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OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE DE LA MANCHA
TOMO II
[sin notas]
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1931 Rodolfo Schevill
Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE
DE LA MANCHA
TOMO II
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
GRÁFICAS REUNIDAS, S. A.
M. CM. XXXI.
p. 4
p. 5
ADVERTENCIA
Para ahorrar repeticiones enojosas, remito
al lector al Prólogo del primer tomo del
QUIJOTE, página 6 y siguientes. Empleando el
mismo proceder, he cotejado varios ejemplares
de la primera edición (A) en Nueva York,
Londres y España, y he señalado las variantes
y erratas de dichos ejemplares. He hojeado
también varios ejemplares de B y de C, y he
podido notar tanto en el grupo B como en el
de C algunas discrepancias, aunque de poca
importancia, siendo éstas, por la mayor parte,
erratas corregidas en uno que otro ejemplar.
El señalar en mis notas las erratas y las
variantes entre los ejemplares del grupo B y las
que se manifiestan entre los del grupo C, sería
nunca acabar. Por consiguiente, pienso
reservarlas para un estudio aparte si el cielo me
concede vida y fuerzas para emprenderlo.
R. S.
Berkeley, otoño de l930.
p. 6
p. 7
QVARTA PARTE
DEL INGENIOSO
hidalgo don Quixote de
la Mancha.
Capitulo XXVIII 5
Que trata de la nueua y agradable auentura
que al cura y barbero sucedio en la
mesma (*) sierra.
Felicissimos y venturosos fueron los tiempos
donde se echó al mundo el audacissimo cauallero 10
don Quixote de la Mancha, pues por auer
tenido tan honrosa determinacion, como fue el
querer resucitar y boluer al mundo la ya
perdida y casi muerta orden de la andante
caualleria, gozamos aora, en esta nuestra edad, 15
necessitada de alegres entretenimientos, no solo
de la dulçura de su verdadera historia, sino de
los cuentos y episodios della, que, en parte, no
son menos agradables y artificiosos y verdaderos
que la misma historia. La qual, prosiguiendo 20
su rastrillado, torcido y aspado hilo,
cuenta que, assi como el cura començo a
preuenirse para consolar a Cardenio, lo impidio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 8
vna voz que llegó a sus oydos, que, con tristes
acentos, dezia desta manera:
¡Ay Dios! ¿Si sera possible que he ya hallado
lugar que pueda seruir de escondida sepultura
a la carga pesada deste cuerpo, que tan 5
contra mi voluntad sostengo? Si sera, si la
soledad que prometen estas sierras no me
miente. ¡Ay desdichada!, y quán mas agradable
compañia haran estos riscos y malezas a mi
intencion --pues me daran lugar para que con 10
quexas comunique mi desgracia al cielo-- que
no la de ningun hombre humano, pues no ay
ninguno en la tierra de quien se pueda esperar
consejo en las dudas, aliuio en las quexas, ni
remedio en los males. 15
Todas estas razones oyeron y percibieron el
cura y los que con el estauan; y por parecerles,
como ello era, que alli junto las dezian, se
leuantaron a buscar el dueño, y no huuieron
andado veynte passos, quando, detras de vn 20
peñasco, vieron sentado al pie de vn fresno a
vn moço vestido como labrador, al (*) qual,
por tener inclinado el rostro, a causa de que se
lauaua los pies en el arroyo que por alli corria,
no se le pudieron ver por entonces; y ellos 25
llegaron con tanto silencio, que del no fueron
sentidos, ni el estaua a otra cosa atento que a
lauarse los pies, que eran tales, que no
parecian sino dos pedaços de blanco cristal que
entre las otras piedras del arroyo se auian 30
nacido. Suspendioles la blancura y belleza de los
pies, pareciendoles que no estauan hechos a
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 9
pisar terrones, ni a andar tras el arado y los
bueyes, como mostraua el habito de su dueño.
Y, assi, viendo que no auian sido sentidos,
el cura, que yua delante, hizo señas a los
otros dos que se agaçapassen o escondiessen 5
detras de vnos pedaços de peña que alli auia;
y (*) assi lo hizieron todos, mirando con atencion
lo que el moço hazia, el qual trahia puesto
vn capotillo pardo de dos haldas, muy ceñido
al cuerpo con vna toalla blanca. Trahia, 10
ansimesmo (*), vnos calçones y polaynas de paño
pardo, y en la cabeça vna montera parda.
Tenia las polaynas leuantadas (*) hasta la
mitad de la pierna, que, sin duda alguna, de
blanco alabastro parecia. Acabose de lauar los 15
hermosos pies, y luego, con vn paño de tocar,
que sacó debaxo de la montera, se los limpió;
y, al querer quitarsele, alçó el rostro, y
tuuieron lugar los que mirandole estauan de ver
vna hermosura incomparable, tal, que 20
Cardenio dixo al cura con voz baxa:
Esta, ya que no es Luscinda, no es persona
humana, sino diuina.
El moço se quitó la montera, y, sacudiendo
la cabeça a vna y a otra parte, se començaron 25
a descoger y desparzir vnos cabellos que
pudieran los del sol tenerles embidia. Con esto
conocieron que el que parecia labrador era
muger, y delicada, y aun la mas hermosa que
hasta entonces los ojos de los dos auian visto, 30
y aun los de Cardenio, si no huuieran mirado
y conocido a Luscinda; que despues afirmó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 10
que sola la belleza de Luscinda podia contender
con aquella. Los luengos y ruuios cabellos,
no solo le cubrieron las espaldas, mas toda en
torno la escondieron debaxo de ellos, que, si
no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo 5
se parecia: tales y tantos eran. En esto, les
siruio (*) de peyne vnas manos, que si los pies
en el agua auian parecido pedaços de cristal,
las manos en los cabellos semejauan pedaços
de apretada nieue; todo lo qual en mas 10
admiracion y en mas desseo de saber quién era
ponia a los tres que la mirauan.
Por esto determinaron de mostrarse, y, al
mouimiento que hizieron de ponerse en pie, la
hermosa moça alçó la cabeça, y, apartandose 15
los cabellos de delante de los ojos con
entrambas manos, miró los que el ruydo hazian; y
apenas los huuo visto, quando se leuantó en
pie, y sin aguardar a calçarse ni a recoger los
cabellos, asio con mucha presteza vn bulto 20
como de ropa que junto a si tenia, y quiso
ponerse en huyda, llena de turbacion y sobresalto.
Mas no huuo dado seys passos, quando, no
pudiendo sufrir los delicados pies la aspereza
de las piedras, dio consigo en el suelo; lo qual 25
visto por los tres, salieron a ella, y el cura fue
el primero que le dixo:
Deteneos, señora, quienquiera que seays;
que los que aqui veys solo tienen intencion de
seruiros. No ay para que os pongays en tan 30
impertinente huyda, porque ni vuestros pies lo
podran sufrir, ni nosotros consentir.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 11
A todo esto, ella no respondia palabra, atonita
y confusa. Llegaron, pues, a ella, y asiendola
por la mano el cura, prosiguio diziendo:
Lo que vuestro traje, señora, nos niega,
vuestros cabellos nos descubren: señales 5
claras, que no deuen de ser de poco momento las
causas que han disfraçado vuestra belleza en
habito tan indigno, y traydola a tanta soledad
como es esta, en la qual ha sido ventura el
hallaros, si no para dar remedio a vuestros 10
males, a lo menos, para darles consejo, pues
ningun mal puede fatigar tanto, ni llegar tan al
estremo de serlo, mientras no acaba la vida,
que rehuya de no escuchar siquiera el consejo
que con buena intencion se le da al que lo 15
padece. Assi que, señora mia, o señor mio, o lo
que vos quisierdes (*) ser, perded el sobresalto
que nuestra vista os ha causado, y contadnos
vuestra buena o mala suerte; que en nosotros
juntos, o en cada vno, hallareys quien os 20
ayude a sentir vuestras desgracias.
En tanto que el cura dezia estas razones,
estaua la disfraçada moça como enuelesada,
mirandolos a todos, sin mouer labio ni dezir
palabra alguna, bien assi como rustico aldeano 25
que, de improuiso, se le muestran cosas raras
y del jamas vistas. Mas boluiendo el cura
a dezirle otras razones, al mesmo (*) efeto
encaminadas, dando ella vn profundo suspiro,
rompio el silencio y dixo: 30
Pues que la soledad destas sierras no ha
sido parte para encubrirme, ni la soltura de mis
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 12
descompuestos cabellos no ha permitido que
sea mentirosa mi lengua, en balde seria fingir
yo de nueuo aora, lo que, si se me creyesse,
seria mas por cortesia que por otra razon
alguna. Presupuesto esto, digo, señores, que os 5
agradezco el ofrecimiento que me aueys hecho,
el qual me ha puesto en obligacion de satisfazeros
en todo lo que me aueys pedido, puesto
que temo que la relacion que os hiziere de mis
desdichas os ha de causar, al par de la compassion, 10
la pesadumbre, porque no aueys de hallar
remedio para remediarlas, ni consuelo para
entretenerlas. Pero con todo esto, porque no
ande vacilando mi honra en vuestras
intenciones, auiendome ya conocido por muger, y 15
viendome moça, sola y en este trage, cosas
todas juntas, y cada vna por si, que pueden
echar por tierra qualquier honesto credito, os
aure de dezir lo que quisiera callar, si pudiera.
Todo esto dixo sin parar la que tan hermosa 20
muger parecia, con tan suelta lengua, con voz
tan suaue, que no menos les admiró su discrecion
que su hermosura. Y, tornandole a hazer
nueuos ofrecimientos y nueuos ruegos para
que lo prometido cumpliesse, ella, sin hazerse 25
mas de rogar, calçandose con toda honestidad
y recogiendo sus cabellos, se acomodó en el
assiento de vna piedra, y puestos los tres
alrededor della, haziendose fuerça por detener
algunas lagrimas que a los ojos se le venian, 30
con voz reposada y clara començo la historia
de su vida desta manera:
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 13
En esta Andaluzia ay vn lugar, de quien
toma titulo vn duque (*), que le haze vno de
los que llaman grandes en España. Este tiene
dos hijos: el mayor, heredero de su estado, y, al
parecer, de sus buenas costumbres, y el menor, 5
no se yo de qué sea heredero, sino de las
trayciones de Vellido y de los embustes de
Galalon (*). Deste señor son vassallos mis padres,
humildes en linage, pero tan ricos, que si los
bienes de su naturaleza ygualaran a los de su 10
fortuna, ni ellos tuuieran mas que dessear, ni
yo temiera verme en la desdicha en que me
veo; porque quiça nace mi poca ventura de la
que no tuuieron ellos en no auer nacido
ilustres. Bien es verdad que no son tan baxos que 15
puedan afrentarse de su estado, ni tan altos
que a mi me quiten la imaginacion que tengo
de que de su humildad viene mi desgracia.
Ellos, en fin, son labradores, gente llana, sin
mezcla de alguna raza mal sonante, y, como 20
suele dezirse, christianos viejos ranciosos, pero
tan ricos (*), que su riqueza y magnifico trato
les va poco a poco adquiriendo nombre de
hidalgos, y aun de caualleros, puesto que de la
mayor riqueza y nobleza que ellos se preciauan 25
era de tenerme a mi por hija; y assi, por no
tener otra ni otro que los heredasse, como (*)
por ser padres y aficionados, yo era vna de las
mas regaladas hijas que padres jamas regalaron.
Era el espejo en que se mirauan, el baculo 30
de su vejez y el sujeto a quien encaminauan,
midiendolos con el cielo, todos sus desseos; de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 14
los quales, por ser ellos tan buenos, los mios
no salian vn punto. Y, del mismo modo que yo
era señora de sus animos, ansi lo era de su
hazienda. Por mi se recebian (*) y despedian los
criados. La razon y cuenta de lo que se sembraua 5
y cogia passaua por mi mano: los molinos
de azeyte, los lagares del vino, el numero
del (*) ganado mayor y menor, el de las
colmenas. Finalmente, de todo aquello que vn tan
rico labrador como mi padre puede tener, y 10
tiene, tenia yo la cuenta, y era la mayordoma
y señora, con tanta solicitud mia y con tanto
gusto suyo, que buenamente no acertaré a
encarecerlo.
Los ratos que del dia me quedauan, despues 15
de auer dado lo que conuenia a los mayorales,
a (*) capatazes y a otros jornaleros, los
entretenia en exercicios que son a las donzellas
tan licitos como necessarios, como son los que
ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca 20
muchas vezes; y, si alguna, por recrear el
animo, estos exercicios dexaua, me acogia al
entretenimiento de leer algun libro deuoto o a
tocar vna harpa, porque la experiencia me
mostraua que la musica compone los animos 25
descompuestos y aliuia los trabajos que nacen
del espiritu (*).
Esta, pues, era la vida que yo tenia en casa
de mis padres, la qual si tan particularmente
he contado, no ha sido por ostentacion, ni por 30
dar a entender que soy rica, sino porque se
aduierta quán sin culpa me he venido de aquel
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 15
buen estado que he dicho, al infelice en que
aora me hallo. Es, pues, el caso que passando
mi vida en tantas ocupaciones y en vn
encerramiento tal, que al de vn monesterio pudiera
compararse, sin ser vista, a mi parecer, de 5
otra persona alguna que de los criados de
casa, porque los dias que yua a missa era tan
de mañana, y tan acompañada de mi madre
y de otras criadas, y yo tan cubierta y
recatada, que apenas vian mis ojos mas tierra de 10
aquella donde ponia los pies (*), y, con todo
esto, los del amor, o los de la ociosidad, por
mejor dezir, a quien los de lince no pueden
ygualarse, me vieron, puestos en la solicitud
de don Fernando, que este es el nombre del 15
hijo menor del duque que os he contado.
No huuo bien nombrado a don Fernando la
que el cuento contaua, quando a Cardenio se
le mudó la color del rostro, y començo a
trasudar, con tan grande alteracion, que el cura 20
y el barbero, que miraron en ello, temieron
que le venia aquel accidente (*) de locura que
auian oydo dezir que de quando en quando
le venia. Mas Cardenio no hizo otra cosa que
trasudar y estarse quedo, mirando de hito en 25
hito a la labradora, imaginando quién ella era.
La qual, sin aduertir en los mouimientos de
Cardenio, prosiguio su historia, diziendo:
Y no me huuieron bien visto, quando,
segun el dixo despues, quedó tan preso de mis 30
amores, quanto lo dieron bien a entender sus
demostraciones (*). Mas por acabar presto con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 16
el cuento, que no le tiene, de mis desdichas,
quiero passar en silencio las diligencias que
don Fernando hizo para declararme su voluntad.
Sobornó toda la gente de mi casa, dio y
ofrecio dadiuas (*) y mercedes a mis parientes. 5
Los dias eran todos de fiesta y de regozijo en
mi calle; las noches no dexauan dormir a
nadie las musicas. Los villetes que, sin saber
cómo, a mis manos venian, eran infinitos,
llenos de enamoradas razones y ofrecimientos, 10
con menos letras que promessas y juramentos.
Todo lo qual no solo no me ablandaua, pero
me endurecia de manera, como si fuera mi
mortal enemigo, y que todas las obras que
para reduzirme a su voluntad hazia, las hiziera 15
para el efeto contrario; no porque a mi me
pareciesse mal la gentileza de don Fernando, ni
que tuuiesse a demasia sus solicitudes,
porque me daua vn no se qué de contento verme
tan querida y estimada de vn tan principal 20
cauallero; y no me pesaua ver en sus papeles
mis alabanças; que en esto, por feas que
seamos las mugeres, me parece a mi que siempre
nos da gusto el oyr que nos llaman hermosas.
Pero a todo esto se opone (*) mi honestidad 25
y los consejos continuos que mis padres me
dauan, que ya muy al descubierto sabian la
voluntad de don Fernando, porque ya a el no
se le (*) daua nada de que todo el mundo la
supiesse. Dezianme mis padres que en sola 30
mi virtud y bondad dexauan y depositauan su
honra y fama, y que considerasse la desigualdad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 17
que auia entre mi y don Fernando, y que
por aqui echaria de ver que sus pensamientos,
aunque el dixesse otra cosa, mas se encaminauan
a su gusto que a mi prouecho; y que si
yo quisiesse poner en alguna manera algun 5
inconueniente para que el se dexasse de su
injusta pretension, que ellos me casarian luego
con quien yo mas gustasse, assi de los mas
principales de nuestro lugar, como de todos los
circunuezinos, pues todo se podia esperar de 10
su mucha hazienda y de mi buena fama. Con
estos ciertos prometimientos, y con la verdad
que ellos me dezian, fortificaua yo mi entereza,
y jamas quise responder a don Fernando
palabra que le pudiesse mostrar, aunque de muy 15
lexos, esperança de alcançar su desseo. Todos
estos recatos mios, que el deuia de tener por
desdenes, deuieron de ser causa de auiuar
mas su lasciuo apetito, que este nombre quiero
dar a la voluntad que me (*) mostraua; la 20
qual, si ella fuera como deuia, no la supierades
vosotros aora, porque vuiera faltado la (*)
ocasion de dezirosla.
Finalmente, don Fernando supo que mis
padres andauan por darme estado, por quitalle 25
a el la esperança de posseerme, o, a lo
menos, porque yo tuuiesse mas guardas para
guardarme. Y esta nueua o sospecha fue causa
para que hiziesse lo que aora oyreys. Y fue
que vna noche, estando yo en mi aposento, 30
con sola la compañia de vna donzella que me
seruia, teniendo bien cerradas las puertas, por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 18
temor que, por descuydo, mi honestidad no se
viesse en peligro, sin saber ni imaginar cómo,
en medio destos recatos y preuenciones, y en
la soledad deste silencio y encierro, me le
hallé delante, cuya vista me turbó de (*) 5
manera, que me quitó la de mis ojos y me
enmudecio la lengua. Y, assi, no fuy poderosa de
dar vozes, ni aun el creo que me las dexara
dar, porque luego se llegó a mi, y, tomandome
entre sus braços, porque yo, como digo, no 10
tuue fuerças para defenderme, segun estaua
turbada, començo a dezirme tales razones,
que no se cómo es possible que tenga tanta
abilidad la mentira, que las sepa componer
de modo que parezcan tan verdaderas. Hazia 15
el traydor que sus lagrimas acreditassen sus
palabras, y los suspiros (*) su intencion. Yo,
pobrezilla, sola, entre los mios mal exercitada
en casos semejantes, comence, no se en qué
modo, a tener por verdaderas tantas falsedades; 20
pero no de suerte que me mouiessen a
compassion, menos que buena, sus lagrimas
y suspiros (*).
Y, assi, passandoseme aquel sobresalto
primero, torné algun tanto a cobrar mis perdidos 25
espiritus, y con mas animo del que pense
que pudiera tener, le dixe: «Si como estoy,
»señor, en tus braços, estuuiera entre los de vn
»leon fiero, y el librarme dellos se me
»assegurara con que hiziera o dixera cosa que fuera 30
»en perjuyzio de mi honestidad, assi fuera
»possible hazella o dezilla, como es possible dexar
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 19
»de auer sido lo que fue. Assi que, si tu tienes
»ceñido mi cuerpo con tus braços, yo tengo
»atada mi alma con mis buenos desseos, que
»son tan diferentes de los tuyos, como lo veras,
»si con hazerme fuerça quisieres passar 5
»adelante en ellos. Tu vassalla soy, pero no tu
»esclaua; ni tiene ni deue tener imperio la
»nobleza de tu sangre para deshonrar y tener
»en poco la humildad de la mia. Y en tanto
»me estimo yo, villana y labradora, como tu, 10
»señor y cauallero. Conmigo no han de ser de
»ningun efecto (*) tus fuerças, ni han de tener
»valor tus riquezas, ni tus palabras han de
»poder engañarme, ni tus suspiros (*) y
»lagrimas enternecerme. Si alguna de todas estas 15
»cosas que he dicho viera yo en el que mis
»padres me dieran por esposo, a su voluntad
»se ajustara la mia, y mi voluntad de la suya
»no saliera. De modo que, como quedara con
»honra, aunque quedara sin gusto, de grado 20
»le (*) entregara lo que tu, señor, aora con tanta
»fuerça procuras. Todo esto he dicho, porque
»no es pensar que de mi alcance cosa alguna
»el que no fuere mi ligitimo (*) esposo.» «Si no
»reparas mas que en esso, bellissima Dorotea», 25
que este es el nombre desta desdichada --dixo
el desleal cauallero--, «ves, aqui te doy la
»mano de serlo tuyo, y sean testigos desta
»verdad los cielos, a quien ninguna cosa se
»asconde (*), y esta imagen de nuestra señora que 30
»aqui tienes.»
Quando Cardenio le oyo dezir que se llamaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 20
Dorotea, tornó de nueuo a sus sobresaltos,
y acabó de confirmar por verdadera su primera
opinion; pero no quiso interromper el cuento
por ver en qué venia a parar lo que el ya
casi sabia; solo dixo: 5
¿Que Dorotea es tu nombre, señora? Otra
he oydo yo dezir del mesmo (*), que quiça
corre parejas con tus desdichas. Passa
adelante; que tiempo vendra en que te diga cosas
que te espanten en el mesmo (*) grado que te 10
lastimen.
Reparó Dorotea en las razones de Cardenio,
y en su estraño y desastrado traje, y rogole
que si alguna cosa de su hazienda sabia, se la
dixesse luego; porque si algo le auia dexado 15
bueno la fortuna, era el animo que tenia para
sufrir qualquier desastre que le sobreuiniesse,
segura de que, a su parecer, ninguno podia
llegar que el que tenia acrecentasse vn punto.
No le perdiera yo, señora, respondio 20
Cardenio, en dezirte lo que pienso, si fuera
verdad lo que imagino, y hasta aora no se pierde
coyuntura, ni a ti te importa nada el saberlo.
Sea lo que fuere, respondio Dorotea, lo
que en mi cuento passa fue que, tomando don 25
Fernando vna ymagen que en aquel aposento
estaua, la puso por testigo de nuestro desposorio.
Con palabras eficacissimas y juramentos
estraordinarios me dio la palabra de ser mi
marido, puesto que, antes que acabasse de 30
dezirlas, le dixe que mirasse bien lo que hazia,
y que considerasse el enojo que su padre auia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 21
de recebir de verle casado con vna villana,
vasalla suya; que no le cegasse mi hermosura,
tal qual era, pues no era bastante para hallar
en ella disculpa de su yerro, y que si algun
bien me queria hazer, por el amor que me 5
tenia, fuesse dexar correr mi suerte a lo ygual
de lo que mi calidad pedia (*), porque nunca
los tan desyguales casamientos se gozan, ni
duran mucho en aquel gusto con que se
comiençan. 10
Todas estas razones que aqui he dicho, le
dixe, y otras muchas de que no me acuerdo;
pero no fueron parte para que el dexasse de
seguir su intento, bien ansi como el que no
piensa pagar, que, al concertar de la barata, 15
no repara en inconuenientes. Yo, a esta sazon,
hize vn breue discurso conmigo, y me dixe a
mi mesma (*): «Si, que no sere yo la primera
»que por via de matrimonio aya subido de
»humilde a grande estado, ni sera don Fernando 20
»el primero a quien hermosura o ciega aficion,
»que es lo mas cierto, aya hecho tomar
»compañia desygual a su grandeza. Pues si no
»hago ni mundo ni vso nueuo, bien es acudir
»a esta honra que la suerte me ofrece, puesto 25
»que en este no dure mas la voluntad que me
»muestra de quanto dure el cumplimiento de
»su desseo, que, en fin, para con Dios sere su
»esposa. Y si quiero con desdenes despedille
»(*), en termino le veo que no vsando el 30
»que deue, vsará el de la fuerça, y vendre (*) a
»quedar deshonrada y sin disculpa de la culpa
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 22
»que me podia dar el que no supiere (*) quán
»sin ella he venido a este punto. Porque, ¿qué
»razones seran bastantes para persuadir a mis
»padres y a otros que este cauallero entró en
»mi aposento sin consentimiento mio?» 5
Todas estas demandas y respuestas rebolui
(*) en vn instante en la imaginacion.
Y, sobre todo, me començaron a hazer fuerça,
y a inclinarme a lo que fue, sin yo pensarlo,
mi perdicion (*), los juramentos de don Fernando, 10
los testigos que ponia, las lagrimas que
derramaua, y, finalmente, su dispusicion (*)
y gentileza, que, acompañada con tantas
muestras de verdadero amor, pudieran rendir
a otro tan libre y recatado coraçon como el 15
mio. Llamé a mi criada para que en la tierra
acompañasse a los testigos del cielo. Tornó
don Fernando a reyterar y confirmar sus
juramentos. Añadio a los primeros nueuos santos
por testigos; echose mil futuras maldiciones 20
si no cumpliesse lo que me prometia. Boluio
a humedecer sus ojos y a acrecentar sus
suspiros (*); apretome mas entre sus braços,
de los quales jamas me auia dexado. Y, con
esto, y con boluerse a salir del aposento mi 25
donzella, yo dexé de serlo y el acabó de ser
traydor y fementido.
El dia que sucedio a la noche de mi
desgracia se venia aun no tan apriessa como yo
pienso que don Fernando desseaua, porque, 30
despues de cumplido aquello que el apetito
pide, el mayor gusto que puede venir es
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 23
apartarse de donde le alcançaron. Digo esto,
porque don Fernando dio priessa por partirse de
mi; y, por industria de mi donzella, que era
la misma que alli le auia traydo, antes que
amaneciesse se vio en la calle. Y, al 5
despedirse de mi, aunque no con tanto ahinco y
vehemencia como quando vino, me dixo que
estuuiesse segura de su fe y de ser firmes y
verdaderos sus juramentos; y para mas
confirmacion de su palabra, sacó vn rico anillo 10
del dedo y lo puso en el mio. En efecto, el se
fue y yo quedé, ni se si triste o alegre: esto
se bien dezir, que quedé confusa y pensatiua,
y casi fuera de mi, con el nueuo acaecimiento,
y no tuue animo, o no se me acordo, de reñir 15
a mi donzella por la traycion cometida de
encerrar a don Fernando en mi mismo aposento,
porque aun no me determinaua si era bien o
mal el que me auia sucedido. Dixele, al partir,
a don Fernando que por el mesmo (*) camino 20
de aquella podia (*) verme otras noches, pues
ya era suya, hasta que, quando el quisiesse,
aquel hecho se publicasse. Pero no vino otra
alguna, si no fue la siguiente, ni yo pude verle
en la calle ni en la yglesia en mas de vn mes, 25
que en vano me cansé en solicitallo (*), puesto
que supe que estaua en la villa y que los mas
dias yua a caça, exercicio de que el era muy
aficionado.
Estos dias y estas horas (*) bien se yo que 30
para mi fueron aziagos y menguadas. Y bien
se que comence a dudar en ellos, y aun a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 24
descreer de la fe de don Fernando; y se tambien
que mi donzella oyo entonces las palabras que,
en reprehension de su atreuimiento, antes no
auia oydo; y se que me fue forçoso tener
cuenta con mis lagrimas y con la compostura de 5
mi rostro, por no dar ocasion a que mis padres
me preguntassen que de qué andaua descontenta
y me obligassen a buscar mentiras que
dezilles. Pero todo esto se acabó en vn punto,
llegandose vno donde se atropellaron respectos 10
(*) y se acabaron los honrados discursos,
y adonde se perdio la paciencia y salieron a
plaça mis secretos pensamientos. Y esto fue
porque, de alli a pocos dias, se dixo en el lugar
como en vna ciudad alli cerca se auia casado 15
don Fernando con vna donzella hermosissima
en todo estremo y de muy principales padres,
aunque no tan rica, que por la dote pudiera
aspirar a tan noble casamiento. Dixose que se
llamaua Luszinda, con otras cosas que en sus 20
desposorios sucedieron, dignas de admiracion.
Oyo Cardenio el nombre de Luszinda, y no
hizo otra cosa que encoger los hombros, morderse
los labios, enarcar las cejas y dexar de
alli a poco caer por sus ojos dos fuentes de 25
lagrimas. Mas no por esto dexó Dorotea de
seguir su cuento, diziendo:
Llegó esta triste nueua a mis oydos, y en
lugar de elarseme el coraçon en oylla, fue tanta
la colera y rabia que se encendio en el, que 30
faltó poco para no (*) salirme por las calles
dando vozes, publicando la aleuosia y traycion
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 25
que se me auia hecho. Mas templose esta furia
por entonces con pensar de poner aquella
mesma (*) noche por obra lo que puse, que fue
ponerme en este habito que me dio vno de los
que llaman çagales en casa de los labradores, 5
que era criado de mi padre, al qual descubri
toda mi desuentura, y le rogue me acompañasse
hasta la ciudad, donde entendi que mi
enemigo estaua. El, despues que vuo reprehendido
mi atreuimiento y afeado mi determinacion, 10
viendome resuelta en mi parecer, se ofrecio
a tenerme compañia, como el dixo, hasta
el cabo del mundo. Luego, al momento encerre
en vna almohada de lienço vn vestido de muger
y algunas joyas y dineros, por lo que podia 15
suceder. Y en el silencio de aquella noche,
sin dar cuenta a mi traydora donzella, sali de
mi casa, acompañada de mi criado, y de
muchas imaginaciones, y me puse en camino de
la ciudad a pie, lleuada en buelo del desseo 20
de llegar, ya que no a estoruar lo que tenia
por hecho, a lo menos, a dezir a don Fernando
me dixesse con qué alma lo auia hecho.
Llegué en dos dias y medio donde queria,
y, en entrando por la ciudad, pregunté por la 25
casa de los padres de Luszinda; y al (*) primero
a quien hize la pregunta, me respondio mas
de lo que yo quisiera oyr. Dixome la casa y
todo lo que auia sucedido en el desposorio de
su hija; cosa tan publica en la ciudad, que se 30
hazen (*) corrillos para contarla por toda ella.
Dixome que la noche que don Fernando se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 26
desposó con Luszinda, despues de auer ella dado
el si de ser su esposa, le auia tomado vn rezio
desmayo, y que, llegando su esposo a desabrocharle
el pecho para que le diesse el ayre, le
halló vn papel escrito de la misma letra de 5
Luszinda, en que dezia y declaraua que ella
no podia ser esposa de don Fernando, porque
lo era de Cardenio, que, a lo que el hombre
me dixo, era vn cauallero muy principal de la
mesma (*) ciudad; y que si auia dado el si a 10
don Fernando, fue por no salir de la obediencia
de sus padres. En resolucion, tales razones
dixo que contenia el papel, que daua a entender
que ella auia tenido intencion de matarse en
acabandose de desposar, y daua alli las razones 15
por que se auia quitado la vida; todo lo
qual dizen que confirmó vna daga que le hallaron,
no se en qué parte de sus vestidos. Todo
lo qual visto por don Fernando, pareciendole
que Luszinda le auia burlado y escarnecido y 20
tenido en poco, arremetio a ella antes que de
su desmayo boluiesse, y con la misma daga
que le hallaron la quiso dar de puñaladas, y lo
hiziera, si sus padres y los que se hallaron
presentes no se lo estoruaran. Dixeron mas: que 25
luego se ausentó don Fernando, y que Luszinda
no auia buelto de su parasismo hasta otro
dia, que conto a sus padres como ella era
verdadera esposa de aquel Cardenio que he dicho.
Supe mas: que el Cardenio, segun dezian, 30
se halló presente a los desposorios, y que, en
viendola desposada, lo qual el jamas penso, se
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 27
salio de la ciudad desesperado, dexandole
primero escrita vna carta, donde daua a entender
el agrauio que Luszinda le auia hecho, y de
como el se yua adonde gentes no le viessen.
Esto todo era publico y notorio en toda la 5
ciudad, y todos hablauan dello; y mas hablaron
quando supieron que Luszinda auia faltado de
casa de sus padres (*) y de la ciudad, pues no
la hallaron en toda ella; de que perdian el
juyzio sus padres y no sabian qué medio se tomar 10
para hallarla. Esto que supe puso en vando
mis esperanças, y tuue por mejor no auer
hallado a don Fernando, que no (*) hallarle
casado, pareciendome que aun no estaua del todo
cerrada la puerta a mi remedio, dandome yo 15
a entender que podria ser que el cielo vuiesse
puesto aquel impedimento en el segundo
matrimonio, por atraerle a conocer lo que al
primero deuia, y a caer en la cuenta de que era
christiano, y que estaua mas obligado a su 20
alma que a los respetos humanos.
Todas estas cosas reboluia en mi fantasia,
y me consolaua sin tener consuelo, fingiendo
vnas esperanças largas y desmayadas para
entretener la vida, que ya aborrezco. Estando, 25
pues, en la ciudad, sin saber qué hazerme,
pues a don Fernando no hallaua, llegó a mis
oydos vn publico pregon, donde se prometia
grande hallazgo a quien me hallasse, dando
las señas de la edad y del mesmo (*) traje que 30
trahia. Y oy dezir que se dezia que me auia
sacado de casa de mis padres el moço que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 28
conmigo vino, cosa que me llegó al alma, por ver
quán de cayda andaua mi credito, pues no
bastaua perderle con mi venida, sino añadir el
con quién, siendo subjeto (*) tan baxo y tan
indigno de mis buenos pensamientos. Al punto 5
que oy (*) el pregon, me sali de la ciudad con
mi criado, que ya començaua a dar muestras
de titubear en la fe que de fidelidad me tenia
prometida, y aquella noche nos entramos por
lo espesso desta montaña, con el miedo de 10
no ser hallados.
Pero como suele dezirse que vn mal llama
a otro, y que el fin de vna desgracia suele ser
principio de otra mayor, assi me sucedio a mi;
porque mi buen criado, hasta entonces fiel y 15
seguro, assi como me vio en esta soledad,
incitado de su mesma (*) vellaqueria antes que
de mi hermosura, quiso aprouecharse de la
ocasion que, a su parecer, estos yermos le
ofrecian. Y con poca verguença y menos temor de 20
Dios, ni respeto mio, me requirio de amores;
y viendo que yo, con feas y justas palabras,
respondia a las desuerguenças de sus
propositos, dexó aparte los ruegos, de quien (*)
primero penso aprouecharse, y començo a vsar 25
de la fuerça. Pero el justo cielo, que pocas o
ningunas vezes dexa de mirar y fauorecer a
las justas intenciones, fauorecio las mias de
manera, que, con mis pocas fuerças y con poco
trabajo, di con el por vn derrumbadero, donde 30
le dexé, ni se si muerto o si viuo. Y luego, con
mas ligereza que mi sobresalto y cansancio
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 29
pedian, me entré por estas montañas, sin lleuar
otro pensamiento ni otro disignio que
esconderme en ellas y huyr de mi padre y de
aquellos que de su parte me andauan buscando.
Con este desseo ha no se quantos meses 5
que entré en ellas, donde hallé vn ganadero
que me lleuó por su criado a vn lugar que está
en las entrañas desta sierra, al qual he seruido
de çagal todo este tiempo, procurando estar
siempre en el campo por encubrir estos cabellos 10
que aora, tan sin pensarlo, me han descubierto.
Pero toda mi industria y toda mi solicitud
fue, y ha sido, de ningun prouecho, pues
mi amo vino en conocimiento de que yo no
era varon, y nacio en el el mesmo (*) mal 15
pensamiento que en mi criado; y como no siempre
la fortuna con los trabajos da los remedios, no
hallé derrumbadero ni barranco de donde despeñar
y despenar (*) al amo, como le hallé para
el criado. Y, assi, tuue por menor inconueniente 20
dexalle y asconderme (*) de nueuo entre estas
asperezas que prouar con el mis fuerças o mis
disculpas (*). Digo, pues, que me torné a
emboscar (*) y a buscar donde, sin impedimento
alguno, pudiesse con suspiros (*) y lagrimas 25
rogar al cielo se duela de mi desuentura y me
de industria y fauor para salir della, o para
dexar la vida entre estas soledades, sin que
quede memoria desta triste, que tan sin culpa
suya aura dado materia para que de ella se 30
hable y murmure en la suya y en las agenas
tierras.
p. 30
Capitulo XXIX
Que trata de la discrecion (*) de la hermosa
Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y
passatiempo (*).
Esta es, señores, la verdadera historia de 5
mi tragedia: mirad y juzgad aora si los suspiros
(*) que escuchastes, las palabras que oystes
y las lagrimas que de mis ojos salian, tenian
ocasion bastante para mostrarse en mayor
abundancia; y considerada la calidad de mi 10
desgracia, vereys que sera en vano el consuelo,
pues es impossible el remedio della. Solo
os ruego, lo que con facilidad podreys y
deueys hazer, que me aconsejeys dónde podre
passar la vida, sin que me acabe el temor y 15
sobresalto que tengo de ser hallada de los
que me buscan; que, aunque se que el mucho
amor que mis padres me tienen me (*) assegura
que sere dellos bien recebida, es tanta la
verguença que me ocupa solo al (*) pensar 20
que, no como ellos pensauan, tengo de
parecer a su presencia, que tengo por mejor
desterrarme para siempre de ser vista, que no
verles el rostro con pensamiento que ellos
miran el mio ageno de la honestidad que de 25
mi se deuian de tener prometida.
Calló en diziendo esto, y el rostro se le
cubrio de vn color que mostro bien claro el
sentimiento y verguença del alma. En las suyas
sintieron los que escuchado la auian tanta 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 31
lastima como admiracion de su desgracia;
y aunque luego quisiera el cura consolarla y
aconsejarla, tomó primero la mano Cardenio,
diziendo:
En fin, señora, que tu eres la hermosa 5
Dorotea, la hija vnica del rico Clenardo.
Admirada quedó Dorotea quando oyo el
nombre de su padre, y de ver quán de poco
era el que le nombraua, porque ya se ha dicho
de la mala manera que Cardenio estaua 10
vestido. Y, assi, le dixo:
¿Y quién soys vos, hermano, que assi
sabeys el nombre de mi padre? Porque yo, hasta
aora, si mal no me acuerdo, en todo el
discurso del cuento de mi desdicha no le he 15
nombrado.
Soy, respondio Cardenio, aquel sin ventura
que, segun vos, señora, aueys dicho, Luszinda
dixo que era su esposo (*). Soy el desdichado
Cardenio, a quien el mal termino de aquel 20
que a vos os ha puesto en el que estays, me
ha traydo a que me veays, qual me veys, roto,
desnudo, falto de todo humano consuelo, y, lo
que es peor de todo, falto de juyzio, pues no
le tengo sino quando al cielo se le antoja 25
darmele por algun breue espacio. Yo [Dorotea] (*),
soy el que me hallé presente a las sinrazones
de don Fernando, y el que aguardó oyr el si
que de ser su esposa pronunció Luszinda. Yo
soy el que no tuuo animo para ver en qué paraua 30
su desmayo, ni lo que resultaua del papel
que le fue hallado en el pecho, porque no tuuo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 32
el alma sufrimiento para ver tantas desuenturas
juntas; y, assi, dexé la casa y la paciencia,
y vna carta que dexé a vn huesped mio, a
quien rogue que en manos de Luszinda la
pusiesse, y vineme a estas soledades con 5
intencion de acabar en ellas la vida, que desde
aquel punto (*) aborreci como mortal enemiga
mia. Mas no ha querido la suerte quitarmela,
contentandose con quitarme el juyzio, quiça
por (*) guardarme para la buena ventura que he 10
tenido en hallaros, pues siendo verdad, como
creo que lo es, lo que aqui aueys contado,
aun podria ser que a entrambos nos tuuiesse
el cielo guardado mejor sucesso en nuestros
desastres que nosotros pensamos. Porque 15
presupuesto que Luszinda no puede casarse con
don Fernando, por ser mia, ni don Fernando
con ella, por ser vuestro, y auerlo ella tan
manifiestamente declarado, bien podemos esperar
que el cielo nos restituya lo que es nuestro, 20
pues está todauia en ser y no se ha enagenado
ni deshecho. Y pues este consuelo tenemos,
nacido no de muy remota esperança, ni fundado
en desuariadas imaginaciones, suplicoos,
señora, que tomeys otra resolucion en vuestros 25
honrados pensamientos, pues yo la pienso
tomar en los mios, acomodandoos a esperar
mejor fortuna; que yo os juro por la fe de
cauallero y de christiano de no desampararos
hasta veros en poder de don Fernando, y que, 30
quando con razones no le pudiere atraer a que
conozca lo que os deue, de vsar entonces la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 33
libertad que me concede el ser cauallero y poder,
con justo titulo, desafialle en razon de la
sinrazon que os haze, sin acordarme de mis
agrauios, cuya vengança dexaré al cielo por
acudir en la tierra a los vuestros. 5
Con lo que Cardenio dixo se acabó de admirar
Dorotea, y por no saber qué gracias boluer
a tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle
los pies para besarselos, mas no lo consintio
Cardenio; y el licenciado respondio por 10
entrambos y aprouo el buen discurso de Cardenio,
y, sobre todo, les rogo, aconsejó y persuadio
que se fuessen con el a su aldea, donde se
podrian reparar de las cosas que les faltauan,
y que alli se daria orden cómo buscar a don 15
Fernando, o cómo lleuar a Dorotea a sus padres,
o hazer lo que mas les pareciesse conueniente.
Cardenio y Dorotea se lo agradecieron
y acetaron la merced que se les ofrecia. El
barbero, que a todo auia estado suspenso y 20
callado, hizo tambien su buena platica y se
ofrecio, con no menos voluntad que el cura, a
todo aquello que fuesse bueno para seruirles.
Conto, assimesmo (*), con breuedad la causa
que alli los auia traydo, con la estrañeza de la 25
locura de don Quixote, y como aguardauan a
su escudero, que auia ydo a buscalle. Vinosele
a la memoria a Cardenio, como por sueños, la
pendencia que con don Quixote auia tenido, y
contola a los demas; mas no supo dezir por 30
qué causa fue su quistion (*).
En esto, oyeron vozes y conocieron que el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 34
que las daua era Sancho Pança, que, por no
auerlos hallado en el lugar donde los dexó, los
llamaua a vozes. Salieronle al encuentro, y
preguntandole (*) por don Quixote, les dixo
como le auia hallado desnudo en camisa, 5
flaco, amarillo y muerto de hambre, y suspirando
(*) por su señora Dulzinea; y que, puesto
que le auia dicho que ella le mandaua que
saliesse de aquel lugar y se fuesse al del
Toboso, donde le quedaua esperando, auia 10
respondido que estaua determinado de no parecer
ante su fermosura fasta que ouiesse fecho
fazañas que le fiziessen digno de su gracia. Y
que si aquello passaua adelante, corria peligro
de no venir a ser emperador, como estaua 15
obligado, ni aun arçobispo, que era lo menos
que podia ser. Por esso, que mirassen lo que
se auia de hazer para sacarle de alli.
El licenciado le respondio que no tuuiesse
pena; que ellos le sacarian de alli, mal que le 20
pesasse. Conto luego a Cardenio y a Dorotea lo
que tenian pensado para remedio de don Quixote,
a lo menos, para lleuarle a su casa. A lo
qual dixo Dorotea que ella haria la donzella
menesterosa mejor que el barbero, y mas, que 25
tenia alli vestidos con que hazerlo al natural, y
que la dexassen el cargo de saber representar
todo aquello que fuesse menester para lleuar
adelante su intento, porque ella auia leydo
muchos libros de cauallerias y sabia bien el 30
estilo que tenian las donzellas cuytadas quando
pedian sus dones a los andantes caualleros.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 35
Pues no es menester mas, dixo el cura,
sino que luego se ponga por obra; que, sin
duda, la buena suerte se muestra en fauor
mio (*), pues tan sin pensarlo, a vosotros,
señores, se os ha començado a abrir puerta para 5
vuestro remedio, y a nosotros se nos ha
facilitado la que auiamos menester.
Sacó luego Dorotea de su almohada vna
saya entera de cierta telilla rica y vna mantellina
de otra vistosa tela verde, y de vna caxita 10
vn collar y otras joyas, con que en vn instante
se adornó, de manera, que vna rica y gran
señora parecia. Todo aquello y mas dixo que
auia sacado de su casa para lo que se ofreciesse,
y que hasta entonces no se le auia ofrecido 15
ocasion de auello menester. A todos contentó
en estremo su mucha gracia, donayre y
hermosura, y confirmaron a don Fernando por de
poco conocimiento, pues tanta belleza
desechaua. 20
Pero el que mas se admiró fue Sancho Pança,
por parecerle, como era assi verdad, que
en todos los dias de su vida auia (*) visto tan
hermosa criatura; y, assi, preguntó al cura con
grande ahinco le dixesse (*) quién era aquella 25
tan fermosa señora y qué era lo que buscaua
por aquellos andurriales.
Esta hermosa señora, respondio el cura,
Sancho hermano, es (*), como quien no dize
nada, es la heredera, por linea recta de varon, 30
del gran reyno de Micomicon, la qual viene en
busca de vuestro amo a pedirle vn don, el qual
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36
es que le desfaga vn tuerto o agrauio que vn
mal gigante le tiene fecho; y a la fama que de
buen cauallero (*) vuestro amo tiene por todo
lo descubierto (*), de Guinea ha venido a
buscarle esta princesa. 5
¡Dichosa buscada y dichoso hallazgo!, dixo
a esta sazon Sancho Pança; y mas si mi
amo (*) es tan venturoso que desfaga esse
agrauio y enderece esse tuerto, matando a
esse hideputa desse gigante que vuestra merced 10
dize; que si matará, si el le encuentra, si
ya no fuesse fantasma; que contra las fantasmas
no tiene mi señor poder alguno. Pero vna
cosa quiero suplicar a vuestra merced, entre
otras, señor licenciado, y es que porque a mi 15
amo no le tome gana de ser arçobispo, que es
lo que yo temo, que vuestra merced le aconseje
que se case luego con esta princesa, y
assi quedará impossibilitado de recebir (*)
ordenes arçobispales, y vendra con facilidad a 20
su imperio, y yo al fin de mis desseos; que yo
he mirado bien en ello y hallo por mi cuenta
que no me está bien que mi amo sea arçobispo,
porque yo soy inutil para la Yglesia, pues
soy casado, y andarme aora a traer dispensaciones 25
para poder tener renta por la Yglesia,
teniendo, como tengo, muger y hijos, seria
nunca acabar. Assi que, señor, todo el toque
está en que mi amo se case luego con esta
señora, que hasta aora no se su gracia, y assi 30
no la llamo por su nombre.
Llamase, respondio el cura, la princesa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 37
Micomicona, porque llamandose su reyno
Micomicon, claro está que ella se ha de llamar
assi.
No ay duda en esso, respondio Sancho;
que yo he visto a muchos tomar el apellido y 5
alcurnia del lugar donde nacieron, llamandose
Pedro de Alcala, Iuan de Vbeda y Diego de
Valladolid; y esto mesmo se deue de vsar alla
en Guinea: tomar las reynas los nombres de
sus reynos. 10
Assi deue de ser, dixo el cura; y en lo
del (*) casarse vuestro amo, yo hare en ello
todos mis poderios.
Con lo que quedó tan contento Sancho,
quanto el cura admirado de su simplicidad y 15
de ver quán encaxados tenia en la fantasia los
mesmos (*) disparates que su amo, pues sin
alguna duda se daua a entender que auia de
venir a ser emperador. Ya en esto se auia
puesto Dorotea sobre la mula del cura, y el 20
barbero se auia acomodado al rostro la barba
de la cola de (*) buey, y dixeron a Sancho que
los guiasse adonde don Quixote estaua, al qual
aduirtieron que no dixesse que conocia al
licenciado ni al barbero, porque en no 25
conocerlos consistia todo el toque de venir a ser
emperador su amo; puesto que ni el cura ni (*)
Cardenio quisieron yr con ellos, porque no se
le acordasse a don Quixote la pendencia que
con Cardenio (*) auia tenido, y el cura porque 30
no era menester por entonces su presencia. Y,
assi, los dexaron yr delante y ellos los fueron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38
siguiendo a pie, poco a poco. No dexó de auisar
el cura lo que auia de hazer Dorotea, a lo que
ella dixo que descuydassen: que todo se haria
sin faltar punto, como lo pedian y pintauan los
libros de cauallerias. 5
Tres quartos de legua aurian andado,
quando descubrieron a don Quixote entre vnas
intricadas peñas, ya vestido, aunque no armado;
y assi como Dorotea le vio y fue informada de
Sancho que aquel era don Quixote, dio del 10
açote a su palafren, siguiendole el bien barbado
barbero. Y, en llegando junto a el, el escudero
se arrojó de la mula y fue a tomar en los
braços a Dorotea, la qual, apeandose con grande
desemboltura, se fue a hincar de rodillas 15
ante las de don (*) Quixote, y, aunque el
pugnaua por leuantarla, ella, sin leuantarse, le
fabló en esta guisa:
De aqui no me leuantaré, ¡o valeroso y
esforçado cauallero!, fasta que la vuestra bondad 20
y cortesia me otorgue vn don, el qual redundará
en honra y prez de vuestra persona, y en
pro de la mas desconsolada y agrauiada donzella
que el sol ha visto. Y si es que el valor
de vuestro fuerte braço corresponde a la voz 25
de vuestra inmortal (*) fama, obligado estays
a fauorecer a la sin ventura que de tan lueñes
tierras viene, al olor de vuestro famoso
nombre, buscandoos para remedio de sus
desdichas. 30
No os responderé palabra, fermosa señora,
respondio don Quixote, ni oyre mas cosa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 39
de vuestra facienda, fasta que os leuanteys de
tierra.
No me leuantaré, señor, respondio la
afligida donzella, si primero, por la vuestra
cortesia, no me es otorgado el don que pido. 5
Yo vos le otorgo y concedo, respondio
don Quixote, como no se aya de cumplir en
daño o mengua de mi rey, de mi patria y de
aquella que de mi coraçon y libertad tiene la
llaue. 10
No sera en daño ni en mengua de los que
dezis, mi buen señor, replicó la dolorosa
donzella.
Y, estando en esto, se llegó Sancho Pança
al oydo de su señor, y muy pasito le dixo: 15
Bien puede vuestra merced, señor, concederle
el don que pide, que no es cosa de nada:
solo es matar a vn gigantazo; y esta que lo
pide es la alta princesa Micomicona, reyna del
gran reyno Micomicon, de Etiopia. 20
Sea quien fuere, respondio don Quixote;
que yo hare lo que soy obligado y lo que me
dicta mi conciencia, conforme a lo que
professado tengo.
Y, boluiendose a la donzella, dixo: 25
La vuestra gran fermosura se leuante; que
yo le otorgo el don que pedirme quisiere.
Pues el que pido es, dixo la donzella, que
la vuestra magnanima persona se venga luego
conmigo donde yo le lleuare, y me prometa 30
que no se ha de entremeter en otra auentura
ni demanda alguna hasta darme vengança de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40
vn traydor que, contra todo derecho diuino y
humano, me tiene vsurpado mi reyno.
Digo que assi lo otorgo, respondio don
Quixote, y assi podeys, señora, desde oy mas,
desechar la malenconia (*) que os fatiga y 5
hazer que cobre nueuos brios y fuerças vuestra
desmayada esperança; que, con el ayuda de
Dios y la de mi braço, vos os vereys presto
restituyda en vuestro reyno y sentada en la
silla de vuestro antiguo y grande estado, a 10
pesar y a despecho de los follones que
contradezirlo quisieren; y manos a labor, que en la
tardança dizen que suele estar el peligro.
La menesterosa donzella pugnó con mucha
porfia por besarle las manos; mas don Quixote, 15
que en todo era comedido y cortes cauallero,
jamas lo consintio; antes la hizo leuantar
y la abraçó con mucha cortesia y comedimiento;
y mandó a Sancho que requiriesse las cinchas
a Rozinante, y le armasse luego al punto. 20
Sancho descolgo las armas, que, como trofeo,
de vn arbol estauan pendientes, y, requiriendo
las cinchas, en vn punto armó a su señor, el
qual, viendose armado, dixo:
Vamos de aqui, en el nombre de Dios, a 25
fauorecer esta gran señora.
Estauase el barbero aun de rodillas, teniendo
gran cuenta de dissimular la risa y de que
no se le cayesse la barba, con cuya cayda
quiça quedaran todos sin conseguir su buena 30
intencion; y, viendo que ya el don estaua
concedido, y con la diligencia que (*) don Quixote
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 41
se alistaua para yr a cumplirle, se leuantó y
tomó de la otra mano (*) a su señora, y entre
los dos la subieron en la mula; luego subio
don Quixote sobre Rozinante y el barbero se
acomodó en su caualgadura, quedandose 5
Sancho a pie, donde de nueuo se le renouo la
perdida (*) del ruzio, con la falta que entonces
le hazia; mas todo lo lleuaua con gusto, por
parecerle que ya su señor estaua puesto en
camino y muy a pique de ser emperador, porque, 10
sin duda alguna, pensaua que se auia de
casar con aquella princessa y ser, por lo
menos, rey de Micomicon; solo le daua pesadumbre
el pensar que aquel reyno era en tierra
de negros, y que la gente que por sus vassallos 15
le diessen auian de ser todos negros, a
lo qual hizo luego en su imaginacion vn buen
remedio, y dixose a si mismo:
¿Qué se me da a mi que mis vassallos sean
negros? ¿Aura mas que cargar con ellos y 20
traerlos a España, donde los podre vender, y
adonde me los pagarán de contado, de cuyo
dinero podre comprar algun titulo o algun
oficio con que viuir descansado todos los dias
de mi vida? ¡No, sino dormios, y no tengays 25
ingenio ni habilidad para disponer de las cosas
y para vender treynta o diez mil vasallos en
dacame essas pajas! ¡Par Dios que los he de
bolar, chico con grande, o como pudiere; y que
por negros que sean los he de boluer blancos, 30
o amarillos; llegaos, que me mamo el dedo!
Con esto andaua tan solicito y tan contento,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42
que se le oluidaua la pesadumbre de caminar
a pie.
Todo esto mirauan de entre vnas breñas
Cardenio y el cura, y no sabian qué hazerse
para juntarse con ellos; pero el cura, que era 5
gran tracista, imaginó luego lo que harian para
conseguir lo que desseauan, y fue que, con
vnas tixeras que trahia en vn estuche, quitó
con mucha presteza la barba a Cardenio y vistiole
vn capotillo pardo que el trahia, y diole 10
vn herreruelo negro, y el se quedó en calças
y en jubon; y quedó tan otro de lo que antes
parecia Cardenio, que el mesmo (*) no se
conociera, aunque a vn espejo se mirara. Hecho
esto, puesto ya que los otros auian passado 15
adelante en tanto que ellos se disfraçaron, con
facilidad salieron al camino real antes que
ellos, porque las malezas y malos passos de
aquellos lugares no concedian que anduuiessen
tanto los de a cauallo como los de a pie. 20
En efeto, ellos se pusieron en el llano a la
salida de la sierra, y assi como salio della don
Quixote y sus camaradas, el cura se le puso a
mirar muy de espacio, dando señales de que
le yua reconociendo; y al cabo de auerle vna 25
buena pieça estado mirando, se fue a el
abiertos los braços y diziendo a vozes:
¡Para bien sea hallado el espejo de la
caualleria, el mi buen compatriote (*) don Quixote
de la Mancha, la flor y la nata de la gentileza, 30
el amparo y remedio de los menesterosos, la
quinta essencia de los caualleros andantes!
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 43
Y, diziendo esto, tenia abraçado por la
rodilla de la pierna yzquierda a don Quixote, el
qual, espantado de lo que veia (*) y oia dezir
y hazer aquel (*) hombre, se le puso a mirar
con atencion, y, al fin, le conocio, y quedó 5
como espantado de verle, y hizo grande fuerça
por apearse; mas el cura no lo consintio, por
lo qual don Quixote dezia:
Dexeme vuestra merced, señor licenciado;
que no es razon que yo esté a cauallo, y vna 10
tan reuerenda persona como vuestra merced
esté a pie.
Esso no consentire yo en ningun (*) modo,
dixo el cura; estese la vuestra grandeza a
cauallo, pues estando a cauallo acaba las 15
mayores fazañas y auenturas que en nuestra edad
se han visto; que a mi, aunque indigno
sacerdote, bastaráme subir en las ancas de vna
destas mulas destos señores que con vuestra
merced caminan, si no lo han por enojo. Y aun 20
hare cuenta que voy cauallero sobre el cauallo
Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que
caualgaua aquel famoso moro Muzaraque (*), que
aun hasta aora yaze encantado en la gran
cuesta Çulema, que dista poco de la gran 25
Compluto.
Aun no caia yo en tanto, mi señor licenciado,
respondio don Quixote, y yo se que mi
señora la princessa sera seruida, por mi amor,
de mandar a su escudero de a vuestra merced 30
la silla de su mula; que el podra acomodarse
en las ancas, si es que ella las sufre.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44
Si sufre, a lo que yo creo, respondio la
princessa; y tambien se que no sera menester
mandarselo al señor mi escudero, que el es
tan cortes y tan cortesano, que no consentira
que vna persona eclesiastica vaya a pie, 5
pudiendo yr a cauallo.
Assi es, respondio el barbero.
Y, apeandose en vn punto, combidó al cura
con la silla, y el la tomó sin hazerse mucho de
rogar. Y fue el mal que, al subir a las ancas el 10
barbero, la mula, que, en efeto, era de alquiler,
que para dezir que era mala esto basta, alçó
vn poco los quartos traseros y dio dos cozes
en el ayre, que a darlas en el pecho de maese
Nicolas, o en la cabeça, el diera al diablo la 15
venida por don Quixote. Con todo esso le
sobresaltaron de manera, que cayo en el suelo,
con tan poco cuydado de las barbas, que se
le cayeron (*) en el suelo; y como se vio sin
ellas, no tuuo otro remedio sino acudir a 20
cubrirse el rostro con ambas manos y a
quexarse que le auian derribado las muelas. Don
Quixote, como vio todo aquel maço de barbas
sin quixadas y sin sangre, lexos del rostro del
escudero caydo, dixo: 25
¡Viue Dios, que es gran milagro este! ¡Las
barbas le ha derribado y arrancado del rostro,
como si las quitaran a posta!
El cura, que vio el peligro que corria su
inuencion de ser descubierta, acudio luego a las 30
barbas y fuesse con ellas adonde yazia maese
Nicolas, dando aun vozes todauia; y de vn
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 45
golpe, llegandole la cabeça a su pecho, se las
puso, murmurando sobre el vnas palabras, que
dixo que era cierto ensalmo apropiado para
pegar barbas, como lo verian; y, quando se las
tuuo puestas, se apartó, y quedó el escudero 5
tan bien (*) barbado y tan sano como de antes;
de que se admiró don Quixote sobremanera
y rogo al cura que, quando tuuiesse lugar, le
enseñasse aquel ensalmo; que el entendia que
su virtud a mas que pegar barbas se deuia de 10
estender, pues estaua claro que de donde las
barbas se quitassen auia de quedar la carne
llagada y maltrecha; y que pues todo lo
sanaua, a mas que barbas aprouechaua.
Assi es, dixo el cura; y prometio de 15
enseñarsele en la primera ocasion.
Concertaronse que, por entonces, subiesse
el cura, y a trechos se fuessen los tres mudando,
hasta que llegassen a la venta, que estaria
hasta dos leguas de alli. Puestos los tres a 20
cauallo, es a saber, don Quixote, la princessa y
el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero
y Sancho Pança, don Quixote dixo a la
donzella:
Vuestra grandeza, señora mia, guie por 25
donde mas gusto le diere.
Y antes que ella respondiesse, dixo el
licenciado:
¿Hazia qué reyno quiere guiar la vuestra
señoria? ¿Es por ventura hazia el de 30
Micomicon? Que si deue de ser, o yo se poco de
reynos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46
Ella, que estaua bien en todo, entendio que
auia de responder que si; y, assi, dixo:
Si, señor; hazia esse reyno es mi camino.
Si assi es, dixo el cura, por la mitad de
mi pueblo hemos de passar, y de alli tomará 5
vuestra merced la derrota de Cartagena, donde
se podra embarcar con la buena ventura; y si
ay viento prospero, mar tranquilo y sin
borrasca, en poco menos de nueue años se podra
estar a vista de la gran laguna Meona, digo 10
Meotides, que está poco mas de cien jornadas
mas aca del reyno de vuestra grandeza.
Vuestra merced está engañado, señor mio,
dixo ella, porque no ha dos años que yo parti
del, y, en verdad, que nunca tuue buen tiempo; 15
y, con todo esso, he llegado a ver lo que
tanto desseaua, que es al señor don Quixote
de la Mancha, cuyas nueuas llegaron a mis
oydos assi como puse los pies en España, y
ellas me mouieron a buscarle para encomendarme 20
en su cortesia y fiar mi justicia del valor
de su inuencible braço.
¡No mas; cessen mis alabanças!, dixo a
esta sazon don Quixote, porque soy enemigo
de todo genero de adulacion, y, aunque esta 25
no lo sea, todauia ofenden mis castas orejas
semejantes platicas. Lo que yo se dezir, señora
mia, que ora tenga valor o no, el que tuuiere
o no tuuiere, se ha de emplear en vuestro
seruicio hasta perder la vida; y, assi, dexando 30
esto para su tiempo, ruego al señor licenciado
me diga qué es la causa que le ha traydo por
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 47
estas partes, tan solo, y (*) tan sin criados, y
tan a la ligera, que me pone espanto.
A esso yo respondere con breuedad,
respondio el cura, porque sabra vuestra merced,
señor don Quixote, que yo y maese Nicolas, 5
nuestro amigo y nuestro barbero, yuamos a Seuilla
a cobrar cierto dinero (*) que vn pariente
mio, que ha muchos años que passó a Indias,
me auia embiado, y no tan pocos que no passan
de sesenta mil pesos ensayados (*), que es 10
otro que tal (*), y, passando ayer por estos
lugares, nos salieron al encuentro quatro
salteadores y nos quitaron hasta las barbas; y de
modo nos las quitaron, que le conuino al
barbero ponerselas postizas (*); y aun a este 15
mancebo que aqui va --señalando a Cardenio-- le
pusieron como de nueuo. Y es lo bueno, que
es publica fama por todos estos contornos, que
los que nos saltearon son de vnos galeotes
que dizen que libertó, casi en este mesmo (*) 20
sitio, vn hombre tan valiente, que, a pesar del
comissario y de las guardas, los solto a todos;
y, sin duda alguna, el deuia de estar fuera de
juyzio, o deue de ser tan grande vellaco como
ellos, o algun hombre sin alma y sin conciencia, 25
pues quiso soltar al lobo entre las ouejas,
a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre
la miel; quiso defraudar la justicia, yr contra
su rey y señor natural, pues fue contra sus
justos mandamientos. Quiso, digo, quitar a las 30
galeras sus pies, poner en alboroto a la Santa
Hermandad, que auia muchos años que reposaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48
Quiso, finalmente, hazer vn hecho por
donde se pierda su alma y no se gane su
cuerpo.
Auiales contado Sancho al cura y al barbero
la auentura de los galeotes, que acabó su 5
amo con tanta gloria suya, y por esto cargaua
la mano el cura refiriendola, por ver lo que
hazia o dezia don Quixote, al qual se le
mudaua la color a cada palabra, y no osaua
dezir que el auia sido el libertador de aquella 10
buena gente.
Estos, pues, dixo el cura, fueron los que
nos robaron; ¡que Dios por su misericordia se
lo perdone al que no los dexó lleuar al deuido
suplicio! 15
p. 49
Capitulo XXX
Que trata del gracioso artificio y orden que se
tuuo en sacar a nuestro enamorado cauallero
de la asperissima penitencia en que se auia
puesto (*). 5
No huuo bien acabado el cura, quando
Sancho dixo:
Pues mia fe, señor licenciado, el que hizo
essa fazaña fue mi amo, y no porque yo no le
dixe antes y le auisé que mirasse lo que 10
hazia, y que era pecado darles libertad, porque
todos yuan alli por grandissimos vellacos.
¡Majadero!, dixo a esta sazon don Quixote;
a los caualleros andantes no les toca, ni
atañe aueriguar, si los afligidos, encadenados 15
y opressos que encuentran por los caminos van
de aquella manera, o estan en aquella angustia
por sus culpas o por sus gracias (*); solo
le (*) toca ayudarles como a menesterosos,
poniendo los ojos en sus penas y no en sus 20
vellaquerias. Yo topé vn rosario y sarta de gente
mohina y desdichada, y hize con ellos lo que
mi religion me pide, y lo demas alla se auenga;
y a quien mal le ha parecido, saluo la santa
dignidad del señor licenciado y su honrada 25
persona, digo que sabe poco de achaque de
caualleria, y que miente como vn hideputa y
mal nacido, y esto le hare conocer con mi
espada donde mas largamente se contiene.
Y esto dixo, afirmandose en los estribos y 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50
calandose el morrion, porque la vazia de
barbero, que a su cuenta era el yelmo de
Mambrino, lleuaua colgado del arzon delantero,
hasta adobarla del mal tratamiento que la
hizieron los galeotes. Dorotea, que era discreta 5
y de gran donayre, como quien ya sabia el
menguado humor de don Quixote y que todos
hazian burla del, sino Sancho Pança, no quiso
ser para menos, y viendole tan enojado, le
dixo: 10
Señor cauallero, miembresele a la vuestra
merced el don que me tiene prometido, y que
conforme a el, no puede entremeterse en otra
auentura, por vrgente que sea; sossiegue vuestra
merced el pecho; que si el señor licenciado 15
supiera que por esse inuicto braço auian sido
librados (*) los galeotes, el se diera tres puntos
en (*) la boca, y aun se mordiera tres vezes la
lengua, antes que auer dicho palabra que en
despecho de vuestra merced redundara. 20
Esso juro yo bien, dixo el cura, y aun
me huuiera quitado vn vigote.
Yo callaré, señora mia, dixo don Quixote,
y reprimire la justa colera que ya en mi pecho
se auia leuantado, y yre quieto y pacifico hasta 25
tanto que os cumpla el don prometido; pero
en pago deste buen desseo os suplico me digays,
si no se os haze de mal, quál es la vuestra
cuyta y quántas, quiénes y quáles son las
personas de quien os tengo de dar deuida, 30
satisfecha y entera vengança.
Esso hare yo de gana, respondio Dorotea,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 51
si es que no os enfada (*) oyr lastimas
y desgracias.
No enfadará, señora mia, respondio don
Quixote.
A lo que respondio Dorotea: 5
Pues assi es, estenme vuestras mercedes
atentos.
No huuo ella dicho esto, quando Cardenio y
el barbero se le pusieron al lado, desseosos de
ver como fingia su historia la discreta 10
Dorotea (*), y lo mismo hizo Sancho, que tan
engañado (*) yua con ella como su amo. Y ella,
despues de auerse puesto bien en la silla y
preuenidose con toser y hazer otros ademanes,
con mucho donayre començo a dezir desta 15
manera:
Primeramente quiero que vuestras
mercedes sepan, señores mios, que a mi me
llaman...
Y detuuose aqui vn poco, porque se le 20
oluidó el nombre que el cura le auia puesto;
pero el acudio al remedio, porque entendio en
lo que reparaua, y dixo:
No es marauilla, señora mia, que la vuestra
grandeza se turbe y empache contando sus 25
desuenturas; que ellas suelen ser tales, que
muchas vezes quitan la memoria a los que
maltratan, de tal manera, que aun de sus
mesmos (*) nombres no se les acuerda, como han
hecho con vuestra gran señoria, que se ha 30
oluidado que se llama la princessa Micomicona,
legitima heredera del gran reyno Micomicon;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52
y con este apuntamiento puede la vuestra
grandeza reduzir aora facilmente a su lastimada
memoria todo aquello que contar quisiere.
Assi es la verdad, respondio la donzella,
y desde aqui adelante creo que no sera 5
menester apuntarme nada; que yo saldre a buen
puerto con mi verdadera historia. La qual es
que el rey mi padre, que se llamaua Tinacrio
el Sabidor, fue muy docto en esto que llaman
el arte magica, y alcançó por su ciencia que 10
mi madre, que se llamaua la reyna Xaramilla,
auia de morir primero que el, y que de alli a
poco tiempo el tambien auia de passar desta
vida y yo auia de quedar huerfana de padre y
madre. Pero dezia el que no le fatigaua tanto 15
esto quanto le ponia en confusion saber por
cosa muy cierta que vn descomunal gigante,
señor de vna grande insula, que casi alinda
con nuestro reyno, llamado Pandafilando de la
Fosca Vista --porque es cosa aueriguada que 20
aunque tiene los ojos en su lugar y derechos,
siempre mira al reues, como si fuese vizco, y
esto lo haze el de maligno (*) y por poner
miedo y espanto a los que mira--, digo que
supo que este gigante, en sabiendo mi 25
horfandad, auia de passar con gran poderio sobre
mi reyno y me lo auia de quitar todo, sin
dexarme vna pequeña aldea donde me recogiesse;
pero que podia escusar toda esta ruyna
y desgracia si yo me quisiesse casar con el; 30
mas, a lo que el entendia, jamas pensaua que
me vendria a mi en voluntad de hazer tan
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 53
desygual casamiento; y dixo en esto la pura
verdad, porque jamas me ha passado por el
pensamiento casarme con aquel gigante, pero (*)
ni con otro alguno, por grande y desaforado
que fuesse. 5
Dixo tambien mi padre que despues que el
fuesse muerto y viesse yo que Pandafilando
començaua a passar sobre mi reyno, que no
aguardasse a ponerme en defensa, porque seria
destruyrme, sino que libremente le dexasse 10
desembaraçado el reyno, si queria escusar la
muerte y total destruycion de mis buenos y
leales vassallos, porque no auia de ser
possible defenderme de la endiablada fuerça del
gigante; sino que luego, con algunos de los 15
mios, me pusiesse en camino de las Españas,
donde hallaria el remedio de mis males,
hallando a vn cauallero andante, cuya fama en
este tiempo se estenderia por todo este reyno,
el qual se auia de llamar, si mal no me 20
acuerdo, don Açote o don Gigote.
Don Quixote diria, señora (*), dixo a esta
sazon Sancho Pança, o, por otro nombre, el
Cauallero de la Triste Figura.
Assi es la verdad, dixo Dorotea. Dixo 25
mas: que auia de ser alto de cuerpo, seco de
rostro, y que en el lado derecho, debaxo del
ombro yzquierdo, o por alli junto, auia de tener
vn lunar pardo, con ciertos cabellos a manera
de cerdas. 30
En oyendo esto don Quixote, dixo a su
escudero:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54
Ten aqui, Sancho, hijo; ayudame a desnudar;
que quiero ver si soy el cauallero que
aquel sabio rey dexó profetizado.
Pues ¿para qué quiere vuestra merced
desnudarse?, dixo Dorotea. 5
Para ver si tengo esse lunar que vuestro
padre dixo, respondio don Quixote.
No ay para qué desnudarse, dixo Sancho;
que yo se que tiene vuestra merced vn lunar
dessas señas en la mitad del espinazo, que es 10
señal de ser hombre fuerte.
Esso basta, dixo Dorotea; porque con los
amigos no se ha de mirar en pocas cosas, y
que esté en el hombro, o que esté en el espinazo,
importa poco; basta que aya lunar, y esté 15
donde estuuiere, pues todo es vna mesma (*)
carne; y, sin duda, acerto mi buen padre en
todo, y yo he acertado en encomendarme al
señor don Quixote, que el es por quien mi padre
dixo, pues las señales del rostro vienen con 20
las de la buena fama que este cauallero tiene,
no solo en España, pero en toda la Mancha (*),
pues apenas me huue desembarcado en Osuna,
quando ohi dezir tantas hazañas suyas que
luego me dio el alma que era el mesmo (*) 25
que venia a buscar.
¿Pues cómo se desembarcó vuestra merced
en Osuna, señora mia, preguntó don Quixote,
si no es puerto de mar?
Mas antes que Dorotea respondiesse, tomó 30
el cura la mano y dixo:
Deue de querer dezir la señora princessa
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 55
que, despues que desembarcó en Malaga, la
primera parte donde oyo nueuas de vuestra
merced fue en Osuna.
Esso quise dezir, dixo Dorotea.
Y esto lleua camino, dixo el cura, y 5
prosiga vuestra magestad adelante.
No ay que proseguir, respondio Dorotea,
sino que, finalmente, mi suerte ha sido tan
buena en hallar al señor don Quixote, que ya
me cuento y tengo por reyna y señora de todo 10
mi reyno, pues el, por su cortesia y
magnificencia, me ha prometido el don de yrse
conmigo donde quiera que yo le lleuare, que no
sera a otra parte que a ponerle delante de
Pandafilando de la Fosca Vista para que le 15
mate y me restituya lo que tan contra razon me
tiene vsurpado; que todo esto ha de suceder a
pedir de boca, pues assi lo dexó profetizado
Tinacrio el Sabidor, mi buen padre; el qual
tambien dexó dicho y escrito, en letras caldeas 20
o griegas, que yo no las se leer, que si este
cauallero de la profecia, despues de auer
degollado al gigante, quisiesse casarse conmigo,
que yo me otorgasse luego, sin replica alguna,
por su legitima esposa, y le diesse la possession 25
de mi reyno, junto con la de mi persona.
¿Qué te parece, Sancho amigo?, dixo a
este punto don Quixote. ¿No oyes lo que
passa? ¿No te lo dixe yo? Mira si tenemos ya
reyno que mandar y reyna con quien casar. 30
Esso juro yo, dixo Sancho; ¡para el puto
que no se casare en abriendo el gaznatico al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56
señor Pandahilado! Pues ¡monta que es mala
la reyna! Assi se me bueluan las pulgas de la
cama.
Y, diziendo esto, dio dos çapatetas en el
ayre, con muestras de grandissimo contento, y 5
luego fue a tomar las riendas de la mula de
Dorotea, y, haziendola detener, se hincó de
rodillas ante ella, suplicandole le diesse las
manos para besarselas, en señal que la recibia
por su reyna y señora. ¿Quién no auia de reyr 10
de los circustantes, viendo la locura del amo
y la simplicidad del criado? En efecto (*),
Dorotea se las dio y le prometio de hazerle gran
señor en su reyno, quando el cielo le hiziesse
tanto bien que se lo dexasse cobrar y gozar. 15
Agradecioselo Sancho con tales palabras, que
renouo la risa en todos.
Esta, señores, prosiguio Dorotea, es mi
historia; solo resta por deziros que de quanta
gente de acompañamiento saqué de mi reyno, 20
no me ha quedado sino solo este buen (*) barbado
escudero, porque todos se anegaron en vna
gran borrasca que tuuimos a vista del puerto.
Y el y yo salimos en dos tablas a tierra, como
por milagro; y assi, es todo milagro y misterio 25
el discurso de mi vida, como lo aureys (*)
notado. Y si en alguna cosa he andado demasiada,
o no tan acertada como deuiera, echad la
culpa a lo que el señor licenciado dixo al
principio de mi cuento: que los trabajos continuos 30
y extraordinarios quitan la memoria al que los
padece.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 57
Essa no me quitarán a mi, ¡o alta y valerosa
señora!, dixo don Quixote, quantos yo
passare en seruiros, por grandes y no vistos
que sean. Y, assi, de nueuo confirmo el don
que os he prometido, y juro de yr con vos al 5
cabo del mundo hasta verme con el fiero enemigo
vuestro, a quien pienso, con el ayuda de
Dios y de mi braço, tajar (*) la cabeça soberuia
con los filos desta, no quiero dezir buena
espada, merced a Gines de Passamonte, que me 10
lleuó la mia (*) --esto dixo entre dientes, y
prosiguio diziendo--, y despues de auersela
tajado y puestoos en pacifica possession de
vuestro estado, quedará a vuestra voluntad
hazer de vuestra persona lo que mas en talante 15
os viniere; porque mientras que yo tuuiere
ocupada la memoria y cautiua la voluntad,
perdido el entendimiento, a (*) aquella... y no
digo mas, no es possible que yo arrostre, ni
por pienso, el casarme, aunque fuesse con el 20
aue fenix.
Pareciole tan mal a Sancho lo que vltimamente
su amo dixo acerca de no querer casarse,
que, con grande enojo, alçando la voz, dixo:
¡Boto a mi y juro a mi, que no tiene vuestra 25
merced, señor don Quixote, cabal juyzio!
Pues ¿cómo es possible que pone vuestra merced
en duda el casarse con tan alta princesa
como aquesta? ¿Piensa que le ha de ofrecer la
fortuna, tras cada cantillo, semejante ventura 30
como la que aora se le ofrece? ¿Es por dicha
mas hermosa mi señora Dulzinea? No, por cierto;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58
ni aun con la mitad, y aun estoy por dezir
que no llega a su çapato de la que está
delante. Assi, noramala alcançaré yo el condado
que espero, si vuestra merced se anda a pedir
cotufas en el golfo. Casese, casesse luego, 5
encomiendole yo a Satanas, y tome esse reyno
que se le viene a las manos de vobis, vobis (*);
y, en siendo rey, hagame marques o adelantado,
y luego, siquiera se lo lleue el diablo todo.
Don Quixote, que tales blasfemias oyo dezir 10
contra su señora Dulzinea, no lo pudo sufrir,
y, alçando el lançon, sin hablalle palabra
a Sancho, y sin dezirle esta boca es mia, le dio
tales dos palos, que dio con el en tierra; y si
no fuera porque Dorotea le dio vozes que no 15
le diera mas, sin duda le quitara alli la vida.
¿Pensays, le dixo a cabo de rato, villano
ruyn, que ha de auer lugar siempre para ponerme
la mano en la horcaxadura, y que todo ha
de ser errar vos y perdonaros yo? Pues ¡no lo 20
penseys, vellaco descomulgado, que sin duda
lo estás, pues has (*) puesto lengua en la sin
par Dulzinea! Y ¿no sabeys vos, gañan, faquin
(*), belitre, que si no fuesse por el valor
que ella infunde en mi braço, que no le tendria 25
yo para matar vna pulga? Dezid, socarron de
lengua viperina, y ¿quién pensays que ha
ganado este reyno; y cortado la cabeça a este
gigante; y hechoos a vos marques, que todo
esto doy ya por hecho y por cosa passada en 30
cosa juzgada, si no es el valor de Dulzinea,
tomando a mi braço por instrumento de sus
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 59
hazañas? Ella pelea en mi y vence en mi, y yo
viuo y respiro en ella, y tengo vida y ser. ¡O
hideputa, vellaco, y cómo soys desagradecido,
que os veys leuantado del poluo de la tierra
a ser señor de titulo, y correspondeys a tan 5
buena obra con dezir mal de quien os la hizo!
No estaua tan maltrecho Sancho que no
oyesse todo quanto su amo le dezia, y,
leuantandose con vn poco de presteza, se fue a
poner detras del palafren de Dorotea, y desde alli 10
dixo a su amo:
Digame, señor; si vuestra merced tiene
determinado de no casarse con esta gran princesa,
claro está que no sera el reyno suyo, y, no
siendolo, ¿qué mercedes me puede hazer? Esto 15
es de lo que yo me quexo; casese vuestra
merced vna por vna con esta reyna, aora que la
tenemos aqui como llouida del cielo, y despues
puede boluerse con mi señora Dulzinea; que
reyes deue de auer auido en el mundo que ayan 20
sido amancebados. En lo de la hermosura no
me entremeto, que, en verdad, si va a dezirla,
que entrambas me parecen bien, puesto que yo
nunca he visto a la señora Dulzinea.
¿Cómo que no la has visto, traydor 25
blasfemo?, dixo don Quixote; pues ¿no acabas de
traerme aora vn recado de su parte?
Digo que no la he visto tan (*) despacio,
dixo Sancho, que pueda auer notado
particularmente su hermosura y sus buenas partes, 30
punto por punto; pero assi a bulto, me parece
bien.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60
Aora te disculpo, dixo don Quixote, y
perdoname el enojo que te he dado; que los
primeros mouimientos no son en manos de los
hombres (*).
Ya yo lo veo, respondio Sancho, y asi 5
en mi la gana de hablar siempre es primero
mouimiento, y no puedo dexar de dezir por vna
vez siquiera lo que me viene a la lengua.
Con todo esso, dixo don Quixote, mira,
Sancho, lo que hablas, porque tantas vezes va 10
el cantarillo a la fuente...; y no te digo mas.
Aora bien, respondio Sancho, Dios está
en el cielo, que ve las trampas, y sera juez de
quién haze mas mal: yo en no hablar bien, o
vuestra merced en [no] (*) obrallo. 15
¡No aya mas!, dixo Dorotea; corred,
Sancho, y besad la mano a vuestro señor y
pedilde (*) perdon, y de aqui adelante andad mas
atentado en vuestras alabanças y vituperios,
y no digays mal de aquesa señora Tobosa, a 20
quien yo no conozco, si no es para seruilla, y
tened confianza en Dios, que no os ha de faltar
vn estado donde viuays como vn principe.
Fue Sancho cabizbajo y pidio la mano a su
señor, y el se la dio con reposado continente, 25
y despues que se la vuo besado, le echó la
bendicion, y dixo a Sancho que se adelantassen vn
poco: que tenia que preguntalle y que departir
con el cosas de mucha importancia. Hizolo
assi Sancho, y apartaronse los dos algo 30
adelante, y dixole don Quixote:
Despues que veniste no he tenido lugar ni
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 61
espacio para preguntarte muchas cosas de
particularidad acerca de la embaxada que lleuaste
y de la respuesta que truxiste, y aora, pues
la fortuna nos ha concedido tiempo y lugar, no
me niegues tu la ventura que puedes darme 5
con tan buenas nueuas.
Pregunte vuestra merced lo que quisiere,
respondio Sancho; que a todo dare tan buena
salida como tuue la entrada. Pero suplico a
vuestra merced, señor mio, que no sea de aqui 10
adelante tan vengatiuo.
¿Por qué lo dizes, Sancho?, dixo don
Quixote.
Digolo, respondio, porque estos palos de
agora mas fueron por la pendencia que entre 15
los dos trauó el diablo la otra noche, que por
lo que dixe contra mi señora Dulzinea, a quien
amo y reuerencio como a vna reliquia, aunque
en ella no lo (*) aya, solo por ser cosa de
vuestra merced. 20
No tornes a essas platicas, Sancho, por tu
vida, dixo don Quixote; que me dan
pesadumbre; ya te perdoné entonces, y bien sabes
tu que suele dezirse: a pecado nueuo,
penitencia nueua (*). 25
En tanto que los dos yuan en estas platicas,
dixo el cura a Dorotea que auia andado
muy discreta, assi en el cuento como en la
breuedad del y en la similitud que tuuo con
los de los libros de cauallerias. Ella dixo que 30
muchos ratos se auia entretenido en leellos;
pero que no sabia ella donde eran las prouincias
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62
ni puertos de mar, y que assi auia dicho
a tiento que se auia desembarcado en Ossuna.
Yo lo entendi assi, dixo el cura, y por esso
acudi luego a dezir lo que dixe, con que se
acomodó todo. Pero ¿no es cosa estraña ver 5
con quánta facilidad cree este desuenturado
hidalgo todas estas inuenciones y mentiras, solo
porque lleuan el estilo y modo de las
necedades de sus libros?
Si es, dixo Cardenio, y tan rara y nunca 10
vista, que yo no se si queriendo inuentarla y
fabricarla mentirosamente, vuiera tan agudo
ingenio que pudiera dar en ella.
Pues otra cosa ay en ello, dixo el cura:
que, fuera de las simplicidades que este buen 15
hidalgo dize tocantes a su locura, si le tratan de
otras cosas, discurre con bonissimas razones y
muestra tener vn entendimiento claro y apazible
en todo; de manera, que, como no le toquen
en sus cauallerias, no aura nadie que le juzgue 20
sino por de muy buen entendimiento.
En tanto que ellos yuan en esta conuersacion,
prosiguio don Quixote con la suya, y dixo a
Sancho:
Echemos, Pança amigo, pelillos a la mar (*) 25
en esto de nuestras pendencias, y dime aora,
sin tener cuenta con enojo ni rencor alguno,
¿dónde, cómo y quándo hallaste a Dulzinea?
¿Qué hazia? ¿Qué le dixiste? ¿Qué te respondio?
¿Qué rostro hizo quando leya mi carta? 30
¿Quién te la trasladó? Y todo aquello que
vieres que en este caso es digno de saberse, de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXX p. 63
preguntarse y satisfazerse, sin que añadas o
mientas por darme gusto, ni menos te acortes
por no quitarmele.
Señor, respondio Sancho, si va a dezir la
verdad, la carta no me la trasladó nadie, 5
porque yo no lleué carta alguna.
Assi es, como tu dizes, dixo don Quixote,
porque el librillo de memoria donde yo la
escriui le hallé en mi poder a cabo de dos dias
de tu partida, lo qual me causó grandissima 10
pena, por no saber lo que auias tu de hazer
quando te viesses sin carta, y crey siempre que
te boluieras desde el lugar donde (*) la
echaras menos.
Assi fuera, respondio Sancho, si no la 15
vuiera yo tomado en la memoria quando vuestra
merced me la leyo, de manera que se la dixe
a vn sacristan que me la trasladó del
entendimiento, tan punto por punto, que dixo que en
todos los dias de su vida, aunque auia leydo 20
muchas cartas de descomunion, no auia visto ni
leydo tan linda carta como aquella.
Y ¿tienesla todauia en la memoria,
Sancho?, dixo don Quixote.
No, señor, respondio Sancho, porque 25
despues que la di, como vi que no auia de ser de
mas prouecho, di en oluidalla. Y si algo se me
acuerda, es aquello del (*) sobajada, digo del
soberana señora, y lo vltimo, «vuestro hasta
»la muerte, el Cauallero de la Triste Figura». 30
Y en medio destas dos cosas le puse mas de
trezientas almas, y vidas, y ojos mios.
p. 64
Capitulo XXXI
De los sabrosos razonamientos que passaron
entre don Quixote y Sancho Pança, su
escudero, con otros sucessos.
Todo esso no me descontenta; prosigue 5
adelante, dixo don Quixote. Llegaste, y ¿qué
hazia aquella reyna de la hermosura? A buen
seguro que la hallaste ensartando perlas, o
bordando alguna empresa con oro de cañutillo
para este su cautiuo cauallero. 10
No la hallé, respondio Sancho, sino
ahechando dos anegas de trigo en vn corral
de su casa.
Pues haz cuenta, dixo don Quixote, que
los granos de aquel trigo eran granos de perlas, 15
tocados de sus manos. Y si miraste, amigo,
el trigo ¿era candeal, o trechel?
No era sino rubion, respondio Sancho.
Pues yo te asseguro, dixo don Quixote,
que, ahechado por sus manos, hizo pan 20
candeal, sin duda alguna; pero passa adelante.
Quando le diste mi carta, ¿besola? ¿Pusosela
sobre la cabeça? ¿Hizo alguna ceremonia digna
de tal carta, o qué hizo?
Quando yo se la yua a dar, respondio 25
Sancho, ella estaua en la fuga del meneo de
vna buena parte de trigo que tenia en la criua.
Y dixome: «Poned, amigo, essa carta sobre
»aquel costal; que no la puedo leer hasta que
»acabe de acriuar todo lo que aqui está.» 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 65
Discreta señora, dixo don Quixote; esso
deuio de ser por leerla despacio y recrearse
con ella. Adelante, Sancho; y en tanto que
estaua en su menester, ¿qué coloquios passó
contigo? ¿Qué te preguntó de mi? Y tu, ¿qué le 5
respondiste? Acaba, cuentamelo todo, no se
te quede en el tintero vna minima.
Ella no me preguntó nada, dixo Sancho;
mas yo le dixe de la manera que vuestra merced,
por su seruicio, quedaua haziendo penitencia, 10
desnudo de la cintura arriba, metido entre
estas sierras, como si fuera saluaje, durmiendo
en el suelo, sin comer pan a manteles ni sin
peynarse la barba, llorando y maldiziendo su
fortuna. 15
En dezir que maldezia mi fortuna dixiste
mal, dixo don Quixote, porque antes la bendigo
y bendezire todos los dias de mi vida por
auerme hecho digno de merecer amar tan alta
señora como Dulzinea del Toboso. 20
Tan alta es, respondio Sancho, que a
buena fe que me lleua a mi mas de vn coto.
Pues ¿cómo, Sancho, dixo don Quixote,
haste medido tu con ella?
Medime en esta manera, respondio Sancho: 25
que llegandole (*) a ayudar a poner vn
costal de trigo sobre vn jumento, llegamos tan
juntos, que eché de ver que me lleuaua mas
de vn gran palmo.
Pues ¡es verdad, replicó don Quixote, que 30
no acompaña essa grandeza y la adorna (*) con
mil millones de (*) gracias del alma! Pero no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66
me negarás, Sancho, vna cosa: quando llegaste
junto a ella, ¿no sentiste vn olor sabeo, vna
fragancia (*) aromatica y vn no se qué de
bueno, que yo no acierto a dalle nombre? Digo
¿vn tuho, o tufo, como si estuuieras en la tienda 5
de algun curioso guantero (*)?
Lo que se dezir, dixo Sancho, es que
senti vn olorzillo algo hombruno, y deuia de
ser que ella, con el mucho exercicio, estaua
sudada y algo correosa. 10
No seria esso, respondio don Quixote,
sino que tu deuias de estar romadizado (*) o te
deuiste de oler a ti mismo, porque yo se bien
a (*) lo que huele aquella rosa entre espinas,
aquel lirio del campo, aquel ambar desleydo. 15
Todo puede ser, respondio Sancho; que
muchas vezes sale de mi aquel olor que
entonces me parecio que salia de su merced de
la señora Dulzinea; pero no ay de qué
marauillarse, que vn diablo parece a otro. 20
Y bien, prosiguio don Quixote, he aqui
que acabó de limpiar su trigo y de embiallo al
molino. ¿Qué hizo quando leyo la carta?
La carta, dixo Sancho, no la leyo, porque
dixo que no sabia leer ni escriuir; antes la 25
rasgó y la hizo menudas pieças, diziendo que no
la queria dar a leer a nadie, porque no se
supiessen en el lugar sus secretos, y que bastaua
lo que yo le auia dicho de palabra acerca del
amor que vuestra merced le tenia y de la 30
penitencia extraordinaria que por su causa quedaua
haziendo. Y, finalmente, me dixo que dixesse
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 67
a vuestra merced que le besaua las manos y
que alli quedaua con mas desseo de verle que
de escriuirle, y que assi le suplicaua, y mandaua,
que, vista la presente, saliesse de aquellos
matorrales y se dexasse de hazer disparates 5
y se pusiesse luego luego en camino del
Toboso, si otra cosa de mas importancia no le
sucediesse, porque tenia gran desseo de ver a
vuestra merçed. Riose mucho quando le dixe
como se llamaua vuestra merced el Cauallero 10
de la Triste Figura. Preguntele si auia ydo alla
el vizcayno de marras; dixome que si, y que
era vn hombre muy de bien. Tambien le
pregunté por los galeotes, mas dixome que no
auia visto hasta entonces alguno. 15
Todo va bien hasta agora, dixo don Quixote.
Pero dime: ¿qué joya fue la que te dio
al despedirte, por las nueuas que de mi le
lleuaste? Porque es vsada y antigua costumbre
entre los caualleros y damas andantes dar a (*) 20
los escuderos, donzellas o enanos que les
lleuan nueuas, de sus damas a ellos, a ellas de
sus andantes, alguna rica joya, en albricias, en
agradecimiento de su recado.
Bien puede esso ser assi, y yo la tengo por 25
buena vsança. Pero esso deuio (*) de ser en los
tiempos passados; que aora solo se deue de
acostumbrar a dar vn pedaço de pan y queso,
que esto fue lo que me dio mi señora Dulzinea,
por las bardas de vn corral, quando della me 30
despedi; y aun, por mas señas, era el queso
ouejuno.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68
Es liberal en estremo, dixo don Quixote, y
si no te dio joya de oro, sin duda deuio de ser
porque no la tendria alli a la mano para
dartela; pero buenas son mangas despues de Pasqua
(*); yo la vere, y se satisfara todo. ¿Sabes 5
de qué estoy marauillado, Sancho? De que me
parece que fuyste y veniste por los ayres, pues
poco mas de tres dias has tardado en yr y venir
desde aqui al Toboso, auiendo de aqui alla
mas de treynta leguas. Por lo qual me doy a 10
entender que aquel sabio nigromante que tiene
cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque
por fuerça le ay y le ha de auer, so pena que yo
no seria buen cauallero andante, digo que este
tal te deuio de ayudar a caminar sin que tu lo 15
sintiesses; que ay sabio destos que coje a vn
cauallero andante durmiendo en su cama y, sin
saber cómo o en qué manera, amanece otro dia
mas de mil leguas de donde anochecio. Y si no
fuesse por esto, no se podrian socorrer en sus 20
peligros los caualleros andantes vnos a otros,
como se socorren a cada passo. Que acaece
estar vno peleando en las sierras de Armenia
con algun endriago (*) o con algun fiero vestiglo,
o con otro cauallero, donde lleua lo peor 25
de la batalla y está ya a punto de muerte, y
quando no os me cato (*) assoma por aculla,
encima de vna nuue o sobre vn carro de fuego,
otro cauallero amigo suyo que poco antes se
hallaua en Ingalaterra (*), que le fauorece y libra 30
de la muerte, y a la noche se halla en su
posada cenando muy a su sabor, y suele auer de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 69
la vna a la otra parte dos o tres mil leguas (*).
Y todo esto se haze por industria y sabiduria
destos sabios encantadores que tienen cuydado
destos valerosos caualleros. Assi que, amigo
Sancho, no se me haze dificultoso creer que en 5
tan breue tiempo ayas ydo y venido desde este
lugar al del Toboso; pues, como tengo dicho,
algun sabio amigo te deuio de lleuar en
bolandillas, sin que tu lo sintiesses.
Assi seria, dixo Sancho, porque a buena 10
fe que andaua Rozinante como si fuera asno
de gitano con azogue en los oydos (*).
Y ¡cómo si lleuaua azogue!, dixo don
Quixote, y aun vna legion de demonios, que es
gente que camina y haze caminar sin cansarse, 15
todo aquello que se les antoja. Pero, dexando
esto aparte, ¿qué te parece a ti que deuo yo
de hazer aora, cerca de lo que mi señora me
manda que la vaya a ver?; que aunque yo
veo que estoy obligado a cumplir su 20
mandamiento, veome tambien impossibilitado del
don que he prometido a la princesa que con
nosotros viene, y fuerçame la ley de caualleria
a cumplir mi palabra antes que mi gusto. Por
vna parte, me acossa y fatiga el desseo de ver 25
a mi señora; por otra, me incita y llama la
prometida fe y la gloria que he de alcançar en
esta empresa. Pero lo que pienso hazer sera
caminar a priessa y llegar presto donde está
este gigante, y, en llegando, le cortaré la 30
cabeça y pondre a la princesa pacificamente en su
estado, y al punto dare la buelta a ver a la luz
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70
que mis sentidos alumbra. A la qual dare tales
disculpas, que ella venga a tener por buena
mi tardança, pues vera (*) que todo redunda
en aumento de su gloria y fama, pues quanta
yo he alcançado, alcanço y alcançare por las 5
armas en esta vida, toda me viene del fauor
que ella me da y de ser yo suyo.
¡Ay, dixo Sancho, y cómo está vuestra
merced lastimado de essos cascos! Pues
digame, señor, ¿piensa vuestra merced caminar 10
este camino en balde y dexar passar (*) y perder
vn tan rico y tan principal casamiento como
este, donde le dan en dote vn reyno, que a
buena verdad que he oydo dezir que tiene mas
de veynte mil leguas de contorno, y que es 15
abundantissimo de todas las cosas que son
necessarias para el sustento de la vida humana,
y que es mayor que Portugal y que Castilla
juntos? Calle, por amor de Dios, y tenga
verguença de lo que ha dicho, y tome mi consejo, 20
y perdoneme, y casesse luego en el primer
lugar que aya cura, y si no, ahi está nuestro
licenciado, que lo hara de perlas. Y aduierta
que ya tengo edad para dar consejos, y que
este que le doy le viene de molde; y (*) que 25
mas vale paxaro en mano que buytre bolando,
porque quien bien tiene y mal escoge, por bien
que se enoja, no se venga (*).
Mira, Sancho, respondio don Quixote, si
el consejo que me das de que me case es 30
porque sea luego rey, en matando al gigante, y
tenga comodo para hazerte mercedes y darte
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 71
lo prometido, hagote saber que sin casarme
podre cumplir tu desseo muy facilmente, porque
yo sacaré de adahala (*), antes de entrar
en la batalla, que, saliendo vencedor della, ya
que no me case, me han de dar vna parte del 5
reyno para que la pueda dar a quien yo
quisiere, y, en dandomela, ¿a quién quieres tu
que la de sino a ti?
Esso está claro, respondio Sancho; pero
mire vuestra merced que la escoja hazia la 10
marina, porque, si no me contentare la
viuienda, pueda embarcar mis negros vassallos y
hazer dellos lo que ya he dicho. Y vuestra
merced no se cure de yr por agora (*) a ver
a (*) mi señora Dulzinea, sino vayasse a matar 15
al gigante y concluyamos este negocio; que
por Dios que se me assienta que ha de ser de
mucha honra y de mucho prouecho.
Digote, Sancho, dixo don Quixote, que
estás en lo cierto, y que aure de tomar tu 20
consejo en quanto el yr antes con la princesa que
a ver a Dulzinea. Y auisote que no digas nada
a nadie, ni a los que con nosotros vienen, de
lo que aqui hemos departido y tratado; que
pues Dulzinea es tan recatada que no quiere 25
que se sepan sus pensamientos, no sera bien
que yo, ni otro por mi, los descubra.
Pues si esso es assi, dixo Sancho, ¿cómo
haze vuestra merced que todos los que vence
por su braço se vayan a presentar ante mi 30
señora Dulzinea, siendo esto firma de su nombre,
que la quiere bien, y que es su enamorado? Y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72
siendo forçoso que los que fueren se han de yr
a hincar de finojos ante su presencia y dezir
que van de parte de vuestra merced a dalle la
obediencia, ¿cómo se pueden encubrir los
pensamientos de entrambos? 5
¡O, qué necio y qué simple que eres!, dixo
don Quixote. ¿Tu no ves, Sancho, que esso
todo redunda en su mayor ensalçamiento?
Porque has de saber que en este nuestro estilo
de caualleria es gran honra tener vna dama 10
muchos caualleros andantes que la siruan, sin
que se estiendan mas sus pensamientos que a
seruilla, por solo ser ella quien es, sin esperar
otro premio de sus muchos y buenos desseos
sino que ella se contente de acetarlos por sus 15
caualleros.
Con essa manera de amor, dixo Sancho,
he oydo yo predicar que se ha de amar a
Nuestro Señor, por si solo, sin que nos mueua
esperança de gloria o temor de pena. Aunque 20
yo le querria amar y seruir por lo que
pudiesse.
¡Valate el diablo por villano, dixo don
Quixote, y qué de discreciones dizes a las
vezes!; no parece sino que has estudiado. 25
Pues a fe mia que no se leer, respondio
Sancho.
En esto, les dio vozes maesse Nicolas que
esperassen vn poco; que querian detenerse a
beuer en vna fontezilla (*) que alli estaua. 30
Detuuose don Quixote, con no poco gusto de
Sancho, que ya estaua cansado de mentir tanto, y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 73
temia no le cogiesse su amo a palabras; porque,
puesto que el sabia que Dulzinea era vna
labradora del Toboso, no la auia visto en toda
su vida.
Auiase en este tiempo vestido Cardenio los 5
vestidos que Dorotea traya quando la hallaron,
que, aunque no eran muy buenos, hazian mucha
ventaja a los que dexaua. Apearonse junto
a la fuente, y con lo que el cura se acomodó
en la venta satisfizieron, aunque poco, la 10
mucha hambre que todos trayan.
Estando en esto, acerto a passar por alli vn
muchacho que yua de camino, el qual,
poniendose a mirar con mucha atencion a los
que en la fuente estauan, de alli a poco 15
arremetio a don Quixote, y abraçandole por las
piernas, començo a llorar muy de proposito,
diziendo:
¡Ay, señor mio!, ¿no me conoce vuestra
merced? Pues mireme bien, que yo soy aquel 20
moço Andres que quitó vuestra merced de la
encina donde estaua atado.
Reconociole don Quixote y, asiendole por la
mano, se boluio a los que alli estauan, y dixo:
Porque vean vuestras mercedes quán de 25
importancia es auer caualleros andantes en el
mundo, que desfagan los tuertos y agrauios
que en el se hazen por los insolentes y malos
hombres que en el viuen, sepan vuestras
mercedes que los dias passados, passando yo por 30
vn bosque, oy vnos gritos y vnas vozes muy
lastimosas, como de persona afligida y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74
menesterosa; acudi luego, lleuado de mi obligacion,
hazia la parte donde me parecio que las
lamentables vozes sonauan, y hallé atado a vna
encina a este muchacho que aora está delante,
de lo que me huelgo en el alma, porque sera 5
testigo que no me dexará mentir en nada.
Digo que estaua atado a la encina, desnudo
del medio cuerpo arriba, y estauale abriendo
a açotes con las riendas de vna yegua vn
villano, que despues supe que era amo suyo; 10
y assi como yo le vi, le pregunté la causa de
tan atroz vapulamiento; respondio el zafio que
le açotaua porque era su criado, y que ciertos
descuydos que tenia nacian mas de ladron que
de simple. A lo qual este niño dixo: «Señor, 15
»no me açota sino porque le pido mi salario.
El amo replicó no se qué arengas y disculpas,
las quales, aunque de mi fueron oydas, no
fueron admitidas. En resolucion, yo le hize
desatar, y tomé juramento al villano de que le 20
lleuaria consigo y le pagaria vn real sobre
otro, y aun sahumados. ¿No es verdad todo
esto, hijo Andres? ¿No notaste con quánto
imperio se lo (*) mandé y con quánta humildad
prometio de hazer todo quanto yo le impuse, 25
y notifiqué y quise? Responde, no te turbes ni
dudes en nada; di lo que passó a estos señores,
porque se vea y considere ser del prouecho
que digo auer caualleros andantes por los
caminos. 30
Todo lo que vuestra merced ha dicho es
mucha verdad, respondio el muchacho; pero
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 75
el fin del negocio sucedio muy al reues de lo
que vuestra merced se imagina.
¿Cómo al reues?, replicó don Quixote;
¿luego no te pagó el villano?
No solo no me pagó, respondio el muchacho, 5
pero assi como vuestra merced traspuso
del bosque y quedamos solos, me boluio a atar
a la mesma (*) encina y me dio de nueuo
tantos açotes, que quedé hecho vn Sambartolome
desollado. Y a cada açote que me daua me 10
dezia vn donayre y chufeta acerca de hazer
burla de vuestra merced, que, a no sentir yo
tanto dolor, me riera de lo que dezia. En
efecto, el me paró tal, que hasta aora he estado
curandome en vn hospital del mal que el mal 15
villano entonces me hizo. De todo lo qual tiene
vuestra merced la culpa, porque si se fuera su
camino adelante y no viniera donde no le
llamauan, ni se entremetiera en negocios agenos,
mi amo se contentara con darme vna (*) o dos 20
dozenas de açotes, y luego me soltara y pagara
quanto me deuia. Mas como vuestra merced
le deshonró tan sin proposito y le dixo tantas
villanias, encendiosele la colera, y como
no la pudo vengar en vuestra merced, quando 25
se vio solo descargó sobre mi el nublado, de
modo, que me parece que no sere mas hombre
en toda mi vida.
El daño estuuo, dixo don Quixote, en
yrme yo de alli, que no me auia de yr hasta 30
dexarte pagado; porque bien deuia yo de saber,
por luengas experiencias, que no ay villano que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76
guarde palabra que [diere] (*), si el vee que
no le está bien guardalla. Pero ya te acuerdas,
Andres, que yo juré que si no te pagaua, que
auia de yr a buscarle y que le auia de hallar,
aunque se escondiesse en el vientre de la 5
vallena.
Assi es la verdad, dixo Andres, pero no
aprouechó nada.
Ahora veras si aprouecha, dixo don
Quixote. 10
Y, diziendo esto, se leuantó muy apriessa y
mandó a Sancho que enfrenasse a Rozinante,
que estaua paciendo en tanto que ellos
comian (*). Preguntole Dorotea qué era lo que
hazer queria. El le respondio que queria yr a 15
buscar al villano y castigalle de tan mal
termino y hazer pagado a Andres hasta el vltimo
marauedi, a despecho y pesar de quantos
villanos huuiesse en el mundo. A lo que ella
respondio que aduirtiesse que no podia, conforme 20
al don prometido, entremeterse en ninguna
empresa hasta acabar la suya, y que pues
esto sabia el mejor que otro alguno, que
sossegasse el pecho hasta la buelta de su reyno.
Assi es verdad, respondio don Quixote, 25
y es forçoso que Andres tenga paciencia hasta
la buelta, como vos, señora, dezis; que yo le
torno a jurar y a prometer de nueuo de no
parar hasta hazerle vengado y pagado.
No me creo dessos juramentos, dixo Andres; 30
mas quisiera tener agora con que llegar
a Seuilla, que todas las venganças del mundo;
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 77
deme, si tiene ai, algo que coma y lleue, y
quedese con Dios su merced y todos los caualleros
andantes, que tambien (*) andantes sean
ellos para consigo (*), como lo han sido para
conmigo. 5
Sacó de su repuesto Sancho vn pedaço de
pan y otro de queso, y, dandoselo al moço, le
dixo:
Tomá, hermano Andres; que a todos nos
alcança parte de vuestra desgracia. 10
Pues ¿qué parte os alcança a vos?,
preguntó Andres.
Esta parte de queso y pan que os doy,
respondio Sancho; que Dios sabe si me ha de
hazer falta o no, porque os hago saber, amigo, 15
que los escuderos de los caualleros andantes
estamos sujetos a mucha hambre y a mala
ventura, y aun a otras cosas que se sienten
mejor que se dizen.
Andres asio de su pan y queso, y, viendo 20
que nadie le daua otra cosa, abaxó su cabeça
y tomó el camino en las manos, como suele
dezirse. Bien es verdad que, al partirse, dixo a
don Quixote:
¡Por amor de Dios, señor cauallero andante 25
(*), que si otra vez me encontrare, aunque
vea que me hazen pedaços, no me socorra ni
ayude, sino dexeme con mi desgracia, que no
sera tanta que no sea mayor la que me vendra
de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios 30
maldiga, y a todos quantos caualleros andantes
han nacido en el mundo!
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78
Yuase a leuantar don Quixote para
castigalle, mas el se puso a correr de modo que
ninguno se atreuio a seguille (*). Quedó
corridissimo don Quixote del cuento de Andres, y
fue menester que los demas tuuiessen mucha 5
cuenta con no reyrse, por no acaballe de correr
del todo.
p. 79
Capitulo XXXII
Que trata de lo que sucedio en la venta a toda
la quadrilla de don Quixote.
Acabose la buena comida, ensillaron luego,
y, sin que les sucediesse cosa digna de contar, 5
llegaron otro dia a la venta, espanto y asombro
de Sancho Pança; y aunque el quisiera no entrar
en ella, no lo pudo huyr. La ventera, ventero,
su hija y Maritornes, que vieron venir a
don Quixote y a Sancho, les salieron a recebir 10
con muestras de mucha alegria, y el las recibio
con graue continente y aplauso, y dixoles que
le adereçassen otro mejor lecho que la vez
passada; a lo qual le respondio la huespeda que
como la pagasse mejor que la otra vez, que (*) 15
ella se le (*) daria de principes. Don Quixote
dixo que si haria, y, assi, le adereçaron vno
razonable en el mismo caramanchon (*) de
marras, y el se acosto luego, porque venia muy
quebrantado y falto de juyzio. No se huuo bien 20
encerrado, quando la huespeda arremetio al
barbero y, asiendole de la barba, dixo:
Para mi santiguada, que no se ha aun de
aprouechar mas de mi rabo para su barba, y
que me ha de boluer mi cola; que anda lo de 25
mi marido por essos suelos, que es vergüença,
digo, el peyne que solia yo colgar de mi buena
cola.
No se la queria dar el barbero, aunque ella
mas tiraua, hasta que el licenciado le dixo que 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80
se la diesse; que ya no era menester mas vsar
de aquella industria, sino que se descubriesse
y mostrasse en su misma forma, y dixesse a
don Quixote que quando le despojaron los
ladrones galeotes se auia (*) venido a aquella 5
venta huyendo, y que si preguntasse por el
escudero de la princesa, le dirian que ella le
auia embiado adelante a dar auiso a los de su
reyno como ella yua y lleuaua consigo al
libertador de todos. Con esto dio de buena gana la 10
cola a la ventera el barbero, y assimismo le
boluieron todos los aderentes que auia prestado
para la libertad de don Quixote. Espantaronse
todos los de la venta de la hermosura de
Dorotea, y aun del buen talle del zagal Cardenio. 15
Hizo el cura que les adereçassen de comer de
lo que en la venta huuiesse, y el huesped, con
esperança de mejor paga, con diligencia les
adereçó vna razonable comida; y a todo esto
dormia don Quixote, y fueron de parecer de no 20
despertalle, porque mas prouecho le haria por
entonces el dormir que el comer.
Trataron sobre comida, estando delante el
ventero, su muger, su hija (*), Maritornes, todos
los passageros, de la estraña locura de don 25
Quixote y del modo que le auian hallado. La
huespeda les conto lo que con el y con el
harriero les auia acontecido; y (*), mirando si
acaso estaua alli Sancho, como no le viesse,
conto todo lo de su manteamiento, de que no 30
poco gusto recibieron. Y como el cura dixesse
que los libros de cauallerias que don Quixote
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 81
auia leydo le auian buelto el juyzio, dixo el
ventero:
No se yo cómo puede ser esso; que en verdad
que, a lo que yo entiendo, no ay mejor letrado
(*) en el mundo, y que tengo ai dos o tres 5
dellos, con otros papeles, que verdaderamente
me han dado la vida, no solo a mi, sino a otros
muchos. Porque quando es tiempo de la siega,
se recogen aqui, las fiestas, muchos segadores,
y siempre ay algunos que saben (*) leer, el qual 10
coge vno destos libros en las manos, y
rodeamonos del mas de treynta, y estamosle
escuchando con tanto gusto que nos quita mil
canas; a lo menos, de mi se dezir que quando
oyo dezir aquellos furibundos y terribles golpes 15
que los caualleros pegan, que me toma gana
de hazer otro tanto, y que querria estar
oyendolos noches y dias.
Y yo ni mas ni menos, dixo la ventera,
porque nunca tengo buen rato en mi casa, 20
sino aquel que vos estays escuchando leer;
que estays tan embobado, que no os acordays
de reñir por entonces.
Assi es la verdad, dixo Maritornes; y a
buena fe que yo tambien gusto mucho de oyr 25
aquellas cosas, que son muy lindas, y mas
quando cuentan que se está la otra (*) señora
debaxo de vnos naranjos abraçada con su
cauallero, y que les está vna dueña haziendoles
la guarda, muerta de embidia y con mucho 30
sobresalto. Digo que todo esto es cosa de
mieles.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82
Y a vos ¿qué os parece, señora donzella?,
dixo el cura, hablando con la hija del ventero.
No se, señor, en mi anima, respondio ella;
tambien yo lo escucho, y en verdad que, aunque
no lo entiendo, que recibo gusto en oyllo; 5
pero no gusto yo de los golpes de que mi
padre gusta, sino de las lamentaciones que los
caualleros hazen quando estan ausentes de sus
señoras; que en verdad que algunas vezes me
hazen llorar de compassion que les tengo. 10
Luego ¿bien las remediarades vos, señora
donzella, dixo Dorotea, si por vos lloraran?
No se lo que me hiziera, respondio la
moça, solo se que ay algunas señoras de
aquellas tan crueles, que las llaman sus caualleros 15
tigres, y leones, y otras mil inmundicias.
Y ¡Iesus!, yo no se qué gente es aquella tan
desalmada y tan sin conciencia, que por no
mirar a vn hombre honrado, le dexan que se
muera, o que se buelua loco. Yo no se para 20
qué es tanto melindre; si lo hazen de honradas,
casense con ellos, que ellos no dessean otra
cosa.
¡Calla, niña!, dixo la ventera; que parece
que sabes mucho destas cosas, y no está bien 25
a las donzellas saber ni hablar tanto.
Como me lo pregunta este señor, respondio
ella, no pude dexar de respondelle.
Aora bien, dixo el cura, traedme, señor
huesped, aquessos libros; que los quiero ver. 30
Que me (*) plaze, respondio el.
Y, entrando en su aposento, sacó del vna
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 83
maletilla vieja cerrada con vna cadenilla, y,
abriendola, halló en ella tres libros grandes y
vnos papeles de muy buena letra, escritos de
mano. El primer libro que abrio vio que era
Don Cirongilio de Tracia, y el otro de Felixmarte 5
de Yrcania, y el otro la Historia del Gran
Capitan Gonçalo Hernandez de Cordoua, con
la vida de Diego Garcia de Paredes (*). Assi
como el cura leyo los dos titulos primeros,
boluio el rostro al barbero, y dixo: 10
Falta nos hazen aqui aora el ama de mi
amigo y su sobrina.
No hazen, respondio el barbero; que
tambien se yo lleuallos (*) al corral o a la
chimenea: que en verdad que ay muy buen fuego 15
en ella.
Luego ¿quiere vuestra merced quemar
mas (*) libros?, dixo el ventero.
No mas, dixo el cura, que estos dos: el de
Don Cirongilio y el de Felixmarte. 20
Pues, ¿por ventura, dixo el ventero, mis
libros son herejes o flematicos, que los quiere
quemar?
Cismaticos quereys dezir, amigo, dixo el
barbero; que no flematicos. 25
Assi es, replicó el ventero; mas si alguno
quiere quemar, sea esse del Gran Capitan y
desse Diego Garcia; que antes dexaré quemar
vn hijo que dexar quemar ninguno dessotros.
Hermano mio, dixo el cura, estos dos libros 30
son mentirosos y estan llenos de disparates
y deuaneos. Y este del Gran Capitan es historia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84
verdadera y tiene los hechos de Gonçalo
Hernandez de Cordoua; el qual, por sus muchas
y grandes hazañas merecio ser llamado de todo
el mundo Gran Capitan (*), renombre famoso y
claro y del solo merecido. Y este Diego Garcia 5
de Paredes fue vn principal cauallero, natural
de la ciudad de Truxillo, en Estremadura,
valentissimo soldado, y de tantas fuerças
naturales, que detenia con vn dedo (*) vna rueda de
molino en la mitad de su furia. Y puesto con 10
vn montante en la entrada de vna puente,
detuuo a todo vn innumerable exercito, que no
passasse por ella. Y hizo otras tales cosas, que
si como (*) el las cuenta y las escriue el,
assimismo (*) con la modestia de cauallero y de 15
coronista propio, las escriuiera otro libre y
desapassionado, pusieran en su (*) oluido las de
los Hetores (*), Aquiles y Roldanes.
¡Tomaos con mi padre!, dixo el (*) ventero;
mirad de qué se espanta, de detener vna 20
rueda de molino; por Dios, aora auia vuestra
merced de leer lo que [hizo] (*) Felixmarte de
Yrcania, que de vn reues solo partio cinco
gigantes por la cintura como si fueran hechos de
hauas, como los fraylezicos que hazen los 25
niños. Y otra vez arremetio con vn grandissimo
y poderosissimo exercito, donde lleuó mas de
vn millon y seyscientos mil soldados, todos
armados desde el pie hasta la cabeça, y los
desbarató a todos como si fueran manadas de 30
ouejas. Pues ¿qué me diran del bueno de don
Cirongilio de Tracia, que fue tan valiente y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 85
animoso como se vera en el libro, donde cuenta
(*) que nauegando por vn rio, le salio de la
mitad del agua vna serpiente de fuego, y el,
assi como la vio, se arrojó sobre ella, y se
puso a horcaxadas encima de sus escamosas 5
espaldas y la apreto con ambas manos la garganta,
con tanta fuerça que, viendo la serpiente
que la yua ahogando, no tuuo otro remedio
sino dexarse yr a lo hondo del rio, lleuandose
tras si al cauallero, que nunca la quiso soltar? 10
Y quando llegaron alla [a]baxo (*), se halló en
vnos palacios y en vnos jardines tan lindos,
que era marauilla, y luego la sierpe se boluio
en vn viejo anciano, que le dixo tantas de
cosas que no ay mas que oyr. ¡Calle, señor, que 15
si oyesse esto, se bolueria loco de plazer; dos
higas para el Gran Capitan y para esse Diego
Garcia, que dize!
Oyendo esto Dorotea, dixo callando (*) a
Cardenio: 20
Poco le falta a nuestro huesped para hazer
la segunda parte de don Quixote.
Assi me parece a mi, respondio Cardenio,
porque, segun da indicio, el tiene por cierto
que todo lo que estos libros cuentan passó ni 25
mas ni menos que lo escriuen, y no le haran
creer otra cosa frayles descalços.
Mirad, hermano, tornó a dezir el cura, que
no huuo en el mundo Felixmarte de Yrcania,
ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caualleros 30
semejantes que los libros de cauallerias
cuentan. Porque todo es compostura y ficcion de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86
ingenios ociosos que los compusieron para el
efeto que vos dezis de entretener el tiempo,
como lo entretienen leyendolos vuestros
segadores; porque, realmente, os juro que nunca
tales caualleros fueron en el mundo, ni tales 5
hazañas ni disparates acontecieron en el.
¡A otro perro con esse huesso! (*),
respondio el ventero. ¡Como si yo no supiesse
quántas son cinco y adónde me aprieta el çapato!
¡No piense vuestra merced darme papilla, 10
porque, por Dios que no soy nada blanco! (*)
¡Bueno es que quiera darme vuestra merced a
entender que todo aquello que estos buenos
libros dizen sea disparates y mentiras, estando
impresso (*) con licencia de los señores del 15
Consejo Real, como si ellos fueran gente que
auian de dexar imprimir tanta mentira junta,
y tantas batallas y tantos encantamentos, que
quitan el juyzio!
Ya os he dicho, amigo, replicó el cura, 20
que esto se haze para entretener nuestros
ociosos pensamientos; y assi como se consiente
en las republicas bien concertadas que aya
juegos de axedrez, de pelota y de trucos, para
entretener a algunos que ni tienen (*) ni deuen 25
ni pueden trabajar, assi se consiente imprimir y
que aya tales libros; creyendo, como es verdad,
que no ha de auer alguno tan ignorante que
tenga por historia verdadera ninguna (*) destos
libros. Y si me fuera licito agora (*) y el 30
auditorio lo requiriera, yo dixera cosas acerca de lo
que han de tener los libros de cauallerias para
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 87
ser buenos, que quiça fueran de prouecho y aun
de gusto para algunos; pero yo espero que
vendra tiempo en que lo pueda comunicar con
quien pueda remediallo, y en este entretanto,
creed, señor ventero, lo que os he dicho, y 5
tomad vuestros libros, y alla os auenid con sus
verdades o mentiras, y buen prouecho os hagan,
y quiera Dios que no coxeeys del pie que
coxea vuestro huesped don Quixote.
Esso no, respondio el ventero; que no 10
sere yo tan loco que me haga cauallero
andante: que bien veo que aora no se vsa lo que
se vsaua en aquel tiempo, quando se dize que
andauan por el mundo estos famosos
caualleros. 15
A la mitad desta platica se halló Sancho
presente, y quedó muy confuso y pensatiuo de
lo que auia oydo dezir: que aora no se vsauan
caualleros andantes, y que todos los libros
de cauallerias eran necedades y mentiras, y 20
propuso en su coraçon de esperar en lo que
paraua aquel viaje de su amo, y que si no salia
con la felicidad que el pensaua, determinaua
de dexalle y boluerse con su muger y sus hijos
a su acostumbrado trabajo. 25
Lleuauase la maleta y los libros el ventero,
mas el cura le dixo:
Esperad, que quiero ver qué papeles son
essos que de tan buena letra estan escritos.
Sacolos el huesped, y, dandoselos a leer, vio 30
hasta obra de ocho pliegos, escritos de mano,
y al principio tenian vn titulo grande que dezia:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88
Nouela del Curioso impertinente. Leyo el cura
para si tres o quatro renglones, y dixo:
Cierto que no me parece mal el titulo desta
nouela, y que me viene voluntad de leella
toda. 5
A lo que respondio el ventero:
Pues bien puede leella su reuerencia, porque
le hago saber que [a] algunos (*) huespedes
que aqui la han leydo les ha contentado
mucho, y me la han pedido con muchas veras; 10
mas yo no se la he querido dar, pensando
boluersela a quien aqui dexó esta maleta oluidada
con estos libros y essos papeles; que bien
puede ser que buelua su dueño por aqui algun
tiempo, y aunque se que me han de hazer falta 15
los libros, a fe que se los he de boluer; que
aunque ventero todauia soy christiano.
Vos teneys mucha razon, amigo, dixo el
cura; mas, con todo esso, si la nouela me
contenta, me la aueys de dexar trasladar. 20
De muy buena gana, respondio el ventero.
Mientras los dos esto dezian, auia tomado
Cardenio la nouela y començado a leer en
ella, y, pareciendole lo mismo que al cura, le
rogo que la leyesse de modo que todos la 25
oyessen.
Si leyera, dixo el cura, si no fuera mejor
gastar este tiempo en dormir que en leer.
Harto reposo sera para mi, dixo Dorotea,
entretener el tiempo oyendo algun cuento, 30
pues aun no tengo el espiritu tan sossegado,
que me conceda dormir quando fuera razon.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 89
Pues dessa manera, dixo el cura, quiero
leerla por curiosidad siquiera; quiça tendra
alguna (*) de gusto.
Acudio maese Nicolas a rogarle lo mesmo
(*), y Sancho tambien; lo qual visto del 5
cura, y entendiendo que a todos daria gusto
y el le recibiria (*), dixo:
Pues assi es, estenme todos atentos; que la
nouela comiença desta manera.
p. 90
Capitulo XXXIII
Donde se cuenta la nouela del Curioso
impertinente.
En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia,
en la prouincia que llaman Toscana, viuian 5
Anselmo y Lotario, dos caualleros (*) ricos y
principales, y tan amigos, que por excelencia
y antonomasia de todos los que los conocian
los dos amigos eran llamados (*). Eran solteros,
moços de vna misma edad y de vnas mismas 10
costumbres, todo lo qual era bastante causa a
que los dos con reciproca amistad se
correspondiessen. Bien es verdad que el Anselmo
era algo mas inclinado a los passatiempos
amorosos que el Lotario, al qual lleuauan tras 15
si los de la caça. Pero quando se ofrecia
dexaua Anselmo de acudir a sus gustos por seguir
los de Lotario, y Lotario dexaua los suyos
por acudir a los de Anselmo; y desta manera
andauan tan a vna sus voluntades, que no auia 20
concertado relox que assi lo anduuiesse.
Andaua Anselmo perdido de amores de vna
donzella principal y hermosa de la misma
ciudad, hija de tan buenos padres, y tan buena
ella por si, que se determinó, con el parecer 25
de su amigo Lotario, sin el qual ninguna cosa
hazia, de pedilla por esposa a sus padres; y,
assi, lo puso en execucion; y el que lleuó la
embaxada fue Lotario, y el que (*) concluyó el
negocio tan a gusto de su amigo, que en breue 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 91
tiempo se vio puesto en la possession que
desseaua, y Camila tan contenta de auer
alcançado a Anselmo por esposo, que no cessaua de
dar gracias al cielo y a Lotario, por cuyo
medio tanto bien le auia venido. 5
Los primeros dias, como todos los de boda
suelen ser alegres, continuó Lotario, como
solia, la casa de su amigo Anselmo, procurando
honralle, festejalle y regozijalle con todo
aquello que a el le fue possible. Pero acabadas las 10
bodas, y sossegada ya la frequencia de las
visitas y parabienes, començo Lotario a
descuydarse con cuydado de las ydas en casa de
Anselmo, por parecerle a el, como es razon que
parezca a todos los que fueren discretos, que 15
no se han de visitar ni continuar las casas de
los amigos casados de la misma manera que
quando eran solteros; porque aunque la buena
y verdadera amistad no puede ni deue de ser
sospechosa en nada, con todo esto es tan 20
delicada la honra del casado, que parece que se
puede ofender aun de los mesmos (*)
hermanos, quanto mas de los amigos.
Notó Anselmo la remission de Lotario, y
formó del quexas grandes, diziendole que si el 25
supiera que el casarse auia de ser parte para
no comunicalle como solia, que jamas lo huuiera
hecho; y que si por la buena correspondencia
que los dos tenian mientras el fue soltero
auian alcançado tan dulce nombre como 30
el de ser (*) llamados los dos amigos, que no
permitiesse por querer hazer del circunspecto
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92
(*), sin otra ocasion alguna, que tan famoso
y tan agradable nombre se perdiesse; y que,
assi, le suplicaua (*), si era licito que tal
termino de hablar se vsasse entre ellos, que
boluiesse a ser señor de su casa y a entrar y salir 5
en ella como de antes, asegurandole que su
esposa Camila no tenia otro gusto ni otra
voluntad que la que el queria que tuuiesse; y que
por auer sabido ella con quántas veras los dos
se amauan, estaua confusa de ver en el tanta 10
esquiueza.
A todas estas y otras muchas razones que
Anselmo dixo a Lotario para persuadille boluiesse,
como solia, a su casa, respondio Lotario
con tanta prudencia, discrecion y auiso, que 15
Anselmo quedó satisfecho de la buena intencion
de su amigo; y quedaron de concierto que
dos dias en la semana y las fiestas fuesse
Lotario a comer con el; y aunque esto quedó assi
concertado entre los dos, propuso Lotario de 20
no hazer mas de aquello que viesse que mas
conuenia a la honra de su amigo, cuyo credito
est[im]aua (*) en mas que el suyo proprio.
Dezia el, y dezia bien, que el casado a quien el
cielo auia concedido muger hermosa tanto 25
cuydado auia de tener qué amigos lleuaua a su
casa, como en mirar con qué amigas su muger
conuersaua, porque lo que no se haze ni concierta
en las plaças, ni en los templos, ni en las
fiestas publicas, ni estaciones, cosas que no 30
todas vezes las han de negar los maridos a sus
mugeres, se concierta y facilita en casa de la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 93
amiga o la parienta de quien mas satisfacion
se tiene (*).
Tambien dezia Lotario que tenian necessidad
los casados de tener cada vno algun amigo
que le aduirtiesse de los descuydos que en 5
su proceder hiziesse (*), porque suele acontecer
que con el mucho amor que el marido a la muger
tiene, o no le aduierte, o no le dize, por no
enojalla, que haga o dexe de hazer algunas
cosas, que el hazellas, o no, le seria de honra, 10
o de vituperio; de lo qual, siendo del amigo
aduertido, facilmente pondria remedio en todo.
Pero ¿dónde se hallará amigo tan discreto y
tan leal y verdadero como aqui Lotario (*) le
pide? No lo se yo, por cierto; solo Lotario era 15
este, que con toda solicitud y aduertimiento
miraua por la honra de su amigo, y procuraua
dezmar, frisar y acortar los dias del concierto
del yr a su casa, porque no pareciesse mal (*)
al vulgo ocioso, y a los ojos vagabundos y 20
maliciosos, la entrada de vn moço rico,
gentilhombre y bien nacido, y de las buenas partes
que el pensaua que tenia (*), en la casa de vna
muger tan hermosa como Camila; que, puesto
que su bondad (*) y valor podia poner freno 25
a toda maldiciente lengua, todauia no queria
poner en duda su credito ni el de su amigo, y
por esto los mas de los dias del concierto los
ocupaua y entretenia (*) en otras cosas, que el
daua a entender ser inexcusables. Assi que en 30
quexas del vno y disculpas del otro se
passauan muchos ratos y partes del dia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94
Sucedio, pues, que vno, que los dos se
andauan passeando por vn prado fuera de la
ciudad, Anselmo dixo a Lotario las semejantes
razones (*):
Pensauas (*), amigo Lotario, que a las 5
mercedes que Dios me ha hecho en hazerme hijo
de tales padres como fueron los mios, y al (*)
darme no con mano escasa los bienes, assi los
que llaman de naturaleza como los de fortuna,
no puedo yo corresponder con agradecimiento 10
que llegue al bien recebido y sobre al que (*)
me hizo en darme a ti por amigo y a Camila
por muger propria (*), dos prendas que las
estimo, si no en el grado que deuo (*), en el que
puedo. Pues con todas estas partes, que suelen 15
ser el todo con que los hombres suelen y pueden
viuir contentos, viuo yo el mas despechado
y el mas desabrido hombre de todo el vniuerso
mundo (*). Porque no se qué dias a esta
parte me fatiga y aprieta vn desseo tan estraño 20
y tan fuera del vso comun de otros, que yo me
marauillo de mi mismo (*), y me culpo, y me
riño a solas, y procuro callarlo y encubrirlo (*)
de mis proprios (*) pensamientos, y, assi, me
ha sido possible salir con este secreto (*) como 25
si de industria procurara dezillo a todo el mundo;
y pues que, en efeto, el ha de salir a plaça,
quiero que sea en la del archiuo de tu secreto,
confiado que con (*) el y con la diligencia que
pondras, como mi amigo verdadero, en remediarme, 30
yo me vere presto libre de la angustia
que me causa, y llegará mi alegria por tu
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 95
solicitud al grado que ha llegado mi descontento
por mi locura.
Suspenso tenian a Lotario las razones de
Anselmo, y no sabia en qué auia de parar tan
larga preuencion o preambulo, y aunque yua 5
reboluiendo en su imaginacion qué desseo
podria ser aquel que a su amigo tanto fatigaua,
dio siempre muy lexos del blanco de la verdad;
y por salir presto de la agonia que le causaua
aquella suspension, le dixo que hazia notorio 10
agrauio a su mucha amistad en andar buscando
rodeos para dezirle sus mas encubiertos (*)
pensamientos, pues tenia cierto que se podia
prometer del, o ya consejos para entretenellos (*),
o ya remedio para cumplillos. 15
Assi es la verdad, respondio Anselmo,
y con essa confiança te hago saber, amigo
Lotario, que el desseo que me fatiga es pensar
si Camila, mi esposa, [es tan] (*) buena y tan
perfeta como yo pienso, y no puedo enterarme 20
en esta verdad si no es prouandola de manera,
que la prueua manifieste los quilates de su
bondad, como el fuego muestra los del oro.
Porque yo tengo para mi, o amigo, que no es
vna muger mas buena de quanto es o no es 25
solicitada, y que aquella sola es fuerte que no
se (*) dobla a las promessas, a las dadiuas, a las
lagrimas y a las continuas importunidades de
los solicitos amantes. Porque, ¿qué ay que
agradecer --dezia él-- que vna muger sea buena, 30
si nadie le dize que sea mala? ¿Qué mucho que
esté recogida y temerosa la que no le dan ocasion
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 96
para que se suelte, y la que sabe que tiene
marido que, en cogiendola en la primera
desemboltura, la ha de quitar la vida? Ansi que la
que es buena por temor, o por falta de lugar,
yo no la quiero tener en aquella estima en que 5
tendre a la solicitada y perseguida que salio
con la corona del vencimiento. De modo que,
por estas razones y por otras muchas que te
pudiera dezir para acreditar y fortalecer la
opinion que tengo, desseo que Camila mi esposa 10
passe por estas dificultades y se acrisole y
quilate en el fuego de verse requerida y solicitada,
y de quien tenga valor para poner en ella sus
desseos; y si ella sale, como creo que saldra,
con la palma desta batalla, tendre yo por sin 15
ygual mi ventura. Podre yo dezir que está
colmo el vazio de mis desseos. Dire que me cupo
en suerte la muger fuerte de quien el Sabio
dize que ¿quién la hallará? Y quando esto
suceda al reues de lo que pienso, con el gusto 20
de ver que acerte en mi opinion, lleuaré sin
pena la que de razon podra causarme mi tan
costosa experiencia. Y prosupuesto que ninguna
cosa de quantas me dixeres en contra de
mi desseo ha de ser de algun prouecho para 25
dexar de ponerle por la obra, quiero, o amigo
Lotario, que te dispongas a ser el instrumento
que labre aquesta obra de mi gusto; que yo te
dare lugar para que lo hagas, sin faltarte todo
aquello que yo viere ser necessario para 30
solicitar a vna muger honesta, honrada, recogida
y desinteressada.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 97
Y mueueme, entre otras cosas, a fiar de ti
esta tan ardua empresa, el ver que si de ti es
vencida Camila, no ha de llegar el vencimiento
a todo trance y rigor, sino a solo a tener por
hecho lo que se ha de hazer (*), por buen 5
respeto, y, assi, no quedaré yo ofendido mas de
con el desseo, y mi injuria quedará escondida
en la virtud de tu silencio, que bien se que en
lo que me tocare ha de ser eterno como el de
la muerte. Assi que, si quieres que yo tenga 10
vida que pueda dezir que lo es, desde luego
has de entrar en esta amorosa batalla, no tibia
ni perezosamente, sino con el ahinco y diligencia
que mi desseo pide y con la confiança que
nuestra amistad me assegura. 15
Estas fueron las razones que Anselmo dixo a
Lotario, a todas las quales estuuo tan atento,
que, si no fueron las que quedan escritas que
le dixo, no desplego sus labios hasta que huuo
acabado, y viendo que no dezia mas, despues 20
que le estuuo mirando vn buen espacio, como
si mirara otra cosa que jamas huuiera visto,
que le causara admiracion y espanto, le dixo:
No me puedo persuadir, o amigo Anselmo,
a que no sean burlas las cosas que me has 25
dicho; que a pensar que de veras las dezias no
consintiera que tan adelante passaras, porque
con no escucharte preuiniera tu larga arenga.
Sin duda imagino, o que no me conoces, o que
yo no te conozco. Pero no: que bien se que eres 30
Anselmo y tu sabes que yo soy Lotario; el daño
está en que yo pienso que no eres el Anselmo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98
que solias, y tu deues de auer pensado que
tampoco yo soy el Lotario que deuia ser;
porque las cosas que me has dicho, ni son de
aquel Anselmo mi amigo, ni las que me pides
se han de pedir a aquel Lotario que tu conoces. 5
Porque los buenos amigos han de prouar a sus
amigos, y valerse dellos, como dixo vn poeta:
vsque ad aras; que quiso dezir que no se auian
de valer de su amistad en cosas que fuessen
contra Dios. Pues si esto sintio vn gentil de la 10
amistad, ¿quánto mejor es que lo sienta el
christiano que sabe que por ninguna humana ha de
perder la amistad diuina? Y quando el amigo
tirasse tanto la barra, que pusiesse aparte los
respetos del cielo por acudir a los de su amigo, 15
no ha de ser por cosas ligeras y de poco
momento, sino por aquellas en que vaya la honra
y la vida de su amigo. Pues dime tu aora,
Anselmo, ¿quál destas dos cosas tienes en peligro,
para que yo me auenture a complacerte y a 20
hazer vna cosa tan detestable como me pides?
Ninguna, por cierto; antes me pides, segun yo
entiendo, que procure y solicite quitarte la
honra y la vida, y quitarmela a mi juntamente.
Porque si yo he de procurar quitarte la honra, 25
claro está que te quito la vida, pues el hombre
sin honra peor es que vn muerto; y, siendo yo
el instrumento, como tu quieres que lo sea, de
tanto mal tuyo, ¿no vengo a quedar (*)
deshonrado y, por el mesmo consiguiente, sin 30
vida? Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia
de no responderme hasta que acabe de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 99
dezirte lo que se me ofreciere acerca de lo que
te ha pedido tu desseo; que tiempo quedará
para que tu me repliques y yo te escuche.
Que me plaze, dixo Anselmo; di lo que
quisieres. 5
Y Lotario prosiguio, diziendo:
Pareceme, o Anselmo, que tienes tu aora el
ingenio como el que siempre tienen los moros,
a los quales no se les puede dar a entender el
error de su secta (*) con las acotaciones de la 10
Santa Escritura, ni con razones que consistan
en especulacion del entendimiento, ni que
vayan fundadas en articulos de fe, sino que les
han de traer exemplos palpables, faciles,
intelegibles (*), demonstratiuos, indubitables, con 15
demostraciones (*) matematicas, que no se pueden
negar, como quando dizen: «Si de dos partes
»yguales quitamos partes yguales, las que
»quedan tambien son yguales.» Y quando esto no
entiendan de palabra, como en efeto no lo 20
entienden, haseles de mostrar con las manos y
ponerselo delante de los ojos, y aun con todo
esto no basta nadie con ellos a persuadirles
las verdades de mi (*) sacra religion. Y este
mesmo (*) termino y modo me conuendra vsar 25
contigo, porque el desseo que en ti ha nacido
va tan descaminado y tan fuera de todo aquello
que tenga sombra de razonable, que me parece
que ha de ser tiempo gastado (*) el que
ocupare en darte a entender tu simplicidad, que 30
por aora no le quiero dar otro nombre, y aun
estoy por dexarte en tu desatino, en pena de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100
tu mal desseo; mas no me dexa vsar deste rigor
la amistad que te tengo, la qual no consiente
que te dexe puesto en tan manifiesto peligro
de perderte.
Y porque claro lo veas, dime, Anselmo: ¿tu 5
no me has dicho que tengo de solicitar a vna
retirada, persuadir a vna honesta, ofrecer a
vna desinteressada, seruir a vna prudente? Si
que me lo has dicho. Pues si tu sabes que
tienes muger retirada, honesta, desinteressada y 10
prudente, ¿qué buscas? Y si piensas que de
todos mis assaltos ha de salir vencedora, como
saldra sin duda, ¿qué mejores titulos piensas
darle despues que los que aora tiene?; ¿o qué
sera mas despues de lo que es aora? O es que 15
tu no la tienes por la que dizes, o tu no sabes lo
que pides. Si no la tienes por lo (*) que dizes,
¿para qué quieres prouarla, sino, como a mala,
hazer della lo que mas te viniere en gusto? Mas
si es tan buena como crees, impertinente cosa 20
sera hazer experiencia de la mesma (*) verdad,
pues despues de hecha se ha de quedar con
la estimacion que primero tenia. Assi que es
razon concluyente que el intentar las cosas de
las quales antes nos puede suceder daño que 25
prouecho es de juyzios sin discurso y temerarios;
y mas quando quieren intentar aquellas
a que no son forçados ni compelidos, y que
de muy lexos traen descubierto que el
intentarlas es manifiesta locura. 30
Las cosas dificultosas se intentan por Dios,
o por el mundo, o por entrambos a dos: las
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 101
que se acometen por Dios son las que acometieron
los santos, acometiendo a viuir vida de
angeles en cuerpos humanos; las que se acometen
por respeto del mundo son las de aquellos
que passan tanta infinidad de agua, tanta 5
diuersidad de climas, tanta estrañeza de
gentes, por adquirir estos que llaman bienes de
fortuna. Y las que se intentan por Dios y por el
mundo juntamente, son aquellas de los valerosos
soldados, que apenas veen en el contrario 10
muro abierto tanto espacio quanto es el que
pudo hazer vna redonda bala de artilleria,
quando, puesto aparte todo temor, sin hazer
discurso ni aduertir al manifiesto peligro que
les amenaza, lleuados en buelo de las alas del 15
desseo de boluer por su fe, por su nacion y por
su rey, se arrojan intrepidamente por la mitad
de mil contrapuestas muertes (*) que los esperan.
Estas cosas son las que suelen intentarse,
y es honra, gloria y prouecho intentarlas, 20
aunque tan llenas de inconuenientes y peligros.
Pero la que tu dizes que quieres intentar y
poner por obra, ni te ha de alcançar gloria de
Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los
hombres; porque, puesto que salgas con ella como 25
desseas, no has de quedar ni mas vfano, ni
mas rico, ni mas honrado que estás aora; y si
no sales, te has de ver en la mayor miseria que
imaginarse pueda; porque no te ha de
aprouechar pensar entonces que no sabe nadie la 30
desgracia que te ha sucedido, porque bastará
para afligirte y deshazerte que la sepas tu
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102
mesmo (*). Y para confirmacion desta verdad, te
quiero dezir vna estancia, que hizo el famoso
poeta Luys Tansilo, en el fin de su primera parte
de las Lagrimas de san Pedro, que dize assi:
Crece el dolor y crece la verguença 5
en Pedro, quando el dia se ha mostrado,
y aunque alli no ve a nadie, se auerguença
de si mesmo (*), por ver que auia pecado:
que a vn magnanimo pecho a (*) auer verguença
no solo ha de mouerle el ser mirado; 10
que de si se auerguença quando yerra,
si bien otro no vee que cielo y tierra (*).
Assi que no escusarás con el secreto tu
dolor; antes tendras que llorar contino, si no
lagrimas de los ojos, lagrimas de sangre del 15
coraçon, como las lloraua aquel simple doctor que
nuestro poeta nos cuenta, que hizo la prueua
del vaso (*), que con mejor discurso se escusó
de hazerla el prudente Reynaldos; que puesto
que aquello sea ficcion poetica, tiene en si 20
encerrados secretos morales dignos de ser
aduertidos y entendidos e imitados. Quanto mas, que
con lo que aora pienso dezirte, acabarás de
venir en conocimiento del grande error que
quieres cometer. 25
Dime, Anselmo: si el cielo, o la suerte buena,
te huuiera hecho señor y legitimo possessor de
vn finissimo diamante, de cuya bondad y quilates
estuuiessen satisfechos quantos lapidarios
le viessen, y (*) que todos a vna voz y de comun 30
parecer dixessen que llegaua en quilates,
bondad y fineza a quanto se podia estender la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 103
naturaleza de tal piedra, y tu mesmo lo creyesses
assi, sin saber otra cosa en contrario, ¿seria
justo que te viniesse en desseo de tomar aquel
diamante, y ponerle entre vn ayunque y vn
martillo, y alli, a pura fuerça de golpes y 5
braços, prouar si es tan duro y tan fino como
dizen? Y mas, si lo pussiesses por obra; que
puesto caso que la piedra hiziesse resistencia
a tan necia prueua, no por esso se le añadiria
mas valor ni mas fama, y si se rompiesse, cosa 10
que podria ser, ¿no se perdia (*) todo? Si, por
cierto, dexando a su dueño en estimacion de
que todos le tengan por simple. Pues haz
cuenta, Anselmo amigo, que Camila es finissimo
diamante, assi en tu estimacion como en la 15
agena, y que no es razon ponerla en contingencia
de que se quiebre, pues aunque se quede con
su entereza, no puede subir a mas valor del
que aora tiene, y si faltasse y no resistiesse,
considera desde aora quál quedarias (*) sin 20
ella, y con quánta razon te podrias quexar de
ti mesmo (*), por auer sido causa de su
perdicion y la tuya.
Mira que no ay joya en el mundo que tanto
valga como la muger casta y honrada, y que 25
todo el honor de las mugeres consiste en la
opinion buena que dellas se tiene; y pues la
de tu esposa es tal, que llega al estremo de
bondad que sabes, ¿para qué quieres poner
esta verdad en duda? Mira, amigo, que la muger 30
es animal imperfecto (*) y que no se le han
de poner embaraços donde tropiece y cayga,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104
sino quitarselos y despejalle el camino de
qualquier inconueniente, para que sin pesadumbre
corra ligera a alcançar la perfecion que le falta,
que consiste en el ser virtuosa.
Cuentan los naturales que el arminio es 5
vn animalejo que tiene vna piel blanquissima,
y que, quando quieren caçarle los caçadores,
vsan deste artificio: que, sabiendo las partes
por donde suele passar y acudir, las atajan con
lodo, y despues, ojeandole, le encaminan hazia 10
aquel lugar, y assi como el arminio llega al
lodo, se está quedo y se dexa prender y
cautiuar, a trueco de no passar por el cieno y
perder y ensuziar su blancura, que la estima en
mas que la libertad y la vida (*). La honesta y 15
casta muger es arminio, y es mas que nieue
blanca y limpia la virtud de la honestidad, y
el que quisiere que no la pierda, antes la
guarde y conserue, ha de vsar de otro estilo
diferente que con el arminio se tiene, porque no 20
le han de poner delante el cieno de los regalos
y seruicios de los importunos amantes, porque
quiça, y aun sin quiça, no tiene tanta virtud
y fuerça natural que pueda por si mesma (*)
atropellar y passar por aquellos embaraços, y 25
es necessario quitarselos y ponerle delante la
limpieza de la virtud y la belleza que encierra
en si la buena fama.
Es assimesmo (*) la buena muger como espejo
de cristal (*) luziente y claro, pero está 30
sugeto a empañarse y escurecerse con qualquiera
aliento que le toque. Hase de vsar con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 105
la honesta muger el estilo que con las reliquias:
adorarlas y no tocarlas. Hase de guardar y
estimar la muger buena como se guarda y estima
vn hermoso jardin que está lleno de flores y
rosas, cuyo dueño no consiente que nadie le 5
passee (*) ni manosee; basta que desde lexos y
por entre las verjas de hierro gozen de su
fragrancia y hermosura. Finalmente, quiero
dezirte vnos versos que se me han venido a la
memoria, que los ohi en vna comedia moderna, 10
que me parece que hazen al proposito de
lo que vamos tratando. Aconsejaua vn prudente
viejo a otro, padre de vna donzella, que
la recogiesse, guardasse y encerrasse, y, entre
otras razones, le dixo estas: 15
Es de vidrio (*) la muger;
pero no se ha de prouar
si se puede o no quebrar,
porque todo podria ser.
Y es mas facil el quebrarse, 20
y no es cordura ponerse
a peligro de romperse
lo que no puede soldarse.
Y en esta opinion esten
todos, y en razon la fundo, 25
que si ay Danaes en el mundo,
ay pluuias de oro tambien.
Quanto hasta aqui te he dicho, o Anselmo,
ha sido por lo que a ti te toca; y aora es bien
que se oyga algo de lo que a mi me conuiene; 30
y si fuere largo, perdoname; que todo lo
requiere el laberinto donde te has entrado, y de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106
donde quieres que yo te saque. Tu me tienes
por amigo, y quieres quitarme la honra, cosa
que es contra toda amistad, y aun no solo
pretendes esto, sino que (*) procuras que yo te la
quite a ti. Que me la quieres quitar a mi, está 5
claro, pues quando Camila vea que yo la
solicito, como me pides, cierto está que me ha
de tener por hombre sin honra y mal mirado,
pues intento y hago vna cosa tan fuera de
aquello que el ser quien soy y tu amistad me 10
obliga. De que quieres que te la quite a ti, no
ay duda, porque viendo Camila que yo la
solicito, ha de pensar que yo he visto en ella
alguna liuiandad que me dio atreuimiento a
descubrirle mi mal desseo, y, teniendose por 15
deshonrada, te toca a ti, como a cosa suya, su
mesma (*) deshonra. Y de aqui nace lo que
comunmente se platica: que el marido de la
muger adultera, puesto que el no lo sepa ni aya
dado ocasion para que su muger no sea la que 20
deue, ni aya sido en su mano, ni en su descuydo
y poco recato estoruar su desgracia, con
todo le llaman y le nombran con nombre de
vituperio y baxo, y en cierta manera le miran
los que la maldad de su muger saben con ojos 25
de menosprecio, en cambio de mirarle con los
de lastima (*), viendo que, no por su culpa,
sino por el gusto de su mala compañera, está
en aquella desuentura.
Pero quierote dezir la causa, porque con 30
justa razon es deshonrado el marido de la
muger mala, aunque el no sepa que lo es, ni
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 107
tenga culpa, ni aya sido parte, ni dado ocasion
para que ella lo sea. Y no te canses de oyrme;
que todo ha de redundar en tu prouecho.
Quando Dios crió a nuestro primero padre en el
Parayso Terrenal, dize la Diuina Escritura que 5
infundio Dios sueño en Adan, y que, estando
durmiendo, le sacó vna costilla del lado
siniestro, de la qual formó a nuestra madre Eua; y
assi como Adan desperto y la miró, dixo: «Esta
»es carne de mi carne y huesso de mis huessos.» 10
Y Dios dixo: «Por esta dexará el hombre
»a su padre y madre, y seran dos en vna carne
»misma.» Y, entonces fue instituydo el diuino
sacramento del matrimonio, con tales lazos,
que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene 15
tanta fuerça y virtud este milagroso sacramento,
que haze que dos diferentes personas sean
vna mesma (*) carne; y aun haze mas en los
buenos casados, que, aunque tienen dos almas,
no tienen mas de vna voluntad. Y de aqui 20
viene que, como la carne de la esposa sea vna
mesma (*) con la del esposo, las manchas que
en ella caen, o los defectos (*) que se procura,
redundan en la carne del marido, aunque el
no aya dado, como queda dicho, ocasion para 25
aquel daño. Porque assi como el dolor del pie,
o de qualquier miembro del cuerpo humano,
le siente todo el cuerpo, por ser todo de vna
carne mesma (*), y la cabeça siente el daño del
touillo, sin que ella se le aya causado, assi el 30
marido es participante de la deshonra de la
muger por ser vna mesma (*) cosa con ella. Y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108
como las honras y deshonras del mundo sean
todas y nazcan de carne y sangre, y las de la
muger mala sean deste genero, es forçoso que
al marido le quepa parte dellas y sea tenido
por deshonrado sin que el lo sepa. 5
Mira, pues, o Anselmo, al peligro que te
pones en querer turbar el sossiego en que tu
buena esposa viue. Mira por quán vana e
impertinente curiosidad quieres reboluer los
humores que aora estan sossegados en el pecho 10
de tu casta esposa. Aduierte que lo que
auenturas a ganar es poco, y que lo que perderas
sera tanto, que lo dexaré en su punto, porque
me faltan palabras para encarecerlo. Pero si
todo quanto he dicho no basta a mouerte de 15
tu mal proposito, bien puedes buscar otro
instrumento de tu deshonra y desuentura; que yo
no pienso serlo, aunque por ello pierda tu
amistad, que es la mayor perdida que imaginar
puedo. 20
Calló en diziendo esto el virtuoso y
prudente Lotario, y Anselmo quedó tan confuso y
pensatiuo, que por vn buen espacio no le pudo
responder palabra; pero, en fin, le dixo:
Con la atencion que has visto he escuchado, 25
Lotario amigo, quanto has querido dezirme,
y en tus razones, exemplos y comparaciones
he visto la mucha discrecion que tienes y
el estremo de la verdadera amistad que alcanças;
y ansimesmo (*) veo y confiesso que si no 30
sigo tu parecer y me voy tras el mio, voy
huyendo del bien y corriendo tras el mal.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 109
Prosupuesto (*) esto, has de considerar que yo
padezco aora la enfermedad que suelen tener
algunas mugeres, que se les antoja comer tierra,
yesso, carbon y otras cosas peores (*), aun
asquerosas para mirarse, quanto mas para 5
comerse; assi que es menester vsar de algun
artificio para que yo sane, y esto se podia hazer
con facilidad solo con que comiences, aunque
tibia y fingidamente, a solicitar a Camila, la
qual no ha de ser tan tierna, que a los primeros 10
encuentros de con su honestidad por tierra; y
con solo este principio quedaré contento, y tu
auras cumplido con lo que deues a nuestra
amistad, no solamente dandome la vida, sino
persuadiendome de no verme sin honra. Y estás 15
obligado a hazer esto por vna razon sola, y es
que estando yo, como estoy, determinado de
poner en platica esta prueua, no has tu de
consentir que yo de cuenta de mi desatino a otra
persona, con que pondria en auentura el honor 20
que tu procuras que no pierda; y quando el
tuyo no esté en el punto que deue en la
intencion de Camila en tanto que la solicitares,
importa poco o nada, pues con breuedad, viendo
[en] ella (*) la entereza que esperamos, le 25
podras dezir la pura verdad de nuestro artificio,
con que boluera tu credito al ser primero. Y
pues tan poco auenturas y tanto contento me
puedes dar auenturandote, no lo dexes de
hazer, aunque mas inconuenientes se te pongan 30
delante, pues, como ya he dicho, con solo que
comiences dare por concluyda la causa.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 110
Viendo Lotario la resoluta voluntad de
Anselmo, y no sabiendo qué mas exemplos traerle,
ni qué mas razones mostrarle para que no
la siguiesse, y viendo que le amenazaua que
daria a otro cuenta de su mal desseo, por euitar 5
mayor mal, determinó de contentarle y hazer
lo que le pedia, con proposito e intencion
de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar
los pensamientos de Camila, quedasse Anselmo
satisfecho; y, assi, le respondio que no 10
comunicasse su pensamiento con otro alguno,
que el tomaua a su cargo aquella empresa, la
qual començaria quando a el le diesse mas
gusto. Abraçole Anselmo tierna y amorosamente,
y agradeciole su ofrecimiento, como si 15
alguna grande merced le huuiera hecho, y
quedaron de acuerdo entre los dos que desde
otro dia siguiente se començasse la obra; que
el le daria lugar y tiempo como a sus solas
pudiesse hablar a Camila, y assimesmo (*) le 20
daria dineros y joyas que darla y que ofrecerla.
Aconsejole que le diesse musicas, que escriuiesse
versos en su alabança, y que, quando el
no quisiesse tomar trabajo de hazerlos, el mesmo
(*) los haria. A todo se ofrecio Lotario, bien 25
con diferente intencion que Anselmo pensaua.
Y con este acuerdo se boluieron a casa de
Anselmo, donde hallaron a Camila con ansia y
cuydado, esperando a su esposo, porque aquel
dia tardaua en venir mas de lo acostumbrado. 30
Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en
la suya, tan contento como Lotario fue pensatiuo,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 111
no sabiendo qué traça dar para salir bien
de aquel impertinente negocio. Pero aquella
noche penso el modo que tendria para engañar
a Anselmo sin ofender a Camila; y otro dia
vino a comer con su amigo, y fue bien recebido 5
de Camila, la qual le recebia y regalaua
con mucha voluntad, por entender la buena
que su esposo le tenia.
Acabaron de comer, leuantaron los manteles,
y Anselmo dixo a Lotario que se quedasse alli 10
con Camila en tanto que el yua a vn negocio
forçoso; que dentro de hora y media bolueria.
Rogole Camila que no se fuesse, y Lotario se
ofrecio a hazerle compañia; mas nada aprouechó
con Anselmo, antes importunó a Lotario 15
que se quedasse y le aguardasse, porque tenia
que tratar con el vna cosa de mucha importancia.
Dixo tambien a Camila que no dexasse
solo a Lotario, en tanto que el boluiesse. En
efeto, el supo tan bien fingir la necessidad o 20
necedad de su ausencia, que nadie pudiera
entender que era fingida. Fuese Anselmo, y
quedaron solos a la mesa Camila y Lotario,
porque la demas gente de casa toda se auia ydo a
comer. Viose Lotario puesto en la estacada (*) 25
que su amigo desseaua, y con el enemigo
delante, que pudiera vencer, con sola su
hermosura, a vn esquadron de caualleros armados;
mirad si era razon que le temiera Lotario.
Pero lo que hizo fue poner el codo sobre 30
el braço de la silla y la mano abierta en la
mexilla, y pidiendo perdon a Camila del mal
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112
comedimiento, dixo que queria reposar vn poco
en tanto que Anselmo boluia. Camila le
respondio que mejor reposaria en el estrado que
en la silla, y, assi, le rogo se entrasse a dormir
en el. No quiso Lotario, y alli se quedó 5
dormido hasta que boluio Anselmo; el qual, como
halló a Camila en su aposento y a Lotario
durmiendo, creyó que, como se auia tardado tanto,
ya aurian tenido los dos lugar para hablar y
aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario 10
despertasse, para boluerse con el fuera y
preguntarle de su ventura.
Todo le sucedio como el quiso; Lotario
desperto, y luego salieron los dos de casa, y,
assi (*), le preguntó lo que desseaua; y le 15
respondio Lotario que no le auia parecido ser bien
que la primera vez se descubriesse del todo, y,
assi, no auia hecho otra cosa que alabar a Camila
de hermosa, diziendole que en toda la ciudad
no se trataua de otra cosa que de su hermosura 20
y discrecion; y que este le auia parecido
buen principio para entrar ganando la voluntad
y disponiendola a que otra vez le escuchasse
con gusto, vsando en esto del artificio que el
demonio vsa quando quiere engañar a alguno 25
que está puesto en atalaya de mirar por si; que
se transforma en angel de luz, siendolo el de
tinieblas, y, poniendole delante apariencias
buenas, al cabo descubre quien es, y sale con su
intencion, si a los principios no es descubierto 30
su engaño. Todo esto le contentó mucho a
Anselmo, y dixo que cada dia daria el mesmo (*)
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 113
lugar, aunque no saliesse de casa, porque en
ella se ocuparia en cosas que Camila no
pudiesse venir en conocimiento de su artificio.
Sucedio, pues, que se passaron muchos dias
que, sin dezir Lotario palabra a Camila, 5
respondia a Anselmo que la hablaua, y jamas
podia sacar della vna pequeña muestra de venir
en ninguna cosa que mala fuesse, ni aun dar
vna señal de sombra de esperança; antes dezia
que le amenazaua que si de aquel mal pensamiento 10
no se quitaua, que lo auia de dezir a su
esposo.
Bien está, dixo Anselmo; hasta aqui ha
resistido Camila a las palabras; es menester ver
cómo resiste a las obras: yo os dare mañana 15
dos mil escudos de oro para que se los ofrezcays
y aun se los deys, y otros tantos para que
compreys joyas con que cebarla; que las mugeres
suelen ser aficionadas, y mas si son hermosas,
por mas castas que sean, a esto de traerse 20
bien y andar galanas; y si ella resiste a esta
tentacion, yo quedaré satisfecho y no os dare
mas pesadumbre.
Lotario respondio que ya que auia començado,
que el lleuaria hasta el fin aquella empresa, 25
puesto que entendia salir della cansado
y vencido. Otro dia recibio los quatro mil
escudos, y con ellos quatro mil confusiones,
porque no sabia qué dezirse para mentir de nueuo;
pero, en efeto, determinó de dezirle que Camila 30
estaua tan entera a las dadiuas y promessas
como a las palabras, y que no auia para qué
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114
cansarse mas, porque todo el tiempo se
gastaua en balde.
Pero la suerte, que las cosas guiaua de otra
manera, ordenó que, auiendo dexado Anselmo
solos a Lotario y a Camila, como otras vezes 5
solia, el se encerro en vn aposento, y por los
agujeros de la cerradura estuuo mirando y
escuchando lo que los dos tratauan, y vio que en
mas de media hora Lotario no habló palabra
a Camila, ni se la hablara si alli estuuiera vn 10
siglo. Y cayó en la cuenta de que quanto su
amigo le auia dicho de las respuestas de Camila
todo era ficcion y mentira. Y para ver si esto
era ansi, salio del aposento, y, llamando a
Lotario a parte, le preguntó qué nueuas auia y de 15
qué temple estaua Camila. Lotario le respondio
que no pensaua mas darle puntada en aquel
negocio, porque respondia tan aspera y
dessabridamente, que no tendria animo para boluer
a dezirle cosa alguna. 20
¡Ha!, dixo Anselmo, ¡Lotario, Lotario, y
quán mal correspondes a lo que me deues y a
lo mucho que de ti confio! Aora te he estado
mirando por el lugar que concede la entrada
desta llaue, y he visto que no has dicho palabra 25
a Camila, por donde me doy a entender que
aun las primeras le tienes por dezir; y si esto
es assi, como sin duda lo es, ¿para qué me
engañas? O ¿por qué quieres quitarme con tu
industria los medios que yo podria hallar para 30
conseguir mi desseo?
No dixo mas Anselmo, pero bastó lo que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 115
auia dicho para dexar corrido y confuso a
Lotario. El qual, casi como tomando por punto
de honra el auer sido hallado en mentira, juró
a Anselmo que desde aquel momento tomaua
tan a su cargo el contentalle y no mentille, qual 5
lo veria, si con curiosidad lo espiaua; quanto
mas que no seria menester vsar de ninguna
diligencia, porque la que el pensaua poner en
satisfazelle le quitaria de toda sospecha.
Creyole Anselmo, y para dalle comodidad mas 10
segura y menos sobresaltada, determinó de hazer
ausencia de su casa por ocho dias, yendose
a la de vn amigo suyo que estaua en vna aldea,
no lexos de la ciudad. Con el qual amigo
concerto que le embiasse a llamar con muchas 15
veras, para tener ocasion con Camila de
su partida.
¡Desdichado y mal aduertido de ti, Anselmo!
¿Qué es lo que hazes?, ¿qué es lo que traças?,
¿qué es lo que ordenas? Mira que hazes 20
contra ti mismo, traçando tu deshonra y ordenando
tu perdicion. Buena es tu esposa Camila,
quieta y sossegadamente la possees, nadie
sobresalta tu gusto, sus pensamientos no salen
de las paredes de su casa, tu eres su cielo en 25
la tierra, el blanco de sus desseos, el
cumplimiento de sus gustos y la medida por donde
mide su voluntad, ajustandola en todo con la
tuya y con la del cielo. Pues si la mina de su
honor, hermosura, honestidad y recogimiento 30
te da sin ningun trabajo toda la riqueza que
tiene y tu puedes dessear, ¿para qué quieres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116
ahondar la tierra y buscar nueuas vetas de
nueuo y nunca visto tesoro, poniendote a
peligro que toda venga abaxo, pues, en fin, se
sustenta sobre los debiles arrimos de su flaca
naturaleza? Mira que el que busca lo impossible 5
es justo que lo possible se le niegue, como
lo dixo mejor vn poeta, diziendo:
Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prision libertad, 10
en lo cerrado salida
y en el traydor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamas espero algun bien,
con el cielo ha estatuydo 15
que, pues lo impossible pido,
lo possible aun no me den.
Fuese otro dia Anselmo a la aldea, dexando
dicho a Camila que el tiempo que el estuuiesse
ausente vendria Lotario a mirar por su casa y 20
a comer con ella; que tuuiesse cuydado de
tratalle como a su mesma (*) persona. Afligiose
Camila, como muger discreta y honrada, de la
orden que su marido le dexaua, y dixole que
aduirtiesse que no estaua bien que nadie, el 25
ausente, ocupasse la silla de su mesa, y que si
lo hazia por no tener confiança que ella sabria
gouernar su casa, que prouasse por aquella
vez, y veria por experiencia como para mayores
cuydados era bastante. Anselmo le replicó 30
que aquel era su gusto y que no tenia mas que
hazer que baxar la cabeça y obedecelle. Camila
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 117
dixo que ansi lo haria, aunque contra su
voluntad.
Partiose Anselmo, y otro dia vino a su casa
Lotario, donde fue rescebido (*) de Camila con
amoroso y honesto acogimiento. La qual jamas 5
se puso en parte donde Lotario la viesse
a solas, porque siempre andaua rodeada de
sus criados y criadas, especialmente de vna
donzella suya, llamada Leonela, a quien ella
mucho queria por auerse criado desde niñas 10
las dos juntas en casa de los padres de
Camila, y quando se casó con Anselmo la truxo
consigo. En los tres dias primeros nunca
Lotario le dixo nada, aunque pudiera, quando se
leuantauan los manteles y la gente se yua a 15
comer con mucha priessa, porque assi se lo
tenia mandado Camila. Y aun tenia orden
Leonela que comiesse primero que Camila, y
que de su lado jamas se quitasse; mas ella,
que en otras cosas de su gusto tenia puesto el 20
pensamiento y auia menester aquellas horas y
aquel lugar para ocuparle en sus contentos, no
cumplia todas vezes el mandamiento de su
señora; antes los dexaua solos, como si aquello
le vuieran mandado. Mas la honesta presencia 25
de Camila, la grauedad de su rostro, la
compostura de su persona era tanta, que ponia
freno a la lengua de Lotario. Pero el prouecho
que las muchas virtudes de Camila hizieron,
poniendo silencio en la lengua de Lotario, 30
redundó mas en daño de los dos, porque si la
lengua callaua (*), el pensamiento discurria, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118
tenia lugar de contemplar parte por parte
todos los estremos de bondad y de hermosura
que Camila tenia, bastantes a enamorar vna
estatua de marmol, no que (*) vn coraçon de
carne. 5
Mirauala Lotario en el lugar y espacio que
auia de hablarla, y consideraua quán digna era
de ser amada, y esta consideracion començo
poco a poco a dar assaltos (*) a los respectos
que a Anselmo tenia (*), y mil vezes quiso 10
ausentarse de la ciudad y yrse donde jamas
Anselmo le viesse a el, ni el viesse a Camila; mas
ya le hazia impedimento y detenia el gusto que
hallaua en mirarla. Haziase fuerça y peleaua
consigo mismo por desechar y no sentir el 15
contento que le lleuaua a mirar a Camila.
Culpauase a solas de su desatino, llamauase mal
amigo y aun mal christiano. Hazia discursos y
comparaciones entre el y Anselmo, y todos
parauan en dezir que mas auia sido la locura 20
y confiança de Anselmo que su poca fidelidad.
Y que si assi tuuiera disculpa para con Dios
como para con los hombres de lo que pensaua
hazer, que no temiera pena por su culpa.
En efecto (*), la hermosura y la bondad de 25
Camila, juntamente con la ocasion que el ignorante
marido le auia puesto en las manos, dieron
con la lealtad de Lotario en tierra. Y, sin
mirar a otra cosa que aquella a que su gusto
le inclinaua, al cabo de tres dias de la ausencia 30
de Anselmo, en los quales estuuo en continua
batalla por resistir a sus desseos, començo a
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 119
requebrar a Camila con tanta turbacion y con
tan amorosas razones, que Camila quedó
suspensa, y no hizo otra cosa que leuantarse de
donde estaua y entrarse en su aposento sin
respondelle palabra alguna. Mas no por esta 5
sequedad se desmayó en Lotario la esperança,
que siempre nace juntamente con el amor;
antes tuuo en mas a Camila. La qual, auiendo
visto en Lotario lo que jamas pensara, no sabia
qué hazerse. Y, pareciendole no ser cosa 10
segura ni bien hecha darle ocasion ni lugar a
que otra vez la hablasse, determinó de embiar
aquella mesma (*) noche, como lo hizo, a vn
criado suyo con vn villete a Anselmo, donde
le escriuio estas razones: 15
p. 120
Capitulo XXXIV
Donde se prosigue la nouela del Curioso
impertinente.
Assi como suele dezirse que parece mal el
exercito sin su general y el castillo sin su 5
castellano, digo yo que parece muy peor la
muger casada y moça sin su marido, quando
justissimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo
tan mal sin vos, y tan impossibilitada de no
poder (*) sufrir esta ausencia, que si presto no 10
venis me aure de yr a entretener en casa de
mis padres, aunque dexe sin guarda la vuestra
(*). Porque la que me dexastes, si es que
quedó con tal titulo, creo que mira mas por su
gusto que por lo que a vos os toca, y pues soys 15
discreto, no tengo mas que deziros, ni aun es
bien que mas os diga.
Esta carta recibio Anselmo, y entendio por
ella que Lotario auia ya començado la
empresa, y que Camila deuia de auer respondido 20
como el desseaua. Y, alegre sobremanera de
tales nueuas, respondio a Camila, de palabra,
que no hiziesse mudamiento de su casa en
modo alguno (*), porque el bolueria con mucha
breuedad. Admirada quedó Camila de la respuesta 25
de Anselmo, que la puso en mas confusion
que primero, porque ni se atreuia a estar
en su casa, ni menos yrse a la de sus padres,
porque en la quedada corria peligro su
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 121
honestidad, y en la yda yua contra el mandamiento
de su esposo.
En fin, se resoluio en lo que le estuuo peor,
que fue en el quedarse, con determinacion de
no huyr la presencia de Lotario, por no dar 5
que dezir a sus criados; y ya le pesaua de
auer escrito lo que escriuio a su esposo,
temerosa de que no pensasse que Lotario auia visto
en ella alguna desemboltura que le vuiesse
mouido a no guardalle el decoro que deuia. 10
Pero, fiada en su bondad, se fio en Dios y
en su buen pensamiento, con que pensaua
resistir callando a todo aquello que Lotario
dezirle quisiesse, sin dar mas cuenta a su
marido, por no ponerle en alguna pendencia y 15
trabajo.
Y aun andaua buscando manera como disculpar
a Lotario con Anselmo, quando le preguntasse
la ocasion que le auia mouido a escriuirle
aquel papel. Con estos pensamientos, mas 20
honrados que acertados ni prouechosos, estuuo
otro dia escuchando a Lotario, el qual cargó la
mano de manera, que començo a titubear la
firmeza de Camila, y su honestidad tuuo harto
que hazer en acudir a los ojos, para que no 25
diessen muestra (*) de alguna amorosa
compassion que las lagrimas y las razones de
Lotario en su pecho auian despertado. Todo esto
notaua Lotario y todo le encendia.
Finalmente, a el le pareció que era menester, 30
en el espacio y lugar que daua la ausencia de
Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122
Y, assi, acometio a su presuncion (*) con las
alabanças de su hermosura, porque no ay
cosa que mas presto rinda y allane las
encastilladas torres de la vanidad de las hermosas
que la mesma (*) vanidad, puesta en las 5
lenguas de la adulacion. En efecto (*), el, con
toda diligencia, minó la roca de su entereza
con tales pertrechos, que, aunque Camila fuera
toda de bronze, viniera al suelo. Lloró, rogo,
ofrecio, aduló, porfió y fingio Lotario con 10
tantos sentimientos, con muestras de tantas veras,
que dio al traues con el recato de Camila y
vino a triunfar de lo que menos se pensaua
y mas desseaua. Rindiose Camila; Camila se
rindio; pero ¿qué mucho si la amistad de 15
Lotario no quedó en pie? Exemplo claro que nos
muestra que solo se vence la passion amorosa
con huylla, y que nadie se ha de poner a
braços con tan poderoso enemigo, porque es (*)
menester fuerças diuinas para vencer las suyas 20
humanas. Solo supo Leonela la flaqueza de
su señora, porque no se la pudieron encubrir
los dos malos amigos y nueuos amantes. No
quiso Lotario dezir a Camila la pretension de
Anselmo, ni que el le auia dado lugar para 25
llegar a aquel punto, porque no tuuiesse en
menos su amor, y pensasse que assi, acaso
y sin pensar, y no de proposito, la auia
solicitado.
Boluio de alli a pocos dias Anselmo a su 30
casa, y no echó de ver lo que faltaua en ella,
que era lo que en menos tenia y mas estimaua.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 123
Fuese luego a ver a Lotario, y hallole
en su casa; abraçaronse los dos, y el vno
preguntó por las nueuas de su vida o de su
muerte.
Las nueuas que te podre dar, o amigo 5
Anselmo, dixo Lotario, son de que tienes vna
muger que dignamente puede ser exemplo y
corona de todas las mugeres buenas. Las palabras
que le he dicho se las ha lleuado el ayre;
los ofrecimientos se han tenido en poco; las 10
dadiuas no se han admitido; de algunas lagrimas
fingidas mias se ha hecho burla notable.
En resolucion: assi como Camila es cifra de
toda belleza, es archiuo donde assiste la
honestidad y viue el comedimiento y el recato y 15
todas las virtudes que pueden hazer loable y bien
afortunada a vna honrada muger. Buelue a
tomar tus dineros, amigo; que aqui los tengo
sin auer tenido necessidad de tocar a ellos, que
la entereza de Camila no se rinde a cosas tan 20
baxas como son dadiuas ni promessas. Contentate,
Anselmo, y no quieras hazer mas prueuas
de las hechas. Y, pues a pie enxuto has passado
el mar de las dificultades y sospechas que de
las mugeres suelen y pueden tenerse, no quieras 25
entrar de nueuo en el profundo pielago de
nueuos inconuenientes, ni quieras hazer experiencia
con otro piloto de la bondad y fortaleza
del nauio que el cielo te dio en suerte para
que en el passasses la mar deste mundo, sino 30
haz cuenta que estás ya en seguro puerto, y
aferrate con las ancoras de la buena
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124
consideracion, y dexate estar hasta que te vengan a
pedir la deuda que no ay hidalguia humana
que de pagarla se escuse.
Contentissimo quedó Anselmo de las razones
de Lotario, y assi se las creyo como si fueran 5
dichas por algun oraculo. Pero, con todo esso,
le rogo que no dexasse la empresa, aunque no
fuesse mas de por curiosidad y entretenimiento,
aunque no se aprouechasse de alli adelante
de tan ahincadas diligencias como hasta 10
entonces. Y que solo queria que le escriuiesse
algunos versos en su alabança, debaxo del nombre
de Clori, porque el le daria a entender a
Camila que andaua enamorado de vna dama, a
quien le auia puesto aquel nombre, por poder 15
celebrarla con el decoro que a su honestidad
se le deuia. Y que, quando Lotario no quisiera
tomar trabajo de escriuir los versos, que el los
haria.
No sera menester esso, dixo Lotario, pues 20
no me son tan enemigas las musas, que algunos
ratos del año no me visiten. Dile tu a Camila
lo que has dicho del fingimiento de mis amores;
que los versos yo los hare, si no tan buenos
como el subjeto (*) merece, seran, por lo menos, 25
los mejores que yo pudiere.
Quedaron deste acuerdo el impertinente y el
traydor amigo. Y buelto [Anselmo] (*) a su casa,
preguntó a Camila lo que ella ya se marauillaua
que no se lo vuiesse preguntado: que fue que 30
le dixesse la ocasion por que le auia escrito
el papel que le embió. Camila le respondio que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 125
le auia parecido que Lotario la miraua vn poco
mas desembueltamente que quando el estaua
en casa; pero que ya estaua desengañada y
creya que auia sido imaginacion suya, porque
ya Lotario huya de vella y de estar con ella a 5
solas. Dixole Anselmo que bien podia estar
segura de aquella sospecha, porque el sabia que
Lotario andaua enamorado de vna donzella
principal de la ciudad, a quien el celebraua
debaxo del nombre de Clori, y que, aunque no lo 10
estuuiera, no auia que temer de la verdad (*) de
Lotario y de la mucha amistad de entrambos.
Y, a no estar auisada Camila de Lotario de
que eran fingidos aquellos amores de Clori, y
que el se lo auia dicho a Anselmo por poder 15
ocuparse algunos ratos en las mismas alabanças
de Camila, ella sin duda cayera en la
desesperada red de los zelos; mas por estar
ya aduertida passó aquel sobresalto sin
pesadumbre. 20
Otro dia, estando los tres sobre mesa, rogo
Anselmo a Lotario dixesse alguna cosa de las
que auia compuesto a su amada Clori; que
pues Camila no la conocia, seguramente podia
dezir lo que quisiesse. 25
Aunque la conociera, respondio Lotario,
no encubriera yo nada, porque quando algun
amante loa a su dama de hermosa y la nota
de cruel, ningun oprobrio haze a su buen credito.
Pero sea lo que fuere, lo que se dezir (*), 30
que ayer hize vn soneto a la ingratitud desta
Clori, que dize ansi:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126
SONETO
En el silencio de la noche, quando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando. 5
Y al tiempo quando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con suspiros y acentos desiguales
voy la antigua querella renouando.
Y quando el sol, de su estrellado assiento 10
derechos rayos a la tierra embia,
el llanto crece y doblo los gemidos.
Buelue la noche, y bueluo al triste cuento,
y siempre hallo, en mi mortal porfia,
al cielo, sordo; a Clori, sin oydos (*). 15
Bien le parecio el soneto a Camila, pero
mejor a Anselmo, pues le alabó y dixo que era
demasiadamente cruel la dama que a tan claras
verdades no correspondia. A lo que dixo
Camila: 20
Luego ¿todo aquello que los poetas
enamorados dizen, es verdad?
En quanto poetas, no la dizen, respondio
Lotario; mas en quanto enamorados, siempre
quedan tan cortos como verdaderos. 25
No ay duda desso, replicó Anselmo, todo
por apoyar y acreditar los pensamientos de
Lotario con Camila, tan descuydada del artificio
de Anselmo, como ya enamorada de Lotario.
Y, assi, con el gusto que de sus cosas tenia, y 30
mas, teniendo por entendido que sus desseos y
escritos a ella se encaminauan, y que ella era
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 127
la verdadera Clori, le rogo que si otro soneto
o otros versos sabia, los dixesse.
Si se, respondio Lotario, pero no creo que
es tan bueno como el primero, o, por mejor
dezir, menos malo. Y podreyslo bien juzgar, pues 5
es este:
SONETO
Yo se que muero, y si no soy creydo,
es mas cierto el morir, como es mas cierto
verme a tus pies, ¡o bella ingrata!, muerto 10
antes que de adorarte arrepentido.
Podre yo verme en la region de oluido,
de vida y gloria y de fauor desierto,
y alli verse podra en mi pecho abierto
como tu hermoso rostro está esculpido. 15
Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfia,
que en tu mismo (*) rigor se fortaleze.
¡Ay de aquel que nauega, el cielo escuro,
por mar no vsado y peligrosa via, 20
adonde norte o puerto no se ofrece! (*)
Tambien alabó este segundo soneto Anselmo,
como auia hecho el primero, y desta manera
yua añadiendo eslauon a eslauon a la
cadena con que se enlazaua y trauaua su 25
deshonra, pues quando mas Lotario le deshonraua,
entonces le dezia que estaua mas honrado. Y
con esto, todos los escalones que Camila baxaua
(*) hazia el centro de su menosprecio, los
subia, en la opinion de su marido, hazia la 30
cumbre de la virtud y de su buena fama.
Sucedio en esto, que hallandose vna vez, entre
otras, sola Camila con su donzella, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 128
Corrida estoy, amiga Leonela, de ver en
quán poco he sabido estimarme, pues siquiera
no hize que, con el tiempo, comprara Lotario la
entera possession que le di tan presto de mi
voluntad. Temo que ha de estimar (*) mi presteza 5
o ligereza, sin que eche de ver la fuerça
que el me hizo para no poder resistirle.
No te de pena esso, señora mia, respondio
Leonela; que no está la monta, ni es causa
para menguar (*) la estimacion, darse lo que se 10
da presto, si, en efecto (*), lo que se da es
bueno, y ello por si digno de estimarse. Y aun
suele dezirse que el que luego da, da dos vezes.
Tambien se suele dezir, dixo Camila, que
lo que cuesta poco se estima en menos. 15
No corre por ti essa razon, respondio
Leonela, porque el amor, segun he oydo dezir,
vnas vezes buela y otras anda, con este corre
y con aquel va despacio, a vnos entibia y a
otros abrasa, a vnos hiere y a otros mata. En 20
vn mesmo (*) punto comiença la carrera de sus
desseos, y en aquel mesmo (*) punto la acaba
y concluye. Por la mañana suele poner el cerco
a vna fortaleza, y a la noche la tiene rendida,
porque no ay fuerça que le resista (*). Y, siendo 25
assi, ¿de qué te espantas, o de qué temes, si
lo mismo deue de auer acontecido a Lotario,
auiendo tomado el amor por instrumento de
rendirnos (*) la ausencia de mi señor? Y era
forçoso que en ella se concluyesse lo que el amor 30
tenia determinado, sin dar tiempo al tiempo (*),
para que Anselmo le tuuiesse de boluer y con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 129
su presencia quedasse imperfecta (*) la obra.
Porque el amor no tiene otro mejor ministro
para executar lo que dessea que es la ocasion;
de la ocasion se sirue en todos sus hechos,
principalmente en los principios. Todo esto se yo 5
muy bien, mas de experiencia que de oydas; y
algun dia te lo dire, señora, que yo tambien soy
de carne, y de sangre moça. Quanto mas, señora
Camila, que no te entregaste, ni diste tan
luego, que primero no vuiesses visto en los 10
ojos, en los suspiros, en las razones y en las
promessas y dadiuas de Lotario toda su alma,
viendo en ella y en sus virtudes quán digno
era Lotario de ser amado. Pues si esto es ansi,
no te assalten la imaginacion essos escrupulosos 15
y melindrosos pensamientos, sino assegurate
que Lotario te estima como tu le estimas
a el, y viue con contento y satisfacion de que
ya que cayste en el lazo amoroso, es el que te
aprieta de valor y de estima. Y que no solo 20
tiene las quatro SS que dizen que han de tener
los buenos enamorados (*), sino todo vn A B C
entero; si no, escuchame y veras como te le (*)
digo de coro: El es, segun yo veo y a mi me
parece, agradecido, bueno, cauallero, dadiuoso, 25
enamorado, firme, gallardo, honrado, ilustre,
leal, moço, noble, honesto, principal, quantioso,
rico; y las SS que dizen. Y luego, tacito,
verdadero. La X no le quadra, porque es letra
aspera. La Y ya está dicha. La Z, zelador de tu 30
honra.
Riose Camila del A B C de su donzella, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130
tuuola por mas platica en las cosas de amor que
ella dezia. Y, assi, lo confesso ella,
descubriendo a Camila como trataua amores con vn
mancebo bien nacido, de la mesma (*) ciudad. De lo
qual se turbó Camila, temiendo que era aquel 5
camino por donde su honra podia correr riesgo.
Apurola si passauan sus platicas a mas que
serlo. Ella, con poca verguença y mucha
desemboltura, le respondio que si passauan.
Porque es cosa ya cierta que los descuydos de las 10
señoras quitan la verguença a las criadas, las
quales, quando ven a las amas echar traspies,
no se les da nada a ellas de coxear, ni de que
lo sepan.
No pudo hazer otra cosa Camila sino rogar 15
a Leonela no dixesse nada de su hecho al que
dezia ser su amante, y que tratasse sus cosas
con secreto, porque no viniessen a noticia de
Anselmo ni de Lotario. Leonela respondio que
assi lo haria; mas cumpliolo de manera, que 20
hizo cierto el temor de Camila de que por ella
auia de perder su credito. Porque la deshonesta
y atreuida Leonela, despues que vio que el
proceder de su ama no era el que solia,
atreuiose a entrar y poner dentro de casa a su 25
amante, confiada que, aunque su señora le
viesse, no auia de osar descubrille (*).
Que este daño acarrean, entre otros, los
pecados de las señoras, que se hazen esclauas de
sus mesmas (*) criadas, y se obligan a 30
encubrirles sus deshonestidades y vilezas, como
acontecio con Camila; que, aunque vio vna y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 131
muchas vezes que su Leonela estaua con su galan
en vn aposento de su casa, no solo no la osaua
reñir, mas dauale lugar a que lo encerrasse,
y quitauale todos los estoruos para que no
fuesse visto de su marido. Pero no los pudo 5
quitar, que Lotario no le viesse vna vez salir, al
romper del alua, el qual, sin conocer quién era,
penso primero que deuia de ser alguna fantasma.
Mas quando le vio caminar, emboçarse y
encubrirse con cuydado y recato, cayo de su 10
simple pensamiento y dio en otro, que fuera la
perdicion de todos, si Camila no lo remediara.
Penso Lotario que aquel hombre que auia visto
salir tan a deshora de casa de Anselmo no
auia entrado en ella por Leonela, ni aun se 15
acordo si Leonela era en el mundo. Solo creyo
que Camila, de la misma manera que auia sido
facil y ligera con el, lo era para otro; que estas
añadiduras trae consigo la maldad de la muger
mala, que pierde el credito de su honra con el 20
mesmo (*) a quien se entregó rogada y persuadida,
y cree que con mayor facilidad se entrega
a otros, y da infalible credito a qualquiera
sospecha que desto le venga. Y no parece
sino que le faltó a Lotario en este punto todo 25
su buen entendimiento, y se le fueron de la
memoria todos sus aduertidos discursos, pues
sin hazer alguno que bueno fuesse, ni aun
razonable, sin mas ni mas, antes que Anselmo
se leuantasse, impaciente y ciego de la 30
zelosa rabia, que las entrañas le roya,
muriendo por vengarse de Camila, que en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132
ninguna cosa le auia ofendido, se fue a Anselmo
y le dixo:
Sabete, Anselmo, que ha muchos dias que
he andado peleando conmigo mesmo (*),
haziendome fuerça a no dezirte lo que ya no es 5
possible ni justo que mas te encubra. Sabete
que la fortaleza de Camila está ya rendida y
sugeta a todo aquello que yo quisiere hazer della,
y si he tardado en descubrirte esta verdad, ha
sido por ver si era algun liuiano antojo suyo, o 10
si lo hazia por prouarme y ver si eran con
proposito firme tratados los amores que, con tu
licencia, con ella he començado. Crey ansimismo
que ella, si fuera la que deuia y la que
entrambos pensauamos, ya te vuiera dado cuenta 15
de mi solicitud; pero auiendo visto que se
tarda, conozco que son verdaderas las promessas
que me ha dado de que, quando otra vez
hagas ausencia de tu casa, me hablará en la
recamara donde está el repuesto de tus alhajas 20
--y era la verdad que alli le solia hablar
Camila--, y no quiero que precipitosamente corras
a hazer alguna vengança, pues no esta aun
cometido el pecado sino con pensamiento, y
podria ser que desde este hasta (*) el tiempo de 25
ponerle por obra se mudasse el de Camila, y
naciesse en su lugar el arrepentimiento. Y assi,
ya que en todo o en parte has seguido siempre
mis consejos, sigue y guarda vno que aora te
dire, para que sin engaño y con medroso 30
aduertimento (*) te satisfagas de aquello que mas
vieres que te conuenga. Finge que te ausentas
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 133
por dos o tres dias, como otras vezes sueles, y
haz de manera que te quedes escondido en tu
recamara, pues los tapizes que alli ay, y otras
cosas con que te puedas encubrir, te ofrecen
mucha comodidad, y entonces veras por tus 5
mismos ojos, y yo por los mios, lo que Camila
quiere; y si fuere la maldad, que se puede
temer antes que esperar, con silencio, sagacidad
y discrecion podras ser el verdugo de tu
agrauio. 10
Absorto, suspenso y admirado quedó Anselmo
con las razones de Lotario, porque le
cogieron en tiempo donde menos las esperaua
oyr, porque ya tenia a Camila por vencedora
de los fingidos assaltos de Lotario, y començaua 15
a gozar la gloria del vencimiento. Callando
estuuo por vn buen espacio, mirando al suelo
sin mouer pestaña, y al cabo dixo:
Tu lo has hecho, Lotario, como yo esperaua
de tu amistad; en todo he de seguir tu 20
consejo; haz lo que quisieres, y guarda aquel
secreto que ves que conuiene en caso tan no
pensado.
Prometioselo Lotario, y, en apartandose del,
se arrepintio totalmente de quanto le auia dicho, 25
viendo quán neciamente auia andado, pues
pudiera el vengarse de Camila, y no por
camino tan cruel y tan deshonrado. Maldezia su
entendimiento, afeaua su ligera determinacion, y
no sabia qué medio tomarse para deshazer lo 30
hecho, o para dalle alguna razonable salida.
Al fin acordo de dar cuenta de todo a Camila,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134
y como no faltaua lugar para poderlo hazer,
aquel mismo dia la halló sola, y [ella] (*), assi
como vio que le podia hablar, le dixo:
Sabed, amigo Lotario, que tengo vna pena
en el coraçon, que me le aprieta de suerte, que 5
parece que quiere rebentar en el pecho, y ha
de ser marauilla si no lo haze. Pues ha llegado
la desuerguença de Leonela a tanto, que cada
noche encierra a vn galan suyo en esta casa, y
se está con el hasta el dia, tan a costa de mi 10
credito, quanto le quedará campo abierto de
juzgarlo al que le viere salir a horas tan
inusitadas de mi casa; y lo que me fatiga es que no
la puedo castigar ni reñir; que el ser ella
secretario de nuestros tratos me ha puesto vn freno 15
en la boca para callar los suyos, y temo que de
aqui ha de nacer algun mal sucesso.
Al principio que Camila esto dezia creyo
Lotario que era artificio para desmentille que
el hombre que auia visto salir era de Leonela, 20
y no suyo; pero viendola llorar y afligirse y
pedirle remedio, vino a creer la verdad, y, en
creyendola, acabó de estar confuso y arrepentido
del todo. Pero, con todo esto, respondio a
Camila que no tuuiesse pena, que el ordenaria 25
remedio para atajar la insolencia de Leonela.
Dixole assimismo lo que, instigado de la furiosa
rauia de los zelos, auia dicho a Anselmo,
y como estaua concertado de esconderse en la
recamara para ver desde alli a la clara la poca 30
lealtad que ella le guardaua. Pidiole perdon
desta locura, y consejo para poder remedialla
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 135
y salir bien de tan rebuelto laberinto como su
mal discurso le auia puesto.
Espantada quedó Camila de oyr lo que
Lotario le dezia, y con mucho enojo y muchas
y discretas razones le riñó y afeó su mal 5
pensamiento y la simple y mala determinacion
que auia tenido (*). Pero como naturalmente
tiene la muger ingenio presto para el bien y
para el mal, mas que el varon, puesto que le
va faltando quando de proposito se pone a 10
hazer discursos, luego al instante halló
Camila el modo de remediar tan al parecer
inremediable negocio (*), y dixo a Lotario que
procurasse que otro dia se escondiesse Anselmo
donde dezia, porque ella pensaua sacar de 15
su escondimiento comodidad para que desde
alli en adelante los dos se gozassen sin
sobresalto alguno; y sin declararle del todo su
pensamiento, le aduirtio que tuuiesse cuydado
que, en estando Anselmo escondido, el 20
viniesse quando Leonela le llamasse, y que a
quanto ella le dixesse le respondiesse como
respondiera aunque no supiera que Anselmo
le escuchaua. Porfió Lotario que le acabasse
de declarar su intencion, por que con mas 25
seguridad y auiso guardasse todo lo que viesse ser
necessario.
Digo, dixo Camila, que no ay mas que
guardar, si no fuere responderme como yo os
preguntare; --no queriendo Camila darle 30
antes cuenta de lo que pensaua hazer, temerosa
que no quisiesse seguir el parecer que a ella
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136
tan bueno le parecia, y siguiesse o buscasse
otros que no podrian ser tan buenos.
Con esto se fue Lotario, y Anselmo, otro dia,
con la escusa de yr [a] aquella (*) aldea de su
amigo, se partio y boluio a esconderse; que lo 5
pudo hazer con comodidad, porque de industria
se la dieron Camila y Leonela. Escondido,
pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se
puede imaginar que tendria el que esperaua
ver por sus ojos hazer notomia de las entrañas 10
de su honra, yuase (*) a pique de perder el
sumo bien que el pensaua que tenia en su
querida Camila. Seguras ya y ciertas Camila y
Leonela que Anselmo estaua escondido, entraron
en la recamara, y apenas huuo puesto los 15
pies en ella Camila, quando, dando vn grande
suspiro, dixo:
¡Ay, Leonela amiga!, ¿no seria mejor que
antes que llegasse a poner en execucion lo
que no quiero que sepas, porque no procures 20
estoruarlo, que tomasses la daga de Anselmo
que te he pedido y passasses con ella este
infame pecho mio? Pero no hagas tal; que no
sera razon que yo lleue la pena de la agena
culpa. Primero quiero saber qué es lo que 25
vieron en mi los atreuidos y deshonestos ojos de
Lotario que fuesse causa de darle atreuimiento
a descubrirme vn tan mal desseo como es el
que me ha descubierto en desprecio de su
amigo y en deshonra mia. Ponte, Leonela, a 30
essa ventana y llamale; que sin duda alguna
el (*) deue de estar en la calle esperando poner
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 137
en efeto su mala intencion. Pero primero se
pondra la cruel quanto honrada mia.
¡Ay, señora mia!, respondio la sagaz y
aduertida Leonela, y ¿qué es lo que quieres
hazer con esta daga? ¿Quieres, por ventura, 5
quitarte la vida o quitarsela a Lotario? Que
qualquiera destas cosas que quieras ha de
redundar en perdida de tu credito y fama. Mejor
es que dissimules tu agrauio, y no des lugar a
que este mal hombre entre aora en esta casa 10
y nos halle solas; mira, señora, que somos
flacas mugeres, y el es hombre, y determinado,
y como viene con aquel mal proposito, ciego
y apassionado, quiça antes que tu pongas en
execucion el tuyo, hara el lo que te estaria mas 15
mal que quitarte la vida. ¡Mal aya mi señor
Anselmo, que tanto mal (*) ha querido dar a este
desuellacaras en su casa! Y ya, señora, que le
mates, como yo pienso que quieres hazer, ¿qué
hemos de hazer del despues de muerto? 20
¿Qué, amiga?, respondio Camila; dexaremosle
para que Anselmo le entierre, pues sera
justo que tenga por descanso el trabajo que
tomare en poner debaxo de la tierra su misma
infamia. Llamale, acaba; que todo el tiempo 25
que tardo en tomar la deuida vengança de mi
agrauio parece que ofendo a la lealtad que a
mi esposo deuo.
Todo esto escuchaua Anselmo, y a cada
palabra que Camila dezia se le mudauan los 30
pensamientos. Mas quando entendio que estaua
resuelta en matar a Lotario, quiso salir y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138
descubrirse, por que tal cosa no se hiziesse; pero
detuuole el desseo de ver en qué paraua tanta
gallardia y honesta resolucion, con proposito
de salir a tiempo que la estoruasse. Tomole en
esto a Camila vn fuerte desmayo, y, arrojandose 5
encima de vna cama que alli estaua, començó
Leonela a llorar muy amargamente y a
dezir: ¡Ay, desdichada de mi, si fuesse tan sin
ventura, que se me muriesse aqui entre mis
braços la flor de la honestidad del mundo, la 10
corona de las buenas mugeres, el exemplo de
la castidad!, con otras cosas a estas semejantes,
que ninguno la escuchara que no la tuuiera
por la mas lastimada y leal donzella del mundo,
y a su señora por otra nueua y perseguida 15
Penelope. Poco tardó en boluer de su desmayo
Camila, y al boluer en si, dixo:
¿Por qué no vas, Leonela, a llamar al mas
leal (*) amigo de amigo que vio el sol o cubrio
la noche? ¡Acaba, corre, aguija, camina, no se 20
esfogue (*) con la tardança el fuego de la colera
que tengo, y se passe en amenazas y
maldiciones la justa vengança que espero!
Ya voy a llamarle, señora mia, dixo
Leonela; mas hasme de dar primero essa daga, 25
porque no hagas cosa, en tanto que falto, que
dexes con ella que llorar toda la vida a todos
los que bien te quieren.
Ve segura, Leonela amiga, que no hare,
respondio Camila, porque ya que sea atreuida 30
y simple a tu parecer en boluer por mi honra,
no lo he de ser tanto como aquella Lucrecia,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 139
de quien dizen que se mató sin auer cometido
error alguno, y sin auer muerto primero a quien
tuuo la causa de su desgracia; yo morire, si
muero, pero ha de ser vengada y satisfecha
del que me ha dado ocasion de venir a este 5
lugar a llorar sus atreuimientos, nacidos tan
sin culpa mia.
Mucho se hizo de rogar Leonela antes que
saliesse a llamar a Lotario, pero en fin salio, y
entretanto que boluia, quedó Camila (*) 10
diziendo, como que hablaua consigo misma:
¡Valame Dios! ¿No fuera mas acertado auer
despedido a Lotario, como otras muchas vezes lo
he hecho, que no ponerle en condicion, como
ya le he puesto, que me tenga por deshonesta y 15
mala, siquiera este tiempo que he de tardar en
desengañarle? Mejor fuera, sin duda; pero no
quedara yo vengada, ni la honra de mi marido
satisfecha, si tan a manos lauadas y tan a passo
llano se boluiera a salir de donde sus malos 20
pensamientos le entraron. Pague el traydor con
la vida lo que intentó con tan lasciuo desseo.
Sepa el mundo, si acaso llegare a saberlo, de
que Camila no solo guardó la lealtad a su esposo,
sino que le dio vengança del que se atreuio 25
a ofendelle. Mas, con todo, creo (*) que fuera
mejor dar cuenta desto a Anselmo; pero ya se
la apunté a dar en la carta que le escriui al
aldea, y creo que el no acudir el al remedio
del daño que alli le señalé, deuio de ser que, 30
de puro bueno y confiado, no quiso ni pudo (*)
creer que en el pecho de su tan firme amigo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 140
pudiesse caber genero de pensamiento que
contra su honra fuesse, ni aun yo lo crey
despues por muchos dias, ni lo creyera jamas, si
su insolencia no llegara a tanto, que las
manifiestas dadiuas y las largas promessas y las 5
continuas lagrimas no me lo manifestaran. Mas
¿para qué hago yo aora estos discursos? ¿Tiene,
por ventura, vna resulucion (*) gallarda
necessidad de consejo alguno? No, por cierto.
¡Afuera, pues, traydores! ¡Aqui, venganças! 10
¡Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe,
y suceda lo que sucediere! Limpia entré en
poder del que el cielo me dio por mio; limpia
he de salir del, y, quando mucho, saldre bañada
en mi casta sangre y en la impura del mas 15
falso amigo que vio la amistad en el mundo.
Y, diziendo esto, se passeaua por la sala con
la daga desembaynada, dando tan desconcertados
y desaforados passos y haziendo tales
ademanes, que no parecia sino que le faltaua 20
el juyzio y que no era muger delicada, sino vn
rufian desesperado.
Todo lo miraua Anselmo, cubierto detras de
vnos tapizes donde se auia escondido, y de
todo se admiraua y ya le parecia que lo que 25
auia visto y oido era bastante satisfacion para
maiores sospechas, y ya quisiera que (*) la
prueua de venir Lotario faltara, temeroso de
algun mal repentino sucesso; y, estando ya
para manifestarse y salir, para abraçar y 30
desengañar a su esposa, se detuuo porque vio que
Leonela boluia con Lotario de la mano; y assi
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 141
como Camila le vio, haziendo con la daga en
el suelo vna gran raya delante della, le dixo:
Lotario, aduierte lo que te digo: si a dicha
te atreuieres a passar desta raya que ves, ni
aun llegar a ella, en el punto que viere que lo 5
intentas, en esse mismo me passaré el pecho
con esta daga que en las manos tengo, y antes
que a esto me respondas palabra, quiero que
otras algunas (*) me escuches; que despues
responderas lo que mas te agradare. Lo primero, 10
quiero, Lotario, que me digas si conoces a
Anselmo, mi marido, y en qué opinion le tienes.
Y lo segundo, quiero saber tambien si me
conoces a mi. Respondeme a esto, y no te turbes,
ni pienses mucho lo que has de responder, pues 15
no son dificultades las que te pregunto.
No era tan ignorante Lotario, que desde el
primer punto que Camila le dixo que hiziesse
esconder a Anselmo no huuiesse dado en la
cuenta de lo que ella pensaua hazer, y, assi, 20
correspondio con su intencion tan discretamente
y tan a tiempo, que hizieran los dos
passar aquella mentira por mas que cierta
verdad, y, assi, respondio a Camila desta manera:
No pense yo, hermosa Camila, que me 25
llamauas para preguntarme cosas tan fuera de la
intencion con que yo aqui vengo; si lo hazes
por dilatarme la prometida merced, desde mas
lexos pudieras entretenerla, porque tanto mas
fatiga el bien desseado quanto la esperança 30
está mas cerca de posseello; pero porque no
digas que no respondo a tus preguntas, digo (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 142
que conozco a tu esposo Anselmo, y nos conocemos
los dos desde nuestros mas tiernos años,
y no quiero dezir lo que tu tambien sabes de
nuestra amistad, por [no] me hazer (*) testigo
del agrauio que el amor haze que le haga: 5
poderosa disculpa de mayores yerros. A ti te
conozco y tengo en la misma possession que
el te tiene; que, a no ser assi, por menos
prendas que las tuyas no auia yo de yr contra lo
que deuo a ser quien soy, y contra las santas 10
leyes de la verdadera amistad, aora por tan
poderoso enemigo como el amor por mi
rompidas y violadas.
Si esso confiessas, respondio Camila,
enemigo mortal de todo aquello que justamente 15
merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer
ante quien sabes que es el espejo donde se
mira aquel en quien tu te deuieras mirar, para
que vieras con quán poca ocasion le agrauias?
Pero ya cayo, ¡ai, desdichada de mi!, en la 20
cuenta de quién te ha hecho tener tan poca
con lo que a ti mismo deues, que deue de auer
sido alguna desemboltura mia, que no quiero
llamarla deshonestidad, pues no aura procedido
de deliberada determinacion, sino de algun 25
descuydo de los que las mugeres, que piensan
que no tienen de quién recatarse, suelen hazer
inaduertidamente. Si no, dime: ¿quándo, ¡o
traydor!, respondi a tus ruegos con alguna
palabra o señal que pudiesse despertar en ti 30
alguna sombra de esperança de cumplir tus
infames desseos? ¿Quándo tus amorosas palabras
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 143
no fueron deshechas y reprehendidas de las
mias con rigor y con aspereza? ¿Quándo tus
muchas promessas y mayores dadiuas fueron
de mi creydas ni admitidas? Pero por parecerme
que alguno no puede perseuerar en el intento 5
amoroso luengo tiempo si no es sustentado de
alguna esperança, quiero atribuyrme a mi la
culpa de tu impertinencia, pues sin duda algun
descuydo mio ha sustentado tanto tiempo tu
cuydado, y, assi, quiero castigarme y darme la 10
pena que tu culpa merece. Y, porque viesses
que siendo conmigo tan inhumana no era possible
dexar de serlo contigo, quise traerte a
ser testigo del sacrificio que pienso hazer a
la ofendida honra de mi tan honrado marido, 15
agrauiado de ti con el mayor cuydado que te
ha sido possible, y de mi tambien con el poco
recato que he tenido del huyr la ocasion, si
alguna te di, para fauorecer y canonizar tus
malas intenciones. Torno a dezir que la sospecha 20
que tengo que algun descuydo mio engendró
en ti tan desuariados pensamientos es la que
mas me fatiga, y la que yo mas desseo castigar
con mis propias manos, porque, castigandome
otro verdugo, quiça seria mas publica mi culpa; 25
pero antes que esto haga, quiero matar
muriendo, y lleuar conmigo quien me acabe de
satisfazer el desseo de la vengança que espero y
tengo, viendo alla, donde quiera que fuere, la
pena que da la justicia desinteressada y que no 30
se dobla al que en (*) terminos tan
desesperados me ha puesto.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144
Y, diziendo estas razones, con vna increyble
fuerça y ligereza arremetio a Lotario con la
daga desembaynada, con tales muestras de
querer enclauarsela en el pecho, que casi el
estuuo en duda si aquellas demostraciones 5
eran falsas o verdaderas, porque le fue forçoso
valerse de su industria y de su fuerça para
estoruar que Camila no le diesse; la qual tan
viuamente fingia aquel estraño embuste y fealdad
(*), que por dalle color de verdad, la quiso 10
matizar con su misma sangre; porque viendo
que no podia auer (*) a Lotario, o fingiendo
que no podia, dixo:
Pues la suerte no quiere satisfazer del todo
mi tan justo desseo, a lo menos no sera tan 15
poderosa, que, en parte, me quite que no le
satisfaga.
Y, haziendo fuerça para soltar la mano de
la daga que Lotario la tenia asida, la sacó, y
guiando su punta por parte que pudiesse herir 20
no profundamente, se la entró y escondio por
mas arriba de la islilla del lado izquierdo, junto
al ombro, y luego, se dexó caer en el suelo,
como desmayada.
Estauan Leonela y Lotario suspensos y 25
atonitos de tal sucesso, y todauia dudauan de la
verdad de aquel hecho, viendo a Camila tendida
en tierra y bañada en su sangre; acudio
Lotario con mucha presteza, despauorido y sin
aliento, a sacar la daga, y, en ver la pequeña 30
herida, salio del temor que hasta entonces
tenia, y de nueuo se admiró de la sagazidad,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 145
prudencia y mucha discrecion de la hermosa
Camila; y por acudir con lo que a el le tocaua,
començo a hazer vna larga y triste lamentacion
sobre el cuerpo de Camila, como si estuuiera
difunta, echandose muchas maldiciones, 5
no solo a el, sino al que auia sido causa
de auelle puesto en aquel termino. Y como
sabia que le escuchaua su amigo Anselmo, dezia
cosas que el que le oyera le tuuiera mucha
mas lastima que a Camila, aunque por muerta 10
la juzgara.
Leonela la tomó en braços y la puso en el
lecho, suplicando a Lotario fuesse a buscar
quien secretamente a Camila curasse. Pediale
assimismo consejo y parecer de lo que dirian 15
a Anselmo de aquella herida de su señora, si
acaso viniesse antes que estuuiesse sana. El
respondio que dixessen lo que quisiessen; que
el no estaua para dar consejo que de prouecho
fuesse; solo le dixo que procurasse tomarle 20
la sangre, porque el se yua adonde gentes
no le viessen. Y con muestras de mucho dolor
y sentimiento se salio de casa, y quando se vio
solo y en parte donde nadie le veya (*), no
cessaua de hazerse cruzes, marauillandose de la 25
industria (*) de Camila y de los ademanes tan
proprios (*) de Leonela. Consideraua quán
enterado auia de quedar Anselmo de que tenia
por muger a vna segunda Porcia, y desseaua
verse con el para celebrar los dos la mentira y 30
la verdad mas dissimulada que jamas pudiera
imaginarse. Leonela tomó, como se ha dicho, la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146
sangre a su señora, que no era mas de aquello
que bastó para acreditar su embuste, y lauando
con vn poco de vino la herida, se la ató lo
mejor que supo, diziendo tales razones en tanto
que la curaua, que aunque no huuieran precedido 5
otras, bastaran a hazer creer a Anselmo
que tenia en Camila vn simulacro de la
honestidad.
Iuntaronse a las palabras de Leonela otras
de Camila, llamandose cobarde y de poco animo, 10
pues le auia faltado al tiempo que fuera
mas necessario tenerle, para quitarse la vida,
que tan aborrecida tenia. Pedia consejo a su
donzella si daria (*), o no, todo aquel sucesso a
su querido esposo, la qual le dixo que no se lo 15
dixesse, porque le pondria en obligacion de
vengarse de Lotario, lo qual no podria ser sin
mucho riesgo (*) suyo; y que la buena muger
estaua obligada a no dar ocasion a su marido
a que riñesse, sino a quitalle todas aquellas 20
que le fuesse possible.
Respondio Camila que le parecia muy bien
su parecer, y que ella le seguiria; pero que en
todo caso conuenia buscar qué dezir a Anselmo
de la causa de aquella herida, que el no 25
podria dexar de ver; a lo que Leonela respondia
que ella, ni aun burlando, no sabia mentir.
Pues yo, hermana, replicó Camila, ¿qué
tengo de saber, que no me atreuere a forjar ni
sustentar vna mentira si me fuesse en ello la 30
vida? Y si es que no hemos de saber dar
salida a esto, mejor sera dezirle la verdad
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 147
desnuda, que no que nos alcance en mentirosa
cuenta.
No tengas pena, señora; de aqui a mañana,
respondio Leonela, yo pensaré qué le digamos,
y quiça que por ser la herida donde es, 5
se (*) podra encubrir sin que el la vea, y el cielo
sera seruido de fauorecer a nuestros tan justos
y tan honrados pensamientos. Sossiegate, señora
mia, y procura sossegar tu alteracion, por
que mi señor no te halle sobresaltada; y lo 10
demas dexalo a mi cargo y al de Dios, que
siempre acude a los buenos desseos.
Atentissimo auia estado Anselmo a escuchar
y a ver representar la tragedia de la muerte de
su honra; la qual con tan estraños y eficaces 15
afectos (*) la representaron los personages (*)
della, que parecio que se auian transformado
en la misma verdad de lo que fingian. Desseaua
mucho la noche y el tener lugar para salir de su
casa, y yr a verse con su buen amigo Lotario, 20
congratulandose con el de la margarita
preciosa que auia hallado en el desengaño de la
bondad de su esposa. Tuuieron cuydado las dos
de darle lugar y comodidad a que saliesse, y el,
sin perdella, salio, y luego fue a buscar a 25
Lotario; el qual hallado, no se puede buenamente
contar los abraços que le dio, las cosas que de
su contento le dixo, las alabanças que dio a
Camila. Todo lo qual escuchó Lotario sin poder
dar muestras de alguna alegria; porque se le 30
representaua a la memoria quán engañado estaua
su amigo, y quán injustamente el le agrauiaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148
Y aunque Anselmo veya (*) que Lotario
no se alegraua, creya ser (*) la causa por auer
dexado a Camila herida y auer el sido la causa.
Y, assi, entre otras razones, le dixo que no
tuuiesse pena del sucesso de Camila, porque, 5
sin duda, la herida era ligera, pues quedauan
de concierto de encubrirsela a el. Y que, segun
esto, no auia de qué temer, sino que de alli
adelante se gozasse y alegrasse con el, pues por
su industria y medio el se veya (*) leuantado a 10
la mas alta felicidad que acertara dessearse, y
queria que no fuessen otros sus entretenimientos
que en (*) hazer versos en alabança de Camila,
que la hiziessen eterna en la memoria de
los siglos venideros. Lotario alabó su buena 15
determinacion, y dixo que el por su parte
ayudaria a leuantar tan ilustre edificio. Con esto
quedó Anselmo el hombre mas sabrosamente
engañado que pudo auer en el mundo; el mismo
lleuaua (*) por la mano a su casa, creyendo 20
que lleuaua el instrumento de su gloria, toda (*)
la perdicion de su fama. Recebiale (*) Camila
con rostro al parecer torcido, aunque con alma
risueña. Duró este engaño algunos dias, hasta
que al cabo de pocos meses boluio fortuna su 25
rueda y salio a plaça la maldad con tanto artificio
hasta alli cubierta, y a Anselmo le costo la
vida su impertinente curiosidad.
p. 149
Capitulo XXXV
Donde se da fin a la nouela del Curioso
impertinente (*).
Poco mas quedaua por leer de la nouela,
quando del caramanchon donde reposaua don 5
Quixote salio Sancho Pança todo alborotado,
diziendo a bozes:
¡Acudid, señores, presto y socorred a mi
señor, que anda embuelto en la mas reñida y
trauada batalla que mis ojos han visto! ¡Viue 10
Dios que ha dado vna cuchillada al gigante
enemigo de la señora princesa Micomicona,
que le ha tajado la cabeça cercen a cercen,
como si fuera vn nabo!
¿Qué dizes (*), hermano?, dixo el cura, 15
dexando de leer lo que de la nouela quedaua.
¿Estays en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede
ser esso que dezis, estando el gigante dos mil
leguas de aqui?
En esto oyeron vn gran ruydo en el 20
aposento, y que don Quixote dezia a bozes:
¡Tente, ladron, malandrin, follon; que aqui
te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!
Y parecia que daua grandes cuchilladas por
las paredes. Y dixo Sancho: 25
No tienen que pararse a escuchar, sino entren
a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo;
aunque ya no sera menester, porque sin duda
alguna el gigante está ya muerto y dando
cuenta a Dios de su passada y mala vida; que 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150
yo vi correr la sangre por el suelo y la cabeça
cortada y cayda a vn lado, que es tamaña
como vn gran cuero de vino.
Que me maten, dixo a esta sazon el ventero,
si don Quixote, o don diablo, no ha dado 5
alguna cuchillada en alguno de los cueros de
vino tinto que a su cabecera estauan llenos, y
el vino derramado deue de ser lo que le parece
sangre a este buen hombre.
Y con esto, entró en el aposento, y todos tras 10
el, y hallaron a don Quixote en el mas estraño
traje del mundo: estaua en camisa, la qual no
era tan cumplida que por delante le acabasse
de cubrir los muslos, y por detras tenia seys
dedos menos; las piernas eran muy largas y 15
flacas, llenas de vello y no nada limpias. Tenia
en la cabeça vn bonetillo colorado grassiento,
que era del ventero. En el braço yzquierdo
tenia rebuelta la manta de la cama, con quien
tenia ogeriza Sancho, y el se sabia bien el 20
porqué; y en la derecha desembaynada la espada,
con la qual daua cuchilladas a todas partes,
diziendo palabras como si verdaderamente
estuuiera peleando con algun gigante; y es lo
bueno que no tenia los ojos abiertos, porque 25
estaua durmiendo (*) y soñando que estaua en
batalla con el gigante: que fue tan intensa la
imaginacion de la auentura que yua a fenecer,
que le hizo soñar que ya auia llegado al reyno
de Micomicon y que ya estaua en la pelea con 30
su enemigo. Y auia dado tantas cuchilladas en
los cueros, creyendo que las daua en el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 151
gigante, que todo el aposento estaua lleno de
vino; lo qual visto por el ventero, tomó tanto
enojo, que arremetió con don Quixote, y, a
puño cerrado, le començo a dar tantos golpes,
que si Cardenio y el cura no se le quitaran, 5
el acabara la guerra del gigante; y con todo
aquello no despertaua el pobre cauallero, hasta
que el barbero truxo vn gran caldero de agua
fria del pozo, y se le echó por todo el cuerpo
de golpe, con lo qual desperto don Quixote, 10
mas no con tanto acuerdo, que echasse de ver
de la manera que estaua.
Dorotea, que vio quán corta y sotilmente
estaua vestido, no quiso entrar a ver la batalla
de su ayudador y de su contrario. Andaua 15
Sancho buscando la cabeça del gigante por
todo el suelo, y como no la hallaua, dixo:
Ya yo se que todo lo desta casa es
encantamento; que la otra vez, en este mesmo (*)
lugar donde aora me hallo, me dieron muchos 20
moxicones y porrazos, sin saber quién me los
daua, y nunca pude ver a nadie; y aora no
parece por aqui esta cabeça que vi cortar por
mis mismissimos (*) ojos, y la sangre corria
del cuerpo como de vna fuente. 25
¿Qué sangre ni qué fuente dizes, enemigo
de Dios y de sus santos?, dixo el ventero.
¿No vees, ladron, que la sangre y la fuente no
es otra cosa que estos cueros que aqui estan
horadados y el vino tinto que nada en este 30
aposento, que nadando vea yo el alma, en los
infiernos, de quien los horadó?
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 152
No se nada, respondio Sancho; solo se
que vendre a ser tan desdichado, que por no
hallar esta cabeça, se me ha de deshazer mi
condado como la sal en el agua.
Y estaua peor Sancho despierto que su amo 5
durmiendo (*): tal le tenian las promessas que
su amo le auia hecho. El ventero se desesperaua
de ver la flema del escudero y el maleficio del
señor, y juraua que no auia de ser como la vez
passada, que se le fueron sin pagar; y que 10
aora no le auian de valer los preuilegios de
su caualleria para dexar de pagar lo vno y lo
otro, aun hasta lo que pudiessen costar las
botanas que se auian de echar a los rotos cueros.
Tenia el cura de las manos a don Quixote, el 15
qual, creyendo que ya auia acabado la auentura
y que se hallaua delante de la princessa
Micomicona, se hincó de rodillas delante del
cura, diziendo:
Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa 20
(*) señora, viuir, de oy mas, segura que (*)
le pueda hazer mal esta mal nacida criatura, y
yo tambien de oy mas soy quito de la palabra
que os di, pues con el ayuda del alto Dios y
con el fauor de aquella por quien yo viuo y 25
respiro, tambien (*) la he cumplido.
¿No lo dixe yo?, dixo oyendo esto Sancho.
Si que no estaua yo borracho; ¡mirad si
tiene puesto ya en sal mi amo al gigante!
¡Ciertos son los toros; mi condado está de 30
molde!
¿Quién no auia de reyr con los disparates
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 153
de los dos, amo y moço? Todos reian, sino el
ventero, que se daua a Satanas. Pero, en fin,
tanto hizieron el barbero, Cardenio y el cura,
que con no poco trabajo dieron con don Quixote
en la cama, el qual se quedó dormido, con 5
muestras de grandissimo cansancio. Dexaronle
dormir y salieronse al portal de la venta a
consolar a Sancho Pança de no auer hallado la
cabeça del gigante, aunque mas tuuieron que
hazer en aplacar al ventero, que estaua 10
desesperado por la repentina muerte de sus
cueros, y la ventera dezia en voz y en grito:
En mal punto y en hora menguada entró en
mi casa este cauallero andante, que nunca mis
ojos le huuieran visto, que tan caro me cuesta. 15
La vez passada se fue con el costo (*) de vna
noche, de cena, cama, paja y (*) ceuada, para
el y para su escudero, y vn rozin y vn jumento,
diziendo que era cauallero auenturero --¡que
mala ventura (*) le de Dios a el y a quantos 20
auentureros ay en el mundo!--, y que por esto
no estaua obligado a pagar nada; que assi
estaua escrito en los aranzeles de la caualleria
andantesca. Y aora, por su respeto, vino estotro
señor y me lleuó mi cola, y hamela buelto con 25
mas de dos quartillos de daño, toda pelada, que
no puede seruir para lo que la quiere mi marido.
Y, por fin y remate de todo, romperme mis
cueros y derramarme mi vino, que derramada
le vea yo su sangre. ¡Pues no se piense; que por 30
los huessos de mi padre y por el siglo de mi
madre, si no (*) me lo han de pagar vn quarto
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 154
sobre otro, o no me llamaria yo como me
llamo ni seria hija de quien soy!
Estas y otras razones tales dezia la ventera
con grande enojo, y ayudauala su buena criada
Maritornes. La hija callaua y de quando en 5
quando se sonrehia. El cura lo sossego todo,
prometiendo de satisfazerles su perdida lo
mejor que pudiesse, assi de los cueros como del
vino, y principalmente del menoscabo de la
cola, de quien tanta cuenta hazian. Dorotea 10
consolo a Sancho Pança, diziendole que cada
y quando que pareciesse auer sido verdad que
su amo huuiesse descabeçado al gigante, le
prometia, en viendose pacifica en su reyno, de
darle el mejor condado que en el huuiesse. 15
Consolose con esto Sancho y asseguró a la
princessa que tuuiesse por cierto que el auia
visto la cabeça del gigante, y que, por mas señas,
tenia vna barba que le llegaua a la cintura,
y que si no parecia era porque todo quanto en 20
aquella casa passaua era por via de encantamento,
como el lo auia prouado otra vez que
auia posado en ella. Dorotea dixo que assi lo
creia, y que no tuuiesse pena, que todo se haria
bien y sucederia a pedir de boca. 25
Sossegados todos, el cura quiso acabar de
leer la nouela, porque vio que faltaua poco.
Cardenio, Dorotea y todos los demas le rogaron
la acabasse; el, que a todos quiso dar gusto
y por el que el tenia de leerla, prosiguio el 30
cuento, que assi dezia:
Sucedio, pues, que por la satisfacion que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 155
Anselmo tenia de la bondad de Camila, viuia
vna vida contenta y descuydada, y Camila,
de industria, hazia mal rostro a Lotario,
porque Anselmo entendiesse al reues de la
voluntad que le tenia, y para mas confirmacion 5
de su hecho, pidio licencia Lotario para no
venir a su casa, pues claramente se mostraua
la pesadumbre que con su vista Camila
recebia; mas el engañado Anselmo le dixo que
en ninguna manera tal hiziesse. Y desta 10
manera, por mil maneras era Anselmo el
fabricador de su deshonra, creyendo que lo era
de su gusto.
En esto, el que (*) tenia Leonela de verse
qualificada, no de [deshonesta] (*) con sus amores, 15
llegó a tanto, que, sin mirar a otra cosa, se
yua tras el a suelta rienda, fiada en que su
señora la encubria y aun la aduertia del modo que
con poco rezelo pudiesse ponerle en execucion.
En fin, vna noche sintio Anselmo passos en el 20
aposento de Leonela, y, queriendo entrar a ver
quién los daua, sintio que le detenian la puerta,
cosa que le puso mas voluntad de abrirla; y
tanta fuerça hizo, que la abrio, y entró dentro a
tiempo que vio que vn hombre saltaua por la 25
ventana a la calle, y acudiendo con presteza a
alcançarle o conocerle, no pudo conseguir lo
vno ni lo otro, porque Leonela se abraçó con
el, diziendole:
Sossiegate, señor mio, y no te alborotes ni 30
sigas al que de aqui saltó: es (*) cosa mia, y
tanto, que es mi esposo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156
No lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de
enojo, sacó la daga y quiso herir a Leonela,
diziendole que le dixesse la verdad; si no, que
la mataria. Ella, con el miedo, sin saber lo que
se dezia, le dixo: 5
No me mates, señor; que yo te diré cosas
de mas importancia de las que puedes
imaginar.
Dilas luego, dixo Anselmo; si no, muerta
eres. 10
Por aora sera impossible, dixo Leonela,
segun estoy de turbada; dexame hasta
mañana, que entonces sabras de mi lo que te
ha de admirar; y está seguro que el que
saltó por esta ventana es vn mancebo desta 15
ciudad, que me ha dado la mano de ser mi
esposo.
Sossegose con esto Anselmo y quiso aguardar
el termino que se le pedia, porque no pensaua
oyr cosa que contra Camila fuesse, por estar 20
de su bondad tan satisfecho y seguro; y, assi,
se salio del aposento y dexó encerrada en el a
Leonela, diziendole que de alli no saldria hasta
que le dixesse lo que tenia que dezirle. Fue
luego a ver a Camila y a dezirle, como le dixo, 25
todo aquello que con su donzella le auia
passado, y la palabra que le auia dado de dezirle
grandes cosas y de importancia. Si se turbó
Camila o no, no ay para qué dezirlo, porque fue
tanto el temor que cobró, creyendo verdaderamente 30
--y era de creer-- que Leonela auia de
dezir a Anselmo todo lo que sabia de su poca
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 157
fe, que no tuuo animo para esperar si su
sospecha salia falsa o no. Y aquella mesma (*)
noche, quando le parecio que Anselmo dormia,
juntó las mejores joyas que tenia y algunos
dineros, y, sin ser de nadie sentida, salio de 5
casa y se fue a la de Lotario, a quien conto lo
que passaua, y le pidio que la pusiesse en
cobro, o que se ausentassen los dos donde de
Anselmo pudiessen estar seguros. La confusion
en que Camila puso a Lotario fue tal, que no 10
le sabia responder palabra, ni menos sabia
resoluerse en lo que haria.
En fin, acordo de lleuar a Camila a vn
monesterio (*) en quien era priora vna su hermana.
Consintio Camila en ello, y con la presteza 15
que el caso pedia, la lleuó Lotario y la dexó
en el monesterio (*), y el ansimesmo (*) se
ausentó luego de la ciudad, sin dar parte a
nadie de su ausencia.
Quando amanecio, sin echar de ver Anselmo 20
que Camila faltaua de su lado, con el desseo
que tenia de saber lo que Leonela queria
dezirle, se leuantó y fue a donde la auia dexado
encerrada. Abrio y entró en el aposento, pero
no halló en el a Leonela; solo halló puestas 25
vnas sauanas añudadas a la ventana, indicio y
señal que por alli se auia descolgado e ydo.
Boluio luego muy triste a dezirselo a Camila, y,
no hallandola en la cama ni en toda la casa,
quedó assombrado. Preguntó a los criados de 30
casa por ella, pero nadie le supo dar razon de
lo que pedia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158
Acerto acaso, andando a buscar a Camila,
que vio sus cofres abiertos, y que dellos
faltauan las mas de sus joyas, y con esto acabó de
caer en la cuenta de su desgracia, y en que no
era Leonela la causa de su desuentura. Y ansi 5
como estaua, sin acabarse de vestir, triste y
pensatiuo, fue a dar cuenta de su desdicha a su
amigo Lotario; mas quando no le halló, y sus
criados le dixeron que aquella noche auia
faltado de casa, y auia lleuado consigo todos los 10
dineros que tenia, penso perder el juyzio. Y
para acabar de concluyr con todo, boluiendose
a su casa, no halló en ella ninguno de quantos
criados ni criadas tenia, sino la casa desierta y
sola. No sabia qué pensar, qué dezir, ni qué 15
hazer, y poco a poco se le yua boluiendo el
juyzio. Contemplauase y mirauase en vn instante
sin muger, sin amigo y sin criados; desamparado,
a su parecer, del cielo que le cubria,
y, sobre todo, sin honra, porque en la falta de 20
Camila vio su perdicion.
Resoluiose, en fin, a cabo de vna gran pieça,
de yrse a la aldea de su amigo, donde auia
estado quando dio lugar a que se maquinasse
toda aquella desuentura. Cerro las puertas de 25
su casa, subio a cauallo, y con desmayado
aliento se puso en camino; y apenas huuo andado
la mitad, quando, acossado de sus pensamientos,
le fue forçoso apearse y arrendar su
cauallo a vn arbol, a cuyo tronco se dexó caer, 30
dando tiernos y dolorosos suspiros; y alli se
estuuo hasta casi que anochecia, y (*) aquella
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 159
hora vio que venia vn hombre a cauallo de la
ciudad, y, despues de auerle saludado, le
preguntó qué nueuas auia en Florencia. El
ciudadano respondio:
Las mas estrañas que muchos dias ha se 5
han oydo en ella, porque se dize publicamente
que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo
el rico, que viuia a San Iuan, se lleuó esta
noche a Camila, muger de Anselmo, el qual
tampoco parece. Todo esto ha dicho vna criada de 10
Camila, que anoche la halló el gouernador
descolgandose con vna sauana por las ventanas
de la casa de Anselmo. En efeto, no se
puntualmente cómo passó el negocio; solo se
que toda la ciudad está admirada deste sucesso, 15
porque no se podia esperar tal hecho de
la mucha y familiar amistad de los dos, que
dizen que era tanta, que los llamauan los dos
amigos.
¿Sabese, por ventura, dixo Anselmo, el 20
camino que lleuan Lotario y Camila?
Ni por pienso, dixo el ciudadano, puesto
que el gouernador ha vsado de mucha
diligencia en buscarlos.
A Dios vays, señor, dixo Anselmo. 25
Con el quedeys, respondio el ciudadano,
y fuese.
Con tan desdichadas nueuas casi casi llegó
a terminos Anselmo no solo de perder el
juyzio, sino de acabar la vida. Leuantose como 30
pudo, y llegó a casa de su amigo, que aun no
sabia su desgracia; mas como le vio llegar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160
amarillo, consumido y seco, entendio que de
algun graue mal venia fatigado. Pidio luego
Anselmo que le acostassen, y que le diessen
adereço de escriuir. Hizose assi, y dexaronle
acostado y solo, porque el assi lo quiso, y aun 5
que le cerrassen la puerta. Viendose, pues,
solo, començo a cargar tanto la imaginacion de
su desuentura, que claramente conocio (*) que
se le yua acabando la vida; y, assi, ordenó de
dexar noticia de la causa de su estraña muerte; 10
y començando a escriuir, antes que acabasse
de poner todo lo que queria, le faltó el aliento
y dexó la vida en las manos del dolor que le
causó su curiosidad impertinente.
Viendo el señor de casa que era ya tarde, y 15
que Anselmo no llamaua, acordo de entrar a
saber si passaua adelante su indisposicion, y
hallole tendido boca abaxo, la mitad del cuerpo
en la cama y la otra mitad sobre el bufete,
sobre el qual estaua con el papel escrito y 20
abierto, y el tenia aun la pluma en la mano.
Llegose el huesped a el, auiendole llamado
primero, y trauandole por la mano, viendo que
no le respondia, y hallandole frio, vio que
estaua muerto. Admirose y congoxose en gran 25
manera, y llamó a la gente de casa para que
viessen la desgracia a Anselmo sucedida; y,
finalmente, leyo el papel, que conocio que de
su mesma (*) mano estaua escrito, el qual
contenia estas razones: 30
Vn necio e impertinente desseo me quitó la
vida. Si las nueuas de mi muerte llegaren a los
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 161
oydos de Camila, sepa que yo la perdono, porque
no estaua ella obligada a hazer milagros,
ni yo tenia necessidad de querer que ella los
hiziesse; y pues yo fuy el fabricador de mi
deshonra, no ay para qué... 5
Hasta aqui escriuio Anselmo, por donde se
echó de ver que en aquel punto, sin poder
acabar la razon, se le acabó la vida. Otro dia
dio auiso su amigo a los parientes de Anselmo
de su muerte, los quales ya sabian su desgracia 10
y el monesterio donde Camila estaua, casi
en el termino de acompañar a su esposo en
aquel forçoso viage, no por las nueuas del
muerto esposo, mas por las que supo del
ausente amigo. Dizese que, aunque se vio biuda, 15
no quiso salir del monesterio, ni menos hazer
profession de monja, hasta que, no de alli a
muchos dias, le vinieron nueuas que Lotario
auia muerto en vna batalla que en aquel
tiempo dio Monsiur de Lautrec al Gran Capitan 20
Gonçalo Fernandez de Cordoua en el reyno
de Napoles (*), donde auia ydo a parar el tarde
arrepentido amigo, lo qual sabido por Camila,
hizo profession y acabó en breues dias la vida
a las rigurosas manos de tristezas y 25
melancolias.
Este fue el fin que tuuieron todos, nacido de
vn tan desatinado principio.
Bien, dixo el cura, me parece esta
nouela; pero no me puedo persuadir que esto sea 30
verdad, y si es fingido, fingio mal el autor,
porque no se puede imaginar que aya marido tan
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162
necio, que quiera hazer tan costosa experiencia
como Anselmo. Si este caso se pusiera entre
vn galan y vna dama, pudierase lleuar; pero
entre marido y muger algo tiene del (*) impossible;
y en lo que toca al modo de contarle, no 5
me descontenta (*).
p. 163
Capitulo XXXVI
Que trata de (la braua y descomunal batalla
que don Quixote tuuo con vnos cueros de
vino tinto, con) otros raros sucessos que en
la venta le sucedieron (*). 5
Estando en esto, el ventero, que estaua a la
puerta de la venta, dixo:
Esta que viene es vna hermosa tropa de
huespedes; si ellos paran aqui, gaudeamus
tenemos. 10
¿Qué gente es?, dixo Cardenio.
Quatro hombres, respondio el ventero,
vienen a cauallo, a la gineta (*), con lanças y
adargas, y todos con antifazes negros; y junto
con ellos viene vna muger vestida de blanco, 15
en vn sillon, ansimesmo cubierto el rostro, y
otros dos moços de a pie.
¿Vienen muy cerca?, preguntó el cura.
Tan cerca, respondio el ventero, que ya
llegan. 20
Oyendo esto Dorotea, se cubrio el rostro, y
Cardenio se entró en el aposento de don
Quixote; y casi no auian tenido lugar para esto,
quando entraron en la venta todos los que el
ventero auia dicho; y, apeandose los quatro de 25
a cauallo, que de muy gentil talle y disposicion
eran, fueron a apear a la muger que en el sillon
venia; y, tomandola vno dellos en sus braços,
la sento en vna silla que estaua a la entrada
del aposento donde Cardenio se auia escondido. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164
En todo este tiempo, ni ella ni ellos se
auian quitado los antifazes, ni hablado palabra
alguna; solo que, al sentarse la muger en la
silla, dio vn profundo suspiro (*) y dexó caer
los braços, como persona enferma y desmayada. 5
Los moços de a pie lleuaron los cauallos a
la caualleriza.
Viendo esto el cura, desseoso de saber qué
gente era aquella que con tal trage y tal silencio
estaua, se fue donde estauan los moços, y a 10
vno dellos le preguntó lo que ya desseaua (*),
el qual le respondio:
¡Pardiez, señor!, yo no sabre deziros qué
gente sea esta; solo se que muestra ser muy
principal, especialmente aquel que llegó a 15
tomar en sus braços a aquella señora que aueys
visto; y esto digolo porque todos los demas le
tienen respeto, y no se haze otra cosa mas de
la que el ordena y manda.
Y la señora, ¿quién es?, preguntó el cura. 20
Tampoco sabre dezir esso, respondio el
moço, porque en todo el camino no la he visto
el rostro; suspirar (*) si la he oydo muchas
vezes, y dar vnos gemidos, que parece que con
cada vno dellos quiere dar el alma; y no es 25
de marauillar que no sepamos mas de lo que
auemos dicho, porque mi compañero y yo no
ha mas de dos dias que los acompañamos;
porque, auiendolos encontrado en el camino, nos
rogaron y persuadieron que viniessemos con 30
ellos hasta el Andaluzia, ofreciendose a
pagarnoslo muy bien.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 165
Y ¿aueys oydo nombrar a alguno dellos?,
preguntó el cura.
No, por cierto, respondio el moço, porque
todos caminan con tanto silencio, que es marauilla,
porque no se oye entre ellos otra cosa que 5
los suspiros (*) y solloços de la pobre señora,
que nos mueuen a lastima, y sin duda tenemos
creydo que ella va forçada donde quiera que
va; y segun se puede colegir por su habito, ella
es monja, o va a serlo, que es lo mas cierto, y 10
quiça porque no le deue de nacer de voluntad
el mongio, va triste, como parece.
Todo podria ser, dixo el cura.
Y, dexandolos se boluio a donde estaua Dorotea,
la qual, como auia oydo suspirar (*) a la 15
emboçada, mouida de natural compassion, se
llegó a ella, y le dixo:
¿Qué mal sentis, señora mia? Mirad si es
alguno de quien las mugeres suelen tener vso
y experiencia de curarle; que de mi parte os 20
ofrezco vna buena voluntad de seruiros.
A todo esto callaua la lastimada señora, y
aunque Dorotea tornó con mayores ofrecimientos,
todauia se estaua en su silencio, hasta que
llegó el cauallero emboçado, que (*) dixo el 25
moço que los demas obedecian, y dixo a
Dorotea:
No os canseys, señora, en ofrecer nada a
essa muger, porque tiene por costumbre de
no agradecer cosa que por ella se haze, ni 30
procureys que os responda, si no quereys oyr
alguna mentira de su boca.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166
Iamas la dixe, dixo a esta sazon la que
hasta alli auia estado callando; antes, por ser
tan verdadera y tan sin traças mentirosas, me
veo aora en tanta desuentura; y desto vos mesmo
(*) quiero que seays el testigo, pues mi pura 5
verdad os haze a vos ser falso y mentiroso.
Oyo estas razones Cardenio bien clara y
distintamente, como quien estaua tan junto de
quien las dezia, que sola la puerta del aposento
de don Quixote estaua en medio, y assi como 10
las oyo, dando vna gran voz, dixo:
¡Valgame (*) Dios!, ¿qué es esto que oygo?
¿Qué voz es esta que ha llegado a mis oydos?
Boluio la cabeça a estos gritos aquella señora,
toda sobresaltada, y, no viendo quién las (*) 15
daua, se leuantó en pie y fuese a entrar en el
aposento; lo qual visto por el cauallero, la
detuuo, sin dexarla mouer vn passo. A ella, con la
turbacion y desassossiego, se le cayó el tafetan
con que trahia cubierto el rostro, y descubrio 20
vna hermosura incomparable y vn rostro
milagroso, aunque descolorido y assombrado,
porque con los ojos andaua rodeando todos los
lugares donde alcançaua con la vista, con tanto
ahinco, que parecia persona fuera de juyzio, 25
cuyas señales, sin saber por qué las hazia,
pusieron gran lastima en Dorotea y en quantos
la mirauan. Teniala el cauallero fuertemente
asida por las espaldas, y por estar tan ocupado
en tenerla, no pudo acudir a alçarse el emboço 30
que se le cahia, como, en efeto, se le cayo del
todo, y, alçando los ojos Dorotea, que abraçada
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 167
con la señora estaua, vio que el que abraçada
ansimesmo (*) la tenia era su esposo don
Fernando; y apenas le huuo conocido, quando
arrojando de lo intimo de sus entrañas vn
luengo y tristissimo ¡ay!, se dexó caer de 5
espaldas, desmayada, y a no hallarse alli junto
el barbero, que la recogio en los braços, ella
diera consigo en el suelo.
Acudio luego el cura a quitarle el emboço
para echarle agua en el rostro, y assi como la 10
descubrio, la conocio don Fernando, que era el
que estaua abraçado con la otra, y quedó como
muerto en verla; pero no porque dexasse, con
todo esto, de tener a Luscinda, que era la que
procuraua soltarse de sus braços; la qual auia 15
conocido en el suspiro (*) a Cardenio, y el la
auia conocido a ella. Oyo assimesmo (*)
Cardenio el ¡ay! que dio Dorotea quando se cayo
desmayada, y creyendo que era su Luscinda,
salio del aposento despauorido, y lo primero 20
que vio fue a don Fernando, que tenia abraçada
a Luscinda. Tambien don Fernando conocio
luego a Cardenio, y todos tres, Luscinda,
Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos,
casi sin saber lo que les auia acontecido. 25
Callauan todos y mirauanse todos: Dorotea
a don Fernando, don Fernando a Cardenio,
Cardenio a Luscinda, y Luscinda a Cardenio.
Mas quien primero rompio el silencio fue
Luscinda, hablando a don Fernando desta manera: 30
Dexadme, señor don Fernando, por lo que
deueis a ser quien soys, ya que por otro
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168
respeto no lo hagays; dexadme llegar al muro de
quien yo soy yedra, al arrimo de quien no
me han podido apartar vuestras importunaciones,
vuestras amenazas, vuestras promessas ni
vuestras dadiuas. Notad cómo el cielo, por 5
desusados y a nosotros encubiertos caminos, me
ha puesto a mi verdadero esposo delante. Y
bien sabeys por mil costosas experiencias que
sola la muerte fuera bastante para borrarle de
mi memoria: sean, pues, parte tan claros 10
desengaños para que boluays, ya que no podays
hazer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad
en despecho, y acabadme con el la vida; que
como yo la rinda delante de mi buen esposo,
la dare por bien empleada; quiça con mi muerte 15
quedará satisfecho de la fe que le mantuue,
hasta el vltimo trance de la vida.
Auia en este entretanto buelto Dorotea en
si, y auia estado escuchando todas las razones
que Luscinda dixo, por las quales vino en 20
conocimiento de quién ella era; que (*) viendo que
don Fernando aun no la dexaua de los braços,
ni respondia a sus razones, esforçandose lo
mas que pudo, se leuantó y se fue a hincar de
rodillas a sus pies, y, derramando mucha cantidad 25
de hermosas y lastimeras lagrimas, assi le
començo a dezir:
Si ya no es, señor mio, que los rayos deste
sol que en tus braços eclypsado tienes te quitan
y ofuscan los de tus ojos, ya auras echado 30
de ver que la que a tus pies está arrodillada
es la sinventura, hasta que tu quieras, y (*) la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 169
desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora
humilde a quien tu, por tu bondad o por tu
gusto, quisiste leuantar a la alteza de poder
llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los
limites de la honestidad, viuio vida contenta 5
hasta que a las vozes de tus importunidades
y, al parecer, justos y amorosos sentimientos,
abrio las puertas de su recato y te entregó las
llaues de su libertad, dadiua de ti tan mal
agradecida qual lo muestra bien claro auer sido 10
forçoso hallarme en el lugar donde me hallas,
y verte yo a ti de la manera que te veo. Pero,
con todo esto, no querria que cayesse en tu
imaginacion pensar que he venido aqui con
passos de mi deshonra, auiendome traydo solo 15
los del dolor y sentimiento de verme de ti
oluidada. Tu quisiste que yo fuesse tuya, y
quisistelo de manera, que, aunque aora quieras
que no lo sea, no sera possible que tu dexes
de ser mio. Mira, señor mio, que puede ser 20
recompensa a la hermosura y nobleza por quien
me dexas la incomparable voluntad que te
tengo. Tu no puedes ser de la hermosa Luscinda,
porque eres mio, ni ella puede ser tuya,
porque es de Cardenio. Y mas facil te (*) sera, 25
si en ello miras, reduzir tu voluntad a querer a
quien te adora, que no encaminar la que te
aborrece a que bien te quiera. Tu solicitaste
mi descuydo, tu rogaste a mi entereza, tu no
ignoraste mi calidad, tu sabes bien de la 30
manera que me entregué a toda tu voluntad: no te
queda lugar ni acogida de llamarte a engaño.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170
Y si esto es assi, como lo es, y tu eres tan
christiano como cauallero, ¿por qué por tantos
rodeos dilatas de hazerme venturosa en los
fines, como me heziste (*) en los principios? Y
si no me quieres por la que soy, que soy tu 5
verdadera y legitima esposa, quiereme, a lo
menos, y admiteme por tu esclaua; que como
yo esté en tu poder, me tendre por dichosa y
bien afortunada. No permitas, con dexarme y
desampararme, que se hagan y junten corrillos 10
en mi deshonra. No des tan mala vejez a mis
padres, pues no lo merecen los leales seruicios
que, como buenos vassallos, a los tuyos
siempre han hecho. Y si te parece que has de
aniquilar tu sangre por mezclarla con la mia, 15
considera que pocas o ninguna nobleza ay en el
mundo que no aya corrido por este camino, y
que la que se toma de las mugeres no es la que
haze al caso en las ilustres decendencias (*).
Quanto mas que la verdadera nobleza consiste 20
en la virtud, y si esta a ti te falta, negandome
lo que tan justamente me deues, yo quedaré
con mas ventajas de noble que las que tu tienes.
En fin, señor, lo que vltimamente te digo
es que, quieras o no quieras, yo soy tu esposa, 25
testigos son tus palabras, que no han ni deuen
(*) ser mentirosas, si ya es que te precias
de aquello por que me desprecias. Testigo sera
la firma que hiziste, y testigo el cielo a quien tu
llamaste por testigo de lo que me prometias. Y 30
quando todo esto falte, tu misma conciencia no
ha de faltar de dar bozes callando en mitad de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 171
tus alegrias, boluiendo por esta verdad que te
he dicho, y turbando tus mejores gustos y
contentos.
Estas y otras razones dixo la lastimada
Dorotea con tanto sentimiento y lagrimas, que los 5
mismos que acompañauan a don Fernando, y
quantos presentes estauan la acompañaron en
ellas. Escuchola don Fernando sin replicalle
palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y
principio a tantos solloços y suspiros (*), que bien 10
auia de ser coraçon de bronze el que con muestras
de tanto dolor no se enterneciera. Mirandola
estaua Luscinda, no menos lastimada de su
sentimiento que admirada de su mucha discrecion
y hermosura, y, aunque quisiera llegarse 15
a ella y dezirle algunas palabras de consuelo,
no la dexauan los braços de don Fernando, que
apretada la tenian; el qual, lleno de confusion
y espanto, al cabo de vn buen espacio que
atentamente estuuo mirando a Dorotea, abrio los 20
braços, y, dexando libre a Luscinda, dixo:
Venciste, hermosa Dorotea, venciste:
porque no es possible tener animo para negar
tantas verdades juntas.
Con el desmayo que Luscinda auia tenido, 25
assi como la dexó don Fernando yua a caer en
el suelo; mas hallandose Cardenio alli junto,
que a las espaldas de don Fernando se auia
puesto porque no le conociesse, pospuesto (*)
todo temor y auenturando (*) a todo riesgo, 30
acudio a sostener a Luscinda, y, cogiendola
entre sus braços, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172
Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya
tengas algun descanso, leal, firme y hermosa
señora mia, en ninguna parte creo yo que le
tendras mas seguro que en estos braços que
aora te reciben y otro tiempo te recibieron, 5
quando la fortuna quiso que pudiesse
llamarte mia.
A estas razones puso Luscinda en Cardenio
los ojos, y, auiendo començado a conocerle,
primero por la voz, y, assegurandose que el era 10
con la vista, casi fuera de sentido y sin tener
cuenta a ningun honesto respeto, le echó los
braços al cuello, y, juntando su rostro con el
de Cardenio, le dixo:
Vos, si, señor mio, sois el verdadero dueño 15
desta vuestra captiua (*), aunque mas lo
impida la contraria suerte, y aunque mas
amenazas le hagan [a] esta vida (*) que en la
vuestra se sustenta.
Estraño espectaculo fue este para don 20
Fernando y para todos los circunstantes,
admirandose de tan no visto sucesso. Pareciole a
Dorotea que don Fernando auia perdido la color
del rostro y que hazia ademan de querer
vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar 25
la mano a ponella en la espada; y assi como
lo penso, con no vista presteza se abraço con
el por las rodillas, besandoselas y teniendole
apretado, que no le dexaua mouer, y, sin cessar
vn punto de sus lagrimas, le dezia: 30
¿Qué es lo que piensas hazer, vnico refugio
mio, en este tan impensado trance? Tu tienes
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 173
a tus pies a tu esposa, y la que quieres que
lo sea está en los braços de su marido; mira
si te estara bien, o te sera possible, deshazer lo
que el cielo a hecho, o si te conuendra querer
leuantar a igualar a ti mismo a la que, 5
pospuesto (*) todo inconueniente, confirmada en
su verdad y firmeza, delante de tus ojos tiene
los suyos, bañados de licor amoroso el (*)
rostro y pecho de su verdadero esposo. Por
quien Dios es te ruego, y por quien tu eres 10
te suplico, que este tan notorio desengaño no
solo no acreciente tu ira, sino que la mengue
en tal manera, que con quietud y sossiego
permitas que estos dos amantes le tengan sin
impedimento tuyo todo el tiempo que el cielo 15
quisiere concedersele, y en esto mostrarás la
generosidad de tu ilustre y noble pecho, y
vera el mundo que tiene contigo mas fuerça
la razon que el apetito.
En tanto que esto dezia Dorotea, aunque 20
Cardenio tenia abraçada a Luscinda, no quitaua
los ojos de don Fernando, con determinacion
de que si le viesse hazer algun mouimiento
en su perjuyzio, procurar defenderse y
ofender como mejor pudiesse (*) a todos 25
aquellos que en su daño se mostrassen, aunque le
costasse la vida; pero a esta sazon acudieron
los amigos de don Fernando, y el cura y el
barbero, que a todo auian estado presentes,
sin que faltasse el bueno de Sancho Pança, y 30
todos rodeauan a don Fernando, suplicandole
tuuiesse por bien de mirar las lagrimas de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174
Dorotea, y que, siendo verdad, como sin duda
ellos creyan que lo era, lo que en sus razones
auia dicho, que no permitiesse quedasse
defraudada de sus tan justas esperanças. Que
considerasse que no acaso, como parecia, sino 5
con particular prouidencia del cielo se auian
todos juntado en lugar donde menos ninguno
pensaua. Y, que aduirtiesse, dixo el cura, que
sola la muerte podia apartar a Luscinda de
Cardenio, y aunque los diuidiessen filos de alguna 10
espada, ellos tendrian por felicissima su (*)
muerte, y que en los lazos (*) inremediables
era suma cordura, forçandose y venciendose a
si mismo, mostrar vn generoso pecho, permitiendo
que por sola su voluntad los dos gozassen 15
el bien que el cielo ya les auia concedido;
que pusiesse los ojos ansimesmo (*) en la
beldad de Dorotea, y veria que pocas, o ninguna,
se le podian igualar, quanto mas hazerle
ventaja, y que juntasse a su hermosura su 20
humildad y el estremo del amor que le tenia, y,
sobre todo, aduirtiesse que si se preciaua de
cauallero y de christiano, que no podia (*) hazer
otra cosa que cumplille (*) la palabra dada;
y que, cumpliendosela, cumpliria con Dios y 25
satisfaria a las gentes discretas, las quales
saben y conocen que es prerrogatiua de la
hermosura, aunque esté en sujeto humilde, como
se acompañe con la honestidad, poder leuantarse
e igualarse a qualquiera alteza, sin nota 30
de menoscabo del que la leuanta e iguala a si
mismo; y quando se cumplen las fuertes leyes
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 175
del gusto, como en ello no interuenga pecado,
no deue de ser culpado el que las sigue.
En efeto, a estas razones añadieron todos
otras, tales y tantas, que el valeroso pecho de
don Fernando, en fin, como alimentado con 5
ilustre sangre, se ablandó y se dexó vencer de
la verdad que el no pudiera negar aunque
quisiera, y la señal que dio de auerse rendido y
entregado al buen parecer que se le auia
propuesto fue abaxarse y abraçar a Dorotea, 10
diziendole:
Leuantaos, señora mia; que no es justo que
esté arrodillada a mis pies la que yo tengo en
mi alma, y si hasta aqui no he dado muestras
de lo que digo, quiça ha sido por orden del 15
cielo, para que, viendo yo en vos la fe con que
me amays, os sepa estimar en lo que mereceys.
Lo que os ruego es que no me reprehendais
mi mal termino y mi mucho descuydo, pues
la misma ocasion y fuerça que me mouio para 20
acetaros por mia, essa misma me impelio para
procurar no ser vuestro; y que esto sea verdad,
bolued y mirad los ojos de la ya contenta
Luscinda, y en ellos hallareys disculpa de todos
mis yerros; y pues ella halló y alcançó lo que 25
desseaua, y yo he hallado en vos lo que me
cumple, viua ella segura y contenta luengos
y felices años con su Cardenio, que yo rogaré
(*) al cielo que me los dexe viuir con mi
Dorotea. 30
Y, diziendo esto, la tornó a abraçar y a
juntar su rostro con el suyo, con tan tierno
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176
sentimiento, que le fue necessario tener gran
cuenta con que las lagrimas no acabassen de
dar indubitables señas (*) de su amor y
arrepentimiento. No lo hizieron assi las de
Luscinda y Cardenio, y aun las de casi todos los que 5
alli presentes estauan, porque començaron a
derramar tantas, los vnos de contento proprio
(*), y los otros del ageno, que no parecia
sino que algun graue y mal caso a todos auia
sucedido. Hasta Sancho Pança lloraua, aunque 10
despues dixo que no lloraua el sino por ver que
Dorotea no era, como el pensaua, la reyna
Micomicona, de quien el tantas mercedes esperaua.
Duró algun espacio, junto con el llanto,
la admiracion en todos, y luego Cardenio y 15
Luscinda se fueron a poner de rodillas ante
don Fernando, dandole gracias de la merced
que les auia hecho con tan corteses razones,
que don Fernando no sabia qué responderles,
y, assi, los leuantó y abraçó con muestras de 20
mucho amor y de mucha cortesia.
Preguntó luego a Dorotea le dixesse cómo
auia venido a aquel lugar tan lexos del suyo.
Ella, con breues y discretas razones, conto todo
lo que antes auia contado a Cardenio, de lo 25
qual gustó tanto don Fernando y los que con
el venian, que quisieran que durara el cuento
mas tiempo: tanta era la gracia con que Dorotea
contaua sus desuenturas. Y assi como huuo
acabado, dixo don Fernando lo que en la ciudad 30
le auia acontecido, despues que halló el
papel en el seno de Luscinda, donde declaraua
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 177
ser esposa de Cardenio y no poderlo ser suya;
dixo que la quiso matar, y lo hiziera si de sus
padres no fuera impedido, y que, assi, se salio
de su casa despechado y corrido, con
determinacion de vengarse con (*) mas comodidad, y 5
que otro dia supo como Luscinda auia faltado
de casa de sus padres, sin que nadie supiesse
dezir dónde se auia ydo, y que, en resolucion,
al cabo de algunos meses vino a saber como
estaua en vn monesterio (*), con voluntad de 10
quedarse en el toda la vida, si no la pudiesse
passar con Cardenio; y que assi como lo supo,
escogiendo para su compañia aquellos tres
caualleros, vino al lugar donde estaua, a la
qual no auia querido hablar, temeroso que en 15
sabiendo que el estaua alli, auia de auer mas
guarda en el monesterio (*); y, assi,
aguardando vn dia a que la porteria estuuiesse
abierta, dexó a los dos a la guarda de la puerta,
y el con otro auian entrado en el monesterio 20
(*) buscando a Luscinda, la qual hallaron
en el claustro (*) hablando con vna monja;
y, arrebatandola, sin darle lugar a otra cosa,
se auian venido con ella a vn lugar donde
se acomodaron de aquello que huuieron menester 25
para traella. Todo lo qual auian podido
hazer bien a su saluo por estar el monesterio
(*) en el campo, buen trecho fuera del
pueblo. Dixo que assi como Luscinda se vio
en su poder, perdio todos los sentidos, y que 30
despues de buelta en si no auia hecho otra
cosa sino llorar y suspirar (*), sin hablar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 178
palabra alguna, y que, assi, acompañados de
silencio y de lagrimas auian llegado a aquella
venta, que para el era auer llegado al cielo,
donde se rematan y tienen fin todas las
desuenturas de la tierra. 5
p. 179
Capitulo XXXVII
Donde (*) se prosigue la historia de la
famosa infanta Micomicona, con otras graciosas
auenturas.
Todo esto escuchaua Sancho, no con poco 5
dolor de su anima, viendo que se le desparecian
e yuan en humo las esperanças de su ditado,
y que la linda princesa Micomicona se le
auia buelto en Dorotea, y el gigante en don
Fernando, y su amo se estaua durmiendo (*) a 10
sueño suelto, bien descuydado de todo lo
sucedido. No se podia assegurar Dorotea si era
soñado el bien que posseya. Cardenio estaua
en el mismo pensamiento, y el de Luscinda
corria por la misma cuenta. Don Fernando daua 15
gracias al cielo por la merced recebida (*) y
auerle sacado de aquel intricado laberinto,
donde se hallaua tan a pique de perder el credito
y el alma; y, finalmente, quantos en la venta
estauan, estauan contentos y gozosos del buen 20
sucesso que auian tenido tan trauados y
desesperados negocios.
Todo lo ponia en su punto el cura, como
discreto, y a cada vno daua el parabien del bien
alcançado; pero quien mas jubilaua y se 25
contentaua era la ventera, por la promessa que
Cardenio y el cura le auian hecho de pagalle
todos los daños e interesses que por cuenta de
don Quixote le huuiessen venido. Solo Sancho,
como ya se ha dicho, era el afligido, el 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180
desuenturado y el triste; y, assi, con
malenconico (*) semblante entró a su amo, el qual
acabaua de despertar, a quien dixo:
Bien puede vuestra merced, señor Triste
Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuydado 5
de matar a ningun gigante, ni de boluer a la
princesa su reyno; que ya todo está hecho y
concluydo.
Esso creo yo bien, respondio don Quixote,
porque he tenido con el gigante la mas 10
descomunal y desaforada batalla que pienso tener
en todos los dias de mi vida; y de vn reues,
¡zas!, le derribé la cabeça en el suelo; y fue
tanta la sangre que le salio, que los arroyos
corrian por la tierra, como si fueran de agua. 15
Como si fueran de vino tinto, pudiera
vuestra merced dezir mejor, respondio Sancho;
porque quiero que sepa vuestra merced, si es
que no lo sabe, que el gigante muerto es vn
cuero horadado, y la sangre, seys arrobas de 20
vino tinto que encerraua en su vientre; y la
cabeça cortada es la puta que me pario, y lleuelo
todo Satanas.
Y ¿qué es lo que dizes, loco?, replicó don
Quixote. ¿Estás en tu seso? 25
Leuantese vuestra merced, dixo Sancho,
y vera el buen recado que a hecho, y lo que
tenemos que pagar; y vera a la reyna conuertida
en vna dama particular, llamada Dorotea,
con otros sucessos, que, si cae en ellos, le han 30
de admirar.
No me marauillaria de nada desso, replicó
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 181
don Quixote, porque, si bien te acuerdas, la
otra vez que aqui estuuimos, te dixe yo que
todo quanto aqui sucedia eran cosas de
encantamento, y no seria mucho que aora fuesse lo
mesmo (*). 5
Todo lo creyera yo, respondio Sancho, si
tambien mi manteamiento fuera cosa desse
jaez; mas no lo fue, sino real y verdaderamente,
y vi yo que el ventero, que aqui está oy dia,
tenia del vn cabo de la manta, y me empujaua 10
hazia el cielo con mucho donayre y brio, y con
tanta risa como fuerça; y donde interuiene
conocerse las personas, tengo para mi, aunque
simple y pecador, que no ay encantamento
alguno, sino mucho molimiento y mucha mala 15
ventura.
Aora bien, Dios lo remediará, dixo don
Quixote; dame de vestir, y dexame salir alla
fuera; que quiero ver los sucessos y
transformaciones que dizes. 20
Diole de vestir Sancho, y en el entretanto
que se vestia, conto el cura a don Fernando y
a los demas (*) las locuras de don Quixote, y
del artificio que auian vsado para sacarle de la
Peña Pobre, donde el se imaginaua estar por 25
desdenes de su senora. Contoles assimismo
casi todas las auenturas que Sancho auia
contado, de que no poco se admiraron y rieron,
por parecerles, lo que a todos parecia, ser el
mas estraño genero de locura que podia caber 30
en pensamiento desparatado (*). Dixo mas el
cura: que pues ya el buen sucesso de la señora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182
Dorotea impidia passar con su disignio adelante,
que era menester inuentar y hallar otro para
poderle lleuar a su tierra. Ofreciose Cardenio
de proseguir lo començado, y que Luscinda
haria y representaria (*) la persona de Dorotea. 5
No, dixo don Fernando; no ha de ser assi;
que yo quiero que Dorotea prosiga su inuencion,
que, como no sea muy lexos de aqui el
lugar deste buen cauallero, yo holgaré de que
se procure su remedio. 10
No está mas de dos jornadas de aqui (*).
Pues aunque estuuiera mas (*), gustara yo
de caminallas, a trueco de hazer tan buena
obra.
Salio en esto don Quixote, armado de todos 15
sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado,
de Mambrino (*) en la cabeça, embraçado de
su rodela y arrimado a su tronco o lançon.
Suspendio a don Fernando y a los demas la
estraña presencia de don Quixote, viendo su 20
rostro de media legua de andadura, seco y
amarillo, la desigualdad de sus armas y su
messurado continente, y estuuieron callando
hasta ver lo que el dezia, el qual, con mucha
grauedad y reposo, puestos los ojos en la 25
hermosa Dorotea, dixo:
Estoy informado, hermosa señora, deste mi
escudero que la vuestra grandeza se ha aniquilado,
y vuestro ser se ha deshecho, porque de
reyna y gran señora que soliades ser, os aueys 30
buelto en vna particular donzella; si esto ha
sido por orden del rey nigromante de vuestro
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 183
padre, temeroso que yo no os diesse la
necessaria y deuida ayuda, digo que no supo, ni
sabe, de la missa la media, y que fue poco
versado en las historias cauallerescas; porque si
el las huuiera leydo y passado tan atentamente, 5
y con tanto espacio como yo las passé y lei,
hallara a cada passo cómo otros caualleros, de
menor fama que la mia, auian acabado cosas
mas dificultosas, no siendolo mucho matar a vn
gigantillo, por arrogante que sea; porque no ha 10
muchas horas que yo me vi con el; y... quiero
callar, porque no me digan que miento; pero
el tiempo, descubridor (*) de todas las cosas,
lo dira quando menos lo pensemos.
Vistesos vos con dos cueros, que no con vn 15
gigante, dixo a esta sazon el ventero, al qual
mandó don Fernando que callasse y no
interrumpiesse (*) la platica de don Quixote en
ninguna manera; y don Quixote prosiguio,
diziendo: 20
Digo, en fin, alta y desheredada señora, que
si por la causa que he dicho vuestro padre ha
hecho este metamorfoseos (*) en vuestra persona,
que no le deys credito alguno; porque no
ay ningun peligro en la tierra por quien no 25
se (*) abra camino mi espada, con la qual,
poniendo la cabeça de vuestro enemigo en tierra,
os pondre a vos la corona de la vuestra en la
cabeça, en breues dias.
No dixo mas don Quixote, y esperó a que 30
la princesa le respondiesse, la (*) qual, como
ya sabia la determinacion de don Fernando,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184
de que se prosiguiesse adelante en el engaño
hasta lleuar a su tierra a don Quixote, con
mucho donayre y grauedad le respondio:
Quienquiera que os dixo, valeroso cauallero
de la Triste Figura, que yo me auia mudado 5
y trocado de mi ser, no os dixo lo cierto,
porque la misma que ayer fuy me soy oy: verdad
es que alguna mudança han hecho en mi ciertos
acaecimientos de buena ventura, que me la
han dado la mejor que yo pudiera dessearme; 10
pero no por esso he dexado de ser la que antes,
y de tener los mesmos (*) pensamientos de
valerme del valor de vuestro valeroso e
inuenerable (*) braço que siempre he tenido; assi
que, señor mio, vuestra bondad buelua la 15
honra al padre que me engendró, y tengale por
hombre aduertido y prudente, pues con su
ciencia halló camino tan facil y tan verdadero
para remediar mi desgracia; que yo creo que
si por vos, señor, no fuera, jamas acertara a 20
tener la ventura que tengo, y en esto digo tanta
verdad, como son buenos testigos della los
mas destos señores que estan presentes; lo
que resta es que mañana nos pongamos en
camino, porque ya oy se podra hazer poca 25
jornada, y en lo demas del buen sucesso que
espero, lo dexaré a Dios y al valor de vuestro
pecho (*).
Esto dixo la discreta Dorotea, y, en oyendolo
don Quixote, se boluio a Sancho, y, con 30
muestras de mucho enojo, le dixo:
Aora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 185
vellaquelo que ay en España; dime, ladron
bagamundo, ¿no me acabaste de dezir aora que
esta princesa se auia buelto en vna donzella
que se llamaua Dorotea, y que la cabeça que
entiendo que corté a vn gigante era la puta 5
que te pario, con otros disparates que me
pusieron en la mayor confusion que jamas he
estado en todos los dias de mi vida? ¡Voto --y
miró al cielo y apreto los dientes--, que estoy
por hazer vn estrago en ti, que ponga sal en la 10
mollera a todos quantos mentirosos escuderos
huuiere de caualleros andantes, de aqui
adelante, en el mundo!
Vuestra merced se sossiegue, señor mio,
respondio Sancho, que bien podria ser que 15
yo me huuiesse engañado en lo que toca a la
mutacion de la señora princesa Micomicona;
pero en lo que toca a la cabeça del gigante, o,
a lo menos, a la horadacion de los cueros, y a
lo de ser vino tinto la sangre, no me engaño, 20
¡viue Dios!, porque los cueros alli estan heridos
a la cabecera del lecho de vuestra merced, y el
vino tinto tiene hecho vn lago el aposento, y si
no, al freyr de los hueuos lo vera: quiero dezir,
que lo vera quando aqui su merced del señor 25
ventero le pida el menoscabo de todo. De lo
demas, de que la señora reyna se esté como
se estaua, me regozijo en el alma, porque me
va mi parte, como a cada hijo de vezino.
Aora yo te digo, Sancho, dixo don Quixote, 30
que eres vn mentecato, y perdoname, y basta.
Basta, dixo don Fernando, y no se hable
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186
mas en esto; y pues la señora princesa dize
que se camine mañana, porque ya oy es tarde,
hagase asi, y esta noche la podremos passar en
buena conuersacion hasta el venidero dia,
donde todos acompañaremos al señor don Quixote, 5
porque queremos ser testigos de las valerosas
e inauditas hazañas que ha de hazer en el
discurso desta grande empresa que a su cargo
lleua.
Yo soy el que tengo de seruiros y 10
acompañaros, respondio don Quixote; y agradezco
mucho la merced que se me haze y la buena
opinion que de mi se tiene, la qual procuraré
que salga verdadera, o me costará la vida, y
aun mas, si mas costarme puede. 15
Muchas palabras de comedimiento y muchos
ofrecimientos passaron entre don Quixote y don
Fernando; pero a todo puso silencio vn passagero
que en aquella sazon entró en la venta, el
qual en su traje mostraua ser christiano rezien 20
venido de tierra de moros, porque venia vestido
con vna casaca de paño azul, corta de faldas,
con medias mangas y sin cuello; los calçones
eran assimismo de lienço azul (*), con bonete
de la misma color; traya vnos borzeguies datilados 25
y vn alfanje morisco, puesto en vn taheli
(*) que le atrauessaua el pecho. Entró luego
tras el, encima de vn jumento, vna muger a la
morisca vestida, cubierto el rostro, con vna toca
en la cabeça; traya vn bonetillo de brocado, y 30
vestida vna almalafa (*) que desde los ombros
a los pies la cubria.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 187
Era el hombre de robusto y agraciado talle,
de edad de poco mas de quarenta años, algo
moreno de rostro, largo de vigotes, y la barba
muy bien puesta; en resolucion, el mostraua en
su apostura, que si estuuiera bien vestido, le 5
juzgaran por persona de calidad y bien nacida.
Pidio en entrando vn aposento, y como le
dixeron que en la venta no le auia, mostro
recebir (*) pesadumbre, y, llegandose a la que en
el traje parecia mora, la apeó en sus braços. 10
Luscinda, Dorotea, la ventera, su hija y Maritornes,
lleuados (*) del nueuo y para ellos nunca
visto traje, rodearon a la mora, y Dorotea, que
siempre fue agraciada, comedida y discreta,
pareciendole que assi ella como el que la traya se 15
congoxauan por la falta del aposento, le dixo:
No os de mucha pena, señora mia, la incomodidad
de regalo que aqui falta, pues es proprio
(*) de ventas no hallarse en ellas; pero, con
todo esto, si gustaredes de passar (*) con 20
nosotras --señalando a Luscinda--, quiça en el
discurso de este camino aureys hallado otros
no tan buenos acogimientos.
No respondio nada a esto la emboçada, ni
hizo otra cosa que leuantarse de donde sentado 25
se auia, y puestas entrambas manos cruzadas
sobre el pecho, inclinada la cabeça, dobló
el cuerpo en señal de que lo agradecia. Por
su silencio imaginaron que, sin duda alguna,
deuia de ser mora y que no sabia hablar christiano 30
(*). Llegó en esto el cautiuo, que entendiendo
en otra cosa hasta entonces auia estado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188
y, viendo que todas tenian cercada a la que
con el venia, y que ella a quanto le dezian
callaua, dixo:
Señoras mias, esta donzella apenas entiende
mi lengua, ni sabe hablar otra ninguna sino 5
conforme a su tierra, y por esto no deue de
auer respondido, ni responde, a lo que se le
ha preguntado.
No se le pregunta otra cosa ninguna,
respondio Luscinda, sino ofrecelle por esta 10
noche nuestra compañia y parte del lugar donde
nos acomodaremos, donde se le hara el regalo
que la comodidad ofreciere con la voluntad
que obliga a seruir a todos los estrangeros que
dello tuuieren necessidad, especialmente 15
siendo muger a quien se sirue.
Por ella y por mi, respondio el captiuo (*),
os beso, señora mia, las manos, y estimo mucho
(*) y en lo que es razon la merced ofrecida,
que en tal ocasion, y de tales personas como 20
vuestro parecer muestra, bien se hecha de ver
que ha de ser muy grande.
Dezidme, señor, dixo Dorotea: esta señora
¿es christiana o mora? Porque el traje y
el silencio nos haze pensar que es lo que no 25
querriamos que fuesse.
Mora es en el traje y en el cuerpo (*); pero
en el alma es muy grande christiana, porque
tiene grandissimos desseos de serlo.
Luego ¿no es baptizada (*)?, replicó 30
Luscinda.
No ha auido lugar para ello, respondio el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 189
captiuo (*), despues que salio de Argel, su
patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en
peligro de muerte tan cercana, que obligasse a
baptizalla (*) sin que supiesse primero todas las
ceremonias que nuestra madre la Santa Iglesia 5
manda; pero Dios sera seruido que presto se
bautize (*) con la decencia que la calidad de su
persona merece, que es mas de lo que muestra
su habito y el mio.
[Con] estas razones puso (*) gana en todos 10
los que escuchandole estauan de saber quién
fuesse la mora y el captiuo (*); pero nadie se
lo quiso preguntar por entonces, por ver que
aquella sazon era mas para procurarles descanso
que para preguntarles (*) sus vidas. Dorotea 15
la tomó por la mano y la lleuó a sentar
junto a si, y le rogo que se quitasse el emboço.
Ella miró al cautiuo, como si le preguntara le
dixesse lo que dezian y lo que ella haria. El, en
lengua arauiga, le dixo que le pedian se quitasse 20
el emboço, y que lo hiziesse, y, assi, se
lo quitó y descubrio vn rostro tan hermoso, que
Dorotea la tuuo por mas hermosa que a Luscinda,
y Luscinda por mas hermosa que a Dorotea,
y todos los circustantes (*) conocieron 25
que si alguno se podria igualar al de las dos,
era el de la mora, y aun huuo algunos que le
auentajaron en alguna cosa. Y como la hermosura
tenga prerrogatiua y gracia de reconciliar
los animos y atraer las voluntades, luego 30
se rindieron todos al desseo de seruir y
acariciar a la hermosa mora.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 190
Preguntó don Fernando al captiuo (*) cómo
se llamaua la mora, el qual respondio que lela
Zorayda, y assi como esto oyo ella, entendio lo
que le auian preguntado al christiano, y dixo
con mucha priessa, llena de congoxa y 5
donayre:
¡No, no Zorayda: Maria, Maria!, dando a
entender que se llamaua Maria y no Zorayda.
Estas palabras, el grande afecto (*) con que
la mora las dixo, hizieron derramar mas de vna 10
lagrima a algunos de los que la escucharon,
especialmente a las mugeres, que de su
naturaleza son tiernas y compassiuas. Abraçola
Luscinda con mucho amor, diziendole:
¡Si, si; Maria, Maria! 15
A lo qual respondio la mora:
¡Si, si; Maria; Zorayda macange! (*), que
quiere dezir, no.
Ya en esto llegaua la noche (*), y por orden
de los que venian con don Fernando auia el 20
ventero puesto diligencia y cuydado en
adereçarles de cenar (*) lo mejor que a el le fue
possible. Llegada, pues, la hora, sentaronse
todos a vna larga mesa, como de tinelo,
porque no la auia redonda ni quadrada en la 25
venta, y dieron la cabecera y principal assiento,
puesto que el lo rehusaua, a don Quixote, el
qual quiso que estuuiesse a su lado la señora
Micomicona, pues el era su aguardador (*).
Luego se sentaron Luscinda y Zorayda, y frontero 30
dellas, don Fernando y Cardenio, y luego
el cautiuo y los demas caualleros, y al lado de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 191
las señoras, el cura y el barbero. Y, assi,
cenaron (*) con mucho contento, y acrecentoseles
mas viendo que, dexando de comer don Quixote,
mouido de otro semejante espiritu que el
que le mouio a hablar tanto como habló quando 5
cenó con los cabreros, començo a dezir:
Verdaderamente, si bien se considera, señores
mios, grandes e inauditas cosas ven los que
professan la orden de la andante caualleria. Si
no, ¿quál de los viuientes aura (*) en el mundo 10
que aora por la puerta deste castillo entrara (*),
y de la suerte que estamos nos viere, que
juzgue y crea que nosotros somos quien somos?
¿Quién podra dezir que esta señora que está a
mi lado es la gran reyna que todos sabemos, y 15
que yo soy aquel cauallero de la Triste Figura
que anda por ahi en boca de la fama? Aora no
ay que dudar, sino que esta arte y exercicio
excede a todas aquellas y aquellos que los
hombres inuentaron, y tanto mas se ha de tener en 20
estima, quanto a mas peligros está sugeto.
Quitenseme delante los que dixeren que las letras
hazen ventaja a las armas; que les dire, y sean
quien se fueren, que no saben lo que dizen.
Porque la razon que los tales suelen dezir, y a 25
lo que ellos mas se atienen, es que los trabajos
del espiritu exceden a los del cuerpo, y que las
armas solo con el cuerpo se exercitan, como si
fuesse su exercicio oficio de ganapanes, para
el qual no es menester mas de buenas fuerças, 30
o como si en esto que llamamos armas los que
las professamos no se encerrassen los actos de
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la fortaleza, los quales piden para executallos
mucho entendimiento, o como si no trabajasse
el animo del guerrero que tiene a su cargo vn
exercito o la defensa de vna ciudad sitiada,
assi con el espiritu como con el cuerpo. Si no, 5
vease si se alcança con las fuerças corporales
a saber y congeturar el intento del enemigo,
los disignios (*), las estratagemas, las
dificultades, el preuenir los daños que se temen;
que todas estas cosas son acciones del 10
entendimiento, en quien no tiene parte alguna el
cuerpo.
Siendo, pues, ansi, que las armas requieren
espiritu como las letras, veamos aora quál de
los dos espiritus, el del letrado o el del 15
guerrero, trabaja mas. Y esto se vendra a conocer
por el fin y paradero a que cada vno se
encamina, porque aquella intencion se ha de
estimar en mas que tiene por objeto mas noble
fin. Es el fin y paradero de las letras..., y no 20
hablo aora de las diuinas, que tienen por blanco
lleuar y encaminar las almas al cielo; que
a vn fin tan sin fin como este ninguno otro se
le puede ygualar: hablo de las letras humanas,
que es su fin poner en su punto la justicia 25
distributiua y dar a cada vno lo que es suyo,
entender y hazer que las buenas leyes se
guarden, fin por cierto generoso y alto y digno
de grande alabança, pero no de tanta como
merece aquel a que las armas atienden, las 30
quales tienen por objeto y fin la paz, que es el
mayor bien que los hombres pueden dessear
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 193
en esta vida. Y, assi, las primeras buenas
nueuas que tuuo el mundo y tuuieron los hombres
fueron las que dieron los angeles la noche que
fue nuestro dia, quando cantaron en los ayres:
«Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a 5
»los hombres de buena voluntad»; y a la
salutacion que el mejor maestro de la tierra y del
cielo enseñó a sus allegados y fauoridos (*) fue
dezirles que, quando entrassen en alguna casa,
dixessen: «Paz sea en esta casa.» Y otras 10
muchas vezes les dixo: «Mi paz os doy, mi paz os
»dexo, paz sea con vosotros», bien como joya y
prenda dada y dexada de tal mano, joya, que
sin ella, en la tierra ni en el cielo puede auer
bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la 15
guerra, que lo mesmo (*) es dezir armas que
guerra. Prosupuesta (*), pues, esta verdad, que
el fin de la guerra es la paz, y que en esto haze
ventaja al fin de las letras, vengamos aora a
los trabajos del cuerpo del letrado y a los del 20
professor de las armas, y vease quáles son
mayores.
De tal manera y por tan buenos terminos
yua prosiguiendo en su platica don Quixote,
que obligó a que por entonces ninguno de los 25
que escuchandole estauan le tuuiesse (*) por
loco. Antes, como todos los mas eran
caualleros, a quien son anejas las armas, le
escuchauan de muy buena gana; y el prosiguio
diziendo: 30
Digo, pues, que los trabajos del estudiante
son estos: principalmente, pobreza, no porque
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 194
todos sean pobres, sino por poner este caso en
todo el estremo que pueda (*) ser, y en auer
dicho que padece pobreza, me parece que no
auia que dezir mas de su mala ventura. Porque
quien es pobre no tiene cosa buena; esta 5
pobreza la padece por sus partes, ya en
hambre, ya en frio, ya en desnudez, ya en todo
junto. Pero, con todo esso, no es tanta, que
no coma, aunque sea vn poco mas tarde de
lo que se vsa, aunque sea de las sobras de 10
los ricos; que es la mayor miseria del
estudiante este (*) que entre ellos llaman andar
a la sopa, y no les falta algun ageno brasero
o chimenea, que, si no callenta (*), a lo menos
entibie su frio, y, en fin, la noche duermen 15
debaxo (*) de cubierta. No quiero llegar a
otras menudencias, conuiene a saber, de la
falta de camisas y no sobra de çapatos, la
raridad y poco pelo del vestido, ni aquel
ahitarse con tanto gusto, quando la buena suerte 20
les depara algun banquete.
Por este camino que he pintado, aspero y
dificultoso, tropeçando aqui, cayendo alli,
leuantandose aculla, tornando a caer aca, llegan
al grado que dessean, el qual alcançado (*), a 25
muchos hemos visto que, auiendo passado por
estas Sirtes y por estas Scilas y Caribdis, como
lleuados en buelo de la fauorable fortuna, digo
que los hemos visto mandar y gouernar (*) el
mundo desde vna silla, trocada su hambre en 30
hartura, su frio en refrigerio (*), su desnudez
en galas y su dormir en vna estera en reposar
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 195
en olandas y damascos, premio justamente
merecido de su virtud; pero contrapuestos y
comparados sus trabajos con los del milite
guerrero, se quedan muy atras en todo, como
aora dire. 5
p. 196
Capitulo XXXVIII
Que trata del curioso discurso que hizo don
Quixote de las armas y las letras (*).
Prosiguiendo don Quixote, dixo:
Pues començamos en el estudiante por la 5
pobreza y sus partes, veamos si es mas rico el
soldado. Y veremos que no ay ninguno mas
pobre en la misma pobreza, porque está
atenido a la miseria de su paga, que viene o
tarde o nunca, o a lo que garbeare por sus 10
manos, con notable peligro de su vida y de su
conciencia. Y a vezes suele ser su desnudez
tanta, que vn coleto acuchillado le sirue de
gala y de camisa, y en la mitad del inuierno
se suele reparar de las inclemencias del cielo, 15
estando en la campaña rasa, con solo el aliento
de su boca, que, como sale de lugar vazio,
tengo por aueriguado que deue de salir frio,
contra toda naturaleza. Pues esperad que espere
que llegue la noche para restaurarse de todas 20
estas incomodidades en la cama que le aguarda,
la qual, si no es por su culpa, jamas pecará
de estrecha; que bien puede medir en la
tierra los pies que quisiere, y reboluerse en ella
a su sabor, sin temor que se le encojan las 25
sauanas.
Lleguese, pues, a todo esto el dia y la hora
de recebir el grado de su exercicio; lleguese
vn dia de batalla, que alli le pondran la borla
en la cabeça, hecha de hilas, para curarle algun 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 197
balazo que quiça le aura passado las sienes,
o le dexará estropeado de braço o pierna. Y
quando esto no suceda, sino que el cielo
piadoso le guarde y conserue sano y viuo, podra
ser que se quede en la mesma (*) pobreza que 5
antes estaua, y que sea menester que suceda
vno y otro rencuentro, vna y otra batalla, y
que de todas salga vencedor, para medrar en
algo. Pero estos milagros vense raras vezes.
Pero dezidme, señores, si aueys mirado en 10
ello, quán menos son los premiados por la
guerra que los que han perecido en ella. Sin
duda aueys de responder que no tienen
comparacion, ni se pueden reduzir a cuenta los
muertos, y que se podran contar los premiados 15
viuos con tres letras de guarismo. Todo esto
es al reues en los letrados, porque de faldas,
que no quiero dezir de mangas, todos tienen
en qué entretenerse. Assi que, aunque es mayor
el trabajo del soldado, es mucho menor el 20
premio. Pero a esto se puede responder que
es mas facil premiar a dos mil letrados que a
treynta mil soldados, porque a aquellos se
premian con darles oficios que por fuerça se (*)
han de dar a los de su profession, y a estos no 25
se pueden (*) premiar, sino con la mesma (*)
hazienda del señor a quien siruen, y esta
impossibilidad fortifica mas la razon que tengo.
Pero dexemos esto aparte, que es laberinto
de muy dificultosa salida, sino boluamos a la 30
preeminencia de las armas contra las letras:
materia que hasta aora está por aueriguar,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198
segun son las razones que cada vna de su parte
alega; y entre las que he dicho, dizen las letras
que sin ellas no se podrian sustentar las armas,
porque la guerra tambien tiene sus leyes y está
sugeta a ellas, y que las leyes caen debaxo de 5
lo que son letras y letrados. A esto responden
las armas que las leyes no se podran sustentar
sin ellas, porque con las armas se defienden
las republicas, se conseruan los reynos, se
guardan las ciudades, se asseguran los caminos, 10
se despejan (*) los mares de cosarios, y,
finalmente, si por ellas no fuesse, las republicas,
los reynos, las monarquias, las ciudades,
los caminos de mar y tierra estarian sugetos
al rigor y a la confusion que trae consigo la 15
guerra el tiempo que dura y tiene licencia de
vsar de sus preuilegios y de sus fuerças. Y es
razon aueriguada que aquello que mas cuesta
se estima y deue de estimar (*) en mas.
Alcançar alguno a ser eminente en letras le 20
cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez,
vaguidos (*) de cabeça, indigestiones de estomago
y otras cosas a estas aderentes, que en parte
ya las tengo referidas. Mas llegar vno por sus
terminos a ser buen soldado le cuesta todo lo 25
que a el estudiante, en tanto mayor grado que
no tiene comparacion, porque a cada passo
está a pique de perder la vida. Y ¿qué temor
de necessidad y pobreza puede llegar, ni fatigar
al estudiante, que llegue al que tiene vn 30
soldado, que, hallandose cercado en alguna
fuerça, y estando de posta o guarda en algun
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 199
rebellin o cauallero (*), siente que los enemigos
estan minando hazia la parte donde el está, y
no puede apartarse de alli por ningun caso, ni
huyr el peligro que de tan cerca le amenaza?
Solo lo que puede hazer es dar noticia a su 5
capitan de lo que passa, para que lo remedie con
alguna contramina, y el estarse quedo, temiendo
y esperando quándo improuisamente ha de
subir a las nuues sin alas y baxar al profundo
sin su voluntad. 10
Y si este parece pequeño peligro, veamos
si le yguala, o haze ventajas (*), el de
enuestirse dos galeras por las proas en mitad del
mar espacioso, las quales, enclauijadas y
trauadas, no le queda al soldado mas espacio del 15
que concede (*) dos pies de tabla del espolon.
Y, con todo esto, viendo que tiene delante de
si tantos ministros de la muerte que le amenazan
quantos cañones de artilleria se assestan
de la parte contraria, que no distan de su cuerpo 20
vna lança, y, viendo que al primer descuydo
de los pies yria a visitar los profundos senos
de Neptuno; y (*), con todo esto, con intrepido
coraçon, lleuado de la honra que le incita, se
pone a ser blanco de tanta arcabuzeria y 25
procura passar por tan estrecho passo al baxel
contrario. Y lo que mas es de admirar, que apenas
vno ha caydo donde no se podra leuantar hasta
la fin del mundo, quando otro ocupa su mesmo
(*) lugar, y si este tambien cae en el mar, que 30
como a enemigo le aguarda, otro y otro le
sucede, sin dar tiempo al tiempo (*) de sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200
muertes: valentia y atreuimiento el mayor que se
puede hallar en todos los trances de la guerra.
Bien ayan aquellos benditos siglos que
carecieron de la espantable furia de aquestos
endemoniados instrumentos de la artilleria, a 5
cuyo inuentor tengo para mi que en el infierno
se le está dando el premio de su diabolica
inuencion, con la qual dio causa que vn infame
y cobarde braço quite la vida a vn valeroso
cauallero, y que, sin saber cómo o por dónde, 10
en la mitad del corage y brio que enciende y
anima a los valientes pechos, llega vna
desmandada bala, disparada de quien quiza huyó
y se espantó del resplandor que hizo el fuego
al disparar de la maldita maquina, y corta y 15
acaba en vn instante los pensamientos y vida
de quien la merecia gozar luengos siglos.
Y, assi, considerando esto, estoy por dezir
que en el alma me pesa de auer tomado este
exercicio de cauallero andante en edad tan 20
detestable como es esta en que aora viuimos,
porque aunque a mi ningun peligro me pone
miedo, todauia me pone rezelo pensar si la
poluora y el estaño (*) me han de quitar la
ocasion de hazerme famoso y conocido por el 25
valor de mi braço y filos de mi espada, por todo
lo descubierto de la tierra. Pero haga el cielo
lo que fuere seruido; que tanto sere mas
estimado, si salgo con lo que pretendo, quanto a
mayores peligros me he puesto que se pusieron 30
los caualleros andantes de los passados
siglos.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 201
Todo este largo preambulo dixo don Quixote
en tanto que los demas cenauan (*), oluidandose
de lleuar bocado a la boca, puesto que
algunas vezes le auia dicho Sancho Pança que
cenasse (*), que despues auria lugar para dezir 5
todo lo que quisiesse. En los que escuchado
le auian sobreuino nueua lastima, de ver que
hombre que, al parecer, tenia buen entendimiento
y buen discurso en todas las cosas que
trataua (*), le vuiesse perdido tan rematadamente 10
en tratandole de su negra y pizmienta (*)
caualleria. El cura le dixo que tenia mucha
razon en todo quanto auia dicho en fauor de
las armas, y que el, aunque letrado y
graduado, estaua de su mesmo (*) parecer. 15
Acabaron de cenar (*), leuantaron los
manteles, y en tanto que la ventera, su hija y
Maritornes adereçauan el camaranchon de don
Quixote de la Mancha, donde auian determinado
que aquella noche las mugeres solas en el se 20
recogiessen, don Fernando rogo al cautiuo les
contasse el discurso de su vida, porque no
podria ser sino que fuesse peregrino y gustoso,
segun las muestras que auia començado a dar,
viniendo en compañia de Zorayda. A lo qual 25
respondio el cautiuo que de muy buena gana
haria lo que se le mandaua, y que solo temia
que el cuento no auia de ser tal, que les diesse
el gusto que el desseaua; pero que, con todo
esso, por no faltar en obedecelle, le contaria. 30
El cura y todos los demas se lo agradecieron,
y de nueuo se lo rogaron. Y el, viendose rogar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202
de tantos, dixo que no eran menester ruegos
adonde el mandar tenia tanta fuerça.
Y, assi, esten vuestras mercedes atentos, y
oyran vn discurso verdadero, a quien podria ser
que no llegassen los mentirosos que con 5
curioso y pensado artificio suelen componerse.
Con esto que dixo, hizo que todos se
acomodassen y le prestassen vn grande silencio,
y el, viendo que ya callauan y esperauan lo
que dezir quisiesse, con voz agradable y 10
reposada començo a dezir desta manera:
p. 203
Capitulo XXXIX
Donde el cautiuo cuenta su vida y sucessos.
En vn lugar de las montañas de Leon tuuo
principio mi linaje, con quien fue mas agradecida
y liberal la naturaleza que la fortuna, 5
aunque en la estrecheza de aquellos pueblos
todauia alcançaua mi padre fama de rico, y
verdaderamente lo fuera, si assi se diera maña
a conseruar su hazienda como se la daua en
gastalla. Y la condicion que tenia de ser liberal 10
y gastador le procedio de auer sido soldado
los años de su jouentud (*); que es escuela la
soldadesca, donde el mezquino se haze franco
y el franco prodigo, y si algunos soldados se
hallan miserables, son como monstruos que 15
se ven raras vezes. Passaua mi padre los
terminos de la liberalidad y rayaua en los de ser
prodigo, cosa que no le es de ningun prouecho
al hombre casado y que tiene hijos que le han
de suceder en el nombre y en el ser. Los que 20
mi padre tenia eran tres, todos varones y todos
de edad de poder elegir estado. Viendo, pues,
mi padre que, segun el dezia, no podia yrse
a la mano contra su condicion, quiso priuarse
del instrumento y causa que le hazia gastador 25
y dadiuoso, que fue priuarse de la hazienda,
sin la qual el mismo Alexandro pareciera
estrecho.
Y, assi, llamandonos vn dia a todos tres (*)
a solas en vn aposento, nos dixo vnas razones 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204
semejantes a las que aora dire. «Hijos, para
deziros que os quiero bien, basta saber y dezir
que soys mis hijos, y para entender que os
quiero mal, basta saber que no me voy a la
mano en lo que toca a conseruar vuestra 5
hazienda. Pues para que entendays desde aqui
adelante que os quiero como padre, y que no os
quiero destruyr como padrastro, quiero hazer
vna cosa con vosotros, que ha muchos dias
que la tengo pensada y con madura consideracion 10
dispuesta. Vosotros estays ya en edad de
tomar estado, o, a lo menos, de elegir
exercicio, tal, que, quando mayores, os honre y
aproueche. Y (*) lo que he pensado es hazer de
mi hazienda quatro partes: las tres os dare a 15
vosotros, a cada vno lo que le tocare, sin
exceder en cosa alguna, y con la otra me quedaré
yo para viuir y sustentarme los dias que el
cielo fuere seruido de darme de vida. Pero
querria que despues que cada vno tuuiesse en 20
su poder la parte que le toca de su hazienda,
siguiesse vno de los caminos que le dire. Ay
vn refran en nuestra España, a mi parecer, muy
verdadero, como todos lo son, por ser sentencias
breues sacadas de la luenga y discreta 25
experiencia, y el que yo digo (*), dize: «Yglesia,
»o mar, o casa Real» (*), como si mas claramente
dixera: Quien quisiere valer y ser rico,
siga, o la Yglesia, o nauegue exercitando el
arte de la mercancia, o entre a seruir a los 30
reyes en sus casas. Porque dizen: «Mas vale
»migaja de rey, que merced de señor.» Digo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 205
esto, porque querria, y es mi voluntad, que
vno de vosotros siguiesse las letras, el otro la
mercancia, y el otro siruiesse al rey en la
guerra, pues es dificultoso entrar a seruirle en su
casa; que ya que la guerra no de muchas riquezas, 5
suele dar mucho valor y mucha fama. Dentro
de ocho dias os dare toda vuestra parte en
dineros, sin defraudaros en vn ardite, como lo
vereys por la obra. Dezidme aora si quereys
seguir mi parecer y consejo en lo que os he 10
propuesto.»
Y, mandandome a mi, por ser el mayor, que
respondiesse, despues de auerle dicho que no
se deshiziesse de la hazienda, sino que gastasse
todo lo que fuesse su voluntad, que nosotros 15
eramos moços para saber ganarla, vine a
concluyr en que cumpliria su gusto, y que el mio
era seguir el exercicio de las armas, siruiendo
en el a Dios y a mi rey. El segundo hermano
hizo los mesmos (*) ofrecimientos, y escogio el 20
yrse a las Indias, lleuando empleada la
hazienda que le cupiesse. El menor, y, a lo que
yo creo, el mas discreto, dixo que queria
seguir la Yglesia, o yrse a acabar sus
començados estudios a Salamanca. Assi como 25
acabamos de concordarnos, y escoger nuestros
exercicios, mi padre nos abraçó a todos, y con
la breuedad que dixo, puso por obra quanto
nos auia prometido; y, dando a cada vno su
parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada 30
tres mil ducados, en dineros, porque vn nuestro
tio compró toda la hazienda y la pagó de contado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206
porque no saliesse del tronco de la casa,
en vn mesmo (*) dia nos despedimos todos tres
de nuestro buen padre, y en aquel mesmo (*),
pareciendome a mi ser inhumanidad que mi
padre quedasse viejo y con tan poca hazienda, 5
hize con el que de mis tres mil tomasse los dos
mil ducados, porque a mi me bastaua el resto
para acomodarme de lo que auia menester vn
soldado.
Mis dos hermanos, mouidos de mi exemplo, 10
cada vno le dio mil ducados. De modo que a
mi padre le quedaron quatro mil (*) en dineros,
y mas tres mil, que, a lo que parece, valia
la hazienda que le cupo, que no quiso vender,
sino quedarse con ella en rayzes. Digo, en fin, 15
que nos despedimos del y de aquel nuestro tio
que he dicho, no sin mucho sentimiento y lagrimas
de todos, encargandonos que les hiziessemos
saber, todas las vezes que vuiesse comodidad
para ello, de nuestros sucessos, prosperos 20
o aduersos. Prometimosselo, y, abraçandonos
y echandonos su bendicion, el vno tomó el
viage de Salamanca, el otro de Seuilla, y yo
el de Alicante, adonde tuue nueuas que auia
vna naue ginouesa que cargaua alli lana para 25
Genoua.
Este hara (*) veynte y dos años que sali de
casa de mi padre, y en todos ellos, puesto que
he escrito algunas cartas, no he sabido del ni
de mis hermanos nueua (*) alguna. Y lo que en 30
este discurso de tiempo he passado lo dire
breuemente. Embarqueme en Alicante, llegué con
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 207
prospero viage a Genoua, fuy desde alli a Milan,
donde me acomodé de armas y de algunas
galas de soldado, de donde quise yr a assentar
mi plaça al Piamonte, y, estando ya de camino
para Alexandria de la Palla (*), tuue nueuas que 5
el gran Duque de Alua passaua a Flandes (*).
Mudé proposito, fuyme con el, seruile en las
jornadas que hizo, halleme en la muerte de los
Condes de Eguemon y de Hornos, alcancé a
ser alferez de vn famoso capitan de Guadalajara, 10
llamado Diego de Vrbina (*). Y a cabo de
algun tiempo que llegué a Flandes, se tuuo
nueuas (*) de la liga que la Santidad del papa
Pio Quinto, de felice recordacion, auia hecho
con Venecia (*) y con España contra el enemigo 15
comun, que es el turco. El qual, en aquel
mesmo (*) tiempo, auia ganado con su armada
la famosa Isla de Chipre, que estaua debaxo del
dominio de venecianos (*), y perdida
lamentable y desdichada. 20
Supose cierto que venia por general desta
liga el serenissimo don Iuan de Austria (*),
hermano natural de nuestro buen rey don Felipe.
Diuulgose el grandissimo aparato de guerra
que se hazia. Todo lo qual me incitó y 25
conmouio el animo y el desseo de verme en la
jornada que se esperaua; y aunque tenia
barruntos, y casi promessas ciertas, de que en la
primera ocasion que se ofreciesse seria promouido
a capitan, lo quise dexar todo y venirme, 30
como me vine, a Italia. Y quiso mi buena
suerte que el señor don Iuan de Austria
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208
acabaua de llegar a Genoua; que passaua a
Napoles a juntarse con la armada de Venecia,
como despues lo hizo en Mecina (*).
Digo, en fin, que yo me hallé en aquella
felicissima jornada (*), ya hecho capitan de 5
infanteria, a cuyo honroso cargo me subio mi
buena suerte mas que mis merecimientos. Y
aquel dia, que fue para la christiandad tan
dichoso, porque en el se desengañó el mundo y
todas las naciones del error en que estauan, 10
creyendo que los turcos eran inuencibles por la
mar, en aquel dia, digo, donde quedó el orgullo
y soberuia otomana quebrantada, entre tantos
venturosos como alli vuo --porque mas ventura
tuuieron los christianos que alli murieron, 15
que los que viuos y vencedores quedaron--, yo
solo fuy el desdichado; pues, en cambio de que
pudiera esperar, si fuera en los romanos siglos,
alguna naual corona, me vi aquella noche, que
siguio a tan famoso dia, con cadenas a los pies 20
y esposas a las manos (*).
Y fue desta suerte, que auiendo el Vchali,
rey de Argel, atreuido y venturoso cosario,
enuestido y rendido la capitana de Malta, que
solos tres caualleros quedaron viuos en ella, y 25
estos mal heridos, acudio la capitana de Iuan
Andrea (*) a socorrella, en la qual yo yua con
mi compañia, y haziendo lo que deuia en ocasion
semejante, salté en la galera contraria, la
qual, desuiandose de la que la auia enuestido, 30
estoruó que mis soldados me siguiessen, y, assi,
me hallé solo entre mis enemigos, a quien no
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 209
pude resistir por ser tantos; en fin, me rindieron
lleno de heridas. Y como ya aureys (*), señores,
oydo dezir que el Vchali se saluó con toda su
esquadra, vine yo a quedar cautiuo en su poder,
y solo fuy el triste entre tantos alegres, y 5
el cautiuo entre tantos libres; porque fueron
quinze mil christianos los que aquel dia alcançaron
la desseada libertad, que todos venian al
remo en la turquesca armada.
Lleuaronme a Costantinopla, donde el Gran 10
Turco Selin hizo general de la mar a mi amo,
porque auia hecho su deuer en la batalla,
auiendo lleuado por muestra de su valor el
estandarte de la religion de Malta. Halleme el
segundo año, que fue el de setenta y dos, en 15
Nauarino (*), bogando en la capitana de los tres
fanales. Vi y noté la ocasion que alli se perdio
de no coger en el puerto toda el armada (*)
turquesca. Porque todos los leuentes (*) y
genizaros que en ella venian tuuieron por cierto 20
que les auian de enuestir dentro del mesmo (*)
puerto, y tenian (*) a punto su ropa y
passamaques (*), que son sus çapatos, para huyrse
luego por tierra sin esperar ser (*) combatidos:
tanto era el miedo que auian cobrado a nuestra 25
armada. Pero el cielo lo ordenó de otra manera,
no por culpa ni descuydo del general que a
los nuestros regia, sino por los pecados de la
christiandad, y porque quiere y permite Dios
que tengamos siempre verdugos que nos 30
castiguen.
En efeto, el Vchali se recogio a Modon,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 210
que es vna isla que está junto a Nauarino, y,
echando la gente en tierra, fortificó la boca del
puerto y estuuose quedo hasta que el señor don
Iuan se boluio. En este viage se tomó la galera
que se llamaua La Presa, de quien era capitan 5
vn hijo de aquel famoso cossario Barba Roxa:
tomola la capitana de Napoles, llamada La
Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por
el padre de los soldados, por aquel venturoso
y jamas vencido capitan don Aluaro de Baçan, 10
marques de Santa Cruz (*). Y no quiero dexar
de dezir lo que sucedio en la presa de La Presa.
Era tan cruel el hijo de Barba Roxa, y trataua
tan mal a sus cautiuos, que assi como los que
venian al remo vieron que la galera Loba les 15
yua entrando, y que los alcançaua, soltaron
todos a vn tiempo los remos, y asieron de su
capitan que estaua sobre el estanterol gritando
que bogassen a priessa, y passandole de banco
en banco, de popa a proa, le dieron bocados 20
(*), que a poco mas que passó del arbol
ya auia passado su anima al infierno. Tal era,
como he dicho, la crueldad con que los trataua
y el odio que ellos le tenian.
Boluimos a Constantinopla, y el año 25
siguiente, que fue el de setenta y tres, se supo
en ella como el señor don Iuan auia ganado a
Tunez y quitado aquel reyno a los turcos, y
puesto en possession del a Muley Hamet, cortando
las esperanças que de boluer a reynar en 30
el tenia Muley Hamida, el moro mas cruel y
mas valiente que tuuo el mundo. Sintio mucho
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 211
esta perdida el gran turco, y vsando de la
sagazidad que todos los de su casa tienen, hizo paz
con venecianos, que mucho mas que el la
desseauan, y el año siguiente de setenta y quatro
acometio a la Goleta y al Fuerte que junto a 5
Tunez auia dexado medio leuantado el señor
don Iuan.
En todos estos trances andaua yo al remo,
sin esperança de libertad alguna; a lo menos,
no esperaua tenerla por rescate, porque tenia 10
determinado de no escriuir las nueuas de
mi desgracia a mi padre. Perdiose, en fin, la
Goleta; perdiose el Fuerte, sobre las quales
plaças huuo de soldados turcos, pagados,
setenta y cinco mil, y de moros y alarabes de 15
toda la Africa mas de quatrocientos mil,
acompañado este tan gran numero de gente con
tantas municiones y pertrechos de guerra, y
con tantos gastadores, que con las manos y a
puñados de tierra pudieran cubrir la Goleta y 20
el Fuerte.
Perdiose primero la Goleta, tenida hasta
entonces por inexpugnable, y no se perdio por
culpa de sus defensores, los quales hizieron en
su defensa todo aquello que deuian y podian, 25
sino porque la experiencia mostro la facilidad
con que se podian leuantar trincheas en
aquella desierta arena, porque a dos palmos se
hallaua agua, y los turcos no la hallaron a dos
varas, y, assi, con muchos sacos de arena 30
leuantaron las trincheas tan altas, que sobrepujauan
las murallas de la fuerça, y tirandoles a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212
cauallero, ninguno podia parar ni assistir a la
defensa. Fue comun opinion que no se auian
de encerrar los nuestros en la Goleta, sino
esperar en campaña al desembarcadero, y los
que esto dizen hablan de lexos y con poca 5
experiencia de casos semejantes; porque si en la
Goleta y en el Fuerte apenas auia siete mil
soldados, ¿cómo podia tan poco numero, aunque
mas esforçados fuessen, salir a la campaña y
quedar en las fuerças contra tanto como era el 10
de los enemigos? Y ¿cómo es possible dexar de
perderse fuerça que no es socorrida, y mas
quando la cercan enemigos muchos y
porfiados y en su mesma (*) tierra?
Pero a muchos les parecio, y assi me parecio 15
a mi, que fue particular gracia y merced
que el cielo hizo a España en permitir que se
assolasse aquella oficina y capa de maldades,
y aquella gomia o esponxa y polilla de la
infinidad de dineros que alli sin prouecho se 20
gastauan, sin seruir de otra cosa que de conseruar
la memoria de auerla ganado la felicissima del
inuictissimo Carlos Quinto, como si fuera
menester para hazerla eterna, como lo es y sera,
que aquellas piedras la sustentaran. Perdiose 25
tambien el Fuerte, pero fueronle ganando los
turcos palmo a palmo, porque los soldados que
lo defendian pelearon tan valerosa y fuertemente,
que passaron de veynte y cinco mil enemigos
los que mataron en veynte y dos assaltos 30
generales que les dieron. Ninguno cautiuaron
sano de trecientos que quedaron viuos, señal
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 213
cierta y clara de su esfuerço (*) y valor y de
lo bien que se auian defendido y guardado sus
plaças.
Rindiose a partido vn pequeño fuerte o torre
que estaua en mitad del estaño, a cargo de 5
don Iuan Zanoguera, cauallero valenciano y
famoso soldado. Cautiuaron a don Pedro
Puertorcarrero, general de la Goleta, el qual hizo
quanto fue possible por defender su fuerça, y
sintio tanto el auerla perdido, que de pesar 10
murio en el camino de Constantinopla, donde
le lleuauan cautiuo. Cautiuaron ansimesmo (*)
al general del Fuerte, que se llamaua Gabrio
Cerbellon, cauallero milanes, grande ingeniero
y valentissimo soldado. Murieron en estas 15
dos fuerças muchas personas de cuenta, de las
quales fue vna Pagan de Oria, cauallero del
habito de San Iuan, de condicion generoso,
como lo mostro la summa (*) liberalidad que
vsó con su hermano, el famoso Iuan Andrea (*) 20
de Oria, y lo que mas hizo lastimosa su muerte
fue auer muerto a manos de vnos alarabes de
quien se fió, viendo ya perdido el Fuerte, que
le (*) ofrecieron de lleuarle en habito de moro
a Tabarca, que es vn portezuelo o casa que en 25
aquellas riberas tienen los ginoueses que se
exercitan en la pesqueria del coral, los quales
alarabes le cortaron la cabeça y se la truxeron
al general de la armada turquesca, el qual
cumplio con ellos nuestro refran castellano que 30
«aunque la traycion aplaze, el traydor se
»aborrece», y, assi, se dize que mandó el general
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214
ahorcar a los que le truxeron el presente,
porque no se le auian traydo viuo.
Entre los christianos que en el Fuerte se
perdieron, fue vno llamado don Pedro de Aguilar
(*), natural no se de qué lugar del Andaluzia, 5
el qual auia sido alferez en el Fuerte, soldado
de mucha cuenta y de raro entendimiento;
especialmente tenia particular gracia en lo que
llaman poesia. Digolo porque su suerte le truxo
a mi galera y a mi banco y a ser esclauo de 10
mi mesmo (*) patron, y antes que nos partiessemos
de aquel puerto hizo este cauallero dos
sonetos a manera de epitafios, el vno a la
Goleta y el otro al Fuerte. Y en verdad que
los tengo de dezir, porque los se de memoria, 15
y creo que antes causarán gusto que
pesadumbre.
En el punto que el cautiuo nombró a don Pedro
de Aguilar, don Fernando miró a sus camaradas,
y todos tres se sonrieron, y quando llegó 20
a dezir de los sonetos, dixo el vno:
Antes que vuestra merced passe adelante,
le suplico me diga qué se hizo esse don Pedro
de Aguilar que ha dicho.
Lo que se es, respondio el cautiuo, que al 25
cabo de dos años que estuuo en Constantinopla,
se huyo en trage de arnaute (*) con vn
griego espia, y no se si vino en libertad, puesto
que creo que si, porque de alli a vn año vi
yo al griego en Constantinopla, y no le pude 30
preguntar el sucesso de aquel viage.
Pues lo (*) fue, respondio el cauallero,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 215
porque esse don Pedro es mi hermano, y está
aora en nuestro lugar, bueno y rico, casado y
con tres hijos.
Gracias sean dadas a Dios, dixo el cautiuo,
por tantas mercedes como le hizo, porque 5
no ay en la tierra, conforme (*) mi parecer,
contento que se yguale a alcançar la libertad
perdida.
Y mas, replicó el cauallero, que yo se los
sonetos que mi hermano hizo. 10
Digalos, pues, vuestra (*) merced, dixo el
cautiuo; que los sabra dezir mejor que yo.
Que me plaze, respondio el cauallero; y el
de la Goleta dezia assi:
p. 216
Capitulo XL
Donde se prosigue la historia del cautiuo.
SONETO
Almas dichosas que del mortal velo
libres y essentas, por el bien que obrastes, 5
desde la baxa tierra os leuantastes,
a lo mas alto y lo mejor del cielo.
Y, ardiendo en ira y en honroso zelo,
de los cuerpos la fuerça exercitastes,
que en propia (*) y sangre agena colorastes 10
el mar vezino y arenoso suelo;
primero que el valor, faltó la vida
en los cansados braços que, muriendo,
con ser vencidos, lleuan la vitoria.
Y esta vuestra mortal, triste cayda, 15
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria (*).
Dessa mesma (*) manera le se yo, dixo el
cautiuo.
Pues el del Fuerte, si mal no me acuerdo, 20
dixo el cauallero, dize assi:
SONETO
De entre esta tierra esteril, derribada
destos terrones (*) por el suelo echados,
las almas santas de tres mil soldados 25
subieron viuas a mejor morada,
siendo primero, en vano, exercitada
la fuerça de sus braços esforçados,
hasta que, al fin, de pocos y cansados,
dieron la vida al filo de la espada. 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 217
Y este es el suelo que continuo ha sido
de mil memorias lamentables lleno
en los passados siglos y pressentes.
Mas no mas justas de su duro seno
auran al claro cielo almas subido, 5
ni aun el sostuuo cuerpos tan valientes.
No parecieron mal los sonetos, y el cautiuo
se alegró con las nueuas que de su camarada
le dieron, y, prosiguiendo su cuento, dixo:
Rendidos, pues, la Goleta y el Fuerte, los 10
turcos dieron orden en desmantelar la Goleta,
porque el Fuerte quedó tal, que no huuo qué
poner por tierra, y para hazerlo con mas
breuedad y menos trabajo, la minaron por tres
partes, pero con ninguna se pudo bolar lo que 15
parecia menos fuerte, que eran las murallas
viejas; y todo aquello que auia quedado en
pie de la fortificacion nueua, que auia hecho
el Fratin (*), con mucha facilidad vino a tierra.
En resolucion, la armada boluio a Constantinopla 20
triunfante y vencedora, y de alli a pocos
meses murio mi amo, el Vchali, al qual llamauan
Vchali Fartax, que quiere dezir en lengua
turquesca el renegado tiñoso (*), porque lo era,
y es costumbre entre los turcos ponerse 25
nombres de alguna falta que tengan, o de alguna
virtud que en ellos aya. Y esto es porque no
ay entre ellos sino quatro apellidos de linages,
que decienden (*) de la casa Otomana, y los
demas, como tengo dicho, toman nombre y apellido 30
ya de las tachas del cuerpo, y ya de las
virtudes del animo. Y este Tiñoso bogó el (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 218
remo, siendo esclauo del Gran Señor, catorze
años, y a mas de los treinta y quatro de su edad
renego, de despecho de que (*) vn turco, estando
(*) al remo, le dio vn bofeton, y por poderse
vengar dexó su fe, y fue tanto su valor, que, sin 5
subir por los torpes medios y caminos que los
mas priuados del Gran Turco suben, vino a ser
rey de Argel, y despues, a ser general de la
mar, que es el tercero cargo que ay en aquel
señorio. Era calabres de nacion, y moralmente 10
fue hombre de bien y trataua con mucha
humanidad a sus cautiuos, que llegó a tener
tres mil, los quales, despues de su muerte, se
repartieron, como el lo dexó en su testamento,
entre el Gran Señor, que tambien es hijo 15
heredero de quantos mueren y entra a la parte con
los mas (*) hijos que dexa el difunto, y entre
sus renegados; y yo cupe a vn renegado veneciano
que, siendo grumete de vna naue, le cautiuó
el Vchali, y le quiso tanto, que fue vno de 20
los mas regalados garzones (*) suyos, y el vino
a ser el mas cruel renegado que jamas se ha
visto. Llamauase Azan Aga (*), y llegó a ser
muy rico y a ser rey de Argel, con el qual yo
vine de Constantinopla algo contento por estar 25
tan cerca de España, no porque pensasse escriuir
a nadie el desdichado sucesso mio, sino por
ver si me era mas fauorable la suerte en Argel
que en Constantinopla, donde ya auia prouado
mil maneras de huyrme, y ninguna tuuo sazon 30
ni ventura; y pensaua en Argel buscar otros
medios de alcançar lo que tanto desseaua, porque
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 219
jamas me desamparó la esperança de tener
libertad, y quando en lo que fabricaua,
pensaua y ponia por obra no correspondia el
sucesso a la intencion, luego, sin abandonarme,
fingia y buscaua otra esperança que me 5
sustentasse, aunque fuesse debil y flaca.
Con esto entretenia la vida, encerrado en
vna prision o casa que los turcos llaman baño,
donde encierran los cautiuos christianos, assi
los que son del rey como de algunos particulares, 10
y los que llaman del almazen, que es
como dezir cautiuos del Concejo, que siruen a
la ciudad en las obras publicas que haze y en
otros oficios, y estos tales cautiuos tienen muy
dificultosa su libertad; que, como son del 15
comun y no tienen amo particular, no ay con
quién tratar su rescate, aunque le tengan. En
estos baños, como tengo dicho, suelen lleuar a
sus cautiuos algunos particulares del pueblo,
principalmente quando son de rescate, porque 20
alli los tienen holgados y seguros hasta que
venga su rescate. Tambien los cautiuos del rey
que son de rescate no salen al trabajo con la
demas chusma, si no es quando se tarda su
rescate; que entonces, por hazerles que escriuan 25
por el con mas ahinco, les hazen trabajar y yr
por leña con los demas, que es vn no pequeño
trabajo.
Yo, pues, era vno de los de rescate, que
como se supo que era capitan, puesto que dixe 30
mi poca possibilidad y falta de hazienda, no
aprouechó nada para que no me pusiessen en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220
el numero de los caualleros y gente de rescate.
Pusieronme vna cadena, mas por señal de
rescate que por guardarme con ella, y, assi,
passaua la vida en aquel baño, con otros muchos
caualleros y gente principal, señalados y 5
tenidos por de rescate. Y aunque la hambre y
desnudez pudiera fatigarnos a vezes, y aun casi
siempre, ninguna cosa nos fatigaua tanto como
oyr y ver a cada passo las jamas vistas ni
oydas crueldades que mi amo vsaua con los 10
christianos. Cada dia ahorcaua el suyo (*),
empalaua a este, desorejaua a (*) aquel; y esto por
tan poca ocasion, y tan sin ella, que los turcos
conocian que lo hazia no mas de por hazerlo, y
por ser natural condicion suya ser omicida de 15
todo el genero humano. Solo libró bien con el
vn soldado español llamado tal de Saauedra,
el qual, con auer hecho cosas que quedarán (*)
en la memoria de aquellas gentes por muchos
años, y todas por alcançar libertad, jamas le dio 20
palo, ni se lo mandó dar, ni le dixo mala
palabra, y por la menor cosa de muchas que hizo
temiamos todos que auia de ser empalado; y
assi lo temio el mas de vna vez, y si no fuera
porque el tiempo no da lugar, yo dixera aora 25
algo de lo que este soldado hizo, que fuera
parte para entreteneros y admiraros harto mejor
que con el cuento de mi historia.
Digo, pues, que encima del patio de nuestra
prision cahian las ventanas de la casa de 30
vn moro rico y principal, las quales, como de
ordinario son las de los moros, mas eran
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 221
agujeros que ventanas, y aun estas se cubrian con
celosias muy espessas y apretadas. Acaecio,
pues, que vn dia, estando en vn terrado de
nuestra prision con otros tres compañeros,
haziendo prueuas de saltar con las cadenas, por 5
entretener el tiempo, estando solos, porque
todos los demas christianos auian salido a
trabajar, alçé acaso los ojos, y vi que por
aquellas cerradas ventanillas que he dicho parecia
vna caña, y al remate della puesto vn lienço 10
atado, y la caña se estaua blandeando y
mouiendose, casi como si hiziera señas que
llegassemos a tomarla. Miramos en ello, y vno
de los que conmigo estauan fue a ponerse debaxo
de la caña, por ver si la soltauan, o lo que 15
hazian; pero assi como llegó, alçaron la caña y
la mouieron a los dos lados, como si dixeran
no con la cabeça. Boluiose el christiano, y
tornaronla a baxar y hazer los mesmos (*)
mouimientos que primero. Fue otro de mis 20
compañeros, y sucediole lo mesmo (*) que al primero.
Finalmente, fue el tercero, y auinole lo que al
primero y al segundo.
Viendo yo esto, no quise dexar de prouar
la suerte, y assi como llegué a ponerme debaxo 25
de la caña, la dexaron caer, y dio a mis
pies dentro del baño; acudi luego a desatar el
lienço, en el qual vi vn nudo (*), y dentro del
venian diez zianiys (*), que son vnas monedas
de oro baxo que vsan los moros, que cada vna 30
vale diez reales de los nuestros. Si me holgue
con el hallazgo, no ay para qué dezirlo, pues
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222
fue tanto el contento como la admiracion de
pensar de donde podia venirnos aquel bien,
especialmente a mi, pues las muestras de no
auer querido soltar la caña sino a mi claro
dezian que a mi se hazia la merced. Tomé mi 5
buen dinero, quebre la caña, boluime al
terradillo, miré la ventana y vi que por ella salia
vna muy blanca mano, que la abrian y cerrauan
muy apriessa. Con esto entendimos o imaginamos
que alguna muger que en aquella casa 10
viuia nos deuia de auer hecho aquel beneficio,
y en señal de que lo agradeciamos hezimos (*)
zalemas a vso de moros, inclinando la cabeça,
doblando el cuerpo y poniendo los braços
sobre el pecho. De alli a poco, sacaron por la 15
mesma (*) ventana vna pequeña cruz hecha de
cañas, y luego la boluieron a entrar (*). Esta
señal nos confirmó en que alguna christiana
deuia de estar cautiua en aquella casa, y era
la que el bien nos hazia; pero la blancura de 20
la mano y las axorcas que en ella vimos nos
deshizo este pensamiento, puesto que imaginamos
que deuia de ser christiana renegada, a
quien de ordinario suelen tomar por legitimas
mugeres sus mesmos (*) amos, y aun lo tienen 25
a ventura, porque las estiman en mas que las
de su nacion.
En todos nuestros discursos dimos muy lexos
de la verdad del caso, y, assi, todo nuestro
entretenimiento desde alli adelante era mirar y 30
tener por norte a la ventana donde nos auia
aparecido la estrella de la caña; pero bien se
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 223
passaron quinze dias en que no la vimos, ni la
mano tampoco, ni otra señal alguna. Y aunque
en este tiempo procuramos con toda solicitud
saber quién en aquella casa viuia, y si auia en
ella alguna christiana renegada, jamas huuo 5
quien nos dixesse otra cosa, sino que alli viuia
vn moro principal y rico, llamado Agimorato,
alcayde que auia sido de la Pata (*), que es
oficio entre ellos de mucha calidad. Mas quando
mas descuydados estauamos de que por alli 10
auian de llouer mas zianiys, vimos a deshora
parecer la caña y otro lienço en ella con otro
nudo (*) mas crecido, y esto fue a tiempo que
estaua el baño como la vez passada, solo y
sin gente. Hezimos (*) la acostumbrada prueua, 15
yendo cada vno primero que yo, de los mismos
tres que estauamos, pero a ninguno se rindio
la caña sino a mi, porque en llegando yo, la
dexaron caer. Desaté el nudo (*) y hallé quarenta
escudos de oro españoles, y vn papel escrito 20
en arauigo, y al cabo de lo escrito, hecha
vna grande cruz. Besé la cruz, tomé los
escudos, boluime al terrado, hezimos (*) todos
nuestras zalemas, tornó a parecer la mano, hize
señas que leeria el papel, cerraron la ventana. 25
Quedamos todos confusos y alegres con lo
sucedido, y como ninguno de nosotros no
entendia el arauigo, era grande el desseo que
teniamos de entender lo que el papel contenia,
y mayor la dificultad de buscar quien lo 30
leyesse.
En fin, yo me determiné de fiarme de vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 224
renegado, natural de Murcia, que se auia dado
por grande amigo mio, y puesto prendas entre
los dos que le obligauan a guardar el secreto
que le encargasse, porque suelen algunos
renegados, quando tienen intencion de boluerse a 5
tierra de christianos, traer consigo algunas
firmas de cautiuos principales, en que dan fe, en
la forma que pueden, como el tal renegado es
hombre de bien y que siempre ha hecho bien a
christianos, y que lleua desseo de huyrse en la 10
primera ocasion que se le ofrezca. Algunos ay
que procuran estas fees con buena intencion;
otros se siruen dellas acaso y de industria; que
viniendo a robar a tierra de christianos, si a
dicha se pierden o los cautiuan, sacan sus firmas 15
y dizen que por aquellos papeles se vera el
proposito con que venian, el qual era de quedarse
en tierra de christianos, y que por esso venian
en corso con los demas turcos. Con esto se
escapan de aquel primer impetu, y se reconcilian 20
con la Yglesia, sin que se les haga daño, y
quando veen la suya, se bueluen a Berberia a
ser lo que antes eran. Otros ay que vsan destos
papeles, y los procuran con buen intento, y se
quedan en tierra de christianos. 25
Pues vno de los renegados que he dicho
era este mi (*) amigo, el qual tenia firmas de
todas nuestras camaradas, donde le acreditauamos
quanto era possible, y si los moros le
hallaran estos papeles, le quemaran viuo. Supe 30
que sabia muy bien arauigo, y no solamente
hablarlo, sino escriuirlo. Pero antes que del
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 225
todo me declarasse con el, le dixe que me
leyesse aquel papel, que acaso me auia hallado
en vn agujero de mi rancho. Abriole y estuuo
vn buen espacio mirandole y construyendole,
murmurando entre los dientes. Preguntele si lo 5
entendia. Dixome que muy bien, y que si queria
que me lo declarasse palabra por palabra, que
le diesse tinta y pluma, porque mejor lo
hiziesse. Dimosle luego lo que pedia, y el, poco a
poco, lo fue traduziendo; y, en acabando, dixo: 10
«Todo lo que va aqui en romance, sin faltar
»letra, es lo que contiene este papel morisco, y
»hase de aduertir que adonde dize Lela Marien,
»quiere dezir Nuestra Señora la Virgen Maria.»
Leymos el papel, y dezia assi: 15
«Quando yo era niña tenia mi padre vna
»esclaua, la qual en mi lengua me mostro la zala
»christianesca y me dixo muchas cosas de Lela
»Marien. La christiana murio, y yo se que no
»fue al fuego, sino con Ala, porque despues la 20
»vi dos vezes, y me dixo que me fuesse a tierra
»de christianos a ver a Lela Marien, que me
»queria mucho. No se yo cómo vaya; muchos
»christianos he visto por esta ventana, y
»ninguno me ha parecido cauallero, sino tu. Yo 25
»soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos
»dineros que lleuar conmigo. Mira tu si
»puedes hazer como nos vamos, y seras alla
»mi marido, si quisieres; y si no quisieres, no
»se me dara nada, que Lela Marien me dara 30
»con quien me case. Yo escriui esto; mira a
»quién lo das a leer; no te fies de ningun moro,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226
»porque son todos marfuzes (*). Desto tengo
»mucha pena, que quisiera que no te descubrieras
»a nadie, porque si mi padre lo sabe,
»me echará luego en vn pozo y me cubrira de
»piedras. En la caña pondre vn hilo, ata alli la 5
»respuesta; y si no tienes quien te escriua
»arauigo, dimelo por señas; que Lela Marien
»hara que te entienda. Ella y Ala te
»guarden (*), y essa cruz que yo beso muchas
»vezes; que assi me lo mandó la cautiua.» 10
Mirad, señores, si era razon que las razones
deste papel nos admirassen y alegrassen, y,
assi, lo vno y lo otro fue de manera que el
renegado entendio que no acaso se auia hallado
aquel papel, sino que realmente a alguno de 15
nosotros se auia escrito; y, assi, nos rogo que
si era verdad lo que sospechaua, que nos fiassemos
del y se lo dixessemos, que el auenturaria
su vida por nuestra libertad; y, diziendo
esto, sacó del pecho vn cruzifixo de metal, y 20
con muchas lagrimas juró por el Dios que
aquella imagen representaua, en quien el, aunque
pecador y malo, bien y fielmente creia, de
guardarnos lealtad y secreto en todo quanto
quisiessemos descubrirle, porque le parecia, y 25
casi adeuinaua, que por medio de aquella que
aquel papel auia escrito, auia el y todos
nosotros de tener libertad y verse el en lo que
tanto desseaua, que era reduzirse al gremio
de la Santa Iglesia su madre, de quien como 30
miembro podrido estaua diuidido y apartado,
por su ignorancia y pecado.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 227
Con tantas lagrimas y con muestras de tanto
arrepentimiento dixo esto el renegado, que
todos de vn mesmo (*) parecer consentimos y
venimos en declararle la verdad del caso, y,
assi, le dimos cuenta de todo, sin encubrirle 5
nada. Mostramosle la ventanilla por donde
parecia la caña, y el marcó desde alli la casa y
quedó de tener especial y gran cuydado de
informarse quién en ella venia (*). Acordamos
ansimesmo (*) que seria bien responder al 10
villete de la mora, y como teniamos quien lo
supiesse hazer, luego al momento el renegado
escriuio las razones (*) que yo le fuy notando,
que puntualmente fueron las que dire, porque
de todos los puntos sustanciales que en este 15
sucesso me acontecieron, ninguno se me ha
ydo de la memoria, ni aun se me yra en tanto
que tuuiere vida. En efeto, lo que a la mora
se le respondio, fue esto:
«El verdadero Ala te guarde, señora mia, y 20
»aquella bendita Marien, que es la verdadera
»madre de Dios, y es la que te ha puesto en
»coraçon que te vayas a tierra de christianos,
»porque te quiere bien. Ruegale tu que se sirua
»de darte a entender cómo podras poner por 25
»obra lo que te manda; que ella es tan buena,
»que si hara. De mi parte, y de la de todos estos
»christianos que estan conmigo, te ofrezco de
»hazer por ti todo lo que pudieremos, hasta
»morir. No dexes de escriuirme y auisarme lo que 30
»pensares hazer, que yo te respondere siempre;
»que el grande Ala nos ha dado vn christiano
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228
»cautiuo que sabe hablar y escriuir tu lengua
»tan bien como lo veras por este papel. Assi
»que, sin tener miedo, nos puedes auisar de
»todo lo que quisieres. A lo que dizes que si
»fueres a tierra de christianos que has de ser mi 5
»muger, yo te lo prometo como buen christiano,
»y sabe que los christianos cumplen lo que
»prometen mejor que los moros. Ala y Marien su
»madre sean en tu guarda, señora mia.»
Escrito y cerrado este papel, aguardé dos 10
dias a que estuuiesse el baño solo, como solia, y
luego sali al passo acostumbrado del terradillo,
por ver si la caña parecia, que no tardó mucho
en assomar. Assi como la vi, aunque no podia
ver quien la ponia, mostre el papel como dando 15
a entender que pusiessen el hilo; pero ya
venia puesto en la caña, al qual até el papel, y
de alli a poco tornó a parecer nuestra estrella
con la blanca vandera de paz del atadillo;
dexaronla caer, y alcé (*) yo, y hallé en el paño, 20
en toda suerte de moneda de plata y de oro,
mas de cinquenta escudos, los quales cinquenta
vezes mas doblaron nuestro contento y
confirmaron la esperança de tener libertad.
Aquella misma noche boluio nuestro 25
renegado, y nos dixo que auia sabido que en
aquella casa viuia el mesmo (*) moro que
a nosotros nos auian dicho que se llamaua
Aguimorato (*), riquissimo por todo estremo,
el qual tenia vna sola hija, heredera de toda 30
su hazienda; y que era comun opinion en toda
la ciudad ser la mas hermosa muger de la
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 229
Berberia, y que muchos de los vireyes que
alli venian la auian pedido por muger, y que
ella nunca se auia querido casar; y que
tambien supo que tuuo vna christiana cautiua,
que ya se auia muerto. Todo lo qual concertaua 5
con lo que venia en el papel. Entramos
luego en consejo con el renegado en qué
orden se tendria para sacar a la mora y venirnos
todos a tierra de christianos; y, en fin,
se acordo por entonces que esperassemos al 10
auiso segundo de Zorayda, que assi se llamaua
la que aora quiere llamarse Maria. Porque
bien vimos que ella, y no otra alguna, era la
que auia de dar medio a todas aquellas
dificultades. Despues que quedamos en esto, 15
dixo el renegado que no tuuiessemos pena;
que el perderia la vida, o nos pondria en
libertad.
Quatro dias estuuo el baño con (*) gente,
que fue ocasion que quatro dias tardasse en 20
parecer la caña; al cabo de los quales, en la
acostumbrada soledad del baño parecio con el
lienço tan preñado, que vn felicissimo parto
prometia; inclinose a mi la caña y el lienço,
hallé en el otro papel y cien escudos de oro, 25
sin otra moneda alguna; estaua alli el renegado,
dimosle a leer el papel dentro de nuestro
rancho, el qual dixo que assi dezia:
«Yo no se, mi señor, cómo dar orden que
»nos vamos a España, ni Lela Marien me lo ha 30
»dicho, aunque yo se lo he preguntado; lo que
»se podra hazer es que yo os dare por esta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230
»ventana muchissimos dineros de oro: rescataos
»vos con ellos, y vuestros amigos, y vaya vno
»en tierra de christianos, y compre alla vna
»barca, y buelua por los demas, y a mi me
»hallarán (*) en el jardin de mi padre, que está 5
»a la puerta de Babazon (*), junto a la marina,
»donde tengo de estar todo este verano con mi
»padre y con mis criados; de alli de noche me
»podreys sacar sin miedo y lleuarme a la barca;
»y mira que has de ser mi marido, porque si 10
»no, yo pedire a Marien que te castigue. Si no
»te fias de nadie que vaya por la barca, rescatate
»tu y ve; que yo se que bolueras mejor que
»otro, pues eres cauallero y christiano. Procura
»saber el jardin, y quando te passees por ay 15
»sabre que está solo el baño y te dare mucho
»dinero. Ala te guarde, señor mio.»
Esto dezia y contenia el segundo papel, lo
qual visto por todos, cada vno se ofrecio a
querer ser el rescatado, y prometio de yr y boluer 20
con toda puntualidad, y tambien yo me ofreci
a lo mismo; a todo lo qual se opuso el renegado,
diziendo que en ninguna manera consentiria
que ninguno saliesse de libertad hasta que
fuessen todos juntos, porque la experiencia le 25
auia mostrado quán mal cumplian los libres las
palabras que dauan en el cautiuerio; porque
muchas vezes auian vsado de aquel remedio
algunos principales cautiuos, rescatando a vno
que fuesse a Valencia o Mallorca con dineros 30
para poder armar vna barca y boluer por los
que le auian rescatado, y nunca auian buelto.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 231
Porque, de[zia] (*), la libertad alcançada y el
temor de no boluer a perderla les borraua de la
memoria todas las obligaciones del mundo. Y,
en confirmacion de la verdad que nos dezia, nos
conto breuemente vn caso que casi en aquella 5
mesma (*) sazon auia acaecido a vnos caualleros
christianos, el mas estraño que jamas sucedio
en aquellas partes, donde a cada passo
suceden cosas de grande espanto y de
admiracion. 10
En efecto (*), el vino a dezir que lo que se
podia y deuia hazer era que el dinero que se
auia de dar para rescatar al christiano, que
se le diesse a el, para comprar alli, en Argel,
vna barca, con achaque de hazerse mercader y 15
tratante en Tetuan y en aquella costa, y que
siendo el señor de la barca, facilmente se daria
traça para sacarlos del baño y embarcarlos a
todos. Quanto mas que si la mora, como ella
dezia, daua dineros para rescatarlos a todos, 20
que estando libres, era facilissima cosa aun
embarcarse en la mitad del dia, y que la dificultad
que se ofrecia mayor era que los moros no
consienten que renegado alguno compre ni tenga
barca, si no es baxel grande para yr en corso, 25
porque se temen que el que compra barca,
principalmente si es español, no la quiere sino
para yrse a tierra de christianos; pero que el
facilitaria este inconueniente con hazer que vn
moro tagarino (*) fuesse a la parte con el en 30
la compañia de la barca y en la ganancia de
las mercancias, y con esta sombra el vendria a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232
ser señor de la barca, con que daua por acabado
todo lo demas.
Y puesto que a mi y a mis camaradas nos
auia parecido mejor lo de embiar por la barca
a Mallorca, como la mora dezia, no osamos 5
contradezirle, temerosos que si no haziamos lo
que el dezia, nos auia de descubrir y poner a
peligro de perder las vidas, si descubriesse el
trato de Zorayda, por cuya vida dieramos todos
las nuestras, y, assi, determinamos de ponernos 10
en las manos de Dios y en las del renegado, y
en aquel mismo (*) punto se le respondio a
Zorayda diziendole que hariamos todo quanto
nos aconsejaua, porque lo auia aduertido
tambien (*) como si Lela Marien se lo huuiera 15
dicho, y que en ella sola estaua dilatar aquel
negocio o ponello luego por obra. Ofrecimele de
nueuo de ser su esposo, y con esto, otro dia
que acaecio a estar solo el baño, en diuersas
vezes, con la caña y el paño, nos dio dos mil 20
escudos de oro, y vn papel donde dezia que
el primer juma (*), que es el viernes, se yua al
jardin de su padre, y que antes que se fuesse
nos daria mas dinero, y que si aquello no
bastasse, que se lo auisassemos, que nos daria 25
quanto le pidiessemos: que su padre tenia
tantos, que no lo echaria menos, quanto mas que
ella tenia las llaues de todo.
Dimos luego quinientos escudos al renegado
para comprar la barca; con ochocientos me 30
rescaté yo, dando el dinero a vn mercader
valenciano que a la sazon se hallaua en Argel, el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XL p. 233
qual me rescató del rey, tomandome sobre su
palabra, dandola de que con el primer baxel que
viniesse de Valencia pagaria mi rescate; porque
si luego diera el dinero, fuera dar sospechas al
rey que auia muchos dias que mi rescate estaua 5
en Argel, y que el mercader, por sus grangerias,
lo auia callado. Finalmente, mi amo era tan
cauiloso, que en ninguna manera me atreui a que
luego se desembolsasse el dinero. El jueues
antes del viernes que la hermosa Zorayda se 10
auia de yr al jardin nos dio otros mil escudos y
nos auisó de su partida, rogandome que si me
rescatasse, supiesse luego el jardin de su padre,
y que en todo caso buscasse ocasion de yr alla
y verla. Respondile en breues palabras que assi 15
lo haria, y que tuuiesse cuydado de
encomendarnos a Lela Marien con todas aquellas
oraciones que la cautiua le auia enseñado.
Hecho esto, dieron orden en que los tres
compañeros nuestros se rescatassen, por facilitar 20
la salida del baño, y porque viendome a mi
rescatado, y a ellos no, pues auia dinero, no se
alborotassen y les persuadiesse el diablo que
hiziessen alguna cosa en perjuyzio de Zorayda;
que puesto que el ser ellos quien eran me 25
podia assegurar deste temor, con todo esso, no
quise poner el negocio en auentura, y, assi, los
hize rescatar por la misma orden que yo me
rescaté, entregando todo el dinero al mercader
para que con certeza y seguridad pudiesse 30
hazer la fiança, al qual nunca descubrimos
nuestro trato y secreto por el peligro que auia.
p. 234
Capitulo XLI
Donde todauia prosigue el cautiuo su sucesso.
No se passaron quinze dias, quando ya
nuestro renegado tenia comprada vna muy
buena barca, capaz de mas de treynta personas; 5
y para assegurar su hecho y dalle color,
quiso hazer, como hizo, vn viaje a vn lugar que
se llamaua (*) Sargel, que está treynta leguas
de Argel, hazia la parte de Oran, en el qual
ay mucha contratacion de higos passos. Dos 10
o tres vezes hizo este viaje en compañia del
tagarino que auia dicho. Tagarinos (*) llaman
en Berueria a los moros de Aragon, y a los
de Granada mudejares, y en el reyno de Fez
llaman a los mudejares elches (*), los quales 15
son la gente de quien aquel rey mas se sirue
en la guerra.
Digo, pues, que cada vez que passaua con
su barca daua fondo en vna caleta que estaua
no dos tiros de ballesta del jardin donde Zorayda 20
esperaua, y alli, muy de proposito, se ponia
el renegado con los morillos que bogauan
el (*) remo, o ya a hazer la çala, o a como por
ensayarse de burlas (*) a lo que pensaua hazer
de veras; y, assi, se yua al jardin de Zorayda y 25
le pedia fruta; y su padre se la daua sin
conocelle, y aunque el quisiera hablar a Zorayda,
como el despues me dixo, y dezille que el era
el que por orden mia le auia de lleuar a tierra
de christianos, que estuuiesse contenta y segura, 30
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 235
nunca le fue possible, porque las moras no
se dexan ver de ningun moro ni turco, si no
es que su marido o su padre se lo manden. De
christianos cautiuos se dexan tratar y comunicar,
aun mas de aquello que seria razonable, 5
y a mi me huuiera pesado que el la huuiera
hablado: que quiça la alborotara, viendo que
su negocio andaua en boca de renegados.
Pero Dios, que lo ordenaua de otra manera,
no dio lugar al buen desseo que nuestro 10
renegado tenia; el qual, viendo quán seguramente
yua y venia a Sargel, y que daua fondo
quando y como y adonde queria, y que el
tagarino, su compañero, no tenia mas voluntad
de lo que la suya ordenaua, y que yo estaua ya 15
rescatado, y que solo faltaua buscar algunos
christianos que bogassen el remo, me dixo que
mirasse yo quáles queria traer conmigo, fuera
de los rescatados, y que los tuuiesse hablados
para el primer viernes, donde tenia determinado 20
que fuesse nuestra partida. Viendo esto, hablé
a doze españoles, todos valientes hombres
del (*) remo, y de aquellos que mas libremente
podian salir de la ciudad, y no fue poco hallar
tantos en aquella coyuntura, porque estauan 25
veynte baxeles en corso y se auian lleuado
toda la gente de remo; y estos no se hallaran,
si no fuera que su amo se quedó aquel verano
sin yr en corso, a acabar vna galeota que tenia
en astillero (*). A los quales no les dixe otra 30
cosa sino que el primer viernes, en la tarde, se
saliessen vno a vno, dissimuladamente, y se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236
fuessen la buelta del jardin de Aguimorato, y
que alli me aguardassen hasta que yo fuesse.
A cada vno di este auiso de por si, con orden
que, aunque alli viessen a (*) otros christianos,
no les dixessen sino que yo les auia mandado 5
esperar en aquel lugar.
Hecha esta diligencia, me faltaua hazer
otra, que era la que mas me conuenia: y era la
de auisar a Zorayda en el punto que estauan
los negocios para que estuuiesse apercebida y 10
sobre auiso, que no se sobresaltasse, si de
improuiso la assaltassemos antes del tiempo que
ella podia imaginar que la barca de christianos
podia boluer. Y, assi, determiné de yr al
jardin y ver si podria (*) hablarla, y, con 15
ocasion de coger algunas yeruas, vn dia antes de
mi partida, fuy alla, y la primera persona con
quien encontre fue con su padre, el qual me
dixo en lengua que en toda la Berueria y aun
en Costantinopla se halla (*) entre cautiuos y 20
moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de
otra nacion alguna, sino vna mezcla de todas
las lenguas, con la qual todos nos entendemos,
digo, pues, que en esta manera de lenguaje
me preguntó que qué buscaua en aquel su jardin 25
y de quién era. Respondile que era esclauo
de Arnaute Mami (*) --y esto porque sabia
yo por muy cierto que era vn grandissimo
amigo suyo--, y que buscaua de todas yeruas
para hazer ensalada. Preguntome, por el 30
consiguiente, si era hombre de rescate o no, y que
quánto pedia mi amo por mi.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 237
Estando en todas estas preguntas y respuestas,
salio de la casa del jardin la bella Zorayda,
la qual ya auia mucho que me auia visto, y
como las moras en ninguna manera hazen melindre
de mostrarse a los christianos, ni tampoco 5
se esquiuan, como ya he dicho, no se le
dio nada de venir adonde su padre conmigo
estaua; antes, luego quando su padre vio que
venia y de espacio, la llamó y mandó que
llegasse. Demasiada cosa seria dezir yo agora (*) 10
la mucha hermosura, la gentileza, el gallardo y
rico adorno con que mi querida Zorayda se
mostro a mis ojos; solo dire que mas perlas
pendian de su hermosissimo cuello, orejas y
cabellos, que cabellos tenia en la cabeça. En las 15
gargantas de los sus pies, que descubiertas a su
vsança trahia, trahia dos carcaxes --que assi
se llamauan (*) las manillas o axorcas de los
pies en morisco-- de purissimo oro, con tantos
diamantes engastados, que ella me dixo 20
despues que su padre los estimaua en diez mil
doblas, y las que trahia en las muñecas de las
manos valian otro tanto. Las perlas eran en
gran cantidad y muy buenas, porque la mayor
gala y bizarria de las moras es adornarse (*) de 25
ricas perlas y aljofar, y, assi, ay mas perlas y
aljofar entre moros que entre todas las demas
naciones, y el padre de Zorayda tenia fama de
tener muchas y de las mejores que en Argel
auia, y de tener assimismo (*) mas de dozientos 30
mil escudos españoles, de todo lo qual era
señora esta que aora lo es mia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 238
Si con todo este adorno podia venir entonces
hermosa, o no, por las reliquias que le han
quedado en tantos trabajos se podra conjeturar
quál deuia de ser en las prosperidades. Porque
ya se sabe que la hermosura de algunas mugeres 5
tiene dias y sazones, y requiere accidentes
(*) para diminuyrse o acrecentarse, y es
natural cosa que las passiones del animo la
leuanten o abaxen (*), puesto que las mas vezes
la destruyen; digo, en fin, que entonces llegó 10
en todo estremo adereçada y en todo estremo
hermosa, o, a lo menos, a mi me parecio serlo
la mas que hasta entonces auia visto, y con
esto, viendo las obligaciones en que me auia
puesto, me parecia (*) que tenia delante de mi 15
vna deidad del cielo, venida a la tierra para mi
gusto y para mi remedio.
Assi como ella llegó, le dixo su padre en su
lengua como yo era cautiuo de su amigo Arnaute
Mami, y que venia a buscar ensalada. Ella 20
tomó la mano, y, en aquella mezcla de lenguas
que tengo dicho, me preguntó si era cauallero
y qué era la causa que no me rescataua. Yo le
respondi que ya estaua rescatado, y que en
el precio podia echar de ver en lo que mi amo 25
me estimaua, pues auia dado por mi mil y
quinientos çoltanis (*). A lo qual ella respondio:
«En verdad que si tu fueras de mi padre,
»que yo hiziera que no te diera el por otros dos
»tantos; porque vosotros, christianos, siempre 30
»mentis en quanto dezis, y os hazeis pobres
»por engañar a los moros.» «Bien podria ser
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 239
»esso, señora», le respondi; «mas en verdad
»que yo la he tratado con mi amo, y la trato y
»la trataré con quantas personas ay en el
»mundo.» «Y ¿quándo te vas?», dixo Zorayda.
«Mañana creo yo», dixe, «porque está aqui vn 5
»baxel de Francia que se haze mañana a la
»vela, y pienso yrme en el.» «¿No es mejor»,
replicó Zorayda, «esperar a que vengan baxeles
»de España y yrte con ellos, que no con los
»de Francia, que no son vuestros amigos?» 10
«No», respondi yo; «aunque si como ay nueuas
»que viene ya vn baxel de España es verdad,
»todauia yo le aguardaré, puesto que es mas
»cierto el partirme mañana, porque el desseo
»que tengo de verme en mi tierra y con las 15
»personas que bien quiero es tanto, que no me
»dexará esperar otra comodidad si se tarda,
»por mejor que sea.» «Deues de ser, sin duda,
»casado en tu tierra», dixo Zorayda, «y por esso
»desseas yr a verte con tu muger.» «No soy», 20
respondi yo, «casado, mas tengo dada la
»palabra de casarme en llegando alla.» «Y ¿es
»hermosa la dama a quien se la diste?», dixo
Zorayda. «Tan hermosa es», respondi yo, «que
»para encarecella y dezirte la verdad, te (*) 25
»parece a ti mucho.»
Desto se riyo muy de veras su padre, y dixo:
«Guala, christiano, que deue de ser muy
»hermosa si se parece a mi hija, que es la mas
»hermosa de todo este reyno. Si no, mirala bien 30
»y veras como te digo verdad.» Seruianos de
interprete a las mas de estas palabras y razones
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240
el padre de Zorayda, como mas ladino, que
aunque ella hablaua la bastarda lengua que,
como he dicho, alli se vsa, mas declaraua su
intencion por señas que por palabras.
Estando en estas y otras muchas razones 5
llegó vn moro corriendo y dixo a grandes bozes
que por las bardas o paredes del jardin auian
saltado quatro turcos y andauan cogiendo la
fruta, aunque no estaua madura. Sobresaltose
el viejo, y lo mesmo (*) hizo Zorayda; porque 10
es comun y casi natural el miedo que los moros
a los turcos tienen, especialmente a los soldados,
los quales son tan insolentes y tienen tanto
imperio sobre los moros que a ellos estan
sugetos, que los tratan peor que si fuessen 15
esclauos suyos. Digo, pues, que dixo su padre a
Zorayda: «Hija, retirate a la casa y encierrate en
»tanto que yo voy a hablar a estos canes, y tu,
»christiano, busca tus yeruas y vete en buen
»hora, y lleuete Ala con bien a tu tierra.» Yo me 20
incliné y el se fue a buscar los turcos,
dexandome solo con Zorayda, que començo a dar
muestras de yrse donde su padre la auia mandado.
Pero apenas el se encubrio con los arboles del
jardin, quando ella, boluiendose (*) a mi, llenos 25
los ojos de lagrimas, me dixo: «¿Amexi (*),
»christiano, amexi?». Que quiere dezir: ¿Vaste,
christiano, vaste? Yo la respondi: «Señora, si, pero
»no en ninguna manera sin ti; el primero juma
»me aguarda, y no te sobresaltes quando nos 30
»veas; que sin duda alguna yremos a tierra de
»christianos.»
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 241
Yo le dixe esto de manera que ella me
entendio muy bien a todas las razones que
entrambos passamos, y, echandome vn braço al
cuello, con desmayados passos començo a caminar
hazia la casa, y quiso la suerte, que pudiera 5
ser muy mala, si el cielo no lo ordenara
de otra manera, que yendo los dos de la
manera y postura que os he contado, con vn
braço al cuello, su padre, que ya boluia de
hazer yr a los turcos, nos vio de la suerte y 10
manera que yuamos, y nosotros vimos que el
nos auia visto; pero Zorayda, aduertida y
discreta, no quiso quitar el braço de mi cuello,
antes se llegó mas a mi y puso su cabeça
sobre mi pecho, doblando vn poco las rodillas, 15
dando claras señales y muestras que se
desmayaua, y yo ansimismo di a entender que la
sostenia contra mi voluntad. Su padre llegó
corriendo adonde estauamos, y, viendo a su
hija de aquella manera, le preguntó que qué 20
tenia; pero como ella no le respondiesse, dixo
su padre: «Sin duda alguna que con el
»sobresalto de la entrada de estos canes se ha
»desmayado»; y, quitandola del mio, la arrimó a
su pecho, y ella, dando vn suspiro (*) y aun no 25
enxutos los ojos de lagrimas, boluio a dezir:
«¡Amexi, christiano, amexi!» (¡Vete, christiano,
vete!) A lo que su padre respondio: «No importa,
»hija, que el christiano se vaya, que ningun
»mal te ha hecho, y los turcos ya son ydos; 30
»no te sobresalte cosa alguna, pues ninguna
»ay que pueda darte pesadumbre, pues, como
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 242
»ya te he dicho, los turcos, a mi ruego, se
»boluieron por donde entraron.» «Ellos, señor, la
»sobresaltaron, como has dicho», dixe yo a su
padre; «mas pues ella dize que yo me vaya, no
»la quiero dar pesadumbre; quedate en paz, y 5
»con tu licencia boluere (*), si fuere menester,
»por yeruas a este jardin; que, segun dize mi
»amo, en ninguno las ay mejores para ensalada
»que en el.» «Todas las que quisieres podras
»boluer», respondio Aguimorato; «que mi hija 10
»no dize esto porque tu ni ninguno de los
»christianos la enojauan (*), sino que por dezir
»que los turcos se fuessen, dixo que tu te
»fuesses, o porque ya era hora que buscasses
»tus yeruas.» 15
Con esto me despedi al punto de entrambos,
y ella, arrancandosele el alma, al parecer,
se fue con su padre. Y yo, con achaque
de buscar las yeruas, rodeé muy bien y a mi
plazer todo el jardin. Miré bien las entradas y 20
salidas, y la fortaleza de la casa, y la
comodidad que se podia ofrecer para facilitar todo
nuestro negocio. Hecho esto, me vine y di
quenta de quanto auia passado al renegado y
a mis compañeros. Y ya no veia (*) la hora de 25
verme gozar sin sobresalto del bien que en la
hermosa y bella Zorayda la suerte me ofrecia.
En fin, el tiempo se passó y se llegó el dia
y plazo de nosotros tan desseado, y, siguiendo
todos el orden y parecer que con discreta 30
consideracion y largo discurso muchas vezes
auiamos dado, tuuimos el buen sucesso que
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 243
desseauamos. Porque el viernes que se siguio al
dia que yo con Zorayda hablé en el jardin,
[nuestro renegado] (*), al anochecer, dio fondo
con la barca casi frontero de donde la
hermosissima Zorayda estaua. Ya los christianos 5
que auian de bogar el (*) remo estauan
preuenidos y escondidos por diuersas partes de
todos aquellos alrrededores. Todos estauan
suspensos y alboroçados aguardandome,
desseosos ya de enuestir con el baxel que a los 10
ojos tenian; porque ellos no sabian el
concierto del renegado, sino que pensauan que a
fuerça de braços auian de auer y ganar la
libertad, quitando la vida a los moros que
dentro de la barca estauan. 15
Sucedio, pues, que assi como yo me mostre
y mis compañeros, todos los demas escondidos
que nos vieron se vinieron llegando a nosotros.
Esto era ya a tiempo que la ciudad estaua ya
cerrada, y por toda aquella campaña ninguna 20
persona parecia. Como estuuimos juntos,
dudamos si seria mejor yr primero por Zorayda,
o rendir primero a los moros vagarinos (*), que
bogauan el (*) remo en la barca. Y, estando en
esta duda, llegó a nosotros nuestro renegado, 25
diziendonos que en qué nos deteniamos, que
ya era hora, y que todos sus moros estauan
descuydados, y los mas de ellos durmiendo (*).
Diximosle en lo que reparauamos, y el dixo
que lo que mas importaua era rendir primero 30
el baxel, que se podia hazer con grandissima
facilidad y sin peligro alguno, y que luego
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244
podiamos yr por Zorayda. Parecionos bien a
todos lo que dezia, y, assi, sin detenernos mas,
haziendo el la guia, llegamos al baxel, y
saltando el dentro primero, metio mano a vn
alfanje y dixo en morisco: «¡Ninguno de vosotros 5
»se mueua de aqui, si no quiere que le cueste la
»vida!» Ya a este tiempo, auian entrado dentro
casi todos los christianos. Los moros, que eran
de poco animo, viendo hablar de aquella manera
a su arraez, quedaronse espantados, y sin 10
ninguno de todos ellos echar mano a las armas,
que pocas o casi ningunas tenian, se dexaron,
sin hablar alguna palabra, maniatar de
los christianos, los quales con mucha presteza
lo hizieron, amenazando a los moros que si 15
alçauan por alguna via o manera la voz, que
luego al punto los passarian todos a cuchillo.
Hecho ya esto, quedandose en guardia
dellos la mitad de los nuestros, los que
quedauamos, haziendonos assimismo el renegado la 20
guia, fuymos al jardin de Aguimorato, y quiso
la buena suerte que, llegando a abrir la puerta,
se abrio con tanta facilidad como si cerrada no
estuuiera; y, assi, con gran quietud y silencio,
llegamos a la casa sin ser sentidos de nadie. 25
Estaua la bellissima Zorayda aguardandonos a
vna ventana, y assi como sintio gente, preguntó
con voz baxa si eramos nizarani (*), como
si dixera o preguntara si eramos christianos.
Yo le respondi que si, y que baxasse. Quando 30
ella me conocio, no se detuuo vn punto,
porque, sin responderme palabra, baxó en vn
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 245
instante, abrio la puerta y mostrose a todos tan
hermosa y ricamente vestida, que no lo acierto
(*) a encarecer. Luego que yo la vi, le tomé
vna mano y la comence a besar, y el renegado
hizo lo mismo, y mis dos camaradas; y los 5
demas, que el caso no sabian, hizieron lo que
vieron que nosotros haziamos; que no parecia
(*) sino que le dauamos las gracias y la
reconociamos por señora de nuestra libertad. El
renegado le dixo en lengua morisca si estaua 10
su padre en el jardin. Ella respondio que si, y
que dormia. «Pues sera menester despertalle»,
replicó el renegado, «y lleuarnosle con nosotros,
»y todo aquello que tiene de valor (*) este
»hermoso jardin.» «No», dixo ella; «a mi padre no 15
»se ha de tocar en ningun modo; y en esta casa
»no ay otra cosa que lo que yo lleuo, que es
»tanto, que bien aura para que todos quedeys
»ricos y contentos; y esperaros (*) vn poco y
»lo vereys.» 20
Y, diziendo esto, se boluio a entrar, diziendo
que muy presto bolueria; que nos estuuiessemos
quedos, sin hazer ningun ruydo. Preguntele
al renegado lo que con ella auia passado,
el qual me lo conto, a quien yo dixe que 25
en ninguna cosa se auia de hazer mas de lo
que Zorayda quisiesse; la qual ya que (*) boluia
cargada con vn cofrezillo lleno de escudos de
oro, tantos (*), que apenas lo podia sustentar,
quiso la mala suerte que su padre despertasse 30
en el interin y sintiesse el ruydo que andaua
en el jardin, y, assomandose a la ventana,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246
luego conocio que todos los que en el estauan
eran christianos; y, dando muchas, grandes y
desaforadas bozes, començo a dezir en arabigo:
«¡Christianos, christianos! ¡Ladrones,
»ladrones!» Por los quales gritos nos vimos todos 5
puestos en grandissima y temerosa confusion.
Pero el renegado, viendo el peligro en que
estauamos, y lo mucho que le importaua salir
con aquella empresa antes de ser sentido, con
grandissima presteza, subio donde Aguimorato 10
estaua, y juntamente con el fueron algunos de
nosotros; que yo no osé desamparar a la (*)
Zorayda, que como desmayada se auia dexado
caer en mis braços.
En resolucion, los que subieron se dieron 15
tan buena maña, que en vn momento baxaron
con Agimorato, trayendole atadas las manos
y puesto vn pañizuelo en la boca, que no le
dexaua hablar palabra, amenazandole que el
hablarla (*) le auia de costar la vida. Quando 20
su hija le vio, se cubrio los ojos por no verle, y
su padre quedó espantado, ignorando quán de
su voluntad se auia puesto en nuestras manos.
Mas entonces siendo mas necessarios los pies,
con diligencia y presteza nos pusimos en la 25
barca, que ya los que en ella auian quedado
nos esperauan, temerosos de algun mal
sucesso nuestro.
Apenas serian dos horas passadas de la
noche, quando ya estauamos todos en la barca, 30
en la qual se le quitó al padre de Zorayda la
atadura de las manos y el paño de la boca;
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 247
pero tornole a dezir el renegado que no
hablasse palabra; que le quitarian la vida. El,
como vio alli a su hija, començo a suspirar (*)
ternissimamente, y mas quando vio que yo
estrechamente la tenia abraçada, y que ella, sin 5
defender (*), quexarse ni esquiuarse, se estaua
queda; pero, con todo esto, callaua, porque no
pusiessen en efeto las muchas amenazas que
el renegado le hazia.
Viendose, pues, Zorayda ya en la barca, y 10
que queriamos dar los remos al agua, y viendo
alli a su padre y a los demas moros, que atados
estauan, le dixo al renegado que me dixesse
le hiziesse merced de soltar a aquellos moros
y de dar libertad a su padre, porque antes 15
se arrojaria en la mar que ver delante de sus
ojos, y por causa suya, lleuar cautiuo a vn
padre que tanto la auia querido. El renegado me
lo dixo, y yo respondi que era muy contento.
Pero el respondio que no convenia, a causa 20
que, si alli los dexauan, apellidarian luego la
tierra y alborotarian la ciudad, y serian causa
que saliessen a buscallos (*) con algunas fragatas
ligeras, y les (*) tomassen la tierra y la mar,
de manera, que no pudiessemos escaparnos; 25
que lo que se podria hazer era darles libertad
en llegando a la primera tierra de christianos.
En este parecer venimos todos, y Zorayda, a
quien se le dio cuenta, con las causas que nos
mouian a no hazer luego lo que queria, tambien 30
se satisfizo; y luego, con regozijado silencio
y alegre diligencia, cada vno de nuestros
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248
valientes remeros tomó su remo, y començamos,
encomendandonos a Dios de todo coraçon,
a nauegar la buelta de las islas de Mallorca,
que es la tierra de christianos mas cerca.
Pero a causa de soplar vn poco el viento 5
tramontana (*), y estar la mar algo picada, no
fue possible seguir la derrota de Mallorca, y
fuenos forçoso dexarnos yr tierra a tierra la
buelta de Oran, no sin mucha pesadumbre
nuestra, por no ser descubiertos del lugar de 10
Sargel, que en aquella costa cae (*) sesenta
millas de Argel. Y assimismo temiamos encontrar
por aquel parage alguna galeota de las que de
ordinario vienen (*) con mercancia de Tetuan,
aunque cada vno por si, y por todos juntos, 15
presumiamos de que si se encontraua galeota
de mercancia, como no fuesse de las que andan
en corso, que no solo no nos perderiamos,
mas que tomariamos baxel donde con mas
seguridad pudiessemos acabar nuestro viaje. Yua 20
Zorayda, en tanto que se nauegaua, puesta la
cabeça entre mis manos por no ver a su padre,
y sentia yo que yua llamando a Lela Marien,
que nos ayudasse.
Bien auriamos nauegado treynta millas, 25
quando nos amanecio, como tres tiros de
arcabuz desuiados de tierra, toda la qual vimos
desierta, y sin nadie que nos descubriesse,
pero con todo esso nos fuymos, a fuerça de
braços, entrando vn poco en la mar que ya 30
estaua algo mas sossegada; y, auiendo entrado
casi dos leguas, diose orden que se bogasse
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 249
a quarteles (*) en tanto que comiamos algo,
que yua bien proueyda la barca, puesto que
los que bogauan dixeron que no era aquel
tiempo de tomar reposo alguno: que les diessen
de comer los que no bogauan; que ellos no 5
querian soltar los remos de las manos en
manera alguna. Hizose ansi y, en esto, començo
a soplar vn viento largo que nos obligó a hazer
luego vela y a dexar el remo, y endereçar a
Oran, por no ser possible poder hazer otro 10
viaje. Todo se hizo con mucha presteza, y, assi,
a la vela nauegamos por mas de ocho millas
por hora, sin lleuar otro temor alguno, sino el
de encontrar con baxel que de corso fuesse.
Dimos de comer a los moros vagarinos (*) y 15
el renegado les consolo, diziendoles como no
yuan cautiuos: que en la primera ocasion les
darian libertad; lo mismo se le dixo al padre
de Zorayda, el qual respondio: «Qualquiera
»otra cosa pudiera yo esperar y creer de vuestra 20
»liberalidad y buen termino, ¡o christianos!;
»mas el darme libertad (*), no me tengais por
»tan simple que lo imagine; que nunca os
»pusistes vosotros al peligro de quitarmela para
»boluerla (*) tan liberalmente, especialmente 25
»sabiendo quién soy yo, y el interesse que se
»os puede seguir de darmela, el qual (*)
»interesse si le quereys poner nombre, desde aqui
»os ofrezco todo aquello que quisieredes por
»mi y por essa desdichada hija mia, o si no, 30
»por ella sola, que es la mayor y la mejor parte
»de mi alma.»
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 250
En diziendo esto, començo a llorar tan
amargamente, que a todos nos mouio a
compassion, y forço a Zorayda que le mirasse; la
qual, viendole llorar, assi se enternecio, que se
leuantó de mis pies y fue a abraçar a su padre, 5
y juntando su rostro con el suyo començaron
los dos tan tierno llanto, que muchos de los
que alli yuamos le acompañamos en el; pero
quando su padre la vio adornada de fiesta y
con tantas joyas sobre si, le dixo en su lengua: 10
«¿Qué es esto, hija, que ayer al anochecer
»antes que nos sucediesse esta terrible
»desgracia en que nos vemos, te vi con tus
»ordinarios y caseros vestidos, y agora, sin que
»ayas tenido tiempo de vestirte, y sin auerte 15
»dado alguna nueua alegre de solenizalle (*)
»con adornarte y pulirte, te veo compuesta con
»los mejores vestidos que yo supe y pude darte
»quando nos fue la ventura mas fauorable?
»Respondeme a esto, que me tiene mas suspenso 20
»y admirado que la misma desgracia en que
»me hallo.»
Todo lo que el moro dezia a su hija nos lo
declaraua el renegado, y ella no le respondia
palabra; pero quando el vio a vn lado de la 25
barca el cofrezillo donde ella solia tener sus
joyas, el qual sabia el bien que le auia
dexado en Argel y no traydole al jardin, quedó
mas confuso, y preguntole que cómo aquel
cofre auia venido a nuestras manos, y qué era 30
lo que venia dentro. A lo qual el renegado, sin
aguardar que Zorayda le respondiesse, le
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 251
respondio: «No te canses, señor, en preguntar a
»Zorayda tu hija tantas cosas, porque con vna
»que yo te responda te satisfare a todas; y, assi,
»quiero que sepas que ella es christiana, y es
»la que ha sido la lima de nuestras cadenas y 5
»la libertad de nuestro cautiuerio; ella va aqui
»de su voluntad, tan contenta, a lo que yo
»imagino, de verse en este estado, como el que sale
»de las tinieblas a (*) la luz, de la muerte a la
»vida y de la pena a la gloria.» «¿Es verdad lo 10
»que este dize, hija?», dixo el moro. «Assi es»,
respondio Zorayda. «¿Que en efeto», replicó el
viejo, «tu eres christiana, y la que ha puesto a
»su padre en poder de sus enemigos?» A lo
qual respondio Zorayda: «La que es christiana 15
»yo soy, pero no la que te ha puesto en este
»punto, porque nunca mi desseo se estendio a
»dexarte, ni a hazerte mal, sino a hazerme a
»mi bien.» «Y ¿qué bien es el que te has hecho,
»hija?» «Esso», respondio ella, «preguntaselo 20
»tu a Lela Marien; que ella te lo sabra dezir
»mejor que no (*) yo.»
Apenas huuo oydo esto el moro, quando,
con vna increyble presteza, se arrojó de cabeça
en la mar, donde sin ninguna duda se ahogara, 25
si el vestido largo y embaraçoso que traya no le
entretuuiera vn poco sobre el agua. Dio bozes
Zorayda que le sacassen, y, assi, acudimos
luego todos, y, asiendole de la almalafa, le
sacamos medio ahogado y sin sentido, de que 30
recibio tanta pena Zorayda, que, como si fuera
ya muerto, hazia sobre el vn tierno y doloroso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252
llanto. Boluimosle boca abaxo, boluió mucha
agua, tornó en si al cabo de dos horas, en las
quales, auiendose trocado el viento, nos conuino
boluer hazia tierra y hazer fuerça de remos
por no enuestir en ella; mas quiso nuestra 5
buena suerte que llegamos a vna cala que se
haze al lado de vn pequeño promontorio o
cabo, que de los moros es llamado el de la
Caua Rumia, que en nuestra lengua quiere
dezir la mala muger christiana; y es tradicion 10
entre los moros que en aquel lugar está
enterrada la Caua, por quien se perdio España;
porque caua en su lengua quiere dezir muger
mala, y rumia, christiana (*), y aun tienen por
mal aguero llegar alli a dar fondo quando la 15
necessidad les fuerça a ello, porque nunca le
dan sin ella, puesto que para nosotros no fue
abrigo de mala muger, sino puerto seguro de
nuestro remedio, segun andaua alterada la mar.
Pusimos nuestras centinelas en tierra, y no 20
dexamos jamas los remos de la mano; comimos
de lo que el renegado auia proueydo, y rogamos
a Dios y a Nuestra Señora, de todo nuestro
coraçon, que nos ayudasse y fauoreciesse,
para que felicemente (*) diessemos fin a tan 25
dichoso principio. Diose orden, a suplicacion de
Zorayda, como echassemos en tierra a su padre
y a todos los demas moros que alli atados
venian; porque no le bastaua el animo, ni lo
podian sufrir sus blandas entrañas, ver delante 30
de sus ojos atado a su padre y aquellos de su
tierra presos. Prometimosle de hazerlo assi al
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 253
tiempo de la partida, pues no corria peligro
el dexallos en aquel lugar, que era despoblado.
No fueron tan vanas nuestras oraciones, que no
fuessen oydas del cielo, que en nuestro fauor
luego boluio el viento, tranquilo el mar, 5
combidandonos a que tornassemos alegres a
proseguir nuestro començado viaje.
Viendo esto, desatamos a los moros y vno
a vno los pusimos en tierra, de lo que ellos se
quedaron admirados; pero llegando a 10
desembarcar al padre de Zorayda, que ya estaua
en todo su acuerdo, dixo: «¿Por qué pensays,
»christianos, que esta mala hembra huelga de
»que me deys libertad? ¿Pensays que es por
»piedad que de mi tiene? No, por cierto; sino 15
»que lo haze por el estoruo que le dará mi
»presencia quando quiera poner en execucion
»sus malos desseos; ni penseys que la ha
»mouido a mudar religion entender ella que la
»vuestra a la nuestra se auentaja, sino el saber 20
»que en vuestra tierra se vsa la deshonestidad
»(*) mas libremente que en la nuestra.» Y,
boluiendose a Zorayda, teniendole yo y otro
christiano de entrambos braços asido porque
algun desatino no hiziesse, le dixo: «¡O infame 25
»moça y mal aconsejada muchacha! ¿Adónde
»vas, ciega y desatinada, en poder destos
»perros, naturales enemigos nuestros? ¡Maldita
»sea la hora en que yo te engendré y malditos
»sean los regalos y deleytes en que te he 30
»criado!». Pero viendo yo que lleuaua termino de
no acabar tan presto, di priessa a ponelle en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254
tierra, y desde alli, a bozes, prosiguio en sus
maldiciones y lamentos, rogando a Mahoma
rogasse a Ala que nos destruyesse,
confundiesse y acabasse; y quando, por auernos
hecho a la vela, no podimos oyr sus palabras, 5
vimos sus obras, que eran arrancarse las barbas,
messarse los cabellos y arrastrarse (*) por
el suelo; mas vna vez esforço la voz de tal
manera, que podimos entender que dezia: «¡Buelue,
»amada hija, buelue a tierra, que todo te lo 10
»perdono; entrega a essos hombres esse dinero
»que ya es suyo, y buelue a consolar a este
»triste padre tuyo que en esta desierta arena
»dexará la vida, si tu le dexas!»
Todo lo qual escuchaua Zorayda, y todo lo 15
sentia y lloraua, y no supo dezirle ni respondelle
palabra, sino: «¡Plega a Ala, padre mio,
»que Lela Marien, que ha sido la causa de que
»yo sea christiana, ella te consuele en tu
»tristeza! Ala sabe bien que no pude hazer otra 20
»cosa de la que he hecho, y que estos
»christianos no deuen nada a mi voluntad, pues
»aunque quisiera no venir con ellos y quedarme
»en mi casa, me fuera impossible, segun
»la priessa que me daua mi alma a poner por 25
»obra esta que a mi me parece tan buena
»como tu, padre amado, la juzgas por mala.»
Esto dixo a tiempo que ni su padre la oya,
ni nosotros ya le veyamos; y, assi, consolando
yo a Zorayda, atendimos todos a nuestro 30
viaje, el qual nos le facilitaua el proprio (*)
viento, de tal manera, que bien tuuimos por
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 255
cierto de vernos otro dia al amanecer en las
riberas de España.
Mas como pocas vezes, o nunca, viene el
bien puro y senzillo, sin ser acompañado o
seguido de algun mal que le turbe o sobresalte, 5
quiso nuestra ventura, o quiça las maldiciones
que el moro a su hija auia echado, que
siempre se han de temer de qualquier padre que
sean, quiso, digo, que estando ya engolfados,
y siendo ya casi passadas tres horas de la 10
noche, yendo con la vela tendida de alto
baxa (*), frenillados los remos porque el
prospero viento nos quitaua del trabajo de auerlos
menester, con la luz de la luna que claramente
resplandecia, vimos cerca de nosotros vn 15
baxel redondo, que, con todas las velas
tendidas (*), lleuando vn poco a orça el timon,
delante de nosotros atrauessaua, y esto tan
cerca, que nos fue forçoso amaynar por no
enuestirle, y ellos, assimesmo (*), hizieron 20
fuerça de timon para darnos lugar que
passassemos.
Auianse puesto a bordo del baxel a
preguntarnos quién eramos y adónde nauegauamos
y de dónde veniamos; pero por preguntarnos 25
esto en lengua francesa, dixo nuestro
renegado: «Ninguno responda, porque estos sin
»duda son cosarios franceses que hazen a toda
»ropa (*).» Por este aduertimiento ninguno
respondio palabra, y, auiendo passado vn poco 30
delante, que ya el baxel quedaua [a] (*)
sotauento, de improuiso soltaron dos pieças de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256
artilleria, y, a lo que parecia, ambas venian con
cadenas, porque con vna cortaron nuestro arbol
por medio y dieron con el y con la vela en
la mar, y al momento disparando otra pieça,
vino a dar la [vala] (*) en mitad de nuestra 5
barca, de modo que la abrio toda sin hazer otro
mal alguno; pero como nosotros nos vimos yr
a fondo, començamos todos a grandes bozes a
pedir socorro y a rogar a los del baxel que nos
acogiessen, porque nos anegauamos. Amaynaron 10
entonces, y, echando el esquife o barca a
la mar, entraron en el hasta doze franceses,
bien armados, con sus arcabuzes y cuerdas
encendidas; y assi llegaron junto al nuestro, y,
viendo quán pocos eramos, y como el baxel 15
se hundia, nos recogieron, diziendo que por
auer vsado de la descortesia de no respondelles
nos auia sucedido aquello.
Nuestro renegado tomó el cofre de las
riquezas de Zorayda, y dio con el en la mar, sin 20
que ninguno echasse de ver en lo que hazia.
En resolucion, todos passamos con los franceses,
los quales, despues de auerse informado
de todo aquello que de nosotros saber quisieron,
como si fueran nuestros capitales enemigos, 25
nos despojaron de todo quanto teniamos,
y a Zorayda le quitaron hasta los carcaxes que
trahia en los pies. Pero no me daua a mi tanta
pesadumbre la que a Zorayda dauan, como me
la daua el temor que tenia de que auian de 30
passar del quitar de las riquissimas y preciosissimas
joyas al quitar de la joya que mas valia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 257
y ella mas estimaua; pero los desseos de aquella
gente no se estienden a mas que al dinero,
y desto (*) jamas se vee harta su codicia; lo (*)
qual entonces llegó a tanto, que aun hasta los
vestidos de cautiuos nos quitaran si de algun 5
prouecho les fueran. Y huuo parecer entre ellos
de que a todos nos arrojassen a la mar
embueltos en vna vela, porque tenian intencion
de tratar en algunos puertos de España con
nombre de que eran bretones (*), y si nos 10
lleuauan viuos serian castigados, siendo
descubierto su hurto.
Mas el capitan, que era el que auia
despojado a mi querida Zorayda, dixo que el se
contentaua con la presa que tenia, y que no 15
queria tocar en ningun puerto de España, sino
passar (*) el estrecho de Gibraltar de noche, o
como pudiesse, y yrse (*) a la Rochela, de
donde auia salido; y, assi, tomaron por acuerdo
de darnos el esquife de su nauio y todo lo 20
necessario para la corta nauegacion que nos
quedaua, como lo hizieron otro dia, ya a vista
de tierra de España, con la qual vista (*) todas
nuestras pesadumbres y pobrezas se nos
oluidaron de todo punto, como si (*) no huuieran 25
passado por nosotros: tanto es el gusto de
alcançar la libertad perdida.
Cerca de medio dia podria ser quando nos
echaron en la barca, dandonos dos barriles de
agua y algun bizcocho; y el capitan, mouido no 30
se de qué misericordia, al embarcarse la
hermosissima Zorayda, le dio hasta quarenta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258
escudos de oro, y no consintio que le quitassen
sus soldados estos mesmos (*) vestidos que
ahora (*) tiene puestos. Entramos en el baxel,
dimosles las gracias por el bien que nos hazian
mostrandonos mas agradecidos que quexosos; 5
ellos se hizieron a lo largo siguiendo la derrota
del estrecho; nosotros, sin mirar a otro norte
que a la tierra que se nos mostraua delante,
nos dimos tanta priessa a bogar, que al poner
del sol estauamos tan cerca, que bien pudieramos, 10
a nuestro parecer, llegar antes que fuera
muy noche; pero por no parecer en aquella noche
la luna y el cielo mostrarse escuro, y por
ignorar el parage en que estauamos, no nos
parecio cosa segura enuestir en tierra, como a 15
muchos de nosotros les parecia, diziendo que
diessemos en ella, aunque fuesse en vnas peñas
y lexos de poblado (*), porque assi assegurariamos
el temor que de razon se deuia tener
que por alli anduuiessen baxeles de cosarios 20
de Tetuan, los quales anochecen en Berberia
y amanecen en las costas de España, y hazen
de ordinario presa, y se bueluen a dormir a sus
casas; pero de los contrarios pareceres el que
se tomó fue que nos llegassemos poco a poco 25
y que si el sossiego del mar lo concediesse,
desembarcassemos donde pudiessemos.
Hizose assi, y poco antes de la media
noche seria quando llegamos al pie de vna
disformissima y alta montaña, no tan junto al mar 30
que no concediesse vn poco de espacio para
poder desembarcar comodamente; enuestimos
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 259
en la arena, salimos a tierra (*), besamos el
suelo, y con lagrimas de muy (*) alegrissimo
contento dimos todos gracias a Dios, Señor
Nuestro, por el bien tan incomparable que nos
auia hecho (*); sacamos de la barca los 5
bastimentos que tenia, tiramosla en tierra, y
subimonos (*) vn grandissimo trecho en la montaña,
porque aun alli estauamos y aun no podiamos
assegurar el pecho, ni acabauamos de creer
que era tierra de christianos la que ya nos 10
sostenia. Amanecio mas tarde, a mi parecer, de lo
[que] (*) quisieramos; acabamos de subir toda
la montaña por ver si desde alli algun poblado
se descubria, o algunas cabañas de pastores,
pero aunque mas tendimos la vista, ni poblado, 15
ni persona, ni senda, ni camino descubrimos.
Con todo esto (*) determinamos de entrarnos
la tierra adentro, pues no podria ser menos
sino que presto descubriessemos quien nos
diesse noticia della; pero lo que a mi mas me 20
fatigaua era el ver yr a pie a Zorayda por
aquellas asperezas, que, puesto que alguna vez la
puse sobre mis ombros, mas le cansaua a ella
mi cansancio que la reposaua su reposo, y, assi,
nunca mas quiso que yo aquel trabajo tomasse; 25
y con mucha paciencia y muestras de alegria,
lleuandola yo siempre de la mano, poco menos
de vn quarto de legua deuiamos de auer andado,
quando llegó a nuestros oydos el son de
vna pequeña esquila, señal clara que por alli 30
cerca auia ganado, y, mirando todos con atencion
si alguno se (*) parecia, vimos al pie de vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260
alcornoque vn pastor moço, que con grande
reposo y descuydo estaua labrando vn palo con
vn cuchillo; dimos bozes, y el, alçando la
cabeça, se puso ligeramente en pie, y a lo que
despues supimos, los primeros que a la vista se 5
le ofrecieron fueron el renegado y Zorayda, y,
como el los vio en habito de moros, penso que
todos los de la Berberia estauan sobre el, y,
metiendose con estraña lijereza por el bosque
adelante, començo a dar los mayores gritos del 10
mundo, diziendo: «¡Moros, moros ay en la
»tierra; moros, moros, arma, arma!»
Con estas bozes quedamos todos confusos,
y no sabiamos qué hazernos, pero considerando
que las bozes del pastor auian de alborotar 15
la tierra, y que la caualleria de la costa auia de
venir luego a ver lo que era, acordamos que el
renegado se desnudasse las ropas de (*) turco y
se vistiesse vn gilequelco (*) o casaca de cautiuo
que vno de nosotros le dio luego, aunque se 20
quedó en camisa; y, assi, encomendandonos a
Dios, fuymos por el mismo camino que vimos
que el pastor lleuaua, esperando siempre quándo
auia de dar sobre nosotros la caualleria de
la costa; y no nos engañó nuestro pensamiento, 25
porque aun no aurian passado dos horas, quando,
auiendo ya salido de aquellas malezas a vn
llano, descubrimos hasta cincuenta caualleros
que con gran ligereza, corriendo a media rienda,
a nosotros se venian, y assi como los vimos nos 30
estuuimos quedos aguardandolos; pero como
ellos llegaron y vieron, en lugar de los moros
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 261
que buscauan, tanto pobre christiano, quedaron
confusos, y vno dellos nos preguntó si eramos
nosotros acaso la ocasion porque vn pastor auia
apellidado al (*) arma. «Si», dixe yo; y queriendo
començar a dezirle mi sucesso, y de dónde 5
veniamos, y quién eramos, vno de los christianos
que con nosotros venian conocio al ginete
que nos auia hecho la pregunta, y dixo sin
dexarme a mi dezir mas palabra: «Gracias sean
»dadas a Dios, señores, que a tan buena parte 10
»nos ha conduzido, porque si yo no me engaño,
»la tierra que pisamos es la de Velez Malaga, si
»ya los años de mi cautiuerio no me han quitado
»de la memoria el acordarme que vos, señor,
»que nos preguntays quién somos, soys Pedro 15
»de Bustamante, tio mio.»
Apenas huuo dicho esto el christiano cautiuo,
quando el ginete se arrojó del cauallo y
vino a abraçar al moço, diziendole: «Sobrino
»de mi alma y de mi vida; ya te conozco, y ya 20
»te he llorado por muerto yo, y mi hermana tu
»madre, y todos los tuyos, que aun viuen, y
»Dios ha sido seruido de darles vida para que
»gozen el plazer de verte; ya sabiamos que
»estauas en Argel, y por las señales y muestras 25
»de tus vestidos y la de todos los desta
»compañia, comprehendo que aueys tenido milagrosa
»libertad.» «Assi es», respondio el moço,
«y tiempo nos quedará para contaroslo todo.»
Luego que los ginetes entendieron que eramos 30
christianos cautiuos, se apearon de sus
cauallos, y cada vno nos combidaua con el suyo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262
para lleuarnos a la ciudad de Velez Malaga,
que legua y media de alli estaua. Algunos
dellos boluieron a lleuar la barca a la ciudad,
diziendoles dónde la auiamos dexado; otros
nos subieron a las ancas, y Zorayda fue en las 5
del cauallo del tio del christiano.
Salionos a recebir todo el pueblo, que ya
de alguno que se auia adelantado sabian la
nueua de nuestra venida. No se admirauan de
ver cautiuos libres, ni moros cautiuos, porque 10
toda la gente de aquella costa está hecha a ver
a los vnos y a los otros, pero admirauanse de
la hermosura de Zorayda, la qual en aquel
instante y sazon estaua en su punto, ansi con el
cansancio del camino como con la alegria de 15
verse ya en tierra de christianos, sin sobresalto
de perderse, y esto le auia sacado al rostro
tales colores, que si no es que la aficion
entonces me engañaua, osaré (*) dezir que mas
hermosa criatura no auia en el mundo; a lo 20
menos, que yo la huuiesse visto.
Fuymos derechos a la iglesia a dar gracias
a Dios por la merced recebida, y assi como en
ella entró Zorayda, dixo que alli auia rostros
que se parecian a los de Lela Marien; diximosle 25
que eran imagines suyas, y, como mejor se
pudo, le dio el renegado a entender lo que
significauan, para que ella las adorasse como si
verdaderamente fueran cada vna dellas (*) la
misma Lela Marien que la auia hablado; ella, 30
que tiene buen entendimiento y vn natural facil
y claro, entendio luego quanto acerca de las
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLI p. 263
imagenes se le dixo. Desde alli nos lleuaron y
repartieron a todos en diferentes casas del
pueblo, pero al renegado, Zorayda y a mi nos
lleuó el christiano que vino con nosotros, y (*)
en casa de sus padres, que medianamente eran 5
acomodados de los bienes de fortuna, y nos
regalaron con tanto amor como a su mismo
hijo.
Seys dias estuuimos en Velez, al cabo de
los quales el renegado, hecha su informacion 10
de quanto le conuenia, se fue a la ciudad de
Granada a reduzirse por medio de la Santa
Inquisicion al gremio santissimo de la Iglesia;
los demas christianos libertados se fueron cada
vno donde mejor le parecio; solos quedamos 15
Zorayda y yo con solos los escudos que la
cortesia del frances le dio a Zorayda, de los
quales compré este animal en que ella viene; y,
siruiendola yo hasta agora (*) de padre y
escudero, y no de esposo, vamos con intencion de 20
ver si mi padre es viuo, o si alguno de mis
hermanos ha tenido mas prospera ventura que la
mia, puesto que por auerme hecho el cielo
compañero de Zorayda, me parece que ninguna
otra suerte me pudiera venir, por buena que 25
fuera, que mas la estimara. La paciencia con
que Zorayda lleua las incomodidades que la
pobreza trae consigo y el desseo que muestra
tener de verse ya christiana es tanto (*) y tal,
que me admira y me mueue a seruirla todo el 30
tiempo de mi vida; puesto que el gusto que
tengo de verme suyo y de que ella sea mia me
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 264
le turba y deshaze no saber si hallaré en mi
tierra algun rincon donde recogella, y si auran
hecho el tiempo y la muerte tal mudança en la
hazienda y vida de mi padre y hermanos, que
apenas halle quien me conozca, si ellos faltan. 5
No tengo mas, señores, que deziros de mi
historia, la qual si es agradable y peregrina,
juzguenlo vuestros buenos entendimientos; que
de mi se dezir que quisiera auerosla contado
mas breuemente, puesto que el temor de 10
enfadaros mas de quatro circustancias me ha
quitado de la lengua.
p. 265
Capitulo XLII
Que trata de lo que mas sucedio en la venta
y de otras muchas cosas dignas de saberse.
Calló en diziendo esto el cautiuo, a quien
don Fernando dixo: 5
Por cierto, señor capitan, el modo con que
aueys contado este estraño sucesso ha sido
tal, que yguala a la nouedad y estrañeza del
mesmo (*) caso. Todo es peregrino y raro y
lleno de accidentes que marauillan y suspenden 10
a quien los oye. Y es de tal manera el gusto
que hemos recebido en escuchalle que, aunque
nos hallara el dia de mañana entretenidos en
el mesmo (*) cuento, holgaramos que de nueuo
se començara. 15
Y, en diziendo esto, [Cardenio] (*) y todos los
demas se le ofrecieron con todo lo a ellos
possible para seruirle, con palabras y razones tan
amorosas y tan verdaderas, que el capitan se
tuuo por bien satisfecho de sus voluntades. 20
Especialmente le ofrecio don Fernando que si
queria boluerse con el, que el haria que el
marques, su hermano, fuesse padrino del
bautismo de Zorayda, y que el, por su parte, le
acomodaria de manera, que pudiesse entrar 25
en su tierra con el autoridad y comodo que a
su persona se deuia. Todo lo agradecio
cortesissimamente el cautiuo, pero no quiso acetar
ninguno de sus liberales ofrecimientos.
En esto llegaua ya la noche, y al cerrar 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266
della, llegó a la venta vn coche, con algunos
hombres de a cauallo; pidieron posada; a
quien la ventera respondio que no auia en
toda la venta vn palmo desocupado.
Pues aunque esso sea, dixo vno de los de 5
a cauallo que auian entrado, no ha de faltar
para el señor oydor que aqui viene.
A este nombre se turbó la guespeda (*),
y dixo:
Señor, lo que en ello ay es que no tengo 10
camas; si es que su merced del señor oydor la
trae, que si deue de traer, entre en buen hora;
que yo y mi marido nos saldremos de nuestro
aposento, por acomodar a su merced.
Sea en buen hora, dixo el escudero. 15
Pero a este tiempo ya auia salido del coche
vn hombre que, en el traje, mostro luego el
oficio y cargo que tenia, porque la ropa
luenga, con las mangas arrocadas, que vestia,
mostraron ser oydor, como su criado auia dicho. 20
Trahia de la mano a vna donzella, al parecer
de hasta diez y seys años, vestida de camino,
tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda, que a
todos puso en admiracion su vista, de suerte,
que a no auer visto a Dorotea y a Luscinda y 25
Zorayda, que en la venta estauan, creyeran
que otra tal hermosura como la desta donzella
dificilmente pudiera hallarse. Hallose don Quixote
al entrar del oydor y de la donzella, y assi
como le vio, dixo: 30
Seguramente puede vuestra merced entrar
y espaciarse en este castillo; que aunque es
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 267
estrecho y mal acomodado, no ay estrecheza ni
incomodidad en el mundo que no de lugar a
las armas y a las letras, y mas si las armas y
letras traen por guia y adalid a la fermosura,
como la traen las letras de vuestra merced en 5
esta fermosa donzella, a quien deuen no solo
abrirse y manifestarse los castillos, sino
apartarse los riscos, y deuidirse y abaxarse las
montañas, para dalle acogida. Entre vuestra
merced, digo, en este parayso: que aqui hallará 10
estrellas y soles que acompañen el cielo que
vuestra merced trae consigo. Aqui hallará las
armas en su punto y la hermosura en su
estremo.
Admirado quedó el oydor del razonamiento 15
de don Quixote, a quien se puso a mirar muy
de proposito. Y no menos le admiraua su talle
que sus palabras, y, sin hallar ningunas con que
respondelle, se tornó a admirar de nueuo quando
vio delante de si a Luscinda, Dorotea (*) 20
y a Zorayda, que, a las nueuas de los nueuos
guespedes (*) y a las que la ventera les auia
dado de la hermosura de la donzella, auian
venido a verla y a recebirla. Pero don Fernando,
Cardenio y el cura le hizieron mas llanos (*) y 25
mas cortesanos ofrecimientos. En efecto, el señor
oydor entró confuso, assi de lo que veya (*)
como de lo que escuchaua, y las hermosas
de la venta dieron la bienllegada a la hermosa
donzella. 30
En resolucion, bien echó de ver el oydor que
era gente principal toda la que alli estaua. Pero
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268
el talle, visage y la apostura (*) de don Quixote
le desatinaua; y, auiendo passado entre todos
corteses ofrecimientos y tanteado la comodidad
de la venta, se ordenó lo que antes estaua
ordenado: que todas las mugeres se entrassen en el 5
camaranchon (*) ya referido, y que los hombres
se quedassen fuera, como en su guarda. Y,
assi, fue contento el oydor que su hija, que era
la donzella, se fuesse con aquellas señoras, lo
que ella hizo de muy buena gana. Y con parte 10
de la estrecha cama del ventero, y con la mitad
de la que el oydor trahia, se acomodaron
aquella noche mejor de lo que pensauan.
El cautiuo, que desde el punto que vio al
oydor, le dio saltos el coraçon y barruntos de 15
que aquel era su hermano, preguntó a vno de
los criados que con el venian que cómo se llamaua
y si sabia de qué tierra era. El criado le
respondio que se llamaua el licenciado Iuan
Perez de Viedma, y que auia oydo dezir que 20
era de vn lugar de las montañas de Leon. Con
esta relacion, y con lo que el auia visto, se
acabó de confirmar de que aquel era su hermano,
que auia seguido las letras por consejo de su
padre. Y alborotado y contento, llamando aparte 25
a don Fernando, a Cardenio y al cura, les
conto lo que passaua, certificandoles que aquel
oydor era su hermano. Auiale dicho tambien el
criado como yua proueydo por oydor a las
Indias, en la Audiencia de Mexico. Supo tambien 30
como aquella donzella era su hija, de cuyo parto
auia muerto su madre, y que el auia quedado
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 269
muy rico con el dote que con la hija se le quedó
en casa. Pidioles consejo qué modo tendria
para descubrirse, o para conocer primero si,
despues de descubierto, su hermano, por verle
pobre, se afrentaua, o le recebia (*) con buenas 5
entrañas.
Dexeseme a mi el hazer essa experiencia,
dixo el cura, quanto mas que no ay pensar
sino que vos, señor capitan, sereys muy bien
recebido (*), porque el valor y prudencia que en 10
su buen parecer descubre vuestro hermano no
da indicios de ser arrogante, ni desconocido, ni
que no ha de saber poner los casos de la
fortuna en su punto.
Con todo esso, dixo el capitan, yo querria, 15
no de improuiso, sino por rodeos, darmele a
conocer.
Ya os digo, respondio el cura, que yo lo
traçaré de modo que todos quedemos
satisfechos. 20
Ya, en esto, estaua adereçada la cena, y todos
se sentaron a la mesa, eceto el cautiuo y las
señoras, que cenaron de por si en su aposento.
En la mitad de la cena, dixo el cura:
Del mesmo (*) nombre de vuestra merced, 25
señor oydor, tuue yo vna camarada en
Costantinopla, donde estuue cautiuo algunos años.
La qual camarada era vno de los valientes
soldados y capitanes que auia en toda la
infanteria española. Pero tanto quanto (*) 30
tenia de esforçado y valeroso tenia de
desdichado.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270
Y ¿cómo se llamaua esse capitan, señor
mio?, preguntó el oydor.
Llamauase, respondio el cura, Ruyperez
de Viedma, y era natural de vn lugar de las
montañas de Leon. El qual me conto vn caso 5
que [a] (*) su padre con sus hermanos le auia
sucedido, que, a no contarmelo vn hombre tan
verdadero como el, lo tuuiera por conseja, de
aquellas que las viejas cuentan el inuierno al
fuego. Porque me dixo que su padre auia diuidido 10
su hazienda entre tres hijos que tenia, y les
auia dado ciertos consejos, mejores que los de
Caton. Y se yo dezir que el que el escogio de
venir a la guerra le auia sucedido tan bien, que
en pocos años, por su valor y esfuerço, sin otro 15
braço que el de su mucha virtud, subio a ser
capitan de infanteria, y a verse en camino y
predicamento de ser presto maestre de campo.
Pero fuele la fortuna contraria, pues donde la
pudiera esperar y tener buena, alli la perdio 20
con perder la libertad, en la felicissima jornada
donde tantos la cobraron, que fue en la batalla
de Lepanto. Yo la perdi en la Goleta, y
despues, por diferentes sucessos, nos hallamos
camaradas en Costantinopla (*). Desde alli 25
vino a Argel, donde se que le sucedio vno de
los mas estraños casos que en el mundo han
sucedido.
De aqui fue prosiguiendo el cura, y con
breuedad sucinta conto lo que con Zorayda a su 30
hermano auia sucedido. A todo lo qual estaua
tan atento el oydor, que ninguna vez auia sido
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 271
tan oydor como entonces. Solo llegó el cura al
punto de quando los franceses despojaron a
los christianos que en la barca venian, y la
pobreza y necessidad en que su camarada y la
hermosa mora auian quedado, de los quales no 5
auia sabido en qué auian parado, ni si auian
llegado a España, o lleuadolos los franceses a
Francia. Todo lo que el cura dezia estaua
escuchando algo de alli desuiado el capitan, y
notaua todos los mouimientos que su hermano 10
hazia. El qual, viendo que ya el cura auia llegado
al fin de su cuento, dando vn grande suspiro
(*) y llenandosele los ojos de agua, dixo:
¡O, señor, si supiessedes las nueuas que
me aueys contado, y cómo me tocan tan en 15
parte, que me es forçoso dar muestras dello
con estas lagrimas que, contra toda mi
discrecion y recato, me salen por los ojos! Esse
capitan tan valeroso que dezis es mi mayor
hermano, el qual, como mas fuerte y de mas altos 20
pensamientos que yo ni otro hermano menor
mio, escogio el honroso y digno exercicio de
la guerra, que fue vno de los tres caminos que
nuestro padre nos propuso, segun os dixo vuestra
camarada en la conseja que, a vuestro parecer, 25
le oystes. Yo segui el de las letras, en las
quales Dios y mi diligencia me han puesto en
el grado que me veys. Mi menor hermano está
en el Piru, tan rico, que con lo que ha embiado
a mi padre y a mi ha satisfecho bien la parte 30
que el se lleuó, y aun dado a las manos de mi
padre con que poder hartar su liberalidad
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272
natural. Y yo, ansimesmo (*), he podido con mas
decencia y autoridad tratarme en mis estudios
y llegar al puesto en que me veo. Viue aun mi
padre, muriendo (*) con el desseo de saber de
su hijo mayor, y pide a Dios con continuas 5
oraciones no cierre la muerte sus ojos hasta que
el vea con vida a los de su hijo. Del qual me
marauillo, siendo tan discreto, como en tantos
trabajos y afliciones o prosperos sucessos se
aya descuydado de dar noticia de si a su padre; 10
que si el lo supiera, o alguno de nosotros, no
tuuiera necessidad de aguardar al milagro de la
caña para alcançar su rescate. Pero de lo que
yo agora me temo es de pensar si aquellos
franceses le auran dado libertad, o le auran 15
muerto por encubrir su hurto. Esto todo sera (*)
que yo prosiga mi viage, no con aquel contento
con que le comence, sino con toda melancolia
y tristeza. ¡O buen hermano mio, y quién
supiera agora donde estauas (*); que yo te fuera 20
a buscar y a librar de tus trabajos, aunque
fuera a costa de los mios! ¡O, quién lleuara
nueuas a nuestro viejo padre de que tenias
vida, aunque estuuieras en las mazmorras mas
escondidas de Berberia; que de alli te sacaran 25
sus (*) riquezas, las de mi hermano y las mias!
¡O Zorayda hermosa y liberal, quién pudiera
pagar (*) el bien que a vn (*) hermano hiziste;
quién pudiera hallarse al renacer de tu alma,
y a las bodas, que tanto gusto a todos nos 30
dieran!
Estas y otras semejantes palabras dezia el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 273
oydor, lleno de tanta compassion con las
nueuas que de su hermano le auian dado, que
todos los que le oyan le acompañauan en dar
muestras del sentimiento que tenian de su
lastima. Viendo, pues, el cura, que tan bien auia 5
salido con su intencion, y con lo que desseaua
el capitan, no quiso tenerlos a todos mas tiempo
tristes, y, assi, se leuantó de la mesa, y
entrando donde estaua Zorayda, la tomó por la
mano, y tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea 10
y la hija del oydor. Estaua esperando el capitan
a ver lo que el cura queria hazer, que fue
que, tomandole a el assimesmo (*) de la otra
mano, con entrambos a dos, se fue donde el
oydor y los demas caualleros estauan, y dixo: 15
Cessen, señor oydor, vuestras lagrimas, y
colmese vuestro desseo de todo el bien que
acertare a dessearse, pues teneys delante a
vuestro buen hermano, y a vuestra buena cuñada;
este que aqui veys es el capitan Viedma, 20
y esta la hermosa mora que tanto bien le hizo.
Los franceses que os dixe los pusieron en la
estrecheza que veys, para que vos mostreys la
liberalidad de vuestro buen pecho.
Acudio el capitan a abraçar a su hermano, 25
y el le puso ambas (*) manos en los pechos,
por mirarle algo mas apartado; mas quando le
acabó de conocer, le abraçó tan estrechamente,
derramando tan tiernas lagrimas de contento,
que los mas de los que presentes estauan le 30
vuieron de acompañar en ellas. Las palabras
que entrambos hermanos se dixeron, los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 274
sentimientos que mostraron, apenas creo que
pueden pensarse, quanto mas escriuirse. Alli, en
breues razones, se dieron cuenta de sus
sucessos; alli mostraron, puesta en su punto, la
buena amistad de dos hermanos; alli abraçó el 5
oydor a Zorayda; alli la ofrecio su hazienda;
alli hizo que la abraçasse su hija; alli la
christiana hermosa y la mora hermosissima
renouaron las lagrimas de todos.
Alli don Quixote estaua atento sin hablar 10
palabra, considerando estos tan estraños
sucessos, atribuyendolos todos a quimeras de la
andante caualleria. Alli concertaron que el
capitan y Zorayda se boluiessen con su hermano
a Seuilla, y auisassen a su padre de su 15
hallazgo y libertad, para que, como pudiesse,
viniesse a hallarse en las bodas y bautismo
de Zorayda, por no le ser al oydor possible
dexar el camino que lleuaua, a causa de tener
nueuas que de alli a vn mes partia flota (*) 20
de Seuilla a la Nueua España, y fuerale de
grande incomodidad perder el viage.
En resolucion, todos quedaron contentos y
alegres del buen sucesso del cautiuo, y como
ya la noche yua casi en las dos partes de su 25
jornada, acordaron de recogerse y reposar lo
que de ella les quedaua. Don Quixote se ofrecio
a hazer la guardia del castillo, porque de
algun gigante o otro mal andante follon no
fuessen acometidos, codiciosos del gran tesoro 30
de hermosura que en aquel castillo se encerraua.
Agradecieronselo los que le conocian, y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLII p. 275
dieron al oydor cuenta del humor estraño de
don Quixote, de que no poco gusto recibio.
Solo Sancho Pança se desesperaua con la
tardança del recogimiento, y solo el se acomodó
mejor que todos, echandose sobre los aparejos 5
de su jumento, que le costaron tan caros
como adelante se dira.
Recogidas, pues, las damas en su estancia, y
los demas acomodadose (*) como menos mal
pudieron, don Quixote se salio fuera de la venta 10
a hazer la centinela del castillo, como lo auia
prometido. Sucedio, pues, que faltando (*) poco
por (*) venir el alua, llegó a los oydos de las
damas vna voz tan entonada y tan buena, que
les obligó a que todas le prestassen atento 15
oydo, especialmente Dorotea, que despierta
estaua, a cuyo lado dormia doña Clara de
Viedma, que ansi se llamaua la hija del oydor.
Nadie podia imaginar quién era la persona que
tan bien cantaua, y era vna voz sola, sin que la 20
acompañasse instrumento alguno. Vnas vezes
les parecia que cantauan en el patio, otras que
en la caualleriza. Y, estando en esta confusion
muy atentas, llegó a la puerta del aposento
Cardenio, y dixo: 25
Quien no duerme, escuche; que oyran vna
voz de vn moço de mulas, que de tal manera
canta, que encanta.
Ya lo oymos, señor, respondio Dorotea.
Y con esto se fue Cardenio, y Dorotea, 30
poniendo toda la atencion possible, entendio que
lo que se cantaua era esto:
p. 276
[Capitulo XLIII
Donde se quenta la agradable historia del
moço de mulas, con otros estraños acaecimientos
en la venta sucedidos.] (*)
Marinero soy de amor, 5
y en su pielago profundo
nauego sin esperança
de llegar a puerto alguno.
Siguiendo voy a vna estrella
que desde lexos descubro, 10
mas bella y resplandeciente
que quantas vio Palinuro.
Yo no se adónde me (*) guia,
y, asi, nauego confuso,
el alma a mirarla atenta, 15
cuydadosa y con descuydo.
Recatos impertinentes,
honestidad contra el vso,
son nuues que me la encubren
quando mas verla procuro. 20
¡O clara y luziente estrella,
en cuya lumbre me apuro!,
al punto que te me encubras,
sera de mi muerte el punto.
Llegando el que cantaua a este punto, le 25
parecio a Dorotea que no seria bien que dexasse
Clara de oyr vna tan buena voz, y, assi,
mouiendola a vna y a otra parte, la desperto,
diziendole:
Perdoname, niña, que te despierto, pues lo 30
hago porque gustes de oyr la mejor voz que
quiça auras oydo en toda tu vida.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 277
Clara desperto toda soñolienta, y de la
primera vez no entendio lo que Dorotea le dezia,
y, boluiendoselo a preguntar ella, se lo boluio
a dezir, por lo qual estuuo atenta Clara. Pero
apenas vuo oydo dos versos, que el que 5
cantaua yua prosiguiendo, quando le tomó vn
temblor tan estraño, como si de algun graue
accidente (*) de quartana estuuiera enferma, y,
abraçandose estrechamente con Dorotea (*), le
dixo: 10
¡Ay, señora de mi alma y de mi vida! ¿Para
qué me despertastes?; que el mayor bien que la
fortuna me podia hazer por aora era tenerme
cerrados los ojos y los oydos, para no ver ni
oyr a esse desdichado musico. 15
¿Qué es lo que dizes, niña? Mira que dizen
que el que canta es vn moço de mulas.
No es sino señor de lugares, respondio
Clara, y el que le tiene en mi alma, con tanta
seguridad, que si el no quiere dexalle, no le 20
sera quitado eternamente.
Admirada quedó Dorotea de las sentidas
razones de la muchacha, pareciendole que se
auentajauan en mucho a la discrecion que sus
pocos años prometian. Y, assi, le dixo: 25
Hablays de modo, señora Clara, que no
puedo entenderos; declaraos mas, y dezidme
qué es lo que dezis de alma y de lugares y
deste musico, cuya voz tan inquieta os tiene.
Pero no me digays nada por ahora; que no 30
quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto,
el gusto que recibo de oyr al que canta: que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278
me parece que con nueuos versos y nueuo
tono torna a su canto.
Sea en buen hora, respondio Clara.
Y, por no oylle, se tapó con las manos
entrambos oydos, de lo que tambien se admiró 5
Dorotea; la qual, estando atenta a lo que se
cantaua, vio que proseguian en esta manera:
Dvlce esperança mia,
que, rompiendo impossibles y malezas,
sigues firme la via 10
que tu mesma (*) te finges y adereças,
no te desmaye el verte
a cada passo junto al de tu muerte.
No alcançan perezosos
honrados triunfos, ni vitoria alguna, 15
ni pueden ser dichosos
los que, no contrastando a la fortuna,
entregan, desualidos
al ocio blando todos los sentidos.
Que amor sus glorias venda 20
caras, es gran razon y es trato justo;
pues no ay mas rica prenda
que la que se quilata por su gusto,
y es cosa manifiesta
que no es de estima lo que poco cuesta. 25
Amorosas porfias
tal vez alcançan impossibles cosas,
y ansi, aunque con las mias
sigo de amor las mas dificultosas,
no por esso rezelo 30
de no alcançar desde la tierra el cielo (*).
Aqui dio fin la voz, y principio a nueuos
solloços Clara. Todo lo qual encendia el desseo
de Dorotea, que desseaua saber la causa de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 279
tan suaue canto y de tan triste lloro. Y, assi, le
boluio a preguntar qué era lo que le queria
dezir denantes. Entonces Clara, temerosa de
que Luscinda no la oyesse, abraçando
estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto 5
del oydo de Dorotea, que seguramente podia
hablar sin ser de otro (*) sentida. Y, assi, le
dixo:
Este que canta, señora mia, es vn (*) hijo de
vn cauallero, natural del reyno de Aragon, señor 10
de dos lugares, el qual viuia frontero de la
casa de mi padre, en la corte. Y aunque mi
padre tenia las ventanas de su casa con lienços
en el inuierno y zelosias en el verano, yo
no se lo que fue, ni lo que no, que este 15
cauallero, que andaua al estudio, me vio, ni se si
en la yglesia o en otra parte. Finalmente, el se
enamoró de mi, y me lo dio a entender desde
las ventanas de su casa, con tantas señas y con
tantas lagrimas, que yo le huue de creer, y aun 20
querer, sin saber lo que me queria. Entre las
señas que me hazia, era vna de juntarse la vna
mano con la otra, dandome a entender que se
casaria conmigo, y aunque yo me holgaria (*)
mucho de que ansi fuera, como sola y sin madre, 25
no sabia con quién comunicallo, y, assi, lo
dexé estar, sin dalle otro fabor, si no era,
quando estaua mi padre fuera de casa y el suyo
tambien, alçar vn poco el lienço, o la zelosia,
y dexarme ver toda, de lo que el hazia tanta 30
fiesta, que daua señales de boluerse loco.
Llegose en esto el tiempo de la partida de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280
mi padre, la qual el supo, y no de mi, pues
nunca pude dezirselo. Cayó malo, a lo que yo
entiendo, de pesadumbre, y, assi, el dia que nos
partimos nunca pude verle para despedirme
del, siquiera con los ojos. Pero a cabo de dos 5
dias que caminauamos, al entrar de vna posada
en vn lugar vna jornada de aqui, le vi a la
puerta del meson, puesto en abito de moço de
mulas, tan al natural, que si yo no le truxera
tan retratado en mi alma, fuera impossible 10
conocelle. Conocile, admireme y alegreme; el me
miró a hurto de mi padre, de quien el siempre
se esconde quando atrauiessa por delante de
mi en los caminos y en las posadas do llegamos.
Y, como yo se quién es, y considero que 15
por amor de mi viene a pie y con tanto
trabajo, muerome de pesadumbre, y adonde el
pone los pies, pongo yo los ojos. No se con
qué intencion viene, ni cómo ha podido escaparse
de su padre, que le quiere extraordinariamente, 20
porque no tiene otro heredero y porque
el lo merece, como lo vera vuestra merced
quando le vea. Y, mas le se dezir, que todo
aquello que canta lo saca de su cabeça; que
he oydo dezir que es muy gran (*) estudiante 25
y poeta. Y ay mas: que cada vez que le veo o
le oygo cantar, tiemblo toda y me sobresalto,
temerosa de que mi padre le conozca y venga
en conocimiento de nuestros desseos. En mi
vida le he hablado palabra, y con todo esso le 30
quiero de manera, que no he de poder viuir sin
el. Esto es, señora mia, todo lo que os puedo dezir
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 281
deste musico, cuya voz tanto os ha contentado,
que en sola ella echareys bien de ver que
no es moço de mulas, como dezis, sino señor
de almas y lugares, como yo (*) os he dicho.
No digays mas, señora doña Clara, dixo a 5
esta sazon Dorotea, y esto, besandola mil
vezes. No digays mas, digo, y esperad que
venga el nueuo dia; que yo espero en Dios de
encaminar de manera vuestros negocios, que
tengan el felize (*) fin que tan honestos 10
principios merecen.
¡Ay, señora!, dixo doña Clara, ¿qué fin se
puede esperar, si su padre es tan principal y
tan rico que le parecera que aun yo no puedo
ser criada de su hijo, quanto mas esposa? Pues 15
casarme yo a hurto de mi padre, no lo hare por
quanto ay en el mundo. No querria sino que
este moço se boluiesse y me dexasse; quiça
con no velle y con la gran distancia del
camino que lleuamos se me aliuiaria la pena que 20
aora lleuo; aunque se dezir que este remedio
que me imagino me ha de aprouechar bien
poco; no se qué diablos ha sido esto, ni por
dónde se ha entrado este amor que le tengo,
siendo yo tan muchacha y el tan muchacho, 25
que en verdad que creo que somos de vna
edad mesma (*), y que yo no tengo cumplidos
diez y seys años; que para el dia de San Miguel
que vendra dize mi padre que los cumplo.
No pudo dexar de reyrse Dorotea oyendo 30
quán como niña hablaua doña Clara, a quien
dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282
Reposemos, señora, lo poco que creo queda
de la noche, y amanecera Dios y medraremos,
o mal me andaran las manos.
Sossegaronse con esto, y en toda la venta
se guardaua vn grande silencio; solamente no 5
dormian la hija de la ventera, y Maritornes su
criada. Las quales como ya sabian el humor
de que pecaua don Quixote, y que estaua fuera
de la venta, armado y a cauallo, haziendo la
guarda, determinaron las dos de hazelle alguna 10
burla, o, a lo menos, de passar vn poco el
tiempo oyendole sus disparates.
Es, pues, el caso, que en toda la venta no
auia ventana que saliesse al campo, sino vn
agujero de vn pajar, por donde echauan la paja 15
por de fuera. A este agujero se pusieron las dos
semidonzellas, y vieron que don Quixote estaua
a cauallo, recostado sobre su lançon, dando de
quando en quando tan dolientes y profundos
suspiros, que parecia que con cada vno se le 20
arrancaua el alma. Y, assimesmo (*), oyeron
que dezia con voz blanda, regalada y amorosa:
¡O mi señora Dulzinea del Toboso, estremo
de toda hermosura, fin y remate de la discrecion,
archiuo del mejor donayre, deposito de la 25
honestidad, y, vltimadamente, idea de todo lo
prouechoso, honesto y deleytable que ay en
el mundo! Y ¿qué fará agora la tu merced? ¿Si
tendras, por ventura, las mientes en tu cautiuo
cauallero, que a tantos peligros por solo 30
seruirte de su voluntad ha querido ponerse?
Dame tu nueuas della, ¡o luminaria de las tres
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 283
caras! (*); quiça con embidia de la suya la estás
aora mirando, que, o passeandose (*) por
alguna galeria de sus suntuosos palacios, o ya
puesta de pechos sobre algun valcon, está
considerando cómo, salua su honestidad y grandeza, 5
ha de amansar la tormenta que por ella este
mi cuytado coraçon padece, qué gloria ha de
dar a mis penas, qué sossiego a mi cuydado, y,
finalmente, qué vida a mi muerte y qué premio
a mis seruicios. Y tu, sol, que ya deues 10
de estar apriessa ensillando tus cauallos por
madrugar y salir a ver a mi señora, assi como
la veas, suplicote que de mi parte la saludes;
pero guardate que al verla y saludarla no le
des paz en el rostro; que tendre mas zelos de 15
ti que tu los tuuiste de aquella ligera ingrata
que tanto te hizo sudar y correr por los llanos
de Tesalia, o por las riberas de Peneo (*); que
no me acuerdo bien por dónde corriste
entonces, zeloso y enamorado. 20
A este punto llegaua entonces don Quixote
en su tan lastimero razonamiento, quando la
hija de la ventera le començo a cecear, y a
dezirle:
Señor mio, lleguese aca la vuestra merced, 25
si es seruido.
A cuyas señas y voz boluio don Quixote la
cabeça, y vio a la luz de la luna, que entonces
estaua en toda su claridad, como le llamauan
del agujero que a el le parecio ventana, y aun 30
con rejas doradas, como conuiene que las
tengan tan ricos castillos como el se imaginaua
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284
que era aquella venta; y luego en el instante
se le representó en su loca imaginacion que
otra vez, como la passada, la donzella fermosa,
hija de la señora de aquel castillo, vencida de
su amor, tornaua a solicitarle; y, con este 5
pensamiento, por no mostrarse descortes y
desagradecido, boluio las riendas a Rozinante y
se llegó al agujero, y assi como vio a las dos
moças, dixo:
Lastima os tengo, fermosa señora, de que 10
ayades puesto vuestras amorosas mientes en
parte donde no es possible corresponderos
conforme merece vuestro gran valor y gentileza;
de lo que no deueys dar culpa a este miserable
andante cauallero, a quien tiene amor 15
impossibilitado de poder entregar su voluntad
a otra que (*) aquella que en el punto que sus
ojos la vieron, la hizo señora absoluta de su
alma. Perdonadme, buena señora, y recogeos
en vuestro aposento, y no querays con 20
significarme mas vuestros desseos que yo me
muestre mas desagradecido; y si del amor que me
teneys hallays en mi otra cosa con que
satisfazeros que el mismo amor no sea, pedidmela;
que yo os juro por aquella ausente enemiga 25
dulce mia, de darosla encontinente, si bien me
pidiessedes vna guedeja de los cabellos de
Medusa, que eran todos culebras, o ya los
mesmos (*) rayos del sol, encerrados en vna
redoma. 30
No ha menester nada desso mi señora, señor
cauallero, dixo a este punto Maritornes.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 285
Pues ¿qué ha menester, discreta dueña,
vuestra señora?, respondio don Quixote.
Sola vna de vuestras hermosas manos,
dixo Maritornes, por poder deshogar (*) con
ella el gran desseo que a este agujero la ha 5
traydo, tan a peligro de su honor, que si su
señor padre la huuiera sentido, la menor
tajada della fuera la oreja (*).
Ya quisiera yo ver esso, respondio don
Quixote; pero el se guardará bien desso, si 10
ya no quiere hazer el mas desastrado fin que
padre hizo en el mundo, por auer puesto las
manos en los delicados miembros de su
enamorada hija.
Pareciole a Maritornes que sin duda don 15
Quixote daria la mano que le auian (*) pedido,
y, proponiendo en su pensamiento lo que
auia de hazer, se baxó del agujero y se fue
a la caualleriza (*), donde tomó el cabestro
del jumento de Sancho Pança, y con mucha 20
presteza se boluio a su agujero, a tiempo que
don Quixote se auia puesto de pies sobre la
silla de Rozinante, por alcançar a la ventana
enrejada donde se imaginaua estar la ferida
donzella; y al darle la mano, dixo: 25
Tomad, señora, essa mano, o por mejor
dezir, esse verdugo de los malhechores del
mundo; tomad essa mano, digo, a quien no ha
tocado otra de muger alguna, ni aun la de
aquella que tiene entera possession de todo 30
mi cuerpo. No os la doy para que la beseys,
sino para que mireys la contestura de sus
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 286
neruios, la trauazon de sus musculos, la anchura
y espaciosidad de sus venas; de donde sacareys
qué tal deue de ser la fuerça del braço
que tal mano tiene.
Aora lo veremos, dixo Maritornes. 5
Y, haziendo vna lazada corrediza al cabestro,
se la echó a la muñeca, y, baxandose del
agujero, ató lo que quedaua al cerrojo de la
puerta del pajar muy fuertemente. Don Quixote,
que sintio la aspereza del cordel en su 10
muñeca, dixo:
Mas parece que vuestra merced me ralla
que no que me regala la mano; no la trateys
tan mal, pues ella no tiene la culpa del mal que
mi voluntad os haze, ni es bien que en tan poca 15
parte vengueys el todo de vuestro enojo; mirad
que quien quiere bien no se venga tan mal.
Pero todas estas razones de don Quixote ya
no las escuchaua nadie, porque assi como Maritornes
le ató, ella y la otra se fueron, muertas 20
de risa, y le dexaron asido de manera, que fue
impossible soltarse. Estaua, pues, como se ha
dicho, de pies sobre Rozinante, metido todo el
braço por el agujero, y atado de la muñeca y
al cerrojo de la puerta, con grandissimo temor 25
y cuydado que si Rozinante se desuiaua a vn
cabo o a otro, auia de quedar colgado del braço;
y, assi, no osaua hazer mouimiento alguno,
puesto que de la paciencia y quietud de
Rozinante bien se podia esperar que estaria sin 30
mouerse vn siglo entero.
En resolucion, viendose don Quixote atado,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 287
y que ya las damas se auian ydo, se dio a
imaginar que todo aquello se hazia por via de
encantamento, como la vez passada, quando en
aquel mesmo (*) castillo le molio aquel moro
encantado del harriero, y maldezia entre si su 5
poca discrecion y discurso, pues auiendo salido
tan mal la vez primera de aquel castillo, se
auia auenturado a entrar en el la segunda,
siendo aduertimiento de caualleros andantes
que, quando han prouado vna auentura y no 10
salido (*) bien con ella, es señal que no está
para ellos guardada, sino para otros, y, assi,
no tienen necessidad de prouarla segunda vez.
Con todo esto, tiraua de su braço por ver si
podia soltarse, mas el estaua tan bien asido, 15
que todas sus prueuas fueron en vano. Bien es
verdad que tiraua con tiento, porque Rozinante
no se mouiesse, y aunque el quisiera sentarse
y ponerse en la silla, no podia sino estar en
pie, o arrancarse la mano. 20
Alli fue el dessear de la espada de Amadis,
contra quien no tenia fuerça encantamento alguno
(*); alli fue el maldezir de su fortuna; alli
fue el exagerar la falta que haria en el mundo
su presencia el tiempo que alli estuuiesse 25
encantado, que sin duda alguna se auia creydo
que lo estaua; alli el acordarse de nueuo de
su querida Dulzinea del Toboso; alli fue el
llamar a su buen escudero Sancho Pança, que,
sepultado en sueño, y tendido sobre el albarda 30
de su jumento, no se acordaua en aquel instante
de la madre que lo auia parido; alli llamó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288
a los sabios Lirgandeo y Alquife (*), que le
ayudassen; alli inuocó a su buena amiga Vrganda,
que le socorriesse, y, finalmente, alli le
tomó la mañana, tan desesperado y confuso,
que bramaua como vn toro; porque no esperaua 5
el que con el dia se remediaria su cuyta,
porque la tenia por eterna, teniendose por
encantado. Y haziale creer esto ver que Rozinante
poco ni mucho se mouia, y creia que de aquella
suerte, sin comer, ni beuer, ni dormir, auian 10
de estar el y su cauallo hasta que aquel mal
influxo de las estrellas se passasse, o hasta que
otro mas sabio encantador le desencantasse.
Pero engañose mucho en su creencia, porque
apenas començo a amanecer, quando llegaron 15
a la venta quatro hombres de a cauallo,
muy bien puestos y adereçados, con sus escopetas
sobre los arzones. Llamaron a la puerta
de la venta, que aun estaua cerrada, con grandes
golpes, lo qual visto por don Quixote desde 20
donde aun no dexaua de hazer la centinela,
con voz arrogante y alta, dixo:
Caualleros, o escuderos, o quienquiera que
seays, no teneys para qué llamar a las puertas
deste castillo; que asaz de claro está que a 25
tales horas, o los que estan dentro duermen, o
no tienen por costumbre de abrirse las fortalezas
hasta que el sol esté tendido por todo el
suelo; desuiaos a fuera, y esperad que aclare el
dia, y entonces veremos si sera justo o no que 30
os abran.
¿Qué diablos de fortaleza o castillo es este,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 289
dixo vno, para obligarnos a guardar estas
ceremonias? Si soys el ventero, mandad que nos
abran; que somos caminantes que no queremos
mas de dar ceuada a nuestras caualgaduras y
passar adelante, porque vamos de priessa. 5
¿Pareceos, caualleros, que tengo yo talle de
ventero?, respondio don Quixote.
No se de qué teneys talle, respondio el
otro, pero se que dezis disparates en llamar
castillo a esta venta. 10
Castillo es, replicó don Quixote, y aun de
los mejores de toda esta prouincia; y gente
tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y
corona en la cabeça.
Mejor fuera al reues, dixo el caminante: 15
el cetro en la cabeça y la corona en la mano,
y sera, si a mano viene, que deue de estar
dentro alguna compañia de representantes, de
los quales es tener a menudo essas coronas y
cetros que dezis, porque en vna venta tan 20
pequeña, y adonde se guarda tanto silencio como
esta, no creo yo que se alojan personas dignas
de corona y cetro.
Sabeys poco del mundo, replicó don
Quixote, pues ignorays los casos que suelen 25
acontecer en la caualleria andante.
Cansauanse los compañeros que con el
preguntante venian del coloquio que con don
Quixote passaua, y, assi, tornaron a llamar con
grande furia, y fue de modo, que el ventero 30
desperto, y aun todos quantos en la venta estauan,
y assi, se leuantó a preguntar quién llamaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290
Sucedio en este tiempo que vna de las
caualgaduras en que venian los quatro que llamauan
se llegó a oler a Rozinante, que, melancolico
y triste, con las orejas caydas, sostenia
sin mouerse a su estirado señor; y como, en fin, 5
era de carne, aunque parecia de leño, no pudo
dexar de resentirse y tornar a oler a quien le
llegaua a hazer caricias, y, assi, no se huuo
mouido tanto quanto, quando se desuiaron los
juntos pies de don Quixote, y, resbalando de 10
la silla, dieran con el en el suelo a no quedar
colgado del braço, cosa que le causó tanto
dolor, que creyó, o que la muñeca le cortauan,
o que el braço se le arrancaua, porque el
quedó tan cerca del suelo, que con los estremos 15
de las puntas de los pies besaua la tierra, que
era en su perjuyzio, porque como sentia lo
poco que le faltaua para poner las plantas en
la tierra, fatigauase y estirauase quanto podia
por alcançar al suelo, bien assi como los que 20
estan en el tormento de la garrucha puestos a
toca, no toca, que ellos mesmos (*) son causa
de acrecentar su dolor con el ahinco que ponen
en estirarse, engañados de la esperança que se
les representa, que con poco mas que se 25
estiren llegarán al suelo.
p. 291
Capitulo XLIV
Donde se prosiguen los inauditos sucessos
de la venta.
En efeto, fueron tantas las vozes que don
Quixote dio, que, abriendo de presto las puertas 5
de la venta, salio el ventero, despauorido, a
ver quién tales gritos daua, y los que estauan
fuera hizieron lo mesmo (*). Maritornes, que
ya auia despertado a las mismas vozes, imaginando
lo que podia ser, se fue al pajar y desató, 10
sin que nadie lo viesse, el cabestro que a
don Quixote sostenia, y el dio luego en el suelo,
a vista del ventero y de los caminantes, que,
llegandose a el, le preguntaron qué tenia, que
tales vozes daua. El, sin responder palabra, se 15
quitó el cordel de la muñeca, y, leuantandose
en pie, subio sobre Rozinante, embraçó su
adarga, enristró su lançon, y, tomando buena
parte del campo, boluio a medio galope,
diziendo: 20
Qualquiera que dixere que yo he sido con
justo titulo encantado, como mi señora la
princessa Micomicona me de licencia para ello, yo
le desmiento, le rieto (*) y desafio a singular
batalla. 25
Admirados se quedaron los nueuos caminantes
de las palabras de don Quixote, pero el
ventero les quitó de aquella admiracion,
diziendoles que era don Quixote, y que no auia que
hazer caso del, porque estaua fuera de juyzio. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292
Preguntaronle al ventero si acaso auia llegado
a aquella venta vn muchacho de hasta edad
de quinze años, que venia vestido como moço
de mulas, de tales y tales señas, dando las
mesmas (*) que trahia el amante de doña Clara. 5
El ventero respondio que auia tanta gente en
la venta, que no auia echado de ver en el que
preguntauan. Pero auiendo visto vno dellos el
coche donde auia venido el oydor, dixo:
Aqui deue de estar, sin duda, porque este 10
es el coche que el dizen que sigue; quedese
vno de nosotros a la puerta, y entren los demas
a buscarle, y aun seria bien que vno de
nosotros rodeasse toda la venta, porque no se
fuesse por las bardas de los corrales. 15
Assi se hara, respondio vno dellos.
Y, entrandose los dos dentro, vno se quedó
a la puerta y el otro se fue a rodear la venta,
todo lo qual veia (*) el ventero, y no sabia
atinar para qué se hazian aquellas diligencias, 20
puesto que bien creyo que buscauan aquel (*)
moço, cuyas señas le auian dado. Ya a esta
sazon aclaraua el dia, y assi por esto, como por
el ruydo que don Quixote auia hecho, estauan
todos despiertos y se leuantauan, especialmente 25
doña Clara y Dorotea, que, la vna con (*)
sobresalto de tener tan cerca a su amante, y la otra
con el desseo de verle, auian podido dormir
bien mal aquella noche.
Don Quixote, que vio que ninguno de los 30
quatro caminantes hazia caso del, ni le respondian
a su demanda, moria y rabiaua de despecho
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 293
y saña, y si el hallara en las ordenanças
de su caualleria que licitamente podia el
cauallero andante tomar y emprender otra empresa,
auiendo dado su palabra y fe de no ponerse
en ninguna hasta acabar la que auia prometido, 5
el enuistiera (*) con todos y les hiziera
responder, mal de su grado. Pero por parecerle no
conuenirle ni estarle (*) bien començar nueua
empresa hasta poner a Micomicona en su reyno,
huuo de callar y estarse quedo, esperando 10
a ver en qué parauan las diligencias de
aquellos caminantes, vno de los quales halló al
mancebo que buscaua durmiendo (*) al lado de
vn moço de mulas, bien descuydado de que
nadie ni le buscasse, ni menos de que (*) le 15
hallasse. El hombre le trauó del braço y le dixo:
Por cierto, señor don Luys, que responde
bien a quien vos soys el habito que teneys, y
que dize bien la cama en que os hallo al regalo
con que vuestra madre os crió. 20
Limpiose el moço los soñolientos ojos, y
miró de espacio al que le tenia asido, y luego
conocio que era criado de su padre, de que
recibio tal sobresalto, que no acerto o no pudo
hablarle palabra por vn buen espacio, y el 25
criado prosiguio, diziendo:
Aqui no ay que hazer otra cosa, señor don
Luys, sino prestar paciencia y dar la buelta a
casa, si ya vuestra merced no gusta que su
padre y mi señor la de al otro mundo, porque 30
no se puede esperar otra cosa de la pena con
que queda por vuestra ausencia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294
Pues ¿cómo supo mi padre, dixo don Luys,
que yo venia este camino y en este traje?
Vn estudiante, respondio el criado, a
quien distes cuenta de vuestros pensamientos,
fue el que lo descubrio, mouido a lastima, de 5
las que vio que hazia vuestro padre al punto
que os echó menos; y, assi, despachó a quatro
de sus criados en vuestra busca, y todos estamos
aqui a vuestro seruicio, mas contentos de
lo que imaginar se puede por el buen despacho 10
con que tornaremos, lleuandoos a los ojos que
tanto os quieren.
Esso sera como yo quisiere, o como el cielo
lo (*) ordenare, respondio don Luys.
¿Qué aueys de querer, o qué ha de ordenar 15
el cielo, fuera de consentir en bolueros,
porque no ha de ser possible otra cosa?
Todas estas razones que entre los dos
passauan oyó el moço de mulas, junto a quien
don Luys estaua, y, leuantandose de alli, fue a 20
dezir lo que passaua a don Fernando y a
Cardenio y a los demas, que ya vestido se auian;
a los quales dixo como aquel hombre llamaua
de don a aquel muchacho, y las razones que
passauan, y como le queria boluer a casa de su 25
padre, y el moço no queria; y con esto (*), y con
lo que del sabian, de la buena voz que el cielo
le auia dado, vinieron todos en gran desseo de
saber mas particularmente quién era, y aun de
ayudarle, si alguna fuerça le quisiessen hazer; 30
y, assi, se fueron hazia la parte donde aun
estaua hablando y porfiando con su criado.
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 295
Salia (*) en esto Dorotea de su aposento, y
tras ella doña Clara toda turbada; y, llamando
Dorotea a Cardenio aparte, le conto en breues
razones la historia del musico y de doña Clara,
a quien el tambien dixo lo que passaua de la 5
venida a buscarle los criados de su padre, y no
se lo dixo tan callando, que lo dexasse de oyr
Clara (*); de lo que quedó tan fuera de si, que si
Dorotea no llegara a tenerla, diera consigo en
el suelo. Cardenio dixo a Dorotea que se 10
boluiessen al aposento, que el procuraria poner
remedio en todo, y ellas lo hizieron.
Ya estauan todos los quatro que venian a
buscar a don Luys dentro de la venta, y rodeados
del, persuadiendole que luego, sin detenerse 15
vn punto, boluiesse a consolar a su padre.
El respondio que en ninguna manera lo podia
hazer hasta dar fin a vn negocio en que le yua
la vida, la honra y el alma. Apretaronle entonces
los criados, diziendole que en ningun modo 20
boluerian sin el, y que le lleuarian, quisiesse o
no quisiesse.
Esso (*) no hareys vosotros, replicó don
Luys, si no es lleuandome muerto, aunque
de qualquiera manera que me lleueys, sera 25
lleuarme sin vida.
Ya a esta sazon auian acudido a la porfia
todos los mas que en la venta estauan,
especialmente Cardenio, don Fernando, sus
camaradas, el oydor, el cura, el barbero y don 30
Quixote, que ya le parecio que no auia necessidad
de guardar mas el castillo. Cardenio, como ya
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296
sabia la historia del moço, preguntó a los que
lleuarle querian, que qué les mouia a querer
lleuar contra su voluntad [a] (*) aquel
muchacho.
Mueuenos, respondio vno de los quatro, 5
dar la vida a su padre, que por la ausencia
deste cauallero queda a peligro de perderla.
A esto dixo don Luys:
No ay para qué se de cuenta aqui de mis
cosas; yo soy libre y boluere si me diere 10
gusto, y si no, ninguno de vosotros me ha de
hazer fuerça.
Harasela a vuestra merced la razon,
respondio el hombre, y quando ella no bastare
con vuestra merced, bastará con nosotros para 15
hazer a lo que venimos y lo que somos
obligados.
Sepamos que es esto de rayz, dixo a este
tiempo el oydor.
Pero el hombre que lo conocio, como vezino 20
de su casa, respondio:
¿No conoce vuestra merced, señor oydor, a
este cauallero, que es el hijo de su vezino, el
qual se ha ausentado de casa de su padre, en
el habito tan indecente a su calidad, como 25
vuestra merced puede ver?
Mirole entonces el oydor mas atentamente,
y conociole, y abraçandole, dixo:
¿Qué niñerias son estas, señor don Luys,
o qué causas tan poderosas, que os ayan 30
mouido a venir desta manera, y en este trage,
que dize tan mal con la calidad vuestra?
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 297
Al moço se le vinieron las lagrimas a los
ojos, y no pudo responder palabra. El (*)
oydor dixo a los quatro que se sossegassen,
que todo se haria bien, y, tomando por la
mano a don Luys, le apartó a vna parte, y 5
le preguntó qué venida auia sido aquella.
Y en tanto que le hazia esta y otras
preguntas, oyeron grandes vozes a la puerta de la
venta, y era la causa dellas que dos huespedes,
que aquella noche auian alojado en ella, 10
viendo a toda la gente ocupada en saber lo
que los quatro buscauan, auian intentado a yrse
sin pagar lo que deuian; mas el ventero, que
atendia mas a su negocio que a los agenos, les
asio al salir de la puerta y pidio su paga, y les 15
afeó su mala intencion con tales palabras, que
les mouio a que le respondiessen con los puños;
y, assi, le començaron a dar tal mano, que
el pobre ventero tuuo necessidad de dar vozes
y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron 20
a otro mas desocupado para poder socorrerle
que a don Quixote, a quien la hija de la
ventera dixo:
Socorra vuestra merced, señor cauallero,
por la virtud que Dios le dio, a mi pobre padre; 25
que dos malos hombres le estan moliendo como
a cibera.
A lo qual respondio don Quixote muy de
espacio y con mucha flema:
Fermosa donzella, no ha lugar por aora 30
vuestra peticion, porque estoy impedido de
entremeterme en otra auentura en tanto que no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 298
diere cima a vna en que mi palabra me ha
puesto; mas lo que yo podre hazer por seruiros,
es lo que aora diré: corred y dezid a vuestro
padre que se entretenga en essa batalla lo
mejor que pudiere y que no se dexe vencer en 5
ningun modo, en tanto que yo pido licencia a
la princessa Micomicona para poder socorrerle
en su cuyta; que si ella me la da, tened por
cierto que yo le sacaré della.
Pecadora de mi, dixo a esto Maritornes, 10
que estaua delante, primero que vuestra merced
alcance essa licencia que dize, estará ya mi
señor en el otro mundo.
Dadme vos, señora, que yo alcance la
licencia que digo, respondio don Quixote; que 15
como yo la tenga, poco hara al caso que el esté
en el otro mundo, que de alli le sacaré, a pesar
del mismo mundo que lo contradiga; o, por lo
menos, os dare tal vengança de los que alla le
huuieren embiado, que quedeys mas que 20
medianamente satisfechas.
Y, sin dezir mas, se fue a poner de hinojos
ante Dorotea, pidiendole, con palabras cauallerescas
y andantescas, que la su grandeza fuesse
seruida de darle licencia de acorrer y socorrer 25
al castellano de aquel castillo, que estaua
puesto en vna graue mengua. La princessa se la dio
de buen talante, y el luego, embraçando su
adarga y poniendo mano a su espada, acudio
a la puerta de la venta, adonde aun todauia 30
trahian los dos huespedes a mal traer al ventero;
pero assi como llegó, embraço (*) y se estuuo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 299
quedo, aunque Maritornes y la ventera le
dezian que en qué se detenia; que socorriesse a
su señor y marido.
Detengome, dixo don Quixote, porque no
me es licito poner mano a la espada contra 5
gente escuderil; pero llamadme aqui a mi
escudero Sancho; que a el toca y atañe esta
defensa y vengança.
Esto passaua en la puerta de la venta, y en
ella andauan las puñadas y moxicones muy en 10
su punto, todo en daño del ventero y en rabia
de Maritornes, la ventera y su hija, que se
desesperauan de ver la cobardia de don Quixote,
y de lo mal que lo passaua su marido, señor y
padre. 15
Pero dexemosle aqui, que no faltará quien
le socorra; o si no, sufra y calle el que se
atreue a mas de a lo que sus fuerças le prometen,
y boluamonos atras cincuenta passos a ver
qué fue lo que don Luys respondio al oydor; 20
que le dexamos aparte preguntandole la causa
de su venida a pie, y de tan vil trage vestido.
A lo qual el moço, asiendole fuertemente de
las manos, como en señal de que algun gran
dolor le apretaua el coraçon, y, derramando 25
lagrimas en grande abundancia, le dixo:
Señor mio, yo no se deziros otra cosa sino
que desde el punto que quiso el cielo y facilitó
nuestra vezindad que yo viesse a mi señora
doña Clara, hija vuestra y señora mia, desde 30
aquel instante la hize dueño de mi voluntad;
y si la vuestra, verdadero señor y padre mío,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300
no lo impide, en este mesmo (*) dia ha de ser
mi esposa. Por ella dexé la casa de mi padre,
y por ella me puse en este trage para seguirla
donde quiera que fuesse, como la saeta al
blanco, o como el marinero al norte. Ella no 5
sabe de mis desseos mas de lo que ha podido
entender de algunas vezes que desde lexos ha
visto llorar mis ojos. Ya, señor, sabeys la
riqueza y la nobleza de mis padres, y como yo soy
su vnico heredero; si os parece que estas son 10
partes para que os auentureys a hazerme en
todo venturoso, recebidme luego por vuestro
hijo; que si mi padre, lleuado de otros
disignios (*) suyos, no gustare deste bien que yo
supe buscarme, mas fuerça tiene el tiempo para 15
deshazer y mudar las cosas que las humanas
voluntades.
Calló en diziendo esto el enamorado mancebo,
y el oydor quedó en oyrle suspenso, confuso
y admirado, assi de auer oydo el modo y 20
la discrecion con que don Luys le auia
descubierto su pensamiento, como de verse en punto
que no sabia el que (*) poder tomar en tan
repentino y no esperado negocio; y, assi, no
respondio otra cosa sino que se sossegasse por 25
entonces, y entretuuiesse a sus criados, que por
aquel dia no le boluiessen, porque se tuuiesse
tiempo para considerar lo que mejor a todos
estuuiesse. Besole las manos por fuerça don
Luys, y aun se las bañó con lagrimas, cosa que 30
pudiera enternecer vn coraçon de marmol, no
solo el del oydor, que, como discreto, ya auia
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 301
conocido quán bien le estaua a su hija aquel
matrimonio; puesto que, si fuera possible, lo
quisiera efetuar con voluntad del padre de
don Luys, del qual sabia que pretendia hazer
de titulo a su hijo. 5
Ya a esta sazon estauan en paz los huespedes
con el ventero, pues por persuasion y buenas
razones de don Quixote, mas que por amenazas,
le auian pagado todo lo que el quiso, y
los criados de don Luys aguardauan el fin de 10
la platica del oydor y la resolucion de su amo,
quando el demonio, que no duerme, ordenó
que en aquel mesmo (*) punto entró en la
venta el barbero a quien don Quixote quitó el
yelmo de Mambrino, y Sancho Pança los aparejos 15
del asno, que troco con los del suyo; el
qual barbero, lleuando su jumento a la
caualleriza, vio a Sancho Pança que estaua
adereçando no se qué de la albarda, y assi como la
vio, la conocio, y se atreuio a arremeter a 20
Sancho, diziendo:
¡A, don ladron, que aqui os tengo! Venga
mi vazia y mi albarda, con todos mis aparejos
que me robastes.
Sancho, que se vio acometer tan de improuiso 25
y oyo los vituperios que le dezian, con la
vna mano asio de la albarda, y con la otra dio
vn moxicon al barbero, que le bañó los dientes
en sangre; pero no por esto dexó el barbero la
presa que tenia hecha en el albarda, antes 30
alçó la voz de tal manera, que todos los de la
venta acudieron al ruydo y pendencia; y dezia:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 302
¡Aqui del rey y de la justicia; que sobre
cobrar mi hazienda me quiere matar este ladron,
salteador de caminos!
¡Mentis, respondio Sancho; que yo no soy
salteador de caminos; que en buena guerra 5
ganó mi señor don Quixote estos despojos!
Ya estaua don Quixote delante, con mucho
contento de ver quán bien se defendia y ofendia
su escudero, y tuuole desde alli adelante
por hombre de pro, y propuso en su coraçon 10
de armalle (*) cauallero en la primera ocasion
que se le ofreciesse, por parecerle que seria
en el bien empleada la orden de la caualleria.
Entre otras cosas que el barbero dezia en el
discurso de la pendencia, vino a dezir: 15
Señores: assi esta albarda es mia como la
muerte que deuo a Dios; y assi la conozco
como si la huuiera parido, y ahi está mi asno
en el establo, que no me dexará mentir; si no,
prueuensela, y si no le viniere pintiparada, yo 20
quedaré por infame; y ay mas: que el mismo
dia que ella se me quitó, me quitaron tambien
vna bazia de açofar nueua que no se auia
estrenado, que era señora de vn escudo.
Aqui no se pudo contener don Quixote sin 25
responder, y, poniendose entre los dos, y
apartandoles, depositando la albarda en el (*) suelo,
que la tuuiesse de manifiesto hasta que la
verdad se aclarasse, dixo:
¡Porque vean vuestras mercedes clara y 30
manifiestamente el error en que está este buen
escudero, pues llama bazia a lo que fue, es y
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 303
sera yelmo (*) de Mambrino, el qual se le quité
yo en buena guerra, y me hize señor del con
ligitima y licita possession! En lo del albarda
no me entremeto; que lo que en ello sabre
dezir es que mi escudero Sancho me pidio 5
licencia para quitar los jaezes del cauallo deste
vencido couarde, y con ellos adornar el suyo;
yo se la di y el los tomó, y de auerse conuertido
de jaez en albarda no sabre dar otra razon
si no es la ordinaria: que como essas 10
transformaciones se ven (*) en los sucessos de la
caualleria; para confirmacion de lo qual, corre,
Sancho hijo, y saca aqui el yelmo que este
buen hombre dize ser bazia.
¡Pardiez, señor!, dixo Sancho, si no 15
tenemos otra prueua de nuestra intencion que la
que vuestra merced dize, tan bazia es el yelmo
de Malino (*) como el jaez deste buen hombre
albarda.
Haz lo que te mando, replicó don Quixote; 20
que no todas las cosas deste castillo han de
ser guiadas por encantamento.
Sancho fue a do estaua la bazia y la truxo,
y assi como don Quixote la vio, la tomó en las
manos y dixo: 25
Miren vuestras mercedes con qué cara podia
dezir este escudero que esta es bazia, y no
el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden
de caualleria que professo, que este yelmo fue
el mismo que yo le quité, sin auer añadido en 30
el ni quitado cosa alguna.
En esso no ay duda, dixo a esta sazon
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304
Sancho; porque desde que mi señor le ganó
hasta agora no a hecho con el mas de vna batalla,
quando libró a los sin ventura encadenados,
y si no fuera por este vaziyelmo, no lo
passara entonces muy bien, porque huuo asaz 5
de pedradas en aquel trance.
p. 305
Capitulo XLV (*)
Donde se acaba de aueriguar la duda del
yelmo de Mambrino y de la albarda, y otras
auenturas sucedidas, con toda verdad.
¿Qvé les parece a vuestras mercedes, señores, 5
dixo el barbero, de lo que afirman estos
gentiles hombres, pues aun porfian (*) que esta
no es bazia, sino yelmo?
Y quien lo contrario dixere, dixo don
Quixote, le hare yo conocer que miente, si fuere 10
cauallero, y si escudero, que remiente mil
vezes.
Nuestro barbero, que a todo estaua presente,
como tenia tan bien conocido el humor de don
Quixote, quiso esforçar su desatino y lleuar 15
adelante la burla, para que todos riessen, y
dixo hablando con el otro barbero:
Señor barbero, o quien soys, sabed que yo
tambien soy de vuestro oficio, y tengo mas ha
de veynte años carta de examen, y conozco 20
muy bien de todos los instrumentos de la
barberia, sin que le falte vno; y ni mas ni menos
fuy vn tiempo en mi mocedad soldado, y se
tambien qué es yelmo, y qué es morrion y celada
de encaxe, y otras cosas tocantes a la milicia, 25
digo, a los generos de armas de los soldados;
y digo, saluo mejor parecer, remitiendome
siempre al mejor entendimiento, que esta pieça
que está aqui delante, y (*) que este buen señor
tiene en las manos, no solo no es bazia de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306
barbero, pero está tan lexos de serlo, como está
lexos lo blanco de lo negro y la verdad de la
mentira; tambien digo que este, aunque es
yelmo, no es yelmo entero.
No, por cierto, dixo don Quixote, porque 5
le falta la mitad, que es la babera.
Assi es, dixo el cura, que ya auia
entendido la intencion de su amigo el barbero.
Y lo mismo confirmó Cardenio, don Fernando
y sus camaradas; y aun el oydor, si no 10
estuuiera tan pensatiuo con el negocio de don
Luys, ayudara por su parte a la burla; pero las
veras de lo que pensaua le tenian tan suspenso,
que poco o nada atendia a aquellos donayres.
¡Valame Dios!, dixo a esta sazon el barbero 15
burlado. ¿Que es possible que tanta gente
honrada diga que esta no es bazia, sino yelmo?
Cosa parece esta que puede poner en admiracion
a toda vna Vniuersidad, por discreta que
sea. Basta; si es que esta bazia es yelmo, 20
tambien deue de ser esta albarda jaez de cauallo,
como este señor ha dicho.
A mi albarda me parece, dixo don
Quixote; pero ya he dicho que en esso no me
entremeto. 25
De que sea albarda o jaez, dixo el cura,
no está en mas de dezirlo el señor don Quixote;
que en estas cosas de la caualleria todos
estos señores y yo le damos la ventaja.
Por Dios, señores mios, dixo don Quixote, 30
que son tantas y tan estrañas las cosas que en
este castillo, en dos vezes que en el he alojado,
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 307
me han sucedido, que no me atreua a dezir
afirmatiuamente ninguna cosa de lo que acerca
de lo que en el se contiene se preguntare,
porque imagino que quanto en el se trata va
por via de encantamento. La primera vez me 5
fatigó mucho vn moro encantado que en el ay,
y a Sancho no le fue muy bien con otros sus
sequaces, y anoche estuue colgado deste braço
casi dos horas, sin saber cómo ni cómo no, vine
a caer en aquella desgracia. Assi que ponerme 10
yo agora en cosa de tanta confusion a dar mi
parecer, sera caer en juizio temerario. En lo
que toca a lo que dizen que esta es bazia y no
yelmo, ya yo tengo respondido; pero en lo de
declarar si essa es albarda o jaez, no me atreuo 15
a dar sentencia difinitiua; solo lo dexo al
buen parecer de vuestras mercedes. Quiça por
no ser armados caualleros, como yo lo soy, no
tendran que ver con vuestras mercedes los
encantamentos deste lugar, y tendran los 20
entendimientos libres, y podran juzgar de las cosas
deste castillo como ellas son real y
verdaderamente, y no como a mi me parecian.
No ay duda, respondio a esto don Fernando,
sino que el señor don Quixote ha dicho 25
muy bien oy (*), que a nosotros toca la
difinicion deste caso, y porque vaya con mas
fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos
señores, y de lo que resultare, dare entera y
clara noticia. 30
Para aquellos que la tenian del humor de
don Quixote, era todo esto materia de grandissima
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308
risa; pero para los que le (*) ignorauan les
parecia el mayor disparate del mundo,
especialmente a los quatro criados de don Luis, y
a don Luis ni mas ni menos, y a otros tres
passageros que acaso auian llegado a la venta, 5
que tenian parecer de ser quadrilleros, como,
en efeto, lo eran. Pero el que mas se desesperaua
era el barbero, cuya bazia alli delante de
sus ojos se le auia buelto en yelmo de
Mambrino, y cuya albarda pensaua sin duda 10
alguna que se le auia de boluer en jaez rico de
cauallo, y los vnos y los otros se reyan de ver
cómo andaua don Fernando tomando los votos
de vnos en otros, hablandolos (*) al oydo, para
que en secreto declarassen si era albarda o jaez 15
aquella joya, sobre quien tanto se auia
peleado. Y despues que huuo tomado los votos de
aquellos que a don Quixote conocian, dixo en
alta voz:
El caso es, buen hombre, que ya yo estoy 20
cansado de tomar tantos pareceres, porque veo
que a ninguno pregunto lo que desseo saber,
que no me diga que es disparate el dezir que
esta sea albarda de jumento, sino jaez de
cauallo, y aun de cauallo castizo, y, assi, aureis 25
de tener paciencia, porque, a vuestro pesar y al
de vuestro asno, este es jaez y no albarda, y
vos aueis alegado y prouado muy mal de
vuestra parte.
No la tenga yo en el cielo, dixo el 30
sobrebarbero (*), si todos vuestras mercedes no se
engañan, y que assi parezca mi anima ante
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 309
Dios, como ella me parece a mi albarda y no
jaez; pero alla van leyes, etc., y no digo mas;
y en verdad que no estoy borracho: que no me
he desayunado si de pecar no.
No menos causauan risa las necedades que 5
dezia el barbero que los disparates de don
Quixote, el qual a esta sazon dixo:
Aqui no ay mas que hazer, sino que cada
vno tome lo que es suyo, y a quien Dios se la
dio, San Pedro se la bendiga. 10
Vno de los quatro dixo:
Si ya no es que esto sea burla pensada, no
me puedo persuadir que hombres de tan buen
entendimiento como son, o parecen todos los
que aqui estan, se atreuan a dezir y afirmar 15
que esta no es bazia, ni aquella albarda; mas
como veo que lo afirman y lo dizen, me doy
a entender que no carece (*) de misterio el
porfiar vna cosa tan contraria de lo que nos
muestra la misma verdad y la misma 20
experiencia. Porque, ¡voto a tal! --y arrojole
redondo--, que no me den a mi a entender
quantos oy viuen en el mundo al reues de
que esta no sea bazia de barbero, y esta
albarda de asno. 25
Bien podria ser de borrica, dixo el cura.
Tanto monta, dixo el criado; que el caso
no consiste en esso, sino en si es o no es
albarda, como vuestras mercedes dizen.
Oyendo esto vno de los quadrilleros que 30
auian entrado, que auia oydo la pendencia y
quistion, lleno de colera y de enfado dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310
Tan albarda es como mi padre, y el que
otra cosa ha dicho o dixere deue de estar
hecho vua.
¡Mentis como vellaco villano!, respondio
don Quixote. 5
Y, alçando el lançon, que nunca le dexaua
de las manos, le yua a descargar tal golpe
sobre la cabeça, que a no desuiarse el quadrillero,
se (*) le dexara alli tendido; el lançon se
hizo pedaços en el suelo, y los demas 10
quadrilleros, que vieron tratar mal a su compañero,
alçaron la voz pidiendo fauor a la Santa
Hermandad. El ventero, que era de la quadrilla,
entró al punto por su varilla y por su espada, y
se puso al lado de sus compañeros. Los criados 15
de don Luis rodearon a don Luis, porque
con el alboroto no se les fuesse. El barbero,
viendo la casa rebuelta, tornó a asir de su
albarda, y lo mismo hizo Sancho. Don Quixote
puso mano a su espada y arremetio a los 20
quadrilleros; don Luis daua vozes a sus criados
que le dexassen (*) a el, y acorriessen a don
Quixote y a Cardenio y a don Fernando, que
todos fauorecian a don Quixote. El cura daua
vozes, la ventera gritaua, su hija se afligia, 25
Maritornes lloraua, Dorotea estaua confusa,
Luscinda, suspensa y doña Clara, desmayada;
el barbero aporreaua a Sancho, Sancho molia
al barbero; don Luis, a quien vn criado suyo
se atreuio a asirle del braço porque no se 30
fuesse, le dio vna puñada que le bañó los
dientes en sangre; el oydor le defendia (*); don
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 311
Fernando tenia debaxo de sus pies a vn
quadrillero, midiendole el cuerpo con ellos muy a
su sabor. El ventero tornó a reforçar la voz
pidiendo fauor a la Santa Hermandad; de
modo que toda la venta era llantos, vozes, 5
gritos, confusiones, temores, sobresaltos,
desgracias, cuchilladas, moxicones, palos, coces y
efusion de sangre; y en la mitad deste caos,
maquina y laberinto de cosas, se le representó
en la memoria de don Quixote que se veya (*) 10
metido de hoz y de coz en la discordia del
campo de Agramante; y, assi, dixo con voz
que atronaua la venta:
¡Tenganse todos; todos embaynen; todos se
sossieguen; oyganme (*) todos, si todos quieren 15
quedar con vida!
A cuya gran voz todos se pararon, y el
prosiguio, diziendo:
¿No os dixe yo, señores, que este castillo
era encantado y que alguna region (*) de 20
demonios deue de habitar en el? En confirmacion
de lo qual quiero que veays por vuestros ojos
cómo se ha passado aqui y trasladado entre
nosotros la discordia del campo de Agramante (*).
Mirad cómo alli se pelea por la espada, aqui 25
por el cauallo, aculla por el aguila, aca por el
yelmo, y todos peleamos y todos no nos
entendemos (*). Venga, pues, vuestra merced,
señor oydor, y vuestra merced, señor cura, y
el vno sirua de rey Agramante; y el otro de 30
rey Sobrino, y ponganos en paz, porque, por
Dios todopoderoso, que es gran vellaqueria
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 312
que tanta gente principal como aqui estamos
se mate por causas tan liuianas.
Los quadrilleros, que no entendian el frasis
de don Quixote y se veyan (*) malparados de
don Fernando, Cardenio y sus camaradas, no 5
querian sossegarse; el barbero, si, porque en la
pendencia tenia deshechas las barbas y el
albarda; Sancho, a la mas minima voz de su
amo, obedecio, como buen criado; los quatro
criados de don Luis tambien se estuuieron 10
quedos, viendo quán poco les yua en no estarlo.
Solo el ventero porfiaua que se auian de
castigar las insolencias de aquel loco que a cada
passo le alborotaua la venta; finalmente, el
rumor se apaziguó por entonces, la albarda se 15
quedó por jaez hasta el dia del juizio, y la bazia
por yelmo, y la venta por castillo en la
imaginacion de don Quixote.
Puestos, pues, ya en sossiego, y hechos
amigos todos, a persuasion del oydor y del cura, 20
boluieron los criados de don Luis a porfiarle
que al momento se viniesse con ellos; y en
tanto que el con ellos se auenia, el oydor
comunicó con don Fernando, Cardenio y el cura,
qué deuia hazer en aquel caso, contandoseles 25
(*) con las razones que don Luis le auia
dicho. En fin, fue acordado que don Fernando
dixesse a los criados de don Luis quién el era,
y como era su gusto que don Luis se fuesse
con el al Andaluzia, donde de su hermano el 30
marques seria estimado como el valor de don
Luis merecia, porque, desta manera, se sabia de
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 313
la intencion de don Luis que no bolueria por
aquella vez a los ojos de su padre, si le
hiziessen pedaços. Entendida, pues, de los quatro
la calidad de don Fernando y la intencion de
don Luis, determinaron entre ellos que los tres 5
se boluiessen a contar lo que passaua a su
padre, y el otro se quedasse a seruir a don Luis,
y a no dexalle hasta que ellos boluiessen por
el, o viesse (*) lo que su padre les ordenaua.
Desta manera se apaziguó aquella maquina 10
de pendencias por la autoridad de Agramante
y prudencia del rey Sobrino; pero viendose el
enemigo de la concordia y el emulo de la paz
menospreciado y burlado, y el poco fruto que
auia grangeado (*) de auerlos puesto a todos 15
en tan confuso laberinto, acordo de prouar otra
vez la mano, resucitando nueuas pendencias y
desassossiegos.
Es, pues, el caso que los quadrilleros (*) se
sossegaron por auer entreoydo la calidad de 20
los que con ellos se auian combatido, y se
retiraron de la pendencia, por parecerles que de
qualquiera manera que sucediesse, auian de
lleuar lo peor de la batalla; pero vno dellos,
que fue el que fue molido y pateado por don 25
Fernando, le vino (*) a la memoria que entre
algunos mandamientos que traia para prender
a algunos delinquentes, traya vno contra don
Quixote, a quien la Santa Hermandad auia
mandado prender por la libertad que dio a los 30
galeotes, y como Sancho, con mucha razon,
auia temido.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314
Imaginando, pues, esto, quiso certificarse si
las señas que de don Quixote traya venian
bien; y, sacando del seno vn pergamino, topó
con el que buscaua, y poniendosele a leer de
espacio, porque no era buen lector (*), a cada 5
palabra que leya ponia los ojos en don Quixote
y yua cotejando las señas del mandamiento
con el rostro de don Quixote, y halló que, sin
duda alguna, era el que el mandamiento
rezaua; y apenas se huuo certificado, quando 10
recogiendo su pergamino, [en la yzquierda] (*)
tomó el mandamiento, y con la derecha asio
a don Quixote del cuello fuertemente, que no
le dexaua alentar, y a grandes vozes dezia:
¡Fauor a la Santa Hermandad!; y para que 15
se vea que lo pido (*) de veras, lease este
mandamiento, donde se contiene que se prenda a
este salteador de caminos.
Tomó el mandamiento el cura, y vio como
era verdad quanto el quadrillero dezia, y como 20
conuenia con las señas con don Quixote, el
qual, viendose tratar mal de aquel villano
malandrin, puesta la colera en su punto, y
cruxiendole los huessos de su cuerpo, como mejor
pudo, el asio al quadrillero con entrambas 25
manos de la garganta, que, a no ser socorrido de
sus compañeros, alli dexara la vida antes que
don Quixote la presa. El ventero, que por fuerça
auia de fauorecer a los de su oficio, acudio
luego a dalle fauor. La ventera, que vio de 30
nueuo a su marido en pendencias, de nueuo
alçó la voz, cuyo tenor (*) le lleuaron luego
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLV p. 315
Maritornes y su hija, pidiendo fauor al cielo y
a los que alli estauan. Sancho dixo, viendo lo
que passaua:
¡Viue el Señor, que es verdad quanto mi
amo dize de los encantos deste castillo, pues 5
no es possible viuir vna hora con quietud
en el!
Don Fernando despartio al quadrillero y a
don Quixote, y, con gusto de entrambos, les
desenclauijó las manos que el vno en el collar 10
del sayo del vno, y el otro en la garganta del
otro bien asidas tenian; pero no por esto cessauan
los quadrilleros de pedir su preso y que les
ayudassen a darsele atado y entregado a toda
su voluntad, porque assi conuenia al seruicio 15
del rey y de la Santa Hermandad, de cuya
parte de nueuo les pedian socorro y fauor, para
hazer aquella prision de aquel robador y
salteador de sendas y de carreras.
Reyase de oyr dezir estas razones don 20
Quixote, y con mucho sossiego dixo:
Venid aca, gente soez y mal nacida; ¿saltear
de caminos llamais al dar libertad a los
encadenados, soltar los presos, acorrer a los
miserables, alçar los caydos, remediar los 25
menesterosos? ¡A, gente infame, digna por vuestro
baxo y vil entendimiento que el cielo no os
comunique el valor que se encierra [en] (*) la
caualleria andante, ni os de a entender el pecado
e ignorancia en que estais en no reuerenciar 30
la sombra, quanto mas la assistencia de
qualquier cauallero andante! Venid aca, ladrones
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316
en quadrilla, que no quadrilleros, salteadores
de caminos con licencia de la Santa Hermandad;
dezidme, ¿quién fue el ignorante que firmó
mandamiento de prision contra vn tal cauallero
como yo soy? ¿Quién el que ignoró que 5
son essentos de todo judicial fuero los caualleros
andantes? ¿Y que su ley es su espada, sus
fueros sus brios, sus prematicas su voluntad?
¿Quién fue el mentecato, bueluo a dezir, que
no sabe que no ay secutoria (*) de hidalgo con 10
tantas preeminencias ni esenciones como la
que adquiere vn cauallero andante el dia que
se arma cauallero y se entrega al duro exercicio
de la caualleria? ¿Qué cauallero andante
pagó pecho, alcauala, chapin de la reyna, moneda 15
forera, portazgo, ni barca (*)? ¿Qué sastre
le lleuó hechura de vestido que le hiziesse?
¿Qué castellano le acogio en su castillo que le
hiziesse pagar el escote? ¿Qué rey no le assento
a su mesa? ¿Qué donzella no se le aficionó y 20
se le entregó rendida a todo su talante y
voluntad? Y, finalmente, ¿qué cauallero andante
ha auido, ay, ni aura en el mundo que no tenga
brios para dar el solo quatrocientos palos a
quatrocientos quadrilleros que se le pongan 25
delante?
p. 317
Capitulo XLVI
De la notable auentura de los quadrilleros y
la gran ferocidad de nuestro buen cauallero
don Quixote (*).
En tanto que don Quixote esto dezia, estaua 5
persuadiendo el cura a los quadrilleros
como don Quixote era falto de juizio, como lo
veyan (*) por sus obras y por sus palabras, y
que no tenian para qué lleuar aquel negocio
adelante; pues aunque le prendiessen y lleuassen, 10
luego le auian de dexar por loco; a lo que
respondio el del mandamiento que a el no
tocaua juzgar de la locura de don Quixote,
sino hazer lo que por su mayor le era
mandado, y que, vna vez preso, siquiera le 15
soltassen trezientas.
Con todo esso, dixo el cura, por esta vez
no le aueis de lleuar, ni aun el dexará lleuarse,
a lo que yo entiendo.
En efeto, tanto les supo el cura dezir y tantas 20
locuras supo don Quixote hazer, que mas locos
fueran que no el los quadrilleros si no conocieran
la falta de don Quixote, y assi, tuuieron
por bien de apaziguarse, y aun de ser
medianeros de hazer las pazes entre el barbero y 25
Sancho Pança, que todauia assistian con gran
rancor a su pendencia; finalmente, ellos, como
miembros de justicia, mediaron la causa y
fueron arbitros della, de tal modo, que ambas
partes quedaron, si no del todo contentas, a lo 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318
menos, en algo satisfechas, porque se trocaron
las albardas, y no las cinchas y xaquimas. Y, en
lo que tocaua a lo del yelmo de Mambrino, el
cura, a socapa y sin que don Quixote lo
entendiesse, le dio por la bazia ocho reales, y el 5
barbero le hizo vna cedula del recibo, y de no
llamarse a engaño por entonces, ni por
siempre jamas, amen.
Sossegadas, pues, estas dos pendencias, que
eran las mas principales y de mas tomo, restaua 10
que los criados de don Luis se contentassen
de boluer los tres, y que el vno quedasse para
acompañarle donde don Fernando le queria
lleuar; y como ya la buena suerte y mejor fortuna
auia començado a romper lanças y a facilitar 15
dificultades en fabor (*) de los amantes de
la venta y de los valientes della, quiso lleuarlo
al cabo y dar a todo felice sucesso, porque los
criados se contentaron de quanto don Luis
queria, de que recibio tanto contento doña 20
Clara, que ninguno en aquella sazon la mirara
al rostro que no conociera el regozijo de su
alma.
Zorayda, aunque no entendia bien todos los
sucessos que auia visto, se entristecia y 25
alegraua a bulto, conforme veya (*) y notaua los
semblantes a cada vno, especialmente de su
español, en quien tenia siempre puestos los ojos
y trahia colgada el alma. El ventero, a quien
[no] se le passó (*) por alto la dadiua y 30
recompensa que el cura auia hecho al barbero, pidio
el escote de don Quixote, con el menoscabo
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 319
de sus cueros y falta de vino, jurando que no
saldria de la venta Rozinante ni el jumento
de Sancho (*), sin que se le pagasse primero
hasta el vltimo ardite. Todo lo apaziguó el cura
y lo pagó don Fernando, puesto que el oydor 5
de muy buena voluntad auia tambien ofrecido
la paga; y de tal manera quedaron todos en
paz y sossiego, que ya no parecia la venta
la discordia del campo de Agramante, como
don Quixote auia dicho, sino la misma paz y 10
quietud del tiempo de Otauiano; de todo lo
qual fue comun opinion que se deuian dar las
gracias a la buena intencion y mucha
eloquencia del señor cura, y a la incomparable
liberalidad de don Fernando. 15
Viendose, pues, don Quixote, libre y
desembaraçado de tantas pendencias, assi de su
escudero, como suyas, le parecio que seria bien
seguir su començado viaje y dar fin a aquella
grande auentura para que auia sido llamado y 20
escogido; y, assi, con resoluta determinacion se
fue a poner de inojos ante Dorotea, la qual no
le consintio que hablasse palabra hasta que se
leuantasse, y el, por obedecella, se puso en pie
y le dixo: 25
Es comun prouerbio, fermosa señora, que la
diligencia es madre de la buena ventura, y en
muchas y graues cosas ha mostrado la experiencia
que la solicitud del negociante trae a
buen fin el pleyto dudoso; pero en ningunas 30
cosas se muestra [mas] esta verdad que (*) en
las de la guerra, adonde la celeridad y presteza
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 320
preuiene los discursos del enemigo y alcança
la vitoria antes que el contrario se ponga
en defensa. Todo esto digo, alta y preciosa (*)
señora, porque me parece que la estada nuestra
en este castillo ya es sin prouecho, y podria 5
sernos de tanto daño, que lo echassemos de
ver algun dia; porque ¿quién sabe si por ocultas
espias y diligentes aura sabido ya vuestro
enemigo el gigante de que yo voy a destruylle,
y dandole lugar el tiempo, se fortificasse en 10
algun inexpugnable castillo o (*) fortaleza
contra quien valiessen poco mis diligencias y la
fuerça de mi incansable braço? Assi que,
señora mia, preuengamos, como tengo dicho, con
nuestra diligencia sus designios, y partamonos 15
luego a la buena ventura; que no está mas de
tenerla vuestra grandeza como (*) dessea, de
quanto yo tarde de verme con vuestro
contrario.
Calló y no dixo mas don Quixote, y esperó 20
con mucho sossiego la respuesta de la fermosa
infanta, la qual, con ademan señoril y
acomodado al estilo de don Quixote, le respondio
desta manera:
Yo os agradezco, señor cauallero, el desseo 25
que mostrays tener de fauorecerme en mi gran
cuyta, bien assi como cauallero, a quien es
anejo y concerniente fauorecer los huerfanos y
menesterosos; y quiera el cielo que el vuestro
y mi desseo se cumplan para que veais que ay 30
agradecidas mugeres en el mundo. Y en lo de
mi partida, sea luego, que yo no tengo mas
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 321
voluntad que la vuestra: disponed vos de mi a
toda vuestra guisa y talante; que la que vna
vez os entregó la defensa de su persona y puso
en vuestras manos la restauracion de sus
señorios, no ha de querer yr contra lo que la 5
vuestra prudencia ordenare.
A la mano de Dios, dixo don Quixote;
pues assi es que vna señora (*) se me humilla,
no quiero yo perder la ocasion de leuantalla y
ponella en su heredado trono; la partida sea 10
luego, porque me va poniendo espuelas al
desseo, y al camino (*), lo que suele dezirse que
en la tardança está el peligro; y pues no ha
criado el cielo ni visto el infierno ninguno que
me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, a 15
Rozinante, y apareja tu jumento y el palafren
de la reyna, y despidamonos del castellano
y destos señores, y vamos de aqui luego al
punto.
Sancho, que a todo estaua presente, dixo, 20
meneando la cabeça a vna parte y a otra:
¡Ay, señor, señor, y cómo ay mas mal en
el aldeguela que se suena, con perdon sea
dicho de las tocas honradas (*)!
¿Qué mal puede auer en ninguna aldea, ni 25
en todas las ciudades del mundo, que pueda
sonarse en menoscabo mio, villano?
Si vuestra merced se enoja, respondio
Sancho, yo callaré y dexaré [de] (*) dezir lo
que soy obligado como buen escudero, y como 30
deue vn buen criado dezir a su señor.
Di lo que quisieres, replicó don Quixote
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322
(*), como tus palabras no se encaminen
a ponerme miedo; que si tu le tienes, hazes
como quien eres, y si yo no le tengo, hago
como quien soy.
No es esso, pecador fuy yo a Dios, respondio 5
Sancho, sino que yo tengo por cierto y
por aueriguado que esta señora que se dize
ser reyna del gran reyno Micomicon no lo es
mas que mi madre, porque a ser lo que ella
dize, no se anduuiera hocicando con alguno 10
de los que estan en la rueda, a buelta de
cabeça y a cada traspuesta.
Parose colorada (*) con las razones de
Sancho Dorotea, porque era verdad que su esposo
don Fernando alguna vez, a hurto de otros 15
ojos, auia cogido con los labios parte del
premio que merecian sus desseos --lo qual auia
visto Sancho, (y) (*) pareciendole que aquella
desemboltura mas era de dama cortesana que
de reyna de tan gran reyno--, y no pudo ni 20
quiso responder palabra a Sancho, sino dexole
proseguir en su platica, y el fue diziendo:
Esto digo, señor, porque si al cabo de auer
andado caminos y carreras y passado malas
noches y peores dias, ha de venir a coger el 25
fruto de nuestros trabajos el que se está
holgando en esta venta, no ay para qué darme
priessa a que ensille a Rozinante, albarde el
jumento y aderece al (*) palafren, pues sera
mejor que nos estemos quedos, y cada puta 30
hile, y comamos.
¡O, valame Dios, y quán grande que fue el
QVARTA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 323
enojo que recibio don Quixote oyendo las
descompuestas palabras de su escudero! Digo que
fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda
lengua, lançando viuo fuego por los ojos, dixo:
¡O vellaco villano, mal mirado, descompuesto, 5
ygnorante (*), infacundo, deslenguado,
atreuido, murmurador y maldiziente!; ¿tales
palabras has osado dezir en mi presencia y en la
destas inclitas señoras? Y ¿tales deshonestidades
y atreuimientos osaste poner en tu confusa 10
imaginacion? ¡Vete de mi presencia, monstruo
de naturaleza, depositario de mentiras, almario
de embustes, silo de vellaquerias, inuentor de
maldades, publicador de sandezes, enemigo
del decoro que se deue a las reales personas! 15
¡Vete: no parezcas delante de mi, so pena de
mi yra!
Y, diziendo esto, enarcó las cejas, hinchó
los carrillos, miró a todas partes, y dio con el
pie derecho vna gran patada en el suelo, 20
señales todas de la yra que encerraua en sus
entrañas. A cuyas palabras y furibundos ademanes
quedó Sancho tan encogido (*) y medroso, que
se holgara que en aquel instante se abriera
debaxo de sus pies la tierra y le tragara. Y no 25
supo qué hazerse, sino boluer las espaldas y
quitarse de la enojada presencia de su señor.
Pero la discreta Dorotea, que tan entendido
tenia ya el humor de don Quixote, dixo para
templarle la yra: 30
No os despecheys, señor Cauallero de la
Triste Figura, de las sandezes que vuestro buen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324
escudero ha dicho, porque quiça no las deue
de dezir sin ocasion, ni de su buen entendimiento
y cristiana conciencia se puede sospechar
que leuante testimonio a nadie; y, assi, se
ha de creer, sin poner duda en ello, que, como 5
en este castillo, segun vos, señor cauallero,
dezis, todas las cosas van y suceden por modo
de encantamento, podria ser, digo, que Sancho
vuiesse visto por esta diabolica via lo que
el dize que vio tan en ofensa de mi 10
honestidad.
Por el omnipotente Dios juro, dixo a esta
sazon don Quixote, que la vuestra grandeza
ha dado en el punto, y que alguna mala vision
se le puso delante a este pecador de Sancho, 15
que le hizo ver lo que fuera impossible verse
de otro modo que por el de encantos no fuera;
que se yo bien de la bondad e inocencia deste
desdichado, que no sabe leuantar testimonios
a nadie. 20
Ansi es y ansi (*) sera, dixo don Fernando;
por lo qual deue vuestra merced, señor don
Qu