End notes for the Reference version of Schevill & Bonilla's DON QVIXOTE, tomo I.
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NOTAS
Empleo con frecuencia en este Comentario las abreviaturas que siguen:
B. A. E. = Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.
R. F. E. = Revista de Filología Española.
R. M. = D. Francisco Rodríguez Marín: Edición crítica del Quijote; seis tomos. Madrid, 1916-1917.
Clem. = D. Diego Clemencín: Edición del Quijote; seis tomos. Madrid, 1833-39.
Cort. = D. Clemente Cortejón: Edición crítica del Quijote; seis tomos. Madrid, 1905-13.
Cej. = D. Julio Cejador: La Lengua de Cervantes, Gramática y Diccionario; dos tomos. Madrid, 1905-6.
Cov. = Covarrubias: Tesoro de la Lengua castellana.
Para las Obras completas de Cervantes (menos el Quijote), cito los tomos publicados de esta edicion, catorce tomos. Madrid, 1914-25.
Como queda dicho en mi Prólogo, señalo con A la primera edición de Cuesta, 1605; con B, la segunda de Cuesta, 1605; con C, la tercera de Cuesta, 1608; con Br, la de Bruselas, de 1607.
El primer número de los que figuran a la izquierda de cada nota concierne a la página, el siguiente a la línea del texto.
Portada. [18-7] Así A, C, Br; B:
Barcelona, errata que no se repite al principio de la dedicatoria,
dirigida a don Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor,
séptimo duque de Béjar, descendiente de la casa real de Navarra,
caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Heredó a su
padre, D. Francisco López de Zúñiga y Sotomayor, en
1601, y murió en 1619. (Consúltese Madoz: Diccionario
geográfico, etc.; La Barrera: Nuevas investigaciones acerca
de la vida y obras de Cervantes, página lxii del tomo I de Obras
completas de Cervantes (Rivadeneyra), 1863; Alonso López de Haro:
Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de
España. Madrid, 1622; I, libro IV, capítulo 6 (casa de
Zúñiga), libro V, capítulo 10 (casa de Sotomayor).
Pedro de Espinosa dedicó al gran duque
de Béjar su Primera Parte de las Flores de Poetas ilustres
de España. (Valladolid, 1605.) Se halla en el mismo tomo un soneto
a la Grandeza del Duque de Béjar, por el Contador Juan
López del Valle. Christóbal de Mesa le dedicó sus
Rimas (1611), y en su versión de Las Églogas y
Geórgicas de Virgilio (1618) se halla una composición dedicada
a los duques de Béjar. También en la Segunda
Parte de las Rimas, de Lope de Vega (s. a. ejem. Bibl. Nac.), hay versos
dedicados al duque de Béjar (soneto 131).
Góngora dedicó Las Soledades al duque
de Béjar.
Algunos escritores han tratado con severidad a este
prócer sin tener nada concreto en que fundar su crítica. El
que Cervantes no volviese a mencionar a su Mecenas ni a dedicarle ninguna
otra obra suya, nada prueba. Tampoco volvió a hablar de Ascanio Colonna
(a quien dedicó La Galatea), aunque este prelado vivía
aún cuando se publicó el Quijote. No existe ningún
documento, que yo sepa, comprobatorio de desavenencias entre Cervantes y
el duque. Mi amigo D. Francisco Rodríguez Marín cree que Cervantes
escribió su dedicatoria de tan mala gana que, por no tomarse
el trabajo de redactarla de propia minerva, la hilvanó entresacando
unas frases de la dedicatoria de Fernando de Herrera. Pero siendo
sólo la segunda vez que Cervantes se atreviese a escribir una dedicatoria,
parece muy natural que buscase en otros libros un modelo que le sugiriera
giros y frases convenientes. Más fácil le vendría el
escribir un prólogo al lector, a pesar de cuanto dice de las dificultades
que le acarreó también
dicha faena y que allanaron al fin los consejos de un amigo oficial.
B, C: Burgillos.
[18-19] Del escudo de Juan de la Cuesta tratan: J. Givanel y Más, Catàleg de la Collecció Cervàntica formada per D. Isidro Bonsoms I Sicart, Barcelona, 1916, I, 7; Pérez Pastor: Bibliografía madrileña, I, xxvii, y Documentos Cervantinos, I, 384, n. 1; L. Ríus: Bibliografía crítica de Cervantes, II, 176.
[18-20] B, C: Con privilegio de Castilla, Aragón y Portugal. El privilegio de Portugal lleva la fecha: en Valladolid, noue de Febreyro, de mil seyscientos e sinco anos.
[18-21] Juan de la Cuesta se estableció en Madrid por noviembre de 1599, siendo al principio oficial de la casa de María Rodríguez, viuda de Pedro Madrigal. Las portadas de los libros que imprimió llevan su nombre desde 1603 en adelante. La imprenta donde vió la luz la Primera Parle del Quijote estaba por delante la calle de Atocha por las espaldas casas de Pedro López, cordonero, por un lado calle nueva que llaman de los Reyes, y por el otro solares de Pedro de Prado; en este sitio está hoy la iglesia del Hospital de Nuestra Señora del Carmen; la Segunda Parte del Quijote se imprimió en la calle de San Eugenio, segunda casa, antigua, de la derecha, entrando por la de Santa Isabel. (Consúltese Pérez Pastor: Documentos Cervantinos, I, 385 y siguientes.)
[18-23] Francisco de Robles fué mercader de libros, hijo de Blas de Robles, que costeó la edición de La Galatea, en 1585; compró a Cervantes el derecho de publicar ambas partes del Quijote y las Novelas Ejemplares. Parece haber muerto en 1623. (Consúltese Pérez Pastor: Documentos Cervantinos, I, 295 y siguientes. Véanse descripciones detalladas de la primera edición del Quijote en L. Ríus, I, 1; Givanel: Catàleg, I, 6; Cort.: I, xxviii y siguientes; H. Serís: La Colección Cervantina de la Sociedad Hispánica de América, Urbana, (1918)-1920, páginas 17 y siguientes; Cotarelo: Últimos Estudios Cervantinos, 1920, páginas 11 y siguientes, y contestación del Sr. Serís en Bulletin Hispanique, XXVI,
4.°, 1924; Palau: Manual del librero, II, página 142. Véase también una descripción corta del ejemplar custodiado en la Biblioteca Universitaria de Innsbruck, por E. Winkler, en Neuere Sprachen, Marburg, 1925, Beiheft, 6, página 239.)
21-4. Algunos ejemplares de A: en el su.
21-5. Algunos ejemplares de A: auiendose.
21-9. C: setenta.
21-11. C: cincuenta y cinco.
21-15. B, C: del libro.
21-17. Algunos ejemplares de A: el.
21-18. Algunos ejemplares de A: Diziembre.
22-2. A: digna que; C: en el no ay cosa digna de notar que, y en la Segunda Parte del Quijote (1615): cosa digna de notar que.
22-8. El licenciado Murcia de la Llana (Francisco) fué médico y murió en 1639. De él escribe Nicolás Antonio (Bibliotheca Nova, I): professor Complutensis philosophiæ atque in Collegio Theologorum sodalis edidit partim vernacule partim latine cursum ut vocant Artium integrum scilicet: Selecta circa universam Aristotelis Logicam (1606); Circa libros Aristotelis de Anima (1609), etc. Tradujo Las Sumulas del Dotor Villalpando (1615), número 1.321 de la Bibliografía Madrileña, II, de Pérez Pastor. Compuso: Canciones lúgubres y tristes, etc. (1622); Discurso político del desempeño del reyno, etc. (1625?). Se titulaba también: regia auctoritate librorum Censor. Siendo corrector general de libros cobraba unos 50.000 maravedís de salario en cada un año, pero no se dedicaba con exceso de celo a su oficio, porque raras veces señalaba más de seis u ocho erratas en los libros cuya corrección le tocaba durante más de 30 años en que servía a S. M. Le sucedió en el oficio de corrector uno de sus hijos.
25-18. A Juan de Amezqueta dedicó Murcia de la Llana su obra Selecta circa libros Aristotelis de Anima (1609): ad D. Ioannem de Amezqueta Cameræ Regiæ meritissimum à secretis. Otra mención del Secretario Amezqueta se lee en Pérez Pastor: Documentos Cervantinos, II, 416. En B y C sigue la licencia para Portugal.
28-1. A omite: no; B, C, Br: que no conteniendose. Compárese: que la cólera de mi hermano se contenga en los límites de su discrecion (La Señora Cornelia, Novelas, III, 100, línea 4); que me contengo mucho en los términos de mi modestia (Prólogo de Don Quijote, II); pues no conteniendome en los limites de mi ignorancia se lee en la dedicatoria de Fernando de Herrera, edición de las Poesías de Garcilaso (Sevilla, 1580). Hartzenbusch (en Las 1.633 Notas puestas a la primera edición foto-tipografiada del Quijote, Barcelona, 1874, página 4) señaló por primera vez la identidad de ciertas cláusulas de la dedicatoria de Herrera y del Prólogo del licenciado Francisco de Medina con algunas frases de la dedicatoria cervantina al duque de Béjar.
29-7. B, C, Br: la.
29-8. B, C, Br: podía.
29-12. Parece justo inferir de este prólogo que Cervantes, al afirmar que los pensamientos varios de su hijo Don Quijote no habían sido nunca imaginados de otro alguno, quería declarar que la concepción de su protagonista, como parodia literaria, fué enteramente invención propia que no se inspiró en ficciones parecidas. Le debieron ser desconocidos el Ogier le Danois (héroe de novela según una versión del siglo XV, que quiso resucitar el espíritu y las leyes de la caballería, tal como había florecido en tiempos de Carlomagno) e Isaie le Triste (siglo XV) y su escudero Tronc, que van a sus aventuras juntos, en las cuales el escudero se distingue tanto por su fidelidad al amo, por sus gracias y sus muchos y buenos servicios como Sancho Panza. (Sobre estas dos novelas consúltese Graesse: Lehrbuch einer Literärgeschichte (1842), II, 3, 1,
páginas 213 y 340.) Tampoco le hubieron de ser conocidas a Cervantes Le Maccheronee, de Teófilo Folengo (siglo XVI), cuyo héroe Baldus se inspiró también en la lectura de los libros de caballerías para cometer muchas extravagancias, imitando asimismo las aventuras caballerescas, pero sin volverse loco como Don Quijote. (Véase B. Zumbini: Studj di Letteratura italiana, segunda edición, Firenze, 1906, página 163.) En cuanto a El Caballero Cifar (primera edición de 1512, de una rareza extraordinaria), se hace difícil creer que Cervantes conociera dicha novela, a la cual no parece aludir nunca. Tampoco basta el hecho de que el escudero Ribaldo prodigue los refranes para poder aseverar que tenemos en él el prototipo de Sancho Panza. Las analogías que se pueden señalar entre los dos escuderos se pueden notar en el carácter de otros escuderos de obras caballerescas. (Consúltese: C. P. Wagner, The Sources of El Caballero Cifar, Revue Hispanique, 1903, X; Menéndez y Pelayo: Orígenes de la Novela, I, 186.) Se ha señalado también la semejanza entre Don Quijote y la figura quijotesca de Agnolo di Ser Gherardo, héroe extravagante de una novela de Sacchetti (número 64). Pero las Novelle de este autor vieron la luz por primera vez en 1724; luego hay que refugiarse en el argumento de que Cervantes pudo oír contar la novela porque circulaba sin duda por Italia precisamente cuando él se hallaba allí. (Consúltese Novelle di Franco Sacchetii, Cittadino Fiorentino, Firenze, 1724, volumen II; de ellas se conserva un Códice del siglo XVI según el Catalogo dei Novellieri italiani, da Giovanni Papanti, II, 67; y A-M. Borromeo: Notizie de' Novellieri italiani, Bassano, 1724, página 47.) En la farsa Quem tem farelos, de Gil Vicente, hay un pobre hidalgo loco, enamorado, seco y enjuto, que con su criado y su caballo flaco padece hambre constante y gasta el tiempo cantando debajo del balcón de su dama. Es probable que Cervantes conociera las obras del gran portugués, pero no se puede afirmar que se acordase de este escudero de Gil Vicente al idear a Don Quijote. Menéndez y Pelayo escribió: No hay inconveniente en admitir que el germen de la creación de Don Quijote haya sido la locura de un sujeto real. Orígenes, I, 294, y Estudios de Crítica literaria, IV, páginas 53 y siguientes. Don Ramón Menéndez Pidal, en Un aspecto en la elaboración
del Quijote, escribe que Cervantes no concibió los primeros episodios de su libro sino por estímulo de un despreciado Entremés de los Romances, cuya importancia, a mi ver, no ha sido aún comprendida por la crítica. Siento no poder estar conforme con esta conclusión de mi amigo y maestro. Es verdad que muchos entremeses fueron publicados años después de ser representados; sin embargo, creo que dicho Entremés, que fué publicado por primera vez en 1611, o sea unos diez años después de engendrarse el Quijote, parece ser más bien un remedo de los primeros capítulos de la obra cervantina. Precisamente el gran número de detalles en que se asemejan el Entremés y el Quijote aboga contra el argumento de la anterioridad de aquél. Cervantes no imita sus fuentes con tanta minuciosidad, y hemos de creerle en este caso que sus invenciones no eran imitadas ni hurtadas. El Sr. Menéndez Pidal cree que el Entremés debió de ser escrito hacia 1597, y los fundamentos de tal creencia son: a) el que los romances citados en dicha pieza se encuentran todos en la Flor de varios y nuevos romances, publicado en Valencia en 1591 y 1593, y b) que la locura de Bartolo consiste en quererse hacer soldado y embarcarse para ir a guerrear con los ingleses; responde, pues, a las mismas ideas que eran dominantes cuando se escribió el romance Hermano Perico, incluído íntegro en el Entremés (época de Draque y de la reina Isabel). En resumen, el único libro en que se inspiró el autor del Entremés es La Flor (de 1593, aproximadamente), y el deseo del protagonista de guerrear con los ingleses no pasaría más allá de la fecha de 1597. En cuanto al primer argumento, parece lícito opinar que, aun si el autor del Entremés hubo de servirse únicamente de la Flor de varios (1593), no por eso es imposible que se inspirase doce años más tarde (1605 la fecha de la impresión del Quijote) en dicha colección de romances. Una imitación literaria no tiene que escribirse ni salir a luz a raíz de la publicación de sus fuentes. El Entremés dice:
| Lleve el diablo al romancero, |
| que es el que te ha puesto tal. |
Si no me equivoco, antes de publicarse el Romancero
general de 1600, apenas se titulan romanceros estas colecciones
cuyas portadas llevan los títulos Flor de varios, Cancionero
de romances, Silva de romances, etc., y si la boga que tenían
los romances antes de 1600 (la segunda época de su divulgación)
era bastante grande para justificar una parodia, lo era todavía en
mayor grado después de la publicación de los abultados romanceros
entre 1600 y 1614.
En cuanto al segundo argumento que la mención
del deseo de pelear con los ingleses no podía ser alusión a
un pasado histórico, hay que tomar en cuenta que este espíritu
hostil a los ingleses se manifestaba todavía durante los primeros
años del siglo XVII tanto como hacia fines del XVI. Por tanto, el
que Bartolo quiera hacerse soldado para guerrear con los ingleses no ha de
relacionarse forzosamente con ninguna expedición particular contra
éstos. La muerte de la reina Isabel ocurrió en 1603, y el odio
inspirado por ella y por el pirata y hereje Draque
se vislumbra en la literatura (novela y teatro) años después
de la muerte de ambos. Por lo tanto, Bartolo pudo jactarse de que iba a
Inglaterra a matar el Draque y a prender la reina, sin que tal
sentimiento reflejase una realidad histórica del momento. Aun
después de la muerte del enemigo de la patria, los niños
acostumbran a fingir una pelea con él, y este espíritu juvenil
del Entremés se manifiesta en que Bartolo sale armado
de papel, de risa, y en un caballo de caña. Las relaciones tirantes
entre España e Inglaterra se prestaban a palabras y alusiones agresivas
durante muchos años después de 1597, como se puede hallar en
la literatura de ambos países. En Inglaterra se aludía con
desprecio al español (the Spaniel), sobre todo durante el primer tercio
del siglo XVII. (Véanse Drake dans la Poésie espagnole
(1570-1732), por J. A. Ray, París, 1906, y mi estudio On the
influence of Spanish Literature upon English in the early 17th Century
en Romanische Forschungen, XX, 2, páginas 604 y siguientes.)
29-25. Br añade: y simplezas.
30-5. C: y pues ni; Br: que ni.
30-11. Br: exime.
30-13. C: respeto y obligacion; assi.
30-25. Así B; C, Br: escriuilla.
30-26. Br: saber que escriuir.
30-29. Br: lo que escriuiria.
31-5. Br: le dixe.
31-13. B, C, Br: dotrina.
31-25. B, C, Br: distraydo.
31-27. B, C, Br: oyrle.
31-32. B, C. Br: acabando.
32-1. Algunos ejemplares de A: Xe noforte; la r puede ser una n rota.
32-21. B, C, Br, omiten: amigo.
32-25. B, C, Br: una larga risa.
32-30. B, C, Br: acciones.
32-31. C: lejos.
33-6. Algunos ejemplares de A: abllidad.
33-25. C, Br: mismo.
33-31. A: podantes.
34-7. A, B, Br: venga; C: vengan.
34-10. B, C: buscallo; Br:
buscallos.
34-12. Es el primer verso de un dístico:
| Non bene pro toto libertas venditur auro; |
| Hoc celeste bonum preterit orbis opus. |
con el que termina la fábula De cane et Lupo, de Walther
o Gualterus Anglicus (siglo XII), que dejó una colección de fábulas en latín. (Consúltese Hervieux: Les Fabulistes latins depuis le siècle d'Auguste jusqu'à la fin du Moyen Age, segunda edición, 5 volúmenes, 1893-98, I, páginas 472 y siguientes, sobre Gualterus, y II, página 344, donde se puede leer la fábula; La Fontaine: Fables en Les Grands Ecrivains, etc., París, 1883, I, página 70; Joseph Jacobs: The Fables of Aesop, 2 tomos, London, 1889.) Cervantes pudo disfrutar de varias ediciones de las fábulas de Esopo, verbigracia, Pedro Simón Abril: Aesopi Fabulæ latine atque hispane scriptæ, 1575. Véanse Novelas ejemplares, III, 151,172; Don Quijote, II, capítulo 42 (la rana y el buey), y Sancho alude a Guisopete en I, 25, página 347-25; consúltese Pietsch en Modern Language Notes, febrero, 1909, página 55, columna 2; se puede añadir la canción de Lope de Vega: Oh Libertad preciosa, no comparada al oro, y
| ¡Oh Libertad, gran tesoro! |
| porque no hay buena prisión |
| aunque fuera en grillos de oro. |
(La Niña de Plata, II, 2.) |
la dulce libertad por ningún precio bien vendida se lee en La casa del placer honesto, de Salas Barbadillo, edición Place, página 329.
34-16. Algunos ejemplares de A: equo; B, C, Br: aequo; también se corrige pallida, en C, Br.
34-17. De Horacio, Carminum, I, 4: Solvitur acris hiems grata vice veris et favoni, etc.
34-23. San Mateo, V, 44.
34-25. San Mateo, XV, 19; A, B: malas; C, Br: malae.
34-28. Algunos ejemplares de A: nnmerabis.
34-29. De Ovidio: Tristia, I, 9, versos 5-6. No has leído en Ovidio que en el tiempo de la felicidad acuden muchos, y que en la adversidad le dejan solo. Lope de Vega.
| (Las Flores de Don Juan, III, escena xi.) |
35-3. A, B, C, Br: el; pero en casos análogos Cervantes escribe al: A la orden de caualleria non toca, I, 2; con lo que tocaua al velar de las armas, I, 3.
35-13. En el capítulo 17, versículo 2.° del libro I, de Samuel (o de los Reyes), Elah se tradujo en la Vulgata por Terebinthi, en castellano del Terebinto, y así se lee en las ediciones modernas del Quijote. La versión de Cipriano de Valera (revisada) trae del Alcornoque confundido con el terebinto (pistacia terebinthus) por alguna semejanza en los ramajes.
35-23. C: daré.
35-26. Alusión a una de las Epístolas familiares (1539-45), de fray Antonio de Guevara. De las 85 Epístolas hay una que trata de mujeres rameras, dirigida a D. Enrique Enríquez, en la cual el autor cuenta la historia de tres enamoradas antiquísimas, y es letra muy sabrosa de leer, en especial para los enamorados. Las tres son Lamia, Flora y Laida. (Consúltese Fitzmaurice-Kelly: Historia de la literatura española, Madrid, 1926, página 451.
35-28. Algunas ediciones modernas: encantadoras.
35-30. B: mesmo; C, Br: mismo.
36-3. Cervantes se refiere a los Dialoghi d'Amore (1535), de León Hebreo, muerto en 1520. (Consúltese Menéndez y Pelayo: Historia de las ideas estéticas, 1884, II, parte 1, páginas 11 y siguientes; Orígenes de la Novela, IV, 278 y siguientes: Los Tres Diálogos de Amor, de L. H. (1590); Américo Castro: El Pensamiento de Cervantes (1925), páginas 148 y siguientes.
36-5. A los 9 de nov. de 1621 murió el P. mtro. [Fr. Cristóbal de] Fonseca de la Orden de S. Agustín, insigne en letras y púlpito. Predicó a sus honras el P. mro. Fr. Diego López, de su Orden. Gazeta y nuevas de la Corte de España, Academia de la Historia, 10-10-6, Méndez (Papeles varios). Su Tratado del Amor de Dios alcanzó doce ediciones en vida de Cervantes;
la primera es de Salamanca, de 1592. (Museo Británico.)
36-6. Algunos ejemplares de A: acertaie; Br: acertará.
36-9. R. M. cambia el orden de las palabras de esta frase contra lo cual aboga con razón Pietsch en su Spanish Grail Fragments, II, 1925, página 18, donde cita varios ejemplos de este giro.
36-12. B, C: los.
36-25. B: simple y sinzilla; algunos
ejemplares de A:
imple con la
s larga rota.
36-27. A: Catalago.
36-31. Algunos ejemplares de A: hada.
37-2. Así A, B, C; en Br: faltan; el singular concuerda con cosa.
37-32. C: malencolico.
38-12. C: que sin disputa.
38-25. B, C, Br: notable.
39-2. Bowle señala el pasaje del Amadís donde se explica por qué la famosa maga Urganda, protectora del héroe y de toda su parentela, se llamaba de sobrenombre la desconocida: porque muchas veces se transformaba e desconocia. (Libro I, capítulo 11.)
39-4. ir con letura. (Véase Viage del Parnaso, capítulo I, página 16, línea 13); de los versos de cabo roto se trata en el tomo VI de Comedias y Entremeses, páginas 132-3.
39-5. Consúltese Hanssen: Gramática histórica, página 164; R. F. E., III, 409; IV, 64; VI, 290; Revue Hispanique
XL, 592; Lope de Vega: La Hermosura aborrecida, II, xii:
TELLO. |
Ella, a lo menos, bien se justifica. | |
DON SANCHO. |
Lágrimas de mujer a moscateles, | |
| ninguna cosa más me ratifica: | ||
| eso a los boquirrubios y noveles. |
39-13. B: esperiencia; C: expiriencia; Br: experiencia.
39-19. B, C, Br: florece.
39-20. Este elogio del duque de Béjar
deja creer que la dedicatoria fué escrita con admiración sincera,
y la comparación con Alejandro Magno de cuya munificencia habla largamente
Plutarco nos permite inferir que Cervantes estaba entonces disfrutando de
la protección del duque. En cuanto a Alejandro (a quien hay alusiones
en el Quijote, I, Prólogo, 6, 47, 49; II, 2, 59), Cervantes
pudo conocer alguna de las muchas traducciones castellanas de las Vidas
de ilustres varones griegos y romanos, de Plutarco. La primera es de
Alonso de Palencia, dos tomos, folio, Sevilla, 1491 (Hispanic Society,
New-York).
La división de la palabra Ma-[gno]
por Mag-no se debe a la pronunciación mano, entonces
corriente. Compárese repu(g)na (43-18); dino,
benino, etc. Consúltese Bello-Cuervo: Gramática
página 23 de las Notas; Hanssen, página 68, párrafo
160; Quevedo: Obras, B. A. E., III, 288, donde Carlo-Magno
y cristiano son consonantes.
39-21. Algunos ejemplares de A: esa.
39-22. Ayuda a los osados la fortuna, La Gran Sultana, acto III, Comedias y Entremeses, II, página 189; es aforismo que se halla a menudo en los escritos de los humanistas que pudieron verlo en muchos autores clásicos latinos desde los tiempos remotos de Ennio, en cuyos Annales se lee ya: Fortibus est fortuna viris data. Compárese: O buena fortuna, como ayudas a los osados, Celestina, 5.° auto; audaces fortuna juvat en Timoneda, Los Menemnos, edición
Bibliófilos Valencianos, página 78; Venga lo que viniere, que a osados favorece la fortuna, Guzmán de Alfarache, I, iii, capítulo 8.
39-24. C: cantaras.
39-25. B, C, Br: ociosa.
39-27. Bowle señala que este pasaje es alusión al Orlando furioso, que principia con los versos:
| Le donne, i cavallier, l'arme, gli amori. |
| Le cortesie, l'audaci imprese io canto. |
40-12. La Barrera publicó los versos imitados por Cervantes en esta décima en las Obras completas de Cervantes, edición Rivadeneyra, Madrid, 1863, I, cxxxiii.
40-15. Diego Jiménez de Enciso compuso una comedia sobre la vida del negro Juan Latino (muerto en 1573?), impresa en la Segunda Parte de Comedias escogidas de las mejores de España (1652). En el tercer acto se le elogia con este soneto:
| Hijo de esclavo soy; nací en Baena, |
| donde las letras aprendí primero; |
| crecí, siguiendo el centro verdadero, |
| premio que a la virtud el cielo ordena. |
| No me ha estoruado mi amorosa pena |
| que sea de Granada racionero, |
| Orfeo, Marte, Cicerón, Homero, |
| en voz, en arenas, en latín, en vena. |
| Catredático fuí, griego excelente, |
| y, en fin, varón insigne, pues que llego |
| a ser deste lugar colector digno. |
| Y como le llamó por eminente |
| la antigua Roma a su Adriano, el griego, |
| la noble España me llamó el Latino. |
Según Bermúdez de Pedraza, Antigüedad y Excelencias de Granada (1608), fué traído siendo niño cautivo con su madre a España, donde se crió en casa de la duquesa de Terranova, libro III, capítulo 33, folio 138. De Juan Latino tratan Schevill: The dramatic
Art of Lope de Vega, página 305 y siguientes, y A. Marín Ocete: El negro Juan Latino, Granada, 1925; R. F. E., 1927, página 297.
40-16. Algunos ejemplares de A: rebu.
40-20. la le-: R. M. entiende le-va, que significa ardid, astucia según el vocabulario de Juan Hidalgo, y así se lee en Lazarillo de Tormes, segunda parte, II, 1: yo que le entendí la leva, le convidé. En Cervantes (Rinconete) y Quevedo (Cuento de Cuentos), se lee: no hay levas conmigo, frase sacada de la germanía; no la conozco en otra forma en Cervantes. En cambio, entender la le-tra (que es como leen muchos), me parece más lógico en esta décima que un sentido germanesco. (Compárese El Buscón: Yo vi luego la letra, edición Castro, 1927, página 218.)
40-21. C: la.
41-3. C: piedra en la ma.
41-11. Héroe del libro titulado: Los quatro libros del virtuoso cauallero Amadís de Gaula; la edición más antigua que se conserva lleva la fecha de 1508, folio, en letra gótica, impresa por G. Coci, en Zaragoza (Museo Británico). El autor de esta versión es Garci Rodríguez de Montalvo, regidor de Medina del Campo. Para el estudio del libro, consúltese H. Thomas: Spanish and Portuguese Romances of Chivalry, Cambridge, 1920, páginas 41 y siguientes; bibliografía en Fitzmaurice-Kelly, Historia de la literatura española (1926), página 409; texto publicado por Gayangos en B. A. E., tomo XL; Palau: Manual, I, 62.
42-1. De una rareza extraordinaria son las ediciones antiguas de este afamado D. Belianis, que pertenecía a la biblioteca de Don Quijote. Consta de cuatro partes, cuyo autor fué el licenciado Jerónimo Fernández. El Libro primero del valeroso e inuencible Principe don Belianis de Grecia (partes I y II, folio, letra gótica), se publicó en Burgos, Martín Muñoz, 1547; (Biblioteca Nacional). Consúltese Catálogo de la Exposición celebrada en la Biblioteca Nacional en 1905,
página xix. Otra edición: Estella, 1564; La Tercera y Quarta Parte se publicaron por primera vez en Burgos, 1579, folio (Museo Británico). El nombre del autor se declara en el colofón de esta edición, y se añade que compuso también las partes I y II. Nicolás Antonio (Bibliotheca Nova, II, 397) cita el libro entre los anónimos. El licenciado Jerónimo Fernández, abogado de Madrid, era hijo de Toribio Fernández, vecino de Burgos, según la advertencia puesta al fin de la cuarta parte en la edición de 1579; por muerte del autor se le concedió el privilegio de imprimir la tercera y la cuarta parte a su hermano Andrés, también vecino de Burgos. Salvá: Catálogo, II, 24, número 1.532; Palau: Manual, III, 197.
42-6. C: y fuy.
42-12. Br: prostrada.
42-14. Por mi verna la dueña
andar al estricote. Estrofa 815, Arcipreste de Hita, edición
Cej., I, 277.
Todos andamos hechos una pella y al
estricote. Quevedo: Cuento de Cuentos, B. A. E., II, 411.
También Pedro de Urdemalas, Comedias y Entremeses, III,
147, línea 13, y Don Quijote, 376-14; Cejador:
Fraseología, II, 535. ¿Se deriva del alemán
strick (soga)? Comp. am Strick führen.
42-18. La Señora Oriana era hija de Lisuarte y Brisena, reyes de la Gran Bretaña. El Doncel del Mar, que en esta sazón era de doce años, y en su grandeza e miembros parescía bien de quince, servía ante la reina, e así della como de todas las dueñas e doncellas era mucho amado; mas desque allí fué Oriana, la hija del rey Lisuarte, dióle la reina al Doncel del Mar que la sirviese, diciendo: Amiga, éste es un doncel que os servirá. Ella dijo que le placía. El Doncel tuvo esta palabra en su corazón, de tal guisa, que después nunca de la memoria la aparto. I, iv; el castillo de Miraflores estaba a dos leguas de Londres. Amadís, II, 10, 12.
43-3. B, C, Br: heziste.
43-6. B, C, Br: heziste.
43-23. B, C, Br: embidio.
43-27. buzcorona:
| Sin temer que tijeritas | |
| le trasquilasen la morra, | |
| habiéndose echado al buz, | |
| se levantó de corona. | |
(Quevedo: B. A. E., III, 152.) |
|
Consúltese también La Barrera: El Cachetero del Buscapié, Santander, 1916, página 175.
Que merece |
|
| mil coronas tu Alteza: como a mona | |
| le obedezco y le hago buzcorona. | |
(Lope de Vega: El Prodigio de Etiopía.) |
|
44-1. Algunos consideran Donoso nombre de poeta, puntuando del Donoso, poeta entreverado; me parece adjetivo como en otros lugares del Quijote. Compárese del donoso y grande escrutinio, I, 6; donosa majadería, I, 22; Sancho llama a Avellaneda donoso: donosa cosa de historiador por cierto, II, 59; acerca de entreverado, compárese: él es un entreverado loco, lleno de lucidos intervalos, Don Quijote, II, 18; Gorda o flaca, es de advertir que si no pudiere ser entreverada, la quiero flaca y no gorda, Quevedo: B. A. E., II, 557, col. primera; los entreverados años de Ricla, Persiles y Sigismunda, II, página 16. Cervantes parece aludir en sus elogios al asunto entremezclado del poeta que trata de Sancho entreverado con Rocinante, juntando lo gordo con lo flaco.
44-7. Apercibete, a la primera boz que oyeres, tomar calzas de Villadiego, se halla en la Celestina, auto 12, edición Cej., II, 85; con mucha frecuencia se decía sólo tomar las de Villadiego, y es posible que la imaginación del pueblo añadiese la palabra calzas. Como vi el juego tan revuelto y que todos estaban ocupados, tomé las de Villadiego, Lazarillo de Tormes, segunda parte, de Luna, capítulo X. Compárense
los idiotismos: las corrió, me la pagarás, habérselas con, no tenerlas todas consigo, etc., donde la, las, tienen el valor del neutro lo; consúltese Hanssen: Gramática, página 194; Cej.: Gramática, 305; Rodríguez Marín, II, 151; también Quevedo: B. A. E., I, 348, 431; Lisandro y Roselia, en Libros raros, III, 210.
44-18. Para R. M. el verso significa: que ganaba Rocinante porque menos corría en la carrera; pero otros han entendido: que Rocinante, que fué a poder de un don Quijote, línea 17, iba igual con él, o se le parecía a él, en lo flojo (por pecados de flaqueza, línea 16).
44-23. Sobre este lance del Lazarillo véase la edición de Bonilla, Madrid, Ruiz Hermanos, 1915, páginas xii y 17.
45-1. El Orlando furioso es una de las obras de mayor importancia para el estudio del Quijote; Ariosto la terminó en 1532. Consúltese D'Ancona a Bacci: Manuale della letteratura italiana, Firenze, 1924-25, II, 298 y siguientes, y VI, 367, para el estudio y la bibliografía de Ariosto; Ferrazzi: Bibliografía ariostesca, Bassano,1881; M. A. Garrone: El Orlando furioso considerado como fuente del Quijote, en España Moderna, marzo, 1911, páginas 111 y siguientes; A. Ludwig: Lope de Vega als Schüler Ariosts, en Festschrift Adolf Tobler gewidmet, Braunschweig, 1905, páginas 211 y siguientes. Cervantes debió de despreciar las traducciones españolas del Orlando según lo que escribe en el capítulo 6, página 98-32; había tres: la del Capitán Hieronymo de Urrea, Anvers, 1549, aludida y condenada por Cervantes en dicho pasaje; la de Hernando de Alcocer, Toledo, 1550, y la de Diego Vázquez de Contreras, Madrid, 1585 (las tres Museo Británico).
45-7. Br: inuicto.
45-13. Algunos ejemplares de A: u tus.
45-18. Uno de los protagonistas de la obra disparatada, titulada: Espejo de Príncipes y Caualleros en el qual se cuentan los inmortales hechos del Cauallero del Febo y de su hermano Rosicler, hijos del grande Emperador Trebacio ..., por Diego Ortúñez de Calahorra,
natural de la ciudad de Nágera, Zaragoza, 1562; es la primera parte que consta de tres libros; una segunda parte, escrita por Pedro de la Sierra, se publicó en Alcalá, en 1580 (1581). Nicolás Antonio y Pellicer citan una edición de Zaragoza, de 1580. La Tercera y quarta parte, compuesta por Marcos Martínez, es de Alcalá, 1589; otra edición de estas partes, Zaragoza, 1623. Pellicer vió también un manuscrito con el libro primero de la quinta parte (su Don Quijote, I, capítulo 6). Consúltese H. Thomas: op. cit., 119 y siguientes, y Gayangos: Libros de Caballerías, B. A. E., XL, página lxxiv del Catálogo. En el Mus. Brit. se custodian la Primera parte, Medina, 1583, y la Segunda parte, Valladolid, 1586.
46-1. B, C, Br: y la.
46-11. No parece probable que Cervantes haya escogido a propósito un nombre tan obscuro y desconocido que, a pesar de las pesquisas de varias generaciones de eruditos, nadie haya dado todavía con la historia en la cual se esconde el misterioso Solisdán. Para P. Groussac: Une Enigme littéraire: le D. Quichotte d'Avellaneda, París, 1903, página 149, Solisdán sería anagrama de Lassindo (y sólo con ss), nombre escuderil que se halla en el Amadís. Pero este proceder parece forzado y nada convincente, tratándose de un solo caso de anagramas. El único nombre, que yo sepa, algo parecido a Solisdán, que ocurre en el Amadís, es Solinan, caballero del séquito de Lisuarte. Por tanto, no quedan más que dos soluciones lógicas: la una, de Clemencín, que lo considera invención del propio Cervantes; la otra, que es errata tipográfica. En tal caso, el nombre pudo ser Solimán, si se admite la posibilidad de que el cajista pudo leer sd por la m del manuscrito. Un Solimán (1495-1566) figura en las historias de Carlos V, y no ha de extrañarse el que Cervantes se sirviese de dicho monarca en estos elogios preliminares, porque, dice en el Prólogo, que después de hacer él mismo los versos, se pudieran ahijar al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, y lo fué Solimán. (Véase La Carolea, nota 106-15.)
46-17. B, C, Br: hombre.
46-26. C: alcahuete.
47-1. A: Dialago.
47-20. Después de los versos preliminares hay en Br un Privilegio dado por el Consejo de Bruselas a Rutger Velpius por seis años, fechado a 7 de marzo de 1607 y subsignado por el licenciado Francisco Murcia de la Llana.
49-1. Cervantes dividió el libro conocido hoy por el título de Primera Parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha en cuatro partes: la primera comprende los capítulos 1-8; la segunda, 9-14; la tercera, 15-27; la cuarta, 28-52. Tal división deja suponer que Cervantes no había pensado todavía en la verdadera Segunda Parte.
49-12. olla: Cov. Tesoro: en
algunas casas se haze olla solamente al mediodía, y a la noche passan
con una ensalada y fruta.
De Lope de Vega se pueden sacar varias alusiones
a la olla:
JUAN. |
Tras aquesto se apercibe | |
| (el rey, Señor, me perdone) | ||
| una olla... | ||
EL REY. |
¿Qué tiene? | |
JUAN. |
Vaca y carnero | |
| y una gallina. | ||
EL REY. |
Y ¿no más? | |
JUAN. |
De un pernil (porque jamás | |
| dejan de sacar primero | ||
| esto), verdura y chorizo, | ||
| lo sazonado os alabo. | ||
(El Villano en su rincón, II, escena 11.) |
||
| |
||
FAQUÍN. |
Me conformo con la olla. | |
| Píntame el alma que tiene... | ||
BATO. |
Buen carnero y vaca gorda, | |
| la gallina que dormía | ||
| junto al gallo, más sabrosa | ||
| que las demás, según dicen. | ||
| . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . |
| Tiene una famosa liebre... | |
| tiene un pernil de tocino... | |
| dos varas de longaniza... | |
| un chorizo y dos palomas... | |
| ajos, garbanzos, cebollas | |
| tiene y otras zarandajas. | |
(El Hijo de los Leones, II, 7.) |
|
Véase también La Dorotea, edición Castro, V, ii, página 251; Angel Muro: Diccionario general de Cocina, Madrid, 1892, II, 546.
49-13. Salpicón, Cov.: la carne picada y aderezada con sal. Al mismo Sancho dieron de cenar un salpicón de vaca con cebolla, II, 49. Compárese también Lope de Vega: Porfiar hasta morir, B. A. E., III, página 102, col. primera; Fuente Ovejuna, III, página 634; Quevedo: B. A. E, III (Jácaras), página 114; Tirso de Molina: La Villana de la Sagra, III, 5, B. A. E., página 321; A. Muro, op. cit., II, 841, y Castro en R. F. E., IV, 398.
49-14. La explicación de lo que era
el manjar duelos y quebrantos tiene por base: a), los libros
o artes de cocina; b), los léxicos y las traducciones del
Quijote hechas en la época cervantina; c), las citas
entresacadas de autores coetáneos, y d), leyes, costumbres
y tradiciones de aquellos tiempos.
a) He manejado varios libros de cocina
españoles en las principales bibliotecas europeas (entre ellos Roberto
de Nola, 1538; Martínez Montiño, del que hay muchas ediciones;
Diego Granado, 1599; hasta Altamira, 1758), y, si no me he equivocado, no
se halla en ninguno de ellos una mención de duelos y quebrantos.
De este silencio se puede inferir que era manjar de gente humilde, no digno
de entrar en tales libros, que se escribían para los cocineros de
la alta sociedad, o que no era plato fijo con ingredientes determinados.
b) Entre los léxicos que he podido
examinar, ninguno registra el manjar duelos y quebrantos, que yo sepa,
antes de la publicación del Quijote; esto quita mucho
al valor general de la definición que parece
querer adaptarse al texto del Quijote o al lenguaje de los traductores de Cervantes. Covarrubias no conoce los duelos y quebrantos como yantar, y quizá sea arriesgado identificarlos (R. M., VI, 20) con la merced de Dios que Covarrubias registra (artículo guevos): la muger ..... va al gallinero y trae sus guevos y corta una lonja de tozino, y fríelo con los guevos y dale a cenar una buena tortilla, con que se satisface, y de allí quedó llamar a los guevos y torreznos la merced de Dios. Bowle ya había señalado esta definición en sus notas, sin relacionarla con duelos y quebrantos (Anotaciones a Don Quijote, II, capítulo 50), y no he encontrado nunca en la literatura española que se hayan confundido los duelos y quebrantos con la merced de Dios. Este plato se define netamente cuando se le menciona como lo hace el autor de La Pícara Justina (edición Puyol, II, 162; III, 204): la merced de Dios se llaman huevos y torreznos con miel. Comp. también Pagés: Gran Diccionario (artículo Duelos y quebrantos), que cita a Rafael José de Crespo: tanto me vale desayunarme con la merced de Dios, comer duelos y quebrantos como chochos, pan de Mallorca, etc. César Oudin no registró duelos y quebrantos en la primera edición de su Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París, 1607, ni en las tres subsiguientes, pero después, verbigracia: en la refundida de 1645, lo consigna el editor, lo cual ha de extrañar, porque Oudin, en su traducción del Quijote (1614), puso por duelos y quebrantos des ufs et du Lard, y si no admitió dicha definición en su Tesoro es posible inferir que no estuviese seguro de la equivalencia. Tampoco John Minsheu en su Dictionarie in Spanish and English (Londres, 1599), ni Hierosme Víctor en su Tesoro de tres lenguas, Genève, 1606, conocen los duelos y quebrantos. Lorenzo Franciosini: Vocabolario italiano e spagnuolo: español a italiano, primera edición, Roma, 1620, lo registra por primera vez (artículo Duelo) con la mirada puesta en el Quijote: comer duelos y quebrantos e un modo di dire straordinario e vale mangiar della carne secca con dell'huova, che in Firenza diremmo mangiar delle frittate rognose y (artículo Quebranto): duelos y quebrantos e un termino e modo di dire usato particolarmente nella Mancia in Spagna, e significa mangiare huova con carne secca
que noi diremmo mangiar delle carbonate (tocino frito). El propio
Franciosini, en su traducción del Quijote, Venecia, 1622, tradujo
duelos y quebrantos por frittate rognose, y en una
acotación añadió: sono prosciutto fritto con
huova, con lo cual nos deja vacilar entre carne seca, tocino frito
y jamón, sin saber a cuál atenernos. De todos modos,
prosciutto no es un equivalente de torreznos o el gordo del tocino.
El Diccionario de Autoridades trae una tortilla de huevos y
sesos y le siguió Peter Pineda en A new Dictionary Spanish-English,
English-Spanish, Londres, 1740 (artículo
Duelo), donde añade: común y familiar entre la
gente baja. Las primeras ediciones de Sobrino: Diccionario de las
lenguas española, francesa y latina dan por duelos y
quebrantos une soupe aux pois, definición cambiada
después (verbigracia: en la edición de Amberes, 1776) por la
primitiva académica: dans la Mancha une omelette faite avec
des ufs et de la cervelle de mouton ou d'agneau. Después
de registrar en algunas ediciones de su Diccionario la
interpretación de Pellicer (aceptada por Clem.), la Academia revisó
otra vez la definición (desde 1893; consúltese Cotarelo: Los
puntos obscuros en la vida de Cervantes, 1916, página 13). Por
fin, Shelton, en la primera traducción inglesa del Quijote,
I (primera edición, Londres, 1612), puso por duelos y quebrantos
griefs and complaints, disparate que se enmendó años
después por collops and eggs, copiando en este detalle
la versión de Oudin (o el léxico de Franciosini, si es que
llegó a verlo). Por tanto, Shelton nada contribuye a la definición.
En resumidas cuentas, los léxicos y las traducciones señaladas
carecen de toda autoridad, o por la fecha tardía en que se publicaron,
o por lo vacilantes y mal fundadas que son sus definiciones.
c) De las citas entresacadas de varios autores
contemporáneos se permite llegar a ciertas conclusiones sobre duelos
y quebrantos: primero, que el manjar del sábado no era plato fijo,
y segundo, que los consabidos duelos y quebrantos, fueran lo que fueran,
no se comían solamente los sábados, sino en cualquier día
de la semana. Esto quiere decir que al manjar (que los sábados debió
de tener el carácter de media abstinencia) se podían añadir
en los demás días ingredientes
prohibidos, tales como jamón (perniles), magro del tocino, etc. Las citas conocidas en las cuales se mencionan los duelos y quebrantos, son tres, de Lope de Vega:
| (1) | almorzando unos torreznos | |
| con sus duelos y quebrantos. | ||
(Las Bizarrías de Belisa, I, 9.) |
||
| |
||
| (2) | que me mate una sartén | |
| con sus duelos y quebrantos. | ||
(Los Locos de Valencia, II, 4.) |
||
| |
||
| (3) | Pardiez, señor, doce huevos | |
| para duelos y quebrantos. | ||
(La Serrana de Tormes, en R. F. E., 1915, pág. 39.) |
y una cita de la Mogiganga del Pésame, atribuída a Calderón:
| huevos y torreznos basta, | |
| que son duelos y quebrantos. | |
(R. F. E., 1915, página 36, y Rouanet: Intermèdes espagnoles, París, 1897, página 229.) |
En ninguna de estas citas se trata del sábado, y en ninguna de abstinencia, como no sea en la última farsa, en la cual la viuda no quiere comer por estar de duelo, pero lo hace al fin con ciertos melindres de hipócrita, y se aviene a tomar solamente huevos y torreznos que son duelos y quebrantos. El hecho de no ser abstinencia del sábado puede explicar el que hubiera torreznos con los huevos. De todos modos, estas cuatro citas, que parecen todas ser de fecha bastante posterior al Quijote, no aclaran el pasaje discutido. En Las Bizarrías de Belisa los torreznos no forman parte de los duelos y quebrantos; según Los Locos de Valencia, éstos eran guiso frito en el cual no hay mención de huevos, aunque por la sartén se pudiera entender que se trataba de algo como una tortilla; así nada prohibe creer que los propios duelos y quebrantos pudieran muy bien mezclarse con huevos y torreznos; pero, según dichas
citas, no era cuestión de cosas de sábado. En fin, el anhelo de decir algo más concreto, nos hace creer que los duelos y quebrantos eran a veces solamente lo que se llamaba grosura (lo interno y extremo de los animales, conviene a saber: cabeza, pies y manos y asadura, Cov.), a lo cual se pueden añadir sesos y el gordo del tocino; debió de ser fácil el obtener estos menudos los sábados, por ser día de matanza en Castilla. De otro modo no se explica la infinidad de alusiones a cosas de sábado, que, con bastante variedad, se mencionan a cada paso; verbigracia: Lazarillo: Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, (edición Cej., página 134); Guzmán de Alfarache, I, 1, 5: Hizo la carne postas, echólas en adobo, aderezó para este sábado el menudo: asadura, lengua y sesos; ..... sacó una poca de asadura guisada; ..... respondió si queríamos los sesos fritos en manteca con unos huevos, etc.; La Tía fingida: los asturianos son buenos para el sábado, porque siempre traen a casa grosura y mugre (Novelas, III, página 287); El Buscón: en otra parte había cosas de sábado: cabezas y lenguas, aunque faltaban sesos (edición Castro, pág. 271); Moreto: El Valiente Justiciero, II, 15:
| pues ha sido |
| todo manos y cabezas, |
| ¿fué en sábado este delito? |
Luego si múltiples autores dicen que la gente comía grosura,
etc., los sábados, y sabemos que Don Quijote comía duelos
y quebrantos los sábados, la lógica, antes que ningún
documento, admito la conclusión de que éstos = grosura, etc.,
antes que huevos con torreznos, que se podían añadir en los
demás días.
d) En cuanto a lo que se puede deducir de
descripciones de costumbres y tradiciones, de leyes y relatos de viajes,
véase Morel-Fatio: Études sur l'Espagne, III, página
403; Cort.: Don Quijote, III, preliminares xlv y siguientes; Cejador:
Fraseología, II, artículo Duelo; R. M.: I, 79
y siguientes; VI, 20 y siguientes.
Muchos años antes de hacerse manjar los
duelos y quebrantos, estas dos palabras se hallan juntas en su sentido
literal. En el Arcipreste de Talavera se lee: ¡Yuy, qué
duelo fué aquéste, qué quebranto atan
grande, qué dolor tan desygual! (edición Pérez Pastor, página 211), y se halla la combinación a menudo al través de la literatura española. Véanse Gómara, Conquista de México: por un cabo los cercaban duelos y por otros quebrantos (capítulo CX); en Quevedo, frecuentemente, verbigracia: B. A. E., I, 348, 369, 431, III, 118. Debo a la atención de mi erudito maestro el doctor H. R. Lang las adiciones siguientes: crebanto nin duelo en la Primera Crónica General (edición Menéndez Pidal), página 537 b; pesar et quebranto, 354 a; lloro et crebanto, 645 a; Poema de Alfonso onceno, estrofa 878: duelo y quebranto; Gómez Manrique, Cancionero (edición Paz y Melia), I, 166: dolor y quebranto; y en el Cancionero de Baena se encuentra varias veces la misma frase: dolor a quebranto. Por sí sola la palabra duelo se halla a menudo, ora sea en frases hechas, como: los duelos con pan son menos, donde no está su dueño, ahí está su duelo, ser un retablo de duelos; ora para significar aflicción o demostración de dolor: duelos tenemos: en casa se hauran de ayunar estas franquezas, Celestina, segundo auto; y también: a cada cabo ay tres leguas de mal quebranto, cuarto auto. A veces se halla una alusión a abstinencia o ayuno en relación con duelo, tratándose en tales casos de las comidas que se dan en los mortuorios (según frase de El Crotalón). Véase también Morel-Fatio: Bulletin hispanique, 1915, página 59. Si el duelo y la media abstinencia han llegado a ser asociados por los manjares comidos en los entierros, nada más fácil que el uso llevase tras sí también la palabra quebrantos, tantas veces unida a duelos. Tales combinaciones (véase Les formules rimées de la langue espagnole: R. F. E., 1927, 2.°, página 113) son típicas del genio del lenguaje, y son, por la mayor parte, de dos clases: o de sonido, verbigracia: de hoz y de coz, en paz y en haz; o de sentido, verbigracia: tratos y contratos, oficio ni beneficio, y los consabidos duelos y quebrantos. En cambio, si había equivalencia de sentido en hueuo y duelo (consúltese María Goyri de Menéndez Pidal: R. F. E., 1915, página 39), la asociación de quebrantos tendría que justificarse de otro modo, quizás por tener que quebrantarse los huesos para sacar los sesos y cortar las extremidades. A pesar de tantas pesquisas, el origen del giro como manjar sigue obscuro y perdido en el pasado lejano de tales costumbres. Lo que deja suspenso al lector, todavía más que la fórmula o receta para confeccionar los duelos y quebrantos de Don Quijote, es el hecho de ser de Cervantes mismo la más antigua cita conocida del manjar que ha dado tanto que discurrir a los eruditos. ¿Lo tomó el gran novelista del lenguaje popular, y si fué así, a qué región de España correspondería este uso?
49-14.
| El jueves cenarás, por la mortal yra, |
| e porque perjureste deziendo la mentira, |
| lantejas con la sal. |
(Arcipreste de Hita, edición Cej., estrofa 1.167.) |
En su pasto y comida se figura la virtud de la templanza, por quanto los pobres se contentauan antiguamente con el puchero de las lentejas. (Cov.)
50-8. C: verisimiles.
50-9. B, C, Br: Quixana.
50-20. C omite: en.
50-23. B, Br: tan bien; C: tâ bien.
51-3. Sobre Feliciano de Silva, consúltese: Boletín Academia Española, xiii, 1926, página 129; Paz y Melia: Sales españolas, segunda serie, página 80; Gayangos: op. cit., B. A. E., página xxx y siguientes; Menéndez y Pelayo: Orígenes de la Novela, I, cclxi y siguientes; Cejador: Historia de la lengua y literatura castellana, II, página 112; Bradford: Indice de las Notas de Clem., 430, 488; Thomas: op. cit., 69 y siguientes. F. de Silva se halla entre las autoridades citadas por la Academia en su primer léxico.
51-7. C: mismo.
51-20. De las infinitas heridas que recibió don Belianis, Clemencín llegó a contar ciento y una graves, éstas sólo en los dos primeros libros de los cuatro de que consta la obra. Sobre la promesa del autor de acabar la historia, consúltese Clem.: Don Quijote, I, 8.
51-23. Sigüenza, una de las Universidades llamadas menores, fundada en 1472, fué reducida en 1770 a las cátedras de Filosofía y Teología, y suprimida en 1837. (Consúltese: Vicente de la Fuente: Historia de las Universidades, cuatro tomos; A. Bonilla: La vida corporativa de los estudiantes españoles, 1914.) ¡Que
hay hombre en la sopa del bendito santo, que puede ser obispo, y se afrenta un don Peluche de comer; graduado estoy de bachiller en artes por Sigüenza! El Buscón, edición Castro, página 189.
51-26. C: mismo.
52-12. B, C, Br omiten: sonadas.
52-17. El protagonista del Noveno libro de Amadís de Gaula, que es la cronica del muy valiente y esforçado principe y cauallero de la Ardiente Espada, Amadis de Grecia, etc.; la rarísima primera edición es de Cuenca, 1530 (ejemplar en la Landesbibliothek, de Stuttgart). Su autor fué Feliciano de Silva. (Consúltese Thomas, op. cit., página 72; Catálogo de la Exposición, página xi.)
52-20. Véase Menéndez y Pelayo: Estudios sobre el teatro de Lope de Vega, III, Madrid, 1922; Las mocedades de Bernardo del Carpio, páginas 109 y siguientes; Tratado de los romances viejos, I, páginas 176 y siguientes. El episodio aludido por Cervantes se halla en el canto 35 de La segunda parte de Orlando con el verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles, etc., por Nicolás Espinosa; se citan ediciones de Zaragoza, de 1555, y de Amberes, de 1556; en el Museo Británico hay ejemplar de Anvers, de 1557. (Consúltese Clem.: I, página 11; Catálogo de la Exposición de 1905, página xliii.) Sobre la leyenda de Roncesvalles han escrito: J. Bédier, Les Légendes épiques, III, páginas 297 y siguientes; Menéndez Pidal, Un nuevo cantar de gesta español del siglo XIII, en R. F. E., IV, página 105 y siguientes; J. Saroïhandy, en Homenaje a Menéndez Pidal, II, páginas 259 y siguientes.
52-22. B, C, Br: Anteon; Ovidio: Metamorfosis, IX, 184; Lucano, 4, 590 y siguientes, a quien Jáuregui tradujo. (Consúltese la edición de Madrid, 1888, I, páginas 227 y siguientes del 8.° libro.)
52-24. En el Museo Británico se conserva un ejemplar del Libro del esforçado gigante Morgante y de Roldan y Reynaldos, letra gótica, Valencia, 1533. Es
traducción hecha por Jerónimo de Auner del poema de Luigi Pulci (1432-1484), titulado: Morgante maggiore, Firenze, 1483. (Consúltese D'Ancona e Bacci: op. cit., II, páginas 123 y siguientes.)
52-28. Uno de los personajes principales del poema de Boiardo, el Orlando innamorato, traducido en prosa con poca fidelidad por Pedro López de Santa Catalina con el título de Espejo de Cauallerías en el qual se veran los grandes fechos ..... que el conde Don Roldan ..... acabó, etc. Sevilla, 1533. (Biblioteca Nacional.) Hay alguna confusión en la bibliografía de esta obra. Parece constar de tres partes: la primera y segunda se deben a López de Santa Catalina, impresas en 1533, y una tercera parte se atribuye a un Pedro de Reynosa. Las tres partes se imprimieron juntas en 1586 (Medina del Campo). (Consúltese: Catálogo de la Exposición, página v; Palau: III, 144; Salvá: II, núm. 1598, página 56; Gayangos: B. A. E., op cit., lxiv; Menéndez y Pelayo: Orígenes, cxli y dxxiii; Cejador: Historia, II, página 115; Boiardo: Orlando innanzorato, I, 28, estrofas 7 y 8.) Bowle señala el pasaje del Espejo (I, capítulo 46), aludido por Cervantes. Ya en el seudo-Turpin (mencionado por Cervantes en el capítulo 6) se habla de un ídolo famoso de Mahoma. Carlomagno, que, según este relato, mandó destruir todos los ídolos de los paganos, no logró dañar al de Mahoma por ser cosa encantada. Pérez de Hita, en sus Guerras civiles de Granada habla de un Mahoma de oro. (Consúltese Deferrari: The sentimental Moor in Spanish Literature before 1600, Philadelphia, 1927, página 16.)
52-30. De allende trata Cuervo: Diccionario de construcción y régimen. Cf. Pedro de Urdemalas (Comedias, III, 145): te celebran hasta los moros de aliende.
53-1. De Reinaldos y del traidor Galalón tratan los romances números 366 y siguientes del Romancero general, de Durán, I, página 227.
53-4. que por en que. (Véase Cejador: Gramática, página 433; Bello-Cuervo, página 256.)
53-22. C: visaguelos.
53-23. C omite: y.
54-12. B, C, Br: a su.
54-15. Del bufón Gonnella trata F. Gabotto en La epopea del buffone, Bra, 1893. (Consúltese Giornale storico della letteratura italiana, XXII, 1893, páginas 60 y siguientes, página 250.) Plauto en su Aulularia, refiriéndose a un cordero, dice: ossa atque pellis tota est, 3, 6, 28. (Véase Bowle, página 11.) Ossa et pellis es lugar común en los clásicos y se halla también en los Captivi, de Plauto.
54-19. B, C, Br: mismo.
54-21. B, C, Br: assi.
54-26. B, C, Br: y le cobrasse.
54-28. A: exexcicio.
55-2. C: sinificatiuo.
55-9. A: dixo; B, C, Br: dicho.
55-9. Algunos ejemplares de A: tomaion.
55-15. A: Hepila; B, C, Br: hacerla.
55-24. Algunos editores prefieren confirmádose.
55-29. Algunos ejemplares de A: Deziase el a Si yo por malos de mis pecados; B, C, Br: deziase el: si yo.
56-5. Así A, B, Br; C: rendida.
56-5. C: yo soy.
56-10. B, C, Br: la vuestra.
56-20. A: le; B, C, Br: se.
56-28. C: sinificatiuo.
57-9. B, C, Br: enmendar.
58-9. A: armino.
58-14. C: mismo.
58-24. Harpadas lenguas: lugar común del lenguaje. Véase Timoneda en Gallardo, Ensayo, IV, columna 729: harpaditas lenguas; Quevedo, Sueños, edición Cej., II, 110: con lisonjas arpadas en los picos; también Celestina, edición Cej., II, 28: harpadas lenguas.
59-1. Sobre el Campo de Montiel consúltese Hervás y Buendía: Diccionario histórico-geográfico de la provincia de Ciudad Real, páginas 349 y siguientes; León Máinez: Don Quijote, Cádiz, 1877, II, página 205; A. Blázquez: La Mancha en tiempo de Cervantes, en Boletín de la Sociedad Geográfica, 1905, páginas 307 y siguientes; segunda edic., El Escorial, 1928.
59-16. A: fuguroso; B y siguientes: riguroso.
59-22. B, C, Br: y con.
59-28. Compárense Novelas ejemplares, III, página 148, y R. M., I, 110; Don Quijote, 398-22.
59-32. Aventura de la segunda salida (capítulo 8), todavía no ideada por el autor. El pueblo del puerto Lápice era dependiente de los limítrofes de Villarta, Arenas y Herencia; mas, por acuerdo de la Diputación provincial, en 1841 se le añadió el pequeño término que posee, titulándole villa. Su antiguo nombre era Ventas del Puerto-Lapiche, porque efectivamente sólo eran unas quinterías o posadas. En la guerra de la Independencia fué arruinado totalmente, y en la pasada civil incendiado por los carlistas. Madoz: Diccionario geográfico, XIII, página 286.
60-9. B, C, Br omiten: hambre y.
60-11. B, C, Br omiten: no.
60-16. del partido: llegamos a una casa que en el postiguillo, patio y mujercillas que allí bailaban, conocí ser del partido. Segunda parte del Lazarillo de Tormes (Luna), capítulo IX; R. M., I, página 112. (Compárese: atraer al amoroso partido, Trato de Argel, Comedias, V, página 33.)
60-26. que por con que. (Véase la nota a la página 53-4.)
61-3. C: distraydas.
61-22. B: nin; C, Br: non fuyan ... nin teman.
61-27. C: mirandole.
62-5. al: de alid <
.
62-14. Es decir: el cual estuvo a poco en acompañar, etc. (Compárese: estará; [a] poco por acabar la vida, página 293-1; no estoy en dos dedos de ponello en duda, página 169-18; no estuvo en dos dedos de caerse muerta, Novelas Ejemplares, I, página 111, línea 25; no tardó mucho en assomar, Don Quijote, I, capítulo 40; quedó en oirle suspenso, I, capítulo 44; ni dexó de admirarse en oir las razones, II, capítulo 33. Consúltese: Hanssen, Gramática, párrafo 695; Cej., Gramática, página 468. R. M. enmienda: el cual ... no estuvo en nada el acompañar. Lope de Vega, en La Prueba de los amigos, III: No estuvo en un instante de dar con los verdaderos [ladrones].
62-23. A: Quixoto.
62-29. Consúltese Durán: Romancero general, I, página 3, número 7, y página 161, número 300; Menéndez y Pelayo: Antología, VIII, 239.
63-1. Sano: desde Bowle, página 16, los comentaristas han aceptado, por la mayor parte, la definición ladrón disimulado, del Vocabulario de Hidalgo; compárese, sin embargo, Máinez: Don Quijote, II, página 16, y R. M., I, 129; Lope de Rueda: Registro de Representantes, edición Bonilla, 1917, página 39, explica el término: si [es] de Castilla la viela, [lo tienen] por hombre sano y sin doblez de malicia. Correas, Vocabulario,
edición 1906, página 528, trae: Es de los sanos de Castilla, o es de los llanos de Castilla, para decir que uno es bueno, claro y sin malicia ni doblez.
63-4. B, C, Br: estudiante o paje. Véase la nota en Novelas Ejemplares, II, página 268, y R. M., I, 121, acerca de la playa de Sanlúcar.
63-11. B, C, Br: del.
63-24. B, C, Br: quitarle.
63-32. Compárese: ellos confesaron la traída y llevada por España. Segunda parte de Lazarillo de Tormes (Luna), capítulo 7.
64-5. B, C, Br: tan bien.
64-9. C: de su rozino; sobre el romance, consúltese: Menéndez y Pelayo, Antología, VIII, 264; W. J. Entwistle: Arthurian Legend, London, 1925, trata del Lanzarote español; R. F. E.,1926, página 300; Bohigas: El Lanzarote español, R. F. E., 1924, página 282; 1925, página 60.
65-2. B, C, Br: darle.
65-3. Truchuela: forma popular por influencia de trucha; en vez de trechuela, de trechar.
65-5. C omite: se.
65-19. Consúltese Gillet: R. F. E., 1925, XII, página 63.
65-21. B, C, Br: assi.
66-2. C: candial.
67-21. C: manificencia.
67-29. las quatro partes del mundo: son Europa, Asia, Africa y América según Don Quijote, I. 48. Compárese: Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo, edición
Bonilla, 1910, página 185; de las siete partidas del mundo en Don Quijote, II, 23, se tratará allí mismo; Hieronimo Girava da una descripcion de las quatro partes de la tierra en Dos Libros de Cosmographia, Milán, 1556, páginas 48 y siguientes.
68-8. B, C, Br: oyr.
68-11. C omite: y pedía.
68-15. C: mismo.
68-19. Así B, C, Br; A: Reayan.
68-23. Consúltese Clem. y R. M. acerca de estos lugares del mapa picaresco de España; de los Percheles de Málaga volvió a hablar Cervantes en el Persiles, III, capítulo 10, página 103 del tomo II de esta edición; de dichos Percheles y de las islas de Riaran trata Pellicer: Don Quijote, I, capítulo 3, citando a García de la Leña: Conversaciones malagueñas (véase Cejador: Historia, tomo VI, página 155); al Compás de Sevilla alude Cervantes en El rufián dichoso, Comedias, II, 44, y en el Viaje del Parnaso, página 73. Consúltese también Hazañas: Los rufianes de Cervantes, introducción, página 23. Del Azoguejo de Segovia y del Potro de Córdoba trata Jerónimo de Alcalá en El Donado hablador, primera parte, capítulo 5: Busquen otro, que yo he nacido en el potro; y es porque en aquel barrio y plazuela, como en el Azoguejo de Segovia, se crían mozuelos que pueden dar quince y falta a los que más se precian y presumen de saber, entender y penetrar las cosas más arduas y dificultosas, así para bien como para todo género de vicio. Cf. el Museo Universal, 26 de julio 1863, página 239; Lope de Vega: Los Comendadores de Córdoba, edición de la Academia, XI, página 268; Tragedia Policiana, acto XIV. Para la Olivera de Valencia, véase H. Mérimée, L'Art dramatique à Valencia, pagina 434 et passim; del mismo autor: Spectacles et Comédiens à Valencia, página 27; Calvo y Pelarda: Revista de Valencia, III, 1883 (marzo); D. T. Llorente: España, sus monumentos y artes, etc., Valencia, II, páginas 283 y siguientes. De la Rondilla de Granada trata J. Giménez-Serrano:
Manual del artista y del viajero en Granada, Granada, 1846, página 331. Se mencionan la Playa de Sanlúcar en 63-2 de este tomo; y las Ventillas de Toledo en El rufián dichoso, Comedias, II, página 99, y en las Novelas Ejemplares, II, página 268.
69-22. B, C, Br: della.
69-23. B, C, Br: escriuir.
69-25. dineros: En el Amadís, II, capítulo 9 al final, se lee: dejando ella a Beltenebros tanto dinero cuanto para armas e caballo e cosas de vestir necesario era.
69-31. B, Br: mesmo.
70-17. C: mismos.
70-27. B, C, Br: recebidas.
71-10. C: admirandose.
71-11. C omite: y.
71-15. C omite: pero.
73-22. C: ofendeme en cuanto pudieres.
74-18. B, C, Br añaden: y dixo.
74-19. B, Br: prompto.
75-2. C: un gran golpe.
75-23. De estas Tendillas hablan Bowle, página 22; Pellicer, I, página 31; Cort., I, página 91, y R. M., I, página 152.
76-4. B, C, Br: apriessa.
76-8. A, B: abrançando.
76-14. A: pedir el; B, C, Br: pedirle.
76-15. B, C, Br: buena.
77-2. A: couallero.
78-26. B, C, Br: arrendada.
79-12. B, C, Br: pagalde.
79-14. B, Br: desataldo.
79-20. A, B, C, Br: setenta.
79-25. Compárese la nota de R. M., I, página 165; también Las siete Partidas, III, título xi: De las juras que las partes deben facer, etc.
80-5. B, C, Br: assí.
80-13. B, C, Br: desollará; está bien dessuelle después de por que = para que.
80-27. Los hombres de precio y valor sus obras han de tener por padres. Núñez de Reinoso: Clareo y Florisea, capítulo xi, página 442, edición B. A. E. Es un dicho popular. (Véase Bowle, página 23.)
81-9. C omite: a.
82-2. C: para.
82-12. B, C, Br: a su.
82-15. B, C, Br: contarle.
82-17. Yo os lo pagaré con las setenas, etc. Novelas Ejemplares, I, página 113, y Cort., I, página 102.
82-32. B, C, Br: recibio.
83-4. B, C, Br: desapiadado.
83-8. B, Br: encruzixadas; C: encrucixadas.
83-20. Acerca del giro de otros cuatro, véase La
Galatea, I, página 251; viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, Persiles y Sigismunda, Prólogo; el otro rey, El Buscón, edición Castro, 179. Hanssen: Gramática, página 216, párrafo 555.
84-6. B, C, Br: sin par.
84-9. B, C, Br: y por ellas.
84-18. C: sinificays.
84-25. Cejador trae otros ejemplos de donde no: Diccionario, página 417; Cort., I, página 105; Bello-Cuervo: Gramática, párrafo 1.244.
85-23. En el Romancero general, de Pedro Flores (1614), (Bibl. Nac.), hay un romance jocoso (f. 129), en el cual el autor se burla de su dama:
| Fué más derecha que vn huso, |
| y es más torcida que vn cuerno; |
| fué más franca que Alexandro, |
| y es más avara que el tiempo. |
Véase Bowle, página 25. Cervantes vuelve a usar la frase en Don Quijote, II, capítulo 53; los libros de silvicultura española dicen que los husos se hacen de madera de haya, y que se crían bosques, aunque no muy extensos, de este árbol en las sierras de Guadarrama. Cf. Clem. I, 84; R. M., I, 181.
88-9. Cervantes confunde dos romances. Véase: Durán, Romancero general, I, número 355, y II, número 1.545; Menéndez y Pelayo: Antología, IX, páginas 29 y siguientes, XII, páginas 391 y siguientes; de Lope de Vega hay una comedia titulada El Marqués de Mantua. Consúltese M. V. Depta: Lope de Vega, Breslau, 1927, páginas 27 y 110.
88-13. Como advierte Clem., Cervantes no debía de pensar todavía en hacer mahometano al autor del Quijote al componer este pasaje en el cual le deja hablar con desprecio de los milagros de Mahoma. El historiador arabigo se menciona por primera vez en el capítulo 9. De los milagros de Mahoma trata
A. Sprenger: Das Leben and die Lehre des Mohammad, Berlín, 1869, II, páginas 413 y siguientes (Wunder); A. Guillaume: The Traditions of Islam, Oxford, 1924, páginas 135 y siguientes; Sir W. Muir: The Life of Mahomet, London, 1894, páginas liii, lvii, etc.; Miguel Sánchez los menciona en La Guarda Cuidadosa, edición Rennert, página 175; Quevedo: Zahurdas de Plutón (es Mahoma quien habla): el seguirme tanta gente no es en virtud de milagros, B. A. E., I, 323.
88-17. C: mismo.
89-2. C: mismo.
89-12. C: misma.
89-17. B, C, Br: lo tenia lleno.
89-19. B, C, Br: Quixada.
89-31. B, C, Br: parecerle.
90-7. C: sospiros.
90-15. C: preso.
90-16. Alusión a la historia de los amores del Abencerraje Abindarráez y la hermosa Jarifa. (Consúltese la edición de Adams and Starck: El Abencerraje, según Antonio de Villegas, con un estudio preliminar; New-York, 1927; Lope de Vega: El remedio en la desdicha, edición Gómez Ocerín y R. M. Tenreiro, Clásicos castellanos, tomo 39, 1920.)
90-23. B, C, Br: tan de.
90-26. Las ediciones antiguas: dabale; algunas modernas: dabase.
91-7. A: Marquez.
91-10. B, C, Br: Quixada.
91-14. De los Nueve de la Fama trata la Chronica
llamada el triunpho de los nueve mas preciados varones de la Fama, etc. Véase el Catálogo de la Exposición, página xxxvii; la primera edición parece ser de Lisboa, 1530 (Nicolás Antonio). Consúltese J. C. Dunlop: History of Prose Fiction, edición 1906, I, página 269; Shakespeare: Love's Labour's Lost, V, escenas i y ii; Lope de Vega: El remedio en la desdicha, acto I, edición citada, página 45.
91-29. B, C, Br: seys.
92-4. De acordar con dativo reflexivo y con un infinitivo sin de trata Cuervo: Diccionario, I, página 141, columna 2.
93-26. No ha de extrañar aquí la preposición de, si se tiene en cuenta el uso antiguo, según el cual se decía también curar de en la acepción médica. Comp.: curando de un enfermo (Luis de Granada); curar de los feridos (crónica de Pero Niño). Véase Cuervo: Diccionario, artículo curar; en tal uso habrá influido otro sentido de curar de = cuidar (Don Quijote, II, 31). Sobre el uso pleonástico de la preposición de hace falta un estudio. Compárese la vacilación entre saber y saber de, usar y usar de: sepa el mundo de que (Don Quijote, I, 34); ella no sabe de mis deseos, I, 44; usar de unos pegotes, II, 40.
93-27. Exclamación frecuente, en contraste con nora buena; encuentro en hora maza en Timoneda, edición Bibliófilos valencianos, I, página 233; Feliciano de Silva: Segunda Celestina, en Libros raros, IX, páginas 114, 203, 260; Rey de Artieda: Los Amantes, edición 1908, página 72; Lope de Rueda, edición Cotarelo, II, páginas 87, 218; Tragedia Policiana, en Nueva B. A. E., acto 25, página 51, donde se usa con nora buena; Quevedo: El Buscón, edición Castro, 1927, página 26.
93-31. C: urganda.
94-3. A: Lleuanrole.
95-18. C: pena de la que.
95-27. A: arrojarllos; B, C, Br: arrojarlos.
96-8. Acerca de Los quatro libros de Amadís de Gaula, véase la nota a la página 41, línea 11. No han perdido nada de su gran mérito las notas que sobre todos estos libros de caballerías puso Clem. a su texto del Quijote.
96-14. C: seta.
96-25. Se trata de un quinto libro titulado
El Ramo de los quatro libros de Amadís, con la historia del
muy esforzado caballero Esplandián, hijo de Amadís de Gaula;
consta de ciento ochenta y cuatro capítulos. De la primera edición
no se conoce ningún ejemplar, y la más antigua registrada es
una de Sevilla, 1510, según el Catálogo manuscrito de
la biblioteca de Fernando Colón. (Consúltese el facsímile
Huntington, N. Y., 1905, asiento 3.331.) Brunet describe una edición
de Toledo, 1521. (Consúltese H. Thomas: Spanish and Portuguese
Romances, páginas 67 y siguientes.) Para la palabra Sergas
el diccionario académico (1925) sigue dando la etimología griega
con la
s del artículo. (Véase, sin embargo, Foulché-Delbosc
en Rev. Hisp., tomo 23, página 591, y Mérimée:
Précis d'histoire, etc., edición 1922, página
166, nota.) Quevedo, B. A. E., III, página 195, escribe:
Esplandián el de las jergas. El propio autor debió
de inventar la etimología, porque dice (capítulo 18) que
sergas quería decir proezas, y en tal caso ¿quiso
forjar un disparate híbrido
+ s
del plural español?
96-29. B, C, Br: echalde.
97-5. Véase la nota a la página 52-17 sobre Amadís de Grecia.
97-11. B, C, Br: quemara.
97-23. La historia del inuencible Cauallero Don Oliuante de Laura, Barcelona, 1564, es obra de Antonio de Torquemada. (Cf. Catálogo de la Exposición, página xxix, y H. Thomas: op. cit., página 143.)
97-25. De este Jardín de Flores de Antonio de Torquemada se trata en la Introducción al Persiles y Sigismunda, I, página xxiii; los Colloquios satíricos del mismo autor (1553) fueron publicados por Menéndez y Pelayo: Orígenes de la Novela, II, páginas 485 y siguientes.
97-30. A: Florimorte; B, C, Br: Florismarte.
97-31. Se titula: Primera parte de la grande historia del muy animoso y esforçado principe Felixmarte de Yrcania y de su estraño nascimiento, etc., Valladolid, 1556 (Biblioteca Nacional). Cons. Catálogo de la Exposición, página xxiv, y las notas de Bowle (página 29), y Clem., I. 114; hay una edición de 1557 con 1556 en el colofón, en el Museo Británico. El héroe lleva ambos nombres: Florismarte y Felixmarte; H. Thomas, op. cit., página 142. El actor fué el magnifico caballero Melchior de Ortega, vecino de Úbeda.
97-32. A: Florimorte; B, C, Br: Florismarte.
98-3. B, C, Br: soñadas. (Comp. página 52-12.)
98-9. Se titula: Cronica del muy valiente y esforçado cauallero Platir, hijo del Emperador Primaleón, Valladolid, 1533 (Museo Británico); H. Thomas, op. cit., páginas 100, 185 y siguientes.
98-16. El Registrum de Fernando Colón trae (número 4.069) la cronica de lepolemo llamado el cauallero de la cruz hijo del emperador de alemaña compuesta en arauigo por xarton y trasladada en castellano por alonso de salaxar. La obra se divide en 152 capítulos. Valencia, 1521. Costó en Medina del Campo 95 maravedís a 19 de nouiembre de 1524. Este ejemplar ha desaparecido, y no se ha visto nunca otro de esta edición. El Museo Británico custodia un ejemplar de la edición de Sevilla, 1534. Hay un Libro segundo del esforçado cauallero de la Cruz atribuído a Pedro Luján, y se publicó en Toledo, 1563. (Consúltese Catálogo de la Exposición, página xxviii; Pérez Pastor: Imprenta en Toledo, número 294; H. Thomas: op. cit., páginas 133 y siguientes; R. M.: Nuevos datos
para las biografías de cien escritores, etc., 517 y siguientes.)
98-22. Acerca del Espejo de cauallerias, véase la nota, página 52-28.
98-27. Del historiador Turpin trata J. Bédier: Les Légendes épiques, III, páginas 41 y siguientes.
98-31. En el Prefacio puesto a una edición del Orlando furioso, impreso en Venecia en 1556, M. Clemente Valvassore elogia a Ariosto porque, en vez de tratar de una muchedumbre de dioses, de sus discordias, adulterios y crímenes, como Virgilio y Homero lo habían hecho, habla de un solo Dios, eterno y justo, que dispone y gobierna las cosas humanas con su perpetua providencia. In brieue, qui appariscono innanzi a gli occhi le virtu tanto illustri, et in tal maniera fulminati i vitii, che niuno filosofo, non que altro poeta meglio insegna o esprime quel que per noi seguitar et fuggir si debba in questa vita mortale. Ricorrete adunque alla mirabile dottrina di questo gran Poeta christiano, etc.
99-1. Véase la nota, página 45, línea 1, acerca de las traducciones españolas del Orlando.
99-19. C: escetuando.
99-20. Alude el cura a la Historia de las hazañas y hechos del inuencible Caballero Bernardo del Carpio, compuesta en octavas por Augustín Alonso, vecino de Salamanca, Toledo, 1585; Catálogo de la Exposición, página xxxix; Pérez Pastor: Imprenta en Toledo, número 370; véase también la nota, página 52-20.
99-21. El libro condenado se titula: El verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles con la muerte de los doze Pares de Francia, etc., por Francisco Garrido Villena, caballero valenciano, Valencia, 1555, edición rarísima de la cual Salvá tenía un ejemplar. (Catálogo, II, número 1.612, página 70.) Otra edición de Toledo, de 1583 (Biblioteca Nacional), tenida
erróneamente por algunos bibliógrafos por la primera; véase también la nota, página 52-20.
99-30. De esta obra, el ejemplar más antiguo conocido existe en la biblioteca del Estado (antes Biblioteca Imperial), de Viena. (Consúltese F. Wolf: Studien zur Geschichte der span. und port. National-literatur, Berlín 1859, páginas 185 y siguientes.) Se titula: El libro del famoso y muy esforçado cauallero Palmerin de oliu(i)a; y en el colofón: en la muy noble ciudad de Salmantia, 1511; Thomas: op. cit., páginas 85 y siguientes; Salvá: Catálogo, II, página 87, números 1.649 y siguientes. Según el Registrum, de Fernando Colón, número 4.124, existía en la Colombina un ejemplar de una edición de Salamanca, de 1516, costó en Sal. 4 reales a 27 de março de 1525. De la cuestión del autor trata Menéndez y Pelayo: Orígenes, I, cclxix; Gayangos: Catálogo, página lxx. (Consúltese también el Catálogo de la Exposición en la Biblioteca Nacional, página xv.) Se custodian en la Hispanic Society y en el Museo Británico ejemplares de una edición de Sevilla, de 1525.
99-31. Sobre el Palmeirim de Inglaterra hay un excelente libro por W. E. Purser: Palmerin of England, London, 1904; Cf. Fitzmaurice-Kelly en Rev. Hisp., X, 1903, páginas 614 y siguientes; Thomas: op. cit., páginas 103 y siguientes; compuesto en portugués por Francisco de Moraes Cabral (1500?-1572). La primera edición española lleva la fecha de 1547, traducida por Luis Hurtado de la primera portuguesa (1544?), hoy desconocida. En la Biblioteca Nacional, de Madrid, se conserva un ejemplar de una edición portuguesa, de Evora, 1567. (Véase la edición del texto español en Nueva B. A. E.: Libros de Caballerías, II, páginas 1 y siguientes.)
100-5. C: ella; A, B, Br: ello.
100-7. Cervantes pudo inspirarse para este pasaje en Plutarco: Vida de Alejandro, o en Plinio: Historia Natural, libro 7.°; éste, traducido por Huerta, se publicó con el 8.° en 1599. (Comp. también Bowle, página 29, y Clem., I, 127.)
100-15. B, C, Br: propiedad.
100-22. Véase la nota a la página 42-1.
100-29. En lo forense se llama el [término] que se concede para la prueba, proporcionado a la distancia donde se ha de hacer, a diferencia del legal de ochenta días. Diccionario de Autoridades.
101-12. Tirante el Blanco: es traducción castellana de la obra catalana titulada: Libre del valeros e strenu cavaller Tirant lo Blanch, compuesto por Johannot Martorell (las tres primeras partes) y Johan de Galba (la cuarta parte); el original se imprimió en Valencia, 1490, y la primera edición castellana es de Valladolid, de 1511. Un ejemplar de la rarísima edición valenciana se conserva en la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York, que publicó de ella un facsímile (1904); hay ejemplar de la primera edición castellana en la Biblioteca de Catalunya, Barcelona, antes de D. I. Bonsoms; J. Givanel Más: La novela caballeresca española, Estudio crítico de Tirant lo Blanch, Madrid, 1912, y El Tirant lo Blanch y Don Quijote de la Mancha, Barcelona, 1922; Menéndez y Pelayo: Orígenes, I, ccli y siguientes; H. Thomas: op. cit., páginas 32 y siguientes; Gayangos: Catálogo, lxxvii; Cort.: I, 145 y siguientes; Fitzmaurice-Kelly: Historia, 1926, página 503; H. Serís: La reaparición del Tirant lo Blanch de Barcelona de 1497 en Homenaje a Menéndez Pidal, III, página 57.
101-21. A, B, C, Br: Detriante. (Véase Bowle, página 30.)
101-29. A: estas; B, C, Br: otras.
101-32. B, C, Br: lo.
102-1. de industria: mucho se ha discutido este giro. (Consúltese: B. Sanvisenti, Il passo più oscuro del Chisciotte, R. F. E., IX, 1922, 58 y siguientes; R. Mendizábal: R. F. E., XII, 1925, 180; Cej.: Diccionario, artículo estilo, página 491.) Gallardo trae algunos ejemplos de la frase: Ensayo, II, col. 287; III, col. 279; R. M., I, 225.
Pero el propio Cervantes explica bien el sentido del pasaje por medio de otro que encuentro en el Viaje del Parnaso, página 85, línea 3:
| ¿Como pueda agradar vn desatino, |
| si no es que de propósito (de industria) se haze, |
| mostrandole el donayre su camino? |
Con lo cual, el pasaje del Quijote se entiende bien: el que compuso el Tirante merecía que le echaran a galeras, pues no hizo tantos desatinos de propósito, para mostrar su donaire, sino en serio, sin reírse.
102-2. B, C, Br: lleualde.
102-3. B, C, Br: leelde.
102-11. Véase la nota del tomo IV de las Comedias, página 103; la edición más antigua parece ser la de Valencia s. a. (1559?), y Salvá la describe: Catálogo, número 1.909. (British Museum); hay buena bibliografía en Fitzmaurice-Kelly: Historia (1926), páginas 476-77.
102-16. Si son libros de entendimiento no está claro el resto de la frase sin perjuicio de tercero. Es preferible la enmienda entretenimiento propuesta por Pellicer. Cervantes emplea la palabra en giros parecidos. (Comp. Dedicatoria del Quijote, II: [Persiles y Sigismunda] ha de ser o el más malo o el mejor ..... de los de entretenimiento; Don Quijote, II, 3: es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento; Don Quijote, II, 16: hogeo mas los que son profanos que los devotos como sean de honesto entretenimiento, y Prólogo de las Novelas: donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras.)
103-6. Sobre estas dos continuaciones de la Diana, de Montemayor, consúltese H. A. Rennert, The Spanish pastoral Romances, Philadelphia, 1912, páginas 59 y siguientes; Menéndez y Pelayo: Orígenes, I, cDlxvi y siguientes. En la bibliografía de la obra del salmantino Alonso Pérez hay confusión en cuanto a la primera edición de su Diana. Que haya una edición de Valencia, 1564, que no se ha encontrado en ninguna parte, parece aseveración echada a volar por los traductores
de Ticknor (III, 537); según Nicolás Antonio, la primera es de Alcalá, 1564, que se conserva en Gotinga. (Véase Schönherr: Montemayor, 1886.) Un ejemplar de la primera edición de la Diana enamorada, de Gil Polo, Valencia, 1564, se conserva en el Museo Británico.
103-11. B, C, Br: priessa.
103-14. A: fortuna de Ama.
103-16. Acerca de Lofraso, véase la nota del Viaje del Parnaso, página 45; Menéndez y Pelayo: Orígenes, cDxciv y siguientes; Rennert: op. cit., 98 y siguientes; (Biblioteca Nacional).
103-32. El Pastor de Iberia, compuesto por Bernardo de la Vega, Sevilla, 1591; Viaje del Parnaso, página 70; Clem.: I, página 144; R. M.: I, 232; debo a la atención de D. Francisco Rodríguez Marín el haberme participado que entre los manuscritos de Toledo existe una copia de esta rarísima obra. El título del segundo libro es Primera parte de las Nimphas y Pastores de Henares, compuesto por Bernardo González de Bouadilla, Alcalá, 1587 (Biblioteca Nacional); Viaje del Parnaso, página 70; Gallardo lo describe en su Ensayo IV, col. 1.185, número 4426; Rennert: op. cit., páginas 133 y siguientes. El tercer libro aludido es Desengaño de celos, compuesto por Bartholomé López de Enciso, natural de Tendilla, Madrid, 1586. (Bibl. Nac. Comp. Pérez Pastor: Bibliografía madrileña, I, 124, número 240; Rennert: op. cit., páginas 126 y siguientes.) No se sabe a qué Enciso Cervantes alude en Viaje del Parnaso, página 29.
104-5. Es obra de Luis Gálvez de Montalvo, de quien tratamos en La Galatea, I, página li; II, página 317.
104-10. Acerca de Pedro de Padilla, autor de Tesoro de varias poesías, Madrid, 1580, hay nota en La Galatea, II, página 321.
104-19. De Gabriel López Maldonado tratamos en La Galatea, II, página 316.
105-3. B, C, Br: enmienda.
105-5. A: este; B, C, Br: esto.
105-6. B, C, Br: tenelde.
105-9. A: Auracana.
105-12. A, B, C, Br: Monserrato.
105-13. De Alonso de Ercilla y su poema épico tratamos en La Galatea, II, página 300, y de Juan Rufo Gutiérrez en la página 333; de las Seiscientas Apotegmas de Juan Rufo (1596) hay una nueva edición con estudio preliminar por D. Agustín G. de Amezúa, Bibliófilos españoles, Madrid, 1923. Sobre Cristóbal de Virués hay notas en La Galatea, II, página 351, y Viaje del Parnaso, página 163.
105-14. C: estos.
105-24. Sobre Luis Barahona de Soto, autor de La Primera Parte de Angélica, véase la nota en La Galatea, II, página 336; R. M.: I, 239; Viaje del Parnaso, página 49, línea 16; de las fábulas de Ovidio traducidas por Barahona muy parafrásticamente trata R. M. en su Estudio de dicho poeta, Madrid, 1903.
106-3. A: cauallere.
106-15. Los eruditos no han estado confor