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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                   TOMO IV
                 [con notas]




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1941 Rodolfo Schevill
       Copyright © 1997 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO IV EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XLI.
p. 4
p. 5 ADVERTENCIA Al terminar este cuarto y último tomo de la obra imperecedera de Cervantes, quiero dar mis más sinceras gracias a mis colegas y amigos Edwin S. Morby y Dorotea Clarke, quienes, en medio de sus propias faenas, se han dado la molestia de leer las pruebas del texto y de las notas. Y si se puede decir con alguna justicia amici probantur rebus adversis, también se puede decir que no hay mejor prueba de los amigos que la ayuda ofrecida para descubrir y subsanar las equivocaciones de otros, sobre todo las erratas de imprenta que tienen la destreza mágica de ocultarse en las pruebas sólo para quedar patentes a la vista de todos desde el momento en que se publica la obra.
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p. 7 Capitulo XXXVIII Donde se cuenta la que dio de su mala andança la dueña Dolorida. Detras de los tristes musicos començaron a entrar por el jardin adelante hasta cantidad de 5 doze dueñas, repartidas en dos hileras, todas vestidas de vnos mongiles anchos, al parecer, de anascote batanado, con vnas tocas blancas de delgado canequi, tan luengas, que solo el ribete del mongil descubrian. Tras ellas venia 10 la condessa Trifaldi, a quien traia de la mano el escudero Trifaldin de la Blanca Barba, vestida de finissima y negra vayeta por frisar, que, a venir frisada, descubriera cada grano del grandor de vn garuanzo de los buenos de 15 Martos (*). La cola o falda, o como llamarla quisieren, era de tres puntas, las quales se sustentauan en las manos de tres pages assimesmo vestidos de luto, haziendo vna vistosa y matematica figura con aquellos tres angulos acutos, 20 que las tres puntas formauan, por lo qual cayeron todos los que la falda puntiaguda miraron, que por ella se deuia llamar la Condessa Trifaldi, como si dixessemos la Condessa de las tres faldas; y, assi, dize Benengeli que fue 25 verdad, y que de su propio apellido se llamó (*) la Condessa Lobuna, a causa que se criauan en su condado muchos lobos, y que, si como eran lobos fueran zorras, la llamaran la Condessa Zorruna, por ser costumbre en aquellas 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 8 partes tomar los señores la denominacion de sus nombres de la cosa, o cosas, en que mas sus estados abundan; empero esta condessa, por fauorecer la nouedad de su falda, dexó el Lobuna, y tomó el Trifaldi. 5 Venian las doze dueñas y la señora a paso de procession, cubiertos los rostros con vnos velos negros, y no trasparentes como el de Trifaldin, sino tan apretados que ninguna cosa se trasluzian (*). 10 Assi como acabó de parecer el dueñesco esquadron, el duque, la duquessa y don Quixote se pusieron en pie, y todos aquellos que la espaciosa procession mirauan. Pararon las doze dueñas y hizieron calle, por medio de la 15 qual la Dolorida se adelantó, sin dexarla de la mano Trifaldin; viendo lo qual el duque, la duquessa y don Quixote, se adelantaron obra de doze pasos a recebirla. Ella puesta[s] (*) las rodillas en el suelo, con voz antes basta y ronca 20 que sutil y dilicada, dixo: “Vuestras grandezas sean seruidas de no hazer tanta cortesia a este su criado, digo a esta su criada, porque segun soy de dolorida, no acertaré a responder a lo que deuo, a causa 25 que mi estraña y jamas vista desdicha me ha lleuado el entendimiento, no se adónde, y deue de ser muy lexos, pues quanto mas le busco, menos le hallo.” “Sin el estaria”, respondio el duque, “señora 30 condessa, el que no descubriese por vuestra persona vuestro valor, el qual, sin mas ver, es
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 9 merecedor de toda la nata de la cortesia, y de toda la flor de las bien criadas ceremonias.” Y, leuantandola de la mano, la lleuó a assentar en vna silla junto a la duquessa, la qual la 5 recibio assimismo con mucho comedimiento. Don Quixote callaua, y Sancho andaua muerto por ver el rostro de la Trifaldi y de alguna de sus muchas dueñas; pero no fue possible, hasta que ellas de su grado y 10 voluntad se descubrieron. Sossegados todos y puestos en silencio, estauan esperando quién le auia de romper, y fue la dueña Dolorida con estas palabras: “Confiada estoy, señor poderosissimo, 15 hermosissima señora y discretissimos circunstantes, que ha de hallar mi cuytissima en vuestros valerosissimos pechos acogimiento, no menos placido que generoso y doloroso; porque ella es tal, que es bastante a enternecer los 20 marmoles, y a ablandar los diamantes, y a molificar los azeros de los mas endurecidos coraçones del mundo; pero antes que salga a la plaza de vuestros oydos, por no dezir orejas, quisiera que me hizieran sabidora si está en 25 este gremio, corro y compañia, el acendradissimo cauallero don Quixote de la Manchissima, y su escuderissimo Pança.” “El Pança”, antes que otro respondiesse, dixo Sancho, “aqui está, y el don Quixotissimo 30 assimismo; y, assi, podreys, dolorosissima dueñissima, dezir lo que quisieridissimis; que todos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 10 estamos prontos y aparejadissimos a ser vuestros seruidorissimos.” En esto, se leuantó don Quixote, y, encaminando sus razones a la Dolorida dueña, dixo: “Si vuestras cuytas, angustiada señora, se 5 pueden prometer alguna esperança (*) de remedio por algun valor o fuerças de algun andante cauallero, aqui estan las mias, que, aunque flacas y breues, todas se emplearán en vuestro seruicio. Yo soy don Quixote de la 10 Mancha, cuyo asumpto es acudir a toda suerte de menesterosos, y siendo esto assi, como lo es, no aueis menester, señora, captar beneuolencias, ni buscar preambulos, sino a la llana y sin rodeos dezir (*) vuestros males; que oydos 15 os escuchan, que sabran, si no remediarlos, dolerse dellos.” Oyendo lo qual la Dolorida dueña, hizo señal de querer arrojarse a los pies de don Quixote, y aun se arrojó, y pugnando por 20 abraçarselos, dezia: “Ante (*) estos pies y piernas me arrojo, o cauallero inuicto, por ser los que son basas y colunas de la andante caualleria; estos pies quiero besar, de cuyos pasos pende y cuelga 25 todo el remedio de mi desgracia, ¡o valeroso andante, cuyas verdaderas fazañas dexan atras y escurecen las fabulosas de los Amadisses, Esplandianes y Belianisses!” Y, dexando a don Quixote, se boluio a Sancho 30 Pança y, assiendole de las manos, le dixo: “¡O tu el mas leal escudero que jamas siruio
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 11 a cauallero andante en los presentes, ni en los passados siglos, mas luengo en bondad que la barba de Trifaldin, mi acompañador que está presente!, bien puedes preciarte que en seruir al gran don Quixote sirues en cifra a toda la 5 caterua de caualleros que han tratado las armas en el mundo. Conjurote, por lo que deues a tu bondad fidelissima, me seas buen intercessor con tu dueño, para que luego fauorezca a esta humilissima y desdichadissima 10 condessa.” A lo que respondio Sancho: “De que sea mi bondad, señoria (*) mia, tan larga y grande, como la barba de vuestro escudero, a mi me haze muy poco al caso; 15 barbada y con vigotes tenga yo mi alma quando desta vida vaya, que es lo que importa; que de las barbas de aca poco o nada me curo; pero, sin essas socaliñas (*) ni plegarias, yo rogaré a mi amo, que se que me quiere bien, 20 y mas agora que me ha menester para cierto negocio, que fauorezca y ayude a vuessa merced (*) en todo lo que pudiere; vuessa merced desembaule su cuyta, y cuentenosla, y dexe hazer; que todos nos entenderemos.” 25 Rebentauan de risa con estas cosas los duques, como aquellos que auian tomado el pulso a la tal auentura, y alabauan entre si la agudeza y dissimulacion de la Trifaldi, la qual, boluiendose assentar, dixo: 30 “Del famoso reyno de Candaya, que cae entre la gran Trapobana (*) y el mar del Sur, dos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 12 leguas mas alla del cabo Comorin (*), fue señora la reyna doña Maguncia, viuda del rey Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio tuuieron y procrearon a la infanta Antonomasia, heredera del reyno, la qual dicha infanta 5 Antonomasia se crio; y crecio debaxo de mi tutela y doctrina, por ser yo la mas antigua y la mas principal dueña de su madre. Sucedio, pues, que yendo dias y viniendo dias, la niña Antonomasia llegó a edad de catorze años, 10 con tan gran perfecion de hermosura, que no la pudo subir mas de punto la naturaleza. Pues ¡digamos agora que la discrecion era mocosa! Assi era discreta como bella, y era la mas bella del mundo, y lo es, si ya los hados 15 inuidiosos y las parcas endurecidas no la han cortado la estambre de la vida; pero no auran, que no han de permitir los cielos que se haga tanto mal a la tierra, como seria lleuarse en agraz el razimo del mas hermoso veduño del 20 suelo. ”De esta hermosura, y no como se deue encarecida de mi torpe lengua, se enamoró vn numero infinito de principes, assi naturales como estrangeros, entre los quales osó leuantar 25 los pensamientos al cielo de tanta belleza vn cauallero particular, que en la corte estaua, confiado en su mocedad y en su bizarria y en sus muchas habilidades y gracias, y facilidad y felicidad de ingenio; porque hago saber a 30 vuestras grandezas, si no lo tienen por enojo (*), que tocaua vna guitarra que la hazia hablar, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 13 mas que era poeta y gran baylarin, y sabia hazer vna xaula de paxaros, que solamente a hazerlas pudiera ganar la vida, quando se viera en estrema necessidad; que todas estas partes y gracias son bastantes a derribar vna 5 montaña, no que (*) vna delicada donzella. Pero toda su gentileza y buen donayre, y todas sus gracias y habilidades fueran poca o ninguna parte para rendir la fortaleza de mi niña, si el ladron desuellacaras no vsara del remedio de 10 rendirme a mi primero. Primero quiso el malandrin y desalmado vagamundo grangearme la voluntad, y coecharme el gusto, para que yo, mal alcayde, le entregasse las llaues de la fortaleza que guardaua. 15 ”En resolucion, el me aduló el entendimiento, y me rindio la voluntad con no se qué dixes y brincos que me dio; pero lo que mas me hizo postrar y dar conmigo por el suelo fueron vnas coplas que le oi cantar vna noche, 20 desde vna reja que caia a vna callejuela donde el estaua, que si mal no me acuerdo dezian: De la dulce mi enemiga nace vn mal que al alma hiere, y por mas tormento, quiere 25 que se sienta y no se diga (*). ”Pareciome la troba de perlas, y su voz, de almibar, y despues aca, digo, desde entonces, viendo el mal en que cai por estos y otros semejantes versos, he considerado que de las 30 buenas y concertadas republicas se auian de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 14 desterrar los poetas, como aconsejaua Platon, a lo menos los lasciuos (*), porque escriuen vnas coplas, no como las del marques de Mantua (*), que entretienen y hazen llorar los niños y a las mugeres, sino vnas agudezas 5 que a modo de blandas espinas os atrauiessan el alma, y como rayos os hieren en ella, dexando sano el vestido (*), y otra vez cantó: Ven, muerte, tan escondida, que no te sienta venir; 10 porque el placer del morir no me torne a dar la vida (*). ”Y deste jaez otras coplitas y estrambotes que, cantados encantan, y escritos suspenden; pues ¿qué quando se humillan a componer vn 15 genero de verso que en Candaya se vsaua entonces, a quien ellos llamauan seguidillas? Alli era el brincar de las almas, el retozar de la risa, el dessassossiego de los cuerpos, y, finalmente, el azogue de todos los sentidos. Y 20 assi, digo, señores mios, que los tales trobadores con justo titulo los deuian desterrar a las Islas de los Lagartos (*). Pero no tienen ellos la culpa, sino los simples que los alaban, y las bobas que los creen. Y si yo fuera la buena 25 dueña que deuia, no me auian de mouer sus trasnochados conceptos, ni auia de creer ser verdad aquel dezir: «Viuo muriendo, ardo en »el yelo, tiemblo en el fuego, espero sin »esperança, partome y quedome», con otros 30 impossibles desta ralea, de que estan sus
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXVIII p. 15 escritos llenos. Pues ¿qué quando prometen el fenix de Arabia, la corona de Aridiana (*), los cauallos del Sol, del Sur las perlas, de Tibar el oro, y de Pancaya el balsamo (*)? Aqui es donde ellos alargan mas la pluma, como les 5 cuesta poco prometer lo que jamas piensan, ni pueden cumplir. Pero ¿dónde me diuierto? ¡Ay de mi desdichada! ¿Qué locura, o qué desatino me lleua a contar las agenas faltas, teniendo tanto que dezir de las mias? ¡Ay de mi, 10 otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron las musicas, sino mi liuiandad; mi mucha ignorancia y mi poco aduertimiento abrieron el camino y desembaraçaron la senda a los pasos 15 de don Clauijo, que este es el nombre del referido cauallero; y assi, siendo yo la medianera, el se halló vna y muy muchas vezes en la estancia de la por mi y no por el engañada Antonomasia, debaxo del titulo de verdadero 20 esposo; que aunque pecadora, no consintiera que, sin ser su marido, la llegara a la vira de la suela de sus çapatillas. ¡No, no, esso no; el matrimonio ha de yr adelante en qualquier negocio destos, que por mi se tratare! 25 Solamente huuo vn daño en este negocio, que fue el de la desigualdad, por ser don Clauijo vn cauallero particular, y la infanta Antonomasia heredera, como ya he dicho, del reyno. ”Algunos dias estuuo encubierta y solapada 30 en la sagazidad de mi recato esta maraña, hasta que me parecio que la yua descubriendo a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 16 mas andar no se qué hinchazon del vientre de Antonomasia, cuyo temor nos hizo entrar en bureo a los tres, y salio del, que antes que se saliesse a luz el mal recado, don Clauijo pidiesse ante el vicario por su muger a 5 Antonomasia, en fe de vna cedula, que de ser su esposa la infanta le auia hecho, notada por mi ingenio con tanta fuerça, que las de Sanson no pudieran romperla. Hizieronse las diligencias, vio el vicario la cedula, tomó el tal vicario la 10 confession a la señora, confessó de plano, mandola depositar en casa de vn alguazil de corte muy honrado.” A esta sazon dixo Sancho: “Tambien en Candaya ay alguaziles de corte, 15 poetas y seguidillas: por lo que puedo jurar que imagino que todo el mundo es vno; pero dese vuessa merced priesa, señora Trifaldi, que es tarde, y ya me muero por saber el fin desta tan larga historia.” 20 “Si hare”, respondio la condessa.
p. 17 Capitulo XXXIX Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia. De qualquiera palabra que Sancho dezia la duquessa gustaua tanto, como se desesperaua 5 don Quixote, y, mandandole que callasse, la Dolorida prosiguio, diziendo: “En fin, al cabo de muchas demandas y respuestas, como la infanta se estaua siempre en sus treze (*), sin salir ni variar de la primera 10 declaracion, el vicario sentenció en fauor de don Clauijo, y se la entregó por su legitima esposa, de lo que recibio tanto enojo la reyna doña Maguncia, madre de la infanta Antonomasia, que dentro de tres dias la enterramos.” 15 “Deuio de morir, sin duda”, dixo Sancho. “Claro está”, respondio Trifaldin; “que en Candaya no se entierran las personas viuas, sino las muertas.” “Ya se ha visto, señor escudero”, replicó 20 Sancho, “enterrar vn desmayado, creyendo ser muerto, y pareciame a mi que estaua la reyna Maguncia obligada a desmayarse antes que a morirse; que con la vida muchas cosas se remedian, y no fue tan grande el disparate de 25 la infanta, que obligasse a sentirle tanto; quando se huuiera casado essa señora con algun page suyo, o con otro criado de su casa, como han hecho otras muchas, segun he oydo dezir, fuera el daño sin remedio; pero el auerse 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 18 casado con vn cauallero tan gentilhombre, y tan entendido como aqui nos le han pintado, en verdad en verdad, que aunque fue necedad, no fue tan grande como se piensa. Porque segun las reglas de mi señor, que está presente 5 y no me dexará mentir, assi como se hazen de los hombres letrados los obispos, se pueden hazer de los caualleros, y mas si son andantes, los reyes y los emperadores.” “Razon tienes, Sancho”, dixo don Quixote, 10 “porque vn cauallero andante, como tenga dos dedos de ventura, está en potencia propinqua de ser el mayor señor del mundo. Pero passe adelante la señora Dolorida; que a mi se me trasluze que le falta por contar lo amargo 15 desta hasta aqui dulce historia.” “Y ¡cómo si queda lo amargo!”, respondio la condessa; “y tan amargo, que en su comparacion son dulces las tueras, y sabrosas las adelfas (*). Muerta, pues, la reyna, y no desmay[a]da, 20 la enterramos, y apenas la cubrimos con la tierra, y apenas le dimos el vltimo vale, quando, quis talia fando temperet a lachrymis? (*), puesto sobre vn cauallo de madera, parecio encima de la sepultura de la reyna el gigante 25 Malambruno, primo cormano de Maguncia, que junto con ser cruel era encantador, el qual con sus artes, en vengança de la muerte de su cormana, y por castigo del atreuimiento de don Clauijo, y por despecho de la demasia de 30 Antonomasia, los dexó encantados sobre la mesma sepultura, a ella, conuertida en vna ximia de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 19 bronze, y a el, en vn espantoso cocodrilo de vn metal no conocido, y entre los dos está vn padron assimismo de metal, y en el escritas en lengua siriaca vnas letras, que, auiendose declarado en la candayesca, y aora en la 5 castellana, encierran esta sentencia: «No cobrarán »su primera forma estos dos atreuidos amantes, »hasta que el valeroso Manchego venga conmigo »a las manos en singular batalla; que para solo »su gran valor guardan los hados esta nunca 10 »vista auentura (*).» ”Hecho esto, sacó de la vayna vn ancho y desmesurado alfange, y, assiendome a mi por los cabellos, hizo finta (*) de querer segarme la gola, y cortarme cercen la cabeça. Turbeme, 15 pegoseme la voz a la garganta, quedé mohina en todo estremo; pero con todo me esforce lo mas que pude, y, con voz tembladora y doliente, le dixe tantas y tales cosas, que le hizieron suspender la execucion de tan riguroso 20 castigo. Finalmente, hizo traer ante si todas las dueñas de palacio, que fueron estas que estan presentes, y despues de auer exagerado nuestra culpa, y vituperado las condiciones de las dueñas, sus malas mañas y peores traças, 25 y, cargando a todas la culpa que yo sola tenia, dixo que no queria con pena capital castigarnos, sino con otras penas dilatadas, que nos diessen vna muerte ciuil y continua, y en aquel mismo momento y punto que acabó de dezir 30 esto, sentimos todas que se nos abrian los poros de la cara, y que por toda ella nos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 20 punçauan como con puntas de agujas; acudimos luego con las manos a los rostros, y hallamonos de la manera que aora vereis.” Y luego la Dolorida y las demas dueñas alçaron los antifazes con que cubiertas venian, 5 y descubrieron los rostros todos poblados de barbas, quales rubias, quales negras, quales blancas, y quales albarraçadas, de cuya vista mostraron quedar admirados el duque y la duquessa, pasmados don Quixote y Sancho, y 10 atonitos todos los presentes, y la Trifaldi prosiguio: “Desta manera nos castigó aquel follon y mal intencionado de Malambruno, cubriendo la blandura y moruidez de nuestros rostros con 15 la aspereza destas cerdas; que pluguiera al cielo que antes con su desmesurado alfange nos huuiera derribado las testas, que no que nos assombrara la luz de nuestras caras con esta borra que nos cubre, porque si entramos 20 en cuenta, señores mios --y esto que voy a dezir agora, lo quisiera dezir hechos mis ojos fuentes, pero la consideracion de nuestra desgracia y los mares que hasta aqui han llouido, los tienen sin humor y secos como aristas, y, 25 assi, lo dire sin lagrimas--, digo, pues, que ¿adónde podra yr vna dueña con barbas? ¿Qué padre, o qué madre se dolera della? ¿Quién la dara ayuda? Pues aun quando tiene la tez lisa, y el rostro martyrizado con mil suertes de 30 menjurges y mudas, apenas halla quien bien la quiera, ¿qué hara quando descubra hecho vn
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XXXIX p. 21 bosque su rostro? ¡O dueñas y compañeras mias, en desdichado punto nacimos, en hora menguada nuestros padres nos engendraron!” Y, diziendo esto, dio muestras de desmayarse. 5
p. 22 Capitulo XL De cosas que atañen y tocan a esta auentura y a esta memorable historia. Real y verdaderamente todos los que gustan de semejantes historias como esta deuen de 5 mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su autor primero, por la curiosidad que tuuo en contarnos las seminimas (*) della, sin dexar cosa, por menuda que fuesse, que no la sacasse a luz distintamente. Pinta los pensamientos, descubre 10 las imaginaciones, responde a las tacitas, aclara las dudas, resuelue los argumentos; finalmente, los atomos del mas curioso desseo manifiesta: ¡O autor celeberrimo! ¡O don Quixote dichoso! ¡O Dulcinea famosa! ¡O Sancho 15 Pança gracioso! Todos juntos y cada vno de por si viuais siglos infinitos, para gusto y general passatiempo de los viuientes. Dize, pues, la historia que assi como Sancho vio desmayada a la Dolorida, dixo: 20 “Por la fe de hombre de bien juro, y por el siglo de todos mis passados los Panças, que jamas he oydo ni visto, ni mi amo me ha contado, ni en su pensamiento ha cabido semejante auentura como esta. Valgate mil 25 Satanases, por no maldezirte, por encantador y gigante, Malambruno, y ¿no hallaste otro genero de castigo que dar a estas pecadoras, sino el de barbarlas? ¿Cómo y no fuera mejor, y a ellas les estuuiera mas a cuento, quitarles la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 23 mitad de las narizes de medio arriba, aunque hablaran gangoso, que no ponerles barbas? Apostaré yo que no tienen hazienda para pagar a quien las rape.” “Assi es la verdad, señor”, respondio vna 5 de las doze; “que no tenemos hazienda para mondarnos, y, assi, hemos tomado algunas de nosotras por remedio ahorratiuo de vsar de vnos pegotes o parches pegajosos, y, aplicandolos a los rostros y tirando de golpe, 10 quedamos rasas y lisas como fondo de mortero de piedra; que puesto que ay en Candaya mugeres que andan de casa en casa a quitar el bello y a pulir las cejas y hazer otros menjurges tocantes a mugeres, nosotras las dueñas de mi 15 señora por jamas quisimos admitirlas, porque las mas oliscan a terceras, auiendo dexado de ser primas; y si por el señor don Quixote no somos remediadas, con barbas nos lleuarán a la sepultura.” 20 “Yo me pelaria las mias”, dixo don Quixote, “en tierra de moros, si no remediasse las vuestras.” A este punto boluio de su desmayo la Trifaldi, y dixo: 25 “El retintin dessa promessa, valeroso cauallero, en medio de mi desmayo llegó a mis oydos, y ha sido parte para que yo del buelua y cobre todos mis sentidos, y assi, de nueuo os suplico, andante inclito y señor indomable, 30 vuestra graciosa promessa se conuierta en obra.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 24 “Por mi no quedará”, respondio don Quixote; “ved, señora, qué es lo que tengo de hazer; que el animo está muy pronto para seruiros.” “Es el caso”, respondio la Dolorida, “que desde aqui al reyno de Candaya, si se va por 5 tierra, ay cinco mil leguas, dos mas a menos; pero si se va por el ayre, y por la linea recta, ay tres mil y dozientas y veynte y siete. Es tambien de saber que Malambruno me dixo que quando la suerte me deparasse al cauallero 10 nuestro libertador, que el le embiaria vna caualgadura harto mejor y con menos malicias que las que son de retorno (*), porque ha de ser aquel mesmo cauallo de madera sobre quien lleuó el valeroso Pierres robada a la linda 15 Magalona (*), el qual cauallo se rige por vna clauija que tiene en la frente, que le sirue de freno, y buela por el ayre con tanta ligereza, que parece que los mesmos diablos le lleuan. Este tal cauallo, segun es tradicion antigua, fue 20 compuesto por aquel sabio Merlin; prestosele a Pierres que era su amigo, con el qual hizo grandes viages y robó, como se ha dicho, a la linda Magalona, lleuandola a las ancas por el ayre, dexando embobados a quantos desde la 25 tierra los mirauan; y no le prestaua sino a quien el queria o mejor se lo pagaua, y desde el gran Pi[e]rres hasta aora no sabemos que aya subido alguno en el. De alli le ha sacado Malambruno con sus artes y le tiene en su poder, 30 y se sirue del en sus viages, que los haze por momentos, por diuersas partes del mundo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 25 y oy está aqui y mañana en Francia, y otro dia en Potosi, y es lo bueno que el tal cauallo ni come, ni duerme (*), ni gasta herraduras, y lleua vn portante por los ayres, sin tener alas, que el que lleua encima puede lleua[r] vna taça 5 llena de agua en la mano, sin que se le derrame gota, segun camina llano y reposado; por lo qual la linda Magalona se holgaua mucho de andar cauallera en el.” A esto dixo Sancho: 10 “Para andar reposado y llano, mi ruzio, puesto que no anda por los ayres; pero, por la tierra, yo le cutire (*) con quantos portantes ay en el mundo.” Rieronse todos y la Dolorida prosiguio: 15 “Y este tal cauallo, si es que Malambruno quiere dar fin a nuestra desgracia, antes que sea media hora entrada la noche estara en nuestra presencia; porque el me significó que la señal que me daria por donde yo entendiesse 20 que auia hallado el cauallero que buscaua, seria embiarme el cauallo, donde fuesse, con comodidad y presteza.” “Y ¿quántos caben en esse cauallo?” preguntó Sancho. 25 La Dolorida respondio: “Dos personas, la vna en la silla y la otra en las ancas, y por la mayor parte estas tales dos personas son cauallero y escudero, quando falta alguna robada donzella.” 30 “Querria yo saber, señora Dolorida”, dixo Sancho, “qué nombre tiene esse cauallo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 26 “El nombre”, respondio la Dolorida, “no es como el cauallo de Belorofonte, que se llamaua Pegaso, ni como el del Magno Alexandro, llamado Buzefalo, ni como el del furioso Orlando, cuyo nombre fue Brilladoro, ni menos Bayarte, 5 que fue el de Reynaldos de Montaluan, ni Frontino como el de Rugero, ni Bootes ni Peritoa, como dizen que se llaman los del Sol, ni tampoco se llama Orelia, como el cauallo en que el desdichado Rodrigo, vltimo rey de los godos, 10 entró en la batalla donde perdio la vida y el reyno (*).” “Yo apostaré”, dixo Sancho, “que pues no le han dado ninguno dessos famosos nombres de cauallos tan conocidos, que tampoco le 15 auran dado el de mi amo, Rozinante, que en ser propio excede a todos los que se han nombrado.” “Assi es”, respondio la barbada condessa; “pero todauia le quadra mucho, porque se 20 llama Clauileño el Aligero, cuyo nombre conuiene con el ser de leño y con la clauija que trae en la frente, y con la ligereza con que camina, y assi, en quanto al nombre, bien puede competir con el famoso Rozinante.” 25 “No me descontenta el nombre”, replicó Sancho; “pero ¿con qué freno o con qué xaquima se gouierna?” “Ya he dicho”, respondio la Trifaldi, “que con la clauija, que boluiendola a vna parte o a 30 otra el cauallero que va encima, le haze caminar como quiere, o ya por los ayres, o ya
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 27 rastreando y casi barriendo la tierra, o por el medio, que es el que se busca y se ha de tener en todas las acciones bien ordenadas.” “Ya lo querria ver”, respondio Sancho; “pero pensar que tengo de subir en el, ni en la silla 5 ni en las ancas, es pedir peras al olmo. ¡Bueno es que apenas puedo tenerme en mi ruzio, y sobre vn albarda mas blanda que la mesma seda, y querrian aora que me tuuiesse en vnas ancas de tabla sin coxin ni almohada alguna! 10 Pardiez, yo no me pienso moler por quitar las barbas a nadie; cada qual se rape como mas le viniere a cuento; que yo no pienso acompañar a mi señor en tan largo viage, quanto mas que yo no deuo de hazer al caso para el 15 rapamiento destas barbas como lo soy para el desencanto de mi señora Dulcinea.” “Si soys, amigo”, respondio la Trifaldi; “y tanto que sin vuestra presencia entiendo que no haremos nada.” 20 “¡Aqui del rey!”, dixo [S]ancho. “¿Qué tienen que ver los escuderos (*) con las auenturas de sus señores? ¿Hanse de lleuar ellos la fama de las que acaban, y hemos de lleuar nosotros el trabajo? ¡Cuerpo de mi! Aun si dixessen los 25 historiadores: «El tal cauallero acabó la tal y »tal auentura; pero con ayuda de fulano su »escudero, sin el qual fuera impossible el acabarla»; »pero, ¡que escriuan a secas: «Don Paralipomenon »de las Tres Estrellas acabó la auentura 30 »de los seys vest[i]glos», sin nombrar la persona de su escudero que se halló presente a todo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 28 como si no fuera en el mundo! Aora, señores, bueluo a dezir que mi señor se puede yr solo, y buen prouecho le haga; que yo me quedaré aqui en compañia de la duquessa mi señora, y podria ser que quando boluiesse hallasse 5 mejorada la causa de la señora Dulcinea en tercio y quinto; porque pienso, en los ratos ociosos y desocupados, darme vna tanda de açotes, que no me la cubra pelo (*).” “Con todo esso, le aueis de acompañar si 10 fuere necessario, buen Sancho, porque os lo rogarán buenos; que no han de quedar por vuestro inutil temor tan poblados los rostros destas señoras, que cierto seria mal caso.” “¡Aqui del rey otra vez!”, replicó Sancho. 15 “Quando esta caridad se hiziera por algunas donzellas recogidas, o por algunas niñas de la doctrina, pudiera el hombre auentura[r]se a qualquier trabajo; pero que lo sufra por quitar las barbas a dueñas, ¡mal año! Mas que las 20 viesse yo a todas con barbas desde la mayor hasta la menor, y de la mas melindrosa hasta la mas repulgada.” “Mal estais con las dueñas, Sancho amigo”, dixo la duquessa; “mucho os vais tras la opinion 25 (*) del boticario toledano; pues a fe que no teneis razon: que dueñas ay en mi casa que pueden ser exemplo de dueñas; que aqui está mi doña Rodriguez que no me dexará dezir otra cosa.” 30 “Mas que la diga vuestra excelencia”, dixo Rodriguez; “que Dios sabe la verdad de todo,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XL p. 29 y buenas o malas, barbadas o lampiñas que seamos las dueñas, tambien (*) nos pario nuestra madre (*) como a las otras mugeres, y pues Dios nos echó en el mundo, El sabe para qué, y a su misericordia me atengo, y no a las 5 barbas de nadie.” “Aora bien, señora Rodriguez”, dixo don Quixote, “y señora Trifaldi y compañia, yo espero en el cielo que mirará con buenos ojos vuestras cuytas; que Sancho hara lo que yo le 10 mandare, ya viniesse Clauileño, y ya me viesse con Malambruno; que yo se que no auria nauaja que con mas facilidad rapase a vuestras mercedes como mi espada raparia de los ombros la cabeça de Malambruno; que Dios sufre 15 a los malos, pero no para siempre.” “¡Ay!”, dixo a esta sazon la Dolorida. “Con benignos ojos miren a vuestra grandeza, valeroso cauallero, todas las estrellas de las regiones celestes e infundan en vuestro animo 20 toda prosperidad y valentia para ser escudo y a[m]paro del vituperoso y abatido genero dueñesco, abominado de boticarios, murmurado de escuderos y socaliñado de pages; que mal aya la vellaca que en la flor de su edad no se 25 metio primero a ser monja, que a dueña. ¡Desdichadas de nosotras las dueñas; que aunque vengamos por linea recta de varon en varon del mismo Hector el troyano, no dexaran (*) de echaros vn vos (*) nuestras señoras si pensassen 30 por ello ser reynas! ¡O gigante Malambruno, que aunque eres encantador, eres certissimo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 30 en tus promessas! Embianos ya al sin par Clauileño, para que nuestra desdicha se acabe; que si entra el calor y estas nuestras barbas duran, ¡guay de nuestra ventura!” Dixo esto con (*) tanto sentimiento la Trifaldi, 5 que sacó las lagrimas de los ojos de todos los circunstantes, y aun arrasó los de Sancho, y propuso en su coraçon de acompañar a su señor hasta las vltimas partes del mundo, si es que en ello consistiesse quitar la lana de 10 aquellos venerables rostros.
p. 31 Capitulo XLI De la venida de Clauileño, con el fin desta dilatada auentura. Llegó en esto la noche, y con ella el punto determinado en que el famoso cauallo Clauileño 5 viniesse, cuya tardança fatigaua ya a don Quixote, pareciendole que, pues Malambruno se detenia en embiarle, o que el no era el cauallero para quien estaua guardada aquella auentura, o que Malambruno no osaua venir con el 10 a singular batalla. Pero veis aqui, quando a deshora entraron por el jardin quatro saluages vestidos todos de verde yedra, que sobre sus ombros traian vn gran cauallo de madera; pusieronle de pies (*) en el suelo, y vno de los 15 saluages dixo: “Suba sobre esta maquina el que (*) tuuiere animo para ello...” “Aqui”, dixo Sancho, “yo no subo, porque ni tengo animo, ni soy cauallero.” 20 Y el saluage prosiguio, diziendo: “Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo tiene, y fiese del valeroso Malambruno, que si no fuere de su espada, de ninguna otra ni de otra malicia sera ofendido; y no ay mas que 25 torcer esta clauija que sobre el cuello trae puesta, que el los lleuará por los ayres adonde los atiende Malambruno; pero porque la alteza y sublimidad del camino no les cause vaguidos, se han de cubrir los ojos hasta que el cauallo 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 32 relinche, que sera señal de auer dado fin a su viage.” Esto dicho, dexando a Clauileño, con gentil continente se boluieron por donde auian venido. La Dolorida, assi como vio al cauallo, casi 5 con lagrimas dixo a don Quixote: “Valeroso cauallero, las promessas de Malambruno han sido ciertas, el cauallo esta en casa, nuestras barbas crecen, y cada vna de nosotras y con cada pelo dellas te suplicamos 10 nos rapes y tundas, pues no está en mas sino en que subas en el con tu escudero y des felice principio a vuestro nueuo viage.” “Esso hare yo, señora condessa Trifaldi, de muy buen grado y de mejor talante, sin ponerme 15 a tomar coxin, ni calçarme espuelas, por no detenerme; tanta es la gana que tengo de veros a vos, señora, y a todas estas dueñas rasas y mondas.” “Esso no hare yo”, dixo Sancho, “ni de malo 20 ni de buen talante, en ninguna manera; y si es que este rapamiento no se puede hazer sin que yo suba a las ancas, bien puede buscar mi señor otro escudero que le acompañe, y estas señoras otro modo de alisarse los rostros; que 25 yo no soy bruxo, para gustar de andar por los ayres. Y ¿qué diran mis insulanos quando sepan que su gouernador se anda passeando por los vientos? Y otra cosa mas: que auiendo tres mil y tantas leguas de aqui a Candaya, si el 30 cauallo se cansa, o el gigante se enoja, tardaremos en dar la buelta media dozena de años,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 33 y ya ni aura insula, ni insulos en el mundo que me conoz[c]an; y pues se dize comunmente que en la tardança va el peligro y que quando te dieren la vaquilla, acudas con la soguilla, perdonenme las barbas destas señoras, que bien 5 se está San Pedro en Roma; quiero dezir que bien me estoy en esta casa, donde tanta merced se me haze, y de cuyo dueño tan gran bien espero, como es verme gouernador.” A lo que el duque dixo: 10 “Sancho amigo, la insula que yo os he prometido no es mouible ni fugitiua; rayzes tiene tan hondas echadas en los abismos de la tierra, que no la arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones; y pues vos sabeis que se yo 15 que no ay ningun (*) genero de oficio destos de mayor cantia que no se grangee con alguna suerte de cohecho, qual mas, qual menos, el que yo quiero lleuar por este gouierno es que vais con vuestro señor don Quixote a dar cima 20 y cabo a esta memorable auentura; que aora boluais sobre Clauileño con la breuedad que su ligereza promete, ora la contraria fortuna os trayga y buelua a pie, hecho romero, de meson en meson, y de venta en venta, siempre que 25 boluieredes hallaréis vuestra insula donde la dexais, y a vuestros insulanos con el mesmo desseo de recebiros por su gouernador que siempre han tenido, y mi voluntad sera la mesma, y no pongais duda en esta verdad, señor 30 Sancho; que seria hazer notorio agrauio al desseo que de seruiros tengo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 34 “No mas, señor”, dixo Sancho; “yo soy vn pobre escudero y no puedo lleuar a cuestas tantas cortesias; suba mi amo, tapenme estos ojos, y encomiendenme a Dios, y auisenme si quando vamos por essas altanerias podre 5 encomendarme a nuestro Señor, o inuocar los angeles que me fauorezcan.” A lo que respondio Trifaldi: “Sancho, bien podeis encomendaros a Dios, o a quien quisieredes; que Malambruno, aunque 10 es encantador, es christiano y haze sus encantamentos con mucha sagazidad y con mucho tiento, sin meterse con nadie.” “Ea, pues”, dixo Sancho; “Dios me ayude y la Santissima Trinidad de Gaeta (*).” 15 “Desde la memorable auentura de los batanes”, dixo don Quixote, “nunca e visto a Sancho con tanto temor como aora, y si yo fuera tan agorero como otros, su pusilanimidad me hiziera algunas cosquillas en el animo; pero 20 llegaos aqui, Sancho; que con licencia destos señores os quiero hablar aparte dos palabras.” Y, apartando a Sancho entre vnos arboles del jardin, y, assiendole ambas las manos, le dixo: “Ya vees, Sancho hermano, el largo viage 25 que nos espera, y que sabe Dios quándo bolueremos del, ni la comodidad y espacio que nos daran los negocios; y, assi, querria que aora te retirasses en tu aposento, como que vas a buscar alguna cosa necessaria para el 30 camino, y en vn daca la[s] pajas te diesses a buena cuenta de los tres mil y trecientos açotes
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 35 a (*) que estás obligado, siquiera quinientos, que dados te los tendras; que el començar las cosas es tenerlas medio acabadas.” “¡Par Dios”, dixo Sancho, “que vuessa merced deue de ser menguado! Esto es como 5 aquello que dizen: «¿En priesa (*) me vees y »donzellez me demandas?» ¿Aora que tengo de yr sentado en vna tabla rasa, quiere vuessa merced que me lastime las posas? En verdad en verdad que no tiene vuessa merced razon. Vamos 10 aora a rapar estas dueñas; que a la buelta yo le prometo a vuessa merced, como quien soy, de darme tanta priessa a salir de mi obligacion que vuessa merced se contente, y no le digo mas.” 15 Y don Quixote respondio: “Pues con essa promessa, buen Sancho, voy consolado, y creo que la cumpliras, porque, en efecto, aunque tonto, eres hombre veridico.” “No soy verde, sino moreno”, dixo Sancho, 20 “pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi palabra.” Y, con esto, se boluieron a subir en Clauileño, y al subir dixo don Quixote: “Tapaos, Sancho, y subid, Sancho; que quien 25 de tan lueñes tierras embia por nosotros no sera para engañarnos, por la poca gloria que le puede redundar de engañar a quien del se fia, y puesto que todo sucediesse al rebes de lo que imagino, la gloria de auer emprendido 30 esta hazaña no la podra escurecer malicia alguna.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 36 “Vamos, señor”, dixo Sancho, “que las barbas y lagrimas destas señoras las tengo clauadas en el coraçon, y no comere bocado que bien me sepa hasta verlas en su primera lisura. Suba vuessa merced, y tapese primero; que 5 si yo tengo de yr a las ancas, claro está que primero sube el de la silla.” “Assi es la verdad”, replicó don Quixote. Y, sacando vn pañuelo de la faldriquera, pidio a la Dolorida que le cubriesse muy bien 10 los ojos, y, auiendoselos cubierto, se boluio a descubrir y dixo: “Si mal no me acuerdo, yo he leydo en Virgilio (*) aquello del Paladion de Troya (*), que fue vn cauallo de madera que los griegos 15 presentaron a la diosa Palas, el qual yua preñado de caualleros armados, que despues fueron la total ruyna de Troya; y, assi, sera bien ver primero lo que Clauileño trae en su estomago.” “No ay para qué”, dixo la Dolorida; “que yo 20 le fio, y se que Malambruno no tiene nada de malicioso ni de traydor; vuessa merced, señor don Quixote, suba sin pauor alguno, y a mi daño si alguno le sucediere.” Pareciole a don Quixote que qualquiera cosa 25 que replicasse acerca de su seguridad seria poner en detrimento su valentia, y, assi, sin mas altercar, subio sobre Clauileño, y le tento la clauija, que facilmente se rodeaua, y como no tenia estriuos y le colgauan las piernas, no 30 parecia sino figura de tapiz flamenco, pintada o texida, en algun romano triunfo. De mal
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 37 talante, y poco a poco, llegó a subir Sancho, y acomodandose lo mejor que pudo en las ancas, las halló algo duras y no nada blandas, y pidio al duque que, si fuesse possible, le acomodassen de algun coxin, o de alguna almohada, 5 aunque fuesse del estrado de su señora la duquessa o del lecho de algun page, porque las ancas de aquel cauallo mas parecian de marmol que de leño. A esto dixo la Trifaldi que ningun jaez ni 10 ningun genero de adorno sufria sobre si Clauileño; que lo que podia hazer era ponerse a mugeriegas, y que assi no sentiria tanto la dureza. Hizolo assi Sancho, y diziendo: “A Dios”, se dexó vendar los ojos, y ya despues de vendados, 15 se boluio a descubrir, y, mirando a todos los del jardin tiernamente y con lagrimas, dixo que le ayudassen en aquel trance con sendos paternostres y sendas auemarias, por que Dios deparasse quien por ellos los dixesse quando 20 en semejantes trances se viessen. A lo que dixo don Quixote: “Ladron, ¿estás puesto en la horca por ventura, o en el vltimo termino de la vida, para vsar de semejantes plegarias? ¿No estás, desalmada 25 y couarde criatura, en el mismo lugar que ocupó la linda Magalona, del qual decendio, no a la sepultura, sino a ser reyna de Francia, si no mienten las historias? Y yo, que voy a tu lado, ¿no puedo ponerme al del valeroso Pierres, 30 que oprimio este mismo lugar que yo aora oprimo? Cubrete, cubrete, animal descoraçonado,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 38 y no te salga a la boca el temor que tienes, a lo menos, en presencia mia.” “Tapenme”, respondio Sancho, “y pues no quieren que me encomiende a Dios ni que sea encomendado, ¿qué mucho que tema no ande 5 por aqui alguna region (*) de diablos que den con nosotros en Peraluillo (*)?” Cubrieronse, y, sintiendo don Quixote que estaua como auia de estar, tento la clauija, y apenas huuo puesto los dedos en ella, quando 10 todas las dueñas y quantos estauan presentes leuantaron las vozes, diziendo: “¡Dios te guie, valeroso cauallero! ¡Dios sea contigo, escudero intrepido! ¡Ya, ya vais por essos ayres, rompiendolos con mas velozidad 15 que vna saeta! ¡Ya començays a suspender y admirar a quantos desde la tierra os estan mirando! ¡Tente, valeroso Sancho, que te bamboleas, mira no cayas; que sera peor tu cayda que la del atreuido moço que quiso regir el 20 carro del Sol, su padre!” Oyo Sancho las vozes (*), y, apretandose con su amo, y ciñiendole con los braços, le dixo: “Señor, ¿cómo dizen estos que vamos tan altos, si alcançan aca sus vozes y no parece (*) 25 sino que estan aqui hablando, junto a nosotros?” “No repares en esso, Sancho; que como estas cosas y estas bolaterias van fuera de los cursos ordinarios, de mil leguas veras y oyras 30 lo que quisieres. Y no me aprietes tanto, que me derribas; y en verdad, que no se de que te
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 39 turbas ni te espantas; que osaré jurar que en todos los dias de mi vida he subido en caualgadura de paso mas llano. No parece sino que no nos mouemos de vn lugar. Destierra, amigo, el miedo; que, en efecto, la cosa va como 5 ha de yr, y el viento lleuamos en popa.” “Assi es la verdad”, respondio Sancho; “que por este lado me da vn viento tan rezio, que parece que con mil fuelles me estan soplando.” Y assi era ello; que vnos grandes fuelles le 10 estauan haziendo ayre: tambien traçada estaua la tal auentura por el duque, y la duquessa, y su mayordomo, que no le faltó requisito que la dexasse de hazer perfecta. Sintiendose pues soplar don Quixote, dixo: 15 “Sin duda alguna, Sancho, que ya deuemos de llegar a la segunda region del ayre, adonde se engendra el granizo (*), las nieues; los truenos, los relampagos, y los rayos se engendran en la tercera region, y si es que desta manera 20 vamos subiendo, presto daremos en la region del fuego (*), y no se yo cómo templar esta clauija para que no subamos donde nos abrasemos.” En esto, con vnas estopas ligeras de encenderse y apagarse, desde lexos, pendientes de 25 vna caña, les calentauan los rostros. Sancho, que sintio el calor, dixo: “Que me maten si no estamos ya en el lugar del fuego, o bien cerca, porque vna gran parte de mi barba se me ha chamuscado, y estoy, 30 señor, por descubrirme y ver en que parte estamos.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 40 “No hagas tal”, respondio don Quixote,“y acuerdate del verdadero cuento del licenciado Torralua (*), a quien lleuaron los diablos en bolandas por el ayre, cauallero en vna caña, cerrados los ojos, y en doze horas llegó a Roma, 5 y se apeó en Torre de Nona (*), que es vna calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y assalto y muerte de Borbon (*), y por la mañana ya estaua de buelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que auia visto; el qual 10 assimismo dixo que quando yua por el ayre le mandó el diablo que abriesse los ojos, y los abrio, y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la pudiera assir con la mano, y que no osó mirar a la tierra por no 15 desuanecerse. Assi que, Sancho, no ay para qué descubrirnos; que el que nos lleua a cargo, el dara cuenta de nosotros. Y quiça vamos tomando puntas (*) y subiendo en alto, para dexarnos caer de vna sobre el reyno de Candaya, 20 como haze el sacre o nebli (*) sobre la garça para cogerla, por mas que se remonte; y aunque nos parece que no ha media hora que nos partimos del jardin, creeme que deuemos de auer hecho gran camino.” 25 “No se lo que es”, respondio Sancho Pança; “solo se dezir que si la señora Magallanes, o Magalona, se contentó destas ancas (*), que no deuia de ser muy tierna de carnes.” Todas estas platicas de los dos valientes 30 oian el duque y la duquessa y los del jardin, de que recibian estraordinario contento; y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 41 queriendo dar remate a la estraña y bien fabricada auentura, por la cola de Clauileño le pegaron fuego con vnas estopas, y al punto, por estar el cauallo lleno de cohetes tronadores, bolo por los ayres con estraño ruydo, y dio con don 5 Quixote y con Sancho Pança en el suelo, medio chamuscados. En este tiempo ya se auian (*) desparecido del jardin todo el barbado esquadron de las dueñas, y la Trifaldi y todo, y los del jardin 10 quedaron como desmayados, tendidos por el suelo. Don Quixote y Sancho se leuantaron maltrechos, y, mirando a todas partes, quedaron atonitos de verse en el mesmo jardin de donde auian partido, y de ver tendido por tierra tanto 15 numero de gente. Y crecio mas su admiracion quando a vn lado del jardin vieron hincada vna gran lança en el suelo, y pendiente della y de dos cordones de seda verde vn pergamino liso y blanco, en el qual con grandes letras de 20 oro estaua escrito lo siguiente: “El inclito cauallero don Quixote de la Mancha fenecio y acabó la auentura de la condessa Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña Dolorida, y compañia, con solo intentarla. 25 ”Malambruno se da por contento y satisfecho a toda su voluntad, y las barbas de las dueñas ya quedan lisas y mondas, y los reyes don Clauijo y Antonomasia, en su pristino estado; y quando se cumpliere el escuderil vapulo, la 30 blanca paloma se vera libre de los pestiferos girifaltes que la persiguen y en braços de su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 42 querido arrullador; que assi está ordenado por el sabio Merlin, protoencantador de los encantadores.” Auiendo, pues, don Quixote leydo las letras del pergamino, claro entendio que del 5 desencanto de Dulcinea hablauan, y, dando muchas gracias al cielo de que con tan poco peligro huuiesse acabado tan gran fecho, reduziendo a su passada tez los rostros de las venerables dueñas, que ya no parecian, se fue adonde el 10 duque y la duquessa aun no auian buelto en si, y, trauando de la mano al duque, le dixo: “¡Ea, buen señor, buen animo, buen animo; que todo es nada! La auentura es ya acabada sin daño de barras, como lo muestra claro el 15 escrito que en aquel padron está puesto.” El duque, poco a poco y como quien de vn pesado sueño recuerda, fue boluiendo en si, y por el mismo tenor la duquessa y todos los que por el jardin estauan caydos, con tales muestras 20 de marauilla y espanto, que casi se podian (*) dar a entender auerles acontecido de veras lo que tan bien sabian fingir de burlas. Leyo el duque el cartel con los ojos medio cerrados, y luego, con los braços abiertos, fue a abraçar a 25 don Quixote, diziendole ser el mas buen cauallero que en ningun siglo se huuiesse visto. Sancho andaua mirando por la Dolorida, por ver qué rostro tenia sin las barbas, y si era tan hermosa sin ellas como su gallarda 30 disposicion prometia; pero dixeronle que assi como Clauileño baxó ardiendo por los ayres y dio en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 43 el suelo, todo el esquadron de las dueñas con la Trifaldi auia desaparecido, y que ya yuan rapadas y sin cañones. Preguntó la duquessa a Sancho que cómo le auia ydo en aquel largo viage. A lo qual Sancho respondio: 5 “Yo, señora, senti que yuamos, segun mi señor me dixo, bolando por la region del fuego, y quise descubrirme vn poco los ojos; pero mi amo, a quien pedi licencia para descubrirme, no la consintio; mas yo, que tengo no se qué 10 briznas de curioso y de dessear saber lo que se me estorua y impide, bonitamente, y sin que nadie lo viesse, por junto a las narizes aparté tanto quanto el pañizuelo que me tapaua los ojos, y por alli miré hazia la tierra, y 15 pareciome que toda ella no era mayor que vn grano de mostaza, y los hombres que andauan sobre ella poco mayores que auellanas, por que se vea quán altos deuiamos de yr entonces (*).” A esto dixo la duquessa: 20 “Sancho amigo, mirad lo que dezis; que a lo que parece vos no vistes la tierra, sino los hombres que andauan sobre ella; y está claro que si la tierra os parecio como vn grano de mostaza, y cada hombre como vna auellana, vn 25 hombre solo auia de cubrir toda la tierra.” “Assi es verdad”, respondio Sancho, “pero con todo esso la descubri por vn ladito, y la vi toda.” “Mirad, Sancho”, dixo la duquessa, “que por 30 vn ladito no se vee el todo de lo que se mira.” “Yo no se essas miradas”, replicó Sancho;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 44 “solo se que sera bien que vuestra señoria entienda que, pues bolauamos por encantamento, por encantamento podia yo ver toda la tierra y todos los hombres (*) por do quiera que los mirara. Y si esto no se me cree, tampoco 5 creera vuessa merced como, descubriendome por junto a las cejas, me vi tan junto al cielo, que no auia de mi a el palmo y medio, y por lo que puedo jurar, señora mia, que es muy grande a demas; y sucedio que yuamos por 10 parte donde estan las siete cabrillas, y, en Dios y en mi anima, que como yo en mi niñez fuy en mi tierra cabrerizo, que assi como las vi, me dio vna gana de entretenerme con ellas vn rato. Y si no le (*) cumpliera, me parece que 15 rebentara. Vengo, pues, y tomo, y ¿qué hago (*)? Sin dezir nada a nadie, ni a mi señor tampoco, bonita y pasitamente me apeé de Clauileño y me entretuue con las cabrillas, que son como vnos alhelies y como vnas flores, casi tres 20 quartos de hora, y Clauileño no se mouio de vn lugar, ni passó adelante.” “Y ¿en tanto que el buen Sancho se entretenia con las cabras”, preguntó el duque, “en qué se entretenia el señor don Quixote?” 25 A lo que don Quixote respondio: “Como todas estas cosas y estos tales sucessos van fuera del orden natural, no es mucho que Sancho diga lo que dize; de mi se dezir que ni me descubri por alto, ni por baxo, ni vi 30 el cielo, ni la tierra, ni la mar, ni las arenas. Bien es verdad que senti que passaua por la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLI p. 45 region del ayre, y aun que tocaua a la del fuego; pero que passassemos de alli, no lo puedo creer, pues, estando la region del fuego entre el cielo de la luna y la vltima region del ayre (*), no podiamos llegar al cielo donde estan las 5 siete cabrillas, que Sancho dize, sin abrasarnos; y pues no nos asuramos, o Sancho miente, o Sancho sueña.” “Ni miento, ni sueño”, respondio Sancho; “si no, preguntenme las señas de las tales 10 cabras, y por ellas veran si digo verdad o no.” “Digalas, pues, Sancho”, dixo la duquessa. “Son”, respondio Sancho, “las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules, y la vna de mezcla.” 15 “Nueua manera de cabras es essa”, dixo el duque, “y por esta nuestra region del suelo no se vsan tales colores, digo, cabras de tales colores.” “Bien claro está esso”, dixo Sancho; “si, que 20 diferencia ha de auer de las cabras del cielo a las del suelo.” “Dezidme, Sancho”, preguntó el duque, “¿vistes alla (*) entre essas cabras algun cabron?” “No señor”, respondio Sancho, “pero oi dezir 25 que ninguno passaua de los cuernos de la luna.” No quisieron preguntarle mas de su viage, porque les parecio que lleuaua Sancho hilo de passearse por todos los cielos, y dar nueuas de quanto alla passaua, sin auerse mouido del 30 jardin. En resolucion, este fue el fin de la auentura de la dueña Dolorida, que dio que reyr a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 46 los duques, no solo aquel tiempo, sino el de toda su vida, y que contar a Sancho siglos, si los viuiera; y, llegándose don Quixote a Sancho al oydo, le dixo: “Sancho, pues vos quereis que se os crea lo 5 que aueis visto en el cielo, yo quiero que vos me creais a mi lo que vi en la cueua de Montesinos; y no os digo mas.”
p. 47 Capitulo XLII De los consejos que dio don Quixote a Sancho Pança antes que fuesse a gouernar la insula, con otras cosas bien consideradas. Con el felice y gracioso sucesso de la auentura 5 de la Dolorida quedaron tan contentos los duques, que determinaron passar con las burlas adelante, viendo el acomodado sugeto que tenian para que se tuuiessen por veras; y assi, auiendo dado la traça y ordenes que sus 10 criados y sus vassallos auian de guardar con Sancho en el gouierno de la insula prometida, otro dia, que fue el que sucedio al buelo de Clauileño, dixo el duque a Sancho que se adeliñasse y compusiesse para yr a ser 15 gouernador; que ya sus insulanos le estauan esperando como el agua de mayo. Sancho se le humilló, y le dixo: “Despues que baxé del cielo, y despues que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan 20 pequeña, se templó en parte en mi la gana que tenia tan grande de ser gouernador, porque ¿qué grandeza es mandar en vn grano de mostaza, o qué dignidad o imperio el gouernar a media dozena de hombres tamaños como 25 auellanas, que, a mi parecer, no auia mas en toda la tierra? Si vuestra (*) señoria fuesse seruido de darme vna tantica parte del cielo, aunque no fuesse mas de media legua, la tomaria de mejor gana que la mayor insula del mundo.” 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 48 “Mirad, amigo Sancho”, respondio el duque, “yo no puedo dar parte del cielo a nadie, aunque no sea mayor que vna vña; que a solo Dios estan reseruadas essas mercedes y gracias. Lo que puedo dar, os doy, que es vna 5 insula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada, y sobremanera fertil y abundosa, donde, si vos os sabeis dar maña, podeis con las riquezas de la tierra grangear las del cielo.” “Aora bien”, respondio Sancho, “venga essa 10 insula; que yo pugnaré por ser tal gouernador, que, a pesar de vellacos, me vaya al cielo. Y esto no es por codicia que yo tenga de salir de mis casillas, ni de leuantarme a mayores, sino por el desseo que tengo de prouar a qué sabe 15 el ser gouernador.” “Si vna vez lo prouays, Sancho”, dixo el duque, “comeros heis las manos tras el gouierno, por ser dulcissima cosa el mandar y ser obedecido. A buen seguro que quando 20 vuestro dueño llegue a ser emperador, que lo sera sin duda, segun van encaminadas sus cosas, que no se lo arranquen comoquiera, y que le duela y le pese en la mitad del alma del tiempo que huuiere dexado de serlo.” 25 “Señor”, replicó Sancho, “yo imagino que es bueno mandar, aunque sea a vn hato de ganado.” “Con vos me entierren, Sancho, que sabeis de todo”, respondio el duque; “y yo espero que 30 sereis tal gouernador como vuestro juyzio promete. Y quedese esto aqui, y aduertid que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 49 mañana en esse mesmo dia aueis de yr al gouierno de la insula, y esta tarde os acomodarán del trage conueniente que aueis de lleuar, y de todas las cosas necessarias a vuestra partida.” 5 “Vistanme”, dixo Sancho, “como quisieren; que de qualquier manera que vaya vestido, sere Sancho Pança.” “Assi es verdad”, dixo el duque; “pero los trages se han de acomodar con el oficio, o 10 dignidad, que se professa; que no seria bien que vn jurisperito se vistiesse como soldado, ni vn soldado como vn sacerdote. Vos, Sancho, yreis vestido parte de letrado, y parte de capitan, porque en la insula que os doy tanto son 15 menester las armas como las letras y las letras como las armas.” “Letras”, respondio Sancho, “pocas tengo, porque aun no se el A, B, C; pero bastame tener el Christus en la memoria para ser buen 20 gouernador. De las armas manejaré las que me dieren, hasta caer, y Dios delante.” “Con tan buena memoria”, dixo el duque, “no podra Sancho errar en nada.” En esto, llegó don Quixote, y, sabiendo lo 25 que passaua, y la celeridad con que Sancho se auia de partir a su gouierno, con licencia del duque, le tomó por la mano, y se fue con el a su estancia, con intencion de aconsejarle cómo se auia de auer en su oficio. 30 Entrados, pues, en su aposento, cerro tras si la puerta, y hizo casi por fuerça que Sancho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 se sentase junto a el, y con reposada voz le dixo: “Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo aya encontrado con alguna buena dicha, te aya salido a ti a 5 recebir y a encontrar la buena ventura. Yo, que en mi buena suerte te tenia librada la paga de tus seruicios, me veo en los principios de auentajarme, y tu, antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te vees premiado de 10 tus desseos. Otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfian, y no alcançan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron. Y aqui 15 entra y encaxa bien el dezir que ay buena y mala fortuna en las pretensiones. Tu, que para mi, sin duda alguna, eres vn porro, sin madrugar ni trasnochar, y sin hazer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la 20 andante caualleria, sin mas ni mas te vees gouernador de vna insula, como quien no dize nada. Todo esto digo, o Sancho, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al cielo, que dispone 25 suauemente las cosas, y despues las daras a la grandeza que en si encierra la profession de la caualleria andante. Dispuesto, pues, el coraçon a creer lo que te he dicho, está, o hijo, atento a este tu Caton (*), que quiere aconsejarte 30 y ser norte y guia que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso, donde vas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 51 a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino vn golfo profundo de confusiones. ”Primeramente, o hijo, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduria, y siendo 5 sabio, no podras errar en nada. ”Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el mas dificil conocimiento que puede imaginarse; del conocerte saldra el no hincharte 10 como la rana que quiso ygualarse con el buey; que si esto hazes, vendra (*) a ser feos pies de la rueda de tu locura (*) la consideracion de auer guardado puercos en tu tierra.” “Assi es la verdad”, respondio Sancho,“pero 15 fue quando muchacho; pero despues, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos. Pero esto pareceme a mi que no haze al caso; que no todos los que gouiernan vienen de casta de reyes.” 20 “Assi es verdad”, replicó don Quixote; “por lo qual los no de principios nobles deuen acompañar la grauedad del cargo que exercitan con vna blanda suauidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuracion 25 maliciosa, de quien no ay estado que se escape. ”Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linage, y no te desprecies de dezir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondra a correrte, y preciate mas 30 de ser humilde virtuoso que pecador soberuio. Inumerables son aquellos que de baxa estirpe
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52 nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria, y desta verdad te pudiera traer tantos exemplos que te cansaran. ”Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud, y te precias de hazer hechos virtuosos, no 5 ay para qué tener embidia a los que los (*) tienen, principes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por si sola lo que la sangre no vale. ”Siendo esto assi, como lo es, que si acaso 10 viniere a verte quando estes en tu insula alguno de tus parientes, no le desheches, ni le afrentes; antes le has de acoger, agasajar y regalar; que con esto satisfaras al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que el hizo, 15 y corresponderas a lo que deues a la naturaleza bien concertada. ”Si truxeres a tu muger contigo --porque no es bien que los que assisten a gouiernos de mucho tiempo esten sin las propias--, enseñala, 20 doctrinala y desbastala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir vn gouernador discreto, suele perder y derramar vna muger rustica y tonta. ”Si acaso enuiudares --cosa que pu[e]de 25 suceder-- y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal, que te sirua de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla; porque en verdad te digo que de todo aquello que la muger del juez recibiere, ha de 30 dar cuenta el marido en la residencia vniuersal, donde pagará con el quatro tanto en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLII p. 53 muerte las partidas de que no se huuiere hecho cargo en la vida. ”Nunca te guies por la ley del encaxe, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. 5 ”Hallen en ti mas compassion las lagrimas del pobre, pero no mas justicia, que las informaciones del rico. ”Procura descubrir la verdad por entre las promessas y dadiuas del rico, como por entre 10 los sollozos e importunidades del pobre. ”Quando pudiere y deuiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delinquente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compassiuo. 15 ”Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dadiua, sino con el de la misericordia. ”Quando te sucediere juzgar algun pleyto de algun tu enemigo, aparta las mientes de tu 20 injuria, y ponlos en la verdad del caso. ”No te ciegue la passion propia en la causa agena; que los yerros que en ella hizieres las mas vezes seran sin remedio, y si le tuuieren, sera a costa de tu credito y aun de tu hazienda. 25 ”Si alguna muger hermosa veniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lagrimas, y tus oydos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razon en su llanto y tu bondad en 30 sus suspiros. ”Al que has de castigar con obras no trates
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. ”Al culpado que cayere debaxo de tu juridicion, considerale (*) hombre miserable, sugeto 5 a las condiciones de la deprauada naturaleza nuestra, y en todo quanto fuere de tu parte, sin hazer agrauio a la contraria, muestratele piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son yguales, mas resplandece y 10 campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia. ”Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, seran luengos tus dias, tu fama sera eterna, tus premios colmados, tu felizidad 15 indezible, casarás tus hijos como quisieres, titulos tendran ellos y tus nietos, viuiras en paz, y beneplacito de las gentes, y en los vltimos pasos de la vida te alcançará el de la muerte en vejez suaue y madura, y cerrarán tus (*) ojos las 20 tiernas y delicadas manos de tus terceros neteçuelos. Esto que hasta aqui te he dicho son documentos que han de adornar tu alma; escucha aora los que han de seruir para adorno del cuerpo.” 25
p. 55 Capitulo XLIII De los consejos segundos que dio don Quixote a Sancho Pança. ¿Quién oyera el passado razonamiento de don Quixote que no le tuuiera por persona muy 5 cuerda y mejor intencionada? Pero como muchas vezes en el progresso desta grande historia queda dicho, solamente disparaua en tocandole en la caualleria, y en los demas discursos mostraua tener claro y desenfadado entendimiento, 10 de manera, que a cada paso desacreditauan sus obras su juyzio, y su juyzio sus obras; pero en esta destos segundos documentos que dio a Sancho mostro tener gran donayre, y puso su discrecion y su locura en vn leuantado punto. 15 Atentissimamente le escuchaua Sancho y procuraua conseruar en la memoria sus consejos, como quien pensaua guardarlos y salir por ellos a buen parto de la preñez de su gouierno. Prosiguio, pues, don Quixote, y dixo: 20 “En lo que toca a cómo has de gouernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las vñas, sin dexarlas crecer, como algunos hazen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que 25 las vñas largas les hermosean las manos, como si aquel escremento y añadidura que se dexan de cortar fuesse vña, siendo antes garras de cernicalo lagartigero: puerco y extraordinario abuso. 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 ”No andes, Sancho, desceñido y floxo; que el vestido descompuesto (*) da indicios de animo desmaçalado, si ya la descompostura y floxedad no cae debaxo de socarroneria, como se juzgó en la de Iulio Cesar (*). 5 ”Toma con discrecion el pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus criados, dasela honesta y prouechosa mas que vistosa y bizarra, y repartela entre tus criados y los pobres: quiero dezir, que si has de 10 vestir seys pages, viste tres y otros tres pobres, y, assi, tendras pages para el cielo y para el suelo; y este nueuo modo de dar librea no la alcançan los vanagloriosos. ”No comas ajos ni cebollas, porque no saquen 15 por el olor tu villaneria. Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escu[c]has a ti mismo; que toda afectacion es mala. ”Come poco y cena mas poco; que la salud 20 de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estomago. ”Se templado en el beuer, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. 25 ”Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de erutar delante de nadie.” “Esso de erutar no entiendo”, dixo Sancho. Y don Quixote le dixo: “Erutar, Sancho, quiere dezir regoldar; y 30 este es vno de los mas torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 57 sinificatiuo; y, assi, la gente curiosa se ha acogido al latin, y al regoldar dize erutar, y a los regueldos, erutaciones; y quando algunos no entienden estos terminos, importa poco, que el vso los yra introduziendo con el tiempo, que 5 con facilidad se entiendan, y esto es enriquezer la lengua sobre quien tiene poder el vulgo y el vso.” “En verdad, señor”, dixo Sancho, “que vno de los consejos y auisos que pienso lleuar en 10 la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo hazer muy a menudo.” “Erutar, Sancho, que no regoldar”, dixo don Quixote. “Erutar dire de aqui adelante”, respondio 15 Sancho, “y a fee que no se me oluide.” “Tambien, Sancho, no has de mezclar en tus platicas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breues, muchas vezes los traes tan por los 20 cabellos, que mas parecen disparates que sentencias.” “Esso Dios lo puede remediar”, respondio Sancho, “porque se mas refranes que vn libro, y vienenseme tantos juntos a la boca quando 25 hablo, que riñen por salir vnos con otros; pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo tendre cuenta de aqui adelante de dezir los que conuengan a la grauedad de mi cargo; 30 que en casa llena presto se guisa la cena; y quien destaja no baraja; y a buen saluo está
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 el que repica; y el dar y el tener seso ha menester.” “¡Esso si, Sancho!”, dixo don Quixote. “¡Encaxa, ensarta, enhila refranes; que nadie te va a la mano! Castigame mi madre, y yo 5 trompogelas (*). Estoyte diziendo que escuses refranes, y en vn instante has echado aqui vna letania dellos, que assi quadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Vbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal 10 vn refran traydo a proposito; pero cargar y ensartar refranes a troche moche haze la platica desmayada y baxa. ”Quando subieres a cauallo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzon postrero, ni lleues 15 las piernas tiessas y tiradas y desuiadas de la barriga del cauallo, ni tampoco (*) vayas tan floxo, que parezca que vas sobre el ruzio; que el andar a cauallo a vnos haze caualleros, a otros cauallerizos (*). 20 ”Sea moderado tu sueño; que el que no madruga con el sol no goza del dia; y aduierte, o Sancho, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamas llegó al termino que pide vn buen desseo. 25 ”Este vltimo consejo que aora darte quiero --puesto que no sirua para adorno del cuerpo--, quiero que le lleues muy en la memoria, que creo que no te sera de menos prouecho que los que hasta aqui te he dado; y es que 30 jamas te pongas a disputar de linages, a lo menos comparandolos entre si, pues, por fuerça,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 59 en los que se comparan vno ha de ser el mejor, y del que abatieres seras aborrecido, y del que leuantares, en ninguna manera premiado. ”Tu vestido sera calça entera, ropilla larga, herreruelo vn poco mas largo; greguescos, ni 5 por pienso; que no les estan bien ni a los caualleros, ni a los gouernadores. ”Por aora, esto se me ha ofrecido, Sancho, que aconsejarte; andara el tiempo, y segun las ocasiones, assi seran mis documentos, como 10 tu tengas cuydado de auisarme el estado en que te hallares.” “Señor”, respondio Sancho, “bien veo que todo quanto vuessa merced me ha dicho son cosas buenas, santas y prouechosas; pero ¿de 15 qué han de seruir, si de ninguna me acuerdo? Verdad sea que aquello de no dexarme crecer las vñas, y de casarme otra vez, si se ofreciere, no se me passará del magin; pero essotros badulaques y enredos y reboltillos, no se me 20 acuerda ni acordará mas dellos que de las nubes de antaño, y, assi, sera menester que se me den por escrito; que puesto que no se leer ni escriuir, yo se los dare a mi confessor para que me los encaxe y recapacite quando 25 fuere (*) menester.” “¡Ha, pecador de mi”, respondio don Quixote, “y qué mal parece en los gouernadores el no saber leer ni escriuir! Porque has de saber, o Sancho, que no saber vn hombre leer o ser 30 çurdo arguye vna de dos cosas: o que fue hijo de padres demasi[a]do de humildes y baxos, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60 el tan trauiesso y malo, que no pudo entrar en el [el] buen vso (*), ni la buena doctrina. Gran falta es la que lleuas contigo, y, assi, querria que aprendiesses a firmar siquiera.” “Bien se firmar mi nombre”, respondio 5 Sancho; “que quando fuy prioste en mi lugar aprendi a hazer vnas letras como de marca de fardo, que dezian que dezia mi nombre; quanto mas que fingire que tengo tullida la mano derecha, y hare que firme otro por mi; que para 10 todo ay remedio, si no es para la muerte; y teniendo yo el mando y el palo, hare lo que quisiere; quanto mas que el que tiene el padre alcalde... (*). Y siendo yo gouernador, que es mas que ser alcalde, ¡llegaos, que la dexan ver! 15 No sino popen y caloñenme; que vendran por lana y bolueran trasquilados; y a quien Dios quiere bien, la casa le sabe; y las necedades del rico por sentencias passan en el mundo; y siendolo yo, siendo gouernador y juntamente 20 liberal, como lo pienso ser, no aura falta que se me parezca. No sino hazeos miel, y paparos han moscas (*); tanto vales quanto tienes, dezia vna mi aguela; y del hombre arraygado no te veras vengado.” 25 “¡O, maldito seas de Dios, Sancho!”, dixo a esta sazon don Quixote. “¡Sesenta mil satanases te lleuen a ti y a tus refranes! Vna hora ha que los estás ensartando y dandome con cada vno tragos de tormento. Yo te asseguro que 30 estos refranes te han de lleuar vn dia a la horca; por ellos te han de quitar el gouierno
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 61 tus vassallos, o ha de auer entre ellos comunidades. Dime: ¿dónde los hallas, ignorante, o cómo los aplicas, mentecato?; que para dezir yo vno, y aplicarle bien, sudo y trabajo como si cauasse.” 5 “Por Dios, señor nuestro amo”, replicó Sancho, “que vuessa merced se quexa de bien pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que yo me sirua de mi hazienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal alguno sino refranes y 10 mas refranes? Y aora se me ofrecen quatro, que venian aqui pintiparados, o como peras en tabaque; pero no los dire, porque al buen callar llaman Sancho (*).” “Esse Sancho no eres tu”, dixo don Quixote; 15 “porque no solo no eres buen callar, sino mal hablar y mal porfiar; y, con todo esso, querria saber qué quatro refranes te ocurrian aora a la memoria, que venian aqui a proposito; que yo ando recorriendo la mia, que la tengo buena, 20 y ninguno se me ofrece.” “¿Qué mejores”, dixo Sancho, “que «entre »dos muelas cordales nunca pongas tus »pulgares», y «a ydos de mi casa y ¿qué quereis »con mi muger?, no ay responder», y «si da el 25 »cantaro en la piedra, o la piedra en el cantaro, »mal para el cantaro», todos los quales vienen a pelo? Que nadie se tome con su gouernador, ni con el que le manda, porque saldra lastimado, como el que pone el dedo entre dos 30 muelas cordales, y aunque no sean cordales, como sean muelas no importa; y a lo que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 dixere el gouernador no ay que replicar, como al «salios de mi casa, y ¿qué quereis con mi »muger?» Pues lo de la piedra en el cantaro, vn ciego lo vera. Assi, que es menester que el que vee la mota en el ojo ageno, vea la viga 5 en el suyo, porque no se diga por el «espantose la muerta de la degollada»; y vuessa merced sabe bien que mas sabe el necio en su casa que el cuerdo en la agena.” “Esso no, Sancho”, respondio don Quixote; 10 “que el necio en su casa ni en la agena sabe nada, a causa que sobre el cimiento (*) de la necedad no assienta ningun discreto edificio. Y dexemos esto aqui, Sancho; que si mal gouernares, tuya sera la culpa, y mia la verguença; 15 mas consuelome que he hecho lo que deuia en aconsejarte con las veras, y con la discrecion a mi possible; con esto salgo de mi obligacion, y de mi promessa. Dios te guie, Sancho, y te gouierne en tu gouierno, y a mi me 20 saque del escrupulo que me queda que has de dar con toda la insula patas arriba, cosa que pudiera yo escusar con descubrir al duque quien eres, diziendole que toda essa gordura, y essa personilla que tienes, no es otra cosa 25 que vn costal lleno de refranes y de malicias.” “Señor”, replicó Sancho, “si a vuessa merced le parece que no soy de pro para este gouierno, desde aqui le suelto; que mas quiero vn solo negro de la vña de mi alma que a todo 30 mi cuerpo, y assi me sustentaré Sancho a secas con pan y cebolla como gouernador con
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIII p. 63 perdizes y capones; y mas, que mientras se duerme, todos son yguales, los grandes y los menores, los pobres y los ricos, y si vuessa merced mira en ello, vera que solo vuessa merced me ha puesto en esto de gouernar; 5 que yo no se mas de gouiernos de insulas que vn buytre, y si se imagina que por ser gouernador me ha de lleuar el diablo, mas me quiero yr Sancho al cielo que gouernador al infierno.” “Por Dios, Sancho”, dixo don Quixote, “que 10 por solas estas vltimas razones que has dicho juzgo que mereces ser gouernador de mil insulas; buen natural tienes, sin el qual no ay ciencia que valga; encomiendate a Dios, y procura no errar en la primera intencion; quiero 15 dezir que siempre tengas intento y firme proposito de acertar en quantos negocios te ocurrieren, porque siempre fauorece el cielo los buenos desseos. Y vamonos a comer; que creo que ya estos señores nos aguardan.” 20
p. 64 Capitulo XLIV Cómo Sancho Pança fue lleuado al gouierno, y de la estraña auentura que en el castillo sucedio a don Quixote. Dizen que en el propio original desta historia 5 se lee que llegando Cide Hamete a escriuir este capitulo, no le traduxo su interprete como el le auia escrito, que fue vn modo de quexa que tuuo el moro de si mismo por auer tomado entre manos vna historia tan seca y tan 10 limitada como esta de don Quixote, por parecerle que siempre auia de hablar del y de Sancho, sin osar estenderse a otras digresiones y episodios mas graues y mas entretenidos, y dezia que el yr siempre atenido el entendimiento, la 15 mano y la pluma a escriuir de vn solo sugeto, y hablar por las bocas de pocas personas era vn trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaua en el de su autor, y que, por huyr deste inconueniente, auia vsado en la primera parte 20 del artificio de algunas nouelas, como fueron la del Curioso Impertinente, y la del Capitan cautiuo, que estan como separadas de la historia, puesto que las demas que alli se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quixote, que 25 no podian dexar de escriuirse. Tambien penso, como el dize, que muchos, lleuados de la atencion que piden las hazañas de don Quixote, no la darian a las nouelas, y passarian por ellas, o con priessa, o con enfado, sin aduertir la gala 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 65 y artificio que en si contienen, el qual se mostrara bien al descubierto, quando por si solas, sin arrimarse a las locuras de don Quixote, ni a las sandezes de Sancho, salieran a luz. Y, assi, en esta segunda parte no quiso ingerir 5 nouelas sueltas, ni pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciessen, nacidos de los mesmos sucessos que la verdad ofrece, y aun estos, limitadamente y con solas las palabras que bastan a declar[ar]los; y pues se contiene 10 y cierra en los estrechos limites de la narracion, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del vniuerso todo, pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanças no por lo que escriue, sino por lo que ha 15 dexado de escriuir. Y luego prosigue la historia diziendo que en acabando de comer don Quixote el dia que dio los consejos a Sancho (*), aquella tarde se los dio escritos para que el buscasse quien 20 se los leyesse; pero apenas se los huuo dado, quando se le cayeron y vinieron a manos del duque, que los comunicó con la duquessa, y los dos se admiraron de nueuo de la locura y del ingenio de don Quixote. Y, assi, lleuando 25 adelante sus burlas, aquella tarde embiaron a Sancho con mucho acompañamiento al lugar que para el auia de ser insula (*). Acaecio, pues, que el que le lleuaua a cargo era vn mayordomo del duque, muy discreto y 30 muy gracioso, que no puede auer gracia donde no ay discrecion, el qual auia hecho la persona
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 de la condessa Trifaldi, con el [do]nayre que queda referido, y, con esto, y con yr industriado de sus señores de cómo se auia de auer con Sancho, salio con su intento marauillosamente. Digo, pues, que acaecio que assi como Sancho 5 vio al tal mayordomo, se le figuró en su rostro el mesmo de la Trifaldi, y, boluiendose a su señor, le dixo: “Señor, o a mi me ha de lleuar el diablo de aqui de donde estoy en justo y en creyente (*), 10 o vuessa merced me ha de confessar que el rostro deste mayordomo del duque, que aqui está, es el mesmo de la Dolorida.” Miró don Quixote atentamente al mayordomo, y, auiendole mirado, dixo a Sancho: 15 “No ay para que te lleue el diablo, Sancho, ni en justo ni en creyente --que no se lo que quieres dezir--; que el rostro de la Dolorida es el del mayordomo, pero no por esso el mayordomo es la Dolorida; que a serlo, implicaria 20 contradicion muy grande, y no es tiempo aora de hazer estas aueriguaciones; que seria entrarnos en intricados laberintos. Creeme, amigo, que es menester rogar a nuestro Señor muy de veras que nos libre a los dos de malos 25 hechizeros y de malos encantadores.” “No es burla, señor”, replicó Sancho, “sino que denantes le oi hablar, y no parecio sino que la voz de la Trifaldi me sonaua en los oydos. Aora bien, yo callaré; pero no dexaré de andar 30 aduertido de aqui adelante, a ver si descubre otra señal que confirme o desfaga mi sospecha.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 67 “Assi lo has de hazer, Sancho”, dixo don Quixote, “y darasme auiso de todo lo que en este caso descubrieres, y de todo aquello que en el gouierno te sucediere.” Salio, en fin, Sancho, acompañado de mucha 5 gente, vestido a lo letrado, y encima vn gauan muy ancho de chamelote de aguas (*), leonado, con vna montera de lo mesmo, sobre vn macho a la gineta, y, detras del, por orden del duque, yua el ruzio con jaezes y ornamentos jumentiles 10 de seda, y flamantes. Boluia Sancho la cabeça de quando en quando a mirar a su asno, con cuya compañia yua tan contento, que no se trocara con el emperador de Alemaña. Al despedirse de los duques les besó las 15 manos, y tomó la bendicion de su señor, que se la dio con lagrimas, y Sancho la recibio con pucheritos. Dexa, lector amable, yr en paz y en hora buena al buen Sancho, y espera dos fanegas 20 de risa, que te ha de causar el saber cómo se portó en su cargo, y en tanto atiende a saber lo que le passó a su amo aquella noche; que si con ello no rieres, por lo menos desplegarás los labios con risa de ximia, porque los 25 sucessos de don Quixote, o se han de celebrar con admiracion o con risa. Cuentase, pues, que apenas se huuo partido Sancho, quando don Quixote sintio su soledad, y si le fuera possible reuocarle la comission y 30 quitarle el gouierno, lo hiziera. Conocio la duquessa su melancolia, y preguntole que de qué
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 estaua triste; que si era por la ausencia de Sancho, que escuderos, dueñas y donzellas auia en su casa que le seruirian muy a satisfacion de su desseo. “Verdad es, señora mia”, respondio don 5 Quixote, “que siento la ausencia de Sancho; pero no es essa la causa principal que me haze parecer que estoy triste, y de los muchos ofrecimientos que vuestra excelencia me haze solamente acepto y escojo el de la voluntad con 10 que se me hazen; y en lo demas suplico a vuestra excelencia que dentro de mi aposento consienta y permita que yo solo sea el que me sirua.” “En verdad”, dixo la duquessa, “señor don 15 Quixote, que no ha de ser assi: que le han de seruir quatro donzellas de las mias, hermosas como vnas flores.” “Para mi”, respondio don Quixote, “no seran ellas como flores, sino como espinas que me 20 punzen el alma. Assi entrarán ellas en mi aposento, ni cosa que lo parezca, como bolar. Si es que vuestra grandeza quiere lleuar adelante el hazerme merced, sin yo merecerla, dexeme que yo me las aya conmigo y que yo me sirua de 25 mis puertas adentro; que yo ponga vna muralla en medio de mis desseos y de mi honestidad, y no quiero perder esta costumbre por la liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar conmigo. Y, en resolucion, antes dormire vestido 30 que consentir que nadie me desnude.” “¡No mas, no mas, señor don Quixote!”,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 69 replicó la duquessa; “por mi digo que dare orden que ni aun vna mosca entre en su estancia, no que (*) vna donzella; no soy yo persona que por mi se ha de descaualar la decencia del señor don Quixote; que, segun se me ha trasluzido, 5 la que mas campea entre sus muchas virtudes es la de la honestidad. Desnudese vuessa merced y vistase a sus solas y a su modo, como y quando quisiere; que no aura quien lo impida, pues dentro de su aposento hallará los 10 vasos necessarios al menester del que duerme a puerta cerrada, porque ninguna natural necessidad le obligue a que la abra. Viua mil siglos la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre estendido por toda la redondez de la tierra, 15 pues merecio ser amada de tan valiente y tan honesto cauallero, y los benignos cielos infundan en el coraçon de Sancho Pança, nuestro gouernador, vn desseo de acabar presto sus diciplinas, para que buelua a gozar el mundo 20 de la belleza de tan gran señora.” A lo qual dixo don Quixote: “Vuestra altitud ha hablado como quien es; que en la boca de las buenas señoras no ha de auer ninguna (*) que sea mala, y mas venturosa 25 y mas conocida sera en el mundo Dulcinea por auerla alabado vuestra grandeza, que por todas las alabanças que puedan darle los mas eloquentes de la tierra.” “Agora bien, señor don Quixote”, replicó la 30 duquessa, “la hora de cenar se llega y el duque deue de esperar; venga vuessa merced y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 cenemos, y acostarase temprano; que el viage que ayer hizo de Candaya no fue tan corto, que no aya causado algun molimiento.” “No siento ninguno, señora”, respondio don Quixote, “porque osaré jurar a vuestra 5 excelencia que en mi vida he subido sobre bestia mas reposada, ni de mejor paso que Clauileño, y no se yo qué le pudo mouer a Malambruno para deshazerse de tan ligera y tan gentil caualgadura, y abrasarla assi, sin mas ni mas.” 10 “A esso se puede imaginar”, respondio la duquessa, “que, arrepentido del mal que auia hecho a la Trifaldi y compañia, y a otras personas, y de las maldades (*) que, como hechizero y encantador, deuia de auer cometido, quiso 15 concluyr con todos los instrumentos de su oficio, y como a principal y que mas le traia dessassossegado, vagando de tierra en tierra, abrasó a Clauileño; que con sus abrasadas cenizas, y con el trofeo del cartel queda eterno 20 el valor del gran don Quixote de la Mancha.” De nueuo nueuas gracias dio don Quixote a la duquessa, y, en cenando don Quixote, se retiró en su aposento solo, sin consentir que nadie entrasse con el a seruirle: tanto se temia 25 de encontrar ocasiones que le mouiessen o forçassen a perder el honesto decoro que a su señora Dulcinea guardaua, siempre puesta en la imaginacion la bondad de Amadis, flor y espejo de los andantes caualleros. Cerro tras si 30 la puerta, y a la luz de dos velas de cera se desnudó, y al descalçarse --¡o desgracia indigna
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 71 de tal persona!-- se le soltaron, no su[s]piros, ni otra cosa que desacreditassen la limpieza de su policia, sino hasta dos dozenas de puntos de vna media, que quedó hecha zelosia. Afligiose en estremo el buen señor, y diera 5 el por tener alli vn adarme de seda verde vna onça de plata; digo seda verde, porque las medias eran verdes. Aqui exclamó Benengeli, y escriuiendo, dixo: “¡O pobreza, pobreza, no se yo con qué 10 razon se mouio aquel gran poeta cordoues, a llamarte dadiua santa desagradecida! (*) Yo, aunque moro, bien se, por la comunicacion que he tenido con christianos, que la santidad consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y 15 pobreza; pero, con todo esso, digo que ha de tener mucho de Dios el que se viniere a contentar con ser pobre, si no es de aquel modo de pobreza de quien dize vno de sus mayores santos: «Tened todas las cosas como si no las 20 »tuuiessedes» (*), y a esto llaman pobreza de espiritu; pero tu, segunda pobreza, que eres de la que yo hablo, ¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos y bien nacidos mas que con la otra gente? ¿Por qué los obligas a dar pantalia 25 (*) a los çapatos, y a que los botones de sus ropillas vnos sean de seda, otros de cerdas y otros de vidro? ¿Por qué sus cuellos, por la mayor parte, han de ser siempre escarolados, y no abiertos con molde?” Y en esto se echará 30 de ver que es antiguo el vso del almidon y de los cuellos abiertos. Y prosiguió: “Miserable
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72 del bien nacido que va dando pistos a su honra, comiendo mal, y a puerta cerrada, haziendo hipocrita al palillo de dientes (*) con que sale a la calle despues de no auer comido cosa que le obligue a limpiarselos; miserable de aquel, 5 digo, que tiene la honra espantadiza, y piensa que desde vna legua se le descubre el remiendo del çapato, el trassudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de su estomago!” Todo esto se le renouo a don Quixote en la 10 soltura de sus puntos; pero consolose con ver que Sancho le auia dexado vnas botas de camino, que penso ponerse otro dia. Finalmente, el se recosto pensatiuo y pesaroso (*), assi de la falta que Sancho le hazia, 15 como de la inreparable desgracia de sus medias, a quien tomara los puntos aunque fuera con seda de otra color, que es vna de las mayores señales de miseria que vn hidalgo puede dar en el discurso de su prolixa estrecheza. 20 Mató las velas, hazia calor y no podia dormir; leuantose del lecho y abrio vn poco la ventana de vna rexa que daua sobre vn hermoso jardin, y al abrirla (*), sintio y oyo que andaua y hablaua gente en el jardin. Pusose a escuchar 25 atentamente; leuantaron la voz los de abaxo, tanto, que pudo oyr estas razones: “No me porfies, o Emerencia, que cante, pues sabes que desde el punto que este forastero entró en este castillo, y mis ojos le miraron, yo 30 no se cantar, sino llorar; quanto mas que el sueño de mi señora tiene mas de ligero que de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 73 pessado, y no querria que nos hallasse aqui por todo el tesoro del mundo; y, puesto caso que durmiesse y no despertasse, en vano seria mi canto si duerme y no despierta para oyrle este nueuo (*) Eneas, que ha llegado a mis regiones 5 para dexarme escarnida (*).” “No des en esso, Altisidora amiga”, respondieron; “que sin duda la duquessa y quantos ay en essa casa duermen, si no es el señor de tu coraçon y el despertador de tu alma; porque 10 aora senti que abria la ventana de la reja de su estancia, y sin duda deue de estar despierto. Canta, lastimada mia, en tono baxo y suaue, al son de tu arpa, y quando la duquessa nos sienta, le echaremos la culpa al calor que haze.” 15 “No está en esso el punto, o Emerencia”, respondio la Altisidora, “sino en que no querria que mi canto descubriesse mi coraçon y fuesse juzgada de los que no tienen noticia de las fuerças poderosas de amor por donzella antojadiza 20 y liuiana. Pero venga lo que viniere; que mas vale verguença en cara que manzilla en coraçon.” Y, en esto, sintio tocar vna harpa suauissimamente; oyendo lo qual quedó don Quixote 25 pasmado, porque en aquel instante se le vinieron a la memoria las infinitas auenturas semejantes a aquella de ventanas, rejas y jardines, musicas, requiebros y desuanecimientos que en los sus desuanecidos libros de cauallerias auia 30 leydo. Luego imaginó que alguna donzella de la duquessa estaua del enamorada, y que la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 honestidad la forçaua a tener secreta su voluntad, temio no le rindiesse, y propuso en su pensamiento el no dexarse vencer; y, encomendandose de todo buen animo y buen talante a su señora Dulcinea del Toboso, determinó de 5 escuchar la musica, y para dar a entender que alli estaua, dio vn fingido estornudo, de que no poco se alegraron las donzellas, que otra cosa no desseauan sino que don Quixote las oyesse. Recorrida, pues, y afinada la harpa, Altisidora 10 dio principio a este romance: ¡O tu, que estás en tu lecho, entre sabanas de olanda, durmiendo a pierna tendida de la noche a la mañana, 15 cauallero el mas valiente que ha produzido la Mancha, mas honesto y mas bendito que el oro fino de Arabia! Oye a vna triste donzella, 20 bien crecida y mal lograda, que en la luz de tus dos soles se siente abrasar el alma. Tu buscas tus auenturas, y agenas desdichas hallas; 25 das las feridas, y niegas el remedio de sanarlas (*). Dime, valeroso jouen, que Dios prospere tus ansias, si te criaste en la Libia, 30 o en las montañas de Iaca; si sierpes te dieron leche; si a dicha fueron tus amas la aspereza de las seluas y el horror de las montañas. 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 75 Muy bien puede Dulcinea, donzella rolliza y sana, preciarse de que ha rendido a vna tigre y fiera braua. Por esto sera famosa, 5 desde Henares a Xarama, desde el Tajo a Mançanares, desde Pisuerga hasta Arlanza. Trocárame (*) yo por ella, y diera encima vna saya 10 de las mas gayadas mias, que de oro le adornan franjas. ¡O, quién se viera en tus braços, o si no, junto a tu cama, rascandote la cabeça, 15 y matandote la caspa (*)! Mucho pido, y no soy digna de merced tan señalada: los pies quisiera traerte; que a vna humilde esto le basta. 20 ¡O, qué de cofias te diera, qué de escarpines de plata, qué de calças de damasco, qué de herreruelos de olanda! ¡Qué de finissimas perlas, 25 cada qual como vna agalla, que, a no tener compañeras, las solas fueran llamadas! No mires de tu Tarpeya este incendio que me abrasa, 30 Neron manchego del mundo, ni le auiues con tu saña. Niña soy, pulzela tierna; mi edad de quinze no passa; catorze tengo y tres meses 35 te juro en Dios y en mi anima.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 No soy renca, ni soy coxa, ni tengo nada de manca; los cabellos, como lirios, que, en pie, por el suelo arrastran. Y, aunque es mi boca aguileña, 5 y la nariz algo chata, ser mis dientes de topacios mi belleza al cielo ensalça. Mi voz, ya ves, si me escuchas, que a la que es mas dulce yguala, 10 y soy de disp[o]sicion algo menos que mediana. Estas y otras gracias miras (*): son despojos de tu aljaua; desta casa soy donzella, 15 y Altisidora me llaman. Aqui dio fin el canto de la malferida Altisidora, y començo el asombro del requirido don Quixote, el qual, dando vn gran suspiro, dixo entre si: 20 “¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de auer donzella que me mire que de (*) mi no se enamore! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dexar a solas gozar de la 25 incomparable firmeza mia! ¿Qué la quereis, reynas? ¿A qué la perseguis, emperatrizes? ¿Para qué la acosays, donzellas de a catorze a quinze años? Dexad, dexad a la miserable que triunfe, se goze y vfane con la suerte que amor 30 quiso darle en rendirle mi coraçon y entregarle mi alma. Mirad, caterba enamorada, que para sola Dulcinea soy de masa y de alfenique (*), y para todas las demas soy de pedernal; para
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIV p. 77 ella (*) soy miel, y para vosotras azibar; para mi sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la honesta, la gallarda y la bien nacida, y las demas, las feas, las necias, las liuianas y las de peor linage; para ser yo suyo, y no de otra alguna, 5 me arrojó la naturaleza al mundo. Llore o cante Altisidora, desesperese madama por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado; que yo tengo de ser de Dulcinea, cozido o asado (*), limpio, bien criado y honesto, a pesar 10 de todas las potestades hechizeras de la tierra.” Y, con esto, cerro de golpe la ventana, y, despechado y pesaroso, como si le huuiera acontecido alguna gran desgracia, se acosto en su lecho, donde le dexaremos por aora, porque 15 nos está llamando el gran Sancho Pança, que quiere dar principio a su famoso gouierno.
p. 78 Capitulo XLV De cómo el gran Sancho Pança tomó la possession de su insula, y del modo que començo a gouernar. ¡O perpetuo descubridor de los antipodas, 5 hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras (*), Timbrio aqui, Febo alli, tirador aca, medico aculla, padre de la poesia, inuentor de la musica, tu que siempre sales y aunque lo parece, nunca te pones! ¡A ti digo, 10 o sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre! (*): a ti digo que me fauorezcas y alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus puntos en la narracion del gouierno del gran Sancho Pança; 15 que, sin ti, yo me siento tibio, desmaçalado y confuso. Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a vn lugar de hasta mil vezinos, que era de los mejores que el duque tenia; 20 dieronle a entender que se llamaua la insula Barataria, o ya porque el lugar se llamaua Baratario, o ya por el barato con que se le auia dado el gouierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salio el regimiento del 25 pueblo a recebirle; tocaron las campanas, y todos los vezinos dieron muestras de general alegria, y con mucha pompa le lleuaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego, con algunas ridiculas ceremonias, le entregaron las 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 79 llaues del pueblo, y le admitieron por perpetuo gouernador de la insula Barataria. El trage, las barbas, la gordura y pequeñez del nueuo gouernador tenia admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabia, y 5 aun a todos los que lo (*) sabian, que eran muchos. Finalmente, en sacandole de la iglesia, le lleuaron a la silla del juzgado y le sentaron en ella, y el mayordomo del duque le dixo: “Es costumbre antigua en esta insula, señor 10 gouernador, que el que viene a tomar possession desta famosa insula está obligado a responder a vna pregunta que se le hiziere, que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta el pueblo toma y toca el pulso del 15 ingenio de su nueuo gouernador; y, assi, o se alegra, o se entristeze con su venida.” En tanto que el mayordomo dezia esto a Sancho, estaua el mirando vnas grandes y muchas letras que en la pared frontera de su silla 20 estauan escritas, y como el no sabia leer, preguntó que qué eran aquellas pinturas que en aquella pared estauan; fuele respondido: “Señor, alli está escrito y notado el dia en que vuessa señoria tomó possession desta insula, 25 y dize el epitafio (*): «Oy dia, a tantos de tal »mes y de tal año, tomó la possession desta »insula el señor don Sancho Pança, que muchos »años la goze.»” “Y ¿a quién llaman don Sancho Pança?”, 30 preguntó Sancho. “A vuessa señoria”, respondio el mayordomo;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80 “que en esta insula no ha entrado otro Pança, sino el que está sentado en essa silla.” “Pues aduertid, hermano”, dixo Sancho, “que yo no tengo don, ni en todo mi linage le ha auido: Sancho Pança me llaman a secas, y 5 Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi aguelo, y todos fueron Panças sin añadiduras de dones ni donas; y yo imagino que en esta insula deue de auer mas dones que piedras; pero basta, Dios me entiende, y podra ser que si el 10 gouierno me dura quatro dias, yo escardaré estos dones, que por la muchedumbre deuen de enfadar como los mosquitos. Passe adelante con su pregunta el señor mayordomo; que yo respondere lo mejor que supiere, ora se entristezca, o 15 no se entristezca el pueblo.” A este instante entraron en el juzgado dos hombres, el vno vestido de labrador, y el otro de sastre, porque traia vna[s] tijeras en la mano; y el sastre dixo: 20 “Señor gouernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuessa merced en razon que este buen hombre llegó a mi tienda ayer --que yo, con perdon de los presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito--, y, 25 poniendome vn pedaço de paño en las manos, me pr[e]guntó: «Señor, ¿auria en este (*) paño harto »para hazerme vna caperuza?» Yo, tanteando el paño, le respondi que si; el deuiose de imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, 30 que, sin duda, yo le queria hurtar alguna parte del paño, fundandose en su malicia y en la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 81 mala opinion de los sastres; y replicome que mirasse si auria para dos. Adiuinele el pensamiento, y dixele que si; y el, cauallero en su dañada y primera intencion, fue añadiendo caperuzas, y yo añadiendo sies, hasta que 5 llegamos a cinco caperuzas, y aora en este punto acaba de venir por ellas; yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura; antes me pide que le pague o buelua su paño.” “Es todo esto assi, hermano?”, preguntó 10 Sancho. “Si señor”, respondio el hombre; “pero hagale vuessa merced que muestre las cinco caperuzas que me ha hecho.” “De buena gana”, respondio el sastre. 15 Y, sacando encontinente la mano debaxo del herreruelo, mostro en ella cinco caperuzas puestas en las cinco cabeças de los dedos de la mano, y dixo: “E aqui las cinco caperuzas que este buen 20 hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia que no me ha quedado nada del paño, y yo daré la obra a vista de veedores del oficio.” Todos los presentes se rieron de la multitud de las caperuzas, y del nueuo pleyto. Sancho 25 se puso a considerar vn poco, y dixo: “Pareceme que en este pleyto no ha de auer largas dilaciones, sino juzgar luego a juyzio de buen varon, y, assi, yo doy por sentencia que el sastre pierda las hechuras, y el labrador 30 el paño, y las caperuzas se lleuen a los presos de la carcel, y no aya mas.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 Si la sentencia passada (*) de la bolsa del ganadero mouio a admiracion a los circunstantes, esta les prouocó a risa; pero, en fin, se hizo lo que mandó el gouernador; ante el qual se presentaron dos hombres ancianos, el 5 vno traia vna cañaheja por baculo, y el sin baculo dixo: “Señor, a este buen hombre le presté dias ha 10 escudos de oro en oro, por hazerle plazer y buena obra, con condicion que me los 10 boluiesse quando se los pidiesse. Passaronse muchos dias sin pedirselos, por no ponerle en mayor necessidad, de boluermelos, que la que el tenia quando yo se los presté: pero por parecerme que se descuydaua en la paga, se 15 los he pedido vna y muchas vezes, y no solamente no me los buelue, pero me los niega, y dize que nunca tales 10 escudos le presté, y que si se los presté, que ya me los ha buelto. Yo no tengo testigos ni del prestado, ni de la 20 buelta, porque no me los ha buelto. Querria que vuessa merced le tomasse juramento y, si jurare que me los ha buelto, yo se los perdono para aqui y para delante de Dios.” “¿Qué dezys vos a esto, buen viejo del 25 baculo?”, dixo Sancho. A lo que dixo el viejo: “Yo, señor, confiesso que me los prestó, y baxe vuessa merced essa vara, y, pues el lo dexa en mi juramento, yo juraré como 30 se los he buelto y pagado real y verdaderamente.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 83 Baxó el gouernador la vara, y, en tanto, el viejo del baculo dio el baculo al otro viejo, que se le tuuiesse en tanto que juraua, como si le embaraçara mucho, y luego puso la mano en la cruz de la vara, diziendo que era verdad, 5 que se le auian prestado aquellos diez escudos que se le pedian; pero que el se los auia buelto de su mano a la suya, y que por no caer en ello se los boluia a pedir por momentos. Viendo lo qual el gran gouernador, preguntó al 10 acreedor qué respondia a lo que dezia su contrario; y dixo que sin duda alguna su deudor deuia de dezir verdad, porque le tenia por hombre de bien y buen christiano, y que a el se le deuia de auer oluidado el cómo y quándo 15 se los auia buelto, y que desde alli en adelante jamas le pidiria nada. Tornó a tomar su baculo el deudor, y, baxando la cabeça, se salio del juzgado. Visto lo qual Sancho, y que sin mas ni mas se yua, y viendo tambien la paciencia 20 del demandante, inclinó la cabeça sobre el pecho, y, poniendose el indice de la mano derecha sobre las cejas y las narizes, estuuo como pensatiuo vn pequeño espacio, y luego alçó la cabeça y mandó que le llamassen al 25 viejo del baculo, que ya se auia ydo. Truxeronsele, y, en viendole Sancho, le dixo: “Dadme, buen hombre, esse baculo; que le he menester.” “De muy buena gana”, respondio el viejo: 30 “ele aqui, señor.” Y pusosele en la mano.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 Tomole Sancho, y, dandosele al otro viejo, le dixo: “Andad con Dios, que ya vais pagado.” “¿Yo, señor?”, respondio el viejo. “Pues, ¿vale esta cañaheja 10 escudos de oro?” 5 “Si”, dixo el gouernador, “o si no, yo soy el mayor porro del mundo, y aora se vera si tengo yo caletre para gouernar todo vn reyno.” Y mandó que alli delante de todos se rompiesse y abriesse la caña. Hizose assi, y en el 10 coraçon della hallaron 10 escudos en oro. Quedaron todos admirados, y tuuieron a su gouernador por vn nueuo Salomon. Preguntaronle de dónde auia colegido que en aquella cañaheja estauan aquellos 10 escudos, y 15 respondio que de auerle visto dar el viejo que juraua, a su contrario, aquel baculo en tanto que hazia el juramento, y jurar que se los auia dado real y verdaderamente, y que, en acabando de jurar, le tornó a pedir el baculo, le 20 vino a la imaginacion que dentro del estaua la paga de lo que pedian. De donde se podia colegir que los que gouiernan, aunque sean vnos tontos, tal vez los encamina Dios en sus juyzios; y mas, que el auia oydo contar otro 25 caso como aquel al cura de su lugar, y que el tenia tan gran memoria, que a no oluidarsele todo aquello de que queria acordarse, no huuiera tal memoria en toda la insula. Finalmente, el vn viejo corrido, y el otro pagado, se 30 fueron, y los presentes quedaron admirados. Y el que escriuia las palabras, hechos y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 85 mouimientos de Sancho, no acabaua de determinarse si le tendria y pondria por tonto, o por discreto (*). Luego, acabado este pleyto, entró en el juzgado vna muger, assida fuertemente de vn 5 hombre vestido de ganadero rico, la qual venia dando grandes vozes, diziendo: “¡Iusticia, señor gouernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la yre a buscar al cielo! Señor gouernador de mi anima, este mal hombre 10 me ha cogido en la mitad desse campo, y se ha aprouechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lauado, y, desdichada de mi, me ha lleuado lo que yo tenia guardado mas de veynte y tres años ha, defendiendolo de moros 15 y christianos, de naturales y estrangeros, y yo, siempre dura como vn alcornoque, conseruandome entera como la salamanquesa en el fuego, o como la lana entre las çarças, para que este buen hombre llegasse aora con sus 20 manos limpias a manosearme.” “Aun esso está por aueriguar, si tiene limpias o no las manos este galan”, dixo Sancho. Y, boluiendose al hombre, le dixo qué dezia y respondia a la querella de aquella 25 muger; el qual, todo turbado, respondio: “Señores, yo soy vn pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salia deste lugar, de vender, con perdon sea (*) dicho, quatro puercos, que me lleuaron de alcaualas y 30 socaliñas poco menos de lo que ellos valian; boluiame a mi aldea, topé en el camino a esta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca y todo lo cueze, hizo que yogassemos juntos; paguele lo soficiente, y ella, mal contenta, assio de mi, y no me ha dexado hasta traerme a este puesto. Dize que la forçe, y miente, 5 para el juramento que hago o pienso hazer; y esta es toda la verdad, sin faltar meaja.” Entonces el gouernador le preguntó si traia consigo algun dinero en plata. El dixo que hasta veynte ducados tenia en el seno en vna 10 bolsa de cuero; mandó que la sacasse y se la entregasse assi como estaua a la querellante; el lo hizo temblando, tomola [la] muger, y, haziendo mil zalemas a todos, y, rogando a Dios por la vida y salud del señor gouernador, 15 que assi miraua por las huerfanas menesterosas y donzellas; y (*), con esto, se salio del juzgado, lleuando la bolsa assida con entrambas manos, aunque primero miró si era de plata la moneda que lleuaua dentro. 20 Apenas salio, quando Sancho dixo al ganadero, que ya se le saltauan las lagrimas, y los ojos y el coraçon se yuan tras su bolsa: “Buen hombre, yd tras aquella muger, y quitadle la bolsa, aunque no quiera, y bolued 25 aqui con ella.” Y no lo dixo a tonto ni a sordo, porque luego partio como vn rayo y fue a lo que se le mandaua. Todos los presentes estauan suspensos, esperando el fin de aquel pleyto, y de 30 alli [a] poco boluieron el hombre y la muger, mas assidos y aferrados que la vez primera,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLV p. 87 ella la saya leuantada, y en el regazo puesta la bolsa, y el hombre pugnando por quitarsela, mas no era possible, segun la muger la defendia, la qual daua vozes, diziendo: “¡Iusticia de Dios, y del mundo! ¡Mire vuessa 5 merced, señor gouernador, la poca verguença y el poco temor deste desalmado, que en mitad de poblado y en mitad de la calle me ha querido quitar la bolsa que vuessa merced mandó darme!” 10 “Y ¿haosla quitado?”, preguntó el gouernador. “¿Cómo quitar?”, respondio la muger; “antes me dexara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña; otros gatos me han 15 de echar a las barbas, que no este desuenturado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, maços y escoplos no seran bastantes a sacarmela de las vñas, ni aun garras de leones; antes el anima de en mitad en mitad de las carnes!” 20 “Ella tiene razon”, dixo el hombre, “y yo me doy por rendido y sin fuerças, y confiesso que las mias no son bastantes para quitarsela, y déxola (*).” Entonces el gouernador dixo a la muger: 25 “Mostrad, honrada y valiente, essa bolsa.” Ella se la dio luego, y el gouernador se la boluio al hombre y dixo a la esforçada, y no forçada: “Hermana mia, si el mismo aliento y valor 30 que aueis mostrado para defender esta bolsa le mostrarades, y aun la mitad menos, para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 88 defender vuestro cuerpo, las fuerças de Hercules no os hizieran fuerça; andad con Dios y mucho de en hora mala, y no pareis en toda esta insula ni en seys leguas a la redonda, so pena de docientos açotes. ¡Andad luego, digo, 5 churrillera (*), desuergonçada y embaydora!” Espantose la muger y fuesse cabizbaxa y mal contenta, y el gouernador dixo al hombre: “Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aqui adelante, 10 si no le quereis perder, procurad que no os venga (*) en voluntad de yogar con nadie.” El hombre le dio las gracias lo peor que supo y fuesse, y los circunstantes quedaron admirados de nueuo de los juyzios y sentencias de su 15 nueuo gouernador (*). Todo lo qual notado de su coronista fue luego escrito al duque, que con gran desseo lo estaua esperando. Y quedese aqui el buen Sancho; que es mucha la priessa que nos da su amo, alboroçado 20 con la musica de Altisidora.
p. 89 Capitulo XLVI Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibio don Quixote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora. Dexamos (*) al gran don Quixote embuelto en 5 los pensamientos que le auia (*) causado la musica de la enamorada donzella Altisidora. Acostose con ellos, y como si fueran pulgas, no le dexaron dormir ni sossegar vn punto, y juntauansele los que le faltauan de sus medias; pero 10 como es ligero el tiempo y no ay barranco que le detenga, corrio cauallero en las horas, y con mucha presteza llegó la de la mañana. Lo qual visto por don Quixote, dexó las blandas plumas, y no nada perezoso, se vistio su acamuçado 15 vestido y se calçó sus botas de camino, por encubrir la desgracia de sus medias; arrojose encima su manton de escarlata y pusose en la cabeça vna montera de terciopelo verde, guarnecida de pasamanos de plata, colgo el 20 taheli de sus ombros con su buena y tajadora espada, assio vn gran rosario que consigo contino traia, y, con gran prosopopeya y contoneo salio a la antesala, donde el duque y la duquessa estauan ya vestidos y como esperandole, 25 y al passar por vna galeria, estauan aposta esperandole Altisidora y la otra donzella su amiga; y assi como Altisidora vio a don Quixote, fingio desmayarse, y su amiga la recogio en sus faldas, y con gran presteza la yua a 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 90 desabrochar el pecho. Don Quixote que lo vio, llegandose a ellas, dixo: “Ya se yo de qué proceden estos accidentes.” “No se yo de qué”, respondio la amiga, 5 “porque Altisidora es la donzella mas sana de toda esta casa, y yo nunca la he sentido vn ¡ay! en quanto ha que la conozco; que mal ayan quantos caualleros andantes ay en el mundo, si es que todos son desagradecidos. Vayase 10 vuessa merced, señor don Quixote; que no boluera en si esta pobre niña en tanto que vuessa merced aqui estuuiere.” A lo que respondio don Quixote: “Haga vuessa merced, señora, que se me 15 ponga vn laud esta noche en mi aposento; que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada donzella; que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.” 20 Y, con esto, se fue, por que no fuesse notado de los que alli le viessen. No se huuo bien apartado, quando, boluiendo en si la desmayada Altisidora, dixo a su compañera: “Menester sera que se le ponga el laud; que 25 sin duda don Quixote quiere darnos musica, y no sera mala, siendo suya.” Fueron luego a dar cuenta a la duquessa de lo que passaua, y del laud que pedia don Quixote, y ella, alegre sobremodo, concerto (*) con 30 el duque y con sus donzellas de hazerle vna burla que fuesse mas risueña que dañosa, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 91 con mucho contento esperauan la noche, que se vino tan apriessa como se auia venido el dia, el qual passaron los duques en sabrossas platicas con don Quixote. Y la duquessa aquel dia real y verdaderamente despachó a 5 vn page suyo, que auia hecho en la selua la figura encantada de Dulcinea, a Teresa Pança, con la carta de su marido Sancho Pança, y con el lio de ropa que auia dexado para que se le embiasse, encargandole le tru[x]esse 10 buena relacion de todo lo que con ella passasse. Hecho esto, y llegadas las onze horas de la noche, halló don Quixote vna vihuela en su aposento; templola, abrio la rexa, y sintio que 15 andaua gente en el jardin, y, auiendo recorrido los trastes de la vihuela, y afinandola lo mejor que supo, escupio y remondose el pecho, y luego, con vna voz ronquilla aunque entonada, cantó el siguiente romance, que el mismo 20 aquel dia auia compuesto: Suelen las fuerças de amor sacar de quicio a las almas, tomando por instrumento la ociosidad descuydada. 25 Suele el coser y el labrar y el estar siempre ocupada ser antidoto al veneno de las amorosas ansias. Las donzellas recogidas 30 que aspiran a ser casadas... la honestidad es la dote y voz de sus alabanças.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92 Los andantes caualleros y los que en la Corte andan requiebranse con las libres; con las honestas se casan. Ay amores de Leuante, 5 que entre huespedes se tratan, que llegan presto al Poniente, porque en el partirse acaban. El amor recien venido que oy llegó, y se va mañana, 10 las imagines no dexa bien impressas en el alma. Pintura sobre pintura, ni se muestra ni señala; y do ay primera belleza, 15 la segunda no haze baça. Dulcinea del Toboso del alma en la tabla rasa tengo pintada, de modo que es impossible borrarla. 20 La firmeza en los amantes es la parte mas preciada, por quien haze Amor milagros, y assi (*) mesmo los leuanta. Aqui llegaua don Quixote de su canto, a 25 quien estauan escuchando el duque y la duquessa, Altisidora y casi toda la gente del castillo, quando de improuiso, desde encima de vn corredor que sobre la rexa de don Quixote a plomo caia, descolgaron vn cordel donde venian 30 mas de cien [cen]cerros assidos, y luego tras ellos derramaron vn gran saco de gatos, que assimismo traian cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruydo de los cencerros y el mayar de los gatos, que aunque 35
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 93 los duques auian sido inuentores de la burla, todauia les sobresaltó, y, temeroso don Quixote, quedó pasmado; y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la rexa de su estancia, y, dando de vna parte a otra, parecia que 5 vna region (*) de diablos andaua en ella. Apagaron las velas que en el aposento ardian, y andauan buscando por do escaparse; el descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cessaua; la mayor parte de la gente del 10 castillo, que no sabia la verdad del caso, estaua suspensa y admirada. Leuantose don Quixote en pie, y, poniendo mano a la espada, començo a tirar estocadas por la rexa y a dezir a grandes vozes: 15 “¡Afuera malignos encantadores, afuera canalla hechizeresca; que yo soy don Quixote de la Mancha, contra quien no valen ni tienen fuerça vuestras malas intenciones!” Y, boluiendose a los gatos que andauan por 20 el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos acudieron a la rexa, y por alli se salieron, aunque vno, viendose tan acosado de las cuchilladas de don Quixote, le saltó al rostro y le assio de las narizes con las vñas y los dientes, por 25 cuyo dolor don Quixote començo a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo lo qual el duque y la duquessa, y considerando lo que podia ser, con mucha presteza acudieron a su estancia, y, abriendo con llaue maestra, vieron al pobre 30 cauallero pugnando con todas sus fuerças por arrancar el gato de su rostro. Entraron con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94 luzes, y vieron la desigual pelea; acudio el duque a despartirla, y don Quixote dixo a vozes: “¡No me le quite nadie, dexenme mano a mano con este demonio, con este hechizero, con este encantador; que yo le dare a entender 5 de mi a el, quién es don Quixote de la Mancha!” Pero el gato, no curandose destas amenazas, gruñia y apretaua; mas, en fin, el duque se le desarraygó y le echó por la rexa. 10 Quedó don Quixote acriuado el rostro y no muy sanas las narizes, aunque muy despechado porque no le auian dexado fenecer la batalla que tan trabada tenia con aquel malandrin encantador. Hizieron traer azeyte de Aparicio (*), 15 y la misma Altisidora, con sus blanquis[si]mas manos, le puso vnas vendas por todo lo herido, y, al ponerselas, con voz baxa le dixo: “Todas estas malandanças te suceden, empedernido cauallero, por el pecado de tu dureza 20 y pertinacia; y plega a Dios que se le oluide a Sancho tu escudero el açotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tu la (*) gozes, ni llegues a talamo con ella, a lo menos viuiendo yo, que te 25 adoro.” A todo esto no respondio don Quixote otra palabra, si no fue dar vn profundo suspiro, y luego se tendio en su lecho, agradeciendo a los duques la merced, no porque el tenia temor 30 de aquella canalla gatesca, encantadora y cencerruna, sino porque auia conocido la buena
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVI p. 95 intencion con que auian venido a socorrerle. Los duques le dexaron sossegar y se fueron pesarosos del mal sucesso de la burla; que no creyeron que tan pesada y costosa le saliera a don Quixote aquella auentura: que le costo 5 cinco dias de encerramiento y de cama, donde le sucedio otra auentura mas gustosa que la pasada, la qual no quiere su historiador contar aora, por acudir a Sancho Pança, que andaua muy solicito y muy gracioso en su gouierno. 10
p. 96 Capitulo XLVII Donde se prosigue cómo se portaua Sancho Pança en su gouierno. Cuenta la historia que desde el juzgado lleuaron a Sancho Pança a vn suntuoso palacio, 5 adonde en vna gran sala estaua puesta vna real y limpissima mesa; y assi como Sancho entró en la sala, sonaron chirimias y salieron quatro pages a darle aguamanos, que Sancho recibio con mucha grauedad. 10 Cessó la musica, sentose Sancho a la cabecera de la mesa, porque no auia mas de aquel assiento, y no otro seruicio en toda ella. Pusose a su lado en pie vn personage, que despues mostro ser medico, con vna varilla de vallena 15 en la mano. Leuantaron vna riquissima y blanca toalla con que estauan cubiertas las frutas y mucha diuersidad de platos de diuersos manjares; vno que parecia estudiante echó la bendicion, y vn page puso vn babador randado a 20 Sancho, otro que hazia el oficio de maestresala llegó vn plato de fruta delante (*), pero apenas huuo comido vn bocado, quando el de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandissima celeridad; pero 25 el maestresala le llegó otro, de otro manjar; yua a prouarle Sancho, pero antes que llegasse a el ni le gustasse, ya la varilla auia tocado en el, y vn page alçadole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo qual por Sancho, quedó 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 97 suspenso, y, mirando a todos, preguntó si se auia de comer aquella comida como juego de maessecoral (*). A lo qual respondio el de la vara: “No se ha de comer, señor gouernador, sino como es vso y costumbre en las otras insulas 5 donde ay gouernadores. Yo, señor, soy medico, y estoy asalariado en esta insula para serlo de los gouernadores della, y miro por su salud mucho mas que por la mia, estudiando de noche y de dia y tanteando la complexion del 10 gouernador, para acertar a curarle quando cayere enfermo; y lo principal que hago es assistir a sus comidas y cenas, y a dexarle comer de lo que me parece que le conuiene, y a quitarle lo que imagino que le ha de hazer daño 15 y ser nociuo al estomago (*); y, assi, mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente humeda, y el plato del otro manjar tambien le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que 20 acrecientan la sed; y el que mucho beue, mata y consume el humedo radical, donde consiste la vida (*).” “Dessa manera, aquel plato de perdizes que estan alli asadas, y, a mi parecer, bien 25 sazonadas, no me haran algun daño.” A lo que el medico respondio: “Essas no comera el señor gouernador en tanto que yo tuuiere vida.” “Pues ¿por qué?”, dixo Sancho. 30 Y el medico respondio: “Porque nuestro maestro Hipocrates, norte
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98 y luz de la medicina, en vn aforismo suyo dize: Omnis saturatio mala, perdizes autem pesssima (*). Quiere dezir: «toda hartazga es mala; »pero la de las perdizes, malissima.»” “Si esso es assi”, dixo Sancho, “vea el señor 5 doctor de quantos manjares ay en esta mesa, quál me hara mas prouecho y quál menos daño, y dexeme comer del sin que me le apalee; porque por vida del gouernador, y assi Dios me le dexe gozar, que me muero de hambre, y 10 el negarme la comida, aunque le pese al señor doctor y el mas me diga, antes sera quitarme la vida que aumentarmela.” “Vuessa merced tiene razon, señor gouernador”, respondio el medico, “y assi es mi 15 parecer que vuessa merced no coma de aquellos conejos guisados que alli estan, porque es manjar peliagudo; de aquella ternera, si no fuera asada y en adobo, aun se pudiera prouar; pero no ay para qué.” 20 Y Sancho dixo: “Aquel platonazo que está mas adelante vahando me parece que es olla podrida (*), que, por la diuersidad de cosas que en las tales ollas podridas ay, no podre dexar de topar con 25 alguna que me sea de gusto y de prouecho.” “Absit”, dixo el medico; “vaya lexos de nosotros tan mal pensamiento; no ay cosa en el mundo de peor mantenimiento que vna olla podrida. Alla las ollas podridas para los canonigos, 30 o para los retores de colegios, o para las bodas labradorescas, y dexennos libres las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 99 mesas de los gouernadores, donde ha de assistir todo primor y toda atildadura. Y la razon es porque siempre y a doquiera y de quienquiera son mas estimadas las medicinas simples que las compuestas, porque en las simples no se 5 puede errar, y en las compuestas si, alterando la cantidad de las cosas de que son compuestas; mas lo que yo se que ha de comer el señor gouernador aora, para conseruar su salud y corroborarla es vn ciento de cañutillos de 10 suplicaciones (*), y vnas tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le assienten el estomago, y le ayuden a la digestion.” Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar de la silla, y miró de hito en hito al tal 15 medico, y con voz graue le preguntó cómo se llamaua, y dónde auia estudiado. A lo que el respondio: “Yo, señor gouernador, me llamo el doctor Pedro Rezio de Aguero, y soy natural de vn 20 lugar llamado Tirteafuera (*), que está entre Caraquel y Almodobar del Campo, a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la Vniuersidad de Osuna (*).” A lo que respondio Sancho, todo encendido 25 en colera: “Pues, señor doctor Pedro Rezio de mal Aguero, natural de Tirteafuera, lugar que está a la derecha mano, como vamos de Caraquel a Almodobar del Campo, graduado en Osuna, 30 quiteseme luego delante; si no, voto al sol que tome vn garrote y que a garrotazos, començando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100 por el, no me ha de quedar medico en toda la insula, a lo menos, de aquellos que yo entienda que son ignorantes; que a los medicos sabios, prudentes y discretos los pondre sobre mi cabeça y los honraré como a personas 5 diuinas. Y bueluo a dezir que se me vaya Pedro Rezio de aqui; si no, tomaré esta silla donde estoy sentado, y se la estrellaré en la cabeça, y pidanmelo en residencia; que yo me descargaré con dezir que hize seruicio a Dios en 10 matar a vn mal medico, verdugo de la republica. Y denme de comer, o si no, tomense su gouierno; que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas.” Alborotose el doctor viendo tan colerico al 15 gouernador, y quiso hazer tirteafuera de la sala, sino que en aquel instante sono vna corneta de posta en la calle, y, assomandose el maestresala a la ventana, boluio, diziendo: “Correo viene del duque mi señor; algun 20 despacho deue de traer de importancia.” Entró el correo sudando y asustado, y, sacando vn pliego del seno, le puso en las manos del gouernador, y Sancho le puso en las del mayordomo, a quien mandó leyesse el sobreescrito 25 que dezia assi: «A don Sancho Pança, » gouernador de la insula Barataria, en su »propia mano, o en las de su secretario.» Oyendo lo qual Sancho, dixo: “¿Quién es aqui mi secretario?” 30 Y vno de los que presentes estauan respondio:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 101 “Yo, señor, porque se leer y escriuir, y soy vizcayno (*).” “Con essa añadidura”, dixo Sancho, “bien podeis ser secretario del mismo emperador; abrid esse pliego, y mirad lo que dize.” 5 Hizolo assi el rezien nacido secretario, y, auiendo leydo lo que dezia, dixo que era negocio para tratarle a solas. Mandó Sancho despejar la sala, y que no quedassen en ella sino el mayordomo y el maestresala, y los demas y 10 el medico se fueron, y luego el secretario leyo la carta que assi dezia: “A mi noticia ha llegado, señor don Sancho Pança, que vnos enemigos mios y dessa insula la han de dar vn asalto furioso no se qué 15 noche; conuiene velar y estar alerta, porque no le tomen desapercebido. Se tambien por espias verdaderas que han entrado en esse lugar quatro personas disfraçadas para quitaros la vida porque se temen de vuestro ingenio; abrid 20 el ojo y mirad quién llega a hablaros, y no comais de cosa que os presentaren. Yo tendre cuydado de socorreros si os vieredes en trabajo, y en todo hareis como se espera de vuestro entendimiento. Deste lugar a 16 de agosto 25 a las quatro de la mañana. Vuestro amigo, El duque.” Quedó atonito Sancho, y mostraron quedarlo assimismo los circunstantes, y, boluiendose al mayordomo, le dixo: 30 “Lo que agora se ha de hazer, y ha de ser luego, es meter en vn calaboço al doctor Recio,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102 porque si alguno me ha de matar, [h]a de ser el, y de muerte adminicula (*) y pessima, como es la de la hambre.” “Tambien”, dixo el maestresala, “me parece a mi que vuessa (*) merced no coma de todo 5 lo que está en esta mesa, porque lo han presentado vnas monjas, y, como suele dezirse, detras de la cruz está el diablo.” “No lo niego”, respondio Sancho, “y, por aora, denme vn pedaço de pan, y obra de 10 quatro libras de vuas; que en ellas no podra venir veneno, porque, en efecto, no puedo passar sin comer, y si es que hemos de estar prontos para estas batallas que nos amenazan, menester sera estar bien mantenidos, porque 15 tripas lleuan coraçon, que no coraçon tripas, y vos, secretario, responded al duque mi señor, y dezidle que se cumplira lo que manda como lo manda, sin faltar punto, y dareys de mi parte vn besamanos a mi señora la duquessa, y 20 que le suplico no se le oluide de embiar con vn propio mi carta y mi lio a mi muger Teresa Pança; que en ello recibire mucha merced, y tendre cuydado de [ser]uirla (*) con todo lo que mis fuerças alcançaren, y de camino podeys 25 encaxar vn besamanos a mi señor don Quixote de la Mancha, porque vea que soy pan agradecido; y vos, como buen secretario y como buen vizcayno, podeys añadir todo lo que quisieredes y mas viniere a cuento. Y alcense 30 estos manteles y denme a mi de comer; que yo me auendre con quantas espias y matadores y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 103 encantadores vinieren sobre mi y sobre mi insula.” En esto, entró vn page y dixo: “Aqui está vn labrador negociante que quiere hablar a vuessa señoria en vn negocio, segun 5 el dize, de mucha importancia.” “Estraño caso es este”, dixo Sancho, “destos negociantes. ¿Es possible que sean tan necios, que no echen de ver que semejantes horas como estas no son en las que han de venir a 10 negociar? ¿Por ventura los que gouernamos, los que somos juezes, no somos hombres de carne y de hueso, y que es menester que nos dexen descansar el tiempo que la necessidad pide, sino que quieren que seamos hechos de 15 piedra marmol? Por Dios y en mi conciencia que si me dura el gouierno --que no durará segun se me trasluze--, que yo ponga en pretina a mas de vn negociante. Agora dezid a esse buen hombre que entre; pero aduiertase 20 primero no sea alguno de los espias, o matador mio.” “No, señor”, respondio el page, “porque parece vna alma de cantaro, y yo se poco, o el es tan bueno como el buen pan.” 25 “No ay que temer”, dixo el mayordomo; “que aqui estamos todos.” “¿Seria possible”, dixo Sancho, “maestresala, que agora que no está aqui el doctor Pedro Rezio, que comiesse yo alguna cosa de peso y 30 de sustancia, aunque fuesse vn pedaço de pan y vna cebolla?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104 “Esta noche, a la cena, se satisfara la falta de la comida, y quedará vuessa señoria satisfecho y pagado”, dixo el maestresala. “Dios lo haga”, respondio Sancho. Y, en esto, entró el labrador, que era de muy 5 buena presencia, y de mil leguas se le echaua de ver que era bueno y buena alma. Lo primero que dixo fue: “¿Quién es aqui el señor gouernador?” “¿Quién ha de ser”, respondio el secretario, 10 “sino el que está sentado en la silla?” “Humillome, pues, a su presencia”, dixo el labrador. Y, poniendose de rodillas, le pidio la mano para besarsela. Negosela Sancho y mandó que 15 se leuantase y dixesse lo que quisiesse. Hizolo assi el labrador, y luego dixo: “Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra, vn lugar que está dos leguas de Ciudareal (*).” 20 “Otro Tirteafuera tenemos”, dixo Sancho; “dezid, hermano; que lo que yo os se dezir es que se muy bien a Miguel Turra, y que no está muy lexos de mi pueblo.” “Es, pues, el caso, señor”, prosiguio el 25 labrador, “que yo por la misericord[i]a de Dios soy casado en paz y en haz de la san[ta] Yglesia catolica romana; tengo dos hijos estudiantes, que el menor estudia para bachiller y el mayor para licenciado; soy viudo porque se 30 murio mi muger, o, por mejor dezir, me la mató vn mal medico, que la purgó estando preñada,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 105 y si Dios fuera seruido que saliera a luz el parto, y fuera hijo, yo le pusiera (*) a estudiar para doctor, porque no tuuiera inuidia a sus hermanos el bachiller y el licenciado.” “De modo”, dixo Sancho, “que si vuestra 5 muger no se huuiera muerto, o la huuieran muerto, ¿vos no fuerades agora viudo?” “No, señor, en ninguna manera”, respondio el labrador. “Medrados estamos”, replicó Sancho; “adelante 10 hermano; que es hora de dormir mas que de negociar.” “Digo, pues”, dixo el labrador, “que este mi hijo que ha de ser bachiller se enamoró en el mesmo pueblo de vna donzella llamada Clara 15 Perlerina, hija de Andres Perlerino, labrador riquissimo; y este nombre de Perlerines no les viene de abolengo ni otra alcurnia, sino porque todos los deste linage son perlaticos, y, por mejorar el nombre, los llaman Perlerines, 20 aunque si va (*) dezir la verdad, la donzella es como vna perla oriental, y mirada por el lado derecho parece vna flor del campo, por el yzquierdo no tanto, porque le falta aquel ojo que se le saltó de viruelas; y aunque los hoyos del 25 rostro son muchos y grandes, dizen los que la quieren bien que aquellos no son hoyos, sino sepulturas donde se sepultan las almas de sus amantes. Es tan limpia, que por no ensuziar la cara, trae las narizes, como dizen, arremangadas, 30 que no parece sino que van huyendo de la boca, y con todo esto parece bien por estremo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 106 porque tiene la boca grande, y a no faltarle diez o doze dientes y muelas, pudiera passar y echar raya entre las mas bien formadas. De los labios no tengo que dezir, porque son tan sutiles y delicados, que si se vsaran aspar 5 labios, pudieran hazer dellos vna madexa; pero como tienen diferente color de la que en los labios se vsa comunmente, parecen milagrosos, porque son jaspeados de azul y verde, y auerengenado; y perdoneme el señor gouernador, 10 si por tan menudo voy pintando las partes de la que al fin al fin ha de ser mi hija; que la quiero bien, y no me parece mal.” “Pintad lo que quisieredes”, dixo Sancho; “que yo me voy recreando en la pintura, y si 15 huuiera comido, no huuiera mejor postre para mi que vuestro retrato.” “Esso tengo yo por seruir”, respondio el labrador; “pero tiempo vendra en que seamos, si aora no somos. Y digo, señor, que si pudiera 20 pintar su gentileza y la altura de su cuerpo, fuera cosa de admiracion; pero no puede ser a causa de que ella está agouiada y encogida, y tiene las rodillas con la boca, y con todo esso, se echa bien de ver que si se pudiera leuantar 25 diera con la cabeça en el techo, y ya ella huuiera dado la mano de esposa a mi bachiller, sino que no la puede estender, que está añudada; y con todo, en las vñas largas y acanaladas se muestra su bondad y buena 30 hechura.” “Está bien”, dixo Sancho, “y hazed cuenta,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 107 hermano, que ya la aueis pintado de los pies a la cabeça. ¿Qué es lo que quereis aora? Y venid al punto sin rodeos ni callejuelas, ni retazos ni añadiduras.” “Querria, señor”, respondio el labrador, 5 “que vuessa merced me hiziesse merced de darme vna carta de fauor para mi consuegro, suplicandole sea seruido de que este casamiento se haga, pues no somos desiguales en los bienes de fortuna, ni en los de la 10 naturaleza; porque, para dezir la verdad, señor gouernador, mi hijo es endemoniado, y no ay dia que tres o quatro vezes no le atormenten los malignos espiritus; y de auer caydo vna vez en el fuego tiene el rostro arrugado como 15 pergamino, y los ojos algo llorosos y manantiales; pero tiene vna condicion de vn angel, y si no es que se aporrea y se da de puñadas el mesmo a si mesmo, fuera vn bendito.” “¿Quereis otra cosa, buen hombre?”, replicó 20 Sancho. “Otra cosa querria”, dixo el labrador, “sino que no me atreuo a dezirlo; pero, vaya, que, en fin, no se me ha de podrir en el pecho, pegue o no pegue. Digo, señor, que querria 25 que vuessa merced me diesse trecientos o (*) seyscientos ducados para ayuda [a] la dote de mi bachiller, digo, para ayuda de poner su casa, porque, en fin, han de viuir por si, sin estar sugetos a las impertinencias de los 30 suegros.” “Mirad si quereys otra cosa”, dixo Sancho,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108 “y no la dexeis de dezir por empacho ni por verguença.” “No por cierto”, respondio el labrador. Y apenas dixo esto, quando, leuantandose en pie el gouernador, assio de la silla en que 5 estaua sentado, y dixo: “¡Voto a tal, don patan rustico y mal mirado, que si no os apartays y ascondeis luego de mi presencia, que con esta silla os rompa y abra la cabeça! Hideputa, vellaco, pintor del mesmo 10 demonio, ¿y a estas horas te vienes a pedirme seyscientos ducados? Y ¿dónde los tengo yo, hediondo? Y ¿por qué te los auia de dar, aunque los tuuiera, socarron y mentecato? Y ¿qué se me da a mi de Miguel Turra, ni de todo el 15 linage de los Perlerines? ¡Va de mi, digo; si no, por vida del duque mi señor que haga lo que tengo dicho! ¡Tu no deues de ser de Miguel Turra, sino algun socarron que para tentarme te ha embiado aqui el infierno! Dime, 20 desalmado, aun no ha dia y medio que tengo el gouierno, y ¿ya quieres que tenga seyscientos ducados?” Hizo de señas el maestresala al labrador que se saliesse de la sala, el qual lo hizo 25 cabizbaxo, y, al parecer, temeroso de que el gouernador no executasse su colera; que el vellacon supo hazer muy bien su oficio. Pero dexemos con su colera a Sancho, y andese la paz en el corro, y boluamos a don 30 Quixote, que le dexamos vendado el rostro y curado de las gatescas heridas, de las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVII p. 109 quales no sanó en ocho dias; en vno de los quales le sucedio lo que Cide Hamete promete de contar con la puntualid[ad] y verdad que suele contar las cosas desta historia, por minimas que sean. 5
p. 110 Capitulo XLVIII De lo que le sucedio a don Quixote con doña Rodriguez, la dueña de la duquessa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna. 5 A demas estaua mohino y malencolico el malferido don Quixote, vendado el rostro y señalado, no por la mano de Dios, sino por las vñas de vn gato, desdichas anejas a la andante caualleria. Seys dias estuuo sin salir en 10 publico, en vna noche de los (*) quales, estando despierto y desuelado, pensando en sus desgracias y en el perseguimiento de Altisidora, sintio que con vna llaue abrian la puerta de su aposento, y luego imaginó que la enamorada 15 donzella venia para sobresaltar su honesti[d]ad y ponerle en condicion de faltar a la fee que guardar deuia a su señora Dulcinea del Toboso. “No”, dixo, creyendo a su imaginacion, y esto, con voz que pudiera ser oyda, “no ha 20 de ser parte la mayor hermosura de la tierra para que yo dexe de adorar la que tengo grauada y estampada en la mitad de mi coraçon, y en lo mas escondido de mis entrañas, ora estes, señora mia, transformada en cebolluda labradora, 25 ora en ninfa del dorado Tajo, texiendo telas de oro y sirgo compuestas (*), ora te tenga Merlin o Montesinos donde ellos quisieren; que adondequiera eres mia y adoquiera he sido yo, y he de ser, tuyo.” 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 111 El acabar estas razones y el abrir de la puerta fue todo vno. Pusose en pie sobre la cama, embuelto de arriba abaxo en vna colcha de raso amarillo, vna galocha en la cabeça, y el rostro y los vigotes vendados; el rostro, por 5 los aruños, los vigotes, porque no se le desmayassen y cayessen, en el qual trage parecia la mas extraordinaria fantasma que se pudiera pensar. Clauó los ojos en la puerta, y quando esperaua ver entrar por ella a la rendida y 10 lastimada Altisidora, vio entrar a vna reuerendissima dueña con vnas tocas blancas repulgadas y luengas, tanto, que la cubrian y enmantauan desde los pies a la cabeça. Entre los dedos de la mano yzquierda traia vna media vela 15 encendida, y con la derecha se hazia sombra, porque no le diesse la luz en los ojos, a quien cubrian vnos muy grandes antojos; venia pisando quedito, y mouia los pies blandamente. Mirola don Quixote desde su atalaya, y quando 20 vio su adeliño y notó su silencio, penso que alguna bruja o maga venia en aquel trage a (*) hazer en el alguna mala fechuria, y començó a santiguarse con mucha priesa. Fuesse llegando la vision, y quando llegó a la mitad del 25 aposento, alçó los ojos y vio la priessa con que se estaua haziendo cruces don Quixote, y si el quedó medroso en ver tal figura, ella quedó espantada en ver la suya, porque assi como le vio tan alto y tan amarillo, con la colcha y con 30 las vendas que le desfigurauan, dio vna gran voz diziendo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112 “Iesus, ¿qué es lo que veo?” Y con el sobresalto se le cayo la vela de las manos, y, viendose a escuras, boluio las espaldas para yrse, y con el miedo tropeço en sus faldas y dio consigo vna gran cayda. 5 Don Quixote, temeroso, començo a dezir: “Conjurote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres, y que me digas qué es lo que de mi quieres. Si eres alma en pena, dimelo; que yo hare por ti todo quanto mis fuerças 10 alcançaren, porque soy catolico christiano, y amigo de hazer bien a todo (*) el mundo; que para esto tomé la orden de la caualleria andante que professo, cuyo exercicio aun hasta hazer bien a las animas de purgatorio se 15 estiende.” La brumada dueña, que oyo conjurarse, por su temor coligio el de don Quixote, y con voz afligida y baxa le respondio: “Señor don Quixote, si es que acaso vuessa 20 merced es don Quixote, yo no soy fantasma, ni vision, ni alma de purgatorio, como vuessa merced deue de auer pensado, sino doña Rodriguez, la dueña de honor de mi señora la duquessa, que con vna necessidad, de aquellas 25 que vuessa merced suele remediar, a vuessa merced vengo.” “Digame, señora doña Rodriguez”, dixo don Quixote; “¿por ventura viene vuessa merced a (*) hazer alguna terceria? Porque le hago 30 saber que no soy de prouecho para nadie, merced a la sin par belleza de mi señora
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 113 Dulcinea del Toboso. Digo, en fin, señora doña Rodriguez, que como vuessa merced salue y dexe a vna parte todo recado amoroso, puede boluer a encender su vela, y buelua, y departiremos de todo lo que mas mandare y mas en 5 gusto le viniere, saluando, como digo, todo incitatiuo melindre.” “¿Yo recado de nadie, señor mio?”, respondio la dueña. “Mal me conoce vuessa merced; si, que aun no estoy en edad tan prolongada, 10 que me acoja a semejantes niñerias, pues, Dios loado, mi alma me tengo en las carnes, y todos mis dientes y muelas en la boca, amen de vnos pocos que me han vsurpado vnos catarros, que en esta tierra de Aragon son tan 15 ordinarios; pero espereme vuessa merced vn poco; saldre a encender mi vela, y boluere en vn instante a contar mis cuytas, como a remediador de todas las del mundo.” Y, sin esperar respuesta, se salio del 20 aposento, donde quedó don Quixote sossegado y pensatiuo esperandola; pero luego le sobreuinieron mil pensamientos acerca de aquella nueua auentura, y pareciale ser mal hecho y peor pensado ponerse en peligro de romper 25 a su señora la fee prometida, y deziase a si mismo: “¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querra engañarme agora con vna dueña, lo que no ha podido con emperatrizes, reynas, 30 duquessas, marquessas ni condessas? Que yo he oydo dezir muchas vezes y a muchos discretos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 114 que, si el puede, antes os la dara roma que aguileña (*); y ¿quién sabe, si esta soledad (*), esta ocasion y este silencio despertará mis desseos que duermen, y haran que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he tropeçado? 5 Y en casos semejantes, mejor es huyr que esperar la batalla. Pero yo no deuo de estar en mi juyzio, pues tales disparates digo y pienso; que no es possible que vna dueña toquiblanca, larga y antojuna pueda mouer ni leuantar 10 pensamiento lasciuo en el mas desalmado pecho del mundo. ¿Por ventura ay dueña en la tierra que tenga buenas carnes? ¿Por ventura ay dueña en el orbe que dexe de ser impertinente, frunzida y melindrosa? ¡Afuera, pues, caterba 15 dueñesca, inutil para ningun humano regalo! ¡O, quán bien hazia aquella señora de quien se dize que tenia dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que estauan labrando, y tanto le seruian 20 para la autoridad de la sala aquellas estatuas, como las dueñas verdaderas!” Y, diziendo esto, se arrojó del lecho con intencion de cerrar la puerta y no dexar entrar a la señora Rodriguez; mas quando la llegó a 25 cerrar, ya la señora Rodriguez boluia, encendida vna vela de cera blanca, y quando ella vio a don Quixote de mas cerca, embuelto en la colcha, con las vendas, galocha o becoquin, temio de nueuo, y, retirandose atras como dos 30 pasos, dixo: “¿Estamos seguras, señor cauallero? Porque
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 115 no tengo a muy honesta señal auerse vuessa merced leuantado de su lecho.” “Esso mesmo es bien que yo pregunte, señora”, respondio don Quixote, “y, assi, pregunto si estare yo seguro de ser acometido y 5 forçado.” “¿De quién o a quién pedis, señor cauallero, essa seguridad?”, respondio la dueña. “A vos, y de vos la pido”, replicó don Quixote; “porque ni yo soy de marmol, ni vos de 10 bronze, ni aora son las diez del dia, sino media noche, y aun vn poco mas, segun imagino, y en vna estancia mas cerrada y secreta que lo deuio de ser la cueua donde el traydor y atreuido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido. 15 Pero dadme, señora, la mano; que yo no quiero otra seguridad mayor que la de mi continencia y recato, y la que ofrecen essas reuerendissimas tocas.” Y, diziendo esto, besó su derecha mano y le 20 assio de la suya, que ella le dio con las mesmas ceremonias. Aqui haze Cide Hamete vn parentesis, y dize que por Mahoma que diera por ver yr a los dos assi assidos y trauados desde la puerta al 25 lecho la mejor almalafa de dos que tenia. Entrose, en fin, don Quixote en su lecho, y quedose doña Rodriguez sentada en vna silla, algo desuiada de la cama, no quitandose los antojos ni la vela. Don Quixote se acorrucó y 30 se cubrio todo, no dexando mas de el rostro descubierto y, auiendose los dos sossegado, el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116 primero que rompio el silencio fue don Quixote, diziendo: “Puede vuessa merced aora, mi señora doña Rodriguez, descoserse y desbuchar todo aquello que tiene dentro de su cuytado coraçon y 5 lastimadas entrañas; que sera de mi escuchada con castos oydos y socorrida con piadosas obras.” “Assi lo creo yo”, respondio la dueña; “que de la gentil y agradable presencia de vuessa 10 merced no se podia esperar sino tan christiana respuesta. Es, pues, el caso, señor don Quixote, que aunque vuessa merced me vee sentada en esta silla y en la mitad del reyno de Aragon, y en habito de dueña aniquilada y assendereada, 15 soy natural de las Asturias de Ouiedo (*) y de linage, que atrauiessan por el muchos de los mejores de aquella prouincia. Pero mi corta suerte y el descuydo de mis padres, que empobrecieron antes de tiempo sin saber cómo ni 20 cómo no, me truxeron a la corte, a Madrid, donde, por bien de paz, y por escusar mayores desuenturas, mis padres me acomodaron a seruir de donzella de labor a vna principal señora; y quiero hazer sabidor a vuessa merced que en 25 hazer vaynillas y labor blanca, ninguna me ha echado el pie adelante en toda la vida. Mis padres me dexaron siruiendo y se boluieron a su tierra, y de alli a pocos años se deuieron de yr al cielo, porque eran a demas buenos y 30 catolicos christianos; quedé huerfana y atenida al miserable salario y a las angustiadas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 117 merce[de]s que a las tales criadas se suele dar en palacio; y, en este tiempo, sin que diesse yo ocasion a ello, se enamoró de mi vn escudero de casa, hombre ya en dias, barbudo y apersonado, y, sobre todo, hidalgo como el rey, 5 porque era montañes (*). No tratamos tan secretamente nuestros amores, que no viniessen a noticia de mi señora, la qual, por escusar dimes y diretes, nos casó en paz y en haz de la santa madre Iglesia catolica romana, de cuyo 10 matrimonio nacio vna hija para rematar con mi ventura, si alguna tenia, no porque yo muriesse del parto, que le tuue derecho y en sazon, sino porque desde alli a poco murio mi esposo de vn cierto espanto que tuuo, que a 15 tener aora lugar para contarle, yo se que vuessa merced se admirara.” Y, en esto, començo a llorar tiernamente, y dixo: “Perdoneme vuessa merced, señor don Quixote; 20 que no va mas en mi mano, porque todas las vezes que me acuerdo de mi mal logrado se me arrasan los ojos de lagrimas. ¡Valame Dios, y con qué autoridad lleuaua a mi señora a las ancas de vna poderosa mula, negra como 25 el mismo azauache!; que entonces no se vsauan coches ni sillas, como agora dizen que se vsan, y las señoras yuan a las ancas de sus escuderos. Esto, a lo menos, no puedo dexar de contarlo, porque se note la criança y puntualidad 30 de mi buen marido. Al entrar de la calle de Santiago, en Madrid, que es algo estrecha,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118 venia a salir por ella vn alcalde de Corte, con dos alguaziles delante, y, assi como mi buen escudero le vio, boluio las riendas a la mula, dando señal de boluer a acompañarle. Mi señora, que yua a las ancas, con voz baxa le 5 dezia: «¿Qué hazeys, desuenturado, no veys »que voy aqui?» El alcalde, de comedido, detuuo la rienda al cauallo, y dixole: «Seguid, »señor, vuestro camino; que yo soy el que »deuo acompañar a mi señora doña Casilda», 10 que assi era el nombre de mi ama. Todauia porfiaua mi marido con la gorra en la mano, a (*) querer yr acompañando al alcalde; viendo lo qual mi señora, llena de colera y enojo, sacó vn alfiler gordo, o creo que vn punzon del 15 estuche, y clauosele por los lomos, de manera, que mi marido dio vna gran voz, y torcio el cuerpo de suerte, que dio con su señora en el suelo. ”Acudieron dos lacayos suyos a leuantarla, 20 y lo mismo hizo el alcalde y los alguaziles; alborotose la puerta de Guadalajara (*), digo, la gente valdia que en ella estaua. Vinose a pie mi ama, y mi marido acudio en casa de vn barbero, diziendo que lleuaua passadas de 25 parte a parte las entrañas. Diuulgose la cortesia de mi esposo, tanto, que los muchachos le corrian por las calles, y por esto, y porque el era algun tanto corto de vista, mi señora (la duquessa) (*) le despidio, de cuyo pesar, sin duda 30 alguna, tengo para mi que se le causó el mal de la muerte; quedé yo viuda y desamparada y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 119 con hija acuestas, que yua creciendo en hermosura como la espuma de la mar. Finalmente, como yo tuuiesse fama de gran labrandera, mi señora la duquessa, que estaua rezien casada con el duque mi señor, quiso traerme consigo 5 a este reyno de Aragon, y a mi hija ni mas ni menos, adonde, yendo dias y viniendo dias, crecio mi hija, y con ella todo el donayre del mundo; canta como vna calandria, dança como el pensamiento, bayla como vna perdida, lee y 10 escriue como vn maestro de escuela, y cuenta como vn auariento. De su limpieza no digo nada; que el agua que corre no es mas limpia, y deue de tener agora, si mal no me acuerdo, diez y seys años, cinco meses y tres dias, vno 15 mas a menos. ”En resolucion, desta mi muchacha se enamoró vn hijo de vn labrador riquissimo que está en vna aldea del duque mi señor, no muy lexos de aqui; en efecto, no se cómo ni cómo 20 no, ellos se juntaron, y debaxo de la palabra de ser su esposo burló a mi hija y no se la quiere cumplir, y aunque el duque mi señor lo sabe, porque yo me he quexado a el, no vna, sino muchas vezes, y pedidole mande que el 25 tal labrador se case con mi hija, haze orejas de mercader, y apenas quiere oyrme, y es la causa que como el padre del burlador es tan rico, y le presta dineros y le sale por fiador de sus trampas por momentos, no le quiere 30 descontentar, ni dar pesadumbre en ningun modo. Querria, pues, señor mio, que vuessa merced
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120 tomasse a cargo el deshazer este agrauio, o ya por ruegos, o ya por armas, pues segun todo el mundo dize, vuessa merced nacio en el para deshazerlos y para endereçar los tuertos y amparar los miserables; y pongasele a vuessa 5 merced por delante la horfandad de mi hija, su gentileza, su mocedad con todas las buenas partes que he dicho que tiene; que en Dios y en mi conciencia que de quantas donzellas tiene mi señora, que no ay ninguna que llegue 10 a la suela de su çapato, y que vna que llaman Altisidora, que es la que tienen por mas desembuelta y gallarda, puesta en comparacion de mi hija no la llega con dos leguas. Porque quiero que sepa vuessa merced, señor mio, que no es 15 todo oro lo que reluze, porque esta Altisidorilla tiene mas de presuncion que de hermosura, y mas de desembuelta que de recogida, ademas que no está muy sana; que tiene vn cierto aliento cansado, que no ay sufrir el estar junto 20 a ella vn momento, y aun mi señora la duquessa... quiero callar, que se suele dezir que las paredes tienen oydos (*).” “¿Qué tiene mi señora la duquessa, por vida mia, señora doña Rodriguez?”, preguntó don 25 Quixote. “Con esse conjuro”, respondio la dueña, “no puedo dexar de responder a lo que se me pregunta, con toda verdad. ¿Vee vuessa merced, señor don Quixote, la hermosura de mi señora 30 la duquessa, aquella tez de rostro que no parece sino de vna espada acicalada y tersa,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLVIII p. 121 aquellas dos mexillas de leche y de carmin, que en la vna tiene el sol y en la otra la luna (*), y aquella gallardia con que va pisando y aun despreciando el suelo, que no parece sino que va derramando salud donde passa? Pues 5 sepa vuessa merced que lo puede agradecer primero a Dios, y luego a dos fuentes (*) que tiene en las dos piernas, por donde se desagua todo el mal humor de quien dizen los medicos que está llena.” 10 “¡Santa Maria!”, dixo don Quixote; “y ¿es possible que mi señora la duquessa tenga tales desaguaderos? No lo creyera si me lo dixeran frayles descalços; pero pues la señora doña Rodriguez lo dize, deue de ser assi. Pero tales 15 fuentes y en tales lugares no deuen de manar humor, sino ambar liquido. Verdaderamente que aora acabo de creer que esto de hazerse fuentes deue de ser cosa importante para salud (*).” 20 Apenas acabó (*) don Quixote de dezir esta razon, quando con vn gran golpe abrieron las puertas del aposento, y del sobresalto del golpe se le cayó a doña Rodriguez la vela de la mano y quedó la estancia como boca de lobo, 25 como suele dezirse. Luego sintio la pobre dueña que la assian de la garganta con dos manos tan fuertemente, que no la dexauan gañir (*), y que otra persona con mucha presteza sin hablar palabra le alçaua las faldas, y con vna 30 al parecer chinela le començo a dar tantos açotes, que era vna compassion; y aunque don
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122 Quixote se la tenia, no se meneaua del lecho, y no sabia qué podia ser aquello, y estauase quedo y callando, y aun temiendo no viniesse por el la tanda y tunda açotesca. Y no fue vano su temor, porque, en dexando molida a la 5 dueña los callados verdugos --la qual no osaua quexarse--, acudieron a don Quixote, y, desemboluiendole de la sabana y de la colcha, le pellizcaron tan amenudo y tan reziamente, que no pudo dexar de defenderse a puñadas, y todo 10 esto en silencio admirable. Duró la batalla casi media hora, salieronse las fantasmas, recogio doña Rodriguez sus faldas, y, gimiendo su desgracia, se salio por la puerta afuera, sin dezir palabra a don Quixote, 15 el qual doloroso y pellizcado, confuso y pensatiuo, se quedó solo, donde le dexaremos desseoso de saber quién auia sido el peruerso encantador que tal le auia puesto. Pero ello se dira a su tiempo; que Sancho Pança nos llama, 20 y el buen concierto de la historia lo pide.
p. 123 Capitulo XLIX De lo que le sucedio a Sancho Pança rondando su insula. Dexamos (*) al gran gouernador enojado y mohino con el labrador pintor y socarron, el 5 qual industriado del mayordomo, y el mayordomo del duque, se burlauan de Sancho; pero el se las tenia tiesas a todos, maguera tonto, bronco y rollizo, y dixo a los que con el estauan, y al doctor Pedro Rezio, que como se 10 acabó el secreto de la carta del duque auia buelto a entrar en la sala: “Aora verdaderamente que entiendo que los juezes y gouernadores deuen de ser, o han de ser, de bronze para no sentir las importunidades 15 de los negociantes, que a todas horas y a todos tiempos quieren que los escuchen y despachen, atendiendo solo a su negocio, venga lo que viniere. Y si el pobre del juez no los escucha y despacha, o porque no puede, o porque 20 no es aquel el tiempo diputado para darles audiencia, luego les maldizen y murmuran, y les roen los huesos y aun les deslindan los linages. Negociante necio, negociante mentecato, no te apresures, espera sazon y coyuntura 25 para negociar, no vengas a la hora del comer, ni a la del dormir; que los juezes son de carne y de hueso, y han de dar a la naturaleza lo que naturalmente les pide, si no es yo, que no le doy de comer a la mia, merced 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124 al señor doctor Pedro Rezio Tirteafuera, que está delante, que quiere que muera de hambre, y afirma que esta muerte es vida, que assi se la de Dios a el y a todos los de su ralea, digo, a la de los malos medicos; que la de los buenos 5 palmas y lauros merecen (*).” Todos los que conocian a Sancho Pança se admirauan, oyendole hablar tan elegantemente, y no sabian a qué atribuirlo sino a que los oficios y cargos graues, o adouan, o entorpecen 10 los entendimentos. Finalmente, el doctor Pedro Rezio Aguero de Tirteafuera prometio de darle de cenar aquella noche, aunque excediesse de todos los aforismos de Hipocrates (*). Con esto quedó contento el gouernador, y 15 esperaua con grande ansia llegasse la noche y la hora de cenar, y aunque el tiempo, al parecer suyo, se estaua quedo sin mouerse de vn lugar, todauia se llegó por el [el] tanto desseado, donde le dieron de cenar vn salpicon de vaca con 20 cebolla, y vnas manos cozidas de ternera, algo entrada en dias. Entregose en todo con mas gusto que si le huuieran dado francolines de Milan, faysanes de Roma, ternera de Sorrento, perdizes de Moron, o gansos de Lauajos, y 25 entre la cena, boluiendose al doctor, le dixo: “Mirad, señor doctor, de aqui adelante no os cureys de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque sera sacar a mi estomago de sus quizios, el qual está acostumbrado 30 a cabra, a vaca, a tozino, a cezina, a nabos y a cebollas, y si acaso le dan otros
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 125 manjares de palacio los recibe con melindre, y algunas vezes con asco. Lo que el maestresala puede hazer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras mas podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y 5 encerrar todo lo que el quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradecere y se lo pagaré algun dia; y no se burle nadie conmigo, porque o somos, o no somos: viuamos todos y comamos en buena paz compaña (*), pues quando 10 Dios amanece, para todos amanece. Yo gouernaré esta insula sin perdonar derecho ni lleuar cohecho, y todo el mundo trayga el ojo alerta y mire por el virote, porque les hago saber que el diablo está en Cantillana (*), y que 15 si me dan ocasion, han de ver marauillas. ¡No sino hazeos miel, y comeros han moscas!” “Por cierto, señor gouernador”, dixo el maestresala, “que vuessa merced tiene mucha razon en quanto ha dicho, y que yo ofrezco, en 20 nombre de todos los insulanos desta insula, que han de seruir a vuessa merced con toda puntualidad, amor y beneuolencia, porque el suaue modo de gouernar, que en estos principios vuessa merced ha dado, no les da lugar 25 de hazer ni de pensar cosa que en deseruicio de vuessa merced redunde.” “Yo lo creo”, respondio Sancho, “y serian ellos vnos necios si otra cosa hiziessen o pensasen; y bueluo a dezir que se tenga cuenta 30 con mi sustento y con el de mi ruzio, que es lo que en este negocio importa y haze mas al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126 caso, y, en siendo hora, vamos a rondar; que es mi intencion limpiar esta insula de todo genero de inmundicia, y de gente vagabunda, holgazana (*) y mal entretenida; porque quiero que sepais, amigos, que la gente valdia y 5 perezosa es en la republica lo mesmo que los zanganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hazen. Pienso fauorecer a los labradores, guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos, 10 y, sobre todo, tener respeto a la religion y a la honra de los religiosos. ¿Qué os parece desto, amigos?; ¿digo algo, o quiebrome la cabeça?” “Dize tanto vuessa merced, señor gouernador”, dixo el mayordomo, “que estoy admirado 15 de ver que vn hombre tan sin letras como vuessa merced, que a lo que creo no tiene ninguna, diga tales y tantas cosas llenas de sentencias y de auisos, tan fuera de todo aquello que del ingenio de vuessa merced 20 esperauan los que nos embiaron y los que aqui venimos. Cada dia se veen cosas nueuas en el mundo, las burlas se bueluen en veras, y los burladores se hallan burlados.” Llegó la noche y cenó el gouernador con 25 licencia del señor doctor Rezio. Adereçaronse de ronda, salio con el mayordomo, secretario y maestresala, y el coronista que tenia cuydado de poner en memoria sus hechos, y alguaziles y escriuanos: tantos, que podian 30 formar vn mediano escuadron. Yua Sancho en medio, con su vara, que no auia mas que ver,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 127 y pocas calles andadas del lugar, sintieron ruydo de cuchilladas; acudieron alla y hallaron que eran dos solos hombres los que reñian, los quales, viendo venir a la justicia, se estuuieron quedos, y el vno dellos dixo: 5 “Aqui de Dios y del rey. ¿Cómo y que se ha de sufrir que roben en poblado en este pueblo, y que salga (*) a saltear en el en la mitad de las calles?” “Sossegaos, hombre de bien”, dixo Sancho, 10 “y contadme qué es la causa desta pendencia; que yo soy el gouernador.” El otro contrario dixo: “Señor gouernador, yo la dire con toda breuedad. Vuessa merced sabra que este 15 gentilhombre acaba de ganar aora en esta casa de juego que está aqui frontero mas de mil reales, y sabe Dios cómo, y, hallandome yo presente, juzgué mas de vna suerte dudosa en su fauor, contra todo aquello que me dictaua la conciencia; 20 alçose con la ganancia, y quando esperaua que me auia de dar algun escudo, por lo menos (*), de barato, como es vso y costumbre darle a los hombres principales como yo, que estamos assistentes para bien y mal passar, 25 y para apoyar sinrazones y euitar pendencias, el embolsó su dinero y se salio de la casa; yo vine despechado tras el, y con buenas y cortesses palabras le he pedido que me diesse siquiera ocho reales, pues sabe que yo soy 30 hombre honrado y que no tengo oficio ni beneficio, porque mis padres no me le enseñaron,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 128 ni me le dexaron; y el socarron, que no es mas ladron Caco, ni mas fullero (*) Andradilla (*), no queria darme mas de quatro r[e]ales, porque vea vuessa merced, señor gouernador, ¡qué poca verguença y qué poca 5 conciencia! Pero a fee que si vuessa merced no llegara, que yo le hiziera vomitar la ganancia, y que auia de saber con quántas entraua la romana (*).” “¿Qué dezis vos a esto?”, preguntó Sancho. 10 Y el otro respondio que era verdad quanto su contrario dezia, y no auia querido darle mas de quatro reales, porque se los daua muchas vezes; y los que esperan barato han de ser comedidos y tomar con rostro alegre lo que 15 les dieren, sin ponerse en cuentas con los gananciosos, si ya no supiessen de cierto que son fulleros y que lo que ganan es mal ganado; y que para señal que el era hombre de bien, y no ladron, como dezia, ninguna auia 20 mayor que el no auerle querido dar nada; que siempre los fulleros son tributarios de los mirones (*), que los conocen. “Assi es”, dixo el mayordomo; “vea vuessa merced, señor gouernador, qué es lo que se ha 25 de hazer destos hombres.” “Lo que se ha de hazer es esto”, respondio Sancho: “vos, ganancioso, bueno o malo, o indiferente, dad luego a este vuestro acuchillador cien reales, y mas aueis de desembolsar 30 treynta para los pobres de la carcel; y vos, que no teneis oficio ni beneficio, y andais de nones
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 129 en esta insula, tomad luego essos cien reales, y mañana en todo el dia salid desta insula desterrado por diez años, so pena, si lo quebrantaredes, los cumplais en la otra vida, colgandoos yo de vna picota, o, a lo menos, el 5 verdugo por mi mandado. Y ninguno me replique, que le assentaré la mano.” Desembolsó el vno, recibio el otro, este se salio de la insula, y aquel se fue a su casa, y el gouernador quedó diziendo: 10 “Aora, yo podre poco, o quitaré estas casas de juego; que a mi se me trasluze que son muy perjudiciales.” “Esta, a lo menos”, dixo vn escriuano, “no la podra vuessa merced quitar, porque la tiene 15 vn gran personage, y mas es, sin comparacion, lo que el pierde al año que lo que saca de los naypes. Contra otros garitos de menor cantia podra vuessa merced mostrar su poder, que son los que mas daño hazen y mas insolencias 20 encubren; que en las casas de los caualleros principales y de los señores no se atreuen los famosos fulleros a vsar de sus tretas, y pues el vicio del juego se ha buelto en exercicio comun, mejor es que se juegue en casas 25 principales que no en la de algun oficial, donde cogen a vn desdichado de media noche abaxo y le desuellan viuo.” “Agora, escriuano”, dixo Sancho, “yo se que ay mucho que dezir en esso.” 30 Y, en esto, llego vn corchete que traia assido a vn moço, y dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130 “Señor gouernador, este mancebo venia hazia nosotros, y assi como columbró la justicia, boluio las espaldas y començo a correr como vn gamo, señal que deue de ser algun delinquente. Yo parti tras el, y si no fuera porque 5 tropeço, y cayo, no le alcançara jamas.” “¿Porqué huias, hombre?”, preguntó Sancho. A lo que el moço respondio: “Señor, por escusar de responder a las muchas preguntas que las justicias hazen.” 10 “¿Que oficio tienes?” “Texedor.” “¿Y qué texes?” “Hierros de lanças (*), con licencia buena de vuessa merced.” 15 “¿Graciosico me soys? ¿De chocarrero os picais? Está bien. Y ¿adónde yuades aora?” “Señor, a tomar el ayre.” “Y ¿adónde se toma el ayre en esta insula?” “Adonde sopla.” 20 “Bueno: respondeis muy a proposito, discreto soys, mancebo; pero hazed cuenta que yo soy el ayre, y que os soplo en popa, y os encamino a la carcel. Assilde, ola, y lleuadle; que yo hare que duerma alli sin ayre esta noche.” 25 “¡Par Dios”, dixo el moço, “assi me haga vuessa merced dormir en la carcel como hazerme rey!” “Pues ¿por qué no te hare yo dormir en la carcel?”, respondio Sancho. “¿No tengo yo 30 poder para prenderte y soltarte cada y quando que quisiere?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 131 “Por mas poder que vuessa merced tenga”, dixo el moço, “no sera bastante para hazerme dormir en la carcel.” “¿Cómo que no?”, replicó Sancho; “lleualde luego donde vera por sus ojos el desengaño, 5 aunque mas el alcayde quiera vsar con el de su interesal (*) liberalidad; que yo le pondre pena de dos mil ducados si te dexa salir vn paso de la carcel.” “Todo esso es cosa de risa”, respondio el 10 moço; “el caso es que no me haran dormir en la carcel quantos oy viuen.” “Dime, demonio”, dixo Sancho, “¿tienes algun angel que te saque y que te quite los grillos que te pienso mandar echar?” 15 “Aora, señor gouernador”, respondio el moço con muy buen donayre, “estemos a razon y vengamos al punto. Prosuponga vuessa merced que me manda lleuar a la carcel y que en ella me echan grillos y cadenas, y que me 20 meten en vn calaboço, y se le ponen al alcayde graues penas si me dexa salir, y que el lo cumple como se le manda; con todo esto, si yo no quiero dormir, y estarme (*) despierto toda la noche sin pegar pestaña, ¿será vuessa merced 25 bastante con todo su poder para hazerme dormir, si yo no quiero?” “No por cierto”, dixo el secretario, “y el hombre ha salido con su intencion.” “De modo”, dixo Sancho, “que no dexareis 30 de dormir por otra cosa que por vuestra voluntad, y no por contrauenir a la mia.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132 “No, señor”, dixo el moço, “ni por pienso.” “Pues, andad con Dios”, dixo Sancho, “ydos a dormir a vuestra casa, y Dios os de buen sueño; que yo no quiero quitarosle; pero aconsejoos que de aqui adelante no os burleis con 5 la justicia, porque topareis con alguna que os de con la burla en los cascos.” Fuesse el moço, y el gouernador prosiguio con su ronda. Y de alli a poco vinieron dos corchetes que traian a vn hombre assido, y 10 dixeron: “Señor gouernador, este que parece hombre no lo es, sino muger, y no fea, que viene vestida en habito de hombre.” Llegaronle a los ojos dos o tres lanternas, a 15 cuyas luzes descubrieron vn rostro de vna muger, al parecer, de 16 o pocos mas años; recogidos los cabellos con vna redezilla de oro y seda verde, hermosa (*) como mil perlas. Miraronla de arriba abaxo, y vieron que venia 20 con vnas medias de seda encarnada, con ligas de tafetan blanco, y rapacejos de oro y aljofar; los greguescos eran verdes, de tela de oro, y vna saltaembarca (*) o rropilla de lo mesmo, suelta, debaxo de la qual traia vn jubon de 25 tela finissima de oro y blanco, y los çapatos eran blancos y de hombre. No traia espada ceñida, sino vna riquissima daga, y en los dedos muchos y muy buenos anillos. Finalmente, la moça parecia bien a todos, y ninguno la conocio 30 de quantos la vieron, y los naturales del lugar dixeron que no podian pensar quién
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 133 fuesse, y los consabidores de las burlas que se auian de hazer a Sancho fueron los que mas se admiraron, porque aquel sucesso y hallazgo no venia ordenado por ellos, y, assi, estauan dudosos, esperando en qué pararia el caso. 5 Sancho quedó pasmado de la hermosura de la moça y preguntole quién era, adónde yua, y qué ocasion le auia mouido para vestirse en aquel habito. Ella, puestos los ojos en tierra, con honestissima verguença, respondio: 10 “No puedo, señor, dezir tan en publico lo que tanto me importaua fuera secreto; vna cosa quiero que se entienda: que no soy ladron ni persona facinorosa, sino vna donzella desdichada a quien la fuerça de vnos zelos a hecho 15 romper el decoro que a la honestidad se deue.” Oyendo esto el mayordomo, dixo a Sancho: “Haga, señor gouernador, apartar la gente, porque esta señora con menos empacho pueda dezir lo que quisiere.” 20 Mandolo assi el gouer[n]ador, apartaronse todos, si no fueron el mayordomo, maestresala y el secretario. Viendose, pues, solos, la donzella prosiguio diziendo: “Yo, señores, soy hija de Pedro Perez 25 Mazorca, arrendador de las lanas deste lugar, el qual suele muchas vezes yr en casa de mi padre.” “Esso no lleua camino”, dixo el mayordomo, “señora, porque yo conozco muy bien a Pedro 30 Perez, y se que no tiene hijo ninguno, ni varon ni hembra, y mas, que dezis que es vuestro
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134 padre, y luego añadis que suele yr muchas vezes en casa de vuestro padre.” “Ya yo auia dado en ello”, dixo Sancho. “Aora, señores, yo estoy turbada, y no se lo que me digo”, respondio la donzella; “pero la 5 verdad es que yo soy hija de Diego de la Llana, que todos vuessas mercedes deuen de conocer.” “Aun esso lleua camino”, respondio el mayordomo; “que yo conozco a Diego de la Llana, 10 y se que es vn hidalgo principal y rico, y que tiene vn hijo y vna hija, y que despues que enuiudó no ha auido nadie en todo este (*) lugar, que pueda dezir que ha visto el rostro de su hija; que la tiene tan encerrada que no da 15 lugar al sol que la vea, y, con todo esto, la fama dize que es en estremo hermosa.” “Assi es la verdad”, respondio la donzella, “y essa hija soy yo; si la fama miente o no en mi hermosura, ya os aureys, señores, 20 desengañado, pues me aueis visto.” Y, en esto, començo a llorar tiernamente. Viendo lo qual el secretario, se llegó al oydo del maestresala, y le dixo muy paso: “Sin duda alguna que a esta pobre donzella 25 le deue de auer sucedido algo de importancia, pues en tal trage y a tales horas, y siendo tan principal, anda fuera de su casa.” “No ay dudar en esso”, respondio el maestresala, “y mas, que essa sospecha la confirman 30 sus lagrimas.” Sancho la consolo con las mejores razones
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 135 que el supo, y le pidio que sin temor alguno les dixesse lo que le auia sucedido; que todos procurarian remediarlo con muchas veras, y por todas las vias possibles. “Es el caso, señores”, respondio ella, “que 5 mi padre me ha tenido encerrada diez años ha, que son los mismos que a (*) mi madre come la tierra. En casa dizen missa en vn rico oratorio, y yo en todo este tiempo no he visto que (*) el sol del cielo de dia, y la luna y las estrellas de 10 noche; ni se qué son calles, plaças ni templos, ni aun hombres, fuera de mi padre y de vn hermano mio, y de Pedro Perez el arrendador, que por entrar de ordinario en mi casa, se me antojó dezir que era mi padre, por no declarar 15 el mio. Este encerramiento y este negarme el salir de casa, siquiera a la iglesia, ha muchos dias y meses que me trae muy desconsolada; quisiera yo ver el mundo, o, a lo menos, el pueblo donde naci, pareciendome que este desseo 20 no yua contra el buen decoro que las donzellas principales deuen guardar a si mesmas. Quando oia dezir que corrian toros y jugauan cañas, y se representauan comedias, preguntaua a mi hermano, que es vn año menor que yo, que me 25 dixesse que cosas eran aquellas, y otras muchas que yo no he visto; el me lo declaraua por los mejores modos que sabia, pero todo era encenderme mas el desseo de verlo. Finalmente, por abreuiar el cuento de mi perdicion, 30 digo que yo rogue y pedi a mi hermano, que nunca tal pidiera ni tal rogara...”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 136 Y tornó a renouar el llanto. El mayordomo le dixo: “Prosiga vuessa merced, señora, y acabe de dezirnos lo que le ha sucedido; que nos tienen a todos suspensos sus palabras y sus lagrimas.” 5 “Pocas me quedan por dezir”, respondio la donzella, “aunque muchas lagrimas si que llorar, porque los mal colocados desseos no pueden traer consigo otros descuentos que los semejantes.” 10 Auiase sentado en el alma del maestresala la belleza de la donzella, y llegó otra vez su lanterna para verla de (*) nueuo, y pareciole que no eran lagrimas las que lloraua, sino aljofar o rozio de los prados, y aun las subia de punto, 15 y las llegaua a perlas orientales, y estaua desseando que su desgracia no fuesse tanta como dauan a entender los indicios de su llanto y de sus suspiros. Desesperauase el gouernador de la tardança que tenia la moça en dilatar su 20 historia, y dixole que acabasse de tenerlos mas suspensos; que era tarde y faltaua mucho que andar del pueblo. Ella entre interrotos sollozos y mal formados suspiros, dixo: “No es otra mi desgracia ni mi infortunio es 25 otro sino que yo rogue a mi hermano que me vistiesse en habitos de hombre con vno de sus vestidos, y que me sacasse vna noche a ver todo el pueblo quando nuestro padre durmiesse. El, importunado de mis ruegos, condecendio 30 con mi desseo, y, poniendome este vestido, y el, vestiendose de otro mio, que le está como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 137 nacido, porque el no tiene pelo de barba y no parece sino vna donzella hermosissima, esta noche, deue de auer vna hora, poco mas o menos, nos salimos de casa, y, guiados de nuestro moço y desbaratado discurso, hemos 5 rodeado todo el pueblo, y quando queriamos boluer a casa, vimos venir vn gran tropel de gente, y mi hermano me dixo: «Hermana, »esta deue de ser la ronda; aligera los pies y »pon alas en ellos, y vente tras mi corriendo, 10 »porque no nos conozcan; que nos sera mal »contado.» Y, diziendo esto, boluio las espaldas y començo, no digo a correr, sino a bolar; yo, a (*) menos de seys pasos, cai con el sobresalto, y entonces llegó el ministro de la justicia 15 que me truxo ante vuessas mercedes, adonde por mala y antojadiza me veo auergonçada ante tanta (*) gente.” “En efecto, señora”, dixo Sancho, “¿no os ha sucedido otro desman alguno, ni zelos, como 20 vos al principio de vuestro cuento dixistes, no os sacaron de vuestra casa?” “No me ha sucedido nada, ni me sacaron zelos, sino solo el desseo de ver mundo, que no se estendia a mas que a ver las calles de este 25 lugar.” Y acabó de confirmar ser verdad lo que la donzella dezia llegar los corchetes con su hermano preso, a quien alcançó vno dellos, quando se huyó de su hermana; no traia sino vn 30 faldellin rico y vna mantellina de damasco azul con pasamanos de oro fino, la cabeça sin toca
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138 ni con otra cosa adornada que sus mesmos cabellos, que eran sortijas de oro, segun eran rubios y enrizados. Apartaronse con [el] el gouernador, mayordomo y maestresala, y sin que lo oyesse su hermana, le preguntaron cómo 5 venia en aquel trage, y el, con no menos verguença y empacho conto lo mesmo que su hermana auia contado, de que recibio gran gusto el enamorado maestresala; pero el gouernador les dixo: 10 “Por cierto, señores, que esta ha sido vna gran rapazeria, y para contar esta necedad y atreuimiento no eran menester tantas largas ni tantas lagrimas y suspiros; que con dezir: «Somos fulano y fulana, que nos salimos a 15 »espaciar de casa de nuestros padres con esta »inuencion, solo por curiosidad, sin otro designio »alguno», se acabara el cuento, y no gemidicos, y lloramicos, y darle (*).” “Assi es la verdad”, respondio la donzella; 20 “pero sepan vuessas mercedes que la turbacion que he tenido ha sido tanta, que no me ha dexado guardar el termino que deuia.” “No se ha perdido nada”, respondio Sancho: “vamos, y dexaremos a vuessas mercedes 25 en casa de su padre; quiça no los aura echado menos. Y de aqui adelante no se muestren tan niños, ni tan desseosos de ver mundo; que la donzella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la muger y la gallina, por andar se 30 pierden ayna; y la que es desseosa de ver, tambien tiene desseo de ser vista. No digo mas.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XLIX p. 139 El mancebo agradecio al gouernador la merced que queria hazerles de boluerlos a su casa, y, assi, se encaminaron hazia ella, que no estaua muy lexos de alli. Llegaron, pues, y, tirando el hermano vna china a vna rexa, al momento 5 baxó vna criada que los estaua esperando y les abrio la puerta, y ellos se entraron, dexando a todos admirados, assi de su gentileza y hermosura, como del desseo que tenian de ver mundo de noche, y sin salir del lugar; 10 pero todo lo atribuyeron a su poca edad. Quedó el maestresala traspassado su coraçon, y propuso de luego otro dia pedirsela por muger a su padre, teniendo por cierto que no se la negaria, por ser el criado del duque, y aun 15 a Sancho le vinieron desseos y barruntos de casar al moço con Sanchica su hija, y determinó de ponerlo en platica a su tiempo, dandose a entender que a vna hija de vn gouernador ningun marido se le podia negar. Con esto se acabó 20 la ronda de aquella noche, y de alli a dos dias el gouierno, con que se destroncaron y borraron todos sus designios, como se vera adelante.
p. 140 Capitulo L Donde se declara quien fueron los encantadores y verdugos que açotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quixote, con el sucesso que tuuo el page que lleuó la carta 5 a Teresa Sancha, muger de Sancho Pança. Dize Cide Hamete, puntualissimo escudriñador de los atomos desta verdadera (*) historia, que el tiempo que doña Rodriguez salio de su aposento para yr a la estancia de don Quixote, 10 otra dueña que con ella dormia lo sintio, y que como todas las dueñas son amigas de saber, entender y oler, se fue tras ella con tanto silencio, que la buena Rodriguez no lo echó de ver, y, assi como la dueña la vio entrar en la estancia 15 de don Quixote, por que no faltasse en ella la general costumbre que todas las dueñas tienen de ser chismosas, al momento lo fue a poner en pico a su señora la duquessa, de como doña Rodriguez quedaua en el aposento 20 de don Quixote; la duquessa se lo dixo al duque y le pidio licencia para que ella y Altisidora viniessen a ver lo que aquella dueña queria con don Quixote. El duque se la dio, y las dos, con gran tiento y sossiego, paso ante paso, 25 llegaron a ponerse junto a la puerta del aposento, y tan cerca, que oian todo lo que dentro hablauan, y quando oyo la duquessa que Rodriguez auia echado en la calle el aranxuez de sus fuentes, no lo pudo sufrir, ni menos Altisidora, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 141 y, assi, llenas de colera, y desseosas de vengança, entraron de golpe en el aposento, y acreuillaron a don Quixote, y vapularon a la dueña del modo que queda contado; porque las afrentas que van derechas contra la hermosura 5 y presuncion de las mugeres, despierta en ellas en gran manera la ira, y enciende (*) el desseo de vengarse. Conto la duquessa al duque lo que le auia passado, de lo que se holgo mucho; y la duquessa, prosiguiendo con su 10 intencion de burlarse y recibir passatiempo con don Quixote, despachó al page que auia hecho la figura de Dulcinea en el concierto de su desencanto --que tenia bien oluidado Sancho Pança con la ocupacion de su gouierno--, a 15 Teresa Pança su muger, con la carta de su marido, y con otra suya, y con vna gran sarta de corales ricos presentados. Dize, pues, la historia, que el page era muy discreto y agudo, y, con desseo de seruir a sus 20 señores, partio de muy buena gana al lugar de Sancho, y, antes de entrar en el, vio en vn arroyo estar lauando cantidad de mugeres, a quien preguntó si le sabrian dezir si en aquel lugar viuia vna muger llamada Teresa Pança, muger 25 de vn cierto Sancho Pança, escudero de vn cauallero llamado don Quixote de la Mancha, a cuya pregunta se leuantó en pie vna moçuela que estaua lauando, y dixo: “Essa Teresa Pança es mi madre, y esse tal 30 Sancho mi señor padre, y el tal cauallero nuestro amo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 142 “Pues venid, donzella”, dixo el page, “y mostradme a vuestra madre, porque le traygo vna carta y vn presente del tal vuestro padre.” “Esso hare yo de muy buena gana, señor mio”, respondio la moça, que mostraua ser de 5 edad de catorze años, poco mas a menos; y, dexando la ropa que lauaua a otra compañera, sin tocarse ni calçarse, que estaua en piernas y desgreñada, saltó delante de la caualgadura del page, y dixo: 10 “Venga vuessa merced; que a la entrada del pueblo está nuestra casa, y mi madre en ella, con harta pena por no auer sabido muchos dias ha de mi señor padre.” “Pues yo se las lleuo tan buenas”, dixo el 15 page, “que tiene que dar bien gracias a Dios por ellas.” Finalmente, saltando, corriendo y brincando llegó al pueblo la muchacha, y, antes de entrar en su casa, dixo a vozes desde la puerta: 20 “Salga, madre Teresa, salga, salga; que viene aqui vn señor que trae cartas y otras cosas de mi buen padre.” A cuyas vozes salio Teresa Pança su madre, hilando vn copo de estopa, con vna saya parda. 25 Parecia, segun era de corta, que se la auian cortado por vergonçoso lugar; con vn corpezuelo assimismo pardo, y vna camisa de pechos. No era muy vieja, aunque mostraua passar de los quarenta; pero fuerte, tiessa, nerbuda 30 y auellanada, la qual, viendo a su hija, y al page a cauallo, le dixo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 143 “¿Qué es esto, niña, qué señor es este?” “Es vn seruidor de mi señora doña Teresa Pança”, respondio el page; y, diziendo y haziendo, se arrojó del cauallo, y se fue con mucha humildad a poner de hinojos ante la 5 señora Teresa, diziendo: “Deme vuessa merced sus manos, mi señora doña Teresa, bien assi como muger legitima y particular del señor don Sancho Pança, gouernador propio de la insula Barataria.” 10 “Ay, señor mio, quitese de ai, no haga esso”, respondio Teresa; “que yo no soy nada palaciega, sino vna pobre labradora, hija de vn estripaterrones (*) y muger de vn escudero andante, y no de gouernador alguno.” 15 “Vuessa merced”, respondio el page, “es muger dignissima de vn gouernador archidignissimo, y para prueua desta verdad reciba vuessa merced esta carta y este presente.” Y sacó al instante de la faldriquera vna sarta 20 de corales con estremos de oro, y se la echó al cuello, y dixo: “Esta carta es del señor gouernador, y otra que traygo y estos corales son de mi señora la duquessa que a vuessa merced me embia.” 25 Quedó pasmada Teresa, y su hija ni mas ni menos, y la muchacha dixo: “Que me maten si no anda por aqui nuestro señor amo don Quixote, que deue de auer dado a padre el gouierno o condado que 30 tantas vezes le auia prometido.” “Assi es la verdad”, respondio el page; “que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144 por respeto del señor don Quixote es aora el señor Sancho gouernador de la insula Barataria, como se vera por esta carta.” “Leamela vuessa merced, señor gentilhombre”, dixo Teresa, “porque aunque yo se hilar, 5 no se leer migaja.” “Ni yo tampoco”, añadio Sanchica; “pero esperenme aqui; que yo yre a llamar quien la lea, ora sea el cura mesmo, o el bachiller Sanson Carrasco, que vendran de muy buena gana 10 por saber nueuas de mi padre.” “No ay para que se llame a nadie; que yo no se hilar, pero se leer y la leere.” Y, assi, se la leyo toda, que por quedar ya referida no se pone aqui, y luego sacó otra de 15 la duquessa, que dezia desta manera: “Amiga Teresa: las buenas partes de la bondad y del ingenio de vuestro marido Sancho me mouieron y obligaron a pedir a mi marido el duque le diesse vn gouierno de vna insula, 20 de muchas que tiene. Tengo noticia que gouierna como vn girifalte, de lo que yo estoy muy contenta y el duque mi señor por el consiguiente, por lo que doy muchas gracias al cielo de no auerme engañado en auerle escogido 25 para el tal gouierno; porque quiero que sepa la señora Teresa que con dificultad se halla vn buen gouernador en el mundo, y tal me haga a mi Dios como Sancho gouierna. Ai le embio, querida mia, vna sarta de corales con estremos 30 de oro; yo me holgara que fuera de perlas orientales; pero quien te da el hueso (*), no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 145 te querria ver muerta; tiempo vendra en que nos conozcamos y nos comuniquemos, y Dios sabe lo que sera. Encomiendeme a Sanchica, su hija, y digale de mi parte que se apareje; que la tengo de casar altamente quando menos lo 5 piense. Dizenme que en esse lugar ay bellotas gordas; embieme hasta dos dozenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano, y escriuame largo, auisandome de su salud y de su bienestar, y si huuiere menester alguna cosa, 10 no tiene que hazer mas que boquear; que su boca sera medida. Y Dios me la guarde. Deste lugar. Su amiga que bien la quiere, La Duquessa.” “¡Ay!”, dixo Teresa, en oyendo la carta, “y 15 ¡qué buena y qué llana y qué humilde señora! Con estas tales señoras me entierren a mi, y no las hidalgas que en este pueblo se vsan, que piensan que por ser hidalgas no las ha de tocar el viento, y van a la iglesia con 20 tanta fantasia, como si fuessen las mesmas reynas, que no parece sino que tienen a deshonra el mirar a vna labradora. Y veis aqui donde esta buena señora, con ser duquessa, me llama amiga, y me trata como si fuera su ygual; que 25 ygual la vea yo con el mas alto campanario que ay en la Mancha. Y en lo que toca a las bellotas, señor mio, yo le embiaré a su señoria vn celemin, que por gordas las pueden venir a ver a la mira y a la marauilla. Y por aora, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146 Sanchica, atiende a que se regale este señor; pon en orden este cauallo, y saca de la caualleriza gueuos, y corta tozino adunia (*), y demosle de comer como a vn principe; que las buenas nueuas que nos ha traydo y la buena cara que el 5 tiene lo merece todo, y, en tanto, saldre yo a dar a mis vezinas las nueuas de nuestro contento, y al padre cura, y a maesse Nicolas el barbero, que tan amigos son y han sido de tu padre.” “Si hare, madre”, respondio Sanchica; “pero 10 mire que me ha de dar la mitad dessa sarta; que no tengo yo por tan boba a mi señora la duquessa, que se la auia de embiar a ella toda.” “Todo es para ti, hija” (*), respondio Teresa; “pero dexamela traer algunos dias al cuello, 15 que verdaderamente parece que me alegra el coraçon.” “Tambien se alegrarán”, dixo el page, “quando vean el lio que viene en este portamanteo, que es vn vestido de paño finissimo que el 20 gouernador solo vn dia lleuó a caça, el qual todo le embia para la señora Sanchica.” “Que me viua el mil años”, respondio Sanchica, “y el que lo trae, ni mas ni menos, y aun dos mil, si fuere necessidad.” 25 Saliose en esto Teresa fuera de casa, con las cartas, y con la sarta al cuello, y yua tañendo en las cartas como si fuera en vn pandero, y, encontrandose acaso con el cura y Sanson Carrasco, començo a baylar, y a dezir: 30 “¡A fee que agora que no ay pariente pobre! ¡Gouiernito tenemos! ¡No sino tomese (*)
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 147 conmigo la mas pintada hidalga; que yo la pondre como nueua!” “¿Qué es esto, Teresa Pança, que locuras son estas y qué papeles son essos?” “No es otra la locura, sino que estas son 5 cartas de duquessas y de gouernadores, y estos que traygo al cuello son corales finos, las auemarias y los padres nuestros son de oro de martillo, y yo soy gouernadora.” “De Dios en ayusso no os entendemos, 10 Teresa, ni sabemos lo que os dezis.” “Ai lo podran ver ellos”, respondio Teresa. Y dioles las cartas. Leyolas el cura de modo que las oyo Sanson Carrasco, y Sanson y el cura se miraron el vno al otro como admirados 15 de lo que auian leydo. Y preguntó el bachiller quién auia traydo aquellas cartas; respondio Teresa que se viniessen con ella a su casa y verian el mensagero, que era vn mancebo como vn pino de oro, y que le traia otro 20 presente que valia mas de tanto (*). Quitole el cura los corales del cuello y mirolos, y remirolos, y, certificandose que eran finos, tornó a admirarse de nueuo, y dixo: “Por el habito que tengo, que no se qué me 25 diga ni qué me piense de estas cartas y destos presentes; por vna parte veo y toco la fineza de estos corales, y por otra leo que vna duquessa embia a pedir dos dozenas de bellotas.” 30 “Adereçame essas medidas”, dixo entonces Carrasco. “Agora bien, vamos a ver al portador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148 deste pliego; que del nos informaremos de las dificultades que se nos ofrecen.” Hizieronlo assi, y boluiose Teresa con ellos; hallaron al page criuando vn poco de ceuada para su caualgadura, y a Sanchica cortando vn 5 torrezno para empedrarle con gueuos (*) y dar de comer al page, cuya presencia y buen adorno contentó mucho a los dos, y despues de auerle saludado cortesmente, y el a ellos, le preguntó Sanson les dixesse nueuas assi de don Quixote, 10 como de Sancho Pança; que puesto que auian leydo las cartas de Sancho y de la señora duquessa, todauia estauan confusos y no acabauan de atinar qué seria aquello del gouierno de Sancho, y mas de vna insula, siendo todas 15 o las mas que ay en el mar Mediterraneo de su magestad. A lo que el page respondio: “De que el señor Sancho Pança sea gouernador no ay que dudar en ello; de que sea 20 insula, o no, la que gouierna, en esso no me entremeto; pero basta que sea vn lugar de mas de mil vezinos, y en quanto a lo de las bellotas, digo que mi señora la duquessa es tan llana y tan humilde --que no dezia él embiar (*) 25 a pedir bellotas a vna labradora; pero que le acontecia embiar a pedir vn peyne prestado a vna vezina suya--. Porque quiero que sepan vuessas mercedes que las señoras de Aragon, aunque son tan principales, no son tan puntuosas 30 y leuantadas como las señoras castellanas; con mas llaneza tratan con las gentes.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 149 Estando en la mitad destas platicas saltó (*) Sanchica con vn halda de gueuos, y preguntó al page: “Digame, señor, ¿mi señor padre trae por ventura calças atacadas despues que es 5 gouernador?” “No he mirado en ello”, respondio el page, “pero si deue de traer.” “¡Ay Dios mio”, replicó Sanchica, “y que sera de ver a mi padre con pedorreras! ¿No es 10 bueno sino que desde que naci tengo desseo de ver a mi padre con calças atacadas?” “Como con essas cosas le vera vuessa merced si viue”, respondio el page. “Par Dios, terminos lleua de caminar con papahigo (*), 15 con solos dos meses que le dure el gouierno.” Bien echaron de ver el cura y el bachiller que el page hablaua socarronamente; pero la fineza de los corales y el vestido de caça que 20 Sancho embiaua lo deshazia todo; que ya Teresa les auia mostrado el vestido, y no dexaron de reyrse del desseo de Sanchica, y mas, quando Teresa dixo: “Señor cura, eche cata por ai si ay alguien 25 que vaya a Madrid o a Toledo, para que me compre vn verdugado redondo, hecho y derecho, y sea al vso y de los mejores que huuiere; que en verdad en verdad que tengo de honrar el gouierno de mi marido en quanto yo pudiere, 30 y aun que si me enojo, me tengo de yr a essa corte, y echar vn coche como todas; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150 la que tiene marido gouernador muy bien le puede traer y sustentar.” “Y ¡cómo, madre!”, dixo Sanchica. “Pluguiesse a Dios que fuesse antes oy que mañana, aunque dixessen los que me viessen yr sentada con 5 mi señora madre en aquel coche: «¡Mirad la tal »por qual, hija del harto de ajos, y cómo va »sentada y tendida en el coche, como si fuera vna »papesa!» Pero pisen ellos los lodos y andeme yo en mi coche, leuantado[s] (*) los pies del 10 suelo. ¡Mal año y mal mes para quantos murmuradores ay en el mundo; y andeme yo caliente, y riase la gente! ¿Digo bien, madre mia?” “Y ¡cómo que dizes bien, hija!”, respondio Teresa; “y todas estas venturas, y aun mayores, 15 me las tiene profetizadas mi buen Sancho, y verás tu, hija, como no para hasta hazerme condessa; que todo es començar a ser venturosas, y como yo he oydo dezir muchas vezes a tu buen padre, que assi como lo es tuyo, lo 20 es de los refranes, quando te dieren la vaquilla, corre con soguilla; quando te dieren vn gouierno, cogele; quando te dieren vn condado, agarrale, y quando te hizieren tus, tus, con alguna buena dadiua, embasala. ¡No sino 25 dormios, y no respondais a las venturas y buenas dichas que estan llamando a la puerta de vuestra casa!” “Y ¿qué se me da a mi”, añadio Sanchica, “que diga el que quisiere quando me vea 30 entonada y fantasiosa: «Viose el perro en bragas »de cerro...», y lo demas (*)?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 151 Oyendo lo qual el cura, dixo: “Yo no puedo creer sino que todos los deste linage de los Panças nacieron cada vno con vn costal de refranes en el cuerpo; ninguno dellos he visto, que no los derrame a todas 5 horas y en todas las platicas que tienen.” “Assi es la verdad”, dixo el page; “que el señor gouernador Sancho a cada paso los dize; y aunque muchos no vienen a proposito, todauia dan gusto, y mi señora la duquessa y el 10 duque los celebran mucho.” “¿Que todauia se afirma vuessa merced, señor mio”, dixo el bachiller, “ser verdad esto del gouierno de Sancho, y de que ay duquessa en el mundo que le embie presentes y le 15 escriua? Porque nosotros, aunque tocamos los presentes y hemos leydo las cartas no lo creemos, y pensamos que esta es vna de las cosas de don Quixote nuestro compatrioto, que todas piensa que son hechas por encantamento; y, 20 assi, estoy por dezir que quiero tocar y palpar a vuessa merced, por ver si es embaxador fantastico, o hombre de carne y huesso.” “Señores, yo no se mas de mi”, respondio el page, “sino que soy embaxador verdadero, 25 y que el señor Sancho Pança es gouernador efectiuo; y que mis señores duque y duquessa pueden dar, y han dado, el tal gouierno; y que he oydo dezir que en el se porta valentissimamente el tal Sancho Pança. Si en esto ay 30 encantamento o no, vuessas mercedes lo disputen alla entre ellos; que yo no se otra cosa para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 152 el juramento que hago, que es por vida de mis padres (*); que los tengo viuos y los amo y los quiero mucho.” “Bien podra ello ser assi”, replicó el bachiller; pero, dubitat Augustinus (*).” 5 “Dude quien dudare”, respondio el page; “la verdad es la que he dicho, y esta (*) que ha de andar siempre sobre la mentira como el azeyte sobre el agua; y si no, operibus credite, & non verbis (*): vengase alguno de vuessas mercedes 10 conmigo, y veran con los ojos lo que no creen por los oydos.” “Essa yda a mi toca”, dixo Sanchica; “lleueme vuessa merced, señor, a las hancas de su rozin; que yo yre de muy buena gana a ver a 15 mi señor padre.” “Las hijas de los gouernadores no han de yr solas por los caminos, sino acompañadas de carroças y literas, y de gran numero de siruientes.” 20 “Par Dios”, respondio Sancha, “tambien (*) me vaya yo sobre vna pollina como sobre vn coche. ¡Hallado la aueis la melindrosa!” “Calla, mochacha”, dixo Teressa, “que no sabes lo que te dizes, y este señor está en lo 25 cierto; que tal el tiempo, tal el tiento: quando Sancho, Sancha, y quando gouernador, señora, y no se si diga (*) algo.” “Mas dize la señora Teressa de lo que piensa”, dixo el page; “y denme de comer y 30 despachenme luego, porque pienso boluerme esta tarde.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO L p. 153 A lo que dixo el cura: “Vuessa merced se vendra a hazer penitencia conmigo; que la señora Teressa mas tiene voluntad que alhajas para seruir a tan buen huesped.” 5 Reusolo el page; pero, en efecto, lo huuo de conceder por su mejora; y el cura le lleuó consigo de buena gana por tener lugar de preguntarle de espacio por don Quixote y sus hazañas. El bachiller se ofrecio de escriuir las cartas 10 a Teressa, de la respuesta; pero ella no quiso que el bachiller se metiesse en sus cosas; que le tenia por algo burlon. Y, assi, dio vn bollo y dos hueuos a vn monazillo, que sabia escriuir, el qual le escriuio dos cartas, vna para su 15 marido, y otra para la duquessa, notadas de su mismo caletre, que no son las peores que en esta grande historia se ponen, como se vera adelante.
p. 154 Capitulo LI Del progresso del gouierno de Sancho Pança, con otros sucessos tales como buenos. Amanecio el dia que se siguio a la noche de la ronda del gouernador, la qual el maestresala 5 passó sin dormir, ocupado el pensamiento en el rostro, brio y belleza de la disfraçada donzella; y el mayordomo ocupó lo que della faltaua en escriuir a sus señores lo que Sancho Pança hazia y dezia, tan admirado de sus 10 hechos como de sus dichos: porque andauan mezcladas sus palabras y sus acciones con assomos discretos, y tontos. Leuantose, en fin, el señor gouernador, y por orden del doctor Pedro Rezio le hizieron dessayunar con vn poco 15 de conserua y quatro tragos de agua fria, cosa que la trocara Sancho con vn pedaço de pan y vn razimo de vuas. Pero viendo que aquello era mas fuerça que voluntad, passó por ello con harto dolor de su alma y fatiga de su 20 estomago, haziendole creer Pedro Rezio que los manjares pocos y delicados auiuauan el ingenio, que era lo que mas conuenia a las personas constituydas en mandos y en oficios graues, donde se han de aprouechar no tanto de 25 las fuerças corporales, como de las del entendimiento. Con esta sofisteria padecia (*) hambre Sancho, y tal, que en su secreto maldezia el gouierno, y aun a quien se le auia dado; pero con su hambre y con su conserua se puso a 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 155 juzgar aquel dia, y lo primero que se le ofrecio fue vna pregunta (*) que vn forastero le hizo, estando presentes a todo el mayordomo y los demas acolitos, que fue: “Señor: vn caudaloso rio diuidia dos terminos 5 de vn mismo señorio --y esté vuessa merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso--. Digo, pues, que sobre este rio estaua vna puente, y al cabo della vna horca y vna como casa de audiencia, en la 10 qual de ordinario auia quatro juezes que juzgauan la ley que puso el dueño del rio, de la puente y del señorio, que era en esta forma: «Si alguno passare por esta puente de vna »parte a otra, ha de jurar primero adónde y a 15 »qué va; y si jurare verdad, dexenle passar, y »si dixere mentira, muera por ello ahorcado en »la horca que alli se muestra, sin remission »alguna.» Sabida esta ley y la rigurosa condicion della, passauan muchos, y luego en lo 20 que jurauan se echaua de ver que dezian verdad, y los juezes lo[s] dexauan passar libremente. Sucedio, pues, que tomando juramento a vn hombre, juró y dixo que para el juramento que hazia, que yua a morir en aquella 25 horca que alli estaua, y no a otra cosa. Repararon los juezes en el juramento y dixeron: «Si a este hombre le dexamos passar libremente, »mintio en su juramento, y conforme a »la ley deue morir; y si le ahorcamos, el juró 30 »que yua a morir en aquella horca, y, auiendo »jurado verdad, por la misma ley deue ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156 » libre.» Pidese a vuessa merced, señor gouernador, qué haran los juezes de tal hombre; que aun hasta agora estan dudosos y suspensos, y, auiendo tenido noticia del agudo y eleuado entendimiento de vuessa merced, me embiaron 5 a mi, a que suplicasse a vuessa merced de su parte diesse su parecer en tan intricado y dudoso caso.” A lo que respondio Sancho: “Por cierto que essos señores juezes que a 10 mi os embian lo pudieran auer escusado, porque yo soy vn hombre que tengo mas de mostrenco que de agudo; pero, con todo esso, repetidme otra vez el negocio de modo que yo le entienda; quiza podria ser que diesse en 15 el hito.” Boluio otra y otra vez el preguntante a referir lo que primero auia dicho, y Sancho dixo: “A mi parecer, este negocio en dos paletas le declararé yo, y es assi: el tal hombre jura 20 que va a morir en la horca, y si muere en ella juró verdad, y por la ley puesta merece ser libre, y que passe la puente; y si no le ahorcan, juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen.” 25 “Assi es como el señor gouernador dize”, dixo el mensagero; “y quanto a la entereza y entendimiento del caso, no ay mas que pedir ni que dudar.” “Digo yo, pues, agora”, replicó Sancho, 30 “que deste hombre aquella parte que juró verdad la dexen passar, y la que dixo mentira la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 157 ahorquen, y desta manera se cumplira al pie de la letra la condicion del passage.” “Pues, señor gouernador”, replicó el preguntador, “sera necessario que el tal hombre se diuida en [dos] partes, en mentirosa y verdadera, 5 y si se diuide, por fuerça ha de morir; y, assi, no se consigue cosa alguna de lo que la ley pide, y es de necessidad espresa que se cumpla con ella.” “Venid aca, señor buen hombre”, respondio 10 Sancho; “este passagero que dezis, o yo soy vn porro, o el tiene la misma razon para morir que para viuir y passar la puente; porque si la verdad le salua, la mentira le condena igualmente; y siendo esto assi, como lo es, soy de 15 parecer que digais a essos señores que a mi os embiaron que, pues estan en vn fil las razones de condenarle o assoluerle, que le dexen passar libremente, pues siempre es alabado mas el hazer bien que mal; y esto lo diera 20 firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en este caso no he hablado de mio, sino que se me vino a la memoria vn precepto, entre otros muchos, que me dio mi amo don Quixote la noche antes que viniesse a ser gouernador 25 desta insula, que fue que quando la justicia estuuiesse en duda, me decantasse (*) y acogiesse a la misericordia; y ha querido Dios que agora se me acordasse, por venir en este caso como de molde.” 30 “Assi es”, respondio el mayordomo, “y tengo para mi que el mismo Licurgo, que dio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158 leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor sentencia que la que el gran Pança ha dado; y acabese con esto la audiencia desta mañana, y yo dare orden como el señor gouernador coma muy a su gusto.” 5 “Esso pido, y barras derechas”, dixo Sancho; “denme de comer y llueuan casos y dudas sobre mi; que yo las despauilaré en el ayre.” Cumplio su palabra el mayordomo, pareciendole ser cargo de conciencia matar de 10 hambre a tan discreto gouernador; y mas, que pensaua concluyr con el aquella misma noche, haziendole la burla vltima, que traia en comission de hazerle. Sucedio, pues, que auiendo comido aquel dia 15 contra las reglas y aforismos del doctor Tirteafuera, al leuantar de los manteles entró vn correo con vna carta de don Quixote para el gouernador; mandó Sancho al secretario que la leyesse para si, y que si no viniesse en ella 20 alguna cosa digna de secreto, la leyesse en voz alta. Hizolo assi el secretario, y, repasandola primero, dixo: “Bien se puede leer en voz alta; que lo que el señor don Quixote escriue a vuessa merced 25 merece estar estampado y escrito con letras de oro, y dize assi:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 159 CARTA DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA A SANCHO PANÇA, GOVERNADOR DE LA INSVLA BARATARIA. «Quando esperaua oyr nueuas de tus »descuydos e impertinencias, Sancho amigo, las 5 »ohi de tus discreciones, de que di por ello »gracias particulares al cielo, el qual del »estiercol sabe leuantar los pobres y de los »tontos hazer discretos. Dizenme que gouiernas »como si fuesses hombre, y que eres hombre 10 »como si fuesses bestia, segun es la humildad »con que te tratas; y quiero que aduiertas, »Sancho, que muchas vezes conuiene, y es necessario, »por la autoridad del oficio, yr contra la »humildad del coraçon; porque el buen adorno 15 »de la persona que está puesta en graues »cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, »y no a la medida de lo que su humilde »condicion le inclina. Vistete bien, que vn palo »compuesto no parece palo. No digo que traygas 20 »dixes ni galas, ni que siendo juez te vistas »como soldado, sino que te adornes con el »habito que tu oficio requiere, con tal que sea »limpio y bien compuesto. »Para ganar la voluntad del pueblo que 25 »gouiernas, entre otras, has de hazer dos cosas: »la vna, ser bien criado con todos, aunque esto »ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar »la abundancia de los mantenimientos; que no »ay cosa que mas fatigue el coraçon de los 30 »pobres que la hambre y la carestia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160 »No hagas muchas pragmaticas, y si las »hizieres, procura que sean buenas y, sobre todo, »que se guarden y cumplan; que las pragmaticas »que no se guardan lo mismo es que si no »lo fuessen; antes dan a entender que el 5 »principe que tuuo discrecion y autoridad para »hazerlas, no tuuo valor para hazer que se »guardassen, y las leyes que atemorizan y no »se executan vienen a ser como la viga, rey »de las ranas, que al principio las espantó, y 10 »con el tiempo la menospreciaron y se »subieron sobre ella. »Se padre de las virtudes y padrastro de los »vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre »blando, y escoge el medio entre estos dos 15 »estremos; que en esto está el punto de la »discrecion. Visita las carceles, las carnicerias y »las plaças; que la presencia del gouernador »en lugares tales es de mucha importancia: »consuela a los presos que esperan la breuedad 20 »de su despacho, es coco a los carniceros »que por entonces igualan los pesos, y es »espantajo a las placeras por la misma razon. »No te muestres, aunque por ventura lo seas »--lo qual yo no creo--, codicioso, mugeriego 25 »ni gloton; porque en sabiendo el pueblo y los »que te tratan tu inclinacion determinada, por »alli te daran bateria, hasta derribarte en el »profundo de la perdicion. »Mira y remira, passa y repassa los consejos 30 »y documentos que te di por escrito antes que »de aqui partiesses a tu gouierno, y verás como
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 161 »hallas en ellos, si los guardas, vna ayuda de »costa que te sobrelleue los trabajos y dificultades »que a cada paso a los gouernadores se les »ofrecen. Escriue a tus señores y muestrateles »agradecido; que la ingratitud es hija de la 5 »soberuia, y vno de los mayores pecados que »se sabe, y la persona que es agradecida a los »que bien le han hecho da indicio que tambien »lo sera a Dios, que tantos bienes le hizo y de »contino le haze. 10 »La señora duquessa despachó vn propio con »tu vestido y otro presente a tu muger Teressa »Pança; por momentos esperamos respuesta. »Yo he estado vn poco mal dispuesto de vn »cierto gateamiento que me sucedio no muy a 15 »cuento de mis narizes, pero no fue nada; que »si ay encantadores que me maltraten, tambien »los ay que me defiendan. Auisame si el »mayordomo que está contigo tuuo que ver en las »acciones de la Trifaldi, como tu sospechaste; 20 »y de todo lo que te sucediere me yras dando »auiso, pues es tan corto el camino, quanto mas »que yo pienso dexar presto esta vida ociosa »en que estoy, pues no naci para ella. Vn »negocio se me ha ofrecido, que creo que me 25 »ha de poner en desgracia destos señores. Pero »aunque se me da mucho, no se me da nada, »pues en fin, en fin, tengo de cumplir antes con »mi profession que con su gusto, conforme a lo »que suele dezirse: Amicus Plato, sed magis 30 »amica veritas (*): Digote este latin porque me »doy a entender que despues que eres gouernador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162 »lo auras aprendido. Y a Dios, el qual te »guarde de que ninguno te tenga lastima. Tu amigo, don Quixote de la Mancha.» Oyó Sancho la carta con mucha atencion, y fue celebrada y tenida por discreta de los 5 que la oyeron, y luego Sancho se leuantó de la messa, y, llamando al secretario, se encerro con el en su estancia, y sin dilatarlo mas quiso responder luego a su señor don Quixote, y dixo al secretario que sin añadir ni quitar cosa 10 alguna fuesse escriuiendo lo que el le dixesse; y assi lo hizo, y la carta de la respuesta fue del tenor siguiente: CARTA DE SANCHO PANÇA A DON QVIXOTE DE LA MANCHA. 15 “La ocupacion de mis negocios es tan grande, que no tengo lugar para rascarme la cabeça, ni aun para cortarme las vñas (*), y, assi, las traygo tan crecidas qual Dios lo remedie. Digo esto, señor mio de mi alma, porque 20 vuessa merced no se espante, si hasta agora no he dado auiso de mi bien o mal estar en este gouierno, en el qual tengo mas hambre que quando andauamos los dos por las seluas y por los despoblados. 25 ”Escriuiome el duque mi señor el otro dia, dandome auiso que auian entrado en esta insula ciertas espias para matarme, y hasta
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 163 agora yo no he descubierto otra que vn cierto doctor que está en este lugar assalariado para matar a quantos gouernadores aqui vinieren; llamase el doctor Pedro Rezio, y es natural de Tirteafuera; porque vea vuessa merced qué 5 nombre para no temer que he de morir a sus manos. Este tal doctor dize el mismo de si mismo que el no cura las enfermedades quando las ay, sino que las preuiene para que no vengan, y las medecinas que vsa son dieta y 10 mas dieta, hasta poner la persona en los huessos mondos, como si no fuesse mayor mal la flaqueza que la calentura. Finalmente, el me va matando de hambre, y yo me voy muriendo de despecho, pues quando pense 15 venir a este gouierno a comer caliente y a beuer frio, y a recrear el cuerpo entre sabanas de olanda, sobre colchones de pluma, he venido a hazer penitencia como si fuera hermitaño, y como no la hago de mi voluntad, pienso 20 que al cabo al cabo me ha de lleuar el diablo. ”Hasta agora no he tocado derecho ni lleuado cohecho, y no puedo pensar en qué va esto; porque aqui me han dicho que los gouernadores que a esta insula suelen venir, antes de 25 entrar en ella, o les han dado o les han prestado los del pueblo muchos dineros, y que esta es ordinaria vsança en los demas que van a gouiernos, no solamente en este. ”Anoche, andando de ronda, topé vna muy 30 hermosa donzella en trage de varon y vn hermano suyo en habito de muger; de la moça se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164 enamoró mi maestresala, y la escogio en su imaginacion para su muger, segun el ha dicho, y yo escogi al moço para mi yerno; oy los dos pondremos en platica nuestros pensamientos con el padre de entrambos, que es vn tal 5 Diego de la Llana, hidalgo y christiano viejo quanto se quiere. ”Yo visito las plaças como vuessa merced me lo aconseja, y ayer hallé vna tendera que vendia auellanas nueuas, y aueriguele que 10 auia mezclado con vna hanega de auellanas nueuas otra de viejas, vanas y podridas; apliquelas todas para los niños de la Doctrina, que las sabrian bien distinguir, y sentenciela que por quinze dias no entrasse en la plaça. 15 Hanme dicho que lo hize valerosamente; lo que se dezir a vuessa merced es que es fama en este pueblo que no ay gente mas mala que las placeras, porque todas son desuergonçadas, dessalmadas y atreuidas, y yo assi lo creo por 20 las que he visto en otros pueblos. ”De que mi señora la duquessa aya escrito a mi muger Teressa Pança y embiadole el presente que vuessa merced dize, estoy muy satisfecho, y procuraré de mostrarme agradecido 25 a su tiempo: bessele vuessa merced las manos de mi parte, diziendo que digo yo que no lo ha echado en saco roto, como lo vera por la obra. No querria que vuessa merced tuuiesse trauacuentas de disgusto con essos 30 mis señores, porque si vuessa merced se enoja con ellos, claro está que ha de redundar en mi
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LI p. 165 daño, y no sera bien que pues se me da a mi por consejo que sea agradecido, que (*) vuessa merced no lo sea con quien tantas mercedes le tiene hechas, y con tanto regalo (*) ha sido tratado en su castillo. 5 ”Aquello del gateado no entiendo, pero imagino que deue de ser alguna de las malas fechorias que con vuessa merced suelen vsar los malos encantadores; yo lo sabre quando nos veamos. Quisiera embiarle a vuessa merced 10 alguna cosa, pero no se qué embie, si no es algunos cañutos de geringas, que para con begigas los hazen en esta insula muy curiosos, aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué embiar, de haldas o de mangas (*). Si me 15 escriuiere mi muger Teressa Pança, pague vuessa merced el porte y embieme la carta; que tengo grandissimo desseo de saber del estado de mi casa, de mi muger y de mis hijos. Y, con esto, Dios libre a vuessa merced de mal intencionados 20 encantadores y a mi me saque con bien y en paz deste gouierno, que lo dudo, porque le pienso dexar con la vida, segun me trata el doctor Pedro Rezio. Criado de vuessa merced, Sancho Pança 25 el gouernador.” Cerro la carta el secretario y despachó luego al correo, y juntandose los burladores de Sancho, dieron orden entre si cómo despacharle del gouierno; y aquella tarde la passó Sancho 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166 en hazer algunas ordenanças tocantes al buen gouierno de la que el imaginaua ser insula; y ordenó que no huuiesse regatones de los bastimentos en la republica; y que pudiessen meter en ella vino de las partes que quisiessen, 5 con aditamento que declarassen el lugar de donde era, para ponerle el precio segun su estimacion, bondad y fama; y el que lo aguasse o le mudasse el nombre, perdiesse la vida por ello. Moderó el precio de todo calçado, 10 principalmente el de los çapatos, por parecerle que corria con exoruitancia. Puso tassa en los salarios de los criados que caminauan a rienda suelta por el camino del interesse. Puso grauissimas penas a los que cantassen cantares 15 lasciuos y descompuestos, ni de noche ni de dia. Ordenó que ningun ciego cantasse milagro en coplas si no truxesse testimonio autentico de ser verdadero, por parecerle que los mas que los ciegos cantan son fingidos, en 20 perjuyzio de los verdaderos. Hizo y creó vn alguazil de pobres, no para que los persiguiesse, sino para que los examinasse si lo eran; porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los 25 braços ladrones y la salud borracha. En resolucion, el ordenó cosas tan buenas, que hasta oy se guardan en aquel lugar y se nombran: Las constituciones del gran gouernador Sancho Pança. 30
p. 167 Capitulo LII Donde se cuenta la auentura de la segunda dueña Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodriguez. Cuenta Cide Hamete que estando ya don 5 Quixote sano de sus aruños, le parecio que la vida que en aquel castillo tenia era contra toda la orden de caualleria que professaua, y, assi, determinó de pedir licencia a los duques para partirse a Zaragoça, cuyas fiestas llegauan 10 cerca, adonde pensaua ganar el arnes que en las tales fiestas se conquista. Y, estando vn dia a la messa con los duques, y començando a poner en obra su intencion, y pedir la licencia, veis aqui a deshora entrar por la puerta de la 15 gran sala dos mugeres, como despues parecio, cubiertas de luto de los pies a la cabeça, y la vna dellas, llegandose a don Quixote, se le echó a los pies, tendida de largo a largo, la boca cosida con los pies de don Quixote, y daua vnos 20 gemidos tan tristes, tan profundos y tan dolorosos, que puso en confusion a todos los que la oian y mirauan; y, aunque los duques pensaron que seria alguna burla que sus criados querian hazer a don Quixote, todauia, viendo 25 con el ahinco que la muger suspiraua, gemia y lloraua, los tuuo dudosos y suspensos, hasta que don Quixote, compasiuo, la leuantó del suelo, y hizo que se descubriesse y quitasse el manto de sobre la faz llorosa. Ella lo hizo assi, y 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168 mostro ser --lo que jamas se pudiera pensar--, porque descubrio el rostro de doña Rodriguez, la dueña de casa, y la otra enlutada era su hija, la burlada del hijo del labrador rico. Admiraronse todos aquellos que la conocian, y mas 5 los duques que ninguno; que puesto que la tenian por boba y de buena pasta, no por tanto, que viniesse a hazer locuras. Finalmente, doña Rodriguez, boluiendose a los señores, les dixo: 10 “Vuessas excelencias sean seruidos de darme licencia que yo departa vn poco con este cauallero, porque assi conuiene para salir con bien del negocio en que me ha puesto el atreuimiento de vn mal intencionado villano.” 15 El duque dixo que el se la daua y que departiesse con el señor don Quixote quanto le viniesse en desseo. Ella, endereçando la voz y el rostro a don Quixote, dixo: “Dias ha, valeroso cauallero, que os tengo 20 dada cuenta de la sinrazon y alebosia que vn mal labrador tiene fecha a mi muy querida y amada fija, que es esta desdichada que aqui está presente, y vos me auedes prometido de boluer por ella, endereçandole el tuerto que le tienen 25 fecho, y agora ha llegado a mi noticia que os queredes partir deste castillo, en busca de las buena[s] venturas que Dios os depare; y, assi, querria que antes que os escurriessedes por essos caminos, dessafiassedes a este rustico 30 indomito y le hiziessedes que se casasse con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 169 dio de ser su esposo, antes y primero que yogasse con ella; porque pensar que el duque mi señor me ha de hazer justicia es pedir peras al olmo, por la ocasion que ya a vuessa merced en puridad tengo declarada. Y, con esto, 5 nuestro Señor de a vuessa merced mucha salud, y a nosotras no nos dessampare.” A cuyas razones respondio don Quixote, con mucha grauedad y prosopopeya: “Buena dueña, templad vuestras lagrimas, o 10 por mejor dezir, enjugadlas y ahorrad de vuestros suspiros; que yo tomo a mi cargo el remedio de vuestra hija, a la qual le huuiera estado mejor no auer sido tan facil en creer promessas de enamorados, las quales, por la 15 mayor parte, son ligeras de prometer y muy pessadas de cumplir; y, assi, con licencia del duque mi señor, yo me partire luego en busca desse dessalmado mancebo, y le hallaré y le dessafiaré y le mataré cada y quando que se 20 escusare de cumplir la prometida palabra; que el principal assumpto de mi profession es perdonar a los humildes y castigar a los soberuios; quiero dezir, acorrer a los miserables y destruyr a los rigurosos.” 25 “No es menester”, respondio el duque, “que vuessa merced se ponga en trabajo de buscar al rustico de quien esta buena dueña se quexa, ni es menester tampoco (*) que vuessa merced me pida a mi licencia para dessafiarle; que yo 30 le doy por dessafiado, y tomo a mi cargo de hazerle saber este dessafio, y que le acete, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170 venga a responder por si a este mi castillo, donde a entrambos dare campo seguro, guardando todas las condiciones que en tales actos suelen y deuen guardarse, guardando igualmente su justicia a cada vno, como estan obligados 5 a guardarla todos aquellos principes que dan campo franco a los que se combaten en los terminos de sus señorios.” “Pues con esse seguro y con buena licencia de vuestra grandeza”, replicó don Quixote, 10 “desde aqui digo que por esta vez renuncio mi hidalguia y me allano y ajusto con la llaneza del dañador, y me hago igual con el, habilitandole para poder combatir conmigo; y, assi, aunque ausente, le dessafio y repto en razon 15 de que hizo mal en defraudar a esta pobre, que fue donzella y ya por su culpa no lo es; y que le ha de cumplir la palabra que le dio de ser su legitimo esposo, o morir en la demanda.” Y luego, descalçandose vn guante, le arrojó 20 en mitad de la sala, y el duque le alçó, diziendo que como ya auia dicho, el acetaua el tal dessafio en nombre de su vassallo, y señalaua el plaço de alli a seis dias, y el campo en la plaça de aquel castillo, y las armas las 25 acostumbradas de los caualleros: lança y escudo y arnes trançado, con todas las demas pieças, sin engaño, supercheria o supersticion alguna, examinadas y vistas por los juezes del campo. “Pero ante todas cosas es menester que esta 30 buena dueña y esta mala donzella pongan el derecho de su justicia en manos del señor don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 171 Quixote; que de otra manera no se hara nada ni llegará a deuida execucion el tal dessafio.” “Yo si pongo”, respondio la dueña. “Y yo tambien”, añadio la hija, toda llorosa y toda vergonçosa y de mal talante. 5 Tomado, pues, este apuntamiento, y auiendo imaginado el duque lo que auia de hazer en el caso, las enlutadas se fueron, y ordenó la duquessa que de alli adelante no las tratassen como a sus criadas, sino como a señoras auentureras 10 que venian a pedir justicia a su casa; y, assi, les dieron quarto aparte y las siruieron como a forasteras, no sin espanto de las demas criadas que no sabian en que auia de parar la sandez y dessemboltura de doña Rodriguez, y 15 de su mal andante hija. Estando en esto, para acabar de regozijar (*) la fiesta y dar buen fin a la comida, veis aqui donde entró por la sala el page que lleuó las cartas y presentes a Teressa Pança, muger del 20 gouernador Sancho Pança, de cuya llegada recibieron gran contento los duques, desseosos de saber lo que le auia sucedido en su viage, y, preguntandoselo, respondio el page que no lo podia dezir tan en publico, ni con breues 25 palabras; que sus excelencias fuessen seruidos de dexarlo para a solas, y que entretanto se entretuuiessen con aquellas cartas. Y, sacando dos cartas, las puso en manos de la duquessa. La vna dezia en el sobreescrito: Carta para mi 30 señora la duquessa tal, de no se donde y la otra: A mi marido Sancho Pança, gouernador
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172 de la Insula Barataria, que Dios prospere mas años que a mi. No se le cozia el pan, como suele dezirse, a la duquessa hasta leer su carta, y, abriendola y leydo para si, y viendo que la podia leer en 5 voz alta para que el duque y los circunstantes la oyessen, leyo desta manera: CARTA DE TERESSA PANÇA A LA DVQVESSA “Mucho contento me dio, señora mia, la carta que vuessa grandeza me escriuio, que en 10 verdad que la tenia bien desseada. La sarta de corales es muy buena, y el vestido de caça de mi marido no le va en zaga. De que vuessa señoria aya hecho gouernador a Sancho mi consorte ha recebido mucho gusto todo este 15 lugar, puesto que no ay quien lo crea, principalmente el cura, y masse Nicolas el barbero, y Sanson Carrasco el bachiller; pero a mi no se me da nada; que como ello sea assi, como lo es, diga cada vno lo que quisiere, aunque, 20 si va a dezir verdad, a no venir los corales y el vestido, tampoco yo lo creyera; porque en este pueblo todos tienen a mi marido por vn porro, y que sacado de gouernar vn hato de cabras, no pueden imaginar para qué gouierno 25 pueda ser bueno. Dios lo haga, y lo encamine como vee que lo han menester sus hijos. ”Yo, señora de mi alma, estoy determinada, con licencia de vuessa merced, de meter este buen dia en mi casa, yendome a la corte a 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 173 tenderme en vn coche, para quebrar los ojos a mil embidiosos que ya tengo. Y, assi, suplico a vuessa excelencia mande a mi marido, me embie algun dinerillo, y que sea algo qué, porque en la corte son los gastos grandes; que 5 el pan vale a real, y la carne la libra a treynta marauedis, que es vn juyzio; y si quisiere que no vaya, que me lo auise con tiempo, porque me estan bullendo los pies por ponerme en camino; que me dizen mis amigas y mis 10 vezinas que si yo y mi hija andamos orondas y pomposas en la corte, vendra a ser conocido mi marido por mi mas que yo por el, siendo forçoso que pregunten muchos: «¿Quién son »estas señoras deste coche?» Y vn criado mio 15 responder (*): «La muger y la hija de Sancho »Pança, gouernador de la Insula Barataria», y desta manera sera conocido Sancho, y yo sere estimada, y a Roma por todo. ”Pesame, quanto pesarme puede, que este 20 año no se han cogido vellotas en este pueblo; con todo esso, embio a vuessa alteza hasta medio celemin, que vna a vna las fuy yo a coger y a escoger al monte, y no las hallé mas mayores; yo quisiera que fueran como hueuos de 25 abestruz. ”No se le oluide a vuestra pomposidad de escriuirme; que yo tendre cuydado de la respuesta, auisando de mi salud y de todo lo que huuiere que auisar deste lugar, donde quedo 30 rogando a nuestro Señor guarde a vuestra grandeza, y a mi no oluide. Sancha mi hija
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174 y mi hijo (*) bessan a vuessa merced las manos. ”La que tiene mas desseo de ver a vuessa señoria que de escriuirla. Su criada, Teressa Pança.” Grande fue el gusto que todos recibieron de 5 oyr la carta de Teressa Pança, principalmente los duques, y la duquessa pidio parecer a don Quixote si seria bien abrir la carta que venia para el gouernador, que imaginaua deuia de ser bonissima. Don Quixote dixo que el la 10 abriria por darles gusto, y assi lo hizo, y vio que dezia desta manera: CARTA DE TERESSA PANÇA A SANCHO PANÇA SV MARIDO “Tu carta recibi, Sancho mio de mi alma, y 15 yo te prometo y juro como catolica christiana que no faltaron dos dedos para boluerme loca de contento. Mira, hermano, quando yo llegué a oyr que eres gouernador, me pense alli caer muerta de puro gozo; que ya sabes tu que 20 dizen que assi mata la alegria subita como el dolor grande. A Sanchica tu hija se le fueron las aguas sin sentirlo de puro contento; el vestido que me embiaste tenia delante, y los corales que me embió mi señora la duquessa al 25 cuello, y las cartas en las manos, y el portador dellas alli presente, y, con todo esso, creia y pensaua que era todo sueño lo que veia y lo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 175 que tocaua; porque ¿quién podia pensar que vn pastor de cabras auia de venir a ser gouernador de insulas? Ya sabes tu, amigo, que dezia mi madre que era menester viuir mucho para ver mucho; digolo porque pienso ver mas, 5 si viuo (*) mas, porque no pienso parar hasta verte arrendador o alcaualero, que son oficios que aunque lleua el diablo a quien mal los vsa, en fin en fin siempre tienen y manejan dineros. Mi señora la duquessa te dira el desseo que 10 tengo de yr a la corte; mirate en ello, y auisame de tu gusto; que yo procuraré honrarte en ella andando en coche. ”El cura, el barbero, el bachiller y aun el sacristan no pueden creer que eres gouernador y 15 dizen que todo es embeleco, o cosas de encantamento, como son todas las de don Quixote tu amo, y dize Sanson que ha de yr a buscarte y a sacarte el gouierno de la cabeça, y a don Quixote la locura de los cascos; yo no hago 20 sino reyrme, y mirar mi sarta, y dar traça del vestido que tengo de hazer del tuyo a nuestra hija. Vnas bellotas embié a mi señora la duquessa; yo quisiera que fueran de oro. Embiame tu algunas sartas de perlas, si se vsan en 25 essa insula. ”Las nueuas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija con vn pintor de mala mano, que llegó a este pueblo a pintar lo que saliesse; mandole el concejo pintar las armas de su 30 magestad sobre las puertas del Ayuntamiento, pidio dos ducados, dieronselos adelantados,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176 trabajó ocho dias, al cabo de los quales no pintó nada y dixo que no acertaua a pintar tantas baratijas; boluio el dinero, y, con todo esso, se casó a titulo de buen oficial; verdad es que ya ha dexado el pinzel y tomado el 5 açada, y va al campo como gentilhombre. El hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados y corona, con intencion de hazerse clerigo; supolo Minguilla, la nieta de Mingo Siluato, y hale puesto demanda de que la tiene dada 10 palabra de casamiento; malas lenguas quieren dezir que ha estado encinta del, pero el lo niega a pies juntillas. ”Ogaño no ay azeytunas, ni se halla vna gota de vinagre en todo este pueblo. Por aqui 15 passó vna compañia de soldados; lleuaronse de camino tres moças deste pueblo, no te quiero dezir quién son; quiça bolueran y no faltará quien las tome por mugeres, con sus tachas buenas o malas. Sanchica haze puntas de randas, 20 gana cada dia ocho marauedis horros, que los va echando en vna alcanzia para ayuda a su axuar; pero aora que es hija de vn gouernador tu le daras la dote sin que ella lo trabaje. La fuente de la plaça se secó, vn rayo cayo 25 en la picota, y alli me las den todas. Espero respuesta desta, y la resolucion de mi yda a la corte; y, con esto, Dios te me guarde mas años que a mi, o tantos; porque no querria dexarte sin mi en este mundo. 30 ”Tu muger, Teresa Pança.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LII p. 177 Las cartas fueron solenizadas, reydas, estimadas y admiradas, y para acabar de echar el sello llegó el correo, el que traia la que Sancho embiaua a don Quixote, que assimesmo se leyo publicamente, la qual puso en duda la sandez 5 del gouernador (*). Retirose la duquessa para saber del page lo que le auia sucedido en el lugar de Sancho, el qual se lo conto muy por estenso sin dexar circunstancia que no refiriesse; diole las bellotas, 10 y mas vn queso que Teresa le dio por ser muy bueno, que se auentajaua a los de Tronchon (*). Recibiolo la duquessa con grandissimo gusto, con el qual la dexaremos, por contar el fin que tuuo el gouierno del gran Sancho Pança, flor y 15 espejo de todos los insulanos gouernadores.
p. 178 Capitulo LIII Del fatigado fin y remate que tuuo el gouierno de Sancho Pança. Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en vn estado es pensar en lo 5 escusado. Antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primauera sigue al verano, el verano al estio, el estio al otoño, y el otoño al inuierno, y el inuierno a la primauera (*), y assi torna a andarse el tiempo 10 con esta rueda continua. Sola la vida humana corre a su fin, ligera mas que el tiempo (*), sin esperar renouarse, sino es en la otra que no tiene terminos que la limiten. Esto dize Cide Hamete, filosofo mahometico; porque esto de 15 entender la ligereza e instabilidad de la vida presente y la (*) duracion de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aqui nuestro autor lo dize por la presteza con que se 20 acabó, se consumio, se deshizo, se fue como en sombra y humo el gouierno de Sancho. El qual, estando la septima noche de los dias de su gouierno en su cama, no harto de pan ni de vino, sino de juzgar y dar pareceres y de 25 hazer estatutos y pragmaticas, quando el sueño a despecho y pesar de la hambre le començaua a cerrar los parpados, oyo tan gran ruydo de campanas y de vozes, que no parecia sino que toda la insula se hundia. Sentose en la 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 179 cama y estuuo atento y escuchando, por ver si daua en la cuenta de lo que podia ser la causa de tan grande alboroto; pero no solo no lo supo, pero añadiendose al ruydo de vozes y campanas el de infinitas trompetas y 5 atambores, quedó mas confuso y lleno de temor y espanto, y, leuantandose en pie, se puso vnas chinelas por la humedad del suelo, y sin ponerse sobreropa de leuantar, ni cosa que se pareciesse, salio a la puerta de su aposento, a 10 tiempo quando vio venir por vnos corredores mas de veynte personas con hachas encendidas en las manos, y con las espadas desenuaynadas, gritando todos a grandes vozes: “¡Arma, arma, señor gouernador, arma!; que 15 han entrado infinitos enemigos en la insula, y somos perdidos si vuestra industria y valor no nos socorre.” Con este ruydo, furia y alboroto llegaron donde Sancho estaua, atonito y embelesado 20 de lo que oia y veia, y quando llegaron a el, vno le dixo: “Armese luego vuessa señoria, si no quiere perderse y que toda esta insula se pierda.” “¿Qué me tengo de armar”, respondio Sancho, 25 “ni qué se yo de armas ni de socorros? Estas cosas mejor sera dexarlas para mi amo don Quixote, que en dos paletas las despachará, y pondra en cobro; que yo, pecador fui a Dios, no se me entiende nada destas priessas.” 30 “¡Ha, señor gouernador!”, dixo otro. “¿Qué relente es esse? Armese vuessa merced; que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 180 aqui le traemos armas ofensiuas y defensiuas, y salga a essa plaça y sea nuestra guia y nuestro capitan, pues de derecho le toca el serlo, siendo nuestro gouernador.” “Armenme nora buena”, replicó Sancho. 5 Y al momento le truxeron dos paueses, que venian proueydos dellos, y le pusieron encima de la camisa, sin dexarle tomar otro vestido, vn paues delante y otro detras, y por vnas concauidades que traian hechas, le sacaron los braços 10 y le liaron muy bien con vnos cordeles, de modo, que quedó emparedado y entablado, derecho como vn huso (*), sin poder doblar las rodillas, ni menearse vn solo paso. Pusieronle en las manos vna lança, a la qual se arrimó para 15 poder tenerse en pie. Quando assi le tuuieron, le dixeron que caminasse y los guiasse y animasse a todos; que siendo el su norte, su lanterna y su luzero, tendrian buen fin sus negocios. “¿Cómo tengo de caminar, desuenturado 20 yo”, respondio Sancho, “que no puedo jugar las choquezuelas de las rodillas, porque me lo impiden estas tablas que tan cosidas (*) tengo con mis carnes? Lo que han de hazer es lleuarme en braços y ponerme atrauessado, o en 25 pie, en algun postigo; que yo le guardaré, o con esta lança o con mi cuerpo.” “Ande, señor gouernador”, dixo otro, “que mas el miedo que las tablas le impiden el paso; acabe y meneese; que es tarde y los enemigos 30 crecen, y las vozes se aumentan, y el peligro carga.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 181 Por cuyas persuasiones y vituperios prouo el pobre gouernador a mouerse, y fue dar consigo en el suelo tan gran golpe que penso que se auia hecho pedaços. Quedó como galapago encerrado y cubierto con sus conchas, o como 5 medio tozino metido entre dos artesas, o bien assi como varca que da al traues en la arena, y no por verle caydo aquella gente burladora le tuuieron compassion alguna; antes, apagando las antorchas tornaron a reforçar las vozes 10 y a reyterar el ¡arma! con tan gran priessa, passando por encima del pobre Sancho, dandole infinitas cuchilladas (*) sobre los paueses, que si el no se recogiera y encogiera metiendo la cabeça entre los paueses, lo passara muy 15 mal el pobre gouernador; el qual, en aquella estrecheza recogido, sudaua y trassudaua, y de todo coraçon se encomendaua a Dios que de aquel peligro le sacasse. Vnos tropeçauan en el, otros caian, y tal huuo que se puso encima 20 vn buen espacio, y, desde alli, como desde atalaya, gouernaua los exercitos, y a grandes vozes dezia: “¡Aqui de los nuestros: que por esta parte cargan mas los enemigos! ¡Aquel portillo se 25 guarde, aquella puerta se cierre, aquellas escalas se tranquen! ¡Vengan alcanzias, pez y resina en calderas de azeyte ardiendo! ¡Trincheense las calles con colchones!” En fin, el nombraua con todo ahinco todas 30 las varatijas e instrumentos y pertrechos de guerra, con que suele defenderse el assalto de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182 vna ciudad, y el molido Sancho, que lo escuchaua y sufria todo, dezia entre si: “¡O, si mi Señor fuesse seruido que se acabasse ya de perder esta insula, y me viesse yo, o muerto, o fuera desta grande angustia!” 5 Oyo el cielo su peticion, y quando menos lo esperaua, oyo vozes que dezian: “¡Vitoria, vitoria, los enemigos van de vencida! ¡Ea, señor gouernador, leuantese vuessa merced!; y venga a gozar del vencimiento, y a 10 repartir los despojos que se han tomado a los enemigos, por el valor desse inuencible braço.” “Leuantenme”, dixo con voz doliente el dolorido Sancho. Ayudaronle a leuantar, y, puesto en pie, dixo: 15 “El enemigo que yo huuiere vencido quiero que me le clauen en la frente. Yo no quiero repartir despojos de enemigos, sino pedir y suplicar a algun amigo, si es que le tengo, que me de vn trago de vino, que me seco; y me 20 enxugue este sudor, que me hago agua.” Limpiaronle, truxeronle el vino, desliaronle los paueses, sentose sobre su lecho, y desmayose del temor del sobresalto y del trabajo. Ya les pesaua a los de la burla, de auersela hecho 25 tan pesada; pero el auer buelto en si Sancho les templó la pena que les auia dado su desmayo. Preguntó qué hora era; respondieronle que ya amanezia. Calló, y, sin dezir otra cosa, començo a vestirse, todo sepultado en silencio, 30 y todos le mirauan y esperauan en qué auia de parar la priessa con que se vestia. Vistiose, en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 183 fin, y poco a poco, porque estaua molido y no podia yr mucho a mucho, se fue a la caualleriza, siguiendole todos los que alli se hallauan, y, llegandose al ruzio, le abraçó y le dio vn beso de paz en la frente y, no sin lagrimas en 5 los ojos, le dixo: “Venid vos aca, compañero mio y amigo mio, y conlleuador de mis trabajos y miserias; quando yo me auenia con vos, y no tenia otros pensamientos que los que me dauan los cuydados 10 de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis dias y mis años; pero despues que os dexé, y me subi sobre las torres de la ambicion y de la soberuia, se me han entrado por el alma 15 adentro mil miserias, mil trabajos y quatro mil dessassossi[e]gos.” Y, en tanto que estas razones yua diziendo, yua assimesmo enalbardando el asno, sin que nadie nada le dixesse. Enalbardado, pues, el 20 ruzio, con gran pena y pesar subio sobre el, y, encaminando sus palabras y razones al mayordomo, al secretario, al maestresala y a Pedro Rezio el doctor, y a otros muchos que alli presentes estauan, dixo: 25 “Abrid camino, señores mios, y dexadme boluer a mi antigua libertad; dexadme que vaya a buscar la vida passada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no naci para ser gouernador, ni para defender insulas 30 ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas; mejor se me entiende a mi de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184 arar y cabar, podar y ensarmentar las viñas que de dar leyes ni de defender prouincias ni reynos; bien se está San Pedro en Roma; quiero dezir que bien se está cada vno vsando el oficio para que fue nacido: mejor me está a mi 5 vna hoz en la mano que vn cetro de gouernador; mas quiero hartarme de gazpachos que estar sugeto a la miseria de vn medico impertinente que me mate de hambre, y mas quiero recostarme a la sombra de vna encina en el 10 verano, y arroparme con vn zamarro de dos pelos en el inuierno, en mi libertad, que acostarme con la sugecion del gouierno entre sauanas de olanda, y vestirme de martas cebollinas. Vuessas mercedes se queden con Dios y 15 digan al duque mi señor que desnudo naci, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano; quiero dezir que sin blanca entré en este gouierno, y sin ella salgo, bien al reues de como suelen salir los gouernadores de otras insulas. Y 20 apartense, dexenme yr; que me voy a bizmar, que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los enemigos que esta noche se han passeado sobre mi.” “No ha de ser assi, señor gouernador”, dixo 25 el doctor Rezio; “que yo le dare a vuessa merced vna beuida contra caydas y molimientos, que luego le buelua en su pristina entereza y vigor, y en lo de la comida yo prometo a vuessa merced de enmendarme, dexandole 30 comer abundantemente de todo aquello que quisiere.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIII p. 185 “Tarde piache” (*), respondio Sancho; “assi dexaré de yrme como boluerme turco. No son estas burlas para dos vezes. Por Dios que assi me quede en este ni admita otro gouierno, aunque me le diessen entre dos platos, como 5 bolar al cielo sin alas. Yo soy del linage de los Panças, que todos son testarudos, y si vna vez dizen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo. Quedense en esta caualleriza las alas de la 10 hormiga, que me leuantaron en el ayre para que me comiessen venzejos y otros paxaros, y boluamonos a andar por el suelo con pie llano; que si no le adornaren çapatos picados de cordouan, no le faltarán alpargatas toscas de 15 cuerda. Cada oueja con su pareja, y nadie tienda mas la pierna de quanto fuere larga la sabana; y dexenme passar, que se me haze tarde.” A lo que el mayordomo dixo: 20 “Señor gouernador, de muy buena gana dexaramos yr a vuessa merced, puesto que nos pesara mucho de perderle; que su ingenio y su christiano proceder obligan a dessearle. Pero ya se sabe que todo gouernador está 25 obligado, antes que se ausente de la parte donde ha gouernado, dar primero (*) residencia; dela vuessa merced de los diez dias que ha que tiene el gouierno, y vayase a la paz de Dios.” 30 “Nadie me la puede pedir”, respondio Sancho, “si no es quien ordenare el duque mi
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186 señor. Yo voy a verme con el y a el se la dare de molde; quanto mas que saliendo yo desnudo como salgo, no es menester otra señal para dar a entender que he gouernado como vn angel.” 5 “Par Dios que tiene razon el gran Sancho”, dixo el doctor Rezio, “y que soy de parecer que le dexemos yr, porque el duque ha de gustar infinito de verle.” Todos vinieron [en] ello, y le dexaron yr, 10 ofreciendole primero compañia y todo aquello que quisiesse para el regalo de su persona y para la comodidad de su viage. Sancho dixo que no queria mas de vn poco de ceuada para el ruzio, y medio queso y medio pan para el; 15 que pues el camino era tan corto, no auia menester mayor ni mejor reposteria. Abraçaronle todos, y el, llorando, abraçó a todos, y los dexó admirados assi de sus razones como de su determinacion tan resoluta y tan discreta. 20
p. 187 Capitulo LIV Que trata de cosas tocantes a esta historia y no a otra alguna. Resoluieronse el duque y la duquessa de que el desafio que don Quixote hizo a su vassallo 5 por la causa ya referida passasse adelante; y puesto que el moço estaua en Flandes, a donde se auia ydo huyendo por no tener por suegra a doña Rodriguez, ordenaron de poner en su lugar a vn lacayo gascon que se llamaua 10 Tosilos, industriandole primero muy bien de todo lo que auia de hazer. De alli a dos dias dixo el duque a don Quixote como desde alli a quatro vendria su contrario, y se presentaria en el campo armado 15 como cauallero, y sustentaria como la donzella mentia por mitad de la barba, y aun por toda la barba entera, si se afirmaua que el le huuiesse dado palabra de casamiento. Don Quixote recibio mucho gusto con las tales nueuas, 20 y se prometio a si mismo de hazer marauillas en el caso, y tuuo a gran ventura auersele ofrecido ocasion donde aquellos señores pudiessen ver hasta dónde se estendia el valor de su poderoso braço. Y, assi, con alboroço y 25 contento esperaua los quatro dias que se le yuan haziendo, a la cuenta de su desseo, quatrocientos siglos. Dexemoslos passar nosotros, como dexamos passar otras cosas, y vamos a acompañar a 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188 Sancho, que entre alegre y triste venia caminando sobre el ruzio a buscar a su amo, cuya compañia le agradaua mas que ser gouernador de todas las insulas del mundo. Sucedio, pues, que no auiendose alongado 5 mucho de la insula de su gouierno --que el nunca se puso a aueriguar si era insula, ciudad, villa o lugar la que gouernaua--, vio que por el camino por donde el yua venian seys peregrinos con sus bordones (*), de estos 10 estrangeros que piden la limosna cantando, los quales, en llegando a el, se pusieron en ala, y, leuanta[n]do las vozes todos juntos, començaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue vna palabra que claramente 15 pronunciaua (*) limosna, por donde entendio, que era limosna la que en su canto pedian; y como el, segun dize Cide Hamete, era caritatiuo a demas, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venia proueydo, y dioselo, 20 diziendoles por señas que no tenia otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana y dixeron: guelte, guelte (*). “No entiendo”, respondio Sancho, “qué es lo que me pedis, buena gente.” 25 Entonces vno de ellos sacó vna bolsa del seno, y mostrosela a Sancho, por donde entendio que le pedian dineros, y el, poniendose el dedo pulgar en la garganta, y estendiendo la mano arriba, les dio a entender que no tenia 30 ostugo (*) de moneda, y, picando al ruzio, rompio por ellos; y al passar, auiendole estado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 189 mirando vno dellos con mucha atencion, arremetio a el, echandole los braços por la cintura, en voz alta y muy castellana dixo: “¡Valame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es possible que tengo en mis braços al mi caro 5 amigo, al mi buen vezino Sancho Pança? Si tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni estoy aora borracho.” Admirose Sancho de verse nombrar por su nombre, y de verse abraçar del estrangero 10 peregrino, y despues de auerle estado mirando, sin hablar palabra, con mucha atencion, nunca pudo (*) conocerle; pero viendo su suspension el peregrino, le dixo: “¿Cómo y es possible, Sancho Pança hermano, 15 que no conoces a tu vezino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?” Entonces Sancho le miró con mas atencion, y començo a rafigurarle (*), y, finalmente, le vino a conocer de todo punto, y, sin apearse 20 del jumento, le echó los braços al cuello, y le dixo: “¿Quién diablos te auia de conocer, Ricote, en esse trage de moharracho que traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes 25 atreuimiento de boluer a España, donde si te cogen y conocen, tendras harta mala ventura?#148; “Si tu no me descubres, Sancho”, respondio el peregrino, “seguro estoy; que en este trage no aura nadie que me conozca; y apartemonos 30 del camino a aquella alameda que alli parece, donde quieren comer y reposar mis compañeros,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 190 y alli comeras con ellos, que son muy apazible gente. Yo tendre lugar de contarte lo que me ha sucedido despues que me parti de nuestro lugar, por obedecer el vando de su magestad (*), que con tanto rigor a los desdichados 5 de mi nacion amenazaua, segun oyste.” Hizolo assi Sancho, y, hablando Ricote a los demas peregrinos, se apartaron a la alameda, que se parecia, bien desuiados del camino real. Arrojaron los bordones, quitaronse las muzetas 10 o esclauinas y quedaron en pelota, y todos ellos eran moços, y muy gentiles hombres, excepto Ricote, que ya era hombre entrado en años. Todos traian alforjas, y todas, segun parecio, venian bien proueydas, a lo menos, de cosas 15 incitatiuas y que llaman a la sed de dos leguas. Tendieronse en el suelo, y, haziendo manteles de las yeruas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nuezes, rajas de queso, huessos mondos de xamon, que si no se dexauan mascar, 20 no defendian el ser chupados. Pusieron assimismo vn manjar negro que dizen que se llama cabial (*), y es hecho de hueuos de pescados, gran despertador de la colambre (*). No faltaron azeytunas, aunque secas y sin adouo 25 alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo que mas campeó en el campo de aquel banquete fueron seys botas de vino, que cada vno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se auia transformado de morisco en aleman, 30 o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podia competir con las cinco. Començaron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 191 a comer con grandissimo gusto y muy de espacio, saboreandose con cada bocado, que le tomauan con la punta del cuchillo, y muy poquito de cada cosa, y luego al punto todos a vna leuantaron los braços y las botas en el 5 ayre; puestas las bocas en su boca, clauados los ojos en el cielo, no parecia sino que ponian en el la punteria, y desta manera meneando las cabeças a vn lado y a otro, señales que acreditauan el gusto que recebian, se 10 estuuieron vn buen espacio trassegando en sus estomagos las entrañas de las vasijas. Todo lo miraua Sancho, y de ninguna cosa se dolia (*), antes por cumplir con el refran que el muy bien sabia, de «quando a Roma fueres 15 »haz como vieres», pidio a Ricote la bota, y tomó su punteria como los demas, y no con menos gusto que ellos. Quatro vezes dieron lugar las botas para ser empinadas, pero la quinta no fue possible, porque ya estauan mas enxutas (*) 20 y secas que vn esparto, cosa que puso mustia la alegria que hasta alli auian mostrado. De quando en quando juntaua alguno su mano derecha con la de Sancho, y dezia: “Español (*) y tudesqui tuto vno: bon 25 compaño.” Y Sancho respondia: “Bon compaño, jura Di”, y disparaua (*) con vna risa que le duraua vn hora, sin acordarse entonces de nada de lo que le auia sucedido 30 en su gouierno; porque sobre el rato y tiempo quando se come y beue, poca jurisdicion suelen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 192 tener los cuydados. Finalmente, el acabarsele (*) el vino fue principio de vn sueño que dio a todos, quedandose dormidos sobre las mismas mesas y manteles. Solos Ricote y Sancho quedaron alerta, porque auian comido mas y 5 beuido menos, y, apartando Ricote a Sancho, se sentaron al pie de vna haya, dexando a los peregrinos sepultados en dulce sueño, y Ricote, sin tropeçar nada en su lengua morisca, en la pura castellana le dixo las siguientes razones: 10 “Bien sabes, o Sancho Pança, vezino y amigo mio, como el pregon y vando que su magestad mandó publicar contra los de mi nacion, puso terror y espanto en todos nosotros, a lo menos, en mi le puso de suerte que me parece 15 que antes del tiempo que se nos concedia para que hiziessemos ausencia de España, ya tenia el rigor de la pena executado en mi persona y en la de mis hijos. Ordené, pues, a mi parecer, como prudente, bien assi como el que sabe 20 que para tal tiempo le han de quitar la casa donde viue, y se prouee de otra donde mudarse, ordené, digo, de salir yo solo sin mi familia de mi pueblo, y yr a buscar donde lleuarla con comodidad, y sin la priessa con que los demas 25 salieron. Porque bien vi y vieron todos nuestros ancianos que aquellos pregones no eran solo amenazas, como algunos dezian, sino verdaderas leyes que se auian de poner en execucion a su determinado tiempo. Y forçauame a 30 creer esta verdad saber yo los ruynes y disparatados intentos que los nuestros tenian, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 193 tales, que me parece que fue inspiracion diuina la que mouio a su magestad a poner en efecto tan gallarda resolucion, no porque todos fuessemos culpados; que algunos auia christianos firmes y verdaderos. Pero eran tan pocos que no 5 se podian oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa. Finalmente, con justa razon fuymos castigados con la pena del destierro, blanda y suaue al parecer de algunos; 10 pero al nuestro la mas terrible que se nos podia dar. Doquiera que estamos lloramos por España; que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural. En ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desuentura dessea, y 15 en Berberia y en todas las partes de Africa donde esperauamos ser recebidos, acogidos y regalados, alli es donde mas nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido, y es el desseo tan grande 20 que casi todos tenemos de boluer a España, que los mas de aquellos, y son muchos, que saben la lengua como yo, se bueluen a ella, y dexan alla sus mugeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora 25 conozco y experimento lo que suele dezirse: que es dulce el amor de la patria. ”Sali, como digo, de nuestro pueblo, entré en Francia, y aunque alli nos hazian buen acogimiento, quise verlo todo, passé a Italia, y 30 llegué a Alemania, y alli me parecio que se podia viuir con mas libertad, porque sus habitadores
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 194 no miran en muchas delicadezas: cada vno viue como quiere, porque en la mayor parte della se viue con libertad de conciencia. Dexé tomada casa en vn pueblo junto a Augusta (*); junteme con estos peregrinos que tienen por 5 costumbre de venir a España, muchos dellos cada año, a visitar los santuarios della; que los tienen por sus Indias, y por certissima grangeria y conocida ganancia. Andanla casi toda, y no ay pueblo ninguno de donde no salgan 10 comidos y beuidos, como suele dezirse, y con vn real, por lo menos, en dineros, y al cabo de su viage salen con mas de cien escudos de sobra, que trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones, o entre los remiendos de las esclauinas, 15 o con la industria que ellos pueden los sacan del reyno (*), y los passan a sus tierras, a pesar de las guardas de los puestos y puertos donde se registran. ”Aora es mi intencion, Sancho, sacar el 20 tesoro que dexé enterrado, que por estar fuera del pueblo lo podre hazer sin peligro, y escriuir o passar desde Valencia a mi hija y a mi muger, que se que está en Argel, y dar traça como traerlas a algun puerto de Francia, y desde 25 alli lleuarlas a Alemania, donde esperaremos lo que Dios quisiere hazer de nosotros. Que, en resolucion, Sancho, yo se cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota mi muger son catolicas christianas, y aunque yo no lo soy 30 tanto, todauia tengo mas de christiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 195 del entendimiento y me de a conocer cómo le tengo de seruir. Y lo que me tiene admirado es no saber por qué se fue mi muger y mi hija antes a Berberia que a Francia, adonde podia viuir como christiana.” 5 A lo que respondio Sancho: “Mira, Ricote, esso no deuio estar en su mano, porque las lleuó Iuan Tiopieyo, el hermano de tu muger, y como deue de ser fino moro, fuesse a lo mas bien parado; y sete dezir otra 10 cosa que creo: que vas en valde a buscar lo que dexaste encerrado (*), porque tuuimos nueuas que auian quitado a tu cuñado y tu muger muchas perlas y mucho dinero en oro, que lleuauan por registrar.” 15 “Bien puede ser esso”, replicó Ricote; “pero yo se, Sancho, que no tocaron a mi encierro, porque yo no les descubri donde estaua, temeroso de algun desman, y assi, si tu, Sancho, quieres venir conmigo y ayudarme a sacarlo y 20 a encubrirlo, yo te dare docientos escudos, con que podras remediar tus necesidades (*), que ya sabes que se yo que las tienes, muchas.” “Yo lo hiziera”, respondio Sancho; “pero no soy nada codicioso, que a serlo vn oficio dexé 25 yo esta mañana de las manos, donde pudiera hazer las paredes de mi casa de oro, y comer antes de seys meses en platos de plata; y assi, por esto, como por parecerme haria traycion a mi rey en dar fauor a sus enemigos, no fuera 30 contigo, si como me prometes docientos escudos me dieras aqui de contado quatrocientos.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 196 “Y ¿qué oficio es el que has dexado, Sancho?”, preguntó Ricote. “He dexado de ser gouernador de vna insula”, respondio Sancho, “y tal, que a buena fee que no hallen otra como ella a tres tirones.” 5 “Y ¿dónde está essa insula?”, preguntó Ricote. “¿Adónde?”, respondio Sancho. “Dos leguas de aqui, y se llama la insula Barataria.” “Calla, Sancho”, dixo Ricote; “que las 10 insulas estan alla dentro de la mar; que no ay insulas en la tierra firme.” “¿Cómo no?”, replicó Sancho. “Digote, Ricote amigo, que esta mañana me parti della, y ayer estuue en ella gouernando a mi plazer, 15 como vn sagitario (*); pero, con todo esso, la he dexado, por parecerme oficio peligroso el de los gouernadores.” “Y ¿qué has ganado en el gouierno?”, preguntó Ricote. 20 “He ganado”, respondio Sancho, “el auer conocido que no soy bueno para gouernar, si no es vn hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gouiernos son a costa de perder el descanso y el sueño y aun el 25 sustento; porque en las insulas deuen de comer poco los gouernadores, especialmente si tienen medicos que miren por su salud.” “Yo no te entiendo, Sancho”, dixo Ricote; “pero pareceme que todo lo que dizes es disparate; 30 que ¿quién te auia de dar a ti insulas que gouernasses? ¿Faltauan hombres en el mundo
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIV p. 197 mas habiles para gouernadores que tu eres? Calla, Sancho, y buelue en ti y mira si quieres venir conmigo, como te he dicho, a ayudarme a sacar el tesoro que dexé escondido; que en verdad que es tanto que se puede llamar tesoro, 5 y te dare con que viuas, como te he dicho.” “Ya te he dicho, Ricote”, replicó Sancho, “que no quiero; contentate que por mi no seras descubierto, y prosigue en buena hora tu camino y dexame seguir el mio; que yo se que 10 lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño (*).” “No quiero porfiar, Sancho”, dixo Ricote; “pero dime: ¿hallastete en nuestro lugar quando se partio del mi muger, mi hija y mi cuñado?” 15 “Si hallé”, respondio Sancho, “y sete dezir que salio tu hija tan hermosa, que salieron a verla quantos auia en el pueblo, y todos dezian que era la mas bella criatura del mundo. Yua llorando y abraçaua a todas sus amigas y 20 conocidas y a quantos llegauan a verla, y a todos pedia la encomendassen a Dios y a Nuestra Señora su madre; y esto, con tanto sentimiento, que a mi me hizo llorar, que no suelo ser muy lloron. Y a fee que muchos tuuieron desseo de 25 esconderla y salir a quitarsela (*) en el camino; pero el miedo de yr contra el mandado del rey los detuuo. Principalmente se mostro mas apassionado don Pedro Gregorio, aquel mancebo mayorazgo rico que tu conoces, que dizen que 30 la queria mucho, y despues que ella se partio, nunca mas el ha parecido en nuestro lugar, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198 todos pensamos que yua tras ella para robarla; pero hasta aora no se ha sabido nada.” “Siempre tuue yo mala sospecha”, dixo Ricote, “de que esse cauallero adamaua (*) a mi hija; pero fiado en el valor de mi Ricota, nunca 5 me dio pesadumbre el saber que la queria bien; que ya auras oydo dezir, Sancho, que las moriscas pocas o ninguna vez se mezclaron por amores con christianos viejos, y mi hija, que, a lo que yo creo, atendia a ser mas christiana 10 que enamorada, no se curaria de las solicitudes de esse señor mayorazgo.” “Dios lo haga”, replicó Sancho; “que a entrambos les estaria mal, y dexame partir de aqui, Ricote amigo; que quiero llegar esta 15 noche adonde está mi señor don Quixote.” “Dios vaya contigo, Sancho hermano; que ya mis compañeros se rebullen, y tambien es hora que prosigamos nuestro camino.” Y luego se abraçaron los dos, y Sancho subio 20 en su ruzio y Ricote se arrimó a su bordon, y se apartaron.
p. 199 Capitulo LV De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras, que no ay mas que ver. El auerse detenido Sancho con Ricote no le dio lugar a que aquel dia llegasse al castillo 5 del duque, puesto que llegó media legua del, donde le tomó la noche algo escura y cerrada. Pero como era verano, no le dio mucha pesadumbre, y, assi, se apartó del camino, con intencion de esperar la mañana, y quiso su corta 10 y desuenturada suerte, que, buscando lugar donde mejor acomodarse, cayeron el y el ruzio en vna honda y escurissima sima que entre vnos edificios muy antiguos estaua, y al tiempo del caer, se encomendo a Dios de todo 15 coraçon, pensando que no auia de parar hasta el profundo de los abismos, y no fue assi, porque a poco mas de tres estados dio fondo el ruzio, y el se halló encima del, sin auer recebido lision ni daño alguno. Tentose todo el cuerpo y 20 recogio el aliento por ver si estaua sano, o agujereado, por alguna parte, y, viendose bueno, entero y catolico de salud, no se hartaua de dar gracias a Dios nuestro Señor de la merced que le auia hecho; porque sin duda penso 25 que estaua hecho mil pedaços. Tento assimismo con las manos por las paredes de la sima, por ver si seria possible salir della sin ayuda de nadie; pero todas las halló rasas y sin assidero alguno, de lo que Sancho se congojó mucho, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200 especialmente quando oyo que el ruzio se quexaua tierna y dolorosamente, y no era mucho, ni se lamentaua de vicio, que a la verdad no estaua muy bien parado. “¡Ay”, dixo entonces Sancho Pança, “y quán 5 no pensados sucessos suelen suceder a cada paso a los que viuen en este miserable mundo! ¿Quién dixera que el que ayer se vio entronizado gouernador de vna insula, mandando a sus siruientes y a sus vassallos, oy se auia de 10 ver sepultado en vna sima, sin auer persona alguna que le remedie, ni criado, ni vassallo que acuda a su socorro? Aqui auremos de perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos morimos antes, el de molido y quebrantado, y 15 yo de pesaroso. A lo menos, no sere yo tan venturoso como lo fue mi señor don Quixote de la Mancha, quando decendio y baxó a la cueua de aquel encantado Montesinos, donde halló quien le regalasse mejor que en su casa; que 20 no parece sino que se fue a mesa puesta y a cama hecha; alli vio el visiones hermosas y apazibles, y yo vere aqui, a lo que creo, sapos y culebras. ¡Desdichado de mi!, y en qué han parado mis locuras y fantasias? De aqui sacarán 25 mis huessos, quando el cielo sea seruido que me descubran, mondos, blancos y raydos, y los de mi buen ruzio con ellos, por donde quiça se echará de ver quien somos, a lo menos, de los que tuuieren noticia [de] que nunca 30 Sancho Pança se apartó de su asno, ni su asno de Sancho Pança; otra vez digo: ¡miserables
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 201 de nosotros, que no ha querido nuestra corta suerte que muriessemos en nuestra patria, y entre los nuestros, donde ya que no hallara remedio nuestra desgracia, no faltara quien dello se doliera, y en la hora vltima de nuestro 5 passamiento nos cerrara los ojos! ”¡O compañero y amigo mio, qué mal pago te he dado de tus buenos seruicios! Perdoname, y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo 10 en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte vna corona de laurel en la cabeça, que no parezcas sino vn laureado poeta, y de darte los piensos doblados.” Desta manera se lamentaua Sancho Pança, 15 y su jumento le escuchaua sin responderle palabra alguna, tal era el aprieto y angustia en que el pobre se hallaua. Finalmente, auiendo passado toda aquella noche en miserables quexas y lamentaciones, vino el dia, con cuya 20 claridad y resplandor vio Sancho que era impossible de toda impossibilidad salir de aquel pozo, sin ser ayudado, y començo a lamentarse y dar vozes, por ver si alguno le oia; pero todas sus vozes eran dadas en desierto, pues 25 por todos aquellos contornos no auia persona que pudiesse escucharle, y entonces se acabó de dar por muerto. Estaua el ruzio boca arriba y Sancho Pança le acomodó de modo, que le puso en pie, que apenas se podia tener; y, 30 sacando de las alforjas, que tambien auian corrido la mesma fortuna de la cayda, vn pedaço
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202 de pan, lo dio a su jumento, que no le supo mal, y dixole Sancho, como si lo entendiera: “Todos los duelos con pan son buenos.” En esto, descubrio a vn lado de la sima vn agujero, capaz de caber por el vna persona, 5 si se agouiaua y encogia; acudio a el Sancho Pança, y, agazapandose, se entró por el y vio que por de dentro era espacioso y largo; y pudolo ver porque por lo que se podia llamar techo entraua vn rayo de sol que lo descubria 10 todo. Vio tambien que se dilataua y alargaua por otra concauidad espaciosa; viendo lo qual boluio a salir adonde estaua el jumento, y con vna piedra començo a desmoronar la tierra del agujero de modo, que en poco espacio hizo 15 lugar donde con facilidad pudiesse entrar el asno, como lo hizo, y, cogiendole del cabestro, començo a caminar por aquella gruta adelante, por ver si hallaua alguna salida por otra parte. A vezes yua a escuras, y a vezes sin luz, pero 20 ninguna vez sin miedo. “¡Valame Dios todo poderoso!”, dezia entre si. “Esta, que para mi es desuentura, mejor fuera para auentura de mi amo don Quixote; el si que tuuiera estas profundidades y mazmorras 25 por jardines floridos, y por palacios de Galiana (*), y esperara salir de esta escuridad y estrecheza a algun florido prado. Pero yo sin ventura, falto de consejo y menoscabado de animo, a cada paso pienso que debaxo de 30 los pies de improuiso se ha de abrir otra sima mas profunda que la otra, que acabe
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 203 de tragarme. Bien vengas, mal, si vienes solo.” Desta manera, y con estos pensamientos le parecio que auria caminado poco mas de media legua, al cabo de la qual descubrio vna confusa 5 claridad que parecio ser ya de dia, y que por alguna parte entraua, que daua indicio de tener fin abierto aquel, para el, camino de la otra vida. Aqui le dexa Cide Hamete Benengeli, y buelue 10 a tratar [de] don Quixote, que alboroçado y contento esperaua el plaço de la batalla que auia de hazer con el robador de la honra de la hija de doña Rodriguez, a quien pensaua endereçar el tuerto y desaguisado que 15 malamente le tenian fecho. Sucedio, pues, que saliendose vna mañana a imponerse y ensayarse en lo que auia de hazer en el trance en que otro dia pensaua verse, dando vn repelon o arremetida a 20 Rozinante, llegó a poner los pies tan junto a vna cueua, que a no tirarle fuertemente las riendas, fuera impossible no caer en ella. En fin, le detuuo, y no cayo; y, llegandose algo mas cerca sin apearse, miró aquella hondura, y, estandola 25 mirando, oyo grandes vozes dentro, y, escuchando atentamente, pudo percebir y entender que el que las daua dezia: “¡Ha de arriba! ¿Ay algun christiano que me escuche, o algun cauallero caritatiuo que se 30 duela de vn pecador enterrado en vida, o (*) vn desdichado desgouernado gouernador?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204 Pareciole a don Quixote que oia la voz de Sancho Pança, de que quedó suspenso y assombrado, y, leuantando la voz todo lo que pudo, dixo: “¿Quién está alla baxo, quién se quexa?” 5 “¿Quién puede estar aqui, o quién se ha de quexar”, respondieron, “sino el assendereado de Sancho Pança, gouernador, por sus pecados y por su mala andança, de la insula Barataria, escudero que fue del famoso cauallero don 10 Quixote de la Mancha?” Oyendo lo qual don Quixote, se le dobló la admiracion, y se (*) le acrecento el pasmo, viniendosele al pensamiento que Sancho Pança deuia de ser muerto, y que estaua alli 15 penando su alma; y, lleuado desta imaginacion dixo: “Conjurote por todo aquello que puedo conjurarte, como catolico christiano, que me digas quién eres, y si eres alma en pena, dime qué 20 quieres que haga por ti; que pues es mi profession fauorecer y acorrer a los necessitados deste mundo, tambien lo sere (*) para acorrer y ayudar a los menesterosos del otro mundo, que no pueden ayudarse por si propios.” 25 “Dessa manera”, respondieron, “vuessa merced que me habla deue de ser mi señor don Quixote de la Mancha, y aun en el organo de la voz no es otro, sin duda.” “Don Quixote soy”, replicó don Quixote; “el 30 que professo socorrer y ayudar en sus necessidades a los viuos y a los muertos. Por esso,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 205 dime quién eres; que me tienes atonito. Porque si eres mi escudero Sancho Pança, y te has muerto, como no te ayan lleuado los diablos, y por la misericordia de Dios estes en el purgatorio, sufragios tiene nuestra santa madre la 5 Iglesia Catolica Romana bastantes a sacarte de las penas en que estás, y yo, que (*) lo solicitaré con ella, por mi parte, con quanto mi hazienda alcançare; por esso acaba de declararte, y dime quién eres.” 10 “¡Voto a tal!”, respondieron, “y por el nacimiento de quien vuessa merced quisiere juro, señor don Quixote de la Mancha, que yo soy su escudero Sancho Pança, y que nunca me he muerto en todos los dias de mi vida, sino que 15 auiendo dexado mi gouierno por cosas y causas que es menester mas espacio para dezirlas, anoche cai en esta sima donde yago, el ruzio conmigo, que no me dexará mentir, pues, por mas señas, está aqui conmigo.” 20 Y ay mas; que no parece sino que el jumento entendio lo que Sancho dixo, porque al momento començo a rebuznar, tan rezio, que toda la cueua retumbaua. “Famoso testigo”, dixo don Quixote; “el 25 rebuzno conozco como si le pariera, y tu voz oygo, Sancho mio. Esperame, yre al castillo del duque que está aqui cerca, y traere quien te saque desta sima, donde tus pecados te deuen de auer puesto.” 30 “Vaya vuessa merced”, dixo Sancho, “y buelua presto, por vn solo Dios; que ya no lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206 puedo lleuar el estar aqui sepultado en vida, y me estoy muriendo de miedo.” Dexole don Quixote y fue al castillo a contar a los duques el suceso de Sancho Pança, de que no poco se marauillaron, aunque bien 5 entendieron que deuia de auer caydo por la correspondencia de aquella gruta, que de tiempos inmemoriales estaua alli hecha; pero no podian pensar cómo auia dexado el gouierno, sin tener ellos auiso de su venida. Finalmente, 10 como dizen (*), lleuaron sogas y maromas, y a costa de mucha gente y de mucho trabajo sacaron al ruzio y a Sancho Pança de aquellas tinieblas a la luz del sol. Viole vn estudiante, y dixo: 15 “Desta manera auian de salir de sus gouiernos todos los malos gouernadores, como sale este pecador del profundo del abismo: muerto de hambre, descolorido y sin blanca, a lo que yo creo.” 20 Oyolo Sancho, y dixo: “Ocho dias o diez ha, hermano murmurador, que entré a gouernar la insula que me dieron, en los quales no me vi harto de pan siquiera vn hora; en ellos me han perseguido medicos 25 y enemigos me han brumado los güesos, ni he tenido lugar de hazer cohechos ni de cobrar derechos, y, siendo esto assi, como lo es, no merecia yo, a mi parecer, salir de esta manera. Pero el hombre pone y Dios dispone, y Dios 30 sabe lo mejor y lo que le está bien a cada vno, y qual el tiempo tal el tiento, y nadie diga
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 207 desta agua no beuere; que adonde se piensa que ay tozinos no ay estacas, y Dios me entiende y basta y no digo mas, aunque pudiera.” “No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres; que sera nunca acabar. 5 Ven tu con segura conciencia, y digan lo que dixeren, y es querer atar las lenguas de los maldizientes lo mesmo que querer poner puertas al campo. Si el gouernador sale rico de su gouierno dizen del que ha sido vn ladron, y si 10 sale pobre, que ha sido vn para poco y vn mentecato.” “A buen seguro”, respondio Sancho, “que por esta vez antes me han de tener por tonto que por ladron.” 15 En estas platicas llegaron, rodeados de muchachos y de otra mucha gente, al castillo, adonde en vnos corredores estauan ya el duque y la duquessa, esperando a don Quixote y a Sancho, el qual no quiso subir a ver al duque 20 sin que primero no huuiesse acomodado al ruzio en la caualleriza, porque dezia que auia passado muy mala noche en la posada, y luego subio a ver a sus señores, ante los quales puesto de rodillas, dixo: 25 “Yo, señores, porque lo quiso assi vuestra grandeza, sin ningun merecimiento mio, fuy a gouernar vuestra insula Barataria, en la qual entré desnudo, y desnudo me hallo, ni pierdo, ni gano; si he gouernado bien o mal, testigos 30 he tenido delante, que diran lo que quisieren. He declarado dudas, sentenciado pleytos, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208 siempre muerto de hambre, por auerlo querido assi el doctor Pedro Rezio, natural de Tirteafuera, medico insulano, y gouernadoresco. Acometieronnos enemigos de noche, y, auiendonos puesto en grande aprieto, dizen los de la 5 insula que salieron libres y con vitoria por el valor de mi braço; que tal salud les de Dios como ellos dizen verdad. ”En resolucion, en este tiempo yo he tanteado las cargas que trae consigo y las obligaciones 10 el gouernar, y he hallado por mi cuenta que no las podran lleuar mis ombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de mi aljaua; y, assi, antes que diesse conmigo al traues el gouierno, he querido yo dar con el gouierno al traues, 15 y ayer de mañana dexé la insula como la hallé, con las mismas calles, casas y texados que tenia quando entré en ella. No he pedido prestado a nadie ni metidome en grangerias, y aunque pensaua hazer algunas ordenanças 20 prouechosas, no hize ninguna, temeroso que no se auian de guardar; que es lo mesmo hazerlas que no hazerlas. Sali, como digo, de la insula, sin otro acompañamiento que el de mi ruzio; cai en vna sima, vineme por ella adelante, 25 hasta que esta mañana, con la luz del sol, vi la salida; pero no tan facil, que a no depararme el cielo a mi señor don Quixote, alli me quedara hasta la fin del mundo. Assi que, mis señores duque y duquessa, aqui está vuestro 30 gouernador Sancho Pança, que ha grangeado en solos diez dias que ha tenido el gouierno a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LV p. 209 conocer (*) que no se le ha de dar nada por ser gouernador, no que (*) de vna insula, sino de todo el mundo. Y con este presupuesto, besando a vuessas mercedes los pies, imitando al juego de los muchachos que dizen: «salta tu, y 5 »damela tu» (*), doy vn salto del gouierno y me passo al seruicio de mi señor don Quixote; que, en fin, en el, aunque como el pan con sobresalto, hartome, a lo menos, y para mi, como yo esté harto, esso me haze que sea de çanahorias 10 que de perdizes.” Con esto dio fin a su larga platica Sancho, temiendo siempre don Quixote que auia de dezir en ella millares de disparates, y quando le vio acabar con tan pocos, dio en su coraçon 15 gracias al cielo, y el duque abraçó a Sancho y le dixo que le pesaua en el alma de que huuiesse dexado tan presto el gouierno; pero que el haria de suerte que se le diesse en su estado otro oficio de menos carga y de mas prouecho. 20 Abraçole la duquessa assimismo, y mandó que le regalassen, porque daua señales de venir mal molido y peor parado.
p. 210 Capitulo LVI De la descomunal y nunca vista batalla que passó entre don Quixote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la dueña doña Rodriguez. 5 No quedaron arrepentidos los duques de la burla hecha a Sancho Pança del gouierno que le dieron, y mas que aquel mismo dia vino su mayordomo y les conto punto por punto todas casi las palabras y acciones que Sancho auia 10 dicho y hecho en aquellos dias, y, finalmente, les encarecio el assalto de la insula y el miedo de Sancho, y su salida, de que no pequeño gusto recibieron. Despues desto, cuenta la historia que se llegó 15 el dia de la batalla aplaçada, y, auiendo el duque vna y muy muchas vezes aduertido a su lacayo Tosilos cómo se auia de auenir con don Quixote para vencerle sin matarle ni herirle, ordenó que se quitassen los hierros a las lanças, 20 diziendo a don Quixote que no permitia la christiandad de que el se preciaua que aquella batalla fuesse con tanto riesgo y peligro de las vidas, y que se contentasse con que le daua campo franco en su tierra, puesto que yua contra 25 el decreto del santo Concilio (*), que prohiue los tales desafios, y no quisiesse lleuar por todo rigor aquel trance tan fuerte. Don Quixote dixo que su excelencia dispusiesse las cosas de aquel negocio como mas 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 211 fuesse seruido; que el le obedeceria en todo. Llegado, pues, el temeroso dia, y, auiendo mandado el duque que delante de la plaça del castillo se hiziesse vn espacioso cadahalso, donde estuuiessen los juezes del campo, y las 5 dueñas, madre y hija, demandantes, auia acudido de todos los lugares y aldeas circunuecinas infinita gente a ver la nouedad de aquella batalla; que nunca otra tal no auian visto ni oydo dezir en aquella tierra los que viuian, ni 10 los que auian muerto. El primero que entró en el campo y estacada fue el maestro de las ceremonias, que tanteó el campo, y le passeó todo, porque en el no huuiesse algun engaño ni cosa encubierta donde 15 se tropeçasse y cayesse. Luego entraron las dueñas y se sentaron en sus assientos, cubiertas con los mantos hasta los ojos, y aun hasta los pechos, con muestras de no pequeño sentimiento. Presente don Quixote en la estacada, 20 de alli a poco, acompañado de muchas trompetas, assomó por vna parte de la plaça, sobre vn poderoso cauallo, hundiendola toda, el grande lacayo Tosilos, calada la visera y todo encambronado con vnas fuertes y luzientes armas. 25 El cauallo mostraua ser frison, ancho y de color tordillo; de cada mano y pie le pendia vna arroba de lana. Venia el valeroso combatiente bien informado del duque su señor de cómo se auia de 30 portar con el valeroso don Quixote de la Mancha, aduertido que en ninguna manera le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212 matasse, sino que procurasse huyr el primer encuentro, por escusar el peligro de su muerte, que estaua cierto si de lleno en lleno le encontrasse. Passeó la plaça, y, llegando donde las dueñas estauan, se puso algun tanto a mirar a 5 la que por esposo le pedia; llamó el maesse de campo a don Quixote, que ya se auia presentado en la plaça, y junto con Tosilos habló a las dueñas, preguntandoles si consentian que boluiesse por su derecho don Quixote de la 10 Mancha. Ellas dixeron que si, y que todo lo que en aquel caso hiziesse lo dauan por bien hecho, por firme y por valedero. Ya en este tiempo estauan el duque y la duquessa puestos en vna galeria que caia sobre 15 la estacada, toda la qual estaua coronada de infinita gente que esperaua ver el riguroso trance nunca visto. Fue condicion de los combatientes que si don Quixote vencia, su contrario se auia de casar con la hija de doña 20 Rodriguez; y si el fuesse vencido, quedaua libre su contendor de la palabra que se le pedia, sin dar otra satisfacion alguna. Partioles el maestro de las ceremonias el sol y puso a los dos cada vno en el puesto 25 donde auian de estar. Sonaron los atambores, llenó el ayre el son de las trompetas, temblaua debaxo de los pies la tierra, estauan suspensos los coraçones de la mirante turba, temiendo vnos y esperando otros el bueno o el mal 30 sucesso de aquel caso. Finalmente, don Quixote, encomendandose de todo su coraçon a Dios
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 213 nuestro Señor, y a la señora Dulcinea del Toboso, estaua aguardando que se le diesse señal precisa de la arremetida. Empero nuestro lacayo tenia diferentes pensamientos; no pensaua el sino en lo que agora 5 dire: Parece ser que quando estuuo mirando a su enemiga le parecio la mas hermosa muger que auia visto en toda su vida, y el niño ceg[u]eçuelo a quien suelen llamar de ordinario Amor por essas calles, no quiso perder la 10 ocasion que se le ofrecio de triunfar de vna alma lacayuna y ponerla en la lista de sus trofeos, y, assi, llegandose a el bonitamente, sin que nadie le viesse, le embasó al pobre lacayo vna flecha de dos varas por el lado yzquierdo y le 15 passó el coraçon de parte a parte, y pudolo hazer bien al seguro, porque el amor es inuissible y entra y sale por do quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos. Digo, pues, que quando dieron la señal de 20 la arremetida, estaua nuestro lacayo transportado, pensando en la hermosura de la que ya auia hecho señora de su libertad, y, assi, no atendio al son de la trompeta, como hizo don Quixote, que apenas la huuo oydo, quando 25 arremetio; y, a todo el correr que permitia Rozinante, partio contra su enemigo, y, viendole partir su buen escudero Sancho, dixo a grandes vozes: “¡Dios te guie, nata y flor de los andantes 30 caualleros; Dios te de la vitoria, pues lleuas la razon de tu parte!”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214 Y aunque Tosilos vio venir contra si a don Quixote, no se mouio vn paso de su puesto; antes, con grandes vozes, llamó al maesse de campo, el qual (*), venido a ver lo que queria, le dixo: 5 “Señor, ¿esta batalla no se haze porque yo me case, o no me case, con aquella señora?” “Assi es”, le fue respondido. “Pues yo”, dixo el lacayo, “soy temeroso de mi conciencia y pondriala en gran cargo si 10 passasse adelante en esta batalla, y assi digo que yo me doy por vencido y que quiero casarme luego con aquella señora.” Quedó admirado el maesse de campo de las razones de Tosilos, y como era vno de los 15 sabidores de la maquina de aquel caso, no le supo responder palabra. Detuuose don Quixote en la mitad de su carr[e]ra, viendo que su enemigo no le acometia. El duque no sabia la ocasion porque no se passaua adelante en la 20 batalla; pero el maesse de campo le fue a declarar lo que Tosilos dezia, de lo que quedó suspenso y colerico en estremo. En tanto que esto passaua, Tosilos se llegó adonde doña Rodriguez estaua, y dixo a 25 grandes vozes: “Yo, señora, quiero casarme con vuestra hija, y no quiero alcançar por pleytos ni contiendas lo que puedo alcançar por paz, y sin peligro de la muerte.” 30 Oyo esto el valeroso don Quixote, y dixo: “Pues esto assi es, yo quedo libre y suelto de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 215 mi promessa; casense en hora buena, y pues Dios nuestro Señor se la dio, San Pedro se la bendiga.” El duque auia baxado a la plaça del castillo, y llegandose a Tosilos, le dixo: 5 “¿Es verdad, cauallero, que os days por vencido, y que, instigado de vuestra temerosa conciencia, os quereys casar con esta donzella?” “Si, señor”, respondio Tosilos. 10 “El haze muy bien”, dixo a esta sazon Sancho Pança; “porque lo que has de dar al mur (*), dalo al gato, y sacarte ha de cuydado.” Yuase Tosilos desenlaçando la celada, y rogaua que a priessa le ayudassen, porque le 15 yuan faltando los espiritus del aliento, y no podia verse encerrado tanto tiempo en la estrecheza de aquel aposento. Quitaronsela a priessa, y quedó descubierto y patente su rostro de lacayo. Viendo lo qual doña Rodriguez 20 y su hija, dando grandes vozes, dixeron: “¡Este es engaño, engaño es este! ¡A Tosilos, el lacayo del duque mi señor, nos han puesto en lugar de mi verdadero esposo! ¡Iusticia de Dios y del rey, de tanta malicia, por no dezir 25 bellaqueria!” “No vos acuyteys, señoras”, dixo don Quixote; “que ni esta es malicia, ni es bellaqueria, y si la es, y (*) no ha sido la causa el duque, sino los malos encantadores que me persiguen, 30 los quales inuidiosos de que yo alcançasse la gloria deste vencimiento, han conuertido el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 216 rostro de vuestro esposo en el de este que dezis que es lacayo del duque. Tomad mi consejo, y, a pesar de la malicia de mis enemigos, casaos con el; que, sin duda, es el mismo que vos desseais alcançar por esposo.” 5 El duque, que esto oyó, estuuo por romper en risa toda su colera, y dixo: “Son tan extraordinarias las cosas que suceden al señor don Quixote, que estoy por cre[e]r que este mi lacayo no lo es; pero vsemos deste 10 ardid y maña; dilatemos el casamiento quinze dias, si quieren, y tengamos encerrado a este personage que nos tiene dudosos, en los quales podria ser que boluiesse a su pristina figura; que no ha de durar tanto el rancor que los 15 encantadores tienen al señor don Quixote, y mas, yendoles tan poco en vsar estos embelecos y transformaciones.” “O, señor”, dixo Sancho, “que ya tienen estos malandrines por vso y costumbre de 20 mudar las cosas de vnas en otras, que tocan a mi amo. Vn cauallero que vencio los dias passados, llamado el de los Espejos, le boluieron en la figura del bachiller Sanson Carrasco, natural de nuestro pueblo y grande amigo 25 nuestro, y a mi señora Dulcinea del Toboso la han buelto en vna rustica labradora, y, assi, imagino que este lacayo ha de morir y viuir lacayo todos los dias de su vida.” A lo que dixo la hija de Rodriguez: 30 “Sease quien fuere este que me pide por esposa --que yo se lo agradezco--; que mas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVI p. 217 quiero ser muger legitima de vn lacayo, que no amiga y burlada de vn cauallero, puesto que el que a mi me burló no lo es.” En resolucion, todos (*) estos quentos y sucessos pararon en que Tosilos se recogiesse 5 hasta ver en que paraua su transformacion; aclamaron todos la vitoria por don Quixote, y los mas quedaron tristes y melancolicos de ver que no se auian hecho pedaços los tan esperados combatientes, bien assi como los mochachos 10 quedan tristes, quando no sale el ahorcado que esperan, porque le ha perdonado, o la parte, o la justicia. Fuesse la gente, boluieronse el duque y don Quixote al castillo, encerraron a Tosilos, quedaron doña Rodriguez y 15 su hija contentissimas de ver que por vna via o por otra aquel caso auia de parar en casamiento, y Tosilos no esperaua menos.
p. 218 Capitulo LVII Que trata de cómo don Quixote se despidio del duque, y de lo que le sucedio con la discreta y desembuelta Altisidora, donzella de la duquessa. 5 Ya le parecio a don Quixote que era bien salir de tanta ociosidad como la que en aquel castillo tenia; que se imaginaua ser grande la falta que su persona hazia en dexarse estar encerrado y pereçoso entre los infinitos regalos 10 y deleytes que como a cauallero andante aquellos señores le hazian, y pareciale que auia de dar cuenta estrecha al cielo de aquella ociosidad y encerramiento; y, assi, pidio vn dia licencia a los duques para partirse. Dieronsela con 15 muestras de que en gran manera les pesaua de que los dexasse. Dio la duquessa las cartas de su muger a Sancho Pança, el qual lloró con ellas, y dixo: “¿Quién pensara que esperanças tan grandes 20 como las que en el pecho de mi muger Teresa Pança engendraron las nueuas de mi gouierno auian de parar en boluerme yo agora a las arrastradas auenturas de mi amo don Quixote de la Mancha? Con todo esto, me contento de 25 ver que mi Teresa correspondio a ser quien es, embiando las bellotas a la duquessa; que a no auerselas embiado, quedando yo pesaroso, se mostrara ella desagradecida. Lo que me
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 219 consuela es que esta dadiua no se le puede dar nombre de cohecho, porque ya tenia yo el gouierno quando ella las embió, y está puesto en razon que los que reciben algun beneficio, aunque sea con niñerias, se muestren agradecidos. 5 En efecto, yo entré desnudo en el gouierno y salgo desnudo del; y, assi, podre dezir con segura conciencia, que no es poco: «desnudo naci, »desnudo me hallo, ni pierdo ni gano».” Esto passaua entre si Sancho el dia de la 10 partida; y saliendo don Quixote, auiendose despedido la noche antes de [los] duques, vna mañana se presentó armado en la plaça del castillo. Mirauanle de los corredores toda la gente del castillo, y assimismo los duques 15 salieron a verle. Estaua Sancho sobre su ruzio, con sus alforjas, maleta y repuesto, contentissimo, porque el mayordomo del duque, el que fue (*) la Trifaldi, le auia dado vn bolsico con docientos escudos de oro, para suplir los 20 menesteres del camino, y esto aun no lo sabia don Quixote. Estando como queda dicho, mirandole todos, a deshora entre las otras dueñas y donzellas de la duquessa, que le mirauan, alço la voz la 25 desembuelta y discreta Altisidora, y en son lastimero dixo: Escucha, mal cauallero, deten vn poco las riendas; no fatigues las hijadas 30 de tu mal regida bestia.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220 Mira, falso, que no huyes (*) de alguna serpiente fiera, sino de vna corderilla que está muy lexos de oueja. Tu has burlado, monstruo horrendo, 5 la mas hermosa donzella que Diana vio en sus montes, que Venus miró en sus seluas. Cruel Vireno, fugitiuo Eneas, Barrabas te acompañe; alla te auengas. 10 Tu lleuas ¡lleuar impio! en las garras de tus cerras las entrañas de vna humilde, como enamorada, tierna. Lleuaste (*) tres tocadores, 15 y vnas ligas, de vnas piernas que al marmol puro (*) se igualan en lisas, blancas y negras. Lleuaste dos mil suspiros, que, a ser de fuego, pudieran 20 abrassar a dos mil Troyas, si dos mil Troyas huuiera. Cruel Vireno, fugitiuo Eneas, Barrabas te acompañe; alla te auengas. De esse Sancho tu escudero 25 las entrañas sean tan tercas y tan duras, que no salga de su encanto Dulcinea. De la culpa que tu tienes lleue la triste la pena; 30 que justos por pecadores tal vez pagan en mi tierra. Tus mas finas auenturas en desuenturas se bueluan, en sueños tus passatiempos, 35 en oluidos tus firmeças. Cruel Vireno, fugitiuo Eneas, Barrabas te acompañe; alla te auengas.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 221 Seas tenido por falso desde Seuilla a Marchena, desde Granada hasta Loja, de Londres a Ing[a]laterra. Si jugares al reynado, 5 los cientos, o la primera (*), los reyes huyan de ti; ases, ni sietes no veas. Si te cortares los callos, sangre las heridas viertan; 10 y quedente los raygones si te sacares las muelas. Cruel Vireno, fugitiuo Eneas, Barrabas te acompañe; halla te auengas. En tanto que de la suerte que se ha dicho se 15 quexaua la lastimada Altisidora, la estuuo mirando don Quixote, y, sin responderla palabra, boluiendo el rostro a Sancho, le dixo: “Por el siglo de tus passados, Sancho mio, te conjuro que me digas vna verdad; dime, 20 ¿lleuas por ventura, los tres tocadores, y las ligas que esta enamorada donzella dize?” A lo que Sancho respondio: “Los tres tocadores si lleuo; pero las ligas, como por los cerros de Vueda.” 25 Quedó la duquessa admirada de la dessemboltura de (*) Altissidora, que aunque la tenia por atreuida, graciosa y dessembuelta, no en grado que se atreuiera a semejantes dessembolturas; y como no estaua aduertida desta burla, crecio 30 mas su admiracion. El duque quiso reforçar el donayre, y dixo: “No me parece bien, señor cauallero, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222 auiendo recebido en este mi castillo el buen acogimiento que en el se os ha hecho, os ayais atreuido a lleuaros tres tocadores, por lo menos, si por lo mas las ligas de mi donzella; indicios son de mal pecho y muestras que no 5 corresponden a vuestra fama. Boluedle las ligas; si no, yo os dessafio a mortal batalla, sin tener temor que malandrines encantadores me bueluan ni muden el rostro, como han hecho en el de Tosilos mi lacayo, el que entró 10 con vos en batalla.” “No quiera Dios”, respondio don Quixote, “que yo dessembayne mi espada contra vuestra ilustrissima persona, de quien tantas mercedes he recebido. Los tocadores boluere, porque 15 dize Sancho que los tiene; las ligas es impossible, porque ni yo las he recebido ni el tampoco, y si esta vuestra donzella quisiere mirar sus escondrijos, a buen seguro que las halle. Yo, señor duque, jamas he sido ladron, 20 ni lo pienso ser en toda mi vida, como Dios no me dexe de su mano. Esta donzella habla, como ella dize, como enamorada, de lo que yo no le tengo culpa, y, assi, no tengo de qué pedirle perdon, ni a ella, ni a vuestra excelencia, a 25 quien suplico me tenga en mejor opinion, y me de de nueuo licencia para seguir mi camino.” “Deosle Dios tan bueno”, dixo la duquessa, “señor don Quixote, que siempre oygamos buenas nueuas de vuestras fechurias; y andad con 30 Dios, que mientras mas os deteneis, mas aumentais el fuego de los pechos de las donzellas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVII p. 223 que os miran. Y a la mia yo la castigaré de modo, que de aqui adelante no se desmande con la vista ni con las palabras.” “Vna no mas quiero que me escuches, ¡o valeroso don Quixote!”, dixo entonces Altissidora, 5 “y es que te pido perdon del latrocinio de las ligas, porque en Dios y en mi anima, que las tengo puestas, y he caydo en el descuydo del que yendo sobre el asno, le buscaua.” “¿No lo dixe yo?”, dixo Sancho. “¡Bonico 10 soy yo para encubrir hurtos! Pues a quererlos hazer, de paleta me auia venido la ocasion en mi gouierno.” Abaxó la cabeça don Quixote y hizo reuerencia a los duques y a todos los circunstantes, 15 y, boluiendo las riendas a Rocinante, siguiendole Sancho sobre el ruzio, se salio del castillo, endereçando su camino a Zaragoça.
p. 224 Capitulo LVIII Que trata de cómo menudearon sobre don Quixote auenturas tantas, que no se dauan vagar vnas a otras. Quando don Quixote se vio en la campaña 5 rasa, libre y dessembaraçado de los requiebros de Altissidora, le parecio que estaua en su centro y que los espiritus se le renouauan para prosseguir de nueuo el assumpto de sus cauallerias, y, boluiendose a Sancho, le dixo: 10 “La libertad, Sancho, es vno de los mas preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, assi como por la honra, se puede y 15 deue auenturar la vida; y, por el contrario, el cautiuerio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo, que dexamos, hemos tenido; pues en 20 metad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas beuidas de nieue me parecia a mi que estaua metido entre las estrecheças de la hambre; porque no lo gozaua con la libertad que lo gozara si fueran mios; que las obligaciones 25 de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dexan campear al animo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio vn pedaço de pan, sin que le quede
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 225 obligacion de agradecerlo a otro que al mismo cielo!” “Con todo esso”, dixo Sancho, “que vuessa merced me ha dicho, no es bien que se quede[n] sin agradecimiento de nuestra parte docientos 5 escudos de oro, que en vna bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como pictima y confortatiuo la lleuo puesta sobre el coraçon, para lo que se ofreciere; que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal 10 vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.” En estos y otros razonamientos yuan los andantes cauallero y escudero, quando vieron, auiendo andado poco mas de vna legua, que 15 encima de la yerua de vn pradillo verde, encima de sus capas, estauan comiendo hasta vna dozena de hombres, vestidos de labradores; junto a si tenian vnas como sabanas blancas, con que cubrian alguna cosa que debaxo estaua; 20 estauan empinadas y tendidas y de trecho a trecho puestas. Llegó (*) don Quixote a los que comian, y, saludandolos primero cortesmente, les preguntó que qué era lo que aquellos lienços cubrian. Vno de ellos le respondio: 25 “Señor, debaxo destos lienços estan vnas imagines de reliebe y entabladura (*), que han de seruir en vn retablo que hazemos en nuestra aldea; lleuamoslas cubiertas porque no se desfloren, y en ombros porque no se quiebren.” 30 “Si sois seruidos”, respondio don Quixote, “holgaria de verlas, pues imagines que con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226 tanto recato se lleuan (*), sin duda deuen de ser buenas.” “Y, ¡cómo si lo son!”, dixo otro; “si no, digalo lo que cuesta; que en verdad que no ay ninguna que no esté en mas de cincuenta 5 ducados, y porque vea vuessa merced esta verdad, espere vuessa merced, y verla ha por vista de ojos.” Y, leuantandose, dexó de comer, y fue a quitar la cubierta de la primera imagen, que 10 mostro ser la de San Iorge puesto a cauallo, con vna serpiente enroscada a los pies, y la lança atrauessada por la boca, con la fiereça que suele pintarse. Toda la imagen parecia vna asqua de oro, como suele dezirse; viendola don 15 Quixote, dixo: “Este cauallero fue vno de los mejores andantes que tuuo la milicia diuina; llamose don San Iorge, y fue, ademas, defendedor de donzellas (*). Veamos esta otra.” 20 Descubriola el hombre, y parecio ser la de San Martin, puesto a cauallo, que partia la capa con el pobre, y apenas la huuo visto don Quixote, quando dixo: “Este cauallero tambien fue de los auentureros 25 christianos, y creo que fue mas liberal que valiente, como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está partiendo la capa con el pobre, y le da la mitad, y sin duda deuia de ser entonces inuierno, que si no, el se la diera 30 toda, segun era de caritatiuo.” “No deuio de ser esso”, dixo Sancho, “sino
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 227 que se deuio de atener al refran que dizen: «que para dar y tener, sesso es menester».” Riose don Quixote, y pidio que quitassen otro lienço, debaxo del qual se descubrio la imagen del patron de las Españas a cauallo, la 5 espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabeças, y, en viendola, dixo don Quixote: “Este si que es cauallero y de las esquadras de Christo; este se llama don San Diego 10 Matamoros, vno de los mas valientes santos y caualleros que tuuo el mundo y tiene agora el cielo.” Luego descubrieron otro lienço y parecio que encubria la cayda de San Pablo del cauallo 15 abaxo, con todas las circunstancias que en el retablo de su conuersion suelen pintarse; quando le vido tan al viuo, que dixeran que Christo le hablaua y Pablo respondia. “Este”, dixo don Quixote, “fue el mayor 20 enemigo que tuuo la iglesia de Dios nuestro Señor en su tiempo, y el mayor defensor suyo que tendra jamas, cauallero andante por la vida, y santo a pie quedo por la muerte; trabajador incansable en la viña del Señor, 25 doctor de las gentes, a quien siruieron de escuelas los cielos, y de cathedratico y maestro que le enseñasse, el mismo Iesu Christo.” No auia mas imagines, y, assi, mandó don Quixote que las boluiessen a cubrir, y dixo a 30 los que las lleuauan: “Por buen aguero he tenido, hermanos, auer
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228 visto lo que he visto, porque estos santos y caualleros professaron lo que yo professo, que es el exercicio de las armas; sino que la diferencia que ay entre mi y ellos es que ellos fueron santos y pelearon a lo diuino, y yo soy 5 pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerça de braços, porque el cielo padece fuerça (*), y yo hasta agora no se lo que conquisto a fuerça de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliesse de los que 10 padece, mejorandose mi ventura y adobandoseme el juyzio, podria ser que encaminasse mis pasos por mejor camino del que lleuo.” “Dios lo oyga y el pecado sea sordo”, dixo Sancho a esta ocasion. 15 Admiraronse los hombres assi de la figura como de las razones de don Quixote, sin entender la mitad de lo que en ellas dezir queria. Acabaron de comer, cargaron con sus imagines y, despidiendose de don Quixote, siguieron 20 su viage. Quedó Sancho de nueuo como si jamas huuiera conocido a su señor, admirado de lo que sabia, pareciendole que no deuia de auer historia en el mundo, ni sucesso que no lo 25 tuuiesse cifrado en la vña y clauado en la memoria, y dixole: “En verdad, señor nuestramo, que si esto que nos ha sucedido oy se puede llamar auentura, ella ha sido de las mas suaues y dulces 30 que en todo el discurso de nuestra peregrinacion nos ha sucedido; della auemos salido sin
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 229 palos y sobressalto alguno, ni hemos echado mano a las espadas, ni hemos batido la tierra con los cuerpos, ni quedamos hambrientos. ¡Bendito sea Dios, que tal me ha dexado ver con mis propios ojos!” 5 “Tu dizes bien, Sancho”, dixo don Quixote; “pero has de aduertir que no todos los tiempos son vnos ni corren de vna misma suerte, y esto que el vulgo suele llamar comunmente agueros, que no se fundan sobre natural razon alguna, 10 del que es discreto han de ser tenidos y juzgados (*) por buenos acontecimientos. Leuantase vno destos agoreros por la mañana, sale de su casa, encuentrase con vn frayle de la orden del bienauenturado San Francisco, y como si 15 huuiera encontrado con vn grifo, buelue las espaldas, y bueluese a su casa. Derramasele al otro Mendoça (*) la sal encima de la mesa, y derramasele a el la melancolia por el coraçon; como si estuuiesse obligada la naturaleza a 20 dar señales de las venideras desgracias con cosas tan de poco momento como las referidas. El discreto y christiano no ha de andar en puntillos con lo que quiere hazer el cielo. Llega Cipion a Africa, tropieça en saltando en tierra, 25 tienenlo por mal aguero sus soldados, pero el, abraçandose con el suelo, dixo: «No te me podras »huyr, Africa, porque te tengo assida y entre »mis braços (*).» Assi que, Sancho, el auer encontrado con estas imagines ha sido para mi 30 felicissimo acontecimiento.” “Yo assi lo creo”, respondio Sancho, “y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230 querria que vuessa merced me dixesse qué es la causa porque dizen los españoles quando quieren dar alguna batalla, inuocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra »España!» ¿Está por ventura España abierta, y de 5 modo, que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta (*)?” “Simplicissimo eres, Sancho”, respondio don Quixote, “y mira que este gran cauallero de la cruz bermeja haselo dado Dios a España por 10 patron y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, assi, le inuocan y llaman como a (*) defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas vezes le han visto 15 visiblemente en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos esquadrones; y desta verdad se pudiera traer muchos exemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan.” 20 Mudó Sancho platica y dixo a su amo: “Marauillado estoy, señor, de la dessemboltura de Altissidora, la donzella de la duquessa; brauamente la deue de tener herida y traspassada aquel que llaman Amor, que dizen que 25 es vn rapaz cegueçuelo que, con estar lagañoso, o por mejor dezir, sin vista, si toma por blanco vn coraçon, por pequeño que sea, le acierta y traspassa de parte a parte con sus flechas. He oydo dezir tambien que en la 30 verguença y recato de las donzellas se despuntan y embotan las amorosas saetas; pero en esta
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 231 Altissidora mas parece que se aguzan que despuntan.” “Aduierte, Sancho”, dixo don Quixote, “que el amor ni mira respetos ni guarda terminos de razon en sus discursos, y tiene la misma 5 condicion que la muerte, que assi acomete los altos alcaçares de los reyes como las humildes choças de los pastores, y quando toma entera possession de vna alma, lo primero que haze es quitarle el temor y la verguença; y, assi, 10 sin ella declaró Altissidora sus desseos, que engendraron en mi pecho antes confussion que lastima.” “Crueldad notoria”, dixo Sancho; “dessagradecimiento inaudito. Yo de mi se dezir que 15 me rindiera y auassallara la mas minima razon amorosa suya. ¡Hideputa, y qué coraçon de marmol, qué entrañas de bronce y qué alma de argamassa! Pero no puedo pensar qué es lo que vio esta donzella en vuessa merced que 20 assi la rindiesse y auassallasse; qué gala, qué brio, qué donayre, qué rostro, qué cada cosa por si destas, o todas juntas, le (*) enamoraron; que en verdad, en verdad, que muchas vezes me paro a mirar a vuessa merced desde la punta 25 del pie hasta el vltimo cabello de la cabeça, y que veo mas cosas para espantar que para enamorar; y, auiendo yo tambien oydo dezir que la hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuessa merced 30 ninguna, no se yo de qué se enamoró la pobre.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232 “Aduierte, Sancho”, respondio don Quixote, “que ay dos maneras de hermosura: vna del alma, y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y 5 en la buena criança, y todas estas partes caben y pueden estar en vn hombre feo, y quando se pone la mira en esta hermosura y no en la del cuerpo, suele nazer (*) el amor con impetu y con ventajas. Yo, Sancho, bien veo que no soy 10 hermoso, pero tambien conozco que no soy disforme, y bastale a vn hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga (*) los dotes del alma que te he dicho.” En estas razones y platicas se yuan entrando 15 por vna selua que fuera del camino estaua, y a deshora, sin pensar en ello, se halló don Quixote enredado entre vnas redes de hilo verde, que desde vnos arboles a otros estauan tendidas; y, sin poder imaginar qué pudiesse ser 20 aquello, dixo a Sancho: “Pareceme, Sancho, que esto destas redes deue de ser vna de las mas nueuas auenturas que pueda imaginar. Que me maten si los encantadores que me persiguen no quieren 25 enredarme en ellas, y detener mi camino, como en vengança de la riguridad que con Altissidora he tenido. Pues mandoles yo que aunque estas redes, si como son hechas de hilo verde fueran de durissimos diamantes, o mas fuertes que 30 aquella con que el zeloso dios de los herreros enredó a Venus y a Marte, assi la rompiera
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 233 como si fuera de juncos marinos o de hilachas de algodon.” Y, queriendo passar adelante y romperlo todo, al improuisso se le ofrecieron delante, saliendo de entre vnos arboles, dos hermosissimas 5 pastoras, a lo menos, vestidas como pastoras, sino que los pellicos y sayas eran de fino brocado, digo, que las sayas eran riquissimos faldellines de tabi de oro. Traian los cabellos sueltos por las espaldas, que en rubios podian 10 competir con los rayos del mismo sol; los quales se coronauan con dos guirnaldas, de verde laurel y de rojo amaranto texidas. La edad, al parecer, ni baxaua de los quinze, ni passaua de los diez y ocho. Vista fue esta que admiró a 15 Sancho, suspendio a don Quixote, hizo parar al sol en su carrera para verlas, y tuuo en marauilloso silencio a todos quatro; en fin, quien primero habló fue vna de las dos zagalas, que dixo a don Quixote: 20 “Detened, señor cauallero, el paso, y no rompais las redes; que no para daño vuestro, sino para nuestro passatiempo ay estan tendidas; y porque se que nos aueis de preguntar para qué se han puesto, y quién somos, os lo 25 quiero dezir en breues palabras. En vna aldea que está hasta dos leguas de aqui, donde ay mucha gente principal y muchos hidalgos y ricos, entre muchos amigos y parientes se concerto que con (*) sus hijos, mugeres y hijas, 30 vezinos, amigos y parientes nos viniessemos a holgar a este sitio, que es vno de los mas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 234 [a]gradables de todos estos contornos, formando entre todos vna nueua y pastoril Arcadia, vistiendonos las donzellas de zagalas, y los mancebos de pastores; traemos estudiadas dos eglogas, vna del famoso poeta Garcilasso, y 5 otra de[l] excelentissimo Camoes, en su misma lengua portuguessa (*), las quales hasta agora no hemos representado. Ayer fue el primero dia que aqui llegamos; tenemos entre estos ramos plantadas algunas tiendas que dizen se 10 llaman de campaña, en el margen de vn abundoso arroyo que todos estos prados fertiliza; tendimos la noche passada estas redes de estos arboles, para engañar los simples paxarillos que, oxeados con nuestro ruydo, vinieren a dar 15 en ellas. Si gustais, señor, de ser nuestro huesped, sereis agasajado liberal y cortesmente; porque por agora en este sitio no ha de entrar la pessadumbre ni la melancolia.” Calló y no dixo mas. A lo que respondio don 20 Quixote: “Por cierto, hermosissima señora, que no deuio de quedar mas suspenso ni admirado Anteon (*), quando vio al improuiso bañarse en las aguas a Diana, como yo he quedado atonito 25 en ver vuestra belleza. Alabo el assumpto de vuestros entretenimientos, y el de vuestros ofrecimientos agradezco, y si os puedo seruir, con seguridad de ser obedecidas, me lo (*) podeis mandar; porque no es [otra] (*) la profession 30 mia, sino de mostrarme agradecido y bienhechor con todo genero de gente, en especial,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 235 con la principal que vuestras personas representa[n], y si como estas redes, que deuen de ocupar algun pequeño espacio, ocuparan toda la redondez de la tierra, buscara yo nueuos mundos por do passar, sin romperlas; y porque 5 deis algun credito a esta mi exageracion, ved que os lo promete, por lo menos, don Quixote de la Mancha, si es que ha llegado a vuestros oydos este nombre.” “¡Ay, amiga de mi alma”, dixo entonces la 10 otra zagala, “y qué ventura tan grande nos ha sucedido! ¿Ves este señor que tenemos delante? Pues hagote saber que es el mas valiente y el mas enamorado (*) y el mas comedido que tiene el mundo, si no es que nos 15 miente y nos engaña vna historia que de sus hazañas anda impressa y yo he leydo. Yo apostaré que este buen hombre que viene consigo (*) es vn tal Sancho Pança, su escudero, a cuyas gracias no ay ningunas que se le igualen.” 20 “Assi es la verdad”, dixo Sancho; “que yo soy esse gracioso y esse escudero que vuessa merced dize, y este señor es mi amo, el mismo don Quixote de la Mancha historiado y referido.” 25 “¡Ai!”, dixo la otra, “supliquemosle, amiga, que se quede; que nuestros padres y nuestros hermanos gustarán infinito dello; que tambien he oido yo dezir de su valor y de sus gracias lo mismo que tu me has dicho, y, sobre todo, 30 dizen del que es el mas firme y mas leal enamorado que se sabe, y que su dama es vna
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236 tal Dulcinea del Toboso, a quien en toda España la dan la palma de la hermosura.” “Con razon se la dan”, dixo don Quixote, “si ya no lo pone en duda vuestra sin igual belleza; no os canseis, señoras, en detenerme, 5 porque las precissas obligaciones de mi profession no me dexan repossar en ningun cabo.” Llegó en esto adonde los quatro estauan vn hermano de vna de las dos pastoras, vestido assimismo de pastor, con la riqueza y galas 10 que a las de las zagalas correspondia. Contaronle ellas que el que con ellas estaua era el valeroso don Quixote de la Mancha, y el otro su escudero Sancho, de quien tenia el ya noticia por auer leydo su historia. Ofreciosele 15 el gallardo pastor, pidiole que se viniesse con el a sus tiendas; huuolo de conceder don Quixote, y assi lo hizo. Llegó, en esto, el oxeo, llenaronse las redes de paxarillos diferentes, que, engañados de la 20 color de las redes caian en el peligro de que yuan huyendo; juntaronse en aquel sitio mas de treynta personas, todas biçarramente de pastores y pastoras vestidas, y en vn instante quedaron enteradas de quienes eran don 25 Quixote y su escudero, de que no poco contento recibieron, porque ya tenian del noticia por su historia. Acudieron a las tiendas, hallaron las mesas puestas, ricas, abundantes y limpias; honraron a don Quixote, dandole el 30 primer lugar en ellas; mirauanle todos y admirauanse de verle.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 237 Finalmente, alçados los manteles, con gran reposo alçó don Quixote la voz, y dixo: “Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dizen que es la soberuia, yo digo que es el dessagradecimiento, 5 ateniendome a lo que suele dezirse: que de los dessagradecidos está lleno el infierno. Este pecado, en quanto me ha sido possible, he procurado yo huyr desde el instante que tuue vso de razon, y si no puedo pagar las buenas 10 obras que me hazen con otras obras, pongo en su lugar los desseos de hazerlas, y quando estos no bastan, las publico, porque quien dize y publica las buenas obras que recibe, tambien las recompensara con otras si pudiera; porque, 15 por la mayor parte los que reciben son inferiores a los que dan, y, assi, es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos, y no pueden corresponder las dadiuas del hombre a las de Dios con igualdad, por infinita distancia; y esta 20 estrecheça y cortedad, en cierto modo, la suple el agradecimiento. Yo, pues, agradecido a la merced que aqui se me ha hecho, no pudiendo corresponder a la misma medida, conteniendome en los estrechos limites de mi poderio, 25 ofrezco lo que puedo y lo que tengo de mi cosecha, y, assi, digo, que sustentaré dos dias naturales, en metad de esse camino real que va a Zaragoça, que estas señoras zagalas contrahechas que aqui estan son las mas hermosas 30 donzellas, y mas cortesses, que ay en el mundo, exceta[n]do solo a la sin par Dulcinea del
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 238 Toboso, vnica señora de mis pensamientos, con paz sea dicho de quantos y quantas me escuchan.” Oyendo lo qual Sancho, que con grande atencion le auia estado escuchando, dando 5 vna gran voz, dixo: “¿Es possible que aya en el mundo personas que se atreuan a dezir y a jurar que este mi señor es loco? Digan vuessas mercedes señores pastores, ¿ay cura de aldea, por discreto y por 10 estudiante que sea, que pueda dezir lo que mi amo ha dicho, ni ay cauallero andante, por mas fama que tenga de valiente, que pueda ofrecer lo que mi amo aqui ha ofrecido?” Boluiose don Quixote a Sancho, y, 15 encendido el rostro, y colerico, le dixo: “¿Es possible, o Sancho, que aya en todo el orbe alguna persona que diga que no eres tonto, aforrado de lo mismo, con no se qué ribetes de malicioso y de bellaco? ¿Quién te 20 mete a ti en mis cosas, y en aueriguar si soy discreto o maxadero? Calla y no me repliques, sino ensilla, si está dessensillado Rocinante; vamos a poner en efecto mi ofrecimiento; que con la razon que va de mi parte, puedes dar 25 por vencidos a todos quantos quisieren contradezirla.” Y con gran furia y muestras de enojo se leuantó de la silla, dexando admirados a los circunstantes, haziendoles dudar si le podian 30 tener por loco, o por cuerdo. Finalmente, auiendole persuadido que no se pusiesse en tal
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 239 demanda, que ellos dauan por bien conocida su agradecida voluntad, y que no eran menester nueuas demostraciones para conocer su animo valeroso, pues bastauan las que en la historia de los hechos se referian, con todo esto, salio 5 don Quixote con su intencion, y, puesto sobre Rocinante, embraçando su escudo y tomando su lança, se puso en la mitad de vn real camino que no lexos del verde prado estaua. Siguiole Sancho sobre su ruzio, con toda la gente del 10 pastoral rebaño, desseosos de ver en qué paraua su arrogante y nunca visto ofrecimiento. Puesto, pues, don Quixote en mitad del camino, como os he dicho, hirio el ayre con semejantes palabras: 15 “¡O vosotros, passageros y viandantes, caualleros, escuderos, gente de a pie y de a cauallo que por este camino passais o aueis de passar en estos dos dias siguientes, sabed que don Quixote de la Mancha, cauallero andante, está 20 aqui puesto para defender que a todas las hermosuras y cortesias del mundo exceden las que se encierran en las ninfas habitadoras destos prados y bosques, dexando a vn lado a la señora de mi alma, Dulcinea del Toboso. Por 25 esso, el que fuere de parecer contrario, acuda; que aqui le espero!” Dos vezes repitio estas mismas razones, y dos vezes no fueron oydas de ningun auenturero. Pero la suerte, que sus cosas yua 30 encaminando de mejor en mejor, ordenó, que de alli a poco se descubriesse por el camino
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240 muchedumbre de hombres de a cauallo, y muchos dellos con lanças en las manos, caminando todos apiñados de tropel y a gran priessa. No los huuieron bien visto los que con don Quixote estauan, quando (*) boluiendo las 5 espaldas se apartaron bien lexos del camino; porque conocieron que si esperauan les podia suceder algun peligro. Solo don Quixote, con intrepido coraçon, se estuuo quedo, y Sancho Pança se escudó con las hancas de Rocinante. 10 Llegó el tropel de los lanceros, y vno dellos que venia mas delante, a grandes vozes començo a dezir a don Quixote: “¡Apartate, hombre del diablo, del camino; que te haran pedaços estos toros!” 15 “¡Ea, canalla”, respondio don Quixote, “para mi no ay toros que valgan, aunque sean de los mas brauos que cria Xarama en sus riberas! Confessad, malandrines, assi, a carga cerrada, que es verdad lo que yo aqui he publicado; si 20 no, conmigo sois en batalla.” No tuuo lugar de responder el baquero, ni don Quixote le tuuo de desuiarse, aunque quisiera; y, assi, el tropel de los toros brauos y el de los mansos cabestros, con la multitud de 25 los baqueros y otras gentes que a encerrar los lleuauan a vn lugar donde otro dia auian de correrse, passaron sobre don Quixote y sobre Sancho, Rocinante y el ruzio, dando con todos ellos en tierra, echandole (*) a rodar por el 30 suelo. Quedó molido Sancho, espantado don Quixote, aporreado el ruzio y no muy catolico
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LVIII p. 241 Rocinante; pero, en fin, se (*) leuantaron todos, y don Quixote a gran priessa, tropeçando aqui y cayendo alli, començo a correr tras la vacada, diziendo a vozes: “¡Deteneos y esperad, canalla malandrina; 5 que vn solo cauallero os espera, el qual no tiene condicion, ni es de parecer de los que dizen que al enemigo que huye, hazerle la puente de plata!” Pero no por esso se detuuieron los apressurados 10 corredores, ni hizieron mas caso de sus amenazas que de las nubes de antaño. Detuuole el cansa[n]cio a don Quixote, y mas enojado que vengado se sento en el camino, esperando a que Sancho, Rocinante y el ruzio 15 llegassen. Llegaron, boluieron a subir amo y moço, y sin boluer a despedirse de la Arcadia fingida o contrahecha y, con mas verguença que gusto, siguieron su camino.
p. 242 Capitulo LIX Donde se cuenta del extraordinario sucesso, que se puede tener por auentura, que le sucedio a don Quixote. Al poluo y al cansancio que don Quixote y 5 Sancho sacaron del descomedimiento de los toros socorrio vna fuente clara y limpia que entre vna fresca arboleda hallaron, en el margen de la qual, dexando libres sin xaquima y freno al ruzio y a Rocinante, los dos 10 assendereados amo y moço se sentaron; acudio Sancho a la reposteria de sus alforjas, y dellas sacó de lo que el solia llamar condumio; enxuagose la boca, lauose don Quixote el rostro, con cuyo refrigerio cobraron aliento los espiritus 15 desalentados. No comia don Quixote de puro pessaroso, ni Sancho no ossaua tocar a los manjares que delante tenia, de puro comedido, y esperaua a que su señor hiziesse la salua (*); pero viendo que, lleuado de sus imaginaciones, 20 no se acordaua de lleuar el pan a la boca, no abrio la suya (*), y, atropellando por todo genero de criança, començo a embaular en el estomago el pan y queso que se le ofrecia. “Come, Sancho amigo”, dixo don Quixote; 25 “sustenta la vida, que mas que a mi te importa, y dexame morir a mi a manos de mis pensamientos y a fuerças de mis desgracias. Yo, Sancho, naci para viuir muriendo, y tu para morir comiendo, y porque veas que te digo 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 243 verdad en esto, considerame impresso en historias, famoso en las armas, comedido en mis acciones, respetado de principes, solicitado de donzellas; al cabo al cabo quando esperaua palmas, triunfos y coronas grangeadas y 5 merecidas por mis valerosas hazañas, me he visto esta mañana pisado y acoceado y molido de los pies de animales inmundos y soeces. Esta consideracion me embota los dientes, entorpece la[s] muelas, y entomece las manos y quita 10 de todo en todo la gana del comer, de manera, que pienso dexarme morir de hambre: muerte la mas cruel de las muertes.” “Dessa manera”, dixo Sancho, sin dexar de mascar apriessa, “no aprouará vuessa merced 15 aquel refran que dizen: «muera Marta, y muera »harta»; yo, a lo menos, no pienso matarme a mi mismo. Antes pienso hazer como el çapatero, que tira el cuero con los dientes hasta que le haze llegar donde el quiere; yo tiraré mi 20 vida comiendo hasta que llegue al fin que le tiene determinado el cielo, y sepa, señor, que no ay mayor locura que la que toca en querer desesperarse como vuessa merced, y creame y despues de comido, echese a dormir vn poco 25 sobre los colchones verdes destas yeruas, y vera como quando despierte se halla algo mas aliuiado.” Hizolo assi son Quixote, pareciendole que las razones de Sancho mas eran de filosofo 30 que de mentecato, y dixole: “Si tu, o Sancho, quisiesses hazer por mi lo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244 que yo aora te dire, serian mis aliuios mas ciertos y mis pesadumbres no tan grandes, y es que mientras yo duermo, obedeciendo tus consejos, tu te desuiasses vn poco lexos de aqui, y con las riendas de Rozinante, echando 5 al ayre tus carnes, te diesses trecientos o quatrocientos açotes a buena cuenta de los tres mil y tantos que te has de dar por el desencanto de Dulcinea; que es lastima no pequeña que aquella pobre señora esté encantada por tu 10 descuydo y negligencia.” “Ay mucho que dezir en esso”, dixo Sancho; “durmamos por aora entrambos, y despues, Dios dixo lo que sera. Sepa vuessa merced que esto de açotarse vn hombre a sangre fria 15 es cosa rezia, y mas si caen los açotes sobre vn cuerpo mal sustentado y peor comido; tenga paciencia mi señora Dulcinea; que quando menos se cate, me vera hecho vna criua, de açotes; y hasta la muerte todo es vida, quiero 20 dezir que aun yo la tengo, junto con el desseo de cumplir con lo que he prometido.” Agradeciendoselo don Quixote, comio algo, y Sancho mucho, y echaronse a dormir entrambos, dexando a su aluedrio y sin orden 25 alguna pacer del abundosa yerua de que aquel prado estaua lleno a los dos continuos compañeros y amigos Rozinante y el ruzio. Despertaron algo tarde, boluieron a subir y a seguir su camino, dandose priessa para llegar 30 a vna venta, que, al parecer, vna legua de alli se descubria: digo que era venta, porque don
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 245 Quixote la llamó assi, fuera del vso que tenia de llamar a todas las ventas castillos. Llegaron, pues, a ella, preguntaron al huesped si auia posada. Fueles respondido que si, con toda la comodidad y regalo que pudiera 5 hallar en Zaragoça. Apearonse, y recogio Sancho su reposteria en vn aposento, de quien el huesped le dio la llaue; lleuó las bestias a la caualleriza, echoles sus piensos, salio a ver lo que don Quixote, que estaua sentado sobre vn 10 poyo, le mandaua, dando particulares gracias al cielo de que a su amo no le huuiesse parecido castillo aquella venta. Llegose la hora del cenar, recogieronse a su estancia. Preguntó Sancho al huesped que qué 15 tenia para darles de cenar. A lo que el huesped respondio que su boca seria medida, y, assi, que pidiesse lo que quisiesse; que de las paxaricas del ayre, de las aues de la tierra y de los pescados del mar estaua proueyda 20 aquella venta. “No es menester tanto”, respondio Sancho; “que con vn par de pollos que nos assen, tendremos lo suficiente, porque mi señor es delicado y come poco, y yo no soy traganton en 25 demasia.” Respondiole el huesped que no tenia pollos, porque los milanos los tenian asolados. “Pues mande el señor huesped”, dixo Sancho, “assar vna polla que sea tierna.” 30 “¿Polla? ¡Mi padre!”, respondio el huesped; en verdad en verdad que enbie ayer a la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246 ciudad a vender mas de cincuenta; pero fuera de pollas pida vuessa merced lo que quisiere.” “Dessa manera”, dixo Sancho, “no faltará ternera o cabrito.” “En casa, por aora”, respondio el huesped, 5 “no lo ay, porque se ha acabado; pero la semana que viene lo aura de sobra.” “¡Medrados estamos con esso!”, respondio Sancho; “yo pondre que se (*) vienen a resumirse todas estas faltas en las sobras que deue 10 de auer de tocino y hueuos.” “Por Dios”, respondio el huesped, “que es gentil relente el que mi huesped tiene, pues hele dicho que ni tengo pollas ni gallinas, y quiere que tenga hueuos; discurra, si quisiere, 15 por otras delicadezas, y dexese de pedir gallinas.” “Resoluamonos, cuerpo de mi”, dixo Sancho, “y digame finalmente lo que tiene, y dexese de discurrimientos, señor huesped (*).” 20 Dixo el ventero: “Lo que real y verdaderamente tengo son dos vñas de vaca que parecen manos de ternera, o dos manos de ternera que parecen vñas de vaca; estan cozidas, con sus garuanços, 25 cebollas y tozino, y la hora de aora estan diziendo: «¡Coméme, coméme!».” “Por mias las marco desde aqui”, dixo Sancho, “y nadie las toque; que yo las pagaré mejor que otro, porque para mi ninguna otra cosa 30 pudiera esperar de mas gusto, y no se me daria nada que fuessen manos como fuessen vñas.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 247 “Nadie las tocará”, dixo el ventero, “porque otros huespedes que tengo, de puro principales, traen consigo cozinero, despensero y reposteria.” “Si por principales va”, dixo Sancho, 5 “ninguno mas que mi amo; pero el oficio que el trae no permite despensas ni botillerias; ai nos tendemos en mitad de vn prado, y nos hartamos de bellotas o de nisperos.” Esta fue la platica que Sancho tuuo con el 10 ventero, sin querer Sancho passar adelante en responderle; que ya le auia preguntado qué oficio o qué exercicio era el de su amo. Llegose, pues, la hora de (*) cenar, recogiose a su estancia don Quixote, truxo el huesped la 15 olla assi como estaua, y sentose a cenar muy de proposito. Parece ser que en otro aposento que junto al de don Quixote estaua, que no le diuidia mas que vn sutil tabique, oyo dezir don Quixote: 20 “Por vida de vuessa merced, señor don Geronimo, que en tanto que trae (*) la cena leamos otro capitulo de la Segunda parte de don Quixote de la Mancha.” Apenas oyo su nombre don Quixote, quando 25 se puso en pie, y con oydo alerto escuchó lo que del tratauan, y oyo que el tal don Geronimo referido respondio: “¿Para qué quiere vuessa merced, señor don Iuan, que leamos estos disparates [si] (*) el 30 que huuiere leydo la primera parte de la historia de don Quixote de la Mancha no es
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 248 possible que pueda tener gusto en leer esta segunda?” “Con todo esso”, dixo el don Iuan, “sera bien leerla, pues no ay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mi en este 5 mas desplaze es que pinta a don Quixote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso.” Oyendo lo qual don Quixote, lleno de ira y de despecho, alçó la voz, y dixo: “Quienquiera que dixere que don Quixote 10 de la Mancha ha oluidado, ni puede oluidar, a Dulcinea del Toboso, yo le hare entender con armas yguales que va muy lexos de la verdad, porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser oluidada, ni en don Quixote puede caber 15 oluido. Su blason es la firmeza, y su profession el guardarla con suauidad y sin hazerse fuerça alguna.” “¿Quién es el que nos responde?”, respondieron del otro aposento. 20 “¿Quién ha de ser”, respondio Sancho, “sino el mismo don Quixote de la Mancha, que hara bueno quanto ha dicho, y aun quanto dixere?; que al buen pagador no le duelen prendas.” Apenas huuo dicho esto Sancho, quando entraron 25 por la puerta de su aposento dos caualleros, que tales lo parecian, y vno dellos, echando los braços al cuello de don Quixote, le dixo: “Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuestro nombre puede no acreditar 30 vuestra presencia; sin duda vos, señor, soys el verdadero don Quixote de la Mancha,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 249 norte y luzero de la andante caualleria, a despecho y pesar del que ha querido vsurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aqui os entrego.” 5 Y, poniendole vn libro en las manos, que traia su compañero, le tomó don Quixote, y, sin responder palabra, començo a hojearle, y de alli a vn poco se le boluio, diziendo: “En esto poco que he visto he hallado tres 10 cosas en este autor, dignas de reprehension. La primera es algunas palabras que he leydo en el prologo. La otra, que el lenguage es aragones, porque tal vez escriue sin articulos (*); y la tercera, que mas le confirma por ignorante, 15 es que yerra y se desuia de la verdad en lo mas principal de la historia, porque aqui dize que la muger de Sancho Pança mi escudero se llama Mari Gutierrez (*), y no llama (*) tal, sino Teresa Pança; y quien en esta parte tan 20 principal yerra, bien se podra temer que yerra en todas las demas de la historia.” A esto dixo Sancho: “¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien deue de estar en el cuento de nuestros 25 sucessos, pues llama a Teresa Pança, mi muger, Mari Gutierrez! Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ay, y si me ha mudado el nombre.” “Por lo que he oydo hablar, amigo”, dixo 30 don Geronimo, “sin duda deueis de ser Sancho Pança, el escudero del señor don Quixote.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 250 “Si soy”, respondio Sancho, “y me precio dello.” “Pues a fe”, dixo el cauallero, “que no os trata este autor moderno con la limpieça que en vuestra persona se muestra: pintaos comedor 5 y simple, y no nada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de vuestro amo se descriue.” “Dios se lo perdone”, dixo Sancho; “dexarame en mi rincon, sin acordarse de mi, porque 10 quien las sabe las tañe, y bien se está San Pedro en Roma.” Los dos caualleros pidieron a don Quixote se passasse a su estancia a cenar con ellos; que bien sabian que en aquella venta no auia 15 cosas pertenecientes para su persona. Don Quixote, que siempre fue comedido, condecendio con su demanda, y cenó con ellos; quedose Sancho con la olla con mero mixto imperio (*); sentose en cabecera de mesa, y con el el 20 ventero, que no menos que Sancho estaua de sus manos y de sus vñas aficionado. En el discurso de la cena preguntó don Iuan a don Quixote qué nueuas tenia de la señora Dulcinea del Toboso, si se auia casado, si 25 estaua parida o preñada, o si estando en su entereza se acordaua --guardando su honestidad y buen decoro--, de los amorosos pensamientos del señor don Quixote. A lo que el respondio: 30 “Dulcinea se está entera, y mis pensamientos mas firmes que nunca; las correspondencias,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 251 en su sequedad antigua; su hermosura, en la de vna soez labradora transformada.” Y luego les fue contando punto por punto el encanto de la señora Dulcinea, y lo que le auia sucedido en la cueua de Montesinos, con 5 la orden que el sabio Merlin le auia dado, para desencantarla, que fue la de los açotes de Sancho. Sumo fue el contento que los dos caualleros recibieron de oyr contar a don Quixote los 10 estraños sucessos de su historia, y, assi, quedaron admirados de sus disparates, como del elegante modo con que los contaua. Aqui le tenian por discreto, y alli se les deslizaua por mentecato, sin saber determinarse qué grado le 15 darian entre la discrecion y la locura. Acabó de cenar Sancho, y, dexando hecho equis (*) al ventero, se passó a la estancia de su amo, y, en entrando, dixo: “Que me maten, señores, si el autor deste 20 libro que vuessas mercedes tienen [no] quiere que no comamos (*) buenas migas juntos; yo querria que ya que me llama comilon, como vuessas [mercedes] dizen, no me llamasse tambien borracho.” 25 “Si llama”, dixo don Geronimo; “pero no me acuerdo en qué manera, aunque se que son malsonantes las razones, y ademas, mentirosas, segun yo echo de ver en la fisonomia del buen Sancho, que está presente.” 30 “Creanme vuessas mercedes”, dixo Sancho, “que el Sancho y el don Quixote dessa historia
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252 deuen de ser otros que los que andan en aquella que compuso Cide Hamete Benengeli, que somos nosotros: mi amo, valiente, discreto y enamorado, y yo, simple, gracioso, y no comedor ni borracho.” 5 “Yo assi lo creo”, dixo don Iuan, “y si fuera possible, se auia de mandar que ninguno fuera osado a tratar de las cosas del gran don Quixote, si no fuesse Cide Hamete su primer autor; bien assi como mandó Alexandro que ninguno 10 fuesse osado a retratarle sino Apeles.” “Retrateme el que quisiere”, dixo don Quixote, “pero no me maltrate; que muchas vezes suele caerse la paciencia quando la cargan de injurias.” 15 “Ninguna”, dixo don Iuan, “se le puede hazer al señor don Quixote, de quien el no se pueda vengar, si no la repara en el escudo de su paciencia, que, a mi parecer, es fuerte y grande.” 20 En estas y otras platicas se passó gran parte de la noche, y aunque don Iuan quisiera que don Quixote leyera mas del libro, por ver lo que discantaua, no lo pudieron acabar con el, diziendo que el lo daua por leydo y lo 25 confirmaua por todo necio, y que no queria, si acaso llegasse a noticia de su autor que le auia tenido en sus manos, se alegrasse con pensar que le auia leydo, pues de las cosas obscenas y torpes los pensamientos se han de apartar, 30 quanto mas los ojos. Preguntaronle que adónde lleuaua determinado su viage. Respondio que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LIX p. 253 a Zaragoça a hallarse en las justas del arnes que en aquella ciu[d]ad suelen hazerse todos los años. Dixole don Iuan que aquella nueua historia contaua como do[n] Quixote, sea quien se quisiere, se auia hallado en ella en 5 vna sortija falta de inuencion, pobre de letras, pobrissima de libreas, aunque rica de simplicidades. “Por el mismo caso”, respondio don Quixote, “no pondre los pies en Zaragoça, y, assi, 10 sacaré a la plaça del mundo la mentira desse historiador moderno, y echarán de ver las gentes como yo no soy el don Quixote que el dize.” “Hara muy bien”, dixo don Geronimo; “y 15 otras justas ay en Barcelona, donde podra el señor don Quix[o]te mostrar su valor.” “Assi lo pienso hazer”, dixo don Quixote, “y vuessas mercedes me den licencia, pues ya es hora, para yrme al lecho, y me tengan y 20 pongan en el numero de sus mayores amigos y se[r]uidores.” “Y a mi tambien”, dixo Sancho; “quiça sere bueno para algo.” Con esto, se despidieron, y don Quixote y 25 Sancho se retiraron a su aposento, dexando a don Iuan y a don Geronimo admirados de ver la mezcla que auia hecho de su discrecion y de su locura, y verdaderamente creyeron que estos eran los verdaderos don Quixote y Sancho, 30 y no los que descriuia su autor aragones. Madrugó don Quixote, y, dando golpes al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254 tabique del otro aposento, se despidio de sus huespedes; pagó Sancho al ventero magnificamente, y aconsejole que alabasse menos la prouision de su venta, o la tuuiesse mas proueyda. 5
p. 255 Capitulo LX De lo que sucedio a don Quixote yendo a Barcelona. Era fresca la mañana, y daua muestras de serlo assimesmo el dia en que don Quixote 5 salio de la venta, informandose primero quál era el mas derecho camino para yr a Barcelona, sin tocar en Zaragoça; tal era el desseo que tenia de sacar mentiroso aquel (*) nueuo historiador que tanto dezian que le vituperaua. 10 Sucedio, pues, que en mas de seys dias no le sucedio cosa digna de ponerse en escritura, al cabo de los quales, yendo fuera de camino, le tomó la noche entre vnas espessas encinas, o alcornoques; que en esto no guarda la 15 puntualidad Cide Hamete que en otras cosas suele. Apearonse de sus bestias amo y moço, y acomodandose a los troncos de los arboles, Sancho, que auia merendado aquel dia, se dexó entrar de rondon por las puertas del sueño, 20 pero don Quixote, a quien desuelauan sus imaginaciones mucho mas que la hambre, no podia pegar sus ojos, antes yua y venia con el pensamiento por mil generos de lugares. Ya le parecia hallarse en la cueua de Montesinos (*); ya 25 ver brincar y subir sobre su pollina a la conuertida en labradora Dulcinea; ya que le sonauan en los oydos las palabras del sabio Merlin, que le referian las condiciones y diligencias que se auian [de] hazer (*) y tener en el desencanto de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256 Dulcinea. Desesperauase de ver la floxedad y caridad poca de Sancho su escudero, pues, a lo que creia, solos cinco açotes se auia dado, numero desigual y pequeño para los infinitos que le faltauan, y desto recibio tanta pesadumbre 5 y enojo, que hizo este discurso: “Si nudo gordiano cortó el Magno Alexandro, diziendo: «Tanto monta cortar como desatar», »y no por esso dexó de ser vniuersal señor de toda la Asia, ni mas ni menos podria 10 suceder aora en el desencanto de Dulcinea, si yo açotasse a Sancho a pesar suyo; que si la condicion deste remedio está en que Sancho reciba los tres mil y tantos açotes, ¿qué se me da a mi que se los de el, o que se los de otro, 15 pues la sustancia está en que el los reciba, lleguen por do llegaren?” Con esta imaginacion se llegó a Sancho, auiendo primero tomado las riendas de Rozinante, y, acomodadolas en modo que pudiesse 20 açotarle con ellas, començole a quitar las cintas, que es opinion que no tenia mas que la delantera, en que se sustentauan los greguescos; pero apenas huuo llegado, quando Sancho desperto en todo su acuerdo, y dixo: 25 “¿Qué es esto? ¿Quién me toca y desencinta?” “Yo soy”, respondio don Quixote, “que vengo a suplir tus faltas y a remediar mis trabajos; vengote a açotar, Sancho, y a descargar en parte la deuda a (*) que te obligaste. Dulcinea 30 perece, tu viues en descuydo, yo muero desseando, y, assi, desatacate por tu voluntad; que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 257 la mia es de darte en esta soledad por lo menos dos mil açotes.” “Esso no”, dixo Sancho; “vuessa merced se esté quedo: si no, por Dios verdadero que nos han de oyr los sordos. Los açotes a que yo me 5 obligué han de ser voluntarios, y no por fuerça, y aora no tengo gana de açotarme. Basta que doy a vuessa merced mi palabra de vapularme y mosquearme quando en voluntad me viniere.” 10 “No ay dexarlo a tu cortesia, Sancho”, dixo don Quixote, “porque eres duro de coraçon, y aunque villano, blando de carnes.” Y, assi, procuraua, y pugnaua por desenlazarle. Viendo lo qual Sancho Pança, se puso en 15 pie, y, arremetiendo a su amo, se abraçó con el a braço partido, y, echa[n]dole vna çan[ca]dilla, dio con el en el suelo boca arriba; pusole la rodilla derecha sobre el pecho, y con las manos le tenia las manos, de modo que ni le dexaua 20 rodear ni alentar. Don Quixote le dezia: “¿Cómo, traydor? ¿Contra tu amo y señor natural te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreues?” “Ni quito rey, ni pongo rey (*)”, respondio 25 Sancho, “sino ayudome a mi, que soy mi señor. Vuessa merced me prometa que se estara quedo y no tratará de açotarme por agora; que yo le dexaré libre y desembaraçado; donde no, aqui moriras, traydor, 30 enemigo de doña Sancha (*).”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258 Prometioselo don Quixote, y juró por vida de sus pensamientos no tocarle en el pelo de la ropa, y que dexaria en toda su voluntad y aluedrio el açotarse quando quisiesse. Leuantose Sancho, y desuiose de aquel lugar vn buen 5 espacio, y, yendo a arrimarse a otro arbol, sintio que le tocauan en la cabeça, y, alçando las manos, topó con dos pies de persona, con çapatos y calças. Temblo de miedo, acudio a otro arbol y sucediole lo mesmo; dio vozes, llamando 10 a don Quixote que le fauoreciesse. Hizolo (*) assi don Quixote, y, preguntandole qué le auia sucedido y de qué tenia miedo, le respondio Sancho que todos aquellos arboles estauan llenos de pies y de piernas humanas. Tentolos 15 don Quixote, y cayo luego en la cuenta de lo que podia ser, y dixole a Sancho: “No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no vees, sin duda son de algunos foragidos y vandoleros que en 20 estos arboles estan ahorcados; que por aqui los suele ahorcar la justicia, quando los coge, de veynte en veynte, y de treynta en treynta, por donde me doy a entender que deuo de estar cerca de Barcelona.” 25 Y assi era la verdad, como el lo auia imaginado. Al parecer (*), alçaron los ojos y vieron los razimos de aquellos arboles, que eran cuerpos de vandoleros. Ya, en esto, amanecia, y si los 30 muertos los auian espantado, no menos los atribularon mas de quarenta vandoleros viuos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 259 que de improuiso les rodearon, diziendoles en lengua catalana que estuuiessen quedos y se detuuiessen, hasta que llegasse su capitan. Hallose don Quixote a pie, su cauallo sin freno, su lança arrimada a vn arbol, y, 5 finalmente, sin defensa alguna, y, assi, tuuo por bien de cruzar las manos e inclinar la cabeça, guardandose para mejor sazon y coyuntura. Acudieron los vandoleros a espulgar al ruzio, y a no dexarle ninguna cosa de quantas en las 10 a[l]forjas y la maleta traia, y auinole bien a Sancho, que en vna ventrera (*) que tenia ceñida venian los escudos del duque y los que auian sacado de su tierra; y con todo esso, aquella buena gente le escardara y le mirara hasta lo 15 que entre el cuero y la carne tuuiera escondido, si no llegara en aquella sazon su capitan, el qual mostro ser de hasta edad de treynta y quatro años, robusto, mas que de mediana proporcion, de mirar graue y color morena. 20 Venia sobre vn poderoso cauallo, vestida la acerada cota, y con quatro pistoletes, que en aquella tierra se llaman pedreñales, a los lados. Vio que sus escuderos, que assi llaman a los que andan en aquel exercicio, yuan a despojar 25 a Sancho Pança; mandoles que no lo hiziessen, y fue luego obedecido, y, assi, se escapó la ventrera (*). Admirole ver lança arrimada al arbol, escudo en el suelo, y a don Quixote armado y pensatiuo, con la mas triste y 30 melancolica figura que pudiera formar la misma tristeza. Llegose a el, diziendole:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 260 “No esteis tan triste, buen hombre, porque no aueis caydo en las manos de algun cruel Osiris (*), sino en las de Roque Guinart (*), que tienen mas de compassiuas que de rigurosas.” “No es mi tristeza”, respondio don Quixote, 5 “auer caydo en tu poder, o valeroso Roque, cuya fama no ay limites en la tierra que la encierren, sino por auer sido tal mi descuydo, que me ayan cogido tus soldados sin el freno, estando yo obligado, segun la orden de la 10 andante caualleria, que professo, a viuir contino alerta, siendo a todas horas centinela de mi mismo; porque te hago saber, o gran Roque, que si me hallaran sobre mi cauallo, con mi lança y con mi escudo, no les fuera muy facil 15 rendirme: porque yo soy don Quixote de la Mancha, aquel que de sus hazañas tiene lleno todo el orbe.” Luego Roque Guinart conocio que la enfermedad de don Quixote tocaua mas en locura 20 que en valentia, y aunque algunas vezes le auia oydo nombrar, nunca tuuo por verdad sus hechos, ni se pudo persuadir a que semejante humor reynase en coraçon de hombre, y holgose en estremo de auerle encontrado, para 25 tocar de cerca lo que de lexos del auia oydo, y, assi, le dixo: “Valeroso cauallero, no os despecheis, ni tengais a siniestra fortuna esta en que os hallais; que podia ser que en estos tropieços 30 vuestra torcida suerte se endereçasse; que el cielo, por estraños y nunca vistos rodeos, de
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 261 los hombres no imaginados, suele leuantar los caydos y enriquezer los pobres.” Ya le yua a dar las gracias don Quixote, quando sintieron a sus espaldas vn ruydo como de tropel de cauallos, y no era sino vno 5 solo, sobre el qual venia a toda furia vn mancebo, al parecer, de hasta veynte años, vestido de damasco verde, con passamanos de oro, greguescos y saltaembarca (*), con sombrero terciado a la balona, botas enceradas y justas, 10 espuelas, daga y espada doradas, vna escopeta pequeña en las manos y dos pistolas a los lados. Al ruydo, boluio Roque la cabeça y vio esta hermosa figura, la qual, en llegando a el, dixo: 15 “En tu busca venia, o valeroso Roque, para hallar en ti, si no remedio, a lo menos aliuio en mi desdicha, y por no tenerte suspenso, porque se que no me has conocido, quiero dezirte quién soy; y (*) soy Claudia Geronima, hija de 20 Simon Forte, tu singular amigo, y enemigo particular de Clauquel Torrellas, que assimismo lo es tuyo por ser vno de los de tu contrario vando; y ya sabes que este Torrellas tiene vn hijo que don Vicente Torrellas se llama, o, a lo 25 menos, se llamaua no ha dos horas. Este, pues --por abreuiar el cuento de mi desuentura, te dire en breues palabras la que me ha causado--, viome, requebrome, escuchele, enamoreme a hurto de mi padre, porque no ay muger, 30 por retirada que esté y recatada que sea, a quien no le sobre tiempo para poner en execucion y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262 efecto sus atropellados desseos. Finalmente, el me prometio de ser mi esposo, y yo le di la palabra de ser suya, sin que en obras passassemos adelante. Supe ayer que, oluidado de lo que me deuia, se casaua con otra, y que esta 5 mañana yua a desposarse, nueua que me turbó el sentido y acabó la paciencia; y, por no estar mi padre en el lugar, le tuue yo de ponerme en el trage que vees, y, apresurando el paso a este cauallo, alcançé a don Vicente obra de vna 10 legua de aqui, y, sin ponerme a dar quexas ni a oyr disculpas, le disparé esta escopeta (*), y, por añadidura estas dos pistolas, y a lo que creo le deui de encerrar mas de dos balas en el cuerpo, abriendole puertas por donde embuelta 15 en su sangre saliesse mi honra. Alli le dexo entre sus criados, que no osaron ni pudieron ponerse en su defensa. Vengo a buscarte para que me passes a Francia, donde tengo parientes con quien viua, y, assimesmo, a rogarte 20 defiendas a mi padre, porque los muchos (*) de don Vicente no se atreuan a tomar en el desaforada vengança.” Roque, admirado de la gallardia, bizarria, buen talle y sucesso de la hermosa Claudia, 25 le dixo: “Ven, señora, y vamos a ver si es muerto tu enemigo; que despues veremos lo que mas te importare.” Don Quixote que estaua escuchando 30 atentamente lo que Claudia auia dicho y lo que Roque Guinart respondio, dixo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 263 “No tiene nadie para qué tomar trabajo en defender a esta señora; que lo tomo yo a mi cargo. Denme mi cauallo y mis armas, y esperrenme aqui; que yo yre a buscar a esse cauallero y, muerto o viuo, le hare cumplir la 5 palabra prometida a tanta belleza.” “Nadie dude de esto”, dixo Sancho, “porque mi señor tiene muy buena mano para casamentero, pues no ha muchos dias que hizo casar a otro que tambien negaua a otra donzella 10 su palabra, y si no fuera porque los encantadores que le persiguen le mudaron su verdadera figura en la de vn lacayo, esta fuera la hora que ya la tal donzella no lo fuera.” Roque, que atendia mas a pensar en el sucesso 15 de la hermosa Claudia que en las razones de amo y moço, no las entendio; y, mandando a sus escuderos que boluiessen a Sancho todo quanto le auian quitado del ruzio, mandandoles assimesmo que se retirassen a la 20 parte donde aquella noche auian estado aloxados, y (*) luego se partio con Claudia a toda priessa a buscar al herido o muerto don Vicente. Llegaron al lugar donde le encontro Claudia, y no hallaron en el sino rezien derramada sangre; 25 pero tendiendo la vista por todas partes, descubrieron por vn recuesto arriba alguna gente, y dieronse a entender, como era la verdad, que deuia ser don Vicente, a quien sus criados, o muerto o viuo, lleuauan, o para curarle o para enterrarle; 30 dieronse priessa a alcançarlos, que, como yuan de espacio, con facilidad lo hizieron (*).
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 264 Hallaron a don Vicente en los braços de sus criados, a quien con cansada y debilitada voz rogaua que le dexassen alli morir, porque el dolor de las heridas no consentia que mas adelante passasse. Arrojaronse de los cauallos 5 Claudia y Roque, llegaronse a el; temieron los criados la presencia de Roque, y Claudia se turbó en ver la de don Vicente, y, assi, entre enternecida y rigurosa se llegó a el, y, assiendole de las manos, le dixo: 10 “Si tu me dieras estas conforme a nuestro concierto, nunca tu te vieras en este paso.” Abrio los casi cerrados ojos el herido cauallero, y, conociendo a Claudia, le dixo: “Bien veo, hermosa y engañada señora, que 15 tu has sido la que me has muerto, pena no merecida ni deuida a mis desseos, con los quales, ni con mis obras, jamas quise ni supe ofenderte.” “Luego, ¿no es verdad”, dixo Claudia, “que 20 yuas esta mañana a desposarte con Leonora, la hija del rico Baluastro?” “No, por cierto”, respondio don Vicente; “mi mala fortuna le deuio de lleuar estas nueuas, para que, zelosa, me quitasses la vida, la qual 25 pues la dexo en tus manos y en tus braços, tengo mi suerte por venturosa. Y para assegurarte desta verdad, aprieta la mano y recibeme por esposo, si quisieres; que no tengo otra mayor satisfacion que darte del agrauio que 30 piensas que de mi has recebido.” Apretole la mano Claudia, y apretosele a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 265 ella el coraçon de manera, que sobre la sangre y pecho de don Vicente se quedó desmayada, y a el le tomó vn mortal parasismo. Confuso estaua Roque y no sabia qué hazerse. Acudieron los criados a buscar agua que echarles en 5 los rostros, y truxeronla, con que se los bañaron. Boluio de su desmayo Claudia, pero no de su parasismo don Vicente, porque se le acabó la vida. Visto lo qual de Claudia, auiendose enterado que ya su dulce (*) esposo no viuia, 10 rompio los ayres con suspiros, hirio los cielos con quexas, maltrató sus cabellos entregandolos al viento, afeó su rostro con sus propias manos, con todas las muestras de dolor y sentimiento que de vn lastimado pecho pudieran 15 imaginarse. “¡O cruel e inconsiderada muger”, dezia, “con qué facilidad te mouiste a poner en execucion tan mal pensamiento! ¡O fuerça rabiosa de los zelos, a qué desesperado fin conduzis a quien 20 os da acogida en su pecho! ¡O esposo mio, cuya desdichada suerte, por ser prenda mia, te ha lleuado del talamo a la sepultura!” Tales y tan tristes eran las quexas de Claudia, que sacaron las lagrimas de los ojos de 25 Roque, no acostumbrados a verterlas en ninguna ocasion. Llorauan los criados, desmayauase a cada paso Claudia, y todo aquel circuito parecia campo de tristeza y lugar de desgracia. Finalmente, Roque Guinart ordenó a los criados 30 de don Vicente que lleuassen su cuerpo al lugar de su padre, que estaua alli cerca, para
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266 que le diessen sepultura. Claudia dixo a Roque que querria yrse a vn monasterio donde era abadessa vna tia suya, en el qual pensaua acabar la vida, de otro mejor esposo y mas eterno acompañada. Alabole Roque su buen 5 proposito, ofreciosele de acompañarla hasta donde quisiesse, y de defender a su padre de los parientes (*) y de todo el mundo, si ofenderle quisiesse. No quiso su compañia Claudia en ninguna manera, y, agradeciendo sus ofrecimientos 10 con las mejores razones que supo, se despedio del llorando; los criados de don Vicente lleuaron su cuerpo, y Roque se boluio a los suyos, y este fin tuuieron los amores de Claudia Geronima. Pero, ¿qué mucho, si 15 texieron la trama de su lamentable historia las fuerças inuencibles y rigurosas de los zelos? Halló Roque Guinart a sus escuderos en la parte donde les auia ordenado, y a don Quixote 20 entre ellos sobre Rozinante, haziendoles vna platica en que les persuadia dexassen aquel modo de viuir tan peligroso assi para el alma como para el cuerpo; pero como los mas eran gascones, gente rustica y desbaratada, no les 25 entraua bien la platica de don Quixote. Llegado que fue Roque, preguntó a Sancho Pança si le auian buelto y restituydo las alhajas y presseas que los suyos del ruzio le auian quitado. Sancho respondio que si, sino que le faltauan tres 30 tocadores que valian tres ciudades. “¿Qué es lo que dizes, hombre?”, dixo vno
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 267 de los presentes; “que yo los tengo y no valen tres reales.” “Assi es”, dixo don Quixote, “pero estimalos mi escudero en lo que ha dicho, por auermelos dado quien me los dio.” 5 Mandoselos boluer al punto Roque Guinart, y, mandando poner los suyos en ala, mandó traer alli delante todos los vestidos, joyas y dineros, y todo aquello que desde la vltima reparticion auian robado, y, haziendo breuemente 10 el tanteo, boluiendo lo no repartible, y reduziendolo a dineros, lo repartio por toda su compañia con tanta legalidad y prudencia, que no pasó vn punto ni defraudó nada de la justicia distributiua. Hecho esto, con lo qual todos 15 quedaron contentos, satisfechos y pagados, dixo Roque a don Quixote: “Si no se guardasse esta puntualidad con estos, no se podria viuir con ellos.” A lo que dixo Sancho: 20 “Segun lo que aqui he visto es tan buena la justicia, que es necessaria que se vse aun entre los mesmos ladrones.” Oyolo vn escudero, y enarboló el mocho de vn arcabuz, con el qual sin duda le abriera la 25 cabeça a Sancho, si Roque Guinart no le diera vozes que se detuuiesse. Pasmose Sancho y propuso de no descosser los labios en tanto que entre aquella gente estuuiesse. Llegó, en esto, vno o algunos de aquellos escuderos que 30 estauan puestos por centinelas por los caminos, para ver la gente que por ellos venia y dar
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268 auiso a su mayor de lo que passaua, y este dixo: “Señor, no lexos de aqui, por el camino que va a Barcelona, viene vn gran tropel de gente.” A lo que respondio Roque: 5 “¿Has echado de ver si son de los que nos buscan, o de los que nosotros buscamos?” “No sino de los que buscamos”, respondio el escudero. “Pues salid todos”, replicó Roque, “y 10 trahedmelos aqui luego, sin que se os escape ninguno.” Hizieronlo assi, y, quedandose solos don Quixote, Sancho y Roque, aguardaron a ver lo que los escuderos traian, y en este entretanto 15 dixo Roque a don Quixote: “Nueua manera de vida le deue de parecer al señor don Quixote la nuestra, nueuas auenturas, nueuos sucessos, y todos peligrosos; y no me marauillo que assi le parezca, porque 20 realmente le confiesso que no ay modo de viuir mas inquieto ni mas sobresaltado que el nuestro. A mi me han puesto en el no se qué desseos de vengança, que tienen fuerça de turbar los mas sossegados coraçones; yo de mi natural 25 soy compassiuo y bien intencionado; pero, como tengo dicho, el querer vengarme de vn agrauio que se me hizo, assi da con todas mis buenas inclinaciones en tierra, que perseuero en este estado a despecho y pessar de lo que 30 entiendo. Y como vn abismo llama a otro y vn pecado a otro pecado, hanse eslabonado las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 269 venganças de manera, que no solo las mias, pero las agenas tomo a mi cargo. Pero Dios es seruido de que, aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confussiones, no pierdo la esperança de salir del a puerto seguro.” 5 Admirado quedó don Quixote de oyr hablar a Roque tan buenas y concertadas razones, porque el se pensaua que entre los de oficios semejantes de robar, matar y saltear, no podia auer alguno que tuuiesse buen discurso, y 10 respondiole: “Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad, y en querer tomar el enfermo las medicinas que el medico le ordena; vuessa merced está enfermo, conoce su dolencia, 15 y el cielo, o Dios, por mejor dezir, que es nuestro medico, le aplicará medicinas que le sanen, las quales suelen sanar poco a poco, y no de repente y por milagro; y mas, que los pecadores discretos estan mas cerca de 20 enmendarse que los simples, y pues vuessa merced ha mostrado en sus razones su prudencia, no ay sino tener buen animo y esperar mejoria de la enfermedad de su conciencia. Y si vuessa merced quiere ahorrar camino y ponerse con 25 facilidad en el de su saluacion, vengase conmigo; que yo le enseñaré a ser cauallero andante, donde se passan tantos trabajos y desuenturas, que, tomandolas por penitencia, en dos paletas le pondran en el cielo.” 30 Riose Roque del consejo de don Quixote, a quien, mudando platica, conto el tragico
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270 sucesso de Claudia Geronyma, de que le pessó en estremo a Sancho; que no le auia parecido mal la belleza, dessemboltura y brio de la moça. Llegaron, en esto, los escuderos de la pressa, trayendo consigo dos caualleros a cauallo 5 y dos peregrinos a pie, y vn coche de mugeres con hasta seis criados, que a pie y a cauallo las acompañauan, con otros dos moços de mulas que los caualleros traian. Cogieronlos los escuderos en medio, guardando vencidos y 10 vencedores gran silencio, esperando a que el gran Roque Guinart hablasse. El qual preguntó a los caualleros que quién eran y adónde yuan, y qué dinero lleuauan. Vno dellos le respondio: “Señor, nosotros somos dos capitanes de 15 infanteria española; tenemos nuestras compañias en Napoles y vamos a embarcarnos en quatro galeras que dizen estan en Barcelona, con orden de passar a Sicilia. Lleuamos hasta docientos o trecientos escudos, con que, a 20 nuestro parecer, vamos ricos y contentos, pues la estrecheça ordinaria de los soldados no permite mayores tesoros.” Preguntó Roque a los peregrinos lo mesmo que a los capitanes; fuele respondido que yuan 25 a embarcarse para passar a Roma, y que entre entrambos podian lleuar hasta sesenta reales. Quiso saber tambien quién yua en el coche y adónde, y el dinero que lleuauan; y vno de los de a cauallo dixo: 30 “Mi señora doña Guiomar de Quiñones, muger del regente de la Vicaria de Napoles, con
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 271 vna hija pequeña, vna donzella y vna dueña, son las que van en el coche; acompañamosla seis criados, y los dineros son seiscientos escudos.” “De modo”, dixo Roque Guinart, “que ya tenemos aqui nouecientos escudos y sesenta 5 reales; mis soldados deuen de ser hasta sesenta; mirese a cómo le cabe a cada vno, porque yo soy mal contador.” Oyendo dezir esto los salteadores, leuantaron la voz, diziendo: “¡Viua Roque Guinart 10 muchos años, a pessar de los lladres que su perdicion procuran!” Mostraron afligirse los capitanes, entristeziose la señora regenta y no se holgaron nada los peregrinos, viendo la confiscacion de sus 15 bienes. Tuuolos assi vn rato suspensos Roque; pero no quiso que passasse adelante su tristeza, que ya se podia conocer a tiro de arcabuz, y, boluiendose a los capitanes, dixo: “Vuessas mercedes, señores capitanes, por 20 cortesia sean seruidos de prestarme sesenta escudos, y la señora regenta ochenta para contentar esta esquadra que me acompaña; porque el abad de lo que canta yanta. Y luego puedense yr su camino libre y dessembaraçadamente, 25 con vn saluoconduto que yo les dare, para que si toparen otras de algunas esquadras mias, que tengo diuididas por estos contornos, no les hagan daño; que no es mi intencion de agrauiar a soldados, ni a muger alguna, 30 especialmente, a las que son principales.” Infinitas y bien dichas fueron las razones con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272 que los capitanes agradecieron a Roque su cortesia y liberalidad; que por tal la tuuieron en dexarles su mismo dinero. La señora doña Guiomar de Quiñones se quiso arrojar del coche para besar los pies y las manos del gran 5 Roque; pero el no lo consintio en ninguna manera; antes le pidio perdon del agrauio, que le [hazia] (*), forçado de cumplir con las obligaciones precissas de su mal oficio. Mandó la señora regenta a vn criado suyo diesse luego los 10 ochenta escudos que le auian repartido, y ya los capitanes auian dessembolsado los sesenta. Yuan los peregrinos a dar toda su miseria; pero Roque les dixo que se estuuiessen quedos, y, boluiendose a los suyos, les dixo: 15 “Destos escudos dos tocan a cada (*) vno, y sobran veynte; los diez se den a estos peregrinos, y los otros diez a este buen escudero, porque pueda dezir bien de esta auentura.” Y, trayendole adereço de escriuir, de que 20 siempre andaua proueydo Roque, les dio por escrito vn saluoconduto para los mayorales de sus esquadras, y, despidiendose dellos, los dexó yr libres y admirados de su nobleza, de su gallarda disposicion y estraño proceder, 25 teniendole mas por vn Alexandro Magno, que por ladron conocido. Vno de los escuderos dixo en su lengua gascona y catalana: “Este nuestro capitan mas es para frade, que para bandolero; si de aqui adelante quisiere 30 mostrarse liberal, sealo con su hazienda, y no con la nuestra.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LX p. 273 No lo dixo tan paso el desuenturado, que dexasse de oyrlo Roque, el qual, echando mano a la espada, le abrio la cabeça casi en dos partes, diziendole: “Desta manera castigo yo a los 5 deslenguados y atreuidos.” Pasmaronse todos y ninguno le osó dezir palabra; tanta era la obediencia que le tenian. Apartose Roque a vna parte y escriuio vna carta a vn su amigo, a Barcelona, dandole 10 auiso como estaua consigo el famoso don Quixote de la Mancha, aquel cauallero andante de quien tantas cosas se dezian, y que le hazia saber que era el mas gracioso y el mas entendido hombre del mundo, y que de alli a quatro 15 dias, que era el de San Iuan Bautista, se le pondria en mitad de la playa de la ciudad, armado de todas sus armas, sobre Rozinante su cauallo, y a su escudero Sancho sobre vn asno, y que diesse noticia desto a sus amigos los 20 Niarros, para que con el se solazassen; que el quisiera que carecieran deste gusto los Cadells (*), sus contrarios; pero que esto era impossible, a causa que las locuras y discreciones de don Quixote, y los donayres de su escudero 25 Sancho Pança no podian dexar de dar gusto general a todo el mundo. Despachó esta carta (*) con vno de sus escuderos que, mudando el trage de bandolero en el de vn labrador, entró en Barcelona y la dio a quien yua. 30
p. 274 Capitulo LXI De lo que le sucedio a don Quixote en la entrada de Barcelona, con otras [cosas] que tienen mas de lo verdadero que de lo discreto. 5 Tres dias y tres noches estuuo don Quixote con Roque, y si estuuiera trecientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida; aqui amanezian, aculla comian, vnas vezes huian sin saber de quién, y otras eperauan 10 sin saber a quién. Dormian en pie, interrompiendo el sueño, mudandose de vn lugar a otro. Todo era poner espias, escuchar centinelas, soplar las cuerdas de los arcabuzes, aunque traian pocos, porque todos (*) se seruian 15 de pedreñales. Roque passaua las noches apartado de los suyos en partes y lugares donde ellos no pudiessen saber donde estaua, porque los muchos bandos que el visorrey de Barcelona auia echado sobre su vida, le traian 20 inquieto y temeroso, y no se osaua fiar de ninguno, temiendo que los mismos suyos, o le auian de matar, o entregar a la justicia: vida, por cierto, miserable y enfadosa. En fin, por caminos desusados, por atajos y 25 sendas encubiertas partieron Roque, don Quixote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron a su playa la vispera de San Iuan, en la noche, y abraçando Roque a don Quixote y a Sancho, a quien dio los diez 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXI p. 275 escudos prometidos, que hasta entonces no se los auia dado, los dexó, con mil ofrecimientos que de la vna a la otra parte se hizieron. Boluiose Roque; quedose don Quixote esperando el dia, assi, a cauallo como estaua, y no tardó mucho 5 quando començo a descubrirse por los balcones del Oriente la faz de la blanca Aurora, alegrando las yeruas y las flores, en lugar de alegrar el oydo, aunque al mesmo instante alegraron tambien el oydo el son de muchas 10 chirimias y atabales, ruydo de cascaueles, «trapa, »trapa (*), aparta, aparta», de corredores que, al parecer, de la ciudad salian. Dio lugar la Aurora al sol, que, vn rostro (*) mayor que el de vna rodela, por el mas baxo orizonte poco a 15 poco se yua leuantando. Tendieron don Quixote y Sancho la vista por todas partes, vieron el mar hasta entonces dellos no visto; parecioles espaciosissimo y largo, harto mas que las lagunas de Ruydera que en la Mancha auian 20 visto; vieron las galeras que estauan en la playa, las quales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flamulas y gallardetes, que tremolauan al viento y bessauan y barrian el agua. Dentro sonauan clarines, trompetas y 25 chirimias, que cerca y lexos llenauan (*) el ayre de suaues y belicosos acentos. Començaron a mouerse y a (*) hazer modo de escaramuça por las sossegadas aguas, correspondiendoles casi al mismo modo infinitos caualleros que 30 de la ciudad, sobre hermosos cauallos y con vistosas libreas, salian. Los soldados de las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 276 galeras disparauan infinita artilleria, a quien respondian los que estauan en las murallas y fuertes de la ciudad; y la artilleria gruessa con espantoso estruendo rompia los vientos, a quien respondian los cañones de cruxia de las galeras. 5 El mar alegre, la tierra jocunda, el ayre claro, solo tal vez turbio del humo de la artilleria, parece que yua infundiendo y engendrando gusto subito en todas las gentes. No podia imaginar Sancho cómo pudiessen 10 tener tantos pies aquellos bultos que por el mar se mouian. En esto, llegaron corriendo con grita, lililies y algazara los de las libreas, adonde don Quixote suspenso y atonito estaua, y vno dellos, que era el auisado de Roque, dixo en 15 alta voz a don Quixote: “Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el norte de toda la caualleria andante, donde mas largamente se contiene. Bien sea venido, digo, el valeroso don 20 Quixote de la Mancha, no el falso, no el ficticio, no el apocrifo, que en falsas historias estos dias nos han mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos descriuio Cide Amete Benengeli, flor de los historiadores.” 25 No respondio don Quixote palabra, ni los caualleros esperaron a que la respondiesse, sino, boluiendose y reboluiendose con los demas que los seguian, començaron a hazer vn rebuelto caracol al derredor de don Quixote, el qual, 30 boluiendose a Sancho, dixo: “Estos bien nos han conocido; yo apostaré
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXI p. 277 que han leydo nuestra historia, y aun la del aragones recien impressa.” Boluio otra vez el cauallero que habló a don Quixote, y dixole: “Vuessa merced, señor don Quixote, se venga 5 con nosotros; que todos somos sus seruidores, y grandes amigos de Roque Guinart.” A lo que don Quixote respondio: “Si cortesias engendran cortesias, la vuestra, señor cauallero, es hija o parienta muy cercana 10 de las del gran Roque. Lleuadme do quisieredes, que yo no tendre otra voluntad que la vuestra, y mas, si la quer[e]is ocupar en vuestro seruicio.” Con palabras no menos comedidas que estas 15 le respondio el cauallero, y, encerrandole todos en medio, al son de las chirimias y de los atabales, se encaminaron con el a la ciudad; al entrar de la qual, el malo, que todo lo malo ordena, y los muchachos que son mas malos 20 que el malo, dos dellos, trauiessos y atreuidos, se entraron por toda la gente, y, alçando el vno de la cola del ruzio, y el otro la de Rocinante, les pusieron y encaxaron sendos manojos de aliagas (*). Sintieron los pobres animales 25 las nueuas espuelas, y, apretando las colas, aumentaron su disgusto de manera, que, dando mil corcobos, dieron con sus dueños en tierra. Don Quixote, corrido y afrentado, acudio a quitar el plumage de la cola de su matalote, y Sancho 30 el de su ruzio. Quisieran los que guiauan a don Quixote castigar el atreuimiento de los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278 muchachos, y no fue possible, porque se encerraron entre mas de otros mil que los seguian. Boluieron a subir don Quixote y Sancho; con (*) el mismo aplauso y musica llegaron a la casa de su guia, que era grande y principal, en fin, 5 como de cauallero rico, donde le dexaremos por agora, porque assi lo quiere Cide Hamete.
p. 279 Capitulo LXII Que trata de la auentura de la cabeça encantada, con otras niñerias que no pueden dexar de contarse. Don Antonio Moreno se llamaua el huesped 5 de don Quixote, cauallero rico y discreto, y amigo de holgarse a lo honesto y afable. El qual, viendo en su casa a don Quixote, andaua buscando modos como, sin su perjuyzio, sacasse a plaça sus locuras. Porque no son 10 burlas las que duelen, ni ay passatiempos que valgan si son con daño de tercero. Lo primero que hizo fue hazer dessarmar a don Quixote y sacarle a vistas con aquel su estrecho y acamuzado vestido --como ya (*) otras vezes le 15 hemos descrito y pintado-- a vn valcon que salia a vna calle de las mas principales de la ciudad, a vista de las gentes y de los muchachos que como a mona le mirauan. Corrieron de nueuo delante del los de las libreas, como si para el 20 solo, no para alegrar aquel festiuo dia, se las huuieran puesto. Y Sancho estaua contentissimo, por parecerle que se auia hallado, sin saber cómo ni cómo no, otras bodas de Camacho, otra casa como la de don Diego de 25 Miranda y otro castillo como el del duque. Comieron aquel dia con don Antonio algunos de sus amigos, honrando todos y tratando a don Quixote como a cauallero andante, de lo qual, hueco y pomposo, no cabia en si de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280 contento. Los donayres de Sancho fueron tantos, que de su boca andauan como colgados todos los criados de casa y todos quantos le oian. Estando a la messa, dixo don Antonio a Sancho: “Aca tenemos noticia, buen Sancho, que 5 sois tan amigo de manjar blanco y de albondiguillas (*), que si os sobran, las guardais en el seno para el otro dia.” “No, señor, no es assi”, respondio Sancho, “porque tengo mas de limpio que de goloso, y 10 mi señor don Quixote, que está delante, sabe bien que con vn puño de bellotas o de nueces nos solemos passar entrambos ocho dias. Verdad es que si tal vez me sucede que me den la vaquilla, corro con la soguilla; quiero dezir, 15 que como lo que me dan, y vso de los tiempos como los hallo; y quienquiera que huuiere dicho que yo soy comedor auentajado y no limpio, tengase por dicho que no acierta; y de otra manera dixera esto, si no mirara a las barbas 20 honradas que estan a la mesa.” “Por cierto”, dixo don Quixote, “que la parsimonia y limpieça con que Sancho come se puede escriuir y grauar en laminas de bronce, para que quede en memoria eterna en los siglos 25 venideros; verdad es que quando el tiene hambre parece algo tragon, porque come apriessa y masca a dos carrillos. Pero la limpieça siempre la tiene en su punto, y en el tiempo que fue gouernador aprendio a comer 30 a lo melindroso, tanto, que comia con tenedor las vuas, y aun los granos de la granada.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 281 “¿Cómo?”, dixo don Antonio; “¿gouernador ha sido Sancho?” “Si”, respondio Sancho, “y de vna insula llamada la Barataria; diez dias la gouerne a pedir de boca; en ellos perdi el sossiego y 5 aprendi a despreciar todos los gouiernos del mundo; sali huyendo della, cai en vna cueua donde me tuue por muerto, de la qual sali viuo por m[i]lagro.” Conto don Quixote por menudo todo el 10 sucesso del gouierno de Sancho, con que dio gran gusto a los oyentes. Leuantados los manteles, y tomando don Antonio por la mano a don Quixote, se entró con el en vn apartado aposento, en el qual no auia otra cosa de 15 adorno que vna mesa, al parecer, de jaspe, que sobre vn pie de lo mesmo se sostenia, sobre la qual estaua puesta al modo de las cabeças de los emperadores romanos, de los pechos arriba, vna que semejaua ser de bronce. 20 Passeose don Antonio con don Quixote por todo el aposento, rodeando muchas vezes la mesa, despues de lo qual dixo: “Agora, señor don Quixote, que estoy enterado que no nos oye y escucha alguno, y está 25 cerrada la puerta, quiero contar a vuessa merced vna de las mas raras auenturas, o, por mejor dezir, nouedades que imaginarse pueden, con condicion que lo que a vuessa merced dixere lo ha de depositar en los vltimos 30 retretes del secreto.” “Assi lo juro”, respondio don Quixote, “y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282 aun le echaré vna losa encima para mas seguridad; porque quiero que sepa vuessa merced, señor don Antonio --que ya sabia su nombre--, que está hablando con quien, aunque tiene oydos para oyr, no tiene lengua para 5 hablar; assi que con seguridad puede vuessa merced trasladar lo que tiene en su pecho en el mio y hazer cuenta que lo ha arrojado en los abismos del silencio.” “En fee de essa promessa”, respondio don 10 Antonio, “quiero poner a vuessa merced en admiracion con lo que viere y oyere, y darme a mi algun aliuio de la pena que me causa no tener con quien comunicar mis secretos, que no son para fiarse de todos.” 15 Suspenso estaua don Quixote, esperando en qué auian de parar tantas preuenciones. En esto, tomandole la mano don Antonio, se la passeó por la cabeça de bronce, y por toda la mesa, y por el pie de jaspe sobre que se 20 sostenia, y luego dixo: “Esta cabeça, señor don Quixote, ha sido hecha y fabricada por vno de los mayores encantadores y hechizeros (*) que ha tenido el mundo, que creo era polaco de nacion y 25 dicipulo del famoso Escotillo (*), de quien tantas marauillas se quentan, el qual estuuo aqui en mi casa, y por precio de mil escudos que le di labró esta cabeça que tiene propiedad y virtud de responder a quantas cosas al 30 oydo le preguntaren. Guardó rumbos, pintó caracteres, obseruó astros, miró puntos, y,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 283 finalmente, la sacó con la perfecion que veremos mañana; porque los viernes está muda, y oy, que lo es, nos ha de hazer esperar hasta mañana. En este tiempo podra vuessa merced preuenirse de lo que querra preguntar; que 5 por esperiencia se que dize verdad en quanto responde.” Admirado quedó don Quixote de la virtud y propiedad de la cabeça, y estuuo por no creer a don Antonio. Pero por ver quán poco tiempo 10 auia para hazer la experiencia, no quiso dezirle otra cosa sino que le agradecia el auerle descubierto tan gran secreto. Salieron del aposento, cerro la puerta don Antonio con llaue y fueronse a la sala donde los demas caualleros 15 estauan. En este tiempo les auia contado Sancho muchas de las auenturas y sucessos que a su amo auian acontecido. Aquella tarde sacaron a passear a don Quixote, no armado, sino de 20 rua, vestido vn balandran de paño leonado, que pudiera hazer sudar en aquel tiempo al mismo yelo. Ordenaron con sus criados que entretuuiessen a Sancho, de modo, que no le dexassen salir de casa. Yua don Quixote, no 25 sobre Rocinante, sino sobre vn gran macho de paso llano y muy bien adereçado. Pusieronle el balandran, y en las espaldas, sin que lo viesse, le cosieron vn pargamino donde le escriuieron con letras grandes: Este es don 30 Quixote de la Mancha. En començando el passeo, lleuaua el retulo los ojos de quantos venian a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284 verle, y como leian: Este es don Quixote de la Mancha, admirauase don Quixote de ver que quantos le mirauan le nombrauan y conocian; y, boluiendose a don Antonio, que yua a su lado, le dixo: 5 “Grande es la prerrogatiua que encierra en si la andante caualleria, pues haze conocido y famoso al que la professa por todos los terminos de la tierra. Si no, mire vuessa merced, señor don Antonio, que hasta los muchachos 10 desta ciudad, sin nunca auerme visto, me conocen.” “Assi es, señor don Quixote”, respondio don Antonio; “que assi como el fuego no puede estar escondido y encerrado, la virtud no 15 puede dexar de ser conocida, y la que se alcança por la profession de las armas resplandece y campea sobre todas las otras.” Acaecio, pues, que yendo don Quixote con el aplauso que se ha dicho, vn castellano que 20 leio el retulo de las espaldas, alçó la voz, diziendo: “¡Valgate el diablo por don Quixote de la Mancha! ¿Cómo que hasta aqui has llegado sin auerte muerto los infinitos palos que tienes 25 acuestas? Tu eres loco, y si lo fueras a solas y dentro de las puertas de tu locura, fuera menos mal; pero tienes propiedad de boluer locos y mentecatos a quantos te tratan y comunican; si no, mirenlo por estos señores que te 30 acompañan. Bueluete, mentecato, a tu casa, y mira por tu hazienda, por tu muger y tus hijos, y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 285 dexate destas vaziedades que te carcomen el sesso y te desnatan el entendimiento.” “Hermano”, dixo don Antonio, “seguid vuestro camino y no deis consejos a quien no os los pide; el señor don Quixote de la 5 Mancha es muy cuerdo y nosotros, que le acompañamos, no somos necios; la virtud se ha de honrar dondequiera que se hallare, y andad enhoramala, y no os metais donde no os llaman.” 10 “Pardiez, vuessa merced tiene razon”, respondio el castellano; “que aconsejar a este buen hombre es dar coces contra el aguijon; pero, con todo esso, me da muy gran lastima que el buen ingenio que dizen que tiene en 15 todas las cosas este mentecato, se le dessague por la canal de su andante caualleria; y la enhoramala que vuessa merced dixo sea para mi y para todos mis descendientes si de oy mas, aunque viuiesse mas años que Matusalen, 20 diere consejo a nadie, aunque me lo pida.” Apartose el consejero, siguio adelante el passeo; pero fue tanta la priessa (*) que los muchachos y toda la gente tenia leyendo el retulo, que se le huuo de quitar don Antonio, 25 como que le quitaua otra cosa. Llegó la noche, boluieronse a casa, huuo sarao de damas, porque la muger de don Antonio, que era vna señora principal y alegre, hermosa y discreta, combidó a otras sus amigas a que viniessen a 30 honrar a su huesped y a gustar de sus nunca vistas locuras. Vinieron algunas, cenose
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 286 esplendidamente y començose el sarao casi a las diez de la noche. Entre las damas auia dos de gusto picaro, y burlonas, y con ser muy honestas, eran algo descompuestas, por dar lugar que las burlas alegrassen sin enfado. Estas 5 dieron tanta priessa en sacar a dançar a don Quixote, que le molieron, no solo el cuerpo, pero el anima; era cosa de ver la figura de don Quixote, largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho en el vestido, dessayrado, y, sobre todo, 10 no nada ligero. Requebrauanle como a hurto las damiselas, y el, tambien como a hurto, las desdeñaua; pero viendose apretar de requiebros, alçó la voz, y dixo: “Fugite, partes aduersae (*). ¡Dexadme en 15 mi sossiego, pensamientos mal venidos! Alla os auenid, señoras, con vuestros desseos; que la que es reyna de los mios, la sin par Dulcinea del Toboso, no consiente que ningunos otros que los suyos me auassallen y rindan.” 20 Y, diziendo esto, se sento en mitad de la sala en el suelo, molido y quebrantado de tan baylador exercicio. Hizo don Antonio que le lleuassen en pesso a su lecho, y el primero que assio del fue Sancho, diziendole: 25 “¡Nora en tal, señor nuestro amo, lo aueis baylado! ¿Pensais que todos los valientes son dançadores, y todos los andantes caualleros baylarines? Digo que si lo pensais, que estays engañado: hombre ay que se atreuera a matar 30 a vn gigante antes que hazer vna cabriola; si huuierades de çapatear, yo supliera vuestra
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 287 falta, que çapateo como vn girifalte; pero en lo del dançar no doy puntada.” Con estas y otras razones dio que reyr Sancho a los del sarao, y dio con su amo en la cama, arropandole para que sudasse la 5 frialdad de su bayle. Otro dia le parecio a don Antonio ser bien hazer la experiencia de la cabeça encantada, y con don Quixote, Sancho y otros dos amigos, con las dos señoras que auian molido a don 10 Quixote en el bayle, que aquella propia noche se auian quedado con la muger de don Antonio, se encerro en la estancia donde estaua la cabeça. Contoles la propiedad que tenia, encargoles el secreto y dixoles que aquel era el 15 primero dia donde se auia de prouar la virtud de la tal cabeça encantada. Y si no eran los dos amigos de don Antonio, ninguna otra persona sabia el busilis del encanto, y aun si don Antonio no se le huuiera descubierto primero 20 a sus amigos, tambien ellos cayeran en la admiracion en que los demas cayeron, sin ser possible otra cosa; con tal traça y tal orden estaua fabricada. El primero que se llegó al oydo de la cabeça 25 fue el mismo don Antonio, y dixole en voz sumissa, pero no tanto que de todos no fuesse entendida: “Dime, cabeça, por la virtud que en ti se encierra, ¿qué pensamientos tengo yo 30 agora?” Y la cabeça le respondio, sin mouer los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288 labios, con voz clara y distinta, de modo, que fue de todos entendida, esta razon: “Yo no juzgo de pensamientos.” Oyendo lo qual todos quedaron atonitos, y mas, viendo que en todo el aposento ni al 5 derredor de la mesa no auia persona humana que responder pudiesse. “¿Quántos estamos aqui?”, tornó a preguntar don Antonio, y fuele respondido por el propio tenor, paso: 10 “Estais tu y tu muger, con dos amigos tuyos, y dos amigas della, y vn cauallero famoso llamado don Quixote de la Mancha, y vn su escudero que Sancho Pança tiene por nombre.” 15 ¡Aqui si que fue el admirarse de nueuo; aqui si que fue el erizarse los cabellos a todos, de puro espanto! Y, apartandose don Antonio de la cabeça, dixo: “¡Esto me basta para darme a entender que 20 no fui engañado del que te me vendio, cabeça sabia, cabeça habladora, cabeça respondona, y admirable cabeça! Llegue otro, y preguntele lo que quisiere.” Y como las mugeres de ordinario son 25 presurossas y amigas de saber, la primera que se llegó fue vna de las dos amigas de la muger de don Antonio, y lo que le preguntó fue: “Dime, cabeça, ¿qué hare yo para ser muy hermosa?” 30 Y fuele respondido: “Se muy honesta.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 289 “No te pregunto mas”, dixo la preguntanta. Llegó luego la compañera, y dixo: “Querria saber, cabeça, si mi marido me quiere bien o no.” Y respondieronle: 5 “Mira las obras que te haze, y hecharlo has de ver.” Apartose la casada, diziendo: “Esta respuesta no tenia necessidad de pregunta, porque, en efecto, las obras que se 10 hazen declaran la voluntad que tiene el que las haze.” Luego llegó vno de los dos amigos de don Antonio, y preguntole: “¿Quién soy yo?” 15 Y fuele respondido: “Tu lo sabes.” “No te pregunto esso”, respondio el cauallero, “sino que me digas si me conoces tu.” “Si conozco”, le respondieron; “que eres don 20 Pedro Noriz.” “No quiero saber mas, pues esto basta para entender, o cabeça, que lo sabes todo.” Y, apartandose, llegó el otro amigo, y preguntole: 25 “Dime, cabeça, ¿qué desseos tiene mi hijo el mayorazgo?” “Ya yo he dicho”, le respondieron, “que yo no juzgo de desseos; pero con todo esso te se dezir que los que tu hijo tiene son de 30 enterrarte.” “Esso es”, dixo el cauallero: “lo que veo por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290 los ojos con el dedo lo señalo; y no pregunto mas.” Llegose la muger de don Antonio, y dixo: “Yo no se, cabeça, qué preguntarte; solo querria saber de ti, si gozaré muchos años de 5 buen marido.” Y respondieronle: “Si gozarás, porque su salud y su templança en el viuir prometen muchos años de vida, la qual muchos suelen acortar por su 10 destemplança.” Llegose luego don Quixote, y dixo: “Dime tu, el que respondes: ¿fue verdad, o fue sueño lo que yo cuento que me passó en la cueua de Montesinos? ¿Seran ciertos los 15 açotes de Sancho mi escudero? ¿Tendra efeto el dessencanto de Dulcinea?” “A lo de la cueua”, respondieron, “ay mucho que dezir: de todo tiene; los açotes de Sancho yran de espacio; el dessencanto de Dulcinea 20 llegará a deuida execucion.” “No quiero saber mas”, dixo don Quixote; “que como yo vea a Dulcinea desencantada, hare cuenta que vienen de golpe todas las venturas que acertare a dessear.” 25 El vltimo preguntante fue Sancho, y lo que preguntó fue: “Por ventura, cabeça, ¿tendre otro gouierno? ¿Saldre de la estrecheza de escudero? ¿Boluere a ver a mi muger y a mis hijos?” 30 A lo que le respondieron: “Gouernarás en tu casa, y si buelues a ella,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 291 veras a tu muger y a tus hijos, y, dexando de seruir, dexarás de ser escudero.” “¡Bueno, par Dios!”, dixo Sancho Pança. “Esto yo me lo dixera. No dixera mas el profeta Perogrullo.” 5 “Bestia”, dixo don Quixote, “¿qué quieres que te respondan? ¿No basta que las respuestas que esta cabeça ha dado correspondan a lo que se le pregunta?” “Si basta”, respondio Sancho; “pero quisiera 10 yo que se declarara mas y me dixera mas.” Con esto se acabaron las preguntas y las respuestas. Pero no se acabó la admiracion en que todos quedaron, excepto los dos amigos de don Antonio, que el caso sabian. El qual quiso 15 Cide Hamete Benengeli declarar luego, por no tener suspenso al mundo, creyendo que algun hechizero y extraordinario misterio en la tal cabeça se encerraua, y, assi, dize que don Antonio Moreno, a imitacion de otra cabeça que 20 vio en Madrid, fabricada por vn estampero, hizo esta en su casa para entretenerse y suspender a los ignorantes, y la fabrica era de esta suerte: la tabla de la mesa era de palo, pintada y barniçada como jaspe, y el pie sobre 25 que se sostenia era de lo mesmo, con quatro garras de aguila que del salian para mayor firmeza del peso. La cabeça, que parecia medalla y figura de emperador romano y de color de bronze, estaua toda hueca, y ni mas ni 30 menos la tabla de la mesa, en que se encaxaua tan justamente, que ninguna señal de juntura
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292 se parecia. El pie de la tabla era ansimesmo hueco, que respondia a la garganta y pechos de la cabeça, y todo esto venia a responder a otro aposento que debaxo de la estancia de la cabeça estaua. Por todo este hueco de pie, 5 mesa, garganta y pechos de la medalla y figura referida se encaminaua vn cañon de hoja de lata muy justo, que de nadie podia ser visto; en el aposento de abaxo correspondiente al de arriba se (*) ponia el que auia de responder, 10 pegada la boca con el mesmo cañon, de modo, que a modo de ceruatana yua la voz de arriba abaxo y de abaxo arriba, en palabras articuladas y claras, y de esta manera no era possible conocer el embuste. Vn sobrino de don Antonio, 15 estudiante agudo y discreto, fue el respondiente, el qual estando auisado de su señor tio de los que auian de entrar con el en aquel dia en el aposento de la cabeça, le fue facil responder con presteza y puntualidad a la 20 primera (*) pregunta; a las demas respondio por congeturas, y, como discreto, discretamente. Y dize mas Cide Hamete (*): que hasta diez o doze dias duró esta marauillosa maquina; pero que diuulgandose por la ciudad que don Antonio 25 tenia en su casa vna cabeça encantada, que a quantos le preguntauan respondia, temiendo no llegasse a los oydos de las despiertas centinelas de nuestra Fe, auiendo declarado el caso a los señores inquisidores, le mandaron que lo 30 deshiziesse y no passasse mas adelante, porque el vulgo ignorante no se escandalizasse;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 293 pero en la opinion de don Quixote y de Sancho Pança la cabeça quedó por encantada y por respondona, mas a satisfacion de don Quixote, que de Sancho. Los caualleros de la ciudad por complazer a 5 don Antonio y por agassajar a don Quixote y dar lugar a (*) que descubriesse sus sandezes, ordenaron de correr sortija de alli a seys dias, que no tuuo efecto por la ocasion que se dira adelante. Diole gana a don Quixote de passear 10 la ciudad a la llana y a pie, temiendo que si yua a cauallo le auian de perseguir los mochachos, y, assi, el y Sancho con otros dos criados que don Antonio le dio salieron a passearse. Sucedio, pues, que yendo por vna calle, alçó 15 los ojos don Quixote y vio escrito sobre vna puerta, con letras muy grandes: Aqui se imprimen libros, de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no auia visto emprenta alguna, y desseaua saber cómo fuesse (*). Entró 20 dentro con todo su acompañamiento, y vio tirar en vna parte, corregir en otra, componer en esta, enmendar en aquella, y, finalmente, toda aquella maquina que en las emprentas grandes se muestra. Llegauase don Quixote a 25 vn cajon y preguntaua qué era aquello que alli se hazia; dauanle cuenta los oficiales, admirauase y passaua adelante. Llegó en otras (*) a vno, y preguntole qué era lo que hazia. El oficial le respondio: 30 “Señor, este cauallero que aqui está --y enseñole a vn hombre de muy buen talle y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294 parecer y de alguna grauedad--, ha traduzido vn libro toscano en nuestra lengua castellana, y estoyle yo componiendo, para darle a la estampa.” “¿Qué titulo tiene el libro?”, preguntó don 5 Quixote. A lo que el autor respondio: “Señor, el libro en toscano se llama Le Bagatele (*).” “Y ¿qué responde Le Bagatele en nuestro 10 castellano?”, preguntó don Quixote. “Le Bagatele”, dixo el autor, “es como si en castellano dixessemos los jug[u]etes; y aunque este libro es en el nombre humilde, contiene y encierra en si cosas muy buenas y 15 sustanciales.” “Yo”, dixo don Quixote, “se algun tanto de el toscano, y me precio de cantar algunas estancias del Ariosto; pero digame vuessa merced, señor mio, y no digo esto porque quiero 20 examinar el ingenio de vuessa merced, sino por curiosidad no mas: ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar piñata?” “Si, muchas vezes”, respondio el autor. “Y ¿cómo la traduze vuessa merced en 25 castellano?”, preguntó don Quixote. “¿Cómo la auia de traduzir?”, replicó el autor, “sino diziendo olla.” “¡Cuerpo de tal”, dixo don Quixote, “y qué adelante está vuessa merced en el toscano 30 ydioma! Yo apostaré vna buena apuesta que adonde diga en el toscano piache, dize vuessa
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 295 merced en el castellano plaze, y adonde diga piu, dize mas, y el su declara con arriba, y el giu con abaxo.” “Si declaro, por cierto”, dixo el autor, “porque essas son sus propias correspondencias.” 5 “Ossaré yo jurar”, dixo don Quixote, “que no es vuessa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades ay perdidas por ay, qué de ingenios 10 arrinconados, qué de virtudes menospreciadas! Pero, con todo esto, me parece que el traduzir de vna lengua en otra, como no sea de las reynas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el rebes; 15 que aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traduzir de lenguas faciles ni arguye ingenio ni elocucion, como no le arguye el que traslada ni el que copia vn 20 papel de otro papel. Y no por esto quiero inferir que no sea loable este exercicio del traduzir, porque en otras cosas peores se podria ocupar el hombre y que menos prouecho le truxessen. Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores, 25 el vno, el doctor Christoual de Figueroa, en su Pastor Fido, y el otro, don Iuan de Xaurigui, en su Aminta (*), donde felizmente ponen en duda quál es la traduzion o quál el original. Pero digame vuessa merced, este libro 30 ¿imprimese por su cuenta, o tiene ya vendido el priuilegio a algun librero?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296 “Por mi cuenta lo imprimo”, respondio el autor, “y pienso ganar mil ducados, por lo menos, con esta primera impression, que ha de ser de dos mil cuerpos, y se han de despachar a seys reales cada vno, en daca las pajas.” 5 “Bien está vuessa merced en la cuenta”, respondio don Quixote; “bien parece que no sabe las entradas y salidas de los impressores, y las correspondencias que ay de vnos a otros; yo le prometo que quando se vea cargado de 10 dos mil cuerpos de libros, vea tan molido su cuerpo, que se espante, y mas si el libro es vn poco abieso, y no nada picante.” “Pues ¿qué?”, dixo el autor; “¿quiere vuessa merced que se lo de a vn librero que me de 15 por el priuilegio tres marauedis, y aun piensa que me haze merced en darmelos? Yo no imprimo mis libros para alcançar fama en el mundo, que ya en el soy conocido por mis obras; prouecho quiero, que sin el no vale vn 20 quatrin la buena fama.” “Dios le de a vuessa merced buena manderecha”, respondio don Quixote. Y passó adelante a otro cajon, donde vio que estauan corrigiendo vn pliego de vn libro 25 que se intitulaua Luz del alma (*), y, en viendole, dixo: “Estos tales libros, aunque ay muchos deste genero, son los que se deuen imprimir, porque son muchos los pecadores que se vsan, y son 30 menester infinitas luzes para tantos desalumbrados.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXII p. 297 Passó adelante y vio que assimesmo estauan corrigiendo otro libro, y, preguntando su titulo, le respondieron que se llamaua la Segunda parte del ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha, compuesta por vn tal vezino de 5 Tordesillas. “Ya yo tengo noticia deste libro”, dixo don Quixote, “y en verdad y en mi conciencia que pense que ya estaua quemado y echo poluos por impertinente; pero su San Martin se le 10 llegará como a cada puerco; que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleytables quanto se llegan a la verdad o la semejança della, y las verdaderas tanto son mejores quanto son mas verdaderas.” 15 Y diziendo esto, con muestras de algun despecho, se salio de la emprenta. Y aquel mesmo dia ordenó don Antonio de lleuarle a ver las galeras que en la playa estauan, de que Sancho se regozijó mucho, a causa que en su vida las 20 auia visto. Auisó don Antonio al quatraluo de las galeras como aquella tarde auia de lleuar a verlas a su huesped el famoso don Quixote de la Mancha, de quien ya el quatraluo y todos los vezinos de la ciudad tenian noticia, 25 y lo que le sucedio en ellas se dira en el siguiente capitulo.
p. 298 Capitulo LXIII De lo mal que le auino a Sancho Pança con la visita de las galeras, y la nueua auentura de la hermosa morisca. Grandes eran los discursos que don Quixote 5 hazia sobre la respuesta de la encantada cabeça, sin que ninguno dellos diesse en el embuste, y todos parauan con la promessa, que el tuuo por cierto, del desencanto de Dulcinea. Alli yua y venia, y se alegraua entre si mismo, 10 creyendo que auia de ver presto su cumplimiento, y Sancho, aunque aborrecia el ser gouernador, como queda dicho, todauia desseaua boluer a mandar y a ser obedecido; que esta mala ventura trae consigo el mando, aunque 15 sea de burlas. En resolucion, aquella tarde don Antonio Moreno su huesped, y sus dos amigos, con don Quixote y Sancho fueron a las galeras. El quatraluo, que estaua auisado de su buena venida 20 (*), por ver a los dos tan famosos Quixote y Sancho; apenas llegaron a la marina, quando todas las galeras abatieron tienda, y sonaron las chirimias; arrojaron luego el esquife al agua, cubierto de ricos tapetes y de almohadas de 25 terciopelo carmesi, y, en poniendo que puso los pies en el don Quixote, disparó la capitana el cañon de cruxia, y las otras galeras hizieron lo mesmo, y al subir don Quixote por la escala derecha, toda la chusma le saludó, como es 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 299 vsança quando vna persona principal entra en la galera, diziendo: «Hu, hu, hu» (*), tres vezes. Diole la mano el general, que con este nombre le llamaremos, que era vn principal cauallero valenciano (*); abraçó a don Quixote, 5 diziendole: “Este dia señalaré yo con piedra blanca, por ser vno de los (*) mejores que pienso lleuar en mi vida, auiendo visto al señor don Quixote de la Mancha: tiempo y señal que nos muestra 10 que en el se encierra y cifra todo el valor del (*) andante caualleria.” Con otras no menos corteses razones le respondio don Quixote, alegre sobremanera de verse tratar tan a lo señor. Entraron todos en 15 la popa, que estaua muy bien adereçada, y sentaronse por los bandines; passose el comitre en cruxia, y dio señal con el pito que la chusma hiziesse fueraropa, que se hizo en vn instante. Sancho, que vio tanta gente en 20 cueros, quedó pasmado, y mas quando vio hazer tienda con tanta priessa, que a el le parecio que todos los diablos andauan alli trabajando; pero esto todo fueron tortas y pan pintado, para lo que aora dire. Estaua Sancho sentado 25 sobre el estanterol, junto al espaldar (*) de la mano derecha, el qual, ya auisado de lo que auia de hazer, assio de Sancho, y, leuantandole en los braços, toda la chusma puesta en pie y alerta, començando de la derecha vanda, le 30 fue dando y bolteando sobre los braços de la chusma de banco en banco, con tanta priessa,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300 que el pobre Sancho perdio la vista de los ojos, y sin duda penso que los mismos demonios le lleuauan, y no pararon con el hasta boluerle por la siniestra vanda y ponerle en la popa. Quedó el pobre molido y jadeando y 5 trassudando, sin poder imaginar qué fue lo que sucedido le auia. Don Quixote, que vio el buelo sin alas de Sancho, preguntó al general si eran ceremonias aquellas que se vsauan con los primeros 10 que entrauan en las galeras; porque si acaso lo fuesse, el, que no tenia intencion de professar en ellas, no queria haze[r] semejantes exercicios, y que votaua a Dios que si alguno llegaua a assirle para boltearle, que le auia de sacar 15 el alma a puntillazos; y, diziendo esto, se leuantó en pie y empuñó la espada. A este instante abatieron tienda, y con grandissimo ruydo dexaron caer la entena de alto abaxo. Penso Sancho que el cielo se desencaxaua 20 de sus quizios y venia a dar sobre su cabeça; y, agouiandola lleno de miedo, la puso entre las piernas. No las tuuo todas consigo don Quixote, que tambien se estremecio y encogio de ombros y perdio la color del rostro. 25 La chusma hizo la entena con la misma priessa y ruydo que la auian amaynado, y todo esto, callando, como si no tuuieran voz ni aliento. Hizo señal el comitre que zarpassen el ferro, y, saltando en mitad de la cruxia con el coruacho 30 o rebenque, començo a mosquear las espaldas de la chusma, y a largarse poco a poco
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 301 a la mar. Quando Sancho vio a vna mouerse tantos pies colorados, que tales penso el que eran los remos, dixo entre si: “Estas si son verdaderamente cosas encantadas, y no las que mi amo dize. ¿Qué han 5 hecho estos desdichados, que ansi los açotan, y cómo este hombre solo que anda por aqui siluando tiene atreuimiento para açotar a tanta gente? Aora yo digo que este es infierno, o, por lo menos, el purgatorio.” 10 Don Quixote, que vio la atencion con que Sancho miraua lo que passaua, le dixo: “¡A, Sancho amigo, y con qué breuedad y quán a poca costa os podiades vos, si quisiessedes, desnudar de medio cuerpo arriba, y 15 poneros entre estos señores, y acabar con el desencanto de Dulcinea! Pues con la miseria y pena de tantos, no sentiriades vos mucho la vuestra; y mas que podria ser que el sabio Merlin tomasse en cuenta cada açote destos, 20 por ser dados de buena mano, por diez de los que vos finalmente os aueis de dar.” Preguntar queria el general, qué açotes eran aquellos, o qué desencanto de Dulcinea, quando dixo el marinero: 25 “Señal haze Monjui de que ay baxel de remos en la costa, por la vanda del poniente.” Esto oydo, saltó el general en la cruxia y dixo: “¡Ea, hijos, no se nos vaya! Algun vergantin 30 de cossarios de Argel deue de ser este que la atalaya nos señala.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 302 Llegaronse luego las otras tres galeras a la capitana, a saber lo que se les ordenaua. Mandó el general que las dos saliessen a la mar, y el con la otra yria tierra a tierra, porque ansi el baxel no se les escaparia. Apretó la chusma 5 los remos, impeliendo las galeras con tanta furia que parecia que bolauan. Las que salieron a la mar, a obra de dos millas, descubrieron vn baxel, que con la vista le marcaron por de hasta catorze o quinze bancos, y, assi era la 10 verdad; el qual baxel, quando descubrio las galeras, se puso en caça, con intencion y esperança de escaparse por su ligereza; pero auinole mal, porque la galera capitana era de los mas ligeros baxeles que en la mar nauegauan, 15 y, assi, le fue entrando, que claramente los del vergantin conocieron que no podian escaparse, y, assi, el arraez quisiera que dexaran los remos y se entregaran, por no irritar a enojo al capitan que nuestras galeras regia. Pero la 20 suerte, que de otra manera lo guiaua, ordenó que ya que la capitana llegaua tan cerca, que podian los del baxel oyr las vozes que desde ella les dezian que se rindiessen, dos toraquis (*), que es como dezir dos turcos, 25 borrachos, que en el vargantin venian con estos doze, dispararon dos escopetas, con que dieron muerte a dos soldados que sobre nuestras arrumbadas venian. Viendo lo qual, juró el general de no dexar con vida a todos quantos 30 en el baxel tomasse, y, llegando a enuestir con toda furia, se le escapó por debaxo de la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 303 palamenta. Passo la galera adelante vn buen trecho; los del baxel se vieron perdidos, hizieron vela en tanto que la galera boluia, y de nueuo, a vela y a remo se pusieron en caça; pero no les aprouechó su diligencia tanto como les 5 dañó su atreuimiento, porque, alcançandoles la capitana a poco mas de media milla, les echó la palamenta encima y los cogio viuos a todos. Llegaron, en esto, las otras dos galeras, y 10 todas quatro con la presa boluieron a la playa, donde infinita gente los estaua esperando, desseosos de ver lo que traian. Dio fondo el general cerca de tierra, y conocio que estaua en la marina el virrey de la ciudad. Mandó 15 echar el esquife para traerle, y mandó amaynar la entena para ahorcar luego luego al arraez, y a los demas turcos que en el baxel auia cogido, que serian hasta treynta y seys personas, todos gallardos, y los mas, escopeteros 20 turcos. Preguntó el general quién era el arraez del vergantin, y fuele respondido por vno de los cautiuos, en lengua castellana, que despues parecio ser renegado español: “Este mancebo, señor, que aqui vees, es 25 nuestro arraez.” Y mostrole vno de los mas bellos y gallardos moços que pudiera pintar la humana imaginacion. La edad, al parecer, no llegaua a veynte años. Preguntole el general: 30 “Dime, mal aconsejado perro, ¿quién te mouio a matarme mis soldados, pues veias ser
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304 impossible el escaparte? ¿Esse respeto se guarda a las capitanas? ¿No sabes tu que no es valentia la temeridad? Las esperanças dudosas han de hazer a los hombres atreuidos, pero no temerarios.” 5 Responder queria el arraez, pero no pudo el general por entonces oir la respuesta, por acudir a recebir al virrey, que ya entraua en la galera, con el qual entraron algunos de sus criados y algunas personas del pueblo. 10 “¡Buena ha estado la caça, señor general!” dixo el virrey. “Y tan buena”, respondio el general, “qual la verá vuestra excelencia agora colgada de esta entena.” 15 “Cómo ansi?”, replicó el virrey. “Porque me han muerto”, respondio el general, “contra toda ley y contra toda razon y vsança de guerra, dos soldados de los mejores que en estas galeras venian, y yo he jurado de 20 ahorcar a quantos he cautiuado, principalmente a este moço, que es el arraez del vergantin.” Y enseñole al que ya tenia atadas las manos, y echado el cordel a la garganta, esperando la muerte. 25 Mirole el virrey, y, viendole tan hermoso y tan gallardo y tan humilde, dandole en aquel instante vna carta de recomendacion su hermosura, le vino desseo de escusar su muerte, y, assi, le preguntó: 30 “Dime, arraez, ¿eres turco de nacion, o moro, o renegado?”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 305 A lo qual el moço respondio en lengua assimesmo castellana: “Ni soy turco de nacion, ni moro, ni renegado.” “Pues ¿qué eres?”, replicó el virrey. 5 “Muger christiana”, respondio el mancebo. “¿Muger, y christiana, y en tal trage y en tales pasos? Mas es cosa para admirarla que para creerla.” “Suspended”, dixo el moço, “o señores, la 10 execucion de mi muerte; que no se perdera mucho en que se dilate vuestra vengança en tanto que yo os cuente mi vida.” ¿Quién fuera el de coraçon tan duro, que con estas razones no se ablandara, o, a lo 15 menos, hasta oyr las que el triste y lastimado mancebo dezir queria? El general le dixo que dixesse lo que quisiesse; pero que no esperasse alcançar perdon de su conocida culpa. Con esta licencia el moço començo a dezir desta 20 manera: “De aquella nacion mas desdichada que prudente, sobre quien ha llouido estos dias vn mar de desgracias, naci yo de moriscos padres engendrada. En la corriente de su desuentura 25 fuy yo por dos tios mios lleuada a Berberia, sin que me aprouechasse dezir que era christiana, como, en efecto, lo soy, y no de las fingidas ni aparentes, sino de las verdaderas y catolicas. No me valio con los que tenian a cargo 30 nuestro miserable destierro dezir esta verdad, ni mis tios quisieron creerla; antes la tuuieron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306 por mentira y por inuencion, para quedarme en la tierra donde auia nacido, y, assi, por fuerça mas que por grado me truxeron consigo. Tuue vna madre christiana y vn padre discreto y christiano ni mas ni menos; mamé la Fe catolica 5 en la leche, crieme con buenas costumbres; ni en la lengua, ni en ellas jamas, a mi parecer, di señales de ser morisca. Al par y al paso destas virtudes, que yo creo que lo son, crecio mi hermosura, si es que tengo alguna; y aunque mi 10 recato y mi encerramiento fue mucho, no deuio de ser tanto que no tuuiesse lugar de verme vn mancebo cauallero llamado don Gaspar Gregorio, hijo mayorazgo de vn cauallero que junto a nuestro lugar otro suyo tiene. Cómo 15 me vio, cómo nos hablamos, cómo se vio perdido por mi y cómo yo no muy ganada por el, seria largo de contar, y mas en tiempo que estoy temiendo que entre la lengua y la garganta se ha de atrauessar el riguroso cordel 20 que me amenaza; y, assi, solo dire como en nuestro destierro quiso acompañarme don Gregorio. Mezclose con los moriscos que de otros lugares salieron, porque sabia muy bien la lengua, y en el viage se hizo amigo de dos tios 25 mios, que consigo me traian; porque mi padre, prudente y preuenido, assi como oyo el primer vando de nuestro destierro, se salio del lugar y se fue a buscar alguno en los reynos extraños, que nos acogiesse. Dexó encerradas y 30 enterradas en vna parte, de quien yo sola tengo noticia, muchas perlas y piedras de gran valor,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 307 con algunos dineros en cruzados y doblones de oro. Mandome que no tocasse al tesoro que dexaua, en ninguna manera, si acaso antes que el boluiesse nos desterrauan. Hizelo assi, y con mis tios, como tengo dicho, y otros 5 parientes y allegados passamos a Berberia y el lugar donde hizimos assiento fue en Argel, como si le hizieramos en el mismo infierno. ”Tuuo noticia el rey de mi hermosura, y la fama se la dio de mis riquezas, que en parte 10 fue ventura mia. Llamome ante si, preguntome de qué parte de España era, y qué dineros y qué joyas traia; dixele el lugar, y que las joyas y dineros quedauan en el enterrados; pero que con facilidad se podrian cobrar si yo misma 15 boluiesse por ellos. Todo (*) esto le dixe, temerosa de que no le cegasse mi hermosura, sino su codicia. Estando conmigo en estas platicas, le llegaron a dezir como venia conmigo vno de los mas gallardos y hermosos mancebos que 20 se podia imaginar. Luego entendi que lo dezian por don Gaspar Gregorio, cuya belleza se dexa atras las mayores que encarecer se pueden. Turbeme, considerando el peligro que don Gregorio corria, porque entre aquellos barbaros 25 turcos en mas se tiene y estima vn mochacho o mancebo hermoso que vna muger, por bellissima que sea. Mandó luego el rey que se le truxessen alli delante para verle, y preguntome si era verdad lo que de aquel moço le dezian; 30 entonces yo, casi como preuenida del cielo, le dixe que si era; pero que le hazia saber que no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308 era varon, sino muger como yo, y que le suplicaua me la dexasse yr a vestir en su natural trage, para que de todo en todo mostrasse su belleza y con menos empacho pareciesse ante su presencia. Dixome que fuesse en buena hora, y 5 que otro dia hablariamos en el modo que se podia tener para que yo boluiesse a España a sacar el escondido tesoro. Hablé con don Gaspar, contele el peligro que corria el mostrar ser hombre, vestile de mora, y aquella mesma 10 tarde le truxe a la presencia del rey, el qual, en viendole, quedó admirado y hizo disignio de guardarla para hazer presente della al Gran Señor; y por huir del peligro que en el serrallo de sus mugeres podia tener, y temer de si mismo, 15 la mandó poner en casa de vnas principales moras que la guardassen, y la siruiessen, adonde le lleuaron luego. Lo que los dos sentimos, que no puedo negar que no (*) le quiero, se dexe a la consideracion de los que se apartan 20 si bien se quieren. ”Dio luego traça el rey de que yo boluiesse a España en este vergantin, y que me acompañassen dos turcos de nacion que fueron los que mataron vuestros soldados. Vino tambien conmigo 25 este renegado español --señalando al que auia hablado primero--, del qual se yo bien que es christiano encubierto y que viene con mas desseo de quedarse en España que de boluer a Berberia; la demas chusma del vergantin son 30 moros y turcos, que no siruen de mas que de vogar al remo. Los dos turcos codiciosos e
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 309 insolentes, sin guardar el orden que traiamos de que a mi y a este renegado en la primer parte de España, en habito de christianos, de que venimos proueydos, nos echassen en tierra, primero quisieron barrer esta costa y hazer 5 alguna presa, si pudiessen, temiendo que si primero nos echauan en tierra, por algun acidente que a los dos nos sucediesse, podriamos descubrir que quedaua el vergantin en la mar, y si acaso huuiesse galeras por esta costa, los 10 tomassen. Anoche descubrimos esta playa, y sin tener notic[i]a destas quatro galeras, fuimos descubiertos, y nos ha sucedido lo que aueis visto. En resolucion, don Gregorio queda en habito de muger entre mugeres, con manifiesto 15 peligro de perderse, y yo me veo atadas las manos esperando, o, por mejor dezir, temiendo perder la vida que ya me cansa. ”Este es, señores, el fin de mi lamentable historia, tan verdadera como desdichada; lo que 20 os ruego es que me dexeis morir como christiana, pues como ya he dicho, en ninguna cosa he sido culpante de la culpa en que los de mi nacion han caydo.” Y luego calló, preñados los ojos de tiernas 25 lagrimas, a quien acompañaron muchas de los que presentes estauan. El virrey, tierno y compassiuo, sin hablarle palabra, se llegó a ella y le quitó con sus manos el cordel que las hermosas de la mora ligaua. En tanto, pues, que la 30 morisca christiana su peregrina historia trataua, tuuo clauados los ojos en ella vn anciano
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310 peregrino, que entró en la galera quando entró el virrey, y apenas dio fin a su platica la morisca, quando el se arrojó a sus pies, y, abraçado dellos, con interrumpidas palabras de mil sollozos y suspiros, le dixo: 5 “¡O Ana Felix, desdichada hija mia! Yo soy tu padre Ricote, que boluia a buscarte, por no poder viuir sin ti, que eres mi alma.” A cuyas palabras abrio los ojos Sancho, y alçó la cabeça, que inclinada tenia pensando 10 en la desgracia de su passeo, y mirando al peregrino, conocio ser el mismo Ricote que topó el dia que salio de su gouierno; y confirmose que aquella era su hija, la qual, ya desatada, abraçó a su padre, mezclando sus lagrimas con 15 las suyas; el qual dixo al general y al virrey: “Esta, señores, es mi hija, mas desdichada en sus sucessos que en su nombre. Ana Felix se llama, con el sobrenombre de Ricote, famosa tanto por su hermosura como por mi riqueza. 20 Yo sali de mi patria a buscar en reynos estraños quien nos albergasse y recogiesse, y, auiendole hallado en Alemania, bolui en este habito de peregrino, en compañia de otros alemanes a buscar mi hija y a (*) desenterrar 25 muchas riquezas que dexé escondidas. No hallé a mi hija, hallé el tesoro que conmigo traygo, y agora, por el estraño rodeo que aueys visto, he hallado el tesoro que mas me enriqueze, que es a mi querida hija. Si nuestra poca culpa y sus 30 lagrimas y las mias por la integridad de vuestra justicia pueden abrir puertas a la misericordia,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIII p. 311 vsadla con nosotros, que jamas tuuimos pensamiento de ofenderos, ni conuenimos en ningun modo con la intencion de los nuestros, que justamente han sido desterrados.” Entonces dixo Sancho: 5 “Bien conozco a Ricote, y se que es verdad lo que dize en quanto a ser Ana Felix su hija; que en essotras çarandajas de yr y venir, tener buena o mala intencion, no me entremeto.” Admirados del estraño caso todos los 10 presentes, el general dixo: “Vna por vna, vuestras lagrimas no me dexarán cumplir mi juramento; viuid, hermosa Ana Felix, los años de vida que os tiene determinados el cielo, y lleuen la pena de su culpa 15 los insolentes y atreuidos que la cometieron.” Y mandó luego ahorcar de la entena a los dos turcos, que a sus dos soldados auian muerto; pero el virrey le pidio encarecidamente no los ahorcasse, pues mas locura que valentia 20 auia sido la suya. Hizo el general lo que el virrey le pedia, porque no se executan bien las venganças a sangre elada. Procuraron luego dar traça de sacar a don Gaspar Gregorio del peligro en que quedaua. Ofrecio Ricote para 25 ello mas de dos mil ducados que en perlas y en joyas tenia. Dieronse muchos medios; pero ninguno fue tal como el que dio el renegado español que se ha dicho, el qual se ofrecio de boluer a Argel en algun barco pequeño, de 30 hasta seys bancos, armado de remeros christianos, porque el sabia dónde, cómo y quándo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 312 podia y deuia desembarcar; y, assimismo, no ignoraua la casa donde don Gaspar quedaua. Dudaron el general y el virrey el fiarse del renegado, ni confiar de (*) los christianos que auian de vogar el remo. Fiole Ana Felix, y 5 Ricote, su padre, dixo que salia a dar el rescate de los christianos, si acaso se perdiessen. Firmados, pues, en este parecer, se desembarcó el virrey, y don Antonio Moreno se lleuó consigo a la morisca y a su padre, encargandole el 10 virrey que los regalasse y acariciasse quanto le fuesse possible; que de su parte le ofrecia lo que en su casa huuiesse para su regalo. Tanta fue la beneuolencia y caridad que la hermosura de Ana Felix infundio en su pecho. 15
p. 313 Capitulo LXIV Que trata de la auentura que mas pesadumbre dio a don Quixote de quantas hasta entonces le auian sucedido. La muger de don Antonio Moreno cuenta la 5 historia que recibio grandissimo contento de ver a Ana Felix en su casa; recibiola con mucho agrado, assi enamorada de su belleza como de su discrecion, porque en lo vno y en lo otro era estremada la morisca, y toda la gente 10 de la ciudad, como a campana tañida, venian a verla. Dixo don Quixote a don Antonio que el parecer que auian tomado en la libertad de don Gregorio no era bueno, porque tenia mas de peligroso que de conueniente, y que seria 15 mejor que le pusiessen a el en Berberia con sus armas y cauallo, que el le sacaria a pesar de toda la morisma, como auia hecho don Gayferos a su esposa Melisendra. “Aduierta vuessa merced”, dixo Sancho 20 oyendo esto, “que el señor don Gaiferos sacó a su esposa de tierra firme y la lleuó a Francia por tierra firme; pero aqui, si acaso sacamos a don Gregorio, no tenemos por dónde traerle a España, pues está la mar en medio.” 25 “Para todo ay remedio, si no es para la muerte”, respondio don Quixote; “pues llegando el barco a la marina, nos podremos embarcar en el, aunque todo el mundo lo impida.” “Muy bien lo pinta y facilita vuessa merced”, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314 dixo Sancho; “pero del dicho al hecho ay gran trecho, y yo me atengo al renegado que me parece muy hombre de bien y de muy buenas entrañas.” Don Antonio dixo que si el renegado no saliesse 5 bien del caso, se tomaria el espediente de que el gran don Quixote passasse en Berberia. De alli a dos dias partio el renegado en vn ligero barco de seys remos por vanda, armado de valentissima chusma, y de alli a otros 10 dos se partieron las galeras a Leuante, auiendo pedido el general al visorrey fuesse seruido de auisarle de lo que sucediesse en la libertad de don Gregorio y en el caso de Ana Felix. Quedó el visorrey de hazerlo assi, como se lo pedia. 15 Y vna mañana, saliendo don Quixote a passearse por la playa, armado de todas sus armas, porque, como muchas vezes dezia, ellas eran sus arreos, y su descanso el pelear (*), y no se hallaua sin ellas vn punto, vio venir 20 hazia el vn cauallero armado assimismo de punta en blanco, que en el escudo traia pintada vna luna resplandeciente; el qual, llegandose a trecho que podia ser oydo, en altas vozes, encaminando sus razones a don Quixote, dixo: 25 “Insigne cauallero y jamas como se deue alabado don Quixote de la Mancha, yo soy el Cauallero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quiça te le auran traydo a la memoria. Vengo a contender contigo y a prouar la fuerça 30 de tus braços, en razon de hazerte conocer y confessar que mi dama, sea quien fuere, es sin
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 315 comparacion mas hermosa que tu Dulcinea del Toboso; la qual verdad si tu la confiessas de llano en llano, escusarás tu muerte y el trabajo que yo he de tomar en dartela, y si tu peleares y yo te venciere no quiero otra satisfacion sino 5 que, dexando las armas y absteniendote de buscar auenturas, te recojas y retires a tu lugar por tiempo de vn año, donde has de viuir sin echar mano a la espada, en paz tranquila y en prouechoso sossiego, porque assi conuiene al 10 aumento de tu hazienda y a la saluacion de tu alma. Y si tu me vencieres, quedará a tu discrecion mi cabeça, y seran tuyos los despojos de mis armas y cauallo, y passará a la tuya la fama de mis hazañas. Mira lo que está mejor, 15 y respondeme luego; porque oy todo el dia traygo de termino para despachar este negocio.” Don Quixote quedó suspenso y atonito, assi de la arrogancia del Cauallero de la Blanca 20 Luna, como de la causa porque le dessafiaua; y con reposo y ademan seuero le respondio: “Cauallero de la Blanca Luna, cuyas hazañas hasta agora no han llegado a mi noticia, yo osaré (*) jurar que jamas aueis visto a la 25 illustre Dulcinea; que si visto la huuierades yo se que procurarades no poneros en esta demanda, porque su vista os dessengañara de que no ha auido ni puede auer belleza que con la suya comparar se pueda. Y, assi, no diziendoos 30 que mentis, sino que no acertais en lo propuesto, con las condiciones que aueis referido
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 316 aceto vuestro dessafio, y luego, porque no se passe el dia que traeis determinado; y solo exceto de las condiciones la de que se passe a mi la fama de vuestras hazañas, porque no se quáles ni qué tales sean; con las mias me 5 contento, tales quales ellas son. Tomad, pues, la parte del campo que quisieredes; que yo haré lo mesmo, y a quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga.” Auian descubierto de la ciudad al Cauallero 10 de la Blanca Luna, y dichoselo al visorrey que (*) estaua hablando con don Quixote de la Mancha. El visorrey, creyendo seria alguna nueua auentura fabricada por don Antonio Moreno o por otro algun cauallero de la ciudad, 15 salio luego a la playa con don Antonio y con otros muchos caualleros que le acompañauan, a tiempo quando don Quixote boluia las riendas a Rozinante para tomar del campo lo necessario. Viendo, pues, el visorrey que dauan 20 los dos señales de boluerse a encontrar, se puso en medio, preguntandoles qué era la causa que les mouia a hazer tan de improuiso batalla. El Cauallero de la Blanca Luna respondio 25 que era precedencia de hermosura, y, en breues razones, le dixo las mismas que auia dicho a don Quixote, con la acetacion de las condiciones del dessafio hechas por entrambas partes. Llegose el visorrey a don Antonio y preguntole 30 paso si sabia quién era el tal Cauallero de la Blanca Luna, o si era alguna burla que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 317 querian hazer a don Quixote. Don Antonio le respondio que ni sabia quién era, ni si era de burlas ni de veras el tal dessafio. Esta respuesta tuuo perplexo al visorrey en si les dexaria o no passar adelante en la batalla; pero no 5 pudiendose persuadir a que fuesse sino burla, se apartó, diziendo: “Señores caualleros, si aqui no ay otro remedio sino confessar o morir, y el señor don Quixote está en sus treze, y vuessa merced, el 10 de la Blanca Luna en sus catorze, a la mano de Dios, y dense.” Agradecio el de la Blanca Luna con cortesses y discretas razones al visorrey la licencia que se les daua, y don Quixote hizo lo 15 mesmo; el qual, encomendandose al cielo de todo coraçon y a su Dulcinea, como tenia de costumbre al començar de las batallas que se le ofrecian, tornó a tomar otro poco mas del campo, porque vio que su contrario hazia lo 20 mesmo, y, sin tocar trompeta ni otro instrumento belico que les diesse señal de arremeter, boluieron entrambos a vn mesmo punto las riendas a sus cauallos, y como era mas ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quixote a 25 dos tercios andados de la carrera, y alli le encontro con tan poderosa fuerça, sin tocarle con la lança --que la leuantó, al parecer, de proposito--, que dio con Rozinante y con don Quixote por el suelo vna peligrosa cayda. Fue 30 luego sobre el, y, poniendole la lança sobre la vissera, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318 “Vencido sois, cauallero, y aun muerto, si no confessais las condiciones de nuestro dessafio.” Don Quixote, molido y aturdido, sin alçarse la vissera, como si hablara dentro de vna tumba, con voz debilitada y enferma, dixo: 5 “Dulcinea del Toboso es la mas hermosa muger del mundo, y yo el mas desdichado cauallero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad; aprieta, cauallero, la lança, y quitame la vida, pues me has 10 quitado la honra.” “Esso no hare yo, por cierto”, dixo el de la Blanca Luna; “viua, viua en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso; que solo me contento con que el gran 15 don Quixote se retire a su lugar vn año, o hasta el tiempo que por mi le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla.” Todo esto oyeron el visorrey y don Antonio, con otros muchos que alli estauan, y oyeron 20 assimismo que don Quixote respondio que como no le pidiesse cosa que fuesse en perjuyzio de Dulcinea, todo lo demas cumpliria como cauallero puntual y verdadero. Hecha esta confession, boluio las riendas el 25 de la Blanca Luna, y, haziendo messura con la cabeça al visorrey, a medio galope se entró en la ciudad. Mandó el visorrey a don Antonio que fuesse tras el, y que en todas maneras supiesse quién era. Leuantaron a don Quixote, 30 descubrieronle el rostro y hallaronle sin color y trassudando. Rozinante, de puro malparado,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIV p. 319 no se pudo mouer por entonces. Sancho, todo triste, todo apessarado, no sabia qué dezirse ni qué hazerse; pareciale que todo aquel sucesso passaua en sueños, y que toda aquella maquina era cosa de encantamento. Veia a su 5 señor rendido y obligado a no tomar armas en vn año; imaginaua la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanças de sus nueuas promessas dessechas, como se deshaze el humo con el viento. Temia si quedaria, o 10 no, contrecho Rozinante, o deslocado su amo; que no fuera poca ventura si deslocado quedara. Finalmente, con vna silla de manos, que mandó traer el visorrey, le lleuaron a la ciudad, y el visorrey se boluio tambien a ella con 15 desseo de saber quién fuesse el Cauallero de la Blanca Luna, que de tan mal talante auia dexado a don Quixote.
p. 320 Capitulo LXV Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna, con la libertad de don Gregorio y de otros sucessos. Siguio don Antonio Moreno al Cauallero de 5 la Blanca Luna, y siguieronle tambien, y aun persiguieronle, muchos muchachos hasta que le cerraron en vn meson dentro de la ciudad. Entró [en] el don Antonio con desseo de conocerle; salio vn escudero a recebirle y a 10 dessarmarle, encerrose en vna sala baxa, y con el don Antonio, que no se le cozia el pan hasta saber quién fuesse. Viendo, pues, el de la Blanca Luna, que aquel cauallero no le dexaua, le dixo: 15 “Bien se, señor, a lo que venis, que es a saber quien soy; y porque no ay para qué negaroslo, en tanto que este mi criado me dessarma, os lo dire sin faltar vn punto a la verdad del caso. Sabed, señor, que a mi me llaman el 20 bachiller Sanson Carrasco, soy del mesmo lugar de don Quixote de la Mancha, cuya locura y sandez mueue a que le tengamos lastima todos quantos le conocemos, y entre los que mas se la han tenido he sido yo, y, creyendo que está 25 su salud en su reposo y en que se esté en su tierra y en su casa, di traça para hazerle estar en ella, y, assi, aura tres (*) meses que le sali al camino como cauallero andante, llamandome el Cauallero de los Espejos, con intencion 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXV p. 321 de pelear con el y vencerle sin hazerle daño, poniendo por condicion de nuestra pelea que el vencido quedasse a discrecion del vencedor, y lo que yo pensaua pedirle, porque ya le juzgaua por vencido, era que se boluiesse a su 5 lugar y que no saliesse del en todo vn año, en el qual tiempo podria ser curado. Pero la suerte lo ordenó de otra manera, porque el me vencio a mi y me derribó del cauallo, y, assi, no tuuo efecto mi pensamiento. El prosiguio 10 su camino, y yo me bolui vencido, corrido y molido de la cayda, que fue a demas peligrosa; pero no por esto se me quitó el desseo de boluer a buscarle y a vencerle, como oy se ha visto. Y como el es tan puntual en guardar las 15 ordenes de la andante caualleria, sin duda alguna, guardará la que le he dado en cumplimiento de su palabra. Esto es, señor, lo [que] passa, sin que tenga que deziros otra cosa alguna: suplicoos no me descubrais, ni le digais 20 a don Quixote quién soy, por que tengan efecto los buenos pensamientos mios, y buelua a cobrar su juyzio vn hombre que le tiene bonissimo, como le dexen las sandezes de la caualleria.” 25 “O, señor”, dixo don Antonio, “Dios os perdone el agrauio que aueis hecho a todo el mundo en querer boluer cuerdo al mas gracioso loco que hay en el. No veis, señor, que no podra llegar el prouecho que cause la cordura 30 de don Quixote a lo que llega el (*) gusto que da con sus desuarios; pero yo imagino que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322 toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para boluer cuerdo a vn hombre tan rematadamente loco, y si no fuesse contra caridad diria que nunca sane don Quixote, porque, con su salud, no solamente perdemos sus 5 gracias, sino las de Sancho Pança su escudero; que qualquiera dellas puede boluer a alegrar a la misma melancolia. Con todo esto, callaré, y no le dire nada, por ver si salgo verdadero en sospechar que no ha de tener efecto la 10 diligencia hecha por el señor Carrasco.” El qual respondio que ya vna por vna estaua en buen punto aquel negocio, de quien esperaua feliz sucesso. Y, auiendole ofrecido don Antonio de hazer lo que mas le mandasse, se 15 despidio del, y hecho liar sus armas sobre vn macho, luego al mismo punto, sobre el cauallo con que entró en la batalla, se salio de la ciudad aquel mismo dia, y se boluio a su patria, sin sucederle cosa que obligue a contarla en 20 esta verdadera historia. Conto don Antonio al visorrey todo lo que Carrasco le auia contado, de lo que el visorrey no recibio mucho gusto, porque en el recogimiento de don Quixote se perdia el que podian 25 tener todos aquellos que de sus locuras tuuiessen noticia. Seis dias estuuo don Quixote en el lecho, marrido, triste, pensatiuo y mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginacion en el 30 desdichado sucesso de su vencimiento. Consolauale Sancho, y, entre otras razones, le dixo:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXV p. 323 “Señor mio, alce vuessa merced la cabeça y alegrese si puede, y de gracias al cielo, que, ya que le derribó en la tierra, no salio con alguna costilla quebrada, y pues sabe que donde las dan las toman, y que no siempre ay tocinos 5 donde ay estacas, de vna higa al medico, pues no le ha menester para que le cure en esta enfermedad; boluamonos a nuestra casa, y dexemonos de andar buscando auenturas por tierras y lugares que no sabemos; y si bien 10 se considera, yo soy aqui el mas perdidoso, aunque es vuessa merced el mas mal parado. Yo, que dexé con el gouierno los desseos de ser mas gouernador, no dexé la gana de ser conde, que jamas tendra efecto si vuessa 15 merced dexa de ser rey, dexando el exercicio de su caualleria, y, assi, vienen a boluerse en humo mis esperanças.” “Calla, Sancho, pues ves que mi reclusion y retirada no ha de passar de vn año; que luego 20 boluere a mis honrados exercicios, y no me ha de faltar reyno que gane y algun condado que darte.” “Dios lo oyga”, dixo Sancho, “y el pecado sea sordo; que siempre he oydo dezir 25 que mas vale buena esperança que ruyn possession.” En esto estauan, quando entró don Antonio, diziendo, con muestras de grandissimo contento: 30 “¡Albricias, señor don Quixote, que don Gregorio y el renegado que fue por el está en la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324 playa! ¿Qué digo en la playa? Ya está en casa del visorrey, y sera aqui al momento.” Alegrose algun tanto don Quixote, y dixo: “En verdad que estoy por dezir que me holgara que huuiera sucedido todo al rebes, 5 porque me obligara a passar en Berberia, donde con la fuerça de mi braço diera libertad no solo a don Gregorio sino a quantos christianos cautiuos ay en Berberia. Pero ¿qué digo, miserable? ¿No soy yo el vencido? ¿No soy yo el 10 derribado? ¿No soy yo el que no puede tomar arma en vn año? Pues ¿qué prometo? ¿De qué me alabo, si antes me conuiene vsar de la rueca que de la espada?” “Dexese desso, señor”, dixo Sancho; “viua 15 la gallina aunque con su pepita; que oy por ti y mañana por mi; y en estas cosas de encuentros y porraços no ay tomarles tiento alguno, pues el que oy cae puede leuantarse mañana, si no es que se quiere estar en la cama, quiero 20 dezir, que se dexe desmayar, sin cobrar nueuos brios para nueuas pendencias. Y leuantese vuessa merced agora para recebir a don Gregorio; que me parece que anda la gente alborotada y ya deue de estar en casa.” 25 Y assi era la verdad; porque auiendo ya dado cuenta don Gregorio y el renegado al visorrey de su yda y buelta, desseosso don Gregorio de ver a Ana Felix, vino con el renegado a casa de don Antonio, y aunque don 30 Gregorio quando le sacaron de Argel fue con habitos de muger, en el barco los trocó por los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXV p. 325 de vn cautiuo que salio consigo; pero en qualquiera que viniera mostrara ser persona para ser codiciada, seruida y estimada, porque era hermoso sobremanera, y la edad, al parecer, de diez y siete o diez y ocho años. Ricote y 5 su hija salieron a recebirle, el padre con lagrimas, y la hija con honestidad. No se abraçaron vnos a otros, porque donde ay mucho amor no suele auer demasiada dessemboltura. Las dos bellezas juntas de don Gregorio y Ana 10 Felix admiraron en particular a todos juntos los que presentes estauan. El silencio fue alli el que habló por los dos amantes, y los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos pensamientos. 15 Conto el renegado la industria y medio que tuuo para sacar a don Gregorio; conto don Gregorio los peligros y aprietos en que se auia visto con las mugeres con quien auia quedado, no con largo razonamiento, sino con breues 20 palabras, donde mostro que su discrecion se adelantaua a sus años. Finalmente, Ricote pagó y satisfizo liberalmente assi al renegado como a los que auian bogado al remo. Reyncorporose y reduxose el renegado con la 25 Iglesia, y de miembro podrido, boluio limpio y sano con la penitencia y el arrepentimiento. De alli a dos dias trató el visorrey con don Antonio qué modo tendrian para que Ana Felix y su padre quedassen en España, 30 pareciendoles no ser de inconueniente alguno que quedassen en ella hija tan christiana, y padre,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 326 al parecer, tan bien intencionado. Don Antonio se ofrecio venir a la Corte a negociarlo, donde auia de venir forçosamente a otros negocios, dando a entender que en ella, por medio del fauor y de las dadiuas, muchas 5 cosas dificultosas se acaban. “No”, dixo Ricote, que se halló presente a esta platica, “ay que esperar en fauores ni en dadiuas; porque con el gran don Bernardino de Velasco, conde de Salazar (*), a quien dio 10 su majestad cargo de nuestra expulsion, no valen ruegos, no promessas, no dadiuas, no lastimas; porque aunque es verdad que el mezcla la misericordia con la justicia, como el vee que todo el cuerpo de nuestra nacion está 15 contaminado y podrido, vsa con el antes del cauterio que abrassa (*) que del vnguento que molifica; y, assi, con prudencia, con sagacidad, con diligencia y con miedos que pone, ha lleuado sobre sus fuertes ombros a deuida 20 execucion el peso desta gran maquina, sin que nuestras industrias, estratagemas, solicitudes y fraudes ayan podido deslumbrar sus ojos de Argos, que contino tiene alerta, porque no se le quede ni encubra ninguno de los nuestros, que, 25 como rayz escondida, que (*) con el tiempo venga despues a brotar y a echar frutos venenosos en España, ya limpia, ya dessembaraçada de los temores en que nuestra muchedumbre la tenia. Heroica resolucion del gran Filipo 30 Tercero, y inaudita prudencia en auerla encargado al tal don Bernardino de Velasco.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXV p. 327 “Vna por vna, yo hare, puesto alla, las diligencias possibles, y haga el cielo lo que mas fuere seruido”, dixo don Antonio; “don Gregorio se yra conmigo a consolar la pena que sus padres deuen tener por su ausencia. Ana Felix 5 se quedará con mi muger en mi casa, o en vn monasterio, y yo se que el señor visorrey gustará se quede en la suya el buen Ricote, hasta ver cómo yo negocio.” El visorrey consintio en todo lo propuesto; 10 pero don Gregorio, sabiendo lo que passaua, dixo que en ninguna manera podia ni queria dexar a doña Ana Felix; pero teniendo intencion de ver a su[s] padres y de dar traça de boluer por ella, vino en el decretado concierto. 15 Quedose Ana Felix con la muger de don Antonio y Ricote en casa del visorrey. Llegose el dia de la partida de don Antonio, y el de don Quixote y Sancho, que fue de alli a otros dos; que la cayda no le concedio que 20 mas presto se pusiesse en camino. Huuo lagrimas, huuo suspiros, desmayos y sollozos al despedirse don Gregorio de Ana Felix. Ofreciole Ricote a don Gregorio mil escudos, si los queria; pero el no tomó ninguno, sino solos 25 cinco que le prestó don Antonio, prometiendo la paga dellos en la Corte. Con esto se partieron los do[s], y don Quixote y Sancho despues, como se ha dicho, don Quixote, dessarmado y de camino; Sancho, a pie, por yr el ruzio 30 cargado con las armas.
p. 328 Capitulo LXVI Que trata de lo que vera el que lo leyere, o lo oyra el que lo escuchare leer. Al salir de Barcelona boluio don Quixote a mirar el sitio donde auia caydo, y dixo (*): 5 “Aqui fue Troya; aqui mi desdicha, y no mi cobardia, se lleuó mis alcançadas glorias; aqui vsó la fortuna conmigo de sus bueltas y rebueltas; aqui se escurecieron mis hazañas; aqui, finalmente, cayo mi ventura para jamas 10 leuantarse.” Oyendo lo qual Sancho, dixo: “Tan de valientes coraçones es, señor mio, tener sufrimiento en las desgracias, como alegria en las prosperidades, y esto lo juzgo por 15 mi mismo; que si quando era gouernador estaua alegre, agora que soy escudero de a pie, no estoy triste. Porque he oydo dezir que esta que llaman por ai Fortuna es vna muger borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y, assi, 20 no vee lo que haze ni sabe a quien derriba ni a quien ensalza.” “Muy filosofo (*) estas, Sancho”, respondio don Quixote; “muy a lo discreto hablas; no se quién te lo enseña. Lo que te se dezir es que 25 no ay fortuna en el mundo, ni las cosas que en el suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular prouidencia de los cielos, y de aqui viene lo que suele dezirse que cada vno es artifice de su ventura. Yo lo he sido 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVI p. 329 de la mia, pero no con la prudencia necessaria, y, assi, me (*) han salido al gallarin (*) mis presunciones; pues deuiera pensar que al poderoso grandor del cauallo del de la Blanca Luna no podia resistir la flaqueza de Rozinante. Atreuime, 5 en fin; hize lo que pude, derribaronme, y aunque perdi la honra, no perdi ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. Quando era cauallero andante, atreuido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaua mis hechos, 10 y agora, quando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras, cumpliendo la que di de mi promessa. Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del nouiciado, con cuyo encerramiento cobraremos 15 virtud nueua para boluer al nunca de mi oluidado exercicio de las armas.” “Señor”, respondio Sancho, “no es cosa tan gustossa el caminar a pie, que me mueua e incite a hazer grandes jornadas; dexemos estas 20 armas colgadas de algun arbol, en lugar de vn ahorcado, y, ocupando yo las espaldas del ruzio, leuantados los pies del suelo, haremos las jornadas como vuessa merced las pidiere y midiere; que pensar que tengo de caminar 25 a pie y hazerlas grandes es pensar en lo escusado.” “Bien has dicho, Sancho”, respondio don Quixote, “cuelguense mis armas por trofeo, y al pie dellas, o alrededor dellas grauaremos en 30 los arboles lo que en el trofeo de las armas de Roldan estaua escrito:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 330 Nadie las mueua que estar no pueda con Roldan a prueua (*).” “Todo esso me parece de perlas”, respondio Sancho, “y si no fuera por la falta que para el camino nos auia de hazer Rozinante, tambien 5 fuera bien dexarle colgado.” “Pues ni el ni las armas”, replicó don Quixote, “quiero que se ahorquen, porque no se diga que a buen seruicio mal galardon (*).” “Muy bien dize vuessa merced”, respondio 10 Sancho, “porque, segun opinion de discretos, la culpa del asno no se ha de echar a la albarda; y pues deste sucesso vuessa merced tiene la culpa, castiguese a si mesmo, y no rebienten sus iras por las ya rotas y sangrientas armas, 15 ni por las mansedumbres de Rozinante, ni por la blandura de mis pies, queriendo que caminen mas de lo justo.” En estas razones y platicas se les passó todo aquel dia, y aun otros quatro, sin sucederles 20 cosa que estoruasse su camino, y al quinto dia, a la entrada de vn lugar, hallaron a la puerta de vn meson mucha gente que por ser fiesta se estaua alli solaçando. Quando llegaua a ellos don Quixote, vn labrador alçó la voz, diziendo: 25 “Alguno destos dos señores que aqui vienen, que no conocen las partes, dira lo que se ha de hazer en nuestra apuesta.” “Si dire, por cierto”, respondio don Quixote, “con toda rectitud, si es que alcanço a 30 entenderla.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVI p. 331 “Es, pues, el caso”, dixo el labrador, “señor bueno, que vn vezino deste lugar, tan gordo que pesa onze arrobas, dessafió a correr a otro su vezino, que no pesa mas que cinco. Fue la condicion que auian de correr vna carrera de 5 cien pasos con pesos iguales, y, auiendole preguntado al dessafiador cómo se auia de igualar el peso, dixo que el dessafiado, que pesa cinco arrobas, se pusiesse seis de hierro a cuestas, y, assi, se igualarian las onze arrobas del flaco 10 con las onze del gordo.” “Esso no”, dixo a esta sazon Sancho, antes que don Quixote respondiesse. “Y a mi, que ha pocos dias que sali de ser gouernador y juez, como todo el mundo sabe, toca aueriguar 15 estas dudas y dar parecer en todo pleyto.” “Responde, en buen hora”, dixo don Quixote, “Sancho amigo; que yo no estoy para dar migas a vn gato, segun traygo alborotado y trastornado el juyzio.” 20 Con esta licencia, dixo Sancho a los labradores, que estauan muchos alrededor del, la boca abierta, esperando la sentencia de la suya: “Hermanos, lo que el gordo pide no lleua camino, ni tiene sombra de justicia alguna; porque 25 si es verdad lo que se dize que el dessafiado puede escoger las armas, no es bien que este las escoja (*) tales, que le impidan ni estoruen el salir vencedor; y, assi, es mi parecer que el gordo dessafiador se escamonde, monde, 30 entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus carnes, de aqui o de alli de su cuerpo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 332 como mejor le pareciere y estuuiere, y desta manera, quedando en cinco arrobas de peso, se igualará y ajustará con las cinco de su contrario, y assi podran correr igualmente (*).” “Boto a tal”, dixo vn labrador (*) que escuchó 5 la sentencia de Sancho, “que este señor ha hablado como vn bendito y sentenciado como vn canonigo. Pero a buen seguro que no ha de querer quitarse el gordo vna onza de sus carnes, quanto mas seis arrobas.” 10 “Lo mejor es que no corran”, respondio otro, “porque el flaco no se muela con el peso, ni el gordo se descarne; y echese la mitad de la apuesta en vino, y lleuemos [a] estos señores a la taberna de lo caro, y sobre mi... (*), la 15 capa quando llueua.” “Yo, señores”, respondio don Quixote, “os lo agradezco; pero no puedo detenerme vn punto, porque pensamientos y sucessos tristes me hazen parecer descortes y caminar mas que 20 de paso.” Y, assi, dando de las espuelas a Rozinante, passó adelante, dexandolos admirados de auer visto y notado assi su estraña figura como la discrecion de su criado; que por tal juzgaron 25 a Sancho. Y otro de los labradores dixo: “Si el criado es tan discreto, ¡quál deue de ser el amo! Yo apostaré que si van a estudiar a Salamanca, que a vn tris han de venir a ser alcaldes de Corte; que todo es burla sino 30 estudiar y mas estudiar, y tener fauor y ventura, y quando menos se piensa el hombre se halla
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVI p. 333 con vna vara en la mano o con vna mitra en la cabeça.” Aquella noche la passaron amo y moço en mitad del campo al cielo raso y descubierto, y otro dia, siguiendo su camino, vieron que hazia 5 ellos venia vn hombre de a pie, con vnas alforjas al cuello y vna azcona o chuzo en la mano, propio talle de correo de a pie; el qual como llegó junto a don Quixote adelantó el paso, y medio corriendo llegó a el, y, abraçandole por 10 el muslo derecho, que no alcançaua a mas, le dixo, con muestras de mucha alegria: “¡O, mi señor don Quixote de la Mancha, y que gran contento ha de llegar al coraçon de mi señor el duque quando sepa que vuessa 15 merced buelue a su castillo!; que todauia se está en el con mi señora la duquessa.” “No os conozco, amigo”, respondio don Quixote, “ni se quién sois, si vos no me lo dezis.” “Yo, señor don Quixote”, respondio el 20 correo, “soy Tosilos, el lacayo del duque mi señor, que no quise pelear con vuessa merced sobre el casamiento de la hija de doña Rodriguez.” “¡Valame Dios!”, dixo don Quixote; “¿es possible 25 que sois vos el que los en[c]antadores mis enemigos transformaron en esse lacayo que dezis, por defraudarme de la honra de aquella batalla?” “Calle, señor bueno”, replicó el cartero, “que 30 no huuo encanto alguno, ni mudança de rostro ninguna; tan lacayo Tosilos entré en la estacada
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 334 como Tosilos lacayo sali della; yo pense casarme sin pelear, por auerme parecido bien la moça; pero sucediome al rebes mi pensamiento, pues assi como vuessa merced se partio de nuestro castillo, el duque mi señor me 5 hizo dar cien palos por auer contrauenido a las ordenanças que me tenia dadas antes de entrar en la batalla, y todo a parado en que la muchacha es ya monja, y doña Rodriguez se ha buelto a Castilla, y yo voy aora a Barcelona a 10 lleuar vn pliego de cartas al virrey, que le embia mi amo. Si vuessa merced quiere vn traguito, aunque caliente, puro, aqui lleuo vna calabaça llena de lo caro, con no se quantas raxitas de quesso de Tronchon, que seruiran de 15 llamatiuo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo.” “Quiero el embite”, dixo Sancho, “y echese el resto de la cortesia, y escancie el buen Tosilos a despecho y pesar de quantos 20 encantadores ay en las Indias.” “En fin”, dixo don Quixote, “tu eres, Sancho, el mayor gloton del mundo, y el mayor ignorante de la tierra, pues no te persuades que este correo es encantado, y este Tosilos, 25 contrahecho; quedate con el y hartate; que yo me yre adelante poco a poco, esperandote a que vengas.” Riose el lacayo, dessembaynó su calabaça, dessalforjó sus raxas, y, sacando vn panecillo, 30 el y Sancho se sentaron sobre la yerua verde, y en buena paz compaña (*) despauilaron y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVI p. 335 dieron fondo con todo el repuesto de las alforjas, con tan buenos alientos, que lamieron el pliego de las cartas, solo porque olia a quesso. Dixo Tosilos a Sancho: “Sin duda este tu amo, Sancho amigo, deue 5 de ser vn loco.” “¿Cómo deue?”, respondio Sancho; “no deue nada a nadie; que todo lo paga, y mas, quando la moneda es locura. Bien lo veo yo, y bien se lo digo a el; pero ¿qué aprouecha? Y mas 10 agora que va rematado, porque va vencido del Cauallero de la Blanca Luna.” Rogole Tosilos le contasse lo que le auia sucedido; pero Sancho le respondio que era descortesia dexar que su amo le esperasse; 15 que otro dia, si se encontrassen, auria lugar para ello. Y, leuantandose, despues de auerse sacudido el sayo y las migajas de las barbas, antecogio al ruzio, y diziendo «a Dios», dexó a Tosilos, y alcançó a su amo que a la sombra 20 de vn arbol le estaua esperando.
p. 336 Capitulo LXVII De la resolucion que tomó don Quixote de hazerse pastor y seguir la vida del campo en tanto que se passaua el año de su promessa, con otros sucessos en verdad gustosos y 5 buenos. Si muchos pensamientos fatigauan a don Quixote antes de ser derribado, muchos mas le fatigaron despues de caydo. A la sombra del arbol estaua, como se ha dicho, y alli, como 10 moscas a la miel le acudian y picauan pensamientos; vnos yuan al dessencanto de Dulcinea, y otros a la vida que auia de hazer en su forçosa retirada. Llegó Sancho, y alabole la liberal condicion del lacayo Tosilos. 15 “¿Es possible”, le dixo don Quixote, “que todauia, o Sancho, pienses que aquel sea verdadero lacayo? Parece que se te ha ydo de las mientes auer visto a Dulcinea conuertida y transformada en labradora, y al Cauallero de 20 los Espejos en el bachiller Carrasco, obras todas de los encantadores que me persiguen; pero dime agora, ¿preguntaste a esse Tosilos que dizes qué ha hecho Dios de Altissidora; si ha llorado mi ausencia, o si ha dexado ya en 25 las manos del oluido los enamorados pensamientos que en mi presencia la fatigauan?” “No eran”, respondio Sancho, “los que yo tenia tales, que me diessen lugar a preguntar boberias. ¡Cuerpo de mi!, señor, ¿está vuessa 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVII p. 337 merced aora en terminos de inquirir pensamientos agenos, especialmente amorosos?” “Mira, Sancho”, dixo don Quixote; “mucha diferencia ay de las obras que se hazen por amor a las que se hazen por agradecimiento. 5 Bien puede ser que vn cauallero sea desamorado; pero no puede ser, hablando en todo rigor, que sea desagradecido. Quisome bien, al parecer, Altisidora, diome los tres tocadores que sabes, lloró en mi partida, maldixome, 10 vituperome, quexose a despecho de la verguença, publicamente, señales todas de que me adoraua; que las iras de los amantes suelen parar en maldiciones. Yo no tuue esperanças que darle, ni tesoros que ofrecerle, porque las 15 mias las tengo entregadas a Dulcinea, y los tesoros de los caualleros andantes son como los de los duendes, aparentes y falsos, y solo puedo darle estos acuerdos que della tengo, sin perjuyzio, pero, de los que tengo de Dulcinea, 20 a quien tu agrauias con la remission que tienes en açotarte y en castigar essas carnes --que vea yo comidas de lobos-- que quieren guardarse antes para los gusanos que para el remedio de aquella pobre señora.” 25 “Señor”, respondio Sancho, “si va a dezir la verdad, yo no me puedo persuadir que los açotes de mis posaderas tengan que ver con los desencantos de los encantados, que es como si dixessemos: «si os duele la cabeça, 30 »vntaos las rodillas»; a lo menos, yo ossaré jurar que en quantas historias vuessa merced
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 338 ha leydo que tratan de la andante caualleria no ha visto algun desencantado por (*) açotes; pero, por si o por no, yo me los dare, quando tenga gana y el tiempo me de comodidad para castigarme.” 5 “Dios lo haga”, respondio don Quixote, “y los cielos te den gracia para que caygas en la cuenta y en la obligacion que te corre de ayudar a mi señora, que lo es tuya, pues tu eres mio.” 10 En estas platicas yuan siguiendo su camino, quando llegaron al mesmo sitio y lugar donde fueron atropellados de los toros; reconociole don Quixote; dixo a Sancho: “Este es el prado donde topamos a las 15 bizarras pastoras y gallardos pastores que en el querian renouar e imitar a la pastoral arcadia, pensamiento tan nueuo como discreto, a cuya imitacion, si es que a ti te parece bien, querria, o Sancho, que nos conuirtiessemos en pastores, 20 siquiera el tiempo que tengo de estar recogido. Yo compraré algunas ouejas y todas las demas cosas que al pastoral exercicio son necessarias, y, llamandome yo el pastor Quixotiz, y tu el pastor Pancino, nos andaremos por los 25 montes, por las seluas y por los prados, cantando aqui, endechando alli, beuiendo de los liquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos rios. Dara[n]nos con abundantissima mano de su 30 dulcissimo fruto las encinas, assiento los troncos de los durissimos alcornoques, sombra los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVII p. 339 sauces, olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas (*) los estendidos prados, aliento el ayre claro y puro, luz la luna y las estrellas, a pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegria el lloro, Apolo versos, el (*) amor 5 conceptos, con que podremos hazernos eternos y famosos, no solo en los presentes, sino en los venideros siglos.” “Pardiez”, dixo Sancho, “que me ha quadrado, y aun esquinado (*) tal genero de vida; y 10 mas, que no la ha de auer aun bien visto el bachiller Sanson Carrasco y maesse Nicolas el barbero, quando la han de querer seguir, y hazerse pastores con nosotros; y aun quiera Dios no le venga en voluntad al cura de entrar 15 tambien en el aprisco, segun es de alegre y amigo de holgarse.” “Tu has dicho muy bien”, dixo don Quixote, “y podra llamarse el bachiller Sanson Carrasco, si entra en el pastoral gremio, como entrará, 20 sin duda, el pastor Sansonino, o ya el pastor Carrascon; el barbero Nicolas se podra llamar Miculoso (*), como ya el antiguo Boscan (*) se llamó Nemoroso; al cura no se que nombre le pongamos, si no es algun deriuatiuo (*) de su 25 nombre, llamandole el pastor Curiambro. Las pastoras de quien hemos de ser amantes, como entre peras podremos escoger sus nombres; y pues el de mi señora quadra assi al de pastora como al de princessa, no ay para qué cansarme 30 en buscar otro que mejor le venga; tu, Sancho, pondras a la tuya el que quisieres.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 340 “No pienso”, respondio Sancho, “ponerle otro alguno sino el de Teresona, que le vendra bien con su gordura y con el propio que tiene, pues se llama Teresa; y mas, que celebrandola yo en mis versos, vengo a descubrir mis castos 5 desseos, pues no ando a buscar pan de trastrigo por las casas agenas. El cura no sera bien que tenga pastora, por dar buen exemplo; y si quisiere el bachiller tenerla, su alma en su palma.” 10 “¡Valame Dios”, dixo don Quixote, “y qué vida nos hemos de dar, Sancho amigo! ¡Qué de churumbelas han de llegar a nuestros oydos, qué de gaytas zamoranas, qué tamborines, y qué de sonajas, y qué de rabeles (*)! Pues ¡qué 15 si destas diferencias de musicas resuena la de los albogues! Alli se vera[n] casi todos los instrumentos pastorales.” “¿Qué son albogues? (*)”, preguntó Sancho; “que ni los he oydo nombrar, ni los he visto 20 en toda mi vida.” “Albogues son”, respondio don Quixote, “vnas chapas a modo de candeleros de açofar, que dando vna con otra por lo vacio y hueco, haze vn son (*), si no muy agradable, 25 ni armonico, no descontenta, y viene bien con la rusticidad de la gayta y del tamborin; y este nombre albogues es morisco, como lo son todos aquellos que en nuestra lengua castellana comiençan en al, conuiene a saber: almoaça, 30 almorçar, alhombra, alguazil, alucema, almacen, alcanzia (*), y otros semejantes, que deuen
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVII p. 341 ser pocos mas; y solos tres tiene nuestra lengua que son moriscos y acaban en i, y son borcegui (*), zaquiçami, y marauedi; alheli y alfaqui (*), tanto por el al primero como por el i en que acaban, son conocidos por arabigos. 5 Esto te he dicho de paso por auermelo reduzido a la memoria la ocasion de auer nombrado albogues; y anos de ayudar mucho al parecer en perfecion este exercicio el ser yo algun tanto poeta, como tu sabes, y el serlo tambien 10 en estremo el bachiller Sanson Carrasco; del cura no digo nada, pero yo apostaré que deue de tener sus puntas y collares de poeta; y que las tenga tambien maesse Nicolas, no dudo en ello, porque todos o los mas son guitarristas y 15 copleros. Yo me quexaré de ausencia; tu te alabarás de firme enamorado; el pastor Carrascon de desdeñado, y el cura Curiambro de lo que el mas puede seruirse, y, assi, andara la cosa que no aya mas que dessear.” 20 A lo que respondio Sancho: “Yo soy, señor, tan desgraciado que temo no ha de llegar el dia en que en tal exercicio me vea. ¡O, qué polidas cuchares (*) tengo de hazer quando pastor me vea! ¡Qué de migas, qué 25 de natas, qué de guirnaldas y qué de çarandajas pastoriles, que, puesto que no me grangeen fama de discreto, no dexarán de grangearme la de ingenioso! Sanchica mi hija nos lleuará la comida al hato; pero ¡guarda! que es de buen 30 parecer, y ay pastores mas maliciosos que simples, y no querria que fuesse por lana y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 342 boluiesse trasquilada; y tambien suelen andar los amores y los no buenos desseos por los campos como por las ciudades, y por las pastorales choças como por los reales palacios, y quitada la causa, se quita el pecado, y ojos que no 5 veen, coraçon que no quiebra, y mas vale salto de mata que ruego de hombres buenos (*).” “No mas refranes, Sancho”, dixo don Quixote, “pues qualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento, y muchas 10 vezes te he aconsejado que no seas tan prodigo de refranes, y que te vayas a la mano en dezirlos; pero pareceme que es predicar en desierto, y «castigame mi madre, y yo trómpogelas» (*).” “Pareceme”, respondio Sancho, “que vuessa 15 merced es como lo que dizen: «dixo la sarten »a la caldera: quitate alla, ojinegra». Estame reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensartalos vuessa merced de dos en dos.” “Mira, Sancho”, respondio don Quixote; “yo 20 traygo los refranes a proposito, y vienen quando los digo como anillo en el dedo; pero traeslos tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guias; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breues, 25 sacadas de la experiencia y especulacion de nuestros antiguos sabios, y el refran que no viene a proposito antes es disparate que sentencia; pero dexemonos desto, y pues ya viene la noche, retiremonos del camino real algun 30 trecho, donde passaremos esta noche, y Dios sabe lo que sera mañana.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVII p. 343 Retiraronse, cenaron tarde y mal, bien contra la voluntad de Sancho, a quien se le representauan las estrechezas de la andante caualleria vsadas en las seluas y en los montes, si bien tal vez la abundancia se mostraua en los 5 castillos y casas, assi de don Diego de Miranda, como en las bodas del rico Camacho, y de don Antonio Moreno; pero consideraua no ser possible ser siempre de dia ni siempre de noche, y, assi, passó aquella durmiendo y su amo 10 velando.
p. 344 Capitulo LXVIII De la cerdosa auentura que le acontecio (*) a don Quixote. Era la noche algo escura, puesto que la luna estaua en el cielo, pero no en parte que pudiesse 5 ser vista; que tal vez la señora Diana se va a passear a los antipodas, y dexa los montes negros y los valles escuros. Cumplio don Quixote con la naturaleza, durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo, bien al rebes 10 de Sancho, que nunca tuuo segundo, porque le duraua el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraua su buena complexion y pocos cuydados. Los de don Quixote le desuelaron de manera, que desperto a 15 Sancho y le dixo: “Marauillado estoy, Sancho, de la libertad de tu condicion. Yo imagino que eres hecho de marmol o de duro bronze, en quien no cabe mouimiento ni sentimiento alguno. Yo velo 20 quando tu duermes, yo lloro quando cantas, yo me desmayo de ayuno quando tu estás pereçoso y desalentado de puro harto. De buenos criados es conlleuar las penas de sus señores y sentir sus sentimientos, por el bien parecer 25 siquiera. Mira la serenidad desta noche, la soledad en que estamos, que nos combida a entremeter alguna vigilia entre nuestro sueño. Leuantate, por tu vida, y desuiate algun trecho de aqui, y con buen animo y denuedo agradecido, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVIII p. 345 date trecientos o quatrocientos açotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea, y esto rogando te lo suplico; que no quiero venir contigo a los braços, como la otra vez, porque se que los tienes pesados. 5 Despues que te ayas dado, passaremos lo que resta de la noche cantando, yo mi ausencia, y tu tu firmeza, dando desde agora principio al exercicio pastoral que hemos de tener en nuestra aldea.” 10 “Señor”, respondio Sancho, “no soy yo religioso para que desde la mitad de mi sueño me leuante y me dicipline, ni menos me parece que del estremo del dolor de los açotes se pueda passar al de la musica; vuessa merced 15 me dexe dormir y no me apriete en lo del açotarme; que me hara hazer juramento de no tocarme jamas al pelo del sayo, no que (*) al de mis carnes.” “¡O alma endurecida! ¡O escudero sin piedad! 20 ¡O pan mal empleado, y mercedes mal consideradas las que te [he] hecho y pienso de hazerte! Por mi te has visto gouernador, y por mi te vees con esperanças propinquas de ser conde o tener otro titulo equiualente, y no tardará el 25 cumplimiento de ellas mas de quanto tarde en passar este año; que yo, post tenebras spero lucem (*).” “No entiendo esso”, replicó Sancho; “solo entiendo que en tanto que duermo, ni tengo 30 temor, ni esperança, ni trabajo, ni gloria; y bien aya el que inuentó el sueño, capa que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 346 cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita la hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frio, frio que templa el ardor, y, finalmente, moneda general con que todas las cosas se compran, balança y peso 5 que yguala al pastor con el rey, y al simple con el discreto. Sola vna cosa tiene mala el sueño, segun he oydo dezir, y es que se parece a la muerte, pues de vn dormido a vn muerto ay muy poca diferencia.” 10 “Nunca te he oydo hablar, Sancho”, dixo don Quixote, “tan elegantemente como aora; por donde vengo a conocer ser verdad el refran que tu algunas vezes sueles dezir: «no con »quien naces, sino con quien paces».” 15 “A, pesi a tal”, replicó Sancho, “señor nuestro amo. ¡No soy yo aora el que ensarta refranes!; que tambien a vuessa merced se le caen de la boca de dos en dos mejor que a mi, sino que deue de auer entre los mios y los suyos 20 esta diferencia, que los de vuessa merced vendran a tiempo, y los mios a desora; pero, en efecto, todos son refranes.” En esto estauan, quando sintieron vn sordo estruendo y vn aspero ruydo, que por todos 25 aquellos valles se estendia. Leuantose en pie don Quixote y puso mano a la espada, y Sancho se agazapó debaxo del ruzio, poniendose a los lados el lio de las armas y la albarda de su jumento, tan temblando de miedo, como 30 alborotado don Quixote. De punto en punto yua creciendo el ruydo, y, llegandose cerca a los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVIII p. 347 dos temerosos, a lo menos, al vno, que al otro ya se sabe su valentia. Es, pues, el caso que lleuauan vnos hombres a vender a vna feria mas de seyscientos puercos, con los quales caminauan a aquellas 5 horas, y era tanto el ruydo que lleuauan, y el gruñir y el bufar, que ensordecieron los oydos de don Quixote y de Sancho, que no aduirtieron lo que ser podia. Llegó de tropel la estendida y gruñidora piara, y sin tener respeto a la 10 autoridad de don Quixote ni a la de Sancho, passaron por cima de los dos, deshaziendo las trincheas de Sancho y derribando no solo a don Quixote, sino lleuando por añadidura a Rozinante. El tropel, el gruñir, la presteza con que 15 llegaron los animales inmundos puso en confusion y por el suelo a la albarda, a las armas, al ruzio, a Rozinante, a Sancho y a don Quixote. Leuantose Sancho como mejor pudo y pidio a su amo la espada, diziendole que queria matar 20 media dozena de aquellos señores y descomedidos puercos; que ya auia conocido que lo eran. Don Quixote le dixo: “Dexalos estar, amigo; que esta afrenta es pena de mi pecado, y justo castigo del cielo es 25 que a vn cauallero andante vencido le coman adiuas, y le piquen abispas, y le hollen puercos.” “Tambien deue de ser castigo del cielo”, respondio Sancho, “que a los escuderos de los caualleros vencidos los punzen moscas, los 30 coman piojos, y les enuista la hambre. Si los escuderos fueramos hijos de los caualleros a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 348 quien seruimos, o parientes suyos muy cercanos, no fuera mucho que nos alcançara la pena de sus culpas, hasta la quarta generacion; pero ¿qué tienen que ver los Panças con los Quixotes? Aora bien, tornemonos a acomodar, 5 y durmamos lo poco que queda de la noche, y amanecera Dios y medraremos.” “Duerme tu, Sancho”, respondio don Quixote, “que naciste para dormir; que yo, que naci para velar, en el tiempo que falta de aqui al 10 dia dare rienda a mis pensamientos, y los desfogaré en vn madrigalete que, sin que tu lo sepas, anoche compuse en la memoria.” “A mi me parece”, respondio Sancho, “que los pensamientos que (*) dan lugar a hazer 15 coplas no deuen de ser muchos. Vuessa merced coplee quanto quisiere; que yo dormire quanto pudiere.” Y luego, tomando en el suelo quanto quiso, se acurrucó, y durmio a sueño suelto, sin que fianças, 20 ni deudas, ni dolor alguno se lo estoruasse. Don Quixote, arrimado a vn tronco de vna haya o de vn alcornoque --que Cide Hamete Benengeli no distingue el arbol que era--, al son de sus mesmos su[s]piros cantó de esta suerte: 25 Amor, quando yo pienso en el mal que me das, terrible y fuerte, voy corriendo a la muerte, pensando assi acabar mi mal inmenso; mas en llegando al paso 30 que es puerto en este mar de mi tormento, tanta alegria siento, que la vida se esfuerça, y no le passo.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVIII p. 349 Assi el viuir me mata, que la muerte me torna a dar la vida. ¡O condicion no oyda la que conmigo muerte y vida trata! (*) Cada verso destos acompañaua con muchos 5 suspiros y no pocas lagrimas, bien como aquel cuyo coraçon tenia (*) traspassado con el dolor del vencimiento, y con la ausencia de Dulcinea. Llegose en esto el dia, dio el sol con sus rayos en los ojos a Sancho, desperto y espereçose, 10 sacudiendose y estirandose los pereçosos miembros; miró el destroço que auian hecho los puercos en su reposteria, y maldixo la piara, y aun mas adelante. Finalmente, boluieron los dos a su començado camino, y al declinar de 15 la tarde vieron que hazia ellos venian hasta diez hombre[s] de a cauallo y quatro o cinco de a pie. Sobresaltose el coraçon de don Quixote y azorose el de Sancho, porque la gente que se les llegaua traia lanças y adargas y venia 20 muy a punto de guerra. Boluiose don Quixote a Sancho, y dixole: “Si yo pudiera, Sancho, exercitar mis armas, y mi promesa no me huuiera atado los braços, esta maquina que sobre nosotros viene la 25 tuuiera yo por tortas y pan pintado; pero podria ser fuesse otra cosa de la que tememos.” Llegaron en esto los de a cauallo, y, arbolando las lanças, sin hablar palabra alguna, rodearon a don Quixote y se las pusieron a las 30 espaldas y pechos, amenazandole de muerte. Vno de los de a pie, puesto vn dedo en la boca
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 350 en señal de que callasse, assio del freno de Rozinante y le sacó del camino, y los demas de a pie, antecogiendo a Sancho y al ruzio, guardando todos marauilloso silencio, siguieron los pasos del que lleuaua a don Quixote, el qual 5 dos o tres vezes quiso preguntar adónde le lleuauan, o qué querian; pero apenas començaua a mouer los labios, quando se los yuan a cerrar con los (*) hierros de las lanças; y a Sancho le acontecia lo mismo, porque apenas daua 10 muestras de hablar, quando vno de los de a pie con vn aguijon le punzaua, y al ruzio ni mas ni menos, como si hablar quisiera. Cerro la noche, apresuraron el paso, crecio en los dos presos el miedo, y mas, quando 15 oyeron que de quando en quando les dezian: “¡Caminad, trogloditas! ¡Callad, barbaros! ¡Pagad, antropofagos! ¡No os quexeis, scitas, ni abrais los ojos, Polifemos matadores, leones carniceros!” 20 Y otros nombres semejantes a estos, con que atormentauan los oydos de los miserables amo y moço. Sancho yua diziendo entre si: “¿Nosotros (*) tortolitas, nosotros barberos ni estropajos? ¿Nosotros perritas, a quien dizen 25 cita, cita? No me contentan nada estos nombres, a mal viento va esta parua; todo el mal nos viene junto, como al perro los palos, y ¡oxala parasse en ellos lo que amenaza esta auentura tan desuenturada!” 30 Yua don Quixote embelesado, sin poder atinar con quantos discursos hazia qué serian
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXVIII p. 351 aquellos nombres llenos de vituperios que les ponian, de los quales sacaua en limpio no esperar ningun bien y temer mucho mal. Llegaron, en esto, vn hora casi de la noche, a vn castillo, que bien conocio don Quixote que era 5 el del duque, donde auia poco que auian estado. “¡Valame (*) Dios!”, dixo assi como conocio la estancia; “y ¿qué sera esto? Si que en esta casa todo es cortesia y buen comedimiento; pero para los vencidos el bien se buelue en mal 10 y el mal en peor.” Entraron al patio principal del castillo, y vieronle adereçado y puesto de manera, que les acrecento la admiracion y les dobló el miedo, como se vera en el siguiente capitulo. 15
p. 352 Capitulo LXIX Del mas raro y mas nueuo sucesso que en todo el discurso desta grande historia auino a don Quixote. Apearonse los de a cauallo, y junto con los 5 de a pie, tomando en peso y arrebatadamente a Sancho y a don Quixote, los entraron en el patio, alrededor del qual ardian casi cien hachas, puestas en sus blandones, y por los corredores del patio mas de quinientas luminarias, 10 de modo, que a pesar de la noche, que se mostraua algo escura, no se echaua de ver la falta del dia. En medio del patio se leuantaua vn tumulo como dos varas del suelo, cubierto todo con vn grandissimo dosel de terciopelo 15 negro, alrededor del qual, por sus gradas, ardian velas de cera blanca sobre mas de cien candeleros de plata; encima del qual tumulo se mostraua vn cuerpo muerto de vna tan hermosa donzella, que hazia parecer con su hermosura 20 hermosa a la misma muerte. Tenia la cabeça sobre vna almohada de brocado, coronada con vna guirnalda de diuersas y odoriferas flores texida, las manos cruzadas sobre el pecho, y entre ellas vn ramo de amarilla y vencedora palma. 25 A vn lado del patio estaua puesto vn teatro y dos (*) sillas, sentados dos personages, que, por tener coronas en la cabeça y ceptros en las manos dauan señales de ser algunos reyes, ya verdaderos o ya fingidos; al lado deste teatro, 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIX p. 353 adonde se subia por algunas gradas, estauan otras dos sillas, sobre las quales los que truxeron los presos sentaron a don Quixote y a Sancho, todo esto callando, y dandoles a entender con señales a los dos que assimismo callassen. 5 Pero sin que se lo señalaran, callaron (*) ellos, porque la admiracion de lo que estauan mirando les tenia atadas las lenguas. Subieron, en esto, al teatro con mucho acompañamiento dos principales personages, que 10 luego fueron conocidos de don Quixote ser el duque y la duquessa, sus huespedes; los quales se sentaron en dos riquissimas sillas junto a los dos que parecian reyes. ¿Quién no se auia de admirar con esto, añadiendose a ello auer 15 conocido don Quixote que el cuerpo muerto que estaua sobre el tumulo era el de la hermosa Altisidora? Al subir el duque y la duquessa en el teatro, se leuantaron don Quixote y Sancho, y les 20 hizieron vna profunda humillacion, y los duques hizieron lo mesmo, inclinando algun tanto las cabeças. Salio, en esto, de traues vn ministro, y, llegandose a Sancho, le echó vna ropa de bocaci negro encima, toda pintada con llamas 25 de fuego, y, quitandole la caperuça, le puso en la cabeça vna coroça, al modo de las que sacan los penitenciados por el Santo Oficio, y dixole al oydo que no descosiesse los labios, porque le echarian vna mordaça o le quitarian 30 la vida. Mirauase Sancho de arriba abaxo, veiase ardiendo en llamas, pero como no le quemauan,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 354 no las estimaua en dos ardites. Quitose la coraça, viola pintada de diablos, boluiosela [a] poner, diziendo entre si: “Aun bien que ni ellas me abrasan ni ellos me lleuan.” 5 Mirauale tambien don Quixote, y aunque el temor le tenia suspensos los sentidos, no dexó de reirse de ver la figura de Sancho. Començo (*), en esto, a salir, al parecer, debaxo del tumulo vn son sumiso y agradable de flautas, que 10 por no ser impedido de alguna humana voz, porque en aquel sitio el mesmo silencio guardaua silencio a si mismo, se mostraua blando y amoroso. Luego hizo de si improuisa muestra, junto a la almohada del al parecer cadauer, vn 15 hermoso mancebo vestido a lo romano, que al son de vna arpa, que el mismo tocaua, cantó con suauissima y clara voz estas dos estancias: En tanto que en si buelue Altisidora, muerta por la crueldad de don Quixote, 20 y en tanto que en la corte encantadora se vistieren las damas de picote, y en tanto que a sus dueñas mi señora vistiere de vayeta y de anascote, cantaré su belleza y su desgracia, 25 con mejor plectro que el cantor de Tracia. Y aun no se me figura que me toca aqueste oficio solamente en vida; mas con la lengua muerta y fria en la boca pienso mouer la voz a ti deuida. 30 Libre mi alma de su estrecha roca, por el estigio lago conduzida, celebrandote yra, y aquel sonido hara parar las aguas del oluido (*).
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIX p. 355 “No mas”, dixo a esta sazon vno de los dos que parecian reyes; “no mas, cantor diuino; que seria proceder en infinito representarnos aora la muerte y las gracias de la sin par Altisidora, no muerta como el mundo ignorante piensa, 5 sino viua, en las lenguas de la fama, y en la pena que para boluerla a la perdida luz ha de passar Sancho Pança, que está presente. Y, assi, o tu, Radamanto, que conmigo juzgas en las cabernas lobregas de Lite (*), pues sabes 10 todo aquello que en los inescrutables hados está determinado acerca de boluer en si esta donzella, dilo y declaralo luego, por que no se nos dilate el bien que con su nueua buelta esperamos.” 15 Apenas huuo dicho esto Minos, juez, y compañero de Radamanto, quando, leuantandose en pie Radamanto, dixo: “Ea, ministros desta casa, altos y baxos, grandes y chicos, acudid vnos tras otros y 20 sellad el rostro de Sancho con veynte y quatro mamonas y doze pellizcos y seys alfilerazos [en] braços y lomos; que en esta ceremonia consiste la salud de Altisidora.” Oyendo lo qual Sancho Pança, rompio el 25 silencio, y dixo: “¡Voto a tal, assi me dexe yo sellar el rostro ni manosearme la cara como boluerme moro! ¡Cuerpo de mi! ¿Qué tiene que ver manosearme el rostro con la resurrecion desta donzella? 30 Regostose la vieja a los bledos... (*); encantan a Dulcinea, y açotanme para que se desencante.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 356 Muerese Altisidora de males que Dios quiso darle, y hanla de resucitar [a] hazerme (*) a mi veynte y quatro mamonas, y a cribarme el cuerpo a alfileraços, y a acardenalarme los braços a pellizcos. Essas burlas a vn cuñado; que yo 5 soy perro viejo, y no ay conmigo tus, tus.” “¡Moriras!”, dixo en alta voz Radamanto. “¡Ablandate, tigre; humillate, Nembrot soberuio, y sufre y calla, pues no te piden impossibles! Y no te metas en aueriguar las dificultades 10 deste negocio: mamonado has de ser, acrebillado te has de ver, pellizcado has de gemir. Ea, digo, ministros, cumplid mi mandamiento; si no, por la fe de hombre de bien que aueis de ver para lo que nacistes.” 15 Parecieron, en esto, que por el patio venian hasta seys dueñas en procession, vna tras otra, las quatro con antojos, y todas leuantadas las manos derechas en alto, con quatro dedos de muñecas de fuera, para hazer las manos mas 20 largas, como aora se vsa. No las huuo visto Sancho, quando, bramando como vn toro, dixo: “Bien podre yo dexarme manosear de todo el mundo; pero consentir que me toquen dueñas, 25 ¡esso no! Gateenme el rostro, como hizieron a mi amo en este mesmo castillo; traspassenme el cuerpo con puntas de dagas buydas; atenazenme los braços con tenaças de fuego, que yo lo lleuaré en paciencia, o seruire a estos 30 señores; pero que me toquen dueñas no lo consentire, si me lleuasse el diablo.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIX p. 357 Rompio tambien el silencio don Quixote, diziendo a Sancho: “Ten paciencia, hijo, y da gusto a estos señores, y muchas gracias al cielo por auer puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio 5 della desencantes los encantados, y resucites los muertos.” Ya estauan las dueñas cerca de Sancho, quando el, mas blando y mas persuadido, poniendose bien en la silla, dio rostro y 10 barba a la primera, la qual la (*) hizo vna mamona muy bien sellada y luego vna gran reuerencia. “Menos cortesia, menos mudas, señora dueña”, dixo Sancho; “que por Dios que traeis 15 las manos oliendo a vinagrillo.” Finalmente, todas las dueñas le sellaron, y otra mucha gente de casa le pellizcaron; pero lo que el no pudo sufrir fue el punçamiento de los alfileres. Y, assi, se leuantó de la silla, al 20 parecer, mohino, y, assiendo de vna hacha encendida que junto a el estaua, dio tras las dueñas, y tras todos sus verdugos, diziendo: “¡Afuera, ministros infernales; que no soy yo de bronze para no sentir tan 25 extraordinar[i]os martirios!” En esto, Altisidora, que deuia de estar cansada por auer estado tanto tiempo supina, se boluio de vn lado. Visto lo qual por los circunstantes, casi todos a vna voz dixeron: 30 “¡Viua es Altisidora! ¡Altisidora viue!” Mandó Radamanto a Sancho que depusiesse
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 358 la ira, pues ya se auia alcançado el intento que se procuraua. Assi como don Quixote vio rebullir a Altisidora, se fue a poner de rodillas delante de Sancho, diziendole: 5 “Agora es tiempo, hijo de mis entrañas, no que (*) escudero mio, que te des algunos de los açotes que estás obligado a dar por el desencanto de Dulcinea. Aora, digo, que es el tiempo donde tienes sazonada la virtud, y con 10 eficacia de obrar el bien que de ti se espera.” A lo que respondio Sancho: “Esto me parece argado sobre argado, y no miel sobre hojuelas. ¡Bueno seria que tras pellizcos, mamonas y alfilerazos viniessen aora 15 los açotes! No tienen mas que hazer sino tomar vna gran piedra y atarmela al cuello, y dar conmigo en vn poço, de lo que a mi no pesaria mucho, si es que para curar los males agenos tengo yo de ser la baca de la boda (*). 20 Dexenme; si no, por Dios que lo arroje y lo eche todo a treze, aunque no se venda (*).” Ya, en esto, se auia sentado en el tumulo Altisidora, y al mismo instante sonaron las chirim[i]as, a quien acompañaron las flautas, 25 y las vozes de todos que aclamauan: “¡Viua Altisidora, Altisidora viua!” Leuantaronse los duques y los reyes Minos y Radamanto, y todos juntos con don Quixote y Sancho fueron a recebir a Altisidora, 30 y a baxarla del tumulo; la qual, haziendo de la desmayada, se inclinó a los duques y a los
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXIX p. 359 reyes, y, mirando de traues a don Quixote, le dixo: “Dios te lo perdone, desamorado cauallero, pues por tu crueldad he estado en el otro mundo, a mi parecer, mas de mil años; y a ti, 5 ¡o el mas compassiuo escudero que contiene el orbe!, te agradezco la vida que posseo. Dispon desde oy mas, amigo Sancho, de seys camisas mias que te mando, para que hagas otras seys para ti, y si no son todas sanas, a lo menos, 10 son todas limpias.” Besole por ello las manos Sancho, con la coroça en la mano y las rodillas en el suelo. Mandó el Duque que se la quitassen, y le boluiessen su caperuça y le pusiessen el sayo y 15 le quitassen la ropa de las llamas. Suplicó Sancho al duque que le dexassen la ropa y mitra, que las queria lleuar a su tierra por señal y memoria de aquel nunca visto sucesso. La duquessa respondio que si dexarian: que ya 20 sabia el quan grande amiga suya era. Mandó el duque despejar el patio, y que todos se recogiessen a sus estancias, y que a don Quixote y a Sancho los lleuassen a las que ellos ya se sabian. 25
p. 360 Capitulo LXX Que sigue al (*) sesenta y nueue, y trata de cosas no escusadas para la claridad desta historia. Durmio Sancho aquella noche en vna 5 carriola, en el mesmo aposento de don Quixote, cosa que el quisiera escusarla si pudiera, porque bien sabia que su amo no le auia de dexar dormir a preguntas y a respuestas, y no se hallaua en disposicion de hablar mucho, porque 10 los dolores de los martirios passados los tenia presentes, y no le dexauan libre la lengua, y vinierale mas a cuento dormir en vna choça, solo, que no en aquella rica estancia acompañado. Saliole su temor tan verdadero 15 y su sospecha tan cierta, que apenas huuo entrado su señor en el lecho, quando dixo: “¿Qué te parece, Sancho, del sucesso desta noche? Grande y poderosa es la fuerça del desden dessamorado, como por tus mismos 20 ojos has visto muerta a Altissidora, no con otras saetas, ni con otra espada, ni con otro instrumento belico, ni con venenos mortiferos, sino con la consideracion del rigor y el desden con que yo siempre la he tratado.” 25 “Murierase ella en hora buena quando (*) quisiera y como quisiera”, respondio Sancho, “y dexarame a mi en mi casa, pues ni yo la enamoré, ni la desdeñé en mi vida. Yo no se ni puedo pensar cómo sea que la salud de 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXX p. 361 Altisidora, donzella mas antojadiça que discreta, tenga que ver, como otra vez he dicho, con los martirios de Sancho Pança. Agora si que vengo a conocer clara y distintamente que ay encantadores y encantos en el mundo, de 5 quien Dios me libre, pues yo no me se librar. Con todo esto, suplico a vuessa merced me dexe dormir y no me pregunte mas si no quiere que me arroje por vna ventana abaxo.” “Duerme, Sancho amigo”, respondio don 10 Quixote, “si es que te dan lugar los alfileraços y pellizcos recebidos, y las mamonas hechas.” “Ningun dolor”, replicó Sancho, “llegó a la afrenta de las mamonas, no por otra cosa que por auermelas hecho dueña (*), que confundidas 15 sean. Y torno a suplicar a vuessa merced me dexe dormir; porque el sueño es aliuio de las miserias de los que las tienen despiertos (*).” “Sea assi”, dixo don Quixote, “y Dios te acompañe.” 20 Durmieronse los dos, y en este tiempo quiso escriuir y dar cuenta Cide Hamete, autor desta grande historia, qué les mouio a los duques a leuantar el edificio de la maquina referida; y dize que no auiendosele oluidado al bachiller 25 Sanson Carrasco quando el Cauallero de los Espejos fue vencido y derribado por don Quixote, cuyo vencimiento y cayda borró y deshizo todos sus designios, quiso boluer a prouar la mano, esperando mejor sucesso que el passado. 30 Y, assi, informandose del page que lleuó la carta y presente a Teresa Pança, muger de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 362 Sancho, adónde don Quixote quedaua, buscó nueuas armas y cauallo, y puso en el escudo la blanca luna, lleuandolo todo sobre vn macho a quien guiaua vn labrador, y no Tomé Cecial, su antiguo escudero, porque no fuesse 5 conocido de Sancho ni de don Quixote. Llegó, pues, al castillo del duque, que le informó el camino y derrota que don Quixote lleuaua, con intento de hallarse en las justas de Zaragoça. Dixole assimismo las burlas que le auia 10 hecho con la traça del dessencanto de Dulcinea, que auia de ser a costa de las possaderas de Sancho. En fin, dio cuenta de la burla que Sancho auia hecho a su amo, dandole a entender que Dulcinea estaua encantada y transformada 15 en labradora, y como la duquessa su muger auia dado a entender a Sancho que el era el que se engañaua; porque verdaderamente estaua encantada Dulcinea; de que no poco se rio y admiró el bachiller, considerando 20 la agudeza y simplicidad de Sancho, como del estremo de la locura de don Quixote. Pidiole el duque que si le hallasse, y le venciesse, o no, se boluiesse por alli a darle cuenta del sucesso. Hizolo assi el bachiller; partiose 25 en su busca, no le halló en Zaragoça, passó adelante, y sucediole lo que queda referido. Boluiose por el castillo del duque, y contoselo todo, con las condiciones de la batalla, y que ya don Quixote boluia a cumplir, como buen 30 cauallero andante, la palabra de retirarse vn año en su aldea, en el qual tiempo podia ser
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXX p. 363 --dixo el bachiller--, que sanasse de su locura; que esta era la intencion que le auia mouido a hazer aquellas transformaciones, por ser cosa de lastima que vn hidalgo tan bien entendido como don Quixote fuesse loco. Con 5 esto se despidio del duque, y se boluio a su lugar, esperando en el a don Quixote, que tras el venia. De aqui tomó ocasion el duque de hazerle aquella burla, tanto era lo que gustaua de las 10 cosas de Sancho y de don Quixote, y (*), haziendo tomar los caminos cerca y lexos del castillo, por todas las partes que imaginó que podria boluer don Quixote, con muchos criados suyos de a pie y de a cauallo, para que por 15 fuerça o de grado le truxessen al castillo, si le hallassen. Hallaronle, dieron auiso al duque, el qual ya preuenido de todo lo que auia de hazer, assi como tuuo noticia de su llegada, mandó 20 encender las hachas y las luminarias del patio, y poner a Altisidora sobre el tumulo, con todos los aparatos que se han contado, tan al viuo y tan bien hechos, que de la verdad a ellos auia bien poca diferencia. Y dize mas Cide Hamete, 25 que tiene para si ser tan locos los burladores como los burlados, y que no estauan los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco ponian en burlarse de dos tontos; los quales, el vno durmiendo a sueño suelto, y el otro 30 velando a pensamientos dessatados, les tomó el dia y la gana de leuantarse; que las ociosas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 364 plumas, ni vencido ni vencedor, jamas dieron gusto a don Quixote. Altisidora, en la opinion de don Quixote, buelta de muerte a vida, siguiendo el humor de sus señores, coronada con la misma 5 guirnalda que en el tumulo tenia, y vestida vna tunicela de tafetan blanco, sembrada de flores de oro, y sueltos los cabellos por las espaldas, arrimada a vn baculo de negro y finissimo euano, entró en el aposento de don Quixote, 10 con cuya presencia turbado y confuso, se encogio y cubrio casi todo con las sabanas y colchas de la cama, muda la lengua, sin que acertasse a hazerle cortesia ninguna. Sentose Altisidora en vna silla, junto a su cabecera, y 15 despues de auer dado vn gran suspiro, con voz tierna y debilitada, le dixo: “Quando las mugeres principales y las recatadas donzellas atropellan por la honra, y dan licencia a la lengua que rompa por todo 20 inconueniente, dando noticia en publico de los secretos que su coraçon encierra, en estrecho termino se hallan. Yo, señor don Quixote de la Mancha, soy vna destas, apretada, vencida y enamorada; pero, con todo esto, sufrida y 25 honesta, tanto, que por serlo tanto, rebento mi alma por mi silencio, y perdi la vida. Dos dias ha que [con] la consideracion (*) del rigor con que me has tratado, ¡O mas duro que marmol a mis quexas (*), 30 empedernido cauallero!, he estado muerta, o, a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXX p. 365 lo menos, juzgada por tal de los que me han visto. Y si no fuera porque el amor, condoliendose de mi, depositó mi remedio en los martirios deste buen escudero, alla me quedara en el otro mundo.” 5 “Bien pudiera el amor”, dixo Sancho, “depositarlos (*) en los de mi asno, que yo se lo agradeciera. Pero digame, señora, assi el cielo la acomode con otro mas blando amante que mi amo, ¿qué es lo que vio en el otro mundo? ¿Qué 10 ay en el infierno? ¿Por qué quien muere dessesperado, por fuerça ha de tener aquel paradero?” “La verdad que os diga”, respondio Altisidora, “yo no deui de morir del todo, pues no entré en el infierno; que si alla entrara, vna por vna 15 no pudiera salir del, aunque quisiera. La verdad es que llegué a la puerta, adonde estauan jugando hasta vna dozena de diablos a la pelota, todos en calças y en jubon, con balonas guarnecidas con puntas de randas flamencas, y 20 con vnas bueltas de lo mismo que les seruian de puños, con quatro dedos de braço de fuera, porque pareciessen las manos mas largas (*), en las quales tenian vnas palas de fuego; y lo que mas me admiró fue que les seruian, en 25 lugar de pelotas, libros, al parecer, llenos de viento y de borra, cosa marauillosa y nueua. Pero esto no me admiró tanto como el ver que, siendo natural de los jugadores el alegrarse los gananciosos y entristecerse los que pierden, 30 alli en aquel juego todos gruñian, todos regañauan y todos se maldezian.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 366 “Esso no es marauilla”, respondio Sancho; “porque los diablos, jueguen o no jueguen, nunca pueden estar contentos, ganen o no ganen.” “Assi deue de ser”, respondio Altissidora. 5 “Mas ay otra cosa que tambien me admira, quiero dezir me admiró entonces, y fue que al primer boleo no quedaua pelota en pie, ni de prouecho para seruir otra vez, y assi, menudeauan libros nueuos y viejos, que era vna 10 marauilla. A vno dellos, nueuo, flamante y bien enquadernado, le dieron vn papirotaço, que le sacaron las tripas y le esparcieron las hojas. Dixo vn diablo a otro: «Mirad qué libro es »esse.» Y el diablo le respondio: «Esta es la 15 »Segunda parte de la historia de don »Quixote de la Mancha, no compuesta por Cide »Hamete, su primer autor, sino por vn aragones, »que el dize ser natural de Tordesillas.» «Quitadmele de ay», respondio el otro 20 diablo, «y metedle en los abismos del »infierno, no le vean mas mis ojos.» «¿Tan malo »es?», respondio el otro. «Tan malo», replicó el primero, «que si de proposito yo mismo me »pusiera a hazerle peor, no acertara.» Prosiguieron 25 su juego, peloteando otros libros, y yo por auer oydo nombrar a don Quixote a quien tanto adamo (*) y quiero, procuré que se me quedasse en la memoria esta vision.” “Vision deuio de ser, sin duda”, dixo don 30 Quixote; “porque no ay otro yo en el mundo, y ya essa historia anda por aca de mano en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXX p. 367 mano, pero no para en ninguna, porque todos la dan del pie. Yo no me he alterado en oyr que ando como cuerpo fantastico por las tinieblas del abismo, ni por la claridad de la tierra, porque no soy aquel de quien essa historia 5 trata. Si ella fuere buena, fiel y verdadera, tendra siglos de vida, pero si fuere mala, de su parto a la sepultura no sera muy largo el camino.” Yua Altissidora a proseguir en quexarse de 10 don Quixote, quando le dixo don Quixote: “Muchas vezes os he dicho, señora, que a mi me pesa de que ayais colocado en mi vuestros pensamientos, pues de los mios antes pueden ser agradecidos que remediados: yo 15 naci para ser de Dulcinea del Toboso, y los hados, si los huuiera, me dedicaron para ella; y pensar que otra alguna hermosura ha de ocupar el lugar que en mi alma tiene, es pensar lo impossible. Suficiente dessengaño es 20 este para que os retireis en los limites de vuestra honestidad, pues nadie se puede obligar a lo impossible.” Oyendo lo qual Altissidora, mostrando enojarse y alterarse, le dixo: 25 “¡Viue el Señor, don vacallao, alma de almirez, cuesco de datil, mas terco y duro que villano rogado quando tiene la suya sobre el hito, que si arremeto a vos, que os tengo de sacar los ojos! ¿Pensais, por ventura, don 30 vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que aueis visto esta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 368 noche ha sido fingido; que no soy yo muger que por semejantes camellos auia de dexar que me doliesse vn negro de la vña, quanto mas morirme.” “Esso creo yo muy bien”, dixo Sancho; “que 5 esto del morirse los enamorados es cosa de risa; bien lo pueden ellos dezir, pero hazer, crealo Iudas (*).” Estando en estas platicas, entró el musico, cantor y poeta, que auia cantado las dos ya 10 referidas estancias, el qual, haziendo vna gran reuerencia a don Quixote, dixo: “Vuessa merced, señor cauallero, me cuente y tenga en el numero de sus mayores seruidores, porque ha muchos dias que le soy 15 muy aficionado, assi por su fama como por sus hazañas.” Don Quixote le respondio: “Vuessa merced me diga quien es, porque mi cortesia responda a sus merecimientos.” 20 El moço respondio que era el musico y panegirico de la noche antes. “Por cierto”, replicó don Quixote, “que vuessa merced tiene estremada voz; pero lo que cantó no me parece que fue muy a proposito; 25 porque ¿qué tienen que ver las estancias de Garcilasso con la muerte desta señora?” “No se marauille vuessa merced desso”, respondio el musico; “que ya entre los intonsos poetas de nuestra edad se vsa que cada vno 30 escriua como quisiere, y hurte de quien quisiere, venga o no venga a pelo de su intento, y ya
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXX p. 369 no ay necedad que canten o escriuan que no se atribuya a licencia poetica.” Responder quisiera don Quixote, pero estoruaronlo el duque y la duquessa, que entraron a verle, entre los quales passaron vna larga y 5 dulce platica, en la qual dixo Sancho tantos donayres y tantas malicias, que dexaron de nueuo admirados a los duques, assi con su simplicidad, como con su agudeza. Don Quixote les suplicó le diessen licencia para 10 partirse aquel mismo dia, pues a los vencidos caualleros, como el, mas le conuenia abitar vna çaurda que no reales palacios. Dieronsela de muy buena gana, y la duquessa le preguntó si quedaua en su gracia Altissidora. El le 15 respondio: “Señora mia, sepa vuestra señoria que todo el mal desta donzella nace de ociosidad, cuyo remedio es la ocupacion honesta y continua. Ella me ha dicho aqui que se vsan randas en 20 el infierno, y pues ella las deue de saber hazer, no las dexe de la mano; que ocupada en menear los palillos, no se menearán en su imaginacion la imagen o imagines de lo que bien quiere; y esta es la verdad, este mi parecer y 25 este es mi consejo.” “Y el mio”, añadio Sancho, “pues no he visto en toda mi vida randera que por amor se aya muerto; que las donzellas ocupadas mas ponen sus pensamientos en acabar sus tareas que en 30 pensar en sus amores. Por mi lo digo, pues mientras estoy cauando, no me acuerdo de mi
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 370 oyslo, digo, de mi Teressa Pança, a quien quiero mas que a las pestañas de mis ojos.” “Vos dezis muy bien, Sancho”, dixo la duquessa, “y yo hare que mi Altissidora se ocupe de aqui adelante en hazer alguna labor blanca, 5 que la sabe hazer por estremo.” “No ay para qué, señora”, respondio Altissidora, “vsar desse remedio, pues la consideracion de las crueldades que conmigo ha vsado este malandrin mostrenco, me le borrarán de 10 la memoria sin otro artificio alguno. Y, con licencia de vuestra grandeza, me quiero quitar de aqui, por no ver delante de mis ojos ya no su triste figura, sino su fea y abominable catadura.” 15 “Esso me parece”, dixo el duque, “a lo que suele dezirse: Porque aquel que dize injurias, cerca está de perdonar (*).” Hizo Altissidora muestra de limpiarse las 20 lagrimas con vn pañuelo, y, haziendo reuerencia a sus señores, se salio del aposento. “Mandote yo”, dixo Sancho, “pobre donzella, mandote, digo, mala ventura, pues las has auido con vna alma de esparto y con vn 25 coraçon de encina. A fee que si las huuieras conmigo, que otro gallo te cantara.” Acabose la platica, vistiose don Quixote, comio con los duques y partiose aquella tarde.
p. 371 Capitulo LXXI De lo que a don Quixote le sucedio con su escudero Sancho yendo a su aldea. Yua el vencido y assendereado don Quixote pensati[uo] a demas por vna parte y muy alegre 5 por otra. Causaua su tristeza el vencimiento, y la alegria el considerar en la virtud de Sancho, como lo auia mostrado en la resurecion de Altissidora, aunque con algun escrupulo se persuadia a que la enamorada donzella 10 fuesse muerta de veras. No yua nada Sancho alegre, porque le entristecia ver que Altissidora no le auia cumplido la palabra de darle las camisas, y, yendo y viniendo en esto, dixo a su amo: 15 “En verdad, señor, que soy el mas desgraciado medico que se deue de hallar en el mundo, en el qual ay fisicos que, con matar al enfermo que curan, quieren ser pagados de su trabajo, que no es otro sino firmar vna cedulilla 20 de algunas medicinas, que no las haze el, sino el boticario, y catalo cantusado (*); y a mi, que la salud agena me cuesta gotas de sangre, mamonas, pellizcos, alfileraços y açotes, no me dan vn ardite. Pues yo les voto a tal 25 que si me traen a las manos otro algun enfermo, que antes que le cure me han de vntar las mias; que el abad de donde canta yanta, y no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 372 quiero creer que me aya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bobilis, bobilis.” “Tu tienes razon, Sancho amigo”, respondio don Quixote, “y halo hecho muy mal Altissidora 5 en no auerte dado las prometidas camisas, y puesto que tu virtud es gratis data, que no te ha costado estudio alguno, mas que estudio es recebir martirios en tu persona. De mi te se dezir que si quisieras paga por los açotes 10 del dessencanto de Dulcinea, ya te la huuiera dado tal como buena; pero no se si vendra bien con la cura la paga, y no querria que impidiesse el premio a la medicina. Con todo esso, me parece que no se perdera nada en 15 prouarlo: mira, Sancho, el que quieres, y açotate luego, y pagate de contado y de tu propia mano, pues tienes dineros mios.” A cuyos ofrecimientos abrio Sancho los ojos y las orejas de vn palmo, y dio consentimiento 20 en su coraçon a açotarse de buena gana, y dixo a su amo: “Agora bien, señor, yo quiero disponerme a dar gusto a vuessa merced en lo que dessea, con prouecho mio; que el amor de mis hijos y 25 de mi muger me haze que me muestre interessado. Digame vuessa merced quánto me dara por cada açote que me diere.” “Si yo te huuiera de pagar, Sancho”, respondio don Quixote, “conforme lo que merece la 30 grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosi fueran poco para
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXI p. 373 pagarte; toma tu el tiento a lo que lleuas mio, y pon el precio a cada açote.” “Ellos”, respondio Sancho, “son tres mil y trecientos y tantos; de ellos me he dado hasta cinco: quedan los demas; entren entre los 5 tantos estos cinco, y vengamos a los tres mil y trecientos, que a quartillo cada vno --que no lleuaré menos si todo el mundo me lo mandasse--, montan tres mil y trecientos quartillos, que son los tres mil, mil y quinientos medios 10 reales, que hazen setecientos y cincuenta reales; y los trecientos hazen ciento y cinquenta medios reales, que vienen a hazer setenta y cinco reales, que, juntandose a los setecientos y cinquenta, son por todos ochocientos y veynte 15 y cinco reales (*). Estos desfalcaré yo de los que tengo de vuessa merced y entraré en mi casa, rico y contento, aunque bien açotado; porque no se toman truchas... (*) y no digo mas.” “¡O Sancho bendito! ¡O Sancho amable”, 20 respondio don Quixote, “y quán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a seruirte todos los dias que el cielo nos diere de vida! Si ella buelue al ser perdido --que no es possible sino que buelua--, su desdicha aura sido dicha, 25 y mi vencimiento, felicissimo triunfo. Y mira, Sancho, quándo quieres començar la diciplina; que porque la abreuies te añado cien reales.” “¿Quándo?”, replicó Sancho; “esta noche sin falta. Procure vuessa merced que la tengamos 30 en el campo al cielo abierto; que yo me abrire mis carnes.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 374 Llegó la noche esperada de don Quixote con la mayor ansia del mundo, pareciendole que las ruedas del carro de Apolo se auian quebrado, y que el dia se alargaua mas de lo acostumbrado, bien assi como acontece a los 5 enamorados, que jamas ajustan la cuenta de sus desseos. Finalmente, se entraron entre vnos amenos arboles que poco desuia[d]os del camino estauan, donde, dexando vazias la silla y albarda de Rozinante y el ruz[i]o, se tendieron 10 sobre la verde yerua, y cenaron del repuesto de Sancho; el qual, haziendo del cabestro y de la xaquima del ruzio vn poderoso y flexible açote, se retiró hasta veinte pasos de su amo, entre vnas ayas. Don Quixote, que le vio yr 15 con denuedo y con brio, le dixo: “Mira, amigo, que no te hagas pedaços; da lugar que vnos açotes aguarden a otros; no quieras apresurarte tanto en la carrera, que en la mitad della te falte el aliento; quiero dezir 20 que no te des tan rezio que te falte la vida antes de llegar al numero desseado; y, porque no pierdas por carta de mas ni de menos, yo estare desde a parte contando por este mi rossario los açotes que te dieres; fauorezcate el cielo 25 conforme tu buena intencion merece.” “Al buen pagador no le duelen prendas”, respondio Sancho: “yo pienso darme de manera, que sin matarme, me duela; que en esto deue de consistir la sustancia deste milagro.” 30 Desnudose luego de medio cuerpo arriba, y arrebatando (*) el cordel, començo a
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXI p. 375 darse, y començo don Quixote a contar los açotes. Hasta seis o ocho se auria dado Sancho, quando le parecio ser pesada la burla, y muy varato el precio della, y, deteniendose vn poco, 5 dixo a su amo que se llamaua a engaño, porque merecia cada açote de aquellos ser pagado a medio real, no que (*) a quartillo. “Prosigue, Sancho amigo, y no desmayes”, le dixo don Quixote; “que yo doblo la parada 10 del precio.” “Desse modo”, dixo Sancho, “¡a la mano de Dios, y llueuan açotes!” Pero el socarron dexó de darselos en las espaldas, y daua en los arboles, con vnos 15 suspiros de quando en quando, que parecia que con cada vno dellos se le arrancaua el alma. Tierna la de don Quixote, temeroso de que no se le acabasse la vida y no consiguiesse su desseo por la imprudencia de Sancho, le dixo: 20 “Por tu vida, amigo, que se quede en este punto este negocio; que me parece muy aspera esta medicina, y sera bien dar tiempo al tiempo; que no se ganó Zamora en vn hora. Mas de mil açotes, si yo no he contado mal, te has 25 dado; bastan por agora: que el asno --hablando a lo grossero-- sufre la carga, mas no la sobrecarga.” “No, no, señor”, respondio Sancho; “no se ha de dezir por mi: «a dineros pagados, braços 30 »quebrados» (*). Apartese vuessa merced otro poco y dexeme dar otros mil açotes siquiera;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 376 que a dos leuadas destas auremos cumplido con esta partida, y aun nos sobrará ropa.” “Pues tu te hallas con tan buena disposicion”, dixo don Quixote, “el cielo te ayude, y pegate; que yo me aparto.” 5 Boluio Sancho a su tarea con tanto (*) denuedo, que ya auia quitado las corteças a muchos arboles: tal era la riguridad con que se açotaua. Y, alçando vn[a] vez la voz, y, dando vn dessaforado açote en vna aya, dixo: 10 “Aqui moriras (*), Sanson, y quantos con el son.” Acudio don Quixote luego al son de la lastimada voz y del golpe del riguroso açote, y, assiendo del torzido cabestro que le seruia de 15 corbacho a Sancho, le dixo: “No permita la suerte, Sancho amigo, que por el gusto mio pierdas tu la vida, que ha de seruir para sustentar a tu muger, y a tus hijos: espere Dulcinea mejor coyuntura; que yo me 20 contendre en los limites de la esperança propinqua, y esperaré que cobres fuerças nueuas, para que se concluya este negocio a gusto de todos.” “Pues vuessa merced, señor mio, lo quiere 25 assi”, respondio Sancho, “sea en buena hora, y echeme su ferreruelo sobre estas espaldas; que estoy sudando y no querria resfriarme: que los nueuos diciplinantes corren este peligro.” Hizolo assi don Quixote, y, quedandose en 30 pelota (*) abrigó a Sancho, el qual se durmio hasta que le desperto el sol. Y luego boluieron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXI p. 377 a prosseguir su camino, a quien dieron fin, por entonces, en vn lugar que tres leguas de alli estaua. Apearonse en vn meson, que por tal le reconocio don Quixote, y no por castillo de caua honda, torres, rastrillos y puente 5 leuadiça; que despues que le vencieron, con mas juyzio en todas las cosas discurria, como agora se dira. Alojaronle en vna sala baxa, a quien seruian de guadameciles vnas sargas viejas pintadas, como se vsan en las aldeas. En vna 10 dellas estaua pintada de malissima mano el robo de Elena, quando el atreuido huesped se la lleuó a Menalao, y en otra estaua la historia de Dido y de Eneas, ella sobre vna alta torre, como que hazia de señas con vna media 15 sabana al fugitiuo huesped, que por el mar, sobre vna fragata o vergantin, se yua huyendo. Notó en las dos historias que Elena no yua de muy mala gana, porque se reya a socapa, y 20 a lo socarron; pero la hermosa Dido mostraua verter lagrimas del tamaño de nueces por los ojos. Viendo lo qual don Quixote, dixo: “Estas dos señoras fueron desdichadissimas por no auer nacido en esta edad, y yo sobre 25 todos desdichado, en no auer nacido en la suya: encontrara a aquestos señores, ni (*) fuera abrassada Troya, ni Cartago destruyda, pues con solo que yo matara a Paris, se escusaran tantas desgracias.” 30 “Yo apostaré”, dixo Sancho, “que antes de mucho tiempo no ha de auer bodegon, venta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 378 ni meson, o tienda de barbero, donde no ande pintada la historia de nuestras hazañas; pero querria yo que la pintassen manos de otro mejor pintor que el que ha pintado a estas.” “Tienes razon, Sancho”, dixo don Quixote, 5 porque este pintor es como Orbaneja (*), vn pintor que estaua en Vueda, que (*) quando le preguntauan qué pintaua, respondia: «Lo que »saliere»; y si por ventura pintaua vn gallo, escriuia debaxo: «Este es gallo», porque no 10 pensassen que era zorra. Desta manera me parece a mi, Sancho, que deue de ser el pintor o escritor, que todo es vno, que sacó a luz la historia deste nueuo don Quixote que ha salido; que pintó o escriuio lo que saliere; o aura sido como 15 vn poeta que andaua los años passados en la corte, llamado Mauleon, el qual respondia de repente a quanto le preguntauan, y preguntandole vno que qué queria dezir Deum de Deo, respondio: «De donde diere» (*). Pero dexando 20 esto aparte, dime si piensas, Sancho, darte otra tanda esta noche, y si quieres que sea debaxo de techado, o al cielo abierto.” “Par diez, señor”, respondio Sancho, “que para lo que yo pienso darme, esso se me da en 25 casa que en el campo; pero con todo esso querria que fuesse entre arboles, que parece que me acompañan y me ayudan a lleuar mi trabajo marauillosamente.” “Pues no ha de ser assi, Sancho amigo”, 30 respondio don Quixote, “sino que, para que tomes fuerças, lo hemos de guardar para nuestra
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXI p. 379 aldea, que, a lo mas tarde, llegaremos alla despues de mañana.” Sancho respondio que hiziesse su gusto; pero que el quisiera concluyr con breuedad aquel negocio a sangre caliente y quando 5 estaua picado el molino, porque en la tardança suele estar muchas vezes el peligro; y a Dios rogando, y con el maço dando, y que mas valia vn toma que dos te dare, y el paxaro en la mano que el buitre bolando. 10 “No mas refranes, Sancho, por vn solo Dios”, dixo don Quixote; “que parece que te buelues al sicut erat; habla a lo llano, a lo lisso, a lo no intricado, como muchas vezes te he dicho, y veras como te vale vn pan por ciento.” 15 “No se que mala ventura es esta mia”, respondio Sancho, “que no se dezir razon sin refran, ni refran que no me parezca razon; pero yo me emendaré, si pudiere.” Y con esto cessó por entonces su platica. 20
p. 380 Capitulo LXXII De cómo don Quixote y Sancho llegaron a su aldea. Todo aquel dia esperando la noche estuuieron en aquel lugar y meson don Quixote y 5 Sancho, el vno para acabar en la campaña rasa la tanda de su diciplina, y el otro para ver el fin della, en el qual consistia el de su desseo. Llegó, en esto, al meson vn caminante a cauallo, con tres o quatro criados, vno de los quales 10 dixo al que el señor dellos parecia: “Aqui puede vuessa merced, señor don Aluaro Tarfe, passar oy la siesta: la posada parece limpia y fresca.” Oyendo esto don Quixote, le dixo (*) a 15 Sancho: “Mira, Sancho, quando yo hojeé aquel libro de la (*) segunda parte de mi historia, me parece que de passada topé alli este nombre de don Aluaro Tarfe.” 20 “Bien podra ser”, respondio Sancho; “dexemosle apear; que despues se lo preguntaremos.” El cauallero se apeó, y frontero del aposento de don Quixote la huespeda le dio vna sala 25 baxa, enjaeçada con otras pintadas sargas, como las que tenia la estancia de don Quixote. Pusose el recien (*) venido cauallero a lo de verano, y, saliendose al portal del meson, que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXII p. 381 era espacioso y fresco, por el qual se passeaua don Quixote, le preguntó: “¿Adónde bueno camina vuessa merced, señor gentil hombre?” Y don Quixote le respondio: 5 “A vna aldea que está aqui cerca, de donde soy natural; y vuessa merced, ¿dónde camina?” “Yo, señor”, respondio el cauallero, “voy a Granada, que es mi patria.” “Y buena patria”, replicó don Quixote; “pero 10 digame vuessa merced, por cortesia, su nombre; porque me parece que me ha de importar saberlo mas de lo que buenamente podre dezir.” “Mi nombre es don Aluaro Tarfe”, respondio 15 el huesped. A lo que replicó don Quixote: “Sin duda alguna pienso que vuessa merced deue de ser aquel don Aluaro Tarfe que anda impresso en la Segunda parte de la Historia de 20 don Quixote de la Mancha, recien impressa, y dada a la luz del mundo por vn autor moderno.” “El mismo soy”, respondio el cauallero, “y el tal don Quixote, sugeto principal de la tal 25 historia, fue grandissimo amigo mio, y yo fui el que le sacó de su tierra, o, a lo menos, le moui a que viniesse a vnas justas que se hazian en Zaragoça, adonde yo yua, y en verdad en verdad que le hize muchas amistades, y que le 30 quité de que no le palmeasse las espaldas el verdugo, por ser demasiadamente atreuido.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 382 “Y digame vuessa merced, señor don Aluaro; ¿parezco yo en algo a esse tal don Quixote, que vuessa merced dize?” “No, por cierto”, respondio el huesped, “en ninguna manera.” 5 “Y esse don Quixote”, dixo el nuestro, “¿traia consigo a vn escudero llamado Sancho Pança?” “Si traia”, respondio don Aluaro, “y aunque tenia fama de muy gracioso, nunca le oi dezir 10 gracia que la tuuiesse.” “Esso creo yo muy bien”, dixo a esta sazon Sancho, “porque el dezir gracias no es para todos, y esse Sancho que vuessa merced dize, señor gentilhombre, deue de ser algun grandissimo 15 bellaco, frion (*) y ladron juntamente; que el verdadero Sancho Pança soy yo, que tengo mas gracias que llouidas, y si no, haga vuessa merced la experiencia, y andese tras de mi, por lo (*) menos, vn año, y vera que se me caen a 20 cada paso, y tales y tantas, que sin saber yo las mas vezes lo que me digo, hago reyr a quantos me escuchan; y el verdadero don Quixote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto, el enamorado, el desfazedor de agrauios, 25 el tutor de pupilos y huerfanos, el amparo de las viudas, el matador de las donzellas, el que tiene por vnica señora a la sin par Dulcinea del Toboso, es este señor que está presente, que es mi amo. Todo qualquier otro don Quixote y 30 qualquier otro Sancho Pança es burleria y cosa de sueño.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXII p. 383 “Por Dios que lo creo”, respondio don Aluaro; “porque mas gracias aueis dicho vos, amigo, en quatro razones que aueis hablado, que el otro Sancho Pança en quantas yo le ohi hablar, que fueron muchas. Mas tenia de comilon que 5 de bien hablado, y mas de tonto que de gracioso; y tengo por sin duda que los encantadores que persiguen a don Quixote el bueno, han querido perseguirme a mi con don Quixote el malo. Pero no se qué me diga; que ossaré yo 10 jurar que le dexo metido en la casa del Nuncio en Toledo (*) para que le curen, y agora remanece aqui otro don Quixote, aunque bien diferente del mio.” “Yo”, dixo don Quixote, “no se si soy bueno, 15 pero se dezir que no soy el malo, para prueua de lo qual quiero que sepa vuessa merced, mi señor don Aluaro Tarfe, que en todos los dias de mi vida no he estado en Zaragoça; antes por auerme dicho que esse don Quixote 20 fantastico se auia hallado en las justas dessa ciudad, no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas del mundo su mentira, y, assi, me passé de claro a Barcelona, archiuo de la cortesia, albergue de los estrangeros, hospital de 25 los pobres, patria de los valientes, vengança de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y, en sitio y en belleza, vnica. Y aunque los sucessos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha 30 pessadumbre, los lleuo sin ella, solo por auerla visto. Finalmente, señor don Aluaro Tarfe, yo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 384 soy don Quixote de la Mancha, el mismo que dize la fama, y no esse desuenturado que ha querido vsurpar mi nombre y honrarse con mis pensamientos. A vuessa merced suplico por lo que deue a ser cauallero, sea seruido de hazer 5 vna declaracion ante el alcalde deste lugar, de que vuessa merced no me ha visto en todos los dias de su vida hasta agora, y de que yo no soy el don Quixote impresso en la segunda parte, ni este Sancho Pança mi escudero es 10 aquel que vuessa merced conocio.” “Esso hare yo de muy buena gana”, respondio don Aluaro, “puesto que cause admiracion ver dos don Quixotes y dos Sanchos a vn mismo tiempo, tan conformes en los nombres como 15 diferentes en las acciones, y bueluo a dezir y me afirmo que no he visto lo que he visto, ni a passado por mi lo que a passado.” “Sin duda”, dixo Sancho, “que vuessa merced deue de estar encantado, como mi señora 20 Dulcinea del Toboso; y pluguiera al cielo que estuuiera su desencanto de vuessa merced en darme otros tres mil y tantos açotes como me doy por ella; que yo me los diera sin interes alguno.” 25 “No entiendo esso de açotes”, dixo don Aluaro. Y Sancho le respondio que era largo de contar; pero que el se lo contaria si acaso yuan vn mesmo camino. 30 Llegose, en esto, la hora de comer; comieron juntos don Quixote y don Aluaro, entró acaso
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXII p. 385 el alcalde del pueblo en el meson, con vn escriuano, ante el qual alcalde pidio don Quixote, por vna peticion, de que a su derecho conuenia de que don Aluaro Tarfe, aquel cauallero que alli estaua presente, declarasse ante su 5 merced como no conocia a don Quixote de la Mancha, que assimismo estaua alli presente, y que no era aquel que andaua impresso en vna historia intitulada Segunda parte de don Quixote de la Mancha, compuesta por vn tal de 10 Abellaneda, natural de Tordesillas. Finalmente, el alcalde proueyo juridicamente; la declaracion se hizo con todas las fuerças que en tales casos deuian (*) hazerse, con lo que quedaron don Quixote y Sancho muy alegres, como si les 15 importara mucho semejante declaracion, y no mostrara claro la diferencia de los dos don Quixotes y la de los dos Sanchos sus obras y sus palabras. Muchas de cortesias y ofrecimientos passaron entre don Aluaro y don Quixote, 20 en las quales mostro el gran manchego su discrecion, de modo, que desengañó a don Aluaro Tarfe del error en que estaua; el qual se dio a entender que deuia de estar encantado, pues tocaua con la mano dos tan contrarios 25 don Quixotes. Llegó la tarde, partieronse de aquel lugar, y a obra de media legua se apartauan dos caminos diferentes, el vno que guiaua a la aldea de don Quixote, y el otro, el que auia de lleuar 30 don Aluaro. En este poco espacio le conto don Quixote la desgracia de su vencimiento, y el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 386 encanto y el remedio de Dulcinea, que todo puso en nueua admiracion a don Aluaro, el qual, abraçando a don Quixote y a Sancho, siguio su camino, y don Quixote el suyo, que aquella noche la passó entre otros arboles, por 5 dar lugar a Sancho de cumplir su penitencia, que la cumplio del mismo modo que la passada noche, a costa de las cortezas de las hayas, harto mas que de sus espaldas; que las guardó tanto, que no pudieran quitar los açotes vna 10 mosca, aunque la tuuiera encima. No perdio el engañado don Quixote vn solo golpe de la cuenta, y halló que con los de la noche passada eran tres mil y veynte y nueue. Parece que auia madrugado el sol a ver el 15 sacrificio, con cuya luz boluieron a proseguir su camino, tratando entre los dos del engaño de don Aluaro, y de quán bien acordado auia sido tomar su declaracion ante la justicia, y tan autenticamente. 20 Aquel dia y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quixote contento sobremodo, y esperaua el dia, por ver si en el camino topaua 25 ya desencantada a Dulcinea su señora; y, siguiendo su camino, no topaua muger ninguna que no yua a reconocer si era Dulcinea del Toboso, teniendo por infalible no poder mentir las promessas de Merlin. 30 Con estos pensamientos y desseos, subieron vna cuesta arriba, desde la qual descubrieron
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXII p. 387 su aldea, la qual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dixo: “Abre los ojos, desseada patria, y mira que buelue a ti Sancho Pança tu hijo, si no muy rico, muy bien açotado; abre los braços, y 5 recibe tambien tu hijo don Quixote, que si viene vencido de los braços agenos, viene vencedor de si mismo; que, segun el me ha dicho, es el mayor vencimiento que dessearse puede. Dineros lleuo, porque si buenos açotes me dauan, 10 bien cauallero me yua (*).” “Dexate dessas sandezes”, dixo don Quixote, “y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traça que en la pastoral vida 15 pensamos exercitar.” Con esto, baxaron de la cuesta y se fueron a su pueblo.
p. 388 Capitulo LXXIII De los agueros que tuuo don Quixote al entrar de su aldea, con otros sucessos que adornan y acreditan esta grande historia. A la entrada del qual, segun dize Cide 5 Hamete, vio don Quixote que en las heras del lugar estauan riñendo dos mochachos, y el vno dixo al otro: “No te canses, Periquillo; que no la has de ver en todos los dias de tu vida.” 10 Oyolo don Quixote, y dixo a Sancho: “¿No aduiertes, amigo, lo que aquel mochacho ha dicho: «no la has de ver en todos los dias de tu vida»?” “Pues bien; ¿qué importa”, respondio 15 Sancho, “que aya dicho esso el mochacho?” “¿Qué?”, replicó don Quixote. “¿No vees tu que aplicando aquella palabra a mi intencion, quiere significar que no tengo de ver mas a Dulcinea?” 20 Queriale responder Sancho, quando se lo estoruó ver que por aquella campaña venia huyendo vna liebre seguida de muchos galgos y caçadores, la qual, temerosa, se vino a recoger y a agaçapar debaxo de los pies del ruzio. 25 Cogiola Sancho a mano salua, y presentosela a don Quixote, el qual estaua diziendo: “Malum signum, malum signum: liebre huye, galgos la siguen, Dulcinea no parece.” “Estraño es vuessa merced”, dixo Sancho; 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIII p. 389 “presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora; ella huye, yo la cojo y la pongo en poder de vuessa merced, que la tiene 5 en sus braços y la regala; ¿qué mala señal es esta ni qué mal aguero se puede tomar de aqui?” Los dos mochachos (*) de la pendencia se llegaron a ver la liebre, y al vno dellos 10 preguntó Sancho que por qué reñian. Y fuele respondido por el que auia dicho «no la veras »mas en toda tu vida» que el auia tomado al otro mochacho vna jaula de grillos, la qual no pensaua boluersela en toda su vida. Sacó Sancho 15 quatro quartos de la faltriquera, y dioselos al mochacho por la jaula, y pusosela en las manos a don Quixote, diziendo: “E aqui, señor, rompidos y desbaratados estos agueros, que no tienen que ver mas con 20 nuestros sucessos, segun que yo imagino, aunque tonto, que con las nubes de antaño. Y si no me acuerdo mal, he oydo dezir al cura de nuestro pueblo que no es de personas christianas ni discretas mirar en estas niñerias, y aun 25 vuessa merced mismo me lo dixo los dias passados, dandome a entender que eran tontos todos aquellos christianos que mirauan en agueros; y no es menester hazer hincapie en esto, sino passemos adelante, y entremos en 30 nuestra aldea.” Llegaron los caçadores, pidieron su liebre y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 390 diosela don Quixote; passaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en vn pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco. Y es de saber que Sancho Pança auia echado sobre el ruzio y sobre el lio de las armas, para que 5 siruiesse de repostero, la tunica de bocazi pintada de llamas de fuego, que le vistieron en el castillo del duque la noche que boluio en si Altisidora. Acomodole tambien la coroça en la cabeça, que fue la mas nueua transformacion 10 y adorno con que se vio jamas jumento en el mundo. Fueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a ellos con los braços abiertos. Apeose don Quixote y abraçolos 15 estrechamente, y los mochachos, que son linzes no escusados, diuisaron la coroça del jumento, y acudieron a verle, y dezian vnos a otros: “Venid, mochachos, y vereis el asno de 20 Sancho Pança mas galan que Mingo, y la bestia de don Quixote mas flaca oy que el primer dia.” Finalmente, rodeados de mochachos, y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don 25 Quixote, y hallaron a la puerta della al ama y a su sobrina, a quien ya auian llegado las nueuas de su venida. Ni mas ni menos se las auian dado a Teresa Pança, muger de Sancho, la qual, desgreñada y medio desnuda, trayendo 30 de la mano a Sanchica su hija, acudio a ver a su marido; y viendole no tan bien adeliñado
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIII p. 391 como ella se pensaua que auia de estar vn gouernador, le dixo: “¿Cómo venis assi, marido mio, que me parece que venis a pie y despeado, y mas traeis semejança de desgouernado que de 5 gouernador?” “Calla, Teresa”, respondio Sancho; “que muchas vezes donde ay estacas no ay tozinos, y vamonos a nuestra casa; que alla oyras marauillas. Dineros traygo, que es lo que 10 importa, ganados por mi industria y sin daño de nadie.” “Traed vos dinero, mi buen marido”, dixo Teresa, “y sean ganados por aqui o por alli, que como quiera que los ayais ganado, no 15 aureis hecho vsança nueua en el mundo.” Abraçó Sanchica a su padre, y preguntole si traia algo; que le estaua esperando como el agua de mayo, y, assiendole de vn lado del cinto, y su muger de la mano, tirando su hija 20 al ruzio, se fueron a su casa, dexando a don Quixote en la suya, en poder de su sobrina y de su ama, y en compañia del cura y del bachiller. Don Quixote, sin guardar terminos ni horas, 25 en aquel mismo punto se apartó a solas con el bachiller y el cura, y en breues razones les conto su vencimiento y la obligacion en que auia quedado de no salir de su aldea en vn año, la qual pensaua guardar al pie de la letra, 30 sin traspassarla en vn atomo, bien assi como cauallero andante obligado por la punt[u]alidad
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 392 y orden de la andante caualleria, y que tenia pensado de hazerse aquel año pastor y entretenerse en la soledad de los campos, donde a rrienda suelta podia dar vado a sus amorosos pensamientos, exercitandose en el pastoral y 5 virtuoso exercicio, y que les suplicaua, si no tenian mucho que hazer y no estauan impedidos en negocios mas importantes, quisiessen ser sus compañeros; que el compraria ouejas y ganado suficiente que les diesse nombre de 10 pastores, y que les hazia saber que lo mas principal de aquel negocio estaua hecho, porque les tenia puestos los nombres que les vendrian como de molde. Dixole el cura que los dixesse. Respondio don Quixote que el se auia 15 de llamar el pastor Quixotiz, y el bachiller, el pastor Carrascon; y el cura, el pastor Curambro (*), y Sancho Pança, el pastor Pancino. Pasmaronse todos de ver la nueua locura de don Quixote; pero porque no se les fuesse otra 20 vez del pueblo a sus cauallerias, esperando que en aquel año podria ser curado, concedieron con su nueua intencion, y aprouaron por discreta su locura, ofreciendosele por compañeros en su exercicio. 25 “Y, mas”, dixo Sanson Car[r]asco, “que, como ya todo el mundo sabe, yo soy celeberrimo poeta, y a cada paso compondre versos pastoriles, o cortesanos, o como mas me viniere a cuento, para que nos entretengamos por 30 essos andurriales donde auemos de andar; y lo que mas es menester, señores mios, es que
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIII p. 393 cada vno escoja el nombre de la pastora que piensa celebrar en sus versos, y que no dexemos arbol, por duro que sea, donde no la retule y graue su nombre como es vso y costumbre de los enamo[ra]dos pastores.” 5 “Esso está de molde”, respondio don Quixote, “puesto que yo estoy libre de buscar nombre de pastora fingida, pues está ay la sin par Dulcinea del Toboso, gloria de estas riberas, adorno de estos prados, sustento de la 10 hermosura, nata de los donayres, y, finalmente, sugeto sobre quien puede assentar bien toda alabança, por yperbole que sea.” “Assi es verdad”, dixo el cura; “pero nosotros buscaremos por ay pastoras mañeruelas (*), que 15 si no nos quadraren, nos esquinen.” A lo que añadio Sanson Carrasco: “Y quando faltare[n], daremosles los nombres de las estampadas e impressas, de quien está lleno el mundo: Filidas, Am[a]rilis, Dianas, 20 Fleridas, Galateas y Belisardas; que pues las venden en las plaças, bien las podemos comprar nosotros, y tenerlas por nuestras; si mi dama, o por mejor dezir mi pastora, por ventura se llamare Ana, la celebraré debaxo del 25 nombre de Anarda; y si Francisca, la llamaré yo Francenia; y si Lucia, Lucinda; que todo se sale alla. Y Sancho Pança, si es que ha de entrar en esta cofadria, podra celebrar a su muger Teresa Pança con nombre de Teresaina.” 30 Riose don Quixote de la aplicacion del nombre, y el cura le alabó infinito su honesta y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 394 honrada resolucion, y se ofrecio de nueuo a hazerle compañia todo el tiempo que le vacasse de atender a sus forçosas obligaciones. Con esto, se despidieron del, y le rogaron y aconsejaron tuuiesse cuenta con su salud, con 5 regalarse lo que fuesse bueno. Quiso la suerte que su sobrina y el ama oyeron la platica de los tres, y assi como se fueron, se entraron entrambas con don Quixote, y la sobrina le dixo: 10 “¿Qué es esto, señor tio? Aora que pensauamos nosotras que vuessa merced boluia a reduzirse en su casa, y passar en ella vna vida quieta y honrada, ¿se quiere meter en nueuos laberintos, haziendose 15 Pastorcillo, tu que vienes, pastorcico, tu que vas (*)? Pues en verdad que está ya duro el alcacel para çampoñas (*).” A lo que añadio el ama: 20 “Y ¿podra vuessa merced passar en el campo las siestas del verano, los serenos del inuierno, el aullido de los lobos? No por cierto; que este es exercicio y oficio de hombres robustos, curtidos, y criados para tal ministerio casi desde 25 las fajas y mantillas. Aun mal por mal, mejor es ser cauallero andante que pastor. Mire, señor, tome mi consejo, que no se le doy sobre estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta años que tengo de edad: estese 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIII p. 395 en su casa, atienda a su hazienda, confiesse a menudo, fauorezca a los pobres, y sobre mi anima si mal le fuere.” “Callad, hijas”, les respondio don Quixote; “que yo se bien lo que me cumple. Lleuadme al 5 lecho; que me parece que no estoy muy bueno, y tened por cierto que, aora sea cauallero andante, o pastor por andar, no dexaré siempre de acudir a lo que huuieredes menester, como lo vereis por la obra.” 10 Y las buenas hijas, que lo eran sin duda ama y sobrina, le lleuaron a la cama, donde le dieron de comer y regalaron lo possible.
p. 396 Capitulo LXXIV De como don Quixote cayo malo, y del testamento que hizo, y su muerte. Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinacion de sus principios 5 hasta llegar a su vltimo fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quixote no tuuiesse priuilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento quando el menos lo pensaua; porque, o 10 ya fuesse de la melancolia que le causaua el verse vencido, o ya por la disposicion del cielo, que assi lo ordenaua, se le arraygó vna calentura, que le tuuo seys dias en la cama, en los quales fue visitado muchas vezes del cura, 15 del bachiller, y del barbero, sus amigos, sin quitarsele de la cabecera Sancho Pança, su buen escudero. Estos, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su desseo en 20 la libertad y desencanto de Dulcinea le tenia de aquella suerte, por todas las vias possibles procurauan alegrarle, diziendole el bachiller que se animasse y leuantasse para començar su pastoral exercicio, para el qual tenia ya 25 compuesta vna ecloga, que mal año para quantas Sanazaro (*) auia compuesto, y que ya tenia comprados de su propio dinero dos famosos perros, para guardar el ganado, el vno llamado Barcino (*) y el otro Butron, que se 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIV p. 397 los auia vendido vn ganadero del Quintanar. Pero no por esto dexaua don Quixote sus tristezas. Llamaron sus amigos al medico, tomole el pulso y no le contentó mucho, y dixo que, por si o por no, atendiesse a la salud de su 5 alma, porque la del cuerpo corria peligro. Oyolo don Quixote con animo sossegado, pero no lo oyeron assi su ama, su sobrina y su escudero, los quales començaron a llorar tiernamente, como si ya le tuuieran muerto 10 delante. Fue el parecer del medico que melancolias y desabrimientos le acabauan. Rogo don Quixote que le dexassen solo, porque queria dormir vn poco. Hizieronlo assi, y durmio de vn tiron, como dizen, mas de seys horas, 15 tanto que pensaron el ama y la sobrina que se auia de quedar en el sueño. Desperto al cabo del tiempo dicho, y, dando vna gran voz, dixo: “¡Bendito sea el poderoso Dios que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no 20 tienen limite, ni las abreuian ni impiden los pecados de los hombres.” Estuuo atenta la sobrina a las razones del tio, y parecieronle mas concertadas que el solia dezirlas, a lo menos, en aquella 25 enfermedad, y preguntole: “¿Qué es lo que vuessa merced dize, señor? ¿Tenemos algo de nueuo? ¿Qué misericordias son estas, o qué pecados de los hombres?” “Las misericordias”, respondio don Quixote, 30 “sobrina, son las que en este instante ha vsado Dios conmigo, a quien, como dixe, no las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 398 impiden mis pecados. Yo tengo juyzio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre el me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las cauallerias. Ya conozco sus disparates y 5 sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me dexa tiempo para hazer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querria 10 hazerla de tal modo, que diesse a entender que no auia sido mi vida tan mala que dexasse renombre de loco; que puesto que lo he sido, no querria confirmar esta verdad en mi muerte. Llamame, amiga, a mis buenos amigos: al (*) 15 cura, al bachiller Sanson Carrasco y a maesse Nicolas el barbero; que quiero confessarme y hazer mi testamento.” Pero de este trabajo se escusó la sobrina con la ent[r]ada de los tres. Apenas los vio don 20 Quixote, quando dixo: “Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quixote de la Mancha, sino Alonso Quixano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno. Ya soy enemigo 25 de Amadis de Gaula y de toda la infinita caterua de su linage, ya me son odiosas todas las historias profanas del (*) andante caualleria; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron auerlas leydo; ya, por misericordia 30 de Dios, escarmentando en cabeça propia, las abomino.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIV p. 399 Quando esto le oyeron dezir los tres, creyeron sin duda que alguna nueua locura le auia tomado. Y Sanson le dixo: “¿Aora, señor don Quixote, que tenemos nueua, que está desencantada la señora 5 Dulcinea, sale vuessa merced con esso? Y ¿agora que estamos tan a pique de ser pastores, para passar cantando la vida como vnos principes, quiere vuessa merced hazerse ermitaño? Calle por su vida, buelua en si y dexese de cuentos.” 10 “Los de hasta aqui”, replicó don Quixote, “que han sido verdaderos en mi daño, los ha de boluer mi muerte con ayuda del cielo en mi prouecho. Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priessa; dexense burlas aparte, 15 y trayganme vn confessor que me confiesse, y vn escriuano que haga mi testamento; que en tales trances como este no se ha de burlar el hombre con el alma. Y, assi, suplico, que en tanto que el señor cura me confiessa, vayan 20 por el escriuano.” Miraronse vnos a otros, admirados de las razones de don Quixote, y, aunque en duda, le quisieron creer, y vna de las señales por donde conjeturaron se moria fue el auer buelto 25 con tanta facilidad de loco a cuerdo; porque a las ya dichas razones añadio otras muchas tan bien dichas, tan christianas y con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a (*) creer que estaua cuerdo. 30 Hizo salir la gente el cura, y quedose solo con el, y confessole. El bachiller fue por el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 400 escriuano, y de alli a poco boluio con el y con Sancho Pança; el qual Sancho, que ya sabia por nueuas del bachiller en qué estado estaua su señor, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, començo a hazer pucheros y a derramar 5 lagrimas. Acabose la confession, y salio el cura, diziendo: “Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quixano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su 10 testamento.” Estas nueuas dieron vn terrible empujon a los ojos preñados de ama, sobrina, y de Sancho Pança su buen escudero, de tal manera, que los (*) hizo rebentar las lagrimas de los ojos 15 y mil profundos suspiros del pecho, porque verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quixote fue Alonso Quixano el Bueno a secas, y en tanto que fue don Quixote de la Mancha, fue siempre de apazible 20 condicion y de agradable trato, y por esto no solo era bien querido de los de su casa, sino de todos quantos le conocian. Entró el escriuano con los demas, y despues de auer hecho la cabeça del testamento y 25 ordenado su alma don Quixote, con todas aquellas circunstancias christianas que se requieren, llegando a las mandas, dixo: “Iten, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Pança, a quien en mi locura hize 30 mi escudero, tiene, que porque ha auido entre el y mi ciertas cuentas y dares y tomares, quiero
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIV p. 401 que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna; sino que si sobrare alguno, despues de auerse pagado de lo que le deuo, el restante sea suyo, que sera bien poco, y buen prouecho le haga; y si como estando 5 yo loco fuy parte para darle el gouierno de la insula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de vn reyno, se le diera, porque la senzillez de su condicion y fidelidad de su trato lo merece.” 10 Y, boluiendose a Sancho, le dixo: “Perdoname, amigo, de la ocasion que te he dado de parecer loco como yo, haziendote caer en el error en que yo he caydo, de que huuo y ay caualleros andantes en el mundo.” 15 “¡Hay!”, respondio Sancho llorando; “no se muera vuessa merced, señor mio, sino tome mi consejo, y viua muchos años; porque la mayor locura que puede hazer vn hombre en esta vida es dexarse morir, sin mas ni mas, sin 20 que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolia. Mire no sea pereçoso, sino leuantese dessa cama, y vamonos al campo, vestidos de pastores, como tenemos concertado; quiça tras de alguna mata hallaremos 25 a la señora doña Dulcinea dessencantada, que no aya mas que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, echeme a mi la culpa, diziendo que por auer yo cinchado mal a Rozinante le derribaron; quanto mas que vuessa 30 merced aura visto en sus libros de cauallerias ser cosa ordinaria derribarse vnos caualleros a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 402 otros, y el que es vencido oy, ser vencedor mañana.” “Assi es”, dixo Sanson, “y el buen Sancho Pança está muy en la verdad destos casos.” “Señores”, dixo don Quixote, “vamonos 5 poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no ay paxaros ogaño. Yo fuy loco, y ya soy cuerdo; fuy don Quixote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quixano el Bueno. Pueda con vuessas mercedes mi 10 arrepentimiento y mi verdad boluerme a la estimacion que de mi se tenia, y prosiga adelante el señor escriuano.” “Iten, mando toda mi hazienda a puerta cerrada a Antonia Quixana, mi sobrina, que 15 está presente, auiendo sacado primero de lo mas bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dexo hechas; y la primera satisfacion que se haga quiero que sea pagar el salario que deuo del tiempo que 20 mi ama me ha seruido, y mas veynte ducados para vn vestido. Dexo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sanson Carrasco, que estan presentes. --Iten, es mi voluntad que si Antonia Quixana, mi sobrina, quisiere 25 casarse, se case con hombre de quien primero se aya hecho informacion, que no sabe qué cosas sean libros de cauallerias, y en caso que se aueriguare que lo sabe, y, con todo esso, mi sobrina quisiere casarse con el, y se 30 casare, pierda todo lo que le he mandado, lo qual puedan mis albaceas distribuir en obras
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIV p. 403 pias, a su voluntad. --Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les truxere a conocer al autor que dizen que compuso vna historia que anda por ay con el titulo de Segunda parte de las hazañas de don 5 Quixote de la Mancha, de mi parte le pidan, quan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasion que sin yo pensarlo le di de auer escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escriue; porque parto desta vida con 10 escrupulo de auerle dado motiuo para escriuirlos.” Cerro con esto el testamento, y, tomandole vn desmayo, se tendio de largo a largo en la cama. Alborotaronse todos, y acudieron a su 15 remedio, y en tres dias que viuio despues deste donde hizo el testamento, se desmayaua muy a menudo. Andaua la casa alborotada, pero, con todo, comia la sobrina, brindaua el ama y se regozijaua Sancho Pança; que esto del 20 heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razon que dexe el muerto. En fin, llegó el vltimo de don Quixote, despues de recebidos todos los sacramentos, y 25 despues de auer abominado con muchas y eficaces razones de los libros de cauallerias; hallose el escriuano presente, y dixo que nunca auia leydo en ningun libro de cauallerias que algun cauallero andante huuiesse muerto en 30 su lecho tan sossegadamente y tan christiano como don Quixote; el qual, entre compassiones
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 404 y lagrimas de los que alli se hallaron dio su espiritu, quiero dezir, que se murio. Viendo lo qual el cura, pidio al escriuano le diesse por testimonio como Alonso Quixano el Bueno, llamado comunmente don Quixote de 5 la Mancha, auia passado desta presente vida y muerto naturalmente. Y que el tal testimonio pedia para quitar la ocasion de [que] algun otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitasse falsamente, y hiziesse inacauables historias 10 de sus hazañas. Este fin tuuo el ingenioso hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dexar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiessen entre si 15 por ahijarsele y tenersele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero. Dexanse de poner aqui los llantos de Sancho, sobrina y ama de don Quixote, los nueuos 20 epitafios de su sepultura, aunque Sanson Carrasco le puso este: Yace aqui el Hidalgo fuerte que a tanto estremo llegó de valiente, que se aduierte 25 que la muerte no triunfó de su vida con su muerte. Tuuo a todo el mundo en poco; fue el espantajo y el coco del mundo, en tal coyuntura, 30 que acreditó su ventura morir cuerdo, y viuir loco.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO LXXIV p. 405 Y el prudentissimo Cide Hamete dixo a su pluma: “Aqui quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni se si bien cortada o mal tajada peñola mia, adonde viuiras luengos 5 siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes aduertir y dezirles en el mejor modo que pudieres: «¡Tate, tate, follonzicos! 10 »De ninguno sea tocada; »porque esta empressa (*), buen rey, »para mi estaua guardada (*). »Para mi sola nacio don Quixote, y yo para »el; el supo obrar, y yo escriuir; solos los dos 15 »somos para en vno a despecho y pesar del »escritor fingido y tordesillesco que se atreuio, »o se ha de atreuer, a escriuir con pluma de »auestruz grossera y mal [a]deliñada las »hazañas de mi valeroso cauallero, porque no es 20 »carga de sus ombros ni assunto de su resfriado »ingenio, a quien aduertiras, si acaso llegas a »conocerle, que dexe reposar en la sepultura »los cansados y ya podridos huessos de don »Quixote, y no le quiera lleuar, contra todos 25 »los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, »haziendole salir de la fuessa, donde real y »verdaderamente yaze, tendido de largo a largo, »impossibilitado de hazer tercera jornada y »salida nueua; que para hazer burla de tantas 30 »como hizieron tantos andantes caualleros, bastan
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 406 »las dos que el hizo, tan a gusto y beneplacito »de las gentes a cuya noticia llegaron, »assi en estos como en los estraños reynos.» Y con esto cumpliras con tu christiana profession, aconsejando bien a quien mal te quiere, 5 y yo quedaré satisfecho y vfano de auer sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como desseaua, pues no ha sido otro mi desseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas 10 historias de los libros de cauallerias, que por las de mi verdadero don Quixote van ya tropeçando, y han de caer del todo, sin duda alguna.” --Vale. FIN
p. 407 TABLA DE LOS CAPITVLOS DESTA SEGVNDA PARTE DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA _______ Págs. _____ Capitulo XXXVIII. - Donde se cuenta la que dio de su mala andança la dueña Dolorida....... 7 Capitulo XXXIX. - Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia.............. 17 Capitulo XL. - De cosas que atañen y tocan a esta auentura y a esta memorable historia...... 22 Capitulo XLI. - De la venida de Clauileño, con el fin desta dilatada auentura............. 31 Capitulo XLII. - De los consejos que dio don Quixote a Sancho Pança antes que fuesse a gouernar la insula, con otras cosas bien consideradas................................... 47 Capitulo XLIII. - De los consejos segundos que dio don Quixote a Sancho Pança............. 55 Capitulo XLIV. - Cómo Sancho Pança fue lleuado al gouierno, y de la estraña auentura que en el castillo sucedio a don Quixote.......... 64 Capitulo XLV. - De cómo el gran Sancho Pança tomó possession de su insula, y del modo que començó a gouernar.................... 78 Capitulo XLVI. - Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibio don Quixote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora..................................... 89 Capitulo XLVII. - Donde se prosigue cómo se portaua Sancho Pança en su gouierno............ 96 Capitulo XLVIII. - De lo que le sucedio a don Quixote con doña Rodriguez, la dueña de la duquessa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna.................. 110
TABLA p. 408 Págs. _____ Capitulo XLIX. - De lo que le sucedio a Sancho Pança rondando su insula....................... 123 Capitulo L. - Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que açotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quixote, con el sucesso que tuuo el page que lleuó la carta a Teresa Sancha, muger de Sancho Pança.......................................... 140 Capitulo LI. - Del progresso del gouierno de Sancho Pança, con otros sucessos tales como buenos......................................... 154 Capitulo LII. - Donde se cuenta la auentura de la segunda dueña Dolorida, o Angustiada, por otro nombre doña Rodriguez................. 167 Capitulo LIII. - Del fatigado fin y remate que tuuo el gouierno de Sancho Pança............... 178 Capitulo LIV. - Que trata de cosas tocantes a esta historia y no a otra alguna............. 187 Capitulo LV. - De cosas sucedidas a Sancho en el camino y otras, que no ay mas que ver............................................ 199 Capitulo LVI. - De la descomunal y nunca vista batalla que passó entre don Quixote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la dueña doña Rodriguez.......... 210 Capitulo LVII. - Que trata de cómo don Quixote se despidio del duque, y de lo que le sucedio con la discreta y desembuelta Altisidora, donzella de la duquessa........................ 218 Capitulo LVIII. - Que trata de cómo menudearon sobre don Quixote auenturas (*) tantas, que no se dauan vagar vnas a otras............. 224 Capitulo LIX. - Donde se cuenta del extraordinario sucesso que se puede tener por auentura que le sucedio a don Quixote.......... 242 Capitulo LX. - De lo que sucedio a don Quixote yendo a Barcelona.............................. 255
TABLA p. 409 Págs. _____ Capitulo LXI. - De lo que le sucedio a don Quixote en la entrada en Barcelona, con otras que tienen mas de lo verdadero que de lo discreto....................................... 274 Capitulo LXII. - Que trata de la auentura de la cabeça encantada, con otras niñerias que no pueden dexar de contarse....................... 279 Capitulo LXIII. - De lo mal que le auino a Sancho Pança con la visita de las galeras, y la nueua auentura de la hermosa morisca........... 298 Capitulo LXIV. - Que trata de la auentura que mas pesadumbre dio a don Quixote de quantas hasta entonces le auian sucedido....... 313 Capitulo LXV. - Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna, con la libertad de don Gregorio y de otros sucessos............... 320 Capitulo L[X]VI. - Que trata de lo que vera el que lo leyere, o lo oyere (*) el que lo e[s]cuchare leer............................... 328 Capitulo LXVII. - De la resolucion que tomó don Quixote de hazerse pastor y seguir la vida del campo, en tanto que se passaua el año de su promessa, con otros sucessos, en verdad gustosos y buenos....................... 336 Capitulo LXVIII. - De la cerdosa auentura que le acontecio a don Quixote................. 344 Capitulo LXIX. - Del mas raro y mas nueuo sucesso que en todo el dis[c]urso desta grande historia auino a don Quixote............ 352 Capitulo LXX. - Que sigue al (*) sesenta y nueue y trata de cosas no escusadas para la claridad desta historia........................ 360 Capitulo LXXI. - De lo que a don Quixote le sucedio con su escudero Sancho yendo a su aldea.......................................... 371 Capitulo LXXII. - De cómo don Quixote y Sancho llegaron a su aldea..................... 380
TABLA p. 410 Págs. _____ Capitulo LXXIII. - De los agueros que tuuo don Quixote al entrar de su aldea, con otros sucessos que adornan y acreditan esta grande historia....................................... 388 Capitulo LXXIV. - De cómo don Quixote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte......................................... 396

DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 411


NOTAS

    Empleo en este Comentario las abreviaturas que siguen:

    R. M. = D. Francisco Rodríguez Marín: Nueva Edición crítica del Quijote; siete tomos, 1927-28.

    Pell. = D. Juan Ant. Pellicer: Edición del Quijote; cinco tomos. Madrid, 1797-8.

    Clem. = D. Diego Clemencín: Edición del Quijote; seis tomos. Madrid, 1833-39.

    Cort. = D. Clemente Cortejón: Edición crítica del Quijote; seis tomos. Madrid, 1905-13.

    Cej. = D. Julio Cejador y Frauca: La lengua de Cervantes: Gramática y Diccionario; dos tomos. Madrid, 1905-6.

    Cov. = Covarrubias: Tesoro de la Lengua castellana.

    B. A. E. = Bibl. de Autores Españoles (Rivadeneyra).

    Para las Obras completas de Cervantes cito los tomos de esta edición, diez y ocho volúmenes. Madrid, 1914-39.

    Las Revistas conocidas se señalan por sus iniciales.

    El primer número de los que figuran a la izquierda de cada nota concierne a la página, el siguiente a la línea del texto.

    7-16. Martos: pueblo sit. al S. O. de Jaén: todavía a fines del siglo XVI era “villa famosa en Andalucía” (Cov.), renombre que había ganado como fortaleza y baluarte de la entonces frontera contra el reino moro


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 412

de Granada. Le acarreó también cierta fama folklórica la muerte de los hermanos Carvajales ajusticiados en Martos por Fernando IV, quien quedó “emplazado” por ellos “dentro de treinta días”, al cabo de los que falleció dicho monarca. Apenas hay mención de Martos en los relatos de los numerosos viajeros por Andalucía, después de la reconquista. En las centurias siguientes el pueblo cayó en la miseria a consecuencia de la decadencia económica general. De Martos trata el padre Flórez: España Sagrada, XII, 346 y ss.: “De la Iglesia Tuccitana (hoy Martos)”; vid. también Madoz, Dicc. geogr. La Nov. Guía de España y Portugal, Beltrán,1924, pág. 443, le da a Martos unos 17.000 habitantes.

    7-26.     El texto: llama; algs. edit.: llamaba.

    8-10.     Algs. edit.: traslucía.

    8-19.     Puesta[s]: he cedido a la tentación de leer puestas en vez de puesta: parece violenta la construcción que deja en el aire el sustantivo las rodillas; en cambio, es frecuente en las obras de Cerv. el giro del texto enmendado, vgr.: “D. Q... puesto el pensamiento en su señora”, I, 72-2; “D. Q... puesta la mano en la espada”, I, 140-1; “el qual... puestos los ojos en la hermosa Dorotea”, II, 182-25; “hallaronle sentado en la cama... vestida una almilla”, III, 35-30; “La señora ... puestas ambas manos sobre las ancas”, III, 138-20; “Basilio... puestos los ojos en Quiteria”, III, 266-4; “Melisendra... puesta la imaginación en París y en su esposo”, III, 329-5. R. M. opta por puesta y cita en corroboración un verso de Góngora: “desnuda el pecho anda ella” . Debo a la atención de mi colega y amigo, don Erasmo Buceta, las noticias siguientes sobre este giro que emplea un sustantivo absoluto, llamado acusativo griego o grecismo; se encuentra alguna que otra vez en la poesía, pero extraña su uso en la prosa; por lo tanto no parece natural en Cerv., aunque fuese posible que se le hubiera escapado a su pluma en este lugar. Cons. Adolfo de Castro, B. A. E. XXXII, pág. 31, nota; Jordán de Urríes, Biogr. y Estudio crít. de Jáuregui, págs. 163-4; Artigas, D. Luis de Góngora, págs. 446-9.

    10-6.     El texto: esparança.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 413

    10-15.   El texto: dezía.

    10-22.   El texto: antes.

    11-13.   señoría: los edit., con la excepción de Cej., enmiendan: señora; vid. Dicc., pág. 1012.

    11-19.   El texto: socalinas.

    11-23.   vuessa merced: en los cap. sig. esta forma ocurre a menudo al lado de v. m., por lo cual resuelvo la abreviatura con vuessa merced; el lector se acordará de que en la 1.ra p.te se había leído más vuestra merced: parece capricho del cajista, de poca importancia.

    11-32.   Candaya... Trapobana: La forma Candaya recuerda el nombre Candu del Libro de Marco Polo, Leipzig, 1902, pág. 42; provincia “de la senyoria del grant can”; ¿pudo ser influída también por Candia (Creta) aludida en Pers. y Sig., I, 31-12? Los nombres en -oya y -aya se encuentran con frecuencia en las caballerías. Taprobana es una isla mencionada ya en D. Q., I, 235-14; “l'Ile fortunée a semblé désigner l'île de Ceylan, l'ancienne Taprobane”: vid. Chassang, Hist. du Roman, etcét. París, 1862, pág. 149; Rohde, Der Griechische Roman, 1914, págs. 220, 239, 257; “Taprobana es la isla de Sumatra”: Mac-Gregor en B. B. M. P., VII, 96.

    12-1.     el cabo Comorin: promontorio sit. en el extremo merid. del Indostán; ya en la Suma de Geographia (1518) de Fernández de Enciso encontramos el cabo de Cumerí: “está el cabo del sudueste en vi grados y está leste oeste con el cabo de la Trapobana llamado Naguabar”, edic. 1530, fol. lx. Cervantes podía leer estos nombres a menudo en relatos de viajes, en novelas de aventuras y en las misceláneas.

    12-31.   Comp. D. Q., I, 275-31.

    13-6.     No que: vid. D. Q., III, 77-31 (nota); III, 314-3.

    13-26.   Esta redondilla es trad. del italiano de Serafín Aquilano (dell'Aquila, 1466-1500); sus poesías se


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imprimieron en Venecia, 1502 (ejemp. Bibl. Nat. París), con el título: Opere del facundissimo Seraphino Aquilano; cons. también Clem., V, 277, Pell., IV, 447-8.

    14-2.     desterrar los poetas... lasciuos: Platón (República, III) analiza las cualidades que debe tener la poesía para ser aceptable en la república ideada por él, volviendo brevemente al mismo asunto en el libro X.

    14-4.     Las coplas del marqués de Mantua: D. Q., I, 88-9 (nota).

    14-8.     Como rayos os hieren, etcét.: comp. Pers. y Sig., I, 98-18 (nota).

    14-12.   Sobre esta copla vid. Pell., IV, 449; acerca de su autor Escrivá cons. Hurtado y González Palencia: Historia de la lit. esp., 1932, pág. 1038, párr. 196; hay notas en Clem., V, 278; Cort., V, 232 y ss. El poeta Edgar A. Poe cita la copla en su artículo burlesco: “How to write an article for Blackwood”.

    14-23.   las Islas de los lagartos: cons. R. Schevill: Ovid and the Renascence in Spain, Berkeley, 1913, pág. 176; R. M., V, 280.

    15-2.     Así el texto; los edit. enmiendan Ariadna; pero tal como está va bien con el lenguaje festivo puesto en la boca de la condesa Trifaldi.

    15-4.     de Tibar el oro y de Pancaya el balsamo: de estas cosas preciosas hablan Bowle, Anot., 100; Clem., V, 282 y ss.; comp. Pers. y Sig., I, 275-27; sobre el bálsamo escribe Plinio: véase Hist. Nat. de Cayo Plinio Segundo, trad. de Geron. de Huerta, 2 vols., 1624-9, II, pág. 17 y ss.

    17-10.   estar en sus trece: comp. Muñón, Tragicomedia de Lisandro y Roselia, edit. Libros raros, etcét., III, p. 56: “porfiar en sus trece”; Quevedo, Obras, B. A. E., III, 186; Lope, Obras no dram., B. A. E., p. 233: Una glosa:


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 415

    Hoy cumple trece, y merece
Antonia dos mil cumplir;
ni hubiera más que pedir
si se quedara en sus trece.

    Guz. de Alfarache: “Siempre tuve mis trece”, I, iii, 9; “yo siempre sustenté mis trece”, II, iii, 5; Avellaneda: D. Q., B. A. E.: “si perseveráis en vuestros trece de no rendirmeos”, cap. XXX, pág. 97, col. 2; Laz. de Tormes (anón. B. A. E.), pág. 93, col. 2: “mientras mi conservador en sus trece estuvo” (es alusión al vino).

    18-20.   tueras y adelfas: comp. Galatea, I, 8-19.

    18-23.   Es cita de la Eneida, II, 6-8.

    ... Quis talia fando
Myrmidonum Dolopumve aut duri miles Ulixi
temperet a lacrimis?

    Comp. la trad. de Greg. Hernández Velasco:

    ¿Quál Myrmidon, quál Dolope, o soldado
de Vlisses tal diria no lastimado?

    A1 principio del cap. XXVI Cerv. cita un verso de esta traducción.

    19-11.   Acerca de estas profecías hay nota en Clem., III, 348 y ss.

    19-14.   hizo finta: según el Dicc. Acad. finta es p. p. irreg. de fingir, lat. ficta; vid. Clem., V, 291; Pell. lo considera italianismo, ídem R. M.; se encuentra en libros españoles que no acusan ninguna influencia italiana; comp. en finta; hacer finta es giro empleado en el manejo de las armas; sin embargo, el Vocabolario degli Accad. della Crusca registra varios ejemp. de far finta, vol. VI, 1, pág. 156, y, así, puede ser de origen italiano.

    22-8.     las seminimas: vid. Com. y Entr., III, 85-9; vna minima: D. Q., II, 65-7.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 416

    24-13.   cabalgadura de retorno: “mulas de retorno, las que bueluen vacias”. —(Cov. voz retorno); “el viage que hace la mula... de alquiler para volverse, de cuya ocasión se valen algunos para hacer un viage a menos costa”. —(Dicc. de Aut.); “acémila que vuelve hacia el pueblo de donde salió”. —(Dicc. Acad.); para Cej. es la cabalgadura “que se devuelve a su dueño”. A estas mulas de retorno o de alquiler se las menciona en la literatura únicamente, que yo sepa, para burlarse de sus muchos defectos. Blasco de Garay escribe: “quien quisiere mula sin tacha que se esté sin ella”; y Tirso la recuerda “... mula de alquiler, que cuando la cansan, se echa”.

    24-16.   la linda Magalona: acerca de este episodio de Clavileño cons. Estudios eruditos in mem. de Ad. Bonilla, I, 115 (estudio de R. Schevill); a los trabajos allí citados sobre el caballo encantado se puede añadir la obra de W. Seelmann, Valentin and Namelos, en Niederdeutsche Denkmaeler, IV, Leipzig, 1884, páginas XXVIII-IX, donde se trata de un caballo de madera que vuela por los aires; la comedia de Lope: El nacimiento de Valentín y Orson, Parte 1.a de sus comedias omite toda alusión a dicho caballo.

    25-3.     el tal cauallo ni come ni duerme, etcét. comp. D. Q., II, 358-9; en la comedia Don Gil de las calzas verdes de Tirso se hallan los versos sig.:

—Pero ¡que tenga yo un amo en menudos,
como el macho de Vamba, que ni manda,
ni duerme, come o bebe, y siempre anda! —III, 8.

    Correas (cito la edic. 1924) registra: “caballito de bamba, que ni come ni bebe, ni anda”, que parece ser canción de niños, o baile; en sus Cuadros Viejos, Julio Monreal, Madrid, 1878, pág. 94, menciona un baile llamado macho de bamba; C. Pellicer en su Tratado hist. sobre el origen y progresos de la comedia (1804), tomo I, pág. 137, da el principio de una canción: “Aquel machico de Bamba”, que se executaba al son de la zarabanda.

    25-13.   cutire: Cov., 1611, registra la voz cutir (por


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 417

errata curtir en la edic. 1674): “es golpear una cosa con otra”; el modismo significa poner en competencia, y “Cov. da a entender claramente de qué especie de prueba hubo de tomar origen el sentido de competir”. Cuervo: Dicc. de construcción y régimen, II, 707.

    26-12.   Sobre éstos y otros caballos famosos cons. Bowle, Anot., 102; Clem., V, 303 y ss.

    27-22.   Algs. ejemp.: escnderos.

    28-9.     que no me la cubra pelo: Cej., Fraseología, III, 285; Guz. de Alf., I, iii, 8, edic. cit., p. 269.

    28-26.   El texto: opinton.

    29-2.     tambien: en el texto impreso como una palabra: tãbi~e.

    29-3.     El texto: nuestras madres.

    29-29.   dexaran: algs. edit.: dejarán; pero pensasen, l. 30, pide el condicional.

    29-30.   vos: comp. Pers. y Sig., I, 33-29 (nota).

    30-5.     El texto: con con.

    31-15.   de pies: R. M. enmienda sin nota: los pies.

    31-17.   El que tuuiere: algs. edit. leen: el caballero que tuviere, creyendo que la contestación de Sancho justifica la enmienda.

    33-16.   El texto: ninguno.

    34-15.   la Trinidad de Gaeta: comp. D. Q., III, 283-18.

    35-1.     El texto: ha.

    35-6.     En priesa me vees, etcét.: Correas, op. cit., pág. 198, registra: “En priesa me veis y virgo me demandáis”; R. M., VII, apén. XXXIV.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 418

    36-14.   he leydo en Virgilio: comp. D. Q., III, 327-5.

    36-14.   El Paladion de Troya: Cov. voz caverna incurre en el mismo error: “el cavallo de Troya o Paladion”; vid. R. M., V, 319; acerca de las versiones españolas de la Historia troyana cons. Mussafia, en Sitzungsberichte d. Wiener Akd. etcet., vol. 69, pág. 39; sobre todo, Solalinde, en R. F. E., III, 121 y ss.; y Menéndez Pidal: Historia troyana en prosa y verso, Madrid, 1934.

    38-6.     region de diablos: comp. D. Q., II, 311-20;, IV, 93-6; Novelas, III, 211-27.

    38-7.     Peralvillo: vid. Quevedo, B. A. E., III, 112;. R. M., I, 462; Cov.: “un pago junto a Ciudad Real, a donde la Santa Hermandad haze justicia a los delinquentes... con la pena de saetas”.

    38-22.   El texto: vozezes.

    38-25.   El texto: parecen.

    39-18.   el granizo, las nieues: algs. edit.: el granizo y; R. M.: el granizo o.

    39-22.   la region del fuego: sobre estas “regiones del ayre” Cov. escribe, voz ayre: “Los Fisicos le dividen en tres regiones, suprema, media, y infima... seria muy largo si aqui huviesse de referir el cómo y dónde y de qué se engendra la niebla, el rocio, la pluvia, la nieve y el granizo, los truenos y relámpagos, los rayos, los cometas, los ticiones, las cabras saltantes, las boragines y aberturas del cielo, a lo que nos parece. El que tuviere codicia de saberlo y capacidad para aprehenderlo, busquelo en sus lugares...” Siguiendo el consejo de Cov. el lector hallará cuantos detalles quisiere saber sobre “los cielos, su naturaleza y número” y “las tres regiones del ayre” en un librito que hubo de servir de texto en su día: Compendio de los Metheoros del principe de los Filosofos griegos y latinos Aristoteles (Sacado a luz por el Lic. Murcia de la Llana, Madrid, 1615); cons. el tratado seg.°, pág. 30 y ss. “La suprema [region] ocupa desde el elemento del fuego hasta debaxo


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 419

de las cumbres de los más altos montes. La inferior es ésta en que vivimos; la de en medio de estas dos es aquella parte del ayre donde se fraguan las nubes, los truenos, rayos, etcét.”

    40-3.     el licenciado Torralua: Pell., V, 18; Clem., V, 329.

    40-6.     Torre de Nona: comp. Pers. y Sig., II, 230-10, donde el propio Cerv. escribe que dicha Torre no es calle, sino cárcel.

    40-8.     muerte de Borbon: Carlos, duque del Borbonesado (1490-1527), fué nombrado a los veintiséis años Condestable de Borbón por Francisco I; habiendo ofrecido sus servicios a Carlos V se enemistó con aquél, y ayudó en la derrota del monarca francés en Pavia, 1525. Murió sitiando a Roma en 1527, en el primer asalto, y Benvenuto Cellini parece insinuar en su autobiografía que fué él mismo quien le había asestado al Condestable el disparo de arcabuz que le mató. Cerv., que tanto debe a Juan de la Cueva, debió conocer la comedia del dramaturgo sevillano, titulada Saco de Roma y muerte de Borbón; cons. también Prud. de Sandoval, Hist. del Emperador Carlos V, edic. Pamplona, 1634, libro XVI, 5, pág. 818; Rodríguez Villa: Memorias para la hist. del asalto y saqueo de Roma, Madrid, s. a.

    40-19.   tomar puntas: el giro parece más corriente con el verbo hacer; para Cov. significa desviarse; vid. Cej., Fraseología, IV, 399; Góngora, comedia de Las firmezas de Isabela, edic. Foulché, I, página 355:

    i te andas haciendo puntas
como halcón de Noruega.

    Este giro recuerda a Cerv., Persiles, II, 60-21: “dando una punta, como alcón noruego”.

    40-21.   [Falta la nota para nebli.]

    40-28.   El texto: anchas.

    41-8.     Algs. edit.: había.

    42-21.    podían: quizá por podía, y así creía Clem.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 420

    43-19.   Algs. ejemp.: etnonces.

    44-4.     podía yo ver toda la tierra y todos los hombres: Para este vuelo de Sancho por los cielos, ¿se inspiró Cerv. en un pasaje de El Crotalón? En el canto XII (N. B. A. E. Orígenes, etcét., II, 191) el autor finge subir al cielo y describe lo que vió allá: “Toda junta la tierra es tan pequeña que, si la mirassen de acá abajo, fixa en el cielo, no la verian... La ciudad de Milán no es tan grande como vna lenteja... la muchedumbre de los hombres parecían vna gran multitud de hormigas” (194-5); vid. R. Schevill en Estudios eruditos in mem. A. Bonilla, I, nota 24-16, y Rev. Hisp., XXII (varia), sobre El Curioso impertinente y el Crotalón.

    44-15.   le: así el texto; los edit. enmiendan la; pero le puede referirse a rato.

    44-16.   Vengo, pues, y tomo y ¿qué hago? En Quiñones de Benavente, Entremés de las Civilidades, I, 52, edic. de Libros de Antaño, se halla el dicho:

    Y hétele aquí el estrago:
vengo y tomo y ¿qué hago?
digo que estar no quiero
a diente, como haca de buldero.

    45-4.     la última region del ayre: vid. 39-22.

    45-24.   El texto: alla en entre.

    47-27.   El texto: vuesta, por vuessa o vuestra.

    50-30.   tu Caton que quiere aconsejarte: alusión a la obra Disticha de moribus, nomine Catonis inscripta, etcét.: vid. D. Q., III, 17-17 (nota).

    51-12.   El texto: vendras.

    51-13.   la rueda de tu locura: comp. Nov., III, 167-3; Persiles, II, 20-12; “Aqui deshacen la rueda los pavones, mirándose a los pies”. —Alemán, Guz. de Alf., II, iii, 3; “bien podían deshacer la rueda de su hinchazón los pavones cómicos”. —Suárez de Figueroa, El Pasajero, III, pág. 76, edic. Renacimiento, 1913.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 421

    52-6.     Si tomas por medio a la virtud... no ay para qué tener embidia a los que los [medios] tienen, (aunque sean) principes y señores: es frecuente en Cervantes este rasgo de su estilo; se refiere a un sustantivo en sing. o plur. por medio de un pronombre que no concuerda con él en número; comp.: “los últimos pasos... el de la muerte”, 54-18; “sus obras... ésta destos segundos documentos”, 55-12; “depositó mi remedio... depositarlos”, 365-7. Vid. también Clem. V, 350.

    54-5.     El texto: considere el.

    54-20.   El texto: sus.

    56-2.     El texto: descumpuesto.

    56-5.     la descompostura... de Julio Cesar: comp. D. Q., III, 57-10; R. M., V, 357.

    58-6.     Yo trómpogelas: cons. Rev. Hisp., VI, 1899, pág. 141 y ss.

    58-17.   El texto: tãpopo.

    58-20.   El texto: cauallerizas.

    59-26.   El texto: fuerere.

    60-2.     entrar en él [el] buen uso: acepto la enmienda de algs. edit. y leo él el, por la omisión posible de una palabra o letra en el caso de dos idénticas.

    60-14.   El que tiene el padre alcalde: seguro va a juicio; comp. Comed. y Entr., IV, 110-25.

    60-23.   hagame miel y comerme han moscas: “hágame miel y comeranme moscas”, en la Tragicomedia de Lisandro y Roselia, op. cit., pág. 228.

    61-14.   al buen callar llaman Sancho: “calla tú, que a buen callar llaman Sancho”, en la Tragicomedia de Lisandro y Roselia, pág. 20; El Arcipreste de Talavera, III, cap. 8; R. M., V, 372.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 422

    62-12.   El texto: aumento.

    65-19.   los consejos (que dió D. Q.) a Sancho: comp. Galatea, II; 333, nota 53; un libro que merece ser estudiado en relación con estos consejos es el Galateo Español: de lo que se deve hazer y guardar en la comun conuersacion para ser bien quisto y amado de las gentes, de Gracián Dantisco. Barcelona, 1593 (Mus. Brit.); Men.z y Pelayo creía que Cerv., en estos consejos de D. Q., se inspiró en la doctrina de Alfonso de Valdés (vid. Mercurio y Caron, II, discurso de Polidon); pero la doctrina del Carón es, por la mayor parte, imitación de Erasmo, cuyas ideas se habían difundido por Europa, siendo luego absorbidas por los tratados corrientes sobre la educación de un príncipe, y el modo de regir al pueblo. Así las ideas aforísticas de Erasmo se hicieron parte de “ese profundo venero que, ignorando ya su origen, fluye subterráneo por todo el siglo XVI español”. Comp. D. José F. Montesinos en R. F. E., 1929, pág. 251: Notas sobre el Diálogo de M. y C.

    65-28.   auia de ser insula: al hacer a Sancho gobernador de una ínsula es posible que Cerv. recordase un episodio del Amadís de Gaula, II, cap. I, B. A. E., XL., págs. 110, col. 2, 112, col. 2, donde se le menciona varias veces a “Isanjo, gobernador de la Insula Firme”.

    66-10.   en justo y en creyente: vid. Quevedo: Sueños, II, pág. 113, edic. Clas. cast.; Guevara, Libro aureo, Rev. Hisp., LXXVI, 1929, pág. 305; R. M., V; 380; Quevedo, Obras B. A. E., III, 219; Quiñones de B., Las civilidades, I, pág. 51 (edic. Libros de Ant.); también Gillet en Mod. Phil. (Chicago), XXIV, pág. 360.

    67-7.     chamelote de aguas: Cov., voz camelote, escribe: “comunmente dicho chamelote es la tela de la lana del camello”, y voz agua registra: “aguas, los visos del chamelote que llamamos con aguas que parecen ondas del mar”.

    69-3.     no que: D. Q., I, 360-21; R. A. Haynes, op. cit., pág. 29 y ss. D. Q., III, 77-31.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 423

    69-25.   en la boca de las BUENAS señoras no ha de hauer ninguna que sea MALA: para R. M. se sobrentiende: ninguna habla; pero del sentido es evidente que se refiere a señoras: “las buenas señoras no toman en la boca a las malas”, y así se comprende que la mención de Dulcinea por la duquesa no puede ser sino alabanza.

    70-14.   El texto: maldides.

    71-12.   dadiva santa desagradecida: es verso de Juan de Mena, Trescientas, copla 227; Cort., D. Q., V, 353, da la fuente en que se inspiró Mena.

    71-21.   De San Pablo, Epístola I a los Corintios, vii, 31; Cipr. de Valera lo traduce más literalmente: “los que usan de este mundo [sean] como los que no usan”.

    71-26.   pantalia (pantalla): creo que no tiene nada que ver con el humo aludido en el cap. 2 (III, 56-23), ni con el betún verde de R. M., V, 390; en vista de que se trata de señales de pobreza—como lo son los distintos botones de las ropillas—, parece aquí aludir la pantalla a remiendos o parches delusivos que se ponen a los zapatos para cubrir una rotura, como la pantalla oculta y cubre la luz, o la lumbre; comp. 72-7: “desde una legua se le descubre el remiendo del zapato”.

    72-3.     haciendo hipocrita al palillo de dientes: recuerda una escena de El Alcalde de Zalamea, de Calderón, quien pinta a Mendo, “hidalgo ridículo” con “palillo falso” (Jor. 1, esc. 4); “¿Cuándo cupo en algún entendimiento de pobre... estar como vi a otro con un palillo de dientes en la oreja?” Guz. de Alf., II, 2, 1; R. M.. VII, apen. xxxvi.

    72-15.   El texto: pesaroroso.

    72-24.   El texto: abrirlas.

    73-5.     El texto: nueue.

    73-6.     este nueuo Eneas... escarnida: cons. R. Schevill,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 424

Studies in Cervantes: Virgil's Aeneid (Connecticut Acad., XIII, pág. 523).

    74-27.   El texto: sandrlas.

    75-9.     El texto: trocareme.

    75-16.   matandote la caspa: giros corrientes de la época eran matar la caspa, comerle a uno la caspa: comp. “matábale de noche la caspa, traíale las piernas” (alg. edic.: raíale las piernas). —Guz. de Alf., II, 3, 8;. “les verán al sol deslendrar la cabeza y quexarse mucho que les come la caspa”. —Ant. de Guevara, Epístola, B. A. E., XIII, pág. 216b.

    76-13.   Miras: los edit.: mias.

    76-23.   El texto: de de.

    76-33.   El texto, así por alfeñique; pero lo mismo en otros lugares, vgr.: Novelas, I, 49-13: alfinique.

    77-1.     El texto: ellas.

    77-10.   cozido o asado: D. Q., III, 167-28: “la más cruda y la más asada señora”. Cej., Dicc., 114; R. M., V, 399.

    78-7.     meneo dulce de las cantimploras: Cov.: voz cantimplora: “es una garrafa de cobre con el cuello muy largo para enfriar en ella el agua o el vino, metiéndola o enterrándola en la nieve, o meneándola dentro de un cubo con la dicha nieve”; Pell. comenta: con el calor del sol (al que el autor se dirige) se excita la sed en el estío, que obliga a menear las cantimploras. Ormsby lo traduce: “sweet stimulator of the watercoolers”. Siguen algunos ejemp. sacados de Lope:

    Con que estés gorda tan presto
que encubras, por lo estofado,
las cantimploras del suelo.
                —El premio del bien hablar, II, 17.

    Los criados, señor, beben
en ausencia de la sed
de sus amos: di que suenen
las divinas cantimploras.
                —Santiago el verde, I, 21.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 425

D. FER.     Paréceme que siento chapines.
JUL. Ese ruido y el de las cantimploras dicen que
es el mejor. —Dorotea, I, 5.

    Vid. también la Carta de D. Diego de Astudillo: “Cuando conociendo por brújula el céfiro de la tarde, sosiega la cantimplora y el galán vuelve a vestirse de negro”. —Publ. en las Obras de Cerv. (Rivadeneyra), II, pág. 285.
    D.a María de Zayas: “acompañado todo con el licor del santo remedio de los pobres (que a fuerza de brazos estaba vertiendo hielo, siendo ello mismo fuego) que, por eso, llamaba un aficionado a las cantimploras remedio contra el fuego”. —El castigo de la miseria.

    78-12.   con cuya ayuda el hombre engendra al hombre: En su tratado sobre la Física, II, 2, Aristóteles dice: “al hombre engendra el hombre, y el sol”; los eruditos consideran el pasaje vicioso y falto de claridad. Cons. Aristot. The Physics, Wicksteed and Cornford, Londres, 1929, I, pág. 126.

    79-6.     El texto: los.

    79-26.   El texto: epitafioo.

    80-27.   El texto: esto.

    82-1.     la sentencia pasada: es equivocación porque viene más adelante. Tonson (1738) lo enmienda con: que pasó después; quizá tuviera el manuscrito: “si la sentencia, passada [despues], de la bolsa del ganadero”; en tal caso el cajista habría omitido el después, atraído por el de siguiente.

    85-3.     El cuento del báculo con las monedas de oro es de antiguo abolengo: vid. Migne, Patrologia graeca, tomo 103: Photii... opera omnia, págs. 574 5 (38); Rohde, Der griech. Roman., op. cit., 596 y nota 3; Dunlop, Hist. of Prose Fíction, op. cit., I, 11; Legenda aurea, Jac. a Voragine, cuya versión se halla en el libro de los Enxemplos (núm. 165); M. Gaster en Monatsschrift fuer Gesch. u. Wissenschaft des Judenthums, 1880, pág, 316; Hans Sachs, Das Gold im Stabe


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des Cydias, quien tomó su argumento de la obra Joannis Stobei... scharfsinnige Sprüche: traducción de G. Froelich, Basilea, 1551; Bolte en Anmerkungen zu d. Kinder u. Hausmaerchen der Brueder Grimm, IV, 1930, págs. 323 y 389.

    85-29.   El texto: se ha; en cuanto a: salía deste lugar, de vender: la frase es elíptica: salía deste lugar con el propósito de vender; tal como está en el texto de tiene la fuerza de para.

    86-17.   Algs. coment. omiten este y; Hartzenbusch, en su prim. ed. lee: miraua por las huérfanas menesterosas y doncellas honestas, se salió, etcét.; en su seg. ed.: contenta se salió, seguido por Fitzmaurice-Kelly (1898) y Benjumea (1883).

    87-24.   déxola: algs. edit.: dejóla.

    88-6.     churrillera: comp. Comed. y Entr.: Pedro de Urd., III, 142-3; Rufian viudo, IV, 33-18; Viaje del P., cap. VII, 96-21; Nov.: El Lic. Vidr., II, 93-14; El Col. de los perros, III, 203-20.

    88-12.   El texto: Venga a en.

    88-16.   Sobre esta sentencia cons. Pell., D. Q., V, 68, quien cita como fuente en la que se inspiró Cerv. el Norte de los Estados, de Fr. Franc. de Osuna; Cort., D. Q., V, 390; Pauli, Schimpf u. Ernst., edic. Bolte, Berlín, 1924, I, pág. 16; II, págs. 24, 260, 414.

    89-5.     El texto: dexemos.

    89-6.     El texto: auian.

    90-30.   El texto: conterto.

    92-24.   Por: y a sí; algs. ed.: y hasta el cielo.

    93-6.     region: comp. 38-6 de este tomo.

    94-15.   aceite de Aparicio: R. M., V, 430.


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    94-24.   El texto: lo.

    96-22.   otro... llegó vn plato de fruta delante: no parece ser del || ante (R. M., V, 434), porque en seguida (l. 25) leemos “se le quitaron de delante”; es más corriente la lección “le llegó un plato”, tal como se ve en la l. 26: le “llegó otro”; ¿se omitió este le como en otros lugares cuando se trata de dos sílabas iguales contiguas?

    97-3.     juego de maesecoral: comp. Quevedo, B. A. E., III, 118, 215; A. Bonilla, Anales, etcét., pág. 62; Pícara Justina, I, 1, cap. 2; edic. Puyol, III, pág. 248.

    97-16.   El texto: estomogo.

    97-23.   el humedo radical: vid. Pero Mexia, Silva, edic. Bibliof. esp., II, 272. Cov. cita a Alberto Magno, voz humedo; “humidum est vitae qualitas et potentia”.

    98-3.     omnis saturatio, etcét.: vid. Bowle, Anot., pág. 115, nota 15; Cej., Dicc., 793; no se ha de insistir en que esta cita tenga nada que ver con los aforismos de Hipócrates; el doctor Recio se acordó del dicho popular omnis saturatio (también indigestio), mala, panis autem pessima, y lo arregló para aplicarlo al “plato de perdices” tan apetecido del gobernador.

    98-23.   olla podrida: vid. Cov. voz olla; D. Q., cap. XLIX, 125-4; veamos cómo Lope describe

una reverenda olla
a la usanza de la aldea.

    Entraban en ella “buen carnero y vaca gorda, la gallina que dormía junto al gallo..., una famosa liebre..., un pernil de tocino..., dos varas de longaniza..., un chorizo y dos palomas..., ajos, garbanzos, cebollas tiene, y otras zarandajas”. —El Hijo de los leones, II, 7; no tenía tanto la olla de Gerarda en La Dorotea, V, 2.

    99-11.   canutillos de suplicaciones: Comed. y Entr., III, 142-21; Clem., D. Q., V, 436; R. M., V, 440; Pícara Justina, edic. Puyol, I, 79, III, 208.


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    99-21.   Tirteafuera: sobre el nombre de lugar véase Clem., V, 437; Madoz, Dicc. geogr., le consagra algunas líneas, pero ha desaparecido de los mapas corrientes. En el Libro de la montería del Rey Alfonso XI (Bibliot. venatoria de Gutiérrez de la Vega, II, 242), hallamos “la sierra de Tirate Afuera y el Valle de Johan Pérez es todo un monte y es bueno de oso”. El modismo como exclam. se halla con frecuencia: comp. Juan del Encina, edic. acad., pág. 124; Gil Vicente, edic. Hamburgo, 1834, I, 41 y 49; Contreras, Selva de Aventuras, B. A. E., 494 a; Lope, Fuente Ovejuna, I, vii; Gallardo, Ensayo, III, 274, menciona un Dr. Nardo Ant. Recio; en Pérez Pastor, Bibliogr. Madr., II, 295, hay recuerdo de un Dr. Pedro Díaz de Agüero.

    99-24.   La universidad de Osuna: ya aludida en D. Q., III, 40-13; fundada en 1549 por D. Pedro Téllez Girón, conde de Ureña, fué durante sus primeros años un centro cultural de importancia; subsistió hasta 1820.

    101-2.   soy vizcaino: véase Pell., D. Q., V, 81; Clem., V, 440; Cov. voz Cantabria, escribe: “De los Vizcaynos se cuenta ser gente feroz y que no viuen contentos sino es teniendo guerra; y seria en aquel tiempo quando viuian sin policia ni dotrina. Agora esto se ha reducido a valentia hidalga y noble, y los Vizcaynos son grandes soldados por tierra y por mar; y en letras y en materia de gouierno, y cuenta y razon, aventajados a los demás de España. Son muy fieles, sufridos y perseverantes en el trabajo”. Hay alusión a los vizcaínos en Novelas, III, 105-24 y 284-6.

    102-2.   muerte adminicula: palabra latina que extraña en boca del gobernador; es de suponer que Sancho se fijase solamente en el sonido, o la fisonomía de la palabra, entendiendo algo como por minutos, poco a poco, despacio; así lo han traducido Giannini con morte lenta, Cardaillac une mort lente, Ormsby a slow death; Tieck entiende ein schlimmster und schmählichster Tod.

    102-5.   El texto: vuesse.

    102-24. El texto: escriuirla.


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    104-20. Ciudareal: así el texto.

    105-2.   El texto: pusiere.

    105-21. si va dezir la verdad: los edit. suplen la prep. a que se sobrentiende: si va a; la omiten a veces los autores de la época, como se omite en la conversación.

    107-26. El texto: trecientos y.

    110-11. El texto: las; los se refiere a días.

    110-27. Comp. D. Q., III, 113-6.

    111-22. El texto: ha.

    112-12. El texto: toda.

    112-30. El texto: ha.

    114-2.   antes os la dará roma que aguileña: comp. Vélez de Guevara, El Diablo Coj., tr. II: “como dice vuestro refrán: si la podemos dar roma, no la damos aguileña”.

    114-2.   El texto; sorledad.

    116-16. Asturias de Oviedo: “hoy parece un pleonasmo; era entonces necesario para distinguir la parte occidental del principado de la más oriental, que se decía Asturias de Santillana”. —D. Fermín Caballero, La Pericia geogr. de Cerv., Madrid, 1840, pág. 106; Madoz, op. cit., art. Oviedo, pág. 446 b, da una cita (1594), en la cual se menciona el “Principado de Asturias y Oviedo”.

    117-6.   era montañes: comp. D. Q., II, 203-3; “decendemos todos de la más noble y más alta montaña de la tierra y del cielo, y aunque seamos zapateros de viejo, en siendo montañeses todos somos hidalgos”. —Vélez de G., El Diablo Coj., tr. V; véase también Quevedo, El Buscón, Clas. cast., edic. Castro, pág. 154.


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    118-13. El texto: ha.

    118-22. la puerta de Guadalajara: Pell., D. Q., V, 96 y ss.; Mesonero, El Antiguo Madrid, pág. 68; Martínez Kleiser, Guía de Madrid para el año 1656, Madrid, 1926, págs. 50 y 87; Cerv., Comed. y Entr., IV, 83-17.

    118-30. la duquesa: sobra; doña Rodríguez se refiere a doña Casilda.

    120-23. las paredes tienen oydos: dicho común en todos los idiomas; cons. un estudio de sus variantes por H. Oertel en Journal of the Amer. Oriental Society, XXVIII, 1907, pág. 88 y ss.; Contributions... to Brahmana Literature: The Earth hath ears; Blasco de Garay, Carta IV, registra “las paredes han oydos”.

    121-2.   Comp. D. Q., I, 159-19.

    121-7.   dos fuentes que tiene en las dos piernas: Cov. “son ciertas llagas en el cuerpo del hombre, que por manar podre y materia les dieron este nombre; y algunas son hechas a sabiendas para descargar por ellas el mal humor”.

    121-20. para salud: algs. com. leen la salud.

    121-21. acabó: El texto acabó de.

    121-28. no la dexauan gañir: el Dicc. de Aut. no cita más que este pasaje del Q., y parece verbo de uso poco frecuente. Cov. lo registra: “el aullar del perro... Desgañirse es propio del que dando voces viene a enronquecerse de manera que apenas puede echar la voz”.

    123-4.   El texto: dexemos.

    124-6.   la [ralea] de los buenos palmas y lauros merecen; Weigert, op. cit., pág. 11: sobre falta de concordancia.

    124-14. los aforismos de Hipocrates: en la época de Cerv. existían algunos tratados vulgarizados sobre


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Hipócrates, vgr. Suma y examen de cirugía con breves exposiciones de algunas sentencias de Hipócrates y Galeno, por Ant. Pérez, Alcalá, 1575; vid. también los núms. 119, 458, 512, tomo I, de Pérez Pastor: Bibliogr. madrileña.

    125-10. en buena paz compaña: algs. edit. leen paz y compaña, influídos por la lección de II, 143-24; comp. D. Q., IV, 334-32.

    125-15. El diablo está en Cantillana: haber desorden o turbación en alguna parte; Correas registra “el diablo anda en Cantillana y el obispo en Brenes”. Vid. Spencer & Schevill: The dramatic works of Luis Vélez de Guevara, Berkeley, 1937, pág. 39 y ss.

    126-4.   El texto: holgazanes.

    127-8.   salga: los edit. enmiendan salgan; se puede sobrentender el se de la línea 6 (“que se ha de sufrir... y que se salga a saltear”); es posible también que la rayita sobre la ã (= an) se cayese.

    127-23. El texto: menes.

    128-2.   El texto: que Caco ni mas fuellero que Andradilla.

    128-3.   Andradilla: nada se sabe de este fullero; vid. Clem., VI, 9; R. M., VI, 16.

    128-9.   con cuantas entraua la romana: si tenía yo bastante habilidad para empezar; “comenzar su cuenta con cierto número de libras o arrobas o kilos, etcétera, por bajo del cual no aprecia el peso”. Dicc. Acad.

    128-23. Alg. ejemp.: misones; de los mirones habla Zabaleta: El día de fiesta, II, cap. 3: La casa de juego.

    130-14. Y ¿qué texes? Hierros de lanzas: esta contestación recuerda uno de los cuentos del Buen Aviso de Timoneda, II, núm. 36 (edic. Rev. Hisp., XXIV, 171 y ss.), en el cual dos vizcaínos preguntan a un labrador:


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“¿qué siembras?”, y éste, para burlarse de ellos, contesta: “a tiestos”. Después de pensar esta respuesta un rato, uno de los vizcaínos dice: “Juras a diez que pullas te ha echado el villano”.

    131-7.   interesal: Cov. voz interese lo registra como sustantivo; “el que no haze cosa graciosa sino mouiendose siempre por su interes y prouecho”.

    131-24. y estarme despierto: o se ha de sobrentender quiero y leer: “y quiero estarme despierto”, o “y estarme [he] despierto”, lección preferible según lo fácil que es omitirse una de dos vocales idénticas contiguas.

    132-19. El texto: hormosa.

    132-24. saltaembarca: D. Q., IV, 261-9 (santaembarca); vid. Cej. Dicc., 989; Lope, Gatomaquia, B. A. E., pág. 445; Espinel, Marcos de Obregón, II, 10, edic. Gili Gaya, II, pág. 81.

    134-13. El texto: esto.

    135-7.   que a mi madre: Hartzenbusch y R. M. leen: que ha que a mi madre; R. M. atribuye la falta a omisión mecánica.

    135-9.   no he visto que el sol: por: más que; vid. Cej., Gramática, 390, párr. 13.

    136-13. El texto: de de.

    137-14. El texto: ha.

    137-18. El texto: tante.

    138-19. y darle: comp. D. Q., I, 265-10: porfiar y espolear y dalle, tanto como y dale que le darás expresa porfía o insistencia.

    140-8.   El texto: vardadera.

    141-7.   El texto: despierta, enciende, con sujeto


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mental en singular quizá por influencia de los sustantivos en singular ira y deseo; los edit. tienen el sing. por yerro, pero ocurre con frecuencia esta falta de concordancia del verbo con el sujeto; comp. IV, 146-6 y 148-8; cons. Weigert, op. cit., pág. 20 y ss.

    143-14. hija de un estripaterrones: Cov. registra destripaterrones (voz triperia), y así se lee, D. Q., III, 83-27; en ambos lugares es Teresa Panza quien pronuncia la palabra. Según Cej., Gram., 198, el prefijo es- se confunde vulgarmente con des- por el valor parecido; comp. despertar y espertar, Cuervo, Dicc.

    144-32. quien te da el hueso, etcét.: (el texto: huego) es refrán registrado por Hernán Núñez, edic. Lérida, 1621, fol. 38; Correas, pág. 426; Garay, Carta III, 396v, impresa con Refranes o Proverbios en romance que coligió y glosó el Com. H. Núñez, etcét., Lérida, 1621.

    146-3.   adunia: del árabe; comp. Comed. y Entr., IV, 23-6; Cej., Dicc., 29.

    146-14. El texto: hlja.

    146-32. El texto: tomense.

    147-21. mas de tanto: = mas que otro tanto; vid. R. M., VI, 46.

    148-6.   cortando vn torrezno para empedrarle con gueuos: Bowle, Anot., 122, cita a Cov. (voz guevo: “guevos y torreznos: la merced de Dios en las casas proveidas y concertadas”), quien añade un cuento por el que se puede explicar cómo llegó a llamarse así; Avellaneda llama al plato la gracia de Dios: “es en mi tierra una gentil tortilla de huevos y torreznos, que la sé yo hacer a las mil maravillas”, dice Sancho, D. Q., cap. 35; La Pícara Justina, edic. Puyol, III, 204; empedrar debe tener el sentido de cubrir.

    148-25. que no dezia él embiar, etcét.: Hartz. y Benjumea enmiendan: “que no digo yo el enviar”; por cierto, el cambio tan inesperado de la persona que habla quita la claridad al pasaje.


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    149-1.   saltó: Tonson, Pell. y otros leen salió; comp. Cej., Dicc., 990.

    149-15. papahigo: Cov. “es como una mascarilla que cubre el rostro de que usan los que van camino para defensa del ayre y del frío”; comp. Quevedo, Obras, III, 225 (B. A. E.); Clem., VI, 39; R. M., VI, 50; Giannini, en su trad. IV, 349, comenta: “Pappafico si disse anche in italiano una specie di cappuccio o maschera di panno, etcét.”

    150-10. leuantado[s]: comp. 8-19.

    150-32. viose el perro en bragas de cerro, etcét.: Núñez, Refranes, op. cit., f. 118; Correas: “vióse el villano en bragas de cerro, y él fiero que fiero”, pág. 508; refr. regist. por el marqués de Santillana, pág. 523, edic. Madrid, 1852.

    152-2.   por vida de mis padres: comp. Novelas, II, 218-29.

    152-5.   dubitat Augustinus: Cej., Dicc., 420.

    152-7.   esta: algs. edit: es la; Tonson omite que, seguido por Fitzmaurice-Kelly.

    152-10. Es cita que encontramos ya en D. Q., III, 325-30.

    152-21. Algunos edit.: tan bien.

    152-28. no se si diga algo: todos los editores leen digo sin comentar la enmienda que no se justifica; comp.147-25, 383-10; Blasco de Garay, Cartas, I: “no sé si me lo crea”; es subjuntivo usado por los mejores escritores modernos; mis colegas R. K. Spaulding y Ed. S. Morby me han señalado los siguientes ejemplos: “no sé si diga que en cuanto a pintar no tiene que envidiar a nadie”. —Pardo Bazán, La Quimera, pág. 452; “no sé si tema o espere yo que dure todo un siglo”. —Valera, Genio y figura, xxviii; “vino lo que yo había visto venir otras veces sin apurarme por ello, y no sé si te diga que con gusto”. Pereda, Peñas arriba, xvii; Comp. también Miguel Sánchez:


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 435

y aun no sé si imagine
que la caída fingiste
y en aquesta traza diste,
que aquí la entrada encamine.
  —La Guarda cuidadosa, edic. Rennert, pág. 176.

    y Lope: El maestro de danzas, nueva edic. acad. XII, 486a.

    154-27. El texto: parecia.

    155-2.   vna pregunta: quiere decir, un problema de difícil solución; estas sutilezas eran de gran boga en las escuelas de aquel entonces; hay otro ejemplo, pág. 331; Pero Mexía, en su Silva de varia leción refiere un pleito que hubo entre un discípulo y su maestro, “tan subtil y dudoso” que los jueces no supieron determinarlo; y queda la determinación al juicio del discreto lector. —edic. Bibliof. esp., I, 115; lo mismo en Pauli, op. cit., 119; nuestra “pregunta” encaja mal en el gobierno de Sancho y parece traída por los cabellos.

    157-27. decantasse: comp. D. Q., III, 362-27.

    161-31. amicus Plato, etcét.; el germen del pensamiento está en el propio Platón (Fedón, cap 40): “si quieres seguir mi consejo no pensarás en Sócrates, sino en la verdad”.

    162-18. El texto: vnas.

    165-2.   que: redundante.

    165-4.   y con tanto regalo: como repara Clem., para el buen régimen de la frase sería bien enmendarla: “y [de quien] con tanto regalo, etcét”.

    165-15. de haldas o de mangas: comp. D. Q., II, 197-17; Cej., Fraseología, II, 537.

    169-29. tampoco: con la t rota en alg. ejemp.

    171-17. El texto: regocigar.


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    173-16. Y vn criado mio responder: casi todos los coment. leen: responderá; Cej., Gram., 403-4, lo considera un ejempl. del infinitivo histórico; vid. Cuervo, notas en Bello-Cuervo, Gram., pág. 59.

    174-1.   mi hijo: este hijo de Sancho no aparece jamás en la historia, se le menciona en el coloquio con Tomé Cecial (“dos hijos tengo”), III, 165-26, y varias veces en este tomo, vgr., 165-19, 290-30; extraña que Teresa no le recordase en la carta al nuevo gobernador (174-13).

    175-6.   El texto: vino.

    177-6.   El texto: gouerdador, pero el reclamo: gouernador.

    177-12. Los quesos de Tronchón: hoy pequeño mun. de la prov. de Teruel, de la dióc. de Zaragoza, olvidado ya en las guías o los relatos de viajeros.

    178-10. la primavera sigue al verano, etcét.: algunos edit., vgr., la Acad., 1819, enmiendan: “a la primavera sigue el verano, etcét”. Pero es de suponer que Cerv. escribiese el texto tal como está y las interpretaciones pueden ser varias: (a) la vida anda “a la redonda, como una rueda continua”, y la primavera vuelve otra vez, después de pasar las otras estaciones; (b) hay que dar al verbo seguir (Cej. y R. M., VI, 96) el sentido de “ir en alcance o seguimiento, no el sentido de venir después”; (c) el pasaje se escribió a propósito para hacer risible el sermoncito de Cide Hamete, quien, como “filósofo mohamético”, dice las cosas al revés. —Si el lector insiste en que el paso es sermón serio, el verbo seguir será el equivalente de persiste hasta: “la primavera sigue o persiste hasta el verano”, que parece torturar el lenguaje del original. Alg. traductores se adhieren al original, otros adoptan la enmienda de la Acad.; Cardaillac lo traduce con: “la primevère va au printemps, le printemps á l'été, etcét”.

    178-12. más que el tiempo: algs. edit. enmiendan: “mas que el viento”, con lo cual se estropea la comparación: “assi torna a andarse el tiempo con esta rueda


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continua. Sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo”, y en la l. 20 “nuestro autor lo dize por la presteza (con que corrió el tiempo, y) con que se acabó... el gobierno de Sancho”.

    178-17. El texto: de la.

    180-13. derecho como vn huso: cons. D. Q., I, 85-23.

    180-23. El texto: considas.

    181-13. cuchilladas: una l caída en algs. ejemp.

    185-1.   tarde piache: comp. el cuento II, núm. 38 de El Buen Aviso, etcét., de Timoneda, op. cit.; es nuestra anécdota del irlandés, que también, como el vizcaíno de Timoneda, se sorbe un “huevo pollado”; “y como el pollito piasse en el garguero, no curó sino dengollir, diziendo: tarde piache” (you spoke too late).

    185-27. dar primero: los edit. a dar.

    188-10. seys peregrinos con sus bordones: de la mala fama que tenían en aquel tiempo los bordoneros Cov. escribe (voz bordonero): “el que dissimulado con el habito de peregrino y el bordon anda vagando por el mundo por no trabajar. Estos son perjudiciales a las Repúblicas, y en muchas partes se examinan con cuydado porque suelen ser hombre y muger amancebados, y dizen ser casados, y algunos servirán de espías”. Cons. también Clem., VI, 96; R. M., VI, 113; de cautivos y peregrinos falsos se trata en Pers. y Sig., II, 104 y ss., 3.a p.te, cap. 10.

    188-16. El texto: pronuciuaua.

    188-23. guelte: vid. Comed. y Entr., I, 226-28.

    188-31. ostugo: comp. D. Q., III, 127-4; Comed. y Entr., III, 62-31; R. M., IV, 194.

    189-13. El texto: pundo.

    189-19. rafigurarle: los edit. enmiendan: refigurarle.


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    190-5.   el vando de su magestad: comp. Cort., D. Q., VI, 62; Florencio Janer, Condición social de los moriscos de España, Madrid, 1857, pág. 71 y ss.

    190-23. cabial: palabra de origen aráb.-turco; cons. R. M., VI, 120; Eguilaz, Glosario de las palabras esp. de orig. oriental, pág. 365.

    190-24. colambre: Cov. no registra la palabra; el Dicc. Aut.: “los cueros o pellejos de los animales.... de la voz cuero”; despertar la colambre falta en el Dicc. Acad. Arrieta comenta: “que escita la gana de beber del pellejo o bota donde se lleva el vino”. Nadie, que yo sepa, parece haber encontrado el idiotismo en otro escritor de la época.

    191-14. de ninguna cosa se dolía: alude al romance conocido: “Mira Nero de Tarpeya”; comp. el cap. 44, IV, 75-29; D. Q., I, 185-4; Durán, I, núm. 571, pág. 393.

    191-20. El texto: enuxtas.

    191-25. Español: R. M., españoli.

    191-28. disparaba: comp. D. Q., I, 32-25; III, 41-3.

    192-1.   acabarsele: algs. anot.: acabarseles: creo que se puede sobrentender un sujeto mental en singular: a cada uno; comp. IV, 235-20.

    194-4.   Augusta: Augsburgo (Augusta Vindelicorum), ciudad de Baviera, Alemania.

    194-17. entre los remiendos de las esclavinas, etcét.: comp lo dicho acerca de “los gabachos de Belmonte”. —La Gitanilla, Nov., I, 61-22.

    195-12. encerrado: lo mismo encierro (l. 17): algs. edit. leen enterrado y entierro, justificando la enmienda por el enterrado de 194-21; pero “dexó encerradas y enterradas muchas perlas y piedras” dice la hija de Ricote, hablando de este mismo tesoro, en la página 306-30, por lo cual huelga la enmienda.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 439

    195-22. El texto: necesididades.

    196-16. estuve... gouernando... como vn sagitario: surge a veces duda sobre lo apropiadas que son semejantes palabras en la boca de un rústico falto de educación: no es probable que Sancho aprendiese la palabra sagitario de la gerigonza germanesca (Hidalgo la registra en su vocab.: “el que llevan azotando por las calles”); es más creíble que la oyese a D. Q., porque se encuentra en los libros de caballerías.

    197-12. lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño: en Hernán Núñez, op. cit., fol. 65, con la var. ello y su amo.

    197-26. quitarsela: para algs. edit. huelga el se; hay que sobrentender: quitarsela [a la justicia].

    198-4.   adamaba: comp. D. Q., III, 50-13; IV, 366-28; Clem., VI, 116.

    202-27. palacios de Galiana: “un edificio muy antiguo que está a la orilla del río Tajo”, dice Cov.; comp. Clem., VI, 123; R. M., VI, 140.

    203-31. El texto: a.

    204-13. En algs. ejemp. del texto: le le.

    204-23. lo sere: creo que se sobrentiende el católico cristiano, l. 19, y no profeso (R. M.), difícil de inferir, para el lector común.

    205-7.   y yo, que lo solicitaré: para Clem. este que deja pendiente el sentido; con leer “y yo, que estoy aquí, lo solicitaré”, el sentido quedaría más claro.

    206-11. como dizen: por ser reminiscencia de un verso del romance: “Doña Urraca, aquesa infanta”, Durán, Romancero, I, núm. 807, pág. 521 b.

    209-1.   grangeado... a conocer: los edit. omiten esta prep.; Sancho parece usar granjear a conocer como llegar a conocer.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 440

    209-2.   no que: comp. D. Q., III, 77-31.

    209-6.   salta tu y dámela tu: acerca de este juego cons. R. M., VI, 149 y 479.

    210-26. el decreto del Santo Concilio: alusión al Concilio de Trento, concluído en 1563; los coment. desde Bowle citan el estatuto de la sesión XXV, canon 19, donde se halla “el decreto” contra el desafío y el torneo (monomachia).

    214-4.   el qual: anacoluto: algs. edit. leen al cual.

    215-13. lo que has de dar al mur, dalo al gato: Correas, pág. 272, con la var. “y quitarte ha de cuidado”; lo mismo en Núñez, op. cit., fol. 65 r.; Clem., V1, 144.

    215-29. y: redundante.

    217-4.   El texto: todas.

    219-19. El texto: fue de la.

    220-1.   El texto: huyas.

    220-15. El texto: llenaste.

    220-17. El texto así, quizás por paro, enmienda aceptable sugerida por Pellicer.

    221-6.   Si jugares... a la primera: cons. R. M., sobre estos juegos de naipes, VI, 168.

    221-27. El texto: del.

    225-22. El texto: lllego.

    225-27. entabladura: algs. edit. leen entalladura: creo que se refiere a imágenes de relieve, protegidas y reforzadas por unas tablas de madera durante su transporte “por que no se desfloren ni quiebren”.

    226-1.   El texto: llenan.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 441

    226-20. San Jorge, defendedor de doncellas: mató a un dragón para salvar a la hija del rey, a punto de ser devorada por el monstruo: por lo tanto, se le representa en las imágenes “con una serpiente enroscada a los pies”, salvando a una doncella.

    228-8.   el cielo padece fuerça: San Mateo, XI, vers. 12; “al reino de los cielos se hace fuerza”, según la trad. de Cip. de Valera.

    229-12. El texto: juzgar.

    229-18. derramase al otro Mendoza, etcét.: sobre la creencia en semejantes agüeros cons. Clem., VI, 165; R. M., VII, apén. 13.

    229-29. te tengo assida: este dicho, atribuído aquí a Cipión, se halla en Suetonio, Vida de Jul. César, en la trad. del Doctor Jayme Bartholome, Tarragona, 1596, fol. 22 v.: “ya te tengo, Africa”; también atribuído a Luc. Jun. Bruto, vid. Livio, I, 56, 10-12; comp. Herodoto, VI, 107-4; de Guill. el Conquistador el Roman de Rou cuenta un suceso parecido:

    La terre ai as dous mainz seizie...
Tote est nostre quant qu'íl y a.

    230-7.   Santiago, y cierra, España... ¿qué ceremonia es esta?: la contestación de D. Q. a la pregunta de Sancho es poco satisfactoria, como ya notó Clem., VI, 167; comp. Cort., VI, 147; no se comprende por qué Sancho pida la explicación de “cierra, España”, siendo él quien, en el cap. 4 (III, 76-22) emplea la frase, como si la entendiera bien.

    230-14. El texto: ha.

    231-23. le: algs. edit, enmiendan: la.

    232-9.   El texto: suelen hazer.

    232-13. El texto: tengo.

    233-30. El texto: con que.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 442

    234-7.   una egloga de Camões, en su misma lengua portuguesa: en la edic. de las obras de Camões ordenada por el Vizconde de Juromenha, Lisboa, 1861, III, se publicaron diez y seis églogas.

    234-24. Anteon: así por Acteón: lo mismo en otros autores de la época; cons. Schevill, Ovid and the Renascence in Spain, op. cit., pág. 178.

    234-29. El texto: los.

    234-30. El texto: esta.

    235-14. El texto: enemorado.

    235-19. que viene consigo (con él): comp. este tomo, 273-11, 325-1; Weigert, op. cit., 61.

    240-5.   El texto: qnando.

    240-30. echandole: los edit. leen les o los en vez de le: como D. Q. es el único mencionado al principio del párr. (“D. Q. no tuvo lugar de desviarse aunque quisiera, y assi el tropel de los toros... passaron sobre D. Q. etcét.”), es posible que en la mente del autor el le se refiriese sólo a su héroe.

    241-1.   El texto: se le.

    242-19. hacer la salua: vid. A. Castro en Mélanges de Philologie et d'hist. offerts à M. Ant. Thomas, Paris, 1927, pág. 89 y ss.

    242-22. no abrió la suya (boca): = no dijo nada; algs. edit. omiten no; el sentido del texto se infiere de varias frases, vgr., no tomar a uno en la boca, pegar la boca a la pared, no os salga esto de la boca, no tener boca para dezir de no, en boca cerrada no entra mosca, (mucho bien se, sigue del callar), no osar boquear = no osar hablar, ni aun abrir la boca (Cov.).

    246-9.   se: los edit. omiten este se, o el de resumirse.

    246-20. señor huesped: algs. edit. leen: “Señor huesped”, dijo el ventero, “1o que real y verdaderamente,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 443

etcét”. El original tiene: “y dexese de discurrimientos, Señor huesped. Dixo el ventero, etcét.”

    247-14. de cenar: algs. ejemp.: del cenar; la edic. de Bruselas, 1616: del.

    247-22. en tanto que trae: la edic. de Bruselas, 1616: que se trae; algs. edit.: traen; creo que hay que sobrentender el sujeto mental: el huesped.

    247-30. El texto: y.

    249-14. escribe sin artículos: Parece difícil la solución del problema planteado por Cerv. sobre el estilo de Avell. a quien llama “aragonés, porque tal vez escribe sin artículos”. ¿A qué se refería Cerv.? ¿Cómo vamos a juzgar el estilo de un autor por un texto medianamente impreso, y, por cierto, plagado con su porción regular de erratas de imprenta? Cons. Morel-Fatio, Le D. Q. d'Avellaneda en Bull. Hisp., V, pág. 358 y ss.; Millé y Giménez, Estudios de Lit. Esp., La Plata, 1928, pág. 151 y ss.; R.M., VI, 220.

    249-19. se llama Mari Gutiérrez: cons. D. Q., I, 113 6 y 13; la confusión se debe al propio Cerv. por habérsele olvidado cómo se llamó la mujer de Sancho al principio de la historia.

    249-19. no llama tal: varios edit. enmiendan: no se llama tal; comp. D. Q., I, 307-29; III, 106-29; IV, 251-26, donde se omite el pronombre.

    250-19. mero mixto imperio: comp. Comed. y Entr., IV, 8-16.

    251-18. hecho equis: Comp. Gasp. Lucas Hidalgo, Diálogos de apac. entretenimiento, III; Gracián, El Criticón, edic. Cejador, II, 62; Farinelli, I Tedeschi nel giudizio degli spagnuoli, pág. 37.

    251-22. si [no] quiere que no comamos: el sentido pide el primer no que falta en el original; en otros casos, al “que me maten” sigue siempre un no o una negación implícita; comp. D. Q., II, 150-4: “que me


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 444

maten, si... no ha dado”; III, 39-25: “que me maten, si no quiere”; III, 125-28: “que me maten, si nos ha de suceder cosa buena” que es lo mismo que “si no nos ha de suceder cosa mala”; IV, 143-28; “que me maten, si no anda por aquí, etcét.”

    255-9.   aquel: R. M.: a aquel.

    255-25. El texto: Mantesinos.

    255-30. que se auian [de] hazer: comp. la nota III, 28-27, donde los casos que omiten de están en el singular, con negación, con una excepción que puede ser errata de imprenta.

    256-30. El texto: ha.

    257-25. ni quito rey ni pongo rey: Cerv. hubo de recordar el romance histórico: “Los fieros cuerpos revueltos”; vid. Durán, II, núm. 978, pág. 43.

    257-31. Versos de un romance: “A cazar va Don Rodrigo”, en Durán, I, núm. 691, pág. 455; cons. también R. M., VI, 233.

    258-11. El texto: hizole.

    258-28. al parecer: lección que los edit. han cambiado caprichosamente: El sentido debe ser: “por lo visto, alzaron los ojos”, o “hubieron de alzar los ojos, porque vieron los racimos, etcét.” Es de suponer que alzasen los ojos, para ver más, porque “ya, en esto, amanecia” (l. 30).

    259-12 y 28.  El texto: ventiera.

    260-3.   Osiris: así por Busiris, rey de Egipto, aludido en Pers., II, 102-23, donde se le llama “tirano de Sicilia”.

    260-3.   Roque Guinart: de Roca Guinarda hablan extensamente los anotadores de Cerv. Cons. sobre todo el libro de Lluis María Soler y Terol, Perot Roca Guinarda, Historia d'aquest bandoler, Manresa, 1909.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 445

    261-9.   El texto: santaembarca; comp. 132-24.

    261-20. y soy: quizá por yo soy, lección adoptada por algunos edit.

    262-12. El texto: estas escopetas; comp. 261-11: vna escopeta.

    262-21. Algs. edit.: deudos.

    263-22. y: sobra.

    263-32. El texto: hizierron.

    265-10. El texto: dulce y; ya en la edic. de Bruselas, 1616, se omitió y.

    266-8.   los parientes: los edit. añaden de don Vicente, enmienda que no hace falta en vista de lo dicho pág. 262-21.

    272-8.   que le hazia: el texto: que le auia y alg. edit. añaden hecho; la enmienda más sencilla parece ser hazia por auia.

    272-16. El texto: caca.

    273-23. los Niarros y los Cadells: de estos bandos o gangsters que se disputaban a Cataluña en aquel entonces tratan Clem., VI, 248; y Givanel, en Cort. D. Q., VI, 234 y 239 y ss. Estos bandos figuran también en el teatro, vgr., en la comedia El catalán Serralonga y Bandos de Barcelona, escrita por Coello, Rojas y Vélez; se publicó en B. A. E., LIV, pág. 565 y ss.

    273-28. [Falta la nota para esta carta {El texto: estas cartas}.]

    274-15. todos: algs. edit.: casi todos.

    275-12. trapa, etcét.; Pers., II., 196-7; Viaje del P., 65-4.

    275-14. que vn rostro: los edit. leen: que con un rostro.

    275-26. El texto: lleuauan.

    275-28. El texto: ha.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 446

    277-25. les encaxaron sendos manojos de aliagas: comp. D. Q., I, 416; Sacchetti; op. cit., novella 64: “Agnolo di ser Gherardo va a giostrare a Peretola avendo settanta anni, ed al cavallo è messo un cardo sotto la coda, etcét.”

    278-3.   Con: los coment. enmiendan y con.

    279-15.  El texto: yo.

    280-7.   manjar blanco y albondiguillas: alusión a un pasaje del falso Quijote de Avellaneda, cap 12; vid. Angel Muro, Dicc. gen. de cocina, 2 vols., Madrid, 1892, I, 82, y II, 334.

    282-24. Esta cabeça... hechizeros: de las cabezas encantadas que hablan hay muchos cuentos en la historia legendaria y folklórica europea; el eminente Rogerio Bacon, siglo XIII, tenido por nigromante, hizo una cabeza semejante: cons. la pieza dram. titulada Friar Bacon and friar Bungay, de Roberto Greene; Creizenach, Geschichte des neueren Dramas, IV, 559; Wolf, Studien, op. cit., págs. 683 y ss.; Clem., VI, 269, 284; Valentin and Namelos, op. cit., págs. XXIX y LV; Die Reise der Soehne Giaffers, etcét., en vol. 208 del Litterar. Verein in Stuttgart, 1895, pág. 216, nota g; Pauli, op. cit., I, pág.12; II, pág. 257; Comparetti, Virgilio nel Medioeuo; 2.a edic., Firenze, 1896, parte II, cap. 6.

    282-26. Escotillo: Miguel Escoto; no se sabe dónde nació; tampoco dónde murió (cerca de 1232); estudió en París y Oxford, aprendió el árabe en Toledo; trad. varios textos y coment. sobre Aristóteles del árabe al latín; entre los libros propios figuran De sole et luna, De Chiromantia, De physiognomia et de hominis procreatione; en Dante, Inferno, XX, 115-7, está entre los mágicos; cons. J. W. Brown, Life and Legend of Michael Scot, 1897; C. H. Haskins, Studies in the Hist. of med. science, Harvard Press, 1924.

    285-23. priessa: quiere decir, el apiñarse los muchachos, sentido corriente de prisa; R. M. adopta la enmienda de Hartzenbusch y lee risa: cambio innecesario. Comp. la pág. 286-6.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 447

    286-15. fugite, partes adversae: Exorcismo que se halla en el oficio: Proprium S. S. Hispanorum, 7 y 8, Exorcismvs, Breviarium Romanum, mayo 3, sept. 14, (vid. Bowle); durante el ceremonial del exorcismo el sacerdote pone ambas manos en la cabeza del endemoniado (energúmeno) y dice: “Ecce crucem Domini; fugite, partes adversae, vicit leo de tribu Juda.” Cons. Herzog-Plitt, Real encyclopœdie, 2a edic., art. Exorcismus.

    292-10. El texto: le.

    292-21. El texto: primera primera.

    292-23. El texto: Hamente.

    293-7.   El texto: ha.

    293-20. Aqui se imprimen libros, etcét.: sobre imprentas de Barcelona en aquella época, vid. Givanel en Cort., D. Q., VI, 289 y ss.

    293-28. llegó en otras: ¿en otras partes? comp. l. 22, en vna parte... en otra, etcét.; algs. enmiendan: entre otros.

    294-9.   Le Bagatele: Le Bagattelle: ¿Ha existido jamás un libro en toscano con semejante título? He hojeado un sinnúmero de libros italianos y españoles sin dar con el rastro de tal obra, la cual, nos dice el propio Cervantes, a pesar de su “nombre humilde contiene y encierra en sí cosas muy buenas y sustanciales”. Y ¿quién habrá sido el autor? Claro está que el título, si no es exacto, puede referirse a varios libros “de honesto y agradable entretenimiento”, o a compilaciones de las cuales “se puede sacar mucha doctrina”, según rezan sus portadas. Véanse, vgr., La Zucca del Doni en español, Venetia, 1551, (Soc. Hisp. N. Y.); Guicciardini, L., Detti et fatti piacevoli: horas de recreación, Bilbao, 1586, (Soc. Hisp. de N. Y.); Straparola (Las Noches), Le piacevoli notti, trad. de Franc. Truchado, de la cual hubo varias ed. en vida de Cerv., Bibl. Nac., Madrid. Para otros libros de la misma índole cons. el Catál. Choix de Livres anciens, rares et


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curieux de Leo S. Olschki, Florencia, 1907: Facéties, pièces burlesques, satires, I, pág. 120 y ss.; Nouvelles, IX, 1932.
    Ahora bien, de esta clase de publicaciones había muchísimas en italiano y en español, conocidas bajo una variedad de nombres, vgr., facezie, novelle, conti, favole, detti e fatti piacevoli, motti, burle, etcét., o en español, patrañas, cuentos, silvas curiosas, florestas, alivio de caminantes, apotegmas o misceláneas. Fíjese el lector también en los pocos datos insignificantes, por no decir absurdos, que nos ha suministrado Cerv. para descubrir el libro. A Don Quijote la obra sugiere solamente las palabras piñata (pignatta), piache (piace), piu su y giu con sus equivalentes esp. olla, place, más, arriba y abajo. Estos escasos detalles indican recuerdos poco distintos de la lengua toscana, con la ortografía hispanizante de bagatela, piñata y piache. En otras páginas en que Cerv. alude a Italia o a obras italianas se nota este rasgo de nebulosidad (El Lic. Vidriera, el Persiles).
    Por fin, hay que recordar que estamos en una imprenta imaginaria, y que lo mismo podía Cerv. haber pensado en una casa madrileña que sevillana. Esto lo prueba el que finge una impresión del falso Quijote y otra de la obra Luz del alma hechas en Barcelona; no habiendo existido jamás, que yo sepa, tales ediciones. En cuanto a la fecha del libro ningún dato tenemos sino que ha de ser anterior a 1613 más o menos. Si no se trata de ninguna obra traducida íntegra del toscano al español, será casi imposible dar con la pista de Le Bagattelle, en vista de que la materia italiana esparcida por los libros españoles de entretenimiento es ilimitada.
    Sin embargo, para dejar a salvo esta posición negativa he de agregar por experiencia que si el pesquisidor curioso topare con estas Bagattelle en cualquiera biblioteca del mundo será por uno de esos caprichos de la suerte que de vez en cuando corona nuestra paciencia con algún hallazgo anhelado, pero de mérito bastante dudoso, por no estar su importancia en ninguna relación con el tiempo perdido en su busca.

    295-28. El Pastor Fido... Aminta: Il Pastor Fido es obra de Battista Guarini, prim. edic., Venezia, 1590, la


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 449

vigésima y primera definitiva, Venezia, 1602; cons. G. Sannino, La drammatica pastorale, L'Aminta e il Pastor Fido, Nápoles, 1906. Christ. Suárez de Figueroa trad. la obra de Guarini, que se publicó en Nápoles en 1602: cons. Crawford, Vida y obras de Christ. Suárez de F., Valladolid, 1911, pág. 20.
    L'Aminta es de Torquato Tasso; salió a luz en Cremona en 1580; la trad. de Jáuregui es de 1607 y se publicó en Roma; cons. Viaje del P., 26-18; Nov., I, 20-12; Jordán de Urríes, op. cit., pág. 18.

    296-26. Luz del alma: Luz del alma christiana contra la ceguedad, etcét., de fray Felipe de Meneses; la prim. edic. es de Valladolid, 1554; cons. D. Américo Castro: Erasmo en tiempo de Cerv., R. F. E., XVIII (1931), pág. 345.

    298-21. el quatraluo: falta algo como: se alegró.

    299-2.   diziendo hu hu hu: R. M., VI, 296.

    299-5.   vn cauallero valenciano; quizá don Pedro de Vich, mencionado ya en Las dos doncellas, Nov., III, 44-20; véase también D. Fr. Martínez y Martínez, San Francisco, Cervantes y Valencia, Valencia, 1919, pág. 44. .

    299-8.   El texto: los de.

    299-11. del: los anot.: de la; véase 398-28.

    299-26. espaldar: así por espalder.

    302-25. toraqui: turco o turquí; cons. Eguilaz, op. cit., pág. 507.

    307-16. El texto: todos.

    308-19. que no le quiero: cons. R. A. Haynes, op. cit., pág. 53, sobre este no en cláusulas dependientes de los verbos dudar y negar.

    310-25. El texto: ha.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 450

    312-4.   de: alg. anot.: dél, lo cual cambia el sentido.

    314-19. y su descanso el pelear: comp. D. Q., I, 62-28.

    315-25. osaré: la Acad. seguida por otros anot.: os haré.

    316-12. que estaua: Hartzenbusch. Benjumea y R. M.: y que.

    320-28. El texto: tras.

    321-31. El texto: al.

    326-10. don Bernardino de Velasco, conde de Salazar: cons. Pell., D. Q., V, 313; Clem., VI, 337; H. C. Lea, The Moriscos of Spain, Philadelphia, 1901 (índice).

    326-17. en algunos ejemp.: abra la.

    326-26. que con: este que sobra.

    328-5.   El texto: dlxo.

    328-23. El texto: Eilosofo:

    329-2.   El texto: me me.

    329-2.   salir al gallarin: cons. la nota de R. M., VI, 342: también Publications of the Mod. Lang. Assoc. junio 1931, págs. 400 y 426:

quantos plazeres me diste
todos me ora han salido
al galarín.
    —Trag. de los amores de Eneas y de la Reyna Dido.

    330-2.   Versos citados ya en D. Q., I, 174-32.

    330-9.   Refrán que reg. H. Núñez, f. 3 v.: A fuer de Aragón, a buen servicio, etcét.; ídem en Vallés.

    331-28. El texto: escoga.

    332-4.   Cerv. pudo leer este cuento en Melchor de Santa Cruz, Floresta esp., 8.a parte, cap. IV, tomo I,


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 451

pág. 145, edic. Biblióf. esp.; se supone que Santa Cruz lo sacase de Alciato, De singulari certamine liber, Ven., 1544; trad. española: Alciato de la manera de desafío, Anvers, 1558? (Hisp. Soc.); cons. Bowle, Anot., 152.

    332-5.   El texto: labrados.

    332-15. sobre mi: o sobre mi anima: expresión del que sale fiador; comp. D. Q., III, 348-14; IV, 395-2; aquí el labrador termina con un giro burlesco.

    334-32. en buena paz compaña: comp. 125-10.

    338-2.   El texto: pos.

    339-2.   de mil colores matizadas los estendidos prados: este pasaje está lleno de retazos y recuerdos de Garcilaso, Gil Polo y otros poetas; comp. vgr. el verso de Gil Polo:

“De flores matizadas se vista el verde prado”.

—Diana, IV.

    339-5.   El texto: el el.

    339-10. quadrado y aun esquinado: lugar común en Cerv., quien pudo tomar el juego de vocablos de Lope de Rueda (El Deleitoso), edic. acad., II, pág. 156; comp. Comed. y Entr., II, 8-14; III, 35-29; 129-28; IV, 31-1; D. Q., IV, 393-16.

    339-23. Miculoso: los coment. leen Niculoso; véase R. M., VI, 360.

    339-23. Boscán se llamó NEMOROSO; cons. sin embargo H. Keniston, Garcilaso de la V., a critical study of his Life, etcét., pág. 242 y ss.; para algunos críticos, vgr., Men.z y Pelayo, D.a Carolina Michaelis, Keniston, Nemoroso es el propio Garcilaso; vid. también Navarro Tomás, edic. de Garcilaso (Clás. cast.), égloga prim. y la Introducción.

    339-25. El texto: deriuatluo.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 452

    340-15. rabeles: se mencionan varios instrumentos rústicos o pastoriles en Galatea, I, 183-9; Nov., III, 165-30; cons. Cecilio de Roda, Los instrumentos músicos, etcét., 1905, pág. 6 y ss.

    340-19. Albogues: Cort., D. Q., VI, 408 y ss.

    340-25. un son, si: algs. edit.: un son que, si.

    340-31-2.  De estas siete palabras todas no son de origen árabe: almorzar viene del latín admorsus (admorde-re), almuerzo de *admordium, Hanssen, Gramática hist., pág. 125. Sobre almohaza, alfombra, alguacil, alhucema, almacén, alcancía, cons. el Dicc. hist. d. l. lengua esp., I, Madrid, 1933.

    341-3.   borcegui: cons. W. v. Wartburg, Franzoesisches Etym. Woerterbuch, I, Bonn, 1928, pág. 557, voz broseken.

    341-4.   zaquizami, maravedi, alheli, alfaqui: cons. Hanssen, Gramática hist., parr. 377; Meyer-Lübke y Castro, Introd. a la lingüística rom., pág. 106; Bello-Cuervo. Gramática, parr. 110.

    341-24. cuchares: y cuchar son formas corrientes de la época; Cov. reg. cuchar; algs. edit. enmiendan cucharas; comp. Valdés, Mercurio y Caron, edic. Clas. cast.: dure lo que durare como cuchar de pan., pág. 52.

    342-7.   mas vale salto de mata, etcét.: D. Q., I, 296-1. Cov., voces rogar y salto; Hernán Núñez, op. cit., fol; 67 v.; Cej., Dicc., 709, voz mas.

No creo que ha de ser ansí
si no me faltan las patas:
más vale salto de matas;
compañeros, sus, de aquí.
    —Sánchez de Badajoz, Recopilación, I, 348, edic. Libros de Antaño.

    342-14. El texto: trompegelas; véase IV, 58-6.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 453

    344-2.   El texto: acontecia.

    345-18. no que: vid. 13-6.

    345-28. post tenebras spero lucem: comp. D. Q., I, portada, y pág. 413.

    348-15. El texto: qne.

    349-4.   De este madrigal trata largamente R. M., VII, apén. 38.

    349-7.   tenia: R. M. acepta la enmienda de Hartzenbusch y lee gemía.

    350-9.   El texto: las.

    350-24. El texto: nosotras.

    351-7.   El texto: valeme; en otros lugares se lee siempre válame; véase, vgr., D. Q., I, 282-11; 350-13; II, 306-15, etcét.

    352-27. y dos sillas: algs. edit. leen en dos sillas, enmienda aceptable.

    353-6.   callaron: el buen régimen pide callaran, y así leen algs. edit.

    354-9.   El texto: camenço.

    354-34. La segunda octava es de Garcilaso, tercera égloga, edic. Clás. cast., pág.124; ya en sus poesías Cerv. había imitado el lenguaje de Garcilaso. Véase el tomo VI, Comed. y Entr.: Poesías sueltas, 28-18; compárense los versos:

mi lengua balbuziente y quasi muda
pienso mouer en la real presencia.

con los de Garcilaso:

mas con la lengua muerta y fría en la boca
pienso mouer la voz a ti deuida.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 454

    355-10. En las cabernas lobregas de Lite: comp. D. Q., III, 434-28.

    355-31. regostose la vieja a los bledos, ni dexó verdes ni secos: así en Hernán Núñez, op. cit., fol. 106 v.

    356-2.   Leo a hazerme porque así lo pide el texto: “hanla de resucitar a hazerme... a cribarme... a acardenalarme, etcét.; se explica la omisión mecánica de a por ser seguida por la a de hazer; los edit. no suplen la primera a, leen acribar (aunque la prim. ed. y la de Bruselas, 1616, tengan a || cribar) y suprimen la a ante acardenalar. Cov. reg, acrivar, y Cerv., Nov., III, 224-8, escribe: “como se sintió acribada de los alfileres”; por lo tanto, es posible que el manuscrito tuviese a acribar, y que el cajista omitiese la prep. como en el caso de a hazer; comp. D. Q., IV, 13-3, donde ocurre el mismo giro.

    357-11. la qual LA hizo vna mamona: los edit. enmiendan le hizo; como el rostro y la barba de Sancho habían de ser sellados con veinticuatro mamonas, la puede referirse a la barba, que precede en la misma línea.

    358-7.   no que: comp. 13-6.

    358-20. la baca de la boda: comp. Tirso, Los balcones de Madrid, II, esc. 5:

Miedos, ¿qué hacemos aquí,
si en esta tempestad toda
soy la vaca de la boda,
y ha de llover sobre mí?

    358-22. que lo eche todo a treze, aunque no se venda: véase Comed. y Entr., IV, 41-10.

    360-2.   El texto: al de.

    360-26. El texto: quanto.

    361-15. dueña: sujeto mental en singular; lo conservo


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 455

por hallarse a menudo en Cerv. estas faltas de concordancia.

    361-18. El texto: despiertas.

    363-11. y haziendo: sobra la y; Acad.: y hizo.

    364-28. que [con] la consideración: la edic. Tonson lee que con la; otros edit. que por la; por el giro 360-24, vemos que falta con.

    364-30. Es verso de Garcilaso, prim. égloga, verso 57; comp. Galatea, II, 268-26.

    365-7.   depositarLOS: [los remedios], suj. mental en plural sugerido por remedio, línea 3; es posible que el manuscrito tuviese depositarlo, y que el cajista leyese los, distraído por el los que sigue inmediatamente. Comp., sin embargo, la nota 52-6.

    365-23. Repetición molesta de 356-20; comp. Lope, La discordia en los casados, II, vs. 1313 y ss.

    366-28. adamo: véase 198-4.

    368-8.   crealo Judas: no parece posible que esta frase, en boca de Sancho, fuese recuerdo del credat iudaeus Apella de Horacio; comp. Clem., VI, 402.

    370-19. Cerv. pudo recordar estos dos versos de un romance del Romancero general: “Diamante falso y fingido” (Durán, I, núm. 107, pág. 54), en el cual ocurren cuatro veces.

    371-22. cantusado: cons. R. M., VI, 410; Hanssen, Gram. histórica, pág. 160: “la variante—usar es tal vez francesa (chantuser, ant.) cantusar, encantusar, engatusar”.

    371-24. El texto: açores.

    373-16. ochocientos y veynte y cinco reales: a 34 maravedís el real, y a 459 maravedís el escudo de oro, Sancho habrá sabido desfalcar 61.1 escudos del tesoro de D. Q. Cons. Juan Lorenzo Palmyreno, Vocabulario


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 456

del humanista, Valencia, 1569 (Mus. Brit. y Bibl. Viena), sobre monedas, pág. 51 y ss.; Saez, Demostración hist. del verd. valor de todas las monedas, Madrid, 1796, págs 54 y 225.

    373-19. no se toman truchas a bragas enjutas; Cov. voz bragadura; Hern. Núñez, op. cit., fol. 78 v.; Novelas, I, 84-04.

    374-32. El texto: arrebantando.

    375-8.   no que: véase 13-6.

    375-31. a dineros pagados braços quebrados: Cov. lo registra voz brazo; Correas: “a obra pagada, etcét.”, pág 56; H. Núñez, fol. 3 r.; “a dineros dados, etcét.” Se halla también al principio del tercer auto de la Celestina.

    376-6.   El texto: contando.

    376-11. morirás: los coment. lo enmiendan morirá, para conformarlo al dicho conocido; dejo el texto, porque concuerda con la burla de Sancho, quien parece dirigirse a un contrario, lleno de coraje fingido, lo cual hace acudir a D. Q; H. Núñez, fol. 73 v., lo reg. con la  variante “muera Sanson”.

    376-31. en pelota: comp. D. Q., I, 314-29.

    377-27. encontrara a aquestos señores, ni fuera abrassadada Troya, etcét.: algs. edit. enmiendan: si yo encontrara; R. M. lee: y ni fuera; es ejemplo de hipótesis (prótasis) con elipsis de si; véase Alf. Valdés, Mercurio y Caron, op. cit., 122. “¿Qué se me dava a mí? Hiziesse yo mi provecho, y fuesse como quiera”; cons. Lenz, La Oración y sus partes, pág. 421; Salvá, Gram., 14.a edic., pág. 183; Gessner, Ztscht., XIV, 1890, pág. 60; Bello-Cuervo, párr. 702, pág. 185. Mi colega R. Spaulding me ha señalado un ejemplo en Arnalte y Lucenda, Rev. Hisp., XXV, pág. 242; otro ejemplo se ve D. Q., III, 251-22.

    378-6.   Orbaneja: ya aludido en D. Q., III, 67-31.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 457

    378-7.   El texto: qne.

    378-20. dé donde diere: al poeta Mauleón alude Berganza, Nov., III, 165-13; cons. Amezúa y Mayo, edic. de El casamiento engañoso y El coloquio de los perros, 467 y ss.; R. M., VI, 423, nota 17.

    380-15. El texto: diaxo.

    380-18. El texto: lo.

    380-28. El texto reeie-.

    382-16.  frion: comp. Rojas, Comedias, B. A. E.: El Cain de Cataluña, pág. 271 (I, 1):

CARD.    Mireme, Camacho; él
es aloja de verano.
CAM. Mientes.
CARD.               Digo que es frión.
CAM. ¿Esto se me ha de decir?
¿Frío yo, que he hecho reír
a un juez de comisión?

    382-20. El texto: los.

    383-12. Casa del Nuncio en Toledo: Cov. voz nuncio: “es un hospital donde se curan los locos”; Clem., VI, 427; hay alusión a esta casa en Tirso: Los tres maridos burlados, B. A. E., Nov. posteriores a Cerv., I, pág. 484: “si duraba todavía en su tema, pararía en la [casa] del Nuncio”.

    385-14. deuian: se ref. a declaración, con sujeto mental en plural, número que fué sugerido quizá por fuerzas; cons. Weihert, op. cit.: Nichtkongruenz mil dem Subjekt, pág. 11 y ss.

    387-11. bien cauallero me yua: comp. el principio de la carta a Teresa Panza: D. Q., III, 446-8.

    389-9.   El texto: mochachas.

    392-18. Así por Curiambro, 339-26.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, NOTAS, p. 458

    393-15. pastoras mañeruelas: Cov. voz haca: “solemos dezir vulgarmente mañeruelos, porque con facilidad los tratamos, y se dexan manosear y sugetar”. La comparación de pastoras con caballos y hacas concuerda con el humor festivo del cura.

    394-17. Acerca de este villancico véase Clem., VI, 443.

    394-19. está ya duro el alcacel para zampoñas: vid. Cov. voz alcacel; H. Núñez lo registra, fol. 36 r.: “duro es el alcacer para çampoñas”; Correas, 169; Santillana; Pedro Vallés, Libro de refranes; Valdés, Diálogo de la lengua, edic. Clás. cast., pág. 80.

    396-27. Sanazaro: Jacopo Sannazaro, n. en Nápoles 1458, m. 1530; cons. M. Scherillo, edic. de la Arcadia (Torino, 1888), obra principal de Sannazaro; comp. Galatea, Introd., XIX y ss.

    396-30. Barcino: Nov., III, 162-24; cons. Amezúa, edic. Col. de los perros, pág. 294.

    398-15. El texto: el.

    398-28. Comp. 299-11.

    399-30. y a creer: R. M. enmienda y a hacer creer, que no hace falta; puede ser frase elíptica: “les vino a quitar la duda y [vinieron] a creer que estaua cuerdo”. Comp., “después de muchos nombres que formó... al fin le vino a llamar Rocinante”, D. Q., I, 54-32.

    400-15. Algs. edit.: les.

    405-12. El texto: impressa.

    405-13. Esta empresa, etcét.: cons. D. Q., III, 281-27.

Tabla

    408.  cap. LVIII: el texto: autenturas.

    409.  cap. LXVI: el encabezamiento del cap. (328) tiene oyrá, en vez de oyere.

    409.  cap. LXX: el texto: al de.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, p. 459

APENDICE

    Don Quijote, III, página 458, nota 17-17: Por casualidad he encontrado en el desván de la Biblioteca Municipal de San Francisco de California, entre varios libros antiguos todavía sin catalogar, la obra de “Bosio”. Se titula: De Signis Ecclesiae Dei Libri XXIIII, auctore Thoma Bozio, Eugubino congregationis Oratorii Presbytero; in tres tomos divisi, Lugduni, 1594; Sumptibus Petri Landry. En la Bibl. Nat. de París se conserva un ejemp. de la edic. de 1592, Coloniae Agrip.


ENMIENDAS

Novelas  II,   pág.  84-19:     niguna, léase ninguna.
» » » 160-10: barrrio, léase barrio.
» » » 200-6: fuerte, léase suerte.
» » » 292-24: le fuesse, léase el fuesse.
» » » 342-23: de ella, léase ella.
» » » 342-24: ha, léase ha de.
» » » 349-29: incarse, léase hincarse.
» III, » 110-11: auiadado, léase auia dado.
» » » 127-24: es tremada, léase estremada.
» » » 134-25: criedo, léase criado.
» » » 145-6: Estafania, léase Estefania.
» » » 160-1: nonada, el texto nodada.
» » » 171-26: persegido, léase perseguido.
» » » 178-27: era, léase Era.
» » » 270-21: al, léase la.
» » » 292-20: que que, léase que.
» » » 302-9: sola, léase solo.
Don Quixote, III, pág. 509 (445-2): Ruiz, léase Rius.


DON QVIXOTE DE LA MANCHA, TOMO IV, APÉNDICE, p. 460

    Debo algunas de las enmiendas que siguen a la edición del Viaje del Parnaso, de D. Francisco Rodríguez Marín.

Viaje del Parnaso  pág.  43-25:     ya, si, léase y, asi.
» » 46-9: como, ¿y, léase ¿cómo y.
» » 59-21: codo, léase coto.
» » 62-18: huelga la nota; véase Ariosto, Orlando, I, 30.
» » 82-1: accidental, léase occidental.
» » 89-7: murio, léase Mucio.
» » 93-14: mal mirada, léase malmirada.
» » 100-28: parte., léase parte,.
» » 100-29: Su, léase su.
» » 100-31: cielo, , léase cielo;  .
» » 101-1: coma después de murióse, y después de estaua.
» » 101-2: La, léase la.
» » 101-2: porfia, , léase porfia.
» » 101-3: puesto, léase Puesto.
» » 107-7: delque; el verso pide de aquel que.
» » 110-10: quizá deba leerse: uno recogia; y (12) hazia por la consonancia con ironia.
» » 111-16: huelga la nota; léase: [h]espectada.
» » 115-8: fama, léase sin coma.


                                                     p. 461 


                    ÍNDICE
                     ____

                                                    Págs.
                                                    _____

Advertencia......................................      5
Texto............................................      7
Tabla de los Capítulos...........................    407
Notas............................................    411
Apéndice.........................................    459
Enmiendas........................................    459


        [Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV]


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