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De: La interpretación cervantina del Quijote, por Daniel Eisenberg. © 1995 Compañía Literaria, S.A.


[Índice] - [Introducción metodológica] - [Nota sobre los textos] - [Cap. 1. Cervantes y los libros de caballerías castellanos] - [Cap. 2. El libro de caballerías ideal: El “famoso Bernardo] - [Cap. 3. El género de Don Quijote] - [Cap. 4. El humor de Don Quijote] - [Cap. 5. El provecho de Don Quijote] - [Cap. 6. Don Quijote, un clásico. La insuficiencia de la interpretación cervantina] - [Apéndice: La influencia de Don Quijote en el Romanticismo] - [Bibliografía]


Nota sobre los textos

 

     La falta de una edición crítica y científica de Don Quijote y otras obras de Cervantes es una lacra escandalosa en el cervantismo. Ni existe un acuerdo sobre cómo debería prepararse tal edición. Somos unos reinos de taifas: cada cervantista tiene su edición o su proyecto de edición, cuál más esmerada y cuál menos. Reina la rivalidad y falta la cooperación.
     Incluso carecemos de un sistema común de numeración de los textos cervantinos. Cada uno los cita—especialmente Don Quijote—según una edición diferente: fulano por la página de nueva edición Planeta de Riquer, mengano (y hay muchos menganos) por la de su vieja edición Juventud, otros por las ediciones de Murillo, Allen, Gaos, Avalle-Arce, Rodríguez Marín y otros editores. El que quiera leer las actas de un coloquio cervantino y consultar los pasajes citados en ellas tiene que disponer de toda una biblioteca de ediciones. Es un caos que estorba mucho a los investigadores.
     Dada esta situación, me he visto forzado a acudir a una edición relativamente inaccesible, pero sí científica: la de Rudolph Schevill y Adolfo Bonilla y San Martín (Madrid: los editores, 1914-1941). Producto de la colaboración de un erudito español y otro norteamericano, no ha recibido nunca el aprecio que merece, y no ha podido reimprimirse.1 Para compensar en lo posible la rareza de esta edición he añadido, en el índice de referencias a las obras de Cervantes, una clave de las divisiones internas no sólo de Don Quijote sino de todas las obras de Cervantes que las tienen: parte y capítulo de Don Quijote, libro de La Galatea, libro y capítulo de Persiles, capítulo del Viaje del Parnaso y jornada para las Comedias.
     La edición de Schevill y Bonilla no es perfecta, pero es una selección fácil. Es una edición uniforme de las obras completas de Cervantes; las otras ediciones completas accesibles (Aguilar, Juventud y Biblioteca de Autores Españoles) son bien conocidas por sus errores.2 Además, la edición de Schevill y Bonilla es la única que presenta las líneas numeradas, una ayuda que me ha resultado indispensable y medida que recomiendo encarecidamente a futuros editores.
     El hecho de que tenga notas textuales completas, sin embargo, quita importancia a estas consideraciones. No sólo nos proporcionan Schevill y Bonilla las variantes que se encuentran en distintos ejemplares de la primera edición, y de varias ediciones posteriores, lo cual es importante, sino que nos dicen cuándo han modificado el texto, y esta información es imprescindible. Editores más recientes enmiendan tácitamente, y cada uno se guía por criterios distintos, puesto que las enmiendas varían de una edición a otra.3 La experiencia me ha demostrado los riesgos de trabajar con un texto tácitamente corregido.
     John J. Allen ha criticado la edición de Schevill-Bonilla por ser “innecesariamente arcaica”: su ortografía podría modernizarse sin que se produjera ninguna pérdida significativa.4 Aunque para fines eruditos el conservadurismo editorial es muy preferible a lo contrario, la crítica de Allen está justificada. Schevill y Bonilla no son coherentes, por ejemplo, en la cuestión de los acentos. Los primeros tomos de su edición usaron el acento grave original (hablò), que pronto abandonaron. Se añadieron acentos agudos según el sistema español moderno en las palabras homónimas, para evitar la ambigüedad, pero no se añadieron a las palabras que no eran ambiguas. Si Cervantes hubiera usado acentos, habríamos podido adoptar su sistema; por lo que se sabe, no usó ninguno,5 y la acentuación moderna no distorsiona al autor. La diéresis sobre la u(ü), desconocida en el Siglo de Oro, indica la pronunciación correcta de un par de signos que se prestan a confusión, gu, y puede ser una ayuda importante en palabras ahora en desuso (güero).
     Hay que señalar que el texto de Schevill y Bonilla fue modernizado en otros aspectos, además de la acentuación. La puntuación de las ediciones originales desapareció,6 las abreviaturas fueron resueltas y la s alta (ƒ) fue reemplazada por la baja. Pero aunque modernizaron ƒ/s, conservaron otros pares que no eran más significativos. Respetaron el uso de u y v; en aquella época se usaba v como vocal o consonante al principio de palabra (vna), y u tenía las mismas funciones en mitad de palabra (lleuar). No se ha propuesto nunca que el distinto uso de u y v en el español del Siglo de Oro tuviera significado fonético. Amado Alonso los llamó “dos dibujos de una sola letra”.7 El sistema moderno, que usa v como consonante y u como vocal, es más sencillo y claro. Elimina una pequeña pero enojosa barrera que separa al lector del texto; esta ventaja no tiene ningún coste. Lo mismo pasa con los pares i/j y i/y.
     Por estas razones he modificado el texto de Schevill y Bonilla añadiendo acentos modernos y diéresis, y modernizando los pares u/v, i/j y i/y. He modernizado de la misma forma textos tomados directamente de ediciones antiguas, pero no he creído conveniente modernizar textos tomados de ediciones de otros editores más recientes. También, después de largas meditaciones he decidido modernizar las consonantes en los títulos de las obras cervantinas.
     La cursiva para dar énfasis en las citas de Cervantes es siempre mía.



     1 Es la más aconsejable, en opinión del exigente José María Casasayas Truyols, “Don Quijote en el siglo XX. Breve repaso a las más recientes ediciones eruditas”, Miguel de Cervantes en su obra. Antología, selección de estudios y documentación, Anthropos suplementos, 17 (1989), 289-296, en la pág. 293.
     Por falta de apoyo de los demás cervantistas, la edición de Schevill y Bonilla la publicaron ellos mismos; ayudó a costearla una subvención de Phoebe Apperson y sus herederos (véanse las declaraciones preliminares en La Galatea, tomo I, y en Comedias y entremeses, tomo V). La poca atención que esta edición recibió cuando fue publicada contrasta con la gran atención que se dedicó a las ediciones de Don Quijote de Rodríguez Marín, dos de las cuales todavía están a la venta, una de ellas, la de Clásicos castellanos, “incomprensiblemente”, según la autorizada opinión de José M. Casasayas (nota 55 de su “La edición definitiva de las obras de Cervantes”, Cervantes, 6 [1986], 141-190, con correcciones en 8 [1988], 123). La serie de facsímiles de las obras de Cervantes, publicada por la Real Academia en 1917-1923 y reimpresa, menos el último tomo, en 1976-1990, fue la respuesta española a la edición de Schevill y Bonilla. El caso es paralelo al de la edición de John Bowle, la primera edición científica (Historia del famoso cavallero, Don Quixote de la Mancha [Salisbury, 1781]): igualmente innovadora, rechazada y imposibilitada de reproducción en facsímil (véase la nota 47 del primer capítulo).
      2 Cuando estaba en prensa la traducción española de este libro, ha aparecido en el mercado una nueva edición de las Obras completas de Cervantes, de Editorial Turner (Madrid, 1993), y los dos primeros tomos de la edición del Centro de Estudios Cervantinos (Alcalá de Henares, 1993-en prensa). Ninguna presenta las líneas numeradas. La edición Turner, sin introducción textual ni notas, no ha sido reseñada, que yo sepa, hasta el momento de escribir estas líneas. La del Centro de Estudios Cervantinos (Alcalá de Henares, 1993-en prensa), hecha de prisa, no es “ni crítica ni científica” en las palabras de sus propios editores, Florencio Sevilla y Antonio Rey Hazas (I, xciv). Sobre estas ediciones, puede verse la comunicación de José María Casasayas, “Ahí va otraY: Lamentaciones sobre las últimas ediciones quijotescas”, en prensa en las Actas del Segundo Congreso Internacional de la Asociación de CervantistasNapoli, 5 de abril de 1994.
      3 R. M. Flores, The Compositors of the First and Second Madrid Editions of “Don Quixote” Part I (London: Modern Humanities Research Association, 1975), págs. 65-68; E. C. Riley, reseña de las ediciones del Quijote de Allen, Murillo y Avalle-Arce, Bulletin of Hispanic Studies, 57 (1980), 346-349.
      4 “A More Modest Proposal for an Obras completas Edition”, Cervantes, 2 (1982), 181-184, en la pág. 182. El hecho de que Schevill y Bonilla no modernizaran u/v había sido criticado anteriormente por José Toribio Medina en su edición del Viaje del Parnaso (Santiago de Chile: sin editor, 1925), I, viii.
      5 Miguel Romera-Navarro, Autógrafos cervantinos, University of Texas Hispanic Studies, 4 (Austin: University of Texas, 1954), pág. 22.
      6 La puntuación de las ediciones refleja criterios e interpretaciones de los cajistas, los editores de la época. Sobre el significado de la puntuación, véase mi “On Editing Don Quixote”, Cervantes, 3 (1983), 3-34, en las págs. 11-14. La puntuación del mismo Cervantes, igual que la de muchos otros autores, era descuidada, al menos según el manuscrito del supuesto fragmento de las Semanas del jardínque creo ser autógrafo; véase mi Las “Semanas del jardín” de Miguel de Cervantes (Salamanca: Diputación de Salamanca, 1988 [1989]) y “The Story of a Cervantine Discovery”, Manuscripts, 45 (1993), 13-21.
      7 De la pronunciación medieval a la moderna en español, ultimado y dispuesto para la imprenta por Rafael Lapesa, I (Madrid: Gredos, 1955), 15.


De: La interpretación cervantina del Quijote, por Daniel Eisenberg. © 1995 Compañía Literaria, S.A.
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Daniel Eisenberg : <Daniel.Eisenberg@bigfoot.com>
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URL: http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/interpret/ICQnotob.htm