From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
12.1 (1992): 111-17.
Copyright © 1992, The Cervantes Society of America
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JOAN ESTRUCH TOBELLA |
ACIA 1640,
cuando la monarquía española iniciaba una de sus peores crisis
(guerras exteriores, sublevación de Cataluña y Portugal
. . .), la popularidad del Quijote se había extendido
tanto, a través de la lectura y de los espectáculos
paródicos, que cualquier alusión a la obra cervantina debía
de ser fácilmente entendible por la mayoría del
público.1 No es extraño, pues,
que los libelistas que alimentaron las numerosas polémicas políticas
de esa turbulenta coyuntura recurrieran a Cervantes para reforzar sus
argumentos.
Examinaremos dos casos bien distintos: en uno,
Cervantes es citado para autorizar con su prestigio una tesis en discusión;
en el otro, el Quijote sirve de recurso dialéctico.
La sublevación catalana de junio de
1640 dio lugar a una abundante producción de textos propagandísticos
de muy distinto nivel, desde libelos de urgencia y pliegos de cordel hasta
1 A.
Navarro, El Quijote español del siglo XVII (Madrid: Rialp,
1964), pp. 255-321.
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obras de gran solidez jurídica e histórica. El que ahora nos interesa es de tipo medio. Se trata de Cataluña defendida de sus émulos, publicado en Barcelona en 1641 y de autor anónimo. Tiene unas ciento cincuenta páginas y utiliza un rico aparato de citas cultas para apoyar sus argumentos, destinados a refutar la Justificación real, el más difundido opúsculo favorable a la monarquía española.2 Uno de los temas en discusión era la falta de lealtad de los catalanes, a quienes los propagandistas castellanos atribuían una permanente voluntad de rebelión contra sus reyes, citando como precedentes las guerras entre la Generalitat y Juan II en el siglo XV. El autor catalán, para contradecir tales argumentos, cita a Zurita como prueba de que la nación catalana había sido siempre llena de fe y lealtad. Y dice después:
Lo mismo dice el regente Miguel Martínez del Vilar, Marco (sic) de Obregón, Monarquía eclesiástica, Miguel de Cervantes, Bosch y muchos otros que alega el sobredicho Martínez del Vilar (f. 56).
Para entender en qué sentido se cita
a Cervantes es preciso conocer el resto de obras y autores citados.
Martínez del Vilar, jurista mallorquín, es citado como autor
de De innata Regni Aragonum fidelitate, publicado junto a
Interpretatio trium epigrammatum caesaraugustani templi S. Mariae
Maioris, Palma de Mallorca, 1609. En De innata
. . . , se trata de demostrar con gran acopio de erudición
que los catalanes han sido siempre fieles a sus reyes. La Vida del escudero
Marcos de Obregón, de Espinel, es citada de manera menos justificada,
a propósito de una breve referencia elogiosa a la hospitalidad de
los catalanes. La Monarquía eclesiástica, Salamanca,
1583-88, es una extensa historia universal de Juan de Pineda, donde, como
es lógico, Cataluña aparece de manera sectorial. Andreu Bosch
escribió Sumari, index o epítome dels admirables y
nobilíssims titols de honor de Catalunya, Perpiñán,
1628, obra apologética, llena de erudición.
Si descontamos la poco oportuna referencia
a la novela de Espinel, vemos que Cervantes aparece citado al lado de autores
prestigiosos por su erudición. De esta manera se ve tratado como una
autoridad, como un escritor cuya reputación puede apoyar
2
Opúsculo anónimo, probablemente escrito por encargo del conde-duque
de Olivares por el libelista Alonso Guillén de la Carrera. Puede verse
en Memorial Histórico Español, XVI, pp. 7-14. También
en Follets Bonsoms nº 5.248, Biblioteca de Cataluña.
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una argumentación. El propagandista catalán debía de tener presente el elogio de Barcelona del capítulo LXXII de la Segunda Parte del Quijote, así como los capítulos LX-LXV, ambientados en Barcelona y en los que los catalanes, incluso los bandoleros, son descritos con trazos favorables, perspectiva que ya aparecía en el libro II de La Galatea. Pero de manera especial debía de referirse a un pasaje de Las dos doncellas, donde Cervantes menciona, aunque dentro de un elogio retórico y bastante convencional de Barcelona, la fidelidad catalana:
Admiróles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradas, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande y famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo.3
Esta actitud positiva de Cervantes hacia Cataluña probablemente es fruto de los gratos recuerdos de una estancia suya en el Principado, que Martín de Riquer ha situado en el verano de 1610.4 Resulta especialmente singular si tenemos en cuenta que en la literatura de los Siglos de Oro no abundaban los elogios a los catalanes procedentes de fuera del Principado. Imperaba un gran desconocimiento, y cuando se hablaba de Cataluña casi siempre era a propósito de los bandoleros. De los catalanes se destacaba su carácter duro y áspero, su ánimo vengativo y celoso de su honra. De los muchos testimonios que se podrían allegar, citemos únicamente dos. El historiador italiano Bisaccioni los define así: Il catalano . . . è di natura bravo, fedele, ma fiero e tenace.5 Y el portugués Francisco Manuel de Melo: Son los catalanes, por la mayor parte, hombres de durísimo natural . . . en las injurias muestran gran sentimiento, y por eso son inclinados a venganza.6 El propio Espinel, que, como hemos visto, es citado por el anónimo propagandista catalán, muestra su asombro ante el hecho de que, tratados de cerca, los catalanes no son
3 Novelas
ejemplares, II, ed. M. Baquero Goyanes (Madrid: Editora Nacional, 1976),
p. 199.
4 Cervantes
en Barcelona (Barcelona: Sirmio, 1989).
5 Historia
delle querre civili di questi tempi (Bolonia, 1653), p. 229.
6 Guerra de
Cataluña, ed. J. Estruch (Barcelona: Fontamara, 1982), p. 50.
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como los pintan los tópicos: Aunque los vecinos tienen nombre
de ser un poco ásperos, vi que a quien procede bien le son apacibles,
liberales, acariciadores de los
forasteros.7
En el Persiles, Cervantes también
se hace eco de algunos de estos tópicos, pero dándoles un
tratamiento favorable: Los corteses catalanes, gente, enojada, terrible,
y pacífica, suave; gente que con facilidad da la vida por la
honra.8 El anónimo autor de
Cataluña defendida no podía dejar de aprovechar esta
singular benevolencia hacia los catalanes. Para realzarla más, sitúa
a Cervantes al lado de autores de sólida reputación.
El segundo caso de utilización de Cervantes
pertenece a otro contexto y a otras motivaciones. Meses después de
la rebelión de Cataluña tuvo lugar la de Portugal, que
restablecería la independencia del reino. También en esta
ocasión se produjo una amplia polémica política. Por
parte portuguesa, la principal obra propagandística fue Lusitania
liberata ab injusto Castelanorum dominio, Lisboa, 1645, de Antonio Sousa
Macedo, escritor y político que se dedicó a buscar el
reconocimiento y el apoyo de las potencias europeas al nuevo estado
portugués. Tres años después apareció la
réplica española: Portugal convencida con la razón
para ser vencida con las católicas potentísimas armas de D.
Felipe IV, Milán, 1648, escrita por el jurista Nicolás
Fernández de Castro. Se trata de una obra voluminosa y prolija, de
más de mil páginas, en la que predominan los argumentos
jurídicos, destinados a demostrar la ilegitimidad de la sublevación
lusitana y de la proclamación de Juan IV como rey de Portugal. En
un momento dado, en medio de una farragosa argumentación legal a
propósito de los derechos sucesorios de la infanta Catalina de Braganza,
abuela de Juan IV, el autor introduce una repentina y amplia referencia al
Quijote:
Permítaseme esta alegoría, aunque poco severa, porque la valentía de los golpes no puede rechazarse con escudo de otra calidad, si se ha de partir el sol y igualar con ajustamiento las armas. Apenas, pues, se me ha caído de la boca la palabra cuando, espoleado del premio y de sí mesmo, hele que se me pone delante Sousa Macedo, su Don Quijote, su aventurero, su caballero andante, que armado de punta en negro (como otros de punta en blanco, tan tomados están del yerro los yerros
7 Vida
del escudero Marcos de Obregón, II, ed. M. S. Carrasco (Madrid:
Castalia, 1972), p. 186.
8 Los trabajos
de Persiles y Sigismunda, ed. J. B. Avalle-Arce (Madrid: Castalia, 1978),
p. 366.
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de sus armas), con celada de cartones viejos, adornada con las plumas del gallo (que tiene de allí toda la cresta), adarga de papelón, arnés cubierto de orín y pluma como lanza mohosa en ristre, calada la visera, sale animoso en Rocinante a la estacada para mantener la prez, honor y reino de su infanta. Parecen más relinchos del hambriento Rocinante que caprichos del pobre Quijote las voces del desafío. El reto es que se repitieron las leyes de Lamego en la creación del Maestre de Avis (p. 453).
Viene después la refutación de la tesis de Sousa Macedo, y seguidamente una nueva referencia quijotesca, en la que se asimila la infanta Catalina a Dulcinea (p. 454). Poco después, a propósito de que Sousa cita en su apoyo la Ley Sálica francesa, Fernández de Castro aprovecha para convertir Francia en el Sancho Panza de Sousa-Quijote, en alusión al apoyo que Mazarino prestaba a Portugal, concluyendo la alegoría así:
Tiene la panza Sancho tan ancha como su nombre, engullidora de títulos de reinos así que los oye nombrar, y todo lo hamb[r]ea sin diferencia de manjares. Desvanecido otro tiempo con los furores de Orlando, ha mudado de parecer, y encontrándose finalmente con su rocín, se paga ya más destas quijotadas y forma castillos de viento en los molinos, ansiado por el pan de los otros, que es la aventura que le ha unido con Quijote en la campaña. No me ocuparé mucho en confutar la vanidad destos cuentos de caballerías, porque según ha multiplicado Francia libros sobre libros para encarecerlas, pedían un volumen muy grande y tan sobrado tiempo como el que mal feriados nuestros abuelos daban a la perversa erudición deste linaje de patrañas (p. 455).
Esta larga alegoría es un nuevo testimonio
de que los protagonistas del Quijote habían llegado a convertirse
en personajes proverbiales. El hecho de que aparecieran en una obra de
carácter político-jurídico rebosante de erudición
indica que no sólo interesaban por su dimensión cómica
y paródica, sino también como arquetipos morales en los que
apoyar la defensa de la razón y la sensatez. Nótese que mientras
los libros de caballerías son considerados como cosa del pasado, del
tiempo de los abuelos, los arquetipos creados por Cervantes mantienen
su validez, prueba de que no se reducían a simples parodias de los
modelos caballerescos.
Al equiparar a Sousa Macedo con don Quijote,
Fernández de Castro lo ridiculiza, convierte en quijotadas
vocablo ya
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plenamente arraigado sus argumentos. No hay duda de que el lector
coetáneo causaría mucho mayor efecto la alegoría quijotesca
que los secos razonamientos jurídicos.
Pero, paralelamente, en una sátira
portuguesa anónima de 16419 se
producía otra analogía quijotesca, aunque de sentido opuesto:
Don Quijote es asimilado a Felipe IV, y Sancho al conde-duque de Olivares.
Ambos representan a España disponiéndose a atacar al Portugal
recién independizado. Por otra parte, unos años antes, un
desconocido inquisidor había descargado su agresividad contra Erasmo
tachando un retrato del humanista y añadiendo una leyenda burlesca:
Erasmo, Sancho Panza y su amigo Don
Quijote.10
Todo ello demuestra que, en la primera mitad
del siglo XVII, el Quijote se había convertido en un signo
polivalente, que los bandos más dispares y antagónicos podían
utilizar al servicio de sus ideologías. Además de testimoniar
la enorme fama de la obra, estas utilizaciones partidistas prueban que, ya
entonces, el Quijote evidenciaba una de las características
que debe poseer toda obra maestra: una inagotable riqueza de significados,
de lecturas y de interpretaciones.
| BARCELONA |
9 J. H.
Elliott, El conde-duque de Olivares (Barcelona: Crítica, 1990),
p. 601.
10 M. Bataillon,
Erasmo y España (México: FCE, 1966), lámina
XXX.
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Erasmo . . . Sancho Panza . . . y su amigo Don Quijote. Retrato de Erasmo censurado por la Inquisición en la Cosmographia de Münster
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
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