Comedias y entremeses

por Miguel de Cervantes Saavedra

Edición de Rodolfo Schevill y AdolfoBonilla

Notas

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En la edición de las Obras Completas de Cervantes publicada por Rodolfo Schevill y Adolfo Bonilla, el hecho de que hay una nota se indica en el texto por medio de un asterisco entre paréntesis (*); las notas normalmente se colocan al final del volumen individual, según el número de la página y la línea, por ejemplo, 100-2. Las siguientes notas son solamente unas cuantas de las 2601 notas para las Comedias y entremeses, las cuales añado cuando lectores me las piden. En esta versión he añadido delante de cada nota números romanos para indicar el tomo, por ejemplo III 311-20 (es decir, tomo II, página 311, línea 2). F.J.

In the Schevill-Bonilla version of the complete works of Cervantes, the existence of a note is indicated in the text by an asterisk in parentheses (*); the notes themselves are normally located in the back of the individual volume, listed by page and line numbers, e.g., 100-2. The following notes are just a few isolated ones out of the ... for the Comedias y entremeses, added here as I get requests for them. Note that for now I have also included the volume number in Roman numerals in front of each note to help avoid confusion, for example II 311-20 (that is, volume II, page 311, line 2). F.J.


Tomo I (2 de las 167 notas)

NOTAS


I 266-23. El texto: “rengo”.

I 288-14. El texto: “mi madre”.

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Tomo II (2 de las 248 notas)

NOTAS

II 82-3. Así el texto; pero debería decir “aquellas”.

II 331-27. El texto: “puedo”.

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Tomo III (2 de las 148 notas)

NOTAS


III 99-25. Quizá sea vocablo onomatopéyico. Recuérdense los dingolondangos del Cuento de cuentos, de Quevedo.

III 100-30. Espléndidas, ricas (del latín lautus).

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Tomo IV (24 de 251 notas)

NOTAS


IV 83-22. Alude Cervantes a la pragmática de 3 de enero de 1611 (ley 8.a, tít. XIV. lib. VI de la Novísima Recopilación), donde, en efecto, se dispone que no puedan hacerse nuevos coches sin licencia del Presidente del Consejo Real; que los coches “que hasta ahora están hechos”, se registren ante la persona o personas que dicho Presidente ordenare; que ningún hombre pueda andar en coche “de rúa” sin licencia Real; que “las personas que tuvieren coche, no le puedan prestar” y que “ninguna mujer que públicamente fuere mala de su cuerpo, y ganare por ello, pueda andar en coche ni carroza, ni en litera ni en silla”.
     También Felipe III, en el capítulo III de la pragmática de 1610, había mandado guardar la disposición de Felipe II en 1586 (ley 8.a, tít. XIII, lib. VI de la Novísima Recopilación), prohibiendo “que ninguna mujer, de cualquier estado, calidad y condición que sea..., pueda ir, andar, ni ande tapado el rostro en manera alguna, sino llevándolo descubierto”.
     Cabrera de Córdoba (Relaciones, pág. 427), que da cuenta de las pragmáticas de 1611, dice que “se publicaron la víspera de la Pascua de Reyes”.
     Véase, sobre coches y pragmáticas, una excelente nota de Clemencín al capítulo XXXVI, parte II del Quixote (nota 10), y el librito de Zegarra (Prematicas que han salido este año de 1611, publicadas en cinco dias del mes de enero, etc. En Madrid, 1611, por Juan de la Cuesta), donde trata del vestido y de los coches, tratamientos y cortesías, atavíos, la caza, el cohecho, etc.
     En Quien calla, otorga (I, 7), escribe Tirso de Molina:

     “La multitud de los coches
en Egipto fuera plaga,
si autoridad en Madrid.
No se tiene por honrada
mujer que no se cochea;
y tan adelante pasa,
que una pastelera dicen
haber comprado una caja,
tirada de dos rocines
que traen la harina que gasta,
en que sábados y viernes
se pasa autorizada;
pero, en viniendo el domingo,
hasta el fin de la semana,
trueca el coche por el horno
y el abano (abanico) por la pala.
Los mozos que pastelizan
son cocheros por su tanda,
con que vuestra pastelera
va, aunque gorda, sancochada.”

IV 112-30 El original: “macacona” (por mazacona).

[El vieo zeloso]

IV 145-2. Se ha indicado ya (R. Schevill, Ovid and the Renascence in Spain, pág. 137) que Cervantes pudo encontrar en el Corvacho del Arcipreste de Talavera el germen de su novela El celoso extremeño. Este mismo autor cuenta también otros “enxiemplos” de mujeres que engañaron a sus maridos, y todos son variantes del mismo género al que pertenece El viejo celoso. El lector puede ver la edición publicada en los Bibliófilos Españoles, Madrid, 1901. En el primer cuentecito (pág. 169), cuando sale el galán, la mujer da en los ojos del marido con la leche de sus propios pechos, para cegarle. En el segundo (pág. 170), la mujer tiene “un frayre tras la cama escondido”, y cuando viene el marido, ella le distrae, diciéndole que viene lleno de pelos. “El marido boluió para que la muger le alimpiase los pelos, e bueltas las espaldas, salió el frayre, que estaua escondido. E dixo el marido: Paresçióme como que salió ombre por aquí. Dixo ella: Amigo, ¿dónde venides, o estades en vuestro seso? ¡Guay de mil ¿E quién suele entrar aquí? ¡Guay, turbado venis de alguna enamoradal Los gatos vos paresçen ombres: señal de buena pasqua. Luego calló el marido, e dixo: Calla, loca, calla, que por prouar te lo dezia.” En El viejo celoso, la mujer se queja de que el marido destierra de la casa hasta los gatos y los perros, “solamente porque tienen nombre de varon”. En otro “enxiemplo”, cuando el marido entró, la mujer “fizo la candela caediza e apagóse”. (Pág.170.) Y en el último que citamos (pág. 171), la mujer saca una caldera nueva, y lleuóla al marido e dixo: ¡O cuytada, cómo fuy oy engañada! Compré esta caldera por sana, e está foradada. Verás, marido. E púsogela delante la cara, e fizo del ojo al otro que saliese.” Y comenta el Arcipreste, diciendo: “millares destos se escreuirian”, y así ha de ser verdad, por los muchos cuentos que hay parecidos en la Edad Media. (Consúltese J. Bédier, Les Fabliaux, segunda edición; Paris, 1895; pág. 119.)

IV 145-4. En El casamiento engañoso figura una “dueña Hortigosa”.

IV 146-11. El texto: “langua”.

IV 147-5. Vale la pena de transcribir aquí el comento de Covarrubias a este vocablo en su Tesoro:
     “Ginjas o ginjoles son to mesmo que azufaifas... Los portugueses llaman a las guindas o cerezas por madurar ginjas. Tienen alguna semejanza las cerezas y las azufaifas en el color y forma, aunque no en el sabor; por desgaire, al que pide alguna cosa de fruta que no la hay en aquel tiempo, le suelen responder: mas ginjoles verdes. El nombre de ginjol o ginjola está corrompido del latino iuiuba. El P. Guadix dice que ginjol está corrompido de chinchil, que vale contento y regocijo, por ser este árbol hermoso y vistoso, que da alegría en mirarle, especialmente si empieza a colorear la fruta, y el verde de sus hojas está entonces muy subido; y así dice otro proverbio, del que va gallardo y alegre, que va como an ginjol verde.”

IV 147-21. Cantar poularísimo en el siglo XVII, y que dió motivo a las dos comedias de Luis Vélez de Guevara y de Calderón La niña de Gómez Arias.
     En la de Calderón (fundada en la de Vélez), el cantar dice así:

     “Señor Gómez Arias,
duélete de mí.
que soy niña y sola,
y nunca en tal me vi.”

     Sobre otras alusiones de Calderón a este cantar, véase a Fr. W. V. Schmidt, Die Schauspiele Calderon's; Elberfeld, 1857; pág. 225.
     Consúltese La pícara Justina, III, pág. 280, edición Puyol.

IV 147-29. El texto: “que que”.

IV 148-20. En la novela ejemplar cervantina El celoso extremeño, donde se describe el mismo personaje, lleva el apellido de “Carrizales”.

IV 149-10. Llave correspondiente a la llamada cerradura de loba, que, según Covarrubias, “se dijo a similitud de los dientes del lobo, que son sus guardas”. El Sr. Puyol y Alonso, en su edición de La pícara Justina (III, 140), cita a este propósito los siguientes versos del romance de germanía Payán el de Utrera:

     “Un hidalgo que en Utrera
palmearon a dos hojas,
por inquietar cerraduras
con una llave de loba.”

IV 150-23. El texto: “qua”.

IV 151-7. El texto: “compradre”.

IV 151-20. El texto: “pesado”.

IV 151-21. El texto: “etror”.

IV 153-9. “Tropel de palabras que un hablador y embaucador ensarta y enhila para engañarnos y persuadirnos lo que quiere.” (Covarrubias.)
     “Leyó el papel, no menos enamorado que sucinto, que, como el galán tenía más vivo el ingenio a puras dietas, excedió en la prosa al galeno, que sólo tiraba a las sustancias, sin andarse por los arrequives de la filatería.” (Castillo Solórzano, La niña de los embustes; Barcelona, 1632; cap. IV.)

IV 156-7. Personajes célebres de los poemas caballerescos italianos, y especialmente del Orlando furioso del Ariosto. Rugero es el enamorado de Bradamante y el matador del feroz Mandricardo (hijo y sucesor del Rey Agricán de Tartaria); Rodamonte es el cruel Rey de Argel, muerto también a manos de Rugero; Gradaso es otro Rey pagano, a quien mata Orlando. A Rodamonte se le cita en El coloquio de los perros; a Rugero, en el Quixote (II, 1 y 40).

IV 157-12. Se espantaría. Es forma anticuada del tiempo condicional, en la cual los elementos de este tiempo (el infinitivo del verbo, conjugado como el futuro, y el imperfecto del auxiliar haber (auer), conjugado antiguamente: ye o ya, yedes, yemos, yedes, yen) se separaban por medio de pronombres átonos. Así en el Poema del Cid (v. 161, edición Mz. Pidal):

“que sobre aquellas arcas dar le ien seysçientos marcos”;

y en el de Fernan Gonçalez (v. 620, b, edición Marden):

“Tener to yan (todas) las duen[n]as por byen aventurada.”

     El maestro Gonzalo Correas, en su Arte grande de la lengua castellana (1626; edición del Conde de la Viñaza; Madrid, 1903; pág. 170), escribe a este propósito: “Amaría, temería, consumiría, se compone en una dicción, de infinitivo y desta forma final: ía, ías, íamos, íades, ían, declinada por tiempo entero, que parece sacada del verbo he, has, y es común al imperfecto indicativo, había, habías, y de la segunda conjugación y la tercera, y la i lleva siempre el acento. Mas es de notar que se desprenden y apartan las sílabas desta forma de la composición del infinitivo muchas veces, y se entremete otra palabra o palabras en medio: Si me dieses el libro, leer-le-ia, y volver-te-le-ía, por leería-le y volvería-te-le; y ansí por todas las personas. Por dialecto particular, en Castilla la Nueva, Mancha y Estremadura, y parte de Andalucía, mudan la a en e, con el acento en esta forma: íe, íes, íemos, íedes o íeis, y se usa mucho entre nuestros letrados.”

IV 158-2. “Quien con niños se acuesta, sucio amanece”, dice el proverbio.

IV 158-12. Claro es que la Ortigosa alude al famoso patriarca Matusalén, que vivió, según el Génesis (versículo 27), novecientos sesenta y nueve años.

IV 158-23. En La ilustre fregona, de Cervantes, Tomás promete dar a Costanza una oración que quita el dolor de muelas. Y en Lope se lee:

“LUCRECIA.     Lo que es dolor, me hace dar
muchas veces voces altas,
porque me duelen las muelas.
FLORIANO. ¡Alabado sea el Señor,
y más con tanto favor
como ahora me revelas!
Que, como si to supiera,
traigo una oración escrita
de aquella santa bendita
que es su abogada primera.
LUCRECIA. ¿Es Santa Polonia?
FLORIANO.                               Sí;
y como aquesta recéis,
salvoconduto tendréis
que no os duelan más que a mí.”
 

(El dómine Lucas, I, 13.)

IV 160-6. El original: “puenta.”

IV 161-16. El Aqua odorata egregia, seu Aqua angelorum, cuya composición puede verse en la Palestra pharmaceutica de D. Félix Palacios (Madrid, 1753; página 523).

IV 164-7. En cambio, dice otro refrán: “Agua de mayo, pan para todo el año”; y otro: “San Julián guarda vino y guarda pan”, San Juan (Bautista) cae el 24 de junio. (Véase también el entremés de El juez de los diuorcios, 19-29.)

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Tomo V (2 de las 1669 notas)

NOTAS

V 88-13. El manuscrito: “supueses”.

V 11-4. El manuscrito: “Mayo”.

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Tomo VI (Las notas se ofrecen al pie de las páginas del tomo)

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Texto electrónico por Fred F. Jehle <jehle@ipfw.edu>
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Last updated: Nov. 20, 2001