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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                   TOMO III
                 [sin notas]




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
       Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO III EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XXXV.
p. 4
p. 5 Advertencia preliminar La impresión del texto de la primera edición de la Segunda Parte de Don Quijote no resultó tan descuidada y deficiente como la de la Primera Parte de 1605, aunque ni el papel ni el tipo resulten mayormente recomendables. Desde el principio se notan letras rotas o caídas; entre aquéllas figuran t, f, la s larga (ƒ), n y u; hay confusión entre e y c, r y t; la paginación está errada en bastantes ocasiones; la puntuación en casi todas partes es execrable, no obstante mostrar discreción al servirse de los signos ortográficos en alguno que otro pasaje difícil. Por consiguiente, es raro que se pueda apelar al original para determinar el sentido de la frase por medio de la puntuación primitiva. En la Primera Parte se lee más Vuestra Merced (además de v. m. sin resolver), y en la Segunda, Vuessa Merced (al lado de v. merced y v. m.). Habiendo optado por Vuestra Merced al disolver v. m. en la Parte I, he seguido este mismo sistema en la Parte II (*). A menudo se presentaba la tentación de enmendar pequeños defectos de lenguaje en el original, y muchos editores lo han hecho sin indicar el cambio; pero he de insistir que el resultado así conseguido no representa el texto __________ (*) En la segunda mitad de la Parte II, es decir en el Tomo IV, R. Schevill cambió de parecer y optó por vuessa merced para disolver la abreviatura v.m. Para que concuerden los dos tomos de la Parte II, he resuelto esta abreviatura en este Tomo III en vuessa merced. F.J.
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 6 de Cervantes. Para no abultar demasiadamente estos volúmenes no me he explayado en el comentario de términos, frases o nombres ya tratados por otros editores. Tampoco he incluido voces y giros registrados por el diccionario académico. Las abreviaturas se resuelven como en los demás tomos. No hago caso de variantes, omisiones ni adiciones caprichosas de las ediciones posteriores a la muerte de Cervantes, a menos que tengan especial importancia para aclarar el texto. La Segunda Parte no ofrece ningunas dificultades que desenredar de tanta monta como la Primera, vbgr., la pérdida del rucio y su hallazgo, ambos sin explicar, o los pasajes viciados por omisiones o trastornos de frases enteras. El problema que más ha dado que conjeturar a los cervantistas, y que todavía queda en pie a pesar de sus esfuerzos, es la solución del misterio que nos encubre el verdadero nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, autor del falso Quijote, “de aquel que dizen que se engendró en Tordesillas, y nació en Tarragona”. ¿Quién era este escritor, y de qué modo se relacionaba su existencia con la de Cervantes? Se cree, por lo común, que Cervantes no llegó nunca a conocer al historiador fingido; si supiese quién fuera, se hace difícil de interpretar su silencio sobre el caso. ¿Sería posible que no quisiera mentarle para no embrollarse con él, ni andar en dares y tomares con el mundo malicioso de los literatos? Se ha exagerado
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 7 mucho la importancia de la identidad del supuesto autor, y no es probable que el saber su nombre nos explique jamás las semejanzas notables entre ciertos rasgos de su libro y algunos de la Segunda Parte de Cervantes. Todas las conjeturas sobre Avellaneda, hasta ahora divulgadas, han perdido terreno poco a poco, y su verdadera persona se mantiene todavía desconocida. En un artículo que acaba de publicar D. Emilio Cotarelo en el Boletín de la Academia Española (junio de 1934), el erudito académico cree haber encontrado por fin en Guillén de Castro al autor del falso Quijote. Si no me equivoco, tampoco ha dado con la solución, la cual necesita pruebas más terminantes para convencernos y dispersar definitivamente nuestras dudas. No siendo este prólogo el lugar a propósito para refutar esta nueva hipótesis, trataré de ella en otra ocasión. En cuanto a la obra de Avellaneda, la crítica hostil ha aflojado mucho su tono intolerante, y promete cambiar todavía más hasta ver en el desconocido novelista un escritor de dotes muy apreciables. En el siglo XIX los críticos se complacían en hallar en el Quijote de Avellaneda una obra pornográfica y licenciosa, y, por lo general, de pocos, o ningunos méritos. Pero la única base de todo criterio recto en la evaluación artística viene a ser una crítica comparada, según la cual ha de señalarse el cambio del gusto estético de estas materias. Es evidente que el siglo XIX, en consecuencia de una
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 8 sensibilidad falsa y pasajera, veía en las páginas de Avellaneda aspectos censurables en los cuales ya no se hace tanto hincapié ahora. Si algunos escritores de dicho siglo encontraban en el novelista tordesillesco fealdades “que levantaban el estómago en cada página” (M. y P.), ¿qué dirían de la tendencia franca y sobremanera naturalista de ciertos novelistas modernos? Toda crítica ha de ser relativa, y, por lo tanto, nos inclinamos hoy día a reconocer que hay en Avellaneda muchas vulgaridades, una nota prosaica, monotonía en los episodios, ocasionada por falta de invención, lo cual tiende a fatigar al lector. El desconocido autor carece, sobre todo, de esa cualidad luminosa del genio de Cervantes. Pero llegamos a tal conclusión solamente después de una comparación imprescindible del lenguaje, del contenido y del arte de Avellaneda con las bellezas eternas de la obra del más grande de los literatos españoles. En cambio, juzgada por sí sola la novela de Avellaneda, sería un dislate manifiesto no querer admitir que hay en ella muchos rasgos admirables. Desde luego, lejos de estar toda la obra llena de episodios groseros y brutales, está escrita en un castellano vigoroso, con estilo claro, y sin tacha ni de culteranismo, ni de retórica falsa. Si Avellaneda se deja arrastrar algunas veces por su humor espontáneo --por otro lado, casi siempre sano-- a proferir una palabra o un pensamiento arriesgado,
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 9 o si se deja vencer por el mal gusto hasta pintarnos, una sola vez, una escena realmente atrevida, y aun ofensiva (cuento del Rico desesperado), hay que advertir, con plena justicia, que esto sucede en contadísimas páginas, y, que además, por supuesto, no causa mayor efecto en el paladar del lector acostumbrado a las producciones modernas. Nos preguntamos hoy si no sería la novela alguna composición de los años juveniles o estudiantiles del autor desconocido. Hasta el humor quevedesco, los chistes francos y la risa estrepitosa nos llevan a tal conclusión. Lo que parece poco menos que milagroso es que el autor no hubiese escrito más obra que ésta. Y, sin embargo, ni su estilo ni su contenido, recuerdan los de ningún otro escritor coetáneo. Con este tomo y el que ha de seguir pronto termino el comentario a las obras de Cervantes. Han de finalizar la colección un índice y una breve memoria acerca de la vida del gran autor. Durante los muchos años consagrados al trabajo de dilucidar sus escritos, me he atrevido a abrigar una sola esperanza: la de que se haya adelantado algo en el establecimiento de un texto fidedigno de sus obras completas. Al terminar la faena laboriosa de comentarista (ocupación por lo común despreciada), no me hago la ilusión de haber publicado estos volúmenes cervantinos sin muchos defectos, que son de lamentar, ni numerosas equivocaciones, que nadie querrá disculpar. No me ha de valer
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 10 el que todo estudio de lenguaje sea difícil, ni que no hubiera bastado una vida entera dedicada a pesquisas y averiguaciones para dar con la verdad en cada caso. Para tratar del sentido de las voces o de los giros usados en tiempos lejanos, todo investigador se ve obligado, a menudo, a discurrir sobre lo que en realidad no entiende; y para llevar a cabo semejante empresa hay que tener en cuenta la prisa ineludible y el desmayarse de las fuerzas: condiciones de una obra que tiene afinidad, según una comparación de Escalígero, con la faena de laborear las minas y el trabajo del yunque. Para nada sirve alegar inadvertencias causadas por rutinarios deberes del día, ni olvidos producidos por traiciones de la memoria en el momento de mayor urgencia. Se nos escapa hoy lo que se sabía ayer y que se recordará, sin ser llamado, mañana. ¡Felices los que sean escogidos para proseguir una labor tan espiritualmente grata con la seguridad de poderla dejar mejorada en tercio y quinto con sus esfuerzos! Me tendré por afortunado si para el edificio que ellos levanten se vieran necesitados a utilizar algunas de las piedras por mí allegadas. R. S. Berkeley, otoño de 1934.
p. 11 SEGVNDA PARTE DEL INGENIOSO CAVALLERO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Por Miguel de Ceruantes Saauedra, autor de su primera parte Dirigida a don Pedro Fernandez de Castro, Conde de Lemos (*), de Andrade y de Villalua, Marques de Sarria, Gentilhombre de la Camara de Su Magestad, Comendador de la Encomienda de Peñafiel, y la Zarça de la Orden de Alcantara, Virrey, Gouernador y Capitan General del Reyno de Napoles, y Presidente del Supremo Consejo de Italia. Escudo del impresor: una mano, sobre la cual hay un halcón, puesto el Año capirote; debajo, 1615 un león echado; la leyenda dice: Post tenebras spero lvcem. CON PRIVILEGIO __________________________________________________ EN MADRID, por Iuan de la Cuesta. Vendese en casa de Francisco de Robles, librero del Rey nuestro señor.
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p. 13 TASSA Yo, Hernando de Vallejo, Escriuano de Camara del Rey nuestro señor, de los que residen en su Consejo, doy fe: que auiendose visto por los señores del vn libro que compuso 5 Miguel de Ceruantes Saauedra, intitulado don Quixote de la Mancha, segunda parte, que con licencia de su Magestad fue impresso, le tassaron a quatro marauedis cada pliego en papel, el qual tiene setenta y tres pliegos, que al 10 dicho respeto suma y monta docientos y nouenta y dos marauedis, y mandaron que esta tassa se pon[g]a (*) al principio de cada volumen del dicho libro, para que se sepa y entienda, lo que por el se ha de pedir, y lleuar, sin 15 que se exceda en ello en manera alguna, como consta y parece por el auto y decreto orig[i]nal sobre ello dado, y que queda en mi poder, a que me refiero, y de mandamiento de los dichos señores del Consejo, y de pedimiento de 20 la parte del dicho Miguel de Ceruantes di esta fee en Madrid, a veynte y vno dias del mes de otubre de (*) mil y seis cientos y quinze años. Hernando de Vallejo.
p. 14 FEE DE ERRATAS Vi este libro intitulado Segunda parte de don Quixote de la Mancha, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra, y no ay en el cosa digna de notar que no corresponda a su original. 5 Dada en Madrid a veynte y vno de otubre, mil y seiscientos y quinze. El Licenciado Francisco Murcia de la Llana (*).
p. 15 APROVACION Por comission y mandado de los señores del Consejo, he hecho ver el libro contenido en este memorial; no contiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes es libro de mucho 5 entretenimiento licito, mezclado de mucha Filosofia moral; puedesele dar licencia para imprimirle. En Madrid, a cinco de nouiembre de mil seyscientos y quinze. 10 Doctor Gutierre de Cetina (*).
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p. 17 APROVACION Por comission y mandado de los señores del Consejo he visto la segunda parte de don Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes Saauedra; no contiene cosa contra nuestra 5 santa fe catolica, ni buenas costumbres: antes muchas de honesta recreacion y apazible diuertimiento, que los antiguos juzgaron conuenientes a sus Republicas, pues aun [en] la seuera de los Lacedemonios leuantaron estatua a la risa, 10 y los de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo dize Pausanias, referido de Bosio, lib. 2 de signis Eccles., cap. 10, alentando animos marchitos y espiritus melancolicos, de que se acordo Tulio en el primero de legibus, y el poeta 15 diziendo: “Interpone tuis interdum gaudia (*) curis” (*), lo qual haze el autor mezclando las veras a las burlas, lo dulce a lo prouechoso y lo moral a lo faceto, dissimulando en el cebo del donayre el ançuelo de la reprehension, y 20 cumpliendo con el acertado assunto en que pretende la expulsion de los libros de Cauallerias, pues con su buena diligencia mañosamente a limpiado (*) de su contagiosa dolencia a estos reynos. Es obra muy digna de su grande 25 ingenio, honra y lustre de nuestra nacion, admiracion y inuidia de las estrañas. Este es mi parecer, saluo, etc. En Madrid, a 17 de março de 1615. El M. Ioseph de Valdiuielso (*). 30
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p. 19 APROVACION Por comission del señor Doctor Gutierre de Cetina, vicario general desta villa de Madrid, Corte de su Magestad, he visto este libro de la segunda parte del Ingenioso Cauallero don 5 Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes Saauedra, y no hallo en el cosa indigna de vn christiano zelo ni que disuene de la decencia deuida a buen exemplo, ni virtudes morales: antes mucha erudicion y aprouechamiento, assi 10 en la continencia de su bien seguido assunto para extirpar los vanos y mentirosos libros de Cauallerias, cuyo contagio auia cundido mas de lo que fuera justo, como en la lisura del lenguage castellano, no adulterado con enfadosa y 15 estudiada afectacion, vicio con razon aborrecido de hombres cuerdos, y en la correcion de vicios que generalmente toca, ocasionado de sus agudos discursos, guarda con tanta cordura las leyes de reprehension christiana, que aquel que 20 fuere tocado de la enfermedad que pretende curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas gustosamente aura beuido, quando menos lo imagine, sin empacho ni asco alguno, lo prouechoso de la detestacion de su vicio, con que 25 se hallará, que es lo mas dificil de conseguirse, gustoso y reprehendido. Ha auido muchos que por no auer sabido templar ni mezclar a proposito lo vtil con lo dulce han dado con todo su molesto trabajo en 30
APROVACION p. 20 tierra, pues no pudiendo imitar a Diogenes en lo filosofo y docto, atreuida, por no dezir licenciosa y desalumbradamente, le pretenden imitar en lo cinico, entregandose a maldicientes, inuentando casos que no passaron para hazer 5 capaz al vicio que tocan de su aspera reprehension, y por ventura descubren caminos para seguirle hasta entonces ignorados, con que vienen a quedar, si no reprehensores, a lo menos maestros del. Hazense odiosos a los bien 10 entendidos, con el pueblo pierden el credito, si alguno tuuieron, para admitir sus escritos y los vicios que arrojada e imprudentemente quisieren corregir en muy peor estado que antes, que no todas las postemas a vn mismo tiempo 15 estan dispuestas para admitir las recetas o cauterios; antes algunos mucho mejor reciben las blandas y suaues medicinas, con cuya aplicacion el atentado y docto medico consigue el fin de resoluerlas, termino que muchas vezes 20 es mejor que no el que se alcança con el rigor del hierro. Bien diferente han sentido de los escritos de Miguel de Ceruantes assi nuestra nacion como las estrañas, pues como a milagro dessean ver 25 el autor de libros que con general aplauso, assi por su decoro y decencia como por la suauidad y blandura de sus discursos han recebido España, Francia, Italia, Alemania y Flandes (*). Certifico con verdad que en veynte y cinco 30 de febrero deste año de seyscientos y quinze, auiendo ydo el illustrissimo señor don Bernardo
APROVACION p. 21 de Sandoual y Rojas, cardenal arçobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Illustrissima hizo el embaxador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus principes y los de España, muchos 5 caualleros francesses de los que vinieron acompañando al embaxador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mi y a otros capellanes del cardenal mi señor, desseosos de saber qué libros de ingenio 10 andauan mas validos, y tocando a caso en este que yo estaua censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Ceruantes, quando se començaron a hazer lenguas, encareciendo la estimacion en que assi en Francia como en los 15 reynos sus confinantes, se tenian sus obras, la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte desta, y las Nouelas. Fueron tantos sus encare[ci]mientos, que me ofreci lleuarles que viessen el autor dellas, que 20 estimaron con mil demostraciones de viuos desseos. Preguntaronme muy por menor su edad, su profession, calidad y cantidad. Halleme obligado a dezir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que vno respondio estas 25 formales palabras: “Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario publico?” Acudio otro de aquellos caualleros con este pensamiento y con mucha agudeza, y dixo: 30 “Si necessidad le ha de obligar a escriuir, plega a Dios que nunca tenga abundancia para
APROVACION p. 22 que con sus obras, siendo el pobre, haga rico a todo el mundo.” Bien creo que está, para censura, vn poco larga, alguno dira que toca los limites de lisongero elogio: mas la verdad de lo que 5 cortamente digo deshaze en el critico la sospecha y en mi el cuydado; ademas que el dia de oy no se lisongea a quien no tiene con que cebar el pico del adulador que, aunque afectuosa y falsamente dize de burlas, pretende ser remunerado 10 de veras. En Madrid, a veynte y siete de febrero de mil y seyscientos y quinze. El Licenciado Marquez Torres (*).
p. 23 PRIVILEGIO Por quanto por parte de vos, Miguel de Ceruantes Saauedra, nos fue fecha relacion que auiades compuesto la segunda parte de don Quixote de la Mancha, de la qual haziades 5 presentacion, y por ser libro de historia agradable y honesta, y aueros costado mucho trabajo y estudio, nos suplicastes os mandassemos dar licencia para le poder imprimir y priuilegio por veynte años, o como la nuestra 10 merced fuesse, lo qual visto por los del nuestro Consejo, por quanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la prematica, por nos sobre ello fecha, dispone, fue acordado que deuiamos mandar dar esta nuestra cedula en 15 la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por la qual vos damos licencia y facultad para que por tiempo y espacio de diez años cumplidos primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el dia de la fecha de esta nuestra cedula 20 en adelante, vos, o la persona que para ello vuestro poder ouiere, y no otra alguna, podais imprimir y vender el dicho libro que de suso se haze mencion, y por la presente damos licencia y facultad a qualquier impressor de 25 nuestros reynos que nombraredes para que durante el dicho tiempo le pueda imprimir por el original, que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Hernando de Vallejo, nuestro escriuano de Camara, y 30
PRIVILEGIO p. 24 vno de los que en el residen, con que antes y primero que se venda lo traygais ante ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la dicha impression está conforme a el, o traygais fe en publica forma, como por 5 corretor por nos nombrado se vio y corrigio la dicha impression por el dicho original, y mas al dicho impressor que ansi imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego del, ni entregue mas de vn solo libro 10 con el original al autor y persona a cuya costa lo imprimiere, ni a otra alguna, para efecto de la dicha correcion y tassa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y tassado por los del nuestro Consejo, y estando hecho, 15 y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, en el qual imediatamente ponga esta nuestra licencia y la aprouacion, tassa y erratas, ni lo podais vender, ni vendais vos ni otra persona alguna, hasta que 20 esté el dicho libro en la forma susodicha, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la dicha prematica y leyes de nuestros reynos que sobre ello disponen, y mas, que durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra 25 licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere y vendiere aya perdido y pierda qualesquiera libros, moldes y aparejos que del tuuiere, y mas incurra en pena de cincuenta mil marauedis por cada vez 30 que lo contrario hiziere, de la qual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Camara, y la
PRIVILEGIO p. 25 otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para el que lo denunciare; y mas a los del nuestro Consejo, Presidentes, Oydores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alg[u]aziles de la nuestra Casa 5 y Corte y Chancillerias, y a otras qualesquiera justicias de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reynos y señorios y a cada vno en su juridicion, ansi a los que agora son como a los que seran de aqui adelante, que 10 vos guarden y cumplan esta nuestra cedula y merced, que ansi vos hazemos, y contra ella no vayan ni passen en manera alguna, so pena de la nuestra merced y de diez mil marauedis para la nuestra Camara. 15 Dada en Madrid, a treynta dias del mes de Março de mil y seiscientos y quinze años. YO EL REY Por mandado del Rey nuestro señor, Pedro de Contreras 20
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p. 27 PROLOGO AL LECTOR (*) Valame Dios, y con quanta gana deues de estar esperando aora, lector illustre, o quier plebeyo, este prologo, creyendo hallar en el venganças, riñas y vituperios del autor del 5 segundo don Quixote, digo de aquel que dizen que se engendró en Tordesillas y nacio en Tarragona (*). Pues en verdad que no te he (*) dar este contento, que puesto que los agrauios despiertan la colera en los mas humildes 10 pechos, en el mio ha de padecer excepcion esta regla; quisieras tu que lo diera del asno, del mentecato y del atreuido; pero no me passa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y alla se lo aya (*). 15 Lo que no he podido dexar de sentir es que me note de viejo y de manco (*), como si huuiera sido en mi mano auer detenido el tiempo que no passasse por mi, o si mi manquedad huuiera nacido en alguna taberna, sino en la 20 mas alta ocasion que vieron los siglos passados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimacion de los que saben dónde se 25 cobraron; que el soldado mas bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga (*), y es esto en mi de manera, que si aora me propusieran y facilitaran vn impossible, quisiera antes auerme hallado en aquella faccion 30
PROLOGO p. 28 prodigiosa que sano aora de mis heridas sin auerme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guian a los demas al cielo de la honra, y al de dessear la justa alabança, y hase de 5 aduertir que no se escriue con las canas, sino con el entendimiento, el qual suele mejorarse con los años. He sentido tambien que me llame inuidioso, y que, como a ignorante, me descriua qué cosa 10 sea la inuidia (*); que en realidad de verdad, de dos que ay yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada; y siendo esto assi, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningun sacerdote, y mas si tiene por añadidura 15 ser familiar del Santo Oficio (*), y si el lo dixo, por quien parece que lo dixo, engañose de todo en todo; que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupacion continua y virtuosa. Pero, en efecto, le agradezco a este 20 señor autor el dezir que mis Nouelas son mas satiricas que exemplares (*), pero que son buenas; y no lo pudieran ser si no tuuieran de todo. Pareceme que me dizes que ando muy limitado y que me contengo mucho en los terminos 25 de mi modestia, sabiendo que no se ha añadir (*) aflicion al afligido, y que la que deue de tener este señor sin duda es grande, pues no ossa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su 30 patria, como si huuiera hecho alguna traycion de lesa magestad. Si por ventura llegares a
PROLOGO p. 29 conocerle, dile de mi parte que no me tengo por agrauiado; que bien se lo que son tentaciones del demonio, y que vna de las mayores es ponerle a vn hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir vn libro con 5 que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros quanta fama, y para confirmacion desto quiero que en tu buen donayre y gracia le cuentes este cuento. Auia en Seuilla vn loco que dio en el mas 10 gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo. Y fue que hizo vn cañuto de caña puntiagudo en el fin, y, en cogiendo algun perro en la calle, o en qualquiera otra parte, con el vn pie le cogia el suyo, y el otro le alçaua con 15 la mano, y como mejor podia le acomodaua el cañuto en la parte que, soplandole, le ponia redondo como vna pelota, y, en teniendolo desta suerte, le daua dos palmaditas en la barriga y le soltaua, diziendo a los circunstantes, 20 que siempre eran muchos: “¿Pensarán vuessas mercedes aora que es poco trabajo inchar vn perro?” “¿Pensará vuessa merced aora que es poco trabajo hazer vn libro?” --Y si este cuento no le quadrare, dirasle, lector amigo, este, 25 que tambien es de loco y de perro. Auia en Cordoua otro loco que tenia por costumbre de traer encima de la cabeça vn pedaço de losa de marmol, o vn canto no muy liuiano, y, en topando algun perro descuydado, 30 se le ponia junto, y a plomo dexaua caer sobre el el peso (*). Amohinauase el perro y,
PROLOGO p. 30 dando ladridos y aullidos, no paraua en tres calles. Sucedio, pues, que entre los perros que descargó la carga, fue vno vn perro de vn bonetero, a quien queria mucho su dueño. Baxó el 5 canto, diole en la cabeça, alçó el grito el molido perro, violo y sintiolo su amo, assio de vna vara de medir y salio al loco, y no le dexó huesso sano; y cada palo que le daua dezia: “Perro ladron, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, 10 que era podenco mi perro?” Y, repitiendole el nombre de podenco muchas vezes, embió al loco echo vna alheña. Escarmento el loco y retirose, y en mas de vn mes no salio a la plaça, al cabo del qual 15 tiempo boluio con su inuencion y con mas carga. Llegauase donde estaua el perro y, mirandole muy bien de hito en hito y, sin querer ni atreuerse a descargar la piedra, dezia: “Este es podenco; guarda.” En (*) efeto, todos quantos 20 perros topaua, aunque fuessen alanos o gozques, dezia que eran podencos, y assi, no solto mas el canto. Quiça de esta suerte le podra acontecer a este historiador, que no se atreuera a soltar 25 mas la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son mas duros que las peñas. Dile tambien que de la amenaza que me haze, que me ha de quitar la ganancia con su libro (*), no se me da vn ardite; que acomodandome 30 al entremes famoso de la Perendenga (*), le respondo que me viua el Veynteyquatro
PROLOGO p. 31 mi señor, y Christo con todos. Viua el gran Conde de Lemos, cuya christiandad y liberalidad bien conocida contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y viuame la suma caridad del illustrissimo de Toledo don 5 Bernardo de Sandoual y Rojas (*), y siquiera no aya emprentas en el mundo, y siquiera se impriman contra mi mas libros que tienen (*) letras las coplas de Mingo Rebulgo. Estos dos principes, sin que los solicite adulacion mia, ni 10 otro genero de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hazerme merced y fauorecerme; en lo que me tengo por mas dichoso y mas rico que si la fortuna por camino ordinario me huuiera puesto en su cumbre. 15 La honra puedela tener el pobre, pero no el vicioso: la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud de alguna luz de si, aunque sea por los inconuenientes y resquicios de la estrecheza, 20 viene a ser estimada de los altos y nobles espiritus, y, por el consiguiente, fauorecida. Y no le digas mas, ni yo quiero dezirte mas a ti, sino aduertirte que consideres que esta segunda parte de don Quixote que te ofrezco, 25 es cortada del mismo artifice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quixote dilatado y, finalmente, muerto y sepultado, por que ninguno se atreua a leuantarle nueuos testimonios, pues bastan los passados, 30 y basta tambien que vn hombre honrado aya dado noticia destas discretas locuras, sin querer
PROLOGO p. 32 de nueuo entrarse en ellas; que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, haze que no se estimen, y la carestia, aun de las malas, se estima en algo. Oluidaseme (*) de dezirte, que esperes el Persiles que ya estoy acabando y la 5 segunda parte de Galatea.
p. 33 DEDICATORIA AL CONDE DE LEMOS Embiando a Vuestra Excelencia los dias passados mis Comedias, antes impressas que representadas, si bien me acuerdo, dixe que don Quixote quedaua calçadas las espuelas 5 para yr a besar las manos a Vuestra Excelencia, y aora digo que se las ha calçado y se ha puesto en camino, y si el alla llega me parece que aure hecho algun seruicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priessa que de 10 infinitas partes me dan a que le embie, para quitar el hamago y la nausea que ha causado otro don Quixote, que con nombre de segunda parte se ha disfraçado y corrido por el orbe; y el que mas ha mostrado dessearle ha sido el grande 15 Emperador de la China, pues en lengua chinesca aura vn mes que me escriuio vna carta con vn propio (*), pidiendome, o por mejor dezir, suplicandome, se le embiasse porque queria fundar vn colegio donde se leyesse la lengua 20 castellana, y queria que el libro que se leyesse fuesse el de la historia de don Quixote; juntamente con esto me dezia que fuesse yo a ser el Rector del tal colegio. Preguntele al portador (*) si su magestad le 25 auia dado para mi alguna ayuda de costa. Respondiome que ni por pensamiento. “Pues, hermano”, le respondi yo, “vos os podeys boluer a vuestra China a las diez o a las veynte o a las que venis despachado, porque yo 30
DEDICATORIA p. 34 no estoy con salud para ponerme en tan largo viage. Ademas, que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y, emperador por emperador y monarca por monarca, en Napoles tengo al grande Conde de Lemos, que, sin tantos titulillos 5 de colegios ni rectorias, me sustenta, me ampara y haze mas merced que la que yo acierto a dessear.” Con esto le despedi, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia Los trabajos 10 de Persilis y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente; el qual ha de ser, o el mas malo, o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero dezir de los de entretenimiento, y digo que me 15 arrepiento de auer dicho el mas malo, porque segun la opinion de mis amigos ha de llegar al estremo de bondad possible. Venga Vuestra Excelencia con la salud que es desseado, que ya estara Persiles para besarle 20 las manos, y yo, los pies, como criado que soy de Vuestra Excelencia. De Madrid, vltimo de otubre de mil seyscientos y quinze. Criado de Vuestra Excelencia, 25 Miguel de Ceruantes Saauedra.
p. 35 Capitulo primero De lo que el cura y el barbero passaron con don Quixote cerca de su enfermedad. Cuenta Zide Hamete Benengeli en la segunda parte desta historia, y tercera salida de 5 don Quixote, que el cura y el barbero se estuuieron casi vn mes sin verle, por no renouarle y traerle a la memoria las cosas passadas. Pero no por esto dexaron de visitar a su sobrina y a su ama, encargandolas tuuiessen cuenta 10 con regalarle, dandole a comer cosas confortatiuas y apropiadas para el coraçon y el celebro, de donde procedia, segun buen discurso, toda su mala ventura. Las quales dixeron que assi lo hazian, y lo harian con la voluntad y 15 cuydado possible, porque echauan de ver que su señor por momentos yua dando muestras de estar en su entero juyzio, de lo qual recibieron los dos gran contento por parecerles que auian acertado en auerle traydo encantado en el 20 carro de los bueyes, como se conto en la primera parte desta tan grande como puntual historia, en su vltimo capitulo. Y, assi, determinaron de visitarle y hazer esperiencia de su mejoria, aunque tenian casi por impossible que 25 la tuuiesse, y acordaron de no tocarle en ningun punto de la andante caualleria, por no ponerse a peligro de descosser los de la herida, que tan tiernos estauan. Visitaronle, en fin, y hallaronle sentado en 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36 la cama, vestida vna almilla de vayeta verde, con vn bonete colorado toledano, y estaua tan seco y amoxamado, que no parecia sino hecho de carne momia. Fueron del muy bien recebidos, preguntaronle por su salud, y el dio cuenta 5 de si y de ella con mucho juyzio y con muy elegantes palabras. Y en el discurso de su platica vinieron a tratar en esto que llaman razon de estado y modos de gouierno, enmendando este abuso y condenando aquel; 10 reformando vna costumbre y desterrando otra, haziendose cada vno de los tres vn nueuo legislador, vn Licurgo moderno o vn Solon flamante; y de tal manera renouaron la Republica, que no parecio sino que la auian puesto 15 en vna fragua y sacado otra de la que pusieron; y habló don Quixote con tanta discrecion en todas las materias que se tocaron, que los dos essaminadores creyeron indubitadamente que estaua del todo bueno y en su entero 20 juyzio. Hallaronse presentes a la platica la sobrina y ama, y no se hartauan de dar gracias a Dios de ver a su señor con tan buen entendimiento; pero el cura, mudando el proposito primero, 25 que era de no tocarle en cosa de cauallerias, quiso hazer de todo en todo esperiencia si la sanidad de don Quixote era falsa o verdadera; y assi, de lance en lance vino a contar algunas nueuas que auian venido de la Corte, y, entre 30 otras, dixo que se tenia por cierto que el Turco baxaua con vna poderosa armada, y que no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 37 se sabia su designio, ni adonde auia de descargar tan gran nublado, y con este temor, con que casi cada año nos toca arma, estaua puesta en ella toda la christiandad, y su magestad auia hecho proueer las costas de Napoles y 5 Sicilia y la Isla de Malta. A esto respondio don Quixote: “Su magestad ha hecho como prudentissimo guerrero en proueer sus estados con tiempo porque no le halle dessapercebido el enemigo, 10 pero si se tomara mi consejo, aconsejarale yo que vsara de vna preuencion, de la qual su magestad la hora de agora deue estar muy ageno de pensar en ella.” Apenas oyo esto el cura, quando dixo 15 entre si: “Dios te tenga de su mano, pobre don Quixote, que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad.” 20 Mas el barbero, que ya auia dado en el mesmo pensamiento que el cura, preguntó a don Quixote quál era la aduertencia de la preuencion que dezia era bien se hiziesse; quiza podria ser tal, que se pusiesse en la lista 25 de los muchos aduertimientos impertinentes que se suelen dar a los principes. “El mio, señor rapador”, dixo don Quixote, “no sera impertinente, sino perteneciente.” “No lo digo por tanto”, replicó el barbero, 30 “sino porque tiene mostrado la esperiencia que todos o los mas arbitrios, que se dan a su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38 magestad, o son impossibles o disparatados, o en daño del rey o del reyno.” “Pues el mio”, respondio don Quixote, “ni es impossible ni disparatado, sino el mas facil, el mas justo y el mas mañero y breue que puede 5 caber en pensamiento de arbitrante alguno.” “Ya tarda en dezirle vuessa merced, señor don Quixote”, dixo el cura. “No querria”, dixo don Quixote, “que le dixesse yo aqui agora, y amaneciesse mañana 10 en los oydos de los señores consejeros, y se lleuasse otro las gracias y el premio de mi trabajo.” “Por mi”, dixo el barbero, “doy la palabra, para aqui y para delante de Dios, de no dezir 15 lo que vuessa merced dixere a rey ni a roque, ni a hombre terrenal: juramento que aprendi del romance del cura que en el prefacio auisó al rey del ladron que le auia robado las cien doblas y la su mula la andariega (*).” 20 “No se historias”, dixo don Quixote, “pero se que es bueno esse juramento, en fee de que se que es hombre de bien el señor barbero.” “Quando no lo fuera”, dixo el cura, “yo le abono y salgo por el, que en este caso no 25 hablará mas que vn mudo, so pena de pagar lo juzgado y sentenciado.” “Y a vuessa merced ¿quién le fia, señor cura?”, dixo don Quixote. “Mi profession”, respondio el cura, “que es 30 de guardar secreto.” “¡Cuerpo de tal!”, dixo a esta sazon don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 39 Quixote. “¿Ay mas sino mandar su magestad por publico pregon que se junten en la Corte para vn dia señalado todos los caualleros andantes que vagan por España, que aunque no viniessen sino media docena, tal podria venir 5 entre ellos que solo bastasse a destruyr toda la potestad del Turco? Estenme vuessas mercedes atentos y vayan conmigo. ¿Por ventura, es cosa nueua deshazer vn solo cauallero andante vn exercito de docientos mil hombres, 10 como si todos juntos tuuieran vna sola garganta, o fueran hechos de alfeñique (*)? Si no, diganme, ¿quántas historias estan llenas destas marauillas? ¡Auia, en hora mala para mi, que no quiero dezir para otro, de viuir oy el famoso 15 don Belianis o alguno de los del inumerable linage de Amadis de Gaula!; que si alguno destos oy viuiera y con el Turco se afrontara, a fee que no le arrendara la ganancia; pero Dios mirará por su pueblo y deparará alguno, 20 que, si no tan brauo como los passados andantes caualleros, a lo menos, no les sera inferior en el animo; y Dios me entiende y no digo mas.” “¡Hai!”, dixo a este punto la sobrina, “¡que 25 me maten, si no quiere mi señor boluer a ser cauallero andante!” A lo que dixo don Quixote: “Cauallero andante he de morir, y baxe o suba el Turco quando el quisiere y quan 30 poderosamente pudiere; que otra vez digo que Dios me entiende.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40 A esta sazon dixo el barbero: “Suplico a vuessas mercedes que se me de licencia para contar vn cuento breue que sucedio en Seuilla, que, por venir aqui como de molde, me da gana de contarle.” 5 Dio la licencia don Quixote, y el cura y los demas le prestaron atencion, y el començo desta manera: “En la casa de los locos de Seuilla estaua vn hombre a quien sus parientes auian puesto alli 10 por falto de juyzio; era graduado en Canones por Osuna, pero aunque lo fuera por Salamanca, segun opinion de muchos, no dexara de ser loco. Este tal graduado, al cabo de algunos años de recogimiento (*) se dio a entender que 15 estaua cuerdo y en su entero juyzio, y con esta imaginacion escriuio al arçobispo, suplicandole encarecidamente, y con muy concertadas razones, le mandasse sacar de aquella miseria en que viuia, pues por la misericordia de Dios 20 auia ya cobrado el juyzio perdido, pero que sus parientes, por gozar de la parte de su hazienda, le tenian alli, y, a pesar de la verdad, querian que fuesse loco hasta la muerte. ”El arçobispo, persuadido de muchos villetes 25 concertados y discretos, mandó a vn capellan suyo se informasse del retor de la casa si era verdad lo que aquel licenciado le escriuia, y que assimesmo hablasse con el loco, y que si le pareciesse que tenia juyzio, le sacasse y 30 pusiesse en libertad. Hizolo assi el capellan, y el retor le dixo que aquel hombre aun se estaua
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 41 loco; que puesto que hablaua muchas vezes como persona de grande entendimiento, al cabo disparaua (*) con tantas necedades, que en muchas y en grandes igualauan a sus primeras discreciones, como se podia hazer la esperiencia 5 hablandole. Quiso hazerla el capellan, y, poniendole con el loco, habló con el vna hora y mas, y en todo aquel tiempo jamas el loco dixo razon torzida ni disparatada, antes habló tan atentadamente que el capellan fue forçado a 10 creer que el loco estaua cuerdo; y entre otras cosas que el loco le dixo fue que el retor le tenia ojeriza, por no perder los regalos que sus parientes le hazian por que dixesse que aun estaua loco, y con luzidos interualos, y que el 15 mayor contrario que en su desgracia tenia era su mucha hazienda, pues por gozar della sus enemigos ponian dolo y dudauan de la merced que nuestro Señor le auia hecho en boluerle de bestia en hombre; finalmente, el habló de 20 manera, que hizo sospechoso al retor, codiciosos y desalmados a sus parientes, y a el tan discreto, que el capellan se determinó a lleuarsele consigo, a que el arçobispo le viesse y tocasse con la mano la verdad de aquel 25 negocio. ”Con esta buena fee, el buen capellan pidio al retor mandasse dar los vestidos con que alli auia entrado el licenciado; boluio a dezir el retor que mirasse lo que hazia, porque sin duda 30 alguna el licenciado aun se estaua loco; no siruieron de nada para con el capellan las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42 preuenciones y aduertimientos del retor para que dexasse de lleuarle; obedecio el retor, viendo ser orden del arçobispo; pusieron al licenciado sus vestidos, que eran nueuos y decentes, y como el se vio vestido de cuerdo y desnudo 5 de loco, suplicó al capellan que por caridad le diesse licencia para yr a despedirse de sus compañeros los locos; el capellan dixo que el le queria acompañar y ver los locos que en la casa auia; subieron, en efeto, y con ellos 10 algunos que se hallaron presentes, y llegado el licenciado a vna xaula adonde estaua vn loco furioso, aunque entonces sossegado y quieto, le dixo: «Hermano mio, mire si me manda algo, que 15 »me voy a mi casa; que ya Dios ha sido seruido »por su infinita bondad y misericordia, sin yo »merecerlo, de boluerme mi juyzio; ya estoy »sano y cuerdo, que acerca del poder de Dios »ninguna cosa es impossible; tenga grande 20 »esperança y confiança en El, que pues a mi me »ha buelto a mi primero estado, tambien le boluera »a el, si en El confia; yo tendre cuydado de »embiarle algunos regalos que coma, y comalos »en todo caso, que le hago saber que imagino, 25 »como quien ha passado por ello, que todas »nuestras locuras proceden de tener los »estomagos vazios y los celebros llenos de ayre; »esfuercesse, esfuercese, que el descaecimiento »en los infortunios apoca la salud y acarrea la 30 »muerte.» ”Todas estas razones del licenciado escuchó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 43 otro loco que estaua en otra xaula, frontero de la del furioso, y leuantandose de vna estera vieja, donde estaua echado y desnudo en cueros, preguntó a grandes vozes quién era el que se yua sano y cuerdo; el licenciado respondio: 5 «Yo soy, hermano, el que me voy; que ya no »tengo necessidad de estar mas aqui, por lo que »doy infinitas gracias a los cielos que tan »grande merced me han hecho.» «Mirad lo que dezis, licenciado, no os engañe 10 »el diablo», replicó el loco; «sossegad el pie y »estaos quedito en vuestra casa y ahorrareis la »buelta.» «Yo se que estoy bueno», replicó el licenciado, «y no aura para que tornar a andar 15 »estaciones.» «¿Vos bueno?», dixo el loco; «agora bien, ello »dira; andad con Dios, pero yo os voto a Iupiter, »cuya magestad yo represento en la tierra, que »por solo este pecado que oy comete Seuilla en 20 »sacaros desta casa y en teneros por cuerdo, »tengo de hazer vn tal castigo en ella, que quede »memoria del por todos los siglos de los siglos, »amen. ¿No sabes tu, licenciadillo menguado, »que lo podre hazer, pues, como digo, soy 25 »Iupiter tonante, que tengo en mis manos los rayos »abrassadores con que puedo y suelo amenazar »y destruyr el mundo? Pero con sola vna cosa »quiero castigar a este ignorante pueblo, y es »con no llouer en el, ni en todo su distrito y 30 »contorno, por tres enteros años, que se han de »contar desde el dia y punto en que ha sido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44 »hecha esta amenaza en adelante. ¿Tu libre, tu »sano, tu cuerdo; y yo loco, y yo enfermo, y yo »atado? Assi pienso llouer como pensar »ahorcarme.» ”A las vozes y a las razones del loco 5 estuuieron los circustantes atentos; pero nuestro licenciado, boluiendose a nuestro capellan y asiendole de las manos, le dixo: «No tenga vuessa merced pena, señor mio, »ni haga caso de lo que este loco ha dicho; que 10 »si el es Iupiter y no quisiere llouer, yo que soy »Neptuno, el padre y el dios de las aguas, »llouere todas las vezes que se me antojare y »fuere menester.» ”A lo que respondio el capellan: 15 «Con todo esso, señor Neptuno, no sera bien »enojar al señor Iupiter; vuessa merced se »quede en su casa; que otro dia, quando aya mas »comodidad y mas espacio, bolueremos por »vuessa merced.» 20 ”Riose el retor y los presentes, por cuya risa se medio corrio el capellan; desnudaron al licenciado, quedose en casa y acabose el cuento.” “Pues ¿este es el cuento, señor barbero”, dixo 25 don Quixote, “que, por venir aqui como de molde, no podia dexar de contarle? ¡A, señor rapista, señor rapista, y quán ciego es aquel que no vee por tela de cedazo! Y ¿es possible que vuessa merced no sabe que las comparaciones que 30 se hazen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linage a linage
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 45 son siempre odiosas y mal recebidas? Yo, señor barbero, no soy Neptuno el dios de las aguas, ni procuro que nadie me tenga por discreto, no lo siendo; solo me fatigo por dar a entender al mundo en el error (*) en que está, en no renouar 5 en si el felicissimo tiempo donde campeaua la orden de la andante caualleria; pero no es merecedora la deprauada edad nuestra de gozar tanto bien como el que gozaron las edades donde los andantes caualleros tomaron a su 10 cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reynos, el amparo de las donzellas, el socorro de los huerfanos y pupilos, el castigo de los soberuios y el premio de los humildes. Los mas de los caualleros que agora se vsan, 15 antes les cruxen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no ay cauallero que duerma en los campos, sugeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la 20 cabeça; y ya no ay quien (*), sin sacar los pies de los estriuos, arrimado a su lança, solo procure descabeçar, como dizen, el sueño como lo hazian los caualleros andantes. Ya no ay ninguno que saliendo deste bosque entre en 25 aquella montaña, y de alli, pise vna esteril y desierta playa del mar, las mas vezes proceloso y alterado; y, hallando en ella y en su orilla vn pequeño batel sin remos, vela, mastil, ni xarcia alguna, con intrepido coraçon se arroge 30 en el, entregandose a las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46 baxan al abismo, y el, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, quando menos se cata, se halla tres mil y mas leguas distante del lugar donde se embarcó; y, saltando en tierra remota y no conocida le suceden cosas dignas 5 de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. ”Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentia y la teorica 10 de la practica de las armas, que solo viuieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caualleros. Si no, diganme, ¿quién mas honesto y mas valiente que el famoso Amadis de Gaula? ¿Quién mas discreto que 15 Palmerin de Inglaterra? ¿Quién mas acomodado y manual que Tirante el Blanco? ¿Quién mas galan que Lisuarte de Grecia? ¿Quién mas acuchillado ni acuchillador que don Belianis? ¿Quién mas intrepido que Perion de Gaula? 20 O ¿quién mas acometedor de peligros que Felixmarte de Yrcania? O ¿quién mas sincero que Esplandian? ¿Quién mas arrojado que don Ceriongilio (*) de Tracia? ¿Quién mas brauo que Rodamonte? ¿Quién mas prudente que el 25 rey Sobrino? ¿Quién mas atreuido que Reynaldos? ¿Quién mas inuencible que Roldan? Y ¿quién mas gallardo y mas cortés que Rugero, de quien decienden oy los duques de Ferrara, segun Turpin en su Cosmografia? (*) 30 ”Todos estos caualleros, y otros muchos que pudiera dezir, señor cura, fueron caualleros
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 47 andantes, luz y gloria de la caualleria. Destos, o tales como estos, quisiera yo que fueran los de mi arbitrio, que a serlo, su magestad se hallara bien seruido, y ahorrara de mucho gasto, y el Turco se quedara pelando las barbas; y, 5 con esto, no (*) quiero quedar en mi casa, pues no me saca el capellan della, y [si] (*) Iupiter, como ha dicho el barbero, no llouiere, aqui estoy yo que llouere quando se me antojare; digo esto, por que sepa el señor Vazia que le 10 entiendo.” “En verdad, señor don Quixote”, dixo el barbero, “que no lo dixe por tanto, y assi me ayude Dios como fue buena mi intencion, y que no deue vuessa merced sentirse.” 15 “Si puedo sentirme o no”, respondio don Quixote “yo me lo se.” A esto dixo el cura: “Aun bien que yo casi no he hablado palabra hasta aora, y no quisiera quedar con vn 20 escrupulo que me roe y escarua la conciencia, nacido de lo que aqui el señor don Quixote ha dicho.” “Para otras cosas mas”, respondio don Quixote, “tiene licencia el señor cura, y assi puede 25 dezir su escrupulo, porque no es de gusto andar con la conciencia escrupulosa.” “Pues con esse beneplacito”, respondio el cura, “digo que mi escrupulo es que no me puedo persuadir en ninguna manera a que 30 toda la caterua de caualleros andantes que vuessa merced, señor don Quixote, ha referido,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48 ayan sido real y verdaderamente personas de carne y huesso en el mundo; antes imagino que todo es ficcion, fabula y mentira, y sueños contados por hombres despiertos o, por mejor dezir, medio dormidos.” 5 “Esse es otro error”, respondio don Quixote, “en que han caydo muchos que no creen que aya auido tales caualle[r]os en el mundo, y yo muchas vezes, con diuersas gentes y ocasiones, he procurado sacar a la luz de la verdad este 10 casi comun engaño; pero algunas vezes no he salido con mi intencion y otras si, sustentandola sobre los ombros de la verdad, la qual verdad es tan cierta, que estoy por dezir que con mis propios ojos vi a Amadis de Gaula, que 15 era vn hombre alto de cuerpo, blanco de rostro, bien puesto de barba, aunque negra, de vista entre blanda y rigurosa, corto de razones, tardo en ayrarse y presto en deponer la ira; y del modo que he delineado a Amadis, pudiera, a 20 mi parecer, pintar y [describir] (*) todos quantos caualleros andantes andan en las historias en el orbe; que por la aprehension que tengo de que fueron como sus historias cuentan, y por las hazañas que hizieron y condiciones que 25 tuuieron, se pueden sacar por buena filosofia sus faciones, sus colores y estaturas.” “¿Qué tan (*) grande le parece a vuessa merced, mi señor don Quixote”, preguntó el barbero, “deuia de ser el gigante Morgante?” 30 “En esto de gigantes”, respondio don Quixote, “ay diferentes opiniones, si los ha auido o
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 49 no en el mundo (*): pero la Santa Escritura, que no puede faltar vn atomo en la verdad, nos muestra que los huuo, contandonos la historia de aquel filisteazo de Golias, que tenia siete codos y medio de altura, que es vna desmesurada 5 grandeza. Tambien en la isla de Sicilia se han hallado canillas (*) y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes, como grandes torres, que la geometria saca esta verdad de 10 duda. Pero con todo esto no sabre dezir con certidumbre qué tamaño tuuiesse Morgante, aunque imagino que no deuio de ser muy alto; y mueueme a ser deste parecer hallar en la historia donde se haze mencion particular 15 de sus hazañas, que muchas vezes dormia debaxo de techado, y pues hallaua casa donde cupiesse, claro está que no era desmesurada su grandeza.” “Assi es”, dixo el cura. 20 El qual, gustando de oyrle dezir tan grandes disparates, le preguntó que qué sentia acerca de los rostros de Reynaldos de Montaluan y de don Roldan, y de los demas doze Pares de Francia, pues todos auian sido caualleros 25 andantes. “De Reynaldos”, respondio don Quixote, “me atreuo a dezir que era ancho de rostro, de color bermejo, los ojos bayladores y algo saltados, puntoso y colerico en demasia, amigo 30 de ladrones y de gente perdida; de Roldan o Rotolando o Orlando, que con todos estos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 nombres le nombran las historias, soy de parecer, y me afirmo, que fue de mediana estatura, ancho de espaldas, algo esteuado, moreno de rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y de vista amenazadora, corto de razones, pero 5 muy comedido y bien criado.” “Si no fue Roldan mas gentilhombre que vuessa merced ha dicho”, replicó el cura, “no fue marauilla que la señora Angelica la Bella le desdeñasse y dexasse por la gala, brio y 10 donayre que deuia de tener el morillo barbiponiente a quien ella se entregó, y anduuo discreta de adamar antes la blandura de Medoro, que la aspereça de Roldan.” “Essa Angelica”, respondio don Quixote, 15 “señor cura, fue vna donzella destrayda, andariega y algo antojadiza, y tan lleno dexó el mundo de sus impertinencias como de la fama de su hermosura: despreció mil señores, mil valientes y mil discretos, y contentose con 20 vn pagezillo barbiluzio, sin otra hazienda ni nombre que el que le pudo dar de agradecido la amistad que guardó a su amigo. El gran cantor de su belleza, el famoso Ariosto, por no atreuerse o por no querer cantar lo que a esta 25 señora le sucedio despues de su ruyn entrego, que no deuieron ser cosas demasiadamente honestas, la dexó, donde dixo: Y como del Catay recibio el cetro, quiza otro cantará con mejor plectro (*). 30 ”Y, sin duda, que esto fue como profecia, que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 51 los poetas tambien se llaman vates, que quiere dezir adiuinos; veese esta verdad clara: porque despues aca vn famoso poeta andaluz lloró y cantó sus lagrimas, y otro famoso y vnico poeta castellano cantó su hermosura (*).” 5 “Digame, señor don Quixote”, dixo a esta sazon el barbero, “¿no ha auido algun poeta que aya hecho alguna satira a essa señora Angelica entre tantos como la han alabado?” “Bien creo yo”, respondio don Quixote, “que 10 si Sacripante o Roldan fueran poetas, que ya me huuieran xabonado a la donzella, porque es propio y natural de los poetas desdeñados y no admitidos de sus damas --fingidas (*), o [no] fingidas-- en efeto, de aquellas (*) a quien 15 ellos escogieron por señoras de sus pensamientos, vengarse con satiras y libelos, vengança, por cierto, indigna de pechos generosos; pero hasta agora no ha llegado a mi noticia ningun verso infamatorio contra la señora Angelica, 20 que truxo rebuelto el mundo.” (*) “Milagro”, dixo el cura. Y, en esto, oyeron que la ama y la sobrina, que ya auian dexado la conuersacion, dauan grandes vozes en el patio, y acudieron todos 25 al ruydo.
p. 52 Capitulo II Que trata de la notable pendencia (*) que Sancho Pança tuuo con la sobrina y ama de don Quixote, con otros sugetos graciosos. Cuenta la Historia que las vozes que oyeron 5 don Quixote, el cura y el barbero eran de la sobrina y ama, que las dauan, diziendo a Sancho Pança, que pugnaua por entrar a ver a don Quixote, y ellas le defendian la puerta: “¿Qué quiere este mostrenco en esta casa? 10 Ydos a la vuestra, hermano; que vos soys, y no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor y le lleua por essos andurriales.” A lo que Sancho respondio: “Ama de Satanas, el sonsacado y el destraydo 15 y el lleuado por essos andurriales soy yo, que no tu amo; el me lleuó por essos mundos, y vosotras os engañays en la mitad del justo precio; el me sacó de mi casa con engañifas (*), prometiendome vna insula, que hasta 20 agora la espero.” “Malas insulas te ahoguen”, respondio la sobrina, “Sancho maldito, y ¿qué son insulas? ¿Es alguna cosa de comer, golosazo, comilon, que tu eres (*)?” 25 “No es de comer”, replicó Sancho, “sino de gouernar y regir mejor que quatro ciudades (*) y que quatro alcaldes de Corte.” “Con todo esso”, dixo el ama, “no entrareis aca, saco de maldades y costal de malicias; id 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 53 a gouernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y dexaos de pretender insulas ni insulos.” Grande gusto recebian el cura y el barbero de oyr el coloquio de los tres; pero don 5 Quixote, temeroso que Sancho se descosiesse y desbuchasse algun monton de maliciosas necedades y tocasse en puntos que no le estarian bien a su credito, le llamó y hizo a las dos que callassen y le dexassen entrar; entró Sancho, y 10 el cura y el barbero se despidieron de don Quixote, de cuya salud dessesperaron, viendo quán puesto estaua en sus desuariados pensamientos y quán embeuido en la simplicidad de sus mal andantes cauallerias, y, assi, dixo el 15 cura al barbero: “Vos vereis, compadre, como, quando menos lo pensemos, nuestro hidalgo sale otra vez a bolar la ribera.” “No pongo yo duda en esso”, respondio el 20 barbero; “pero no me marauillo tanto de la locura del cauallero como de la simplicidad del escudero, que tan creydo tiene aquello de la insula, que creo que no se lo sacarán del casco quantos dessengaños pueden imaginarse.” 25 “Dios los remedie”, dixo el cura, “y estemos a la mira: veremos en lo que para esta maquina de disparates de tal cauallero y de tal escudero; que parece que los forxaron a los dos en vna mesma turquessa, y que las locuras 30 del señor sin las necedades del criado no valian vn ardite.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 “Assi es”, dixo el barbero, “y holgara mucho saber qué tratarán aora los dos.” “Yo seguro” (*), respondio el cura, “que la sobrina del ama nos lo cuenta despues, que no son de condicion que dexarán de escucharlo.” 5 En tanto, don Quixote se encerro con Sancho en su aposento, y, estando solos, le dixo: “Mucho me pesa, Sancho, que ayas dicho y digas que yo fuy el que te saqué de tus casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis 10 casas; juntos salimos, juntos fuymos y juntos peregrinamos; vna misma fortuna y vna misma suerte ha corrido por los dos; si a ti te mantearon vna vez, a mi me han molido ciento, y esto es lo que te lleuo de ventaja.” 15 “Esso estaua puesto en razon”, respondio Sancho, “porque, segun vuessa merced dize, mas anexas son a los caualleros andantes las desgracias que a sus escuderos.” “Engañaste, Sancho”, dixo don Quixote, 20 “segun aquello, quando caput dolet, &c (*).” “No entiendo otra lengua que la mia”, respondio Sancho. “Quiero dezir”, dixo don Quixote, “que quando la cabeça duele, todos los miembros 25 duelen, y, assi, siendo yo tu amo y señor, soy tu cabeça y tu mi parte, pues eres mi criado, y por esta razon el mal que a mi me toca o tocare, a ti te ha de doler y a mi el tuyo.” “Assi auia de ser, dixo Sancho; “pero 30 quando a mi me manteauan como a miembro, se estaua mi cabeça detras de las bardas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 55 mirandome bolar por los ayres, sin sentir dolor alguno, y pues los miembros estan obligados a dolerse del mal de la cabeça, auia de estar obligada ella a dolerse dellos.” “¿Querras tu dezir agora, Sancho”, respondio 5 don Quixote, “que no me dolia yo quando a ti te manteauan? Y si lo dizes, no lo digas, ni lo pienses, pues mas dolor sentia yo entonces en mi espiritu que tu en tu cuerpo; pero dexemos esto a parte por agora, que tiempo 10 aura donde lo ponderemos y pongamos en su punto; y dime, Sancho amigo, ¿qué es lo que dizen de mi por esse lugar, en qué opinion me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caualleros? ¿Qué dizen de mi valentia, 15 qué de mis hazañas y qué de mi cortesia? ¿Qué se platica del assumpto que he tomado de resucitar y boluer al mundo la ya oluidada orden caualleresca? Finalmente, quiero, Sancho, me digas lo que acerca desto ha llegado 20 a tus oydos, y esto me has de dezir, sin añadir al bien ni quitar al mal cosa alguna; que de los vassallos leales es dezir la verdad a sus señores en su ser y figura propia, sin que la adulacion la acreciente, o otro vano respeto la 25 disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que si a los oydos de los principes llegasse la verdad desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros siglos correrian, otras edades serian tenidas por mas de hierro que la nuestra, que entiendo 30 que de las que aora se vsan es la dorada; siruate este aduertimiento, Sancho, para que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 discreta y bien intencionadamente pongas en mis oydos la verdad de las cosas que supieres de lo que te he preguntado.” “Esso hare yo de muy buena gana, señor mio”, respondio Sancho, “con condicion que 5 vuessa merced no se ha de enojar de lo que dixere, pues quiere que lo diga en cueros sin vestirlo de otras ropas de aquellas con que llegaron a mi noticia.” “En ninguna manera me enojaré”, respondio 10 don Quixote; “bien puedes, Sancho, hablar libremente y sin rodeo alguno.” “Pues lo primero que digo”, dixo, “es que el vulgo tiene a vuessa merced por grandissimo loco y a mi por no menos mentecato. Los 15 hidalgos dizen que, no conteniendose vuessa merced en los limites de la hidalguia, se ha puesto don y se ha arremetido a cauallero, con quatro cepas y dos yugadas de tierra y con vn trapo atras y otro adelante. Dizen los caualleros 20 que no querrian que los hidalgos se opusiessen a ellos, especialmente aquellos hidalgos escuderiles que dan humo a los çapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde.” 25 “Esso”, dixo don Quixote, “no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien vestido y jamas remendado; roto, bien podria ser, y el roto mas de las armas que del tiempo.” “En lo que toca”, prosiguio Sancho, “a 30 la valentia, cortesia, hazañas y assumpto de vuessa merced, ay diferentes opiniones: vnos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 57 dizen «loco, pero gracioso»; otros, «valiente, »pero desgraciado»; otros, «cortés, pero »impertinente»; y por aqui van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuessa merced ni a mi nos dexan huesso sano.” 5 “Mira, Sancho”, dixo don Quixote, “donde quiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que passaron dexó de ser calumniado de la malicia. Iulio Cesar, animosissimo, 10 prudentissimo y valentissimo capitan, fue notado de ambicioso y algun tanto no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres. Alexandro, a quien sus hazañas le alcançaron el renombre de Magno, dizen del que tuuo sus 15 ciertos puntos de borracho. De Hercules, el de los muchos trabajos, se cuenta que fue lasciuo y muelle. De don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, se murmura que fue mas que demasiadamente rixoso, y de su hermano, que fue 20 lloron. Assi que, o Sancho, entre las tantas calumnias de buenos bien pueden passar las mias, como no sean mas de las que has dicho.” “Ai está el toque, cuerpo de mi padre”, replicó Sancho. 25 “Pues ¿ay mas?”, preguntó don Quixote. “Aun la cola falta por dessollar” (*), dixo Sancho: “lo de hasta aqui son tortas y pan pintado; mas si vuessa merced quiere saber todo lo que ay acerca de las caloñas (*) que le ponen, 30 yo le traere aqui luego al momento quien se las diga todas, sin que les falte vna meaja; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 anoche llegó el hijo de Bartolome Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y, yendole yo a dar la bienvenida, me dixo que andaua ya en libros la historia de vuessa merced con nombre del ingenioso Hidalgo don 5 Quixote de la Mancha; y dize que me mientan a mi en ella con mi mesmo nombre de Sancho Pança, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que passamos nosotros a solas, que me hize cruzes de espantado, cómo las pudo 10 saber el historiador que las escriuio.” “Yo te asseguro, Sancho”, dixo don Quixote, “que deue de ser algun sabio encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escriuir.” 15 “Y ¡cómo”, dixo Sancho, “si era sabio y encantador, pues --segun dize el bachiller Sanson Carrasco, que assi se llama el que dicho tengo-- que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berengena (*)!” 20 “Esse nombre es de moro”, respondio don Quixote. “Assi sera”, respondio Sancho, “porque por la mayor parte he oydo dezir que los moros son amigos de berengenas.” 25 “Tu deues, Sancho”, dixo don Quixote, “errarte en el sobrenombre de esse Cide, que en arabigo quiere dezir señor.” “Bien podria ser”, replicó Sancho; “mas si vuessa merced gusta que yo le haga venir 30 aqui, yre por el en bolandas.” “Harasme mucho placer, amigo”, dixo don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 59 Quixote; “que me tiene suspenso lo que me has dicho, y no comere bocado que bien me sepa hasta ser informado de todo.” “Pues yo voy por el”, respondio Sancho. Y, dexando a su señor, se fue a buscar al 5 bachiller, con el qual boluio de alli a poco espacio, y entre los tres passaron vn graciosissimo coloquio.
p. 60 Capitulo III Del ridiculo razonamiento que passó entre don Quixote, Sancho Pança y el bachiller Sanson Carrasco. Pensatiuo a demas quedó don Quixote, esperando 5 al bachiller Carrasco, de quien esperaua oir las nueuas de si mismo puestas en libro como auia dicho Sancho, y no se podia persuadir a que tal historia huuiesse, pues aun no estaua enxuta en la cuchilla de su espada la 10 sangre de los enemigos que auia muerto, y ya querian que anduuiessen en estampa sus altas cauallerias. Con todo esso, imaginó que algun sabio, o ya amigo [o] (*) enemigo, por arte de encantamento las aura (*) dado a la estampa: si 15 amigo, para engrandecerlas y leuantarlas sobre las mas señaladas de cauallero andante; si enemigo, para aniquilarlas y ponerlas debaxo de las mas viles que de algun vil escudero se huuiessen escrito, puesto, dezia entre si, que 20 nunca hazañas de escuderos se escriuieron: y quando fuesse verdad que la tal historia huuiesse, siendo de cauallero andante, por fuerça auia de ser grandiloqua, alta, insigne, magnifica y verdadera. 25 Con esto se consolo algun tanto, pero desconsolole pensar que su autor era moro, segun aquel nombre de Cide, y de los moros no se podia esperar verdad alguna; porque todos son
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 61 embelecadores, falsarios y quimeristas. Temiase no huuiesse tratado sus amores con alguna indecencia que redundasse en menoscabo y perjuyzio de la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso; desseaua que huuiesse declarado 5 su fidelidad y el decoro que siempre la auia guardado, menospreciando reynas, emperatrices y donzellas de todas calidades, teniendo a raya los impetus de los naturales mouimientos; y, assi, embuelto y rebuelto en estas y 10 otras muchas imaginaciones, le hallaron Sancho y Carrasco, a quien don Quixote recibio con mucha cortesia. Era el bachiller, aun que se llamaua Sanson, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran 15 socarron, de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendria hasta veinte y quatro años, cariredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condicion maliciosa y amigo de donayres y de burlas, como 20 lo mostro en viendo a don Quixote, poniendose delante del de rodillas, diziendole: “Deme vuestra grandeza las manos, señor don Quixote de la Mancha; que por el habito de San Pedro (*) que visto, aunque no tengo otras 25 ordenes que las quatro primeras, que es vuessa merced vno de los mas famosos caualleros andantes que ha auido (*), ni aun aura en toda la redondez de la tierra. Bien aya Cide Hamete Benengeli que la historia de vuestras grandezas 30 dexó escritas, y rebien aya el curioso que tuuo cuydado de hazerlas traduzir de arabigo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 en nuestro vulgar castellano para vniuersal entretenimiento de las gentes.” Hizole leuantar don Quixote, y dixo: “¿Dessa manera verdad es que ay historia mia, y que fue moro y sabio el que la compuso?” 5 “Es tan verdad, señor”, dixo Sanson, “que tengo para mi, que el dia de oy estan impressos mas de doze mil libros de la tal (*) historia; si no, digalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impresso, y aun ay fama que se 10 está imprimiendo en Amberes (*), y a mi se me trasluze que no ha de auer nacion ni lengua donde no se traduzga.” “Vna de las cosas”, dixo a esta sazon don Quixote, “que mas deue de dar contento a vn 15 hombre virtuoso y eminente es verse, viuiendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa; dixe con buen nombre: porque siendo al contrario, ninguna muerte se le ygualara.” 20 “Si por buena fama y si por buen nombre va”, dixo el bachiller, “solo vuessa merced lleua la palma a todos los caualleros andantes; porque el moro en su lengua y el christiano en la suya tuuieron cuydado de pintarnos muy al 25 viuo la gallardia de vuessa merced, el animo grande en acometer los peligros, la paciencia en las aduersidades y el sufrimiento, assi en las desgracias como en las heridas, la honestidad y continencia en los amores tan 30 platonicos de vuessa merced y de mi señora doña Dulcinea del Toboso.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 63 “Nunca”, dixo a este punto Sancho Pança, “he oido llamar con don a mi señora Dulcinea, sino solamente la señora Dulcinea del Toboso, y ya en esto anda errada la historia.” “No es objecion de importancia essa”, 5 respondio Carrasco. “No por cierto”, respondio don Quixote. “Pero digame vuessa merced, señor bachiller, ¿qué hazañas mias son las que mas se ponderan en essa historia?” 10 “En esso”, respondio el bachiller, “ay diferentes opiniones, como ay diferentes gustos: vnos se atienen a la auentura de los molinos de viento, que a vuessa merced le parecieron Briareos y gigantes; otros, a la de los batanes; 15 este, a la descripcion de los dos exercitos, que despues parecieron ser dos manadas de carneros; aquel encarece la del muerto que lleuauan a enterrar a Segouia; vno dize que a todas se auentaja la de la libertad de los galeotes; otro, 20 que ninguna yguala a la de los dos gigantes benitos, con la pendencia del valeroso vizcaino.” “Digame, señor bachiller”, dixo a esta sazon Sancho, “¿entra ay la auentura de los 25 yangueses, quando a nuestro buen Rozinante se le antojó pedir cotufas en el golfo?” (*) “No se le quedó nada”, respondio Sanson, “al sabio en el tintero; todo lo dize y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen 30 Sancho hizo en la manta.” “En la manta no hize yo cabriolas”, respondio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 64 Sancho; “en el aire si, y aun mas de las que yo quisiera.” “A lo que yo imagino”, dixo don Quixote, “no ay historia humana en el mundo que no tenga sus altibaxos, especialmente las que 5 tratan de cauallerias, las quales nunca pueden estar llenas de prosperos sucessos.” “Con todo esso”, respondio el bachiller, “dizen algunos que han leydo la historia, que se holgaran se les huuiera oluidado a los autores 10 della algunos de los infinitos palos que en diferentes encuentros dieron al señor don Quixote.” “Ay entra la verdad de la historia”, dixo Sancho. 15 “Tambien pudieran callarlos por equidad”, dixo don Quixote, “pues las acciones que ni mudan, ni alteran la verdad de la historia, no ay para qué escriuirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia. A fee que 20 no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Vlisses como le descriue Homero.” “Assi es”, replicó Sanson; “pero vno es escriuir como poeta y otro como historiador; el 25 poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como deuian ser, y el historiador las ha de escriuir, no como deuian ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.” 30 “Pues si es que se anda a dezir verdades esse señor moro”, dixo Sancho, “a buen seguro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 65 que entre los palos de mi señor se hallen los mios; porque nunca a su merced le tomaron la medida de las espaldas, que no me la tomassen a mi de todo el cuerpo; pero no ay de que marauillarme, pues como dize el mismo 5 señor mio, del dolor de la cabeça han de participar los miembros.” “Socarron soys, Sancho”, respondio don Quixote; “a fee que no os falta memoria, quando vos quereis tenerla.” 10 “Quando yo quisiesse oluidarme de los garrotazos que me han dado”, dixo Sancho, “no lo consentiran los cardenales, que aun se estan frescos en las costillas.” “Callad, Sancho”, dixo don Quixote, “y no 15 interrumpais al señor bachiller, a quien suplico passe adelante en dezirme lo que se dize de mi en la referida historia.” “Y de mi”, dixo Sancho; “que tambien dizen que soy yo vno de los principales presonages 20 della.” “Personages, que no presonages, Sancho amigo”, dixo Sanson. “Otro reprochador de voquibles tenemos”, dixo Sancho; “pues andense a esso y no 25 acabaremos en toda la vida.” “Mala me la de Dios, Sancho”, respondio el bachiller, “si no soys vos la segunda persona de la historia, y que ay tal que precia mas oyros hablar a vos que al mas pintado de toda 30 ella, puesto que tambien ay quien diga que anduuistes demasiadamente de credulo en creer
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 que podia ser verdad el gouierno de aquella insula ofrecida por el señor don Quixote, que está presente.” “Aun ay sol en las (*) vardas”, dixo don Quixote, “y mientras mas fuere entrando en edad 5 Sancho, con la esperiencia que dan los años, estara mas idoneo y mas habil para ser gouernador, que no está agora.” “Por Dios, señor”, dixo Sancho, “la isla que yo no gouernasse con los años que tengo, no 10 la gouernaré con los años de Matusalen; el daño está en que la dicha insula se entretiene, no se dónde, y no en faltarme a mi el caletre para gouernarla.” “Encomendadlo a Dios, Sancho”, dixo don 15 Quixote; “que todo se hara bien, y quiça mejor de lo que vos pensais; que no se mueue la hoja en el arbol sin la voluntad de Dios.” “Assi es verdad”, dixo Sanson, “que si Dios quiere, no le faltarán a Sancho mil islas que 20 gouernar, quanto mas vna.” “Gouernador (*) he visto por ay”, dixo Sancho, “que a mi parecer no llegan a la suela de mi çapato, y, con todo esso, los llaman señoria, y se siruen con plata.” 25 “Essos no son gouernadores de insulas”, replicó Sanson, “sino de otros gouiernos mas manuales; que los que gouiernan insulas, por lo menos, han de saber gramatica.” “Con la grama bien me auendria yo”, dixo 30 Sancho, “pero con la tica ni me tiro ni me pago (*), porque no la entiendo; pero dexando
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 67 esto del gouierno en las manos de Dios, que me eche a las partes donde mas de mi se sirua, digo, señor bachiller Sanson Carrasco, que infinitamente me ha dado gusto que el autor de la historia aya hablado de mi de manera, que 5 no enfadan las cosas que de mi se cuentan; que a fe de buen escudero que si huuiera dicho de mi cosas que no fueran muy de christiano viejo, como soy, que nos auian de oyr los sordos.” 10 “Esso fuera hazer milagros”, respondio Sanson. “Milagros o no milagros”, dixo Sancho, “cada vno mire cómo habla o cómo escriue de las presonas, y no ponga a troche moche lo 15 primero que le viene al magin.” “Vna de las tachas que ponen a la tal historia”, dixo el bachiller, “es que su autor puso en ella vna nouela intitulada: El Curioso Impertinente, no por mala ni por mal razonada, 20 sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quixote.” “Yo apostaré”, replicó Sancho, “que ha mezclado el hideperro berzas con capachos (*).” 25 “Aora digo”, dixo don Quixote, “que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algun ignorante hablador que, a tiento y sin algun discurso, se puso a escriuirla, salga lo que saliere, como hazia Orbaneja, el pintor de 30 Vbeda (*), al qual preguntandole qué pintaua, respondio: «Lo que saliere»; tal vez pintaua vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras goticas escriuiesse junto a el: «este es gallo»; y assi deue de ser de mi historia, que tendra necessidad de comento para entenderla.” 5 “Esso no”, respondio Sanson; “porque es tan clara, que no ay cosa que dificultar en ella; los niños la manosean, los (*) moços la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran, y, finalmente, es tan trillada y tan leyda, y tan 10 sabida de todo genero de gentes, que apenas han visto algun rocin flaco, quando dizen: «Alli »va Rocinante», y los que mas se han dado a su letura son los pages. No ay antecamara de señor, donde no se halle vn don Quixote; vnos 15 le toman, si otros le dexan; estos le embisten y aquellos le piden; finalmente, la tal historia es del mas gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se aya visto; porque en toda ella no se descubre, ni por semejas, vna 20 palabra deshonesta, ni vn pensamiento menos que catolico.” “A escriuir de otra suerte”, dixo don Quixote, “no fuera escriuir verdades, sino mentiras, y los historiadores que de mentiras se valen 25 auian de ser quemados, como los que hazen moneda falsa, y no se yo que le mouio al autor a valerse de nouelas y cuentos agenos, auiendo tanto que escriuir en los mios; sin duda se deuio de atener al refran: «De paja y de heno, 30 »&c.» (*). Pues en verdad que en solo manifestar mis pensamientos, mis sospiros, mis lagrimas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 69 mis buenos desseos y mis acometimientos pudiera hazer vn volumen mayor, o tan grande, que el que pueden hazer todas las obras del Tostado (*). En efeto, lo que yo alcanço, señor bachiller, es que para componer 5 historias y libros de qualquier suerte que sean, es menester vn gran juyzio y vn maduro entendimiento; dezir gracias y escriuir donayres es de grandes ingenios; la mas discreta figura de la comedia es la del bobo (*), porque no lo ha de 10 ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad está Dios, en quanto a verdad, pero no obstante esto ay algunos que assi componen y arrojan libros 15 de si, como si fuessen buñuelos.” “No ay libro tan malo”, dixo el bachiller, “que no tenga algo bueno (*).” “No ay duda en esso”, replicó don Quixote, “pero muchas vezes acontece, que los que 20 tenian meritamente grangeada y alcançada gran fama por sus escritos, en dandolos a la estampa, la perdieron del todo, o la menoscabaron en algo.” “La causa desso es”, dixo Sanson, “que como 25 las obras impressas se miran despacio, facilmente se veen sus faltas, y tanto mas se escudriñan quanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres historiadores, 30 siempre, o las mas vezes, son embidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 entretenimiento juzgar los escritos agenos, sin auer dado algunos propios a la luz del mundo.” “Esso no es de marauillar”, dixo don Quixote, “porque muchos teologos ay que no son 5 buenos para el pulpito, y son bonissimos para conocer las faltas o sobras de los que predican.” “Todo esso es assi, señor don Quixote”, dixo Carrasco; “pero quisiera yo que los tales 10 censuradores fueran mas misericordiosos y menos escrupulosos, sin atenerse a los atomos del sol clarissimo de la obra de que murmuran, que si aliquando bonus dormitat Homerus (*), consideren lo mucho que estuuo despierto por 15 dar la luz de su obra con la menos sombra que pudiesse, y quiça podria ser que lo que a ellos les parece mal, fuessen lunares que a las vezes acrecientan la hermosura del rostro que los tiene, y, assi, digo que es grandissimo el 20 riesgo a que se pone el que imprime vn libro, siendo de toda impossibilidad impossible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeren.” “El que de mi trata”, dixo don Quixote, “a 25 pocos aura contentado.” “Antes es al reues”, [replicó Sanson], “que como de stultorum infinitus est numerus (*), infinitos son los que han gustado de la tal historia. Y algunos han puesto falta y dolo en la 30 memoria del autor, pues se le oluida de contar quién fue el ladron que hurtó el ruzio a Sancho,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 71 que alli no se declara (*), y solo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de alli a poco le vemos a cauallo sobre el mesmo jumento, sin auer parecido; tambien dizen que se le oluidó poner lo que Sancho hizo de aquellos cien 5 escudos que halló en la maleta en Sierra Morena, que nunca mas los nombra, y ay muchos que desean saber qué hizo dellos, o en qué los gastó, que es vno de los puntos sustanciales que faltan en la obra.” 10 Sancho respondio: “Yo, señor Sanson, no estoy aora para ponerme en cuentas ni cuentos; que me ha tomado vn desmayo de estomago, que si no le reparo con dos tragos de lo añejo (*) me pondra 15 en la espina de Santa Lucia (*); en casa lo tengo, mi oislo (*) me aguarda, en acabando de comer dare la buelta, y sati[s]fare (*) a vuessa merced y a todo el mundo de lo que preguntar quisieren, assi de la perdida del jumento, como 20 del gasto de los cien escudos.” Y, sin esperar respuesta ni dezir otra palabra, se fue a su casa. Don Quixote pidio y rogo al bachiller se quedasse a hazer penitencia con el; tuuo el bachiller el embite, quedose, 25 añadiose al ordinario vn par de pichones, tratose en la mesa de cauallerias, siguiole el humor Carrasco, acabose el banquete, durmieron la siesta, boluio Sancho y renouose la platica passada. 30
p. 72 Capitulo IV Donde Sancho Pança satisfaze al bachiller Sanson Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucessos dignos de saberse y de contarse. 5 Boluio Sancho a casa de don Quixote, y boluiendo al passado razonamiento, dixo: “A lo que el señor Sanson dixo que se desseaua saber quién, o cómo, o quándo se me hurtó el jumento, respondiendo digo, que la 10 noche misma que huyendo de la Santa Hermandad nos entramos en Sierra Morena, despues de la auentura sin ventura de los galeotes, y de la del difunto que lleuauan a Segouia, mi señor y yo nos metimos entre vna espesura, 15 adonde mi señor, arrimado a su lança, y yo sobre mi ruzio, molidos y cansados de las passadas refriegas, nos pusimos a dormir como si fuera sobre quatro colchones de pluma; especialmente yo dormi con tan pesado sueño, que 20 quienquiera que fue tuuo lugar de llegar y suspenderme sobre quatro estacas que puso a los quatro lados de la albarda, de manera, que me dexó a cauallo sobre ella y me sacó debaxo de mi al ruzio, sin que yo lo sintiesse.” 25 “Esso es cosa facil”, [dixo Sanson], “y no acontecimiento nueuo; que lo mesmo le sucedio a Sacripante quando, estando en el cerco de Albraca, con essa misma inuencion le sacó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 73 el cauallo de entre las piernas aquel famoso ladron llamado Brunelo (*).” “Amanecio”, prosiguio Sancho, “y apenas me huue estremecido, quando, faltando las estacas, di conmigo en el suelo vna gran caida, 5 miré por el jumento y no le vi, acudieronme lagrimas a los ojos y hize vna lamentacion, que si no la puso el autor de nuestra historia, puede hazer cuenta que no puso cosa buena. Al cabo de no se quántos dias, viniendo con la 10 señora princesa Micomicona, conoci mi asno, y que venia sobre el en habito de gitano aquel Gines de Passamonte, aquel embustero y grandissimo maleador (*) que quitamos mi señor y yo de la cadena.” 15 “No está en esso el yerro”, replicó Sanson, “sino en que antes de auer parecido el jumento, dize el autor que yua a cauallo Sancho en el mesmo ruzio.” “A esso”, dixo Sancho, “no se qué responder, 20 sino que el historiador se engañó o ya seria descuido del impressor.” “Assi es, sin duda”, dixo Sanson, “pero, ¿qué se hizieron los cien escudos?; ¿deshizieronse?” Respondio Sancho: 25 “Yo los gasté en pro de mi persona y de la de mi muger y de mis hijos, y ellos han sido causa de que mi muger lleue en paciencia los caminos y carreras que he andado siruiendo a mi señor don Quixote; que si al cabo de tanto 30 tiempo boluiera sin blanca y sin el jumento a mi casa, negra ventura me esperaua; y si ay
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 mas que saber de mi, aqui estoy, que respondere al mesmo rey en presona, y nadie tiene para qué meterse en si truxe o no truxe, si gasté o no gasté; que si los palos que me dieron en estos viages se huuieran de pagar a dinero, aunque 5 no se tassaran sino a quatro marauedis cada vno, en otros cien escudos no auia para (*) pagarme la mitad; y cada vno meta la mano en su pecho y no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo negro por blanco; que cada vno es 10 como Dios le hizo, y aun peor muchas vezes.” “Yo tendre cuidado”, dixo Carrasco, “de acusar al autor de la historia que si otra vez la imprimiere, no se le oluide esto que el buen Sancho ha dicho, que sera realçarla vn buen 15 coto mas de lo que ella se está (*).” “¿Ay otra cosa que enmendar en essa leyenda, señor bachiller?”, preguntó don Quixote. “Si deue de auer”, respondio el; “pero ninguna deue de ser de la importancia de las ya 20 referidas.” “Y ¿por ventura”, dixo don Quixote, “promete el autor segunda parte?” “Si promete”, re[s]pondio Sanson; “pero dize que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y, assi, 25 estamos en duda si saldra o no; y, assi, por esto, como porque algunos dizen: «Nunca segundas »partes fueron buenas», y otros: «De las cosas de »don Quixote bastan las escritas», se duda que no ha de auer segunda parte, aunque algunos 30 que son mas jouiales que saturninos dizen: «Vengan mas quixotadas, embista don Quixote,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 75 »y hable Sancho Pança, y sea lo que fuere; que »con esso nos contentamos».” “Y ¿a qué se atiene el autor?” “A que”, respondio Sanson, “en hallando que halle (*) la historia que el va buscando con 5 extraordinarias diligencias, la dara luego a la estampa, lleuado mas del interes que de darla se le sigue, que de otra alabança alguna.” A lo que dixo Sancho: “¿Al dinero y al interes mira el autor? 10 Marauilla sera que acierte, porque no hara sino harbar, harbar como sastre en visperas de pasquas, y las obras que se hazen a priessa nunca se acaban con la perfecion que requieren; atienda esse señor moro, o (*) lo que es, a mirar lo que 15 haze; que yo y mi señor le daremos tanto ripio a la mano en materia de auenturas y de sucessos diferentes, que pueda componer no solo segunda parte, sino ciento; deue de pensar el buen hombre, sin duda, que nos dormimos 20 aqui en las pajas; pues tenganos el pie al herrar y vera del que cosqueamos. Lo que yo se dezir es que si mi señor tomasse mi consejo, ya auiamos de estar en essas campañas deshaziendo agrauios y endereçando tuertos, como es 25 vso y costumbre de los buenos andantes caualleros.” No auia bien acabado de dezir estas razones Sancho, quando llegaron a sus oidos relinchos de Rozinante, los quales relinchos tomó don 30 Quixote por felicissimo aguero, y determinó de hazer de alli a tres o quatro dias otra salida, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 declarando su intento al bachiller, le pidio consejo por qué parte començaria su jornada; el qual le respondio que era su parecer que fuesse al reyno de Aragon y a la ciudad de Zaragoça (*), adonde de alli a pocos dias se auian de hazer 5 vnas solenissimas justas por la fiesta de San Iorge, en las quales podria ganar fama sobre todos los caualleros aragonesses, que seria ganarla sobre todos los del mundo. Alabole ser honradissima y valentissima su determinacion, 10 y aduirtiole que anduuiesse mas atentado en acometer los peligros, a causa que su vida no era suya, sino de todos aquellos que le auian de menester para que los amparasse y socorriesse en sus desuenturas. 15 “Desso es lo que yo reniego, señor Sanson”, dixo a este punto Sancho; “que assi acomete mi señor a cien hombres armados, como vn muchacho goloso a media dozena de badeas; ¡cuerpo del mundo, señor bachiller, si, que tiempos 20 ay de acometer, y tiempos de retirar; si (*), no ha de ser todo «Santiago, y cierra, España!» Y mas, que yo he oido dezir, y creo que a mi señor mismo, si mal no me acuerdo, que en (*) los estremos de cobarde y de temerario está el 25 medio de la valentia, y si esto es assi, no quiero que huya sin tener para qué, ni que acometa quando la demasia pide otra cosa; pero, sobre todo, auiso a mi señor que si me ha de lleuar consigo, ha de ser con condicion que el se lo ha 30 de batallar todo, y que yo no he de estar obligado a otra cosa que a mirar por su persona en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 77 lo que tocare a su limpieza y a su regalo; que en esto yo le bailaré el agua delante; pero pensar que tengo de poner mano a la espada, aunque sea contra villanos malandrines de acha y capellina (*), es pensar en lo escusado. Yo, 5 señor Sanson, no pienso grangear fama de valiente, sino del mejor y mas leal escudero que jamas siruio a cauallero andante; y si mi señor don Quixote, obligado de mis muchos y buenos seruicios, quisiere darme alguna insula de 10 las muchas que su merced dize que se ha de topar por ay, recibire mucha merced en ello; y quando no me la diere, nacido soy (*), y no ha de viuir el hombre en oto (*) de otro, sino de Dios, y mas, que tan bien, y aun quiça mejor, 15 me sabra el pan desgouernado que siendo gouernador. Y ¿se yo, por ventura, si en essos gouiernos me tiene aparejada el diablo alguna çancadilla donde tropiece y caiga y me haga las muelas (*)? Sancho naci y Sancho pienso 20 morir; pero si con todo esto, de buenas a buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me deparasse el cielo alguna insula o otra cosa semejante, no soy tan necio que la desechasse; que tambien se dize: «quando te dieren la 25 »baquilla, corre con la soguilla», y «quando viene »el bien, metelo en tu casa».” “Vos, hermano Sancho”, dixo Carrasco, “aueis hablado como vn cathedratico; pero con todo esso confiad en Dios y en el señor don Quixote, 30 que os ha de dar vn reyno, no que (*) vna insula.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78 “Tanto es lo demas como lo de menos”, respondio Sancho; “aunque sé dezir al señor Carrasco, que no echará mi señor el reyno que me diera en (*) saco roto; que yo he tomado el pulso a mi mismo, y me hallo con salud para 5 regir reynos y gouernar insulas, y esto ya otras vezes lo he dicho a mi señor.” “Mirad, Sancho”, dixo Sanson, “que los oficios mudan las costumbres, y podria ser que, viendoos gouernador, no conociessedes a la 10 madre que os pario.” “Esso alla se ha de entender”, respondio Sancho, “con los que nacieron en las maluas (*), y no con los que tienen sobre el alma quatro dedos de enjundia de christianos viejos como 15 yo los tengo: ¡no, sino llegaos a mi condicion, que sabra vsar de desagradecimiento con alguno!” “Dios lo haga”, dixo don Quixote, “y ello dira quando el gouierno venga; que ya me 20 parece que le trayo entre los ojos.” Dicho esto, rogo al bachiller que, si era poeta, le hiziesse merced de componerle vnos versos que tratassen de la despedida que pensaua hazer de su señora Dulcinea del Toboso, y que 25 aduirtiesse que en el principio de cada verso auia de poner vna letra de su nombre, de manera, que al fin de (*) los versos, juntando las primeras letras, se leyesse Dulcinea del Toboso. 30 El bachiller respondio que puesto que el no era de los famosos poetas que auia en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 79 España, que dezian que no eran sino tres y medio, que no dexaria de componer los tales metros, aunque hallaua vna dificultad grande en su composicion a causa que las letras que contenian el nombre eran diez y siete, y que si 5 hazia quatro castellanas de a quatro versos, sobrara vna letra, y si de a cinco, a quien llaman dezimas o redondillas (*), faltauan tres letras; pero con todo esso procuraria embeuer vna letra lo mejor que pudiesse, de manera, que 10 en las quatro castellanas se incluyesse el nombre de Dulcinea del Toboso. “Ha de ser assi en todo caso”, dixo don Quixote; “que si alli no va el nombre patente y de manifiesto, no ay muger que crea que para 15 ella se hizieron los metros.” Quedaron en esto y en que la partida seria de alli a ocho dias; encargó don Quixote al bachiller la tuuiesse secreta, especialmente al cura y a maesse Nicolas y a su sobrina y al 20 ama, porque no estoruassen su honrada y valerosa determinacion; todo lo prometio Carrasco. Con esto se despidio, encargando a don Quixote que de todos sus buenos o malos sucessos le auisasse, auiendo comodidad, y, assi, 25 se despidieron, y Sancho fue a poner en orden lo necessario para su jornada.
p. 80 Capitulo V De la discreta y graciosa platica que passó entre Sancho Pança y su muger Teresa Pança, y otros sucessos dignos de felice recordacion. 5 Llegando a escriuir el traductor desta historia este quinto capitulo, dize que le tiene por apocrifo, porque en el habla Sancho Pança con otro estilo del que se podia prometer de su corto ingenio, y dize cosas tan sutiles, que no 10 tiene por possible que el las supiesse; pero que no quiso dexar de traduzirlo, por cumplir con lo que a su oficio deuia, y, assi, prosiguio diziendo: Llegó Sancho a su casa tan regozijado y 15 alegre, que su muger conocio su alegria a tiro de ballesta, tanto, que la obligó a preguntarle: “¿Qué trae[i]s (*), Sancho amigo, que tan alegre venis?” A lo que el respondio: 20 “Muger mia, si Dios quisiera, bien me holgara yo de no estar tan contento como muestro.” “No os entiendo, marido”, replicó ella, “y no se qué quereis dezir en esso de que os holgaredes, si Dios quisiera, de no estar contento; 25 que maguer (*) tonta, no se yo quién recibe gusto de no tenerle.” “Mirad, Teresa”, respondio Sancho: “yo estoy alegre porque tengo determinado de boluer a seruir a mi amo don Quixote, el qual quiere la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 81 vez tercera (*) salir a buscar las auenturas, y yo bueluo a salir con el porque lo quiere assi mi necessidad, junto con la esperança que me alegra de pensar si podre hallar otros cien escudos como los ya gastados, puesto que me 5 entristeze el auerme de apartar de ti y de mis hijos; y si Dios quisiera darme de comer a pie enxuto y en mi casa, sin traerme por vericuetos y encrucijadas, pues lo podia hazer a poca costa y no mas de quererlo, claro está que mi 10 alegria fuera mas firme y valedera, pues que la que tengo va mezclada con la tristeza del dexarte; assi, que dixe bien que holgara, si Dios quisiera, de no estar contento.” “Mirad, Sancho”, replicó Teresa; “despues 15 que os hizistes miembro de cauallero andante, hablais de tan rodeada manera, que no ay quien os entienda.” “Basta que me entienda Dios, muger”, respondio Sancho, “que El es el entendedor de 20 todas las cosas, y quedese esto aqui; y aduertid, hermana, que os conuiene tener cuenta estos tres dias con el ruzio, de manera, que esté para armas tomar (*); dobladle los piensos, requerid la albarda y las demas xarcias, porque no vamos 25 a bodas, sino a rodear el mundo, y a tener dares y tomares con gigantes, con endriagos y con vestiglos, y a oyr siluos, rugidos, bramidos y baladros, y aun todo esto fuera flores de cantueso, si no tuuieramos que entender con 30 yanguesses y con moros encantados.” “Bien creo yo, marido”, replicó Teresa, “que,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 los escuderos andantes no comen el pan de valde, y, assi, quedaré rogando a nuestro Señor os saque presto de tanta mala ventura.” “Yo os digo, muger”, respondio Sancho, “que si no pensasse antes de mucho tiempo 5 verme gouernador de vna insula, aqui me caeria muerto.” “Esso no, marido mio”, dixo Teresa; “viua la gallina, aunque sea con su pepita; viuid vos, y lleuese el diablo quantos gouiernos ay en el 10 mundo. Sin gouierno salistes del vientre de vuestra madre, sin gouierno aueys viuido hasta aora, y sin gouierno os yreys o os lleuarán a la sepultura quando Dios fuere seruido. Como essos ay en el mundo que viuen sin gouierno, 15 y no por esso dexan de viuir y de ser contados en el numero de las gentes. La mejor salsa del mundo es la hambre, y como esta no falta a los pobres, siempre comen con gusto. Pero mirad, Sancho, si por ventura os vieredes con 20 algun gouierno, no os oluideys de mi y de vuestros hijos. Aduertid que Sanchico tiene ya quinze años cabales, y es razon que vaya a la escuela, si es que su tio, el abad, le ha de dexar hecho de la Iglesia. Mirad tambien que 25 Mari Sancha, vuestra hija, no se morira si la casamos, que me va dando barruntos que dessea tanto tener marido como vos desseays veros con gouierno, y en fin en fin (*), mejor parece la hija mal casada que bien 30 abarraganada.” “A buena fe”, respondio Sancho, “que si
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 83 Dios me llega a tener algo que (*) de gouierno, que tengo de casar, muger mia, a Mari Sancha tan altamente que no la alcancen sino con llamarla señor[i]a.” “Esso no, Sancho”, respondio Teresa; 5 “casadla con su ygual, que es lo mas acertado; que si de los çuecos la sacays a chapines y de saya parda de catorzeno a verdugado y saboyanas de seda, y de vna Marica y vn tu a vna doña tal y señoria, no se ha de hallar la 10 mochacha y a cada paso ha de caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grossera.” “Calla, boba”, dixo Sancho, “que todo sera vsarlo dos o tres años; que despues le vendra 15 el señorio y la grauedad como de molde, y quando no, ¿qué importa? Sease ella señoria y venga lo que viniere.” “Medios, Sancho, con vuestro estado”, respondio Teresa, “no os querays alçar a mayores 20 y aduertid al refran que dize: al hijo de tu vezino limpiale las narizes y metele en tu casa. Por cierto que seria gentil cosa casar a nuestra Maria con vn condazo, o con [vn] cauallerote que quando se le antojase la pusiesse como 25 nueua, llamandola de villana, hija del destripaterrones y de la pelaruecas. ¡No en mis dias, marido; para esso por cierto he criado yo a mi hija! Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dexadlo a mi cargo; que ai está Lope Tocho, el 30 hijo de Iuan Tocho, moço rollizo y sano, y que le conocemos, y se que no mira de mal ojo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 la mochacha, y con este que es nuestro ygual estara bien casada, y le tendremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos vnos, padres y hijos, nietos y yernos, y andara la paz y la bendicion de Dios entre todos nosotros, y no 5 casarmela vos aora en essas cortes y en essos palacios grandes, adonde ni a ella la entiendan ni ella se entienda.” “Ven aca, bestia y muger de Barrabas”, replicó Sancho; “¿por qué quieres tu aora, sin 10 qué ni para qué, estoruarme que no case a mi hija con quien me de nietos que se llamen señoria? Mira, Teresa, siempre he oydo dezir a mis mayores que el que no sabe gozar de la ventura quando le viene, que no se deue quexar 15 si se le passa. Y no seria bien que, aora que está llamando a nuestra puerta, se la cerremos; dexemonos lleuar deste viento fauorable que nos sopla.” (Por este modo de hablar y por lo que mas abaxo dize Sancho, dixo el 20 tradutor desta historia que tenia por apocrifo este capitulo.) “¿No te parece, animalia”, prosiguio Sancho, “que sera bien dar con mi cuerpo en algun gouierno prouechoso que nos saque el pie del 25 lodo? Y casesse (*) a Mari Sancha con quien yo quisiere, y veras como te llaman a ti doña Teresa Pança, y te sientas en la iglesia sobre alcatifa, almohadas y arambeles, a pesar y despecho de las hidalgas del pueblo. No, sino 30 estaos siempre en vn ser, sin crecer ni menguar, como figura de paramento, y en esto no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 85 hablemos mas, que Sanchica ha de ser condessa, aunque tu mas me digas (*).” “¿Veis quanto dezis, marido?”, respondio Teresa. “Pues con todo esso temo que este condado de mi hija ha de ser su perdicion; 5 vos hazed lo que quisieredes, ora la hagays duquessa o princessa; pero seos dezir que no sera ello con voluntad ni consentimiento mio. Siempre, hermano, fuy amiga de la ygualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa 10 me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras, ni cortapisas, ni arrequiues de dones ni donas; Cascajo se llamó mi padre, y a mi, por ser vuestra muger, me llaman Teresa Pança, que a buena razon me 15 auian de llamar Teresa Cascajo. Pero alla van reyes do quieren leyes, y con este nombre me contento, sin que me le pongan vn don encima que pese tanto, que no le pueda lleuar, y no quiero dar que dezir a los que me vieren andar 20 vestida a lo condesil o a lo de gouernadora, que luego diran: «¡Mirad que entonada va la »pazpuerca (*): ayer no se hartaua de estirar de »vn copo de estopa, y yua a missa cubierta la »cabeça con la falda de la saya en lugar de 25 »manto, y ya oy va con verdugado, con broches y con »entono, como si no la conociessemos!» Si Dios me guarda mis siete o mis cinco sentidos, o los que tengo, no pienso dar ocasion de verme en tal aprieto. Vos, hermano, ydos a ser gouierno 30 o insulo, y entonaos a vuestro gusto; que mi hija ni yo por el siglo de mi madre que no nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 hemos de mudar vn paso de nuestra aldea: la muger honrada, la pierna quebrada y en casa; y la donzella honesta, el hazer algo es su fiesta; ydos con vuestro don Quixote a vuestras auenturas y dexadnos a nosotras con nuestras 5 malas venturas; que Dios nos las mejorará como seamos buenas. Y yo no se por cierto quién le puso a el don que no tuuieron sus padres ni sus aguelos.” “Aora digo”, replicó Sancho, “que tienes 10 algun familiar en esse cuerpo. ¡Valate Dios, la muger, y qué de cosas has ensartado vnas en otras, sin tener pies ni cabeça! ¿Qué tiene que ver el Cascajo, los broches, los refranes y el entono con lo que yo digo? Ven acá, mentecata 15 e ignorante, que assi te puedo llamar, pues no entiendes mis razones y vas huyendo de la dicha. Si yo dixera que mi hija se arrojara de vna torre abaxo, o que se fuera por essos mundos, como se quiso yr la infanta doña Vrraca (*), 20 tenias razon de no venir con mi gusto; pero si en dos paletas y en menos de vn abrir y cerrar de ojos te la chanto vn don y vna señoria acuestas, y te la saco de los rastrojos, y te la pongo en toldo y en peana y en vn estrado de 25 mas almohadas de velludo, que tuuieron moros en su linage los Almohadas de Marruecos, ¿por qué no has de consentir y querer lo que yo quiero?” “¿Sabeys por qué, marido?”, respondio Teresa: 30 “por el refran que dize: Quien te cubre te descubre. Por el pobre todos passan los ojos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 87 como de corrida, y en el rico los detienen, y si el tal rico fue vn tiempo pobre, alli es el murmurar, y el mal dezir, y el peor perseuerar de los maldizientes, que los ay por essas calles a montones, como enxambres de abejas.” 5 “Mira, Teresa”, respondio Sancho, “y escucha lo que agora quiero dezirte, quiça no lo auras oydo en todos los dias de tu vida, y yo agora no hablo de mio; que todo lo que pienso dezir son sentencias del padre predicador que 10 la quaresma passada predicó en este pueblo, el qual, si mal no me acuerdo, dixo que todas las cosas presentes que los ojos estan mirando se presentan, estan y assisten en nuestra memoria mucho mejor y con mas vehemencia 15 que las cosas passadas.” (Todas estas razones que aqui va diziendo Sancho son las segundas por quien dize el tradutor que tiene por apocrifo este capitulo, que exceden a la capacidad de Sancho. El qual prosiguio diziendo:) “De 20 donde nace que quando vemos alguna persona bien adereçada y con ricos vestidos compuesta y con ponpa (*) de criados, parece que por fuerça nos mueue y combida a que la tengamos respeto, puesto que la memoria en aquel 25 instante nos represente alguna baxeza en que vimos a la tal persona; la qual inominia, aora sea de pobreza, o de linage, como ya passó, no es, y solo es lo que vemos presente. Y si este a quien la fortuna sacó del borrador de 30 su baxeza --que por estas mesmas razones lo dixo (*) el padre--, a la alteza de su prosperidad,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88 fuere bien criado, liberal y cortés con todos, y no se pusiere en cuentos con aquellos que por antiguedad son nobles, ten por cierto, Teresa, que no aura quien se acuerde de lo que fue, sino que reuerencien lo que es, si no 5 fueren los inuidiosos, de quien ninguna prospera fortuna está segura.” “Yo no os entiendo, marido”, replicó Teresa; “hazed lo que quisieredes y no me quebreys mas la cabeça con vuestras arengas y retoricas. 10 Y si estays rebuelto en hazer lo que dezys...” “Resuelto has de dezir, muger”, dixo Sancho, “y no rebuelto.” “No os pongays a disputar, marido, conmigo”, respondio Teresa; “yo hablo como Dios es 15 seruido y no me meto en mas dibuxos; y digo, que si estays porfiando en tener gouierno, que lleueys con vos a vuestro hijo Sancho, para que desde agora le enseñeys a tener gouierno; que bien es que los hijos hereden y aprendan 20 los oficios de sus padres.” “En teniendo gouierno”, dixo Sancho, “embiaré por el por la posta, y te embiaré dineros que no me faltarán, pues nunca falta quien se los preste a los gouernadores quando no los 25 tienen, y vistele de modo que dissimule lo que es y parezca lo que ha de ser.” “Embiad vos dinero”, dixo Teresa, “que yo os lo vistire como vn palmito.” “En efecto, ¿quedamos de acuerdo”, dixo 30 Sancho, “de que ha de ser condessa nuestra hija?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 89 “El dia que yo la viere condessa”, respondio Teresa, “esse hare cuenta que la entierro; pero otra vez os digo que hagays lo que os diere gusto; que con esta carga nacemos las mugeres de estar obedientes a sus maridos aunque 5 sean vnos porros.” Y, en esto, començo a llorar tan de veras como si ya viera muerta y enterrada a Sanchica. Sancho la consolo diziendole que ya que la huuiesse de hazer condessa, la haria todo lo 10 mas tarde que ser pudiesse. Con esto se acabó su platica, y Sancho boluio a ver a don Quixote para dar orden en su partida.
p. 90 Capitulo VI De lo que le passó a don Quixote con su sobrina y con su ama, y es vno de los importantes capitulos de toda la historia. En tanto que Sancho Pança y su muger Teresa 5 Cascajo passaron la impertinente referida platica, no estauan ociosas la sobrina y el ama de don Quixote, que por mil señales yuan coligiendo que su tio y señor queria desgarrarse la vez tercera y boluer al exercicio de su, para 10 ellas, mal andante caualleria; procurauan por todas las vias possibles aparta[r]le de tan mal pensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frio. Con todo esto, entre otras muchas razones que con el passaron, le 15 dixo el ama: “En verdad, señor mio, que si vuessa merced no afirma el pie llano y se está quedo en su casa y se dexa de andar por los montes y por los valles como anima en pena, buscando essas 20 que dizen que se llaman auenturas, a quien yo llamo desdichas, que me tengo de quexar en voz y en grita a Dios y al rey, que pongan remedio en ello.” A lo que respondio don Quixote: 25 “Ama, lo que Dios respondera a tus quexas yo no lo se, ni lo que ha de responder su magestad tan poco, y solo se que si yo fuera rey, me escusara de responder a tanta infinidad de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 91 memoriales impertinentes como cada dia le dan; que vno de los mayores trabajos que los reyes tienen entre otros muchos es el estar obligados a escuchar a todos y a responder a todos, y, assi, no querria yo que cosas mias le 5 diessen pesadumbre.” A lo que dixo el ama: “Diganos, señor, ¿en la corte de su magestad no ay caualleros?” “Si”, respondio don Quixote, “y muchos, y 10 es razon que los aya para adorno de la grandeza de los principes y para ostentacion de la magestad real.” “Pues ¿no seria vuessa (*) merced”, replicó ella, &