Last updated on March 5, 1999, 12:40 p.m.

OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO IV Versión modernizada Texto electrónico por Fred F. Jehle Copyright © 1918 Rodolfo Schevill Copyright © 1998 Fred F. Jehle & Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO IV EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ Calle del Barquillo, núm. 8. M. CM. XVIII.
p. 3
p. 145 ENTREMES DEL viejo celoso. Salen doña Lorenza, y Cristina, su criada, y Hortigosa, su vecina. D.ª Lor. Milagro ha sido éste, señora Hortigosa, 5 el no haber dado la vuelta a la llave mi duelo, mi yugo y mi desesperación. Este es el primero día, después que me casé con él, que hablo con persona de fuera de casa. ¡Que fuera le vea yo 10 de esta vida a él y a quien con él me casó! Hor. Ande, mi señora doña Lorenza, no se queje tanto, que con una caldera vieja se compra otra nueva. 15 D.ª Lor. Y aun con esos y otros semejantes villancicos o refranes me engañaron a mí. ¡Que malditos sean sus dineros, fuera de las cruces, malditas sus joyas, malditas sus galas, y maldito todo 20 cuanto me da y promete! ¿De qué me sirve a mí todo aquesto, si en mitad de la riqueza estoy pobre, y, en medio de la abundancia, con hambre? Cris. En verdad, señora tía, que tienes 25
ENTREMES p. 146 razón: que más quisiera yo andar con un trapo atrás y otro adelante, y tener un marido mozo, que verme casada y enlodada con ese viejo podrido que tomaste por esposo. 5 D.ª Lor. ¿Yo le tomé, sobrina? A la fe, diómele quien pudo, y yo, como muchacha, fui más presta al obedecer que al contradecir. Pero si yo tuviera tanta experiencia de estas cosas, antes me 10 tarazara la lengua con los dientes, que pronunciar aquel sí, que se pronuncia con dos letras y da que llorar dos mil años. Pero yo imagino que no fue otra cosa sino que había de ser ésta, y que las 15 que han de suceder forzosamente, no hay prevención ni diligencia humana que las prevenga. Cris. ¡Jesús y del mal viejo! Toda la noche: “daca el orinal, toma el orinal; 20 levántate, Cristinica, y caliéntame unos paños, que me muero de la ijada; dame aquellos juncos, que me fatiga la piedra.” Con más ungüentos y medicinas en el aposento que si fuera una botica. 25 Y yo, que apenas sé vestirme, tengo de servirle de enfermera. ¡Pux, pux, pux! ¡Viejo clueco, tan potroso como celoso, y el más celoso del mundo! D.ª Lor. Dice la verdad mi sobrina. 30 Cris. ¡Pluguiera a Dios que nunca yo la dijera en esto!
DEL VIEJO CELOSO p. 147 Hor. Ahora bien, señora doña Lorenza, vuestra merced haga lo que le tengo aconsejado, y verá cómo se halla muy bien con mi consejo. El mozo es como un jinjo verde: quiere bien, sabe callar 5 y agradecer lo que por él se hace; y pues los celos y el recato del viejo no nos dan lugar a demandas ni a respuestas, resolución y buen ánimo, que, por la orden que hemos dado, yo le 10 pondré al galán en su aposento de vuestra merced y le sacaré, si bien tuviese el viejo más ojos que Argos y viese más que un zahorí, que dicen que ve siete estados debajo de la 15 tierra. D.ª Lor. Como soy primeriza, estoy temerosa, y no querría, a trueco del gusto, poner a riesgo la honra. Cris. Eso me parece, señora tía, a lo del 20 cantar de Gómez Arias: “Señor Gómez Arias, doleos de mí: soy niña y muchacha; nunca en tal me vi.” 25 D.ª Lor. Algún espíritu malo debe de hablar en ti, sobrina, según las cosas que dices. Cris. Yo no sé quién habla; pero yo sé que haría todo aquello que la señora Hortigosa ha dicho, sin faltar punto. 30 D.ª Lor. ¿Y la honra, sobrina?
ENTREMES p. 148 Cris. ¿Y el holgarnos, tía? D.ª Lor. ¿Y si se sabe? Cris. ¿Y si no se sabe? D.ª Lor. ¿Y quién me asegurará a mí que no se sepa? 5 Hor. ¿Quién? La buena diligencia, la sagacidad, la industria, y, sobre todo, el buen ánimo y mis trazas. Cris. Mire, señora Hortigosa, tráiganosle galán, limpio, desenvuelto, un poco atrevido, 10 y, sobre todo, mozo. Hor. Todas esas partes tiene el que he propuesto, y otras dos más: que es rico y liberal. D.ª Lor. Que no quiero riquezas, señora 15 Hortigosa; que me sobran las joyas, y me ponen en confusión las diferencias de colores de mis muchos vestidos. Hasta eso no tengo que desear, que Dios le dé salud a Cañizares: más vestida 20 me tiene que un palmito, y con más joyas que la vidriera de un platero rico. No me clavara él las ventanas, cerrara las puertas, visitara a todas horas la casa, desterrara de ella los 25 gatos y los perros, solamente porque tienen nombre de varón; que, a trueco de que no hiciera esto y otras cosas no vistas en materia de recato, yo le perdonara sus dádivas y mercedes. 30 Hor. ¿Qué, tan celoso es? D.ª Lor. Digo que le vendían el otro día una
DEL VIEJO CELOSO p. 149 tapicería a bonísimo precio, y por ser de figuras no la quiso, y compró otra de verduras por mayor precio, aunque no era tan buena. Siete puertas hay antes que se llegue a mi aposento, fuera 5 de la puerta de la calle, y todas se cierran con llave, y las llaves no me ha sido posible averiguar dónde las esconde de noche. Cris. Tía, la llave de loba creo que se la 10 pone entre las faldas de la camisa. D.ª Lor. No lo creas, sobrina: que yo duermo con él, y jamás le he visto ni sentido que tenga llave alguna. Cris. Y más, que toda la noche anda como 15 trasgo por toda la casa, y si acaso dan alguna música en la calle, les tira de pedradas porque se vayan. Es un malo, es un brujo, es un viejo: que no tengo más que decir. 20 D.ª Lor. Señora Hortigosa, váyase, no venga el gruñidor y la halle conmigo, que sería echarlo a perder todo. Y lo que ha de hacer, hágalo luego: que estoy tan aburrida, que no me falta sino echarme 25 una soga al cuello, por salir de tan mala vida. Hor. Quizá con esta que ahora se comenzará, se le quitará toda esa mala gana, y le vendrá otra más saludable y que 30 más la contente. Cris. Así suceda, aunque me costase a mí
ENTREMES p. 150 un dedo de la mano: que quiero mucho a mi señora tía, y me muero de verla tan pensativa y angustiada en poder de este viejo, y reviejo, y más que viejo, y no me puedo hartar de decirle viejo. 5 D.ª Lor. Pues en verdad que te quiere bien, Cristina. Cris. ¿Deja por eso de ser viejo? Cuanto más, que yo he oído decir que siempre los viejos son amigos de niñas. 10 Hor. Así es la verdad, Cristina. Y a Dios, que, en acabando de comer, doy la vuelta. Vuestra merced esté muy en lo que dejamos concertado, y verá cómo salimos y entramos bien en ello. 15 Cris. Señora Hortigosa, hágame merced de traerme a mí un frailecico pequeñito con quien yo me huelgue. Hor. Yo se le traeré a la niña pintado. Cris. Que no le quiero pintado, sino vivo, 20 vivo, chiquito como unas perlas. D.ª Lor. ¿Y si lo ve tío? Cris. Diréle yo que es un duende, y tendrá de él miedo, y holgaréme yo. Hor. Digo que yo le traeré, y a Dios. 25 Vase Hortigosa. Cris. Mire, tía: si Hortigosa trae al galán y a mi frailecico, y si señor los viere, no tenemos más que hacer sino cogerle entre todos y ahogarle, y echarle en 30 el pozo o enterrarle en la caballeriza.
DEL VIEJO CELOSO p. 151 D.ª Lor. Tal eres tú, que creo lo harías mejor que lo dices. Cris. Pues no sea el viejo celoso, y déjenos vivir en paz, pues no le hacemos mal alguno, y vivimos como unas santas. 5 Entranse. Entran Cañizares, viejo, y un compadre suyo. Cañi. Señor compadre, señor compadre, el setentón que se casa con quince, o carece de entendimiento, o tiene gana 10 de visitar el otro mundo lo más presto que le sea posible. Apenas me casé con doña Lorencica, pensando tener en ella compañía y regalo, y persona que se hallase en mi cabecera y me 15 cerrase los ojos al tiempo de mi muerte, cuando me embistieron una turbamulta de trabajos y desasosiegos: tenía casa, y busqué casar; estaba posado, y desposéme. 20 Com. Compadre, error fue, pero no muy grande; porque, según el dicho del Apóstol, mejor es casarse que abrasarse. Cañi. Que no había que abrasar en mí, señor 25 compadre, que con la menor llamarada quedara hecho ceniza. Compañía quise, compañía busqué, compañía hallé; pero Dios lo remedie, por quien él es. 30 Com. ¿Tiene celos, señor compadre?
ENTREMES p. 152 Cañi. Del sol que mira a Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que la vapulan. Com. ¿Dale ocasión? Cañi. ¡Ni por pienso! Ni tiene por qué, ni 5 cómo, ni cuándo, ni adónde. Las ventanas, amén de estar con llave, las guarnecen rejas y celosías; las puertas jamás se abren; vecina no atraviesa mis umbrales, ni le atravesará 10 mientras Dios me diere vida. Mirad, compadre: no les vienen los malos aires a las mujeres de ir a los jubileos, ni a las procesiones, ni a todos los actos de regocijos públicos; donde ellas se 15 mancan, donde ellas se estropean, y adonde ellas se dañan, es en casa de las vecinas y de las amigas. Más maldades encubre una mala amiga, que la capa de la noche; más conciertos se 20 hacen en su casa y más se concluyen, que en una asamblea. Com. Yo así lo creo. Pero si la señora doña Lorenza no sale de casa, ni nadie entra en la suya, ¿de qué vive descontento 25 mi compadre? Cañi. De que no pasará mucho tiempo en que no caiga Lorencica en lo que le falta, que será un mal caso, y tan malo, que en sólo pensarlo le temo, y 30 de temerle me desespero, y de desesperarme vivo con disgusto.
DEL VIEJO CELOSO p. 153 Com. Y con razón se puede tener ese temer, porque las mujeres querrían gozar enteros los frutos del matrimonio. Cañi. La mía los goza doblados. Com. Ahí está el daño, señor compadre. 5 Cañi. No, no; ni por pienso; porque es más simple Lorencica que una paloma, y hasta ahora no entiende nada de esas filaterías. Y a Dios, señor compadre que me quiero entrar en casa. 10 Com. Yo quiero entrar allá, y ver a mi señora doña Lorenza. Cañi. Habéis de saber, compadre, que los antiguos latinos usaban de un refrán que decía: Amicus usque ad aras, que 15 quiere decir: “El amigo hasta el altar”; infiriendo que el amigo ha de hacer por su amigo todo aquello que no fuere contra Dios. Y yo digo que mi amigo usque ad portam, hasta la puerta: 20 que ninguno ha de pasar mis quicios. Y a Dios, señor compadre, y perdóneme. Entrase Cañizares. Com. En mi vida he visto hombre más recatado, 25 ni más celoso, ni más impertinente. Pero éste es de aquellos que traen la soga arrastrando, y de los que siempre vienen a morir del mal que temen. 30 Entrase el compadre.
ENTREMES p. 154 Salen doña Lorenza y Cristinica. Cris. Tía, mucho tarda tío, y más tarda Hortigosa. D.ª Lor. Mas que nunca él acá viniese, ni ella tampoco; porque él me enfada, y ella 5 me tiene confusa. Cris. Todo es probar, señora tía; y cuando no saliere bien, darle del codo. D.ª Lor. ¡Ay, sobrina! Que estas cosas, o yo sé poco, o sé que todo el daño está en 10 probarlas. Cris. A fe, señora tía, que tiene poco ánimo, y que, si yo fuera de su edad, que no me espantaran hombres armados. D.ª Lor. Otra vez torno a decir, y diré cien 15 mil veces, que Satanás habla en tu boca. Mas, ¡ay! ¿Cómo se ha entrado señor? Cris. Debe de haber abierto con la llave maestra. 20 D.ª Lor. ¡Encomiendo yo al diablo sus maestrías y sus llaves! Entra Cañizares. Cañi. ¿Con quién hablabais, doña Lorenza? D.ª Lor. Con Cristinica hablaba. 25 Cañi. Miradlo bien, doña Lorenza. D.ª Lor. Digo que hablaba con Cristinica. ¿Con quién había de hablar? ¿Tengo yo, por ventura, con quién? Cañi. No querría que tuvieseis algún 30
DEL VIEJO CELOSO p. 155 soliloquio con vos misma, que redundase en mi perjuicio. D.ª Lor. Ni entiendo esos circunloquios que decís, ni aun los quiero entender; y tengamos la fiesta en paz. 5 Cañi. Ni aun las vísperas no querría yo tener en guerra con vos. Pero ¿quién llama a aquella puerta con tanta prisa? Mira, Cristinica, quién es, y, si es pobre, dale limosna y despídele. 10 Cris. ¿Quién está ahí? Hor. La vecina Hortigosa es, señora Cristina. Cañi. ¿Hortigosa, y vecina? ¡Dios sea conmigo! Pregúntale, Cristina, lo que quiere, y dáselo, con condición que no atraviese 15 esos umbrales. Cris. ¿Y qué quiere, señora vecina? Cañi. El nombre de vecina me turba y sobresalta. Llámala por su propio nombre, Cristina. 20 Cris. Responda. ¿Y qué quiere, señora Hortigosa? Hor. Al señor Cañizares quiero suplicar un poco, en que me va la honra, la vida y el alma. 25 Cañi. Decidle, sobrina, a esa señora, que a mí me va todo eso y más en que no entre acá dentro. D.ª Lor. ¡Jesús, y qué condición tan extravagante! ¿Aquí no estoy delante de vos? 30 ¿Hanme de comer de ojo? ¿Hanme de llevar por los aires?
ENTREMES p. 156 Cañi. ¡Entre con cien mil Belcebúes, pues vos lo queréis! Cris. Entre, señora vecina. Cañi. ¡Nombre fatal para mí es el de vecina! Entra Hortigosa, y trae un guadamecí, y en las pieles 5 de las cuatro esquinas han de venir pintados Rodamonte, Mandricardo, Rugero y Gradaso, y Rodamonte venga pintado como arrebozado. Hor. Señor mío de mi alma, movida e incitada de la buena fama de vuestra merced, 10 de su gran caridad y de sus muchas limosnas, me he atrevido de venir a suplicar a vuestra merced me haga tanta merced, caridad y limosna y buena obra, de comprarme este 15 guadamecí, porque tengo un hijo preso por unas heridas que dio a un tundidor, y ha mandado la justicia que declare el cirujano, y no tengo con qué pagarle, y corre peligro no le echen 20 otros embargos, que podrían ser muchos, a causa que es muy travieso mi hijo, y querría echarle hoy o mañana, si fuese posible, de la cárcel. La obra es buena, el guadamecí nuevo, y, 25 con todo eso, le daré por lo que vuestra merced quisiere darme por él: que en más está la monta, y como esas cosas he perdido yo en esta vida. Tenga vuestra merced de esa punta, señora 30 mía, y descojámosle, porque no vea el
DEL VIEJO CELOSO p. 157 señor Cañizares que hay engaño en mis palabras. Alce más, señora mía, y mire cómo es bueno de caída. Y las pinturas de los cuadros parece que están vivas. 5 Al alzar y mostrar el guadamecí, entra por detrás de él un galán, y, como Cañizares ve los retratos, dice: Cañi. ¡Oh, qué lindo Rodamonte! ¿Y qué quiere el señor rebozadito en mi casa? Aun si supiese que tan amigo soy yo 10 de estas cosas y de estos rebocitos, espantarse ía. Cris. Señor tío, yo no sé nada de rebozados; y si él ha entrado en casa, la señora Hortigosa tiene la culpa: que a 15 mí el diablo me lleve si dije ni hice nada para que él entrase. No, en mi conciencia; aun el diablo sería si mi señor tío me echase a mí la culpa de su entrada. 20 Cañi. Ya yo lo veo, sobrina, que la señora Hortigosa tiene la culpa; pero no hay de qué maravillarme, porque ella no sabe mi condición, ni cuán enemigo soy de aquestas pinturas. 25 D.ª Lor. Por las pinturas lo dice, Cristinica, y no por otra cosa. Cris. Pues por ésas digo yo. ¡Ay, Dios sea conmigo! Vuelto se me ha el ánima al cuerpo, que ya andaba por los aires. 30 D.ª Lor. ¡Quemado vea yo ese pico de once
ENTREMES p. 158 varas! En fin, quien con muchachos se acuesta, &c. Cris. ¡Ay, desgraciada, y en qué peligro pudiera haber puesto toda esta baraja! Cañi. Señora Hortigosa, yo no soy amigo de 5 figuras rebozadas ni por rebozar. Tome este doblón, con el cual podrá remediar su necesidad, y váyase de mi casa lo más presto que pudiere; y ha de ser luego, y llévese su guadamecí. 10 Hor. Viva vuestra merced más años que Matute el de Jerusalén, en vida de mi señora doña..., no sé cómo se llama, a quien suplico me mande, que la serviré de noche y de día, con la vida y 15 con el alma, que la debe de tener ella como la de una tortolica simple. Cañi. Señora Hortigosa, abrevie y váyase, y no se esté ahora juzgando almas ajenas. 20 Hor. Si vuestra merced hubiere menester algún pegadillo para la madre, téngolos milagrosos; y si para mal de muelas, sé unas palabras que quitan el dolor como con la mano. 25 Cañi. Abrevie, señora Hortigosa, que doña Lorenza, ni tiene madre, ni dolor de muelas: que todas las tiene sanas y enteras, que en su vida se ha sacado muela alguna. 30 Hor. Ella se las sacará, placiendo al cielo, porque le dará muchos años de vida,
DEL VIEJO CELOSO p. 159 y la vejez es la total destrucción de la dentadura. Cañi. ¡Aquí de Dios, que no será posible que me deje esta vecina! ¡Hortigosa, o diablo, o vecina, o lo que eres, vete 5 con Dios, y déjame en mi casa! Hor. Justa es la demanda, y vuestra merced no se enoje, que ya me voy. Vase Hortigosa. Cañi. ¡Oh vecinas, vecinas! Escaldado quedo 10 aun de las buenas palabras de esta vecina, por haber salido por boca de vecina. D.ª Lor. Digo que tenéis condición de bárbaro y de salvaje. ¿Y qué ha dicho esta 15 vecina, para que quedéis con la ojeriza contra ella? Todas vuestras buenas obras las hacéis en pecado mortal. Dísteisle dos docenas de reales, acompañados con otras dos docenas 20 de injurias, ¡boca de lobo, lengua de escorpión y silo de malicias! Cañi. No, no; a mal viento va esta parva. No me parece bien que volváis tanto por vuestra vecina. 25 Cris. Señora tía, éntrese allí dentro y desenójese, y deje a tío, que parece que está enojado. D.ª Lor. Así lo haré, sobrina, y aun quizá no me verá la cara en estas dos horas; y 30
ENTREMES p. 160 a fe que yo se la dé a beber, por más que la rehúse. Entrase doña Lorenza. Cris. Tío, ¿no ve cómo ha cerrado de golpe? Y creo que va a buscar una tranca 5 para asegurar la puerta. Doña Lorenza, por dentro: [D.ª Lor.] ¡Cristinica, Cristinica! Cris. ¿Qué quiere, tía? D.ª Lor. ¡Si supieses qué galán me ha deparado 10 la buena suerte! Mozo, bien dispuesto, pelinegro, y que le huele la boca a mil azahares. Cris. ¡Jesús, y qué locuras, y qué niñerías! ¿Está loca, tía? 15 D.ª Lor. No estoy sino en todo mi juicio; y en verdad que, si le vieses, que se te alegrase el alma. Cris. ¡Jesús, y qué locuras, y qué niñerías! Ríñala, tío, porque no se atreva, ni 20 aun burlando, a decir deshonestidades. Cañi. ¡Bobear, Lorenza! ¡Pues a fe que no estoy yo de gracia para sufrir esas burlas! Dª. Lor. Que no son sino veras; y tan veras, 25 que en este género no pueden ser mayores. Cris. ¡Jesús, y qué locuras, y qué niñerías! Y dígame, tía: ¿está ahí también mi frailecico? 30
DEL VIEJO CELOSO p. 161 D.ª Lor. No sobrina; pero otra vez vendrá, si quiere Hortigosa, la vecina. Cañi. Lorenza, di lo que quisieres; pero no tomes en tu boca el nombre de vecina, que me tiemblan las carnes en oírle. 5 D.ª Lor. También me tiemblan a mí por amor de la vecina. Cris. ¡Jesús, y qué locuras, y qué niñerías! D.ª Lor. ¡Ahora echo de ver quién eres, viejo maldito; que hasta aquí he vivido 10 engañada contigo! Cris. ¡Ríñala, tío; ríñala, tío; que se desvergüenza mucho! D.ª Lor. Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía llena 15 de agua de ángeles, porque su cara es como la de un ángel pintado. Cris. ¡Jesús, y qué locuras, y qué niñerías! ¡Despedácela, tío! Cañi. No la despedazaré yo a ella, sino a la 20 puerta que la encubre. D.ª Lor. No hay para qué: vela aquí abierta. Entre, y verá cómo es verdad cuanto le he dicho. Cañi. Aunque sé que te burlas, sí entraré, 25 para desenojarte. Al entrar Cañizares, danle con una bacía de agua en los ojos; él vase a limpiar; acuden sobre él Cristina y doña Lorenza, y en este ínterin sale el galán y vase. 30 Cañi. ¡Por Dios, que por poco me cegaras,
ENTREMES p. 162 Lorenza! ¡Al diablo se dan las burlas que se arremeten a los ojos! D.ª Lor. ¡Mirad con quién me casó mi suerte, sino con el hombre más malicioso del mundo! ¡Mirad cómo dio crédito a mis 5 mentiras, por su... fundadas en materia de celos, que menoscabada y asendereada sea mi ventura! ¡Pagad vosotros, cabellos, las deudas de este viejo. ¡Llorad vosotros, ojos, las culpas de este 10 maldito! ¡Mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito, pues de las sospechas hace certezas, de las mentiras verdades, de las burlas veras, y de los entretenimientos maldiciones! ¡Ay, que 15 se me arranca el alma! Cris. Tía, no dé tantas voces, que se juntará la vecindad. De dentro: Just. ¡Abran esas puertas! ¡Abran luego! ¡Si 20 no, echarélas en el suelo! D.ª Lor. Abre, Cristinica, y sepa todo el mundo mi inocencia y la maldad de este viejo. Cañi. ¡Vive Dios, que creí que te burlabas! ¡Lorenza, calla! 25 Entran el alguacil, y los músicos, y el bailarín, y Hortigosa. Alg. ¿Qué es esto? ¿Qué pendencia es ésta? ¿Quién daba aquí voces? Cañi. Señor, no es nada; pendencias son 30
DEL VIEJO CELOSO p. 163 entre marido y mujer, que luego se pasan. Mús. Por Dios, que estábamos mis compañeros y yo, que somos músicos, aquí, pared y medio, en un desposorio, y a 5 las voces hemos acudido con no pequeño sobresalto, pensando que era otra cosa. Hor. Y yo también, en mi ánima pecadora. Cañi. Pues en verdad, señora Hortigosa, 10 que, si no fuera por ella, que no hubiera sucedido nada de lo sucedido. Hor. Mis pecados lo habrán hecho: que soy tan desdichada, que, sin saber por dónde ni por dónde no, se me echan 15 a mí las culpas que otros cometen. Cañi. Señores, vuestras mercedes todos se vuelvan norabuena, que yo les agradezco su buen deseo; que ya yo y mi esposa quedamos en paz. 20 D.ª Lor. Sí quedaré, como le pida primero perdón a la vecina, si alguna cosa mala pensó contra ella. Cañi. Si a todas las vecinas de quien yo pienso mal hubiese de pedir perdón, 25 sería nunca acabar; pero, con todo eso, yo se le pido a la señora Hortigosa. Hor. Y yo le otorgo, para aquí y para delante de Pero García. 30 Mús. Pues en verdad que no habemos de haber venido en balde; toquen mis
ENTREMES p. 164 compañeros, y baile el bailarín, y regocíjense las paces con esta canción. Cañi. Señores, no quiero música; yo la doy por recibida. Mús. Pues aunque no la quiera. 5 “El agua de por San Juan quita vino, y no da pan; las riñas de por San Juan todo el año paz nos dan. Llover el trigo en las eras, 10 las viñas estando en cierne, no hay labrador que gobierne bien sus cubas y paneras; mas las riñas más de veras, si suceden por San Juan, 15 todo el año paz nos dan. Baila. Por la canícula ardiente está la cólera a punto; pero, pasando aquel punto, 20 menos activa se siente. Y así el que dice no miente, que las riñas por San Juan todo el año paz nos dan. Baila. 25 Las riñas de los casados como aquésta siempre sean, para que después se vean sin pensar regocijados. Sol que sale tras nublados, 30
DEL VIEJO CELOSO p. 165 es contento tras afán; las riñas de por San Juan todo el año paz nos dan.” Cañi. Porque vean vuestras mercedes las revueltas y vueltas en que me ha puesto 5 una vecina, y si tengo razón de estar mal con las vecinas. D.ª Lor. Aunque mi esposo está mal con las vecinas, yo beso a vuestras mercedes las manos, señoras vecinas. 10 Cris. Y yo también. Mas, si mi vecina me hubiera traído mi frailecico, yo la tuviera por mejor vecina. Y a Dios, señoras vecinas. Fin de los entremeses. 15
p. 166 EN MADRID Por la viuda de Alonso Martín. ________________________________ Año MDCXV.

Volver a Works of Cervantes home page
http://users.ipfw.edu/jehle/cervante.htm

Si se encuentran errores de cualquier tipo, favor de avisar a:

Fred F.Jehle
Indiana University - Purdue University Fort Wayne
Fort Wayne, IN 46805-1499 USA
jehle@ipfw.edu