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Índice
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE DE LA MANCHA
TOMO IV
[con notas]
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
Copyright © 1997 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
_______
DON QVIXOTE
DE LA MANCHA
TOMO IV
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
GRÁFICAS REUNIDAS, S. A.
M. CM. XLI.
p. 4
p. 5
ADVERTENCIA
Al terminar este cuarto y último tomo de la
obra imperecedera de Cervantes, quiero dar
mis más sinceras gracias a mis colegas y amigos
Edwin S. Morby y Dorotea Clarke, quienes,
en medio de sus propias faenas, se han dado
la molestia de leer las pruebas del texto y de
las notas. Y si se puede decir con alguna
justicia amici probantur rebus adversis, también
se puede decir que no hay mejor prueba de los
amigos que la ayuda ofrecida para descubrir y
subsanar las equivocaciones de otros, sobre
todo las erratas de imprenta que tienen la
destreza mágica de ocultarse en las pruebas sólo
para quedar patentes a la vista de todos desde
el momento en que se publica la obra.
p. 6
p. 7
Capitulo XXXVIII
Donde se cuenta la que dio de su mala andança
la dueña Dolorida.
Detras de los tristes musicos començaron a
entrar por el jardin adelante hasta cantidad de 5
doze dueñas, repartidas en dos hileras, todas
vestidas de vnos mongiles anchos, al parecer,
de anascote batanado, con vnas tocas blancas
de delgado canequi, tan luengas, que solo el
ribete del mongil descubrian. Tras ellas venia 10
la condessa Trifaldi, a quien traia de la mano
el escudero Trifaldin de la Blanca Barba, vestida
de finissima y negra vayeta por frisar, que, a
venir frisada, descubriera cada grano del
grandor de vn garuanzo de los buenos de 15
Martos (*). La cola o falda, o como llamarla
quisieren, era de tres puntas, las quales se
sustentauan en las manos de tres pages assimesmo
vestidos de luto, haziendo vna vistosa y
matematica figura con aquellos tres angulos acutos, 20
que las tres puntas formauan, por lo qual cayeron
todos los que la falda puntiaguda miraron,
que por ella se deuia llamar la Condessa
Trifaldi, como si dixessemos la Condessa de las
tres faldas; y, assi, dize Benengeli que fue 25
verdad, y que de su propio apellido se llamó (*)
la Condessa Lobuna, a causa que se criauan
en su condado muchos lobos, y que, si como
eran lobos fueran zorras, la llamaran la
Condessa Zorruna, por ser costumbre en aquellas 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 8
partes tomar los señores la denominacion de
sus nombres de la cosa, o cosas, en que mas
sus estados abundan; empero esta condessa,
por fauorecer la nouedad de su falda, dexó el
Lobuna, y tomó el Trifaldi. 5
Venian las doze dueñas y la señora a paso
de procession, cubiertos los rostros con vnos
velos negros, y no trasparentes como el de
Trifaldin, sino tan apretados que ninguna cosa
se trasluzian (*). 10
Assi como acabó de parecer el dueñesco
esquadron, el duque, la duquessa y don Quixote
se pusieron en pie, y todos aquellos que la
espaciosa procession mirauan. Pararon las
doze dueñas y hizieron calle, por medio de la 15
qual la Dolorida se adelantó, sin dexarla de la
mano Trifaldin; viendo lo qual el duque, la
duquessa y don Quixote, se adelantaron obra
de doze pasos a recebirla. Ella puesta[s] (*) las
rodillas en el suelo, con voz antes basta y ronca 20
que sutil y dilicada, dixo:
Vuestras grandezas sean seruidas de no
hazer tanta cortesia a este su criado, digo a
esta su criada, porque segun soy de dolorida,
no acertaré a responder a lo que deuo, a causa 25
que mi estraña y jamas vista desdicha me ha
lleuado el entendimiento, no se adónde, y deue
de ser muy lexos, pues quanto mas le busco,
menos le hallo.
Sin el estaria, respondio el duque, señora 30
condessa, el que no descubriese por vuestra
persona vuestro valor, el qual, sin mas ver, es
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 9
merecedor de toda la nata de la cortesia,
y de toda la flor de las bien criadas
ceremonias.
Y, leuantandola de la mano, la lleuó a assentar
en vna silla junto a la duquessa, la qual la 5
recibio assimismo con mucho comedimiento.
Don Quixote callaua, y Sancho andaua
muerto por ver el rostro de la Trifaldi y de
alguna de sus muchas dueñas; pero no fue
possible, hasta que ellas de su grado y 10
voluntad se descubrieron. Sossegados todos y
puestos en silencio, estauan esperando quién le
auia de romper, y fue la dueña Dolorida con
estas palabras:
Confiada estoy, señor poderosissimo, 15
hermosissima señora y discretissimos circunstantes,
que ha de hallar mi cuytissima en vuestros
valerosissimos pechos acogimiento, no menos
placido que generoso y doloroso; porque ella
es tal, que es bastante a enternecer los 20
marmoles, y a ablandar los diamantes, y a
molificar los azeros de los mas endurecidos
coraçones del mundo; pero antes que salga a la
plaza de vuestros oydos, por no dezir orejas,
quisiera que me hizieran sabidora si está en 25
este gremio, corro y compañia, el acendradissimo
cauallero don Quixote de la Manchissima,
y su escuderissimo Pança.
El Pança, antes que otro respondiesse,
dixo Sancho, aqui está, y el don Quixotissimo 30
assimismo; y, assi, podreys, dolorosissima
dueñissima, dezir lo que quisieridissimis; que todos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 10
estamos prontos y aparejadissimos a ser
vuestros seruidorissimos.
En esto, se leuantó don Quixote, y, encaminando
sus razones a la Dolorida dueña, dixo:
Si vuestras cuytas, angustiada señora, se 5
pueden prometer alguna esperança (*) de
remedio por algun valor o fuerças de algun
andante cauallero, aqui estan las mias, que,
aunque flacas y breues, todas se emplearán en
vuestro seruicio. Yo soy don Quixote de la 10
Mancha, cuyo asumpto es acudir a toda suerte
de menesterosos, y siendo esto assi, como lo
es, no aueis menester, señora, captar
beneuolencias, ni buscar preambulos, sino a la llana
y sin rodeos dezir (*) vuestros males; que oydos 15
os escuchan, que sabran, si no remediarlos,
dolerse dellos.
Oyendo lo qual la Dolorida dueña, hizo
señal de querer arrojarse a los pies de don
Quixote, y aun se arrojó, y pugnando por 20
abraçarselos, dezia:
Ante (*) estos pies y piernas me arrojo, o
cauallero inuicto, por ser los que son basas y
colunas de la andante caualleria; estos pies
quiero besar, de cuyos pasos pende y cuelga 25
todo el remedio de mi desgracia, ¡o valeroso
andante, cuyas verdaderas fazañas dexan atras
y escurecen las fabulosas de los Amadisses,
Esplandianes y Belianisses!
Y, dexando a don Quixote, se boluio a Sancho 30
Pança y, assiendole de las manos, le dixo:
¡O tu el mas leal escudero que jamas siruio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 11
a cauallero andante en los presentes, ni en los
passados siglos, mas luengo en bondad que la
barba de Trifaldin, mi acompañador que está
presente!, bien puedes preciarte que en seruir
al gran don Quixote sirues en cifra a toda la 5
caterua de caualleros que han tratado las
armas en el mundo. Conjurote, por lo que
deues a tu bondad fidelissima, me seas buen
intercessor con tu dueño, para que luego
fauorezca a esta humilissima y desdichadissima 10
condessa.
A lo que respondio Sancho:
De que sea mi bondad, señoria (*) mia, tan
larga y grande, como la barba de vuestro
escudero, a mi me haze muy poco al caso; 15
barbada y con vigotes tenga yo mi alma quando
desta vida vaya, que es lo que importa; que
de las barbas de aca poco o nada me curo;
pero, sin essas socaliñas (*) ni plegarias, yo
rogaré a mi amo, que se que me quiere bien, 20
y mas agora que me ha menester para cierto
negocio, que fauorezca y ayude a vuessa merced
(*) en todo lo que pudiere; vuessa merced
desembaule su cuyta, y cuentenosla, y dexe
hazer; que todos nos entenderemos. 25
Rebentauan de risa con estas cosas los
duques, como aquellos que auian tomado el
pulso a la tal auentura, y alabauan entre si la
agudeza y dissimulacion de la Trifaldi, la qual,
boluiendose assentar, dixo: 30
Del famoso reyno de Candaya, que cae entre
la gran Trapobana (*) y el mar del Sur, dos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 12
leguas mas alla del cabo Comorin (*), fue
señora la reyna doña Maguncia, viuda del rey
Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio
tuuieron y procrearon a la infanta Antonomasia,
heredera del reyno, la qual dicha infanta 5
Antonomasia se crio; y crecio debaxo de mi
tutela y doctrina, por ser yo la mas antigua y
la mas principal dueña de su madre. Sucedio,
pues, que yendo dias y viniendo dias, la niña
Antonomasia llegó a edad de catorze años, 10
con tan gran perfecion de hermosura, que no
la pudo subir mas de punto la naturaleza.
Pues ¡digamos agora que la discrecion era
mocosa! Assi era discreta como bella, y era la
mas bella del mundo, y lo es, si ya los hados 15
inuidiosos y las parcas endurecidas no la han
cortado la estambre de la vida; pero no auran,
que no han de permitir los cielos que se haga
tanto mal a la tierra, como seria lleuarse en
agraz el razimo del mas hermoso veduño del 20
suelo.
De esta hermosura, y no como se deue
encarecida de mi torpe lengua, se enamoró vn
numero infinito de principes, assi naturales
como estrangeros, entre los quales osó leuantar 25
los pensamientos al cielo de tanta belleza
vn cauallero particular, que en la corte estaua,
confiado en su mocedad y en su bizarria y en
sus muchas habilidades y gracias, y facilidad y
felicidad de ingenio; porque hago saber a 30
vuestras grandezas, si no lo tienen por enojo (*),
que tocaua vna guitarra que la hazia hablar, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 13
mas que era poeta y gran baylarin, y sabia
hazer vna xaula de paxaros, que solamente
a hazerlas pudiera ganar la vida, quando se
viera en estrema necessidad; que todas estas
partes y gracias son bastantes a derribar vna 5
montaña, no que (*) vna delicada donzella. Pero
toda su gentileza y buen donayre, y todas sus
gracias y habilidades fueran poca o ninguna
parte para rendir la fortaleza de mi niña, si el
ladron desuellacaras no vsara del remedio de 10
rendirme a mi primero. Primero quiso el
malandrin y desalmado vagamundo grangearme
la voluntad, y coecharme el gusto, para que
yo, mal alcayde, le entregasse las llaues de la
fortaleza que guardaua. 15
En resolucion, el me aduló el entendimiento,
y me rindio la voluntad con no se qué
dixes y brincos que me dio; pero lo que mas
me hizo postrar y dar conmigo por el suelo
fueron vnas coplas que le oi cantar vna noche, 20
desde vna reja que caia a vna callejuela donde
el estaua, que si mal no me acuerdo dezian:
De la dulce mi enemiga
nace vn mal que al alma hiere,
y por mas tormento, quiere 25
que se sienta y no se diga (*).
Pareciome la troba de perlas, y su voz, de
almibar, y despues aca, digo, desde entonces,
viendo el mal en que cai por estos y otros
semejantes versos, he considerado que de las 30
buenas y concertadas republicas se auian de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 14
desterrar los poetas, como aconsejaua Platon,
a lo menos los lasciuos (*), porque escriuen
vnas coplas, no como las del marques de
Mantua (*), que entretienen y hazen llorar los
niños y a las mugeres, sino vnas agudezas 5
que a modo de blandas espinas os atrauiessan
el alma, y como rayos os hieren en ella,
dexando sano el vestido (*), y otra vez cantó:
Ven, muerte, tan escondida,
que no te sienta venir; 10
porque el placer del morir
no me torne a dar la vida (*).
Y deste jaez otras coplitas y estrambotes
que, cantados encantan, y escritos suspenden;
pues ¿qué quando se humillan a componer vn 15
genero de verso que en Candaya se vsaua
entonces, a quien ellos llamauan seguidillas?
Alli era el brincar de las almas, el retozar de
la risa, el dessassossiego de los cuerpos, y,
finalmente, el azogue de todos los sentidos. Y 20
assi, digo, señores mios, que los tales trobadores
con justo titulo los deuian desterrar a las
Islas de los Lagartos (*). Pero no tienen ellos
la culpa, sino los simples que los alaban, y
las bobas que los creen. Y si yo fuera la buena 25
dueña que deuia, no me auian de mouer sus
trasnochados conceptos, ni auia de creer ser
verdad aquel dezir: «Viuo muriendo, ardo en
»el yelo, tiemblo en el fuego, espero sin
»esperança, partome y quedome», con otros 30
impossibles desta ralea, de que estan sus
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 15
escritos llenos. Pues ¿qué quando prometen el
fenix de Arabia, la corona de Aridiana (*), los
cauallos del Sol, del Sur las perlas, de Tibar
el oro, y de Pancaya el balsamo (*)? Aqui es
donde ellos alargan mas la pluma, como les 5
cuesta poco prometer lo que jamas piensan,
ni pueden cumplir. Pero ¿dónde me diuierto?
¡Ay de mi desdichada! ¿Qué locura, o qué
desatino me lleua a contar las agenas faltas,
teniendo tanto que dezir de las mias? ¡Ay de mi, 10
otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los
versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron
las musicas, sino mi liuiandad; mi mucha
ignorancia y mi poco aduertimiento abrieron el
camino y desembaraçaron la senda a los pasos 15
de don Clauijo, que este es el nombre del referido
cauallero; y assi, siendo yo la medianera,
el se halló vna y muy muchas vezes en la
estancia de la por mi y no por el engañada
Antonomasia, debaxo del titulo de verdadero 20
esposo; que aunque pecadora, no consintiera
que, sin ser su marido, la llegara a la vira de
la suela de sus çapatillas. ¡No, no, esso no; el
matrimonio ha de yr adelante en qualquier
negocio destos, que por mi se tratare! 25
Solamente huuo vn daño en este negocio, que fue
el de la desigualdad, por ser don Clauijo vn
cauallero particular, y la infanta Antonomasia
heredera, como ya he dicho, del reyno.
Algunos dias estuuo encubierta y solapada 30
en la sagazidad de mi recato esta maraña,
hasta que me parecio que la yua descubriendo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 16
mas andar no se qué hinchazon del vientre de
Antonomasia, cuyo temor nos hizo entrar en
bureo a los tres, y salio del, que antes que se
saliesse a luz el mal recado, don Clauijo
pidiesse ante el vicario por su muger a 5
Antonomasia, en fe de vna cedula, que de ser su
esposa la infanta le auia hecho, notada por mi
ingenio con tanta fuerça, que las de Sanson no
pudieran romperla. Hizieronse las diligencias,
vio el vicario la cedula, tomó el tal vicario la 10
confession a la señora, confessó de plano,
mandola depositar en casa de vn alguazil de corte
muy honrado.
A esta sazon dixo Sancho:
Tambien en Candaya ay alguaziles de corte, 15
poetas y seguidillas: por lo que puedo jurar
que imagino que todo el mundo es vno; pero
dese vuessa merced priesa, señora Trifaldi, que
es tarde, y ya me muero por saber el fin desta
tan larga historia. 20
Si hare, respondio la condessa.
p. 17
Capitulo XXXIX
Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable
historia.
De qualquiera palabra que Sancho dezia la
duquessa gustaua tanto, como se desesperaua 5
don Quixote, y, mandandole que callasse, la
Dolorida prosiguio, diziendo:
En fin, al cabo de muchas demandas y
respuestas, como la infanta se estaua siempre en
sus treze (*), sin salir ni variar de la primera 10
declaracion, el vicario sentenció en fauor de don
Clauijo, y se la entregó por su legitima esposa,
de lo que recibio tanto enojo la reyna doña
Maguncia, madre de la infanta Antonomasia,
que dentro de tres dias la enterramos. 15
Deuio de morir, sin duda, dixo Sancho.
Claro está, respondio Trifaldin; que en
Candaya no se entierran las personas viuas,
sino las muertas.
Ya se ha visto, señor escudero, replicó 20
Sancho, enterrar vn desmayado, creyendo ser
muerto, y pareciame a mi que estaua la reyna
Maguncia obligada a desmayarse antes que a
morirse; que con la vida muchas cosas se
remedian, y no fue tan grande el disparate de 25
la infanta, que obligasse a sentirle tanto;
quando se huuiera casado essa señora con algun
page suyo, o con otro criado de su casa, como
han hecho otras muchas, segun he oydo dezir,
fuera el daño sin remedio; pero el auerse 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 18
casado con vn cauallero tan gentilhombre, y tan
entendido como aqui nos le han pintado, en
verdad en verdad, que aunque fue necedad,
no fue tan grande como se piensa. Porque segun
las reglas de mi señor, que está presente 5
y no me dexará mentir, assi como se hazen de
los hombres letrados los obispos, se pueden
hazer de los caualleros, y mas si son andantes,
los reyes y los emperadores.
Razon tienes, Sancho, dixo don Quixote, 10
porque vn cauallero andante, como tenga dos
dedos de ventura, está en potencia propinqua
de ser el mayor señor del mundo. Pero passe
adelante la señora Dolorida; que a mi se me
trasluze que le falta por contar lo amargo 15
desta hasta aqui dulce historia.
Y ¡cómo si queda lo amargo!, respondio la
condessa; y tan amargo, que en su comparacion
son dulces las tueras, y sabrosas las adelfas
(*). Muerta, pues, la reyna, y no desmay[a]da, 20
la enterramos, y apenas la cubrimos con la
tierra, y apenas le dimos el vltimo vale, quando,
quis talia fando temperet a lachrymis? (*),
puesto sobre vn cauallo de madera, parecio
encima de la sepultura de la reyna el gigante 25
Malambruno, primo cormano de Maguncia,
que junto con ser cruel era encantador, el qual
con sus artes, en vengança de la muerte de su
cormana, y por castigo del atreuimiento de don
Clauijo, y por despecho de la demasia de 30
Antonomasia, los dexó encantados sobre la mesma
sepultura, a ella, conuertida en vna ximia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 19
bronze, y a el, en vn espantoso cocodrilo de vn
metal no conocido, y entre los dos está vn
padron assimismo de metal, y en el escritas en
lengua siriaca vnas letras, que, auiendose
declarado en la candayesca, y aora en la 5
castellana, encierran esta sentencia: «No cobrarán
»su primera forma estos dos atreuidos amantes,
»hasta que el valeroso Manchego venga conmigo
»a las manos en singular batalla; que para solo
»su gran valor guardan los hados esta nunca 10
»vista auentura (*).»
Hecho esto, sacó de la vayna vn ancho y
desmesurado alfange, y, assiendome a mi por
los cabellos, hizo finta (*) de querer segarme la
gola, y cortarme cercen la cabeça. Turbeme, 15
pegoseme la voz a la garganta, quedé mohina
en todo estremo; pero con todo me esforce lo
mas que pude, y, con voz tembladora y doliente,
le dixe tantas y tales cosas, que le hizieron
suspender la execucion de tan riguroso 20
castigo. Finalmente, hizo traer ante si todas
las dueñas de palacio, que fueron estas que
estan presentes, y despues de auer exagerado
nuestra culpa, y vituperado las condiciones de
las dueñas, sus malas mañas y peores traças, 25
y, cargando a todas la culpa que yo sola tenia,
dixo que no queria con pena capital castigarnos,
sino con otras penas dilatadas, que nos
diessen vna muerte ciuil y continua, y en aquel
mismo momento y punto que acabó de dezir 30
esto, sentimos todas que se nos abrian los
poros de la cara, y que por toda ella nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 20
punçauan como con puntas de agujas; acudimos
luego con las manos a los rostros, y hallamonos
de la manera que aora vereis.
Y luego la Dolorida y las demas dueñas
alçaron los antifazes con que cubiertas venian, 5
y descubrieron los rostros todos poblados de
barbas, quales rubias, quales negras, quales
blancas, y quales albarraçadas, de cuya vista
mostraron quedar admirados el duque y la
duquessa, pasmados don Quixote y Sancho, y 10
atonitos todos los presentes, y la Trifaldi
prosiguio:
Desta manera nos castigó aquel follon y
mal intencionado de Malambruno, cubriendo la
blandura y moruidez de nuestros rostros con 15
la aspereza destas cerdas; que pluguiera al
cielo que antes con su desmesurado alfange
nos huuiera derribado las testas, que no que
nos assombrara la luz de nuestras caras con
esta borra que nos cubre, porque si entramos 20
en cuenta, señores mios --y esto que voy a
dezir agora, lo quisiera dezir hechos mis ojos
fuentes, pero la consideracion de nuestra
desgracia y los mares que hasta aqui han llouido,
los tienen sin humor y secos como aristas, y, 25
assi, lo dire sin lagrimas--, digo, pues, que
¿adónde podra yr vna dueña con barbas? ¿Qué
padre, o qué madre se dolera della? ¿Quién la
dara ayuda? Pues aun quando tiene la tez lisa,
y el rostro martyrizado con mil suertes de 30
menjurges y mudas, apenas halla quien bien la
quiera, ¿qué hara quando descubra hecho vn
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 21
bosque su rostro? ¡O dueñas y compañeras
mias, en desdichado punto nacimos, en hora
menguada nuestros padres nos engendraron!
Y, diziendo esto, dio muestras de
desmayarse. 5
p. 22
Capitulo XL
De cosas que atañen y tocan a esta auentura
y a esta memorable historia.
Real y verdaderamente todos los que gustan
de semejantes historias como esta deuen de 5
mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su autor
primero, por la curiosidad que tuuo en contarnos
las seminimas (*) della, sin dexar cosa, por
menuda que fuesse, que no la sacasse a luz
distintamente. Pinta los pensamientos, descubre 10
las imaginaciones, responde a las tacitas,
aclara las dudas, resuelue los argumentos;
finalmente, los atomos del mas curioso desseo
manifiesta: ¡O autor celeberrimo! ¡O don
Quixote dichoso! ¡O Dulcinea famosa! ¡O Sancho 15
Pança gracioso! Todos juntos y cada vno de
por si viuais siglos infinitos, para gusto y
general passatiempo de los viuientes.
Dize, pues, la historia que assi como Sancho
vio desmayada a la Dolorida, dixo: 20
Por la fe de hombre de bien juro, y por el
siglo de todos mis passados los Panças, que
jamas he oydo ni visto, ni mi amo me ha
contado, ni en su pensamiento ha cabido
semejante auentura como esta. Valgate mil 25
Satanases, por no maldezirte, por encantador y
gigante, Malambruno, y ¿no hallaste otro genero
de castigo que dar a estas pecadoras, sino
el de barbarlas? ¿Cómo y no fuera mejor, y a
ellas les estuuiera mas a cuento, quitarles la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 23
mitad de las narizes de medio arriba, aunque
hablaran gangoso, que no ponerles barbas?
Apostaré yo que no tienen hazienda para
pagar a quien las rape.
Assi es la verdad, señor, respondio vna 5
de las doze; que no tenemos hazienda para
mondarnos, y, assi, hemos tomado algunas de
nosotras por remedio ahorratiuo de vsar de
vnos pegotes o parches pegajosos, y,
aplicandolos a los rostros y tirando de golpe, 10
quedamos rasas y lisas como fondo de mortero de
piedra; que puesto que ay en Candaya mugeres
que andan de casa en casa a quitar el bello y
a pulir las cejas y hazer otros menjurges
tocantes a mugeres, nosotras las dueñas de mi 15
señora por jamas quisimos admitirlas, porque
las mas oliscan a terceras, auiendo dexado de
ser primas; y si por el señor don Quixote no
somos remediadas, con barbas nos lleuarán a
la sepultura. 20
Yo me pelaria las mias, dixo don Quixote,
en tierra de moros, si no remediasse las
vuestras.
A este punto boluio de su desmayo la
Trifaldi, y dixo: 25
El retintin dessa promessa, valeroso
cauallero, en medio de mi desmayo llegó a mis
oydos, y ha sido parte para que yo del buelua
y cobre todos mis sentidos, y assi, de nueuo os
suplico, andante inclito y señor indomable, 30
vuestra graciosa promessa se conuierta en
obra.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 24
Por mi no quedará, respondio don Quixote;
ved, señora, qué es lo que tengo de hazer;
que el animo está muy pronto para seruiros.
Es el caso, respondio la Dolorida, que
desde aqui al reyno de Candaya, si se va por 5
tierra, ay cinco mil leguas, dos mas a menos;
pero si se va por el ayre, y por la linea recta,
ay tres mil y dozientas y veynte y siete. Es
tambien de saber que Malambruno me dixo
que quando la suerte me deparasse al cauallero 10
nuestro libertador, que el le embiaria vna
caualgadura harto mejor y con menos malicias
que las que son de retorno (*), porque ha de ser
aquel mesmo cauallo de madera sobre quien
lleuó el valeroso Pierres robada a la linda 15
Magalona (*), el qual cauallo se rige por vna
clauija que tiene en la frente, que le sirue de
freno, y buela por el ayre con tanta ligereza,
que parece que los mesmos diablos le lleuan.
Este tal cauallo, segun es tradicion antigua, fue 20
compuesto por aquel sabio Merlin; prestosele
a Pierres que era su amigo, con el qual hizo
grandes viages y robó, como se ha dicho, a la
linda Magalona, lleuandola a las ancas por el
ayre, dexando embobados a quantos desde la 25
tierra los mirauan; y no le prestaua sino a
quien el queria o mejor se lo pagaua, y desde
el gran Pi[e]rres hasta aora no sabemos que
aya subido alguno en el. De alli le ha sacado
Malambruno con sus artes y le tiene en su poder, 30
y se sirue del en sus viages, que los haze
por momentos, por diuersas partes del mundo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 25
y oy está aqui y mañana en Francia, y otro dia
en Potosi, y es lo bueno que el tal cauallo ni
come, ni duerme (*), ni gasta herraduras, y lleua
vn portante por los ayres, sin tener alas, que
el que lleua encima puede lleua[r] vna taça 5
llena de agua en la mano, sin que se le derrame
gota, segun camina llano y reposado; por
lo qual la linda Magalona se holgaua mucho
de andar cauallera en el.
A esto dixo Sancho: 10
Para andar reposado y llano, mi ruzio,
puesto que no anda por los ayres; pero, por
la tierra, yo le cutire (*) con quantos portantes
ay en el mundo.
Rieronse todos y la Dolorida prosiguio: 15
Y este tal cauallo, si es que Malambruno
quiere dar fin a nuestra desgracia, antes que
sea media hora entrada la noche estara en
nuestra presencia; porque el me significó que
la señal que me daria por donde yo entendiesse 20
que auia hallado el cauallero que buscaua,
seria embiarme el cauallo, donde fuesse,
con comodidad y presteza.
Y ¿quántos caben en esse cauallo?
preguntó Sancho. 25
La Dolorida respondio:
Dos personas, la vna en la silla y la otra
en las ancas, y por la mayor parte estas tales
dos personas son cauallero y escudero, quando
falta alguna robada donzella. 30
Querria yo saber, señora Dolorida, dixo
Sancho, qué nombre tiene esse cauallo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 26
El nombre, respondio la Dolorida, no es
como el cauallo de Belorofonte, que se llamaua
Pegaso, ni como el del Magno Alexandro, llamado
Buzefalo, ni como el del furioso Orlando,
cuyo nombre fue Brilladoro, ni menos Bayarte, 5
que fue el de Reynaldos de Montaluan, ni
Frontino como el de Rugero, ni Bootes ni Peritoa,
como dizen que se llaman los del Sol, ni
tampoco se llama Orelia, como el cauallo en que
el desdichado Rodrigo, vltimo rey de los godos, 10
entró en la batalla donde perdio la vida y
el reyno (*).
Yo apostaré, dixo Sancho, que pues no
le han dado ninguno dessos famosos nombres
de cauallos tan conocidos, que tampoco le 15
auran dado el de mi amo, Rozinante, que en
ser propio excede a todos los que se han
nombrado.
Assi es, respondio la barbada condessa;
pero todauia le quadra mucho, porque se 20
llama Clauileño el Aligero, cuyo nombre
conuiene con el ser de leño y con la clauija que
trae en la frente, y con la ligereza con que
camina, y assi, en quanto al nombre, bien
puede competir con el famoso Rozinante. 25
No me descontenta el nombre, replicó
Sancho; pero ¿con qué freno o con qué
xaquima se gouierna?
Ya he dicho, respondio la Trifaldi, que
con la clauija, que boluiendola a vna parte o a 30
otra el cauallero que va encima, le haze
caminar como quiere, o ya por los ayres, o ya
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 27
rastreando y casi barriendo la tierra, o por el
medio, que es el que se busca y se ha de tener
en todas las acciones bien ordenadas.
Ya lo querria ver, respondio Sancho; pero
pensar que tengo de subir en el, ni en la silla 5
ni en las ancas, es pedir peras al olmo. ¡Bueno
es que apenas puedo tenerme en mi ruzio, y
sobre vn albarda mas blanda que la mesma
seda, y querrian aora que me tuuiesse en vnas
ancas de tabla sin coxin ni almohada alguna! 10
Pardiez, yo no me pienso moler por quitar las
barbas a nadie; cada qual se rape como mas
le viniere a cuento; que yo no pienso acompañar
a mi señor en tan largo viage, quanto mas
que yo no deuo de hazer al caso para el 15
rapamiento destas barbas como lo soy para el
desencanto de mi señora Dulcinea.
Si soys, amigo, respondio la Trifaldi; y
tanto que sin vuestra presencia entiendo que
no haremos nada. 20
¡Aqui del rey!, dixo [S]ancho. ¿Qué tienen
que ver los escuderos (*) con las auenturas de
sus señores? ¿Hanse de lleuar ellos la fama
de las que acaban, y hemos de lleuar nosotros
el trabajo? ¡Cuerpo de mi! Aun si dixessen los 25
historiadores: «El tal cauallero acabó la tal y
»tal auentura; pero con ayuda de fulano su
»escudero, sin el qual fuera impossible el acabarla»;
»pero, ¡que escriuan a secas: «Don Paralipomenon
»de las Tres Estrellas acabó la auentura 30
»de los seys vest[i]glos», sin nombrar la persona
de su escudero que se halló presente a todo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 28
como si no fuera en el mundo! Aora, señores,
bueluo a dezir que mi señor se puede yr solo,
y buen prouecho le haga; que yo me quedaré
aqui en compañia de la duquessa mi señora,
y podria ser que quando boluiesse hallasse 5
mejorada la causa de la señora Dulcinea en
tercio y quinto; porque pienso, en los ratos
ociosos y desocupados, darme vna tanda de
açotes, que no me la cubra pelo (*).
Con todo esso, le aueis de acompañar si 10
fuere necessario, buen Sancho, porque os lo
rogarán buenos; que no han de quedar por
vuestro inutil temor tan poblados los rostros
destas señoras, que cierto seria mal caso.
¡Aqui del rey otra vez!, replicó Sancho. 15
Quando esta caridad se hiziera por algunas
donzellas recogidas, o por algunas niñas de la
doctrina, pudiera el hombre auentura[r]se a
qualquier trabajo; pero que lo sufra por quitar
las barbas a dueñas, ¡mal año! Mas que las 20
viesse yo a todas con barbas desde la mayor
hasta la menor, y de la mas melindrosa hasta
la mas repulgada.
Mal estais con las dueñas, Sancho amigo,
dixo la duquessa; mucho os vais tras la opinion 25
(*) del boticario toledano; pues a fe que
no teneis razon: que dueñas ay en mi casa que
pueden ser exemplo de dueñas; que aqui está
mi doña Rodriguez que no me dexará dezir
otra cosa. 30
Mas que la diga vuestra excelencia, dixo
Rodriguez; que Dios sabe la verdad de todo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 29
y buenas o malas, barbadas o lampiñas que
seamos las dueñas, tambien (*) nos pario nuestra
madre (*) como a las otras mugeres, y pues
Dios nos echó en el mundo, El sabe para qué,
y a su misericordia me atengo, y no a las 5
barbas de nadie.
Aora bien, señora Rodriguez, dixo don
Quixote, y señora Trifaldi y compañia, yo
espero en el cielo que mirará con buenos ojos
vuestras cuytas; que Sancho hara lo que yo le 10
mandare, ya viniesse Clauileño, y ya me viesse
con Malambruno; que yo se que no auria nauaja
que con mas facilidad rapase a vuestras
mercedes como mi espada raparia de los ombros
la cabeça de Malambruno; que Dios sufre 15
a los malos, pero no para siempre.
¡Ay!, dixo a esta sazon la Dolorida. Con
benignos ojos miren a vuestra grandeza,
valeroso cauallero, todas las estrellas de las
regiones celestes e infundan en vuestro animo 20
toda prosperidad y valentia para ser escudo y
a[m]paro del vituperoso y abatido genero
dueñesco, abominado de boticarios, murmurado
de escuderos y socaliñado de pages; que mal
aya la vellaca que en la flor de su edad no se 25
metio primero a ser monja, que a dueña.
¡Desdichadas de nosotras las dueñas; que aunque
vengamos por linea recta de varon en varon
del mismo Hector el troyano, no dexaran (*) de
echaros vn vos (*) nuestras señoras si pensassen 30
por ello ser reynas! ¡O gigante Malambruno,
que aunque eres encantador, eres certissimo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 30
en tus promessas! Embianos ya al sin par
Clauileño, para que nuestra desdicha se acabe;
que si entra el calor y estas nuestras barbas
duran, ¡guay de nuestra ventura!
Dixo esto con (*) tanto sentimiento la Trifaldi, 5
que sacó las lagrimas de los ojos de todos los
circunstantes, y aun arrasó los de Sancho, y
propuso en su coraçon de acompañar a su señor
hasta las vltimas partes del mundo, si es
que en ello consistiesse quitar la lana de 10
aquellos venerables rostros.
p. 31
Capitulo XLI
De la venida de Clauileño, con el fin
desta dilatada auentura.
Llegó en esto la noche, y con ella el punto
determinado en que el famoso cauallo Clauileño 5
viniesse, cuya tardança fatigaua ya a don
Quixote, pareciendole que, pues Malambruno
se detenia en embiarle, o que el no era el
cauallero para quien estaua guardada aquella
auentura, o que Malambruno no osaua venir con el 10
a singular batalla. Pero veis aqui, quando a
deshora entraron por el jardin quatro saluages
vestidos todos de verde yedra, que sobre sus
ombros traian vn gran cauallo de madera;
pusieronle de pies (*) en el suelo, y vno de los 15
saluages dixo:
Suba sobre esta maquina el que (*) tuuiere
animo para ello...
Aqui, dixo Sancho, yo no subo, porque
ni tengo animo, ni soy cauallero. 20
Y el saluage prosiguio, diziendo:
Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo
tiene, y fiese del valeroso Malambruno, que si
no fuere de su espada, de ninguna otra ni de
otra malicia sera ofendido; y no ay mas que 25
torcer esta clauija que sobre el cuello trae
puesta, que el los lleuará por los ayres adonde
los atiende Malambruno; pero porque la alteza
y sublimidad del camino no les cause vaguidos,
se han de cubrir los ojos hasta que el cauallo 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 32
relinche, que sera señal de auer dado fin
a su viage.
Esto dicho, dexando a Clauileño, con gentil
continente se boluieron por donde auian venido.
La Dolorida, assi como vio al cauallo, casi 5
con lagrimas dixo a don Quixote:
Valeroso cauallero, las promessas de
Malambruno han sido ciertas, el cauallo esta en
casa, nuestras barbas crecen, y cada vna de
nosotras y con cada pelo dellas te suplicamos 10
nos rapes y tundas, pues no está en mas sino
en que subas en el con tu escudero y des felice
principio a vuestro nueuo viage.
Esso hare yo, señora condessa Trifaldi, de
muy buen grado y de mejor talante, sin ponerme 15
a tomar coxin, ni calçarme espuelas, por no
detenerme; tanta es la gana que tengo de veros
a vos, señora, y a todas estas dueñas rasas y
mondas.
Esso no hare yo, dixo Sancho, ni de malo 20
ni de buen talante, en ninguna manera; y si es
que este rapamiento no se puede hazer sin que
yo suba a las ancas, bien puede buscar mi
señor otro escudero que le acompañe, y estas
señoras otro modo de alisarse los rostros; que 25
yo no soy bruxo, para gustar de andar por los
ayres. Y ¿qué diran mis insulanos quando
sepan que su gouernador se anda passeando por
los vientos? Y otra cosa mas: que auiendo tres
mil y tantas leguas de aqui a Candaya, si el 30
cauallo se cansa, o el gigante se enoja,
tardaremos en dar la buelta media dozena de años,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 33
y ya ni aura insula, ni insulos en el mundo que
me conoz[c]an; y pues se dize comunmente que
en la tardança va el peligro y que quando te
dieren la vaquilla, acudas con la soguilla,
perdonenme las barbas destas señoras, que bien 5
se está San Pedro en Roma; quiero dezir que
bien me estoy en esta casa, donde tanta merced
se me haze, y de cuyo dueño tan gran bien
espero, como es verme gouernador.
A lo que el duque dixo: 10
Sancho amigo, la insula que yo os he
prometido no es mouible ni fugitiua; rayzes tiene
tan hondas echadas en los abismos de la tierra,
que no la arrancarán ni mudarán de donde
está a tres tirones; y pues vos sabeis que se yo 15
que no ay ningun (*) genero de oficio destos de
mayor cantia que no se grangee con alguna
suerte de cohecho, qual mas, qual menos, el
que yo quiero lleuar por este gouierno es que
vais con vuestro señor don Quixote a dar cima 20
y cabo a esta memorable auentura; que aora
boluais sobre Clauileño con la breuedad que
su ligereza promete, ora la contraria fortuna os
trayga y buelua a pie, hecho romero, de meson
en meson, y de venta en venta, siempre que 25
boluieredes hallaréis vuestra insula donde la
dexais, y a vuestros insulanos con el mesmo
desseo de recebiros por su gouernador que
siempre han tenido, y mi voluntad sera la
mesma, y no pongais duda en esta verdad, señor 30
Sancho; que seria hazer notorio agrauio al
desseo que de seruiros tengo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 34
No mas, señor, dixo Sancho; yo soy vn
pobre escudero y no puedo lleuar a cuestas
tantas cortesias; suba mi amo, tapenme estos
ojos, y encomiendenme a Dios, y auisenme si
quando vamos por essas altanerias podre 5
encomendarme a nuestro Señor, o inuocar los
angeles que me fauorezcan.
A lo que respondio Trifaldi:
Sancho, bien podeis encomendaros a Dios,
o a quien quisieredes; que Malambruno, aunque 10
es encantador, es christiano y haze sus
encantamentos con mucha sagazidad y con
mucho tiento, sin meterse con nadie.
Ea, pues, dixo Sancho; Dios me ayude y
la Santissima Trinidad de Gaeta (*). 15
Desde la memorable auentura de los batanes,
dixo don Quixote, nunca e visto a Sancho
con tanto temor como aora, y si yo fuera
tan agorero como otros, su pusilanimidad me
hiziera algunas cosquillas en el animo; pero 20
llegaos aqui, Sancho; que con licencia destos
señores os quiero hablar aparte dos palabras.
Y, apartando a Sancho entre vnos arboles del
jardin, y, assiendole ambas las manos, le dixo:
Ya vees, Sancho hermano, el largo viage 25
que nos espera, y que sabe Dios quándo
bolueremos del, ni la comodidad y espacio que
nos daran los negocios; y, assi, querria que
aora te retirasses en tu aposento, como que
vas a buscar alguna cosa necessaria para el 30
camino, y en vn daca la[s] pajas te diesses a
buena cuenta de los tres mil y trecientos açotes
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 35
a (*) que estás obligado, siquiera quinientos,
que dados te los tendras; que el començar
las cosas es tenerlas medio acabadas.
¡Par Dios, dixo Sancho, que vuessa
merced deue de ser menguado! Esto es como 5
aquello que dizen: «¿En priesa (*) me vees y
»donzellez me demandas?» ¿Aora que tengo de yr
sentado en vna tabla rasa, quiere vuessa
merced que me lastime las posas? En verdad en
verdad que no tiene vuessa merced razon. Vamos 10
aora a rapar estas dueñas; que a la buelta
yo le prometo a vuessa merced, como quien
soy, de darme tanta priessa a salir de mi
obligacion que vuessa merced se contente, y no le
digo mas. 15
Y don Quixote respondio:
Pues con essa promessa, buen Sancho, voy
consolado, y creo que la cumpliras, porque, en
efecto, aunque tonto, eres hombre veridico.
No soy verde, sino moreno, dixo Sancho, 20
pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi
palabra.
Y, con esto, se boluieron a subir en
Clauileño, y al subir dixo don Quixote:
Tapaos, Sancho, y subid, Sancho; que quien 25
de tan lueñes tierras embia por nosotros no
sera para engañarnos, por la poca gloria que
le puede redundar de engañar a quien del se
fia, y puesto que todo sucediesse al rebes de lo
que imagino, la gloria de auer emprendido 30
esta hazaña no la podra escurecer malicia
alguna.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36
Vamos, señor, dixo Sancho, que las
barbas y lagrimas destas señoras las tengo
clauadas en el coraçon, y no comere bocado que
bien me sepa hasta verlas en su primera lisura.
Suba vuessa merced, y tapese primero; que 5
si yo tengo de yr a las ancas, claro está que
primero sube el de la silla.
Assi es la verdad, replicó don Quixote.
Y, sacando vn pañuelo de la faldriquera,
pidio a la Dolorida que le cubriesse muy bien 10
los ojos, y, auiendoselos cubierto, se boluio a
descubrir y dixo:
Si mal no me acuerdo, yo he leydo en Virgilio
(*) aquello del Paladion de Troya (*), que
fue vn cauallo de madera que los griegos 15
presentaron a la diosa Palas, el qual yua preñado
de caualleros armados, que despues fueron la
total ruyna de Troya; y, assi, sera bien ver
primero lo que Clauileño trae en su estomago.
No ay para qué, dixo la Dolorida; que yo 20
le fio, y se que Malambruno no tiene nada de
malicioso ni de traydor; vuessa merced, señor
don Quixote, suba sin pauor alguno, y a mi
daño si alguno le sucediere.
Pareciole a don Quixote que qualquiera cosa 25
que replicasse acerca de su seguridad seria
poner en detrimento su valentia, y, assi, sin
mas altercar, subio sobre Clauileño, y le tento
la clauija, que facilmente se rodeaua, y como
no tenia estriuos y le colgauan las piernas, no 30
parecia sino figura de tapiz flamenco, pintada o
texida, en algun romano triunfo. De mal
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 37
talante, y poco a poco, llegó a subir Sancho, y
acomodandose lo mejor que pudo en las ancas,
las halló algo duras y no nada blandas, y pidio
al duque que, si fuesse possible, le acomodassen
de algun coxin, o de alguna almohada, 5
aunque fuesse del estrado de su señora la
duquessa o del lecho de algun page, porque las
ancas de aquel cauallo mas parecian de
marmol que de leño.
A esto dixo la Trifaldi que ningun jaez ni 10
ningun genero de adorno sufria sobre si
Clauileño; que lo que podia hazer era ponerse a
mugeriegas, y que assi no sentiria tanto la
dureza. Hizolo assi Sancho, y diziendo: A Dios,
se dexó vendar los ojos, y ya despues de vendados, 15
se boluio a descubrir, y, mirando a todos
los del jardin tiernamente y con lagrimas, dixo
que le ayudassen en aquel trance con sendos
paternostres y sendas auemarias, por que Dios
deparasse quien por ellos los dixesse quando 20
en semejantes trances se viessen. A lo que dixo
don Quixote:
Ladron, ¿estás puesto en la horca por ventura,
o en el vltimo termino de la vida, para vsar
de semejantes plegarias? ¿No estás, desalmada 25
y couarde criatura, en el mismo lugar que ocupó
la linda Magalona, del qual decendio, no a la
sepultura, sino a ser reyna de Francia, si no
mienten las historias? Y yo, que voy a tu lado,
¿no puedo ponerme al del valeroso Pierres, 30
que oprimio este mismo lugar que yo aora
oprimo? Cubrete, cubrete, animal descoraçonado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38
y no te salga a la boca el temor que tienes,
a lo menos, en presencia mia.
Tapenme, respondio Sancho, y pues no
quieren que me encomiende a Dios ni que sea
encomendado, ¿qué mucho que tema no ande 5
por aqui alguna region (*) de diablos que den
con nosotros en Peraluillo (*)?
Cubrieronse, y, sintiendo don Quixote que
estaua como auia de estar, tento la clauija, y
apenas huuo puesto los dedos en ella, quando 10
todas las dueñas y quantos estauan presentes
leuantaron las vozes, diziendo:
¡Dios te guie, valeroso cauallero! ¡Dios sea
contigo, escudero intrepido! ¡Ya, ya vais por
essos ayres, rompiendolos con mas velozidad 15
que vna saeta! ¡Ya començays a suspender y
admirar a quantos desde la tierra os estan
mirando! ¡Tente, valeroso Sancho, que te
bamboleas, mira no cayas; que sera peor tu cayda
que la del atreuido moço que quiso regir el 20
carro del Sol, su padre!
Oyo Sancho las vozes (*), y, apretandose con
su amo, y ciñiendole con los braços, le dixo:
Señor, ¿cómo dizen estos que vamos tan
altos, si alcançan aca sus vozes y no parece (*) 25
sino que estan aqui hablando, junto a
nosotros?
No repares en esso, Sancho; que como estas
cosas y estas bolaterias van fuera de los
cursos ordinarios, de mil leguas veras y oyras 30
lo que quisieres. Y no me aprietes tanto, que
me derribas; y en verdad, que no se de que te
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 39
turbas ni te espantas; que osaré jurar que en
todos los dias de mi vida he subido en
caualgadura de paso mas llano. No parece sino que
no nos mouemos de vn lugar. Destierra, amigo,
el miedo; que, en efecto, la cosa va como 5
ha de yr, y el viento lleuamos en popa.
Assi es la verdad, respondio Sancho; que
por este lado me da vn viento tan rezio, que
parece que con mil fuelles me estan soplando.
Y assi era ello; que vnos grandes fuelles le 10
estauan haziendo ayre: tambien traçada estaua
la tal auentura por el duque, y la duquessa, y su
mayordomo, que no le faltó requisito que la
dexasse de hazer perfecta. Sintiendose pues
soplar don Quixote, dixo: 15
Sin duda alguna, Sancho, que ya deuemos
de llegar a la segunda region del ayre, adonde
se engendra el granizo (*), las nieues; los
truenos, los relampagos, y los rayos se engendran
en la tercera region, y si es que desta manera 20
vamos subiendo, presto daremos en la region
del fuego (*), y no se yo cómo templar esta
clauija para que no subamos donde nos abrasemos.
En esto, con vnas estopas ligeras de
encenderse y apagarse, desde lexos, pendientes de 25
vna caña, les calentauan los rostros. Sancho,
que sintio el calor, dixo:
Que me maten si no estamos ya en el lugar
del fuego, o bien cerca, porque vna gran parte
de mi barba se me ha chamuscado, y estoy, 30
señor, por descubrirme y ver en que parte
estamos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40
No hagas tal, respondio don Quixote,y
acuerdate del verdadero cuento del licenciado
Torralua (*), a quien lleuaron los diablos en
bolandas por el ayre, cauallero en vna caña,
cerrados los ojos, y en doze horas llegó a Roma, 5
y se apeó en Torre de Nona (*), que es vna
calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y
assalto y muerte de Borbon (*), y por la
mañana ya estaua de buelta en Madrid, donde dio
cuenta de todo lo que auia visto; el qual 10
assimismo dixo que quando yua por el ayre le
mandó el diablo que abriesse los ojos, y los
abrio, y se vio tan cerca, a su parecer, del
cuerpo de la luna, que la pudiera assir con
la mano, y que no osó mirar a la tierra por no 15
desuanecerse. Assi que, Sancho, no ay para
qué descubrirnos; que el que nos lleua a cargo,
el dara cuenta de nosotros. Y quiça vamos
tomando puntas (*) y subiendo en alto, para
dexarnos caer de vna sobre el reyno de Candaya, 20
como haze el sacre o nebli (*) sobre la
garça para cogerla, por mas que se remonte; y
aunque nos parece que no ha media hora que
nos partimos del jardin, creeme que deuemos
de auer hecho gran camino. 25
No se lo que es, respondio Sancho Pança;
solo se dezir que si la señora Magallanes, o
Magalona, se contentó destas ancas (*), que
no deuia de ser muy tierna de carnes.
Todas estas platicas de los dos valientes 30
oian el duque y la duquessa y los del jardin, de
que recibian estraordinario contento; y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 41
queriendo dar remate a la estraña y bien fabricada
auentura, por la cola de Clauileño le pegaron
fuego con vnas estopas, y al punto, por estar
el cauallo lleno de cohetes tronadores, bolo
por los ayres con estraño ruydo, y dio con don 5
Quixote y con Sancho Pança en el suelo, medio
chamuscados.
En este tiempo ya se auian (*) desparecido
del jardin todo el barbado esquadron de las
dueñas, y la Trifaldi y todo, y los del jardin 10
quedaron como desmayados, tendidos por el
suelo. Don Quixote y Sancho se leuantaron
maltrechos, y, mirando a todas partes, quedaron
atonitos de verse en el mesmo jardin de donde
auian partido, y de ver tendido por tierra tanto 15
numero de gente. Y crecio mas su admiracion
quando a vn lado del jardin vieron hincada
vna gran lança en el suelo, y pendiente della
y de dos cordones de seda verde vn pergamino
liso y blanco, en el qual con grandes letras de 20
oro estaua escrito lo siguiente:
El inclito cauallero don Quixote de la Mancha
fenecio y acabó la auentura de la condessa
Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña
Dolorida, y compañia, con solo intentarla. 25
Malambruno se da por contento y satisfecho
a toda su voluntad, y las barbas de las dueñas
ya quedan lisas y mondas, y los reyes don
Clauijo y Antonomasia, en su pristino estado;
y quando se cumpliere el escuderil vapulo, la 30
blanca paloma se vera libre de los pestiferos
girifaltes que la persiguen y en braços de su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42
querido arrullador; que assi está ordenado por
el sabio Merlin, protoencantador de los
encantadores.
Auiendo, pues, don Quixote leydo las letras
del pergamino, claro entendio que del 5
desencanto de Dulcinea hablauan, y, dando muchas
gracias al cielo de que con tan poco peligro
huuiesse acabado tan gran fecho, reduziendo a
su passada tez los rostros de las venerables
dueñas, que ya no parecian, se fue adonde el 10
duque y la duquessa aun no auian buelto en
si, y, trauando de la mano al duque, le dixo:
¡Ea, buen señor, buen animo, buen animo;
que todo es nada! La auentura es ya acabada
sin daño de barras, como lo muestra claro el 15
escrito que en aquel padron está puesto.
El duque, poco a poco y como quien de vn
pesado sueño recuerda, fue boluiendo en si, y
por el mismo tenor la duquessa y todos los que
por el jardin estauan caydos, con tales muestras 20
de marauilla y espanto, que casi se podian (*)
dar a entender auerles acontecido de veras lo
que tan bien sabian fingir de burlas. Leyo el
duque el cartel con los ojos medio cerrados, y
luego, con los braços abiertos, fue a abraçar a 25
don Quixote, diziendole ser el mas buen
cauallero que en ningun siglo se huuiesse visto.
Sancho andaua mirando por la Dolorida,
por ver qué rostro tenia sin las barbas, y si era
tan hermosa sin ellas como su gallarda 30
disposicion prometia; pero dixeronle que assi como
Clauileño baxó ardiendo por los ayres y dio en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 43
el suelo, todo el esquadron de las dueñas con
la Trifaldi auia desaparecido, y que ya yuan
rapadas y sin cañones. Preguntó la duquessa
a Sancho que cómo le auia ydo en aquel largo
viage. A lo qual Sancho respondio: 5
Yo, señora, senti que yuamos, segun mi
señor me dixo, bolando por la region del fuego,
y quise descubrirme vn poco los ojos; pero
mi amo, a quien pedi licencia para descubrirme,
no la consintio; mas yo, que tengo no se qué 10
briznas de curioso y de dessear saber lo que
se me estorua y impide, bonitamente, y sin que
nadie lo viesse, por junto a las narizes aparté
tanto quanto el pañizuelo que me tapaua los
ojos, y por alli miré hazia la tierra, y 15
pareciome que toda ella no era mayor que vn grano
de mostaza, y los hombres que andauan sobre
ella poco mayores que auellanas, por que se
vea quán altos deuiamos de yr entonces (*).
A esto dixo la duquessa: 20
Sancho amigo, mirad lo que dezis; que a lo
que parece vos no vistes la tierra, sino los
hombres que andauan sobre ella; y está claro que
si la tierra os parecio como vn grano de
mostaza, y cada hombre como vna auellana, vn 25
hombre solo auia de cubrir toda la tierra.
Assi es verdad, respondio Sancho, pero
con todo esso la descubri por vn ladito, y la vi
toda.
Mirad, Sancho, dixo la duquessa, que por 30
vn ladito no se vee el todo de lo que se mira.
Yo no se essas miradas, replicó Sancho;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44
solo se que sera bien que vuestra señoria
entienda que, pues bolauamos por encantamento,
por encantamento podia yo ver toda la
tierra y todos los hombres (*) por do quiera que
los mirara. Y si esto no se me cree, tampoco 5
creera vuessa merced como, descubriendome
por junto a las cejas, me vi tan junto al cielo,
que no auia de mi a el palmo y medio, y por
lo que puedo jurar, señora mia, que es muy
grande a demas; y sucedio que yuamos por 10
parte donde estan las siete cabrillas, y, en Dios
y en mi anima, que como yo en mi niñez fuy
en mi tierra cabrerizo, que assi como las vi, me
dio vna gana de entretenerme con ellas vn
rato. Y si no le (*) cumpliera, me parece que 15
rebentara. Vengo, pues, y tomo, y ¿qué hago (*)?
Sin dezir nada a nadie, ni a mi señor tampoco,
bonita y pasitamente me apeé de Clauileño y
me entretuue con las cabrillas, que son como
vnos alhelies y como vnas flores, casi tres 20
quartos de hora, y Clauileño no se mouio de vn
lugar, ni passó adelante.
Y ¿en tanto que el buen Sancho se entretenia
con las cabras, preguntó el duque, en qué
se entretenia el señor don Quixote? 25
A lo que don Quixote respondio:
Como todas estas cosas y estos tales sucessos
van fuera del orden natural, no es mucho
que Sancho diga lo que dize; de mi se dezir
que ni me descubri por alto, ni por baxo, ni vi 30
el cielo, ni la tierra, ni la mar, ni las arenas.
Bien es verdad que senti que passaua por la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 45
region del ayre, y aun que tocaua a la del
fuego; pero que passassemos de alli, no lo puedo
creer, pues, estando la region del fuego entre
el cielo de la luna y la vltima region del ayre (*),
no podiamos llegar al cielo donde estan las 5
siete cabrillas, que Sancho dize, sin abrasarnos;
y pues no nos asuramos, o Sancho miente, o
Sancho sueña.
Ni miento, ni sueño, respondio Sancho;
si no, preguntenme las señas de las tales 10
cabras, y por ellas veran si digo verdad o no.
Digalas, pues, Sancho, dixo la duquessa.
Son, respondio Sancho, las dos verdes,
las dos encarnadas, las dos azules, y la vna de
mezcla. 15
Nueua manera de cabras es essa, dixo el
duque, y por esta nuestra region del suelo no
se vsan tales colores, digo, cabras de tales
colores.
Bien claro está esso, dixo Sancho; si, que 20
diferencia ha de auer de las cabras del cielo a
las del suelo.
Dezidme, Sancho, preguntó el duque, ¿vistes
alla (*) entre essas cabras algun cabron?
No señor, respondio Sancho, pero oi dezir 25
que ninguno passaua de los cuernos de la luna.
No quisieron preguntarle mas de su viage,
porque les parecio que lleuaua Sancho hilo de
passearse por todos los cielos, y dar nueuas
de quanto alla passaua, sin auerse mouido del 30
jardin. En resolucion, este fue el fin de la
auentura de la dueña Dolorida, que dio que reyr a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46
los duques, no solo aquel tiempo, sino el de
toda su vida, y que contar a Sancho siglos, si
los viuiera; y, llegándose don Quixote a Sancho
al oydo, le dixo:
Sancho, pues vos quereis que se os crea lo 5
que aueis visto en el cielo, yo quiero que
vos me creais a mi lo que vi en la cueua de
Montesinos; y no os digo mas.
p. 47
Capitulo XLII
De los consejos que dio don Quixote a Sancho
Pança antes que fuesse a gouernar la insula,
con otras cosas bien consideradas.
Con el felice y gracioso sucesso de la auentura 5
de la Dolorida quedaron tan contentos los
duques, que determinaron passar con las burlas
adelante, viendo el acomodado sugeto que
tenian para que se tuuiessen por veras; y assi,
auiendo dado la traça y ordenes que sus 10
criados y sus vassallos auian de guardar con
Sancho en el gouierno de la insula prometida,
otro dia, que fue el que sucedio al buelo de
Clauileño, dixo el duque a Sancho que se
adeliñasse y compusiesse para yr a ser 15
gouernador; que ya sus insulanos le estauan
esperando como el agua de mayo. Sancho se le
humilló, y le dixo:
Despues que baxé del cielo, y despues que
desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan 20
pequeña, se templó en parte en mi la gana
que tenia tan grande de ser gouernador, porque
¿qué grandeza es mandar en vn grano de
mostaza, o qué dignidad o imperio el gouernar
a media dozena de hombres tamaños como 25
auellanas, que, a mi parecer, no auia mas en toda
la tierra? Si vuestra (*) señoria fuesse seruido
de darme vna tantica parte del cielo, aunque
no fuesse mas de media legua, la tomaria de
mejor gana que la mayor insula del mundo. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48
Mirad, amigo Sancho, respondio el duque,
yo no puedo dar parte del cielo a nadie,
aunque no sea mayor que vna vña; que a solo
Dios estan reseruadas essas mercedes y
gracias. Lo que puedo dar, os doy, que es vna 5
insula hecha y derecha, redonda y bien
proporcionada, y sobremanera fertil y abundosa,
donde, si vos os sabeis dar maña, podeis con
las riquezas de la tierra grangear las del cielo.
Aora bien, respondio Sancho, venga essa 10
insula; que yo pugnaré por ser tal gouernador,
que, a pesar de vellacos, me vaya al cielo. Y
esto no es por codicia que yo tenga de salir de
mis casillas, ni de leuantarme a mayores, sino
por el desseo que tengo de prouar a qué sabe 15
el ser gouernador.
Si vna vez lo prouays, Sancho, dixo el
duque, comeros heis las manos tras el
gouierno, por ser dulcissima cosa el mandar y
ser obedecido. A buen seguro que quando 20
vuestro dueño llegue a ser emperador, que lo
sera sin duda, segun van encaminadas sus
cosas, que no se lo arranquen comoquiera, y
que le duela y le pese en la mitad del alma del
tiempo que huuiere dexado de serlo. 25
Señor, replicó Sancho, yo imagino que
es bueno mandar, aunque sea a vn hato de
ganado.
Con vos me entierren, Sancho, que sabeis
de todo, respondio el duque; y yo espero que 30
sereis tal gouernador como vuestro juyzio
promete. Y quedese esto aqui, y aduertid que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 49
mañana en esse mesmo dia aueis de yr al gouierno
de la insula, y esta tarde os acomodarán
del trage conueniente que aueis de lleuar,
y de todas las cosas necessarias a vuestra
partida. 5
Vistanme, dixo Sancho, como quisieren;
que de qualquier manera que vaya vestido,
sere Sancho Pança.
Assi es verdad, dixo el duque; pero los
trages se han de acomodar con el oficio, o 10
dignidad, que se professa; que no seria bien
que vn jurisperito se vistiesse como soldado, ni
vn soldado como vn sacerdote. Vos, Sancho,
yreis vestido parte de letrado, y parte de
capitan, porque en la insula que os doy tanto son 15
menester las armas como las letras y las letras
como las armas.
Letras, respondio Sancho, pocas tengo,
porque aun no se el A, B, C; pero bastame
tener el Christus en la memoria para ser buen 20
gouernador. De las armas manejaré las que
me dieren, hasta caer, y Dios delante.
Con tan buena memoria, dixo el duque,
no podra Sancho errar en nada.
En esto, llegó don Quixote, y, sabiendo lo 25
que passaua, y la celeridad con que Sancho se
auia de partir a su gouierno, con licencia del
duque, le tomó por la mano, y se fue con el a
su estancia, con intencion de aconsejarle cómo
se auia de auer en su oficio. 30
Entrados, pues, en su aposento, cerro tras si
la puerta, y hizo casi por fuerça que Sancho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50
se sentase junto a el, y con reposada voz le
dixo:
Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo,
de que antes y primero que yo aya encontrado
con alguna buena dicha, te aya salido a ti a 5
recebir y a encontrar la buena ventura. Yo, que
en mi buena suerte te tenia librada la paga de
tus seruicios, me veo en los principios de
auentajarme, y tu, antes de tiempo, contra la ley
del razonable discurso, te vees premiado de 10
tus desseos. Otros cohechan, importunan,
solicitan, madrugan, ruegan, porfian, y no alcançan
lo que pretenden; y llega otro, y sin saber
cómo ni cómo no, se halla con el cargo y
oficio que otros muchos pretendieron. Y aqui 15
entra y encaxa bien el dezir que ay buena y
mala fortuna en las pretensiones. Tu, que para
mi, sin duda alguna, eres vn porro, sin madrugar
ni trasnochar, y sin hazer diligencia alguna,
con solo el aliento que te ha tocado de la 20
andante caualleria, sin mas ni mas te vees
gouernador de vna insula, como quien no dize
nada. Todo esto digo, o Sancho, para que no
atribuyas a tus merecimientos la merced recebida,
sino que des gracias al cielo, que dispone 25
suauemente las cosas, y despues las daras a la
grandeza que en si encierra la profession de
la caualleria andante. Dispuesto, pues, el
coraçon a creer lo que te he dicho, está, o hijo,
atento a este tu Caton (*), que quiere aconsejarte 30
y ser norte y guia que te encamine y saque a
seguro puerto deste mar proceloso, donde vas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 51
a engolfarte; que los oficios y grandes cargos
no son otra cosa sino vn golfo profundo de
confusiones.
Primeramente, o hijo, has de temer a Dios,
porque en el temerle está la sabiduria, y siendo 5
sabio, no podras errar en nada.
Lo segundo, has de poner los ojos en quien
eres, procurando conocerte a ti mismo, que es
el mas dificil conocimiento que puede
imaginarse; del conocerte saldra el no hincharte 10
como la rana que quiso ygualarse con el buey;
que si esto hazes, vendra (*) a ser feos pies
de la rueda de tu locura (*) la consideracion de
auer guardado puercos en tu tierra.
Assi es la verdad, respondio Sancho,pero 15
fue quando muchacho; pero despues, algo
hombrecillo, gansos fueron los que guardé,
que no puercos. Pero esto pareceme a mi que
no haze al caso; que no todos los que
gouiernan vienen de casta de reyes. 20
Assi es verdad, replicó don Quixote; por
lo qual los no de principios nobles deuen
acompañar la grauedad del cargo que exercitan
con vna blanda suauidad que, guiada por
la prudencia, los libre de la murmuracion 25
maliciosa, de quien no ay estado que se escape.
Haz gala, Sancho, de la humildad de tu
linage, y no te desprecies de dezir que vienes
de labradores; porque viendo que no te corres,
ninguno se pondra a correrte, y preciate mas 30
de ser humilde virtuoso que pecador soberuio.
Inumerables son aquellos que de baxa estirpe
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52
nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia
e imperatoria, y desta verdad te pudiera
traer tantos exemplos que te cansaran.
Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud,
y te precias de hazer hechos virtuosos, no 5
ay para qué tener embidia a los que los (*)
tienen, principes y señores; porque la sangre se
hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale
por si sola lo que la sangre no vale.
Siendo esto assi, como lo es, que si acaso 10
viniere a verte quando estes en tu insula
alguno de tus parientes, no le desheches, ni le
afrentes; antes le has de acoger, agasajar y
regalar; que con esto satisfaras al cielo, que
gusta que nadie se desprecie de lo que el hizo, 15
y corresponderas a lo que deues a la
naturaleza bien concertada.
Si truxeres a tu muger contigo --porque no
es bien que los que assisten a gouiernos de
mucho tiempo esten sin las propias--, enseñala, 20
doctrinala y desbastala de su natural rudeza,
porque todo lo que suele adquirir vn gouernador
discreto, suele perder y derramar vna
muger rustica y tonta.
Si acaso enuiudares --cosa que pu[e]de 25
suceder-- y con el cargo mejorares de consorte,
no la tomes tal, que te sirua de anzuelo y
de caña de pescar, y del no quiero de tu
capilla; porque en verdad te digo que de todo
aquello que la muger del juez recibiere, ha de 30
dar cuenta el marido en la residencia vniuersal,
donde pagará con el quatro tanto en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 53
muerte las partidas de que no se huuiere hecho
cargo en la vida.
Nunca te guies por la ley del encaxe, que
suele tener mucha cabida con los ignorantes
que presumen de agudos. 5
Hallen en ti mas compassion las lagrimas
del pobre, pero no mas justicia, que las
informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las
promessas y dadiuas del rico, como por entre 10
los sollozos e importunidades del pobre.
Quando pudiere y deuiere tener lugar la
equidad, no cargues todo el rigor de la ley al
delinquente; que no es mejor la fama del juez
riguroso que la del compassiuo. 15
Si acaso doblares la vara de la justicia, no
sea con el peso de la dadiua, sino con el de la
misericordia.
Quando te sucediere juzgar algun pleyto
de algun tu enemigo, aparta las mientes de tu 20
injuria, y ponlos en la verdad del caso.
No te ciegue la passion propia en la causa
agena; que los yerros que en ella hizieres las
mas vezes seran sin remedio, y si le tuuieren,
sera a costa de tu credito y aun de tu hazienda. 25
Si alguna muger hermosa veniere a pedirte
justicia, quita los ojos de sus lagrimas, y tus
oydos de sus gemidos, y considera de espacio
la sustancia de lo que pide, si no quieres que se
anegue tu razon en su llanto y tu bondad en 30
sus suspiros.
Al que has de castigar con obras no trates
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54
mal con palabras, pues le basta al desdichado
la pena del suplicio, sin la añadidura de las
malas razones.
Al culpado que cayere debaxo de tu juridicion,
considerale (*) hombre miserable, sugeto 5
a las condiciones de la deprauada naturaleza
nuestra, y en todo quanto fuere de tu parte, sin
hazer agrauio a la contraria, muestratele
piadoso y clemente; porque aunque los atributos
de Dios todos son yguales, mas resplandece y 10
campea, a nuestro ver, el de la misericordia que
el de la justicia.
Si estos preceptos y estas reglas sigues,
Sancho, seran luengos tus dias, tu fama sera
eterna, tus premios colmados, tu felizidad 15
indezible, casarás tus hijos como quisieres, titulos
tendran ellos y tus nietos, viuiras en paz, y
beneplacito de las gentes, y en los vltimos pasos
de la vida te alcançará el de la muerte en vejez
suaue y madura, y cerrarán tus (*) ojos las 20
tiernas y delicadas manos de tus terceros
neteçuelos. Esto que hasta aqui te he dicho son
documentos que han de adornar tu alma; escucha
aora los que han de seruir para adorno del
cuerpo. 25
p. 55
Capitulo XLIII
De los consejos segundos que dio don Quixote
a Sancho Pança.
¿Quién oyera el passado razonamiento de
don Quixote que no le tuuiera por persona muy 5
cuerda y mejor intencionada? Pero como muchas
vezes en el progresso desta grande historia
queda dicho, solamente disparaua en tocandole
en la caualleria, y en los demas discursos
mostraua tener claro y desenfadado entendimiento, 10
de manera, que a cada paso desacreditauan
sus obras su juyzio, y su juyzio sus obras;
pero en esta destos segundos documentos que
dio a Sancho mostro tener gran donayre, y puso
su discrecion y su locura en vn leuantado punto. 15
Atentissimamente le escuchaua Sancho y
procuraua conseruar en la memoria sus consejos,
como quien pensaua guardarlos y salir por
ellos a buen parto de la preñez de su gouierno.
Prosiguio, pues, don Quixote, y dixo: 20
En lo que toca a cómo has de gouernar tu
persona y casa, Sancho, lo primero que te
encargo es que seas limpio, y que te cortes las
vñas, sin dexarlas crecer, como algunos hazen, a
quien su ignorancia les ha dado a entender que 25
las vñas largas les hermosean las manos, como
si aquel escremento y añadidura que se dexan
de cortar fuesse vña, siendo antes garras de
cernicalo lagartigero: puerco y extraordinario
abuso. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56
No andes, Sancho, desceñido y floxo; que el
vestido descompuesto (*) da indicios de animo
desmaçalado, si ya la descompostura y floxedad
no cae debaxo de socarroneria, como se
juzgó en la de Iulio Cesar (*). 5
Toma con discrecion el pulso a lo que pudiere
valer tu oficio, y si sufriere que des librea
a tus criados, dasela honesta y prouechosa mas
que vistosa y bizarra, y repartela entre tus
criados y los pobres: quiero dezir, que si has de 10
vestir seys pages, viste tres y otros tres pobres,
y, assi, tendras pages para el cielo y para el
suelo; y este nueuo modo de dar librea no la
alcançan los vanagloriosos.
No comas ajos ni cebollas, porque no saquen 15
por el olor tu villaneria. Anda despacio;
habla con reposo, pero no de manera que
parezca que te escu[c]has a ti mismo; que toda
afectacion es mala.
Come poco y cena mas poco; que la salud 20
de todo el cuerpo se fragua en la oficina del
estomago.
Se templado en el beuer, considerando que
el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple
palabra. 25
Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos
carrillos, ni de erutar delante de nadie.
Esso de erutar no entiendo, dixo Sancho.
Y don Quixote le dixo:
Erutar, Sancho, quiere dezir regoldar; y 30
este es vno de los mas torpes vocablos que
tiene la lengua castellana, aunque es muy
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 57
sinificatiuo; y, assi, la gente curiosa se ha acogido
al latin, y al regoldar dize erutar, y a los
regueldos, erutaciones; y quando algunos no
entienden estos terminos, importa poco, que el
vso los yra introduziendo con el tiempo, que 5
con facilidad se entiendan, y esto es enriquezer
la lengua sobre quien tiene poder el vulgo y
el vso.
En verdad, señor, dixo Sancho, que vno
de los consejos y auisos que pienso lleuar en 10
la memoria ha de ser el de no regoldar, porque
lo suelo hazer muy a menudo.
Erutar, Sancho, que no regoldar, dixo don
Quixote.
Erutar dire de aqui adelante, respondio 15
Sancho, y a fee que no se me oluide.
Tambien, Sancho, no has de mezclar en tus
platicas la muchedumbre de refranes que sueles;
que puesto que los refranes son sentencias
breues, muchas vezes los traes tan por los 20
cabellos, que mas parecen disparates que
sentencias.
Esso Dios lo puede remediar, respondio
Sancho, porque se mas refranes que vn libro,
y vienenseme tantos juntos a la boca quando 25
hablo, que riñen por salir vnos con otros; pero
la lengua va arrojando los primeros que
encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo
tendre cuenta de aqui adelante de dezir los
que conuengan a la grauedad de mi cargo; 30
que en casa llena presto se guisa la cena; y
quien destaja no baraja; y a buen saluo está
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58
el que repica; y el dar y el tener seso ha
menester.
¡Esso si, Sancho!, dixo don Quixote. ¡Encaxa,
ensarta, enhila refranes; que nadie te va
a la mano! Castigame mi madre, y yo 5
trompogelas (*). Estoyte diziendo que escuses
refranes, y en vn instante has echado aqui vna
letania dellos, que assi quadran con lo que
vamos tratando como por los cerros de Vbeda.
Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal 10
vn refran traydo a proposito; pero cargar y
ensartar refranes a troche moche haze la
platica desmayada y baxa.
Quando subieres a cauallo, no vayas echando
el cuerpo sobre el arzon postrero, ni lleues 15
las piernas tiessas y tiradas y desuiadas de la
barriga del cauallo, ni tampoco (*) vayas tan
floxo, que parezca que vas sobre el ruzio; que
el andar a cauallo a vnos haze caualleros, a
otros cauallerizos (*). 20
Sea moderado tu sueño; que el que no
madruga con el sol no goza del dia; y aduierte,
o Sancho, que la diligencia es madre de la
buena ventura, y la pereza, su contraria, jamas
llegó al termino que pide vn buen desseo. 25
Este vltimo consejo que aora darte quiero
--puesto que no sirua para adorno del cuerpo--,
quiero que le lleues muy en la memoria,
que creo que no te sera de menos prouecho
que los que hasta aqui te he dado; y es que 30
jamas te pongas a disputar de linages, a lo
menos comparandolos entre si, pues, por fuerça,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 59
en los que se comparan vno ha de ser el mejor,
y del que abatieres seras aborrecido, y del que
leuantares, en ninguna manera premiado.
Tu vestido sera calça entera, ropilla larga,
herreruelo vn poco mas largo; greguescos, ni 5
por pienso; que no les estan bien ni a los
caualleros, ni a los gouernadores.
Por aora, esto se me ha ofrecido, Sancho,
que aconsejarte; andara el tiempo, y segun las
ocasiones, assi seran mis documentos, como 10
tu tengas cuydado de auisarme el estado en
que te hallares.
Señor, respondio Sancho, bien veo que
todo quanto vuessa merced me ha dicho son
cosas buenas, santas y prouechosas; pero ¿de 15
qué han de seruir, si de ninguna me acuerdo?
Verdad sea que aquello de no dexarme crecer
las vñas, y de casarme otra vez, si se ofreciere,
no se me passará del magin; pero essotros
badulaques y enredos y reboltillos, no se me 20
acuerda ni acordará mas dellos que de las
nubes de antaño, y, assi, sera menester que
se me den por escrito; que puesto que no se
leer ni escriuir, yo se los dare a mi confessor
para que me los encaxe y recapacite quando 25
fuere (*) menester.
¡Ha, pecador de mi, respondio don Quixote,
y qué mal parece en los gouernadores el
no saber leer ni escriuir! Porque has de saber,
o Sancho, que no saber vn hombre leer o ser 30
çurdo arguye vna de dos cosas: o que fue hijo
de padres demasi[a]do de humildes y baxos, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60
el tan trauiesso y malo, que no pudo entrar en
el [el] buen vso (*), ni la buena doctrina. Gran
falta es la que lleuas contigo, y, assi, querria
que aprendiesses a firmar siquiera.
Bien se firmar mi nombre, respondio 5
Sancho; que quando fuy prioste en mi lugar
aprendi a hazer vnas letras como de marca de
fardo, que dezian que dezia mi nombre; quanto
mas que fingire que tengo tullida la mano
derecha, y hare que firme otro por mi; que para 10
todo ay remedio, si no es para la muerte; y
teniendo yo el mando y el palo, hare lo que
quisiere; quanto mas que el que tiene el padre
alcalde... (*). Y siendo yo gouernador, que es
mas que ser alcalde, ¡llegaos, que la dexan ver! 15
No sino popen y caloñenme; que vendran por
lana y bolueran trasquilados; y a quien Dios
quiere bien, la casa le sabe; y las necedades
del rico por sentencias passan en el mundo; y
siendolo yo, siendo gouernador y juntamente 20
liberal, como lo pienso ser, no aura falta que
se me parezca. No sino hazeos miel, y paparos
han moscas (*); tanto vales quanto tienes, dezia
vna mi aguela; y del hombre arraygado no te
veras vengado. 25
¡O, maldito seas de Dios, Sancho!, dixo a
esta sazon don Quixote. ¡Sesenta mil satanases
te lleuen a ti y a tus refranes! Vna hora ha
que los estás ensartando y dandome con cada
vno tragos de tormento. Yo te asseguro que 30
estos refranes te han de lleuar vn dia a la
horca; por ellos te han de quitar el gouierno
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 61
tus vassallos, o ha de auer entre ellos
comunidades. Dime: ¿dónde los hallas, ignorante, o
cómo los aplicas, mentecato?; que para dezir
yo vno, y aplicarle bien, sudo y trabajo como
si cauasse. 5
Por Dios, señor nuestro amo, replicó
Sancho, que vuessa merced se quexa de bien
pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que
yo me sirua de mi hazienda, que ninguna otra
tengo, ni otro caudal alguno sino refranes y 10
mas refranes? Y aora se me ofrecen quatro,
que venian aqui pintiparados, o como peras
en tabaque; pero no los dire, porque al buen
callar llaman Sancho (*).
Esse Sancho no eres tu, dixo don Quixote; 15
porque no solo no eres buen callar, sino mal
hablar y mal porfiar; y, con todo esso, querria
saber qué quatro refranes te ocurrian aora a la
memoria, que venian aqui a proposito; que yo
ando recorriendo la mia, que la tengo buena, 20
y ninguno se me ofrece.
¿Qué mejores, dixo Sancho, que «entre
»dos muelas cordales nunca pongas tus
»pulgares», y «a ydos de mi casa y ¿qué quereis
»con mi muger?, no ay responder», y «si da el 25
»cantaro en la piedra, o la piedra en el cantaro,
»mal para el cantaro», todos los quales vienen
a pelo? Que nadie se tome con su gouernador,
ni con el que le manda, porque saldra
lastimado, como el que pone el dedo entre dos 30
muelas cordales, y aunque no sean cordales,
como sean muelas no importa; y a lo que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62
dixere el gouernador no ay que replicar, como
al «salios de mi casa, y ¿qué quereis con mi
»muger?» Pues lo de la piedra en el cantaro,
vn ciego lo vera. Assi, que es menester que el
que vee la mota en el ojo ageno, vea la viga 5
en el suyo, porque no se diga por el
«espantose la muerta de la degollada»; y vuessa
merced sabe bien que mas sabe el necio en su
casa que el cuerdo en la agena.
Esso no, Sancho, respondio don Quixote; 10
que el necio en su casa ni en la agena sabe
nada, a causa que sobre el cimiento (*) de la
necedad no assienta ningun discreto edificio. Y
dexemos esto aqui, Sancho; que si mal gouernares,
tuya sera la culpa, y mia la verguença; 15
mas consuelome que he hecho lo que deuia
en aconsejarte con las veras, y con la
discrecion a mi possible; con esto salgo de mi
obligacion, y de mi promessa. Dios te guie,
Sancho, y te gouierne en tu gouierno, y a mi me 20
saque del escrupulo que me queda que has de
dar con toda la insula patas arriba, cosa que
pudiera yo escusar con descubrir al duque
quien eres, diziendole que toda essa gordura,
y essa personilla que tienes, no es otra cosa 25
que vn costal lleno de refranes y de malicias.
Señor, replicó Sancho, si a vuessa merced
le parece que no soy de pro para este gouierno,
desde aqui le suelto; que mas quiero vn
solo negro de la vña de mi alma que a todo 30
mi cuerpo, y assi me sustentaré Sancho a
secas con pan y cebolla como gouernador con
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 63
perdizes y capones; y mas, que mientras se
duerme, todos son yguales, los grandes y los
menores, los pobres y los ricos, y si vuessa
merced mira en ello, vera que solo vuessa
merced me ha puesto en esto de gouernar; 5
que yo no se mas de gouiernos de insulas que
vn buytre, y si se imagina que por ser gouernador
me ha de lleuar el diablo, mas me quiero
yr Sancho al cielo que gouernador al infierno.
Por Dios, Sancho, dixo don Quixote, que 10
por solas estas vltimas razones que has dicho
juzgo que mereces ser gouernador de mil
insulas; buen natural tienes, sin el qual no ay
ciencia que valga; encomiendate a Dios, y
procura no errar en la primera intencion; quiero 15
dezir que siempre tengas intento y firme
proposito de acertar en quantos negocios te
ocurrieren, porque siempre fauorece el cielo los
buenos desseos. Y vamonos a comer; que creo
que ya estos señores nos aguardan. 20
p. 64
Capitulo XLIV
Cómo Sancho Pança fue lleuado al gouierno,
y de la estraña auentura que en el castillo
sucedio a don Quixote.
Dizen que en el propio original desta historia 5
se lee que llegando Cide Hamete a escriuir este
capitulo, no le traduxo su interprete como el le
auia escrito, que fue vn modo de quexa que
tuuo el moro de si mismo por auer tomado
entre manos vna historia tan seca y tan 10
limitada como esta de don Quixote, por parecerle
que siempre auia de hablar del y de Sancho,
sin osar estenderse a otras digresiones y
episodios mas graues y mas entretenidos, y dezia
que el yr siempre atenido el entendimiento, la 15
mano y la pluma a escriuir de vn solo sugeto,
y hablar por las bocas de pocas personas era
vn trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaua
en el de su autor, y que, por huyr deste
inconueniente, auia vsado en la primera parte 20
del artificio de algunas nouelas, como fueron
la del Curioso Impertinente, y la del Capitan
cautiuo, que estan como separadas de la historia,
puesto que las demas que alli se cuentan
son casos sucedidos al mismo don Quixote, que 25
no podian dexar de escriuirse. Tambien penso,
como el dize, que muchos, lleuados de la
atencion que piden las hazañas de don Quixote, no
la darian a las nouelas, y passarian por ellas, o
con priessa, o con enfado, sin aduertir la gala 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 65
y artificio que en si contienen, el qual se
mostrara bien al descubierto, quando por si solas,
sin arrimarse a las locuras de don Quixote, ni
a las sandezes de Sancho, salieran a luz. Y,
assi, en esta segunda parte no quiso ingerir 5
nouelas sueltas, ni pegadizas, sino algunos
episodios que lo pareciessen, nacidos de los
mesmos sucessos que la verdad ofrece, y aun
estos, limitadamente y con solas las palabras
que bastan a declar[ar]los; y pues se contiene 10
y cierra en los estrechos limites de la
narracion, teniendo habilidad, suficiencia y
entendimiento para tratar del vniuerso todo, pide
no se desprecie su trabajo, y se le den alabanças
no por lo que escriue, sino por lo que ha 15
dexado de escriuir.
Y luego prosigue la historia diziendo que
en acabando de comer don Quixote el dia que
dio los consejos a Sancho (*), aquella tarde
se los dio escritos para que el buscasse quien 20
se los leyesse; pero apenas se los huuo dado,
quando se le cayeron y vinieron a manos del
duque, que los comunicó con la duquessa, y
los dos se admiraron de nueuo de la locura
y del ingenio de don Quixote. Y, assi, lleuando 25
adelante sus burlas, aquella tarde embiaron a
Sancho con mucho acompañamiento al lugar
que para el auia de ser insula (*).
Acaecio, pues, que el que le lleuaua a cargo
era vn mayordomo del duque, muy discreto y 30
muy gracioso, que no puede auer gracia donde
no ay discrecion, el qual auia hecho la persona
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66
de la condessa Trifaldi, con el [do]nayre que
queda referido, y, con esto, y con yr industriado
de sus señores de cómo se auia de auer con
Sancho, salio con su intento marauillosamente.
Digo, pues, que acaecio que assi como Sancho 5
vio al tal mayordomo, se le figuró en su rostro
el mesmo de la Trifaldi, y, boluiendose a su
señor, le dixo:
Señor, o a mi me ha de lleuar el diablo de
aqui de donde estoy en justo y en creyente (*), 10
o vuessa merced me ha de confessar que el
rostro deste mayordomo del duque, que aqui
está, es el mesmo de la Dolorida.
Miró don Quixote atentamente al mayordomo,
y, auiendole mirado, dixo a Sancho: 15
No ay para que te lleue el diablo, Sancho,
ni en justo ni en creyente --que no se lo que
quieres dezir--; que el rostro de la Dolorida es
el del mayordomo, pero no por esso el mayordomo
es la Dolorida; que a serlo, implicaria 20
contradicion muy grande, y no es tiempo aora
de hazer estas aueriguaciones; que seria
entrarnos en intricados laberintos. Creeme,
amigo, que es menester rogar a nuestro Señor
muy de veras que nos libre a los dos de malos 25
hechizeros y de malos encantadores.
No es burla, señor, replicó Sancho, sino
que denantes le oi hablar, y no parecio sino que
la voz de la Trifaldi me sonaua en los oydos.
Aora bien, yo callaré; pero no dexaré de andar 30
aduertido de aqui adelante, a ver si descubre
otra señal que confirme o desfaga mi sospecha.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 67
Assi lo has de hazer, Sancho, dixo don
Quixote, y darasme auiso de todo lo que en
este caso descubrieres, y de todo aquello que
en el gouierno te sucediere.
Salio, en fin, Sancho, acompañado de mucha 5
gente, vestido a lo letrado, y encima vn gauan
muy ancho de chamelote de aguas (*), leonado,
con vna montera de lo mesmo, sobre vn macho
a la gineta, y, detras del, por orden del duque,
yua el ruzio con jaezes y ornamentos jumentiles 10
de seda, y flamantes. Boluia Sancho la cabeça
de quando en quando a mirar a su asno, con
cuya compañia yua tan contento, que no se
trocara con el emperador de Alemaña.
Al despedirse de los duques les besó las 15
manos, y tomó la bendicion de su señor, que se
la dio con lagrimas, y Sancho la recibio con
pucheritos.
Dexa, lector amable, yr en paz y en hora
buena al buen Sancho, y espera dos fanegas 20
de risa, que te ha de causar el saber cómo se
portó en su cargo, y en tanto atiende a saber
lo que le passó a su amo aquella noche; que
si con ello no rieres, por lo menos desplegarás
los labios con risa de ximia, porque los 25
sucessos de don Quixote, o se han de celebrar
con admiracion o con risa.
Cuentase, pues, que apenas se huuo partido
Sancho, quando don Quixote sintio su soledad,
y si le fuera possible reuocarle la comission y 30
quitarle el gouierno, lo hiziera. Conocio la
duquessa su melancolia, y preguntole que de qué
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68
estaua triste; que si era por la ausencia de
Sancho, que escuderos, dueñas y donzellas
auia en su casa que le seruirian muy a
satisfacion de su desseo.
Verdad es, señora mia, respondio don 5
Quixote, que siento la ausencia de Sancho;
pero no es essa la causa principal que me haze
parecer que estoy triste, y de los muchos
ofrecimientos que vuestra excelencia me haze
solamente acepto y escojo el de la voluntad con 10
que se me hazen; y en lo demas suplico a
vuestra excelencia que dentro de mi aposento
consienta y permita que yo solo sea el que me
sirua.
En verdad, dixo la duquessa, señor don 15
Quixote, que no ha de ser assi: que le han de
seruir quatro donzellas de las mias, hermosas
como vnas flores.
Para mi, respondio don Quixote, no seran
ellas como flores, sino como espinas que me 20
punzen el alma. Assi entrarán ellas en mi
aposento, ni cosa que lo parezca, como bolar. Si es
que vuestra grandeza quiere lleuar adelante el
hazerme merced, sin yo merecerla, dexeme que
yo me las aya conmigo y que yo me sirua de 25
mis puertas adentro; que yo ponga vna muralla
en medio de mis desseos y de mi honestidad, y
no quiero perder esta costumbre por la
liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar
conmigo. Y, en resolucion, antes dormire vestido 30
que consentir que nadie me desnude.
¡No mas, no mas, señor don Quixote!,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 69
replicó la duquessa; por mi digo que dare orden
que ni aun vna mosca entre en su estancia, no
que (*) vna donzella; no soy yo persona que
por mi se ha de descaualar la decencia del señor
don Quixote; que, segun se me ha trasluzido, 5
la que mas campea entre sus muchas virtudes
es la de la honestidad. Desnudese vuessa
merced y vistase a sus solas y a su modo, como
y quando quisiere; que no aura quien lo
impida, pues dentro de su aposento hallará los 10
vasos necessarios al menester del que duerme a
puerta cerrada, porque ninguna natural necessidad
le obligue a que la abra. Viua mil siglos
la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre
estendido por toda la redondez de la tierra, 15
pues merecio ser amada de tan valiente y tan
honesto cauallero, y los benignos cielos
infundan en el coraçon de Sancho Pança, nuestro
gouernador, vn desseo de acabar presto sus
diciplinas, para que buelua a gozar el mundo 20
de la belleza de tan gran señora.
A lo qual dixo don Quixote:
Vuestra altitud ha hablado como quien es;
que en la boca de las buenas señoras no ha
de auer ninguna (*) que sea mala, y mas venturosa 25
y mas conocida sera en el mundo Dulcinea
por auerla alabado vuestra grandeza, que
por todas las alabanças que puedan darle los
mas eloquentes de la tierra.
Agora bien, señor don Quixote, replicó la 30
duquessa, la hora de cenar se llega y el
duque deue de esperar; venga vuessa merced y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70
cenemos, y acostarase temprano; que el viage
que ayer hizo de Candaya no fue tan corto,
que no aya causado algun molimiento.
No siento ninguno, señora, respondio don
Quixote, porque osaré jurar a vuestra 5
excelencia que en mi vida he subido sobre bestia
mas reposada, ni de mejor paso que Clauileño,
y no se yo qué le pudo mouer a Malambruno
para deshazerse de tan ligera y tan gentil
caualgadura, y abrasarla assi, sin mas ni mas. 10
A esso se puede imaginar, respondio la
duquessa, que, arrepentido del mal que auia
hecho a la Trifaldi y compañia, y a otras
personas, y de las maldades (*) que, como hechizero
y encantador, deuia de auer cometido, quiso 15
concluyr con todos los instrumentos de su
oficio, y como a principal y que mas le traia
dessassossegado, vagando de tierra en tierra,
abrasó a Clauileño; que con sus abrasadas
cenizas, y con el trofeo del cartel queda eterno 20
el valor del gran don Quixote de la Mancha.
De nueuo nueuas gracias dio don Quixote a
la duquessa, y, en cenando don Quixote, se
retiró en su aposento solo, sin consentir que
nadie entrasse con el a seruirle: tanto se temia 25
de encontrar ocasiones que le mouiessen o
forçassen a perder el honesto decoro que a su
señora Dulcinea guardaua, siempre puesta en la
imaginacion la bondad de Amadis, flor y espejo
de los andantes caualleros. Cerro tras si 30
la puerta, y a la luz de dos velas de cera se
desnudó, y al descalçarse --¡o desgracia indigna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 71
de tal persona!-- se le soltaron, no su[s]piros,
ni otra cosa que desacreditassen la limpieza
de su policia, sino hasta dos dozenas de
puntos de vna media, que quedó hecha zelosia.
Afligiose en estremo el buen señor, y diera 5
el por tener alli vn adarme de seda verde vna
onça de plata; digo seda verde, porque las
medias eran verdes.
Aqui exclamó Benengeli, y escriuiendo, dixo:
¡O pobreza, pobreza, no se yo con qué 10
razon se mouio aquel gran poeta cordoues, a
llamarte dadiua santa desagradecida! (*) Yo,
aunque moro, bien se, por la comunicacion que
he tenido con christianos, que la santidad
consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y 15
pobreza; pero, con todo esso, digo que ha de
tener mucho de Dios el que se viniere a
contentar con ser pobre, si no es de aquel modo
de pobreza de quien dize vno de sus mayores
santos: «Tened todas las cosas como si no las 20
»tuuiessedes» (*), y a esto llaman pobreza de
espiritu; pero tu, segunda pobreza, que eres de la
que yo hablo, ¿por qué quieres estrellarte con
los hidalgos y bien nacidos mas que con la
otra gente? ¿Por qué los obligas a dar pantalia 25
(*) a los çapatos, y a que los botones de sus
ropillas vnos sean de seda, otros de cerdas y
otros de vidro? ¿Por qué sus cuellos, por la
mayor parte, han de ser siempre escarolados, y
no abiertos con molde? Y en esto se echará 30
de ver que es antiguo el vso del almidon y de
los cuellos abiertos. Y prosiguió: Miserable
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72
del bien nacido que va dando pistos a su honra,
comiendo mal, y a puerta cerrada, haziendo
hipocrita al palillo de dientes (*) con que sale a
la calle despues de no auer comido cosa que le
obligue a limpiarselos; miserable de aquel, 5
digo, que tiene la honra espantadiza, y piensa
que desde vna legua se le descubre el remiendo
del çapato, el trassudor del sombrero, la hilaza
del herreruelo y la hambre de su estomago!
Todo esto se le renouo a don Quixote en la 10
soltura de sus puntos; pero consolose con ver
que Sancho le auia dexado vnas botas de
camino, que penso ponerse otro dia.
Finalmente, el se recosto pensatiuo y pesaroso
(*), assi de la falta que Sancho le hazia, 15
como de la inreparable desgracia de sus
medias, a quien tomara los puntos aunque fuera
con seda de otra color, que es vna de las
mayores señales de miseria que vn hidalgo puede
dar en el discurso de su prolixa estrecheza. 20
Mató las velas, hazia calor y no podia dormir;
leuantose del lecho y abrio vn poco la ventana
de vna rexa que daua sobre vn hermoso jardin,
y al abrirla (*), sintio y oyo que andaua y
hablaua gente en el jardin. Pusose a escuchar 25
atentamente; leuantaron la voz los de abaxo,
tanto, que pudo oyr estas razones:
No me porfies, o Emerencia, que cante, pues
sabes que desde el punto que este forastero
entró en este castillo, y mis ojos le miraron, yo 30
no se cantar, sino llorar; quanto mas que el
sueño de mi señora tiene mas de ligero que de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 73
pessado, y no querria que nos hallasse aqui por
todo el tesoro del mundo; y, puesto caso que
durmiesse y no despertasse, en vano seria mi
canto si duerme y no despierta para oyrle este
nueuo (*) Eneas, que ha llegado a mis regiones 5
para dexarme escarnida (*).
No des en esso, Altisidora amiga,
respondieron; que sin duda la duquessa y quantos
ay en essa casa duermen, si no es el señor de
tu coraçon y el despertador de tu alma; porque 10
aora senti que abria la ventana de la reja de su
estancia, y sin duda deue de estar despierto.
Canta, lastimada mia, en tono baxo y suaue, al
son de tu arpa, y quando la duquessa nos sienta,
le echaremos la culpa al calor que haze. 15
No está en esso el punto, o Emerencia,
respondio la Altisidora, sino en que no querria
que mi canto descubriesse mi coraçon y fuesse
juzgada de los que no tienen noticia de las
fuerças poderosas de amor por donzella antojadiza 20
y liuiana. Pero venga lo que viniere; que
mas vale verguença en cara que manzilla en
coraçon.
Y, en esto, sintio tocar vna harpa
suauissimamente; oyendo lo qual quedó don Quixote 25
pasmado, porque en aquel instante se le vinieron
a la memoria las infinitas auenturas semejantes
a aquella de ventanas, rejas y jardines,
musicas, requiebros y desuanecimientos que en los
sus desuanecidos libros de cauallerias auia 30
leydo. Luego imaginó que alguna donzella de
la duquessa estaua del enamorada, y que la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74
honestidad la forçaua a tener secreta su voluntad,
temio no le rindiesse, y propuso en su
pensamiento el no dexarse vencer; y,
encomendandose de todo buen animo y buen talante a
su señora Dulcinea del Toboso, determinó de 5
escuchar la musica, y para dar a entender que
alli estaua, dio vn fingido estornudo, de que no
poco se alegraron las donzellas, que otra cosa
no desseauan sino que don Quixote las oyesse.
Recorrida, pues, y afinada la harpa, Altisidora 10
dio principio a este romance:
¡O tu, que estás en tu lecho,
entre sabanas de olanda,
durmiendo a pierna tendida
de la noche a la mañana, 15
cauallero el mas valiente
que ha produzido la Mancha,
mas honesto y mas bendito
que el oro fino de Arabia!
Oye a vna triste donzella, 20
bien crecida y mal lograda,
que en la luz de tus dos soles
se siente abrasar el alma.
Tu buscas tus auenturas,
y agenas desdichas hallas; 25
das las feridas, y niegas
el remedio de sanarlas (*).
Dime, valeroso jouen,
que Dios prospere tus ansias,
si te criaste en la Libia, 30
o en las montañas de Iaca;
si sierpes te dieron leche;
si a dicha fueron tus amas
la aspereza de las seluas
y el horror de las montañas. 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 75
Muy bien puede Dulcinea,
donzella rolliza y sana,
preciarse de que ha rendido
a vna tigre y fiera braua.
Por esto sera famosa, 5
desde Henares a Xarama,
desde el Tajo a Mançanares,
desde Pisuerga hasta Arlanza.
Trocárame (*) yo por ella,
y diera encima vna saya 10
de las mas gayadas mias,
que de oro le adornan franjas.
¡O, quién se viera en tus braços,
o si no, junto a tu cama,
rascandote la cabeça, 15
y matandote la caspa (*)!
Mucho pido, y no soy digna
de merced tan señalada:
los pies quisiera traerte;
que a vna humilde esto le basta. 20
¡O, qué de cofias te diera,
qué de escarpines de plata,
qué de calças de damasco,
qué de herreruelos de olanda!
¡Qué de finissimas perlas, 25
cada qual como vna agalla,
que, a no tener compañeras,
las solas fueran llamadas!
No mires de tu Tarpeya
este incendio que me abrasa, 30
Neron manchego del mundo,
ni le auiues con tu saña.
Niña soy, pulzela tierna;
mi edad de quinze no passa;
catorze tengo y tres meses 35
te juro en Dios y en mi anima.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76
No soy renca, ni soy coxa,
ni tengo nada de manca;
los cabellos, como lirios,
que, en pie, por el suelo arrastran.
Y, aunque es mi boca aguileña, 5
y la nariz algo chata,
ser mis dientes de topacios
mi belleza al cielo ensalça.
Mi voz, ya ves, si me escuchas,
que a la que es mas dulce yguala, 10
y soy de disp[o]sicion
algo menos que mediana.
Estas y otras gracias miras (*):
son despojos de tu aljaua;
desta casa soy donzella, 15
y Altisidora me llaman.
Aqui dio fin el canto de la malferida
Altisidora, y començo el asombro del requirido don
Quixote, el qual, dando vn gran suspiro, dixo
entre si: 20
¡Que tengo de ser tan desdichado andante,
que no ha de auer donzella que me mire que
de (*) mi no se enamore! ¡Que tenga de ser tan
corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso,
que no la han de dexar a solas gozar de la 25
incomparable firmeza mia! ¿Qué la quereis,
reynas? ¿A qué la perseguis, emperatrizes?
¿Para qué la acosays, donzellas de a catorze a
quinze años? Dexad, dexad a la miserable que
triunfe, se goze y vfane con la suerte que amor 30
quiso darle en rendirle mi coraçon y entregarle
mi alma. Mirad, caterba enamorada, que para
sola Dulcinea soy de masa y de alfenique (*),
y para todas las demas soy de pedernal; para
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 77
ella (*) soy miel, y para vosotras azibar; para mi
sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la
honesta, la gallarda y la bien nacida, y las demas,
las feas, las necias, las liuianas y las de peor
linage; para ser yo suyo, y no de otra alguna, 5
me arrojó la naturaleza al mundo. Llore o
cante Altisidora, desesperese madama por quien
me aporrearon en el castillo del moro encantado;
que yo tengo de ser de Dulcinea, cozido o
asado (*), limpio, bien criado y honesto, a pesar 10
de todas las potestades hechizeras de la tierra.
Y, con esto, cerro de golpe la ventana, y,
despechado y pesaroso, como si le huuiera
acontecido alguna gran desgracia, se acosto en
su lecho, donde le dexaremos por aora, porque 15
nos está llamando el gran Sancho Pança, que
quiere dar principio a su famoso gouierno.
p. 78
Capitulo XLV
De cómo el gran Sancho Pança tomó la possession
de su insula, y del modo que començo
a gouernar.
¡O perpetuo descubridor de los antipodas, 5
hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de
las cantimploras (*), Timbrio aqui, Febo alli,
tirador aca, medico aculla, padre de la poesia,
inuentor de la musica, tu que siempre sales y
aunque lo parece, nunca te pones! ¡A ti digo, 10
o sol, con cuya ayuda el hombre engendra al
hombre! (*): a ti digo que me fauorezcas y
alumbres la escuridad de mi ingenio, para
que pueda discurrir por sus puntos en la
narracion del gouierno del gran Sancho Pança; 15
que, sin ti, yo me siento tibio, desmaçalado y
confuso.
Digo, pues, que con todo su acompañamiento
llegó Sancho a vn lugar de hasta mil vezinos,
que era de los mejores que el duque tenia; 20
dieronle a entender que se llamaua la insula
Barataria, o ya porque el lugar se llamaua
Baratario, o ya por el barato con que se le auia
dado el gouierno. Al llegar a las puertas de la
villa, que era cercada, salio el regimiento del 25
pueblo a recebirle; tocaron las campanas, y
todos los vezinos dieron muestras de general
alegria, y con mucha pompa le lleuaron a la
iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego, con
algunas ridiculas ceremonias, le entregaron las 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 79
llaues del pueblo, y le admitieron por perpetuo
gouernador de la insula Barataria.
El trage, las barbas, la gordura y pequeñez
del nueuo gouernador tenia admirada a toda
la gente que el busilis del cuento no sabia, y 5
aun a todos los que lo (*) sabian, que eran
muchos. Finalmente, en sacandole de la iglesia, le
lleuaron a la silla del juzgado y le sentaron en
ella, y el mayordomo del duque le dixo:
Es costumbre antigua en esta insula, señor 10
gouernador, que el que viene a tomar possession
desta famosa insula está obligado a responder
a vna pregunta que se le hiziere, que
sea algo intricada y dificultosa, de cuya
respuesta el pueblo toma y toca el pulso del 15
ingenio de su nueuo gouernador; y, assi, o se
alegra, o se entristeze con su venida.
En tanto que el mayordomo dezia esto a
Sancho, estaua el mirando vnas grandes y muchas
letras que en la pared frontera de su silla 20
estauan escritas, y como el no sabia leer, preguntó
que qué eran aquellas pinturas que en aquella
pared estauan; fuele respondido:
Señor, alli está escrito y notado el dia en
que vuessa señoria tomó possession desta insula, 25
y dize el epitafio (*): «Oy dia, a tantos de tal
»mes y de tal año, tomó la possession desta
»insula el señor don Sancho Pança, que muchos
»años la goze.»
Y ¿a quién llaman don Sancho Pança?, 30
preguntó Sancho.
A vuessa señoria, respondio el mayordomo;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80
que en esta insula no ha entrado otro Pança,
sino el que está sentado en essa silla.
Pues aduertid, hermano, dixo Sancho, que
yo no tengo don, ni en todo mi linage le ha
auido: Sancho Pança me llaman a secas, y 5
Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi aguelo, y
todos fueron Panças sin añadiduras de dones
ni donas; y yo imagino que en esta insula deue
de auer mas dones que piedras; pero basta,
Dios me entiende, y podra ser que si el 10
gouierno me dura quatro dias, yo escardaré estos
dones, que por la muchedumbre deuen de enfadar
como los mosquitos. Passe adelante con su
pregunta el señor mayordomo; que yo respondere
lo mejor que supiere, ora se entristezca, o 15
no se entristezca el pueblo.
A este instante entraron en el juzgado dos
hombres, el vno vestido de labrador, y el otro
de sastre, porque traia vna[s] tijeras en la mano;
y el sastre dixo: 20
Señor gouernador, yo y este hombre labrador
venimos ante vuessa merced en razon que
este buen hombre llegó a mi tienda ayer --que
yo, con perdon de los presentes, soy sastre
examinado, que Dios sea bendito--, y, 25
poniendome vn pedaço de paño en las manos, me
pr[e]guntó: «Señor, ¿auria en este (*) paño harto
»para hazerme vna caperuza?» Yo, tanteando
el paño, le respondi que si; el deuiose de
imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, 30
que, sin duda, yo le queria hurtar alguna parte
del paño, fundandose en su malicia y en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 81
mala opinion de los sastres; y replicome que
mirasse si auria para dos. Adiuinele el
pensamiento, y dixele que si; y el, cauallero en su
dañada y primera intencion, fue añadiendo
caperuzas, y yo añadiendo sies, hasta que 5
llegamos a cinco caperuzas, y aora en este punto
acaba de venir por ellas; yo se las doy, y no
me quiere pagar la hechura; antes me pide que
le pague o buelua su paño.
Es todo esto assi, hermano?, preguntó 10
Sancho.
Si señor, respondio el hombre; pero hagale
vuessa merced que muestre las cinco
caperuzas que me ha hecho.
De buena gana, respondio el sastre. 15
Y, sacando encontinente la mano debaxo
del herreruelo, mostro en ella cinco caperuzas
puestas en las cinco cabeças de los dedos de
la mano, y dixo:
E aqui las cinco caperuzas que este buen 20
hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia
que no me ha quedado nada del paño, y yo
daré la obra a vista de veedores del oficio.
Todos los presentes se rieron de la multitud
de las caperuzas, y del nueuo pleyto. Sancho 25
se puso a considerar vn poco, y dixo:
Pareceme que en este pleyto no ha de auer
largas dilaciones, sino juzgar luego a juyzio
de buen varon, y, assi, yo doy por sentencia
que el sastre pierda las hechuras, y el labrador 30
el paño, y las caperuzas se lleuen a los presos
de la carcel, y no aya mas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82
Si la sentencia passada (*) de la bolsa del
ganadero mouio a admiracion a los circunstantes,
esta les prouocó a risa; pero, en fin, se
hizo lo que mandó el gouernador; ante el
qual se presentaron dos hombres ancianos, el 5
vno traia vna cañaheja por baculo, y el sin
baculo dixo:
Señor, a este buen hombre le presté dias
ha 10 escudos de oro en oro, por hazerle
plazer y buena obra, con condicion que me los 10
boluiesse quando se los pidiesse. Passaronse
muchos dias sin pedirselos, por no ponerle en
mayor necessidad, de boluermelos, que la que
el tenia quando yo se los presté: pero por
parecerme que se descuydaua en la paga, se 15
los he pedido vna y muchas vezes, y no
solamente no me los buelue, pero me los niega, y
dize que nunca tales 10 escudos le presté,
y que si se los presté, que ya me los ha buelto.
Yo no tengo testigos ni del prestado, ni de la 20
buelta, porque no me los ha buelto. Querria
que vuessa merced le tomasse juramento y, si
jurare que me los ha buelto, yo se los perdono
para aqui y para delante de Dios.
¿Qué dezys vos a esto, buen viejo del 25
baculo?, dixo Sancho.
A lo que dixo el viejo:
Yo, señor, confiesso que me los prestó,
y baxe vuessa merced essa vara, y, pues el
lo dexa en mi juramento, yo juraré como 30
se los he buelto y pagado real y
verdaderamente.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 83
Baxó el gouernador la vara, y, en tanto, el
viejo del baculo dio el baculo al otro viejo,
que se le tuuiesse en tanto que juraua, como
si le embaraçara mucho, y luego puso la mano
en la cruz de la vara, diziendo que era verdad, 5
que se le auian prestado aquellos diez escudos
que se le pedian; pero que el se los auia buelto
de su mano a la suya, y que por no caer en
ello se los boluia a pedir por momentos.
Viendo lo qual el gran gouernador, preguntó al 10
acreedor qué respondia a lo que dezia su
contrario; y dixo que sin duda alguna su deudor
deuia de dezir verdad, porque le tenia por
hombre de bien y buen christiano, y que a el
se le deuia de auer oluidado el cómo y quándo 15
se los auia buelto, y que desde alli en adelante
jamas le pidiria nada. Tornó a tomar su baculo
el deudor, y, baxando la cabeça, se salio del
juzgado. Visto lo qual Sancho, y que sin mas
ni mas se yua, y viendo tambien la paciencia 20
del demandante, inclinó la cabeça sobre el
pecho, y, poniendose el indice de la mano
derecha sobre las cejas y las narizes, estuuo
como pensatiuo vn pequeño espacio, y luego
alçó la cabeça y mandó que le llamassen al 25
viejo del baculo, que ya se auia ydo.
Truxeronsele, y, en viendole Sancho, le dixo:
Dadme, buen hombre, esse baculo; que le
he menester.
De muy buena gana, respondio el viejo: 30
ele aqui, señor.
Y pusosele en la mano.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84
Tomole Sancho, y, dandosele al otro viejo,
le dixo:
Andad con Dios, que ya vais pagado.
¿Yo, señor?, respondio el viejo. Pues, ¿vale
esta cañaheja 10 escudos de oro? 5
Si, dixo el gouernador, o si no, yo soy el
mayor porro del mundo, y aora se vera si
tengo yo caletre para gouernar todo vn reyno.
Y mandó que alli delante de todos se rompiesse
y abriesse la caña. Hizose assi, y en el 10
coraçon della hallaron 10 escudos en oro.
Quedaron todos admirados, y tuuieron a su
gouernador por vn nueuo Salomon. Preguntaronle
de dónde auia colegido que en aquella
cañaheja estauan aquellos 10 escudos, y 15
respondio que de auerle visto dar el viejo que
juraua, a su contrario, aquel baculo en tanto
que hazia el juramento, y jurar que se los auia
dado real y verdaderamente, y que, en acabando
de jurar, le tornó a pedir el baculo, le 20
vino a la imaginacion que dentro del estaua
la paga de lo que pedian. De donde se podia
colegir que los que gouiernan, aunque sean
vnos tontos, tal vez los encamina Dios en sus
juyzios; y mas, que el auia oydo contar otro 25
caso como aquel al cura de su lugar, y que el
tenia tan gran memoria, que a no oluidarsele
todo aquello de que queria acordarse, no huuiera
tal memoria en toda la insula. Finalmente,
el vn viejo corrido, y el otro pagado, se 30
fueron, y los presentes quedaron admirados.
Y el que escriuia las palabras, hechos y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 85
mouimientos de Sancho, no acabaua de determinarse
si le tendria y pondria por tonto, o por
discreto (*).
Luego, acabado este pleyto, entró en el
juzgado vna muger, assida fuertemente de vn 5
hombre vestido de ganadero rico, la qual venia
dando grandes vozes, diziendo:
¡Iusticia, señor gouernador, justicia, y si no
la hallo en la tierra, la yre a buscar al cielo!
Señor gouernador de mi anima, este mal hombre 10
me ha cogido en la mitad desse campo, y
se ha aprouechado de mi cuerpo como si fuera
trapo mal lauado, y, desdichada de mi, me ha
lleuado lo que yo tenia guardado mas de
veynte y tres años ha, defendiendolo de moros 15
y christianos, de naturales y estrangeros,
y yo, siempre dura como vn alcornoque,
conseruandome entera como la salamanquesa en
el fuego, o como la lana entre las çarças, para
que este buen hombre llegasse aora con sus 20
manos limpias a manosearme.
Aun esso está por aueriguar, si tiene limpias
o no las manos este galan, dixo Sancho.
Y, boluiendose al hombre, le dixo qué
dezia y respondia a la querella de aquella 25
muger; el qual, todo turbado, respondio:
Señores, yo soy vn pobre ganadero de
ganado de cerda, y esta mañana salia deste
lugar, de vender, con perdon sea (*) dicho,
quatro puercos, que me lleuaron de alcaualas y 30
socaliñas poco menos de lo que ellos valian;
boluiame a mi aldea, topé en el camino a esta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86
buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca
y todo lo cueze, hizo que yogassemos juntos;
paguele lo soficiente, y ella, mal contenta,
assio de mi, y no me ha dexado hasta traerme
a este puesto. Dize que la forçe, y miente, 5
para el juramento que hago o pienso hazer;
y esta es toda la verdad, sin faltar meaja.
Entonces el gouernador le preguntó si traia
consigo algun dinero en plata. El dixo que
hasta veynte ducados tenia en el seno en vna 10
bolsa de cuero; mandó que la sacasse y se la
entregasse assi como estaua a la querellante;
el lo hizo temblando, tomola [la] muger, y,
haziendo mil zalemas a todos, y, rogando a
Dios por la vida y salud del señor gouernador, 15
que assi miraua por las huerfanas menesterosas
y donzellas; y (*), con esto, se salio del
juzgado, lleuando la bolsa assida con entrambas
manos, aunque primero miró si era de plata la
moneda que lleuaua dentro. 20
Apenas salio, quando Sancho dixo al ganadero,
que ya se le saltauan las lagrimas, y los
ojos y el coraçon se yuan tras su bolsa:
Buen hombre, yd tras aquella muger, y
quitadle la bolsa, aunque no quiera, y bolued 25
aqui con ella.
Y no lo dixo a tonto ni a sordo, porque
luego partio como vn rayo y fue a lo que se le
mandaua. Todos los presentes estauan suspensos,
esperando el fin de aquel pleyto, y de 30
alli [a] poco boluieron el hombre y la muger,
mas assidos y aferrados que la vez primera,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 87
ella la saya leuantada, y en el regazo puesta
la bolsa, y el hombre pugnando por quitarsela,
mas no era possible, segun la muger la
defendia, la qual daua vozes, diziendo:
¡Iusticia de Dios, y del mundo! ¡Mire vuessa 5
merced, señor gouernador, la poca verguença
y el poco temor deste desalmado, que en mitad
de poblado y en mitad de la calle me ha
querido quitar la bolsa que vuessa merced mandó
darme! 10
Y ¿haosla quitado?, preguntó el
gouernador.
¿Cómo quitar?, respondio la muger; antes
me dexara yo quitar la vida que me quiten la
bolsa. ¡Bonita es la niña; otros gatos me han 15
de echar a las barbas, que no este desuenturado
y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, maços
y escoplos no seran bastantes a sacarmela de
las vñas, ni aun garras de leones; antes el
anima de en mitad en mitad de las carnes! 20
Ella tiene razon, dixo el hombre, y yo me
doy por rendido y sin fuerças, y confiesso que
las mias no son bastantes para quitarsela, y
déxola (*).
Entonces el gouernador dixo a la muger: 25
Mostrad, honrada y valiente, essa bolsa.
Ella se la dio luego, y el gouernador se la
boluio al hombre y dixo a la esforçada, y no
forçada:
Hermana mia, si el mismo aliento y valor 30
que aueis mostrado para defender esta bolsa le
mostrarades, y aun la mitad menos, para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88
defender vuestro cuerpo, las fuerças de Hercules
no os hizieran fuerça; andad con Dios y mucho
de en hora mala, y no pareis en toda esta
insula ni en seys leguas a la redonda, so pena
de docientos açotes. ¡Andad luego, digo, 5
churrillera (*), desuergonçada y embaydora!
Espantose la muger y fuesse cabizbaxa y
mal contenta, y el gouernador dixo al hombre:
Buen hombre, andad con Dios a vuestro
lugar con vuestro dinero, y de aqui adelante, 10
si no le quereis perder, procurad que no os
venga (*) en voluntad de yogar con nadie.
El hombre le dio las gracias lo peor que supo
y fuesse, y los circunstantes quedaron admirados
de nueuo de los juyzios y sentencias de su 15
nueuo gouernador (*). Todo lo qual notado de
su coronista fue luego escrito al duque, que
con gran desseo lo estaua esperando.
Y quedese aqui el buen Sancho; que es mucha
la priessa que nos da su amo, alboroçado 20
con la musica de Altisidora.
p. 89
Capitulo XLVI
Del temeroso espanto cencerril y gatuno que
recibio don Quixote en el discurso de los
amores de la enamorada Altisidora.
Dexamos (*) al gran don Quixote embuelto en 5
los pensamientos que le auia (*) causado la
musica de la enamorada donzella Altisidora.
Acostose con ellos, y como si fueran pulgas, no
le dexaron dormir ni sossegar vn punto, y
juntauansele los que le faltauan de sus medias; pero 10
como es ligero el tiempo y no ay barranco que
le detenga, corrio cauallero en las horas, y con
mucha presteza llegó la de la mañana. Lo qual
visto por don Quixote, dexó las blandas plumas,
y no nada perezoso, se vistio su acamuçado 15
vestido y se calçó sus botas de camino,
por encubrir la desgracia de sus medias;
arrojose encima su manton de escarlata y pusose
en la cabeça vna montera de terciopelo verde,
guarnecida de pasamanos de plata, colgo el 20
taheli de sus ombros con su buena y tajadora
espada, assio vn gran rosario que consigo
contino traia, y, con gran prosopopeya y contoneo
salio a la antesala, donde el duque y la
duquessa estauan ya vestidos y como esperandole, 25
y al passar por vna galeria, estauan aposta
esperandole Altisidora y la otra donzella su
amiga; y assi como Altisidora vio a don Quixote,
fingio desmayarse, y su amiga la recogio
en sus faldas, y con gran presteza la yua a 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 90
desabrochar el pecho. Don Quixote que lo vio,
llegandose a ellas, dixo:
Ya se yo de qué proceden estos
accidentes.
No se yo de qué, respondio la amiga, 5
porque Altisidora es la donzella mas sana de
toda esta casa, y yo nunca la he sentido vn ¡ay!
en quanto ha que la conozco; que mal ayan
quantos caualleros andantes ay en el mundo,
si es que todos son desagradecidos. Vayase 10
vuessa merced, señor don Quixote; que no boluera
en si esta pobre niña en tanto que vuessa
merced aqui estuuiere.
A lo que respondio don Quixote:
Haga vuessa merced, señora, que se me 15
ponga vn laud esta noche en mi aposento; que
yo consolaré lo mejor que pudiere a esta
lastimada donzella; que en los principios amorosos
los desengaños prestos suelen ser remedios
calificados. 20
Y, con esto, se fue, por que no fuesse notado
de los que alli le viessen. No se huuo bien
apartado, quando, boluiendo en si la
desmayada Altisidora, dixo a su compañera:
Menester sera que se le ponga el laud; que 25
sin duda don Quixote quiere darnos musica, y
no sera mala, siendo suya.
Fueron luego a dar cuenta a la duquessa de
lo que passaua, y del laud que pedia don Quixote,
y ella, alegre sobremodo, concerto (*) con 30
el duque y con sus donzellas de hazerle vna
burla que fuesse mas risueña que dañosa, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 91
con mucho contento esperauan la noche, que
se vino tan apriessa como se auia venido el
dia, el qual passaron los duques en sabrossas
platicas con don Quixote. Y la duquessa
aquel dia real y verdaderamente despachó a 5
vn page suyo, que auia hecho en la selua la
figura encantada de Dulcinea, a Teresa Pança,
con la carta de su marido Sancho Pança,
y con el lio de ropa que auia dexado para
que se le embiasse, encargandole le tru[x]esse 10
buena relacion de todo lo que con ella
passasse.
Hecho esto, y llegadas las onze horas de la
noche, halló don Quixote vna vihuela en su
aposento; templola, abrio la rexa, y sintio que 15
andaua gente en el jardin, y, auiendo recorrido
los trastes de la vihuela, y afinandola lo mejor
que supo, escupio y remondose el pecho, y
luego, con vna voz ronquilla aunque entonada,
cantó el siguiente romance, que el mismo 20
aquel dia auia compuesto:
Suelen las fuerças de amor
sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuydada. 25
Suele el coser y el labrar
y el estar siempre ocupada
ser antidoto al veneno
de las amorosas ansias.
Las donzellas recogidas 30
que aspiran a ser casadas...
la honestidad es la dote
y voz de sus alabanças.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92
Los andantes caualleros
y los que en la Corte andan
requiebranse con las libres;
con las honestas se casan.
Ay amores de Leuante, 5
que entre huespedes se tratan,
que llegan presto al Poniente,
porque en el partirse acaban.
El amor recien venido
que oy llegó, y se va mañana, 10
las imagines no dexa
bien impressas en el alma.
Pintura sobre pintura,
ni se muestra ni señala;
y do ay primera belleza, 15
la segunda no haze baça.
Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada, de modo
que es impossible borrarla. 20
La firmeza en los amantes
es la parte mas preciada,
por quien haze Amor milagros,
y assi (*) mesmo los leuanta.
Aqui llegaua don Quixote de su canto, a 25
quien estauan escuchando el duque y la duquessa,
Altisidora y casi toda la gente del castillo,
quando de improuiso, desde encima de vn
corredor que sobre la rexa de don Quixote a
plomo caia, descolgaron vn cordel donde venian 30
mas de cien [cen]cerros assidos, y luego
tras ellos derramaron vn gran saco de gatos,
que assimismo traian cencerros menores atados
a las colas. Fue tan grande el ruydo de los
cencerros y el mayar de los gatos, que aunque 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 93
los duques auian sido inuentores de la burla,
todauia les sobresaltó, y, temeroso don Quixote,
quedó pasmado; y quiso la suerte que dos o
tres gatos se entraron por la rexa de su estancia,
y, dando de vna parte a otra, parecia que 5
vna region (*) de diablos andaua en ella.
Apagaron las velas que en el aposento ardian, y
andauan buscando por do escaparse; el descolgar
y subir del cordel de los grandes cencerros
no cessaua; la mayor parte de la gente del 10
castillo, que no sabia la verdad del caso, estaua
suspensa y admirada.
Leuantose don Quixote en pie, y, poniendo
mano a la espada, començo a tirar estocadas
por la rexa y a dezir a grandes vozes: 15
¡Afuera malignos encantadores, afuera
canalla hechizeresca; que yo soy don Quixote de
la Mancha, contra quien no valen ni tienen
fuerça vuestras malas intenciones!
Y, boluiendose a los gatos que andauan por 20
el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos
acudieron a la rexa, y por alli se salieron, aunque
vno, viendose tan acosado de las cuchilladas
de don Quixote, le saltó al rostro y le assio de
las narizes con las vñas y los dientes, por 25
cuyo dolor don Quixote començo a dar los
mayores gritos que pudo. Oyendo lo qual el duque
y la duquessa, y considerando lo que podia ser,
con mucha presteza acudieron a su estancia, y,
abriendo con llaue maestra, vieron al pobre 30
cauallero pugnando con todas sus fuerças por
arrancar el gato de su rostro. Entraron con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94
luzes, y vieron la desigual pelea; acudio el
duque a despartirla, y don Quixote dixo a vozes:
¡No me le quite nadie, dexenme mano a
mano con este demonio, con este hechizero,
con este encantador; que yo le dare a entender 5
de mi a el, quién es don Quixote de la
Mancha!
Pero el gato, no curandose destas amenazas,
gruñia y apretaua; mas, en fin, el duque
se le desarraygó y le echó por la rexa. 10
Quedó don Quixote acriuado el rostro y no
muy sanas las narizes, aunque muy despechado
porque no le auian dexado fenecer la batalla
que tan trabada tenia con aquel malandrin
encantador. Hizieron traer azeyte de Aparicio (*), 15
y la misma Altisidora, con sus blanquis[si]mas
manos, le puso vnas vendas por todo lo herido,
y, al ponerselas, con voz baxa le dixo:
Todas estas malandanças te suceden,
empedernido cauallero, por el pecado de tu dureza 20
y pertinacia; y plega a Dios que se le oluide
a Sancho tu escudero el açotarse, porque
nunca salga de su encanto esta tan amada tuya
Dulcinea, ni tu la (*) gozes, ni llegues a
talamo con ella, a lo menos viuiendo yo, que te 25
adoro.
A todo esto no respondio don Quixote otra
palabra, si no fue dar vn profundo suspiro, y
luego se tendio en su lecho, agradeciendo a
los duques la merced, no porque el tenia temor 30
de aquella canalla gatesca, encantadora y
cencerruna, sino porque auia conocido la buena
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 95
intencion con que auian venido a socorrerle.
Los duques le dexaron sossegar y se fueron
pesarosos del mal sucesso de la burla; que no
creyeron que tan pesada y costosa le saliera a
don Quixote aquella auentura: que le costo 5
cinco dias de encerramiento y de cama, donde
le sucedio otra auentura mas gustosa que la
pasada, la qual no quiere su historiador contar
aora, por acudir a Sancho Pança, que andaua
muy solicito y muy gracioso en su gouierno. 10
p. 96
Capitulo XLVII
Donde se prosigue cómo se portaua Sancho
Pança en su gouierno.
Cuenta la historia que desde el juzgado
lleuaron a Sancho Pança a vn suntuoso palacio, 5
adonde en vna gran sala estaua puesta vna
real y limpissima mesa; y assi como Sancho
entró en la sala, sonaron chirimias y salieron
quatro pages a darle aguamanos, que Sancho
recibio con mucha grauedad. 10
Cessó la musica, sentose Sancho a la cabecera
de la mesa, porque no auia mas de aquel
assiento, y no otro seruicio en toda ella. Pusose
a su lado en pie vn personage, que despues
mostro ser medico, con vna varilla de vallena 15
en la mano. Leuantaron vna riquissima y blanca
toalla con que estauan cubiertas las frutas y
mucha diuersidad de platos de diuersos
manjares; vno que parecia estudiante echó la
bendicion, y vn page puso vn babador randado a 20
Sancho, otro que hazia el oficio de maestresala
llegó vn plato de fruta delante (*), pero
apenas huuo comido vn bocado, quando el de la
varilla tocando con ella en el plato, se le
quitaron de delante con grandissima celeridad; pero 25
el maestresala le llegó otro, de otro manjar;
yua a prouarle Sancho, pero antes que llegasse
a el ni le gustasse, ya la varilla auia tocado en
el, y vn page alçadole con tanta presteza como
el de la fruta. Visto lo qual por Sancho, quedó 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 97
suspenso, y, mirando a todos, preguntó si se auia
de comer aquella comida como juego de maessecoral
(*). A lo qual respondio el de la vara:
No se ha de comer, señor gouernador, sino
como es vso y costumbre en las otras insulas 5
donde ay gouernadores. Yo, señor, soy medico,
y estoy asalariado en esta insula para serlo
de los gouernadores della, y miro por su salud
mucho mas que por la mia, estudiando de
noche y de dia y tanteando la complexion del 10
gouernador, para acertar a curarle quando cayere
enfermo; y lo principal que hago es assistir
a sus comidas y cenas, y a dexarle comer
de lo que me parece que le conuiene, y a
quitarle lo que imagino que le ha de hazer daño 15
y ser nociuo al estomago (*); y, assi, mandé
quitar el plato de la fruta, por ser
demasiadamente humeda, y el plato del otro manjar
tambien le mandé quitar, por ser demasiadamente
caliente y tener muchas especies, que 20
acrecientan la sed; y el que mucho beue, mata y
consume el humedo radical, donde consiste
la vida (*).
Dessa manera, aquel plato de perdizes que
estan alli asadas, y, a mi parecer, bien 25
sazonadas, no me haran algun daño.
A lo que el medico respondio:
Essas no comera el señor gouernador en
tanto que yo tuuiere vida.
Pues ¿por qué?, dixo Sancho. 30
Y el medico respondio:
Porque nuestro maestro Hipocrates, norte
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98
y luz de la medicina, en vn aforismo suyo dize:
Omnis saturatio mala, perdizes autem pesssima
(*). Quiere dezir: «toda hartazga es mala;
»pero la de las perdizes, malissima.»
Si esso es assi, dixo Sancho, vea el señor 5
doctor de quantos manjares ay en esta mesa,
quál me hara mas prouecho y quál menos
daño, y dexeme comer del sin que me le apalee;
porque por vida del gouernador, y assi Dios
me le dexe gozar, que me muero de hambre, y 10
el negarme la comida, aunque le pese al señor
doctor y el mas me diga, antes sera quitarme la
vida que aumentarmela.
Vuessa merced tiene razon, señor
gouernador, respondio el medico, y assi es mi 15
parecer que vuessa merced no coma de aquellos
conejos guisados que alli estan, porque es
manjar peliagudo; de aquella ternera, si no
fuera asada y en adobo, aun se pudiera prouar;
pero no ay para qué. 20
Y Sancho dixo:
Aquel platonazo que está mas adelante
vahando me parece que es olla podrida (*), que,
por la diuersidad de cosas que en las tales ollas
podridas ay, no podre dexar de topar con 25
alguna que me sea de gusto y de prouecho.
Absit, dixo el medico; vaya lexos de
nosotros tan mal pensamiento; no ay cosa en el
mundo de peor mantenimiento que vna olla
podrida. Alla las ollas podridas para los canonigos, 30
o para los retores de colegios, o para las
bodas labradorescas, y dexennos libres las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 99
mesas de los gouernadores, donde ha de assistir
todo primor y toda atildadura. Y la razon es
porque siempre y a doquiera y de quienquiera
son mas estimadas las medicinas simples que
las compuestas, porque en las simples no se 5
puede errar, y en las compuestas si, alterando
la cantidad de las cosas de que son compuestas;
mas lo que yo se que ha de comer el señor
gouernador aora, para conseruar su salud y
corroborarla es vn ciento de cañutillos de 10
suplicaciones (*), y vnas tajadicas subtiles de
carne de membrillo, que le assienten el estomago,
y le ayuden a la digestion.
Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar
de la silla, y miró de hito en hito al tal 15
medico, y con voz graue le preguntó cómo se
llamaua, y dónde auia estudiado.
A lo que el respondio:
Yo, señor gouernador, me llamo el doctor
Pedro Rezio de Aguero, y soy natural de vn 20
lugar llamado Tirteafuera (*), que está entre
Caraquel y Almodobar del Campo, a la mano
derecha, y tengo el grado de doctor por la
Vniuersidad de Osuna (*).
A lo que respondio Sancho, todo encendido 25
en colera:
Pues, señor doctor Pedro Rezio de mal
Aguero, natural de Tirteafuera, lugar que está
a la derecha mano, como vamos de Caraquel a
Almodobar del Campo, graduado en Osuna, 30
quiteseme luego delante; si no, voto al sol que
tome vn garrote y que a garrotazos, començando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100
por el, no me ha de quedar medico en toda
la insula, a lo menos, de aquellos que yo
entienda que son ignorantes; que a los medicos
sabios, prudentes y discretos los pondre sobre
mi cabeça y los honraré como a personas 5
diuinas. Y bueluo a dezir que se me vaya Pedro
Rezio de aqui; si no, tomaré esta silla donde
estoy sentado, y se la estrellaré en la cabeça,
y pidanmelo en residencia; que yo me descargaré
con dezir que hize seruicio a Dios en 10
matar a vn mal medico, verdugo de la republica.
Y denme de comer, o si no, tomense su
gouierno; que oficio que no da de comer a su
dueño no vale dos habas.
Alborotose el doctor viendo tan colerico al 15
gouernador, y quiso hazer tirteafuera de la sala,
sino que en aquel instante sono vna corneta de
posta en la calle, y, assomandose el
maestresala a la ventana, boluio, diziendo:
Correo viene del duque mi señor; algun 20
despacho deue de traer de importancia.
Entró el correo sudando y asustado, y,
sacando vn pliego del seno, le puso en las manos
del gouernador, y Sancho le puso en las del
mayordomo, a quien mandó leyesse el sobreescrito 25
que dezia assi: «A don Sancho Pança,
» gouernador de la insula Barataria, en su
»propia mano, o en las de su secretario.» Oyendo
lo qual Sancho, dixo:
¿Quién es aqui mi secretario? 30
Y vno de los que presentes estauan
respondio:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 101
Yo, señor, porque se leer y escriuir, y soy
vizcayno (*).
Con essa añadidura, dixo Sancho, bien
podeis ser secretario del mismo emperador;
abrid esse pliego, y mirad lo que dize. 5
Hizolo assi el rezien nacido secretario, y,
auiendo leydo lo que dezia, dixo que era negocio
para tratarle a solas. Mandó Sancho despejar
la sala, y que no quedassen en ella sino
el mayordomo y el maestresala, y los demas y 10
el medico se fueron, y luego el secretario leyo
la carta que assi dezia:
A mi noticia ha llegado, señor don Sancho
Pança, que vnos enemigos mios y dessa insula
la han de dar vn asalto furioso no se qué 15
noche; conuiene velar y estar alerta, porque no
le tomen desapercebido. Se tambien por espias
verdaderas que han entrado en esse lugar
quatro personas disfraçadas para quitaros la
vida porque se temen de vuestro ingenio; abrid 20
el ojo y mirad quién llega a hablaros, y no
comais de cosa que os presentaren. Yo tendre
cuydado de socorreros si os vieredes en trabajo,
y en todo hareis como se espera de vuestro
entendimiento. Deste lugar a 16 de agosto 25
a las quatro de la mañana. Vuestro amigo, El
duque.
Quedó atonito Sancho, y mostraron quedarlo
assimismo los circunstantes, y, boluiendose al
mayordomo, le dixo: 30
Lo que agora se ha de hazer, y ha de ser
luego, es meter en vn calaboço al doctor Recio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102
porque si alguno me ha de matar, [h]a de ser
el, y de muerte adminicula (*) y pessima, como
es la de la hambre.
Tambien, dixo el maestresala, me parece
a mi que vuessa (*) merced no coma de todo 5
lo que está en esta mesa, porque lo han
presentado vnas monjas, y, como suele dezirse,
detras de la cruz está el diablo.
No lo niego, respondio Sancho, y, por
aora, denme vn pedaço de pan, y obra de 10
quatro libras de vuas; que en ellas no podra
venir veneno, porque, en efecto, no puedo
passar sin comer, y si es que hemos de estar
prontos para estas batallas que nos amenazan,
menester sera estar bien mantenidos, porque 15
tripas lleuan coraçon, que no coraçon tripas, y
vos, secretario, responded al duque mi señor,
y dezidle que se cumplira lo que manda como
lo manda, sin faltar punto, y dareys de mi
parte vn besamanos a mi señora la duquessa, y 20
que le suplico no se le oluide de embiar con
vn propio mi carta y mi lio a mi muger Teresa
Pança; que en ello recibire mucha merced, y
tendre cuydado de [ser]uirla (*) con todo lo que
mis fuerças alcançaren, y de camino podeys 25
encaxar vn besamanos a mi señor don Quixote
de la Mancha, porque vea que soy pan
agradecido; y vos, como buen secretario y como
buen vizcayno, podeys añadir todo lo que
quisieredes y mas viniere a cuento. Y alcense 30
estos manteles y denme a mi de comer; que yo
me auendre con quantas espias y matadores y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 103
encantadores vinieren sobre mi y sobre mi
insula.
En esto, entró vn page y dixo:
Aqui está vn labrador negociante que quiere
hablar a vuessa señoria en vn negocio, segun 5
el dize, de mucha importancia.
Estraño caso es este, dixo Sancho, destos
negociantes. ¿Es possible que sean tan necios,
que no echen de ver que semejantes horas
como estas no son en las que han de venir a 10
negociar? ¿Por ventura los que gouernamos,
los que somos juezes, no somos hombres de
carne y de hueso, y que es menester que nos
dexen descansar el tiempo que la necessidad
pide, sino que quieren que seamos hechos de 15
piedra marmol? Por Dios y en mi conciencia
que si me dura el gouierno --que no durará
segun se me trasluze--, que yo ponga en
pretina a mas de vn negociante. Agora dezid a
esse buen hombre que entre; pero aduiertase 20
primero no sea alguno de los espias, o
matador mio.
No, señor, respondio el page, porque
parece vna alma de cantaro, y yo se poco, o el
es tan bueno como el buen pan. 25
No ay que temer, dixo el mayordomo;
que aqui estamos todos.
¿Seria possible, dixo Sancho, maestresala,
que agora que no está aqui el doctor Pedro
Rezio, que comiesse yo alguna cosa de peso y 30
de sustancia, aunque fuesse vn pedaço de pan
y vna cebolla?
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104
Esta noche, a la cena, se satisfara la falta
de la comida, y quedará vuessa señoria
satisfecho y pagado, dixo el maestresala.
Dios lo haga, respondio Sancho.
Y, en esto, entró el labrador, que era de muy 5
buena presencia, y de mil leguas se le echaua
de ver que era bueno y buena alma.
Lo primero que dixo fue:
¿Quién es aqui el señor gouernador?
¿Quién ha de ser, respondio el secretario, 10
sino el que está sentado en la silla?
Humillome, pues, a su presencia, dixo el
labrador.
Y, poniendose de rodillas, le pidio la mano
para besarsela. Negosela Sancho y mandó que 15
se leuantase y dixesse lo que quisiesse. Hizolo
assi el labrador, y luego dixo:
Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel
Turra, vn lugar que está dos leguas de
Ciudareal (*). 20
Otro Tirteafuera tenemos, dixo Sancho;
dezid, hermano; que lo que yo os se dezir es
que se muy bien a Miguel Turra, y que no está
muy lexos de mi pueblo.
Es, pues, el caso, señor, prosiguio el 25
labrador, que yo por la misericord[i]a de Dios
soy casado en paz y en haz de la san[ta] Yglesia
catolica romana; tengo dos hijos estudiantes,
que el menor estudia para bachiller y el
mayor para licenciado; soy viudo porque se 30
murio mi muger, o, por mejor dezir, me la mató
vn mal medico, que la purgó estando preñada,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 105
y si Dios fuera seruido que saliera a luz el
parto, y fuera hijo, yo le pusiera (*) a estudiar
para doctor, porque no tuuiera inuidia a sus
hermanos el bachiller y el licenciado.
De modo, dixo Sancho, que si vuestra 5
muger no se huuiera muerto, o la huuieran
muerto, ¿vos no fuerades agora viudo?
No, señor, en ninguna manera, respondio
el labrador.
Medrados estamos, replicó Sancho; adelante 10
hermano; que es hora de dormir mas que
de negociar.
Digo, pues, dixo el labrador, que este mi
hijo que ha de ser bachiller se enamoró en el
mesmo pueblo de vna donzella llamada Clara 15
Perlerina, hija de Andres Perlerino, labrador
riquissimo; y este nombre de Perlerines no les
viene de abolengo ni otra alcurnia, sino porque
todos los deste linage son perlaticos, y, por
mejorar el nombre, los llaman Perlerines, 20
aunque si va (*) dezir la verdad, la donzella es
como vna perla oriental, y mirada por el lado
derecho parece vna flor del campo, por el
yzquierdo no tanto, porque le falta aquel ojo que
se le saltó de viruelas; y aunque los hoyos del 25
rostro son muchos y grandes, dizen los que la
quieren bien que aquellos no son hoyos, sino
sepulturas donde se sepultan las almas de sus
amantes. Es tan limpia, que por no ensuziar la
cara, trae las narizes, como dizen, arremangadas, 30
que no parece sino que van huyendo de
la boca, y con todo esto parece bien por estremo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106
porque tiene la boca grande, y a no faltarle
diez o doze dientes y muelas, pudiera passar
y echar raya entre las mas bien formadas. De
los labios no tengo que dezir, porque son tan
sutiles y delicados, que si se vsaran aspar 5
labios, pudieran hazer dellos vna madexa; pero
como tienen diferente color de la que en los
labios se vsa comunmente, parecen milagrosos,
porque son jaspeados de azul y verde, y
auerengenado; y perdoneme el señor gouernador, 10
si por tan menudo voy pintando las partes de
la que al fin al fin ha de ser mi hija; que la
quiero bien, y no me parece mal.
Pintad lo que quisieredes, dixo Sancho;
que yo me voy recreando en la pintura, y si 15
huuiera comido, no huuiera mejor postre para
mi que vuestro retrato.
Esso tengo yo por seruir, respondio el
labrador; pero tiempo vendra en que seamos,
si aora no somos. Y digo, señor, que si pudiera 20
pintar su gentileza y la altura de su cuerpo,
fuera cosa de admiracion; pero no puede ser a
causa de que ella está agouiada y encogida, y
tiene las rodillas con la boca, y con todo esso,
se echa bien de ver que si se pudiera leuantar 25
diera con la cabeça en el techo, y ya ella
huuiera dado la mano de esposa a mi bachiller,
sino que no la puede estender, que está
añudada; y con todo, en las vñas largas y
acanaladas se muestra su bondad y buena 30
hechura.
Está bien, dixo Sancho, y hazed cuenta,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 107
hermano, que ya la aueis pintado de los pies
a la cabeça. ¿Qué es lo que quereis aora? Y
venid al punto sin rodeos ni callejuelas, ni
retazos ni añadiduras.
Querria, señor, respondio el labrador, 5
que vuessa merced me hiziesse merced de
darme vna carta de fauor para mi consuegro,
suplicandole sea seruido de que este
casamiento se haga, pues no somos desiguales en
los bienes de fortuna, ni en los de la 10
naturaleza; porque, para dezir la verdad, señor
gouernador, mi hijo es endemoniado, y no ay dia
que tres o quatro vezes no le atormenten los
malignos espiritus; y de auer caydo vna vez
en el fuego tiene el rostro arrugado como 15
pergamino, y los ojos algo llorosos y manantiales;
pero tiene vna condicion de vn angel, y
si no es que se aporrea y se da de puñadas el
mesmo a si mesmo, fuera vn bendito.
¿Quereis otra cosa, buen hombre?, replicó 20
Sancho.
Otra cosa querria, dixo el labrador, sino
que no me atreuo a dezirlo; pero, vaya, que,
en fin, no se me ha de podrir en el pecho,
pegue o no pegue. Digo, señor, que querria 25
que vuessa merced me diesse trecientos o (*)
seyscientos ducados para ayuda [a] la dote
de mi bachiller, digo, para ayuda de poner
su casa, porque, en fin, han de viuir por si,
sin estar sugetos a las impertinencias de los 30
suegros.
Mirad si quereys otra cosa, dixo Sancho,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108
y no la dexeis de dezir por empacho ni por
verguença.
No por cierto, respondio el labrador.
Y apenas dixo esto, quando, leuantandose
en pie el gouernador, assio de la silla en que 5
estaua sentado, y dixo:
¡Voto a tal, don patan rustico y mal mirado,
que si no os apartays y ascondeis luego de mi
presencia, que con esta silla os rompa y abra
la cabeça! Hideputa, vellaco, pintor del mesmo 10
demonio, ¿y a estas horas te vienes a pedirme
seyscientos ducados? Y ¿dónde los tengo yo,
hediondo? Y ¿por qué te los auia de dar, aunque
los tuuiera, socarron y mentecato? Y ¿qué
se me da a mi de Miguel Turra, ni de todo el 15
linage de los Perlerines? ¡Va de mi, digo; si no,
por vida del duque mi señor que haga lo que
tengo dicho! ¡Tu no deues de ser de Miguel
Turra, sino algun socarron que para tentarme
te ha embiado aqui el infierno! Dime, 20
desalmado, aun no ha dia y medio que tengo el
gouierno, y ¿ya quieres que tenga seyscientos
ducados?
Hizo de señas el maestresala al labrador
que se saliesse de la sala, el qual lo hizo 25
cabizbaxo, y, al parecer, temeroso de que
el gouernador no executasse su colera; que
el vellacon supo hazer muy bien su oficio.
Pero dexemos con su colera a Sancho, y
andese la paz en el corro, y boluamos a don 30
Quixote, que le dexamos vendado el rostro
y curado de las gatescas heridas, de las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 109
quales no sanó en ocho dias; en vno de los
quales le sucedio lo que Cide Hamete promete
de contar con la puntualid[ad] y verdad que
suele contar las cosas desta historia, por
minimas que sean. 5
p. 110
Capitulo XLVIII
De lo que le sucedio a don Quixote con doña
Rodriguez, la dueña de la duquessa, con
otros acontecimientos dignos de escritura y
de memoria eterna. 5
A demas estaua mohino y malencolico el
malferido don Quixote, vendado el rostro y
señalado, no por la mano de Dios, sino por las
vñas de vn gato, desdichas anejas a la andante
caualleria. Seys dias estuuo sin salir en 10
publico, en vna noche de los (*) quales, estando
despierto y desuelado, pensando en sus desgracias
y en el perseguimiento de Altisidora, sintio
que con vna llaue abrian la puerta de su
aposento, y luego imaginó que la enamorada 15
donzella venia para sobresaltar su honesti[d]ad y
ponerle en condicion de faltar a la fee que
guardar deuia a su señora Dulcinea del Toboso.
No, dixo, creyendo a su imaginacion, y
esto, con voz que pudiera ser oyda, no ha 20
de ser parte la mayor hermosura de la tierra
para que yo dexe de adorar la que tengo grauada
y estampada en la mitad de mi coraçon, y
en lo mas escondido de mis entrañas, ora estes,
señora mia, transformada en cebolluda labradora, 25
ora en ninfa del dorado Tajo, texiendo
telas de oro y sirgo compuestas (*), ora te tenga
Merlin o Montesinos donde ellos quisieren; que
adondequiera eres mia y adoquiera he sido yo,
y he de ser, tuyo. 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 111
El acabar estas razones y el abrir de la
puerta fue todo vno. Pusose en pie sobre la
cama, embuelto de arriba abaxo en vna colcha
de raso amarillo, vna galocha en la cabeça, y
el rostro y los vigotes vendados; el rostro, por 5
los aruños, los vigotes, porque no se le
desmayassen y cayessen, en el qual trage parecia
la mas extraordinaria fantasma que se pudiera
pensar. Clauó los ojos en la puerta, y quando
esperaua ver entrar por ella a la rendida y 10
lastimada Altisidora, vio entrar a vna reuerendissima
dueña con vnas tocas blancas repulgadas
y luengas, tanto, que la cubrian y enmantauan
desde los pies a la cabeça. Entre los dedos de
la mano yzquierda traia vna media vela 15
encendida, y con la derecha se hazia sombra,
porque no le diesse la luz en los ojos, a quien
cubrian vnos muy grandes antojos; venia
pisando quedito, y mouia los pies blandamente.
Mirola don Quixote desde su atalaya, y quando 20
vio su adeliño y notó su silencio, penso que
alguna bruja o maga venia en aquel trage a (*)
hazer en el alguna mala fechuria, y començó
a santiguarse con mucha priesa. Fuesse llegando
la vision, y quando llegó a la mitad del 25
aposento, alçó los ojos y vio la priessa con que
se estaua haziendo cruces don Quixote, y si el
quedó medroso en ver tal figura, ella quedó
espantada en ver la suya, porque assi como le
vio tan alto y tan amarillo, con la colcha y con 30
las vendas que le desfigurauan, dio vna gran
voz diziendo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112
Iesus, ¿qué es lo que veo?
Y con el sobresalto se le cayo la vela de las
manos, y, viendose a escuras, boluio las
espaldas para yrse, y con el miedo tropeço en
sus faldas y dio consigo vna gran cayda. 5
Don Quixote, temeroso, començo a dezir:
Conjurote, fantasma, o lo que eres, que me
digas quién eres, y que me digas qué es lo que
de mi quieres. Si eres alma en pena, dimelo;
que yo hare por ti todo quanto mis fuerças 10
alcançaren, porque soy catolico christiano, y
amigo de hazer bien a todo (*) el mundo; que
para esto tomé la orden de la caualleria
andante que professo, cuyo exercicio aun hasta
hazer bien a las animas de purgatorio se 15
estiende.
La brumada dueña, que oyo conjurarse, por
su temor coligio el de don Quixote, y con voz
afligida y baxa le respondio:
Señor don Quixote, si es que acaso vuessa 20
merced es don Quixote, yo no soy fantasma,
ni vision, ni alma de purgatorio, como vuessa
merced deue de auer pensado, sino doña
Rodriguez, la dueña de honor de mi señora la
duquessa, que con vna necessidad, de aquellas 25
que vuessa merced suele remediar, a vuessa
merced vengo.
Digame, señora doña Rodriguez, dixo don
Quixote; ¿por ventura viene vuessa merced
a (*) hazer alguna terceria? Porque le hago 30
saber que no soy de prouecho para nadie,
merced a la sin par belleza de mi señora
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 113
Dulcinea del Toboso. Digo, en fin, señora doña
Rodriguez, que como vuessa merced salue y
dexe a vna parte todo recado amoroso, puede
boluer a encender su vela, y buelua, y
departiremos de todo lo que mas mandare y mas en 5
gusto le viniere, saluando, como digo, todo
incitatiuo melindre.
¿Yo recado de nadie, señor mio?, respondio
la dueña. Mal me conoce vuessa merced;
si, que aun no estoy en edad tan prolongada, 10
que me acoja a semejantes niñerias, pues, Dios
loado, mi alma me tengo en las carnes, y
todos mis dientes y muelas en la boca, amen de
vnos pocos que me han vsurpado vnos catarros,
que en esta tierra de Aragon son tan 15
ordinarios; pero espereme vuessa merced vn
poco; saldre a encender mi vela, y boluere en
vn instante a contar mis cuytas, como a
remediador de todas las del mundo.
Y, sin esperar respuesta, se salio del 20
aposento, donde quedó don Quixote sossegado y
pensatiuo esperandola; pero luego le
sobreuinieron mil pensamientos acerca de aquella
nueua auentura, y pareciale ser mal hecho y
peor pensado ponerse en peligro de romper 25
a su señora la fee prometida, y deziase a si
mismo:
¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y
mañoso, querra engañarme agora con vna dueña,
lo que no ha podido con emperatrizes, reynas, 30
duquessas, marquessas ni condessas? Que yo
he oydo dezir muchas vezes y a muchos discretos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114
que, si el puede, antes os la dara roma que
aguileña (*); y ¿quién sabe, si esta soledad (*),
esta ocasion y este silencio despertará mis
desseos que duermen, y haran que al cabo de mis
años venga a caer donde nunca he tropeçado? 5
Y en casos semejantes, mejor es huyr que
esperar la batalla. Pero yo no deuo de estar en
mi juyzio, pues tales disparates digo y pienso;
que no es possible que vna dueña toquiblanca,
larga y antojuna pueda mouer ni leuantar 10
pensamiento lasciuo en el mas desalmado pecho
del mundo. ¿Por ventura ay dueña en la tierra
que tenga buenas carnes? ¿Por ventura ay
dueña en el orbe que dexe de ser impertinente,
frunzida y melindrosa? ¡Afuera, pues, caterba 15
dueñesca, inutil para ningun humano regalo!
¡O, quán bien hazia aquella señora de quien
se dize que tenia dos dueñas de bulto con sus
antojos y almohadillas al cabo de su estrado,
como que estauan labrando, y tanto le seruian 20
para la autoridad de la sala aquellas estatuas,
como las dueñas verdaderas!
Y, diziendo esto, se arrojó del lecho con
intencion de cerrar la puerta y no dexar entrar
a la señora Rodriguez; mas quando la llegó a 25
cerrar, ya la señora Rodriguez boluia, encendida
vna vela de cera blanca, y quando ella vio
a don Quixote de mas cerca, embuelto en la
colcha, con las vendas, galocha o becoquin,
temio de nueuo, y, retirandose atras como dos 30
pasos, dixo:
¿Estamos seguras, señor cauallero? Porque
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 115
no tengo a muy honesta señal auerse vuessa
merced leuantado de su lecho.
Esso mesmo es bien que yo pregunte,
señora, respondio don Quixote, y, assi,
pregunto si estare yo seguro de ser acometido y 5
forçado.
¿De quién o a quién pedis, señor cauallero,
essa seguridad?, respondio la dueña.
A vos, y de vos la pido, replicó don
Quixote; porque ni yo soy de marmol, ni vos de 10
bronze, ni aora son las diez del dia, sino media
noche, y aun vn poco mas, segun imagino, y
en vna estancia mas cerrada y secreta que lo
deuio de ser la cueua donde el traydor y
atreuido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido. 15
Pero dadme, señora, la mano; que yo no quiero
otra seguridad mayor que la de mi continencia
y recato, y la que ofrecen essas
reuerendissimas tocas.
Y, diziendo esto, besó su derecha mano y le 20
assio de la suya, que ella le dio con las
mesmas ceremonias.
Aqui haze Cide Hamete vn parentesis, y dize
que por Mahoma que diera por ver yr a los
dos assi assidos y trauados desde la puerta al 25
lecho la mejor almalafa de dos que tenia.
Entrose, en fin, don Quixote en su lecho, y
quedose doña Rodriguez sentada en vna silla,
algo desuiada de la cama, no quitandose los
antojos ni la vela. Don Quixote se acorrucó y 30
se cubrio todo, no dexando mas de el rostro
descubierto y, auiendose los dos sossegado, el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116
primero que rompio el silencio fue don Quixote,
diziendo:
Puede vuessa merced aora, mi señora doña
Rodriguez, descoserse y desbuchar todo aquello
que tiene dentro de su cuytado coraçon y 5
lastimadas entrañas; que sera de mi escuchada
con castos oydos y socorrida con piadosas
obras.
Assi lo creo yo, respondio la dueña; que
de la gentil y agradable presencia de vuessa 10
merced no se podia esperar sino tan christiana
respuesta. Es, pues, el caso, señor don Quixote,
que aunque vuessa merced me vee sentada en
esta silla y en la mitad del reyno de Aragon, y
en habito de dueña aniquilada y assendereada, 15
soy natural de las Asturias de Ouiedo (*) y de
linage, que atrauiessan por el muchos de los
mejores de aquella prouincia. Pero mi corta
suerte y el descuydo de mis padres, que
empobrecieron antes de tiempo sin saber cómo ni 20
cómo no, me truxeron a la corte, a Madrid,
donde, por bien de paz, y por escusar mayores
desuenturas, mis padres me acomodaron a seruir
de donzella de labor a vna principal señora;
y quiero hazer sabidor a vuessa merced que en 25
hazer vaynillas y labor blanca, ninguna me ha
echado el pie adelante en toda la vida. Mis
padres me dexaron siruiendo y se boluieron a
su tierra, y de alli a pocos años se deuieron de
yr al cielo, porque eran a demas buenos y 30
catolicos christianos; quedé huerfana y atenida
al miserable salario y a las angustiadas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 117
merce[de]s que a las tales criadas se suele dar en
palacio; y, en este tiempo, sin que diesse yo
ocasion a ello, se enamoró de mi vn escudero
de casa, hombre ya en dias, barbudo y
apersonado, y, sobre todo, hidalgo como el rey, 5
porque era montañes (*). No tratamos tan
secretamente nuestros amores, que no viniessen
a noticia de mi señora, la qual, por escusar
dimes y diretes, nos casó en paz y en haz de la
santa madre Iglesia catolica romana, de cuyo 10
matrimonio nacio vna hija para rematar con
mi ventura, si alguna tenia, no porque yo
muriesse del parto, que le tuue derecho y en
sazon, sino porque desde alli a poco murio mi
esposo de vn cierto espanto que tuuo, que a 15
tener aora lugar para contarle, yo se que vuessa
merced se admirara.
Y, en esto, començo a llorar tiernamente,
y dixo:
Perdoneme vuessa merced, señor don Quixote; 20
que no va mas en mi mano, porque todas
las vezes que me acuerdo de mi mal logrado
se me arrasan los ojos de lagrimas. ¡Valame
Dios, y con qué autoridad lleuaua a mi señora
a las ancas de vna poderosa mula, negra como 25
el mismo azauache!; que entonces no se vsauan
coches ni sillas, como agora dizen que se vsan,
y las señoras yuan a las ancas de sus escuderos.
Esto, a lo menos, no puedo dexar de contarlo,
porque se note la criança y puntualidad 30
de mi buen marido. Al entrar de la calle de
Santiago, en Madrid, que es algo estrecha,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118
venia a salir por ella vn alcalde de Corte, con
dos alguaziles delante, y, assi como mi buen
escudero le vio, boluio las riendas a la mula,
dando señal de boluer a acompañarle. Mi
señora, que yua a las ancas, con voz baxa le 5
dezia: «¿Qué hazeys, desuenturado, no veys
»que voy aqui?» El alcalde, de comedido,
detuuo la rienda al cauallo, y dixole: «Seguid,
»señor, vuestro camino; que yo soy el que
»deuo acompañar a mi señora doña Casilda», 10
que assi era el nombre de mi ama. Todauia
porfiaua mi marido con la gorra en la mano,
a (*) querer yr acompañando al alcalde; viendo
lo qual mi señora, llena de colera y enojo, sacó
vn alfiler gordo, o creo que vn punzon del 15
estuche, y clauosele por los lomos, de manera,
que mi marido dio vna gran voz, y torcio el
cuerpo de suerte, que dio con su señora en
el suelo.
Acudieron dos lacayos suyos a leuantarla, 20
y lo mismo hizo el alcalde y los alguaziles;
alborotose la puerta de Guadalajara (*), digo, la
gente valdia que en ella estaua. Vinose a pie
mi ama, y mi marido acudio en casa de vn
barbero, diziendo que lleuaua passadas de 25
parte a parte las entrañas. Diuulgose la cortesia
de mi esposo, tanto, que los muchachos le corrian
por las calles, y por esto, y porque el era
algun tanto corto de vista, mi señora (la
duquessa) (*) le despidio, de cuyo pesar, sin duda 30
alguna, tengo para mi que se le causó el mal
de la muerte; quedé yo viuda y desamparada y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 119
con hija acuestas, que yua creciendo en
hermosura como la espuma de la mar. Finalmente,
como yo tuuiesse fama de gran labrandera, mi
señora la duquessa, que estaua rezien casada
con el duque mi señor, quiso traerme consigo 5
a este reyno de Aragon, y a mi hija ni mas ni
menos, adonde, yendo dias y viniendo dias,
crecio mi hija, y con ella todo el donayre del
mundo; canta como vna calandria, dança como
el pensamiento, bayla como vna perdida, lee y 10
escriue como vn maestro de escuela, y cuenta
como vn auariento. De su limpieza no digo
nada; que el agua que corre no es mas limpia,
y deue de tener agora, si mal no me acuerdo,
diez y seys años, cinco meses y tres dias, vno 15
mas a menos.
En resolucion, desta mi muchacha se
enamoró vn hijo de vn labrador riquissimo que
está en vna aldea del duque mi señor, no muy
lexos de aqui; en efecto, no se cómo ni cómo 20
no, ellos se juntaron, y debaxo de la palabra
de ser su esposo burló a mi hija y no se la
quiere cumplir, y aunque el duque mi señor lo
sabe, porque yo me he quexado a el, no vna,
sino muchas vezes, y pedidole mande que el 25
tal labrador se case con mi hija, haze orejas de
mercader, y apenas quiere oyrme, y es la causa
que como el padre del burlador es tan rico, y
le presta dineros y le sale por fiador de sus
trampas por momentos, no le quiere 30
descontentar, ni dar pesadumbre en ningun modo.
Querria, pues, señor mio, que vuessa merced
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120
tomasse a cargo el deshazer este agrauio, o ya
por ruegos, o ya por armas, pues segun todo
el mundo dize, vuessa merced nacio en el para
deshazerlos y para endereçar los tuertos y
amparar los miserables; y pongasele a vuessa 5
merced por delante la horfandad de mi hija, su
gentileza, su mocedad con todas las buenas
partes que he dicho que tiene; que en Dios y
en mi conciencia que de quantas donzellas
tiene mi señora, que no ay ninguna que llegue 10
a la suela de su çapato, y que vna que llaman
Altisidora, que es la que tienen por mas
desembuelta y gallarda, puesta en comparacion de mi
hija no la llega con dos leguas. Porque quiero
que sepa vuessa merced, señor mio, que no es 15
todo oro lo que reluze, porque esta Altisidorilla
tiene mas de presuncion que de hermosura, y
mas de desembuelta que de recogida, ademas
que no está muy sana; que tiene vn cierto
aliento cansado, que no ay sufrir el estar junto 20
a ella vn momento, y aun mi señora la
duquessa... quiero callar, que se suele dezir que
las paredes tienen oydos (*).
¿Qué tiene mi señora la duquessa, por vida
mia, señora doña Rodriguez?, preguntó don 25
Quixote.
Con esse conjuro, respondio la dueña, no
puedo dexar de responder a lo que se me
pregunta, con toda verdad. ¿Vee vuessa merced,
señor don Quixote, la hermosura de mi señora 30
la duquessa, aquella tez de rostro que no
parece sino de vna espada acicalada y tersa,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 121
aquellas dos mexillas de leche y de carmin, que
en la vna tiene el sol y en la otra la luna (*),
y aquella gallardia con que va pisando y aun
despreciando el suelo, que no parece sino
que va derramando salud donde passa? Pues 5
sepa vuessa merced que lo puede agradecer
primero a Dios, y luego a dos fuentes (*) que
tiene en las dos piernas, por donde se desagua
todo el mal humor de quien dizen los medicos
que está llena. 10
¡Santa Maria!, dixo don Quixote; y ¿es
possible que mi señora la duquessa tenga tales
desaguaderos? No lo creyera si me lo dixeran
frayles descalços; pero pues la señora doña
Rodriguez lo dize, deue de ser assi. Pero tales 15
fuentes y en tales lugares no deuen de manar
humor, sino ambar liquido. Verdaderamente
que aora acabo de creer que esto de hazerse
fuentes deue de ser cosa importante para
salud (*). 20
Apenas acabó (*) don Quixote de dezir esta
razon, quando con vn gran golpe abrieron las
puertas del aposento, y del sobresalto del
golpe se le cayó a doña Rodriguez la vela de la
mano y quedó la estancia como boca de lobo, 25
como suele dezirse. Luego sintio la pobre dueña
que la assian de la garganta con dos manos
tan fuertemente, que no la dexauan gañir (*),
y que otra persona con mucha presteza sin
hablar palabra le alçaua las faldas, y con vna 30
al parecer chinela le començo a dar tantos
açotes, que era vna compassion; y aunque don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122
Quixote se la tenia, no se meneaua del lecho,
y no sabia qué podia ser aquello, y estauase
quedo y callando, y aun temiendo no viniesse
por el la tanda y tunda açotesca. Y no fue vano
su temor, porque, en dexando molida a la 5
dueña los callados verdugos --la qual no osaua
quexarse--, acudieron a don Quixote, y,
desemboluiendole de la sabana y de la colcha, le
pellizcaron tan amenudo y tan reziamente, que
no pudo dexar de defenderse a puñadas, y todo 10
esto en silencio admirable.
Duró la batalla casi media hora, salieronse
las fantasmas, recogio doña Rodriguez sus
faldas, y, gimiendo su desgracia, se salio por la
puerta afuera, sin dezir palabra a don Quixote, 15
el qual doloroso y pellizcado, confuso y
pensatiuo, se quedó solo, donde le dexaremos
desseoso de saber quién auia sido el peruerso
encantador que tal le auia puesto. Pero ello se
dira a su tiempo; que Sancho Pança nos llama, 20
y el buen concierto de la historia lo pide.
p. 123
Capitulo XLIX
De lo que le sucedio a Sancho Pança rondando
su insula.
Dexamos (*) al gran gouernador enojado y
mohino con el labrador pintor y socarron, el 5
qual industriado del mayordomo, y el mayordomo
del duque, se burlauan de Sancho; pero
el se las tenia tiesas a todos, maguera tonto,
bronco y rollizo, y dixo a los que con el
estauan, y al doctor Pedro Rezio, que como se 10
acabó el secreto de la carta del duque auia
buelto a entrar en la sala:
Aora verdaderamente que entiendo que los
juezes y gouernadores deuen de ser, o han de
ser, de bronze para no sentir las importunidades 15
de los negociantes, que a todas horas y a
todos tiempos quieren que los escuchen y
despachen, atendiendo solo a su negocio, venga
lo que viniere. Y si el pobre del juez no los
escucha y despacha, o porque no puede, o porque 20
no es aquel el tiempo diputado para darles
audiencia, luego les maldizen y murmuran,
y les roen los huesos y aun les deslindan los
linages. Negociante necio, negociante mentecato,
no te apresures, espera sazon y coyuntura 25
para negociar, no vengas a la hora del
comer, ni a la del dormir; que los juezes son
de carne y de hueso, y han de dar a la
naturaleza lo que naturalmente les pide, si no es
yo, que no le doy de comer a la mia, merced 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124
al señor doctor Pedro Rezio Tirteafuera, que
está delante, que quiere que muera de hambre,
y afirma que esta muerte es vida, que assi se
la de Dios a el y a todos los de su ralea, digo,
a la de los malos medicos; que la de los buenos 5
palmas y lauros merecen (*).
Todos los que conocian a Sancho Pança se
admirauan, oyendole hablar tan elegantemente,
y no sabian a qué atribuirlo sino a que los
oficios y cargos graues, o adouan, o entorpecen 10
los entendimentos. Finalmente, el doctor
Pedro Rezio Aguero de Tirteafuera prometio de
darle de cenar aquella noche, aunque excediesse
de todos los aforismos de Hipocrates (*).
Con esto quedó contento el gouernador, y 15
esperaua con grande ansia llegasse la noche y la
hora de cenar, y aunque el tiempo, al parecer
suyo, se estaua quedo sin mouerse de vn lugar,
todauia se llegó por el [el] tanto desseado,
donde le dieron de cenar vn salpicon de vaca con 20
cebolla, y vnas manos cozidas de ternera, algo
entrada en dias. Entregose en todo con mas
gusto que si le huuieran dado francolines de
Milan, faysanes de Roma, ternera de Sorrento,
perdizes de Moron, o gansos de Lauajos, y 25
entre la cena, boluiendose al doctor, le dixo:
Mirad, señor doctor, de aqui adelante no
os cureys de darme a comer cosas regaladas
ni manjares esquisitos, porque sera sacar a mi
estomago de sus quizios, el qual está acostumbrado 30
a cabra, a vaca, a tozino, a cezina, a
nabos y a cebollas, y si acaso le dan otros
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 125
manjares de palacio los recibe con melindre,
y algunas vezes con asco. Lo que el maestresala
puede hazer es traerme estas que llaman
ollas podridas, que mientras mas podridas son,
mejor huelen, y en ellas puede embaular y 5
encerrar todo lo que el quisiere, como sea de
comer, que yo se lo agradecere y se lo pagaré
algun dia; y no se burle nadie conmigo, porque
o somos, o no somos: viuamos todos y comamos
en buena paz compaña (*), pues quando 10
Dios amanece, para todos amanece. Yo
gouernaré esta insula sin perdonar derecho ni
lleuar cohecho, y todo el mundo trayga el ojo
alerta y mire por el virote, porque les hago
saber que el diablo está en Cantillana (*), y que 15
si me dan ocasion, han de ver marauillas. ¡No
sino hazeos miel, y comeros han moscas!
Por cierto, señor gouernador, dixo el
maestresala, que vuessa merced tiene mucha razon
en quanto ha dicho, y que yo ofrezco, en 20
nombre de todos los insulanos desta insula, que
han de seruir a vuessa merced con toda
puntualidad, amor y beneuolencia, porque el
suaue modo de gouernar, que en estos principios
vuessa merced ha dado, no les da lugar 25
de hazer ni de pensar cosa que en deseruicio
de vuessa merced redunde.
Yo lo creo, respondio Sancho, y serian
ellos vnos necios si otra cosa hiziessen o
pensasen; y bueluo a dezir que se tenga cuenta 30
con mi sustento y con el de mi ruzio, que es
lo que en este negocio importa y haze mas al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126
caso, y, en siendo hora, vamos a rondar; que
es mi intencion limpiar esta insula de todo
genero de inmundicia, y de gente vagabunda,
holgazana (*) y mal entretenida; porque quiero
que sepais, amigos, que la gente valdia y 5
perezosa es en la republica lo mesmo que los
zanganos en las colmenas, que se comen la
miel que las trabajadoras abejas hazen. Pienso
fauorecer a los labradores, guardar sus
preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos, 10
y, sobre todo, tener respeto a la religion y a la
honra de los religiosos. ¿Qué os parece desto,
amigos?; ¿digo algo, o quiebrome la cabeça?
Dize tanto vuessa merced, señor gouernador,
dixo el mayordomo, que estoy admirado 15
de ver que vn hombre tan sin letras como
vuessa merced, que a lo que creo no tiene
ninguna, diga tales y tantas cosas llenas de
sentencias y de auisos, tan fuera de todo
aquello que del ingenio de vuessa merced 20
esperauan los que nos embiaron y los que aqui
venimos. Cada dia se veen cosas nueuas en el
mundo, las burlas se bueluen en veras, y los
burladores se hallan burlados.
Llegó la noche y cenó el gouernador con 25
licencia del señor doctor Rezio. Adereçaronse
de ronda, salio con el mayordomo, secretario
y maestresala, y el coronista que tenia
cuydado de poner en memoria sus hechos, y
alguaziles y escriuanos: tantos, que podian 30
formar vn mediano escuadron. Yua Sancho en
medio, con su vara, que no auia mas que ver,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 127
y pocas calles andadas del lugar, sintieron
ruydo de cuchilladas; acudieron alla y hallaron
que eran dos solos hombres los que reñian,
los quales, viendo venir a la justicia, se
estuuieron quedos, y el vno dellos dixo: 5
Aqui de Dios y del rey. ¿Cómo y que se
ha de sufrir que roben en poblado en este
pueblo, y que salga (*) a saltear en el en la
mitad de las calles?
Sossegaos, hombre de bien, dixo Sancho, 10
y contadme qué es la causa desta pendencia;
que yo soy el gouernador.
El otro contrario dixo:
Señor gouernador, yo la dire con toda
breuedad. Vuessa merced sabra que este 15
gentilhombre acaba de ganar aora en esta casa de
juego que está aqui frontero mas de mil reales,
y sabe Dios cómo, y, hallandome yo presente,
juzgué mas de vna suerte dudosa en su fauor,
contra todo aquello que me dictaua la conciencia; 20
alçose con la ganancia, y quando esperaua
que me auia de dar algun escudo, por lo
menos (*), de barato, como es vso y costumbre
darle a los hombres principales como yo, que
estamos assistentes para bien y mal passar, 25
y para apoyar sinrazones y euitar pendencias,
el embolsó su dinero y se salio de la casa; yo
vine despechado tras el, y con buenas y
cortesses palabras le he pedido que me diesse
siquiera ocho reales, pues sabe que yo soy 30
hombre honrado y que no tengo oficio ni
beneficio, porque mis padres no me le enseñaron,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 128
ni me le dexaron; y el socarron, que no es
mas ladron Caco, ni mas fullero (*)
Andradilla (*), no queria darme mas de quatro
r[e]ales, porque vea vuessa merced, señor
gouernador, ¡qué poca verguença y qué poca 5
conciencia! Pero a fee que si vuessa merced
no llegara, que yo le hiziera vomitar la
ganancia, y que auia de saber con quántas entraua
la romana (*).
¿Qué dezis vos a esto?, preguntó Sancho. 10
Y el otro respondio que era verdad quanto
su contrario dezia, y no auia querido darle
mas de quatro reales, porque se los daua
muchas vezes; y los que esperan barato han de
ser comedidos y tomar con rostro alegre lo que 15
les dieren, sin ponerse en cuentas con los
gananciosos, si ya no supiessen de cierto que
son fulleros y que lo que ganan es mal
ganado; y que para señal que el era hombre de
bien, y no ladron, como dezia, ninguna auia 20
mayor que el no auerle querido dar nada; que
siempre los fulleros son tributarios de los
mirones (*), que los conocen.
Assi es, dixo el mayordomo; vea vuessa
merced, señor gouernador, qué es lo que se ha 25
de hazer destos hombres.
Lo que se ha de hazer es esto, respondio
Sancho: vos, ganancioso, bueno o malo, o
indiferente, dad luego a este vuestro acuchillador
cien reales, y mas aueis de desembolsar 30
treynta para los pobres de la carcel; y vos, que
no teneis oficio ni beneficio, y andais de nones
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 129
en esta insula, tomad luego essos cien reales,
y mañana en todo el dia salid desta insula
desterrado por diez años, so pena, si lo
quebrantaredes, los cumplais en la otra vida,
colgandoos yo de vna picota, o, a lo menos, el 5
verdugo por mi mandado. Y ninguno me
replique, que le assentaré la mano.
Desembolsó el vno, recibio el otro, este se
salio de la insula, y aquel se fue a su casa,
y el gouernador quedó diziendo: 10
Aora, yo podre poco, o quitaré estas casas
de juego; que a mi se me trasluze que son
muy perjudiciales.
Esta, a lo menos, dixo vn escriuano, no la
podra vuessa merced quitar, porque la tiene 15
vn gran personage, y mas es, sin comparacion,
lo que el pierde al año que lo que saca de los
naypes. Contra otros garitos de menor cantia
podra vuessa merced mostrar su poder, que
son los que mas daño hazen y mas insolencias 20
encubren; que en las casas de los caualleros
principales y de los señores no se atreuen los
famosos fulleros a vsar de sus tretas, y pues
el vicio del juego se ha buelto en exercicio
comun, mejor es que se juegue en casas 25
principales que no en la de algun oficial, donde
cogen a vn desdichado de media noche abaxo
y le desuellan viuo.
Agora, escriuano, dixo Sancho, yo se que
ay mucho que dezir en esso. 30
Y, en esto, llego vn corchete que traia assido
a vn moço, y dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130
Señor gouernador, este mancebo venia hazia
nosotros, y assi como columbró la justicia,
boluio las espaldas y començo a correr como
vn gamo, señal que deue de ser algun delinquente.
Yo parti tras el, y si no fuera porque 5
tropeço, y cayo, no le alcançara jamas.
¿Porqué huias, hombre?, preguntó Sancho.
A lo que el moço respondio:
Señor, por escusar de responder a las
muchas preguntas que las justicias hazen. 10
¿Que oficio tienes?
Texedor.
¿Y qué texes?
Hierros de lanças (*), con licencia buena de
vuessa merced. 15
¿Graciosico me soys? ¿De chocarrero os
picais? Está bien. Y ¿adónde yuades aora?
Señor, a tomar el ayre.
Y ¿adónde se toma el ayre en esta insula?
Adonde sopla. 20
Bueno: respondeis muy a proposito, discreto
soys, mancebo; pero hazed cuenta que yo
soy el ayre, y que os soplo en popa, y os encamino
a la carcel. Assilde, ola, y lleuadle; que
yo hare que duerma alli sin ayre esta noche. 25
¡Par Dios, dixo el moço, assi me haga
vuessa merced dormir en la carcel como
hazerme rey!
Pues ¿por qué no te hare yo dormir en la
carcel?, respondio Sancho. ¿No tengo yo 30
poder para prenderte y soltarte cada y quando
que quisiere?
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 131
Por mas poder que vuessa merced tenga,
dixo el moço, no sera bastante para hazerme
dormir en la carcel.
¿Cómo que no?, replicó Sancho; lleualde
luego donde vera por sus ojos el desengaño, 5
aunque mas el alcayde quiera vsar con el de su
interesal (*) liberalidad; que yo le pondre pena
de dos mil ducados si te dexa salir vn paso de
la carcel.
Todo esso es cosa de risa, respondio el 10
moço; el caso es que no me haran dormir en
la carcel quantos oy viuen.
Dime, demonio, dixo Sancho, ¿tienes
algun angel que te saque y que te quite los
grillos que te pienso mandar echar? 15
Aora, señor gouernador, respondio el
moço con muy buen donayre, estemos a razon
y vengamos al punto. Prosuponga vuessa
merced que me manda lleuar a la carcel y que
en ella me echan grillos y cadenas, y que me 20
meten en vn calaboço, y se le ponen al alcayde
graues penas si me dexa salir, y que el lo
cumple como se le manda; con todo esto, si yo no
quiero dormir, y estarme (*) despierto toda la
noche sin pegar pestaña, ¿será vuessa merced 25
bastante con todo su poder para hazerme
dormir, si yo no quiero?
No por cierto, dixo el secretario, y el
hombre ha salido con su intencion.
De modo, dixo Sancho, que no dexareis 30
de dormir por otra cosa que por vuestra
voluntad, y no por contrauenir a la mia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132
No, señor, dixo el moço, ni por pienso.
Pues, andad con Dios, dixo Sancho, ydos
a dormir a vuestra casa, y Dios os de buen
sueño; que yo no quiero quitarosle; pero
aconsejoos que de aqui adelante no os burleis con 5
la justicia, porque topareis con alguna que os
de con la burla en los cascos.
Fuesse el moço, y el gouernador prosiguio
con su ronda. Y de alli a poco vinieron dos
corchetes que traian a vn hombre assido, y 10
dixeron:
Señor gouernador, este que parece hombre
no lo es, sino muger, y no fea, que viene
vestida en habito de hombre.
Llegaronle a los ojos dos o tres lanternas, a 15
cuyas luzes descubrieron vn rostro de vna muger,
al parecer, de 16 o pocos mas años; recogidos
los cabellos con vna redezilla de oro y
seda verde, hermosa (*) como mil perlas.
Miraronla de arriba abaxo, y vieron que venia 20
con vnas medias de seda encarnada, con ligas
de tafetan blanco, y rapacejos de oro y aljofar;
los greguescos eran verdes, de tela de oro, y
vna saltaembarca (*) o rropilla de lo mesmo,
suelta, debaxo de la qual traia vn jubon de 25
tela finissima de oro y blanco, y los çapatos
eran blancos y de hombre. No traia espada
ceñida, sino vna riquissima daga, y en los dedos
muchos y muy buenos anillos. Finalmente, la
moça parecia bien a todos, y ninguno la conocio 30
de quantos la vieron, y los naturales del
lugar dixeron que no podian pensar quién
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 133
fuesse, y los consabidores de las burlas que se
auian de hazer a Sancho fueron los que mas
se admiraron, porque aquel sucesso y hallazgo
no venia ordenado por ellos, y, assi, estauan
dudosos, esperando en qué pararia el caso. 5
Sancho quedó pasmado de la hermosura de
la moça y preguntole quién era, adónde yua, y
qué ocasion le auia mouido para vestirse en
aquel habito. Ella, puestos los ojos en tierra,
con honestissima verguença, respondio: 10
No puedo, señor, dezir tan en publico lo
que tanto me importaua fuera secreto; vna cosa
quiero que se entienda: que no soy ladron ni
persona facinorosa, sino vna donzella desdichada
a quien la fuerça de vnos zelos a hecho 15
romper el decoro que a la honestidad se deue.
Oyendo esto el mayordomo, dixo a Sancho:
Haga, señor gouernador, apartar la gente,
porque esta señora con menos empacho pueda
dezir lo que quisiere. 20
Mandolo assi el gouer[n]ador, apartaronse
todos, si no fueron el mayordomo, maestresala
y el secretario. Viendose, pues, solos, la
donzella prosiguio diziendo:
Yo, señores, soy hija de Pedro Perez 25
Mazorca, arrendador de las lanas deste lugar, el
qual suele muchas vezes yr en casa de mi
padre.
Esso no lleua camino, dixo el mayordomo,
señora, porque yo conozco muy bien a Pedro 30
Perez, y se que no tiene hijo ninguno, ni varon
ni hembra, y mas, que dezis que es vuestro
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134
padre, y luego añadis que suele yr muchas
vezes en casa de vuestro padre.
Ya yo auia dado en ello, dixo Sancho.
Aora, señores, yo estoy turbada, y no se lo
que me digo, respondio la donzella; pero la 5
verdad es que yo soy hija de Diego de la Llana,
que todos vuessas mercedes deuen de
conocer.
Aun esso lleua camino, respondio el
mayordomo; que yo conozco a Diego de la Llana, 10
y se que es vn hidalgo principal y rico, y que
tiene vn hijo y vna hija, y que despues que
enuiudó no ha auido nadie en todo este (*)
lugar, que pueda dezir que ha visto el rostro de
su hija; que la tiene tan encerrada que no da 15
lugar al sol que la vea, y, con todo esto, la
fama dize que es en estremo hermosa.
Assi es la verdad, respondio la donzella,
y essa hija soy yo; si la fama miente o no en
mi hermosura, ya os aureys, señores, 20
desengañado, pues me aueis visto.
Y, en esto, començo a llorar tiernamente.
Viendo lo qual el secretario, se llegó al oydo
del maestresala, y le dixo muy paso:
Sin duda alguna que a esta pobre donzella 25
le deue de auer sucedido algo de importancia,
pues en tal trage y a tales horas, y siendo tan
principal, anda fuera de su casa.
No ay dudar en esso, respondio el maestresala,
y mas, que essa sospecha la confirman 30
sus lagrimas.
Sancho la consolo con las mejores razones
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 135
que el supo, y le pidio que sin temor alguno
les dixesse lo que le auia sucedido; que todos
procurarian remediarlo con muchas veras, y
por todas las vias possibles.
Es el caso, señores, respondio ella, que 5
mi padre me ha tenido encerrada diez años ha,
que son los mismos que a (*) mi madre come la
tierra. En casa dizen missa en vn rico oratorio,
y yo en todo este tiempo no he visto que (*) el
sol del cielo de dia, y la luna y las estrellas de 10
noche; ni se qué son calles, plaças ni templos,
ni aun hombres, fuera de mi padre y de vn
hermano mio, y de Pedro Perez el arrendador,
que por entrar de ordinario en mi casa, se me
antojó dezir que era mi padre, por no declarar 15
el mio. Este encerramiento y este negarme el
salir de casa, siquiera a la iglesia, ha muchos
dias y meses que me trae muy desconsolada;
quisiera yo ver el mundo, o, a lo menos, el
pueblo donde naci, pareciendome que este desseo 20
no yua contra el buen decoro que las donzellas
principales deuen guardar a si mesmas. Quando
oia dezir que corrian toros y jugauan cañas,
y se representauan comedias, preguntaua a mi
hermano, que es vn año menor que yo, que me 25
dixesse que cosas eran aquellas, y otras
muchas que yo no he visto; el me lo declaraua
por los mejores modos que sabia, pero todo
era encenderme mas el desseo de verlo. Finalmente,
por abreuiar el cuento de mi perdicion, 30
digo que yo rogue y pedi a mi hermano, que
nunca tal pidiera ni tal rogara...
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136
Y tornó a renouar el llanto. El mayordomo
le dixo:
Prosiga vuessa merced, señora, y acabe de
dezirnos lo que le ha sucedido; que nos tienen a
todos suspensos sus palabras y sus lagrimas. 5
Pocas me quedan por dezir, respondio la
donzella, aunque muchas lagrimas si que
llorar, porque los mal colocados desseos no
pueden traer consigo otros descuentos que los
semejantes. 10
Auiase sentado en el alma del maestresala
la belleza de la donzella, y llegó otra vez su
lanterna para verla de (*) nueuo, y pareciole que
no eran lagrimas las que lloraua, sino aljofar o
rozio de los prados, y aun las subia de punto, 15
y las llegaua a perlas orientales, y estaua
desseando que su desgracia no fuesse tanta como
dauan a entender los indicios de su llanto y de
sus suspiros. Desesperauase el gouernador de
la tardança que tenia la moça en dilatar su 20
historia, y dixole que acabasse de tenerlos mas
suspensos; que era tarde y faltaua mucho que
andar del pueblo. Ella entre interrotos sollozos
y mal formados suspiros, dixo:
No es otra mi desgracia ni mi infortunio es 25
otro sino que yo rogue a mi hermano que me
vistiesse en habitos de hombre con vno de sus
vestidos, y que me sacasse vna noche a ver
todo el pueblo quando nuestro padre durmiesse.
El, importunado de mis ruegos, condecendio 30
con mi desseo, y, poniendome este vestido,
y el, vestiendose de otro mio, que le está como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 137
nacido, porque el no tiene pelo de barba
y no parece sino vna donzella hermosissima,
esta noche, deue de auer vna hora, poco mas
o menos, nos salimos de casa, y, guiados de
nuestro moço y desbaratado discurso, hemos 5
rodeado todo el pueblo, y quando queriamos
boluer a casa, vimos venir vn gran tropel
de gente, y mi hermano me dixo: «Hermana,
»esta deue de ser la ronda; aligera los pies y
»pon alas en ellos, y vente tras mi corriendo, 10
»porque no nos conozcan; que nos sera mal
»contado.» Y, diziendo esto, boluio las espaldas
y començo, no digo a correr, sino a bolar;
yo, a (*) menos de seys pasos, cai con el sobresalto,
y entonces llegó el ministro de la justicia 15
que me truxo ante vuessas mercedes, adonde
por mala y antojadiza me veo auergonçada
ante tanta (*) gente.
En efecto, señora, dixo Sancho, ¿no os ha
sucedido otro desman alguno, ni zelos, como 20
vos al principio de vuestro cuento dixistes, no
os sacaron de vuestra casa?
No me ha sucedido nada, ni me sacaron
zelos, sino solo el desseo de ver mundo, que no
se estendia a mas que a ver las calles de este 25
lugar.
Y acabó de confirmar ser verdad lo que la
donzella dezia llegar los corchetes con su
hermano preso, a quien alcançó vno dellos,
quando se huyó de su hermana; no traia sino vn 30
faldellin rico y vna mantellina de damasco azul
con pasamanos de oro fino, la cabeça sin toca
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138
ni con otra cosa adornada que sus mesmos
cabellos, que eran sortijas de oro, segun eran
rubios y enrizados. Apartaronse con [el] el
gouernador, mayordomo y maestresala, y sin que
lo oyesse su hermana, le preguntaron cómo 5
venia en aquel trage, y el, con no menos
verguença y empacho conto lo mesmo que su
hermana auia contado, de que recibio gran gusto
el enamorado maestresala; pero el gouernador
les dixo: 10
Por cierto, señores, que esta ha sido vna
gran rapazeria, y para contar esta necedad y
atreuimiento no eran menester tantas largas ni
tantas lagrimas y suspiros; que con dezir:
«Somos fulano y fulana, que nos salimos a 15
»espaciar de casa de nuestros padres con esta
»inuencion, solo por curiosidad, sin otro designio
»alguno», se acabara el cuento, y no
gemidicos, y lloramicos, y darle (*).
Assi es la verdad, respondio la donzella; 20
pero sepan vuessas mercedes que la turbacion
que he tenido ha sido tanta, que no me ha
dexado guardar el termino que deuia.
No se ha perdido nada, respondio Sancho:
vamos, y dexaremos a vuessas mercedes 25
en casa de su padre; quiça no los aura echado
menos. Y de aqui adelante no se muestren
tan niños, ni tan desseosos de ver mundo; que
la donzella honrada, la pierna quebrada, y en
casa; y la muger y la gallina, por andar se 30
pierden ayna; y la que es desseosa de ver, tambien
tiene desseo de ser vista. No digo mas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 139
El mancebo agradecio al gouernador la merced
que queria hazerles de boluerlos a su casa,
y, assi, se encaminaron hazia ella, que no estaua
muy lexos de alli. Llegaron, pues, y, tirando
el hermano vna china a vna rexa, al momento 5
baxó vna criada que los estaua esperando
y les abrio la puerta, y ellos se entraron,
dexando a todos admirados, assi de su gentileza
y hermosura, como del desseo que tenian
de ver mundo de noche, y sin salir del lugar; 10
pero todo lo atribuyeron a su poca edad.
Quedó el maestresala traspassado su coraçon,
y propuso de luego otro dia pedirsela por
muger a su padre, teniendo por cierto que no se
la negaria, por ser el criado del duque, y aun 15
a Sancho le vinieron desseos y barruntos de
casar al moço con Sanchica su hija, y determinó
de ponerlo en platica a su tiempo, dandose a
entender que a vna hija de vn gouernador ningun
marido se le podia negar. Con esto se acabó 20
la ronda de aquella noche, y de alli a dos
dias el gouierno, con que se destroncaron y
borraron todos sus designios, como se vera
adelante.
p. 140
Capitulo L
Donde se declara quien fueron los encantadores
y verdugos que açotaron a la dueña y
pellizcaron y arañaron a don Quixote, con el
sucesso que tuuo el page que lleuó la carta 5
a Teresa Sancha, muger de Sancho Pança.
Dize Cide Hamete, puntualissimo escudriñador
de los atomos desta verdadera (*) historia,
que el tiempo que doña Rodriguez salio de su
aposento para yr a la estancia de don Quixote, 10
otra dueña que con ella dormia lo sintio, y que
como todas las dueñas son amigas de saber,
entender y oler, se fue tras ella con tanto
silencio, que la buena Rodriguez no lo echó de ver,
y, assi como la dueña la vio entrar en la estancia 15
de don Quixote, por que no faltasse en ella
la general costumbre que todas las dueñas
tienen de ser chismosas, al momento lo fue a
poner en pico a su señora la duquessa, de
como doña Rodriguez quedaua en el aposento 20
de don Quixote; la duquessa se lo dixo al duque
y le pidio licencia para que ella y Altisidora
viniessen a ver lo que aquella dueña queria
con don Quixote. El duque se la dio, y las dos,
con gran tiento y sossiego, paso ante paso, 25
llegaron a ponerse junto a la puerta del aposento,
y tan cerca, que oian todo lo que dentro
hablauan, y quando oyo la duquessa que
Rodriguez auia echado en la calle el aranxuez de
sus fuentes, no lo pudo sufrir, ni menos Altisidora, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 141
y, assi, llenas de colera, y desseosas de
vengança, entraron de golpe en el aposento, y
acreuillaron a don Quixote, y vapularon a la
dueña del modo que queda contado; porque
las afrentas que van derechas contra la hermosura 5
y presuncion de las mugeres, despierta en
ellas en gran manera la ira, y enciende (*) el
desseo de vengarse. Conto la duquessa al duque
lo que le auia passado, de lo que se holgo
mucho; y la duquessa, prosiguiendo con su 10
intencion de burlarse y recibir passatiempo con
don Quixote, despachó al page que auia hecho
la figura de Dulcinea en el concierto de su
desencanto --que tenia bien oluidado Sancho
Pança con la ocupacion de su gouierno--, a 15
Teresa Pança su muger, con la carta de su
marido, y con otra suya, y con vna gran sarta de
corales ricos presentados.
Dize, pues, la historia, que el page era muy
discreto y agudo, y, con desseo de seruir a sus 20
señores, partio de muy buena gana al lugar de
Sancho, y, antes de entrar en el, vio en vn
arroyo estar lauando cantidad de mugeres, a quien
preguntó si le sabrian dezir si en aquel lugar
viuia vna muger llamada Teresa Pança, muger 25
de vn cierto Sancho Pança, escudero de vn
cauallero llamado don Quixote de la Mancha, a
cuya pregunta se leuantó en pie vna moçuela
que estaua lauando, y dixo:
Essa Teresa Pança es mi madre, y esse tal 30
Sancho mi señor padre, y el tal cauallero
nuestro amo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 142
Pues venid, donzella, dixo el page, y
mostradme a vuestra madre, porque le traygo
vna carta y vn presente del tal vuestro padre.
Esso hare yo de muy buena gana, señor
mio, respondio la moça, que mostraua ser de 5
edad de catorze años, poco mas a menos; y,
dexando la ropa que lauaua a otra compañera,
sin tocarse ni calçarse, que estaua en piernas y
desgreñada, saltó delante de la caualgadura
del page, y dixo: 10
Venga vuessa merced; que a la entrada del
pueblo está nuestra casa, y mi madre en ella,
con harta pena por no auer sabido muchos dias
ha de mi señor padre.
Pues yo se las lleuo tan buenas, dixo el 15
page, que tiene que dar bien gracias a Dios
por ellas.
Finalmente, saltando, corriendo y brincando
llegó al pueblo la muchacha, y, antes de entrar
en su casa, dixo a vozes desde la puerta: 20
Salga, madre Teresa, salga, salga; que viene
aqui vn señor que trae cartas y otras cosas de
mi buen padre.
A cuyas vozes salio Teresa Pança su madre,
hilando vn copo de estopa, con vna saya parda. 25
Parecia, segun era de corta, que se la auian
cortado por vergonçoso lugar; con vn corpezuelo
assimismo pardo, y vna camisa de pechos.
No era muy vieja, aunque mostraua passar
de los quarenta; pero fuerte, tiessa, nerbuda 30
y auellanada, la qual, viendo a su hija, y al
page a cauallo, le dixo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 143
¿Qué es esto, niña, qué señor es este?
Es vn seruidor de mi señora doña Teresa
Pança, respondio el page; y, diziendo y
haziendo, se arrojó del cauallo, y se fue con
mucha humildad a poner de hinojos ante la 5
señora Teresa, diziendo:
Deme vuessa merced sus manos, mi señora
doña Teresa, bien assi como muger legitima y
particular del señor don Sancho Pança,
gouernador propio de la insula Barataria. 10
Ay, señor mio, quitese de ai, no haga esso,
respondio Teresa; que yo no soy nada
palaciega, sino vna pobre labradora, hija de vn
estripaterrones (*) y muger de vn escudero
andante, y no de gouernador alguno. 15
Vuessa merced, respondio el page, es
muger dignissima de vn gouernador
archidignissimo, y para prueua desta verdad reciba
vuessa merced esta carta y este presente.
Y sacó al instante de la faldriquera vna sarta 20
de corales con estremos de oro, y se la echó
al cuello, y dixo:
Esta carta es del señor gouernador, y otra
que traygo y estos corales son de mi señora la
duquessa que a vuessa merced me embia. 25
Quedó pasmada Teresa, y su hija ni mas
ni menos, y la muchacha dixo:
Que me maten si no anda por aqui nuestro
señor amo don Quixote, que deue de auer
dado a padre el gouierno o condado que 30
tantas vezes le auia prometido.
Assi es la verdad, respondio el page; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144
por respeto del señor don Quixote es aora el
señor Sancho gouernador de la insula
Barataria, como se vera por esta carta.
Leamela vuessa merced, señor gentilhombre,
dixo Teresa, porque aunque yo se hilar, 5
no se leer migaja.
Ni yo tampoco, añadio Sanchica; pero
esperenme aqui; que yo yre a llamar quien la
lea, ora sea el cura mesmo, o el bachiller
Sanson Carrasco, que vendran de muy buena gana 10
por saber nueuas de mi padre.
No ay para que se llame a nadie; que yo no
se hilar, pero se leer y la leere.
Y, assi, se la leyo toda, que por quedar ya
referida no se pone aqui, y luego sacó otra de 15
la duquessa, que dezia desta manera:
Amiga Teresa: las buenas partes de la
bondad y del ingenio de vuestro marido Sancho
me mouieron y obligaron a pedir a mi marido
el duque le diesse vn gouierno de vna insula, 20
de muchas que tiene. Tengo noticia que
gouierna como vn girifalte, de lo que yo estoy
muy contenta y el duque mi señor por el
consiguiente, por lo que doy muchas gracias al
cielo de no auerme engañado en auerle escogido 25
para el tal gouierno; porque quiero que sepa
la señora Teresa que con dificultad se halla vn
buen gouernador en el mundo, y tal me haga
a mi Dios como Sancho gouierna. Ai le embio,
querida mia, vna sarta de corales con estremos 30
de oro; yo me holgara que fuera de perlas
orientales; pero quien te da el hueso (*), no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 145
te querria ver muerta; tiempo vendra en que nos
conozcamos y nos comuniquemos, y Dios sabe
lo que sera. Encomiendeme a Sanchica, su hija,
y digale de mi parte que se apareje; que la
tengo de casar altamente quando menos lo 5
piense. Dizenme que en esse lugar ay bellotas
gordas; embieme hasta dos dozenas, que las
estimaré en mucho por ser de su mano, y
escriuame largo, auisandome de su salud y de su
bienestar, y si huuiere menester alguna cosa, 10
no tiene que hazer mas que boquear; que su
boca sera medida. Y Dios me la guarde. Deste
lugar. Su amiga que bien la quiere,
La Duquessa.
¡Ay!, dixo Teresa, en oyendo la carta, y 15
¡qué buena y qué llana y qué humilde señora!
Con estas tales señoras me entierren a
mi, y no las hidalgas que en este pueblo se
vsan, que piensan que por ser hidalgas no las
ha de tocar el viento, y van a la iglesia con 20
tanta fantasia, como si fuessen las mesmas
reynas, que no parece sino que tienen a deshonra
el mirar a vna labradora. Y veis aqui donde
esta buena señora, con ser duquessa, me llama
amiga, y me trata como si fuera su ygual; que 25
ygual la vea yo con el mas alto campanario
que ay en la Mancha. Y en lo que toca a las
bellotas, señor mio, yo le embiaré a su señoria
vn celemin, que por gordas las pueden venir a
ver a la mira y a la marauilla. Y por aora, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146
Sanchica, atiende a que se regale este señor; pon
en orden este cauallo, y saca de la caualleriza
gueuos, y corta tozino adunia (*), y demosle de
comer como a vn principe; que las buenas
nueuas que nos ha traydo y la buena cara que el 5
tiene lo merece todo, y, en tanto, saldre yo a
dar a mis vezinas las nueuas de nuestro contento,
y al padre cura, y a maesse Nicolas el barbero,
que tan amigos son y han sido de tu padre.
Si hare, madre, respondio Sanchica; pero 10
mire que me ha de dar la mitad dessa sarta;
que no tengo yo por tan boba a mi señora la
duquessa, que se la auia de embiar a ella toda.
Todo es para ti, hija (*), respondio Teresa;
pero dexamela traer algunos dias al cuello, 15
que verdaderamente parece que me alegra el
coraçon.
Tambien se alegrarán, dixo el page, quando
vean el lio que viene en este portamanteo,
que es vn vestido de paño finissimo que el 20
gouernador solo vn dia lleuó a caça, el qual todo
le embia para la señora Sanchica.
Que me viua el mil años, respondio
Sanchica, y el que lo trae, ni mas ni menos, y
aun dos mil, si fuere necessidad. 25
Saliose en esto Teresa fuera de casa, con
las cartas, y con la sarta al cuello, y yua
tañendo en las cartas como si fuera en vn pandero,
y, encontrandose acaso con el cura y Sanson
Carrasco, començo a baylar, y a dezir: 30
¡A fee que agora que no ay pariente pobre!
¡Gouiernito tenemos! ¡No sino tomese (*)
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 147
conmigo la mas pintada hidalga; que yo la pondre
como nueua!
¿Qué es esto, Teresa Pança, que locuras son
estas y qué papeles son essos?
No es otra la locura, sino que estas son 5
cartas de duquessas y de gouernadores, y estos
que traygo al cuello son corales finos, las
auemarias y los padres nuestros son de oro de
martillo, y yo soy gouernadora.
De Dios en ayusso no os entendemos, 10
Teresa, ni sabemos lo que os dezis.
Ai lo podran ver ellos, respondio Teresa.
Y dioles las cartas. Leyolas el cura de modo
que las oyo Sanson Carrasco, y Sanson y el
cura se miraron el vno al otro como admirados 15
de lo que auian leydo. Y preguntó el bachiller
quién auia traydo aquellas cartas; respondio
Teresa que se viniessen con ella a su casa y
verian el mensagero, que era vn mancebo
como vn pino de oro, y que le traia otro 20
presente que valia mas de tanto (*). Quitole el
cura los corales del cuello y mirolos, y remirolos,
y, certificandose que eran finos, tornó a
admirarse de nueuo, y dixo:
Por el habito que tengo, que no se qué me 25
diga ni qué me piense de estas cartas y destos
presentes; por vna parte veo y toco la fineza
de estos corales, y por otra leo que vna
duquessa embia a pedir dos dozenas de
bellotas. 30
Adereçame essas medidas, dixo entonces
Carrasco. Agora bien, vamos a ver al portador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148
deste pliego; que del nos informaremos de
las dificultades que se nos ofrecen.
Hizieronlo assi, y boluiose Teresa con ellos;
hallaron al page criuando vn poco de ceuada
para su caualgadura, y a Sanchica cortando vn 5
torrezno para empedrarle con gueuos (*) y dar
de comer al page, cuya presencia y buen adorno
contentó mucho a los dos, y despues de auerle
saludado cortesmente, y el a ellos, le preguntó
Sanson les dixesse nueuas assi de don Quixote, 10
como de Sancho Pança; que puesto que auian
leydo las cartas de Sancho y de la señora
duquessa, todauia estauan confusos y no acabauan
de atinar qué seria aquello del gouierno
de Sancho, y mas de vna insula, siendo todas 15
o las mas que ay en el mar Mediterraneo de su
magestad.
A lo que el page respondio:
De que el señor Sancho Pança sea
gouernador no ay que dudar en ello; de que sea 20
insula, o no, la que gouierna, en esso no me
entremeto; pero basta que sea vn lugar de mas
de mil vezinos, y en quanto a lo de las
bellotas, digo que mi señora la duquessa es tan
llana y tan humilde --que no dezia él embiar (*) 25
a pedir bellotas a vna labradora; pero que le
acontecia embiar a pedir vn peyne prestado a
vna vezina suya--. Porque quiero que sepan
vuessas mercedes que las señoras de Aragon,
aunque son tan principales, no son tan puntuosas 30
y leuantadas como las señoras castellanas;
con mas llaneza tratan con las gentes.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 149
Estando en la mitad destas platicas saltó (*)
Sanchica con vn halda de gueuos, y preguntó
al page:
Digame, señor, ¿mi señor padre trae por
ventura calças atacadas despues que es 5
gouernador?
No he mirado en ello, respondio el page,
pero si deue de traer.
¡Ay Dios mio, replicó Sanchica, y que
sera de ver a mi padre con pedorreras! ¿No es 10
bueno sino que desde que naci tengo desseo
de ver a mi padre con calças atacadas?
Como con essas cosas le vera vuessa
merced si viue, respondio el page. Par Dios,
terminos lleua de caminar con papahigo (*), 15
con solos dos meses que le dure el
gouierno.
Bien echaron de ver el cura y el bachiller
que el page hablaua socarronamente; pero la
fineza de los corales y el vestido de caça que 20
Sancho embiaua lo deshazia todo; que ya Teresa
les auia mostrado el vestido, y no dexaron
de reyrse del desseo de Sanchica, y mas,
quando Teresa dixo:
Señor cura, eche cata por ai si ay alguien 25
que vaya a Madrid o a Toledo, para que me
compre vn verdugado redondo, hecho y derecho,
y sea al vso y de los mejores que huuiere;
que en verdad en verdad que tengo de honrar
el gouierno de mi marido en quanto yo pudiere, 30
y aun que si me enojo, me tengo de yr a
essa corte, y echar vn coche como todas; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150
la que tiene marido gouernador muy bien le
puede traer y sustentar.
Y ¡cómo, madre!, dixo Sanchica. Pluguiesse
a Dios que fuesse antes oy que mañana, aunque
dixessen los que me viessen yr sentada con 5
mi señora madre en aquel coche: «¡Mirad la tal
»por qual, hija del harto de ajos, y cómo va
»sentada y tendida en el coche, como si fuera vna
»papesa!» Pero pisen ellos los lodos y andeme
yo en mi coche, leuantado[s] (*) los pies del 10
suelo. ¡Mal año y mal mes para quantos
murmuradores ay en el mundo; y andeme yo caliente,
y riase la gente! ¿Digo bien, madre mia?
Y ¡cómo que dizes bien, hija!, respondio
Teresa; y todas estas venturas, y aun mayores, 15
me las tiene profetizadas mi buen Sancho,
y verás tu, hija, como no para hasta hazerme
condessa; que todo es començar a ser
venturosas, y como yo he oydo dezir muchas vezes
a tu buen padre, que assi como lo es tuyo, lo 20
es de los refranes, quando te dieren la vaquilla,
corre con soguilla; quando te dieren vn
gouierno, cogele; quando te dieren vn condado,
agarrale, y quando te hizieren tus, tus, con
alguna buena dadiua, embasala. ¡No sino 25
dormios, y no respondais a las venturas y
buenas dichas que estan llamando a la puerta de
vuestra casa!
Y ¿qué se me da a mi, añadio Sanchica,
que diga el que quisiere quando me vea 30
entonada y fantasiosa: «Viose el perro en bragas
»de cerro...», y lo demas (*)?
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 151
Oyendo lo qual el cura, dixo:
Yo no puedo creer sino que todos los deste
linage de los Panças nacieron cada vno con
vn costal de refranes en el cuerpo; ninguno
dellos he visto, que no los derrame a todas 5
horas y en todas las platicas que tienen.
Assi es la verdad, dixo el page; que el
señor gouernador Sancho a cada paso los dize;
y aunque muchos no vienen a proposito, todauia
dan gusto, y mi señora la duquessa y el 10
duque los celebran mucho.
¿Que todauia se afirma vuessa merced, señor
mio, dixo el bachiller, ser verdad esto
del gouierno de Sancho, y de que ay duquessa
en el mundo que le embie presentes y le 15
escriua? Porque nosotros, aunque tocamos los
presentes y hemos leydo las cartas no lo
creemos, y pensamos que esta es vna de las cosas
de don Quixote nuestro compatrioto, que todas
piensa que son hechas por encantamento; y, 20
assi, estoy por dezir que quiero tocar y palpar
a vuessa merced, por ver si es embaxador
fantastico, o hombre de carne y huesso.
Señores, yo no se mas de mi, respondio
el page, sino que soy embaxador verdadero, 25
y que el señor Sancho Pança es gouernador
efectiuo; y que mis señores duque y duquessa
pueden dar, y han dado, el tal gouierno; y que
he oydo dezir que en el se porta valentissimamente
el tal Sancho Pança. Si en esto ay 30
encantamento o no, vuessas mercedes lo disputen
alla entre ellos; que yo no se otra cosa para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 152
el juramento que hago, que es por vida de mis
padres (*); que los tengo viuos y los amo y los
quiero mucho.
Bien podra ello ser assi, replicó el
bachiller; pero, dubitat Augustinus (*). 5
Dude quien dudare, respondio el page; la
verdad es la que he dicho, y esta (*) que ha de
andar siempre sobre la mentira como el azeyte
sobre el agua; y si no, operibus credite, & non
verbis (*): vengase alguno de vuessas mercedes 10
conmigo, y veran con los ojos lo que no creen
por los oydos.
Essa yda a mi toca, dixo Sanchica; lleueme
vuessa merced, señor, a las hancas de su
rozin; que yo yre de muy buena gana a ver a 15
mi señor padre.
Las hijas de los gouernadores no han de yr
solas por los caminos, sino acompañadas de
carroças y literas, y de gran numero de
siruientes. 20
Par Dios, respondio Sancha, tambien (*)
me vaya yo sobre vna pollina como sobre vn
coche. ¡Hallado la aueis la melindrosa!
Calla, mochacha, dixo Teressa, que no
sabes lo que te dizes, y este señor está en lo 25
cierto; que tal el tiempo, tal el tiento: quando
Sancho, Sancha, y quando gouernador, señora,
y no se si diga (*) algo.
Mas dize la señora Teressa de lo que
piensa, dixo el page; y denme de comer y 30
despachenme luego, porque pienso boluerme esta
tarde.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 153
A lo que dixo el cura:
Vuessa merced se vendra a hazer penitencia
conmigo; que la señora Teressa mas tiene
voluntad que alhajas para seruir a tan buen
huesped. 5
Reusolo el page; pero, en efecto, lo huuo de
conceder por su mejora; y el cura le lleuó consigo
de buena gana por tener lugar de preguntarle
de espacio por don Quixote y sus hazañas.
El bachiller se ofrecio de escriuir las cartas 10
a Teressa, de la respuesta; pero ella no quiso
que el bachiller se metiesse en sus cosas; que
le tenia por algo burlon. Y, assi, dio vn bollo y
dos hueuos a vn monazillo, que sabia escriuir,
el qual le escriuio dos cartas, vna para su 15
marido, y otra para la duquessa, notadas de su
mismo caletre, que no son las peores que en
esta grande historia se ponen, como se vera
adelante.
p. 154
Capitulo LI
Del progresso del gouierno de Sancho Pança,
con otros sucessos tales como buenos.
Amanecio el dia que se siguio a la noche
de la ronda del gouernador, la qual el maestresala 5
passó sin dormir, ocupado el pensamiento
en el rostro, brio y belleza de la disfraçada
donzella; y el mayordomo ocupó lo que della
faltaua en escriuir a sus señores lo que
Sancho Pança hazia y dezia, tan admirado de sus 10
hechos como de sus dichos: porque andauan
mezcladas sus palabras y sus acciones con
assomos discretos, y tontos. Leuantose, en fin,
el señor gouernador, y por orden del doctor
Pedro Rezio le hizieron dessayunar con vn poco 15
de conserua y quatro tragos de agua fria, cosa
que la trocara Sancho con vn pedaço de pan y
vn razimo de vuas. Pero viendo que aquello
era mas fuerça que voluntad, passó por ello
con harto dolor de su alma y fatiga de su 20
estomago, haziendole creer Pedro Rezio que los
manjares pocos y delicados auiuauan el
ingenio, que era lo que mas conuenia a las
personas constituydas en mandos y en oficios
graues, donde se han de aprouechar no tanto de 25
las fuerças corporales, como de las del
entendimiento. Con esta sofisteria padecia (*) hambre
Sancho, y tal, que en su secreto maldezia el
gouierno, y aun a quien se le auia dado; pero
con su hambre y con su conserua se puso a 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 155
juzgar aquel dia, y lo primero que se le ofrecio
fue vna pregunta (*) que vn forastero le hizo,
estando presentes a todo el mayordomo y los
demas acolitos, que fue:
Señor: vn caudaloso rio diuidia dos terminos 5
de vn mismo señorio --y esté vuessa merced
atento, porque el caso es de importancia y
algo dificultoso--. Digo, pues, que sobre este
rio estaua vna puente, y al cabo della vna
horca y vna como casa de audiencia, en la 10
qual de ordinario auia quatro juezes que
juzgauan la ley que puso el dueño del rio, de la
puente y del señorio, que era en esta forma:
«Si alguno passare por esta puente de vna
»parte a otra, ha de jurar primero adónde y a 15
»qué va; y si jurare verdad, dexenle passar, y
»si dixere mentira, muera por ello ahorcado en
»la horca que alli se muestra, sin remission
»alguna.» Sabida esta ley y la rigurosa
condicion della, passauan muchos, y luego en lo 20
que jurauan se echaua de ver que dezian verdad,
y los juezes lo[s] dexauan passar libremente.
Sucedio, pues, que tomando juramento
a vn hombre, juró y dixo que para el juramento
que hazia, que yua a morir en aquella 25
horca que alli estaua, y no a otra cosa.
Repararon los juezes en el juramento y dixeron:
«Si a este hombre le dexamos passar libremente,
»mintio en su juramento, y conforme a
»la ley deue morir; y si le ahorcamos, el juró 30
»que yua a morir en aquella horca, y, auiendo
»jurado verdad, por la misma ley deue ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156
» libre.» Pidese a vuessa merced, señor
gouernador, qué haran los juezes de tal hombre;
que aun hasta agora estan dudosos y suspensos,
y, auiendo tenido noticia del agudo y eleuado
entendimiento de vuessa merced, me embiaron 5
a mi, a que suplicasse a vuessa merced
de su parte diesse su parecer en tan intricado
y dudoso caso.
A lo que respondio Sancho:
Por cierto que essos señores juezes que a 10
mi os embian lo pudieran auer escusado,
porque yo soy vn hombre que tengo mas de
mostrenco que de agudo; pero, con todo esso,
repetidme otra vez el negocio de modo que yo
le entienda; quiza podria ser que diesse en 15
el hito.
Boluio otra y otra vez el preguntante a referir
lo que primero auia dicho, y Sancho dixo:
A mi parecer, este negocio en dos paletas
le declararé yo, y es assi: el tal hombre jura 20
que va a morir en la horca, y si muere en ella
juró verdad, y por la ley puesta merece ser
libre, y que passe la puente; y si no le ahorcan,
juró mentira, y por la misma ley merece que
le ahorquen. 25
Assi es como el señor gouernador dize,
dixo el mensagero; y quanto a la entereza y
entendimiento del caso, no ay mas que pedir
ni que dudar.
Digo yo, pues, agora, replicó Sancho, 30
que deste hombre aquella parte que juró verdad
la dexen passar, y la que dixo mentira la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 157
ahorquen, y desta manera se cumplira al pie
de la letra la condicion del passage.
Pues, señor gouernador, replicó el
preguntador, sera necessario que el tal hombre
se diuida en [dos] partes, en mentirosa y verdadera, 5
y si se diuide, por fuerça ha de morir; y,
assi, no se consigue cosa alguna de lo que la
ley pide, y es de necessidad espresa que se
cumpla con ella.
Venid aca, señor buen hombre, respondio 10
Sancho; este passagero que dezis, o yo soy
vn porro, o el tiene la misma razon para morir
que para viuir y passar la puente; porque si la
verdad le salua, la mentira le condena
igualmente; y siendo esto assi, como lo es, soy de 15
parecer que digais a essos señores que a mi
os embiaron que, pues estan en vn fil las
razones de condenarle o assoluerle, que le dexen
passar libremente, pues siempre es alabado
mas el hazer bien que mal; y esto lo diera 20
firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en
este caso no he hablado de mio, sino que se
me vino a la memoria vn precepto, entre otros
muchos, que me dio mi amo don Quixote la
noche antes que viniesse a ser gouernador 25
desta insula, que fue que quando la justicia
estuuiesse en duda, me decantasse (*) y acogiesse
a la misericordia; y ha querido Dios que
agora se me acordasse, por venir en este caso
como de molde. 30
Assi es, respondio el mayordomo, y
tengo para mi que el mismo Licurgo, que dio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158
leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor
sentencia que la que el gran Pança ha dado; y
acabese con esto la audiencia desta mañana,
y yo dare orden como el señor gouernador
coma muy a su gusto. 5
Esso pido, y barras derechas, dixo Sancho;
denme de comer y llueuan casos y dudas
sobre mi; que yo las despauilaré en el ayre.
Cumplio su palabra el mayordomo,
pareciendole ser cargo de conciencia matar de 10
hambre a tan discreto gouernador; y mas, que
pensaua concluyr con el aquella misma noche,
haziendole la burla vltima, que traia en
comission de hazerle.
Sucedio, pues, que auiendo comido aquel dia 15
contra las reglas y aforismos del doctor
Tirteafuera, al leuantar de los manteles entró vn
correo con vna carta de don Quixote para el
gouernador; mandó Sancho al secretario que la
leyesse para si, y que si no viniesse en ella 20
alguna cosa digna de secreto, la leyesse en voz
alta. Hizolo assi el secretario, y, repasandola
primero, dixo:
Bien se puede leer en voz alta; que lo que
el señor don Quixote escriue a vuessa merced 25
merece estar estampado y escrito con letras
de oro, y dize assi:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 159
CARTA DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA A
SANCHO PANÇA, GOVERNADOR DE LA INSVLA
BARATARIA.
«Quando esperaua oyr nueuas de tus
»descuydos e impertinencias, Sancho amigo, las 5
»ohi de tus discreciones, de que di por ello
»gracias particulares al cielo, el qual del
»estiercol sabe leuantar los pobres y de los
»tontos hazer discretos. Dizenme que gouiernas
»como si fuesses hombre, y que eres hombre 10
»como si fuesses bestia, segun es la humildad
»con que te tratas; y quiero que aduiertas,
»Sancho, que muchas vezes conuiene, y es necessario,
»por la autoridad del oficio, yr contra la
»humildad del coraçon; porque el buen adorno 15
»de la persona que está puesta en graues
»cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden,
»y no a la medida de lo que su humilde
»condicion le inclina. Vistete bien, que vn palo
»compuesto no parece palo. No digo que traygas 20
»dixes ni galas, ni que siendo juez te vistas
»como soldado, sino que te adornes con el
»habito que tu oficio requiere, con tal que sea
»limpio y bien compuesto.
»Para ganar la voluntad del pueblo que 25
»gouiernas, entre otras, has de hazer dos cosas:
»la vna, ser bien criado con todos, aunque esto
»ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar
»la abundancia de los mantenimientos; que no
»ay cosa que mas fatigue el coraçon de los 30
»pobres que la hambre y la carestia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160
»No hagas muchas pragmaticas, y si las
»hizieres, procura que sean buenas y, sobre todo,
»que se guarden y cumplan; que las pragmaticas
»que no se guardan lo mismo es que si no
»lo fuessen; antes dan a entender que el 5
»principe que tuuo discrecion y autoridad para
»hazerlas, no tuuo valor para hazer que se
»guardassen, y las leyes que atemorizan y no
»se executan vienen a ser como la viga, rey
»de las ranas, que al principio las espantó, y 10
»con el tiempo la menospreciaron y se
»subieron sobre ella.
»Se padre de las virtudes y padrastro de los
»vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre
»blando, y escoge el medio entre estos dos 15
»estremos; que en esto está el punto de la
»discrecion. Visita las carceles, las carnicerias y
»las plaças; que la presencia del gouernador
»en lugares tales es de mucha importancia:
»consuela a los presos que esperan la breuedad 20
»de su despacho, es coco a los carniceros
»que por entonces igualan los pesos, y es
»espantajo a las placeras por la misma razon.
»No te muestres, aunque por ventura lo seas
»--lo qual yo no creo--, codicioso, mugeriego 25
»ni gloton; porque en sabiendo el pueblo y los
»que te tratan tu inclinacion determinada, por
»alli te daran bateria, hasta derribarte en el
»profundo de la perdicion.
»Mira y remira, passa y repassa los consejos 30
»y documentos que te di por escrito antes que
»de aqui partiesses a tu gouierno, y verás como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 161
»hallas en ellos, si los guardas, vna ayuda de
»costa que te sobrelleue los trabajos y dificultades
»que a cada paso a los gouernadores se les
»ofrecen. Escriue a tus señores y muestrateles
»agradecido; que la ingratitud es hija de la 5
»soberuia, y vno de los mayores pecados que
»se sabe, y la persona que es agradecida a los
»que bien le han hecho da indicio que tambien
»lo sera a Dios, que tantos bienes le hizo y de
»contino le haze. 10
»La señora duquessa despachó vn propio con
»tu vestido y otro presente a tu muger Teressa
»Pança; por momentos esperamos respuesta.
»Yo he estado vn poco mal dispuesto de vn
»cierto gateamiento que me sucedio no muy a 15
»cuento de mis narizes, pero no fue nada; que
»si ay encantadores que me maltraten, tambien
»los ay que me defiendan. Auisame si el
»mayordomo que está contigo tuuo que ver en las
»acciones de la Trifaldi, como tu sospechaste; 20
»y de todo lo que te sucediere me yras dando
»auiso, pues es tan corto el camino, quanto mas
»que yo pienso dexar presto esta vida ociosa
»en que estoy, pues no naci para ella. Vn
»negocio se me ha ofrecido, que creo que me 25
»ha de poner en desgracia destos señores. Pero
»aunque se me da mucho, no se me da nada,
»pues en fin, en fin, tengo de cumplir antes con
»mi profession que con su gusto, conforme a lo
»que suele dezirse: Amicus Plato, sed magis 30
»amica veritas (*): Digote este latin porque me
»doy a entender que despues que eres gouernador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162
»lo auras aprendido. Y a Dios, el qual te
»guarde de que ninguno te tenga lastima.
Tu amigo, don Quixote de la Mancha.»
Oyó Sancho la carta con mucha atencion,
y fue celebrada y tenida por discreta de los 5
que la oyeron, y luego Sancho se leuantó de
la messa, y, llamando al secretario, se encerro
con el en su estancia, y sin dilatarlo mas quiso
responder luego a su señor don Quixote, y
dixo al secretario que sin añadir ni quitar cosa 10
alguna fuesse escriuiendo lo que el le dixesse;
y assi lo hizo, y la carta de la respuesta fue
del tenor siguiente:
CARTA DE SANCHO PANÇA A DON QVIXOTE
DE LA MANCHA. 15
La ocupacion de mis negocios es tan grande,
que no tengo lugar para rascarme la cabeça,
ni aun para cortarme las vñas (*), y, assi,
las traygo tan crecidas qual Dios lo remedie.
Digo esto, señor mio de mi alma, porque 20
vuessa merced no se espante, si hasta agora
no he dado auiso de mi bien o mal estar en
este gouierno, en el qual tengo mas hambre
que quando andauamos los dos por las seluas
y por los despoblados. 25
Escriuiome el duque mi señor el otro dia,
dandome auiso que auian entrado en esta
insula ciertas espias para matarme, y hasta
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 163
agora yo no he descubierto otra que vn cierto
doctor que está en este lugar assalariado para
matar a quantos gouernadores aqui vinieren;
llamase el doctor Pedro Rezio, y es natural de
Tirteafuera; porque vea vuessa merced qué 5
nombre para no temer que he de morir a sus
manos. Este tal doctor dize el mismo de si
mismo que el no cura las enfermedades quando
las ay, sino que las preuiene para que no
vengan, y las medecinas que vsa son dieta y 10
mas dieta, hasta poner la persona en los
huessos mondos, como si no fuesse mayor
mal la flaqueza que la calentura. Finalmente,
el me va matando de hambre, y yo me voy
muriendo de despecho, pues quando pense 15
venir a este gouierno a comer caliente y a
beuer frio, y a recrear el cuerpo entre sabanas
de olanda, sobre colchones de pluma, he venido
a hazer penitencia como si fuera hermitaño,
y como no la hago de mi voluntad, pienso 20
que al cabo al cabo me ha de lleuar el diablo.
Hasta agora no he tocado derecho ni lleuado
cohecho, y no puedo pensar en qué va esto;
porque aqui me han dicho que los gouernadores
que a esta insula suelen venir, antes de 25
entrar en ella, o les han dado o les han prestado
los del pueblo muchos dineros, y que esta
es ordinaria vsança en los demas que van a
gouiernos, no solamente en este.
Anoche, andando de ronda, topé vna muy 30
hermosa donzella en trage de varon y vn
hermano suyo en habito de muger; de la moça se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164
enamoró mi maestresala, y la escogio en su
imaginacion para su muger, segun el ha dicho, y
yo escogi al moço para mi yerno; oy los dos
pondremos en platica nuestros pensamientos
con el padre de entrambos, que es vn tal 5
Diego de la Llana, hidalgo y christiano viejo
quanto se quiere.
Yo visito las plaças como vuessa merced
me lo aconseja, y ayer hallé vna tendera que
vendia auellanas nueuas, y aueriguele que 10
auia mezclado con vna hanega de auellanas
nueuas otra de viejas, vanas y podridas;
apliquelas todas para los niños de la Doctrina,
que las sabrian bien distinguir, y sentenciela
que por quinze dias no entrasse en la plaça. 15
Hanme dicho que lo hize valerosamente; lo
que se dezir a vuessa merced es que es fama en
este pueblo que no ay gente mas mala que
las placeras, porque todas son desuergonçadas,
dessalmadas y atreuidas, y yo assi lo creo por 20
las que he visto en otros pueblos.
De que mi señora la duquessa aya escrito
a mi muger Teressa Pança y embiadole el
presente que vuessa merced dize, estoy muy
satisfecho, y procuraré de mostrarme agradecido 25
a su tiempo: bessele vuessa merced las
manos de mi parte, diziendo que digo yo que
no lo ha echado en saco roto, como lo vera
por la obra. No querria que vuessa merced
tuuiesse trauacuentas de disgusto con essos 30
mis señores, porque si vuessa merced se enoja
con ellos, claro está que ha de redundar en mi
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 165
daño, y no sera bien que pues se me da a mi
por consejo que sea agradecido, que (*) vuessa
merced no lo sea con quien tantas mercedes le
tiene hechas, y con tanto regalo (*) ha sido
tratado en su castillo. 5
Aquello del gateado no entiendo, pero
imagino que deue de ser alguna de las malas
fechorias que con vuessa merced suelen vsar
los malos encantadores; yo lo sabre quando
nos veamos. Quisiera embiarle a vuessa merced 10
alguna cosa, pero no se qué embie, si no
es algunos cañutos de geringas, que para con
begigas los hazen en esta insula muy curiosos,
aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué
embiar, de haldas o de mangas (*). Si me 15
escriuiere mi muger Teressa Pança, pague vuessa
merced el porte y embieme la carta; que tengo
grandissimo desseo de saber del estado de mi
casa, de mi muger y de mis hijos. Y, con esto,
Dios libre a vuessa merced de mal intencionados 20
encantadores y a mi me saque con bien y
en paz deste gouierno, que lo dudo, porque le
pienso dexar con la vida, segun me trata el
doctor Pedro Rezio.
Criado de vuessa merced, Sancho Pança 25
el gouernador.
Cerro la carta el secretario y despachó luego
al correo, y juntandose los burladores de
Sancho, dieron orden entre si cómo despacharle
del gouierno; y aquella tarde la passó Sancho 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166
en hazer algunas ordenanças tocantes al buen
gouierno de la que el imaginaua ser insula; y
ordenó que no huuiesse regatones de los
bastimentos en la republica; y que pudiessen
meter en ella vino de las partes que quisiessen, 5
con aditamento que declarassen el lugar de
donde era, para ponerle el precio segun su
estimacion, bondad y fama; y el que lo aguasse
o le mudasse el nombre, perdiesse la vida por
ello. Moderó el precio de todo calçado, 10
principalmente el de los çapatos, por parecerle que
corria con exoruitancia. Puso tassa en los
salarios de los criados que caminauan a rienda
suelta por el camino del interesse. Puso
grauissimas penas a los que cantassen cantares 15
lasciuos y descompuestos, ni de noche ni de
dia. Ordenó que ningun ciego cantasse milagro
en coplas si no truxesse testimonio autentico
de ser verdadero, por parecerle que los
mas que los ciegos cantan son fingidos, en 20
perjuyzio de los verdaderos.
Hizo y creó vn alguazil de pobres, no para
que los persiguiesse, sino para que los
examinasse si lo eran; porque a la sombra de la
manquedad fingida y de la llaga falsa andan los 25
braços ladrones y la salud borracha. En
resolucion, el ordenó cosas tan buenas, que hasta
oy se guardan en aquel lugar y se nombran:
Las constituciones del gran gouernador Sancho
Pança. 30
p. 167
Capitulo LII
Donde se cuenta la auentura de la segunda
dueña Dolorida, o Angustiada, llamada por
otro nombre doña Rodriguez.
Cuenta Cide Hamete que estando ya don 5
Quixote sano de sus aruños, le parecio que la
vida que en aquel castillo tenia era contra
toda la orden de caualleria que professaua, y,
assi, determinó de pedir licencia a los duques
para partirse a Zaragoça, cuyas fiestas llegauan 10
cerca, adonde pensaua ganar el arnes que en
las tales fiestas se conquista. Y, estando vn dia
a la messa con los duques, y començando a
poner en obra su intencion, y pedir la licencia,
veis aqui a deshora entrar por la puerta de la 15
gran sala dos mugeres, como despues parecio,
cubiertas de luto de los pies a la cabeça, y la
vna dellas, llegandose a don Quixote, se le
echó a los pies, tendida de largo a largo, la boca
cosida con los pies de don Quixote, y daua vnos 20
gemidos tan tristes, tan profundos y tan
dolorosos, que puso en confusion a todos los que
la oian y mirauan; y, aunque los duques
pensaron que seria alguna burla que sus criados
querian hazer a don Quixote, todauia, viendo 25
con el ahinco que la muger suspiraua, gemia y
lloraua, los tuuo dudosos y suspensos, hasta que
don Quixote, compasiuo, la leuantó del suelo,
y hizo que se descubriesse y quitasse el manto
de sobre la faz llorosa. Ella lo hizo assi, y 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168
mostro ser --lo que jamas se pudiera pensar--,
porque descubrio el rostro de doña Rodriguez, la
dueña de casa, y la otra enlutada era su hija,
la burlada del hijo del labrador rico.
Admiraronse todos aquellos que la conocian, y mas 5
los duques que ninguno; que puesto que la
tenian por boba y de buena pasta, no por tanto,
que viniesse a hazer locuras. Finalmente,
doña Rodriguez, boluiendose a los señores,
les dixo: 10
Vuessas excelencias sean seruidos de darme
licencia que yo departa vn poco con este
cauallero, porque assi conuiene para salir con
bien del negocio en que me ha puesto el
atreuimiento de vn mal intencionado villano. 15
El duque dixo que el se la daua y que
departiesse con el señor don Quixote quanto le
viniesse en desseo. Ella, endereçando la voz y
el rostro a don Quixote, dixo:
Dias ha, valeroso cauallero, que os tengo 20
dada cuenta de la sinrazon y alebosia que vn
mal labrador tiene fecha a mi muy querida y
amada fija, que es esta desdichada que aqui está
presente, y vos me auedes prometido de boluer
por ella, endereçandole el tuerto que le tienen 25
fecho, y agora ha llegado a mi noticia que os
queredes partir deste castillo, en busca de las
buena[s] venturas que Dios os depare; y, assi,
querria que antes que os escurriessedes por
essos caminos, dessafiassedes a este rustico 30
indomito y le hiziessedes que se casasse con
mi hija, en cumplimiento de la palabra que le
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 169
dio de ser su esposo, antes y primero que
yogasse con ella; porque pensar que el duque
mi señor me ha de hazer justicia es pedir peras
al olmo, por la ocasion que ya a vuessa merced
en puridad tengo declarada. Y, con esto, 5
nuestro Señor de a vuessa merced mucha
salud, y a nosotras no nos dessampare.
A cuyas razones respondio don Quixote, con
mucha grauedad y prosopopeya:
Buena dueña, templad vuestras lagrimas, o 10
por mejor dezir, enjugadlas y ahorrad de
vuestros suspiros; que yo tomo a mi cargo el
remedio de vuestra hija, a la qual le huuiera
estado mejor no auer sido tan facil en creer
promessas de enamorados, las quales, por la 15
mayor parte, son ligeras de prometer y muy
pessadas de cumplir; y, assi, con licencia del
duque mi señor, yo me partire luego en busca
desse dessalmado mancebo, y le hallaré y le
dessafiaré y le mataré cada y quando que se 20
escusare de cumplir la prometida palabra; que
el principal assumpto de mi profession es perdonar
a los humildes y castigar a los soberuios;
quiero dezir, acorrer a los miserables y
destruyr a los rigurosos. 25
No es menester, respondio el duque, que
vuessa merced se ponga en trabajo de buscar al
rustico de quien esta buena dueña se quexa,
ni es menester tampoco (*) que vuessa merced
me pida a mi licencia para dessafiarle; que yo 30
le doy por dessafiado, y tomo a mi cargo de
hazerle saber este dessafio, y que le acete, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170
venga a responder por si a este mi castillo,
donde a entrambos dare campo seguro, guardando
todas las condiciones que en tales actos
suelen y deuen guardarse, guardando igualmente
su justicia a cada vno, como estan obligados 5
a guardarla todos aquellos principes que
dan campo franco a los que se combaten en los
terminos de sus señorios.
Pues con esse seguro y con buena licencia
de vuestra grandeza, replicó don Quixote, 10
desde aqui digo que por esta vez renuncio mi
hidalguia y me allano y ajusto con la llaneza
del dañador, y me hago igual con el, habilitandole
para poder combatir conmigo; y, assi,
aunque ausente, le dessafio y repto en razon 15
de que hizo mal en defraudar a esta pobre, que
fue donzella y ya por su culpa no lo es; y que
le ha de cumplir la palabra que le dio de ser su
legitimo esposo, o morir en la demanda.
Y luego, descalçandose vn guante, le arrojó 20
en mitad de la sala, y el duque le alçó, diziendo
que como ya auia dicho, el acetaua el tal
dessafio en nombre de su vassallo, y señalaua
el plaço de alli a seis dias, y el campo en la
plaça de aquel castillo, y las armas las 25
acostumbradas de los caualleros: lança y escudo y
arnes trançado, con todas las demas pieças, sin
engaño, supercheria o supersticion alguna,
examinadas y vistas por los juezes del campo.
Pero ante todas cosas es menester que esta 30
buena dueña y esta mala donzella pongan el
derecho de su justicia en manos del señor don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 171
Quixote; que de otra manera no se hara nada
ni llegará a deuida execucion el tal dessafio.
Yo si pongo, respondio la dueña.
Y yo tambien, añadio la hija, toda llorosa
y toda vergonçosa y de mal talante. 5
Tomado, pues, este apuntamiento, y auiendo
imaginado el duque lo que auia de hazer en
el caso, las enlutadas se fueron, y ordenó la
duquessa que de alli adelante no las tratassen
como a sus criadas, sino como a señoras auentureras 10
que venian a pedir justicia a su casa; y,
assi, les dieron quarto aparte y las siruieron
como a forasteras, no sin espanto de las demas
criadas que no sabian en que auia de parar la
sandez y dessemboltura de doña Rodriguez, y 15
de su mal andante hija.
Estando en esto, para acabar de regozijar (*)
la fiesta y dar buen fin a la comida, veis aqui
donde entró por la sala el page que lleuó las
cartas y presentes a Teressa Pança, muger del 20
gouernador Sancho Pança, de cuya llegada
recibieron gran contento los duques, desseosos
de saber lo que le auia sucedido en su viage,
y, preguntandoselo, respondio el page que no
lo podia dezir tan en publico, ni con breues 25
palabras; que sus excelencias fuessen seruidos
de dexarlo para a solas, y que entretanto se
entretuuiessen con aquellas cartas. Y, sacando
dos cartas, las puso en manos de la duquessa.
La vna dezia en el sobreescrito: Carta para mi 30
señora la duquessa tal, de no se donde y la
otra: A mi marido Sancho Pança, gouernador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172
de la Insula Barataria, que Dios prospere mas
años que a mi.
No se le cozia el pan, como suele dezirse, a
la duquessa hasta leer su carta, y, abriendola
y leydo para si, y viendo que la podia leer en 5
voz alta para que el duque y los circunstantes
la oyessen, leyo desta manera:
CARTA DE TERESSA PANÇA A LA DVQVESSA
Mucho contento me dio, señora mia, la
carta que vuessa grandeza me escriuio, que en 10
verdad que la tenia bien desseada. La sarta de
corales es muy buena, y el vestido de caça de
mi marido no le va en zaga. De que vuessa
señoria aya hecho gouernador a Sancho mi
consorte ha recebido mucho gusto todo este 15
lugar, puesto que no ay quien lo crea,
principalmente el cura, y masse Nicolas el barbero,
y Sanson Carrasco el bachiller; pero a mi no
se me da nada; que como ello sea assi, como
lo es, diga cada vno lo que quisiere, aunque, 20
si va a dezir verdad, a no venir los corales y
el vestido, tampoco yo lo creyera; porque en
este pueblo todos tienen a mi marido por vn
porro, y que sacado de gouernar vn hato de
cabras, no pueden imaginar para qué gouierno 25
pueda ser bueno. Dios lo haga, y lo encamine
como vee que lo han menester sus hijos.
Yo, señora de mi alma, estoy determinada,
con licencia de vuessa merced, de meter este
buen dia en mi casa, yendome a la corte a 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 173
tenderme en vn coche, para quebrar los ojos a
mil embidiosos que ya tengo. Y, assi, suplico
a vuessa excelencia mande a mi marido, me
embie algun dinerillo, y que sea algo qué,
porque en la corte son los gastos grandes; que 5
el pan vale a real, y la carne la libra a treynta
marauedis, que es vn juyzio; y si quisiere que
no vaya, que me lo auise con tiempo, porque
me estan bullendo los pies por ponerme en
camino; que me dizen mis amigas y mis 10
vezinas que si yo y mi hija andamos orondas y
pomposas en la corte, vendra a ser conocido
mi marido por mi mas que yo por el, siendo
forçoso que pregunten muchos: «¿Quién son
»estas señoras deste coche?» Y vn criado mio 15
responder (*): «La muger y la hija de Sancho
»Pança, gouernador de la Insula Barataria», y
desta manera sera conocido Sancho, y yo sere
estimada, y a Roma por todo.
Pesame, quanto pesarme puede, que este 20
año no se han cogido vellotas en este pueblo;
con todo esso, embio a vuessa alteza hasta
medio celemin, que vna a vna las fuy yo a coger
y a escoger al monte, y no las hallé mas
mayores; yo quisiera que fueran como hueuos de 25
abestruz.
No se le oluide a vuestra pomposidad de
escriuirme; que yo tendre cuydado de la
respuesta, auisando de mi salud y de todo lo que
huuiere que auisar deste lugar, donde quedo 30
rogando a nuestro Señor guarde a vuestra
grandeza, y a mi no oluide. Sancha mi hija
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174
y mi hijo (*) bessan a vuessa merced las
manos.
La que tiene mas desseo de ver a vuessa señoria
que de escriuirla. Su criada, Teressa Pança.
Grande fue el gusto que todos recibieron de 5
oyr la carta de Teressa Pança, principalmente
los duques, y la duquessa pidio parecer a don
Quixote si seria bien abrir la carta que venia
para el gouernador, que imaginaua deuia de
ser bonissima. Don Quixote dixo que el la 10
abriria por darles gusto, y assi lo hizo, y vio
que dezia desta manera:
CARTA DE TERESSA PANÇA A SANCHO PANÇA
SV MARIDO
Tu carta recibi, Sancho mio de mi alma, y 15
yo te prometo y juro como catolica christiana
que no faltaron dos dedos para boluerme loca
de contento. Mira, hermano, quando yo llegué
a oyr que eres gouernador, me pense alli caer
muerta de puro gozo; que ya sabes tu que 20
dizen que assi mata la alegria subita como el
dolor grande. A Sanchica tu hija se le fueron
las aguas sin sentirlo de puro contento; el
vestido que me embiaste tenia delante, y los
corales que me embió mi señora la duquessa al 25
cuello, y las cartas en las manos, y el portador
dellas alli presente, y, con todo esso, creia y
pensaua que era todo sueño lo que veia y lo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 175
que tocaua; porque ¿quién podia pensar que
vn pastor de cabras auia de venir a ser
gouernador de insulas? Ya sabes tu, amigo, que
dezia mi madre que era menester viuir mucho
para ver mucho; digolo porque pienso ver mas, 5
si viuo (*) mas, porque no pienso parar hasta
verte arrendador o alcaualero, que son oficios
que aunque lleua el diablo a quien mal los vsa,
en fin en fin siempre tienen y manejan dineros.
Mi señora la duquessa te dira el desseo que 10
tengo de yr a la corte; mirate en ello, y
auisame de tu gusto; que yo procuraré honrarte en
ella andando en coche.
El cura, el barbero, el bachiller y aun el
sacristan no pueden creer que eres gouernador y 15
dizen que todo es embeleco, o cosas de
encantamento, como son todas las de don Quixote
tu amo, y dize Sanson que ha de yr a buscarte
y a sacarte el gouierno de la cabeça, y a don
Quixote la locura de los cascos; yo no hago 20
sino reyrme, y mirar mi sarta, y dar traça del
vestido que tengo de hazer del tuyo a nuestra
hija. Vnas bellotas embié a mi señora la
duquessa; yo quisiera que fueran de oro. Embiame
tu algunas sartas de perlas, si se vsan en 25
essa insula.
Las nueuas deste lugar son que la Berrueca
casó a su hija con vn pintor de mala mano,
que llegó a este pueblo a pintar lo que saliesse;
mandole el concejo pintar las armas de su 30
magestad sobre las puertas del Ayuntamiento,
pidio dos ducados, dieronselos adelantados,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176
trabajó ocho dias, al cabo de los quales no
pintó nada y dixo que no acertaua a pintar
tantas baratijas; boluio el dinero, y, con todo
esso, se casó a titulo de buen oficial; verdad
es que ya ha dexado el pinzel y tomado el 5
açada, y va al campo como gentilhombre. El
hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados
y corona, con intencion de hazerse clerigo;
supolo Minguilla, la nieta de Mingo Siluato,
y hale puesto demanda de que la tiene dada 10
palabra de casamiento; malas lenguas quieren
dezir que ha estado encinta del, pero el lo
niega a pies juntillas.
Ogaño no ay azeytunas, ni se halla vna
gota de vinagre en todo este pueblo. Por aqui 15
passó vna compañia de soldados; lleuaronse de
camino tres moças deste pueblo, no te quiero
dezir quién son; quiça bolueran y no faltará
quien las tome por mugeres, con sus tachas
buenas o malas. Sanchica haze puntas de randas, 20
gana cada dia ocho marauedis horros, que
los va echando en vna alcanzia para ayuda a
su axuar; pero aora que es hija de vn gouernador
tu le daras la dote sin que ella lo trabaje.
La fuente de la plaça se secó, vn rayo cayo 25
en la picota, y alli me las den todas. Espero
respuesta desta, y la resolucion de mi yda a la
corte; y, con esto, Dios te me guarde mas años
que a mi, o tantos; porque no querria dexarte
sin mi en este mundo. 30
Tu muger, Teresa Pança.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 177
Las cartas fueron solenizadas, reydas,
estimadas y admiradas, y para acabar de echar el
sello llegó el correo, el que traia la que Sancho
embiaua a don Quixote, que assimesmo se leyo
publicamente, la qual puso en duda la sandez 5
del gouernador (*).
Retirose la duquessa para saber del page lo
que le auia sucedido en el lugar de Sancho, el
qual se lo conto muy por estenso sin dexar
circunstancia que no refiriesse; diole las bellotas, 10
y mas vn queso que Teresa le dio por ser muy
bueno, que se auentajaua a los de Tronchon (*).
Recibiolo la duquessa con grandissimo gusto,
con el qual la dexaremos, por contar el fin que
tuuo el gouierno del gran Sancho Pança, flor y 15
espejo de todos los insulanos gouernadores.
p. 178
Capitulo LIII
Del fatigado fin y remate que tuuo el gouierno
de Sancho Pança.
Pensar que en esta vida las cosas della han
de durar siempre en vn estado es pensar en lo 5
escusado. Antes parece que ella anda todo en
redondo, digo, a la redonda: la primauera sigue
al verano, el verano al estio, el estio al
otoño, y el otoño al inuierno, y el inuierno a la
primauera (*), y assi torna a andarse el tiempo 10
con esta rueda continua. Sola la vida humana
corre a su fin, ligera mas que el tiempo (*),
sin esperar renouarse, sino es en la otra que no
tiene terminos que la limiten. Esto dize Cide
Hamete, filosofo mahometico; porque esto de 15
entender la ligereza e instabilidad de la vida
presente y la (*) duracion de la eterna que se
espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la
luz natural, lo han entendido; pero aqui
nuestro autor lo dize por la presteza con que se 20
acabó, se consumio, se deshizo, se fue como
en sombra y humo el gouierno de Sancho.
El qual, estando la septima noche de los dias
de su gouierno en su cama, no harto de pan ni
de vino, sino de juzgar y dar pareceres y de 25
hazer estatutos y pragmaticas, quando el sueño
a despecho y pesar de la hambre le començaua
a cerrar los parpados, oyo tan gran ruydo
de campanas y de vozes, que no parecia sino
que toda la insula se hundia. Sentose en la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 179
cama y estuuo atento y escuchando, por ver
si daua en la cuenta de lo que podia ser la
causa de tan grande alboroto; pero no solo no
lo supo, pero añadiendose al ruydo de vozes y
campanas el de infinitas trompetas y 5
atambores, quedó mas confuso y lleno de temor y
espanto, y, leuantandose en pie, se puso vnas
chinelas por la humedad del suelo, y sin
ponerse sobreropa de leuantar, ni cosa que se
pareciesse, salio a la puerta de su aposento, a 10
tiempo quando vio venir por vnos corredores
mas de veynte personas con hachas encendidas
en las manos, y con las espadas desenuaynadas,
gritando todos a grandes vozes:
¡Arma, arma, señor gouernador, arma!; que 15
han entrado infinitos enemigos en la insula, y
somos perdidos si vuestra industria y valor no
nos socorre.
Con este ruydo, furia y alboroto llegaron
donde Sancho estaua, atonito y embelesado 20
de lo que oia y veia, y quando llegaron a el,
vno le dixo:
Armese luego vuessa señoria, si no quiere
perderse y que toda esta insula se pierda.
¿Qué me tengo de armar, respondio Sancho, 25
ni qué se yo de armas ni de socorros?
Estas cosas mejor sera dexarlas para mi amo
don Quixote, que en dos paletas las despachará,
y pondra en cobro; que yo, pecador fui a
Dios, no se me entiende nada destas priessas. 30
¡Ha, señor gouernador!, dixo otro. ¿Qué
relente es esse? Armese vuessa merced; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180
aqui le traemos armas ofensiuas y defensiuas,
y salga a essa plaça y sea nuestra guia y
nuestro capitan, pues de derecho le toca el
serlo, siendo nuestro gouernador.
Armenme nora buena, replicó Sancho. 5
Y al momento le truxeron dos paueses, que
venian proueydos dellos, y le pusieron encima
de la camisa, sin dexarle tomar otro vestido, vn
paues delante y otro detras, y por vnas concauidades
que traian hechas, le sacaron los braços 10
y le liaron muy bien con vnos cordeles, de
modo, que quedó emparedado y entablado, derecho
como vn huso (*), sin poder doblar las rodillas,
ni menearse vn solo paso. Pusieronle en
las manos vna lança, a la qual se arrimó para 15
poder tenerse en pie. Quando assi le tuuieron,
le dixeron que caminasse y los guiasse y animasse
a todos; que siendo el su norte, su lanterna
y su luzero, tendrian buen fin sus negocios.
¿Cómo tengo de caminar, desuenturado 20
yo, respondio Sancho, que no puedo jugar
las choquezuelas de las rodillas, porque me lo
impiden estas tablas que tan cosidas (*) tengo
con mis carnes? Lo que han de hazer es
lleuarme en braços y ponerme atrauessado, o en 25
pie, en algun postigo; que yo le guardaré, o
con esta lança o con mi cuerpo.
Ande, señor gouernador, dixo otro, que
mas el miedo que las tablas le impiden el paso;
acabe y meneese; que es tarde y los enemigos 30
crecen, y las vozes se aumentan, y el peligro
carga.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 181
Por cuyas persuasiones y vituperios prouo el
pobre gouernador a mouerse, y fue dar consigo
en el suelo tan gran golpe que penso que
se auia hecho pedaços. Quedó como galapago
encerrado y cubierto con sus conchas, o como 5
medio tozino metido entre dos artesas, o bien
assi como varca que da al traues en la arena,
y no por verle caydo aquella gente burladora
le tuuieron compassion alguna; antes, apagando
las antorchas tornaron a reforçar las vozes 10
y a reyterar el ¡arma! con tan gran priessa,
passando por encima del pobre Sancho, dandole
infinitas cuchilladas (*) sobre los paueses,
que si el no se recogiera y encogiera metiendo
la cabeça entre los paueses, lo passara muy 15
mal el pobre gouernador; el qual, en aquella
estrecheza recogido, sudaua y trassudaua, y de
todo coraçon se encomendaua a Dios que de
aquel peligro le sacasse. Vnos tropeçauan en
el, otros caian, y tal huuo que se puso encima 20
vn buen espacio, y, desde alli, como desde
atalaya, gouernaua los exercitos, y a grandes
vozes dezia:
¡Aqui de los nuestros: que por esta parte
cargan mas los enemigos! ¡Aquel portillo se 25
guarde, aquella puerta se cierre, aquellas
escalas se tranquen! ¡Vengan alcanzias, pez y
resina en calderas de azeyte ardiendo!
¡Trincheense las calles con colchones!
En fin, el nombraua con todo ahinco todas 30
las varatijas e instrumentos y pertrechos de
guerra, con que suele defenderse el assalto de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182
vna ciudad, y el molido Sancho, que lo
escuchaua y sufria todo, dezia entre si:
¡O, si mi Señor fuesse seruido que se acabasse
ya de perder esta insula, y me viesse yo,
o muerto, o fuera desta grande angustia! 5
Oyo el cielo su peticion, y quando menos lo
esperaua, oyo vozes que dezian:
¡Vitoria, vitoria, los enemigos van de
vencida! ¡Ea, señor gouernador, leuantese vuessa
merced!; y venga a gozar del vencimiento, y a 10
repartir los despojos que se han tomado a los
enemigos, por el valor desse inuencible braço.
Leuantenme, dixo con voz doliente el
dolorido Sancho.
Ayudaronle a leuantar, y, puesto en pie, dixo: 15
El enemigo que yo huuiere vencido quiero
que me le clauen en la frente. Yo no quiero
repartir despojos de enemigos, sino pedir y
suplicar a algun amigo, si es que le tengo, que
me de vn trago de vino, que me seco; y me 20
enxugue este sudor, que me hago agua.
Limpiaronle, truxeronle el vino, desliaronle
los paueses, sentose sobre su lecho, y desmayose
del temor del sobresalto y del trabajo. Ya
les pesaua a los de la burla, de auersela hecho 25
tan pesada; pero el auer buelto en si Sancho
les templó la pena que les auia dado su
desmayo. Preguntó qué hora era; respondieronle
que ya amanezia. Calló, y, sin dezir otra cosa,
començo a vestirse, todo sepultado en silencio, 30
y todos le mirauan y esperauan en qué auia de
parar la priessa con que se vestia. Vistiose, en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 183
fin, y poco a poco, porque estaua molido y no
podia yr mucho a mucho, se fue a la caualleriza,
siguiendole todos los que alli se hallauan,
y, llegandose al ruzio, le abraçó y le dio vn
beso de paz en la frente y, no sin lagrimas en 5
los ojos, le dixo:
Venid vos aca, compañero mio y amigo mio,
y conlleuador de mis trabajos y miserias;
quando yo me auenia con vos, y no tenia otros
pensamientos que los que me dauan los cuydados 10
de remendar vuestros aparejos y de sustentar
vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas,
mis dias y mis años; pero despues que os dexé,
y me subi sobre las torres de la ambicion y de
la soberuia, se me han entrado por el alma 15
adentro mil miserias, mil trabajos y quatro mil
dessassossi[e]gos.
Y, en tanto que estas razones yua diziendo,
yua assimesmo enalbardando el asno, sin que
nadie nada le dixesse. Enalbardado, pues, el 20
ruzio, con gran pena y pesar subio sobre el, y,
encaminando sus palabras y razones al mayordomo,
al secretario, al maestresala y a Pedro
Rezio el doctor, y a otros muchos que alli
presentes estauan, dixo: 25
Abrid camino, señores mios, y dexadme
boluer a mi antigua libertad; dexadme que
vaya a buscar la vida passada, para que me
resucite de esta muerte presente. Yo no naci
para ser gouernador, ni para defender insulas 30
ni ciudades de los enemigos que quisieren
acometerlas; mejor se me entiende a mi de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184
arar y cabar, podar y ensarmentar las viñas
que de dar leyes ni de defender prouincias ni
reynos; bien se está San Pedro en Roma; quiero
dezir que bien se está cada vno vsando el
oficio para que fue nacido: mejor me está a mi 5
vna hoz en la mano que vn cetro de gouernador;
mas quiero hartarme de gazpachos que
estar sugeto a la miseria de vn medico
impertinente que me mate de hambre, y mas quiero
recostarme a la sombra de vna encina en el 10
verano, y arroparme con vn zamarro de dos
pelos en el inuierno, en mi libertad, que
acostarme con la sugecion del gouierno entre
sauanas de olanda, y vestirme de martas
cebollinas. Vuessas mercedes se queden con Dios y 15
digan al duque mi señor que desnudo naci,
desnudo me hallo, ni pierdo ni gano; quiero
dezir que sin blanca entré en este gouierno, y
sin ella salgo, bien al reues de como suelen
salir los gouernadores de otras insulas. Y 20
apartense, dexenme yr; que me voy a bizmar, que
creo que tengo brumadas todas las costillas,
merced a los enemigos que esta noche se han
passeado sobre mi.
No ha de ser assi, señor gouernador, dixo 25
el doctor Rezio; que yo le dare a vuessa
merced vna beuida contra caydas y molimientos,
que luego le buelua en su pristina entereza y
vigor, y en lo de la comida yo prometo a
vuessa merced de enmendarme, dexandole 30
comer abundantemente de todo aquello que
quisiere.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 185
Tarde piache (*), respondio Sancho; assi
dexaré de yrme como boluerme turco. No son
estas burlas para dos vezes. Por Dios que assi
me quede en este ni admita otro gouierno,
aunque me le diessen entre dos platos, como 5
bolar al cielo sin alas. Yo soy del linage de
los Panças, que todos son testarudos, y si vna
vez dizen nones, nones han de ser, aunque
sean pares, a pesar de todo el mundo.
Quedense en esta caualleriza las alas de la 10
hormiga, que me leuantaron en el ayre para que
me comiessen venzejos y otros paxaros, y
boluamonos a andar por el suelo con pie llano;
que si no le adornaren çapatos picados de
cordouan, no le faltarán alpargatas toscas de 15
cuerda. Cada oueja con su pareja, y nadie
tienda mas la pierna de quanto fuere larga la
sabana; y dexenme passar, que se me haze
tarde.
A lo que el mayordomo dixo: 20
Señor gouernador, de muy buena gana
dexaramos yr a vuessa merced, puesto que
nos pesara mucho de perderle; que su ingenio
y su christiano proceder obligan a dessearle.
Pero ya se sabe que todo gouernador está 25
obligado, antes que se ausente de la parte
donde ha gouernado, dar primero (*) residencia;
dela vuessa merced de los diez dias que
ha que tiene el gouierno, y vayase a la paz de
Dios. 30
Nadie me la puede pedir, respondio
Sancho, si no es quien ordenare el duque mi
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186
señor. Yo voy a verme con el y a el se la dare
de molde; quanto mas que saliendo yo desnudo
como salgo, no es menester otra señal
para dar a entender que he gouernado como
vn angel. 5
Par Dios que tiene razon el gran Sancho,
dixo el doctor Rezio, y que soy de parecer
que le dexemos yr, porque el duque ha de
gustar infinito de verle.
Todos vinieron [en] ello, y le dexaron yr, 10
ofreciendole primero compañia y todo aquello
que quisiesse para el regalo de su persona y
para la comodidad de su viage. Sancho dixo
que no queria mas de vn poco de ceuada para
el ruzio, y medio queso y medio pan para el; 15
que pues el camino era tan corto, no auia
menester mayor ni mejor reposteria. Abraçaronle
todos, y el, llorando, abraçó a todos, y los dexó
admirados assi de sus razones como de su
determinacion tan resoluta y tan discreta. 20
p. 187
Capitulo LIV
Que trata de cosas tocantes a esta historia
y no a otra alguna.
Resoluieronse el duque y la duquessa de
que el desafio que don Quixote hizo a su vassallo 5
por la causa ya referida passasse adelante;
y puesto que el moço estaua en Flandes, a
donde se auia ydo huyendo por no tener por
suegra a doña Rodriguez, ordenaron de poner
en su lugar a vn lacayo gascon que se llamaua 10
Tosilos, industriandole primero muy bien de
todo lo que auia de hazer.
De alli a dos dias dixo el duque a don
Quixote como desde alli a quatro vendria su
contrario, y se presentaria en el campo armado 15
como cauallero, y sustentaria como la donzella
mentia por mitad de la barba, y aun por toda
la barba entera, si se afirmaua que el le
huuiesse dado palabra de casamiento. Don Quixote
recibio mucho gusto con las tales nueuas, 20
y se prometio a si mismo de hazer marauillas
en el caso, y tuuo a gran ventura auersele
ofrecido ocasion donde aquellos señores
pudiessen ver hasta dónde se estendia el valor
de su poderoso braço. Y, assi, con alboroço y 25
contento esperaua los quatro dias que se le
yuan haziendo, a la cuenta de su desseo,
quatrocientos siglos.
Dexemoslos passar nosotros, como dexamos
passar otras cosas, y vamos a acompañar a 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188
Sancho, que entre alegre y triste venia
caminando sobre el ruzio a buscar a su amo, cuya
compañia le agradaua mas que ser
gouernador de todas las insulas del mundo.
Sucedio, pues, que no auiendose alongado 5
mucho de la insula de su gouierno --que el
nunca se puso a aueriguar si era insula, ciudad,
villa o lugar la que gouernaua--, vio que
por el camino por donde el yua venian seys
peregrinos con sus bordones (*), de estos 10
estrangeros que piden la limosna cantando, los
quales, en llegando a el, se pusieron en ala, y,
leuanta[n]do las vozes todos juntos, començaron
a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo
entender, si no fue vna palabra que claramente 15
pronunciaua (*) limosna, por donde entendio,
que era limosna la que en su canto pedian; y
como el, segun dize Cide Hamete, era caritatiuo
a demas, sacó de sus alforjas medio pan y
medio queso, de que venia proueydo, y dioselo, 20
diziendoles por señas que no tenia otra
cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy
buena gana y dixeron: guelte, guelte (*).
No entiendo, respondio Sancho, qué es
lo que me pedis, buena gente. 25
Entonces vno de ellos sacó vna bolsa del
seno, y mostrosela a Sancho, por donde entendio
que le pedian dineros, y el, poniendose el
dedo pulgar en la garganta, y estendiendo la
mano arriba, les dio a entender que no tenia 30
ostugo (*) de moneda, y, picando al ruzio,
rompio por ellos; y al passar, auiendole estado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 189
mirando vno dellos con mucha atencion, arremetio
a el, echandole los braços por la cintura, en
voz alta y muy castellana dixo:
¡Valame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es
possible que tengo en mis braços al mi caro 5
amigo, al mi buen vezino Sancho Pança? Si
tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni estoy
aora borracho.
Admirose Sancho de verse nombrar por su
nombre, y de verse abraçar del estrangero 10
peregrino, y despues de auerle estado mirando,
sin hablar palabra, con mucha atencion, nunca
pudo (*) conocerle; pero viendo su suspension
el peregrino, le dixo:
¿Cómo y es possible, Sancho Pança hermano, 15
que no conoces a tu vezino Ricote el morisco,
tendero de tu lugar?
Entonces Sancho le miró con mas atencion,
y començo a rafigurarle (*), y, finalmente, le
vino a conocer de todo punto, y, sin apearse 20
del jumento, le echó los braços al cuello, y le
dixo:
¿Quién diablos te auia de conocer, Ricote,
en esse trage de moharracho que traes? Dime:
¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes 25
atreuimiento de boluer a España, donde si te
cogen y conocen, tendras harta mala ventura?#148;
Si tu no me descubres, Sancho, respondio
el peregrino, seguro estoy; que en este trage
no aura nadie que me conozca; y apartemonos 30
del camino a aquella alameda que alli parece,
donde quieren comer y reposar mis compañeros,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 190
y alli comeras con ellos, que son muy apazible
gente. Yo tendre lugar de contarte lo que
me ha sucedido despues que me parti de nuestro
lugar, por obedecer el vando de su magestad
(*), que con tanto rigor a los desdichados 5
de mi nacion amenazaua, segun oyste.
Hizolo assi Sancho, y, hablando Ricote a los
demas peregrinos, se apartaron a la alameda,
que se parecia, bien desuiados del camino real.
Arrojaron los bordones, quitaronse las muzetas 10
o esclauinas y quedaron en pelota, y todos ellos
eran moços, y muy gentiles hombres, excepto
Ricote, que ya era hombre entrado en años.
Todos traian alforjas, y todas, segun parecio,
venian bien proueydas, a lo menos, de cosas 15
incitatiuas y que llaman a la sed de dos leguas.
Tendieronse en el suelo, y, haziendo manteles
de las yeruas, pusieron sobre ellas pan,
sal, cuchillos, nuezes, rajas de queso, huessos
mondos de xamon, que si no se dexauan mascar, 20
no defendian el ser chupados. Pusieron
assimismo vn manjar negro que dizen que se
llama cabial (*), y es hecho de hueuos de
pescados, gran despertador de la colambre (*). No
faltaron azeytunas, aunque secas y sin adouo 25
alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo
que mas campeó en el campo de aquel banquete
fueron seys botas de vino, que cada vno
sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote,
que se auia transformado de morisco en aleman, 30
o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza
podia competir con las cinco. Començaron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 191
a comer con grandissimo gusto y muy de
espacio, saboreandose con cada bocado, que
le tomauan con la punta del cuchillo, y muy
poquito de cada cosa, y luego al punto todos
a vna leuantaron los braços y las botas en el 5
ayre; puestas las bocas en su boca, clauados
los ojos en el cielo, no parecia sino que ponian
en el la punteria, y desta manera meneando
las cabeças a vn lado y a otro, señales que
acreditauan el gusto que recebian, se 10
estuuieron vn buen espacio trassegando en sus
estomagos las entrañas de las vasijas.
Todo lo miraua Sancho, y de ninguna cosa
se dolia (*), antes por cumplir con el refran que
el muy bien sabia, de «quando a Roma fueres 15
»haz como vieres», pidio a Ricote la bota, y tomó
su punteria como los demas, y no con menos
gusto que ellos. Quatro vezes dieron lugar las
botas para ser empinadas, pero la quinta no
fue possible, porque ya estauan mas enxutas (*) 20
y secas que vn esparto, cosa que puso mustia
la alegria que hasta alli auian mostrado. De
quando en quando juntaua alguno su mano
derecha con la de Sancho, y dezia:
Español (*) y tudesqui tuto vno: bon 25
compaño.
Y Sancho respondia:
Bon compaño, jura Di, y disparaua (*) con
vna risa que le duraua vn hora, sin acordarse
entonces de nada de lo que le auia sucedido 30
en su gouierno; porque sobre el rato y tiempo
quando se come y beue, poca jurisdicion suelen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 192
tener los cuydados. Finalmente, el acabarsele
(*) el vino fue principio de vn sueño que dio a
todos, quedandose dormidos sobre las mismas
mesas y manteles. Solos Ricote y Sancho
quedaron alerta, porque auian comido mas y 5
beuido menos, y, apartando Ricote a Sancho, se
sentaron al pie de vna haya, dexando a los
peregrinos sepultados en dulce sueño, y Ricote,
sin tropeçar nada en su lengua morisca, en la
pura castellana le dixo las siguientes razones: 10
Bien sabes, o Sancho Pança, vezino y amigo
mio, como el pregon y vando que su magestad
mandó publicar contra los de mi nacion,
puso terror y espanto en todos nosotros, a lo
menos, en mi le puso de suerte que me parece 15
que antes del tiempo que se nos concedia para
que hiziessemos ausencia de España, ya tenia
el rigor de la pena executado en mi persona y
en la de mis hijos. Ordené, pues, a mi parecer,
como prudente, bien assi como el que sabe 20
que para tal tiempo le han de quitar la casa
donde viue, y se prouee de otra donde mudarse,
ordené, digo, de salir yo solo sin mi familia
de mi pueblo, y yr a buscar donde lleuarla con
comodidad, y sin la priessa con que los demas 25
salieron. Porque bien vi y vieron todos
nuestros ancianos que aquellos pregones no eran
solo amenazas, como algunos dezian, sino
verdaderas leyes que se auian de poner en
execucion a su determinado tiempo. Y forçauame a 30
creer esta verdad saber yo los ruynes y
disparatados intentos que los nuestros tenian, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 193
tales, que me parece que fue inspiracion diuina
la que mouio a su magestad a poner en efecto
tan gallarda resolucion, no porque todos
fuessemos culpados; que algunos auia christianos
firmes y verdaderos. Pero eran tan pocos que no 5
se podian oponer a los que no lo eran, y no era
bien criar la sierpe en el seno, teniendo los
enemigos dentro de casa. Finalmente, con justa
razon fuymos castigados con la pena del
destierro, blanda y suaue al parecer de algunos; 10
pero al nuestro la mas terrible que se nos podia
dar. Doquiera que estamos lloramos por España;
que, en fin, nacimos en ella y es nuestra
patria natural. En ninguna parte hallamos el
acogimiento que nuestra desuentura dessea, y 15
en Berberia y en todas las partes de Africa
donde esperauamos ser recebidos, acogidos y
regalados, alli es donde mas nos ofenden y
maltratan. No hemos conocido el bien hasta
que le hemos perdido, y es el desseo tan grande 20
que casi todos tenemos de boluer a España,
que los mas de aquellos, y son muchos, que
saben la lengua como yo, se bueluen a ella, y
dexan alla sus mugeres y sus hijos desamparados:
tanto es el amor que la tienen; y agora 25
conozco y experimento lo que suele dezirse:
que es dulce el amor de la patria.
Sali, como digo, de nuestro pueblo, entré en
Francia, y aunque alli nos hazian buen
acogimiento, quise verlo todo, passé a Italia, y 30
llegué a Alemania, y alli me parecio que se podia
viuir con mas libertad, porque sus habitadores
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 194
no miran en muchas delicadezas: cada vno
viue como quiere, porque en la mayor parte
della se viue con libertad de conciencia. Dexé
tomada casa en vn pueblo junto a Augusta (*);
junteme con estos peregrinos que tienen por 5
costumbre de venir a España, muchos dellos
cada año, a visitar los santuarios della; que los
tienen por sus Indias, y por certissima grangeria
y conocida ganancia. Andanla casi toda, y
no ay pueblo ninguno de donde no salgan 10
comidos y beuidos, como suele dezirse, y con vn
real, por lo menos, en dineros, y al cabo de su
viage salen con mas de cien escudos de sobra,
que trocados en oro, o ya en el hueco de los
bordones, o entre los remiendos de las esclauinas, 15
o con la industria que ellos pueden los
sacan del reyno (*), y los passan a sus tierras, a
pesar de las guardas de los puestos y puertos
donde se registran.
Aora es mi intencion, Sancho, sacar el 20
tesoro que dexé enterrado, que por estar fuera
del pueblo lo podre hazer sin peligro, y
escriuir o passar desde Valencia a mi hija y a mi
muger, que se que está en Argel, y dar traça
como traerlas a algun puerto de Francia, y desde 25
alli lleuarlas a Alemania, donde esperaremos
lo que Dios quisiere hazer de nosotros.
Que, en resolucion, Sancho, yo se cierto que la
Ricota mi hija y Francisca Ricota mi muger son
catolicas christianas, y aunque yo no lo soy 30
tanto, todauia tengo mas de christiano que de
moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 195
del entendimiento y me de a conocer cómo le
tengo de seruir. Y lo que me tiene admirado
es no saber por qué se fue mi muger y mi hija
antes a Berberia que a Francia, adonde podia
viuir como christiana. 5
A lo que respondio Sancho:
Mira, Ricote, esso no deuio estar en su
mano, porque las lleuó Iuan Tiopieyo, el hermano
de tu muger, y como deue de ser fino moro,
fuesse a lo mas bien parado; y sete dezir otra 10
cosa que creo: que vas en valde a buscar lo
que dexaste encerrado (*), porque tuuimos
nueuas que auian quitado a tu cuñado y tu
muger muchas perlas y mucho dinero en oro,
que lleuauan por registrar. 15
Bien puede ser esso, replicó Ricote; pero
yo se, Sancho, que no tocaron a mi encierro,
porque yo no les descubri donde estaua,
temeroso de algun desman, y assi, si tu, Sancho,
quieres venir conmigo y ayudarme a sacarlo y 20
a encubrirlo, yo te dare docientos escudos,
con que podras remediar tus necesidades (*),
que ya sabes que se yo que las tienes, muchas.
Yo lo hiziera, respondio Sancho; pero no
soy nada codicioso, que a serlo vn oficio dexé 25
yo esta mañana de las manos, donde pudiera
hazer las paredes de mi casa de oro, y comer
antes de seys meses en platos de plata; y assi,
por esto, como por parecerme haria traycion a
mi rey en dar fauor a sus enemigos, no fuera 30
contigo, si como me prometes docientos escudos
me dieras aqui de contado quatrocientos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 196
Y ¿qué oficio es el que has dexado,
Sancho?, preguntó Ricote.
He dexado de ser gouernador de vna
insula, respondio Sancho, y tal, que a buena
fee que no hallen otra como ella a tres tirones. 5
Y ¿dónde está essa insula?, preguntó
Ricote.
¿Adónde?, respondio Sancho. Dos leguas
de aqui, y se llama la insula Barataria.
Calla, Sancho, dixo Ricote; que las 10
insulas estan alla dentro de la mar; que no ay
insulas en la tierra firme.
¿Cómo no?, replicó Sancho. Digote, Ricote
amigo, que esta mañana me parti della, y
ayer estuue en ella gouernando a mi plazer, 15
como vn sagitario (*); pero, con todo esso, la he
dexado, por parecerme oficio peligroso el de
los gouernadores.
Y ¿qué has ganado en el gouierno?,
preguntó Ricote. 20
He ganado, respondio Sancho, el auer
conocido que no soy bueno para gouernar, si
no es vn hato de ganado, y que las riquezas
que se ganan en los tales gouiernos son a
costa de perder el descanso y el sueño y aun el 25
sustento; porque en las insulas deuen de
comer poco los gouernadores, especialmente si
tienen medicos que miren por su salud.
Yo no te entiendo, Sancho, dixo Ricote;
pero pareceme que todo lo que dizes es disparate; 30
que ¿quién te auia de dar a ti insulas que
gouernasses? ¿Faltauan hombres en el mundo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 197
mas habiles para gouernadores que tu eres?
Calla, Sancho, y buelue en ti y mira si quieres
venir conmigo, como te he dicho, a ayudarme
a sacar el tesoro que dexé escondido; que en
verdad que es tanto que se puede llamar tesoro, 5
y te dare con que viuas, como te he dicho.
Ya te he dicho, Ricote, replicó Sancho,
que no quiero; contentate que por mi no seras
descubierto, y prosigue en buena hora tu
camino y dexame seguir el mio; que yo se que 10
lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su
dueño (*).
No quiero porfiar, Sancho, dixo Ricote;
pero dime: ¿hallastete en nuestro lugar quando
se partio del mi muger, mi hija y mi cuñado? 15
Si hallé, respondio Sancho, y sete dezir
que salio tu hija tan hermosa, que salieron a
verla quantos auia en el pueblo, y todos dezian
que era la mas bella criatura del mundo. Yua
llorando y abraçaua a todas sus amigas y 20
conocidas y a quantos llegauan a verla, y a todos
pedia la encomendassen a Dios y a Nuestra
Señora su madre; y esto, con tanto sentimiento,
que a mi me hizo llorar, que no suelo ser muy
lloron. Y a fee que muchos tuuieron desseo de 25
esconderla y salir a quitarsela (*) en el camino;
pero el miedo de yr contra el mandado del rey
los detuuo. Principalmente se mostro mas
apassionado don Pedro Gregorio, aquel mancebo
mayorazgo rico que tu conoces, que dizen que 30
la queria mucho, y despues que ella se partio,
nunca mas el ha parecido en nuestro lugar, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198
todos pensamos que yua tras ella para robarla;
pero hasta aora no se ha sabido nada.
Siempre tuue yo mala sospecha, dixo
Ricote, de que esse cauallero adamaua (*) a mi
hija; pero fiado en el valor de mi Ricota, nunca 5
me dio pesadumbre el saber que la queria bien;
que ya auras oydo dezir, Sancho, que las
moriscas pocas o ninguna vez se mezclaron por
amores con christianos viejos, y mi hija, que,
a lo que yo creo, atendia a ser mas christiana 10
que enamorada, no se curaria de las solicitudes
de esse señor mayorazgo.
Dios lo haga, replicó Sancho; que a
entrambos les estaria mal, y dexame partir de
aqui, Ricote amigo; que quiero llegar esta 15
noche adonde está mi señor don Quixote.
Dios vaya contigo, Sancho hermano; que
ya mis compañeros se rebullen, y tambien es
hora que prosigamos nuestro camino.
Y luego se abraçaron los dos, y Sancho subio 20
en su ruzio y Ricote se arrimó a su bordon,
y se apartaron.
p. 199
Capitulo LV
De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y
otras, que no ay mas que ver.
El auerse detenido Sancho con Ricote no le
dio lugar a que aquel dia llegasse al castillo 5
del duque, puesto que llegó media legua del,
donde le tomó la noche algo escura y cerrada.
Pero como era verano, no le dio mucha
pesadumbre, y, assi, se apartó del camino, con
intencion de esperar la mañana, y quiso su corta 10
y desuenturada suerte, que, buscando lugar
donde mejor acomodarse, cayeron el y el ruzio
en vna honda y escurissima sima que entre
vnos edificios muy antiguos estaua, y al
tiempo del caer, se encomendo a Dios de todo 15
coraçon, pensando que no auia de parar hasta el
profundo de los abismos, y no fue assi, porque
a poco mas de tres estados dio fondo el ruzio,
y el se halló encima del, sin auer recebido
lision ni daño alguno. Tentose todo el cuerpo y 20
recogio el aliento por ver si estaua sano, o
agujereado, por alguna parte, y, viendose
bueno, entero y catolico de salud, no se hartaua
de dar gracias a Dios nuestro Señor de la
merced que le auia hecho; porque sin duda penso 25
que estaua hecho mil pedaços. Tento assimismo
con las manos por las paredes de la sima,
por ver si seria possible salir della sin ayuda de
nadie; pero todas las halló rasas y sin assidero
alguno, de lo que Sancho se congojó mucho, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200
especialmente quando oyo que el ruzio se
quexaua tierna y dolorosamente, y no era mucho,
ni se lamentaua de vicio, que a la verdad no
estaua muy bien parado.
¡Ay, dixo entonces Sancho Pança, y quán 5
no pensados sucessos suelen suceder a cada
paso a los que viuen en este miserable mundo!
¿Quién dixera que el que ayer se vio
entronizado gouernador de vna insula, mandando a
sus siruientes y a sus vassallos, oy se auia de 10
ver sepultado en vna sima, sin auer persona
alguna que le remedie, ni criado, ni vassallo
que acuda a su socorro? Aqui auremos de
perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos
morimos antes, el de molido y quebrantado, y 15
yo de pesaroso. A lo menos, no sere yo tan
venturoso como lo fue mi señor don Quixote de
la Mancha, quando decendio y baxó a la cueua
de aquel encantado Montesinos, donde halló
quien le regalasse mejor que en su casa; que 20
no parece sino que se fue a mesa puesta y a
cama hecha; alli vio el visiones hermosas y
apazibles, y yo vere aqui, a lo que creo, sapos
y culebras. ¡Desdichado de mi!, y en qué han
parado mis locuras y fantasias? De aqui sacarán 25
mis huessos, quando el cielo sea seruido
que me descubran, mondos, blancos y raydos,
y los de mi buen ruzio con ellos, por donde
quiça se echará de ver quien somos, a lo
menos, de los que tuuieren noticia [de] que nunca 30
Sancho Pança se apartó de su asno, ni su asno
de Sancho Pança; otra vez digo: ¡miserables
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 201
de nosotros, que no ha querido nuestra corta
suerte que muriessemos en nuestra patria, y
entre los nuestros, donde ya que no hallara
remedio nuestra desgracia, no faltara quien dello
se doliera, y en la hora vltima de nuestro 5
passamiento nos cerrara los ojos!
¡O compañero y amigo mio, qué mal pago
te he dado de tus buenos seruicios! Perdoname,
y pide a la fortuna, en el mejor modo que
supieres, que nos saque deste miserable trabajo 10
en que estamos puestos los dos; que yo
prometo de ponerte vna corona de laurel en la
cabeça, que no parezcas sino vn laureado
poeta, y de darte los piensos doblados.
Desta manera se lamentaua Sancho Pança, 15
y su jumento le escuchaua sin responderle
palabra alguna, tal era el aprieto y angustia en
que el pobre se hallaua. Finalmente, auiendo
passado toda aquella noche en miserables
quexas y lamentaciones, vino el dia, con cuya 20
claridad y resplandor vio Sancho que era
impossible de toda impossibilidad salir de aquel
pozo, sin ser ayudado, y començo a lamentarse
y dar vozes, por ver si alguno le oia; pero
todas sus vozes eran dadas en desierto, pues 25
por todos aquellos contornos no auia persona
que pudiesse escucharle, y entonces se acabó
de dar por muerto. Estaua el ruzio boca arriba
y Sancho Pança le acomodó de modo, que le
puso en pie, que apenas se podia tener; y, 30
sacando de las alforjas, que tambien auian
corrido la mesma fortuna de la cayda, vn pedaço
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202
de pan, lo dio a su jumento, que no le supo
mal, y dixole Sancho, como si lo entendiera:
Todos los duelos con pan son buenos.
En esto, descubrio a vn lado de la sima vn
agujero, capaz de caber por el vna persona, 5
si se agouiaua y encogia; acudio a el Sancho
Pança, y, agazapandose, se entró por el y vio
que por de dentro era espacioso y largo; y
pudolo ver porque por lo que se podia llamar
techo entraua vn rayo de sol que lo descubria 10
todo. Vio tambien que se dilataua y alargaua
por otra concauidad espaciosa; viendo lo qual
boluio a salir adonde estaua el jumento, y con
vna piedra començo a desmoronar la tierra del
agujero de modo, que en poco espacio hizo 15
lugar donde con facilidad pudiesse entrar el
asno, como lo hizo, y, cogiendole del cabestro,
començo a caminar por aquella gruta adelante,
por ver si hallaua alguna salida por otra parte.
A vezes yua a escuras, y a vezes sin luz, pero 20
ninguna vez sin miedo.
¡Valame Dios todo poderoso!, dezia entre
si. Esta, que para mi es desuentura, mejor
fuera para auentura de mi amo don Quixote; el
si que tuuiera estas profundidades y mazmorras 25
por jardines floridos, y por palacios de
Galiana (*), y esperara salir de esta escuridad
y estrecheza a algun florido prado. Pero yo
sin ventura, falto de consejo y menoscabado
de animo, a cada paso pienso que debaxo de 30
los pies de improuiso se ha de abrir otra
sima mas profunda que la otra, que acabe
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 203
de tragarme. Bien vengas, mal, si vienes
solo.
Desta manera, y con estos pensamientos le
parecio que auria caminado poco mas de media
legua, al cabo de la qual descubrio vna confusa 5
claridad que parecio ser ya de dia, y que
por alguna parte entraua, que daua indicio de
tener fin abierto aquel, para el, camino de la
otra vida.
Aqui le dexa Cide Hamete Benengeli, y buelue 10
a tratar [de] don Quixote, que alboroçado y
contento esperaua el plaço de la batalla que
auia de hazer con el robador de la honra de
la hija de doña Rodriguez, a quien pensaua
endereçar el tuerto y desaguisado que 15
malamente le tenian fecho.
Sucedio, pues, que saliendose vna mañana
a imponerse y ensayarse en lo que auia de
hazer en el trance en que otro dia pensaua
verse, dando vn repelon o arremetida a 20
Rozinante, llegó a poner los pies tan junto a vna
cueua, que a no tirarle fuertemente las riendas,
fuera impossible no caer en ella. En fin, le
detuuo, y no cayo; y, llegandose algo mas cerca
sin apearse, miró aquella hondura, y, estandola 25
mirando, oyo grandes vozes dentro, y,
escuchando atentamente, pudo percebir y entender
que el que las daua dezia:
¡Ha de arriba! ¿Ay algun christiano que me
escuche, o algun cauallero caritatiuo que se 30
duela de vn pecador enterrado en vida, o (*)
vn desdichado desgouernado gouernador?
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204
Pareciole a don Quixote que oia la voz
de Sancho Pança, de que quedó suspenso y
assombrado, y, leuantando la voz todo lo que
pudo, dixo:
¿Quién está alla baxo, quién se quexa? 5
¿Quién puede estar aqui, o quién se ha de
quexar, respondieron, sino el assendereado
de Sancho Pança, gouernador, por sus pecados
y por su mala andança, de la insula Barataria,
escudero que fue del famoso cauallero don 10
Quixote de la Mancha?
Oyendo lo qual don Quixote, se le dobló la
admiracion, y se (*) le acrecento el pasmo,
viniendosele al pensamiento que Sancho
Pança deuia de ser muerto, y que estaua alli 15
penando su alma; y, lleuado desta imaginacion
dixo:
Conjurote por todo aquello que puedo
conjurarte, como catolico christiano, que me digas
quién eres, y si eres alma en pena, dime qué 20
quieres que haga por ti; que pues es mi
profession fauorecer y acorrer a los necessitados
deste mundo, tambien lo sere (*) para acorrer y
ayudar a los menesterosos del otro mundo,
que no pueden ayudarse por si propios. 25
Dessa manera, respondieron, vuessa
merced que me habla deue de ser mi señor don
Quixote de la Mancha, y aun en el organo de
la voz no es otro, sin duda.
Don Quixote soy, replicó don Quixote; el 30
que professo socorrer y ayudar en sus necessidades
a los viuos y a los muertos. Por esso,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 205
dime quién eres; que me tienes atonito. Porque
si eres mi escudero Sancho Pança, y te has
muerto, como no te ayan lleuado los diablos,
y por la misericordia de Dios estes en el
purgatorio, sufragios tiene nuestra santa madre la 5
Iglesia Catolica Romana bastantes a sacarte de
las penas en que estás, y yo, que (*) lo solicitaré
con ella, por mi parte, con quanto mi hazienda
alcançare; por esso acaba de declararte, y dime
quién eres. 10
¡Voto a tal!, respondieron, y por el
nacimiento de quien vuessa merced quisiere juro,
señor don Quixote de la Mancha, que yo soy
su escudero Sancho Pança, y que nunca me he
muerto en todos los dias de mi vida, sino que 15
auiendo dexado mi gouierno por cosas y causas
que es menester mas espacio para dezirlas,
anoche cai en esta sima donde yago, el ruzio
conmigo, que no me dexará mentir, pues, por
mas señas, está aqui conmigo. 20
Y ay mas; que no parece sino que el jumento
entendio lo que Sancho dixo, porque al momento
començo a rebuznar, tan rezio, que toda
la cueua retumbaua.
Famoso testigo, dixo don Quixote; el 25
rebuzno conozco como si le pariera, y tu voz
oygo, Sancho mio. Esperame, yre al castillo del
duque que está aqui cerca, y traere quien te
saque desta sima, donde tus pecados te deuen
de auer puesto. 30
Vaya vuessa merced, dixo Sancho, y
buelua presto, por vn solo Dios; que ya no lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206
puedo lleuar el estar aqui sepultado en vida, y
me estoy muriendo de miedo.
Dexole don Quixote y fue al castillo a
contar a los duques el suceso de Sancho Pança,
de que no poco se marauillaron, aunque bien 5
entendieron que deuia de auer caydo por la
correspondencia de aquella gruta, que de
tiempos inmemoriales estaua alli hecha; pero no
podian pensar cómo auia dexado el gouierno,
sin tener ellos auiso de su venida. Finalmente, 10
como dizen (*), lleuaron sogas y maromas, y a
costa de mucha gente y de mucho trabajo
sacaron al ruzio y a Sancho Pança de aquellas
tinieblas a la luz del sol.
Viole vn estudiante, y dixo: 15
Desta manera auian de salir de sus gouiernos
todos los malos gouernadores, como sale
este pecador del profundo del abismo: muerto
de hambre, descolorido y sin blanca, a lo que
yo creo. 20
Oyolo Sancho, y dixo:
Ocho dias o diez ha, hermano murmurador,
que entré a gouernar la insula que me dieron,
en los quales no me vi harto de pan siquiera
vn hora; en ellos me han perseguido medicos 25
y enemigos me han brumado los güesos, ni
he tenido lugar de hazer cohechos ni de cobrar
derechos, y, siendo esto assi, como lo es, no
merecia yo, a mi parecer, salir de esta manera.
Pero el hombre pone y Dios dispone, y Dios 30
sabe lo mejor y lo que le está bien a cada vno,
y qual el tiempo tal el tiento, y nadie diga
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 207
desta agua no beuere; que adonde se piensa
que ay tozinos no ay estacas, y Dios me
entiende y basta y no digo mas, aunque pudiera.
No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre
de lo que oyeres; que sera nunca acabar. 5
Ven tu con segura conciencia, y digan lo que
dixeren, y es querer atar las lenguas de los
maldizientes lo mesmo que querer poner puertas
al campo. Si el gouernador sale rico de su
gouierno dizen del que ha sido vn ladron, y si 10
sale pobre, que ha sido vn para poco y vn
mentecato.
A buen seguro, respondio Sancho, que
por esta vez antes me han de tener por tonto
que por ladron. 15
En estas platicas llegaron, rodeados de
muchachos y de otra mucha gente, al castillo,
adonde en vnos corredores estauan ya el duque
y la duquessa, esperando a don Quixote y
a Sancho, el qual no quiso subir a ver al duque 20
sin que primero no huuiesse acomodado al ruzio
en la caualleriza, porque dezia que auia passado
muy mala noche en la posada, y luego subio
a ver a sus señores, ante los quales puesto
de rodillas, dixo: 25
Yo, señores, porque lo quiso assi vuestra
grandeza, sin ningun merecimiento mio, fuy a
gouernar vuestra insula Barataria, en la qual
entré desnudo, y desnudo me hallo, ni pierdo,
ni gano; si he gouernado bien o mal, testigos 30
he tenido delante, que diran lo que quisieren.
He declarado dudas, sentenciado pleytos, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208
siempre muerto de hambre, por auerlo querido
assi el doctor Pedro Rezio, natural de
Tirteafuera, medico insulano, y gouernadoresco.
Acometieronnos enemigos de noche, y, auiendonos
puesto en grande aprieto, dizen los de la 5
insula que salieron libres y con vitoria por el
valor de mi braço; que tal salud les de Dios
como ellos dizen verdad.
En resolucion, en este tiempo yo he tanteado
las cargas que trae consigo y las obligaciones 10
el gouernar, y he hallado por mi cuenta que
no las podran lleuar mis ombros, ni son peso
de mis costillas, ni flechas de mi aljaua; y, assi,
antes que diesse conmigo al traues el gouierno,
he querido yo dar con el gouierno al traues, 15
y ayer de mañana dexé la insula como la hallé,
con las mismas calles, casas y texados que
tenia quando entré en ella. No he pedido
prestado a nadie ni metidome en grangerias, y
aunque pensaua hazer algunas ordenanças 20
prouechosas, no hize ninguna, temeroso que no se
auian de guardar; que es lo mesmo hazerlas
que no hazerlas. Sali, como digo, de la insula,
sin otro acompañamiento que el de mi ruzio;
cai en vna sima, vineme por ella adelante, 25
hasta que esta mañana, con la luz del sol, vi la
salida; pero no tan facil, que a no depararme
el cielo a mi señor don Quixote, alli me
quedara hasta la fin del mundo. Assi que, mis
señores duque y duquessa, aqui está vuestro 30
gouernador Sancho Pança, que ha grangeado en
solos diez dias que ha tenido el gouierno a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 209
conocer (*) que no se le ha de dar nada por ser
gouernador, no que (*) de vna insula, sino de todo
el mundo. Y con este presupuesto, besando a
vuessas mercedes los pies, imitando al juego
de los muchachos que dizen: «salta tu, y 5
»damela tu» (*), doy vn salto del gouierno y me
passo al seruicio de mi señor don Quixote; que,
en fin, en el, aunque como el pan con sobresalto,
hartome, a lo menos, y para mi, como yo
esté harto, esso me haze que sea de çanahorias 10
que de perdizes.
Con esto dio fin a su larga platica Sancho,
temiendo siempre don Quixote que auia de
dezir en ella millares de disparates, y quando
le vio acabar con tan pocos, dio en su coraçon 15
gracias al cielo, y el duque abraçó a Sancho y
le dixo que le pesaua en el alma de que
huuiesse dexado tan presto el gouierno; pero que
el haria de suerte que se le diesse en su estado
otro oficio de menos carga y de mas prouecho. 20
Abraçole la duquessa assimismo, y mandó que
le regalassen, porque daua señales de venir
mal molido y peor parado.
p. 210
Capitulo LVI
De la descomunal y nunca vista batalla que
passó entre don Quixote de la Mancha y el
lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la
dueña doña Rodriguez. 5
No quedaron arrepentidos los duques de la
burla hecha a Sancho Pança del gouierno que
le dieron, y mas que aquel mismo dia vino su
mayordomo y les conto punto por punto todas
casi las palabras y acciones que Sancho auia 10
dicho y hecho en aquellos dias, y, finalmente,
les encarecio el assalto de la insula y el miedo
de Sancho, y su salida, de que no pequeño
gusto recibieron.
Despues desto, cuenta la historia que se llegó 15
el dia de la batalla aplaçada, y, auiendo el
duque vna y muy muchas vezes aduertido a su
lacayo Tosilos cómo se auia de auenir con don
Quixote para vencerle sin matarle ni herirle,
ordenó que se quitassen los hierros a las lanças, 20
diziendo a don Quixote que no permitia la
christiandad de que el se preciaua que aquella
batalla fuesse con tanto riesgo y peligro de las
vidas, y que se contentasse con que le daua
campo franco en su tierra, puesto que yua contra 25
el decreto del santo Concilio (*), que prohiue
los tales desafios, y no quisiesse lleuar por todo
rigor aquel trance tan fuerte.
Don Quixote dixo que su excelencia
dispusiesse las cosas de aquel negocio como mas 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 211
fuesse seruido; que el le obedeceria en todo.
Llegado, pues, el temeroso dia, y, auiendo
mandado el duque que delante de la plaça del
castillo se hiziesse vn espacioso cadahalso,
donde estuuiessen los juezes del campo, y las 5
dueñas, madre y hija, demandantes, auia acudido
de todos los lugares y aldeas circunuecinas
infinita gente a ver la nouedad de aquella
batalla; que nunca otra tal no auian visto ni
oydo dezir en aquella tierra los que viuian, ni 10
los que auian muerto.
El primero que entró en el campo y estacada
fue el maestro de las ceremonias, que tanteó el
campo, y le passeó todo, porque en el no
huuiesse algun engaño ni cosa encubierta donde 15
se tropeçasse y cayesse. Luego entraron las
dueñas y se sentaron en sus assientos, cubiertas
con los mantos hasta los ojos, y aun hasta los
pechos, con muestras de no pequeño sentimiento.
Presente don Quixote en la estacada, 20
de alli a poco, acompañado de muchas trompetas,
assomó por vna parte de la plaça, sobre
vn poderoso cauallo, hundiendola toda, el
grande lacayo Tosilos, calada la visera y todo
encambronado con vnas fuertes y luzientes armas. 25
El cauallo mostraua ser frison, ancho y de color
tordillo; de cada mano y pie le pendia vna
arroba de lana.
Venia el valeroso combatiente bien informado
del duque su señor de cómo se auia de 30
portar con el valeroso don Quixote de la
Mancha, aduertido que en ninguna manera le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212
matasse, sino que procurasse huyr el primer
encuentro, por escusar el peligro de su muerte,
que estaua cierto si de lleno en lleno le
encontrasse. Passeó la plaça, y, llegando donde las
dueñas estauan, se puso algun tanto a mirar a 5
la que por esposo le pedia; llamó el maesse de
campo a don Quixote, que ya se auia presentado
en la plaça, y junto con Tosilos habló a las
dueñas, preguntandoles si consentian que
boluiesse por su derecho don Quixote de la 10
Mancha. Ellas dixeron que si, y que todo lo que en
aquel caso hiziesse lo dauan por bien hecho,
por firme y por valedero.
Ya en este tiempo estauan el duque y la
duquessa puestos en vna galeria que caia sobre 15
la estacada, toda la qual estaua coronada de
infinita gente que esperaua ver el riguroso
trance nunca visto. Fue condicion de los
combatientes que si don Quixote vencia, su
contrario se auia de casar con la hija de doña 20
Rodriguez; y si el fuesse vencido, quedaua
libre su contendor de la palabra que se le
pedia, sin dar otra satisfacion alguna.
Partioles el maestro de las ceremonias el
sol y puso a los dos cada vno en el puesto 25
donde auian de estar. Sonaron los atambores,
llenó el ayre el son de las trompetas, temblaua
debaxo de los pies la tierra, estauan suspensos
los coraçones de la mirante turba, temiendo
vnos y esperando otros el bueno o el mal 30
sucesso de aquel caso. Finalmente, don Quixote,
encomendandose de todo su coraçon a Dios
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 213
nuestro Señor, y a la señora Dulcinea del
Toboso, estaua aguardando que se le diesse
señal precisa de la arremetida.
Empero nuestro lacayo tenia diferentes
pensamientos; no pensaua el sino en lo que agora 5
dire: Parece ser que quando estuuo mirando a
su enemiga le parecio la mas hermosa muger
que auia visto en toda su vida, y el niño
ceg[u]eçuelo a quien suelen llamar de ordinario
Amor por essas calles, no quiso perder la 10
ocasion que se le ofrecio de triunfar de vna alma
lacayuna y ponerla en la lista de sus trofeos,
y, assi, llegandose a el bonitamente, sin que
nadie le viesse, le embasó al pobre lacayo vna
flecha de dos varas por el lado yzquierdo y le 15
passó el coraçon de parte a parte, y pudolo
hazer bien al seguro, porque el amor es
inuissible y entra y sale por do quiere, sin que
nadie le pida cuenta de sus hechos.
Digo, pues, que quando dieron la señal de 20
la arremetida, estaua nuestro lacayo transportado,
pensando en la hermosura de la que ya
auia hecho señora de su libertad, y, assi, no
atendio al son de la trompeta, como hizo don
Quixote, que apenas la huuo oydo, quando 25
arremetio; y, a todo el correr que permitia
Rozinante, partio contra su enemigo, y, viendole
partir su buen escudero Sancho, dixo a
grandes vozes:
¡Dios te guie, nata y flor de los andantes 30
caualleros; Dios te de la vitoria, pues lleuas la
razon de tu parte!
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214
Y aunque Tosilos vio venir contra si a don
Quixote, no se mouio vn paso de su puesto;
antes, con grandes vozes, llamó al maesse de
campo, el qual (*), venido a ver lo que queria,
le dixo: 5
Señor, ¿esta batalla no se haze porque yo
me case, o no me case, con aquella señora?
Assi es, le fue respondido.
Pues yo, dixo el lacayo, soy temeroso de
mi conciencia y pondriala en gran cargo si 10
passasse adelante en esta batalla, y assi digo
que yo me doy por vencido y que quiero
casarme luego con aquella señora.
Quedó admirado el maesse de campo de las
razones de Tosilos, y como era vno de los 15
sabidores de la maquina de aquel caso, no le
supo responder palabra. Detuuose don Quixote
en la mitad de su carr[e]ra, viendo que su
enemigo no le acometia. El duque no sabia la
ocasion porque no se passaua adelante en la 20
batalla; pero el maesse de campo le fue a
declarar lo que Tosilos dezia, de lo que quedó
suspenso y colerico en estremo.
En tanto que esto passaua, Tosilos se llegó
adonde doña Rodriguez estaua, y dixo a 25
grandes vozes:
Yo, señora, quiero casarme con vuestra
hija, y no quiero alcançar por pleytos ni
contiendas lo que puedo alcançar por paz, y sin
peligro de la muerte. 30
Oyo esto el valeroso don Quixote, y dixo:
Pues esto assi es, yo quedo libre y suelto de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 215
mi promessa; casense en hora buena, y pues
Dios nuestro Señor se la dio, San Pedro se la
bendiga.
El duque auia baxado a la plaça del castillo,
y llegandose a Tosilos, le dixo: 5
¿Es verdad, cauallero, que os days por
vencido, y que, instigado de vuestra temerosa
conciencia, os quereys casar con esta
donzella?
Si, señor, respondio Tosilos. 10
El haze muy bien, dixo a esta sazon
Sancho Pança; porque lo que has de dar al
mur (*), dalo al gato, y sacarte ha de cuydado.
Yuase Tosilos desenlaçando la celada, y
rogaua que a priessa le ayudassen, porque le 15
yuan faltando los espiritus del aliento, y no
podia verse encerrado tanto tiempo en la
estrecheza de aquel aposento. Quitaronsela
a priessa, y quedó descubierto y patente su
rostro de lacayo. Viendo lo qual doña Rodriguez 20
y su hija, dando grandes vozes, dixeron:
¡Este es engaño, engaño es este! ¡A Tosilos,
el lacayo del duque mi señor, nos han puesto
en lugar de mi verdadero esposo! ¡Iusticia de
Dios y del rey, de tanta malicia, por no dezir 25
bellaqueria!
No vos acuyteys, señoras, dixo don Quixote;
que ni esta es malicia, ni es bellaqueria,
y si la es, y (*) no ha sido la causa el duque,
sino los malos encantadores que me persiguen, 30
los quales inuidiosos de que yo alcançasse la
gloria deste vencimiento, han conuertido el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 216
rostro de vuestro esposo en el de este que dezis
que es lacayo del duque. Tomad mi consejo, y,
a pesar de la malicia de mis enemigos, casaos
con el; que, sin duda, es el mismo que vos
desseais alcançar por esposo. 5
El duque, que esto oyó, estuuo por romper
en risa toda su colera, y dixo:
Son tan extraordinarias las cosas que suceden
al señor don Quixote, que estoy por cre[e]r
que este mi lacayo no lo es; pero vsemos deste 10
ardid y maña; dilatemos el casamiento quinze
dias, si quieren, y tengamos encerrado a este
personage que nos tiene dudosos, en los quales
podria ser que boluiesse a su pristina figura;
que no ha de durar tanto el rancor que los 15
encantadores tienen al señor don Quixote, y
mas, yendoles tan poco en vsar estos
embelecos y transformaciones.
O, señor, dixo Sancho, que ya tienen
estos malandrines por vso y costumbre de 20
mudar las cosas de vnas en otras, que tocan a
mi amo. Vn cauallero que vencio los dias
passados, llamado el de los Espejos, le boluieron
en la figura del bachiller Sanson Carrasco,
natural de nuestro pueblo y grande amigo 25
nuestro, y a mi señora Dulcinea del Toboso la
han buelto en vna rustica labradora, y, assi,
imagino que este lacayo ha de morir y viuir
lacayo todos los dias de su vida.
A lo que dixo la hija de Rodriguez: 30
Sease quien fuere este que me pide por
esposa --que yo se lo agradezco--; que mas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 217
quiero ser muger legitima de vn lacayo, que
no amiga y burlada de vn cauallero, puesto
que el que a mi me burló no lo es.
En resolucion, todos (*) estos quentos y
sucessos pararon en que Tosilos se recogiesse 5
hasta ver en que paraua su transformacion;
aclamaron todos la vitoria por don Quixote, y
los mas quedaron tristes y melancolicos de ver
que no se auian hecho pedaços los tan esperados
combatientes, bien assi como los mochachos 10
quedan tristes, quando no sale el ahorcado
que esperan, porque le ha perdonado, o
la parte, o la justicia. Fuesse la gente,
boluieronse el duque y don Quixote al castillo,
encerraron a Tosilos, quedaron doña Rodriguez y 15
su hija contentissimas de ver que por vna via o
por otra aquel caso auia de parar en
casamiento, y Tosilos no esperaua menos.
p. 218
Capitulo LVII
Que trata de cómo don Quixote se despidio del
duque, y de lo que le sucedio con la discreta
y desembuelta Altisidora, donzella de la
duquessa. 5
Ya le parecio a don Quixote que era bien
salir de tanta ociosidad como la que en aquel
castillo tenia; que se imaginaua ser grande la
falta que su persona hazia en dexarse estar
encerrado y pereçoso entre los infinitos regalos 10
y deleytes que como a cauallero andante aquellos
señores le hazian, y pareciale que auia de
dar cuenta estrecha al cielo de aquella ociosidad
y encerramiento; y, assi, pidio vn dia licencia
a los duques para partirse. Dieronsela con 15
muestras de que en gran manera les pesaua
de que los dexasse. Dio la duquessa las cartas
de su muger a Sancho Pança, el qual lloró con
ellas, y dixo:
¿Quién pensara que esperanças tan grandes 20
como las que en el pecho de mi muger Teresa
Pança engendraron las nueuas de mi gouierno
auian de parar en boluerme yo agora a las
arrastradas auenturas de mi amo don Quixote
de la Mancha? Con todo esto, me contento de 25
ver que mi Teresa correspondio a ser quien es,
embiando las bellotas a la duquessa; que a no
auerselas embiado, quedando yo pesaroso, se
mostrara ella desagradecida. Lo que me
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 219
consuela es que esta dadiua no se le puede dar
nombre de cohecho, porque ya tenia yo el
gouierno quando ella las embió, y está puesto en
razon que los que reciben algun beneficio,
aunque sea con niñerias, se muestren agradecidos. 5
En efecto, yo entré desnudo en el gouierno y
salgo desnudo del; y, assi, podre dezir con
segura conciencia, que no es poco: «desnudo naci,
»desnudo me hallo, ni pierdo ni gano».
Esto passaua entre si Sancho el dia de la 10
partida; y saliendo don Quixote, auiendose
despedido la noche antes de [los] duques, vna
mañana se presentó armado en la plaça del
castillo. Mirauanle de los corredores toda la
gente del castillo, y assimismo los duques 15
salieron a verle. Estaua Sancho sobre su ruzio,
con sus alforjas, maleta y repuesto, contentissimo,
porque el mayordomo del duque, el que
fue (*) la Trifaldi, le auia dado vn bolsico con
docientos escudos de oro, para suplir los 20
menesteres del camino, y esto aun no lo sabia
don Quixote.
Estando como queda dicho, mirandole todos,
a deshora entre las otras dueñas y donzellas de
la duquessa, que le mirauan, alço la voz la 25
desembuelta y discreta Altisidora, y en son
lastimero dixo:
Escucha, mal cauallero,
deten vn poco las riendas;
no fatigues las hijadas 30
de tu mal regida bestia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220
Mira, falso, que no huyes (*)
de alguna serpiente fiera,
sino de vna corderilla
que está muy lexos de oueja.
Tu has burlado, monstruo horrendo, 5
la mas hermosa donzella
que Diana vio en sus montes,
que Venus miró en sus seluas.
Cruel Vireno, fugitiuo Eneas,
Barrabas te acompañe; alla te auengas. 10
Tu lleuas ¡lleuar impio!
en las garras de tus cerras
las entrañas de vna humilde,
como enamorada, tierna.
Lleuaste (*) tres tocadores, 15
y vnas ligas, de vnas piernas
que al marmol puro (*) se igualan
en lisas, blancas y negras.
Lleuaste dos mil suspiros,
que, a ser de fuego, pudieran 20
abrassar a dos mil Troyas,
si dos mil Troyas huuiera.
Cruel Vireno, fugitiuo Eneas,
Barrabas te acompañe; alla te auengas.
De esse Sancho tu escudero 25
las entrañas sean tan tercas
y tan duras, que no salga
de su encanto Dulcinea.
De la culpa que tu tienes
lleue la triste la pena; 30
que justos por pecadores
tal vez pagan en mi tierra.
Tus mas finas auenturas
en desuenturas se bueluan,
en sueños tus passatiempos, 35
en oluidos tus firmeças.
Cruel Vireno, fugitiuo Eneas,
Barrabas te acompañe; alla te auengas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 221
Seas tenido por falso
desde Seuilla a Marchena,
desde Granada hasta Loja,
de Londres a Ing[a]laterra.
Si jugares al reynado, 5
los cientos, o la primera (*),
los reyes huyan de ti;
ases, ni sietes no veas.
Si te cortares los callos,
sangre las heridas viertan; 10
y quedente los raygones
si te sacares las muelas.
Cruel Vireno, fugitiuo Eneas,
Barrabas te acompañe; halla te auengas.
En tanto que de la suerte que se ha dicho se 15
quexaua la lastimada Altisidora, la estuuo
mirando don Quixote, y, sin responderla palabra,
boluiendo el rostro a Sancho, le dixo:
Por el siglo de tus passados, Sancho mio,
te conjuro que me digas vna verdad; dime, 20
¿lleuas por ventura, los tres tocadores, y las
ligas que esta enamorada donzella dize?
A lo que Sancho respondio:
Los tres tocadores si lleuo; pero las ligas,
como por los cerros de Vueda. 25
Quedó la duquessa admirada de la dessemboltura
de (*) Altissidora, que aunque la tenia por
atreuida, graciosa y dessembuelta, no en grado
que se atreuiera a semejantes dessembolturas;
y como no estaua aduertida desta burla, crecio 30
mas su admiracion. El duque quiso reforçar el
donayre, y dixo:
No me parece bien, señor cauallero, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222
auiendo recebido en este mi castillo el buen
acogimiento que en el se os ha hecho, os ayais
atreuido a lleuaros tres tocadores, por lo
menos, si por lo mas las ligas de mi donzella;
indicios son de mal pecho y muestras que no 5
corresponden a vuestra fama. Boluedle las
ligas; si no, yo os dessafio a mortal batalla,
sin tener temor que malandrines encantadores
me bueluan ni muden el rostro, como han hecho
en el de Tosilos mi lacayo, el que entró 10
con vos en batalla.
No quiera Dios, respondio don Quixote,
que yo dessembayne mi espada contra vuestra
ilustrissima persona, de quien tantas mercedes
he recebido. Los tocadores boluere, porque 15
dize Sancho que los tiene; las ligas es
impossible, porque ni yo las he recebido ni el
tampoco, y si esta vuestra donzella quisiere
mirar sus escondrijos, a buen seguro que las
halle. Yo, señor duque, jamas he sido ladron, 20
ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios no
me dexe de su mano. Esta donzella habla, como
ella dize, como enamorada, de lo que yo no le
tengo culpa, y, assi, no tengo de qué pedirle
perdon, ni a ella, ni a vuestra excelencia, a 25
quien suplico me tenga en mejor opinion, y me
de de nueuo licencia para seguir mi camino.
Deosle Dios tan bueno, dixo la duquessa,
señor don Quixote, que siempre oygamos buenas
nueuas de vuestras fechurias; y andad con 30
Dios, que mientras mas os deteneis, mas
aumentais el fuego de los pechos de las donzellas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 223
que os miran. Y a la mia yo la castigaré
de modo, que de aqui adelante no se
desmande con la vista ni con las palabras.
Vna no mas quiero que me escuches, ¡o
valeroso don Quixote!, dixo entonces Altissidora, 5
y es que te pido perdon del latrocinio
de las ligas, porque en Dios y en mi anima,
que las tengo puestas, y he caydo en el descuydo
del que yendo sobre el asno, le buscaua.
¿No lo dixe yo?, dixo Sancho. ¡Bonico 10
soy yo para encubrir hurtos! Pues a quererlos
hazer, de paleta me auia venido la ocasion en
mi gouierno.
Abaxó la cabeça don Quixote y hizo reuerencia
a los duques y a todos los circunstantes, 15
y, boluiendo las riendas a Rocinante, siguiendole
Sancho sobre el ruzio, se salio del castillo,
endereçando su camino a Zaragoça.
p. 224
Capitulo LVIII
Que trata de cómo menudearon sobre don
Quixote auenturas tantas, que no se dauan
vagar vnas a otras.
Quando don Quixote se vio en la campaña 5
rasa, libre y dessembaraçado de los requiebros
de Altissidora, le parecio que estaua en su
centro y que los espiritus se le renouauan para
prosseguir de nueuo el assumpto de sus
cauallerias, y, boluiendose a Sancho, le dixo: 10
La libertad, Sancho, es vno de los mas
preciosos dones que a los hombres dieron los
cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros
que encierra la tierra ni el mar encubre; por la
libertad, assi como por la honra, se puede y 15
deue auenturar la vida; y, por el contrario, el
cautiuerio es el mayor mal que puede venir a
los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien
has visto el regalo, la abundancia que en este
castillo, que dexamos, hemos tenido; pues en 20
metad de aquellos banquetes sazonados y de
aquellas beuidas de nieue me parecia a mi que
estaua metido entre las estrecheças de la
hambre; porque no lo gozaua con la libertad que
lo gozara si fueran mios; que las obligaciones 25
de las recompensas de los beneficios y mercedes
recebidas son ataduras que no dexan campear
al animo libre. ¡Venturoso aquel a quien
el cielo dio vn pedaço de pan, sin que le quede
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 225
obligacion de agradecerlo a otro que al mismo
cielo!
Con todo esso, dixo Sancho, que vuessa
merced me ha dicho, no es bien que se quede[n]
sin agradecimiento de nuestra parte docientos 5
escudos de oro, que en vna bolsilla me dio el
mayordomo del duque, que como pictima y
confortatiuo la lleuo puesta sobre el coraçon,
para lo que se ofreciere; que no siempre hemos
de hallar castillos donde nos regalen, que tal 10
vez toparemos con algunas ventas donde nos
apaleen.
En estos y otros razonamientos yuan los
andantes cauallero y escudero, quando vieron,
auiendo andado poco mas de vna legua, que 15
encima de la yerua de vn pradillo verde,
encima de sus capas, estauan comiendo hasta vna
dozena de hombres, vestidos de labradores;
junto a si tenian vnas como sabanas blancas,
con que cubrian alguna cosa que debaxo estaua; 20
estauan empinadas y tendidas y de trecho
a trecho puestas. Llegó (*) don Quixote a los
que comian, y, saludandolos primero cortesmente,
les preguntó que qué era lo que aquellos
lienços cubrian. Vno de ellos le respondio: 25
Señor, debaxo destos lienços estan vnas
imagines de reliebe y entabladura (*), que han
de seruir en vn retablo que hazemos en nuestra
aldea; lleuamoslas cubiertas porque no se
desfloren, y en ombros porque no se quiebren. 30
Si sois seruidos, respondio don Quixote,
holgaria de verlas, pues imagines que con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226
tanto recato se lleuan (*), sin duda deuen de ser
buenas.
Y, ¡cómo si lo son!, dixo otro; si no,
digalo lo que cuesta; que en verdad que no ay
ninguna que no esté en mas de cincuenta 5
ducados, y porque vea vuessa merced esta verdad,
espere vuessa merced, y verla ha por vista
de ojos.
Y, leuantandose, dexó de comer, y fue a
quitar la cubierta de la primera imagen, que 10
mostro ser la de San Iorge puesto a cauallo, con
vna serpiente enroscada a los pies, y la lança
atrauessada por la boca, con la fiereça que
suele pintarse. Toda la imagen parecia vna
asqua de oro, como suele dezirse; viendola don 15
Quixote, dixo:
Este cauallero fue vno de los mejores
andantes que tuuo la milicia diuina; llamose don
San Iorge, y fue, ademas, defendedor de
donzellas (*). Veamos esta otra. 20
Descubriola el hombre, y parecio ser la de
San Martin, puesto a cauallo, que partia la
capa con el pobre, y apenas la huuo visto don
Quixote, quando dixo:
Este cauallero tambien fue de los auentureros 25
christianos, y creo que fue mas liberal
que valiente, como lo puedes echar de ver,
Sancho, en que está partiendo la capa con el
pobre, y le da la mitad, y sin duda deuia de ser
entonces inuierno, que si no, el se la diera 30
toda, segun era de caritatiuo.
No deuio de ser esso, dixo Sancho, sino
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 227
que se deuio de atener al refran que dizen:
«que para dar y tener, sesso es menester».
Riose don Quixote, y pidio que quitassen
otro lienço, debaxo del qual se descubrio la
imagen del patron de las Españas a cauallo, la 5
espada ensangrentada, atropellando moros y
pisando cabeças, y, en viendola, dixo don
Quixote:
Este si que es cauallero y de las esquadras
de Christo; este se llama don San Diego 10
Matamoros, vno de los mas valientes santos y
caualleros que tuuo el mundo y tiene agora el
cielo.
Luego descubrieron otro lienço y parecio
que encubria la cayda de San Pablo del cauallo 15
abaxo, con todas las circunstancias que en
el retablo de su conuersion suelen pintarse;
quando le vido tan al viuo, que dixeran que
Christo le hablaua y Pablo respondia.
Este, dixo don Quixote, fue el mayor 20
enemigo que tuuo la iglesia de Dios nuestro
Señor en su tiempo, y el mayor defensor suyo
que tendra jamas, cauallero andante por la
vida, y santo a pie quedo por la muerte;
trabajador incansable en la viña del Señor, 25
doctor de las gentes, a quien siruieron de
escuelas los cielos, y de cathedratico y maestro
que le enseñasse, el mismo Iesu Christo.
No auia mas imagines, y, assi, mandó don
Quixote que las boluiessen a cubrir, y dixo a 30
los que las lleuauan:
Por buen aguero he tenido, hermanos, auer
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228
visto lo que he visto, porque estos santos y
caualleros professaron lo que yo professo, que
es el exercicio de las armas; sino que la
diferencia que ay entre mi y ellos es que ellos
fueron santos y pelearon a lo diuino, y yo soy 5
pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron
el cielo a fuerça de braços, porque el cielo
padece fuerça (*), y yo hasta agora no se lo que
conquisto a fuerça de mis trabajos; pero si mi
Dulcinea del Toboso saliesse de los que 10
padece, mejorandose mi ventura y adobandoseme
el juyzio, podria ser que encaminasse mis
pasos por mejor camino del que lleuo.
Dios lo oyga y el pecado sea sordo, dixo
Sancho a esta ocasion. 15
Admiraronse los hombres assi de la figura
como de las razones de don Quixote, sin entender
la mitad de lo que en ellas dezir queria.
Acabaron de comer, cargaron con sus imagines
y, despidiendose de don Quixote, siguieron 20
su viage.
Quedó Sancho de nueuo como si jamas huuiera
conocido a su señor, admirado de lo que
sabia, pareciendole que no deuia de auer
historia en el mundo, ni sucesso que no lo 25
tuuiesse cifrado en la vña y clauado en la
memoria, y dixole:
En verdad, señor nuestramo, que si esto
que nos ha sucedido oy se puede llamar auentura,
ella ha sido de las mas suaues y dulces 30
que en todo el discurso de nuestra peregrinacion
nos ha sucedido; della auemos salido sin
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 229
palos y sobressalto alguno, ni hemos echado
mano a las espadas, ni hemos batido la tierra
con los cuerpos, ni quedamos hambrientos.
¡Bendito sea Dios, que tal me ha dexado ver
con mis propios ojos! 5
Tu dizes bien, Sancho, dixo don Quixote;
pero has de aduertir que no todos los tiempos
son vnos ni corren de vna misma suerte, y esto
que el vulgo suele llamar comunmente agueros,
que no se fundan sobre natural razon alguna, 10
del que es discreto han de ser tenidos y juzgados
(*) por buenos acontecimientos. Leuantase
vno destos agoreros por la mañana, sale de
su casa, encuentrase con vn frayle de la orden
del bienauenturado San Francisco, y como si 15
huuiera encontrado con vn grifo, buelue las
espaldas, y bueluese a su casa. Derramasele al
otro Mendoça (*) la sal encima de la mesa, y
derramasele a el la melancolia por el coraçon;
como si estuuiesse obligada la naturaleza a 20
dar señales de las venideras desgracias con
cosas tan de poco momento como las referidas.
El discreto y christiano no ha de andar en
puntillos con lo que quiere hazer el cielo. Llega
Cipion a Africa, tropieça en saltando en tierra, 25
tienenlo por mal aguero sus soldados, pero el,
abraçandose con el suelo, dixo: «No te me podras
»huyr, Africa, porque te tengo assida y entre
»mis braços (*).» Assi que, Sancho, el auer
encontrado con estas imagines ha sido para mi 30
felicissimo acontecimiento.
Yo assi lo creo, respondio Sancho, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230
querria que vuessa merced me dixesse qué es
la causa porque dizen los españoles quando
quieren dar alguna batalla, inuocando aquel
San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra
»España!» ¿Está por ventura España abierta, y de 5
modo, que es menester cerrarla, o qué
ceremonia es esta (*)?
Simplicissimo eres, Sancho, respondio don
Quixote, y mira que este gran cauallero de la
cruz bermeja haselo dado Dios a España por 10
patron y amparo suyo, especialmente en los
rigurosos trances que con los moros los españoles
han tenido, y, assi, le inuocan y llaman
como a (*) defensor suyo en todas las batallas
que acometen, y muchas vezes le han visto 15
visiblemente en ellas, derribando, atropellando,
destruyendo y matando los agarenos esquadrones;
y desta verdad se pudiera traer muchos
exemplos que en las verdaderas historias
españolas se cuentan. 20
Mudó Sancho platica y dixo a su amo:
Marauillado estoy, señor, de la dessemboltura
de Altissidora, la donzella de la duquessa;
brauamente la deue de tener herida y
traspassada aquel que llaman Amor, que dizen que 25
es vn rapaz cegueçuelo que, con estar lagañoso,
o por mejor dezir, sin vista, si toma por
blanco vn coraçon, por pequeño que sea, le
acierta y traspassa de parte a parte con sus
flechas. He oydo dezir tambien que en la 30
verguença y recato de las donzellas se despuntan
y embotan las amorosas saetas; pero en esta
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 231
Altissidora mas parece que se aguzan que
despuntan.
Aduierte, Sancho, dixo don Quixote, que
el amor ni mira respetos ni guarda terminos
de razon en sus discursos, y tiene la misma 5
condicion que la muerte, que assi acomete los
altos alcaçares de los reyes como las humildes
choças de los pastores, y quando toma entera
possession de vna alma, lo primero que haze
es quitarle el temor y la verguença; y, assi, 10
sin ella declaró Altissidora sus desseos, que
engendraron en mi pecho antes confussion
que lastima.
Crueldad notoria, dixo Sancho;
dessagradecimiento inaudito. Yo de mi se dezir que 15
me rindiera y auassallara la mas minima razon
amorosa suya. ¡Hideputa, y qué coraçon de
marmol, qué entrañas de bronce y qué alma
de argamassa! Pero no puedo pensar qué es lo
que vio esta donzella en vuessa merced que 20
assi la rindiesse y auassallasse; qué gala, qué
brio, qué donayre, qué rostro, qué cada cosa
por si destas, o todas juntas, le (*) enamoraron;
que en verdad, en verdad, que muchas vezes
me paro a mirar a vuessa merced desde la punta 25
del pie hasta el vltimo cabello de la cabeça,
y que veo mas cosas para espantar que para
enamorar; y, auiendo yo tambien oydo dezir
que la hermosura es la primera y principal
parte que enamora, no teniendo vuessa merced 30
ninguna, no se yo de qué se enamoró la
pobre.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232
Aduierte, Sancho, respondio don Quixote,
que ay dos maneras de hermosura: vna del
alma, y otra del cuerpo; la del alma campea y
se muestra en el entendimiento, en la honestidad,
en el buen proceder, en la liberalidad y 5
en la buena criança, y todas estas partes caben
y pueden estar en vn hombre feo, y quando se
pone la mira en esta hermosura y no en la del
cuerpo, suele nazer (*) el amor con impetu y
con ventajas. Yo, Sancho, bien veo que no soy 10
hermoso, pero tambien conozco que no soy
disforme, y bastale a vn hombre de bien no ser
monstruo para ser bien querido, como tenga (*)
los dotes del alma que te he dicho.
En estas razones y platicas se yuan entrando 15
por vna selua que fuera del camino estaua, y a
deshora, sin pensar en ello, se halló don
Quixote enredado entre vnas redes de hilo verde,
que desde vnos arboles a otros estauan
tendidas; y, sin poder imaginar qué pudiesse ser 20
aquello, dixo a Sancho:
Pareceme, Sancho, que esto destas redes
deue de ser vna de las mas nueuas auenturas
que pueda imaginar. Que me maten si los
encantadores que me persiguen no quieren 25
enredarme en ellas, y detener mi camino, como en
vengança de la riguridad que con Altissidora
he tenido. Pues mandoles yo que aunque estas
redes, si como son hechas de hilo verde fueran
de durissimos diamantes, o mas fuertes que 30
aquella con que el zeloso dios de los herreros
enredó a Venus y a Marte, assi la rompiera
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 233
como si fuera de juncos marinos o de hilachas
de algodon.
Y, queriendo passar adelante y romperlo
todo, al improuisso se le ofrecieron delante,
saliendo de entre vnos arboles, dos hermosissimas 5
pastoras, a lo menos, vestidas como pastoras,
sino que los pellicos y sayas eran de fino
brocado, digo, que las sayas eran riquissimos
faldellines de tabi de oro. Traian los cabellos
sueltos por las espaldas, que en rubios podian 10
competir con los rayos del mismo sol; los
quales se coronauan con dos guirnaldas, de verde
laurel y de rojo amaranto texidas. La edad, al
parecer, ni baxaua de los quinze, ni passaua de
los diez y ocho. Vista fue esta que admiró a 15
Sancho, suspendio a don Quixote, hizo parar al
sol en su carrera para verlas, y tuuo en
marauilloso silencio a todos quatro; en fin, quien
primero habló fue vna de las dos zagalas, que
dixo a don Quixote: 20
Detened, señor cauallero, el paso, y no
rompais las redes; que no para daño vuestro,
sino para nuestro passatiempo ay estan
tendidas; y porque se que nos aueis de preguntar
para qué se han puesto, y quién somos, os lo 25
quiero dezir en breues palabras. En vna aldea
que está hasta dos leguas de aqui, donde ay
mucha gente principal y muchos hidalgos y
ricos, entre muchos amigos y parientes se
concerto que con (*) sus hijos, mugeres y hijas, 30
vezinos, amigos y parientes nos viniessemos a
holgar a este sitio, que es vno de los mas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 234
[a]gradables de todos estos contornos, formando
entre todos vna nueua y pastoril Arcadia,
vistiendonos las donzellas de zagalas, y los
mancebos de pastores; traemos estudiadas dos
eglogas, vna del famoso poeta Garcilasso, y 5
otra de[l] excelentissimo Camoes, en su misma
lengua portuguessa (*), las quales hasta agora
no hemos representado. Ayer fue el primero
dia que aqui llegamos; tenemos entre estos
ramos plantadas algunas tiendas que dizen se 10
llaman de campaña, en el margen de vn abundoso
arroyo que todos estos prados fertiliza;
tendimos la noche passada estas redes de estos
arboles, para engañar los simples paxarillos
que, oxeados con nuestro ruydo, vinieren a dar 15
en ellas. Si gustais, señor, de ser nuestro
huesped, sereis agasajado liberal y cortesmente;
porque por agora en este sitio no ha de entrar
la pessadumbre ni la melancolia.
Calló y no dixo mas. A lo que respondio don 20
Quixote:
Por cierto, hermosissima señora, que no
deuio de quedar mas suspenso ni admirado
Anteon (*), quando vio al improuiso bañarse en
las aguas a Diana, como yo he quedado atonito 25
en ver vuestra belleza. Alabo el assumpto
de vuestros entretenimientos, y el de vuestros
ofrecimientos agradezco, y si os puedo seruir,
con seguridad de ser obedecidas, me lo (*) podeis
mandar; porque no es [otra] (*) la profession 30
mia, sino de mostrarme agradecido y bienhechor
con todo genero de gente, en especial,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 235
con la principal que vuestras personas
representa[n], y si como estas redes, que deuen de
ocupar algun pequeño espacio, ocuparan toda
la redondez de la tierra, buscara yo nueuos
mundos por do passar, sin romperlas; y porque 5
deis algun credito a esta mi exageracion, ved
que os lo promete, por lo menos, don Quixote
de la Mancha, si es que ha llegado a vuestros
oydos este nombre.
¡Ay, amiga de mi alma, dixo entonces la 10
otra zagala, y qué ventura tan grande nos ha
sucedido! ¿Ves este señor que tenemos
delante? Pues hagote saber que es el mas
valiente y el mas enamorado (*) y el mas
comedido que tiene el mundo, si no es que nos 15
miente y nos engaña vna historia que de sus
hazañas anda impressa y yo he leydo. Yo
apostaré que este buen hombre que viene consigo
(*) es vn tal Sancho Pança, su escudero, a
cuyas gracias no ay ningunas que se le igualen. 20
Assi es la verdad, dixo Sancho; que yo
soy esse gracioso y esse escudero que vuessa
merced dize, y este señor es mi amo, el
mismo don Quixote de la Mancha historiado y
referido. 25
¡Ai!, dixo la otra, supliquemosle, amiga,
que se quede; que nuestros padres y nuestros
hermanos gustarán infinito dello; que tambien
he oido yo dezir de su valor y de sus gracias
lo mismo que tu me has dicho, y, sobre todo, 30
dizen del que es el mas firme y mas leal
enamorado que se sabe, y que su dama es vna
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236
tal Dulcinea del Toboso, a quien en toda
España la dan la palma de la hermosura.
Con razon se la dan, dixo don Quixote,
si ya no lo pone en duda vuestra sin igual
belleza; no os canseis, señoras, en detenerme, 5
porque las precissas obligaciones de mi
profession no me dexan repossar en ningun cabo.
Llegó en esto adonde los quatro estauan vn
hermano de vna de las dos pastoras, vestido
assimismo de pastor, con la riqueza y galas 10
que a las de las zagalas correspondia. Contaronle
ellas que el que con ellas estaua era el
valeroso don Quixote de la Mancha, y el otro
su escudero Sancho, de quien tenia el ya
noticia por auer leydo su historia. Ofreciosele 15
el gallardo pastor, pidiole que se viniesse con el
a sus tiendas; huuolo de conceder don Quixote,
y assi lo hizo.
Llegó, en esto, el oxeo, llenaronse las redes
de paxarillos diferentes, que, engañados de la 20
color de las redes caian en el peligro de que
yuan huyendo; juntaronse en aquel sitio mas
de treynta personas, todas biçarramente de
pastores y pastoras vestidas, y en vn instante
quedaron enteradas de quienes eran don 25
Quixote y su escudero, de que no poco contento
recibieron, porque ya tenian del noticia
por su historia. Acudieron a las tiendas,
hallaron las mesas puestas, ricas, abundantes y
limpias; honraron a don Quixote, dandole el 30
primer lugar en ellas; mirauanle todos y
admirauanse de verle.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 237
Finalmente, alçados los manteles, con gran
reposo alçó don Quixote la voz, y dixo:
Entre los pecados mayores que los hombres
cometen, aunque algunos dizen que es la
soberuia, yo digo que es el dessagradecimiento, 5
ateniendome a lo que suele dezirse: que de los
dessagradecidos está lleno el infierno. Este
pecado, en quanto me ha sido possible, he
procurado yo huyr desde el instante que tuue vso
de razon, y si no puedo pagar las buenas 10
obras que me hazen con otras obras, pongo
en su lugar los desseos de hazerlas, y quando
estos no bastan, las publico, porque quien dize
y publica las buenas obras que recibe, tambien
las recompensara con otras si pudiera; porque, 15
por la mayor parte los que reciben son inferiores
a los que dan, y, assi, es Dios sobre todos,
porque es dador sobre todos, y no pueden
corresponder las dadiuas del hombre a las de
Dios con igualdad, por infinita distancia; y esta 20
estrecheça y cortedad, en cierto modo, la suple
el agradecimiento. Yo, pues, agradecido a la
merced que aqui se me ha hecho, no pudiendo
corresponder a la misma medida, conteniendome
en los estrechos limites de mi poderio, 25
ofrezco lo que puedo y lo que tengo de mi
cosecha, y, assi, digo, que sustentaré dos dias
naturales, en metad de esse camino real que
va a Zaragoça, que estas señoras zagalas
contrahechas que aqui estan son las mas hermosas 30
donzellas, y mas cortesses, que ay en el mundo,
exceta[n]do solo a la sin par Dulcinea del
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 238
Toboso, vnica señora de mis pensamientos, con
paz sea dicho de quantos y quantas me
escuchan.
Oyendo lo qual Sancho, que con grande
atencion le auia estado escuchando, dando 5
vna gran voz, dixo:
¿Es possible que aya en el mundo personas
que se atreuan a dezir y a jurar que este mi
señor es loco? Digan vuessas mercedes señores
pastores, ¿ay cura de aldea, por discreto y por 10
estudiante que sea, que pueda dezir lo que mi
amo ha dicho, ni ay cauallero andante, por mas
fama que tenga de valiente, que pueda ofrecer
lo que mi amo aqui ha ofrecido?
Boluiose don Quixote a Sancho, y, 15
encendido el rostro, y colerico, le dixo:
¿Es possible, o Sancho, que aya en todo el
orbe alguna persona que diga que no eres
tonto, aforrado de lo mismo, con no se qué
ribetes de malicioso y de bellaco? ¿Quién te 20
mete a ti en mis cosas, y en aueriguar si soy
discreto o maxadero? Calla y no me repliques,
sino ensilla, si está dessensillado Rocinante;
vamos a poner en efecto mi ofrecimiento; que
con la razon que va de mi parte, puedes dar 25
por vencidos a todos quantos quisieren
contradezirla.
Y con gran furia y muestras de enojo se
leuantó de la silla, dexando admirados a los
circunstantes, haziendoles dudar si le podian 30
tener por loco, o por cuerdo. Finalmente,
auiendole persuadido que no se pusiesse en tal
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 239
demanda, que ellos dauan por bien conocida su
agradecida voluntad, y que no eran menester
nueuas demostraciones para conocer su animo
valeroso, pues bastauan las que en la historia
de los hechos se referian, con todo esto, salio 5
don Quixote con su intencion, y, puesto sobre
Rocinante, embraçando su escudo y tomando
su lança, se puso en la mitad de vn real camino
que no lexos del verde prado estaua. Siguiole
Sancho sobre su ruzio, con toda la gente del 10
pastoral rebaño, desseosos de ver en qué
paraua su arrogante y nunca visto ofrecimiento.
Puesto, pues, don Quixote en mitad del
camino, como os he dicho, hirio el ayre con
semejantes palabras: 15
¡O vosotros, passageros y viandantes,
caualleros, escuderos, gente de a pie y de a cauallo
que por este camino passais o aueis de passar
en estos dos dias siguientes, sabed que don
Quixote de la Mancha, cauallero andante, está 20
aqui puesto para defender que a todas las
hermosuras y cortesias del mundo exceden las que
se encierran en las ninfas habitadoras destos
prados y bosques, dexando a vn lado a la
señora de mi alma, Dulcinea del Toboso. Por 25
esso, el que fuere de parecer contrario, acuda;
que aqui le espero!
Dos vezes repitio estas mismas razones, y
dos vezes no fueron oydas de ningun
auenturero. Pero la suerte, que sus cosas yua 30
encaminando de mejor en mejor, ordenó, que de
alli a poco se descubriesse por el camino
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240
muchedumbre de hombres de a cauallo, y muchos
dellos con lanças en las manos, caminando
todos apiñados de tropel y a gran priessa.
No los huuieron bien visto los que con don
Quixote estauan, quando (*) boluiendo las 5
espaldas se apartaron bien lexos del camino;
porque conocieron que si esperauan les podia
suceder algun peligro. Solo don Quixote, con
intrepido coraçon, se estuuo quedo, y Sancho
Pança se escudó con las hancas de Rocinante. 10
Llegó el tropel de los lanceros, y vno dellos
que venia mas delante, a grandes vozes
començo a dezir a don Quixote:
¡Apartate, hombre del diablo, del camino;
que te haran pedaços estos toros! 15
¡Ea, canalla, respondio don Quixote, para
mi no ay toros que valgan, aunque sean de los
mas brauos que cria Xarama en sus riberas!
Confessad, malandrines, assi, a carga cerrada,
que es verdad lo que yo aqui he publicado; si 20
no, conmigo sois en batalla.
No tuuo lugar de responder el baquero, ni
don Quixote le tuuo de desuiarse, aunque quisiera;
y, assi, el tropel de los toros brauos y el
de los mansos cabestros, con la multitud de 25
los baqueros y otras gentes que a encerrar los
lleuauan a vn lugar donde otro dia auian de
correrse, passaron sobre don Quixote y sobre
Sancho, Rocinante y el ruzio, dando con todos
ellos en tierra, echandole (*) a rodar por el 30
suelo. Quedó molido Sancho, espantado don
Quixote, aporreado el ruzio y no muy catolico
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 241
Rocinante; pero, en fin, se (*) leuantaron todos,
y don Quixote a gran priessa, tropeçando aqui
y cayendo alli, començo a correr tras la vacada,
diziendo a vozes:
¡Deteneos y esperad, canalla malandrina; 5
que vn solo cauallero os espera, el qual no
tiene condicion, ni es de parecer de los que
dizen que al enemigo que huye, hazerle la
puente de plata!
Pero no por esso se detuuieron los apressurados 10
corredores, ni hizieron mas caso de sus
amenazas que de las nubes de antaño.
Detuuole el cansa[n]cio a don Quixote, y mas
enojado que vengado se sento en el camino,
esperando a que Sancho, Rocinante y el ruzio 15
llegassen. Llegaron, boluieron a subir amo y
moço, y sin boluer a despedirse de la Arcadia
fingida o contrahecha y, con mas verguença
que gusto, siguieron su camino.
p. 242
Capitulo LIX
Donde se cuenta del extraordinario sucesso,
que se puede tener por auentura, que le
sucedio a don Quixote.
Al poluo y al cansancio que don Quixote y 5
Sancho sacaron del descomedimiento de los
toros socorrio vna fuente clara y limpia que
entre vna fresca arboleda hallaron, en el
margen de la qual, dexando libres sin xaquima y
freno al ruzio y a Rocinante, los dos 10
assendereados amo y moço se sentaron; acudio Sancho
a la reposteria de sus alforjas, y dellas sacó de
lo que el solia llamar condumio; enxuagose la
boca, lauose don Quixote el rostro, con cuyo
refrigerio cobraron aliento los espiritus 15
desalentados. No comia don Quixote de puro
pessaroso, ni Sancho no ossaua tocar a los
manjares que delante tenia, de puro comedido, y
esperaua a que su señor hiziesse la salua (*);
pero viendo que, lleuado de sus imaginaciones, 20
no se acordaua de lleuar el pan a la boca, no
abrio la suya (*), y, atropellando por todo
genero de criança, començo a embaular en el
estomago el pan y queso que se le ofrecia.
Come, Sancho amigo, dixo don Quixote; 25
sustenta la vida, que mas que a mi te importa,
y dexame morir a mi a manos de mis
pensamientos y a fuerças de mis desgracias. Yo,
Sancho, naci para viuir muriendo, y tu para
morir comiendo, y porque veas que te digo 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 243
verdad en esto, considerame impresso en
historias, famoso en las armas, comedido en mis
acciones, respetado de principes, solicitado de
donzellas; al cabo al cabo quando esperaua
palmas, triunfos y coronas grangeadas y 5
merecidas por mis valerosas hazañas, me he visto
esta mañana pisado y acoceado y molido de
los pies de animales inmundos y soeces. Esta
consideracion me embota los dientes, entorpece
la[s] muelas, y entomece las manos y quita 10
de todo en todo la gana del comer, de manera,
que pienso dexarme morir de hambre: muerte
la mas cruel de las muertes.
Dessa manera, dixo Sancho, sin dexar de
mascar apriessa, no aprouará vuessa merced 15
aquel refran que dizen: «muera Marta, y muera
»harta»; yo, a lo menos, no pienso matarme
a mi mismo. Antes pienso hazer como el çapatero,
que tira el cuero con los dientes hasta que
le haze llegar donde el quiere; yo tiraré mi 20
vida comiendo hasta que llegue al fin que le
tiene determinado el cielo, y sepa, señor, que
no ay mayor locura que la que toca en querer
desesperarse como vuessa merced, y creame y
despues de comido, echese a dormir vn poco 25
sobre los colchones verdes destas yeruas, y
vera como quando despierte se halla algo mas
aliuiado.
Hizolo assi son Quixote, pareciendole que
las razones de Sancho mas eran de filosofo 30
que de mentecato, y dixole:
Si tu, o Sancho, quisiesses hazer por mi lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244
que yo aora te dire, serian mis aliuios mas
ciertos y mis pesadumbres no tan grandes, y
es que mientras yo duermo, obedeciendo tus
consejos, tu te desuiasses vn poco lexos de
aqui, y con las riendas de Rozinante, echando 5
al ayre tus carnes, te diesses trecientos o
quatrocientos açotes a buena cuenta de los tres
mil y tantos que te has de dar por el desencanto
de Dulcinea; que es lastima no pequeña que
aquella pobre señora esté encantada por tu 10
descuydo y negligencia.
Ay mucho que dezir en esso, dixo Sancho;
durmamos por aora entrambos, y despues,
Dios dixo lo que sera. Sepa vuessa merced
que esto de açotarse vn hombre a sangre fria 15
es cosa rezia, y mas si caen los açotes sobre
vn cuerpo mal sustentado y peor comido; tenga
paciencia mi señora Dulcinea; que quando
menos se cate, me vera hecho vna criua, de
açotes; y hasta la muerte todo es vida, quiero 20
dezir que aun yo la tengo, junto con el desseo
de cumplir con lo que he prometido.
Agradeciendoselo don Quixote, comio algo,
y Sancho mucho, y echaronse a dormir
entrambos, dexando a su aluedrio y sin orden 25
alguna pacer del abundosa yerua de que
aquel prado estaua lleno a los dos continuos
compañeros y amigos Rozinante y el ruzio.
Despertaron algo tarde, boluieron a subir y a
seguir su camino, dandose priessa para llegar 30
a vna venta, que, al parecer, vna legua de alli
se descubria: digo que era venta, porque don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 245
Quixote la llamó assi, fuera del vso que tenia
de llamar a todas las ventas castillos.
Llegaron, pues, a ella, preguntaron al huesped
si auia posada. Fueles respondido que si,
con toda la comodidad y regalo que pudiera 5
hallar en Zaragoça. Apearonse, y recogio Sancho
su reposteria en vn aposento, de quien el
huesped le dio la llaue; lleuó las bestias a la
caualleriza, echoles sus piensos, salio a ver lo
que don Quixote, que estaua sentado sobre vn 10
poyo, le mandaua, dando particulares gracias
al cielo de que a su amo no le huuiesse
parecido castillo aquella venta.
Llegose la hora del cenar, recogieronse a su
estancia. Preguntó Sancho al huesped que qué 15
tenia para darles de cenar. A lo que el
huesped respondio que su boca seria medida, y,
assi, que pidiesse lo que quisiesse; que de las
paxaricas del ayre, de las aues de la tierra y
de los pescados del mar estaua proueyda 20
aquella venta.
No es menester tanto, respondio Sancho;
que con vn par de pollos que nos assen,
tendremos lo suficiente, porque mi señor es
delicado y come poco, y yo no soy traganton en 25
demasia.
Respondiole el huesped que no tenia pollos,
porque los milanos los tenian asolados.
Pues mande el señor huesped, dixo
Sancho, assar vna polla que sea tierna. 30
¿Polla? ¡Mi padre!, respondio el huesped;
en verdad en verdad que enbie ayer a la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246
ciudad a vender mas de cincuenta; pero fuera
de pollas pida vuessa merced lo que quisiere.
Dessa manera, dixo Sancho, no faltará
ternera o cabrito.
En casa, por aora, respondio el huesped, 5
no lo ay, porque se ha acabado; pero la
semana que viene lo aura de sobra.
¡Medrados estamos con esso!, respondio
Sancho; yo pondre que se (*) vienen a resumirse
todas estas faltas en las sobras que deue 10
de auer de tocino y hueuos.
Por Dios, respondio el huesped, que es
gentil relente el que mi huesped tiene, pues
hele dicho que ni tengo pollas ni gallinas, y
quiere que tenga hueuos; discurra, si quisiere, 15
por otras delicadezas, y dexese de pedir
gallinas.
Resoluamonos, cuerpo de mi, dixo Sancho,
y digame finalmente lo que tiene, y dexese
de discurrimientos, señor huesped (*). 20
Dixo el ventero:
Lo que real y verdaderamente tengo son
dos vñas de vaca que parecen manos de ternera,
o dos manos de ternera que parecen vñas
de vaca; estan cozidas, con sus garuanços, 25
cebollas y tozino, y la hora de aora estan
diziendo: «¡Coméme, coméme!».
Por mias las marco desde aqui, dixo Sancho,
y nadie las toque; que yo las pagaré mejor
que otro, porque para mi ninguna otra cosa 30
pudiera esperar de mas gusto, y no se me daria
nada que fuessen manos como fuessen vñas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 247
Nadie las tocará, dixo el ventero, porque
otros huespedes que tengo, de puro principales,
traen consigo cozinero, despensero y
reposteria.
Si por principales va, dixo Sancho, 5
ninguno mas que mi amo; pero el oficio que el
trae no permite despensas ni botillerias; ai nos
tendemos en mitad de vn prado, y nos
hartamos de bellotas o de nisperos.
Esta fue la platica que Sancho tuuo con el 10
ventero, sin querer Sancho passar adelante en
responderle; que ya le auia preguntado qué
oficio o qué exercicio era el de su amo.
Llegose, pues, la hora de (*) cenar, recogiose
a su estancia don Quixote, truxo el huesped la 15
olla assi como estaua, y sentose a cenar muy
de proposito. Parece ser que en otro aposento
que junto al de don Quixote estaua, que no le
diuidia mas que vn sutil tabique, oyo dezir don
Quixote: 20
Por vida de vuessa merced, señor don
Geronimo, que en tanto que trae (*) la cena
leamos otro capitulo de la Segunda parte de don
Quixote de la Mancha.
Apenas oyo su nombre don Quixote, quando 25
se puso en pie, y con oydo alerto escuchó
lo que del tratauan, y oyo que el tal don
Geronimo referido respondio:
¿Para qué quiere vuessa merced, señor don
Iuan, que leamos estos disparates [si] (*) el 30
que huuiere leydo la primera parte de la
historia de don Quixote de la Mancha no es
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248
possible que pueda tener gusto en leer esta
segunda?
Con todo esso, dixo el don Iuan, sera
bien leerla, pues no ay libro tan malo que no
tenga alguna cosa buena. Lo que a mi en este 5
mas desplaze es que pinta a don Quixote ya
desenamorado de Dulcinea del Toboso.
Oyendo lo qual don Quixote, lleno de ira y
de despecho, alçó la voz, y dixo:
Quienquiera que dixere que don Quixote 10
de la Mancha ha oluidado, ni puede oluidar, a
Dulcinea del Toboso, yo le hare entender con
armas yguales que va muy lexos de la verdad,
porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede
ser oluidada, ni en don Quixote puede caber 15
oluido. Su blason es la firmeza, y su profession
el guardarla con suauidad y sin hazerse
fuerça alguna.
¿Quién es el que nos responde?,
respondieron del otro aposento. 20
¿Quién ha de ser, respondio Sancho, sino
el mismo don Quixote de la Mancha, que hara
bueno quanto ha dicho, y aun quanto dixere?;
que al buen pagador no le duelen prendas.
Apenas huuo dicho esto Sancho, quando entraron 25
por la puerta de su aposento dos caualleros,
que tales lo parecian, y vno dellos, echando
los braços al cuello de don Quixote, le dixo:
Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro
nombre, ni vuestro nombre puede no acreditar 30
vuestra presencia; sin duda vos, señor,
soys el verdadero don Quixote de la Mancha,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 249
norte y luzero de la andante caualleria, a
despecho y pesar del que ha querido vsurpar
vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas,
como lo ha hecho el autor deste libro que aqui
os entrego. 5
Y, poniendole vn libro en las manos, que
traia su compañero, le tomó don Quixote, y,
sin responder palabra, començo a hojearle, y
de alli a vn poco se le boluio, diziendo:
En esto poco que he visto he hallado tres 10
cosas en este autor, dignas de reprehension.
La primera es algunas palabras que he leydo
en el prologo. La otra, que el lenguage es aragones,
porque tal vez escriue sin articulos (*); y
la tercera, que mas le confirma por ignorante, 15
es que yerra y se desuia de la verdad en lo
mas principal de la historia, porque aqui dize
que la muger de Sancho Pança mi escudero se
llama Mari Gutierrez (*), y no llama (*) tal, sino
Teresa Pança; y quien en esta parte tan 20
principal yerra, bien se podra temer que yerra en
todas las demas de la historia.
A esto dixo Sancho:
¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto,
bien deue de estar en el cuento de nuestros 25
sucessos, pues llama a Teresa Pança, mi
muger, Mari Gutierrez! Torne a tomar el libro,
señor, y mire si ando yo por ay, y si me ha
mudado el nombre.
Por lo que he oydo hablar, amigo, dixo 30
don Geronimo, sin duda deueis de ser Sancho
Pança, el escudero del señor don Quixote.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 250
Si soy, respondio Sancho, y me precio
dello.
Pues a fe, dixo el cauallero, que no os
trata este autor moderno con la limpieça que
en vuestra persona se muestra: pintaos comedor 5
y simple, y no nada gracioso, y muy otro
del Sancho que en la primera parte de la
historia de vuestro amo se descriue.
Dios se lo perdone, dixo Sancho; dexarame
en mi rincon, sin acordarse de mi, porque 10
quien las sabe las tañe, y bien se está San
Pedro en Roma.
Los dos caualleros pidieron a don Quixote
se passasse a su estancia a cenar con ellos;
que bien sabian que en aquella venta no auia 15
cosas pertenecientes para su persona. Don
Quixote, que siempre fue comedido, condecendio
con su demanda, y cenó con ellos; quedose
Sancho con la olla con mero mixto imperio (*);
sentose en cabecera de mesa, y con el el 20
ventero, que no menos que Sancho estaua de sus
manos y de sus vñas aficionado.
En el discurso de la cena preguntó don Iuan
a don Quixote qué nueuas tenia de la señora
Dulcinea del Toboso, si se auia casado, si 25
estaua parida o preñada, o si estando en su
entereza se acordaua --guardando su honestidad
y buen decoro--, de los amorosos pensamientos
del señor don Quixote. A lo que el
respondio: 30
Dulcinea se está entera, y mis pensamientos
mas firmes que nunca; las correspondencias,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 251
en su sequedad antigua; su hermosura,
en la de vna soez labradora transformada.
Y luego les fue contando punto por punto
el encanto de la señora Dulcinea, y lo que le
auia sucedido en la cueua de Montesinos, con 5
la orden que el sabio Merlin le auia dado, para
desencantarla, que fue la de los açotes de
Sancho.
Sumo fue el contento que los dos caualleros
recibieron de oyr contar a don Quixote los 10
estraños sucessos de su historia, y, assi,
quedaron admirados de sus disparates, como del
elegante modo con que los contaua. Aqui le tenian
por discreto, y alli se les deslizaua por
mentecato, sin saber determinarse qué grado le 15
darian entre la discrecion y la locura.
Acabó de cenar Sancho, y, dexando hecho
equis (*) al ventero, se passó a la estancia de
su amo, y, en entrando, dixo:
Que me maten, señores, si el autor deste 20
libro que vuessas mercedes tienen [no] quiere
que no comamos (*) buenas migas juntos; yo
querria que ya que me llama comilon, como
vuessas [mercedes] dizen, no me llamasse
tambien borracho. 25
Si llama, dixo don Geronimo; pero no
me acuerdo en qué manera, aunque se que son
malsonantes las razones, y ademas, mentirosas,
segun yo echo de ver en la fisonomia del
buen Sancho, que está presente. 30
Creanme vuessas mercedes, dixo Sancho,
que el Sancho y el don Quixote dessa historia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252
deuen de ser otros que los que andan en
aquella que compuso Cide Hamete Benengeli, que
somos nosotros: mi amo, valiente, discreto y
enamorado, y yo, simple, gracioso, y no
comedor ni borracho. 5
Yo assi lo creo, dixo don Iuan, y si fuera
possible, se auia de mandar que ninguno fuera
osado a tratar de las cosas del gran don Quixote,
si no fuesse Cide Hamete su primer autor;
bien assi como mandó Alexandro que ninguno 10
fuesse osado a retratarle sino Apeles.
Retrateme el que quisiere, dixo don
Quixote, pero no me maltrate; que muchas vezes
suele caerse la paciencia quando la cargan de
injurias. 15
Ninguna, dixo don Iuan, se le puede
hazer al señor don Quixote, de quien el no se
pueda vengar, si no la repara en el escudo de
su paciencia, que, a mi parecer, es fuerte y
grande. 20
En estas y otras platicas se passó gran parte
de la noche, y aunque don Iuan quisiera que
don Quixote leyera mas del libro, por ver lo
que discantaua, no lo pudieron acabar con el,
diziendo que el lo daua por leydo y lo 25
confirmaua por todo necio, y que no queria, si
acaso llegasse a noticia de su autor que le auia
tenido en sus manos, se alegrasse con pensar
que le auia leydo, pues de las cosas obscenas
y torpes los pensamientos se han de apartar, 30
quanto mas los ojos. Preguntaronle que adónde
lleuaua determinado su viage. Respondio que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 253
a Zaragoça a hallarse en las justas del arnes
que en aquella ciu[d]ad suelen hazerse todos
los años. Dixole don Iuan que aquella nueua
historia contaua como do[n] Quixote, sea
quien se quisiere, se auia hallado en ella en 5
vna sortija falta de inuencion, pobre de letras,
pobrissima de libreas, aunque rica de
simplicidades.
Por el mismo caso, respondio don Quixote,
no pondre los pies en Zaragoça, y, assi, 10
sacaré a la plaça del mundo la mentira desse
historiador moderno, y echarán de ver las
gentes como yo no soy el don Quixote que el
dize.
Hara muy bien, dixo don Geronimo; y 15
otras justas ay en Barcelona, donde podra el
señor don Quix[o]te mostrar su valor.
Assi lo pienso hazer, dixo don Quixote,
y vuessas mercedes me den licencia, pues ya
es hora, para yrme al lecho, y me tengan y 20
pongan en el numero de sus mayores amigos
y se[r]uidores.
Y a mi tambien, dixo Sancho; quiça sere
bueno para algo.
Con esto, se despidieron, y don Quixote y 25
Sancho se retiraron a su aposento, dexando a
don Iuan y a don Geronimo admirados de ver
la mezcla que auia hecho de su discrecion y
de su locura, y verdaderamente creyeron que
estos eran los verdaderos don Quixote y Sancho, 30
y no los que descriuia su autor aragones.
Madrugó don Quixote, y, dando golpes al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254
tabique del otro aposento, se despidio de sus
huespedes; pagó Sancho al ventero
magnificamente, y aconsejole que alabasse menos
la prouision de su venta, o la tuuiesse mas
proueyda. 5
p. 255
Capitulo LX
De lo que sucedio a don Quixote yendo
a Barcelona.
Era fresca la mañana, y daua muestras de
serlo assimesmo el dia en que don Quixote 5
salio de la venta, informandose primero quál
era el mas derecho camino para yr a Barcelona,
sin tocar en Zaragoça; tal era el desseo que
tenia de sacar mentiroso aquel (*) nueuo
historiador que tanto dezian que le vituperaua. 10
Sucedio, pues, que en mas de seys dias no
le sucedio cosa digna de ponerse en escritura,
al cabo de los quales, yendo fuera de camino,
le tomó la noche entre vnas espessas encinas, o
alcornoques; que en esto no guarda la 15
puntualidad Cide Hamete que en otras cosas suele.
Apearonse de sus bestias amo y moço, y
acomodandose a los troncos de los arboles,
Sancho, que auia merendado aquel dia, se dexó
entrar de rondon por las puertas del sueño, 20
pero don Quixote, a quien desuelauan sus
imaginaciones mucho mas que la hambre, no podia
pegar sus ojos, antes yua y venia con el
pensamiento por mil generos de lugares. Ya le
parecia hallarse en la cueua de Montesinos (*); ya 25
ver brincar y subir sobre su pollina a la
conuertida en labradora Dulcinea; ya que le sonauan
en los oydos las palabras del sabio Merlin, que
le referian las condiciones y diligencias que se
auian [de] hazer (*) y tener en el desencanto de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256
Dulcinea. Desesperauase de ver la floxedad y
caridad poca de Sancho su escudero, pues, a lo
que creia, solos cinco açotes se auia dado,
numero desigual y pequeño para los infinitos que
le faltauan, y desto recibio tanta pesadumbre 5
y enojo, que hizo este discurso:
Si nudo gordiano cortó el Magno Alexandro,
diziendo: «Tanto monta cortar como desatar»,
»y no por esso dexó de ser vniuersal
señor de toda la Asia, ni mas ni menos podria 10
suceder aora en el desencanto de Dulcinea, si
yo açotasse a Sancho a pesar suyo; que si la
condicion deste remedio está en que Sancho
reciba los tres mil y tantos açotes, ¿qué se me
da a mi que se los de el, o que se los de otro, 15
pues la sustancia está en que el los reciba,
lleguen por do llegaren?
Con esta imaginacion se llegó a Sancho,
auiendo primero tomado las riendas de
Rozinante, y, acomodadolas en modo que pudiesse 20
açotarle con ellas, començole a quitar las
cintas, que es opinion que no tenia mas que la
delantera, en que se sustentauan los
greguescos; pero apenas huuo llegado, quando
Sancho desperto en todo su acuerdo, y dixo: 25
¿Qué es esto? ¿Quién me toca y desencinta?
Yo soy, respondio don Quixote, que vengo
a suplir tus faltas y a remediar mis trabajos;
vengote a açotar, Sancho, y a descargar en
parte la deuda a (*) que te obligaste. Dulcinea 30
perece, tu viues en descuydo, yo muero desseando,
y, assi, desatacate por tu voluntad; que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 257
la mia es de darte en esta soledad por lo
menos dos mil açotes.
Esso no, dixo Sancho; vuessa merced se
esté quedo: si no, por Dios verdadero que nos
han de oyr los sordos. Los açotes a que yo me 5
obligué han de ser voluntarios, y no por fuerça,
y aora no tengo gana de açotarme. Basta que
doy a vuessa merced mi palabra de vapularme
y mosquearme quando en voluntad me
viniere. 10
No ay dexarlo a tu cortesia, Sancho, dixo
don Quixote, porque eres duro de coraçon, y
aunque villano, blando de carnes.
Y, assi, procuraua, y pugnaua por desenlazarle.
Viendo lo qual Sancho Pança, se puso en 15
pie, y, arremetiendo a su amo, se abraçó con
el a braço partido, y, echa[n]dole vna çan[ca]dilla,
dio con el en el suelo boca arriba; pusole la
rodilla derecha sobre el pecho, y con las manos
le tenia las manos, de modo que ni le dexaua 20
rodear ni alentar. Don Quixote le dezia:
¿Cómo, traydor? ¿Contra tu amo y señor
natural te desmandas? ¿Con quien te da su pan
te atreues?
Ni quito rey, ni pongo rey (*), respondio 25
Sancho, sino ayudome a mi, que soy mi señor.
Vuessa merced me prometa que se estara quedo
y no tratará de açotarme por agora; que yo
le dexaré libre y desembaraçado; donde no,
aqui moriras, traydor, 30
enemigo de doña Sancha (*).
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258
Prometioselo don Quixote, y juró por vida de
sus pensamientos no tocarle en el pelo de la
ropa, y que dexaria en toda su voluntad y
aluedrio el açotarse quando quisiesse. Leuantose
Sancho, y desuiose de aquel lugar vn buen 5
espacio, y, yendo a arrimarse a otro arbol,
sintio que le tocauan en la cabeça, y, alçando las
manos, topó con dos pies de persona, con
çapatos y calças. Temblo de miedo, acudio a otro
arbol y sucediole lo mesmo; dio vozes, llamando 10
a don Quixote que le fauoreciesse. Hizolo (*)
assi don Quixote, y, preguntandole qué le auia
sucedido y de qué tenia miedo, le respondio
Sancho que todos aquellos arboles estauan
llenos de pies y de piernas humanas. Tentolos 15
don Quixote, y cayo luego en la cuenta de lo
que podia ser, y dixole a Sancho:
No tienes de qué tener miedo, porque estos
pies y piernas que tientas y no vees, sin duda
son de algunos foragidos y vandoleros que en 20
estos arboles estan ahorcados; que por aqui los
suele ahorcar la justicia, quando los coge, de
veynte en veynte, y de treynta en treynta, por
donde me doy a entender que deuo de estar
cerca de Barcelona. 25
Y assi era la verdad, como el lo auia
imaginado.
Al parecer (*), alçaron los ojos y vieron los
razimos de aquellos arboles, que eran cuerpos
de vandoleros. Ya, en esto, amanecia, y si los 30
muertos los auian espantado, no menos los
atribularon mas de quarenta vandoleros viuos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 259
que de improuiso les rodearon, diziendoles en
lengua catalana que estuuiessen quedos y se
detuuiessen, hasta que llegasse su capitan.
Hallose don Quixote a pie, su cauallo sin
freno, su lança arrimada a vn arbol, y, 5
finalmente, sin defensa alguna, y, assi, tuuo por
bien de cruzar las manos e inclinar la cabeça,
guardandose para mejor sazon y coyuntura.
Acudieron los vandoleros a espulgar al ruzio,
y a no dexarle ninguna cosa de quantas en las 10
a[l]forjas y la maleta traia, y auinole bien a
Sancho, que en vna ventrera (*) que tenia ceñida
venian los escudos del duque y los que auian
sacado de su tierra; y con todo esso, aquella
buena gente le escardara y le mirara hasta lo 15
que entre el cuero y la carne tuuiera escondido,
si no llegara en aquella sazon su capitan, el
qual mostro ser de hasta edad de treynta y
quatro años, robusto, mas que de mediana
proporcion, de mirar graue y color morena. 20
Venia sobre vn poderoso cauallo, vestida la
acerada cota, y con quatro pistoletes, que en
aquella tierra se llaman pedreñales, a los lados.
Vio que sus escuderos, que assi llaman a los
que andan en aquel exercicio, yuan a despojar 25
a Sancho Pança; mandoles que no lo hiziessen,
y fue luego obedecido, y, assi, se escapó la
ventrera (*). Admirole ver lança arrimada al
arbol, escudo en el suelo, y a don Quixote
armado y pensatiuo, con la mas triste y 30
melancolica figura que pudiera formar la misma
tristeza. Llegose a el, diziendole:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260
No esteis tan triste, buen hombre, porque no
aueis caydo en las manos de algun cruel Osiris
(*), sino en las de Roque Guinart (*), que
tienen mas de compassiuas que de rigurosas.
No es mi tristeza, respondio don Quixote, 5
auer caydo en tu poder, o valeroso Roque,
cuya fama no ay limites en la tierra que la
encierren, sino por auer sido tal mi descuydo,
que me ayan cogido tus soldados sin el freno,
estando yo obligado, segun la orden de la 10
andante caualleria, que professo, a viuir contino
alerta, siendo a todas horas centinela de mi
mismo; porque te hago saber, o gran Roque,
que si me hallaran sobre mi cauallo, con mi
lança y con mi escudo, no les fuera muy facil 15
rendirme: porque yo soy don Quixote de la
Mancha, aquel que de sus hazañas tiene lleno
todo el orbe.
Luego Roque Guinart conocio que la
enfermedad de don Quixote tocaua mas en locura 20
que en valentia, y aunque algunas vezes le
auia oydo nombrar, nunca tuuo por verdad sus
hechos, ni se pudo persuadir a que semejante
humor reynase en coraçon de hombre, y
holgose en estremo de auerle encontrado, para 25
tocar de cerca lo que de lexos del auia oydo,
y, assi, le dixo:
Valeroso cauallero, no os despecheis, ni
tengais a siniestra fortuna esta en que os
hallais; que podia ser que en estos tropieços 30
vuestra torcida suerte se endereçasse; que el
cielo, por estraños y nunca vistos rodeos, de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 261
los hombres no imaginados, suele leuantar los
caydos y enriquezer los pobres.
Ya le yua a dar las gracias don Quixote,
quando sintieron a sus espaldas vn ruydo
como de tropel de cauallos, y no era sino vno 5
solo, sobre el qual venia a toda furia vn
mancebo, al parecer, de hasta veynte años, vestido
de damasco verde, con passamanos de oro,
greguescos y saltaembarca (*), con sombrero
terciado a la balona, botas enceradas y justas, 10
espuelas, daga y espada doradas, vna escopeta
pequeña en las manos y dos pistolas a los
lados. Al ruydo, boluio Roque la cabeça y vio
esta hermosa figura, la qual, en llegando a
el, dixo: 15
En tu busca venia, o valeroso Roque, para
hallar en ti, si no remedio, a lo menos aliuio en
mi desdicha, y por no tenerte suspenso, porque
se que no me has conocido, quiero dezirte
quién soy; y (*) soy Claudia Geronima, hija de 20
Simon Forte, tu singular amigo, y enemigo
particular de Clauquel Torrellas, que assimismo lo
es tuyo por ser vno de los de tu contrario vando;
y ya sabes que este Torrellas tiene vn hijo
que don Vicente Torrellas se llama, o, a lo 25
menos, se llamaua no ha dos horas. Este, pues
--por abreuiar el cuento de mi desuentura, te
dire en breues palabras la que me ha causado--,
viome, requebrome, escuchele, enamoreme
a hurto de mi padre, porque no ay muger, 30
por retirada que esté y recatada que sea, a quien
no le sobre tiempo para poner en execucion y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262
efecto sus atropellados desseos. Finalmente, el
me prometio de ser mi esposo, y yo le di la
palabra de ser suya, sin que en obras passassemos
adelante. Supe ayer que, oluidado de lo que
me deuia, se casaua con otra, y que esta 5
mañana yua a desposarse, nueua que me turbó el
sentido y acabó la paciencia; y, por no estar mi
padre en el lugar, le tuue yo de ponerme en el
trage que vees, y, apresurando el paso a este
cauallo, alcançé a don Vicente obra de vna 10
legua de aqui, y, sin ponerme a dar quexas ni a
oyr disculpas, le disparé esta escopeta (*), y,
por añadidura estas dos pistolas, y a lo que creo
le deui de encerrar mas de dos balas en el
cuerpo, abriendole puertas por donde embuelta 15
en su sangre saliesse mi honra. Alli le dexo
entre sus criados, que no osaron ni pudieron
ponerse en su defensa. Vengo a buscarte para
que me passes a Francia, donde tengo parientes
con quien viua, y, assimesmo, a rogarte 20
defiendas a mi padre, porque los muchos (*) de
don Vicente no se atreuan a tomar en el
desaforada vengança.
Roque, admirado de la gallardia, bizarria,
buen talle y sucesso de la hermosa Claudia, 25
le dixo:
Ven, señora, y vamos a ver si es muerto tu
enemigo; que despues veremos lo que mas te
importare.
Don Quixote que estaua escuchando 30
atentamente lo que Claudia auia dicho y lo que
Roque Guinart respondio, dixo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 263
No tiene nadie para qué tomar trabajo en
defender a esta señora; que lo tomo yo a mi
cargo. Denme mi cauallo y mis armas, y
esperrenme aqui; que yo yre a buscar a esse
cauallero y, muerto o viuo, le hare cumplir la 5
palabra prometida a tanta belleza.
Nadie dude de esto, dixo Sancho, porque
mi señor tiene muy buena mano para
casamentero, pues no ha muchos dias que hizo
casar a otro que tambien negaua a otra donzella 10
su palabra, y si no fuera porque los encantadores
que le persiguen le mudaron su verdadera
figura en la de vn lacayo, esta fuera la
hora que ya la tal donzella no lo fuera.
Roque, que atendia mas a pensar en el sucesso 15
de la hermosa Claudia que en las razones
de amo y moço, no las entendio; y, mandando
a sus escuderos que boluiessen a Sancho
todo quanto le auian quitado del ruzio,
mandandoles assimesmo que se retirassen a la 20
parte donde aquella noche auian estado aloxados,
y (*) luego se partio con Claudia a toda priessa
a buscar al herido o muerto don Vicente.
Llegaron al lugar donde le encontro Claudia, y no
hallaron en el sino rezien derramada sangre; 25
pero tendiendo la vista por todas partes,
descubrieron por vn recuesto arriba alguna gente, y
dieronse a entender, como era la verdad, que deuia
ser don Vicente, a quien sus criados, o muerto
o viuo, lleuauan, o para curarle o para enterrarle; 30
dieronse priessa a alcançarlos, que, como
yuan de espacio, con facilidad lo hizieron (*).
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 264
Hallaron a don Vicente en los braços de sus
criados, a quien con cansada y debilitada voz
rogaua que le dexassen alli morir, porque el
dolor de las heridas no consentia que mas
adelante passasse. Arrojaronse de los cauallos 5
Claudia y Roque, llegaronse a el; temieron los
criados la presencia de Roque, y Claudia se
turbó en ver la de don Vicente, y, assi, entre
enternecida y rigurosa se llegó a el, y,
assiendole de las manos, le dixo: 10
Si tu me dieras estas conforme a nuestro
concierto, nunca tu te vieras en este paso.
Abrio los casi cerrados ojos el herido
cauallero, y, conociendo a Claudia, le dixo:
Bien veo, hermosa y engañada señora, que 15
tu has sido la que me has muerto, pena no
merecida ni deuida a mis desseos, con los
quales, ni con mis obras, jamas quise ni supe
ofenderte.
Luego, ¿no es verdad, dixo Claudia, que 20
yuas esta mañana a desposarte con Leonora,
la hija del rico Baluastro?
No, por cierto, respondio don Vicente; mi
mala fortuna le deuio de lleuar estas nueuas,
para que, zelosa, me quitasses la vida, la qual 25
pues la dexo en tus manos y en tus braços,
tengo mi suerte por venturosa. Y para assegurarte
desta verdad, aprieta la mano y recibeme
por esposo, si quisieres; que no tengo otra
mayor satisfacion que darte del agrauio que 30
piensas que de mi has recebido.
Apretole la mano Claudia, y apretosele a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 265
ella el coraçon de manera, que sobre la sangre
y pecho de don Vicente se quedó desmayada,
y a el le tomó vn mortal parasismo. Confuso
estaua Roque y no sabia qué hazerse. Acudieron
los criados a buscar agua que echarles en 5
los rostros, y truxeronla, con que se los
bañaron. Boluio de su desmayo Claudia, pero no
de su parasismo don Vicente, porque se le acabó
la vida. Visto lo qual de Claudia, auiendose
enterado que ya su dulce (*) esposo no viuia, 10
rompio los ayres con suspiros, hirio los cielos
con quexas, maltrató sus cabellos entregandolos
al viento, afeó su rostro con sus propias
manos, con todas las muestras de dolor y
sentimiento que de vn lastimado pecho pudieran 15
imaginarse.
¡O cruel e inconsiderada muger, dezia, con
qué facilidad te mouiste a poner en execucion
tan mal pensamiento! ¡O fuerça rabiosa de los
zelos, a qué desesperado fin conduzis a quien 20
os da acogida en su pecho! ¡O esposo mio,
cuya desdichada suerte, por ser prenda mia, te
ha lleuado del talamo a la sepultura!
Tales y tan tristes eran las quexas de
Claudia, que sacaron las lagrimas de los ojos de 25
Roque, no acostumbrados a verterlas en ninguna
ocasion. Llorauan los criados, desmayauase
a cada paso Claudia, y todo aquel circuito
parecia campo de tristeza y lugar de desgracia.
Finalmente, Roque Guinart ordenó a los criados 30
de don Vicente que lleuassen su cuerpo al
lugar de su padre, que estaua alli cerca, para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266
que le diessen sepultura. Claudia dixo a Roque
que querria yrse a vn monasterio donde era
abadessa vna tia suya, en el qual pensaua
acabar la vida, de otro mejor esposo y mas
eterno acompañada. Alabole Roque su buen 5
proposito, ofreciosele de acompañarla hasta
donde quisiesse, y de defender a su padre de
los parientes (*) y de todo el mundo, si ofenderle
quisiesse. No quiso su compañia Claudia en
ninguna manera, y, agradeciendo sus ofrecimientos 10
con las mejores razones que supo, se
despedio del llorando; los criados de don
Vicente lleuaron su cuerpo, y Roque se boluio
a los suyos, y este fin tuuieron los amores
de Claudia Geronima. Pero, ¿qué mucho, si 15
texieron la trama de su lamentable historia
las fuerças inuencibles y rigurosas de los
zelos?
Halló Roque Guinart a sus escuderos en la
parte donde les auia ordenado, y a don Quixote 20
entre ellos sobre Rozinante, haziendoles vna
platica en que les persuadia dexassen aquel
modo de viuir tan peligroso assi para el alma
como para el cuerpo; pero como los mas eran
gascones, gente rustica y desbaratada, no les 25
entraua bien la platica de don Quixote. Llegado
que fue Roque, preguntó a Sancho Pança si le
auian buelto y restituydo las alhajas y presseas
que los suyos del ruzio le auian quitado. Sancho
respondio que si, sino que le faltauan tres 30
tocadores que valian tres ciudades.
¿Qué es lo que dizes, hombre?, dixo vno
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 267
de los presentes; que yo los tengo y no valen
tres reales.
Assi es, dixo don Quixote, pero estimalos
mi escudero en lo que ha dicho, por auermelos
dado quien me los dio. 5
Mandoselos boluer al punto Roque Guinart,
y, mandando poner los suyos en ala, mandó
traer alli delante todos los vestidos, joyas y
dineros, y todo aquello que desde la vltima
reparticion auian robado, y, haziendo breuemente 10
el tanteo, boluiendo lo no repartible, y
reduziendolo a dineros, lo repartio por toda su
compañia con tanta legalidad y prudencia, que
no pasó vn punto ni defraudó nada de la justicia
distributiua. Hecho esto, con lo qual todos 15
quedaron contentos, satisfechos y pagados,
dixo Roque a don Quixote:
Si no se guardasse esta puntualidad con
estos, no se podria viuir con ellos.
A lo que dixo Sancho: 20
Segun lo que aqui he visto es tan buena la
justicia, que es necessaria se vse aun entre los
mesmos ladrones.
Oyolo vn escudero, y enarboló el mocho de
vn arcabuz, con el qual sin duda le abriera la 25
cabeça a Sancho, si Roque Guinart no le diera
vozes que se detuuiesse. Pasmose Sancho y
propuso de no descosser los labios en tanto que
entre aquella gente estuuiesse. Llegó, en esto,
vno o algunos de aquellos escuderos que 30
estauan puestos por centinelas por los caminos,
para ver la gente que por ellos venia y dar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268
auiso a su mayor de lo que passaua, y este
dixo:
Señor, no lexos de aqui, por el camino que
va a Barcelona, viene vn gran tropel de gente.
A lo que respondio Roque: 5
¿Has echado de ver si son de los que nos
buscan, o de los que nosotros buscamos?
No sino de los que buscamos, respondio el
escudero.
Pues salid todos, replicó Roque, y 10
trahedmelos aqui luego, sin que se os escape
ninguno.
Hizieronlo assi, y, quedandose solos don
Quixote, Sancho y Roque, aguardaron a ver lo
que los escuderos traian, y en este entretanto 15
dixo Roque a don Quixote:
Nueua manera de vida le deue de parecer
al señor don Quixote la nuestra, nueuas auenturas,
nueuos sucessos, y todos peligrosos; y no
me marauillo que assi le parezca, porque 20
realmente le confiesso que no ay modo de viuir
mas inquieto ni mas sobresaltado que el nuestro.
A mi me han puesto en el no se qué desseos
de vengança, que tienen fuerça de turbar los
mas sossegados coraçones; yo de mi natural 25
soy compassiuo y bien intencionado; pero,
como tengo dicho, el querer vengarme de vn
agrauio que se me hizo, assi da con todas mis
buenas inclinaciones en tierra, que perseuero
en este estado a despecho y pessar de lo que 30
entiendo. Y como vn abismo llama a otro y vn
pecado a otro pecado, hanse eslabonado las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 269
venganças de manera, que no solo las mias,
pero las agenas tomo a mi cargo. Pero Dios
es seruido de que, aunque me veo en la mitad
del laberinto de mis confussiones, no pierdo la
esperança de salir del a puerto seguro. 5
Admirado quedó don Quixote de oyr hablar
a Roque tan buenas y concertadas razones,
porque el se pensaua que entre los de oficios
semejantes de robar, matar y saltear, no podia
auer alguno que tuuiesse buen discurso, y 10
respondiole:
Señor Roque, el principio de la salud está en
conocer la enfermedad, y en querer tomar el
enfermo las medicinas que el medico le ordena;
vuessa merced está enfermo, conoce su dolencia, 15
y el cielo, o Dios, por mejor dezir, que es
nuestro medico, le aplicará medicinas que le
sanen, las quales suelen sanar poco a poco, y
no de repente y por milagro; y mas, que los
pecadores discretos estan mas cerca de 20
enmendarse que los simples, y pues vuessa merced
ha mostrado en sus razones su prudencia, no
ay sino tener buen animo y esperar mejoria de
la enfermedad de su conciencia. Y si vuessa
merced quiere ahorrar camino y ponerse con 25
facilidad en el de su saluacion, vengase
conmigo; que yo le enseñaré a ser cauallero
andante, donde se passan tantos trabajos y
desuenturas, que, tomandolas por penitencia, en
dos paletas le pondran en el cielo. 30
Riose Roque del consejo de don Quixote, a
quien, mudando platica, conto el tragico
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270
sucesso de Claudia Geronyma, de que le pessó
en estremo a Sancho; que no le auia parecido
mal la belleza, dessemboltura y brio de la moça.
Llegaron, en esto, los escuderos de la pressa,
trayendo consigo dos caualleros a cauallo 5
y dos peregrinos a pie, y vn coche de mugeres
con hasta seis criados, que a pie y a cauallo
las acompañauan, con otros dos moços de mulas
que los caualleros traian. Cogieronlos los
escuderos en medio, guardando vencidos y 10
vencedores gran silencio, esperando a que el gran
Roque Guinart hablasse. El qual preguntó a los
caualleros que quién eran y adónde yuan, y qué
dinero lleuauan. Vno dellos le respondio:
Señor, nosotros somos dos capitanes de 15
infanteria española; tenemos nuestras
compañias en Napoles y vamos a embarcarnos en
quatro galeras que dizen estan en Barcelona,
con orden de passar a Sicilia. Lleuamos hasta
docientos o trecientos escudos, con que, a 20
nuestro parecer, vamos ricos y contentos, pues
la estrecheça ordinaria de los soldados no
permite mayores tesoros.
Preguntó Roque a los peregrinos lo mesmo
que a los capitanes; fuele respondido que yuan 25
a embarcarse para passar a Roma, y que entre
entrambos podian lleuar hasta sesenta reales.
Quiso saber tambien quién yua en el coche y
adónde, y el dinero que lleuauan; y vno de los
de a cauallo dixo: 30
Mi señora doña Guiomar de Quiñones, muger
del regente de la Vicaria de Napoles, con
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 271
vna hija pequeña, vna donzella y vna dueña, son
las que van en el coche; acompañamosla seis
criados, y los dineros son seiscientos escudos.
De modo, dixo Roque Guinart, que ya
tenemos aqui nouecientos escudos y sesenta 5
reales; mis soldados deuen de ser hasta sesenta;
mirese a cómo le cabe a cada vno, porque
yo soy mal contador.
Oyendo dezir esto los salteadores, leuantaron
la voz, diziendo: ¡Viua Roque Guinart 10
muchos años, a pessar de los lladres que su
perdicion procuran!
Mostraron afligirse los capitanes, entristeziose
la señora regenta y no se holgaron nada
los peregrinos, viendo la confiscacion de sus 15
bienes. Tuuolos assi vn rato suspensos Roque;
pero no quiso que passasse adelante su tristeza,
que ya se podia conocer a tiro de arcabuz, y,
boluiendose a los capitanes, dixo:
Vuessas mercedes, señores capitanes, por 20
cortesia sean seruidos de prestarme sesenta
escudos, y la señora regenta ochenta para
contentar esta esquadra que me acompaña; porque
el abad de lo que canta yanta. Y luego puedense
yr su camino libre y dessembaraçadamente, 25
con vn saluoconduto que yo les dare,
para que si toparen otras de algunas esquadras
mias, que tengo diuididas por estos contornos,
no les hagan daño; que no es mi intencion de
agrauiar a soldados, ni a muger alguna, 30
especialmente, a las que son principales.
Infinitas y bien dichas fueron las razones con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272
que los capitanes agradecieron a Roque su
cortesia y liberalidad; que por tal la tuuieron
en dexarles su mismo dinero. La señora doña
Guiomar de Quiñones se quiso arrojar del
coche para besar los pies y las manos del gran 5
Roque; pero el no lo consintio en ninguna
manera; antes le pidio perdon del agrauio, que le
[hazia] (*), forçado de cumplir con las obligaciones
precissas de su mal oficio. Mandó la señora
regenta a vn criado suyo diesse luego los 10
ochenta escudos que le auian repartido, y ya los
capitanes auian dessembolsado los sesenta. Yuan
los peregrinos a dar toda su miseria; pero
Roque les dixo que se estuuiessen quedos, y,
boluiendose a los suyos, les dixo: 15
Destos escudos dos tocan a cada (*) vno, y
sobran veynte; los diez se den a estos peregrinos,
y los otros diez a este buen escudero, porque
pueda dezir bien de esta auentura.
Y, trayendole adereço de escriuir, de que 20
siempre andaua proueydo Roque, les dio por
escrito vn saluoconduto para los mayorales de
sus esquadras, y, despidiendose dellos, los
dexó yr libres y admirados de su nobleza, de
su gallarda disposicion y estraño proceder, 25
teniendole mas por vn Alexandro Magno, que
por ladron conocido. Vno de los escuderos dixo
en su lengua gascona y catalana:
Este nuestro capitan mas es para frade, que
para bandolero; si de aqui adelante quisiere 30
mostrarse liberal, sealo con su hazienda, y no
con la nuestra.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 273
No lo dixo tan paso el desuenturado, que
dexasse de oyrlo Roque, el qual, echando mano
a la espada, le abrio la cabeça casi en dos
partes, diziendole:
Desta manera castigo yo a los 5
deslenguados y atreuidos.
Pasmaronse todos y ninguno le osó dezir
palabra; tanta era la obediencia que le tenian.
Apartose Roque a vna parte y escriuio vna
carta a vn su amigo, a Barcelona, dandole 10
auiso como estaua consigo el famoso don Quixote
de la Mancha, aquel cauallero andante de
quien tantas cosas se dezian, y que le hazia
saber que era el mas gracioso y el mas entendido
hombre del mundo, y que de alli a quatro 15
dias, que era el de San Iuan Bautista, se le
pondria en mitad de la playa de la ciudad,
armado de todas sus armas, sobre Rozinante su
cauallo, y a su escudero Sancho sobre vn asno,
y que diesse noticia desto a sus amigos los 20
Niarros, para que con el se solazassen; que el
quisiera que carecieran deste gusto los
Cadells (*), sus contrarios; pero que esto era
impossible, a causa que las locuras y discreciones
de don Quixote, y los donayres de su escudero 25
Sancho Pança no podian dexar de dar gusto
general a todo el mundo. Despachó esta carta
(*) con vno de sus escuderos que, mudando
el trage de bandolero en el de vn labrador,
entró en Barcelona y la dio a quien yua. 30
p. 274
Capitulo LXI
De lo que le sucedio a don Quixote en la
entrada de Barcelona, con otras [cosas]
que tienen mas de lo verdadero que de lo
discreto. 5
Tres dias y tres noches estuuo don Quixote
con Roque, y si estuuiera trecientos años, no le
faltara qué mirar y admirar en el modo de su
vida; aqui amanezian, aculla comian, vnas vezes
huian sin saber de quién, y otras eperauan 10
sin saber a quién. Dormian en pie,
interrompiendo el sueño, mudandose de vn lugar a
otro. Todo era poner espias, escuchar
centinelas, soplar las cuerdas de los arcabuzes,
aunque traian pocos, porque todos (*) se seruian 15
de pedreñales. Roque passaua las noches
apartado de los suyos en partes y lugares donde
ellos no pudiessen saber donde estaua,
porque los muchos bandos que el visorrey de
Barcelona auia echado sobre su vida, le traian 20
inquieto y temeroso, y no se osaua fiar de
ninguno, temiendo que los mismos suyos, o le
auian de matar, o entregar a la justicia: vida,
por cierto, miserable y enfadosa.
En fin, por caminos desusados, por atajos y 25
sendas encubiertas partieron Roque, don Quixote
y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona.
Llegaron a su playa la vispera de San
Iuan, en la noche, y abraçando Roque a don
Quixote y a Sancho, a quien dio los diez 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXI p. 275
escudos prometidos, que hasta entonces no se los
auia dado, los dexó, con mil ofrecimientos que
de la vna a la otra parte se hizieron. Boluiose
Roque; quedose don Quixote esperando el dia,
assi, a cauallo como estaua, y no tardó mucho 5
quando començo a descubrirse por los balcones
del Oriente la faz de la blanca Aurora,
alegrando las yeruas y las flores, en lugar de
alegrar el oydo, aunque al mesmo instante
alegraron tambien el oydo el son de muchas 10
chirimias y atabales, ruydo de cascaueles, «trapa,
»trapa (*), aparta, aparta», de corredores que,
al parecer, de la ciudad salian. Dio lugar la
Aurora al sol, que, vn rostro (*) mayor que el
de vna rodela, por el mas baxo orizonte poco a 15
poco se yua leuantando. Tendieron don Quixote
y Sancho la vista por todas partes, vieron
el mar hasta entonces dellos no visto; parecioles
espaciosissimo y largo, harto mas que las
lagunas de Ruydera que en la Mancha auian 20
visto; vieron las galeras que estauan en la
playa, las quales, abatiendo las tiendas, se
descubrieron llenas de flamulas y gallardetes, que
tremolauan al viento y bessauan y barrian el
agua. Dentro sonauan clarines, trompetas y 25
chirimias, que cerca y lexos llenauan (*) el ayre
de suaues y belicosos acentos. Començaron a
mouerse y a (*) hazer modo de escaramuça
por las sossegadas aguas, correspondiendoles
casi al mismo modo infinitos caualleros que 30
de la ciudad, sobre hermosos cauallos y con
vistosas libreas, salian. Los soldados de las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 276
galeras disparauan infinita artilleria, a quien
respondian los que estauan en las murallas y
fuertes de la ciudad; y la artilleria gruessa con
espantoso estruendo rompia los vientos, a quien
respondian los cañones de cruxia de las galeras. 5
El mar alegre, la tierra jocunda, el ayre claro,
solo tal vez turbio del humo de la artilleria,
parece que yua infundiendo y engendrando
gusto subito en todas las gentes.
No podia imaginar Sancho cómo pudiessen 10
tener tantos pies aquellos bultos que por el mar
se mouian. En esto, llegaron corriendo con grita,
lililies y algazara los de las libreas, adonde
don Quixote suspenso y atonito estaua, y vno
dellos, que era el auisado de Roque, dixo en 15
alta voz a don Quixote:
Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo,
el farol, la estrella y el norte de toda la
caualleria andante, donde mas largamente se
contiene. Bien sea venido, digo, el valeroso don 20
Quixote de la Mancha, no el falso, no el
ficticio, no el apocrifo, que en falsas historias
estos dias nos han mostrado, sino el verdadero,
el legal y el fiel que nos descriuio Cide Amete
Benengeli, flor de los historiadores. 25
No respondio don Quixote palabra, ni los
caualleros esperaron a que la respondiesse, sino,
boluiendose y reboluiendose con los demas
que los seguian, començaron a hazer vn rebuelto
caracol al derredor de don Quixote, el qual, 30
boluiendose a Sancho, dixo:
Estos bien nos han conocido; yo apostaré
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXI p. 277
que han leydo nuestra historia, y aun la del
aragones recien impressa.
Boluio otra vez el cauallero que habló a don
Quixote, y dixole:
Vuessa merced, señor don Quixote, se venga 5
con nosotros; que todos somos sus seruidores,
y grandes amigos de Roque Guinart.
A lo que don Quixote respondio:
Si cortesias engendran cortesias, la vuestra,
señor cauallero, es hija o parienta muy cercana 10
de las del gran Roque. Lleuadme do quisieredes,
que yo no tendre otra voluntad que la
vuestra, y mas, si la quer[e]is ocupar en
vuestro seruicio.
Con palabras no menos comedidas que estas 15
le respondio el cauallero, y, encerrandole todos
en medio, al son de las chirimias y de los
atabales, se encaminaron con el a la ciudad; al
entrar de la qual, el malo, que todo lo malo
ordena, y los muchachos que son mas malos 20
que el malo, dos dellos, trauiessos y atreuidos,
se entraron por toda la gente, y, alçando
el vno de la cola del ruzio, y el otro la de
Rocinante, les pusieron y encaxaron sendos manojos
de aliagas (*). Sintieron los pobres animales 25
las nueuas espuelas, y, apretando las colas,
aumentaron su disgusto de manera, que, dando
mil corcobos, dieron con sus dueños en tierra.
Don Quixote, corrido y afrentado, acudio a quitar
el plumage de la cola de su matalote, y Sancho 30
el de su ruzio. Quisieran los que guiauan a
don Quixote castigar el atreuimiento de los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278
muchachos, y no fue possible, porque se
encerraron entre mas de otros mil que los seguian.
Boluieron a subir don Quixote y Sancho; con (*)
el mismo aplauso y musica llegaron a la casa
de su guia, que era grande y principal, en fin, 5
como de cauallero rico, donde le dexaremos
por agora, porque assi lo quiere Cide Hamete.
p. 279
Capitulo LXII
Que trata de la auentura de la cabeça encantada,
con otras niñerias que no pueden dexar
de contarse.
Don Antonio Moreno se llamaua el huesped 5
de don Quixote, cauallero rico y discreto, y
amigo de holgarse a lo honesto y afable. El
qual, viendo en su casa a don Quixote, andaua
buscando modos como, sin su perjuyzio,
sacasse a plaça sus locuras. Porque no son 10
burlas las que duelen, ni ay passatiempos que
valgan si son con daño de tercero. Lo primero
que hizo fue hazer dessarmar a don Quixote y
sacarle a vistas con aquel su estrecho y
acamuzado vestido --como ya (*) otras vezes le 15
hemos descrito y pintado-- a vn valcon que salia
a vna calle de las mas principales de la ciudad,
a vista de las gentes y de los muchachos que
como a mona le mirauan. Corrieron de nueuo
delante del los de las libreas, como si para el 20
solo, no para alegrar aquel festiuo dia, se
las huuieran puesto. Y Sancho estaua contentissimo,
por parecerle que se auia hallado, sin
saber cómo ni cómo no, otras bodas de
Camacho, otra casa como la de don Diego de 25
Miranda y otro castillo como el del duque.
Comieron aquel dia con don Antonio algunos
de sus amigos, honrando todos y tratando
a don Quixote como a cauallero andante, de lo
qual, hueco y pomposo, no cabia en si de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280
contento. Los donayres de Sancho fueron tantos,
que de su boca andauan como colgados todos
los criados de casa y todos quantos le oian.
Estando a la messa, dixo don Antonio a Sancho:
Aca tenemos noticia, buen Sancho, que 5
sois tan amigo de manjar blanco y de albondiguillas
(*), que si os sobran, las guardais en el
seno para el otro dia.
No, señor, no es assi, respondio Sancho,
porque tengo mas de limpio que de goloso, y 10
mi señor don Quixote, que está delante, sabe
bien que con vn puño de bellotas o de nueces
nos solemos passar entrambos ocho dias. Verdad
es que si tal vez me sucede que me den la
vaquilla, corro con la soguilla; quiero dezir, 15
que como lo que me dan, y vso de los tiempos
como los hallo; y quienquiera que huuiere dicho
que yo soy comedor auentajado y no limpio,
tengase por dicho que no acierta; y de otra
manera dixera esto, si no mirara a las barbas 20
honradas que estan a la mesa.
Por cierto, dixo don Quixote, que la
parsimonia y limpieça con que Sancho come se
puede escriuir y grauar en laminas de bronce,
para que quede en memoria eterna en los siglos 25
venideros; verdad es que quando el tiene
hambre parece algo tragon, porque come
apriessa y masca a dos carrillos. Pero la
limpieça siempre la tiene en su punto, y en el
tiempo que fue gouernador aprendio a comer 30
a lo melindroso, tanto, que comia con tenedor
las vuas, y aun los granos de la granada.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 281
¿Cómo?, dixo don Antonio; ¿gouernador
ha sido Sancho?
Si, respondio Sancho, y de vna insula
llamada la Barataria; diez dias la gouerne a
pedir de boca; en ellos perdi el sossiego y 5
aprendi a despreciar todos los gouiernos del
mundo; sali huyendo della, cai en vna cueua
donde me tuue por muerto, de la qual sali viuo
por m[i]lagro.
Conto don Quixote por menudo todo el 10
sucesso del gouierno de Sancho, con que dio
gran gusto a los oyentes. Leuantados los
manteles, y tomando don Antonio por la mano a
don Quixote, se entró con el en vn apartado
aposento, en el qual no auia otra cosa de 15
adorno que vna mesa, al parecer, de jaspe,
que sobre vn pie de lo mesmo se sostenia, sobre
la qual estaua puesta al modo de las cabeças
de los emperadores romanos, de los pechos
arriba, vna que semejaua ser de bronce. 20
Passeose don Antonio con don Quixote por todo
el aposento, rodeando muchas vezes la mesa,
despues de lo qual dixo:
Agora, señor don Quixote, que estoy enterado
que no nos oye y escucha alguno, y está 25
cerrada la puerta, quiero contar a vuessa
merced vna de las mas raras auenturas, o, por
mejor dezir, nouedades que imaginarse pueden,
con condicion que lo que a vuessa merced
dixere lo ha de depositar en los vltimos 30
retretes del secreto.
Assi lo juro, respondio don Quixote, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282
aun le echaré vna losa encima para mas
seguridad; porque quiero que sepa vuessa merced,
señor don Antonio --que ya sabia su
nombre--, que está hablando con quien, aunque
tiene oydos para oyr, no tiene lengua para 5
hablar; assi que con seguridad puede vuessa
merced trasladar lo que tiene en su pecho en
el mio y hazer cuenta que lo ha arrojado en
los abismos del silencio.
En fee de essa promessa, respondio don 10
Antonio, quiero poner a vuessa merced en
admiracion con lo que viere y oyere, y darme
a mi algun aliuio de la pena que me causa no
tener con quien comunicar mis secretos, que
no son para fiarse de todos. 15
Suspenso estaua don Quixote, esperando en
qué auian de parar tantas preuenciones. En
esto, tomandole la mano don Antonio, se la
passeó por la cabeça de bronce, y por toda la
mesa, y por el pie de jaspe sobre que se 20
sostenia, y luego dixo:
Esta cabeça, señor don Quixote, ha sido
hecha y fabricada por vno de los mayores
encantadores y hechizeros (*) que ha tenido
el mundo, que creo era polaco de nacion y 25
dicipulo del famoso Escotillo (*), de quien
tantas marauillas se quentan, el qual estuuo
aqui en mi casa, y por precio de mil escudos
que le di labró esta cabeça que tiene propiedad
y virtud de responder a quantas cosas al 30
oydo le preguntaren. Guardó rumbos, pintó
caracteres, obseruó astros, miró puntos, y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 283
finalmente, la sacó con la perfecion que
veremos mañana; porque los viernes está muda, y
oy, que lo es, nos ha de hazer esperar hasta
mañana. En este tiempo podra vuessa merced
preuenirse de lo que querra preguntar; que 5
por esperiencia se que dize verdad en quanto
responde.
Admirado quedó don Quixote de la virtud y
propiedad de la cabeça, y estuuo por no creer
a don Antonio. Pero por ver quán poco tiempo 10
auia para hazer la experiencia, no quiso dezirle
otra cosa sino que le agradecia el auerle
descubierto tan gran secreto. Salieron del
aposento, cerro la puerta don Antonio con llaue y
fueronse a la sala donde los demas caualleros 15
estauan.
En este tiempo les auia contado Sancho
muchas de las auenturas y sucessos que a su
amo auian acontecido. Aquella tarde sacaron
a passear a don Quixote, no armado, sino de 20
rua, vestido vn balandran de paño leonado,
que pudiera hazer sudar en aquel tiempo al
mismo yelo. Ordenaron con sus criados que
entretuuiessen a Sancho, de modo, que no le
dexassen salir de casa. Yua don Quixote, no 25
sobre Rocinante, sino sobre vn gran macho de
paso llano y muy bien adereçado. Pusieronle
el balandran, y en las espaldas, sin que lo
viesse, le cosieron vn pargamino donde le
escriuieron con letras grandes: Este es don 30
Quixote de la Mancha. En començando el passeo,
lleuaua el retulo los ojos de quantos venian a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284
verle, y como leian: Este es don Quixote de la
Mancha, admirauase don Quixote de ver que
quantos le mirauan le nombrauan y conocian;
y, boluiendose a don Antonio, que yua a su
lado, le dixo: 5
Grande es la prerrogatiua que encierra en
si la andante caualleria, pues haze conocido y
famoso al que la professa por todos los terminos
de la tierra. Si no, mire vuessa merced,
señor don Antonio, que hasta los muchachos 10
desta ciudad, sin nunca auerme visto, me
conocen.
Assi es, señor don Quixote, respondio don
Antonio; que assi como el fuego no puede
estar escondido y encerrado, la virtud no 15
puede dexar de ser conocida, y la que se
alcança por la profession de las armas
resplandece y campea sobre todas las otras.
Acaecio, pues, que yendo don Quixote con
el aplauso que se ha dicho, vn castellano que 20
leio el retulo de las espaldas, alçó la voz,
diziendo:
¡Valgate el diablo por don Quixote de la
Mancha! ¿Cómo que hasta aqui has llegado
sin auerte muerto los infinitos palos que tienes 25
acuestas? Tu eres loco, y si lo fueras a solas y
dentro de las puertas de tu locura, fuera menos
mal; pero tienes propiedad de boluer locos y
mentecatos a quantos te tratan y comunican;
si no, mirenlo por estos señores que te 30
acompañan. Bueluete, mentecato, a tu casa, y mira
por tu hazienda, por tu muger y tus hijos, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 285
dexate destas vaziedades que te carcomen el
sesso y te desnatan el entendimiento.
Hermano, dixo don Antonio, seguid vuestro
camino y no deis consejos a quien no os
los pide; el señor don Quixote de la 5
Mancha es muy cuerdo y nosotros, que le
acompañamos, no somos necios; la virtud se ha
de honrar dondequiera que se hallare, y
andad enhoramala, y no os metais donde no os
llaman. 10
Pardiez, vuessa merced tiene razon,
respondio el castellano; que aconsejar a este
buen hombre es dar coces contra el aguijon;
pero, con todo esso, me da muy gran lastima
que el buen ingenio que dizen que tiene en 15
todas las cosas este mentecato, se le dessague
por la canal de su andante caualleria; y la
enhoramala que vuessa merced dixo sea para mi
y para todos mis descendientes si de oy mas,
aunque viuiesse mas años que Matusalen, 20
diere consejo a nadie, aunque me lo pida.
Apartose el consejero, siguio adelante el
passeo; pero fue tanta la priessa (*) que los
muchachos y toda la gente tenia leyendo el
retulo, que se le huuo de quitar don Antonio, 25
como que le quitaua otra cosa. Llegó la noche,
boluieronse a casa, huuo sarao de damas,
porque la muger de don Antonio, que era vna
señora principal y alegre, hermosa y discreta,
combidó a otras sus amigas a que viniessen a 30
honrar a su huesped y a gustar de sus nunca
vistas locuras. Vinieron algunas, cenose
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 286
esplendidamente y començose el sarao casi a las
diez de la noche. Entre las damas auia dos
de gusto picaro, y burlonas, y con ser muy
honestas, eran algo descompuestas, por dar lugar
que las burlas alegrassen sin enfado. Estas 5
dieron tanta priessa en sacar a dançar a don
Quixote, que le molieron, no solo el cuerpo,
pero el anima; era cosa de ver la figura de don
Quixote, largo, tendido, flaco, amarillo,
estrecho en el vestido, dessayrado, y, sobre todo, 10
no nada ligero. Requebrauanle como a hurto
las damiselas, y el, tambien como a hurto, las
desdeñaua; pero viendose apretar de
requiebros, alçó la voz, y dixo:
Fugite, partes aduersae (*). ¡Dexadme en 15
mi sossiego, pensamientos mal venidos! Alla
os auenid, señoras, con vuestros desseos; que
la que es reyna de los mios, la sin par
Dulcinea del Toboso, no consiente que ningunos
otros que los suyos me auassallen y rindan. 20
Y, diziendo esto, se sento en mitad de la
sala en el suelo, molido y quebrantado de tan
baylador exercicio. Hizo don Antonio que le
lleuassen en pesso a su lecho, y el primero
que assio del fue Sancho, diziendole: 25
¡Nora en tal, señor nuestro amo, lo aueis
baylado! ¿Pensais que todos los valientes son
dançadores, y todos los andantes caualleros
baylarines? Digo que si lo pensais, que estays
engañado: hombre ay que se atreuera a matar 30
a vn gigante antes que hazer vna cabriola; si
huuierades de çapatear, yo supliera vuestra
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 287
falta, que çapateo como vn girifalte; pero en
lo del dançar no doy puntada.
Con estas y otras razones dio que reyr
Sancho a los del sarao, y dio con su amo en la
cama, arropandole para que sudasse la 5
frialdad de su bayle.
Otro dia le parecio a don Antonio ser bien
hazer la experiencia de la cabeça encantada, y
con don Quixote, Sancho y otros dos amigos,
con las dos señoras que auian molido a don 10
Quixote en el bayle, que aquella propia noche
se auian quedado con la muger de don Antonio,
se encerro en la estancia donde estaua la
cabeça. Contoles la propiedad que tenia,
encargoles el secreto y dixoles que aquel era el 15
primero dia donde se auia de prouar la virtud
de la tal cabeça encantada. Y si no eran los
dos amigos de don Antonio, ninguna otra persona
sabia el busilis del encanto, y aun si don
Antonio no se le huuiera descubierto primero 20
a sus amigos, tambien ellos cayeran en la
admiracion en que los demas cayeron, sin ser
possible otra cosa; con tal traça y tal orden
estaua fabricada.
El primero que se llegó al oydo de la cabeça 25
fue el mismo don Antonio, y dixole en voz
sumissa, pero no tanto que de todos no fuesse
entendida:
Dime, cabeça, por la virtud que en ti
se encierra, ¿qué pensamientos tengo yo 30
agora?
Y la cabeça le respondio, sin mouer los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288
labios, con voz clara y distinta, de modo, que
fue de todos entendida, esta razon:
Yo no juzgo de pensamientos.
Oyendo lo qual todos quedaron atonitos, y
mas, viendo que en todo el aposento ni al 5
derredor de la mesa no auia persona humana
que responder pudiesse.
¿Quántos estamos aqui?, tornó a preguntar
don Antonio, y fuele respondido por el propio
tenor, paso: 10
Estais tu y tu muger, con dos amigos
tuyos, y dos amigas della, y vn cauallero
famoso llamado don Quixote de la Mancha, y
vn su escudero que Sancho Pança tiene por
nombre. 15
¡Aqui si que fue el admirarse de nueuo; aqui
si que fue el erizarse los cabellos a todos, de
puro espanto! Y, apartandose don Antonio
de la cabeça, dixo:
¡Esto me basta para darme a entender que 20
no fui engañado del que te me vendio, cabeça
sabia, cabeça habladora, cabeça respondona,
y admirable cabeça! Llegue otro, y preguntele
lo que quisiere.
Y como las mugeres de ordinario son 25
presurossas y amigas de saber, la primera que se
llegó fue vna de las dos amigas de la muger
de don Antonio, y lo que le preguntó fue:
Dime, cabeça, ¿qué hare yo para ser muy
hermosa? 30
Y fuele respondido:
Se muy honesta.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 289
No te pregunto mas, dixo la preguntanta.
Llegó luego la compañera, y dixo:
Querria saber, cabeça, si mi marido me
quiere bien o no.
Y respondieronle: 5
Mira las obras que te haze, y hecharlo has
de ver.
Apartose la casada, diziendo:
Esta respuesta no tenia necessidad de
pregunta, porque, en efecto, las obras que se 10
hazen declaran la voluntad que tiene el que
las haze.
Luego llegó vno de los dos amigos de don
Antonio, y preguntole:
¿Quién soy yo? 15
Y fuele respondido:
Tu lo sabes.
No te pregunto esso, respondio el cauallero,
sino que me digas si me conoces tu.
Si conozco, le respondieron; que eres don 20
Pedro Noriz.
No quiero saber mas, pues esto basta para
entender, o cabeça, que lo sabes todo.
Y, apartandose, llegó el otro amigo, y
preguntole: 25
Dime, cabeça, ¿qué desseos tiene mi hijo
el mayorazgo?
Ya yo he dicho, le respondieron, que yo
no juzgo de desseos; pero con todo esso te se
dezir que los que tu hijo tiene son de 30
enterrarte.
Esso es, dixo el cauallero: lo que veo por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290
los ojos con el dedo lo señalo; y no
pregunto mas.
Llegose la muger de don Antonio, y dixo:
Yo no se, cabeça, qué preguntarte; solo
querria saber de ti, si gozaré muchos años de 5
buen marido.
Y respondieronle:
Si gozarás, porque su salud y su templança
en el viuir prometen muchos años de vida, la
qual muchos suelen acortar por su 10
destemplança.
Llegose luego don Quixote, y dixo:
Dime tu, el que respondes: ¿fue verdad, o
fue sueño lo que yo cuento que me passó en
la cueua de Montesinos? ¿Seran ciertos los 15
açotes de Sancho mi escudero? ¿Tendra efeto el
dessencanto de Dulcinea?
A lo de la cueua, respondieron, ay mucho
que dezir: de todo tiene; los açotes de Sancho
yran de espacio; el dessencanto de Dulcinea 20
llegará a deuida execucion.
No quiero saber mas, dixo don Quixote;
que como yo vea a Dulcinea desencantada,
hare cuenta que vienen de golpe todas las
venturas que acertare a dessear. 25
El vltimo preguntante fue Sancho, y lo que
preguntó fue:
Por ventura, cabeça, ¿tendre otro gouierno?
¿Saldre de la estrecheza de escudero? ¿Boluere
a ver a mi muger y a mis hijos? 30
A lo que le respondieron:
Gouernarás en tu casa, y si buelues a ella,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 291
veras a tu muger y a tus hijos, y, dexando de
seruir, dexarás de ser escudero.
¡Bueno, par Dios!, dixo Sancho Pança.
Esto yo me lo dixera. No dixera mas el
profeta Perogrullo. 5
Bestia, dixo don Quixote, ¿qué quieres
que te respondan? ¿No basta que las respuestas
que esta cabeça ha dado correspondan a
lo que se le pregunta?
Si basta, respondio Sancho; pero quisiera 10
yo que se declarara mas y me dixera mas.
Con esto se acabaron las preguntas y las
respuestas. Pero no se acabó la admiracion en
que todos quedaron, excepto los dos amigos de
don Antonio, que el caso sabian. El qual quiso 15
Cide Hamete Benengeli declarar luego, por no
tener suspenso al mundo, creyendo que algun
hechizero y extraordinario misterio en la tal
cabeça se encerraua, y, assi, dize que don
Antonio Moreno, a imitacion de otra cabeça que 20
vio en Madrid, fabricada por vn estampero,
hizo esta en su casa para entretenerse y
suspender a los ignorantes, y la fabrica era de
esta suerte: la tabla de la mesa era de palo,
pintada y barniçada como jaspe, y el pie sobre 25
que se sostenia era de lo mesmo, con quatro
garras de aguila que del salian para mayor
firmeza del peso. La cabeça, que parecia
medalla y figura de emperador romano y de color
de bronze, estaua toda hueca, y ni mas ni 30
menos la tabla de la mesa, en que se encaxaua
tan justamente, que ninguna señal de juntura
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292
se parecia. El pie de la tabla era ansimesmo
hueco, que respondia a la garganta y pechos
de la cabeça, y todo esto venia a responder a
otro aposento que debaxo de la estancia de la
cabeça estaua. Por todo este hueco de pie, 5
mesa, garganta y pechos de la medalla y
figura referida se encaminaua vn cañon de hoja
de lata muy justo, que de nadie podia ser visto;
en el aposento de abaxo correspondiente al de
arriba se (*) ponia el que auia de responder, 10
pegada la boca con el mesmo cañon, de modo,
que a modo de ceruatana yua la voz de arriba
abaxo y de abaxo arriba, en palabras articuladas
y claras, y de esta manera no era possible
conocer el embuste. Vn sobrino de don Antonio, 15
estudiante agudo y discreto, fue el respondiente,
el qual estando auisado de su señor tio
de los que auian de entrar con el en aquel dia
en el aposento de la cabeça, le fue facil
responder con presteza y puntualidad a la 20
primera (*) pregunta; a las demas respondio por
congeturas, y, como discreto, discretamente.
Y dize mas Cide Hamete (*): que hasta diez o
doze dias duró esta marauillosa maquina; pero
que diuulgandose por la ciudad que don Antonio 25
tenia en su casa vna cabeça encantada, que
a quantos le preguntauan respondia, temiendo
no llegasse a los oydos de las despiertas
centinelas de nuestra Fe, auiendo declarado el caso
a los señores inquisidores, le mandaron que lo 30
deshiziesse y no passasse mas adelante, porque
el vulgo ignorante no se escandalizasse;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 293
pero en la opinion de don Quixote y de Sancho
Pança la cabeça quedó por encantada y por
respondona, mas a satisfacion de don Quixote,
que de Sancho.
Los caualleros de la ciudad por complazer a 5
don Antonio y por agassajar a don Quixote y
dar lugar a (*) que descubriesse sus sandezes,
ordenaron de correr sortija de alli a seys dias,
que no tuuo efecto por la ocasion que se dira
adelante. Diole gana a don Quixote de passear 10
la ciudad a la llana y a pie, temiendo que si yua
a cauallo le auian de perseguir los mochachos,
y, assi, el y Sancho con otros dos criados que
don Antonio le dio salieron a passearse.
Sucedio, pues, que yendo por vna calle, alçó 15
los ojos don Quixote y vio escrito sobre vna
puerta, con letras muy grandes: Aqui se
imprimen libros, de lo que se contentó mucho,
porque hasta entonces no auia visto emprenta
alguna, y desseaua saber cómo fuesse (*). Entró 20
dentro con todo su acompañamiento, y vio
tirar en vna parte, corregir en otra, componer
en esta, enmendar en aquella, y, finalmente,
toda aquella maquina que en las emprentas
grandes se muestra. Llegauase don Quixote a 25
vn cajon y preguntaua qué era aquello que alli
se hazia; dauanle cuenta los oficiales, admirauase
y passaua adelante. Llegó en otras (*) a
vno, y preguntole qué era lo que hazia. El
oficial le respondio: 30
Señor, este cauallero que aqui está --y
enseñole a vn hombre de muy buen talle y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294
parecer y de alguna grauedad--, ha traduzido
vn libro toscano en nuestra lengua castellana,
y estoyle yo componiendo, para darle a la
estampa.
¿Qué titulo tiene el libro?, preguntó don 5
Quixote.
A lo que el autor respondio:
Señor, el libro en toscano se llama Le
Bagatele (*).
Y ¿qué responde Le Bagatele en nuestro 10
castellano?, preguntó don Quixote.
Le Bagatele, dixo el autor, es como si en
castellano dixessemos los jug[u]etes; y aunque
este libro es en el nombre humilde, contiene y
encierra en si cosas muy buenas y 15
sustanciales.
Yo, dixo don Quixote, se algun tanto de
el toscano, y me precio de cantar algunas
estancias del Ariosto; pero digame vuessa
merced, señor mio, y no digo esto porque quiero 20
examinar el ingenio de vuessa merced, sino
por curiosidad no mas: ¿ha hallado en su
escritura alguna vez nombrar piñata?
Si, muchas vezes, respondio el autor.
Y ¿cómo la traduze vuessa merced en 25
castellano?, preguntó don Quixote.
¿Cómo la auia de traduzir?, replicó el
autor, sino diziendo olla.
¡Cuerpo de tal, dixo don Quixote, y qué
adelante está vuessa merced en el toscano 30
ydioma! Yo apostaré vna buena apuesta que
adonde diga en el toscano piache, dize vuessa
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 295
merced en el castellano plaze, y adonde diga
piu, dize mas, y el su declara con arriba, y el
giu con abaxo.
Si declaro, por cierto, dixo el autor,
porque essas son sus propias correspondencias. 5
Ossaré yo jurar, dixo don Quixote, que
no es vuessa merced conocido en el mundo,
enemigo siempre de premiar los floridos
ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de
habilidades ay perdidas por ay, qué de ingenios 10
arrinconados, qué de virtudes menospreciadas!
Pero, con todo esto, me parece que el traduzir
de vna lengua en otra, como no sea de las
reynas de las lenguas, griega y latina, es como
quien mira los tapices flamencos por el rebes; 15
que aunque se veen las figuras, son llenas de
hilos que las escurecen, y no se veen con la
lisura y tez de la haz; y el traduzir de lenguas
faciles ni arguye ingenio ni elocucion, como no
le arguye el que traslada ni el que copia vn 20
papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir
que no sea loable este exercicio del traduzir,
porque en otras cosas peores se podria ocupar
el hombre y que menos prouecho le truxessen.
Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores, 25
el vno, el doctor Christoual de Figueroa,
en su Pastor Fido, y el otro, don Iuan de
Xaurigui, en su Aminta (*), donde felizmente
ponen en duda quál es la traduzion o quál el
original. Pero digame vuessa merced, este libro 30
¿imprimese por su cuenta, o tiene ya vendido
el priuilegio a algun librero?
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296
Por mi cuenta lo imprimo, respondio el
autor, y pienso ganar mil ducados, por lo
menos, con esta primera impression, que ha de ser
de dos mil cuerpos, y se han de despachar a
seys reales cada vno, en daca las pajas. 5
Bien está vuessa merced en la cuenta,
respondio don Quixote; bien parece que no
sabe las entradas y salidas de los impressores,
y las correspondencias que ay de vnos a otros;
yo le prometo que quando se vea cargado de 10
dos mil cuerpos de libros, vea tan molido su
cuerpo, que se espante, y mas si el libro es vn
poco abieso, y no nada picante.
Pues ¿qué?, dixo el autor; ¿quiere vuessa
merced que se lo de a vn librero que me de 15
por el priuilegio tres marauedis, y aun piensa
que me haze merced en darmelos? Yo no
imprimo mis libros para alcançar fama en el
mundo, que ya en el soy conocido por mis
obras; prouecho quiero, que sin el no vale vn 20
quatrin la buena fama.
Dios le de a vuessa merced buena
manderecha, respondio don Quixote.
Y passó adelante a otro cajon, donde vio
que estauan corrigiendo vn pliego de vn libro 25
que se intitulaua Luz del alma (*), y, en
viendole, dixo:
Estos tales libros, aunque ay muchos deste
genero, son los que se deuen imprimir, porque
son muchos los pecadores que se vsan, y son 30
menester infinitas luzes para tantos
desalumbrados.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 297
Passó adelante y vio que assimesmo estauan
corrigiendo otro libro, y, preguntando su titulo,
le respondieron que se llamaua la Segunda
parte del ingenioso Hidalgo don Quixote de la
Mancha, compuesta por vn tal vezino de 5
Tordesillas.
Ya yo tengo noticia deste libro, dixo don
Quixote, y en verdad y en mi conciencia que
pense que ya estaua quemado y echo poluos
por impertinente; pero su San Martin se le 10
llegará como a cada puerco; que las historias
fingidas tanto tienen de buenas y de deleytables
quanto se llegan a la verdad o la semejança
della, y las verdaderas tanto son mejores
quanto son mas verdaderas. 15
Y diziendo esto, con muestras de algun
despecho, se salio de la emprenta. Y aquel mesmo
dia ordenó don Antonio de lleuarle a ver las
galeras que en la playa estauan, de que Sancho
se regozijó mucho, a causa que en su vida las 20
auia visto. Auisó don Antonio al quatraluo de
las galeras como aquella tarde auia de lleuar
a verlas a su huesped el famoso don Quixote
de la Mancha, de quien ya el quatraluo y
todos los vezinos de la ciudad tenian noticia, 25
y lo que le sucedio en ellas se dira en el
siguiente capitulo.
p. 298
Capitulo LXIII
De lo mal que le auino a Sancho Pança con la
visita de las galeras, y la nueua auentura de
la hermosa morisca.
Grandes eran los discursos que don Quixote 5
hazia sobre la respuesta de la encantada
cabeça, sin que ninguno dellos diesse en el
embuste, y todos parauan con la promessa, que el
tuuo por cierto, del desencanto de Dulcinea.
Alli yua y venia, y se alegraua entre si mismo, 10
creyendo que auia de ver presto su
cumplimiento, y Sancho, aunque aborrecia el ser
gouernador, como queda dicho, todauia desseaua
boluer a mandar y a ser obedecido; que esta
mala ventura trae consigo el mando, aunque 15
sea de burlas.
En resolucion, aquella tarde don Antonio
Moreno su huesped, y sus dos amigos, con don
Quixote y Sancho fueron a las galeras. El
quatraluo, que estaua auisado de su buena venida 20
(*), por ver a los dos tan famosos Quixote y
Sancho; apenas llegaron a la marina, quando
todas las galeras abatieron tienda, y sonaron las
chirimias; arrojaron luego el esquife al agua,
cubierto de ricos tapetes y de almohadas de 25
terciopelo carmesi, y, en poniendo que puso los
pies en el don Quixote, disparó la capitana el
cañon de cruxia, y las otras galeras hizieron lo
mesmo, y al subir don Quixote por la escala
derecha, toda la chusma le saludó, como es 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 299
vsança quando vna persona principal entra en
la galera, diziendo: «Hu, hu, hu» (*), tres
vezes. Diole la mano el general, que con este
nombre le llamaremos, que era vn principal
cauallero valenciano (*); abraçó a don Quixote, 5
diziendole:
Este dia señalaré yo con piedra blanca, por
ser vno de los (*) mejores que pienso lleuar en
mi vida, auiendo visto al señor don Quixote de
la Mancha: tiempo y señal que nos muestra 10
que en el se encierra y cifra todo el valor del (*)
andante caualleria.
Con otras no menos corteses razones le
respondio don Quixote, alegre sobremanera de
verse tratar tan a lo señor. Entraron todos en 15
la popa, que estaua muy bien adereçada, y
sentaronse por los bandines; passose el comitre
en cruxia, y dio señal con el pito que la
chusma hiziesse fueraropa, que se hizo en vn
instante. Sancho, que vio tanta gente en 20
cueros, quedó pasmado, y mas quando vio hazer
tienda con tanta priessa, que a el le parecio
que todos los diablos andauan alli trabajando;
pero esto todo fueron tortas y pan pintado,
para lo que aora dire. Estaua Sancho sentado 25
sobre el estanterol, junto al espaldar (*) de la
mano derecha, el qual, ya auisado de lo que
auia de hazer, assio de Sancho, y, leuantandole
en los braços, toda la chusma puesta en pie y
alerta, començando de la derecha vanda, le 30
fue dando y bolteando sobre los braços de la
chusma de banco en banco, con tanta priessa,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300
que el pobre Sancho perdio la vista de los ojos,
y sin duda penso que los mismos demonios le
lleuauan, y no pararon con el hasta boluerle
por la siniestra vanda y ponerle en la popa.
Quedó el pobre molido y jadeando y 5
trassudando, sin poder imaginar qué fue lo que
sucedido le auia.
Don Quixote, que vio el buelo sin alas de
Sancho, preguntó al general si eran ceremonias
aquellas que se vsauan con los primeros 10
que entrauan en las galeras; porque si acaso lo
fuesse, el, que no tenia intencion de professar
en ellas, no queria haze[r] semejantes exercicios,
y que votaua a Dios que si alguno llegaua
a assirle para boltearle, que le auia de sacar 15
el alma a puntillazos; y, diziendo esto, se
leuantó en pie y empuñó la espada.
A este instante abatieron tienda, y con
grandissimo ruydo dexaron caer la entena de alto
abaxo. Penso Sancho que el cielo se desencaxaua 20
de sus quizios y venia a dar sobre su cabeça;
y, agouiandola lleno de miedo, la puso
entre las piernas. No las tuuo todas consigo
don Quixote, que tambien se estremecio y
encogio de ombros y perdio la color del rostro. 25
La chusma hizo la entena con la misma priessa
y ruydo que la auian amaynado, y todo esto,
callando, como si no tuuieran voz ni aliento.
Hizo señal el comitre que zarpassen el ferro, y,
saltando en mitad de la cruxia con el coruacho 30
o rebenque, començo a mosquear las espaldas
de la chusma, y a largarse poco a poco
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 301
a la mar. Quando Sancho vio a vna mouerse
tantos pies colorados, que tales penso el que
eran los remos, dixo entre si:
Estas si son verdaderamente cosas
encantadas, y no las que mi amo dize. ¿Qué han 5
hecho estos desdichados, que ansi los açotan,
y cómo este hombre solo que anda por aqui
siluando tiene atreuimiento para açotar a tanta
gente? Aora yo digo que este es infierno, o,
por lo menos, el purgatorio. 10
Don Quixote, que vio la atencion con que
Sancho miraua lo que passaua, le dixo:
¡A, Sancho amigo, y con qué breuedad y
quán a poca costa os podiades vos, si
quisiessedes, desnudar de medio cuerpo arriba, y 15
poneros entre estos señores, y acabar con el
desencanto de Dulcinea! Pues con la miseria y
pena de tantos, no sentiriades vos mucho la
vuestra; y mas que podria ser que el sabio
Merlin tomasse en cuenta cada açote destos, 20
por ser dados de buena mano, por diez de los
que vos finalmente os aueis de dar.
Preguntar queria el general, qué açotes eran
aquellos, o qué desencanto de Dulcinea,
quando dixo el marinero: 25
Señal haze Monjui de que ay baxel de remos
en la costa, por la vanda del poniente.
Esto oydo, saltó el general en la cruxia y
dixo:
¡Ea, hijos, no se nos vaya! Algun vergantin 30
de cossarios de Argel deue de ser este que la
atalaya nos señala.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 302
Llegaronse luego las otras tres galeras a la
capitana, a saber lo que se les ordenaua. Mandó
el general que las dos saliessen a la mar, y
el con la otra yria tierra a tierra, porque ansi
el baxel no se les escaparia. Apretó la chusma 5
los remos, impeliendo las galeras con tanta
furia que parecia que bolauan. Las que salieron
a la mar, a obra de dos millas, descubrieron
vn baxel, que con la vista le marcaron por
de hasta catorze o quinze bancos, y, assi era la 10
verdad; el qual baxel, quando descubrio las
galeras, se puso en caça, con intencion y
esperança de escaparse por su ligereza; pero
auinole mal, porque la galera capitana era de los
mas ligeros baxeles que en la mar nauegauan, 15
y, assi, le fue entrando, que claramente los del
vergantin conocieron que no podian escaparse,
y, assi, el arraez quisiera que dexaran los
remos y se entregaran, por no irritar a enojo al
capitan que nuestras galeras regia. Pero la 20
suerte, que de otra manera lo guiaua, ordenó
que ya que la capitana llegaua tan cerca, que
podian los del baxel oyr las vozes que desde
ella les dezian que se rindiessen, dos
toraquis (*), que es como dezir dos turcos, 25
borrachos, que en el vargantin venian con estos
doze, dispararon dos escopetas, con que dieron
muerte a dos soldados que sobre nuestras
arrumbadas venian. Viendo lo qual, juró el
general de no dexar con vida a todos quantos 30
en el baxel tomasse, y, llegando a enuestir con
toda furia, se le escapó por debaxo de la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 303
palamenta. Passo la galera adelante vn buen
trecho; los del baxel se vieron perdidos, hizieron
vela en tanto que la galera boluia, y de nueuo,
a vela y a remo se pusieron en caça; pero no
les aprouechó su diligencia tanto como les 5
dañó su atreuimiento, porque, alcançandoles
la capitana a poco mas de media milla, les
echó la palamenta encima y los cogio viuos a
todos.
Llegaron, en esto, las otras dos galeras, y 10
todas quatro con la presa boluieron a la playa,
donde infinita gente los estaua esperando,
desseosos de ver lo que traian. Dio fondo el
general cerca de tierra, y conocio que estaua
en la marina el virrey de la ciudad. Mandó 15
echar el esquife para traerle, y mandó
amaynar la entena para ahorcar luego luego al
arraez, y a los demas turcos que en el baxel
auia cogido, que serian hasta treynta y seys
personas, todos gallardos, y los mas, escopeteros 20
turcos. Preguntó el general quién era el
arraez del vergantin, y fuele respondido por
vno de los cautiuos, en lengua castellana, que
despues parecio ser renegado español:
Este mancebo, señor, que aqui vees, es 25
nuestro arraez.
Y mostrole vno de los mas bellos y
gallardos moços que pudiera pintar la humana
imaginacion. La edad, al parecer, no llegaua a
veynte años. Preguntole el general: 30
Dime, mal aconsejado perro, ¿quién te
mouio a matarme mis soldados, pues veias ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304
impossible el escaparte? ¿Esse respeto se
guarda a las capitanas? ¿No sabes tu que no es
valentia la temeridad? Las esperanças dudosas
han de hazer a los hombres atreuidos, pero no
temerarios. 5
Responder queria el arraez, pero no pudo el
general por entonces oir la respuesta, por
acudir a recebir al virrey, que ya entraua en la
galera, con el qual entraron algunos de sus
criados y algunas personas del pueblo. 10
¡Buena ha estado la caça, señor general!
dixo el virrey.
Y tan buena, respondio el general, qual
la verá vuestra excelencia agora colgada de
esta entena. 15
Cómo ansi?, replicó el virrey.
Porque me han muerto, respondio el
general, contra toda ley y contra toda razon y
vsança de guerra, dos soldados de los mejores
que en estas galeras venian, y yo he jurado de 20
ahorcar a quantos he cautiuado, principalmente
a este moço, que es el arraez del vergantin.
Y enseñole al que ya tenia atadas las manos,
y echado el cordel a la garganta, esperando la
muerte. 25
Mirole el virrey, y, viendole tan hermoso y
tan gallardo y tan humilde, dandole en aquel
instante vna carta de recomendacion su
hermosura, le vino desseo de escusar su muerte,
y, assi, le preguntó: 30
Dime, arraez, ¿eres turco de nacion, o moro,
o renegado?
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 305
A lo qual el moço respondio en lengua
assimesmo castellana:
Ni soy turco de nacion, ni moro, ni
renegado.
Pues ¿qué eres?, replicó el virrey. 5
Muger christiana, respondio el mancebo.
¿Muger, y christiana, y en tal trage y en
tales pasos? Mas es cosa para admirarla que
para creerla.
Suspended, dixo el moço, o señores, la 10
execucion de mi muerte; que no se perdera
mucho en que se dilate vuestra vengança en
tanto que yo os cuente mi vida.
¿Quién fuera el de coraçon tan duro, que
con estas razones no se ablandara, o, a lo 15
menos, hasta oyr las que el triste y lastimado
mancebo dezir queria? El general le dixo que
dixesse lo que quisiesse; pero que no esperasse
alcançar perdon de su conocida culpa. Con
esta licencia el moço començo a dezir desta 20
manera:
De aquella nacion mas desdichada que
prudente, sobre quien ha llouido estos dias vn
mar de desgracias, naci yo de moriscos padres
engendrada. En la corriente de su desuentura 25
fuy yo por dos tios mios lleuada a Berberia,
sin que me aprouechasse dezir que era christiana,
como, en efecto, lo soy, y no de las fingidas
ni aparentes, sino de las verdaderas y
catolicas. No me valio con los que tenian a cargo 30
nuestro miserable destierro dezir esta verdad,
ni mis tios quisieron creerla; antes la tuuieron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306
por mentira y por inuencion, para quedarme en
la tierra donde auia nacido, y, assi, por fuerça
mas que por grado me truxeron consigo. Tuue
vna madre christiana y vn padre discreto y
christiano ni mas ni menos; mamé la Fe catolica 5
en la leche, crieme con buenas costumbres; ni
en la lengua, ni en ellas jamas, a mi parecer, di
señales de ser morisca. Al par y al paso destas
virtudes, que yo creo que lo son, crecio mi
hermosura, si es que tengo alguna; y aunque mi 10
recato y mi encerramiento fue mucho, no
deuio de ser tanto que no tuuiesse lugar de
verme vn mancebo cauallero llamado don Gaspar
Gregorio, hijo mayorazgo de vn cauallero
que junto a nuestro lugar otro suyo tiene. Cómo 15
me vio, cómo nos hablamos, cómo se vio
perdido por mi y cómo yo no muy ganada por el,
seria largo de contar, y mas en tiempo que
estoy temiendo que entre la lengua y la
garganta se ha de atrauessar el riguroso cordel 20
que me amenaza; y, assi, solo dire como en
nuestro destierro quiso acompañarme don
Gregorio. Mezclose con los moriscos que de otros
lugares salieron, porque sabia muy bien la
lengua, y en el viage se hizo amigo de dos tios 25
mios, que consigo me traian; porque mi padre,
prudente y preuenido, assi como oyo el primer
vando de nuestro destierro, se salio del lugar
y se fue a buscar alguno en los reynos
extraños, que nos acogiesse. Dexó encerradas y 30
enterradas en vna parte, de quien yo sola tengo
noticia, muchas perlas y piedras de gran valor,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 307
con algunos dineros en cruzados y doblones
de oro. Mandome que no tocasse al tesoro que
dexaua, en ninguna manera, si acaso antes
que el boluiesse nos desterrauan. Hizelo assi,
y con mis tios, como tengo dicho, y otros 5
parientes y allegados passamos a Berberia y el
lugar donde hizimos assiento fue en Argel, como
si le hizieramos en el mismo infierno.
Tuuo noticia el rey de mi hermosura, y la
fama se la dio de mis riquezas, que en parte 10
fue ventura mia. Llamome ante si, preguntome
de qué parte de España era, y qué dineros y
qué joyas traia; dixele el lugar, y que las joyas
y dineros quedauan en el enterrados; pero que
con facilidad se podrian cobrar si yo misma 15
boluiesse por ellos. Todo (*) esto le dixe,
temerosa de que no le cegasse mi hermosura, sino
su codicia. Estando conmigo en estas platicas,
le llegaron a dezir como venia conmigo vno de
los mas gallardos y hermosos mancebos que 20
se podia imaginar. Luego entendi que lo dezian
por don Gaspar Gregorio, cuya belleza se dexa
atras las mayores que encarecer se pueden.
Turbeme, considerando el peligro que don
Gregorio corria, porque entre aquellos barbaros 25
turcos en mas se tiene y estima vn mochacho
o mancebo hermoso que vna muger, por bellissima
que sea. Mandó luego el rey que se le
truxessen alli delante para verle, y preguntome
si era verdad lo que de aquel moço le dezian; 30
entonces yo, casi como preuenida del cielo, le
dixe que si era; pero que le hazia saber que no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308
era varon, sino muger como yo, y que le suplicaua
me la dexasse yr a vestir en su natural trage,
para que de todo en todo mostrasse su belleza
y con menos empacho pareciesse ante su
presencia. Dixome que fuesse en buena hora, y 5
que otro dia hablariamos en el modo que se
podia tener para que yo boluiesse a España a
sacar el escondido tesoro. Hablé con don Gaspar,
contele el peligro que corria el mostrar ser
hombre, vestile de mora, y aquella mesma 10
tarde le truxe a la presencia del rey, el qual,
en viendole, quedó admirado y hizo disignio
de guardarla para hazer presente della al Gran
Señor; y por huir del peligro que en el serrallo
de sus mugeres podia tener, y temer de si mismo, 15
la mandó poner en casa de vnas principales
moras que la guardassen, y la siruiessen,
adonde le lleuaron luego. Lo que los dos
sentimos, que no puedo negar que no (*) le quiero,
se dexe a la consideracion de los que se apartan 20
si bien se quieren.
Dio luego traça el rey de que yo boluiesse
a España en este vergantin, y que me acompañassen
dos turcos de nacion que fueron los que
mataron vuestros soldados. Vino tambien conmigo 25
este renegado español --señalando al que
auia hablado primero--, del qual se yo bien que
es christiano encubierto y que viene con mas
desseo de quedarse en España que de boluer a
Berberia; la demas chusma del vergantin son 30
moros y turcos, que no siruen de mas que de
vogar al remo. Los dos turcos codiciosos e
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 309
insolentes, sin guardar el orden que traiamos
de que a mi y a este renegado en la primer
parte de España, en habito de christianos, de
que venimos proueydos, nos echassen en tierra,
primero quisieron barrer esta costa y hazer 5
alguna presa, si pudiessen, temiendo que si
primero nos echauan en tierra, por algun
acidente que a los dos nos sucediesse, podriamos
descubrir que quedaua el vergantin en la mar,
y si acaso huuiesse galeras por esta costa, los 10
tomassen. Anoche descubrimos esta playa, y
sin tener notic[i]a destas quatro galeras, fuimos
descubiertos, y nos ha sucedido lo que aueis
visto. En resolucion, don Gregorio queda en
habito de muger entre mugeres, con manifiesto 15
peligro de perderse, y yo me veo atadas las
manos esperando, o, por mejor dezir, temiendo
perder la vida que ya me cansa.
Este es, señores, el fin de mi lamentable
historia, tan verdadera como desdichada; lo que 20
os ruego es que me dexeis morir como christiana,
pues como ya he dicho, en ninguna cosa
he sido culpante de la culpa en que los de mi
nacion han caydo.
Y luego calló, preñados los ojos de tiernas 25
lagrimas, a quien acompañaron muchas de los
que presentes estauan. El virrey, tierno y
compassiuo, sin hablarle palabra, se llegó a ella y le
quitó con sus manos el cordel que las hermosas
de la mora ligaua. En tanto, pues, que la 30
morisca christiana su peregrina historia trataua,
tuuo clauados los ojos en ella vn anciano
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310
peregrino, que entró en la galera quando entró
el virrey, y apenas dio fin a su platica la
morisca, quando el se arrojó a sus pies, y,
abraçado dellos, con interrumpidas palabras de mil
sollozos y suspiros, le dixo: 5
¡O Ana Felix, desdichada hija mia! Yo soy
tu padre Ricote, que boluia a buscarte, por no
poder viuir sin ti, que eres mi alma.
A cuyas palabras abrio los ojos Sancho, y
alçó la cabeça, que inclinada tenia pensando 10
en la desgracia de su passeo, y mirando al
peregrino, conocio ser el mismo Ricote que topó
el dia que salio de su gouierno; y confirmose
que aquella era su hija, la qual, ya desatada,
abraçó a su padre, mezclando sus lagrimas con 15
las suyas; el qual dixo al general y al virrey:
Esta, señores, es mi hija, mas desdichada
en sus sucessos que en su nombre. Ana Felix
se llama, con el sobrenombre de Ricote, famosa
tanto por su hermosura como por mi riqueza. 20
Yo sali de mi patria a buscar en reynos
estraños quien nos albergasse y recogiesse, y,
auiendole hallado en Alemania, bolui en este
habito de peregrino, en compañia de otros
alemanes a buscar mi hija y a (*) desenterrar 25
muchas riquezas que dexé escondidas. No hallé a
mi hija, hallé el tesoro que conmigo traygo, y
agora, por el estraño rodeo que aueys visto, he
hallado el tesoro que mas me enriqueze, que
es a mi querida hija. Si nuestra poca culpa y sus 30
lagrimas y las mias por la integridad de vuestra
justicia pueden abrir puertas a la misericordia,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 311
vsadla con nosotros, que jamas tuuimos
pensamiento de ofenderos, ni conuenimos en
ningun modo con la intencion de los nuestros,
que justamente han sido desterrados.
Entonces dixo Sancho: 5
Bien conozco a Ricote, y se que es verdad
lo que dize en quanto a ser Ana Felix su hija;
que en essotras çarandajas de yr y venir, tener
buena o mala intencion, no me entremeto.
Admirados del estraño caso todos los 10
presentes, el general dixo:
Vna por vna, vuestras lagrimas no me
dexarán cumplir mi juramento; viuid, hermosa
Ana Felix, los años de vida que os tiene
determinados el cielo, y lleuen la pena de su culpa 15
los insolentes y atreuidos que la cometieron.
Y mandó luego ahorcar de la entena a los
dos turcos, que a sus dos soldados auian muerto;
pero el virrey le pidio encarecidamente no
los ahorcasse, pues mas locura que valentia 20
auia sido la suya. Hizo el general lo que el
virrey le pedia, porque no se executan bien las
venganças a sangre elada. Procuraron luego
dar traça de sacar a don Gaspar Gregorio del
peligro en que quedaua. Ofrecio Ricote para 25
ello mas de dos mil ducados que en perlas y
en joyas tenia. Dieronse muchos medios; pero
ninguno fue tal como el que dio el renegado
español que se ha dicho, el qual se ofrecio de
boluer a Argel en algun barco pequeño, de 30
hasta seys bancos, armado de remeros
christianos, porque el sabia dónde, cómo y quándo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 312
podia y deuia desembarcar; y, assimismo, no
ignoraua la casa donde don Gaspar quedaua.
Dudaron el general y el virrey el fiarse del
renegado, ni confiar de (*) los christianos que
auian de vogar el remo. Fiole Ana Felix, y 5
Ricote, su padre, dixo que salia a dar el rescate
de los christianos, si acaso se perdiessen.
Firmados, pues, en este parecer, se desembarcó
el virrey, y don Antonio Moreno se lleuó consigo
a la morisca y a su padre, encargandole el 10
virrey que los regalasse y acariciasse quanto le
fuesse possible; que de su parte le ofrecia lo
que en su casa huuiesse para su regalo. Tanta
fue la beneuolencia y caridad que la hermosura
de Ana Felix infundio en su pecho. 15
p. 313
Capitulo LXIV
Que trata de la auentura que mas pesadumbre
dio a don Quixote de quantas hasta
entonces le auian sucedido.
La muger de don Antonio Moreno cuenta la 5
historia que recibio grandissimo contento de
ver a Ana Felix en su casa; recibiola con
mucho agrado, assi enamorada de su belleza
como de su discrecion, porque en lo vno y en lo
otro era estremada la morisca, y toda la gente 10
de la ciudad, como a campana tañida, venian
a verla. Dixo don Quixote a don Antonio que
el parecer que auian tomado en la libertad de
don Gregorio no era bueno, porque tenia mas
de peligroso que de conueniente, y que seria 15
mejor que le pusiessen a el en Berberia con
sus armas y cauallo, que el le sacaria a pesar
de toda la morisma, como auia hecho don
Gayferos a su esposa Melisendra.
Aduierta vuessa merced, dixo Sancho 20
oyendo esto, que el señor don Gaiferos sacó
a su esposa de tierra firme y la lleuó a Francia
por tierra firme; pero aqui, si acaso sacamos
a don Gregorio, no tenemos por dónde traerle
a España, pues está la mar en medio. 25
Para todo ay remedio, si no es para la
muerte, respondio don Quixote; pues llegando el
barco a la marina, nos podremos embarcar en
el, aunque todo el mundo lo impida.
Muy bien lo pinta y facilita vuessa merced, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314
dixo Sancho; pero del dicho al hecho ay gran
trecho, y yo me atengo al renegado que me
parece muy hombre de bien y de muy buenas
entrañas.
Don Antonio dixo que si el renegado no saliesse 5
bien del caso, se tomaria el espediente
de que el gran don Quixote passasse en Berberia.
De alli a dos dias partio el renegado en
vn ligero barco de seys remos por vanda, armado
de valentissima chusma, y de alli a otros 10
dos se partieron las galeras a Leuante, auiendo
pedido el general al visorrey fuesse seruido de
auisarle de lo que sucediesse en la libertad de
don Gregorio y en el caso de Ana Felix. Quedó
el visorrey de hazerlo assi, como se lo pedia. 15
Y vna mañana, saliendo don Quixote a
passearse por la playa, armado de todas sus
armas, porque, como muchas vezes dezia, ellas
eran sus arreos, y su descanso el pelear (*), y
no se hallaua sin ellas vn punto, vio venir 20
hazia el vn cauallero armado assimismo de
punta en blanco, que en el escudo traia pintada
vna luna resplandeciente; el qual, llegandose
a trecho que podia ser oydo, en altas vozes,
encaminando sus razones a don Quixote, dixo: 25
Insigne cauallero y jamas como se deue
alabado don Quixote de la Mancha, yo soy el
Cauallero de la Blanca Luna, cuyas inauditas
hazañas quiça te le auran traydo a la memoria.
Vengo a contender contigo y a prouar la fuerça 30
de tus braços, en razon de hazerte conocer y
confessar que mi dama, sea quien fuere, es sin
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 315
comparacion mas hermosa que tu Dulcinea del
Toboso; la qual verdad si tu la confiessas de
llano en llano, escusarás tu muerte y el trabajo
que yo he de tomar en dartela, y si tu peleares
y yo te venciere no quiero otra satisfacion sino 5
que, dexando las armas y absteniendote de
buscar auenturas, te recojas y retires a tu lugar
por tiempo de vn año, donde has de viuir sin
echar mano a la espada, en paz tranquila y en
prouechoso sossiego, porque assi conuiene al 10
aumento de tu hazienda y a la saluacion de tu
alma. Y si tu me vencieres, quedará a tu
discrecion mi cabeça, y seran tuyos los despojos
de mis armas y cauallo, y passará a la tuya la
fama de mis hazañas. Mira lo que está mejor, 15
y respondeme luego; porque oy todo el dia
traygo de termino para despachar este
negocio.
Don Quixote quedó suspenso y atonito, assi
de la arrogancia del Cauallero de la Blanca 20
Luna, como de la causa porque le dessafiaua; y
con reposo y ademan seuero le respondio:
Cauallero de la Blanca Luna, cuyas hazañas
hasta agora no han llegado a mi noticia,
yo osaré (*) jurar que jamas aueis visto a la 25
illustre Dulcinea; que si visto la huuierades
yo se que procurarades no poneros en esta
demanda, porque su vista os dessengañara de que
no ha auido ni puede auer belleza que con la
suya comparar se pueda. Y, assi, no diziendoos 30
que mentis, sino que no acertais en lo
propuesto, con las condiciones que aueis referido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316
aceto vuestro dessafio, y luego, porque no se
passe el dia que traeis determinado; y solo
exceto de las condiciones la de que se passe a
mi la fama de vuestras hazañas, porque no se
quáles ni qué tales sean; con las mias me 5
contento, tales quales ellas son. Tomad, pues, la
parte del campo que quisieredes; que yo haré
lo mesmo, y a quien Dios se la diere, San
Pedro se la bendiga.
Auian descubierto de la ciudad al Cauallero 10
de la Blanca Luna, y dichoselo al visorrey
que (*) estaua hablando con don Quixote de
la Mancha. El visorrey, creyendo seria alguna
nueua auentura fabricada por don Antonio
Moreno o por otro algun cauallero de la ciudad, 15
salio luego a la playa con don Antonio y con
otros muchos caualleros que le acompañauan,
a tiempo quando don Quixote boluia las
riendas a Rozinante para tomar del campo lo
necessario. Viendo, pues, el visorrey que dauan 20
los dos señales de boluerse a encontrar, se
puso en medio, preguntandoles qué era la
causa que les mouia a hazer tan de improuiso
batalla.
El Cauallero de la Blanca Luna respondio 25
que era precedencia de hermosura, y, en breues
razones, le dixo las mismas que auia dicho a
don Quixote, con la acetacion de las condiciones
del dessafio hechas por entrambas partes.
Llegose el visorrey a don Antonio y preguntole 30
paso si sabia quién era el tal Cauallero
de la Blanca Luna, o si era alguna burla que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 317
querian hazer a don Quixote. Don Antonio le
respondio que ni sabia quién era, ni si era de
burlas ni de veras el tal dessafio. Esta respuesta
tuuo perplexo al visorrey en si les dexaria o
no passar adelante en la batalla; pero no 5
pudiendose persuadir a que fuesse sino burla, se
apartó, diziendo:
Señores caualleros, si aqui no ay otro
remedio sino confessar o morir, y el señor don
Quixote está en sus treze, y vuessa merced, el 10
de la Blanca Luna en sus catorze, a la mano
de Dios, y dense.
Agradecio el de la Blanca Luna con cortesses
y discretas razones al visorrey la licencia
que se les daua, y don Quixote hizo lo 15
mesmo; el qual, encomendandose al cielo de
todo coraçon y a su Dulcinea, como tenia de
costumbre al començar de las batallas que se
le ofrecian, tornó a tomar otro poco mas del
campo, porque vio que su contrario hazia lo 20
mesmo, y, sin tocar trompeta ni otro instrumento
belico que les diesse señal de arremeter,
boluieron entrambos a vn mesmo punto las
riendas a sus cauallos, y como era mas ligero
el de la Blanca Luna, llegó a don Quixote a 25
dos tercios andados de la carrera, y alli le
encontro con tan poderosa fuerça, sin tocarle con
la lança --que la leuantó, al parecer, de
proposito--, que dio con Rozinante y con don
Quixote por el suelo vna peligrosa cayda. Fue 30
luego sobre el, y, poniendole la lança sobre la
vissera, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318
Vencido sois, cauallero, y aun muerto, si no
confessais las condiciones de nuestro dessafio.
Don Quixote, molido y aturdido, sin alçarse
la vissera, como si hablara dentro de vna
tumba, con voz debilitada y enferma, dixo: 5
Dulcinea del Toboso es la mas hermosa
muger del mundo, y yo el mas desdichado cauallero
de la tierra, y no es bien que mi flaqueza
defraude esta verdad; aprieta, cauallero,
la lança, y quitame la vida, pues me has 10
quitado la honra.
Esso no hare yo, por cierto, dixo el de la
Blanca Luna; viua, viua en su entereza la fama
de la hermosura de la señora Dulcinea del
Toboso; que solo me contento con que el gran 15
don Quixote se retire a su lugar vn año, o hasta
el tiempo que por mi le fuere mandado, como
concertamos antes de entrar en esta batalla.
Todo esto oyeron el visorrey y don Antonio,
con otros muchos que alli estauan, y oyeron 20
assimismo que don Quixote respondio que
como no le pidiesse cosa que fuesse en
perjuyzio de Dulcinea, todo lo demas cumpliria
como cauallero puntual y verdadero.
Hecha esta confession, boluio las riendas el 25
de la Blanca Luna, y, haziendo messura con la
cabeça al visorrey, a medio galope se entró en
la ciudad. Mandó el visorrey a don Antonio
que fuesse tras el, y que en todas maneras
supiesse quién era. Leuantaron a don Quixote, 30
descubrieronle el rostro y hallaronle sin color
y trassudando. Rozinante, de puro malparado,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 319
no se pudo mouer por entonces. Sancho, todo
triste, todo apessarado, no sabia qué dezirse
ni qué hazerse; pareciale que todo aquel
sucesso passaua en sueños, y que toda aquella
maquina era cosa de encantamento. Veia a su 5
señor rendido y obligado a no tomar armas en
vn año; imaginaua la luz de la gloria de sus
hazañas escurecida, las esperanças de sus
nueuas promessas dessechas, como se deshaze
el humo con el viento. Temia si quedaria, o 10
no, contrecho Rozinante, o deslocado su amo;
que no fuera poca ventura si deslocado quedara.
Finalmente, con vna silla de manos, que
mandó traer el visorrey, le lleuaron a la ciudad,
y el visorrey se boluio tambien a ella con 15
desseo de saber quién fuesse el Cauallero de la
Blanca Luna, que de tan mal talante auia
dexado a don Quixote.
p. 320
Capitulo LXV
Donde se da noticia quién era el de la Blanca
Luna, con la libertad de don Gregorio y de
otros sucessos.
Siguio don Antonio Moreno al Cauallero de 5
la Blanca Luna, y siguieronle tambien, y aun
persiguieronle, muchos muchachos hasta que
le cerraron en vn meson dentro de la ciudad.
Entró [en] el don Antonio con desseo de
conocerle; salio vn escudero a recebirle y a 10
dessarmarle, encerrose en vna sala baxa, y con el
don Antonio, que no se le cozia el pan hasta
saber quién fuesse. Viendo, pues, el de la
Blanca Luna, que aquel cauallero no le dexaua,
le dixo: 15
Bien se, señor, a lo que venis, que es a saber
quien soy; y porque no ay para qué negaroslo,
en tanto que este mi criado me dessarma,
os lo dire sin faltar vn punto a la verdad
del caso. Sabed, señor, que a mi me llaman el 20
bachiller Sanson Carrasco, soy del mesmo lugar
de don Quixote de la Mancha, cuya locura y
sandez mueue a que le tengamos lastima todos
quantos le conocemos, y entre los que mas se
la han tenido he sido yo, y, creyendo que está 25
su salud en su reposo y en que se esté en su
tierra y en su casa, di traça para hazerle estar
en ella, y, assi, aura tres (*) meses que le sali
al camino como cauallero andante, llamandome
el Cauallero de los Espejos, con intencion 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXV p. 321
de pelear con el y vencerle sin hazerle daño,
poniendo por condicion de nuestra pelea que
el vencido quedasse a discrecion del vencedor,
y lo que yo pensaua pedirle, porque ya le
juzgaua por vencido, era que se boluiesse a su 5
lugar y que no saliesse del en todo vn año, en
el qual tiempo podria ser curado. Pero la
suerte lo ordenó de otra manera, porque el me
vencio a mi y me derribó del cauallo, y, assi,
no tuuo efecto mi pensamiento. El prosiguio 10
su camino, y yo me bolui vencido, corrido y
molido de la cayda, que fue a demas peligrosa;
pero no por esto se me quitó el desseo de
boluer a buscarle y a vencerle, como oy se ha
visto. Y como el es tan puntual en guardar las 15
ordenes de la andante caualleria, sin duda
alguna, guardará la que le he dado en cumplimiento
de su palabra. Esto es, señor, lo [que]
passa, sin que tenga que deziros otra cosa
alguna: suplicoos no me descubrais, ni le digais 20
a don Quixote quién soy, por que tengan efecto
los buenos pensamientos mios, y buelua a
cobrar su juyzio vn hombre que le tiene
bonissimo, como le dexen las sandezes de la
caualleria. 25
O, señor, dixo don Antonio, Dios os
perdone el agrauio que aueis hecho a todo el
mundo en que