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OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE DE LA MANCHA
TOMO IV
[sin notas]
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
Copyright © 1997 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE
DE LA MANCHA
TOMO IV
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
GRÁFICAS REUNIDAS, S. A.
M. CM. XLI.
p. 4
p. 5
ADVERTENCIA
Al terminar este cuarto y último tomo de la
obra imperecedera de Cervantes, quiero dar
mis más sinceras gracias a mis colegas y amigos
Edwin S. Morby y Dorotea Clarke, quienes,
en medio de sus propias faenas, se han dado
la molestia de leer las pruebas del texto y de
las notas. Y si se puede decir con alguna
justicia amici probantur rebus adversis, también
se puede decir que no hay mejor prueba de los
amigos que la ayuda ofrecida para descubrir y
subsanar las equivocaciones de otros, sobre
todo las erratas de imprenta que tienen la
destreza mágica de ocultarse en las pruebas sólo
para quedar patentes a la vista de todos desde
el momento en que se publica la obra.
p. 6
p. 7
Capitulo XXXVIII
Donde se cuenta la que dio de su mala andança
la dueña Dolorida.
Detras de los tristes musicos començaron a
entrar por el jardin adelante hasta cantidad de 5
doze dueñas, repartidas en dos hileras, todas
vestidas de vnos mongiles anchos, al parecer,
de anascote batanado, con vnas tocas blancas
de delgado canequi, tan luengas, que solo el
ribete del mongil descubrian. Tras ellas venia 10
la condessa Trifaldi, a quien traia de la mano
el escudero Trifaldin de la Blanca Barba, vestida
de finissima y negra vayeta por frisar, que, a
venir frisada, descubriera cada grano del
grandor de vn garuanzo de los buenos de 15
Martos (*). La cola o falda, o como llamarla
quisieren, era de tres puntas, las quales se
sustentauan en las manos de tres pages assimesmo
vestidos de luto, haziendo vna vistosa y
matematica figura con aquellos tres angulos acutos, 20
que las tres puntas formauan, por lo qual cayeron
todos los que la falda puntiaguda miraron,
que por ella se deuia llamar la Condessa
Trifaldi, como si dixessemos la Condessa de las
tres faldas; y, assi, dize Benengeli que fue 25
verdad, y que de su propio apellido se llamó (*)
la Condessa Lobuna, a causa que se criauan
en su condado muchos lobos, y que, si como
eran lobos fueran zorras, la llamaran la
Condessa Zorruna, por ser costumbre en aquellas 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 8
partes tomar los señores la denominacion de
sus nombres de la cosa, o cosas, en que mas
sus estados abundan; empero esta condessa,
por fauorecer la nouedad de su falda, dexó el
Lobuna, y tomó el Trifaldi. 5
Venian las doze dueñas y la señora a paso
de procession, cubiertos los rostros con vnos
velos negros, y no trasparentes como el de
Trifaldin, sino tan apretados que ninguna cosa
se trasluzian (*). 10
Assi como acabó de parecer el dueñesco
esquadron, el duque, la duquessa y don Quixote
se pusieron en pie, y todos aquellos que la
espaciosa procession mirauan. Pararon las
doze dueñas y hizieron calle, por medio de la 15
qual la Dolorida se adelantó, sin dexarla de la
mano Trifaldin; viendo lo qual el duque, la
duquessa y don Quixote, se adelantaron obra
de doze pasos a recebirla. Ella puesta[s] (*) las
rodillas en el suelo, con voz antes basta y ronca 20
que sutil y dilicada, dixo:
Vuestras grandezas sean seruidas de no
hazer tanta cortesia a este su criado, digo a
esta su criada, porque segun soy de dolorida,
no acertaré a responder a lo que deuo, a causa 25
que mi estraña y jamas vista desdicha me ha
lleuado el entendimiento, no se adónde, y deue
de ser muy lexos, pues quanto mas le busco,
menos le hallo.
Sin el estaria, respondio el duque, señora 30
condessa, el que no descubriese por vuestra
persona vuestro valor, el qual, sin mas ver, es
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 9
merecedor de toda la nata de la cortesia,
y de toda la flor de las bien criadas
ceremonias.
Y, leuantandola de la mano, la lleuó a assentar
en vna silla junto a la duquessa, la qual la 5
recibio assimismo con mucho comedimiento.
Don Quixote callaua, y Sancho andaua
muerto por ver el rostro de la Trifaldi y de
alguna de sus muchas dueñas; pero no fue
possible, hasta que ellas de su grado y 10
voluntad se descubrieron. Sossegados todos y
puestos en silencio, estauan esperando quién le
auia de romper, y fue la dueña Dolorida con
estas palabras:
Confiada estoy, señor poderosissimo, 15
hermosissima señora y discretissimos circunstantes,
que ha de hallar mi cuytissima en vuestros
valerosissimos pechos acogimiento, no menos
placido que generoso y doloroso; porque ella
es tal, que es bastante a enternecer los 20
marmoles, y a ablandar los diamantes, y a
molificar los azeros de los mas endurecidos
coraçones del mundo; pero antes que salga a la
plaza de vuestros oydos, por no dezir orejas,
quisiera que me hizieran sabidora si está en 25
este gremio, corro y compañia, el acendradissimo
cauallero don Quixote de la Manchissima,
y su escuderissimo Pança.
El Pança, antes que otro respondiesse,
dixo Sancho, aqui está, y el don Quixotissimo 30
assimismo; y, assi, podreys, dolorosissima
dueñissima, dezir lo que quisieridissimis; que todos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 10
estamos prontos y aparejadissimos a ser
vuestros seruidorissimos.
En esto, se leuantó don Quixote, y, encaminando
sus razones a la Dolorida dueña, dixo:
Si vuestras cuytas, angustiada señora, se 5
pueden prometer alguna esperança (*) de
remedio por algun valor o fuerças de algun
andante cauallero, aqui estan las mias, que,
aunque flacas y breues, todas se emplearán en
vuestro seruicio. Yo soy don Quixote de la 10
Mancha, cuyo asumpto es acudir a toda suerte
de menesterosos, y siendo esto assi, como lo
es, no aueis menester, señora, captar
beneuolencias, ni buscar preambulos, sino a la llana
y sin rodeos dezir (*) vuestros males; que oydos 15
os escuchan, que sabran, si no remediarlos,
dolerse dellos.
Oyendo lo qual la Dolorida dueña, hizo
señal de querer arrojarse a los pies de don
Quixote, y aun se arrojó, y pugnando por 20
abraçarselos, dezia:
Ante (*) estos pies y piernas me arrojo, o
cauallero inuicto, por ser los que son basas y
colunas de la andante caualleria; estos pies
quiero besar, de cuyos pasos pende y cuelga 25
todo el remedio de mi desgracia, ¡o valeroso
andante, cuyas verdaderas fazañas dexan atras
y escurecen las fabulosas de los Amadisses,
Esplandianes y Belianisses!
Y, dexando a don Quixote, se boluio a Sancho 30
Pança y, assiendole de las manos, le dixo:
¡O tu el mas leal escudero que jamas siruio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 11
a cauallero andante en los presentes, ni en los
passados siglos, mas luengo en bondad que la
barba de Trifaldin, mi acompañador que está
presente!, bien puedes preciarte que en seruir
al gran don Quixote sirues en cifra a toda la 5
caterua de caualleros que han tratado las
armas en el mundo. Conjurote, por lo que
deues a tu bondad fidelissima, me seas buen
intercessor con tu dueño, para que luego
fauorezca a esta humilissima y desdichadissima 10
condessa.
A lo que respondio Sancho:
De que sea mi bondad, señoria (*) mia, tan
larga y grande, como la barba de vuestro
escudero, a mi me haze muy poco al caso; 15
barbada y con vigotes tenga yo mi alma quando
desta vida vaya, que es lo que importa; que
de las barbas de aca poco o nada me curo;
pero, sin essas socaliñas (*) ni plegarias, yo
rogaré a mi amo, que se que me quiere bien, 20
y mas agora que me ha menester para cierto
negocio, que fauorezca y ayude a vuessa merced
(*) en todo lo que pudiere; vuessa merced
desembaule su cuyta, y cuentenosla, y dexe
hazer; que todos nos entenderemos. 25
Rebentauan de risa con estas cosas los
duques, como aquellos que auian tomado el
pulso a la tal auentura, y alabauan entre si la
agudeza y dissimulacion de la Trifaldi, la qual,
boluiendose assentar, dixo: 30
Del famoso reyno de Candaya, que cae entre
la gran Trapobana (*) y el mar del Sur, dos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 12
leguas mas alla del cabo Comorin (*), fue
señora la reyna doña Maguncia, viuda del rey
Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio
tuuieron y procrearon a la infanta Antonomasia,
heredera del reyno, la qual dicha infanta 5
Antonomasia se crio; y crecio debaxo de mi
tutela y doctrina, por ser yo la mas antigua y
la mas principal dueña de su madre. Sucedio,
pues, que yendo dias y viniendo dias, la niña
Antonomasia llegó a edad de catorze años, 10
con tan gran perfecion de hermosura, que no
la pudo subir mas de punto la naturaleza.
Pues ¡digamos agora que la discrecion era
mocosa! Assi era discreta como bella, y era la
mas bella del mundo, y lo es, si ya los hados 15
inuidiosos y las parcas endurecidas no la han
cortado la estambre de la vida; pero no auran,
que no han de permitir los cielos que se haga
tanto mal a la tierra, como seria lleuarse en
agraz el razimo del mas hermoso veduño del 20
suelo.
De esta hermosura, y no como se deue
encarecida de mi torpe lengua, se enamoró vn
numero infinito de principes, assi naturales
como estrangeros, entre los quales osó leuantar 25
los pensamientos al cielo de tanta belleza
vn cauallero particular, que en la corte estaua,
confiado en su mocedad y en su bizarria y en
sus muchas habilidades y gracias, y facilidad y
felicidad de ingenio; porque hago saber a 30
vuestras grandezas, si no lo tienen por enojo (*),
que tocaua vna guitarra que la hazia hablar, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 13
mas que era poeta y gran baylarin, y sabia
hazer vna xaula de paxaros, que solamente
a hazerlas pudiera ganar la vida, quando se
viera en estrema necessidad; que todas estas
partes y gracias son bastantes a derribar vna 5
montaña, no que (*) vna delicada donzella. Pero
toda su gentileza y buen donayre, y todas sus
gracias y habilidades fueran poca o ninguna
parte para rendir la fortaleza de mi niña, si el
ladron desuellacaras no vsara del remedio de 10
rendirme a mi primero. Primero quiso el
malandrin y desalmado vagamundo grangearme
la voluntad, y coecharme el gusto, para que
yo, mal alcayde, le entregasse las llaues de la
fortaleza que guardaua. 15
En resolucion, el me aduló el entendimiento,
y me rindio la voluntad con no se qué
dixes y brincos que me dio; pero lo que mas
me hizo postrar y dar conmigo por el suelo
fueron vnas coplas que le oi cantar vna noche, 20
desde vna reja que caia a vna callejuela donde
el estaua, que si mal no me acuerdo dezian:
De la dulce mi enemiga
nace vn mal que al alma hiere,
y por mas tormento, quiere 25
que se sienta y no se diga (*).
Pareciome la troba de perlas, y su voz, de
almibar, y despues aca, digo, desde entonces,
viendo el mal en que cai por estos y otros
semejantes versos, he considerado que de las 30
buenas y concertadas republicas se auian de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 14
desterrar los poetas, como aconsejaua Platon,
a lo menos los lasciuos (*), porque escriuen
vnas coplas, no como las del marques de
Mantua (*), que entretienen y hazen llorar los
niños y a las mugeres, sino vnas agudezas 5
que a modo de blandas espinas os atrauiessan
el alma, y como rayos os hieren en ella,
dexando sano el vestido (*), y otra vez cantó:
Ven, muerte, tan escondida,
que no te sienta venir; 10
porque el placer del morir
no me torne a dar la vida (*).
Y deste jaez otras coplitas y estrambotes
que, cantados encantan, y escritos suspenden;
pues ¿qué quando se humillan a componer vn 15
genero de verso que en Candaya se vsaua
entonces, a quien ellos llamauan seguidillas?
Alli era el brincar de las almas, el retozar de
la risa, el dessassossiego de los cuerpos, y,
finalmente, el azogue de todos los sentidos. Y 20
assi, digo, señores mios, que los tales trobadores
con justo titulo los deuian desterrar a las
Islas de los Lagartos (*). Pero no tienen ellos
la culpa, sino los simples que los alaban, y
las bobas que los creen. Y si yo fuera la buena 25
dueña que deuia, no me auian de mouer sus
trasnochados conceptos, ni auia de creer ser
verdad aquel dezir: «Viuo muriendo, ardo en
»el yelo, tiemblo en el fuego, espero sin
»esperança, partome y quedome», con otros 30
impossibles desta ralea, de que estan sus
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 15
escritos llenos. Pues ¿qué quando prometen el
fenix de Arabia, la corona de Aridiana (*), los
cauallos del Sol, del Sur las perlas, de Tibar
el oro, y de Pancaya el balsamo (*)? Aqui es
donde ellos alargan mas la pluma, como les 5
cuesta poco prometer lo que jamas piensan,
ni pueden cumplir. Pero ¿dónde me diuierto?
¡Ay de mi desdichada! ¿Qué locura, o qué
desatino me lleua a contar las agenas faltas,
teniendo tanto que dezir de las mias? ¡Ay de mi, 10
otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los
versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron
las musicas, sino mi liuiandad; mi mucha
ignorancia y mi poco aduertimiento abrieron el
camino y desembaraçaron la senda a los pasos 15
de don Clauijo, que este es el nombre del referido
cauallero; y assi, siendo yo la medianera,
el se halló vna y muy muchas vezes en la
estancia de la por mi y no por el engañada
Antonomasia, debaxo del titulo de verdadero 20
esposo; que aunque pecadora, no consintiera
que, sin ser su marido, la llegara a la vira de
la suela de sus çapatillas. ¡No, no, esso no; el
matrimonio ha de yr adelante en qualquier
negocio destos, que por mi se tratare! 25
Solamente huuo vn daño en este negocio, que fue
el de la desigualdad, por ser don Clauijo vn
cauallero particular, y la infanta Antonomasia
heredera, como ya he dicho, del reyno.
Algunos dias estuuo encubierta y solapada 30
en la sagazidad de mi recato esta maraña,
hasta que me parecio que la yua descubriendo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 16
mas andar no se qué hinchazon del vientre de
Antonomasia, cuyo temor nos hizo entrar en
bureo a los tres, y salio del, que antes que se
saliesse a luz el mal recado, don Clauijo
pidiesse ante el vicario por su muger a 5
Antonomasia, en fe de vna cedula, que de ser su
esposa la infanta le auia hecho, notada por mi
ingenio con tanta fuerça, que las de Sanson no
pudieran romperla. Hizieronse las diligencias,
vio el vicario la cedula, tomó el tal vicario la 10
confession a la señora, confessó de plano,
mandola depositar en casa de vn alguazil de corte
muy honrado.
A esta sazon dixo Sancho:
Tambien en Candaya ay alguaziles de corte, 15
poetas y seguidillas: por lo que puedo jurar
que imagino que todo el mundo es vno; pero
dese vuessa merced priesa, señora Trifaldi, que
es tarde, y ya me muero por saber el fin desta
tan larga historia. 20
Si hare, respondio la condessa.
p. 17
Capitulo XXXIX
Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable
historia.
De qualquiera palabra que Sancho dezia la
duquessa gustaua tanto, como se desesperaua 5
don Quixote, y, mandandole que callasse, la
Dolorida prosiguio, diziendo:
En fin, al cabo de muchas demandas y
respuestas, como la infanta se estaua siempre en
sus treze (*), sin salir ni variar de la primera 10
declaracion, el vicario sentenció en fauor de don
Clauijo, y se la entregó por su legitima esposa,
de lo que recibio tanto enojo la reyna doña
Maguncia, madre de la infanta Antonomasia,
que dentro de tres dias la enterramos. 15
Deuio de morir, sin duda, dixo Sancho.
Claro está, respondio Trifaldin; que en
Candaya no se entierran las personas viuas,
sino las muertas.
Ya se ha visto, señor escudero, replicó 20
Sancho, enterrar vn desmayado, creyendo ser
muerto, y pareciame a mi que estaua la reyna
Maguncia obligada a desmayarse antes que a
morirse; que con la vida muchas cosas se
remedian, y no fue tan grande el disparate de 25
la infanta, que obligasse a sentirle tanto;
quando se huuiera casado essa señora con algun
page suyo, o con otro criado de su casa, como
han hecho otras muchas, segun he oydo dezir,
fuera el daño sin remedio; pero el auerse 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 18
casado con vn cauallero tan gentilhombre, y tan
entendido como aqui nos le han pintado, en
verdad en verdad, que aunque fue necedad,
no fue tan grande como se piensa. Porque segun
las reglas de mi señor, que está presente 5
y no me dexará mentir, assi como se hazen de
los hombres letrados los obispos, se pueden
hazer de los caualleros, y mas si son andantes,
los reyes y los emperadores.
Razon tienes, Sancho, dixo don Quixote, 10
porque vn cauallero andante, como tenga dos
dedos de ventura, está en potencia propinqua
de ser el mayor señor del mundo. Pero passe
adelante la señora Dolorida; que a mi se me
trasluze que le falta por contar lo amargo 15
desta hasta aqui dulce historia.
Y ¡cómo si queda lo amargo!, respondio la
condessa; y tan amargo, que en su comparacion
son dulces las tueras, y sabrosas las adelfas
(*). Muerta, pues, la reyna, y no desmay[a]da, 20
la enterramos, y apenas la cubrimos con la
tierra, y apenas le dimos el vltimo vale, quando,
quis talia fando temperet a lachrymis? (*),
puesto sobre vn cauallo de madera, parecio
encima de la sepultura de la reyna el gigante 25
Malambruno, primo cormano de Maguncia,
que junto con ser cruel era encantador, el qual
con sus artes, en vengança de la muerte de su
cormana, y por castigo del atreuimiento de don
Clauijo, y por despecho de la demasia de 30
Antonomasia, los dexó encantados sobre la mesma
sepultura, a ella, conuertida en vna ximia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 19
bronze, y a el, en vn espantoso cocodrilo de vn
metal no conocido, y entre los dos está vn
padron assimismo de metal, y en el escritas en
lengua siriaca vnas letras, que, auiendose
declarado en la candayesca, y aora en la 5
castellana, encierran esta sentencia: «No cobrarán
»su primera forma estos dos atreuidos amantes,
»hasta que el valeroso Manchego venga conmigo
»a las manos en singular batalla; que para solo
»su gran valor guardan los hados esta nunca 10
»vista auentura (*).»
Hecho esto, sacó de la vayna vn ancho y
desmesurado alfange, y, assiendome a mi por
los cabellos, hizo finta (*) de querer segarme la
gola, y cortarme cercen la cabeça. Turbeme, 15
pegoseme la voz a la garganta, quedé mohina
en todo estremo; pero con todo me esforce lo
mas que pude, y, con voz tembladora y doliente,
le dixe tantas y tales cosas, que le hizieron
suspender la execucion de tan riguroso 20
castigo. Finalmente, hizo traer ante si todas
las dueñas de palacio, que fueron estas que
estan presentes, y despues de auer exagerado
nuestra culpa, y vituperado las condiciones de
las dueñas, sus malas mañas y peores traças, 25
y, cargando a todas la culpa que yo sola tenia,
dixo que no queria con pena capital castigarnos,
sino con otras penas dilatadas, que nos
diessen vna muerte ciuil y continua, y en aquel
mismo momento y punto que acabó de dezir 30
esto, sentimos todas que se nos abrian los
poros de la cara, y que por toda ella nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 20
punçauan como con puntas de agujas; acudimos
luego con las manos a los rostros, y hallamonos
de la manera que aora vereis.
Y luego la Dolorida y las demas dueñas
alçaron los antifazes con que cubiertas venian, 5
y descubrieron los rostros todos poblados de
barbas, quales rubias, quales negras, quales
blancas, y quales albarraçadas, de cuya vista
mostraron quedar admirados el duque y la
duquessa, pasmados don Quixote y Sancho, y 10
atonitos todos los presentes, y la Trifaldi
prosiguio:
Desta manera nos castigó aquel follon y
mal intencionado de Malambruno, cubriendo la
blandura y moruidez de nuestros rostros con 15
la aspereza destas cerdas; que pluguiera al
cielo que antes con su desmesurado alfange
nos huuiera derribado las testas, que no que
nos assombrara la luz de nuestras caras con
esta borra que nos cubre, porque si entramos 20
en cuenta, señores mios --y esto que voy a
dezir agora, lo quisiera dezir hechos mis ojos
fuentes, pero la consideracion de nuestra
desgracia y los mares que hasta aqui han llouido,
los tienen sin humor y secos como aristas, y, 25
assi, lo dire sin lagrimas--, digo, pues, que
¿adónde podra yr vna dueña con barbas? ¿Qué
padre, o qué madre se dolera della? ¿Quién la
dara ayuda? Pues aun quando tiene la tez lisa,
y el rostro martyrizado con mil suertes de 30
menjurges y mudas, apenas halla quien bien la
quiera, ¿qué hara quando descubra hecho vn
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 21
bosque su rostro? ¡O dueñas y compañeras
mias, en desdichado punto nacimos, en hora
menguada nuestros padres nos engendraron!
Y, diziendo esto, dio muestras de
desmayarse. 5
p. 22
Capitulo XL
De cosas que atañen y tocan a esta auentura
y a esta memorable historia.
Real y verdaderamente todos los que gustan
de semejantes historias como esta deuen de 5
mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su autor
primero, por la curiosidad que tuuo en contarnos
las seminimas (*) della, sin dexar cosa, por
menuda que fuesse, que no la sacasse a luz
distintamente. Pinta los pensamientos, descubre 10
las imaginaciones, responde a las tacitas,
aclara las dudas, resuelue los argumentos;
finalmente, los atomos del mas curioso desseo
manifiesta: ¡O autor celeberrimo! ¡O don
Quixote dichoso! ¡O Dulcinea famosa! ¡O Sancho 15
Pança gracioso! Todos juntos y cada vno de
por si viuais siglos infinitos, para gusto y
general passatiempo de los viuientes.
Dize, pues, la historia que assi como Sancho
vio desmayada a la Dolorida, dixo: 20
Por la fe de hombre de bien juro, y por el
siglo de todos mis passados los Panças, que
jamas he oydo ni visto, ni mi amo me ha
contado, ni en su pensamiento ha cabido
semejante auentura como esta. Valgate mil 25
Satanases, por no maldezirte, por encantador y
gigante, Malambruno, y ¿no hallaste otro genero
de castigo que dar a estas pecadoras, sino
el de barbarlas? ¿Cómo y no fuera mejor, y a
ellas les estuuiera mas a cuento, quitarles la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 23
mitad de las narizes de medio arriba, aunque
hablaran gangoso, que no ponerles barbas?
Apostaré yo que no tienen hazienda para
pagar a quien las rape.
Assi es la verdad, señor, respondio vna 5
de las doze; que no tenemos hazienda para
mondarnos, y, assi, hemos tomado algunas de
nosotras por remedio ahorratiuo de vsar de
vnos pegotes o parches pegajosos, y,
aplicandolos a los rostros y tirando de golpe, 10
quedamos rasas y lisas como fondo de mortero de
piedra; que puesto que ay en Candaya mugeres
que andan de casa en casa a quitar el bello y
a pulir las cejas y hazer otros menjurges
tocantes a mugeres, nosotras las dueñas de mi 15
señora por jamas quisimos admitirlas, porque
las mas oliscan a terceras, auiendo dexado de
ser primas; y si por el señor don Quixote no
somos remediadas, con barbas nos lleuarán a
la sepultura. 20
Yo me pelaria las mias, dixo don Quixote,
en tierra de moros, si no remediasse las
vuestras.
A este punto boluio de su desmayo la
Trifaldi, y dixo: 25
El retintin dessa promessa, valeroso
cauallero, en medio de mi desmayo llegó a mis
oydos, y ha sido parte para que yo del buelua
y cobre todos mis sentidos, y assi, de nueuo os
suplico, andante inclito y señor indomable, 30
vuestra graciosa promessa se conuierta en
obra.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 24
Por mi no quedará, respondio don Quixote;
ved, señora, qué es lo que tengo de hazer;
que el animo está muy pronto para seruiros.
Es el caso, respondio la Dolorida, que
desde aqui al reyno de Candaya, si se va por 5
tierra, ay cinco mil leguas, dos mas a menos;
pero si se va por el ayre, y por la linea recta,
ay tres mil y dozientas y veynte y siete. Es
tambien de saber que Malambruno me dixo
que quando la suerte me deparasse al cauallero 10
nuestro libertador, que el le embiaria vna
caualgadura harto mejor y con menos malicias
que las que son de retorno (*), porque ha de ser
aquel mesmo cauallo de madera sobre quien
lleuó el valeroso Pierres robada a la linda 15
Magalona (*), el qual cauallo se rige por vna
clauija que tiene en la frente, que le sirue de
freno, y buela por el ayre con tanta ligereza,
que parece que los mesmos diablos le lleuan.
Este tal cauallo, segun es tradicion antigua, fue 20
compuesto por aquel sabio Merlin; prestosele
a Pierres que era su amigo, con el qual hizo
grandes viages y robó, como se ha dicho, a la
linda Magalona, lleuandola a las ancas por el
ayre, dexando embobados a quantos desde la 25
tierra los mirauan; y no le prestaua sino a
quien el queria o mejor se lo pagaua, y desde
el gran Pi[e]rres hasta aora no sabemos que
aya subido alguno en el. De alli le ha sacado
Malambruno con sus artes y le tiene en su poder, 30
y se sirue del en sus viages, que los haze
por momentos, por diuersas partes del mundo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 25
y oy está aqui y mañana en Francia, y otro dia
en Potosi, y es lo bueno que el tal cauallo ni
come, ni duerme (*), ni gasta herraduras, y lleua
vn portante por los ayres, sin tener alas, que
el que lleua encima puede lleua[r] vna taça 5
llena de agua en la mano, sin que se le derrame
gota, segun camina llano y reposado; por
lo qual la linda Magalona se holgaua mucho
de andar cauallera en el.
A esto dixo Sancho: 10
Para andar reposado y llano, mi ruzio,
puesto que no anda por los ayres; pero, por
la tierra, yo le cutire (*) con quantos portantes
ay en el mundo.
Rieronse todos y la Dolorida prosiguio: 15
Y este tal cauallo, si es que Malambruno
quiere dar fin a nuestra desgracia, antes que
sea media hora entrada la noche estara en
nuestra presencia; porque el me significó que
la señal que me daria por donde yo entendiesse 20
que auia hallado el cauallero que buscaua,
seria embiarme el cauallo, donde fuesse,
con comodidad y presteza.
Y ¿quántos caben en esse cauallo?
preguntó Sancho. 25
La Dolorida respondio:
Dos personas, la vna en la silla y la otra
en las ancas, y por la mayor parte estas tales
dos personas son cauallero y escudero, quando
falta alguna robada donzella. 30
Querria yo saber, señora Dolorida, dixo
Sancho, qué nombre tiene esse cauallo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 26
El nombre, respondio la Dolorida, no es
como el cauallo de Belorofonte, que se llamaua
Pegaso, ni como el del Magno Alexandro, llamado
Buzefalo, ni como el del furioso Orlando,
cuyo nombre fue Brilladoro, ni menos Bayarte, 5
que fue el de Reynaldos de Montaluan, ni
Frontino como el de Rugero, ni Bootes ni Peritoa,
como dizen que se llaman los del Sol, ni
tampoco se llama Orelia, como el cauallo en que
el desdichado Rodrigo, vltimo rey de los godos, 10
entró en la batalla donde perdio la vida y
el reyno (*).
Yo apostaré, dixo Sancho, que pues no
le han dado ninguno dessos famosos nombres
de cauallos tan conocidos, que tampoco le 15
auran dado el de mi amo, Rozinante, que en
ser propio excede a todos los que se han
nombrado.
Assi es, respondio la barbada condessa;
pero todauia le quadra mucho, porque se 20
llama Clauileño el Aligero, cuyo nombre
conuiene con el ser de leño y con la clauija que
trae en la frente, y con la ligereza con que
camina, y assi, en quanto al nombre, bien
puede competir con el famoso Rozinante. 25
No me descontenta el nombre, replicó
Sancho; pero ¿con qué freno o con qué
xaquima se gouierna?
Ya he dicho, respondio la Trifaldi, que
con la clauija, que boluiendola a vna parte o a 30
otra el cauallero que va encima, le haze
caminar como quiere, o ya por los ayres, o ya
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 27
rastreando y casi barriendo la tierra, o por el
medio, que es el que se busca y se ha de tener
en todas las acciones bien ordenadas.
Ya lo querria ver, respondio Sancho; pero
pensar que tengo de subir en el, ni en la silla 5
ni en las ancas, es pedir peras al olmo. ¡Bueno
es que apenas puedo tenerme en mi ruzio, y
sobre vn albarda mas blanda que la mesma
seda, y querrian aora que me tuuiesse en vnas
ancas de tabla sin coxin ni almohada alguna! 10
Pardiez, yo no me pienso moler por quitar las
barbas a nadie; cada qual se rape como mas
le viniere a cuento; que yo no pienso acompañar
a mi señor en tan largo viage, quanto mas
que yo no deuo de hazer al caso para el 15
rapamiento destas barbas como lo soy para el
desencanto de mi señora Dulcinea.
Si soys, amigo, respondio la Trifaldi; y
tanto que sin vuestra presencia entiendo que
no haremos nada. 20
¡Aqui del rey!, dixo [S]ancho. ¿Qué tienen
que ver los escuderos (*) con las auenturas de
sus señores? ¿Hanse de lleuar ellos la fama
de las que acaban, y hemos de lleuar nosotros
el trabajo? ¡Cuerpo de mi! Aun si dixessen los 25
historiadores: «El tal cauallero acabó la tal y
»tal auentura; pero con ayuda de fulano su
»escudero, sin el qual fuera impossible el acabarla»;
»pero, ¡que escriuan a secas: «Don Paralipomenon
»de las Tres Estrellas acabó la auentura 30
»de los seys vest[i]glos», sin nombrar la persona
de su escudero que se halló presente a todo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 28
como si no fuera en el mundo! Aora, señores,
bueluo a dezir que mi señor se puede yr solo,
y buen prouecho le haga; que yo me quedaré
aqui en compañia de la duquessa mi señora,
y podria ser que quando boluiesse hallasse 5
mejorada la causa de la señora Dulcinea en
tercio y quinto; porque pienso, en los ratos
ociosos y desocupados, darme vna tanda de
açotes, que no me la cubra pelo (*).
Con todo esso, le aueis de acompañar si 10
fuere necessario, buen Sancho, porque os lo
rogarán buenos; que no han de quedar por
vuestro inutil temor tan poblados los rostros
destas señoras, que cierto seria mal caso.
¡Aqui del rey otra vez!, replicó Sancho. 15
Quando esta caridad se hiziera por algunas
donzellas recogidas, o por algunas niñas de la
doctrina, pudiera el hombre auentura[r]se a
qualquier trabajo; pero que lo sufra por quitar
las barbas a dueñas, ¡mal año! Mas que las 20
viesse yo a todas con barbas desde la mayor
hasta la menor, y de la mas melindrosa hasta
la mas repulgada.
Mal estais con las dueñas, Sancho amigo,
dixo la duquessa; mucho os vais tras la opinion 25
(*) del boticario toledano; pues a fe que
no teneis razon: que dueñas ay en mi casa que
pueden ser exemplo de dueñas; que aqui está
mi doña Rodriguez que no me dexará dezir
otra cosa. 30
Mas que la diga vuestra excelencia, dixo
Rodriguez; que Dios sabe la verdad de todo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 29
y buenas o malas, barbadas o lampiñas que
seamos las dueñas, tambien (*) nos pario nuestra
madre (*) como a las otras mugeres, y pues
Dios nos echó en el mundo, El sabe para qué,
y a su misericordia me atengo, y no a las 5
barbas de nadie.
Aora bien, señora Rodriguez, dixo don
Quixote, y señora Trifaldi y compañia, yo
espero en el cielo que mirará con buenos ojos
vuestras cuytas; que Sancho hara lo que yo le 10
mandare, ya viniesse Clauileño, y ya me viesse
con Malambruno; que yo se que no auria nauaja
que con mas facilidad rapase a vuestras
mercedes como mi espada raparia de los ombros
la cabeça de Malambruno; que Dios sufre 15
a los malos, pero no para siempre.
¡Ay!, dixo a esta sazon la Dolorida. Con
benignos ojos miren a vuestra grandeza,
valeroso cauallero, todas las estrellas de las
regiones celestes e infundan en vuestro animo 20
toda prosperidad y valentia para ser escudo y
a[m]paro del vituperoso y abatido genero
dueñesco, abominado de boticarios, murmurado
de escuderos y socaliñado de pages; que mal
aya la vellaca que en la flor de su edad no se 25
metio primero a ser monja, que a dueña.
¡Desdichadas de nosotras las dueñas; que aunque
vengamos por linea recta de varon en varon
del mismo Hector el troyano, no dexaran (*) de
echaros vn vos (*) nuestras señoras si pensassen 30
por ello ser reynas! ¡O gigante Malambruno,
que aunque eres encantador, eres certissimo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 30
en tus promessas! Embianos ya al sin par
Clauileño, para que nuestra desdicha se acabe;
que si entra el calor y estas nuestras barbas
duran, ¡guay de nuestra ventura!
Dixo esto con (*) tanto sentimiento la Trifaldi, 5
que sacó las lagrimas de los ojos de todos los
circunstantes, y aun arrasó los de Sancho, y
propuso en su coraçon de acompañar a su señor
hasta las vltimas partes del mundo, si es
que en ello consistiesse quitar la lana de 10
aquellos venerables rostros.
p. 31
Capitulo XLI
De la venida de Clauileño, con el fin
desta dilatada auentura.
Llegó en esto la noche, y con ella el punto
determinado en que el famoso cauallo Clauileño 5
viniesse, cuya tardança fatigaua ya a don
Quixote, pareciendole que, pues Malambruno
se detenia en embiarle, o que el no era el
cauallero para quien estaua guardada aquella
auentura, o que Malambruno no osaua venir con el 10
a singular batalla. Pero veis aqui, quando a
deshora entraron por el jardin quatro saluages
vestidos todos de verde yedra, que sobre sus
ombros traian vn gran cauallo de madera;
pusieronle de pies (*) en el suelo, y vno de los 15
saluages dixo:
Suba sobre esta maquina el que (*) tuuiere
animo para ello...
Aqui, dixo Sancho, yo no subo, porque
ni tengo animo, ni soy cauallero. 20
Y el saluage prosiguio, diziendo:
Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo
tiene, y fiese del valeroso Malambruno, que si
no fuere de su espada, de ninguna otra ni de
otra malicia sera ofendido; y no ay mas que 25
torcer esta clauija que sobre el cuello trae
puesta, que el los lleuará por los ayres adonde
los atiende Malambruno; pero porque la alteza
y sublimidad del camino no les cause vaguidos,
se han de cubrir los ojos hasta que el cauallo 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 32
relinche, que sera señal de auer dado fin
a su viage.
Esto dicho, dexando a Clauileño, con gentil
continente se boluieron por donde auian venido.
La Dolorida, assi como vio al cauallo, casi 5
con lagrimas dixo a don Quixote:
Valeroso cauallero, las promessas de
Malambruno han sido ciertas, el cauallo esta en
casa, nuestras barbas crecen, y cada vna de
nosotras y con cada pelo dellas te suplicamos 10
nos rapes y tundas, pues no está en mas sino
en que subas en el con tu escudero y des felice
principio a vuestro nueuo viage.
Esso hare yo, señora condessa Trifaldi, de
muy buen grado y de mejor talante, sin ponerme 15
a tomar coxin, ni calçarme espuelas, por no
detenerme; tanta es la gana que tengo de veros
a vos, señora, y a todas estas dueñas rasas y
mondas.
Esso no hare yo, dixo Sancho, ni de malo 20
ni de buen talante, en ninguna manera; y si es
que este rapamiento no se puede hazer sin que
yo suba a las ancas, bien puede buscar mi
señor otro escudero que le acompañe, y estas
señoras otro modo de alisarse los rostros; que 25
yo no soy bruxo, para gustar de andar por los
ayres. Y ¿qué diran mis insulanos quando
sepan que su gouernador se anda passeando por
los vientos? Y otra cosa mas: que auiendo tres
mil y tantas leguas de aqui a Candaya, si el 30
cauallo se cansa, o el gigante se enoja,
tardaremos en dar la buelta media dozena de años,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 33
y ya ni aura insula, ni insulos en el mundo que
me conoz[c]an; y pues se dize comunmente que
en la tardança va el peligro y que quando te
dieren la vaquilla, acudas con la soguilla,
perdonenme las barbas destas señoras, que bien 5
se está San Pedro en Roma; quiero dezir que
bien me estoy en esta casa, donde tanta merced
se me haze, y de cuyo dueño tan gran bien
espero, como es verme gouernador.
A lo que el duque dixo: 10
Sancho amigo, la insula que yo os he
prometido no es mouible ni fugitiua; rayzes tiene
tan hondas echadas en los abismos de la tierra,
que no la arrancarán ni mudarán de donde
está a tres tirones; y pues vos sabeis que se yo 15
que no ay ningun (*) genero de oficio destos de
mayor cantia que no se grangee con alguna
suerte de cohecho, qual mas, qual menos, el
que yo quiero lleuar por este gouierno es que
vais con vuestro señor don Quixote a dar cima 20
y cabo a esta memorable auentura; que aora
boluais sobre Clauileño con la breuedad que
su ligereza promete, ora la contraria fortuna os
trayga y buelua a pie, hecho romero, de meson
en meson, y de venta en venta, siempre que 25
boluieredes hallaréis vuestra insula donde la
dexais, y a vuestros insulanos con el mesmo
desseo de recebiros por su gouernador que
siempre han tenido, y mi voluntad sera la
mesma, y no pongais duda en esta verdad, señor 30
Sancho; que seria hazer notorio agrauio al
desseo que de seruiros tengo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 34
No mas, señor, dixo Sancho; yo soy vn
pobre escudero y no puedo lleuar a cuestas
tantas cortesias; suba mi amo, tapenme estos
ojos, y encomiendenme a Dios, y auisenme si
quando vamos por essas altanerias podre 5
encomendarme a nuestro Señor, o inuocar los
angeles que me fauorezcan.
A lo que respondio Trifaldi:
Sancho, bien podeis encomendaros a Dios,
o a quien quisieredes; que Malambruno, aunque 10
es encantador, es christiano y haze sus
encantamentos con mucha sagazidad y con
mucho tiento, sin meterse con nadie.
Ea, pues, dixo Sancho; Dios me ayude y
la Santissima Trinidad de Gaeta (*). 15
Desde la memorable auentura de los batanes,
dixo don Quixote, nunca e visto a Sancho
con tanto temor como aora, y si yo fuera
tan agorero como otros, su pusilanimidad me
hiziera algunas cosquillas en el animo; pero 20
llegaos aqui, Sancho; que con licencia destos
señores os quiero hablar aparte dos palabras.
Y, apartando a Sancho entre vnos arboles del
jardin, y, assiendole ambas las manos, le dixo:
Ya vees, Sancho hermano, el largo viage 25
que nos espera, y que sabe Dios quándo
bolueremos del, ni la comodidad y espacio que
nos daran los negocios; y, assi, querria que
aora te retirasses en tu aposento, como que
vas a buscar alguna cosa necessaria para el 30
camino, y en vn daca la[s] pajas te diesses a
buena cuenta de los tres mil y trecientos açotes
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 35
a (*) que estás obligado, siquiera quinientos,
que dados te los tendras; que el començar
las cosas es tenerlas medio acabadas.
¡Par Dios, dixo Sancho, que vuessa
merced deue de ser menguado! Esto es como 5
aquello que dizen: «¿En priesa (*) me vees y
»donzellez me demandas?» ¿Aora que tengo de yr
sentado en vna tabla rasa, quiere vuessa
merced que me lastime las posas? En verdad en
verdad que no tiene vuessa merced razon. Vamos 10
aora a rapar estas dueñas; que a la buelta
yo le prometo a vuessa merced, como quien
soy, de darme tanta priessa a salir de mi
obligacion que vuessa merced se contente, y no le
digo mas. 15
Y don Quixote respondio:
Pues con essa promessa, buen Sancho, voy
consolado, y creo que la cumpliras, porque, en
efecto, aunque tonto, eres hombre veridico.
No soy verde, sino moreno, dixo Sancho, 20
pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi
palabra.
Y, con esto, se boluieron a subir en
Clauileño, y al subir dixo don Quixote:
Tapaos, Sancho, y subid, Sancho; que quien 25
de tan lueñes tierras embia por nosotros no
sera para engañarnos, por la poca gloria que
le puede redundar de engañar a quien del se
fia, y puesto que todo sucediesse al rebes de lo
que imagino, la gloria de auer emprendido 30
esta hazaña no la podra escurecer malicia
alguna.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36
Vamos, señor, dixo Sancho, que las
barbas y lagrimas destas señoras las tengo
clauadas en el coraçon, y no comere bocado que
bien me sepa hasta verlas en su primera lisura.
Suba vuessa merced, y tapese primero; que 5
si yo tengo de yr a las ancas, claro está que
primero sube el de la silla.
Assi es la verdad, replicó don Quixote.
Y, sacando vn pañuelo de la faldriquera,
pidio a la Dolorida que le cubriesse muy bien 10
los ojos, y, auiendoselos cubierto, se boluio a
descubrir y dixo:
Si mal no me acuerdo, yo he leydo en Virgilio
(*) aquello del Paladion de Troya (*), que
fue vn cauallo de madera que los griegos 15
presentaron a la diosa Palas, el qual yua preñado
de caualleros armados, que despues fueron la
total ruyna de Troya; y, assi, sera bien ver
primero lo que Clauileño trae en su estomago.
No ay para qué, dixo la Dolorida; que yo 20
le fio, y se que Malambruno no tiene nada de
malicioso ni de traydor; vuessa merced, señor
don Quixote, suba sin pauor alguno, y a mi
daño si alguno le sucediere.
Pareciole a don Quixote que qualquiera cosa 25
que replicasse acerca de su seguridad seria
poner en detrimento su valentia, y, assi, sin
mas altercar, subio sobre Clauileño, y le tento
la clauija, que facilmente se rodeaua, y como
no tenia estriuos y le colgauan las piernas, no 30
parecia sino figura de tapiz flamenco, pintada o
texida, en algun romano triunfo. De mal
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 37
talante, y poco a poco, llegó a subir Sancho, y
acomodandose lo mejor que pudo en las ancas,
las halló algo duras y no nada blandas, y pidio
al duque que, si fuesse possible, le acomodassen
de algun coxin, o de alguna almohada, 5
aunque fuesse del estrado de su señora la
duquessa o del lecho de algun page, porque las
ancas de aquel cauallo mas parecian de
marmol que de leño.
A esto dixo la Trifaldi que ningun jaez ni 10
ningun genero de adorno sufria sobre si
Clauileño; que lo que podia hazer era ponerse a
mugeriegas, y que assi no sentiria tanto la
dureza. Hizolo assi Sancho, y diziendo: A Dios,
se dexó vendar los ojos, y ya despues de vendados, 15
se boluio a descubrir, y, mirando a todos
los del jardin tiernamente y con lagrimas, dixo
que le ayudassen en aquel trance con sendos
paternostres y sendas auemarias, por que Dios
deparasse quien por ellos los dixesse quando 20
en semejantes trances se viessen. A lo que dixo
don Quixote:
Ladron, ¿estás puesto en la horca por ventura,
o en el vltimo termino de la vida, para vsar
de semejantes plegarias? ¿No estás, desalmada 25
y couarde criatura, en el mismo lugar que ocupó
la linda Magalona, del qual decendio, no a la
sepultura, sino a ser reyna de Francia, si no
mienten las historias? Y yo, que voy a tu lado,
¿no puedo ponerme al del valeroso Pierres, 30
que oprimio este mismo lugar que yo aora
oprimo? Cubrete, cubrete, animal descoraçonado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38
y no te salga a la boca el temor que tienes,
a lo menos, en presencia mia.
Tapenme, respondio Sancho, y pues no
quieren que me encomiende a Dios ni que sea
encomendado, ¿qué mucho que tema no ande 5
por aqui alguna region (*) de diablos que den
con nosotros en Peraluillo (*)?
Cubrieronse, y, sintiendo don Quixote que
estaua como auia de estar, tento la clauija, y
apenas huuo puesto los dedos en ella, quando 10
todas las dueñas y quantos estauan presentes
leuantaron las vozes, diziendo:
¡Dios te guie, valeroso cauallero! ¡Dios sea
contigo, escudero intrepido! ¡Ya, ya vais por
essos ayres, rompiendolos con mas velozidad 15
que vna saeta! ¡Ya començays a suspender y
admirar a quantos desde la tierra os estan
mirando! ¡Tente, valeroso Sancho, que te
bamboleas, mira no cayas; que sera peor tu cayda
que la del atreuido moço que quiso regir el 20
carro del Sol, su padre!
Oyo Sancho las vozes (*), y, apretandose con
su amo, y ciñiendole con los braços, le dixo:
Señor, ¿cómo dizen estos que vamos tan
altos, si alcançan aca sus vozes y no parece (*) 25
sino que estan aqui hablando, junto a
nosotros?
No repares en esso, Sancho; que como estas
cosas y estas bolaterias van fuera de los
cursos ordinarios, de mil leguas veras y oyras 30
lo que quisieres. Y no me aprietes tanto, que
me derribas; y en verdad, que no se de que te
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 39
turbas ni te espantas; que osaré jurar que en
todos los dias de mi vida he subido en
caualgadura de paso mas llano. No parece sino que
no nos mouemos de vn lugar. Destierra, amigo,
el miedo; que, en efecto, la cosa va como 5
ha de yr, y el viento lleuamos en popa.
Assi es la verdad, respondio Sancho; que
por este lado me da vn viento tan rezio, que
parece que con mil fuelles me estan soplando.
Y assi era ello; que vnos grandes fuelles le 10
estauan haziendo ayre: tambien traçada estaua
la tal auentura por el duque, y la duquessa, y su
mayordomo, que no le faltó requisito que la
dexasse de hazer perfecta. Sintiendose pues
soplar don Quixote, dixo: 15
Sin duda alguna, Sancho, que ya deuemos
de llegar a la segunda region del ayre, adonde
se engendra el granizo (*), las nieues; los
truenos, los relampagos, y los rayos se engendran
en la tercera region, y si es que desta manera 20
vamos subiendo, presto daremos en la region
del fuego (*), y no se yo cómo templar esta
clauija para que no subamos donde nos abrasemos.
En esto, con vnas estopas ligeras de
encenderse y apagarse, desde lexos, pendientes de 25
vna caña, les calentauan los rostros. Sancho,
que sintio el calor, dixo:
Que me maten si no estamos ya en el lugar
del fuego, o bien cerca, porque vna gran parte
de mi barba se me ha chamuscado, y estoy, 30
señor, por descubrirme y ver en que parte
estamos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40
No hagas tal, respondio don Quixote,y
acuerdate del verdadero cuento del licenciado
Torralua (*), a quien lleuaron los diablos en
bolandas por el ayre, cauallero en vna caña,
cerrados los ojos, y en doze horas llegó a Roma, 5
y se apeó en Torre de Nona (*), que es vna
calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y
assalto y muerte de Borbon (*), y por la
mañana ya estaua de buelta en Madrid, donde dio
cuenta de todo lo que auia visto; el qual 10
assimismo dixo que quando yua por el ayre le
mandó el diablo que abriesse los ojos, y los
abrio, y se vio tan cerca, a su parecer, del
cuerpo de la luna, que la pudiera assir con
la mano, y que no osó mirar a la tierra por no 15
desuanecerse. Assi que, Sancho, no ay para
qué descubrirnos; que el que nos lleua a cargo,
el dara cuenta de nosotros. Y quiça vamos
tomando puntas (*) y subiendo en alto, para
dexarnos caer de vna sobre el reyno de Candaya, 20
como haze el sacre o nebli (*) sobre la
garça para cogerla, por mas que se remonte; y
aunque nos parece que no ha media hora que
nos partimos del jardin, creeme que deuemos
de auer hecho gran camino. 25
No se lo que es, respondio Sancho Pança;
solo se dezir que si la señora Magallanes, o
Magalona, se contentó destas ancas (*), que
no deuia de ser muy tierna de carnes.
Todas estas platicas de los dos valientes 30
oian el duque y la duquessa y los del jardin, de
que recibian estraordinario contento; y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 41
queriendo dar remate a la estraña y bien fabricada
auentura, por la cola de Clauileño le pegaron
fuego con vnas estopas, y al punto, por estar
el cauallo lleno de cohetes tronadores, bolo
por los ayres con estraño ruydo, y dio con don 5
Quixote y con Sancho Pança en el suelo, medio
chamuscados.
En este tiempo ya se auian (*) desparecido
del jardin todo el barbado esquadron de las
dueñas, y la Trifaldi y todo, y los del jardin 10
quedaron como desmayados, tendidos por el
suelo. Don Quixote y Sancho se leuantaron
maltrechos, y, mirando a todas partes, quedaron
atonitos de verse en el mesmo jardin de donde
auian partido, y de ver tendido por tierra tanto 15
numero de gente. Y crecio mas su admiracion
quando a vn lado del jardin vieron hincada
vna gran lança en el suelo, y pendiente della
y de dos cordones de seda verde vn pergamino
liso y blanco, en el qual con grandes letras de 20
oro estaua escrito lo siguiente:
El inclito cauallero don Quixote de la Mancha
fenecio y acabó la auentura de la condessa
Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña
Dolorida, y compañia, con solo intentarla. 25
Malambruno se da por contento y satisfecho
a toda su voluntad, y las barbas de las dueñas
ya quedan lisas y mondas, y los reyes don
Clauijo y Antonomasia, en su pristino estado;
y quando se cumpliere el escuderil vapulo, la 30
blanca paloma se vera libre de los pestiferos
girifaltes que la persiguen y en braços de su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42
querido arrullador; que assi está ordenado por
el sabio Merlin, protoencantador de los
encantadores.
Auiendo, pues, don Quixote leydo las letras
del pergamino, claro entendio que del 5
desencanto de Dulcinea hablauan, y, dando muchas
gracias al cielo de que con tan poco peligro
huuiesse acabado tan gran fecho, reduziendo a
su passada tez los rostros de las venerables
dueñas, que ya no parecian, se fue adonde el 10
duque y la duquessa aun no auian buelto en
si, y, trauando de la mano al duque, le dixo:
¡Ea, buen señor, buen animo, buen animo;
que todo es nada! La auentura es ya acabada
sin daño de barras, como lo muestra claro el 15
escrito que en aquel padron está puesto.
El duque, poco a poco y como quien de vn
pesado sueño recuerda, fue boluiendo en si, y
por el mismo tenor la duquessa y todos los que
por el jardin estauan caydos, con tales muestras 20
de marauilla y espanto, que casi se podian (*)
dar a entender auerles acontecido de veras lo
que tan bien sabian fingir de burlas. Leyo el
duque el cartel con los ojos medio cerrados, y
luego, con los braços abiertos, fue a abraçar a 25
don Quixote, diziendole ser el mas buen
cauallero que en ningun siglo se huuiesse visto.
Sancho andaua mirando por la Dolorida,
por ver qué rostro tenia sin las barbas, y si era
tan hermosa sin ellas como su gallarda 30
disposicion prometia; pero dixeronle que assi como
Clauileño baxó ardiendo por los ayres y dio en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 43
el suelo, todo el esquadron de las dueñas con
la Trifaldi auia desaparecido, y que ya yuan
rapadas y sin cañones. Preguntó la duquessa
a Sancho que cómo le auia ydo en aquel largo
viage. A lo qual Sancho respondio: 5
Yo, señora, senti que yuamos, segun mi
señor me dixo, bolando por la region del fuego,
y quise descubrirme vn poco los ojos; pero
mi amo, a quien pedi licencia para descubrirme,
no la consintio; mas yo, que tengo no se qué 10
briznas de curioso y de dessear saber lo que
se me estorua y impide, bonitamente, y sin que
nadie lo viesse, por junto a las narizes aparté
tanto quanto el pañizuelo que me tapaua los
ojos, y por alli miré hazia la tierra, y 15
pareciome que toda ella no era mayor que vn grano
de mostaza, y los hombres que andauan sobre
ella poco mayores que auellanas, por que se
vea quán altos deuiamos de yr entonces (*).
A esto dixo la duquessa: 20
Sancho amigo, mirad lo que dezis; que a lo
que parece vos no vistes la tierra, sino los
hombres que andauan sobre ella; y está claro que
si la tierra os parecio como vn grano de
mostaza, y cada hombre como vna auellana, vn 25
hombre solo auia de cubrir toda la tierra.
Assi es verdad, respondio Sancho, pero
con todo esso la descubri por vn ladito, y la vi
toda.
Mirad, Sancho, dixo la duquessa, que por 30
vn ladito no se vee el todo de lo que se mira.
Yo no se essas miradas, replicó Sancho;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44
solo se que sera bien que vuestra señoria
entienda que, pues bolauamos por encantamento,
por encantamento podia yo ver toda la
tierra y todos los hombres (*) por do quiera que
los mirara. Y si esto no se me cree, tampoco 5
creera vuessa merced como, descubriendome
por junto a las cejas, me vi tan junto al cielo,
que no auia de mi a el palmo y medio, y por
lo que puedo jurar, señora mia, que es muy
grande a demas; y sucedio que yuamos por 10
parte donde estan las siete cabrillas, y, en Dios
y en mi anima, que como yo en mi niñez fuy
en mi tierra cabrerizo, que assi como las vi, me
dio vna gana de entretenerme con ellas vn
rato. Y si no le (*) cumpliera, me parece que 15
rebentara. Vengo, pues, y tomo, y ¿qué hago (*)?
Sin dezir nada a nadie, ni a mi señor tampoco,
bonita y pasitamente me apeé de Clauileño y
me entretuue con las cabrillas, que son como
vnos alhelies y como vnas flores, casi tres 20
quartos de hora, y Clauileño no se mouio de vn
lugar, ni passó adelante.
Y ¿en tanto que el buen Sancho se entretenia
con las cabras, preguntó el duque, en qué
se entretenia el señor don Quixote? 25
A lo que don Quixote respondio:
Como todas estas cosas y estos tales sucessos
van fuera del orden natural, no es mucho
que Sancho diga lo que dize; de mi se dezir
que ni me descubri por alto, ni por baxo, ni vi 30
el cielo, ni la tierra, ni la mar, ni las arenas.
Bien es verdad que senti que passaua por la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 45
region del ayre, y aun que tocaua a la del
fuego; pero que passassemos de alli, no lo puedo
creer, pues, estando la region del fuego entre
el cielo de la luna y la vltima region del ayre (*),
no podiamos llegar al cielo donde estan las 5
siete cabrillas, que Sancho dize, sin abrasarnos;
y pues no nos asuramos, o Sancho miente, o
Sancho sueña.
Ni miento, ni sueño, respondio Sancho;
si no, preguntenme las señas de las tales 10
cabras, y por ellas veran si digo verdad o no.
Digalas, pues, Sancho, dixo la duquessa.
Son, respondio Sancho, las dos verdes,
las dos encarnadas, las dos azules, y la vna de
mezcla. 15
Nueua manera de cabras es essa, dixo el
duque, y por esta nuestra region del suelo no
se vsan tales colores, digo, cabras de tales
colores.
Bien claro está esso, dixo Sancho; si, que 20
diferencia ha de auer de las cabras del cielo a
las del suelo.
Dezidme, Sancho, preguntó el duque, ¿vistes
alla (*) entre essas cabras algun cabron?
No señor, respondio Sancho, pero oi dezir 25
que ninguno passaua de los cuernos de la luna.
No quisieron preguntarle mas de su viage,
porque les parecio que lleuaua Sancho hilo de
passearse por todos los cielos, y dar nueuas
de quanto alla passaua, sin auerse mouido del 30
jardin. En resolucion, este fue el fin de la
auentura de la dueña Dolorida, que dio que reyr a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46
los duques, no solo aquel tiempo, sino el de
toda su vida, y que contar a Sancho siglos, si
los viuiera; y, llegándose don Quixote a Sancho
al oydo, le dixo:
Sancho, pues vos quereis que se os crea lo 5
que aueis visto en el cielo, yo quiero que
vos me creais a mi lo que vi en la cueua de
Montesinos; y no os digo mas.
p. 47
Capitulo XLII
De los consejos que dio don Quixote a Sancho
Pança antes que fuesse a gouernar la insula,
con otras cosas bien consideradas.
Con el felice y gracioso sucesso de la auentura 5
de la Dolorida quedaron tan contentos los
duques, que determinaron passar con las burlas
adelante, viendo el acomodado sugeto que
tenian para que se tuuiessen por veras; y assi,
auiendo dado la traça y ordenes que sus 10
criados y sus vassallos auian de guardar con
Sancho en el gouierno de la insula prometida,
otro dia, que fue el que sucedio al buelo de
Clauileño, dixo el duque a Sancho que se
adeliñasse y compusiesse para yr a ser 15
gouernador; que ya sus insulanos le estauan
esperando como el agua de mayo. Sancho se le
humilló, y le dixo:
Despues que baxé del cielo, y despues que
desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan 20
pequeña, se templó en parte en mi la gana
que tenia tan grande de ser gouernador, porque
¿qué grandeza es mandar en vn grano de
mostaza, o qué dignidad o imperio el gouernar
a media dozena de hombres tamaños como 25
auellanas, que, a mi parecer, no auia mas en toda
la tierra? Si vuestra (*) señoria fuesse seruido
de darme vna tantica parte del cielo, aunque
no fuesse mas de media legua, la tomaria de
mejor gana que la mayor insula del mundo. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48
Mirad, amigo Sancho, respondio el duque,
yo no puedo dar parte del cielo a nadie,
aunque no sea mayor que vna vña; que a solo
Dios estan reseruadas essas mercedes y
gracias. Lo que puedo dar, os doy, que es vna 5
insula hecha y derecha, redonda y bien
proporcionada, y sobremanera fertil y abundosa,
donde, si vos os sabeis dar maña, podeis con
las riquezas de la tierra grangear las del cielo.
Aora bien, respondio Sancho, venga essa 10
insula; que yo pugnaré por ser tal gouernador,
que, a pesar de vellacos, me vaya al cielo. Y
esto no es por codicia que yo tenga de salir de
mis casillas, ni de leuantarme a mayores, sino
por el desseo que tengo de prouar a qué sabe 15
el ser gouernador.
Si vna vez lo prouays, Sancho, dixo el
duque, comeros heis las manos tras el
gouierno, por ser dulcissima cosa el mandar y
ser obedecido. A buen seguro que quando 20
vuestro dueño llegue a ser emperador, que lo
sera sin duda, segun van encaminadas sus
cosas, que no se lo arranquen comoquiera, y
que le duela y le pese en la mitad del alma del
tiempo que huuiere dexado de serlo. 25
Señor, replicó Sancho, yo imagino que
es bueno mandar, aunque sea a vn hato de
ganado.
Con vos me entierren, Sancho, que sabeis
de todo, respondio el duque; y yo espero que 30
sereis tal gouernador como vuestro juyzio
promete. Y quedese esto aqui, y aduertid que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 49
mañana en esse mesmo dia aueis de yr al gouierno
de la insula, y esta tarde os acomodarán
del trage conueniente que aueis de lleuar,
y de todas las cosas necessarias a vuestra
partida. 5
Vistanme, dixo Sancho, como quisieren;
que de qualquier manera que vaya vestido,
sere Sancho Pança.
Assi es verdad, dixo el duque; pero los
trages se han de acomodar con el oficio, o 10
dignidad, que se professa; que no seria bien
que vn jurisperito se vistiesse como soldado, ni
vn soldado como vn sacerdote. Vos, Sancho,
yreis vestido parte de letrado, y parte de
capitan, porque en la insula que os doy tanto son 15
menester las armas como las letras y las letras
como las armas.
Letras, respondio Sancho, pocas tengo,
porque aun no se el A, B, C; pero bastame
tener el Christus en la memoria para ser buen 20
gouernador. De las armas manejaré las que
me dieren, hasta caer, y Dios delante.
Con tan buena memoria, dixo el duque,
no podra Sancho errar en nada.
En esto, llegó don Quixote, y, sabiendo lo 25
que passaua, y la celeridad con que Sancho se
auia de partir a su gouierno, con licencia del
duque, le tomó por la mano, y se fue con el a
su estancia, con intencion de aconsejarle cómo
se auia de auer en su oficio. 30
Entrados, pues, en su aposento, cerro tras si
la puerta, y hizo casi por fuerça que Sancho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50
se sentase junto a el, y con reposada voz le
dixo:
Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo,
de que antes y primero que yo aya encontrado
con alguna buena dicha, te aya salido a ti a 5
recebir y a encontrar la buena ventura. Yo, que
en mi buena suerte te tenia librada la paga de
tus seruicios, me veo en los principios de
auentajarme, y tu, antes de tiempo, contra la ley
del razonable discurso, te vees premiado de 10
tus desseos. Otros cohechan, importunan,
solicitan, madrugan, ruegan, porfian, y no alcançan
lo que pretenden; y llega otro, y sin saber
cómo ni cómo no, se halla con el cargo y
oficio que otros muchos pretendieron. Y aqui 15
entra y encaxa bien el dezir que ay buena y
mala fortuna en las pretensiones. Tu, que para
mi, sin duda alguna, eres vn porro, sin madrugar
ni trasnochar, y sin hazer diligencia alguna,
con solo el aliento que te ha tocado de la 20
andante caualleria, sin mas ni mas te vees
gouernador de vna insula, como quien no dize
nada. Todo esto digo, o Sancho, para que no
atribuyas a tus merecimientos la merced recebida,
sino que des gracias al cielo, que dispone 25
suauemente las cosas, y despues las daras a la
grandeza que en si encierra la profession de
la caualleria andante. Dispuesto, pues, el
coraçon a creer lo que te he dicho, está, o hijo,
atento a este tu Caton (*), que quiere aconsejarte 30
y ser norte y guia que te encamine y saque a
seguro puerto deste mar proceloso, donde vas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 51
a engolfarte; que los oficios y grandes cargos
no son otra cosa sino vn golfo profundo de
confusiones.
Primeramente, o hijo, has de temer a Dios,
porque en el temerle está la sabiduria, y siendo 5
sabio, no podras errar en nada.
Lo segundo, has de poner los ojos en quien
eres, procurando conocerte a ti mismo, que es
el mas dificil conocimiento que puede
imaginarse; del conocerte saldra el no hincharte 10
como la rana que quiso ygualarse con el buey;
que si esto hazes, vendra (*) a ser feos pies
de la rueda de tu locura (*) la consideracion de
auer guardado puercos en tu tierra.
Assi es la verdad, respondio Sancho,pero 15
fue quando muchacho; pero despues, algo
hombrecillo, gansos fueron los que guardé,
que no puercos. Pero esto pareceme a mi que
no haze al caso; que no todos los que
gouiernan vienen de casta de reyes. 20
Assi es verdad, replicó don Quixote; por
lo qual los no de principios nobles deuen
acompañar la grauedad del cargo que exercitan
con vna blanda suauidad que, guiada por
la prudencia, los libre de la murmuracion 25
maliciosa, de quien no ay estado que se escape.
Haz gala, Sancho, de la humildad de tu
linage, y no te desprecies de dezir que vienes
de labradores; porque viendo que no te corres,
ninguno se pondra a correrte, y preciate mas 30
de ser humilde virtuoso que pecador soberuio.
Inumerables son aquellos que de baxa estirpe
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52
nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia
e imperatoria, y desta verdad te pudiera
traer tantos exemplos que te cansaran.
Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud,
y te precias de hazer hechos virtuosos, no 5
ay para qué tener embidia a los que los (*)
tienen, principes y señores; porque la sangre se
hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale
por si sola lo que la sangre no vale.
Siendo esto assi, como lo es, que si acaso 10
viniere a verte quando estes en tu insula
alguno de tus parientes, no le desheches, ni le
afrentes; antes le has de acoger, agasajar y
regalar; que con esto satisfaras al cielo, que
gusta que nadie se desprecie de lo que el hizo, 15
y corresponderas a lo que deues a la
naturaleza bien concertada.
Si truxeres a tu muger contigo --porque no
es bien que los que assisten a gouiernos de
mucho tiempo esten sin las propias--, enseñala, 20
doctrinala y desbastala de su natural rudeza,
porque todo lo que suele adquirir vn gouernador
discreto, suele perder y derramar vna
muger rustica y tonta.
Si acaso enuiudares --cosa que pu[e]de 25
suceder-- y con el cargo mejorares de consorte,
no la tomes tal, que te sirua de anzuelo y
de caña de pescar, y del no quiero de tu
capilla; porque en verdad te digo que de todo
aquello que la muger del juez recibiere, ha de 30
dar cuenta el marido en la residencia vniuersal,
donde pagará con el quatro tanto en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 53
muerte las partidas de que no se huuiere hecho
cargo en la vida.
Nunca te guies por la ley del encaxe, que
suele tener mucha cabida con los ignorantes
que presumen de agudos. 5
Hallen en ti mas compassion las lagrimas
del pobre, pero no mas justicia, que las
informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las
promessas y dadiuas del rico, como por entre 10
los sollozos e importunidades del pobre.
Quando pudiere y deuiere tener lugar la
equidad, no cargues todo el rigor de la ley al
delinquente; que no es mejor la fama del juez
riguroso que la del compassiuo. 15
Si acaso doblares la vara de la justicia, no
sea con el peso de la dadiua, sino con el de la
misericordia.
Quando te sucediere juzgar algun pleyto
de algun tu enemigo, aparta las mientes de tu 20
injuria, y ponlos en la verdad del caso.
No te ciegue la passion propia en la causa
agena; que los yerros que en ella hizieres las
mas vezes seran sin remedio, y si le tuuieren,
sera a costa de tu credito y aun de tu hazienda. 25
Si alguna muger hermosa veniere a pedirte
justicia, quita los ojos de sus lagrimas, y tus
oydos de sus gemidos, y considera de espacio
la sustancia de lo que pide, si no quieres que se
anegue tu razon en su llanto y tu bondad en 30
sus suspiros.
Al que has de castigar con obras no trates
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54
mal con palabras, pues le basta al desdichado
la pena del suplicio, sin la añadidura de las
malas razones.
Al culpado que cayere debaxo de tu juridicion,
considerale (*) hombre miserable, sugeto 5
a las condiciones de la deprauada naturaleza
nuestra, y en todo quanto fuere de tu parte, sin
hazer agrauio a la contraria, muestratele
piadoso y clemente; porque aunque los atributos
de Dios todos son yguales, mas resplandece y 10
campea, a nuestro ver, el de la misericordia que
el de la justicia.
Si estos preceptos y estas reglas sigues,
Sancho, seran luengos tus dias, tu fama sera
eterna, tus premios colmados, tu felizidad 15
indezible, casarás tus hijos como quisieres, titulos
tendran ellos y tus nietos, viuiras en paz, y
beneplacito de las gentes, y en los vltimos pasos
de la vida te alcançará el de la muerte en vejez
suaue y madura, y cerrarán tus (*) ojos las 20
tiernas y delicadas manos de tus terceros
neteçuelos. Esto que hasta aqui te he dicho son
documentos que han de adornar tu alma; escucha
aora los que han de seruir para adorno del
cuerpo. 25
p. 55
Capitulo XLIII
De los consejos segundos que dio don Quixote
a Sancho Pança.
¿Quién oyera el passado razonamiento de
don Quixote que no le tuuiera por persona muy 5
cuerda y mejor intencionada? Pero como muchas
vezes en el progresso desta grande historia
queda dicho, solamente disparaua en tocandole
en la caualleria, y en los demas discursos
mostraua tener claro y desenfadado entendimiento, 10
de manera, que a cada paso desacreditauan
sus obras su juyzio, y su juyzio sus obras;
pero en esta destos segundos documentos que
dio a Sancho mostro tener gran donayre, y puso
su discrecion y su locura en vn leuantado punto. 15
Atentissimamente le escuchaua Sancho y
procuraua conseruar en la memoria sus consejos,
como quien pensaua guardarlos y salir por
ellos a buen parto de la preñez de su gouierno.
Prosiguio, pues, don Quixote, y dixo: 20
En lo que toca a cómo has de gouernar tu
persona y casa, Sancho, lo primero que te
encargo es que seas limpio, y que te cortes las
vñas, sin dexarlas crecer, como algunos hazen, a
quien su ignorancia les ha dado a entender que 25
las vñas largas les hermosean las manos, como
si aquel escremento y añadidura que se dexan
de cortar fuesse vña, siendo antes garras de
cernicalo lagartigero: puerco y extraordinario
abuso. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56
No andes, Sancho, desceñido y floxo; que el
vestido descompuesto (*) da indicios de animo
desmaçalado, si ya la descompostura y floxedad
no cae debaxo de socarroneria, como se
juzgó en la de Iulio Cesar (*). 5
Toma con discrecion el pulso a lo que pudiere
valer tu oficio, y si sufriere que des librea
a tus criados, dasela honesta y prouechosa mas
que vistosa y bizarra, y repartela entre tus
criados y los pobres: quiero dezir, que si has de 10
vestir seys pages, viste tres y otros tres pobres,
y, assi, tendras pages para el cielo y para el
suelo; y este nueuo modo de dar librea no la
alcançan los vanagloriosos.
No comas ajos ni cebollas, porque no saquen 15
por el olor tu villaneria. Anda despacio;
habla con reposo, pero no de manera que
parezca que te escu[c]has a ti mismo; que toda
afectacion es mala.
Come poco y cena mas poco; que la salud 20
de todo el cuerpo se fragua en la oficina del
estomago.
Se templado en el beuer, considerando que
el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple
palabra. 25
Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos
carrillos, ni de erutar delante de nadie.
Esso de erutar no entiendo, dixo Sancho.
Y don Quixote le dixo:
Erutar, Sancho, quiere dezir regoldar; y 30
este es vno de los mas torpes vocablos que
tiene la lengua castellana, aunque es muy
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 57
sinificatiuo; y, assi, la gente curiosa se ha acogido
al latin, y al regoldar dize erutar, y a los
regueldos, erutaciones; y quando algunos no
entienden estos terminos, importa poco, que el
vso los yra introduziendo con el tiempo, que 5
con facilidad se entiendan, y esto es enriquezer
la lengua sobre quien tiene poder el vulgo y
el vso.
En verdad, señor, dixo Sancho, que vno
de los consejos y auisos que pienso lleuar en 10
la memoria ha de ser el de no regoldar, porque
lo suelo hazer muy a menudo.
Erutar, Sancho, que no regoldar, dixo don
Quixote.
Erutar dire de aqui adelante, respondio 15
Sancho, y a fee que no se me oluide.
Tambien, Sancho, no has de mezclar en tus
platicas la muchedumbre de refranes que sueles;
que puesto que los refranes son sentencias
breues, muchas vezes los traes tan por los 20
cabellos, que mas parecen disparates que
sentencias.
Esso Dios lo puede remediar, respondio
Sancho, porque se mas refranes que vn libro,
y vienenseme tantos juntos a la boca quando 25
hablo, que riñen por salir vnos con otros; pero
la lengua va arrojando los primeros que
encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo
tendre cuenta de aqui adelante de dezir los
que conuengan a la grauedad de mi cargo; 30
que en casa llena presto se guisa la cena; y
quien destaja no baraja; y a buen saluo está
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58
el que repica; y el dar y el tener seso ha
menester.
¡Esso si, Sancho!, dixo don Quixote. ¡Encaxa,
ensarta, enhila refranes; que nadie te va
a la mano! Castigame mi madre, y yo 5
trompogelas (*). Estoyte diziendo que escuses
refranes, y en vn instante has echado aqui vna
letania dellos, que assi quadran con lo que
vamos tratando como por los cerros de Vbeda.
Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal 10
vn refran traydo a proposito; pero cargar y
ensartar refranes a troche moche haze la
platica desmayada y baxa.
Quando subieres a cauallo, no vayas echando
el cuerpo sobre el arzon postrero, ni lleues 15
las piernas tiessas y tiradas y desuiadas de la
barriga del cauallo, ni tampoco (*) vayas tan
floxo, que parezca que vas sobre el ruzio; que
el andar a cauallo a vnos haze caualleros, a
otros cauallerizos (*). 20
Sea moderado tu sueño; que el que no
madruga con el sol no goza del dia; y aduierte,
o Sancho, que la diligencia es madre de la
buena ventura, y la pereza, su contraria, jamas
llegó al termino que pide vn buen desseo. 25
Este vltimo consejo que aora darte quiero
--puesto que no sirua para adorno del cuerpo--,
quiero que le lleues muy en la memoria,
que creo que no te sera de menos prouecho
que los que hasta aqui te he dado; y es que 30
jamas te pongas a disputar de linages, a lo
menos comparandolos entre si, pues, por fuerça,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 59
en los que se comparan vno ha de ser el mejor,
y del que abatieres seras aborrecido, y del que
leuantares, en ninguna manera premiado.
Tu vestido sera calça entera, ropilla larga,
herreruelo vn poco mas largo; greguescos, ni 5
por pienso; que no les estan bien ni a los
caualleros, ni a los gouernadores.
Por aora, esto se me ha ofrecido, Sancho,
que aconsejarte; andara el tiempo, y segun las
ocasiones, assi seran mis documentos, como 10
tu tengas cuydado de auisarme el estado en
que te hallares.
Señor, respondio Sancho, bien veo que
todo quanto vuessa merced me ha dicho son
cosas buenas, santas y prouechosas; pero ¿de 15
qué han de seruir, si de ninguna me acuerdo?
Verdad sea que aquello de no dexarme crecer
las vñas, y de casarme otra vez, si se ofreciere,
no se me passará del magin; pero essotros
badulaques y enredos y reboltillos, no se me 20
acuerda ni acordará mas dellos que de las
nubes de antaño, y, assi, sera menester que
se me den por escrito; que puesto que no se
leer ni escriuir, yo se los dare a mi confessor
para que me los encaxe y recapacite quando 25
fuere (*) menester.
¡Ha, pecador de mi, respondio don Quixote,
y qué mal parece en los gouernadores el
no saber leer ni escriuir! Porque has de saber,
o Sancho, que no saber vn hombre leer o ser 30
çurdo arguye vna de dos cosas: o que fue hijo
de padres demasi[a]do de humildes y baxos, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60
el tan trauiesso y malo, que no pudo entrar en
el [el] buen vso (*), ni la buena doctrina. Gran
falta es la que lleuas contigo, y, assi, querria
que aprendiesses a firmar siquiera.
Bien se firmar mi nombre, respondio 5
Sancho; que quando fuy prioste en mi lugar
aprendi a hazer vnas letras como de marca de
fardo, que dezian que dezia mi nombre; quanto
mas que fingire que tengo tullida la mano
derecha, y hare que firme otro por mi; que para 10
todo ay remedio, si no es para la muerte; y
teniendo yo el mando y el palo, hare lo que
quisiere; quanto mas que el que tiene el padre
alcalde... (*). Y siendo yo gouernador, que es
mas que ser alcalde, ¡llegaos, que la dexan ver! 15
No sino popen y caloñenme; que vendran por
lana y bolueran trasquilados; y a quien Dios
quiere bien, la casa le sabe; y las necedades
del rico por sentencias passan en el mundo; y
siendolo yo, siendo gouernador y juntamente 20
liberal, como lo pienso ser, no aura falta que
se me parezca. No sino hazeos miel, y paparos
han moscas (*); tanto vales quanto tienes, dezia
vna mi aguela; y del hombre arraygado no te
veras vengado. 25
¡O, maldito seas de Dios, Sancho!, dixo a
esta sazon don Quixote. ¡Sesenta mil satanases
te lleuen a ti y a tus refranes! Vna hora ha
que los estás ensartando y dandome con cada
vno tragos de tormento. Yo te asseguro que 30
estos refranes te han de lleuar vn dia a la
horca; por ellos te han de quitar el gouierno
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 61
tus vassallos, o ha de auer entre ellos
comunidades. Dime: ¿dónde los hallas, ignorante, o
cómo los aplicas, mentecato?; que para dezir
yo vno, y aplicarle bien, sudo y trabajo como
si cauasse. 5
Por Dios, señor nuestro amo, replicó
Sancho, que vuessa merced se quexa de bien
pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que
yo me sirua de mi hazienda, que ninguna otra
tengo, ni otro caudal alguno sino refranes y 10
mas refranes? Y aora se me ofrecen quatro,
que venian aqui pintiparados, o como peras
en tabaque; pero no los dire, porque al buen
callar llaman Sancho (*).
Esse Sancho no eres tu, dixo don Quixote; 15
porque no solo no eres buen callar, sino mal
hablar y mal porfiar; y, con todo esso, querria
saber qué quatro refranes te ocurrian aora a la
memoria, que venian aqui a proposito; que yo
ando recorriendo la mia, que la tengo buena, 20
y ninguno se me ofrece.
¿Qué mejores, dixo Sancho, que «entre
»dos muelas cordales nunca pongas tus
»pulgares», y «a ydos de mi casa y ¿qué quereis
»con mi muger?, no ay responder», y «si da el 25
»cantaro en la piedra, o la piedra en el cantaro,
»mal para el cantaro», todos los quales vienen
a pelo? Que nadie se tome con su gouernador,
ni con el que le manda, porque saldra
lastimado, como el que pone el dedo entre dos 30
muelas cordales, y aunque no sean cordales,
como sean muelas no importa; y a lo que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62
dixere el gouernador no ay que replicar, como
al «salios de mi casa, y ¿qué quereis con mi
»muger?» Pues lo de la piedra en el cantaro,
vn ciego lo vera. Assi, que es menester que el
que vee la mota en el ojo ageno, vea la viga 5
en el suyo, porque no se diga por el
«espantose la muerta de la degollada»; y vuessa
merced sabe bien que mas sabe el necio en su
casa que el cuerdo en la agena.
Esso no, Sancho, respondio don Quixote; 10
que el necio en su casa ni en la agena sabe
nada, a causa que sobre el cimiento (*) de la
necedad no assienta ningun discreto edificio. Y
dexemos esto aqui, Sancho; que si mal gouernares,
tuya sera la culpa, y mia la verguença; 15
mas consuelome que he hecho lo que deuia
en aconsejarte con las veras, y con la
discrecion a mi possible; con esto salgo de mi
obligacion, y de mi promessa. Dios te guie,
Sancho, y te gouierne en tu gouierno, y a mi me 20
saque del escrupulo que me queda que has de
dar con toda la insula patas arriba, cosa que
pudiera yo escusar con descubrir al duque
quien eres, diziendole que toda essa gordura,
y essa personilla que tienes, no es otra cosa 25
que vn costal lleno de refranes y de malicias.
Señor, replicó Sancho, si a vuessa merced
le parece que no soy de pro para este gouierno,
desde aqui le suelto; que mas quiero vn
solo negro de la vña de mi alma que a todo 30
mi cuerpo, y assi me sustentaré Sancho a
secas con pan y cebolla como gouernador con
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 63
perdizes y capones; y mas, que mientras se
duerme, todos son yguales, los grandes y los
menores, los pobres y los ricos, y si vuessa
merced mira en ello, vera que solo vuessa
merced me ha puesto en esto de gouernar; 5
que yo no se mas de gouiernos de insulas que
vn buytre, y si se imagina que por ser gouernador
me ha de lleuar el diablo, mas me quiero
yr Sancho al cielo que gouernador al infierno.
Por Dios, Sancho, dixo don Quixote, que 10
por solas estas vltimas razones que has dicho
juzgo que mereces ser gouernador de mil
insulas; buen natural tienes, sin el qual no ay
ciencia que valga; encomiendate a Dios, y
procura no errar en la primera intencion; quiero 15
dezir que siempre tengas intento y firme
proposito de acertar en quantos negocios te
ocurrieren, porque siempre fauorece el cielo los
buenos desseos. Y vamonos a comer; que creo
que ya estos señores nos aguardan. 20
p. 64
Capitulo XLIV
Cómo Sancho Pança fue lleuado al gouierno,
y de la estraña auentura que en el castillo
sucedio a don Quixote.
Dizen que en el propio original desta historia 5
se lee que llegando Cide Hamete a escriuir este
capitulo, no le traduxo su interprete como el le
auia escrito, que fue vn modo de quexa que
tuuo el moro de si mismo por auer tomado
entre manos vna historia tan seca y tan 10
limitada como esta de don Quixote, por parecerle
que siempre auia de hablar del y de Sancho,
sin osar estenderse a otras digresiones y
episodios mas graues y mas entretenidos, y dezia
que el yr siempre atenido el entendimiento, la 15
mano y la pluma a escriuir de vn solo sugeto,
y hablar por las bocas de pocas personas era
vn trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaua
en el de su autor, y que, por huyr deste
inconueniente, auia vsado en la primera parte 20
del artificio de algunas nouelas, como fueron
la del Curioso Impertinente, y la del Capitan
cautiuo, que estan como separadas de la historia,
puesto que las demas que alli se cuentan
son casos sucedidos al mismo don Quixote, que 25
no podian dexar de escriuirse. Tambien penso,
como el dize, que muchos, lleuados de la
atencion que piden las hazañas de don Quixote, no
la darian a las nouelas, y passarian por ellas, o
con priessa, o con enfado, sin aduertir la gala 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 65
y artificio que en si contienen, el qual se
mostrara bien al descubierto, quando por si solas,
sin arrimarse a las locuras de don Quixote, ni
a las sandezes de Sancho, salieran a luz. Y,
assi, en esta segunda parte no quiso ingerir 5
nouelas sueltas, ni pegadizas, sino algunos
episodios que lo pareciessen, nacidos de los
mesmos sucessos que la verdad ofrece, y aun
estos, limitadamente y con solas las palabras
que bastan a declar[ar]los; y pues se contiene 10
y cierra en los estrechos limites de la
narracion, teniendo habilidad, suficiencia y
entendimiento para tratar del vniuerso todo, pide
no se desprecie su trabajo, y se le den alabanças
no por lo que escriue, sino por lo que ha 15
dexado de escriuir.
Y luego prosigue la historia diziendo que
en acabando de comer don Quixote el dia que
dio los consejos a Sancho (*), aquella tarde
se los dio escritos para que el buscasse quien 20
se los leyesse; pero apenas se los huuo dado,
quando se le cayeron y vinieron a manos del
duque, que los comunicó con la duquessa, y
los dos se admiraron de nueuo de la locura
y del ingenio de don Quixote. Y, assi, lleuando 25
adelante sus burlas, aquella tarde embiaron a
Sancho con mucho acompañamiento al lugar
que para el auia de ser insula (*).
Acaecio, pues, que el que le lleuaua a cargo
era vn mayordomo del duque, muy discreto y 30
muy gracioso, que no puede auer gracia donde
no ay discrecion, el qual auia hecho la persona
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66
de la condessa Trifaldi, con el [do]nayre que
queda referido, y, con esto, y con yr industriado
de sus señores de cómo se auia de auer con
Sancho, salio con su intento marauillosamente.
Digo, pues, que acaecio que assi como Sancho 5
vio al tal mayordomo, se le figuró en su rostro
el mesmo de la Trifaldi, y, boluiendose a su
señor, le dixo:
Señor, o a mi me ha de lleuar el diablo de
aqui de donde estoy en justo y en creyente (*), 10
o vuessa merced me ha de confessar que el
rostro deste mayordomo del duque, que aqui
está, es el mesmo de la Dolorida.
Miró don Quixote atentamente al mayordomo,
y, auiendole mirado, dixo a Sancho: 15
No ay para que te lleue el diablo, Sancho,
ni en justo ni en creyente --que no se lo que
quieres dezir--; que el rostro de la Dolorida es
el del mayordomo, pero no por esso el mayordomo
es la Dolorida; que a serlo, implicaria 20
contradicion muy grande, y no es tiempo aora
de hazer estas aueriguaciones; que seria
entrarnos en intricados laberintos. Creeme,
amigo, que es menester rogar a nuestro Señor
muy de veras que nos libre a los dos de malos 25
hechizeros y de malos encantadores.
No es burla, señor, replicó Sancho, sino
que denantes le oi hablar, y no parecio sino que
la voz de la Trifaldi me sonaua en los oydos.
Aora bien, yo callaré; pero no dexaré de andar 30
aduertido de aqui adelante, a ver si descubre
otra señal que confirme o desfaga mi sospecha.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 67
Assi lo has de hazer, Sancho, dixo don
Quixote, y darasme auiso de todo lo que en
este caso descubrieres, y de todo aquello que
en el gouierno te sucediere.
Salio, en fin, Sancho, acompañado de mucha 5
gente, vestido a lo letrado, y encima vn gauan
muy ancho de chamelote de aguas (*), leonado,
con vna montera de lo mesmo, sobre vn macho
a la gineta, y, detras del, por orden del duque,
yua el ruzio con jaezes y ornamentos jumentiles 10
de seda, y flamantes. Boluia Sancho la cabeça
de quando en quando a mirar a su asno, con
cuya compañia yua tan contento, que no se
trocara con el emperador de Alemaña.
Al despedirse de los duques les besó las 15
manos, y tomó la bendicion de su señor, que se
la dio con lagrimas, y Sancho la recibio con
pucheritos.
Dexa, lector amable, yr en paz y en hora
buena al buen Sancho, y espera dos fanegas 20
de risa, que te ha de causar el saber cómo se
portó en su cargo, y en tanto atiende a saber
lo que le passó a su amo aquella noche; que
si con ello no rieres, por lo menos desplegarás
los labios con risa de ximia, porque los 25
sucessos de don Quixote, o se han de celebrar
con admiracion o con risa.
Cuentase, pues, que apenas se huuo partido
Sancho, quando don Quixote sintio su soledad,
y si le fuera possible reuocarle la comission y 30
quitarle el gouierno, lo hiziera. Conocio la
duquessa su melancolia, y preguntole que de qué
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68
estaua triste; que si era por la ausencia de
Sancho, que escuderos, dueñas y donzellas
auia en su casa que le seruirian muy a
satisfacion de su desseo.
Verdad es, señora mia, respondio don 5
Quixote, que siento la ausencia de Sancho;
pero no es essa la causa principal que me haze
parecer que estoy triste, y de los muchos
ofrecimientos que vuestra excelencia me haze
solamente acepto y escojo el de la voluntad con 10
que se me hazen; y en lo demas suplico a
vuestra excelencia que dentro de mi aposento
consienta y permita que yo solo sea el que me
sirua.
En verdad, dixo la duquessa, señor don 15
Quixote, que no ha de ser assi: que le han de
seruir quatro donzellas de las mias, hermosas
como vnas flores.
Para mi, respondio don Quixote, no seran
ellas como flores, sino como espinas que me 20
punzen el alma. Assi entrarán ellas en mi
aposento, ni cosa que lo parezca, como bolar. Si es
que vuestra grandeza quiere lleuar adelante el
hazerme merced, sin yo merecerla, dexeme que
yo me las aya conmigo y que yo me sirua de 25
mis puertas adentro; que yo ponga vna muralla
en medio de mis desseos y de mi honestidad, y
no quiero perder esta costumbre por la
liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar
conmigo. Y, en resolucion, antes dormire vestido 30
que consentir que nadie me desnude.
¡No mas, no mas, señor don Quixote!,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 69
replicó la duquessa; por mi digo que dare orden
que ni aun vna mosca entre en su estancia, no
que (*) vna donzella; no soy yo persona que
por mi se ha de descaualar la decencia del señor
don Quixote; que, segun se me ha trasluzido, 5
la que mas campea entre sus muchas virtudes
es la de la honestidad. Desnudese vuessa
merced y vistase a sus solas y a su modo, como
y quando quisiere; que no aura quien lo
impida, pues dentro de su aposento hallará los 10
vasos necessarios al menester del que duerme a
puerta cerrada, porque ninguna natural necessidad
le obligue a que la abra. Viua mil siglos
la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre
estendido por toda la redondez de la tierra, 15
pues merecio ser amada de tan valiente y tan
honesto cauallero, y los benignos cielos
infundan en el coraçon de Sancho Pança, nuestro
gouernador, vn desseo de acabar presto sus
diciplinas, para que buelua a gozar el mundo 20
de la belleza de tan gran señora.
A lo qual dixo don Quixote:
Vuestra altitud ha hablado como quien es;
que en la boca de las buenas señoras no ha
de auer ninguna (*) que sea mala, y mas venturosa 25
y mas conocida sera en el mundo Dulcinea
por auerla alabado vuestra grandeza, que
por todas las alabanças que puedan darle los
mas eloquentes de la tierra.
Agora bien, señor don Quixote, replicó la 30
duquessa, la hora de cenar se llega y el
duque deue de esperar; venga vuessa merced y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70
cenemos, y acostarase temprano; que el viage
que ayer hizo de Candaya no fue tan corto,
que no aya causado algun molimiento.
No siento ninguno, señora, respondio don
Quixote, porque osaré jurar a vuestra 5
excelencia que en mi vida he subido sobre bestia
mas reposada, ni de mejor paso que Clauileño,
y no se yo qué le pudo mouer a Malambruno
para deshazerse de tan ligera y tan gentil
caualgadura, y abrasarla assi, sin mas ni mas. 10
A esso se puede imaginar, respondio la
duquessa, que, arrepentido del mal que auia
hecho a la Trifaldi y compañia, y a otras
personas, y de las maldades (*) que, como hechizero
y encantador, deuia de auer cometido, quiso 15
concluyr con todos los instrumentos de su
oficio, y como a principal y que mas le traia
dessassossegado, vagando de tierra en tierra,
abrasó a Clauileño; que con sus abrasadas
cenizas, y con el trofeo del cartel queda eterno 20
el valor del gran don Quixote de la Mancha.
De nueuo nueuas gracias dio don Quixote a
la duquessa, y, en cenando don Quixote, se
retiró en su aposento solo, sin consentir que
nadie entrasse con el a seruirle: tanto se temia 25
de encontrar ocasiones que le mouiessen o
forçassen a perder el honesto decoro que a su
señora Dulcinea guardaua, siempre puesta en la
imaginacion la bondad de Amadis, flor y espejo
de los andantes caualleros. Cerro tras si 30
la puerta, y a la luz de dos velas de cera se
desnudó, y al descalçarse --¡o desgracia indigna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 71
de tal persona!-- se le soltaron, no su[s]piros,
ni otra cosa que desacreditassen la limpieza
de su policia, sino hasta dos dozenas de
puntos de vna media, que quedó hecha zelosia.
Afligiose en estremo el buen señor, y diera 5
el por tener alli vn adarme de seda verde vna
onça de plata; digo seda verde, porque las
medias eran verdes.
Aqui exclamó Benengeli, y escriuiendo, dixo:
¡O pobreza, pobreza, no se yo con qué 10
razon se mouio aquel gran poeta cordoues, a
llamarte dadiua santa desagradecida! (*) Yo,
aunque moro, bien se, por la comunicacion que
he tenido con christianos, que la santidad
consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y 15
pobreza; pero, con todo esso, digo que ha de
tener mucho de Dios el que se viniere a
contentar con ser pobre, si no es de aquel modo
de pobreza de quien dize vno de sus mayores
santos: «Tened todas las cosas como si no las 20
»tuuiessedes» (*), y a esto llaman pobreza de
espiritu; pero tu, segunda pobreza, que eres de la
que yo hablo, ¿por qué quieres estrellarte con
los hidalgos y bien nacidos mas que con la
otra gente? ¿Por qué los obligas a dar pantalia 25
(*) a los çapatos, y a que los botones de sus
ropillas vnos sean de seda, otros de cerdas y
otros de vidro? ¿Por qué sus cuellos, por la
mayor parte, han de ser siempre escarolados, y
no abiertos con molde? Y en esto se echará 30
de ver que es antiguo el vso del almidon y de
los cuellos abiertos. Y prosiguió: Miserable
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72
del bien nacido que va dando pistos a su honra,
comiendo mal, y a puerta cerrada, haziendo
hipocrita al palillo de dientes (*) con que sale a
la calle despues de no auer comido cosa que le
obligue a limpiarselos; miserable de aquel, 5
digo, que tiene la honra espantadiza, y piensa
que desde vna legua se le descubre el remiendo
del çapato, el trassudor del sombrero, la hilaza
del herreruelo y la hambre de su estomago!
Todo esto se le renouo a don Quixote en la 10
soltura de sus puntos; pero consolose con ver
que Sancho le auia dexado vnas botas de
camino, que penso ponerse otro dia.
Finalmente, el se recosto pensatiuo y pesaroso
(*), assi de la falta que Sancho le hazia, 15
como de la inreparable desgracia de sus
medias, a quien tomara los puntos aunque fuera
con seda de otra color, que es vna de las
mayores señales de miseria que vn hidalgo puede
dar en el discurso de su prolixa estrecheza. 20
Mató las velas, hazia calor y no podia dormir;
leuantose del lecho y abrio vn poco la ventana
de vna rexa que daua sobre vn hermoso jardin,
y al abrirla (*), sintio y oyo que andaua y
hablaua gente en el jardin. Pusose a escuchar 25
atentamente; leuantaron la voz los de abaxo,
tanto, que pudo oyr estas razones:
No me porfies, o Emerencia, que cante, pues
sabes que desde el punto que este forastero
entró en este castillo, y mis ojos le miraron, yo 30
no se cantar, sino llorar; quanto mas que el
sueño de mi señora tiene mas de ligero que de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 73
pessado, y no querria que nos hallasse aqui por
todo el tesoro del mundo; y, puesto caso que
durmiesse y no despertasse, en vano seria mi
canto si duerme y no despierta para oyrle este
nueuo (*) Eneas, que ha llegado a mis regiones 5
para dexarme escarnida (*).
No des en esso, Altisidora amiga,
respondieron; que sin duda la duquessa y quantos
ay en essa casa duermen, si no es el señor de
tu coraçon y el despertador de tu alma; porque 10
aora senti que abria la ventana de la reja de su
estancia, y sin duda deue de estar despierto.
Canta, lastimada mia, en tono baxo y suaue, al
son de tu arpa, y quando la duquessa nos sienta,
le echaremos la culpa al calor que haze. 15
No está en esso el punto, o Emerencia,
respondio la Altisidora, sino en que no querria
que mi canto descubriesse mi coraçon y fuesse
juzgada de los que no tienen noticia de las
fuerças poderosas de amor por donzella antojadiza 20
y liuiana. Pero venga lo que viniere; que
mas vale verguença en cara que manzilla en
coraçon.
Y, en esto, sintio tocar vna harpa
suauissimamente; oyendo lo qual quedó don Quixote 25
pasmado, porque en aquel instante se le vinieron
a la memoria las infinitas auenturas semejantes
a aquella de ventanas, rejas y jardines,
musicas, requiebros y desuanecimientos que en los
sus desuanecidos libros de cauallerias auia 30
leydo. Luego imaginó que alguna donzella de
la duquessa estaua del enamorada, y que la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74
honestidad la forçaua a tener secreta su voluntad,
temio no le rindiesse, y propuso en su
pensamiento el no dexarse vencer; y,
encomendandose de todo buen animo y buen talante a
su señora Dulcinea del Toboso, determinó de 5
escuchar la musica, y para dar a entender que
alli estaua, dio vn fingido estornudo, de que no
poco se alegraron las donzellas, que otra cosa
no desseauan sino que don Quixote las oyesse.
Recorrida, pues, y afinada la harpa, Altisidora 10
dio principio a este romance:
¡O tu, que estás en tu lecho,
entre sabanas de olanda,
durmiendo a pierna tendida
de la noche a la mañana, 15
cauallero el mas valiente
que ha produzido la Mancha,
mas honesto y mas bendito
que el oro fino de Arabia!
Oye a vna triste donzella, 20
bien crecida y mal lograda,
que en la luz de tus dos soles
se siente abrasar el alma.
Tu buscas tus auenturas,
y agenas desdichas hallas; 25
das las feridas, y niegas
el remedio de sanarlas (*).
Dime, valeroso jouen,
que Dios prospere tus ansias,
si te criaste en la Libia, 30
o en las montañas de Iaca;
si sierpes te dieron leche;
si a dicha fueron tus amas
la aspereza de las seluas
y el horror de las montañas. 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 75
Muy bien puede Dulcinea,
donzella rolliza y sana,
preciarse de que ha rendido
a vna tigre y fiera braua.
Por esto sera famosa, 5
desde Henares a Xarama,
desde el Tajo a Mançanares,
desde Pisuerga hasta Arlanza.
Trocárame (*) yo por ella,
y diera encima vna saya 10
de las mas gayadas mias,
que de oro le adornan franjas.
¡O, quién se viera en tus braços,
o si no, junto a tu cama,
rascandote la cabeça, 15
y matandote la caspa (*)!
Mucho pido, y no soy digna
de merced tan señalada:
los pies quisiera traerte;
que a vna humilde esto le basta. 20
¡O, qué de cofias te diera,
qué de escarpines de plata,
qué de calças de damasco,
qué de herreruelos de olanda!
¡Qué de finissimas perlas, 25
cada qual como vna agalla,
que, a no tener compañeras,
las solas fueran llamadas!
No mires de tu Tarpeya
este incendio que me abrasa, 30
Neron manchego del mundo,
ni le auiues con tu saña.
Niña soy, pulzela tierna;
mi edad de quinze no passa;
catorze tengo y tres meses 35
te juro en Dios y en mi anima.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76
No soy renca, ni soy coxa,
ni tengo nada de manca;
los cabellos, como lirios,
que, en pie, por el suelo arrastran.
Y, aunque es mi boca aguileña, 5
y la nariz algo chata,
ser mis dientes de topacios
mi belleza al cielo ensalça.
Mi voz, ya ves, si me escuchas,
que a la que es mas dulce yguala, 10
y soy de disp[o]sicion
algo menos que mediana.
Estas y otras gracias miras (*):
son despojos de tu aljaua;
desta casa soy donzella, 15
y Altisidora me llaman.
Aqui dio fin el canto de la malferida
Altisidora, y començo el asombro del requirido don
Quixote, el qual, dando vn gran suspiro, dixo
entre si: 20
¡Que tengo de ser tan desdichado andante,
que no ha de auer donzella que me mire que
de (*) mi no se enamore! ¡Que tenga de ser tan
corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso,
que no la han de dexar a solas gozar de la 25
incomparable firmeza mia! ¿Qué la quereis,
reynas? ¿A qué la perseguis, emperatrizes?
¿Para qué la acosays, donzellas de a catorze a
quinze años? Dexad, dexad a la miserable que
triunfe, se goze y vfane con la suerte que amor 30
quiso darle en rendirle mi coraçon y entregarle
mi alma. Mirad, caterba enamorada, que para
sola Dulcinea soy de masa y de alfenique (*),
y para todas las demas soy de pedernal; para
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 77
ella (*) soy miel, y para vosotras azibar; para mi
sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la
honesta, la gallarda y la bien nacida, y las demas,
las feas, las necias, las liuianas y las de peor
linage; para ser yo suyo, y no de otra alguna, 5
me arrojó la naturaleza al mundo. Llore o
cante Altisidora, desesperese madama por quien
me aporrearon en el castillo del moro encantado;
que yo tengo de ser de Dulcinea, cozido o
asado (*), limpio, bien criado y honesto, a pesar 10
de todas las potestades hechizeras de la tierra.
Y, con esto, cerro de golpe la ventana, y,
despechado y pesaroso, como si le huuiera
acontecido alguna gran desgracia, se acosto en
su lecho, donde le dexaremos por aora, porque 15
nos está llamando el gran Sancho Pança, que
quiere dar principio a su famoso gouierno.
p. 78
Capitulo XLV
De cómo el gran Sancho Pança tomó la possession
de su insula, y del modo que començo
a gouernar.
¡O perpetuo descubridor de los antipodas, 5
hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de
las cantimploras (*), Timbrio aqui, Febo alli,
tirador aca, medico aculla, padre de la poesia,
inuentor de la musica, tu que siempre sales y
aunque lo parece, nunca te pones! ¡A ti digo, 10
o sol, con cuya ayuda el hombre engendra al
hombre! (*): a ti digo que me fauorezcas y
alumbres la escuridad de mi ingenio, para
que pueda discurrir por sus puntos en la
narracion del gouierno del gran Sancho Pança; 15
que, sin ti, yo me siento tibio, desmaçalado y
confuso.
Digo, pues, que con todo su acompañamiento
llegó Sancho a vn lugar de hasta mil vezinos,
que era de los mejores que el duque tenia; 20
dieronle a entender que se llamaua la insula
Barataria, o ya porque el lugar se llamaua
Baratario, o ya por el barato con que se le auia
dado el gouierno. Al llegar a las puertas de la
villa, que era cercada, salio el regimiento del 25
pueblo a recebirle; tocaron las campanas, y
todos los vezinos dieron muestras de general
alegria, y con mucha pompa le lleuaron a la
iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego, con
algunas ridiculas ceremonias, le entregaron las 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 79
llaues del pueblo, y le admitieron por perpetuo
gouernador de la insula Barataria.
El trage, las barbas, la gordura y pequeñez
del nueuo gouernador tenia admirada a toda
la gente que el busilis del cuento no sabia, y 5
aun a todos los que lo (*) sabian, que eran
muchos. Finalmente, en sacandole de la iglesia, le
lleuaron a la silla del juzgado y le sentaron en
ella, y el mayordomo del duque le dixo:
Es costumbre antigua en esta insula, señor 10
gouernador, que el que viene a tomar possession
desta famosa insula está obligado a responder
a vna pregunta que se le hiziere, que
sea algo intricada y dificultosa, de cuya
respuesta el pueblo toma y toca el pulso del 15
ingenio de su nueuo gouernador; y, assi, o se
alegra, o se entristeze con su venida.
En tanto que el mayordomo dezia esto a
Sancho, estaua el mirando vnas grandes y muchas
letras que en la pared frontera de su silla 20
estauan escritas, y como el no sabia leer, preguntó
que qué eran aquellas pinturas que en aquella
pared estauan; fuele respondido:
Señor, alli está escrito y notado el dia en
que vuessa señoria tomó possession desta insula, 25
y dize el epitafio (*): «Oy dia, a tantos de tal
»mes y de tal año, tomó la possession desta
»insula el señor don Sancho Pança, que muchos
»años la goze.»
Y ¿a quién llaman don Sancho Pança?, 30
preguntó Sancho.
A vuessa señoria, respondio el mayordomo;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80
que en esta insula no ha entrado otro Pança,
sino el que está sentado en essa silla.
Pues aduertid, hermano, dixo Sancho, que
yo no tengo don, ni en todo mi linage le ha
auido: Sancho Pança me llaman a secas, y 5
Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi aguelo, y
todos fueron Panças sin añadiduras de dones
ni donas; y yo imagino que en esta insula deue
de auer mas dones que piedras; pero basta,
Dios me entiende, y podra ser que si el 10
gouierno me dura quatro dias, yo escardaré estos
dones, que por la muchedumbre deuen de enfadar
como los mosquitos. Passe adelante con su
pregunta el señor mayordomo; que yo respondere
lo mejor que supiere, ora se entristezca, o 15
no se entristezca el pueblo.
A este instante entraron en el juzgado dos
hombres, el vno vestido de labrador, y el otro
de sastre, porque traia vna[s] tijeras en la mano;
y el sastre dixo: 20
Señor gouernador, yo y este hombre labrador
venimos ante vuessa merced en razon que
este buen hombre llegó a mi tienda ayer --que
yo, con perdon de los presentes, soy sastre
examinado, que Dios sea bendito--, y, 25
poniendome vn pedaço de paño en las manos, me
pr[e]guntó: «Señor, ¿auria en este (*) paño harto
»para hazerme vna caperuza?» Yo, tanteando
el paño, le respondi que si; el deuiose de
imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, 30
que, sin duda, yo le queria hurtar alguna parte
del paño, fundandose en su malicia y en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 81
mala opinion de los sastres; y replicome que
mirasse si auria para dos. Adiuinele el
pensamiento, y dixele que si; y el, cauallero en su
dañada y primera intencion, fue añadiendo
caperuzas, y yo añadiendo sies, hasta que 5
llegamos a cinco caperuzas, y aora en este punto
acaba de venir por ellas; yo se las doy, y no
me quiere pagar la hechura; antes me pide que
le pague o buelua su paño.
Es todo esto assi, hermano?, preguntó 10
Sancho.
Si señor, respondio el hombre; pero hagale
vuessa merced que muestre las cinco
caperuzas que me ha hecho.
De buena gana, respondio el sastre. 15
Y, sacando encontinente la mano debaxo
del herreruelo, mostro en ella cinco caperuzas
puestas en las cinco cabeças de los dedos de
la mano, y dixo:
E aqui las cinco caperuzas que este buen 20
hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia
que no me ha quedado nada del paño, y yo
daré la obra a vista de veedores del oficio.
Todos los presentes se rieron de la multitud
de las caperuzas, y del nueuo pleyto. Sancho 25
se puso a considerar vn poco, y dixo:
Pareceme que en este pleyto no ha de auer
largas dilaciones, sino juzgar luego a juyzio
de buen varon, y, assi, yo doy por sentencia
que el sastre pierda las hechuras, y el labrador 30
el paño, y las caperuzas se lleuen a los presos
de la carcel, y no aya mas.
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Si la sentencia passada (*) de la bolsa del
ganadero mouio a admiracion a los circunstantes,
esta les prouocó a risa; pero, en fin, se
hizo lo que mandó el gouernador; ante el
qual se presentaron dos hombres ancianos, el 5
vno traia vna cañaheja por baculo, y el sin
baculo dixo:
Señor, a este buen hombre le presté dias
ha 10 escudos de oro en oro, por hazerle
plazer y buena obra, con condicion que me los 10
boluiesse quando se los pidiesse. Passaronse
muchos dias sin pedirselos, por no ponerle en
mayor necessidad, de boluermelos, que la que
el tenia quando yo se los presté: pero por
parecerme que se descuydaua en la paga, se 15
los he pedido vna y muchas vezes, y no
solamente no me los buelue, pero me los niega, y
dize que nunca tales 10 escudos le presté,
y que si se los presté, que ya me los ha buelto.
Yo no tengo testigos ni del prestado, ni de la 20
buelta, porque no me los ha buelto. Querria
que vuessa merced le tomasse juramento y, si
jurare que me los ha buelto, yo se los perdono
para aqui y para delante de Dios.
¿Qué dezys vos a esto, buen viejo del 25
baculo?, dixo Sancho.
A lo que dixo el viejo:
Yo, señor, confiesso que me los prestó,
y baxe vuessa merced essa vara, y, pues el
lo dexa en mi juramento, yo juraré como 30
se los he buelto y pagado real y
verdaderamente.
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Baxó el gouernador la vara, y, en tanto, el
viejo del baculo dio el baculo al otro viejo,
que se le tuuiesse en tanto que juraua, como
si le embaraçara mucho, y luego puso la mano
en la cruz de la vara, diziendo que era verdad, 5
que se le auian prestado aquellos diez escudos
que se le pedian; pero que el se los auia buelto
de su mano a la suya, y que por no caer en
ello se los boluia a pedir por momentos.
Viendo lo qual el gran gouernador, preguntó al 10
acreedor qué respondia a lo que dezia su
contrario; y dixo que sin duda alguna su deudor
deuia de dezir verdad, porque le tenia por
hombre de bien y buen christiano, y que a el
se le deuia de auer oluidado el cómo y quándo 15
se los auia buelto, y que desde alli en adelante
jamas le pidiria nada. Tornó a tomar su baculo
el deudor, y, baxando la cabeça, se salio del
juzgado. Visto lo qual Sancho, y que sin mas
ni mas se yua, y viendo tambien la paciencia 20
del demandante, inclinó la cabeça sobre el
pecho, y, poniendose el indice de la mano
derecha sobre las cejas y las narizes, estuuo
como pensatiuo vn pequeño espacio, y luego
alçó la cabeça y mandó que le llamassen al 25
viejo del baculo, que ya se auia ydo.
Truxeronsele, y, en viendole Sancho, le dixo:
Dadme, buen hombre, esse baculo; que le
he menester.
De muy buena gana, respondio el viejo: 30
ele aqui, señor.
Y pusosele en la mano.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84
Tomole Sancho, y, dandosele al otro viejo,
le dixo:
Andad con Dios, que ya vais pagado.
¿Yo, señor?, respondio el viejo. Pues, ¿vale
esta cañaheja 10 escudos de oro? 5
Si, dixo el gouernador, o si no, yo soy el
mayor porro del mundo, y aora se vera si
tengo yo caletre para gouernar todo vn reyno.
Y mandó que alli delante de todos se rompiesse
y abriesse la caña. Hizose assi, y en el 10
coraçon della hallaron 10 escudos en oro.
Quedaron todos admirados, y tuuieron a su
gouernador por vn nueuo Salomon. Preguntaronle
de dónde auia colegido que en aquella
cañaheja estauan aquellos 10 escudos, y 15
respondio que de auerle visto dar el viejo que
juraua, a su contrario, aquel baculo en tanto
que hazia el juramento, y jurar que se los auia
dado real y verdaderamente, y que, en acabando
de jurar, le tornó a pedir el baculo, le 20
vino a la imaginacion que dentro del estaua
la paga de lo que pedian. De donde se podia
colegir que los que gouiernan, aunque sean
vnos tontos, tal vez los encamina Dios en sus
juyzios; y mas, que el auia oydo contar otro 25
caso como aquel al cura de su lugar, y que el
tenia tan gran memoria, que a no oluidarsele
todo aquello de que queria acordarse, no huuiera
tal memoria en toda la insula. Finalmente,
el vn viejo corrido, y el otro pagado, se 30
fueron, y los presentes quedaron admirados.
Y el que escriuia las palabras, hechos y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 85
mouimientos de Sancho, no acabaua de determinarse
si le tendria y pondria por tonto, o por
discreto (*).
Luego, acabado este pleyto, entró en el
juzgado vna muger, assida fuertemente de vn 5
hombre vestido de ganadero rico, la qual venia
dando grandes vozes, diziendo:
¡Iusticia, señor gouernador, justicia, y si no
la hallo en la tierra, la yre a buscar al cielo!
Señor gouernador de mi anima, este mal hombre 10
me ha cogido en la mitad desse campo, y
se ha aprouechado de mi cuerpo como si fuera
trapo mal lauado, y, desdichada de mi, me ha
lleuado lo que yo tenia guardado mas de
veynte y tres años ha, defendiendolo de moros 15
y christianos, de naturales y estrangeros,
y yo, siempre dura como vn alcornoque,
conseruandome entera como la salamanquesa en
el fuego, o como la lana entre las çarças, para
que este buen hombre llegasse aora con sus 20
manos limpias a manosearme.
Aun esso está por aueriguar, si tiene limpias
o no las manos este galan, dixo Sancho.
Y, boluiendose al hombre, le dixo qué
dezia y respondia a la querella de aquella 25
muger; el qual, todo turbado, respondio:
Señores, yo soy vn pobre ganadero de
ganado de cerda, y esta mañana salia deste
lugar, de vender, con perdon sea (*) dicho,
quatro puercos, que me lleuaron de alcaualas y 30
socaliñas poco menos de lo que ellos valian;
boluiame a mi aldea, topé en el camino a esta
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buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca
y todo lo cueze, hizo que yogassemos juntos;
paguele lo soficiente, y ella, mal contenta,
assio de mi, y no me ha dexado hasta traerme
a este puesto. Dize que la forçe, y miente, 5
para el juramento que hago o pienso hazer;
y esta es toda la verdad, sin faltar meaja.
Entonces el gouernador le preguntó si traia
consigo algun dinero en plata. El dixo que
hasta veynte ducados tenia en el seno en vna 10
bolsa de cuero; mandó que la sacasse y se la
entregasse assi como estaua a la querellante;
el lo hizo temblando, tomola [la] muger, y,
haziendo mil zalemas a todos, y, rogando a
Dios por la vida y salud del señor gouernador, 15
que assi miraua por las huerfanas menesterosas
y donzellas; y (*), con esto, se salio del
juzgado, lleuando la bolsa assida con entrambas
manos, aunque primero miró si era de plata la
moneda que lleuaua dentro. 20
Apenas salio, quando Sancho dixo al ganadero,
que ya se le saltauan las lagrimas, y los
ojos y el coraçon se yuan tras su bolsa:
Buen hombre, yd tras aquella muger, y
quitadle la bolsa, aunque no quiera, y bolued 25
aqui con ella.
Y no lo dixo a tonto ni a sordo, porque
luego partio como vn r