Este texto es el que se entregó para la publicación en: Los territorios literarios de la historia del placer. I Coloquio de Erótica Hispana Madrid: Libertarias, 1996 [pero 1997], 49-69. Ignoro cuáles cambios pueden haberse introducido desde su entrega. La versión en papel es la "oficial".
     Una versión revisada, en inglés, aparecerá en Queer Iberia, Duke University Press, en prensa. Está disponible en: http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/Other_Hispanic_Topics/Juan_Ruiz's_Heterosexual_Good_Love.htm
     I have corrected trivial misprints in notes 44 (ed > ed.) and 52 (P.ej. > P. ej.) and revised publication information in notes 29, 39, and 45.

AUTHOR
Daniel Eisenberg, Distinguished Research Professor, Florida State University.
Current (1998) Electronic address: daniel.eisenberg@bigfoot.com

SUMMARY
This article suggests that a key to the understanding of Juan Ruiz's problematical "buen amor" is the extension of homosexual practices among the Muslims and Jews of medieval Iberia, with whose cultures he was well acquaintanted. My hypothesis is that to combat these practices, seen as un-Christian and a military and political threat, Juan Ruiz teaches how to seduce women and directs men to the "dueña." More specifically, the "mujer chica" offers an exciting alternative to the "garzón."

El buen amor heterosexual de Juan Ruiz1

Daniel Eisenberg

  Provar omne las cosas non es por end peor
e saber bien e mal, e usar lo mejor. (76)2

     Mi tema es la interpretación o el sentido de la obra más canónica de la rica literatura erótica y sexológica española, la que se suele ofrecer, en medidas dosis, a los párvulos. El tema del Libro de buen amor es la sexualidad. Aunque el término empleado es "amor", en la época era un sinónimo para "sexo", término que no existía en el sentido en que hoy se usa. Amor y sexo no se distinguían tanto como hoy. El Libro de buen amor enseña cómo seducir las mujeres, cómo ganar el acceso a sus camas y cómo identificar las candidatas más recomendables. Incluye también descripciones de seducciones de mujeres, seducciones por mujeres, y las consecuencias de una falta de atención a la imperiosa concupiscencia femenina.3
     Frecuente suerte de la literatura erótica, durante los siglos modernos, el Libro de buen amor ha sido censurado. Es el ejemplo más antiguo que conozco de censura en las letras castellanas. Como algunos de Uds. saben, las hojas que contenían el encuentro sexual con Doña Endrina fueron arrancadas hace muchos años, y—revelando el expolio de un moderno—de más de un manuscrito. También, y es otra vez un caso único en las letras castellanas, hay episodios enteros perdidos, cantares amorosos, cazurros y de burlas aludidos en el texto que tenemos pero que no figuran en ninguno de los manuscritos existentes. No es imposible que la censura fuera un factor en su desaparición también.
     La publicación de la obra en el siglo XVIII fue motivo de controversia.4 Su primer editor, Tomás Antonio Sánchez, la mutiló por razones de moralidad.5 Pero tuvo la honradez de marcar sus cortes con puntos, y su edición me ha sido muy útil como guía de los pasajes verdes de la obra.
     Antes de felicitarnos por nuestra supuesta superioridad a estos censores de siglos pasados, no olvidéis que la obra sigue censurada en los libros donde se suele leer más: en las antologías. No tengo fácil acceso a los libros escolares españoles, pero en los angloamericanos, la censura es notable. El que la dueña chica sea, en la cama, "solaz" (1609) no se halla ni en Cinco siglos de literatura española (traduzco los títulos) de Barrett, ni en Autores españoles representativos de Pattison y Bleznick, ni en la Antología general de la literatura española de 'Angel y Amalia del Río.6 En la Introducción a la literatura española de Peñuelas y Wilson se suprime esta estrofa y también otra (1616) que contiene la calificación de la dueña chica como "terrenal paraíso" y el apunte de que "mejor es en la prueba que en la salutación." Y también faltan en España en su literatura, de Adams y Keller, en su tercera edición nuevamente revisada de 1991.7 Que una obra clásica de la literatura castellana enseñe que hay mujeres excelentes en la cama, es demasiado verde para muchos profesores universitarios, al menos en EE.UU. Espero que en España no se dé esta pudibundez.
     Aunque el Libro de buen amor trata de sexualidad, la interpretación de la obra es una aporía crítica. ?Cuál es la perspectiva de Juan Ruiz sobre los actos sexuales que presenta? ?Por qué da lecciones de sexo? ?Cómo reconciliamos esta instrucción con su actitud hacia la Virgen María, a quien llama comienzo y raíz de todo bien? (19a). En resumen, ?qué es su "buen amor"?
     El Libro de buen amor se define a voces como un libro didáctico. El autor lo llama un "libro de testo" (1631). Pero es también una obra que insiste en la importancia de su correcta interpretación. "De todos los instrumentos yo, libro, só pariente: bien o mal, qual puntares, tal te diré çiertamente" (70ab). Al mismo tiempo, sus razones son encubiertas (68a); hay que entenderlas y acertar en el seso (68c), dice Juan Ruiz. El lector tiene la responsabilidad de descubrir su sentido, un poco oculto, según el autor.
     Este sentido no creo que haya sido del todo descubierto. Dada la insistencia de Juan Ruiz en su propósito, la confusión actual sobre la interpretación de su Libro, el desbarajuste de los críticos, sorprende mucho. Las respuestas de los especialistas han tomado dos caminos. Primero, se ha defendido que Juan Ruiz buscaba la ambigüedad, que no tuvo un mensaje claro.8 Incluso se ha defendido que no sabía lo que quería decir, y que procuraba confundir al lector, una confusión supuestamente saludable y moderna. Pero, igual que con la supuesta ambigüedad de Cervantes, debemos tomar en cuenta el ambiente cultural de estos autores, el mundo en que vivían. La ambigüedad no fue ninguna virtud ni en el siglo XIV ni tampoco en el XVII. Ningún tratado enseñaba la ambigüedad, ni la elogiaba, ni incluso la discutía. (Según Corominas, el término no existía en castellano hasta el siglo XVI.) El autor inteligente tiene algo que decir a sus lectores. Puede decirlo mal, pero no por ganas de engañar ni despistar. Pero a veces, con el paso del tiempo, perdemos el contexto y dejamos de percibir su mensaje.
     La segunda respuesta al problema del propósito de Juan Ruiz, en cuanto al sexo, es la controversia sobre el celibato clerical. Según Antonio Zahareas, "la composición misma del poema está relacionada con la situación sociorreligiosa del celibato y la barraganía."9 Un comentario aparte: ?por qué se sigue hablando del concubinato como problema? El que en España los curas, durante la Edad Media o aun después, tuvieran compañía femenina y se mantuvieron lo firmes que pudieron contra el celibato me parece una actitud muy encomiable.10 Si hubo "relajo" del clero en España, fue un relajo bueno, un relajo santo, dado al traste, trágicamente, por Cisneros. Uno de los muchos errores de Cisneros, uno de los grandes malvados de la historia de España, según he explicado en otra parte.11 Y hay que reconocer también que la reina Isabel, que sepamos, no opuso la más mínima resistencia.
     Volviendo a nuestro tema, hay problemas serios con entender el Libro de buen amor como una reacción a la imposición del celibato clerical. La obra no está dirigida a los superiores de Juan Ruiz en la Iglesia Católica. No es una defensa de las mujeres, es una defensa del placer. Incluye un arte de seducción. Trata especialmente del amor hacia las monjas: las monjas, nos informa el Arcipreste, "tienen a sus amigos viçiosos" (1333b). No conozco ningún ejemplo de la combinación de un ataque al celibato clerical con consejos para el galán de monjas, un tipo especialmente español.
     Juan Ruiz sí se opone al celibato, tanto de las monjas como de los religiosos. Teme que el celibato conlleve malas consecuencias. Creo que estos eruditos sí están en la pista cuando buscan fuera de la obra, como ha sugerido Dagenais, las bases para su comprensión. Yo hice lo mismo con Don Quijote.12
     Tal como mi título sugiere, propongo un nuevo sentido para el "buen amor" de Juan Ruiz. No tengo nuevos ejemplos del uso de los términos "buen amor" y "loco amor," de los cuales se han recogido muchos sin despejar las nubes interpretativas.13 Quisiera sugerir una nueva interpretación, un nuevo enfoque a los ejemplos que ya tenemos. En breve, mi tesis es que no entendamos el "amor loco" como el amor de las mujeres, opuesto al "buen amor" para Dios, pues esta explicación deja el texto lleno de misterios y contradicciones. Nos encontramos con un panorama más complejo. Sugiero que el amor realmente loco, para Juan Ruiz, es el amor de los mozos, garzones o donceles. Esta posición está bien documentada en la edad media cristiana, en la cual el sexo entre varones (no tanto entre mujeres) es cosa del diablo. Indicaba o bien podría indicar una falta de patriotismo cristiano, incluso una secreta benevolencia hacia los reinos musulmanes, una posible traición.
     Y entre estos dos extremos—amor de Dios y amor de los mozos—, en la posición central y hasta ambigua, está la mujer, o en el término preciso y muchas veces repetido de Juan Ruiz, "la dueña." La dueña es la mujer indicada, la disponible: ni virgen ni casada. Si Juan Ruiz da lecciones de sexo, las cuales califica de "saber sin pecado" (15c), es para evitar un pecado muy grande, el nefando. "Entiende bien mi dicho e avrás dueña garrida" (64d).
     ?Cómo defiendo esta tesis? La defiendo por un examen del contexto amoroso en que Juan Ruiz redactaba su libro. Entre otras cosas quisiera demostrar hoy que el estudio de la historia de las costumbres sexuales, que para mi madre hubiera sido un estudio propio de pervertidos, tiene frutos verdaderos, en este caso la interpretación de un clásico castellano.
     Que hubo mucho amor homosexual en la península Ibérica durante la Edad Media está fuera de toda duda, aunque es un hecho del que se evita hablar y está sin un estudio de conjunto.14 La homosexualidad en los reinos cristianos estaba poco extendida. Pero la situación era todo lo contrario en la cultura hispanomusulmana. Teóricamente prohibida, las prohibiciones no se cumplían nunca ni las infracciones se castigaban. Hubo tanta tolerancia y tanto hedonismo que no me sorprendería una futura reivindicación de la cultura andalusí de parte de los homosexuales, bisexuales y demás hedonistas actuales. En todo el mundo islámico no ha habido, que yo sepa, período más sensual y tolerante.15 En unos aspectos, como la libertad del amor entre hombre y muchacho o el libre consumo del hachís, todavía vivimos sin la libertad de entonces.16
     El tema apenas ha sido estudiado, y la pérdida de materiales es enorme. Así que me tendrán que perdonar si me aprovecho de datos de diversos períodos, pues el más cercano a Juan Ruiz—la Granada nazarí—es uno de los más oscurecidos por la ceguera de los cristianos conquistadores y la gran hoguera de manuscritos por el intolerante Cardenal Cisneros.17
     Durante el Califato y en los reinos de taifas y hasta lo que sabemos en el reinado nazarí, la homosexualidad fue práctica de reyes.18 Fue el "amor cortés"—de allí, sospecho, la resistencia al origen hispano de este concepto. Consta que Abd ar-Ram~an III, el sabio bibliófilo al-akam II, y Abd `All~ah de Granada preferían los efebos.19 Los reyes al-Mu`tamid de Sevilla y Y~usuf III de Granada escribieron poesía pederástica.20 Muammad VI, soberano na.sr~i, también se entregaba a la pederastia (Arié, p. 327). La mujer seductora hasta tenía que vestirse de muchacho.21
     Costumbre de todos los países y épocas es que los gustos de los reyes, los adoptan sus súbditos. Dice Abdelwahab Bouhdiba en su Sexualité en Islam, refiriéndose específicamente a Córdoba, a Bagdad y a Kairouán: "Existían en los arrabales de las ciudades, o en el campo cercano, lugares de paseo muy frecuentados, con tabernas y aguaduchos al aire libre en las fincas dependientes de castillos bizantinos, romanos o persas, o aun de monasterios cristianos. Siguiendo la mejor tradición vinícola, los monjes no dejaban de abastecer de generosas botellas y de jóvenes bonitas a los 'alegres compañeros de la sinceridad', los fity~ana sidqin de quienes habla Ab~u Nuw~as. Estas tabernas eran lugares donde se servía el placer multiforme sin vergnenza y sin exclusividad. Cantadores, bailadores, jugadores, pero también jóvenes entregados al placer, alegres pederastas y lesbianas sin cuidado, enseñaron allí el arte de gozar a una juventud a la cual el Islam había librado de todo sentimiento de vergnenza o culpa."22
     Los poemas de amor dedicados a mozos son numerosos.23 Véanse los Poemas arábigoandaluces de Emilio García Gómez, tan escandalosos cuando se publicaron, primero en la Revista de occidente y después como libro, poco antes de la libertaria Segunda República.24 Hay poemas dedicados al copero, al carpintero, etc.: el amor entre clases sociales.25 Los versos de Ibn Quzm~an, también puestos a nuestra disposición por García Gómez, describen un estilo de vida completamente bisexual.26 Y una tercera colección, Las banderas de los campeones, también traducida por García Gómez.27
     Existen los siguientes textos en árabe en la biblioteca del Escorial: El abandono del pudor y el primer bozo de la mejilla; Excusas sobre el amor del primer bozo en la mejilla; y El jardín del letrado y las delicias del hombre inteligente; junto con otros que pueden ser o deben ser heterosexuales, como Ardor del que gime y lágrima del que llora; El mercado de esclavas; Descripción del enamorado ardiente; El cinturón incrustado, sobre las ventajas de las relaciones sexuales.28 Otra vez, quisiera señalar la riqueza de la tradición erotológica española, aun sin saber la nacionalidad de estos textos: ?en qué otra biblioteca, europea o islámica, se hallan tesoros parecidos? Y en la edición y traducción de estos textos, todos inéditos por pudor o temor de los arabistas, están otros temas para tesis.
     Por último, consta que la sodomía era muy practicada en el siglo XVI entre los refugiados andalusíes y renegados establecidos en los países del norte de 'Africa. Según la Topografía de Argel publicada por Diego de Haedo pero redactada por un testigo de vista,29 "son de ordinario grandísimos sodomitas, y se precian dello, y el pecado bestial públicamente le cometen en mitad del zoco y calle principal, a los ojos de toda la ciudad, y es tan grande la ceguera de moros y turcos, que esto alaban y tienen por bueno."30 Otro estilo de vida, por cierto, que el de la España cristiana. No conozco en el mundo de hoy ningún sitio donde se puede hacer el amor sodomítico en la calle, y menos que esto sea una conducta muy aplaudida. Pero quién sabe cómo serán las costumbres futuras. Hace veinticinco años hubiera sido una locura pensar que en 1993 se venderían cintas pornográficas en los quioscos, junto al ABC.
     Y si esto fuera poco, entre los judíos españoles, mientras vivían en al-Andalus, la pederastia fue hasta normal entre la aristocracia. Esto, en contraste con las costumbres homoeróticas hispanomusulmanas, ha sido ampliamente estudiado, aunque en inglés y en hebreo, lengua ésta que no leo.31 Pero en castellano, apenas palabra. Si quieren comenzar con el tema, un artículo clásico fue publicado en Sefarad, en 1955, en medio del franquismo, pero en inglés: "El efebo—el muchacho amado—en la poesía hebrea medieval." En castellano jamás se habría publicado. Y hay una cantidad de artículos posteriores.32
     Según un artículo en el tomo colectivo Aspectos de la cultura judaica de la Edad Media, en España había "una cultura cortesana y aristocrática caracterizada por un individualismo romántico [en la cual había] una intensa exploración de todas las formas de la sexualidad libertadora: heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad. Pregunte al típico rabino de hoy su parecer sobre la homosexualidad y le dirá que no hay nada menos judaico. Pero no si se estudia la cultura sefardí. La homosexualidad estaba en su centro."33
     El gran secreto, el misterio por antonomasia de la historia medieval española que al parecer incomoda mucho hasta la fecha, es la existencia de un reino judío, cuyo monarca musulmán era un titular sin poder, un reino en el cual los judíos no eran ciudadanos de segunda clase (dhimmi) como en los otros reinos de taifas, sino los gobernadores y también los militares. Se trata del reino z~irí de Granada, en el siglo XI. Las fuentes abundan, entre ellas mucha poesía pederástica, y por buena suerte nos han llegado las memorias del último monarca, ya citadas en la nota 19. La Alhambra fue construida, según una teoría bien documentada pero poco conocida en España, como un nuevo templo judaico 1000 años después de la destrucción del segundo templo de Jerusalén. Lo que queda, además de los cimientos: la fuente de los leones. Los doce leones, las tribus judías. Esto—que la Alhambra pudiera tener un origen judío—a García Gómez lo saca de quicio.34
     Y en este reino z~irí de Granada, la pederastia era aun más frecuente que en la sociedad arabigoandaluza general. Fue vista como autorizada por la Biblia, como parte de su nacionalidad: la homosexualidad sagrada de los libros de los Reyes, de la Biblia, la homosexualidad de su gran rey-poeta David. Son temas completamente tabúes en el judaísmo actual. Por algo la lengua judía pronto adquiriría connotaciones de misterio, de esoterismo, de una potencia terrible.35
     No sólo eran abundantes los placeres homosexuales y sodomíticos (no son equivalentes estos términos 36) en la España musulmana y judía. Estos placeres se estimaban, entre los acomodados y cultos, como más refinados que los deleites heterosexuales. Por unos preciosos datos que han sobrevivido, sabemos que los putos sevillanos a principios del siglo XII cobraban más que las putas, y tenían una clientela de clase más elevada. Las prostitutas eran para los campesinos. En la poesía judía de la época, encontramos la matriz femenina comparada al infierno.37 En un período posterior, los turcos menospreciaban a los cristianos por rechazar el amor de los muchachos: según ellos, "los franceses y las gentes del Norte tienen cerrados los sentidos al placer y no saben de voluptuosidades."38 En el Argel del siglo XVI, otra vez según el texto de Haedo, "La sodomía se tiene...por honra, porque aquel es más honrado que sustenta más garçones y los celan más que las propias mujeres y hijas.... A muchos de los turcos y renegados, que con ser ya hombres grandes y viejos, no sólo no se quieren casar con otras mujeres que estos garçones, pero se alaban no haber jamás en toda su vida conocido alguna hembra, antes las aborrecen y no quieren ver de los ojos."39
     Ahora bien, la tolerancia sexual de al-Andalus estaba destinada a desaparecer. Es importante señalar, sin embargo, que contra lo que enseña la manipulada historiografía temprana sobre el período, el inicio de su destrucción y un gran paso hacia ella llegó no del norte sino del sur, con los puritanos almohades. Fueron ellos quienes destruyeron las bibliotecas cordobesas y convirtieron un califato más o menos unido en unos reinos de taifas, incapaces de defenderse. Recordemos que los mozárabes—los cristianos que vivían en al-Andalus, bajo el Islam—eran tan hedonistas, o más, que los musulmanes. Cito de un tratado legal hispanoárabe de la época: "Debe prohibirse a las musulmanas que entren en las abominables iglesias de los cristianos porque sus curas son libertinos, fornicadores y sodomitas. También debe prohibirse a las mujeres cristianas la entrada en las iglesias fuera de los días de oficios o fiestas porque allí comen, beben y fornican con los curas y no hay uno de ellos que no tenga dos o más de estas mujeres con quienes acostarse."40 Así eran los curas mozárabes, según esta fuente: libertinos, fornicadores y sodomitas. Otros curas, por cierto, que los de la España cristiana.
     Pero también es cierto que el libertinaje andalusí, y especialmente las prácticas homosexuales, alarmaba a la Europa del norte. Recordemos, antes de continuar, el fuerte influjo de los franceses sobre los pequeños reinos cristianos del norte de la península Ibérica.41 Sin este empuje, acaso no habrían luchado durante siglos contra sus hermanos del sur. Es dudoso, por ejemplo, que Alfonso VI hubiera conquistado a Toledo sin el influjo de Constanza, una de sus reinas francesas.42
     Los cristianos exageraron algo la extensión de la homosexualidad andalusí, haciendo el tema aun más sensible de lo que ya era. Mahoma fue para los cristianos medievales el gran lujurioso, el campeón de la sexualidad en todas sus formas.43 La homosexualidad fue para los cristianos una enfermedad contagiosa, superficialmente muy atrayente. No era necesario un Libro de mal amor para pintar sus encantos. La emigración cristiana a Granada está sin estudiarse, pero consta que existía y parece probable que la libre práctica de la homosexualidad habría sido una de las atracciones.44 En opinión de Claudio Sánchez-Albornoz, "Sin la reconquista, habría triunfado la homosexualidad, tan practicada en la España mora" (p. 38). Ésta es una noción muy pintoresca: la homosexualidad triunfante me parece un oximorón. ?Cómo podría triunfar sin acabar la raza? Pero hasta Sánchez-Albornoz, contemporáneo de nosotros, vio la homosexualidad como una amenaza poderosísima.
     Lo que molestaba a los cristianos no era un amor casto—hoy diríamos, equivocadamente, "platónico"—entre varones.45 Lo problemático era la expresión de este amor en actos venéreos. El entregarse a ellos equivalía a simultáneo sacrilegio y traición. No sólo era contagioso este gran gusto, era además incurable. El que se entregara a dichos placeres estaba irremediablemente perdido. Nunca los abandonaría. No había otros remedios, para evitar mayor contagio, que la quema o la horca, medidas empleadas en varios casos.46
     La presencia de los placeres homosexuales en Europa amenazaba el bienestar de las hembras, minando la institución de la familia, se pensaba. También la homosexualidad en los estados cristianos minaría—así se creía—la resistencia militar a las amenazas exteriores. Aunque en el siglo catorce Granada representaba muy poco peligro para Castilla, hubo mucho miedo, un miedo exagerado, a las invasiones del sur.
     La homosexualidad, según los cristianos, hacía muelles a los hombres. Los hacían malos soldados, menos capacitados para defender su patria. La prueba era el progreso de la llamada "reconquista": las victorias de los cristianos campeones de la heterosexualidad sobre los depravados musulmanes sodomíticos. Aunque carecemos de un estudio de las nociones de la castidad entre los cristianos españoles medievales, probablemente sabéis que la llamada "pérdida de España" fue unánimemente atribuida (entre los cristianos) a la lujuria del rey Rodrigo. También se creía que la castidad o continencia cristiana, comparada con el relajo sexual de los hispanoárabes de todos los períodos, fue factor principal en el nacimiento y progreso de la "reconquista." Y se escribía la historia según esta interpretación. En la historiografía medieval, el nacimiento de la idea de la reconquista de España se ubicó en el reinado de Alfonso II de León, el Casto, señor del también casto y ficticio vasallo Bernardo del Carpio, llamado "arquetipo del héroe hispano." (El Cid no lo sería hasta finales del siglo XIX.)47 Los baños eran centros de encuentros sexuales además de limpieza; la muy católica Isabel cerraría los granadinos. Tres siglos antes, Alfonso VI destruyó los baños castellanos y pudo conquistar Toledo.
     Por último, hasta cierto punto la sexualidad hispanomusulmana dependía de esclavos cristianos capturados en razzias. No sabemos precisamente hasta qué punto, y tampoco ha sido estudiado, pero me parece que aunque la dependencia no fue total, al menos fue notable. Consta que los hispanoárabes, y después los renegados y demás población argelina en el siglo XVI, preferían como compañeros sexuales a los cristianos y cristianas esclavos y no a las mujeres ni a los efebos de su propia religión y cultura, ni menos a los africanos.48 Igual que la existencia de eunucos—"fabricados" en al-Andalus por los médicos judíos—, ha sido un problema serio para el mundo musulmán en general, provocando no sólo la enemistad sino continuas actividades hostiles de parte de los reinos cristianos perjudicados. El niño San Pelagio—hay un colegio de San Pelagio en Córdoba, donde Giner de los Ríos comenzó sus estudios—fue martirizado por oponerse a los deseos sexuales de Abd ar-Rahm~an III. Fue santificado, y celebrado en un poema de la monja sajona Roswitha.49
     Entonces, la lucha contra la homosexualidad hispanomusulmana e hispanojudía era algo fundamental para los cristianos. Es una parte importante del fondo de la "reconquista," y también del destierro de los judíos. Me parece también relacionada con la tardía implantación del celibato clerical en Castilla. La barraganía era una práctica defensiva. Hasta que el Islam fuera vencido y su libertinaje abolido, no se podía privar a los curas de sus amigas.
     Ahora bien, he hablado mucho de prácticas sexuales, de costumbres amorosas, pero no de Juan Ruiz. Me parece inevitable que Juan Ruiz supiera algo o aun mucho de lo que acabo de presentar. Su familiaridad con la civilización hispanomusulmana no sólo sería lógica en el caso de un hombre de Hita, del reino de Toledo, sino también consta en el texto mismo. "Fiz muchas cánticas, de dança e troteras, para judías e moras e para entenderas" (1513ab). Emplea palabras árabes en el texto.50 Varios comentaristas señalan el fondo arábigo de sus descripciones 51 y de sus actitudes.52 Aparte de escribir cánticas judías, Juan Ruiz muestra en varios sitios sus conocimientos de la cultura hispanohebrea: que los judíos tenían su propia carnicería, con disposiciones religiosas que la gobernaban, por ejemplo. Hubo dos sinagogas y un midraš, una escuela rabínica, en Hita.53
     Parece, entonces, imposible que Juan Ruiz no estuviera muy enterado de la extensión, real o exagerada, de la homosexualidad hispanoárabe e hispanojudía. Me parece ineludible concluir que las enseñanzas de su Libro de buen amor ofrecen una alternativa, y pretenden ser un arma contra lo que él entendió como el mal amor peninsular.
     Según Juan Ruiz abundan las compañeras sexuales. En la sierra le fuerzan a uno. Son compatibles la sexualidad y lo sagrado, se sugiere en la parodia de las horas canónicas. El matrimonio, aunque un remedio contra la lujuria (1593), no es indispensable ni mucho menos. "No ha mujer en el mundo, ni grande mi moçuela, que trabajo e serviçio no la traya al espuela" (612bc). El amor es saludable: hace sutil al hombre que es rudo, atrevido al cobarde, presto al perezoso (156). Hace al viejo perder la vejez y al mancebo le mantiene en mancebez (157ab).
     Con unos consejos fáciles de seguir tendrás éxito. "Vençerse la dueña non es cosa tan maña" (621d). "Mugeres e varones por palabras se conosçen" (677cd). "Dil' juguetes fermosos, palabras afeitadas con gestos amorosos; con palabras muy dulçes, con dezires sabrosos, creçen mucho amores e son más deseosos" (625). Sobre todo, no bebas mucho vino (528b).
     Quiere la muger al hombre alegre por amigo (626b); la alegría hace el hombre hermoso (627a). Según doña Endrina, la mujer besada y abrazada está vencida (685). Por mejor tiene la dueña de ser un poco forzada que decir "haz tu talante" como desvergonzada (631ab). Non canses de seguirla (623b), y en caso de dificultades, están a tu disposición los eficaces servicios de las alcahuetas.
     En resumen, "Sey sotil e acuçioso e avrás tu amiga" (648b) Hay amiga para ti. Si Juan Ruiz cuenta las excelencias del amor de las mujeres, si enseña las técnicas para llevar una vida heterosexual feliz, si asegura que todos vivimos rodeados de mujeres seducibles y rijosas (si no lo parecen en la calle lo serán en la cama), si enseña que el cristianismo no tiene que identificarse con el celibato, si pinta la fuerza de la atracción sexual hacia la mujer (654), una llamada que no hay que resistir, pues sus consecuencias son saludables, según el poema (155-157)... Si Juan Ruiz hace todo eso, sale como implicación inevitable un deseo suyo de resistir la homosexualidad, de luchar contra ella.
     Otros dos detalles en el mismo sentido: el aprecio juanruiciano para Ovidio (429) refleja también su heterosexualismo.54 Ovidio fue visto en la Edad Media occidental como el autor clásico que defendió el amor de las mujeres como más gustoso que el de los jóvenes,55 el que enseña (según 612) que no hay mujer, grande ni mozuela, que no se pueda seducir. (Su contrapartida, en el mundo medieval occidental, fue Virgilio, no sólo ejemplo de lujuria como le cita Juan Ruiz [265], sino pederasta, por su Geórgicas, y mago.56)
     También, cuando Juan Ruiz cita a Aristóteles como autoridad:

Como dize Aristótiles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera,
por aver mantenençia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra plazentera (71)

     Se trata de una autoridad falsa, una cita manipulada, ya lo sabemos.57 Por muchas más que estas dos cosas trabaja el mundo: por la fama, por ejemplo, o por crear o gustar de la belleza, o simplemente por reproducirse y sobrevivir, de esta forma, a la muerte. Pero cabía perfectamente en lo que se creía de Aristóteles. No se habría atribuido una cita tal al gran sabio homosexual para la edad media: Platón.
     ?Dónde se trata abiertamente el tema de la homosexualidad, de la garzonía, en su Libro? En ninguna parte. No la menciona. Juan Ruiz creó un mundo poético del cual la homosexualidad está ausente. Cervantes no mencionó el erotismo de Feliciano de Silva, ni para atacarlo, temiendo—es mi suposición—que aun una mención negativa sería contraproducente. Lo mismo Juan Ruiz. No menciona el amor de los jóvenes, el amor entre varones, ni para atacarlo.
     Para Juan Ruiz el sur de la península Ibérica es la tierra de la sensualidad...gastronómica. El que es "carnal" ama la carne, no el sexo. "Los placeres de la carne" son los corderos, la oveja, el carnero, el cabrito, el cabrón, la vaca y el toro (1214-1215).58
     En el Libro de buen amor no hay embarazo ni hijos. No hay niños. Apenas hay varones, y el autor se aprovecha mucho de historias de animales. Según el autor, "solo sin conpaña era penada vida" (1317d), pero no parece que la compañía masculina representaría para él una resolución deseable. Su único "conpañero" (113c) en la obra, el Ferrand García que aparece brevemente como mensajero, le traiciona. Pasa por la sierra, pero solo encuentra serranas. Hay algunos hombres secundarios: el amante descuidado Pitas Payas, sólo presente en un cuento. Hay el alcalde de Bugía, en 'Africa, quien es significativamente un mono (323), y don Cabrón su vasallo (327). En vez del niño Amor, como se suele designar, don Amor es un hombre membrudo, y casado con doña Venus; que el personaje Amor de Juan Ruiz no sea un niño se comenta mucho. También hay el gordo Don Carnal. Ninguno un posible objeto de atención amorosa del narrador.
     Juan Ruiz incluso rompe una lanza lingüística contra el amor de los muchachos. El término que se usaba en la edad media castellana para la homosexualidad era la garzonía, y el efebo era el garzón: un galicismo sin duda malintencionado. Pero Juan Ruiz da a la palabra un significado nuevo: el garzón suyo quiere casarse con tres mujeres (189).
     Quisiera acabar llamándoos la atención al remate de la obra. Después de repasar una vez más los pecados, las armas del cristiano contra ellos, la necesidad de vigilancia contra el diablo, el "enemigo," encontramos dos episodios pegados pero al parecer no relacionados: el elogio de la dueña chica, seguida de los defectos de Don Hurón. En la figura de éste tenemos el único joven presente en toda la obra.
     El episodio de Don Hurón, "mozo del arcipreste," apenas ha sido estudiado. Sorprende que entre tantas investigaciones llevadas a cabo sobre el Libro de buen amor, nadie, que yo sepa, ha examinado si el arcipreste típico dispondría de un "apostado donçel" (1619c) y en caso afirmativo cuáles serían sus deberes, además del de mensajero.
     Lo que sugiere el texto es que ninguno quisiera ser servido por un doncel, ni sería factible tenerle en la casa. Los mozos son mentirosos, ladrones, borrachos, sucios, estúpidos, perezosos e incompetentes. Pero en lugar del doncel, se podía escoger la "dueña chica." "Del mal tomar lo menos" (1617c). No te asustes por tu primer contacto con ella, pues "mejor es en la prueva que en la salutaçión" (1616d). Y el famoso episodio de la dueña chica está introducido con las palabras de Cristo, "Bendichos, a mi venid!" (1605d).
     Y así acabo. Dice Juan Ruiz, en conclusión, "fizvos pequeño libro de testo, mas la glosa...es bien grand prosa" (1631ab). "Entiende bien mi libro" (64d), pide. "La manera del libro, entiéndela sotil" (65b). Es lo que he intentado hacer.


NOTAS

     1 Reconozco y agradezco la ayuda de Francisco Márquez Villanueva, Steven Kirby, John Dagenais y José Antonio Cerezo en la redacción de este ensayo. Le agradezco a mi amigo Francisco Márquez el señalarme la oposición entre cristianismo y sodomía en De planctu naturae, de Alain de Lille.
     2 Las citas del Libro de buen amor se toman de la edición de Jacques Joset (Madrid: Espasa-Calpe, 1974), tomadas en cuenta sus "Correcciones de urgencia" en su Nuevas investigaciones sobre el "Libro de buen amor" (Madrid: Cátedra, 1988), pp. 148-150.
     3 Véase Erminio Braidotti, "El erotismo en el Libro de buen amor," Kentucky Romance Quarterly, 30, 1983, 133-140.
     4 Milton A. Buchanan, "Notes on the Life and Works of Bartolomé José Gallardo," Revue Hispanique, 57, 1923, 160-201, en la p. 173.
     5 Américo Castro, España en su historia, Buenos Aires, Losada, 1948, p. 374. En Cambio 16, 25 de enero de 1993, p. 84, se encuentra que fue Sánchez quien arrancó las páginas que faltan en los manuscritos.
     6 Linton Lomas Barrett, Five Centuries of Spanish Literature, from The Cid through the Golden Age, New York, Dodd, Mead, 1962; Walter Thomas Pattison y Donald W. Bleznick, Representative Spanish Authors, 3 ed., New York, Oxford University Press, 1971; 'Angel del Río y Amelia A. de del Río, Antología general de la literatura española, 2 ed. corr. y aumentada, New York, Holt, Rinehart and Winston, 1960.
     7 Marcelino C. Peñuelas y William E. Wilson, Introducción a la literatura española, New York, McGraw-Hill, 1969; Nicholson B. Adams y John E. Keller, España en su literatura, 3 edición con la participación de Rafael A. Aguirre, New York: W. W. Norton, 1991.
     8"El arcipreste no ofrece un dictum moral o 'sentencia' al lector porque tal reducción no sería eficaz, auténtica, ni apropiada a su propósito y visión del mundo. Lo que decide hacer, en cambio, es dramatizar—en estilo y en tema—la complejidad problemática de la experiencia humana y de la realidad." (Dayle Seidenspinner-Núñez, "On 'Dios y el mundo': Author and Reader Response in Juan Ruiz and Juan Manuel," Romance Philology, 42, 1989, 251-266, en la p. 259; traducción mía.)
     9 Anthony Zahareas, "Celibacy in History and Fiction: The Case of El Libro de buen amor [sic]," Ideologies and Literature, 1, 1977, 77-82, en la página 79.
     10 Para una introducción al tema, véase Juan Eslava Galán, Historia secreta del sexo en España, Madrid, Temas de Hoy, 1991, pp. 105-108, quien cita en la p. 106 la observación: "el clérigo español era más mujeriego que sus colegas europeos." La misma posición se encuentra en Peter Linehan, The Spanish Church and the Papacy in the Thirteenth Century, Cambridge, Cambridge University Press, 1971, pp. 29-30 y 52. Le agradezco a Francisco Márquez Villanueva el llamarme la atención a este libro.
     11 Véase mi "Cisneros y la quema de los manuscritos granadinos," Journal of Hispanic Philology, 16, 1992 [1993], 107-124.
     12 A Study of "Don Quixote," Newark, Delaware (EE.UU.), Juan de la Cuesta, 1987. Una traducción por Isabel Verdaguer, La interpretación cervantina del "Quijote," está en prensa con la editorial madrileña Compañía Literaria.
     13 Para la bibliografía de estas recogidas de ejemplos, junto con otros nuevos, véase Jacques Joset, Nuevas investigaciones, pp. 129-147; también Nicolás E. 'Alvarez, "'Loco amor', 'goliardismo', 'amor cortés' y buen amor. El desenlace amoroso del episodio de doña Garoça en el Libro de buen amor," Journal of Hispanic Philology, 7, 1983, 107-119. El artículo de Francisco Márquez Villanueva, "El buen amor," ha sido recogido en sus Relecciones de literatura medieval, Sevilla, Universidad Hispalense, 1977, pp. 45-73.
     14 "La sodomía...fue práctica corriente en la España musulmana" (Rachel Arié, España musulmana (Siglos VIII-XV) [= Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara, III], Barcelona, Labor, 1984, p. 327).
     Hay algunos datos en el libro de Antonio Arjona Castro, La sexualidad en la España musulmana, Córdoba, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba, 1985. (La "segunda edición ampliada," editada por el mismo Servicio en 1990, no corrige ni las erratas de la primera, y la amplifica sólo con una traducción del Tratado del coito de Maimónides y con extractos de un tratado hispanoárabe de obstetricia y pediatría.) También J. M. Continente Ferrer, "Aproximación al estudio del tema de amor en la poesía hispano-árabe de los siglos XII y XIII," Awr~aq, 1, 1978, 12-28, y el artículo "Spain" de la Encyclopedia of Homosexuality, Nueva York, Garland, 1990 (pésimamente traducido en la revista Gai Hotsa [Bilbao], no. 43, enero-febrero 1989, pp. 11-14), y el artículo "Granada" en la misma enciclopedia (traducido en Entiendes...?, no. 13, junio-julio-agosto, 1990, pp. 18-19); los artículos "Homosexuality" y "Slavery" en la Encyclopedia of Medieval Iberia, ed. Michael Gerli, Nueva York, Garland, en prensa.
     Sobre la homosexualidad islámica medieval en general, el artículo "Djins" [sexualidad] de Charles Pellat, 550-553, y el artículo "Liw~at" [homosexualidad], sin firma, pero de John Bosworth, 776-779, en la Encyclopaedia of Islam, nueva edición, Leide, Brill, 1960—en prensa. El artículo de Pellat, anónimo en la Encyclopedia, se identifica y se reimprime, con anotaciones de Arno Schmitt, en Sexuality and Eroticism among Males in Moslem Societies, ed. Arno Schmitt y Jehoeda Sofer, Nueva York, Harrington Park, 1992, pp. 151-167.
     15 Véase Norman Daniel, Islam and the West; The Making of an Image, Edinburgh, University Press, 1960, especialmente pp. 141 y 321.
     16 Véanse Fernando Valdés Fernández, "Aproximación a los orígenes del consumo de haš~iš en al-Andalus," Estudios de historia y de arqueología medievales [Cádiz], 3-4, 1984, 141-152; Arié, p. 326; y Franz Rosenthal, The Herb. Hashish versus Medieval Muslim Society, Leide, Brill, 1971.
     17 Véase mi "Cisneros y la quema de los manuscritos granadinos," citado en la nota 11.
     18 "Los cronistas andaluces han señalado la tendencia a la pederastia (.hubb al-walad) del califa al-akam II; según ellos, el libertinaje se había extendido tras la desaparición de al-Man.s~ur b. Ab~i `~Amir y en la época de los últimos omeyas. A principios del siglo XI...sólo se veía en Córdoba a libertinos haciendo alarde de sus bajezas; la sodomía aparecía a la luz del día. Se ha reprochado a menudo a los reyes de taifas el haber permitido que se desarrollara en suelo andaluz el espíritu de desobediencia y el libertinaje. Posiblemente, la división de España en pequeños principados y el relajamiento de la autoridad agravaron la corrupción moral. Sin embargo, cabe señalar que las acusaciones de inmoralidad contra los príncipes andaluces proceden de historiadores posteriores, pagados por los almorávides o los almohades, quienes alardeaban, al menos en un principio, de la austeridad de sus costumbres y de su puritanismo moral. En realidad, los reyes de taifas se entregaron a los placeres tanto como sus predecesores o los gobernadores almorávides y almohades que les sucedieron" (Arié, p. 326).
     19 Abd ar-Ram~an III: el martirio del niño San Pelagio, discutido infra.
     Al-Hakam II: referencia en la nota anterior.
     `Abd All~ah: The Tiby~an: Memoirs of `Abd All~ah B. Buluggin last Z~irid Am~ir of Granada, enmendado, trad. y anotado por Amin T. Tibi, Leide, Brill, 1986, pp. 191-192, y la página 25 de la introducción. La traducción de Tibi, aunque basada en el mismo manuscrito único, difiere notablemente de la menos anotada traducción de E. Lévi-Provençal y Emilio García Gómez, El siglo XI en 1 persona: las "Memorias" de `Abd All~ah, último rey z~irí de Granada, destronado por los Almorávides (1090), 4 ed., Madrid, Alianza, 1982, pp. 330-331. Tibi propone y anota muchas lecturas diferentes, y las diferencias de traducción impresionan. La frase que en Lévi-Provençal y García Gómez reza "El rey de Granada no deseaba más que amontonar riquezas, amar a las bellas mujeres y convidar efebos" (p. 330), en Tibi reza (en inglés): "El príncipe de Granada deseaba dinero y era aficionado a los muchachos bellos y a su compañía como buenos compañeros" (p. 191). La frase que reza en Lévi-Provençal y García Gómez: "En cuanto a que yo invitaba a efebos a mis fiestas, dado que era fuerza hacer un uso moderado del vino—cosa de la que ya Dios me habrá perdonado—, ?por qué tienes que ocuparte de mis libaciones y de mis convidados?" (p. 331), en Tibi reza (en inglés): "En cuanto a tomar a muchachos como buenos compañeros, no se empleaban para tomar vino y caricias ya que eso hubiera supuesto el uso de algún vino de que Dios me ha apartado" (p. 192).
     20 Sobre al-Mu`tamid, A. R. Nykl, Hispano-Arabic Poetry and its Relations with the Old Provençal Troubadours, Baltimore, 1946, p. 137.
     La poesía de Y~usuf III está en su mayor parte sin traducirse. Para un ejemplo, James T. Monroe, Hispano-Arabic Poetry: A Student Anthology, Berkeley, University of California Press, 1974, p. 372. Ofrece una introducción a Y~usuf, Celia del Moral Medina, "El D~iw~an de Y~usuf III y el sitio de Gibraltar," Homenaje al prof. Darío Cabanelas Rodríguez, O.F.M., Granada: Universidad de Granada, Departamento de Estudios Semíticos, 1987, II, 79-96.
     21 Charles-Emmanuel Dufourcq, La vie quotidienne dans l'europe médiévale sous domination arabe, París, Hachette, 1978, pp. 134-135: "le deuxième calife de Cordoue, al-Hakam [II], avait un harem bien rempli et, cependant, il arriva à l' âge de quarente-six ans sans avoir encore eu d'enfants; peut-être s'intéressait-il davantage aux hommes qu'aux femmes; une esclave basque chrétienne réussit pourtant à le rendre père: très jeune, intelligente et belle, elle avait adopté une mode en usage à Bagdad: abandonnant toute toilette féminine, elle s'était travestie en s'habillant comme un éphèbe. Le calife prit d'ailleurs l'habitude de l'appeler par le nom d'homme qu'elle avait choisi: Chafar." Hay traducción española, Vida cotidiana de los árabes en la Europa medieval, Madrid, Temas de Hoy, 1990.
     22 Traducción mía de Bouhdiba, Sexualité en Islam, París, Presses Universitaires de France, 1975, p. 160, valiéndome de la traducción inglesa, Sexuality in Islam, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1985, p. 131. Existe una traducción española que no he podido ver: La sexualidad en el Islam, trad. Rafael Fauquié, Caracas, Monte Ávila, 1980. También señala Bouhdiba: "Las sociedades arabomusulmanes favorecían el desarrollo de las relaciones homosexuales, con prejuicio de las relaciones intersexuales" (p. 245; p. 200 de la traducción inglesa).
     23 Hay una pequeña antología en el capítulo "Perversión" (pp. 123-128) del libro homofóbico de Claudio Sánchez-Albornoz, De la Andalucía islámica a la hoy, Madrid, Rialp, 1983. Sobre el tema, J. M. Continente Ferrer, "Aproximación," (citado en la nota 14), especialmente pp. 16-18.
     24 Hay unos datos sobre el contexto e influjo de esta colección en Andrew Anderson, Lorca's Late Poetry: A Critical Study, Liverpool, Francis Cairns, 1990, pp. 18-19.
     25 Según Marc Daniel, "el amor de los efebos era, en el Imperio Arábigo, una fuerza poderosa de reconciliación entre razas religiones y clase sociales" (p. 65). Daniel cita en la p. 65 unos sorprendentes poemas de amor entre religiones, todos de autores hispanos. ("Arab Civilization and Male Love," publicado primero en francés en diez números de la revista Arcadie, 1975-76; traducido por Winston Leyland en Gay Sunshine, 32, 1977; uso la reimpresión en Gay Roots: Twenty Years of Gay Sunshine, ed. Winston Leyland, San Francisco, Gay Sunshine, 1991, pp. 32-75.)
     26 Todo Ben Quzmán, editado, interpretado, medido y explicado por Emilio García Gómez, Madrid, Gredos, 1972.
     27 El libro de las banderas de los campeones, ed. y trad. Emilio García Gómez, 2 ed. con un nuevo prologo, Barcelona, Seix Barral, 1978; traducción manipulada de A. J. Arberry, Moorish Poetry: The Pennants, Cambridge, University Press, 1953; traducción completa: The Banners of the Champions, trad. James Bellamy y Patricia Steiner, Madison, Wisconsin, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1988.
     28 Francisco Márquez Villanueva, Orígenes y sociología del tema celestinesco, Barcelona, Anthropos, 1993, p. 38, n. 70. Fernando Lázaro Carreter reseñó su libro en ABC Literario, 30 de abril de 1993, p. 7.
     Para otros textos erotológicos musulmanes inéditos, véase Bouhdiba, pp. 173-176 (pp. 142-144 de la traducción inglesa). El tratado Muf~akharat al-jaw~ar~i wal ghulm~an que cita ha sido traducido en Nine Essays of al-Jahiz, Nueva York, Lang, 1989. El único ejemplo que conozco de un tratado erotológico musulmán con contenido homosexual, y disponible en una lengua occidental, es Les délices des coeurs de Amed al-T~if~ach~i, París, Phébus, 1981; la parte homoerótica, The Delight of Hearts, traducida del francés por Edward A. Lacey, San Francisco, Gay Sunshine, 1988.
     29 El testigo de vista creo que fue Cervantes, el único escritor de relieve preso en Argel. Defiendo esta tesis en "Cervantes, autor de la Topografía de Argel publicada por Diego de Haedo," presentado al VI Coloquio de la Asociación de Cervantistas y en prensa en Cervantes.
     30 Citado por George Camamis, Estudios sobre el cautiverio en el Siglo de Oro, Madrid, Gredos, 1977, p. 79.
     31 Una obra sofisticada de Eddy Zemach y Tova Rosen-Moked (hebreo; Jerusalén, 1983) trata de la poesía erótica de Samuel ha-Naguid, según Helen Leneman, "Reclaiming Jewish History: Homo-erotic Poetry of the Middle Ages," Changing Men, 18 (Summer/Fall 1987), pp. 22-23.
     32 Jefim Schirmann, "The Ephebe in Medieval Hebrew Poetry," Sefarad, 15, 1955, 55-68. Varios artículos de Norman Roth tratan aspectos del mismo tema: "'Deal Gently with the Young Man': Love of Boys in Medieval Hebrew Poetry of Spain," Speculum, 57, 1982, 20-51 (reimpreso en Homosexual Themes in Literary Studies, ed. Wayne R. Dynes y Stephen Donaldson, New York, Garland, 1992, pp. 268-299); "Satire and Debate in Two Famous Medieval Poems from al-Andalus: Love of Boys vs. Girls, The Pen and Other Themes," Maghreb Review, 4, 1979, 105-113; "'My Beloved is Like a Gazelle': Imagery of the Beloved Boy in Religious Hebrew Poetry," Hebrew Annual Review, 8, 1984, 143-165; "The Care and Feeding of Gazelles: Medieval Arabic and Hebrew Love Poetry," en Poetics of Love in the Middle Ages, ed. Moshe Lazar and Norris J. Lacy, Fairfax, Virginia, George Mason University Press, 1989, pp. 95-118. Un estudio histórico, aunque atribuye las prácticas homosexuales hispanojudías exclusivamente al influjo de los árabes, es el de Yom Tov Assis, "Sexual Behaviour in Mediaeval Hispano-Jewish Society," en Jewish History. Essays in Honour of Chimen Abramsky, ed. Ada Rapoport-Alpert y Steven J. Zipperstein, Londres, Peter Halban, 1988, pp. 25-59.
     33 Norman Cantor, "Disputatio," en Aspects of Jewish Culture in the Middle Ages, Albany, SUNY Press, 1979, pp. 181-186, en las pp. 184-185; traducción mía.
     34 Véase Frederick P. Bargebuhr, The Alhambra: A Cycle of Studies on the Eleventh Century in Moorish Spain, Berlín, de Gruyter, 1968, y sobre García Gómez las pp. 9-10 y 195-196.
     35 Véase el artículo "Judaism, Sephardic" en la Encyclopedia of Homosexuality, ed. Wayne Dynes, Nueva York, Garland, 1990, I, 644-648.
     36 "La prostitución femenina se ejercía particularmente en las metrópolis andaluzas; su clientela estaba formada por la plebe urbana y, sobre todo, por los campesinos llegados a la ciudad para hacer sus compras" (Arié, p. 327).
     37 Penguin Book of Hebrew Verse, ed. T. Carmi, Harmondsworth, Penguin, 1981, p. 316. "Sheol" es el infierno. Se trata de un poema de Ibn abirol.
     38 Nicolás Chorier, La academia de las damas llamada "Sátira sotádica" de Luis Sigea, trad. de Joaquín López Barbadillo, Madrid, López Barbadillo, 1917; reimpr. Madrid, Akal, 1978, p. 138. En la traducción de Ricardo Pochtar, Sátira de Luisa Sigea, Barcelona, Bruguera, 1977, p. 196. Sobre los problemas bibliográficos de este libro, véase David Foxon, Libertine Literature in England 1660-1745, New Hyde Park, New York, University Books, 1965, pp. 38-43; sobre la colección López Barbadillo, José Blas Vega, "Un capítulo de la literatura secreta en España: la biblioteca de López Barbadillo y sus amigos," en Cuadernos de bibliofilia, 4, 1980 (no visto), y en edición del autor, Madrid, 1979.
     39 Citado en mi "?Por qué volvió Cervantes de Argel?," presentado al Primer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, y en prensa en un homenaje a Geoffrey Stagg.
     40 Texto tomado de Sánchez-Albornoz (supra, n. 23), p. 129. Una traducción ligeramente diferente en E. Levi-Provençal y Emilio García Gómez, Sevilla a comienzos del siglo XII. El tratado de Ibn `Abd~un, 2 ed., Sevilla, Servicio Municipal de Publicaciones, 1981, p. 150.
     41 "Entre todos los hombres, se señalaron siempre los franceses por abominar del placer contra natura" (Chorier, trad. López Barbadillo, p. 138; p. 196 de la traducción de Pochtar).
     42 Sobre las reinas de Alfonso VI, véase Clemente Palencia, "Historia y leyenda de las mujeres de Alfonso VI," en Estudios sobre Alfonso VI y la reconquista de Toledo. Actas del II Congreso Internacional de Estudios Mozárabes (Toledo 20-26 Mayo 1985), Toledo, Instituto de Estudios Visigótico-Mozárabes, 1988, pp. 281-290.
     43 Véase Norman Daniel, Islam and the West: The Making of an Image, Edinburgh, University Press, 1958, pp. 101-102, 144 y 160. También Miguel de Bunes Ibarra, La imagen de los musulmanes y del norte de África en la España de los siglos XVI y XVII. Los caracteres de una hostilidad, Madrid, CSIC, 1989: "Se tiende a identificar...la mayoría de los actos de sus practicantes [del Islam] con la lujuria" (p. 218). "Practican gran número de aberraciones sexuales" (p. 224). "No hay especie ninguna de este pecado [lujuria] de que no usen y pongan en él su bienaventurança deste mundo y del otro" (p. 235). "Mahoma fue uno de los hombres más carnales que han existido.... Como él sabía muy bien que era un simple falsario, para ganarse la confianza de los idólatras en su ley les permite y legaliza sus bajas pasiones" (p. 235). "El celibato casi constituye un pecado.... Creen que los musulmanes sirven mejor a su Profeta cuanto más actos deshonestos cometan, no respetando en ellos a sus hijastras, cuñadas y parientes de sexo femenino" (p. 236). "La consecución del placer es, según la opinión de los españoles, la aspiración de los practicantes del Islam" (p. 239).
     44 Sabemos el nombre de uno: "Almançor de Leon escrivano et secretario del Rey de granada, mi señor, por lo castellano" (Hernando de Baeza, "Las cosas que pasaron entre los reyes de Granada desde el tiempo del rey don Juan de Castilla, segundo de este nombre, hasta que los Católicos Reyes ganaron el reyno de Granada," en Relaciones de algunos sucesos de los últimos tiempos del reino de Granada, [ed.] E. L[afuente] y A[lcántara], Madrid: Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1868, pp. 89 y 136).
     45 Véase mi A Study of "Don Quixote," ya citado, p. 124, n. 58 (n. 60 del capítulo 4 de la traducción española).
     46 Según Pedro Herrera Puga, Sociedad y delincuencia en el Siglo de Oro, Madrid, Católica, 1974, pp. 262-263: "Es contra bonum publicum, pues derechamente quita la multiplicidad o multiplicación del género humano.... El pueblo...consideraba el pecado nefando como un mal 'pegajoso', del cual, una vez contraído, difícilmente podrían librarse los individuos contagiados.... La hoguera era el único medio apto, porque en comenzando este vicio en un hombre, nadie ni nada puede apartarle de él 'sino el fuego'."
     47 Véase sobre Alfonso II y Bernardo del Carpio el capítulo II de mi A Study of "Don Quixote," ya citado.
     48 Márquez Villanueva, Orígenes y sociología, p. 172.
     49 Daniel Aguilera Camacho, "El drama de San Pelagio. Poema de la monja sajona Roswitha," Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, 20, 1949, 29-44; Enrique Flórez, ed., España sagrada, XXIII, Madrid, 1767, pp. 105-131.
     50 Véanse Juan Martínez Ruiz, "La tradición hispano-árabe en el Libro de buen amor," pp. 187-201, y F. Márquez Villanueva, "Nuevos arabismos en un pasaje del Libro de buen amor (941 ab)," pp. 202-207 de El Arcipreste de Hita. El libro, el autor, la tierra, la época. Actas del I Congreso Internacional sobre el Arcipreste de Hita, Madrid, SERESA, 1973.
     51 Luce López-Baralt, "La bella de Juan Ruiz tenía los ojos de hurí," NRFH, 40, 1992, 73-93: "los 'problemas' que aquejan a la bella de Juan Ruiz se van esfumando desde contextos literarios árabes" (p. 83). También Luce López-Baralt, "Juan Ruiz y el Šeyj Nefzaw~i elogian a la dueña chica," La torre [nueva época], 1, 1987, 461-472.
     52 P. ej., Américo Castro, La realidad histórica de España, México, Porrúa, 1954: "tras Juan Ruiz resuena el eco de una larga tradición de orgullo literario hispano-islámico" (p. 395); "su arte consistió en armonizar (castellana y cristianamente) las dos tendencias fundamentales de la literatura árabe de los siglos previos: sensualidad y ejemplarismo moral" (p. 422). Adviértase que las varias ediciones de este libro difieren notablemente en el tratamiento del Libro de buen amor. Sobre estos cambios, véase Joset, Nuevas investigaciones, pp. 59-60.
     53 Véanse Francisco Cantera Burgos, "La judería de Hita en el cuadro de los núcleos judíos de Guadalajara," pp. 439-446, y José Luis Lacave, "El rabí Açelyn y su posible identificación," pp. 479-482 de El Arcipreste de Hita. El libro, el autor, la tierra, la época. En su "La aljama de Hita según el Inventario de sus bienes antes de la expulsión" (Historia de Hita y su Arcipreste. Vida y muerte de una villa mozárabe, Madrid, Nacional, 1976, pp. 144-148), Manuel Criado de Val señala que "la aljama de Hita, tal como se muestra en los días de su final liquidación, era muy diferente a las del resto de la Península. No estaba recluida en barrios especiales o 'ghettos', ni separado el arrabal ni fuera de la muralla, sino esparcida por todas las calles de la villa con sus casas junto a las de los hidalgos castellanos" (p. 144).
     54 Véase la nota de Joset al pasaje. El supuesto uso de Ovidio por Juan Ruiz ha sido agudamente atacado por Márquez Villanueva, Orígenes y sociología, p. 95, n. 216.
     55 Ovidio "prefería a los mozos las mujeres, porque más le satisfacía el goce recíproco que la egoísta voluptuosidad. 'Quiero—decía—el placer que eyacula por una y otra parte'. Así le tentó menos el amor masculino." (Chorier, trad. López Barbadillo, p. 135; p. 194 de la trad. de Pochtar.)
     56 Véase Chorier, p. 193 de la traducción de Pochtar; p. 135 de la de López Barbadillo. Sobre Virgilio el mago, John Spargo, Virgil the Necromancer; Studies in Virgilian Legends, Cambridge, Harvard University Press, 1934.
     57 Véase la nota de G. B. Gybbon-Monypenny en su edición, Madrid, Castalia, 1988, p. 123, y también Francisco Rico, "'Por aver mantenencia'. El aristotelismo heterodoxo en el Libro de buen amor," en Homenaje a José Antonio Maravall, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1985, III, 271-297.
     58 Sobre el erotismo del episodio de Don Carnal y Doña Cuaresma, véase Francisco Márquez Villanueva, "El carnaval de Juan Ruiz," en Arcadia. Estudios y textos dedicados a Francisco López Estrada, Dicenda, 6-7, 1987-88, I, 177-188, en las pp. 182-183, y bibliografía citada allí.


URL: http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/Other_Hispanic_Topics/El_buen_amor_heterosexual_de_Juan_Ruiz.htm
Daniel Eisenberg <Daniel.Eisenberg@bigfoot.com>