, 30 “que son tantas y tan estrañas las cosas que en este castillo, en dos vezes que en el he alojado,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 307 me han sucedido, que no me atreua a dezir afirmatiuamente ninguna cosa de lo que acerca de lo que en el se contiene se preguntare, porque imagino que quanto en el se trata va por via de encantamento. La primera vez me 5 fatigó mucho vn moro encantado que en el ay, y a Sancho no le fue muy bien con otros sus sequaces, y anoche estuue colgado deste braço casi dos horas, sin saber cómo ni cómo no, vine a caer en aquella desgracia. Assi que ponerme 10 yo agora en cosa de tanta confusion a dar mi parecer, sera caer en juizio temerario. En lo que toca a lo que dizen que esta es bazia y no yelmo, ya yo tengo respondido; pero en lo de declarar si essa es albarda o jaez, no me atreuo 15 a dar sentencia difinitiua; solo lo dexo al buen parecer de vuestras mercedes. Quiça por no ser armados caualleros, como yo lo soy, no tendran que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendran los 20 entendimientos libres, y podran juzgar de las cosas deste castillo como ellas son real y verdaderamente, y no como a mi me parecian.” “No ay duda”, respondio a esto don Fernando, “sino que el señor don Quixote ha dicho 25 muy bien oy (*), que a nosotros toca la difinicion deste caso, y porque vaya con mas fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos señores, y de lo que resultare, dare entera y clara noticia.” 30 Para aquellos que la tenian del humor de don Quixote, era todo esto materia de grandissima
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308 risa; pero para los que le (*) ignorauan les parecia el mayor disparate del mundo, especialmente a los quatro criados de don Luis, y a don Luis ni mas ni menos, y a otros tres passageros que acaso auian llegado a la venta, 5 que tenian parecer de ser quadrilleros, como, en efeto, lo eran. Pero el que mas se desesperaua era el barbero, cuya bazia alli delante de sus ojos se le auia buelto en yelmo de Mambrino, y cuya albarda pensaua sin duda 10 alguna que se le auia de boluer en jaez rico de cauallo, y los vnos y los otros se reyan de ver cómo andaua don Fernando tomando los votos de vnos en otros, hablandolos (*) al oydo, para que en secreto declarassen si era albarda o jaez 15 aquella joya, sobre quien tanto se auia peleado. Y despues que huuo tomado los votos de aquellos que a don Quixote conocian, dixo en alta voz: “El caso es, buen hombre, que ya yo estoy 20 cansado de tomar tantos pareceres, porque veo que a ninguno pregunto lo que desseo saber, que no me diga que es disparate el dezir que esta sea albarda de jumento, sino jaez de cauallo, y aun de cauallo castizo, y, assi, aureis 25 de tener paciencia, porque, a vuestro pesar y al de vuestro asno, este es jaez y no albarda, y vos aueis alegado y prouado muy mal de vuestra parte.” “No la tenga yo en el cielo”, dixo el 30 sobrebarbero (*), “si todos vuestras mercedes no se engañan, y que assi parezca mi anima ante
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 309 Dios, como ella me parece a mi albarda y no jaez; pero alla van leyes, etc., y no digo mas; y en verdad que no estoy borracho: que no me he desayunado si de pecar no.” No menos causauan risa las necedades que 5 dezia el barbero que los disparates de don Quixote, el qual a esta sazon dixo: “Aqui no ay mas que hazer, sino que cada vno tome lo que es suyo, y a quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga.” 10 Vno de los quatro dixo: “Si ya no es que esto sea burla pensada, no me puedo persuadir que hombres de tan buen entendimiento como son, o parecen todos los que aqui estan, se atreuan a dezir y afirmar 15 que esta no es bazia, ni aquella albarda; mas como veo que lo afirman y lo dizen, me doy a entender que no carece (*) de misterio el porfiar vna cosa tan contraria de lo que nos muestra la misma verdad y la misma 20 experiencia. Porque, ¡voto a tal! --y arrojole redondo--, que no me den a mi a entender quantos oy viuen en el mundo al reues de que esta no sea bazia de barbero, y esta albarda de asno.” 25 “Bien podria ser de borrica”, dixo el cura. “Tanto monta”, dixo el criado; “que el caso no consiste en esso, sino en si es o no es albarda, como vuestras mercedes dizen.” Oyendo esto vno de los quadrilleros que 30 auian entrado, que auia oydo la pendencia y quistion, lleno de colera y de enfado dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310 “Tan albarda es como mi padre, y el que otra cosa ha dicho o dixere deue de estar hecho vua.” “¡Mentis como vellaco villano!”, respondio don Quixote. 5 Y, alçando el lançon, que nunca le dexaua de las manos, le yua a descargar tal golpe sobre la cabeça, que a no desuiarse el quadrillero, se (*) le dexara alli tendido; el lançon se hizo pedaços en el suelo, y los demas 10 quadrilleros, que vieron tratar mal a su compañero, alçaron la voz pidiendo fauor a la Santa Hermandad. El ventero, que era de la quadrilla, entró al punto por su varilla y por su espada, y se puso al lado de sus compañeros. Los criados 15 de don Luis rodearon a don Luis, porque con el alboroto no se les fuesse. El barbero, viendo la casa rebuelta, tornó a asir de su albarda, y lo mismo hizo Sancho. Don Quixote puso mano a su espada y arremetio a los 20 quadrilleros; don Luis daua vozes a sus criados que le dexassen (*) a el, y acorriessen a don Quixote y a Cardenio y a don Fernando, que todos fauorecian a don Quixote. El cura daua vozes, la ventera gritaua, su hija se afligia, 25 Maritornes lloraua, Dorotea estaua confusa, Luscinda, suspensa y doña Clara, desmayada; el barbero aporreaua a Sancho, Sancho molia al barbero; don Luis, a quien vn criado suyo se atreuio a asirle del braço porque no se 30 fuesse, le dio vna puñada que le bañó los dientes en sangre; el oydor le defendia (*); don
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 311 Fernando tenia debaxo de sus pies a vn quadrillero, midiendole el cuerpo con ellos muy a su sabor. El ventero tornó a reforçar la voz pidiendo fauor a la Santa Hermandad; de modo que toda la venta era llantos, vozes, 5 gritos, confusiones, temores, sobresaltos, desgracias, cuchilladas, moxicones, palos, coces y efusion de sangre; y en la mitad deste caos, maquina y laberinto de cosas, se le representó en la memoria de don Quixote que se veya (*) 10 metido de hoz y de coz en la discordia del campo de Agramante; y, assi, dixo con voz que atronaua la venta: “¡Tenganse todos; todos embaynen; todos se sossieguen; oyganme (*) todos, si todos quieren 15 quedar con vida!” A cuya gran voz todos se pararon, y el prosiguio, diziendo: “¿No os dixe yo, señores, que este castillo era encantado y que alguna region (*) de 20 demonios deue de habitar en el? En confirmacion de lo qual quiero que veays por vuestros ojos cómo se ha passado aqui y trasladado entre nosotros la discordia del campo de Agramante (*). Mirad cómo alli se pelea por la espada, aqui 25 por el cauallo, aculla por el aguila, aca por el yelmo, y todos peleamos y todos no nos entendemos (*). Venga, pues, vuestra merced, señor oydor, y vuestra merced, señor cura, y el vno sirua de rey Agramante; y el otro de 30 rey Sobrino, y ponganos en paz, porque, por Dios todopoderoso, que es gran vellaqueria
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 312 que tanta gente principal como aqui estamos se mate por causas tan liuianas.” Los quadrilleros, que no entendian el frasis de don Quixote y se veyan (*) malparados de don Fernando, Cardenio y sus camaradas, no 5 querian sossegarse; el barbero, si, porque en la pendencia tenia deshechas las barbas y el albarda; Sancho, a la mas minima voz de su amo, obedecio, como buen criado; los quatro criados de don Luis tambien se estuuieron 10 quedos, viendo quán poco les yua en no estarlo. Solo el ventero porfiaua que se auian de castigar las insolencias de aquel loco que a cada passo le alborotaua la venta; finalmente, el rumor se apaziguó por entonces, la albarda se 15 quedó por jaez hasta el dia del juizio, y la bazia por yelmo, y la venta por castillo en la imaginacion de don Quixote. Puestos, pues, ya en sossiego, y hechos amigos todos, a persuasion del oydor y del cura, 20 boluieron los criados de don Luis a porfiarle que al momento se viniesse con ellos; y en tanto que el con ellos se auenia, el oydor comunicó con don Fernando, Cardenio y el cura, qué deuia hazer en aquel caso, contandoseles 25 (*) con las razones que don Luis le auia dicho. En fin, fue acordado que don Fernando dixesse a los criados de don Luis quién el era, y como era su gusto que don Luis se fuesse con el al Andaluzia, donde de su hermano el 30 marques seria estimado como el valor de don Luis merecia, porque, desta manera, se sabia de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 313 la intencion de don Luis que no bolueria por aquella vez a los ojos de su padre, si le hiziessen pedaços. Entendida, pues, de los quatro la calidad de don Fernando y la intencion de don Luis, determinaron entre ellos que los tres 5 se boluiessen a contar lo que passaua a su padre, y el otro se quedasse a seruir a don Luis, y a no dexalle hasta que ellos boluiessen por el, o viesse (*) lo que su padre les ordenaua. Desta manera se apaziguó aquella maquina 10 de pendencias por la autoridad de Agramante y prudencia del rey Sobrino; pero viendose el enemigo de la concordia y el emulo de la paz menospreciado y burlado, y el poco fruto que auia grangeado (*) de auerlos puesto a todos 15 en tan confuso laberinto, acordo de prouar otra vez la mano, resucitando nueuas pendencias y desassossiegos. Es, pues, el caso que los quadrilleros (*) se sossegaron por auer entreoydo la calidad de 20 los que con ellos se auian combatido, y se retiraron de la pendencia, por parecerles que de qualquiera manera que sucediesse, auian de lleuar lo peor de la batalla; pero vno dellos, que fue el que fue molido y pateado por don 25 Fernando, le vino (*) a la memoria que entre algunos mandamientos que traia para prender a algunos delinquentes, traya vno contra don Quixote, a quien la Santa Hermandad auia mandado prender por la libertad que dio a los 30 galeotes, y como Sancho, con mucha razon, auia temido.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314 Imaginando, pues, esto, quiso certificarse si las señas que de don Quixote traya venian bien; y, sacando del seno vn pergamino, topó con el que buscaua, y poniendosele a leer de espacio, porque no era buen lector (*), a cada 5 palabra que leya ponia los ojos en don Quixote y yua cotejando las señas del mandamiento con el rostro de don Quixote, y halló que, sin duda alguna, era el que el mandamiento rezaua; y apenas se huuo certificado, quando 10 recogiendo su pergamino, [en la yzquierda] (*) tomó el mandamiento, y con la derecha asio a don Quixote del cuello fuertemente, que no le dexaua alentar, y a grandes vozes dezia: “¡Fauor a la Santa Hermandad!; y para que 15 se vea que lo pido (*) de veras, lease este mandamiento, donde se contiene que se prenda a este salteador de caminos.” Tomó el mandamiento el cura, y vio como era verdad quanto el quadrillero dezia, y como 20 conuenia con las señas con don Quixote, el qual, viendose tratar mal de aquel villano malandrin, puesta la colera en su punto, y cruxiendole los huessos de su cuerpo, como mejor pudo, el asio al quadrillero con entrambas 25 manos de la garganta, que, a no ser socorrido de sus compañeros, alli dexara la vida antes que don Quixote la presa. El ventero, que por fuerça auia de fauorecer a los de su oficio, acudio luego a dalle fauor. La ventera, que vio de 30 nueuo a su marido en pendencias, de nueuo alçó la voz, cuyo tenor (*) le lleuaron luego
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 315 Maritornes y su hija, pidiendo fauor al cielo y a los que alli estauan. Sancho dixo, viendo lo que passaua: “¡Viue el Señor, que es verdad quanto mi amo dize de los encantos deste castillo, pues 5 no es possible viuir vna hora con quietud en el!” Don Fernando despartio al quadrillero y a don Quixote, y, con gusto de entrambos, les desenclauijó las manos que el vno en el collar 10 del sayo del vno, y el otro en la garganta del otro bien asidas tenian; pero no por esto cessauan los quadrilleros de pedir su preso y que les ayudassen a darsele atado y entregado a toda su voluntad, porque assi conuenia al seruicio 15 del rey y de la Santa Hermandad, de cuya parte de nueuo les pedian socorro y fauor, para hazer aquella prision de aquel robador y salteador de sendas y de carreras. Reyase de oyr dezir estas razones don 20 Quixote, y con mucho sossiego dixo: “Venid aca, gente soez y mal nacida; ¿saltear de caminos llamais al dar libertad a los encadenados, soltar los presos, acorrer a los miserables, alçar los caydos, remediar los 25 menesterosos? ¡A, gente infame, digna por vuestro baxo y vil entendimiento que el cielo no os comunique el valor que se encierra [en] (*) la caualleria andante, ni os de a entender el pecado e ignorancia en que estais en no reuerenciar 30 la sombra, quanto mas la assistencia de qualquier cauallero andante! Venid aca, ladrones
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316 en quadrilla, que no quadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad; dezidme, ¿quién fue el ignorante que firmó mandamiento de prision contra vn tal cauallero como yo soy? ¿Quién el que ignoró que 5 son essentos de todo judicial fuero los caualleros andantes? ¿Y que su ley es su espada, sus fueros sus brios, sus prematicas su voluntad? ¿Quién fue el mentecato, bueluo a dezir, que no sabe que no ay secutoria (*) de hidalgo con 10 tantas preeminencias ni esenciones como la que adquiere vn cauallero andante el dia que se arma cauallero y se entrega al duro exercicio de la caualleria? ¿Qué cauallero andante pagó pecho, alcauala, chapin de la reyna, moneda 15 forera, portazgo, ni barca (*)? ¿Qué sastre le lleuó hechura de vestido que le hiziesse? ¿Qué castellano le acogio en su castillo que le hiziesse pagar el escote? ¿Qué rey no le assento a su mesa? ¿Qué donzella no se le aficionó y 20 se le entregó rendida a todo su talante y voluntad? Y, finalmente, ¿qué cauallero andante ha auido, ay, ni aura en el mundo que no tenga brios para dar el solo quatrocientos palos a quatrocientos quadrilleros que se le pongan 25 delante?”
p. 317 Capitulo XLVI De la notable auentura de los quadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen cauallero don Quixote (*). En tanto que don Quixote esto dezia, estaua 5 persuadiendo el cura a los quadrilleros como don Quixote era falto de juizio, como lo veyan (*) por sus obras y por sus palabras, y que no tenian para qué lleuar aquel negocio adelante; pues aunque le prendiessen y lleuassen, 10 luego le auian de dexar por loco; a lo que respondio el del mandamiento que a el no tocaua juzgar de la locura de don Quixote, sino hazer lo que por su mayor le era mandado, y que, vna vez preso, siquiera le 15 soltassen trezientas. “Con todo esso”, dixo el cura, “por esta vez no le aueis de lleuar, ni aun el dexará lleuarse, a lo que yo entiendo.” En efeto, tanto les supo el cura dezir y tantas 20 locuras supo don Quixote hazer, que mas locos fueran que no el los quadrilleros si no conocieran la falta de don Quixote, y assi, tuuieron por bien de apaziguarse, y aun de ser medianeros de hazer las pazes entre el barbero y 25 Sancho Pança, que todauia assistian con gran rancor a su pendencia; finalmente, ellos, como miembros de justicia, mediaron la causa y fueron arbitros della, de tal modo, que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318 menos, en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y xaquimas. Y, en lo que tocaua a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que don Quixote lo entendiesse, le dio por la bazia ocho reales, y el 5 barbero le hizo vna cedula del recibo, y de no llamarse a engaño por entonces, ni por siempre jamas, amen. Sossegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las mas principales y de mas tomo, restaua 10 que los criados de don Luis se contentassen de boluer los tres, y que el vno quedasse para acompañarle donde don Fernando le queria lleuar; y como ya la buena suerte y mejor fortuna auia començado a romper lanças y a facilitar 15 dificultades en fabor (*) de los amantes de la venta y de los valientes della, quiso lleuarlo al cabo y dar a todo felice sucesso, porque los criados se contentaron de quanto don Luis queria, de que recibio tanto contento doña 20 Clara, que ninguno en aquella sazon la mirara al rostro que no conociera el regozijo de su alma. Zorayda, aunque no entendia bien todos los sucessos que auia visto, se entristecia y 25 alegraua a bulto, conforme veya (*) y notaua los semblantes a cada vno, especialmente de su español, en quien tenia siempre puestos los ojos y trahia colgada el alma. El ventero, a quien [no] se le passó (*) por alto la dadiua y 30 recompensa que el cura auia hecho al barbero, pidio el escote de don Quixote, con el menoscabo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 319 de sus cueros y falta de vino, jurando que no saldria de la venta Rozinante ni el jumento de Sancho (*), sin que se le pagasse primero hasta el vltimo ardite. Todo lo apaziguó el cura y lo pagó don Fernando, puesto que el oydor 5 de muy buena voluntad auia tambien ofrecido la paga; y de tal manera quedaron todos en paz y sossiego, que ya no parecia la venta la discordia del campo de Agramante, como don Quixote auia dicho, sino la misma paz y 10 quietud del tiempo de Otauiano; de todo lo qual fue comun opinion que se deuian dar las gracias a la buena intencion y mucha eloquencia del señor cura, y a la incomparable liberalidad de don Fernando. 15 Viendose, pues, don Quixote, libre y desembaraçado de tantas pendencias, assi de su escudero, como suyas, le parecio que seria bien seguir su començado viaje y dar fin a aquella grande auentura para que auia sido llamado y 20 escogido; y, assi, con resoluta determinacion se fue a poner de inojos ante Dorotea, la qual no le consintio que hablasse palabra hasta que se leuantasse, y el, por obedecella, se puso en pie y le dixo: 25 “Es comun prouerbio, fermosa señora, que la diligencia es madre de la buena ventura, y en muchas y graues cosas ha mostrado la experiencia que la solicitud del negociante trae a buen fin el pleyto dudoso; pero en ningunas 30 cosas se muestra [mas] esta verdad que (*) en las de la guerra, adonde la celeridad y presteza
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 320 preuiene los discursos del enemigo y alcança la vitoria antes que el contrario se ponga en defensa. Todo esto digo, alta y preciosa (*) señora, porque me parece que la estada nuestra en este castillo ya es sin prouecho, y podria 5 sernos de tanto daño, que lo echassemos de ver algun dia; porque ¿quién sabe si por ocultas espias y diligentes aura sabido ya vuestro enemigo el gigante de que yo voy a destruylle, y dandole lugar el tiempo, se fortificasse en 10 algun inexpugnable castillo o (*) fortaleza contra quien valiessen poco mis diligencias y la fuerça de mi incansable braço? Assi que, señora mia, preuengamos, como tengo dicho, con nuestra diligencia sus designios, y partamonos 15 luego a la buena ventura; que no está mas de tenerla vuestra grandeza como (*) dessea, de quanto yo tarde de verme con vuestro contrario.” Calló y no dixo mas don Quixote, y esperó 20 con mucho sossiego la respuesta de la fermosa infanta, la qual, con ademan señoril y acomodado al estilo de don Quixote, le respondio desta manera: “Yo os agradezco, señor cauallero, el desseo 25 que mostrays tener de fauorecerme en mi gran cuyta, bien assi como cauallero, a quien es anejo y concerniente fauorecer los huerfanos y menesterosos; y quiera el cielo que el vuestro y mi desseo se cumplan para que veais que ay 30 agradecidas mugeres en el mundo. Y en lo de mi partida, sea luego, que yo no tengo mas
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 321 voluntad que la vuestra: disponed vos de mi a toda vuestra guisa y talante; que la que vna vez os entregó la defensa de su persona y puso en vuestras manos la restauracion de sus señorios, no ha de querer yr contra lo que la 5 vuestra prudencia ordenare.” “A la mano de Dios”, dixo don Quixote; “pues assi es que vna señora (*) se me humilla, no quiero yo perder la ocasion de leuantalla y ponella en su heredado trono; la partida sea 10 luego, porque me va poniendo espuelas al desseo, y al camino (*), lo que suele dezirse que en la tardança está el peligro; y pues no ha criado el cielo ni visto el infierno ninguno que me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, a 15 Rozinante, y apareja tu jumento y el palafren de la reyna, y despidamonos del castellano y destos señores, y vamos de aqui luego al punto.” Sancho, que a todo estaua presente, dixo, 20 meneando la cabeça a vna parte y a otra: “¡Ay, señor, señor, y cómo ay mas mal en el aldeguela que se suena, con perdon sea dicho de las tocas honradas (*)!” “¿Qué mal puede auer en ninguna aldea, ni 25 en todas las ciudades del mundo, que pueda sonarse en menoscabo mio, villano?” “Si vuestra merced se enoja”, respondio Sancho, “yo callaré y dexaré [de] (*) dezir lo que soy obligado como buen escudero, y como 30 deue vn buen criado dezir a su señor.” “Di lo que quisieres”, replicó don Quixote
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322 (*), “como tus palabras no se encaminen a ponerme miedo; que si tu le tienes, hazes como quien eres, y si yo no le tengo, hago como quien soy.” “No es esso, pecador fuy yo a Dios”, respondio 5 Sancho, “sino que yo tengo por cierto y por aueriguado que esta señora que se dize ser reyna del gran reyno Micomicon no lo es mas que mi madre, porque a ser lo que ella dize, no se anduuiera hocicando con alguno 10 de los que estan en la rueda, a buelta de cabeça y a cada traspuesta.” Parose colorada (*) con las razones de Sancho Dorotea, porque era verdad que su esposo don Fernando alguna vez, a hurto de otros 15 ojos, auia cogido con los labios parte del premio que merecian sus desseos --lo qual auia visto Sancho, (y) (*) pareciendole que aquella desemboltura mas era de dama cortesana que de reyna de tan gran reyno--, y no pudo ni 20 quiso responder palabra a Sancho, sino dexole proseguir en su platica, y el fue diziendo: “Esto digo, señor, porque si al cabo de auer andado caminos y carreras y passado malas noches y peores dias, ha de venir a coger el 25 fruto de nuestros trabajos el que se está holgando en esta venta, no ay para qué darme priessa a que ensille a Rozinante, albarde el jumento y aderece al (*) palafren, pues sera mejor que nos estemos quedos, y cada puta 30 hile, y comamos.” ¡O, valame Dios, y quán grande que fue el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 323 enojo que recibio don Quixote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lançando viuo fuego por los ojos, dixo: “¡O vellaco villano, mal mirado, descompuesto, 5 ygnorante (*), infacundo, deslenguado, atreuido, murmurador y maldiziente!; ¿tales palabras has osado dezir en mi presencia y en la destas inclitas señoras? Y ¿tales deshonestidades y atreuimientos osaste poner en tu confusa 10 imaginacion? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de vellaquerias, inuentor de maldades, publicador de sandezes, enemigo del decoro que se deue a las reales personas! 15 ¡Vete: no parezcas delante de mi, so pena de mi yra!” Y, diziendo esto, enarcó las cejas, hinchó los carrillos, miró a todas partes, y dio con el pie derecho vna gran patada en el suelo, 20 señales todas de la yra que encerraua en sus entrañas. A cuyas palabras y furibundos ademanes quedó Sancho tan encogido (*) y medroso, que se holgara que en aquel instante se abriera debaxo de sus pies la tierra y le tragara. Y no 25 supo qué hazerse, sino boluer las espaldas y quitarse de la enojada presencia de su señor. Pero la discreta Dorotea, que tan entendido tenia ya el humor de don Quixote, dixo para templarle la yra: 30 “No os despecheys, señor Cauallero de la Triste Figura, de las sandezes que vuestro buen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324 escudero ha dicho, porque quiça no las deue de dezir sin ocasion, ni de su buen entendimiento y cristiana conciencia se puede sospechar que leuante testimonio a nadie; y, assi, se ha de creer, sin poner duda en ello, que, como 5 en este castillo, segun vos, señor cauallero, dezis, todas las cosas van y suceden por modo de encantamento, podria ser, digo, que Sancho vuiesse visto por esta diabolica via lo que el dize que vio tan en ofensa de mi 10 honestidad.” “Por el omnipotente Dios juro”, dixo a esta sazon don Quixote, “que la vuestra grandeza ha dado en el punto, y que alguna mala vision se le puso delante a este pecador de Sancho, 15 que le hizo ver lo que fuera impossible verse de otro modo que por el de encantos no fuera; que se yo bien de la bondad e inocencia deste desdichado, que no sabe leuantar testimonios a nadie.” 20 “Ansi es y ansi (*) sera”, dixo don Fernando; “por lo qual deue vuestra merced, señor don Quixote, perdonalle y reduzille al gremio de su gracia, sicut erat in principio, antes que las tales visiones le sacassen de juyzio.” 25 Don Quixote respondio que el le perdonaua, y el cura fue por Sancho, el qual vino muy humilde y, hincandose de rodillas, pidio la mano a su amo, y el se la dio, y despues de auersela dexado besar, le echó la bendicion, 30 diziendo: “Agora (*) acabarás de conocer, Sancho hijo,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 325 ser verdad lo que yo otras muchas vezes te he dicho, de que todas las cosas deste castillo son hechas por via de encantamento.” “Assi lo creo yo”, dixo Sancho, “excepto aquello de la manta, que realmente sucedio 5 por via ordinaria.” “No lo creas”, respondio don Quixote; “que si assi fuera, yo te vengara entonces, y aun agora (*). Pero ni entonces ni agora (*) pude, ni vi en quién tomar vengança de tu agrauio.” 10 Dessearon saber todos qué era aquello de la manta, y el ventero les (*) contó, punto por punto, la bolateria de Sancho Pança, de que no poco se rieron (*) todos, y de que no menos se corriera Sancho, si de nueuo no le assegurara 15 su amo que era encantamento; puesto que jamas llegó la sandez de Sancho a tanto, que creyesse no ser verdad pura y aueriguada, sin mezcla de engaño alguno, lo de auer sido manteado por personas de carne y huesso, y 20 no por fantasmas soñadas ni imaginadas, como su señor lo creya y lo afirmaua. Dos dias eran ya passados los que auia que toda aquella ilustre compañia estaua en la venta, y, pareciendoles que ya era tiempo de 25 partirse, dieron orden para que, sin ponerse al trabajo de boluer Dorotea y don Fernando con don Quixote a su aldea con la inuencion de la libertad de la reyna Micomicona, pudiessen el cura y el barbero lleuarsele como desseauan, 30 y procurar la cura de su locura en su tierra. Y lo que ordenaron fue que se concertaron con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 326 vn carretero de bueyes que acaso acerto a passar por alli, para que lo lleuasse en esta forma: hizieron vna como jaula de palos enrrejados (*), capaz que pudiesse en ella caber holgadamente don Quixote, y luego don Fernando y sus 5 camaradas, con los criados de don Luys y los quadrilleros, juntamente con el ventero, todos por orden y parecer del cura, se cubrieron los rostros y se disfraçaron, quién de vna manera y (*) quién de otra, de modo que a don Quixote le 10 pareciesse ser otra gente de la que en aquel castillo auia visto. Hecho esto, con grandissimo silencio se entraron adonde el estaua durmiendo (*) y descansando de las passadas refriegas. Llegaronse a 15 el, que libre y seguro de tal acontecimiento dormia, y, asiendole fuertemente, le ataron muy bien las manos y los pies; de modo que, quando el desperto con sobresalto, no pudo menearse ni hazer otra cosa mas que admirarse y suspenderse 20 de ver delante de si tan estraños visages. Y luego dio en la cuenta de lo que su continua y desuariada imaginacion le representaua, y se creyo que todas aquellas figuras eran fantasmas de aquel encantado castillo, y que, sin 25 duda alguna, ya estaua encantado, pues no se podia menear ni defender: todo a punto como auia pensado que sucederia el cura, traçador desta maquina. Solo Sancho, de todos los presentes, estaua en su mesmo (*) juyzio y en su 30 mesma (*) figura, el qual, aunque le faltaua bien poco para tener la mesma (*) enfermedad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 327 de su amo, no dexó de conocer quién eran todas aquellas contrahechas figuras; mas no osó descoser su boca hasta ver en qué paraua aquel assalto y prision de su amo. El qual tampoco hablaua palabra, atendiendo a ver el 5 paradero de su desgracia, que fue, que, trayendo alli la jaula, le encerraron dentro y le clauaron los maderos tan fuertemente, que no se pudieran romper a dos tirones. Tomaronle luego en hombros, y al salir del 10 aposento, se oyo vna voz temerosa, todo quanto la supo formar el barbero, no el del albarda, sino el otro, que dezia: “¡O Cauallero de la Triste Figura, no te de afincamiento la prision en que vas, porque assi 15 conuiene para acabar mas presto la auentura en que tu gran esfuerço te puso! La qual se acabará quando el furibundo leon manchado con la blanca paloma tobosina yogiren (*) en vno, ya despues de humilladas las altas ceruizes al 20 blando yugo matrimoñesco; de cuyo inaudito consorcio saldran a la luz del orbe los brauos cachorros que imitarán las rumpantes (*) garras del valeroso padre. Y esto sera antes que el seguidor de la fugitiua ninfa faga dos vegadas la 25 visita (*) de las luzientes imagines, con su rapido y natural curso. Y tu, ¡o el mas noble y obediente escudero que tuuo espada en cinta, barbas en rostro y olfato en las narizes!, no te desmaye ni descontente ver lleuar ansi (*) delante de tus 30 ojos mesmos (*) a la flor de la caualleria andante; que presto, si al plasmador del mundo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 328 le plaze, te veras tan alto y tan sublimado, que no te conozcas, y no saldran defraudadas las promessas que te ha fecho tu buen señor. Y assegurote, de parte de la sabia (*) Mentironiana, que tu salario te sea (*) pagado, como lo 5 veras por la obra; y sigue las pisadas del valeroso y encantado cauallero; que conuiene que vayas donde pareys entrambos; y porque no me es licito dezir otra cosa, a Dios quedad; que yo me bueluo a donde yo me se.” 10 Y, al acabar de la profecia, alçó la voz de punto, y diminuyola despues, con tan tierno acento, que aun los sabidores de la burla estuuieron por creer que era verdad lo que oyan. Quedó don Quixote consolado con la escuchada profecia, 15 porque luego coligio de todo en todo la significacion (*) de ella, y vio que le prometian el verse ayuntado (*) en santo y deuido matrimonio con su querida Dulzinea del Toboso, de cuyo felice vientre saldrian los cachorros, 20 que eran sus hijos, para gloria perpetua de la Mancha. Y, creyendo esto bien y firmemente, alço la voz, y, dando vn gran suspiro (*), dixo: “¡O tu, quien quiera que seas, que tanto bien me has pronosticado!; ruegote que pidas de mi 25 parte al sabio encantador que mis cosas tiene a cargo, que no me dexe perecer en esta prision donde agora (*) me lleuan, hasta ver cumplidas tan alegres e incomparables promessas como son las que aqui se me han hecho; que 30 como esto sea, tendre por gloria las penas de mi carcel y por aliuio estas cadenas que me
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 329 ciñen, y no por duro campo de batalla este lecho en que me acuestan, sino por cama blanda y talamo dichoso. Y en lo que toca a la consolacion de Sancho Pança, mi escudero, yo confio de su bondad y buen proceder que no 5 me dexará, en buena ni en mala suerte. Porque quando no suceda, por la suya o por mi corta ventura, el poderle yo dar la insula, o otra cosa equiualente que le tengo prometida, por lo menos, su salario no podra perderse; que 10 en mi testamento, que ya está echo, dexo declarado lo que se le ha de dar, no conforme a sus muchos y buenos seruicios, sino a la possibilidad mia.” Sancho Pança se le inclinó con mucho 15 comedimiento, y le besó entrambas las manos, porque la vna no pudiera, por estar atadas entrambas. Luego tomaron la jaula en hombros aquellas visiones, y la acomodaron en el carro de los bueyes. 20
p. 330 Capitulo XLVII Del estraño modo con que fue encantado don Quixote de la Mancha, con otros famosos sucessos. Quando don Quixote se vio de aquella 5 manera enjaulado y encima del carro, dixo: “Muchas y muy graues historias he yo leydo de caualleros andantes, pero jamas he leydo, ni visto, ni oydo, que a los caualleros encantados los lleuen desta manera y con el espacio 10 que prometen estos perezosos y tardios animales; porque siempre los suelen lleuar por los ayres, con estraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura (*) nuue, o en algun carro de fuego, o ya sobre algun ipogrifo o otra 15 bestia semejante. Pero que me lleuen a mi agora (*) sobre vn carro de bueyes, ¡viue Dios que me pone en confusion! Pero quiça la caualleria y los encantos destos nuestros tiempos deuen de seguir otro camino que (*) siguieron 20 los antiguos. Y tambien podria ser que, como yo soy nueuo cauallero en el mundo y el primero que ha resucitado el ya oluidado exercicio de la caualleria auenturera, tambien nueuamente se ayan inuentado otros generos de 25 encantamentos, y otros modos de lleuar a los encantados (*). ¿Qué te parece desto, Sancho hijo?” “No se yo lo que me parece”, respondio Sancho, “por no ser tan leydo como vuestra 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 331 merced en las escrituras andantes. Pero, con todo esso, osaria afirmar y jurar que estas visiones que por aqui andan, que (*) no son del todo catolicas.” “¿Catolicas? ¡Mi padre!”, respondio don 5 Quixote; “¿cómo han de ser catolicas, si son todos demonios que han tomado cuerpos fantasticos para venir a hazer esto, y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tocalos y palpalos, y veras como no tienen cuerpo sino 10 de ayre, y como no consiste (*) mas de en la apariencia.” “Par Dios, señor”, replicó Sancho, “ya yo los he tocado, y este diablo que aqui anda tan solicito es rollizo de carnes, y tiene otra 15 propiedad (*) muy diferente de la que yo he oydo dezir que tienen los demonios. Porque, segun se dize, todos huelen a piedra azufre y a otros malos olores, pero este huele a ambar de media legua.” 20 Dezia esto Sancho por don Fernando, que, como tan señor, deuia de oler a lo que Sancho dezia. “No te marauilles desso, Sancho amigo”, respondio don Quixote, “porque te hago saber 25 que los diablos saben mucho, y puesto que traygan olores consigo, ellos no huelen nada, porque son espiritus, y si huelen, no pueden oler cosas buenas, sino malas y hidiondas (*). Y la razon es, que, como ellos dondequiera que 30 estan, traen el infierno consigo y no pueden recebir genero de aliuio alguno en sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 332 tormentos, y el buen olor sea cosa que deleyta y contenta, no es possible que ellos huelan cosa buena. Y si a ti te parece que esse demonio que dizes huele a ambar, o tu te engañas, o el quiere engañarte con hazer que no le tengas 5 por demonio.” Todos estos coloquios passaron entre amo y criado, y, temiendo don Fernando y Cardenio que Sancho no viniesse a caer del todo en la cuenta de su inuencion, a quien andaua ya 10 muy en los alcances, determinaron de abreuiar con la partida, y, llamando aparte al ventero, le ordenaron que ensillasse a Rozinante y enalbardasse el jumento de Sancho, el qual lo hizo con mucha presteza. 15 Ya, en esto, el cura se auia concertado con los quadrilleros que le acompañassen hasta su lugar, dandoles vn tanto cada dia. Colgo Cardenio del arzon de la silla de Rozinante, del vn cabo la adarga y del otro la bazia, y por 20 señas mandó a Sancho que subiesse en su asno y tomasse de las riendas a Rozinante, y puso a los dos lados del carro a los dos quadrilleros, con sus escopetas. Pero antes que se mouiesse el carro, salio la ventera, su hija y 25 Maritornes a despedirse de don Quixote, fingiendo que llorauan de dolor de su desgracia; a quien don Quixote dixo: “No lloreys, mis buenas señoras, que todas estas desdichas son anexas a los que professan 30 lo que yo professo, y si estas calamidades no me acontecieran, no me tuuiera por famoso
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 333 cauallero andante. Porque a los caualleros de poco nombre y fama nunca les suceden semejantes casos, porque no ay en el mundo quien se acuerde dellos. A los valerosos, si: que tienen embidiosos de su virtud y valentia a 5 muchos principes y a muchos otros caualleros, que procuran por malas vias destruyr a los buenos. Pero, con todo esso, la virtud es tan poderosa, que por si sola, a pesar de toda la nigromancia que supo su primer inuentor Zoroastes (*), 10 saldra vencedora de todo trance y dara (*) de si luz en el mundo, como la da el sol en el cielo. Perdonadme, fermosas damas, si algun desaguisado por descuydo mio os he fecho, que de voluntad y a sabiendas jamas le di a 15 nadie; y rogad a Dios me saque destas prisiones donde algun mal intencionado encantador me ha puesto; que si de ellas me veo libre, no se me caera (*) de la memoria las mercedes que en este castillo me auedes fecho, para gratificallas 20 (*), seruillas y recompensallas como ellas merecen.” En tanto que las damas del castillo esto passauan con don Quixote, el cura y el barbero se despidieron de don Fernando y sus camaradas, 25 y del capitan y de su hermano y todas aquellas contentas señoras, especialmente de Dorotea y Luscinda. Todos se abraçaron y quedaron de darse noticia de sus sucessos, diziendo don Fernando al cura dónde auia de escriuirle 30 (*) para auisarle en lo que paraua don Quixote, assegurandole que no auria cosa que mas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 334 gusto le diesse que saberlo; y que el assimesmo (*) le auisaria de todo aquello que el viesse que podria darle gusto, assi de su casamiento, como del bautismo de Zorayda, y sucesso de don Luys, y buelta de Luscinda a su casa. El 5 cura ofrecio de hazer quanto se le mandaua, con toda puntualidad. Tornaron a abraçarse otra vez, y otra vez tornaron a nueuos ofrecimientos. El ventero se llegó al cura y le dio vnos 10 papeles, diziendole que los auia hallado en vn aforro de la maleta donde se halló la Nouela del Curioso Impertinente, y que pues su dueño no auia buelto mas por alli, que se los lleuasse todos; que pues el no sabia leer, no los queria. 15 El cura se lo agradecio, y, abriendolos luego, vio que al principio de lo escrito dezia: Nouela de Rinconete y Cortadillo (*), por donde entendio ser alguna nouela, y coligio que, pues la del Curioso Impertinente auia sido buena, que 20 tambien lo seria aquella, pues podria ser fuessen todas (*) de vn mesmo (*) autor; y assi, la guardó con prosupuesto de leerla quando tuuiesse comodidad. Subio a cauallo, y tambien su amigo el 25 barbero, con sus antifazes, porque no fuessen luego conocidos de don Quixote, y pusieronse a caminar tras el carro, y la orden que lleuauan era esta: yua primero el carro, guiandole su dueño; a los dos lados yuan los quadrilleros, 30 como se ha dicho, con sus escopetas; seguia luego Sancho Pança sobre su asno, lleuando
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 335 de rienda a Rozinante. Detras de todo esto yuan el cura y el barbero sobre sus poderosas mulas, cubiertos los rostros, como se ha dicho, con graue y reposado continente, no caminando mas de lo que permitia el passo tardo de los 5 bueyes. Don Quixote yua sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies, y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia, como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra. 10 Y, assi, con aquel espacio y silencio caminaron hasta dos leguas, que llegaron a vn valle, donde le parecio al boyero ser lugar acomodado para reposar (*) y dar pasto a los bueyes. Y, comunicandolo con el cura, fue de parecer 15 el barbero que caminassen vn poco mas, porque el sabia (*) detras de vn recuesto que cerca de alli se mostraua, auia vn valle de mas (*) yerua y mucho mejor que aquel donde parar querian. Tomose el parecer del barbero, y, assi, 20 tornaron a proseguir su camino. En esto boluio el cura el rostro y vio que a sus espaldas venian hasta seys o siete hombres de a cauallo, bien puestos y adereçados, de los quales fueron presto alcançados, porque 25 caminauan, no con la flema y reposo de los bueyes, sino como quien yua sobre mulas de canonigos, y con desseo de llegar presto a sestear a la venta, que menos de vna legua de alli se parecia. Llegaron los diligentes a los 30 perezosos, y saludaronse cortesmente, y vno de los que venian, que, en resolucion, era
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 336 canonigo de Toledo y señor de los demas que le acompañauan, viendo la concertada procession del carro, quadrilleros, Sancho, Rozinante, cura y barbero, y mas a don Quixote enjaulado y aprisionado, no pudo dexar de preguntar qué 5 significaua lleuar aquel hombre de aquella manera, aunque ya se auia dado a entender, viendo las insignias de los quadrilleros, que deuia de ser algun facinoroso salteador o otro delinquente, cuyo castigo tocasse a la Santa 10 Hermandad. Vno de los quadrilleros, a quien fue hecha la pregunta, respondio ansi (*): “Señor, lo que significa yr este cauallero desta manera digalo el, porque nosotros no lo sabemos.” 15 Oyo don Quixote la platica, y dixo: “¿Por dicha vuestras mercedes, señores caualleros, son versados y perictos en esto de la caualleria andante? Porque si lo son, comunicaré con ellos mis desgracias, y si no, no ay 20 para qué me canse (*) en dezillas (*).” Y a este tiempo auian ya llegado (*) el cura y el barbero, viendo que los caminantes estauan en platicas con don Quixote de la Mancha, para responder de modo, que no fuesse 25 descubierto su artificio. El canonigo, a lo que don Quixote dixo, respondio: “En verdad, hermano, que se mas de libros de cauallerias que de las Sumulas de Villalpando (*). Ansi (*) que, si no está mas que 30 en esto, seguramente podeys comunicar conmigo (*) lo que quisieredes.”
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 337 “A la mano de Dios”, replicó don Quixote. “Pues assi es, quiero, señor cauallero, que sepades que yo voy encantado en esta jaula por embidia y fraude de malos encantadores; que la virtud mas es perseguida de los malos que 5 amada de los buenos. Cauallero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamas la fama se acordo para eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que a despecho y pesar de la mesma (*) embidia, y de quantos magos 10 crió Persia, bracmanes (*) la India, ginosofistas la Etiopia (*), ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad, para que sirua de exemplo y dechado en los venideros siglos, donde los caualleros andantes vean los passos 15 que han de seguir, si quisieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las armas.” “Dize verdad el señor don Quixote de la Mancha”, dixo a esta sazon el cura, “que el va encantado en esta carreta, no por sus culpas y 20 pecados, sino por la mala intencion de aquellos a quien la virtud enfada y la valentia enoja. Este es, señor, el Cauallero de la Triste Figura, si ya le oystes nombrar en algun tiempo, cuyas valerosas hazañas y grandes hechos seran 25 (*) escritas en bronzes duros y en eternos marmoles, por mas que se canse la embidia en escurecerlos y la malicia en ocultarlos.” Quando el canonigo oyo hablar al preso y al libre en semejante estilo, estuuo por hazerse 30 la cruz de admirado, y no podia saber lo que le auia acontecido; y en la mesma (*) admiracion
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 338 cayeron todos los que con el venian. En esto Sancho Pança, que se auia acercado a oyr la platica, para adobarlo todo, dixo: “Aora, señores, quieranme bien o quieranme mal por lo que dixere, el caso de ello es que 5 assi va encantado mi señor don Quixote como mi madre; el tiene su entero juyzio, el come y beue y haze sus necessidades como los demas hombres, y como las hazia ayer, antes que le enjaulassen. Siendo esto ansi (*), ¿cómo 10 quieren hazerme a mi entender que va encantado? Pues yo he oydo dezir a muchas personas que los encantados ni comen, ni duermen, ni hablan, y mi amo, si no le van a la mano, hablará mas que treynta procuradores.” 15 Y, boluiendose a mirar al cura, prosiguio diziendo: “¡A, señor cura, señor cura!, pensaua (*) vuestra merced que no le conozco, y pensará que yo no calo y adiuino adonde se encaminan 20 estos nueuos encantamentos; pues sepa que le conozco, por mas que se encubra el rostro, y sepa que le entiendo, por mas que dissimule sus embustes. En fin, donde reyna la embidia no puede viuir la virtud, ni adonde ay 25 escaseza, la liberalidad. Mal aya el diablo; que si por su reberencia no fuera, esta fuera ya la hora que mi señor estuuiera casado con la infanta Micomicona, y yo fuera conde por lo menos, pues no se podia esperar otra cosa, 30 assi de la bondad de mi señor, el de la Triste Figura, como de la grandeza de mis seruicios.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 339 Pero ya veo que es verdad lo que se dize por ahi, que la rueda de la fortuna anda mas lista que vna rueda de molino, y que los que ayer estauan en pinganitos (*), oy estan por el suelo. De mis hijos y de mi muger me pesa, pues 5 quando podian y deuian esperar ver entrar a su padre por sus puertas hecho gouernador o visorey de alguna insula o reyno, le veran entrar hecho moço de cauallos. Todo esto que he dicho, señor cura, no es mas de por encarecer 10 a su paternidad haga conciencia del mal tratamiento que a mi señor se le haze (*), y mire bien no le pida Dios en la otra vida esta prision de mi amo, y se le haga cargo de todos aquellos socorros y bienes que mi señor don 15 Quixote dexa de hazer en este tiempo que está preso.” “¡Adobame essos candiles!”, dixo a este punto el barbero. “¿Tambien vos, Sancho, soys de la cofradia de vuestro amo? ¡Viue el Señor que 20 voy viendo que le aueys de tener compañia en la jaula, y que aueys de quedar tan encantado como el por lo que os toca de su humor y de su caualleria! En mal punto os empreñastes de sus promessas, y en mal hora se os entró en los 25 cascos la insula que tanto desseays.” “Yo no estoy preñado de nadie”, respondio Sancho, “ni soy hombre que me dexaria empreñar del rey que fuesse, y, aunque pobre, soy christiano viejo y no deuo nada a nadie; y si 30 insulas desseo, otros dessean otras cosas peores, y cada vno es hijo de sus obras, y debaxo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 340 de ser hombre, puedo venir a ser papa, quanto mas gouernador de vna insula, y mas pudiendo ganar tantas mi señor, que le falte a quien dallas (*). Vuestra merced mire cómo habla, señor barbero, que no es todo hazer barbas, y algo 5 va de Pedro a Pedro. Digolo, porque todos nos conocemos, y a mi no se me ha de echar dado falso. Y en esto del encanto de mi amo, Dios sabe la verdad, y quedesse aqui, porque es peor meneallo (*).” 10 No quiso responder el barbero a Sancho, porque no descubriesse con sus simplicidades lo que el y el cura tanto procurauan encubrir. Y por este mesmo (*) temor auia el cura dicho al canonigo que caminassen (*) vn poco delante; 15 que el le diria el misterio del enjaulado, con otras cosas que le diessen gusto. Hizolo assi el canonigo, y adelantose con sus criados (*), y con el estuuo atento a todo aquello que dezirle quiso de la condicion, vida, locura 20 y costumbres de don Quixote, contandole (*) breuemente el principio y causa de su desuario, y todo el progresso de sus sucessos hasta auerlo puesto en aquella jaula, y el disignio (*) que lleuauan de lleuarle a su tierra, para ver si por 25 algun medio hallauan remedio a su locura. Admiraronse de nueuo los criados y el canonigo de oyr la peregrina historia de don Quixote, y, en acabandola de oyr, dixo: “Verdaderamente, señor cura, yo hallo por 30 mi cuenta que son perjudiciales en la republica estos que llaman libros de cauallerias. Y aunque
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 341 [he leydo] (*), lleuado de vn ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los mas que ay impressos, jamas me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, quál mas, quál menos, todos ellos 5 son vna mesma (*) cosa, y no tiene mas este que aquel, ni estotro que el otro. Y, segun a mi me parece, este genero de escritura y composicion cae debaxo de aquel de las fabulas que llaman milesias (*), que son cuentos disparatados 10 que atienden solamente a deleytar, y no a enseñar, al contrario de lo que hazen las fabulas apologas, que deleytan y enseñan juntamente. Y puesto que el principal intento de semejantes libros sea el deleytar, no se yo 15 cómo puedan conseguirle, yendo llenos de tantos y tan desaforados disparates. ”Que el deleyte que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y concordancia que vee o contempla en las cosas que la vista o 20 la imaginacion le ponen delante, y toda cosa que tiene en si fealdad y descompostura no nos puede causar contento alguno. Pues ¿qué hermosura puede auer, o qué proporcion de partes con el todo y del todo con las partes en vn libro 25 o fabula donde vn moço de diez y seys años da vna cuchillada a vn gigante como vna torre, y le diuide en dos mitades, como si fuera de alfeñique; y que quando nos quieren pintar vna batalla, despues de auer dicho que ay de la 30 parte de los enemigos vn millon de competientes (*), como sea contra ellos el señor del libro,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 342 forçosamente, mal que nos pese, auemos de entender que el tal cauallero alcançó la vitoria por solo el valor de su fuerte braço? ”Pues ¿qué diremos de la facilidad con que vna reyna o emperatriz heredera se conduze en 5 los braços de vn andante y no conocido cauallero? ¿Qué ingenio, si no es del todo barbaro e inculto, podra contentarse leyendo que vna gran torre, llena de caualleros, va por la mar adelante, como naue con prospero viento, y oy 10 anochece en Lombardia, y mañana amanezca en tierras del preste Iuan de las Indias, o en otras que ni las descubrio Tolomeo ni las vio Marco Polo? Y si a esto se me respondiesse que los que tales libros componen los escriuen 15 como cosas de mentira, y que assi no estan obligados a mirar en delicadezas ni verdades, responderles hia (*) yo que tanto la mentira es mejor quanto mas parece verdadera, y tanto mas agrada quanto tiene mas de lo dudoso (*) y 20 possible. Hanse de casar las fabulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, escriuiendose de suerte, que, facilitando los impossibles, allanando las grandezas, suspendiendo los animos, admiren, suspendan, 25 alborocen y entretengan, de modo que anden a vn mismo passo la admiracion y la alegria juntas; y todas estas cosas no podrá hazer el que huyere de la verisimilitud y de la imitacion, en quien consiste la perfecion de lo que se escriue. 30 ”No he visto ningun libro de cauallerias que haga vn cuerpo de fabula entero con todos sus
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 343 miembros, de manera que el medio corresponda al principio y el fin al principio y al medio, sino que los componen con tantos miembros, que mas parece que lleuan intencion a formar vna quimera o vn monstruo que a hazer vna 5 figura proporcionada. Fuera desto, son en el estilo duros; en las hazañas, increibles; en los amores, lasciuos; en las cortesias, mal mirados; largos en las batallas; necios en las razones; disparatados en los viajes, y, finalmente, agenos 10 de todo discreto artificio, y, por esto, dignos de ser desterrados de la republica christiana, como a gente inutil.” El cura le estuuo escuchando con grande atencion, y pareciole hombre de buen 15 entendimiento y que tenia razon en quanto dezia; y assi, le dixo que, por ser el de su mesma (*) opinion y tener ogeriza a los libros de cauallerias, auia quemado todos los de don Quixote, que eran muchos. Y contole el escrutinio que 20 dellos auia hecho, y los que auia condenado al fuego y dexado con vida, de que no poco se rio el canonigo; y dixo que, con todo quanto mal auia dicho de tales libros, hallaua en ellos vna cosa buena, que era el sujeto que ofrecian 25 para que vn buen entendimiento pudiesse mostrarse en ellos, porque dauan largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiesse correr la pluma, descubriendo (*) naufragios, tormentas, rencuentros y batallas; pintando vn 30 capitan valeroso, con todas las partes que para ser tal se requieren, mostrandose prudente,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 344 preuiniendo las astucias de sus enemigos, y eloquente orador, persuadiendo o dissuadiendo a sus soldados, maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer; pintando ora vn 5 lamentable y tragico sucesso, aora vn alegre y no pensado acontecimiento; alli vna hermosissima dama, honesta, discreta y recatada; aqui vn cauallero christiano, valiente y comedido; aculla vn desaforado barbaro fanfarron; aca 10 vn principe cortes, valeroso y bien mirado; representando bondad y lealtad de vassallos, grandezas y mercedes de señores. Ya puede mostrarse astrologo, ya cosmografo excelente, ya musico, ya inteligente en las materias de 15 estado, y tal vez le vendra ocasion de mostrarse nigromante, si quisiere. Puede mostrar las astucias de Vlixes, la piedad de Eneas, la valentia de Aquiles, las desgracias de Ector, las trayciones de Sinon, la amistad de Eurialo (*), 20 la liberalidad de Alexandro, el valor de Cesar, la clemencia y verdad de Trajano, la fidelidad de Zopiro, la prudencia de Caton, y, finalmente, todas aquellas acciones que pueden hazer perfecto (*) a vn varon ilustre, aora poniendolas 25 en vno solo, aora diuidiendolas en muchos; y siendo esto hecho con apazibilidad de estilo y con ingeniosa inuencion, que tire lo mas que fuere possible a la verdad, sin duda compondra vna tela de varios y hermosos lazos (*) 30 texida, que, despues de acabada, tal perfecion y hermosura muestre, que consiga el fin mejor
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 345 que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho. Porque la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse epico, lirico, tragico, comico, con todas aquellas partes 5 que encierran en si las dulcissimas y agradables ciencias (*) de la poesia y de la oratoria; que la epica tambien puede escreuirse en prosa como en verso.
p. 346 Capitulo (*) XLVIII Donde prosigue el canonigo la materia de los libros de cauallerias, con otras cosas dignas de su ingenio. “Assi es como vuestra merced dize, señor 5 canonigo”, dixo el cura, “y por esta causa son mas dignos de reprehension los que hasta aqui han compuesto semejantes libros, sin tener aduertencia a ningun buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hazerse 10 famosos en prosa, como lo son en verso los dos principes de la poesia griega y latina.” “Yo, a lo menos”, replicó el canonigo, “he tenido cierta tentacion de hazer vn libro de cauallerias, guardando en el todos los puntos que 15 he significado, y si he de confessar la verdad, tengo escritas mas de cien hojas; y para hazer la experiencia de si correspondian a mi estimacion, las he comunicado con hombres apassionados desta leyenda, dotos (*) y discretos, y 20 con otros ignorantes, que solo atienden al gusto de oyr disparates, y de todos he hallado vna agradable aprobacion; pero, con todo esto, no he proseguido adelante, assi por parecerme que hago cosa agena de mi profession, como 25 por ver que es mas el numero de los simples que de los prudentes; y que puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juyzio del desuanecido vulgo, a 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 347 quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. ”Pero lo que mas me le quitó de las manos, y aun del pensamiento de acabarle, fue vn argumento que hize conmigo mesmo (*), sacado 5 de las comedias que aora (*) se representan, diziendo: «Si estas que aora se vsan, assi las »imaginadas como las de historia, todas o las »mas son conocidos disparates, y cosas que no »lleuan pies ni cabeça, y, con todo esso, el 10 »vulgo las oye con gusto, y las tiene y las »aprueua por buenas, estando tan lexos de »serlo, y los autores que las componen, y los »actores (*) que las representan dizen que assi »han de ser, porque assi las quiere el vulgo, y 15 »no de otra manera, y que las que lleuan traça »y siguen la fabula como el arte pide, no siruen »sino para quatro discretos que las entienden, »y todos los demas se quedan ayunos de entender »su artificio, y que a ellos les está mejor 20 »ganar de comer con los muchos, que no »opinion con los pocos, deste modo vendra a ser »mi (*) libro, al cabo de auerme quemado las »cejas por guardar los preceptos referidos, y »vendre a ser el sastre del cantillo (*)». 25 ”Y, aunque algunas vezes he procurado persuadir a los actores (*), que se engañan en tener la opinion que tienen, y que mas gente atraeran y mas fama cobrarán representando comedias que hagan (*) el arte, que no con las 30 disparatadas, y (*) estan tan asidos y encorporados en su parecer, que no ay razon ni
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 348 euidencia que del los saque. Acuerdome que vn dia dixe a vno destos pertinazes: «Decidme, »¿no os acordays que ha pocos años que se »representaron en España tres tragedias (*), que »compuso vn famoso poeta destos reynos, las 5 »quales fueron tales, que admiraron, alegraron »y suspendieron a todos quantos las oyeron, »assi simples como prudentes, assi del vulgo »como de los escogidos, y dieron mas dineros »a los representantes ellas tres solas que 10 »treynta de las mejores que despues aca se han »hecho?» «Sin duda», respondio el autor (*) que digo, «que deue de dezir vuestra merced »por la Isabela, la Filis y la Alexandra.» «Por »essas digo», le repliqué yo, «y mirad si 15 »guardauan bien los preceptos del arte, y si por »guardarlos dexaron de parecer lo que eran y »de agradar a todo el mundo. Assi que no »está la falta en el vulgo que pide disparates, »sino en aquellos que no saben representar 20 »otra cosa. Si que no fue disparate la Ingratitud »vengada, ni le tuuo la Numancia, ni se le »halló en la del Mercader amante, ni menos »en la Enemiga fauorable, ni en otras algunas »que de algunos entendidos poetas han sido 25 »compuestas (*) para fama y renombre suyo, »y para ganancia de los que las han representado.» Y otras cosas añadi a estas, con que a mi parecer le dexé algo confuso, pero no satisfecho ni conuencido, para sacarle de su 30 errado pensamiento.” “En materia ha tocado vuestra merced, señor
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 349 canonigo”, dixo a esta sazon el cura, “que ha despertado en mi vn antiguo rancor que tengo con las comedias que agora (*) se vsan, tal, que yguala al que tengo con los libros de cauallerias; porque auiendo de ser la comedia, 5 segun le parece a Tulio, espejo de la vida humana, exemplo de las costumbres y (*) imagen de la verdad (*), las que aora se representan son espejos de disparates, exemplos de necedades e imagenes de lasciuia. Porque, ¿qué 10 mayor disparate puede ser en el sujeto que tratamos que salir vn niño en mantillas en la primera cena (*) del primer acto, y en la segunda salir ya hecho hombre barbado? Y ¿qué mayor que pintarnos vn viejo valiente y vn 15 moço cobarde, vn lacayo rectorico, vn paje consejero, vn rey ganapan y vna princesa fregona? ”¿Qué dire, pues, de la obseruancia que guardan en los tiempos en que pueden o podian suceder las acciones que representan, sino 20 que he visto comedia que la primera jornada començo en Europa, la segunda en Asia, la tercera se acabó en Africa, y aun si (*) fuera de quatro jornadas, la quarta acabaua (*) en America, y assi se huuiera hecho en todas 25 las quatro partes del mundo? Y si es que la imitacion es lo principal que ha de tener la comedia, ¿cómo es possible que satisfaga a ningun (*) mediano entendimiento que, fingiendo vna accion que passa en tiempo del 30 rey Pepino y Carlomagno, el (*) mismo que en ella haze la persona principal le atribuian que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 350 fue el Emperador Eraclio, que entró con la Cruz en Ierusalen, y el que ganó la Casa Santa, como, Godofre de Bullon, auiendo infinitos años de lo vno a lo otro; y fundandose (*) la comedia sobre cosa fingida, atribuyrle verdades 5 de historia y mezclarle pedaços de otras sucedidas a diferentes personas y tiempos, y esto, no con traças verisimiles, sino con patentes errores de todo punto inexcusables? Y es lo malo que ay ignorantes que digan (*) que 10 esto es lo perfecto (*), y que lo demas es buscar gullurias (*). ”Pues ¿qué si venimos a las comedias diuinas? ¡Qué de milagros falsos (*) fingen en ellas, qué de cosas apocrifas y mal entendidas, 15 atribuyendo a vn santo los milagros de otro! Y aun en las humanas se atreuen a hazer milagros, sin mas respeto ni consideracion que parecerles que alli estara bien el tal milagro y apariencia (*), como ellos [los] (*) llaman, 20 para que gente (*) ignorante se admire y venga a la comedia; que todo esto es en perjuyzio de la verdad y en menoscabo de las historias y aun en oprobrio de los ingenios españoles, porque los estrangeros, que con mucha 25 puntualidad guardan las leyes de la comedia (*), nos tienen por baruaros e ignorantes, viendo los absurdos y disparates de las que hazemos. ”Y no seria bastante disculpa desto dezir que el principal intento que las republicas bien 30 ordenadas tienen, permitiendo que se hagan publicas comedias, es para entretener la comunidad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 351 con alguna onesta recreacion, y diuertirla a vezes de los malos humores que suele engendrar la ociosidad; y que, pues este se consigue con qualquier comedia buena o mala, no ay para qué poner leyes ni estrechar a los que 5 las componen y representan a que las hagan como deuian hazerse; pues, como he dicho, con qualquiera se consigue lo que con ellas se pretende. A lo qual responderia yo que este fin se conseguiria mucho mejor, sin comparacion 10 alguna, con las comedias buenas que con las no tales. Porque de auer oydo la comedia artificiosa y bien ordenada, saldria el oyente alegre con las burlas, enseñado con las veras, admirado de los sucessos, discreto con las 15 razones, aduertido con los embustes, sagaz con los exemplos, ayrado contra el vicio y enamorado de la virtud; que todos estos afectos (*) ha de despertar la buena comedia en el animo del que la escuchare, por rustico y torpe que sea. 20 Y de toda impossibilidad, es impossible dexar de alegrar y entretener, satisfazer y contentar la comedia que todas estas partes tuuiere, mucho mas que aquella que careciere dellas; como por la mayor parte carecen estas que de 25 ordinario agora se representan. ”Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque algunos ay dellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben estremadamente lo que deuen hazer. Pero como las 30 comedias se han hecho mercaderia vendible, dizen, y dizen verdad, que los representantes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 352 no se las comprarian si no fuessen de aquel jaez; y, assi, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide. Y que esto sea verdad, vease por muchas e infinitas comedias que ha compuesto 5 vn felicissimo ingenio destos reynos, con tanta gala, con tanto donayre, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan graues sentencias, y, finalmente, tan llenas de elocucion y alteza de estilo, que tiene lleno el mundo 10 de su fama; y por querer acomodarse al gusto de los representantes, no han llegado todas, como han llegado algunas, al punto de la perfeccion (*) que requieren. ”Otros las componen tan sin mirar lo que 15 hazen, que despues de representadas tienen necessidad los recitantes de huyrse y ausentarse, temerosos de ser castigados, como lo han sido muchas vezes, por auer representado (*) cosas en perjuyzio de algunos reyes y en 20 deshonra de algunos linages. Y todos estos inconuinientes cessarian, y aun otros muchos mas que no digo, con que huuiesse en la corte vna persona inteligente y discreta que examinasse todas las comedias antes que se representassen 25 (*), no solo aquellas que se hiziessen en la corte, sino todas las que se quisiessen representar en España, sin la qual aprouacion, sello y firma, ninguna justicia en su lugar dexasse representar comedia alguna; y desta manera los 30 comediantes tendrian cuydado de embiar las comedias a la corte, y con seguridad podrian
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 353 representallas (*); y aquellos que las componen mirarian con mas cuydado y estudio lo que hazian, temorosos (*) de auer de passar sus obras por el riguroso examen de quien lo entiende, y desta manera se harian buenas comedias y 5 se conseguiria felicissimamente lo que en ellas se pretende, assi el entretenimiento del pueblo, como la opinion de los ingenios de España, el interes y seguridad de los recitantes, y el ahorro del cuydado de castigallos (*). 10 ”Y si se diesse cargo a otro, o a este mismo, que examinasse los libros de cauallerias que de nueuo se compusiessen, sin duda podrian salir algunos con la perfeccion (*) que vuestra merced ha dicho, enriqueziendo nuestra lengua del 15 agradable y precioso tesoro de la eloquencia, dando ocasion que los libros viejos se escureciessen a la luz de los nueuos que saliessen, para honesto passatiempo, no solamente de los ociosos, sino de los mas ocupados. Pues no es 20 possible que esté continuo el arco armado, ni la condicion y flaqueza humana se pueda sustentar sin alguna licita recreacion.” A este punto de su coloquio llegauan el canonigo y el cura, quando adelantandose el 25 baruero, llegó a ellos, y dixo al cura: “Aqui, señor licenciado, es el lugar que yo dixe que era bueno para que, sesteando nosotros, tuuiessen los bueyes fresco y abundoso pasto.” 30 “Assi me lo parece a mi”, respondio el cura. Y, diziendole al canonigo lo que pensaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 354 hazer, el tambien quiso quedarse con ellos, combidado del sitio de vn hermoso valle que a la vista se les ofrecia; y, assi, por gozar del como de la conuersacion del cura, de quien ya yua (*) aficionado, y por saber mas por menudo 5 las hazañas de don Quixote, mandó a algunos de sus criados que se fuessen a la venta, que no lexos de alli estaua, y truxessen della lo que huuiesse de comer, para todos, porque el determinaua de sestear en aquel lugar aquella 10 tarde. A lo qual vno de sus criados respondio que el azemila del repuesto, que ya deuia de estar en la venta, traya recado bastante para no obligar a no (*) tomar de la venta mas que ceuada. 15 “Pues assi es”, dixo el canonigo, “lleuense alla todas las caualgaduras, y hazed boluer la azemila.” En tanto que esto passaua, viendo Sancho que podia hablar a su amo sin la continua 20 assistencia del cura y el baruero, que tenia por sospechosos, se llegó a la xaula donde yua su amo (*) y le dixo: “Señor, para descargo de mi conciencia le quiero dezir lo que passa cerca de su 25 encantamento, y es que aquestos dos que vienen aqui cubiertos (*) los rostros son el cura de nuestro lugar y el baruero, y imagino han dado esta traça de lleualle (*) desta manera, de pura embidia que tienen como vuestra merced se les 30 adelanta en hazer famosos hechos. Presupuesta, pues, esta verdad, siguese que no va
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 355 encantado, sino embaydo y tonto. Para prueua de lo qual le quiero preguntar vna cosa, y si me responde como creo que me ha de responder, tocará con la mano este engaño, y vera como no va encantado, sino trastornado el 5 juyzio.” “Pregunta lo que quisieres, hijo Sancho”, respondio don Quixote; “que yo te satisfare y respondere a toda tu voluntad. Y en lo que dizes que aquellos que alli van y vienen con 10 nosotros son el cura y el baruero, nuestros compatriotos y conocidos, bien podra ser que parezca que son ellos mesmos (*); pero que lo sean realmente y en efeto, esso no lo creas en ninguna manera. Lo que has de creer y entender 15 es que si ellos se les parecen, como dizes, deue de ser que los que me han encantado auran tomado essa apariencia y semejança; porque es facil a los encantadores tomar la figura que se les antoja, y auran tomado las 20 destos nuestros amigos para darte a ti ocasion de que pienses lo que piensas, y ponerte en vn laberinto de imaginaciones que no aciertes a salir del, aunque tuuiesses la soga de Teseo; y tambien lo auran hecho para que yo vacile en 25 mi entendimiento, y no sepa atinar de dónde me viene este daño; porque si por vna parte tu me dizes que me acompañan el baruero y el cura de nuestro pueblo, y por otra yo me veo enxaulado, y se de mi que fuerças humanas, 30 como no fueran sobrenaturales, no fueran bastantes para enxaularme, ¿qué quieres que diga
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 356 o piense sino que la manera de mi encantamento (*) excede a quantas yo he leydo en todas las historias que tratan de caualleros andantes que han sido encantados? Ansi (*) que bien puedes darte paz y sossiego en esto de 5 creer que son los que dizes, porque assi son ellos como yo soy turco. Y en lo que toca a querer preguntarme algo, di; que yo te respondere aunque me preguntes de aqui a mañana.” 10 “¡Valame nuestra señora!”, respondio Sancho, dando vna gran voz. “Y ¿es possible que sea vuestra merced tan duro de celebro y tan falto de meollo, que no eche de ver que es pura verdad la que le digo, y que en esta su prision 15 y desgracia tiene mas parte la malicia que el encanto? Pero pues assi es, yo le quiero prouar euidentemente como no va encantado. Si no, digame, assi Dios le saque desta tormenta, y assi se vea en los braços de mi señora Dulcinea 20 quando menos se piense.” “Acaba de conjurarme”, dixo don Quixote, “y pregunta lo que quisieres; que ya te he dicho que te respondere con toda puntualidad.” “Esso pido”, replicó Sancho, “y lo que quiero 25 saber es que me diga, sin añadir ni quitar cosa ninguna, sino con toda verdad, como se espera que la han de dezir y la dizen todos aquellos que professan las armas, como vuestra merced las professa, debaxo de titulo de caualleros 30 andantes...” “Digo que no mentire en cosa alguna”,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 357 respondio don Quixote. “Acaba ya de preguntar; que en verdad que me cansas con tantas saluas, plegarias y preuenciones, Sancho.” “Digo (*) que yo estoy seguro de la bondad y verdad de mi amo, y assi, porque haze al 5 caso a nuestro quento, pregunto, hablando con acatamiento, si acaso despues que vuestra merced va enxaulado, y a su parecer encantado, en esta xaula, le ha venido gana y voluntad de hazer aguas mayores o menores, como suele 10 dezirse.” “No entiendo esso de hazer aguas, Sancho; aclarate mas, si quieres que te responda derechamente.” “¿Es possible que no entiende vuestra 15 merced de hazer aguas menores o mayores? Pues en la escuela destetan a los muchachos con ello. Pues sepa que quiero dezir si le ha venido gana de hazer lo que no se escusa.” “¡Ya, ya te entiendo, Sancho! Y muchas 20 vezes, y aun agora la tengo. ¡Sacame deste peligro; que no anda todo limpio!”
p. 358 Capitulo XLIX Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Pança tuuo con su señor don Quixote. “¡Ha!”, dixo Sancho. “¡Cogido le tengo! ¡Esto es lo que yo desseaua saber como al alma y 5 como a la vida! Venga aca, señor: ¿podria negar lo que comunmente suele dezirse por ay quando vna persona está de mala voluntad: «No se qué tiene fulano, que ni come, ni beue, »ni duerme, ni responde a proposito a lo que le 10 »preguntan, que no parece sino que está »encantado»? De donde se viene a sacar que los que no comen, ni beuen, ni duermen, ni hazen las obras naturales que yo digo, estos tales estan encantados; pero no aquellos que tienen la 15 gana que vuestra merced tiene, y que beue (*) quando se lo dan, y come quando lo tiene, y responde a todo aquello que le preguntan.” “Verdad dizes, Sancho”, respondio don Quixote; “pero ya te he dicho que ay muchas 20 maneras de encantamentos, y podria ser que con el tiempo se huuiessen mudado de vnos en otros, y que agora se vse que los encantados hagan todo lo que yo hago, aunque antes no lo hazian. De manera, que contra el vso de los 25 tiempos no ay que arguyr ni de qué hazer consequencias. Yo se y tengo para mi que voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia; que la formaria muy grande si yo pensasse que no estaua encantado y me 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 359 dexasse estar en esta xaula, perezoso y couarde, defraudando el socorro que podria dar a muchos menesterosos y necessitados que de mi ayuda y amparo deuen tener a la hora de ahora (*) precisa y estrema necessidad.” 5 “Pues con todo esso”, replicó Sancho, “digo que, para mayor abundancia y satisfacion, seria bien que vuestra merced prouasse a salir desta carcel; que yo me obligo con todo mi poder a facilitarlo, y aun a sacarle della, y prouasse de 10 nueuo a subir sobre su buen Rozinante, que tambien parece que va encantado, segun va de malencolico (*) y triste; y echo esto, prouassemos otra vez la suerte de buscar mas auenturas, y si no nos sucediesse bien, tiempo nos 15 queda para boluernos a la xaula, en la qual prometo, a ley de buen y leal escudero, de encerrarme juntamente con vuestra merced, si acaso fuere vuestra merced tan desdichado, o yo tan simple, que no acierte a salir con lo que 20 digo.” “Yo soy contento de hazer lo que dizes, Sancho hermano”, replicó don Quixote, “y quando tu veas coyuntura de poner en obra mi libertad, yo te obedecere en todo y por todo; 25 pero tu, Sancho, veras cómo te engañas en el conocimiento de mi desgracia.” En estas platicas se entretuuieron el cauallero andante y el mal andante escudero, hasta que llegaron donde, ya apeados, los aguardauan 30 el cura, el canonigo y el baruero. Deshuncio luego los bueyes de la carreta el boyero y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 360 dexolos andar a sus anchuras por aquel verde y apazible sitio, cuya frescura combidaua a quererla gozar, no a las personas tan encantadas como don Quixote, sino a los tan aduertidos y discretos como su escudero; el qual rogo 5 al cura que permitiesse que su señor saliesse por vn rato de la xaula, porque si no le dexauan salir, no yria tan limpia aquella prision como requiria la decencia de vn tal cauallero como su amo. 10 Entendiole el cura, y dixo que de muy buena gana haria lo que le pedia, si no temiera que, en viendose su señor en libertad, auia de hazer de las suyas, y yrse donde jamas gentes le viessen. 15 “Yo le fio de la fuga”, respondio Sancho. “Y yo y todo”, dixo el canonigo, “y mas si el me da la palabra como cauallero de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad.” 20 “Si doy”, respondio don Quixote, que todo lo estaua escuchando; “quanto mas que el que está encantado, como yo, no tiene libertad para hazer de su persona lo que quisiere, porque el que le encantó le puede hazer que no se mueua 25 de vn lugar en tres siglos, y si huuiere huydo, le hara boluer en bolandas.” ... Y que, pues esto era assi, bien podian soltalle, (*) y mas siendo tan en prouecho de todos, y del no soltalle (*) les protestaua que no podia dexar 30 de fatigalles (*) el olfato, si de alli no se desuiauan.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 361 Tomole la mano el canonigo, aunque las tenia atadas, y debaxo de su buena fe y palabra le desenxaularon, de que el se alegró infinito y en grande manera (*) de uerse fuera de la xaula. Y lo primero que hizo fue estirarse 5 todo el cuerpo, y luego se fue donde estaua Rozinante, y, dandole dos palmadas en las ancas, dixo: “Aun espero en Dios y en su bendita Madre, flor y espejo de los cauallos, que presto nos 10 hemos de ver los dos qual desseamos: tu con tu señor a cuestas, y yo encima de ti, exercitando el oficio para que Dios me echó al mundo.” Y, diziendo esto don Quixote, se apartó con Sancho en remota parte, de donde vino mas 15 aliuiado y con mas desseos de poner en obra lo que su escudero ordenasse. Miraualo el canonigo y admirauase de ver la estrañeza de su grande locura, y de que en quanto hablaua y respondia mostraua tener bonissimo entendimiento; 20 solamente venia a perder los estribos, como otras vezes se ha dicho, en tratandole de caualleria (*); y, assi, mouido de compassion, despues de auerse sentado todos en la verde yerua para esperar el repuesto del 25 canonigo (*), le dixo: “¿Es possible, señor hidalgo, que aya podido tanto con vuestra merced la amarga y ociosa letura de los libros de cauallerias, que le ayan buelto el juyzio de modo que venga a creer 30 que va encantado, con otras cosas deste jaez, tan lexos de ser verdaderas como lo está la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 362 mesma (*) mentira de la verdad? Y ¿cómo es possible que aya entendimiento humano que se de a entender que ha auido en el mundo aquella infinidad de Amadises, y aquella turbamulta de tanto famoso cauallero, tanto 5 emperador de Trapisonda, tanto Felixmarte (*) de Yrcania, tanto palafren, tanta donzella andante, tantas sierpes, tantos endriagos, tantos gigantes, tantas inauditas auenturas, tanto genero de encantamentos (*), tantas batallas, tantos 10 desaforados encuentros, tanta bizarria de trajes, tantas princessas enamoradas, tantos escuderos condes, tantos enanos graciosos, tanto villete, tanto requiebro, tantas mugeres valientes, y, finalmente, tantos y tan disparatados 15 casos (*) como los libros de cauallerias contienen? De mi se dezir que quando los leo, en tanto que no pongo la imaginacion en pensar que son todos mentira y liuiandad, me dan algun contento; pero quando caygo en la cuenta 20 de lo que son, doy con el mejor dellos en la pared, y aun diera con el en el fuego, si cerca o presente le tuuiera, bien como a merecedores de tal pena, por ser falsos y embusteros y fuera del trato que pide la comun naturaleza, y como 25 a inuentores de nueuas sectas y de nueuo modo de vida, y como a quien da ocasion que el vulgo ignorante venga a creer y a (*) tener por verdaderas tantas necedades como contienen. ”Y aun tienen tanto atreuimiento, que se 30 atreuen a turbar los ingenios de los discretos y bien nacidos hidalgos, como se echa bien de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 363 ver por lo que con vuestra merced han hecho, pues le han traydo a terminos que sea forçoso encerrarle en vna xaula, y traerle sobre vn carro de bueyes, como quien trae o lleua algun leon, o algun tygre, de lugar en lugar, para 5 ganar con el dexando que le vean. Ea, señor don Quixote, duelase de si mismo y reduzgase al gremio de la discrecion, y sepa vsar de la mucha que el cielo fue seruido de darle, empleando el felicissimo talento de su ingenio en otra 10 letura que redunde en aprouechamiento de su conciencia y en aumento de su honra. Y si todauia, lleuado de su natural inclinacion, quisiere leer libros de hazañas y de cauallerias, lea en la Sacra Escritura el de los Iuezes; que 15 alli hallará verdades grandiosas y hechos tan verdaderos como valientes. Vn Viriato tuuo Lusitania; vn Cesar Roma; vn Anibal Cartago; vn Alexandro Grecia; vn Conde Fernan Gonçalez Castilla; vn Cid Valencia; vn Gonçalo 20 Fernandez Andaluzia; vn Diego Garcia de Paredes Estremadura; vn Garci Perez de Vargas Xerez; vn Garci Lasso Toledo; vn don Manuel de Leon Seuilla (*), cuya lecion de sus valerosos hechos puede entretener, enseñar, deleytar y 25 admirar a los mas altos ingenios que los leyeren. Esta si sera letura digna del buen entendimiento de vuestra merced, señor don Quixote mio, de la qual saldra erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado en la bondad, 30 mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, osado sin couardia, y todo esto,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 364 para honra de Dios, prouecho suyo y fama de la Mancha, do, segun he sabido, trae vuestra merced su principio y origen.” Atentissimamente estuuo don Quixote escuchando las razones del canonigo, y quando 5 vio que ya auia puesto fin a ellas, despues de auerle estado vn buen espacio mirando, le dixo: “Pareceme, señor hidalgo, que la platica de vuestra merced se ha encaminado a querer 10 darme a entender que no ha auido caualleros andantes en el mundo, y que todos los libros de cauallerias son falsos, mentirosos, dañadores e inutiles para la republica, y que yo he hecho mal en leerlos, y peor en creerlos, y 15 mas mal en imitarlos, auiendome puesto a seguir la durissima profession de la caualleria andante que ellos enseñan; negandome que no ha auido en el mundo Amadises, ni de Gaula, ni de Grecia, ni todos los otros caualleros de 20 que las escrituras estan llenas.” “Todo es al pie de la letra, como vuestra merced lo va relatando”, dixo a esta sazon el canonigo. A lo qual respondio don Quixote: 25 “Añadio tambien vuestra merced, diziendo que me auian hecho mucho daño tales libros, pues me auian buelto el juyzio y puestome en vna jaula, y que me seria mejor hazer la enmienda y mudar de letura, leyendo otros mas 30 verdaderos y que mejor deleytan y enseñan.” “Assi ess”, dixo el canonigo.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 365 “Pues yo”, replicó don Quixote, “hallo por mi cuenta que el sin juyzio y el encantado es vuestra merced, pues se ha puesto a dezir tantas blasfemias contra vna cosa tan recebida en el mundo y tenida por tan verdadera, que el 5 que la negasse, como vuestra merced la niega, merecia la mesma (*) pena que vuestra merced dize que da a los libros quando los lee y le enfadan. Porque querer dar a entender a nadie que Amadis no fue en el mundo, ni todos los 10 otros caualleros auentureros, de que estan colmadas las historias, sera querer persuadir que el sol no alumbra, ni el yelo enfria, ni la tierra sustenta; porque ¿qué ingenio puede auer en el mundo que pueda persuadir a otro que no fue 15 verdad lo de la infanta Floripes y Guy de Borgoña? ¿Y lo de Fierabras con la puente de Mantible, que sucedio en el tiempo de Carlo Magno, que voto a tal que es tanta verdad como es aora de dia? (*) 20 ”Y si es mentira, tambien lo deue de ser que no huuo Hector, ni Aquiles, ni la guerra de Troya, ni los doze pares de Francia, ni el rey Artus de Ingalaterra, que anda hasta aora conuertido en cueruo, y le esperan en su reyno por 25 momentos (*). Y tambien se atreueran a dezir que es mentirosa la historia de Guarino Mezquino, y la de la demanda del Santo Grial, y que son apocrifos los amores de don Tristan y la reyna Yseo, como los de Ginebra y Lançarote 30 (*), auiendo personas que casi se acuerdan de auer visto a la dueña Quintañona, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 366 fue la mejor escanciadora de vino que tuuo la Gran Bretaña. Y es esto tan ansi (*), que me acuerdo yo que me dezia vna mi aguela, de partes de mi padre, quando veia (*) alguna dueña con tocas reuerendas: «Aquella, nieto, 5 »se parece a la dueña Quintañona.» De donde arguyo yo que la deuio de conocer ella, o, por lo menos, deuio de alcançar a ver algun retrato suyo. Pues, ¿quién podra negar no ser verdadera la historia de Pierres y la linda Magalona, 10 pues aun hasta oy dia se vee (*) en la armeria de los reyes la clauija con que boluia al (*) cauallo de madera, sobre quien yua el valiente Pierres por los ayres, que es vn poco mayor que vn timon de carreta (*), y junto a la clauija 15 está la silla de Babieca? ”Y en Roncesualles está el cuerno de Roldan, tamaño como vna grande viga (*); de donde se infiere que huuo doze pares, que huuo Pierres, que huuo Cides y otros caualleros 20 semejantes, destos que dizen las gentes que a sus auenturas van (*). ”Si no, diganme tambien que no es verdad que fue cauallero andante el valiente lusitano 25 Iuan de Merlo, que fue a Borgoña y se combatio en la ciudad de Ras con el famoso señor de Charni, llamado Mosen Pierres, y despues, en la ciudad de Basilea, con Mosen Enrique de Remestan, saliendo de entrambas empresas 30 vencedor y lleno de honrosa fama. Y las
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 367 auenturas y desafios que tambien acabaron en Borgoña los valientes españoles Pedro Barba y Gutierre Quixada --de cuya alcurnia yo deciendo, por linea recta de varon--, venciendo a los hijos del conde de San Polo. Nieguenme, 5 assimesmo (*), que no fue a buscar las auenturas a Alemania don Fernando de Gueuara, donde se combatio con Micer Iorge, cauallero de la casa del duque de Austria. Digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones, 10 del Passo; las empresas de Mosen Luys de Falces contra don Gonçalo de Guzman, cauallero castellano (*), con otras muchas hazañas hechas por caualleros christianos, destos y de los reynos estrangeros, tan autenticas y 15 verdaderas, que torno a dezir, que el que las negasse careceria de toda razon y buen discurso.” Admirado quedó el canonigo de oyr la mezcla que don Quixote hazia de verdades y mentiras, 20 y de ver la noticia que tenia de todas aquellas cosas, tocantes y concernientes a los hechos de su andante caualleria, y, assi, le respondio: “No puedo yo negar”, señor don Quixote, 25 “que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca a los caualleros andantes españoles; y, assimesmo (*), quiero conceder que huuo doze Pares de Francia, pero no quiero creer que 30 hizieron todas aquellas cosas que el arçobispo Turpin dellos escriue; porque la verdad dello
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 368 es, que fueron caualleros escogidos por los reyes de Francia, a quien llamaron pares, por ser todos yguales en valor, en calidad y en valentia, a lo menos, si no lo eran, era razon que lo fuessen, y era como vna religion de las que 5 aora se vsan de Santiago o de Calatraua, que se presupone que los que la professan han de ser o deuen ser caualleros valerosos, valientes y bien nacidos; y como aora dizen cauallero de San Iuan o de Alcantara, dezian en aquel 10 tiempo cauallero de los doze Pares, porque lo (*) fueron doze yguales los que para esta religion militar se escogieron. En lo de que huuo Cid, no ay duda, ni menos Bernardo del Carpio; pero de que hizieron las hazañas que 15 dizen, creo que la ay muy grande. En lo otro de la clauija, que vuestra merced dize del conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la armeria de los reyes, confiesso mi pecado, que soy tan ignorante o tan corto de 20 vista, que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la clauija, y mas siendo tan grande como vuestra merced ha dicho.” “Pues alli está sin duda alguna”, replicó don Quixote, “y por mas señas, dizen que está 25 metida en vna funda de vaqueta, porque no se tome de moho.” “Todo puede ser”, respondio el canonigo, “pero por las ordenes que recebi, que no me acuerdo auerla visto; mas puesto que conceda 30 que está alli, no por esso me obligo a creer las historias de tantos Amadises ni las de tanta
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 369 turbamulta de caualleros como por ay nos cuentan, ni es razon que vn hombre como vuestra merced, tan honrado y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se de a entender que son verdaderas tantas y tan estrañas 5 locuras como las que estan escritas en los disparatados libros de cauallerias.”
p. 370 Capitulo L De las discretas altercaciones que don Quixote y el canonigo tuuieron, con otros sucessos. “Bveno está esso”, respondio don Quixote; “los libros que estan impressos con licencia de 5 los reyes, y con aprouacion de aquellos a quien se remitieron, y que con gusto general son leydos y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caualleros, 10 finalmente, de todo genero de personas, de qualquier estado y condicion que sean, ¿auian de ser mentira, y mas lleuando tanta apariencia (*) de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, los parientes, la edad, el lugar 15 y las hazañas, punto por punto y dia por dia, que el tal cauallero hizo, o caualleros hizieron? Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia y creame --que le aconsejo en esto lo que deue de hazer como discreto--; si no (*), lealos, y 20 verá el gusto que recibe de su leyenda. ”Si no, digame, ¿ay mayor contento que ver, como si dixessemos, aqui aora se muestra delante de nosotros vn gran lago de pez hiruiendo a boruollones, y que andan nadando y cruzando 25 por el muchas serpientes, culebras y lagartos, y otros muchos generos de animales ferozes y espantables, y que del medio del lago sale vna voz tristissima, que dize: «Tu, cauallero, »quien quiera que seas, que el temeroso lago 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO L p. 371 »estás mirando: si quieres alcançar el bien que »debaxo destas negras aguas se encubre, muestra »el valor de tu fuerte pecho, y arrojate en »mitad de su negro y encendido licor, porque »si assi no lo hazes, no seras digno de ver las 5 »altas marauillas que en si encierran y contienen »los siete castillos de las siete fadas, que »debaxo desta negregura yazen?» ¿Y que apenas el cauallero no ha acabado de oyr la voz temerosa, quando sin entrar mas en cuentas 10 consigo, sin ponerse a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendandose a Dios y a su señora, se arroja en mitad del bullente lago? 15 ”Y quando no se cata ni sabe dónde ha de parar, se halla entre vnos floridos campos, con quien los Eliseos no tienen que ver en ninguna cosa. Alli le parece que el cielo es mas transparente, y que el sol luze con claridad mas 20 nueua. Ofrecesele a los ojos vna apazible floresta, de tan verdes y frondosos arboles compuesta, que alegra a la vista su verdura, y entretiene los oydos el dulce y no aprendido canto de los pequeños, infinitos y pintados paxarillos que por 25 los intricados ramos van cruzando. Aqui descubre vn arroyuelo, cuyas frescas aguas, que liquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. Aculla vee vna 30 artificiosa fuente de jaspe variado y de liso marmol compuesta. Aca vee otra, a lo brutesco
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 372 adornada, adonde las menudas conchas de las almejas, con las torcidas casas, blancas y amarillas, del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre ellas pedaços de cristal luziente y de contrahechas esmeraldas, hazen 5 vna variada labor de manera, que el arte, imitando a la naturaleza, parece que alli la vence. ”Aculla, de improuiso, se le descubre vn fuerte castillo o vistoso alcaçar, cuyas murallas son de mazizo oro, las almenas de diamantes, 10 las puertas de jacintos; finalmente, el es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubies, de perlas, de oro y de esmeraldas, es de mas estimacion su 15 hechura. Y, ¿ay mas que ver, despues de auer visto esto, que ver salir por la puerta del castillo vn buen numero de donzellas, cuyos galanos y vistosos trajes, si yo me pusiesse aora a dezirlos como las historias nos los cuentan, seria 20 nunca acabar; y tomar luego la que parecia principal de todas por la mano al atreuido cauallero que se arrojó en el feruiente lago, y lleuarle, sin hablarle palabra, dentro del rico alcaçar o castillo, y hazerle desnudar como su 25 madre le pario, y bañarle con templadas aguas, y luego vntarle todo con olorosos vnguentos, y vestirle vna camisa de cendal delgadissimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra donzella y echarle vn manton sobre los ombros, que, 30 por lo menos menos, dizen que suele valer vna ciudad y aun mas?
QVARTA PARTE, CAPITVLO L p. 373 ”¿Qué es ver, pues, quando nos cuentan que tras todo esto, le lleuan a otra sala, donde halla puestas las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y admirado? ¿Qué el verle echar agua a manos, toda de ambar y de olorosas 5 flores distilada? ¿Qué el hazerle sentar sobre vna silla de marfil? ¿Qué verle seruir todas las donzellas, guardando vn marauilloso silencio? ¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente guisados, que no sabe el 10 apetito a quál deua de alargar la mano? ¿Quál sera oyr la musica que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? Y ¿despues de la comida acabada y las mesas alçadas, quedarse el cauallero recostado sobre 15 la silla, y quiça mondandose los dientes, como es costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho mas hermosa donzella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del cauallero, y començar a darle cuenta de qué 20 castillo es aquel, y de como ella está encantada en el, con otras cosas que suspenden al cauallero y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? ”No quiero alargarme mas en esto, pues 25 dello se puede colegir que qualquiera parte que se lea de qualquiera historia de cauallero andante ha de causar gusto y marauilla a qualquiera que la leyere. Y vuestra merced creame, y, como otra vez le he dicho, lea estos 30 libros, y vera como le destierran la melancolia que tuuiere, y le mejoran la condicion, si acaso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 374 la tiene mala. De mi se dezir que, despues que soy cauallero andante, soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortes, atreuido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos; y, aunque ha tan poco que 5 me vi encerrado en vna jaula como loco, pienso, por el valor de mi braço, fauoreciendome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos dias verme rey de algun reyno, adonde pueda mostrar el agradecimiento y liberalidad 10 que mi pecho encierra; que mia fe, señor, el pobre está inabilitado de poder mostrar la virtud de liberalidad con ninguno, aunque en sumo grado la possea. Y el agradecimiento, que solo consiste en el desseo, es cosa muerta, 15 como es muerta la fe sin obras (*). Por esto querria que la fortuna me ofreciesse presto alguna ocasion, donde me hiziesse emperador, por mostrar mi pecho, haziendo bien a mis amigos, especialmente a este pobre de Sancho 20 Pança, mi escudero, que es el mejor hombre del mundo, y querria darle vn condado que le tengo muchos dias ha prometido, sino que temo que no ha de tener abilidad para gouernar su estado.” 25 Casi estas vltimas palabras oyo Sancho a su amo, a quien dixo: “Trabaje vuestra merced, señor don Quixote, en darme esse condado, tan prometido de vuestra merced como de mi esperado; que yo le 30 prometo que no me falte a mi abilidad para gouernarle, y, quando me faltare, yo he oydo
QVARTA PARTE, CAPITVLO L p. 375 dezir que ay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores y les dan vn tanto cada año, y ellos se tienen cuydado del gouierno; y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, 5 sin curarse de otra cosa; y assi hare yo, y no repararé en tanto mas quanto, sino que luego me desistire de todo, y me gozaré mi renta como vn duque; y alla se lo ayan.” “Esso, hermano Sancho”, dixo el canonigo, 10 “entiendese en quanto al gozar la renta; empero, al administrar justicia, ha de atender (*) el señor del estado, y aqui entra la abilidad y buen juyzio, y principalmente la buena intencion de acertar, que si esta falta en los principios, 15 siempre yran errados los medios y los fines; y assi suele Dios ayudar al buen desseo del simple como desfauorecer al malo del discreto.” “No se essas filosofias”, respondio Sancho 20 Pança; “mas solo se que tan presto tuuiesse yo el condado como sabria regirle; que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que mas; y tan rey seria yo de mi estado como cada vno del suyo; y siendolo, haria lo que 25 quisiesse; y haziendo lo que quisiesse, haria mi gusto; y haziendo mi gusto, estaria contento; y en estando vno contento, no tiene mas que dessear; y no teniendo mas que dessear, acabose, y el estado venga; y a Dios y 30 veamonos, como dixo vn ciego a otro (*).” “No son malas filosofias essas, como tu
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 376 dizes, Sancho”, [dixo el canonigo]; “pero, con todo esso, ay mucho que dezir sobre esta materia de condados.” A lo qual replicó don Quixote: “Yo no se qué aya mas que dezir (*); solo me 5 guio por el exemplo que me da el grande Amadis de Gaula, que hizo a su escudero conde de la Insula Firme; y, assi, puedo yo sin escrupulo de conciencia hazer conde a Sancho Pança, que es vno de los mejores escuderos que 10 cauallero andante ha tenido.” Admirado quedó el canonigo de los concertados disparates (*) que don Quixote auia dicho, del modo con que auia pintado la auentura del Cauallero del Lago, de la impression 15 que en el auian hecho las pensadas mentiras de los libros que auia leydo; y, finalmente, le admiraua la necedad de Sancho, que con tanto ahinco desseaua alcançar el condado que su amo le auia prometido. 20 Ya en esto boluian los criados del canonigo, que a la venta auian ydo por la azemila del repuesto, y, haziendo mesa de vna alhombra y de la verde yerua del prado, a la sombra de vnos arboles se sentaron y comieron alli, 25 porque el boyero no perdiesse la comodidad de aquel sitio, como queda dicho. Y, estando comiendo, a deshora oyeron vn rezio estruendo y vn son de esquila, que por entre vnas çarças y espessas matas que alli junto estauan sonaua, 30 y al mesmo (*) instante vieron salir de entre aquellas malezas vna hermosa cabra, toda la
QVARTA PARTE, CAPITVLO L p. 377 piel manchada de negro, blanco y pardo. Tras ella venia vn cabrero dandole vozes, y diziendole palabras a su vso, para que se detuuiesse, o al rebaño boluiesse. La fugitiua cabra, temerosa y despauorida, se vino a la gente, como 5 a fauorecerse della, y alli se detuuo. Llegó el cabrero, y, asiendola de los cuernos, como si fuera capaz de discurso y entendimiento, le dixo: “¡A cerrera, cerrera; manchada, manchada, 10 y cómo andays vos estos dias de pie coxo! ¿Qué lobos os espantan, hija?; ¿no me direys qué es esto, hermosa? Mas ¿qué puede ser sino que soys hembra, y no podeys estar sossegada; que mal aya vuestra condicion y la de todas 15 aquellas a quien imitays? Bolued, bolued, amiga; que si no tan contenta, a lo menos, estareys mas (*) segura en vuestro aprisco, o con vuestras compañeras; que si vos, que las aueys de guardar (*) y encaminar, andays tan sin guia y 20 tan descaminada, ¿en qué podran parar ellas?” Contento dieron las palabras del cabrero a los que las oyeron, especialmente al canonigo, que le dixo: “Por vida vuestra, hermano, que os sossegueys 25 vn poco, y no os acucieys en boluer tan presto essa cabra a su rebaño; que pues ella es hembra, como vos dezis, ha de seguir su natural distinto, por mas que vos os pongays a estoruarlo. Tomad este bocado, y beued vna vez, 30 con que templareys la colera, y, en tanto, descansará la cabra.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 378 Y el dezir esto y el darle con la punta del cuchillo los lomos de vn conejo fiambre, todo fue vno. Tomolo, y agradeciolo el cabrero; beuio, y sossegose; y luego dixo: “No querria que por auer yo hablado con 5 esta alimaña tan en seso, me tuuiessen vuestras mercedes por hombre simple; que en verdad que no carecen de misterio las palabras que le dixe. Rustico soy; pero no tanto que no entienda cómo se ha de tratar con los hombres 10 y con las bestias.” “Esso creo yo muy bien”, dixo el cura, “que ya yo se de esperiencia que los montes crian letrados, y las cabañas de los pastores encierran filosofos.” 15 “A lo menos, señor”, replicó el cabrero, “acogen hombres escarmentados; y para que creays esta verdad y la toqueys con la mano, aunque parezca que sin ser rogado me combido, si no os enfadays dello, y quereys, señores, 20 vn breue espacio prestarme oydo atento, os contaré vna verdad, que acredite lo que esse señor --señalando al cura-- ha dicho, y la mia.” A esto respondio don Quixote: 25 “Por ver que tiene este caso vn no se qué de sombra de auentura de caualleria, yo, por mi parte, os oyre, hermano, de muy buena gana, y assi lo harán todos estos señores, por lo mucho que tienen de discretos y de ser amigos de 30 curiosas nouedades que suspendan, alegren y entretengan los sentidos, como sin duda pienso
QVARTA PARTE, CAPITVLO L p. 379 que lo (*) ha de hazer vuestro cuento. Començad, pues, amigo; que todos escucharemos.” “Saco la mia”, dixo Sancho, “que yo a aquel arroyo me voy con esta empanada, donde pienso hartarme por tres dias; porque he oydo dezir 5 a mi señor don Quixote, que el escudero de cauallero andante ha de comer quando se le ofreciere, hasta no poder mas, a causa que se les suele ofrecer entrar acaso por vna selua tan intricada, que no aciertan a salir della en seys 10 dias, y si el hombre no va harto, o bien proueydas las alforjas, alli se podra quedar, como muchas vezes se queda, hecho carne momia.” “Tu estás en lo cierto, Sancho”, dixo don Quixote; “vete adonde quisieres y come lo que 15 pudieres; que yo ya estoy satisfecho, y solo me falta dar al alma su refaccion (*), como se la dare escuchando el cuento deste buen hombre.” “Assi las (*) daremos todos a las nuestras”, dixo el canonigo. 20 Y luego rogo al cabrero que diesse principio a lo que prometido auia. El cabrero dio dos palmadas sobre el lomo a la cabra, que por los cuernos tenia, diziéndole: “Recuestate junto a mi, manchada; que tiempo 25 nos queda para boluer a nuestro apero.” Parece que lo entendio la cabra, porque en sentandose su dueño, se tendio ella junto a el con mucho sossiego, y mirandole al rostro, daua a entender que estaua atenta a lo que el 30 cabrero yua diziendo, el qual començo su historia desta manera.
p. 380 Capitulo LI Que trata de lo que conto el cabrero a todos los que lleuauan a don Quixote. “Tres leguas deste valle está vna aldea que, aunque pequeña, es de las mas ricas que ay 5 en todos estos contornos, en la qual auia vn labrador muy honrado, y tanto, que aunque es anexo al ser rico el ser honrado, mas lo era el por la virtud que tenia, que por la riqueza que alcançaua; mas lo que le hazia mas dichoso, 10 segun el dezia, era tener vna hija de tan estremada hermosura, rara discrecion, donayre y virtud, que el que la conocia y la miraua, se admiraua de ver las estremadas partes con que el cielo y la naturaleza la auian enriquezido. 15 Siendo niña, fue hermosa, y siempre fue creciendo en belleza, y en la edad de diez y seys años fue hermosissima. La fama de su belleza se començo a estender por todas las circunuezinas aldeas, ¿qué digo yo por las circunuezinas 20 no mas, si se estendio a las apartadas (*) ciudades, y aun se entró por las salas de los reyes y por los oydos de todo genero de gente que, como a cosa rara, o como a imagen de milagros, de todas partes a verla venian? 25 ”Guardauala su padre y guardauase ella, que no ay candados, guardas ni cerraduras que mejor guarden a vna donzella que las del recato proprio (*). La riqueza del padre y la belleza de la hija mouieron a muchos, assi del 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO LI p. 381 pueblo como forasteros, a que por muger se la pidiessen; mas el, como a quien tocaua disponer de tan rica joya, andaua confuso, sin saber (*) determinarse a quién la entregaria de los infinitos que le importunauan; y entre los 5 muchos que tan buen desseo tenian, fuy yo vno, a quien dieron muchas y grandes esperanças de buen sucesso conocer que el padre conocia quien yo era, el ser natural del mismo pueblo, limpio en sangre, en la edad floreciente, 10 en la hazienda muy rico y en el ingenio no menos acabado. ”Con todas estas mismas partes la pidio tambien otro del mismo pueblo, que fue causa de suspender y poner en balança la voluntad 15 del padre, a quien parecia que con qualquiera de nosotros estaua su hija bien empleada; y por salir desta confusion, determinó dezirselo a Leandra, que assi se llama la rica que en miseria me tiene puesto, aduirtiendo que, pues 20 los dos eramos iguales, era bien dexar a la voluntad de su querida hija el escoger a su gusto, cosa digna de imitar de todos los padres que a sus hijos quieren poner en estado. No digo yo que los dexen escoger en cosas ruynes 25 y malas, sino que se las propongan buenas (*), y de las buenas que escoxan a su gusto. No se yo el que tuuo Leandra; solo se que el padre nos entretuuo a entrambos con la poca edad de su hija, y con palabras generales, que ni le 30 obligauan, ni nos desobligauan (*) tampoco. Llamase mi competidor Anselmo, y yo Eugenio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 382 porque vays con noticia de los nombres de las personas que en esta tragedia se contienen, cuyo fin aun está pendiente, pero bien se dexa entender que ha de ser desastrado. ”En esta sazon vino a nuestro pueblo vn 5 Vicente de la Rosa (*), hijo de vn pobre labrador del mismo lugar, el qual Vicente venia de las Italias y de otras diuersas partes, de ser soldado; lleuole de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doze años, vn capitan que con su 10 compañia por alli acerto a passar, y boluio el moço de alli a otros doze, vestido a la soldadesca, pintado con mil colores, lleno de mil dixes de cristal y sutiles cadenas de azero; oy se ponia vna gala y mañana otra, pero todas 15 sutiles, pintadas, de poco peso y menos tomo. La gente labradora, que de suyo es maliciosa, y dandole el ocio lugar es la misma malicia, lo notó, y conto punto por punto sus galas y preseas, y halló que los vestidos eran tres de diferentes 20 colores, con sus ligas y medias, pero, el hazia tantos guisados e inuenciones dellas, que si no se los contaran, huuiera quien jurara que auia hecho muestra (*) de mas de diez pares de vestidos y de mas de veinte plumajes (*). Y no 25 parezca impertinencia y demasia esto que de los vestidos voy contando, porque ellos hazen vna buena parte en esta historia. ”Sentauase en vn poyo que debaxo de vn gran alamo está en nuestra plaça, y alli nos 30 tenia a todos la boca abierta, pendientes de las hazañas que nos yua contando: no auia tierra
QVARTA PARTE, CAPITVLO LI p. 383 en todo el orbe que no huuiesse visto, ni batalla donde no se huuiesse hallado; auia muerto mas moros que tiene Marruecos y Tunez, y entrado en mas singulares desafios, segun el dezia, que Gante y Luna, Diego Garcia de Paredes (*) y 5 otros mil que nombraua, y de todos auia salido con vitoria, sin que le huuiessen derramado (*) vna sola gota de sangre; por otra parte, mostraua señales de heridas que, aunque no se diuisauan, nos hazia entender que eran arcabuzazos 10 dados en diferentes rencuentros y faciones; finalmente, con vna no vista arrogancia llamaua de vos a sus iguales y a los mismos que le conocian, y dezia que su padre era su braço, su linaje sus obras, y que, debaxo de ser 15 soldado, al mismo rey no deuia nada. Añadiosele a estas arrogancias ser vn poco musico y tocar vna guitarra a lo rasgado, de manera, que dezian algunos que la hazia hablar; pero no pararon aqui sus gracias, que tambien la tenia de 20 poeta, y assi, de cada niñeria que passaua en el pueblo componia vn romance de legua y media de escritura. ”Este soldado, pues, que aqui he pintado, este Vicente de la Rosa, este brauo, este galan, 25 este musico, este poeta, fue visto y mirado muchas vezes de Leandra desde vna ventana de su casa que tenia la vista a la plaça; enamorola el oropel de sus vistosos trajes; encantaronla sus romances, que de cada vno que componia 30 daua veynte traslados; llegaron a sus oydos la hazañas que el de si mismo auia referido, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 384 finalmente, que assi el diablo lo deuia de tener ordenado, ella se vino a enamorar del, antes que en el naciesse presuncion de solicitalla (*), y como en los casos de amor no ay ninguno que con mas facilidad se cumpla que aquel que 5 tiene de su parte el desseo de la dama, con facilidad se concertaron Leandra y Vicente, y primero que alguno de sus muchos pretendientes cayessen (*) en la cuenta de su desseo, ya ella le tenia (*) cumplido, auiendo dexado la 10 casa de su querido y amado padre, que madre no la tiene, y ausentadose de la aldea con el soldado, que salio con mas triunfo desta empresa que de todas las muchas que el se aplicaua. 15 ”Admiró el sucesso a toda el (*) aldea, y aun a todos los que del noticia tuuieron; yo quedé suspenso, Anselmo atonito, el padre triste, sus parientes afrentados, solicita la justicia, los quadrilleros listos; tomaronse los caminos, 20 escudriñaronse los bosques y quanto auia, y al cabo de tres dias hallaron a la antojadiza Leandra en vna cueua de vn monte, desnuda en camisa, sin muchos dineros y preciosissimas joyas que de su casa auia sacado. Boluieronla 25 a la presencia del lastimado padre; preguntaronle su desgracia; confesso sin apremio que Vicente de la Rosa (*) la auia engañado, y debaxo de su palabra de ser su esposo la persuadio que dexasse la casa de su padre; que el la 30 lleuaria a la mas rica y mas viciosa ciudad que auia en todo el vniuerso mundo, que era Napoles,
QVARTA PARTE, CAPITVLO LI p. 385 y que ella, mal aduertida y peor engañada, le auia creydo, y, robando a su padre, se le entregó la misma noche que auia faltado; y que el la lleuó a vn aspero monte y la encerro en aquella cueua donde la auian hallado. Conto 5 tambien como el soldado, sin quitalle (*) su honor, le robó quanto tenia, y la dexó en aquella cueua y se fue: sucesso que de nueuo puso en admiracion a todos. ”Duro se nos (*) hizo de creer la continencia 10 del moço, pero ella lo afirmó con tantas veras, que fueron parte para que el desconsolado padre se consolasse, no haziendo cuenta de las riquezas que le lleuauan, pues le auian dexado a su hija con la joya que, si vna vez se pierde, 15 no dexa esperança de que jamas se cobre. El mismo (*) dia que parecio Leandra la desparecio su padre de nuestros ojos y la lleuó a encerrar en vn monesterio (*) de vna villa que está aqui cerca, esperando que el tiempo gaste alguna 20 parte de la mala opinion en que su hija se puso. Los pocos años de Leandra siruieron de disculpa de su culpa, a lo menos con aquellos que no les yua algun interes en que ella fuesse mala o buena; pero los que conocian su 25 discrecion y mucho entendimiento no atribuyeron a ignorancia su pecado, sino a su desemboltura y a la natural inclinacion de las mugeres, que, por la mayor parte, suele ser desatinada y mal compuesta. 30 ”Encerrada Leandra, quedaron los ojos de Anselmo ciegos, a lo menos, sin tener cosa que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 386 mirar que contento le diesse; los mios en tinieblas, sin luz que a ninguna cosa de gusto les encaminasse; con la ausencia de Leandra crecia nuestra tristeza, apocauase nuestra paciencia, maldeziamos las galas del soldado y abominauamos 5 del poco recato del padre de Leandra; finalmente, Anselmo y yo nos concertamos de dexar el aldea y venirnos a este valle, donde el apacentando vna gran cantidad de ouejas suyas proprias (*), y yo vn numeroso rebaño de 10 cabras, tambien mias, passamos la vida entre los arboles, dando vado a nuestras passiones, o cantando juntos alabanças o vituperios de la hermosa Leandra, o suspirando (*) solos y a solas comunicando con el cielo nuestras 15 querellas. ”A imitacion nuestra (*), otros muchos de los pretendientes de Leandra se han venido a estos asperos montes vsando el mismo exercicio nuestro, y son tantos, que parece que este sitio 20 se ha conuertido en la pastoral Arcadia, segun está colmo (*) de pastores y de apriscos, y no ay parte en el donde no se oyga el nombre de la hermosa Leandra; este la maldize y la llama antojadiza, varia y deshonesta; aquel 25 la condena por facil y ligera; tal la absuelue y perdona, y tal la justicia (*) y vitupera; vno celebra su hermosura, otro reniega de su condicion, y, en fin, todos la deshonran y todos la adoran, y de todos se estiende a tanto la 30 locura, que ay quien se quexe de desden sin auerla jamas hablado, y aun quien se lamente
QVARTA PARTE, CAPITVLO LI p. 387 y sienta la rabiosa enfermedad de los zelos, que ella jamas dio a nadie, porque, como ya tengo dicho, antes se supo su pecado que su desseo. No ay hueco de peña, ni margen de arroyo, ni sombra de arbol que no esté ocupada 5 de algun pastor que sus desuenturas a los ayres cuente; el eco repite el nombre de Leandra dondequiera que pueda formarse; Leandra resuenan los montes; Leandra murmuran los arroyos, y Leandra nos tiene a todos suspensos 10 y encantados, esperando sin esperança y temiendo sin saber de qué tememos. ”Entre estos disparatados, el que muestra que menos y mas juyzio tiene es mi competidor Anselmo, el qual, teniendo (*) tantas 15 otras cosas de que quexarse, solo se quexa de ausencia, y al son de vn rabel que admirablemente toca, con versos, donde muestra su buen entendimiento, cantando se quexa; yo sigo otro camino mas facil, y a mi parecer el mas 20 acertado, que es dezir mal de la ligereza de las mugeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promessas muertas, de su fe rompida y, finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones 25 que tienen (*). Y esta fue la ocasion, señores, de las palabras y razones que dixe a esta cabra quando aqui llegué: que por ser hembra la tengo en poco, aunque es la mejor de todo mi apero. 30 ”Esta es la historia que prometi contaros; si he sido en el contarla prolixo, no sere en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 388 seruiros (*) corto; cerca de aqui tengo mi maxada, y en ella tengo fresca leche y muy (*) sabrosissimo queso, con otras varias y sazonadas frutas, no menos a la vista que al gusto agradables.” 5
p. 389 Capitulo LII De la pendencia que don Quixote tuuo (*) con el cabrero, con la rara auentura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor. 5 General gusto causó el cuento del cabrero a todos los que escuchado le auian, especialmente le recibio el canonigo, que con estraña curiosidad notó la manera con que le auia contado, tan lexos de parecer rustico cabrero 10 quan cerca de mostrarse discreto cortesano; y, assi, dixo que auia dicho muy bien el cura en dezir que los montes criauan letrados. Todos se ofrecieron a Eugenio, pero el que mas se mostro liberal en esto fue don Quixote, que 15 le dixo: “Por cierto, hermano cabrero, que si yo me hallara possibilitado de poder començar alguna auentura, que luego luego me pusiera en camino, porque vos la tuuierades buena; que 20 yo sacara del monesterio, donde sin duda alguna deue de estar contra su voluntad, a Leandra, a pesar de la (*) abadesa y de quantos quisieran estoruarlo, y os la pusiera en vuestras manos para que hizierades della a toda vuestra 25 voluntad y talante, guardando, pero (*), las leyes de la (*) caualleria, que mandan que a ninguna donzella se le sea fecho desaguisado alguno; aunque yo espero en Dios Nuestro Señor que no ha de poder tanto la fuerça de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 390 vn encantador malicioso, que no pueda mas la de otro encantador mejor intencionado, y para entonces os prometo mi fauor y ayuda, como me obliga mi profession, que no es otra si no es (*) fauorecer a los desualidos y 5 menesterosos (*).” Mirole el cabrero, y como vio a don Quixote de tan mal pelage y catadura, admirose y preguntó al barbero, que cerca de si tenia: “Señor, ¿quién es este hombre que tal talle 10 tiene y de tal manera habla?” “¿Quién ha de ser”, respondio el barbero, “sino el famoso don Quixote de la Mancha, desfazedor de agrauios, endereçador de tuertos, el amparo de las donzellas, el assombro de 15 los gigantes y el vencedor de las batallas?” “Esso me semeja”, respondio el cabrero, “a lo que se lee en los libros de caualleros andantes, que hazian todo esso que de este hombre vuestra merced dize; puesto que para mi 20 tengo, o que vuestra merced se burla, o que este gentil hombre deue de tener vazios los aposentos de la cabeça.” “Soys vn grandissimo vellaco”, dixo a esta sazon don Quixote, “y vos soys el vazio y el 25 menguado; que yo estoy mas lleno que jamas lo estuuo la muy hideputa puta que os pario.” Y, diziendo y hablando (*), arrebató de vn pan que junto a si tenia, y dio con el al cabrero en todo el rostro, con tanta furia, que le 30 remachó las narizes; mas el cabrero, que no sabia de burlas, viendo con quántas veras le
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 391 maltratauan (*), sin tener respeto a la alhombra, ni a los manteles, ni a todos aquellos que comiendo estauan, saltó sobre don Quixote, y, asiendole del cuello con entrambas manos, no dudara de ahogalle (*), si Sancho Pança no 5 llegara en aquel punto y le asiera por las espaldas y diera con el encima de la mesa, quebrando platos, rompiendo taças y derramando y esparziendo quanto en ella estaua. Don Quixote, que se vio libre, acudio a subirse sobre 10 el cabrero, el qual, lleno de sangre el rostro, molido a cozes de Sancho, andaua buscando a gatas algun cuchillo de la mesa para hazer alguna sanguinolenta vengança, pero estoruauanselo (*) el canonigo y el cura; mas el barbero 15 hizo de suerte que el cabrero cogio debaxo de si a don Quixote, sobre el qual llouio tanto numero de moxicones, que del rostro del pobre cauallero llouia tanta sangre como del suyo. Rebentauan de risa el canonigo y el cura, 20 saltauan los quadrilleros de gozo, çuçauan (*) los vnos y los otros, como hazen a los perros quando en pendencia estan trauados; solo Sancho Pança se desesperaua, porque no se podia desasir de vn criado del canonigo, que 25 le estoruaua que a su amo no ayudasse. En resolucion, estando todos en regozijo y fiesta, sino los dos aporreantes que se carpian, oyeron el son de vna trompeta, tan triste, que les (*) hizo boluer los rostros hazia donde les parecio 30 que sonaua; pero el que mas se alborotó de oyrle fue don Quixote, el qual, aunque estaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 392 debaxo del cabrero, harto contra su voluntad y mas que medianamente molido, le dixo: “Hermano demonio, que no es possible que dexes de serlo, pues has tenido valor y fuerças para sujetar las mias, ruegote que hagamos 5 treguas, no mas de por vna hora, porque el doloroso son de aquella trompeta que a nuestros oydos llega me parece que a alguna nueua auentura me llama.” El cabrero, que ya estaua cansado de moler 10 y ser molido, le dexó luego, y don Quixote se puso en pie, boluiendo assimismo el rostro adonde el son se oya, y vio a deshora que por (*) vn recuesto baxauan muchos hombres vestidos de blanco a modo de diciplinantes. 15 Era el caso, que aquel año auian las nuues negado su rocio a la tierra, y por todos los lugares de aquella comarca se hazian processiones, rogatiuas y diciplinas, pidiendo a Dios abriesse las manos de su misericordia y les llouiesse; y 20 para este efecto (*) la gente de vna aldea que alli junto estaua venia en procession a vna deuota ermita que en vn recuesto de aquel valle auia. Don Quixote, que vio los estraños trajes de 25 los diciplinantes, sin passarle por la memoria las muchas vezes que los (*) auia de auer visto, se imaginó que era cosa de auentura y que a el solo tocaua, como a cauallero andante, el acometerla; y confirmole mas esta imaginacion, 30 pensar que vna imagen que trayan cubierta de luto fuesse alguna principal señora que lleuauan
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 393 por fuerça aquellos follones y descomedidos malandrines, y como esto le cayo en las mientes, con gran ligereza arremetio a Rozinante, que paciendo andaua, quitandole del arzon el freno y el adarga, y en vn punto le 5 enfrenó, y pidiendo a Sancho su espada, subio sobre Rozinante y embraçó su adarga, y dixo en alta voz a todos los que presentes estauan: “Agora (*), valerosa compañia, veredes 10 quánto importa que aya en el mundo caualleros que professen la orden de la andante caualleria; agora (*) digo que veredes, en la libertad de aquella buena señora que alli va cautiua, si se han de estimar los caualleros andantes.” 15 Y, en diziendo esto, apreto los muslos a Rozinante, porque espuelas no las tenia, y a todo galope, porque carrera tirada no se lee en toda esta verdadera historia que jamas la diesse Rozinante, se fue a encontrar con los 20 diciplinantes, bien que fueran (*) el cura y el canonigo y barbero a detenelle (*); mas no les fue possible, ni menos (*) le detuuieron las vozes que Sancho le daua, diziendo: “¿Adónde va, señor don Quixote?; ¿qué 25 demonios lleua en el pecho que le incitan a yr contra nuestra fe catolica? Aduierta, mal aya yo, que aquella es procession de diciplinantes, y que aquella señora que lleuan sobre la peana es la imagen benditissima de la Virgen sin 30 manzilla; mire, señor, lo que haze, que por esta vez se puede dezir que no es lo que sabe.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 394 Fatigose (*) en vano Sancho, porque su amo yua tan puesto en llegar a los ensauanados y en librar a la señora enlutada, que no oyo palabra, y aunque la oyera, no boluiera, si el rey se lo mandara. Llegó, pues, a la procession, y paró 5 a Rozinante, que ya lleuaua desseo de quietarse vn poco, y con turbada y ronca voz, dixo: “Vosotros, que quiça por no ser buenos os encubris los rostros, atended y escuchad lo que deziros quiero.” 10 Los primeros que se detuuieron fueron los que la imagen lleuauan, y vno de los quatro clerigos que cantauan las ledanias (*), viendo la estraña catadura (*) de don Quixote, la flaqueza de (*) Rozinante y otras circunstancias (*) 15 de risa que notó y descubrio en don Quixote, le respondio, diziendo: “Señor hermano, si nos quiere dezir algo, digalo presto, porque se van estos hermanos abriendo las carnes, y no podemos, ni es razon 20 que nos detengamos a oyr cosa alguna, si ya no es tan breue que en dos palabras se diga.” “En vna lo dire”, replicó don Quixote, “y es esta: que luego al punto dexeys libre a essa hermosa señora, cuyas lagrimas y triste semblante 25 dan claras muestras que la lleuays contra su voluntad y que algun notorio desaguisado le auedes fecho; y yo, que naci en el mundo para desfazer semejantes agrauios, no consentire que vn solo passo adelante passe sin darle 30 la desseada libertad que merece.” En estas razones, cayeron todos los que las
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 395 oyeron que don Quixote deuia de ser algun hombre loco, y tomaronse a reyr muy de gana, cuya risa fue poner poluora a la colera de don Quixote, porque sin dezir mas palabra, sacando la espada, arremetio a las andas; vno de 5 aquellos que las lleuauan, dexando la carga a sus compañeros, salio al encuentro de don Quixote, enarbolando vna horquilla o baston con que sustentaua las andas en tanto que descansaua, y recibiendo en ella vna gran cuchillada que 10 le tiró don Quixote, con que se la hizo dos partes, con el vltimo tercio, que le quedó en la mano, dio tal golpe a don Quixote encima de vn ombro, por el mismo lado de la espada, que no pudo cubrir el adarga contra villana (*) 15 fuerça, que el pobre don Quixote vino al suelo muy mal parado. Sancho Pança, que jadeando (*) le yua a los alcances (*), viendole caydo, dio vozes a su moledor que no le diesse otro palo, porque 20 era vn pobre cauallero encantado, que no auia hecho mal a nadie en todos los dias de su vida; mas lo que detuuo al villano no fueron las vozes de Sancho, sino el ver que don Quixote no bullia pie ni mano; y, assi, creyendo 25 que le auia muerto, con priessa se alçó la tunica a la cinta y dio a huyr por la campaña como vn gamo. Ya en esto llegaron (*) todos los de la compañia de don Quixote (*) adonde el estaua (*); 30 mas los de la procession, que los vieron venir corriendo, y con ellos los quadrilleros con sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 396 ballestas, temieron algun mal sucesso y hizieronse (*) todos vn remolino alrededor de la imagen, y alçados los capirotes (*), empuñando las diciplinas y los clerigos los ciriales, esperauan el assalto, con determinacion de 5 defenderse y aun ofender, si pudiessen, a sus acometedores (*); pero la fortuna lo hizo mejor que se pensaua, porque Sancho no hizo otra cosa que arrojarse sobre el cuerpo de su señor, haziendo sobre el el mas doloroso y risueño 10 llanto del mundo, creyendo que estaua muerto. El cura fue conocido de otro cura que en la procession venia, cuyo conocimiento puso en sossiego el concebido temor de los dos esquadrones; el primer cura dio al segundo en dos 15 razones cuenta de quién era don Quixote, y assi, el como toda la turba de los diciplinantes fueron a ver si estaua muerto el pobre cauallero, y oyeron que Sancho Pança, con lagrimas en los ojos, dezia: 20 “¡O flor de la caualleria, que con solo vn garrotazo acabaste la carrera de tus tan bien gastados años! ¡O honra de tu linaje, honor (*) y gloria de toda la Mancha y aun de todo el mundo (*), el qual, faltando tu en el, quedará 25 lleno de malhechores (*), sin temor de ser castigados de sus malas fechorias! ¡O liberal sobre todos los Alexandros, pues por solos ocho meses de seruicio me tenias dada la mejor insula que el mar ciñe y rodea! ¡O humilde con 30 los soberuios y arrogante con los humildes, acometedor de peligros, sufridor de afrentas,
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 397 enamorado sin causa, imitador de los buenos, açote de los malos, enemigo de los ruynes; en fin, cauallero andante, que es todo lo que dezir se puede!” Con las vozes y gemidos de Sancho reuiuio 5 don Quixote, y la primer palabra que dixo fue: “El que de vos viue ausente, dulcissima Dulzinea, a mayores miserias que estas está sujeto; ayudame, Sancho amigo, a ponerme sobre el carro encantado; que ya no (*) estoy para 10 oprimir la silla de Rozinante, porque tengo todo este ombro hecho pedaços.” “Esso hare yo de muy buena gana, señor mio”, respondio Sancho, “y boluamos a mi aldea en compañia destos señores, que su bien 15 dessean, y alli daremos orden de hazer otra salida que nos sea de mas prouecho y fama.” “Bien dizes, Sancho”, respondio don Quixote, “y sera gran prudencia dexar passar el mal influxo de las estrellas que agora (*) corre.” 20 El canonigo y el cura y barbero le dixeron que haria muy bien en hazer lo que dezia; y assi, auiendo recebido grande gusto de las simplicidades de Sancho Pança, pusieron a don Quixote en el carro, como antes venia. La 25 procession boluio a ordenarse y a proseguir su camino. El cabrero se despidio de todos. Los quadrilleros no quisieron passar adelante, y el cura les pagó lo que se les deuia. El canonigo pidio al cura le auisasse el sucesso de don Quixote, 30 si sanaua de su locura, o si proseguia en ella, y con esto tomó licencia para seguir su viaje.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 398 En fin, todos se diuidieron (*) y apartaron, quedando solos el cura y barbero, don Quixote y Pança, y el bueno de Rozinante, que a todo lo que auia visto estaua con tanta paciencia como su amo. El boyero vnzio sus bueyes y 5 acomodó a don Quixote sobre vn haz de heno, y con su acostumbrada flema siguio el camino que el cura quiso, y a cabo de seis dias llegaron a la aldea de don Quixote, adonde entraron en la mitad del dia, que acerto a ser domingo, y 10 la gente estaua toda en la plaça, por mitad de la qual atrauesso el carro de don Quixote. Acudieron todos a ver lo que en el carro venia, y, quando conocieron a su compatrioto, quedaron marauillados, y vn muchacho acudio corriendo 15 a dar las nueuas a su ama y a su sobrina de que su tio y su señor venia flaco y amarillo, y tendido sobre vn monton de heno, y sobre vn carro de bueyes. Cosa de lastima fue oyr los gritos que las dos buenas señoras alçaron, las 20 bofetadas que se dieron, las maldiciones que de nueuo echaron a los malditos libros de cauallerias; todo lo qual se renouo quando vieron entrar a don Quixote por sus puertas. A las nueuas desta venida de don Quixote 25 acudio la muger de Sancho Pança, que ya auia sabido que auia ydo con el, siruiendole de escudero, y, assi como vio a Sancho, lo primero que le preguntó fue que si venia bueno el asno. Sancho respondio que venia mejor 30 que su amo. “Gracias sean dadas a Dios”, replicó ella,
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 399 “que tanto bien me ha hecho; pero contadme agora (*), amigo, ¿qué bien aueis sacado de vuestras escuderias?; ¿qué saboyana me traeis (*) a mi?; ¿qué çapaticos a vuestros hijos?” 5 “No traygo nada desso”, dixo Sancho, “muger mia, aunque traygo otras cosas de mas momento y consideracion.” “Desso recibo yo mucho gusto”, respondio la muger; “mostradme essas cosas de mas 10 consideracion y mas momento, amigo mio; que las quiero ver para que se me alegre este coraçon, que tan triste y descontento ha estado en todos los siglos de vuestra ausencia.” “En casa os las mostraré, muger”, dixo 15 Pança, “y por agora (*) estad contenta, que, siendo Dios seruido de que otra vez salgamos en viage a buscar auenturas, vos me vereys presto conde o gouernador de vna insula, y no de las de por ahi, sino la mejor que pueda 20 hallarse.” “Quieralo assi el cielo, marido mio; que bien lo auemos menester. Mas dezidme, ¿qué es esso de insulas, que no lo entiendo?” “No es la miel para la boca del asno”, 25 respondio Sancho; “a su tiempo lo veras, muger, y aun te admirarás de oyrte llamar señoria de todos tus vassallos.” “¿Qué es lo que dezis, Sancho, de señorias, insulas y vassallos?”, respondio Iuana Pança, 30 que assi se llamaua la muger de Sancho, aunque no eran parientes, sino porque se vsa en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 400 la Mancha tomar las mugeres el apellido de sus maridos. “No te acucies, Iuana, por saber todo esto tan apriessa; basta que te digo verdad, y cose la boca. Solo te sabre dezir, assi de passo, que 5 no ay cosa mas gustosa en el mundo que ser vn hombre honrado escudero de vn cauallero andante, buscador de auenturas. Bien es verdad que las mas que se hallan no salen tan a gusto como el hombre querria, porque de 10 ciento que se encuentran, las nouenta y nueue suelen salir auiessas y torcidas. Selo yo de expiriencia (*), porque de algunas he salido manteado y de otras molido. Pero, con todo esso, es linda cosa esperar los sucessos, atrauessando 15 montes, escudriñando seluas, pisando peñas, visitando castillos, aloxando en ventas a toda discrecion, sin pagar ofrecido sea al diablo el marauedi.” Todas estas platicas passaron entre Sancho 20 Pança y Iuana Pança, su muger, en tanto que el ama y sobrina de don Quixote le recibieron y le desnudaron y le tendieron en su antiguo lecho. Miraualas el con ojos atrauessados, y no acabaua de entender en qué parte estaua. El 25 cura encargó a la sobrina tuuiesse gran cuenta con regalar a su tio, y que estuuiessen alerta de que otra vez no se les escapasse, contando lo que auia sido menester para traelle a su casa. Aqui alçaron las dos de nueuo los gritos 30 al cielo; alli se renouaron las maldiciones de los libros de cauallerias; alli pidieron al cielo
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 401 que confundiesse en el centro del abismo a los autores de tantas mentiras y disparates. Finalmente, ellas quedaron confusas y temerosas de que se auian de ver sin su amo y tio en el mesmo (*) punto que tuuiesse alguna mejoria; 5 y assi (*) fue, como ellas se lo imaginaron. Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quixote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas (*), a lo 10 menos por escrituras autenticas; solo la fama ha guardado en las memorias de la Mancha, que don Quixote, la tercera vez que salio de su casa, fue a Çaragoça, donde se halló en vnas famosas justas que en aquella ciudad hizieron, 15 y alli le passaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. Ni de su fin y acabamiento pudo alcançar cosa alguna, ni la alcançara, ni supiera, si la buena suerte no le deparara vn antiguo medico, que tenia en su poder vna 20 caxa de plomo, que, segun el dixo, se auia hallado en los cimientos derribados de vna antigua ermita que se renouaua. En la qual caxa se auian hallado vnos pergaminos escritos con letras goticas, pero en versos castellanos, que 25 contenian muchas de sus hazañas y dauan noticia de la hermosura de Dulzinea del Toboso, de la figura de Rozinante, de la fidelidad de Sancho Pança y de la sepultura del mesmo (*) don Quixote, con diferentes epitafios y elogios 30 de su vida y costumbres. Y los que se pudieron leer y sacar en limpio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 402 fueron los que aqui pone el fidedigno autor desta nueua y jamas vista historia. El qual autor no pide a los que la leyeren, en premio del inmenso trabajo que le costo inquerir (*) y buscar todos los archiuos manchegos por sacarla 5 a luz, sino que le den el mesmo (*) credito que suelen dar los discretos a los libros de cauallerias, que tan validos andan en el mundo; que con esto se tendra por bien pagado y satisfecho. Y se animará a sacar y buscar otras, si 10 no tan verdaderas, a lo menos, de tanta inuencion y passatiempo. Las palabras primeras que estauan escritas en el pergamino que se halló en la caxa de plomo eran estas: Los academicos de la Argamasilla, lugar de 15 la Mancha, en vida y muerte del valeroso don Quixote de la Mancha, HOC SCRIPSERVNT.
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 403 El Monicongo (*), academico de la Argamasilla, a la sepultura de don Quixote. EPITAFIO El caluatrueno, que adornó a la Mancha de mas despojos que Iason de Creta; 5 el juyzio que tuuo la veleta aguda donde fuera mejor ancha; el braço que su fuerça tanto ensancha, que llegó del Catay hasta Gaeta; la mussa mas horrenda y mas discreta, 10 que grauó versos en broncinea plancha; el que a cola dexó los Amadises, y en muy poquito a Galaores tuuo, estribando en su amor y bizarria; el que hizo callar los Belianises; 15 aquel que en Rozinante herrando anduuo (*), yaze debaxo desta losa fria. Del Paniaguado, academico de la Argamasilla, in laudem Dulzineae del Toboso (*). SONETO 20 Esta que veys de rostro amondongado, alta de pechos y ademan brioso, es Dulzinea, reyna del Toboso, de quien fue el gran Quixote aficionado. Pisó por ella el vno y otro lado 25 de la gran Sierra Negra, y el famoso campo de Montiel, hasta el eruoso (*) llano de Aranjuez, a pie y cansado. Culpa de Rozinante. ¡O dura estrella, que esta manchega dama y este inuito 30 andante cauallero, en tiernos años, ella dexó muriendo de ser bella, y el, aunque queda en marmores (*) escrito, no pudo huyr de amor, yras y engaños! (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 404 Del Caprichoso, discretissimo academico de la Argamasilla, en loor de Rozinante, cauallo de don Quixote de la Mancha. SONETO En el soberuio trono (*) diamantino 5 que con sangrientas plantas huella Marte, frenetico el manchego su estandarte tremola con esfuerço peregrino. Cuelga las armas y el azero fino con que destroça, assuela, raja y parte: 10 ¡nueuas proezas!, pero inuenta el arte vn nueuo estilo al nueuo paladino. Y si de su Amadis se precia Gaula, por cuyos brauos descendientes Grecia triunfó mil vezes, y su fama ensancha, 15 oy a Quixote le corona el aula do (*) Belona preside, y del se precia mas que Grecia, ni Gaula, la alta Mancha. Nunca sus glorias el oluido mancha, pues hasta Rozinante en ser gallardo, 20 excede a Brilladoro (*) y a Bayardo. Del Burlador, academico Argamasillesco, a Sancho Pança. SONETO Sancho Pança es aqueste en cuerpo chico, 25 pero grande en valor, ¡milagro estraño! escudero el mas simple y sin engaño que tuuo el mundo, os juro y certifico. De ser conde no estuuo en vn tantico, si no se conjuraran en su daño 30 insolencias y agrauios del tacaño siglo, que aun no perdonan a vn borrico.
QVARTA PARTE, CAPITVLO LII p. 405 Sobre el anduuo, con perdon se miente, este manso escudero, tras el manso cauallo Rozinante y tras su dueño. ¡O vanas esperanças de la gente, cómo passays con prometer descanso, 5 y al fin parays en sombra, en humo, en sueño! Del Cachidiablo (*), academico de la Argamasilla, en la sepultura de don Quixote: EPITAFIO Aqui yaze el cauallero 10 bien molido y mal andante, a quien lleuó Rozinante por vno y otro sendero. Sancho Pança, el majadero, yaze tambien junto a el, 15 escudero el mas fiel que vio el trato de escudero. Del Tiquitoc (*), academico de la Argamasilla, en la sepultura de Dulzinea del Toboso: EPITAFIO 20 Reposa aqui Dulzinea, y aunque de carnes rolliza, la boluio en poluo y ceniza la muerte espantable y fea. Fue de castiza ralea 25 y tuuo assomos de dama; del gran Quixote fue llama, y fue gloria de su aldea. Estos fueron los versos que se pudieron leer; los demas, por estar carcomida la letra, se 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 406 entregaron a vn academico para que por congeturas los declarasse. Tienese noticia que lo ha hecho, a costa de muchas vigilias y mucho trabajo, y que tiene intencion de sacallos a luz con esperança de la tercera salida de don 5 Quixote. Forse altri cantera con miglior plettro (*). FINIS
p. 407 QVARTA PARTE DE LA HISTORIA DEL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA (I) Págs. _____ Capitulo XXVIII. - Que trata de la nueua y agradable auentura que al cura y barbero sucedio en la misma sierra..................... 7 Capitulo XXIX. - Que trata de la discrecion de la hermosa Dorotea, con otras cosas de gusto y passatiempo.................................. 30 Capitulo XXX. - Que trata del gracioso artificio y orden que se tuuo en sacar a nuestro enamorado cauallero de la asperissima penitencia en que se auia puesto.......................... 49 Capitulo XXXI. - De los sabrosos razonamientos que passaron entre don Quixote y Sancho Pança, su escudero, con otros sucessos......... 64 Capitulo XXXII. - Que trata de lo que sucedio en la venta a toda la quadrilla de don Quixote. 79 Capitulo XXXIII. - Donde se cuenta la nouela del Curioso impertinente....................... 90 Capitulo XXXIV. - Donde se prosigue la nouela del Curioso impertinente....................... 120 Capitulo XXXV. - Donde se da fin a la nouela del Curioso impertinente....................... 149 Capitulo XXXVI. - Que trata de la braua y descomunal batalla que don Quixote tuuo con vnos cueros de vino tinto, con otros raros sucessos que en la venta sucedieron............ 163 _________ (I) Tabla de la primera edición.
TABLA p. 408 Págs. _____ Capitulo XXXVII. - Que prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas auenturas............................ 179 Capitulo XXXVIII. - Que trata del discurso que hizo don Quixote de las armas y las letras. 196 Capitulo XXXIX. - Donde el cautiuo cuenta su vida y sucessos............................. 203 Capitulo XL. - Donde se prosigue la historia del cautiuo.................................... 216 Capitulo XLI. - Donde todauia prosigue el cautiuo su sucesso............................. 234 Capitulo XLII. - Que trata de lo que mas sucedio en la venta y de otras muchas cosas dignas de saberse..................................... 265 Capitulo XLIII. - Donde se quenta la agradable historia del moço de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos. Comiença: Marinero soy de amor................. 276 Capitulo XLIV. - Donde se prosiguen los inauditos sucessos de la venta................. 291 Capitulo XLV. - Donde se acaba de aueriguar la duda del yelmo de Mambrino y de la albarda, y otras auenturas sucedidas, con toda verdad......................................... 305 Capitulo XLVI. - De la notable auentura de los quadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen cauallero................................. 317 Capitulo XLVII. - Del estraño modo con que fue encantado don Quixote, con otros famosos sucessos....................................... 330 Capitulo XLVIII. - Donde prosigue el canonigo la materia de los libros de cauallerias, con otras cosas dignas de su ingenio............... 346 Capitulo XLIX. - Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Pança tuuo con su señor don Quixote.................................... 358 Capitulo L. - De las discretas altercaciones
TABLA p. 409 Págs. _____ que don Quixote y el canonigo tuuieron, con otros sucessos................................. 370 Capitulo LI. - Que trata de lo que conto el cabrero a todos los que lleuauan al valiente don Quixote.................................... 380 Capitulo LII. - De la pendencia que don Quixote tuuo con el cabrero, con la rara auentura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor.............................. 389
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