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Índice
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE DE LA MANCHA
TOMO III
[con notas]
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE
DE LA MANCHA
TOMO III
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
GRÁFICAS REUNIDAS, S. A.
M. CM. XXXV.
p. 4
p. 5
Advertencia preliminar
La impresión del texto de la primera edición
de la Segunda Parte de Don Quijote no resultó
tan descuidada y deficiente como la de la
Primera Parte de 1605, aunque ni el papel ni
el tipo resulten mayormente recomendables.
Desde el principio se notan letras rotas o caídas;
entre aquéllas figuran t, f, la s larga (),
n y u; hay confusión entre e y c, r y t; la
paginación está errada en bastantes ocasiones; la
puntuación en casi todas partes es execrable,
no obstante mostrar discreción al servirse de
los signos ortográficos en alguno que otro
pasaje difícil. Por consiguiente, es raro que
se pueda apelar al original para determinar
el sentido de la frase por medio de la puntuación
primitiva. En la Primera Parte se lee más
Vuestra Merced (además de v. m. sin resolver),
y en la Segunda, Vuessa Merced (al lado de
v. merced y v. m.). Habiendo optado por Vuestra
Merced al disolver v. m. en la Parte I, he
seguido este mismo sistema en la Parte II (*). A
menudo se presentaba la tentación de
enmendar pequeños defectos de lenguaje en el
original, y muchos editores lo han hecho sin
indicar el cambio; pero he de insistir que el
resultado así conseguido no representa el texto
__________
(*) En la segunda mitad de la Parte II, es
decir en el Tomo IV, R. Schevill cambió de
parecer y optó por vuessa merced para disolver
la abreviatura v.m. Para que concuerden los
dos tomos de la Parte II, he resuelto esta
abreviatura en este Tomo III en vuessa merced.
F.J.
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 6
de Cervantes. Para no abultar demasiadamente
estos volúmenes no me he explayado en el
comentario de términos, frases o nombres ya
tratados por otros editores. Tampoco he incluido
voces y giros registrados por el diccionario
académico. Las abreviaturas se resuelven como
en los demás tomos. No hago caso de variantes,
omisiones ni adiciones caprichosas de las
ediciones posteriores a la muerte de Cervantes,
a menos que tengan especial importancia para
aclarar el texto.
La Segunda Parte no ofrece ningunas
dificultades que desenredar de tanta monta como
la Primera, vbgr., la pérdida del rucio y su
hallazgo, ambos sin explicar, o los pasajes
viciados por omisiones o trastornos de frases
enteras. El problema que más ha dado que
conjeturar a los cervantistas, y que todavía queda
en pie a pesar de sus esfuerzos, es la solución
del misterio que nos encubre el verdadero
nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, autor
del falso Quijote, de aquel que dizen que se
engendró en Tordesillas, y nació en Tarragona.
¿Quién era este escritor, y de qué modo se
relacionaba su existencia con la de Cervantes?
Se cree, por lo común, que Cervantes no llegó
nunca a conocer al historiador fingido; si supiese
quién fuera, se hace difícil de interpretar
su silencio sobre el caso. ¿Sería posible que no
quisiera mentarle para no embrollarse con él,
ni andar en dares y tomares con el mundo
malicioso de los literatos? Se ha exagerado
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 7
mucho la importancia de la identidad del
supuesto autor, y no es probable que el saber
su nombre nos explique jamás las semejanzas
notables entre ciertos rasgos de su libro y
algunos de la Segunda Parte de Cervantes.
Todas las conjeturas sobre Avellaneda, hasta
ahora divulgadas, han perdido terreno poco
a poco, y su verdadera persona se mantiene
todavía desconocida. En un artículo que acaba
de publicar D. Emilio Cotarelo en el Boletín de
la Academia Española (junio de 1934), el erudito
académico cree haber encontrado por fin en
Guillén de Castro al autor del falso Quijote. Si
no me equivoco, tampoco ha dado con la solución,
la cual necesita pruebas más terminantes
para convencernos y dispersar definitivamente
nuestras dudas. No siendo este prólogo el lugar
a propósito para refutar esta nueva hipótesis,
trataré de ella en otra ocasión.
En cuanto a la obra de Avellaneda, la crítica
hostil ha aflojado mucho su tono intolerante, y
promete cambiar todavía más hasta ver en el
desconocido novelista un escritor de dotes muy
apreciables. En el siglo XIX los críticos se
complacían en hallar en el Quijote de Avellaneda
una obra pornográfica y licenciosa, y, por lo
general, de pocos, o ningunos méritos. Pero
la única base de todo criterio recto en la
evaluación artística viene a ser una crítica
comparada, según la cual ha de señalarse el cambio
del gusto estético de estas materias. Es
evidente que el siglo XIX, en consecuencia de una
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 8
sensibilidad falsa y pasajera, veía en las
páginas de Avellaneda aspectos censurables en
los cuales ya no se hace tanto hincapié ahora.
Si algunos escritores de dicho siglo encontraban
en el novelista tordesillesco fealdades
que levantaban el estómago en cada página
(M. y P.), ¿qué dirían de la tendencia franca y
sobremanera naturalista de ciertos novelistas
modernos? Toda crítica ha de ser relativa, y,
por lo tanto, nos inclinamos hoy día a reconocer
que hay en Avellaneda muchas vulgaridades,
una nota prosaica, monotonía en los episodios,
ocasionada por falta de invención, lo
cual tiende a fatigar al lector. El desconocido
autor carece, sobre todo, de esa cualidad
luminosa del genio de Cervantes. Pero llegamos a
tal conclusión solamente después de una
comparación imprescindible del lenguaje, del
contenido y del arte de Avellaneda con las
bellezas eternas de la obra del más grande de los
literatos españoles.
En cambio, juzgada por sí sola la novela
de Avellaneda, sería un dislate manifiesto no
querer admitir que hay en ella muchos rasgos
admirables. Desde luego, lejos de estar toda la
obra llena de episodios groseros y brutales,
está escrita en un castellano vigoroso, con
estilo claro, y sin tacha ni de culteranismo, ni
de retórica falsa. Si Avellaneda se deja
arrastrar algunas veces por su humor espontáneo
--por otro lado, casi siempre sano-- a proferir
una palabra o un pensamiento arriesgado,
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 9
o si se deja vencer por el mal gusto hasta
pintarnos, una sola vez, una escena realmente
atrevida, y aun ofensiva (cuento del Rico
desesperado), hay que advertir, con plena justicia,
que esto sucede en contadísimas páginas, y,
que además, por supuesto, no causa mayor
efecto en el paladar del lector acostumbrado
a las producciones modernas. Nos preguntamos
hoy si no sería la novela alguna composición
de los años juveniles o estudiantiles del autor
desconocido. Hasta el humor quevedesco, los
chistes francos y la risa estrepitosa nos llevan
a tal conclusión. Lo que parece poco menos
que milagroso es que el autor no hubiese
escrito más obra que ésta. Y, sin embargo, ni su
estilo ni su contenido, recuerdan los de ningún
otro escritor coetáneo.
Con este tomo y el que ha de seguir pronto
termino el comentario a las obras de Cervantes.
Han de finalizar la colección un índice y
una breve memoria acerca de la vida del gran
autor. Durante los muchos años consagrados
al trabajo de dilucidar sus escritos, me he
atrevido a abrigar una sola esperanza: la de que
se haya adelantado algo en el establecimiento
de un texto fidedigno de sus obras completas.
Al terminar la faena laboriosa de comentarista
(ocupación por lo común despreciada), no me
hago la ilusión de haber publicado estos
volúmenes cervantinos sin muchos defectos, que
son de lamentar, ni numerosas equivocaciones,
que nadie querrá disculpar. No me ha de valer
ADVERTENCIA PRELIMINAR p. 10
el que todo estudio de lenguaje sea difícil, ni
que no hubiera bastado una vida entera dedicada
a pesquisas y averiguaciones para dar con
la verdad en cada caso. Para tratar del sentido
de las voces o de los giros usados en tiempos
lejanos, todo investigador se ve obligado, a
menudo, a discurrir sobre lo que en realidad
no entiende; y para llevar a cabo semejante
empresa hay que tener en cuenta la prisa
ineludible y el desmayarse de las fuerzas:
condiciones de una obra que tiene afinidad, según
una comparación de Escalígero, con la faena
de laborear las minas y el trabajo del yunque.
Para nada sirve alegar inadvertencias causadas
por rutinarios deberes del día, ni olvidos
producidos por traiciones de la memoria en el
momento de mayor urgencia. Se nos escapa hoy
lo que se sabía ayer y que se recordará, sin ser
llamado, mañana. ¡Felices los que sean escogidos
para proseguir una labor tan espiritualmente
grata con la seguridad de poderla dejar
mejorada en tercio y quinto con sus esfuerzos!
Me tendré por afortunado si para el edificio
que ellos levanten se vieran necesitados a
utilizar algunas de las piedras por mí allegadas.
R. S.
Berkeley, otoño de 1934.
p. 11
SEGVNDA PARTE
DEL INGENIOSO
CAVALLERO DON
QVIXOTE DE LA
MANCHA
Por Miguel de Ceruantes Saauedra,
autor de su primera parte
Dirigida a don Pedro Fernandez de Castro, Conde de
Lemos (*), de Andrade y de Villalua, Marques de
Sarria, Gentilhombre de la Camara de Su Magestad,
Comendador de la Encomienda de Peñafiel, y la Zarça
de la Orden de Alcantara, Virrey, Gouernador
y Capitan General del Reyno de Napoles,
y Presidente del Supremo Consejo
de Italia.
Escudo del impresor:
una mano, sobre
la cual hay un
halcón, puesto el
Año capirote; debajo, 1615
un león echado; la
leyenda dice: Post
tenebras spero
lvcem.
CON PRIVILEGIO
__________________________________________________
EN MADRID, por Iuan de la Cuesta.
Vendese en casa de Francisco de Robles,
librero del Rey nuestro señor.
p. 12
p. 13
TASSA
Yo, Hernando de Vallejo, Escriuano de Camara
del Rey nuestro señor, de los que residen
en su Consejo, doy fe: que auiendose visto
por los señores del vn libro que compuso 5
Miguel de Ceruantes Saauedra, intitulado don
Quixote de la Mancha, segunda parte, que con
licencia de su Magestad fue impresso, le
tassaron a quatro marauedis cada pliego en papel,
el qual tiene setenta y tres pliegos, que al 10
dicho respeto suma y monta docientos y
nouenta y dos marauedis, y mandaron que esta
tassa se pon[g]a (*) al principio de cada volumen
del dicho libro, para que se sepa y entienda,
lo que por el se ha de pedir, y lleuar, sin 15
que se exceda en ello en manera alguna, como
consta y parece por el auto y decreto orig[i]nal
sobre ello dado, y que queda en mi poder, a
que me refiero, y de mandamiento de los
dichos señores del Consejo, y de pedimiento de 20
la parte del dicho Miguel de Ceruantes di esta
fee en Madrid, a veynte y vno dias del mes de
otubre de (*) mil y seis cientos y quinze años.
Hernando de Vallejo.
p. 14
FEE DE ERRATAS
Vi este libro intitulado Segunda parte de don
Quixote de la Mancha, compuesto por Miguel
de Ceruantes Saauedra, y no ay en el cosa
digna de notar que no corresponda a su original. 5
Dada en Madrid a veynte y vno de otubre,
mil y seiscientos y quinze.
El Licenciado Francisco Murcia de la Llana (*).
p. 15
APROVACION
Por comission y mandado de los señores del
Consejo, he hecho ver el libro contenido en
este memorial; no contiene cosa contra la fe
ni buenas costumbres, antes es libro de mucho 5
entretenimiento licito, mezclado de mucha
Filosofia moral; puedesele dar licencia para
imprimirle.
En Madrid, a cinco de nouiembre de mil
seyscientos y quinze. 10
Doctor Gutierre de Cetina (*).
p. 16
p. 17
APROVACION
Por comission y mandado de los señores del
Consejo he visto la segunda parte de don
Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes
Saauedra; no contiene cosa contra nuestra 5
santa fe catolica, ni buenas costumbres: antes
muchas de honesta recreacion y apazible
diuertimiento, que los antiguos juzgaron conuenientes
a sus Republicas, pues aun [en] la seuera de
los Lacedemonios leuantaron estatua a la risa, 10
y los de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo
dize Pausanias, referido de Bosio, lib. 2 de
signis Eccles., cap. 10, alentando animos
marchitos y espiritus melancolicos, de que se
acordo Tulio en el primero de legibus, y el poeta 15
diziendo: Interpone tuis interdum gaudia (*)
curis (*), lo qual haze el autor mezclando las
veras a las burlas, lo dulce a lo prouechoso y
lo moral a lo faceto, dissimulando en el cebo
del donayre el ançuelo de la reprehension, y 20
cumpliendo con el acertado assunto en que
pretende la expulsion de los libros de Cauallerias,
pues con su buena diligencia mañosamente
a limpiado (*) de su contagiosa dolencia a
estos reynos. Es obra muy digna de su grande 25
ingenio, honra y lustre de nuestra nacion,
admiracion y inuidia de las estrañas. Este es mi
parecer, saluo, etc. En Madrid, a 17 de março
de 1615.
El M. Ioseph de Valdiuielso (*). 30
p. 18
p. 19
APROVACION
Por comission del señor Doctor Gutierre de
Cetina, vicario general desta villa de Madrid,
Corte de su Magestad, he visto este libro de la
segunda parte del Ingenioso Cauallero don 5
Quixote de la Mancha, por Miguel de Ceruantes
Saauedra, y no hallo en el cosa indigna de vn
christiano zelo ni que disuene de la decencia
deuida a buen exemplo, ni virtudes morales:
antes mucha erudicion y aprouechamiento, assi 10
en la continencia de su bien seguido assunto
para extirpar los vanos y mentirosos libros de
Cauallerias, cuyo contagio auia cundido mas de
lo que fuera justo, como en la lisura del
lenguage castellano, no adulterado con enfadosa y 15
estudiada afectacion, vicio con razon aborrecido
de hombres cuerdos, y en la correcion de
vicios que generalmente toca, ocasionado de sus
agudos discursos, guarda con tanta cordura las
leyes de reprehension christiana, que aquel que 20
fuere tocado de la enfermedad que pretende
curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas
gustosamente aura beuido, quando menos lo
imagine, sin empacho ni asco alguno, lo
prouechoso de la detestacion de su vicio, con que 25
se hallará, que es lo mas dificil de conseguirse,
gustoso y reprehendido.
Ha auido muchos que por no auer sabido
templar ni mezclar a proposito lo vtil con lo
dulce han dado con todo su molesto trabajo en 30
APROVACION p. 20
tierra, pues no pudiendo imitar a Diogenes en
lo filosofo y docto, atreuida, por no dezir
licenciosa y desalumbradamente, le pretenden
imitar en lo cinico, entregandose a maldicientes,
inuentando casos que no passaron para hazer 5
capaz al vicio que tocan de su aspera
reprehension, y por ventura descubren caminos para
seguirle hasta entonces ignorados, con que
vienen a quedar, si no reprehensores, a lo
menos maestros del. Hazense odiosos a los bien 10
entendidos, con el pueblo pierden el credito, si
alguno tuuieron, para admitir sus escritos y los
vicios que arrojada e imprudentemente quisieren
corregir en muy peor estado que antes,
que no todas las postemas a vn mismo tiempo 15
estan dispuestas para admitir las recetas o
cauterios; antes algunos mucho mejor reciben las
blandas y suaues medicinas, con cuya aplicacion
el atentado y docto medico consigue el
fin de resoluerlas, termino que muchas vezes 20
es mejor que no el que se alcança con el rigor
del hierro.
Bien diferente han sentido de los escritos de
Miguel de Ceruantes assi nuestra nacion como
las estrañas, pues como a milagro dessean ver 25
el autor de libros que con general aplauso, assi
por su decoro y decencia como por la suauidad
y blandura de sus discursos han recebido España,
Francia, Italia, Alemania y Flandes (*).
Certifico con verdad que en veynte y cinco 30
de febrero deste año de seyscientos y quinze,
auiendo ydo el illustrissimo señor don Bernardo
APROVACION p. 21
de Sandoual y Rojas, cardenal arçobispo
de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su
Illustrissima hizo el embaxador de Francia, que
vino a tratar cosas tocantes a los casamientos
de sus principes y los de España, muchos 5
caualleros francesses de los que vinieron
acompañando al embaxador, tan corteses como
entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a
mi y a otros capellanes del cardenal mi señor,
desseosos de saber qué libros de ingenio 10
andauan mas validos, y tocando a caso en este
que yo estaua censurando, apenas oyeron el
nombre de Miguel de Ceruantes, quando se
començaron a hazer lenguas, encareciendo la
estimacion en que assi en Francia como en los 15
reynos sus confinantes, se tenian sus obras,
la Galatea, que alguno dellos tiene casi de
memoria la primera parte desta, y las Nouelas.
Fueron tantos sus encare[ci]mientos, que me
ofreci lleuarles que viessen el autor dellas, que 20
estimaron con mil demostraciones de viuos
desseos. Preguntaronme muy por menor su
edad, su profession, calidad y cantidad.
Halleme obligado a dezir que era viejo, soldado,
hidalgo y pobre, a que vno respondio estas 25
formales palabras:
Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy
rico y sustentado del erario publico?
Acudio otro de aquellos caualleros con este
pensamiento y con mucha agudeza, y dixo: 30
Si necessidad le ha de obligar a escriuir,
plega a Dios que nunca tenga abundancia para
APROVACION p. 22
que con sus obras, siendo el pobre, haga rico
a todo el mundo.
Bien creo que está, para censura, vn poco
larga, alguno dira que toca los limites de
lisongero elogio: mas la verdad de lo que 5
cortamente digo deshaze en el critico la sospecha y
en mi el cuydado; ademas que el dia de oy no
se lisongea a quien no tiene con que cebar el
pico del adulador que, aunque afectuosa y
falsamente dize de burlas, pretende ser remunerado 10
de veras. En Madrid, a veynte y siete de
febrero de mil y seyscientos y quinze.
El Licenciado Marquez Torres (*).
p. 23
PRIVILEGIO
Por quanto por parte de vos, Miguel de
Ceruantes Saauedra, nos fue fecha relacion que
auiades compuesto la segunda parte de don
Quixote de la Mancha, de la qual haziades 5
presentacion, y por ser libro de historia
agradable y honesta, y aueros costado mucho
trabajo y estudio, nos suplicastes os
mandassemos dar licencia para le poder imprimir y
priuilegio por veynte años, o como la nuestra 10
merced fuesse, lo qual visto por los del
nuestro Consejo, por quanto en el dicho libro se
hizo la diligencia que la prematica, por nos
sobre ello fecha, dispone, fue acordado que
deuiamos mandar dar esta nuestra cedula en 15
la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por
la qual vos damos licencia y facultad para que
por tiempo y espacio de diez años cumplidos
primeros siguientes, que corran y se cuenten
desde el dia de la fecha de esta nuestra cedula 20
en adelante, vos, o la persona que para ello
vuestro poder ouiere, y no otra alguna,
podais imprimir y vender el dicho libro que de
suso se haze mencion, y por la presente damos
licencia y facultad a qualquier impressor de 25
nuestros reynos que nombraredes para que
durante el dicho tiempo le pueda imprimir por
el original, que en el nuestro Consejo se vio
que va rubricado y firmado al fin de Hernando
de Vallejo, nuestro escriuano de Camara, y 30
PRIVILEGIO p. 24
vno de los que en el residen, con que antes y
primero que se venda lo traygais ante ellos,
juntamente con el dicho original, para que se
vea si la dicha impression está conforme a el,
o traygais fe en publica forma, como por 5
corretor por nos nombrado se vio y corrigio la
dicha impression por el dicho original, y mas
al dicho impressor que ansi imprimiere el
dicho libro no imprima el principio y primer
pliego del, ni entregue mas de vn solo libro 10
con el original al autor y persona a cuya costa
lo imprimiere, ni a otra alguna, para efecto de
la dicha correcion y tassa, hasta que antes y
primero el dicho libro esté corregido y tassado
por los del nuestro Consejo, y estando hecho, 15
y no de otra manera, pueda imprimir el dicho
principio y primer pliego, en el qual imediatamente
ponga esta nuestra licencia y la aprouacion,
tassa y erratas, ni lo podais vender, ni
vendais vos ni otra persona alguna, hasta que 20
esté el dicho libro en la forma susodicha, so
pena de caer e incurrir en las penas contenidas
en la dicha prematica y leyes de nuestros
reynos que sobre ello disponen, y mas, que
durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra 25
licencia no le pueda imprimir ni vender, so
pena que el que lo imprimiere y vendiere aya
perdido y pierda qualesquiera libros, moldes
y aparejos que del tuuiere, y mas incurra en
pena de cincuenta mil marauedis por cada vez 30
que lo contrario hiziere, de la qual dicha pena
sea la tercia parte para nuestra Camara, y la
PRIVILEGIO p. 25
otra tercia parte para el juez que lo
sentenciare, y la otra tercia parte para el que lo
denunciare; y mas a los del nuestro Consejo,
Presidentes, Oydores de las nuestras Audiencias,
Alcaldes, Alg[u]aziles de la nuestra Casa 5
y Corte y Chancillerias, y a otras qualesquiera
justicias de todas las ciudades, villas y lugares
de los nuestros reynos y señorios y a cada
vno en su juridicion, ansi a los que agora son
como a los que seran de aqui adelante, que 10
vos guarden y cumplan esta nuestra cedula y
merced, que ansi vos hazemos, y contra ella
no vayan ni passen en manera alguna, so
pena de la nuestra merced y de diez mil
marauedis para la nuestra Camara. 15
Dada en Madrid, a treynta dias del mes de
Março de mil y seiscientos y quinze años.
YO EL REY
Por mandado del Rey nuestro señor,
Pedro de Contreras 20
p. 26
p. 27
PROLOGO AL LECTOR (*)
Valame Dios, y con quanta gana deues de
estar esperando aora, lector illustre, o quier
plebeyo, este prologo, creyendo hallar en el
venganças, riñas y vituperios del autor del 5
segundo don Quixote, digo de aquel que dizen
que se engendró en Tordesillas y nacio en
Tarragona (*). Pues en verdad que no te he (*)
dar este contento, que puesto que los agrauios
despiertan la colera en los mas humildes 10
pechos, en el mio ha de padecer excepcion esta
regla; quisieras tu que lo diera del asno, del
mentecato y del atreuido; pero no me passa
por el pensamiento: castíguele su pecado, con
su pan se lo coma y alla se lo aya (*). 15
Lo que no he podido dexar de sentir es que
me note de viejo y de manco (*), como si
huuiera sido en mi mano auer detenido el tiempo
que no passasse por mi, o si mi manquedad
huuiera nacido en alguna taberna, sino en la 20
mas alta ocasion que vieron los siglos passados,
los presentes, ni esperan ver los venideros.
Si mis heridas no resplandecen en los ojos
de quien las mira, son estimadas, a lo menos,
en la estimacion de los que saben dónde se 25
cobraron; que el soldado mas bien parece
muerto en la batalla que libre en la fuga (*), y
es esto en mi de manera, que si aora me
propusieran y facilitaran vn impossible, quisiera
antes auerme hallado en aquella faccion 30
PROLOGO p. 28
prodigiosa que sano aora de mis heridas sin auerme
hallado en ella. Las que el soldado muestra
en el rostro y en los pechos, estrellas son
que guian a los demas al cielo de la honra, y
al de dessear la justa alabança, y hase de 5
aduertir que no se escriue con las canas, sino con
el entendimiento, el qual suele mejorarse con
los años.
He sentido tambien que me llame inuidioso,
y que, como a ignorante, me descriua qué cosa 10
sea la inuidia (*); que en realidad de verdad,
de dos que ay yo no conozco sino a la santa,
a la noble y bien intencionada; y siendo esto
assi, como lo es, no tengo yo de perseguir a
ningun sacerdote, y mas si tiene por añadidura 15
ser familiar del Santo Oficio (*), y si el lo
dixo, por quien parece que lo dixo, engañose
de todo en todo; que del tal adoro el ingenio,
admiro las obras y la ocupacion continua y
virtuosa. Pero, en efecto, le agradezco a este 20
señor autor el dezir que mis Nouelas son mas
satiricas que exemplares (*), pero que son buenas;
y no lo pudieran ser si no tuuieran de todo.
Pareceme que me dizes que ando muy limitado
y que me contengo mucho en los terminos 25
de mi modestia, sabiendo que no se ha
añadir (*) aflicion al afligido, y que la que deue
de tener este señor sin duda es grande, pues
no ossa parecer a campo abierto y al cielo
claro, encubriendo su nombre, fingiendo su 30
patria, como si huuiera hecho alguna traycion
de lesa magestad. Si por ventura llegares a
PROLOGO p. 29
conocerle, dile de mi parte que no me tengo
por agrauiado; que bien se lo que son
tentaciones del demonio, y que vna de las mayores
es ponerle a vn hombre en el entendimiento
que puede componer y imprimir vn libro con 5
que gane tanta fama como dineros, y tantos
dineros quanta fama, y para confirmacion desto
quiero que en tu buen donayre y gracia le
cuentes este cuento.
Auia en Seuilla vn loco que dio en el mas 10
gracioso disparate y tema que dio loco en el
mundo. Y fue que hizo vn cañuto de caña
puntiagudo en el fin, y, en cogiendo algun perro
en la calle, o en qualquiera otra parte, con el
vn pie le cogia el suyo, y el otro le alçaua con 15
la mano, y como mejor podia le acomodaua el
cañuto en la parte que, soplandole, le ponia
redondo como vna pelota, y, en teniendolo
desta suerte, le daua dos palmaditas en la barriga
y le soltaua, diziendo a los circunstantes, 20
que siempre eran muchos: ¿Pensarán vuessas
mercedes aora que es poco trabajo inchar vn
perro? ¿Pensará vuessa merced aora que es
poco trabajo hazer vn libro? --Y si este cuento
no le quadrare, dirasle, lector amigo, este, 25
que tambien es de loco y de perro.
Auia en Cordoua otro loco que tenia por
costumbre de traer encima de la cabeça vn
pedaço de losa de marmol, o vn canto no muy
liuiano, y, en topando algun perro descuydado, 30
se le ponia junto, y a plomo dexaua caer
sobre el el peso (*). Amohinauase el perro y,
PROLOGO p. 30
dando ladridos y aullidos, no paraua en tres
calles.
Sucedio, pues, que entre los perros que
descargó la carga, fue vno vn perro de vn
bonetero, a quien queria mucho su dueño. Baxó el 5
canto, diole en la cabeça, alçó el grito el molido
perro, violo y sintiolo su amo, assio de vna
vara de medir y salio al loco, y no le dexó
huesso sano; y cada palo que le daua dezia:
Perro ladron, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, 10
que era podenco mi perro?
Y, repitiendole el nombre de podenco
muchas vezes, embió al loco echo vna alheña.
Escarmento el loco y retirose, y en mas de vn
mes no salio a la plaça, al cabo del qual 15
tiempo boluio con su inuencion y con mas carga.
Llegauase donde estaua el perro y, mirandole
muy bien de hito en hito y, sin querer ni
atreuerse a descargar la piedra, dezia: Este es
podenco; guarda. En (*) efeto, todos quantos 20
perros topaua, aunque fuessen alanos o gozques,
dezia que eran podencos, y assi, no solto
mas el canto.
Quiça de esta suerte le podra acontecer a
este historiador, que no se atreuera a soltar 25
mas la presa de su ingenio en libros que, en
siendo malos, son mas duros que las peñas.
Dile tambien que de la amenaza que me
haze, que me ha de quitar la ganancia con su
libro (*), no se me da vn ardite; que acomodandome 30
al entremes famoso de la Perendenga (*),
le respondo que me viua el Veynteyquatro
PROLOGO p. 31
mi señor, y Christo con todos. Viua el gran
Conde de Lemos, cuya christiandad y liberalidad
bien conocida contra todos los golpes de
mi corta fortuna me tiene en pie, y viuame la
suma caridad del illustrissimo de Toledo don 5
Bernardo de Sandoual y Rojas (*), y siquiera
no aya emprentas en el mundo, y siquiera se
impriman contra mi mas libros que tienen (*)
letras las coplas de Mingo Rebulgo. Estos dos
principes, sin que los solicite adulacion mia, ni 10
otro genero de aplauso, por sola su bondad,
han tomado a su cargo el hazerme merced
y fauorecerme; en lo que me tengo por mas
dichoso y mas rico que si la fortuna por camino
ordinario me huuiera puesto en su cumbre. 15
La honra puedela tener el pobre, pero no el
vicioso: la pobreza puede anublar a la nobleza,
pero no escurecerla del todo; pero como la
virtud de alguna luz de si, aunque sea por los
inconuenientes y resquicios de la estrecheza, 20
viene a ser estimada de los altos y nobles
espiritus, y, por el consiguiente, fauorecida.
Y no le digas mas, ni yo quiero dezirte mas
a ti, sino aduertirte que consideres que esta
segunda parte de don Quixote que te ofrezco, 25
es cortada del mismo artifice y del mesmo paño
que la primera, y que en ella te doy a don
Quixote dilatado y, finalmente, muerto y
sepultado, por que ninguno se atreua a leuantarle
nueuos testimonios, pues bastan los passados, 30
y basta tambien que vn hombre honrado aya
dado noticia destas discretas locuras, sin querer
PROLOGO p. 32
de nueuo entrarse en ellas; que la abundancia
de las cosas, aunque sean buenas, haze que no
se estimen, y la carestia, aun de las malas, se
estima en algo. Oluidaseme (*) de dezirte, que
esperes el Persiles que ya estoy acabando y la 5
segunda parte de Galatea.
p. 33
DEDICATORIA AL CONDE DE LEMOS
Embiando a Vuestra Excelencia los dias
passados mis Comedias, antes impressas que
representadas, si bien me acuerdo, dixe que
don Quixote quedaua calçadas las espuelas 5
para yr a besar las manos a Vuestra Excelencia,
y aora digo que se las ha calçado y se ha
puesto en camino, y si el alla llega me parece
que aure hecho algun seruicio a Vuestra
Excelencia, porque es mucha la priessa que de 10
infinitas partes me dan a que le embie, para
quitar el hamago y la nausea que ha causado otro
don Quixote, que con nombre de segunda parte
se ha disfraçado y corrido por el orbe; y el que
mas ha mostrado dessearle ha sido el grande 15
Emperador de la China, pues en lengua
chinesca aura vn mes que me escriuio vna carta
con vn propio (*), pidiendome, o por mejor
dezir, suplicandome, se le embiasse porque queria
fundar vn colegio donde se leyesse la lengua 20
castellana, y queria que el libro que se leyesse
fuesse el de la historia de don Quixote;
juntamente con esto me dezia que fuesse yo a ser
el Rector del tal colegio.
Preguntele al portador (*) si su magestad le 25
auia dado para mi alguna ayuda de costa.
Respondiome que ni por pensamiento.
Pues, hermano, le respondi yo, vos os
podeys boluer a vuestra China a las diez o a las
veynte o a las que venis despachado, porque yo 30
DEDICATORIA p. 34
no estoy con salud para ponerme en tan largo
viage. Ademas, que, sobre estar enfermo, estoy
muy sin dineros, y, emperador por emperador
y monarca por monarca, en Napoles tengo al
grande Conde de Lemos, que, sin tantos titulillos 5
de colegios ni rectorias, me sustenta, me
ampara y haze mas merced que la que yo
acierto a dessear.
Con esto le despedi, y con esto me despido,
ofreciendo a Vuestra Excelencia Los trabajos 10
de Persilis y Sigismunda, libro a quien dare
fin dentro de quatro meses, Deo volente; el qual
ha de ser, o el mas malo, o el mejor que en
nuestra lengua se haya compuesto, quiero
dezir de los de entretenimiento, y digo que me 15
arrepiento de auer dicho el mas malo, porque
segun la opinion de mis amigos ha de llegar al
estremo de bondad possible.
Venga Vuestra Excelencia con la salud que
es desseado, que ya estara Persiles para besarle 20
las manos, y yo, los pies, como criado que soy
de Vuestra Excelencia.
De Madrid, vltimo de otubre de mil
seyscientos y quinze.
Criado de Vuestra Excelencia, 25
Miguel de Ceruantes Saauedra.
p. 35
Capitulo primero
De lo que el cura y el barbero passaron con
don Quixote cerca de su enfermedad.
Cuenta Zide Hamete Benengeli en la segunda
parte desta historia, y tercera salida de 5
don Quixote, que el cura y el barbero se
estuuieron casi vn mes sin verle, por no renouarle
y traerle a la memoria las cosas passadas.
Pero no por esto dexaron de visitar a su sobrina
y a su ama, encargandolas tuuiessen cuenta 10
con regalarle, dandole a comer cosas confortatiuas
y apropiadas para el coraçon y el celebro,
de donde procedia, segun buen discurso, toda
su mala ventura. Las quales dixeron que assi
lo hazian, y lo harian con la voluntad y 15
cuydado possible, porque echauan de ver que su
señor por momentos yua dando muestras de
estar en su entero juyzio, de lo qual recibieron
los dos gran contento por parecerles que auian
acertado en auerle traydo encantado en el 20
carro de los bueyes, como se conto en la
primera parte desta tan grande como puntual
historia, en su vltimo capitulo. Y, assi,
determinaron de visitarle y hazer esperiencia de su
mejoria, aunque tenian casi por impossible que 25
la tuuiesse, y acordaron de no tocarle en
ningun punto de la andante caualleria, por no
ponerse a peligro de descosser los de la herida,
que tan tiernos estauan.
Visitaronle, en fin, y hallaronle sentado en 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36
la cama, vestida vna almilla de vayeta verde,
con vn bonete colorado toledano, y estaua tan
seco y amoxamado, que no parecia sino hecho
de carne momia. Fueron del muy bien recebidos,
preguntaronle por su salud, y el dio cuenta 5
de si y de ella con mucho juyzio y con
muy elegantes palabras. Y en el discurso de
su platica vinieron a tratar en esto que llaman
razon de estado y modos de gouierno,
enmendando este abuso y condenando aquel; 10
reformando vna costumbre y desterrando otra,
haziendose cada vno de los tres vn nueuo
legislador, vn Licurgo moderno o vn Solon
flamante; y de tal manera renouaron la Republica,
que no parecio sino que la auian puesto 15
en vna fragua y sacado otra de la que pusieron;
y habló don Quixote con tanta discrecion
en todas las materias que se tocaron, que los
dos essaminadores creyeron indubitadamente
que estaua del todo bueno y en su entero 20
juyzio.
Hallaronse presentes a la platica la sobrina
y ama, y no se hartauan de dar gracias a Dios
de ver a su señor con tan buen entendimiento;
pero el cura, mudando el proposito primero, 25
que era de no tocarle en cosa de cauallerias,
quiso hazer de todo en todo esperiencia si la
sanidad de don Quixote era falsa o verdadera;
y assi, de lance en lance vino a contar algunas
nueuas que auian venido de la Corte, y, entre 30
otras, dixo que se tenia por cierto que el
Turco baxaua con vna poderosa armada, y que no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 37
se sabia su designio, ni adonde auia de
descargar tan gran nublado, y con este temor, con
que casi cada año nos toca arma, estaua puesta
en ella toda la christiandad, y su magestad
auia hecho proueer las costas de Napoles y 5
Sicilia y la Isla de Malta.
A esto respondio don Quixote:
Su magestad ha hecho como prudentissimo
guerrero en proueer sus estados con tiempo
porque no le halle dessapercebido el enemigo, 10
pero si se tomara mi consejo, aconsejarale yo
que vsara de vna preuencion, de la qual su
magestad la hora de agora deue estar muy
ageno de pensar en ella.
Apenas oyo esto el cura, quando dixo 15
entre si:
Dios te tenga de su mano, pobre don
Quixote, que me parece que te despeñas de la
alta cumbre de tu locura hasta el profundo
abismo de tu simplicidad. 20
Mas el barbero, que ya auia dado en el
mesmo pensamiento que el cura, preguntó a
don Quixote quál era la aduertencia de la
preuencion que dezia era bien se hiziesse;
quiza podria ser tal, que se pusiesse en la lista 25
de los muchos aduertimientos impertinentes
que se suelen dar a los principes.
El mio, señor rapador, dixo don Quixote,
no sera impertinente, sino perteneciente.
No lo digo por tanto, replicó el barbero, 30
sino porque tiene mostrado la esperiencia
que todos o los mas arbitrios, que se dan a su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38
magestad, o son impossibles o disparatados,
o en daño del rey o del reyno.
Pues el mio, respondio don Quixote, ni
es impossible ni disparatado, sino el mas facil,
el mas justo y el mas mañero y breue que puede 5
caber en pensamiento de arbitrante alguno.
Ya tarda en dezirle vuessa merced, señor
don Quixote, dixo el cura.
No querria, dixo don Quixote, que le
dixesse yo aqui agora, y amaneciesse mañana 10
en los oydos de los señores consejeros, y se
lleuasse otro las gracias y el premio de mi
trabajo.
Por mi, dixo el barbero, doy la palabra,
para aqui y para delante de Dios, de no dezir 15
lo que vuessa merced dixere a rey ni a roque,
ni a hombre terrenal: juramento que aprendi
del romance del cura que en el prefacio auisó
al rey del ladron que le auia robado las cien
doblas y la su mula la andariega (*). 20
No se historias, dixo don Quixote, pero
se que es bueno esse juramento, en fee de que
se que es hombre de bien el señor barbero.
Quando no lo fuera, dixo el cura, yo le
abono y salgo por el, que en este caso no 25
hablará mas que vn mudo, so pena de pagar
lo juzgado y sentenciado.
Y a vuessa merced ¿quién le fia, señor
cura?, dixo don Quixote.
Mi profession, respondio el cura, que es 30
de guardar secreto.
¡Cuerpo de tal!, dixo a esta sazon don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 39
Quixote. ¿Ay mas sino mandar su magestad por
publico pregon que se junten en la Corte para
vn dia señalado todos los caualleros andantes
que vagan por España, que aunque no
viniessen sino media docena, tal podria venir 5
entre ellos que solo bastasse a destruyr toda
la potestad del Turco? Estenme vuessas
mercedes atentos y vayan conmigo. ¿Por ventura,
es cosa nueua deshazer vn solo cauallero
andante vn exercito de docientos mil hombres, 10
como si todos juntos tuuieran vna sola garganta,
o fueran hechos de alfeñique (*)? Si no,
diganme, ¿quántas historias estan llenas destas
marauillas? ¡Auia, en hora mala para mi, que
no quiero dezir para otro, de viuir oy el famoso 15
don Belianis o alguno de los del inumerable
linage de Amadis de Gaula!; que si alguno
destos oy viuiera y con el Turco se afrontara,
a fee que no le arrendara la ganancia; pero
Dios mirará por su pueblo y deparará alguno, 20
que, si no tan brauo como los passados andantes
caualleros, a lo menos, no les sera inferior
en el animo; y Dios me entiende y no digo
mas.
¡Hai!, dixo a este punto la sobrina, ¡que 25
me maten, si no quiere mi señor boluer a ser
cauallero andante!
A lo que dixo don Quixote:
Cauallero andante he de morir, y baxe o
suba el Turco quando el quisiere y quan 30
poderosamente pudiere; que otra vez digo que Dios
me entiende.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40
A esta sazon dixo el barbero:
Suplico a vuessas mercedes que se me de
licencia para contar vn cuento breue que
sucedio en Seuilla, que, por venir aqui como de
molde, me da gana de contarle. 5
Dio la licencia don Quixote, y el cura y los
demas le prestaron atencion, y el començo
desta manera:
En la casa de los locos de Seuilla estaua vn
hombre a quien sus parientes auian puesto alli 10
por falto de juyzio; era graduado en Canones
por Osuna, pero aunque lo fuera por Salamanca,
segun opinion de muchos, no dexara de
ser loco. Este tal graduado, al cabo de algunos
años de recogimiento (*) se dio a entender que 15
estaua cuerdo y en su entero juyzio, y con esta
imaginacion escriuio al arçobispo, suplicandole
encarecidamente, y con muy concertadas
razones, le mandasse sacar de aquella miseria
en que viuia, pues por la misericordia de Dios 20
auia ya cobrado el juyzio perdido, pero que
sus parientes, por gozar de la parte de su
hazienda, le tenian alli, y, a pesar de la verdad,
querian que fuesse loco hasta la muerte.
El arçobispo, persuadido de muchos villetes 25
concertados y discretos, mandó a vn capellan
suyo se informasse del retor de la casa si era
verdad lo que aquel licenciado le escriuia, y
que assimesmo hablasse con el loco, y que si
le pareciesse que tenia juyzio, le sacasse y 30
pusiesse en libertad. Hizolo assi el capellan, y el
retor le dixo que aquel hombre aun se estaua
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 41
loco; que puesto que hablaua muchas vezes
como persona de grande entendimiento, al
cabo disparaua (*) con tantas necedades, que en
muchas y en grandes igualauan a sus primeras
discreciones, como se podia hazer la esperiencia 5
hablandole. Quiso hazerla el capellan, y,
poniendole con el loco, habló con el vna hora y
mas, y en todo aquel tiempo jamas el loco dixo
razon torzida ni disparatada, antes habló tan
atentadamente que el capellan fue forçado a 10
creer que el loco estaua cuerdo; y entre otras
cosas que el loco le dixo fue que el retor le
tenia ojeriza, por no perder los regalos que sus
parientes le hazian por que dixesse que aun
estaua loco, y con luzidos interualos, y que el 15
mayor contrario que en su desgracia tenia era
su mucha hazienda, pues por gozar della sus
enemigos ponian dolo y dudauan de la merced
que nuestro Señor le auia hecho en boluerle
de bestia en hombre; finalmente, el habló de 20
manera, que hizo sospechoso al retor, codiciosos
y desalmados a sus parientes, y a el tan
discreto, que el capellan se determinó a
lleuarsele consigo, a que el arçobispo le viesse y
tocasse con la mano la verdad de aquel 25
negocio.
Con esta buena fee, el buen capellan pidio
al retor mandasse dar los vestidos con que alli
auia entrado el licenciado; boluio a dezir el
retor que mirasse lo que hazia, porque sin duda 30
alguna el licenciado aun se estaua loco; no
siruieron de nada para con el capellan las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42
preuenciones y aduertimientos del retor para que
dexasse de lleuarle; obedecio el retor, viendo
ser orden del arçobispo; pusieron al licenciado
sus vestidos, que eran nueuos y decentes, y
como el se vio vestido de cuerdo y desnudo 5
de loco, suplicó al capellan que por caridad le
diesse licencia para yr a despedirse de sus
compañeros los locos; el capellan dixo que el le
queria acompañar y ver los locos que en la
casa auia; subieron, en efeto, y con ellos 10
algunos que se hallaron presentes, y llegado el
licenciado a vna xaula adonde estaua vn loco
furioso, aunque entonces sossegado y quieto,
le dixo:
«Hermano mio, mire si me manda algo, que 15
»me voy a mi casa; que ya Dios ha sido seruido
»por su infinita bondad y misericordia, sin yo
»merecerlo, de boluerme mi juyzio; ya estoy
»sano y cuerdo, que acerca del poder de Dios
»ninguna cosa es impossible; tenga grande 20
»esperança y confiança en El, que pues a mi me
»ha buelto a mi primero estado, tambien le boluera
»a el, si en El confia; yo tendre cuydado de
»embiarle algunos regalos que coma, y comalos
»en todo caso, que le hago saber que imagino, 25
»como quien ha passado por ello, que todas
»nuestras locuras proceden de tener los
»estomagos vazios y los celebros llenos de ayre;
»esfuercesse, esfuercese, que el descaecimiento
»en los infortunios apoca la salud y acarrea la 30
»muerte.»
Todas estas razones del licenciado escuchó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 43
otro loco que estaua en otra xaula, frontero de
la del furioso, y leuantandose de vna estera
vieja, donde estaua echado y desnudo en cueros,
preguntó a grandes vozes quién era el que
se yua sano y cuerdo; el licenciado respondio: 5
«Yo soy, hermano, el que me voy; que ya no
»tengo necessidad de estar mas aqui, por lo que
»doy infinitas gracias a los cielos que tan
»grande merced me han hecho.»
«Mirad lo que dezis, licenciado, no os engañe 10
»el diablo», replicó el loco; «sossegad el pie y
»estaos quedito en vuestra casa y ahorrareis la
»buelta.»
«Yo se que estoy bueno», replicó el
licenciado, «y no aura para que tornar a andar 15
»estaciones.»
«¿Vos bueno?», dixo el loco; «agora bien, ello
»dira; andad con Dios, pero yo os voto a Iupiter,
»cuya magestad yo represento en la tierra, que
»por solo este pecado que oy comete Seuilla en 20
»sacaros desta casa y en teneros por cuerdo,
»tengo de hazer vn tal castigo en ella, que quede
»memoria del por todos los siglos de los siglos,
»amen. ¿No sabes tu, licenciadillo menguado,
»que lo podre hazer, pues, como digo, soy 25
»Iupiter tonante, que tengo en mis manos los rayos
»abrassadores con que puedo y suelo amenazar
»y destruyr el mundo? Pero con sola vna cosa
»quiero castigar a este ignorante pueblo, y es
»con no llouer en el, ni en todo su distrito y 30
»contorno, por tres enteros años, que se han de
»contar desde el dia y punto en que ha sido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44
»hecha esta amenaza en adelante. ¿Tu libre, tu
»sano, tu cuerdo; y yo loco, y yo enfermo, y yo
»atado? Assi pienso llouer como pensar
»ahorcarme.»
A las vozes y a las razones del loco 5
estuuieron los circustantes atentos; pero nuestro
licenciado, boluiendose a nuestro capellan y
asiendole de las manos, le dixo:
«No tenga vuessa merced pena, señor mio,
»ni haga caso de lo que este loco ha dicho; que 10
»si el es Iupiter y no quisiere llouer, yo que soy
»Neptuno, el padre y el dios de las aguas,
»llouere todas las vezes que se me antojare y
»fuere menester.»
A lo que respondio el capellan: 15
«Con todo esso, señor Neptuno, no sera bien
»enojar al señor Iupiter; vuessa merced se
»quede en su casa; que otro dia, quando aya mas
»comodidad y mas espacio, bolueremos por
»vuessa merced.» 20
Riose el retor y los presentes, por cuya risa
se medio corrio el capellan; desnudaron al
licenciado, quedose en casa y acabose el
cuento.
Pues ¿este es el cuento, señor barbero, dixo 25
don Quixote, que, por venir aqui como de molde,
no podia dexar de contarle? ¡A, señor rapista,
señor rapista, y quán ciego es aquel que no
vee por tela de cedazo! Y ¿es possible que
vuessa merced no sabe que las comparaciones que 30
se hazen de ingenio a ingenio, de valor a valor,
de hermosura a hermosura y de linage a linage
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 45
son siempre odiosas y mal recebidas? Yo, señor
barbero, no soy Neptuno el dios de las aguas,
ni procuro que nadie me tenga por discreto, no
lo siendo; solo me fatigo por dar a entender al
mundo en el error (*) en que está, en no renouar 5
en si el felicissimo tiempo donde campeaua la
orden de la andante caualleria; pero no es
merecedora la deprauada edad nuestra de gozar
tanto bien como el que gozaron las edades
donde los andantes caualleros tomaron a su 10
cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa
de los reynos, el amparo de las donzellas, el
socorro de los huerfanos y pupilos, el castigo
de los soberuios y el premio de los humildes.
Los mas de los caualleros que agora se vsan, 15
antes les cruxen los damascos, los brocados y
otras ricas telas de que se visten, que la malla
con que se arman; ya no ay cauallero que
duerma en los campos, sugeto al rigor del cielo,
armado de todas armas desde los pies a la 20
cabeça; y ya no ay quien (*), sin sacar los pies
de los estriuos, arrimado a su lança, solo
procure descabeçar, como dizen, el sueño como
lo hazian los caualleros andantes. Ya no ay
ninguno que saliendo deste bosque entre en 25
aquella montaña, y de alli, pise vna esteril y
desierta playa del mar, las mas vezes proceloso
y alterado; y, hallando en ella y en su orilla
vn pequeño batel sin remos, vela, mastil, ni
xarcia alguna, con intrepido coraçon se arroge 30
en el, entregandose a las implacables olas del
mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46
baxan al abismo, y el, puesto el pecho a la
incontrastable borrasca, quando menos se cata,
se halla tres mil y mas leguas distante del
lugar donde se embarcó; y, saltando en tierra
remota y no conocida le suceden cosas dignas 5
de estar escritas, no en pergaminos, sino en
bronces.
Mas agora ya triunfa la pereza de la diligencia,
la ociosidad del trabajo, el vicio de la
virtud, la arrogancia de la valentia y la teorica 10
de la practica de las armas, que solo viuieron
y resplandecieron en las edades del oro y en
los andantes caualleros. Si no, diganme, ¿quién
mas honesto y mas valiente que el famoso
Amadis de Gaula? ¿Quién mas discreto que 15
Palmerin de Inglaterra? ¿Quién mas acomodado
y manual que Tirante el Blanco? ¿Quién
mas galan que Lisuarte de Grecia? ¿Quién mas
acuchillado ni acuchillador que don Belianis?
¿Quién mas intrepido que Perion de Gaula? 20
O ¿quién mas acometedor de peligros que
Felixmarte de Yrcania? O ¿quién mas sincero
que Esplandian? ¿Quién mas arrojado que don
Ceriongilio (*) de Tracia? ¿Quién mas brauo
que Rodamonte? ¿Quién mas prudente que el 25
rey Sobrino? ¿Quién mas atreuido que
Reynaldos? ¿Quién mas inuencible que Roldan? Y
¿quién mas gallardo y mas cortés que Rugero,
de quien decienden oy los duques de Ferrara,
segun Turpin en su Cosmografia? (*) 30
Todos estos caualleros, y otros muchos que
pudiera dezir, señor cura, fueron caualleros
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 47
andantes, luz y gloria de la caualleria. Destos,
o tales como estos, quisiera yo que fueran los
de mi arbitrio, que a serlo, su magestad se
hallara bien seruido, y ahorrara de mucho gasto,
y el Turco se quedara pelando las barbas; y, 5
con esto, no (*) quiero quedar en mi casa, pues
no me saca el capellan della, y [si] (*) Iupiter,
como ha dicho el barbero, no llouiere, aqui
estoy yo que llouere quando se me antojare;
digo esto, por que sepa el señor Vazia que le 10
entiendo.
En verdad, señor don Quixote, dixo el
barbero, que no lo dixe por tanto, y assi me
ayude Dios como fue buena mi intencion, y que
no deue vuessa merced sentirse. 15
Si puedo sentirme o no, respondio don
Quixote yo me lo se.
A esto dixo el cura:
Aun bien que yo casi no he hablado palabra
hasta aora, y no quisiera quedar con vn 20
escrupulo que me roe y escarua la conciencia,
nacido de lo que aqui el señor don Quixote ha
dicho.
Para otras cosas mas, respondio don Quixote,
tiene licencia el señor cura, y assi puede 25
dezir su escrupulo, porque no es de gusto andar
con la conciencia escrupulosa.
Pues con esse beneplacito, respondio el
cura, digo que mi escrupulo es que no me
puedo persuadir en ninguna manera a que 30
toda la caterua de caualleros andantes que
vuessa merced, señor don Quixote, ha referido,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48
ayan sido real y verdaderamente personas de
carne y huesso en el mundo; antes imagino
que todo es ficcion, fabula y mentira, y sueños
contados por hombres despiertos o, por mejor
dezir, medio dormidos. 5
Esse es otro error, respondio don Quixote,
en que han caydo muchos que no creen que
aya auido tales caualle[r]os en el mundo, y yo
muchas vezes, con diuersas gentes y ocasiones,
he procurado sacar a la luz de la verdad este 10
casi comun engaño; pero algunas vezes no he
salido con mi intencion y otras si, sustentandola
sobre los ombros de la verdad, la qual verdad
es tan cierta, que estoy por dezir que con
mis propios ojos vi a Amadis de Gaula, que 15
era vn hombre alto de cuerpo, blanco de rostro,
bien puesto de barba, aunque negra, de vista
entre blanda y rigurosa, corto de razones, tardo
en ayrarse y presto en deponer la ira; y del
modo que he delineado a Amadis, pudiera, a 20
mi parecer, pintar y [describir] (*) todos quantos
caualleros andantes andan en las historias en
el orbe; que por la aprehension que tengo de
que fueron como sus historias cuentan, y por
las hazañas que hizieron y condiciones que 25
tuuieron, se pueden sacar por buena filosofia
sus faciones, sus colores y estaturas.
¿Qué tan (*) grande le parece a vuessa
merced, mi señor don Quixote, preguntó el
barbero, deuia de ser el gigante Morgante? 30
En esto de gigantes, respondio don Quixote,
ay diferentes opiniones, si los ha auido o
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO I p. 49
no en el mundo (*): pero la Santa Escritura, que
no puede faltar vn atomo en la verdad, nos
muestra que los huuo, contandonos la historia
de aquel filisteazo de Golias, que tenia siete
codos y medio de altura, que es vna desmesurada 5
grandeza. Tambien en la isla de Sicilia se
han hallado canillas (*) y espaldas tan grandes,
que su grandeza manifiesta que fueron gigantes
sus dueños, y tan grandes, como grandes
torres, que la geometria saca esta verdad de 10
duda. Pero con todo esto no sabre dezir con
certidumbre qué tamaño tuuiesse Morgante,
aunque imagino que no deuio de ser muy
alto; y mueueme a ser deste parecer hallar en
la historia donde se haze mencion particular 15
de sus hazañas, que muchas vezes dormia
debaxo de techado, y pues hallaua casa donde
cupiesse, claro está que no era desmesurada
su grandeza.
Assi es, dixo el cura. 20
El qual, gustando de oyrle dezir tan grandes
disparates, le preguntó que qué sentia acerca
de los rostros de Reynaldos de Montaluan y de
don Roldan, y de los demas doze Pares de
Francia, pues todos auian sido caualleros 25
andantes.
De Reynaldos, respondio don Quixote,
me atreuo a dezir que era ancho de rostro,
de color bermejo, los ojos bayladores y algo
saltados, puntoso y colerico en demasia, amigo 30
de ladrones y de gente perdida; de Roldan
o Rotolando o Orlando, que con todos estos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50
nombres le nombran las historias, soy de parecer,
y me afirmo, que fue de mediana estatura,
ancho de espaldas, algo esteuado, moreno de
rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y
de vista amenazadora, corto de razones, pero 5
muy comedido y bien criado.
Si no fue Roldan mas gentilhombre que
vuessa merced ha dicho, replicó el cura, no
fue marauilla que la señora Angelica la Bella
le desdeñasse y dexasse por la gala, brio y 10
donayre que deuia de tener el morillo
barbiponiente a quien ella se entregó, y anduuo
discreta de adamar antes la blandura de Medoro,
que la aspereça de Roldan.
Essa Angelica, respondio don Quixote, 15
señor cura, fue vna donzella destrayda,
andariega y algo antojadiza, y tan lleno dexó
el mundo de sus impertinencias como de la
fama de su hermosura: despreció mil señores,
mil valientes y mil discretos, y contentose con 20
vn pagezillo barbiluzio, sin otra hazienda ni
nombre que el que le pudo dar de agradecido
la amistad que guardó a su amigo. El gran
cantor de su belleza, el famoso Ariosto, por no
atreuerse o por no querer cantar lo que a esta 25
señora le sucedio despues de su ruyn entrego,
que no deuieron ser cosas demasiadamente
honestas, la dexó, donde dixo:
Y como del Catay recibio el cetro,
quiza otro cantará con mejor plectro (*). 30
Y, sin duda, que esto fue como profecia, que
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los poetas tambien se llaman vates, que quiere
dezir adiuinos; veese esta verdad clara: porque
despues aca vn famoso poeta andaluz lloró
y cantó sus lagrimas, y otro famoso y vnico
poeta castellano cantó su hermosura (*). 5
Digame, señor don Quixote, dixo a esta
sazon el barbero, ¿no ha auido algun poeta
que aya hecho alguna satira a essa señora
Angelica entre tantos como la han alabado?
Bien creo yo, respondio don Quixote, que 10
si Sacripante o Roldan fueran poetas, que ya
me huuieran xabonado a la donzella, porque
es propio y natural de los poetas desdeñados
y no admitidos de sus damas --fingidas (*), o
[no] fingidas-- en efeto, de aquellas (*) a quien 15
ellos escogieron por señoras de sus pensamientos,
vengarse con satiras y libelos, vengança,
por cierto, indigna de pechos generosos; pero
hasta agora no ha llegado a mi noticia ningun
verso infamatorio contra la señora Angelica, 20
que truxo rebuelto el mundo. (*)
Milagro, dixo el cura.
Y, en esto, oyeron que la ama y la sobrina,
que ya auian dexado la conuersacion, dauan
grandes vozes en el patio, y acudieron todos 25
al ruydo.
p. 52
Capitulo II
Que trata de la notable pendencia (*) que
Sancho Pança tuuo con la sobrina y ama de
don Quixote, con otros sugetos graciosos.
Cuenta la Historia que las vozes que oyeron 5
don Quixote, el cura y el barbero eran de la
sobrina y ama, que las dauan, diziendo a
Sancho Pança, que pugnaua por entrar a ver a
don Quixote, y ellas le defendian la puerta:
¿Qué quiere este mostrenco en esta casa? 10
Ydos a la vuestra, hermano; que vos soys, y
no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor y
le lleua por essos andurriales.
A lo que Sancho respondio:
Ama de Satanas, el sonsacado y el destraydo 15
y el lleuado por essos andurriales soy
yo, que no tu amo; el me lleuó por essos
mundos, y vosotras os engañays en la mitad del
justo precio; el me sacó de mi casa con engañifas
(*), prometiendome vna insula, que hasta 20
agora la espero.
Malas insulas te ahoguen, respondio la
sobrina, Sancho maldito, y ¿qué son insulas?
¿Es alguna cosa de comer, golosazo, comilon,
que tu eres (*)? 25
No es de comer, replicó Sancho, sino de
gouernar y regir mejor que quatro ciudades (*)
y que quatro alcaldes de Corte.
Con todo esso, dixo el ama, no entrareis
aca, saco de maldades y costal de malicias; id 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 53
a gouernar vuestra casa y a labrar vuestros
pegujares, y dexaos de pretender insulas ni
insulos.
Grande gusto recebian el cura y el barbero
de oyr el coloquio de los tres; pero don 5
Quixote, temeroso que Sancho se descosiesse y
desbuchasse algun monton de maliciosas
necedades y tocasse en puntos que no le estarian
bien a su credito, le llamó y hizo a las dos que
callassen y le dexassen entrar; entró Sancho, y 10
el cura y el barbero se despidieron de don
Quixote, de cuya salud dessesperaron, viendo
quán puesto estaua en sus desuariados
pensamientos y quán embeuido en la simplicidad
de sus mal andantes cauallerias, y, assi, dixo el 15
cura al barbero:
Vos vereis, compadre, como, quando menos
lo pensemos, nuestro hidalgo sale otra vez a
bolar la ribera.
No pongo yo duda en esso, respondio el 20
barbero; pero no me marauillo tanto de la
locura del cauallero como de la simplicidad del
escudero, que tan creydo tiene aquello de la
insula, que creo que no se lo sacarán del casco
quantos dessengaños pueden imaginarse. 25
Dios los remedie, dixo el cura, y
estemos a la mira: veremos en lo que para esta
maquina de disparates de tal cauallero y de
tal escudero; que parece que los forxaron a los
dos en vna mesma turquessa, y que las locuras 30
del señor sin las necedades del criado no
valian vn ardite.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54
Assi es, dixo el barbero, y holgara
mucho saber qué tratarán aora los dos.
Yo seguro (*), respondio el cura, que la
sobrina del ama nos lo cuenta despues, que no
son de condicion que dexarán de escucharlo. 5
En tanto, don Quixote se encerro con Sancho
en su aposento, y, estando solos, le dixo:
Mucho me pesa, Sancho, que ayas dicho y
digas que yo fuy el que te saqué de tus
casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis 10
casas; juntos salimos, juntos fuymos y juntos
peregrinamos; vna misma fortuna y vna misma
suerte ha corrido por los dos; si a ti te mantearon
vna vez, a mi me han molido ciento, y esto
es lo que te lleuo de ventaja. 15
Esso estaua puesto en razon, respondio
Sancho, porque, segun vuessa merced dize,
mas anexas son a los caualleros andantes las
desgracias que a sus escuderos.
Engañaste, Sancho, dixo don Quixote, 20
segun aquello, quando caput dolet, &c (*).
No entiendo otra lengua que la mia,
respondio Sancho.
Quiero dezir, dixo don Quixote, que
quando la cabeça duele, todos los miembros 25
duelen, y, assi, siendo yo tu amo y señor, soy
tu cabeça y tu mi parte, pues eres mi criado, y
por esta razon el mal que a mi me toca o
tocare, a ti te ha de doler y a mi el tuyo.
Assi auia de ser, dixo Sancho; pero 30
quando a mi me manteauan como a miembro, se
estaua mi cabeça detras de las bardas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 55
mirandome bolar por los ayres, sin sentir dolor
alguno, y pues los miembros estan obligados a
dolerse del mal de la cabeça, auia de estar
obligada ella a dolerse dellos.
¿Querras tu dezir agora, Sancho, respondio 5
don Quixote, que no me dolia yo quando
a ti te manteauan? Y si lo dizes, no lo digas,
ni lo pienses, pues mas dolor sentia yo entonces
en mi espiritu que tu en tu cuerpo; pero
dexemos esto a parte por agora, que tiempo 10
aura donde lo ponderemos y pongamos en su
punto; y dime, Sancho amigo, ¿qué es lo que
dizen de mi por esse lugar, en qué opinion me
tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué
los caualleros? ¿Qué dizen de mi valentia, 15
qué de mis hazañas y qué de mi cortesia?
¿Qué se platica del assumpto que he tomado
de resucitar y boluer al mundo la ya oluidada
orden caualleresca? Finalmente, quiero,
Sancho, me digas lo que acerca desto ha llegado 20
a tus oydos, y esto me has de dezir, sin añadir
al bien ni quitar al mal cosa alguna; que de
los vassallos leales es dezir la verdad a sus
señores en su ser y figura propia, sin que la
adulacion la acreciente, o otro vano respeto la 25
disminuya; y quiero que sepas, Sancho, que si
a los oydos de los principes llegasse la verdad
desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros
siglos correrian, otras edades serian tenidas
por mas de hierro que la nuestra, que entiendo 30
que de las que aora se vsan es la dorada;
siruate este aduertimiento, Sancho, para que
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discreta y bien intencionadamente pongas en mis
oydos la verdad de las cosas que supieres de
lo que te he preguntado.
Esso hare yo de muy buena gana, señor
mio, respondio Sancho, con condicion que 5
vuessa merced no se ha de enojar de lo que
dixere, pues quiere que lo diga en cueros sin
vestirlo de otras ropas de aquellas con que
llegaron a mi noticia.
En ninguna manera me enojaré, respondio 10
don Quixote; bien puedes, Sancho, hablar
libremente y sin rodeo alguno.
Pues lo primero que digo, dixo, es que
el vulgo tiene a vuessa merced por grandissimo
loco y a mi por no menos mentecato. Los 15
hidalgos dizen que, no conteniendose vuessa
merced en los limites de la hidalguia, se ha
puesto don y se ha arremetido a cauallero, con
quatro cepas y dos yugadas de tierra y con vn
trapo atras y otro adelante. Dizen los caualleros 20
que no querrian que los hidalgos se opusiessen
a ellos, especialmente aquellos hidalgos
escuderiles que dan humo a los çapatos y
toman los puntos de las medias negras con
seda verde. 25
Esso, dixo don Quixote, no tiene que ver
conmigo, pues ando siempre bien vestido y
jamas remendado; roto, bien podria ser, y el
roto mas de las armas que del tiempo.
En lo que toca, prosiguio Sancho, a 30
la valentia, cortesia, hazañas y assumpto de
vuessa merced, ay diferentes opiniones: vnos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 57
dizen «loco, pero gracioso»; otros, «valiente,
»pero desgraciado»; otros, «cortés, pero
»impertinente»; y por aqui van discurriendo en tantas
cosas, que ni a vuessa merced ni a mi nos
dexan huesso sano. 5
Mira, Sancho, dixo don Quixote, donde
quiera que está la virtud en eminente grado,
es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos
varones que passaron dexó de ser calumniado
de la malicia. Iulio Cesar, animosissimo, 10
prudentissimo y valentissimo capitan, fue
notado de ambicioso y algun tanto no limpio, ni
en sus vestidos ni en sus costumbres.
Alexandro, a quien sus hazañas le alcançaron el
renombre de Magno, dizen del que tuuo sus 15
ciertos puntos de borracho. De Hercules, el de
los muchos trabajos, se cuenta que fue lasciuo
y muelle. De don Galaor, hermano de Amadis
de Gaula, se murmura que fue mas que
demasiadamente rixoso, y de su hermano, que fue 20
lloron. Assi que, o Sancho, entre las tantas
calumnias de buenos bien pueden passar las
mias, como no sean mas de las que has dicho.
Ai está el toque, cuerpo de mi padre,
replicó Sancho. 25
Pues ¿ay mas?, preguntó don Quixote.
Aun la cola falta por dessollar (*), dixo
Sancho: lo de hasta aqui son tortas y pan
pintado; mas si vuessa merced quiere saber todo lo
que ay acerca de las caloñas (*) que le ponen, 30
yo le traere aqui luego al momento quien se
las diga todas, sin que les falte vna meaja; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58
anoche llegó el hijo de Bartolome Carrasco, que
viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller,
y, yendole yo a dar la bienvenida, me dixo
que andaua ya en libros la historia de vuessa
merced con nombre del ingenioso Hidalgo don 5
Quixote de la Mancha; y dize que me mientan
a mi en ella con mi mesmo nombre de Sancho
Pança, y a la señora Dulcinea del Toboso, con
otras cosas que passamos nosotros a solas, que
me hize cruzes de espantado, cómo las pudo 10
saber el historiador que las escriuio.
Yo te asseguro, Sancho, dixo don Quixote,
que deue de ser algun sabio encantador el
autor de nuestra historia; que a los tales no se
les encubre nada de lo que quieren escriuir. 15
Y ¡cómo, dixo Sancho, si era sabio y
encantador, pues --segun dize el bachiller
Sanson Carrasco, que assi se llama el que dicho
tengo-- que el autor de la historia se llama
Cide Hamete Berengena (*)! 20
Esse nombre es de moro, respondio don
Quixote.
Assi sera, respondio Sancho, porque por
la mayor parte he oydo dezir que los moros
son amigos de berengenas. 25
Tu deues, Sancho, dixo don Quixote,
errarte en el sobrenombre de esse Cide, que
en arabigo quiere dezir señor.
Bien podria ser, replicó Sancho; mas si
vuessa merced gusta que yo le haga venir 30
aqui, yre por el en bolandas.
Harasme mucho placer, amigo, dixo don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO II p. 59
Quixote; que me tiene suspenso lo que me
has dicho, y no comere bocado que bien me
sepa hasta ser informado de todo.
Pues yo voy por el, respondio Sancho.
Y, dexando a su señor, se fue a buscar al 5
bachiller, con el qual boluio de alli a poco
espacio, y entre los tres passaron vn graciosissimo
coloquio.
p. 60
Capitulo III
Del ridiculo razonamiento que passó entre don
Quixote, Sancho Pança y el bachiller Sanson
Carrasco.
Pensatiuo a demas quedó don Quixote, esperando 5
al bachiller Carrasco, de quien esperaua
oir las nueuas de si mismo puestas en libro
como auia dicho Sancho, y no se podia persuadir
a que tal historia huuiesse, pues aun no
estaua enxuta en la cuchilla de su espada la 10
sangre de los enemigos que auia muerto, y ya
querian que anduuiessen en estampa sus altas
cauallerias. Con todo esso, imaginó que algun
sabio, o ya amigo [o] (*) enemigo, por arte de
encantamento las aura (*) dado a la estampa: si 15
amigo, para engrandecerlas y leuantarlas sobre
las mas señaladas de cauallero andante; si
enemigo, para aniquilarlas y ponerlas debaxo de
las mas viles que de algun vil escudero se
huuiessen escrito, puesto, dezia entre si, que 20
nunca hazañas de escuderos se escriuieron: y
quando fuesse verdad que la tal historia
huuiesse, siendo de cauallero andante, por fuerça
auia de ser grandiloqua, alta, insigne,
magnifica y verdadera. 25
Con esto se consolo algun tanto, pero
desconsolole pensar que su autor era moro, segun
aquel nombre de Cide, y de los moros no se
podia esperar verdad alguna; porque todos son
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 61
embelecadores, falsarios y quimeristas. Temiase
no huuiesse tratado sus amores con alguna
indecencia que redundasse en menoscabo y
perjuyzio de la honestidad de su señora Dulcinea
del Toboso; desseaua que huuiesse declarado 5
su fidelidad y el decoro que siempre la
auia guardado, menospreciando reynas, emperatrices
y donzellas de todas calidades, teniendo
a raya los impetus de los naturales mouimientos;
y, assi, embuelto y rebuelto en estas y 10
otras muchas imaginaciones, le hallaron Sancho
y Carrasco, a quien don Quixote recibio con
mucha cortesia.
Era el bachiller, aun que se llamaua Sanson,
no muy grande de cuerpo, aunque muy gran 15
socarron, de color macilenta, pero de muy buen
entendimiento; tendria hasta veinte y quatro
años, cariredondo, de nariz chata y de boca
grande, señales todas de ser de condicion
maliciosa y amigo de donayres y de burlas, como 20
lo mostro en viendo a don Quixote, poniendose
delante del de rodillas, diziendole:
Deme vuestra grandeza las manos, señor
don Quixote de la Mancha; que por el habito de
San Pedro (*) que visto, aunque no tengo otras 25
ordenes que las quatro primeras, que es vuessa
merced vno de los mas famosos caualleros
andantes que ha auido (*), ni aun aura en toda
la redondez de la tierra. Bien aya Cide Hamete
Benengeli que la historia de vuestras grandezas 30
dexó escritas, y rebien aya el curioso que
tuuo cuydado de hazerlas traduzir de arabigo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62
en nuestro vulgar castellano para vniuersal
entretenimiento de las gentes.
Hizole leuantar don Quixote, y dixo:
¿Dessa manera verdad es que ay historia
mia, y que fue moro y sabio el que la compuso? 5
Es tan verdad, señor, dixo Sanson, que
tengo para mi, que el dia de oy estan impressos
mas de doze mil libros de la tal (*) historia;
si no, digalo Portugal, Barcelona y Valencia,
donde se han impresso, y aun ay fama que se 10
está imprimiendo en Amberes (*), y a mi se me
trasluze que no ha de auer nacion ni lengua
donde no se traduzga.
Vna de las cosas, dixo a esta sazon don
Quixote, que mas deue de dar contento a vn 15
hombre virtuoso y eminente es verse, viuiendo,
andar con buen nombre por las lenguas de las
gentes, impreso y en estampa; dixe con buen
nombre: porque siendo al contrario, ninguna
muerte se le ygualara. 20
Si por buena fama y si por buen nombre
va, dixo el bachiller, solo vuessa merced
lleua la palma a todos los caualleros andantes;
porque el moro en su lengua y el christiano en
la suya tuuieron cuydado de pintarnos muy al 25
viuo la gallardia de vuessa merced, el animo
grande en acometer los peligros, la paciencia
en las aduersidades y el sufrimiento, assi en
las desgracias como en las heridas, la
honestidad y continencia en los amores tan 30
platonicos de vuessa merced y de mi señora doña
Dulcinea del Toboso.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 63
Nunca, dixo a este punto Sancho Pança, he
oido llamar con don a mi señora Dulcinea, sino
solamente la señora Dulcinea del Toboso, y ya
en esto anda errada la historia.
No es objecion de importancia essa, 5
respondio Carrasco.
No por cierto, respondio don Quixote.
Pero digame vuessa merced, señor bachiller,
¿qué hazañas mias son las que mas se
ponderan en essa historia? 10
En esso, respondio el bachiller, ay
diferentes opiniones, como ay diferentes gustos:
vnos se atienen a la auentura de los molinos
de viento, que a vuessa merced le parecieron
Briareos y gigantes; otros, a la de los batanes; 15
este, a la descripcion de los dos exercitos, que
despues parecieron ser dos manadas de carneros;
aquel encarece la del muerto que lleuauan
a enterrar a Segouia; vno dize que a todas se
auentaja la de la libertad de los galeotes; otro, 20
que ninguna yguala a la de los dos gigantes
benitos, con la pendencia del valeroso
vizcaino.
Digame, señor bachiller, dixo a esta sazon
Sancho, ¿entra ay la auentura de los 25
yangueses, quando a nuestro buen Rozinante se le
antojó pedir cotufas en el golfo? (*)
No se le quedó nada, respondio Sanson,
al sabio en el tintero; todo lo dize y todo lo
apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen 30
Sancho hizo en la manta.
En la manta no hize yo cabriolas, respondio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 64
Sancho; en el aire si, y aun mas de las
que yo quisiera.
A lo que yo imagino, dixo don Quixote,
no ay historia humana en el mundo que no
tenga sus altibaxos, especialmente las que 5
tratan de cauallerias, las quales nunca pueden
estar llenas de prosperos sucessos.
Con todo esso, respondio el bachiller,
dizen algunos que han leydo la historia, que se
holgaran se les huuiera oluidado a los autores 10
della algunos de los infinitos palos que
en diferentes encuentros dieron al señor don
Quixote.
Ay entra la verdad de la historia, dixo
Sancho. 15
Tambien pudieran callarlos por equidad,
dixo don Quixote, pues las acciones que ni
mudan, ni alteran la verdad de la historia, no
ay para qué escriuirlas, si han de redundar en
menosprecio del señor de la historia. A fee que 20
no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le
pinta, ni tan prudente Vlisses como le descriue
Homero.
Assi es, replicó Sanson; pero vno es
escriuir como poeta y otro como historiador; el 25
poeta puede contar o cantar las cosas, no como
fueron, sino como deuian ser, y el historiador
las ha de escriuir, no como deuian ser, sino
como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad
cosa alguna. 30
Pues si es que se anda a dezir verdades
esse señor moro, dixo Sancho, a buen seguro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 65
que entre los palos de mi señor se hallen
los mios; porque nunca a su merced le tomaron
la medida de las espaldas, que no me la
tomassen a mi de todo el cuerpo; pero no ay
de que marauillarme, pues como dize el mismo 5
señor mio, del dolor de la cabeça han de
participar los miembros.
Socarron soys, Sancho, respondio don
Quixote; a fee que no os falta memoria, quando
vos quereis tenerla. 10
Quando yo quisiesse oluidarme de los
garrotazos que me han dado, dixo Sancho, no
lo consentiran los cardenales, que aun se estan
frescos en las costillas.
Callad, Sancho, dixo don Quixote, y no 15
interrumpais al señor bachiller, a quien suplico
passe adelante en dezirme lo que se dize de
mi en la referida historia.
Y de mi, dixo Sancho; que tambien dizen
que soy yo vno de los principales presonages 20
della.
Personages, que no presonages, Sancho
amigo, dixo Sanson.
Otro reprochador de voquibles tenemos,
dixo Sancho; pues andense a esso y no 25
acabaremos en toda la vida.
Mala me la de Dios, Sancho, respondio el
bachiller, si no soys vos la segunda persona
de la historia, y que ay tal que precia mas
oyros hablar a vos que al mas pintado de toda 30
ella, puesto que tambien ay quien diga que
anduuistes demasiadamente de credulo en creer
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66
que podia ser verdad el gouierno de aquella
insula ofrecida por el señor don Quixote, que
está presente.
Aun ay sol en las (*) vardas, dixo don
Quixote, y mientras mas fuere entrando en edad 5
Sancho, con la esperiencia que dan los años,
estara mas idoneo y mas habil para ser
gouernador, que no está agora.
Por Dios, señor, dixo Sancho, la isla que
yo no gouernasse con los años que tengo, no 10
la gouernaré con los años de Matusalen; el
daño está en que la dicha insula se entretiene,
no se dónde, y no en faltarme a mi el caletre
para gouernarla.
Encomendadlo a Dios, Sancho, dixo don 15
Quixote; que todo se hara bien, y quiça mejor
de lo que vos pensais; que no se mueue la
hoja en el arbol sin la voluntad de Dios.
Assi es verdad, dixo Sanson, que si Dios
quiere, no le faltarán a Sancho mil islas que 20
gouernar, quanto mas vna.
Gouernador (*) he visto por ay, dixo Sancho,
que a mi parecer no llegan a la suela de
mi çapato, y, con todo esso, los llaman señoria,
y se siruen con plata. 25
Essos no son gouernadores de insulas,
replicó Sanson, sino de otros gouiernos mas
manuales; que los que gouiernan insulas, por
lo menos, han de saber gramatica.
Con la grama bien me auendria yo, dixo 30
Sancho, pero con la tica ni me tiro ni me
pago (*), porque no la entiendo; pero dexando
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 67
esto del gouierno en las manos de Dios, que
me eche a las partes donde mas de mi se sirua,
digo, señor bachiller Sanson Carrasco, que
infinitamente me ha dado gusto que el autor de
la historia aya hablado de mi de manera, que 5
no enfadan las cosas que de mi se cuentan;
que a fe de buen escudero que si huuiera dicho
de mi cosas que no fueran muy de christiano
viejo, como soy, que nos auian de oyr los
sordos. 10
Esso fuera hazer milagros, respondio
Sanson.
Milagros o no milagros, dixo Sancho,
cada vno mire cómo habla o cómo escriue de
las presonas, y no ponga a troche moche lo 15
primero que le viene al magin.
Vna de las tachas que ponen a la tal historia,
dixo el bachiller, es que su autor puso
en ella vna nouela intitulada: El Curioso
Impertinente, no por mala ni por mal razonada, 20
sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que
ver con la historia de su merced del señor don
Quixote.
Yo apostaré, replicó Sancho, que ha
mezclado el hideperro berzas con capachos (*). 25
Aora digo, dixo don Quixote, que no ha
sido sabio el autor de mi historia, sino algun
ignorante hablador que, a tiento y sin algun
discurso, se puso a escriuirla, salga lo que
saliere, como hazia Orbaneja, el pintor de 30
Vbeda (*), al qual preguntandole qué pintaua,
respondio: «Lo que saliere»; tal vez pintaua vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68
gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era
menester que con letras goticas escriuiesse
junto a el: «este es gallo»; y assi deue de ser de
mi historia, que tendra necessidad de comento
para entenderla. 5
Esso no, respondio Sanson; porque es tan
clara, que no ay cosa que dificultar en ella; los
niños la manosean, los (*) moços la leen, los
hombres la entienden y los viejos la celebran,
y, finalmente, es tan trillada y tan leyda, y tan 10
sabida de todo genero de gentes, que apenas
han visto algun rocin flaco, quando dizen: «Alli
»va Rocinante», y los que mas se han dado a su
letura son los pages. No ay antecamara de
señor, donde no se halle vn don Quixote; vnos 15
le toman, si otros le dexan; estos le embisten y
aquellos le piden; finalmente, la tal historia es
del mas gustoso y menos perjudicial entretenimiento
que hasta agora se aya visto; porque
en toda ella no se descubre, ni por semejas, vna 20
palabra deshonesta, ni vn pensamiento menos
que catolico.
A escriuir de otra suerte, dixo don Quixote,
no fuera escriuir verdades, sino mentiras, y
los historiadores que de mentiras se valen 25
auian de ser quemados, como los que hazen
moneda falsa, y no se yo que le mouio al autor
a valerse de nouelas y cuentos agenos, auiendo
tanto que escriuir en los mios; sin duda se
deuio de atener al refran: «De paja y de heno, 30
»&c.» (*). Pues en verdad que en solo manifestar
mis pensamientos, mis sospiros, mis lagrimas,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 69
mis buenos desseos y mis acometimientos
pudiera hazer vn volumen mayor, o tan
grande, que el que pueden hazer todas las
obras del Tostado (*). En efeto, lo que yo
alcanço, señor bachiller, es que para componer 5
historias y libros de qualquier suerte que sean, es
menester vn gran juyzio y vn maduro entendimiento;
dezir gracias y escriuir donayres es de
grandes ingenios; la mas discreta figura de la
comedia es la del bobo (*), porque no lo ha de 10
ser el que quiere dar a entender que es simple.
La historia es como cosa sagrada, porque ha
de ser verdadera, y donde está la verdad está
Dios, en quanto a verdad, pero no obstante esto
ay algunos que assi componen y arrojan libros 15
de si, como si fuessen buñuelos.
No ay libro tan malo, dixo el bachiller,
que no tenga algo bueno (*).
No ay duda en esso, replicó don Quixote,
pero muchas vezes acontece, que los que 20
tenian meritamente grangeada y alcançada gran
fama por sus escritos, en dandolos a la estampa,
la perdieron del todo, o la menoscabaron
en algo.
La causa desso es, dixo Sanson, que como 25
las obras impressas se miran despacio,
facilmente se veen sus faltas, y tanto mas se
escudriñan quanto es mayor la fama del que las
compuso. Los hombres famosos por sus ingenios,
los grandes poetas, los ilustres historiadores, 30
siempre, o las mas vezes, son embidiados
de aquellos que tienen por gusto y por particular
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70
entretenimiento juzgar los escritos agenos,
sin auer dado algunos propios a la luz del
mundo.
Esso no es de marauillar, dixo don
Quixote, porque muchos teologos ay que no son 5
buenos para el pulpito, y son bonissimos para
conocer las faltas o sobras de los que
predican.
Todo esso es assi, señor don Quixote,
dixo Carrasco; pero quisiera yo que los tales 10
censuradores fueran mas misericordiosos y menos
escrupulosos, sin atenerse a los atomos del
sol clarissimo de la obra de que murmuran,
que si aliquando bonus dormitat Homerus (*),
consideren lo mucho que estuuo despierto por 15
dar la luz de su obra con la menos sombra
que pudiesse, y quiça podria ser que lo que a
ellos les parece mal, fuessen lunares que a las
vezes acrecientan la hermosura del rostro que
los tiene, y, assi, digo que es grandissimo el 20
riesgo a que se pone el que imprime vn libro,
siendo de toda impossibilidad impossible
componerle tal, que satisfaga y contente a todos
los que le leyeren.
El que de mi trata, dixo don Quixote, a 25
pocos aura contentado.
Antes es al reues, [replicó Sanson], que
como de stultorum infinitus est numerus (*),
infinitos son los que han gustado de la tal
historia. Y algunos han puesto falta y dolo en la 30
memoria del autor, pues se le oluida de contar
quién fue el ladron que hurtó el ruzio a Sancho,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO III p. 71
que alli no se declara (*), y solo se infiere de
lo escrito que se le hurtaron, y de alli a poco le
vemos a cauallo sobre el mesmo jumento, sin
auer parecido; tambien dizen que se le oluidó
poner lo que Sancho hizo de aquellos cien 5
escudos que halló en la maleta en Sierra Morena,
que nunca mas los nombra, y ay muchos que
desean saber qué hizo dellos, o en qué los
gastó, que es vno de los puntos sustanciales que
faltan en la obra. 10
Sancho respondio:
Yo, señor Sanson, no estoy aora para
ponerme en cuentas ni cuentos; que me ha
tomado vn desmayo de estomago, que si no le
reparo con dos tragos de lo añejo (*) me pondra 15
en la espina de Santa Lucia (*); en casa lo
tengo, mi oislo (*) me aguarda, en acabando de
comer dare la buelta, y sati[s]fare (*) a vuessa
merced y a todo el mundo de lo que preguntar
quisieren, assi de la perdida del jumento, como 20
del gasto de los cien escudos.
Y, sin esperar respuesta ni dezir otra palabra,
se fue a su casa. Don Quixote pidio y rogo al
bachiller se quedasse a hazer penitencia con
el; tuuo el bachiller el embite, quedose, 25
añadiose al ordinario vn par de pichones, tratose
en la mesa de cauallerias, siguiole el humor
Carrasco, acabose el banquete, durmieron la
siesta, boluio Sancho y renouose la platica
passada. 30
p. 72
Capitulo IV
Donde Sancho Pança satisfaze al bachiller
Sanson Carrasco de sus dudas y preguntas,
con otros sucessos dignos de saberse y de
contarse. 5
Boluio Sancho a casa de don Quixote, y
boluiendo al passado razonamiento, dixo:
A lo que el señor Sanson dixo que se
desseaua saber quién, o cómo, o quándo se me
hurtó el jumento, respondiendo digo, que la 10
noche misma que huyendo de la Santa Hermandad
nos entramos en Sierra Morena, despues
de la auentura sin ventura de los galeotes,
y de la del difunto que lleuauan a Segouia, mi
señor y yo nos metimos entre vna espesura, 15
adonde mi señor, arrimado a su lança, y yo
sobre mi ruzio, molidos y cansados de las
passadas refriegas, nos pusimos a dormir como si
fuera sobre quatro colchones de pluma;
especialmente yo dormi con tan pesado sueño, que 20
quienquiera que fue tuuo lugar de llegar y
suspenderme sobre quatro estacas que puso a
los quatro lados de la albarda, de manera, que
me dexó a cauallo sobre ella y me sacó debaxo
de mi al ruzio, sin que yo lo sintiesse. 25
Esso es cosa facil, [dixo Sanson], y no
acontecimiento nueuo; que lo mesmo le sucedio
a Sacripante quando, estando en el cerco
de Albraca, con essa misma inuencion le sacó
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 73
el cauallo de entre las piernas aquel famoso
ladron llamado Brunelo (*).
Amanecio, prosiguio Sancho, y apenas
me huue estremecido, quando, faltando las
estacas, di conmigo en el suelo vna gran caida, 5
miré por el jumento y no le vi, acudieronme
lagrimas a los ojos y hize vna lamentacion,
que si no la puso el autor de nuestra historia,
puede hazer cuenta que no puso cosa buena.
Al cabo de no se quántos dias, viniendo con la 10
señora princesa Micomicona, conoci mi asno,
y que venia sobre el en habito de gitano aquel
Gines de Passamonte, aquel embustero y
grandissimo maleador (*) que quitamos mi señor y
yo de la cadena. 15
No está en esso el yerro, replicó Sanson,
sino en que antes de auer parecido el jumento,
dize el autor que yua a cauallo Sancho en el
mesmo ruzio.
A esso, dixo Sancho, no se qué responder, 20
sino que el historiador se engañó o ya
seria descuido del impressor.
Assi es, sin duda, dixo Sanson, pero, ¿qué
se hizieron los cien escudos?; ¿deshizieronse?
Respondio Sancho: 25
Yo los gasté en pro de mi persona y de la
de mi muger y de mis hijos, y ellos han sido
causa de que mi muger lleue en paciencia los
caminos y carreras que he andado siruiendo a
mi señor don Quixote; que si al cabo de tanto 30
tiempo boluiera sin blanca y sin el jumento
a mi casa, negra ventura me esperaua; y si ay
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74
mas que saber de mi, aqui estoy, que respondere
al mesmo rey en presona, y nadie tiene para
qué meterse en si truxe o no truxe, si gasté o no
gasté; que si los palos que me dieron en estos
viages se huuieran de pagar a dinero, aunque 5
no se tassaran sino a quatro marauedis cada
vno, en otros cien escudos no auia para (*)
pagarme la mitad; y cada vno meta la mano en
su pecho y no se ponga a juzgar lo blanco por
negro y lo negro por blanco; que cada vno es 10
como Dios le hizo, y aun peor muchas vezes.
Yo tendre cuidado, dixo Carrasco, de acusar
al autor de la historia que si otra vez la
imprimiere, no se le oluide esto que el buen
Sancho ha dicho, que sera realçarla vn buen 15
coto mas de lo que ella se está (*).
¿Ay otra cosa que enmendar en essa leyenda,
señor bachiller?, preguntó don Quixote.
Si deue de auer, respondio el; pero
ninguna deue de ser de la importancia de las ya 20
referidas.
Y ¿por ventura, dixo don Quixote,
promete el autor segunda parte?
Si promete, re[s]pondio Sanson; pero dize
que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y, assi, 25
estamos en duda si saldra o no; y, assi, por esto,
como porque algunos dizen: «Nunca segundas
»partes fueron buenas», y otros: «De las cosas de
»don Quixote bastan las escritas», se duda que
no ha de auer segunda parte, aunque algunos 30
que son mas jouiales que saturninos dizen:
«Vengan mas quixotadas, embista don Quixote,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 75
»y hable Sancho Pança, y sea lo que fuere; que
»con esso nos contentamos».
Y ¿a qué se atiene el autor?
A que, respondio Sanson, en hallando
que halle (*) la historia que el va buscando con 5
extraordinarias diligencias, la dara luego a la
estampa, lleuado mas del interes que de darla
se le sigue, que de otra alabança alguna.
A lo que dixo Sancho:
¿Al dinero y al interes mira el autor? 10
Marauilla sera que acierte, porque no hara sino
harbar, harbar como sastre en visperas de pasquas,
y las obras que se hazen a priessa nunca se
acaban con la perfecion que requieren; atienda
esse señor moro, o (*) lo que es, a mirar lo que 15
haze; que yo y mi señor le daremos tanto ripio
a la mano en materia de auenturas y de
sucessos diferentes, que pueda componer no solo
segunda parte, sino ciento; deue de pensar el
buen hombre, sin duda, que nos dormimos 20
aqui en las pajas; pues tenganos el pie al
herrar y vera del que cosqueamos. Lo que yo se
dezir es que si mi señor tomasse mi consejo, ya
auiamos de estar en essas campañas deshaziendo
agrauios y endereçando tuertos, como es 25
vso y costumbre de los buenos andantes
caualleros.
No auia bien acabado de dezir estas razones
Sancho, quando llegaron a sus oidos relinchos
de Rozinante, los quales relinchos tomó don 30
Quixote por felicissimo aguero, y determinó de
hazer de alli a tres o quatro dias otra salida, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76
declarando su intento al bachiller, le pidio consejo
por qué parte començaria su jornada; el qual le
respondio que era su parecer que fuesse al
reyno de Aragon y a la ciudad de Zaragoça (*),
adonde de alli a pocos dias se auian de hazer 5
vnas solenissimas justas por la fiesta de San
Iorge, en las quales podria ganar fama sobre
todos los caualleros aragonesses, que seria
ganarla sobre todos los del mundo. Alabole ser
honradissima y valentissima su determinacion, 10
y aduirtiole que anduuiesse mas atentado en
acometer los peligros, a causa que su vida no
era suya, sino de todos aquellos que le auian
de menester para que los amparasse y
socorriesse en sus desuenturas. 15
Desso es lo que yo reniego, señor Sanson,
dixo a este punto Sancho; que assi acomete
mi señor a cien hombres armados, como vn
muchacho goloso a media dozena de badeas;
¡cuerpo del mundo, señor bachiller, si, que tiempos 20
ay de acometer, y tiempos de retirar; si (*),
no ha de ser todo «Santiago, y cierra, España!»
Y mas, que yo he oido dezir, y creo que a mi
señor mismo, si mal no me acuerdo, que en (*)
los estremos de cobarde y de temerario está el 25
medio de la valentia, y si esto es assi, no quiero
que huya sin tener para qué, ni que acometa
quando la demasia pide otra cosa; pero, sobre
todo, auiso a mi señor que si me ha de lleuar
consigo, ha de ser con condicion que el se lo ha 30
de batallar todo, y que yo no he de estar
obligado a otra cosa que a mirar por su persona en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 77
lo que tocare a su limpieza y a su regalo; que
en esto yo le bailaré el agua delante; pero
pensar que tengo de poner mano a la espada,
aunque sea contra villanos malandrines de acha y
capellina (*), es pensar en lo escusado. Yo, 5
señor Sanson, no pienso grangear fama de
valiente, sino del mejor y mas leal escudero que
jamas siruio a cauallero andante; y si mi señor
don Quixote, obligado de mis muchos y buenos
seruicios, quisiere darme alguna insula de 10
las muchas que su merced dize que se ha de
topar por ay, recibire mucha merced en ello; y
quando no me la diere, nacido soy (*), y no ha
de viuir el hombre en oto (*) de otro, sino de
Dios, y mas, que tan bien, y aun quiça mejor, 15
me sabra el pan desgouernado que siendo
gouernador. Y ¿se yo, por ventura, si en essos
gouiernos me tiene aparejada el diablo alguna
çancadilla donde tropiece y caiga y me haga
las muelas (*)? Sancho naci y Sancho pienso 20
morir; pero si con todo esto, de buenas a buenas,
sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me
deparasse el cielo alguna insula o otra cosa
semejante, no soy tan necio que la desechasse;
que tambien se dize: «quando te dieren la 25
»baquilla, corre con la soguilla», y «quando viene
»el bien, metelo en tu casa».
Vos, hermano Sancho, dixo Carrasco, aueis
hablado como vn cathedratico; pero con todo
esso confiad en Dios y en el señor don Quixote, 30
que os ha de dar vn reyno, no que (*) vna
insula.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78
Tanto es lo demas como lo de menos,
respondio Sancho; aunque sé dezir al señor
Carrasco, que no echará mi señor el reyno que
me diera en (*) saco roto; que yo he tomado el
pulso a mi mismo, y me hallo con salud para 5
regir reynos y gouernar insulas, y esto ya otras
vezes lo he dicho a mi señor.
Mirad, Sancho, dixo Sanson, que los
oficios mudan las costumbres, y podria ser que,
viendoos gouernador, no conociessedes a la 10
madre que os pario.
Esso alla se ha de entender, respondio
Sancho, con los que nacieron en las maluas (*),
y no con los que tienen sobre el alma quatro
dedos de enjundia de christianos viejos como 15
yo los tengo: ¡no, sino llegaos a mi condicion,
que sabra vsar de desagradecimiento con
alguno!
Dios lo haga, dixo don Quixote, y ello
dira quando el gouierno venga; que ya me 20
parece que le trayo entre los ojos.
Dicho esto, rogo al bachiller que, si era
poeta, le hiziesse merced de componerle vnos
versos que tratassen de la despedida que pensaua
hazer de su señora Dulcinea del Toboso, y que 25
aduirtiesse que en el principio de cada verso
auia de poner vna letra de su nombre, de
manera, que al fin de (*) los versos, juntando
las primeras letras, se leyesse Dulcinea del
Toboso. 30
El bachiller respondio que puesto que el
no era de los famosos poetas que auia en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IV p. 79
España, que dezian que no eran sino tres y
medio, que no dexaria de componer los tales
metros, aunque hallaua vna dificultad grande en
su composicion a causa que las letras que
contenian el nombre eran diez y siete, y que si 5
hazia quatro castellanas de a quatro versos,
sobrara vna letra, y si de a cinco, a quien
llaman dezimas o redondillas (*), faltauan tres
letras; pero con todo esso procuraria embeuer
vna letra lo mejor que pudiesse, de manera, que 10
en las quatro castellanas se incluyesse el
nombre de Dulcinea del Toboso.
Ha de ser assi en todo caso, dixo don
Quixote; que si alli no va el nombre patente y
de manifiesto, no ay muger que crea que para 15
ella se hizieron los metros.
Quedaron en esto y en que la partida seria de
alli a ocho dias; encargó don Quixote al
bachiller la tuuiesse secreta, especialmente al
cura y a maesse Nicolas y a su sobrina y al 20
ama, porque no estoruassen su honrada y
valerosa determinacion; todo lo prometio
Carrasco. Con esto se despidio, encargando a don
Quixote que de todos sus buenos o malos sucessos
le auisasse, auiendo comodidad, y, assi, 25
se despidieron, y Sancho fue a poner en orden
lo necessario para su jornada.
p. 80
Capitulo V
De la discreta y graciosa platica que passó
entre Sancho Pança y su muger Teresa
Pança, y otros sucessos dignos de felice
recordacion. 5
Llegando a escriuir el traductor desta historia
este quinto capitulo, dize que le tiene por
apocrifo, porque en el habla Sancho Pança con
otro estilo del que se podia prometer de su
corto ingenio, y dize cosas tan sutiles, que no 10
tiene por possible que el las supiesse; pero que
no quiso dexar de traduzirlo, por cumplir con
lo que a su oficio deuia, y, assi, prosiguio
diziendo:
Llegó Sancho a su casa tan regozijado y 15
alegre, que su muger conocio su alegria a tiro de
ballesta, tanto, que la obligó a preguntarle:
¿Qué trae[i]s (*), Sancho amigo, que tan
alegre venis?
A lo que el respondio: 20
Muger mia, si Dios quisiera, bien me holgara
yo de no estar tan contento como muestro.
No os entiendo, marido, replicó ella, y no
se qué quereis dezir en esso de que os holgaredes,
si Dios quisiera, de no estar contento; 25
que maguer (*) tonta, no se yo quién recibe
gusto de no tenerle.
Mirad, Teresa, respondio Sancho: yo estoy
alegre porque tengo determinado de boluer a
seruir a mi amo don Quixote, el qual quiere la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 81
vez tercera (*) salir a buscar las auenturas, y
yo bueluo a salir con el porque lo quiere assi
mi necessidad, junto con la esperança que me
alegra de pensar si podre hallar otros cien
escudos como los ya gastados, puesto que me 5
entristeze el auerme de apartar de ti y de mis
hijos; y si Dios quisiera darme de comer a pie
enxuto y en mi casa, sin traerme por vericuetos
y encrucijadas, pues lo podia hazer a poca
costa y no mas de quererlo, claro está que mi 10
alegria fuera mas firme y valedera, pues que la
que tengo va mezclada con la tristeza del
dexarte; assi, que dixe bien que holgara, si Dios
quisiera, de no estar contento.
Mirad, Sancho, replicó Teresa; despues 15
que os hizistes miembro de cauallero andante,
hablais de tan rodeada manera, que no ay
quien os entienda.
Basta que me entienda Dios, muger,
respondio Sancho, que El es el entendedor de 20
todas las cosas, y quedese esto aqui; y aduertid,
hermana, que os conuiene tener cuenta estos
tres dias con el ruzio, de manera, que esté para
armas tomar (*); dobladle los piensos, requerid
la albarda y las demas xarcias, porque no vamos 25
a bodas, sino a rodear el mundo, y a tener
dares y tomares con gigantes, con endriagos y
con vestiglos, y a oyr siluos, rugidos, bramidos
y baladros, y aun todo esto fuera flores de
cantueso, si no tuuieramos que entender con 30
yanguesses y con moros encantados.
Bien creo yo, marido, replicó Teresa, que,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82
los escuderos andantes no comen el pan de
valde, y, assi, quedaré rogando a nuestro Señor
os saque presto de tanta mala ventura.
Yo os digo, muger, respondio Sancho,
que si no pensasse antes de mucho tiempo 5
verme gouernador de vna insula, aqui me
caeria muerto.
Esso no, marido mio, dixo Teresa; viua
la gallina, aunque sea con su pepita; viuid vos,
y lleuese el diablo quantos gouiernos ay en el 10
mundo. Sin gouierno salistes del vientre de
vuestra madre, sin gouierno aueys viuido hasta
aora, y sin gouierno os yreys o os lleuarán a la
sepultura quando Dios fuere seruido. Como
essos ay en el mundo que viuen sin gouierno, 15
y no por esso dexan de viuir y de ser contados
en el numero de las gentes. La mejor salsa del
mundo es la hambre, y como esta no falta a
los pobres, siempre comen con gusto. Pero
mirad, Sancho, si por ventura os vieredes con 20
algun gouierno, no os oluideys de mi y de
vuestros hijos. Aduertid que Sanchico tiene ya
quinze años cabales, y es razon que vaya a la
escuela, si es que su tio, el abad, le ha de
dexar hecho de la Iglesia. Mirad tambien que 25
Mari Sancha, vuestra hija, no se morira si la
casamos, que me va dando barruntos que
dessea tanto tener marido como vos desseays
veros con gouierno, y en fin en fin (*), mejor
parece la hija mal casada que bien 30
abarraganada.
A buena fe, respondio Sancho, que si
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 83
Dios me llega a tener algo que (*) de gouierno,
que tengo de casar, muger mia, a Mari Sancha
tan altamente que no la alcancen sino con
llamarla señor[i]a.
Esso no, Sancho, respondio Teresa; 5
casadla con su ygual, que es lo mas acertado;
que si de los çuecos la sacays a chapines y de
saya parda de catorzeno a verdugado y saboyanas
de seda, y de vna Marica y vn tu a vna
doña tal y señoria, no se ha de hallar la 10
mochacha y a cada paso ha de caer en mil faltas,
descubriendo la hilaza de su tela basta y
grossera.
Calla, boba, dixo Sancho, que todo sera
vsarlo dos o tres años; que despues le vendra 15
el señorio y la grauedad como de molde, y
quando no, ¿qué importa? Sease ella señoria
y venga lo que viniere.
Medios, Sancho, con vuestro estado,
respondio Teresa, no os querays alçar a mayores 20
y aduertid al refran que dize: al hijo de tu
vezino limpiale las narizes y metele en tu casa.
Por cierto que seria gentil cosa casar a nuestra
Maria con vn condazo, o con [vn] cauallerote
que quando se le antojase la pusiesse como 25
nueua, llamandola de villana, hija del
destripaterrones y de la pelaruecas. ¡No en mis dias,
marido; para esso por cierto he criado yo a mi
hija! Traed vos dineros, Sancho, y el casarla
dexadlo a mi cargo; que ai está Lope Tocho, el 30
hijo de Iuan Tocho, moço rollizo y sano, y que
le conocemos, y se que no mira de mal ojo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84
la mochacha, y con este que es nuestro ygual
estara bien casada, y le tendremos siempre a
nuestros ojos, y seremos todos vnos, padres y
hijos, nietos y yernos, y andara la paz y la
bendicion de Dios entre todos nosotros, y no 5
casarmela vos aora en essas cortes y en essos
palacios grandes, adonde ni a ella la
entiendan ni ella se entienda.
Ven aca, bestia y muger de Barrabas,
replicó Sancho; ¿por qué quieres tu aora, sin 10
qué ni para qué, estoruarme que no case a mi
hija con quien me de nietos que se llamen
señoria? Mira, Teresa, siempre he oydo dezir a
mis mayores que el que no sabe gozar de la
ventura quando le viene, que no se deue quexar 15
si se le passa. Y no seria bien que, aora
que está llamando a nuestra puerta, se la
cerremos; dexemonos lleuar deste viento fauorable
que nos sopla. (Por este modo de hablar
y por lo que mas abaxo dize Sancho, dixo el 20
tradutor desta historia que tenia por apocrifo
este capitulo.)
¿No te parece, animalia, prosiguio Sancho,
que sera bien dar con mi cuerpo en algun
gouierno prouechoso que nos saque el pie del 25
lodo? Y casesse (*) a Mari Sancha con quien yo
quisiere, y veras como te llaman a ti doña
Teresa Pança, y te sientas en la iglesia sobre
alcatifa, almohadas y arambeles, a pesar y
despecho de las hidalgas del pueblo. No, sino 30
estaos siempre en vn ser, sin crecer ni
menguar, como figura de paramento, y en esto no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 85
hablemos mas, que Sanchica ha de ser
condessa, aunque tu mas me digas (*).
¿Veis quanto dezis, marido?, respondio
Teresa. Pues con todo esso temo que este
condado de mi hija ha de ser su perdicion; 5
vos hazed lo que quisieredes, ora la hagays
duquessa o princessa; pero seos dezir que no
sera ello con voluntad ni consentimiento mio.
Siempre, hermano, fuy amiga de la ygualdad,
y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa 10
me pusieron en el bautismo, nombre mondo
y escueto, sin añadiduras, ni cortapisas, ni
arrequiues de dones ni donas; Cascajo se llamó
mi padre, y a mi, por ser vuestra muger, me
llaman Teresa Pança, que a buena razon me 15
auian de llamar Teresa Cascajo. Pero alla van
reyes do quieren leyes, y con este nombre me
contento, sin que me le pongan vn don encima
que pese tanto, que no le pueda lleuar, y no
quiero dar que dezir a los que me vieren andar 20
vestida a lo condesil o a lo de gouernadora,
que luego diran: «¡Mirad que entonada va la
»pazpuerca (*): ayer no se hartaua de estirar de
»vn copo de estopa, y yua a missa cubierta la
»cabeça con la falda de la saya en lugar de 25
»manto, y ya oy va con verdugado, con broches y con
»entono, como si no la conociessemos!» Si Dios
me guarda mis siete o mis cinco sentidos, o los
que tengo, no pienso dar ocasion de verme en
tal aprieto. Vos, hermano, ydos a ser gouierno 30
o insulo, y entonaos a vuestro gusto; que mi
hija ni yo por el siglo de mi madre que no nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86
hemos de mudar vn paso de nuestra aldea: la
muger honrada, la pierna quebrada y en casa;
y la donzella honesta, el hazer algo es su
fiesta; ydos con vuestro don Quixote a vuestras
auenturas y dexadnos a nosotras con nuestras 5
malas venturas; que Dios nos las mejorará
como seamos buenas. Y yo no se por cierto
quién le puso a el don que no tuuieron sus
padres ni sus aguelos.
Aora digo, replicó Sancho, que tienes 10
algun familiar en esse cuerpo. ¡Valate Dios, la
muger, y qué de cosas has ensartado vnas en
otras, sin tener pies ni cabeça! ¿Qué tiene que
ver el Cascajo, los broches, los refranes y el
entono con lo que yo digo? Ven acá, mentecata 15
e ignorante, que assi te puedo llamar, pues
no entiendes mis razones y vas huyendo de la
dicha. Si yo dixera que mi hija se arrojara de
vna torre abaxo, o que se fuera por essos mundos,
como se quiso yr la infanta doña Vrraca (*), 20
tenias razon de no venir con mi gusto; pero si
en dos paletas y en menos de vn abrir y cerrar
de ojos te la chanto vn don y vna señoria
acuestas, y te la saco de los rastrojos, y te la
pongo en toldo y en peana y en vn estrado de 25
mas almohadas de velludo, que tuuieron moros
en su linage los Almohadas de Marruecos,
¿por qué no has de consentir y querer lo que
yo quiero?
¿Sabeys por qué, marido?, respondio Teresa: 30
por el refran que dize: Quien te cubre te
descubre. Por el pobre todos passan los ojos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 87
como de corrida, y en el rico los detienen, y si
el tal rico fue vn tiempo pobre, alli es el
murmurar, y el mal dezir, y el peor perseuerar de
los maldizientes, que los ay por essas calles a
montones, como enxambres de abejas. 5
Mira, Teresa, respondio Sancho, y escucha
lo que agora quiero dezirte, quiça no lo
auras oydo en todos los dias de tu vida, y yo
agora no hablo de mio; que todo lo que pienso
dezir son sentencias del padre predicador que 10
la quaresma passada predicó en este pueblo,
el qual, si mal no me acuerdo, dixo que todas
las cosas presentes que los ojos estan mirando
se presentan, estan y assisten en nuestra
memoria mucho mejor y con mas vehemencia 15
que las cosas passadas. (Todas estas razones
que aqui va diziendo Sancho son las segundas
por quien dize el tradutor que tiene por apocrifo
este capitulo, que exceden a la capacidad
de Sancho. El qual prosiguio diziendo:) De 20
donde nace que quando vemos alguna persona
bien adereçada y con ricos vestidos compuesta
y con ponpa (*) de criados, parece que por
fuerça nos mueue y combida a que la tengamos
respeto, puesto que la memoria en aquel 25
instante nos represente alguna baxeza en que
vimos a la tal persona; la qual inominia, aora
sea de pobreza, o de linage, como ya passó,
no es, y solo es lo que vemos presente. Y si
este a quien la fortuna sacó del borrador de 30
su baxeza --que por estas mesmas razones lo
dixo (*) el padre--, a la alteza de su prosperidad,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88
fuere bien criado, liberal y cortés con
todos, y no se pusiere en cuentos con aquellos
que por antiguedad son nobles, ten por cierto,
Teresa, que no aura quien se acuerde de lo
que fue, sino que reuerencien lo que es, si no 5
fueren los inuidiosos, de quien ninguna
prospera fortuna está segura.
Yo no os entiendo, marido, replicó Teresa;
hazed lo que quisieredes y no me quebreys
mas la cabeça con vuestras arengas y retoricas. 10
Y si estays rebuelto en hazer lo que dezys...
Resuelto has de dezir, muger, dixo Sancho,
y no rebuelto.
No os pongays a disputar, marido, conmigo,
respondio Teresa; yo hablo como Dios es 15
seruido y no me meto en mas dibuxos; y digo,
que si estays porfiando en tener gouierno, que
lleueys con vos a vuestro hijo Sancho, para
que desde agora le enseñeys a tener gouierno;
que bien es que los hijos hereden y aprendan 20
los oficios de sus padres.
En teniendo gouierno, dixo Sancho, embiaré
por el por la posta, y te embiaré dineros
que no me faltarán, pues nunca falta quien se
los preste a los gouernadores quando no los 25
tienen, y vistele de modo que dissimule lo que
es y parezca lo que ha de ser.
Embiad vos dinero, dixo Teresa, que yo
os lo vistire como vn palmito.
En efecto, ¿quedamos de acuerdo, dixo 30
Sancho, de que ha de ser condessa nuestra
hija?
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO V p. 89
El dia que yo la viere condessa, respondio
Teresa, esse hare cuenta que la entierro; pero
otra vez os digo que hagays lo que os diere
gusto; que con esta carga nacemos las mugeres
de estar obedientes a sus maridos aunque 5
sean vnos porros.
Y, en esto, començo a llorar tan de veras como
si ya viera muerta y enterrada a Sanchica.
Sancho la consolo diziendole que ya que la
huuiesse de hazer condessa, la haria todo lo 10
mas tarde que ser pudiesse. Con esto se acabó
su platica, y Sancho boluio a ver a don Quixote
para dar orden en su partida.
p. 90
Capitulo VI
De lo que le passó a don Quixote con su sobrina
y con su ama, y es vno de los importantes
capitulos de toda la historia.
En tanto que Sancho Pança y su muger Teresa 5
Cascajo passaron la impertinente referida
platica, no estauan ociosas la sobrina y el ama
de don Quixote, que por mil señales yuan
coligiendo que su tio y señor queria desgarrarse
la vez tercera y boluer al exercicio de su, para 10
ellas, mal andante caualleria; procurauan por
todas las vias possibles aparta[r]le de tan mal
pensamiento, pero todo era predicar en desierto
y majar en hierro frio. Con todo esto, entre
otras muchas razones que con el passaron, le 15
dixo el ama:
En verdad, señor mio, que si vuessa merced
no afirma el pie llano y se está quedo en su
casa y se dexa de andar por los montes y por
los valles como anima en pena, buscando essas 20
que dizen que se llaman auenturas, a quien yo
llamo desdichas, que me tengo de quexar en
voz y en grita a Dios y al rey, que pongan
remedio en ello.
A lo que respondio don Quixote: 25
Ama, lo que Dios respondera a tus quexas
yo no lo se, ni lo que ha de responder su
magestad tan poco, y solo se que si yo fuera rey,
me escusara de responder a tanta infinidad de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 91
memoriales impertinentes como cada dia le
dan; que vno de los mayores trabajos que los
reyes tienen entre otros muchos es el estar
obligados a escuchar a todos y a responder a
todos, y, assi, no querria yo que cosas mias le 5
diessen pesadumbre.
A lo que dixo el ama:
Diganos, señor, ¿en la corte de su magestad
no ay caualleros?
Si, respondio don Quixote, y muchos, y 10
es razon que los aya para adorno de la grandeza
de los principes y para ostentacion de la
magestad real.
Pues ¿no seria vuessa (*) merced, replicó
ella, vno de los que a pie quedo siruiessen a 15
su rey y señor, estandose en la corte?
Mira, amiga, respondio don Quixote, no
todos los caualleros pueden ser cortesanos, ni
todos los cortesanos pueden ni deuen ser
caualleros andantes; de todos ha de auer (*) en el 20
mundo, y aunque todos seamos caualleros, va
mucha diferencia de los vnos a los otros: porque
los cortesanos, sin salir de sus aposentos
ni de los vmbrales de la corte, se passean por
todo el mundo, mirando vn mapa, sin costarles 25
blanca, ni padecer calor ni frio, hambre ni sed.
Pero nosotros los caualleros andantes verdaderos,
al sol, al frio, al ayre, a las inclemencias
del cielo, de noche y de dia, a pie y a cauallo,
medimos toda la tierra con nuestros mismos 30
pies. Y no solamente conocemos los enemigos
pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92
y en toda ocasion los acometemos, sin mirar
en niñerias, ni en las leyes de los desafios, si
lleua o no lleua mas corta la lança o la espada,
si trae sobre si reliquias o algun engaño encubierto,
si se ha de partir y hazer tajadas el sol, 5
o no, con otras ceremonias deste jaez, que se
vsan en los desafios particulares de persona
a persona, que tu no sabes y yo si.
Y has de saber mas: que el buen cauallero
andante, aunque vea diez gigantes que con las 10
cabeças no solo tocan, sino passan las nubes,
y que a cada vno le siruen de piernas dos
grandissimas torres, y que los braços semejan
arboles de gruessos y poderosos nauios, y cada
ojo como vna gran rueda de molino y mas 15
ardiendo que vn horno de vidrio, no le han de
espantar (*) en manera alguna, antes con gentil
continente y con intrepido coraçon los ha de
acometer y embestir, y, si fuere possible,
vencerlos y desbaratarlos en vn pequeño instante, 20
aunque viniessen armados de vnas conchas de
vn cierto pescado (*) que dizen que son mas
duras que si fuessen de diamantes, y en lugar de
espadas truxessen cuchillos tajantes de
damasquino azero, o porras ferradas con puntas 25
assimismo de azero, como yo las he visto mas de
dos vezes. Todo esto he dicho, ama mia, porque
veas la diferencia que ay de vnos caualleros
a otros, y seria razon que no huuiesse principe
que no estimasse en mas esta segunda, o 30
por mejor dezir, primera especie de caualleros
andantes; que, segun leemos en sus historias,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 93
tal ha auido entre ellos, que ha sido la salud
no solo de vn reyno, sino de muchos.
¡A, señor mio!, dixo a esta sazon la sobrina,
aduierta vuessa merced que todo esso que
dize de los caualleros andantes es fabula y 5
mentira, y sus historias, ya que no las quemassen,
merecian que a cada vna se le echasse vn
sanbenito, o alguna señal en que fuesse conocida
por infame y por gastadora de las buenas
costumbres. 10
Por el Dios que me sustenta, dixo don
Quixote, que si no fueras mi sobrina
derechamente, como hija de mi misma hermana, que
auia de hazer vn tal castigo en ti por la
blasfemia que has dicho, que sonara por todo el 15
mundo. ¿Cómo que es possible que vna rapaza
que apenas sabe menear doze palillos de randas
se atreua a poner lengua y a censurar las
historias de los caualleros andantes? ¿Qué dixera
el señor Amadis si lo tal (*) oyera? Pero a 20
buen seguro que el te perdonara, porque fue el
mas humilde y cortés cauallero de su tiempo, y
demas, grande amparador de las donzellas; mas
tal te pudiera auer oydo, que no te fuera bien
dello; que no todos son cortesses ni bien 25
mirados: algunos ay follones y descomedidos. Ni
todos los que se llaman caualleros lo son de
todo en todo, que vnos son de oro, otros de
alquimia y todos parecen caualleros, pero no
todos pueden estar al toque de la piedra de la 30
verdad. Hombres baxos ay que rebientan por
parecer caualleros, y, caualleros altos ay que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94
parece que aposta mueren por parecer hombres
baxos; aquellos se lleuantan, o con la ambicion,
o con la virtud, estos se abaxan, o con
la floxedad, o con el vicio, y es menester
aprouecharnos del conocimiento discreto para 5
distinguir estas dos maneras de caualleros tan
parecidos en los nombres y tan distantes en las
acciones.
Valame Dios, dixo la sobrina; que sepa
vuessa merced tanto, señor tio, que si fuesse 10
menester en vna necessidad, podria subir en vn
pulpito e yrse a predicar por essas calles, y
que, con todo esto, de en vna ceguera tan
grande y en vna sandez tan conocida, que se
de a entender que es valiente, siendo viejo, 15
que tiene fuerças, estando enfermo, y que
endereça tuertos, estando por la edad agobiado,
y, sobre todo, que es cauallero, no lo siendo,
porque aunque lo puedan ser los hidalgos, no
lo son los pobres. 20
Tienes mucha razon, sobrina, en lo que
dizes, respondio don Quixote, y cosas te
pudiera yo dezir cerca de los linages, que te
admiraran, pero por no mezclar lo diuino con lo
humano, no las digo. Mirad, amigas, a quatro 25
suertes de linages, y estadme atentas, se
pueden reduzir todos los que ay en el mundo, que
son estas: vnos que tuuieron principios humildes
y se fueron estendiendo y dilatando hasta
llegar a vna suma grandeza; otros, que tuuieron 30
principios grandes y los fueron conseruando,
y los conseruan y mantienen en el ser que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 95
començaron; otros, que aunque tuuieron
principios grandes, acauaron en punta como
piramide, auiendo diminuido y aniquilado su
principio hasta parar en nonada, como lo es la
punta de la piramide, que respeto de su bassa 5
o assiento no es nada; otros ay, y estos son los
mas, que ni tuuieron principio bueno, ni razonable
medio, y assi tendran el fin, sin nombre,
como el linage de la gente plebeya y
ordinaria. 10
De los primeros que tuuieron principio
humilde y subieron a la grandeza que agora
conseruan te sirua de exemplo la casa Otomana,
que de vn humilde y baxo pastor que le dio
principio (*), está en la cumbre que le vemos (*). 15
Del segundo linage, que tuuo principio en
grandeza y la conserua sin aumentarla, seran
exemplo muchos principes que por herencia lo son,
y se conseruan en ella sin aumentarla ni
diminuirla, conteniendose en los limites de sus 20
estados pacificamente. De los que començaron
grandes y acabaron en punta ay millares de
exemplos. Porque todos los Faraones y Tolomeos
de Egypto, los Cesares de Roma, con toda
la caterba, si es que se le puede dar este 25
nombre, de infinitos principes, monarcas, señores,
medos, asirios, persas, griegos y barbaros,
todos estos linages y señorios han acabado en
punta y en nonada, assi ellos como los que les
dieron principio, pues no sera possible hallar 30
agora ninguno de sus decendientes, y si le
hallassemos, seria en baxo y humilde estado.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 96
Del linage plebeyo no tengo que dezir, sino
que sirue solo de acrecentar el numero de los
que viuen, sin que merezcan otra fama ni otro
elogio sus grandezas.
De todo lo dicho quiero que infirays, bobas 5
mias, que es grande la confusion que ay entre
los linages, y que solos aquellos parecen grandes
y illustres que lo muestran en la virtud y
en la riqueza y liberalidad de sus dueños. Dixe
virtudes, riquezas y liberalidades, porque el 10
grande que fuere vicioso sera vicioso grande,
y el rico no liberal sera vn auaro mendigo; que
al posseedor de las riquezas no le haze dichoso
el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas
como quiera, sino el saberlas bien gastar. Al 15
cauallero pobre no le queda otro camino para
mostrar que es cauallero, sino el de la virtud,
siendo afable, bien criado, cortés y comedido
y oficioso; no soberuio, no arrogante, no
murmurador y, sobre todo, caritatiuo; que con dos 20
marauedis que con animo alegre de al pobre,
se mostrará tan liberal como el que a campana
herida da limosna, y no aura quien le vea
adornado de las referidas virtudes que, aunque no
le conozca, dexe de juzgarle y tenerle por de 25
buena casta, y el no serlo seria milagro; y
siempre la alabança fue premio de la virtud, y
los virtuosos no pueden dexar de ser alabados.
Dos caminos ay, hijas, por donde pueden yr
los hombres a llegar a ser ricos y honrados: el 30
vno es el de las letras, otro, el de las armas.
Yo tengo mas armas que letras, y naci, segun
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VI p. 97
me inclino a las armas, debaxo de la influencia
del planeta Marte; assi, que casi me es forçoso
seguir por su camino, y por el tengo de yr
a pesar de todo el mundo, y sera en valde
cansaros en persuadirme a que no quiera yo 5
lo que los cielos quieren, la fortuna ordena y
la razon pide y, sobre todo, mi voluntad dessea.
Pues con saber, como se, los innumerables
trabajos que son anexos al (*) andante caualleria,
se tambien los infinitos bienes que se alcançan 10
con ella. Y se que la senda de la virtud es muy
estrecha, y el camino del vicio ancho y espacioso.
Y se que sus fines y paraderos son diferentes,
porque el del vicio, dilatado y espacioso,
acaba en muerte, y el de la virtud, angosto 15
y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se
acaba, sino en la que no tendra fin. Y se, como
dize el gran poeta castellano nuestro, que:
Por estas asperezas se camina
de la inmortalidad al alto asiento, 20
do nunca arriba, quien de alli declina (*).
¡Ay desdichada de mi!, dixo la sobrina,
que tambien mi señor es poeta. Todo lo sabe,
todo lo alcança; yo apostaré que si quisiera
ser albañil, que supiera fabricar vna casa como 25
vna xaula.
Yo te prometo, sobrina, respondio don
Quixote, que si estos pensamientos cauallerescos
no me lleuassen tras si todos los sentidos,
que no auria cosa que yo no hiziesse, ni 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98
curiosidad que no saliesse de mis manos,
especialmente xaulas y palillos de dientes.
A este tiempo llamaron a la puerta, y
preguntando quién llamaua, respondio Sancho
Pança que el era, y apenas le huuo conocido 5
el ama, quando corrio a esconderse por no
verle: tanto le aborrecia. Abriole la sobrina,
salio a recebirle con los braços abiertos su señor
don Quixote, y encerraronse los dos en su
aposento, donde tuuieron otro coloquio que no le 10
haze ventaja el passado.
p. 99
Capitulo VII
De lo que passó don Quixote con su escudero,
con otros sucessos famosissimos.
Apenas vio el ama que Sancho Pança se
encerraua con su señor, quando dio en la 5
cuenta de sus tratos, y, imaginando que de
aquella consulta auia de salir la resolucion de
su tercera salida, y, tomando su manto, toda
llena de congoxa y pesadumbre, se fue a buscar
al bachiller Sanson Carrasco, pareciendole 10
que por ser bien hablado y amigo fresco de su
señor, le podria persuadir a que dexasse tan
desuariado proposito.
Hallole passeandose por el patio de su casa, y,
viendole, se dexó caer ante sus pies, trasudando 15
y congoxosa. Quando la vio Carrasco con
muestras tan doloridas y sobresaltadas, le dixo:
¿Qué es esto, señora ama? ¿Qué le ha
acontecido, que parece que se le quiere arrancar
el alma? 20
No es nada, señor Sanson mio, sino que mi
amo se sale, salese sin duda.
Y ¿por dónde se sale, señora?, preguntó
Sanson. ¿Hasele roto alguna parte de su
cuerpo? 25
No se sale, respondio ella, sino por la
puerta de su locura. Quiero dezir, señor bachiller
de mi anima, que quiere salir otra vez, que
con esta sera la tercera, a buscar por esse
mundo lo que el llama venturas, que yo no 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100
puedo entender como les da este nombre. La
vez primera nos le boluieron atrauesado sobre
vn jumento, molido a palos. La segunda vino
en vn carro de bueyes, metido y encerrado en
vna xaula, adonde el se daua a entender que 5
estaua encantado, y venia tal el triste, que no
le conociera la madre que le pario: flaco,
amarillo, los ojos hundidos en los vltimos
camaranchones del celebro; que para auerle de boluer
algun tanto en si, gasté mas de seiscientos 10
hueuos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y
mis gallinas que no me dexarán mentir.
Esso creo yo muy bien, respondio el
bachiller; que ellas son tan buenas, tan gordas y
tan bien criadas, que no diran vna cosa por 15
otra si rebentassen. En efecto, señora ama, ¿no
ay otra cosa, ni ha sucedido otro desman
alguno, sino el que se teme que quiere hazer el
señor don Quixote?
No, señor, respondio ella. 20
Pues no tenga pena, respondio el bachiller,
sino vayase en hora buena a su casa, y
tengame adereçado de almorzar alguna cosa
caliente, y, de camino, vaya rezando la oracion
de Santa Apolonia, si es que la sabe; que yo yre 25
luego alla y vera marauillas.
Cuytada de mi, replicó el ama: la oracion
de Santa Apolonia (*) dize vuessa merced que
reze; esso fuera si mi amo lo huuiera de las
muelas, pero no lo ha sino de los cascos. 30
Yo se lo que digo, señora ama; vayase y
no se ponga a disputar conmigo, pues sabe que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 101
soy bachiller por Salamanca, que no ay mas
que bachillear, respondio Carrasco.
Y, con esto, se fue el ama, y el bachiller fue
luego a buscar al cura, a comunicar con el lo
que se dira a su tiempo. 5
En el que estuuieron encerrados don Quixote
y Sancho passaron las razones que con mucha
puntualidad y verdadera relacion cuenta la
historia. Dixo Sancho a su amo:
Señor, ya yo tengo reluzida a mi muger a 10
que me dexe yr con vuessa merced adonde
quisiere lleuarme.
Reduzida has de dezir, Sancho, dixo don
Quixote, que no reluzida.
Vna o dos vezes, respondio Sancho, si 15
mal no me acuerdo, he suplicado a vuessa
merced que no me emiende los vocablos, si es
que entiende lo que quiero dezir en ellos, y que
quando no los entienda, diga, «Sancho, o diablo,
»no te entiendo»; y si yo no me declarare, 20
entonces podra emendarme; que yo soy tan focil.
No te entiendo, Sancho, dixo luego don
Quixote, pues no se qué quiere dezir soy
ta[n] focil.
Tan focil quiere dezir, respondio Sancho, 25
Soy tan assi.
Menos te entiendo agora, replicó don
Quixote.
Pues si no me puede entender, respondio
Sancho, no se cómo lo diga; no se mas, y 30
Dios sea conmigo.
Ya, ya caygo, respondio don Quixote, en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102
ello. Tu quieres dezir que eres tan docil, blando
y mañero, que tomarás lo que yo te dixere, y
passarás por lo que te enseñare.
Apostaré yo, dixo Sancho, que desde el
emprincipio me caló y me entendio, sino que (*) 5
quiso turbarme por oyrme (*) dezir otras
docientas patochadas.
Podra ser, replicó don Quixote; y, en
efecto, ¿qué dize Teresa?
Teresa dize, dixo Sancho, que ate bien 10
mi dedo con vuessa merced, y que hablen
cartas y callen barbas, porque quien destaja no
baraja, pues mas vale vn toma que dos te dare.
Y yo digo que el consejo de la muger es poco,
y el que no le toma es loco. 15
Y yo lo digo tambien, respondio don
Quixote. Dezid, Sancho amigo; passá adelante,
que hablays oy de perlas.
Es el caso, replicó Sancho, que como
vuessa merced mejor sabe, todos estamos 20
sugetos a la muerte, y que oy somos y mañana
no, y que tan presto se va el cordero como el
carnero, y que nadie puede prometerse en
este (*) mundo mas horas de vida de las que
Dios quisiere darle, porque la muerte es sorda, 25
y quando llega a llamar a las puertas de nuestra
vida, siempre va de priesa, y no la haran
detener ni ruegos, ni fuerças, ni ceptros, ni
mitras, segun es publica voz y fama, y segun nos
lo dizen por essos pulpitos. 30
Todo esso es verdad, dixo don Quixote.
Pero no se donde vas a parar.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 103
Voy a parar, dixo Sancho, en que vuessa
merced me señale salario conocido de lo que
me ha de dar cada mes, el tiempo que le
siruiere, y que el tal salario se me pague de su
hazienda; que no quiero estar a mercedes que 5
llegan tarde, o mal, o nunca; con lo mio me
ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano,
poco o mucho que sea; que sobre vn hueuo
pone la gallina, y muchos pocos hazen vn mucho,
y mientras se gana algo no se pierde nada. 10
Verdad sea, que si sucediesse, lo qual ni lo
creo, ni lo espero, que vuessa merced me diesse
la insula que me tiene prometida, no soy tan
ingrato, ni lleuo las cosas tan por los cabos,
que no querre que se aprecie lo que montare 15
la renta de la tal insula, y se descuente de mi
salario gata por cantidad.
Sancho amigo, respondio don Quixote, a
las vezes tan buena suele ser vna gata como
vna rata. 20
Ya entiendo, dixo Sancho: yo apostaré
que auia de dezir rata y no gata, pero no
importa nada, pues vuessa merced me ha
entendido.
Y tan entendido, respondio don Quixote, 25
que he penetrado lo vltimo de tus pensamientos,
y se al blanco que tiras (*) con las inumerables
saetas de tus refranes. Mira, Sancho, yo bien
te señalaria salario, si huuiera hallado en alguna
de las historias de los caualleros andantes 30
exemplo que me descubriesse y mostrasse por algun
pequeño resquicio, qué es lo que solian ganar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104
cada mes o cada año; pero yo he leydo todas,
o las mas de sus historias, y no me acuerdo
auer leydo (*) que ningun cauallero andante aya
señalado conocido salario a su escudero. Solo
se que todos seruian a merced, y que quando 5
menos se lo pensauan, si a sus señores les auia
corrido bien la suerte, se hallauan premiados
con vna insula o con otra cosa equiualente, y,
por lo menos, quedauan con titulo y señoria.
Si con estas esperanças y aditamentos vos, 10
Sancho, gustais de boluer a seruirme, sea en buena
hora; que pensar que yo he de sacar de sus
terminos y quicios la antigua vsança de la
caualleria andante, es pensar en lo escusado.
Assi que, Sancho mio, bolueos a vuestra casa y 15
declarad a vuestra Teresa mi intencion, y si
ella gustare y vos gustaredes de estar a merced
conmigo, bene quidem, y si no, tan amigos como
de antes; que si al palomar no le falta cebo, no
le faltarán palomas. Y aduertid, hijo, que vale 20
mas buena esperança que ruin possession, y
buena quexa que mala paga. Hablo de esta
manera, Sancho, por daros a entender que tambien
como vos se yo arrojar refranes como llouidos.
Y, finalmente, quiero dezir, y os digo, que si 25
no quereys venir a merced conmigo, y correr la
suerte que yo corriere, que Dios quede con vos
y os haga vn santo; que a mi no me faltarán
escuderos mas obedientes, mas solicitos y no
tan empachados, ni tan habladores como vos. 30
Quando Sancho oyo la firme resolucion de
su amo, se le anubló el cielo y se le cayeron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 105
las alas del coraçon, porque tenia creydo que
su señor no se yria sin el por todos los aueres
del mundo, y, assi, estando suspenso y pensatiuo,
entró Sanson Carrasco y la sobrina (*),
desseosos de oyr con qué razones persuadia a 5
su señor que no tornasse a buscar las auenturas.
Llegó Sanson, socarron famoso, y, abraçandole
como la vez primera, y con voz leuantada,
le dixo:
¡O flor de la andante caualleria, o luz 10
resplandeciente de las armas, o honor y espejo de
la nacion española!; plega a Dios todopoderoso
donde mas largamente se contiene (*), que la
persona o personas que pusieren impedimento
y estoruaren tu tercera salida, que no la hallen 15
en el laberinto de sus desseos, ni jamas se les
cumpla lo que mas (*) dessearen.
Y, boluiendose al ama, le dixo:
Bien puede la señora ama no rezar mas la
oracion de Santa Apolonia; que yo se que es 20
determinacion precisa de las esferas que el
señor don Quixote buelua a executar sus altos
y nueuos pensamientos, y yo encargaria mucho
mi conciencia si no intimasse y persuadiesse a
este cauallero que no tenga mas tiempo encogida 25
y detenida la fuerça de su valeroso braço
y la bondad de su animo valentissimo, porque
defrauda con su tardança el derecho de los
tuertos, el amparo de los huerfanos, la honra
de las donzellas, el fauor de las viudas y el 30
arrimo de las casadas, y otras cosas deste jaez,
que tocan, atañen, dependen y son anejas a la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106
orden de la caualleria andante. Ea, señor don
Quixote mio, hermoso y brauo, antes oy que
mañana se ponga vuessa merced y su grandeza
en camino, y si alguna cosa faltare para ponerle
en execucion, aqui estoy yo para suplirla 5
con mi persona y hazienda, y si fuere necessidad
seruir a tu (*) magnificencia de escudero,
lo tendre a felicissima ventura.
A esta sazon dixo don Quixote, boluiendose
a Sancho: 10
¿No te dixe yo, Sancho, que me auian de
sobrar escuderos? Mira quién se ofrece a serlo
sino el inaudito bachiller Sanson Carrasco,
perpetuo trastulo (*) y regozijador de los
patios de las escuelas salmanticenses, sano de 15
su persona, agil de sus miembros, callado,
sufridor assi del calor como del frio, assi de la
hambre como de la sed, con todas aquellas
partes que se requieren para ser escudero de
vn cauallero andante; pero no permita el 20
cielo que por seguir mi gusto desxarrete y
quiebre la coluna de las letras y el vaso de las
ciencias y tronque la palma eminente de las
buenas y liberales artes. Quedese el nueuo
Sanson en su patria, y, honrandola, honre 25
juntamente las canas de sus (*) ancianos padres;
que yo con qualquier escudero estare contento,
ya que Sancho no se digna de venir conmigo.
Si digno, respondio Sancho, enternecido y
llenos de lagrimas los ojos, y prosiguio: No 30
se dira por mi, señor mio, «el pan comido y la
»compañia desecha»; si, que no vengo yo de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 107
alguna alcurnia desagradecida; que ya sabe
todo el mundo, y especialmente mi pueblo,
quién fueron los Panças de quien yo deciendo,
y mas, que tengo conocido y calado por
muchas buenas obras y por mas buenas 5
palabras el desseo que vuessa merced tiene de
hazerme merced, y si me he puesto en cuentas
de tanto mas quanto acerca de mi salario, ha
sido por complazer a mi muger, la qual quando
toma la mano a persuadir vna cosa, no ay 10
maço que tanto apriete los aros de vna cuba
como ella aprieta a que se haga lo que quiere;
pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre,
y la muger, muger, y pues yo soy hombre
dondequiera, que no lo puedo negar, tambien 15
lo quiero ser en mi casa, pese a quien pesare;
y, assi, no ay mas que hazer sino que vuessa
merced ordene su testamento con su codicilo,
en modo que no se pueda rebolcar, y pongamonos
luego en camino, porque no padezca el 20
alma del señor Sanson, que dize que su
conciencia le lita que persuada a vuessa merced
a salir vez tercera por esse mundo; y yo de
nueuo me ofrezco a seruir a vuessa merced
fiel y legalmente, tambien y mejor que quantos 25
escuderos han seruido a caualleros andantes
en los passados y presentes tiempos.
Admirado quedó el bachiller de oir el
termino y modo de hablar de Sancho Pança, que,
puesto que auia leido la primera historia de su 30
señor, nunca creyo que era tan gracioso como
alli le pintan; pero oyendole dezir aora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108
testamento y codicilo que no se pueda rebolcar, en
lugar de testamento y codicilo que no se pueda
reuocar, creyo todo lo que del auia leido, y
confirmolo por vno de los mas solenes mentecatos
de nuestros siglos, y dixo entre si que 5
tales dos locos como amo y moço no se aurian
visto en el mundo.
Finalmente, don Quixote y Sancho se
abraçaron y quedaron amigos, y con parecer y
beneplacito del gran Carrasco, que por entonces 10
era su oraculo, se ordenó que de alli a tres
dias fuesse su partida, en los quales auria
lugar de adereçar lo necessario para el viage,
y de buscar vna celada de encaxe, que en
todas maneras dixo don Quixote que la auia 15
de lleuar. Ofreciosela Sanson, porque sabia no
se la negaria vn amigo suyo que la tenia,
puesto que estaua mas escura por el orin y el
moho que clara y limpia por el terso acero.
Las maldiciones (*) que las dos, ama y 20
sobrina, echaron al bachiller no tuuieron cuento;
mesaron sus cabellos, arañaron sus rostros, y
al modo de las endechaderas (*) que se
vsauan, lamentauan la partida como si fuera
la muerte de su señor. El designo que tuuo 25
Sanson para persuadirle a que otra vez saliesse
fue hazer lo que adelante cuenta la historia,
todo por consejo del cura y del barbero, con
quien el antes lo auia comunicado.
En resolucion, en aquellos tres dias don 30
Quixote y Sancho se acomodaron de lo que
les parecio conuenirles, y, auiendo aplacado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VII p. 109
Sancho a su muger, y don Quixote a su sobrina
y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo
viesse sino el bachiller, que quiso acompañarles
media legua del lugar, se pusieron en
camino del Toboso, Don Quixote sobre su buen 5
Rocinante y Sancho sobre su antiguo ruzio,
proueidas las alforjas de cosas tocantes a la
bucolica (*), y la bolsa, de dineros, que le dio don
Quixote para lo que se ofreciesse. Abraçole
Sanson y suplicole le auisasse de su buena o 10
mala suerte, para alegrarse con esta o
entristecerse con aquella, como las leyes de su
amistad pedian; prometioselo don Quixote, dio
Sanson la buelta a su lugar, y los dos tomaron
la de la gran ciudad del Toboso. 15
p. 110
Capitulo VIII
Donde se cuenta lo que le sucedio a don
Quixote, yendo a ver su señora Dulcinea
del Toboso.
¡Bendito sea el poderoso Ala!, dize Hamete 5
Benengeli al comienço deste octauo capitulo;
¡bendito sea Ala!, repite tres vezes, y dize que
da estas bendiciones por ver que tiene ya en
campaña a don Quixote y a Sancho, y que los
letores de su agradable historia pueden hazer 10
cuenta que desde este punto comiençan las hazañas
y donaires de don Quixote y de su escudero;
persuadeles que se les oluiden las passadas
cauallerias del ingenioso hidalgo, y pongan
los ojos en las que estan por venir, que desde 15
agora en el camino del Toboso comiençan,
como las otras començaron en los campos de
Montiel, y no es mucho lo que pide para tanto
como el promete, y, assi, prosigue diziendo:
Solos quedaron don Quixote y Sancho, y 20
apenas se huuo apartado Sanson, quando
començo a relinchar Rocinante y a sospirar el
ruzio, que de entrambos, cauallero y escudero,
fue tenido a buena señal y por felicissimo
aguero (*), aunque, si se ha de contar la 25
verdad, mas fueron los sospiros y rebuznos del
ruzio que los relinchos del rocin, de donde
coligio Sancho que su ventura auia de
sobrepujar y ponerse encima de la de su señor,
fundandose no se si en astrologia judiciaria 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 111
que el se sabia, puesto que la historia no lo
declara; solo le oyeron dezir que quando
tropeçaua o caia, se holgara no auer salido de
casa, porque del tropeçar o caer no se sacaua
otra cosa sino el çapato roto o las costillas 5
quebradas, y aunque tonto, no andaua en esto muy
fuera de camino.
Dixole don Quixote:
Sancho amigo, la noche se nos va entrando
a mas andar y con mas escuridad de la que 10
auiamos menester para alcançar a ver con el
dia al Toboso, adonde tengo determinado de
yr antes que en otra auentura me ponga, y alli
tomaré la bendicion y buena licencia de la sin
par Dulcinea, con la qual licencia pienso y 15
tengo por cierto de acabar y dar felice cima a
toda peligrosa auentura, porque ninguna cosa
desta vida haze mas valientes a los caualleros
andantes que verse fauorecidos de sus damas.
Yo assi lo creo, respondio Sancho; pero 20
tengo por dificultoso que vuessa merced pueda
hablarla, ni verse con ella en parte, a lo menos,
que pueda recebir su bendicion, si ya no se la
echa desde las bardas del corral, por donde yo
la vi la vez primera, quando le lleué la carta 25
donde yuan las nueuas de las sandezes y
locuras que vuessa merced quedaua haziendo en
el coraçon de Sierra Morena.
¿Bardas de corral se te antojaron aquellas,
Sancho, dixo don Quixote, adonde o por 30
donde viste aquella jamas bastantemente
alabada gentileza y hermosura? No deuian de ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112
sino galerias, o corredores, o lonjas, o como
las llaman, de ricos y reales palacios.
Todo pudo ser, respondio Sancho, pero
a mi bardas me parecieron, si no es que soy
falto de memoria. 5
Con todo esso, vamos alla, Sancho, replicó
don Quixote; que como yo la vea, esso se me
da que sea por bardas que por ventanas, o por
resquicios, o verjas de jardines; que qualquier
rayo que del sol de su belleza llegue a mis 10
ojos alumbrará mi entendimiento y fortalezera
(*) mi coraçon de modo, que quede vnico
y sin ygual en la discrecion y en la valentia.
Pues en verdad, señor, respondio Sancho,
que quando yo vi esse sol de la señora 15
Dulcinea del Toboso, que no estaua tan claro que
pudiesse echar de si rayos algunos, y deuio de
ser que como su merced estaua ahechando
aquel trigo que dixe, el mucho poluo que sacaua
se le puso como nube ante el rostro y se le 20
escurecio.
¡Que todauia das, Sancho, dixo don Quixote,
en dezir, en pensar, en creer y en porfiar
que mi señora Dulcinea ahechaua trigo, siendo
esso vn menester y exercicio que va desuiado 25
de todo lo que hazen y deuen hazer las personas
principales que estan constituidas y guardadas
para otros exercicios y entretenimientos,
que muestran a tiro de ballesta su principalidad!
Mal se te acuerdan a ti, o Sancho, aquellos 30
versos de nuestro poeta, donde nos pinta
las labores que hazian, alla en sus moradas de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 113
cristal, aquellas quatro ninfas que del Tajo
amado sacaron las cabeças, y se sentaron a
labrar en el prado verde aquellas ricas telas que
alli el ingenioso poeta nos descriue, que todas
eran de oro, sirgo y perlas contestas y texidas 5
(*). Y desta manera deuia de ser el de mi
señora quando tu la viste, sino que la embidia
que algun mal encantador deue de tener a mis
cosas, todas las que me han de dar gusto trueca
y buelue en diferentes figuras que ellas tienen, 10
y, assi, temo que en aquella historia que
dizen que anda impressa de mis hazañas, si
por ventura ha sido su autor algun sabio mi
enemigo, aura puesto vnas cosas por otras,
mezclando con vna verdad mil mentiras, 15
diuertiendose a contar otras acciones fuera de lo
que requiere la continuacion de vna verdadera
historia. ¡O embidia, rayz de infinitos males y
carcoma de las virtudes! Todos los vicios,
Sancho, traen vn no se qué de deleyte consigo; 20
pero el de la embidia no trae sino disgustos,
rancores y rabias.
Esso es lo que yo digo tambien, respondio
Sancho, y pienso que en essa leyenda o historia
que nos dixo el bachiller Carrasco que de 25
nosotros auia visto, deue de andar mi honra a
coche aca, cinchado (*), y, como dizen, al estricote,
aqui y alli, barriendo las calles. Pues a fe
de bueno, que no he dicho yo mal de ningun
encantador ni tengo tantos bienes que pueda ser 30
embidiado; bien es verdad que soy algo
malicioso y que tengo mis ciertos assomos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114
vellaco; pero todo lo cubre y tapa la gran capa
de la simpleza mia, siempre natural y nunca
artificiosa, y quando otra cosa no tuuiesse sino
el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente,
en Dios y en todo aquello que tiene y 5
cree la santa Iglesia Catolica Romana, y el ser
enemigo mortal, como lo soy, de los judios,
deuian los historiadores tener misericordia de
mi y tratarme bien en sus escritos; pero digan
lo que quisieren, que desnudo naci, desnudo me 10
hallo, ni pierdo ni gano; aunque por verme
puesto en libros y andar por esse mundo de
mano en mano, no se me da vn higo que digan
de mi todo lo que quisieren.
Esso me parece, Sancho, dixo don Quixote, 15
a lo que sucedio a vn famoso poeta destos
tiempos, el qual, auiendo hecho vna maliciosa
satira contra todas las damas cortesanas (*), no
puso ni nombró en ella a vna dama que se
podia dudar si lo era o no; la qual, viendo que 20
no estaua en la lista de las demas, se quexó al
poeta, diziendole que qué auia visto en ella
para no ponerla en el numero de las otras,
y que alargasse la satira y la pusiesse en el
ensanche; si no, que mirasse para lo que auia 25
nacido; hizolo assi el poeta, y pusola qual no
digan dueñas, y ella quedó satisfecha por verse
con fama, aunque infame; tambien viene con
esto lo que cuentan de aquel pastor que puso
fuego y abrasó el templo famoso de Diana, 30
contado por vna de las siete marauillas del
mundo, solo porque quedasse viuo su nombre
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 115
en los siglos venideros; y aunque se mandó
que nadie le nombrasse ni hiziesse por palabra
o por escrito mencion de su nombre, porque
no consiguiesse el fin de su desseo, todauia se
supo que se llamaua Erostrato; tambien alude 5
a esto lo que sucedio al grande emperador
Carlo Quinto con vn cauallero en Roma.
Quiso ver el emperador aquel famoso templo
de la Rotunda (*), que en la antiguedad se
llamó el templo de todos los dioses, y aora, con 10
mejor vocacion, se llama de todos los santos,
y es el edificio que mas entero ha quedado de
los que alçó la gentilidad en Roma, y es el
que mas conserua la fama de la grandiosidad
y magnificencia de sus fundadores. El es de 15
hechura de vna media naranja, grandissimo en
estremo y está muy claro, sin entrarle otra luz
que la que le concede vna ventana o, por
mejor dezir, claraboya redonda que está en su
cima, desde la qual mirando el emperador el 20
edificio, estaua con el y a su lado vn cauallero
romano declarandole los primores y sutilezas
de aquella gran maquina y memorable arquitetura,
y, auiendose quitado de la claraboya,
dixo al emperador: 25
«Mil vezes, sacra magestad, me vino
»desseo de abraçarme con vuestra magestad y
»arrojarme de aquella claraboya abaxo por
»dexar de mi fama eterna en el mundo.»
«Yo os agradezco», respondio el emperador, 30
«el no auer puesto tan mal pensamiento en
»efeto, y de aqui adelante no os pondre yo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116
»en ocasion que boluais a hazer prueua de
»vuestra lealtad, y, assi, os mando que jamas
»me hableis, ni esteis donde yo estuuiere»,
y tras estas palabras le hizo vna gran merced.
Quiero dezir, Sancho, que el desseo de 5
alcançar fama es actiuo en gran manera: ¿quién
piensas tu que arrojó a Horacio del puente
abaxo, armado de todas armas, en la profundidad
del Tibre?; ¿quién abrasó el braço y la
mano a Mucio?; ¿quién impelio a Curcio a lançarse 10
en la profunda sima ardiente que aparecio
en la mitad de Roma?; ¿quién contra todos
los agueros que en contra se le auian mostrado,
hizo passar el Rubicon a [Iulio] Cesar? (*);
y, con exemplos mas modernos, ¿quién barrenó 15
los nauios y dexó en seco y aislados los
valerosos españoles guiados por el cortesissimo
Cortés en el nueuo mundo? Todas estas,
y otras grandes y diferentes hazañas son,
fueron y seran obras de la fama que los mortales 20
dessean como premios y parte de la inmortalidad
que sus famosos hechos merecen, puesto
que los christianos, catolicos y andantes
caualleros mas auemos de atender a la gloria de
los siglos venideros, que es eterna en las 25
regiones etereas y celestes, que a la vanidad de la
fama que en este presente y acabable siglo
se alcança; la qual fama, por mucho que dure,
en fin se ha de acabar con el mesmo mundo,
que tiene su fin señalado; assi, o Sancho, que 30
nuestras obras no han de salir del limite que
nos tiene puesto la religion christiana que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 117
professamos. Hemos de matar en los gigantes
a la soberuia; a la embidia, en la generosidad
y buen pecho; a la ira, en el reposado
continente y quietud del animo; a la gula y al
sueño, en el poco comer que comemos y en el 5
mucho velar que velamos; a la [lujuria] (*) y
lasciuia, en la lealtad que guardamos a las que
hemos hecho señoras de nuestros pensamientos;
a la pereza, con andar por todas las partes
del mundo buscando las ocasiones que nos 10
puedan hazer y hagan, sobre christianos,
famosos caualleros. Ves aqui, Sancho, los medios
por donde se alcançan los estremos de
alabanças que consigo trae la buena fama.
Todo lo que vuessa merced hasta aqui me 15
ha dicho, dixo Sancho, lo he entendido muy
bien, pero con todo esso querria que vuessa
merced me sorbiesse vna duda que agora en
este punto me ha venido a la memoria.
Assoluiesse quieres dezir, Sancho, dixo 20
don Quixote; di en buenora; que yo
respondere lo que supiere.
Digame, señor, prosiguio Sancho, essos
Iulios o Agostos, y todos essos caualleros
hazañosos que ha dicho, que ya son muertos, 25
¿dónde estan agora?
Los gentiles, respondio don Quixote, sin
duda estan en el infierno; los christianos, si
fueron buenos christianos, o estan en el
purgatorio o en el cielo. 30
Está bien, dixo Sancho, pero sepamos
aora, essas sepulturas donde estan los cuerpos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118
dessos señorazos, ¿tienen delante de si lamparas
de plata, o estan adornadas las paredes de
sus capillas de muletas, de mortajas, de
cabelleras, de piernas y de ojos de cera? Y si desto
no, ¿de qué estan adornadas? 5
A lo que respondio don Quixote:
Los sepulcros de los gentiles fueron por la
mayor parte suntuosos templos; las cenizas del
cuerpo de Iulio Cesar se pusieron sobre vna
piramide de piedra de desmesurada grandeza, 10
a quien oy llaman en Roma la Aguja de San
Pedro. Al emperador Adriano le siruio de
sepultura vn castillo tan grande como vna buena
aldea, a quien llamaron Moles Adriani, que
agora es el castillo de Santangel en Roma; la 15
reyna Artemisa (*) sepultó a su marido Mausoleo
en vn sepulcro que se tuuo por vna de las siete
marauillas del mundo (*); pero ninguna destas
sepulturas, ni otras muchas que tuuieron los
gentiles, se adornaron con mortajas, ni con 20
otras ofrendas y señales que mostrassen ser
santos los que en ellas estauan sepultados.
A esso voy, replicó Sancho, y digame (*)
agora, ¿quál es mas: resucitar a vn muerto, o
matar a vn gigante? 25
La respuesta está en la mano, respondio
don Quixote: mas es resucitar a vn muerto.
Cogido le tengo, dixo Sancho; luego la
fama del que resucita muertos, da vista a los
ciegos, endereza los coxos y da salud a los 30
enfermos, y delante de sus sepulturas arden
lamparas y estan llenas sus capillas de gentes
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 119
deuotas que de rodillas adoran sus reliquias,
mejor fama sera para este y para el otro siglo,
que la que dexaron y dexaren quantos emperadores
gentiles y caualleros andantes ha auido
en el mundo. 5
Tambien confiesso essa verdad, respondio
don Quixote.
Pues esta fama, estas gracias, estas
prerogatiuas, como llaman a esto, respondio
Sancho, tienen los cuerpos y las reliquias de los 10
santos, que con aprouacion y licencia de nuestra
santa madre Iglesia tienen lamparas, velas,
mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos,
piernas, con que aumentan la deuocion y
engrandecen su christiana fama; los cuerpos de 15
los santos o sus reliquias lleuan los reyes sobre
sus ombros, besan los pedaços de sus huessos,
adornan y enriquezen con ellos sus oratorios y
sus mas preciados altares...
¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo 20
lo que has dicho?, dixo don Quixote.
Quiero dezir, dixo Sancho, que nos demos
a ser santos y alcançaremos mas breuemente
la buena fama que pretendemos; y aduierta,
señor, que ayer o antes de ayer, que 25
segun ha poco se puede dezir desta manera,
canonizaron o beatificaron dos frailecitos
descalços, cuyas cadenas de hierro con que ceñian
y atormentauan sus cuerpos se tiene aora a
gran ventura el besarlas y tocarlas, y estan en 30
mas veneracion que está, segun dixe, la espada
de Roldan en la armeria del rey nuestro señor,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120
que Dios guarde; assi que, señor mio, mas
vale ser humilde frailecito de qualquier orden
que sea, que valiente y andante cauallero; mas
alcançan con Dios dos dozenas de diciplinas
que dos mil lançadas, ora las den a gigantes, 5
ora a vestiglos o a endri[a]gos.
Todo esso es assi, respondio don Quixote;
pero no todos podemos ser frailes, y muchos
son los caminos por donde lleua Dios a los
suyos al cielo; religion es la caualleria, 10
caualleros santos ay en la gloria.
Si, respondio Sancho, pero yo he oido
dezir que ay mas frailes en el cielo que
caualleros andantes.
Esso es, respondio don Quixote, porque 15
es mayor el numero de los religiosos que el de
los caualleros.
Muchos son los andantes, dixo Sancho.
Muchos, respondio don Quixote, pero
pocos los que merecen nombre de caualleros. 20
En estas y otras semejantes platicas se les
passó aquella noche y el dia siguiente, sin
acontecerles cosa que de contar fuesse, de que
no poco le pesó a don Quixote; en fin, otro dia
al (*) anochecer descubrieron la gran ciudad 25
del Toboso, con cuya vista se le alegraron los
espiritus a don Quixote y se le entristecieron a
Sancho, porque no sabia la casa de Dulcinea,
ni en su vida la auia visto, como no la auia
visto su señor; de modo que el vno por verla, 30
y el otro por no auerla visto, estauan
alborotados, y no imaginaua Sancho qué auia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO VIII p. 121
hazer quando su dueño le embiasse al Toboso;
finalmente, ordenó don Quixote entrar en la
ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora
se llegaua, se quedaron entre vnas enzinas que
cerca del Toboso estauan; y, llegado el 5
determinado punto, entraron en la ciudad, donde les
sucedio cosas que a cosas llegan.
p. 122
Capitulo IX
Donde se cuenta lo que en el se vera.
Media noche era por filo (*),
poco mas a menos, quando don Quixote y Sancho
dexaron el monte y entraron en el Toboso; 5
estaua el pueblo en vn sossegado silencio,
porque todos sus vezinos dormian y reposauan a
pierna tendida, como suele dezirse. Era la noche
entreclara, puesto que quisiera Sancho que
fuera del todo escura por hallar en su escuridad 10
disculpa de su sandez; no se oia en todo el
lugar sino ladridos de perros, que atronauan los
oidos de don Quixote y turbauan el coraçon de
Sancho; de quando en quando rebuznaua vn
jumento, gruñian puercos, mayauan gatos, cuyas 15
vozes de diferentes sonidos se aumentauan
con el silencio de la noche, todo lo qual tuuo
el enamorado cauallero a mal aguero (*), pero,
con todo esto, dixo a Sancho:
Sancho hijo, guia al palacio de Dulcinea; 20
quiça podra ser que la hallemos despierta.
¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del
sol, respondio Sancho, que en el que yo vi
a su grandeza no era sino casa muy pequeña?
Deuia de estar retirada entonces, respondio 25
don Quixote, en algun pequeño apartamiento
de su alcaçar, solazandose a solas con
sus donzellas, como es vso y costumbre de las
altas señoras y princesas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 123
Señor, dixo Sancho, ya que vuessa merced
quiere, a pesar mio, que sea alcaçar la casa
de mi señora Dulcinea, ¿es hora esta, por ventura,
de hallar la puerta abierta?; ¿y sera bien
que demos aldauazos para que nos oyan y nos 5
abran, metiendo en alboroto y rumor toda la
gente?; ¿vamos por dicha a llamar a la casa
de nuestras mancebas, como hazen los
abarraganados, que llegan y llaman y entran a
qualquier hora, por tarde que sea? 10
Hallemos primero vna por vna el alcaçar,
replicó don Quixote; que entonces yo te dire,
Sancho, lo que sera bien que hagamos, y
aduierte, Sancho, que yo veo poco, [o] que aquel
bulto grande y sombra que desde aqui se descubre, 15
la deue de hazer el palacio de Dulcinea.
Pues guie vuessa merced, respondio Sancho;
quiça sera assi: aunque (*) yo lo vere con
los ojos y lo tocaré con las manos, y assi lo
creere yo como creer que es aora de dia. 20
Guio don Quixote, y auiendo andado como
docientos pasos, dio con el bulto que hazia la
sombra, y vio vna gran torre, y luego conocio
que el tal edificio no era alcaçar, sino la iglesia
principal del pueblo. Y dixo: 25
Con la iglesia hemos dado, Sancho.
Ya lo veo, respondio Sancho, y plega a
Dios que no demos con nuestra sepultura; que
no es buena señal andar por los cimenterios a
tales horas, y mas auiendo yo dicho a vuessa 30
merced, si mal no acuerdo, que la casa desta
señora ha de estar en vna callejuela sin salida.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124
Maldito seas de Dios, mentecato, dixo
don Quixote; ¿adónde has tu hallado que los
alcaçares y palacios reales esten edificados en
callejuelas sin salida?
Señor, respondio Sancho, en cada tierra 5
su vso; quiça se vsa aqui en el Toboso edificar
en callejuelas los palacios y edificios grandes;
y, assi, suplico a vuessa merced me dexe
buscar por estas calles o callejuelas que se me
ofrecen; podria ser que en algun rincon topasse 10
con esse alcaçar, que le vea yo comido de
perros, que assi nos trae corridos y
asendereados.
Habla con respeto, Sancho, de las cosas de
mi señora, dixo don Quixote, y tengamos la 15
fiesta en paz, y no arrojemos la soga tras el
caldero.
Yo me reportaré, respondio Sancho, pero
¿con qué paciencia podre lleuar que quiera
vuessa merced que de sola vna vez que vi la casa 20
de nuestra ama la aya de saber siempre, y
hallarla a media noche, no hallandola vuessa
merced, que la deue de auer visto millares de
vezes?
Tu me haras desesperar, Sancho, dixo don 25
Quixote; ven aca, herege, ¿no te he dicho mil
vezes que en todos los dias de mi vida no he
visto a la sin par Dulcinea, ni jamas atrauesse
los vmbrales de su palacio, y que solo estoy
enamorado de oidas (*), y de la gran fama que 30
tiene de hermosa y discreta?
Aora lo oygo, respondio Sancho, y digo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 125
que pues vuessa merced no la ha visto, ni yo
tampoco.
Esso no puede ser, replicó don Quixote;
que, por lo menos, ya me has dicho tu que la
viste ahechando trigo, quando me truxiste la 5
respuesta de la carta que le embié contigo.
No se atenga a esso, señor, respondio
Sancho, porque le hago saber que tambien fue de
oidas la vista y la respuesta que le truxe;
porque assi se yo quien es la señora Dulcinea, 10
como dar vn puño en el cielo.
Sancho, Sancho, respondio don Quixote,
tiempos ay de burlar, y tiempos donde caen y
parecen mal las burlas. No porque yo diga que
ni he visto ni hablado a la señora de mi alma 15
has tu de dezir tambien que ni la has hablado
ni visto, siendo tan al reues como sabes.
Estando los dos en estas platicas, vieron que
venia a passar por donde estauan vno con dos
mulas, que por el ruido que hazia el arado, que 20
arrastraua por el suelo, juzgaron que deuia de
ser labrador, que auria madrugado antes del
dia a yr a su labrança, y assi fue la verdad;
venia el labrador cantando (*) aquel romance
que dizen: 25
Mala la (*) huuistes, franceses,
en essa de Roncesualles (*).
Que me maten, Sancho, dixo en oyendole
don Quixote, si nos ha de suceder cosa buena
esta noche. ¿No oyes lo que viene cantando 30
esse villano?
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126
Si oigo, respondio Sancho, pero ¿qué
haze a nuestro proposito la caça de
Roncesualles? Assi pudiera cantar el romance de
Calainos (*), que todo fuera vno para sucedernos
bien o mal en nuestro negocio. 5
Llegó en esto el labrador, a quien don
Quixote preguntó:
¿Sabreisme dezir, buen amigo, que buena
ventura os de Dios, dónde son por aqui los
palacios de la sin par princesa doña Dulcinea 10
del Toboso?
Señor, respondio el moço, yo soy forastero
y ha pocos dias que estoy en este pueblo
siruiendo a vn labrador rico en la labrança del
campo; en essa casa frontera viuen el cura y 15
el sacristan del lugar: entrambos o qualquier
dellos sabra dar a vuessa merced razon dessa
señora princesa, porque tienen la lista de todos
los vezinos del Toboso; aunque para mi tengo
que en todo el no viue princesa alguna, muchas 20
señoras si, principales, que cada vna en
su casa puede ser princesa.
Pues entre essas, dixo don Quixote, deue
de estar, amigo, esta por quien te pregunto.
Podria ser, respondio el moço; y a Dios, 25
que ya viene el alua.
Y, dando a sus mulas, no atendio a mas
preguntas.
Sancho, que vio suspenso a su señor, y assaz
mal contento, le dixo: 30
Señor, ya se viene a mas andar el dia y no
sera acertado dexar que nos halle el sol en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 127
calle; mejor sera que nos salgamos fuera de la
ciudad, y que vuessa merced se embosque en
alguna floresta aqui cercana, y yo boluere de
dia, y no dexaré ostugo en todo este lugar,
donde no busque la casa, alcaçar o palacio de mi 5
señora, y assaz seria de desdichado si no le
hallase, y hallandole, hablaré con su merced,
y le dire dónde y cómo queda vuessa merced
esperando que le de orden y traça para verla,
sin menoscabo de su honra y fama. 10
Has dicho, Sancho, dixo don Quixote, mil
sentencias encerradas en el circulo de breues
palabras; el consejo que aora me has dado le
apetezco y recibo de bonissima gana; ven, hijo,
y vamos a buscar donde me embosque; que tu 15
bolueras, como dizes, a buscar, a ver y hablar
a mi señora, de cuya discrecion y cortesia
espero mas que milagrosos fauores.
Rabiaua Sancho por sacar a su amo del
pueblo, porque no aueriguasse la mentira de la 20
respuesta que de parte de Dulcinea le auia
lleuado a Sierra Morena, y, assi, dio priessa a la
salida, que fue luego, y a dos millas de[l] lugar
hallaron vna floresta o bosque, donde don
Quixote se emboscó, en tanto que Sancho boluia 25
a la ciudad a hablar a Dulcinea, en cuya
embaxada le sucedieron cosas que piden nueua
atencion y nueuo credito.
p. 128
Capitulo X
Donde se cuenta la industria que Sancho tuuo
para encantar a la señora Dulcinea, y de
otros sucessos tan ridiculos como verdaderos.
Llegando el autor desta grande historia a 5
contar lo que en este capitulo cuenta, dize que
quisiera passarle en silencio, temeroso de que
no auia de ser creido; porque las locuras de
don Quixote llegaron aqui al termino y raya
de las mayores que pueden imaginarse, y aun 10
passaron dos tiros de ballesta mas alla de las
mayores; finalmente, aunque con este miedo y
rezelo, las escriuio de la misma manera que el
las hizo, sin añadir ni quitar a la historia vn
atomo de la verdad, sin darsele nada por las 15
objeciones que podian ponerle de mentiroso;
y tuuo razon, porque la verdad adelgaza, y no
quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como
el azeite sobre el agua; y, assi, prosiguiendo su
historia, dize, que assi como don Quixote se emboscó 20
en la floresta, encinar, o selua junto al gran
Toboso, mandó a Sancho boluer a la ciudad, y
que no boluiesse a su presencia sin auer primero
hablado de su parte a su señora, pidiendola
fuesse seruida de dexarse ver de su cautiuo 25
cauallero, y se dignasse de echarle su bendicion,
para que pudiesse esperar por ella felicissimos
sucessos de todos sus acometimientos y
dificultosas empresas. Encargose Sancho de
hazerlo assi como se le mandaua, y de 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 129
traerla (*) tan buena respuesta, como le truxo la vez
primera.
Anda, hijo, replicó don Quixote, y no te
turbes quando te vieres ante la luz del sol de
hermosura que vas a buscar. Dichoso tu sobre 5
todos los escuderos del mundo; ten memoria y
no se te passe della, cómo te recibe, si muda las
colores el tiempo que la estuuieres dando mi
embaxada, si se desasossiega y turba, oyendo
mi nombre; si no cabe en la almohada si acaso 10
la hallas sentada en el estrado rico de su
autoridad, y si está en pie, mirala, si se pone aora
sobre el vno, aora sobre el otro pie; si te repite
la respuesta que te diere, dos o tres vezes; si la
muda de blanda en aspera, de azeda en amorosa; 15
si leuanta la mano al cabello para componerle,
aunque no esté desordenado; finalmente,
hijo, mira todas sus acciones y mouimientos;
porque si tu me los relatares como ellos fueron,
sacaré yo lo que ella tiene escondido en lo 20
secreto de su coraçon acerca de lo que al fecho
de mis amores toca; que has de saber, Sancho,
si no lo sabes, que entre los amantes las acciones
y mouimientos exteriores (*) que muestran,
quando de sus amores se trata, son certissimos 25
correos que traen las nueuas de lo que alla en
lo interior del alma passa. Ve, amigo, y guiete
otra mejor ventura que la mia, y bueluate otro
mejor sucesso del que yo quedo temiendo y
esperando en esta amarga soledad en que me 30
dexas.
Yo yre y boluere presto, dixo Sancho, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130
ensanche vuessa merced, señor mio, esse
coraçoncillo, que le deue de tener agora no mayor
que vna abellana, y considere que se suele
dezir que buen coraçon quebranta mala ventura,
y que donde no ay tocinos no ay estacas; y 5
tambien se dize, donde no piensa, salta la liebre
(*); digolo porque si esta noche no hallamos
los palacios o alcaçares de mi señora, agora
que es de dia los pienso hallar, quando menos
lo (*) piense, y hallados, dexenme a mi con 10
ella.
Por cierto, Sancho, dixo don Quixote, que
siempre traes tus refranes tan a pelo de lo que
tratamos, quanto me de Dios mejor ventura en
lo que desseo. 15
Esto dicho, boluio Sancho las espaldas y
vareó su ruzio, y don Quixote se quedó a cauallo,
descansando sobre los estriuos y sobre el
arrimo de su lança, lleno de tristes y confusas
imaginaciones, donde le dexaremos, yendonos 20
con Sancho Pança, que no menos confuso y
pensatiuo se apartó de su señor que el
quedaua; y tanto, que apenas huuo salido del
bosque, quando, boluiendo la cabeça y viendo
que don Quixote no parecia, se apeó del 25
jumento, y, sentandose al pie de vn arbol,
començo a hablar consigo mesmo y a dezirse:
Sepamos agora, Sancho hermano, ¿adónde
va vuessa merced? ¿Va a buscar algun jumento
que se le aya perdido? No por cierto. Pues 30
¿qué va a buscar? Voy a buscar, como quien
no dize nada, a vna princessa, y en ella al sol
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 131
de la hermosura, y a todo el cielo junto. Y
¿adónde pensays hallar esso que dezys,
Sancho? ¿Adónde? En la gran ciudad del Toboso.
Y bien, y ¿de parte de quién la vays a buscar?
De parte del famoso Cauallero don Quixote 5
de la Mancha, que desfaze los tuertos y
da de comer al que ha sed y de beuer al que
ha hambre. Todo esso está muy bien; y
¿sabeys su casa, Sancho? Mi amo dize que han
de ser vnos reales palacios o vnos soberuios 10
alcaçares. Y ¿aueysla visto algun dia por
ventura? Ni yo ni mi amo la auemos visto
jamas. Y ¿pareceos que fuera acertado y bien
hecho que si los del Toboso supiessen que estays
vos aqui con intencion de yr a sonsacarles 15
sus princessas y a dessassossegarles sus
damas, viniessen y os moliessen las costillas a
puros palos y no os dexassen huesso sano? En
verdad que tendrian mucha razon, quando no
considerassen que soy mandado, y que 20
mensagero soys, amigo,
no mereceys culpa, non (*).
No os fieys en esso, Sancho, porque la gente
manchega es tan colerica como honrada y no
consiente cosquillas de nadie. Viue Dios, que 25
si os huele, que os mando mala ventura (*).
¡Oxte, puto!; ¡alla daras, rayo! No, sino andeme
yo buscando tres pies al gato por el gusto
ageno; y mas, que assi sera buscar a Dulcinea por
el Toboso como a Marica por Rabena (*) o al 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132
bachiller en Salamanca; el diablo, el diablo me
ha metido a mi en esto, que otro no.
Este soliloquio passó consigo Sancho, y lo
que sacó del fue que boluio a dezirse: Aora
bien, todas las cosas tienen remedio, si no es 5
la muerte, debaxo de cuyo yugo hemos de
passar todos, mal que nos pese, al acabar de
la vida. Este mi amo por mil señales he visto
que es vn loco de atar, y aun tambien yo no
le quedo en zaga, pues soy mas mentecato que 10
el, pues le sigo y le siruo, si es verdadero el
refran que dize: «dime con quién andas, dezirte
»he quién eres», y el otro de «no con quien
»naces, sino con quien paces». Siendo, pues,
loco, como lo es, y de locura que las mas vezes 15
toma vnas cosas por otras y juzga lo blanco
por negro y lo negro por blanco, como le
parecio quando dixo que los molinos de viento
eran gigantes, y las mulas de los religiosos
dromedarios, y las manadas de carneros exercitos 20
de enemigos, y otras muchas cosas a este
tono, no sera muy dificil hazerle creer que vna
labradora, la primera que me topare por aqui,
es la señora Dulcinea, y quando el no lo crea,
juraré yo, y si el jurare, tornaré yo a jurar, y 25
si porfiare, porfiaré yo mas, y de manera, que
tengo de tener la mia siempre sobre el hito (*),
venga lo que viniere; quiça con esta porfia
acabaré con el que no me embie otra vez a
semejantes mensagerias, viendo quán mal 30
recado le traygo dellas, o quiça pensará, como
yo imagino, que algun mal encantador de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 133
estos que el dize que le quieren mal la aura
mudado la figura por hazerle mal y daño.
Con esto que pensó Sancho (*) Pança quedó
sossegado su espiritu, y tuuo por bien acabado
su negocio, (y) deteniendose alli hasta la tarde, 5
por dar lugar a que don Quixote pensasse que
le [a]uia tenido para yr y boluer del Toboso; y
sucediole todo tan bien, que, quando se leuantó
para subir en el ruzio, vio que del Toboso
hazia donde el estaua venian tres labradoras 10
sobre tres pollinos, o pollinas, que el autor no
lo declara, aunque mas se puede creer que
eran borricas, por ser ordinaria caualleria de
las aldeanas; pero como no va mucho en
esto, no ay para qué detenernos en 15
aueriguarlo.
En resolucion, assi como Sancho vio a las
labradoras, a paso tirado boluio a buscar a su
señor don Quixote, y hallole suspirando y
diziendo mil amorosas lamentaciones. Como don 20
Quixote le vio, le dixo:
¿Qué ay, Sancho amigo? ¿Podre señalar
este dia con piedra blanca, o con negra?
Mejor sera, respondio Sancho, que vuessa
merced le (*) señale con almagre, como retulos 25
de catedras, porque le echen bien de ver
los que le vieren.
De esse modo, replicó don Quixote,
buenas nueuas traes.
Tan buenas, respondio Sancho, que no 30
tiene mas que hazer vuessa merced sino picar
a Rozinante y salir a lo raso a ver a la señora
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134
Dulcinea del Toboso, que con otras dos,
donzellas suyas, viene a ver a vuessa merced.
Santo Dios, ¿qué es lo que dizes, Sancho
amigo?, dixo don Quixote. Mira no me
engañes, ni quieras con falsas alegrias alegrar 5
mis verdaderas tristezas.
¿Qué sacaria yo de engañar a vuessa
merced, respondio Sancho, y mas estando tan
cerca de descubrir mi verdad? Pique, señor,
y venga, y vera venir a la princessa, nuestra 10
ama, vestida y adornada, en fin, como quien
ella es. Sus donzellas y ella todas son vna
ascua de oro. Todas maçorcas (*) de perlas,
todas son diamantes, todas rubies, todas telas
de brocado de mas de diez altos. Los cabellos 15
sueltos por las espaldas, que son otros tantos
rayos del sol, que andan jugando con el viento,
y, sobre todo, vienen a cauallo sobre tres
cananeas remendadas, que no ay mas que ver.
Hacaneas, querras dezir, Sancho. 20
Poca diferencia ay, respondio Sancho, de
cananeas a hacaneas; pero vengan sobre lo
que vinieren, ellas vienen (*) las mas galanas
señoras que se puedan dessear, especialmente
la princessa Dulcinea, mi señora, que pasma 25
los sentidos.
Vamos, Sancho hijo, respondio don Quixote,
y en albricias destas no esperadas como
buenas nueuas te mando el mejor despojo que
ganare en la primera auentura que tuuiere, y 30
si esto no te contenta, te mando las crias que
este año me dieren las tres yeguas mias, que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 135
tu sabes que quedan para parir en el prado
concegil de nuestro pueblo (*).
A las crias me atengo, respondio Sancho,
porque de ser buenos los despojos de la
primera auentura no está muy cierto. 5
Ya en esto, salieron de la selua y descubrieron
cerca a las tres aldeanas. Tendio don Quixote
los ojos por todo el camino del Toboso, y
como no vio sino a las tres labradoras, turbose
todo, y preguntó a Sancho si las auia dexado 10
fuera de la ciudad.
¿Cómo fuera de la ciudad?, respondio;
¿por ventura tiene vuessa merced los ojos en
el colodrillo, que no vee que son estas las que
aqui vienen, resplandecientes como el mismo 15
sol a medio dia?
Yo no veo, Sancho, dixo don Quixote,
sino a tres labradoras sobre tres borricos.
Agora me libre Dios del diablo, respondio
Sancho; y ¿es possible que tres hacaneas, o 20
como se llaman, blancas como el hampo de la
nieue, le parezcan a vuessa merced borricos?
¡Viue el Señor, que me pele estas barbas si tal
fuesse verdad!
Pues yo te digo, Sancho amigo, dixo don 25
Quixote, que es tan verdad que son borricos,
o borricas, como yo soy don Quixote y tu Sancho
Pança; a lo menos, a mi tales me parecen.
Calle, señor, dixo Sancho, no diga la tal
palabra, sino despauile essos ojos y venga a 30
hazer reuerencia a la señora de sus
pensamientos, que ya llega cerca.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136
Y, diziendo esto, se adelantó a recebir a las
tres aldeanas, y, apeandose del ruzio, tuuo del
cabestro al jumento de vna de las tres labradoras,
y, hincando ambas rodillas en el suelo,
dixo: 5
Reyna y princessa y duquessa de la hermosura,
vuestra altiuez y grandeza sea seruida
de recebir en su gracia y buen talente (*) al
cautiuo cauallero vuestro, que alli está hecho
piedra marmol, todo turbado y sin pulsos de verse 10
ante vuestra magnifica presencia. Yo soy Sancho
Pança su escudero, y el es el assendereado
cauallero don Quixote de la Mancha, llamado
por otro nombre el Cauallero de la Triste
Figura. 15
A esta sazon ya se auia puesto don Quixote
de hinojos junto a Sancho, y miraua con ojos
desencajados y vista turbada a la que Sancho
llamaua reyna y señora, y (*) como no descubria
en ella sino vna moça aldeana y no de muy 20
buen rostro, porque era cariredonda y chata,
estaua suspenso y admirado, sin osar desplegar
los labios. Las labradoras estauan assimismo
atonitas, viendo aquellos dos hombres tan
diferentes hincados de rodillas, que no dexauan 25
passar adelante a su compañera. Pero
rompiendo el silencio la detenida, toda
desgraciada y mohina dixo:
Apartense nora en tal del camino, y
dexenmos passar; que vamos de priesa. 30
A lo que respondio Sancho:
¡O princessa y señora vniuersal del Toboso!
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 137
¿Cómo vuestro magnanimo coraçon no se enternece
viendo arrodillado ante vuestra sublimada
presencia a la coluna y sustento de la andante
caualleria?
Oyendo lo qual otra de las dos, dixo: 5
¡Mas jo, que te estrego (*), burra de mi
suegro!; mirad con qué se vienen los señoritos
(*) aora a hazer burla de las aldeanas, como
si aqui no supiessemos echar pullas como ellos;
vayan su camino e dexenmos hazer el nueso (*), 10
y serles ha sano.
Leuantate, Sancho, dixo a este punto don
Quixote; que ya veo que la Fortuna, de mi mal
no harta, tiene tomados los caminos todos por
donde pueda venir algun contento a esta anima 15
mezquina que tengo en las carnes. Y tu, ¡o
estremo del valor que puede dessearse, termino de
la humana gentileza, vnico remedio deste
afligido coraçon que te adora!, ya que el maligno
encantador me persigue y ha puesto nubes y 20
cataratas en mis ojos, y para solo ellos y no
para otros ha mudado y transformado tu sin
ygual hermosura y rostro en el de vna
labradora pobre, si ya tambien el mio no le ha
cambiado en el de algun vestiglo para hazerle 25
aborrecible a tus ojos, no dexes de mirarme
blanda y amorosamente, echando de ver en
esta sumision y arrodillamiento que a tu
contrahecha hermosura hago, la humildad con que
mi alma te adora. 30
¡Tomá qué, mi aguelo!, respondio la
aldeana; amiguita soy yo de oyr resquebraxos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138
Apartense y dexenmos yr y agradecerselo
hemos.
Apartose Sancho y dexola yr, contentissimo
de auer salido bien de su enredo.
Apenas se vio libre la aldeana que auia hecho 5
la figura de Dulcinea, quando, picando a su
cananea con vn aguijon que en vn palo traia,
dio a correr por el prado adelante. Y como la
borrica sentia la punta del aguijon que le
fatigaua mas de lo ordinario, començo a dar 10
corcobos, de manera, que dio con la señora
Dulcinea en tierra; lo qual visto por don Quixote,
acudio a leuantarla, y Sancho a componer y
cinchar el albarda, que tambien vino a la
barriga de la pollina. Acomodada, pues, la 15
albarda, y quiriendo don Quixote leuantar a su
encantada señora en los braços sobre la
jumenta, la señora, leuantandose del suelo, le
quitó de aquel trabajo, porque haziendose algun
tanto atras, tomó vna corridica, y puestas 20
ambas manos sobre las ancas de la pollina, dio
con su cuerpo mas ligero que vn halcon sobre
la albarda, y quedó a horcajadas, como si fuera
hombre; y entonces dixo Sancho:
Viue Roque, que es la señora nuestra ama 25
mas ligera que vn a[l]cotan (*) y que puede
enseñar a subir a la gineta al mas diestro
cordoues o mexicano. El arzon trasero de la silla
passó de vn salto, y sin espuelas haze correr
la hacanea como vna zebra (*), y no le van 30
en zaga sus donzellas, que todas corren como
el viento.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 139
Y assi era la verdad, porque en viendose
a cauallo Dulcinea, todas picaron tras ella y
dispararon a correr, sin boluer la cabeça atras
por espacio de mas de media legua. Siguiolas
don Quixote con la vista, y quando vio que no 5
parecian, boluiendose a Sancho, le dixo:
¿Sancho, qué te parece quán mal quisto soy
de encantadores? Y mira hasta dónde se estiende
su malicia y la ogeriza que me tienen, pues
me han querido priuar del contento que 10
pudiera darme ver en su ser a mi señora. En
efecto, yo naci para exemplo de desdichados
y para ser blanco y terrero donde tomen la
mira y assiesten las flechas de la mala fortuna.
Y has tambien de aduertir, Sancho, que no se 15
contentaron estos traydores de auer buelto y
transformado a mi Dulcinea, sino que la
transformaron y boluieron en vna figura tan baxa y
tan fea como la de aquella aldeana, y
juntamente le quitaron lo que es tan suyo de las 20
principales señoras, que es el buen olor, por
andar siempre entre ambares y entre flores;
porque te hago saber, Sancho, que quando
llegué a subir a Dulcinea sobre su hacanea,
segun tu dizes, que a mi me parecio borrica, 25
me dio vn olor de ajos crudos, que me
encalabrinó y atosigó el alma.
¡O canalla!, gritó a esta sazon Sancho, ¡o
encantadores aziagos y mal intencionados, y
quién os viera a todos ensartados por las 30
agallas como sardinas en lercha! Mucho sabeys,
mucho podeys y mucho mas (*) hazeys; bastaros
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 140
deuiera, vellacos, auer mudado las perlas
de los ojos de mi señora en agallas
alcornoqueñas y sus cabellos de oro purissimo en
cerdas de cola de buey bermejo, y, finalmente,
todas sus faciones de buenas en malas, sin que 5
le tocarades en el olor; que por el siquiera
sacaramos lo que estaua encubierto debaxo de
aquella fea corteza, aunque, para dezir verdad,
nunca yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la
qual subia de punto y quilates vn lunar que 10
tenia sobre el labio derecho a manera de
vigote, con siete o ocho cabellos rubios como
hebras de oro y largos de mas de vn palmo.
A esse lunar, dixo don Quixote, segun la
correspondencia que tienen entre si los del 15
rostro con los del cuerpo, ha de tener otro
Dulcinea en la tabla del muslo que corresponde al
lado donde tiene el del rostro; pero muy luengos
para lunares son pelos de la grandeza que
has significado. 20
Pues yo se dezir a vuessa merced,
respondio Sancho, que le parecian alli como
nacidos.
Yo lo creo, amigo, replicó don Quixote,
porque ninguna (*) cosa puso la naturaleza 25
en Dulcinea que no fuesse perfecta y bien
acabada, y assi, si tuuiera cien lunares como el
que dizes, en ella no fueran lunares, sino lunas
y estrellas resplandecientes. Pero dime,
Sancho, ¿aquella que a mi me parecio albarda que 30
tu adereçaste, era silla rasa, o sillon?
No era, respondio Sancho, sino silla a la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 141
gineta, con vna cubierta de campo que vale la
mitad de vn reyno, segun es de rica.
Y ¡que no viesse yo todo esso, Sancho!,
dixo don Quixote; aora torno a dezir, y dire
mil vezes, que soy el mas desdichado de los 5
hombres.
Harto tenia que hazer el socarron de Sancho
en dissimular la risa, oyendo las sandezes de su
amo, tan delicadamente engañado. Finalmente,
despues de otras muchas razones que entre los 10
dos passaron, boluieron a subir en sus bestias
y siguieron el camino de Zaragoça, adonde
pensauan llegar a tiempo que pudiessen
hallarse en vnas solenes fiestas que en aquella
insigne ciudad cada año suelen hazerse. Pero 15
antes que alla llegassen les sucedieron cosas,
que por muchas, grandes y nueuas, merecen ser
escritas y leydas, como se vera adelante.
p. 142
Capitulo XI
De la estraña auentura que le sucedio al valeroso
don Quixote con el carro o carreta de las
Cortes de la Muerte.
Pensatiuo a demas yua don Quixote por su 5
camino adelante, considerando la mala burla
que le auian hecho los encantadores, boluiendo
a su señora Dulcinea en la mala figura de la
aldeana, y no imaginaua qué remedio tendria
para boluerla a su ser primero, y estos 10
pensamientos le lleuauan tan fuera de si, que,
sin sentirlo, solto las riendas a Rocinante, el
qual, sintiendo la libertad que se le daua, a
cada paso se detenia a pacer la verde yerua,
de que aquellos campos abundauan; de su 15
embelesamiento le boluio Sancho Pança,
diziendole:
Señor, las tristezas no se hizieron para las
bestias, sino para los hombres; pero si los
hombres las sienten demasiado se bueluen bestias; 20
vuessa merced se reporte y buelua en si y coja
las riendas a Rozinante, y auiue y despierte, y
muestre aquella gallardia que conuiene que
tengan los caualleros andantes. ¿Qué diablos
es esto? ¿Qué descaecimiento es este? 25
¿Estamos aqui, o en Francia? Mas que se lleue
Satanas a quantas Dulcineas ay en el mundo,
pues vale mas la salud de vn solo cauallero
andante que todos los encantos y
transformaciones de la tierra. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 143
Calla, Sancho, respondio don Quixote con
voz no muy desmayada; calla, digo, y no
digas blasfemias contra aquella encantada
señora; que de su desgracia y desuentura yo solo
tengo la culpa: de la inuidia que me tienen los 5
malos ha nacido su mala andança.
Assi lo digo yo, respondio Sancho: quien
la vido y la vee aora, ¿quál es el coraçon que
no llora (*)?
Esso puedes tu dezir bien, Sancho, replicó 10
don Quixote, pues la viste en la entereza
caual de su hermosura; que el encanto no
se estendio a turbarte la vista ni a encubrirte
su belleza; contra mi solo y contra mis ojos
se endereza la fuerça de su veneno. Mas con 15
todo esto he caydo, Sancho, en vna cosa, y es
que me pintaste mal su hermosura, porque, si
mal no me acuerdo, dixiste que tenia los ojos
de perlas, y los ojos que parecen de perlas,
antes son de besugo que de dama, y a lo que 20
yo creo, los de Dulcinea deuen ser de verdes
esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos
que les siruen de cejas. Y essas perlas quitalas
de los ojos y passalas a los dientes; que sin
duda te trocaste, Sancho, tomando los ojos por 25
los dientes.
Todo puede ser, respondio Sancho, porque
tambien me turbó a mi su hermosura como a
vuessa merced su fealdad; pero encomendemoslo
todo a Dios, que El es el sabidor de las 30
cosas que han de suceder en este valle de
lagrimas, en este mal mundo que tenemos, donde
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144
apenas se halla cosa que esté sin mezcla de
maldad, embuste y vellaqueria. De vna cosa
me pesa, señor mio, mas que de otras: que es
pensar qué medio se ha de tener quando vuessa
merced vença a algun gigante o otro cauallero, 5
y le mande que se vaya a presentar ante
la hermosura de la señora Dulcinea, ¿adónde la
ha de hallar este pobre gigante o este pobre y
misero cauallero vencido? Pareceme que los
veo andar por el Toboso hechos vnos bausanes 10
buscando a mi señora Dulcinea, y aunque
la encuentren en mitad de la calle, no la
conoceran mas que a mi padre.
Quiça, Sancho, respondio don Quixote, no
se estendera el encantamento a quitar el 15
conocimiento de Dulcinea a los vencidos y
presentados gigantes y caualleros, y en vno o dos de
los primeros que yo vença y le embie haremos
la experiencia, si la ven o no, mandandoles
que bueluan a darme relacion de lo que acerca 20
desto les huuiere sucedido.
Digo, señor, replicó Sancho, que me ha
parecido bien lo que vuessa merced ha dicho,
y que con esse artificio vendremos en conocimiento
de lo que desseamos, y si es que ella a 25
solo vuessa merced se encubre, la desgracia
mas sera de vuessa merced que suya; pero
como la señora Dulcinea tenga salud y
contento, nosotros por aca nos auendremos y lo
passaremos lo mejor que pudieremos, buscando 30
nuestras auenturas, y dexando al tiempo
que haga de las suyas; que el es el mejor
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 145
medico destas y de otras mayores
enfermedades.
Responder queria don Quixote a Sancho
Pança; pero estoruoselo vna carreta que salio al
traues del camino, cargada de los mas diuersos 5
y estraños personages y figuras que pudieron
imaginarse. El que guiaua las mulas y seruia
de carretero era vn feo demonio. Venia la carreta
descubierta al cielo abierto, sin toldo ni
çarço. La primera figura que se ofrecio a los 10
ojos de don Quixote, fue la de la misma Muerte,
con rostro humano; junto a ella venia vn
angel con vnas grandes y pintadas alas. Al vn
lado estaua vn emperador con vna corona, al
parecer de oro, en la cabeça. A los pies de la 15
Muerte estaua el dios que llaman Cupido, sin
venda en los ojos, pero con su arco, carcax y
saetas. Venia tambien vn cauallero armado de
punta en blanco, excepto que no traia morrion,
ni celada, sino vn sombrero lleno de plumas de 20
diuersas colores; con estas venian otras personas
de diferentes trages y rostros. Todo lo qual
visto de improuiso en alguna manera alborotó
a don Quixote, y puso miedo en el coraçon de
Sancho; mas luego se alegró don Quixote, 25
creyendo que se le ofrecia alguna nueua y
peligrosa auentura, y con este pensamiento, y con
animo dispuesto de acometer qualquier peligro,
se puso delante de la carreta, y, con voz alta y
amenazadora, dixo: 30
Carretero, cochero, o diablo, o lo que eres,
no tardes en dezirme quién eres, a do vas y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146
quién es la gente que lleuas en tu carricoche,
que mas parece la barca de Caron que carreta
de las que se vsan.
A lo qual mansamente, deteniendo el diablo
la carreta, respondio: 5
Señor, nosotros somos recitantes de la
compañia de Angulo el malo (*); hemos hecho en
vn lugar que está detras de aquella loma, esta
mañana, que es la octaua del Corpus, el auto
de Las Cortes de la Muerte (*), y hemosle de 10
hazer esta tarde en aquel lugar que desde aqui
se parece, y por estar tan cerca y escusar el
trabajo de desnudarnos y boluernos a vestir, nos
vamos vestidos con los mesmos vestidos que
representamos. Aquel mancebo va de Muerte, 15
el otro de Angel. Aquella muger, que es la del
autor, va de Reyna, el otro de Soldado, aquel de
Emperador, y yo de Demonio, y soy vna de las
principales figuras del auto, porque hago en
esta compañia los primeros papeles. Si otra 20
cosa vuessa merced dessea saber de nosotros,
preguntemelo, que yo le sabre responder con
toda puntualidad; que como soy demonio, todo
se me alcança.
Por la fe de cauallero andante, respondio 25
don Quixote, que assi como vi este carro
imaginé que alguna grande auentura se me ofrecia,
y aora digo que es menester tocar las apariencias
con la mano para dar lugar al desengaño.
Andad con Dios, buena gente, y hazed vuestra 30
fiesta; y mirad si mandays algo en que pueda
seros de prouecho; que lo haré con buen animo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 147
y buen talante, porque desde mochacho fuy
aficionado a la caratula, y en mi mocedad se
me yuan los ojos tras la farandula (*).
Estando en estas platicas quiso la suerte que
llegasse vno de la compañia, que venia vestido 5
de bogiganga, con muchos cascabeles, y en la
punta de vn palo traia tres bexigas de vaca
hinchadas; el qual moarracho, llegandose a don
Quixote, començo a esgrimir el palo y a sacudir
el suelo con las bexigas (*) y a dar grandes 10
saltos, sonando los cascabeles, cuya mala vision
assi alborotó a Rozinante, que, sin ser poderoso
a detenerle don Quixote, tomando el freno entre
los dientes, dio a correr por el campo con mas
ligereza que jamas prometieron los huesos de 15
su notomia (*). Sancho, que consideró el peligro
en [que] yua su amo de ser derribado, saltó
del ruzio, y a toda (*) priesa fue a valerle; pero
quando a el llegó, ya estaua en tierra, y junto
a el Rozinante, que con su amo vino al suelo: 20
ordinario fin y paradero de las lozanias de
Rozinante y de sus atreuimientos.
Mas apenas huuo dexado su caualleria Sancho
por acudir a don Quixote, quando el demonio
baylador de las bexigas saltó sobre el 25
ruzio, y, sacudiendole con ellas, el miedo y
ruydo, mas que el dolor de los golpes, le hizo
volar por la campaña hazia el lugar donde
yuan a hazer la fiesta. Miraua Sancho la carrera
de su ruzio y la cayda de su amo, y no sabia 30
a quál de las dos necessidades acudiria primero.
Pero, en efecto, como buen escudero y como
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148
buen criado, pudo mas con el el amor de su
señor que el cariño de su jumento, puesto que
cada vez que veia leuantar las bexigas en el
ayre y caer sobre las ancas de su ruzio, eran
para el tartagos y sustos de muerte, y antes 5
quisiera que aquellos golpes se los dieran a el
en las niñas de los ojos que en el mas minimo
pelo de la cola de su asno. Con esta perplexa
tribulacion llegó donde estaua don Quixote,
harto mas maltrecho de lo que el quisiera, y, 10
ayudandole a subir sobre Rozinante, le dixo:
Señor, el Diablo se ha lleuado al ruzio.
¿Qué diablo?, preguntó don Quixote.
El de las bexigas, respondio Sancho.
Pues yo le cobraré, replicó don Quixote, 15
si bien se encerrasse con el en los mas hondos
y escuros calaboços del infierno. Sigueme,
Sancho; que la carreta va despacio, y con las
mulas della satisfare la perdida del ruzio.
No ay para qué hazer essa diligencia, 20
señor, respondio Sancho; vuessa merced
temple su colera; que, segun me parece, ya el
Diablo ha dexado el ruzio, y buelue a la
querencia.
Y assi era la verdad, porque auiendo caydo 25
el Diablo con el ruzio, por imitar a don Quixote
y a Rozinante, el Diablo se fue a pie al pueblo,
y el jumento se boluio a su amo.
Con todo esso, dixo don Quixote, sera
bien castigar el descomedimiento de aquel 30
demonio en alguno de los de la carreta, aunque
sea el mesmo Emperador.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 149
Quitesele a vuessa merced esso de la
imaginacion, replicó Sancho, y tome mi consejo,
que es que nunca se tome con farsantes, que
es gente fauorecida. Recitante he visto yo estar
preso por dos muertes y salir libre y sin costas. 5
Sepa vuessa merced que, como son gentes alegres
y de plazer, todos los fauorecen, todos los
amparan, ayudan y estiman, y mas siendo de
aquellos de las compañias reales y de titulo (*),
que todos, o los mas, en sus trages y 10
compostura parecen vnos principes.
Pues con todo, respondio don Quixote,
no se me ha de yr el demonio farsante
alabando, aunque le fauorezca todo el genero
humano. 15
Y, diziendo esto, boluio a la carreta, que ya
estaua bien cerca del pueblo; [y] yua dando
vozes, diziendo:
Deteneos, esperad, turba alegre y regozijada;
que os quiero dar a entender cómo se han 20
de tratar los jumentos y alimañas que siruen
de caualleria a los escuderos de los caualleros
andantes.
Tan altos eran los gritos de don Quixote,
que los oyeron y entendieron los de la carreta, 25
y, juzgando por las palabras la intencion del
que las dezia, en vn instante saltó la Muerte de
la carreta, y tras ella, el Emperador, el Diablo
carretero y el Angel, sin quedarse la Reyna ni
el dios Cupido, y todos se cargaron de piedras 30
y se pusieron en ala, esperando recebir a don
Quixote en las puntas de sus guijarros. Don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150
Quixote que los vio puestos en tan gallardo
esquadron, los braços leuantados con ademan
de despedir poderosamente las piedras, detuuo
las riendas a Rozinante y pusose a pensar de
qué modo los acometeria con menos peligro 5
de su persona. En esto que se detuuo, llegó
Sancho, y viendole en talle de acometer al
bien formado esquadron, le dixo:
Assaz de locura seria intentar tal empresa;
considere vuessa merced, señor mio, que para 10
sopa de arroyo y tente, bonete, no ay arma
defensiua en el mundo, sino es embutirse y
encerrarse en vna campana de bronze, y tambien
se ha de considerar que es mas temeridad
que valentia acometer vn hombre solo a vn 15
exercito donde está la Muerte y pelean en
persona emperadores, y a quien ayudan los buenos
y los malos angeles; y si esta consideracion
no le mueue a estarse quedo, mueuale saber de
cierto que entre todos los que alli estan, 20
aunque parecen reyes, principes y emperadores,
no ay ningun cauallero andante.
Aora si, dixo don Quixote, has dado,
Sancho, en el punto que puede y deue mudarme de
mi ya determinado intento. Yo no puedo ni 25
deuo sacar la espada, como otras vezes muchas
te he dicho, contra quien no fuere armado
cauallero. A ti, Sancho, toca, si quieres tomar la
vengança del agrauio que a tu ruzio se le ha
hecho; que yo desde aqui te ayudaré con 30
vozes y aduertimientos saludables.
No ay para qué, señor, respondio Sancho,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 151
tomar vengança de nadie, pues no es de buenos
christianos tomarla de los agrauios, quanto
mas que yo acabaré con mi asno que ponga
su ofensa en las manos de mi voluntad, la
qual es de viuir pacificamente los dias que los 5
cielos me dieren de vida.
Pues essa es tu determinacion, replicó don
Quixote, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho
christiano y Sancho sincero, dexemos estas
fantasmas y boluamos a buscar mejores y mas 10
calificadas auenturas; que yo veo esta tierra
de talle que no han de faltar en ella muchas y
muy milagrosas.
Boluio las riendas luego, Sancho fue a tomar
su ruzio, la Muerte con todo su esquadron 15
bolante boluieron a su carreta y prosiguieron su
viage, y este felice fin tuuo la temerosa
auentura de la carreta de la Muerte, gracias sean
dadas al saludable consejo que Sancho Pança
dio a su amo, al qual el dia siguiente le sucedio 20
otra con vn enamorado y andante cauallero,
de no menos suspension que la passada.
p. 152
Capitulo XII
De la estraña auentura que le sucedio al
valero[so] don Quixote con el brauo Cauallero de
los Espejos.
La noche que siguio al dia del rencuentro de 5
la Muerte la passaron don Quixote y su escudero
debaxo de vnos altos y sombrosos arboles,
auiendo, a persuasion de Sancho, comido
don Quixote de lo que venia en el repuesto
del ruzio, y, entre la cena, dixo Sancho a su 10
señor:
Señor, qué tonto huuiera andado yo, si
huuiera escogido en albricias los despojos de la
primera auentura que vuessa merced acabara,
antes que las crias de las tres yeguas. En efecto, 15
en efecto, mas vale paxaro en mano que buytre
volando.
Todauia, respondio don Quixote, si tu,
Sancho, me dexaras acometer, como yo queria,
te huuieran cabido en despojos, por lo menos, 20
la corona de oro de la Emperatriz y las pintadas
alas de Cupido; que yo se las quitara al
redropelo y te las pusiera en las manos.
Nunca los cetros y coronas de los emperadores
farsantes, respondio Sancho Pança, fueron 25
de oro puro, sino de oropel o hoja de lata.
Assi es verdad, replicó don Quixote,
porque no fuera acertado que los atauios de la
comedia fueran finos, sino fingidos y
aparentes como lo es la mesma comedia, con 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 153
la qual quiero, Sancho, que estes bien, teniendola
en tu gracia, y por el mismo consiguiente
a los que las representan y a los que las
componen, porque todos son instrumentos de hazer
vn gran bien a la Republica, poniendonos vn 5
espejo a cada paso (*) delante, donde se veen
al viuo las acciones de la vida humana, y
ninguna comparacion ay que mas al viuo nos
represente lo que somos y lo que auemos de ser
como la comedia y los comediantes: si no, dime, 10
¿no has visto tu representar alguna comedia
adonde se introduzen reyes, emperadores y
pontifices, caualleros, damas y otros diuersos
personages? Vno haze el rufian, otro el embustero,
este el mercader, aquel el soldado, otro 15
el simple discreto, otro el enamorado simple.
Y, acabada la comedia, y desnudandose de
los vestidos della, quedan todos los recitantes
yguales.
Si he visto, respondio Sancho. 20
Pues lo mesmo, dixo don Quixote, acontece
en la comedia y trato deste mundo, donde
vnos hazen los emperadores, otros los pontifices,
y, finalmente, todas quantas figuras se
pueden introduzir en vna comedia; pero, en 25
llegando al fin, que es quando se acaba la vida,
a todos les quita la muerte las ropas que los
diferenciauan, y quedan yguales en la
sepultura.
Braua comparacion, dixo Sancho, aunque 30
no tan nueua que yo no la aya oydo muchas
y diuersas vezes, como aquella del juego
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 154
del axedrez, que mientras dura el juego, cada
pieça tiene su particular oficio, y, en
acabandose el juego, todas se mezclan, juntan y
barajan, y dan con ellas en vna bolsa, que es
como dar con la vida en la sepultura. 5
Cada dia, Sancho, dixo don Quixote, te
vas haziendo menos simple y mas discreto.
Si, que algo se me ha de pegar de la
discrecion de vuessa merced, respondio Sancho;
que las tierras que de suyo son esteriles 10
y secas, estercolandolas y cultiuandolas,
vienen a dar buenos frutos; quiero dezir que la
conuersacion de vuessa merced ha sido el
estiercol que sobre la esteril tierra de mi seco
ingenio ha caydo; la cultiuacion, el tiempo que 15
ha que le siruo y comunico, y con esto espero
de dar frutos de mi que sean de bendicion,
tales, que no desdigan ni deslizen de los
senderos de la buena criança que vuessa merced
ha hecho en el agostado entendimiento mio. 20
Riose don Quixote de las afectadas razones
de Sancho, y pareciole ser verdad lo que dezia
de su emienda, porque de quando en quando
hablaua de manera que le admiraua, puesto
que todas o las mas vezes que Sancho queria 25
hablar de oposicion, y a lo cortesano, acabaua
su razon con despeñarse del monte de su
simplicidad al profundo de su ignorancia, y en lo
que el se mostraua mas elegante y memorioso
era en traer refranes, viniessen o no viniessen 30
a pelo de lo que trataua, como se aura visto
y se aura notado en el discurso desta historia.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 155
En estas y en otras platicas se les passó
gran parte de la noche, y a Sancho le vino en
voluntad de dexar caer las compuertas de los
ojos, como el dezia quando queria dormir,
y, desaliñando al ruzio, le dio pasto abundoso 5
y libre. No quitó la silla a Rozinante por
ser expreso mandamiento de su señor que
en el tiempo que anduuiessen en campaña, o
no durmiessen debaxo de techado, no desaliñasse
a Rozinante: antigua vsança establecida 10
y guardada de los andantes caualleros, quitar
el freno y colgarle del arzon de la silla; pero
¿quitar la silla al cauallo?, ¡guarda!; y assi lo hizo
Sancho, y le dio la misma libertad que al ruzio,
cuya amistad del y de Rozinante fue tan vnica 15
y tan trauada, que ay fama, por tradicion de
padres a hijos, que el autor desta verdadera
historia hizo particulares capitulos della; mas
que, por guardar la decencia y decoro que a
tan heroyca historia se deue, no los puso en 20
ella, puesto que algunas vezes se descuyda
deste su prosupuesto, y escriue que assi como
las dos bestias se juntauan, acudian a rascarse
el vno al otro, y que, despues de cansados
y satisfechos, cruzaua Rozinante el pescuezo 25
sobre el cuello del ruzio, que le sobraua de la
otra parte mas de media vara, y mirando los
dos atentamente al suelo, se solian estar de
aquella manera tres dias, a lo menos, todo el
tiempo que les dexauan o no les compelia la 30
hambre a buscar sustento.
Digo que dizen que dexó el autor escrito
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156
que los auia comparado en la amistad a la que
tuuieron Niso y Eurialo, y Pilades y Orestes,
y si esto es assi, se podia echar de ver, para
vniuersal admiracion, quán firme deuio ser la
amistad destos dos pacificos animales, y para 5
confusion de los hombres, que tan mal saben
guardarse amistad los vnos a los otros. Por
esto se dixo:
«No ay amigo para amigo,
las cañas se bueluen lanças... (*) 10
y el otro que cantó:
De amigo a amigo la chinche (*), etc.
Y no le parezca a alguno que anduuo el
autor algo fuera de camino en auer comparado
la amistad destos animales a la de los 15
hombres; que de las bestias han recebido
muchos aduertimientos los hombres y aprendido
muchas cosas de importancia, como son:
de las cigueñas, el cristel; de los perros, el
vomito y el agradecimiento; de las grullas, la 20
vigilancia; de las hormigas, la prouidencia; de
los elefantes, la honestidad; y la lealtad del
cauallo (*). Finalmente, Sancho se quedó dormido
al pie de vn alcornoque, y don Quixote,
dormitando al de vna robusta enzina. 25
Pero poco espacio de tiempo auia passado
quando le desperto vn ruydo que sintio a sus
espaldas, y, leuantandose con sobresalto, se
puso a mirar y a escuchar de dónde el ruydo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 157
procedia, y vio que eran dos hombres a cauallo,
y que el vno, dexandose derribar de la silla,
dixo al otro:
Apeate, amigo, y quita los frenos a los
cauallos; que, a mi parecer, este sitio abunda de 5
yerua para ellos y del silencio y soledad que
han menester mis amorosos pensamientos.
El dezir esto y el tenderse en el suelo todo
fue a vn mesmo tiempo, y al arrojarse hizieron
ruydo las armas de que venia armado, 10
manifiesta señal por donde conocio don Quixote
que deuia de ser cauallero andante, y, llegandose
a Sancho, que dormia, le trabó del braço,
y con no pequeño trabajo le boluio en su
acuerdo, y con voz baxa le dixo: 15
Hermano Sancho, auentura tenemos.
Dios nos la de buena, respondio Sancho;
y ¿adónde está, señor mio, su merced de essa
señora auentura?
¿Adónde, Sancho?, replicó don Quixote. 20
Buelue los ojos y mira, y veras alli tendido vn
andante cauallero, que, a lo que a mi se me
trasluze, no deue de estar demasiadamente
alegre, porque le vi arrojar del cauallo y
tenderse en el suelo con algunas muestras de 25
despecho, y al caer le cruxieron las armas.
Pues ¿en qué halla vuessa merced, dixo
Sancho, que esta sea auentura?
No quiero yo dezir, respondio don
Quixote, que esta sea auentura del todo, sino 30
principio della; que por aqui se comiençan las
auenturas. Pero escucha; que, a lo que parece,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158
templando está vn laud o viguela, y segun
escupe y se desembaraça el pecho, deue de
prepararse para cantar algo.
A buena fe que es assi, respondio Sancho,
y que deue de ser cauallero enamorado. 5
No ay ninguno de los andantes que no lo
sea, dixo don Quixote, y escuchemosle; que
por el hilo sacaremos el ouillo de sus
pensamientos, si es que canta; que de la abundancia
del coraçon habla la lengua. 10
Replicar queria Sancho a su amo; pero la
voz del Cauallero del Bosque, que no era muy
mala ni muy buena, lo estoruó, y estando los
dos atonitos (*), oyeron que lo que cantó fue
este 15
«SONETO.
Dadme, señora, vn termino que siga,
conforme a vuestra voluntad cortado;
que sera de la mia assi estimado,
que por jamas vn punto del desdiga. 20
Si gustays que callando mi fatiga
muera, contadme ya por acabado;
si quereys que os la cuente en desusado
modo, hare que el mesmo Amor la diga.
A prueua de contrarios estoy hecho, 25
de blanda cera y de diamante duro,
y a las leyes de amor el alma ajust[o].
Blando qual es, o fuerte, ofrezco el pecho;
entallad o imprimid lo que os de gusto,
que de guardarlo eternamente juro.» 30
Con vn ¡ay! arrancado, al parecer, de lo intimo
de su coraçon, dio fin a su canto el Cauallero
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 159
del Bosque, y de alli a vn poco, con voz
doliente y lastimada, dixo:
¡O la mas hermosa y la mas ingrata muger
del orbe!, ¿cómo que sera possible, serenissima
Casildea de Vandalia, que has de consentir 5
que se consuma y acabe en continuas peregrinaciones
y en asperos y duros trabajos este tu
cautiuo cauallero? ¿No basta ya que he hecho
que te confiessen por la mas hermosa del mundo
todos los caualleros de Nauarra, todos los 10
leoneses, todos los tartesios, todos los castellanos
y, finalmente, todos los caualleros de la
Mancha?
Esso no, dixo a esta sazon don Quixote,
que yo soy de la Mancha y nunca tal he 15
confessado, ni podia, ni deuia confessar vna cosa
tan perjudicial a la belleza de mi señora, y este
tal cauallero ya vees tu, Sancho, que desuaria;
pero escuchemos: quiça se declarará mas.
Si hará, replicó Sancho; que termino 20
lleua de quexarse vn mes a[r]reo.
Pero no fue assi, porque auiendo entreoydo
el Cauallero del Bosque que hablauan cerca del,
sin passar adelante en su lamentacion se puso
en pie, y dixo con voz sonora y comedida: 25
¿Quién va alla, qué gente?; ¿es por ventura
de la del numero de los contentos, o la del (*)
de los afligidos?
De los afligidos, respondio don Quixote.
Pues lleg[u]ese a mi, respondio el del 30
Bosque, y hara cuenta que se llega a la mesma
tristeza y a la aflicion mesma.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160
Don Quixote, que se vio responder tan tierna
y comedidamente, se llegó a el, y Sancho ni
mas ni menos; el cauallero lamentador assio a
don Quixote del braço, diziendo:
Sentaos aqui, señor cauallero; que para 5
entender que lo soys y de los que professan la
andante caualleria, bastame el aueros hallado
en este lugar, donde la soledad y el sereno os
hazen compañia, naturales lechos y propias
estancias de los caualleros andantes. 10
A lo que respondio don Quixote:
Cauallero soy y de la profession que
dezis, y aunque en mi alma tienen su propio
assiento las tristezas, las desgracias y las
desuenturas, no por esso se ha ahuyentado della 15
la compassion que tengo de las agenas
desdichas; de lo que contaste[s] poco ha,
colegi que las vuestras son enamoradas, quiero
dezir, del amor que teneis a aquella hermosa
ingrata que en vuestras lamentaciones 20
nombrastes.
Ya quando esto passauan, estauan sentados
juntos sobre la dura tierra en buena paz y
compañia, como si al romper del dia no se
huuieran de romper las cabeças. 25
¿Por ventura, señor cauallero, preguntó
el del Bosque a don Quixote: soys
enamorado?
Por desuentura, lo soy, respondio don
Quixote, aunque los daños que nacen de los 30
bien colocados pensamientos, antes se deuen
tener por gracias que por desdichas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 161
Assi es la verdad, replicó el del Bosque,
si no nos turbassen la razon y el entendimiento
los desdenes, que siendo muchos, parecen
venganças.
Nunca fuy desdeñado de mi señora, 5
respondio don Quixote.
No, por cierto, dixo Sancho, que alli
junto estaua, porque es mi señora como
vna borrega mansa: es mas blanda que vna
manteca. 10
¿Es vuestro escudero este?, preguntó el
del Bosque.
Si es, respondio don Quixote.
Nunca he visto yo escudero, replicó el del
Bosque, que se atreua a hablar donde habla 15
su señor; a lo menos, ai está esse mio, que es tan
grande como su padre, y no se prouará que aya
desplegado el labio donde yo hablo.
Pues a fe, dixo Sancho, que he hablado
yo y puedo hablar delante de otro tan..., y aun 20
quedese aqui; que es peor meneallo.
El escudero del Bosque assio por el braço a
Sancho, diziendole:
Vamonos los dos donde podamos hablar
escuderilmente todo quanto quisieremos, y 25
dexemos a estos señores amos nuestros que se
den de las astas (*) contandose las historias de
sus amores; que a buen seguro que les ha de
coger el dia en ellas y no las han de auer
acabado. 30
Sea en buena hora, dixo Sancho, y yo le
dire a vuessa merced quien soy, para que vea
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162
si puedo entrar en dozena con los mas
hablantes escuderos.
Con esto se apartaron los dos escuderos,
entre los quales passó vn tan gracioso
coloquio, como fue graue el que passó entre sus 5
señores.
p. 163
Capitulo XIII
Donde se prosigue la auentura del Cauallero
del Bosque, con el discreto, nueuo y suaue
coloquio que passó entre los dos escuderos.
Diuididos estauan caualleros y escuderos, 5
estos contandose sus vidas, y aquellos sus
amores; pero la historia cuenta primero el
razonamiento de los moços y luego prosigue el de
los amos, y, assi, dize que, apartandose vn poco
dellos, el del Bosque dixo a Sancho: 10
Trabajosa vida es la que passamos y viuimos,
señor mio, estos que somos escuderos de
caualleros andantes; en verdad que comemos
el pan en el sudor de nuestros rostros (*), que
es vna de las maldiciones que echó Dios a 15
nuestros primeros padres.
Tambien se puede dezir, añadio Sancho,
que lo comemos en el yelo de nuestros cuerpos,
porque ¿quién mas calor y mas frio que los
miserables escuderos de la andante caualleria?; 20
y aun menos mal si comieramos, pues los duelos
con pan son menos; pero tal vez ay que se
nos passa vn dia y dos sin desayunarnos, si no
es del viento que sopla.
Todo esso se puede lleuar y conlleuar, dixo 25
el del Bosque, con la esperança que tenemos
del premio, porque si demasiadamente no es
desgraciado el cauallero andante a quien vn
escudero sirue, por lo menos, a pocos lances se
vera premiado con vn hermoso gouierno de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164
qualque insula, o con vn condado de buen
parecer.
Yo, replicó Sancho, ya he dicho a mi
amo que me contento con el gouierno de alguna
insula, y el es tan noble y tan liberal que 5
me le ha prometido muchas y diuersas vezes.
Yo, dixo el del Bosque, con vn canonicato
quedaré satisfecho de mis seruicios, y ya
me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal!
Deue de ser, dixo Sancho, su amo de 10
vuessa merced cauallero a lo eclesiastico, y
podra hazer essas mercedes a sus buenos
escuderos, pero el mio es meramente lego, aunque
yo me acuerdo quando le querian aconsejar
personas discretas, aunque, a mi parecer, 15
mal intencionadas, que procurasse ser arçobispo;
pero el no quiso sino ser emperador, y yo
estaua entonces temblando si le venia en voluntad
de ser de la Iglesia, por no hallarme suficiente
de tener beneficios por ella, porque le 20
hago saber a vuessa merced que, aunque parezco
hombre, soy vna (*) bestia para ser de la
Iglesia.
Pues en verdad que lo yerra vuessa merced,
dixo el del Bosque, a causa que los gouiernos 25
insulanos no son todos de buena data;
algunos ay torcidos, algunos pobres, algunos
malenconicos y, finalmente, el mas erguido y
bien dispuesto trae consigo vna pesada carga
de pensamientos y de incomodidades, que 30
pone sobre sus ombros el desdichado que le
cupo en suerte. Harto mejor seria que los que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 165
professamos esta maldita seruidumbre nos
retirassemos a nuestras casas, y alli nos
entretuuiessemos en exercicios mas suaues, como si
dixessemos, caçando o pescando; que ¿qué
escudero ay tan pobre en el mundo a quien le 5
falte vn rozin, y vn par de galgos, y vna caña
de pescar, con que entretenerse en su aldea?
A mi no me falta nada desso, respondio
Sancho; verdad es que no tengo rozin, pero
tengo vn asno que vale dos vezes mas que el 10
cauallo de mi amo. Mala pascua me de Dios, y
sea la primera que viniere, si le trocara por el,
aunque me diessen quatro fanegas de cebada
encima; a burla tendra vuessa merced el valor
de mi ruzio; que ruzio es el color de mi 15
jumento. Pues galgos, no me auian de faltar,
auiendolos sobrados en mi pueblo; y mas, que
entonces es la caça mas gustosa, quando se
haze a costa agena.
Real y verdaderamente, respondio el del 20
Bosque, señor escudero, que tengo propuesto
y determinado de dexar estas borracherias
destos caualleros, y retirarme a mi aldea y criar
mis h[i]jitos, que tengo tres como tres
orientales perlas. 25
Dos tengo yo, dixo Sancho, que se pueden
presentar al Papa en persona, especialmente
vna muchacha, a quien crio para condessa,
si Dios fuere seruido, aunque a pesar de
su madre. 30
Y ¿qué edad tiene essa señora que se cria
para condessa?, preguntó el del Bosque.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166
Quinze años, dos mas a menos, respondio
Sancho; pero es tan grande como vna lança,
y tan fresca como vna mañana de abril, y
tiene vna fuerça de vn ganapan.
Partes son essas, respondio el del Bosque, 5
no solo para ser condessa, sino para ser ninfa
del verde bosque. ¡O hideputa puta, y qué
rexo deue de tener la vellaca!
A lo que respondio Sancho, algo mohino:
Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo sera 10
ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras
yo viuiere. Y hablese mas comedidamente; que
para auerse criado vuessa merced entre caualleros
andantes, que son la mesma cortesia, no
me parecen muy concertadas essas palabras. 15
¡O, qué mal se le entiende a vuessa merced,
replicó el del Bosque, de achaque de
alabanças, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que
quando algun cauallero da vna buena lançada
al toro en la plaça, o quando alguna persona 20
haze alguna cosa bien hecha, suele dezir el
vulgo: «¡o hideputa puto, y qué bien que lo ha
»hecho!», y aquello que parece vituperio en
aquel termino, es alabança notable? Y renegad
vos, señor, de los hijos o hijas que no hazen 25
obras que merezcan se les den a sus padres
loores semejantes.
Si reniego, respondio Sancho; y desse
modo y por essa misma razon podia echar
vuessa merced a mi, y hijos (*), y a mi muger 30
toda vna puteria encima, porque todo
quanto hazen y dizen son estremos dignos de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 167
semejantes alabanças; y para boluerlos a ver,
ruego yo a Dios me saque de pecado mortal,
que lo mesmo sera si me saca deste peligroso
oficio de escudero, en el qual he incurrido
segunda vez, cebado y engañado de vna bolsa 5
con cien ducados que me hallé vn dia en el
coraçon de Sierra Morena; y el diablo me pone
ante los ojos aqui, alli, aca no, sino aculla, vn
talego lleno de doblones, que me parece que a
cada paso le toco con la mano y me abraço 10
con el, y lo lleuo a mi casa, y echo censos, y
fundo rentas, y viuo como vn principe, y el rato
que en esto pienso se me hazen faciles y
lleuaderos quantos trabajos padezco con este
mentecato de mi amo, de quien se que tiene mas 15
de loco que de cauallero.
Por esso, respondio el del Bosque, dizen
que la codicia rompe el saco, y si va a tratar
dellos, no ay otro mayor en el mundo que mi
amo, porque es de aquellos que dizen: 20
«cuydados agenos matan al asno»; pues porque
cobre otro cauallero el juyzio que ha perdido,
se haze el loco, y anda buscando lo que no
se si despues de hallado le ha de salir a los
hozicos. 25
Y ¿es enamorado por dicha?
Si, dixo el del Bosque, de vna tal Casildea
de Vandalia, la mas cruda y la mas asada
señora que en todo el orbe puede hallarse;
pero no coxea del pie de la crudeza; que otros 30
mayores embustes le gruñen en las entrañas, y
ello dira antes de muchas horas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168
No ay camino tan llano, replicó Sancho,
que no tenga algun tropezon o barranco; en
otras casas cuezen habas, y en la mia, a
calderadas; mas acompañados y paniaguados deue
de tener la locura que la discrecion. Mas si es 5
verdad lo que comunmente se dize, que el tener
compañeros en los trabajos suele seruir de
aliuio en ellos, con vuessa merced podre
consolarme, pues sirue a otro amo tan tonto como
el mio. 10
Tonto, pero valiente, respondio el del
Bosque, y mas vellaco que tonto y que valiente.
Esso no es el mio, respondio Sancho;
digo que no tiene nada de vellaco, antes tiene
vna alma como vn cantaro; no sabe hazer mal 15
a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia
alguna; vn niño le hara entender que es de noche
en la mitad del dia, y por esta senzillez le quiero
como a las telas de mi coraçon, y no me amaño
a dexarle, por mas disparates que haga. 20
Con todo esso, hermano y señor, dixo el
del Bosque, si el ciego guia al ciego, ambos
van a peligro de caer en el hoyo. Mejor es
retirarnos con buen compas de pies y boluernos a
nuestras querencias; que los que buscan 25
auenturas no siempre las hallan buenas.
Escupia Sancho a menudo, al parecer, vn
cierto genero de saliua pegajosa y algo seca, lo
qual visto y notado por el caritatiuo bosqueril
escudero, dixo: 30
Pareceme que de lo que hemos hablado se
nos pegan al paladar las lenguas; pero yo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 169
traygo vn despegador pendiente del arzon de mi
cauallo, que es tal como bueno.
Y, leuantandose, boluio desde alli a vn poco
con vna gran bota de vino y vna empanada de
media vara, y no es encarecimiento, porque 5
era de vn conejo albar tan grande, que Sancho,
al tocarla, entendio ser de algun cabron, no que
de cabrito; lo qual visto por Sancho, dixo:
Y ¿esto trae vuessa merced consigo, señor?
Pues ¿qué se pensaua, respondio el otro; 10
soy yo por ventura algun escudero de agua y
lana (*)? Mejor repuesto traygo yo en las ancas
de mi cauallo que lleua consigo quando va de
camino vn general.
Comio Sancho sin hazerse de rogar, y 15
tragaua a escuras bocados de nudos de suelta,
y dixo:
Vuessa merced si que es escudero fiel y
legal, moliente y corriente, magnifico y grande,
como lo muestra este banquete, que si no ha 20
venido aqui por arte de encantamento, parecelo,
a lo menos; y no como yo, mezquino y
malauenturado, que solo traygo en mis alforjas vn
poco de queso, tan duro, que pueden descalabrar
con ello a vn gigante; a quien (*) hazen 25
compañia quatro dozenas de algarrobas y otras
tantas de auellanas y nuezes, mercedes a la
estrecheza de mi dueño y a la opinion que
tiene y orden que guarda de que los caualleros
andantes no se han de mantener y sustentar 30
sino con frutas secas y con las yeruas del
campo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170
Por mi fe, hermano, replicó el del Bosque,
que yo no tengo hecho el estomago a tagarninas,
ni a piruetanos, ni a rayzes de los montes;
alla se lo ayan con sus opiniones y leyes
cauallerescas nuestros amos, y coman lo que ellos 5
mandaren; fiambreras traygo y esta bota colgando
del arzon de la silla, por si o por no; y
es tan deuota (*) mia, y quierola tanto, que
pocos ratos se passan sin que la de mil besos
y mil abraços. 10
Y, diziendo esto, se la puso en las manos a
Sancho, el qual, empinandola puesta a la boca,
estuuo mirando las estrellas vn quarto de hora,
y, en acabando de beuer, dexó caer la cabeça a
vn lado, y, dando vn gran suspiro, dixo: 15
¡O hideputa, vellaco, y cómo es catolico!
¿Veis ai, dixo el del Bosque, en oyendo el
hideputa de Sancho, como aueis alabado este
vino, llamandole hideputa?
Digo, respondio Sancho, que confiesso 20
que conozco que no es deshonra llamar hijo
de puta a nadie quando cae debaxo del
entendimiento de alabarle. Pero digame, señor, por
el siglo de lo que mas quiere: ¿este vino es de
Ciudad Real? 25
¡Brauo moxon!, respondio el del Bosque;
en verdad que no es de otra parte, y que
tiene algunos años de ancianidad.
¡A mi con esso!, dixo Sancho; no tomeys
menos, sino que se me fuera a mi por alto dar 30
alcance a su conocimiento. ¿No sera bueno,
señor escudero, que tenga yo vn instinto tan
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 171
grande y tan natural en esto de conocer vinos,
que en dandome a oler qualquiera, acierto la
patria, el linage, el sabor, y la dura y las
bueltas que ha de dar, con todas las circunstancias
al vino atañederas? Pero no ay de que 5
marauillarse, si tuue en mi linage por parte de mi
padre los dos mas excelentes moxones que en
luengos años conocio la Mancha; para prueua
de lo qual les sucedio lo que aora dire.
Dieronles a los dos a prouar del vino de vna cuba, 10
pidiendoles su parecer del estado, qualidad,
bondad o malicia del vino; el vno lo prouo con
la punta de la lengua, el otro no hizo mas de
llegarlo a las narizes. El primero dixo que
aquel vino sabia a hierro, el segundo dixo 15
que mas sabia a cordouan. El dueño dixo que
la cuba estaua limpia y que el tal vino no tenia
adobo alguno, por donde huuiesse tomado
sabor de hierro ni de cordouan. Con todo esso,
los dos famosos moxones se afirmaron en lo 20
que auian dicho. Anduuo el tiempo, vendiose
el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella
vna llaue pequeña pendiente de vna correa de
cordouan (*). Porque vea vuessa merced si
quien viene desta ralea podra dar su parecer 25
en semejantes causas.
Por esso digo, dixo el del Bosque, que
nos dexemos de andar buscando auenturas,
y pues tenemos hogaças, no busquemos tortas,
y boluamonos a nuestras choças; que alli nos 30
hallará Dios si El quiere.
Hasta que mi amo llegue a Zaragoça, le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172
seruire; que despues todos nos
entenderemos.
Finalmente, tanto hablaron y tanto beuieron
los dos buenos escuderos, que tuuo necessidad
el sueño de atarles las lenguas y templarles la 5
sed, que quitarsela fuera impossible; y, assi,
assidos entrambos de la ya casi vazia bota,
con los bocados a medio mascar en la boca,
se quedaron dormidos, donde los dexaremos
por aora, por contar lo que el Cauallero del 10
Bosque passó con el de la Triste Figura.
p. 173
Capitulo XIV
Donde se prosigue la auentura del Cauallero
del Bosque.
Entre muchas razones que passaron don Quixote
y el Cauallero de la Selua, dize la historia 5
que el del Bosque dixo a don Quixote:
Finalmente, señor cauallero, quiero que
sepays que mi destino, o por mejor dezir, mi
eleccion me truxo a enamorar de la sin par
Casildea de Vandalia; llamola sin par, porque 10
no le tiene, assi en la grandeza del cuerpo
como en el estremo del estado y de la hermosura.
Esta tal Casildea, pues, que voy contando,
pagó mis buenos pensamientos y comedidos
desseos con hazerme ocupar, como su madrina 15
a Hercules, en muchos y diuersos peligros,
prometiendome al fin de cada vno, que en el fin
del otro llegaria el de mi esperança; pero assi
se han ydo eslabonando mis trabajos, que no
tienen cuento, ni (*) yo se quál ha de ser el 20
vltimo que de principio al cumplimiento de mis
buenos desseos. Vna vez me mandó que fuesse
a desafiar a aquella famosa giganta de Seuilla
llamada la Giralda, que es tan valiente y
fuerte como hecha de bronze, y sin mudarse de vn 25
lugar es la mas mouible y voltaria muger del
mundo. Llegué, vila y vencila, y hizela estar
queda y a raya, porque en mas de vna semana
no soplaron sino vientos nortes. Vez tambien
huuo, que me mandó fuesse a tomar en peso 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174
las antiguas piedras de los valientes toros de
Guisando (*), empresa mas para encomendarse
a ganapanes que a caualleros; otra vez me
mandó que me precipitasse y sumiesse en la
sima de Cabra (*), peligro inaudito y 5
temeroso, y que le truxesse particular relacion
de lo que en aquella escura profundidad se
encierra. Detuue el mouimiento a la Giralda,
pesé los toros de Guisando, despeñeme en la
sima y saqué a luz lo escondido de su abismo, 10
y mis esperanças, muertas que muertas,
y sus mandamientos y desdenes, viuos que
viuos.
En resolucion, vltimamente me ha mandado
que discurra por todas las prouincias de 15
España y haga confessar a todos los andantes
caualleros, que por ellas vagaren, que ella sola
es la mas auentajada en hermosura de quantas
oy viuen, y que yo soy el mas valiente y el
mas bien enamorado cauallero del orbe; en 20
cuya demanda he andado ya la mayor parte
de España, y en ella he vencido muchos
caualleros; que se han atreuido a contradezirme.
Pero de lo que yo mas me precio y vfano es
de auer vencido en singular batalla a aquel 25
tan famoso cauallero don Quixote de la
Mancha, y hechole confessar que es mas hermosa
mi Casildea que su Dulcinea, y en solo este
vencimiento hago cuenta que he vencido todos
los caualleros del mundo, porque el tal don 30
Quixote que digo los ha vencido a todos, y
auiendole yo vencido a el, su gloria, su fama
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 175
y su honra se ha transferido y passado a mi
persona:
Y tanto el vencedor es mas honrado,
quanto mas el vencido es reputado (*).
Assi, que ya corren por mi cuenta y son 5
mias las inumerables hazañas del ya referido
don Quixote.
Admirado quedó don Quixote de oyr al
Cauallero del Bosque, y estuuo mil vezes por
dezirle que mentia, y ya tuuo el mentis en el 10
pico de la lengua; pero reportose lo mejor que
pudo por hazerle confessar por su propia boca
su mentira, y, assi, sossegadamente le dixo:
De que vuessa merced, señor cauallero,
aya vencido a los mas caualleros andantes de 15
España, y aun de todo el mundo, no digo nada;
pero de que aya vencido a don Quixote de la
Mancha, pongolo en duda; podria ser que
fuesse otro que le pareciesse, aunque ay pocos
que le parezcan. 20
¿Cómo no?, replicó el del Bosque; por el
cielo que nos cubre que peleé con don Quixote,
y le venci y rendi, y es vn hombre alto
de cuerpo, seco de rostro, estirado y abellanado
de miembros, entrecano, la nariz aguileña 25
y algo corba, de vigotes grandes, negros
y caydos. Campea debaxo del nombre del Cauallero
de la Triste Figura, y trae por escudero
a vn labrador llamado Sancho Pança, oprime
el lomo y rige el freno (*) de vn famoso cauallo 30
llamado Rozinante, y, finalmente, tiene por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176
señora de su voluntad a vna tal Dulcinea del
Toboso, llamada vn tiempo Aldonça Lorenço;
como la mia, que, por llamarse Casilda y ser
de la Andaluzia, yo la llamo Casildea de
Vandalia; si todas estas señas no bastan para 5
acreditar mi verdad, aqui está mi espada que la
hara dar credito a la mesma incredulidad.
Sossegaos, señor cauallero, dixo don
Quixote, y escuchad lo que deziros quiero. Aueis
de saber que esse don Quixote que dezis es 10
el mayor amigo que en este mundo tengo, y
tanto, que podre dezir que le tengo en lugar
de mi misma persona, y que por las señas que
del me aueis dado, tan puntuales y ciertas, no
puedo pensar sino que sea el mismo que aueis 15
vencido. Por otra parte, veo con los ojos y toco
con las manos no ser possible ser el mesmo,
si ya no fuesse que como el tiene muchos
enemigos encantadores, especialmente vno que de
ordinario le persigue, no (*) aya alguno dellos 20
tomado su figura para dexarse vencer, por
defraudarle de la fama que sus altas cauallerias
le tienen grangeada y adquirida, por todo lo
descubierto de la tierra. Y, para confirmacion
desto, quiero tambien que sepays que los tales 25
encantadores, sus contrarios, no ha mas de
dos dias que transformaron la figura y persona
de la hermosa Dulcinea del Toboso en vna
aldeana soez y baxa, y desta manera auran
transformado a don Quixote; y si todo esto no 30
basta para enteraros en esta verdad que digo,
aqui está el mesmo don Quixote que la sustentará
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 177
con sus armas, a pie o a cauallo, o de
qualquiera suerte que os agradare.
Y, diziendo esto, se leuantó en pie y se
empuñó en la espada, esperando qué resolucion
tomaria el Cauallero del Bosque, el qual, con 5
voz assimismo sossegada, respondio y dixo:
Al buen pagador no le duelen prendas; el
que vna vez, señor don Quixote, pudo venceros
transformado, bien podra tener esperança de
rendiros en vuestro propio ser. Mas porque no 10
es bien que los caualleros hagan sus fechos
de armas ascuras, como los salteadores y
rufianes, esperemos el dia para que el sol vea
nuestras obras. Y ha de ser condicion de nuestra
batalla que el vencido ha de quedar a la 15
voluntad del vencedor, para que haga del todo lo
que quisiere, con tal que sea decente a
cauallero lo que se le ordenare.
Soy mas que contento dessa condicion y
conuenencia, respondio don Quixote. 20
Y, en diziendo esto, se fueron donde estauan
sus escuderos, y los hallaron roncando y en la
misma forma que estauan quando les salteó el
sueño. Despertaronlos y mandaronles que tuuiessen
a punto los cauallos, porque en saliendo 25
el sol auian de hazer los dos vna sangrienta,
singular y desigual batalla; a cuyas nueuas
quedó Sancho atonito y pasmado, temeroso de
la salud de su amo por las valentias que auia
oydo dezir del suyo al escudero del Bosque; 30
pero, sin hablar palabra, se fueron los dos
escuderos a buscar su ganado; que ya todos tres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 178
cauallos y el ruzio se auian olido y estauan
todos juntos.
En el camino dixo el del Bosque a Sancho:
Ha de saber, hermano, que tienen por
costumbre los peleantes de la Andaluzia, quando 5
son padrinos de alguna pendencia, no estarse
ociosos, mano sobre mano, en tanto que sus
ahijados riñen; digolo porque esté aduertido,
que mientras nuestros dueños riñeren nosotros
tambien hemos de pelear y hazernos astillas. 10
Essa costumbre, señor escudero, respondio
Sancho, alla puede correr y passar con
los rufianes y peleantes que dize; pero con los
escuderos de los caualleros andantes, ni por
pienso. A lo menos, yo no he oydo dezir a mi 15
amo semejante costumbre, y sabe de memoria
todas las ordenanças de la andante caualleria.
Quanto mas que yo quiero que sea verdad
y ordenança expresa el pelear los escuderos
en tanto que sus señores pelean; pero yo no 20
quiero cumplirla, sino pagar la pena que estuuiere
puesta a los tales pacificos escuderos, que
yo asseguro que no passe de dos libras de cera,
y mas quiero pagar las tales libras, que se que
me costarán menos que las hilas que podre 25
gastar en curarme la cabeça, que ya me la cuento
por partida y diuidida en dos partes; ay mas:
que me impossibilita el reñir el no tener
espada, pues en mi vida me la puse.
Para esso se yo vn buen remedio, dixo el 30
del Bosque; yo traygo aqui dos talegas de
lienço de vn mesmo tamaño; tomareys vos la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 179
vna y yo la otra, y riñiremos a talegazos con
armas yguales.
Dessa manera, sea en buena hora, respondio
Sancho, porque antes seruira la tal pelea
de despoluorearnos que de herirnos. 5
No ha de ser assi, replicó el otro, porque
se han de echar dentro de las talegas, porque
no se las lleue el ayre, media dozena de guijarros
lindos y pelados que pesen tanto los vnos
como los otros, y desta manera nos pondremos 10
atalegar sin hazernos mal ni daño.
Mirad, ¡cuerpo de mi padre, respondio
Sancho, qué martas cebollinas (*) o qué
copos de algodon cardado pone en las talegas
para no quedar molidos los cascos y hechos 15
alheña los huesos! Pero aunque se llenaran de
capullos de seda, sepa, señor mio, que no he
de pelear; peleen nuestros amos y alla se lo
ayan, y beuamos y viuamos (*) nosotros; que
el tiempo tiene cuydado de quitarnos las vidas, 20
sin que andemos buscando apetites para que
se acaben antes de llegar su sazon y termino,
y que se cayan de maduras.
Con todo, replicó el del Bosque, hemos
de pelear siquiera media hora. 25
Esso, no, respondio Sancho; no sere yo
tan descortes ni tan desagradecido, que con
quien he comido y he beuido trabe question
alguna, por minima que sea; quanto mas que
estando sin colera y sin enojo, ¿quién diablos 30
se ha de amañar a reñir a secas?
Para esso, dixo el del Bosque, yo dare vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180
suficiente remedio, y es que antes que
comencemos la pelea, yo me llegaré bonitamente a
vuessa merced y le dare tres o quatro bofetadas
que de con el a mis pies, con las quales
le hare despertar la colera aunque esté con 5
mas sueño que vn liron.
Contra esse corte se yo otro, respondio
Sancho, que no le va en zaga: cogere yo vn
garrote, y antes que vuessa merced llegue a
despertarme la colera hare yo dormir a garrotazos 10
de tal suerte la suya, que no despierte
si no fuere en el otro mundo, en el qual se
sabe que no soy yo hombre que me dexo manosear
el rostro de nadie; y cada vno mire por
el virote. Aunque lo mas acertado seria dexar 15
dormir su colera a cada vno; que no sabe
nadie el alma de nadie, y tal suele venir por
lana que buelue tresquilado, y Dios bendixo
la paz y maldixo las riñas; porque si vn gato
acosado, encerrado y apretado se buelue en 20
leon, yo, que soy hombre, Dios sabe en lo que
podre boluerme, y, assi, desde aora intimo a
vuessa merced, señor escudero, que corra por
su cuenta todo el mal y daño que de nuestra
pendencia resultare. 25
Está bien, replicó el del Bosque;
amanezera Dios y medraremos.
En esto, ya començauan a gorgear en los
arboles mil suertes de pintados paxarillos, y en
sus diuersos y alegres cantos parecia que dauan 30
la norabuena y saludauan a la fresca aurora,
que ya por las puertas y balcones del Oriente
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 181
yua descubriendo la hermosura de su rostro,
sacudiendo de sus cabellos vn numero infinito
de liquidas perlas, en cuyo suaue licor bañandose
las yeruas, parecia assimesmo [que] ellas
brotauan y llouian blanco y menudo aljofar; 5
los sauzes destilauan maná sabroso, reianse las
fuentes, murmurauan los arroyos, alegrauanse
las seluas y enriquezianse los prados con su
venida. Mas apenas dio lugar la claridad del
dia para ver y diferenciar las cosas, quando la 10
primera que se ofrecio a los ojos de Sancho
Pança fue la nariz del escudero del Bosque,
que era tan grande, que casi le hazia sombra
a todo el cuerpo. Cuentase, en efecto, que era
de demasiada (*) grandeza, corba en la mitad 15
y toda llena de berrugas, de color amoratado,
como de verengena; baxauale dos dedos mas
abaxo de la boca, cuya grandeza, color, berrugas
y encorbamiento assi le afeauan el rostro,
que, en viendole Sancho, començo a herir de 20
pie y de mano como niño con alferezia, y
propuso en su coraçon de dexarse dar dozientas
bofetadas antes que despertar la colera para
reñir con aquel vestiglo.
Don Quixote miró a su contendor y hallole 25
ya puesta y calada la celada, de modo que no
le pudo ver el rostro, pero notó que era
hombre membrudo, y no muy alto de cuerpo. Sobre
las armas traia vna sobreuista o casaca de vna
tela, al parecer, de oro finissimo, sembradas por 30
ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes
espejos, que le hazian en grandissima manera
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182
galan y vistoso; bolauanle sobre la celada
grande cantidad de plumas verdes, amarillas
y blancas; la lança que tenia arrimada a vn
arbol era grandissima y gruessa, y de vn hierro
azerado de mas de vn palmo. 5
Todo lo miró y todo lo notó don Quixote, y
juzgó de lo visto y mirado que el ya dicho
cauallero deuia de ser de grandes fuerças;
pero no por esso temio como Sancho Pança,
antes con gentil denuedo dixo al Cauallero de 10
los Espejos:
Si la mucha gana de pelear, señor cauallero,
no os gasta la cortesia, por ella os pido
que alceys la visera vn poco, porque yo vea si
la gallardia de vuestro rostro responde a la de 15
vuestra disposicion.
O vencido o vencedor que salgays desta
empresa, señor cauallero, respondio el de los
Espejos, os quedará tiempo y espacio
demasiado para verme, y si aora no satisfago a 20
vuestro desseo, es por parecerme que hago
notable agrauio a la hermosa Casildea de
Vandalia en dilatar el tiempo que tardare en
alçarme la visera, sin hazeros confessar lo que
ya sabeys que pretendo. 25
Pues en tanto que subimos a cauallo, dixo
don Quixote, bien podeys dezirme si soy yo
aquel don Quixote que dixistes auer vencido.
A esso vos respondemos, dixo el de los
Espejos, que pareceys como se parece vn 30
hueuo a otro al mismo cauallero que yo venci;
pero, segun vos dezis que le persiguen
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 183
encantadores, no osaré afirmar si soys el contenido
o no.
Esso me basta a mi, respondio don Quixote,
para que crea vuestro engaño; empero,
para sacaros del de todo punto, vengan nuestros 5
cauallos; que en menos tiempo que el que
tardarades (*) en alçaros la visera, si Dios, si mi
señora y mi braço me valen, vere yo vuestro
rostro, y vos vereis que no soy yo el vencido
don Quixote que pensays. 10
Con esto, acortando razones, subieron a
cauallo, y don Quixote boluio las riendas a
Rozinante para tomar lo que conuenia del campo
para boluer a encontrar a su contrario, y lo
mesmo hizo el de los Espejos; pero no se auia 15
apartado don Quixote veynte pasos, quando se
oyo llamar del de los Espejos, y partiendo los
dos el camino, el de los Espejos le dixo:
Aduertid, señor cauallero, que la condicion
de nuestra batalla es que el vencido, como 20
otra vez he dicho, ha de quedar a discrecion
del vencedor.
Ya la se, respondio do[n] Quixote, con tal
que lo que se le impusiere y mandare al
vencido han de ser cosas que no salgan de los 25
limites de la caualleria.
Assi se entiende, respondio el de los
Espejos.
Ofrecieronsele en esto a la vista de don
Quixote las estrañas narizes del escudero, y no se 30
admiró menos de verlas que Sancho, tanto, que
le juzgó por algun monstro, o por hombre nueuo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184
y de aquellos que no se vsan en el mundo.
Sancho, que vio partir a su amo para tomar
carrera, no quiso quedar solo con el narigudo,
temiendo que con solo vn passagonçalo
(*) con aquellas narizes en las suyas seria 5
acabada la pendencia suya, quedando del golpe,
o del miedo, tendido en el suelo, y fuesse
tras su amo, assido a vna accion (*) de
Rozinante, y quando le parecio que ya era tiempo
que boluiesse, le dixo: 10
Suplico a vuessa merced, señor mio, que
antes que buelua a encontrarse me ayude a
subir sobre aquel alcornoque, de donde podre
ver mas a mi sabor, mejor que desde el suelo, el
gallardo encuentro que vuessa merced ha de 15
hazer con este cauallero.
Antes creo, Sancho, dixo don Quixote,
que te quieres encaramar y subir en andamio
por ver sin peligro los toros.
La verdad que diga, respondio Sancho, 20
las desaforadas narizes de aquel escudero me
tienen atonito y lleno de espanto, y no me
atreuo a estar junto a el.
Ellas son tales, dixo don Quixote, que a
no ser yo quien soy, tambien me asombraran, 25
y, assi, ven, ayudarte he a subir donde dizes.
En lo que se detuuo don Quixote en que
Sancho subiesse en el alcornoque, tomó el de
los Espejos del campo lo que le parecio
necessario, y creyendo que lo mismo auria hecho 30
don Quixote, sin esperar son de trompeta ni
otra señal que los auisasse, boluio las riendas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 185
a su cauallo, que no era mas ligero ni de mejor
parecer que Rozinante, y a todo su correr, que
era vn mediano trote, yua a encontrar a su
enemigo; pero viendole ocupado en la subida de
Sancho, detuuo las riendas y parose en la 5
mitad de la carrera, de lo que el cauallo quedó
agradecidissimo, a causa que ya no podia
mouerse. Don Quixote, que le parecio que ya su
enemigo venia volando, arrimó reziamente las
espuelas a las trashijadas hijadas de Rozinante, 10
y le hizo aguijar de manera, que cuenta la
historia que esta sola vez se conocio auer corrido
algo, porque todas las demas siempre fueron
trotes declarados, y con esta no vista furia llegó
donde el de los Espejos estaua hincando a su 15
cauallo las espuelas hasta los botones, sin que
le pudiesse mouer vn solo dedo del lugar
donde auia hecho estanco de su carrera.
En esta buena sazon y coyuntura halló don
Quixote a su contrario embaraçado con su 20
cauallo y ocupado con su lança, que nunca, o no
acerto, o no tuuo lugar de ponerla en ristre.
Don Quixote, que no miraua en estos
inconuenientes, a saluamano y sin peligro alguno
encontro al de los Espejos con tanta fuerça, que 25
mal de su grado le hizo venir al suelo por las
ancas del cauallo, dando tal cayda, que sin
mouer pie ni mano, dio señales de que estaua
muerto.
Apenas le vio caydo Sancho, quando se 30
deslizó del alcornoque, y a toda priesa vino
donde su señor estaua, el qual, apeandose de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186
Rozinante, fue sobre el de los Espejos, y quitandole
las lazadas del yelmo para ver si era muerto,
y para que le diesse el ayre, si acaso estaua
viuo, [y] (*) vio... ¿quién podra dezir lo que vio,
sin causar admiracion, marauilla y espanto a 5
los que lo oyeren? Vio, dize la historia, el rostro
mesmo, la misma figura, el mesmo aspecto, la
misma fisonomia, la mesma efigie, la pespetiua
(*) mesma del bachiller Sanson Carrasco,
y assi como la vio, en altas vozes dixo: 10
Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y
no lo has creer (*); aguija, hijo, y aduierte lo
que puede la magia, lo que pueden los
hechizeros y los encantadores.
Llegó Sancho, y como vio el rostro del 15
bachiller Carrasco, començo a hazerse mil cruzes
y a santiguarse otras tantas; en todo esto, no
daua muestras de estar viuo el derribado
cauallero, y Sancho dixo a don Quixote:
Soy de parecer, señor mio, que, por si o por 20
no, vuessa merced hinque y meta la espada
por la boca a este que parece el bachiller
Sanson Carrasco: quiça matará en el a alguno de
sus enemigos los encantadores.
No dizes mal, dixo don Quixote, porque 25
de los enemigos, los menos.
Y, sacando la espada para poner en efecto
el auiso y consejo de Sancho, llegó el escudero
del de los Espejos, ya sin las narizes que tan
feo le auian hecho, y a grandes vozes dixo: 30
Mire vuessa merced lo que haze, señor don
Quixote; que esse que tiene a los pies es el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 187
bachiller Sanson Carrasco, su amigo, y yo soy
su escudero.
Y, viendole Sancho sin aquella fealdad
primera, le dixo:
Y ¿las narizes? 5
A lo que el respondio:
Aqui las tengo, en la faldriquera.
Y, echando mano a la derecha, sacó vnas
narizes de pasta y barniz de mascara, de la
manifatura que quedan delineadas, y mirandole 10
mas y mas Sancho, con voz admiratiua y
grande, dixo:
¡Santa Maria, y valme!, ¿este no es Tomé
Cecial, mi vezino y mi compadre?
Y ¡cómo si lo soy!, respondio el ya 15
desnarigado escudero. Tomé Cecial soy, compadre y
amigo Sancho Pança, y luego os dire los
arcaduzes, embustes y enredos por donde soy aqui
venido, y, en tanto, pedid y suplicad al señor
vuestro amo que no toque, maltrate, hiera ni 20
mate al Cauallero de los Espejos que a sus pies
tiene, porque sin duda alguna es el atreuido y
mal aconsejado [d]el (*) bachiller Sanson
Carrasco, nuestro compatrioto.
En esto, boluio en si el de los Espejos, lo qual 25
visto por don Quixote, le puso la punta desnuda
de su espada encima del rostro, y le dixo:
Muerto soys, cauallero, si no confessays que
la sin par Dulcinea del Toboso se auentaja en
belleza a vuestra Casildea de Vandalia; y demas 30
de esto aueys de prometer, si de esta contienda
y cayda quedarades (*) con vida, de yr a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188
la ciudad del Toboso, y presentaros en su
presencia de mi parte, para que haga de vos lo
que mas en voluntad le viniere; y si os dexare
en la vuestra, assimismo aueys de boluer a
buscarme --que el rastro de mis hazañas os seruira 5
de guia que os trayga donde yo estuuiere-- y
a dezirme lo que con ella huuieredes passado;
condiciones que, conforme a las que pusimos
antes de nuestra batalla, no salen de los
terminos de la andante caualleria. 10
Confiesso, dixo el caydo cauallero, que
vale mas el çapato descosido y suzio de la
señora Dulcinea del Toboso, que las barbas mal
peynadas, aunque limpias, de Casildea, y prometo
de yr y boluer de su presencia a la vuestra 15
y daros entera y particular cuenta de lo que
me pedis.
Tambien aueis de confessar y creer,
añadio don Quixote, que aquel cauallero que
vencistes no fue ni pudo ser don Quixote de 20
la Mancha, sino otro que se le parecia, como
yo confiesso y creo que vos, aunque pareceys el
bachiller Sanson Carrasco, no lo soys, sino otro
que le parece, y que en su figura aqui (*) me le
han puesto mis enemigos para que detenga y 25
temple el impetu de mi colera, y para que vse
blandamente de la gloria del vencimiento.
Todo lo confiesso, juzgo y siento como vos
lo creeys, juzgays y sentis, respondio el
derrengado cauallero. Dexadme leuantar, os 30
ruego, si es que lo permite el golpe de mi cayda,
que assaz maltrecho me tiene.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 189
Ayudole a leuantar don Quixote y Tomé
Cecial su escudero, del qual no apartaua los
ojos Sancho, preguntandole cosas, cuyas
respuestas le dauan manifiestas señales de que
verdaderamente era el Tomé Cecial que dezia; 5
mas la aprehension que en Sancho auia hecho
lo que su amo dixo, de que los encantadores
auian mudado la figura del Cauallero de los
Espejos en la del bachiller Carrasco, no le dexaua
dar credito a la verdad que con los ojos estaua 10
mirando. Finalmente, se quedaron con este
engaño amo y moço, y el de los Espejos y su
escudero, mohinos y mal andantes, se apartaron
de don Quixote y Sancho, con intencion de
buscar algun lugar donde vizmarle y entablarle 15
las costillas. Don Quixote y Sancho boluieron
a proseguir su camino de Zaragoça, donde los
dexa la historia, por dar cuenta de quien era
el cauallero de los Espejos y su narigante
escudero. 20
p. 190
Capitulo XV
Donde se cuenta y da noticia de quién era el
Cauallero de los Espejos y su escudero.
En estremo contento, vfano y vanaglorioso
yua don Quixote por auer alcançado vitoria 5
de tan valiente cauallero como el se imaginaua
que era el de los Espejos, de cuya caualleresca
palabra esperaua saber si el encantamento
de su señora passaua adelante, pues era
forçoso que el tal vencido cauallero boluiesse, 10
so pena de no serlo, a darle razon de lo que
con ella le huuiesse sucedido. Pero vno
pensaua don Quixote y otro el de los Espejos,
puesto que por entonces no era otro su
pensamiento sino buscar donde vizmarse, como 15
se ha dicho.
Dize, pues, la historia que quando el
bachiller Sanson Carrasco aconsejó a don Quixote
que boluiesse a proseguir sus dexadas
cauallerias, fue por auer entrado primero en bureo 20
con el cura y el barbero, sobre qué medio se
podria tomar para reduzir a don Quixote a que
se estuuiesse en su casa quieto y sossegado,
sin que le alborotassen sus mal buscadas
auenturas, de cuyo consejo salio por voto comun 25
de todos y parecer particular de Carrasco, que
dexassen salir a don Quixote, pues el detenerle
parecia impossible, y que Sanson le saliesse
al camino como cauallero andante, y trabasse
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XV p. 191
batalla con el, pues no faltaria sobre qué, y le
venciesse, teniendolo por cosa facil, y que
fuesse pacto y concierto que el vencido
quedasse a merced del vencedor, y, assi, vencido
don Quixote, le auia de mandar el bachiller 5
cauallero se boluiesse a su pueblo y casa, y no
saliesse della en dos años, o hasta tanto que
por el le fuesse mandado otra cosa; lo qual era
claro que don Quixote, vencido, cumpliria
indubitablemente, por no contrauenir y faltar a las 10
leyes de la caualleria, y podria ser que en el
tiempo de su reclusion se le oluidassen sus
vanidades, o se diesse lugar de buscar a su
locura algun conueniente remedio.
Aceptolo Carrasco, y ofreciosele por escudero 15
Tomé Cecial, compadre y vezino de Sancho
Pança, hombre alegre y de luzios cascos.
Armose Sanson como queda referido y Tomé
Cecial acomodó sobre sus naturales narizes las
falsas y de mascara ya dichas, porque no fuesse 20
conocido de su compadre quando se viessen,
y, assi, siguieron el mismo viage que lleuaua
don Quixote, y llegaron casi a hallarse en la
auentura del carro de la Muerte. Y, finalmente,
dieron con ellos en el bosque, donde les sucedio 25
todo lo que el prudente ha leydo, y si no
fuera por los pensamientos extraordinarios de
don Quixote, que se dio a entender que el
bachiller no era el bachiller, el señor bachiller
quedara impossibilitado para siempre de graduarse 30
de licenciado, por no auer hallado nidos
donde penso hallar paxaros.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 192
Tomé Cecial, que vio quán mal auia logrado
sus desseos y el mal paradero que auia tenido
su camino, dixo al bachiller:
Por cierto, señor Sanson Carrasco, que
tenemos nuestro merecido; con facilidad se piensa 5
y se acomete vna empresa, pero con dificultad
las mas vezes se sale della; don Quixote
loco, nosotros cuerdos, el se va sano y riendo,
vuessa merced queda molido y triste. Sepamos,
pues, aora, quál es mas loco, ¿el que lo es por 10
no poder menos, o el que lo es por su
voluntad?
A lo que respondio Sanson:
La diferencia que ay entre essos dos locos
es que el que lo es por fuerça lo sera siempre, 15
y el que lo es de grado, lo dexará de ser
quando quisiere.
Pues assi es, dixo Tomé Cecial, yo fuy
por mi voluntad loco quando quise hazerme
escudero de vuessa merced, y por la 20
misma quiero dexar de serlo y voluerme a mi
casa.
Esso os cumple, respondio Sanson, porque
pensar que yo he de boluer a la mia hasta
auer molido a palos a don Quixote es pensar 25
en lo escusado, y no me lleuará aora a buscarle
el desseo de que cobre su juyzio, sino el
de la vengança; que el dolor grande de mis
costillas no me dexa hazer mas piadosos
discursos. 30
En esto fueron razonando los dos, hasta
que llegaron a vn pueblo donde fue ventura
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XV p. 193
hallar vn algebrista con quien se curó el
Sanson desgraciado. Tomé Cecial se boluio y le
dexó, y el quedó imaginando su vengança, y
la (*) historia buelue a hablar del a su
tiempo, por no dexar de regozijarse aora con don 5
Quixote.
p. 194
Capitulo XVI
De lo que sucedio a don Quixote con vn discreto
cauallero de la Mancha.
Con la alegria, contento y vfanidad que se
ha dicho, seguia don Quixote su jornada, 5
imaginandose por la passada vitoria (*) ser el
cauallero andante mas valiente que tenia en
aquella edad el mundo; daua por acabadas y a
felize fin conduzidas quantas auenturas
pudiessen sucederle de alli adelante; tenia en 10
poco a los encantos y a los encantadores, no
se acordaua de los inumerables palos que en
el discurso de sus cauallerias le auian dado, ni
de la pedrada que le derribó la mitad de los
dientes, ni del desagradecimiento de los 15
galeotes, ni del atreuimiento y lluuia de estacas
de los yangueses. Finalmente, dezia entre si,
que si el hallara arte, modo o manera cómo
desencantar a su señora Dulcinea, no inuidiara
a la mayor ventura que alcançó o pudo alcançar 20
el mas venturoso cauallero andante de los
passados siglos.
En estas imaginaciones yua todo ocupado,
quando Sancho le dixo:
¿No es bueno (*), señor, que aun todauia 25
traygo entre los ojos las desaforadas narizes, y
mayores de marca, de mi compadre Tomé Cecial?
Y ¿crees tu, Sancho, por ventura, que el
Cauallero de los Espejos era el bachiller Carrasco,
y su escudero Tomé Cecial, tu compadre? 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 195
No se qué me diga a esso, respondio
Sancho, solo se que las señas que me dio de mi
casa, muger y hijos, no me las podria dar otro
que el mesmo, y la cara, quitadas las narizes,
era la misma de Tomé Cecial, como yo se la 5
he visto muchas vezes en mi pueblo y pared
en medio de mi misma casa, y el tono de la
habla era todo vno.
Estemos a razon, Sancho, replicó don
Quixote: Ven acá, ¿en qué consideracion puede 10
caber que el bachiller Sanson Carrasco viniesse
como cauallero andante armado de armas ofensiuas
y defensiuas, a pelear conmigo? ¿He sido
yo su enemigo, por ventura? ¿Hele dado yo
jamas ocasion para tenerme ogeriza? ¿Soy yo 15
su ribal, o haze el profession de las armas para
tener inuidia a la fama que yo por ellas he
ganado?
Pues ¿qué diremos, señor, respondio Sancho,
a esto de parecerse tanto aquel cauallero, 20
sea el que se fuere, al bachiller Carrasco, y
su escudero a Tomé Cecial, mi compadre? Y si
ello es encantamento como vuessa merced ha
dicho, ¿no auia en el mundo otros dos a quien
se parecieran? 25
Todo es artificio y traça, respondio don
Quixote, de los malignos magos que me
persiguen, los quales, anteuiendo que yo auia de
quedar vencedor en la contienda, se preuinieron
de que el cauallero vencido mostrasse el 30
rostro de mi amigo el bachiller, porque la amistad
que le tengo se pusiesse entre los filos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 196
mi espada y el rigor de mi braço, y templasse la
justa ira de mi coraçon, y desta manera
quedasse con vida el que con embelecos y falsias
procuraua quitarme la mia. Para prueua (*)
de lo qual ya sabes, ¡o Sancho!, por experiencia 5
que no te dexará mentir ni engañar, quán facil
sea a los encantadores mudar vnos rostros en
otros, haziendo de lo hermoso feo y de lo feo
hermoso, pues no ha dos dias que viste por
tus mismos ojos la hermosura y gallardia de 10
la sin par Dulcinea en toda su entereza y
natural conformidad, y yo la vi en la fealdad y
baxeza de vna zafia labradora, con cataratas
en los ojos (*) y con mal olor en la boca; y mas,
que el peruerso encantador que se atreuio a 15
hazer vna transformacion tan mala, no es
mucho que aya hecho la de Sanson Carrasco y la
de tu compadre, por quitarme la gloria del
vencimiento de las manos. Pero, con todo esto, me
consuelo, porque, en fin, en qualquiera (*) 20
figura que aya sido, he quedado vencedor de mi
enemigo.
Dios sabe la verdad de todo, respondio
Sancho.
Y como el sabia que la transformacion de 25
Dulcinea auia sido traça y embeleco suyo, no
le satisfazian las quimeras de su amo; pero no
le quiso replicar, por no dezir alguna palabra
que descubriesse su embuste.
En estas razones estauan, quando los alcançó 30
vn hombre que detras dellos por el mismo
camino venia sobre vna muy hermosa yegua
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 197
tordilla, vestido vn gauan de paño fino verde,
gironado de terciopelo leonado, con vna
montera del mismo terciopelo; el adereço de la
yegua era de campo, y de la gineta, assimismo
de morado y verde; traia vn alfange morisco 5
pendiente de vn ancho tahali de verde y
oro, y los borzeguies eran de la labor del
tahali; las espuelas no eran doradas, sino dadas
con vn barniz verde, tan tersas y bruñidas,
que, por hazer labor con todo el vestido, 10
parecian mejor que si fuera[n] de oro puro. Quando
llegó a ellos el caminante los saludó
cortesmente, y, picando a la yegua, se passaua de
largo; pero don Quixote le dixo:
Señor galan, si es que vuessa merced lleua 15
el camino que nosotros y no importa el darse
priesa, merced recibiria en que nos fuessemos
juntos.
En verdad, respondio el de la yegua, que
no me passara tan de largo, si no fuera por 20
temor que con la compañia de mi yegua no se
alborotara esse cauallo.
Bien puede, señor, respondio a esta sazon
Sancho, bien puede tener las riendas a su
yegua, porque nuestro cauallo es el mas 25
honesto y bien mirado del mundo; jamas en
semejantes ocasiones ha hecho vileza alguna, y
vna vez que se desmandó (h)a hazerla, la
lastamos mi señor y yo con las setenas. Digo otra
vez, que puede vuessa merced detenerse, si 30
quisiere; que aunque se la den entre dos platos,
a buen seguro que el cauallo no la arrostre.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198
Detuuo la rienda el caminante, admirandose
de la apostura y rostro de don Quixote, el qual
yua sin celada, que la lleuaua Sancho como
maleta en el arzon delantero de la albarda del
ruzio, y si mucho miraua el de lo verde a don 5
Quixote, mucho mas miraua don Quixote al de
lo verde, pareciendole hombre de chapa; la edad
mostraua ser de cincuenta años, las canas pocas
y el rostro aguileño, la vista entre alegre y
graue; finalmente, en el trage y apostura daua 10
a entender ser hombre de buenas prendas.
Lo que juzgó de don Quixote de la Mancha
el de lo verde fue que semejante manera ni
parecer de hombre no le auia visto jamas;
admirole la longura de su cauallo (*), la grandeza 15
de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su
rostro, sus armas, su ademan y compostura,
figura y retrato no visto por luengos tiempos
atras en aquella tierra. Notó bien don Quixote
la atencion con que el caminante le miraua, y 20
leyole en la suspenssion su desseo, y como era
tan cortés y tan amigo de dar gusto a todos,
antes que le preguntasse nada le salio al
camino, diziendole:
Esta figura que vuessa merced en mi ha 25
visto, por ser tan nueua y tan fuera de las que
comunmente se vsan, no me marauillaria yo
de que le huuiesse marauillado; pero dexará
vuessa merced de estarlo, quando le diga,
como le digo, que soy cauallero 30
destos que dizen las gentes,
que a sus auenturas van (*).
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 199
Sali de mi patria, empeñé mi hazienda, dexé mi
regalo y entregueme en los braços de la Fortuna
que me lleuassen donde mas fuesse seruida.
Quise resucitar la ya muerta andante caualleria,
y ha muchos dias que, tropeçando aqui, cayendo 5
alli, despeñandome aca y leuantandome aculla,
he cumplido gran parte de mi desseo, socorriendo
viudas, amparando donzellas y fauoreciendo
casadas, huerfanos y pupilos, propio y natural
oficio de caualleros andantes, y, assi, por mis 10
valerosas, muchas y christianas hazañas he
merecido andar ya en estampa en casi todas o las
mas naciones del mundo; treynta mil volumenes
se han impresso de mi historia, y lleua camino
de imprimirse treynta mil vezes de millares, 15
si el cielo no lo remedia. Finalmente, por
encerrarlo todo en breues palabras, o en vna sola,
digo que yo soy don Quixote de la Mancha, por
otro nombre llamado el Cauallero de la Triste
Figura, y puesto que las propias alabanças 20
enuilezen, esme forçoso dezir yo tal vez las mias,
y esto se entiende quando no se halla presente
quien las diga; assi que, señor gentilhombre, ni
este cauallo, [ni] esta lança, ni este escudo ni
escudero, ni todas juntas estas armas, ni la 25
amarillez de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza
os podra admirar de aqui adelante, auiendo ya
sabido quién soy y la profession que hago.
Calló en diziendo esto don Quixote, y el de
lo verde, segun se tardaua en responderle, 30
parecia que no acertaua a hazerlo; pero de alli a
buen espacio le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200
Acertastes, señor cauallero, a conocer por
mi suspension mi desseo; pero no aueys acertado
a quitarme la marauilla que en mi causa
el aueros visto; que puesto que como vos,
señor, dezys, que el saber ya quién soys me 5
la (*) podria quitar, no ha sido assi, antes, agora
que lo se, quedo mas suspenso y marauillado.
¿Cómo y es possible que ay oy caualleros
andantes en el mundo, y que ay historias
impressas de verdaderas cauallerias? No me puedo 10
persuadir que aya oy en la tierra quien fauorezca
viudas, ampare donzellas, ni honre casadas,
ni socorra huerfanos, y no lo creyera si en
vuessa merced no lo huuiera visto con mis
ojos. Bendito sea el cielo, que con essa historia 15
que vuessa merced dize que está impressa de
sus altas y verdaderas cauallerias, se auran
puesto en oluido las innumerables de los fingidos
caualleros andantes, de que estaua lleno el mundo,
tan en daño de las buenas costumbres y tan en 20
perjuyzio y descredito de las buenas historias.
Ay mucho que dezir, respondio don
Quixote, en razon de si son fingidas o no las
historias de los andantes caualleros.
Pues ¿ay quien dude, respondio el Verde, 25
que no son falsas las tales historias?
Yo lo dudo, respondio don Quixote; y
quedese esto aqui; que si nuestra jornada dura,
espero en Dios de dar a entender a vuessa
merced que ha hecho mal en yrse con la corriente 30
de los que tienen por cierto que no son
verdaderas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 201
Desta vltima razon de don Quixote tomó
barruntos el caminante de que don Quixote
deuia de ser algun mentecato, y aguardaua
que con otras lo confirmasse; pero antes que
se diuertiessen en otros razonamientos, don 5
Quixote le rogo le dixesse quién era, pues el
le auia dado parte de su condicion y de su
vida. A lo que respondio el del Verde Gauan:
Yo, señor Cauallero de la Triste Figura, soy
vn hidalgo, natural de vn lugar donde yremos 10
a comer oy, si Dios fuere seruido; soy mas que
medianamente rico, y es mi nombre don Diego
de Miranda; passo la vida con mi muger y con
mis hijos y con mis amigos; mis exercicios son
el de la caça y pesca, pero no mantengo ni 15
halcon, ni galgos, sino algun perdigon manso
o algun huron atreuido; tengo hasta seys
dozenas de libros, quáles de romance y quáles
de latin, de historia algunos y de deuocion
otros; los de cauallerias aun no han entrado 20
por los vmbrales de mis puertas; hogeo mas
los que son profanos que los deuotos, como
sean de honesto entretenimiento, que deleyten
con el lenguage y admiren y suspendan con
la inuencion, puesto que destos ay muy pocos 25
en España. Alguna vez como con mis vezinos
y amigos, y muchas vezes los combido; son
mis combites limpios y asseados y no nada
escassos; ni gusto de murmurar, ni consiento que
delante de mi se murmure; no escudriño las 30
vidas agenas, ni soy linze de los hechos de los
otros; oygo missa cada dia, reparto de mis
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202
bienes con los pobres, sin hazer alarde de las
buenas obras por no dar entrada en mi coraçon
a la hipocresia y vanagloria, enemigos
que blandamente se apoderan del coraçon mas
recatado; procuro poner en paz los que se que 5
estan desauenidos. Soy deuoto de Nuestra
Señora y confio siempre en la misericordia
infinita de Dios Nuestro Señor.
Atentissimo estuuo Sancho a la relacion de
la vida y entretenimientos del hidalgo, y, 10
pareciendole buena y santa, y que quien la hazia
deuia de hazer milagros, se arrojó del ruzio y
con gran priesa le fue a assir del estriuo
derecho, y con deuoto coraçon y casi lagrimas le
besó los pies vna y muchas vezes. Visto lo 15
qual por el hidalgo, le preguntó:
¿Qué hazeys, hermano? ¿Qué besos son
estos?
Dexenme besar, respondio Sancho, porque
me parece vuessa merced el primer santo 20
a la gineta que he visto en todos los dias de
mi vida.
No soy santo, respondio el hidalgo, sino
gran pecador; vos si, hermano, que deueys
de ser bueno, como vuestra simplicidad lo 25
muestra.
Boluio Sancho a cobrar la albarda, auiendo
sacado a plaça la risa de la profunda
malencolia de su amo y causado nueua admiracion
a don Diego. 30
Preguntole don Quixote que quántos hijos
tenia, y dixole que vna de las cosas en que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 203
ponian el sumo bien los antiguos filosofos,
que carecieron del verdadero conocimiento de
Dios, fue en los bienes de la naturaleza, en los
de la fortuna, en tener muchos amigos y en
tener muchos y buenos hijos. 5
Yo, señor don Quixote, respondio el hidalgo,
tengo vn hijo que a no tenerle quiça me
juzgara por mas dichoso de lo que soy, y no
porque el sea malo, sino porque no es tan
bueno como yo quisiera; sera de edad de diez 10
y ocho años, los seis ha estado en Salamanca,
aprendiendo las lenguas (*) latina y griega,
y quando quise que passasse a estudiar otras
ciencias, hallele tan embeuido en la de la
Poesia, si es que se puede llamar ciencia, que no 15
es possible hazerle arrostrar la de las Leyes,
que yo quisiera que estudiara, ni de la reyna
de todas, la Theologia; qu[i]siera yo que fuera
corona de su linage, pues viuimos en siglo
donde nuestros reyes premian altamente las 20
virtuosas y buenas letras, porque letras sin
virtud son perlas en el muladar. Todo el dia se le
passa en aueriguar si dixo bien o mal Homero
en tal verso de la Iliada, si Marcial anduuo
deshonesto o no en tal epigrama, si se han de 25
entender de vna manera o otra tales y tales
versos de Virgilio. En fin, todas sus
conuersaciones son con los libros de los referidos
poetas, y con los de Horacio, Persio, Iuuenal y
Tibulo; que de los modernos romancistas no 30
haze mucha cuenta, y con todo el mal cariño
que muestra tener a la poesia de romance, le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204
tiene agora desuanecidos los pensamientos el
hazer vna glossa a quatro versos que le han
embiado de Salamanca, y pienso que son de
justa literaria.
A todo lo qual respondio don Quixote: 5
Los hijos, señor, son pedaços de las entrañas
de sus padres, y, assi, se han de querer, o
buenos o malos que sean, como se quieren las
almas que nos dan vida; a los padres toca el
encaminarlos desde pequeños por los pasos 10
de la virtud, de la buena criança y de las
buenas y christianas costumbres, para que, quando
grandes, sean baculo de la vejez de sus padres
y gloria de su posteridad; y en lo de forçarles
que estudien esta o aquella ciencia no lo 15
tengo por acertado, aunque el persuadirles no
sera dañoso; y quando no se [h]a de estudiar
para pane lucrando, siendo tan venturoso el
estudiante, que le dio el cielo padres que se lo
dexen, seria yo de parecer que le dexen seguir 20
aquella ciencia a que mas le vieren inclinado,
y aunque la de la poesia es menos vtil que
deleytable, no es de aquellas que suelen
deshonrar a quien las possee.
La poesia, señor hidalgo, a mi parecer, es 25
como vna donzella tierna y de poca edad y en
todo estremo hermosa, a quien tienen cuydado
de enriquezer, pulir y adornar otras muchas
donzellas, que son todas las otras ciencias, y ella se
ha de seruir de todas, y todas se han de autorizar 30
con ella; pero esta tal donzella no quiere ser
manoseada, ni trayda por las calles, ni publicada
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 205
por las esquinas de las plaças ni por los
rincones de los palacios. Ella es hecha de vna
alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar
la boluera en oro purissimo de inestimable
precio; hala de tener, el que la tuuiere, a raya, 5
no dexandola correr en torpes satyras ni en
desalmados sonetos; no ha de ser vendible en
ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroycos
(*), en lamentables tragedias, o en comedias
alegres y artificiosas; no se ha de dexar 10
tratar de los truhanes ni del ignorante vulgo,
incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en
ella se encierran. Y no penseys, señor, que yo
llamo aqui vulgo solamente a la gente plebeya
y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque 15
sea señor y principe, puede y deue entrar
en numero de vulgo.
Y, assi, el que con los requisitos que he dicho
tratare y tuuiere a la poesia, sera famoso y
estimado su nombre en todas las naciones polticas 20
del mundo. Y a lo que dezys, señor, que vuestro
hijo no estima mucho la poesia de romance,
doyme a entender que no anda muy acertado
en ello, y la razon es esta: el grande Homero
no escriuio en latin porque era griego, ni 25
Virgilio no escriuio en griego porque era latino.
En resolucion, todos los poetas antiguos
escriuieron en la lengua que mamaron en la leche,
y no fueron a buscar las estrangeras para declarar
la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto 30
assi, razon seria se estendiesse esta costumbre
por todas las naciones, y que no se desestimasse
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206
el poeta aleman porque escriue en su
lengua, ni el castellano, ni aun el vizcayno
que escriue en la suya.
Pero vuestro hijo, a lo que yo, señor,
imagino, no deue de estar mal con la poesia de 5
romance, sino con los poetas que son meros
romancistas, sin saber otras lenguas ni otras
ciencias que adornen y despierten y ayuden a
su natural impulso, y aun en esto puede auer
yerro. Porque, segun es opinion verdadera, el 10
poeta nace... (*): quieren dezir que del vientre
de su madre el poeta natural sale poeta; y con
aquella inclinacion que le dio el cielo, sin mas
estudio ni artificio, compone cosas que haze
verdadero al que dixo: Est Deus in nobis, etc. (*). 15
Tambien digo que el natural poeta que se ayudare
del arte sera mucho mejor y se auentajará
al poeta que solo por saber el arte quisiere
serlo; la razon es porque el arte no se auentaja
a la naturaleza, sino perficionala; assi que, 20
mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con
la naturaleza, sacarán vn perfetissimo poeta.
Sea, pues, la conclusion de mi platica,
señor hidalgo, que vuessa merced dexe caminar
a su hijo por donde su estrella le llama; que, 25
siendo el tan buen estudiante como deue de
ser, y, auiendo ya subido felicemente el primer
escalon de las [ciencias] (*), que es el de las
lenguas, con ellas por si mesmo subira a la
cumbre de las letras humanas, las quales tan 30
bien parecen en vn cauallero de capa y espada,
y assi le adornan, honran y engrandecen como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVI p. 207
las mitras a los obispos, o como las garnachas
a los peritos jurisconsultos. Riña vuessa merced
a su hijo si hiziere satyras que perjudiquen
las honras agenas, y castiguele y rompaselas
(*); pero si hiziere sermones al modo de 5
Horacio, donde reprehenda los vicios en general,
como tan elegantemente el lo hizo, alabele,
porque licito es al poeta escriuir contra la
inuidia y dezir en sus versos mal de los
inuidiosos, y assi de los otros vicios, con que no 10
señale persona alguna; pero ay poetas que a trueco
de dezir vna malicia se pondran a peligro que
los destierren a las islas de Ponto (*). Si el poeta
fuere casto en sus costumbres, lo sera tambien
en sus versos: la pluma es lengua del alma; 15
quales fueren los conceptos que en ella se
engendraren, tales seran sus escritos, y quando
los reyes y principes veen la milagrosa ciencia
de la poesia en sugetos prudentes, virtuosos y
graues, los honran, los estiman y los enriquezen, 20
y aun los coronan con las hojas del arbol
a quien no ofende el rayo, como en señal que
no han de ser ofendidos de nadie los que con
tales coronas veen honradas (*) y adornadas
sus sienes. 25
Admirado quedó el del Verde Gauan del
razonamiento de don Quixote, y tanto, que fue
perdiendo de la opinion que con el tenia de ser
mentecato. Pero a la mitad desta platica, Sancho,
por no ser muy de su gusto, se auia desuiado 30
del camino a pedir vn poco de leche a vnos
pastores que alli junto estauan ordeñando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208
vnas ouejas, y en esto, ya boluia a renouar la
platica el hidalgo, satisfecho en estremo de la
discrecion y buen discurso de don Quixote,
quando, alçando don Quixote la cabeça, vio que
por el camino por donde ellos yuan venia vn 5
carro lleno de vanderas reales; y, creyendo que
deuia de ser alguna nueua auentura, a grandes
vozes llamó a Sancho que viniesse a darle la
celada, el qual Sancho, oyendose llamar, dexó
a los pastores, y a toda priesa picó al ruzio y 10
llegó donde su amo estaua, a quien sucedio
vna espantosa y desatinada auentura.
p. 209
Capitulo XVII
De donde se declaró el vltimo punto y estremo
adonde llegó y pudo llegar el inaudito animo
de don Quixote con la felizemente acabada
auentura de los leones. 5
Cuenta la historia que quando don Quixote
daua vozes a Sancho que le truxesse el yelmo,
estaua el comprando vnos requesones que los
pastores le vendian, y acossado de la mucha
priesa de su amo, no supo que hazer dellos, ni 10
en qué traerlos, y por no perderlos, que ya los
tenia pagados, acordo de echarlos en la celada
de su señor, y con este buen recado boluio a
ver lo que le queria; el qual, en llegando, le
dixo: 15
Dame, amigo, essa celada; que yo se poco
de auenturas, o lo que alli descubro es alguna
que me ha de necessitar, y me necessita, a
tomar mis armas.
El del Verde Gauan, que esto oyo, tendio la 20
vista por todas partes, y no descubrio otra cosa
que vn carro que hazia ellos venia, con dos o
tres vanderas pequeñas, que le dieron a entender
que el tal carro deuia de traer moneda de
su magestad, y, assi, se lo dixo a don Quixote; 25
pero el no le dio credito, siempre creyendo y
pensando que todo lo que le sucediesse auian
de ser auenturas y mas auenturas, y, assi,
respondio al hidalgo:
Hombre apercebido, medio combatido; no se 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 210
pierde nada en que yo me aperciba; que se por
experiencia que tengo enemigos visibles e
inuisibles, y no se quándo, ni adónde, ni en qué
tiempo, ni en qué figuras me han de acometer.
Y, boluiendose a Sancho, le pidio la celada, 5
el qual, como no tuuo lugar de sacar los
requesones, le fue forçoso darsela como estaua.
Tomola don Quixote, y sin que echasse de ver lo
que dentro venia, con toda priesa se la encaxó
en la cabeça, y como los requesones se apretaron 10
y exprimieron, començo a correr el suero
por todo el rostro y barbas de don Quixote, de
lo que recibio tal susto, que dixo a Sancho:
¿Qué sera esto, Sancho, que parece que se
me ablandan los cascos o se me derriten los 15
sesos, o que sudo de los pies a la cabeça? Y si
es que sudo, en verdad que no es de miedo; sin
duda creo que es terrible la auentura que agora
quiere sucederme. Dame, si tienes, con que me
limpie; que el copioso sudor me ciega los ojos. 20
Calló Sancho y diole vn paño, y dio, con el,
gracias a Dios de que su señor no huuiesse
caydo en el caso. Limpiose don Quixote y quitose
la celada, por ver qué cosa era la que, a su
parecer, le enfriaua la cabeça, y viendo aquellas 25
gachas blancas dentro de la celada, las llegó a
las narizes, y, en oliendolas, dixo:
¡Por vida de mi señora Dulcinea del Toboso
que son requesones los que aqui me has puesto,
traydor, vergante y mal mirado escudero! 30
A lo que con gran flema y dissimul[a]cion
respondio Sancho:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 211
Si son requesones, demelos vuessa merced,
que yo me los comere; pero comalos el diablo,
que deuio de ser el que ahi los puso. ¿Yo auia
de tener atreuimiento de ensuziar el yelmo de
vuessa merced? ¡Hallado le aueis el atreuido! A 5
la fe, señor, a lo que Dios me da a entender,
tambien deuo yo de tener encantadores que me
persiguen, como a hechura y miembro de vuessa
merced, y auran puesto ahi essa inmundicia
para mouer a colera su paciencia, y hazer que 10
me muela, como suele, las costillas. Pues en
verdad que esta vez han dado salto en vago;
que yo confio en el buen discurso de mi señor,
que aura considerado que ni yo tengo requesones,
ni leche, ni otra cosa que lo valga, y que 15
si la tuuiera, antes la pusiera en mi estomago
que en la celada.
Todo puede ser, dixo don Quixote.
Y todo lo miraua el hidalgo, y de todo se
admiraua, especialmente quando, despues de 20
auerse limpiado don Quixote cabeça, rostro y
barbas y celada, se la encaxó, y afirmandose
bien en los estriuos, requiriendo la espada y
assiendo la lança, dixo:
Aora venga lo que viniere; que aqui estoy 25
con animo de tomarme con el mesmo Satanas
en persona.
Llegó, en esto, el carro de las vanderas, en el
qual no venia otra gente que el carretero en las
mulas, y vn hombre sentado en la delantera. 30
Pusose don Quixote delante, y dixo:
¿Adónde vays, hermanos? ¿Qué carro es
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212
este, qué lleuays en el y qué vanderas son
aquestas?
A lo que respondio el carretero:
El carro es mio; lo que va en el son dos
brauos leones enxaulados, que el General de 5
Oran embia a la Corte, presentados a su magestad;
las vanderas son del rey nuestro señor, en
señal que (*) aqui va cosa suya.
Y ¿son grandes los leones?, preguntó don
Quixote. 10
Tan grandes, respondio el hombre que
yua a la puerta del carro, que no han passado
mayores, ni tan grandes, de Africa a España
jamas, y yo soy el leonero y he passado otros,
pero como estos ninguno; son hembra y macho, 15
el macho va en esta xaula primera, y la
hembra en la de atras, y aora van hambrientos,
porque no han comido oy; y, assi, vuessa
merced se desuie; que es menester llegar presto
donde les demos de comer. 20
A lo que dixo don Quixote, sonriendose
vn poco:
¿Leoncitos a mi?, ¿a mi leoncitos, y a
tales horas? Pues por Dios que han de ver essos
señores que aca los embian, si soy yo hombre 25
que se espanta de leones. Apeaos, buen hombre,
y pues soys el leonero, abrid essas xaulas y
echadme essas bestias fuera; que en mitad desta
campaña les dare a conocer quién es don
Quixote de la Mancha, a despecho y pesar de los 30
encantadores que a mi los embian.
Ta, ta, dixo a esta sazon entre si el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 213
hidalgo, dado ha señal de quien es nuestro
buen cauallero; los requesones sin duda le
han ablandado los cascos y madurado los
sesos.
Llegóse, en esto, a el Sancho, y dixole: 5
Señor, por quien Dios es, que vuessa
merced haga de manera que mi señor don Quixote
no se tome con estos leones; que si se toma,
aqui nos han de hazer pedaços a todos.
Pues ¿tan loco es vuestro amo, respondio 10
el hidalgo, que temeys y creeys que se ha de
tomar con tan fieros animales?
No es loco, respondio Sancho, sino
atreuido.
Yo hare que no lo sea, replicó el hidalgo. 15
Y, llegandose a don Quixote, que estaua
dando priesa al leonero que abriesse las xaulas,
le dixo:
Señor cauallero: los caualleros andantes
han de acometer las auenturas que prometen 20
esperança de salir bien dellas, y no aquellas
que de [todo] en todo la quitan; porque la valentia
que se entra en la juridicion de la temeridad,
mas tiene de locura que de fortaleza. Quanto
mas que estos leones no vienen contra vuessa 25
merced, ni lo sueñan; van presentados a su
magestad, y no sera bien detenerlos ni impedirles
su viage.
Vayase vuessa merced, señor hidalgo,
respondio don Quixote, (h)a entender con su 30
perdigon manso y con su huron atreuido, y
dexe a cada vno hazer su oficio; este es el mio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214
y yo se si vienen a mi o no estos señores
leones.
Y, boluiendose al leonero, le dixo:
¡Voto a tal, don vellaco, que si no abris luego
luego las xaulas, que con esta lança os he de 5
coser con el carro!
El carretero, que vio la determinacion de
aquella armada fantasma (*), le dixo:
Señor mio, vuessa merced sea seruido, por
caridad, dexarme (*) desunzir las mulas y ponerme 10
en saluo con ellas, antes que se desenuaynen
los leones, porque si me las matan, quedaré
rematado para toda mi vida; que no tengo otra
hazienda sino este carro y estas mulas.
¡O hombre de poca fe!, respondio don Quixote; 15
apeate y desunze y haz lo que quisieres,
que presto veras que trabajaste en vano, y que
pudieras ahorrar desta diligencia.
Apeose el carretero y desunzio a gran priesa,
y el leonero dixo a grandes vozes: 20
Seanme testigos quantos aqui estan, como
contra mi voluntad y forçado abro las xaulas y
suelto los leones, y de que protesto a este
señor que todo el mal y daño que estas bestias
hizieren corra y vaya por su cuenta, con mas 25
mis salarios y derechos; vuestras mercedes,
señores, se pongan en cobro antes que abra; que
yo seguro estoy que no me han de hazer
daño.
Otra vez le persuadio el hidalgo que no 30
hiziesse locura semejante, que era tentar a
Dios acometer tal disparate. A lo que respondio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 215
don Quixote, que el sabia lo que hazia.
Respondiole el hidalgo que lo mirasse bien,
que el entendia que se engañaua.
Aora, señor, replicó (*) don Quixote, si
vuessa merced no quiere ser oyente desta que 5
a su parecer ha de ser tragedia, pique la
tordilla y pongase en saluo.
Oydo lo qual por Sancho, con lagrimas en
los ojos le suplicó desistiesse de tal empresa,
en cuya comparacion auian sido tortas y pan 10
pintado la de los molinos de viento y la
temerosa de los batanes y, finalmente, todas las
hazañas que auia acometido en todo el discurso
de su vida.
Mire, señor, dezia Sancho, que aqui no 15
ay encanto ni cosa que lo valga; que yo he
visto por entre las verjas y resquizios de la
xaula vna vña de leon verdadero, y saco por
ella (*) que el tal leon, cuya deue de ser la
tal vña, es mayor que vna montaña. 20
El miedo, a lo menos, respondio don
Quixote, te le hara parecer mayor que la mitad
del mundo. Retirate, Sancho, y dexame, y si
aqui muriere, ya sabes nuestro antiguo concierto:
acudiras a Dulcinea, y no te digo mas. 25
A estas añadio otras razones con que quitó
las esperanças de que no (*) auia de dexar de
proseguir su desuariado intento. Quisiera el
del Verde Gauan oponersele, pero viose desigual
en las armas, y no le parecio cordura tomarse 30
con vn loco, que ya se lo auia parecido
de todo punto don Quixote, el qual, boluiendo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 216
a dar priesa al leonero y a reyterar las amenazas,
dio ocasion al hidalgo a que picase la
yegua y Sancho al ruzio y el carretero a sus
mulas, procurando todos apartarse del carro lo
mas que pudiessen, antes que los leones se 5
desembanastassen.
Lloraua Sancho la muerte de su señor, que
aquella vez sin duda creya que llegaua en las
garras de los leones, maldezia su ventura y
llamaua menguada la hora en que le vino al 10
pensamiento boluer a seruirle; pero no por
llorar y lamentarse dexaua de aporrear al ruzio
para que se alexasse del carro. Viendo, pues,
el leonero que ya los que yuan huyendo estauan
bien desuiados, tornó a requerir y (h)a 15
intimar a don Quixote lo que ya le auia requerido
e intimado, el qual respondio que lo oia
y que no se curasse de mas intimaciones y
requirimientos; que todo seria de poco fruto, y
que se diesse priessa. En el espacio que tardó 20
el leonero en abrir la xaula primera, estuuo
considerando don Quixote si seria bien hazer
la batalla antes a pie que a cauallo. Y, en fin, se
determinó de hazerla a pie, temiendo que Rozinante
se espantaria con la vista de los leones; 25
por esto saltó del cauallo, arrojó la lança y
embraçó el escudo, y, desenuaynando la espada,
paso ante paso, con marauilloso denuedo y
coraçon valiente, se fue a poner delante del
carro, encomendandose a Dios de todo coraçon, 30
y luego a su señora Dulcinea.
Y es de saber que, llegando a este paso
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 217
el autor de esta verdadera historia, exclama
y dize:
¡O fuerte y sobre todo encarecimiento
animoso don Quixote de la Mancha, espejo donde
se pueden mirar todos los valientes del mundo, 5
segundo y nueuo don Manuel de Leon (*), que
fue gloria y honra de los españoles caualleros!
¿Con qué palabras contaré esta tan espantosa
hazaña, o con qué razones la hare creyble a
los siglos venideros, o qué alabanças aura 10
que no te conuengan y quadren, aunque sean
hiperboles sobre todos los hiperboles? Tu a
pie, tu solo, tu intrepido, tu magnanimo, con
sola vna espada, y no de las del perrillo (*)
cortadoras, con vn escudo no de muy luziente y 15
limpio azero, estás aguardando y atendiendo
los dos mas fieros leones que jamas criaron las
africanas seluas. Tus mismos hechos sean los
que te alaben, valeroso manchego; que yo los
dexo aqui en su punto, por faltarme palabras 20
con que encarecerlos.
Aqui cessó la referida exclamacion del autor
y passó adelante, anudando el hilo de la
historia, diziendo:
Que visto (*) el leonero ya puesto en postura 25
a don Quixote, y que no podia dexar de soltar
al leon macho, so pena de caer en la desgracia
del indignado y atreuido cauallero, abrio de
par en par la primera xaula donde estaua,
como se ha dicho, el leon, el qual parecio de 30
grandeza extraordinaria y de espantable y fea
catadura. Lo primero que hizo fue reboluerse
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 218
en la xaula, donde venia echado, y tender la
garra y despereçarse todo; abrio luego la boca
y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos
de lengua que sacó fuera se despoluoreó los
ojos y se lauo el rostro; hecho esto, sacó la 5
cabeça fuera de la xaula y miró a todas partes
con los ojos hechos brasas, vista y ademan
para poner espanto a la misma temeridad. Solo
don Quixote lo miraua atentamente, desseando
que saltasse ya del carro, y viniesse con el a 10
las manos, entre las quales pensaua hazerle
pedaços.
Hasta aqui llegó el extremo de su jamas
vista locura. Pero el generoso leon, mas
comedido que arrogante, no haziendo caso de 15
niñerias ni de brauatas, despues de auer mirado a
vna y otra parte, como se ha dicho, boluio las
espaldas y enseñó sus traseras partes a don
Quixote, y con gran flema y remanso se boluio
a echar en la xaula. Viendo lo qual, don 20
Quixote mandó al leonero que le diesse de palos
y le irritasse para echarle fuera.
Esso no hare yo, respondio el leonero,
porque si yo le instigo, el primero a quien hara
pedaços sera a mi mismo. Vuessa merced, señor 25
cauallero, se contente con lo hecho, que es
todo lo que puede dezirse en genero de valentia,
y no quiera tentar segunda fortuna. El leon
tiene abierta la puerta, en su mano está salir
o no salir, pero pues no ha salido hasta aora, 30
no saldra en todo el dia. La grandeza del
coraçon de vuessa merced ya está bien declarada;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 219
ningun brauo peleante, segun a mi se me
alcança, está obligado a mas que a desafiar a
su enemigo y esperarle en campaña, y si el
contrario no acude, en el se queda la infamia, y
el esperante gana la corona del vencimiento. 5
Assi es verdad, respondio don Quixote;
cierra, amigo, la puerta, y dame por
testimonio en la mejor forma que pudieres lo que
aqui me has visto hazer. Conuiene a saber:
como tu abriste al leon, yo le esperé, el no 10
salio, boluile a esperar, boluio a no salir y
boluiose acostar (*). No deuo mas, y encantos
afuera; y Dios ayude a la razon, y a la verdad,
y a la verdadera caualleria; y cierra, como he
dicho, en tanto que hago señas a los huydos 15
y ausentes, para que sepan de tu boca esta
hazaña.
Hizolo assi el leonero, y don Quixote,
poniendo en la punta de la lança el lienço con
que se auia limpiado el rostro de la lluuia de 20
los requesones, començo a llamar a los que
no dexauan de huyr ni de boluer la cabeça a
cada paso, todos en tropa y antecogidos del
hidalgo; pero alcançando Sancho a ver la
señal del blanco paño, dixo: 25
Que me maten si mi señor no ha vencido
a las fieras bestias, pues nos llama.
Detuuieronse todos y con[o]cieron que el que
hazia las señas era don Quixote, y, perdiendo
alguna parte del miedo, poco a poco se vinieron 30
acercando hasta donde claramente oyeron
las vozes de don Quixote, que los llamaua.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220
Finalmente, boluieron al carro, y, en llegando,
dixo don Quixote al carretero:
Bolued, hermano, a vnzir vuestras mulas y
a proseguir vuestro viage, y tu, Sancho, dale
dos escudos de oro para el y para el leonero, 5
en recompensa de lo que por mi se han
detenido.
Essos dare yo de muy buena gana,
respondio Sancho; pero ¿qué se han hecho los
leones? ¿Son muertos, o viuos? 10
Entonces el leonero, menudamente y por sus
pausas, conto el fin de la contienda, exagerando
como el mejor pudo y supo el valor de don
Quixote, de cuya vista el leon, acobardado,
no quiso ni osó salir de la xaula, puesto que 15
auia tenido vn buen espacio abierta la puerta
de la xaula; y que por auer el dicho a aquel
cauallero que era tentar a Dios irritar al leon
para que por fuerça saliesse, como el queria
que se irritasse, mal de su grado, y contra toda 20
su voluntad, auia permitido que la puerta se
cerrasse.
¿Qué te parece desto, Sancho?, dixo don
Quixote. ¿Ay encantos que valgan contra la
verdadera valentia? Bien podran los encantadores 25
quitarme la ventura, pero el esfuerzo y
el animo, sera impossible.
Dio los escudos Sancho, vnzio el carretero,
besó las manos el leonero a don Quixote por
la merced recebida, y prometiole de contar 30
aquella valerosa hazaña al mismo rey quando
en la corte se viesse.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 221
Pues si acaso su magestad preguntare
quién la hizo, direisle que el Cauallero de los
Leones, que de aqui adelante quiero que en
este se trueque, cambie, buelua y mude el
que hasta aqui he tenido del Cauallero de la 5
Triste Figura, y en esto sigo la antigua vsança
de los andantes caualleros, que se mudauan
los nombres quando querian, o quando les
venia a cuento.
Siguio su camino el carro, y don Quixote, 10
Sancho y el del Verde Gauan prosiguieron el
suyo. En todo este tiempo no auia hablado
palabra don Diego de Miranda, todo atento a
mirar y a notar los hechos y palabras de don
Quixote, pareciendole que era vn cuerdo loco 15
y vn loco que tiraua a cuerdo. No auia aun
llegado a su noticia la primera parte de su
historia; que si la huuiera leydo, cessara la
admiracion en que lo ponian sus hechos y sus
palabras, pues ya supiera el genero de su locura; 20
pero como no la sabia, ya le tenia por cuerdo
y ya por loco, porque lo que hablaua era
concertado, elegante y bien dicho, y lo que hazia,
disparatado, temerario y tonto, y dezia entre
si, «¿Qué mas locura puede ser que ponerse la 25
»celada llena de requesones y darse a entender
»que le ablandaua[n] los cascos los enca[n]tadores,
»y qué mayor temeridad y disparate que
»querer pelear por fuerza con leones?»
Destas imaginaciones y deste soliloquio le 30
sacó don Quixote, diziendole:
¿Quién duda, señor don Diego de Miranda,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222
que vuessa merced no me tenga en su opinion
por vn hombre disparatado y loco? Y no seria
mucho que assi fuesse, porque mis obras no
pueden dar testimonio de otra cosa; pues, con
todo esto, quiero que vuessa merced aduierta 5
que no soy tan loco ni tan menguado como
deuo de auerle parecido. Bien parece vn
gallardo cauallero a los ojos de su rey, en la
mitad de vna gran plaça, dar vna lançada con
felize sucesso a vn brauo toro. Bien parece vn 10
cauallero armado de resplandecientes armas
passar la tela en alegres justas delante de las
damas, y bien parecen todos aquellos caualleros
que en exercicios militares, o que lo parezcan,
entretienen y alegran y, si se puede dezir, 15
honran las cortes de sus principes; pero sobre
todos estos parece mejor vn cauallero andante,
que por los desiertos, por las soledades, por
las encrucijadas, por las seluas y por los
montes anda buscando peligrosas auenturas, con 20
intencion de darles dichosa y bien afortunada
cima, solo por alcançar gloriosa fama y duradera.
Mejor parece, digo, vn cauallero andante
socorriendo a vna viuda en algun despoblado
que vn cortesano cauallero requebrando a vna 25
donzella en las ciudades. Todos los caualleros
tienen sus particulares exercicios: sirua a las
damas el cortesano, autorize la corte de su rey
con libreas, sustente los caualleros pobres con
el esplendido plato de su mesa, concierte 30
justas, mantenga torneos y muestrese grande,
liberal y magnifico y buen christiano sobre
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVII p. 223
todo, y desta manera cumplira con sus
precisas obligaciones.
Pero el andante cauallero busque los rincones
del mundo, entrese en los mas intricados
laberintos, acometa a cada paso lo impossible, 5
resista en los paramos despoblados los ardientes
rayos del sol en la mitad del verano, y en
el inuierno la dura inclemencia de los vientos
y de los yelos; no le asombren leones, ni le
espanten vestiglos, ni atemorizen endriagos; que 10
buscar estos, acometer aquellos y vencerlos a
todos son sus principales y verdaderos
exercicios. Yo, pues, como me cupo en suerte ser
vno del numero de la andante caualleria, no
puedo dexar de acometer todo aquello que a 15
mi me pareciere que cae debaxo de la juridicion
de mis exercicios, y assi, el acometer los
leones que aora acometi derechamente me
tocaua, puesto que conoci ser temeridad
esoruitante, porque bien se lo que es valentia, que 20
es vna virtud que está puesta entre dos estremos
viciosos, como son la couardia y la temeridad;
pero menos mal sera que el que es valiente
toque y suba al punto de temerario, que no
que baxe y toque en el punto de couarde; que 25
assi como es mas facil venir el prodigo a ser
liberal que al (*) auaro, assi es mas facil dar el
temerario en verdadero valiente que no el
couarde subir a la verdadera valentia; y en esto
de acometer auenturas, creame vuessa merced, 30
señor don Diego, que antes se [h]a de perder
por carta de mas que de menos, porque mejor
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 224
suena en las orejas de los que lo oyen, «el tal
»cauallero (*) es temerario y atreuido», que no
«el tal cauallero es timido y couarde».
Digo, señor don Quixote, respondio don
Diego, que todo lo que vuessa merced ha 5
dicho y hecho va niuelado con el fiel de la
misma razon, y que entiendo que si las
ordenanças y leyes de la caualleria andante se
perdiessen, se hallarian en el pecho de vuessa
merced como en su mismo deposito y archiuo; 10
y demonos priesa, que se haze tarde, y
lleguemos a mi aldea y casa, donde descansará
vuessa merced del passado trabajo, que si no ha
sido del cuerpo, ha sido del espiritu, que suele
tal vez redundar en cansancio del cuerpo. 15
Tengo el ofrecimiento a gran fauor y merced,
señor don Diego, respondio don Quixote.
Y, picando mas de lo que hasta entonces,
serian como las dos de la tarde quando
llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a 20
quien don Quixote llamaua el Cauallero del
Verde Gauan.
p. 225
Capitulo XVIII
De lo que sucedio a don Quixote en el castillo
o casa del Cauallero del Verde Gauan, con
otras cosas extrauagantes.
Halló don Quixote ser la casa de don Diego 5
de Miranda ancha como de aldea; las armas,
empero, aunque de piedra tosca, encima de la
puerta de la calle, la bodega en el patio, la
cueua en el portal, y muchas tinajas a la redonda,
que, por ser del Toboso (*), le renouaron las 10
memorias de su encantada y transformada
Dulcinea; y, sospirando y sin mirar lo que dezia,
ni delante de quien estaua, dixo:
¡O dulces prendas, por mi mal halladas;
dulces y alegres quando Dios queria (*)! 15
¡O tobosescas tinajas, que me aueys traydo
a la memoria la dulce prenda de mi mayor
amargura!
Oyole dezir esto el estudiante poeta, hijo de
don Diego, que con su madre auia salido a 20
recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de
ver la extraña figura de don Quixote, el qual,
apeandose de Rozinante, fue con mucha cortesia
a pedirle las manos para besarselas, y don
Diego dixo: 25
Recebid, señora, con vuestro solito agrado
al señor don Quixote de la Mancha, que
es el que teneis delante, andante cauallero, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226
el mas valiente y el mas discreto que tiene el
mundo.
La señora, que doña Cristina se llamaua, le
recibio con muestras de mucho amor y de mucha
cortesia, y don Quixote se le ofrecio con 5
assaz de discretas y comedidas razones; casi
los mismos comedimientos passó con el estudiante,
que, en oyendole hablar don Quixote, le
tuuo por discreto y agudo.
Aqui pinta el autor todas las circunstancias 10
de la casa de don Diego, pintandonos en ellas
lo que contiene vna casa de vn cauallero labrador
y rico; pero al traductor desta historia le
parecio passar estas y otras semejantes
menudencias en silencio, porque no venian bien con 15
el proposito principal de la historia, la qual
mas tiene su fuerça en la verdad que en las
frias digressiones.
Entraron a don Quixote en vna sala, desarmole
Sancho, quedó en valones y en jubon de 20
camuça, todo visunto con la mugre de las armas;
el cuello era valona a lo estudiantil, sin
almidon y sin randas; los borzeguies eran
datilados, y encerados los çapatos; ciñose su buena
espada, que pendia de vn tahali de lobos 25
marinos (*), que es opinion que muchos años fue
enfermo de los riñones; cubriose vn herreruelo
de buen paño pardo; pero antes de todo con
cinco calderos o seys de agua, que en la
cantidad de los calderos ay alguna diferencia, se 30
lauó la cabeça y rostro, y todauia se quedó el
agua de color de suero, merced a la golosina
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 227
de Sancho y a la compra de sus negros
requesones, que tan blanco pusieron a su amo.
Con los referidos atauios y con gentil donayre
y gallardia salio don Quixote a otra sala,
donde el estudiante le estaua esperando para 5
entretenerle en tanto que las mesas se ponian;
que por la venida de tan noble huesped queria
la señora doña Cristina mostrar que sabia y
podia regalar a los que a su casa llegassen.
En tanto que don Quixote se estuuo 10
desarmando, tuuo lugar don Lorenço, que assi se
llamaua el hijo de don Diego, de dezir a su
padre:
¿Quién diremos, señor, que es este cauallero
que vuessa merced nos ha traydo a casa? Que 15
el nombre, la figura y el dezir que es
cauallero andante, a mi y a mi madre nos tiene
suspensos.
No se lo que te diga, hijo, respondio don
Diego; solo te sabre dezir, que le he visto 20
hazer cosas del mayor loco del mundo, y dezir
razones tan discretas que borran y deshazen
sus hechos; hablale tu y toma el pulso a lo que
sabe, y, pues eres discreto, juzga de su
discrecion o tonteria lo que mas puesto en razon 25
estuuiere; aunque, para dezir verdad, antes le
tengo por loco que por cuerdo.
Con esto se fue don Lorenço a entretener a
don Quixote, como queda dicho, y entre otras
platicas que los dos passaron, dixo don 30
Quixote a don Lorenço:
El señor don Diego de Miranda, padre de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228
vuessa merced, me ha dado noticia de la rara
habilidad y sutil ingenio que vuessa merced
tiene, y, sobre todo, que es vuessa merced vn
gran poeta.
Poeta bien podra ser, respondio don Lorenço, 5
pero grande, ni por pensamiento; verdad
es que yo soy algun tanto aficionado a la
poesia y a leer los buenos poetas; pero no de
manera que se me pueda dar el nombre de
grande que mi padre dize. 10
No me parece mal essa humildad, respondio
don Quixote, porque no ay poeta que no
sea arrogante y piense de si que es el mayor
poeta del mundo.
No ay regla sin excepcion, respondio don 15
Lorenço, y alguno aura que lo sea y no lo
piense.
Pocos (*), respondio don Quixote; pero
digame vuessa merced, ¿qué versos son los que
agora trae entre manos, que me ha dicho el 20
señor su padre que le traen algo inquieto y
pensatiuo? Y si es alguna glossa, a mi se me
entiende algo de achaque de glossas, y holgaria
saberlos; y si es que son de justa literaria,
procure vuessa merced lleuar el segundo premio, 25
que el primero siempre se lleua el fauor
o la gran calidad de la persona, el segundo se
le lleua la mera justicia, y el tercero viene a ser
segundo, y el primero, a esta cuenta, sera el
tercero, al modo de las licencias que se dan 30
en las vniuersidades (*); pero con todo esto,
gran personage es el nombre de primero.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 229
Hasta aora, dixo entre si don Lorenço, no
os podre yo juzgar por loco; vamos adelante.
Y dixole:
Pareceme que vuessa merced ha cursado
las escuelas: ¿qué ciencias ha oydo? 5
La de la caualleria andante, respondio
don Quixote, que es tan buena como la de la
poesia, y aun dos deditos mas.
No se que ciencia sea essa, replicó don
Lorenço, y hasta aora no ha llegado a mi 10
noticia.
Es vna ciencia, replicó don Quixote, que
encierra en si todas o las mas ciencias del
mundo, a causa que el que la professa ha de
ser jurisperito y saber las leyes de la justicia 15
distributiua y comutatiua, para dar a cada vno
lo que es suyo y lo que le conuiene; ha de ser
theologo, para saber dar razon de la christiana
ley que professa, clara y distintamente,
adondequiera que le fuere pedido; ha de ser medico, 20
y principalmente heruolario, para conocer en
mitad de los despoblados y desiertos las yeruas
que tienen virtud de sanar las heridas, que
no ha de andar el cauallero andante a cada
triquete buscando quien se las cure; ha de ser 25
astrologo, para conocer por las estrellas
quantas horas son passadas de la noche y en qué
parte y en qué clima del mundo se halla; ha de
saber las matematicas, porque a cada paso se
le ofrecera tener necessidad dellas, y, dexando 30
aparte que ha de estar adornado de todas las
virtudes theologales y cardinales, decendiendo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230
a otras menudencias, digo que ha de saber
nadar como dizen que nadaua el pexe Nicolas
o Nicolao (*); ha de saber herrar vn cauallo y
aderezar la silla y el freno, y, boluiendo a lo de
arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; 5
ha de ser casto en los pensamientos, honesto
en las palabras, liberal en las obras, valiente
en los hechos, sufrido en los trabajos, caritatiuo
con los menesterosos y, finalmente, mantenedor
de la verdad, aunque le cueste la vida el 10
defenderla. De todas estas grandes y minimas
partes se compone vn buen cauallero andante,
porque vea vuessa merced, señor don Lorenço,
si es ciencia mocosa lo que aprende el cauallero
que la estudia y la professa, y si se puede 15
ygualar a las mas estiradas que en los ginasios
y escuelas se enseñan.
Si esso es assi, replicó don Lorenço, yo
digo que se auentaja essa ciencia a todas.
¿Cómo si es assi?, respondio don Quixote. 20
Lo que yo quiero dezir, dixo don Lorenço,
es que dudo que aya auido, ni que los ay
aora, caualleros andantes y adornados de
virtudes tantas.
Muchas vezes he dicho lo que bueluo a 25
dezir aora, respondio don Quixote: que la
mayor parte de la gente del mundo está de
parecer de que no ha auido en el caualleros
andantes, y por parecerme a mi que si el cielo
milagrosamente no les da a entender la verdad 30
de que los huuo y de que los ay, qualquier
trabajo que se tome ha de ser en vano, como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 231
muchas vezes me lo ha mostrado la experiencia,
no quiero detenerme agora en sacar a
vuessa merced del error, que con los muchos
tiene; lo que pienso hazer es el (*) rogar al
cielo le saque del, y le de a entender quán 5
prouechosos y quán necessarios fueron al
mundo los caualleros andantes en los passados
siglos, y quán vtiles fueran en el presente, si
se vsaran; pero triunfan aora, por pecados de
las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el 10
regalo.
Escapado se nos ha nuestro huesped, dixo
a esta sazon entre si don Lorenço; pero con
todo esso, el es loco vizarro, y yo seria
mentecato floxo si assi no lo creyesse. 15
Aqui dieron fin a su platica, porque los
llamaron a comer. Preguntó don Diego a su hijo
qué auia sacado en limpio del ingenio del
huesped, a lo que el respondio:
No le sacarán del borrador de su locura 20
quantos medicos y buenos escriuanos tiene el
mundo; el es vn entreuerado loco, lleno de
luzidos interualos.
Fueronse a comer, y la comida fue tal como
don Diego auia dicho en el camino que la 25
solia dar a sus combidados: limpia, abundante
y sabrosa; pero de lo que mas se contentó don
Quixote fue del marauilloso silencio que en
toda la casa auia, que semejaua vn monasterio
de cartuxos. Leuantados, pues, los ma[n]teles 30
y dadas gracias a Dios, y agua a las manos,
don Quixote pidio ahincadamente a don Lorenço,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232
dixesse los versos de la justa literaria.
A lo que el respondio, que por no parecer de
aquellos poetas que quando les ruegan digan
sus versos los niegan, y quando no se los
piden los vomitan, yo dire mi glossa (*), de la 5
qual no espero premio alguno; que solo por
exercitar el ingenio la he hecho.
Vn amigo y discreto, respondio don Quixote,
era de parecer que no se auia de cansar
nadie en glossar versos, y la razon, dezia el, 10
era que jamas la glossa podia llegar al texto,
y que muchas o las mas vezes yua la glossa
fuera de la intencion y proposito de lo que
pedia lo que se glossaua, y mas que las leyes
de la glossa eran demasiadamente estrechas: 15
que no sufrian interrogantes, ni dixo, ni dire,
ni hazer nombres de verbos, ni mudar el sentido,
con otras ataduras y estrechezas con que
van atados los que glossan (*), como vuessa
merced deue de saber. 20
Verdaderamente, señor don Quixote, dixo
don Lorenço, que desseo coger a vuessa
merced en vn mal latin continuado, y no puedo,
porque se me desliza de entre las manos como
anguila. 25
No entiendo, respondio don Quixote, lo
que vuessa merced dize ni quiere dezir en
esso del deslizarme.
Yo me dare a entender, respondio don
Lorenço, y por aora esté vuessa merced atento 30
a los versos glossados y a la glossa, que
dizen desta manera:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 233
¡Si mi fue tornasse a es,
sin esperar mas sera,
o viniesse el tiempo ya
de lo que sera despues!
GLOSSA 5
Al fin, como todo passa,
se passó el bien que me dio
fortuna, vn tiempo no escassa,
y nunca me le boluio,
ni abundante ni por tassa. 10
Siglos ha ya que me vees,
fortuna, puesto a tus pies;
buelueme a ser venturoso;
que sera mi ser dichoso
si mi fue tornasse a es. 15
No quiero otro gusto o gloria,
otra palma o vencimiento,
otro triunfo, otra vitoria,
sino boluer al contento
que es pessar en mi memoria. 20
Si tu me buelues allá,
fortuna, templado está
todo el rigor de mi fuego,
y mas si este bien es luego,
sin esperar mas sera. 25
Cosas impossibles pido,
pues boluer el tiempo a ser
despues que vna vez ha sido,
no ay en la tierra poder
que a tanto se aya estendido. 30
Corre el tiempo, buela y va
ligero y no boluera,
y herraria el que pidiesse
o que el tiempo ya se fuesse,
o boluiesse (*) el tiempo ya. 35
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 234
Viuo (*) en perplexa vida,
ya esperando, ya temiendo,
es muerte muy conocida,
y es mucho mejor muriendo
buscar al dolor salida. 5
A mi me fuera interes
acabar, mas no lo es,
pues, con discurso mejor,
me da la vida el temor
de lo que sera despues. 10
En acabando de dezir su glossa don Lorenço,
se leuantó en pie don Quixote, y en voz
leuantada que parecia grito, assiendo con su mano
la derecha de don Lorenço, dixo:
Viuen los cielos donde mas altos estan, 15
mancebo generoso, que soys el mejor poeta
del orbe, y que mereceys estar laureado, no
por Chipre, ni por Gaeta, como dixo vn poeta
que Dios perdone (*), sino por las Academias
de Atenas, si oy viuieran, y por las que oy viuen 20
de Paris, Bolonia y Salamanca; plega al cielo
que los juezes que os quitaren el premio
primero, Febo los assaetee y las Musas jamas
atrauiessen los vmbrales de sus casas.
Dezidme, señor, si soys seruido, algunos versos 25
mayores; que quiero tomar de todo en todo el
pulso a vuestro admirable ingenio.
¿No es bueno que dizen que se holgo don
Lorenço de verse alabar de don Quixote, aunque
le tenia por loco? ¡O fuerça de la adulacion, 30
a quánto te estiendes y quán dilatados limites
son los de tu juridicion agradable! Esta verdad
acreditó don Lorenço, pues concedio con la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 235
demanda y desseo de don Quixote, diziendole
este soneto a la fabula o historia de Piramo y
Tisbe:
SONETO
El muro rompe la donzella hermosa, 5
que de Piramo abrio el gallardo pecho;
parte el Amor de Chipre y va derecho
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.
Habla el silencio alli, porque no osa
la voz entrar por tan estrecho estrecho; 10
las almas si, que amor suele de hecho
facilitar la mas dificil cosa.
Salio el desseo de compas, y el paso
de la imprudente virgen solicita
por su gusto su muerte. Ved que historia: 15
que a entrambos en vn punto ¡o estraño caso!
los mata, los encubre y resucita
vna espada, vn sepulcro, vna memoria.
¡Bendito sea Dios!, dixo don Quixote,
auiendo oydo el soneto a don Lorenço, que 20
entre los infinitos poetas consumidos que ay,
he visto vn consumado poeta, como lo es
vuessa merced, señor mio; que assi me lo da a
entender el artificio deste soneto.
Quatro dias estuuo don Quixote regaladissimo 25
en la casa de don Diego, al cabo de los
quales le pidio licencia para yrse, diziendole
que le agradecia la merced y buen tratamiento
que en su casa auia recebido, pero que por no
parecer bien que los caualleros andantes se 30
den muchas horas a[l] ocio y al regalo se queria
yr a cumplir con su oficio, buscando las auenturas,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236
de quien tenia noticia que aquella tierra
abundaua, donde esperaua entretener el tiempo
hasta que llegasse el dia de las justas de
Zaragoça, que era el de su derecha derrota, y
que primero auia de entrar en la cueua de 5
Montesinos, de quien tantas y tan admirables
cosas en aquellos contornos se contauan,
sabiendo e inquiriendo assimismo el nacimiento
y verdaderos manantiales de las siete lagunas
llamadas comunmente de Ruydera. 10
Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa
determinacion, y le dixeron que tomasse de su
casa y de su hazienda todo lo que en grado le
viniesse; que le seruirian con la voluntad
possible, que a ello les obligaua el valor de su 15
persona y la honrosa profession suya. Llegose,
en fin, el dia de su partida, tan alegre para don
Quixote como triste y aziago para Sancho Pança,
que se hallaua muy bien con la abundancia
de la casa de don Diego, y rehusaua de boluer 20
a la hambre que se vsa en las florestas [y]
despoblados, y a la estrecheza de sus mal proueydas
alforjas; con todo esto, las llenó y colmó de
lo mas necessario que le parecio. Y al
despedirse, dixo don Quixote a don Lorenço: 25
No se si he dicho a vuessa merced otra vez,
y si lo he dicho, lo bueluo a dezir, que quando
vuessa merced quisiere ahorrar caminos y
trabajos para llegar a la inacessible cumbre del
templo de la fama, no tiene que hazer otra 30
cosa sino dexar a vna parte la senda de la
poesia, algo estrecha, y tomar la estrechissima
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 237
de la andante caualleria, bastante para hazerle
emperador en daca las pajas.
Con estas razones acabó don Quixote de
cerrar el processo de su locura, y mas con las
que añadio, diziendo: 5
Sabe Dios si quisiera lleuar conmigo al
señor don Lorenço para enseñarle cómo se
han de perdonar los sugetos y supeditar y
acozear los soberuios (*), virtudes anejas a la
profession que yo professo; pero pues no lo pide 10
su poca edad, ni lo querran consentir sus loables
exercicios, solo me contento con aduertirle
a vuessa merced, que siendo poeta podra
ser famoso, si se guia mas por el parecer ageno
que por el propio, porque no ay padre ni madre 15
a quien sus hijos les parezcan feos, y en
los que lo son del entendimiento corre mas
este engaño.
De nueuo se admiraron padre y hijo de las
entremetidas razones de don Quixote, ya 20
discretas y ya disparatadas, y del tema y teson
que lleuaua de acudir de todo en todo a la
busca de sus desuenturadas auenturas, que las
tenia por fin y blanco de sus desseos; reyteraronse
los ofrecimientos y comedimientos, y con 25
la buena licencia de la señora del castillo, don
Quixote y Sancho, sobre Rozinante y el ruzio,
se partieron.
p. 238
Capitulo XIX
Donde se cuenta la auentura del pastor
enamorado, con otros, en verdad, graciosos
sucessos.
Poco trecho se auia alongado don Quixote 5
del lugar de don Diego, quando encontro con
dos como clerigos o como estudiantes y con dos
labradores que sobre quatro bestias asnales
venian caualleros; el vno de los estudiantes traia
como en portamanteo, en vn lienço de vocazi 10
verde embuelto, al parecer, vn poco de grana
blanca y dos pares de medias de cordellate; el
otro no traia otra cosa que dos espadas negras
de esgrima, nueuas, y con sus çapatillas. Los
labradores traian otras cosas que dauan indicio y 15
señal que venian de alguna villa grande, donde
las auian comprado y las lleuauan a su aldea;
y, assi, estudiantes como labradores cayeron en
la misma admiracion en que caian todos aquellos
que la vez primera veyan a don Quixote, y 20
morian por saber qué hombre fuesse aquel tan
fuera del vso de los otros hombres. Saludoles
don Quixote, y despues de saber el camino que
lleuauan, que era el mesmo que el hazia, les
ofrecio su compañia, y les pidio detuuiessen el 25
paso, porque caminauan mas sus pollinas que
su cauallo, y para obligarlos, en breues razones
les dixo quién era, y su oficio y profession,
que era de cauallero andante, que yua a buscar
las auenturas por todas las partes del mundo. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 239
Dixoles que se llamaua de nombre propio don
Quixote de la Mancha, y por el apelatiuo el
Cauallero de los Leones. Todo esto para los
labradores era hablarles en griego o en
gerigonça, pero no para los estudiantes, que luego 5
entendieron la flaqueza del celebro de don
Quixote; pero, con todo esso, le mirauan con
admiracion y con respecto, y vno dellos le
dixo:
Si vuessa merced, señor cauallero, no lleua 10
camino determinado, como no le suelen lleuar
los que buscan las auenturas, vuessa merced
se venga con nosotros, vera vna de las mejores
bodas y mas ricas que hasta el dia de oy se
auran celebrado en la Mancha, ni en otras 15
muchas leguas a la redonda.
Preguntole don Quixote si eran de algun
principe que assi las ponderaua.
No son, respondio el estudiante, sino de
vn labrador y vna labradora: el, el mas rico de 20
toda esta tierra, y ella, la mas hermosa que han
visto los hombres. El aparato con que se han de
hazer es estraordinario y nueuo, porque se han
de celebrar en vn prado que está junto al pueblo
de la nouia, a quien por excelencia llaman 25
Quiteria la hermosa, y el desposado se llama
Camacho el rico, ella de edad de diez y ocho
años y el de veinte y dos, ambos para en vno,
aunque algunos curiosos, que tienen de memoria
los linages de todo el mundo, quieren dezir 30
que el de la hermosa Quiteria se auentaja al
de Camacho; pero ya no se mira en esto, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240
las riquezas son poderosas de soldar muchas
quiebras. En efecto, el tal Camacho es liberal,
y hasele antojado de enramar y cubrir todo el
prado por arriba, de tal suerte, que el sol se ha
de ver en trabajo, si quiere entrar a visitar las 5
yeruas verdes de que está cubierto el suelo.
Tiene assimesmo maheridas danças, assi de
espadas como de cascabel menudo, que ay en
su pueblo quien los repique y sacuda por
estremo; de çapateadores no digo nada, que es vn 10
juyzio los que tiene muñidos; pero ninguna de
las cosas referidas, ni otras muchas que he
dexado por referir, ha de hazer mas memorables
estas bodas, sino las que imagino que hara en
ellas el despechado Basilio. 15
Es este Basilio vn zagal vezino del mesmo
lugar de Quiteria, el qual tenia su casa pared
y medio de la de los padres de Quiteria, de
donde tomó ocasion el amor de renouar al
mundo los ya oluidados amores de Piramo y 20
Tisbe, porque Basilio se enamoró de Quiteria
desde sus tiernos y primeros años, y ella fue
correspondiendo a su desseo con mil honestos
fauores. Tanto, que se contauan por entretenimiento
en el pueblo los amores de los dos niños 25
Basilio y Quiteria. Fue creciendo la edad, y acordo
el padre de Quiteria de estoruar a Basilio la
ordinaria entrada que en su casa tenia, y por
quitarse de andar rezeloso y lleno de
sospechas, ordenó de casar a su hija con el rico 30
Camacho, no pareciendole ser bien casarla con
Basilio, que no tenia (*) tantos bienes de fortuna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 241
como de naturaleza, pues si va (h)a dezir las
verdades sin inuidia, el es el mas agil mancebo
que conocemos, gran tirador de barra, luchador
estremado y gran jugador de pelota; corre
como vn gamo, salta mas que vna cabra y birla 5
a los bolos como por encantamento; canta
como vna calandria y toca vna guitarra que la
haze hablar, y, sobre todo, juega vna espada
como el mas pintado.
Por essa sola gracia, dixo a esta sazon don 10
Quixote, merecia esse mancebo no solo casarse
con la hermosa Quiteria, sino con la mesma
reyna Ginebra, si fuera oy viua, a pesar de
Lanzarote y de todos aquellos que estoruarlo
quisieran. 15
A mi muger con esso, dixo Sancho Pança,
que hasta entonces auia ydo callando y
escuchando, la qual no quiere sino que cada vno
case con su ygual, ateniendose al refran que
dizen, «cada oueja con su pareja»; lo que yo 20
quisiera es, que esse buen Basilio, que ya me
le voy aficionando, se casara con essa señora
Quiteria; que buen siglo ayan y buen poso, yua
a dezir al rebes, los que estoruan que se casen
los que bien se quieren. 25
Si todos los que bien se quieren se huuiessen
de casar, dixo don Quixote, quitariase
la elecion y juridicion a los padres de
casar sus hijos con quien y quando deuen, y
si a la voluntad de las hijas quedasse escoger 30
los maridos, tal auria que escogiesse al criado
de su padre, y tal al que vio passar por la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 242
calle, a su parecer, vizarro y entonado, aunque
fuesse vn desbaratado espadachin; que el amor
y la aficion con facilidad ciegan los ojos del
entendimiento, tan necessarios para escoger
estado, y el del matrimonio está muy a peligro 5
de errarse, y es menester gran tiento y
particular fauor del cielo para acertarle. Quiere
hazer vno vn viage largo, y si es prudente,
antes de ponerse en camino busca alguna
compañia segura y apazible con quien 10
acompañarse. Pues ¿por qué no hara lo mesmo
el que ha de caminar toda la vida hasta el
paradero de la muerte, y mas si la compañia
le ha de acompañar en la cama, en la mesa y
en todas partes, como es la de la muger con 15
su marido? La de la propia muger no es
mercaduria que vna vez comprada se buelue, o se
trueca o cambia, porque es accidente inseparable
que dura lo que dura la vida. Es vn lazo,
que si vna vez le echays al cuello, se buelue 20
en el nudo gordiano, que si no le corta la
guadaña de la muerte, no ay desatarle. Muchas
mas cosas pudiera dezir en esta materia, si no
lo estoruara el desseo que tengo de saber si le
queda mas que dezir al señor licenciado 25
acerca de la historia de Basilio.
A lo que respondio el estudiante bachiller, o
licenciado, como le llamó don Quixote, (que):
De todo no me queda mas que dezir, sino
que desde el punto que Basilio supo que la 30
hermosa Quiteria se casaua con Camacho el
rico, nunca mas le han visto reyr, ni hablar
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 243
razon concertada, y siempre anda pensatiuo y
triste, hablando entre si mismo, con que da
ciertas y claras señales de que se le ha buelto
el juyzio; come poco y duerme poco, y lo que
come son frutas, y en lo que duerme, si duerme, 5
es en el campo sobre la dura tierra como
animal bruto; mira de quando en quando al
cielo, y otras vezes claua los ojos en la tierra,
con tal embelesamiento, que no parece sino
estatua vestida que el ayre le mueue la ropa. En 10
fin, el da tales muestras de tener apassionado el
coraçon, que tememos todos los que le
conocemos que el dar el si mañana la hermosa
Quiteria ha de ser la sentencia de su muerte.
Dios lo hara mejor, dixo Sancho, que 15
Dios que da la llaga da la medicina; nadie
sabe lo que está por venir, de aqui a mañana
muchas horas ay, y en vna, y aun en vn momento,
se cae la casa; yo he visto llouer y hazer
sol, todo a vn mesmo punto; tal se acuesta 20
sano la noche, que no se puede mouer otro
dia; y diganme, ¿por ventura aura quien se
alabe que tiene echado vn clauo a la rodaja
de la Fortuna? No, por cierto, y entre el si y el
no de la muger no me atreueria yo a poner 25
vna punta de alfiler, porque no cabria; denme
a mi que Quiteria quiera de buen coraçon y de
buena voluntad a Basilio, que yo le dare a el
vn saco de buena ventura; que el amor, segun
yo he oydo dezir, mira con vnos antojos que 30
hazen parecer oro al cobre, a la pobreza
riqueza y a las lagañas perlas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244
¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas
maldito?, dixo don Quixote. Que quando comienças
a ensartar refranes y cuentos, no te puede
esperar sino el mesmo Iudas, que te lleue.
Dime, animal, ¿qué sabes tu de clauos, ni de 5
rodajas, ni de otra cosa ninguna?
O, pues si no me entienden, respondio
Sancho, no es marauilla que mis sentencias sean
tenidas por disparates; pero no importa, yo me
entiendo y se que no he dicho muchas 10
necedades en lo que he dicho, sino que vuessa
merced, señor mio, siempre es friscal de mis
dichos y aun de mis hechos.
Fiscal has de dezir, dixo don Quixote,
que no friscal, preuaricador del buen lenguage, 15
que Dios te confunda.
No se apunte vuessa merced conmigo,
respondio Sancho, pues sabe que no me he
criado en la corte, ni he estudiado en
Salamanca, para saber si añado o quito alguna 20
letra a mis vocablos. Si, que valgame Dios, no
ay para qué obligar al sayagues a que hable
como el toledano, y toledanos puede auer que
no las (*) corten en el ayre en esto del hablar
polido. 25
Assi es, dixo el licenciado, porque no
pueden hablar tan bien los que se crian en las
Tenerias y en Zocodouer como los que se
passean casi todo el dia por el claustro de la
Iglesia Mayor, y todos son toledanos (*); el 30
lenguage puro, el propio, el elegante y claro
está en los discretos cortesanos, aunque ayan
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 245
nacido en Majalahonda; dixe discretos, porque
ay muchos que no lo son, y la discrecion es la
gramatica del buen lenguage que se acompaña
con el vso; yo, señores, por mis pecados he
estudiado canones en Salamanca, y picome 5
algun tanto de dezir mi razon con palabras
claras, llanas y significantes.
Si no os picarades (*) mas de saber mas menear
las negras que lleuais que la lengua, dixo
el otro estudiante, vos lleuarades el primero 10
en licencias, como lleuastes cola (*).
Mirad, bachiller, respondio el licenciado,
vos estais en la mas errada opinion del
mundo acerca de la destreza de la espada,
teniendola por vana. 15
Para mi no es opinion, sino verdad assentada,
replicó Corchuelo; y si quereys que os
lo muestre con la experiencia, espadas traeis,
comodidad ay, yo pulsos y fuerças tengo, que
acompañadas de mi animo, que no es poco, os 20
haran confessar que yo no me engaño; apeaos
y vsad de vuestro compas de pies, de vuestros
circulos y vuestros angulos y ciencia, que yo
espero de hazeros ver estrellas a medio dia
con mi destreza moderna y zafia, en quien 25
espero, despues de Dios, que está por nacer
hombre que me haga boluer las espaldas, y
que no le ay en el mundo a quien yo no le
haga perder tierra.
En esso de boluer o no las espaldas, no me 30
meto, replicó el diestro, aunque podria ser
que en la parte donde la vez primera clauassedes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246
el pie, alli os abriessen la sepultura; quiero
dezir, que alli quedassedes muerto por la
despreciada destreza.
Aora se vera, respondio Corchuelo.
Y, apeandose con gran presteza de su jumento, 5
tiró con furia de vna de las espadas que
lleuaua el licenciado en el suyo.
No ha de ser assi, dixo a este instante don
Quixote, que yo quiero ser el maestro desta
esgrima y el juez desta muchas vezes no 10
aueriguada question.
Y, apeandose de Rozinante y assiendo de
su lança, se puso en la mitad del camino, a
tiempo que ya el licenciado, con gentil donayre
de cuerpo y compas de pies, se yua contra 15
Corchuelo, que contra el se vino lançando,
como dezirse suele, fuego por los ojos; los
otros dos labradores del acompañamiento, sin
apearse de sus pollinas, siruieron de aspetatores
en la mortal tragedia; las cuchilladas, 20
estocadas, altibaxos, reueses y mandobles que
tiraua Corchuelo eran sin numero, mas espesas
que higado (*) y mas menudas que granizo.
Arremetia como vn leon irritado; pero saliale
al encuentro vn tapaboca de la çapatilla de 25
la espada del licenciado, que en mitad de
su furia le detenia y se la hazia besar como si
fuera reliquia, aunque no con tanta deuocion
como las reliquias deuen y suelen besarse.
Finalmente, el licenciado le contó a estocadas 30
todos los botones de vna media sotanilla
que traia vestida, haziendole tiras los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 247
faldamentos como colas de pulpo, derribole el
sombrero dos vezes y cansole de manera, que de
despecho, colera y rabia assio la espada por la
empuñadura y arrojola por el ayre con tanta
fuerça, que vno de los labradores assistentes, 5
que era escriuano, que fue por ella, dio
despues por testimonio que la alongo de si casi
tres quartos de legua, el qual testimonio sirue
y ha seruido para que se conozca y vea con
toda verdad como la fuerça es vencida del 10
arte.
Sentose cansado Corchuelo y, llegandose a
el Sancho, le dixo:
Mia fe, señor bachiller, si vuessa merced
toma mi consejo, de aqui adelante no ha de 15
desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a
tirar la barra, pues tiene edad y fuerças para
ello; que destos a quien llaman diestros he
oydo dezir que meten vna punta de vna espada
por el ojo de vna aguja. 20
Yo me contento, respondio Corchuelo, de
auer caydo de mi burra, y de que me aya
mostrado la experiencia la verdad de quien tan
lexos estaua.
Y, leuantandose abraçó al licenciado y 25
quedaron mas amigos que de antes; y no queriendo
esperar al escriuano, que auia ydo por la
espada, por parecerle que tardaria mucho, (y) (*)
assi determinaron seguir por llegar temprano a
la aldea de Quiteria, de donde todos eran. 30
En lo que faltaua del camino les fue contando
el licenciado las excelencias de la espada,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248
con tantas razones demostratiuas, y con tantas
figuras y demostraciones matematicas, que
todos quedaron enterados de la bondad de la
ciencia, y Corchuelo reduzido de su pertinacia.
Era anochecido, pero antes que llegassen 5
les parecio a todos que estaua delante del
pueblo vn cielo lleno de inumerables y
resplandecientes estrellas. Oyeron assimismo
confusos y suaues sonidos de diuersos instrumentos
como de flautas, tamborinos, salterios, 10
albogues, panderos y sonajas, y quando
llegaron cerca vieron que los arboles de vna
enramada que a mano auian puesto a la entrada
del pueblo estauan todos llenos de luminarias,
a quien no ofendia el viento, que entonces no 15
soplaua sino tan manso, que no tenia fuerça
para mouer las hojas de los arboles; los musicos
eran los regozijadores de la boda, que en
diuersas quadrillas por aquel agradable sitio
andauan, vnos baylando, y otros cantando, y 20
otros tocando la diuersidad de los referidos
instrumentos; en efecto, no parecia sino que
por todo aquel prado andaua corriendo la
alegria y saltando el contento.
Otros muchos andauan ocupados en leuantar 25
andamios, de donde con comodidad pudiessen
ver otro dia las representaciones y
danças que se auian de hazer en aquel lugar,
dedicado para solenizar las bodas del rico
Camacho y las exequias de Basilio. No quiso 30
entrar en el lugar don Quixote, aunque se lo
pidieron assi el labrador como el bachiller;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIX p. 249
pero el dio por disculpa, bastantissima a su
parecer, ser costumbre de los caualleros
andantes dormir por los campos y florestas antes
que en los poblados, aunque fuesse debaxo
de dorados techos, y, con esto, se desuió vn 5
poco del camino, bien contra la voluntad de
Sancho, viniendosele a la memoria el buen
alojamiento que auia tenido en el castillo o
casa de don Diego.
p. 250
Capitulo XX
Donde se cuentan las bodas de Camacho el
rico con el sucesso de Basilio el pobre.
Apenas la blanca aurora auia dado lugar a
que el luziente Febo, con el ardor de sus 5
calientes rayos las liquidas perlas de sus
cabellos de oro enxugasse, quando don Quixote,
sacudiendo la pereza de sus miembros, se
puso en pie y llamó a su escudero Sancho,
que aun todauia roncaua, lo qual visto por 10
don Quixote, antes que le despertasse le dixo:
¡O tu, bienauenturado sobre quantos viuen
sobre la haz de la tierra, pues, sin tener inuidia
ni ser inuidiado, duermes con sossegado (*)
espiritu, ni te persiguen encantadores ni 15
sobresaltan encantamentos! Duerme[s], digo otra vez,
y lo dire otras ciento, sin que te tengan en
contina (*) vigilia zelos de tu dama, ni te
desuelen pensamientos de pagar deudas que
deuas, ni de lo que has de hazer para comer 20
otro dia tu y tu pequeña y angustiada familia,
ni la ambicion te inquieta, ni la pompa vana
del mundo te fatiga, pues los limites de tus
desseos no se estienden a mas que a pensar
tu jumento; que el de tu persona sobre mis 25
ombros le tienes puesto, contrapeso y carga
que puso la naturaleza y la costumbre a los
señores. Duerme el criado y está velando el
señor, pensando cómo le ha de sustentar,
mejorar y hazer mercedes; la congoxa de ver que 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 251
el cielo se haze de bronze sin acudir a la tierra
con el conueniente rozio no aflige al criado,
sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad
y hambre al que le siruio en la fertilidad
y abundancia. 5
A todo esto no respondio Sancho porque
dormia, ni despertara tan presto si don Quixote
con el cuento de la lança no le hiziera (*)
boluer en si. Desperto, en fin, soñoliento y
perezoso, y, boluiendo el rostro a todas partes, 10
dixo:
De la parte desta enramada, si no me engaño,
sale vn tufo y olor harto mas de torreznos
assados que de juncos y tomillos; bodas
que por tales olores comiençan, para mi 15
santiguada que deuen de ser abundantes y
generosas.
Acaba, gloton, dixo don Quixote; ven,
yremos a ver estos desposorios, por ver lo que
haze el desdeñado Basilio. 20
Mas que haga lo que quisiere, respondio
Sancho; no fuera el pobre, y casarase con
Quiteria; ¿no ay mas sino no tener vn quarto
y querer ca[sa]rse por las nubes? A la fe,
señor, yo soy de parecer que el pobre deue de 25
contentarse con lo que hallare, y no pedir
cotufas en el golfo; yo apostaré vn braço que
puede Camacho emboluer en reales a Basilio,
y si esto es assi, como deue de ser, bien boba
fuera Quiteria en desechar las (*) galas y las 30
joyas que le deue de auer dado y le puede
dar Camacho, por escoger el tirar de la barra y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252
el jugar de la negra de Basilio. Sobre vn buen
tiro de barra o sobre vna gentil treta de espada
no dan vn quartillo de vino en la taberna;
habilidades y gracias que no son vendibles, mas
que las tenga el conde Dirlos; pero quando 5
las tales gracias caen sobre quien tiene buen
dinero, tal sea mi vida como ellas parecen;
sobre vn buen cimiento se puede leuantar vn
buen edificio, y el mejor cimiento y çanja del
mundo es el dinero. 10
Por quien Dios es, Sancho, dixo a esta
sazon don Quixote, que concluyas con tu
arenga, que tengo para mi que si te dexassen
seguir en las que a cada paso comienças, no
te quedaria tiempo para comer ni para dormir; 15
que todo le gastarias en hablar.
Si vuessa merced tuuiera buena memoria,
replicó Sancho, deuierase acordar de los
capitulos de nuestro concierto antes que esta
vltima vez saliessemos de casa; vno dellos fue 20
que me auia de dexar hablar todo aquello que
quisiesse, con que no fuesse contra el proximo,
ni contra la autoridad de vuessa merced, y
hasta agora me parece que no he contrauenido
contra el tal capitulo. 25
Yo no me acuerdo, Sancho, respondio
don Quixote, del tal capitulo, y puesto que
sea assi, quiero que calles y vengas; que ya
los instrumentos que anoche oymos bueluen a
alegrar los valles, y sin duda los desposorios 30
se celebrarán en el frescor de la mañana, y no
en el calor de la tarde.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 253
Hizo Sancho lo que su señor le mandaua, y
poniendo la silla a Rozinante y la albarda al
ruzio, subieron los dos, y paso ante paso se
fueron entrando por la enramada. Lo primero que
se le ofrecio a la vista de Sancho fue, espetado 5
en vn assador de vn olmo entero, vn entero
nouillo, y en el fuego donde se auia de assar
ardia vn mediano monte de leña, y seys ollas
que alrededor de la hoguera estauan no se
auian hecho en la comun turquesa de las 10
demas ollas, porque eran seys medias tinajas,
que cada vna cabia vn rastro de carne, assi
embeuian y encerrauan en si carneros enteros,
sin echarse de ver como si fueran palominos;
las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin 15
pluma que estauan colgadas por los arboles
para sepultarlas en las ollas no tenian numero;
los paxaros y caça de diuersos generos eran
infinitos, colgados de los arboles para que el
ayre los enfriasse. Conto Sancho mas de sesenta 20
zaques de mas de a dos (*) arrobas cada vno
y todos llenos, segun despues parecio, de
generosos vinos; assi auia rimeros de pan
blanquissimo como los suele auer de montones de
trigo en las heras; los quesos puestos como 25
ladrillos en reja[le]s (*) formauan vna muralla, y
dos calderas de azeyte mayores que las de vn
tinte seruian de freir cosas de masa, que con
dos valientes palas las sacauan fritas y las
zabullian en otra caldera de preparada miel que 30
alli junto estaua. Los cozineros y cozineras
passauan de cincuenta, todos limpios, todos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254
diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre
del nouillo estauan doze tiernos y pequeños
lechones que, cosidos por encima, seruian
de darle sabor y enternecerle; las especias
de diuersas suertes no parecia auerlas 5
comprado por libras, sino por arrobas, y todas
estauan de manifiesto en vna grande arca.
Finalmente, el aparato de la boda era rustico,
pero tan abundante, que podia sustentar a vn
exercito. 10
Todo lo miraua Sancho Pança, y todo lo
contemplaua, y de todo se aficionaua: primero le
cautiuaron y rindieron el desseo las ollas, de
quien el tomara de bonissima gana vn mediano
puchero; luego le aficionaron la voluntad 15
los zaques y, vltimamente, las frutas de sarten,
si es que se podian llamar sartenes las tan
orondas calderas; y, assi, sin poderlo sufrir ni
ser en su mano hazer otra cosa, se llegó a vno
de los solicitos cozineros, y con corteses y 20
hambrientas razones le rogo le dexasse mojar
vn mendrugo de pan en vna de aquellas ollas.
A lo que el cozinero respondio:
Hermano, este dia no es de aquellos sobre
quien tiene juridicion la hambre, merced al 25
rico Camacho; apeaos y mirad si ay por ay vn
cucharon, y espumad vna gallina o dos, y buen
prouecho os hagan.
No veo ninguno, respondio Sancho.
Esperad, dixo el cozinero; ¡pecador de mi, 30
y qué melindroso y para poco deueis de ser!
Y, diziendo esto, assio de vn caldero y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 255
encaxandole en vna de las medias tinajas, sacó en
el tres gallinas y dos gansos, y dixo a Sancho:
Comed, amigo, y desayunaos con esta espuma
en tanto que se llega la hora del yantar.
No tengo en qué echarla, respondio Sancho. 5
Pues lleuaos, dixo el cozinero, la cuchara
y todo; que la riqueza y el contento de
Camacho todo lo suple.
En tanto, pues, que esto passaua Sancho,
estaua don Quixote mirando como por vna parte 10
de la enramada entrauan hasta doze labradores
sobre doze hermosissimas yeguas, con ricos y
vistosos jaezes de campo y con muchos cascaueles
en los petrales, y todos vestidos de regozijo
y fiestas, los quales, en concertado tropel, 15
corrieron no vna sino muchas carreras por el
prado, con regozijada algazara y grita, diziendo:
Viuan Camacho y Quiteria, el tan rico
como ella hermosa, y ella la mas hermosa
del mundo. 20
Oyendo lo qual don Quixote, dixo entre si:
Bien parece que estos no han visto a mi
Dulcinea del Toboso; que si la huuieran visto,
ellos se fueran a la mano en las alabanças
desta su Quiteria. 25
De alli a poco començaron a entrar por
diuersas partes de la enramada muchas y
diferentes danças, entre los quales venia vna de
espadas, de hasta veinte y quatro zagales de
gallardo parecer y brio, todos vestidos de 30
delgado y blanquissimo lienço, con sus paños de
tocar labrados de varias colores de fina seda,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256
y al que los guiaua, que era vn ligero mancebo,
preguntó vno de los de las yeguas si se
auia herido alguno de los dançantes.
Por aora, bendito sea Dios, no se ha herido
nadie, todos vamos sanos. 5
Y luego començo a enredarse con los demas
compañeros, con tantas bueltas y con tanta
destreza, que aunque don Quixote estaua hecho
a ver semejantes danças, ninguna le auia
parecido tan bien como aquella. Tambien le 10
parecio bien otra que entró de donzellas
hermosissimas, tan moças, que, al parecer,
ninguna baxaua de catorze ni llegaua a diez y ocho
años, vestidas todas de palmilla verde, los
cabellos parte trançados y parte sueltos, pero 15
todos tan rubios que con los del sol podian
tener competencia, sobre los quales traian
guirnaldas de jazmines, rosas, amaranto y
madreselua compuestas; guiaualas vn venerable
viejo y vna anciana matrona, pero mas ligeros 20
y sueltos que sus años prometian. Haziales el
son vna gayta zamorana (*), y ellas, lleuando
en los rostros y en los ojos a la honestidad y
en los pies a la ligereza, se mostrauan las
mejores bayladoras del mundo. 25
Tras esta entró otra dança de artificio y de
las que llaman habladas: era de ocho ninfas,
repartidas en dos hileras; de la vna hilera era
guia el dios Cupido, y de la otra el Interes,
aquel adornado de alas, arco, aljaua y saetas; 30
este, vestido de ricas y diuersas colores de oro
y seda; las ninfas que al Amor seguian traian
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 257
a las espaldas en pargamino blanco y letras
grandes escritos sus nombres: Poesia era el
titulo de la primera, el de la segunda Discrecion,
el de la tercera Buen linage, el de la quarta
Valentia; del modo mesmo venian señaladas 5
las que al Interes seguian: dezia Liberalidad el
titulo de la primera, Dadiua el de la segunda,
Tesoro el de la tercera y el de la quarta
Possession pacifica. Delante de todos venia vn
castillo de madera a quien tirauan quatro saluages, 10
todos vestidos de yedra y de cañamo teñido
de verde, tan al natural, que por poco espantaran
a Sancho. En la frontera del castillo y en
todas quatro partes de sus quadros traia escrito,
Castillo del buen recato; hazianles el son 15
quatro diestros tañedores de tamboril y flauta;
començaua la dança Cupido, y auiendo hecho
dos mudanças, alçaua los ojos y flechaua el
arco contra vna donzella que se ponia entre
las almenas del castillo, a la qual desta suerte 20
dixo:
Yo soy el dios poderoso
en el ayre y en la tierra
y en el ancho mar vndoso,
y en quanto el abismo encierra 25
en su baratro espantoso.
Nunca conoci qué es miedo,
todo quanto quiero puedo,
aunque quiera lo impossible,
y en todo lo que es possible 30
mando, quito, pongo y vedo.
Acabó la copla, disparó vn[a] flecha por lo
alto del castillo y retirose a su puesto. Salio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258
luego el Interes y hizo otras dos mudanças;
callaron los tamborinos, y el dixo:
Soy quien puede mas que Amor,
y es Amor el que me guia,
soy de la estirpe mejor 5
que el cielo en la tierra cria,
mas conocida y mayor.
Soy el Interes en quien
pocos suelen obrar bien,
y obrar sin mi es gran milagro, 10
y qual soy te me consagro
por siempre jamas, amen.
Retirose el Interes y hizose adelante la
Poesia, la qual, despues de auer hecho sus
mudanças como los demas, puestos los ojos en la 15
donzella del castillo, dixo:
En dulcisissimos conceptos,
la dulcissima Poesia,
altos, graues y discretos,
señora, el alma te embia, 20
embuelta entre mil sonetos.
Si acaso no te importuna
mi porfia, tu fortuna,
de otras muchas inuidiada,
sera por mi leuantada 25
sobre el cerco de la luna.
Desuiose la Poesia y de la parte del Interes
salio la Liberalidad, y despues de hechas sus
mudanças, dixo:
Llaman Liberalidad 30
al dar, que el estremo huye
de la prodigalidad,
y del contrario, que arguye
tibia y floxa voluntad.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 259
Mas yo por te engrandezer,
de oy mas prodiga he de ser;
que aunque es vicio, es vicio honrado
y de pecho enamorado,
que en el dar se echa de ver. 5
Deste modo salieron y se retiraron todas las
(dos) figuras de las dos esquadras, y cada vno
hizo sus mudanças y dixo sus versos, algunos
elegantes y algunos ridiculos, y solo tomó de
memoria don Quixote, que la tenia grande, los 10
ya referidos; y luego se mezclaron todos,
haziendo y deshaziendo lazos con gentil donayre
y desemboltura, y quando passaua el Amor por
delante del castillo disparaua por alto sus
flechas, pero el Interes quebraua en el alcancias 15
doradas.
Finalmente, despues de auer baylado vn
buen espacio, el Interes sacó vn bolson que le
formaua el pellejo de vn gran gato romano,
que parecia estar lleno de dineros, y arrojandole 20
al castillo, con el golpe se desencaxaron
las tablas y se cayeron, dexando a la donzella
descubierta y sin defensa alguna; llegó el
Interes con las figuras de su valia, y echandola
vna gran cadena de oro al cuello, mostraron 25
prenderla, rendirla y cautiuarla; lo qual visto
por el Amor y sus valedores, hizieron ademan
de quitarsela, y todas las demostraciones que
hazian eran al son de los tamborinos, baylando
y dançando concertadamente; pusieronlos 30
en paz los saluages, los quales con mucha
presteza boluieron a armar y a encaxar las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260
tablas del castillo, y la donzella se encerro en
el como de nueuo, y con esto se acabó la dança,
con gran contento de los que la mirauan.
Preguntó don Quixote a vna de las ninfas,
que quién la auia compuesto y ordenado. 5
Respondiole que vn beneficiado de aquel pueblo,
que tenia gentil caletre para semejantes
inuenciones.
Yo apostaré, dixo don Quixote, que deue
de ser mas amigo de Camacho que de Basilio 10
el tal bachiller o beneficiado, y que deue de
tener mas de satirico que de visperas (*); bien
[h]a encaxado en la dança las habilidades de
Basilio y las riquezas de Camacho.
Sancho Pança, que lo escuchaua todo, dixo: 15
El rey es mi gallo, a Camacho me atengo.
En fin, dixo don Quixote, bien se parece,
Sancho, que eres villano y de aquellos que
dizen, viua quien vence.
No se de los que soy, respondio Sancho, 20
pero bien se que nunca de ollas de Basilio
sacaré yo tan elegante espuma como es esta
que he sacado de las de Camacho.
Y enseñole el caldero lleno de gansos y de
gallinas, y, assiendo de vna, començo a comer 25
con mucho donayre y gana, y dixo:
¡A la barba (*) de las habilidades de Basilio!;
que tanto vales quanto tienes, y tanto tienes
quanto vales. Dos linages solos ay en el
mundo, como dezia vna aguela mia, que son el 30
tener y el no tener, aunque ella al del tener se
atenia, y el dia de oy, mi señor don Quixote,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 261
antes se toma el pulso al auer que al saber:
vn asno cubierto de oro parece mejor que vn
cauallo enalbardado. Assi que bueluo a dezir
que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son
abundantes espumas gansos y gallinas, liebres 5
y conejos, y de las de Basilio seran, si viene a
mano, y aunque no venga sino al pie,
aguachirle.
¿Has acabado tu arenga, Sancho?, dixo
don Quixote. 10
Aurela acabado, respondio Sancho, porque
veo que vuessa merced recibe pesadumbre
con ella; que si esto no se pusiera de por
medio, obra auia cortada para tres dias.
Plega a Dios, Sancho, replicó don Quixote, 15
que yo te vea mudo antes que me muera.
Al paso que lleuamos, respondio Sancho,
antes que vuessa merced se muera estare yo
mascando barro, y entonces podra ser que
esté tan mudo que no hable palabra hasta la 20
fin del mundo, o, por lo menos, hasta el dia del
juyzio.
Aunque esso assi suceda, ¡o Sancho!,
respondio don Quixote, nunca llegará tu silencio
a do ha llegado lo que has hablado, hablas y 25
tienes de hablar en tu vida, y mas, que está
muy puesto en razon natural que primero
llegue el dia de mi muerte que el de la tuya, y
assi, jamas pienso verte mudo, ni aun quando
estes beuiendo o durmiendo, que es lo que 30
puedo encarecer.
A buena fe, señor, respondio Sancho, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262
no ay que fiar en la descarnada, digo en la
muerte, la qual tambien (*) come cordero como
carnero, y a nuestro cura he oydo dezir que con
ygual pie pisaua las altas torres de los reyes
como las humildes choças de los pobres (*); 5
tiene esta señora mas de poder que de melindre,
no es nada asquerosa, de todo come y a
todo haze, y de toda suerte de gentes, edades
y preeminencias hinche sus alforjas; no es
segador que duerme las siestas, que a todas horas 10
siega, y corta assi la seca como la verde yerua,
y no parece que masca, sino que engulle y
traga quanto se le pone delante, porque tiene
hambre canina, que nunca se harta; y aunque
no tiene barriga, da a entender que está 15
hidropica y sedienta de beuer solas las vidas de
quantos viuen, como quien se beue vn jarro de
agua fria.
No mas, Sancho, dixo a este punto don
Quixote, tente en buenas (*) y no te dexes 20
caer, que en verdad que lo que has dicho
de la muerte por tus rusticos terminos, es lo
que pudiera dezir vn buen predicador. Digote,
Sancho, que, [a]si (*) como tienes buen natural
y discrecion, pudieras tomar vn pulpito en 25
la mano y yrte por esse mundo predicando
lindezas.
Bien predica quien bien viue, respondio
Sancho, y yo no se otras thologias.
Ni las has menester, dixo don Quixote; 30
pero yo no acabo de entender, ni alcançar,
cómo siendo el principio de la sabiduria el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XX p. 263
temor de Dios, tu, que temes mas a vn lagarto
que a El, sabes tanto.
Iuzgue vuessa merced, señor, de sus
cauallerias, respondio Sancho, y no se meta en
juzgar de los temores o valentias agenas; que 5
tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada
hijo de vezino, y dexeme vuessa merced
despabilar esta espuma, que lo demas todas son
palabras ociosas de que nos han de pedir
cuenta en la otra vida. 10
Y, diziendo esto, començo de nueuo a dar
assalto a su caldero con tan buenos alientos,
que desperto los de don Quixote, y sin duda
le ayudara, si no lo impidiera lo que es fuerça
se diga adelante. 15
p. 264
Capitulo XXI
Donde se prosiguen las bodas de Camacho,
con otros gustosos sucessos.
Quando estauan don Quixote y Sancho en las
razones referidas en el capitulo antecedente, se 5
oyeron grandes vozes y gran ruydo, y dauanlas
y causauanle los de las yeguas, que con
larga carrera y grita yuan a recebir a los nouios,
que, rodeados de mil generos de instrumentos y
de inuenciones, venian acompañados del cura 10
y de la parentela de entrambos y de toda la
gente mas luzida de los lugares circunuezinos,
todos vestidos de fiesta. Y como Sancho vio a
la nouia, dixo:
A buena fe que no viene vestida de labradora, 15
sino de garrida palaciega. ¡Pardiez que
segun diuiso, que las patenas que auia de traer
son ricos corales, y la palmilla verde de Cuenca
es terciopelo de treynta pelos, y montas que la
guarnicion es de tiras de lienço blanco (*)! ¡Voto 20
a mi que es de raso; pues, tomadme las manos
adornadas con sortijas de azauache! No medre
yo si no son anillos de oro, y muy de oro, y
empedrados con pelrras blancas como vna
quajada, que cada vna deue de valer vn ojo de la 25
cara. ¡O hideputa y qué cabellos, que si no son
postizos, no los he visto mas luengos ni mas
rubios en toda mi vida! ¡No sino ponedla tacha
en el brio y en el talle, y no la compareys a
vna palma que se mueue cargada de razimos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 265
de datiles, que lo mesmo parecen los dixes que
trae pendientes de los cabellos y de la garganta!
Iuro en mi anima que ella es vna chapada
moça y que puede passar por los bancos de
Flandes (*). 5
Riose don Quixote de las rusticas alabanças
de Sancho Pança; pareciole que, fuera de su
señora Dulcinea del Toboso, no auia visto
muger mas hermosa jamas; venia la hermosa
Quiteria algo descolorida, y deuia de ser de la 10
mala noche que siempre passan las nouias en
componerse para el dia venidero de sus bodas.
Yuanse acercando a vn teatro que a vn lado del
prado estaua adornado de alfombras y ramos,
adonde se auian de hazer los desposorios y de 15
donde auian de mirar las danças y las
inuenciones. Y a la sazon que llegauan al puesto,
oyeron a sus espaldas grandes vozes, y vna
que dezia:
¡Esperaos vn poco, gente tan inconsiderada 20
como presurosa!
A cuyas vozes y palabras todos voluieron la
cabeça, y vieron que las daua vn hombre vestido,
al parecer, de vn sayo negro gironado de
carmesi a llamas; venia coronado, como se vio 25
luego, con vna corona de funesto cipres, en
las manos traia vn baston grande; en llegando
mas cerca fue conocido de todos por el
gallardo Basilio, y todos estuuieron suspensos,
esperando en qué auian de parar sus vozes y sus 30
palabras, temiendo algun mal sucesso de su
venida en sazon semejante.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266
Llegó, en fin, cansado y sin aliento, y puesto
delante de los desposados, hincando el baston
en el suelo, que tenia el cuento de vna punta
de azero, mudada la color, puestos los ojos en
Quiteria, con voz tremente y ronca estas 5
razones dixo:
Bien sabes, desconocida Quiteria, que
conforme a la santa ley que professamos, que,
viuiendo yo, tu no puedes tomar esposo; y
juntamente no ignoras, que por esperar yo que el 10
tiempo y mi diligencia mejorassen los bienes
de mi fortuna, no he querido dexar de guardar
el decoro que a tu honra conuenia; pero tu,
echando a las espaldas todas las obligaciones
que deues a mi buen desseo, quieres hazer 15
señor de lo que es mio a otro, cuyas riquezas
le siruen no solo de buena fortuna, sino de
bonissima ventura. Y para que la tenga colmada,
y no como yo pienso que la merece, sino
como se la quieren dar los cielos, yo, por mis 20
manos, deshare el impossible o el inconueniente
que puede estoruarsela, quitandome a mi de
por medio. ¡Viua, viua el rico Camacho con la
ingrata Quiteria largos y felices siglos, y muera,
muera el pobre Basilio, cuya pobreza cortó las 25
alas de su dicha y le puso en la sepultura!
Y, diziendo esto, assio del baston que tenia
hincado en el suelo, y, quedandose la mitad del
en la tierra, mostro que seruia de vayna a vn
mediano estoque que en el se ocultaua, y 30
puesta la que se podia llamar empuñadura en
el suelo, con ligero desenfado y determinado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 267
proposito se arrojó sobre el, y en vn punto
mostro la punta sangrienta a las espaldas, con la
mitad del (*) azerada cuchilla, quedando el triste
bañado en su sangre y tendido en el suelo, de
sus mismas armas traspassado. 5
Acudieron luego sus amigos a fauorecerle,
condolidos de su miseria y lastimosa desgracia,
y, dexando don Quixote a Rozinante, acudio
a fauorecerle y le tomó en sus braços, y halló
que aun no auia espirado. Quisieronle sacar el 10
estoque, pero el cura, que estaua presente, fue
de parecer que no se le sacassen antes de
confessarle, porque el sacarsele y el espirar seria
todo a vn tiempo; pero boluiendo vn poco en
si Basilio, con voz doliente y desmayada dixo: 15
Si quisiesses, cruel Quiteria, darme en este
vltimo y forçoso trance la mano de esposa, aun
pensaria que mi temeridad tendria desculpa,
pues en ella alcancé el bien de ser tuyo.
El cura, oyendo lo qual, le dixo que atendiesse 20
a la salud del alma antes que a los gustos
del cuerpo, y que pidiesse muy de veras a Dios
perdon de sus pecados y de su desesperada
determinacion.
A lo qual replicó Basilio que en ninguna 25
manera se confessaria si primero Quiteria no le
daua la mano de ser su esposa; que aquel contento
le adobaria la voluntad y le daria aliento
para confessarse.
En oyendo don Quixote la peticion del herido, 30
en altas vozes dixo que Basilio pedia vna
cosa muy justa y puesta en razon y, ademas,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268
muy hazedera, y que el señor Camacho quedaria
tan honrado recibiendo a la señora Quiteria
viuda del valeroso Basilio, como si la
recibiera del lado de su padre: Aqui no ha de
auer mas de vn si, que no tenga otro efecto 5
que el pronunciarle, pues el talamo de estas
bodas ha de ser la sepultura.
Todo lo oia Camacho y todo le tenia suspenso
y confuso, sin saber qué hazer ni qué dezir;
pero las vozes de los amigos de Basilio fueron 10
tantas, pidiendole que consintiesse que
Quiteria le diesse la mano de esposa, porque su
alma no se perdiesse, partiendo desesperado
desta vida, que le mouieron, y aun forçaron, a
dezir que si Quiteria queria darsela, que el se 15
contentaua, pues todo era dilatar por vn
momento el cumplimiento de sus desseos.
Luego acudieron todos a Quiteria, y vnos
con ruegos y otros con lagrimas y otros con
eficaces razones la persu[a]dian que diesse la 20
mano al pobre Basilio, y ella, mas dura que vn
marmol y mas sesga que vna estatua, mostraua
que ni sabia, ni podia, ni queria responder
palabra; ni la respondiera, si el cura no la dixera
que se determinasse presto en lo que auia de 25
hazer, porque tenia Basilio ya el alma en los
dientes, y no daua lugar a esperar inresolutas
determinaciones.
Entonces la hermosa Quiteria, sin responder
palabra alguna, turbada, al parecer, triste y 30
pesarosa, llegó donde Basilio estaua, ya los
ojos bueltos, el aliento corto y apresurado,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 269
murmurando entre los dientes el nombre de
Quiteria, dando muestras de morir como gentil y
no como christiano. Llegó, en fin, Quiteria, y
puesta de rodillas le pidio la mano por señas,
y no por palabras. Desencaxó los ojos Basilio, 5
y mirandola atentamente, le dixo:
¡O Quiteria, que has venido a ser piadosa a
tiempo, quando tu piedad ha de seruir de
cuchillo que me acabe de quitar la vida, pues ya
no tengo fuerças para lleuar la gloria que me 10
das en escogerme por tuyo, ni para suspender
el dolor que tan apriesa me va cubriendo los
ojos con la espantosa sombra de la muerte! Lo
que te suplico es, ¡o fatal estrella mia!, que la
mano que me pides y quieres darme no sea por 15
cumplimiento, ni para engañarme de nueuo,
sino que confiesses y digas que, sin hazer
fuerça a tu voluntad, me la entregas y me la das
como a tu legitimo esposo, pues no es razon
que en vn trance como (*) este me engañes ni 20
vses de fingimientos con quien tantas verdades
ha tratado contigo.
Entre estas razones se desmayaua; de modo
que todos los presentes pensauan que cada
desmayo se auia de lleuar el alma consigo. 25
Quiteria, toda honesta y toda vergonçosa,
assiendo con su derecha mano la de Basilio,
le dixo:
Ninguna fuerça fuera bastante a torcer mi
voluntad, y, assi, con la mas libre que tengo te 30
doy la mano de legitima esposa, y recibo la
tuya, si es que me la das de tu libre aluedrio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270
sin que la turbe ni contraste la calamidad en
que tu discurso acelerado te ha puesto.
Si doy, respondio Basilio, no turbado ni
confuso, sino con el claro entendimiento que
el cielo quiso darme, y assi me doy y me 5
entrego por tu esposo.
Y yo por tu esposa, respondio Quiteria,
aora viuas largos años, aora te lleuen de mis
braços a la sepultura.
Para estar tan herido este mancebo, dixo 10
a este punto Sancho Pança, mucho habla;
haganle que se dexe de requiebros, y que atienda
a su alma; que, a mi parecer, mas la tiene en
la lengua que en los dientes.
Estando, pues, assidos de las manos Basilio 15
y Quiteria, el cura, tierno y lloroso, los (*) echó
la bendicion y pidio al cielo diesse buen poso al
alma del nueuo desposado, el qual assi como
recibio la bendicion, con presta ligereza se
leuantó en pie, y con no vista desemboltura 20
se sacó el estoque a quien seruia de vayna su
cuerpo.
Quedaron todos los circunstantes admirados,
y algunos dellos, mas simples que curiosos, en
altas vozes començaron a dezir: 25
¡Milagro, milagro!
Pero Basilio replicó:
No milagro, milagro, sino industria,
industria (*).
El cura, desatentado y atonito, acudio con 30
ambas manos a tentar la herida, y halló que la
cuchilla auia passado, no por la carne y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 271
costillas de Basilio, sino por vn cañon hueco de
hierro que, lleno de sangre, en aquel lugar bien
acomodado tenia, preparada la sangre, segun
despues se supo, de modo que no se elasse.
Finalmente, el cura y Camacho, con todos los 5
mas circunstantes, se tuuieron por burlados y
escarnidos. La esposa no dio muestras de pesarle
de la burla, antes oyendo dezir que aquel
casamiento, por auer sido engañoso, no auia
de ser valedero, dixo que ella le confirmaua 10
de nueuo, de lo qual coligieron todos que de
consentimiento y sabiduria de los dos se auia
trazado aquel caso; de lo que quedó Camacho
y sus valedores tan corridos, que remitieron su
vengança a las manos, y, desenuaynando muchas 15
espadas, arremetieron a Basilio, en cuyo
fauor en vn instante se desenuaynaron casi
otras tantas. Y tomando la delantera a cauallo
don Quixote, con la lança sobre el braço, y
bien cubierto de su escudo, se hazia dar lugar 20
de todos. Sancho, a quien jamas pluguieron ni
solazaron semejantes fechurias, se acogio a las
tinajas donde auia sacado su agradable
espuma, pareciendole aquel lugar como sagrado,
que auia de ser tenido en respeto. Don Quixote 25
a grandes vozes dezia:
Teneos, señores, teneos, que no es razon
tomeys vengança de los agrauios que el amor
nos haze; y aduertid que el amor y la guerra
son vna misma cosa, y assi como en la guerra 30
es cosa licita y acostumbrada vsar de ardides y
estratagemas para vencer al enemigo, assi en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272
las contiendas y competencias amorosas se
tienen por buenos los embustes y marañas que
se hazen para conseguir el fin que se dessea,
como no sean en menoscabo y deshonra de la
cosa amada. Quiteria era de Basilio y Basilio 5
de Quiteria por justa y fauorable disposicion
de los cielos. Camacho es rico y podra comprar
su gusto, quando, donde y como quisiere;
Basilio no tiene mas desta oueja, y no se la ha
de quitar alguno, por poderoso que sea; que a 10
los dos que Dios junta no podra separar el
hombre, y el que lo intentare, primero ha de
passar por la punta desta lança.
Y, en esto, la blandió tan fuerte y tan
diestramente, que puso pauor en todos los que no le 15
conocian; y tan intensamente se fixó en la
imaginacion de Camacho el desden de Quiteria,
que se la borró de la memoria en vn instante,
y, assi, tuuieron lugar con el las persuasiones
del cura, que era varon prudente y bien 20
intencionado, con las quales quedó Camacho y los
de su parcialidad pacificos y sossegados; en
señal de lo qual boluieron las espadas a sus
lugares, culpando mas a la facilidad de
Quiteria que a la industria de Basilio; haziendo 25
discurso Camacho, que si Quiteria queria bien a
Basilio donzella, tambien le quisiera casada,
y que deuia de dar gracias al cielo, mas
por auersela quitado, que por auersela dado.
Consolado, pues, y pacifico Camacho y los 30
de su mesnada, todos los de la de Basilio se
sossegaron, y el rico Camacho, por mostrar
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXI p. 273
que no sentia la burla ni la estimaua en nada,
quiso que las fiestas passassen adelante como
si realmente se desposara; pero no quisieron
assistir a ellas Basilio ni su esposa ni sequazes,
y, assi, se fueron a la aldea de Basilio, 5
que tambien los pobres virtuosos y discretos
tienen quien los siga, honre y ampare, como
los ricos tienen quien los lisongee y acompañe.
Lleuaronse consigo a don Quixote, estimandole
por hombre de valor y de pelo en pecho. 10
A solo Sancho se le escurecio el alma por
verse impossibilitado de aguardar la esplendida
comida y fiestas de Camacho, que duraron
hasta la noche; y, assi, assender[e]ado y
triste, siguio a su señor, que con la quadrilla de 15
Basilio yua, y assi se dexó atras las ollas de
Egypto, aunque las lleuaua en el alma; cuya ya
casi consumida y acabada espuma que en el
caldero lleuaua, le representaua la gloria y la
abundancia del bien que perdia, y, assi, 20
congoxado y pensatiuo, aunque sin hambre, sin
apearse del ruzio, siguio las huellas de
Rozinante.
p. 274
Capitulo XXII
Donde se da cuenta [de] la grande auentura
de la cueua de Montesinos, que está en el
coraçon de la Mancha, a quien dio felice
cima el valeroso don Quixote de la Mancha. 5
Grandes fueron y muchos los regalos que
los desposados hizieron a don Quixote, obligados
de las muestras que auia dado, defendiendo
su causa, y al par de la valentia le graduaron
la discrecion, teniendole por vn Cid en las 10
armas y por vn Ciceron en la elocuencia. El
buen Sancho se refociló tres dias a costa de
los nouios, de los quales se supo que no fue
traça comunicada con la hermosa Quiteria el
herirse fingidamente, sino industria de Basilio, 15
esperando della el mesmo sucesso que se auia
visto; bien es verdad que confesso que auia
dado parte de su pensamiento a algunos de
sus amigos, para que al tiempo necessario
fauoreciessen su intencion y abonassen su engaño. 20
No se pueden ni deuen llamar engaños,
dixo don Quixote, los que ponen la mira en
virtuosos fines.
Y que el de casarse los enamorados era el
fin de mas excelencia, aduirtiendo que el 25
mayor contrario que el amor tiene es la hambre
y la continua necessidad, porque el amor es
todo alegria, regozijo y contento, y mas
quando el amante está en possession de la cosa
amada, contra quien son enemigos opuestos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 275
y declarados la necessidad y la pobreza; y que
todo esto dezia con intencion de que se
dexasse el señor Basilio de exercitar las
habilidades que sabe, que aunque le dauan fama,
no le dauan dineros, y que atendiesse a grangear 5
hazienda por medios licitos e
industriosos, que nunca faltan a los prudentes y
aplicados.
El pobre honrado, si es que puede ser
honrado el pobre, tiene prenda en tener muger 10
hermosa, que quando se la quitan, le quitan la
honra y se la matan. La muger hermosa y
honrada, cuyo marido es pobre, merece ser
coronada con laureles y palmas de vencimiento
y triunfo; la hermosura por si sola atrae las 15
voluntades de quantos la miran y conocen,
y como a señuelo gustoso se le abaten las
aguilas reales y los paxaros altaneros; pero si
a la tal hermosura se le junta la necessidad
y estrecheza, tambien la embisten los cueruos, 20
los milanos y las otras aues de rapiña, y la
que está a tantos encuentros firme, bien
merece llamarse corona de su marido.
Mirad, discreto Basilio, añadio don
Quixote, opinion fue de no se qué sabio que no 25
auia en todo el mundo sino vna sola muger
buena, y daua por consejo, que cada vno pensasse
y creyesse que aquella sola buena era la
suya, y assi viuiria contento. Yo no soy casado
ni hasta agora me ha venido en pensamiento 30
serlo, y con todo esto me atreueria a dar consejo
al que me lo pidiesse [d]el modo que auia de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 276
buscar la muger con quien se quisiesse casar.
Lo primero, le aconsejaria que mirasse mas a
la fama que a la hazienda, porque la buena
muger no alcança la buena fama solamente con
ser buena, sino con parecerlo; que mucho mas 5
dañan a las honras de las mugeres las desembolturas
y libertades publicas que las maldades
secretas. Si traes buena muger a tu casa, facil
cosa seria conseruarla y aun mejorarla en aquella
bondad; pero si la traes mala, en trabajo te 10
pondra el enmendarla; que no es muy hazedero
passar de vn estremo a otro. Yo no digo que
sea impossible, pero tengolo por dificultoso.
Oia todo esto Sancho, y dixo entre si:
Este mi amo, quando yo hablo cosas de 15
meollo y de sustancia, suele dezir que podria
yo tomar vn pulpito en las manos y yrme por
esse mundo adelante predicando lindezas, y
yo digo del, que quando comiença a enhilar
sentencias y a dar consejos, no solo puede tomar 20
[vn] pulpito en las manos, sino dos en cada
dedo y andarse por essas plaças a qué quieres,
boca. ¡Valate el diablo por cauallero andante
que tantas cosas sabes! Yo pensaua en mi anima
que solo podia saber aquello que tocaua a 25
sus cauallerias, pero no ay cosa donde no
pique y dexe de meter su cucharada.
Murmuraua esto algo (*) Sancho, y
entreoyole su señor y preguntole:
¿Qué murmuras, Sancho? 30
No digo nada ni murmuro de nada, respondio
Sancho, solo estaua diziendo entre mi,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 277
que quisiera auer oydo lo que vuessa merced
aqui ha dicho antes que me casara, que quiça
dixera yo agora: el buey suelto bien se lame.
¿Tan mala es tu Teresa, Sancho?, dixo don
Quixote. 5
No es muy mala, respondio Sancho, pero
no es muy buena, a lo menos, no es tan buena
como yo quisiera.
Mal hazes, Sancho, dixo don Quixote, en
dezir mal de tu muger, que en efecto es madre 10
de tus hijos.
No nos deuemos nada, respondio Sancho;
que tambien ella dize mal de mi quando se le
antoja, especialmente quando está zelosa; que
entonces sufrala el mesmo Satanas. 15
Finalmente, tres dias estuuieron con los
nouios, donde fueron regalados y seruidos como
cuerpos de rey. Pidio don Quixote al diestro
licenciado le diesse vna guia que le encaminasse
a la cueua de Montesinos, porque tenia 20
gran desseo de entrar en ella y ver a ojos
vistas si eran verdaderas las marauillas que de
ella se dezian por todos aquellos contornos.
El licenciado le dixo que le daria a vn primo
suyo, famoso estudiante y muy aficionado a 25
leer libros de cauallerias, el qual con mucha
voluntad le pondria a la boca de la mesma
cueua y le enseñaria las lagunas de Ruydera,
famosas ansimismo en toda la Mancha y
aun en toda España, y dixo[l]e que lleuaria 30
con el gustoso entretenimiento, a causa que
era moço que sabia hazer libros para imprimir,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278
y para dirigirlos a principes. Finalmente, el
primo vino con vna pollina preñada, cuya
albarda cubria vn gayado tapete o arpillera.
Ensilló Sancho a Rozinante y adereçó al ruzio,
proueyó sus alforjas, a las quales acompañaron 5
las del primo, assimismo bien proueydas,
y, encomendandose a Dios y despediendose de
todos, se pusieron en camino, tomando la
derrota de la famosa cueua de Montesinos.
En el camino preguntó don Quixote al primo 10
de qué genero y calidad eran sus exercicios, su
pr[o]fession y estudios. A lo que el respondio:
que su profession era ser humanista, sus
exercicios y estudios componer libros para dar a la
estampa, todos de gran prouecho y no menos 15
entretenimiento para la republica; que el vno se
intitulaua El de las libreas, donde pinta (*)
setecientas y tres libreas con sus colores, motes y
cifras, de donde podian sacar y tomar las que
quisiessen en tiempo de fiestas y regozijos los 20
caualleros cortesanos, sin andarlas mendigando
de nadie, ni lambicando, como dizen, el
cerbelo por sacarlas conformes a sus desseos e
intenciones.
Porque doy al zeloso, al desdeñado, al 25
oluidado y al ausente las que les conuienen, que
les vendran mas justas que pecadoras. Otro
libro tengo tambien, a quien he de llamar
Metamorfoseos, o Ouidio español, de inuencion
nueua y rara, porque en el, imitando a Ouidio 30
a lo burlesco, pinto quién fue la Giralda de
Seuilla y el Angel de la Madalena, quién el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 279
Caño de Vecinguerra de Cordoua, quiénes los
toros de Guisando, la Sierra Morena, las fuentes
de Leganitos y Lauapies en Madrid, no oluidandome
de la del Piojo, de la del Caño Dorado y
de la Priora (*), y esto, con sus alegorias, 5
metaforas y translaciones, de modo, que alegran,
suspenden y enseñan a vn (*) mismo punto.
Otro libro tengo que le llamo Suplemento a
Virgilio Polidoro (*), que trata de la inuencion
de las cosas, que es de grande erudicion y 10
estudio, a causa que las cosas que se dexó de
dezir Polidoro de gran sustancia, las aueriguo
yo y las declaro por gentil estilo. Oluidosele a
Virgilio de declararnos quién fue el primero
que tuuo catarro en el mundo, y el primero que 15
tomó las vnciones para curarse del morbo galico,
y yo lo declaro al pie de la letra y lo autorizo
con mas de veynte y cinco autores: porque
vea vuessa merced si he trabajado bien y si
ha de ser vtil el tal libro a todo el mundo. 20
Sancho, que auia estado muy atento a la
narracion del primo, le dixo:
Digame, señor, assi Dios le de buena
manderecha en la impression de sus libros,
¿sabriame dezir, que si sabra, pues todo lo sabe, 25
quién fue el primero que se rascó en la cabeça?;
que yo para mi tengo que deuio de ser nuestro
padre Adan.
Si seria, respondio el primo, porque
Adan no ay duda sino que tuuo cabeça y 30
cabellos, y siendo esto assi, y siendo el primer
hombre del mundo, alguna vez se rascaria.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280
Assi lo creo yo, respondio Sancho; pero
digame aora: ¿quién fue el primer bolteador
del mundo?
En verdad, hermano, respondio el primo,
que no me sabre determinar por aora, hasta 5
que lo estudie; yo lo estudiaré en boluiendo
adonde tengo mis libros, y yo os satisfare
quando otra vez nos veamos; que no ha de
ser esta la postrera.
Pues mire, señor, replicó Sancho, no tome 10
trabajo en esto, que aora he caydo en la
cuenta de lo que le he preguntado; sepa que el
primer bolteador del mundo fue Lucifer, quando
le echaron o arrojaron del cielo, que vino
bolteando hasta los abismos. 15
Tienes razon, amigo, dixo el primo.
Y dixo don Quixote:
Essa pregunta y respuesta no es tuya,
Sancho; a alguno las has oydo dezir.
Calle, señor, replicó Sancho, que a buena 20
fe que si me doy a preguntar y a responder,
que no acabe de aqui a mañana. Si, que (*) para
preguntar necedades y responder disparates
no he menester yo andar buscando ayuda de
vezinos. 25
Mas has dicho, Sancho, de lo que sabes,
dixo don Quixote; que ay algunos que se
cansan en saber y aueriguar cosas que despues
de sabidas y aueriguadas no importan vn
ardite al entendimiento ni a la memoria. 30
En estas y otras gustosas platicas se les
passó aquel dia, y a la noche se aluergaron en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 281
vna pequeña aldea, adonde el primo dixo a
don Quixote que desde alli a la cueua de
Montesinos (*) no auia mas de dos leguas, y
que si lleuaua determinado de entrar en ella,
era menester prou[e]erse de sogas para atarse 5
y descolgarse en su profundidad.
Don Quixote dixo que aunque llegasse al
abismo, auia de ver donde paraua, y, assi,
compraron casi cien braças de soga, y otro dia, a
las dos de la tarde, llegaron a la cueua, cuya 10
boca es espaciosa y ancha, pero llena de
cambroneras y cabrahigos, de çarças y malezas,
tan espesas y intricadas, que de todo en todo
la ciegan y encubren. En viendola, se apearon
el primo, Sancho y don Quixote, al qual los 15
dos le ataron luego fortissimamente con las
sogas; y en tanto que le faxauan y ceñian, le
dixo Sancho:
Mire vuessa merced, señor mio, lo que
haze, no se quiera sepultar en vida, ni se 20
ponga adonde parezca frasco que le ponen a
enfriar en algun pozo. Si que a vuessa merced
no le toca ni atañe ser el escudriñador desta
que deue de ser peor que mazmorra.
Ata y calla, respondio don Quixote; que 25
tal empresa como aquesta, Sancho amigo, para
mi estaua guardada (*).
Y entonces dixo la guia:
Suplico a vuessa merced, señor don Quixote,
que mire bien y especule con cien ojos lo 30
que ay alla dentro: quiça aura cosas que las
ponga yo en el libro de mis Transformaciones.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282
En manos está el pandero que le sabra
bien tañer (*), respondio Sancho Pança.
Dicho esto, y acabada la ligadura de don
Quixote, que no fue sobre el arnes, sino sobre
el jubon de armar, dixo don Quixote: 5
Inaduertidos hemos andado en no auernos
proueydo de algun esquilon pequeño, que fuera
atado junto a mi en esta mesma soga, con
cuyo sonido se entendiera que todauia baxaua
y estaua viuo; pero pues ya no es possible, a 10
la mano de Dios, que me guie.
Y luego se hincó de rodillas y hizo vna
oracion en voz baxa al cielo, pidiendo a Dios le
ayudasse y le diesse buen sucesso en aquella,
al parecer, peligrosa y nueua auentura, y en 15
voz alta dixo luego:
¡O señora de mis acciones y mouimientos,
clarissima y sin par Dulcinea del Toboso! Si es
possible que lleguen a tus oydos las plegarias
y rogaciones deste tu venturoso amante, por 20
tu inaudita belleza te ruego las escuches; que
no son otras que rogarte no me niegues tu
fauor y amparo aora que tanto le he menester.
Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme
en el abismo que aqui se me representa, 25
solo porque conozca el mundo que si tu me
fauoreces, no aura impossible a quien yo no
acometa y acabe.
Y, en diziendo esto, se acercó a la sima, vio
no ser possible descolgarse ni hazer lugar a la 30
entrada, si no era a fuerça de braços o a
cuchilladas, y assi, poniendo mano a la espada,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 283
començo a derribar y a cortar de aquellas
malezas que a la boca de la cueua estauan, por
cuyo ruydo y estruendo salieron por ella vna
infinidad de grandissimos cueruos y grajos, tan
espesos y con tanta priesa, que dieron con 5
don Quixote en el suelo; y si el fuera tan
agorero como catolico christiano, lo tuuiera a
mala señal y escusara de encerra[r]se en lugar
semejante. Finalmente, se leuantó, y viendo
que no salian mas cueruos ni otras aues 10
noturnas, como fueron murcielagos, que assimismo
entre los cueruos salieron, dandole soga el
primo y Sancho (y) se (*) dexó calar al fondo
de la caberna espantosa, y al entrar, echandole
Sancho su bendicion y haziendo sobre el 15
mil cruces, dixo:
¡Dios te guie y la Peña de Francia, junto con
la Trinidad de Gaeta (*), flor, nata y espuma de
los caualleros andantes! ¡Alla vas, valenton del
mundo, coraçon de azero, braços de bronze! 20
¡Dios te guie, otra vez, y te buelua libre, sano y
sin cautela a la luz desta vida que dexas por
enterrarte en esta escuridad que buscas!
Casi las mismas plegarias y deprecaciones
hizo el primo. 25
Yua don Quixote dando vozes que le diessen
soga y mas soga, y ellos se la dauan poco a
poco, y quando las vozes, que acanaladas por
la cueua salian, dexaron de oyrse, ya ellos
tenian descolgadas las cien braças de soga, y 30
fueron de parecer de boluer a subir a don
Quixote, pues no le podian dar mas cuerda; con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284
todo esso, se detuuieron como media hora, al
cabo del qual espacio boluieron a recoger la
soga con mucha facilidad y sin peso alguno,
señal que les hizo imaginar que don Quixote
se quedaua dentro, y, creyendolo assi Sancho, 5
lloraua amargamente y tiraua con mucha priesa
por desengañarse; pero llegando, a su parecer,
a poco mas de las ochenta braças, sintieron
peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente,
a las diez, vieron distintamente a don 10
Quixote, a quien dio vozes Sancho, diziendole:
Sea vuessa merced muy bien buelto, señor
mio, que ya pensauamos que se quedaua alla
para casta.
Pero no respondia palabra don Quixote, y, 15
sacandole del todo, vieron que traia cerrados
los ojos, con muestras de estar dormido.
Tendieronle en el suelo y desliaronle, y con todo
esto, no despertaua. Pero tanto le boluieron y
reboluieron, sacudieron y menearon, que al 20
cabo de vn buen espacio boluio en si,
desperezandose, bien como si de algun graue y
profundo sueño despertara, y, mirando a vna y otra
parte como espantado, dixo:
Dios os lo perdone, amigos, que me aueis 25
quitado de la mas sabrosa y agradable vida y
vista que ningun humano ha visto ni passado.
En efecto: aora acabo de conocer que todos los
contentos desta vida passan como sombra y
sueño, o se marchitan como la flor del campo. 30
¡O desdichado Montesinos; o mal ferido
Durandarte; o sin ventura Belerma; o lloroso
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXII p. 285
Guadiana, y vosotras sin dicha hijas de Ruidera,
que mostrays en vuestras aguas las que lloraron
vuestros hermosos ojos!
Con [atencion es]cuchauan (*) el primo y
Sancho las palabras de don Quixote, que las dezia 5
como si con dolor inmenso las sacara de las
entrañas. Suplicaronle les diesse a entender lo
que dezia, y les dixesse lo que en aquel infierno
auia visto.
¿Infierno le llamais?, dixo don Quixote; 10
pues no le llameis ansi, porque no lo merece,
como luego vereis.
Pidio que le diessen algo de comer, que traia
grandissima hambre; tendieron la harpillera
del primo sobre la verde yerua, acudieron a la 15
despensa de sus alforjas, y, sentados todos tres
en buen amor y compaña, merendaron y cenaron
todo junto. Leuantada la harpillera, dixo
don Quixote de la Mancha:
No se leuante nadie y estadme, hijos, todos 20
atentos (*).
p. 286
Capitulo XXIII
De las admirables cosas que el estremado don
Quixote conto que auia visto en la profunda
cueua de Montesinos, cuya impossibilidad
y grandeza haze que se tenga esta auentura 5
por apocrifa.
Las quatro de la tarde serian, quando el sol
entre nubes cubierto, con luz escasa y templados
rayos, dio lugar a don Quixote para que
sin calor y pesadumbre contasse a sus dos 10
clarissimos oyentes lo que en la cueua de
Montesinos auia visto, y començo en el modo
siguiente:
A obra de doze o catorze estados de la
profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, 15
se haze vna concauidad y espacio capaz de
poder caber en ella vn gran carro con sus
mulas; entrale vna pequeña luz por vnos
resquizios o agujeros, que lexos le responden,
abiertos (*) en la superficie de la tierra; esta 20
concauidad y espacio vi yo a tiempo, quando
ya yua cansado y mohino de verme, pendiente
y colgado de la soga, caminar por aquella escura
region abaxo, sin lleuar cierto ni determinado
camino, y, assi, determiné entrarme en 25
ella y descansar vn poco; di vozes pidiendoos
que no descolgassedes mas soga hasta que yo
os lo dixesse, pero no deuistes de oyrme; fuy
recogiendo la soga que embiauades, y, haziendo
della vna rosca o rimero, me sente sobre el, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII 287 p. 287
pensatiuo a demas, considerando lo que hazer
deuia para calar al fondo, no teniendo quien
me sustentasse; y estando en este pensamiento
y confusion, de repente, y sin procurarlo, me
salteó vn sueño profundissimo, y quando 5
menos lo pensaua, sin saber cómo ni cómo no,
desperte del y me hallé en la mitad del mas
bello, ameno y deleytoso prado que puede criar
la naturaleza, ni imaginar la mas discreta
imaginacion humana. Despauilé los ojos, 10
limpiemelos y vi que no dormia, sino que realmente
estaua despierto; con todo esto me tente la
cabeça y los pechos, por certificarme si era yo
mismo el que alli estaua, o alguna fantasma
vana y contrahecha; pero el tacto, el sentimiento, 15
los discursos concertados, que entre mi
hazia, me certificaron que yo era alli entonces
el que soy aqui aora.
Ofrecioseme luego a la vista vn real y
suntuoso palacio o alcaçar, cuyos muros y paredes 20
parecian de transparente y claro cristal
fabricados, del qual abriendose dos grandes
puertas, vi que por ellas salia y hazia mi se venia
vn venerable anciano, vestido con vn capuz de
bayeta morada, que por el suelo le arrastraua; 25
ceñiale los ombros y los pechos vna beca de
colegial de raso verde, cubriale la cabeça vna
gorra milanesa negra (*), y la barba, canissima,
le passaua de la cintura; no traia arma ninguna,
sino vn rosario de cuentas en la mano, 30
mayores que medianas nuezes, y los diezes
assimismo como hueuos medianos de auestruz; el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288
continente, el paso, la grauedad y la anchissima
presencia, cada cosa de por si y todas juntas,
me suspendieron y admiraron. Llegose a mi,
y lo primero que hizo fue abraçarme estrechamente
y luego dezirme: «Luengos tiempos ha, 5
»valeroso cauallero don Quixote de la Mancha,
»que los que estamos en estas soledades
»encantados esperamos verte, para que des
»noticia al mundo de lo que encierra y cubre
»la profunda cueua por donde has entrado, 10
»llamada la cueua de Montesinos; hazaña solo
»guardada para ser acometida de tu inuencible
»coraçon y de tu animo stupendo. Ven conmigo,
»señor clarissimo, que te quiero mostrar
»las marauillas que este transparente alcaçar 15
»solapa, de quien yo soy alcayde y (*) guarda
»mayor perpetua, porque soy el mismo
»Montesinos, de quien la cueua toma nombre.»
Apenas me dixo que era Montesinos, quando
le pregunté si fue verdad lo que en el mundo 20
de acarriba (*) se contaua, que el auia sacado
de la mitad del pecho, con vna pequeña daga,
el coraçon de su grande amigo Durandarte y
lleuadole (*) a la señora Belerma, como el se
lo mandó al punto de su muerte (*). 25
Respondiome que en todo dezian verdad,
sino en la daga; porque no fue daga, ni
pequeña, sino vn puñal buydo (*), mas agudo que
vna lezna.
Deuia de ser, dixo a este punto Sancho, el 30
tal puñal de Ramon de Hozes el seuillano.
No se, prosiguio don Quixote, pero no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 289
seria desse puñalero, porque Ramon de Hozes
fue ayer, y lo de Roncesualles, donde acontecio
esta desgracia, ha muchos años, y esta
aueriguacion no es de importancia, ni turba ni
altera la verdad y contesto de la historia. 5
Assi es, respondio el primo; prosiga
vuessa merced, señor don Quixote, que le escucho
con el mayor gusto del mundo.
No con menor lo cuento yo, respondio don
Quixote; y assi digo, que el venerable Montesinos 10
me metio en el cristalino palacio, donde
en vna sala baxa fresquissima sobremodo y
toda de alabastro, estaua vn sepulcro de marmol
con gran maestria fabricado, sobre el qual
vi a vn cauallero tendido de largo a largo, no 15
de bronze, ni de marmol, ni de jaspe hecho,
como los suele auer en otros sepulcros, sino de
pura carne y de puros huesos. Tenia la mano
derecha, que, a mi parecer, es algo peluda y
neruosa, señal de tener muchas fuerças su 20
dueño, puesta sobre el lado del coraçon; y antes
que preguntasse nada a Montesinos, viendome
suspenso mirando al del sepulcro, me dixo:
«Este es mi amigo Durandarte, flor y espejo
»de los caualleros enamorados y valientes de su 25
»tiempo; tienele aqui encantado, como me tiene
»a mi y a otros muchos y muchas, Merlin, aquel
»frances encantador, que dizen que fue hijo del
»diablo; y lo que yo creo es que no fue hijo del
»diablo, sino que supo, como dizen, vn punto 30
»mas que el diablo. El cómo o para qué nos
»encantó nadie lo sabe, y ello dira andando los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290
»tiempos, que no estan muy lexos, segun imagino;
»lo que a mi me admira es que se, tan cierto
»como aora es de dia, que Durandarte acabó
»los de su vida en mis braços, y que despues
»de muerto le saqué el coraçon con mis propias 5
»manos (*), y en verdad que deuia de pesar
»dos libras, porque segun los naturales, el que
»tiene mayor coraçon es dotado de mayor valentia
»del que le tiene pequeño (*); pues siendo
»esto assi, y que realmente murio este cauallero, 10
»¿cómo aora se quexa y sospira de quando en
»quando, como si estuuiesse viuo?»
Esto dicho, el misero Durandarte, dando
vna gran voz, dixo:
«¡O mi primo Montesinos!, 15
lo postrero que os rogaua,
que quando yo fuere muerto
y mi anima arrancada,
que lleueis mi coraçon
adonde Belerma estaua, 20
sacandomele del pecho,
ya con puñal, ya con daga.»
Oyendo lo qual el venerable Montesinos, se
puso de rodillas ante el lastimado cauallero, y
con lagrimas en los ojos le dixo: 25
«Ya señor Durandarte, carissimo primo mio,
»ya hize lo que me mandastes en el azyago dia
»de nuestra perdida; yo os saqué el coraçon lo
»mejor que pude, sin que os dexasse vna
»minima parte en el pecho; yo le limpié con vn 30
»pañizuelo de puntas, yo parti con el de carrera
»para Francia, auiendoos primero puesto en el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 291
»seno de la tierra, con tantas lagrimas, que
»fueron bastantes a lauarme las manos y limpiarme
»con ellas la sangre que tenian de aueros andado
»en las entrañas; y por mas señas, primo de
»mi alma, en el primero lugar que topé saliendo 5
»de Roncesualles, eché vn poco de sal en vuestro
»coraçon, porque no oliesse mal y fuesse, si
»no fresco, a lo menos, amojamado a la presencia
»de la señora Belerma, la qual (*), con vos
»y conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, 10
»y con la dueña Ruydera y sus siete hijas y dos
»sobrinas, y con otros muchos de vuestros
»conocidos y amigos, nos tiene aqui encantados
»el sabio Merlin ha muchos años; y aunque
»passan de quinientos, no se ha muerto ninguno 15
»de nosotros; solamente faltan Ruydera y sus
»hijas y sobrinas, las quales llorando, por
»compassion que deuio de tener Merlin dellas, las
»conuirtio en otras tantas lagunas, que aora en
»el mundo de los viuos y en la prouincia de la 20
»Mancha las llaman (*) las lagunas de Ruydera;
»las siete son de los reyes de España, y las dos
»sobrinas, de los caualleros de vna Orden
»santissima que llaman de San Iuan (*). Guadiana,
»vuestro escudero, plañendo assimesmo vuestra 25
»desgracia, fue conuertido en vn rio llamado
»de su mesmo nombre, el qual quando llegó a la
»superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo,
»fue tanto el pesar que sintio de ver que os
»dexaua, que se sumergio en las entrañas de la 30
»tierra; pero como no es possible dexar de acudir
»a su natural corriente, de quando en quando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292
»sale y se muestra donde el sol y las gentes le
»vean; vanle administrando de sus aguas las
»referidas lagunas, con las quales y con otras
»muchas que se llegan, entra pomposo y grande
»en Portugal. Pero con todo esto, por donde 5
»quiera que va, muestra su tristeza y melancolia
»y no se precia de criar en sus aguas pezes
»regalados y de estima, sino burdos y dessabridos,
»bien diferentes de los del Tajo dorado
»(*); y esto que agora os digo, ¡o primo mio!, 10
»os lo he dicho muchas vezes, y como no me
»respondeis, imagino que no me days credito,
»o no me oys, de lo que yo recibo tanta pena
»qual Dios lo sabe.
»Vnas nueuas os quiero dar aora, las quales, 15
»ya que no siruan de aliuio a vuestro dolor, no
»os le aumentarán en ninguna manera. Sabed
»que teneis aqui en vuestra presencia, y abrid
»los ojos y vereislo, aquel gran cauallero de
»quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio 20
»Merlin, aquel don Quixote de la Mancha, digo,
»que de nueuo y con mayores ventajas que en
»los passados siglos ha resucitado en los
»presentes la ya oluidada andante caualleria, por
»cuyo medio y fauor podria ser que nosotros 25
»fuessemos desencantados: que las grandes
»hazañas para los grandes hombres estan
»guardadas.»
«Y quando assi no sea», respondio el
lastimado Durandarte con voz desmayada y baxa, 30
«quando assi no sea, ¡o primo!, digo, paciencia
»y barajar.» Y, boluiendose de lado, tornó a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 293
su acostumbrado silencio, sin hablar mas
palabra.
Oyeronse en esto grandes alaridos y llantos,
acompañados de profundos gemidos y angustiados
sollozos; bolui la cabeça y vi por las 5
paredes de cristal que por otra sala passaua
vna procession de dos hileras de hermosissimas
donzellas, todas vestidas de luto, con turbantes
blancos sobre las cabeças, al modo turquesco;
al cabo y fin de las hileras venia vna 10
señora, que en la grauedad lo parecia, assimismo
vestida de negro, con tocas blancas tan
tendidas y largas, que besauan la tierra. Su
turbante era mayor dos vezes que el mayor de
alguna de las otras; era cexijunta y la nariz 15
algo chata, la boca grande, pero colorados los
labios; los dientes, que tal vez los descubria,
mostrauan ser ralos y no bien puestos, aunque
eran blancos como vnas peladas almendras;
traia en las manos vn lienço delgado, y entre 20
el, a lo que pude diuisar, vn coraçon de carne
momia, segun venia seco y amojamado; dixome
Montesinos como toda aquella gente de la
procession eran siruientes de Durandarte y de
Belerma, que alli con sus dos señores estauan 25
encantados, y que la vltima que traia el coraçon
entre el lienço y en las manos era la señora
Belerma, la qual, con sus donzellas, quatro
dias en la semana hazian aquella procession
y cantauan, o, por mejor dezir, llorauan 30
endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado
coraçon de su primo; y que si me auia parecido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294
algo fea, o no tan hermosa como tenia la fama,
era la causa las malas noches y peores dias
que en aquel encantamento passaua, como lo
podia ver en sus grandes ojeras y en su color
quebradiza. 5
«Y no toma (*) ocasion su amarillez y sus
»ojeras de estar con el mal mensil, ordinario en
»las mugeres, porque ha muchos meses, y aun
»años, que no le tiene, ni assoma por sus
»puertas, sino del dolor que siente su coraçon por 10
»el que de contino tiene en las manos, que le
»renueua y trae a la memoria la desgracia de
»su mal logrado amante; que si esto no fuera,
»apenas la ygualara en hermosura, donayre
»y brio la gran Dulcinea del Toboso, tan 15
»celebrada en todos estos contornos y aun en todo
»el mundo.»
«Cepos quedos», dixe yo entonces, «señor don
»Montesinos: cuente vuessa merced su historia
»como deue, que ya sabe que toda comparacion 20
»es odiosa, y, assi, no ay para qué comparar
»a nadie con nadie; la sin par Dulcinea
»del Toboso es quien es, y la señora doña
»Belerma es quien es y quien ha sido, y quedese
»aqui.» 25
A lo que el me respondio:
«Señor don Quixote, perdoneme vuessa
»merced, que yo confiesso que anduue mal y
»no dixe bien en dezir que apenas ygualara la
»señora Dulcinea a la señora Belerma, pues me 30
»bastaua a mi auer entendido por no se qué
»barruntos que vuessa merced es su cauallero,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 295
»para que me mordiera la lengua antes de
»compararla sino con el mismo cielo.»
Con esta satisfacion que me dio el gran
Montesinos, se quietó mi coraçon del
sobresalto que recebi en oyr que a mi señora la 5
comparauan con Belerma.
Y aun me marauillo yo, dixo Sancho, de
como vuessa merced no se subio sobre el vejote,
y le molio a cozes todos los huessos y le
peló las barbas, sin dexarle pelo en ellas. 10
No, Sancho amigo, respondio don Quixote;
no me estaua a mi bien hazer esso, porque
estamos todos obligados a tener respeto a los
ancianos, aunque no sean caualleros, y
principalmente a los que lo son y estan encantados; 15
yo se bien que no nos quedamos a deuer nada
en otras muchas demandas y respuestas que
entre los dos passamos.
A esta sazon dixo el primo:
Yo no se, señor don Quixote, cómo vuessa 20
merced en tan poco espacio de tiempo como
ha que está alla baxo (*), aya visto tantas cosas
y hablado y respondido tanto.
¿Quánto ha que baxé?, preguntó don
Quixote. 25
Poco mas de vna hora, respondio Sancho.
Esso no puede ser, replicó don Quixote,
porque alla me anochecio y amanecio, y tornó
a anochecer y amanecer tres vezes; de modo
que, a mi cuenta, tres dias he estado en 30
aquellas partes remotas y escondidas a la vista
nuestra.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296
Verdad deue de dezir mi señor, dixo
Sancho; que como todas las cosas que le han
sucedido son por encantamento, quiça lo que a
nosotros nos parece vn hora, deue de parecer
alla tres dias con sus noches. 5
Assi sera, respondio don Quixote.
Y ¿ha comido vuessa merced en todo este
tiempo, señor mio?, preguntó el primo.
No me he desayunado de bocado, respondio
don Quixote, ni aun he tenido hambre, ni 10
por pensamiento.
Y ¿los encantados comen?, dixo el primo.
No comen, respondio don Quixote, ni
tienen escrementos mayores, aunque es opinion
que les crecen las vñas, las barbas y los 15
cabellos.
¿Y duermen por ventura los encantados,
señor?, preguntó Sancho.
No, por cierto, respondio don Quixote; a
lo menos, en estos tres dias que yo he estado 20
con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo
tampoco.
Aqui encaxa bien el refran, dixo Sancho,
de dime con quién andas, dezirte he quién
eres; andase vuessa merced con encantados, 25
ayunos y vigilantes, mirad si es mucho que ni
coma ni duerma mientras con ellos anduuiere;
pero perdoneme vuessa merced, señor mio,
si le digo que de todo quanto aqui ha dicho,
lleueme Dios, que yua a dezir el diablo, si le 30
creo cosa alguna.
¿Cómo no?, dixo el primo, Pues ¿auia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 297
mentir el señor don Quixote, que, aunque
quisiera, no ha tenido lugar para componer e
imaginar tanto millon de mentiras?
Yo no creo que mi señor miente,
respondio Sancho. 5
Si no ¿qué crees?, le preguntó don Quixote.
Creo, respondio Sancho, que aquel Merlin
o aquellos encantadores que encantaron a
toda la chusma que vuessa merced dize que
ha visto y comunicado alla baxo, le encaxaron 10
en el magin o la memoria toda essa maquina
que nos ha contado, y todo aquello que por
contar le queda.
Todo esso pudiera ser, Sancho, replicó
don Quixote; pero no es assi, porque lo que he 15
contado lo vi por mis propios ojos y lo toqué
con mis mismas manos; pero ¿qué diras quando
te diga yo aora como entre otras infinitas
cosas y marauillas que me mostro Montesinos,
las quales despacio y a sus tiempos te las yre 20
contando en el discurso de nuestro viage, por
no ser todas deste lugar, me mostro tres
labradoras que por aquellos amenissimos campos
yuan saltando y brincando como cabras, y
apenas las huue visto, quando conoci ser la 25
vna la sin par Dulcinea del Toboso, y las otras
dos aquellas mismas labradoras que venian
con ella, que hablamos a la salida del Toboso?
Pregunté a Montesinos si las conocia;
respondiome que no, pero que el imaginaua que 30
deuian de ser algunas señoras principales
encantadas, que pocos dias auia que en aquellos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 298
prados auian parecido, y que no me marauillasse
desto, porque alli estauan otras muchas
señoras de los passados y presentes siglos,
encantadas en diferentes y estrañas figuras, entre
las quales conocia el a la reyna Ginebra y su 5
dueña Quintañona, escanciando el vino a
Lançarote quando de Bretaña vino (*).
Quando Sancho Pança oyo dezir esto a su
amo, penso perder el juyzio o morirse de risa;
que como el sabia la verdad del fingido 10
encanto de Dulcinea, de quien el auia sido el
encantador y el leuantador de tal testimonio,
acabó de conocer indubitablemente que su
señor estaua fuera de juyzio y loco de todo
punto, y, assi, le dixo: 15
En mala coyuntura y en peor sazon y en
aziago dia baxó vuessa merced, caro patron
mio, al otro mundo, y en mal punto se encontro
con el señor Montesinos, que tal nos le ha
buelto. Bien se estaua vuessa merced acarriba 20
con su entero juyzio, tal qual Dios se le auia
dado, hablando sentencias y dando consejos a
cada paso, y no agora, contando los mayores
disparates que pueden imaginarse.
Como te conozco, Sancho, respondio don 25
Quixote, no hago caso de tus palabras.
Ni yo tampoco de las de vuessa merced,
replicó Sancho, siquiera me hiera, siquiera
me mate por las que le he dicho o por las que
le pienso dezir si en las suyas no se corrige y 30
enmienda. Pero digame vuessa merced, aora
que estamos en paz: ¿cómo o en qué conocio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 299
a la señora nuestra ama? Y si la habló, ¿qué
dixo y qué le respondio?
Conocila, respondio don Quixote, en que
trae los mesmos vestidos que traia quando tu
me la (*) mostraste; hablela, pero no me respondio 5
palabra, antes me boluio las espaldas, y se
fue huyendo con tanta priessa, que no la alcançara
vna xara; quise seguirla, y lo hiziera si no
me aconsejara Montesinos que no me cansasse
en ello, porque seria en balde, y mas, porque 10
se llegaua la hora donde me conuenia boluer
a salir de la sima. Dixome assimesmo que
andando el tiempo se me daria auiso cómo
auian de ser desencantados el y Belerma y
Durandarte, con todos los que alli estauan; 15
pero lo que mas pena me dio de las que alli
vi y noté, fue que estandome diziendo Montesinos
estas razones, se llegó a mi por vn lado,
sin que yo la viesse venir, vna de las dos
compañeras de la sin ventura Dulcinea, y llenos 20
los ojos de lagrimas, con turbada y baxa voz
me dixo: «Mi señora Dulcinea del Toboso besa
»a vuessa merced las manos, y suplica a
»vuessa merced se la haga de hazerla saber cómo
»está; y que, por estar en vna gran necessidad 25
»assimismo suplica a vuessa merced, quan
»encarecidamente puede, sea seruido de prestarle
»sobre este faldellin que aqui traygo, de
»cotonia, nueuo, media dozena de reales, o los
»que vuessa merced tuuiere; que ella da su 30
»palabra de boluerselos con mucha breuedad.»
Suspendiome y admirome el tal recado, y,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300
boluiendome al señor Montesinos, le pregunté:
»¿Es possible, señor Montesinos, que los
»encantados principales padecen necessidad?» A lo
que el me respondio: «Creame vuessa merced,
»señor don Quixote de la Mancha, que esta 5
»que llaman necessidad adonde quiera se vsa,
»y por todo se estiende y a todos alcança, y aun
»hasta los (*) encantados no perdona; y pues
»la señora Dulcinea del Toboso embia a pedir
»essos seis reales y la prenda es buena, segun 10
»parece, no ay sino darselos; que sin duda
»deue de estar puesta en algun grande aprieto.»
«Prenda, no la tomaré yo», le respondi,
«ni menos le dare lo que pide, porque no tengo
»sino solos quatro reales.» Los quales le di, 15
que fueron los que tu, Sancho, me diste el otro
dia para dar limosna a los pobres que topasse
por los caminos, y le dixe: «Dezid, amiga mia,
»a vuessa señora, que a mi me pesa en el alma
»de sus trabajos, y que quisiera ser vn Fucar (*) 20
»para remediarlos; y que le hago saber que yo
»no puedo ni deuo tener salud, careciendo de
»su agradable vista y discreta conuersacion, y
»que le suplico quan encarecidamente puedo,
»sea seruida su merced de dexarse ver y tratar 25
»deste su cautiuo seruidor y assendereado
»cauallero. Direisle tambien que quando menos
»se lo piense oyra dezir como yo he hecho vn
»juramento y voto, a modo de aquel que hizo
»el marques de Mantua, de vengar a su sobrino 30
»Baldouinos quando le halló para espirar en
»mitad de la montiña (*), que fue de no comer
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 301
»pan a manteles, con las otras zarandajas que
»alli añadio, hasta vengarle; y assi le hare yo
»de no sossegar y de andar las siete partidas
»del mundo, con mas puntualidad que las
»anduuo el infante don Pedro de Portugal (*), 5
»hasta desencantarla.» «Todo esso y mas deue
»vuessa merced a mi señora», me respondio
la donzella; y tomando los quatro reales, en
lugar de hazerme vna reuerencia, hizo vna
cabriola, que se leuantó dos varas de medir 10
en el ayre.
¡O santo Dios!, dixo a este tiempo dando
vna gran voz Sancho, ¿es possible que tal
ay (*) en el mundo y que tengan en el tanta
fuerça los encantadores y encantamentos, que 15
ayan trocado el buen juyzio de mi señor en
vna tan disparatada locura? ¡O señor, señor!;
por quien Dios es, que vuessa merced mire
por si y buelua por su honra, y no de credito
a essas vaciedades que le tienen menguado y 20
descabalado el sentido.
Como me quieres bien, Sancho, hablas
dessa manera, dixo don Quixote, y como no
estás experimentado en las cosas del mundo,
todas las cosas que tienen algo de dificultad 25
te parecen impossibles; pero andara el tiempo,
como otra vez he dicho, y yo te contaré algunas
de las que alla abaxo he visto, que te haran
creer las que aqui he contado, cuya verdad
ni admite replica ni disputa. 30
p. 302
Capitulo XXIV
Donde se cuentan mil çarandajas tan
impertinentes como necessarias al verdadero
entendimiento desta grande historia.
Dize el que traduxo esta grande historia del 5
original, de la que escriuio su primer autor
Cide Hamete Benengeli, que llegando al capitulo
de la auentura de la cueua de Montesinos,
en el margen del estauan escritas de mano del
mesmo Hamete estas mismas razones: 10
No me puedo dar a entender, ni me puedo
persuadir, que al valeroso don Quixote le
passasse puntualmente todo lo que en el
antecedente capitulo queda escrito; la razon es
que todas las auenturas hasta aqui sucedidas 15
han sido contingibles y verisimiles; pero esta
desta cueua (*) no le hallo entrada alguna para
tenerla por verdadera, por yr tan fuera de los
terminos razonables; pues pensar yo que don
Quixote mintiesse, siendo el mas verdadero 20
hidalgo y el mas noble cauallero de sus tiempos,
no es possible; que no dixera el vna mentira
si le assaetearan. Por otra parte, considero
que el la conto y la dixo con todas las
circunstancias dichas, y que no pudo fabricar en tan 25
breue espacio tan gran maquina de disparates,
y si esta auentura parece apocrifa, yo no tengo
la culpa, y assi, sin afirmarla por falsa o
verdadera la escriuo. Tu, letor, pues eres prudente,
juzga lo que te pareciere, que yo no deuo ni 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 303
puedo mas, puesto que se tiene por cierto que
al tiempo de su fin y muerte dizen que se retrató
della y dixo que el la auia inuentado, por
parecerle que conuenia y quadraua bien con
las auenturas que auia leydo en sus 5
historias.
Y luego prosigue diziendo:
Espantose el primo, assi del atreuimiento de
Sancho Pança como de la paciencia de su amo,
y juzgó que del contento que tenia de auer 10
visto a su señora Dulcinea del Toboso, aunque
encantada, le nacia aquella condicion blanda
que entonces mostraua, porque si assi no
fuera, palabras y razones le dixo Sancho, que
merecian molerle a palos; porque realmente le 15
parecio que auia andado atreuidillo con su
señor, a quien le dixo:
Yo, señor don Quixote de la Mancha, doy
por bien empleadissima la jornada que con
vuessa merced he hecho, porque en ella he 20
grangeado quatro cosas. La primera, auer
conocido a vuessa merced, que lo tengo a gran
felicidad. La segunda, auer sabido lo que se
encierra en esta cueua de Montesinos, con las
mutaciones de Guadiana y de las lagunas de 25
Ruidera, que me seruiran para el Ouidio español
que traygo entre manos. La tercera, entender
la antiguedad de los naypes (*), que, por lo
menos, ya se vsauan en tiempo del emperador
Carlo Magno, segun puede colegirse de las 30
palabras que vuessa merced dize que dixo
Durandarte, quando al cabo de aquel grande
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304
espacio que estuuo hablando con el Montesinos,
el desperto, diziendo: «Paciencia y barajar»,
y esta razon y modo de hablar no la pudo
aprender encantado, sino quando no lo estaua,
en Francia y en tiempo del referido emperador 5
Carlo Magno, y esta aueriguacion me viene
pintiparada para el otro libro que voy componiendo,
que es Suplemento de Virgilio Polidoro,
en la inuencion de las antiguedades, y creo
que en el suyo no se acordo de poner la de los 10
naypes, como la pondre yo aora; que sera de
mucha importancia, y mas, alegando autor tan
graue y tan verdadero como es el señor
Durandarte. La quarta es auer sabido con
certidumbre el nacimiento del rio Guadiana, hasta 15
aora ignorado de las gentes.
Vuessa merced tiene razon, dixo don
Quixote; pero querria yo saber, ya que Dios
le haga merced de que se le de licencia para
imprimir essos sus libros, que lo dudo, ¿a quién 20
piensa dirigirlos?
Señores y grandes ay en España a quien
puedan dirigirse, dixo el primo.
No muchos, respondio don Quixote, y no
porque no lo merezcan, sino que no quieren 25
admitirlos por no obligarse a la satisfacion que
parece se deue al trabajo y cortesia de sus
autores. Vn principe conozco yo que puede
suplir la falta de los demas con tantas ventajas,
que si me atreuiere (*) a dezirlas, quiça 30
despertará la inuidia en mas de quatro generosos
pechos; pero quedese esto aqui para otro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 305
tiempo mas comodo, y vamos a buscar adonde
recogernos esta noche.
No lexos de aqui, respondio el primo,
está vna hermita donde haze su habitacion
vn hermitaño, que dizen ha sido soldado, y 5
está en opinion de ser vn buen christiano,
y muy discreto y caritatiuo ademas. Iunto con
la hermita tiene vna pequeña casa que el ha
labrado a su costa, pero, con todo, aunque
chica, es capaz de recibir huespedes. 10
¿Tiene, por ventura, gallinas el tal
hermitaño?, preguntó Sancho.
Pocos hermitaños estan sin ellas, respondio
don Quixote, porque no son los que agora
se vsan como aquellos de los desiertos de 15
Egypto, que se vestian de hojas de palma y
comian rayzes de la tierra. Y no se entienda
que por dezir bien de aquellos, no lo digo de
aquestos, sino que quiero dezir que al rigor y
estrecheza de entonces no llegan las penitencias 20
de los de agora; pero no por esto dexan
de ser todos buenos, a lo menos, yo por buenos
los juzgo, y quando todo corra turbio, menos
mal haze el hipocrita que se finge bueno que
el publico pecador. 25
Estando en esto, vieron que hazia donde
ellos estauan venia vn hombre a pie,
caminando a priesa y dando varazos a vn macho
que venia cargado de lanças y de alabardas;
quando llegó a ellos, los saludó y passó de 30
largo; don Quixote le dixo:
Buen hombre; deten[e]os, que parece que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306
vays con mas diligencia que esse macho ha
menester.
No me puedo detener, señor, respondio el
hombre, porque las armas que veys que aqui
lleuo han de seruir mañana, y, assi, me es forçoso 5
el no detenerme, y a Dios; pero si quisieredes
saber para qué las lleuo, en la venta que
está mas arriba de la hermita pienso alojar
esta noche, y si es que hazeis este mesmo
camino, alli me hallareys, donde os contaré 10
marauillas, y a Dios otra vez.
Y de tal manera aguijó el macho, que no
tuuo lugar don Quixote de preguntarle qué
marauillas eran las que pensaua dezirles, y
como el era algo curioso y siempre le 15
fatigauan desseos de saber cosas nueuas, ordenó
que al momento se partiessen y fuessen a
passar la noche en la venta, sin tocar en la
hermita, donde quisiera el primo que se
quedaran. 20
Hizose assi, subieron a cauallo y siguieron
todos tres el derecho camino de la venta --a la
qual llegaron vn poco antes de anochezer--.
Dixo el primo a don Quixote que llegassen a
ella (*) a beuer vn trago. Apenas oyo esto 25
Sancho Pança, quando encaminó el ruzio a la
hermita, y lo mismo hizieron don Quixote y el
primo; pero la mala suerte de Sancho parece que
ordenó que el hermitaño no estuuiesse en casa,
que assi se lo dixo vna sotahermitaño que en 30
la hermita hallaron; pidieronle de lo caro,
respondio que su señor no lo tenia, pero que si
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 307
querian agua barata, que se la daria de muy
buena gana.
Si yo la tuuiera de agua, respondio Sancho,
pozos ay en el camino, donde la huuiera
satisfecho. ¡A, bodas de Camacho y abundancia 5
de la casa de don Diego, y quántas vezes os
tengo de echar menos!
Con esto dexaron la hermita y picaron hazia
la venta, y a poco trecho toparon vn mancebito
que delante dellos yua caminando no con 10
mucha priesa, y assi le alcançaron; lleuaua la
espada sobre el ombro y en ella puesto vn bulto
o emboltorio, al parecer, de sus vestidos, que,
al parecer, deuian de ser los calçones o greguescos,
y herreruelo, y alguna camisa, porque traia 15
puesta vna ropilla de terciopelo, con algunas
vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las
medias eran de seda y los çapatos quadrados,
a vso de Corte; la edad llegaria a diez y ocho
o diez y nueue años, alegre de rostro y, al 20
parecer, agil de su persona; yua cantando
seguidillas para entretener el trabajo del camino;
quando llegaron a el, acabaua de cantar vna,
que el primo tomó de memoria, que dizen que
dezia: 25
A la guerra me lleua mi necessidad.
Si tuuiera dineros, no fuera, en verdad.
El primero que le habló fue don Quixote,
diziendole:
Muy a la ligera camina vuessa merced, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308
señor galan, y ¿adónde bueno?; sepamos, si es
que gusta dezirlo.
A lo que el moço respondio:
El caminar tan a la ligera lo causa el calor
y la pobreza, y el adónde voy es a la guerra. 5
¿Cómo la pobreza?, preguntó don Quixote;
que por el calor bien puede ser.
Señor, replicó el mancebo, yo lleuo en
este emboltorio vnos greguescos de terciopelo,
compañeros desta ropilla; si los gasto en 10
el camino, no me podre honrar con ellos en la
ciudad, y no tengo con qué comprar otros; y,
assi, por esto, como por orearme, voy desta manera
hasta alcançar vnas compañias de infanteria,
que no estan doze leguas de aqui, donde 15
assentaré mi plaça, y no faltarán bagajes en
que caminar de alli adelante, hasta el
embarcadero, que dizen ha de ser en Cartagena; y
mas quiero tener por amo y por señor al rey y
seruirle en la guerra, que no a vn pelon en la 20
corte.
Y ¿lleua vuessa merced alguna ventaja por
ventura?, preguntó el primo.
Si yo huuiera seruido a algun grande de
España o algun principal personage, respondio 25
el moço, a buen seguro que yo la lleuara,
que esso tiene el seruir a los buenos; que del
tinelo suelen salir a ser alferez (*) o capitanes, o
con algun buen entretenimiento; pero yo,
desuenturado, serui siempre a catariberas y a 30
gente aduenediza, de racion y quitacion tan misera
y atenuada, que en pagar el almidonar vn cuello
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 309
se consumia la mitad della, y seria tenido a
milagro que vn page auenturero alcançasse
alguna siquiera razonable ventura.
Y digame por su vida, amigo, preguntó
don Quixote, ¿es possible que en los años que 5
siruio no ha podido alcançar alguna librea?
Dos me han dado, respondio el page,
pero assi como el que (*) se sale de alguna
religion antes de professar le quitan el habito y le
bueluen sus vestidos, assi me boluian a mi los 10
mios mis amos, que, acabados los negocios a
que venian a la corte, se boluian a sus casas y
recogian las libreas que por sola ostentacion
auian dado (*).
Notable espilorcheria (*), como dize el 15
italiano, dixo don Quixote; pero con todo esso,
tenga a felice ventura el auer salido de la corte
con tan buena intencion como lleua, porque no
ay otra cosa en la tierra mas honrada ni de
mas prouecho que seruir a Dios, primeramente, 20
y luego a su rey y señor natural, especialmente
en el exercicio de las armas, por las quales se
alcançan, si no mas riquezas, a lo menos, mas
honra que por las letras, como yo tengo dicho
muchas vezes; que puesto que han fundado 25
mas mayorazgos las letras que las armas, todauia
lleuan vn no se qué los de las armas a los
de las letras, con vn si se qué de esplendor, que
se halla en ellos, que los auentaja a todos. Y
esto que aora le quiero dezir, lleuelo en la 30
memoria, que le sera de mucho prouecho y aliuio
en su trabajos, y es que aparte la imaginacion
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310
de los sucessos aduersos que le podran venir;
que el peor de todos es la muerte, y como esta
sea buena, el mejor de todos es el morir.
Preguntaronle a Iulio Cesar, aquel valeroso
emperador romano, quál era la mejor muerte; 5
respondio que la impensada, la de repente y no
preuista, y aunque respondio como gentil y
ageno del conocimiento del verdadero Dios,
con todo esso, dixo bien, para ahorrarse del
sentimiento humano; que puesto caso que os maten 10
en la primera faccion y refriega, o ya de vn tiro
de artilleria, o bolado de vna mina, ¿qué
importa?, todo es morir y acabose la obra; y segun
Terencio, mas bien parece el soldado muerto
en la batalla que viuo y saluo en la huyda, y 15
tanto alcança de fama el buen soldado, quanto
tiene de obediencia a sus capitanes y a los que
mandarle pueden. Y aduertid, hijo, que al soldado
mejor le está el oler a poluora que algalia,
y que si la vejez os coge en este honroso exercicio, 20
aunque sea lleno de heridas y estropeado o
coxo, a lo menos, no os podra coger sin honra,
y tal, que no os la podra menoscabar la pobreza;
quanto mas que ya se va dando orden como
se entretengan y remedien los soldados viejos 25
y estropeados, porque no es bien que se haga
con ellos lo que suelen hazer los que ahorran
y dan libertad a sus negros quando ya son
viejos y no pueden seruir, y, echandolos de casa
con titulo de libres, los hazen esclauos de la 30
hambre, de quien no piensan ahorrarse sino
con la muerte. Y por aora no os quiero dezir
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 311
mas, sino que subays a las ancas deste mi
cauallo hasta la venta, y alli cenareys conmigo,
y por la mañana seguireis el camino, que os le
de Dios tan bueno como vuestros desseos
merecen. 5
El page no aceptó el convite de las ancas,
aunque si el de cenar con el en la venta, y a
esta sazon dizen que dixo Sancho entre si:
¡Valate Dios por señor! Y ¿es possible que
hombre que sabe dezir tales, tantas y tan 10
buenas cosas como aqui ha dicho, diga que ha
visto los disparates impossibles que cuenta de
la cueua de Montesinos? Aora bien, ello dira.
Y en esto llegaron a la venta a tiempo que
anochezia, y no sin gusto de Sancho, por ver 15
que su señor la juzgó por verdadera venta y no
por castillo, como solia. No huuieron bien
entrado, quando don Quixote preguntó al ventero
por el hombre de las lanças y alabardas, el
qual le respondio que en la caualleriza estaua 20
acomodando el macho; lo mismo hizieron de
sus jumentos el sobrino (*) y Sancho, dando a
Rozinante el mejor pesebre y el mejor lugar de
la caualleriza.
p. 312
Capitulo XXV
Donde se apunta la auentura del rebuzno y la
graciosa del titerero, con las memorables
adiuinanças del mono adiuino.
No se le cozia el pan a don Quixote, como 5
suele dezirse, hasta oyr y saber las marauillas
prometidas del hombre condutor de las armas;
fuele a buscar donde el ventero le auia dicho
que estaua, y hallole, y dixole que en todo
caso le dixesse luego lo que le auia de dezir 10
despues, acerca de lo que le auia preguntado en
el camino. El hombre le respondio:
Mas despacio, y no en pie, se ha de tomar
el cuento de mis marauillas: dexeme vuessa
merced, señor bueno, acabar de dar recado a 15
mi bestia, que yo le dire cosas que le admiren.
No quede por esso, respondio don
Quixote; que yo os ayudaré a todo.
Y assi lo hizo, aechandole la ceuada y
limpiando el pesebre, humildad que obligó al 20
hombre a contarle con buena voluntad lo que
le pedia, y, sentandose en vn poyo y don
Quixote junto a el, teniendo por senado y
auditorio al primo, al page, a Sancho Pança y al
ventero, començo a dezir desta manera: 25
Sabran vuessas mercedes que en vn lugar
que está quatro leguas y media desta venta,
sucedio que a vn regidor del, por industria y
engaño de vna muchacha criada suya, y esto
es largo de contar, le faltó vn asno, y aunque 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 313
el tal regidor hizo las diligencias possibles por
hallarle, no fue possible. Quinze dias serian
passados, segun es publica voz y fama, que el
asno faltaua, quando, estando en la plaça el
regidor perdidoso, otro regidor del mismo pueblo 5
le dixo: «Dadme albricias, compadre, que
»vuestro jumento ha parecido.» «Yo os las mando
»y buenas, compadre», respondio el otro; «pero
»sepamos dónde ha parecido.» «En el monte»,
respondio el hallador, «le vi esta mañana, 10
»sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flaco
»que era vna compassion miralle; quisele
»antecoger delante de mi y traerosle, pero está
»ya tan montaraz y tan vraño, que quando
»llegué a el, se fue huyendo y se entró en 15
»lo mas escondido del monte; si quereis que
»boluamos los dos a buscarle, dexadme poner
»esta borrica en mi casa, que luego bueluo.»
«Mucho plazer me hareis», dixo el del
jumento, «e yo procuraré pagaroslo en la 20
»mesma moneda.»
Con estas circunstancias todas y de la
mesma manera que yo lo voy contando lo cuentan
todos aquellos que estan enterados en la
verdad deste caso; en resolucion, los dos 25
regidores, a pie y mano a mano, se fueron al
monte, y llegando al lugar y sitio donde pensaron
hallar el asno, no le hallaron, ni parecio por
todos aquellos contornos, aunque mas le
buscaron; viendo, pues, que no parecia, dixo el 30
regidor que le auia visto al otro:
«Mirad, compadre, vna traça me ha venido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314
»al pensamiento, con la qual, sin duda alguna,
»podremos descubrir este animal aunque esté
»metido en las entrañas de la tierra, no que del
»monte, y es que yo se rebuznar marauillosamente,
»y si vos sabeis algun tanto, dad el 5
»hecho por concluydo.» «¿Algun tanto dezis,
»compadre?», dixo el otro; «por Dios que no
»de la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos
»asnos.» «Aora lo veremos,» respondio el
regidor segundo, «porque tengo determinado que 10
»os vais vos por vna parte del monte y yo por
»otra, de modo que le rodeemos y andemos
»todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos
»y rebuznaré yo, y no podra ser menos sino
»que el asno nos oya y nos responda, si es 15
»que está en el monte.» A lo que respondio el
dueño del jumento: «Digo, compadre, que la
»traça es excelente y digna de vuestro gran
»ingenio.»
Y, diuidiendose los dos, segun el acuerdo, 20
sucedio que casi a vn mesmo tiempo rebuznaron,
y cada vno, engañado del rebuzno del otro,
acudieron a buscarse, pensando que ya el jumento
auia parecido; y en viendose, dixo el perdidoso:
«¿Es possible, compadre, que no fue mi 25
»asno el que rebuznó?» «No fue sino yo»,
respondio el otro. «Aora digo», dixo el dueño,
«que de vos a vn asno, compadre, no ay alguna
»diferencia, en quanto toca al rebuznar,
»porque en mi vida he visto ni oido cosa mas 30
»propia.» «Essas alabanças y encarecimiento»,
respondio el de la traça, «mejor os atañen
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 315
»y tocan a vos que a mi, compadre; que por
»el Dios que me crio que podeis dar dos
»rebuznos de ventaja al mayor y mas perito
»rebuznador del mundo; porque el sonido que
»teneis es alto, lo sostenido de la voz, a su 5
»tiempo y compas, los dexos, muchos y
»apresurados, y, en resolucion, yo me doy por
»vencido y os rindo la palma y doy la vandera
»desta rara habilidad.» «Aora digo», respondio
el dueño, «que me tendre y estimaré en 10
»mas de aqui adelante y pensaré que se
»alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que
»puesto que pensara que rebuznaua bien, nunca
»entendi que llegaua al estremo que dezis.»
«Tambien dire yo aora», respondio el segundo, 15
»que ay raras habilidades perdidas en el
»mundo y que son mal empleadas en aquellos que
»no saben aprouecharse dellas.» «Las nuestras»,
respondio el dueño, «si no es en casos
»semejantes como el que traemos entre manos, 20
»no nos pueden seruir en otros, y aun en este
»plega a Dios que nos sean de prouecho.»
Esto dicho, se tornaron a diuidir y a boluer
a sus rebuznos, y a cada paso se engañauan y
boluian a juntarse, hasta que se dieron por 25
contraseño que para entender que eran ellos
y no el asno, rebuznassen dos vezes, vna tras
otra; con esto, doblando a cada paso los rebuznos,
rodearon todo el monte sin que el perdido
jumento respondiesse, ni aun por señas. Mas 30
¿cómo auia de responder el pobre y mal
logrado, si le hallaron en lo mas escondido del
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316
bosque comido de lobos? Y, en viendole, dixo
su dueño: «Ya me marauillaua yo de que el
»no respondia, pues a no estar muerto, el
»rebuznara si nos oyera, o no fuera asno; pero a
»trueco de aueros oydo rebuznar con tanta 5
»gracia, compadre, doy por bien empleado el
»trabajo que he tenido en buscarle, aunque le he
»hallado muerto.» «En buena mano está,
»compadre», respondio el otro, «pues si bien canta
»el abad, no le va en zaga el monazillo.» 10
Con esto, desconsolados y roncos, se
boluieron a su aldea, adonde contaron a sus
amigos, vezinos y conocidos quanto les auia
acontecido en la busca del asno, exagerando
el vno la gracia del otro en el rebuznar, todo 15
lo qual se supo y se estendio por los lugares
circunuezinos. Y el diablo, que no duerme,
como es amigo de sembrar y derramar renzillas
y discordia por doquiera, leuantando caramillos
en el viento y grandes quimeras de nonada, 20
ordenó e hizo que las gentes de los otros
pueblos, en viendo a alguno de nuestra aldea,
rebuznasse[n], como dandoles en rostro con el
rebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello
los muchachos, que fue dar en manos y en 25
bocas de todos los demonios del infierno, y fue
cundiendo el rebuzno de en vno en otro pueblo
(*), de manera, que son conocidos los naturales
del pueblo del rebuzno, como son conocidos
y diferenciados los negros de los blancos, y 30
ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que
muchas vezes con mano armada y formado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 317
esquadron han salido contra los burladores los
burlados a darse la batalla, sin poderlo
remediar rey ni roque, ni temor, ni verguença.
Yo creo que mañana o essotro dia han de salir
en campaña los de mi pueblo, que son los del 5
rebuzno, contra otro lugar que está a dos
leguas del nuestro, que es vno de los que mas
nos persiguen, y por salir bien apercebidos,
lleuo compradas estas lanças y alabardas que
aueis visto. Y estas son las marauillas que 10
dixe que os auia de contar, y si no os lo han
parecido, no se otras.
Y, con esto, dio fin a su platica el buen
hombre, y, en esto, entró por la puerta de la
venta vn hombre todo vestido de camuça, 15
medias, greguescos y jubon, y con voz leuantada
dixo:
Señor huesped, ¿ay posada? Que viene aqui
el mono adiuino y el retablo de la libertad de
Melisendra. 20
¡Cuerpo de tal, dixo el ventero, que aqui
está el señor masse (*) Pedro!; buena noche se
nos apareja.
Oluidauaseme de dezir como el tal masse
Pedro traia cubierto el ojo yzquierdo y casi 25
medio carrillo con vn parche de tafetan verde,
señal que todo aquel lado deuia de estar
enfermo; y el ventero prosiguio diziendo:
Sea bien venido vuessa merced, señor
masse Pedro; ¿adónde está el mono y el 30
retablo, que no los veo?
Ya llegan cerca, respondio el todo camuça,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318
sino que yo me he adelantado a saber si
ay posada.
Al mismo duque de Alua se la quitara para
darsela al señor masse Pedro, respondio el
ventero; llegue el mono y el retablo, que 5
gente ay esta noche en la venta que pagará el
verle y las habilidades del mono.
Sea en buenora, respondio el del parche,
que yo moderaré el precio, y con sola la costa
me daré por bien pagado; y yo bueluo a hazer 10
que camine la carreta, donde viene el mono y
el retablo.
Y luego se boluio a salir de la venta.
Preguntó luego don Quixote al ventero qué
masse Pedro era aquel, y qué retablo y qué 15
mono traia.
A lo que respondio el ventero:
Este es vn famoso titerero (*) que ha muchos
dias que anda por esta Mancha de Aragon enseñando
vn retablo de Melisendra [libertada] (*) 20
por el famoso don Gayferos, que es vna de las
mejores y mas bien representadas historias
que de muchos años a esta parte en este reyno
se han visto; trae assimismo consigo vn mono
de la mas rara habilidad que se vio entre 25
monos, ni se imaginó entre hombres, porque si le
preguntan algo, está atento a lo que le pregunta[n]
(*), y luego salta sobre los ombros de su
amo, y llegandosele al oydo le dize la respuesta
de lo que le preguntan, y maesse Pedro la 30
declara luego; y de las cosas passadas dize
mucho mas que de las que estan por venir, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 319
aunque no todas vezes acierta en todas, en las
mas no yerra, de modo, que nos haze creer que
tiene el diablo en el cuerpo; dos reales lleua
por cada pregunta, si es que el mono responde,
quiero dezir, si responde el amo por el, despues 5
de auerle hablado al oydo; y, assi, se cree
que el tal maesse Pedro está riquissimo; y es
hombre galante, como dizen en Italia, y bon
compaño, y dase la mejor vida del mundo;
habla mas que seys y beue mas que doze, todo 10
a costa de su lengua y de su mono y de su
retablo.
En esto, boluio maesse Pedro, y en vna carreta
venia el retablo, y el mono, grande y sin
cola, con las posaderas de fieltro, pero no de 15
mala cara, y apenas le vio don Quixote,
quando le preguntó:
Digame vuessa merced, señor adiuino, ¿qué
pexe pillamo? (*), ¿qué ha de ser de nosotros?;
y vea aqui mis dos reales. 20
Y mandó a Sancho que se los diesse a
maesse Pedro, el qual respondio por el mono
y dixo:
Señor, este animal no responde, ni da
noticia de las cosas que estan por venir; de las 25
passadas sabe algo, y de las presentes, algun
tanto.
¡Voto a rrus! (*), dixo Sancho, no de yo vn
ardite porque me digan lo que por mi ha
passado, porque ¿quién lo puede saber mejor 30
que yo mesmo?; y pagar yo porque me digan
lo que se, seria vna gran necedad; pero pues
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 320
sabe las cosas presentes, e aqui mis dos reales
y digame el señor monissimo qué haze aora
mi muger Teresa Pança y en qué se
entretiene.
No quiso tomar maesse Pedro el dinero, 5
diziendo:
No quiero recebir adelantados los premios
sin que ayan precedido los seruicios.
Y, dando con la mano derecha dos golpes
sobre el ombro yzquierdo, en vn brinco se le 10
puso el mono en el, y, llegando la boca al oydo,
daua diente con diente muy a priesa; y, auiendo
hecho este ademan por espacio de vn credo,
de otro brinco se puso en el suelo; y al punto
con grandissima priessa se fue maesse Pedro a 15
poner de rodillas ante don Quixote, y
abraçandole las piernas dixo:
Estas piernas abraço, bien assi como si
abraçara las dos colunas de Hercules, ¡o
resucitador insigne de la ya puesta en oluido 20
andante caualleria, o no jamas como se deue
alabado cauallero don Quixote de la Mancha,
animo de los desmayados, arrimo de los que
van a caer, braço de los caydos, baculo y
consuelo de todos los desdichados! 25
Quedó pasmado don Quixote, absorto Sancho,
suspenso el primo, atonito el page, abobado
el del rebuzno, confuso el ventero y,
finalmente, espantados todos los que oyeron
las razones del titerero, el qual prosiguio, 30
diziendo:
Y tu, ¡o buen Sancho Pança!, el mejor escudero
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 321
y del mejor cauallero del mundo: alegrate,
que tu buena muger Teresa está buena, y esta
es la hora en que ella está rastrillando vna libra
de lino, y por mas señas, tiene a su lado
yzquierdo vn jarro desbocado que cabe vn buen 5
porqué (*) de vino, con que se entretiene en su
trabajo.
Esso creo yo muy bien, respondio Sancho,
porque es ella vna bienauenturada, y a no
ser zelosa, no la trocara yo por la giganta 10
Andandona (*), que, segun mi señor, fue vna
muger muy cabal y muy de pro, y es mi Teresa de
aquellas que no se dexan mal passar, aunque
sea a costa de sus herederos.
Aora digo, dixo a esta sazon don Quixote, 15
que el que lee mucho y anda mucho, vee
mucho y sabe mucho. Digo esto, porque ¿qué
persuasion fuera bastante para persuadirme
que ay monos en el mundo que adiuinen, como
lo he visto aora por mis propios ojos?: porque 20
yo soy el mesmo don Quixote de la Mancha,
que este buen animal ha dicho, puesto que se
ha estendido algun tanto en mis alabanças;
pero como quiera que yo me sea, doy gracias
al cielo, que me dotó de vn animo blando y 25
compassiuo, inclinado siempre a hazer bien a
todos y mal a ninguno.
Si yo tuuiera dineros, dixo el page,
preguntara al señor mono que me ha de suceder
en la peregrinacion que lleuo. 30
A lo que respondio maesse Pedro, que ya se
auia leuantado de los pies de don Quixote:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322
Ya he dicho que esta bestezuela no responde
a lo por venir, que si respondiera no importara
no auer dineros; que por seruicio del señor
don Quixote, que está presente, dexara yo
todos los interesses del mundo, y agora porque 5
se lo deuo y por darle gusto, quiero armar mi
retablo y dar plazer a quantos estan en la venta,
sin paga alguna.
Oyendo lo qual el ventero, alegre sobremanera,
señaló el lugar donde se podia poner el 10
retablo, que en vn punto fue hecho. Don Quixote
no estaua muy contento con las adiuinanças
del mono, por parecerle no ser a proposito
que vn mono adiuinasse, ni las de por venir, ni
las passadas cosas, y, assi, en tanto que maesse 15
Pedro acomodaua el retablo, se retiró don
Quixote con Sancho a vn rincon de la caualleriza,
donde, sin ser oydos de nadie, le dixo:
Mira, Sancho, yo he considerado bien la
estraña habilidad deste mono, y hallo por mi 20
cuenta que sin duda este maesse Pedro, su
amo, deue de tener hecho pacto, tacito o
espreso, con el demonio.
Si el patio es espeso y del demonio, dixo
Sancho, sin duda deue de ser muy suzio patio; 25
pero ¿de qué prouecho le es al tal maesse
Pedro tener essos patios?
No me entiendes, Sancho; no quiero dezir
sino que deue de tener hecho algun concierto
con el demonio, de que infunda essa habilidad 30
en el mono, con que gane de comer, y despues
que esté rico le dara su alma, que es lo que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 323
este vniuersal enemigo pretende; y hazeme
creer esto el ver que el mono no responde
sino a las cosas passadas o presentes, y la
sabiduria del diablo no se puede estender a mas,
que las por venir no las sabe, si no es por 5
conjeturas, y no todas vezes; que a solo Dios está
reseruado conocer los tiempos y los momentos,
y para El no ay passado ni porvenir, que todo
es presente; y siendo esto assi, como lo es, está
claro que este mono habla con el estilo del 10
diablo, y estoy marauillado como no le han
acusado al Santo Oficio, y examinadole, y sacado
de quajo en virtud de quién adiuina; porque
cierto está que este mono no es astrologo, ni su
amo ni el alçan, ni saben alçar estas figuras que 15
llaman judiciarias (*), que tanto aora se vsan
en España, que no hay mugercilla, ni page, ni
çapatero de viejo que no presuma de alçar vna
figura, como si fuera vna sota de naypes del
suelo, echando a perder con sus mentiras e 20
ignorancias la verdad marauillosa de la
ciencia. De vna señora se yo, que preguntó a vno
destos figureros que si vna perrilla de falda,
pequeña, que tenia, si se empreñaria y pariria,
y quántos y de qué color serian los perros que 25
pariesse; a lo que el señor judiciario, despues
de auer alçado la figura, respondio que la
perrica se empreñaria y pariria tres perricos,
el vno verde, el otro encarnado y el otro de
mezcla, con tal condicion, que la tal perra se 30
cubriesse entre las onze y doze del dia o de la
noche, y que fuesse en lunes o en sabado; y lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324
que sucedio fue que de alli a dos dias se murio
la perra de ahita, y el señor leuantador quedó
acreditado en el lugar por acertadissimo
judiciario, como lo quedan todos o los mas
leuantadores. 5
Con todo esso querria, dixo Sancho, que
vuessa merced dixesse a maesse Pedro
preguntasse a su mono si es verdad lo que a
vuessa merced le passó en la cueua de
Montesinos; que yo para mi tengo, con perdon de 10
vuessa merced, que todo fue embeleco y
mentira, o, por lo menos, cosas soñadas.
Todo podria ser, respondio don Quixote;
pero yo hare lo que me aconsejas, puesto que
me ha de quedar vn no se qué de escrupulo. 15
Estando en esto, llegó maesse Pedro a buscar
a don Quixote y dezirle que ya estaua en orden
el retablo, que su merced viniesse a verle
porque lo merecia; don Quixote le comunicó su
pensamiento y le rogo preguntasse luego a su 20
mono le dixesse si ciertas cosas que auia
passado en la cueua de Montesinos auian sido
soñadas o verdaderas, porque a el le parecia
que tenian de todo. A lo que maesse Pedro, sin
responder palabra, boluio a traer el mono, y 25
puesto delante de don Quixote y de Sancho,
dixo:
Mirad, señor mono, que este cauallero quiere
saber si ciertas cosas que le passaron en vna
cueua llamada de Montesinos, si fueron falsas, 30
o verdaderas.
Y, haziendole la acostumbrada señal, el
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXV p. 325
mono se le subio en el ombro yzquierdo, y
hablandole al parecer en el oydo, dixo luego
maesse Pedro:
El mono dize que parte de las cosas que
vuessa merced vio o passó en la dicha cueua 5
son falsas, y parte verissimiles, y que esto es lo
que sabe, y no otra cosa, en quanto a esta
pregunta; y que si vuessa merced quisiere saber
mas, que el viernes venidero respondera a todo
lo que se le preguntare; que por aora se le ha 10
acabado la virtud, que no le vendra hasta el
viernes, como dicho tiene.
¿No lo dezia yo, dixo Sancho, que no se
me podia assentar que todo lo que vuessa merced,
señor mio, ha dicho de los acontecimientos 15
de la cueua era verdad, ni aun la mitad?
Los sucessos lo diran, Sancho, respondio
don Quixote; que el tiempo, descubridor de
todas las cosas, no se dexa ninguna que no las
saque a la luz del sol, aunque esté escondida 20
en los senos de la tierra; y por aora baste esto,
y vamonos a ver el retablo del buen maesse
Pedro, que para mi tengo que deue de tener
alguna nouedad.
¿Cómo alguna?, respondio maesse Pedro; 25
sesenta mil encierra en si este mi retablo:
digole a vuessa merced, mi señor don Quixote,
que es vna de las cosas mas de ver que oy
tiene el mundo, y operibus credite & non
verbis (*); y manos a labor (*), que se haze 30
tarde, y tenemos mucho que hazer y que dezir
y que mostrar.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 326
Obedecieronle don Quixote y Sancho, y
vinieron donde ya estaua el retablo puesto y
descubierto, lleno por todas partes de candelillas
de cera encendidas, que le hazian vistoso
y resplandeciente. En llegando, se metio maesse 5
Pedro dentro del, que era el que auia de manejar
las figuras del artificio, y fuera se puso vn
muchacho, criado del maesse Pedro, para seruir
de interprete y declarador de los misterios del
tal retablo; tenia vna varilla en la mano con 10
que señalaua las figuras que salian. Puestos,
pues, todos quantos auia en la venta, y algunos
en pie, frontero del retablo, y acomodados don
Quixote, Sancho, el page y el primo en los
mejores lugares, el truxaman començo a dezir 15
lo que oyra y vera el que le oyere, o viere el
capitulo siguiente.
p. 327
Capitulo XXVI
Donde se prosigue la graciosa auentura del
titerero, con otras cosas en verdad harto
buenas.
Callaron todos, tirios y troyanos (*), 5
quiero dezir, pendientes estauan todos los que
el retablo mirauan de la boca del declarador (*)
de sus marauillas, quando se oyeron sonar en
el retablo cantidad de atabales, y trompetas, y
dispararse mucha artilleria, cuyo rumor passó 10
en tiempo breue, y luego alçó la voz el
muchacho, y dixo:
Esta verdadera historia que aqui a vuessas
mercedes se representa, es sacada al pie de la
letra de las coronicas francessas y de los 15
romances españoles que andan en boca de las
gentes y de los muchachos por essas calles; trata
de la libertad que dio el señor don Gayferos a
su esposa Melisendra, que estaua cautiua en
España, en poder de moros, en la ciudad de 20
Sansueña, que assi se llamaua entonces la que
oy se llama Zaragoça; y vean vuessas mercedes
alli como está jugando a las tablas don
Gayferos, segun aquello que se canta:
Iugando está a las tablas don Gayferos 25
que ya de Melisendra está oluidado (*);
y aquel personage, que alli asoma con corona
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 328
en la cabeça y ceptro en las manos, es el
emperador Carlo Magno, padre putatiuo de la
tal Melisendra, el qual, mohino de ver el ocio y
descuydo de su yerno, le sale a reñir; y
aduiertan con la vehemencia y ahinco que le riñe, 5
que no parece sino que le quiere dar con el
ceptro media dozena de coscorrones, y aun ay
autores que dizen que se los dio, y muy bien
dados, y despues de auerle dicho muchas cosas
acerca del peligro que corria su honra en no 10
procurar la libertad de su esposa, dizen que
le dixo:
«harto os he dicho, miradlo (*)».
Miren vuessas mercedes tambien como el
emperador buelue las espaldas y dexa despechado 15
(*) a don Gayferos, el qual ya ven como arroja
impaciente de la colera lexos de si el tablero
y las tablas, y pide a priesa las armas, y a don
Roldan, su primo, pide prestada su espada
Durindana, y como don Roldan no se la quiere 20
prestar, ofreciendole su compañia en la dificil
empresa en que se pone; pero el valeroso
enojado no lo quiere aceptar, antes dize que el
solo es bastante para sacar a su esposa, si bien
estuuiesse metida en el mas hondo centro de 25
la tierra; y, con esto, se entra a armar para
ponerse luego en camino.
Bueluan vuessas mercedes los ojos a aquella
torre que alli parece, que se presupone que
es vna de las torres del alcaçar de Zaragoça, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 329
que aora llaman la Aljaferia, y aquella dama
que en aquel valcon parece, vestida a lo moro,
es la sin par Melisendra, que desde alli muchas
vezes se ponia a mirar el camino de Francia, y
puesta la imaginacion en Paris y en su esposo, 5
se consolaua en su cautiuerio. Miren tambien
vn nueuo caso que aora sucede, quiça no visto
jamas. ¿No veen aquel moro que callandico y
pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se
llega por las espaldas de Melisendra? Pues 10
miren como la da vn beso en mitad de los
labios, y la priesa que ella se da a escupir y a
limpiarselos con la blanca manga de su camisa,
y como se lamenta y se arranca de pesar sus
hermosos cabellos, como si ellos tuuieran la 15
culpa del maleficio. Miren tambien como aquel
graue moro que está en aquellos corredores es
el rey Marsilio de Sansueña, el qual, por auer
visto la insolencia del moro, puesto que era vn
pariente y gran priuado suyo, le mandó luego 20
prender y que le den dozientos açotes,
lleuandole por las calles acostumbradas de la
ciudad,
con chilladores delante,
y enuaramiento detras (*); 25
y veys aqui donde salen a executar la sentencia,
aun bien apenas no (*) auiendo sido puesta
en execucion la culpa, porque entre moros no
ay traslado a la parte, ni a prueua y estese como
entre nosotros. 30
Niño, niño, dixo con voz alta a esta sazon
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 330
don Quixote: Seguid vuestra historia linea
recta y no os metais en las curuas o
transuersales; que para sacar vna verdad en limpio
menester son muchas prueuas y reprueuas.
Tambien dixo maesse Pedro desde dentro: 5
Muchacho, no te metas en dibuxos, sino
haz lo que esse señor te manda, que sera lo
mas acertado; sigue tu canto llano y no te
metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de
sotiles. 10
Yo lo hare assi, respondio el muchacho, y
prosiguio, diziendo:
Esta figura que aqui parece a cauallo
cubierta con vna capa gascona, es la mesma de
don Gayferos; [aqui] (*) su esposa, ya vengada 15
del atreuimiento del enamorado moro, con
mejor y mas sossegado semblante se ha puesto a
los miradores de la torre, y habla con su esposo
creyendo que es algun passagero, con quien
passó todas aquellas razones y coloquios de 20
aquel romance que dizen:
«Cauallero, si a Francia ydes,
por Gayferos preguntad (*).»
Las quales no digo yo aora, porque de la prolixidad
se suele engendrar el fastidio; basta ver 25
como don Gayferos se descubre, y que por los
ademanes alegres que Melisendra haze, se nos
da a entender que ella le ha conocido, y mas
aora que veemos se descuelga del valcon, para
ponerse en las ancas del cauallo de su buen 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 331
esposo; mas ¡ay, sin ventura!, que se le ha assido
vna punta del faldellin de vno de los hierros
del valcon, y está pendiente en el ayre, sin
poder llegar al suelo. Pero veys como el piadoso
cielo socorre en las mayores necessidades, pues 5
llega don Gayferos, y sin mirar si se rasgará o
no el rico faldellin, asse della, y mal su grado
la haze baxar al suelo, y luego de vn brinco
la pone sobre las ancas de su cauallo, a
horcajadas como hombre, y la manda que se tenga 10
fuertemente y le eche los braços por las
espaldas, de modo que los cruze en el pecho,
porque no se cayga, a causa que no estaua la
señora Melisendra acostumbrada a semejantes
cauallerias. Veys tambien como los relinchos 15
del cauallo dan señales que va contento con la
valiente y hermosa carga que lleua en su señor
y en su señora. Veys como bueluen las espaldas
y salen de la ciudad, y alegres y regozijados
toman de Paris la via. ¡Vays en paz, o par 20
sin par de verdaderos amantes; llegueis a
saluamento a vuestra desseada patria, sin que la
fortuna ponga estoruo en vuestro felice viage;
los ojos de vuestros amigos y parientes os vean
gozar en paz tranquila los dias --que los de 25
Nestor sean--, que os quedan de la vida!
Aqui alçó otra vez la voz maesse Pedro, y
dixo:
Llaneza, muchacho, no te encumbres; que
toda afectacion es mala. 30
No respondio nada el interprete, antes
prosiguio, diziendo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 332
No faltaron algunos ociosos ojos, que lo
suelen ver todo, que no viessen (*) la baxada y
la subida de Melisendra, de quien dieron noticia
al rey Marsilio, el qual mandó luego tocar al
arma, y miren con qué priesa: que ya la ciudad 5
se hunde con el son de las campanas, que en
todas las torres de las mezquitas suenan.
Esso no, dixo a esta sazon don Quixote;
en esto de las campanas anda muy impropio
maesse Pedro, porque entre moros no se vsan 10
campanas, sino atabales y vn genero de
dulzaynas que parecen nuestras chirimias, y esto
de sonar campanas en Sansueña sin duda que
es vn gran disparate.
Lo qual oydo por maesse Pedro, cessó el 15
tocar, y dixo:
No mire vuessa merced en niñerias, señor
don Quixote, ni quiera lleuar las cosas tan por
el cabo, que no se le halle. ¿No se representan
por ay casi de ordinario mil comedias llenas de 20
mil impropiedades y disparates, y, con todo
esso, corren felicissimamente su carrera y se
escuchan, no solo con aplauso, sino con
admiracion y todo? Prosigue, muchacho, y dexa
dezir, que como yo llene mi talego, siquiera 25
represente mas impropiedades que tiene
atomos el sol.
Assi es la verdad, replicó don Quixote.
Y el muchacho dixo:
Miren quánta y quán luzida caualleria sale 30
de la ciudad en siguimiento de los dos
catolicos amantes, quántas trompetas que suenan,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 333
quántas dulzaynas que tocan y quántos
atabales y atambores que retumban; temome que
los han de alcançar y los han de boluer atados
a la cola de su mismo cauallo, que seria vn
horrendo espetaculo. 5
Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y
tanto estruendo don Quixote, pareciole ser
bien dar ayuda a los que huian, y,
leuantandose en pie, en voz alta dixo:
No consentire yo que en mis dias y en mi 10
presencia se le haga supercheria (*) a tan
famoso cauallero y a tan atreuido enamorado como
don Gayferos. ¡Deteneos, mal nacida canalla,
no le siguays ni persigays; si no, conmigo
sois en la batalla! 15
Y, diziendo y haziendo, desenuaynó la espada,
y de vn brinco se puso junto al retablo y
con acelerada y nunca vista furia començo a
llouer cuchilladas sobre la titerera morisma (*),
derribando a vnos, descabeçando a otros, 20
estropeando a este, destroçando a aquel, y entre
otros muchos, tiró vn altibaxo tal, que si maesse
Pedro no se abaxa, se encoge y agazapa, le
cercenara la cabeça con mas facilidad que si
fuera hecha de masa de maçapan. Daua vozes 25
maesse Pedro, diziendo:
Detengase vuessa merced, señor don Quixote,
y aduierta que estos que derriba, destroza
y mata no son verdaderos moros, sino vnas
figurillas de pasta; ¡mire, pecador de mi, que me 30
destruye y echa a perder toda mi hazienda!
Mas no por esto dexaua de menudear don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 334
Quixote cuchilladas, mandobles, tajos y
rebeses como llouidos. Finalmente, en menos de
dos credos dio con todo el retablo en el suelo,
hechas pedaços y desmenuzadas todas sus jarcias
y figuras, el rey Marsilio mal herido y el 5
emperador Carlo Magno, partida la corona y la
cabeça en dos partes. Alborotose el senado
de los oyentes, huyose el mono por los tejados
de la venta (*), temio el primo, acobardose el
page, y hasta el mesmo Sancho Pança tuuo 10
pauor grandissimo, porque como el juró despues
de passada la borrasca, jamas auia visto
a su señor con tan desatinada colera. Hecho,
pues, el general destroço del retablo,
sossegose vn poco don Quixote y dixo: 15
Quisiera yo tener aqui delante en este punto
todos aquellos que no creen ni quieren creer de
quánto prouecho sean en el mundo los caualleros
andantes; miren si no me hallara yo aqui
presente qué fuera del buen don Gayferos y de 20
la hermosa Melisendra; a buen seguro que esta
fuera ya la hora que los huuieran alcançado
estos canes y les huuieran hecho algun desaguisado.
En resolucion, ¡viua la andante caualleria
sobre quantas cosas oy viuen en la tierra! 25
Viua en hora buena, dixo a esta sazon
con voz enfermiza maesse Pedro, y muera
yo, pues soy tan desdichado que puedo dezir
con el rey don Rodrigo:
Ayer fuy señor de España, 30
y oy no tengo vna almena
que pueda dezir que es mia (*).
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 335
No ha media hora, ni aun vn mediano momento,
que me vi señor de reyes y de emperadores,
llenas mis cauallerizas y mis cofres y
sacos de infinitos cauallos y de innumerables
galas, y agora me veo desolado y abatido, 5
pobre y mendigo, y, sobre todo, sin mi mono,
que a fe que primero que le buelua a mi poder
me han de sudar los dientes, y todo por la
furia mal considerada deste señor cauallero,
de quien se dize que ampara pupilos y endereza 10
tu[e]rtos, y haze otras obras caritatiuas,
y en mi solo ha venido a faltar su intencion
generosa, que sean benditos y alabados los
cielos alla donde tienen mas leuantados sus
assientos. En fin, el Cauallero de la Triste 15
Figura auia de ser aquel que auia de desfigurar
las mias.
Enterneciose Sancho Pança con las razones
de maesse Pedro, y dixole:
No llores, maesse Pedro, ni te lamentes, 20
que me quiebras el coraçon; porque te hago
saber que es mi señor don Quixote tan catolico
y escrupuloso christiano, que si el cae en la
cuenta de que te ha hecho algun agrauio, te lo
sabra y te lo querra pagar y satisfazer con 25
muchas ventajas.
Con que me pagasse el señor don Quixote
alguna parte de las hechuras que me ha deshecho,
quedaria contento, y su merced asseguraria
su conciencia, porque no se puede saluar 30
quien tiene lo ageno contra la voluntad de su
dueño y no lo restituye.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 336
Assi es, dixo don Quixote; pero hasta
aora yo no se que tenga nada vuestro, maesse
Pedro.
¿Cómo no?, respondio maesse Pedro. Y
estas reliquias que estan por este duro y esteril 5
suelo, ¿quién las esparcio y aniquiló sino la
fuerça inuencible desse poderoso braço? Y
¿cuyos eran sus cuerpos sino mios? Y ¿con
quién me sustentaua yo sino con ellos?
Aora acabo de creer, dixo a este punto 10
don Quixote, lo que otras muchas vezes he
creydo: que estos encantadores que me
persiguen no hazen sino ponerme las figuras
como ellas son delante de los ojos, y luego me
las mudan y truecan en las que ellos quieren. 15
Real y verdaderamente os digo, señores que
me ois, que a mi me parecio todo lo que aqui
ha passado que passaua al pie de la letra: que
Melisendra era Melisendra; don Gayferos, don
Gayferos; Marsilio, Marsilio, y Carlo Magno, 20
Carlo Magno. Por esso se me alteró la colera, y,
por cumplir con mi profession de cauallero
andante, quise dar ayuda y fauor a los que huian,
y con este buen proposito hize lo que aueys
visto; si me ha salido al rebes no es culpa mia, 25
sino de los malos que me persiguen; y, con
todo esto, deste mi hierro, aunque no ha
procedido de malicia, quiero yo mismo condenarme
en costas; vea maesse Pedro lo que quiere
por las figuras deshechas; que yo me ofrezco 30
a pagarselo luego en buena y corriente moneda
castellana.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 337
Inclinosele maesse Pedro, diziendole:
No esperaua yo menos de la inaudita
christiandad del valeroso don Quixote de la
Mancha, verdadero socorredor y amparo de todos
los necessitados y menesterosos vagamundos; 5
y aqui el señor ventero y el gran Sancho seran
medianeros y apreciadores entre vuessa merced
y mi de lo que valen o podian valer las ya
deshechas figuras.
El ventero y Sancho dixeron que assi lo 10
harian, y luego maesse Pedro alçó del suelo,
con la cabeça menos, al rey Marsilio de
Zaragoça, y dixo:
Ya se vee quán impossible es boluer a este
rey a su ser primero, y, assi, me parece, saluo 15
mejor juyzio, que se me de por su muerte, fin
y acabamiento quatro reales y medio.
Adelante, dixo don Quixote.
Pues por esta abertura de arriba abaxo,
prosiguio maesse Pedro, tomando en las 20
manos al partido emperador Carlo Magno, no
seria mucho que pidiesse yo cinco reales y vn
quartillo.
No es poco, dixo Sancho.
Ni mucho, replicó el ventero; mediese la 25
partida y señalensele cinco reales.
Densele todos cinco y quartillo, dixo don
Quixote; que no está en vn quartillo mas a
menos la monta desta notable desgracia, y acabe
presto maesse Pedro, que se haze hora de cenar 30
y yo tengo ciertos barruntos de hambre.
Por esta figura, dixo maesse Pedro, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 338
está sin narizes y vn ojo menos, que es de la
hermosa Melisendra, quiero, y me pongo en lo
justo, dos reales y doze marauedis.
Aun ai seria el diablo, dixo don Quixote,
si ya no estuuiesse Melisendra con su esposo, 5
por lo menos, en la raya de Francia, porque el
cauallo en que yuan a mi me parecio que antes
bolaua que corria, y, assi, no ay para qué
venderme a mi el gato por liebre, presentandome
aqui a Melisendra desnarigada, estando 10
la otra, si viene a mano, aora holgandose en
Francia con su esposo a pierna tendida. Ayude
Dios con lo suyo a cada vno, señor maesse
Pedro, y caminemos todos con pie llano y con
intencion sana, y prosiga. 15
Maesse Pedro, que vio que don Quixote
yzqui[e]rdeaua y que boluia a su primer tema,
no quiso que se le escapasse, y, assi, le dixo:
Esta no deue de ser Melisendra, sino alguna
de las donzellas que la seruian, y, assi, con 20
sesenta marauedis que me den por ella,
quedaré contento y bien pagado.
Desta manera fue poniendo precio a otras
muchas destroçadas figuras, que despues los
moderaron los dos juezes arbitros, con 25
satisfacion de las partes, que llegaron a quarenta
reales y tres quartillos, y ademas desto, que
luego lo desembolsó Sancho, pidio maesse Pedro
dos reales por el trabajo de tomar el mono.
Daselos, Sancho, dixo don Quixote, no 30
para tomar el mono, sino la mona, y dozientos
diera yo aora en albricias a quien me dixera
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 339
con certidumbre que la señora doña Melisendra
y el señor don Gayferos estauan ya en
Francia y entre los suyos.
Ninguno nos lo podra dezir mejor que mi
mono, dixo maesse Pedro, pero no aura diablo 5
que aora le tome; aunque imagino que el cariño
y la hambre le han de forçar (h)a que me busque
esta noche, y amanecera Dios, y veremonos.
En resolucion, la borrasca del retablo se
acabó y todos cenaron en paz y en buena 10
compañia, a costa de don Quixote, que era
liberal en todo estremo. Antes que amaneciesse
se fue el que lleuaua las lanças y las alabardas,
y ya despues de amanecido se vinieron a
despedir de don Quixote el primo y el page, el 15
vno para boluerse a su tierra, y el otro, a
proseguir su camino, para ayuda del qual le dio
don Quixote vna dozena de reales. Maesse
Pedro no quiso boluer a entrar en mas dimes
ni diretes con don Quixote, a quien el conocia 20
muy bien, y, assi, madrugó antes que el sol, y,
cogiendo las reliquias de su retablo y a su
mono, se fue tambien a buscar sus auenturas.
El ventero (*), que no conocia a don Quixote,
tan admirado le tenian sus locuras como su 25
liberalidad. Finalmente, Sancho le pagó muy bien
por orden de su señor, y, despidiendose del,
casi a las ocho del dia dexaron la venta y se
pusieron en camino, donde los dexaremos yr,
que assi conuiene, para dar lugar a contar 30
otras cosas pertenecientes a la declaracion
desta famosa historia.
p. 340
Capitulo XXVII
Donde se da cuenta quiénes eran maesse
Pedro y su mono, con el mal sucesso que don
Quixote tuuo en la auentura del rebuzno,
que no la acabó como el quisiera y como lo 5
tenia pensado.
Entra Cide Hamete, coronista desta grande
historia, con estas palabras en este capitulo:
Iuro como catolico christiano; a lo que su
traductor dize que el (*) jurar Cide Hamete como 10
catolico christiano, siendo el moro, como sin
duda lo era, no quiso dezir otra cosa, sino que
assi como el catolico christiano, quando jura,
jura o deue jurar verdad y dezirla en lo que
dixere, assi el la dezia como si jurara como 15
christiano catolico en lo que queria escriuir de
don Quixote, especialmente en dezir quién era
maesse Pedro y quién el mono adiuino que
traia admirados todos aquellos pueblos con
sus adiuinanças. 20
Dize, pues, que bien se acordará el que
huuiere leydo la primera parte desta historia de
aquel Gines de Passamonte a quien, entre otros
galeotes, dio libertad don Quixote en Sierra
Morena, beneficio que despues le fue mal 25
agradecido y peor pagado de aquella gente maligna
y mal acostumbrada. Este Gines de Passamonte,
a quien don Quixote llamaua Ginessillo de
Parapilla, fue el que hurtó a Sancho Pança el
ruzio, que por no auerse puesto el cómo ni 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 341
el quándo en la primera parte, por culpa de los
impressores, ha dado en qué entender a
muchos, que atribuian a poca memoria del autor
la falta de emprenta (*). Pero, en resolucion,
Gines le hurtó estando sobre el durmiendo 5
Sancho Pança, vsando de la traça y modo que
vsó Brunelo quando, estando Sacripante sobre
Albraca, le sacó el cauallo de entre las piernas,
y despues le cobró Sancho, como se ha
contado. Este Gines, pues, temeroso de no ser 10
hallado de la justicia que le buscaua para
castigarle de sus infinitas vellaquerias y delitos,
que fueron tantos y tales, que el mismo
compuso vn gran volumen contandolos, determinó
passarsse al reyno de Aragon y cubrirse el ojo 15
yzquierdo, acomodandose al oficio de titerero;
que esto y el jugar de manos lo sabia hazer
por estremo.
Sucedio, pues, que de vnos christianos ya
libres que venian de Berberia compró aquel 20
mono, a quien enseñó que en haziendole
cierta señal, se le subiesse en el ombro y le
murmurasse, o lo pareciesse, al oydo. Hecho esto,
antes que entrasse en el lugar donde entraua
con su retablo y mono, se informaua en el 25
lugar más cercano, o de quien el mejor podia,
qué cosas particulares huuiessen sucedido en el
tal lugar y a qué personas, y lleuandolas bien
en la memoria, lo primero que hazia era mostrar
su retablo, el qual vnas vezes era de vna 30
historia y otras de otra, pero todas alegres y
regozijadas y conocidas. Acabada (*) la muestra
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 342
proponia las habilidades de su mono, diziendo
al pueblo que adiuinaua todo lo passado
y lo presente, pero que en lo de por venir
no se daua maña; por la respuesta de cada
pregunta pedia dos reales y de algunas hazia 5
varato, segun tomaua el pulso a los preguntantes,
y como tal vez llegaua a las casas de
quien el sabia los sucessos de los que en ella
morauan, aunque no le preguntassen nada,
por no pagarle, el hazia la seña al mono y 10
luego dezia que le auia dicho tal y tal cosa,
que venia de molde con lo sucedido; con esto
cobraua credito inefable y andauanse todos
tras el; otras vezes, como era tan discreto,
respondia de manera, que las respuestas venian 15
bien con las preguntas, y como nadie le apuraua
ni apretaua a que dixesse como adeuinaua
su mono, a todos hazia monas y llenaua
sus esqueros.
Assi como entró en la venta conocio a don 20
Quixote y a Sancho, por cuyo conocimiento
le fue facil poner en admiracion a don Quixote
y a Sancho Pança y a todos los que en ella
estauan; pero huuierale de costar caro, si don
Quixote baxara vn poco mas la mano, quando 25
cortó la cabeça al rey Marsilio y destruyó toda
su caualleria, como queda dicho en el
antecedente capitulo.
Esto es lo que ay que dezir de maesse Pedro
y de su mono. Y, boluiendo a don Quixote de 30
la Mancha, digo que despues de auer salido
de la venta, determinó de ver primero las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 343
riberas del rio Hebro y todos aquellos contornos,
antes de entrar en la ciudad (*) de Zaragoça,
pues le daua tiempo para todo el mucho que
faltaua desde alli a las justas. Con esta
intencion siguio su camino, por el qual anduuo dos 5
dias sin acontecerle cosa digna de ponerse en
escritura, hasta que al tercero, al subir de vna
loma, oyo vn gran rumor de atambores, de
trompetas y arcabuzes; al principio penso que
algun tercio de soldados passaua por aquella 10
parte, y por verlos picó a Rozinante y subio la
loma arriba, y quando estuuo en la cumbre vio
al pie della, a su parecer, mas de dozientos
hombres armados de diferentes suertes de
armas, como si dixessemos lanzones, ballestas, 15
partesanas, alabardas y picas, y algunos
arcabuzes y muchas rodelas. Baxó del recuesto y
acercose al esquadron, tanto, que distintamente
vio las vanderas, juzgó de las colores y notó
las empressas que en ellas traian, especialmente 20
vna que en vn estandarte o giron de raso
blanco venia, en el qual estaua pintado muy al
viuo vn asno como vn pequeño sardesco, la
cabeça leuantada, la boca abierta y la lengua
de fuera, en acto y postura como si estuuiera 25
rebuznando; alrededor del estauan escritos de
letras grandes estos dos versos:
No rebuznaron en valde
el vno y el otro alcalde.
Por esta insignia sacó don Quixote que aquella 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 344
gente deuia de ser del pueblo del rebuzno,
y assi se lo dixo a Sancho, declarandole lo que
en el estandarte venia escrito; dixole tambien
que el que les auia dado noticia de aquel caso
se auia errado en dezir que dos regidores auian 5
sido los que rebuznaron; pero, que (*) segun los
versos del estandarte, no auian sido sino
alcaldes. A lo que respondio Sancho Pança:
Señor, en esso no ay que reparar, que bien
puede ser que los regidores que entonces 10
rebuznaron viniessen con el tiempo a ser alcaldes
de su pueblo, y, assi, se pueden llamar con
entrambos titulos, quanto mas que no haze al
caso a la verdad de la historia ser los rebuznadores
alcaldes o regidores, como ellos vna por 15
vna ayan rebuznado, porque tan a pique está
de rebuznar vn alcalde como vn regidor.
Finalmente, conocieron y supieron como el
pueblo corrido salia a pelear con otro que le
corria mas de lo justo y de lo que se deuia a 20
la buena vezindad. Fuesse llegando a ellos don
Quixote, no con poca pesadumbre de Sancho,
que nunca fue amigo de hallarse en semejantes
jornadas. Los del esquadron le recogieron
en medio, creyendo que era alguno de los de 25
su parcialidad. Don Quixote, alçando la visera,
con gentil brio y continente llegó hasta el
estandarte del asno, y alli se le pusieron alrededor
todos los mas principales del exercito, por
verle, admirados con la admiracion acostumbrada, 30
en que caian todos aquellos que la vez
primera le mirauan (*). Don Quixote, que los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 345
vio tan atentos a mirarle, sin que ninguno le
hablasse ni le preguntasse nada, quiso aprouecharse
de aquel silencio y, rompiendo el suyo,
alçó la voz y dixo:
Buenos señores, quan encarecidamente 5
puedo os suplico que no interrumpays vn
razonamiento que quiero hazeros, hasta que
veays que os disgusta y enfada; que si esto
sucede, con la mas minima señal que me hagays,
pondre vn sello en mi boca y echaré vna 10
mordaza a mi lengua.
Todos le dixeron que dixesse lo que
quisiesse, que de buena gana le escucharian. Don
Quixote, con esta licencia, prosiguio, diziendo:
Yo, señores mios, soy cauallero andante, 15
cuyo exercicio es el de las armas, y cuya
profession la de fauorecer a los necessitados de
fauor y acudir a los menesterosos. Dias ha que
he sabido vuestra desgracia y la causa que os
mueue a tomar las armas a cada paso, para 20
vengaros de vuestros enemigos. Y, auiendo
discurrido vna y muchas vezes en mi entendimiento
sobre vuestro negocio, hallo, segun las
leyes del duelo, que estays engañados en
teneros por afrentados, porque ningun particular 25
puede afrentar a vn pueblo entero, si no es
retandole de traydor por junto, porque no sabe
en particular quién cometio la traycion porque
le reta. Exemplo desto tenemos en don Diego
Ordoñez de Lara, que retó a todo el pueblo 30
zamorano, porque ignoraua que solo Vellido
Dolfos auia cometido la traycion de matar a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 346
su rey, y, assi, retó a todos y a todos tocaua la
vengança y la respuesta; aunque bien es verdad
que el señor don Diego anduuo algo demasiado
y aun pasó muy adelante de los limites
del reto, porque no tenia para qué retar a 5
los muertos, a las aguas, ni a los panes, ni a
los que estauan por nacer, ni a las otras menudencias
que alli se declaran (*); pero ¡vaya!, pues
quando la colera sale de madre, no tiene la
lengua padre, ayo ni freno que la corrija. 10
Siendo, pues, esto assi, que vno solo no puede
afrentar a reyno, prouincia, ciudad, republica ni
pueblo entero, queda en limpio que no ay para
qué salir a la vengança del reto de la tal
afrenta, pues no lo es; porque ¡bueno seria que se 15
matassen a cada paso los del pueblo de la Reloxa
(*) con quien se lo llama, ni los cazoleros,
verengeneros, vallenatos, xauoneros, ni los de
otros nombres y apellidos que andan por ahi
en boca de los muchachos y de gente de poco 20
mas a menos! ¡Bueno seria, por cierto, que
todos estos insignes pueblos se corriessen y
vengassen y anduuiessen contino hechas las
espadas sacabuches a qualquier pendencia, por
pequeña que fuesse! No, no, ni Dios lo permita 25
o quiera; los varones prudentes, las republicas
bien concertadas, por quatro cosas han de
tomar las armas y desenuaynar las espadas y
poner a riesgo sus personas, vidas y haziendas
(*): la primera, por defender la fe catolica; 30
la segunda, por defender su vida, que es de
ley natural y diuina; la tercera, en defensa de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 347
su honra, de su familia y hazienda; la quarta,
en seruicio de su rey en la guerra justa, y si le
quisieremos añadir la quinta, que se puede
contar por segunda, es en defensa de su patria.
A estas cinco causas, como capitales, se 5
pueden agregar algunas otras que sean justas
y razonables y que obliguen a tomar las
armas; pero tomarlas por niñerias y por cosas
que antes son de risa y passatiempo que de
afrenta, parece que quien las toma carece de 10
todo razonable discurso, quanto mas que el
tomar vengança injusta, que justa no puede
auer alguna que lo sea, va derechamente contra
la santa ley que professamos, en la qual se
nos manda que hagamos bien a nuestros 15
enemigos y que amemos a los que nos aborrecen,
mandamiento que aunque parece algo dificultoso
de cumplir, no lo es sino para aquellos
que tienen menos de Dios que del mundo, y
mas de carne que de espiritu; porque Iesu 20
Christo, Dios y hombre verdadero, que nunca
mintio, ni pudo ni puede mentir, siendo legislador
nuestro, dixo que su yugo era suaue y su carga
liuiana, y, assi, no nos auia de mandar cosa
que fuesse impossible el cumplirla. Assi que, 25
mis señores, vuessas mercedes estan obligados
por leyes diuinas y humanas a sossegarse.
El diablo me lleue, dixo a esta sazon Sancho
entre si, si este mi amo no es tologo, y si
no lo es, que lo parece como vn gueuo a otro. 30
Tomó vn poco de aliento don Quixote, y,
viendo que todauia le prestauan silencio, quiso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 348
passar adelante en su platica, como passara si
no se pusiera (*) en medio la agudeza de
Sancho, el qual, viendo que su amo se detenia,
tomó la mano por el, diziendo:
Mi señor don Quixote de la Mancha, que 5
vn tiempo se llamó el Cauallero de la Triste
Figura y aora se llama el Cauallero de los
Leones, es vn hidalgo muy atentado que sabe
latin y romance como vn bachiller, y en todo
quanto trata y aconseja procede como muy 10
buen soldado, y tiene todas las leyes y
ordenanças de lo que llaman el duelo en la vña, y
assi no ay mas que hazer sino dexarse lleuar
por lo que el dixere, y sobre mi si lo erraren;
quanto mas que ello se está dicho que es 15
necedad correrse por solo oyr vn rebuzno; que
yo me acuerdo, quando muchacho, que rebuznaua
cada y quando que se me antojaua, sin
que nadie me fuesse a la mano, y con tanta
gracia y propiedad, que en rebuznando yo, 20
rebuznauan todos los asnos del pueblo, y no por
esso dexaua de ser hijo de mis padres, que
eran honradissimos; y aunque por esta habilidad
era inuidiado de mas de quatro de los estirados
de mi pueblo, no se me daua dos ardites. 25
Y porque se vea que digo verdad, esperen
y escuchen; que esta ciencia es como la del
nadar que, vna vez aprendida, nunca se oluida.
Y luego, puesta la mano en las narizes,
començo a rebuznar tan reziamente, que todos 30
los cercanos valles retumbaron. Pero vno de
los que estauan junto a el, creyendo que hazia
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 349
burla dellos, alçó vn varapalo que en la mano
tenia y diole tal golpe con el, que sin ser
poderoso a otra cosa, dio con Sancho Pança en el
suelo. Don Quixote, que vio tan mal parado a
Sancho, arremetio al que le auia dado, con la 5
lança sobre mano; pero fueron tantos los que
se pusieron en medio, que no fue possible
vengarle; antes, viendo que llouia sobre el vn
nublado de piedras y que le amenazauan mil
encaradas ballestas y no menos cantidad de 10
arcabuzes, boluio las riendas a Rozinante, y a
todo lo que su galope pudo se salio de entre
ellos, encomendandose de todo coraçon a Dios,
que de aquel peligro le librasse, temiendo a
cada paso no le entrasse alguna vala por las 15
espaldas y le saliesse al pecho, y a cada punto
recogia el aliento, por ver si le faltaua.
Pero los del esquadron se contentaron con verle
huyr, sin tirarle. A Sancho le pusieron sobre
su jumento, apenas buelto en si y le dexaron yr 20
tras su amo, no porque el tuuiesse sentido para
regirle; pero el ruzio siguio las huellas de
Rozinante, sin el qual no se hallaua vn punto.
Alongado, pues, don Quixote buen trecho,
boluio la cabeça y vio que Sancho venia, y 25
atendiole, viendo que ninguno le seguia. Los
del esquadron se estuuieron alli hasta la noche,
y por no auer salido a la batalla sus contrarios
se boluieron a su pueblo regozi[j]ados
y alegres, y si ellos supieran la costumbre 30
antigua de los griegos, leuantaran en aquel lugar
y sitio vn trofeo.
p. 350
Capitulo XXVIII
De cosas que dize Benengeli que las sabra
quien le leyere, si las lee con atencion.
Quando el valiente huye la supercheria está
descubierta, y es de varones prudentes guardarse 5
para mejor ocasion. Esta verdad se verificó
en don Quixote, el qual, dando lugar a la
furia del pueblo y a las malas intenciones de
aquel indignado escuadron, puso pies en
poluorosa, y sin acordarse de Sancho ni del 10
peligro en que le dexaua, se apartó tanto quanto
le parecio que bastaua, para estar seguro.
Seguiale Sancho atrauessado en su jumento,
como queda referido. Llegó, en fin, ya buelto
en su acuerdo, y al llegar se dexó caer del 15
ruzio a los pies de Rozinante, todo ansioso,
todo molido y todo apaleado. Apeose don
Quixote para catarle las feridas, pero como le
hallase sano de los pies a la cabeça, con assaz
colera le dixo: 20
¡Tan en hora mala supistes vos rebuznar,
Sancho! Y ¿dónde hallastes vos ser bueno el
nombrar la soga en casa del ahorcado? A
musica de rebuznos ¿qué contrapunto se auia
de lleuar sino de varapalos? Y dad gracias a 25
Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con
vn palo, no os hizieron el per signum cruzis con
vn alfange.
No estoy para responder, respondio
Sancho, porque me parece que hablo por las 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 351
espaldas; subamos y apartemonos de aqui, que
yo pondre silencio en mis rebuznos; pero no
[puedo] (*) dexar de dezir que los caualleros
andantes huyen, y dexan a sus buenos
escuderos molidos como alheña o como cibera en 5
poder de sus enemigos.
No huye el que se retira, respondio don
Quixote, porque has de saber, Sancho, que
la valentia que no se funda sobre la basa de
la prudencia se llama temeridad, y las hazañas 10
del temerario mas se atribuyen a la buena
fortuna que a su animo. Y, assi, yo confiesso que
me he retirado, pero no huydo, y en esto e
imitado a muchos valientes, que se han guardado
para tiempos mejores, y desto estan las 15
historias llenas, las quales, por no serte a ti de
prouecho ni a mi de gusto, no te las refiero
aora.
En esto, ya estaua a cauallo Sancho, ayudado
de don Quixote, el qual assimismo subio 20
en Rozinante, y poco a poco se fueron a
emboscar en vna alameda que hasta vn quarto de
legua de alli se parecia. De quando en quando
daua Sancho vnos ayes profundissimos y vnos
gemidos dolorosos. Y, preguntandole don 25
Quixote la causa de tan amargo sentimiento,
respondio que desde la punta del espinazo hasta
la nuca del celebro le dolia de manera, que le
sacaua de sentido.
La causa desse dolor deue de ser, sin duda, 30
dixo don Quixote, que como era el palo con
que te dieron largo y tendido, te cogio todas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 352
las espaldas, donde entran todas essas partes
que te duelen; y si mas te cogiera, mas te
doliera.
Por Dios, dixo Sancho, que vuessa merced
me ha sacado de vna gran duda, y que me 5
la ha declarado por lindos terminos. ¡Cuerpo
de mi!, ¿tan encubierta estaua la causa de mi
dolor, que ha sido menester dezirme que me
duele todo todo (*) aquello que alcançó el palo?
Si me dolieran los touillos, aun pudiera ser que 10
se anduuiera adiuinando el por qué me dolian;
pero dolerme lo que me molieron no es mucho
adiuinar. A la fe, señor nuestro amo, el mal
ageno de pelo cuelga, y cada dia voy
descubriendo tierra de lo poco que puedo esperar 15
de la compañia que con vuessa merced tengo,
porque si esta vez me ha dexado apalear, otra
y otras ciento bolueremos a los manteamientos
de marras y a otras muchacherias, que si
aora me han salido a las espaldas, despues 20
me saldran a los ojos. Harto mejor haria yo,
sino que soy vn barbaro y no hare nada que
bueno sea en toda mi vida, harto mejor haria
yo, bueluo a dezir, en boluerme a mi casa y a
mi muger y a mis hijos, y sustentarla y criarlos 25
con lo que Dios fue[sse] seruido de darme, y no
andarme tras vuessa merced por caminos sin
camino, y por sendas y carreras que no las
tienen, beuiendo mal y comiendo peor. Pues
¡tomadme el dormir! Contad, hermano escudero, 30
siete pies de tierra, y si quisieredes mas, tomad
otros tantos, que en vuestra mano está escudillar,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 353
y tendeos a todo vuestro buen talante, que
quemado vea yo y hecho poluos al primero
que dio puntada en la andante caualleria, o, a
lo menos, al primero que quiso ser escudero
de tales tontos como deuieron ser todos los 5
caualleros andantes passados; de los presentes
no digo nada, que por ser vuessa merced vno
dellos los tengo respeto, y porque se que sabe
vuessa merced vn punto mas que el diablo en
quanto habla y en quanto piensa. 10
Haria yo vna buena apuesta con vos,
Sancho, dixo don Quixote, que aora que vays
hablando, sin que nadie os vaya a la mano,
que no os duele nada en todo vuestro cuerpo.
Hablad, hijo mio, todo aquello que os viniere 15
al pensamiento y a la boca; que a trueco de
que a vos no os duela nada, tendre yo por gusto
el enfado que me dan vuestras impertinencias,
y si tanto desseays bolueros a vuestra
casa con vuestra muger y hijos, no permita 20
Dios que yo os lo impida; dineros teneys mios,
mirad quánto ha que esta tercera vez salimos
de nuestro pueblo, y mirad lo que podeys y
deueys ganar cada mes, y pagaos de vuestra
mano. 25
Quando yo seruia, respondio Sancho, a
Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sanson
Carrasco, que vuessa merced bien conoce, dos
ducados ganaua cada mes, amen de la comida;
con vuessa merced no se lo que puedo ganar, 30
puesto que se que tiene mas trabajo el escudero
del cauallero andante que el que sirue a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 354
vn labrador; que, en resolucion, los que
seruimos a labradores, por mucho que trabajemos
de dia, por mal que suceda, a la noche
cenamos olla y dormimos en cama, en la qual no
he dormido despues que ha que siruo a vuessa 5
merced, si no ha sido el tiempo breue que
estuuimos en casa de don Diego de Miranda,
y la gira que tuue con la espuma que saqué de
las ollas de Camacho, y lo que comi y beui y
dormi en casa de Basilio; todo el otro tiempo 10
he dormido en la dura tierra al cielo abierto,
sugeto a lo que dizen inclemencias del cielo,
sustentandome con rajas de queso y mendrugos
de pan, y beuiendo aguas, ya de arroyos,
ya de fuentes, de las que encontramos por 15
essos andurriales donde andamos.
Confiesso, dixo don Quixote, que todo lo
que dizes, Sancho, sea verdad; ¿quánto parece
que os deuo dar mas de lo que os daua Tomé
Carrasco? 20
A mi parecer, dixo Sancho, con dos
reales mas que vuessa merced añadiesse cada
mes me tendria por bien pagado. Esto es quanto
al salario de mi trabajo; pero en quanto a
satisfazerme a la palabra y promessa que 25
vuessa merced me tiene hecha de darme el
gouierno de vna insula, seria justo que se me
añadiessen otros seys reales, que por todos
serian treynta.
Está muy bien, replicó don Quixote y 30
conforme al salario que vos os aueis señalado,
25 dias ha que salimos de nuestro pueblo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 355
contad, Sancho, rata por cantidad y mirad lo
que os deuo, y pagaos, como os tengo dicho,
de vuestra mano.
¡O cuerpo de mi!, dixo Sancho, que va
vuessa merced muy errado en esta cuenta, 5
porque en lo de la promessa de la insula se ha
de contar desde el dia que vuessa merced me
la prometio, hasta la presente hora en que
estamos.
Pues ¿qué tanto (*) ha, Sancho, que os la 10
prometi?, dixo don Quixote.
Si yo mal no me acuerdo, respondio Sancho,
deue de auer mas de 20 años, tres dias
mas a menos.
Diose don Quixote vna gran palmada en la 15
frente (*), y començo a reyr muy de gana, y
dixo:
Pues no anduue yo en Sierra Morena, ni en
todo el discurso de nuestras salidas, sino dos
meses apenas, y ¿dizes, Sancho, que ha 20 20
años que te prometi la insula? Aora digo que
quieres que se consuma (*) en tus salarios el
dinero que tienes mio, y si esto es assi y tu
gustas dello, desde aqui te lo doy y buen
prouecho te haga; que a trueco de verme sin tan 25
mal escudero, holgareme de quedarme pobre y
sin blanca. Pero dime, preuaricador de las
ordenanças escuderiles de la andante caualleria,
¿dónde has visto tu, o leydo, que ningun
escudero de cauallero andante se aya puesto con 30
su señor, en [tanto mas quanto] (*) me aueis
de dar cada mes porque os sirua? Entrate,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 356
entrate, malandrin, follon y vestiglo, que todo
lo pareces, entrate, digo, por el mare magnum
de sus historias, y si hallares que algun
escudero aya dicho, ni pensado, lo que aqui has
dicho, quiero que me le claues en la frente, y, 5
por añadidura, me hagas quatro mamonas
selladas en mi rostro. Buelue las riendas, o el
cabestro, al ruzio, y bueluete a tu casa, porque
vn solo paso desde aqui no has de passar mas
adelante conmigo. ¡O pan mal conocido! (*); 10
¡o promessas mal colocadas!; ¡o hombre que
tiene mas de bestia que de persona! ¿Aora
quando yo pensaua ponerte en estado, y tal, que
a pesar de tu muger te llamaran señoria, te
despides? ¿Aora te vas, quando yo venia con 15
intencion firme y valedera de hazerte señor de la
mejor insula del mundo? En fin, como tu has
dicho otras vezes, no es la miel, etc.; asno eres,
y asno has de ser y en asno has de parar quando
se te acabe el curso de la vida, que para 20
mi tengo que antes llegará ella a su vltimo
termino que tu caygas y des en la cuenta de
que eres bestia.
Miraua Sancho a don Quixote de en hito en
hito, en tanto que los tales vituperios le dezia; 25
y compungiose de manera, que le vinieron las
lagrimas a los ojos, y con voz dolorida y
enferma le dixo:
Señor mio, yo confiesso que, para ser del
todo asno, no me falta mas de la cola; si 30
vuessa merced quiere ponermela, yo la dare por
bien puesta y le seruire como jumento todos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXVIII p. 357
los dias que me quedan de mi vida. Vuessa
merced me perdone y se duela de mi mocedad,
y aduierta que se poco, y que si hablo
mucho, mas procede de enfermedad que de
malicia; mas quien yerra y se enmienda, a Dios 5
se encomienda.
Marauillarame yo, Sancho, si no mezclaras
algun refrancico en tu coloquio. Aora bien, yo
te perdono con que te emiendes y con que
no te muestres de aqui adelante tan amigo de 10
tu interes, sino que procures ensanchar el
coraçon y te alientes y animes a esperar el
cumplimiento de mis promessas, que, aunque se
tarda, no se impossibilita.
Sancho respondio que si haria, aunque sacasse 15
fuerças de flaqueza. Con esto, se metieron
en la alameda, y don Quixote se acomodó al
pie de vn olmo y Sancho al de vna haya, que
estos tales arboles y otros sus semejantes
siempre tienen pies, y no manos. Sancho passó la 20
noche penosamente, porque el varapalo se
hazia mas sentir con el sereno. Don Quixote la
passó en sus continuas memorias, pero con
todo esso dieron los ojos al sueño, y al salir
del alua siguieron su camino buscando las 25
riberas del famoso Ebro, donde les sucedio lo
que se contará en el capitulo venidero.
p. 358
Capitulo XXIX
De la famosa auentura del barco encantado (*).
Por sus pasos contados y por contar, dos
dias despues que salieron de la alameda,
llegaron don Quixote y Sancho al rio Hebro, y el 5
verle fue de gran gusto a don Quixote, porque
contempló y miró en el la amenidad de sus
riberas, la claridad de sus aguas, el sossiego
de su curso y la abundancia de sus liquidos
cristales, cuya alegre vista renouo en su 10
memoria mil amorosos pensamientos; especialmente,
fue y vino en lo que auia visto en la
cueua de Montesinos, que, puesto que el mono
de maesse Pedro le auia dicho que parte de
aquellas cosas eran verdad y parte mentira, el 15
se atenia mas a las verdaderas que a las
mentirosas, bien al rebes de Sancho, que todas las
tenia por la mesma mentira.
Yendo, pues, desta manera, se le ofrecio a la
vista vn pequeño barco sin remos, ni otras 20
jarcias algunas, que estaua atado en la orilla a
vn tronco de vn arbol que en la ribera estaua.
Miró don Quixote a todas partes y no vio
persona alguna, y luego, sin mas ni mas se apeó
de Rozinante y mandó a Sancho que lo mesmo 25
hiziesse del ruzio, y que a entrambas bestias
las atasse muy bien, juntas, al tronco de vn
alamo o sauze que alli estaua. Preguntole
Sancho la causa de aquel subito apeamiento y
de aquel ligamiento. Respondio don Quixote: 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 359
Has de saber, Sancho, que este barco que
aqui está, derechamente y sin poder ser otra
cosa en contrario, me está llamando y
combidando a que entre en el, y vaya en el a dar
socorro a algun cauallero o a otra necessitada 5
y principal persona, que deue de estar puesta
en alguna grande cuyta, porque este es estilo
de los libros de las historias cauallerescas y de
los encantadores que en ellas se entremeten
y platican: quando algun cauallero está puesto 10
en algun trabajo, que no puede ser librado del
sino por la mano de otro cauallero, puesto que
esten distantes el vno del otro dos o tres mil
leguas y aun mas, o le arrebatan en vna nube,
o le deparan vn barco donde se entre, y, en 15
menos de vn abrir y cerrar de ojos, le lleuan,
o por los ayres o por la mar, donde quieren
y adonde es menester su ayuda. Assi que, ¡o
Sancho!, este barco está puesto aqui para el
mesmo efecto, y esto es tan verdad como es 20
aora de dia, y antes que este se passe, ata
juntos al ruzio y a Rozinante, y a la mano de
Dios que nos guie; que no dexaré de embarcarme
si me lo pidiessen frayles descalços.
Pues assi es, respondio Sancho, y vuessa 25
merced quiere dar a cada paso en estos que
no se si los llame disparates, no ay sino
obedecer y baxar la cabeça, atendiendo al refran:
haz lo que tu amo te manda y sientate con el
a la mesa. Pero con todo esto, por lo que toca 30
al descargo de mi conciencia, quiero aduertir
a vuessa merced que a mi me parece que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 360
este tal barco no es de los encantados, sino
de algunos pescadores deste rio, porque en el
se pescan las mejores sabogas del mundo.
Esto dezia mientras ataua las bestias
Sancho, dexandolas a la protecion y amparo de 5
los encantadores, con harto dolor de su anima.
Don Quixote le dixo que no tuuiesse pena del
desamparo de aquellos animales; que el que
los lleuaria a ellos por tan longinquos caminos
y regiones tendria cuenta de sustentarlos. 10
No entiendo esso de logicuos, dixo Sancho,
ni he oydo tal vocablo en todos los dias
de mi vida.
Longinquos, respondio don Quixote, quiere
dezir apartados, y no es marauilla que no lo 15
entiendas, que no estás tu obligado a saber
latin, como algunos que presumen que lo
saben, y lo ignoran.
Ya estan atados, replicó Sancho; ¿qué
hemos de hazer aora? 20
¿Qué?, respondio don Quixote; santiguarnos
y leuar ferro, quiero dezir, embarcarnos
y cortar la amarra con que este barco está
atado.
Y, dando vn salto en el, siguiendole Sancho, 25
cortó el cordel, y el barco se fue apartando
poco a poco de la ribera, y quando Sancho se
vio obra de dos varas dentro del rio, començo
a temblar, temiendo su perdicion; pero ninguna
cosa le dio mas pena que el oyr roznar al 30
ruzio y el ver que Rozinante pugnaua por
desatarse, y dixole a su señor:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 361
El ruzio rebuzna, condolido de nuestra
ausencia, y Rozinante procura ponerse en libertad
para arrojarse tras nosotros. ¡O carissimos
amigos, quedaos en paz, y la locura que nos
aparta de vosotros, conuertida en desengaño, nos 5
buelua a vuestra presencia!
Y en esto, començo a llorar tan amargamente,
que don Quixote, mohino y colerico, le dixo:
¿De qué temes, couarde criatura? ¿De qué
lloras, coraçon de mantequillas? ¿Quién te 10
persigue o quién te acosa, animo de raton casero,
o qué te falta, menesteroso en la mitad de
las entrañas de la abundancia? ¿Por dicha vas
caminando a pie y descalço por las montañas
rifeas, sino sentado en vna tabla como vn 15
archiduque, por el sesgo curso deste agradable
rio, de donde en breue espacio saldremos al
mar dilatado? Pero ya auemos de auer salido,
y caminado, por lo menos, setecientas o
ochocientas leguas, y si yo tuuiera aqui vn 20
astrolabio (*) con que tomar la altura del polo,
yo te dixera las que hemos caminado, aunque,
o yo se poco, o ya hemos passado o passaremos
presto por la linea equinocial que diuide
y corta los dos contrapuestos polos en ygual 25
distancia.
Y quando lleguemos a essa leña que vuessa
merced dize, preguntó Sancho, ¿quánto
auremos caminado?
Mucho, replicó don Quixote, porque de 30
trecientos y sesenta grados que contiene el
globo del agua y de la tierra, segun el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 362
computo de Ptolomeo, que fue el mayor
cosmografo (*) que se sabe, la mitad auremos
caminado, llegando a la linea que he dicho.
Por Dios, dixo Sancho, que vuessa merced
me trae por testigo de lo que dize a vna gentil 5
persona, puto y gafo, con la añadidura de meon
o meo, o no se cómo.
Riose don Quixote de la interpretacion que
Sancho auia dado al nombre y al computo y
cuenta del cosmografo Ptolomeo, y dixole: 10
Sabras, Sancho, que los españoles y los
que se embarcan en Cadiz para yr a las Indias
Orientales, vna de las señales que tienen
para entender que han passado la linea equinocial
que te he dicho, es que a todos los que 15
van en el nauio se les mueren los piojos, sin
que les quede ninguno, ni en todo el vagel le
hallarán si le pesan a oro, y, assi, puedes,
Sancho, passear vna mano por vn muslo, y si
topares cosa viua, saldremos desta duda, y si no, 20
passado auemos.
Yo no creo nada desso, respondio Sancho,
pero con todo hare lo que vuessa merced me
manda, aunque no se para qué ay necessidad
de hazer essas experiencias, pues yo veo con 25
mis mismos ojos que no nos auemos apartado
de la ribera cinco varas, ni hemos decantado
de donde estan las alemañas dos varas, porque
alli estan Rozinante y el ruzio en el propio
lugar do los dexamos, y tomada la mira como 30
yo la tomo aora, voto a tal que no nos
mouemos ni andamos al paso de vna hormiga.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 363
Haz, Sancho, la aueriguacion que te he dicho
y no te cures de otra, que tu no sabes qué cosa
sean coluros, lineas, paralelos, zodiacos, cliticas
(*), polos, solsticios, equinocios, planetas,
signos, puntos, medidas de que se compone la 5
esfera celeste y terrestre; que si todas estas
cosas supieras, o parte dellas, vieras
claramente qué de paralelos hemos cortado, qué de
signos visto y qué de imagines hemos dexado
atras y vamos dexando aora. Y tornote a dezir 10
que te tientes y pesques; que yo para mi tengo
que estás mas limpio que vn pl[i]ego de papel
liso y blanco.
Tentose Sancho, y, llegando con la mano
bonitamente y con tiento hazia la corba 15
yzquierda, alçó la cabeça y miró a su amo, y dixo:
O la experiencia es falsa, o no hemos
llegado adonde vuessa merced dize, ni con muchas
leguas.
Pues ¿qué?, preguntó don Quixote; ¿has 20
topado algo?
Y aun algos (*), respondio Sancho.
Y, sacudiendose los dedos, se lauó toda la
mano en el rio, por el qual sossegadamente
se deslizaua el barco por mitad de la corriente, 25
sin que le mouiesse alguna inteligencia secreta
ni algun encantador escondido, sino el mismo
curso del agua, blando entonces y suaue.
En esto, descubrieron vnas grandes hazeñas
que en la mitad del rio estauan, y apenas las 30
huuo visto don Quixote, quando con voz alta
dixo a Sancho:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 364
¿Vees? Alli, ¡o amigo!, se descubre la ciudad,
castillo o fortaleza donde deue de estar algun
cauallero oprimido, o alguna reyna, infanta
o princessa malparada, para cuyo socorro soy
aqui traydo. 5
¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo,
dize vuessa merced, señor?, dixo Sancho; ¿no
echa de ver que aquellas son hazeñas que
estan en el rio, donde se muele el trigo?
Calla, Sancho, dixo don Quixote, que 10
aunque parecen hazeñas, no lo son, y ya te he
dicho que todas las cosas trastruecan y mudan
de su ser natural los encantos; no quiero
dezir que las mudan de en vno en otro ser
realmente, sino que lo parece, como lo mostro 15
la experiencia en la transformacion de
Dulcinea, vnico refugio de mis esperanças.
En esto, el barco, entrado en la mitad de la
corriente del rio, començo a caminar no tan
lentamente como hasta alli. Los molineros de 20
las hazeñas, que vieron venir aquel barco por
el rio y que se yua a embocar por el raudal de
las ruedas, salieron con presteza muchos dellos
con varas largas a detenerle, y como salian
enharinados y cubiertos los rostros y los 25
vestidos del poluo de la harina, representauan vna
mala vista; dauan vozes grandes, diziendo:
¡Demonios de hombres! ¿Dónde vays?
¿Venis desesperados, que quereys ahogaros
y hazeros pedaços en estas ruedas? 30
¿No te dixe yo, Sancho, dixo a esta sazon
don Quixote, que auiamos llegado donde he
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 365
de mostrar a do llega el valor de mi braço?
Mira qué de malandrines y follones me salen al
encuentro; mira quántos vestiglos se me
oponen; mira quántas feas cataduras nos hazen
cocos; pues ¡aora lo vereis, bellacos! 5
Y, puesto en pie en el barco, con grandes
vozes començo a amenazar a los molineros,
diziendoles:
¡Canalla maluada y peor aconsejada, dexad
en su libertad y libre aluedrio a la persona que 10
en essa vuestra fortaleza o prision teneis
oprimida, alta o baxa, de qualquiera suerte o
calidad que sea; que yo soy don Quixote de la
Mancha, llamado el Cauallero de los Leones
por otro nombre, a quien está reseruada por 15
orden de los altos cielos el dar fin felice a esta
auentura!
Y, diziendo esto, echó mano a su espada y
començo a esgrimirla en el ayre contra los
molineros, los quales, oyendo y no entendiendo 20
aquellas sandezes, se pusieron con sus varas
a detener el barco que ya yua entrando en el
raudal y canal de las ruedas. Pusose Sancho
de rodillas, pidiendo deuotamente al cielo le
librasse de tan manifiesto peligro, como lo hizo 25
por la industria y presteza de los molineros,
que, oponiendose con sus palos al barco, le
detuuieron, pero no de manera, que dexassen de
trastornar el barco y dar con don Quixote y con
Sancho al traues en el agua; pero vinole bien a 30
don Quixote, que sabia nadar como vn ganso,
aunque el peso de las armas le lleuó al fondo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 366
dos vezes (*), y si no fuera por los molineros,
que se arrojaron (*) al agua y los sacaron como
en peso a entrambos, alli auia sido Troya para
los dos.
Puestos, pues, en tierra, mas mojados que 5
muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las
manos juntas y los ojos clauados al cielo,
pidio a Dios con vna larga y deuota plegaria le
librasse de alli adelante de los atreuidos
desseos y acometimientos de su señor. Llegaron, 10
en esto, los pescadores dueños del barco, a
quien auian hecho pedaços las ruedas de las
hazeñas, y viendole roto, acometieron a
desnudar a Sancho y a pedir a don Quixote se lo
pagasse, el qual, con gran sossiego, como si no 15
huuiera passado nada por el, dixo a los
molineros y pescadores que el pagaria el barco de
bonissima gana, con condicion que le diessen
libre y sin cautela a la persona o personas que
en aquel castillo estauan oprimidas. 20
¿Qué personas o qué castillo dize (*),
respondio vno de los molineros, hombre sin
juyzio?; ¿quiereste lleuar, por ventura, las que
vienen a moler trigo a estas hazeñas?
Basta, dixo entre si don Quixote, aqui sera 25
predicar en desierto querer reduzir a esta
canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y
en esta auentura se deuen de auer encontrado
dos valientes encantadores, y el vno estorua
lo que el otro intenta; el vno me deparó el 30
barco y el otro dio conmigo al traues. Dios lo
remedie; que todo este mundo es maquinas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXIX p. 367
y traças, contrarias vnas de otras. Yo no
puedo mas.
Y, alçando la voz, prosiguio diziendo y
mirando a las hazeñas:
Amigos, qualesquiera que seays, que en 5
essa prision quedays encerrados, perdonadme,
que por mi desgracia y por la vuestra yo no os
puedo sacar de vuestra cuyta; para otro
cauallero deue de estar guardada y reseruada esta
auentura. 10
En diziendo esto, se concerto con los pescadores
y pagó por el barco 50 reales, que los dio
Sancho de muy mala gana, diziendo:
A dos barcadas como esta(s), daremos con
todo el caudal al fondo. 15
Los pescadores y molineros estauan admirados,
mirando aquellas dos figuras tan fuera
del vso, al parecer, de los otros hombres, y no
acabauan de entender a do se encaminauan las
razones y preguntas que don Quixote les dezia, 20
y, teniendolos por locos, les dexaron y se
recogieron a sus hazeñas, y los pescadores a sus
ranchos. Boluieron a sus bestias y a ser bestias,
don Quixote y Sancho; y este fin tuuo la
auentura del encantado barco. 25
p. 368
Capitulo XXX
De lo que le auino a don Quixote con vna bella
caçadora.
Assaz melancolicos y de mal talante llegaron
a sus animales cauallero y escudero, esp[e]cialmente 5
Sancho, a quien llegaua al alma llegar
al caudal del dinero, pareciendole que todo lo
que del se quitaua era quitarselo a el de las
niñas de sus ojos. Finalmente, sin hablarse
palabra, se pusieron a cauallo y se apartaron del 10
famoso rio, Don Quixote, sepultado en los
pensamientos de sus amores, y Sancho, en los de
su acrecentamiento, que por entonces le parecia
que estaua bien lexos de tenerle, porque
maguer era tonto, bien se le alcançaua que 15
las acciones de su amo, todas o las mas, eran
disparates, y buscaua ocasion de que, sin entrar
en cuentas ni en despedimientos con su señor,
vn dia se desgarrasse y se fuesse a su casa;
pero la fortuna ordenó las cosas muy al reues 20
de lo que el temia.
Sucedio, pues, que otro dia, al poner del sol,
y al salir de vna selua, tendio don Quixote la
vista por vn verde prado, y en lo vltimo del vio
gente, y, llegandose cerca, conocio que eran 25
caçadores de altaneria; llegose mas, y entre ellos
vio vna gallarda señora sobre vn palafren o
hacanea blanquissima, adornada de guarniciones
verdes y con vn sillon de plata. Venia la
señora assimismo vestida de verde, tan bizarra 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 369
y ricamente, que la misma bizarria venia
transformada en ella. En la mano yzquierda traia vn
azor, señal que dio a entender a don Quixote
ser aquella alguna gran señora, que deuia serlo
de todos aquellos caçadores, como era la 5
verdad, y, assi, dixo a Sancho:
Corre, hijo Sancho, y di a aquella señora
del palafren y del azor, que yo, el Cauallero de
los Leones, besa las manos a su gran fermosura,
y que si su grandeza me da licencia, se las 10
yre a besar y a seruirla en quanto mis fuerças
pudieren y su alteza me mandare; y mira,
Sancho, cómo hablas, y ten cuenta de no encaxar
algun refran de los tuyos en tu embaxada.
Hallado os le aueis el encaxador, respondio 15
Sancho. ¡A mi con esso!; ¡si, que no es esta
la vez primera que he lleuado embaxadas a
altas y crecidas señoras en esta vida!
Si no fue la que lleuaste a la señora
Dulcinea, replicó don Quixote, yo no se que ayas 20
lleuado otra, a lo menos, en mi poder.
Assi es verdad, respondio Sancho, pero
al buen pagador no le duelen prendas, y en
casa llena presto se guisa la cena; quiero dezir
que a mi no ay que dezirme ni aduertirme de 25
nada; que para todo tengo y de todo se me
alcança vn poco.
Yo lo creo, Sancho, dixo don Quixote; ve
en buena hora y Dios te guie.
Partio Sancho de carrera, sacando de su paso 30
al ruzio, y llegó donde la bella caçadora estaua,
y apeandose, puesto ante ella de hinojos, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 370
Hermosa señora: aquel cauallero que alli se
parece, llamado el Cauallero de los Leones, es
mi amo, y yo soy vn escudero suyo, a quien
llaman en su casa Sancho Pança; este tal
Cauallero de los Leones, que no ha mucho que se 5
llamaua el de la Triste Figura, embia por mi a
dezir a vuestra grandeza sea seruida de darle
licencia para que, con su proposito y
beneplacito y consentimiento, el venga a poner en
obra su desseo, que no es otro, segun el dize 10
y yo pienso, que de seruir a vuestra encumbrada
altaneria y fermosura; que en darsela
vuestra señoria hara cosa que redunde en su
pro, y el recibira señaladissima merced y
contento. 15
Por cierto, buen escudero, respondio la
señora, vos aueys dado la embaxada vuestra
con todas aquellas circunstancias que las tales
embaxadas piden: leuantaos del suelo, que
escudero de tan gran cauallero como es el de la 20
Triste Figura, de quien ya tenemos aca mucha
noticia, no es justo que esté de hinojos;
leuantaos, amigo, y dezid a vuestro señor que venga
mucho en hora buena a seruirse de mi y del
duque, mi marido, en vna casa de plazer que 25
aqui tenemos.
Leuantose Sancho, admirado assi de la
hermosura de la buena señora como de su mucha
criança y cortesia, y mas de lo que auia dicho
que tenia noticia de su señor el Cauallero de 30
la Triste Figura, y que si no le auia llamado
el de los Leones, deuia de ser por auersele
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 371
puesto tan nueuamente. Preguntole la
duquessa --cuyo titulo aun no se sabe:
Dezidme, hermano escudero, este vuestro
señor, ¿no es vno de quien anda impressa vna
historia que se llama del Ingenioso Hidalgo 5
don Quixote de la Mancha, que tiene por señora
de su alma a vna tal Dulcinea del Toboso?
El mesmo es, señora, respondio Sancho,
y aquel escudero suyo que anda, o deue de
andar, en la tal historia, a quien llaman Sancho 10
Pança, soy yo, si no es que me trocaron en la
cuna, quiero dezir, que me trocaron en la
estampa.
De todo esso me huelgo yo mucho, dixo
la duquessa; yd, hermano Pança, y dezid a 15
vuestro señor que el sea el bien llegado y el
bien venido a mis estados, y que ninguna cosa
me pudiera venir que mas contento me diera.
Sancho, con esta tan agradable respuesta,
con grandissimo gusto boluio a su amo, a 20
quien conto todo lo que la gran señora le auia
dicho, leuantando con sus rusticos terminos a
los cielos su mucha fermosura, su gran donayre
y cortesia. Don Quixote se gallardeó en
la silla; pusose bien en los estriuos, acomodose 25
la visera, arremetio a Rozinante y con gentil
denuedo fue a besar las manos a la duquessa;
la qual, haziendo llamar al duque, su marido,
le conto, en tanto que don Quixote llegaua,
toda la embaxada suya, y los dos, por auer 30
leydo la primera parte desta historia y auer
entendido por ella el disparatado humor de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 372
don Quixote, con grandissimo gusto y con
desseo de conocerle, le atendian, con prosupuesto
de seguirle el humor y conceder con el
en quanto les dixesse, tratandole como a
cauallero andante los dias que con ellos se 5
detuuiesse, con todas las ceremonias acostumbradas
en los libros de cauallerias, que ellos auian
leydo, y aun les eran muy aficionados.
En esto, llegó don Quixote, alçada la visera,
y dando muestras de apearse, acudio Sancho 10
a tenerle el estriuo; pero fue tan desgraciado,
que al apearse del ruzio, se le assio vn pie en
vna soga del albarda, de tal modo, que no fue
possible desenredarle, antes quedó colgado
del, con la boca y los pechos en el suelo. Don 15
Quixote, que no tenia en costumbre apearse
sin que le tuuiessen el estriuo, pensando que
ya Sancho auia llegado a tenersele, descargó
de golpe el cuerpo y lleuose tras si la silla de
Rozinante, que deuia de estar mal cinchado, y 20
la silla y el vinieron al suelo, no sin verguença
suya y de muchas maldiciones que entre
dientes echó al desdichado de Sancho, que aun
todauia tenia el pie en la corma.
El duque mandó a sus caçadores que acudiessen 25
al cauallero y al escudero, los quales
leuantaron a don Quixote maltrecho de la
cayda, y, renqueando y como pudo, fue a hincar
las rodillas ante los dos señores; pero el
duque no lo consintio en ninguna manera; 30
antes, apeandose de su cauallo, fue a abraçar a
don Quixote, diziendole:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 373
A mi me pesa, señor Cauallero de la Triste
Figura, que la primera que vuessa merced ha
hecho en mi tierra aya sido tan mala como se
ha visto; pero descuydos de escuderos suelen
ser causa de otros peores sucessos. 5
El que yo he tenido en veros, valeroso
principe, respondio don Quixote, es
impossible ser malo, aunque mi cayda no parara
hasta el profundo de los abismos, pues de alli
me leuantara y me sacara la gloria de aueros 10
visto. Mi escudero, que Dios maldiga, mejor
desata la lengua para dezir malicias que ata y
cincha vna silla para que esté firme; pero
como quiera que yo me halle, caydo o leuantado,
a pie o a cauallo, siempre estare al seruicio 15
vuestro y al de mi señora la duquessa,
digna consorte vuestra y digna señora de la
hermosura y vniuersal princessa de la
cortesia.
Pasito, mi señor don Quixote de la 20
Mancha, dixo el duque; que adonde está mi
señora doña Dulcinea del Toboso, no es razon
que se alaben otras fermosuras.
Ya estaua a esta sazon libre Sancho Pança
del lazo, y, hallandose alli cerca, antes que su 25
amo respondiesse, dixo:
No se puede negar, sino afirmar, que es
muy hermosa mi señora Dulcinea del Toboso;
pero donde menos se piensa se leuanta la
liebre, que yo he oydo dezir que esto que llaman 30
naturaleza es como vn alcaller que haze vasos
de barro, y el que haze vn vaso hermoso tambien
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 374
puede hazer dos, y tres, y ciento; digolo,
porque mi señora la duquessa a fee que no
va en zaga a mi ama la señora Dulcinea del
Toboso.
Boluiose don Quixote a la duquessa y dixo: 5
Vuestra grandeza imagine que no tuuo
cauallero andante en el mundo escudero mas
hablador ni mas gracioso del que yo tengo, y
el me sacará verdadero si algunos dias quisiere
vuestra gran celsitud seruirse de mi. 10
A lo que respondio la duquessa:
De que Sancho el bueno sea gracioso lo
estimo yo en mucho, porque es señal que es
discreto; que las gracias y los donayres, señor
don Quixote, como vuessa merced bien sabe, 15
no assientan sobre ingenios torpes; y pues el
buen Sancho es gracioso y donayroso, desde
aqui le confirmo por discreto.
Y hablador, añadio don Quixote.
Tanto que mejor (*), dixo el duque, 20
porque muchas gracias no se pueden dezir con
pocas palabras; y porque no se nos vaya el
tiempo en ellas, venga el gran Cauallero de la
Triste Figura.
De los Leones ha de dezir vuestra alteza, 25
dixo Sancho; que ya no ay Triste Figura ni
Figuro (*).
Sea el de los Leones, prosiguio el duque:
digo que venga el señor Cauallero de los
Leones a vn castillo mio que está aqui cerca, 30
donde se le hara el acogimiento que a tan alta
persona se deue justamente, y el que yo y la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXX p. 375
duquessa solemos hazer a todos los
caualleros andantes que a el llegan.
Ya en esto Sancho auia adereçado y cinchado
bien la silla a Rozinante, y, subiendo en
el don Quixote, y el duque en vn hermoso 5
cauallo, pusieron a la duquessa en medio y
encaminaron al castillo. Mandó la duquessa a
Sancho que fuesse junto a ella, porque gustaua
infinito de oyr sus discreciones. No se
hizo de rogar Sancho, y entretexiose entre los 10
tres y hizo quarto en la conuersacion, con gran
gusto de la duquessa y del duque, que tuuieron
a gran ventura acoger en su castillo tal
cauallero andante y tal escudero andado.
p. 376
Capitulo XXXI
Que trata de muchas y grandes cosas.
Suma era la alegria que lleuaua consigo
Sancho viendose, a su parecer, en priuança con
la duquessa, porque se le figuraua que auia 5
de hallar en su castillo lo que en la casa de
don Diego y en la de Basilio, siempre aficionado
a la buena vida, y, assi, tomaua la ocasion
por la melena en esto del regalarse cada y
quando que se le ofrecia. 10
Cuenta, pues, la historia, que antes que a la
[casa] (*) de plazer o castillo llegassen, se
adelantó el duque y dio orden a todos sus criados
del modo que auian de tratar a don Quixote, el
qual como llegó con la duquessa a las puertas 15
del castillo, al instante salieron del dos lacayos
o palafreneros, vestidos hasta en pies de vnas
ropas que llaman de leuantar, de finissimo
raso carmesi, y, cogiendo a don Quixote en
braços, sin ser oydo ni visto, le dixeron: 20
Vaya la vuestra grandeza a apear a mi
señora la duquessa.
Don Quixote lo hizo, y huuo grandes
comedimientos entre los dos sobre el caso; pero, en
efecto, vencio la porfia de la duquessa y no 25
quiso decender o baxar del palafren sino en
los braços del duque, diziendo que no se
hallaua digna de dar a tan gran cauallero tan
inutil carga. En fin, salio el duque a apearla,
y al entrar en vn gran patio, llegaron dos 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 377
hermosas donzellas y echaron sobre los ombros a
don Quixote vn gran manto de finissima escarlata,
y en vn instante se coronaron todos los
corredores del patio de criados y criadas de
aquellos señores, diziendo a grandes vozes: 5
Bien sea venido la flor y la nata de los
caualleros andantes.
Y todos, o los mas, derramauan pomos de
aguas olorosas sobre don Quixote y sobre los
duques, de todo lo qual se admiraua don Quixote, 10
y aquel fue el primer dia que de todo en
todo conocio y creyo ser cauallero andante
verdadero, y no fantastico, viendose tratar del
mesmo modo que el auia leydo se tratauan los
tales caualleros en los passados siglos. 15
Sancho, desamparando al ruzio, se cosio con
la duquessa y se entró en el castillo, y,
remordiendole la conciencia de que dexaua al
jumento solo, se llegó a vna reuerenda dueña,
que con otras a recebir a la duquessa auia 20
salido, y con voz baxa le dixo:
Señora Gonçalez, o como es su gracia de
vuessa merced ...
Doña Rodriguez de Grijalua me llamo,
respondio la dueña; ¿qué es lo que mandays, 25
hermano?
A lo que respondio Sancho:
Querria que vuessa merced me la hiziesse
de salir a la puerta del castillo, donde hallará
vn asno ruzio mio; vuessa merced sea seruida 30
de mandarle poner, o ponerle, en la caualleriza,
porque el pobrezito es vn poco medroso, y no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 378
se hallará a estar solo, en ninguna de las
maneras.
Si tan discreto es el amo como el moço,
respondio la dueña, medradas estamos.
Andad, hermano, mucho de enhoramala para vos 5
y para quien aca os truxo, y tened cuenta con
vuestro jumento, que las dueñas desta casa
no estamos acostumbradas a semejantes
haziendas.
Pues en verdad, respondio Sancho, que 10
he oydo yo dezir a mi señor, que es zahori de
las historias, contando aquella de Lanzarote:
Quando de Bretaña vino,
que damas curauan del,
y dueñas del su rozino (*); 15
y que en el particular de mi asno, que no le
trocara yo con el rozin del señor Lanzarote.
Hermano, si soys juglar, replicó la dueña,
guardad vuestras gracias para donde lo
parezcan y se os paguen; que de mi no podreys 20
lleuar sino vna higa (*).
Aun bien, respondio Sancho, que sera
bien madura, pues no perdera vuessa merced
la quinola de sus años por punto menos (*).
Hijo de puta, dixo la dueña, toda ya encendida 25
(*) en colera, si soy vieja o no, a Dios
dare la cuenta, que no a vos, vellaco harto de
ajos.
Y esto dixo en voz tan alta, que lo oyo la
duquessa, y, boluiendo y viendo a la dueña tan 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 379
alborotada y tan encarnizados los ojos, le
preguntó con quién las auia.
Aqui las he, respondio la dueña, con este
buen hombre que me ha pedido encarecidamente
que vaya a poner en la caualleriza a vn 5
asno suyo que está a la puerta del castillo,
trayendome por exemplo que assi lo hizieron
no se dónde, que vnas damas curaron a vn tal
Lanzarote, y vnas dueñas a su rozino, y, sobre
todo, por buen termino me ha llamado vieja. 10
Esso tuuiera yo por afrenta, respondio
la duquessa, mas que quantas pudieran
dezirme.
Y, hablando con Sancho, le dixo:
Aduertid, Sancho amigo, que doña Rodriguez 15
es muy moça, y que aquellas tocas mas
las trae por autoridad y por la vsança, que por
los años.
Malos sean los que me quedan por viuir,
respondio Sancho, si lo dixe por tanto; solo 20
lo dixe porque es tan grande el cariño que
tengo a mi jumento, que me parecio que no
podia encomendarle a persona mas caritatiua
que a la señora doña Rodriguez.
Don Quixote, que todo lo oia, le dixo: 25
¿Platicas son estas, Sancho, para este lugar?
Señor, respondio Sancho, cada vno ha
de hablar de su menester donde quiera que
estuuiere. Aqui se me acordo del ruzio y aqui
hablé del, y si en la caualleriza se me acordara, 30
alli hablara.
A lo que dixo el duque:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 380
Sancho está muy en lo cierto y no ay que
culparle en nada; al ruzio se le dara recado
a pedir de boca, y descuyde Sancho; que se le
tratará como a su mesma persona.
Con estos razonamientos, gustosos a todos, 5
sino a don Quixote, llegaron a lo alto, y
entraron a don Quixote en vna sala adornada de
telas riquissimas de oro y de brocado; seys
donzellas le desarmaron y siruieron de pages,
todas industriadas y aduertidas del duque y de 10
la duquessa de lo que auian de hazer, y de
cómo auian de tratar a don Quixote para que
imaginasse y viesse que le tratauan como
cauallero andante. Quedó don Quixote, despues
de desarmado, en sus estrechos greguescos 15
y en su jubon de camuza, seco, alto, tendido,
con las quixadas, que por de dentro se besaua
la vna con la otra: figura que, a no tener cuenta
las donzellas que le seruian con dissimular
la risa, que fue vna de las precisas ordenes que 20
sus señores les auian dado, rebentaran riendo.
Pidieronle que se dexasse desnudar para
vna camisa; pero nunca lo consintio, diziendo
que la honestidad parecia tan bien en los
caualleros andantes como la valentia. Con todo, 25
dixo que diessen la camisa a Sancho, y,
encerrandose con el en vna quadra donde estaua
vn rico lecho, se desnudó y vistio la camisa, y
viendose solo con Sancho, le dixo:
Dime, truhan moderno y majadero antiguo, 30
¿parecete bien deshonrar y afrentar a vna
dueña tan veneranda y tan digna de respeto como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 381
aquella? ¿Tiempos eran aquellos para acordarte
del ruzio? ¿O señores son estos para dexar
mal passar a las bestias, tratando tan
elegantemente a sus dueños? Por quien Dios es,
Sancho, que te reportes y que no descubras la 5
hilaza de manera, que caygan en la cuenta de
que eres de villana y grossera tela texido. Mira,
pecador de ti, que en tanto mas es tenido el
señor, quanto tiene mas honrados y bien nacidos
criados, y que vna de las ventajas mayores 10
que lleuan los principes a los demas hombres
es que se siruen de criados tan buenos como
ellos. ¿No aduiertes, angustiado de ti y mal
auenturado de mi, que si veen que tu eres vn
grossero villano o vn mentecato gracioso, 15
pensarán que yo soy algun echacueruos o algun
cauallero de mohatra? No, no, Sancho amigo;
huye, huye destos inconuinientes; que quien
tropieça en hablador y en gracioso, al primer
puntapie cae y da en truhan desgraciado; enfrena 20
la lengua, considera y rumia las palabras
antes que te salgan de la boca, y aduierte
que hemos llegado a parte donde, con el fauor
de Dios y valor de mi braço, hemos de salir
mejorados en tercio y quinto, en fama y en 25
hazienda.
Sancho le prometio, con muchas veras, de
coserse la boca o morderse la lengua antes de
hablar palabra que no fuesse muy a proposito
y bien considerada, como el se lo mandaua, 30
y que descuydasse acerca de lo tal; que nunca
por el se descubriria quién ellos eran. Vistiose
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 382
don Quixote, pusose su tahali con su espada,
echose el manton de escarlata a cuestas, pusose
vna montera de raso verde que las donzellas
le dieron, y con este adorno salio a la gran
sala, adonde halló a las donzellas puestas en 5
ala, tantas a vna parte como a otra, y todas
con adereço de darle aguamanos (*), la qual
le dieron con muchas reuerencias y ceremonias.
Luego llegaron doze pages con el maestresala
para lleuarle a comer, que ya los señores 10
le aguardauan. Cogieronle en medio, y lleno
de pompa y magestad, le lleuaron a otra sala
donde estaua puesta vna rica mesa con solos
quatro seruicios; la duquessa y el duque salieron
a la puerta de la sala a recebirle, y con ellos 15
vn graue eclesiastico destos que gouiernan las
casas de los (*) principes; destos que, como no
nacen principes, no aciertan a enseñar cómo
lo han de ser los que lo son; destos que
quieren que la grandeza de los grandes se mida 20
con la estrecheza de sus animos; destos que
queriendo mostrar a los que ellos gouiernan a
ser limitados, les hazen ser miserables; destos
tales, digo, que deuia de ser el graue religioso
que con los duques salio a recebir a don 25
Quixote. Hizieronse mil corteses comedimientos,
y, finalmente, cogiendo a don Quixote en
medio, se fueron assentar a la mesa.
Combidó el duque a don Quixote con la
cabecera de la mesa, y aunque el lo reusó, las 30
importunaciones del duque fueron tantas, que
la huuo de tomar. El eclesiastico se sento
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 383
frontero, y el duque y la duquessa a los dos lados.
A todo estaua presente Sancho, embobado y
atonito de ver la honra que a su señor aquellos
principes le hazian, y, viendo las muchas
ceremonias y ruegos que passaron entre el duque y 5
don Quixote para hazerle sentar a la cabecera
de la mesa, dixo:
Si sus mercedes me dan licencia, les contaré
vn cuento que passó en mi pueblo, acerca
desto de lo[s] assientos. 10
Apenas huuo dicho esto Sancho, quando don
Quixote temblo, creyendo, sin duda alguna, que
auia de dezir alguna necedad. Mirole Sancho
y entendiole, y dixo:
No tema vuessa merced, señor mio, que yo 15
me desmande ni que diga cosa que no venga
muy a pelo; que no se me han oluidado los
consejos que poco ha vuessa merced me dio
sobre el hablar mucho o poco, o bien o mal.
Yo no me acuerdo de nada, Sancho, respondio 20
don Quixote; di lo que quisieres, como
lo digas presto.
Pues lo que quiero dezir, dixo Sancho, es
tan verdad, que mi señor don Quixote, que está
presente, no me dexará mentir. 25
Por mi, replicó don Quixote, miente tu,
Sancho, quanto quisieres, que yo no te yre a la
mano; pero mira lo que vas a dezir.
Tan mirado y remirado lo tengo, que a buen
saluo está el que repica, como se vera por la 30
obra.
Bien sera, dixo don Quixote, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 384
vuestras grandezas manden echar de aqui a este
tonto, que dira mil patochadas.
Por vida del duque, dixo la duquessa, que
no se ha de apartar de mi Sancho vn punto;
quierole yo mucho, porque se que es muy 5
discreto.
Discretos dias, dixo Sancho, viua vuestra
santidad por el buen credito que de mi tiene,
aunque en mi no lo aya. Y el cuento que quiero
dezir es este. Combidó (a) vn hidalgo de mi 10
pueblo, muy rico y principal, porque venia de
los Alamos de Medina del Campo, que casó con
doña Mencia de Quiñones, que fue hija de don
Alonso de Marañon, cauallero del habito de
Santiago, que se ahogó en la Herradura (*), por 15
quien huuo aquella pendencia años ha en nuestro
lugar, que a lo que entiendo, mi señor don
Quixote se halló en ella, de donde salio herido
Tomasillo el Trabieso, el hijo de Baluastro el
herrero. ¿No es verdad todo esto, señor nuestro 20
amo? Digalo por su vida, porque estos señores
no me tengan por algun hablador mentiroso.
Hasta aora, dixo el eclesiastico, mas os
tengo por hablador que por mentiroso; pero de
aqui adelante no se por lo que os tendre. 25
Tu das tantos testigos, Sancho (*), y tantas
señas, que no puedo dexar de dezir que deues
de dezir verdad; passa adelante y acorta el
cuento, porque lleuas camino de no acabar en
dos dias. 30
No ha de acortar tal, dixo la duquessa,
por hazerme a mi plazer; antes le ha de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 385
contar de la manera que le sabe, aunque no le
acabe en seys dias; que si tantos fuessen, serian
para mi los mejores que huuiesse lleuado en
mi vida.
Digo, pues, señores mios, prosiguio Sancho, 5
que este tal hidalgo, que yo conozco como
a mis manos, porque no ay de mi casa a la suya
vn tiro de ballesta, combidó vn labrador (*)
pobre, pero honrado.
Adelante, hermano, dixo a esta sazon el 10
religioso; que camino lleuays de no parar con
vuestro cuento hasta el otro mundo.
A menos de la mitad pararé, si Dios fuere
seruido, respondio Sancho; y, assi, digo, que
llegando el tal labrador a casa del dicho 15
hidalgo (*) combidador, que buen poso aya su
anima, que ya es muerto, y por mas señas
dizen que hizo vna muerte de vn angel, que yo
no me hallé presente, que auia ydo por aquel
tiempo a segar a Tembleque... 20
Por vida vuestra, hijo (*), que boluays presto
de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo,
si no quereis hazer mas exequias, acabeis
vuestro cuento.
Es pues, el caso, replicó Sancho, que 25
estando los dos para assentarse a la mesa, que
parece que aora los veo mas que nunca...
Gran gusto recebian los duques del disgusto
que mostraua tomar el buen religioso de la
dilacion y pausas con que Sancho contaua su 30
cuento, y don Quixote se estaua consumiendo
en colera y en rabia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 386
Digo, assi, dixo Sancho, que estando
como he dicho los dos para sentarse a la mesa,
el labrador porfiaua con el hidalgo que tomasse
la cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaua
tambien que el labrador la tomasse, porque en 5
su casa se auia de hazer lo que el mandasse;
pero el labrador, que presumia de cortés y bien
criado, jamas quiso, hasta que el hidalgo,
mohino, poniendole ambas manos sobre los ombros,
le hizo sentar por fuerça, diziendole: «Sentaos, 10
»majagranzas; que adonde quiera que yo me
»siente sera vuestra cabecera.» Y este es el
cuento, y en verdad que creo que no ha sido
aqui traydo fuera de proposito.
Pusose don Quixote de mil colores, que sobre 15
lo moreno le jaspeauan y se le parecian; los
señores dissimularon (*) la risa, porque don
Quixote no acabase de correrse, auiendo
entendido la malicia de Sancho, y por mudar de
platica y hazer que Sancho no prosiguiesse con 20
otros disparates, preguntó la duquessa a don
Quixote que qué nueuas tenia de la señora
Dulcinea, y que si le auia embiado aquellos dias
algunos presentes de gigantes o malandrines,
pues no podia dexar de auer vencido muchos. 25
A lo que don Quixote respondio:
Señora (*) mia, mis desgracias, aunque
tuuieron principio, nunca tendran fin; gigantes he
vencido, y follones y malandrines le he embiado;
pero ¿adónde la auian de hallar, si está 30
encantada y buelta en la mas fea labradora que
imaginar se puede?
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXI p. 387
No se, dixo Sancho Pança; a mi me parece
la mas hermosa criatura del mundo; a lo
menos, en la ligereza y en el brincar, bien se yo
que no dara ella la ventaja a vn bolteador; a
buena fe, señora duquessa, assi salta desde el 5
suelo sobre vna borrica como si fuera vn gato.
¿Aueisla visto vos encantada, Sancho?,
preguntó el duque.
Y ¡cómo si la he visto!, respondio Sancho.
Pues ¿quién diablos, sino yo, fue el primero 10
que cayo en el achaque del encantorio? Tan
encantada está como mi padre.
El eclesiastico, que oyo dezir de gigantes, de
follones y de encantos, cayo en la cuenta de
que aquel deuia de ser don Quixote de la Mancha, 15
cuya historia leya el duque de ordinario, y
el se lo auia reprehendido muchas vezes,
diziendole que era disparate leer tales
disparates, y enterandose ser verdad lo que el
sospechaua, con mucha colera, hablando con el 20
duque, le dixo:
Vuestra excelencia, señor mio, tiene que
dar cuenta a nuestro Señor de lo que haze este
buen hombre. Este don Quixote, o don Tonto, o
como se llama, imagino yo que no deue de ser 25
tan mentecato como vuestra excelencia quiere
que sea, dandole ocasiones a la mano para que
lleue adelante sus sandezes y vaziedades.
Y, boluiendo la platica a don Quixote, le dixo:
Y a vos, alma de cantaro, ¿quién os ha 30
encaxado en el celebro que soys cauallero
andante y que venceys gigantes y prendeys
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 388
malandrines? Andad en hora buena, y en tal se os
diga: bolueos a vuestra casa y criad vuestros
hijos si los teneys, y curad de vuestra hazienda,
y dexad de andar vagando por el mundo,
papando viento y dando que reyr a quantos os 5
conocen y no conocen. ¿En dónde, ¡nora tal!,
aueys vos hallado que huuo ni ay aora caualleros
andantes? ¿Dónde ay gigantes en España o
malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas,
ni toda la caterua de las simplicidades 10
que de vos se cuentan?
Atento estuuo don Quixote a las razones de
aquel venerable varon, y, viendo que ya
callaua, sin guardar respeto a los duques, con
semblante ayrado y alborotado rostro, se puso en 15
pie y dixo... Pero esta respuesta capitulo por si
merece.
p. 389
Capitulo XXXII
De la respuesta que dio don Quixote a su
reprehensor, con otros graues y graciosos
sucessos.
Leuantado, pues, en pie don Quixote, 5
temblando de los pies a la cabeça como azogado,
con presurosa y turbada lengua dixo:
El lugar donde estoy y la presencia ante
quien me hallo, y el respeto que siempre tuue
y tengo al estado que vuessa merced professa, 10
tienen y atan las manos de mi justo enojo; y
assi por lo que he dicho como por saber que
saben todos que las armas de los togados son
las mesmas que las de la muger, que son la
lengua, entraré con la mia en ygual batalla 15
con vuessa merced, de quien se deuia esperar
antes buenos consejos que infames vituperios;
las reprehensiones santas y bien intencionadas
otras circunstancias requieren y otros puntos
piden. A lo menos, el auerme reprehendido en 20
publico, y tan asperamente, ha passado todos
los limites de la buena reprehension, pues las
primeras mejor assientan sobre la blandura que
sobre la aspereza, y no es bien, que sin tener
conocimiento del pecado que se reprehende, 25
llamar al pecador sin mas ni mas mentecato
y tonto. Si no, digame vuessa merced, ¿por
quál de las mentecaterias que en mi ha visto
me condena y vitupera, y me manda que me
vaya a mi casa a tener cuenta en el gouierno 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 390
della y de mi muger y de mis hijos, sin saber
si la tengo o los tengo? ¿No ay mas sino a
troche moche entrarse por las casas agenas a
gouernar sus dueños, y, auiendose criado algunos
en la estrecheza de algun pupilage, sin auer 5
visto mas mundo que el que puede contenerse
en veynte o treynta leguas de distrito, meterse
de rondon a dar leyes a la caualleria y a juzgar
de los caualleros andantes? ¿Por ventura es
asumpto vano, o es tiempo mal gastado el que 10
se gasta en vagar por el mundo, no buscando
los regalos del, sino las asperezas por donde
los buenos suben al assiento de la inmortalidad?
Si me tuuieran por tonto los caualleros,
los magnificos, los generosos, los altamente 15
nacidos, tuuieralo por afrenta inreparable; pero
de que me tengan por sandio los estudiantes,
que nunca entraron ni pisaron las sendas de la
caualleria, no se me da vn ardite: cauallero soy
y cauallero he de morir si plaze al Altissimo. 20
Vnos van por el ancho campo de la ambicion
soberuia, otros por el de la adulacion seruil y
baxa, otros por el de la hipocresia engañosa y
algunos por el de la verdadera religion; pero
yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta 25
senda de la caualleria andante, por cuyo
exercicio desprecio la hazienda, pero no la honra;
yo he satisfecho agrauios, enderezado tuertos,
castigado insolencias, vencido gigantes y
atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no mas 30
de porque es forçoso que los caualleros andantes
lo sean, y siendolo, no soy de los enamorados
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 391
viciosos, sino de los platonicos continentes.
Mis intenciones siempre las enderezo a buenos
fines, que son de hazer bien a todos y mal a
ninguno; si el que esto entiende, si el que esto
obra, si el que desto trata merece ser llamado 5
bobo, diganlo vuestras grandezas, duque y
duquessa excelentes.
Bien, por Dios, dixo Sancho; no diga mas
vuessa merced, señor y amo mio, en su abono,
porque no ay mas que dezir, ni mas que pensar, 10
ni mas que perseuerar en el mundo; y mas,
que negando este señor, como ha negado, que
no ha auido en el mundo ni los ay, caualleros
andantes, ¿qué mucho que no sepa ninguna de
las cosas que ha dicho? 15
Por ventura, dixo el eclesiastico, ¿soys
vos, hermano, aquel Sancho Pança que dizen,
a quien vuestro amo tiene prometida vna
insula?
Si soy, respondio Sancho, y soy quien 20
la merece tambien como otro qualquiera; soy
quien juntate a los buenos y seras vno dellos,
y soy yo de aquellos no con quien naces sino
con quien paces, y de los quien a buen arbol
se arrima buena sombra le cobija; yo me he 25
arrimado a buen señor, y ha muchos meses
que ando en su compañia y he de ser otro
como el, Dios queriendo; y viua el y viua yo,
que ni a el le faltarán imperios que mandar,
ni a mi insulas que gouernar. 30
No, por cierto, Sancho amigo, dixo a esta
sazon el duque; que yo, en nombre del señor
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 392
don Quixote, os mando el gouierno de vna que
tengo de nones, de no pequeña calidad.
Hincate de rrodillas, Sancho, dixo don
Quixote, y besa los pies a su excelencia, por
la merced que te ha hecho. 5
Hizolo assi Sancho. Lo qual visto por el
eclesiastico, se leuantó de la mesa (*) mohino
a demas, diziendo:
Por el habito que tengo, que estoy por
dezir que es tan sandio vuestra excelencia como 10
estos pecadores; mirad si no han de ser ellos
locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras;
quedese vuestra excelencia con ellos; que en
tanto que estuuieren en casa, me estare yo en
la mia, y me escusaré de reprehender lo que 15
no puedo remediar.
Y, sin dezir mas, ni comer mas, se fue, sin
que fuessen parte a detenerle los ruegos de
los duques, aunque el duque no le dixo mucho,
impedido de la risa que su impertinente colera 20
le auia causado. Acabó de reyr, y dixo a don
Quixote:
Vuessa merced, señor Cauallero de los
Leones, ha respondido por si tan altamente, que
no le queda cosa por satisfazer deste, que 25
aunque parece agrauio, no lo es en ninguna
manera, porque assi como no agrauian las mugeres,
no agrauian los eclesiasticos, como vuessa
merced mejor sabe.
Assi es, respondio don Quixote, y la 30
causa es que el que no puede ser agrauiado, no
puede agrauiar a nadie. Las mugeres, los niños
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 393
y los eclesiasticos, como no pueden defenderse,
aunque sean ofendidos, no pueden ser afrentados,
porque entre el agrauio y la afrenta (*) ay
esta diferencia, como mejor vuestra excelencia
sabe. La afrenta viene de parte de quien la 5
puede hazer y la haze y la sustenta; el agrauio
puede venir de qualquier parte sin que afrente.
Sea exemplo: está vno en la calle descuydado,
llegan diez con mano armada, y, dandole de
palos, pone mano a la espada y haze su deuer; 10
pero la muchedumbre de los contrarios se le
opone y no le dexa salir con su intencion,
que es de vengarse; este tal queda agrauiado,
pero no afrentado, y lo mesmo confirmará otro
exemplo: está vno buelto de espaldas, llega 15
otro y dale de palos, y en dandoselos huye y
no espera, y el otro le sigue y no alcança; este
que recibio los palos, recibio agrauio, mas no
afrenta, porque la afrenta ha de ser sustentada.
Si el que le dio los palos, aunque se los 20
dio a hurta cordel, pusiera mano a su espada
y se estuuiera quedo haziendo rostro a su
enemigo, quedara el apaleado agrauiado y
afrentado juntamente; agrauiado, porque le dieron
a traycion; afrentado, porque el que le dio 25
sustentó lo que auia hecho, sin boluer las
espaldas y a pie quedo. Y, assi, segun las leyes
del maldito duelo, yo puedo estar agrauiado,
mas no afrentado, porque los niños no sienten,
ni las mugeres, ni pueden huyr, ni tienen para 30
que esperar, y lo mesmo los constituydos en
la sacra religion, porque estos tres generos de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 394
gente carecen de armas ofensiuas y defensiuas,
y, assi, aunque naturalmente esten obligados a
defenderse, no lo estan para ofender a nadie,
y aunque poco ha dixe que yo podia estar
agrauiado, agora digo que no, en ninguna 5
manera, porque quien no puede recebir afrenta,
menos la puede dar; por las quales razones yo
no deuo sentir, ni siento, las que aquel buen
hombre me ha dicho; solo quisiera que esperara
algun poco para darle a entender en el 10
error en (*) que está en pensar y dezir que no
ha auido, ni los ay, caualleros andantes en el
mundo; que si lo tal oyera Amadis, o vno de
los infinitos de su linage, yo se que no le fuera
bien a su merced. 15
Esso juro yo bien, dixo Sancho; cuchillada
le huuieran dado, que le abrieran de arriba
abaxo como vna granada o como a vn melon
muy maduro. ¡Bonitos eran ellos para sufrir
semejantes cosquillas! Para mi santiguada que 20
tengo por cierto que si Reynaldos de Montaluan
huuiera oydo estas razones al hombrecito,
tapaboca le huuiera dado que no hablara mas
en tres años; ¡no sino tomarase con ellos, y
viera cómo escapaua de sus manos! 25
Perecia de risa la duquessa en oyendo
hablar a Sancho, y en su opinion le tenia por
mas gracioso y por mas loco que a su amo,
y muchos huuo en aquel tiempo que fueron
deste mismo parecer. Finalmente, don Quixote 30
se sossego y la comida (*) se acabó, y, en
leuantando los manteles, llegaron quatro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 395
donzellas: la vna, con vna fuente de plata, y la
otra, con vn aguamanil assimismo de plata, y
la otra, con dos blanquissimas y riquissimas
toallas al ombro, y la quarta, descubiertos los
braços hasta la mitad, y en sus blancas manos, 5
que sin duda eran blancas, vna redonda pella
de xauon napolitano (*). Llegó la de la fuente, y
con gentil donayre y desemboltura encaxó la
fuente debaxo de la barba de don Quixote; el
qual, sin hablar palabra, admirado de semejante 10
ceremonia, creyendo (*) que deuia ser vsança
de aquella tierra en lugar de las manos
lauar las barbas, (y) assi tendio la suya todo
quanto pudo, y al mismo punto començo a llouer
el aguamanil, y la donzella del xauon le 15
manoseó las barbas con mucha priessa,
leuantando copos de nieue, que no eran menos
blancas las xauonaduras, no solo por las barbas,
mas por todo el rostro y por los ojos del
obediente cauallero, tanto que se los hizieron 20
cerrar por fuerça.
El duque y la duquessa, que de nada desto
eran sabidores, estauan esperando en que
auia de parar tan extraordinario lauatorio.
La donzella barbera, quando le tuuo con vn 25
palmo de xauonadura, fingio que se le auia
acabado el agua, y mandó a la del aguamanil
fuesse por ella; que el señor don Quixote
esperaria. Hizolo assi, y quedó don Quixote con
la (*) mas estraña figura y mas para hazer reyr 30
que se pudiera imaginar. Mirauanle todos los
que presentes estauan, que eran muchos, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 396
como le veian con media vara de cuello, mas
que medianamente moreno, los ojos cerrados
y las barbas llenas de xauon, fue gran
marauilla y mucha discrecion poder dissimular la
risa; las donzellas de la burla tenian los ojos 5
baxos, sin osar mirar a sus señores; a ellos les
retozaua la colera y la risa en el cuerpo, y no
sabian a qué acudir: o a castigar el atreuimiento
de las muchachas, o darles premio por el gusto
que recibian de ver a don Quixote de aquella 10
suerte.
Finalmente, la donzella del aguamanil vino
y acabaron de lauar a don Quixote, y luego la
que traia las toallas le limpió y le enxugó muy
reposadamente, y, haziendole todas quatro a 15
la par vna grande y profunda inclinacion y
reuerencia, se querian yr, pero el duque, porque
don Quixote no cayesse en la burla, llamó a la
donzella de la fuente, diziendole:
Venid y lauadme a mi, y mirad que no se 20
os acabe el agua.
La muchacha, aguda y diligente, llegó y
puso la fuente al duque como a don Quixote,
y, dandose prisa, le lauaron y xauonaron muy
bien, y, dexandole enxuto y limpio, haziendo 25
reuerencias se fueron; despues se supo que
auia jurado el duque que si a el no le lauaran
como a don Quixote auia de castigar su
desemboltura, lo qual auian enmendado
discretamente con auerle a el xauonado. 30
Estaua atento Sancho a las ceremonias de
aquel lauatorio y dixo entre si:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 397
¡Valame Dios! ¿Si sera tambien vsança en
esta tierra lauar las barbas a los escuderos
como a los caualleros? Porque en Dios y en mi
anima que lo he bien menester, y aun que (*)
si me las rapassen (*) a nauaja, lo tendria a 5
mas beneficio.
¿Qué dezis entre vos, Sancho?, preguntó
la duquessa.
Digo, señora, respondio el, que en las
cortes de los otros (*) principes siempre he oydo 10
dezir que en leuantando los manteles dan
agua a las manos, pero no lexia a las barbas;
y que por esso es bueno viuir mucho por ver
mucho, aunque tambien dizen que el que larga
vida viue mucho mal ha de passar, puesto que 15
passar por vn lauatorio de estos antes es gusto
que trabajo.
No tengais pena, amigo Sancho, dixo la
duquessa, que yo haré que mis donzellas os
lauen, y aun os metan en colada, si fuere 20
menester.
Con las barbas me contento, respondio
Sancho, por aora, a lo menos; que andando
el tiempo, Dios dixo lo que sera.
Mirad, maestresala, dixo la duquessa, lo 25
que el buen Sancho pide, y cumplidle su
voluntad al pie de la letra.
El maestresala respondio que en todo seria
seruido el señor Sancho, y, con esto, se fue a
comer y lleuó consigo a Sancho, quedandose 30
a la mesa los duques y don Quixote, hablando
en muchas y diuersas cosas, pero todas tocantes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 398
al exercicio de las armas y de la andante
caualleria. La duquessa rogo a don Quixote
que le delineasse y descriuiesse, pues parecia
tener felice memoria, la hermosura y facciones
de la señora Dulcinea del Toboso, que, 5
segun lo que la fama pregonaua de su belleza,
tenia por entendido que deuia de ser la mas
bella criatura del orbe, y aun de toda la
Mancha. Sospiró don Quixote oyendo lo que la
duquessa le mandaua, y dixo: 10
Si yo pudiera sacar mi coraçon y ponerle
ante los ojos de vuestra grandeza, aqui sobre
esta mesa y en vn plato, quitara el trabajo a mi
lengua de dezir lo que apenas se puede pensar,
porque vuestra excelencia la viera en el toda 15
retratada; pero ¿para qué es ponerme yo aora a
delinear y descriuir punto por punto y parte
por parte la hermosura de la sin par Dulcinea,
siendo carga digna de otros ombros que de los
mios, empresa en quien se deuian ocupar los 20
pinzeles de Parrasio, de Timantes y de Apeles,
y los buriles de Lisipo, para pintarla y grauarla
en tablas, en marmoles y en bronzes, y la
retorica ciceroniana y demostina para alabarla?
¿Qué quiere dezir demostina, señor don 25
Quixote?, preguntó la duquessa; que es
vocablo que no le he oydo en todos los dias de
mi vida.
Retorica demostina, respondio don
Quixote, es lo mismo que dezir retorica de 30
Demostenes, como ciceroniana de Ciceron, que
fueron los dos mayores retoricos del mundo.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 399
Assi es, dixo el duque, y aueis andado
deslumbrada en la tal pregunta; pero, con todo
esso, nos daria gran gusto el señor don Quixote
si nos la pintasse; que a buen seguro que
aunque sea en rasguño y bosquexo, que ella salga 5
tal, que la tengan inuidia las mas hermosas.
Si hiziera, por cierto, respondio don
Quixote, si no me la huuiera borrado de la idea
la desgracia que poco ha que le sucedio, que
es tal, que mas estoy para llorarla que para 10
describirla, porque auran de saber vuestras
grandezas, que yendo los dias passados a
besarle las manos y a recebir su bendicion,
beneplacito y licencia para esta tercera salida,
hallé otra de la que buscaua: hallela encantada 15
y conuertida de princessa en labradora, de
hermosa en fea, de angel en diablo, de olorosa
en pestifera, de bien hablada en rustica, de
reposada en brincadora, de luz en tinieblas,
y, finalmente, de Dulcinea del Toboso en vna 20
villana de Sayago.
¡Valame Dios!, dando vna gran voz dixo
a este instante el duque: ¿Quién ha sido el
que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha
quitado del la belleza que le alegraua, el 25
donayre que le entretenia y la honestidad que le
acreditaua?
¿Quién?, respondio don Quixote. ¿Quién
puede ser sino algun maligno encantador de
los muchos inuidiosos que me persiguen? Esta 30
raza maldita, nacida en el mundo para
escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 400
y para dar luz y leuantar los fechos de los
malos. Perseguido me han encantadores,
encantadores me persiguen y encantadores me
persiguiran hasta dar conmigo y con mis altas
cauallerias en el profundo abismo del oluido; 5
y en aquella parte me dañan y hieren donde
veen que mas lo siento, porque quitarle a vn
cauallero andante su dama es quitarle los ojos
con que mira, y el sol con que se alumbra, y el
sustento con que se mantiene. Otras muchas 10
vezes lo he dicho, y aora lo bueluo a dezir,
que el cauallero andante sin dama es como
el arbol sin hojas, el edificio sin cimiento, y
la sombra sin cuerpo de quien se cause.
No ay mas que dezir, dixo la duquessa; 15
pero si con todo esso hemos de dar credito a
la historia que del señor don Quixote de pocos
dias a esta parte ha salido a la luz del mundo,
con general aplauso de las gentes, della se
colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuessa 20
merced ha visto a la señora Dulcinea, y que
esta tal señora no es en el mundo, sino que es
dama fantastica, que vuessa merced la engendró
y pario en su entendimiento, y la pintó con
todas aquellas gracias y perfeciones que quiso. 25
En esso ay mucho que dezir, respondio
don Quixote; Dios sabe si ay Dulcinea o no
[en] el mundo, o si es fantastica o no es
fantastica; y estas no son de las cosas cuya
aueriguacion se ha de lleuar hasta el cabo. Ni yo 30
engendré ni pari a mi señora, puesto que la
contemplo como conuiene que sea vna dama
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 401
que contenga en si las partes que puedan
hazerla famosa en todas las del mundo, como
son: hermosa sin tacha, graue sin soberuia,
amorosa con honestidad, agradecida por cortés,
cortés por bien criada y, finalmente, alta por 5
linage, a causa que sobre la buena sangre
resplandece y campea la hermosura con mas
grados de perfecion que en las hermosas
humildemente nacidas.
Assi es, dixo el duque, pero hame de 10
dar licencia el señor don Quixote para que
diga lo que me fuerça a dezir la historia que
de sus hazañas he leydo, de donde se infiere,
que, puesto que se conceda que ay Dulcinea
en el Toboso o fuera del, y que sea hermosa 15
en el sumo grado que vuessa merced nos la
pinta, en lo de la alteza del linage no corre
parejas con las Orianas, con las Alastrajareas,
con las Madasimas (*), ni con otras deste jaez,
de quien estan llenas las historias que vuessa 20
merced bien sabe.
A esso puedo dezir, respondio don Quixote,
que Dulcinea es hija de sus obras y que
las virtudes adoban la sangre, y que en mas se
ha de estimar y tener vn humilde virtuoso, que 25
vn vicioso leuantado (*). Quanto mas que
Dulcinea tiene vn giron que la puede lleuar a ser
reyna de corona y ceptro: que el merecimiento
de vna muger hermosa y virtuosa a hazer mayores
milagros se estiende, y aunque no formalmente, 30
virtualmente tiene en si encerradas
mayores venturas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 402
Digo, señor don Quixote, dixo la duquessa,
que en todo quanto vuessa merced dize va
con pie de plomo y, como suele dezirse, con
la sonda en la mano, y que yo, desde aqui
adelante, creere y hare creer a todos los de mi 5
casa, y aun al duque mi señor si fuere menester,
que ay Dulcinea en el Toboso y que viue oy
dia, y es hermosa, y principalmente nacida y
merecedora que vn tal cauallero como es el
señor don Quixote la sirua, que es lo mas que 10
puedo ni se encarecer. Pero no puedo dexar
de formar vn escrupulo y tener algun no se
que de ogeriza contra Sancho Pança; el escrupulo
es que dize la historia referida que el tal
Sancho Pança halló a la tal señora Dulcinea, 15
quando de parte de vuessa merced le lleuó
vna (*) epistola, ahechando vn costal de trigo,
y, por mas señas, dize que era rubion, cosa
que me haze dudar en la alteza de su linage.
A lo que respondio (*) don Quixote: 20
Señora mia, sabra la vuestra grandeza que
todas o las mas cosas que a mi me suceden
van fuera de los terminos ordinarios de las que
a los otros caualleros andantes acontecen, o ya
sean encaminadas por el querer inescrutable 25
de los hados, o ya vengan encaminadas por la
malicia de algun encantador inuidioso, y como
es cosa ya aueriguada que todos o los mas
caualleros andantes y famosos, vno tenga gracia
de no poder ser encantado, otro, de ser de 30
tan impenetrables carnes que no pueda ser
herido, como lo fue el famoso Roldan, vno de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 403
los Doze Pares de Francia, de quien se cuenta
que no podia ser ferido sino por la planta del
pie yzquierdo, y que esto auia de ser con la
punta de vn alfiler gordo y no con otra suerte
de arma alguna; y, assi, quando Bernardo del 5
Carpio le mató en Ronce[s]ualles (*), viendo,
que no le podia llagar con fierro, le leuantó
del suelo entre los braços y le ahogó,
acordandose entonces de la muerte que dio Hercules
a Anteon, aquel feroz gigante que dezian ser 10
hijo de la tierra (*). Quiero inferir de lo dicho,
que podria ser que yo tuuiesse alguna gracia
destas, no del no poder ser ferido, porque
muchas vezes la experiencia me ha mostrado que
soy de carnes blandas y no nada impenetrables, 15
ni la de no poder ser encantado, que ya
me he visto metido en vna xaula, donde todo
el mundo no fuera poderoso a encerra[r]me,
si no fuera a fuerças de encantamentos; pero
pues de aquel (*) me libré, quiero creer que no 20
ha de auer otro alguno que me empezca, y,
assi, viendo estos encantadores que con mi
persona no pueden vsar de sus malas mañas,
venganse en las cosas que mas quiero, y quieren
quitarme la vida maltratando la de Dulcinea, 25
por quien yo viuo; y, assi, creo (*) que quando
mi escudero le lleuó mi embaxada, se la
conuirtieron en villana y ocupada en tan baxo
exercicio como es el de ahechar trigo; pero ya
tengo yo dicho que aquel trigo ni era rubion 30
ni trigo, sino granos de perlas orientales; y
para prueua desta verdad quiero dezir a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 404
vuestras magnitudes, como viniendo poco ha por
el Toboso, jamas pude hallar los palacios de
Dulcinea; y que otro dia, auiendola visto
Sancho, mi escudero, en su mesma figura, que es
la mas bella del orbe, a mi me parecio vna 5
labradora tosca y fea y no nada bien razonada,
siendo la discrecion del mundo. Y pues yo no
estoy encantado ni lo puedo estar, segun buen
discurso, ella es la encantada, la ofendida y la
mudada, trocada y trastrocada, y en ella se han 10
vengado de mi mis enemigos, y por ella viuire
yo en perpetuas lagrimas hasta verla en su
pristino estado.
Todo esto he dicho para que nadie repare
en lo que Sancho dixo del cernido ni del ahecho 15
de Dulcinea; que pues a mi me la mudaron,
no es marauilla que a el se la cambiassen.
Dulcinea es principal y bien nacida, y de los
hidalgos linages que ay en el Toboso, que son
muchos, antiguos y muy buenos, a buen seguro 20
que no le cabe poca parte a la sin par Dulcinea,
por quien su lugar sera famoso y nombrado
en los venideros siglos, como lo ha sido
Troya por Elena, y España por la Caba, aunque
con mejor titulo y fama; por otra parte, quiero 25
que entiendan vuestras señorias que Sancho
Pança es vno de los mas graciosos escuderos
que jamas siruio a cauallero andante: tiene a
vezes vnas simplicidades tan agudas, que el
pensar si es simple o agudo causa no pequeño 30
contento; tiene malicias que le condenan por
vellaco, y descuydos que le confirman por bobo;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 405
duda de todo y creelo todo; quando pienso que
se va a despeñar de tonto, sale con vnas
discreciones que le leuantan al cielo. Finalmente,
yo no le trocaria con otro escudero, aunque me
diessen de añadidura vna ciudad; y, assi, estoy 5
en duda si sera bien embiarle al gouierno de
quien vuestra grandeza le ha hecho merced,
aunque veo en el vna cierta aptitud para esto
de gouernar, que atusandole tantico el
entendimiento, se saldria con qualquiera gouierno 10
como el rey con sus alcabalas. Y mas que ya
por muchas experiencias sabemos que no es
menester ni mucha habilidad ni muchas letras
para ser vno gouernador, pues ay por ai ciento
que apenas saben leer y gouiernan como vnos 15
girifaltes; el (*) toque está en que tengan buena
intencion y desseen acertar en todo, que nunca
les faltará quien les aconseje y encamine
en lo que han de hazer, como los gouernadores
caualleros y no letrados, que sentencian con 20
assessor. Aconsejariale yo que ni tome coecho,
ni pierda derecho, y otras cosillas que me
quedan en el estomago, que saldran a su tiempo
para vtilidad de Sancho, y prouecho de la
insula que gouernare. 25
A este punto llegauan de su coloquio el
duque, la duquessa y don Quixote, quando
oyeron muchas vozes y gran rumor de gente en
el palacio, y a deshora entró Sancho en la sala,
todo assustado, con vn cernadero por bauador, 30
y tras el muchos moços, o, por mejor dezir,
picaros de cozina, y otra gente menuda, y vno venia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 406
con vn artesoncillo de agua que, en la color
y poca limpieza, mostraua ser de fregar; seguiale
y perseguiale el de la artesa, y procuraua
con toda solicitud ponersela y encaxarsela
debaxo de las barbas, y otro picaro mostraua 5
quererselas lauar.
¿Qué es esto, hermanos?, preguntó la
duquessa. ¿Qué es esto? ¿Qué quereis a esse
buen hombre? ¿Cómo y no considerays que
está electo gouernador? 10
A lo que respondio el picaro barbero:
No quiere este señor dexarse (*) lauar como
es vsança y como se la lauó el duque mi señor
y el señor su amo.
Si quiero, respondio Sancho con mucha 15
colera; pero querria que fuesse con toallas
mas limpias, con lexia mas clara y con manos
no tan suzias; que no ay tanta diferencia de mi
a mi amo, que a el le lauen con agua de angeles
y a mi con lexia de diablos; las vsanças 20
de las tierras y de los palacios de los principes
tanto son buenas quanto no dan pesadumbre;
pero la costumbre del lauatorio que aqui se vsa
peor es que de diciplinantes; yo estoy limpio
de barbas, y no tengo necessidad de semejantes 25
(*) refrigerios, y el que se llegare a lauarme
ni a tocarme a vn pelo de la cabeça, digo, de mi
barba, hablando con el deuido acatamiento, le
dare tal puñada, que le dexe el puño engastado
en los cascos; que estas tales ceremonias (*) y 30
xauonaduras mas parecen burlas que gasajos
de huespedes.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 407
Perecida de risa estaua la duquessa, viendo
la colera y oyendo las razones de Sancho; pero
no dio mucho gusto a don Quixote verle tan
mal adeliñado con la jaspeada toalla, y tan
rodeado de tantos entretenidos de cozina, y, assi, 5
haziendo vna profunda reuerencia a los duques,
como que les pedia licencia para hablar, con
voz reposada dixo a la canalla:
¡Ola, señores caualleros!, vuessas mercedes
dexen al mancebo y bueluanse por donde vinieron, 10
o por otra parte si se les antojare; que
mi escudero es limpio tanto como otro, y essas
artesillas son para el estrechas, y penantes
bucaros (*); tomen mi consejo y dexenle, porque
ni el ni yo sabemos de achaque de burlas. 15
Cogiole la razon de la boca Sancho, y
prosiguio diziendo:
No sino lleguense a hazer burla del mostrenco,
que assi lo sufrire como aora es de noche;
traygan aqui vn peyne, o lo que quisieren, 20
y almoazenme estas barbas, y si sacaren dellas
cosa que ofenda a la limpieza, que me
trasquilen a cruzes.
A esta sazon, sin dexar la risa, dixo la
duquessa: 25
Sancho Pança tiene razon en todo quanto
ha dicho, y la tendra en todo quanto dixere; el
es limpio, y, como el dize, no tiene necessidad
de lauarse, y si nuestra vsança no le contenta,
su alma en su palma; quanto mas que vosotros, 30
ministros de la limpieza, aueis andado
demasiadamente de remisos y descuydados, y no se si
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 408
diga atreuidos, a (*) traer a tal personage y a
tales barbas en lugar de fuentes y aguamaniles
de oro puro y de alemanas toallas, artesillas y
dornajos de palo y rodillas de aparadores; pero,
en fin, soys malos y mal nacidos, y no podeis 5
dexar, como malandrines que soys, de mostrar
la ogeriza que teneis con los escuderos de los
andantes caualleros.
Creyeron los apicarados ministros, y aun el
maestresala que venia con ellos, que la duquessa 10
hablaua de veras, y, assi, quitaron el cernadero
del pecho de Sancho, y todos confusos y
casi corridos se fueron y le dexaron; el qual,
viendose fuera de aquel a su parecer sumo
peligro, se fue a hincar de rodillas ante la 15
duquessa, y dixo:
De grandes señoras grandes mercedes se
esperan; esta que la vuestra merced oy me ha
fecho, no puede pagarse con menos sino es con
dessear verme armado cauallero andante para 20
ocuparme todos los dias de mi vida en seruir a
tan alta señora. Labrador soy, Sancho Pança
me llamo, casado soy, hijos tengo y de escudero
siruo; si con alguna destas cosas puedo
seruir a vuestra grandeza, menos tardaré yo en 25
obedecer que vuestra señoria en mandar.
Bien parece, Sancho, respondio la duquessa,
que aueis aprendido a ser cortés en la
escuela de la misma cortesia; bien parece, quiero
dezir, que os aueis criado a los pechos del 30
señor don Quixote, que deue de ser la nata de
los comedimientos y la flor de las ceremonias
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXII p. 409
o cirimonias, como vos dezis; bien aya tal señor
y tal criado, el vno, por norte de la andante
caualleria, y el otro, por estrella de la escuderil
fidelidad; leuantaos, Sancho amigo, que yo
satisfare vuestras cortesias con hazer que el 5
duque, mi señor, lo mas presto que pudiere, os
cumpla la merced prometida del gouierno.
Con esto cessó la platica, y don Quixote se
fue a reposar la siesta, y la duquessa pidio a
Sancho que, si no tenia mucha gana de dormir, 10
viniesse a passar la tarde con ella y con sus
donzellas en vna muy fresca sala. Sancho
respondio, que aunque era verdad que tenia por
costumbre dormir quatro o cinco horas las siestas
del verano, que por seruir a su bondad, el 15
procuraria con todas sus fuerças no dormir
aquel dia ninguna, y vendria obediente a su
mandado, y fuesse; el duque dio nueuas
ordenes como se tratasse a don Quixote como a
cauallero andante, sin salir vn punto del estilo, 20
como cue[n]tan que se tratauan los antiguos
caualleros.
p. 410
Capitulo XXXIII
De la sabrosa platica que la duquessa y sus
donzellas passaron con Sancho Pança, digna
de que se lea y de que se note.
Cuenta, pues, la historia, que Sancho no 5
durmio aquella siesta, sino que por cumplir su
palabra, vino en comiendo a ver a la duquessa; la
qual, con el gusto que tenia de oyrle, le hizo
sentar junto a si en vna silla baxa, aunque Sancho,
de puro bien (*) criado, no queria sentarse; 10
pero la duquessa le dixo que se sentasse como
gouernador y hablasse como escudero, puesto
que por entrambas cosas merecia el mismo
escaño del Cid Ruy Diaz Campeador.
Encogio Sancho los ombros, obedecio y 15
sentose, y todas las donzellas y dueñas de la
duquessa la rodearon atentas, con grandissimo
silencio, a escuchar lo que diria; pero la
duquessa fue la que habló primero, diziendo:
Aora que estamos solos, y que aqui no nos 20
oye nadie, querria yo que el señor gouernador
me asoluiesse ciertas dudas que tengo, nacidas
de la historia que del gran don Quixote anda
ya impressa, vna de las quales dudas es que
pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, 25
digo, a la señora Dulcinea del Toboso, ni le
lleuó la carta del señor don Quixote, porque
se quedó en el libro de memoria en Sierra
Morena, cómo se atreuio a fingir la respuesta y
aquello de que la halló aechando trigo, siendo 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 411
todo burla y mentira, y tan en daño de la buena
opinion de la sin par Dulcinea, y todas (*) que
no vienen bien con la calidad y fidelidad de los
buenos escuderos.
A estas razones, sin responder con alguna, 5
se leuan[t]ó Sancho de la silla, y con pasos
quedos, el cuerpo agouiado y el dedo puesto
sobre los labios, anduuo por toda la sala leuantando
los doseles, y luego, esto hecho, se boluio
assentar y dixo: 10
Aora, señora mia, que he visto que no nos
escucha nadie de solapa, fuera de los circunstantes,
sin temor ni sobresalto, respondere a lo
que se me ha preguntado y a todo aquello que
se me preguntare; y lo primero que digo es 15
que yo tengo a mi señor don Quixote por loco
rematado, puesto que (*) algunas vezes dize
cosas que, a mi parecer y aun de todos aquellos
que le escuchan, son tan discretas y por tan
buen carril encaminadas, que el mesmo Satanas 20
no las podria dezir mejores; pero, con todo
esto, verdaderamente y sin escrupulo, a mi se
me ha assentado que es vn mentecato. Pues
como yo tengo esto en el magin, me atreuo a
hazerle creer lo que no lleua pies ni cabeça, 25
como fue aquello de la respuesta de la carta, y
lo de aura seys o ocho dias, que aun no está en
historia, conuiene a saber: lo del encanto de mi
señora doña Dulcinea, que le he dado a entender
que está encantada, no siendo mas verdad 30
que por los cerros de Vbeda.
Rogole la duquessa que le contasse aquel (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 412
encantamento o burla, y Sancho se lo conto
todo del mesmo modo que auia passado, de
que no poco gusto recibieron los oyentes; y,
prosiguiendo en su platica, dixo la duquessa:
De lo que el buen Sancho me ha contado 5
me anda brincando vn escrupulo en el alma, y
vn cierto susurro llega a mis oydos, que me
dize: pues don Quixote de la Mancha es loco,
menguado y mentecato, y Sancho Pança su
escudero lo conoce, y, con todo esso, le sirue y 10
le sigue y va atenido a las vanas promessas
suyas, sin duda alguna deue de ser el mas loco
y tonto que su amo; y, siendo esto assi, como
lo es, mal contado te sera, señora duquessa, si
al tal Sancho Pança le das insula que gouierne, 15
porque el que no sabe gouernarse a si,
¿cómo sabra gouernar a otros?
Par Dios, señora, dixo Sancho, que esse
escrupulo viene con parto derecho; pero digale
vuessa merced que hable claro, o como quisiere, 20
que yo conozco que dize verdad; que si yo
fuera discreto, dias ha que auia de auer dexado
a mi amo. Pero esta fue mi suerte y esta mi
mal andança; no puedo mas, seguirle tengo,
somos de vn mismo lugar, he comido su pan, 25
quierole bien, es agradecido, diome sus pollinos,
y, sobre todo, yo soy fiel, y, assi es impossible
que nos pueda apartar otro sucesso que el
de la pala y açadon. Y si vuestra altaneria no
quisiere que se me de el prometido gouierno, 30
de menos me hizo Dios, y podria ser que el no
darmele redundasse en pro de mi conciencia;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 413
que maguera (*) tonto se me entiende aquel
refran de por su mal le nacieron alas a la
hormiga; y aun podria ser que se fuesse mas ayna
Sancho escudero al cielo que no Sancho
gouernador. Tan buen pan hazen aqui como en 5
Francia, y de noche todos los gatos son pardos,
y assaz de desdichada es la persona que a las
dos de la tarde no se ha desayunado; y no ay
estomago que sea vn palmo mayor que otro,
el qual se puede llenar, como suele dezirse, de 10
paja y de heno, y las auezitas del campo
tienen a Dios por su proueedor y despensero;
y mas calientan quatro varas de paño de Cuenca
que otras quatro de limiste de Segouia (*);
y al dexar este mundo y meternos la tierra 15
adentro, por tan estrecha senda va el principe
como el jornalero, y no ocupa mas pies de
tierra el cuerpo del papa que el del sacristan,
aunque sea mas alto el vno que el otro; que al
entrar en el hoyo todos nos ajustamos y 20
encogemos, o nos hazen ajustar y encoger, mal que
nos pese, y a buenas noches; y torno a dezir
que si vuestra señoria no me quisiere dar la
insula por tonto, yo sabre no darseme nada por
discreto; y yo he oydo dezir que detras de la 25
cruz está el diablo, y que no es oro todo lo
que reluze; y que de entre los bueyes, arados
y coyundas sacaron al labrador Bamba (*) para
ser rey de España, y de entre los brocados,
passatiempos y riquezas sacaron a Rodrigo 30
para ser comido de culebras, si es que las
trobas de los romances antiguos no mienten (*).
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 414
Y ¡cómo que no mienten!, dixo a esta
sazon doña Rodriguez, la dueña, que era vna de
las escuchantes, que vn romance ay que dize,
que metieron al rey Rodrigo viuo viuo en vna
tumba llena de sapos, culebras y lagartos, y que 5
de alli a dos dias dixo el rey desde dentro de
la tumba, con voz doliente y baxa:
«Ya me comen, ya me comen
por do mas pecado auia.»
Y, segun esto, mucha razon tiene este señor 10
en dezir que quiere mas ser mas labrador (*)
que rey, si le han de comer sabandijas.
No pudo la duquessa tener la risa oyendo
la simplicidad de su dueña, ni dexó de admirarse
en oyr las razones y refranes de Sancho, 15
a quien dixo:
Ya sabe el buen Sancho que lo que vna
vez promete vn cauallero, procura cumplirlo,
aunque le cueste la vida. El duque, mi señor y
marido, aunque no es de los andantes, no por 20
esso dexa de ser cauallero, y, assi, cumplira la
palabra de la prometida insula, a pesar de la
inuidia y de la malicia del mundo. Esté Sancho
de buen animo; que quando menos lo piense
se vera sentado en la silla de su insula, y en la 25
de su estado, y empuñará su gouierno, que con
otro de brocado de tres altos lo deseche (*).
Lo que yo le encargo es que mire cómo gouierna
sus vassallos, aduirtiendo que todos son
leales (*) y bien nacidos. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 415
Esso de gouernarlos bien, respondio
Sancho, no ay para qué encargarmelo, porque yo
soy caritatiuo de mio y tengo compassion de
los pobres, y a quien cueze y amasa no le
hurtes hogaza; y para mi santiguada que no 5
me han de echar dado falso; soy perro viejo y
entiendo todo tus, tus, y se despauilarme a sus
tiempos, y no consiento que me anden musarañas
ante los ojos, porque se dónde me aprieta
el çapato; digolo, porque los buenos tendran 10
conmigo mano y concauidad y los malos, ni pie
ni entrada. Y pareceme a mi que en esto de
los gouiernos todo es començar, y podria ser
que a quinze dias de gouernador me comiesse
las manos tras (*) el oficio y supiesse mas del 15
que de la labor del campo en que me he
criado.
Vos teneis razon (*), Sancho, dixo la
duquessa; que nadie nace enseñado, y de los
hombres se hazen los obispos, que no de las 20
piedras; pero boluiendo a la platica que poco
ha tratauamos del encanto de la señora
Dulcinea, tengo por cosa cierta y mas que
aueriguada que aquella imaginacion que Sancho
tuuo de burlar a su señor, y darle a entender 25
que la labradora era Dulcinea, y que si su
señor no la conocia deuia de ser por estar
encantada, toda fue inuencion de alguno de los
encantadores que al señor don Quixote
persiguen; porque real y verdaderamente yo se de 30
buena parte que la villana que dio el brinco
sobre la pollina era y es Dulcinea del Toboso,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 416
y que el buen Sancho, pensando ser el
engañador, es el engañado, y no ay poner mas
duda en esta verdad que en las cosas que
nunca vimos; y sepa el señor Sancho Pança,
que tambien tenemos aca encantadores que 5
nos quieren bien y nos dizen lo que passa por
el mundo, pura y se[n]zillamente, sin enredos
ni maquinas; y creame Sancho que la villana
brincadora era y es Dulcinea del Toboso, que
está encantada como la madre que la pario; y 10
quando menos nos pensemos, la auemos de
ver en su propia figura, y entonces saldra
Sancho del engaño en que viue.
Bien puede ser todo esso, dixo Sancho
Pança, y agora quiero creer lo que mi amo 15
cuenta de lo que vio en la cueua de Montesinos,
donde dize que vio a la señora Dulcinea
del Toboso en el mesmo trage y habito que yo
dixe que la auia visto quando la encanté por
solo mi gusto; y todo deuio de ser al reues, 20
como vuessa merced, señora mia, dize, porque
de mi ruin ingenio no se puede ni deue presumir
que fabricasse en vn instante tan agudo
embuste, ni creo yo que mi amo es tan loco
que con tan flaca y magra persuasion como la 25
mia creyesse vna cosa tan fuera de todo
termino; pero, señora, no por esto sera bien que
vuestra bondad me tenga por maleuolo, pues
no esta obligado vn porro como yo a taladrar
los pensamientos y malicias de los pessimos 30
encantadores; yo fingi aquello por escaparme
de las riñas de mi señor don Quixote, y no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 417
con intencion de ofenderle; y si ha salido al
reues, Dios está en el cielo, que juzga los
coraçones.
Assi es la verdad, dixo la duquessa; pero
digame agora Sancho qué es esto que dize de 5
la cueua de Montesinos; que gustaria saberlo.
Entonces Sancho Pança le conto punto por
punto lo que queda dicho acerca de la tal
auentura. Oyendo lo qual, la duquessa dixo:
Deste sucesso se puede inferir que pues el 10
gran don Quixote dize que vio alli a la mesma
labradora que Sancho vio a la salida del
Toboso, sin duda es Dulcinea, y que andan por
aqui los encantadores muy listos y
demasiadamente curiosos. 15
Esso digo yo, dixo Sancho Pança; que si
mi señora Dulcinea del Toboso está encantada,
su daño; que yo no me tengo de tomar (*)
con los enemigos de mi amo, que deuen de
ser muchos y malos; verdad sea que la que yo 20
vi fue vna labradora, y por labradora la tuue y
por tal labradora la juzgué; y si aquella era
Dulcinea, no ha de estar a mi cuenta, ni ha de
correr por mi, o sobre ello, morena. No sino
andense a cada triquete conmigo a dime y 25
direte, Sancho lo dixo, Sancho lo hizo, Sancho
tornó y Sancho boluio, como si Sancho fuesse
algun quienquiera, y no fuesse el mismo Sancho
Pança, el que anda ya en libros por esse
mundo adelante, segun me dixo Sanson Carrasco, 30
que, por lo menos, es persona bachillerada
por Salamanca; y los tales no pueden
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 418
mentir, si no es quando se les antoja o les viene
muy a cuento; assi que no ay para qué nadie
se tome conmigo, y pues que tengo buena
fama y, segun oi dezir a mi señor, que mas vale
el buen nombre que las muchas riquezas, 5
encaxenme esse gouierno y veran marauillas;
que quien ha sido buen escudero sera buen
gouernador.
Todo quanto aqui ha dicho el buen Sancho,
dixo la duquessa, son sentencias catonianas, 10
o, por lo menos, sacadas de las mesmas
entrañas del mismo Micael Verino, florentibus
occidit annis (*). En fin, en fin, hablando a su
modo, debaxo de mala capa suele auer buen
beuedor. 15
En verdad, señora, respondio Sancho,
que en mi vida he beuido de malicia; con
sed, bien podria ser, porque no tengo nada de
hipocrita; beuo quando tengo gana, y quando
no la tengo, y quando me lo dan, por no parecer 20
o melindroso o mal criado; que a vn brindis
de vn amigo, ¿qué coraçon ha de auer tan
de marmol que no haga la razon?; pero, aunque
las calço, no las ensuzio; quanto mas que los
escuderos de los (*) caualleros andantes casi de 25
ordinario beuen agua, porque siempre andan
por florestas, seluas y prados, montañas y riscos,
sin hallar vna misericordia de vino, si dan
por ella vn ojo.
Yo lo creo assi, respondio la duquessa, 30
y por aora vayase Sancho a reposar, que
despues hablaremos mas largo y daremos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIII p. 419
orden como vaya presto a encaxarse, como
el dize, aquel gouierno.
De nueuo le besó las manos Sancho a la
duquessa, y le suplicó le hiziesse merced de
que se tuuiesse buena cuenta con su ruzio, 5
porque era la lumbre de sus ojos.
¿Qué ruzio es este?, preguntó la
duquessa.
Mi asno, respondio Sancho, que por no
nombrarle con este nombre, le suelo llamar el 10
ruzio, y a esta señora dueña le rogue, quando
entré en este castillo, tuuiesse cuenta con el, y
azorose de manera, como si la huuiera dicho
que era fea o vieja, deuiendo ser mas propio y
natural de las dueñas pensar jumentos que 15
autorizar las salas. ¡O, valame Dios, y quán mal
estaua con estas señoras vn hidalgo de mi
lugar!
Seria algun villano, dixo doña Rodriguez,
la dueña; que si el fuera hidalgo y bien nacido, 20
el las pusiera sobre el cuerno de la luna.
Agora bien, dixo la duquessa, no aya
mas; calle doña Rodriguez y sossieguese el
señor Pança, y quedesse a mi cargo el regalo
del ruzio, que por ser alhaja de Sancho, le 25
pondre yo sobre las niñas de mis ojos.
En la caualleriza basta que esté, respondio
Sancho, que sobre las niñas de los ojos de
vuestra grandeza, ni el ni yo somos dignos de
estar solo vn momento; y assi lo consintiria yo 30
como darme de puñaladas, que aunque dize
mi señor que en las cortesias antes se ha de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 420
perder por carta de mas que de menos, en las
jumentiles y assininas (*) se ha de yr con el
compas en la mano y con medido termino.
Lleuele, dixo la duquessa, Sancho al
gouierno, y allá le podra regalar como 5
quisiere, y aun jubilarle del trabajo.
No piense vuessa merced, señora duquessa,
que ha dicho mucho, dixo Sancho; que
yo he visto yr mas de dos asnos a los gouiernos,
y que lleuasse yo el mio no seria cosa 10
nueua.
Las razones de Sancho renouaron en la
duquessa la risa y el contento, y, embiandole a
reposar, ella fue a dar cuenta al duque de lo
que con el auia passado; y entre los dos dieron 15
traça y orden de hazer vna burla a don Quixote
que fuesse famosa y viniesse bien con el
estilo caualleresco; en el qual le hizieron
muchas, tan propias y discretas, que son las
mejores auenturas que en esta grande historia se 20
contienen.
p. 421
Capitulo XXXIV
Que cuenta de la noticia que se tuuo de cómo
se auia de desencantar la sin par Dulcinea
del Toboso, que es vna de las auenturas mas
famosas deste libro. 5
Grande era el gusto que recebian el duque
y la duquessa de la conuersacion de don Quixote
y de la de Sancho Pança, y, confirmandose
en la intencion que tenian de hazerles algunas
burlas que lleuassen vislumbres y apariencias 10
de auenturas, tomaron motiuo de la que don
Quixote (*) ya les auia contado de la cueua de
Montesinos, para hazerle vna que fuesse famosa
--pero de lo que mas la duquessa se admiraua
era que la simplicidad de Sancho fuesse 15
tanta, que huuiesse venido a creer ser verdad
infalible que Dulcinea del Toboso estuuiesse
encantada, auiendo sido el mesmo el encantador
y el embustero de aquel negocio--; y, assi,
auiendo dado orden a sus criados de todo lo 20
que auian de hazer, de alli a seys dias le
lleuaron a caça de monteria, con tanto aparato
de monteros y caçadores como pudiera lleuar
vn rey coronado. Dieronle a don Quixote vn
vestido de monte y a Sancho otro verde, de 25
finissimo paño; pero don Quixote no se le
quiso poner, diziendo que otro dia auia de
boluer al duro exercicio de las armas, y que no
podia lleuar consigo guardarropas ni reposterias.
Sancho si tomó el que le dieron, con intencion 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 422
de venderle en la primera ocasion que
pudiesse.
Llegado, pues, el esperado dia, armose don
Quixote, vistiose Sancho, y encima de su ruzio,
que no le quiso dexar, aunque le dauan vn 5
cauallo, se metio entre la tropa de los monteros;
la duquessa salio bizarramente aderezada,
y don Quixote, de puro cortes y comedido,
tomó la rienda de su palafren, aunque el
duque no queria consentirlo, y, finalmente, 10
llegaron a vn bosque que entre dos altissimas
montañas estaua, donde, tomados los puestos,
paranzas y veredas, y repartida la gente por
diferentes puestos, se començo la caça con
grande estruendo, grita y vozeria, de manera, 15
que vnos a otros no podian oyrse, assi por el
ladrido de los perros, como por el son de las
bozinas. Apeose la duquessa, y con vn agudo
venablo en las manos, se puso en vn puesto
por donde ella sabia que solian venir algunos 20
jaualies. Apeose assimismo el duque y don
Quixote y pusieronse a sus lados; Sancho se
puso detras de todos, sin apearse del ruzio, a
quien no osara desamparar, porque no le
sucediesse algun desman. 25
Y apenas auian sentado el pie y puesto[se] (*)
en ala con otros muchos criados suyos, quando
acosado de los perros y seguido de los caçadores
vieron que hazia ellos venia vn desmesurado
jauali, cruxiendo dientes y colmillos y 30
arrojando espuma por la boca, y, en viendole,
embraçando su escudo y puesta mano a su
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 423
espada, se adelantó a recebirle don Quixote;
lo mesmo hizo el duque con su venablo; pero
a todos se adelantara la duquessa si el duque
no se lo estoruara. Solo Sancho, en viendo al
valiente animal, desamparó al ruzio y dio a 5
correr quanto pudo; y, procurando subirse
sobre vna alta encina, no fue possible; antes,
estando ya a la mitad del (*), assido de vna
rama, pugnando (*) subir a la cima, fue tan
corto de ventura y tan desgraciado, que se 10
desgajó la rama, y al venir al suelo, se quedó
en el ayre, assido de vn gancho de la encina,
sin poder llegar al suelo, y, viendose assi, y que
el sayo verde se le rasgaua, y pareciendole
que si aquel fiero animal alli allegaua le podia 15
alcançar, començo a dar tantos gritos y a pedir
socorro con tanto ahinco, que todos los que le
oian y no le veian creyeron que estaua entre
los dientes de alguna fiera.
Finalmente, el colmilludo jauali quedó 20
atrauessado de las cuchillas de muchos venablos
que se le pusieron delante, y, boluiendo la
cabeça don Quixote a los gritos de Sancho, que
ya por ellos le auia conocido, viole pendiente
de la encina, y la cabeça abaxo, y al ruzio junto 25
a el, que no le desamparó en su calamidad; y
dize Cide Hamete que pocas vezes vio a Sancho
Pança sin ver al ruzio, ni al ruzio sin ver a
Sancho: tal era la amistad y buena fe que entre
los dos se guardauan. Llegó don Quixote y 30
descolgo a Sancho, el qual, viendose libre y en el
suelo, miró lo desgarrado del sayo de monte,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 424
y pesole en el alma; que penso que tenia en el
vestido vn mayorazgo.
En esto, atrauessaron al jauali poderoso sobre
vna azemila, y, cubriendole con matas de
romero y con ramas de mirto, le lleuaron, como 5
en señal de vitoriosos despojos, a vnas grandes
tiendas de campaña que en la mitad del bosque
estauan puestas, donde hallaron las mesas en
orden y la comida aderezada, tan sumptuosa y
grande, que se echaua bien de ver en ella la 10
grandeza y magnificencia de quien la daua.
Sancho, mostrando las llagas a la duquessa
de su roto vestido, dixo:
Si esta caça fuera de liebres o de paxarillos,
seguro estuuiera mi sayo de verse en este 15
estremo; yo no se qué gusto se recibe de esperar
a vn animal que si os alcança con vn colmillo,
os puede quitar la vida; yo me acuerdo auer
oydo cantar vn romance antiguo, que dize:
De los osos seas comido 20
como Fabila el nombrado (*).
Esse fue vn rey godo, dixo don Quixote,
que yendo a caça de monteria, le comio
vn oso.
Esso es lo que yo digo, respondio Sancho, 25
que no querria yo que los principes y los reyes
se pusiessen en semejantes peligros, a trueco
de vn gusto que parece que no le auia de ser,
pues consiste en matar a vn animal que no ha
cometido delito alguno. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 425
Antes os engañais, Sancho, respondio el
duque, porque el exercicio de la caça de monte
es el mas conueniente y necessario para los
reyes y principes que otro alguno. La caça es
vna imagen de la guerra: ay en ella estratagemas, 5
astucias, insidias para vencer a su saluo al
enemigo; padecense en ella frios grandissimos
y calores intolerables, menoscabase el ocio y el
sueño, corroboranse las fuerças, agilitanse los
miembros del que la vsa, y, en resolucion, es 10
exercicio que se puede hazer sin perjuyzio de
nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que el
tiene es que no es para todos, como lo es el de
los otros generos de caça, excepto el de la
bolateria, que tambien es solo para reyes y grandes 15
señores. Assi que, ¡o Sancho!, mudad de opinion,
y, quando seays gouernador, ocupaos en la
caça y vereys como os vale vn pan por ciento.
Esso no, respondio Sancho; el buen
gouernador la pierna quebrada, y en casa; bueno 20
seria que viniessen los negociantes a buscarle
fatigados, y el estuuiesse en el monte
holgandose; assi enhoramala andaria el gouierno.
Mia fe, señor, la caça y los passatiempos mas
han de ser para los holgaçanes que para los 25
gouernadores; en lo que yo pienso entretenerme,
es en jugar al triunfo embidado las pascuas,
y a los bolos los domingos y fiestas; que essas
caças ni caços no dizen con mi condicion ni
hazen con mi conciencia. 30
Plega a Dios, Sancho, que assi sea, porque
del dicho al hecho ay gran trecho.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 426
Aya lo que huuiere, replicó Sancho, que
al buen pagador no le duelen prendas, y mas
vale al que Dios ayuda, que al que mucho
madruga; y tripas lleuan pies, que no pies a
tripas; quiero dezir que si Dios me ayuda, y 5
yo hago lo que deuo con buena intencion, sin
duda que gouernaré mejor que vn gerifalte;
no sino ponganme el dedo en la boca, y veran
si aprieto o no.
¡Maldito seas de Dios y de todos sus 10
santos, Sancho maldito, dixo don Quixote, y
quándo sera el dia, como otras muchas vezes
he dicho, donde yo te vea hablar sin refranes
vna razon corriente y concertada! Vuestras
grandezas dexen a este tonto, señores mios, 15
que les molera las almas, no solo puestas entre
dos, sino entre dos mil refranes traydos tan a
sazon y tan a tiempo quanto le de Dios a el la
salud, o a mi si los querria escuchar.
Los refranes de Sancho Pança, dixo la 20
duquessa, puesto que son mas que los del
Comendador Griego (*), no por esso son en
menos (*) de estimar por la breuedad de las
sentencias. De mi se dezir que me dan mas gusto
que otros, aunque sean mejor traydos y con 25
mas sazon acomodados.
Con estos y otros entretenidos razonamientos
salieron de la tienda al bosque, y en requerir
algunas paranzas (y) (*) presto se les pasó el dia
y se les vino la noche, y no tan clara ni tan 30
sesga como la sazon del tiempo pedia, que era en
la mitad del verano; pero vn cierto claro escuro
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 427
que truxo consigo, ayudó mucho a la intencion
de los duques; y, assi, como començo a anochezer,
vn poco mas adelante del crepusculo, a deshora
parecio que todo el bosque por todas quatro
partes se ardia; y luego se oyeron por aqui 5
y por alli, y por aca y por aculla, infinitas
cornetas y otros instrumentos de guerra, como de
muchas tropas de caualleria que por el bosque
passaua; la luz del fuego, el son de los belicos
instrumentos, casi cegaron y atronaron los ojos 10
y los oydos de los circunstantes y aun de todos
los que en el bosque estauan.
Luego se oyeron infinitos lelilies al vso de
moros quando entran en las batallas; sonaron
trompetas y clarines, retumbaron tambores, 15
resonaron pifaros, casi todos a vn tiempo, tan
contino y tan apriesa, que no tuuiera sentido el
que no quedara sin el al son confuso de tantos
instrumentos. Pasmose el duque, suspendiose
la duquessa, admirose don Quixote, temblo 20
Sancho Pança, y, finalmente, aun hasta los
mesmos sabidores de la causa se espantaron;
con el temor les cogio el silencio, y vn postillon
(que) (*) en trage de demonio les passó por
delante, tocando en vez (*) de corneta vn hueco 25
y desmesurado cuerno, que vn ronco y
espantoso son despedia.
Ola, hermano correo, dixo el duque, ¿quién
soys, adónde vays y qué gente de guerra es la
que por este bosque parece que atrauiessa? 30
A lo que respondio el correo con voz
horrisona y desenfadada:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 428
Yo soy el diablo; voy a buscar a don Quixote
de la Mancha; la gente que por aqui viene
son seys tropas de encantadores, que sobre vn
carro triunfante traen a la sin par Dulcinea del
Toboso; encantada viene con el gallardo 5
frances Montesinos a dar orden a don Quixote de
cómo ha de ser desencantada la tal señora.
Si vos fuerades diablo, como dezis y como
vuestra figura muestra, ya huuierades conocido
al tal cauallero don Quixote de la Mancha, 10
pues le teneys delante.
En Dios y en mi conciencia, respondio el
diablo, que no miraua en ello, porque traygo
en tantas cosas diuertidos los pensamientos,
que de la principal, a que venia, se me 15
oluidaua.
Sin duda, dixo Sancho, que este demonio
deue de ser hombre de bien y buen christiano,
porque a no serlo, no jurara en Dios y en mi
conciencia. Aora, yo tengo para mi que aun en 20
el mesmo infierno deue de auer buena gente.
Luego el demonio, sin apearse, encaminando
la vista a don Quixote, dixo:
A ti, el Cauallero de los Leones --que entre
las garras dellos te vea yo--, me embia el 25
desgraciado pero valiente cauallero Montesinos,
mandandome que de su parte te diga que le esperes
en el mismo lugar que (*) te topare, a causa que
trae consigo a la que llaman Dulcinea del
Toboso, con orden de darte la que es menester 30
para desencantarla; y por no ser para mas mi
venida, no ha de ser mas mi estada; los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 429
demonios como yo queden contigo y los angeles
buenos con estos señores.
Y, en diziendo esto, tocó el desaforado cuerno
y boluio las espaldas y fuesse sin esperar
respuesta de ninguno. 5
Renouose la admiracion en todos, especialmente
en Sancho y don Quixote; en Sancho, en
ver que, a despecho de la verdad, querian que
estuuiesse encantada Dulcinea; en don Quixote,
por no poder assegurarse si era verdad o no 10
lo que le auia passado en la cueua de
Montesinos; y, estando eleuado en estos
pensamientos, el duque le dixo:
¿Piensa vuessa merced esperar, señor don
Quixote? 15
¿Pues no? respondio el. Aqui esperaré
intrepido y fuerte, si me viniesse a embestir
todo el infierno.
Pues si yo veo otro diablo y oygo otro
cuerno como el passado, assi esperaré yo aqui 20
como en Flandes, dixo Sancho.
En esto, se cerro mas la noche, y començaron
a discurrir muchas luzes por el bosque,
bien assi como discurren por el cielo las
exhalaciones secas de la tierra, que parecen a 25
nuestra vista estrellas que corren; oyose, assimismo,
vn espantoso ruydo, al modo de aquel que se
causa de las ruedas macizas que suelen traer
los carros de bueyes, de cuyo chirrio aspero
y continuado se dize que huyen los lobos y los 30
osos, si los ay por donde passan. Añadiose
a toda esta tempestad otra que las aumentó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 430
todas, que fue que parecia verdaderamente
que a las quatro partes del bosque se estauan
dando a vn mismo tiempo quatro rencuentros
o batallas, porque alli sonaua el duro estruendo
de espantosa artilleria; aculla se disparauan 5
infinitas escopetas; cerca casi sonauan las (*)
vozes de los combatientes; lexos se reyterauan
los lililies agarenos.
Finalmente, las cornetas, los cuernos, las
bozinas, los clarines, las trompetas, los tambores, 10
la artilleria, los arcabuzes y, sobre todo, el
temeroso ruydo de los carros, formauan todos
juntos vn son tan confuso y tan horrendo, que
fue menester que don Quixote se valiesse de
todo su coraçon para sufrirle; pero el de 15
Sancho vino a tierra y dio con el desmayado en
las faldas de la duquessa, la qual le recibio en
ellas y a gran priessa mandó que le echassen
agua en el rostro. Hizose assi, y el boluio en su
acuerdo a tiempo que ya vn carro de las rechinantes 20
ruedas llegaua a aquel puesto; tirauanle
quatro perezosos bueyes, todos cubiertos de
paramentos negros; en cada cuerno traian
atada y encendida vna grande acha de cera, y
encima del carro venia hecho vn assiento alto, 25
sobre el qual venia sentado vn venerable viejo
con vna barba mas blanca que la mesma nieue,
y tan luenga que le passaua de la cintura; su
vestidura era vna ropa larga de negro vocazi;
que por venir el carro lleno de infinitas luzes 30
se podia bien diuisar y discernir todo lo que en
el venia. Guiauanle dos feos demonios vestidos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIV p. 431
del mesmo vocazi, con tan feos rostros, que
Sancho, auiendolos visto vna vez, cerro los ojos
por no verlos otra. Llegando, pues, el carro
a ygualar al puesto, se leuantó de su alto
assiento el viejo venerable, y puesto en pie, dando 5
vna gran voz, dixo:
Yo soy el sabio Lirgandeo (*).
Y passó el carro adelante, sin hablar mas
palabra.
Tras este passó otro carro de la misma 10
manera, con otro viejo entronizado, el qual,
haziendo que el carro se detuuiesse, con voz
no menos graue que el otro, dixo:
Yo soy el sabio Alquife, el grande amigo
de Vrganda la Desconocida. 15
Y passó adelante.
Luego, por el mismo continente llegó otro
carro; pero el que venia sentado en el trono no
era viejo como los demas, sino hombron robusto
y de mala catadura, el qual, al llegar, 20
leuantandose en pie como los otros, dixo con voz
mas ronca y mas endiablada:
Yo soy Arcalaus, el encantador, enemigo mortal
de Amadis de Gaula y de toda su parentela.
Y passó adelante. 25
Poco desuiados de alli hizieron alto estos
tres carros y cessó el enfadoso ruydo de sus
ruedas; y luego se oyo otro, no ruydo, sino vn
son de vna suaue y concertada musica
formado, con que Sancho se alegró y lo tuuo a 30
buena señal; y, assi, dixo a la duquessa, de
quien vn punto ni vn paso se apartaua:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 432
Señora, donde ay musica no puede auer
cosa mala.
Tampoco donde ay luzes y claridad,
respondio la duquessa.
A lo que replicó Sancho: 5
Luz da el fuego, y claridad las hogueras,
como lo vemos en las que nos cercan, y bien
podria ser que nos abrasassen; pero la musica
siempre es indicio de regozijos y de fiestas.
Ello dira, dixo don Quixote, que todo lo 10
escuchaua, y dixo bien, como se muestra en el
capitulo siguiente.
p. 433
Capitulo XXXV
Donde se prosigue la noticia que tuuo don
Quixote del desencanto de Dulcinea con
otros admirable[s] sucessos.
Al compas de la agradable musica vieron 5
que hazia ellos venia vn carro de los que
llaman triunfales, tirado de seys mulas
pardas encubertadas, empero, de lienço blanco,
y sobre cada vna venia vn diciplinante de
luz (*), assimesmo vestido de blanco, con vna 10
acha de cera grande, encendida, en la mano;
era el carro dos vezes, y aun tres, mayor que
los passados, y los lados y encima del,
ocupauan doze otros diciplinantes albos como la
nieue, todos con sus achas encendidas, vista 15
que admiraua y espantaua juntamente; y en
vn leuantado trono venia sentada vna ninfa
vestida de mil velos de tela de plata, brillando
por todos ellos infinitas hojas de argenteria de
oro, que la hazian, si no rica, a lo menos, 20
vistosamente vestida; traia el rostro cubierto con vn
transparente y delicado cendal, de modo, que,
sin impedirlo sus lizos, por entre ellos se
descubria vn hermosissimo rostro de donzella; y
las muchas luzes dauan lugar para distinguir 25
la belleza y los años, que, al parecer, no
llegauan a veynte ni baxauan de diez y siete; junto
a ella venia vna figura vestida de vna ropa de
las que llaman rozagantes, hasta los pies,
cubierta la cabeça con vn velo negro; pero al 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 434
punto que llegó el carro a estar frente a frente
de los duques y de don Quixote, cessó la musica
de las chirimias, y luego la de las harpas
y laudes que en el carro sonauan; y, leuantandose
en pie la figura de la ropa, la apartó a 5
entrambos lados, y, quitandose el velo del
rostro, descubrio patentemente ser la mesma
figura de la Muerte descarnada y fea, de que don
Quixote recibio pesadumbre, y Sancho miedo,
y los duques hizieron algun sentimiento temeroso. 10
Alçada y puesta en pie esta Muerte viua,
con voz algo dormida y con lengua no muy
despierta, començo a dezir desta manera:
Yo soy Merlin (*), aquel que las historias
dizen que tuue por mi padre al diablo, 15
(mentira autorizada de los tiempos),
principe de la magica y monarca
y archiuo de la ciencia zoroastrica,
emulo a las edades y a los siglos,
que solapar pretenden las hazañas 20
de los andantes brauos caualleros,
a quien yo tuue y tengo gran cariño.
Y puesto que es de los encantadores,
de los magos o magicos contino
dura la condicion, aspera y fuerte, 25
la mia es tierna, blanda y amorosa,
y amiga de hazer bien a todas gentes.
En las cauernas lobregas de Dite,
donde estaua mi alma entretenida
en formar ciertos rombos y caráteres, 30
llegó la voz doliente de la bella
y sin par Dulcinea del Toboso.
Supe su encantamento y su desgracia,
y su trasformacion de gentil dama
en rustica aldeana: condolime, 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 435
y encerrando mi espiritu en el hueco
desta espantosa y fiera notomia,
despues de auer rebuelto cien mil libros
desta mi ciencia endemoniada y torpe,
vengo a dar el remedio que conuiene 5
a tamaño dolor, a mal tamaño.
¡O tu, gloria y honor de quantos visten
las tunicas de azero y de diamante,
luz y farol, sendero, norte y guia
de aquellos que, dexando el torpe sueño 10
y las ociosas plumas, se acomodan
a vsar el exercicio intolerable
de las sangrientas y pesadas armas!;
a ti digo, ¡o varon, como se (*) deue,
por jamas alabado!, a ti, valiente 15
juntamente y discreto don Quixote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso,
es menester que Sancho, tu escudero, 20
se de tres mil açotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al ayre descubiertas, y de modo,
que le escuezan, le amarguen y le enfaden;
y en esto se resueluen todos quantos 25
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.
¡Voto a tal!, dixo a esta sazon Sancho; no
digo yo tres mil açotes, pero assi me dare yo
tres, como tres puñaladas; ¡valate el diablo por 30
modo de desencantar; yo no se qué tienen que
ver mis posas con los encantos! Par Dios que
si el señor Merlin no ha hallado otra manera
como desencantar a la señora Dulcinea (*) del
Toboso, encantada se podra yr a la sepultura. 35
Tomaros he yo, dixo don Quixote, don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 436
villano, harto de ajos, y amarraros he a vn
arbol, desnudo como vuestra madre os pario, y
no digo yo tres mil y trecientos, sino seys mil
y seys cientos açotes os dare, tan bien pegados,
que no se os caygan a tres mil y trecientos 5
tirones; y no me repliqueys palabra, que os
arrancaré el alma.
Oyendo lo qual Merlin, dixo:
No ha de ser assi, porque los açotes que ha
de recebir el buen Sancho, han de ser por su 10
voluntad y no por fuerça, y en el tiempo que
el quisiere; que no se le pone termino señalado;
pero permitesele que si el quisiere redemir
su vexacion por la mitad de este vapulamiento,
puede dexar que se los de agena mano, 15
aunque sea algo pesada.
Ni agena, ni propia, ni pesada, ni por
pesar, replicó Sancho: a mi no me ha de
tocar alguna mano. ¿Pari yo, por ventura, a la
señora Dulcinea del Toboso, para que paguen 20
mis posas lo que pecaron sus ojos? El señor
mi amo si, que es parte suya, pues la llama
a cada paso mi vida, mi alma, sustento y arrimo
suyo, se puede y deue açotar por ella y hazer
todas las diligencias necessarias para su 25
desencanto. Pero ¿açotarme yo?; abernuncio.
Apenas acabó de dezir esto Sancho, quando
leuantandose en pie la argentada ninfa que
junto al espiritu de Merlin venia, quitandose el
sutil velo del rostro, le descubrio tal, que a 30
todos parecio mas que demasiadamente
hermoso, y con vn desenfado varonil y con vna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 437
voz no muy adamada, hablando derechamente
con Sancho Pança, dixo:
¡O malauenturado escudero, alma de cantaro,
coraçon de alcornoque, de entrañas guigeñas
y apederna[l]adas!; si te mandaran, ladron, 5
desuellacaras, que te arrojaras de vna
alta torre al suelo, si te pidieran, enemigo del
genero humano, que te comieras vna dozena
de sapos, dos de lagartos y tres de culebras, si
te persuadieran a que mataras a tu muger y a 10
tus hijos con algun truculento y agudo alfange,
no fuera marauilla que te mostraras melindroso
y esquiuo. Pero hazer caso de tres mil y
trecientos açotes, que no ay niño de la Doctrina,
por ruyn que sea, que no se los lleue cada mes, 15
admira, adarua, espanta a todas las entrañas
piadosas de los que lo escuchan y aun las
de todos aquellos que lo vinieren a saber con
el discurso del tiempo. Pon ¡o miserable y
endurecido animal!, pon, digo, essos tus ojos de 20
mochuelo (*) espantadizo en las niñas destos
mios, comparados a rutilantes estrellas, y
veraslos llorar hilo a hilo y madexa a madexa,
haziendo surcos, carreras y sendas por los
hermosos campos de mis mexillas. Mueuate, 25
socarron y mal intencionado monstro, que la
edad tan florida mia, que aun se está todauia
en el diez y ... de los años, pues tengo diez y
nueue y no llego a veynte, se consume y
marchita debaxo de la corteza de vna rustica 30
labradora; y si aora no lo parezco es merced
particular que me ha hecho el señor Merlin,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 438
que está presente, solo porque te enternezca
mi belleza; que las lagrimas de vna afligida
hermosura bueluen en algodon los riscos y los
tigres en ouejas. Date, date en essas carnazas,
bestion indomito, y saca de haron esse brio 5
que a solo comer y mas comer te inclina; y
pon en libertad la lisura de mis carnes, la
mansedumbre de mi condicion y la belleza de mi
faz; y si por mi no quieres ablandarte ni
reduzirte a algun razonable termino, hazlo por esse 10
pobre cauallero que a tu lado tienes, por tu
amo, digo, de quien estoy viendo el alma, que
la tiene atrauessada en la garganta, no diez
dedos de los labios, que no espera sino tu
rigida o blanda repuesta, o para salirse por la 15
boca, o para boluerse al estomago.
Tentose oyendo esto la garganta don
Quixote, y dixo, boluiendose al duque:
Por Dios, señor, que Dulcinea ha dicho
la verdad, que aqui tengo el alma 20
atrauessada en la garganta, como vna nuez de
ballesta.
¿Qué dezis vos a esto, Sancho?, preguntó
la duquessa.
Digo, señora, respondio Sancho, lo que 25
tengo dicho: que de los açotes auernuncio.
Abrrenuncio aueis de dezir, Sancho, y no
como dezis, dixo el duque.
Dexeme vuestra grandeza, respondio
Sancho; que no estoy agora para mirar en 30
sotilezas, ni en letras mas a menos, porque me
tienen tan turbado estos açotes que me han de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 439
dar o me tengo de dar, que no se lo que me
digo ni lo que me hago; pero querria yo saber
de la señora, mi señora doña Dulcinea (*) del
Toboso, adonde aprendio el modo de rogar
que tiene; viene a pedirme que me abra las 5
carnes a açotes, y llamame alma de cantaro y
bestion indomito, con vna tiramira de malos
nombres, que el diablo los sufra. ¿Por ventura
son mis carnes de bronze?, ¿o vame a mi algo
en que se desencante o no? ¿Qué canasta de 10
ropa blanca, de camisas, de tocadores y de
escarpines, a[n]que (*) no los gasto, trae delante
de si para ablandarme, sino vn vituperio y otro,
sabiendo aquel refran que dizen por ay, que
vn asno cargado de oro sube ligero por vna 15
montaña, y que dadiuas quebrantan peñas, y
a Dios rogando y con el maço dando, y que
mas vale vn toma que dos te dare? Pues el
señor, mi amo, que auia de traerme la mano
por el cerro y halagarme para que yo me 20
hiziesse de lana y de algodon cardado, dize que
si me coge me amarrará desnudo a vn arbol,
y me doblará la parada de los açotes; y auian
de considerar estos lastimados señores que no
solamente piden que se açote vn escudero, 25
sino vn gouernador; como quien dize: beue con
g[u]indas. Aprendan, aprendan mucho de enhoramala
a saber rogar, y a saber pedir, y a tener
criança; que no son todos los tiempos vnos, ni
estan los hombres siempre de vn buen humor; 30
estoy yo aora rebentando de pena por ver mi
sayo verde roto, y vienen a pedirme que me
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 440
açote de mi voluntad, estando ella tan agena
dello, como de boluerme cazique.
Pues en verdad, amigo Sancho, dixo el
duque, que si no os ablandais mas que vna
breua madura, que no aueis de empuñar el 5
gouierno. Bueno seria que yo embiasse a mis
insulanos vn gouernador cruel, de entrañas
pedernalinas, que no se doblega a las lagrimas
de las afligidas donzellas ni a los ruegos
de discretos, imperiosos y antiguos encantadores 10
y sabios. En resolucion, Sancho: o vos
aueis de ser açotado, o os han de açotar, o no
aueis de ser gouernador.
Señor, respondio Sancho, ¿no se me darian
dos dias de termino para pensar lo [que] 15
me está mejor?
No, en ninguna manera, dixo Merlin;
aqui, en este instante y en este lugar ha de
quedar assentado lo que ha de ser deste negocio:
o Dulcinea boluera a la cueua de Montesinos 20
y a su pristino estado de labradora, o ya,
en el ser que está sera lleuada a los Eliseos
campos, donde estara esperando se cumpla el
numero del vapulo.
Ea, buen Sancho, dixo la duquessa, buen 25
animo y buena correspondencia al pan que aueis
comido del señor don Quixote, a quien todos
deuemos seruir y agradar por su buena condicion
y por sus altas cauallerias. Dad el si, hijo,
desta açotayna, y vayase el diablo para diablo y 30
el temor para mezquino; que vn buen coraçon
quebranta mala ventura, como vos bien sabeis.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 441
A estas razones respondio con estas
disparatadas Sancho, que, hablando con Merlin, le
preguntó:
Digame vuessa merced, señor Merlin:
quando llegó aqui el diablo correo, (y) dio (*) a 5
mi amo vn recado del señor Montesinos, mandandole
de su parte que le esperasse aqui, porque
venia a dar orden de que la señora doña Dulcinea
del Toboso se desencantasse, y hasta agora
no hemos visto a Montesinos ni a sus 10
semejas.
A lo qual respondio Merlin:
El diablo, amigo Sancho, es vn ignorante y
vn grandissimo bellaco; yo le embié en busca
de vuestro amo, pero no con recado de Montesinos, 15
sino mio, porque Montesinos se está en
su cueua, entendiendo, o por mejor dezir,
esperando su desencanto, que aun le falta la cola
por desollar; si os deue algo o teneys alguna
cosa que negociar con el, yo os lo traere y 20
pondre donde vos mas quisieredes; y por agora
acabad de dar el si desta diciplina, y creedme
que os sera de mucho prouecho, assi para
el alma como para el cuerpo: para el alma,
por la caridad con que la hareys; para el 25
cuerpo, porque yo se que soys de complexion
sanguinea, y no os podra hazer daño sacaros vn
poco de sangre.
Muchos medicos ay en el mundo, hasta los
encantadores son medicos, replicó Sancho; 30
pero, pues todos me lo dizen, aunque yo no me
lo veo, digo que soy contento de darme los tres
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 442
mil y trecientos açotes, con condicion que me
los tengo de dar cada y quando que yo quisiere,
sin que se me ponga tassa en los dias ni
en el tiempo; y yo procuraré salir de la deuda
lo mas presto que sea possible, porque goze 5
el mundo de la hermosura de la señora doña
Dulcinea del Toboso, pues, segun parece, al
rebes de lo que yo pensaua, en efecto es
hermosa. Ha de ser tambien condicion, que no [he]
de estar obligado a sacarme sangre con la 10
diciplina, y que si algunos açotes fueren de
mosqueo, se me han de tomar en cuenta. Y ten, que
si me errare en el numero, el señor Merlin,
pues lo sabe todo, ha de tener cuydado de
contarlos y de auisarme los que me faltan o 15
los que me sobran.
De las (*) sobras no aura que auisar,
respondio Merlin, porque llegando al cabal
numero, luego quedará de improuiso desencantada
la señora Dulcinea, y vendra a buscar, 20
como agradecida, al buen Sancho y a darle las
gracias y aun premios por la buena obra. Assi
que no ay de qué tener escrupulo de las sobras
ni de las faltas, ni el cielo permita que
yo engañe a nadie, aunque sea en vn pelo de 25
la cabeça.
Ea, pues, a la mano de Dios, dixo Sancho;
yo consiento en mi mala ventura, digo, que
yo acepto la penitencia con las condiciones
apuntadas. 30
Apenas dixo estas vltimas palabras Sancho,
quando boluio a sonar la musica de las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXV p. 443
chirimias y se boluieron a disparar infinitos
arcabuzes, y don Quixote se colgo del cuello de
Sancho, dandole mil besos en la frente y en las
mexillas. La duquessa y el duque y todos los
circunstantes dieron muestras de auer recebido 5
grandissimo contento, y el carro començo a
caminar, y al passar la hermosa Dulcinea
inclinó la cabeça a los duques y hizo vna gran
reuerencia a Sancho.
Y ya, en esto, se venia a mas andar el alua 10
alegre y risueña; las florezillas de los campos
se descollauan y erguian, y los liquidos
cristales de los arroyuelos, murmurando por entre
blancas y pardas guijas, yuan a dar tributo a
los rios que los (*) esperauan; la tierra alegre, 15
el cielo claro, el ayre limpio, la luz serena,
cada vno por si y todos juntos dauan manifiestas
señales que el dia que al aurora venia pisando
las faldas auia de ser sereno y claro. Y
satisfechos los duques de la caça y de auer 20
conseguido su intencion tan discreta y
felizemente, se boluieron a su castillo con
prosupuesto de segundar en sus burlas; que para
ellos no auia veras que mas gusto les diessen.
p. 444
Capitulo XXXVI
Donde se cuenta la estraña y jamas imaginada
auentura de la dueña Dolorida, alias
de la condessa Trifaldi, con vna carta que
Sancho Pança escriuio a su muger, Teresa 5
Pança.
Tenia vn mayordomo el duque de muy burlesco
y desenfadado ingenio, el qual hizo la
figura de Merlin y acomodó todo el aparato
de la auentura passada, compuso los versos y 10
hizo que vn page hiziesse a Dulcinea. Finalmente,
con interuencion de sus señores ordenó
otra del mas gracioso y estraño artificio que
puede imaginarse. Preguntó la duquessa a
Sancho otro dia si auia començado la tarea 15
de la penitencia que auia de hazer por el
desencanto de Dulcinea; dixo que si, y que aquella
noche se auia dado cinco açotes. Preguntole
la duquessa que con qué se los auia dado;
respondio que con la mano. 20
Esso, replicó la duquessa, mas es darse
de palmadas que de açotes; yo tengo para mi
que el sabio Merlin no estara contento con
tanta blandura; menester sera que el buen
Sancho haga alguna diciplina de abroxos, o de 25
las de canelones, que se dexen sentir, porque
la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan
barata la libertad de vna tan gran señora como
lo es Dulcinea por tan poco precio; y aduierta
Sancho que las obras de caridad que se hazen 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 445
tibia y floxamente no tienen merito ni valen
nada (*).
A lo que respondio Sancho:
Deme vuestra señoria alguna diciplina o
ramal conueniente, que yo me dare con el, como 5
no me duela demasiado; porque hago saber a
vuessa merced que, aunque soy rustico, mis
carnes tienen mas de algodon que de esparto,
y no sera bien que yo me descrie por el
prouecho ageno. 10
Sea en buena hora, respondio la duquessa;
yo os dare mañana vna diciplina que os
venga muy al justo y se acomode con la
ternura de vuestras carnes, como si fueran sus
hermanas propias. 15
A lo que dixo Sancho:
Sepa vuestra alteza, señora mia de mi anima,
que yo tengo escrita vna carta a mi muger
Teresa Pança, dandole cuenta de todo lo que me
ha sucedido despues que me aparté della; aqui 20
la tengo en el seno, que no le falta mas de
ponerle el sobreescrito; querria que vuestra
discrecion la leyesse, porque me parece que va
conforme a lo de gouernador, digo, al modo
que deuen de escriuir los gouernadores. 25
Y ¿quién la notó?, preguntó la duquessa.
¿Quién la auia de notar sino yo, pecador de
mi?, respondio Sancho.
Y ¿escriuistesla vos?, dixo la duquessa.
Ni por pienso, respondio Sancho, porque 30
yo no se leer ni escriuir, puesto que se firmar.
Veamosla, dixo la duquessa; que a buen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 446
seguro que vos mostreis en ella la calidad y
suficiencia de vuestro ingenio.
Sacó Sancho vna carta abierta del seno, y,
tomandola la duquessa, vio que dezia desta
manera: 5
CARTA DE SANCHO PANÇA A TERESA
PANÇA, SV MVGER
Si buenos açotes me dauan, bien cauallero
me yua; si buen gouierno me tengo, buenos
açotes me cuesta. Esto no lo entenderas tu, 10
Teresa mia, por aora; otra vez lo sabras. Has
de saber, Teresa, que tengo determinado que
andes en coche, que es lo que haze al caso,
porque todo otro andar es andar a gatas. Muger
de vn gouernador eres, ¡mira si te roera nadie los 15
çancajos! Ai te embio vn vestido verde de
caçador que me dio mi señora la duquessa;
acomodale en modo que sirua de saya y cuerpos a
nuestra hija. Don Quixote, mi amo, segun he
oydo dezir en esta tierra, es vn loco cuerdo y 20
vn mentecato gracioso, y que yo no le voy en
zaga. Hemos estado en la cueua de Montesinos,
y el sabio Merlin ha echado mano de mi para
el desencanto de Dulcinea del Toboso, que por
alla se llama Aldonça Lorenço; con tres mil y 25
trecientos açotes menos cinco, que me he de
dar, quedará desencantada como la madre que
la pario. No diras desto nada a nadie, porque
pon lo tuyo en concejo, y vnos diran que es
blanco y otros que es negro. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 447
De aqui a pocos dias me partire al gouierno,
adonde voy con grandissimo desseo de hazer
dineros, porque me han dicho que todos los
gouernadores nueuos van con este mesmo desseo;
tomarele el pulso y auisarete si has de venir a 5
estar conmigo o no. El ruzio está bueno, y se
te encomienda mucho, y no lo pienso dexar
aunque me lleuaran a ser Gran Turco. La
duquessa, mi señora, te besa mil vezes las manos;
bueluele el retorno con dos mil, que no ay cosa 10
que menos cueste ni valga mas barata, segun
dize mi amo, que los buenos comedimientos.
No ha sido Dios seruido de depararme otra
maleta con otros cien escudos como la de marras;
pero no te de pena, Teresa mia, que en saluo está 15
el que repica, y todo saldra en la colada del
gouierno; sino que me ha dado gran pena que
me dizen que si vna vez le prueuo, que me
tengo de comer las manos tras el, y si assi
fuesse, no me costaria muy barato, aunque los 20
estropeados y mancos ya tienen su calongia (*)
en la limosna que piden; assi que, por vna
via o por otra, tu has de ser rica, de buena
ventura. Dios te la de, como puede, y a mi me
guarde para seruirte. Deste castillo, a veynte 25
de julio 1614.
Tu marido el gouernador,
Sancho Pança.
En acabando la duquessa de leer la carta,
dixo a Sancho: 30
En dos cosas anda vn poco descaminado el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 448
buen gouernador: la vna, en dezir o dar a
entender que este gouierno se le han dado por los
açotes que se ha de dar, sabiendo el, que no lo
puede negar, que quando el duque, mi señor,
se le prometio, no se soñaua auer açotes en el 5
mundo; la otra es, que se muestra en ella muy
codicioso, y no querria que oregano fuesse,
porque la codicia rompe el saco, y el gouernador
codicioso haze la justicia desgouernada.
Yo no lo digo por tanto, señora, respondio 10
Sancho, y si a vuessa merced le parece que
la tal carta no va como ha de yr, no ay sino
rasgarla y hazer otra nueua, y podria ser que
fuesse peor si me lo dexan a mi caletre.
No, no, replicó la duquessa; buena está 15
esta, y quiero que el duque la vea.
Con esto se fueron a vn jardin donde auian
de comer aquel dia; mostro la duquessa la carta
de Sancho al duque, de que recibio grandissimo
contento. Comieron, y despues de alçado 20
los manteles, y despues de auerse entretenido
vn buen espacio con la sabrosa conuersacion
de Sancho, a deshora se oyo el son tristissimo
de vn pifaro y el de vn ronco y destemplado
tambor; todos mostraron alborotarse con la 25
confusa, marcial y triste armonia, especialmente
don Quixote, que no cabia en su assiento de
puro alborotado; de Sancho no ay que dezir,
sino que el miedo le lleuó a su acostumbrado
refugio, que era el lado o faldas de la 30
duquessa, porque real y verdaderamente el son que
se escuchaua era tristissimo y malencolico.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 449
Y, estando todos assi suspensos, vieron entrar
por el jardin adelante dos hombres vestidos de
luto, tan luengo y tendido que les arrastraua
por el suelo; estos venian tocando dos grandes
tambores, assimismo cubiertos de negro. A su 5
lado venia el pifaro, negro y pizmiento como los
demas; seguia a los tres vn personage de cuerpo
agigantado, amantado, no que vestido, con
vna negrissima loba, cuya falda era assimismo
desaforada de grande; por encima de la loba le 10
ceñia y atrauessaua vn ancho taheli, tambien
negro, de quien pendia vn desmesurado alfange
de guarniciones y vayna negra. Venia cubierto
el rostro con vn trasparente velo negro, por
quien se entreparecia vna longissima barba, 15
blanca como la nieue. Mouia el paso al son de
los tambores con mucha grauedad y reposo.
En fin, su grandeza, su contoneo, su negrura y
su acompañamiento pudiera y pudo suspender
a todos aquellos que, sin conocerle, le miraron. 20
Llegó, pues, con el espacio y proso[po]peya
referida a hincarse de rodillas ante el duque,
que en pie, con los demas que alli estauan, le
atendia. Pero el duque en ninguna manera le
consintio hablar hasta que se leuantasse. Hizolo 25
assi el espantajo prodigioso, y, puesto en pie,
alçó el antifaz del rostro y hizo patente la mas
horrenda, la mas larga, la mas blanca y mas
poblada barba que hasta entonces humanos ojos
auian visto, y luego desencaxó y arrancó del 30
ancho y dilatado pecho vna voz graue y sonora,
y poniendo los ojos en el duque, dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 450
Altissimo y poderoso señor: a mi me llaman
Trifaldin el de la Barba Blanca, soy escudero de
la condessa Trifaldi, por otro nombre llamada
la dueña Dolorida, de parte de la qual traygo
a vuestra grandeza vna embaxada, y es que la 5
vuestra magnificencia sea seruida de darla
facultad y licencia para entrar a dezirle su cuyta,
que es vna de las mas nueuas y mas admirables
que el mas cuytado pensamiento del orbe
pueda auer pensado; y primero quiere saber si 10
está en este vuestro (*) castillo el valeroso
y jamas vencido cauallero don Quixote de la
Mancha, en cuya busca viene a pie, y sin
desayunarse, desde el reyno de Candaya hasta este
vuestro estado, cosa que se puede y deue tener 15
a milagro, o a fuerça de encantamento; ella
queda a la puerta desta fortaleza o casa de
campo, y no aguarda para entrar sino vuestro
beneplacito; dixe.
Y tosio luego, y manoseose la barba de arriba 20
abaxo con entrambas manos, y con mucho
sossiego estuuo atendiendo la respuesta del
duque, que fue:
Ya, buen escudero Trifaldin de la Blanca
Barba, ha muchos dias que tenemos noticia de 25
la desgracia de mi señora la condessa Trifaldi,
a quien los encantadores la hazen llamar la
dueña Dolorida; bien podeys, estupendo
escudero, dezirle que entre y que aqui está el
valiente cauallero don Quixote de la Mancha, de 30
cuya condicion generosa puede prometerse con
seguridad todo amparo y toda ayuda, y assimismo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVI p. 451
le podreys dezir de mi parte que si mi
fauor le fuere necessario, no le ha de faltar,
pues ya me tiene obligado a darsele el ser
cauallero, a quien es anejo y concerniente
fauorecer a toda suerte [de] mugeres, en especial a 5
las dueñas viudas (*), menoscabadas y
doloridas, qual lo deue estar su señoria.
Oyendo lo qual Trifaldin, inclinó la rodilla
hasta el suelo, y, haziendo al pifaro y tambores
señal que tocassen, al mismo son y al mismo 10
paso que auia entrado, se boluio a salir del
jardin, dexando a todos admirados de su
presencia y compostura. Y, boluiendose el duque
a don Quixote, le dixo:
En fin, famoso cauallero, no pueden las 15
tinieblas de la malicia ni de la ignorancia
encubrir y escurecer la luz del valor y de la
virtud. Digo esto, porque apenas ha seys dias
que la vuestra bondad está en este castillo,
quando ya os vienen a buscar de lueñas (*) y 20
apartadas tierras; y no en carroças ni en
dromedarios, sino a pie y en ayunas, los tristes,
los afligidos, confiados que han de hallar en
esse fortissimo braço el remedio de sus cuytas
y trabajos, merced a vuestras grandes hazañas, 25
que corren y rodean todo lo descubierto de la
tierra.
Quisiera yo, señor duque, respondio don
Quixote, que estuuiera aqui presente aquel
bendito religioso, que a la mesa el otro dia 30
mostro tener tan mal talante y tan mala ogeriza
contra los caualleros andantes, para que viera
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 452
por vista de ojos si los tales caualleros son
necessarios en el mundo; tocara, por lo menos, con
la mano que los extraordinariamente afligidos
y desconsolados, en casos grandes y en desdichas
inormes, no van a buscar su remedio a las 5
casas de los letrados, ni a la de los sacristanes
de las aldeas, ni al cauallero que nunca ha
acertado a salir de los terminos de su lugar, ni
al perezoso cortesano, que antes busca nueuas
para referirlas y contarlas que procura hazer 10
obras y hazañas para que otros las cuenten y
las escriuan; el remedio de las cuytas, el
socorro de las necessidades, el amparo de las
donzellas, el consuelo de las viudas, en ninguna
suerte de personas se halla mejor que en los 15
caualleros andantes, y de serlo yo doy infinitas
gracias al cielo, y doy por muy bien empleado
qualquier desman y trabajo que en este tan
honroso exercicio pueda sucederme. Venga
esta dueña y pida lo que quisiere; que yo le 20
libraré su remedio en la fuerça de mi braço y
en la intrepida resolucion de mi animoso
espiritu.
p. 453
Capitulo XXXVII
Donde se prosigue la famosa auentura de la
dueña Dolorida.
En estremo se holgaron el duque y la
duquessa de ver quán bien yua respondiendo a 5
su intencion don Quixote, y a esta sazon dixo
Sancho:
No querria yo que esta señora dueña pusiesse
algun tropiezo a la promessa de mi gouierno,
porque yo he oydo dezir a vn boticario 10
toledano, que hablaua como vn silguero, que
donde interuiniessen dueñas no podia suceder
cosa buena. ¡Valame Dios y qué mal estaua con
ellas el tal boticario!; de lo (*) que yo saco que,
pues todas las dueñas son enfadosas e 15
impertinentes, de qualquiera calidad y condicion que
sean, ¿qué seran las que son doloridas, como
han dicho que es esta condessa Tres Faldas o
Tres Colas?; que en mi tierra faldas y colas,
colas y faldas, todo es vno. 20
Calla, Sancho amigo, dixo don Quixote,
que pues esta señora dueña de tan lueñes
tierras viene a buscarme, no deue ser de aquellas
que el boticario tenia en su numero; quanto
mas que esta es condessa, y quando las 25
condessas siruen de dueñas, sera siruiendo a
reynas y a emperatrizes, que en sus casas son
señorissimas que se siruen de otras dueñas.
A esto respondio doña Rodriguez, que se
halló presente: 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 454
Dueñas tiene mi señora la duquessa en su
seruicio, que pudieran ser condessas, si la
fortuna quisiera; pero alla van leyes do quieren
reyes, y nadie diga mal de las dueñas, y mas
de las antiguas y donzellas, que aunque yo no 5
lo soy, bien se me alcança y se me trasluze la
ventaja que haze vna dueña donzella a vna
dueña viuda, y quien a nosotras trasquiló, las
tixeras le quedaron en la mano.
Con todo esso, replicó Sancho, ay tanto 10
que trasquilar en las dueñas, segun mi barbero
(*), quanto sera mejor no menear el arroz,
aunque se pegue.
Siempre los escuderos, respondio doña
Rodriguez, son enemigos nuestros; que como 15
son duendes de las antesalas y nos veen a cada
paso, los ratos que no rezan, que son muchos,
los gastan en murmurar de nosotras,
desenterrandonos los huesos y enterrandonos la fama.
Pues mandoles yo a los leños mouibles, que, 20
mal que les pese, hemos de viuir en el mundo
y en las casas principales, aunque muramos de
hambre y cubramos con vn negro mongil
nuestras delicadas o no delicadas carnes, como
quien cubre o tapa vn muladar con vn tapiz en 25
dia de procession. A fe que si me fuera dado y
el tiempo lo pidiera, que yo diera a entender,
no solo a los presentes, sino a todo el mundo,
como no ay virtud que no se encierre en vna
dueña. 30
Yo creo, dixo la duquessa, que mi buena
doña Rodriguez tiene razon, y muy grande;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVII p. 455
pero conuiene que aguarde tiempo para boluer
por si y por las demas dueñas, para confundir
la mala opinion de aquel mal boticario y
desarraygar la que tiene en su pecho el gran
Sancho Pança. 5
A lo que Sancho respondio:
Despues que tengo humos de gouernador
se me han quitado los vaguidos de escudero
y no se me da por quantas dueñas ay vn
cabrahigo. 10
Adelante passaran con el coloquio dueñesco,
si no oyeran que el pifaro y los tambores
boluian a sonar, por donde entendieron que la
dueña Dolorida entraua; preguntó la duquessa
al duque si seria bien yr a recebirla, pues era 15
condessa y persona principal.
Por lo que tiene de condessa, respondio
Sancho, antes que el duque respondiesse, bien
estoy en que vuestras grandezas salgan a
recebirla; pero por lo de dueña, soy de parecer que 20
no se mueuan vn paso.
¿Quién te mete a ti en esto, Sancho?, dixo
don Quixote.
¿Quién, señor?, respondio Sancho. Yo me
meto, que puedo meterme, como escudero que 25
ha aprendido los terminos de la cortesia en la
escuela de vuessa merced, que es el mas cortés
y bien criado cauallero que ay en toda la
cortesania, y en estas cosas, segun he oydo
dezir a vuessa merced, tanto se pierde por carta 30
de mas como por carta de menos, y al buen
entendedor, pocas palabras.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 456
Assi es como Sancho dize, dixo el duque;
veremos el talle de la condessa, y por el
tantearemos la cortesia que se le deue.
En esto, entraron los tambores y el pifaro,
como la vez primera. 5
Y aqui, con este breue capitulo dio fin el
autor, y començo el otro, siguiendo la mesma
auentura, que es vna de las mas notables de la
historia.
En esta Segunda Parte empleo las abreviaturas que siguen:
B. A. E. = Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.
N. B. A. E. = Nueva Biblioteca de Autores Españoles.
R. M., u. e. = D. Francisco Rodríguez Marín: Edición crítica del Quijote = última edición, siete tomos, 1927-28.
Clem. = D. Diego Clemencín: Edición del Quijote, seis tomos, 1833-39; los hijos y amigos de Clemencín publicaron los tomos IV-VI.
Cort. = D. Clemente Cortejón: Edición crítica del Quijote, seis tomos, 1905-13.
Cej. = D. Julio Cejador: La Lengua de Cervantes, Gramática y Diccionario, dos tomos, 1905-6.
Cov.= Covarrubias: Tesoro de la Lengua Castellana.
Para las Obras Completas de Cervantes (menos el cuarto y último tomo del Quijote) cito los diez y siete tomos publicados de esta edición, 1914-1934.
El primer número de los que figuran a la izquierda de cada nota se refiere a la página, el siguiente a la línea del texto.
Portada. Conde de Lemos: véase la nota en Pers. y Sig., I, 325; añad. el libro de Alfonso P. M. de Villena, Marqués de Rafal, titulado Un Mecenas español del
siglo XVII: el Conde de Lemos, etcét., Madrid, 1911; Otis H. Green, The literary Court of the Conde de Lemos at Naples, 1610-16, en la Hisp. Rev., I, 1933, págs. 290 y ss.; Azorín: Lemos y Cervantes, en Los valores liter., 1913, pág. 15 y ss.
13-13. En algunos ejempl. ha caído la g.
13-23. El texto: del.
14-8. Acerca de este Lic. Franc. Murcia de la Llana véase la nota en D. Q., I, 22-8; Pérez Pastor: Bibliogr. madrileña, III, 434.
15-11. Sobre el Doctor Gutierre de Cetina cons. la nota Viaje del Parnaso, pág. 135.
17-16. El texto: guadia.
17-17. No ha sido posible comprobar todas estas alusiones. Pausanias vió, durante sus viajes, varias estatuas levantadas a Dionisio (Baco) (a quien Cerv., I, 15, llama el alegre Dios de la risa), y hace mención también de fiestas que le dedicaron varios pueblos de Grecia; cons. la gran edic. de Pausanias publ. por Frazer, libr. II, xxiii-7; III, xix-6; VI, xxvi-1; VII, xxi-6, etcét. No he encontrado el mencionado libro de Bosio, tit. De signis Eccles.* En cuanto al pasaje aludido del primer libro de la obra De legibus, de Cicerón, es posible que Valdivielso se refiera a I, 8, donde el filósofo y orador romano dice que antes de emprender otro trabajo el que está preocupado por muchos cuidados, necesita el alivio de tranquilidad y holganza: opus est et cura vacare et negotio. El verso latino se encuentra en la conocidísima obra: Disticha de Moribus, nomine Catonis inscripta, cum Latina & Hispanica interpretatione; tengo delante la edic. de Londres, 1543.
| Interpone tuis interdum gaudia curis, |
| ut possis animo quemvis sufferre laborem, p. 78. |
*Del apéndice a este tomo (p. 511):
Don Quijote, III, pág. 17-17: Debo a la atención de su Eminencia Mgr. Eugène Tisserant, Pro-Prefetto della Bibl. Apos. Vaticana la nota siguiente acerca de Bosio: No he encontrado ningún libro impreso, titulado: De Signis Ecclesiae, atribuído a Bosio. Es posible que el autor fuese el Evangelista Bosio de Padua, O. S. A., el cual era Regente de los Estudios y Profesor desde 1569, hasta su muerte en 1593. (Vid. Encomiasticon Augustinianum, auctore R. P. F. Phil. Elssio..., Brux. I 1654.) Dicho Bossio publicó Theoremata Theologica, Roma, 1591. No se sabe que una obra suya De Sig. Eccl. llegase a imprimirse.
Y del apéndice al tomo IV (p. 459):
Don Quijote, III, página 458, nota 17-17: Por casualidad he encontrado en el desván de la Biblioteca Municipal de San Francisco de California, entre varios libros antiguos todavía sin catalogar, la obra de Bosio. Se titula: De Signis Ecclesiae Dei Libri XXIIII, auctore Thoma Bozio, Eugubino congregationis Oratorii Presbytero; in tres tomos divisi, Lugduni, 1594; Sumptibus Petri Landry. En la Bibl. Nat. de París se conserva un ejemp. de la edic. de 1592, Coloniae Agrip.
17-24. El texto: limpiando.
17-30. Valdiuielso: véase Viaje del P., 135 (3-13).
20-29. Sobre ediciones cervantinas, y acerca de la influencia que han tenido las obras de Cervantes en los países mencionados, cons. Leop. Rius, op. cit.; J. D. M. Ford and R. Lansing: Cervantes, a tentative Bibliogr. of his Works, etcét., Cambridge, Mass., 1931; Givanel y Mas, J.: Catáleg, etc., op cit.; G.-M. del Río y Rico: Catálogo Bibliogr. de la Sección de Cervantes de la B. N., Madrid, 1930; reseña del libro de Ford y Lansing en Romanic Review, XXIV, 2, 1933; J. Brimeur: Supplément français à la bibliogr. de Cervantes, en Rev. Hisp., XV, 1906, pág. 819 y ss.; M. Bardon: Don Quichotte en France au XVIIe et au XVIIIe siècle (1605-1805), 2 tomos, París, 1931; Esther J. Crooks: The Influence of Cervantes in France in the seventeenth Century, Baltimore, 1931; E. Mele: Per la fortuna del Cerv. in Italia nel Seicento, en Studj di Filologia moderna, II, 1909, pág. 229 y ss.; Farinelli: (1) Die Beziehungen zw. Spanien u. Deutschland in der Litt. beider Länder, Berlín,1892; (2) Divagazioni erudite: Italia e Spagna, pág. 221 y ss., Spagna a Germania, pág. 347 y ss., Torino, 1925; (3) Ensayos y Discursos de Crit. lit., etcét., 2 tomos, Roma, 1925, II, España y Francia, página 305 y ss.; E. Dorer: Cerv. u. seine Werke nach deutsch. Urtheilen, etcét., Leipzig, 1881; Fitzmaurice-Kelly: Cervantes in England, Londres, 1905; B. Croce, Saggi nella lett. del Seicento, pág. 125 y ss.
22-13. Márquez Torres publicó un libro titulado Discursos consolatorios al Excmo. Sr. D. Christoval de Sandoval y Rojas, Duque de Uceda, etcét. (llamándose el autor Capellán maestro de Pajes del Illmo. Señor D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Card. Arz. de Toledo), Madrid, 1616. En su carta dirigida al Cardenal y fechada el 26 de marzo de 1616, Cervantes se llama su humilde criado. ¿Es posible que Márquez conociese a Cervantes en el palacio arzobispal, y que, con tal motivo, escribiese el elogio precioso de esta Aprobación? Véase también R. M. u. e., VII, apén. xxi; Pérez Pastor: Bibliogr. madrileña, tomo II, núm 1405.
27-1. En las Novelas (1613), las Comedias y Entremeses (1614) y en esta Segunda Parte del Quijote el Prólogo precede a la Dedicatoria, y es posible que se conservase el orden, tal como estaba en el manuscrito.
27-8. Ya en la Portada Cerv. había tenido presente al personaje malvado de la pieza, es decir, al desconocido autor natural de Tordesillas, precaviendo a los lectores de los tiempos venideros que él sólo era el autor de la Primera y de la verdadera Segunda Parte. A pesar de muchas pesquisas no se sabe todavía quién era Alonso Fernández de Avellaneda. Véase la Introducción de este volumen.
27-8. No lo he dar: Comp. la nota más adelante, pág. 28-27.
27-15. Allá se lo aya: de estos dichos populares hay otros ejemp. en D. Q., I, 310-27, 350-2; comp. Cejador: Fraseología, II, 606; III, 223.
27-17.
que me note de viejo y de manco: Las palabras de Avellaneda
son: ... con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron,
y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una; y hablando
tanto de todos, hemos de dezir del, que, como soldado tan viejo en años
cuanto moço en bríos tiene más lengua que manos, etcét
.
... Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como
el castillo de San Cervantes, y por los años tan mal contentadizo,
que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos,
que, quando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había
de ahijarlos, como el dize, al Preste Juan de las Indias,
etcét.
La contestación de Cervantes de no haber
nacido su manquedad en ninguna taberna, sino en la más alta
ocasión que vieron los siglos pasados etcét., recuerda
uno de los romances del Cid (núm. 50 en la antología de Wolf;
Men. y Pel.: Antología, VIII, pág. 91:
| Calledes, hija, calledes, que si un hijo me han muerto, |
| ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas, |
| ni a las tablas jugando: mas murió sobre Zamora |
| vuestra honra resguardando. |
27-27. que el soldado mas bien parece, muerto en la batalla, etcét.; comp. Pers. y Sig. II, 207.
28-11. la inuidia... de dos que ay: una es pecado
mortal, la otra es la emulación; comp. Saavedra Fajardo: Idea de un Príncipe polít. crist., empresa IX, sobre la invidia: La emulación gloriosa, la que no invidia a la virtud y grandeza ajena, sino la echa de menos en sí, y la procura adquirir con prueba de su valor y ingenio, ésta es loable: no vicio, sino centella de virtud, nacida de un ánimo noble y generoso.
28-16. familiar del Santo Oficio: el aludido sacerdote es Lope de Vega, que recibió órdenes sagradas en la primavera de 1614; y, por consiguiente, Cerv. no pudo perseguir a Lope como sacerdote en 1605, fecha de la Ira Parte del Quijote; el título de familiar del Santo Oficio le fué concedido a Lope probablemente en 1608.
28-22. De las novelas de Cerv. dice Avellaneda que son más satiricas que exemplares, si bien no poco ingeniosas. Poco favor tuvieron con Suárez de Figueroa, que dice en su Plaza Universal (1615, fol. 276) aludiendo a las Novelas entre otras obras, que combatieron con sus dislates lascivos la virtud de las mujeres casadas, la castidad de las donzellas, y la preciosa honestidad de las viudas. En cambio, para otros Cerv. era el Bocacio español. Lope no dejó de mencionarle, pero quizá solamente porque el nombre de Cervantes venía bien de consonante para el verso; vgr.: en El premio del bien hablar, I, x:
| ¿Cómo discreta? Cicerón, Cervantes, |
| ni Juan de Mena, ni otro después ni antes |
| no fueron tan discretos ni entendidos. |
En la dedicat. de sus Novelas a la Sra. Marcia
Leonarda, Lope escribe: también ay libros de novelas dellas
traduzidas de Italianos, y dellas propias en que no le faltó gracia
y estilo a Miguel de Cervantes.
Tirso, en el prólogo que puso Al bien
intencionado vid. (Cigarrales de Toledo), parece aludir a las
doce Novelas ejemp., de las cuales Cerv. había afirmado que
eran suyas propias, no imitadas ni hurtadas. Tirso escribe:
También han de seguir mis buenas o malas fortunas doze novelas,
ni hurtadas a las toscanas, ni ensartadas unas tras otras como
procesión de diciplinantes.
En la comedia La fingida Arcadia (I, i), Tirso pone en boca de Angela este elogio:
| Notable falta hace agora |
| en nuestra España Cervantes. |
Y en El castigo de penséque leemos (I, x):
| RODR. | ¿Hay sucesos semejantes? |
| CHINCH. | Cuando los llegue a saber |
| Madrid, los ha de poner | |
| en sus novelas Cervantes. |
De estas alusiones al gran novelista hay bastantes
en las comedias de la época, pero casi siempre su nombre está
indicado por la consonancia.
28-27. no se ha añadir: me parece justificado no corregir el texto; en D. Q., I, 270-9, se lee no hay pasar; en D. Q., I, 316-19: no hay usar; ahora bien, es posible que se confundiesen en el habla del vulgo dos usos impersonales, el de no hay añadir, y no se ha añadir; en el Prólogo, pág. 27-8 se lee no te he dar, donde el uso ha dado, al parecer, un paso más por tratarse de una locución personal; comp. este tomo 186-12; vid. también Lope: El mayor imposible (II, xxiii): Pero no lo has mover. En el falso Quijote (edic. B. A. E.), cap. XIX, Avellaneda escribe: estas han ser las dellos.
29-32. Auia en Córdoba otro loco, etcét.: comp. el cuento del loco en Alemán: Guz. de Alf, II, 2, 8, tomado quizá de la Floresta esp. de Melchor de Santa Cruz, 6ta pte., cap. iii, núm. 4: de locos. La prim. ed. de la Floresta parece ser de 1574, apud Gallardo, número 3860; hay reimpresión en Bibliof. madr., 1910, cons. el tomo I, 99; vid. también Giannini: Don Chisciotte della Mancia, III, pág. 341.
30-20. El texto: en en.
30-30. Las palabras de Avellaneda son: Quexese de mi trabajo por la ganancia que le quito.
30-31. la Perendenga: Entremés del que no hay noticia
alguna de haber sido impreso; quizá se encuentre en algún manuscrito.
31-6. Sobre D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Cardenal Arzobispo de Toledo, m. 1618, cons. Navarrete: Vida de Cervantes, 183 y ss.; se conserva la carta autógrafa que le dirigió Cerv. con fecha del 26 de marzo de 1616.
31-8. El texto: tienes; de las Coplas de Mingo Revulgo hay edic. en Gallardo, I, núm. 758; cons. Men. y Pel.: Antología, III, pág. 5 y ss.; VI, pág. xii y ss.
32-4. oluidaseme: quizá por oluidabaseme, que es como Cerv. lo escribe en otros lugares, vgr., Nov., I, 252, D. Q., I, 257-29, D. Q., III, 317, 24.
33-18. El Emperador de la China... con un propio: Fernández Guerra (en Gallardo, I, col. 1314) opinaba que esta Embajada festiva del Emperador de la China se inspiró en un episodio histórico del año 1612, es decir, en una carta de dicho monarca, que ha traído cierto fraile descalzo para S. M., en la que desea la amistad de acá y corresponder en lo que se ofreciere de sus reinos. Cons. Cabrera de Córdoba: Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de Esp. desde 1599 hasta 1614, Madrid, edic. de 1857, pág. 462.
33-25. El texto: portardor.
38-20. El romance del cura: cons. la nota en R. M. u. e., VII, apén. xxii.
39-12. El texto: alfenique.
40-15. El texto: recogimiente.
41-3. disparaua: Clem. enmienda: disparataba; sin embargo, véase D. Q., I, 32-24; D. Q., 2a Pte, cap. 43: solo disparaua en tocándole en la cauallería etcét.; D. Q., 2a Pte, cap. 54: disparaua con vna risa, etcét.
45-5. En el error en que está: comp. D. Q., I, 198-7; Cej.: Gramática, págs. 433, 439-40.
45-21. El texto: qulen.
46-24. Así por Cirongilio; vid. D. Q., II, 83-5.
46-30. Turpin en su Cosmografía: Cerv. le mencionó en D. Q., I, 98-27; cons. Men. y Pel.: Orígenes de la Novela, I, cxxviii y ss. No se atribuye ninguna Cosmografía a Turpín, de cuya autoridad como verdadero historiador Cerv. se había burlado antes.
47-6. Alg. ed. me; quizá esté el vicio de la frase en pues por puesto que; vid. Hartzenbusch, nota 1.036.
47-7. El texto: su.
48-21. El texto: descubrir.
48-28. ¿Qué tan...? lo mismo que cuán; vid. Hanssen: Gramática, op. cit., párr. 552; Bello-Cuervo, párr. 1156; consideren con tanto real qué tantos gansos comprarían el rey y la reina se lee en Avellaneda, cap. xxi.
49-1. En esto de gigantes... mundo: Clem., III, 432, da alfabéticamente noticia de los muchos gigantes que se nombran en los libros de las Caballerías.
49-7. En la isla de Sicilia se han hallado Canillas: Haedo: Topografía de Argel (1612), vid. edic. de Bibliof. Esp., II pág. 39 y ss., habla de restos de gigantes hallados en Africa, en Sicilia y otras partes; pero es más probable que Cerv. se acordase de los hallazgos sicilianos mencionados por Ant. de Torquemada en El Jardín de flores, etcét., 1570, fols. 39 y 40: Por mayor marauilla tendreys lo que escriue Sinforiano Campegio (Symphorien Champier) en su libro que llamó Ortus gallicus (Hortus gallicus, 1533), lo qual dize por autoridad de Iuan Bocacio, que affirma el mesmo auerlo visto, y fue que en Sicilia... hallaron... vn hombre sentado, de tan admirable grandeza que, espantados y atonitos comenzaron a huyr, etcét. Boluamos a lo que el mesmo Sinforiano Campegio dice, que vio cabe la ciudad de Valencia... los huessos de vn gigante, que sacando por buena geometria la estatura del cuerpo, conforme a ellos, era mayor que quarenta pies. Mi colega D. J. Elsdon
ha terminado una tesis doc. sobre Ant. de Torquemada y su libro El Jardín de Flores raras o curiosas.
50-30. Cerv. había citado ya en D. Q., II, 406, el segundo verso de este pasaje; véanse Clem., IV, 29; Pellicer, III, 275.
51-5. El primer poeta aludido es Luis Barahona de Soto; de su obra La primera parte de la Angélica hay ejemplares en la biblioteca de la Hisp. Soc. de N. Y. y en el Museo Brit.; Comp. D. Q., I, 457; Gallardo, II, col. 14. El segundo poeta famoso y unico es Lope de Vega; ejemplares de su obra La Hermosura de Angélica se custodian en la Bibl. Nac. y en el Mus. Brit. Vid. también Rennert-Castro: Vida de Lope de Vega, página 148.
51-14. damas fingidas: R. M. enmienda sin comentario este pasaje difícil y lee: no fingidas, o fingidas, en efecto, de aquellas, etcét. Pellicer había leído fingidas o no fingidas (en efecto de aquellas a quienes ellos escogieron, etcét.), enmienda que parece aceptable, pero aun así el paso queda oscuro y defectuoso; véase también Cort., IV, 54. ¿Es posible que hubiera en el ms. otro verbo en lugar del segundo fingidas? Clem. y Cej. rechazaron la enmienda de Pell. prefiriendo, al parecer, conservar la falta de claridad del original.
51-15. El texto: aquellos.
51-21. no ha llegado a mi noticia ningun verso infamatorio contra la señora Angelica: hubo, sin embargo, versos satíricos de Góngora, titulados Angélica y Medoro, escritos en 1602; véase la edic. Romances de Góngora, por J. M. de Cossio, núm. 49; en Durán, núm. 411. De Quevedo hay un Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, B. A. E.: Obras de Quevedo, III, 287.
52-2. El texto: peudencia.
52-20. engañifas: voz que no he hallado en ningún autor anterior a Cerv.; tampoco la ha usado ningún contemporáneo suyo, que yo sepa.
52-25. comilón que tú eres: parece locución no muy corriente en castellano; comp. Weigert: Untersuchungen zur Span. Syntax, op. cit., pág. 100; Cej.: Gram., 441; Dicc., 913; Hanssen, op. cit., 543.
52-27. cuatro ciudades: en el sentido que registra el Dicc. Acad.: Ayuntamiento o cabildo de cualquiera ciudad.
54-3. Yo seguro: Comp. R. M. u. e., VII, apén. xxiv.
54-21. Quando caput dolet, caetera membra dolent: En las glosas puestas a las Coplas de Mingo Revulgo (en Gallardo, I, col. 825) el verso la cabeça desgreñada lleva por comentario: Nota que quando la cabeça enferma, todos los miembros duelen, quier presuponga dezir por la cabeça o regidor principal, y por la cabeça et vniuersidad desgouernada... la cosa pública es perdida y cayda. También lo cita Pero López Ayala, (Poesías, edic. Kuersteiner, estr. 191) para darle un sentido político:
| Los físicos, lo dizen, si bien me viene miente, |
| si la cabeça duele, todo el cuerpo es doliente; |
| y agora, mal pecado, oy es este açidente, |
| ca nuestro mayoral en todo mal se siente. |
57-27. Aun la cola falta por desollar: Véase Cej., Fraseología, I, 315; D. Q., III, 441-18; Correas, edic. de 1924, pág. 71; Cov., voz rabo.
57-30. Caloñas (ant. Calumnia): Cov.: voz calonia; también significaba pena pecuniaria: quien lo desir fesiere, pechar deue caloña se lee en Juan Ruiz, estr. 1517 d.
58-20. Cidi Hamete Berengena: véase la nota Don Quijote, I, 130-28.
60-14. El texto: de.
60-15. Aura: así el texto; algunos edit. leen había o habría; si el ms. tenía el futuro, sería un cambio inconsciente
al discurso directo desde algun sabio, o ya amigo, etcét., hasta escriuieron.
61-25. Por el hábito de San Pedro: vestido del clero secular; es exclamación popular: Por el hábito de San Pedro, que se han de ir ellos solos, porque yo a mi casa me vuelvo, se halla en El Donado hablador, del Dr. Jer. de Alcalá, I, 1. Clem. cita también a Suárez de Figueroa: El Pasajero, V (edic. Bibliof. esp. 277).
61-28. El texto: anido.
62-8. El texto: tla.
62-11. se está imprimiendo en Amberes: no hubo edic. de Amberes hasta 1673; tampoco se conoce edición alguna de Barcelona anterior a la de 1617. Cerv. habría oído hablar de una edic. de Bruselas,1607.
63-27. pedir cotufas en el golfo: véase D. Q., II, 58-4.
66-4. El texto: los; Correas, op. cit, 71, registra el dicho; véase Cej.: Fraseología, IV, 538.
66-22. gouernador he visto por ay: R. M. enmienda sin comentario: gobernadores; esta falta de concordancia es frecuente en Cerv. y se puede sobrentender un sujeto mental en plural.
66-32. ni me tiro ni me pago: Cej.: Fraseología, IV, 595; R. M. u. e., IV, 89; encuentro una variante en el Quijote de Avellaneda (cap. XXXI): pues no me tiro ni pongo con gente que no tiene más de palabra, cual estos encantadores y nigrománticos.
67-25. mezclar berzas con capochos: vid. Cov.: voz herreñal; Cej.: Fraseología, I, 156; en Correas, op. cit., 419, se halla la variante: ¿qué tienen que ver berzas con gazpachos?
67-31. El pintor de Vbeda: aludido en el cap. LXXI.
68-8. El texto: las.
68-31. De paja o de heno mi vientre lleno: así se registra en Pedro Vallés y en el Refranero del Comendador Griego, Hernán Núñez.
69-4. Alfonso [Tostado Ribera] de Madrigal, obispo de Avila (m. 1450), llamado el Tostado, nombre proverbial, y símbolo durante años de una laboriosidad de polígrafo infatigable, cuyas obras descansan hoy en un olvido completo. Vid. Nic. Antonio: Bibliotheca vetus, II, cap. vii, libro x, que da una idea de la ingente labor del Tostado; Palau y Dulcet: Manual, V, 12.
69-10. Del bobo tratan Crawford: en Romanic Rev., II, 1911, pág. 376; Hendrix: Some native comic types, etcét., Columbus, Ohio, 1924; Clem.: D. Q., IV, 64; R. F. E., XIII, 1926, pág. 309.
69-18. No hay libro tan malo, etcét., dicho que nos viene de Plinio el mozo (Epis. 5, libro iii), quien lo atribuye a su tío Plinio el mayor. Es pensamiento trivial y discutible que no merece el que lo repitiesen tantas veces los autores del Renacimiento. Cerv. vuelve a citarlo en el cap. LIX.
70-14. aliquando bonus dormitat Homerus: es parte de un verso (359) de Horacio: de Arte poética: Indignor quandoque bonus dormitat Homerus.
70-28. de (sic) stultorum infinitus est numerus: de la Vulgata: Eccles, I, 15.
71-1. Alli no se declara: comp. D. Q., I, 495.
71-15. El texto: Anejo.
71-16. la Espina de Santa Lucia: cons. Cej.: Fraseología, II, 522; R. M. u. e., IV, 102.
71-17. oislo: comp. D. Q., I, 113-6; Com. y Entr., IV, 32-25.
71-18. sati[s]fare: R. M. deja la forma satifaré; del original, considerándola natural en boca de Sancho. Pero, según I, 321-13, Sancho dice satisfare, y Cerv. no
atribuye al gracioso escudero una pronunciación particular y rústica, con la excepción de ciertas voces mal apropiadas al habla villana, como personages, focil (docil), gramatica, revuelto por resuelto (Teresa P.) friscal, autorizar el litado, y hasta citas en latín: quien ha infierno, nula es retencio.
73-2. Brunelo: Cerv. se inspiró en Ariosto: Orlando furioso, canto xxvii, estr. 84; quizá también en Boiardo: Orlando Innam., II, v, 40; vid. Clem., D. Q., IV, 71.
73-14. maleador: sustantivo raro que no registró el Dicc. de Aut. ni lo he hallado en ningún otro autor de la época; Hidalgo: Voces de Germ., trae solamente maleante en el sentido de burlador (comp. D. Q., I, 63-3, 227-21).
74-7. El texto: para para.
74-16. mas de lo que ella se está: de esta forma refleja tratan Cej.: Gramática, 224; Hanssen, op. cit., pág. 200, párr. 515; R. Lenz: La Oración y sus partes, pág. 245.
75-5. en hallando que halle: sobre el gerundio con la prep. en y con verbo comp. Weigert, op. cit., página 106; Hanssen, pág. 261; Cej.: Gram., pág. 462; Bello-Cuervo, nota 107; véase también D. Q., I, 381-26.
75-15. El texto: a.
76-4. a la ciudad de Zaragoza: Don Quijote cambió este itinerario en el cap. LIX, al percatarse de la existencia del falso Quijote que realiza el proyecto de hallarse en unas famosas justas en Zaragoza, ya mencionado en el último cap. de la primera parte.
76-21. Sí, no ha de ser todo Santiago y cierra España: Mayáns, en la edic. de Tonson (1780) cambió este sí; en y; todos los editores le han seguido; me parece una repetición del SÍ, que tiempos ay, etcét., SÍ, [que] no ha de ser todo, etcét.; comp. SÍ que, válgame Dios, NO ay para obligar, etcét., III, 244-21; Si que para preguntar necedades... no he menester, etcét., III, 280-22.
76-24. en: algunos editores enmiendan: entre.
77-5. de acha y capellina: véase D. Q., I, 129-8.
77-13. nacido soy: comp. Comed. y Entr., IV, 28-2; Cej.: Fraseología, III, 138.
77-14. en hoto de otro: de fautus, favorecido; el Dicc. de Aut. considera hoto voz anticuada; comp. Cej.: Fraseología, II, 662. En Cov. leemos: vocablo cast. antiguo, vale hucia, fucia o fiducia, conviene a saber, confianza.
77-20. me haga las muelas: Cov.: algunas vezes hazer vale deshazer, como hazerse las narizes, etcét... hazerse, deshazerse, congoxarse. En Miguel Moreno: Flores de España, (Epigramas), 1635, se lee:
| Que le hicieron las narices |
| riñendo, a Sileno, afirmas; |
| y el hispanismo confirmas, |
| sin ver que te contradices. |
77-31. no que: Vid. D. Q., I, 360-21; II, 118-4; y R. A. Haynes: Negation in Don Quijote, Austin Texas, 1933, pág. 29 y ss.
78-4. El texto: in.
78-13. nacieron en las malvas: comp. Com. y Entr., IV, 111-1; Cej.: Fraseología, III, 14.
78-28. El texto: de de.
79-8. quatro castellanas... a quien llaman dezimas o redondillas: Const. Argote de Molina: Discurso sobre la poesía cast., edic. de E. F. Tiscornia (1926), pág. 26, donde se halla una copla castellana redondilla; son cuatro versos (a b a b) octosílabos; Dorotea Clarke: Sobre la quintilla, R. F. E., XX, 1933, pág. 288; R. M. u. e., IV, 118; Cov.: voz copla: cierto verso castellano que llamamos redondillas; lo mismo en la voz redondillas.
80-18. trae[i]s: R. M. conserva el traes del orig., pero acentúa traés, considerándolo forma rústica; pero como Teresa Panza dice luego: quereis, veis, sabeis, etcét., es más lógico leer también traeis.
80-26. maguer: vid. D. Q., I, 46-14; 367-28; 387-14; III, 368-15; maguera, 413-1, y cap. XLIX; cons. Men. Pidal: Mio Cid, III, 739; Richardson: Vocab. to the Libro de Buen Amor, 142; Lope: Dorotea (Acto II, esc. 7):
| Esté en buen hora la honra de las viudas |
| ... maguer aunque con poca dicha. |
Cronica sarracina, 2a pte., cap. 99, f.166, edic. Alcalá, 1587: maguera que era ella vna de las hermosas donzellas que el auia visto.
81-1. El texto: tercera a.
81-24. estar para armas tomar: recuerda un verso del romance: Asentado está Gayferos, en Durán, núm. 377:
| Si asi fuesedes Gayferos, |
| para armas tomare, |
| como sois para dados |
| y para tablas jugare, etcét. |
82-29.
En fin en fin: Como todas las artes al fin al fin harten,
y todas las sciencias por dulces que sean al fin al fin empalaguen;
Guevara: Libro Aureo, Rev. Hisp., núm. 169, pág.
37; Cej.: Gram., 519.
83-1. algo que: comp. Pers. y Sig., I, lviii-3; Hanssen, Gram., pág. 221.
84-26. El texto: casasse.
85-2. Sanchica ha de ser condesa, etcét.: véase Pellicer, IV, 52; Morley: Notes on Spanish sources of Molière, en Publications of the Mod. Lang. Assn., XIX, 1904.
85-23. pazpuerca: no he encontrado esta palabra en
ningún autor de la época de Cerv., ni sé por qué
el Dicc. Acad. afirma que se dice de la mujer sucia y
grosera. Antes parece relacionarse con pacer y así
significaría que Teresa, en vez de andar entonada a lo condesil,
estaría mejor con la faena de apacentar puercos.
86-20.
doña Urraca: véase el romance núm. 763, en
Durán, I, pág. 498.
87-23. El texto: ponga.
87-32. El texto: dexo: la Acad., 1780, pág. 43, conserva la palabra y puntúa así: de su baxeza (que por estas mismas razones lo dexó el padre a la alteza de su prosperidad) fuere bien criado, etcét.
91-14. El texto: vuesse.
91-20. El texto: aner.
92-17. que el buen cauallero andante... no le han de espantar: anacoluto, que enmiendan alg. edit. leyendo al buen caballero.
92-22. conchas de un cierto pescado: comp. Clem., IV, 104.
93-20. Si lo tal oyera: acerca de lo tal vid. Bello-Cuervo, párr. 342; Hanssen, párr. 630; D. Q., III, 381-31, 394-13.
95-15. El principio de la casa Otomana: cons. la obra monumental de J. v. Hammer Purgstall: Geschichte des Osmanischen Reichs, seg. edic., Pest, 1840; Nicolae Iorga: Geschichte des Osmanischen Reichs, Gotha, 1908-13; comp. D. Q., II, 217-29, donde hay nota a la cual se puede añadir la obra de Hammer Purgstall: Ueber die Namen der Araber, Viena, 1852.
95-15. En la cumbre que le vemos: vid. D. Q., III, 45-5, 103-27; alg. edit.: la vemos.
97-9. al: así el texto, por a la, quizá por omisión inconsciente de una a al dictarse el pasaje al cajista.
97-21. Son versos de la Elegía primera (vs. 202-4) de Garcilaso.
100-28. la oración de Santa Apolonia: vid. Clem., IV, 117; R. M. u. e., IV, 153; Rivadeneyra: Flos Sanctorum, Barcelona, 1790, I, 358; Nov. ejempl., II, 317-20.
102-5. apostaré yo... que me entendio, sino que: sobre este sino que cons. Bello-Cuervo, pág. 335; Cej.: Gram., 391; Weigert, pág. 180; Haynes, pág. 148 y siguientes.
102-6. El texto: oryme.
102-24. El texto: esta.
103-27. se al blanco que tiras: D. Q., I, 53-4; 198-7; III, 45-5, 95-15.
104-3. me acuerdo auer leydo: cons. Cuervo: Dicc. de construcción etc., I, 141, col. 2 y ss.
105-4. entró Sanson Carrasco y la sobrina deseosos: por descuido se le olvidó al autor, o al impresor, incluir al ama, a quien luego dirige la palabra el bachiller; es falta que suplen los edit. mod. leyendo o el ama en lugar de la sobrina, o el ama y la sobrina deseosas. Es otro caso de sujeto plural con verbo singular: cons. Weigert, 21.
105-13. donde mas largamente se contiene: vid. D. Q., II, 49-29.
105-17. mas: el texto: mal.
106-7. tu magnificencia: muchos editores leen su; pero tu puede ser burla del bachiller, socarron famoso.
106-14. trastulo: del ital. trastullo, juguete, pasatiempo; comp. Pellicer, IV, 67; Giannini lo traduce en su versión ital. con sollazzo.
106-26. El texto: su.
108-20. El texto: maldicionee.
108-23. endechaderas: Cov. registra solamente endecheras en la voz endecha; en el Dicc. de Aut. se hallan ambas voces con ejemplos; cons. Clem.: IV, 130; el lector se acordará del entierro (en Lazarillo de Tor., III), en el que iba la mujer del difunto y con ella otras muchas mujeres, sirviendo de plañideras.
109-8. cosas tocantes a la bucolica: bucólica o bocólica, con el sentido de comida, de bucca, boca; se halla en la Dorotea, de Lope de Vega, acto IV:
| No quiero más ventura |
| que tener la bucólica segura. |
En Estebanillo González, cap. IX: me mandó que tuviese cuidado de visitar todos los oficios tocantes a la bocólica; en Luis Vélez: El Diablo Cojuelo, tranco VII: Esta tropa inumerable... es de oficiales de boca... que toca a la bucólica.
110-25. por felicissimo aguero: lo mismo en el capítulo IV pág. 75-31; vid. Clem.: IV, 76, y más extensamente VI, 164 y ss., acerca de los agüeros.
112-12. El texto: fortalezara.
113-6. todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y texidas: es alusión a la Egloga tercera (vs. 53 y ss.) de Garcilaso; los Dicc. de la Acad. no registran contexto-a como adjetivo, pero se encuentra como tal en el de Salvá.
113-27. debe de andar mi honra a coche acá, cinchado: se conocen tres interjecciones o gritos, que, me parece, no deben considerarse idénticos: (1) coche acá o coche allá; (2) coche acá, cinchado; (3) harre acá, cinchado. Con el primero se llama al cerdo, y varios escritores aluden a este grito con frecuencia; lo explica bien Horozco en su Cancionero, pág. 244: Sobre los Coches:
| Ya las mugeres han dado |
| en querer andar en coches... |
| Hasta la del escudero |
| quiere ya doquier que va |
| que la lleve su cochero; |
| no hace más el porquero: |
| coche acá, coche acullá. |
| Si para hazer huir |
| al puerco dizimos coche, |
| no sé do pudo venir, |
| aviendo en él ellas de ir, |
| usar aquese reproche, etcét. |
El segundo, coche acá, cinchado, se
halla en el Dicc. Acad., voz coche, pero no registra el
cinchado ni es aplicable a lo dicho por Sancho la definición
dada allí: Empeñarse trabajosamente en hacer cumplir
bien a quienes rehuyen hacerlo, explicación que parece algo
forzada. Ahora bien, Cej.: Dicc., define cinchado con puerco
listado en lomo y vientre, con lo cual sigue a D. Juan Calderón
(Cervantes vindicado, etcét., página 138), quien,
mofándose de la ignorancia de Clemencín, añade: es
cosa sabida que estos animalitos (los de la gran lista blanca) siguen muy
mal en su camino la línea recta, cuando van de mala gana. Pero
no se entiende por qué, en un ganado de cerdos, el puerco listado
sea precisamente el único inclinado a seguir muy mal la línea
recta, para que tenga que gritarle el porquerizo coche acá,
cinchado. En Correas, pág. 531, se halla: andar a coche
acá, cinchado, lo que andar a arre acá, cinchado, cuando uno
no puede bien atraer a otros a hacer lo que deben, etcét. A
harre acá, cinchado fué registrado por Pedro Espinosa
en una lista de frases condenadas (edic. Rodr. Marín, pág.
195). Cardaillac (trad. del Quijote, II, tomo I, 95), habiendo mal
entendido la explicación de Calderón, comprendió con
listado el lomo y vientre bardé de toile,
y, metiéndose a porquerizo, añade: Ce caparaçon
de toile et de bois, dont nous avons vu jadis des porcs recouverts... a pour
effet... surtout de gêner leurs mouvements indociles. Me parece
menos complicada la explicación de estos gritos: si está claro
que el coche acá es grito del porquerizo para llamar o ahuyentar al cerdo, no lo está tanto el cinchado, voz que, según la frase arre acá, cinchado parece antes aplicarse a la bestia jumento, o lo que sea, cinchado, al que grita el porquerizo mientras conduce a su ganado. Y Sancho, que en su vida habría visto un puerco bardé de toile et de bois, querría decir sencillamente que andaba su honra maltratada, enlodada, aquí y allí, barriendo las calles.
114-18. una maliciosa sátira contra las damas cortesanas: ¿será; alusión a una Sátira contra las damas de Sevilla de Vicente Espinel? La publicaron E. Mele y A. Bonilla en Rev. de Arch. Bibl. y Mus., 1904, X, págs. 410 y ss.
115-9. El templo de la Rotunda: es el antiguo Panteón, consagrado al culto de todos los dioses, reedificado en su forma actual por Hadriano y otros emperadores; fué dedicado en 607 por Bonifacio IV, al culto de la Iglesia, y se llama hoy il Tempio di Sta Maria della Rotonda. La ventana o claraboya redonda que está en su cima tiene ocho metros y medio de diámetro. De la estancia de Carlos V en Roma habla Prudencio de Sandoval en su Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V (libr. XXIII, año 1536): anduvo disfrazado por Roma y para mejor poder mirar su antigua grandeza subió encima de la Redonda, maravillado de tan suntuoso edificio. Algo parecido dice Alonso de Santa Cruz en su Crónica del Emp. Carlos V, Madrid, 1922, III, pág. 329. En cuanto a la anécdota de lo que sucedió al emperador con un Caballero en Roma, no la he hallado en ningún otro escritor; ¿es posible que Cerv. la oyese contar en Italia? Nos ha dejado algunos recuerdos de su residencia en Roma en el libro IV del Persiles.
116-14. [Julio] Cesar: en vez de Cesar, por lo que pregunta Sancho más tarde sobre esos Julios o Agostos.
117-6. lujuria: el texto injuria; al parecer D. Q. habla de los siete pecados mortales.
118-16. Artemisa: así, por Artemisia, se lee también
en Cov., quizá por confundirse en el habla pop. con una hierba medicinal artemisa venerada por los caminantes por ser muy provechosa para los que se han despeado en el camino.
118-18. las siete marauillas del mundo (miracula septem): dicho conocido ya por Amiano Marcelino, siglo IV; véase su Hist. del imp. rom., XXII, 15, 28. En el Viaje del P., 88-17, se alude a tres: el Sepulcro de Mausolo, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. Las restantes son: las Pirámides, los Jardines de Babilonia, el Templo de Diana en Efeso (arriba 114-30) y la Estatua de Zeus de Fidias.
118-23. El texto: digama.
120-25. El texto: la.
122-3. Verso del romance El Conde Claros; Durán, núm. 362; Men. y Pel.: Antología, IX, núm. 190; XII, 399 y ss.; Dicc., voz filo.
122-18. aguero: comp. pág. 110-25; R. M. u. e., VII, apéndice xiii.
123-18. aunque: = pero; cons. Bello-Cuervo, párrafo 1225, pág. 324.
124-30. Comp. R. F. E., XXI, 1934, pág. 192.
125-24. El texto: cantantando.
125-26. la huuistes: sobre la cons. Hanssen, párrafo 502; Cej.: Gram., 305.
125-27. Roncesvalles: Men. y Pel.; Antología, IX, pág. 113; XII, pág. 374. Quiñones de Benavente (Entremeses, Libros de Antaño, I, 293):
| Mala la hubisteis, franceses, |
| la caza de Roncesvalles. |
Así han enmendado al texto algunos edit.; comp. Cort., IV, 153; R. M. u. e., IV, 191.
126-4. El romance de Calaínos: Durán, I, número 373; Men. y Pel., Antología, IX, núm. 193.
129-1. El texto: la.
129-24. Algunos ejemp.: extetiores.
130-7. donde no piensa, etcét.: algunos leen piensan, otros se piensa; Correas (p.150) registra: de adonde no piensan salta la liebre, pero en el Dicc. de Aut. se halla: donde menos se piensa, etcét., y Pedro Vallés lo da así: de do no pensays salta la liebre; Bowle cita a Blasco Garay: donde hombre no piensa salta la liebre.
130-10. El texto: los.
131-22. mensajero soys, amigo: del romance: con cartas y mensajeros; Durán, I, núm. 654; Men. y Pel., VIII, pág. 23; XI, 176 y ss.; Milá y Fontanals: De la poesía heroico-pop.-cast., tomo VII de sus Obras completas, pág. 130 y ss.
131-26. os mando mala ventura: Correas, pág. 281, registra: Llegaos a mi, que no os faltará mala ventura.
131-30. buscar a Marica por Rabena: según el Vocab. della Crusca, es buscar una cosa allí donde no se puede hallar; cons. Giannini, traduc. del Quijote al ital., III, pág. 350.
132-27. tener la mía siempre sobre el hito: vid. el cap. LXX: tener la suya sobre el hito; dar en el hito, cap. LI; ya han mudado del hito, en Gracián, El Criticón, edit. Cejador, I, 64; Boscán, trad. de Castiglione: El Cortesano (edic. Libr. de Antaño), III, 400; Cej.: Fraseología, II, 644 y ss.
133-3. El texto: Sancha.
133-25. El texto: la.
134-13. El texto: mayorcas.
134-23. El texto: vinenen.
135-2. El prado concejil: Cov., voz concejil: que es del común; de las dehesas vedadas, llamadas más tarde ejidos, reservadas para el uso común de los pueblos, y de su historia trata J. Klein, The Mesta, Cambridge, 1920, vid. págs. 301 y ss.
136-8. talente: los más editores leen: talante, como lo suele escribir Cerv., vgr., cap. xi, pág. 147-1; comp., sin embargo, Juan Ruiz, estrofa 1178: a los que allá van con el su buen talente.
136-19. El texto: y rota, o caída del todo en algunos ejemplares.
137-6. Mas jo, que lo estrego, burra de mi suegro: vid. Juan de Luna: Diálogos familiares, 1619, pág. 458: Xo, que lo estriego, que largas le nacieron a v. m. y lo traduce: Ho, que je t'estrille, o qu'elles vous sont venues longues. También Celestina, I, edic. Cej., pág. 92; Cov., voz estregar; el dicho de Cerv. se encuentra en Avellaneda, cap. XXXV.
137-8. señoritos: R. M. y otros, señoricos; ninguno de los ej. que he examinado tiene señoricos, aunque si, algunos una t rota, semejando una c.
137-10. dexenmos hazer el nueso: de mos trata Hanssen, párr. 170; de nuesso por nuestro, Morel-Fatio, Romania, XXXIII, 272.
138-26. alcotan: R. M. deja acotan, como se lee en el orig. por ser pronunciación de Sancho. Cerv. no da a Sancho, en casos semejantes, una locución distinta de los demás.
138-30. haze correr la hacanea como una zebra: fuyendo va el rey Marsin, caballero en una zebra, dice el romance de dicho rey; vid. Men. y Pel., Antol., IX, 246; cons. A. Castro R. F. E., XV, 173, sobre zebro.
139-32. mas: los edit. modernos leen mal.
140-25. El texto: ninugna.
143-9. Pedro Vallés registra el refrán: quien me vido y me ve agora, ¿quál es el coraçon que no llora?
146-7. Angulo el Malo: comp. Nov. ejemp., III, 239-4.
146-10. Las Cortes de la Muerte: quizás sea el auto aludido el publicado por Men. y Pel. en Obras de Lope de Vega, III, 1893, pág. 592; cons. sus Estudios sobre el teatro de L. de V., I, 127; es de interés el artículo del Prof. Crawford: The Devil as a dramatic figure in the Span. relig. drama before L. d. V., en Romanic Rev., N. Y., 1910, 302 y ss., y 374 y ss. Parece también posible que Cerv. se inspirase para este episodio burlesco de la carreta guiada por un diablo en Amadís de Gaula, II, cap. xii: Conociendo los caballeros que en la carreta venían, e a Leonoreta e a sus doncellas con ellos, hubo gran duelo de los ver... E cabalgando luego [Beltenebrós] en su caballo, demandó a Enil que le diese las armas; mas él le dijo: ¿Para qué las quereis? Dejad primero pasar estos diablos que aquí vienen. Dadmelas, dijo Beltenebrós, que antes que pasen quiero tentar la misericordia de Dios, si le placerá que por mí sea quitada tan gran fuerza que entre sus enemigos hacen... Vid. también, Florence Whyte, The Dance of Death in Spain and Catalonia, Baltimore, 1931, p. 145.
147-3. la farandula: comp. Clem., IV, 195 y ss.; Cov., voz farandulero; Men. y Pel., Orígenes de la Nov., IV, N. B. A. E., XXI, pág. 498.
147-10. sacudir el suelo con las bexigas: incidente que recuerda uno parecido en Lope de Rueda: Colloquio de Socrato y Camila, edic. acad., II, pág. 68.
147-16. notomia: comp. Quevedo: Obras, B. A. E., III, 276:
| Esta que miras al cabo, |
| triste, bolsicalavera, |
| notomia de las lindas, |
| esqueleto de las feas, etcét. |
147-18. El texto: todo.
149-9. Compañías reales y de título: vid. Comed. y Entr. I, 9-7; Rennert, The Span. Stage in the time of L. d. V., New York, 1909, pág. 146, y cap. X.
153-6. El texto: pafo.
156-10. Son versos del romance A fuera, a fuera, a fuera, incluído por Pérez de Hita en las Guerras civiles de Granada; véase la edic. de Paula Blanchard-Demouge, Madrid, 1913, I, pág. 62; Durán, núm. 88.
156-12. de amigo a amigo la chinche: cons. Cej.: Fraseología, I, 83; Bonilla, edic. de El Diablo coj. (1910), pág. 116; R. M. u. e., IV, 250.
156-23. de las cigueñas el cristel... la lealtad del caballo: cons. Clem., IV, 211; Cov., en las voces ibis (cigüeña), vómito, perro, grulla, hormiga, elefante, donde trata de las especies folklóricas referidas por Cerv.
158-14. atonitos: algs. edits. enmiendan atentos.
159-27. O la del: R. M. suple de leyendo: o de la del; otros edits. suprimen de la, y la del, dejando es por ventura del numero de los contentos o de los afligidos.
161-27. que se den de las astas; Yo y mi estudiante nos dabamos de las astas bien a menudo. Estebanillo González, cap. XI.
163-14. en el sudor de nuestros rostros: en el sudor, en vez de con el sudor, que es como Cerv. suele decirlo; comp. Nov. ejemp., II, 104-7; es recuerdo del latín in sudore vultus, etcét. Génesis, cap. III, vs. 19; en el sudor de tu rostro dice también la trad. de Cipr. de Valera.
164-22. El texto: patezco hombre soy vno bestia.
166-30. a mí y hijos: todos los edit. suplen a mis, sin comentario, y leen: a mi y a mis hijos.
169-12. escudero de agua y lana: vid. Cej.: Fraseología, I, 43; a lo cual se puede añadir; a las veces pone
Dios un desengaño en un hombrecito de agua y lana, que quiso tener encubierto a los nobles y cortesanos de gran estofa (Luj. de Sayavedra: Guz. de Al., II, 2, 8, pág. 394, edic. B. A. E., de lo cual se colige que de agua y lana es lo opuesto de de gran estofa; también R. M. u. e., IV, 272.
169-25. quien: relat. para las cosas; cons. Hanssen, pág. 212; Bello-Cuervo, párr. 329; Cej.: Gram., pág. 442; D. Q., I, 147-18.
170-8. esta bota es tan deuota mía: el mismo juego de palabras se lee en Gasp. Lucas Hidalgo: Diálogos, I, cap. iii: cuando el vino sale de bota es bebida muy devota.
171-24. De este cuento pop. traído quizá por españoles, hay huellas en el sur de los EE. UU.: Mod. Lang. Notes, 1908, pág. 185; Comed. y Entr., IV, 44-14.
173-20. El texto: no.
174-2. los toros de Guisando: cons. Miguel de Asúa: Los Toros de Guisando, Madrid [1922].
174-5. la sima de Cabra: comp. Viaje del P.,133-9; Madoz: Dicc. geogr., V, pág. 46.
175-4. Sobre estos versos véase Clem., IV, 239; son un recuerdo de dos de la Araucana de Ercilla, I, estrofa 2.
175-30. El texto: fredo.
176-20. que NO aya alguno tomado: de este no pleonástico trata R. A. Haynes: Negation in D. Q., op. cit., pág. 42 y ss. (pág. 60).
179-13. martas cebollinas: Dicc. Acad., Cov., voces marta y cebellina; vid. Comed. y Entr., III, 101-2.
179-19. beuamos y viuamos: el mismo juego de palabras en Guz. de Alf., II, 2, 7: debajo desta capa suele vivir un mal vividor. Correas (pág. 151) añade:
por gracia dicen algunos hay buen vividor (en vez de bebedor) por la semejanza de la palabra.
181-15. El texto: demasiadada.
183-7. Así el texto: tardarades; para que no resulte una condición mixta, alg. edit. enmiendan tardaredes.
184-5. pasagonzalo: habeis de recebir de la mano de vuestra amiga tres pasagonzalos en esas narices bien pegados. Lope de Rueda: Registro de Represent., quinto paso; Quevedo: Obras, B. A. E., III, 226, col. 1.
184-8. accion: así por acion; R. M. u. e., IV, 296.
186-4. viuo y vió: los edit. omiten este y redundante.
186-9. pespetiua: muchos edit, enmiendan perspectiva. Ocurren en esta frase mesmo (4 veces) y mismo (2 veces).
186-12. no lo has creer: comp. la nota arriba, 28-27.
187-23. [d]el bachiller: así enmiendan el pasaje Hartz. y R. M.; otros omiten el; F.-K. omite el ante atrevido y lee: es atrevido... el bachiller, etcét.
187-32. quedarades: así el texto, quizá por quedaredes.
188-24. El texto: a que.
193-4. El texto: lo.
194-6. El texto: viroria.
194-25. No es bueno que: comp. D. Q., I, 153-18; 215-7; este tomo 170-31; Dicc. Acad., voz bueno, acep.17.
196-4. El texto: pruena.
196-14. con cataratas en los ojos: en el cap. X Cervantes había puesto en boca de D. Q. lo siguiente: el maligno encantador me persigue y ha puesto nubes y
cataratas en mis ojos; ahora, olvidándose de dicho pasaje, hace de Dulcinea un retrato que no se conforma a lo escrito antes, porque D. Q. dice que la vió convertida en una zafia labradora, y que era ella quien tenía cataratas en los ojos.
196-20. El texto: en aqualquiera.
198-15. Cauallo: la mayor parte de los edits. enmiendan cuello.
198-32. Dos versos citados antes: D. Q., II, 366 (Primera pte, cap. 49).
200-6. El texto: lo.
203-12. El texto: lgenuas.
205-9. El texto: heroycas.
206-11. El poeta nace: vid. Pers. y Sig., I, 115-18, donde se lee: el poeta nascitur; es dicho pop. reconocido ya como tal por Celio Rhodigano (1450-1525) en sus Lectiones antiquae, vii, 4: vulgo certe iactatur nasci poetam, oratorem fieri; véase también Notes and Queries, 6a serie, 1883, pág. 255.
206-15. est Deus in nobis: de Ovidio, Fasti, VI, 5; citado ya en Nov. ejemp., II, 93-10.
206-28. El texto: essencias.
207-5. si hiziere satyras... rompaselas: comp. Viaje del P., IV, 8 y ss.:
| Desde mis tiernos años amé el arte |
| dulce de la agradable poesía, |
| y en ella procuré siempre agradarte. |
| Nunca voló la pluma humilde mía |
| por la región satírica, baxeza |
| que a infames premios y desgracias guía. |
207-13. a
las islas de Ponto: alusión al destierro de Ovidio, mencionado
también en Viaje del P., IV, 6.
207-24. El texto: honrados.
212-8. El texto: que que.
214-8. El texto: fantasia.
214-10. sea servido dexarme: R. M., de dejarme.
215-4. El texto: replcio.
215-19. saco por la uña que el tal leon, etcét.: ciertos rasguños suyos en verso... me bastaron, como por las uñas sacar al leon. Pineda: Agricultura Christ., 5, 1; Cov., voz uña.
215-27. no: redundante: vid. Weigert, 150; Haynes, 57.
217-6. don Manuel de Leon: cons. D. Q., II, 363-24.
217-14. una espada... del perrillo: comp. Nov. ejemp., I, 252-14; Pellicer: D. Q., IV, 173; Clem., IV, 301; R. M. u. e., IV, 343.
217-25. Que visto el leonero: alg. edit. añaden: habiendo, y leen: que habiendo visto.
219-12. boluiose acostar: los editores suplen la prep. a.
223-27. al avaro: muchos edit. leen el avaro; pero puede ser construcción mixta de es más fácil venir el pródigo a ser liberal que el avaro y es más fácil al pródigo ser liberal que al avaro.
224-2. El texto: caualleros.
225-10. tinajas del Toboso: véase R. M. u. e., IV, 356.
225-15. Son versos de Garcilaso, soneto X.
226-26. lobos marinos: vid. Clem., IV, 325; R. M. u. e., VII, apén. xiii, pág. 205.
228-18. El texto: pocas.
228-31. las licencias que se dan en las universidades: comp. Nov. ejem., II, 113-4; Clem., IV, 328.
230-3. el pexe Nicolao: cons. Clem., IV, 331; Gallardo: Ensayo, I, núm. 960: Pez Nicolao: Relación de como el peçe Nicolao se ha parecido de nuevo en el mar, etcét., Barcelona, 1608; de estos monstruos del folklore habla Torquemada en su Jardín de flores curiosas; recuérdese la seg. pte. anón. del Lazarillo (1555) hecho atún. Comp. G. Marañón, Las ideas biológicas del Padre Feijóo, Madrid, 1934, págs. 236 y siguientes.
231-4. Alg. edic. omiten el.
232-5. yo diré mi glosa: La oración pide la conclusión: él diría su glosa en vez de la prim. persona, cambio inconsciente, tal como se ha señalado en otros lugares.
232-19. El texto: glossau.
233-35. boluiesse: así por viniesse, como reza la copla glosada.
234-1. Viuo: el verso pide vivir.
234-19. vn poeta que Dios perdone: Según el manuscrito núm. 3796 de la Bibl. Nac. (fol. 346), Liñan de Riaza (m. 1607) es el autor de cierto soneto satírico con el verso laureado por Chipre y por Gaeta; luego dicho poeta será el aludido que Dios perdone. Comp. Galatea, II, 320.
237-9. perdonar los sugetos, etcét.: comp. pte 2a, cap. 52: mi profesión es perdonar a los humildes y castigar a los soberbios, y la versión festiva (II, 396-30): Oh humilde con los soberbios y arrogante con los humildes; el pensamiento es recuerdo de la Eneida, VI, 853: parcere subiectis et debellare superbos. Es posible que Cerv., sin acudir al original, tomase la idea de la trad. esp. de Hernández de Velasco donde se conserva
la palabra sujetos: A soberbios bajar con cruda guerra, y perdonar a humildes y sujetos.
240-32. El texto: tienia.
244-24. que no las corten: comp. tenerlas (I, 249-25), pelarlas (I, 307-30), haberlas con (este vol., 379-2), mala la hubistes (arriba, 125-26).
244-30. todos son toledanos: acerca de hablar como el toledano, véase Viaje del P., cap. VI, 91-6; Ticknor: Hist. d. l. lit. esp., 2a época, cap. 5, pág. 110; R. M. u. e., IV, 390-2.
245-8. El texto: picaredes.
245-11. llevar cola: comp. La Pícara Justina, edic. Puyol, tomo III, 142; Cov., voz cola.
246-23. más espesas que higado: frase que falta en el Dicc. Acad. ¿Tendría su origen en que los puercos y los patos después de cebados con higos, tienen el hígado muy crecido y espeso?
247-28. Con omitir este y se lee con más claridad: y no queriendo esperar al escriuano... assi determinaron, etcét.
250-14. El texto: sessegado.
250-18. El texto: contiua.
251-8. El texto: hiziere.
251-30. El texto: las las.
253-21. El texto: de a dos a.
253-26. El texto: enrejados; la enmienda de Hartz. en rejales es la más aceptable, por necesitar menos cambio; R. M., enrejalados.
256-22. gaita Zamorana: R. M., IV, u. e., 411.
260-12. deue de tener más de satírico que de vísperas: debe de ser más inclinado a decir sátiras que a rezar la hora de vísperas.
260-27. A la barba de las habilidades de Basilio: expresión de desprecio, como darle a uno por las barbas; decírselo en sus barbas, etcét. Giannini la traduce: alla barba di Basilio e delle sue capacità! Cardaillac: nargue des talents de Basile! Ormsby: A fig for the accomplishments of Basilio. Tieck: Schade was um Basilios Geschicklichkeiten.
262-2.
El texto: t
bien.
262-5. las altas torres... choças de los pobres: I Oracio lo sintió igualmente cuando dijo: Asi la muerte palida iguala de los pobres las tavernas como las torres fuertes de los reyes, en Sucesos de M. Alemán, edic. Bushee, pág. 52; vid. también D. Q., I, Pról., 34-16.
262-20. tente en buenas: como en el caso del pronombre la, las (arriba 125-26); hay otras locuciones en las que el sustantivo no está expresado, dando al femenino el carácter del neutro; comp. de buena te libraste; ésta sí que es buena; si buena me la dices, buena me la torno; Cej.: Fraseología, I, 201.
262-24. El texto: que si como tienes buen natural y discrecion: casi todas las edic. desde la de Tonson (1738) suplen un verbo, y leen: que si como tienes buen natural tuvieras discreción; parece más aceptable atribuir el defecto de la frase a la omisión mecánica de una letra. Es frecuente la contigüidad de así y como.
264-20. El texto: blanca.
265-5. ella es vna chapada moça y que puede passar por los bancos de Flandes: acerca de moza de chapa vid. D. Q., I, 363-16; pasar por los bancos de Flandes es pasaje que ha sido bastante discutido a causa de los varios sentidos que tuvo en el lenguaje corriente de aquel entonces; las acepciones son estas tres: (a) alusión a los bancos o bajíos de la costa flamenca,
tan peligrosos para la navegación (comp. Zapata: Miscelánea, pág. 297: pasó catorce veces el canal de Inglaterra y los peores que Scila y Caribdis, los temerosos bancos de Flandes; también Lope de V.: Al pasar del arroyo, I, esc. 5; Laz. de Tor., 2.a pte., de incierto autor, cap. 14, B. A. E., III, pág. 105. (b) alusión a los bancos o casas de crédito de Flandes (comp. Lope d. V., El mayor imposible, III, esc. 22: mando que se le den y paguen veinte mil ducados librados en los bancos de Flandes, de lo que hubiere procedido de las naves que allí se pierden; también El príncipe perfecto, 1ra pte., II, esc. 2; otros ejempl. en Clem., IV, 389. (c) se aludía a ciertos muebles de casa, es decir, a los bancos sobre los cuales se pusieron las camas, mesas, etcét.; vid. Cej.: Fraseología, I, 134; R. M. u. c., VII, apén. xxvi, pág. 300. Luego parece que Sancho quería decir de Quiteria que, por su belleza, edad, riqueza y otras prendas (de moza chapada), la joven estaba ya en condiciones para poder afrontar el matrimonio con los peligros que trae consigo la vida azarosa de casada. Sin embargo, no se habrá de dar ningún significado tan literal a la voz Flandes, suponiendo que venían de Flandes dichos muebles, o la madera de la que se fabricaban. Los estudios sobre moblaje españ. nos dicen que las maderas empleadas eran (1) de roble (2), de nogal y (3) de pino, siendo este último el más usado para muebles de gente humilde. Ahora bien, uno de los pinos más comunes en las sierras del centro de Esp. y de Andalucía es el pinus pinaster Solander (vid. Laguna: Flora forestal esp., 1883, I, pág. 89), conocido por el nombre vulgar de pino de Flandes (vid. Colmeiro: Dicc. de los diversos nombres vulg. de muchas plantas, etcét., pág. 151). Luego ¿no es probable que los bancos aludidos se hiciesen del pino de Flandes en la propia España? No hemos de suponer que los muebles usados por gente rústica, como lo eran Sancho y Teresa Panza, se fabricasen de madera importada, y precisamente de los Países Bajos. Si en el origen del nombre hubo influencia flamenca en cuanto al estilo de dichos bancos, cofres, sillas, etcét., ora sea en la forma, ora en el adorno, no lo he podido averiguar.
267-3. del azerada: así el texto, quizás por omisión
de una a cuando hay dos inmediatas, o por hallarse el artículo delante de una palabra con inicial a, ora sea con o sin acento sobre la prim. síl. Comp. Bello-Cuervo, párr. 271, pág. 70.
269-20. El texto: come.
270-16. los: R. M. y otros: les.
270-29. no milagro sino industria: Para episodios parecidos de heridas fingidas comp. Tragicomedia de Lisandro y Roselía, en Libros raros o cur., III, página 199; Laz. de Tormes, de Luna, cap. xi.
276-28. algo: quizá por alto; Máinez: algo alto; Hartzenbusch: algo recio.
278-17. pinta: quizá por pintaba.
279-5. De estas torres y fuentes tratan Bowle: Anot., 59; Pellicer, IV, 235 y ss.; Clem., IV, 408 y ss.; R. M., IV, 447 y ss.; acerca de las fuentes de Madrid, vid. la Guía de M. para el año 1656, publ. por don L. Martínez Kleiser, 1926, pág. 51; Madoz: Dice. geogr., X, 700 y ss.
279-7. El texto: a aun.
279-9. Virgilio Polidoro: historiador ital. n. en Urbino hacia 1470, estudió en Bolonia, siguiendo la carrera eclesiástica; pasó más de cincuenta años de su vida en Inglaterra; volvió a Urbino, donde murió hacia 1550; fué nombrado archidiácono de Wells, alcanzando hasta la dignidad de obispo de Bath y de Wells. Su obra más importante es la titulada Anglicae Historiae libri xxvi (Basileae, 1534, Mus. Brit.), tema que le fué propuesto por Enrique VII. De su obra De inventoribus rerum en tres libros hay edic. de Venecia, 1499 (Mus. Brit.), aumentada hasta ocho libros, Basileae, 1521(Mus. Brit.). Su Liber proverbiorum (adagia) se imprimió en Venecia, 1498; hay edic. Bas., 1521 (Mus. Brit.). El bach. Franc. Thamara tradujo el Libro de Polidoro Vergilio que tracta de la invención y
principio de todas las cosas, prim. edic. Amberes, 1550. Vid. Palau: Manual, VII, 208.
280-22. si, que: vid. Bello-Cuervo, párr. 392 y la nota, pág. 57; ocurre otra vez en las págs. 76-20 y 281-22 de este tomo III.
281-3. Acerca de la cueva de Montesinos, véase Azorín: La ruta de Don Quijote, 1912; Antonio Blázquez: La Mancha en tiempo de Cerv., conferencia en la R. Soc. geogr., Madrid, 1905; A. Baig Baños: La Mancha y Cer., 1934; sobre la leyenda de Montesinos y los encantados que D. Q. halla en el país maravilloso debajo de la tierra cons. Philip S. Barto: The subterranean Grail Paradise of Cerv. en P. M. L. A., xxxviii, página 401; véanse también La demanda del Sancto Grial, N. B. A. E., VI, vgr. 306a: los romances en Durán, número 382 y ss.; Pellicer, D. Q., IV, 248-263; John Ormsby (que visitó el sitio), en su traducción del Quijote, dice del mapa incluído por Pellicer: the map misplaces the cave and several other points, and is entirely misleading!; Clem., IV, 420 y ss. Merece ser comparado con este episodio de la cueva de Mont. un pasaje de la Selva de Aventuras de Jer. de Contreras (libr. VI), B. A. E., III, pág. 498; allí entra Luzman en una cueva, hallándose luego en un hermoso prado donde se maravilla de lo que ve; encuentra a la sabia Cuma, quien le declara las cosas que en su tiempo habían de suceder. Contreras se inspiró en el sexto libro de la Eneida.
281-27. tal empresa para mí estaba guardada: al final del Quijote, Cerv. dice a su pluma:
| ¡Tate, tate, folloncicos! |
| De ninguno sea tocada; |
| porque esta empresa, buen rey, |
| para mí estaba guardada. |
Los dos últ. versos son de un antiguo romance, según Clem. (VI, 464), que no lo da. Se hallan en las Guerras Civiles de Granada, de Pérez de Hita, pte. I, cap. 17, edic. Blanchard-Demouge, I, pág. 308:
| Aquesta empresa, Señor, |
| para mí estaba guardada. |
Comp. más adelante, pág. 367-8: para otro caballero deue de estar guardada y reservada esta aventura; lo mismo al principio del cap. xli de la seg. pte.
282-2. en manos está el pandero que, etcét.: el mismo refrán en Nov. ejem., I, 296-20; Cej.: Fraseología, III, 36; Santillana y Hern. Núñez registran: en manos está el pandero de quien lo sabrá tañer. El que del texto se refiere a de alguno, un sujeto mental omitido.
283-13. El texto: Sancho (y) se, con y redundante; Mayáns (edic. de Tonson) enmendó: Sancho el se.
283-18. la
Peña de Francia: Nuestra Sra. de la Peña de Francia: es
alusión a un monasterio de frailes dominicos en la Sierra d. l. P.
d. F., entre Ciudad Rodrigo y Salamanca; Clem., IV, 416; la Trinidad de
Gaeta: Se refiere a una capilla dedicada a la Trin. que se halla en el
promontorio de Gaeta, al norte de Nápoles. No la considero en boca
de Sancho (no muy ducho en cosas del mar) recuerdo de las invocaciones
de los navegantes, sino mera exclamación, tal como se lee en
la Trag. Policiana, Orígenes de la Novela, III, 40,
N. B. A. E. XIV:
Sol. Nuestro amo pide de vestir y manda que
nos armemos. Según Dios le hizo de asno, pensará que auemos
de yr con el. Sal. Donoso recaudo tiene; en tus manos
lo encomiendo, Solino; que (por la Trinidad de Gaeta, allá no
vaya!
También Contreras, Selva de Aventuras,
recuerda el monasterio de la Trinidad de Gaeta. Selva, VI.
285-4. Al final del folio 89 r. del texto: hermosos ojos; debajo de ojos el reclamo Con; luego a la vuelta de la hoja: cuchauan. Puede haber errata solamente en el reclamo, el que, con leer Es- en vez de Con, subsana la falta; luego no sería necesario suplir Con atención.
285-21. estadme todos atentos: R. M. enmienda
todos dos atentos considerando el texto defectuoso otra vez por la omisión mecánica de dos después de todos; pero esta enmienda ¿no quita al pasaje la gracia de principiar D. Q. su alocución dirigida sólo al primo y a Sancho con estadme todos atentos? Tampoco comprueba el que tengamos que leer todos dos aquí el hecho de que tres renglones atrás el autor haya dicho que estaban todos tres sentados en buen amor y compaña.
286-20. El texto: abiertas.
287-28. gorra milanesa: Con voz gorra: La forma de la gorra redonda y en tiempos atrás se traía llana sobre la cabeza, y era u de aguja u de paño, y las finas traían de Milán. Estas sustentauan con unos cartones, y las de Milán con un cerquillo de hierro que la tenía tiesa.
288-16. El texto: y y.
288-21. acarriba: así el texto, que todos los edit. resuelven en acá arriba.
288-24. lleuadole: alg. ejem. lleuandole, y así lo copió la edic. de Bruselas, 1616.
288-25. Trata de la muerte de Durandarte el romance núm. 387 en Durán, I, B. A. E.
288-28. buydo: Quevedo, en una poesía que encarece la suma flaqueza de una dama, dice que es débil, magro, sutil, buida, ligera, etcét. Obras, III, 144, B. A. E.
290-6. le saqué el corazón con mis propias manos: de esta leyenda y de sus relaciones con el Roman du Châtelain de Couci trata Gaston París en el tomo 28 de la Histoire litt. de la France, pág. 352 y ss.
290-9. el que tiene mayor corazon es dotado de mayor valentía del que le tiene pequeño: comp., sin embargo, a Cov., voz corazon: los animales medrosos tienen el corazon mayor en proporción que los demás,
como es la liebre, el ciervo, el ratón y otros animales cobardes, de que hace mención Arist., lib. 3, de part. animalium, y, assí tener gran corazon un hombre o un animal, quando le loamos de animoso, no es tenerle materialmente grande en cantidad, sino en fuego, etcét.
291-9. la qual: así el texto; casi todos los editor. enmiendan a la cual; pero con semejantes mejoras se vicia el orig. por ser muchos los ejemplos de tales omisiones; no es sino un caso de anacoluto.
291-21. El texto: llamas; sobre las lagunas de Ruidera vid. arriba la nota 281-3.
291-24. una Orden que llaman de San Iuan: cons. Madoz: Dicc. geogr., voces Guadiana y Ruidera.
292-10. los peces del Guadiana: cons. Clem., IV, 436; R. M., IV, u. e. 470.
294-6. Y no toma, etcét.: Desde este punto no es D. Q., sino Montesinos quien habla, continuando el relato.
295-22. alla baxo: alg. edit., entre ellos Hartz. y R. M. enmiendan allá abajo, lección propuesta por Clem. en una nota; pero allá baxo ocurre otra vez en la pág. 297-10, y así pudo estar en el manuscrito.
298-7. quando de Bretaña vino: comp. D. Q., I, 64-16.
299-5. El texto: le.
300-8. hasta los: alg. edit. enmiendan hasta a los, R. M., atribuyendo la falta de a a omisión mecánica. ¿Y si faltase en el manuscrito?
300-20. ser un Fucar: vid. R. Ehrenberg: Capital and Finance in the age of the Renaissance; a study of the Fuggers, Londres, 1928; K. Haebler: Die Gesch. der Fuggerschen Handlung in Spanien, Weimar,
1897; The Fugger News-letters etcét. (1568-1605) edic. V. v. Klarwill, N. Y. y Londres, 1924-6.
300-32. espirar en mitad de la montiña: D. Q., I, 88- 9.
301-5.
las siete partidas del mundo, etcét.: no se debe el decirse
siete en vez de cuatro partidas del mundo a
contaminación con el nombre del famoso codigo de las Siete
Partidas, como opina R. M. Ya en tiempos del Rey Sabio la gente hablaba
de las siete partes del mundo, y el propio Alfonso explica por qué
se decía así en su General Estoria (edic. Solalinde,
I, 66):
Estas siete estrellas eran ya mas arriba a
mas celestiales a de la natura de Dios que los elementos, e dexaron de aorar
aquellos a aoraron a estas. E fizieron los ende siete partes del mundo, siete
templos muy grandes, etcét. Góngora escribió en
un romance (edic. Cossío, 1927, pág. 67):
| de la Cosmographia |
| pasó pocas millas |
| aunque oyó al Infante |
| las siete partidas. |
Comp. D. Q., II, 349-26, donde hay mención de todas las quatro partes del mundo. Cerv. recuerda el Libro del Infante Don Pedro de Portugal, que anduvo las quatro partidas del mundo; las edic. antiguas son rarísimas: un ejemp. de la edic. de Salamanca, 1547, se conserva en la Bibl. Nat. de París; hay edic. de Burgos, 1563, Bibl. Nac. ejemp. que fué de Gayangos; Gallardo, núm. 1028, citó una edic. de Zaragoza de 1570. En Vélez de Guevara hay alusión al Infante don Pedro d. P. el que anduvo las siete partidas del m. Vid. El diablo coj., edic. Bonilla en Bibliof. Mad., 1910, pág. 185; cons. Viajes del Infante D. Pedro de P. en el siglo XV, etcét., por D. Ces. Fernández Duro, en Bol. de l. Soc. geog., 1903.
301-14. ay: alg. edits. enmiendan: haya.
302-17. esta desta cueva: alg. edits. suplen a, leyendo
a esta, etcét.; parece ser uno de los muchos casos de anacoluto que hay en la prosa de Cerv.
303-28. la antigüedad de los naypes: cons. Catherine Perry Hargrave: A History of playing cards and a bibliography of cards, etcét. Boston and New York, 1930; alg. datos de interés en Clem., V, 4; R. M., V, 10; de la invención de los dañosos naypes, por Bilhan habla Juan de la Cueva, vid. Los quatro libros de los inventores de las cosas, III, en Parnaso esp., tomo IX, pág. 306.
304-30. si me atreuiere: en la edic. de Madrid, 1647, se lee ya: atreuiera; Pellicer, Fitzmaurice-Kelly y R. M.: atreviese.
306-25. que llegasen a ella... encaminó el rucio a la hermita: Alg. edit., vgr., la Acad., 1780, Hartz. y R. M. cambian la frase, leyendo la hermita en lugar de ella, y ella en lugar de la ermita. Aun así no se remedia del todo el defecto del texto, y es posible que algo del manuscrito se omitiese en la impresión.
308-28. alferez: aquí forma plural.
309-8. el que: anacoluto; varios edits. leen al que.
309-14. las libreas que por sola ostentación auian dado: muchos detalles de interés acerca de la vida de la servidumbre en palacio se hallan en el Diálogo de la vida de los pajes de palacio, por Diego de Hermosilla, edit. de Donald Mackenzie, Valladolid, 1916.
309-15. espilorcheria: Cov. registra espilocho: vocablo italiano... llaman espilocho a un pobretón desarrapado que no tiene casa ni hogar; ital. spilorceria = mezquindad, miseria.
311-22. sobrino: descuido de Cervantes por primo.
316-28. de en uno en otro pueblo: comp. Numancia, Com. y Entr., V, 202-2.
317-22. masse Pedro: conservo el texto, por hallarse
en el orig. unas veces mase y otras maese; ambas formas se usaban en tiempos de Cerv.; vid. R. M. u. e., V, 34.
318-18. vn famoso titerero: del teatro de títeres habla Cotarelo y Valledor: El Teatro de Cerv., pág. 574 y ss. Véase también Helen H. Joseph: A Book of Marionettes, N. Y., 1920; Creizenach: Gesch. d. neueren Dramas, I, 388; y el hermoso libro de Alfred Altherr: Marionetten (Erlenbach-Zürich, 1927), con varias láminas de las figurillas y del aparato escénico construído por Otto Morach para la ópera de D. Manuel de Falla, El Retablo de maese Pedro.
318-20. El texto: vn retablo de Melisandra dada; la enmienda libertada, hecha por la Acad., 1780, parece ser la más aceptable, porque trae consigo poco cambio del orig.; R. M. lee: un retablo de la libertad de M. dada por, etcét.
318-28. Algun. ejemps.: pregunta.
319-19. ¿qué pexe pillamo? Giannini registra Che pesci si piglia? D. Q. se refiere a la noticia de las cosas que están por venir, la cual les había de dar el mono adivino. El bon compaño ocurre otra vez en el cap. liv.
319-28. voto a rrus: Correas registra la expresión y añade: voto a tal, juras de poca pasión; como exclam. se halla en la Comedia Selvagia, Libros raros, V, pág. 25, notada ya por Pellicer: voto a rus, bien se ha ordenado.
321-6. vn jarro que cabe vn buen porqué de vino: comp. más atrás 253-12: que cada vna cabía un rastro de carne; vid. Bello-Cuervo, pág. 195, y Cuervo, Dicc. de Constr., II, pág. 9, voz caber; les costó buen porqué de su sangre se leyó en D. Q., I, 170-18.
321-11. La giganta Andandona: comp. Amadís, III, cap. iii, pág.190; cap. vi, pág. 202, B. A. E.; Clem., V, 31.
323-16. figuras judiciarias: Clem., V, 35; Cov., voz
figura; Pers. y Sig., I, 110, II, 172 y ss.; de Ambrosio de Morales hay un discurso sobre Una consideración por donde se puede bien entender cómo algunas veces las estrellas tienen poderío sobre todo el hombre; vid. Obras del maestro F. Pérez de Oliva, Córdoba, 1586, f. 186 v.; el lector puede consultar con provecho el artículo de la Enciclop. de Espasa, VI, pág. 804 y ss. con bibliografía.
325-30. operibus credite, etcét.: de San Juan, capítulo 10, vs. 38; Cipr. de Valera lo traduce: mas si las hago (las obras), aunque a mí no creáis, creed a las obras.
325-30. manos a labor: lo mismo en D. Q., II, 40-12.
327-5. callaron todos, etcét.: es verso de la traducción de la Eneida, II, 1, que hizo Greg. Hernández de Velasco. La prim. edic. parece ser la de Amberes de 1555; hubo otra de Toledo del mismo año (ejemplares Mus. Brit. y Hisp. Soc. N. Y.); cons. R. Schevill: Studies in Cerv., III, Virgil's Aeneid, en Transactions of the Conn. Acad., New Haven, 1908.
327-7. El texto: declatador.
327-26. Estos versos son los primeros de unas octavas halladas por Pellicer (IV, 304) acerca de los romances de Gayferos; vid. Men. y Pel., Antol. de poetas, IX; 61, núm. 173; XII, 378 y ss.; Durán, núm. 374 y ss., Men. Pidal, L'épopée cast., pág. 20.
328-13. harto os he dicho, miradlo: verso del romance 378 de Durán; Clem., V, 47; R. M. u. e. V., 50; véase también el Entremés de Melisandra, impreso entre las Comedias de Lope d. V., Valladolid, 1609, f. 333; en Cotarelo: Colec. de Entremeses, I, pág. 108.
328-16. El texto: despachado.
329-25. Clem., V, 52, recordó que estos versos se hallan también en una jácara de Quevedo: núm. 335, Obras, III, B. A. E., pág. 97.
329-27. apenas no: de esta construcción dice Bello, pág. 321, que no debe imitarse; se halla varias veces en Cerv.; vid. Weigert, pág.152, y Haynes, pág. 76 (D).
330-15. aquí;: el texto: a quien su esposa, resultando anacoluto que pide cuya esposa; la más aceptable enmienda, propuesta por R. M., es aquí por a quien.
330-23. dos versos del romance 377 de Durán.
332-2. que no viessen: de esta negación superflua tratan Hanssen, pág. 273; Cej.: Gram., 361; Weigert, 147.
333-11. supercheria: injuria o violencia hecha con abuso de fuerza, (Dicc. Acad.); comp, Nov. ej., III, 74-18.
333-19. El texto: merisma.
334-9. El texto: ventana.
334-32. Con estos versos maese Pedro recuerda un romance del Rey Rodrigo; cons. Men. y Pel.: Antol. VIII, núm. 5; XI, 133 y ss., y 169.
339-24. El ventero: anacoluto; el pasaje pide: al ventero.
340-10. que el jurar: alg. edits. enmiendan al jurar; otros en jurar.
341-4. falta de emprenta: comp. D. Q., I (Prólogo), págs. 9, 495; II, 420.
341-32. El texto: aacaba.
343-2. El texto: ciudadad.
344-6. se auia errado en dezir que dos regidores auian sido los que rebuznaron; pero que, segun los versos... no auian sido sino alcaldes: en vez de pero que las más edic. leen porque; R. M. considera pero que italianismo; tal como está parece ser frase elíptica, pero teniendo la fuerza de empero, sin embargo, con
el que redundante, como otras veces: sin embargo (que), según los versos, etcét.
344-32. El texto: mirarauan.
346-8. alli se declaran: véanse los romances del Cid en Men. y Pel.: Antol., VIII, pág. 74 y ss.
346-17. el pueblo de la Reloxa: cons. Gallardo: Ensayo, I, Col. 1.317; R. M. u. e., VII, apén. XXX.
346-30. los varones prudentes... por cuatro cosas han de... poner a riesgo sus personas, etcét.: En el siglo XVI muchos humanistas escribieron en pro o en contra de la guerra; vid. Cort., V, 61-2; Clem. V, 78; según la doctrina de Santo Tomás (Summa Theologica), II, II, quaest, 40 (1), de bello, tres cosas son necesarias para justificar la guerra: Primo quidem, auctoritas principis, cuius mandato bellum est gerendum. Secundo, requiritur causa iusta. Tertio, requiritur ut sit intentio bellantium recta. Vid. también quaest, 108, de vindicatione; otra obra que tiene autoridad eclesiástica es la de Luis de Molina, De iustitia et iure, sec. xcix. El que con más insistencia escribió contra la guerra en todos sus aspectos fué Erasmo. Los escritos que tanta enemistad le acarrearon son dulce bellum inexpertis (entre los Adagia), Querela pacis, e Institutio principis christ. Cons. Erasmus against war. Introd. by J. W. Mackail, Boston, 1907.
348-2. El texto: pusiere.
351-3. El texto: pero no en dexar de dezir: los edits. se han percatado de que la frase es viciosa porque dice lo contrario de lo que pide el sentido; pero no han introducido ninguna enmienda en el texto. En la página 44-27 se lee: no podia dexar de contarle, y en la pág. 384-27: no puedo dexar de dezir, y en otros pasajes Cerv. escribió: no pensaba dexar persona viua (I., 74-22); pensar que dexaré de abrasar los que quedan (I, 179-5); creo que se puede suplir o puedo o pienso por en del texto.
352-9. El texto: todo todo: con la excep. de R. M. los edit. omiten un todo.
355-10. Pues ¿qué tanto ha? = cuánto; véase Hanssen, párr. 670; Bello-Cuervo, párr. 1156; consideren, señores, con tanto real, qué tantos gansos comprarían el rey y la reina, se lee en el Quijote de Avellaneda, cap. XXI.
355-16. Diose D. Q. vna gran palmada en la frente: lo mismo en D. Q., I, 32-23; y Celestina, aucto sesto.
355-22. El texto: consuman.
355-31. El texto: en quanto mas tan mas tanto: leo como se halla en otros lugares, vgr., no repararé en tanto mas quanto, D. Q., I, 375-7.
356-10. O pan mal conocido; Cov. voz pan lo registra y añade al ingrato.
358-2. Acerca del barco encantado véase Clem., V, 93, donde trata de episodios en que se pudo inspirar Cerv.; Bowle: Anot., pág. 78. También hay un barco encantado en el Libro del esforzado cauallero Conde Partinuples, etcét. Alcalá, 1513.
361-21. Si yo tuuiera aqui vn astrolabio: acerca del arte de navegar hubo en tiempos de Cerv. varios tratados: vid. Men. y Pel.: Ciencia española, III, pág. 346 y ss.; una obra que todavía tiene interés es la Suma de Geographia de Mart. Fernández de Enciso, Sevilla, 1519; en su introducción explica todos los términos náuticos que D. Q. usa un poco más adelante (363-4).
362-2. Ptolomeo el mayor cosmógrafo: Véase The Geography of Claud. Ptolemy, transl. into Engl. and edit. by E. L. Stevenson, N. Y. 1932; Winsor J. A.: A Bibliography of Ptolemy's Geography, Cambridge, Mass., 1884; sobre la prim. versión lat. del Almagesto vid. Haskins and Lockwood, p. 75 y ss. en Harvard Studies of Class. Phil., vol. 21, 1910; Erasmo publicó el texto griego de la Cosmografia de Tolomeo en 1533
(Basilea); el Almagesto (en latín) se publicó en 1515, el texto griego no se imprimió hasta 1538 (Basilea).
363-4. cliticas: todas las edic. que yo sepa, enmiendan: ecliticas o eclipticas; Cov. registra ecliptica.
363-22. algos: en Fray Juan de Pineda: Agricultura christ., 1589, se lee: a quantos ay en el mundo tengo por hijos de algo y aun de algos, como todos tengan padre y madre, y cada persona es un algo y dos son dos algos, II, 3.
366-1. El texto: vozes.
366-2. el reclamo fol.113: arrojaron, pero el texto: rrrojaron.
366-21. dize: alg. edic. enmiendan: dices.
374-20. tanto que mejor: comp. Cej.: Fraseología, IV, 569, donde se registra también tanto que peor.
374-27. El texto: ya no hay triste figura. El figuro sea el de los leones. Prosiguio el Duque, etcét.: el paso tal como está parece muy defectuoso; alg. edits. consideran el figuro errata, y el pasaje ha sido enmendado de varios modos sin mejorarlo; vid. Cort.: D. Q., V, 100; el vicio no estará en figuro: comp. otras combinaciones cervant., vgr.: cuentas ni cuentos, insulas ni insulos, donas ni dones, cazas ni cazos. Por eso leo figura ni figuro. Luego la contestación del duque encaja bien con lo demás. En el Quijote de Avellaneda hallo: no hay que firmar para ella [Mari-Gutiérrez] no necesita ella de firma ni firmo, (cap. XXXV).
376-12. [casa]: el texto: plaça; es corriente la frase casa de plaçer; el compositor por influencia de plazer supliría plaza por casa; vid. pág. 370-25.
378-15. Sobre estos versos que ocurren D. Q., I, 64-9, vid. Men. y Pel.: Antol., XII, 446, y VIII, romance 148.
378-21. de mi no podreys lleuar sino vna higa: comp. Cej.: Fraseología, II, 631; R. M. u. e., V, 132.
378-24. no perdera la quinola de sus años por punto menos: comp. Com. y Entr., I, 283-18:
| Tu moriras, borracho, |
| bardaja fementido; |
| quinola punto menos. |
Aquí el sacristán parece motejar a los moritos de malhadados, sujetos a perder siempre en sus juegos por no lograr una quinola completa, sino punto menos. Sancho moteja a la dueña de vieja por tener una quínola completa de años, a la cual no falta un punto.
378-26. El texto: encencida.
382-7. El texto: aguna manos.
382-17. El texto: las.
384-15. se ahogó en la Herradura: el 19 de octubre de 1562; vid. Galindo y la Vera: Mem. histórica de las Posesiones hispano-africanas, pág. 196 y ss.; Com. y Entr., I, 104-12.
384-26. Después de Sancho alg. edic. suplen dijo don Quijote.
385-8. combidó vn labrador: los más edit. a un labrador.
385-16. El texto: Higalgo.
385-21. Después de hijo alg. edic. añaden dijo el eclesiástico, o dijo el religioso.
386-17. El texto: dissimalaron.
386-27. El texto: Senora.
392-7. El texto: mesma.
393-3. el agrauio y la afrenta: comp. Pers. y Sig., II, 87-12.
394-11. entender en el error en que está: comp. D. Q., I, 198-7; arriba 45-5; Bello-Cuervo, nota 138, página 127.
394-31. El texto: comiada.
395-7. Xauon napolitano: vid. la nota de Giannini, en su trad. del Quijote, III, 369; Ben. Croce, Due Ilustrazioni, etcét., en Homenaje a Men. y Pel., I, 186.
395-11. creyendo: muchos edits. enmiendan creyó; pero, si se omite la conj. y redundante después de las barbas, l. 13, la oración está bien. En cuanto a la ceremonia intercalada aquí, ya señaló Pellicer un episodio parecido que se cuenta del Conde de Benavente (vid. Zapata: Miscelanea, Mem. hist. esp., XI, 114.)
395-30. El texto: las.
397-4. y aun que si me las rapassen: alg. edits. enmiendan: y aun si, pero está bien el orig. que dice: lo he bien menester, y aun (si me las rapasen a navaja) que lo tendría a más beneficio.
397-5. El texto: rapassan.
397-10. El texto: orros.
401-19. De estas altas señoras trata Clem., V, 160; la historia de Alastrajarea se cuenta en la Coronica de los muy valientes y esforçados y inuencibles caualleros Don Florisel de Niquea y el fuerte Anaxartes, etcét. (libr. X y XI de Amadís); cons. Gallardo: Ensayo, I, 376 y ss.; es crónica en tres partes, con dos libros de una 4ta parte; hay ejemp. de la prim. edic. de Valladolid de 1532 (partes 1ra y 2.a) en el Mus. Brit. Vid. Catál. d. l. Exposición, pág. 12 y ss. Gayangos: Catál. de los libros de Caball., B. A. E., XL, pág. lxix.
401-26. vn vicioso leuantado: comp. 96-11 arriba.
402-17. El texto: vno.
402-20. El texto: sespondio.
403-6. Roncesualles: comp. D. Q., I, 52-20.
403-11. Anteon, hijo de la tierra: comp. D. Q., I, 52-22; Anteón, en vez de Anteo, se escribía a veces en tiempos de Cerv.
403-20. El texto: alquel.
403-26. El texto: creeo.
405-16. El texto: le.
406-12. dexarse lauar... y como se la lauó: R. M. suple la después de dexarse, entendiendo otra vez que falta por omisión mecánica.
406-26. El texto: semajantes.
406-30. ceremonias: para justificar lo que dice la duquesa después (pág. 409-1) es posible que tuviese el manuscr. aquí: cirimonias.
407-14. estrechas, y penantes búcaros: alg. edic. leen estrechos; no he encontrado penante en otro escritor, pero sí penado, vgr., en Carlos Boil: El marido asegurado, I:
| Calla, pues me quieres dar |
| la purga en taza penada. |
408-1. a traer: quizá por al traer.
410-10. El texto: bian.
411-2. todas: Máinez y R. M. enmiendan: cosas; no hace falta porque todas se refiere a burla y mentira de la línea anterior.
411-17. El texto: qua.
411-32. El texto: apuel.
413-1. maguera: vid. la nota 80-26.
413-14. limiste: un paño de Segovia; comp. el francés limestre, que se encuentra en Rabelais, y según el Dicc. Trévoux, fué el nombre del primer fabricante; vid. Gamillscheg, Etym. Wörterbuch d. franz. Sprache: El vestido era todo de paño, punto menos de limiste, perpetuo bonete y guantes, etcét. Suárez de Figueroa: Pasagero, alivio III (edic. Biblióf. esp., pág. 139); de esta industria principal segoviana de aquel entonces dice Alcalá Yáñez y Ribera en El Donado hablador, II, xi: Segovia es rica por tener, como tiene, el trato mejor y de tanto caudal, tan honroso y necesario como es el de los paños, cuyos hacedores son sin número los que tiene Segovia gente principal de todas naciones...; y así, ejercitándose en la fábrica de lana, no sólo adquieren con su industria caudal suficiente y hacienda, sino que también son verdaderos padres de familias, sustentando innumerables oficiales, a quien, por su trabajo, dan de comer.
413-28. el labrador Bamba: vid. D. Q., I, 385-28.
413-32. si las trobas... no mienten: véase la nota página 334-32, sobre los romances del rey Rodrigo; los versos citados no se hallan en la misma forma en Durán, núm. 606; de la penitencia de Rodrigo se trata con mucha extensión en la Crónica Sarracina, II, cap. ccliiii (fol. 218, edic. de Alcalá, 1587).
414-11. quiere más ser más labrador que rey: todos los edit. omiten un más; pero es posible que Doña Rodríguez quería, a su modo, reforzar la frase con la repetición de más. No parece lícito enmendar la plana al original.
414-27. que con otro... lo deseche: Com. y Entr., III,
124-4; IV, 107-5, y sobre todo la enmienda, V, 362; ya lo había aclarado Arrieta en su D. Q., V. 333.
414-30. El texto: lealess.
415-15. El texto: tres.
415-18. El texto: razon razon.
417-18. El texto: de tomar yo.
418-13. Micael Verino: De los dísticos latinos de Miguel Verino hubo varias edic., entre ellas algunas impresas en España, después de la primera de Florencia, 1487. Vid. el Manual de Palau, VII, 159; la cita latina del texto es de un epigrama que en honor de Verino compuso Policiano, y que se halla al frente de los dísticos. Estos sirvieron, al parecer, de texto en las escuelas, con lo cual se explica la frecuencia con que se publicaron. Cons. el art. Miguel Verí; en la Enciclopedia Espasa.
418-25. El texto: las.
420-2. El texto: assí niñas.
421-12. Fué Sancho quien contó a la duquesa la aventura de la cueva.
422-26. puesto [se]: es enmienda de Mayáns en la edic. de Tonson, 1738.
423-8. del: enmendado por otros edits.: della; puede aludir a un sujeto mental masc. árbol, en vez de encina.
423-9. pugnando subir: así el texto; es posible que Cerv. pensase haber escrito procurando subirse como pocos renglones atrás.
424-21. Sobre este romance véase Gallardo (Ensayo,
IV, col. 316) donde describe un pliego suelto, que quizá sea el mismo de la B. N. mencionado por R. M., V, 212.
426-22. El Comendador Griego: es alusión a su colección de refranes, impresa en Salamanca en 1555, vid. Gallardo, III, 982, núm. 3243 y ss.
426-23. El texto: son menos en de.
426-29. paranzas (y) presto: considero esta y redundante; ya ocurre con frecuencia en este párrafo, en el que y aparece 14 veces; alg. edic. leen y puestos; vid. Hartzenbusch, nota 1.300.
427-24. vn postillón (que) en trage, etcét.: para Clem. esta frase no se entiende; como ocurre a menudo en Cerv. parece haber un que pleonástico; con omitirlo la construcción queda bien.
427-25. El texto: voz.
428-28. El mismo lugar que: comp. D. Q., I, 53-4; arriba, págs. 45-5 y 95-15.
430-6. El texto: los.
431-7. Lirgandeo: acerca de los personajes de los libros de caball. aludidos en este pasaje cons. Clem., V, 210 y ss.; también D. Q., II, 288-1.
433-10. diciplinante de luz: cons. Nov. ejemp., III, 163-19, Com. y Entr., II, 6-23.
434-14. Merlin: en vez de Merlín, esperamos a Montesinos, a quien el diablo postillón había anunciado antes, como reparó Clem.; pero Cerv. supo hacer de este cambio inesperado otro incidente divertido. Sobre Merlín véase K. Pietsch: Spanish Grail Fragments, I, 57: La estoria de Merlin e cuyo Fijo fué. De El baladro del sabio Merlín y La Demanda del sancto grial, hay reimpr. en Libr. de Caball., I, N. B. A. E. Es
evidente que Cerv. estaba bien enterado en la materia de estas leyendas. Comp. D. Q., I, 167-25; II, 365-31, arriba 281-3; Clem., V, 222.
435-14. El texto: se de deue.
435-34. El texto: Duulcinea.
437-21. El texto: machuelo.
439-3. El texto: Dulcina.
439-12. El texto: a que, al parecer por ã que.
441-5. correo (y) dio: otra vez y redundante.
442-17. El texto: los.
443-15. El texto: las.
445-2. las obras de caridad... ni valen nada: por ser error teológico este pasaje fué suprimido en la mayor parte de edic. impresas en España, desde la de Valencia, 1616; véase Rius, I, 17; Fitzmaurice-Kelly, edic. D. Q., II, 287; R. M. u. e., VII, apén. xxxi.
447-21. Calongia: véase Cov., voz canonigo.
450-11. Algunos ejempl.: vaestro.
451-6. Algunos ejempl.: vindas.
451-20. de lueñas y apartadas tierras: Cerv. escribe lueñes tierras en otros lugares, vgr., D. Q., II, 38-27, y 453-22 de este tomo; muchas edic. enmiendan aquí el texto lueñes; cons. Bello-Cuervo, p. 32, nota 17 de Cuervo; ¿es posible que el manuscr. tuviese luengas, que es como se lee en las edic. de Valencia, 1616, y de Barc., 1617? Cej.: Lengua de Cerv., registra solamente lueñas en la pág. 668, pero en la pág. 1072 da lueñes (voz tierra). Cov. registra lueñes, y luengo, pero no lueñas.
453-14. El texto: la.
454-12. mi barbero: alg. edic. leen mi boticario; vid. R. M. u. e., V, 261.
513. El texto: el el.
513. El texto omite de.
514. El texto: dio dio.
515. El texto: sobrosa.
515. El texto: De donde.
Don Quijote, I, pág. 72-1: lo qual, visto; léase: lo qual visto.
Don Quijote, III, pág. 17-17: Debo a la atención de su Eminencia Mgr. Eugène Tisserant, Pro-Prefetto della Bibl. Apos. Vaticana la nota siguiente acerca de Bosio: No he encontrado ningún libro impreso, titulado: De Signis Ecclesiae, atribuído a Bosio. Es posible que el autor fuese el Evangelista Bosio de Padua, O. S. A., el cual era Regente de los Estudios y Profesor desde 1569, hasta su muerte en 1593. (Vid. Encomiasticon Augustinianum, auctore R. P. F. Phil. Elssio..., Brux. I 1654.) Dicho Bossio publicó Theoremata Theologica, Roma, 1591. No se sabe que una obra suya De Sig. Eccl. llegase a imprimirse.
p. 512
p. 513
TABLA
DE LOS CAPITVLOS DESTA SEGVNDA PARTE
DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA
_______
Págs.
_____
Capitulo I. - De lo que el cura y el barbero
passaron con don Quixote cerca de su
enfermedad..................................... 35
Capitulo II. - Que trata de la notable pendencia
que Sancho Pança tuuo con la sobrina y
ama de don Quixote con otros sugetos
graciosos...................................... 52
Capitulo III. - Del ridiculo razonamiento que
passó entre don Quixote, Sancho Pança y
el (*) bachiller Sanson Carrasco............... 60
Capitulo IV. - Donde Sancho Pança satisfaze
al bachiller Sanson Carrasco de sus dudas y
preguntas con otros sucessos dignos de
saberse y (*) contarse......................... 72
Capitulo V. - De la discreta y graciosa platica
que passó entre Sancho Pança y su muger
Teresa Pança y otros sucessos dignos de felice
recordacion.................................... 80
Capitulo VI. - De lo que le passó a don Quixote
con su sobrina y con su ama, y es vno de
los importantes capitulos de toda la historia.. 90
Capitulo VII. - De lo que passó don Quixote
con su escudero con otros sucessos
famosissimos................................... 99
Capitulo VIII. - Donde se cuenta lo que le
sucedio a don Quixote, yendo a ver a su señora
Dulcinea del Toboso............................ 110
Capitulo IX. - Donde se cuenta lo que en el
se vera........................................ 122
Capitulo X. - Donde se cuenta la industria
que Sancho tuuo para encantar a la señora
Dulcinea y de otros sucessos tan ridiculos
como verdaderos................................ 128
Capitulo XI. - De la estraña auentura que le
TABLA p. 514
Págs.
_____
sucedio al valeroso don Quixote con el carro
o carreta de las Cortes de la Muerte........... 142
Capitulo XII. - De la estraña auentura que le
sucedio al valeroso don Quixote con el brauo
Cauallero de los espejos....................... 152
Capitulo XIII. - Donde se prosigue la auentura
del Cauallero del bosque con el discreto,
nueuo y suaue coloquio que passó entre los
dos escuderos.................................. 163
Capitulo XIV. - Donde se prosigue la auentura
del Cauallero del bosque....................... 173
Capitulo XV. - Donde se cuenta y da noticia
de quien era el Cauallero de los espejos y su
escudero....................................... 190
Capitulo XVI. - De lo que sucedio a don Quixote
con vn discreto Cauallero de la Mancha......... 194
Capitulo XVII. - De donde se declaró el vltimo
punto y estremo a donde llegó y pudo
llegar el inaudito animo de don Quixote con
la felizemente acabada auentura de los leones.. 209
Capitulo XVIII. - De lo que sucedio a don
Quixote en el castillo o casa del Cauallero del
verde gauan con otras cosas extrauagantes...... 225
Capitulo XIX. - Donde se cuenta la auentura
del pastor enamorado con otros en verdad
graciosos sucessos............................. 238
Capitulo XX. - Donde se cuentan las bodas
de Camacho el rico con el sucesso de Basilio
el pobre....................................... 250
Capitulo XXI. - Donde se prosiguen las bodas
de Camacho con otros gustosos sucessos......... 264
Capitulo XXII. - Donde se cuenta la grande
auentura de la cueua de Montesinos, que está
en el coraçon de la Mancha, a quien dio (*)
felice cima el valeroso don Quixote de la Mancha 274
Capitulo XXIII. - De las admirables cosas que
el estremado don Quixote conto que auia
visto en la profunda cueua de Montesinos,
cuya impossibilidad y grandeza haze que se
tenga esta auentura por apocrifa............... 286
Capitulo XXIV. - Donde se cuentan mil çarandajas
tan impertinentes como necessarias al
verdadero entendimiento desta grande
historia....................................... 302
TABLA p. 515
Págs.
_____
Capitulo XXV. - Donde se apunta la auentura
del rebuzno y la graciosa del titerero con las
memorables adiuinanças del mono adiuino........ 312
Capitulo XXVI. - Donde se prosigue la graciosa
auentura del titerero con otras cosas en
verdad harto buenas............................ 327
Capitulo XXVII. - Donde se da cuenta quienes
eran maesse Pedro y su mono con el mal
sucesso que don Quixote tuuo en la auentura
del rebuzno, que no la acabó como el quisiera
y como lo tenia pensado........................ 340
Capitulo XXVIII. - De cosas que dize Benengeli
que las sabra quien le leyere, si las lee
con atencion................................... 350
Capitulo XXIX. - De la famosa auentura del
barco encantado................................ 358
Capitulo XXX. - De lo que le auino a don
Quixote con vna bella caçadora................. 368
Capitulo XXXI. - Que trata de muchas y grandes
cosas.......................................... 376
Capitulo XXXII. - De la re[s]puesta que dio
don Quixote a su reprehensor, con otros
graues y graciosos sucessos.................... 389
Capitulo XXXIII. - De la sabrosa (*) platica
que la Duquessa y sus donzellas passaron con
Sancho Pança, digna de que se lea y de que
se note........................................ 410
Capitulo XXXIV. - Que cuenta de la noticia
que se tuuo de cómo se auia de desencantar
la sin par Dulcinea del Toboso, que es vna de
las auenturas mas famosas deste libro.......... 421
Capitulo XXXV. - Donde se prosigue la noticia
que tuuo don Quixote del desencanto de
Dulcinea, con otros admirables sucessos........ 433
Capitulo XXXVI. - Donde se cuenta la estraña
y jamas imaginada auentura de la dueña dolorida,
alias de la Condessa Trifaldi, con vna
carta que Sancho Pança escriuio a su muger
Teresa Pança................................... 444
Capitulo XXXVII. - Donde (*) se prosigue la
famosa auentura de la dueña Dolorida........... 453
p. 516
p. 517
ÍNDICE
____
Págs.
_____
Advertencia preliminar........................... 5
Tassa............................................ 13
Fee de Erratas................................... 14
Aprouacion....................................... 15
Aprouacion....................................... 17
Aprouacion....................................... 19
Privilegio....................................... 23
Prologo al Lector................................ 27
Dedicatoria...................................... 33
Texto............................................ 35
Notas............................................ 457
Apéndice......................................... 511
* Tabla de los Capítulos......................... 513
* Según la primera edición.
[Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV]
|
|
| Página | Línea | Dice | Debe decir | |||
| 21 | 1 | de de Toledo | de Toledo | |||
| 33 | 22 | juntatamente | juntamente | |||
| 42 | 7 | disse | diesse | |||
| 50 | 29 | cetro. | cetro, | |||
| 68 | 6 | por que | porque | |||
| 77 | 13 | ha viuir | ha de viuir |
Fred F. Jehle
Indiana University - Purdue University Fort Wayne
Fort Wayne, IN 46805-1499 USA
jehle@ipfw.edu