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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

            PERSILES Y SIGISMVNDA

                    TOMO I




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1914 Rodolfo Schevill
       Copyright © 2000 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


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OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ PERSILES Y SIGISMVNDA TOMO I EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ Calle del Barquillo, núm. 8. M. CM. XIV.
p. IV
p. V INTRODUCCIÓN En el “Prólogo al letor” de las Novelas exemplares, escrito durante el verano de 1613, menciona Cervantes por vez primera los Trabajos de Persiles, libro “que se atreve a competir con Heliodoro, si ya por atrevido no sale con las manos en la cabeza”. Tales palabras permiten suponer que la obra estaba bastante adelantada en aquella fecha; y esto mismo se infiere de un terceto del Viage del Parnaso (cap. IV), poema que se cita ya como terminado en el susodicho Prólogo de las Novelas: “Yo estoy, cual decir suelen, puesto a pique para dar a la estampa al gran Persiles, con que mi nombre y obras multiplique.” Nuevamente promete Cervantes “el gran Persiles” en la dedicatoria de las Ocho comedias (verano de 1615) al conde de Lemos; y, por último, en la dedicatoria al mismo conde, fechada en 31 de octubre de 1615, de la Segunda
INTRODUCCIÓN p. VI parte de Don Quixote, escribe: “Con esto me despido, ofreciendo a V. Ex. los Trabajos de Persilis (sic) y Sigismunda, libro a quien dare fin dentro de quatro meses, Deo volente; el qual ha de ser, o el más malo, o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero dezir de los de entretenimiento; y digo que me arrepiento de auer dicho el más malo, porque, segun la opinion de mis amigos, ha de llegar al estremo de bondad possible. Venga V. Excelencia con la salud que es desseado, que ya estará Persiles para besarle las manos.” Poco más de los cuatro meses señalados tardó Cervantes en terminar la obra, cuya patética dedicatoria escribió en Madrid a 19 de abril de 1616, cuatro días antes de morir. Aunque no sea fácil determinar con exactitud cuánto quedaba por redactar a últimos de octubre de 1615, fecha de la dedicatoria de la Segunda parte del Quixote, es lo probable que faltase casi todo el libro IV. En éste decae notoriamente el estilo: hay enojosas repeticiones, y todo acaba con desusada precipitación, como si Cervantes, después de haber hecho terminar en Roma la larga peregrinación de sus principales personajes, no supiera ya qué hacer con ellos. Obsérvese además que el libro IV es de mucha menor extensión que los anteriores, dejando harto que desear la trama y los caracteres.
INTRODUCCIÓN p. VII Nada concreto podemos afirmar respecto de la época en que Cervantes imaginó o comenzó a escribir su extraña novela de aventuras. En cierto pasaje del Quixote (I, 47) ofrécenos un curioso esbozo de novela que bien pudiera referirse al Persiles, aunque nada cabe asegurar con certeza respecto de esta posible relación: “Dixo --escribe-- que, con todo quanto mal auia dicho de tales libros (de cauallerias), hallaua en ellos vna cosa buena, que era el sujeto que ofrecian para que vn buen entendimiento pudiesse mostrarse en ellos, porque dauan largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiesse correr la pluma, describiendo naufragios, tormentas, rencuentros y batallas; pintando vn capitan valeroso, con todas las partes que para ser tal se requieren... Pintando, ora vn lamentable y tragico sucesso, aora vn alegre y no pensado acontecimiento: alli vna hermosissima dama, honesta, discreta y recatada, aqui vn cauallero christiano, valiente y comedido; aculla vn desaforado barbaro fanfarron, aca vn principe cortés, valeroso y bien mirado; ... ya puede mostrarse astrologo, ya cosmografo excelente...” De todo esto hay ejemplo en el Persiles. Por otra parte, los datos cronológicos que en la novela figuran son demasiado vagos. El prurito de la “verisimilitud” hizo que el autor trajese
INTRODUCCIÓN p. VIII a cuento caracteres y episodios históricos y semihistóricos que sólo sirven para confundir a los lectores. Al principio nos encontramos en los primeros años del reinado de Felipe II, pues el bárbaro Antonio (I, 32) dice haber peleado durante su juventud en Alemania a las órdenes de Carlos V. Pero poco después (I, 83 y 94) tropezamos con el irlandés Mauricio, que parece ser contemporáneo de Rosamunda Clifford, dama de Enrique II de Inglaterra (1133-1189), con cuya hija Leonora casó Alfonso VIII de Castilla. Sin embargo, el mismo Mauricio declara (I, 310) haber visto “a vn Carlos V cerrado en vn monasterio”; y luego Sinibaldo cuenta “la gloriosa muerte” del Emperador (1558) y alude a las “guerras del de Transiluania” (I, 320). En otro lugar (I, 138) habla Cervantes de unos “cossarios, y no irlandesses, ... sino de vna isla rebelada contra Inglaterra”; pero como escribe después de haber ocurrido varias conocidísimas rebeliones irlandesas de fines del siglo XVI, ¿a qué otra isla puede referirse, sino a Irlanda? Más adelante (II, 69) alude al regreso a Madrid de la Corte de Felipe III, suceso del año 1606; pero luego (II, 78) leemos que acababan de salir a luz las Obras de Garcilasso de la Vega, lo cual aconteció en 1543. Hay también alusión (II, 117) al destierro de los moriscos, acordado por el decreto de setiembre del año 1609; y, finalmente,
INTRODUCCIÓN p. IX el autor alaba la Jerusalén libertada, del Tasso (II, 243), publicada en 1581, y la Invención de la Cruz, de López de Zárate, que aun estaba por publicar. No puede imaginarse, pues, cronología más enrevesada. Pero aunque de todo esto no se infiera claramente cuándo empezó a redactarse el Persiles, algún medio poseemos para determinarlo de un modo aproximado. Rasgos hay en los dos primeros libros, como luego veremos, para los cuales tuvo en cuenta Cervantes verisímilmente las costumbres de los indígenas de América. El historiador a quien más recuerda es el inca Garcilasso de la Vega, que publicó, en vida de Cervantes, la Primera Parte de los Commentarios Reales que tratan de el origen de los Incas, Reyes que fueron del Peru, de su idolatria, leyes y gouierno en paz y en guerra, etc. (Lisboa, 1609; el colofón trae 1608) (1). Desde el primer libro del Persiles (I, 85), Cervantes, al relatar las odiosas costumbres de la isla de Mauricio, reproduce fielmente la descripción del Inca (2). Esta y otras semejanzas que en su lugar indicamos, nos hacen pensar que Cervantes leyó con detenimiento los Commentarios de Garcilasso, y que debió de comenzar el Persiles después de 1608-1609, o (l) Hay segunda edición, bastante correcta, de Madrid, 1723. (2) Véase la nota 86-25 de este tomo.
INTRODUCCIÓN p. X que, por lo menos, lo escribió casi todo con posterioridad a esta fecha. Comoquiera que sea, en 9 de setiembre de 1616 aprobó Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional, el maestro Josef de Valdivieso, juzgando que, de cuantos libros nos dejó escritos Cervantes, “ninguno es más ingenioso, más culto ni más entretenido”. En El Escorial, a 24 de los mismos mes y año, el rey firmó la licencia para poder imprimir la novela, a favor de la viuda de Cervantes, D.ª Catalina de Salazar y Vozmediano. La impresión del texto había terminado en 15 de diciembre, fecha de la Fee de Erratas, a costa del librero Juan de Villarroel, el mismo a quien Cervantes había vendido el privilegio de impresión de las Comedias. En 2 de abril de 1617 el impresor Juan de la Cuesta entregó a la Hermandad de Impresores de Madrid dos ejemplares del Persiles (1). * * * Persíles, y no Pérsiles (como todavía dicen algunos) (2), es la acentuación regular. Ya en la Crónica de los Cervantistas (3), Hartzenbusch (1) C. Pérez Pastor, Documentos cervantinos hasta ahora inéditos; Madrid, 1897; págs. 198 y 317. (2) Véase el excelente libro de P. Savj-López: Cervantes (Napoli, 1913), págs. 203 y siguientes. (3) Año II, núm. 1, pág. 14; 28 de enero de 1873.
INTRODUCCIÓN p. XI indicó que Persíles es la única pronunciación autorizada: “la única vez --escribe-- que el nombre Persíles resulta acentuado por el autor (y de una manera indudable, que es la rima), aparece consonante de sotíles y fregoníles”. En la comedia Persiles y Sigismunda, del toledano D. Francisco de Rojas Zorrilla, consuenan (entre otros ejemplos que pudieran citarse) Persíles y civíles (1). Muy común es la idea de que Cervantes, en esta historia septentrional, revela extensos, si no exactos, conocimientos respecto del Norte de Europa (2). Nada más lejos de la verdad. Los hechos se reducen a lo siguiente: el héroe y la heroína, naturales, respectivamente, de Thule y de Frislanda, se nos presentan, después de una larga serie de peregrinaciones (trabajos era entonces el vocablo corriente), en los helados mares del Norte. Desembarcan luego en Lisboa, (1) Parte 30 de las Comedias famosas de varios autores; Zaragoza, 1636; pág. 391. Véase el Catálogo de La Barrera, página 685. La primera edición conocida de la comedia de Rojas parece ser de 1636. Consta, sin embargo, que se representaba en 1633. Foerster (Spanische Sprachlehre; Berlin, 1880; § 71, pág. 47) señaló también la pronunciación correcta de Persíles. Véase lo que más adelante decimos acerca de los nombres de los personajes. (2) Consúltense: Fermín Caballero, Pericia geográfica de Miguel de Cervantes, etc.; Madrid, 1840; y un artículo de C. Larsen en La España Moderna (núm. 207, año 1906, pág. 21), antes publicado, con el título de Cervantes' Vorstellungen vom Norden, en el tomo V, pág. 273, de los Studien zur vergleichenden Litteraturgeschichte (1905).
INTRODUCCIÓN p. XII continuando a pie su viaje por tierras de Portugal, España, Francia e Italia, hasta llegar a Roma. En vista de que algo más de la mitad de la obra está dedicada a las regiones septentrionales, era de suponer que Cervantes mencionase muchos puertos y ciudades de los que se tenía conocimiento en España por aquella época. Pero precisamente los dos primeros libros aparecen envueltos en la bruma del misterio. La idea predominante del autor es que aquellos lejanos mares están sembrados de islas innominadas: “estan todos aquellos mares casi cubiertos de islas, todas o las mas despobladas; y las que tienen gente, es rustica y medio barbara, de poca vrbanidad y de coraçones duros e insolentes” (I, 77). Jamás se hace mención de la brújula: los barcos en que viajan los personajes no llevan nunca rumbo fijo, confiándose “al albedrio de la fortuna”, de conformidad con la tradición novelesca. Todo esto parecerá más lógico cuando se vea que Cervantes buscó su inspiración en narraciones románticas y de fantasía, no en historias ni en mapas auténticos. Y ¿qué decir de su cosmografía septentrional? En ella figuran: Dinamarca, una isla de lobos, otra nevada y despoblada, Noruega, muchas islas sin habitantes, Golandia (cuyos moradores cabían todos en un mesón), Ibernia, Irlanda, una isla de siete que circundan a Ibernia, Inglaterra,
INTRODUCCIÓN p. XIII la isla de Policarpo, Scinta (no lejos de Ibernia), Danea, la isla del Fuego, Bithuania, el mar glacial, la isla de las Ermitas, Thule, Frislanda, Islanda y Groenlanda. En resumen: dejando aparte las alusiones vagas, quedan doce nombres de lugares septentrionales, número harto escaso, y aun estamos persuadidos de que Cervantes ignoraba dónde se hallaban exactamente esos lugares, algunos de los cuales no hemos logrado identificar. Dinamarca figura rara vez en los mapas de aquel tiempo; pero está mencionada en el texto de ciertos cosmógrafos (1). En cambio, Danea (Dania), que para Cervantes es país distinto de Dinamarca (I, 319), consta en casi todos los mapas del siglo XVII. Golandia, según todas las ediciones de Tolomeo (2) que hemos examinado, y según también todos los cartógrafos del siglo XVI que hemos podido consultar, no es otra que la isla (1) Para Don Quijote (I, 10), Dinamarca es un reino a propósito, como el de Sobradisa, para ser conquistado y regalado luego al inmortal escudero Sancho. Pedro Apiano, en su Libro de la Cosmographia (Enveres, 1548), habla (fol. 38 v.) del reino de Dania; pero añade (fol. 49 v.) que las villas de Seelandia y Scania son llamadas Dinamarcha. Martín Fernández de Enciso, en su Suma de Geographia, etc. (Sevilla, 1519), escribe que Dacia, Gocia, Suecia y Noruega pertenecen al rey «de Degnamarcha» (CII v.); y Hieronymo Girava, en su Cosmographia y Geographia (Venetia, 1570, pág 150), cuenta que hay en el mar helado una isla, dicha Islandia, que los antiguos llaman Thile,“sotopuesta al rey de Dania, la qual es frigidissima». (2) «Ptolomeo... fue el mayor cosmografo que se sabe.» (Quixote, II, 29.)
INTRODUCCIÓN p. XIV Gotlandia, a pesar de su situación al Este de Suecia. Las especies de que había en ella una gran montaña, de que sus habitantes eran católicos, y de que todos cabían en un mesón (I, 78), pudieron nacer de que en ciertos mapas septentrionales se vieran dibujadas en esa isla, como en otras muchas, una sola montaña, una iglesia con su cruz, y a veces sólo una casa, lo cual solía significar que en el lugar había un monasterio y que se hallaba poblado de cristianos. El nombre de Ibernia se encuentra en los mapas tantas veces como el de Irlanda, y la creencia cervantina de que se trataba de regiones distintas, pudo proceder de alguno de los viejos cosmógrafos. Así, Martín Fernández de Enciso (1) contaba este absurdo: “A esta isla (Ibernia) llaman los mareantes Irlanda, y es yerro, porque Irlanda está al Norte y Setentrion desta en setenta grados: saluo si, por semejanza de la otra que se dize Islanda, llaman a esta Irlanda; porque Islanda sinifica estar en mar elado; y Irlanda, do no está elado.” Huelga decir que no se encuentra ninguna Scinta (I, 143) ni nada parecido en los mapas, como no se trate de Schia, isla que figura al Oeste de Escocia en algunos Tolomeos de mediados del siglo XVI. La isla del Fuego (I, 261) puede ser reminiscencia (1) Op cit., CIII.
INTRODUCCIÓN p. XV de las islas de Fuego que se encuentran rarísimas veces, pero que ya constan en el famoso mapamundi de Cantino (1502), donde, al Sur de Frislanda y al Nordeste de Escocia, se ven las Ilhas de Fogo. Bituania (I, 267) debe de ser Lituania, que está en casi todos los mapas, aunque muchas veces ocupa lugares fantásticos. En cierta ocasión (I, 281), el piloto, al tomar la altura, observa que se halla bajo el Norte, en el paraje de Noruega, “en el mar Glacial”; éste figura, con el nombre de Mare congelalum, al Noroeste de Noruega (Norvegia), o junto a Groenlanda o Islanda, en bastantes mapas. De Thule y de Frislanda tratamos en las Notas. Al entrar en España, Cervantes se encuentra en casa, y así no es maravilla que en el itinerario de sus peregrinos figuren unos veinte lugares conocidos, desde Lisboa hasta la frontera francesa. Pero, al pisar nuevamente tierra extranjera, torna la falta de precisión de la ruta. De Francia sólo se citan: Perpignan, Lenguadoc, Provenza, una villa, un castillo, un mesón y el Delfinado. Después de entrar en Italia, los peregrinos pasan por el Piamonte, el Estado de Milán, Luca y Acquapendente, antes de llegar a Roma. Menciónase a Florencia, pero no pertenece al itinerario. En el de Maximino (II, 282) se citan: el estrecho Hercúleo, Tinacria, Parténope, Nápoles y Terrachina. De la propia Roma,
INTRODUCCIÓN p. XVI tantas veces aludida por Cervantes, hay poquísimos detalles, como si el autor, después de cuarenta años de ausencia, conservara únicamente los remotos recuerdos juveniles. En vista de todo esto, parece vano empeño indagar fuentes precisas de la geografía cervantina. Según el credo artístico del autor, tan esencial para formar juicio sólido del Persiles, todo ha de perdonarse con tal de que la historia tenga verisimilitud: “Las peregrinaciones largas siempre traen consigo diuersos acontecimientos; y como la diuersidad se compone de cosas diferentes, es forçoso que los casos lo sean. Bien nos lo muestra esta historia, cuyos acontecimientos nos cortan su hilo, poniendonos en duda dónde será bien anudarle; porque no todas las cosas que suceden son buenas para contadas, y podrian passar sin serlo y sin quedar menoscabada la historia: acciones ay que, por grandes, deuen de callarse, y otras que, por baxas, no deuen dezirse, puesto que es excelencia de la historia que, qualquiera cosa que en ella se escriuia, puede passar al sabor de la verdad que trae consigo; lo que no tiene la fabula, a quien conuiene guissar sus acciones con tanta puntualidad y gusto, y con tanta verissimilitud, que, ha despecho y pesar de la mentira, que haze dissonancia en el entendimiento, forme vna verdadera armonia.” (II, 100.) Todo esto
INTRODUCCIÓN p. XVII sería de perlas si lo entendiésemos; pero, desgraciadamente, no tenemos ahora el mismo concepto que Cervantes de lo que es “verissimil” y “puede passar al sabor de la verdad” (1). Al dejar suelta la rienda a su imaginación, el autor del Quixote erró el camino por única vez en el Persiles. Según frase feliz de Alejandro Humboldt (al hablar del fingido viaje de Niccolò Zeno), puede decirse que en la obra de Cervantes se encuentran “de la candeur et des descriptions détaillées d'objets dont rien en Europe ne pouvait lui avoir donné l'idée”. * * * Imposible sería, en un estudio preliminar, ofrecer un resumen satisfactorio de todos los libros que trae a la memoria la lectura del Persiles. El análisis de la novela descubre distintos modelos literarios para la forma exterior y para el particular espíritu de aventuras que la anima. Por otra parte, la debida inteligencia del asunto y de la enorme variedad de episodios y descripciones (1) Respecto de la verisimilitud de la fábula, véase al doctor Alonso López Pinciano, en su Filosofía antigua poética, publicada en 1596 (consúltese la edición Muñoz Peña; Valladolid, 1894; epístola V): «Las ficciones que no tienen imitación y verisimilitud no son fábulas, sino disparates, como algunas de las que antiguamente llamaron milesias, agora libros de caballerias, los cuales tienen acontecimientos fuera de toda buena imitacion y semejanza a verdad.»
INTRODUCCIÓN p. XVIII que la obra contiene, exigiría que se trajese a cuento casi toda la literatura contemporánea. En cuanto a la forma, Cervantes mismo confiesa el tipo en que se inspiró: la maquinaria novelesca, los cambios escénicos, el modo de presentar los personajes, la total ausencia de análisis psicológico de los caracteres, todo ello pertenece a la novela bizantina, conocida por Cervantes, y especialmente a Heliodoro, con quien “se atreve a competir” (1). No se ha investigado aún cuánto debe el Persiles, si bien indirectamente, a otra novela bizantina: Los amores de Clitofonte y Leucipe, de Aquiles Tacio, a través de la versión castellana de Núñez de Reinoso: Historia de los amores de Clareo y Florisea (1552) (2). Como novelas (1) Acerca de lo que Cervantes debe al autor de Teágenes y Cariclea (novela de la cual se publicaron en el siglo XVI dos versiones castellanas: una anónima [Amberes, 1554], y otra [Alcalá, 1587] por Fernando de Mena), véase a R. Schevill, Studies in Cervantes. Part II. «Persiles y Sigismunda» (en Modern Philology, vol. IV, núm. 4, abril 1907). En cuanto a la versión anónima de Heliodoro, Bartolomé de Villalba y Estaña, en su Pelegrino curioso (escrito en 1577; véase la edición de la Sociedad de Bibilófilos Españoles, I, 54), dice: «Tanbien la Etiopica de Heliodoro, traducida, la muerden los alanos; ¡dichoso el que lo hizo tan secreto, que, a nombrarse, se viera en gran aprieto!» Las citas de Heliodoro abundan en la literatura del siglo XVII. Véanse, por ejemplo, Lope de Vega, en De cosario a cosario (III, 1.ª), y Francisco de Lugo y Dávila, en la Introducción de su Teatro popular (Madrid, 1622). (2) Consúltese a M. Menéndez y Pelayo, Orígenes de la Novela, I, cccxliii y siguientes.
INTRODUCCIÓN p. XIX de aventuras, en las que “la fortuna” rige los sucesos, parécense en numerosas circunstancias: el lenguaje es el mismo; los personajes, que sufren “mudanzas” y “trabajos”, se hallan sometidos a su “triste estrella”. Algunos de los nombres son también casi idénticos: el de “Periandra” pudo sugerir “Periandro”, y parece algo más que una mera coincidencia el que hallemos en Reinoso una “Aurismunda”, y, en Cervantes, Auristela y Sigismunda sean la misma persona. Igualmente hallamos en Reinoso “grandes mágicos” y “cosas de encantamiento”; el héroe y la heroína viajan como supuestos hermanos; si Arnaldo pide a Periandro la mano de Auristela, Menelao ruega a Clareo que le dé a Florisea por esposa, respondiendo Clareo casi en los mismos términos que Periandro; trátase también, por último, de sueños, de cartas amatorias, de borrascas, de islas, etc., etc. Pero si la novela bizantina constituyó el modelo formal de Persiles, ¿cómo es que Cervantes escogió los mares del Norte para escenario de sus dos primeros libros? Indirectamente nos dice también (II, 285) la narración en que se inspiró: el supuesto viaje de los hermanos Zeni por los mares septentrionales, realizado hacia el año de 1380. Cuando Cervantes moraba en Italia, debió de hablarse aún de cierto librillo publicado en Venecia el año 1558 por Niccolò
INTRODUCCIÓN p. XX Zeno (el menor), dando cuenta de la región septentrional ignorada, según documentos familiares que el editor decía poseer (1). No cabe asegurar que Cervantes tuviese a la vista la primera edición; pero es más que probable que conociera la obra, en vista de las analogías entre su narración y la de Zeno. En la de éste, el héroe se dirige al Norte, “doue, assaltato in quel mare da una gran fortuna, molti di ando trasportato dalle onde e da' venti, senza sapere doue si fosse, quando finalmente scoprendo terra, ne potendo piu reggersi contra quella fierissima burasca, ruppe nell' isola Frislanda, saluandosi gli huomini e gran parte delle robbe che erano sù la naue, etc.” Al llegar a la orilla, Niccolò Zeno y sus compañeros son atacados por los indígenas; pero el príncipe del país, Zichmni, los protege: “in ogni modo sarebbeno stati mal menati, se a buona uentura non faceua che casualmente si fosse trouato iui uicino un Prencipe con gente armata, il quale, inteso che s'era rotta pur all' hora una gran naue nell' isola, corse al romore ed alle grida che si faceuano contra i nostri poueri marinai, e cacciati uia quelli del paese, parlò in latino (2), e dimandò che genti erano, e di doue ueniuano, e saputo (1) Véase la nota acerca de Frislanda (II, 278-28). (2) Cervantes escribe (II, 78): «es vso de los setentrionales ser toda la gente principal versada en la lengua latina.»
INTRODUCCIÓN p. XXI che ueniuano d'Italia, e che erano huomini del medesimo paese, fu presso di grandissima allegrezza. Onde, promettendo à ciascuno che non riceuerebbeno alcun dispiacere, e che erano venuti in luogo nel quale sarebbeno benissimo trattati e meglio ueduti, li tolse tutti sopra la sua fede.” Esto recuerda el viaje de Periandro y de los suyos al mar glacial, donde arriban al país del rey Cratilo, que los recibe con su séquito y los protege (I, 296 y siguientes). También se habla en el libro de Zeno de islas despobladas: “si leuarono con una burasca si terribile, che cacciati in certe seccagine ruppero gran parte delle lor naui, saluandosi il rimanente in Grislanda, isola grande, ma dishabitata.” Cervantes alude a siete islas próximas a la de Ibernia (I, 84); Zeno, refiriéndose a lo que en los mapas sería Shetland, al Norte de Escocia, dice que el príncipe “assaltò negli stessi canali l'altre Isole, dette Estlanda, que sono sette”. En la descripción del monasterio de Santo Tomás, escribe Zeno: “ci concorreno in questo monistero frati di Noruegia, di Suetia e di altri paesi, ma la maggior parte sono delle Islande.” Cervantes afirma que hay en él religiosos de cuatro naciones: “españoles, franceses, toscanos y latinos” (II, 285), con lo cual agrava el absurdo de Zeno. El haber “molti nauigli che non possono partire per essere il mare aggiacciato”, tenía su
INTRODUCCIÓN p. XXII representación en muchas láminas de los libros de aquel tiempo, y pudo dar a Cervantes la idea del mar glacial (I, 281). Además de la influencia del viaje de los Zeni, no es inverisímil que Cervantes, en su historia septentrional, tuviese también en cuenta el Viaggio del magnifico Messer Piero Quirino, Gentilhuomo vinitiano, nel quale... incorre in uno horribile &. spauentoso naufragio, del quale alla fine con diuersi accidenti campato, arriua nella Noruegia &. Suetia, Regni Settentrionali. Fué impreso este viaje en la colección de Ramusio, donde, a partir de la edición de 1574, y en el mismo tomo, pudo también leer Cervantes el novelesco relato de los Zeni. No pocas noticias de las contenidas en la narración de Niccolò Zeno el menor proceden de dos libros de Olao Magno. Titúlase el primero: Opera breve, la quale demostra e dechiara ouero da il modo facile de intendere la charta ouer delle terre frigidissime di Settentrione, etc. (Venetia, 1539), obra extraordinariamente rara, de la cual se conoce un ejemplar completo, custodiado en la Biblioteca de Munich. Contiene un curioso mapa de las tierras del Norte, con texto explicativo. El segundo libro es la Historia de gentibus septentrionalibus (Romae, 1555), obra que, como más adelante expondremos, influyó también de alguna manera en el Persiles.
INTRODUCCIÓN p. XXIII Y no ha de olvidarse tampoco que existe otro escritor español del siglo XVI que copió bastante de Olao Magno: nos referimos a Antonio de Torquemada, en su Jardin de flores curiosas, en que se tratan algunas materias de Humanidad, Philosophia, Theologia y Geographia, con otras cosas curiosas y apazibles (1), no siendo difícil comprobar que Cervantes utilizó también esta obra (2), por donde resulta que algunos pormenores, idénticos en Olao Magno y en Torquemada, aparecen igualmente en el Persiles, sin que sea difícil determinar cuál de los dos era el recordado por Cervantes en cada caso (3). Especial estudio merece lo relativo a la influencia de Olao Magno. Probable es que Cervantes conociese la hermosa edición veneciana de la Historia delle genti e della natura delle cose settentrionali da Olao Magno Gotho, arcivescovo di Vpsala, etc., impresa el año 1565, en folio, con magníficas láminas, que no dejaron (1) Hay varias ediciones de este libro. La primera parece ser de 1570. Son dignas de consultarse la de Leyda, 1573, y la de Salamanca, 1577. (2) Que la conocía bien, échase de ver en el capítulo VI de la Primera parte del Quixote, donde menciona el Jardin y el Olivante de Laura, de Torquemada, no sabiendo determinar cuál de los dos es menos mentiroso. Ticknor (1849) parece haber sido el primero en hacer notar la probable influencia del Jardin de flores curiosas en el Persiles. (3) Véase, por ejemplo, la nota de la página 297-4 de este tomo.
INTRODUCCIÓN p. XXIV de transcender a ciertas explicaciones que se leen en el Persiles. Vense, por ejemplo, en esas láminas hombres con skis, patinando, caballos que saltan sobre el hielo, terribles naufragios dibujados con notable realismo (1), navíos encajados entre helados bloques del mar glacial, combates entre buques de guerra, etc., etcétera, episodios que se repiten todos en el Persiles. Olao Magno trata extensamente en el texto de las costumbres septentrionales y de los animales y monstruos de aquellas regiones; describe los matrimonios, el modo de elegir reyes (en vista de sus virtudes personales), etc., etcétera; recuerda varias mujeres guerreras, una de las cuales (Alvida, que se hizo corsario, y recorría los mares en traje masculino) inspiró, sin duda, a Cervantes el tipo de Sulpicia, hija de Cratilo (I, 266); menciona juegos y espectáculos públicos, y afirma que había en el Norte hombres y mujeres que se dedicaban a la magia, que la adivinación estaba muy en boga, y que hechiceros y encantadores hacían maravillas, volando por los aires. Mas ha de notarse que Olao Magno no es un historiador verídico, y que toma sin escrúpulo muchas noticias de los clásicos (Estrabón, Plinio y otros), sin olvidar a los historiadores de Indias. (1) Véase la nota de la página 273-20 de este tomo.
INTRODUCCIÓN p. XXV El libro de Torquemada, “que en su Jardin de flores, tan honesto, dizen tener muy poco miramiento, pues quebrantó el octauo mandamiento”, como escribía Villalba y Estaña, es una miscelánea, donde se encuentra un poco de todo. Habla largamente también de brujos y hechiceros y de sus expediciones aéreas (en cierto cuento del tractado tercero menciona un manto mágico); explica los modos de caminar de la gente del Norte; trata de sus juegos y fiestas; alude a los ánades que se engendran de tablas o maderos sumergidos en las orillas del mar, a hombres convertidos en lobos, a bestias y pescados monstruosos (como el fisiter), y a costumbres varias de aquellas tierras. De otras misceláneas, muy de moda en el siglo XVI, parece haber también reminiscencias en el Persiles; pero sólo citaremos aquí El libro de las costumbres de todas las gentes del mundo, de Francisco Thamara (Anvers, 1556) (1); el De las cosas maravillosas del mundo, de Julio Solino, traducido por Cristóbal de las Casas (Sevilla, 1573); y la Silva de varia lecion, de Pero Mexia, de la cual obra hay bastantes (1) Citamos siempre la edición que hemos tenido a la vista, aunque no sea la primera.
INTRODUCCIÓN p. XXVI recuerdos en los escritos cervantinos (1), como los hay también de los Diálogos del mismo autor. Ambos libros tratan con cierta extensión de casi todos los ramos de la ciencia entonces conocida. Además de estas obras, que mantienen estrecha conexión con elementos fantásticos y seudogeográficos del Persiles, debemos mencionar un importante grupo de autores que, de la propia suerte que suministraron bastante materia a algunos de los ya citados, pudieron sugerir, directa o indirectamente, algunos pasajes del Persiles. Trátase de los historiadores de Indias, a que antes aludimos. Entre las imitaciones de las costumbres descritas por estos historiadores, figuran las siguientes: los bárbaros del Persiles se sirven de tiendas cubiertas de pieles de animales (I, 21); cubren también el suelo con esas pieles (I, 22), y las utilizan, sin coserlas, para vestirse (I, 63); algunos emplean como moneda pedazos de oro, y perlas (I, 10); sus vasos son de cortezas de árboles (I, 31); en cuanto a su alimentación, no es muy exquisita la que Cervantes les atribuye, pues, según él, por la mayor parte beben agua y comen frutas secas (I, 22, 31), y, a veces, pan (I, 43), pero no de trigo, o nueces, (1) De ella tomó Cervantes, entre otras cosas, la referencia al «que adoró el plátano» (I, 170), conseja que se cuenta del rey Jerjes.
INTRODUCCIÓN p. XXVII avellanas y peras silvestres (I, 44). Usan, además, balsas de maderos, atados con bejucos y mimbres (I, 3); sus armas son arcos, saetas y flechas con punta de pedernal (I, 3), cuchillos y puñales de piedra (cap. IV). Entre sus más bárbaras costumbres figuran: los sacrificios humanos, en los cuales se le saca el corazón a la víctima (caps. II y IV); y el torpe trato de las mujeres en las ceremonias matrimoniales (I, 86) (1). Finalmente, como la generalidad de los historiadores de Indias habla de los antípodas, Cervantes se cree en el caso de mencionarlos también. Claro es que en todo esto hay muy poco rastro de las verdaderas costumbres septentrionales del siglo XVII. Ya hemos advertido que, entre los historiadores de Indias, Garcilasso de la Vega el Inca parece haber sido la fuente más accesible a Cervantes y más cercana al Persiles, pues la primera parte de su historia salió a luz en 1609 (2). Entre los sucesos contenidos en este libro y que pudieron impresionar a Cervantes, influyendo en el Persiles, mencionaremos la peregrina aventura de aquel Pedro Serrano que se perdió en un naufragio, llegó nadando a cierta isla (1) Véase la nota de la página 86 de este tomo. (2) Garcilasso copió bastante de otros historiadores (como Cieza de León, Gómara, Acosta, Agustín de Zárate y otros), sin especificar nunca sus fuentes, y así es su obra un zurcido de consejas y de relatos verídicos.
INTRODUCCIÓN p. XXVIII despoblada, sin agua ni leña, y pasó allí tres años (cap. VIII) (1). Trátase también en la obra de Garcilasso de las maneras de sacrificios que hacían los antiguos indios, los cuales “viuos les abrian por los pechos, y sacauan el corazon con los pulmones” (cap. XI) (2); de los vestidos de pieles de animales (cap. XIII); de los casamientos de los indios (cap. XIV); de cómo usaban éstos de venenos y hechizos, pues “tambien huuo hombres y mugeres que dauan ponçoña, assi para matar con ella de presto o de espacio, como para sacar de juicio y atontar los que querían, y para los afear en sus rostros y cuerpos, etc.” “Huuo tambien --añade-- hechizeros y hechizeras; y este oficio mas ordinario lo usauan las indias que los indios; muchos lo exercitauan..., dando y tomando respuestas de las cosas por venir, etc.” (cap. XIV). Esto recuerda el episodio en el cual la hechicera Zenotia encanta al joven Antonio para acabar lentamente con su vida (I, 238 y siguientes), y asímismo aquel otro de la judía que envenena a Auristela (II, 261). Cuenta además Garcilasso que, entre los “diuersos ingenios que tuuieron los (1) Es de notar el parecido de esta aventura con la historia de Robinson Crusoe. (2) Adviértase que Garcilasso tomó de Cieza de León buena parte de lo que dice acerca de los antropófagos, sin reparar en que se trataba de los indios de Nueva Granada, y no de los del Perú.
INTRODUCCIÓN p. XXIX indios para passar los rios” (III, cap. XVI), “hacian [de una madera delgada y liuiana] balsas grandes y chicas de cinco o de siete palos largos, atados vnos con otros, etc.”, lo cual trae a la memoria las balsas de los bárbaros del Persiles (I, 3). Recuérdese, por último, la manera de obtener el fuego nueuo, “con dos palillos rollizos delgados..., barrenando uno con otro. ... Los indios se sirven dellos en lugar de eslabon y pedernal” (VI, cap. XXII). Del mismo modo, los peregrinos hacen fuego ludiendo dos secos palos (I, 68). También habla Garcilasso de los cuchillos y navajas de pedernal (I, capítulo XIV). Siendo el Persiles una novela de aventuras, natural era que Cervantes tuviese en cuenta los modelos que tantas veces recordó en el Quixote, o sean los libros de caballerías, y especialmente el Amadís de Gaula, “vnico en su arte”. Y así, no sólo el espiritu del Amadís, sino ciertos lances de la vida y “trabajos” de Amadís y de Oriana, hallaron eco en el Persiles. Entre los muchos ejemplos que de ello pudieran aducirse, citaremos algunos. Oriana, hija de Lisuarte y de Brisena, fué llevada a la corte de Languines (I, 4), donde la reina la cuidó y educó. Auristela, hija de Eusebia, fué enviada a Tile, “en poder de Eustoquia, para que seguramente y sin los sobresaltos de la guerra, en su casa se
INTRODUCCIÓN p. XXX criasse” (II, 279). El robo de doncellas es episodio harto frecuente en Amadís. Así leemos en él (I, 35): “Amadis... oyó dar voces a su señora, e tornando presto, vio a Arcalaus que ya cabalgara, e que, tomando a Oriana por el brazo, la pusiera ante si, e se iba con ella cuanto más podía. Amadis fué en pos dél sin detenencia ninguna, e alcanzólo por aquel gran campo, e alzando la espada por lo herir, sufrióse de le dar gran golpe, que la espada era tal, que cuidó que mataría a él e a su señora... Entonces dejó Arcalaus caer en tierra a Oriana, por se ir más ahina, que se temía de muerte, etc.” Y en el Persiles hay un episodio semejante: el del robo de Feliz Flora (II, 143): “Apenas la compassion les auia hecho apear..., quando fueron assaltados de seys o ocho hombres armados, que por las espaldas les acometieron... Vno de los armados, con descortes mouimiento, assio a Feliz Flora del braço y la puso en el arçon delantero de su silla... Antonio... puso vna flecha en el arco, ... y tomando por blanco el robador de Feliz Flora, disparó tan derechamente la flecha, que, sin tocar a Feliz Flora sino en vna parte del velo con que se cubria la cabeça, passó al salteador el pecho de parte a parte... Los salteadores... voluieron las espaldas y dexaron el campo solo.” Abundan los ermitaños en los libros caballerescos, y así Amadís adopta ese
INTRODUCCIÓN p. XXXI género de vida, “pagándose de la soledad y esquiveza de aquel lugar, y en pensar de allí morir, recebía algún descanso” (II, 5). De la misma suerte, Rutilio alaba “la vida solitaria” (I, 309), y se queda en la isla de las Ermitas. Nótense además, como detalles del propio género: el abandono de reciénnacidos (Persiles, II, 22), el acto de despeñar a alguien de lo alto de un castillo (II, 141), y la frecuente mención de Dinamarca (Brisena, en Amadís, es hija del rey de Denamarca; y allí mismo se habla muchas veces de la “doncella de Denamarca”, confidenta, con Mabilia, de los amores del héroe). En el segundo libro (I, 304) del Persiles, la extraña historia de Renato constituye un episodio genuinamente caballeresco. De apreciar es igualmente un género literario que siempre disfrutó en alto grado de la simpatía de Cervantes: la novela pastoril. Leyendo el Persiles, se nos antoja evidente que su autor tornó a hojear más de una vez su primera producción: la Galatea. El espíritu de ciertas narraciones, la manera de intercalar determinados episodios y personajes, hasta las frases, son a veces idénticos. Un cuento interrumpido se reanuda de este modo en la Galatea (I, 77-12) (1): “Tornando a repetir Theolinda (1) Las citas se refieren siempre a nuestra edición.
INTRODUCCIÓN p. XXXII algunas palabras de lo que antes hauia dicho, prosiguio diziendo...”; y en el Persiles (II, 243-2): “voluio Periandro a repetir algunas palabras antes dichas...”. Pero lo que más sorprende es la enfadosa y reiterada discusión acerca de los celos. Ya en la Galatea (v. gr.: I, 223-17 y siguientes) insistió Cervantes con demasiado empeño en “la incurable pestilencia de los celos” y en la “maldita dolencia de los rabiosos celos” (I, 227), que le inspiró, según confiesa, el romance que más estimaba; mas en el Persiles vuelve a la carga con singular tenacidad, escribiendo frases como éstas: “la dura lança de los zelos” (I, 14-32); “¡O poderosa fuerça de los zelos! ¡O enfermedad, que te pegas al alma de tal manera, que sólo te despegas con la vida! ... no te precipites a dar lugar en tu imaginacion a esta rabiosa dolencia!” (I, 148-5); “la fuerça de los zelos es tan poderosa y tan sutil, que se entra y mezcla con el cuchillo de la misma muerte” (I, 162-17); “los zelos se engendran, entre los que bien se quieren, del ayre que passa, del sol que toca, y aun de la tierra que pisa” (I, 191-21); “a este mal no se yguala el de la ausencia, ni el de los zelos” (I, 305-7); “esta enfermedad que los amantes llaman zelos, que la llamaran mejor desesperacion rabiosa, entran a la parte con ella la inuidia y el menosprecio, y quando vna vez se apodera del alma enamorada,
INTRODUCCIÓN p. XXXIII no hay consideracion que la sossiegue ni remedio que la valga” (II, 226-10). Pues, en general, toda la argumentación sobre los celos no es sino imitación, a veces muy fiel, de una novela pastoril a la cual debe mucho Cervantes, y cuya influencia en el autor del Quixote merece especial estudio: la Diana de Gil Polo. En el segundo libro (1) de esta obra se lee: “[el tormento de los celos] suele dar a veces mayor pena que la ausencia de la cosa amada”; y añade: “porque son pestilencia de las almas, frenesía de los pensamientos, rabia que los cuerpos debilita, etc.”; “estos rabiosos celos esparcen tal veneno en los corazones, que corrompe y gasta cuantos deleites se le llegan”; “esta pestilencia de los celos no deja en el alma parte sana donde pueda recogerse una alegría”; “semejante dolencia no pretendi yo defenderla”, etc. En otros casos se echa de ver asímismo cuánto impresionó a Cervantes la mejor de las novelas pastoriles, la que él creyó que debía guardarse “como si fuera del mesmo Apolo”: “Mas ella... hizo de su extremadissima hermosura tan improvisa y alegre muestra...” (2), escribe Gil Polo; y Cervantes, en el Persiles: “echandose sus hermosos cabellos a (1) Véase la edición Menéndez y Pelayo (Orígenes de la Novela, II), págs. 356, a, y siguientes. (2) Edición citada, pág. 339.
INTRODUCCIÓN p. XXXIV las espaldas..., hizo de si casi diuina e improuisa muestra” (I, 227-14). En el mismo Persiles, el nombre de Taurisa recuerda el Tauriso de la Diana; y, finalmente, también se observan en aquella obra reminiscencias de algún episodio (como el cuento de Marcelio (1), de singular estilo), para el cual Gil Polo se había inspirado probablemente en la novela bizantina. Hubo en la época del Renacimiento una serie de versiones de autores clásicos que, por su carácter y lenguaje, y por el influjo que ejercieron, pertenecen más bien a la literatura contemporánea que a la antigüedad griega o romana. Figuran entre esos autores traducidos al castellano, el ya citado Heliodoro, y, además, Virgilio, Plinio el Mayor, Plutarco y Apuleyo. También se aprovechó de ellos Cervantes, adornando así con recuerdos clásicos ciertos episodios cuya idea pudo tomar de misceláneas o ficciones de su tiempo. Habiendo leído, por ejemplo, en Olao Magno o en Torquemada que las gentes septentrionales tenían sus espectáculos y juegos públicos, utilizó la noticia, exornándola con imitaciones de Heliodoro y, sobre todo, de Virgilio. Las relaciones entre el Persiles y la Eneida han sido ya estudiadas (2), y en los oportunos (1) Edición citada, pág. 345. (2) Consúltese a R. Schevill, Studies in Cervantes -- Persiles y Sigismunda, III (en las Publications of Yale University; New
INTRODUCCIÓN p. XXXV lugares de las Notas trataremos de otras referencias a los clásicos. Aunque Cervantes, en el Persiles, inserta, con notables mejoras, una novela italiana de Giovanni Giraldi, y quizá imita otra (1), no intenta reproducir el espíritu del original. Es indudable que la obra cervantina debe algo a la novela italiana; pero el genio original de Cervantes le impulsaba a novelar a su modo, siempre más noble, más profundo y también menos grosero que el de los novellieri. Los cuentos o novelas cortas que Cervantes intercala en el Persiles tienen el carácter de novelas ejemplares, y aun a veces dan indicios de que su autor los había escrito mucho antes, interpolándolos luego en la narración, aunque no siempre viniesen al caso, como acontece (I, 69) con el suceso del enamorado portugués (2). En cuanto a los nombres de los personajes, también son, en su mayor parte, imitaciones de Haven, Conn., 1908). Cervantes, cuyos conocimientos en materia de idiomas clásicos debieron de ser muy superficiales, leyó probablemente la Eneida en la versión de Gregorio Hernández de Velasco. (1) Véase la nota II, 69-3. (2) Posible es que incluyese también en el ambiente del Persiles el recuerdo de La isla bárbara, comedia del divino Miguel Sánchez, donde hay asímismo naufragios, borrascas, islas despobladas, amantes que pasan por hermanos, un padre que busca a su hija, peregrinaciones y otros lances que se leen análogamente en el Persiles. Véase la edición de Hugo A. Rennert, La isla bárbara y La guarda cuidadosa (Boston, 1896).
INTRODUCCIÓN p. XXXVI la literatura contemporánea. El de Persiles, de cuya acentuación hemos hablado, pertenece a un grupo de vocablos de análoga forma que tiene su abolengo en la novela caballeresca. Así, en Amadís se encuentran Sarquiles, Granfiles, Gastiles, y todos estos nombres parecen haberse formado a imitación del de Aquiles (llamado igualmente Arquiles). El de Guiomar se lee en el Quixote (II, 60) y en el entremés de El juez de los divorcios. Cloelia, ama de Auristela, recuerda el romance “Cloelia, virgen romana”, del Coro Febeo de Juan de la Cueva. Mauricio, oriundo de una isla circunvecina a la de Ibernia, trae a la memoria los nombres irlandeses; y el propio Cervantes debió de oir hablar de Jaime Fitzmauricio, que fomentó una rebelión en Irlanda, y vino luego a España en 1577 para ofrecer a D. Juan de Austria la corona de aquel reino, ofrecimiento que no prosperó por causa de Felipe II (1). El nombre de Arnaldo figura en los Diálogos de Mejía. Otros, como el de Constanza (homónima de la hija de Andrea de Cervantes), pudieron pertenecer al círculo de amigos o parientes de Cervantes. El de Auristela se encuentra después en una obra dramática de Calderón: Auristela y Lisidante. * * * (1) Consúltese a Martin Hume, Españoles é ingleses en el siglo XVI; Madrid y Londres, 1903; págs. 235 y siguientes.
INTRODUCCIÓN p. XXXVII El interés más señalado que para nosotros ofrece el Persiles, consiste en los numerosos detalles autobiográficos que el curso del relato encierra. Nunca escribió Cervantes con más entusiasmo, con amor más fervoroso a su creación, que en esta obra; y es natural, por lo tanto, que en ella se descubra algo de lo más recóndito de su larga vida, algún rincón de su alma, un trasunto, en suma, de lo mucho que había visto y experimentado. Por otra parte, es notorio que él tenía por costumbre reproducir en todos sus libros recuerdos más o menos velados de su existencia y trabajos. Así se ha observado atinadamente una alusión autobiográfica en ciertos versos de la comedia El gallardo español (III, 1), que parecen contener alguna referencia a la partida de Cervantes a Italia en 1569 (1). Doña Margarita, contando su historia, habla de un duelo entre su hermano y D. Fernando de Saavedra, duelo del cual salió herido el primero, huyendo Saavedra a Italia. “Quedé, si mal no me acuerdo, en una mala respuesta que dió mi bizarro hermano a un caballero de prendas, (1) Véase a D.ª Blanca de los Ríos de Lampérez, Del Siglo de Oro; Madrid, 1910 (en el artículo “¿Estudió Cervantes en Salamanca?”, publicado anteriormente en La España Moderna de 1899).
INTRODUCCIÓN p. XXXVIII el cual, por satisfacerse, muy mal herido le deja. Ausentóse, y fuése a Italia, según después tuve nuevas.” Luego venimos en conocimiento de que en el tal Saavedra “su discreción igualaba con sus fuerzas”, y que era “de insignes costumbres y claro nombre”. Un episodio análogo a este del Gallardo español hay en el Persiles, donde Antonio el padre, a quien se califica de “español gallardo” (I, 44-20), refiere un lance semejante al declarar la historia de su vida y las causas de su forzosa partida de la patria. Trátase nuevamente de un duelo consiguiente a cierta “mala respuesta” dada por Antonio (I, 33-5) a un poderoso caballero, que sale malherido de la contienda. Pero ambos episodios difieren, porque en el Persiles se declara el agravio, que consistió en la arrogancia del caballero, el cual trató de vos a Antonio, que protesta ser hijo de sus obras y “de padres hidalgos”. Tentación grande se experimenta de relacionar los dos lances con un conocido documento, descubierto y publicado por Jerónimo Morán en su Vida de Cervantes (1863), según el cual, en Madrid, a 15 de setiembre de 1569, se dió Real provisión para prender a un Miguel de Cervantes: “Sepades que por los alcaldes de nuestra casa y corte se
INTRODUCCIÓN p. XXXIX ha procedido y procedió en rebeldía contra un Miguel de Zervantes, ausente, sobre razón de haber dado ciertas heridas en esta corte a Antonio de Sigura, andante en esta corte, sobre lo cual el dicho Miguel de Zervantes por los dichos nuestros alcaldes fué condenado a que con vergüenza pública le fuese cortada la mano derecha, y en destierro de nuestros reinos por tiempo de diez años, y en otras penas contenidas en la dicha sentencia.” Cronológicamente, nada obsta a que este delincuente fuese nuestro Cervantes. Sábese que por octubre de 1568 debió de escribir en Madrid, con ocasión del fallecimiento de la reina, los versos que su maestro López de Hoyos publicó al siguiente año; pero no es conocida la residencia del futuro autor del Quixote desde 1568 hasta últimos de 1569. Cierto documento de suma importancia nos da a entender que en esta fecha se hallaba Cervantes en la corte romana (1). En 22 de diciembre de 1569 se practicó en Madrid una información sobre la limpieza de sangre de Miguel de Cervantes, siendo de notar dos interesantes circunstancias: en primer término, nada se dice acerca de que Cervantes se halle al servicio de Acquaviva, hecho que, de ser cierto, se habría mencionado en la petición, lo cual hace suponer (1) C. Pérez Pastor, Documentos cervantinos, II, 11.
INTRODUCCIÓN p. XL que Cervantes no salió de España con el futuro Cardenal; en segundo lugar, resulta evidente que a Cervantes le convenía probar la limpieza de su linaje, y a este efecto afirman los testigos, entre otras cosas, que los padres del primero “son habidos por buenos hidalgos”, como Antonio declara en el Persiles (1). Ahora bien: ¿no aparece posible que en el auténtico duelo, si tal hubo, el contrario de Cervantes, Antonio de Sigura, le afeara su linaje, tratándole de vos, por lo cual quiso aquél vengar la afrenta? ¿No es posible también que Cervantes, no habiendo podido justificarse antes de su precipitada fuga, desease hacerlo desde Roma, por lo cual solicitó la información susodicha? ¿Citaría Cervantes en el Persiles el nombre de Antonio, en recuerdo de semejante lance? Quizá, no atreviéndose a describir en términos más explícitos aquella imprudencia de su mocedad, limitóse a dar al gallardo español el nombre de su enemigo Antonio de Sigura. De todos modos, Cervantes (1) En el pleito de Gregorio Romano y Pero García, vecinos de Valladolid, con Rodrigo de Cervantes (el padre de Miguel), en 1552-3, uno de los testigos declara también, entre otros, que «los dichos liçençiado Çerbantes y Rodrigo de Çerbantes que litiga, sienpre los a tenydo en posesion de honbres hijos dalgo y caballeros, porque por tales los a visto en el dicho tienpo tratar en la villa de Alcalá, e entre todos ser abidos e tenydos por tales hijos dalgo e caballeros, e sienpre tener caballos, e justar y jugar cañas en la dicha villa de Alcalá e en la ciudad de Guadalajara». (Páginas 87-88 de los Nuevos documentos cervantinos..., recogidos y anotados por F. Rodríguez Marín; Madrid, 1914.)
INTRODUCCIÓN p. XLI regresó a España cuando habían transcurrido doce años desde la sentencia, y, dada la frecuencia de semejantes duelos, no es de suponer que nadie se acordara ya del lance. Enlácense o no tales episodios, nosotros nos limitamos a enunciar la posibilidad de tal relación con la partida de Cervantes para Italia (1). Otros incidentes de la vida de Antonio en el Persiles nos llevan a pensar que en la pintura de su carácter quiso Cervantes (como dice en El gallardo español) “mezclar verdades con fabulosos intentos”, recordando algunas de sus propias aventuras. Recién llegado Antonio a la casa paterna, donde, además de sus padres, viven sus hermanas, óyese alboroto de gente, y llevan allí a cierto conde mortalmente herido en una pendencia (II, 89 y siguientes). Acomodan al conde en un lecho, y Constanza y Auristela, haciendo de enfermeras, “no se quitaban de la cabecera del conde”. Éste hace donación de una espléndida dote a Constanza, y se casa con ella (1) No deja de ofrecer singular interés lo que Cervantes cuenta acerca del caso de Antonio en el Persiles: su contrario había muerto después de hacer las paces con el padre de Antonio y «se había averiguado que no fué afrenta la que Antonio le hizo» (II, 86, 87-l4 y 89-4). ¿No sería también éste el caso del adversario de Cervantes? Algo de autobiográfico debe de tener igualmente el relato del mozo de La gitanilla que cuenta su desgracia (el duelo y la fuga); de otro modo, sería difícil explicar tantas alusiones a duelos y huídas.
INTRODUCCIÓN p. XLII antes de morir. Pues bien: harto conocido es el desgraciado suceso de la muerte de D. Gaspar de Ezpeleta en Valladolid: D. Gaspar, herido y moribundo, fué llevado a casa de Cervantes, y las mujeres de la familia de éste hicieron de enfermeras, sobre todo Magdalena de Cervantes, “que estuvo a su cabecera regalándole hasta el punto que murió” (1). En recompensa, D. Gaspar le regaló “un vestido de seda de la que ella quisiere, por el amor que la tiene”. No disponemos de suficiente espacio para puntualizar todos y cada uno de los pormenores del Persiles que pueden relacionarse con la biografía de Cervantes. Tales son: la historia de los cautivos fingidos, con su descripción de la ciudad de Argel, “gomia y tarasca de todas las riberas del mar Mediterráneo” (II, 101 y siguientes) (2); y el viaje de los peregrinos por España, Francia e Italia, que bien puede encerrar recuerdos de las andanzas del autor. Todo lo relativo al lugar de moriscos (II, 114 y siguientes), es análogo a otros dramáticos sucesos harto frecuentes por entonces en la costa de Valencia. * * * Fácil era sospechar que la influencia del Persiles (1) C. Pérez Pastor, Documentos cervantinos, II, 498. (2) Comp. C. Pérez Pastor, op. cit., I, 242.
INTRODUCCIÓN p. XLIII como novela no había de ser nunca de gran importancia. Sin embargo, en el teatro nacional fué imitada por Rojas Zorrilla en Persiles y Sigismunda, y, en el extranjero, John Fletcher, en su grosera farsa The Customs of the Country, utilizó dos o tres episodios del Persiles, como la historia de Transila y la del polaco Ortel Banedre, añadiendo de su propia cosecha lo que de ningún modo merece recuerdo en la historia literaria. En la esfera novelística, parece deber algo al Persiles la obra de Suárez de Mendoza Eustorgio y Clorilene (1629), novela donde la inspiración falta en absoluto, y que pertenece, como la Historia de Hipólito y Aminta (1627), de Francisco de Quintana, a la serie de libros cuyos autores siguieron la norma de la novela bizantina, pero sin arte ni originalidad. A los contemporáneos de Cervantes debió de agradarles el Persiles, a juzgar por las diez ediciones que siguieron a la primera en el siglo XVII, por las dos versiones francesas de 1618, por la traducción inglesa de 1619, por la italiana de 1626, y por algunos juicios de los escritores de aquel tiempo. Así, Pérez de Montalbán, en su Para todos (séptimo día de la semana), coloca a Persiles y Sigismunda entre los amantes cuyos amores fueron “mas celebrados”, junto a Orfeo y Eurídice, a Angélica y Medoro, y a los Amantes de Teruel. Después las opiniones se
INTRODUCCIÓN p. XLIV han dividido: unos, como Mayáns en su Rhetorica (1), entienden que “la historia fingida, si es larga, admite más episodios; pero no deven ser tantos, que por ellos desaparezca el assunto principal, como sucedió a Miguel de Cervantes Saavedra en su Persiles i Segismunda”; otros, como Luis Fernández-Guerra (2), juzgan que en ninguna otra obra se contiene “tesoro igual de aventuras y situaciones dramáticas, de experiencia y de filosofía, de máximas formuladas soberanamente, acabadas locuciones, giros y frases gallardos, ... descripciones llenas de verdad seductora y clarísima”. En rigor, el Persiles, obra de la ancianidad de Cervantes, es un encantador mosaico de recuerdos de sus lecturas y de su vida; pero su abigarrado carácter no era lo más a propósito para asegurarle duradero éxito. Disponiendo Cervantes de ancho campo para introducir los más fantásticos episodios, dejóse embriagar por la invención (como en la Galatea por la discreción y por la poesía), y quiso maravillar a toda costa, acumulando los más peregrinos lances. Según hemos observado, los mismos principios estéticos (1) Valencia, 1757; I, 348. (2) Don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza; Madrid, 1871; página 215. Acerca de las opiniones nacionales y extranjeras sobre el Persiles, véase a R. Schevill, Studies in Cervantes. I. «Persiles y Sigismunda» (en Modern Philology de julio 1906).
INTRODUCCIÓN p. XLV de Cervantes impedían que se aplaudiese el arte del Persiles. Pondera él como indispensable la “verissimilitud” de la historia; pero nunca pecó más contra ella, dejándose llevar por el ambiente romántico y hasta cierto punto místico de su relato. Tanto los personajes, como la tierra que pisan y las regiones que recorren, no pertenecen a este mundo. De vez en cuando, sin embargo, tropezamos con el verdadero Cervantes (1), y entonces hemos de admirar su claro lenguaje, sus nobles sentimientos, su levantado ánimo, en todo lo cual se transparenta una vida llena de “trabajos” sobrellevados pacientemente, y henchida de ilusiones que jamás llegaron a marchitarse. “No sería esperança --nos dice-- aquella a que pudiessen contrastar y derribar infortunios, pues assi como la luz resplandece mas en las tinieblas, assi la esperança ha de estar mas firme en los trabajos: que el desesperarse en ellos es acción de pechos cobardes, y no ay mayor pusilanimidad ni baxeza que entregarse el trabajado, por mas que lo sea, a la desesperacion”(I, 67). * * * Fundamos el texto de nuestra edición en la (1) Aludimos a los capítulos VIII (episodio de Tozuelo), X (historia de los fingidos cautivos) y XI (suceso de los moriscos) del tercer libro, que son de lo mejor escrito de la obra.
INTRODUCCIÓN p. XLVI madrileña de 1617, primera y única de importancia, reproduciendo la ortografía, modernizando la puntuación y anotando las erratas interesantes, según el sistema que hemos seguido en La Galatea (1). Conservamos, como en esta última hicimos, los acentos, casi siempre graves, del original, omitiéndolos únicamente en los casos que contravienen a nuestra regla de no admitirlos sino en vocablos homónimos de más de una silaba, para facilitar la lectura. El cotejo con las ediciones que salieron a luz inmediatamente después de la madrileña, como las de Pamplona, 1617; Lisboa, 1617; y Bruselas, 1618, revela escasas variantes, y no dignas de mención. Las observaciones que consideramos de interés, constan en las Notas. Desde luego rechazamos cierta edición fechada en 1617, contrahecha, al parecer, en el siglo XVIII, e impresa a dos columnas en mal papel. El ejemplar de la auténtica que hemos tomado por base, se conserva en la Biblioteca Nacional. Berkeley-Madrid, setiembre-octubre de 1914. (1) Véase nuestra edición, I, xxxiii.
LOS TRABAIOS DE PERSILES Y SIGISMVNDA, HISTORIA Setentrional POR MIGVEL DE CERVANTES Saauedra. DIRIGIDO A DON PEDRO FERNANDEZ DE Castro, Conde de Lemos, de Andrade, de Villalua; Marques de Sarria, Gentilhombre de la Camara de su Magestad, Presidente del Consejo supremo de Italia, Comendador de la Encomienda de la Zarça, de la Orden de Alcantara. Escudo del impresor: una mano, sobre la cual hay un halcón, puesto el capirote: Año debajo, un león echado; 1617 la leyenda dice: “Post tenebras spero lucem.” Con priuilegio. En Madrid. Por Iuan de la Cuesta. ________________________________________________________ A costa de Iuan de Villarroel, mercader de libros en la Plateria.
p. XLVIII
p. XLIX TASSA Yo, Geronimo Nuñez de Leon, escriuano de Camara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fee que, auiendose visto por los señores del vn libro intitulado Historia de los trabajos de Persiles y 5 Sigismunda, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra, que con licencia de los dichos señores fue impresso, tassaron cada pliego de los del dicho libro a quatro marauedis, y parece tener cincuenta y ocho pliegos, que al dicho respeto son dozientos y treynta y dos 10 marauedis, y a este precio mandaron se vendiesse, y no a mas, y que esta tassa se ponga al principio de cada libro de los que se imprimieren. E para que de ello conste, de mandamiento de los dichos señores del Consejo, y de pedimiento de la parte del dicho Miguel de 15 Ceruantes, doy esta fee. En Madrid, a veynte y tres de Deziembre, de mil y seyscientos y diez y seys años. Geronimo Nuñez de Leon. Tiene cincuenta y ocho pliegos, que, a quatro marauedis, monta seys reales y veynte y ocho marauedis. 20 FEE DE ERRATAS Este libro, intitulado Historia de los trabajos de Persiles y Sigismunda, corresponde con su original. Dada en Madrid, a quinze dias del mes de Diziembre, de mil y seyscientos y diez y seys años. 25 El licenc[i]ado Murcia de la Llan(i)a.
p. L EL REY Por quanto por parte de vos, doña Catalina de Salazar, biuda de Miguel de Ceruantes Saauedra, nos fue fecha relacion que el dicho Miguel de Ceruantes auia dexado compuesto vn libro intitulado Los trabajos de 5 Persiles, en que auia puesto mucho estudio y trabajo, y nos suplicastes os mandassemos dar licencia para le poder imprimir, y priuilegio por veinte años, o como la nuestra merced fuesse, lo qual visto por los del nuestro Consejo, y como por su mandado se hizieron las 10 diligencias que la prematica por nos vltimamente fecha sobre la impression de los libros dispone, fue acordado que deuiamos mandar dar esta nuestra cedula para vos en la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por lo qual os damos licencia y facultad para que, por tiempo de 15 diez años primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el dia de la fecha della, vos, o la persona que vuestro poder huuiere, y no otro alguno, podais imprimir y vender el dicho libro, que de suso se haze mencion, por el original que en el nuestro Consejo se vio, 20 que va rubricado y firmado al fin de Geronimo Nuñez de Leon, nuestro escriuano de Camara de los que en el residen, con que, antes que se venda, lo traygais ante ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la dicha impression está conforme a el, y traygais 25 fee en pública forma en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigio la dicha impression por su original. Y mandamos al impressor que imprimiere el dicho libro, no imprima el principio y primer pliego, ni entregue mas de vn solo libro con el original al autor 30 o persona a cuya costa se imprimiere, y no otro alguno, para efeto de la dicha correcion y tassa, hasta que primero el dicho libro esté corregido y tassado por los del nuestro Consejo; y estando assi, y no de otra manera,
p. LI pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el qual seguidamente se ponga esta licencia y priuilegio, y la aprouacion, tassa y erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la prematica y leyes de nuestros reynos que sobre ello disponen. 5 Y mandamos que, durante el tiempo de los dichos diez años, persona alguna, sin vuestra licencia, no le pueda imprimir ni vender, so pena que, el que lo imprimiere, aya perdido y pierda todos (*) y qualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho (*) libro tuuiere, y mas, 10 incurra en pena de cincuenta mil marauedis, la qual dicha pena sea la tercia parte para la nuestra camara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los del nuestro Consejo, Presidentes y 15 Oidores de las nuestras Audiencias, alcaldes, alguaziles de la nuestra casa y corte, y chancillerias, y a todos los corregidores, assistentes, gouernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros juezes y justicias qualesquier, de todas las ciudades, villas y lugares de los 20 nuestros reynos y señorios, que vos guarden y cumplan esta nuestra cedula, y contra su tenor y forma no vayan ni passen en manera alguna. Fecha en san Lorenço, a veynte y quatro dias del mes de Setiembre, de mil y seyscientos y diez y seys años. 25 YO EL REY Por mandado del rey nuestro señor, Pedro de Contreras. APROVACION Por mandado de vuessa alteza he visto el libro de los 30 trabajos de Persiles, de Miguel de Ceruantes Saauedra, illustre hijo de nuestra nacion, y padre illustre de tantos buenos hijos con que dichosamente la enoblezio, y no hallo en el cosa contra nuestra santa fe catolica y
p. LII buenas costumbres; antes, muchas de honesta y apazible recreacion, y por el se podria dezir lo que San Geronimo de Origenes por el comentario sobre los Cantares: Cùm in omnibus omnes, in hoc seipsum superauit Origenes, pues de quantos nos dexó escritos, ninguno 5 es mas ingenioso, mas culto ni mas entretenido; en fin, cisne de su buena vegez, casi entre los aprietos de la muerte, cantó este parto de su venerando ingenio. Este es mi parecer. Saluo, &c. En Madrid, a nueue de Setiembre de mil y seyscientos y diez y seys años. 10 El Maestro Iosef de Valdiuiesso (*).
p. LIII DE DON FRANCISCO DE VRBINA (*) a Miguel de Ceruantes, insigne y christiano ingenio de nuestros tiempos, a quien lleuaron los Terceros de san Francisco a enterrar con la cara descubierta, como a Tercero que era. 5 EPITAFIO Caminante, el peregrino Ceruantes aqui se encierra: su cuerpo cubre la tierra, no su nombre, que es diuino. 10 En fin hizo su camino; pero su fama no es muerta, ni sus obras, prenda cierta de que pudo a la partida, desde esta a la eterna vida, 15 yr la cara descubierta. A EL SEPVLCRO DE MIGVEL DE CERVANTES SAAVEDRA, ingenio christiano, por Luys Francisco Calderon. SONETO 20 En este, ¡o caminante!, marmol breue, vrna funesta, si no excelsa pira, cenizas de vn ingenio santas mira, que oluido y tiempo a despreciar se atreue.
p. LIV No tantas en su orilla arenas mueue glorioso el Tajo, quantas oy admira lenguas la suya, por quien grata aspira a el lauro España que a su nombre deue. Luzientes de sus libros gracias fueron, 5 con dulce suspension, su estilo graue, religiosa inuencion, moral decoro. A cuyo ingenio los de España dieron la solida opinion que el mundo sabe, y a el cuerpo, ofrenda de perpetuo lloro. 10
p. LV A DON PEDRO FERNANDEZ DE CASTRO Conde de Lemos (*), de Andrade, de Villalua; Marques de Sarria, Gentilhombre de la Camara de su Magestad, Presidente del Consejo supremo 5 de Italia, Comendador de la Encomienda de la Zarça, de la Orden de Alcantara. Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comiençan: “Puesto ya el pie en el estriuo” (*), 10 quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epistola, porque casi con las mismas palabras las puedo començar, diziendo: “Puesto ya el pie en el estriuo, con las ansias de la muerte, 15 gran señor, esta te escriuo.” Ayer me dieron la estremauncion, y oy escriuo esta; el tiempo es breue, las ansias crecen, las esperanças menguan, y, con todo esto, lleuo la
[DEDICATORIA] p. LVI vida sobre el desseo que tengo de viuir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a vuessa excelencia: que podria ser fuesse tanto el contento de ver a vuessa excelencia bueno en España, que me voluiesse a dar la vida. Pero 5 si está decretado que la aya de perder, cumplase la voluntad de los cielos, y, por lo menos, sepa vuessa excelencia este mi desseo, y sepa que tuuo en mi vn tan aficionado criado de seruirle, que quiso passar aun mas alla de la muerte 10 mostrando su intencion. Con todo esto, como en profecia, me alegro de la llegada de vuessa excelencia, regozijome de verle señalar con el dedo, y realegrome de que salieron verdaderas mis esperanças, dilatadas en la fama de las 15 bondades de vuessa excelencia. Todauia me quedan en el alma ciertas reliquias y assomos de las Semanas del jardin (*) y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mia, que ya no sería ventura, sino milagro, me diesse el 20 cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien se está aficionado vuessa excelencia; y con estas obras, continuando mi desseo, guarde Dios a vuessa excelencia como puede. De Madrid, a diez y nueue de abril de 25 mil y seyscientos y diez y seys años. Criado de vuessa excelencia, Miguel de Ceruantes.
p. LVII PROLOGO Sucedio, pues, lector amantissimo, que, viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquiuias (*), por mil causas famoso, vna por sus illustres linages, y otra por sus illustrissimos 5 vinos, senti que a mis espaldas venía picando con gran priessa vno que, al parecer, traia desseo de alcançarnos, y aun lo mostro dandonos vozes que no picassemos tanto. Esperamosle, y llegó sobre vna borrica vn estudiante 10 pardal, porque todo venía vestido de pardo, antiparas, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenças yguales; verdad es no traia mas de dos, porque se le venía a vn lado la valona por momentos, y el traia sumo 15 trabajo y cuenta de endereçarla. Llegando a nosotros, dixo: --¿Vuessas mercedes van a alcançar algun oficio o prebenda a la corte, pues alla está Su Illustrissima de Toledo y Su Magestad, ni mas 20 ni menos, segun la priessa con que caminan, que en verdad que a mi burra se le ha cantado el victor de caminante mas de vna vez?
PROLOGO p. LVIII A lo qual respondio vno de mis compañeros: --El rozin del señor Miguel de Ceruantes tiene la culpa desto, porque es algo que (*) pasilargo. Apenas huuo oido el estudiante el nombre de 5 Ceruantes, quando, apeandose de su caualgadura, cayendosele aqui el coxin y alli el portamanteo, que con toda esta autoridad caminaua, arremetio a mi, y, acudiendo assirme de la mano yzquierda, dixo: 10 --¡Si, si; este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y, finalmente, el regozijo de las Musas! Yo, que en tan poco espacio vi el grande encomio de mis alabanças, pareciome ser descortesia 15 no corresponder a ellas; y assi, abrazandole por el cuello, donde le eché a perder de todo punto la valona, le dixe: --Esse es vn error donde han caido muchos aficionados ignorantes; yo, señor, soy 20 Ceruantes, pero no el regozijo de las Musas, ni ninguna (*) de las demas baratijas que ha dicho. Vuessa merced vuelua a cobrar su burra, y suba, y caminemos en buena conuersacion lo poco que nos falta del camino. 25 Hizolo assi el comedido estudiante, tuuimos algun tanto mas las riendas, y con paso assentado seguimos nuestro camino, en el qual se trató de mi enfermedad, y el buen estudiante me deshaució al momento, diziendo: 30 --Esta enfermedad es de ydropesia, que no la sanará toda el agua del mar Oceano que
PROLOGO p. LIX dulcemente se beuiesse. Vuessa merced, señor Zeruantes, ponga tassa al beuer, no oluidandose de comer, que con esto sanará, sin otra medicina alguna. --Esso me han dicho muchos --respondi yo--; 5 pero assi puedo dexar de beuer a todo mi beneplacito, como si para sólo esso huuiera nacido. Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemeridas de mis pulsos, que, a mas tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi 10 vida. En fuerte punto ha llegado vuessa merced a conocerme, pues no me queda espacio para mostrarme agradecido a la voluntad que vuessa merced me ha mostrado. En esto, llegamos a la puente de Toledo, y yo 15 entré por ella, y el se apartó a entrar por la de Segouia. Lo que se dira de mi sucesso, tendra la fama cuydado, mis amigos gana de dezilla, y yo mayor gana de escuchalla. Tornéle a abraçar, voluioseme [a] (*) ofrecer, picó a su burra, y 20 dexóme tan mal dispuesto como el yua cauallero en su burra, a quien auia dado gran ocasion a mi pluma para escriuir donayres; pero no son todos los tiempos vnos. Tiempo vendra, quiça, donde, anudando este roto hilo, diga lo que 25 aqui me falta y lo que sé conuenia. ¡A Dios, gracias; a Dios, donayres; a Dios, regozijados amigos; que yo me voy muriendo, y desseando veros presto contentos en la otra vida! (*)
p. 1 LIBRO PRIMERO DE LA HISTORIA DE LOS TRABAIOS DE PERSILES Y SIGISMVNDA 5 CAPITVLO PRIMERO Vozes daua el barbaro Corsicurbo a la estrecha boca de vna profunda mazmorra, antes sepultura que prision de muchos cuerpos viuos que en ella estauan sepultados; y, au[n]que su 10 terrible y espantoso estruendo cerca y lexos se escuchaua, de nadie eran entendidas articuladamente las razones que pronunciaua, sino de la miserable Cloelia, a quien sus desuenturas en aquella profundidad tenian encerrada (*). 15 --Haz, ¡o Cloelia! --dezia el barbaro--, que, assi como está, ligadas las manos atras, salga aca arriba, atado a essa cuerda que descuelgo,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 2 aquel mancebo que aura dos dias que te entregamos; y mira bien si, entre las mugeres de la passada presa, ay alguna que merezca nuestra compañia, y gozar de la luz del claro cielo que nos cubre y del ayre saludable que nos rodea. 5 Descolgo en esto vna gruessa cuerda de cañamo, y, de alli a poco espacio, el y otros quatro barbaros tiraron hazia arriba, en la qual cuerda, ligado por debaxo de los braços, sacaron assido fuertemente a vn mancebo, al parecer de hasta 10 diez y nueue o veynte años, vestido de lienço basto, como marinero, pero hermoso sobre todo encarecimiento. Lo primero que hizieron los (*) barbaros, fue requerir las esposas y cordeles con que a las espaldas trahia ligadas las manos; 15 luego le sacudieron los cabellos, que, como infinitos anillos de puro oro, la cabeça le cubrian; limpiaronle el rostro, que cubierto de poluo tenia, y descubrio vna tan marauillosa hermosura, que suspendio y enternecio los pechos de aquellos 20 que para ser sus verdugos le lleuauan. No mostraua el gallardo moço en su semblante genero de aflicion alguna; antes, con ojos, al parecer, alegres, alçó el rostro y miró al cielo por todas partes, y, con voz clara y no turbada 25 lengua, dixo: --Gracias os hago, ¡o inmensos y piadosos cielos!, de que me aueys trahido a morir adonde vuestra luz vea mi muerte, y no adonde estos escuros calabozos, de donde agora salgo, de 30 sombras caliginosas la cubran; bien querria yo no morir desesperado, a lo menos, porque soy
LIBRO I, CAPITVLO I p. 3 christiano; pero mis desdichas son tales, que me llaman y casi fuerçan a dessearlo. Ninguna destas razones fue entendida de los barbaros, por ser dichas en diferente lenguage que el suyo; y assi, cerrando primero la boca de 5 la mazmorra con vna gran piedra, y cogiendo al mancebo sin desatarle, entre los quatro llegaron con el a la marina, donde tenian vna balsa de maderos, y atados vnos con otros con fuertes bexucos y flexibles mimbres. Este artificio 10 les seruia, como luego parecio, de baxel, en que passauan a otra isla que no dos millas o tres de alli se parecia. Saltaron luego en los maderos, y pusieron en medio dellos, sentado, al prisionero, y luego vno de los barbaros assio 15 de vn grandissimo arco que en la balsa estaua, y, poniendo en el vna desmesurada flecha, cuya punta era de pedernal, con mucha presteza le flechó, y, encarando al mancebo, le señaló por su blanco, dando señales y muestras de que ya 20 le queria passar el pecho. Los barbaros que quedauan, assieron de tres palos gruessos, cortados a manera de remos, y el vno se puso a ser timonero, y los dos a encaminar la balsa a la otra isla. El hermoso moço, que por instantes 25 esperaua y temia el golpe de la flecha amenazadora, encogia los ombros, apretaua los labios, enarcaua las cejas, y, con silencio profundo, dentro en su coraçon pedia al cielo, no que le librasse de aquel tan cercano como cruel 30 peligro, sino que le diesse ánimo para sufrillo; viendo lo qual el barbaro flechero, y sabiendo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 4 que no auia de ser aquel el genero de muerte con que le auian de quitar la vida, hallando la belleza del moço piedad en la dureza de su coraçon, no quiso darle dilatada muerte, teniendole siempre encarada la flecha al pecho; y assi, 5 arrojó de si el arco, y, llegandose a el, por señas, como mejor pudo, le dio a entender que no queria matarle. En esto estauan, quando los maderos llegaron a la mitad del estrecho que las dos islas 10 formauan, en el qual de improuiso se leuantó vna borrasca que, sin poder remediallo los inexpertos marineros, los leños de la balsa se desligaron y diuidieron en partes, quedando en la vna, que sería de hasta seys maderos 15 compuesta, el mancebo, que de otra muerte que de ser anegado tan poco auia que estaua temeroso. Leuantaron remolinos las aguas; pelearon entre si los contrapuestos vientos; anegaronse los barbaros; salieron los leños del atado 20 prisionero al mar abierto; passauanle las olas por cima, no solamente impidiendole ver el cielo, pero negandole el poder pedirle tuuiesse compassion de su desuentura. Y si tuuo, pues las continuas y furiosas ondas, que a cada punto 25 le cubrian, no le arrancaron de los leños y se le lleuaron consigo a su abismo: que, como lleuaua atadas las manos a las espaldas, ni podia assirse, ni vsar de otro remedio alguno. Desta manera que se ha dicho salio a lo raso del mar, 30 que se mostro algun tanto sossegado y tranquilo al boluer vna punta de la isla, adonde los leños
LIBRO I, CAPITVLO I p. 5 milagrosamente se encaminaron y del furioso mar se defendieron. Sentose el fatigado jouen, y, tendiendo la vista a todas partes, casi junto a el descubrio vn nauio que en aquel reposo (*) del alterado mar, como en seguro puerto, se 5 reparaua; descubrieron assimismo los del nauio los maderos y el bulto que sobre ellos venía, y por certificarse qué podia ser aquello, echaron el esquife al agua, y llegaron a verlo, y hallando alli al tan desfigurado como hermoso mancebo, 10 con diligencia y lástima le passaron a su nauio, dando con el nueuo hallazgo admiracion a quantos en el estauan. Subio el moço en braços agenos, y, no pudiendo tenerse en sus pies de puro flaco, porque auia tres dias que no auia 15 comido, y de puro molido y maltratado de las olas, dio consigo vn gran golpe sobre la cubierta del nauio, el capitan del qual, con ánimo generoso y compassion natural, mandó que le socorriessen. Acudieron luego vnos a quitarle las ataduras, 20 otros a traer conseruas y odoriferos vinos, con cuyos remedios boluio en si, como de muerte a vida, el desmayado moço, el qual, poniendo los ojos en el capitan, cuya gentileza y rico trage le lleuó tras si la vista, y aun la lengua, 25 (y) le dixo: --Los piadosos cielos te paguen, piadoso señor, el bien que me has hecho, que mal se pueden lleuar las tristezas del ánimo, si no se esfuerçan los descaecimientos del cuerpo. Mis 30 desdichas me tienen de manera, que no te puedo hazer ninguna recompensa deste beneficio, si no
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 6 es con el agradecimiento; y, si se sufre que vn pobre afligido pueda dezir de si mismo alguna alabança, yo se que en ser agradecido ninguno en el mundo me podra lleuar alguna ventaja. Y en esto prouo a leuantarse, para yr a besarle 5 los pies; mas la flaqueza no se lo permitio, porque tres vezes lo prouo, y otras tantas boluio a dar consigo en el suelo; viendo lo qual, el capitan mandó que le lleuassen debaxo de cubierta y le echassen en dos traspontines, y que, 10 quitandole los mojados vestidos, le vistiessen otros enjutos y limpios, y le hiziessen descansar y dormir. Hizose lo que el capitan mandó; obedecio, callando, el moço, y en el capitan crecio la admiracion de nueuo, viendolo leuantar en 15 pie, con la gallarda disposicion que tenia, y luego le començo a fatigar el desseo de saber del, lo mas presto que pudiesse, quién era, cómo se llamaua, y de qué causas auia nacido el efeto que en tanta estrecheza le auia puesto; pero, 20 excediendo su cortesia a su desseo, quiso que primero se acudiesse a su debilidad, que cumplir la voluntad suya.
p. 7 CAPITVLO SEGVNDO del libro primero Reposando dexaron los ministros de la naue al mancebo, en cumplimiento de lo que su señor les auia mandado; pero como le acossauan 5 varios y tristes pensamientos, no podia el sueño tomar possession de sus sentidos, ni menos lo consintieron vnos congojosos suspiros y vnas angustiadas lamentaciones que a sus oydos llegaron, a su parecer, salidos de entre vnas tablas 10 de otro apartamiento que junto al suyo estaua; y poniendose con grande atencion a escucharlas, oyo que dezian: --En triste y menguado signo mis padres me engendraron, y en no benigna estrella mi madre 15 me arrojó a la luz del mundo; y bien digo arrojó, porque nacimiento como el mio, antes se puede dezir arrojar que nacer. Libre pense yo que gozara de la luz del sol en esta vida; pero engañóme mi pensamiento, pues me veo a pique 20 de ser vendida por esclaua: desuentura a quien ninguna puede compararse. --¡O tu, quienquiera que seas! --dixo a esta sazon el mancebo--. Si es, como dezirse suele, que las desgracias y trabajos, quando se comunican, 25 suelen aliuiarse, llegate aqui, y, por entre
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 8 los espacios descubiertos destas tablas, cuentame los tuyos: que si en mi no hallares aliuio, hallarás quien dellos se compadezca. --Escucha, pues --le fue respondido--, que, en las mas breues razones, te contaré las 5 sinrazones que la fortuna me ha hecho. Pero querria saber primero a quién las cuento. Dime si eres, por ventura, vn mancebo que poco ha hallaron medio muerto en vnos maderos que dizen siruen de varcos a vnos barbaros que estan en esta 10 isla donde auemos dado fondo, reparandonos de la borrasca que se ha leuantado. --El mismo soy --respondio el mancebo. --Pues, ¿quién eres? --preguntó la persona que hablaua. 15 --Dixeratelo, si no quisiera que primero me obligaras con contarme tu vida, que, por las palabras que poco ha que te oi dezir, imagino que no deue de ser tan buena como quisieras. A lo que le respondieron: 20 --Escucha, que en cifra te dire mis males. El capitan y señor deste nauio se llama Arnaldo; es hijo heredero del rey de Dinamarca, a cuyo poder vino por diferentes y estraños acontecimientos vna principal donzella, a quien yo tuue 25 por señora, a mi parecer, de tanta hermosura, que, entre las que oy viuen en el mundo, y entre aquellas que puede pintar en la imaginacion el mas agudo entendimiento, puede lleuar la ventaja; su discrecion yguala a su belleza, y sus 30 desdichas a su discrecion y a su hermosura: su nombre es Auristela; sus padres, de linage de
LIBRO I, CAPITVLO II p. 9 reyes y de riquissimo estado. Esta, pues, a quien todas estas alabanças vienen cortas, se vio vendida, y comprada de Arnaldo, y con tanto ahinco y con tantas veras la amó y la ama, que mil vezes de esclaua la quiso hazer su 5 señora, admitiendola por su legitima esposa, y esto con voluntad del rey, padre de Arnaldo, que juzgó que las raras virtudes y gentileza de Auristela mucho mas que ser reyna merecian; pero ella se defendia, diziendo no ser possible 10 romper vn voto que tenia hecho de guardar virginidad toda su vida, y que no pensaua quebrarle en ninguna manera, si bien la solicitassen promessas o la amenazassen muertes. Pero no por esto ha dexado Arnaldo de entretener sus 15 esperanças con dudosas imaginaciones, arrimandolas a la variacion de los tiempos y a la mudable condicion de las mugeres, hasta que sucedio que, andando mi señora Auristela por la ribera del mar solazandose, no como esclaua, 20 sino como reyna, llegaron vnos baxeles de cossarios, y la robaron y lleuaron no se sabe adónde. El principe Arnaldo, imaginando que estos cossarios eran los mismos que la primera vez se la vendieron, --los quales cossarios andan 25 por todos estos mares, insulas y riberas robando o comprando las mas hermosas donzellas que hallan, para traellas por grangeria a vender a esta insula donde dizen que estamos, la qual es habitada de vnos barbaros, gente indomita y 30 cruel, los quales tienen entre si por cosa inuiolable y cierta, persuadidos, o ya del demonio, o
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 10 ya de vn antiguo hechizero a quien ellos tienen por sapientissimo varon, que de entre ellos ha de salir vn rey que conquiste y gane gran parte del mundo; este rey que esperan no saben quién ha de ser, y, para saberlo, aquel hechizero les dio 5 esta orden: Que sacrificassen todos los hombres que a su insula llegassen, de cuyos coraçones, digo, de cada vno de por si, hiziessen poluos, y los diessen a beuer a los barbaros mas principales de la insula, con expressa orden que, el que 10 los passasse sin torcer el rostro ni dar muestras de que le sabía mal, le alçassen por su rey; pero no ha de ser este el que conquiste el mundo, sino vn hijo suyo. Tambien les mandó que tuuiessen en la isla todas las donzellas que 15 pudiessen o comprar o robar, y que la mas hermosa dellas se la entregassen luego al barbaro cuya sucession valerosa prometia la beuida de los poluos. Estas donzellas compradas o robadas son bien tratadas de ellos, que sólo en esto 20 muestran no ser barbaros, y las que compran son a subidissimos precios, que los pagan en pedaços de oro sin cuño y en preciosissimas perlas, de que los mares de las riberas destas islas abundan; y a esta causa, lleuados deste interes 25 y ganancia, muchos se han hecho cossarios y mercaderes.-- Arnaldo, pues, que, como te he dicho, ha imaginado que en esta isla podria ser que estuuiesse Auristela, mitad de su alma, sin la qual no puede viuir, ha ordenado, para 30 certificarse desta duda, de venderme a mi a los barbaros, porque, quedando yo entre ellos, sirua
LIBRO I, CAPITVLO II p. 11 de espia de saber lo que dessea, y no espera otra cosa sino que el mar se amanse, para hazer escala y concluyr su venta. Mira, pues, si con razon me quexo, pues la ventura que me aguarda es venir a viuir entre barbaros, que de 5 mi hermosura no me puedo prometer venir a ser reyna, especialmente si la corta suerte huuiesse traido a esta tierra a mi señora la sin par Auristela. De esta causa nacieron los suspiros que me has oydo, y destos temores las quexas que me 10 atormentan. Calló en diziendo esto, y al mancebo se le atrauessó vn ñudo en la garganta, pegó la boca con las tablas, que humedecio con copiosas lagrimas, y, al cabo de vn pequeño espacio, le 15 preguntó si, por ventura, tenia algunos barruntos de que Arnaldo huuiesse gozado de Auristela, o ya de que Auristela, por estar en otra parte prendada, desdeñasse a Arnaldo y no admitiesse tan gran dadiua como la de vn reyno, porque a el 20 le parecia que tal vez las leyes del gusto humano tienen mas fuerça que las de la religion. Respondiole que, aunque ella imaginaua que el tiempo auia podido dar a Auristela ocasion de querer bien a vn tal Periandro, que la auia 25 sacado de su patria, cauallero generoso, dotado de todas las partes que le podian hazer amable de todos aquellos que le conociessen, nunca se le auia oydo nombrar en las continuas quexas que de sus desgracias daua al cielo, ni en otro 30 modo alguno. Preguntóle si conocia ella a aquel Periandro que dezia. Dixole que no, sino que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 12 por relacion sabía ser el que lleuó a su señora, a cuyo seruicio ella auia venido despues que Periandro, por vn estraño acontecimiento, la auia dexado. En esto estauan, quando de arriba llamaron a Taurisa, que este era el nombre de 5 la que sus desgracias auia contado, la qual, oyendose llamar, dixo: --Sin duda alguna, el mar está manso y la borrasca quieta, pues me llaman para hazer de mi la desdichada entrega. A Dios te queda, quienquiera 10 que seas, y los cielos te libren de ser entregado para que los poluos de tu abrasado coraçon testifiquen esta vanidad e impertinente profecia: que tambien estos insolentes moradores desta insula buscan coraçones que abrasar, 15 como donzellas que guardar para lo que procuran. Apartaronse; subio Taurisa a la cubierta; quedó el mancebo pensatiuo, y pidio que le diessen de vestir, que queria leuantarse. Truxeronle vn 20 vestido de damasco verde, cortado al modo del que el auia trahido de lienço; subio arriba, recibiole Arnaldo con agradable semblante, sentole junto a si, vistieron a Taurisa rica y gallardamente, al modo que suelen vestirse las ninfas 25 de las aguas o las amadriades de los montes. En tanto que esto se hazía, con admiracion del moço, Arnaldo le conto todos sus amores y sus intentos, y aun le pidio consejo de lo que haria, y le preguntó si los medios que ponia para saber 30 de Auristela yuan bien encaminados. El moço, que, del razonamiento que auia tenido con
LIBRO I, CAPITVLO II p. 13 Taurisa, y de lo que Arnaldo le contaua, tenia el alma llena de mil imaginaciones y sospechas, discurriendo con velocissimo curso del entendimiento lo que podria suceder si acaso Auristela entre aquellos barbaros se hallasse, le respondio: 5 --Señor, yo no tengo edad para saberte aconsejar; pero tengo voluntad, que me mueue a seruirte, que la vida que me has dado, con el recibimiento y mercedes que me has hecho, me obligan a emplearla en tu seruicio. Mi nombre 10 es Periandro, de nobilissimos padres nacido, y al par de mi nobleza corre mi desuentura y mis desgracias, las quales, por ser tantas, no conceden aora lugar para contartelas. Essa Auristela que buscas, es vna hermana mia que 15 tambien yo ando buscando, que, por varios acontecimientos, ha vn año que nos perdimos. Por el nombre y por la hermosura que me encareces, conozco, sin duda, que es mi perdida hermana, que daria por hallarla, no sólo la vida que 20 posseo, sino el contento que espero recebir de auerla hallado, que es lo mas que puedo encarecer; y assi, como tan interessado en este hallazgo, voy escogiendo, [entre] otros muchos medios que en la imaginacion fabrico, este, que, 25 aunque venga a ser con mas peligro de mi vida, será mas cierto y mas breue: tu, señor Arnaldo, ¿estás determinado de vender esta donzella a estos barbaros, para que, estando en su poder, vea si está en el suyo Auristela, de que te 30 podras informar boluiendo otra vez a vender otra donzella a los mismos barbaros, y a Taurisa no
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 14 le faltará modo, o dara señales si está o no Auristela con las demas que para el efeto que se sabe los barbaros guardan y con tanta solicitud compran? --Assi es la verdad --dixo Arnaldo--; y he 5 escogido antes a Taurisa que a otra, de quatro que van en el nauio para el mismo efeto, porque Taurisa la conoce, que ha sido su donzella. --Todo esso está muy bien pensado-- dixo Periandro--; pero yo soy de parecer que 10 ninguna persona hara essa diligencia tambien como yo, pues mi edad, mi rostro, el interes que se me sigue, juntamente con el conocimiento que tengo de Auristela, me está incitando a aconsejarme que tome sobre mis ombros esta 15 empresa. Mira, señor, si vienes en este parecer, y no lo dilates, que, en los casos arduos y dificultosos, en vn mismo punto han de andar el consejo y la obra. Quadraronle a Arnaldo las razones de Periandro, 20 y, sin reparar en algunos inconuenientes que se le ofrecian, las puso en obra, y, de muchos y ricos vestidos de que venía proueydo, por si hallaua a Auristela, vistio a Periandro, que quedó, al parecer, la mas gallarda y hermosa 25 muger que hasta entonces los ojos humanos auian visto; pues, si no era la hermosura de Auristela, ninguna otra podia ygualarsele. Los del nauio quedaron admirados; Taurisa, atonita; el principe, confuso; el qual, a no pensar que 30 era hermano de Auristela, el considerar que era varon, le traspassara el alma con la dura lança
LIBRO I, CAPITVLO II p. 15 de los zelos, cuya punta se atreue a entrar por las del mas agudo diamante: quiero dezir que los zelos rompen toda seguridad y recato, aunque del se armen los pechos enamorados. Finalmente, hecho el metamorfosis de Periandro, se 5 hizieron vn poco a la mar, para que de todo en todo de los barbaros fuessen descubiertos. La priessa con que Arnaldo quiso saber de Auristela, no consintio en que preguntasse primero a Periandro quién eran el y su hermana, y 10 por qué trances auian venido al miserable en que le auia hallado: que todo esto, segun buen discurso, auia de preceder a la confiança que del hazía; pero como es propia condicion de los amantes ocupar los pensamientos, antes en buscar 15 los medios de alcançar el fin de su desseo, que en otras curiosidades, no le dio lugar a que preguntasse lo que fuera bien que supiera, y lo que supo despues, quando no le estuuo bien el saberlo. Alongados, pues, vn tanto de la isla, 20 como se ha dicho, adornaron la naue con flamulas y gallardetes, que ellos açotando el ayre, y ellas besando las aguas, hermosissima vista hazian; el mar tranquilo, el cielo claro, el son de las chirimias y de otros instrumentos, tan 25 belicos como alegres, suspendian los animos; y los barbaros, que de no muy lexos lo mirauan, quedaron mas suspensos, y en vn momento coronaron la ribera, armados de arcos y saetas de la grandeza que otra vez se ha dicho. Poco menos 30 de vna milla llegaua la naue a la isla, quando, disparando toda la artilleria, que traia mucha y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 16 gruessa, arrojó el esquife al agua, y entrando en el Arnaldo, Taurisa y Periandro, y otros seis marineros, pusieron en vna lança vn lienço blanco, señal de que venian de paz, como es costumbre casi en todas las naciones de la 5 tierra; y lo que en esta les sucedio, se cuenta en el capitulo que se sigue.
p. 17 CAPITVLO TERCERO del primer libro Como se yua acercando el barco a la ribera, se yuan apiñando los barbaros, cada vno desseoso de saber, primero que viesse, lo que en el 5 venía (*); y, en señal que lo recibirian de paz, y no de guerra, sacaron muchos lienços y los campearon por el ayre, tiraron infinitas flechas al viento, y, con increible ligereza, saltauan algunos de vnas partes en otras. No pudo llegar el 10 barco a bordas con la tierra, por ser la mar baxa, que en aquellas partes crece y mengua como en las nuestras; pero los barbaros, hasta cantidad de veynte, se entraron a pie por la mojada arena, y llegaron a el casi a tocarse con las 15 manos. Traian sobre los ombros a vna muger barbara, pero de mucha hermosura, la qual, antes que otro alguno hablasse, dixo en lengua polaca: --A vosotros, quienquiera que seais, pide 20 nuestro principe, o, por mejor dezir, nuestro gouernador, que le digais quién sois, a qué venis y qué es lo que buscais. Si, por ventura, traheis alguna donzella que vender, se os será muy bien pagada; pero si son otras mercancias, 25 las vuestras no las hemos menester, porque en
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 18 esta nuestra isla, merced al cielo, tenemos todo lo necessario para la vida humana, sin tener necessidad de salir a otra parte a buscarlo. Entendiola muy bien Arnaldo, y preguntóle si era barbara de nacion, o si acaso era de las 5 compradas en aquella isla, a lo que le respondio: --Respondeme tu a lo que he preguntado, que estos mis amos no gustan que en otras pláticas me dilate sino en aquellas que hazen al 10 caso para su negocio. Oyendo lo qual, Arnaldo respondio: --Nosotros somos naturales del reyno de Dinamarca, vsamos el oficio de mercaderes y de cossarios, trocamos lo que podemos, vendemos 15 lo que nos compran, y despachamos lo que hurtamos; y, entre otras presas que a nuestras manos han venido, ha sido la de esta donzella --y señaló a Periandro--, la qual, por ser vna de las mas hermosas, o, por mejor dezir, la mas 20 hermosa del mundo, os la trahemos a vender, que ya sabemos el efeto para que las compran en esta isla; y si es que ha de salir verdadero el vaticinio que vuestros sabios han dicho, bien podeis esperar, desta sin ygual belleza y 25 disposicion gallarda, que os dara hijos hermosos y valientes. Oyendo esto algunos de los barbaros, preguntaron a la barbara les dixesse lo que dezia; dixolo ella, y al momento se partieron quatro 30 dellos, y fueron, a lo que parecio, a dar auiso a su gouernador. En este espacio que boluian,
LIBRO I, CAPITVLO III p. 19 preguntó Arnaldo a la barbara si tenian algunas mugeres compradas en la isla, y si auia alguna entre ellas de belleza tanta, que pudiesse ygualar a la que ellos trahian para vender. --No --dixo la barbara--; porque, aunque ay 5 muchas, ninguna dellas se me yguala, porque, en efeto, yo soy vna de las desdichadas para ser reyna destos barbaros, que sería la mayor desuentura que me pudiesse venir. Boluieron los que auian ydo a la tierra, y con 10 ellos otros muchos y su principe, que lo mostro ser en el rico adorno que traia. Auiase echado sobre el rostro vn delgado y trasparente velo Periandro, por dar de improuiso, como rayo, con la luz de sus ojos en los de aquellos barbaros, 15 que con grandissima atencion le estauan mirando. Habló el gouernador con la barbara, de que resultó que ella dixo a Arnaldo que su principe dezia que mandasse alçar el velo a su donzella. Hizose assi: leuantóse en pie Periandro, descubrio 20 el rostro, alçó los ojos al cielo, mostro dolerse de su ventura, estendio los rayos de sus dos soles a vna y otra parte, que, encontrandose con los del barbaro capitan, dieron con el en tierra; a lo menos, assi lo dio a entender el 25 hincarse de rodillas, como se hincó, adorando a su modo en la hermosa imagen, que pensaua ser muger; y, hablando con la barbara, en pocas razones concerto la venta, y dio por ella todo lo que quiso pedir Arnaldo, sin replicar palabra 30 alguna. Partieron todos los barbaros a la isla; en vn instante boluieron con infinitos pedaços
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 20 de oro y con luengas sartas de finissimas perlas, que sin cuenta y a monton confuso se las entregaron a Arnaldo, el qual, luego, tomando de la mano a Periandro, le entregó al barbaro, y dixo a la intérprete dixesse a su dueño que 5 dentro de pocos dias bolueria a venderle otra donzella, si no tan hermosa, a lo menos, tal que pudiesse merecer ser comprada. Abraçó Periandro a todos los que en el barco venian, casi preñados los ojos de lagrimas, que no le nacian de coraçon 10 afeminado, sino de la consideracion de los rigurosos trances que por el auian passado; hizo señal Arnaldo a la naue que disparasse la artilleria, y el barbaro a los suyos que tocassen sus instrumentos, y en vn instante atrono el cielo la 15 artilleria y la musica de los barbaros, [y] llenaron los ayres de confusos y diferentes sones. Con este aplauso, lleuado en ombros de los barbaros, puso los pies en tierra Periandro, llegó a su naue Arnaldo y los que con el venian, quedando 20 concertado entre Periandro y Arnaldo que, si el viento no le forçasse, procuraria no desuiarse de la isla sino lo que bastasse para no ser de ella descubierto, y boluer a ella a vender, si fuesse necessario, a Taurisa, que, con la seña 25 que Periandro le hiziesse, se sabria el si o el no del hallazgo de Auristela; y, en caso que no estuuiesse en la isla, no faltaria traça para libertar a Periandro, aunque fuesse mouiendo guerra a los barbaros con todo su poder y el de sus 30 amigos.
p. 21 CAPITVLO QVARTO del libro primero Entre los que vinieron a concertar la compra de la donzella, vino con el capitan vn barbaro llamado Bradamiro, de los mas valientes y mas 5 principales de toda la isla, menospreciador de toda ley, arrogante sobre la misma arrogancia, y atreuido tanto como el mismo, porque no se halla con quien compararlo. Este, pues, desde el punto que vio a Periandro, creyendo ser muger, 10 como todos lo creyeron, hizo dissinio en su pensamiento de escogerla para si, sin esperar a que las leyes del vaticinio se prouassen o cumpliessen. Assi como puso los pies en la insula Periandro, muchos barbaros, a porfia, le tomaron 15 en ombros, y, con muestras de infinita alegria, le lleuaron a vna gran tienda que, entre otras muchas pequeñas, en vn apazible y deleytoso prado estauan puestas, todas cubiertas de pieles de animales, quales domesticos, quales 20 seluaticos. La barbara que auia seruido de intérprete de la compra y venta, no se le quitaua del lado, y con palabras y en lenguage que el no entendia, le consolaua. Ordenó luego el gouernador que passassen a 25 la insula de la prision y traxessen de ella algun
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 22 varon, si le huuiesse, para hazer la prueua de su engañosa esperança. Fue obedecido al punto, y, al mismo instante, tendieron por el suelo pieles curtidas, olorosas, limpias y lissas, de animales, para que de manteles siruiessen, sobre las quales 5 arrojaron y tendieron, sin concierto ni policia alguna, diuersos generos de frutas secas, y, sentandose el y algunos de los principales barbaros que alli estauan, començo a comer y a combidar por señas a Periandro que lo mismo hiziesse. 10 Sólo se quedó en pie Bradamiro, arrimado a su arco, clauados los ojos en la que pensaua ser muger; rogole el gouernador se sentasse, pero no quiso obedecerle: antes, dando vn gran sospiro, boluio las espaldas y se salio de la tienda. 15 En esto llegó vn barbaro que dixo al capitan que, al tiempo que auian llegado el y otros quatro para passar a la prision, llegó a la marina vna balsa, la qual traia vn varon y a la muger guardiana de la mazmorra, cuyas nueuas pusieron 20 fin a la comida, y leuantandose el capitan, con todos los que alli estauan, acudio a ver la balsa. Quiso acompañarle Periandro, de lo que el fue muy contento. Quando llegaron, ya estauan en tierra el 25 prisionero y la custodia. Miró atentamente Periandro, por ver si por ventura conocia al desdichado a quien su corta suerte auia puesto en el mismo estremo en que el se auia visto; pero no pudo verle el rostro de lleno en lleno, a causa que 30 tenia inclinada la cabeça, y, como de industria, parecia que no dexaua verse de nadie; pero no
LIBRO I, CAPITVLO IV p. 23 dexó de conocer a la muger que dezian ser guardiana de la prision, cuya vista y conocimiento le suspendio el alma y le alborotó los sentidos, porque claramente, y sin poner duda en ello, conocio ser Cloelia, ama de su querida Auristela. 5 Quisierala hablar, pero no se atreuio, por no entender si acertaria o no en ello; y assi, reprimiendo su desseo como sus labios, estuuo esperando en lo que pararia semejante acontecimiento. El gouernador, con desseo de apressurar sus 10 prueuas y dar felice compañia a Periandro, mandó que al momento se sacrificasse aquel mancebo, de cuyo coraçon se hiziessen los poluos de la ridicula y engañosa prueua. Assieron al momento del mancebo muchos barbaros, sin mas 15 ceremonias que atarle vn lienço por los ojos; le hizieron hincar de rodillas, atandole por atras las manos, el qual, sin hablar palabra, como vn manso cordero, esperaua el golpe que le auia de quitar la vida; visto lo qual por la antigua 20 Cloelia, alçó la voz, y, con mas aliento que de sus muchos años se esperaua, començo a dezir: --Mira, ¡o gran gouernador!, lo que hazes, porque esse varon que mandas sacrificar, no lo es, ni puede aprouechar ni seruir en cosa 25 alguna a tu intencion, porque es la mas hermosa muger que puede imaginarse. Habla, hermosissima Auristela, y no permitas, lleuada de la corriente de tus desgracias, que te quiten la vida, poniendo tassa a la prouidencia de los 30 cielos, que te la pueden guardar y conseruar para que felicemente la gozes.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 24 A estas razones, los crueles barbaros detuuieron el golpe, que ya ya la sombra del cuchillo se señalaua en la garganta del arrodillado. Mandó el capitan desatarle, y dar libertad a las manos y luz a los ojos, y, mirandole con atencion, le 5 parecio ver el mas hermoso rostro de muger que huuiesse visto, y juzgó, aunque barbaro, que, si no era el de Periandro, ninguno otro en el mundo podria ygualarsele. ¡Qué lengua podra dezir, o qué pluma escriuir, lo que sintio Periandro quando 10 conocio ser Auristela la condenada y la libre! Quitósele la vista de los ojos, cubriosele el coraçon, y, con pasos torzidos y floxos, fue a abraçarse con Auristela, a quien dixo, teniendola estrechamente entre sus braços: 15 --¡O querida mitad de mi alma, o firme coluna de mis esperanças, o prenda, que no se si diga por mi bien o por mi mal hallada, aunque no será sino por bien, pues de tu vista no puede proceder mal ninguno! Ves aqui a tu 20 hermano Periandro. Y esta razon dixo con voz tan baxa, que de nadie pudo ser oida, y prosiguio diziendo: --Viue, señora y hermana mia, que en esta isla no ay muerte para las mugeres, y no quieras 25 tu para contigo ser mas cruel que sus moradores; confia en los cielos, que, pues te han librado hasta [a]qui de los infinitos peligros en que te deues de auer visto, te librarán de los que se pueden temer de aqui adelante. 30 --¡Ay, hermano --respondio Auristela, que era la misma que por varon pensaua ser
LIBRO I, CAPITVLO IV p. 25 sacrificada--; ay, hermano --replicó otra vez--, y cómo creo que este en que nos hallamos ha de ser el vltimo trance que de nuestras desuenturas puede temerse! Suerte dichosa ha sido el hallarte; pero desdichada ser en tal lugar y en 5 semejante trage. Llorauan entrambos, cuyas lagrimas vio el barbaro Bradamiro, y creyendo que Periandro las vertia del dolor de la muerte de aquel que penso ser su conocido, pariente o amigo, determinó 10 de libertarle, aunque se pusiesse a romper por todo inconueniente; y assi, llegandose a los dos, assio de la vna mano a Auristela, y de la otra a Periandro, y, con semblante amenazador y ademan soberuio, en alta voz dixo: 15 --Ninguno sea osado, si es que estima en algo su vida, de tocar a estos dos, aun en vn solo cabello; esta donzella es mia, porque yo la quiero, y este hombre ha de ser libre, porque ella lo quiere. 20 Apenas huuo dicho esto, quando el barbaro gouernador, indignado e impaciente sobremanera, puso vna grande y aguda flecha en el arco, y, desuiandole de si quanto pudo estenderse el braço yzquierdo, puso la enpulguera 25 con el derecho junto al diestro oido, y disparó la flecha con tan buen tino y con tanta furia, que en vn instante llegó a la boca de Bradamiro, y se la cerró, quitandole el mouimiento de la lengua y sacandole el alma, con que dexó 30 admirados, atonitos y suspensos a quantos alli estauan. Pero no hizo tan a su saluo el tiro, tan
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 26 atreuido como certero, que no recibiesse por el mismo estilo la paga de su atreuimiento, porque vn hijo de Corsicurbo el barbaro, que se ahogó en el passage de Periandro, pareciendole ser mas ligeros sus pies que las flechas de su 5 arco, en dos brincos se puso junto al capitan, y, alçando el braço, le enuainó en el pecho vn puñal que, aunque de piedra, era mas fuerte y agudo que si de azero forjado fuera. Cerró el capitan en sempiterna noche los ojos, y dio con 10 su muerte vengança a la de Bradamiro, alborotó los pechos y los coraçones de los parientes de entrambos, puso las armas en las manos de todos, y, en vn instante, incitados de la vengança y colera, començaron a embiar muertes en las 15 flechas de vnas partes a otras; acabadas las flechas, como no se acabaron las manos ni los puñales, arremetieron los vnos a los otros, sin respetar el hijo al padre, ni el hermano al hermano: antes, como si de muchos tiempos atras 20 fueran enemigos mortales por muchas injurias recebidas, con las vñas se despedaçauan, y con los puñales se herian, sin auer quien los pusiesse en paz. Entre estas flechas, entre estas heridas, entre 25 estos golpes y entre estas muertes, estauan juntos la antigua Cloelia, la donzella intérprete, Periandro y Auristela, todos apiñados, y todos llenos de confusion y de miedo. En mitad desta furia, lleuados en buelo algunos barbaros de los 30 que deuian de ser de la parcialidad de Bradamiro, se desuiaron de la contienda y fueron a
LIBRO I, CAPITVLO IV p. 27 poner fuego a vna selua que estaua alli cerca, como a hazienda del gouernador; començaron a arder los arboles, y a fauorecer la ira el viento, que, aumentando las llamas y el humo, todos temieron ser ciegos y abrasados. Llegauase la 5 noche, que, aunque fuera clara, se escureciera, quanto mas siendo escura y tenebrosa; los gemidos de los que morian, las vozes de los que amenazauan, los estallidos del fuego, no en los coraçones de los barbaros ponian miedo alguno, 10 porque estauan ocupados con la ira y la vengança: ponianle, si, en los de los miserables apiñados, que no sabian qué hazerse, adónde yrse o cómo valerse, y, en esta sazon tan confusa, no se oluidó el cielo de socorrerles, por tan estraña 15 nouedad, que la tuuieron por milagro. Ya casi cerraua la noche, y, como se ha dicho, escura y temerosa, y solas las llamas de la abrasada selua dauan luz bastante para diuisar las cosas, quando vn barbaro mancebo se llegó a Periandro, 20 y, en lengua castellana, que del fue bien entendida, le dixo: --Sigueme, hermosa donzella, y di que hagan lo mismo las personas que contigo estan, que yo os pondre en saluo, si los cielos me ayudan. 25 No le respondio palabra Periandro, sino hizo que Auristela, Cloelia y la intérprete se animassen y, le siguiessen; y assi, pisando muertos y hollando armas, siguieron al jouen barbaro que les guiaua. Lleuauan las llamas de la ardiente 30 selua a las espaldas, que les seruian de viento que el paso les aligerasse. Los muchos años de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 28 Cloelia y los pocos de Auristela, no permitian que al paso de su guia tendiessen el suyo, viendo lo qual el barbaro, robusto y de fuerças, assio de Cloelia y se la echó al ombro, y Periandro hizo lo mismo de Auristela; la intérprete, menos 5 tierna, mas animosa, con varonil brio los seguia. Desta manera, cayendo y leuantando, como dezirse suele, llegaron a la marina, y auiendo andado como vna milla por ella, hazia la vanda del norte, se entró el barbaro por vna espaciosa 10 cueua, en quien la saca del mar entraua y salia. Pocos pasos anduuieron por ella, torziendose a vna y otra parte, estrechandose en vna y alargandose en otra, ya agazapados, ya inclinados, ya agobiados al suelo, y ya en pie y derechos, 15 hasta que salieron, a su parecer, a vn campo raso, pues les parecio que podian libremente endereçarse, que assi se lo dixo su guiador, no pudiendo verlo ellos por la escuridad de la noche y porque las luzes de los encendidos 20 montes, que entonces con mas rigor ardian, alli llegar no podian. --¡Bendito sea Dios --dixo el barbaro en la misma lengua castellana--, que nos ha traido a este lugar, que, aunque en el se puede temer 25 algun peligro, no será de muerte! En esto vieron que hazia ellos venía corriendo vna gran luz, bien assi como cometa, o, por mejor dezir, exalacion que por el ayre camina. Esperaranla con temor, si el barbaro no 30 dixera: --Este es mi padre, que viene a recebirme.
LIBRO I, CAPITVLO IV p. 29 Periandro, que, aunque no muy despiertamente, sabía hablar la lengua castellana, le dixo: --El cielo te pague, ¡o angel humano, o quienquiera que seas!, el bien que nos has hecho, que, aunque no sea otro que el dilatar 5 nuestra muerte, lo tenemos por singular beneficio. Llegó en esto la luz, que la traia vno, al parecer barbaro, cuyo aspecto la edad de poco mas de cinquenta años le señalaua. Llegando, puso la luz en tierra, que era vn gruesso palo de tea, 10 y a braços abiertos se fue a su hijo, a quien preguntó en castellano que qué le auia sucedido que con tal compañia boluia. --Padre --respondio el moço--, vamos a nuestro rancho, que ay muchas cosas que dezir y 15 muchas mas que pensar: la isla se abrasa; casi todos los moradores della quedan hechos ceniza o medio abrasados; estas pocas reliquias que aqui veis, por impulso del cielo las he hurtado a las llamas y al filo de los barbaros puñales. 20 Vamos, señor, como tengo dicho, a nuestro rancho, para que la caridad de mi madre y de mi hermana se muestre y exercite en acariciar a estos mis cansados y temerosos huespedes. Guió el padre; siguieronle todos; animóse 25 Cloelia, pues caminó a pie; no quiso dexar Periandro la hermosa carga que lleuaua, por no ser possible que le diesse pesadumbre, siendo Auristela vnico bien suyo en la tierra. Poco anduuieron, quando llegaron a vna altissima peña, 30 al pie de la qual descubrieron vn anchissimo espacio o cueua, a quien seruian de techo y de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 30 paredes las mismas peñas. Salieron, con teas encendidas en las manos, dos mugeres vestidas al trage barbaro: la vna muchacha de hasta quinze años, y la otra hasta treinta; esta hermosa, pero la muchacha hermosissima. La vna dixo: 5 --¡Ay, padre y hermano mio! Y la otra no dixo mas sino: --¡Seais bien venido, regalado hijo de mi alma! La intérprete estaua admirada de oir hablar 10 en aquella parte, y a mugeres que parecian barbaras, otra lengua de aquella que en la isla se acostumbraua; y quando les yua a preguntar qué misterio tenia saber ellas aquel lenguage, lo estoruó mandar el padre a su esposa y a su 15 hija que aderezassen con lanudas pieles el suelo de la inculta cueua. Ellas le obedecieron, arrimando a las paredes las teas; en vn instante, solícitas y diligentes, sacaron de otra cueua que mas adentro se hazía pieles de cabras y ouejas 20 y de otros animales, con que quedó el suelo adornado y se reparó el frio, que començaua a fatigarles.
p. 31 CAPITVLO QVINTO De la cuenta que dio de si el barbaro español a sus nueuos huespedes. Presta y breue fue la cena; pero, por cenarla sin sobresalto, la hizo sabrosa. Renouaron las 5 teas, y, aunque quedó ahumado el aposento, quedó caliente. Las baxillas que en la cena siruieron, ni fueron de plata ni de Pisa (*): las manos de la barbara y barbaro pequeños fueron los platos, y vnas cortezas de arboles, vn poco mas 10 agradables que de corcho, fueron los vasos. Quedóse Candia lexos, y siruio en su lugar agua pura, limpia y frigidissima. Quedóse dormida Cloelia, porque los luengos años mas amigos son del sueño que de otra qualquiera conuersacion, 15 por gustosa que sea; acomodóla la barbara grande en el segundo apartamiento, haziendole de pieles assi colchones como frazadas; boluio a sentarse con los demas, a quien el español dixo en lengua castellana desta manera: 20 --Puesto que estaua en razon que yo supiera primero, señores mios, algo de vuestra hazienda y sucessos antes que os dixera los mios, quiero, por obligaros, que los sepais, porque los vuestros no se me encubran despues que los mios 25 huuieredes oido. Yo, segun la buena suerte quiso, naci en España, en vna de las mejores
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 32 prouincias de ella; echaronme al mundo padres medianamente nobles; criaronme como ricos; llegué a las puertas de la Gramatica, que son aquellas por donde se entra a las demas ciencias; inclinóme mi estrella, si bien en parte a las 5 letras, mucho mas a las armas; no tuue amistad en mis verdes años ni con Ceres ni con Baco, y assi, en mi siempre estuuo Venus fria (*). Lleuado, pues, de mi inclinacion natural, dexé mi patria, y fuyme a la guerra que entonces la 10 magestad del Cesar Carlo Quinto hazía en Alemania contra algunos potentados de ella. Fueme Marte fauorable, alcancé nombre de buen soldado, honróme el emperador, tuue amigos, y, sobre todo, aprendi a ser liberal y bien criado, que 15 estas virtudes se aprenden en la escuela del Marte christiano. Volui a mi patria, honrado y rico, con proposito de estarme en ella algunos dias gozando de mis padres, que aun viuian, y de los amigos que me esperauan; pero esta que 20 llaman fortuna, que yo no se lo que se sea, embidiosa de mi sossiego, voluiendo la rueda que dizen que tiene, me derribó de su cumbre, adonde yo pense que estaua puesto, al profundo de la miseria en que me veo, tomando por instrumento 25 para hazerlo a vn cauallero, hijo segundo de vn titulado que junto a mi lugar el de su Estado tenia. ”Este, pues, vino a mi pueblo a ver vnas fiestas; estando en la plaça en vna rueda o corro 30 de hidalgos y caualleros, donde yo tambien hazía número, voluiendose a mi, con ademan
LIBRO I, CAPITVLO V p. 33 arrogante y risueño me dixo: “Brauo estais, señor Antonio; mucho le ha aprouechado la plática de Flandes y de Italia, porque en verdad que está bizarro; y sepa el buen Antonio que yo le quiero mucho.” Yo le respondi 5 --porque yo soy aquel Antonio--: “Beso a vuessa señoria las manos mil vezes por la merced que me haze; en fin, vuessa señoria haze como quien es en honrar a sus compatriotos y seruidores; pero, con todo esso, quiero que vuessa señoria 10 entienda que las galas yo me las lleué de mi tierra a Flandes, y con la buena criança naci del vientre de mi madre; ansi que, por esto, ni merezco ser alabado, ni vituperado; y, con todo, bueno o malo que yo sea, soy muy seruidor de 15 vuessa señoria, a quien suplico me honre como merecen mis buenos desseos.” Vn hidalgo que estaua a mi lado, grande amigo mio, me dixo, y no tan baxo, que no lo pudo oyr el cauallero: “Mirad, amigo Antonio, cómo hablais, que al 20 señor don fulano no le llamamos aca señoria.” A lo que respondio el cauallero antes que yo respondiesse: “El buen Antonio habla bien, porque me trata al modo de Italia, donde, en (*) lugar de merced, dizen señoria.” “Bien se --dixe 25 yo-- los vsos y las ceremonias de qualquiera buena criança; y el llamar a vuessa señoria Señoria, no es al modo de Italia, sino porque entiendo que el que me ha de llamar vos (*) ha de ser señoria a modo de España; y yo, por ser hijo 30 de mis obras y de padres hidalgos, merezco el merced de qualquier señoria; y quien otra cosa
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 34 dixere --y esto echando mano a mi espada-- está muy lexos de ser bien criado.” Y, diziendo y haziendo, le di dos cuchilladas en la cabeça muy bien dadas, con que le turbé de manera que no supo lo que le auia acontecido, ni hizo 5 cosa en su desagrauio que fuesse de prouecho, y yo sustenté la ofensa, estandome quedo con mi espada desnuda en la mano; pero, passandosele la turbacion, puso mano a su espada, y, con gentil brio, procuró vengar su injuria; mas 10 yo no le dexé poner en efeto su honrada determinacion, ni a el la sangre que le corria de la cabeça, de vna de las dos heridas. Alborotaronse los circunstantes, pusieron mano contra mi, retiréme a casa de mis padres, conteles el caso, 15 y, aduertidos del peligro en que estaua, me proueyeron de dineros y de vn buen cauallo, aconsejandome a que me pusiesse en cobro, porque me auia grangeado muchos, fuertes y poderosos enemigos. Hizelo ansi, y en dos dias pisé la 20 raya de Aragon, donde respiré algun tanto de mi no vista priessa. En resolucion, con poco menos diligencia me puse en Alemania, donde bolui a seruir al emperador; alli me auisaron que mi enemigo me buscaua, con otros muchos, 25 para matarme del modo que pudiesse; temi este peligro, como era razon que lo temiesse; voluime a España, porque no ay mejor asylo que el que promete la casa del mismo enemigo; vi a mis padres de noche; tornaronme a proueer 30 de dineros y joyas, con que vine a Lisboa, y me enuarqué en vna naue que estaua con las
LIBRO I, CAPITVLO V p. 35 velas en alto para partirse en Inglaterra, en la qual yuan algunos caualleros inglesses que auian venido, lleuados de su curiosidad, a ver a España, y auiendola visto toda, o, por lo menos, las mejores ciudades della, se voluian a 5 su patria. ”Sucedio, pues, que yo me rebolui sobre vna cosa de poca importancia con vn marinero ingles, a quien fue forçoso darle vn bofeton; llamó este golpe la colera de los demas marineros y 10 de toda la chusma de la naue, que començaron a tirarme todos los instrumentos arrojadizos que les vinieron a las manos; retiréme al castillo de popa, y tomé por defensa a vno de los caualleros inglesses, poniendome a sus espaldas, cuya 15 defensa me valio de modo, que no perdi luego la vida. Los demas caualleros sossegaron la turba, pero fue con condicion que me arrojassen a la mar o que me diessen el esquife o varquilla de la naue, en que me voluiesse a España o 20 adonde el cielo me lleuasse. Hizose assi: dieronme la varca, proueyda con dos varriles de agua, vno de manteca y alguna cantidad de vizcocho; agradeci a mis valedores la merced que me hazian; entré en la varca con solos dos 25 remos; alargóse la naue; vino la noche escura; halléme solo en la mitad de la inmensidad de aquellas aguas, sin tomar otro camino que aquel que le concedia el no contrastar contra las olas ni contra el viento; alcé los ojos al cielo; 30 encomendeme a Dios con la mayor deuocion que pude; miré al norte, por donde distingui el
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 36 camino que hazía, pero no supe el parage en que estaua. ”Seys dias y seys noches anduue desta manera, confiando mas en la benignidad de los cielos que en la fuerça de mis braços, los 5 quales, ya cansados y sin vigor alguna del contino trabajo, abandonaron los remos, que quité de los escalamos, y los puse dentro la varca, para seruirme dellos quando el mar lo consintiesse o las fuerças me ayudassen. Tendime de largo 10 a largo de espaldas en la varca, cerre los ojos, y en lo secreto de mi coraçon no quedó santo en el cielo a quien no llamasse en mi ayuda; y en mitad deste aprieto, y en medio desta necessidad --cosa dura de creer--, me sobreuino vn 15 sueño tan pesado, que, borrandome de los sentidos el sentimiento, me quedé dormido --tales son las fuerças de lo que pide y ha menester nuestra naturaleza--; pero alla en el sueño me representaua la imaginacion mil generos de 20 muertes espantosas, pero todas en el agua, y en algunas dellas me parecia que me comian lobos y despedaçauan fieras; de modo que, dormido y despierto, era vna muerte dilatada mi vida. Deste no apazible sueño me desperto con 25 sobresalto vna furiosa ola del mar, que, passando por cima de la varca, la llenó de agua. Reconoci el peligro; volui como mejor pude el mar al mar; torné a valerme de los remos, que ninguna cosa me aprouecharon; vi que el mar se ensoberuezia, 30 açotado y herido de vn viento abrego que en aquellas partes parece que mas que en otros
LIBRO I, CAPITVLO V p. 37 mares muestra su poderio; vi que era simpleza oponer mi debil varca a su furia, y, con mis flacas y desmayadas fuerças, a su rigor; y, assi, torné a recoger los remos y a dexar correr la varca por donde las olas y el viento quisiessen 5 lleuarla. Reyteré plegarias, añadi promessas, aumenté las aguas del mar con las que derramaua de mis ojos, no de temor de la muerte, que tan cercana se me mostraua, sino por el de la pena que mis malas obras merecian. 10 Finalmente, no se a cabo de quántos dias y noches que anduue vagamundo por el mar, siempre mas inquieto y alterado, me vine a hallar junto a vna isla despoblada de gente humana, aunque llena de lobos que por ella a manadas 15 discurrian. Lleguéme al abrigo de vna peña que en la ribera estaua, sin osar saltar en tierra, por temor de los animales que auia visto; comi del vizcocho, ya remojado, que la necessidad y la hambre no reparan en nada; llegó la noche, 20 menos escura que auia sido la passada; parecio que el mar se sossegaua, y prometia mas quietud el venidero dia; miré al cielo; vi las estrellas con aspecto de prometer bonança en las aguas y sossiego en el ayre. 25 ”Estando en esto, me parecio, por entre la dudosa luz de la noche, que la peña que me seruia de puerto se coronaua de los mismos lobos que en la marina auia visto, y que vno dellos --como es la verdad-- me dixo en voz 30 clara y distinta y en mi propia lengua: “Español, hazte a lo largo, y busca en otra parte tu
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 38 ventura, si no quieres en esta morir hecho pedaços por nuestras vñas y dientes; y no preguntes quién es el que esto te dize, sino da gracias al cielo de que has hallado piedad entre las mismas fieras.” Si quedé espantado o no, a vuestra 5 consideracion lo dexo; pero no fue bastante la turbacion mia para dexar de poner en obra el consejo que se me auia dado: aprete los escalamos, até los remos, esforze los braços, y sali al mar descubierto; mas, como suele acontecer que 10 las desdichas y afliciones turban la memoria de quien las padece, no os podre dezir quántos fueron los dias que anduue por aquellos mares, tragando, no vna, sino mil muertes a cada paso, hasta que, arrebatada mi varca en los braços de 15 vna terrible borrasca, me hallé en esta isla, donde di al traues con ella en la misma parte y lugar adonde está la boca de la cueua por donde aqui entrastes. Llegó la varca a dar casi en seco por la cueua adentro, pero boluiala a sacar la 20 ressaca; viendo yo lo qual, me arrojé della, y, clauando las vñas en la arena, no di lugar a que la ressaca al mar me voluiesse; y, aunque con la varca me lleuaua el mar la vida, pues me quitaua la esperança de cobrarla, holgue de mudar 25 genero de muerte y quedarme en tierra: que, como se dilate la vida, no se desmaya la esperança. A este punto llegaua el barbaro español, que este título le daua su trage, quando, en la estancia mas adentro, donde auian dexado a 30 Cloelia, se oyeron tiernos gemidos y sollozos. Acudieron al instante con luzes Auristela,
LIBRO I, CAPITVLO V p. 39 Periandro y todos los demas, a ver qué sería, y hallaron que Cloelia, arrimadas las espaldas a la peña, sentada en las pieles, tenia los ojos clauados en el cielo y casi quebrados. Llegóse a ella Auristela, y, a vozes compasiuas y dolorosas, 5 le dixo: --¿Qué es esto, ama mia? Cómo, ¿y es possible que me quereis dexar en esta soledad, y a tiempo que mas he menester valerme de vuestros consejos? 10 Voluio en si algun tanto Cloelia, y, tomando la mano de Auristela, le dixo: --Ves ai, hija de mi alma, lo que tengo tuyo; yo quisiera que mi vida durara hasta que la tuya se viera en el sossiego que merece; pero si 15 no lo permite el cielo, mi voluntad se ajusta con la suya, y de la mejor que es en mi mano le ofrezco mi vida. Lo que te ruego es, señora mia, que, quando la buena suerte quisiere, que si querra, que te veas en tu Estado, y mis padres 20 aun fueren viuos, o alguno de mis parientes, les digas cómo yo muero christiana en la fe de Iesu Christo y en la que tiene, que es la misma, la santa iglesia catolica romana; y no te digo mas, porque no puedo. 25 Esto dicho, y muchas vezes pronunciando el nombre de Iesus, cerró los ojos en tenebrosa noche, a cuyo espetaculo tambien cerró los suyos Auristela con vn profundo desmayo, hizieronse fuentes los de Periandro, y rios los de todos 30 los circunstantes. Acudio Periandro a socorrer a Auristela, la qual, buelta en si, acrecento
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 40 las lagrimas, y començo sospiros nueuos, y dixo razones que mouieran a lástima a las piedras. Ordenóse que otro dia la sepultassen, y, quedando en guarda del cuerpo muerto la donzella barbara y su hermano, los demas se fueron a 5 reposar lo poco que de la noche les faltaua.
p. 41 CAPITVLO SEXTO Donde el barbaro español prosigue su historia. Tardó aquel dia en mostrarse al mundo, al parecer, mas de lo acostumbrado, a causa que el humo y pauesas del incendio de la isla, que 5 aun duraua, impedia que los rayos del sol por aquella parte no passassen a la tierra. Mandó el barbaro español a su hijo que saliesse de aquel sitio, como otras vezes solia, y se informasse de lo que en la isla passaua. Con 10 alborotado sueño passaron los demas aquella noche, porque el dolor y sentimiento de la muerte de su ama Cloelia, no consintio que Auristela dormiesse, y el no dormir de Auristela tuuo en continua vigilia a Periandro, el qual, con Auristela, 15 salio al raso de aquel sitio, y vio que era hecho y fabricado de la naturaleza, como si la industria y el arte le huuieran compuesto. Era redondo, cercado de altissimas y peladas peñas, y, a su parecer, tanteó que boxaua poco mas de vna 20 legua, todo lleno de arboles siluestres, que ofrecian frutos, si bien asperos, comestibles a lo menos; estaua crecida la yerua, porque las muchas aguas que de las peñas salian, las tenian en perpetua verdura; todo lo qual le admiraua y 25 suspendia. Y llegó en esto el barbaro español, y dixo:
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 42 --Venid, señores, y daremos sepultura a la difunta, y fin a mi començada historia. Hizieronlo assi, y enterraron a Cloelia en lo hueco de vna peña, cubriendola con tierra y con otras peñas menores. Auristela le rogo que le 5 pusiesse vna cruz encima, para señal de que aquel cuerpo auia sido christiano. El español respondio que el traeria vna gran cruz que en su estancia tenia, y la pondria encima de aquella sepultura. Dieronle todos el vltimo vale; renouo 10 el llanto Auristela, cuyas lagrimas sacaron al momento las de los ojos de Periandro. En tanto, pues, que el moço barbaro voluia, se voluieron todos a encerrar en el concauo de la peña donde auian dormido, por defenderse del 15 frio, que con rigor amenazaua, y, auiendose sentado en las blandas pieles, pidio el barbaro silencio, y prosiguio su cuento en esta forma: --Quando me dexó la varca en que venía en la arena, y la mar tornó a cobrarla --ya dixe que 20 con ella se me fue la esperança de la libertad, pues aun aora no la tengo de cobrarla--, entré aqui dentro, vi este sitio, y pareciome que la naturaleza le auia hecho y formado para ser teatro donde se representasse la tragedia de mis 25 desgracias. Admiróme el no ver gente alguna, sino algunas cabras montesses y animales pequeños de diuersos generos; rodeé todo el sitio, hallé esta cueua cauada en estas peñas, y señaléla para mi morada; finalmente, auiendolo 30 rodeado todo, volui a la entrada que aqui me auia conduzido, por ver si oia voz humana o
LIBRO I, CAPITVLO VI p. 43 descubria quién me dixesse en qué parte estaua, y la buena suerte y los piadosos cielos, que aun del todo no me tenian oluidado, me depararon vna muchacha barbara, de hasta edad de quinze años, que por entre las peñas, riscos y escollos 5 de la marina, pintadas conchas y apetitoso marisco andaua buscando. Pasmóse viendome, pegaronsele los pies en la arena, solto las cogidas conchuelas, y derramósele el marisco; y cogiendola entre mis braços, sin dezirla palabra, 10 ni ella a mi tampoco, me entré por la cueua adelante, y la truxe a este mismo lugar donde agora estamos. Pusela en el suelo, beséle las manos, halaguéle el rostro con las mias, y hize todas las señales y demostraciones que pude 15 para mostrarme blando y amoroso con ella. Ella, passado aquel primer espanto, con atentissimos ojos me estuuo mirando, y con las manos me tocaua todo el cuerpo, y de quando en quando, ya perdido el miedo, se reia y me abraçaua, 20 y sacando del seno vna manera de pan hecho a su modo, que no era de trigo, me lo puso en la boca, y en su lengua me habló, y, a lo que despues aca he sabido, en lo que dezia me rogaua que comiesse. Yo lo hize ansi, porque lo 25 auia bien menester; ella me assio por la mano y me lleuó a aquel arroyo que alli está, donde ansimismo, por señas, me rogo que beuiesse. Yo no me hartaua de mirarla, pareciendome antes angel del cielo, que barbara de la tierra. 30 Bolui a la entrada de la cueua, y alli, con señas y con palabras que ella no entendia, le supliqué,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 44 como si ella las entendiera, que voluiesse a verme; con esto la abracé de nueuo, y ella, simple y piadosa, me besó en la frente, y me hizo claras y ciertas señas de que volueria a verme. Hecho esto, torné a pisar este sitio y a 5 requerir y prouar la fruta de que algunos arboles estauan cargados, y hallé nueces y auellanas, y algunas peras siluestres; di gracias a Dios del hallazgo, y alente las desmayadas esperanças de mi remedio. Passé aquella noche en este 10 mismo lugar, esperé el dia, y en el esperé tambien la buelta de mi barbara hermosa, de quien comence a temer y a rezelar que me auia de descubrir y entregarme a los barbaros, de quien imaginé estar llena esta isla; pero sacóme deste 15 temor el verla voluer algo entrado el dia, bella como el sol, mansa como vna cordera, no acompañada de barbaros que me prendiessen, sino cargada de bastimentos que me sustentassen. Aqui llegaua de su historia el español gallardo, 20 quando llegó el que auia ydo a saber lo que en la isla passaua, el qual dixo que casi toda estaua abrasada, y todos o los mas de los barbaros muertos, vnos a hierro, y otros a fuego; y que si algunos auia viuos, eran los que en 25 algunas balsas de maderos se auian entrado del mar, por huyr en el agua el fuego de la tierra; que bien podian salir de alli y passear la isla por la parte que el fuego les diesse licencia, y que cada vno pensasse qué remedio se tomaria para 30 escapar de aquella tierra maldita, que por alli cerca auia otras islas de gente menos barbara
LIBRO I, CAPITVLO VI p. 45 habitadas: que quiça, mudando de lugar, mudarian de ventura. --Sossiegate, hijo, vn poco, que estoy dando cuenta a estos señores de mis sucessos, y no me falta mucho, aunque mis desgracias son 5 infinitas. --No te canses, señor mio --dixo la barbara grande--, en referirlos tan por estenso, que podra ser que te canses, o que canses; dexame a mi que cuente lo que queda, a lo menos hasta 10 este punto en que estamos. --Soy contento --respondio el español--, porque me le dara muy grande el ver cómo las relatas. --Es, pues, el caso --replicó la barbara-- que 15 mis muchas entradas y salidas en este lugar, le dieron bastante para que de mi y de mi esposo naciessen esta muchacha y este niño. Llamo esposo a este señor, porque, antes que me conociesse del todo, me dio palabra de serlo, al modo 20 que el dize que se vsa entre verdaderos christianos; hame enseñado su lengua, y yo a el la mia, y en ella ansimismo me enseñó la ley catolica christiana; diome agua de bautismo en aquel arroyo, aunque no con las ceremonias 25 que el me ha dicho que en su tierra se acostumbran; declaróme su fe como el la sabe, la qual yo assente en mi alma y en mi coraçon, donde le he dado el credito que he podido darle; creo en la santissima Trinidad, Dios 30 Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu santo, tres personas distintas, y que todas tres son vn solo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 46 Dios verdadero, y que, aunque es Dios el Padre, y Dios el Hijo, y Dios el Espiritu santo, no son tres dioses distintos y apartados, sino vn solo Dios verdadero; finalmente, creo todo lo que tiene y cree la santa iglesia catolica romana, 5 regida por el Espiritu santo y gouernada por el sumo Pontifice, vicario y visorrey de Dios en la tierra, sucessor legítimo de san Pedro, su primer pastor despues de Iesu Christo, primero y vniuersal pastor de su esposa la Iglesia. Dixome 10 grandezas de la siempre Virgen Maria, reyna de los cielos y señora de los angeles y nuestra, tesoro del Padre, relicario del Hijo y amor del Espiritu santo, amparo y refugio de los pecadores. Con estas me ha enseñado otras cosas, que no 15 las digo, por parecerme que las dichas bastan para que entendais que soy catolica christiana. Yo, simple y compasiua, le entregué vn alma rustica, y el, merced a los cielos, me la ha buelta discreta y christiana; entreguéle mi cuerpo, no 20 pensando que en ello ofendia a nadie, y deste entrego resultó auerle dado dos hijos, como los que aqui veis, que acrecientan el número de los que alaban al Dios verdadero; en vezes le truxe alguna cantidad de oro de lo que abunda esta 25 isla, y algunas perlas que yo tengo guardadas, esperando el dia, que ha de ser tan dichoso, que nos saque desta prision y nos lleue adonde con libertad y certeza, y sin escrupulo, seamos vnos de los del rebaño de Christo, en quien 30 adoro en aquella cruz que alli veis. Esto que he dicho, me parecio a mi era lo que le faltaua por
LIBRO I, CAPITVLO VI p. 47 dezir a mi señor Antonio --que assi se llamaua el español barbaro, el qual dixo: --Dizes verdad, Ricla mia --que este era el propio nombre de la barbara; con cuya variable historia admiraron a los presentes, y 5 despertaron mil alabanças que les dieron y mil buenas esperanças que les anunciaron, especialmente Auristela, que quedó aficionadissima a las dos barbaras, madre y hija. El moço barbaro, que tambien, como su padre, 10 se llamaua Antonio, dixo a esta sazon no ser bien estarse alli ociosos, sin dar traça y orden cómo salir de aquel encerramiento, porque si el fuego de la isla, que a mas andar ardia, sobrepujasse las altas sierras, o, traidas 15 del viento, cayessen en aquel sitio, todos se abrasarian. --Dizes verdad, hijo --respondio el padre. --Soy de parecer --dixo Ricla-- que aguardemos dos dias, porque de vna isla que está tan 20 cerca desta, que algunas vezes, estando el sol claro y el mar tranquilo, alcançó la vista a verla, della vienen a esta sus moradores a vender y a trocar lo que tienen con lo que tenemos, y a trueco por trueco. Yo saldre de aqui, y pues ya 25 no ay nadie que me escuche o que me impida, pues ni oyen ni impiden los muertos, concertaré que me vendan vna varca por el precio que quisieren, que la he menester para escaparme con mis hijos y mi marido, que encerrados en 30 vna cueua tengo, de la riguridad del fuego. Pero quiero que sepais que estas varcas son fabricadas
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 48 de madera, y cubiertas de cueros fuertes de animales, bastantes a defender que no entre agua por los costados; pero, a lo que he visto y notado, nunca ellos nauegan sino con mar sossegado, y no traen aquellos lienços que he visto 5 que traen otras varcas que suelen llegar a nuestras riberas a vender donzellas o varones para la vana supersticion que aureys oydo dezir que en esta isla ha muchos tiempos que se acostumbra, por donde vengo a entender que estas tales 10 varcas no son buenas para fiarlas del mar grande y de las borrascas y tormentas que dizen que suceden a cada paso. A lo que añadio Periandro: --¿No ha vsado el señor Antonio deste 15 remedio, en tantos años como ha que está aqui encerrado? --No --respondio Ricla--, porque no me han dado lugar los muchos ojos que miran para poder concertarme con los dueños de las varcas, 20 y por no poder hallar escusa que dar para la compra. --Assi es --dixo Antonio--, y no por no fiarme de la debilidad de los vaxeles; pero agora que me ha dado el cielo este consejo, pienso tomarle, 25 y mi hermosa Ricla estara atenta a ver quando vengan los mercaderes de la otra isla, y, sin reparar en precio, comprará vna varca con todo el necessario matalotage, diziendo que la quiere para lo que tiene dicho. 30 En resolucion, todos vinieron en este parecer, y, saliendo de aquel lugar, quedaron admirados
LIBRO I, CAPITVLO VI p. 49 de ver el estrago que el fuego auia hecho y las armas. Vieron mil diferentes generos de muertes, de quien la colera, sinrazon y enojo suelen ser inuentores; vieron assimismo que los barbaros que auian quedado viuos, recogiendose a 5 sus balsas, desde lexos estauan mirando el riguroso incendio de su patria, y algunos se auian passado a la isla que seruia de prision a los cautiuos. Quisiera Auristela que passaran a la isla, a ver si en la escura mazmorra quedauan algunos; 10 pero no fue menester, porque vieron venir vna balsa, y en ella hasta veynte personas, cuyo trage dio a entender ser los miserables que en la mazmorra estauan. Llegaron a la marina, besaron la tierra, y casi dieron muestras de 15 adorar el fuego, por auerles dicho el barbaro que los sacó del calabozo escuro, que la isla se abrasaua y que ya no tenian que temer a los barbaros. Fueron recebidos de los libres amigablemente, y consolados en la mejor manera que les 20 fue possible; algunos contaron sus miserias, y otros las dexaron en silencio, por no hallar palabras para dezirlas. Ricla se admiró de que huuiesse auido barbaro tan piadoso que los sacasse, y de que no huuiessen passado a la isla de 25 la prision parte de aquellos que a las balsas se auian recogido. Vno de los prisioneros dixo que, el barbaro que los auia libertado, en lengua italiana les auia dicho todo el sucesso miserable de la abrasada isla, aconsejandoles que 30 passassen a ella a satisfazerse de sus trabajos con el oro y perlas que en ella hallarian, y que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 50 el vendria, en otra balsa que alla quedaua, a tenerles compañia y a dar traça en su libertad. Los sucessos que contaron fueron tan diferentes, tan estraños y tan desdichados, que vnos les sacauan las lagrimas a los ojos, y otros la 5 risa del pecho. En esto vieron venir hazia la isla hasta seys varcas de aquellas de quien Ricla auia dado noticia; hizieron escala, pero no sacaron mercaderia alguna, por no parecer barbaro que la 10 comprasse. Concerto Ricla todas las varcas con las mercancias, sin tener intencion de lleuarlas. No quisieron venderle sino las quatro, porque les quedassen dos para voluerse. Hizose el precio con liberalidad notable, sin que en el huuiesse 15 tanto mas quanto. Fue Ricla a su cueua, y, en pedaços de oro no acuñado, como se ha dicho, pagó todo lo que quisieron. Dieron dos varcas a los que auian salido de la mazmorra, y en otras dos se embarcaron, en la vna todos los 20 bastimentos que pudieron recoger, con quatro personas de las rezien libres, y en la otra se entraron Auristela, Periandro, Antonio el padre y Antonio el hijo, con la hermosa Ricla y la discreta Transila, y la gallarda Constança, hija de 25 Ricla y de Antonio. Quiso Auristela yr a despedirse de los huessos de su querida Cloelia; acompañaronla todos; lloró sobre la sepultura, y, entre lagrimas de tristeza y entre muestras de alegria, boluieron a embarcarse, auiendo primero 30 en la marina hincadose de rodillas y suplicado al cielo, con tierna y deuota oracion, les
LIBRO I, CAPITVLO VI p. 51 diesse felice viage y los enseñasse el camino que tomarian. Siruio la varca de Periandro de capitana, a quien siguieron los demas, y, al tiempo que querian dar los remos al agua, porque velas no las tenian, llegó a la orilla del mar 5 vn barbaro gallardo, que a grandes vozes, en lengua toscana, dixo: --Si por ventura soys christianos los que vays en essas varcas, recoged a este que lo es, y por el verdadero Dios os lo suplica. 10 Vno de las otras varcas dixo: --Este barbaro, señores, es el que nos sacó de la mazmorra. Si quereis corresponder a la bondad que parece que teneis --y esto encaminando su plática a los de la varca primera--, 15 bien será que le pagueis el bien que nos hizo con el que le hazeis recogiendole en nuestra compañia. Oyendo lo qual Periandro, le mandó llegasse su varca a tierra, y le recogiesse en la que 20 lleuaua los bastimentos. Hecho esto, alçaron las vozes con alegres acentos, y, tomando los remos en las manos, dieron alegre principio a su viage.
p. 52 CAPITVLO SEPTIMO del primer libro Quatro millas, poco mas o menos, aurian nauegado las quatro varcas, quando descubrieron vna poderosa naue que, con todas las velas 5 tendidas y viento en popa, parecia que venía a embestirles. Periandro dixo, auiendola visto: --Sin duda, este nauio deue de ser el de Arnaldo, que buelue a saber de mi sucesso, y tuuieralo yo por muy bueno agora no verle. 10 Auia ya contado Periandro a Auristela todo lo que con Arnaldo le auia passado, y lo que entre los dos dexaron concertado. Turbóse Auristela, que no quisiera voluer al poder de Arnaldo, de quien auia dicho, aunque breue y 15 sucintamente, lo que en vn año que estuuo en su poder le auia acontecido. No quisiera ver juntos a los dos amantes, que, puesto que Arnaldo estaria seguro con el fingido hermanazgo suyo y de Periandro, todauia el temor de que podia ser 20 descubierto el parentesco la fatigaua, y mas que ¿quién le quitaria a Periandro no estar zeloso, viendo a los ojos tan poderoso contrario? Que no ay discrecion que valga ni amorosa fee que assegure al enamorado pecho, quando, por su 25 desuentura, entran en el zelosas sospechas. Pero de todas estas le asseguró el viento, que voluio
LIBRO I, CAPITVLO VII p. 53 en vn instante el soplo que daua de lleno y en popa a las velas en contrario, de modo que a vista suya, y en vn momento breue, dexó la naue derribar las velas de alto a baxo, y en otro instante casi inuisible las hizaron y leuantaron hasta 5 las gauias, y la naue començo a correr en popa por el contrario rumbo que venía, alongandose de las varcas con toda priessa. Respiró Auristela, cobró nueuo aliento Periandro; pero los demas que en las varcas yuan quisieran mudarlas, 10 entrandose en la naue, que, por su grandeza, mas seguridad de las vidas y mas felice viage pudiera prometerles. En menos de dos horas se les encubrio la naue, a quien quisieran seguir, si pudieran; mas no les fue possible, ni pudieron 15 hazer otra cosa que encaminarse a vna isla cuyas altas montañas, cubiertas de nieue, hazian parecer que estauan cerca, distando de alli mas de seys leguas. Cerraua la noche, algo escura; picaua el viento largo y en popa, que fue aliuio 20 a los braços, que, voluiendo a tomar los remos, se dieron priessa a tomar la isla. La media noche sería, segun el tanteo que el barbaro Antonio hizo del norte y de las guardas, quando llegaron a ella, y, por herir blandamente 25 las aguas en la orilla, y ser la ressaca de poca consideracion, dieron con las varcas en tierra, y, a fuerça de braços, las vararon. Era la noche fria, de tal modo, que les obligó a buscar reparos para el yelo; pero no hallaron ninguno. Ordenó 30 Periandro que todas las mugeres se entrassen en la varca capitana, y, apiñandose en ella, con la
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 54 compañia y estrecheza, templassen el frio; hizose assi, y los hombres hizieron cuerpo de guarda a la varca, passeandose como centinelas de vna parte a otra, esperando el dia para descubrir en qué parte estauan, porque no pudieron 5 saber por entonces si era o no despoblada la isla; y como es cosa natural que los cuydados destierran el sueño, ninguno de aquella cuydadosa compañia pudo cerrar los ojos, lo qual visto por el barbaro Antonio, dixo al barbaro 10 italiano que, para entretener el tiempo y no sentir tanto la pesadumbre de la mala noche, fuesse seruido de entretenerles contandoles los sucessos de su vida, porque no podian dexar de ser peregrinos y raros, pues en tal trage y en tal 15 lugar le auian puesto. --Hare yo esso de muy buena gana --respondio el barbaro italiano--, aunque temo que, por ser mis desgracias tantas, tan nueuas y tan extraordinarias, no me aueis de dar credito alguno. 20 A lo que dixo Periandro: --En las que a nosotros nos han sucedido, nos hemos ensayado y dispuesto a creer quantas nos contaren, puesto que tengan mas de lo impossible que de lo verdadero. 25 --Lleguemonos aqui --respondio el barbaro--, al borde desta varca donde estan estas señoras; quiça alguna, al son de la voz de mi cuento, se quedará dormida, y quiça alguna, desterrando el sueño, se mostrará compasiua: que es 30 aliuio al que cuenta sus desuenturas, ver o oyr que ay quien se duela dellas.
LIBRO I, CAPITVLO VII p. 55 --A lo menos, por mi --respondio Ricla de dentro de la varca--, y, a pesar del sueño, tengo lagrimas que ofrecer a la compassion de vuestra corta suerte, del largo tiempo de vuestras fatigas. 5 Casi lo mismo dixo Auristela, y assi, todos rodearon la varca, y con atento oido estuuieron escuchando lo que el que parecia barbaro dezia, el qual començo su historia desta manera:
p. 56 CAPITVLO OCTAVO Donde Rutilio da cuenta de su vida. --Mi nombre es Rutilio; mi patria, Sena, vna(s) de las mas famosas ciudades de Italia; mi oficio, maestro de dançar, vnico en el, y 5 venturoso, si yo quisiera. Auia en Sena vn cauallero rico, a quien el cielo dio vna hija mas hermosa que discreta, a la qual trató de casar su padre con vn cauallero florentin, y, por entregarsela adornada de gracias adquiridas, ya que las del 10 entendimiento le faltauan, quiso que yo la enseñasse a dançar: que la gentileza, gallardia y disposicion del cuerpo, en los bayles honestos mas que en otros pasos se señalan, y a las damas principales les está muy bien saberlos, para las 15 ocasiones forçosas que les pueden suceder. Entré a enseñarla los mouimientos del cuerpo; pero mouila los del alma, pues, como no discreta, como he dicho, rindio la suya a la mia, y la suerte, que de corriente larga traia encaminadas mis 20 desgracias, hizo que, para que los dos nos gozassemos, yo la sacasse de en casa de su padre y la lleuasse a Roma. Pero como el amor no da baratos sus gustos, y los delitos lleuan a las espaldas el castigo, pues siempre se teme, en el 25 camino nos prendieron a los dos, por la diligencia que su padre puso en buscarnos. Su confession
LIBRO I, CAPITULO VIII p. 57 y la mia, que fue dezir que yo lleuaua a mi esposa, y ella se yua con su marido, no fue bastante para no agrauar mi culpa, tanto, que obligó al juez, mouio y conuencio a sentenciarme a muerte. Apartaronme en la prision con los ya 5 condenados a ella por otros delitos no tan honrados como el mio. ”Visitóme en el calaboço vna muger que dezian estaua presa por fatucherie, que en castellano se llaman hechizeras, que la alcaydesa de 10 la carcel auia hecho soltar de las prisiones y lleuadola a su aposento, a título de que con yeruas y palabras auia de curar a vna hija suya de vna enfermedad que los medicos no acertauan a curarla. Finalmente, por abreuiar mi 15 historia, pues no ay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo, lo parezca, viendome yo atado y con el cordel a la garganta, sentenciado al suplicio, sin orden ni esperança de remedio, di el si a lo que la hechizera me 20 pidio de ser su marido si me sacaua de aquel trabajo. Dixome que no tuuiesse pena, que aquella misma noche del dia que sucedio esta plática, ella romperia las cadenas y los cepos, y, a pesar de otro qualquier impedimento, me 25 pondria en libertad, y en parte donde no me pudiessen ofender mis enemigos, aunque fuessen muchos y poderosos. Tuuela, no por hechizera, sino por angel que embiaua el cielo para mi remedio; esperé la noche, y, en la 30 mitad de su silencio, llegó a mi y me dixo que assiesse de la punta de vna caña que me puso
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 58 en la mano, diziendome la siguiesse. Turbéme algun tanto; pero como el interes era tan grande, moui los pies para seguirla, y hallélos sin grillos y sin cadenas, y las puertas de toda la prision de par en par abiertas, y los prisioneros 5 y guardas en profundissimo sueño sepultados. En saliendo a la calle, tendio en el suelo mi guiadora vn manto, y mandandome que pusiesse los pies en el, me dixo que tuuiesse buen ánimo, que por entonces dexasse mis deuociones 10 (*); luego vi mala señal, luego conoci que queria lleuarme por los ayres, y aunque, como christiano bien enseñado, tenia por burla todas estas hechizerias, como es razon que se tengan, todauia el peligro de la muerte, como ya he dicho, 15 me dexó atropellar por todo, y, en fin, puse los pies en la mitad del manto, y ella ni mas ni menos, murmurando vnas razones que yo no pude entender, y el manto començo a leuantarse en el ayre, y yo comence a temer poderosamente, 20 y en mi coraçon no tuuo santo la letania a quien no llamasse en mi ayuda. Ella deuio de conocer mi miedo y presentir mis rogatiuas, y voluiome a mandar que las dexasse. “¡Desdichado de mi! --dixe--. ¿Qué bien puedo esperar 25 si se me niega el pedirle a Dios, de quien todos los bienes vienen?” En resolucion, cerre los ojos y dexéme lleuar de los diablos, que no son otras las postas de las hechizeras, y, al parecer, quatro horas o poco mas auia volado, 30 quando me hallé al crepusculo del dia en vna tierra no conocida. Tocó el manto el suelo, y mi
LIBRO I, CAPITVLO VIII p. 59 guiadora me dixo: “En parte estás, amigo Rutilio, que todo el genero humano no podra ofenderte.” Y diziendo esto, començo a abraçarme no muy honestamente; apartéla de mi con los braços, y, como mejor pude, diuisé que la que 5 me abraçaua era vna figura de lobo, cuya vision me elo el alma, me turbó los sentidos y dio con mi mucho ánimo al traues; pero como suele acontecer que, en los grandes peligros, la poca esperança de vencerlos saca del ánimo desesperadas 10 fuerças, las pocas mias me pusieron en la mano vn cuchillo que a caso en el seno traia, y con furia y rabia se le hinqué por el pecho a la que pense ser loba, la qual, cayendo en el suelo, perdio aquella fea figura, y hallé muerta 15 y corriendo sangre a la desuenturada encantadora. ”Considerad, señores, quál quedaria yo, en tierra no conocida y sin persona que me guiasse. Estuue esperando el dia muchas horas; pero 20 nunca acabaua de llegar, ni por los orizontes se descubria señal de que el sol viniesse. Apartéme de aquel cadauer, porque me causaua horror y espanto el tenerle cerca de mi. Voluia muy a menudo los ojos al cielo, contemplaua el 25 mouimiento de las estrellas, y pareciame, segun el curso que auian hecho, que ya auia de ser de dia. Estando en esta confusion, oi que venía hablando, por junto de donde estaua, alguna gente, y assi fue verdad; y, saliendoles al 30 encuentro, les pregunté en mi lengua toscana que me dixessen qué tierra era aquella, y vno de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 60 ellos, assimismo en italiano, me respondio: “Esta tierra es Noruega; pero ¿quién eres tu que lo preguntas, y en lengua que en estas partes ay muy pocos que la entiendan?” “Yo soy --respondi-- vn miserable que, por huyr de la 5 muerte, he venido a caer en sus manos.” Y en breues razones le di cuenta de mi viage, y aun de la muerte de la hechizera. Mostro condolerse el que me hablaua, y dixome: “Puedes, buen hombre, dar infinitas gracias al cielo por auerte 10 librado del poder destas maleficas hechizeras, de las quales ay mucha abundancia en estas setentrionales partes. Cuentase dellas que se conuierten en lobos, assi machos como hembras, porque de entrambos generos ay maleficos y 15 encantadores (*). Cómo esto pueda ser, yo lo ignoro, y como christiano que soy catolico, no lo creo; pero la esperiencia me muestra lo contrario. Lo que puedo alcançar, es que todas estas transformaciones son ilusiones del demonio, y 20 permission de Dios y castigo de los abominables pecados deste maldito genero de gente.” Preguntéle qué hora podria ser, porque me parecia que la noche se alargaua y el dia nunca venía. Respondiome que en aquellas partes remotas se 25 repartia el año en quatro tiempos: tres meses auia de noche escura, sin que el sol pareci[e]sse en la tierra en manera alguna; y tres meses auia de crepusculo del dia, sin que bien fuesse noche ni bien fuesse dia; otros tres meses auia 30 de dia claro continuado, sin que el sol se escondiesse; y otros tres de crepusculo de la noche;
LIBRO I, CAPITVLO VIII p. 61 y que la sazon en que estauan era la del crepusculo del dia: assi que, esperar la claridad del sol, por entonces era esperança vana, y que tambien lo sería esperar yo voluer a mi tierra tan presto, si no fuesse quando llegasse la sazon 5 del dia grande, en la qual parten nauios de estas partes a Inglaterra, Francia y España con algunas mercancias. Preguntóme si tenia algun oficio en que ganar de comer, mientras llegaua tiempo de voluerme a mi tierra. Dixele que era 10 baylarin, y grande hombre de hazer cabriolas, y que sabía jugar de manos sutilissimamente. Rióse de gana el hombre, y me dixo que aquellos exercicios o oficios, o como llamarlos quisiesse, no corrian en Noruega ni en todas aquellas 15 partes. Preguntóme si sabria oficio de orifice. Dixele que tenia habilidad para aprender lo que me enseñasse. “Pues venios, hermano, conmigo, aunque primero será bien que demos sepultura a esta miserable.” 20 ”Hizimoslo assi, y lleuóme a vna ciudad donde toda la gente andaua por las calles con palos de tea encendidos en las manos, negociando lo que les importaua. Preguntéle en el camino que cómo o quándo auia venido a aquella tierra, y 25 que si era verdaderamente italiano. Respondio que vno de sus passados abuelos se auia casado en ella, viniendo de Italia a negocios que le importauan, y a los hijos que tuuo les enseñó su lengua, y de vno en otro se estendio por todo su 30 linage, hasta llegar a el, que era vno de sus quartos nietos: “y assi, como vezino y morador tan
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 62 antiguo, lleuado de la aficion de mis hijos y muger, me he quedado hecho carne y sangre entre esta gente, sin acordarme de Italia ni de los parientes que alla dixeron mis padres que tenian.” ”Contar yo aora la casa donde entré, la muger 5 e hijos que hallé, y criados --que tenia muchos--, el gran caudal, el recibimiento y agassajo que me hizieron, sería proceder en infinito; basta dezir, en suma, que yo aprendi su oficio, y en pocos meses ganaua de comer por mi trabajo. 10 En este tiempo se llegó el de llegar el dia grande, y mi amo y maestro --que assi le puedo llamar-- ordenó de lleuar gran cantidad de su mercancia a otras islas por alli cercanas y a otras bien apartadas. Fuime con el, assi por curiosidad, 15 como por vender algo que ya tenia de caudal, en el qual viage vi cosas dignas de admiracion y espanto, y otras de risa y contento: noté costumbres, aduerti en ceremonias no vistas y de ninguna otra gente vsadas; en fin, a cabo de 20 dos meses, corrimos vna borrasca que nos duró cerca de quarenta dias, al cabo de los quales dimos en esta isla de donde oy salimos, entre vnas peñas, donde nuestro vaxel se hizo pedaços, y ninguno de los que en el venian quedó viuo 25 sino yo.
p. 63 CAPITVLO NONO Donde Rutilio prosigue la historia de su vida. ”Lo primero que se me ofrecio a la vista, antes que viesse otra cosa alguna, fue vn barbaro pendiente y ahorcado de vn arbol, por 5 donde conoci que estaua en tierra de barbaros saluages, y luego el miedo me puso delante mil generos de muertes, y, no sabiendo qué hazerme, alguna o todas juntas las tenia (*) y las esperaua. En fin, como la necessidad, segun se dize, 10 es maestra de sutilizar el ingenio, di en vn pensamiento harto extraordinario, y fue que descolgue al barbaro del arbol, y, auiendome desnudado de todos mis vestidos, que enterre en la arena, me vesti de los suyos, que me vinieron 15 bien, pues no tenian otra hechura que ser de pieles de animales, no cossidos ni cortados a medida, sino ceñidos por el cuerpo, como lo aueis visto. Para dissimular la lengua, y que por ella no fuesse conocido por estrangero, me fingi 20 mudo y sordo, y con esta industria me entré por la isla adentro, saltando y haziendo cabriolas en el ayre. ”A poco trecho descubri vna gran cantidad de barbaros, los quales me rodearon, y en su 25 lengua vnos y otros, con gran priessa, me preguntaron --a lo que despues aca he entendido--
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 64 quién era, cómo me llamaua, adónde venía y adónde yua. Respondiles con callar y hazer todas las señales de mudo mas aparentes que pude, y luego reyteraua los saltos y menudeaua las cabriolas. Salime de entre ellos; siguieronme 5 los muchachos, que no me dexauan adondequiera que yua. Con esta industria passé por barbaro y por mudo, y los muchachos, por verme saltar y hazer gestos, me dauan de comer de lo que tenian. Desta manera he passado tres 10 años entre ellos, y aun passara todos los de mi vida sin ser conocido. Con la atencion y curiosidad, noté su lengua y aprendi mucha parte de ella; supe la profecia que de la duracion de su reyno tenia profetizada vn antiguo y sabio 15 barbaro a quien ellos dauan gran credito; he visto sacrificar algunos varones para hazer la esperiencia de su cumplimiento, y he visto comprar algunas donzellas para el mismo efeto, hasta que sucedio el incendio de la isla que 20 vosotros, señores, aueis visto. Guardéme de las llamas; fuy a dar auiso a los prisioneros de la mazmorra donde vosotros, sin duda, aureis estado; vi estas varcas, acudi a la marina, hallaron en vuestros generosos pechos lugar mis ruegos, 25 recogistesme en ellas, por lo que os doy infinitas gracias, y agora espero en la del cielo, que, pues nos sacó de tanta miseria a todos, nos ha de dar en este que pretendemos felicissimo viage. 30 Aqui dio fin Rutilio a su plática, con que dexó admirados y contentos a los oyentes. Llegóse
LIBRO I, CAPITVLO IX p. 65 el dia, aspero, turbio, y con señales de nieue muy ciertas. Diole Auristela a Periandro lo que Cloelia le auia dado la noche que murio, que fueron dos pelotas de cera, que la vna, como se vio, cubria vna cruz de diamantes, tan rica, que 5 no acertaron a estimarla, por no agrauiar su valor, y la otra, dos perlas redondas, assimismo de inestimable precio. Por estas joyas vinieron en conocimiento de que Auristela y Periandro eran gente principal, puesto que mejor declaraua 10 esta verdad su gentil disposicion y agradable trato. El barbaro Antonio, viniendo el dia, se entró vn poco por la isla; pero no descubrio otra cosa que montañas y sierras de nieue, y, voluiendo a las varcas, dixo que la isla era 15 despoblada, y que conuenia partirse de alli luego a buscar otra parte donde recogerse del frio gue amenazaua y proueerse de los mantenimientos que presto le harian falta. Echaron con presteza las varcas al agua, embarcaronse todos, y pusieron 20 las proas en otra isla que no lexos de alli se descubria. En esto, yendo nauegando con el espacio que podian prometer dos remos, que no lleuaua mas cada varca, oyeron que de la vna de las otras dos salia vna voz blanda, suaue, de 25 manera que les hizo estar atentos a escuchalla. Notaron, especialmente el barbaro Antonio el padre que notó, que lo que se cantaua era en lengua portuguessa, que el sabía muy bien. Calló la voz, y de alli a poco boluio a cantar en 30 castellano, y no a otro tono de instrumentos, que al de remos que sesgamente por el tranquilo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 66 mar las varcas impelian, y notó que lo que cantaron fue esto: Mar sesgo, viento largo, estrella clara, camino, aunque no vsado, alegre y cierto, al hermoso, al seguro, al capaz puerto 5 lleuan la naue vuestra, vnica y rara. En Scylas ni en Caribdis no repara, ni en peligro que el mar tenga encubierto, siguiendo su derrota al descubierto, que limpia honestidad su curso para. 10 Con todo, si os faltare la esperança del llegar a este puerto, no por esso gireis las velas, que será simpleza. Que es enemigo amor de la mudança (*), y nunca tuuo próspero sucesso 15 el que no se quilata en la firmeza. La barbara Ricla dixo, en callando la voz: --Despacio deue de estar y ocioso el cantor que en semejante tiempo da su voz a los vientos. 20 Pero no lo juzgaron assi Periandro y Auristela, porque le tuuieron por mas enamorado que ocioso al que cantado auia: que los enamorados facilmente reconcilian los animos, y trauan amistad con los que conocen que padecen su 25 misma enfermedad. Y assi, con licencia de los demas que en su varca venian, aunque no fuera menester pedirla, hizo que el cantor se passasse a su varca, assi por gozar de cerca de su voz,
LIBRO I, CAPITVLO IX p. 67 como saber de sus sucessos; porque persona que en tales tiempos cantaua, o sentia mucho, o no tenia sentimiento alguno. Iuntaronse las varcas, passó el musico a la de Periandro, y todos los della le hizieron agradable recogida. 5 En entrando el musico, en medio portugues y en medio castellano, dixo: --Al cielo, y a vosotros, señores, y a mi voz, agradezco esta mudança y esta mejora de nauio, aunque creo que con mucha breuedad le 10 dexaré libre de la carga de mi cuerpo, porque las penas que siento en el alma, me van dando señales de que tengo la vida en sus vltimos terminos. --Mejor lo hara el cielo --respondio Periandro--, 15 que, pues yo soy viuo, no aura trabajos que puedan matar a alguno. --No sería esperança aquella --dixo a esta sazon Auristela-- a que pudiessen contrastar y derribar infortunios, pues assi como la luz 20 resplandece mas en las tinieblas, assi la esperança ha de estar mas firme en los trabajos: que, el desesperarse en ellos, es accion de pechos cobardes, y no ay mayor pusilanimidad ni baxeza que entregarse el trabajado, por mas que lo sea, 25 a la desesperacion. --El alma ha de estar --dixo Periandro-- el vn pie en los labios y el otro en los dientes, si es que hablo con propiedad, y no ha de dexar de esperar su remedio, porque sería agrauiar a 30 Dios, que no puede ser agrauiado, poniendo tassa y coto a sus infinitas misericordias.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 68 --Todo es assi --respondio el musico--, y yo lo creo, a despecho y pesar de las esperiencias que en el discurso de mi vida en mis muchos males tengo hechas. No por estas pláticas dexauan de vogar, de 5 modo que, antes de anochecer, con dos horas, llegaron a vna isla tambien despoblada, aunque no de arboles, porque tenia muchos, y llenos de fruto que, aunque passado de sazon y seco, se dexaua comer. Saltaron todos en tierra, en la 10 qual vararon las varcas, y con gran priessa se dieron a desgajar arboles y hazer vna gran varraca para defenderse aquella noche del frio; hizieron assimismo fuego, ludiendo dos secos palos el vno con el otro, artificio tan sabido 15 como vsado, y, como todos trabajauan, en vn punto se vio leuantada la pobre maquina, donde se recogieron todos, supliendo con mucho fuego la incomodidad del sitio, pareciendoles aquella choça dilatado alcaçar. Satisfazieron la 20 hambre, y acomodaranse a dormir luego, si el desseo que Periandro tenia de saber el sucesso del musico, no lo estoruara, porque le rogo, si era possible, les hiziesse sabidores de sus desgracias, pues no podian ser venturas las que en 25 aquellas partes le auian traido. Era cortés el cantor, y assi, sin hazerse de rogar, dixo:
p. 69 CAPITVLO DIEZ De lo que conto el enamorado portugues. --Con mas breues razones de las que sean possibles dare fin a mi cuento, con darle al de mi vida, si es que tengo de dar credito a cierto 5 sueño que la passada noche me turbó el alma. Yo, señores, soy portugues de nacion, noble en sangre, rico en los bienes de fortuna, y no pobre en los de naturaleza; mi nombre es Manuel de Sosa Coitiño (*); mi patria, Lisboa; y mi 10 exercicio, el de soldado. Iunto a las casas de mis padres, casi pared en medio, estaua la de otro cauallero del antiguo linage de los Pereiras, el qual tenia sola vna hija, vnica heredera de sus bienes, que eran muchos, baculo y esperança 15 de la prosperidad de sus padres; la qual, por el linage, por la riqueza, y por la hermosura, era desseada de todos los mejores del reyno de Portugal; y yo, que, como mas vezino de su casa, tenia mas comodidad de verla, la miré, la 20 conoci y la adoré con vna esperança, mas dudosa que cierta, de que podria ser viniesse a ser mi esposa; y por ahorrar de tiempo, y por entender que con ella auian de valer poco requiebros, promesas ni dadiuas, determiné de 25 que vn pariente mio se la pidiesse a sus padres para esposa mia, pues ni en el linage, ni en la
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 70 hazienda, ni aun en la edad, diferenciauamos en nada. La respuesta que truxo fue que su hija Leonora aun no estaua en edad de casarse; que dexasse passar dos años, que le daua la palabra de no disponer de su hija en todo aquel tiempo 5 sin hazerme sabidor dello. Lleué este primer golpe en los ombros de mi paciencia y en el escudo de la esperança; pero no dexé por esto de seruirla publicamente a sombra de mi honesta pretension, que luego se supo por toda la 10 ciudad; pero ella, retirada en la fortaleza de su prudencia y en los retretes de su recato, con honestidad y licencia de sus padres, admitia mis seruicios, y daua a entender que, si no los agradecia con otros, por lo menos, no los 15 desestimaua. ”Sucedio que, en este tiempo, mi rey me embió por capitan general a vna de las fuerças que tiene en Berberia, oficio de calidad y de confiança. Llegóse el dia de mi partida, y pues 20 en el no llegó el de mi muerte, no ay ausencia que mate ni dolor que consuma. Hablé a su padre, hizele que me voluiesse a dar la palabra de la espera de los dos años; tuuome lástima, porque era discreto, y consintio que me despidiesse 25 de su muger y de su hija Leonor, la qual, en compañia de su madre, salio a verme a vna sala, y salieron con ella la honestidad, la gallardia y el silencio. Pasméme quando vi tan cerca de mi tanta hermosura; quise hablar, y anudóseme la 30 voz a la garganta y pegóseme al paladar la lengua, y, ni supe, ni pude hazer otra cosa que callar,
LIBRO I, CAPITVLO X p. 71 y dar con mi silencio indicio de mi turbacion, la qual vista por el padre, que era tan cortés como discreto, se abraçó conmigo y dixo: “Nunca, señor Manuel de Sosa, los dias de partida dan licencia a la lengua que se desmande, 5 y puede ser que este silencio hable en su fauor de vuessa merced mas que alguna otra retorica. Vuessa merced vaya a exercer su cargo, y vuelua en buen punto, que yo no faltaré ninguno en lo que tocare a seruirle. Leonora, mi 10 hija, es obediente, y mi muger dessea darme gusto, y yo tengo el desseo que he dicho: que, con estas tres cosas, me parece que puede esperar vuessa merced buen sucesso en lo que desseo.” Estas palabras todas me quedaron en la 15 memoria y en el alma impressas de tal manera, que no se me han oluidado (*), ni se me oluidarán en tanto que la vida me durare. Ni la hermosa Leonora ni su madre me dixeron palabra, ni yo pude, como he dicho, dezir alguna. Partime a 20 Berberia; exercité mi cargo, con satisfacion de mi rey, dos años; volui a Lisboa; hallé que la fama y hermosura de Leonora auia salido ya de los límites de la ciudad y del reyno, y estendidose por Castilla y otras partes, de las quales 25 venian embaxadas de principes y señores que la pretendian por esposa; pero como ella tenia la voluntad tan sugeta a la de sus padres, no miraua si era o no solicitada. ”En fin, viendo yo passado el término de los 30 dos años, volui a suplicar a su padre me la diesse por esposa. ¡Ay de mi, que no es possible que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 72 me detenga en estas circunstancias, porque a las puertas de mi vida está llamando la muerte, y temo que no me ha de dar espacio para contar mis desuenturas: que, si assi fuesse, no las tendria yo por tales! Finalmente, vn dia me 5 auisaron que, para vn domingo venidero, me entregarian a mi desseada Leonora, cuya nueua faltó poco para no quitarme la vida de contento. Combidé a mis parientes, llamé a mis amigos, hize galas, embié presentes, con todos los requisitos 10 que pudiessen mostrar ser yo el que me casaua, y Leonora la que auia de ser mi esposa. Llegóse este dia, y yo fuy acompañado de todo lo mejor de la ciudad a vn monasterio de monjas que se llama de la Madre de Dios, adonde me dixeron 15 que mi esposa, desde el dia de antes, me esperaua: que auia sido su gusto que en aquel monasterio se celebrasse su desposorio, con licencia del arçobispo de la ciudad. Detuuose algun tanto el lastimado cauallero, 20 como para tomar aliento de proseguir su plática, y luego dixo: --Llegué al monasterio, que real y pomposamente estaua adornado; salieron (*) a recebirme casi toda la gente principal del reyno, que alli 25 aguardandome estaua, con infinitas señoras de la ciudad de las mas principales; hundiase el templo de musica, assi de vozes como de instrumentos, y en esto salio por la puerta del claustro la sin par Leonora, acompañada de la priora 30 y de otras muchas monjas, vestida de raso blanco acuchillado, con saya entera a lo castellano,
LIBRO I, CAPITVLO X p. 73 tomadas las cuchilladas con ricas y gruessas perlas. Venía forrada la saya en tela de oro verde; traia los cabellos sueltos por las espaldas, tan rubios, que deslumbrauan los del sol, y tan luengos, que casi besauan la tierra; la cintura, collar 5 y anillos que traia, opiniones huuo que valian vn reyno; torno a dezir que salio tan bella, tan costosa, tan gallarda y tan ricamente compuesta y adornada, que causó inuidia en las mugeres y admiracion en los hombres. De mi se dezir que 10 quedé tal con su vista, que me hallé indigno de merecerla, por parecerme que la agrauiaua, aunque yo fuera el emperador del mundo. ”Estaua hecho vn modo de teatro en mitad del cuerpo de la iglesia, donde desenfadadamente, 15 y sin que nadie lo empachasse, se auia de celebrar nuestro desposorio. Subio en el primero la hermosa donzella, donde al descubierto mostro su gallardia y gentileza; parecio a todos los ojos que la mirauan lo que suele parecer la 20 bella aurora al despuntar del dia, o lo que dizen las antiguas fabulas que parecia la casta Diana en los bosques; y algunos creo que huuo tan discretos, que no la acertaron a comparar sino a si misma. Subi yo al teatro, pensando que subia 25 a mi cielo, y, puesto de rodillas ante ella, casi di demostracion de adorarla. Alçóse vna voz en el templo, procedida de otras muchas, que dezia: “Viuid felices y luengos años en el mundo, ¡o dichosos y bellissimos amantes!; coronen 30 presto hermosissimos hijos vuestra mesa, y a largo andar se dilate vuestro amor en vuestros
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 74 nietos; no sepan los rabiosos zelos ni las dudosas sospechas la morada de vuestros pechos; rindase la inuidia a vuestros pies, y la buena fortuna no acierte a salir de vuestra casa.” Todas estas razones y deprecaciones santas me 5 colmauan el alma de contento, viendo con qué gusto general lleuaua el pueblo mi ventura. En esto, la hermosa Leonora me tomó por la mano, y assi, en pie como estauamos, alçando vn poco la voz, me dixo: “Bien sabeis, señor Manuel de 10 Sosa, cómo mi padre os dio palabra que no dispondria de mi persona en dos años, que se auian de contar desde el dia que me pedistes fuesse yo vuestra esposa; y tambien, si mal no me acuerdo, os dixe yo, viendome acossada de 15 vuestra solicitud, y obligada de los infinitos beneficios que me aueis hecho, mas por vuestra cortesia que por mis merecimientos, que yo no tomaria otro esposo en la tierra sino a vos. Esta palabra mi padre os la ha cumplido, como aueis 20 visto, y yo os quiero cumplir la mia, como vereis; y assi, porque se que los engaños, aunque sean honrosos y prouechosos, tienen vn no se qué de traicion quando se dilatan y entretienen, quiero, del que os parecera que os he hecho, 25 sacaros en este instante. Yo, señor mio, soy casada, y en ninguna manera, siendo mi esposo viuo, puedo casarme con otro; yo no os dexo por ningun hombre de la tierra, sino por vno del cielo, que es Iesu Christo, Dios y hombre 30 verdadero: el es mi esposo, a el le di la palabra primero que a vos; a el sin engaño y de toda
LIBRO I, CAPITVLO X p. 75 mi voluntad, y a vos con dissimulacion y sin firmeza alguna. Yo confiesso que, para escoger esposo en la tierra, ninguno os pudiera ygualar; pero, auiendole de escoger en el cielo, ¿quién como Dios? Si esto os parece traicion o 5 descomedido trato, dadme la pena que quisieredes y el nombre que se os antojare, que no aura muerte, promesa o amenaza que me aparte del crucificado esposo mio.” Calló, y al mismo punto la priora y las otras monjas començaron a 10 desnudarla y a cortarle la preciosa madexa de sus cabellos. Yo enmudeci, y, por no dar muestra de flaqueza, tuue cuenta con reprimir las lagrimas que me venian a los ojos; y hincandome otra vez de rodillas ante ella, casi por fuerça le besé 15 la mano; y ella, christianamente compasiua, me hechó los braços al cuello; alcéme en pie, y, alçando la voz de modo que todos me oyessen, dixe: “Maria optimam partem elegit” (*). Y diziendo esto, me baxé del teatro, y, acompañado 20 de mis amigos, me volui a mi casa, adonde, yendo y viniendo con la imaginacion en este estraño sucesso, vine casi a perder el juyzio; y aora, por la misma causa, vengo a perder la vida. Y, dando vn gran suspiro, se le salio el alma, 25 y dio consigo en el suelo.
p. 76 CAPITVLO ONZENO del primer libro Acudio con presteza Periandro a verle, y halló que auia espirado de todo punto, dexando a todos confusos y admirados del triste y no 5 imaginado sucesso. --Con este sueño --dixo a esta sazon Auristela-- se ha escusado este cauallero de contarnos qué le sucedio en la passada noche, los trances por donde vino a tan desastrado término 10 y a la prision de los barbaros, que, sin duda, deuian de ser casos tan desesperados como peregrinos. A lo que añadio el barbaro Antonio: --¿Por marauilla ay desdichado solo que lo 15 sea en sus desuenturas? Compañeros tienen las desgracias, y por aqui o por alli siempre son grandes, y entonces lo dexan de ser, quando acaban con la vida del que las padece. Dieron luego orden de enterralle como mejor 20 pudieron: siruiole de mortaja su mismo vestido; de tierra, la nieue; y de cruz, la que le hallaron en el pecho en vn escapulario, que era la de Christus, por ser cauallero de su hábito; y no fuera menester hallarle esta honrosa señal para 25 enterarse de su nobleza, pues las auian dado bien claras su graue presencia y razonar discreto.
LIBRO I, CAPITVLO XI p. 77 No faltaron lagrimas que le acompañassen, porque la compassion hizo su oficio, y las sacó de todos los ojos de los circunstantes. Amanecio en esto; voluieron las varcas al agua, pareciendoles que el mar les esperaua sossegado y 5 blando, y, entre tristes y alegres, entre temor y esperança, siguieron su camino, sin lleuar parte cierta adonde encaminalle. Estan todos aquellos mares casi cubiertos de islas, todas o las mas despobladas, y las que tienen gente, es rustica 10 y medio barbara, de poca vrbanidad y de coraçones duros e insolentes; y, con todo esto, desseauan topar alguna que los acogiesse, porque imaginauan que no podian ser tan crueles sus moradores, que no lo fuessen mas las montañas 15 de nieue y los duros y asperos riscos de las que atras dexauan. Diez dias mas nauegaron, sin tomar puerto, playa o abrigo alguno, dexando a entrambas partes, diestra y siniestra, islas pequeñas que no prometian estar pobladas de 20 gente, puesta la mira en vna gran montaña que a la vista se les ofrecia, y pugnauan con todas sus fuerças llegar a ella con la mayor breuedad que pudiessen, porque ya sus varcas hazian agua, y los bastimentos, a mas andar, yuan 25 faltando. En fin, mas con la ayuda del cielo, como se deue creer, que con las de sus braços, llegaron a la desseada isla, y vieron andar dos personas por la marina, a quien con grandes vozes preguntó 30 Transila qué tierra era aquella, quién la gouernaua, y si era de christianos catolicos.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 78 Respondieronle, en lengua que el[la] entendio, que aquella isla se llamaua Golandia (*), y que era de catholicos, puesto que estaua despoblada, por ser tan poca la gente que tenia, que no ocupaua mas de vna casa que seruia de meson a la 5 gente que llegaua a vn puerto (que) detras de vn peñon que señaló con la mano: “Y si vosotros, quienquiera que seais, quereis repararos de algunas faltas, seguidnos con la vista, que nosotros os pondremos en el puerto.” Dieron gracias 10 a Dios los de las varcas, y siguieron por la mar a los que los guiauan por la tierra, y, al voluer del peñon que les auian señalado, vieron vn abrigo que podia llamarse puerto, y en el hasta diez o doze vaxeles, dellos chicos, dellos 15 medianos y dellos grandes, y fue grande la alegria que de verlos recibieron, pues les daua esperança de mudar de nauios, y seguridad de caminar con certeza a otras partes. Llegaron a tierra; salieron assi gente de los nauios como 20 del meson a recebirles; saltó en tierra, en ombros de Periandro y de los dos barbaros, padre e hijo, la hermosa Auristela, vestida con el vestido y adorno con que fue Periandro vendido a los barbaros por Arnaldo; salio con ella la 25 gallarda Transila, y la bella barbara Constança, con Ricla, su madre, y todos los demas de las varcas acompañaron este esquadron gallardo. De tal manera causó admiracion, espanto y assombro la bellissima esquadra en los de la mar y la 30 tierra, que todos se postraron en el suelo y dieron muestras de adorar a Auristela; mirauanla
LIBRO I, CAPITVLO XI p. 79 callando, y con tanto respeto, que no acertauan a mouer las lenguas, por no ocuparse en otra cosa que en mirar. La hermosa Transila, como ya auia hecho esperiencia de que entendian su lengua, fue la primera que rompio el silencio, 5 diziendoles: --A vuestro hospedage nos ha traido la nuestra, hasta oy, contraria fortuna. En nuestro trage y en nuestra mansedumbre echaréis de ver que antes buscamos paz que guerra, porque no hazen 10 batalla las mugeres ni los varones afligidos. Acogednos, señores, en vuestro hospedage y en vuestros nauios, que las varcas que aqui nos han conduzido, aqui dexan el atreuimiento y la voluntad de tornar otra vez a entregarse a la 15 instabilidad del mar. Si aqui se cambia por oro o por plata lo necessario que se busca, con facilidad y abundancia sereis recompensados de lo que nos dieredes: que, por subidos precios que lo vendais, lo recibiremos como si fuesse dado. 20 Vno ¡milagro estraño! que parecia ser de la gente de los nauios, en lengua española respondio: --De corto entendimiento fuera, hermosa señora, el que dudara la verdad que dizes: que, 25 puesto que la mentira se dissimula, y el daño se disfraça con la mascara de la verdad y del bien, no es possible que aya tenido lugar de acogerse a tan gran belleza como la vuestra. El patron deste hospedage es cortesissimo, y todos 30 los destas naues, ni mas ni menos. Mirad si os da mas gusto volueros a ellas, o entrar en el
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 80 hospedage, que en ellas y en el sereis recebidos y tratados como vuestra presencia merece. Entonces, viendo el barbaro Antonio, o oyendo, por mejor dezir, hablar su lengua, dixo: --Pues el cielo nos ha traido a parte que 5 suene en mis oidos la dulce lengua de mi nacion, casi tengo ya por cierto el fin de mis desgracias. Vamos, señores, al hospedage, y, en reposando algun tanto, daremos orden en voluer a nuestro camino, con mas seguridad que la que hasta 10 aqui hemos traido. En esto, vn grumete, que estaua en lo alto de vna gauia, dixo a vozes, en lengua inglessa: --Vn nauio se descubre que, con tendidas velas, y mar y viento en popa, viene la buelta 15 deste abrigo. Alborotaronse todos, y, en el mismo lugar donde estauan, sin mouerse vn paso, se pusieron a esperar el vaxel que tan cerca se descubria, y quando estuuo junto, vieron que las hinchadas 20 velas las atrauessauan vnas cruzes roxas, y conocieron que, en vna vandera que traia en el peñolo de la mayor gauia, venian pintadas las armas de Inglaterra. Disparó, en llegando, dos pieças de gruessa artilleria, y luego hasta obra 25 de veynte arcabuzes; de la tierra les fue hecha señal de paz y de alegres vozes, porque no tenian artilleria con que responderle.
p. 81 CAPITVLO DOZE del primer libro Donde se cuenta de qué parte y quién eran los que venian en el nauio. Hecha, como se ha dicho, la salua de entrambas 5 partes, assi del nauio como de la tierra, al momento echaron ancoras los de la naue, y arrojaron el esquife al agua, en el qual el primero que saltó, despues de quatro marineros que le adornaron con tapetes y assieron de los 10 remos, fue vn anciano varon, al parecer de edad de sesenta años, vestido de vna ropa de terciopelo negro que le llegaua a los pies, forrada en felpa negra, y ceñida con vna de las que llaman colonias de seda (*); en la cabeça traia vn 15 sombrero alto y puntiagudo, assimismo, al parecer, de felpa. Tras el baxó al esquife vn gallardo y brioso mancebo, de poco mas edad de veynte y quatro años, vestido, a lo marinero, de terciopelo negro, vna espada dorada en las manos y 20 vna daga en la cinta. Luego, como si los arrojaran, echaron de la naue al esquife vn hombre lleno de cadenas y vna muger con el enredada y presa con las cadenas mismas: el de hasta quarenta años de edad, y ella de mas de 25 cinquenta; el brioso y despechado, y ella malencolica
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 82 y triste. Impelieron el esquife los marineros; en vn instante llegaron a tierra, adonde, en sus ombros y en los de otros soldados arcabuzeros que en el varco venian, sacaron a tierra al viejo, y al moço, y a los dos prisioneros. 5 Transila, que, como los demas, auia estado atentissima mirando los que en el esquife venian, voluiendose a Auristela, le dixo: --Por tu vida, señora, que me cubras el rostro con esse velo que traes atado al braço, 10 porque, o yo tengo poco conocimiento, o son algunos de los que vienen en este varco personas que yo conozco y me conocen. Hizolo assi Auristela, y en esto llegaron los de la varca a juntarse con ellos, y todos se 15 hizieron bien criados recibimientos. Fuese derecho el anciano de la felpa a Transila, diziendo: --Si mi ciencia no me engaña, y la fortuna no me desfauorece, próspera aura sido la mia con este hallazgo. 20 Y diziendo y haziendo, alçó el velo del rostro de Transila, y se quedó desmayado en sus braços, que ella se los ofrecio y se los puso, porque no diesse en tierra. Sin duda se puede creer que este caso de tanta nouedad y tan no 25 esperado puso en admiracion a los circunstantes, y mas quando le oyeron dezir a Transila: --¡O padre de mi alma! ¿Qué venida es esta? ¿Quién trae a vuestras venerables canas y a vuestros cansados años por tierras tan apartadas 30 de la vuestra? --¿Quién le ha de traer --dixo a esta sazon el
LIBRO I, CAPITVLO XII p. 83 brioso mancebo--, sino el buscar la ventura que sin vos le faltaua? El y yo, dulcissima señora y esposa mia, venimos buscando el norte que nos ha de guiar adonde hallemos el puerto de nuestro descanso; pero pues ya, gracias sean dadas 5 a los cielos, le auemos hallado, haz, señora, que buelua en si tu padre Mauricio, y consiente que de su alegria reciba yo parte, recibiendole a el como a padre, y a mi como a tu legítimo esposo. Voluio en si Mauricio, y sucediole en su 10 desmayo Transila. Acudio Auristela a su remedio; pero no osó llegar a ella Ladislao, que este era el nombre de su esposo, por guardar el honesto decoro que a Transila se le deuia; pero como los desmayos que suceden de alegres y no 15 pensados acontecimientos, o quitan la vida en vn instante, o no duran mucho, fue pequeño espacio el en que estuuo Transila desmayada. El dueño de aquel meson o hospedage dixo: --Venid, señores, todos, adonde, con mas 20 comodidad y menos frio del que aqui haze, os deis cuenta de vuestros sucessos. Tomaron su consejo y fueronse al meson, y hallaron que era capaz de alojar vna flota. Los dos encadenados se fueron por su pie, ayudandoles 25 a lleuar sus hierros los arcabuzeros que, como en guarda, con ellos venian; acudieron a sus naues algunos, y, con tanta priessa como buena voluntad, truxeron dellas los regalos que tenian. Hizose lumbre, pusieronse las mesas, y, 30 sin tratar entonces de otra cosa, satisfizieron todos la hambre mas con muchos generos de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 84 pescados que con carnes, porque no siruio otra que la de muchos pajaros que se crian en aquellas partes, de tan estraña manera, que, por ser rara y peregrina, me obliga a que aqui la cuente. Hincanse vnos palos en la orilla de la mar y 5 entre los escollos donde las aguas llegan, los quales palos, de alli a poco tiempo, todo aquello que cubre el agua se conuierte en dura piedra, y, lo que queda fuera del agua, se pudre y se corrompe, de cuya corrupcion se engendra 10 vn pequeño pajarillo que, volando a la tierra, se haze grande, y tan sabroso de comer, que es vno de los mejores manjares que se vsan; y, donde ay mas abundancia dellos, es en las prouincias de Ybernia y de Irlanda, el qual pajaro se llama 15 Barnaclas (*). El desseo que tenian todos de saber los sucessos de los rezien llegados, les hazía parecer larga la comida, la qual acabada, el anciano Mauricio dio vna gran palmada en la mesa, como dando señal de pedir que con atencion le 20 escuchassen. Enmudecieron todos, y el silencio les selló los labios, y la curiosidad les abrio los oidos, viendo lo qual, Mauricio solto la voz en tales razones: --En vna isla, de siete que estan circunuezinas 25 a la de Ybernia, naci yo, y tuuo principio mi linage, tan antiguo, bien como aquel que es de los Mauricios, que, en dezir este apellido, le encarezco todo lo que puedo; soy christiano catholico, y no de aquellos que andan 30 mendigando la fee verdadera entre opiniones; mis padres me criaron en los estudios, assi de las
LIBRO I, CAPITVLO XII p. 85 armas como de las letras --si se puede dezir que las armas se estudian--; he sido aficionado a la ciencia de la astrologia judiciaria, en la qual he alcançado famoso nombre; caséme, en teniendo edad para tomar estado, con vna hermosa y 5 principal muger de mi ciudad, de la qual tuue esta hija que está aqui presente; segui las costumbres de mi patria, a lo menos en quanto a las que parecian ser niueladas con la razon, y, en las que no, con apariencias fingidas, mostraua 10 seguirlas, que tal vez la dissimulacion es prouechosa; crecio esta muchacha a mi sombra, porque le faltó la de su madre a dos años despues de nacida, y a mi me faltó el arrimo de mi vejez y me sobró el cuydado de criar la hija, y por 15 salir del, que es carga dificil de lleuar de cansados y ancianos ombros, en llegando a casi edad de darle esposo en que le diesse arrimo y compañia, lo puse en efeto, y el que le escogi fue este gallardo mancebo que tengo a mi lado, que 20 se llama Ladislao, tomando consentimiento primero de mi hija, por parecerme acertado y aun conueniente que los padres casen a sus hijas con su beneplacito y gusto, pues no les dan compañia por vn dia, sino por todos aquellos 25 que les durare la vida; y, de no hazer esto ansi, se han seguido, siguen y seguiran millares de inconuenientes, que los mas suelen parar en desastrados sucessos. Es, pues, de saber que en mi patria ay vna costumbre, entre muchas malas 30 la peor de todas, y es que, concertado el matrimonio, y llegado el dia de la boda, en vna
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 86 casa principal, para esto diputada, se juntan los nouios y sus hermanos, si los tienen, con todos los parientes mas cercanos de entrambas partes, y con ellos el regimiento de la ciudad, los vnos para testigos y los otros para verdugos, 5 que assi los puedo y deuo llamar. Está la desposada en vn rico apartamiento esperando lo que no se cómo pueda dezirlo sin que la verguença no me turbe la lengua; está esperando, digo, a que entren los hermanos de su esposo, 10 si los tiene, y algunos de sus parientes mas cercanos, de vno en vno, a coger las flores de su jardin y a manosear los ramilletes que ella quisiera guardar intactos para su marido: costumbre barbara y maldita, que va contra todas las 15 leyes de la honestidad y del buen decoro, porque ¿qué dote puede lleuar mas rico vna donzella, que serlo, ni qué limpieça puede ni deue agradar mas al esposo, que la que la muger lleua a su poder en su entereza? La honestidad 20 siempre anda acompañada con la verguença, y la verguença con la honestidad; y si la vna o la otra comiençan a desmoronarse y a perderse, todo el edificio de la hermosura dara en tierra, y será tenido en precio baxo y asqueroso (*). 25 Muchas vezes auia yo intentado de persuadir a mi pueblo dexasse esta prodigiosa costumbre; pero apenas lo intentaua, quando se me daua en la boca con mil amenazas de muerte, donde vine a verificar aquel antiguo adagio que vulgarmente 30 se dize: que la costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte. Finalmente,
LIBRO I, CAPITVLO XII p. 87 mi hija se encerro en el retraimiento dicho, y estuuo esperando su perdicion; y quando queria ya entrar vn hermano de su esposo a dar principio al torpe trato, veis aqui donde veo salir, con vna lança terciada en las manos, a la 5 gran sala donde toda la gente estaua, a Transila, hermosa como el sol, braua como vna leona, y ayrada como vna tigre. Aqui llegaua de su historia el anciano Mauricio, escuchandole todos con la atencion possible, 10 quando, reuistiendosele a Transila el mismo espiritu que tuuo al tiempo que se vio en el mismo acto y ocasion que su padre contaua, leuantandose en pie, con lengua a quien suele turbar la colera, con el rostro hecho brasa y los 15 ojos fuego, en efeto, con ademan que la pudiera hazer menos hermosa, si es que los acidentes tienen fuerças de menoscabar las grandes hermosuras, quitandole a su padre las palabras de la boca, dixo las del siguiente capitulo. 20
p. 88 CAPITVLO TREZE Donde Transila prosigue la historia a quien su padre dio principio. --Sali --dixo Transila--, como mi padre ha dicho, a la gran sala, y, mirando a todas partes, 5 en alta y colerica voz dixe: “Hazeos adelante vosotros, aquellos cuyas deshonestas y barbaras costumbres van contra las que guarda qualquier bien ordenada republica. Vosotros, digo, mas lasciuos que religiosos, que, con apariencia 10 y sombra de ceremonias vanas, quereis cultiuar los agenos campos sin licencia de sus legitimos dueños. Veisme aqui, gente mal perdida y peor aconsejada; venid, venid, que la razon, puesta en la punta desta lança, defendera mi partido y 15 quitará las fuerças a vuestros malos pensamientos, tan enemigos de la honestidad y de la limpieça.” Y, en diziendo esto, salté en mitad de la turba, y, rompiendo por ella, sali a la calle, acompañada de mi mismo enojo, y llegué a la 20 marina, donde, cifrando mil discursos, que en aquel tiempo hize, en vno, me arrojé en vn pequeño varco que, sin duda, me deparó el cielo. Assiendo de dos pequeños remos, me alargué de la tierra todo lo que pude; pero viendo que 25 se dauan priessa a seguirme en otros muchos varcos, mas bien parados y de mayores fuerças
LIBRO I, CAPITVLO XIII p. 89 impelidos, y que no era possible escaparme, solte los remos y volui a tomar mi lança, con intencion de esperarles y dexar lleuarme a su poder, si no perdiendo la vida, vengando primero en quien pudiesse mi agrauio. Vueluo a 5 dezir otra vez que el cielo, conmouido de mi desgracia, auiuó el viento y lleuó el varco, sin impelerle los remos, el mar adentro, hasta que llegó a vna corriente o raudal que le arrebató como en peso y le lleuó mas adentro, quitando 10 la esperança a los que tras mi venian de alcançarme, que no se auenturaron a entrarse en la desenfrenada corriente que por aquella parte el mar lleuaua. --Assi es verdad --dixo a esta sazon su 15 esposo Ladislao--, porque, como me lleuauas el alma, no pude dexar de seguirte. Sobreuino la noche, y perdimoste de vista, y aun perdimos la esperança de hallarte viua, si no fuesse en las lenguas de la fama, que desde aquel punto 20 tomó a su cargo el celebrar tal hazaña por siglos eternos. --Es, pues, el caso --prosiguio Transila-- que, aquella noche, vn viento que de la mar soplaua, me truxo a la tierra, y en la marina hallé vnos 25 pescadores que benignamente me recogieron y aluergaron, y aun me ofrecieron marido, si no le tenia, y creo sin aquellas condiciones de quien yo yua huyendo. Pero la codicia humana, que reyna y tiene su señorio aun entre las peñas y 30 riscos del mar, y en los coraçones duros y campestres, se entró aquella noche en los pechos de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 90 aquellos rusticos pescadores, y acordaron entre si que, pues de todos era la presa que en mi tenian, y que no podia ser diuidida en partes para poder repartirme, que me vendiessen a vnos cossarios que aquella tarde auian descubierto 5 no lexos de sus pesquerias. Bien pudiera yo ofrecerles mayor precio del que ellos pudieran pedir a los cossarios; pero no quise tomar ocasion de recebir bien alguno de ninguno de mi barbara patria, y assi, al amanecer, auiendo 10 llegado alli los piratas, me vendieron no se por quánto, auiendome primero despojado de las joyas que lleuaua de desposada. Lo que se dezir es que me trataron los cossarios con mejor término que mis ciudadanos, y me dixeron que no 15 fuesse malencolica, porque no me lleuauan para ser esclaua, sino para esperar ser reyna y aun señora de todo el vniuerso, si ya no mentian ciertas profecias de los barbaros de aquella isla, de quien tanto se hablaua por el mundo. 20 De cómo llegué, del recibimiento que los barbaros me hizieron, de cómo aprendi su lengua en este tiempo que ha que falté de vuestra presencia, de sus ritos y ceremonias y costumbres, del vano assumpto de sus profecias, y del 25 hallazgo destos señores con quien vengo, y del incendio de la isla, que ya queda abrasada, y de nuestra libertad, dire otra vez, que, por agora, basta lo dicho, y quiero dar lugar a que mi padre me diga qué ventura le ha traido a 30 darmela tan buena quando menos la esperaua. Aqui dio fin Transila a su plática, teniendo a
LIBRO I, CAPITVLO XIII p. 91 todos colgados de la suauidad de su lengua y admirados del estremo de su hermosura, que, despues de la de Auristela, ninguna se le ygualaua. Mauricio, su padre, entonces dixo: --Ya sabes, hermosa Transila, querida hija, 5 cómo mis estudios y exercicios, entre otros muchos gustosos y loables, me lleuaron tras si los de la astrologia judiciaria, como aquellos que, quando aciertan, cumplen el natural desseo que todos los hombres tienen, no [sólo de saber] 10 todo lo passado y presente, sino lo por venir. Viendote, pues, perdida, noté el punto, obserué los astros, miré el aspecto de los planetas, señalé los sitios y casas necessarias para que respondiesse mi trabajo a mi desseo, porque 15 ninguna ciencia, en quanto a ciencia, engaña: el engaño está en quien no la sabe, principalmente la del astrologia, por la velocidad de los cielos, que se lleua tras si todas las estrellas, las quales no influyen en este lugar lo que en aquel, ni en 20 aquel lo que en este; y assi, el astrologo judiciario, si acierta alguna vez en sus juyzios, es por arrimarse a lo mas prouable y a lo mas esperimentado, y el mejor astrologo del mundo, puesto que muchas vezes se engaña, es el demonio, 25 porque no solamente juzga de lo por venir por la ciencia que sabe, sino tambien por las premissas y conjeturas; y como ha tanto tiempo que tiene esperiencia de los casos passados y tanta noticia de los presentes, con facilidad se 30 arroja a juzgar de los por venir, lo que no tenemos los aprendizes desta ciencia, pues hemos
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 92 de juzgar siempre a tiento y con poca seguridad. Con todo esso, alcancé que tu perdicion auia de durar dos años, y que te auia de cobrar este dia, y en esta parte, para remoçar mis canas y para dar gracias a los cielos del hallazgo de mi 5 tesoro, alegrando mi espiritu con tu presencia, puesto que se que ha de ser a costa de algunos sobresaltos: que, por la mayor parte, las buenas andanças no vienen sin el contrapeso de desdichas, las quales tienen jurisdicion y vn modo 10 de licencia de entrarse por los buenos sucessos, para darnos a entender que, ni el bien es eterno, ni el mal durable. --Los cielos seran seruidos --dixo a esta sazon Auristela, que auia gran tiempo que 15 callaua-- de darnos próspero viage, pues nos le promete tan buen hallazgo. La muger prisionera, que auia estado escuchando con grande atencion el razonamiento de Transila, se puso en pie, a pesar de sus cadenas 20 y al de la fuerça que le hazía para que no se leuantasse el que con ella venía preso, y, con voz leuantada, dixo:
p. 93 CAPITVLO CATORZE del primer libro Donde se declara quién eran los que tan aherrojados venian. --Si es que los afligidos tienen licencia para 5 hablar ante los venturosos, concedaseme a mi por esta vez, donde la breuedad de mis razones templará el fastidio que tuuieredes de escuchallas. Haste quexado --dixo, voluiendose a Transila--, señora donzella, de la barbara costumbre 10 de los de tu ciudad, como si lo fuera aliuiar el trabajo a los menesterosos y quitar la carga a los flacos; si que no es error, por bueno que sea vn cauallo, passearle la carrera primero que se ponga en el, ni va contra la honestidad el vso 15 y costumbre si en el no se pierde la honra, y se tiene por acertado lo que no lo parece; si que mejor gouernará el timon de vna naue el que huuiere sido marinero, que no el que sale de las escuelas de la tierra para ser piloto: la 20 esperiencia en todas las cosas es la mejor maestra de las artes, y assi, mejor te fuera entrar esperimentada en la compañia de tu esposo, que rustica e inculta. Apenas oyo esta razon vltima el hombre 25 que consigo venía atado, quando dixo,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 94 poniendole el puño cerrado junto al rostro, amenazandola: --¡O Rosamunda, o, por mejor dezir, Rosa inmunda!, porque munda, ni lo fuiste, ni lo eres, ni lo serás en tu vida, si viuiesses mas años que 5 los mismos tiempos, y assi, no me marauillo de que te parezca mal la honestidad ni el buen recato, a que estan obligadas las honradas donzellas. Sabed, señores --mirando a todos los circunstantes, prosiguio--, que esta muger que 10 aqui veis, atada como loca, y libre como atreuida, es aquella famosa Rosamunda (*), dama que ha sido concubina y amiga del rey de Inglaterra, de cuyas impudicas costumbres ay largas historias y longissimas memorias entre 15 todas las gentes del mundo. Esta mandó al rey, y, por añadidura, a todo el reyno; puso leyes, quitó leyes; leuantó caydos viciosos y derribó leuantados virtuosos; cumplio sus gustos, tan torpe como publicamente, en menoscabo de la autoridad 20 del rey, y en muestra de sus torpes apetitos, que fueron tantas las muestras, y tan torpes y tantos sus atreuimientos, que, rompiendo los lazos de diamantes y las redes de bronze con que tenia ligado el coraçon del rey, le 25 mouieron a apartarla de si y a menospreciarla en el mismo grado que la auia tenido en precio. Quando esta estaua en la cumbre de su rueda y tenia assida por la guedexa a la fortuna, viuia yo despechado y con desseos de mostrar al 30 mundo quán mal estauan empleados los de mi rey y señor natural; tengo vn cierto espiritu
LIBRO I, CAPITVLO XIV p. 95 satirico y maldiziente, vna pluma veloz y vna lengua libre; deleytanme las maliciosas agudezas, y, por dezir vna, perdere yo, no sólo vn amigo, pero cien mil vidas; no me atauan la lengua prisiones, ni enmudecian destierros, ni 5 atemorizauan amenazas, ni enmendauan castigos; finalmente, a entrambos a dos llegó el dia de nuestra vltima paga: a esta mandó el rey que nadie, en toda la ciudad ni en todos sus reynos y señorios, le diesse, ni dado ni por dineros, 10 otro algun sustento que pan y agua, y que a mi, junto con ella, nos traxessen a vna de las muchas islas que por aqui ay que fuesse despoblada, y aqui nos dexassen: pena que para mi ha sido mas mala que quitarme la vida, porque, la 15 que con ella passo, es peor que la muerte. --Mira, Clodio --dixo a esta sazon Rosamunda--, quán mal me hallo yo en tu compañia, que mil vezes me ha venido al pensamiento de arrojarme en la profundidad del mar, y, si lo he 20 dexado de hazer, es por no lleuarte conmigo: que si en el infierno pudiera estar sin ti, se me aliuiaran las penas. Yo confiesso que mis torpezas han sido muchas, pero han caydo sobre sugeto flaco y poco discreto; mas las tuyas han 25 cargado sobre varoniles ombros y sobre discrecion esperimentada, sin sacar de ellas otra ganancia que vna delectacion mas ligera que la menuda paja que en volubles remolinos rebuelue el viento; tu has lastimado mil agenas honras, 30 has aniquilado illustres creditos, has descubierto secretos escondidos, y contaminado linages
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 96 claros; haste atreuido a tu rey, a tus ciudadanos, a tus amigos y a tus mismos parientes, y, en son de dezir gracias, te has desgraciado con todo el mundo. Bien quisiera yo que quisiera el rey que, en pena de mis delitos, acabara con 5 otro genero de muerte la vida en mi tierra, y no con el de las heridas que a cada paso me da tu lengua, de la qual tal vez no estan seguros los cielos ni los santos. --Con todo esso --dixo Clodio--, jamas me 10 ha acusado la conciencia de auer dicho alguna mentira. --A tener tu conciencia --dixo Rosamunda-- de las verdades que has dicho, tenias harto de que acusarte: que no todas las verdades han de 15 salir en público ni a los ojos de todos. --Si --dixo a esta sazon Mauricio--, si que tiene razon Rosamunda: que las verdades de las culpas cometidas en secreto, nadie ha de ser osado de sacarlas en público, especialmente las 20 de los reyes y principes que nos gouiernan; si que no toca a vn hombre particular reprehender a su rey y señor, ni sembrar en los oydos de sus vassallos las faltas de su principe, porque esto no será causa de enmendarle, sino de que 25 los suyos no le estimen; y si la correccion ha de ser fraterna entre todos, ¿por qué no ha de gozar deste priuilegio el principe? ¿Por qué le han de dezir publicamente y en el rostro sus defetos? Que tal vez la reprehension pública y mal 30 considerada, suele endurecer la condicion del que la recibe, y voluerle antes pertinaz que
LIBRO I, CAPITVLO XIV p. 97 blando; y como es forçoso que la reprehension caiga sobre culpas verdaderas o imaginadas, nadie quiere que le reprehendan en público, y assi, dignamente, los satiricos, los maldizientes, los mal intencionados, son desterrados y echados 5 de sus casas, sin honra y con vituperio, sin que les quede otra alabança que llamarse agudos sobre vellacos, y vellacos sobre agudos, y es como lo que suele dezirse: la traicion contenta; pero el traidor enfada. Y ay mas: que las honras 10 que se quitan por escrito, como buelan y passan de gente en gente, no se pueden reduzir a restitucion, sin la qual no se perdonan los pecados. --Todo lo se --respondio Clodio--; pero, si quieren que no hable o escriua, cortenme la 15 lengua y las manos, y aun entonces pondre la boca en las entrañas de la tierra, y dare vozes como pudiere, y tendre esperança que de alli salgan las cañas del rey Midas. --Aora bien --dixo a esta sazon Ladislao--; 20 haganse estas pazes; casemos a Rosamunda con Clodio: quiça con la bendicion del sacramento del matrimonio, y con la discrecion de entrambos, mudando de estado, mudarán de vida. --Aun bien --dixo Rosamunda--, que tengo 25 aqui vn cuchillo con que podre hazer vna o dos puertas en mi pecho por donde salga el alma, que ya tengo casi puesta en los dientes en sólo auer oydo este tan desastrado y desatinado casamiento. 30 --Yo no me mataré --dixo Clodio--, porque, aunque soy murmurador y maldiziente, el gusto
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 98 que recibo de dezir mal, quando lo digo bien, es tal, que quiero viuir, porque quiero dezir mal; verdad es que pienso guardar la cara a los principes, porque ellos tienen largos braços y alcançan adonde quieren y a quien quieren, y 5 ya la esperiencia me ha mostrado que no es bien ofender a los poderosos, y la caridad christiana enseña que por el principe bueno se ha de rogar al cielo por su vida y por su salud, y por el malo, que le mejore y enmiende. 10 --Quien todo esso sabe --dixo el barbaro Antonio--, cerca está de enmendarse; no ay pecado tan grande, ni vicio tan apoderado, que, con el arrepentimiento, no se borre o quite del todo. La lengua maldiziente es como espada de dos 15 filos, que corta hasta los huessos, o como rayo del cielo, que, sin romper la vayna, rompe y desmenuza el azero que cubre (*); y aunque las conuersaciones y entretenimientos se hazen sabrosos con la sal de la murmuracion, todauia 20 suelen tener los dexos las mas vezes amargos y desabridos. Es tan ligera la lengua como el pensamiento, y si son malas las preñezes de los pensamientos, las empeoran los partos de la lengua; y como sean las palabras como las piedras 25 que se sueltan de la mano, que no se pueden reuocar ni voluer a la parte donde salieron hasta que han hecho su efeto, pocas vezes el arrepentirse de auerlas dicho menoscaba la culpa del que las dixo, aunque ya tengo dicho que 30 vn buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.
p. 99 CAPITVLO QVINZE del primer libro desta grande historia En esto estauan, quando entró vn marinero en el hospedage, diziendo a vozes: --Vn vaxel grande viene con las velas tendidas 5 encaminado a este puerto, y hasta agora no he descubierto señal que me de a entender de qué parte sea. A penas dixo esto, quando llegó a sus oydos el son horrible de muchas pieças de artilleria 10 que el vaxel disparó al entrar del puerto, todas limpias y sin bala alguna, señal de paz, y no de guerra; de la misma manera le respondio el vaxel de Mauricio y toda la arcabuzeria de los soldados que en el venian. Al momento todos los 15 que estauan en el hospedage salieron a la marina, y en viendo Periandro el vaxel rezien llegado, conocio ser el de Arnaldo, principe de Dinamarca, de que no recibio contento alguno: antes se le reboluieron las entrañas, y el 20 coraçon le començo a dar saltos en el pecho. Los mismos acidentes y sobresaltos recibio en el suyo Auristela, como aquella que por larga esperiencia sabía la voluntad que Arnaldo le tenia, y no podia acomodar su coraçon a pensar 25 cómo podria ser que las voluntades de Arnaldo y Periandro se auiniessen bien, sin que la
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 100 rigurosa y desesperada flecha de los zelos no les atrauessasse las almas. Ya estaua Arnaldo en el esquife de la naue, y ya llegaua a la orilla, quando se adelantó Periandro a recebille; pero Auristela no se mouio del lugar donde primero 5 puso el pie, y aun quisiera que alli se le hincaran en el suelo y se voluieran en torzidas rayzes, como se voluieron los de la hija de Peneo quando el ligero corredor Apolo la seguia. Arnaldo, que vio a Periandro, le conocio, y, sin esperar 10 que los suyos le sacassen en ombros a tierra, de vn salto que dio desde la popa del esquife, se puso en ella, y en los braços de Periandro, que con ellos abiertos le recibio, y Arnaldo le dixo: --Si yo fuesse tan venturoso, amigo Periandro, 15 que contigo hallasse a tu hermana Auristela, ni tendria mal que temer, ni otro bien mayor que esperar. --Conmigo está, valeroso señor --respondio Periandro--: que los cielos, atentos a fauorecer 20 tus virtuosos y honestos pensamientos, te la han guardado con la entereza que tambien ella por sus buenos desseos merece. Ya en esto se auia comunicado por la nueua gente y por la que en la tierra estaua quién era 25 el principe que en la naue venía, y todauia estaua Auristela como estatua, sin voz, inmouible, y junto a ella la hermosa Transila, y las dos, al parecer barbaras, Ricla y Constança. Llegó Arnaldo, y, puesto de hinojos ante Auristela, le dixo: 30 --¡Seas bien hallada, norte por donde se guian mis honestos pensamientos, y estrella fixa
LIBRO I, CAPITVLO XV p. 101 que me lleua al puerto donde han de tener reposo mis buenos desseos! A todo esto no respondio palabra Auristela: antes le vinieron las lagrimas a los ojos, que començaron a bañar sus rosadas mexillas. Confuso 5 Arnaldo de tal acidente, no supo determinarse si de pesar o de alegria podia proceder semejante acontecimiento; mas Periandro, que todo lo notaua, y en qualquier mouimiento de Auristela tenia puesto[s] los ojos, sacó a 10 Arnaldo de duda, diziendole: --Señor, el silencio y las lagrimas de mi hermana nacen de admiracion y de gusto: la admiracion, del verte en parte tan no esperada; y las lagrimas, del gusto de auerte visto; ella es 15 agradecida, como lo deuen ser las bien nacidas, y conoce las obligaciones en que la has puesto de seruirte, con las mercedes y limpio tratamiento que siempre le has hecho. Fueronse con esto al hospedage; voluieron a 20 colmarse las mesas de manjares; llenaronse de regozijo los pechos, porque se llenaron las taças de generosos vinos: que, quando se trasiegan por la mar de vn cabo a otro, se mejoran de manera, que no ay nectar que se les yguale (*). 25 Esta segunda comida se hizo por respeto del principe Arnaldo. Conto Periandro al principe lo que le sucedio en la isla barbara, con la libertad de Auristela, con todos los sucessos y puntos que hasta aqui se han contado, con que 30 se suspendio Arnaldo, y de nueuo se alegraron y admiraron todos los presentes.
p. 102 CAPITVLO DIEZ Y SEYS del primer libro de Persiles y Sigismunda En esto, el patron del hospedage dixo: --No se si diga que me pesa de la bonança que prometen en el mar las señales del cielo: 5 el sol se pone claro y limpio, cerca ni lexos no se descubre zelage alguno, las olas hieren la tierra blanda y suauemente, y las aues salen al mar a espaciarse: que todos estos son indicios de serenidad firme y duradera, cosa que ha de 10 obligar a que me dexen solo tan honrados huespedes como la fortuna a mi hospedage ha traido. --Assi será --dixo Mauricio--: que, puesto que vuestra noble compañia se ha de tener por agradable y cara, el desseo de voluer a nuestras 15 patrias no consiente que mucho tiempo la gozemos. De mi se dezir que esta noche, a la primera guarda, me pienso hazer a la vela, si con mi parecer viene el de mi piloto y el de estos señores soldados que en el nauio vienen. 20 A lo que añadio Arnaldo: --Siempre la pérdida del tiempo no se puede cobrar, y la que se pierde en la nauegacion es irremediable. En efeto; entre todos los que en el puerto 25 estauan, quedó de acuerdo que en aquella noche fuessen de partida la buelta de Inglaterra, a
LIBRO I, CAPITVLO XVI p. 103 quien todos yuan encaminados. Leuantóse Arnaldo de la mesa, y, assiendo de la mano a Periandro, le sacó fuera del hospedage, donde a solas, y sin ser oydo de nadie, le dixo: --No es possible, Periandro amigo, sino que 5 tu hermana Auristela te aura dicho la voluntad que, en dos años que estuuo en poder del rey mi padre, le mostre, tan ajustada con sus honestos desseos, que jamas me salieron palabras a la boca que pudiessen turbar sus castos 10 intentos; nunca quise saber mas de su hazienda de aquello que ella quiso dezirme, pintandola en mi imaginacion, no como persona ordinaria y de baxo estado, sino como a reyna de todo el mundo, porque su honestidad, su grauedad, su 15 discrecion, tan en estremo estremada, no me daua lugar a que otra cosa pensasse. Mil vezes me le ofreci por su esposo, y esto con voluntad de mi padre, y aun me parecia que era corto mi ofrecimiento. Respondiome siempre que, hasta verse 20 en la ciudad de Roma, adonde yua a cumplir vn voto, no podia disponer de su persona; jamas me quiso dezir su calidad ni la de sus padres, ni yo, como ya he dicho, le importuné me la dixesse, pues ella sola, por si misma, sin que 25 trayga depen[den]cia de otra alguna nobleza, merece, no solamente la corona de Dinamarca, sino de toda la monarquia de la tierra. Todo esto te he dicho, Periandro, para que, como varon de discurso y entendimiento, consideres que no es 30 muy baxa la ventura que está llamando a las puertas de tu comodidad y la de tu hermana, a
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 104 quien desde aqui me ofrezco por su esposo, y prometo de cumplir este ofrecimiento quando ella quisiere y adonde quisiere: aqui, debaxo destos pobres techos, o en los dorados de la famosa Roma; y assimismo te ofrezco de 5 contenerme en los límites de la honestidad y buen decoro, si bien viesse consumirme en los ahincos y desseos que trae consigo la concupicencia desenfrenada y la esperança propinqua, que suele fatigar mas que la apartada. 10 Aqui dio fin a su plática Arnaldo, y estuuo atentissimo a lo que Periandro auia de responderle, que fue: --Bien conozco, valeroso principe Arnaldo, la obligacion en que yo y mi hermana te 15 estamos por las mercedes que hasta aqui nos has hecho y por la que agora de nueuo nos hazes: a mi, por ofrecerte por mi hermano, y a ella, por esposo; pero, aunque parezca locura que dos miserables peregrinos, desterrados de su 20 patria, no admitan luego luego el bien que se les ofrece, te se dezir no ser possible el recebirle, como es possible el agradecerle. Mi hermana y yo vamos, lleuados del destino y de la elecion, a la santa ciudad de Roma, y, hasta vernos en ella, 25 parece que no tenemos ser alguno ni libertad para vsar de nuestro aluedrio. Si el cielo nos lleuare a pisar la santissima tierra y adorar sus reliquias santas, quedaremos en disposicion de disponer de nuestras hasta agora impedidas 30 voluntades, y entonces será la mia toda empleada en seruirte. Sete dezir tambien que, si llegares al
LIBRO I, CAPITVLO XVI p. 105 cumplimiento de tu buen desseo, llegarás a tener vna esposa de illustrissimo linage nacida, y vn hermano que lo sea mejor que cuñado, y, entre las muchas mercedes que entrambos a dos hemos recebido, te suplico me hagas a mi vna, 5 y es que no me preguntes mas de nuestra hazienda y de nuestra vida, porque no me obligues a que sea mentiroso, inuentando quimeras que dezirte mentirosas y falsas, por no poder contarte las verdaderas de nuestra historia. 10 --Dispon de mi --respondio Arnaldo--, hermano mio, a toda tu voluntad y gusto, haziendo cuenta que yo soy cera, y tu el sello que has de imprimir en mi lo que quisieres; y, si te parece, sea nuestra partida esta noche a Inglaterra, que 15 de alli facilmente passaremos a Francia y a Roma, en cuyo viage, y del modo que quisieredes, pienso acompañaros, si dello gustaredes. Aunque le pesó a Periandro deste vltimo ofrecimiento, le admitio, esperando en el tiempo y 20 en la dilacion, que tal vez mejora los sucessos; y abraçandose los dos cuñados en esperança, se voluieron al hospedage a dar traça en su partida. Auia visto Auristela cómo Arnaldo y Periandro auian salido juntos, y estaua temerosa 25 del fin que podia tener el de su plática; y puesto que conocia la modestia en el principe Arnaldo, y la mucha discrecion de Periandro, mil generos de temores la sobresalteauan, pareciendole que, como el amor de Arnaldo ygualaua a 30 su poder, podia remitir a la fuerça sus ruegos: que tal vez en los pechos de los desdeñados
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 106 amantes se conuierte la paciencia en rabia, y la cortesia en descomedimiento; pero, quando los vio venir tan sossegados y pacificos, cobró casi los perdidos espiritus. Clodio el maldiziente, que ya auia sabido quién era Arnaldo, 5 se le echó a los pies, y le suplicó le mandasse quitar la cadena y apartar de la compañia de Rosamunda. Mauricio le conto luego la condicion, la culpa y la pena de Clodio y la de Rosamunda. Mouido a compassion dellos, hizo, por 10 vn capitan que los traia a su cargo, que los desherrassen y se los entregassen, que el tomaua a su cargo alcançarles perdon de su rey, por ser su grande amigo; viendo lo qual, el maldiziente Clodio dixo: 15 --Si todos los señores se ocupassen en hazer buenas obras, no auria quien se ocupass(s)e en dezir mal dellos; pero ¿por qué ha de esperar el que obra mal que digan bien del? Y si las obras virtuosas y bien hechas son calumniadas 20 de la malicia humana, ¿por qué no lo seran las malas? ¿Por qué ha de esperar el que siembra zizaña y maldad, de buen fruto su cosecha? Lleuame contigo, ¡o principe!, y verás cómo pongo sobre el cerco de la luna tus alabanças. 25 --No, no --respondio Arnaldo--; no quiero que me alabes por las obras que en mi son naturales; y mas, que la alabança tanto es buena, quanto es bueno el que la dize, y tanto es mala, quanto es vicioso y malo el que alaba: que si la 30 alabança es premio de la virtud, si el que alaba es virtuoso, es alabança; y si vicioso, vituperio.
p. 107 CAPITVLO DIEZ Y SIETE del primer libro Da cuenta Arnaldo del sucesso de Taurisa. Con gran desseo estaua Auristela de saber lo que Arnaldo y Periandro passaron en la plática 5 que tuuieron fuera del hospedage, y aguardaua comodidad para preguntarselo a Periandro, y para saber de Arnaldo qué se auia hecho su donzella Taurisa; y, como si Arnaldo le adeuinara los pensamientos, le dixo: 10 --Las desgracias que has passado, hermosa Auristela, te auran lleuado de la memoria las que tenias en obligacion de acordarte dellas, entre las quales querria que huuiessen borrado de ella a mi mismo, que, con sola la imaginacion 15 de pensar que algun tiempo he estado en ella, viuiria contento, pues no puede auer oluido de aquello de quien no se ha tenido acuerdo: el oluido presente cae sobre la memoria del acuerdo passado; pero, como quiera que sea, 20 acuerdesete de mi o no te acuerdes, de todo lo que hizieres estoy contento: que los cielos, que me han destinado para ser tuyo, no me dexan hazer otra cosa; mi aluedrio lo es para obedecerte. Tu hermano Periandro me ha contado 25 muchas de las cosas que despues que te robaron
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 108 de mi reyno te han sucedido: vnas me han admirado, otras suspendido, y estas y aquellas espantado. Veo assimismo que tienen fuerça las desgracias para borrar de la memoria algunas obligaciones que parecen forçosas: ni me 5 has preguntado por mi padre, ni por Taurisa, tu donzella; a el dexé yo bueno, y con desseo de que te buscasse y te hallasse; a ella la traxe conmigo, con intencion de venderla a los barbaros, para que siruiesse de espia y viesse si la 10 fortuna te auia lleuado a su poder. De cómo vino al mio tu hermano Periandro, ya el te lo aura contado, y el concierto que entre los dos hizimos; y aunque muchas vezes he prouado voluer a la isla barbara, los vientos contrarios 15 no me han dexado, y aora voluia con la misma intencion y con el mismo desseo, el qual me ha cumplido el cielo con bienes de tantas ventajas como son de tenerte en mi presencia, aliuio vniuersal de mis cuydados. Taurisa, tu donzella, 20 aura dos dias que la entregué a dos caualleros amigos mios que encontre en medio desse mar, que en vn poderoso nauio yuan a Irlanda, a causa que Taurisa yua muy mala y con poca seguridad de la vida; y como este nauio en que 25 yo ando mas se puede llamar de cossario que de hijo de rey, viendo que en el no auia regalos ni medicinas, que piden los enfermos, se la entregué para que la lleuassen a Irlanda y la entregassen a su principe, que la regalasse, 30 curasse y guardasse hasta que yo mismo fuesse por ella. Oy he dexado apuntado con tu
LIBRO I, CAPITVLO XVII p. 109 hermano Periandro que nos partamos mañana, o ya para Inglaterra, o ya para España o Francia: que, a do quiera que arribemos, tendremos segura comodidad para poner en efeto los honestos pensamientos que tu hermano me ha dicho 5 que tienes; y yo en este entretanto lleuaré sobre los ombros de mi paciencia mis esperanças, sustentadas con el arrimo de tu buen entendimiento. Con todo esto, te ruego, señora, y te suplico, que mires si con nuestro parecer viene y 10 ajusta el tuyo, que, si algun tanto dissuena, no le pondremos en execucion. --Yo no tengo otra voluntad --respondio Auristela-- sino la de mi hermano Periandro, ni el, pues es discreto, querra salir vn punto de la 15 tuya. --Pues si assi es --replicó Arnaldo--, no quiero mandar, sino obedecer, porque no digan que, por la calidad de mi persona, me quiero alçar con el mando a mayores. 20 Esto fue lo que passó a Arnaldo con Auristela, la qual se lo conto todo a Periandro, y aquella noche Arnaldo, Periandro, Mauricio, Ladislao y los dos capitanes, y el nauio ingles, con todos los que salieron de la isla barbara, 25 entraron en consejo y ordenaron su partida en la forma siguiente:
p. 110 CAPITVLO DIEZ Y OCHO del primer libro Donde Mauricio sabe por la astrologia vn mal sucesso que les auino en el mar. En la naue donde vinieron Mauricio y Ladislao, 5 los capitanes y soldados que traxeron a Rosamunda y a Clodio, se enuarcaron todos aquellos que salieron de la mazmorra y prision de la isla barbara, y en el nauio de Arnaldo se acomodaron (*) Ricla y Constança, y los dos 10 Antonios, padre y hijo, Ladislao, Mauricio y Transila, sin consentir Arnaldo que se quedassen en tierra Clodio y Rosamunda; Rutilio se acomodó con Arnaldo. Hizieron agua aquella noche, recogiendo y comprando del huesped todos los 15 bastimentos que pudieron, y, auiendo mirado los puntos mas conuenientes para su partida, dixo Mauricio que, si la buena suerte les escapaua de vna mala que les amenazaua muy propinqua, tendria buen sucesso su viage; y que el 20 tal peligro, puesto que era de agua, no auia de suceder, si sucediesse, por borrasca ni tormenta del mar ni de tierra, sino por vna traicion, mezclada y aun forjada del todo de deshonestos y lasciuos desseos. Periandro, que siempre 25 andaua sobresaltado con la compañia de Arnaldo,
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 111 vino a temer si aquella traicion auia de ser fabricada por el principe para alçarse con la hermosa Auristela, pues la auia de lleuar en su nauio; pero opusose a todo este mal pensamiento la generosidad de su ánimo, y no quiso creer 5 lo que temia, por parecerle que, en los pechos de los valerosos principes, no deuen hallar acogida alguna las traiciones; pero no por esto dexó de pedir y rogar a Mauricio mirasse muy bien de qué parte les podia venir el daño que les 10 amenazaua. Mauricio respondio que no lo sabía, puesto que le tenia por cierto, aunque templaua su rigor con que ninguno de los que en el se hallassen auia de perder la vida, sino el sossiego y la quietud, y auian de ver rompidos la mitad 15 de sus dissinios, sus mas bien encaminadas esperanças. A lo que Periandro le replicó que detuuiessen algunos dias la partida: quiça, con la tardança del tiempo, se mudarian o se templarian los influxos rigurosos de las estrellas. 20 --No --replicó Mauricio--; mejor es arrojarnos en las manos deste peligro, pues no llega a quitar la vida, que no intentar otro camino que nos lleue a perderla. --Ea, pues --dixo Periandro--; echada está la 25 suerte; partamos en buen hora, y haga el cielo lo que ordenado tiene, pues nuestra diligencia no lo puede escusar. Satisfizo Arnaldo al huesped magnificamente, con muchos dones, el buen hospedage, y vnos 30 en vnos nauios, y otros en otros, cada qual segun y como vio que mas le conuenia, dexó el
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 112 puerto desembaraçado y se hizo a la vela. Salio el nauio de Arnaldo adornado de ligeras flamulas y vanderetas, y de pintados y vistosos gallardetes. Al çarpar los hierros y tirar las ancoras, disparó assi la gruessa como la menuda 5 artilleria; rompieron los ayres los sones de las chirimias y los de otros instrumentos musicos y alegres; oyeronse las vozes de los que dezian, reiterandolo a menudo: “¡Buen viage, buen viage!” A todo esto, no alçaua la cabeça de sobre el 10 pecho la hermosa Auristela, que, casi como presaga del mal que le auia de venir, yua pensatiua; mirauala Periandro, y remirauala Arnaldo, teniendola cada vno hecha blanco de sus ojos, fin de sus pensamientos y principio de sus 15 alegrias. Acabóse el dia; entróse la noche, clara, serena, despejando vn ayre blando los zelages, que parece que se yuan a juntar si los dexaran. Puso los ojos en el cielo Mauricio, y de nueuo tornó a mirar en su imaginacion las señales de 20 la figura que auia leuantado, y de nueuo confirmó el peligro que les amenazaua; pero nunca supo atinar de qué parte les vendria. Con esta confusion y sobresalto se quedó dormido encima de la cubierta de la naue, y, de alli a poco, 25 desperto despauorido, diziendo a grandes vozes: --¡Traicion, traicion, traicion! ¡Despierta, principe Arnaldo, que los tuyos nos matan! A cuyas vozes se leuantó Arnaldo, que no dormia, puesto que estaua echado junto a 30 Periandro en la misma cubierta, y dixo: --¿Qué has, amigo Mauricio? ¿Quién nos
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 113 ofende o quién nos mata? Todos los que en este nauio vamos ¿no somos amigos? ¿No son todos los mas vassallos y criados mios? ¿El cielo no está claro y sereno, el mar tranquilo y blando, y el vaxel, sin tocar en escollo ni en 5 vaxio, no nauega? ¿Ay alguna remora que nos detenga? Pues si no ay nada desto, ¿de qué temes, que ansi con tus sobresaltos nos atemorizas? --No se --replicó Mauricio--; haz, señor, que 10 baxen los buzanos a la sentina, que, si no es sueño, a mi me parece que nos vamos anegando. No huuo bien acabado esta razon, quando quatro o seys marineros se dexaron calar al fondo del nauio, y le requirieron todo, porque 15 eran famosos buzanos, y no alla(lla)ron costura alguna por donde entrasse agua al nauio, y bueltos a la cubierta, dixeron que el nauio yua sano y enero, y que el agua de la sentina estaua turbia y hedionda, señal clara de que no 20 entraua agua nueua en la naue. --Assi deue de ser --dixo Mauricio--; sino que yo, como viejo, en quien el temor tiene su assiento de ordinario, hasta los sueños me espantan; y plega a Dios que este mi sueño lo 25 sea, que yo me holgaria de parecer viejo temeroso, antes que verdadero judiciario. Arnaldo le dixo: --Sossegaos, buen Mauricio, porque vuestros sueños le quitan a estas señoras. 30 --Yo lo hare assi, si puedo--respondio Mauricio.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 114 Y tornandose a echar sobre la cubierta, quedó el nauio lleno de muy sossegado silencio, en el qual Rutilio, que yua sentado al pie del arbol mayor, combidado de la serenidad de la noche, de la comodidad del tiempo, o de la voz, que la 5 tenia estremada, al son del viento, que dulcemente heria en las velas, en su propia lengua toscana, començo a cantar esto, que, buelto en lengua española, assi dezia: Huye el rigor de la inuencible mano, 10 aduertido, y encierrase en el arca de todo el mundo el general monarca con las reliquias del linage humano. El dilatado asylo, el soberano lugar rompe los fueros de la Parca, 15 que entonces, fiera y licenciosa, abarca quanto alienta y respira el ayre vano. Vense en la excelsa maquina encerrarse el leon y el cordero, y, en segura paz, la paloma al fiero alcon vnida; 20 sin ser milagro, lo discorde amarse: que, en el comun peligro y desuentura, la natural inclinacion se oluida. El que mejor entendio lo que cantó Rutilio, fue el barbaro Antonio, el qual le dixo 25 assimismo: --Bien canta Rutilio, y si, por ventura, es suyo el soneto que ha cantado, no es mal poeta; aunque ¿cómo lo puede ser bueno vn oficial? Pero no digo bien: que yo me acuerdo auer 30
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 115 visto en mi patria, España, poetas de todos los oficios. Esto dixo en voz que la oyo Mauricio, el principe y Periandro, que no dormian, y Mauricio dixo: 5 --Possible cosa es que vn oficial sea poeta, porque la poesia no está en las manos, sino en el entendimiento, y tan capaz es el alma del sastre para ser poeta, como la de vn maesse de campo; porque las almas todas son yguales, y 10 de vna misma massa en sus principios criadas y formadas por su hazedor, y, segun la caxa y temperamento del cuerpo donde las encierra, assi parecen ellas mas o menos discretas, y atienden y se aficionan a saber las ciencias, 15 artes o habilidades a que las estrellas mas las inclinan; pero mas principalmente y propia se dize que el poeta nascitur. Assi que no ay que admirar de que Rutilio sea poeta, aunque aya sido maestro de dançar. 20 --Y tan grande --replicó Antonio--, que ha hecho cabriolas en el ayre mas arriba de las nubes. --Assi es --respondio Rutilio, que todo esto estaua escuchando--: que yo las hize casi junto 25 al cielo quando me traxo, cauallero en el manto, aquella hechizera desde Toscana, mi patria, hasta Noruega, donde la maté, que se auia conuertido en figura de loba, como ya otras vezes he contado. 30 --Esso de conuertirse en lobas y lobos algunas gentes destas setentrionales, es vn error
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 116 grandissimo --dixo Mauricio--, aunque admitido de muchos. --¿Pues cómo es esto --dixo Arnaldo--, que comunmente se dize, y se tiene por cierto, que en Inglaterra andan por los campos manadas de 5 lobos, que de gentes humanas se han conuertido en ellos? --Esso --respondio Mauricio-- no puede ser en Inglaterra, porque, en aquella isla templada y fertilissima, no sólo no se crian lobos, pero 10 ninguno otro animal nociuo, como si dixessemos serpientes, viuoras, sapos, arañas y escorpiones: antes es cosa llana y manifiesta que, si algun animal ponçoñoso traen de otras partes a Inglaterra, en llegando a ella, muere; y si de 15 la tierra desta isla lleuan a otra parte a alguna tierra, y cercan con ella a alguna viuora, no osa ni puede salir del cerco que la aprisiona y rodea, hasta quedar muerta (*). Lo que se ha de entender desto de conuertirse en lobos, es que 20 ay vna enfermedad, a quien llaman los medicos mania lupina (*), que es de calidad que, al que la padece, le parece que se ha conuertido en lobo, y ahulla como lobo, y se juntan con otros heridos del mismo mal, y andan en manadas por 25 los campos y por los montes, ladrando ya como perros, o ya ahullando como lobos; despedaçan los arboles, matan a quien encuentran, y comen la carne cruda de los muertos, y oy dia se yo que ay en la isla de Sicilia, que es la mayor del 30 mar Mediterraneo, gentes deste genero, a quien los sicilianos llaman lobos menar (*), los quales,
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 117 antes que les de tan pestifera enfermedad, lo sienten, y dizen a los que estan junto a ellos que se aparten y huyan dellos, o que los aten o encierren, porque, si no se guardan, los hazen pedaços a bocados, y los desmenuzan, si pueden, 5 con las vñas, dando terribles y espantosos ladridos. Y es esto tanta verdad, que, entre los que se han de casar, se haze informacion bastante de que ninguno dellos es tocado desta enfermedad; y si despues, andando el tiempo, 10 la esperiencia muestra lo contrario, se dirime el matrimonio. Tambien es opinion de Plinio, segun lo escriue en el lib. 8, cap. 22 (*), que entre los arcades ay vn genero de gente, la qual, passando vn lago, cuelga los vestidos que lleua 15 de vna encina, y se entra desnudo la tierra dentro, y se junta con la gente que alli halla de su linage en figura de lobos, y está con ellos nueue años, al cabo de los quales buelue a passar el lago, y cobra su perdida figura. Pero 20 todo esto se ha de tener por mentira, y, si algo ay, passa en la imaginacion, y no realmente. --No se --dixo Rutilio--; lo que se, es que maté la loba, y hallé muerta a mis pies la hechizera. 25 --Todo esso puede ser --replicó Mauricio--, porque la fuerça de los hechizos de los maleficos y encantadores, que los ay, nos haze ver vna cosa por otra; y quede desde aqui assentado que no ay gente alguna que mude en otra 30 su primer naturaleza. --Gusto me ha dado grande --dixo Arnaldo--
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 118 el saber esta verdad, porque tambien yo era vno de los credulos deste error; y lo mismo deue de ser lo que las fabulas cuentan de la conuersion en cueruo del rey Artus, de Inglaterra, tan creyda de aquella discreta nacion, que 5 se abstienen de matar cueruos en toda la isla (*). --No se --respondio Mauricio-- de dónde tomó principio essa fabula, tan creyda como mal imaginada. En esto fueron razonando casi toda la noche, 10 y, al despuntar del dia, dixo Clodio, que hasta alli auia estado oyendo y callando: --Yo soy vn hombre a quien no se le da por aueriguar estas cosas vn dinero; ¿qué se me da a mi que aya lobos hombres o no, o que los 15 reyes anden en figuras de cueruos o de aguilas?; aunque, si se huuiessen de conuertir en aues, antes querria que fuessen en palomas, que en milanos. --Passo, Clodio; no digas mal de los reyes, 20 que me parece que te quieres dar algun filo a la lengua para cortarles el credito. --No --respondio Clodio--; que el castigo me ha puesto vna mordaça en la boca, o, por mejor dezir, en la lengua, que no consiente que la 25 mueua, y assi, antes pienso de aqui adelante rebentar callando, que alegrarme hablando. Los dichos agudos, las murmuraciones dilatadas, si a vnos alegran, a otros entristezen. Contra el callar, no ay castigo ni respuesta. Viuir quiero en 30 paz los dias que me quedan de la vida, a la sombra de tu generoso amparo, puesto que por
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 119 momentos me fatigan ciertos impetus maliciosos que me hazen baylar la lengua en la boca, y malograrseme entre los dientes mas de quatro verdades, que andan por salir a la plaça del mundo. ¡Siruase Dios con todo! 5 A lo que dixo Auristela: --De estimar es, ¡o Clodio!, el sacrificio que hazes al cielo de tu silencio. Rosamunda, que era vna de las llegadas a la conuersacion, voluiendose a Auristela, dixo: 10 --El dia que Clodio fuere callado, sere yo buena, porque en mi la torpeza y en el la murmuracion son naturales, puesto que mas esperança puedo yo tener de enmendarme, que no el, porque la hermosura se enuejeze con los 15 años, y, faltando la belleza, menguan los torpes desseos; pero sobre la lengua del maldiziente no tiene jurisdicion el tiempo; y assi, los ancianos murmuradores hablan mas quanto mas viejos, porque han visto mas, y todos los gustos 20 de los otros sentidos, los han cifrado y recogido a la lengua. --Todo es malo --dixo Transila--. Cada qual por su camino va a parar a su perdicion. --El que nosotros aora hazemos --dixo Ladislao-- 25 próspero y felice ha de ser, segun el viento se muestra fauorable, y el mar tranquilo. --Assi se mostraua esta passada noche --dixo la barbara Constança--; pero el sueño del señor Mauricio nos puso en confusion y alboroto tanto, 30 que ya yo pense que nos auia sorbido el mar a todos.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 120 --En verdad, señora --respondio Mauricio--, que, si yo no estuuiera enseñado en la verdad catolica, y me acordara de lo que dize Dios en el Leuitico: “No seais agoreros, ni deis credito a los sueños, porque no a todos es dado el 5 entenderlos” (*), que me atreuiera a juzgar del sueño que me puso en tan gran sobresalto, el qual, segun a mi parecer, no me vino por algunas de las causas de donde suelen proceder los sueños, que, quando no son reuelaciones diuinas o 10 ilusiones del demonio, proceden, o de los muchos manjares, que suben vapores al cerebro, con que turban el sentido comun, o ya de aquello que el hombre trata mas de dia (*). Ni el sueño que a mi me turbó cae debaxo de la obseruacion 15 de la astrologia, porque, sin guardar puntos ni obseruar astros, señalar rumbos ni mirar imagenes, me parecio ver visiblemente que, en vn gran palacio de madera, donde estauamos todos los que aqui vamos, llouian rayos del cielo 20 que le abrian todo, y, por las bocas que hazian, descargauan las nubes, no sólo vn mar, sino mil mares de agua; de tal manera, que, creyendo que me yua anegando, comence a dar vozes y a hazer los mismos ademanes que suele hazer 25 el que se anega; y aun no estoy tan libre deste temor, que no me queden algunas reliquias en el alma. Y como se que no ay mas cierta astrologia que la prudencia, de quien nacen los acertados discursos, ¿qué mucho que, yendo 30 nauegando en vn nauio de madera, tema rayos del cielo, nubes del ayre y aguas de la mar?
LIBRO I, CAPITVLO XVIII p. 121 Pero lo que mas me confunde y suspende, es que, si algun daño nos amenaza, no ha de ser de ningun elemento que destinada y precisamente se disponga a ello, sino de vna traicion, forjada, como ya otra vez he dicho, en algunos 5 lasciuos pechos. --No me puedo persuadir --dixo a esta sazon Arnaldo-- que, entre los que van por el mar nauegando, puedan entremeterse las blanduras de Venus ni los apetitos de su torpe hijo; al casto 10 amor bien se le permite andar entre los peligros de la muerte, guardandose para mejor vida. Esto dixo Arnaldo, por dar a entender a Auristela y a Periandro, y a todos aquellos que sus 15 desseos conocian, quán ajustados yuan sus mouimientos con los de la razon; y prosiguio diziendo: --El principe, justa razon es que viua seguro entre sus vassallos, que, el temor de las 20 traiciones, nace de la injusta vida del principe. --Assi es --respondio Mauricio--, y aun es bien que assi sea; pero dexemos passar este dia, que, si el da lugar a que llegue la noche sin sobresaltarnos, yo pedire y las dare albricias del 25 buen sucesso. Yua el sol a esta sazon a ponerse en los braços de Tetis, y el mar se estaua con el mismo sossiego que hasta alli auia tenido; soplaua fauorable el viento; por parte ninguna se 30 descubrian zelajes que turbassen los marineros; el cielo, la mar, el viento, todos juntos y cada
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 122 vno de por si, prometian felicissimo viage, quando el prudente Mauricio dixo en voz turbada y alta: --¡Sin duda nos anegamos! ¡Anegamonos, sin duda! 5
p. 123 CAPITVLO DIEZ Y NVEVE del primero libro Donde se da cuenta de lo que dos soldados hizieron, y la diuision de Periandro y Auristela. A cuyas vozes respondio Arnaldo: 5 --¿Cómo es esto, ¡o gran Mauricio! ¿Qué aguas nos sorben o qué mares nos tragan? ¿Qué olas nos embisten? La respuesta que le dieron a Arnaldo, fue ver salir debaxo de la cubierta a vn marinero 10 despauorido, echando agua por la boca y por los ojos, diziendo con palabras turbadas y mal compuestas: --Todo este nauio se ha abierto por muchas partes; el mar se ha entrado en el tan a rienda 15 suelta, que presto le vereis sobre esta cubierta. Cada vno atienda a su salud y a la conseruacion de la vida. Acogete, ¡o principe Arnaldo!, al esquife o a la varca, y lleua contigo las prendas que mas estimas, antes que tomen entera 20 possession dellas estas amargas aguas. Estancó en esto el nauio, sin poderse mouer, por el peso de las aguas, de quien ya estaua lleno; amaynó el piloto todas las velas de golpe, y todos, sobresaltados y temerosos, acudieron 25 a buscar su remedio: el principe y Periandro
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 124 fueron al esquife, y, arrojandole al mar, pusieron en el a Auristela, Transila, Ricla y a la barbara Constança, entre las quales, viendo que no se acordauan della, se arrojó Rosamunda, y tras ella mandó Arnaldo entrasse Mauricio. En este 5 tiempo andauan dos soldados descolgando la varca que al costado del nauio venía assida, y el vno dellos, viendo que el otro queria ser el primero que entrasse dentro, sacando vn puñal de la cinta, se le enuaynó en el pecho, diziendo 10 a vozes: --Pues nuestra culpa ha sido fabricada tan sin prouecho, esta pena te sirua a ti de castigo, y a mi de escarmiento; a lo menos, el poco tiempo que me queda de vida. 15 Y diziendo esto, sin querer aprouecharse del acogimiento que la varca les ofrecia, desesperadamente se arrojó al mar, diziendo a vozes, y con mal articuladas palabras: --Oye, ¡o Arnaldo!, la verdad que te dize este 20 traidor, que en tal punto es bien que la diga: yo y aquel a quien me viste passar el pecho, por muchas partes abrimos y taladramos este nauio, con intencion de gozar de Auristela y de Transila, recogiendolas en el esquife; pero, auiendo 25 visto yo auer salido mi dissinio contrario de mi pensamiento, a mi compañero quité la vida, y a mi me doy la muerte. Y, con esta vltima palabra, se dexó yr al fondo de las aguas, que le estoruaron la respiracion 30 del ayre y le sepultaron en perpetuo silencio; y aunque todos andauan confusos y ocupados,
LIBRO I, CAPITVLO XIX p. 125 buscando, como se ha dicho, en el comun peligro algun remedio, no dexó de oyr las razones Arnaldo del desesperado, y el y Periandro acudieron a la varca, y auiendo, antes que entrassen en ella, ordenado que entrasse en el esquife 5 Antonio el moço, sin acordarse de recoger algun bastimento, el, Ladislao, Antonio el padre, Periandro y Clodio, se entraron en la varca, y fueron a abordar con el esquife, que algun tanto se auia apartado del nauio, sobre el qual ya 10 passauan las aguas, y no se parecia del sino el arbol mayor, como en señal que alli estaua sepultado. Llegóse en esto la noche, sin que la varca pudiesse alcançar al esquife, desde el qual daua vozes Auristela llamando a su 15 hermano Periandro, que la respondia, reiterando muchas vezes su para el dulcissimo nombre. Transila y Ladislao hazian lo mismo, y encontrauanse en los ayres las vozes de “¡Dulcissimo esposo mio” y ”¡Amada esposa mia!”, donde 20 se rompian sus dissinios y se deshazian sus esperanças con la impossibilidad de no poder juntarse, a causa que la noche se cubria de escuridad, y los vientos començaron a soplar de partes diferentes. 25 En resolucion, la varca se apartó del esquife, y, como mas ligera y menos cargada, volo por donde el mar y el viento quisieron lleuarla; el esquife, mas con la pesadumbre que con la carga de los que en el yuan, se quedó como si a 30 posta quisieran que no nauegara. Pero quando la noche cerró con mas escuridad que al principio,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 126 començaron a sentir de nueuo la desgracia sucedida; vieronse en mar no conocida, amenazados de todas las inclemencias del cielo, y faltos de la comodidad que les podia ofrecer la tierra; el esquife sin remos y sin bastimentos, y 5 la hambre sólo detenida de la pesadumbre que sintieron. Mauricio, que auia quedado por patron y por marinero del esquife, ni tenia con qué, ni sabía cómo guialle: antes, segun los llantos, gemidos y suspiros de los que en el yuan, 10 podia temer que ellos mismos le anegarian; miraua las estrellas, y, aunque no parecian de todo en todo, algunas, que por entre la escuridad se mostrauan, le dauan indicio de venidera serenidad, pero no le mostrauan en qué parte se 15 hallaua. No consintio el sentimiento que el sueño aliuiasse su angustia, porque se les passó la noche velando, y se vino el dia, no a mas andar, como dizen, sino para mas penar, porque con el descubrieron por todas partes el mar 20 cerca y lexos, por ver si topauan los ojos con la varca que les lleuaua(n) las almas, o alguno otro vaxel que les prometiesse ayuda y socorro en su necessidad; pero no descubrieron otra cosa que vna isla a su mano yzquierda, que juntamente 25 los alegró y los entristezio: nacio la alegria de ver cerca la tierra, y la tristeza, de la impossibilidad de poder llegar a ella, si ya el viento no los lleuasse. Mauricio era el que mas confiaua de la salud de todos, por auer hallado, 30 como se ha dicho, en la figura que, como judiciario, auia leuantado, que aquel sucesso no
LIBRO I, CAPITVLO XIX p. 127 amenazaua muerte, sino descomodidades casi mortales. Finalmente, el fauor de los cielos se mezcló con los vientos, que poco a poco lleuaron el esquife a la isla, y les dio lugar de tomarle en la 5 tierra en vna espaciosa playa, no acompañada de gente alguna, sino de mucha cantidad de nieue, que toda la cubria. Miserables son y temerosas las fortunas del mar, pues los que las padecen se huelgan de trocarlas con las mayores 10 que en la tierra se les ofrezcan. La nieue de la desierta playa les parecio blanda arena, y la soledad, compañia. Vnos en braços de otros desenuarcaron; el moço Antonio fue el Atlante de Auristela y de Transila, en cuyos ombros 15 tambien desenuarcaron Rosamunda y Mauricio, y todos se recogieron al abrigo de vn peñon que no lexos de la playa se mostraua, auiendo antes, como mejor pudieron, varado el esquife en tierra, poniendo en el, despues de en Dios, su 20 esperança. Antonio, considerando que la hambre auia de hazer su oficio, y que ella auia de ser bastante a quitarles las vidas, aprestó su arco, que siempre de las espaldas le colgaua, y dixo que el queria yr a descubrir la tierra, por 25 ver si hallaua gente en ella, o alguna caça que socorriesse su necessidad. Vinieron todos con su parecer, y assi se entró con ligero paso por la isla, pisando, no tierra, sino nieue, tan dura, por estar elada, que le parecia pisar sobre 30 pedernales. Siguiole, sin que el lo echasse de ver, la torpe Rosamunda, sin ser impedida de los
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 128 demas, que creyeron que alguna natural necessidad la forçaua a dexallos. Boluio la cabeça Antonio a tiempo, y en lugar donde nadie los podia ver, y viendo junto a si a Rosamunda, le dixo: 5 --La cosa de que menos necessidad tengo, en esta que agora padecemos, es la de tu compañia. ¿Qué quieres, Rosamunda? Vueluete, que ni tu tienes armas con que matar genero de caça alguna, ni yo podre acomodar el paso a 10 esperarte. ¿Qué me sigues? --¡O inesperto moço --respondio la muger torpe--, y quán lexos estás de conocer la intencion con que te sigo y la deuda que me deues! 15 Y en esto se llegó junto a el, y prosiguio diziendo: --Ves aqui, ¡o nueuo caçador, mas hermoso que Apolo!, otra nueua Dafne, que no te huye, sino que te sigue. No mires que ya a mi belleza 20 la marchita el rigor de edad, ligera siempre, sino considera en mi a la que fue Rosamunda; domadora de las ceruices de los reyes y de la libertad de los mas essentos hombres. Yo te adoro, generoso jouen, y aqui, entre estos yelos 25 y nieues, el amoroso fuego me está haziendo ceniza el coraçon. Gozemonos, y tenme por tuya, que yo te lleuaré a parte donde llenes las manos de tesoros, para ti, sin duda alguna, de mi recogidos y guardados, si llegamos a 30 Inglaterra, donde mil vandos de muerte tienen amenazada mi vida. Escondido te lleuaré adonde te
LIBRO I, CAPITVLO XIX p. 129 entregues en mas oro que tuuo Midas, y en mas riquezas que acumuló Crasso. Aqui dio fin a su plática, pero no al mouimiento de sus manos, que arremetieron a detener las de Antonio, que de si las apartaua, y, 5 entre esta tan honesta como torpe contienda, dezia Antonio: --¡Detente, o harpia! ¡No turbes ni afees las limpias mesas de Fineo! ¡No fuerces, o barbara egipcia (*), ni incites la castidad y limpieça deste 10 que no es tu esclauo! ¡Taraçate la lengua, sierpe maldita; no pronuncies con deshonestas palabras lo que tienes escondido en tus deshonestos desseos! ¡Mira el poco lugar que nos queda desde este punto al de la muerte, que nos está 15 amenazando con la hambre y con la incertidumbre de la salida deste lugar, que, puesto que fuera cierta, con otra (*) intencion la acompañara que con la que me has descubierto! ¡Desuiate de mi y no me sigas, que castigaré tu atreuimiento 20 y publicaré tu locura! Si te vuelues, mudaré proposito y pondre en silencio tu desuerguença; si no me dexas, te quitaré la vida. Oyendo lo qual la lasciua Rosamunda, se le cubrio el coraçon, de manera que no dio lugar 25 a suspiros, a ruegos ni a lagrimas. Dexóla Antonio, sagaz y aduertido; voluiose Rosamunda, y el siguio su camino; pero no halló en el cosa que le assegurasse, porque las nieues eran muchas, y los caminos asperos, y la gente 30 ninguna; y aduirtiendo que, si adelante passaua, podia perder el camino de buelta, se boluio a
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 130 juntar con la compañia. Alçaron todos las manos al cielo, y pusieron los ojos en la tierra, como admirados de su desuentura. A Mauricio dixeron que boluieran al mar el esquife, pues no era possible remediarse en la impossibilidad y 5 soledad de la isla.
p. 131 CAPITVLO VEYNTE De vn notable caso que sucedio en la isla neuada. A poco tiempo que passó el dia, desde lexos vieron venir vna naue gruessa, que les leuantó 5 las esperanças de tener remedio. Amaynó las velas, y parecio que se dexaua detener las ancoras, y con diligencia presta arrojaron el esquife a la mar, y se vinieron a la playa, donde ya los tristes se arrojauan al esquife. Auristela dixo 10 que sería bien que aguardassen los que venian, por saber quién eran. Llegó el esquife de la naue y encalló en la fria nieue, y saltaron en ella dos, al parecer, gallardos y fuertes mancebos, de estremada disposicion y brio, los quales 15 sacaron encima de sus ombros a vna hermosissima donzella, tan sin fuerças y tan desmayada, que parecia que no le daua lugar para llegar a tocar la tierra. Llamaron a vozes los que estauan ya embarcados en el otro esquife, y les 20 suplicaron que se desembarcassen, a ser testigos de vn sucesso que era menester que los tuuiesse. Respondio Mauricio que no auia remos para encaminar el esquife, si no les prestauan los del suyo. Los marineros, con los suyos, 25 guiaron los del otro esquife y voluieron a pisar la nieue; luego los valientes jouenes
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 132 assieron de dos tablachinas, con que cubrieron los pechos, y, con dos cortadoras espadas en los braços, saltaron de nueuo en tierra. Auristela, llena de sobresalto y temor, casi con certidumbre de algun nueuo mal, acudio a ver la desmayada 5 y hermosa donzella, y lo mismo hizieron todos los demas. Los caualleros dixeron: --Esperad, señores, y estad atentos a lo que queremos deziros. --Este cauallero y yo --dixo el vno-- tenemos 10 concertado de pelear por la possession de essa enferma donzella que ai veys; la muerte ha de dar la sentencia en fauor del otro, sin que aya otro medio alguno que ataje en ninguna manera nuestra amorosa pendencia, si ya no es 15 que ella, de su voluntad, ha de escoger quál de nosotros dos ha de ser su esposo, con que hara enuaynar nuestras espadas y sossegar nuestros espiritus. Lo que pedimos es que no estorueis en manera alguna nuestra porfia, la qual 20 lleuaramos hasta el cabo, sin tener temor que nadie nos la estoruara, si no os huuieramos menester para que mirarades. Si estas soledades pueden ofrecer algun remedio para dilatar siquiera la vida de essa donzella, que es tan poderosa para 25 acabar las nuestras, la priessa que nos obliga a dar conclusion a nuestro negocio, no nos da lugar para preguntaros por agora quién soys, ni cómo estais en este lugar tan solo, y tan sin remos, que no los teneis, segun parece, para 30 desuiaros desta isla tan sola, que aun de animales no es habitada.
LIBRO I, CAPITVLO XX p. 133 Mauricio les respondio que no saldrian vn punto de lo que querian; y luego echaron los dos mano a las espadas, sin querer que la enferma donzella declarasse primero su voluntad, remitiendo antes su pendencia a las armas que 5 a los desseos de la dama. Arremetieron el vno contra el otro, y, sin mirar reglas, mouimientos, entradas, salidas y compasses, a los primeros golpes el vno quedó passado el coraçon de parte a parte, y el otro abierta la cabeça por 10 medio; este, le concedio el cielo tanto espacio de vida, que le tuuo de llegar a la donzella y juntar su rostro con el suyo, diziendole: --¡Venci, señora! ¡Mia eres! Y, aunque ha de durar poco el bien de posseerte, el pensar que 15 vn solo instante te podre tener por mia, me tengo por el mas venturoso hombre del mundo. Recibe, señora, esta alma, que embuelta en estos vltimos alientos te embio; dales lugar en tu pecho, sin que pidas licencia a tu honestidad, 20 pues el nombre de esposo a todo esto da licencia. La sangre de la herida bañó el rostro de la dama, la qual estaua tan sin sentido, que no respondio palabra. Los dos marineros que auian 25 guiado el esquife de la naue, saltaron en tierra y fueron con presteza a requerir assi al muerto de la estocada como al herido en la cabeça, el qual, puesta su boca con la de su tan caramente comprada esposa, embió su alma a los ayres, y dexó 30 caer el cuerpo sobre la tierra. Auristela, que todas estas acciones auia estado mirando, antes
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 134 de descubrir y mirar atentamente el rostro de la enferma señora, llegó de proposito a mirarla, y, limpiandole la sangre que auia llouido del muerto enamorado, conocio ser su donzella Taurisa, la que lo auia sido al tiempo que ella 5 estuuo en poder del principe Arnaldo, que le auia dicho la dexaua en poder de dos caualleros que la lleuassen a Irlanda, como queda dicho. Auristela quedó suspensa, quedó atonita, quedó mas triste que la tristeza misma, y mas 10 quando vino a conocer que la hermosa Taurisa estaua sin vida. --¡Ay --dixo a esta sazon--, con qué prodigiosas señales me va mostrando el cielo mi desuentura, que, si se rematara con acabarse mi 15 vida, pudiera llamarla dichosa, que los males que tienen fin en la muerte, como no se dilaten y entretengan, hazen dichosa la vida! ¿Qué red varredera es esta con que cogen los cielos todos los caminos de mi descanso? ¿Qué impossibles 20 son estos que descubro a cada paso de mi remedio? Mas, pues aqui son escusados los llantos y son de ningun prouecho los gemidos, demos el tiempo que he de gastar en ellos por aora a la piedad, y enterremos los muertos, y 25 no congoxe yo por mi parte los viuos. Y luego pidio a Mauricio pidiesse a los marineros del esquife voluiessen al nauio por instrumentos para hazer las sepulturas. Hizolo assi Mauricio, y fue a la naue con intencion de 30 concertarse con el piloto o capitan que huuiesse para que los sacasse de aquella isla y los lleuasse
LIBRO I, CAPITVLO XX p. 135 adondequiera que fuessen. En este entretanto tuuieron lugar Auristela y Transila de acomodar a Taurisa para enterralla, y la piedad y honestidad christiana no consintio que la desnudassen. Voluio Mauricio con los instrumentos, auiendo 5 negociado todo aquello que quiso. Hizose la sepultura de Taurisa; pero los marineros no quisieron, como catolicos, que se hiziesse ninguna a los muertos en el desafío. Rosamunda, que, despues que voluio de auer declarado su mal 10 pensamiento al barbaro Antonio, nunca auia alçado los ojos del suelo, que sus pecados se los tenian aterrados, al tiempo que yuan a sepultar a Taurisa, leuantando el rostro, dixo: --Si os preciays, señores, de caritatiuos, y si 15 anda en vuestros pechos al par la justicia y la misericordia, vsad destas dos virtudes conmigo. Yo, desde el punto que tuue vso de razon, no la tuue, porque siempre fuy mala. Con los años verdes, y con la hermosura mucha, con la libertad 20 demasiada, y con la riqueza abundante, se fueron apoderando de mi los vicios de tal manera, que han sido y son en mi como acidentes inseparables. Ya sabeys, como yo alguna vez he dicho, que he tenido el pie sobre las ceruices 25 de los reyes, y he traido a la mano que he querido las voluntades de los hombres; pero el tiempo, salteador y robador de la humana belleza de las mugeres, se entró por la mia tan sin yo pensarlo, que primero me he visto fea que 30 desengañada. Mas como los vicios tienen assiento en el alma, que no enuejeze, no quieren dexarme;
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 136 y, como yo no les hago resistencia, sino que me dexo yr con la corriente de mis gustos, heme ydo aora con el que me da el ver siquiera a este barbaro muchacho, el qual, aunque le he descubierto mi voluntad, no corresponde a la mia, 5 que es de fuego, con la suya, que es de elada nieue; veome despreciada y aborrecida, en lugar de estimada y bien querida: golpes que no se pueden resistir con poca paciencia y con mucho desseo. Ya, ya la muerte me va pisando las 10 faldas, y estiende la mano para alcançarme de la vida; por lo que veis que deue la bondad del pecho que la tiene al miserable que se le encomienda, os suplico que cubrais mi fuego con yelo, y me enterreys en essa sepultura; que, 15 puesto que mezcleys mis lasciuos huessos con los de essa casta donzella, no los contaminarán: que las reliquias buenas siempre lo son dondequiera que esten. Y, voluiendose al moço Antonio, prosiguio: 20 --Y tu, arrogante moço, que agora tocas o estás para tocar los margenes y rayas del deleyte, pide al cielo que te encamine de modo que, ni te solicite edad larga, ni marchita belleza; y si yo he ofendido tus rezientes oydos, que 25 assi los puedo llamar, con mis inaduertidas y no castas palabras, perdoname, que, los que piden perdon en este trance, por cortesia siquiera, merecen ser, si no perdonados, a lo menos escuchados. 30 Esto diziendo, dio vn suspiro, embuelto en vn mortal desmayo.
p. 137 CAPITVLO VEYNTE Y VNO del primer libro de los trabajos de Persiles y Sigismunda. --Yo no se --dixo Mauricio a esta sazon-- qué quiere este que llaman amor por estas montañas, 5 por estas soledades y riscos, por entre estas nieues y yelos, dexandose alla los Pafos, Gnydos (*), las Cipres, los Eliseos Campos, de quien huye la hambre y no llega incomodidad alguna. En el coraçon sossegado, en el ánimo quieto, 10 tiene el amor deleytable su morada, que no en las lagrimas ni en los sobresaltos. Auristela, Transila, Constança y Ricla quedaron atonitas del sucesso, y con callar le admiraron, y, finalmente, con no pocas lagrimas 15 enterraron a Taurisa; y despues de auer vuelto Rosamunda del pesado desmayo, se recogieron y enuarcaron en el esquife de la naue, donde fueron bien recebidos y regalados de los que en ella estauan, satisfaziendo luego todos la 20 hambre que les aquexaua; sólo Rosamunda, que estaua tal, que por momentos llamaua a las puertas de la muerte. Alçaron velas, lloraron algunos los capitanes muertos, y instituyeron luego vno que lo fuesse de todos, y siguieron 25 su viage, sin lleuar parte conocida donde le
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 138 encaminassen, porque era de cossarios, y no irlandesses, como a Arnaldo le auia[n] dicho, sino de vna isla rebelada contra Inglaterra. Mauricio, mal contento de aquella compañia, siempre yua temiendo algun reues de su acelerada 5 costumbre y mal modo de viuir; y, como viejo y esperimentado en las cosas del mundo, no le cabia el coraçon en el pecho, temiendo que la mucha hermosura de Auristela, la gallardia y buen parecer de su hija Transila, los pocos años y nueuo 10 trage de Constança, no despertassen en aquellos cossarios algun mal pensamiento. Seruiales de Argos el moço Antonio, de lo que siruio el pastor de Anfriso; eran los ojos de los dos centinelas no dormidas, pues por sus quartos la hazian 15 a las mansas y hermosas ouejuelas que debaxo de su solicitud y vigilancia se amparauan. Rosamunda, con los continuos desdenes, vino a enflaquezer, de manera que vna noche la hallaron en vna camara del nauio sepultada en 20 perpetuo silencio. Harto auian llorado; mas no dexaron de sentir su muerte compasiua y christianamente. Siruiola el ancho mar de sepultura, donde no tuuo harta agua para apagar el fuego que causó en su pecho el gallardo Antonio, el 25 qual y todos rogaron muchas vezes a los cossarios que los lleuassen de vna vez a Irlanda o a Ybernia, si ya no quisiessen a Inglaterra o Escocia; pero ellos respondian que, hasta auer hecho vna buena y rica pressa, no auian de 30 tocar en tierra alguna, si ya no fuesse a hazer agua o a tomar bastimentos necessarios. La
LIBRO I, CAPITVLO XXI p. 139 barbara Ricla bien comprara a pedaços de oro que los lleuaran a Inglaterra; pero no osaua descubrirlos, porque no se los robassen antes que se los pidiessen. Dioles el capitan estancia aparte, y acomodóles de manera que les asseguró 5 de la insolencia que podian temer de los soldados. Desta manera anduuieron casi tres meses por el mar de vnas partes a otras: ya tocauan en vna isla, ya en otra, y ya se salian al mar descubierto, 10 propia costumbre de cossarios que buscan su ganancia, las vezes que auia calma y el mar sossegado no les dexaua nauegar. El nueuo capitan del nauio se yua a entretener a la estancia de sus passageros, y con pláticas discretas y 15 cuentos graciosos, pero siempre honestos, los entretenia, y Mauricio hazía lo mismo. Auristela, Transila, Ricla y Constança, mas se ocupauan en pensar en la ausencia de las mitades de su alma, que en escuchar al capitan ni a Mauricio; 20 con todo esto, estuuieron vn dia atentas a la historia que en este siguiente capitulo se cuenta, que el capitan les dixo.
p. 140 CAPITVLO VEYNTE Y DOS Donde el capitan da cuenta de las grandes fiestas que acostumbraua a hazer en su reyno el rey Policarpo. --Vna de las islas que estan junto a la de 5 Ybernia me dio el cielo por patria: es tan grande, que toma nombre de reyno, el qual no se hereda, ni viene por sucession de padre a hijo; sus moradores le eligen a su beneplacito, procurando siempre que sea el mas virtuoso y mejor 10 hombre que en el se hallara; y, sin interuenir de por medio ruegos o negociaciones, y sin que los soliciten promesas ni dadiuas, de comun consentimiento de todos sale el rey, y toma el cetro absoluto del mando, el qual le dura 15 mientras le dura la vida o mientras no se empeora en ella. Y con esto, los que no son reyes, procuran ser virtuosos para serlo; y los que lo son, pugnan serlo mas, para no dexar de ser reyes; con esto se cortan las alas a la ambicion, se 20 atierra la codicia, y, aunque la hipocresia suele andar lista, a largo andar se le cae la mascara, y queda sin el alcançado premio; con esto los pueblos viuen quietos, campea la justicia y resplandece la misericordia, despachanse con 25 breuedad los memoriales de los pobres, y los que dan los ricos, no por serlo son mejor despachados;
LIBRO I, CAPITVLO XXII p. 141 no agobian la vara de la justicia las dadiuas ni la carne y sangre de los parentescos: todas las negociaciones guardan sus puntos y andan en sus quicios; finalmente, reyno es donde se viue sin temor de los insolentes, y donde 5 cada vno goza lo que es suyo. ”Esta costumbre, a mi parecer justa y santa, puso el cetro del reyno en las manos de Policarpo, varon insigne y famoso assi en las armas como en las letras, el qual tenia, quando vino 10 a ser rey, dos hijas de estremada belleza, la mayor llamada Policarpa, y la menor, Simforosa; no tenian madre, que no les hizo falta, quando murio, sino en la compañia: que sus virtudes y agradables costumbres eran ayas de si mismas, 15 dando marauilloso exemplo a todo el reyno. Con estas buenas partes, assi ellas como el padre se hazian amables, se estimauan de todos. Los reyes, por parecerles que la malencolia en los vassallos suele despertar malos 20 pensamientos, procuran tener alegre el pueblo y entretenido con fiestas públicas, y a vezes con ordinarias comedias; principalmente, solenizauan el dia que fueron assumptos al reyno, con hazer que se renouassen los juegos que los 25 gentiles llamauan Olimpicos, en el mejor modo que podian. Señalauan premio a los corredores, honrauan a los diestros, coronauan a los tiradores, y subian al cielo de la alabança a los que derribauan a otros en la tierra. Haziase 30 este espetaculo junto a la marina, en vna espaciosa playa, a quien quitauan el sol infinita
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 142 cantidad de ramos entretexidos, que la dexauan a la sombra; ponian en la mitad vn suntuoso teatro, en el qual sentado el rey y la real familia, mirauan los apazibles juegos. Llegóse vn dia destos, y Policarpo procuró auentajarse en 5 magnificencia y grandeza en solenizarle sobre todos quantos hasta alli se auian hecho; y quando ya el teatro estaua ocupado con su persona y con los mejores del reyno, y quando ya los instrumentos belicos y los apazibles querian dar 10 señal que las fiestas se començassen, y quando ya quatro corredores, mancebos agiles y sueltos, tenian los pies yzquierdos delante, y los derechos alçados, que no les impedia otra cosa el soltarse a la carrera sino soltar vna cuerda que 15 les seruia de raya y de señal, que, en soltandola, auian de volar a vn término señalado, donde auian de dar fin a su carrera, digo que, en este tiempo, vieron venir por la mar vn varco que le blanqueauan los costados el ser rezien 20 despalmado, y le facilitauan el romper del agua seys remos que de cada vanda traia, impelidos de doze, al parecer, gallardos mancebos, de dilatadas espaldas y pechos y de neruudos braços; venian vestidos de blanco todos, si no el que 25 guiaua el timon, que venía de encarnado, como marinero. Llegó con furia el varco a la orilla, y el encallar en ella y el saltar todos los que en el venian en tierra, fue vna misma cosa. Mandó Policarpo que no saliessen a la carrera hasta 30 saber qué gente era aquella, y a lo que venía, puesto que imaginó que deuian de venir a hallarse
LIBRO I, CAPITVLO XXII p. 143 en las fiestas y a prouar su gallardia en los juegos. El primero que se adelantó a hablar al rey fue el que seruia de timonero, mancebo de poca edad, cuyas mexillas, desembaraçadas y limpias, mostrauan ser de nieue y de grana; 5 los cabellos, anillos de oro; y cada vna parte de las del rostro tan perfecta, y todas juntas tan hermosas, que formauan vn compuesto admirable. Luego la hermosa presencia del moço arrebató la vista y aun los coraçones de quantos le 10 miraron, y yo desde luego le quedé aficionadissimo. Lo que dixo al rey: ”--Señor, estos mis compañeros y yo, auiendo tenido noticia destos juegos, venimos a seruirte y hallarnos en ellos, y no de lexas tierras, 15 sino desde vna naue que dexamos en la isla Scinta, que no está lexos de aqui; y como el viento no hizo a nuestro proposito para encaminar aqui la naue, nos aprouechamos de esta varca, y de los remos, y de la fuerça de 20 nuestros braços. Todos somos nobles y desseosos de ganar honra, y, por la que deues hazer, como rey que eres, a los estrangeros que a tu presencia llegan, te suplicamos nos concedas licencia para mostrar o nuestras fuerças o 25 nuestros ingenios, en honra y prouecho nuestro, y gusto tuyo. ”--Por cierto --respondio Policarpo--, agraciado jouen, que vos pedis lo que quereis con tanta gracia y cortesia, que sería cosa injusta el 30 negaroslo. Honrad mis fiestas en lo que quisieredes; dexadme a mi el cargo de premiaroslo:
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 144 que, segun vuestra gallarda presencia muestra, poca esperança dexais a ninguno de alcançar los primeros premios. ”Dobló la rodilla el hermoso mancebo y inclinó la cabeça, en señal de criança y agradecimiento, 5 y en dos brincos se puso ante la cuerda que detenia a los quatro ligeros corredores; sus doze compañeros se pusieron a vn lado, a ser espectatores de la carrera. Sono vna trompeta, soltaron la cuerda, y arrojaronse al buelo los cinco; 10 pero aun no aurian dado veinte pasos, quando con mas de seys se les auentajó el rezien venido, y, a los treynta, ya los lleuaua de ventaja mas de quinze; finalmente, se los dexó a poco mas de la mitad del camino, como si fueran estatuas 15 inmouibles, con admiracion de todos los circunstantes, especialmente de Sinforosa, que le seguia con la vista, assi corriendo como estando quedo, porque la belleza y agilidad del moço era bastante para lleuar tras si las voluntades, no 20 sólo (de) los ojos de quantos le mirauan. Noté yo esto, porque tenia los mios atentos a mirar a Policarpa, objeto dulce de mis desseos, y, de camino, miraua los mouimientos de Sinforosa. Començo luego la inuidia a apoderarse de los 25 pechos de los que se auian de prouar en los juegos, viendo con quánta facilidad se auia lleuado el estrangero el precio de la carrera. Fue el segundo certamen el de la esgrima: tomó el ganancioso la espada negra, con la qual, a seys 30 que le salieron, cada vno de por si, les cerró las bocas, mosqueó las narizes, les selló los ojos y
LIBRO I, CAPITVLO XXII p. 145 les santiguó las cabeças, sin que a el le tocassen, como dezirse suele, vn pelo de la ropa. Alçó la voz el pueblo, y, de comun consentimiento, le dieron el premio primero. Luego se acomodaron otros seys a la lucha, donde con 5 mayor gallardia dio de si muestra el moço: descubrio sus dilatadas espaldas, sus anchos y fortissimos pechos, y los neruios y musculos de sus fuertes braços, con los quales, y con destreza y maña increyble, hizo que las espaldas de los 10 seys luchadores, a despecho y pesar suyo, quedassen impressas en la tierra. Assio luego de vna pesada varra que estaua hincada en el suelo, porque le dixeron que era el tirarla el quarto certamen: sompesóla, y haziendo de señas a la 15 gente que estaua delante para que le diessen lugar donde el tiro cupiesse, tomando la varra por la vna punta, sin voluer el braço atras, la impelio con tanta fuerça, que, passando los límites de la marina, fue menester que el mar se 20 los diesse, en el qual bien adentro quedó sepultada la varra. Esta mostruosidad, notada de sus contrarios, les desmayó los brios, y no osaron prouarse en la contienda. Pusieronle luego la ballesta en las manos, y algunas flechas, y 25 mostraronle vn arbol muy alto y muy lisso, al cabo del qual estaua hincada vna media lança, y en ella, de vn hilo, estaua assida vna paloma, a la qual auian de tirar no mas de vn tiro los que en aquel certamen quisiessen prouarse. Vno, que 30 presumia de certero, se adelantó y tomó la mano, creo yo, pensando derribar la paloma antes que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 146 otro; tiró, y clauó su flecha casi en el fin de la lança, del qual golpe açorada la paloma, se leuantó en el ayre; y luego, otro no menos presumido que el primero, tiró con tan gentil certeria, que rompio el hilo donde estaua assida la 5 paloma, que, suelta y libre del laço que la detenia, entregó su libertad al viento y batio las alas con priessa. Pero el ya acostumbrado a ganar los primeros premios, disparó su flecha; y, como si mandara lo que auia de hazer, y ella tuuiera 10 entendimiento para obedecerle, assi lo hizo, pues, diuidiendo el ayre con vn rasgado y tendido siluo, llegó a la paloma y le passó el coraçon de parte a parte, quitandole a vn mismo punto el buelo y la vida. Renouaronse con esto 15 las vozes de los presentes y las alabanças del estrangero, el qual en la carrera, en la esgrima, en la lucha, en la varra, y en el tirar de la ballesta, y entre otras muchas prueuas que no cuento, con grandissimas ventajas se lleuó los 20 primeros premios, quitando el trabajo a sus compañeros de prouarse en ellas. Quando se acabaron los juegos, sería el crepusculo de la noche; y quando el rey Policarpo queria leuantarse de su assiento, con los juezes que con 25 el estauan, para premiar al vencedor mancebo, vio que, puesto de rodillas ante el, le dixo: ”--Nuestra naue quedó sola y desamparada; la noche cierra algo escura; los premios que puedo esperar, que por ser de tu mano se deuen 30 estimar en lo possible, quiero, ¡o gran señor!, que los dilates hasta otro tiempo, que con
LIBRO I, CAPITVLO XXII p. 147 mas espacio y comodidad pienso voluer a seruirte. ”Abraçóle el rey, preguntóle su nombre, y dixo que se llamaua Periandro. Quitóse en esto la bella Sinforosa vna guirnalda de flores con 5 que adornaua su hermosissima cabeça, y la puso sobre la del gallardo mancebo; y, con honesta gracia, le dixo al ponersela: ”--Quando mi padre sea tan venturoso de que voluais a verle, vereis cómo no vendreis a 10 seruirle, sino a ser seruido.
p. 148 CAPITVLO VEYNTE Y TRES De lo que sucedio a la zelosa Auristela quando supo que su hermano Periandro era el que auia ganado los premios del certamen. ¡O poderosa fuerça de los zelos! ¡O enfermedad, 5 que te pegas al alma de tal manera, que sólo te despegas con la vida! ¡O hermosissima Auristela! ¡Detente, no te precipites a dar lugar en tu imaginacion a esta rabiosa dolencia! Pero ¿quién podra tener a raya los pensamientos, que 10 suelen ser tan ligeros y sutiles, que, como no tienen cuerpo, passan las murallas, traspassan los pechos, y veen lo mas escondido de las almas? Esto se ha dicho, porque, en oyendo pronunciar Auristela el nombre de Periandro, su 15 hermano, y auiendo oydo antes las alabanças de Sinforosa, y el fauor que en ponerle la guirnalda le auia hecho, rindio el sufrimiento a las sospechas y entregó la paciencia a los gemidos, y, dando vn gran suspiro, y abraçandose con 20 Transila, dixo: --Querida amiga mia, ruega al cielo que, sin auerse perdido tu esposo Ladislao, se pierda mi hermano Periandro. ¿No le ves en la boca deste valeroso capitan, honrado como vencedor, 25 coronado como valeroso, atento mas a los fauores de vna donzella que a los cuydados que le deuian
LIBRO I, CAPITVLO XXIII p. 149 dar los destierros y pasos desta su hermana? Andase buscando palmas y trofeos por las tierras agenas, y dexase entre los riscos, y entre las peñas, y entre las montañas que suele leuantar la mar alterada, a esta su hermana, que, por 5 su consejo y por su gusto, no ay peligro de muerte donde no se halle. Estas razones escuchaua atentissimamente el capitan del nauio, y no sabía qué conclusion sacar de ellas; sólo paró en dezir, pero no dixo 10 nada, porque en vn instante y en vn momentaneo punto le arrebató la palabra de la boca vn viento que se leuantó tan subito y tan rezio, que le hizo poner en pie, sin responder a Auristela, y dando vozes a los marineros que amaynassen 15 las velas y las templassen y assegurassen. Acudio toda la gente a la faena; començo la naue a bolar en popa, con mar tendido y largo, por donde el viento quiso lleuarla. Recogiose Mauricio, con los de su compañia, a su 20 estancia, por dexar hazer libremente su oficio a los marineros. Alli preguntó Transila a Auristela qué sobresalto era aquel que tal la auia puesto, que a ella le auia parecido auerle causado el auer oydo nombrar el nombre de Periandro, y 25 no sabía por qué las alabanças y buenos sucessos de vn hermano pudiessen dar pesadumbre. --¡Ay, amiga! --respondio Auristela--. De tal manera estoy obligada a tener en perpetuo silencio vna peregrinacion que hago, que, hasta 30 darle fin, aunque primero llegue el de la vida, soy forçada a guardarle. En sabiendo quién soy,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 150 que si sabras, si el cielo quiere, verás las disculpas de mis sobresaltos; sabiendo la causa de do nacen, verás castos pensamientos acometidos, pero no turbados; verás desdichas sin ser buscadas, y laberintos que, por venturas no 5 imaginadas, han tenido salida de sus enredos. ¿Ves quán grande es el nudo del parentesco de vn hermano? Pues sobre este tengo yo otro mayor con Periandro. ¿Ves ansimismo quán propio es de los enamorados ser zelosos? Pues con mas 10 propiedad tengo yo zelos de mi hermano. Este capitan, amiga, ¿no exageró la hermosura de Sinforosa, y ella, al coronar las sienes de Periandro, ¿no le (*) miró? Si, sin duda. Y mi hermano, ¿no es del valor y de la belleza que tu has 15 visto? ¿Pues qué mucho que aya despertado en el pensamiento de Sinforosa alguno que le haga oluidar de su hermana? --Aduierte, señora --respondio Transila--, que, todo quanto el capitan ha contado, sucedio 20 antes de la prision de la insula barbara, y que despues aca os aueis visto y comunicado, donde aura hallado que, ni el tiene amor a nadie, ni cuyda de otra cosa que de darte gusto; y no creo yo que las fuerças de los zelos lleguen a 25 tanto, que alcancen a tenerlos vna hermana de vn su hermano. --Mira, hija Transila --dixo Mauricio--, que las condiciones de amor son tan diferentes como injustas, y sus leyes tan muchas como variables; 30 procura ser tan discreta, que no apures los pensamientos agenos, ni quieras saber mas de nadie
LIBRO I, CAPITVLO XXIII p. 151 de aquello que quisiere dezirte: la curiosidad en los negocios propios se puede sutilizar y atildar; pero en los agenos, que no nos importa, ni por pensamiento. Esto que oyo Auristela a Mauricio, la hizo 5 tener cuenta con su discrecion y con su lengua, porque la de Transila, poco necia, lleuaua camino de hazerle sacar a plaça toda su historia. Amansó en tanto el viento, sin auer dado lugar a que los marineros temiessen ni los passageros 10 se alborotassen. Voluio el capitan a verlos y a proseguir su historia, por auer quedado cuydadoso del sobresalto que Auristela tomó oyendo el nombre de Periandro. Desseaua Auristela boluer a la plática passada, y saber del capitan 15 si los fauores que Sinforosa auia hecho a Periandro, se estendieron a mas que coronarle, y assi, se lo preguntó modestamente y con recato de no dar a entender su pensamiento. Respondio el capitan que Sinforosa no tuuo lugar de 20 hazer mas merced, que assi se han de llamar los fauores de las damas, a Periandro, aunque, a pesar de la bondad de Sinforosa, a el le fatigauan ciertas imaginaciones que tenia de que no estaua muy libre de tener en la suya a 25 Periandro, porque siempre que, despues de partido, se hablaua de las gracias de Periandro, ella las subia y las leuantaua sobre los cielos, y, por auerle ella mandado que saliesse en vn nauio a buscar a Periandro, y le hiziesse voluer a ver 30 a su padre, confirmaua mas sus sospechas. --¿Cómo? ¿Y es possible --dixo Auristela--
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 152 que las grandes señoras, las hijas de los reyes, las leuantadas sobre el trono de la fortuna, se han de humillar a dar indicios de que tienen los pensamientos en humildes sujetos colocados? Y siendo verdad, como lo es, que la grandeza 5 y magestad no se auiene bien con el amor, antes son repugnantes entre si el amor y la grandeza, hase de seguir que Sinforosa, reyna hermosa y libre, no se auia de cautiuar de la primera vista de vn no conocido moço, cuyo estado 10 no prometia ser grande el venir guiando vn timon de vna varca, con doze compañeros desnudos, como lo son todos los que gouiernan los remos. --Calla, hija Auristela --dixo Mauricio--, que 15 en ningunas otras acciones de la naturaleza se veen mayores milagros ni mas continuos que en las del amor, que, por ser tantos y tales los milagros, se passan en silencio y no se echa de ver en ellos, por extraordinarios que sean. El 20 amor junta los cetros con los cayados, la grandeza con la baxeza, haze possible lo impossible, yguala diferentes estados, y viene a ser poderoso como la muerte. Ya sabes tu, señora, y se yo muy bien, la gentileza, la gallardia y el 25 valor de tu hermano Periandro, cuyas partes forman vn compuesto de singular hermosura; y es priuilegio de la hermosura rendir las voluntades y atraer los coraçones de quantos la conocen, y quanto la hermosura es mayor y mas conocida, 30 es mas amada y estimada; assi que no sería milagro que Sinforosa, por principal que sea,
LIBRO I, CAPITVLO XXIII p. 153 ame a tu hermano, porque no le amaria como a Periandro a secas, sino como a hermoso, como a valiente, como a diestro, como a ligero, como a sugeto donde todas las virtudes estan recogidas y cifradas. 5 --¿Que Periandro es hermano desta señora? --dixo el capitan. --Si --respondio Transila--; por cuya ausencia ella viue en perpetua tristeza, y todos nosotros, que la queremos bien, y a el le conocimos, 10 en llanto y amargura. Luego le contaron todo lo sucedido del naufragio de la naue de Arnaldo, la diuision del esquife y de la varca, con todo aquello que fue bastante para darle a entender lo sucedido hasta 15 el punto en que estauan; en el qual punto dexa el autor el primer libro desta grande historia, y passa al segundo, donde se contarán cosas que, aunque no passan de la verdad, sobrepujan a la imaginacion, pues a penas pueden caber en 20 la mas sutil y dilatada sus acontecimientos. Fin del primer libro de Los trabajos de Persiles y Sigismunda
p. 154
p. 155 LIBRO SEGVNDO DE LOS TRABAIOS DE PERSILES Y SIGISMVNDA CAPITVLO PRIMERO Donde se cuenta cómo el nauio se volco, con 5 todos los que dentro del yuan. Parece que el autor desta historia sabía mas de enamorado que de historiador, porque casi este primer capitulo de la entrada del segundo libro le gasta todo en vna difinicion de zelos, 10 ocasionados de los que mostro tener Auristela por lo que le conto el capitan del nauio; pero en esta traducion, que lo es, se quita por prolixa, y por cosa en muchas partes referida y ventilada, y se viene a la verdad del caso, que fue 15 que, cambiandose el viento y enmarañandose las nubes, cerró la noche escura y tenebrosa, y los truenos, dando por mensageros a los relampagos, tras quien se siguen, començaron a turbar los marineros y a deslumbrar la vista de 20
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 156 todos los de la naue, y començo la borrasca con tanta furia, que no pudo ser preuenida de la diligencia y arte de los marineros, y assi, a vn mismo tiempo les cogio la turbacion y la tormenta; pero no por esto dexó cada vno de acudir 5 a su oficio y a hazer la faena que vieron ser necessaria, si no para escusar la muerte, para dilatar la vida: que los atreuidos que de vnas tablas la fian, la sustentan quanto pueden, hasta poner su esperança en vn madero que a caso 10 la tormenta desclauó de la naue, con el qual se abraçan, y tienen a gran ventura tan duros abraços. Mauricio se abraçó con Transila, su hija; Antonio, con Ricla y con Constança, su madre y hermana; sola la desgraciada Auristela quedó 15 sin arrimo, sino el que le ofrecia su congoxa, que era el de la muerte, a quien ella de buena gana se entregara, si lo permitiera la christiana y catolica religion, que con muchas veras procuraua guardar; y assi, se recogio entre ellos, y 20 hechos vn ñudo, o, por mejor dezir, vn ouillo, se dexaron calar casi hasta la postrera parte del nauio, por escusar el ruydo espantoso de los truenos, y la interpolada luz de los relampagos, y el confuso estruendo de los marineros. Y en 25 aquella semejança del limbo se escusaron de no verse vnas vezes tocar el cielo con las manos, leuantandose el nauio sobre las mismas nubes, y otras vezes barrer la gabia las arenas del mar profundo. Esperauan la muerte cerrados los 30 ojos, o, por mejor dezir, la temian sin verla: que la figura de la muerte, en qualquier trage
LIBRO II, CAPITVLO I p. 157 que venga, es espantosa, y la que coge a vn desapercebido en todas sus fuerças y salud, es formidable. La tormenta crecio de manera, que agotó la ciencia de los marineros, la solicitud del capitan, y, finalmente, la esperança de 5 remedio en todos. Ya no se oian vozes que mandauan hagase esto o aquello, sino gritos de plegarias y votos que se hazian, y a los cielos se embiauan; y llegó a tanto esta miseria y estrecheza, que Transila no se acordaua de Ladislao, 10 Auristela de Periandro: que vno de los efetos poderosos de la muerte, es borrar de la memoria todas las cosas de la vida, y pues llega a hazer que no se sienta la passion zelosa, tengase por dicho que puede lo impossible. No auia alli 15 relox de arena que distinguiesse las horas, ni aguja que señalasse el viento, ni buen tino que atinasse el lugar donde estauan: todo era confusion, todo era grita, todo suspiros y todo plegarias. Desmayó el capitan, abandonaronse los 20 marineros, rindieronse las humanas fuerças, y poco a poco el desmayo llamó al silencio, que ocupó las vozes de los mas de los miseros que se quexauan. Atreuiose el mar insolente a passearse por cima de la cubierta del nauio, y aun 25 a visitar las mas altas gabias, las quales tambien ellas, casi como en vengança de su agrauio, besaron las arenas de su profundidad. Finalmente, al parecer del dia, si se puede llamar dia el que no trae consigo claridad alguna, 30 la naue se estuuo queda y estancó, sin mouerse a parte alguna, que es vno de los peligros,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 158 fuera del de anegarse, que le puede suceder a vn vaxel; finalmente, combatida de vn vracan furioso, como si la voluieran con algun artificio, puso la gabia mayor en la hondura de las aguas, y la quilla descubrio a los cielos, 5 quedando hecha sepultura de quantos en ella estauan. ¡A Dios, castos pensamientos de Auristela; a Dios, bien fundados dissinios; sossegaos, pasos, tan honrados como santos; no espereis 10 otros mauseolos ni otras pyramides ni agujas que las que os ofrecen essas mal breadas tablas! Y vos, ¡o Transila!, exemplo claro de honestidad, en los braços de vuestro discreto anciano padre podeis celebrar las bodas, si no 15 con vuestro esposo Ladislao, a lo menos con la esperança, que ya os aura conduzido a mejor talamo. Y tu, ¡o Ricla!, cuyos desseos te lleuauan a tu descanso, recoge en tus braços a Antonio y a Constança, tus hijos, y ponlos en la 20 presencia del que agora te ha quitado la vida para mejorartela en el cielo. En resolucion, el bolcar de la naue, y la certeza de la muerte de los que en ella yuan, puso las razones referidas en la pluma del autor 25 desta grande y lastimosa historia, y, ansimismo puso las que se oiran en el siguiente capitulo.
p. 159 CAPITVLO SEGVNDO del segundo libro Donde se cuenta vn estraño sucesso. Parece que el bolcar de la naue bolco, o, por mejor dezir, turbó el juyzio del autor de esta 5 historia, porque a este segundo capitulo le dio quatro o cinco principios, casi como dudando qué fin en el tomaria. En fin, se resoluio diziendo que las dichas y las desdichas suelan andar tan juntas, que tal vez no ay medio que las 10 diuida; andan el pesar y el plazer tan apareados, que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confia, como lo da facilmente a entender este estraño sucesso. Sepultóse la naue, como queda dicho, en las aguas; quedaron 15 los muertos sepultados sin tierra; deshizieronse sus esperanças, quedando impossib(i)l[e] a todo su remedio; pero los piadosos cielos, que de muy atras toman la corriente de remediar nuestras desuenturas, ordenaron que la naue, lleuada 20 poco a poco de las olas, ya mansas y recogidas, a la orilla del mar, [diesse] en vna playa que por entonces su apazibilidad y mansedumbre podia seruir de seguro puerto; y, no lexos estaua vn puerto capacissimo de muchos vaxeles, 25 en cuyas aguas, como en espejos claros, se
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 160 estaua mirando vna ciudad populosa, que, por vna alta loma, sus vistosos edificios leuantaua. Vieron los de la ciudad el vulto de la naue, y creyeron ser el de alguna vallena o de otro gran pescado que, con la borrasca passada, auia dado 5 al traues. Salio infinita gente a verlo, y, certificandose ser nauio, lo dixeron al rey Policarpo, que era el señor de aquella ciudad, el qual, acompañado de muchos, y de sus dos hermosas hijas, Policarpa y Sinforosa, salio tambien, y 10 ordenó que, con cabestrantes, con tornos y con varcas, con que hizo rodear toda la naue, la tirassen y encaminassen al puerto. Saltaron algunos encima del buco, y dixeron al rey que dentro del sonauan golpes, y aun casi se oian 15 vozes de viuos. Vn anciano cauallero que se halló junto al rey, le dixo: --Yo me acuerdo, señor, auer visto en el mar Mediterraneo, en la ribera de Genoua, vna galera de España que, por hazer el cur con la vela, 20 se bolco como está agora este vaxel, quedando la gabia en la arena y la quilla al cielo; y, antes que la voluiessen o endereçassen, auiendo primero oydo rumor, como en este se oye, asserraron el vaxel por la quilla, haziendo vn buco 25 capaz de ver lo que dentro estaua; y el entrar la luz dentro, y el salir por el el capitan de la misma galera y otros quatro compañeros suyos, fue todo vno. Yo vi esto, y está escrito este caso en muchas historias españolas, y aun podria ser 30 viniessen agora las personas que segunda vez nacieron al mundo del vientre desta galera; y si
LIBRO II, CAPITVLO II p. 161 aqui sucediesse lo mismo, no se ha de tener a milagro, sino a misterio: que los milagros suceden fuera del orden de la naturaleza, y los misterios son aquellos que parecen milagros y no lo son, sino casos que acontecen raras vezes. 5 --¿Pues a qué aguardamos? --dixo el rey--. Sierrese luego el buco, y veamos este misterio: que si este vientre vomita viuos, yo lo tendre por milagro. Grande fue la priessa que se dieron a serrar 10 el vaxel, y grande el desseo que todos tenian de ver el parto. Abriose, en fin, vna gran concauidad, que descubrio muertos muertos y viuos que lo parecian; metio vno el braço, y assio de vna donzella, que el palpitarle el coraçon 15 daua señales de tener vida; otros hizieron lo mismo, y cada vno sacó su pressa, y algunos, pensando sacar viuos, sacauan muertos: que no todas vezes los pescadores son dichosos. Finalmente, dandoles el ayre y la luz a los medio 20 viuos, respiraron y cobraron aliento; limpiaronse los rostros, fregaronse los ojos, estiraron los braços, y, como quien despierta de vn pesado sueño, miraron a todas partes, y hallóse Auristela en los braços de Arnaldo, Transila en los 25 de Clodio, Ricla y Constança en los de Rutilio, Antonio el padre y Antonio el hijo en los de ninguno, porque se salio por si mismo, y lo mismo hizo Mauricio. Arnaldo quedó mas atonito y suspenso que los resucitados, y mas 30 muerto que los muertos. Miróle Auristela, y, no conociendole, la primera palabra que le dixo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 162 fue --que ella fue la primera que rompio el silencio de todos--: --¿Por ventura, hermano, está entre esta gente la bellissima Sinforosa? --¡Santos cielos, qué es esto! --dixo entre si 5 Arnaldo--. ¿Qué memorias de Sinforosa son estas, en tiempo que no es razon que se tenga acuerdo de otra cosa que de dar gracias al cielo por las recebidas mercedes? Pero, con todo esto, la respondio, y dixo que 10 si estaua, y le preguntó que cómo la conocia; porque Arnaldo ignoraua lo que Auristela con el capitan del nauio, que le conto los triunfos de Periandro, auia passado, y no pudo alcançar la causa por la qual Auristela preguntaua por 15 Sinforosa: que, si la alcançara, quiça dixera que la fuerça de los zelos es tan poderosa y tan sutil, que se entra y mezcla con el cuchillo de la misma muerte, y va a buscar al alma enamorada en los vltimos trances de la vida. 20 Ya despues que passó algun tanto el pauor en los resucitados, que assi pueden llamarse, y la admiracion en los viuos que los sacaron, y el discurso en todos dio lugar a la razon, confusamente vnos a otros se preguntauan cómo los 25 de la tierra estauan alli, y los del nauio venian alli. Policarpo, en esto, viendo que el nauio, al abrirle la boca, se le auia llenado de agua en el lugar del ayre que tenia, mandó lleuarle a jorro al puerto, y que con artificios le sacassen 30 a tierra, lo qual se hizo con mucha presteza. Salieron assimismo a tierra toda la gente que
LIBRO II, CAPITVLO II p. 163 ocupaua la quilla del nauio, que fueron recebios del rey Policarpo y de sus hijas, y de todos los principales ciudadanos, con tanto gusto como admiracion; pero lo que mas les puso en ella, principalmente a Sinforosa, fue ver la incomparable 5 hermosura de Auristela; fue tambien a la parte de esta admiracion la belleza de Transila, y el gallardo y nueuo trage, pocos años y gallardia de la barbara Constança, de quien no desdezia el buen parecer y donayre de Ricla, su 10 madre; y, por estar la ciudad cerca, sin preuenirse de quién los lleuasse, fueron todos a pie a ella. Ya en este tiempo auia llegado Periandro a hablar a su hermana Auristela, Ladislao a Transila, y el barbaro padre a su muger y a su 15 hija, y los vnos a los otros se fueron dando cuenta de sus sucessos; sola Auristela, ocupada toda en mirar a Sinforosa, callaua; pero en fin habló a Periandro, y le dixo: --¿Por ventura, hermano, esta hermosissima 20 donzella que aqui va es Sinforosa, la hija del rey Policarpo? --Ella es --respondio Periandro--; sujeto donde tienen su assiento la belleza y la cortesia. --Muy cortés deue de ser --respondio 25 Auristela--, porque es muy hermosa. --Aunque no lo fuera tanto --respondio Periandro--, las obligaciones que yo la tengo me obligaran, ¡o querida hermana mia!, a que me lo pareciera. 30 --Si por obligaciones va, y vos por ellas encareceis las hermosuras, la mia os ha de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 164 parecer la mayor de la tierra, segun os tengo obligado. --Con las cosas diuinas --replicó Periandro-- no se han de comparar las humanas; las hiperboles alabanças, por mas que lo sean, han de 5 parar en puntos limitados: dezir que vna muger es mas hermosa que vn angel, es encarecimiento de cortesia, pero no de obligacion. Sola en ti, dulcissima hermana mia, se quiebran reglas, y cobran fuerças de verdad los 10 encarecimientos que se dan a tu hermosura. --Si mis trabajos y mis dessassossiegos, ¡o hermano mio!, no turbaran la mia, quiça creyera ser verdaderas las alabanças que de ella dizes; pero yo espero en los piadosos cielos que 15 algun dia ha de reduzir a sossiego mi dessassossiego, y a bonança mi tormenta, y, en este entretanto, con el encarecimiento que puedo, te suplico que no te quiten ni borren de la memoria lo que me deues otras agenas hermosuras ni 20 otras obligaciones, que en la mia y en las mias podras satisfazer el desseo y llenar el vazio de tu voluntad, si miras que, juntando a la belleza de mi cuerpo, tal qual ella es, (a) la de mi alma, hallarás vn compuesto de hermosura que te 25 satisfaga. Confuso yua Periandro oyendo las razones de Auristela; juzgauala zelosa, cosa nueua para el, por tener por larga esperiencia conocido que la discrecion de Auristela jamas se atreuio a 30 salir de los límites de la honestidad; jamas su lengua se mouio a declarar sino honestos y castos
LIBRO II, CAPITVLO II p. 165 pensamientos, jamas le dixo palabra que no fuesse digna de dezirse a vn hermano en público y en secreto. Yua Arnaldo inuidioso de Periandro; Ladislao, alegre con su esposa Transila; Mauricio, con su hija y yerno; Antonio el 5 grande, con su muger y hijos; Rutilio, con el hallazgo de todos; y el maldiziente Clodio, con la ocasion que se le ofrecia de contar, dondequiera que se hallasse, la grandeza de tan estraño sucesso. Llegaron a la ciudad, y el 10 liberal Policarpo honró a sus huespedes real y magnificamente, y a todos los mandó alojar en su palacio, auentajandose en el tratamiento de Arnaldo, que ya sabía que era el heredero de Dinamarca, y que los amores de Auristela le 15 auian sacado de su reyno; y, assi como vio la belleza de Auristela, halló su peregrinacion en el pecho de Policarpo disculpa. Casi en su mismo cuarto Policarpo y Sinforosa alojaron a Auristela, de la qual no quitaua la vista Sinforosa, 20 dando gracias al cielo de auerla hecho, no amante, sino hermana de Periandro; y, ansi por su estremada belleza, como por el parentesco tan estrecho que con Periandro tenia, la adoraua, y no sabía vn punto desuiarse de ella: 25 desmenuzauale sus acciones, notauale las palabras, ponderaua su donayre, hasta el sonido y organo de la voz le daua gusto. Auristela casi por el mismo modo y con los mismos afectos miraua a Sinforosa, aunque en las dos eran diferentes 30 las intenciones: Auristela miraua con zelos, y Sinforosa con senzilla beneuolencia. Algunos
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 166 dias estuuieron en la ciudad, descansando de los trabajos passados, y dando traça de voluer Arnaldo a Dinamarca, o adonde Auristela y Periandro quisieran, mostrando, como siempre lo mostraua, no tener otra voluntad que la de los 5 dos hermanos. Clodio, que con ociosidad y vista curiosa auia mirado los mouimientos de Arnaldo, y quan oprimido le tenia el cuello el amoroso yugo, vn dia que se halló solo con el, le dixo: --Yo, que siempre los vicios de los principes 10 he reprehendido en público, sin guardar el deuido decoro que a su gra[n]deza se deue, sin temer el daño que nace del dezir mal, quiero agora sin tu licencia dezirte en secreto lo que te suplico con paciencia me escuches: que, lo que 15 se dize aconsejando, en la intencion halla disculpa lo que no agrada. Confuso estaua Arnaldo, no sabiendo en qué yuan a parar las preuenciones del razonamiento de Clodio, y, por saberlo, determinó de 20 escuchalle, y assi le dixo que dixesse lo que quisiesse; y Clodio, con este saluoconduto, prosiguio diziendo: --Tu, señor, amas a Auristela; mal dixe amas, adoras, dixera mejor, y, segun he sabido, no 25 sabes mas de su hazienda ni de quién es, que aquello que ella ha querido dezirte, que no te ha dicho nada. Hasla tenido en tu poder mas de dos años, en los quales has hecho, segun se ha de creer, las diligencias possibles por 30 enternezer su dureza, amansar su rigor y rendir su voluntad a la tuya por los medios honestissimos
LIBRO II, CAPITVLO II p. 167 y eficazes del matrimonio, y en la misma entereza se está oy que el primero dia que la solicitaste, de donde arguyo que, quanto a ti te sobra de paciencia, le falta a ella de conocimiento; y has de considerar que algun gran 5 misterio encierra desechar vna muger vn reyno y vn principe que merece ser amado. Misterio tambien encierra ver vna donzella vagamunda, llena de recato de encubrir su linage, acompañada de vn moço que, como dize que lo es, 10 podria no ser su hermano, de tierra en tierra, de isla en isla, sugeta a las inclemencias del cielo y a las borrascas de la tierra, que suelen ser peores que las del mar alborotado. De los bienes que reparten los cielos entre los mortales, 15 los que mas se han de estimar son los de la honra, a quien se posponen los de la vida; los gustos de los discretos hanse de medir con la razon, y no con los mismos gustos. Aqui llegaua Clodio, mostrando querer 20 proseguir con vn filosofico y graue razonamiento, quando entró Periandro, y le hizo callar con su llegada, a pesar de su desseo y aun de el de Arnaldo, que quisiera escucharle; entraron assimismo Mauricio, Ladislao y Transila, y con 25 ellos Auristela, arrimada al ombro de Sinforosa, mal dispuesta, de modo que fue menester lleuarla al lecho, causando con su enfermedad tales sobresaltos y temores en los pechos de Periandro y Arnaldo, que, a no encubrillos con 30 discrecion, tambien tuuieran necessidad de los medicos, como Auristela.
p. 168 CAPITVLO TERCERO del segundo libro A penas supo Policarpo la indisposicion de Auristela, quando mandó llamar sus medicos que la visitassen; y como los pulsos son lenguas 5 que declaran la enfermedad que se padece, hallaron en los de Auristela que no era del cuerpo su dolencia, sino del alma; pero antes que ellos conocio su enfermedad Periandro, y Arnaldo la entendio en parte, y Clodio mejor 10 que todos. Ordenaron los medicos que en ninguna manera la dexassen sola, y que procurassen entretenerla y diuertirla con musica, si ella quisiesse, o con otros algunos alegres entretenimientos. Tomó Sinforosa a su cargo su salud, 15 y ofreciole su compañia a todas horas, ofrecimiento no de mucho gusto para Auristela, porque quisiera no tener tan a la vista la causa que pensaua ser de su enfermedad, de la qual no pensaua sanar, porque estaua determinada de 20 no dezillo: que su honestidad le ataua la lengua, su valor se oponia a su desseo. Finalmente, despejaron todos la estancia donde estaua, y quedaronse solas con ella Sinforosa y Policarpa, a quien con ocasion bastante despidio 25 Sinforosa, y a penas se vio sola con Auristela, quando, poniendo su boca con la suya, y
LIBRO II, CAPITVLO III p. 169 apretandole reziamente las manos, con ardientes suspiros parecio que queria trasladar su alma en el cuerpo de Auristela; afectos que de nueuo la turbaron, y assi le dixo: --¿Qué es esto, señora mia? Que estas muestras 5 me dan a entender que estays mas enferma que yo, y mas lastimada el alma que la mia. Mirad si os puedo seruir en algo, que, para hazerlo, aunque está la carne enferma, tengo sana la voluntad. 10 --Dulce amiga mia --respondio Sinforosa--, quanto puedo agradezco tu ofrecimiento, y con la misma voluntad con que te obligas te respondo, sin que en esta parte tengan alguna comedimientos fingidos ni tibias obligaciones. Yo, 15 hermana mia, que con este nombre has de ser llamada, en tanto que la vida me durare, amo, quiero bien, adoro. ¿Dixelo? No; que la verguença, y el ser quien soy, son mordaças de mi lengua. Pero ¿tengo de morir callando? ¿Ha de 20 sanar mi enfermedad por milagro? ¿Es, por ventura, capaz de palabras el silencio? ¿Han de tener dos recatados y vergonçosos ojos virtud y fuerça para declarar los pensamientos infinitos de vn alma enamorada? 25 Esto yua diziendo Sinforosa, con tantas lagrimas y con tantos suspiros, que mouieron a Auristela a enjugalle los ojos y a abraçarla, y a dezirla: --No se te mueran, ¡o apassionada señora!, 30 las palabras en la boca; despide de ti por algun pequeño espacio la confusion y el empacho, y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 170 hazme tu secretaria: que los males comunicados, si no alcançan sanidad, alcançan aliuio. Si tu passion es amorosa, como lo imagino, sin duda, bien se que eres de carne, aunque pareces de alabastro, y bien se que nuestras almas 5 estan siempre en continuo mouimiento, sin que puedan dexar de estar atentas a querer bien a algun sujeto a quien las estrellas las inclinan, que no se ha de dezir que las fuerçan. Dime, señora, a quién quieres, a quién amas y a 10 quién adoras: que, como no des en el disparate de amar a vn toro, ni en el que dio el que adoró el platano, como sea hombre el que, segun tu dizes, adoras, no me causará espanto ni marauilla. Muger soy como tu; mis desseos tengo, 15 y hasta aora, por honra del alma, no me han salido a la boca, que bien pudiera, como señales de la calentura; pero al fin auran de romper por inconuenientes y por impossibles, y, siquiera en mi testamento, procuraré que se sepa 20 la causa de mi muerte. Estauala mirando Sinforosa. Cada palabra que dezia, la estimaua como si fuera sentencia salida por la boca de vn oraculo. --¡Ay, señora --dixo--, y cómo creo que los 25 cielos te han traido por tan estraño rodeo, que parece milagro, a esta tierra, condolidos de mi dolor y lastimados de mi lástima! Del vientre escuro de la naue te voluieron a la luz del mundo, para que mi escuridad tuuiesse luz, y 30 mis desseos salida de la confusion en que estan; y assi, por no tenerme ni tenerte mas suspensa,
LIBRO II, CAPITVLO III p. 171 sabras que a esta isla llegó tu hermano Periandro. Y sucessiuamente le conto del modo que auia llegado, los triunfos que alcançó, los contrarios que vencio, y los premios que ganó, del modo 5 que ya queda contado; dixole tambien cómo las gracias de su hermano Periandro auian despertado en ella vn modo de desseo que no llegaua a ser amor, sino beneuolencia; pero que despues, con la soledad y ociosidad, yendo y viniendo 10 el pensamiento a contemplar sus gracias, el amor se le fue pintando, no como hombre particular, sino como a vn principe: que, si no lo era, merecia serlo. --Esta pintura me la grauó en el alma, y yo 15 inaduertida, dexé que me la grauasse, sin hazerle resistencia alguna; y assi, poco a poco, vine a quererle, a amarle y aun a adorarle, como he dicho. Mas dixera Sinforosa, si no boluiera Policarpa, 20 desseosa de entretener a Auristela, cantando al son de vna harpa que en las manos traia. Enmudecio Sinforosa, quedó perdida Auristela; pero el silencio de la vna y el perdimiento de la otra, no fueron parte para que dexassen de 25 prestar atentos oydos a la sin par en musica Policarpa, que desta manera començo a cantar en su lengua lo que despues dixo el barbaro Antonio que en la castellana dezia: Cintia, si desengaños no son parte 30 para cobrar la libertad perdida,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 172 da riendas al dolor, suelta la vida, que no es valor ni es honra el no quexarte. Y el generoso ardor que, parte a parte, tiene tu libre voluntad rendida, será de tu silencio el homicida 5 quando pienses por el eternizarte. Salga con la doliente ánima fuera la enferma voz, que es fuerça y es cordura dezir la lengua lo que al alma toca. Quexandote, sabra el mundo siquiera 10 quán grande fue de amor tu calentura, pues salieron señales a la boca. Ninguno como Sinforosa entendio los versos de Policarpa, la qual era sabidora de todos sus desseos; y, puesto que tenia determinado de 15 sepultarlos en las tinieblas del silencio, quiso aprouecharse del consejo de su hermana, diziendo a Auristela sus pensamientos, como ya se los auia començado a dezir. Muchas vezes se quedaua Sinforosa con Auristela, dando a entender 20 que mas por cortés que por su gusto propio la acompañaua. En fin, vna vez, tornando a anudar la plática passada, le dixo: --Oyeme otra vez, señora mia, y no te cansen mis razones, que, las que me bullen en el alma, 25 no dexan sossegar la lengua; rebentaré si no las digo, y este temor, a pesar de mi credito, hara que sepas que muero por tu hermano, cuyas virtudes, de mi conocidas, lleuaron tras si mis enamorados desseos, y, sin entremeterme en 30 saber quién son sus padres, la patria o
LIBRO II, CAPITVLO III p. 173 riquezas, ni el punto en que le ha leuantado la fortuna, solamente atiendo a la mano liberal con que la naturaleza le ha enriquezido. Por si solo le quiero, por si solo le amo, y por si solo le adoro; y por ti sola, y por quien eres, te suplico que, 5 sin dezir mal de mis precipitados pensamientos, me hagas el bien que pudieres. Innumerables riquezas me dexó mi madre en su muerte, sin sabiduria de mi padre; hija soy de vn rey, que, puesto que sea por eleccion, en fin es rey; la 10 edad, ya la ves; la hermosura no se te encubre que, tal qual es, ya que no merezca ser estimada, no merece ser aborrecida. Dame, señora, a tu hermano por esposo; darete yo a mi misma por hermana, repartire contigo mis riquezas, 15 procuraré darte esposo que despues, y aun antes de los dias de mi padre, le elijan por rey los de este reyno; y quando esto no pueda ser, mis tesoros podran comprar otros reynos. Teniale a Auristela de las manos Sinforosa, 20 bañandoselas en lagrimas, en tanto que estas tiernas razones la dezia; acompañauale en ellas Auristela, juzgando en si misma quales y quantos suelen ser los aprietos de vn enamorado; coraçon y aunque se le representaua en Sinforosa 25 vna enemiga, la tenia lástima: que vn generoso pecho no quiere vengarse quando puede, quanto mas que Sinforosa no la auia ofendido en cosa alguna que la obligasse a vengança: su culpa era la suya, sus pensamientos los 30 mismos que ella tenia, su intencion la que a ella traia desatinada; finalmente, no podia culparla,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 174 sin que ella primero no quedasse conuencida del mismo delito. Lo que procuró apurar fue si la auia fauorecido alguna vez, aunque fuesse en cosas leues, o si con la lengua o con los ojos auia descubierto su amorosa voluntad a su 5 hermano. Sinforosa la respondio que jamas auia tenido atreuimiento de alçar los ojos a mirar a Periandro, sino con el recato que a ser quien era deuia, y que al paso de sus ojos auia andado el recato de su lengua. 10 --Bien creo esso --respondio Auristela--; pero ¿es possible que el no ha dado muestras de quererte? Si aura, porque no le tengo por tan de piedra, que no le enternezca y ablande vna belleza tal como la tuya; y assi, soy de parecer 15 que, antes que yo rompa esta dificultad, procures tu hablarle, dandole ocasion para ello con algun honesto fauor: que tal vez los impensados fauores despiertan y encienden los mas tibios y descuydados pechos; que, si vna vez el responde 20 a tu desseo, seráme facil a mi hazerle que de todo en todo le satisfaga. Todos los principios, amiga, son dificultosos, y en los de amor dificultosissimos. No te aconsejo yo que te deshonestes ni te precipites: que los fauores que 25 hazen las donzellas a los que aman, por castos que sean, no lo parecen, y no se ha de auenturar la honra por el gusto; pero, con todo esto, puede mucho la discrecion, y el amor, sutil maestro de encaminar los pensamientos, a los mas 30 turbados ofrece lugar y coyuntura de mostrarlos sin menoscabo de su credito.
p. 175 CAPITVLO QVARTO del segundo libro Donde se prosigue la historia y amores de Sinforosa. Atenta estaua la enamorada Sinforosa a las 5 discretas razones de Auristela, y, no respondiendo a ellas, sino voluiendo a anudar las del passado razonamiento, le dixo: --Mira, amiga y señora, hasta dónde llegó el amor que engendró en mi pecho el valor que 10 conoci en tu hermano, que hize que vn capitan de la guarda de mi padre le fuesse a buscar, y le traxesse, por fuerça o de grado, a mi presencia, y el nauio en que se enuarcó es el mismo en que tu llegaste, porque en el, entre los 15 muertos, le han hallado sin vida. --Assi deue de ser --respondio Auristela--: que el me conto gran parte de lo que tu me has dicho, de modo que ya yo tenia noticia, aunque algo confusa, de tus pensamientos, los quales, 20 si es possible, quiero que sossiegues hasta que se los descubras a mi hermano o hasta que yo tome a cargo tu remedio, que será luego que me descubras lo que con el te huuiere sucedido: que ni a ti te faltará lugar para hablarle, ni 25 a mi tampoco.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 176 De nueuo voluio Sinforosa a agradecer a Auristela su ofrecimiento, y de nueuo voluio Auristela a tenerla lástima. En tanto que entre las dos esto passaua, se las auia Arnaldo con Clodio, que moria por turbar o por deshazer los 5 amorosos pensamientos de Arnaldo; y hallandole solo, si solo se puede hallar quien tiene ocupada el alma de amorosos desseos, le dixo: --El otro dia te dixe, señor, la poca seguridad que se puede tener de [la] voluble condicion 10 de las mugeres, y que Auristela, en efeto, es muger, aunque parece vn angel, y que Periandro es hombre, aunque sea su hermano; y no por esto quiero dezir que engendres en tu pecho alguna mala sospecha, sino que cries algun 15 discreto recato; y si por ventura te dieren lugar de que discurras por el camino de la razon, quiero que tal vez consideres quién eres, la soledad de tu padre, la falta que hazes a tus vassallos, la contingencia en que te pones de perder tu 20 reyno, que es la misma en que está la naue donde falta el piloto que la gouierne. Mira que los reyes estan obligados a casarse, no con la hermosura, sino con el linage; no con la riqueza, sino con la virtud, por la obligacion que 25 tienen de dar buenos sucessores a sus reynos. Desmengua y apoca el respeto que se deue al principe, el verle coxear en la sangre, y no basta dezir que la grandeza de rey es en si tan poderosa, que yguala consigo misma la baxeza de la 30 muger que escogiere. El cauallo y la yegua de casta generosa y conocida, prometen crias de
LIBRO II, CAPITVLO IV p. 177 valor admirable, mas que las no conocidas y de baxa estirpe; entre la gente comun tiene lugar de mostrarse poderoso el gusto; pero no le ha de tener entre la noble; assi que, ¡o señor mio!, o te vuelue a tu reyno, o procura con el recato 5 no dexar engañarte. Y perdona este atreuimiento, que, ya que tengo fama de maldiziente y murmurador, no la quiero tener de mal intencionado; debaxo de tu amparo me traes, al escudo de tu valor se ampara mi vida, con tu sombra no 10 temo las inclemencias del cielo, que ya con mejores estrellas parece que va mejorando mi condicion, hasta aqui deprauada. --Yo te agradezco, ¡o Clodio! --dixo Arnaldo--, el buen consejo que me has dado; pero 15 no consiente ni permite el cielo que le reciba. Auristela es buena, Periandro es su hermano, y yo no quiero creer otra cosa, porque ella ha dicho que lo es: que, para mi, qualquiera cosa que dixere, ha de ser verdad. Yo la adoro sin 20 disputas: que el abismo casi infinito de su hermosura, lleua tras si el de mis desseos, que no pueden parar sino en ella, y por ella he tenido, tengo y he de tener vida. Ansi que, Clodio, no me aconsejes mas, porque tus palabras se lleuarán 25 los vientos, y mis obras te mostrarán quán vanos seran para conmigo tus consejos. Encogio los ombros Clodio, baxó la cabeça, y apartóse de su presencia, con proposito de no seruir mas de consejero, porque, el que lo ha de 30 ser, requiere tener tres calidades: la primera, autoridad; la segunda, prudencia; y la tercera, ser
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 178 llamado. Estas reuoluciones, traças y maquinas amorosas andauan en el palacio de Policarpo, y en los pechos de los confusos amantes, Auristela zelosa, Sinforosa enamorada, Periandro turbado, y Arnaldo pertinaz; Mauricio haziendo dissinios 5 de voluer a su patria contra la voluntad de Transila, que no queria voluer a la presencia de gente tan enemiga del buen decoro como la de su tierra; Ladislao, su esposo, no osaua ni queria contradezirla; Antonio el padre moria 10 por verse con sus hijos y muger en España, y Rutilio, en Italia, su patria. Todos desseauan, pero a ninguno se le cumplian sus desseos: condicion de la naturaleza humana, que, puesto que Dios la crio perfecta, nosotros, por nuestra 15 culpa, la hallamos siempre falta, la qual falta siempre la ha de auer mientras no dexáremos de dessear. Sucedio, pues, que casi de industria dio lugar Sinforosa a que Periandro se viesse solo con Auristela, desseosa que se diesse principio 20 a tratar de su causa y a la vista de su pleyto, en cuya sentencia consistia la de su vida o muerte. Las primeras palabras que Auristela dixo a Periandro, fueron: --Esta nuestra peregrinacion, hermano y señor 25 mio, tan llena de trabajos y sobresaltos, tan amenazadora de peligros, cada dia y cada momento me haze temer los de la muerte, y querria que diessemos traça de assegurar la vida, sossegandola en vna parte, y ninguna hallo tan 30 buena como esta donde estamos: que aqui se te ofrecen riquezas en abundancia, no en promessas,
LIBRO II, CAPITVLO IV p. 179 sino en verdad, y muger noble y hermosissima en todo estremo, digna, no de que te ruegue, como te ruega, sino de que tu la ruegues, la pidas y la procures. En tanto que Auristela esto dezia, la miraua 5 Periandro con tanta atencion, que no mouia las pestañas de los ojos; corria muy a priessa con el discurso de su entendimiento, para hallar adonde podrian yr encaminadas aquellas razones; pero, passando adelante con ellas, Auristela 10 le sacó de su confusion, diziendo: --Digo, hermano, que con este nombre te he de llamar en qualquier estado que tomes, digo que Sinforosa te adora y te quiere por esposo; dize que tiene riquezas increybles, y yo digo 15 que tiene creyble hermosura; digo creyble, porque es tal, que no ha menester que exageraciones la leuanten ni hiperboles la engrandezcan; y, en lo que he echado de ver, es de condicion blanda, de ingenio agudo, y de proceder tan 20 discreto como honesto. Con todo esto que te he dicho, no dexo de conocer lo mucho que mereces, por ser quien eres; pero, segun los casos presentes, no te estara mal esta compañia. Fuera estamos de nuestra patria; tu, perseguido 25 de tu hermano, y yo de mi corta suerte; nuestro camino a Roma, quanto mas le procuramos, mas se dificulta y alarga; mi intencion no se muda, pero tiembla, y no querria que, entre temores y peligros, me salteasse la muerte, y assi, 30 pienso acabar la vida en religion, y querria que tu la acabasses en buen estado.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 180 Aqui dio fin Auristela a su razonamiento, y principio a vnas lagrimas que desdezian y borrauan todo quanto auia dicho; sacó los braços honestamente fuera de la colcha, tendiolos por el lecho, y voluio la cabeça a la parte contraria 5 de donde estaua Periandro, el qual, viendo estos estremos, y auiendo oydo sus palabras, sin ser poderoso a otra cosa, se le quitó la vista de los ojos, se le añudó la garganta y se le trauó la lengua, y dio consigo en el suelo de rodillas, 10 y arrimó la cabeça al lecho; voluio Auristela la suya, y, viendole desmayado, le puso la mano en el rostro y le enjugó las lagrimas, que, sin que el lo sintiesse, hilo a hilo le bañauan las mexillas. 15
p. 181 CAPITVLO QVINTO del segundo libro De lo que passó entre el rey Policarpo y su hija Sinforosa. Efetos vemos en la naturaleza de quien 5 ignoramos las causas: adormecense o entorpecense a vno los dientes de ver cortar con vn cuchillo vn paño; tiembla tal vez vn hombre de vn raton, y yo le he visto temblar de ver cortar vn rabano, y a otro he visto leuantarse de vna 10 mesa de respeto, por ver poner vnas azeytunas. Si se pregunta la causa, no ay saber dezirla, y los que mas piensan que aciertan a dezilla, es dezir que las estrellas tienen cierta antipatia con la complesion de aquel hombre, que le inclina 15 o mueue a hazer aquellas acciones, temores y espantos, viendo las cosas sobredichas y otras semejantes que a cada paso vemos. Vna de las difiniciones del hombre, es dezir que es animal risible, porque sólo el hombre se rie, y no otro 20 ningun animal; y yo digo que tambien se puede dezir que es animal llorable, animal que llora; y ansi como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento, por el mucho llorar, el poco discurso. Por tres cosas es licito que 25 llore el varon prudente: la vna, por auer pecado;
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 182 la segunda, por alcançar perdon del; la tercera, por estar zeloso: las demas lagrimas no dizen bien en vn rostro graue. Veamos, pues, desmayado a Periandro, y, ya que no llore de pecador ni arrepentido, llore de zeloso, que no faltará 5 quien disculpe sus lagrimas, y aun las enjugue, como hizo Auristela, la qual, con mas artificio que verdad, le puso en aquel estado. Voluio en fin en si, y, sintiendo pasos en la estancia, voluio la cabeça, y vio a sus espaldas a Ricla y 10 a Constança, que entrauan a ver a Auristela, que lo tuuo a buena suerte: que, a dexarle solo, no hallara palabras con que responder a su señora, y assi se fue a pensarlas y a considerar en los consejos que le auia dado. Estaua tambien 15 Sinforosa con desseo de saber qué auto se auia proueydo en la audiencia de Amor en la primera vista de su pleyto, y sin duda que fuera la primera que entrara a ver a Auristela, y no Ricla y Constança; pero estoruóselo llegar vn recado 20 de su padre el rey, que la mandaua yr a su presencia luego y sin escusa alguna. Obedeciole, fue a verle, y hallóle retirado y solo; hizola Policarpo sentar junto a si, y, al cabo de algun espacio que estuuo callando, con voz baxa, como 25 que se recataua de que no le oyessen, la dixo: --Hija, puesto que tus pocos años no estan obligados a sentir qué cosa sea esto que llaman amor, ni los muchos mios esten ya sugetos a su jurisdicion, todauia tal vez sale de su curso la 30 naturaleza, y se abrassan las niñas verdes, y se secan y consumen los viejos ancianos.
LIBRO II, CAPITVLO V p. 183 Quando esto oyo Sinforosa, imaginó, sin duda, que su padre sabía sus desseos; pero, con todo esso, calló, y no quiso interromperle hasta que mas se declarasse; y, en tanto que el se declaraua, a ella le estaua palpitando el coraçon 5 en el pecho. Siguio, pues, su padre diziendo: --Despues, ¡o hija mia!, que me faltó tu madre, me acogi a la sombra de tus regalos, cubrime con tu amparo, gouerneme por tus consejos, y he guardado, como has visto, las leyes de la 10 viudez con toda puntualidad y recato, tanto por el credito de mi persona, como por guardar la fe catolica que professo; pero despues que han venido estos nueuos huespedes a nuestra ciudad, se ha desconcertado el relox de mi 15 entendimiento, se ha turbado el curso de mi buena vida, y, finalmente, he caydo desde la cumbre de mi presuncion discreta hasta el abismo baxo de no se qué desseos, que, si los callo, me matan, y, si los digo, me deshonran. No mas 20 suspension, hija; no mas silencio, amiga; no mas; y si quieres que mas aya, sea el dezirte que muero por Auristela. El calor de su hermosura tierna ha encendido los huessos de mi edad madura; en las estrellas de sus ojos han tomado 25 lumbre los mios, ya escuros; la gallardia de su persona ha alentado la floxedad de la mia. Querria, si fuesse possible, a ti y a tu hermana daros vna madrastra que su valor disculpe el darosla. Si tu vienes con mi parecer, no se me dara 30 nada del qué diran, y quando por esta, si pareciere locura, me quitaren el reyno, reyne yo en
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 184 los braços de Auristela, que no aura monarca en el mundo que se me yguale. Es mi intencion, hija, que tu se la digas, y alcances de ella el si que tanto me importa, que, a lo que creo, no se le hara muy dificultoso el darle, si con su 5 discrecion recompensa y contrapone mi autoridad a mis años, y mi riqueza a los suyos. Bueno es ser reyna, bueno es mandar; gusto dan las honras, y no todos los passatiempos se cifran en los casamientos yguales. En albricias del si que 10 me has de traer de esta embaxada que lleuas, te mando vna mejora en tu suerte, que, si eres discreta, como lo eres, no has de acertar a dessearla mejor. Mira: quatro cosas ha de procurar tener y sustentar el hombre principal, y son: 15 buena muger, buena casa, buen cauallo y buenas armas. Las dos primeras, tan obligada está la muger a procurallas como el varon, y aun mas, porque no ha de leuantar la muger al marido, sino el marido a la muger; las magestades, 20 las grandezas altas, no las aniquilan los casamientos humildes, porque, en casandose, ygualan consigo a sus mugeres; assi que, sease Auristela quien fuere, que, siendo mi esposa, será reyna, y su hermano Periandro mi cuñado, 25 el qual, dandotelo yo por esposo, y honrandole con título de mi cuñado, vendras tu tambien a ser estimada, tanto por ser su esposa, como por ser mi hija. --¿Pues cómo sabes tu, señor --dixo Sinforosa--, 30 que no es Periandro casado, y, ya que no lo sea, quiera serlo conmigo?
LIBRO II, CAPITVLO V p. 185 --De que no lo sea --respondio el rey-- me lo da a entender el verle andar peregrinando por estrañas tierras, cosa que lo estoruan los casamientos grandes; de que lo quiera ser tuyo, me lo certifica y assegura su discrecion, que es 5 mucha, y caera en la cuenta de lo que contigo gana; y pues la hermosura de su hermana la haze ser reyna, no será mucho que la tuya le haga tu esposo. Con estas vltimas palabras y con esta grande 10 promessa, paladeó el rey la esperança de Sinforosa, y saboreóle el gusto de sus desseos, y assi, sin yr contra los de su padre, prometio ser casamentera, y admitio las albricias de lo que no tenia negociado; sólo le dixo que mirasse lo 15 que hazía en darle por esposo a Periandro, que, puesto que sus habilidades acreditauan su valor, todauia sería bueno no arrojarse sin que primero la esperiencia y el trato de algunos dias le assegurasse; y diera ella porque en 20 aquel punto se le dieran por esposo, todo el bien que acertara a dessearse en este mundo, los siglos que tuuiera de vida: que, las donzellas virtuosas y principales, vno dize la lengua, y otro piensa el coraçon. 25 Esto passaron Policarpo y su hija, y en otra estancia se mouio otra conuersacion y plática entre Rutilio y Clodio. Era Clodio, como se ha visto en lo que de su vida y costumbres queda escrito, hombre malicioso sobre discreto, de donde 30 le nacia ser gentil maldiziente: que el tonto y simple, ni sabe murmurar, ni maldezir; y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 186 aunque no es bien dezir bien mal, como ya otra vez se ha dicho, con todo esto, alaban al maldiziente discreto: que la agudeza maliciosa, no ay conuersacion que no la ponga en punto y de sabor, como la sal a los manjares, y, por lo 5 menos, al maldiziente agudo, si le vituperan y condenan por perjudicial, no dexan de absoluerle y alabarle por discreto. Este, pues, nuestro murmurador, a quien su lengua desterro de su patria en compañia de la torpe y viciosa Rosamunda, 10 auiendo dado ygual pena el rey de Inglaterra a su maliciosa lengua como a la torpeza de Rosamunda, hallandose solo con Rutilio, le dixo: --Mira, Rutilio; necio es, y muy necio, el que, descubriendo vn secreto a otro, le pide 15 encarecidamente que le calle, porque le importa la vida en que lo que le dize no se sepa. Digo yo agora: ven aca, descubridor de tus pensamientos y derramador de tus secretos: si a ti, con importarte la vida, como dizes, los descubres al 20 otro a quien se los dizes, que no le importa nada el descubrillos, ¿cómo quieres que los cierre y recoja debaxo de la llaue del silencio? ¿Qué mayor seguridad puedes tomar de que no se sepa lo que sabes, sino no dezillo? Todo esto se, Rutilio, 25 y, con todo esto, me salen a la lengua y a la boca ciertos pensamientos, que rabian porque los ponga en voz y los arroje en las plaças antes que se me pudran en el pecho o rebiente con ellos. Ven aca, Rutilio: ¿qué haze aqui este 30 Arnaldo, siguiendo el cuerpo de Auristela como si fuesse su misma sombra, dexando su reyno a la
LIBRO II, CAPITVLO V p. 187 discrecion de su padre, viejo y quiça caduco, perdiendose aqui, anegandose alli, llorando aca, suspirando aculla, lamentandose amargamente de la fortuna que el mismo se fabrica? ¿Qué diremos desta Auristela y deste su hermano, 5 moços vagamundos, encubridores de su linage, quiça por poner en duda si son o no principales? Que, el que está ausente de su patria, donde nadie le conoce, bien puede darse los padres que quisiere, y, con la discrecion y artificio, parecer, 10 en sus costumbres, que son hijos del sol y de la luna. No niego yo que no sea virtud digna de alabança mejorarse cada vno; pero ha de ser sin perjuyzio de tercero. El honor y la alabança son premios de la virtud, que siendo firme y solida 15 se le deuen; mas no se le deue a la ficticia y hipocrita. ¿Quién puede ser este luchador, este esgrimidor, este corredor y saltador, este Ganimedes, este lindo, este aqui vendido, aculla comprado, este Argos de esta ternera de Auristela, 20 que a penas nos la dexa mirar por brujula, que, ni sabemos, ni hemos podido saber deste par, tan sin par en hermosura, de dónde vienen ni a dó van? Pero lo que mas me fatiga de ellos es que, por los onze cielos que dizen que ay, 25 te juro, Rutilio, que no me puedo persuadir que sean hermanos, y que, puesto que lo sean, no puedo juzgar bien de que ande tan junta esta hermandad por mares, por tierras, por desiertos, por campañas, por hospedages y mesones. 30 Lo que gastan sale de las alforjas, saquillos y repuestos, llenos de pedaços de oro, de las
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 188 barbaras Ricla y Constança. Bien veo que aquella cruz de diamantes, y aquellas dos perlas que trae Auristela, valen vn gran tesoro; pero no son prendas que se cambian ni truecan por menudo. Pues pensar que siempre han de hallar reyes 5 que los hospeden y principes que los fauorezcan, es hablar en lo escusado. ¿Pues qué diremos, Rutilio, aora, de la fantasia de Transila y de la astrologia de su padre, ella que rebienta de valiente, y el que se precia de ser el mayor 10 judiciario del mundo? Yo apostaré que Ladislao, su esposo de Transila, tomara aora estar en su patria, en su casa y en su reposo, aunque passara por el estatuto y condicion de los de su tierra, y no verse en la agena, a la discrecion del 15 que quisiere darles lo que han menester. ¿Y este nuestro barbaro español, en cuya arrogancia deue estar cifrada la valentia del orbe? Yo pondre que, si el cielo le lleua a su patria, que ha de hazer corrillos de gente, mostrando a su 20 muger y a sus hijos embueltos en sus pellejos, pintando la isla barbara en vn lienço, y señalando con vna vara el lugar do estuuo encerrado quinze años, la mazmorra de los prisioneros, y la esperança inutil y ridicula de los barbaros, y 25 el incendio no pensado de la isla; bien ansi como hazen los que, libres de la esclauitud turquesca, con las cadenas al ombro, auiendolas quitado de los pies, cuentan sus desuenturas con lastimeras vozes y humildes plegarias en tierra 30 de christianos. Pero esto passe, que, aunque parezca que cuentan impossibles, a mayores
LIBRO II, CAPITVLO V p. 189 peligros está sugeta la condicion humana, y los de vn desterrado, por grandes que sean, pueden ser creederos. --¿Adónde vas a parar, o Clodio? --dixo Rutilio. 5 --Voy a parar --respondio Clodio-- en dezir de ti que mal podras vsar tu oficio en estas regiones, donde sus moradores no dançan ni tienen otros passatiempos sino lo que les ofrece Baco, en sus taças risueño, y en sus beuidas 10 lasciuo; pararé tambien en mi, que, auiendo escapado de la muerte por la benignidad del cielo y por la cortesia de Arnaldo, ni al cielo doy gracias, ni a Arnaldo tampoco: antes querria procurar que, aunque fuesse a costa de 15 su desdicha, nosotros enmendassemos nuestra ventura. Entre los pobres pueden durar las amistades, porque la ygualdad de la fortuna sirue de eslabonar los coraçones; pero entre los ricos y los pobres no puede auer amistad 20 duradera, por la desygualdad que ay entre la riqueza y la pobreça. --Filosofo estás, Clodio --replicó Rutilio--; pero yo no puedo imaginar qué medio podremos tomar para mejorar, como dizes, nuestra 25 suerte, si ella començo a no ser buena desde nuestro nacimiento. Yo no soy tan letrado como tu; pero bien alcanço que, los que nacen de padres humildes, si no los ayuda demasiadamente el cielo, ellos por si solos pocas vezes se 30 leuantan adonde sean señalados con el dedo, si la virtud no les da la mano. ¿Pero a ti, quién te la
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 190 ha de dar, si la mayor que tienes es dezir mal de la misma virtud; y a mi, quién me ha de leuantar, pues, quando mas lo procure, no podre subir mas de lo que se alça vna cabriola? Yo dançador, tu murmurador; yo condenado a la horca 5 en mi patria, tu desterrado de la tuya por maldiziente: mira qué bien podremos esperar que nos mejore. Suspendiose Clodio con las razones de Rutilio, con cuya suspension dio fin a este capitulo 10 el autor desta grande historia.
p. 191 CAPITVLO SEXTO del segundo libro Todos tenian con quien comunicar sus pensamientos: Policarpo con su hija, y Clodio con Rutilio; sólo el suspenso Periandro los comunicaua 5 consigo mismo: que le engendraron tantos las razones de Auristela, que no sabía a quál acudir que le aliuiasse su pesadumbre. --¡Valame Dios! ¿Qué es esto? --dezia entre si mismo--. ¿Ha perdido el juyzio Auristela? 10 ¡Ella mi casamentera! ¿Cómo es possible que aya dado al oluido nuestros conciertos? ¿Qué tengo yo que ver con Sinforosa? ¿Qué reynos ni qué riquezas me pueden a mi obligar a que dexe a mi hermana Sigismunda, si no es dexando 15 de ser yo Persiles? En pronunciando esta palabra, se mordio la lengua y miró a todas partes, a ver si alguno le escuchaua; y assegurandose que no, prosiguio diziendo: 20 --Sin duda, Auristela está zelosa: que los zelos se engendran, entre los que bien se quieren, del ayre que passa, del sol que toca, y aun de la tierra que pisa. ¡O señora mia, mira lo que hazes, no hagas agrauio a tu valor ni a tu 25 belleza, ni me quites a mi la gloria de mis firmes pensamientos, cuya honestidad y firmeza me va
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 192 labrando vna inestimable corona de verdadero amante! Hermosa, rica y bien nacida es Sinforosa; pero, en tu comparacion, es fea, es pobre y de linage humilde. Considera, señora, que el amor nace y se engendra en nuestros pechos, o 5 por eleccion, o por destino: el que por destino, siempre está en su punto; el que por eleccion, puede crecer o menguar, segun pueden menguar o crecer las causas que nos obligan y mueuen a querernos. Y siendo esta verdad tan 10 verdad como lo es, hallo que mi amor no tiene terminos que le encierre, ni palabras que le declare; casi puedo dezir que desde las mantillas y faxas de mi niñez te quise bien, y aqui pongo yo la razon del destino; con la edad, y con el 15 vso de la razon, fue creciendo en mi el conocimiento, y fueron creciendo en ti las partes que te hizieron amable; vilas, contemplélas, conocilas, grauélas en mi alma, y de la tuya y la mia hize vn compuesto tan vno y tan solo, que 20 estoy por dezir que tendra mucho que hazer la muerte en diuidirle. Dexa, pues, bien mio, Sinforosas; no me ofrezcas agenas hermosuras, ni me combides con imperios ni monarquias, ni dexes que suene en mis oydos el dulce nombre 25 de hermano con que me llamas. Todo esto que estoy diziendo entre mi, quisiera dezirtelo a ti por los mismos terminos con que lo voy fraguando en mi imaginacion; pero no será possible, porque la luz de tus ojos, y mas si me 30 miran airados, ha de turbar mi vista y enmudecer mi lengua. Mejor será escriuirtelo en vn
LIBRO II, CAPITVLO VI p. 193 papel, porque las razones seran siempre vnas, y las podras ver muchas vezes, viendo siempre en ellas vna verdad misma, vna fe confirmada, y vn desseo loable y digno de ser creido; y assi, determino de escriuirte. 5 Quietóse con esto algun tanto, pareciendole que con mas aduertido discurso pondria su alma en la pluma que en la lengua. Dexemos escriuiendo a Periandro, y vamos a oyr lo que dize Sinforosa a Auristela; la qual Sinforosa, con 10 desseo de saber lo que Periandro auia respondido a Auristela, procuró verse con ella a solas, y darle de camino noticia de la intencion de su padre, creyendo que, a penas se la auria declarado, quando alcançasse el si de su 15 cumplimiento, puesta en pensar que pocas vezes se desprecian las riquezas ni los señorios, especialmente de las mugeres, que por naturaleza las mas son codiciosas, como las mas son altiuas y soberuias. Quando Auristela vio a Sinforosa, 20 no le plugo mucho su llegada, porque no tenia qué responderle, por no auer visto mas a Periandro; pero Sinforosa, antes de tratar de su causa, quiso tratar de la de su padre, imaginandose que, con aquellas nueuas que a Auristela 25 lleuaua, tan dignas de dar gusto, la tendria de su parte, en quien pensaua estar el todo de su buen sucesso, y assi le dixo: --Sin duda alguna, bellissima Auristela, que los cielos te quieren bien, porque me parece 30 que quieren llouer sobre ti venturas y mas venturas. Mi padre, el rey, te adora, y conmigo te
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 194 embia a dezir que quiere ser tu esposo; y en albricias del si que le has de dar, y yo se le he de lleuar, me ha prometido a Periandro por esposo. Ya, señora, eres reina; ya Periandro es mio; ya las riquezas te sobran, y si tus gustos en las 5 canas de mi padre no te sobraren, sobrarte han en los del mando y en los de los vassallos, que estaran continuo atentos a tu seruicio. Mucho te he dicho, amiga y señora mia, y mucho has de hazer por mi: que de vn gran valor no se puede 10 esperar menos que vn grande agradecimiento. Comience en nosotras a verse en el mundo dos cuñadas que se quieren bien, y dos amigas que sin doblez se amen, que si veran, si tu discrecion no se oluida de si misma. Y dime agora 15 qué es lo que respondio tu hermano a lo que de mi le dixiste, que estoy confiada de la buena respuesta, porque bien simple sería el que no recibiesse tus consejos como de vn oraculo. A lo que respondio Auristela: 20 --Mi hermano Periandro es agradecido como principal cauallero, y es discreto como andante peregrino: que el ver mucho y el leer mucho auiua los ingenios de los hombres. Mis trabajos y los de mi hermano nos van leyendo en quánto 25 deuemos estimar el sossiego, y pues que el que nos ofreces es tal, sin duda imagino que le auremos de admitir; pero hasta aora no me ha respondido nada Periandro, ni se de su voluntad cosa que pueda alentar tu esperança ni 30 desmayarla. Da, ¡o bella Sinforosa!, algun tiempo al tiempo, y dexanos considerar el bien de tus
LIBRO II, CAPITVLO VI p. 195 promesas, porque, puestas en obra, sepamos estimarlas. Las obras que no se han de hazer mas de vna vez, si se yerran, no se pueden enmendar en la segunda, pues no la tienen; y el casamiento es vna destas acciones, y assi, es menester 5 que se considere bien antes que se haga, puesto que los terminos desta consideracion los doy por passados, y hallo que tu alcançarás tus desseos, y yo admitire tus promesas y consejos. Y vete, hermana, y haz llamar de mi parte a 10 Periandro, que quiero saber del alegres nueuas que dezirte, y aconsejarme con el de lo que me conuiene, como con hermano mayor, a quien deuo tener respeto y obediencia. Abraçóla Sinforosa, y dexóla, por hazer venir 15 a Periandro a que la viesse; el qual, en este tiempo, encerrado y solo, auia tomado la pluma, y, de muchos principios que en vn papel borró y tornó a escriuir, quitó y añadio, en fin salio con vno que se dize dezia desta manera: 20 “No he osado fiar de mi lengua lo que de mi pluma, ni aun della fio algo, pues no puede escriuir cosa que sea de momento el que por instantes está esperando la muerte. Aora vengo a conocer que no todos los discretos saben 25 aconsejar en todos los casos; aquellos, si, que tienen esperiencia, en aquellos sobre quien se les pide el consejo. Perdoname que no admito el tuyo, por parecerme, o que no me conoces, o que te has oluidado de ti misma; vuelue, 30 señora, en ti, y no te haga vna vana presuncion
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 196 zelosa salir de los límites de la grauedad y peso de tu raro entendimiento. Considera quién eres, y no se te oluide de quién yo soy, y verás en ti el término del valor que puede dessearse, y en mi el amor y la firmeza que puede imaginarse; 5 y firmandote en esta consideracion discreta, no temas que agenas hermosuras me enciendan, ni imagines que a tu incomparable virtud y belleza otra alguna se anteponga. Sigamos nuestro viage, cumplamos nuestro voto, y 10 quedense a parte zelos infructuosos y mal nacidas sospechas. La partida desta tierra solicitaré con toda diligencia y breuedad, porque me parece que, en salir della, saldre, del infierno de mi tormento, a la gloria de verte sin zelos.” 15 Esto fue lo que escriuio Periandro, y lo que dexó en limpio al cabo de auer hecho seys borradores; y, doblando el papel, se fue a ver a Auristela, de cuya parte ya le auian llamado.
p. 197 CAPITVLO SEPTIMO del segundo libro, diuidido en dos partes [primera parte] Rutilio y Clodio, aquellos dos que querian enmendar su humilde fortuna, confiados el vno 5 de su ingenio y el otro de su poca verguença, se imaginaron merecedores el vno de Policarpa y el otro de Auristela; a Rutilio le contentó mucho la voz y el donayre de Policarpa, y a Clodio la sin ygual belleza de Auristela, y andauan 10 buscando ocasion cómo descubrir sus pensamientos sin que les viniesse mal por declararlos: que es bien que tema vn hombre baxo y humilde que se atreue a dezir a vna muger principal lo que no auia de atreuerse a pensarlo siquiera; 15 pero tal vez acontece que la desemboltura de vna poco honesta, aunque principal señora, da motiuo a que vn hombre humilde y baxo ponga en ella los ojos y le declare sus pensamientos. Ha de ser anexo a la muger principal 20 el ser graue, el ser compuesta y recatada, sin que por esto sea soberuia, desabrida y descuydada; tanto ha de parecer mas humilde y mas graue vna muger, quanto es mas señora. Pero en estos dos caualleros y nueuos amantes, no 25 nacieron sus desseos de las desembolturas y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 198 poca grauedad de sus señoras; pero, nazcan de do nacieren, Rutilio, en fin, escriuio vn papel a Policarpa, y Clodio a Auristela, del tenor que se sigue: Rutilio a Policarpa 5 “Señora, yo soy estrangero, y, aunque te diga grandezas de mi linage, como no tengo testigos que las confirmen, quiça no hallarán credito en tu pecho; aunque, para confirmacion de que soy illustre en linage, basta que he tenido 10 atreuimiento de dezirte que te adoro. Mira que prueuas quieres que haga para confirmarte en esta verdad, que a ti estara el pedirlas, y a mi el hazerlas; y pues te quiero para esposa, imagina que desseo como quien soy, y que merezco 15 como desseo: que de altos espiritus es aspirar a las cosas altas. Dame siquiera con los ojos respuesta deste papel, que, en la blandura o rigor de tu vista, vere la sentencia de mi muerte o de mi vida.” 20 Cerró el papel Rutilio, con intencion de darsele a Policarpa, arrimandose al parecer de los que dizen: diselo tu vna vez, que no falta[rá] quien se lo acuerde ciento. Mostroselo primero a Clodio, y Clodio le mostro a el otro que para 25 Auristela tenia escrito, que es este que se sigue:
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 199 Clodio a Auristela “Vnos entran en la red amorosa con el ceuo de la hermosura, otros con los del donayre y gentileza, otros con los del valor que consideran en la persona a quien determinan rendir su 5 voluntad; pero yo por diferente manera he puesto mi garganta a su yugo, mi ceruiz a su coyunda, mi voluntad a sus fueros, y mis pies a sus grillos, que ha sido por la de la lástima: que ¿quál es el coraçon de piedra que no la tendra, 10 hermosa señora, de verte vendida y comprada, y en tan estrechos pasos puesta, que has llegado al vltimo de la vida por momentos? El yerro y despiadado azero ha amenazado tu garganta, el fuego ha abrasado las ropas de tus 15 vestidos, la nieue tal vez te ha tenido yerta, y la hambre enflaquezida, y de amarilla tez cubiertas las rosas de tus mexillas, y, finalmente, el agua te ha sorbido y vomitado; y estos trabajos no se con qué fuerças los lleuas, pues no 20 te las pueden dar las pocas de vn rey vagamundo, y que te sigue por solo el interes de gozarte, ni las de tu hermano, si lo es, son tantas, que te puedan alentar en tus miserias. No fies, señora, de promesas remotas, y arrimate a 25 las esperanças propinquas, y escoge vn modo de vida que te assegure la que el cielo quisiere darte. Moço soy, habilidad tengo para saber viuir en los mas vltimos rincones de la tierra;
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 200 yo dare traça cómo sacarte desta y librarte de las importunaciones de Arnaldo, y, sacandote deste Egipto, te lleuaré a la tierra de promission, que es España, o Francia, o Italia, ya que no puedo viuir en Inglaterra, dulce y amada patria 5 mia; y, sobre todo, me ofrezco a ser tu esposo, y desde luego te aceto por mi esposa.” Auiendo oydo Rutilio el papel de Clodio, dixo: --Verdaderamente, nosotros estamos faltos 10 de juyzio, pues nos queremos persuadir que podemos subir al cielo sin alas, pues las que nos da nuestra pretension son las de la hormiga. Mira, Clodio: yo soy de parecer que rasguemos estos papeles, pues no nos ha forçado a 15 escriuirlos ninguna fuerça amorosa, sino vna ociosa y baldia voluntad, porque el amor ni nace ni puede crecer si no es al arrimo de la esperança, y, faltando ella, falta el de todo punto. Pues ¿por qué queremos auenturarnos a perder, y no a 20 ganar, en esta empresa? Que el declararla, y el ver a nuestras gargantas arrimado el cordel o el cuchillo, ha de ser todo vno; demas, que, por mostrarnos enamorados, auremos de parecer, sobre desagradecidos, traidores. ¿Tu no ves la 25 distancia que ay de vn maestro de dançar que enmendo su oficio con aprender el de platero, a vna hija de vn rey, y la que ay de vn desterrado murmurador a la que desecha y menosprecia reynos? Mordamonos la lengua, y llegue 30 nuestro arrepentimiento a do ha llegado nuestra
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 201 necedad. A lo menos, este mi papel se dara primero al fuego o al viento que a Policarpa (*). --Haz tu lo que quisieres del tuyo --respondio Clodio--, que el mio, aunque no le de a Auristela, le pienso guardar por honra de mi ingenio; 5 aunque temo que, si no se le doy, toda la vida me ha de morder la conciencia de auer tenido este arrepentimiento, porque el tentar no todas las vezes daña. Estas razones passaron entre los dos fingidos 10 amantes, y atreuidos y necios de veras. Llegóse, en fin, el punto de hablar a solas Periandro con Auristela, y entró a verla, con intencion de darle el papel que auia escrito; pero, assi como la vio, oluidandose de todos los discursos y 15 disculpas que lleuaua preuenidas, le dixo: --Señora, mirame bien, que yo soy Periandro, que fuy el que fue Persiles, y soy el que tu quieres que sea Periandro. El nudo con que estan atadas nuestras voluntades, nadie le puede 20 desatar sino la muerte; y, siendo esto assi, ¿de qué te sirue darme consejos tan contrarios a esta verdad? Por todos los cielos, y por ti misma, mas hermosa que ellos, te ruego que no nombres mas a Sinforosa, ni imagines que su 25 belleza ni sus tesoros han de ser parte a que yo oluide las minas de tus virtudes y la hermosura incomparable tuya, assi del cuerpo como del alma. Esta mia, que respira por la tuya, te ofrezco de nueuo, no con mayores ventajas que 30 aquellas con que te la ofreci la vez primera que mis ojos te vieron, porque no ay clausula que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 202 añadir a la obligacion en que quedé de seruirte, el punto que en mis potencias se imprimio el conocimiento de tus virtudes. Procura, señora, tener salud, que yo procuraré la salida de esta tierra, y dispondre lo mejor que pudiere 5 nuestro viage: que, aunque Roma es el cielo de la tierra, no está puesta en el cielo, y no aura trabajos ni peligros que nos nieguen del todo el llegar a ella, puesto que los aya para dilatar el camino; tente al tronco y a las ramas de tu 10 mucho valor, y no imagines que ha de auer en el mundo quien se le oponga. En tanto que Periandro esto dezia, le estaua mirando Auristela con ojos tiernos, y con lagrimas de zelos y compassion nacidas; pero, en 15 fin, haziendo efeto en su alma las amorosas razones de Periandro, dio lugar a la verdad que en ellas venía encerrada, y respondiole seys o ocho palabras, que fueron: --Sin hazerme fuerça, dulce amado, te creo; 20 confiada, te pido que con breuedad salgamos desta tierra: que, en otra, quiça conualecere de la enfermedad zelosa que en este lecho me tiene. --Si yo huuiera dado, señora --respondio 25 Periandro--, alguna ocasion a tu enfermedad, lleuara en paciencia tus quexas, y en mis disculpas hallaras tu el remedio de tus lástimas; pero como no te he ofendido, no tengo de qué disculparme. Por quien eres, te suplico que alegres 30 los coraçones de los que te conocen, y sea breuemente, pues faltando la ocasion de tu
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 203 enfermedad, no ay para qué nos mates con ella. Pondre en efeto lo que me mandas: saldremos desta tierra con la breuedad possible. --¿Sabes quánto te importa, Periandro? --respondio Auristela--; pues has de saber que me 5 van lisongeando promesas y apretando dadiuas; y no como quiera: que, por lo menos, me ofrecen este reyno. Policarpo el rey (*) quiere ser mi esposo; hamelo embiado a dezir con Sinforosa, su hija, y ella, con el fauor que piensa tener 10 en mi siendo su madrastra, quiere que seas su esposo. Si esto puede ser, tu lo sabes, y si estamos en peligro, consideralo, y, conforme a esto, aconsejate con tu discrecion, y busca el remedio que nuestra necessidad pide. Y perdoname, 15 que la fuerça de las so[s]pechas han sido las que me han forçado a ofenderte; pero estos yerros facilmente los perdona el amor. --Del se dize --replicó Periandro-- que no puede estar sin zelos, los quales, quando de 20 debiles y flacas ocasiones nacen, le hazen crecer, siruiendo de espuelas a la voluntad, que, de puro confiada, se entibia, o, a lo menos, parece que se desmaya. Y, por lo que deues a tu buen entendimiento, te ruego que, de aqui adelante, 25 me mires, no con mejores ojos, pues no los puede auer en el mundo tales como los tuyos, sino con voluntad mas llana y menos puntuosa, no leuantando algun descuydo mio, mas pequeño que vn grano de mostaça, a ser monte que llegue 30 a los cielos, llegando a los zelos; y, en lo demas, con tu buen juyzio entreten al rey y a
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 204 Sinforosa, que no la ofenderas en fingir palabras que se encaminan a conseguir buenos desseos. Y queda en paz, no engendre en algun mal pecho alguna mala sospecha nuestra larga plática. 5 Con esto la dexó Periandro, y, al salir de la estancia, encontro con Clodio y Rutilio: Rutilio acabando de romper el papel que auia escrito a Policarpa, y Clodio doblando el suyo para ponerselo en el seno; Rutilio arrepentido de su 10 loco pensamiento, y Clodio satisfecho de su habilidad y vfano de su atreuimiento; pero andara el tiempo y llegará el punto donde diera el por no auerle escrito la mitad de la vida, si es que las vidas pueden partirse. 15
p. 205 CAPITVLO SEPTIMO del segundo libro [segunda parte] Andaua el rey Policarpo alboroçado con sus amorosos pensamientos, y desseoso, ademas, 5 de saber la resolucion de Auristela, tan confiado y tan seguro que auia de corresponder a lo que desseaua, que ya consigo mismo traçaua las bodas, concertaua las fiestas, inuentaua las galas, y aun hazía mercedes en esperança del 10 venidero matrimonio. Pero, entre todos estos dissinios, no tomaua el pulso a su edad, ni ygualaua con discrecion la disparidad que ay de diez y siete años a setenta; y, quando fueran sesenta, es tambien grande la distancia: ansi halagan y 15 lisongean los lasciuos desseos las voluntades, assi engañan los gustos imaginados a los grandes entendimientos, assi tiran y lleuan tras si las blandas imaginaciones a los que no se resisten en los encuentros amorosos. Con diferentes 20 pensamientos estaua Sinforosa, que no se asseguraua de su suerte, por ser cosa natural que, quien mucho dessea, mucho teme; y las cosas que podian poner alas a su esperança, como eran su valor, su linage y hermosura, essas 25 mismas se las cortauan, por ser propio de los
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 206 amantes rendidos pensar siempre que no tienen partes que merezcan ser amadas de los que bien quieren. Andan el amor y el temor tan apareados, que, a do quiera que voluais la cara, los vereis juntos; y no es soberuio el amor, como 5 algunos dizen, sino humilde, agradable y manso; y tanto, que suele perder de su derecho por no dar a quien bien quiere pesadumbre; y mas, que como todo amante tiene en sumo precio y estima la cosa que ama, huye de que de su parte 10 nazca alguna ocasion de perderla. Todo esto, con mejores discursos que su padre, consideraua la bella Sinforosa, y, entre temor y esperança puesta, fue a ver a Auristela y a saber della lo que esperaua y temia. En fin se vio Sinforosa 15 con Auristela, y sola, que era lo que ella mas desseaua; y era tanto el desseo que tenia de saber las nueuas de su buena o mala andança, que, assi como entró a verla, sin que la hablasse palabra, se la puso a mirar ahincadamente, por 20 ver si en los mouimientos de su rostro le daua señales de su vida o muerte. Entendiola Auristela, y, a media risa, quiero dezir, con muestras alegres, le dixo: --Llegaos, señora, que a la rayz del arbol de 25 vuestra esperança no ha puesto el temor segur para cortar. Bien es verdad que vuestro bien y el mio se han de dilatar algun tanto; pero en fin llegarán, porque, aunque ay inconuenientes que suelen impedir el cumplimiento de los justos 30 desseos, no por esso ha de tener la des[es]peracion fuerças para no esperalle. Mi hermano dize
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 207 que el conocimiento que tiene de tu valor y hermosura no solamente le obliga, pero que le fuerça a quererte, y tiene a bien y a merced particular la que le hazes en querer ser suya (*); pero antes que venga a tan dichosa possession, 5 ha menester defraudar las esperanças que el principe Arnaldo tiene de que yo he de ser su esposa, y sin duda lo fuera yo, si el serlo tu de mi hermano no lo estoruara: que has de saber, hermana mia, que assi puedo yo viuir sin 10 Periandro, como puede viuir vn cuerpo sin alma: alli tengo de viuir donde el viuiere, el es el espiritu que me mueue y el alma que me anima; y siendo esto assi, y el se casa en esta tierra contigo, ¿cómo podre yo viuir en la de Arnaldo 15 en ausencia de mi hermano? Para escusar este desman que me amenaza, ordena que nos vamos con el a su reyno, desde el qual le pediremos licencia para yr a Roma a cumplir vn voto cuyo cumplimiento nos sacó de nuestra 20 tierra; y está claro, como la esperiencia me lo ha mostrado, que no ha de salir vn punto de mi voluntad. Puestos, pues, en nuestra libertad, facil cosa será dar la vuelta a esta isla, donde, burlando sus esperanças, veamos el fin de las 25 nuestras, yo casandome con tu padre, y mi hermano contigo. A lo que respondio Sinforosa: --No se, hermana, con qué palabras podre encarecer la merced que me has hecho con las 30 que me has dicho, y assi la dexaré en su punto, porque no se cómo esplicarlo; pero esto que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 208 aora dezirte quiero, recibelo antes por aduertimiento que por consejo: aora estás en esta tierra, y en poder de mi padre, que te podra y querra defender de todo el mundo, y no será bien que se ponga en contingencia la seguridad 5 de tu possession. No le ha de ser possible a Arnaldo lleuaros por fuerça a ti y a tu hermano, y hale de ser forçoso, si no querer, a lo menos, consentir lo que mi padre quisiere, que le tiene en su reyno y en su casa. Assegurame tu, 10 ¡o hermana!, que tienes voluntad de ser mi señora, siendo esposa de mi padre, y que tu hermano no se ha de desdeñar de ser mi señor y esposo: que yo te dare llanas todas las dificultades e inconuenientes que para llegar a este 15 efeto pueda poner Arnaldo. A lo que respondio Auristela: --Los varones prudentes, por los casos passados y por los presentes, juzgan los que estan por venir. A hazernos fuerça pública o secreta 20 tu padre en nuestra detencion, ha de irritar y despertar la colera de Arnaldo, que en fin es rey poderoso, a lo menos lo es mas que tu padre, y los reyes, burlados y engañados, facilmente se acomodan a vengarse; y assi, en lugar 25 de auer recebido con nuestro parentesco gusto, recibiriades daño, trayendoos la guerra a vuestras mismas casas. Y si dixeres que este temor se ha de tener siempre, ora nos quedemos aqui, ora voluamos despues, considerando que nunca 30 los cielos aprietan tanto los males, que no dexen alguna luz con que se descubra la de su remedio,
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 209 soy de parecer que nos vamos con Arnaldo, y que tu misma, con tu discrecion y auiso, solicites nuestra partida: que en esto solicitarás y abreuiarás nuestra buelta, y aqui, si no en reynos tan grandes como los de Arnaldo, a lo 5 menos en paz mas segura, gozaré yo de la prudencia de tu padre, y tu de la gentileza y bondad de mi hermano, sin que se diuidan y aparten nuestras almas. Oyendo las quales razones, Sinforosa, loca 10 de contento, se abalançó a Auristela y le echó los braços al cuello, midiendole la boca y los ojos con sus hermosos labios. En esto vieron entrar por la sala a los dos, al parecer, barbaros, padre y hijo, y a Ricla y Constança, y 15 luego tras ellos entraron Mauricio, Ladislao y Transila, desseosos de ver y hablar a Auristela y saber en qué punto estaua su enfermedad, que los tenia a ellos sin salud. Despidiose Sinforosa mas alegre y mas engañada que quando 20 auia entrado: que los coraçones enamorados creen con mucha facilidad aun las sombras de las promesas de su gusto. El anciano Mauricio, despues de auer passado con Auristela las ordinarias preguntas y respuestas que suelen 25 passar entre los enfermos y los que los visitan, dixo: --Si los pobres, aunque mendigos, suelen lleuar con pesadumbre el verse desterrados o ausentes de su patria, donde no dexaron sino 30 los terrones que los sustentauan, ¿qué sentiran los ausentes que dexaron en su tierra los bienes
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 210 que de la fortuna pudieran prometerse? Digo esto, señora, porque mi edad, que con pressurosos pasos me va acercando al vltimo fin, me haze dessear verme en mi patria, adonde mis amigos, mis parientes y mis hijos me cierren los 5 ojos y me den el vltimo vale. Este bien y merced conseguiremos todos quantos aqui estamos, pues todos somos estrangeros y ausentes, y todos, a lo que creo, tenemos en nuestras patrias lo que no hallaremos en las agenas, si tu, 10 señora, quisieres solicitar nuestra partida, o, a lo menos, teniendo por bien que nosotros la procuremos, puesto que no será possible el dexarte, porque tu generosa condicion y rara hermosura, acompañada de la discrecion, que 15 admira, es la piedra yman de nuestras voluntades. --A lo menos --dixo a esta sazon Antonio el padre--, de la mia y de las de mi muger y hijos lo es de suerte, que primero dexaré la vida, que 20 dexar la compañia de la señora Auristela, si es que ella no se desdeña de la nuestra. --Yo os agradezco, señores --respondio Auristela--, el desseo que me aueis mostrado, y aunque no está en mi mano corresponder a 25 el como deuia, todauia hare que le pongan en efeto el principe Arnaldo y mi hermano Periandro, sin que sea parte mi enfermedad, que ya es salud, a impedirle. En tanto, pues, que llega el felice dia y punto de nuestra partida, 30 ensanchad los coraçones, y no deis lugar que reyne en ellos la malencolia, ni penseis en peligros
LIBRO II, CAPITVLO VII p. 211 venideros: que, pues el cielo de tantos nos ha sacado, sin que otros nos sobreuengan, nos lleuará a nuestras dulces patrias: que los males que no tienen fuerças para acabar la vida, no la han de tener para acabar la paciencia. 5 Admirados quedaron todos de la respuesta de Auristela, porque en ella se descubrio su coraçon piadoso y su discrecion admirable. Entró en este instante el rey Policarpo, alegre sobre manera, porque ya auia sabido de Sinforosa, su 10 hija, las prometidas esperanças del cumplimiento de sus entre castos y lasciuos desseos: que los impetus amorosos que suelen parecer en los ancianos, se cubren y disfraçan con la capa de la hipocresia: que no ay hipocrita, si no es 15 conocido por tal, que dañe a nadie sino a si mismo, y los viejos, con la sombra del matrimonio, dissimulan sus deprauados apetitos. Entraron con el rey Arnaldo y Periandro, y dandole el parabien a Auristela de la mejoria, mandó el 20 rey que, aquella noche, en señal de la merced que del cielo todos en la mejoria de Auristela auian recebido, se hiziessen luminarias en la ciudad, y fiestas y regozijos ocho dias continuos. Periandro lo agradecio, como hermano de 25 Auristela, y Arnaldo, como amante que pretendia ser su esposo. Regozijauase Policarpo alla entre si mismo en considerar quán suauemente se yua enganando Arnaldo, el qual, admirado con la mejoria de Auristela, sin que supiesse 30 los dissinios de Policarpo, buscaua modos de salir de su ciudad, pues tanto quanto mas se
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 212 dilataua su partida, tanto mas, a su parecer, se alongaua el cumplimiento de su desseo. Mauricio, tambien desseoso de voluer a su patria, acudio a su ciencia, y halló en ella que grandes dificultades auian de impedir su partida; 5 comunicólas con Arnaldo y Periandro, que ya auian sabido los intentos de Sinforosa y Policarpo, que les puso en mucho cuydado, por saber cierto, quando el amoroso desseo se apodera de los pechos poderosos, suele romper por 10 qualquiera dificultad, hasta llegar al fin de ellos; no se miran respetos, ni se cumplen palabras, ni guardan obligaciones; y assi, no auia para qué fiarse en las pocas o ninguna en que Policarpo les estaua. En resolucion, quedaron los 15 tres de acuerdo que Mauricio buscasse vn vaxel, de muchos que en el puerto estauan, que los lleuasse a Inglaterra secretamente, que para embarcarse no faltaria modo conuenible, y que, en este entretanto, no mostrasse ninguno señales 20 de que tenian noticia de los dissinios de Policarpo. Todo esto se comunicó con Auristela, la qual aprouo su parecer, y entró en nueuos cuydados de mirar por su salud y por la de todos. 25
p. 213 CAPITVLO OCTAVO del segundo libro Da Clodio el papel a Auristela; Antonio, el barbaro, le mata por yerro. Dize la historia que llegó a tanto la 5 insolencia o, por mejor dezir, la desuerguença de Clodio, que tuuo atreuimiento de poner en las manos de Auristela el desuergonçado papel que la auia escrito, engañada con que le dixo que eran vnos versos deuotos, dignos de ser leidos y 10 estimados. Abrio Auristela el papel, y pudo con ella tanto la curiosidad, que no dio lugar al enojo para dexalle de leer hasta el cabo; leyole, en fin, y voluiendole a cerrar, puestos los ojos en Clodio, y no echando por ellos rayos de 15 amorosa luz, como las mas vezes solia, sino centellas de rabioso fuego, le dixo: --Quitateme de delante, hombre maldito y desuergonçado: que, si la culpa deste tu atreuido disparate, entendiera que auia nacido de 20 algun descuydo mio que menoscabara mi credito y mi honra, en mi misma castigara tu atreuimiento; el qual no ha de quedar sin castigo, si ya entre tu locura y mi paciencia no se pone el tenerte lástima. 25 Quedó atonito Clodio, y diera el por no
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 214 auerse atreuido la mitad de la vida, como ya se ha dicho; rodearonle luego el alma mil temores, y no se daua mas término de vida, que lo que tardassen en saber su vellaqueria Arnaldo o Periandro; y, sin replicar palabra, baxó los ojos, 5 voluio las espaldas, y dexó sola a Auristela, cuya imaginacion ocupó vn temor, no vano, sino muy puesto en razon, de que Clodio, desesperado, auia de dar en traydor, aprouechandose de los intentos de Policarpo, si a caso a su noticia 10 viniesse, y determinó darla de aquel caso a Periandro y Arnaldo. Sucedio en este tiempo que, estando Antonio el moço solo en su aposento, entró a deshora vna muger en el, de hasta quarenta años de 15 edad, que, con el brio y donayre, deuia de encubrir otros diez, vestida, no al vso de aquella tierra, sino al de España; y aunque Antonio no conocia de vsos sino de los que auia visto en los de la barbara isla donde se auia criado y 20 nacido, bien conocio ser estrangera de aquella tierra. Leuantóse Antonio a recebirla cortesmente, porque no era tan barbaro que no fuesse bien criado; sentaronse, y la dama --si en tantos años de edad es justo se le de este nombre--, 25 despues de auer estado atenta mirando el rostro de Antonio, dixo: --Parecerte ha nouedad, ¡o mancebo!, esta mi venida a verte, porque no deues de estar en vso de ser visitado de mugeres, auiendote criado, 30 segun he sabido, en la isla barbara, y no entre barbaros, sino entre riscos y peñas, de las quales,
LIBRO II, CAPITVLO VIII p. 215 si como sacaste la belleza y brio que tienes, has sacado tambien la dureza en las entrañas, la blandura de las mias temo que no me ha de ser de prouecho. No te desuies, sossiegate y no te alborotes, que no está hablando contigo 5 algun mostruo ni persona que quiera dezirte ni aconsejarte cosas que vayan fuera de la naturaleza humana; mira que te hablo español, que es la lengua que tu sabes, cuya conformidad suele engendrar amistad entre los que no se 10 conocen. Mi nombre es Zenotia; soy natural de España, nacida y criada en Alhama, ciudad del reyno de Granada; conocida por mi nombre en todos los de España, y aun entre otros muchos, porque mi habilidad no consiente que mi nombre 15 se encubra, haziendome conocida mis obras. Sali de mi patria aura quatro años, huyendo de la vigilancia que tienen los mastines veladores que en aquel reyno tienen del catolico rebaño; mi estirpe es agarena; mis exercicios, los de 20 Zoroastes, y en ellos soy vnica. ¿Ves este sol que nos alumbra? Pues si, para señal de lo que puedo, quieres que le quite los rayos y le assombre con nubes, pidemelo, que hare que a esta claridad suceda en vn punto escura noche; o ya, si 25 quisieres ver temblar la tierra, pelear los vientos, alterarse el mar, encontrarse los montes, bramar las fieras, o otras espantosas señales que nos representen la confusion del caos primero, pidelo, que tu quedarás satisfecho, y yo 30 acreditada. Has de saber ansimismo que en aquella ciudad de Alhama siempre ha auido alguna muger
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 216 de mi nombre (*), la qual, con el apellido de Zenotia, hereda esta ciencia, que no nos enseña a ser hechizeras, como algunos nos llaman, sino a ser encantadoras y magas, nombres que nos vienen mas al propio. Las que son hechizeras, 5 nunca hazen cosa que para alguna cosa sea de prouecho: exercitan sus burlerias con cosas, al parecer, de burlas, como son hauas mordidas, agujas sin puntas, alfileres sin cabeça, y cabellos cortados en crecientes o menguantes de luna; 10 vsan de caracteres que no entienden, y, si algo alcançan, tal vez, de lo que pretenden, es, no en virtud de sus simplicidades, sino porque Dios permite, para mayor condenacion suya, que el demonio las engañe. Pero nosotras, las que 15 tenemos nombre de magas y de encantadoras, somos gente de mayor quantia: tratamos con las estrellas, contemplamos el mouimiento de los cielos, sabemos la virtud de las yeruas, de las plantas, de las piedras, de las palabras, y, 20 juntando lo actiuo a lo passiuo, parece que hazemos milagros, y nos atreuemos a hazer cosas tan estupendas, que causan admiracion a las gentes, de donde nace nuestra buena o mala fama: buena, si hazemos bien con nuestra 25 habilidad; mala, si hazemos mal con ella. Pero como la naturaleza parece que nos inclina antes al mal que al bien, no podemos tener tan a raya los desseos, que no se deslizen a procurar el mal ageno: que ¿quién quitará al ayrado y 30 ofendido que no se vengue? ¿Quién al amante desdeñado que no quiera, si puede, reduzir a ser
LIBRO II, CAPITVLO VIII p. 217 querido del que le aborrece? Puesto que en mudar las voluntades, sacarlas de su quicio, como esto es yr contra el libre aluedrio, no ay ciencia que lo pueda, ni virtud de yeruas que lo alcancen. 5 A todo esto que la española Zenotia dezia, la estaua mirando Antonio, con desseo grande de saber qué suma tendria tan larga cuenta; pero la Zenotia prosiguio diziendo: --Digote, en fin, barbaro discreto, que la 10 persecucion de los que llaman inquisidores en España, me arrancó de mi patria: que, quando se sale por fuerça della, antes se puede llamar arrancada que salida. Vine a esta isla por estraños rodeos, por infinitos peligros, casi siempre 15 como si estuuieran cerca, voluiendo la cabeça atras, pensando que me mordian las faldas los perros, que aun hasta aqui temo; dime presto a conocer al rey antecessor de Policarpo; hize algunas marauillas, con que dexé marauillado 20 al pueblo; procuré hazer vendible mi ciencia tan en mi prouecho, que tengo juntos mas de treynta mil escudos en oro; y, estando atenta a esta ganancia, he viuido castamente, sin procurar otro algun deleyte, ni le procurara si mi 25 buena o mi mala fortuna no te huuieran traido a esta tierra, que en tu mano está darme la suerte que quisieres. Si te parezco fea, yo hare de modo que me juzgues por hermosa; si son pocos treynta mil escudos que te ofrezco, alarga 30 tu desseo y ensancha los sacos de la codicia y los senos, y comiença desde luego a contar
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 218 quantos dineros acertares a dessear. Para tu seruicio sacaré las perlas que encubren las conchas del mar, rendire y traere a tus manos las aues que rompen el ayre, hare que te ofrezcan sus frutos las plantas de la tierra, hare que brote 5 del abismo lo mas precioso que en el se encierra, harete inuencible en todo, blando en la paz, temido en la guerra; en fin, enmendaré tu suerte de manera que seas siempre inuidiado, y no inuidioso. Y, en cambio destos bienes que te he 10 dicho, no te pido que seas mi esposo, sino que me recibas por tu esclaua: que, para ser tu esclaua, no es menester que me tengas voluntad como para ser esposa, y, como yo sea tuya, en qualquier modo que lo sea, viuire contenta. 15 Comiença, pues, ¡o generoso mancebo!, a mostrarte prudente, mostrandote agradecido: mostrarte has prudente, si, antes que me agradezcas estos desseos, quisieres hazer esperiencia de mis obras; y, en señal de que assi lo haras, 20 alegrame el alma aora con darme alguna señal de paz, dandome a tocar tu valerosa mano. Y diziendo esto, se leuantó para yr a abraçarle. Antonio, viendo lo qual, lleno de confusion, como si fuera la mas retirada donzella del 25 mundo, y como si enemigos combatieran el castillo de su honestidad, se puso a defenderle, y, leuantandose, fue a tomar su arco, que siempre, o le traia consigo, o le tenia junto a si, y poniendo en el vna flecha, hasta veynte pasos desuiado 30 de la Zenotia, le encaró la flecha. No le contentó mucho a la enamorada dama la postura
LIBRO II, CAPITVLO VIII p. 219 amenazadora de muerte de Antonio, y, por huyr el golpe, desuió el cuerpo, y passó la flecha volando por junto a la garganta --en esto mas barbaro Antonio de lo que parecia en su trage--. Pero no fue el golpe de la flecha en vano, porque 5 a este instante entraua por la puerta de la estancia el maldiziente Clodio, que le siruio de blanco, y le passó la boca y la lengua, y le dexó la vida en perpetuo silencio: castigo merecido a sus muchas culpas. Voluio la Zenotia la cabeça, 10 vio el mortal golpe que auia hecho la flecha, temio la segunda, y, sin aprouecharse de lo mucho que con su ciencia se prometia, llena de confusion y de miedo, tropeçando aqui y cayendo alli, salio del aposento, con intencion de 15 vengarse del cruel y desamorado moço.
p. 220 CAPITVLO NVEVE del segundo libro No le quedó sabrosa la mano a Antonio del golpe que auia hecho: que, aunque acerto errando, como no sabía las culpas de Clodio, y auia 5 visto la de la Zenotia, quisiera auer sido mejor certero. Llegóse a Clodio, por ver si le quedauan algunas reliquias de vida, y vio que todas se las auia lleuado la muerte; cayo en la cuenta de su yerro, y tuuose verdaderamente por barbaro. 10 Entró en esto su padre, y, viendo la sangre y el cuerpo muerto de Clodio, conocio por la flecha que aquel golpe auia sido hecho por la mano de su hijo. Preguntóselo, y respondiole que si; quiso saber la causa, y tambien se la 15 dixo; admiróse el padre; lleno de indignacion, le dixo: --Ven aca, barbaro; si a los que te aman y te quieren procuras quitar la vida, ¿qué haras a los que te aborrecen? Si tanto presumes de casto y 20 honesto, defiende tu castidad y honestidad con el sufrimiento: que los peligros semejantes no se remedian con las armas ni con esperar los encuentros, sino con huyr de ellos. Bien parece que no sabes lo que le sucedio a aquel 25 mancebo hebreo que dexó la capa en manos de la lasciua señora que le solicitaua. Dexaras tu,
LIBRO II, CAPITVLO IX p. 221 ignorante, essa tosca piel que traes vestida, y esse arco, con que presumes vencer a la misma valentia; no le armaras contra la blandura de vna muger rendida, que, quando lo está, rompe por qualquier inconueniente que a su desseo se 5 oponga. Si con esta condicion passas adelante en el discurso de tu vida, por barbaro serás tenido, hasta que la acabes, de todos los que te conocieren. No digo yo que ofendas a Dios en ningun modo, sino que reprehendas, y no castigues, 10 a las que quisieren turbar tus honestos pensamientos; y aparejate para mas de vna batalla, que la verdura de tus años y el gallardo brio de tu persona, con muchas batallas te amenazan; y no pienses que has de ser siempre 15 solicitado, que alguna vez solicitarás, y, sin alcançar tus desseos, te alcançará la muerte en ellos. Escuchaua Antonio a su padre, los ojos puestos en el suelo, tan vergonçoso como 20 arrepentido. Y lo que le respondio, fue: --No mires, señor, lo que hize, y pesame de auerlo hecho; procuraré enmendarme de aqui adelante, de modo que no parezca barbaro por riguroso, ni lasciuo por manso; dese orden de 25 enterrar a Clodio, y de hazerle la satisfacion mas conueniente que ser pudiere. Ya en esto auia volado por el palacio la muerte de Clodio; pero [no] la causa de ella, porque la encubrio la enamorada Zenotia, diziendo 30 sólo que, sin saber por qué, el barbaro moço le auia muerto. Llegó esta nueua a los oydos de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 222 Auristela, que aun se tenia el papel de Clodio en las manos, con intencion de mostrarsele a Periandro o a Arnaldo, para que castigassen su atreuimiento; pero viendo que el cielo auia tomado a su cargo el castigo, rompio el papel, y 5 no quiso que saliessen a luz las culpas de los muertos: consideracion tan prudente como christiana. Y bien que Policarpo se alborotó con el sucesso, teniendose por ofendido de que nadie en su casa vengasse sus injurias, no quiso 10 aueriguar el caso, sino remitioselo al principe Arnaldo, el qual, a ruego de Auristela y al de Transila, perdonó a Antonio y mandó enterrar a Clodio, sin aueriguar la culpa de su muerte, creyendo ser verdad lo que Antonio dezia, que 15 por yerro le auia muerto, sin descubrir los pensamientos de Zenotia, porque a el no le tuuiessen de todo en todo por barbaro. Passó el rumor del caso, enterraron a Clodio, quedó Auristela vengada, como si en su generoso pecho 20 albergara genero de vengança alguna, assi como albergaua en el de la Zenotia, que beuia, como dizen, los vientos imaginando cómo vengarse del cruel flechero, el qual, de alli a dos dias, se sintio mal dispuesto, y cayo en la cama con tanto 25 descaecimiento, que los medicos dixeron que se le acabaua la vida, sin conocer de qué enfermedad. Lloraua Ricla, su madre, y su padre Antonio tenia de dolor el coraçon consumido; no se podia alegrar Auristela ni Mauricio; Ladislao y 30 Transila sentian la misma pesadumbre; viendo lo qual, Policarpo acudio a su consejera
LIBRO II, CAPITVLO IX p. 223 Zenotia, y le rogo procurasse algun remedio a la enfermedad de Antonio, la qual, por no conocerla los medicos, ellos no sabian hallarle. Ella le dio buenas esperanças, assegurandole que de aquella enfermedad no moriria; pero que conuenia 5 dilatar algun tanto la cura. Creyola Policarpo como si se lo dixera vn oraculo. De todos estos sucessos no le pesaua mucho a Sinforosa, viendo que por ellos se detendria la partida de Periandro, en cuya vista tenia librado el aliuio de 10 su coraçon: que, puesto que desseaua que se partiesse, pues no podia voluer si no se partia, tanto gusto le daua el verle, que no quisiera que se partiera. Llegó vna sazon y coyuntura donde Policarpo y sus dos hijas, Arnaldo, Periandro y 15 Auristela, Mauricio, Ladislao y Transila, y Rutilio, que despues que escriuio el villete a Policarpa, aunque le auia roto, de arrepentido andaua triste y pensatiuo, bien assi como el culpado, que piensa que quantos le miran son 20 sabidores de su culpa, digo que la compañia de los ya nombrados se halló en la estancia del enfermo Antonio, a quien todos fueron a visitar, a pedimiento de Auristela, que ansi a el como a sus padres los estimaua y queria mucho, obligada 25 del beneficio que el moço barbaro le auia hecho quando los sacó del fuego de la isla y la lleuó al serrallo (*) de su padre; y mas, que como en las comunes desuenturas se reconcilian los animos y se trauan las amistades, por auer sido 30 tantas las que en compañia de Ricla y de Constança y de los dos Antonios auia passado, ya
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 224 no solamente por obligacion, mas por eleccion y destino los amaua. Estando, pues, juntos, como se ha dicho, vn dia, Sinforosa rogo encarecidamente a Periandro les contasse algunos sucessos de su vida, especialmente se holgaria de 5 saber de dónde venía la primera vez que llegó a aquella isla, quando ganó los premios de todos los juegos y fiestas que aquel dia se hizieron, en memoria de auer sido el de la eleccion de su padre; a lo que Periandro respondio que si 10 haria si se le permitiesse començar el cuento de su historia, y no del mismo principio, porque este no lo podia dezir ni descubrir a nadie hasta verse en Roma con Auristela, su hermana. Todos le dixeron que hiziesse su gusto, que de 15 qualquier cosa que el dixesse le recibirian; y el que mas contento sintio fue Arnaldo, creyendo descubrir, por lo que Periandro dixesse, algo que descubriesse quién era. Con este saluoconduto, Periandro dixo desta manera: 20
p. 225 CAPITVLO DECIMO del segundo libro Cuenta Periandro el sucesso de su viage. --El principio y preambulo de mi historia, ya que quereys, señores, que os la cuente, quiero 5 que sea este: que nos contempleys a mi hermana y a mi, con vna anciana ama suya, enuarcados en vna naue cuyo dueño, en el lugar de parecer mercader, era vn gran cossario. Las riberas de vna isla barriamos, quiero dezir que 10 yuamos tan cerca de ella, que distintamente conociamos, no solamente los arboles, pero sus diferencias. Mi hermana, cansada de auer andado algunos dias por el mar, desseó salir a recrearse a la tierra; pidioselo al capitan, y 15 como sus ruegos tienen siempre fuerça de mandamiento, consintio el capitan en el de su ruego, y, en la pequeña varca de la naue, con solo vn marinero, nos echó en tierra a mi y a mi hermana, y a Cloelia, que este era el nombre de su 20 ama. Al tomar tierra, vio el marinero que vn pequeño rio, por vna pequeña boca, entraua a dar al mar su tributo; hazianle sombra por vna y otra ribera gran cantidad de verdes y hojosos arboles, a quien seruian de cristalinos espejos 25 sus transparentes aguas. Rogamosle se entrasse
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 226 por el rio, pues la amenidad del sitio nos combidaua. Hizolo assi, y començo a subir por el rio arriba; y, auiendo perdido de vista la naue, soltando los remos, se detuuo y dixo: “Mirad, señores, del modo que aueis de hazer este viage, y 5 hazed cuenta que esta pequeña varca que aora os lleua es vuestro nauio, porque no aueis de voluer mas al que en la mar os queda aguardando, si ya esta señora no quiere perder la honra, y vos, que dezis que soys su hermano, 10 la vida.” Dixome, en fin, que el capitan del nauio queria deshonrar a mi hermana y darme a mi la muerte, y que atendiessemos a nuestro remedio, que el nos seguiria y acompañaria en todo lugar y en todo acontecimiento. Si nos 15 turbamos con esta nueua, juzguelo el que estuuiere acostumbrado a recebirlas malas de los bienes que espera. Agradecile el auiso, y ofrecile la recompensa quando nos viessemos en mas felice estado. “Aun bien --dixo Cloelia--, 20 que traygo conmigo las joyas de mi señora.” Y aconsejandonos los quatro de lo que hazer deuiamos, fue parecer del marinero que nos entrassemos el rio adentro: quiça descubririamos algun lugar que nos defendiesse, si a caso 25 los de la naue viniessen a buscarnos. “Mas no vendran --dixo--, porque no ay gente en todas estas islas, que no piense ser cossarios todos quantos surcan estas riberas, y, en viendo la naue o naues, luego toman las armas para 30 defenderse; y, si no es con assaltos nocturnos y secretos, nunca salen medrados los cossarios.”
LIBRO II, CAPITVLO X p. 227 Pareciome bien su consejo; tomé yo el vn remo, y ayudéle a lleuar el trabajo. Subimos por el rio arriba, y, auiendo andado como dos millas, llegó a nuestros oydos el son de muchos y varios instrumentos formado, y luego se nos ofrecio 5 a la vista vna selua de arboles mouibles que de la vna ribera a la otra ligeramente cruzauan; llegamos mas cerca, y conocimos ser varcas enramadas lo que parecian arboles, y que el son le formauan los instrumentos que tañian 10 los que en ellas yuan. Apenas nos huuieron descubierto, quando se vinieron a nosotros y rodearon nuestro varco por todas partes. Leuantóse en pie mi hermana, y, echandose sus hermosos cabellos a las espaldas, tomados por 15 la frente con vna cinta leonada o liston que le dio su ama, hizo de si casi diuina e improuisa muestra: que, como despues supe, por tal la tuuieron todos los que en las varcas venian, los quales, a vozes, como dixo el marinero, que 20 las entendia, dezian: “¿Qué es esto? ¿Qué deidad es esta que viene a visitarnos y a dar el parabien al pescador Carino y a la sin par Seluiana de sus felicissimas bodas?” Luego dieron cabo a nuestra varca, y nos lleuaron a 25 desenuarcar no lexos del lugar donde nos auian encontrado. ”Apenas pusimos los pies en la ribera, quando vn esquadron de pescadores, que assi lo mostrauan ser en su trage, nos rodearon, y vno por 30 vno, llenos de admiracion y reuerencia, llegaron a besar las orillas del vestido de Auristela, la
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 228 qual, a pesar del temor que la congoxaua de las nueuas que la auian dado, se mostro a aquel punto tan hermosa, que yo disculpo el error de aquellos que la tuuieron por diuina. Poco desuiados de la ribera, vimos vn talamo en 5 gruessos troncos de sabina sustentado, cubierto de verde juncia, y oloroso con diuersas flores que seruian de alcatifas al suelo; vimos ansimismo leuantarse de vnos assientos dos mugeres y dos hombres, ellas moças, y ellos gallardos mancebos: 10 la vna hermosa sobremanera, y la otra fea sobremanera; el vno gallardo y gentil hombre, y el otro no tanto; y todos quatro se pusieron de rodillas ante Auristela, y el mas gentil hombre dixo: “¡O tu, quienquiera que seas, que no 15 puedes ser sino cosa del cielo! Mi hermano y yo, con el estremo a nuestras fuerças possible, te agradecemos esta merced que nos hazes honrando nuestras pobres y ya de oy mas ricas bodas. Ven, señora, y si, en lugar de los palacios 20 de cristal que en el profundo mar dexas, como vna de sus habitadoras, hallares en nuestros ranchos las paredes de conchas y los tejados de mimbres, o, por mejor dezir, las paredes de mimbres y los tejados de conchas, hallarás, por lo 25 menos, los desseos de oro y las voluntades de perlas para seruirte. Y hago esta comparacion, que parece impropia, porque no hallo cosa mejor que el oro, ni mas hermosa que las perlas.” Inclinóse a abraçarle Auristela, confirmando con 30 su grauedad, cortesia y hermosura, la opinion que della tenian. El pescador menos gallardo se
LIBRO II, CAPITVLO X p. 229 apartó a dar orden a la demas turba a que leuantassen las vozes en alabanças de la rezien venida estrangera, y que tocassen todos los instrumentos en señal del regozijo. Las dos pescadoras, fea y hermosa, con sumission humilde, 5 besaron las manos a Auristela, y ella las abraçó cortés y amigablemente. El marinero, contentissimo del sucesso, dio cuenta a los pescadores del nauio que en el mar quedaua, diziendoles que era de cossarios, de quien se temia que 10 auian de venir por aquella donzella, que era vna principal señora, hija de reyes: que, para mouer los coraçones a su defensa, le parecio ser necessario leuantar este testimonio a mi hermana. Apenas entendieron esto, quando dexaron los 15 instrumentos regozijados y acudieron a los belicos, que tocaron ¡arma, arma!, por entrambas riberas. ”Llegó en esto la noche; recogimonos al mismo rancho de los desposados, pusieronse centinelas 20 hasta la misma boca del rio, ceuaronse las nasas, tendieronse las redes, y acomodaronse los ançuelos, todo con intencion de regalar y seruir a sus nueuos huespedes; y, por mas honrarlos, los dos rezien desposados no 25 quisieron aquella noche passarla con sus esposas, sino dexar los ranchos solos a ellas, y a Auristela y a Cloelia, y que ellos, con sus amigos, conmigo y con el marinero, se les hiziesse guarda y centinela; y aunque sobraua la claridad del 30 cielo por la que ofrecia la de la creciente luna, y en la tierra ardian las hogueras que el nueuo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 230 regozijo auia encendido, quisieron los desposados que cenassemos en el campo los varones, y dentro del rancho las mugeres. Hizose assi, y fue la cena tan abundante, que parecio que la tierra se quiso auentajar al mar, y el mar a la 5 tierra, en ofrecer la vna sus carnes y la otra sus pescados. Acabada la cena, Carino me tomó por la mano, y, passeandose conmigo por la ribera, despues de auer dado muestras de tener apassionada el alma, con sollozos y con suspiros me 10 dixo: “Por tener milagrosa esta tu llegada a tal sazon y tal coyuntura, que con ella has dilatado mis bodas, tengo por cierto que mi mal ha de tener remedio mediante tu consejo; y ansi, aunque me tengas por loco, y por hombre de mal 15 conocimiento y de peor gusto, quiero que sepas que, de aquellas dos pescadoras que has visto, la vna fea y la otra hermosa, a mi me ha cabido en suerte de que sea mi esposa la mas bella, que tiene por nombre Seluiana; pero no se qué 20 te diga, ni se qué disculpa dar de la culpa que tengo ni del yerro que hago: yo adoro a Leoncia, que es la fea, sin poder ser parte a hazer otra cosa. Con todo esto, te quiero dezir vna verdad, sin que me engañe en creerla: que, a los 25 ojos de mi alma, por las virtudes que en la de Leoncia descubro, ella es la mas hermosa muger del mundo; y ay mas en esto: que de Solercio, que es el nombre del otro desposado, tengo mas de vn barrunto que muere por 30 Seluiana. De modo que nuestras quatro voluntades estan trocadas, y esto ha sido por querer todos
LIBRO II, CAPITVLO X p. 231 quatro obedecer a nuestros padres y a nuestros parientes, que han concertado estos matrimonios; y no puedo yo pensar en qué razon se consiente que, la carga que ha de durar toda la vida, se la eche el hombre sobre sus ombros, no 5 por el suyo, sino por el gusto ageno. Y, aunque esta tarde auiamos de dar el consentimiento y el si del cautiuerio de nuestras voluntades, no por industria, sino por ordenacion del cielo, que assi lo quiero creer, se estoruó con vuestra 10 venida. De modo que aun nos queda tiempo para enmendar nuestra ventura, y para esto te pido consejo, pues como estrangero (*), y no parcial de ninguno, sabras aconsejarme; porque tengo determinado que, si no se descubre alguna 15 senda que me lleue a mi remedio, de ausentarme destas riberas, y no parecer en ellas en tanto que la vida me durare, ora mis padres se enojen, o mis parientes me riñan, o mis amigos se enfaden.” Atentamente le estuue escuchando, 20 y de improuiso me vino a la memoria su remedio, y a la lengua estas mismas palabras: “No ay para qué te ausentes, amigo; a lo menos, no ha de ser antes que yo hable con mi hermana Auristela, que es aquella hermosissima donzella 25 que has visto. Ella es tan discreta, que parece que tiene entendimiento diuino, como tiene hermosura diuina.” ”Con esto nos voluimos a los ranchos, y yo conte a mi hermana todo lo que con el pescador 30 auia passado, y ella halló en su discrecion el modo cómo sacar verdaderas mis palabras y el
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 232 contento de todos, y fue que, apartandose con Leoncia y Seluiana a vna parte, les dixo: “Sabed, amigas, que de oy mas lo aueis de ser verdaderas mias: que, juntamente con este buen parecer que el cielo me ha dado, me dotó de vn 5 entendimiento perspicaz y agudo, de tal modo, que, viendo el rostro de vna persona, le leo el alma y le adeuino los pensamientos. Para prueua desta verdad, os presentaré a vosotras por testigos: tu, Leoncia, mueres por Carino, y 10 tu, Selu[i]an(i)a, por Solercio; la virginal verguença os tiene mudas, pero por mi lengua se rompera vuestro silencio, y por mi consejo, que, sin duda alguna, será admitido, se ygualarán vuestros desseos. Callad, y dexadme hazer, que, 15 o yo no tendre discrecion, o vosotras tendreys felice fin en vuestros desseos.” Ellas, sin responder palabra, sino con besarla infinitas vezes las manos, y abraçandola estrechamente, confirmaron ser verdad quanto auia dicho, 20 especialmente en lo de sus trocadas aficiones. ”Passóse la noche; vino el dia, cuya alborada fue regozijadissima, porque con nueuos y verdes ramos parecieron adornadas las varcas de los pescadores; sonaron los instrumentos con 25 nueuos y alegres sones; alçaron las vozes todos, con que se aumentó la alegria; salieron los desposados para yrse a poner en el talamo donde auian estado el dia de antes; vistieronse Seluiana y Leoncia de nueuas ropas de boda. Mi 30 hermana, de industria, se adereçó y compuso con los mismos vestidos que tenia, y, con ponerse
LIBRO II, CAPITVLO X p. 233 vna cruz de diamantes sobre su hermosa frente, y vnas perlas en sus orejas, joyas de tanto valor, que hasta aora nadie les ha sabido dar su justo precio, como lo vereys quando os las enseñe, mostro ser imagen sobre el mortal curso 5 leuantada. Lleuaua assidas de las manos a Seluiana y a Leoncia, y, puesta encima del teatro donde el talamo estaua, llamó y hizo llegar junto a si a Carino y a Solercio. Carino llegó temblando y confuso de no saber lo que yo auia 10 negociado, y, estando ya el sacerdote a punto para darles las manos y hazer las catolicas ceremonias que se vsan, mi hermana hizo señales que la escuchassen; luego se estendio vn mudo silencio por toda la gente, tan callado, que 15 apenas los ayres se mouian. Viendose, pues, prestar grato oydo de todos, dixo en alta y sonora voz: “Esto quiere el cielo.” Y, tomando por la mano a Seluiana, se la entregó a Solercio, y assiendo de la de Leoncia, se la dio a Carino. 20 “Esto, señores --prosiguio mi hermana--, es, como ya he dicho, ordenacion del cielo, y gusto no accidental, sino propio destos venturosos desposados, como lo muestra la alegria de sus rostros y el si que pronuncian sus lenguas.” 25 Abraçaronse los quatro, con cuya señal todos los circunstantes aprouaron su trueco, y confirmaron, como ya he dicho, ser sobrenatural el entendimiento y belleça de mi hermana, pues assi auia trocado aquellos casi hechos 30 casamientos con sólo mandarlo. ”Celebróse la fiesta, y luego salieron de entre
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 234 las varcas del rio quatro despalmadas, vistosas por las diuersas colores con que venian pintadas, y los remos, que eran seys de cada vanda, ni mas ni menos; las vanderetas, que venian muchas por los filaretes, ansimismo eran de varios 5 colores; los doze remeros de cada vna venian vestidos de blanquissimo y delgado lienço, de aquel mismo modo que yo vine quando entré la vez primera en esta isla. Luego conoci que querian las varcas correr el palio, que se mostraua 10 puesto en el arbol de otra varca, desuiada de las quatro como tres carreras de cauallo; era el palio de tafetan verde listado de oro, vistoso y grande, pues alcançaua a besar y aun a passearse por las aguas. El rumor de la gente y el son 15 de los instrumentos era tan grande, que no se dexaua entender lo que mandaua el capitan del mar, que en otra pintada varca venía. Apartaronse las enramadas varcas a vna y otra parte del rio, dexando vn espacio llano en medio, por 20 donde las quatro competidoras varcas volassen, sin estoruar la vista a la infinita gente que desde el talamo y desde ambas riberas estaua atenta a mirarlas; y estando ya los vogadores assidos de las manillas de los remos, descubiertos 25 los braços, donde se parecian los gruessos neruios, las anchas venas y los torzidos musculos, atendian la señal de la partida, impacientes por la tardança, y fogosos, bien ansi como lo suele estar el generoso can de Irlanda, quando su 30 dueño no le quiere soltar de la traylla a hazer la presa que a la vista se le muestra.
LIBRO II, CAPITVLO X p. 235 ‘Llegó, en fin, la señal esperada, y a vn mismo tiempo arrancaron todas quatro varcas, que no por el agua, sino por el viento parecia que volauan. Vna dellas, que lleuaua por insignia vn vendado Cupido, se adelantó de las demas 5 casi tres cuerpos de la misma varca, cuya ventaja dio esperança a todos quantos la mirauan de que ella sería la primera que llegasse a ganar el desseado premio. Otra que venía tras ella, yua alentando sus esperanças, confiada en 10 el teson durissimo de sus remeros; pero viendo que la primera en ningun modo desmayaua, estuuieron por soltar los remos sus vogadores. Pero son diferentes los fines y acontecimientos de las cosas de aquello que se imagina, porque 15 aunque es ley que, los combates y contiendas, que ninguno de los que miran fauorezca a ninguna de las partes con señales, con vozes o con otro algun genero que parezca que pueda seruir de auiso al combatiente, viendo la gente de la 20 ribera que la varca de la insignia de Cupido se auentajaua tanto a las demas, sin mirar a leyes, creyendo que ya la victoria era suya, dixeron a vozes muchos: “¡Cupido vence; el Amor es inuencible!”, a cuyas vozes, por escuchallas, 25 parece que afloxaron vn tanto los remeros del Amor. Aprouechóse de esta ocasion la segunda varca, que detras de la del Amor venía, la qual traia por insignia al Interes, en figura de vn gigante pequeño, pero muy ricamente 30 adereçado, y impelio los remos con tanta fuerça, que llegó a ygualarse el Interes con el Amor, y,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 236 arrimandosele a vn costado, le hizo pedaços todos los remos de la diestra vanda, auiendo primero la del Interes recogido los suyos y passado adelante, dexando burladas las esperanças de los que primero auian cantado la victoria por 5 el Amor, y voluieron a dezir: “¡El Interes vence, el Interes vence!” La varca tercera traia por insignia a la Diligencia, en figura de vna muger desnuda, llena de alas por todo el cuerpo, que, a traer trompeta en las manos, antes pareciera 10 fama que diligencia. Viendo el buen sucesso del Interes, alento su confiança, y sus remeros se esforçaron de modo que llegaron a ygualar con el Interes; pero, por el mal gouierno del timonero, se embaraçó con las dos varcas primeras, de 15 modo que los vnos ni los otros remos fueron de prouecho. Viendo lo qual la postrera, que traia por insignia a la Buena Fortuna, quando estaua desmayada y casi para dexar la empresa, viendo el intricado enredo de las demas varcas, 20 desuiandose algun tanto de ellas por no caer en el mismo embaraço, apreto, como dezirse suele, los puños, y, deslizandose por vn lado, passó delante de todas. Cambiaronse los gritos de los que mirauan, cuyas vozes siruieron de aliento 25 a sus vogadores, que, embeuidos en el gusto de verse mejorados, les parecia que, si los que quedauan atras entonces les lleuaran la misma ventaja, no dudaran de alcançarlos ni de ganar el premio, como lo ganaron, mas por ventura que 30 por ligereza. En fin, la Buena Fortuna fue la que la tuuo buena entonces, y la mia de agora no
LIBRO II, CAPITVLO X p. 237 lo sería si yo adelante passasse con el cuento de mis muchos y estraños sucessos; y assi, os ruego, señores, dexemos esto en este punto, que esta noche le dare fin, si es possible que le puedan tener mis desuenturas. 5 Esto dixo Periandro, a tiempo que al enfermo Antonio le tomó vn terrible desmayo; viendo lo qual su padre, casi como adeuino de donde procedia, los dexó a todos y se fue, como despues parecera, a buscar a la Zenotia, con la qual 10 le sucedio lo que se dira en el siguiente capitulo.
p. 238 CAPITVLO ONZE del segundo libro Pareceme que, si no se arrimara la paciencia al gusto que tenian Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela, y Sinforosa de ver a Periandro, 5 ya la huuieran perdido escuchando su larga plática, de quien juzgaron Mauricio y Ladislao que auia sido algo larga, y traida no muy a proposito, pues, para contar sus desgracias propias, no auia para qué contar los plazeres agenos. Con 10 todo esso, les dio gusto, y quedaron con el esperando oir el fin de su historia, por el donayre siquiera y buen estilo con que Periandro la contaua. Halló Antonio el padre a la Zenotia que buscaua, en la camara del rey, por lo menos, y 15 en viendola, puesta vna desenuaynada daga en las manos, con colera española y discurso ciego, arremetio a ella, diziendola, la assio del braço yzquierdo, y, leuantando la daga en alto, la dixo: 20 --Dame, ¡o hechizera!, a mi hijo viuo y sano, y luego; si no, haz cuenta que el punto de tu muerte ha llegado. Mira si tienes su vida embuelta en algun emboltorio de agujas sin ojos o de alfileres sin cabeças; mira, ¡o perfida!, si la 25 tienes escondida en algun quicio de puerta o en alguna otra parte que sólo tu la sabes.
LIBRO II, CAPITVLO XI p. 239 Pasmóse Zenotia, viendo que la amenazaua vna daga desnuda en las manos de vn español colerico, y, temblando, le prometio de darle la vida y salud de su hijo; y aun le prometiera de darle la salud de todo el mundo, si se la pidiera: 5 de tal manera se le auia entrado el temor en el alma. Y assi le dixo: --Sueltame, español, y enuay[n]a tu azero, que los que tiene tu hijo le han conduzido al término en que está; y pues sabes que las 10 mugeres somos naturalmente vengatiuas, y mas quando nos llama a la vengança el desden y el menosprecio, no te marauilles si la dureza de tu hijo me ha endurezido el pecho. Aconsejale que se humane de aqui adelante con los rendidos, y 15 no menosprecie a los que piedad le pidieren, y vete en paz, que mañana estara tu hijo en disposicion de leuantarse bueno y sano. --Quando assi no sea --respondio Antonio--, ni a mi me faltará industria para hallarte, ni 20 colera para quitarte la vida. Y con esto la dexó, y ella quedó tan entregada al miedo, que, oluidandose de todo agrauio, sacó del quicio de vna puerta los hechizos que auia preparado para consumir la vida poco a 25 poco del riguroso moço, que con los de su donayre y gentileza la tenia rendida. Apenas huuo sacado la Zenotia sus endemoniados preparamentos de la puerta, quando salio la salud perdida de Antonio a plaça, cobrando en su rostro 30 las primeras colores, los ojos vista alegre, y las desmayadas fuerças esforçado brio, de lo que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 240 recibieron general contento quantos le conocian; y, estando con el a solas, su padre le dixo: --En todo quanto quiero agora dezirte, ¡o hijo!, quiero aduertirte que aduiertas que se encaminan mis razones a aconsejarte que no 5 ofendas a Dios en ninguna manera; y bien auras echado de ver esto en quinze o diez y seys años que ha que te enseño la ley que mis padres me enseñaron, que es la catolica, la verdadera, y en la que se han de saluar y se han saluado 10 todos los que han entrado hasta aqui y han de entrar de aqui adelante en el reyno de los cielos. Esta santa ley nos enseña que no estamos obligados a castigar a los que nos ofenden, sino a aconsejarlos la enmienda de sus delitos: que 15 el castigo toca al juez, y la reprehension a todos, como sea con las condiciones que despues te dire. Quando te combidaren a hazer ofensas que redunden en deseruicio de Dios, no tienes para qué armar el arco, ni disparar flechas, ni dezir 20 injuriosas palabras: que, con no recebir el consejo, y apartarte de la ocasion, quedarás vencedor en la pelea, y libre y seguro de verte otra vez en el trance que aora te has visto: la Zenotia te tenia hechizado, y con hechizos de tiempo 25 señalado, poco a poco, en menos [de] diez dias, perdieras la vida, si Dios y mi buena diligencia no lo huuiera estoruado. Y vente conmigo, porque alegres a todos tus amigos con tu vista; y escuchemos los sucessos de Periandro, que los 30 ha de acabar de contar esta noche. Prometiole Antonio a su padre de poner en
LIBRO II, CAPITVLO XI p. 241 obra todos sus consejos, con el ayuda de Dios, a pesar de todas las persuasiones y lazos que contra su honestidad le armassen. La Zenotia, en esto, corrida, afrentada y lastimada de la soberuia desamorada del hijo, y de la temeridad 5 y colera del padre, quiso por mano agena vengar su agrauio, sin priuarse de la presencia de su desamorado barbaro; y, con este pensamiento y resuelta determinacion, se fue al rey Policarpo y le dixo: 10 --Ya sabes, señor, cómo, despues que vine a tu casa y a tu seruicio, siempre he procurado no apartarme en el con la solicitud possible; sabes tambien, fiado en la verdad que de mi tienes conocida, que me tienes hecha archiuo de tus 15 secretos, y sabes, como prudente, que, en los casos propios, y mas si se ponen de por medio desseos amorosos, suelen errarse los discursos que, al parecer, van mas acertados; y por esto querria que, en el que aora tienes hecho de dexar 20 yr libremente a Arnaldo y a toda su compañia, vas fuera de toda razon y de todo término. Dime: si no puedes presente rendir a Auristela, ¿cómo la rendiras ausente? ¿Y cómo querra ella cumplir su palabra, voluiendo a tomar por 25 esposo a vn varon anciano, que en efeto lo eres, que las verdades que vno conoce de si mismo no nos pueden engañar, teniendose ella de su mano a Periandro, que podria ser que no fuesse su hermano, y a Arnaldo, principe moço y que 30 no la quiere para menos que para ser su esposa? No dexes, señor, que la ocasion que agora
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 242 se te ofrece te vuelua la calua en lugar de la guedeja, y puedes tomar ocasion de detenerlos de querer castigar la insolencia y atreuimiento que tuuo este mostruo barbaro que viene en su compañia de matar en tu misma casa a aquel 5 que dizen que se llamaua Clodio: que, si ansi lo hazes, alcançarás fama que aluerga en tu pecho, no el fauor, sino la justicia. Estaua escuchando Policarpo atentissimamente a la maliciosa Zenotia, que, con cada palabra 10 que le dezia, le atrauessaua como si fuera con agudos clauos el coraçon, y luego, luego quisiera correr a poner en efeto sus consejos. Ya le parecia ver a Auristela en braços de Periandro, no como en los de su hermano, sino como 15 en los de su amante; ya se la contemplaua con la corona en la cabeça del reyno de Dinamarca, y que Arnaldo hazía burla de sus amorosos dissinios; en fin, la rabia de la endemoniada enfermedad de los zelos se le apoderó del alma en 20 tal manera, que estuuo por dar vozes y pedir vengança de quien en ninguna cosa le auia ofendido. Pero viendo la Zenotia quán sazonado le tenia, y quán prompto para executar todo aquello que mas le quisiesse aconsejar, le dixo 25 que se sossegasse por entonces, y que esperassen a que aquella noche acabasse de contar Periandro su historia, porque el tiempo se le diesse de pensar lo que mas conuenia. Agradecioselo Policarpo, y ella, cruel y enamorada, daua 30 traças en su pensamiento cómo cumpliesse el desseo del rey y el suyo. Llegó en esto la noche;
LIBRO II, CAPITVLO XI p. 243 juntaronse a conuersacion como la vez passada; voluio Periandro a repetir algunas palabras antes dichas, para que viniesse con concierto a anudar el hilo de su historia, que la auia dexado en el certamen de las varcas. 5
p. 244 CAPITVLO DOZE del segundo libro Prosigue Periandro su agradable historia, y el robo de Auristela. La que con mas gusto escuchaua a Periandro 5 era la bella Sinforosa, estando pendiente de sus palabras como con las cadenas que salian de la boca de Hercules (*): tal era la gracia y donayre con que Periandro contaua sus sucessos. Finalmente, los voluio anudar, como se ha dicho, 10 prosiguiendo desta manera: --Al Amor, al Interes y a la Diligencia dexó atras la Buena Fortuna: que sin ella vale poco la diligencia, no es de prouecho el interes, ni el amor puede vsar de sus fuerças. La fiesta de mis 15 pescadores, tan regozijada como pobre, excedio a las de los triunfos romanos: que tal vez en la llaneza y en la humildad suelen esconderse los regozijos mas auentajados. Pero como las venturas humanas esten por la mayor parte 20 pendientes de hilos delgados, y los de la mudança facilmente se quiebran y desbaratan, como se quebraron las de mis pescadores, y se retorcieron y fortificaron mis desgracias, aquella noche la passamos todos en vna isla pequeña 25 que en la mitad del rio se hazía, combidados
LIBRO II, CAPITVLO XII p. 245 del verde sitio y apazible lugar. Holgauanse los desposados, que, sin muestras de parecer que lo eran, con honestidad y diligencia de dar gusto a quien se le auia dado tan grande poniendolos en aquel desseado y venturoso estado, 5 (y assi) ordenaron que en aquella isla del rio se renouassen las fiestas y se continuassen por tres dias. La sazon del tiempo, que era la del verano, la comodidad del sitio, el resplandor de la luna, el susurro de las fuentes, la fruta 10 de los arboles, el olor de las flores, cada cosa destas de por si, y todas juntas, combidauan a tener por acertado el parecer de que alli estuuiessemos el tiempo que las fiestas durassen. 15 ”Pero, apenas nos auiamos reduzido a la isla, quando, de entre vn pedaço de bosque que en ella estaua, salieron hasta cincuenta salteadores armados a la ligera, bien como aquellos que quieren robar y huyr, todo a vn mismo punto; 20 y como los descuydados acometidos suelen ser vencidos con su mismo descuydo, casi sin ponernos en defensa, turbados con el sobresalto, antes nos pusimos a mirar que acometer a los ladrones, los quales, como hambrientos lobos, 25 arremetieron al rebaño de las simples ouejas, y se lleuaron, si no en la boca, en los braços, a mi hermana Auristela, a Cloelia, su ama, y a Seluiana y a Leoncia, como si solamente vinieran a ofendellas, porque se dexaron muchas otras 30 mugeres a quien la naturaleza auia dotado de singular hermosura. Yo, a quien el estraño caso
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 246 mas colerico que suspenso me puso, me arrojé tras los salteadores, los segui con los ojos y con las vozes, afrentandolos, como si ellos fueran capazes de sentir afrentas, solamente para irritarlos a que mis injurias les mouiessen a 5 voluer a tomar vengança de ellas; pero ellos, atentos a salir con su intento, o no oyeron, o no quisieron vengarse, y assi se desparecieron; y luego los desposados y yo, con algunos de los principales pescadores, nos juntamos, como 10 suele dezirse, a consejo, sobre qué hariamos para enmendar nuestro yerro y cobrar nuestras prendas. Vno dixo: “No es possible sino que alguna naue de salteadores está en la mar, y en parte donde con facilidad ha echado esta gente 15 en tierra, quiça sabidores de nuestra junta y de nuestras fiestas. Si esto es ansi, como sin duda lo imagino, el mejor remedio es que salgan algunos varcos de los nuestros, y les ofrezcan todo el rescate que por la presa quisieren, sin 20 detenerse en el, tanto mas quanto que las prendas de esposas, hasta las mismas vidas de sus mismos esposos merecen en rescate.” “Yo sere --dixe entonces-- el que hare essa diligencia: que, para conmigo, tanto vale la prenda de mi 25 hermana, como si fuera la vida de todos los del mundo.” Lo mismo dixeron Carino y Solercio, ellos llorando en público, y yo muriendo en secreto. ”Quando tomamos esta resolucion, començaua 30 anochecer; pero, con todo esso, nos entramos en vn varco los desposados y yo, con seys
LIBRO II, CAPITVLO XII p. 247 remeros; pero, quando salimos al mar descubierto, auia acabado de cerrar la noche, por cuya escuridad no vimos vaxel alguno. Determinamos de esperar el venidero dia, por ver si con la claridad descubriamos algun nauio, y quiso 5 la suerte que descubriessemos dos, el vno que salia del abrigo de la tierra, y el otro que venía a tomarla; conoci que el que dexaua la tierra era el mismo de quien auiamos salido a la isla, assi en las vanderas como en las velas, que 10 venian cruzadas con vna cruz roxa; los que venian de fuera las traian verdes, y los vnos y los otros eran cossarios. Pues como yo imaginé que el nauio que salia de la isla era el de los salteadores de la presa, hize poner en vna lança vna 15 vandera blanca de seguro; vine arrimando al costado del nauio, para tratar del rescate, lleuando cuydado de que no me prendiesse. Assomóse el capitan al borde, y, quando quise alçar la voz para hablarle, puedo dezir que me la 20 turbó y suspendio y cortó en la mitad del camino vn espantoso trueno que formó el disparar de vn tiro de artilleria de la naue de fuera, en señal que desafiaua a la batalla al nauio de tierra. Al mismo punto le fue respondido con 25 otro no menos poderoso, y, en vn instante, se començaron a cañonear las dos naues, como si fueran de dos conocidos y irritados enemigos. Desuióse nuestro varco de en mitad de la furia, y desde lexos estuuimos mirando la batalla; 30 y auiendo jugado la artilleria casi vna hora, se aferraron los dos nauios con vna no vista furia.
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 248 Los del nauio de fuera, o mas venturosos, o, por mejor dezir, mas valientes, saltaron en el nauio de tierra, y en vn instante desembaraçaron toda la cubierta, quitando la vida a sus enemigos sin dexar a ninguno con ella. Viendose, pues, 5 libres de sus ofensores, se dieron a saquear el nauio de las cosas mas preciosas que tenia, que por ser de cossarios no era mucho, aunque en mi estimacion eran las mejores del mundo, porque se lleuaron de las primeras a mi hermana, 10 a Seluiana, a Leoncia y a Cloelia, con que enriquezieron su naue, pareciendoles que en la hermosura de Auristela lleuauan vn precioso y nunca visto rescate. Quise llegar con mi varca a hablar con el capitan de los vencedores; pero 15 como mi ventura andaua siempre en los ayres, vno de tierra sopló, y hizo apartar el nauio. No pude llegar a el, ni ofrecer impossibles por el rescate de la presa, y assi fue forçoso el voluernos, sin ninguna esperança de cobrar nuestra 20 pérdida; y, por no ser otra la derrota que el nauio lleuaua que aquella que el viento le permitia, no podimos por entonces juzgar el camino que haria, ni señal que nos diesse a entender quiénes fuessen los vencedores, para juzgar siquiera, 25 sabiendo su patria, las esperanças de nuestro remedio. El volo, en fin, por el mar adelante, y nosotros, desmayados y tristes, nos entramos en el rio, donde todos los varcos de los pescadores nos estauan esperando. No se si os 30 diga, señores, lo que es forçoso deziros: vn cierto espiritu se entró entonces en mi pecho, que,
LIBRO II, CAPITVLO XII p. 249 sin mudarme el ser, me parecio que le tenia mas que de hombre, y assi, leuantandome en pie sobre la varca, hize que la rodeassen todas las demas y estuuiessen atentos a estas o otras semejantes razones que les dixe: “La baxa 5 fortuna jamas se enmendo con la ociosidad ni con la pereza; en los animos encogidos nunca tuuo lugar la buena dicha; nosotros mismos nos fabricamos nuestra ventura, y no ay alma que no sea capaz de leuantarse a su assiento; los 10 cobardes, aunque nazcan ricos, siempre son pobres, como los auaros mendigos. Esto os digo, ¡o amigos mios!, para moueros y incitaros a gue mejoreis vuestra suerte y a que dexeis el pobre ajuar de vnas redes y de vnos estrechos varcos, 15 y busqueis los tesoros que tiene en si encerrados el generoso trabajo: llamo generoso, al trabajo del que se ocupa en cosas grandes. Si suda el cauador rompiendo la tierra, y apenas saca premio que le sustente mas que vn dia, sin 20 ganar fama alguna, ¿por qué no tomará en lugar de la azada vna lança, y, sin temor del sol ni de todas las inclemencias del cielo, procurará ganar con el sustento fama que le engrandezca sobre los demas hombres? La guerra, assi como 25 es madrastra de los cobardes, es madre de los valientes, y los premios que por ella se alcançan, se pueden llamar vltramundanos. ¡Ea, pues, amigos, juuentud valerosa, poned los ojos en aquel nauio que se lleua las caras prendas de 30 vuestros parientes, encerrandonos en estotro que en la ribera nos dexaron, casi, a lo que creo,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 250 por ordenacion de cielo! Vamos tras el, y hagamonos piratas, no codiciosos, como son los demas, sino justicieros, como lo seremos nosotros. A todos se nos entiende el arte de la marineria; bastimentos hallaremos en el nauio, con todo lo 5 necessario a la nauegacion, porque sus contrarios no le despojaron mas que de las mugeres; y si es grande el agrauio que hemos recebido, grandissima es la ocasion que para vengarle se nos ofrece. Sigame, pues, el que quisiere, que 10 yo os suplico, y Carino y Solercio os lo ruegan, que bien se que no me han de dexar en esta valerosa empresa.” ”Apenas huue acabado de dezir estas razones, quando se oyo vn murmureo por todas las 15 varcas, procedido de que vnos con otros se aconsejauan de lo que harian, y entre todos salio vna voz que dixo: “Embarcate, generoso huesped, y se nuestro capitan y nuestra guia, que todos te seguiremos.” Esta tan improuisa 20 resolucion de todos me siruio de felice auspicio, y, por temer que la dilacion de poner en obra mi buen pensamiento, no les diesse ocasion de madurar su discurso, me adelanté con mi varco, al qual siguieron otros casi quarenta; llegué a 25 reconocer el nauio: entré dentro, escudriñéle todo, miré lo que tenia y lo que le faltaua, y hallé todo lo que me pudo pedir el desseo que fuesse necessario para el viage. Aconsejéles que ninguno voluiesse a tierra, por quitar la ocasion 30 de que el llanto de las mugeres y el de los queridos hijos no fuesse parte para dexar de poner
LIBRO II, CAPITVLO XII p. 251 en efeto resolucion tan gallarda. Todos lo hizieron assi, y desde alli se despidieron con la imaginacion de sus padres, hijos y mugeres. ¡Caso estraño, y que ha menester que la cortesia ayude a darle credito! Ninguno voluio a tierra, 5 ni se acomodó de mas vestidos de aquellos con que auia entrado en el nauio, en el qual, sin repartir los oficios, todos seruian de marineros y de pilotos, excepto yo, que fuy nombrado por capitan por gusto de todos. Y, 10 encomendandome a Dios, comence luego a exercer mi oficio, y lo primero que mandé fue desembaraçar el nauio de los muertos que auian sido en la passada refriega, y limpiarle de la sangre, de que estaua lleno; ordené que se buscassen todas 15 las armas, ansi ofensiuas como defensiuas, que en el auia, y, repartiendolas entre todos, di a cada vno la que, a mi parecer, mejor le estaua; requeri los bastimentos, y, conforme a la gente, tanteé para quantos dias serian 20 bastantes, poco mas a menos. Hecho esto, y hecha oracion al cielo, suplicandole encaminasse nuestro viage y fauoreciesse nuestros tan honrados pensamientos, mandé hizar las velas, que aun se estauan atadas a las entenas, y que las 25 dieramos al viento, que, como se ha dicho, soplaua de la tierra, y, tan alegres como atreuidos, y tan atreuidos como confiados, començamos a nauegar por la misma derrota que nos parecio que lleuaua el nauio de la presa. 30 Veysme aqui, señores que me estays escuchando, hecho pescador y casamentero rico con mi
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 252 querida hermana, y pobre sin ella, robado de salteadores, y subido al grado de capitan contra ellos: que las vueltas de mi fortuna no tienen vn punto donde paren, ni terminos que las encierren. 5 --No mas --dixo a esta sazon Arnaldo--; no mas, Periandro amigo; que, puesto que tu no te canses de contar tus desgracias, a nosotros nos fatiga el oyrlas, por ser tantas. A lo que respondio Periandro: 10 --Yo, señor Arnaldo, soy hecho como esto que se llama lugar, que es donde todas las cosas caben, y no ay ninguna fuera del lugar, y en mi le tienen todas las que son desgraciadas, aunque, por auer hallado a mi hermana 15 Auristela, las juzgo por dichosas: que, el mal que se acaba sin acabar la vida, no lo es. A esto dixo Transila: --Yo, por mi, digo, Periandro, que no entiendo essa razon; sólo entiendo que le será muy 20 grande si no cumplis el desseo que todos tenemos de saber los sucessos de vuestra historia, que me va pareciendo ser tales, que han de dar ocasion a muchas lenguas que los (*) cuenten y muchas injuriosas plumas que la escriuan. 25 Suspensa me tiene el veros capitan de salteadores; juzgué merecer este nombre vuestros pescadores valientes, y estare esperando, tambien suspensa, quál fue la primera hazaña que hizistes y la auentura primera con que 30 encontrastes. --Esta noche, señora --respondio Periandro--,
LIBRO II, CAPITVLO XII p. 253 dare fin, si fuere possible, al cuento, que aun hasta agora se está en sus principios. Quedando todos de acuerdo que aquella noche voluiessen a la misma plática, por entonces dio fin Periandro a la suya. 5
p. 254 CAPITVLO TREZE del segundo libro Da cuenta Periandro de vn notable caso que le sucedio en el mar. La salud del enechizado Antonio voluio su 5 gallardia a su primera entereza, y con ella se boluieron a renouar en Zenotia sus mal nacidos desseos, los quales tambien renouaron [en] su coraçon los temores de verse de el ausente: que, los desahuciados de tener en sus males remedio, 10 nunca acaban de desengañarse que lo estan, en tanto que veen presente la causa de donde nacen. Y assi, procuraua, con todas las traças que podia imaginar su agudo entendimiento, de que no saliessen de la ciudad ninguno de aquellos 15 huespedes, y assi, voluio a aconsejar a Policarpo que en ninguna manera dexasse sin castigo el atreuimiento del barbaro homicida, y que, por lo menos, ya que no le diesse la pena conforme al delito, le deuia prender y castigarle 20 siquiera con amenazas, dando lugar que el fauor se opusiesse por entonces a la justicia, como tal vez se suele hazer en mas importantes ocasiones. No la quiso tomar Policarpo en la que este consejo le ofrecia, diziendo a la 25 Zenotia que era agrauiar la autoridad del principe
LIBRO II, CAPITVLO XIII p. 255 Arnaldo, que debaxo de su amparo le traia, y enfadar a su querida Auristela, que como a su hermano le trataua; y mas, que aquel delito fue accidental y forçoso, y nacido mas de desgracia que de malicia; y mas, que no tenia parte 5 que le pidiesse, y que todos quantos le conocian, afirmauan que aquella pena era condigna de su culpa, por ser el mayor maldiziente que se conocia. --¿Cómo es esto, señor --replicó la Zenotia--, 10 que auiendo quedado el otro dia entre nosotros de acuerdo de prenderle, con cuya ocasion la tomasses de detener a Auristela, agora estás tan lexos de tomarle? Ellos se te yran, ella no voluera, tu llorarás entonces tu perplexidad y tu 15 mal discurso, a tiempo quando ni te aprouechen las lagrimas, ni [puedas] enmendar en la imaginacion lo que aora con nombre de piadoso quieres hazer. Las culpas que comete el enamorado en razon de cumplir su desseo, no lo son, 20 en razon de que no es suyo ni es el el que las comete, sino el amor, que manda su voluntad. Rey eres, y de los reyes las injusticias y rigores son bautizadas con nombre de seueridad. Si prendes a este moço, daras lugar a la justicia, 25 y soltandole, a la misericordia, y en lo vno y en lo otro confirmarás el nombre que tienes de bueno. Desta manera aconsejaua la Zenotia a Policarpo, el qual, a solas y en todo lugar, yua y 30 venía con el pensamiento en el caso, sin saber resoluerse de qué modo podia detener a
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 256 Auristela sin ofender a Arnaldo, de cuyo valor y poder era razon temiesse; pero, en medio de estas consideraciones, y en el de las que tenia Sinforosa, que, por no estar tan recatada ni tan cruel como la Zenotia, desseaua la partida de 5 Periandro, por entrar en la esperança de la buelta, se llegó el término de que Periandro voluiesse a proseguir su historia, que la siguio en esta manera: --Ligera volaua mi naue por donde el viento 10 queria lleuarla, sin que se le opusiesse a su camino la voluntad de ninguno de los que yuamos en ella, dexando todos en el aluedrio de la fortuna nuestro viage, quando, desde lo alto de la gauia vimos caer a vn marinero, que, antes 15 que llegasse a la cubierta del nauio, quedó suspenso de vn cordel que traia anudado a la garganta. Llegué con priessa, y cortésele, con que estorué no se le acortasse la vida. Quedó como muerto, y estuuo fuera de si casi dos 20 horas, al cabo de las quales voluio en si, y preguntandole la causa de su desesperacion, dixo: “Dos hijos tengo, el vno de tres y el otro de quatro años, cuya madre no passa de los veynte y dos, y cuya pobreza passa de lo possible, 25 pues sólo se sustentaua del trabajo de estas manos; y estando yo agora encima de aquella gauia, volui los ojos al lugar donde los dexaua, y, casi como si alcançara a verlos, los vi hincados de rodillas, las manos leuantadas al cielo, 30 rogando a Dios por la vida de su padre, y llamandome con palabras tiernas; vi ansimismo
LIBRO II, CAPITVLO XIII p. 257 llorar a su madre, dandome nombres de cruel sobre todos los hombres. Esto imaginé con tan gran vehemencia, que me fuerça a dezir que lo vi, para no poner duda en ello. Y el ver que esta naue buela y me aparta dellos, y que no se 5 dónde vamos, y la poca o ninguna obligacion que me obligó a entrar en ella, me trastornó el sentido, y la desesperacion me puso este cordel en las manos, y yo le di a mi garganta, por acabar en vn punto los siglos de pena que me 10 amenazaua.” ”Este sucesso mouio a lástima a quantos le escuchauamos, y, auiendole consolado, y casi assegurado que presto dariamos la vuelta contentos y ricos, le pusimos dos hombres de guarda 15 que le estoruassen voluer a poner en execucion su mal intento, y ansi le dexamos; y yo, porque este sucesso no despertasse en la imaginacion de alguno de los demas el querer imitarle, les dixe que “la mayor cobardia del 20 mundo era el matarse, porque el homicida de si mismo, es señal que le falta el ánimo para sufrir los males que teme. Y ¿qué mayor mal puede venir a vn hombre que la muerte? Y siendo esto assi, no es locura el dilatarla: con la vida 25 se enmiendan y mejoran las malas suertes, y, con la muerte desesperada, no sólo no se acaban y se mejoran, pero se empeoran y comiençan de nueuo. Digo esto, compañeros mios, porque no os assombre el sucesso que aueis 30 visto deste nuestro desesperado: que aun oy començamos a nauegar, y el ánimo me está
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 258 diziendo que nos aguardan y esperan mil felices sucessos.” Todos dieron la voz a vno para responder por todos, el qual desta manera dixo: ”Valeroso capitan, en las cosas que mucho se consideran, siempre se hallan muchas dificultades, 5 y en los hechos valerosos que se acometen, alguna parte se ha de dar a la razon, y muchas a la ventura; y en la buena que hemos tenido en auerte elegido por nuestro capitan, vamos seguros y confiados de alcançar los buenos 10 sucessos que dizes. Quedense nuestras mugeres, quedense nuestros hijos, lloren nuestros ancianos padres, visite la pobreza a todos: que los cielos, que sustentan los gusarapos del agua, tendran cuydado de sustentar los hombres de 15 la tierra. Manda, señor, hizar las velas; pon centinelas en las gauias, por ver si descubren en qué podamos mostrar que, no temerarios, sino atreuidos, son los que aqui vamos a seruirte.” Agradeciles la respuesta, hize hizar todas las 20 velas, y, auiendo nauegado aquel dia, al amanecer del siguiente, la centinela de la gauia mayor dixo a grandes vozes: “¡Nauio, nauio!” Preguntaronle qué derrota lleuaua y que de qué tamaño parecia. Respondio que era tan grande 25 como el nuestro, y que le teniamos por la proa. “Alto, pues --dixe--, amigos; tomad las armas en las manos, y mostrad con estos, si son cossarios, el valor que os ha hecho dexar vuestras redes.” 30 ”Hize luego cargar las velas, y, en poco mas de dos horas, descubrimos y alcançamos el nauio,
LIBRO II, CAPITVLO XIII p. 259 al qual enuestimos de golpe, y, sin hallar defensa alguna, saltaron en el mas de quarenta de mis soldados, que no tuuieron en quien ensangrentar las espadas, porque solamente traia algunos marineros y gente de seruicio; y 5 mirandolo bien todo, hallaron en vn apartamiento, puestos en vn cepo de hierro por la garganta, desuiados vno de otro casi dos varas, a vn hombre de muy buen parecer y a vna muger mas que medianamente hermosa, y en otro aposento 10 hallaron, tendido en vn rico lecho, a vn venerable anciano, de tanta autoridad, que obligó su presencia a que todos le tuuiessemos respeto. No se mouio del lecho, porque no podia; pero, leuantandose vn poco, alçó la cabeça y dixo: 15 “Enuaynad, señores, vuestras espadas, que en este nauio no hallaréis ofensores en quien exercitarlas; y si la necessidad os haze y fuerça a vsar este oficio de buscar vuestra ventura a costa de las agenas, a parte aueis llegado que os 20 hará dichosos, no porque en este nauio aya riquezas ni alajas que os enriquezcan, sino porque yo voy en el, que soy Leopoldio, el rey de los danaos.” Este nombre de rey me auiuó el desseo de saber qué sucessos auian traido a vn 25 rey estar tan solo y tan sin defensa alguna. Lleguéme a el, y preguntéle si era verdad lo que dezia, porque, aunque su graue presencia prometia serlo, el poco aparato con que nauegaua hazía poner en duda el creerle. “Manda, señor 30 --respondio el anciano--, que esta gente se sossiegue, y escuchame vn poco, que en breues
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 260 razones te contaré cosas grandes.” Sossegaronse mis compañeros, y ellos y yo estuuimos atentos a lo que dezir queria, que fue esto: “El cielo me hizo rey del reyno de Danea, que heredé de mis padres, que tambien fueron 5 reyes y lo heredaron de sus passados, sin auerles introduzido a serlo la tirania ni otra negociacion alguna. Caséme en mi mocedad con vna muger mi ygual; muriose, sin dexarme sucession alguna. Corrio el tiempo, y muchos años 10 me contuue en los límites de vna honesta viudez; pero, al fin, por culpa mia, que, de los pecados que se cometen, nadie ha de echar la culpa a otro sino a si mismo, digo que, por culpa mia, tropece y cai en la de enamorarme de vna 15 dama de mi muger, que, a ser ella la que deuia, oy fuera el dia que fuera reyna, y no se viera atada y puesta en vn cepo, como ya deueis de auer visto. Esta, pues, pareciendole [no] ser injusto anteponer los rizos de vn criado mio a mis 20 canas, se enuoluio con el, y no solamente tuuo gusto de quitarme la honra, sino que procuró, junto con ella, quitarme la vida, maquinando contra mi persona con tan estrañas traças, con tales embustes y rodeos, que, a no ser auisado 25 con tiempo, mi cabeça estuuiera fuera de mis ombros, en vna escarpia, al viento, y las suyas coronadas del reyno de Danea. Finalmente, yo descubri sus intentos a tiempo quando ellos tambien tuuieron noticia de que yo lo sabía. 30 Vna noche, en vn pequeño nauio que estaua con las velas en alto para partirse, por huyr del
LIBRO II, CAPITVLO XIII p. 261 castigo de su culpa y de la indignacion de mi furia, se enuarcaron. Supelo, vole a la marina en las alas de mi colera, y hallé que auria veinte horas que auian dado las suyas al viento; y yo, ciego del enojo, y turbado con el desseo de la 5 vengança, sin hazer algun prudente discurso, me enuarqué en este nauio, y los segui, no con autoridad y aparato de rey, sino como particular enemigo. Hallélos a cabo de diez dias en vna isla que llaman del Fuego; cogilos, y 10 descuydados, y puestos en esse cepo que aureis visto, los lleuaua a Danea para darles, por justicia y processos fulminados, la deuida pena a su delito (*). Esta es pura verdad: lo[s] delinquentes ai estan, que, aunque no quieran, la 15 acreditan; yo soy el rey de Danea, que os prometo cien mil monedas de oro, no porque las trayga aqui, sino porque os doy mi palabra de poneroslas y embiaroslas donde quisieredes, para cuya seguridad, si no basta mi palabra, lleuadme 20 con vosotros en vuestro nauio, y dexad que en este mio, y vuestro, vaya alguno de los mios a Danea, y trayga este dinero donde le ordenaredes. Y no tengo mas que deziros.” ”Mirauanse mis compañeros vnos a otros, y 25 dieronme la vez de responder por todos, aunque no era menester, pues yo, como capitan, lo podia y deuia hazer. Con todo esto, quise tomar parecer con Carino y con Solercio, y con algunos de los demas, porque no entendiessen que me 30 queria alçar de hecho con el mando que de su voluntad ellos tenian dado; y assi, la respuesta
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 262 que di al rey, fue dezirle: “Señor, a los que aqui venimos, no nos puso la necessidad las armas en las manos, ni ninguno otro desseo que de ambiciosos tenga semejança; buscando vamos ladrones, a castigar vamos salteadores, y a 5 destruyr piratas; y pues tu estás tan lexos de ser persona deste genero, segura está tu vida de nuestras armas: antes, si has menester que con ellas te siruamos, ninguna cosa aura que nos lo impida; y aunque agradecemos la rica promesa 10 de tu rescate, soltamos la promesa, que, pues no estás cautiuo, no estás obligado al cumplimiento de ella. Sigue en paz tu camino, y, en recompensa que vas de nuestro encuentro mejor de lo que pensaste, te suplicamos perdones 15 a tus ofensores: que la grandeza del rey algun tanto resplandece mas en ser misericordiosos que justicieros.” Quisierase humillar Leopoldio a mis pies; pero no lo consintio ni mi cortesia ni su enfermedad. Pedile me diesse alguna poluora, 20 si lleuaua, y partiesse con nosotros de sus bastimentos, lo qual se hizo al punto. Aconsejéle assimismo que, si no perdonaua a sus dos enemigos, los dexasse en mi nauio, que yo los pondria en parte donde no la tuuiessen mas de 25 ofenderle. Dixo que si haria, porque la presencia del ofensor suele renouar la injuria en el ofendido. Ordené que luego nos voluiessemos a nuestro nauio, con la poluora y bastimentos que el rey partio con nosotros, y queriendo 30 passar a los dos prisioneros, ya sueltos y libres del pesado cepo, no dio lugar vn rezio viento
LIBRO II, CAPITVLO XIII p. 263 que de improuiso se leuantó, de modo que apartó los dos nauios, sin dexar que otra vez se juntassen. Desde el borde de mi naue me despedi del rey a vozes y el, en los braços de los suyos, salio de su lecho y se despidio de 5 nosotros; y yo me despido agora, porque la segunda hazaña me fuerça a descansar para entrar en ella.
p. 264 CAPITVLO CATORZE del segundo libro A todos dio general gusto de oir el modo con que Periandro contaua su estraña peregrinacion, si no fue a Mauricio, que, llegandose al 5 oido de Transila, su hija, le dixo: --Pareceme, Transila, que con menos palabras y mas sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida; porque no auia para qué detenerse en dezirnos tan por estenso las 10 fiestas de las varcas, ni aun los casamientos de los pescadores, porque los episodios que para ornato de las historias se ponen, no han de ser tan grandes como la misma historia; pero yo, sin duda, creo que Periandro nos quiere mostrar 15 la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras. --Assi deue de ser --respondio Transila--; pero lo que yo se dezir es que, ora se dilate o se sucinte en lo que dize, todo es bueno y todo 20 da gusto. Pero ninguno le recebi(r)a mayor, como ya creo que otra vez se ha dicho, como Sinforosa, que, cada palabra que Periandro dezia, assi le regalaua el alma, que la sacaua de si misma. 25 Los rebueltos pensamientos de Policarpo, no le dexauan estar muy atento a los razonamientos
LIBRO II, CAPITVLO XIV p. 265 de Periandro, y quisiera que no le quedara mas que dezir, porque le dexara a el mas que hazer: que las esperanças propinquas de alcançar el bien que se dessea, fatigan mucho mas que las remotas y apartadas. Y era tanto el desseo que 5 Sinforosa tenia de oir el fin de la historia de Periandro, que solicitó el voluerse a juntar otro dia, en el qual Periandro prosiguio su cuento en esta forma: --Contemplad, señores, a mis marineros, 10 compañeros y soldados, mas ricos de fama que de oro, y a mi con algunas sospechas de que no les huuiesse parecido bien mi liberalidad; y puesto que nacio tan de su voluntad como de la mia en la libertad de Leopoldio, como no son 15 todas vnas las condiciones de los hombres, bien podia yo temer no estuuiessen todos contentos, y que les pareciesse que sería dificil recompensar la pérdida de cien mil monedas de oro, que tantas eran las que prometio Leopoldio por su 20 rescate, y esta consideracion me mouio a dezirles: “Amigos mios, nadie esté triste por la perdida ocasion de alcançar el gran tesoro que nos ofrecio el rey, porque os hago saber que vna onça de buena fama vale mas que vna libra de 25 perlas; y esto no lo puede saber sino el que comiença a gustar de la gloria que da el tener buen nombre. El pobre a quien la virtud enriqueze, suele llegar a ser famoso, como el rico, si es vicioso, puede venir y viene a ser infame: 30 la liberalidad es vna de las mas agradables virtudes, de quien se engendra la buena fama; y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 266 es tan verdad esto, que no ay liberal mal puesto, como no ay auaro que no lo sea.” ”Mas yua a dezir, pareciendome que me dauan todos tan gratos oidos como mostrauan sus alegres semblantes, quando me quitó las palabras 5 de la boca el descubrir vn nauio que, no lexos del nuestro, a orça, por delante de nosotros passaua. Hize tocar a arma, y dile caza con todas las velas tendidas, y en breue rato me le puse a tiro de cañon; y disparando vno sin bala, 10 en señal de que amaynasse, lo hizo assi, soltando las velas de alto a baxo. Llegando mas cerca, vi en el vno de los mas estraños espectaculos del mundo: vi que, pendientes de las entenas y de las xarcias, venian mas de quarenta hombres 15 ahorcados; admiróme el caso, y abordando con el nauio, saltaron mis soldados en el, sin que nadie se lo defendiesse. Hallaron la cubierta llena de sangre y de cuerpos de hombres semiuiuos, vnos con las cabeças partidas, y otros 20 con las manos cortadas; tal vomitando sangre, y tal vomitando el alma; este gimiendo dolorosamente, y aquel gritando sin paciencia alguna. Esta mortandad y fracasso, daua señales de auer sucedido sobremesa, porque los manjares nadauan 25 entre la sangre, y los vasos mezclados con ella guardauan el olor del vino. En fin, pisando muertos y hollando heridos, passaron los mios adelante, y en el castillo de popa hallaron puestas en esquadron hasta doze hermosissimas 30 mugeres, y delante dellas vna, que mostraua ser su capitana, armada de vn cosselete blanco,
LIBRO II, CAPITVLO XIV p. 267 y tan terso y limpio, que pudiera seruir de espejo, a quererse mirar en el; traia puesta la gola, pero no las escarcelas ni los braçaletes; el morrion si, que era de hechura de vna enroscada sierpe, a quien adornauan infinitas y diuersas 5 piedras de colores varios; tenia vn venablo en las manos, tachonado de arriba abaxo con clauos de oro, con vna gran cuchilla, de agudo y luziente azero forjada, con que se mostraua tan briosa y tan gallarda, que bastó a detener su 10 vista la furia de mis soldados, que con admirada atencion se pusieron a mirarla. Yo, que de mi naue la estaua mirando, por verla mejor, passé a su nauio, a tiempo quando ella estaua diziendo: “Bien creo, ¡o soldados!, que os pone 15 mas admiracion que miedo este pequeño esquadron de mugeres que a la vista se os ofrece, el qual, despues de la vengança que hemos tomado de nuestros agrauios, no ay cosa que pueda engendrar en nosotras temor alguno; enuestid, 20 si venis sedientos de sangre, y derramad la nuestra, quitandonos las vidas: que, como no nos quiteis las honras, las daremos por bien empleadas. Sulpicia es mi nombre; sobrina soy de Cratilo, rey de Bituania; casóme mi tio con el 25 gran Lampidio, tan famoso por linage, como rico de los bienes de naturaleza y de los de la fortuna. Yuamos los dos a ver al rey, mi tio, con la seguridad que nos podia ofrecer yr entre nuestros vassallos y criados, todos obligados por las 30 buenas obras que siempre les hizimos; pero la hermosura y el vino, que suelen trastornar los
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 268 mas viuos entendimientos, les borró las obligaciones de la memoria, y en su lugar les puso los gustos de la lasciuia. Anoche beuieron de modo que les sepultó en profundo sueño, y algunos, medio dormidos, acudieron a poner las manos 5 en mi esposo, y, quitandole la vida, dieron principio a su abominable intento. Pero como es cosa natural defender cada vno su vida, nosotras, por morir vengadas siquiera, nos pusimos en defensa, aprouechandonos del poco tiento 10 y borrachez con que nos acometian, y, con algunas armas que les quitamos, y con quatro criados que, libres del humo de Baco, nos acudieron, hizimos en ellos lo que muestran essos muertos que estan sobre essa cubierta; y 15 passando adelante con nuestra vengança, auemos hecho que essos arboles y essas entenas produzcan el fruto que de ellas veis pendiente: quarenta son los ahorcados, y, si fueran quarenta mil, tambien murieran, porque su poca o ninguna 20 defensa, y nuestra colera, a toda esta crueldad, si por ventura lo es, se estendia. Riqueza traygo que poder repartir, aunque mejor diria que vosotros podais tomar; sólo puedo añadir que os las entregaré de buena gana; tomadlas, señores, 25 y no toqueis en nuestras honras, pues con ellas antes quedaréis infames que ricos.” ”Parecieronme tan bien las razones de Sulpicia, que, puesto que yo fuera verdadero cossario, me ablandara. Vno de mis pescadores dixo 30 a este punto: “¡Que me maten si no se nos ofrece aqui oy otro rey Leopoldio con quien nuestro
LIBRO II, CAPITVLO XIV p. 269 valeroso capitan muestre su general condicion! ¡Ea, señor Periandro; vaya libre Sulpicia, que nosotros no queremos mas de la gloria de auer vencido nuestros naturales apetitos!” “Assi será --respondi yo--, pues vosotros, amigos, lo 5 quereis; y entended que (*) obras tales nunca las dexa el cielo sin buena paga, como, a las que son malas, sin castigo. Despojad essos arboles de tan mal fruto, y limpiad essa cubierta, y entregad a essas señoras, junto con la libertad, la 10 voluntad de seruirlas.” Pusose en efeto mi mandamiento, y, llena de admiracion y de espanto, se me humilló Sulpicia, la qual, como persona que no acertaua a saber lo que le auia sucedido, tampoco acertaua a responderme; y lo que hizo 15 fue mandar a vna de sus damas le hiziesse traer los cofres de sus joyas y de sus dineros. Hizolo assi la dama, y en vn instante, como aparecidos o llouidos del cielo, me pusieron delante quatro cofres llenos de joyas y dineros; abriolos 20 Sulpicia, y hizo muestra de aquel tesoro a los ojos de mis pescadores, cuyo resplandor, quiça, y aun sin quiça, cego en algunos la intencion que de ser liberales tenian; porque ay mucha diferencia de dar lo que se possee y se tiene 25 en las manos, a dar lo que está en esperanças de posseerse. Sacó Sulpicia vn rico collar de oro, resplandeciente por las ricas piedras que en el venian engastadas, y diziendo: “Toma, capitan valeroso, esta prenda rica, no por otra cosa 30 que por serlo la voluntad con que se te ofrece: dadiua es de vna pobre viuda que ayer se vio en
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 270 la cumbre de la buena fortuna, por verse en poder de su esposo, y oy se vee sugeta a la discrecion destos soldados que te rodean, entre los quales puedes repartir estos tesoros, que, segun se dize, tienen fuerças para quebrantar las 5 peñas.” A lo que yo respondi: “Dadiuas de tan gran señora, se han de estimar como si fuessen mercedes.” Y, tomando el collar, me volui a mis soldados y les dixe: “Esta joya es ya mia, soldados y amigos mios, y assi, puedo disponer 10 de ella como cosa propia, cuyo precio, por ser, a mi parecer, inestimable, no conuiene que se de a vno solo; tomele y guardele el que quisiere, que, en hallando quien le compre, se diuidira el precio entre todos, y quedese sin tocar lo 15 que la gran Sulpicia os ofrece, porque vuestra fama quede con este hecho frisando con el cielo.” A lo que vno respondio: “Quisieramos, ¡o buen capitan!, que no nos huuieras preuenido con el consejo que nos has dado, porque vieras 20 que de nuestra voluntad correspondiamos a la tuya. Vuelue el collar a Sulpicia; la fama que nos prometes, no ay collar que la ciña ni límite que la contenga.” Quedé contentissimo de la respuesta de mis soldados, y Sulpicia, admirada 25 de su poca codicia. Finalmente, ella me pidio que le diesse doze soldados de los mios que le siruiessen de guarda y de marineros, para lleuar su naue a Bituania. Hizose assi, contentissimos los doze que escogi, sólo por saber 30 que yuan a hazer bien. Proueyonos Sulpicia de generosos vinos y de muchas conseruas, de que
LIBRO II, CAPITVLO XIV p. 271 careciamos. Soplaua el viento próspero para el viage de Sulpicia y para el nuestro, que no lleuaua determinado paradero. Despedimonos de ella; supo mi nombre y el de Carino y Solercio, y, dandonos a los tres sus braços, con los ojos 5 abraçó a todos los demas, ella llorando lagrimas de plazer y tristeza nacidas: de tristeza, por la muerte de su esposo; de alegria, por verse libre de las manos que penso ser de salteadores, nos diuidimos y apartamos. 10 ”Oluidaua de deziros cómo volui el collar a Sulpicia, y ella le recibio a fuerça de mis importunaciones, y casi tuvo a afrenta que le estimasse yo en tan poco que se le voluiesse. Entré en consulta con los mios sobre qué derrota 15 tomariamos, y concluyóse que la que el viento lleuasse, pues por ella auian de caminar los demas nauios que por el mar nauegassen; o, por lo menos, si el viento no hiziesse a su proposito, harian bor(o)dos hasta que les viniesse a cuento. 20 Llegó en esto la noche, clara y serena, y yo, llamando a vn pescador marinero que nos seruia de maestro y piloto, me sente en el castillo de popa, y, con ojos atentos, me puse a mirar el cielo. 25 --Apostaré --dixo a esta sazon Mauricio a Transila, su hija--, que se pone agora Periandro a descriuirnos toda la celeste esfera, como si importasse mucho a lo que va contando el declararnos los mouimientos del cielo. Yo, por 30 mi, desseando estoy que acabe, porque el desseo que tengo de salir de esta tierra, no da lugar
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 272 a que me entretenga ni ocupe en saber quáles son fixas o quáles erraticas estrellas; quanto mas, que yo se de sus mouimientos mas de lo que el me puede dezir. En tanto que Mauricio y Transila esto con 5 sumissa voz hablauan, cobró aliento Periandro para proseguir su historia en esta forma:
p. 273 CAPITVLO QVINZE del segundo libro --Començaua a tomar possession el sueño y el silencio de los sentidos de mis compañeros, y yo me acomodaua a preguntar al que estaua 5 conmigo muchas cosas de las necessarias para saber vsar el arte de la marineria, quando, de improuiso, començaron a llouer, no gotas, sino nubes enteras de agua sobre la naue, de modo que no parecia sino que el mar todo se auia 10 subido a la region del viento, y desde alli se dexaua descolgar sobre el nauio. Alborotamonos todos, y, puestos en pie, mirando a todas partes, por vnas vimos el cielo claro, sin dar muestras de borrasca alguna, cosa que nos puso en 15 miedo y en admiracion. En esto, el que estaua conmigo dixo: “Sin duda alguna, esta lluuia procede de la que derraman por las ventanas que tienen mas abaxo de los ojos aquellos mostruosos pescados que se llaman naufragos (*); 20 y, si esto es assi, en gran peligro estamos de perdernos: menester es disparar toda la artilleria, con cuyo ruydo se espantan.” En esto, vi alçar y poner en el nauio vn cuello como de serpiente terrible, que, arrebatando vn marinero, 25 se le engulló y tragó de improuiso, sin tener necessidad de mascarle. “Naufragos son --dixo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 274 el piloto--; con balas o sin ellas, que el ruydo, y no el golpe, como tengo dicho, es el que ha de librarnos.” Traia el miedo confusos y agazapados los marineros, que no osauan leuantarse en pie por no ser arrebatados de aquellos vestiglos; 5 con todo esso, se dieron priessa a disparar la artilleria y a dar vozes vnos, y acudir otros a la bomba para voluer el agua al agua. Tendimos todas las velas, y, como si huyeramos de alguna gruessa armada de enemigos, huymos el sobre 10 estante peligro, que fue el mayor [en] que hasta entonces nos auiamos visto. ”Otro dia, al crepusculo de la noche, nos hallamos en la ribera de vna isla no conocida por ninguno de nosotros, y, con dissinio de hazer 15 agua en ella, quisimos esperar el dia sin apartarnos de su ribera. Amaynamos las velas, arrojamos las ancoras, y entregamos al reposo y al sueño los trabajados cuerpos, de quien el sueño tomó possession blanda y suauemente. En fin, 20 nos desenuarcamos todos y pisamos la amenissima ribera, cuya arena, vaya fuera todo encarecimiento, la formauan granos de oro y de menudas perlas. Entrando mas adentro, se nos ofrecieron a la vista prados cuyas yeruas no eran 25 verdes por ser yeruas, sino por ser esmeraldas, en el qual verdor las tenian, no cristalinas aguas, como suele dezirse, sino corrientes de liquidos diamantes formados, que, cruzando por todo el prado, sierpes de cristal parecian. Descubrimos 30 luego vna selua de arboles de diferentes generos, tan hermosos, que nos suspendieron las
LIBRO II, CAPITVLO XV p. 275 almas y alegraron los sentidos: de algunos pendian ramos de rubies que parecian guindas, o guindas que parecian granos de rubies; de otros pendian camuesas, cuyas mexillas la vna era de rosa, la otra de finissimo topazio; en aquel se 5 mostrauan las peras, cuyo olor era de ambar, y cuyo color de los que forma en el cielo quando el sol se traspone. En resolucion, todas las frutas de quien tenemos noticia estauan alli en su sazon, sin que las diferencias del año las estoruassen: 10 todo alli era primauera, todo verano, todo estio sin pesadumbre, y todo otoño agradable, con estremo increyble. Satisfazia a todos nuestros cinco sentidos lo que mirauamos: a los ojos, con la belleza y la hermosura; a los oydos, con 15 el ruydo manso de las fuentes y arroyos, y con el son de los infinitos paxarillos, que, con no aprendidas vozes formado, los quales, saltando de arbol en arbol y de rama en rama, parecia que en aquel distrito tenian cautiua su libertad, 20 y que no querian ni acertauan a cobrarla; al olfato, con el olor que de si despedian las yeruas, las flores y los frutos; al gusto, con la prueua que hizimos de la suauidad dellos; al tacto, con tenerlos en las manos, con que nos parecia 25 tener en ellas las perlas del Sur, los diamantes de las Indias y el oro del Tibar. --Pesame --dixo a esta sazon Ladislao a su suegro, Mauricio-- que se aya muerto Clodio: que a fee que le auia dado bien que dezir 30 Periandro en lo que va diziendo. --Callad, señor --dixo Transila, su esposa--,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 276 que, por mas que digays, no podreys dezir que no prosigue bien su cuento Periandro. El qual, como se ha dicho, quando algunas razones se entremetian de los circunstantes, el tomaua aliento para proseguir en las suyas: 5 que, quando son largas, aunque sean buenas, antes enfadan que alegran. --No es nada lo que hasta aqui he dicho --prosiguio Periandro--, porque, a lo que resta por dezir, falta entendimiento que lo perciba, y 10 aun cortesias que lo crean. Volued, señores, los ojos, y hazed cuenta que veys salir del coraçon de vna peña, como nosotros lo vimos, sin que la vista nos pudiesse engañar, digo que vimos salir de la abertura de la peña, primero vn 15 suauissimo son, que hirio nuestros oydos y nos hizo estar atentos, de diuersos instrumentos de musica formado; luego salio vn carro que no sabre dezir de qué materia, aunque dire su forma, que era de vna naue rota que escapaua de 20 alguna gran borrasca; tirauanla doze poderosissimos ximios, animales lasciuos. Sobre el carro venía vna hermosissima dama, vestida de vna roçagante ropa de varias y diuersas colores adornada, coronada de amarillas y amargas 25 adelfas. Venía arrimada a vn baston negro, y en el fixa vna tablachina o escudo, donde venian estas letras: SENSVALIDAD. Tras ella salieron otras muchas hermosas mugeres, con diferentes instrumentos en las manos, formando vna musica, 30 ya alegre, y ya triste, pero todas singularmente regozijadas. Todos mis compañeros y yo
LIBRO II, CAPITVLO XV p. 277 estauamos atonitos, como si fueramos estatuas sin voz, de dura piedra formados. Llegóse a mi la Sensualidad, y, con voz entre ayrada y suaue, me dixo: “Costarte ha, generoso mancebo, el ser mi enemigo, si no la vida, a lo menos el 5 gusto.” Y diziendo esto, passó adelante, y las donzellas de la musica arrebataron, que assi se puede dezir, siete o ocho de mis marineros, y se los lleuaron consigo, y voluieron a entrarse, siguiendo a su señora, por la abertura de la peña. 10 Voluime yo entonces a los mios para preguntarles qué les parecia de lo que auian visto; pero estoruólo otra voz o vozes que llegaron a nuestros oidos, bien diferentes que las passadas, porque eran mas suaues y regaladas, y formauanlas vn 15 esquadron de hermosissimas, al parecer, donzellas, y, segun la guia que traian, eranlo, sin duda, porque venía delante mi hermana Auristela, que, a no tocarme tanto, gastara algunas palabras en alabança de su mas que humana 20 hermosura. ¿Qué me pidieran a mi entonces que no diera, en albricias de tan rico hallazgo? Que, a pedirme la vida, no la negara, si no fuera por no perder el bien tan sin pensarlo hallado. Traia mi hermana a sus dos lados dos donzellas, 25 de las quales la vna me dixo: “La Continencia y la Pudicicia, amigas y compañeras, acompañamos perpetuamente a la Castidad, que en figura de tu querida hermana Auristela oy ha querido disfraçarse, ni la dexaremos hasta 30 que con dichoso fin le de a sus trabajos y peregrinaciones en la alma ciudad de Roma.”
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 278 Entonces yo, a tan felices nueuas atento, y de tan hermosa vista admirado, y de tan nueuo y estraño acontecimiento, por su grandeza y por su nouedad, mal seguro, alcé la voz, para mostrar con la lengua la gloria que en el alma tenia, y 5 queriendo dezir: “¡O vnicas consoladoras de mi alma; o ricas prendas, por mi bien halladas, dulces y alegres en este y en otro qualquier tiempo! (*)”, fue tanto el ahinco que puse en dezir esto, que rompi el sueño, y la vision hermosa 10 desaparecio, y yo me hallé en mi nauio con todos los mios, sin que faltasse alguno de ellos. A lo que dixo Constança: --¿Luego, señor Periandro, dormiades? --Si --respondio--; porque todos mis bienes 15 son soñados. --En verdad --replicó Constança--, que ya queria preguntar a mi señora Auristela adónde auia estado el tiempo que no auia parecido. --De tal manera --respondio Auristela-- ha 20 contado su sueño mi hermano, que me yua haziendo dudar si era verdad o no lo que dezia. A lo que añadio Mauricio: --Essas son fuerças de la imaginacion, en quien suelen representarse las cosas con tanta 25 vehemencia, que se aprehenden de la memoria, de manera que quedan en ella, siendo mentiras, como si fueran verdades. A todo esto, callaua Arnaldo, y consideraua los afectos y demostraciones con que Periandro 30 contaua su historia, y de ninguno dellos podia sacar en limpio las sospechas que en su alma
LIBRO II, CAPITVLO XV p. 279 auia infundido el ya muerto maldiziente Clodio de no ser Auristela y Periandro verdaderos hermanos. Con todo esso, dixo: --Prosigue, Periandro, tu cuento sin repetir sueños, porque los animos trabajados siempre 5 los engendran muchos, y confusos, y porque la sin par Sinforosa está esperando que llegues a dezir de donde venías la primera vez que a esta isla llegaste, de donde saliste coronado de vencedor de las fiestas que por la eleccion de su 10 padre cada año en ella se hazen. --El gusto de lo que soñe --respondio Periandro-- me hizo no aduertir de quán poco fruto son las digressiones en qualquiera narracion, quando ha de ser sucinta, y no dilatada. 15 Callaua Policarpo, ocupando la vista en mirar a Auristela, y el pensamiento en pensar en ella; y assi, para el importaua muy poco, o nada, que callasse o que hablasse Periandro, el qual, aduertido ya de que algunos se cansauan de su 20 larga plática, determinó de proseguirla, abreuiandola, y siguiendola en las menos palabras que pudiesse; y assi dixo:
p. 280 CAPITVLO DIEZ Y SEYS del segundo libro Prosigue Periandro su historia. --Desperte del sueño, como he dicho; tomé consejo con mis compañeros qué derrota 5 tomariamos, y salio decretado que por donde el viento nos lleuasse: que, pues yuamos en busca de cossarios, los quales nunca nauegan contra viento, era cierto el hallarlos. Y auia llegado a tanto mi simpleza, que pregunté a Carino y a 10 Solercio si auian visto a sus esposas en compañia de mi hermana Auristela, quando yo la vi soñando. Rieronse de mi pregunta, y obligaronme, y aun forçaronme, a que les contasse mi sueño. Dos meses anduuimos por el mar sin que 15 nos sucediesse cosa de consideracion alguna, puesto que le escombramos de mas de sesenta nauios de cossarios, que, por serlo verdaderos, adjudicamos sus robos a nuestro nauio y le llenamos de innumerables despojos, con que mis 20 compañeros yuan alegres, y no les pesaua de auer trocado el oficio de pescadores en el de piratas, porque ellos no eran ladrones sino de ladrones, ni robauan sino lo robado. ”Sucedio, pues, que vn porfiado viento nos 25 salteó vna noche, que, sin dar lugar a que
LIBRO II, CAPITVLO XVI p. 281 amaynassemos algun tanto o templassemos las velas, en aquel término que las halló, las tendio y acossó, de modo que, como he dicho, mas de vn mes nauegamos por vna misma derrota; tanto, que, tomando mi piloto el altura del polo donde 5 nos tomó el viento, y tanteando las leguas que haziamos por hora, y los dias que auiamos nauegado, hallamos ser quatrocientas leguas, poco mas o menos. Voluio el piloto a tomar la altura, y vio que estaua debaxo del norte, en el 10 parage de Noruega, y, con voz grande y mayor tristeza, dixo: “Desdichados de nosotros, que, si el viento no nos concede a dar la buelta para seguir otro camino, en este se acabará el de nuestra vida, porque estamos en el mar glacial, digo, 15 en el mar helado, y, si aqui nos saltea el hyelo, quedaremos empedrados en estas aguas.” Apenas huuo dicho esto, quando sentimos que el nauio tocaua por los lados y por la quilla como en mouibles peñas, por donde se conocio que 20 ya el mar se començaua a helar, cuyos montes de hyelo, que por de dentro se formauan, impedian el mouimiento del nauio. Amaynamos de golpe, porque, topando en ellos, no se abriesse, y en todo aquel dia y aquella noche se congelaron 25 las aguas tan duramente, y se apretaron de modo, que, cogiendonos en medio, dexaron al nauio engastado en ellas, como lo suele estar la piedra en el anillo. Casi como en vn instante començo el hyelo a entumecer los cuerpos y a 30 entristezer nuestras almas, y haziendo el miedo su oficio, considerando el manifiesto peligro, no
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 282 nos dimos mas dias de vida que los que pudiesse sustentar el bastimento que en el nauio huuiesse, en el qual bastimento desde aquel punto se puso tassa, y se repartio por orden, tan miserable y estrechamente, que desde luego 5 començo a matarnos la hambre. Tendimos la vista por todas partes, y no topamos con ella en cosa que pudiesse alentar nuestra esperança, si no fue con vn bulto negro que, a nuestro parecer, estaria de nosotros seis o ocho millas; pero 10 luego imaginamos que deuia de ser algun nauio a quien la comun desgracia de hyelo tenia aprisionado. Este peligro sobrepuja y se adelanta a los infinitos en que de perder la vida me he visto, porque vn miedo dilatado y vn 15 temor no vencido, fatiga mas el alma que vna repentina muerte: que en el acabar subito se ahorran los miedos y los temores que la muerte trae consigo, que suelen ser tan malos como la misma muerte. Esta, pues, que nos amenazaua, 20 tan hambrienta como larga, nos hizo tomar vna resolucion, si no desesperada, temeraria, por lo menos, y fue que consideramos que, si los bastimentos se nos acabauan, el morir de hambre era la mas rabiosa muerte que puede cauer en 25 la imaginacion humana; y assi, determinamos de salirnos del nauio y caminar por encima del yelo, y yr a ver si, en el que se parecia, auria alguna cosa de que aprouecharnos, o ya de grado, o ya por fuerça. 30 ”Pusose en obra nuestro pensamiento, y en vn instante vieron las aguas sobre si formado,
LIBRO II, CAPITVLO XVI p. 283 con pies enxutos, vn esquadron pequeño, pero de valentissimos soldados; y siendo yo la guia, resbalando, cayendo y leuantando, llegamos al otro nauio, que lo era casi tan grande como el nuestro. Auia gente en el, que, puesta sobre el 5 borde, adeuinando la intencion de nuestra venida, a vozes començo vno a dezirnos: “¿A qué venis, gente desesperada? ¿Qué buscays? ¿Venis, por venturas, a apressurar nuestra muerte y a morir con nosotros? Volueos a vuestro nauio, 10 y, si os faltan bastimentos, roed las xarcias, y encerrad en vuestros estomagos los embreados leños, si es possible; porque pensar que os hemos de dar acogida, será pensamiento vano y contra los preceptos de la caridad, que ha de 15 començar de si mismo. Dos meses dizen que suele durar este yelo que nos detiene; para quinze dias tenemos sustento; si es bien que le repartamos con vosotros, a vuestra consideracion lo dexo.” A lo que yo le respondi: “En los 20 apretados peligros, toda razon se atropella, no ay respeto que valga, ni buen término que se guarde. Acogednos en vuestro nauio de grado, y juntaremos en el el bastimento que en el nuestro queda, y comamoslo amigablemente, antes que 25 la precisa necessidad nos haga mouer las armas y vsar de la fuerça.” Esto le respondi yo, creyendo no dezian verdad en la cantidad del bastimento que señalauan; pero ellos, viendose superiores y auentajados en el puesto, no 30 temieron nuestras amenazas ni admitieron nuestros ruegos: antes arremetieron a las armas, y se
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 284 pusieron en orden de defenderse. Los nuestros, a quien la desesperacion, de valientes, hizo valentissimos, añadiendo a la temeridad nueuos brios, arremetieron al nauio, y casi sin recebir herida le entraron y le ganaron, y alçóse vna voz entre 5 nosotros que a todos los quitassemos la vida, por ahorrar de balas y de estomagos por donde se fuesse el bastimento que en el nauio hallassemos. Yo fuy de parecer contrario, y, quiça por tenerle bueno, en esto nos socorrio el cielo, 10 como despues dire; aunque primero quiero deziros que este nauio era el de los cossarios que auian robado a mi hermana y a las dos rezien desposadas pescadoras. Apenas le huue reconocido, quando dixe a vozes: “¿Adónde teneis, ladrones, 15 nuestras almas? ¿Adónde estan las vidas que nos robastes? ¿Qué aueys hecho de mi hermana Auristela, y de las dos, Seluiana y Leoncia, partes, mitades de los coraçones de mis buenos amigos Carino y Solercio?” A lo que vno 20 me respondio: “Essas mugeres pescadoras que dizes, las vendio nuestro capitan, que ya es muerto, a Arnaldo, principe de Dinamarca.” --Assi es la verdad --dixo a esta sazon Arnaldo--, que yo compré a Auristela y a Cloelia, 25 su ama, y a otras dos hermosissimas donzellas, de vnos piratas que me las vendieron, y no por el precio que ellas merecian. --¡Valame Dios --dixo Rutilio en esto--, y por qué rodeos y con qué eslabones se viene 30 a enga[r]çar la peregrina historia tuya, o Periandro!
LIBRO II, CAPITVLO XVI p. 285 --Por lo que deues al desseo que todos tenemos de seruirte --añadio Sinforosa--, que abreuies tu cuento, ¡o historiador tan verdadero como gustoso! --Si hare --respondio Periandro--, si es 5 possible que grandes cosas en breues terminos puedan encerrarse.
p. 286 CAPITVLO DIEZ Y SIETE del segundo libro Toda esta tardança del cuento de Periandro, se declaraua tan en contrario del gusto de Policarpo, que, ni podia estar atento para 5 escucharle, ni le daua lugar a pensar maduramente lo que deuia hazer para quedarse con Auristela. Sin perjuyzio de la opinion que tenia de generoso y de verdadero, ponderaua la calidad de sus huespedes, entre los quales se le ponia 10 delante Arnaldo, principe de Dinamarca, no por eleccion, sino por herencia; descubria en el modo de proceder de Periandro, en su gentileza y brio, algun gran personage; y en la hermosura de Auristela, el de alguna gran señora. 15 Quisiera buenamente lograr sus desseos a pie llano, sin rodeos ni inuenciones, cubriendo toda dificultad y todo parecer contrario con el velo del matrimonio, que, puesto que su mucha edad no lo permitia, todauia podia dissimularlo, 20 porque en qualquier tiempo es mejor casarse que abrassarse. Acuciaua y solicitaua sus pensamientos los que solicitauan y aquexauan a la embaydora Zenotia, con la qual se concerto que, antes de dar otra audiencia a Periandro, se 25 pusiesse en efeto su dissinio, que fue que, de alli a dos noches, tocassen vn arma fingida en la
LIBRO II, CAPITVLO XVII p. 287 ciudad y se pegasse fuego al palacio por tres o quatro partes, de modo que obligasse a los que en el assistian a ponerse en cobro, donde era forçoso que interuiniesse la confusion y el alboroto, en medio del qual preuino gente que 5 robassen al barbaro moço Antonio y a la hermosa Auristela, y assimismo ordenó a Policarpa, su hija, que, conmouida de lástima christiana, auisasse a Arnaldo y a Periandro el peligro que les amenazaua, sin descubrilles el robo, sino 10 mostrandoles el modo de saluarse, que era que acudiessen a la marina, donde en el puerto hallarian vna saetia que los acogiesse. Llegóse la noche, y, a las tres horas della, començo el arma, que puso en confusion y 15 alboroto a toda la gente de la ciudad; començo a resplandecer el fuego, en cuyo ardor se aumentaua el que Policarpo en su pecho tenia; acudio su hija, no alborotada, sino con reposo, a dar noticia a Arnaldo y a Periandro de los dissinios de 20 su traidor y enamorado padre, que se estendian a quedarse con Auristela y con el barbaro moço, sin quedar con indicios que le infamassen; oyendo lo qual, Arnaldo y Periandro llamaron a Auristela, a Mauricio, Transila, Ladislao, a los 25 barbaros padre y hijo, a Ricla, a Constança y a Rutilio, y, agradeciendo a Policarpa su auiso, se hizieron todos vn monton, y, puestos delante los varones, siguiendo el consejo de Policarpa, hallaron paso desembaraçado hasta el puerto, 30 y segura enuarcacion en la saetia, cuyo piloto y marineros estauan auisados y cohechados de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 288 Policarpo que, en el mismo punto que aquella gente, que, al parecer, huyda, se enuarcasse, se hiziessen al mar, y no parassen con ella hasta Inglaterra, o hasta otra parte mas lexos de aquella isla. Entre la confusa griteria y el continuo 5 vozear: “¡Alarma, alarma!”, entre los estallidos del fuego abrassador, que como si supiera que tenia licencia del dueño de aquellos palacios para que los abrassasse, andaua encubierto Policarpo, mirando si salia cierto el robo de 10 Auristela, y assimismo solicitaua el de Antonio la hechizera Zenotia; pero, viendo que se auian enuarcado todos, sin quedar ninguno, como la verdad se lo dezia y el alma se lo pronosticaua, acudio a mandar que todos los baluartes y 15 todos los nauios que estauan en el puerto, disparassen la artilleria contra el nauio de los que en el huian, con lo qual de nueuo se aumentó el estruendo, y el miedo discurrio por los animos de todos los moradores de la ciudad, que 20 no sabian qué enemigos los assaltauan, o qué intempestiuos acontecimientos les acometian. En esto, la enamorada Sinforosa, ignorante del caso, puso el remedio en sus pies, y sus esperança[s] en su inocencia, y, con pasos 25 desconcertados y temerosos, se subio a vna alta torre de palacio, a su parecer, parte segura del fuego que lo demas del palacio yua consumiendo. Acerto a encerrarse con ella su hermana Policarpa, que le conto como si lo huuiera visto la 30 huida de sus huespedes, cuyas nueuas quitaron el sentido a Sinforosa, y en Policarpa pusieron
LIBRO II, CAPITVLO XVII p. 289 el arrepentimiento de auerlas dado. Amanecia en esto el alua, risueña para todos los que con ella esperauan descubrir la causa o causas de la presente calamidad, y en el pecho de Policarpo anochecia la noche de la mayor tristeza que 5 pudiera imaginarse. Mordiase las manos Zenotia, y maldezia su engañadora ciencia y las promessas de sus malditos maestros. Sola Sinforosa se estaua aun en su desmayo, y sola su hermana lloraua su desgracia, sin descuydarse de 10 hazerle los remedios que ella podia para hazerla voluer en su acuerdo. Voluio, en fin; tendio la vista por el mar, vio volar la saetia donde yua la mitad de su alma, o la mejor parte della, y, como si fuera otra engañada y nueua 15 Dido, que de otro fugitiuo Eneas se quexaua, embiando suspiros al cielo, lagrimas a la tierra y vozes al ayre, dixo estas o otras semejantes razones: --¡O hermoso huesped, venido por mi mal a 20 estas riberas, no engañador, por cierto, que aun no he sido yo tan dichosa que me dixesses palabras amorosas para engañarme! Amayna essas velas, o templalas algun tanto, para que se dilate el tiempo de que mis ojos vean esse 25 nauio, cuya vista, sólo porque vas en el, me consuela. Mira, señor, que huyes de quien te sigue, que te alexas de quien te busca, y das muestras de que aborreces a quien te adora. Hija soy de vn rey, y me contento con ser 30 esclaua tuya; y, si no tengo hermosura que pueda satisfazer a tus ojos, tengo desseos que puedan
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 290 llenar los vazios de los mejores que el amor tiene. No repares en que se abrasse toda esta ciudad: que, si vuelues, aura seruido este incendio de luminarias por la alegria de tu vuelta. Riquezas tengo, acelerado fugitiuo mio, y puestas 5 en parte donde no las hallará el fuego aunque mas las busque, porque las guarda el cielo para ti solo. A esta sazon, voluio a hablar con su hermana, y le dixo: 10 --¿No te parece, hermana mia, que ha amaynado algun tanto las velas? ¿No te parece que no camina tanto? ¡Ay, Dios! ¿Si se aura arrepentido? ¡Ay, Dios, si la remora de mi voluntad le detiene el nauio! 15 --¡Ay, hermana! --respondio Policarpa--. No te engañes, que los desseos y los engaños suelen andar juntos. El nauio buela, sin que le detenga la remora de tu voluntad, como tu dizes, sino que le impele el viento de tus muchos 20 suspiros. Salteólas en esto el rey, su padre, que quiso ver de la alta torre tambien, como su hija, no la mitad, sino toda su alma que se le ausentaua, aunque ya no se descubria. Los hombres que 25 tomaron a su cargo encender el fuego del palacio, le tuuieron tambien de apagarle. Supieron los ciudadanos la causa del alboroto y el mal nacido desseo de su rey Policarpo, y los embustes y consejos de la hechizera Zenotia, y 30 aquel mismo dia le depusieron del reyno, y colgaron a Zenotia de vna entena. Sinforosa y
LIBRO II, CAPITVLO XVII p. 291 Policarpa fueron respetadas como quien eran, y la ventura que tuuieron fue tal, que correspondio a sus merecimientos; pero no en modo que Sinforosa alcançasse el fin felice de sus desseos, porque la suerte de Periandro mayores venturas 5 le tenia guardadas. Los del nauio, viendose todos juntos y todos libres, no se hartauan de dar gracias al cielo de su buen sucesso. De ellos supieron otra vez los traidores dissinios de Policarpo; pero no les parecieron tan traidores, 10 que no hallasse en ellos disculpa el auer sido por el amor forjados: disculpa bastante de mayores yerros, que, quando ocupa a vn alma la passion amorosa, no ay discurso con que acierte ni razon que no atropelle. Haziales el 15 tiempo claro, y, aunque el viento era largo, estaua el mar tranquilo. Lleuauan la mira de su viage puesta en Inglaterra, adonde pensauan tomar el dissinio que mas les conuiniesse, y con tanto sossiego nauegauan, que no les sobresaltaua 20 ningun rezelo, ni miedo de ningun sucesso aduerso. Tres dias duró la apazibilidad del mar, y tres dias sopló próspero el viento, hasta que, al quarto, a poner del sol, se començo a turbar el viento y a desassossegarse el mar, y el rezelo 25 de alguna gran borrasca començo a turbar a los marineros: que la inconstancia de nuestras vidas y la del mar simbolizan en no prometer seguridad ni firmeza alguna largo tiempo. Pero quiso la buena suerte que, quando les apretaua 30 este temor, descubriessen cerca de si vna isla, que luego de los marineros fue conocida, y
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 292 dixeron que se llamaua la de las Ermitas, de que no poco se alegraron, porque en ella sabian que estauan dos calas capazes de guarecerse en ellas de todos vientos mas de veynte nauios; tales, en fin, que pudieran seruir de abrigados 5 puertos. Dixeron tambien que, en vna de las ermitas, seruia de ermitaño vn cauallero principal frances llamado Renato, y en la otra ermita seruia de ermitaña vna señora francessa llamada Eusebia, cuya historia de los dos era la 10 mas peregrina que se huuiesse visto. El desseo de saberla, y el de repararse de la tormenta si viniesse, hizo a todos que encaminassen alla la proa. Hizose assi, con tanto acertamiento, que dieron luego con vna de las calas, donde dieron 15 fondo, sin que nadie se lo impidiesse; y, estando informado Arnaldo de que en la isla no auia otra persona alguna que la del ermitaño y ermitaña referidos, por dar contento a Auristela y a Transila, que fatigadas del mar venian, con 20 parecer de Mauricio, Ladislao, Rutilio y Periandro, mandó echar el esquife al agua, y que saliessen todos a tierra a passar la noche en sossiego, libres de los baybenes del mar. Y aunque se hizo assi, fue parecer del barbaro Antonio 25 que el y su hijo, y Ladislao y Rutilio, se quedassen en el nauio guardandole, pues la fee de sus marineros, poco esperimentada, no les deuia assegurar de modo que se fiassen dellos. Y, en efeto, los que se quedaron en el nauio fueron 30 los dos Antonios, padre y hijo, con todos los marineros, que la mejor tierra para ellos es las
LIBRO II, CAPITVLO XVII p. 293 tablas embreadas de sus naues: mejor les huele la pez, la brea y la resina de sus nauios, que a la demas gente las rosas, las flores y los amarantos de los jardines. A la sombra de vna peña, los de la tierra se repararon del viento, y, a la 5 claridad de mucha lumbre que de ramas cortadas en vn instante hizieron, se defendieron del frio, y ya, como acostumbradas a passar muchas vezes calamidades semejantes, passaron la desta noche sin pesadumbre alguna; y mas con el 10 aliuio que Periandro les causó con voluer, por ruego de Transila, a proseguir su historia, que, puesto que el lo rehusaua, añadiendo ruegos Arnaldo, Ladislao y Mauricio, ayudandoles Auristela, la ocasion y el tiempo, la huuo de 15 proseguir en esta forma:
p. 294 CAPITVLO DIEZ Y OCHO del segundo libro --Si es verdad, como lo es, ser dulcissima cosa contar en tranquilidad la tormenta, y en la paz presente los peligros de la passada guerra, y 5 en la salud la enfermedad padecida, dulce me ha de ser a mi agora contar mis trabajos en este sossiego, que, puesto que no puedo dezir que estoy libre de ellos todauia, segun han sido grandes y muchos, puedo afirmar que estoy en 10 descanso, por ser condicion de la humana suerte que, quando los bienes comiençan a crecer, parece que vnos se van llamando a otros, y que no tienen fin donde parar, y los males por el mismo consiguiente. Los trabajos que yo hasta aqui 15 he padecido, imagino que han llegado al vltimo paradero de la miserable fortuna, y que es forçoso que declinen: que, quando en el estremo de los trabajos no sucede el de la muerte, que es el vltimo de todos, ha de seguirse la mudança, no 20 de mal a mal, sino de mal a bien, y de bien a mas bien; y este en que estoy, teniendo a mi hermana conmigo, verdadera y precisa causa de todos mis males y mis bienes, me assegura y promete que tengo de llegar a la cumbre de los 25 mas felices que acierte a dessearme. ”Y assi, con este dichoso pensamiento, digo
LIBRO II, CAPITVLO XVIII p. 295 que quedé en la naue de mis contrarios, ya rendidos, donde supe, como ya he dicho, la venta que auian hecho de mi hermana y de las dos recien desposadas pescadoras, y de Cloelia, al principe Arnaldo, que aqui está presente. En 5 tanto que los mios andauan escudriñando y tanteando los bastimentos que auia en el empedrado nauio, a deshora, y de improuiso, de la parte de tierra descubrimos que sobre los hyelos caminaua vn esquadron de armada gente, de mas 10 de quatro mil personas formado. Dexónos mas helados que el mismo mar vista semejante, aprestando las armas, mas por muestra de ser hombres, que con pe[n]samiento de defenderse. Caminauan sobre solo vn pie, dandose con el 15 derecho sobre el calcaño yzquierdo, con que se impelian y resbalauan sobre el mar grandissimo trecho, y luego, voluiendo a reiterar el golpe, tornauan a resbalar otra gran pieça de camino; y desta suerte, en vn instante fueron 20 con nosotros y nos rodearon por todas partes, y vno de ellos, que, como despues supe, era el capitan de todos, llegandose cerca de nuestro nauio, a trecho que pudo ser oido, assegurando la paz con vn paño blanco que volteaua sobre 25 el braço, en lengua polaca, con voz clara, dixo: “Cratilo, rey de Bituania y señor destos mares, tiene por costumbre de requerirlos con gente armada, y sacar de ellos los nauios que del hyelo estan detenidos, a lo menos la gente y la 30 mercancia que tuuieren, por cuyo beneficio se paga con tomarla por suya. Si vosotros gustaredes de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 296 acetar este partido, sin defenderos, gozareis de las vidas y de la libertad, que no se os ha de cautiuar en ningun modo; miradlo, y si no, aparejaos a defenderos de nuestras armas, continuo vencedoras.” 5 ”Contentóme la breuedad y la resolucion del que nos hablaua. Respondile que me dexasse tomar parecer con nosotros mismos, y fue el que mis pescadores me dieron, dezir que el fin de todos los males, y el mayor de ellos, era el 10 acabar la vida, la qual se auia de sustentar por todos los medios possibles, como no fuessen por los de la infamia; y que, pues en los partidos que nos ofrecian no interuenia ninguna, y del perder la vida estauamos tan ciertos, como 15 dudosos de la defensa, sería bien rendirnos, y dar lugar a la mala fortuna que entonces nos perseguia, pues podria ser que nos guardasse para mejor ocasion. Casi esta misma respuesta di al capitan del esquadron, y al punto, mas con apariencia 20 de guerra que con muestras de paz, arremetieron al nauio, y en vn instante le desualijaron todo, y trasladaron quanto en el auia, hasta la misma artilleria y xarcias, a vnos cueros de bueyes que sobre el hyelo tendieron; liandolos 25 por encima, asseguraron poderlos lleuar tirandolos con cuerdas, sin que se perdiesse cosa alguna. Robaron ansimismo lo que hallaron en el otro nuestro nauio, y, poniendonos a nosotros sobre otras pieles, alçando vna alegre vozeria, 30 nos tiraron y nos lleuaron a tierra, que deuia de estar desde el lugar del nauio como veynte
LIBRO II, CAPITVLO XVIII p. 297 millas. Pareceme a mi que deuia de ser cosa de ver caminar tanta gente por cima de las aguas a pie enxuto, sin vsar alli el cielo alguno de sus milagros (*). ”En fin, aquella noche llegamos a la ribera, 5 de la qual no salimos hasta otro dia por la mañana, que la vimos coronada de infinito número de gente, que a ver la presa de los helados y yertos auian venido. Venía entre ellos, sobre vn hermoso cauallo, el rey Cratilo, que, por las 10 insignias reales con que se adornaua, conocimos ser quien era; venía a su lado, assimismo a cauallo, vna hermosissima muger, armada de vnas armas blancas, a quien no podian acabar de encubrir vn velo negro con que venian cubiertas. 15 Lleuóme tras si la vista, tanto su buen parecer, como la gallardia del rey Cratilo, y, mirandola con atencion, conoci ser la hermosa Sulpicia, a quien la cortesia de mis compañeros pocos dias [antes] auian dado la libertad que entonces gozaua. 20 Acudio el rey a ver los rendidos, y, lleuandome el capitan assido de la mano, le dixo: “En este solo mancebo, ¡o valeroso rey Cratilo!, me parece que te presento la mas rica presa que en razon de persona humana hasta agora humanos 25 ojos han visto.” “¡Santos cielos! --dixo a esta sazon la hermosa Sulpicia, arrojandose del cauallo al suelo--. O yo no tengo vista en los ojos, o es este mi libertador, Periandro.” Y el dezir esto, y añudarme el cuello con sus braços, 30 fue todo vno, cuyas estrañas y amorosas muestras obligaron tambien a Cratilo a que del cauallo
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 298 se arrojasse y con las mismas señales de alegria me recibiesse. Entonces la desmayada esperança de algun buen sucesso estaua lexos de los pechos de mis pescadores; pero cobrando aliento en las muestras alegres con que vieron 5 recebirme, les hizo brotar por los ojos el contento, y por las bocas las gracias que dieron a Dios del no esperado beneficio: que ya le contauan, no por beneficio, sino por singular y conocida merced. Sulpicia dixo a Cratilo: “Este mancebo 10 es vn sujeto donde tiene su assiento la suma cortesia, y su albergue la misma liberalidad; y aunque yo tengo hecha esta esperiencia, quiero que tu discrecion la acredite, sacando por su gallarda presencia --y en esto bien se vee que 15 hablaua como agradecida, y aun como engañada-- en limpio esta verdad que te digo. Este fue el que me dio libertad despues de la muerte de mi marido; este el que no despreció mis tesoros, sino el que no los quiso; este fue el que, 20 despues de recebidas mis dadiuas, me las voluio mejoradas, con el desseo de darmelas mayores, si pudiera; este fue, en fin, el que, acomodandose, o, por mejor dezir, haziendo acomodar a su gusto el de sus soldados, dandome doze 25 que me acompañassen, me tiene aora en tu presencia.” Yo entonces, a lo que creo, rojo el rostro con las alabanças, o ya aduladoras o demasiadas, que de mi oia, no supe mas que hincarme de rodillas ante Cratilo, pidiendole las 30 manos, que no me las dio para besarselas, sino para leuantarme del suelo. En este entretanto,
LIBRO II, CAPITVLO XVIII p. 299 los doze pescadores que auian venido en guarda de Sulpicia, andauan entre la demas gente buscando a sus compañeros, abraçandose vnos a otros, y, llenos de contento y regozijo, se contauan sus buenas y malas suertes: los del mar 5 esagerauan su hyelo, y los de la tierra sus riquezas. “A mi --dezia el vno-- me ha dado Sulpicia esta cadena de oro.” “A mi --dezia otro-- esta joya, que vale por dos de essas cadenas,” “A mi --replicaua este-- me dio tanto dinero.” 10 Y aquel repetia: “Mas me ha dado a mi en este solo anillo de diamantes, que a todos vosotros juntos.” ”A todas estas pláticas puso silencio vn gran rumor que se leuantó entre la gente, causado 15 del que hazía vn poderosissimo cauallo barbaro, a quien dos valientes lacayos traian del freno, sin poderse aueriguar con el. Era de color morzillo, pintado todo de moscas blancas, que sobremanera le hazian hermoso; venía en pelo, 20 porque no consentia ensillarse del mismo rey; pero no le guardaua este respeto despues de puesto encima, no siendo bastantes a detenerle mil montes de embaraços que ante el se pusieran, de lo que el rey estaua tan pesaroso, que 25 diera vna ciudad a quien sus malos siniestros le quitara. Todo esto me conto el rey breue y sucintamente, y yo me resolui con mayor breuedad a hazer lo que agora os dire. Aqui llegaua Periandro con su plática, quando, 30 a vn lado de la peña donde estauan recogidos los del nauio, oyo Arnaldo vn ruydo como
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 300 de pasos de persona que hazia ellos se encaminaua. Leuantóse en pie, puso mano a su espada, y, con esforçado denuedo, estuuo esperando el sucesso. Calló assimismo Periandro, y las mugeres con miedo, y los varones con ánimo, 5 especialmente Periandro, atendian lo que sería. Y, a la escasa luz de la luna, que, cubierta de nubes, no dexaua verse, vieron que hazia ellos venian dos bultos, que no pudieran diferenciar lo que eran, si vno de ellos con voz clara no 10 dixera: --No os alborote, señores, quienquiera que seays, nuestra improuisa llegada, pues sólo venimos a seruiros. Esta estancia que teneis, desierta y sola, la podeys mejorar, si quisieredes, 15 en la nuestra, que en la cima desta montaña está puesta; luz y lumbre hallaréis en ella, y manjares, que, si no delicados y costosos, son, por lo menos, necessarios y de gusto. Yo le respondi: 20 --¿Soys, por ventura, Renato y Eusebia, los limpios y verdaderos amantes en quien la fama ocupa sus lenguas, diziendo el bien que en ellos se encierra? --Si dixerades los desdichados --respondio 25 el bulto--, acertarades en ello; pero, en fin, nosotros somos los que dezis, y los que os ofrecimos con voluntad sincera el acogimiento que puede daros nuestra estrecheza. Arnaldo fue de parecer que se tomasse el 30 consejo que se les ofrecia, pues el rigor del tiempo que amenazaua les obligaua a ello.
LIBRO II, CAPITVLO XVIII p. 301 Leuantaronse todos, y, siguiendo a Renato y a Eusebia, que les siruieron de guias, llegaron a la cumbre de vna montañuela, donde vieron dos ermitas, mas comodas para passar la vida en su pobreza, que para alegrar la vista con su rico 5 adorno. Entraron dentro, y, en la que parecia algo mayor, hallaron luzes, que de dos lamparas procedian, con que podian distinguir los ojos lo que dentro estaua, que era vn altar con tres deuotas imagenes: la vna, del autor de la 10 vida, ya muerto y crucificado; la otra, de la reyna de los cielos y de la señora de la alegria, triste, y puesta en pie, del que tiene los pies sobre todo el mundo; y la otra, del amado dicipulo, que vio mas estando durmiendo, que vieron 15 quantos ojos tiene el cielo en sus estrellas. Hincaronse de rodillas, y, hecha la deuida oracion con deuoto respeto, les lleuó Renato a vna estancia que estaua junto a la ermita, a quien se entraua por vna puerta que junto al altar se 20 hazía. Finalmente, pues las menudencias no piden ni sufren relaciones largas, se dexarán de contar las que alli passaron, ansi de la pobre cena, como del estrecho regalo, que sólo se alargaua en la bondad de los ermitaños, de quien 25 se notaron los pobres vestidos, la edad, que tocaua en los margenes de la vejez, la hermosura de Eusebia, donde todauia resplandecian las muestras de auer sido rara en todo estremo. Auristela, Transila y Constança se quedaron en 30 aquella estancia, a quien siruieron de camas secas espadañas, con otras yeruas, para dar gusto
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 302 al olfato [mas] que a otro sentido alguno. Los hombres se acomodaron en la ermita, en diferentes puestos, tan frios como duros, y tan duros como frios. Corrio el tiempo como suele; volo la noche, y amanecio el dia claro y sereno; 5 descubriose la mar tan cortés y bien criada, que parecia que estaua combidando a que la gozassen voluiendose a enuarcar; y, sin duda alguna, se hiziera assi, si el piloto de la naue no subiera a dezir que no se fiassen de las muestras del 10 tiempo, que, puesto que prometian serenidad tranquila, los efetos auian de ser muy contrarios. Salio con su parecer, pues todos se atuuieron a el: que, en el arte de la marineria, mas sabe el mas simple marinero, que el mayor 15 letrado del mundo. Dexaron sus heruosos lechos las damas, y los varones sus duras piedras, y salieron a ver desde aquella cumbre la amenidad de la pequeña isla, que sólo podia bojar hasta doze millas; pero tan llena de arboles 20 frutiferos, tan fresca por muchas aguas, tan agradable por las yeruas verdes, y tan olorosa por las flores, que, en vn ygual grado y a vn mismo tiempo, podia satisfazer a todos cinco sentidos. Pocas horas se auia entrado por el dia, quando 25 los dos venerables ermitaños llamaron a sus huespedes, y, tendiendo dentro de la ermita verdes y secas espadañas, formaron sobre el suelo vna agradable alfombra, quiça mas vistosa que las que suelen adornar los palacios de los 30 reyes. Luego tendieron sobre ella diuersidad de frutas, assi verdes como secas, y pan no tan
LIBRO II, CAPITVLO XVIII p. 303 reziente que no semejasse vizcocho, coronando la mesa assimismo de vasos de corcho, con maestria labrados, de frios y liquidos cristales llenos. El adorno (*), las frutas, las puras y limpias aguas, que, a pesar de la parda color de los 5 corchos, mostrauan su claridad, y la necessidad juntamente, obligó a todos, y aun les forço, por mejor dezir, a que al rededor de la mesa se sentassen. Hizieronlo assi, y, despues de la tan breue como sabrosa comida, Arnaldo suplicó a 10 Renato que les contasse su historia y la causa que a la estrecheza de tan pobre vida le auia conduzido; el qual, como era cauallero, a quien es anexa siempre la cortesia, sin que segunda vez se lo pidiessen, desta manera començo el 15 cuento de su verdadera historia:
p. 304 CAPITVLO DIEZ Y NVEVE del segundo libro Cuenta Renato la ocasion que tuuo para yrse a la isla de las Ermitas. --Quando los trabajos passados se cuentan en 5 prosperidades presentes, suele ser mayor el gusto que se recibe en contarlos, que fue el pesar que se recibio en sufrirlos. Esto no podre dezir de los mios, pues no los cuento fuera de la borrasca, sino en mitad de la tormenta. Naci en 10 Francia; engendraronme padres nobles, ricos y bien intencionados; criéme en los exercicios de cauallero; medi mis pensamientos con mi estado; pero, con todo esso, me atreui a ponerlos en la señora Eusebia, dama de la reyna en Francia, 15 a quien sólo con los ojos la di a entender que la adoraua, y ella, o ya descuydada, o no aduertida, ni con sus ojos ni con su lengua me dio a entender que me entendia. Y aunque el disfauor y los desdenes suelen matar al amor en sus 20 principios, faltandole el arrimo de la esperança, con quien suele crecer, en mi fue al contrario, porque del silencio de Eusebia tomaua alas mi esperança con que subir hasta el cielo de merecerla. Pero la inuidia o la demasiada curiosidad 25 de Libsomiro, cauallero assimismo frances, no
LIBRO II, CAPITVLO XIX p. 305 menos rico que noble, alcançó a saber mis pensamientos, y, sin ponerlos en el punto que deuia, me tuuo mas inuidia que lástima, auiendo de ser al contrario; porque ay dos males en el amor que llegan a todo estremo: el vno es 5 querer y no ser querido; el otro, querer y ser aborrecido; y a este mal no se yguala el de la ausencia ni el de los zelos. En resolucion, sin auer yo ofendido a Libsomiro, vn dia se fue al rey, y le dixo cómo yo tenia trato illicito con 10 Eusebia, en ofensa de la magestad real, y contra la ley que deuia guardar como cauallero, cuya verdad la acreditaria con sus armas, porque no queria que le mostrasse la pluma ni otros testigos, por no turbar la decencia de Eusebia, a 15 quien vna y mil vezes acusaua de impudica y mal intencionada. ”Con esta informacion, alborotado el rey, me mandó mandar, y me conto lo que Libsomiro de mi le auia contado; disculpé mi inocencia, volui 20 por la honra de Eusebia, y, por el mas comedido medio que pude, desmenti a mi enemigo. Remitiose la prueua a las armas. No quiso el rey darnos campo en ninguna tierra de su reyno, por no yr contra la ley catolica, que los prohibe. 25 Dionosle vna de las ciudades libres de Alemania. Llegóse el dia de la batalla; parecio en el puesto con las armas que se auian señalado, que eran espada y rodela, sin otro artificio alguno; hizieron los padrinos y los juezes las ceremonias 30 que en tales casos se acostumbran; partieronnos el sol, y dexaronnos. Entré yo confiado
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 306 y animoso, por saber indubitablemente que lleuaua la razon conmigo, y la verdad de mi parte; de mi contrario bien se yo que entró animoso, y mas soberuio y arrogante que seguro de su conciencia. ¡O soberanos cielos! ¡O juizios de 5 Dios inescrutables! Yo hize lo que pude; yo puse mis esperanças en Dios y en la limpieça de mis no executados desseos; sobre mi no tuuo poder el miedo, ni la debilidad de los braços, ni la puntualidad de los mouimientos; y, con todo 10 esso, y no saber dezir el cómo, me hallé tendido en el suelo, y la punta de la espada de mi enemigo puesta sobre mis ojos, amenazandome de presta y inebitable muerte. “Aprieta --dixe yo entonces--, ¡o mas venturoso que valiente 15 vencedor mio!, esta punta de espada, y sacame el alma, pues tan mal ha sabido defender su cuerpo; no esperes a que me rinda, que no ha de confessar mi lengua la culpa que no tengo. Pecados si tengo yo que merecen mayores castigos; 20 pero no quiero añadirles este de leuantarme testimonio a mi mismo, y assi, mas quiero morir con honra que viuir deshonrado.” “Si no te rindes, Renato --respondio mi contrario--, esta punta llegará hasta el celebro, y hara que 25 con tu sangre firmes y confirmes mi verdad y tu pecado.” Llegaron en esto los juezes, y tomaronme por muerto, y dieron a mi enemigo el lauro de la vitoria. Sacaronle del campo en ombros de sus amigos, y a mi me dexaron solo, en 30 poder del quebranto y de la confusion, con mas tristeza que heridas, y no con tanto dolor como
LIBRO II, CAPITVLO XIX p. 307 yo pensaua, pues no fue vastante a quitarme la vida, ya que no me la quitó la espada de mi enemigo. ”Recogieronme mis criados. Voluime a la patria. Ni en el camino, ni en ella, tenia atreuimiento 5 para alçar los ojos al cielo, que me parecia que sobre sus parpados cargaua el peso de la deshonra y la pesadumbre de la infamia; de los amigos que me hablauan, pensaua que me ofendian; el claro cielo para mi estaua cubierto de 10 obscuras tinieblas; ni vn corrillo acaso se hazía en las calles, de los vezinos del pueblo, de quien no pensasse que sus pláticas no naciessen de mi deshonra; finalmente, yo me hallé tan apretado de mis melancolias, pensamientos y confussas 15 imaginaciones, que, por salir dellas, o, a lo menos, aliuiarlas, o acabar con la vida, determiné salir de mi patria, y, renunciando mi hazienda en otro hermano menor que tengo, en vn nauio, con algunos de mis criados, quise 20 desterrarme y venir a estas setentrionales partes, a buscar lugar donde no me alcançasse la infamia de mi infame vencimiento, y donde el silencio sepultasse mi nombre. Hallé esta isla acaso; contentóme el sitio, y, con el ayuda de mis 25 criados, leuanté esta ermita, y encerreme en ella. Despedilos; diles orden que cada vn año viniessen a verme, para que enterrassen mis huessos. El amor que me tenian, las promesas que les hize, y los dones que les di, les obligaron a 30 cumplir mis ruegos, que no los quiero llamar mandamientos. Fueronse, y dexaronme entregado a
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 308 mi soledad, donde hallé tan buena compañia en estos arboles, en estas yeruas y plantas, en estas claras fuentes, en estos bulliciosos y frescos arroyuelos, que de nueuo me tuue lástima a mi mismo de no auer sido vencido muchos tiempos 5 antes, pues con aquel trabajo huuiera venido antes al descanso de gozallos. ¡O soledad, alegre compañia de los tristes! ¡O silencio, voz agradable a los oydos, donde llegas, sin que la adulacion ni la lisonja te acompañen! ¡O, qué 10 de cosas dixera, señores, en alabança de la santa soledad y del sabroso silencio! Pero estoruamelo el deziros primero cómo dentro de vn año voluieron mis criados, y truxeron consigo a mi adorada Eusebia, que es esta señora ermitaña que 15 veys presente, a quien mis criados dixeron en el término que yo quedaua, y ella, agradecida a mis desseos, y condolida de mi infamia, quiso, ya que no en la culpa, serme compañera en la pena, y, enuarcandose con ellos, dexó su 20 patria y padres, sus regalos y sus riquezas, y lo mas que dexó fue la honra, pues la dexó al vano discurso del vulgo, casi siempre engañado, pues con su huyda confirmaua su yerro y el mio. Recebila como ella esperaua que yo la recibiesse, 25 y la soledad y la hermosura, que auian de encender nuestros començados desseos, hizieron el efeto contrario, merced al cielo y a la honestidad suya. Dimonos las manos de legitimos esposos, enterramos el fuego en la nieue, y en 30 paz y en amor, como dos estatuas mouibles, ha que viuimos en este lugar casi diez años, en los
LIBRO II, CAPITVLO XIX p. 309 quales no se ha passado ninguno en que mis criados no vueluan a verme, proueyendome de algunas cosas que en esta soledad es forçoso que me falten. Traen alguna vez consigo algun religioso que nos confiesse. Tenemos en la 5 ermita suficientes ornamentos para celebrar los diuinos oficios; dormimos a parte, comemos juntos, hablamos del cielo, menospreciamos la tierra, y, confiados en la misericordia de Dios, esperamos la vida eterna. 10 Con esto dio fin a su plática Renato, y con esto dio ocasion a que todos los circunstantes se admirassen de su sucesso, no porque les pareciesse nueuo dar castigos el cielo contra la esperança de los pensamientos humanos, pues se 15 sabe que por vna de dos causas vienen los que parecen males a las gentes: a los malos, por castigo, y a los buenos, por mejora; y en el número de los buenos pusieron a Renato, con el qual gastaron algunas palabras de consuelo, y 20 ni mas ni menos con Eusebia, que se mostro prudente en los agradecimientos y consolada en su estado. --¡O vida solitaria! --dixo a esta sazon Rutilio, que, sepultado en silencio, auia estado 25 escuchando la historia de Renato--. ¡O vida solitaria --dixo--, santa, libre y segura, que infunde el cielo en las regaladas imaginaciones! ¡Quién te amara, quién te abraçara, quién te escogiera, y quién, finalmente, te gozara! 30 --Dizes bien --dixo Mauricio--, amigo Rutilio. Pero essas consideraciones han de caer sobre
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 310 grandes sujetos; porque no nos ha de causar marauilla que vn rustico pastor se retire a la soledad del campo, ni nos ha de admirar que, vn pobre que en la ciudad muere de hambre, se recoja a la soledad, donde no le ha de faltar el 5 sustento. Modos ay de viuir que los sustenta la ociosidad y la pereza, y no es pequeña pereza dexar yo el remedio de mis trabajos en las agenas, aunque misericordiosas, manos. Si yo viera a vn Anibal cartagines encerrado en vna 10 ermita, como vi a vn Carlos V cerrado en vn monasterio, suspendierame y admirarame; pero que se retire vn plebeyo, que se recoja vn pobre, ni me admira, ni me suspende. Fuera va deste cuento Renato, que le truxeron a estas 15 soledades, no la pobreza, sino la fuerça que nacio de su buen discurso. Aqui tiene en la carestia abundancia, y en la soledad compañia, y, el no tener mas que perder, le haze viuir mas seguro. 20 A lo que añadio Periandro: --Si, como tengo pocos, tuuiera muchos años, en trances y ocasiones me ha puesto mi fortuna, que tuuiera por suma felicidad que la soledad me acompañara, y en la sepultura del 25 silencio se sepultara mi nombre; pero no me dexan resoluer mis desseos ni mudar de vida la priessa que me da el cauallo de Cratilo, en quien quedé de mi historia. Todos se alegraron oyendo esto, por ver que 30 queria Periandro voluer a su tantas vezes començado y no acabado cuento, que fue assi:
p. 311 CAPITVLO VEYNTE del segundo libro Quenta lo que le sucedio con el cauallo tan estimado de Cratilo como famoso. --La grandeza, la ferocidad y la hermosura 5 del cauallo que os he descrito, tenian tan enamorado a Cratilo, y tan desseoso de verle manso, como a mi de mostrar que desseaua seruirle, pareciendome que el cielo me presentaua ocasion para hazerme agradable a los ojos de quien 10 por señor tenia, y a poder acreditar con algo las alabanças que la hermosa Sulpicia de mi al rey auia dicho. Y assi, no tan maduro como presuroso, fuy donde estaua el cauallo, y subi en el sin poner el pie en el estriuo, pues no le 15 tenia, y arremeti con el, sin que el freno fuesse parte para detenerle, y llegué a la punta de vna peña que sobre la mar pendia, y, apretandole de nueuo las piernas, con tan mal grado suyo como gusto mio, le hize bolar por el ayre y dar 20 con entrambos en la profundidad del mar; y en la mitad del buelo me acorde que, pues el mar estaua elado, me auia de hazer pedaços con el golpe, y tuue mi muerte y la suya por cierta. Pero no fue assi, porque el cielo, que para otras 25 cosas que el sabe me deue de tener guardado,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 312 hizo que las piernas y braços del poderoso cauallo resistiessen el golpe, sin recebir yo otro daño que auerme sacudido de si el cauallo y echado a rodar, resbalando, por gran espacio. Ninguno huuo en la ribera que no pensasse y 5 creyesse que yo quedaua muerto; pero, quando me vieron leuantar en pie, aunque tuuieron el sucesso a milagro, juzgaron a locura mi atreuimiento. Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto 10 del cauallo tan sin lission: que quisiera el, por lo menos, que se huuiera quebrado tres o quatro piernas, porque no dexara Periandro tan a la cortesia de los que le escuchauan la creencia de tan dessaforado salto; pero el credito que 15 todos tenian de Periandro, les hizo no passar adelante con la duda del no creerle: que, assi como es pena del mentiroso que, quando diga verdad, no se le crea, assi es gloria del bien acreditado el ser creydo quando diga mentira. 20 Y como no pudieron estoruar los pensamientos de Mauricio la plática de Periandro, prosiguio la suya, diziendo: --Volui a la ribera con el cauallo, volui assimismo a subir en el, y, por los mismos pasos 25 que primero, le incité a saltar segunda vez; pero no fue possible, porque, puesto en la punta de la leuantada peña, hizo tanta fuerça por no arrojarse, que puso las ancas en el suelo y rompio las riendas, quedandose clauado en la tierra. 30 Cubriose luego de vn sudor de pies a cabeça, tan lleno de miedo, que le voluio de leon en
LIBRO II, CAPITVLO XX p. 313 cordero, y de animal indomable en generoso cauallo, de manera que los muchachos se atreuieron a manosearle, y los cauallerizos del rey, enjaezandole, subieron en el y le corrieron con seguridad, y el mostro su ligereza y su bondad, 5 hasta entonces jamas vista; de lo que el rey quedó contentissimo, y Sulpicia alegre, por ver que mis obras auian respondido a sus palabras. ”Tres meses estuuo en su rigor el yelo, y estos se tardaron en acabar vn nauio que el rey 10 tenia començado para correr en conuenible tiempo aquellos mares, limpiandolos de cosarios, enriqueziendose con sus robos. En este entretanto, le hize algunos seruicios en la caça, donde me mostre sagaz y esperimentado, y gran 15 sufridor de trabajos; porque en ningun exercicio corresponde assi al de la guerra como el de la caça, a quien es anexo el cansancio, la sed y la hambre, y aun a vezes la muerte. La liberalidad de la hermosa Sulpicia se mostro conmigo 20 y con los mios estremada, y la cortesia de Cratilo le corrio parejas. Los doze pescadores que truxo consigo Sulpicia, estauan ya ricos, y los que conmigo se perdieron, estauan ganados. Acabóse el nauio; mandó el rey adereçarle y 25 pertrecharle de todas las cosas necessarias largamente, y luego me hizo capitan del, a toda mi voluntad, sin obligarme a que hiziesse cosa mas de aquella que fuesse de mi gusto. Y despues de auerle bessado las manos por tan gran beneficio, 30 le dixe que me diesse licencia de yr a buscar a mi hermana Auristela, de quien tenia noticia que
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 314 estaua en poder del rey de Dinamarca. Cratilo me la dio para todo aquello que quisiesse hazer, diziendome que a mas le tenia obligado mi buen término, hablando como rey, a quien es anexo tanto el hazer mercedes, como la afabilidad y, 5 si se puede dezir, la buena criança. Esta tuuo Sulpicia en todo estremo, acompañandola con la liberalidad, con la qual, ricos y contentos, yo y los mios nos enuarcamos, sin que quedasse ninguno. 10 ”La primer derrota que tomamos fue a Dinamarca, donde crei hallar a mi hermana, y lo que hallé fueron nueuas de que, de la ribera del mar, a ella y a otras donzellas las auian robado cosarios. Renouaronse mis trabajos, y començaron 15 de nueuo mis lástimas, a quien acompañaron las de Carino y Solercio, los quales creyeron que en la desgracia de mi hermana y en su prission se deuia de comprehender la de sus esposas. 20 --Sospecharon bien --dixo a esta sazon Arnaldo. Y prosiguiendo, Periandro dixo: --Barrimos todos los mares, rodeamos todas o las mas islas destos contornos, preguntando 25 siempre por nueuas de mi hermana, pareciendome a mi, con paz sea dicho de todas las hermosas del mundo, que la luz de su rostro no podia estar encubierta por ser escuro el lugar donde estuuiesse, y que la suma discrecion suya 30 auia de ser el hilo que la sacasse de qualquier laberinto. Prendimos cosarios, soltamos
LI8RO II, CAPITVLO XX p. 315 prisioneros, restituymos haziendas a sus dueños, alçamonos con las mal ganadas de otros, y con esto, colmando nuestro nauio de mil diferentes bienes de fortuna, quisieron los mios voluer a sus redes y a sus casas y a los braços de sus 5 hijos, imaginando Carino y Solercio ser possible hallar a sus esposas en su tierra, ya que en las agenas no las hallauan. Antes desto llegamos a aquella isla, que, a lo que creo, se llama Scinta, donde supimos las fiestas de Policarpo, 10 y a todos nos vino voluntad de hallarnos en ellas. No pudo llegar nuestra naue, por ser el viento contrario, y assi, en trage de marineros bogadores, nos entramos en aquel barco luengo, como ya queda dicho. Alli gané los premios, 15 alli fuy coronado por vencedor de todas las contiendas, y de alli tomó ocasion Sinforosa de dessear saber quién yo era, como se vio por las diligencias que para ello hizo. Vuelto al nauio, y resueltos los mios de dexarme, los rogue 20 que me dexassen el barco, como en premio de los trabajos que con ellos auia passado. Dexaronmele, y aun me dexaran el nauio, si yo le quisiera, diziendome que, si me dexauan solo, no era otra la ocasion sino porque les parecia ser 25 solo mi desseo, y tan impossible de alcançarle, como lo auia mostrado la esperiencia en las diligencias que auiamos hecho para conseguirle. ”En resolucion, con seys pescadores que quisieron seguirme, lleuados del premio que les di 30 y del que les ofreci, abraçando a mis amigos, me enuarqué, y puse la proa en la isla barbara, de
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 316 cuyos moradores sabía ya la costumbre y la falsa profecia que los tenia engañados, la qual no os refiero porque se que la sabeys. Di al traues en aquella isla; fuy preso, y lleuado donde estauan los viuos enterrados; sacaronme otro 5 dia para ser sacrificado; sucedio la tormenta del mar; desbarataronse los leños que seruian de barcas; sali al mar ancho en vn pedaço dellas, con cadenas que me rodeauan el cuello y esposas que me atauan las manos; cahi en las 10 misericordiosas del principe Arnaldo, que está presente, por cuya orden entré en la isla para ser espia que inuestigasse si estaua en ella mi hermana, no sabiendo que yo fuesse hermano de Auristela, la qual otro dia vino en trage de varon 15 a ser sacrificada. Conocila, doliome su dolor, preuine su muerte con dezir que era hembra, como ya lo auia dicho Cloelia, su ama, que la acompañaua; y el modo como alli las (*) dos vinieron, ella lo dira quando quisiere. Lo que en 20 la isla nos sucedio, ya lo sabeys, y con esto, y con lo que a mi hermana le queda por dezir, quedareys satisfechos de casi todo aquello que acertare a pediros el desseo en la certeza de nuestros sucessos. 25
p. 317 CAPITVLO VENTIVNO del segundo libro No se si tenga por cierto, de manera que osse afirmar, que Mauricio y algunos de los mas oyentes se holgaron de que Periandro pusiesse fin 5 en su plática, porque las mas vezes, las que son largas, aunque sean de importancia, suelen ser desabridas. Este pensamiento pudo tener Auristela, pues no quiso acreditarle con començar por entonces la historia de sus acontecimientos, 10 que, puesto que auian sido pocos desde que fue robada de poder de Arnaldo hasta que Periandro la halló en la isla barbara, no quiso añadirlos hasta mejor coyuntura; ni, aunque quisiera, tuuiera lugar para hazerlo, porque se lo 15 estoruara vna naue que vieron venir por alta mar, encaminada a la isla, con todas las velas tendidas, de modo que en breue rato llegó a vna de las calas de la isla, y luego fue de Renato conocida, el qual dixo: 20 --Esta es, señores, la naue donde mis criados y mis amigos suelen visitarme algunas vezes. Ya en esto, echa la çaloma (*) y arrojado el esquife al agua, se llenó de gente, que salio a la ribera, donde ya estauan para recebirle Renato 25 y todos los que con el estauan. Hasta veynte serian los desembarcados, entre los quales salio
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 318 vno de gentil presencia, que mostro ser señor de todos los demas, el qual, apenas vio a Renato, quando con los braços abiertos se vino a el, diziendole: --Abraçame, hermano, en albricias de que te 5 traygo las mejores nueuas que pudieras dessear. Abraçóle Renato, porque conocio ser su hermano Sinibaldo, a quien dixo: --Ningunas nueuas me pueden ser mas agradables, ¡o hermano mio!, que ver tu presencia: 10 que, puesto que en el siniestro estado en que me veo, ninguna alegria sería bien que me alegrasse, el verte, passa adelante, y tiene excepcion en la comun regla de mi desgracia. Sinibaldo se (*) voluio luego a abraçar a 15 Eusebia, y le dixo: --Dadme tambien vos los braços, señora, que tambien me deueys las albricias de las nueuas que traygo, las quales no será bien dilatarlas, porque no se dilate mas vuestra pena. Sabed, 20 señores, que vuestro enemigo es muerto de vna enfermedad que, auiendo estado seys dias antes que muriesse sin habla, se la dio el cielo seys horas antes que despidiesse el alma, en el qual espacio, con muestras de vn grande arrepentimiento, 25 confessó la culpa en que auia caydo de aueros acusado falsamente; confessó su enuidia, declaró su malicia, y, finalmente, hizo todas las demostraciones vastantes a manifestar su pecado. Puso en los secretos juyzios de Dios el auer 30 salido vencedora su maldad contra la bondad vuestra, y no sólo se contentó con dezirlo, sino
LIBRO II, CAPITVLO XXI p. 319 que quiso que quedasse por instrumento público esta verdad; la qual sabida por el rey, tambien por público instrumento os voluio vuestra honra, y os declaró a ti, ¡o hermano!, por vencedor, y a Eusebia por honesta y limpia, y 5 ordenó que fuessedes buscados, y que, hallados, os lleuassen a su presencia, para recompensaros con su magnanimidad y grandeza las estrecheças en que os deueys de auer visto. Si estas son nueuas dignas de que os den gusto, a vuestra 10 buena consideracion lo dexo. --Son tales --dixo entonces Arnaldo--, que no ay acrecentamiento de vida que las auentaje, ni possession de no esperadas riquezas que las lleguen; porque la honra perdida y vuelta a cobrar 15 con estremo, no tiene bien alguno la tierra que se le iguale. Gozeysle luengos años, señor Renato, y gozele en vuestra compañia la sin par Eusebia, yedra de vuestro muro, olmo de vuestra yedra, espejo de vuestro gusto, y exemplo de 20 bondad y agradecimiento. Este mismo parabien, aunque con palabras diferentes, les dieron todos, y luego passaron a preguntarle por nueuas de lo que en Europa passaua y en otras partes de la tierra, de quien 25 ellos, por andar en el mar, tenian poca noticia. Sinibaldo respondio que, de lo que mas se trataua, era de la calamidad en que estaua puesto por el rey de los danaos, Leopold[i]o, el rey antiguo de Dinamarca, y por otros allegados que 30 a Leopold[i]o fauorecian. Conto assimismo cómo se murmuraua que, por la ausencia de Arnaldo,
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 320 principe heredero de Dinamarca, estaua su padre tan a pique de perderse, del qual principe dezian que, qual mariposa, se yua tras la luz de vnos bellos ojos de vna su prisionera, tan no conocida por linage, que no se sabía quién 5 fuessen sus padres. Conto con esto guerras del de Transiluania, mouimientos del turco, enemigo comun del genero humano; dio nueuas de la gloriosa muerte de Carlos V, rey de España y emperador romano, terror de los enemigos de 10 la Yglesia y assombro de los sequazes de Mahoma; dixo assimismo otras cosas mas menudas, que vnas alegraron y otras suspendieron, y las vnas y las otras dieron gusto a todos, si no fue al pensatiuo Arnaldo, que, desde el punto que 15 oyo la opresion de su padre, puso los ojos en el suelo y la mano en la mexilla, y, al cabo de vn buen espacio que assi estuuo, quitó los ojos de la tierra, y, poniendolos en el cielo, exclamando en voz alta, dixo: 20 --¡O amor, o honra, o compassion paterna, y cómo me apretays el alma! Perdoname, amor, que, no porque me aparto, te dexo; esperame, ¡o honra!, que, no porque tenga amor, dexaré de seguirte; consuelate, ¡o padre!, que ya vueluo; 25 esperadme, vassallos, que el amor nunca hizo ninguno couarde, ni lo he de ser yo en defenderos, pues soy el mejor y el mas bien enamorado del mundo. Para la sin par Auristela quiero yr a ganar lo que [se] que es mio, y para 30 poder merecer, por ser rey, lo que no merezco por ser amante: que el amante pobre, si la ventura a
LIBRO II, CAPITVLO XXI p. 321 manos llenas no le fauorece, casi no es possible que llegue a felice fin su desseo. Rey la quiero pretender, rey la he de seruir, amante la he de adorar; y, si con todo esto no la pudiere merecer, culparé mas a mi suerte que a su 5 conocimiento. Todos los circunstantes quedaron suspensos oyendo las razones de Arnaldo; pero el que mas lo quedó de todos fue Sinibaldo, a quien Mauricio auia dicho cómo aquel era el principe de 10 Dinamarca, y aquella, mostrandole a Auristela, la prisionera que dezian que le traia rendido. Puso algo mas de proposito los ojos en Auristela Sinibaldo, y luego juzgó a discrecion la que en Arnaldo parecia locura, porque la belleza de 15 Auristela, como otras vezes se ha dicho, era tal, que cautiuaua los coraçones de quantos la mirauan, y hallauan en ella disculpa todos los errores que por ella se hizieran. Es, pues, el caso, que aquel mismo dia se concerto que Renato 20 y Eusebia se voluiessen a Francia, lleuando en su nauio a Arnaldo para dexalle en su reyno, el qual quiso lleuar consigo a Mauricio y a Transila, su hija, y a Ladislao, su yerno, y que, en el nauio de la huyda, prosiguiendo su 25 viage, fuessen a España Periandro, los dos Antonios, Auristela, Ricla y la hermosa Constança. Rutilio, viendo este repartimiento, estuuo esperando a qué parte le echarian; pero, antes que la declarassen, puesto de rodillas ante Renato, 30 le suplicó le hiziesse heredero de sus alajas, y le dexasse en aquella isla, siquiera para que no
PERSILES Y SIGISMVNDA p. 322 faltasse en ella quien encendiesse el farol que guiasse a los perdidos nauegantes; porque el queria acabar bien la vida, hasta entonces mala. Reforçaron todos su christiana peticion, y el buen Renato, que era tan christiano como liberal, 5 le concedio todo quanto pedia, diziendole que quisiera que fueran de importancia las cosas que le dexaua, puesto que eran todas las necessarias para cultiuar la tierra y passar la vida humana; a lo que añadio Arnaldo que el le prometia, 10 si se viesse pacifico en su reyno, de embiarle cada vn año vn vagel que le socorriesse. A todos hizo señales de bessar los pies Rutilio, y todos le abraçaron, y los mas dellos lloraron de ver la santa resolucion del nueuo ermitaño: 15 que, aunque la nuestra no se enmiende, siempre da gusto ver enmendar la agena vida, si no es que llega a tanto la proterbidad nuestra, que querriamos ser el abismo que a otros abismos llamase. 20 Dos dias tardaron en disponerse y acomodarse para seguir cada vno su viage, y, al punto de la partida, huuo cortesses comedimientos, especialmente entre Arnaldo, Periandro y Auristela; y aunque entre ellos se mezclaron amorosas 25 razones, todas fueron honestas y comedidas, pues no alborotaron el pecho de Periandro. Lloró Transila; no tuuo enjutos los ojos Mauricio, ni lo estuuieron los de Ladislao; gimio Ricla, enterneciose Constança, y su padre y su hermano 30 tambien se mostraron tiernos. Andaua Rutilio de vnos en otros, ya vestido con los habitos
LIBRO II, CAPITVLO XXI p. 323 de ermitaño de Renato, despidiendose destos y de aquellos, mezclando solloços y lagrimas todo a vn tiempo. Finalmente, combidandoles el sossegado tiempo, y vn viento que podia seruir a diferentes viages, se enuarcaron, y 5 le dieron las velas, y Rutilio mil bendiciones, puesto en lo alto de las ermitas. Y aqui dio fin a este segundo libro el autor desta peregrina historia.
p.324 ÍNDICE Páginas _______ Introducción.................................. Portada de la primera edición................. XLVII Tassa......................................... XLIX Fee de erratas................................ XLlX Licencia...................................... L Aprouacion.................................... LI De don Francisco de Vrbina a Miguel de Ceruantes, insigne y christiano ingenio de nuestros tiempos, a quien lleuaron los Terceros de san Francisco a enterrar con la cara descubierta, como a Tercero que era......... LIII A el sepulcro de Miguel de Cervantes Saavedra, ingenio christiano, por Luys Francisco Calderon.................................... LIII A don Pedro Fernandez de Castro, Conde de Lemos....................................... LV Prologo....................................... LVII LIBRO PRIMERO Capítulo I..................................... 1 Capítulo II.................................... 7 Capítulo III................................... 17 Capítulo IV.................................... 21 Capítulo V.--De la cuenta que dio de si el barbaro español a sus nueuos huespedes....... 31
ÍNDICE p. 325 Páginas _______ Capítulo VI.--Donde el barbaro español prosigue su historia.................................. 41 Capítulo VII................................... 52 Capítulo VIII.--Donde Rutilio da cuenta de su vida......................................... 56 Capítulo IX.--Donde Rutilio prosigue la historia de su vida.......................... 63 Capítulo X.--De lo que conto el enam portugues.................................... 69 Capítulo XI.................................... 76 Capítulo XII.--Donde se cuenta de qué parte y quién eran los que venian en el nauio...... 81 Capítulo XIII.--Donde Transila prosigue la historia a quien su padre dio principio...... 88 Capítulo XIV.--Donde se declara quién eran los que tan aherrojados venian............... 93 Capítulo XV.................................... 99 Capítulo XVI................................... 102 Capítulo XVII.--Da cuenta Arnaldo del sucesso de Taurisa................................... 107 Capítulo XVIII.--Donde Mauricio sabe por la astrologia vn mal sucesso que les auino en el mar....................................... 110 Capítulo XIX.--Donde se da cuenta de lo que dos soldados hizieron, y la diuision de Periandro y Auristela ....................... 123 Capítulo XX.--De vn notable caso que sucedio en la isla neuada............................ 131 Capítulo XXI................................... 137 Capítulo XXII.--Donde el capitan da cuenta de las grandes fiestas que acostumbraua a hazer en su reyno el rey Policarpo........... 140 Capítulo XXIII.--De lo que sucedio a la zelosa Auristela quando supo que su hermano Periandro era el que auia ganado los premios del certamen................................. 148
ÍNDICE p. 326 Páginas _______ LIBRO SEGVNDO Capítulo I.--Donde se cuenta cómo el nauio se volco, con todos los que dentro del yuan.. Capítulo II.--Donde se cuenta vn estraño sucesso...................................... 159 Capítulo III................................... 168 Capítulo IV.--Donde se prosigue la historia y amores de Sinforosa ......................... 175 Capítulo V.--De lo que passó entre el rey Policarpo y su hija Sinforosa................ 181 Capítulo VI.................................... 191 Capítulo VII (primera parte)................... 197 Capítulo VII (segunda parte)................... 205 Capítulo VIII.--Da Clodio el papel a Auristela; Antonio, el barbaro, le mata por yerro....... 213 Capítulo IX.................................... 22O Capítulo X.--Cuenta Periandro el sucesso de su viage..................................... 225 Capítulo XI.................................... 238 Capítulo XII.--Prosigue Periandro su agradable historia, y el robo de Auristela............. 244 Capítulo XIII.--Da cuenta Periandro de vn notable caso que le sucedio en el mar........ 254 Capítulo XIV................................... 264 Capítulo XV.................................... 273 Capítulo XVI.--Prosigue Periandro su historia.. 280 Capítulo XVII.................................. 286 Capítulo XVIII ................................ 294 Capítulo XIX.--Cuenta Renato la ocasion que tuuo para yrse a la isla de las Ermitas...... 304 Capítulo XX.--Quenta lo que le sucedio con el cauallo tan estimado de Cratilo como famoso....................................... 311 Capítulo XXI. ................................. 317


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