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De: La interpretación cervantina del Quijote, por Daniel Eisenberg. © 1995 Compañía Literaria, S.A.


[Índice] - [Introducción metodológica] - [Nota sobre los textos] - [Cap. 1. Cervantes y los libros de caballerías castellanos] - [Cap. 2. El libro de caballerías ideal: El “famoso Bernardo] - [Cap. 3. El género de Don Quijote] - [Cap. 4. El humor de Don Quijote] - [Cap. 5. El provecho de Don Quijote] - [Cap. 6. Don Quijote, un clásico. La insuficiencia de la interpretación cervantina] - [Apéndice: La influencia de Don Quijote en el Romanticismo] - [Bibliografía]


Apéndice. La influencia de Don Quijote en el romanticismo


  Este gran cavallero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo...y, assí, le invocan y llaman [los españoles] como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas vezes le han visto visiblemente en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando.

IV, 230, 9-17

 
Esta orden es una institución de caballerosidad, humanidad, justicia y patriotismo; incorpora en su genio y en sus principios todo lo caballeroso en la conducta, lo noble en el sentimiento, lo generoso en la virilidad y lo patriótico en la intención.

La Constitución del Ku Klux Klan1


     Mientras que la historia de la interpretación de Don Quijote ha sido tema de muchos estudios, la única influencia del libro que se ha estudiado recientemente es el papel clave que ha desempeñado en el desarrollo de la novela. El hecho de que no se haya dicho casi nada sobre su influencia en la literatura en general, en las ideas, en la cultura, en las costumbres e indirectamente incluso en la política, hace sospechar que hay mucho por decir.2 El romanticismo es un enfoque adecuado para nuestro examen de la influencia de Don Quijote, debido al gran impacto que ha causado, que aún persiste de muchas formas, y a la reciente controversia sobre Ala interpretación romántica de Don Quijote”.3
     Esta investigación, sin embargo, carecería de sentido si se tratara de las interpretaciones erróneas de los románticos. En este caso su utilización de Cervantes sería secundario al movimiento. No parece, sin embargo, que sea así. Les debemos mucho: el origen de los estudios cervantinos modernos,4 que, junto con el nacimiento del hispanismo en general, si no es inseparable del nacimiento del romanticismo, está estrechamente vinculado a él. Los románticos fueron los primeros en señalar la complejidad de la obra, sus distintos niveles y su autoanálisis;5 fueron ellos los que señalaron que las novelas intercaladas constituyen una parte integrante del libro (Close, Romantic Approach, pág. 31). También fueronAlos primeros en describir la sutileza lingüística” de las obras de Cervantes (Bergel, pág. 324), los primeros en ver que el uso de personajes pertenecientes a la clase baja era una característica positiva.6 Finalmente, también fueron los primeros en entender el complejo punto de vista de Cervantes sobre la caballería: que, al mismo tiempo que atacaba la falsa literatura caballeresca, defendía lo que entendía como caballería verdadera, y sentía una considerable simpatía por algunos de los libros que atacaba, con la única condición de que se presentaran e interpretaran como literatura (“poesía”), en lugar de como historia.7
     El estereotipo de la interpretación romántica de Don Quijote, que los románticos no prestaron atención al humor de la obra, no lo respaldan los escritos de los primeros románticos: “se fija la atención de los románticos [en] el carácter profundamente cómico de la novela”.8 Las primeras historias verdaderas de la literatura española, las de Bouterwek y Simonde de Sismondi, son también las principales transmisoras de las ideas románticas alemanas acerca de Don Quijote al resto de Europa.9 Bouterwek, cuya historia de la literatura española tuvo una gran influencia10 y se convirtió rápidamente en un clásico,11 dijo que Don Quijote era “el prototipo indudable de la novela cómica. Las situaciones humorísticas son, es verdad, casi todas burlescas, lo que no era necesario, pero la sátira es tan delicada, que se escapa más que se impone a la atención inexperta” (pág. 239). Calificó la obra de romance cómico (pág. 237), llena de “una serie de situaciones cómicas del tipo más burlesco” (pág. 236). Como prueba de que Cervantes no quería que Don Quijote “sólo provocara risa”, cita los elementos interpolados de la Primera Parte.12
     En su Historical View of the Literature of the South of Europe, publicado por primera vez en 1813, Simonde de Sismondi escribió que “ninguna obra en ningún otro idioma ha mostrado jamás una sátira tan exquisita o tan viva, o una inventiva tan acertada y resuelta con tanto éxito” (pág. 218). Después de alegar razones en contra de que la obra se considere melancólica, indicó que “a satire, written without bitterness, may still be a gay and lively production.... If it be true that ‘to ridicule oneself is the highest effort of good taste’, we find much in Cervantes to display the ridicule which might attach even to his most generous attempts. Every enthusiastic mind, like his, readily joins in pleasantry which does not spare the individual himself, nor that which he most loves and respects, if at the same time it does not degrade him” (págs. 220-221). [Trad.: “una sátira, escrita sin amargura, puede ser un producto alegre y vivo.... Si es verdad que ‘reírse de sí mismo es el máximo esfuerzo del buen gusto’, encontramos en Cervantes muchas muestras del ridículo que puede atribuirse incluso a sus intentos más generosos. Todas las mentes entusiastas, como la suya, en seguida se unen a las bromas que no perdonan ni al propio individuo, ni a lo que más quiere y respeta, si al mismo tiempo no lo rebaja”.13
     Los románticos, lejos de forjar una única interpretación de la obra, discreparon notablemente.14 Parece que estaban de acuerdo en que no debía considerarse a Don Quijotesólo como un libro de caballerías burlesco, que, aunque empezó como tal, rebasa su propósito original. Al escribir el presente libro, he llegado a la conclusión de que tenían razón, y entonces el examen de la influencia de Don Quijote en los románticos es una cuestión válida.
     Parece, ya desde el principio, que su influencia debió de ser considerable. Don Quijote fue la novela por excelencia en la Inglaterra del siglo XVIII,15 donde la novela era el género literario por excelencia. “Casi todos los aspectos y fases de la vida alemana reflejada en la literatura entre 1750 y 1800 están relacionados directa o indirectamente con Don Quijote” (Bergel, pág. 309). España fue el país preferido de los primeros románticos ingleses16 y alemanes,17 y Don Quijote su libro preferido.18 Casi todos los temas contradictorios que se han encontrado en el movimiento romántico19 son los que los románticos dijeron que habían encontrado en Cervantes.20
     No es fácil, sin embargo, especificar la influencia de un libro que fue comprendido de forma contradictoria,21 algunas veces por la misma persona,22 en un movimiento para el que no hay definición.23 Sin entrar en la controversia sobre la definición del movimiento romántico,24 me limitaré a mostrar que los alemanes e ingleses que dieron forma al romanticismo sentían una admiración muy grande por Don Quijote.25 Centro mi atención en Alemania e Inglaterra porque son los países en que Don Quijote era más popular en esta época,26 y en una coincidencia como mínimo curiosa, los países donde empezó el romanticismo y con los que más se asocia.27 Acabaré con un examen del influjo de Don Quijote en el renacimiento de la literatura medieval y la caballería.
     Los dos hombres a quienes se atribuye, más que a ningún otro, el inicio del romanticismo son los hermanos Friedrich y August Wilhelm Schlegel. El más joven, Friedrich, es el padre espiritual y filosófico del movimiento; a él se atribuye “el descubrimiento de toda la teoría romántica y el empleo, por primera vez, del término ‘romanticismo’ para designar una etapa determinada de la historia literaria”.28 Encontró en Cervantes “el verdadero artista romántico”, “inspirado y consciente”.29 “El Quijote es [para él] modelo de novela”,30 y la novela, “patrimonio de los españoles”,31 es el género literario romántico por excelencia.32 Fue también quien, por primera vez, defendió que “de este autor inmortal hay que haber leído, y por lo tanto traducido, o todo o nada”.33
     August Wilhelm Schlegel fue menos original, pero fue un divulgador muy importante de las ideas de su hermano dentro y fuera de Alemania. Su famosa distinción entre lo clásico y lo romántico es indicativa de su importancia; “no es el inventor de dicha diferencia, pero supo formularla de tal modo que se ganó la aprobación y difusión general, dentro y fuera de Alemania” (Wellek, Historia, II, 70). Proclamó que Don Quijoteera “la obra perfecta del arte romántico culto”.34
     Fue Ludwig Tieck, sin embargo, quien “es considerado generalmente la cabeza visible de la escuela romántica alemana” (Wellek, Historia, II, 110); aunque su prestigio ha disminuido, fue en su época un hombre de gran influencia y categoría.35 Tieck también fue el primer alemán que se interesó especialmente por la literatura española en general (véase Wellek, Historia, II, 114), de la que acumuló una notable biblioteca.36
     “La amistad de Tieck con Cervantes fue [desde joven] sellada de por vida”; Don Quijote “fue durante mucho tiempo su compañero diario”.37 Don Quijote, escribió, es “sin duda el único libro en el que se ha elevado a verdadera obra de arte el humor, el placer, la burla, la seriedad y la parodia, la poesía y el ingenio, las más grandes aventuras imaginarias y las realidades más duras de la vida”.38 Tieck tradujo Don Quijote al alemán (1799-1801); su hija, por sugerencia suya, tradujo el Persiles (1837), para cuya traducción escribió una introducción.39
     El estudio de la influencia de Cervantes en el romanticismo inglés es más difícil. Desgraciadamente no hay ningún estudio de la influencia de Cervantes ni de ningún otro escritor español en la literatura inglesa durante este período que sea similar a German Literature as Known in England 1750-1830 de Violet Stockley (London: George Routledge, 1929), o a los diversos estudios sobre la influencia hispana en los Estados Unidos40 y en Alemania. El análisis más completo, Spanish Influence on English Literature de Martin Hume (1905; reimpreso en New York: Haskell House, 1964), apenas va más allá del siglo XVII; parece que al autor no se le ha ocurrido la posibilidad de una influencia española en los románticos ingleses. Edwin B. Knowles, Jr., al mismo tiempo que estudia Don Quijote en Inglaterra durante el período 1605-1660,41 señala justamente que “es el único período en que se ha estudiado a fondo la influencia de Cervantes”.42 Sin embargo, podemos mencionar, para empezar, el caso de Wordsworth, el autor de “el manifiesto del romanticismo inglés, que señala la ruptura con el neoclasicismo” (Wellek, Historia, II, 151). Él mismo asignó a Don Quijote un lugar preeminente en su autobiográfico Preludio.43
     Para reforzar la teoría de la influencia, dejando de lado aspectos potencialmente tan atractivos como la influencia de Cervantes en la idea romántica del héroe o en su visión de la naturaleza o del amor,44 limitaré mis comentarios a dos áreas especialmente confusas, en las cuales algunos aspectos del nacimiento del romanticismo parecen inexplicables sin la influencia, directa o indirecta, de Don Quijote y de los libros de caballerías, a los que el texto de Cervantes servía de introducción. La primera es el resurgimiento del interés por la literatura medieval (romances): se aplicó el término romántico a este movimiento porque significaba “en el espíritu de los romances”,45 y el reconocido experto en romances, autor de lo que el joven Schlegel llamó “el más romántico de los romances”,46 era Cervantes.
     Johann Jakob Bodmer ofreció en 1741 “el primer análisis crítico alemán de Don Quijote”.47 También fue “el descubridor de la literatura medieval alemana” (Wellek, Historia, I, 173): publicó Percevalde Wolfram en 1754 y una edición parcial de Los Nibelungos en 1757.48 Los entusiastas de Cervantes, los hermanos Schlegel y Tieck, continuaron este resurgimiento (Wellek, Historia, II, 35, 50 y 115). Friedrich Schlegel deseaba el retorno a la edad de oro de la caballería, del amor y de la literatura fantástica (“[das] Zeitalter der Ritter, der Liebe und der Marchen”), donde supuestamente nació el romanticismo (Tymms, págs. 8-9 y 126). Si se deja de lado el distinto contexto religioso y la preferencia por la literatura fantástica en lugar de la histórica, vemos que es el mismo sueño imposible que el de Don Quijote.
     En Inglaterra, Thomas Percy inició el resurgimiento de la literatura medieval y dio forma a la poesía inglesa contemporánea con su Reliques of Ancient English Poetry (1765), que fue muy influyente y de la que, en 1794, habían salido a la luz cuatro ediciones.49 Aunque se sabe que estaba en preparación en 1761,50 el estudio de Percy sobre la literatura española fue anterior, y fue más importante que sus proyectos sobre la literatura escandinava, oriental y hebrea, que son más conocidos.51 En la primera carta existente (1755) menciona su empleo de “ediciones” de Don Quijote,52 del que frecuentemente dice que es su libro favorito.53 Coleccionaba los libros (“romances”) de la biblioteca de Don Quijote, con la idea de publicar anotaciones al libro, así como también una traducción revisada;54 la colección de Percy fue usada no sólo por Samuel Johnson,55 sino también por el primer editor erudito de Don Quijote y heredero del proyecto de Percy, John Bowle.56
     Southey, amigo íntimo de Coleridge, que en este período fue nombrado poeta laureado de Inglaterra, gracias a la influencia de Scott, creía que sólo porque “estas historias caballerescas españolas se tradujeron tan mal que tuvieron poca influencia en nuestra literatura”.57 Para remediar esta deficiencia, publicó traducciones inglesas de Amadís(1803) y Palmerín de Inglaterra (1807);58 su traducción de Palmerín tuvo una influencia considerable en la poesía de John Keats, quien también conocía Amadís.59 Estas obras fueron seguidas de la traducción de Southey Chronicle of the Cid(1808),60 y de su propia obra sobre Rodrigo (1814).61 Fue inmediatamente después cuando se publicó la primera edición de Malory después de casi dos siglos, iniciando los estudios artúricos en Inglaterra, y resurgiendo la literatura artúrica que todavía perdura.62
     Otra tendencia que parecería inexplicable sin la influencia de Cervantes es el gran culto a la caballería en la Inglaterra y en la Alemania del siglo XIX y en menor medida en el sur de los Estados Unidos, hoy casi olvidada por sus consecuencias tan molestas y desastrosas.63 Como muestra Girouard, el resurgimiento de la caballería en Inglaterra se atribuye a Sir Walter Scott.64 Fue el autor vivo más famoso del mundo de principios del siglo XIX;65 al que, incidentalmente, los autores españoles han imitado más que a ningún otro;66 también fue el autor favorito del rey Jorge IV (Girouard, pág. 34). En una época se representaron simultáneamente en London cinco adaptaciones teatrales de Ivanhoe (Girouard, pág. 90).67
     Scott sentía “una admiración sin límites por Cervantes”;68 “como autor se comparó a Cervantes”.69 Fueron las Novelas las que le infundieron por primera vez la ambición de sobresalir en el género novelístico.70 Scott “conocía bien Don Quijote. Lo leyó en el original y al parecer lo usó como un Baedeker en su largo viaje por la tierra de los romances.... Hubo una época en que pensó seriamente en hacer una traducción inglesa”.71 En las obras de Scott se han encontrado más de cien alusiones a Don Quijote.72
     Clara Snell Wolfe ha observado que “una fase muy amplia de la obra de Scott—su selección de elementos de la caballería medieval para sus novelas—debe mucho a sus lecturas de obras españolas.... Es evidente que la típica obra caballeresca de Scott halla su equivalente en Don Quijote y en Amadís, su modelo” (pág. 310). Su lectura de Amadís, en la traducción de Southey, fue el inicio de sus novelas de Waverly y, en general, de su cambio de verso (“The Lay of the Last Minstrel”) a prosa.73 En su reseña de este libro,74 observa que “la fama de Amadís de Gaula ha llegado hasta hoy, y es muy conocido en la mayoría de las lenguas europeas. Pero ha conseguido esta distinción de una forma un poco mortificante: pues parece que el héroe debe su fama mucho menos a sus historiadores, Lobeira, Montalvo y Herberay,75 que a Cervantes”.
     Como mínimo, la influencia de Cervantes merece un examen posterior más profundo.76



     1 Reproducido en Stanley Frost, The Challenge of the Klan (1924; reimpreso en New York: AMS, 1969), pág. 68. El Ku Klux Klan es una organización semisecreta de la extrema derecha, especialmente activa en el sur de los Estados Unidos. Aunque ya ha perdido mucho de su fuerza, se dedicaba a oponer resistencia por medio de la violencia y amenazas a todo lo que sus miembros consideran que hacen los negros y también los judíos para perjudicar los cristianos blancos. En esta misma línea, así empieza un artículo periodístico sobre los que tiraron bombas en clínicas donde se practicaba el aborto: “Se llamaban a sí mismos caballeros, su emblema era una máscara que habían estampado en sus camisetas con el lema ‘Defensores del Código’, y su misión era defender los ideales de la caballería” (New York Times, 18 de enero de 1985, pág. 12).
     2 Un aspecto que ha sido estudiado con cierto detenimiento es el influjo de Cervantes sobre Freud. Según Stanko B. Vranich, Sigmund Freud también leyó las Novelas ejemplares en español cuando era adolescente, identificándose con el perro Cipión, que escucha terapéuticamente la historia de Berganza acerca de sus sufrimientos en una sociedad enferma. Véase “Sigmund Freud y ‘El historial clínico de Berganza’: Los comienzos psicoanalíticos de Freud” en Ensayos sevillanos del Siglo de Oro (Valencia: Albatros Hispanófila, 1981), págs. 105-114, y también León Grinberg y Juan Francisco Rodríguez, “La influencia de Cervantes sobre el futuro creador del psicoanálisis”, Anales cervantinos, 25-26 (1987-1988), 157-174 y “Cervantes as Cultural Ancestor of Freud”, en Quixotic Desire. Psychoanalytic Perspectives on Cervantes,ed. Ruth Anthony El Saffar y Diana de Armas Wilson (Ithaca: Cornell University Press, 1993), págs. 23-33, Edward C. Riley, “Cervantes y Freud”, Ínsula,538 [1991], 34-35, Riley, “Cervantes, Freud and Psychoanalytic Narrative Theory”, Modern Language Review, 88 (1993), 1-14 y Riley, “‘Cipión’ Writes to ‘Berganza’ in the Freudian Academia Española”, Cervantes,14 (1994), 3-18.
     3 El libro de Anthony Close que lleva este título ha provocado más comentarios que cualquier otro estudio actual sobre Cervantes. Mientras que la parte central del libro, la historia del enfoque romántico, ha sido sólo objeto de algún examen ocasional (v.g., Lowry Nelson, Jr., “Chaos and Parody: Reflections on Anthony Close's The Romantic Approach to ‘Don Quixote’”, Cervantes,2 [1982], 89-95), varios críticos han analizado los comentarios interpretativos que preceden y forman el contexto de su historia. Lamentablemente, esta crítica se ha dividido por naciones. En España el libro ni siquiera ha sido reseñado y sólo se incluyó en la extensa sección bibliográfica de Anales cervantinos(24 [1986 (1988)], 265-267) después de comentarse su ausencia en la edición norteamericana del libro presente. En Inglaterra las reseñas han sido unánimamente favorables, sin ninguna objeción importante: E. C. Riley, Times Literary Supplement, 9 de junio de 1978, pág. 639; R. W. Truman, Bulletin of Hispanic Studies, 57 (1980), 349-350; Frank Pierce, Modern Language Review, 74 (1979), 477-478. Quizás tras esta división esté el hecho de que Close escriba relativamente poco sobre los errores de los románticos ingleses, y mucho sobre lo que él considera interpretaciones equivocadas de los españoles.
     En los Estados Unidos la reacción al libro de Close se ha situado entre estos dos polos: ha recibido alabanzas combinadas con reservas significativas. Además del artículo de Nelson que acabo de citar, las reacciones más importantes son las reseñas de John J. Allen, Journal of Hispanic Philology, 3 (1978 [1979]), 92-94, Ruth El Saffar, Modern Language Notes, 94 (1979), 399-405, Richard L. Predmore, Modern Philology, 77 (1979), 257-260, T. R. H[art], Comparative Literature 31 (1979), 305-306, Alexander Welsh, Novel, 13 (1980), 326-330, Henry W. Sullivan, Canadian Journal of Comparative Literature, 7 (1980), 114-118 y los artículos de Pierre L. Ullman, “Romanticism and Irony in Don Quixote: A Continuing Controversy”, Papers on Language and Literature, 17 (1981), 320-333 e Inés Azar, “Meaning, Intention and the Written Text: Anthony Close's Approach to Don Quixote and its Critics”, Modern Language Notes, 96 (1981), 440-444, y trata principalmente del enfoque de Close a la intención del autor.
     4 “Toutes les grands questions que se pose la pensée actuelle à l'endroit de Cervantes ont été levées par la critique romantique” (J.-J. A. Bertrand, Cervantes et le romantisme allemand [Paris: Librairie Félix Alcan, 1914], pág. ii.) Con la evidente excepción del problema ontológico examinado por Américo Castro en su Pensamiento de Cervantes, está afirmación todavía es válida en gran parte.
     5 “‘El principal personaje de la segunda parte deDon Quijote es la primera parte. Consiste, en su totalidad, en la reflexión de la obra sobre sí misma.’ Don Quijotetiene lo que toda novela desea, dos centros y dos niveles de significado. En primer lugar tenemos el nivel de acción: la primera parte de Don Quijoteconsiste en las violentas aventuras que acontecen a Don Quijote y, con consecuencias más graves, a los personajes que están relacionados con las novelas intercaladas. Después sigue el nivel de reflexión, la segunda parte de la novela, que consiste en gran parte en charadas que reflexionan sobre las aventuras de la primera parte y las explotan. En esta segunda parte, se revela el significado, la profundidad y, como lo llama Schlegel, la personalidad de las acciones.” (Marshall Brown, The Shape of German Romanticism [Ithaca: Cornell Univ. Press, 1979], págs. 203-204.) La cita es de Literary Notebooks de Friedrich Schlegel; su descripción de Don Quijote “podría aplicarse sin modificaciones a varias de las novelas románticas más importantes” (pág. 203).
     6 Gerhart Hoffmeister, España y Alemania. Historia y documentación de sus relaciones literarias, trad. de Isidro Gómez Romero (Madrid: Gredos, 1980), págs. 171-172.
     7 Se ha hablado mucho acerca de los románticos y Don Quijote, pero se ha leído menos lo que realmente escribieron sobre el libro. La única recopilación general de sus escritos, aparte de los fragmentos en Rius, III, capítulo 9, es el obsoleto Cervantes und seine Werke nach deutschen Urtheilen. Mit einem Anhange: Die Cervantes-Bibliographie, ed. Edmund Dorer (Leipzig, 1881); una antología de los escritos sobre Cervantes puesta al día, como el volumen The Romantics on Milton (ed. Joseph Anthony Wittreich, Cleveland: Press of Case Western Reserve, 1970) sería muy útil.
     Como ilustración, voy a reproducir, en traducción de Rius (III, 223), un comentario de August Wilhelm Schlegel sobre la Segunda Parte. “Se ha dicho que la Parte Segunda del Quijoteera muy inferior a la Primera. La injusticia de este aserto aparece en el mismo instante en que uno se hace cargo de la relación de esta parte con el todo y de lo que en ella debe esperarse dada la naturaleza de la materia. Don Quijote ya no podía ni debía chocar tan violentamente como al principio con el mundo externo, y, para evitarlo, el poeta supo aprovechar la circunstancia de que la Primera Parte de la historia había salido mucho tiempo antes; las locuras del caballero se presuponen ya conocidas, y por consiguiente son más moderadas. Cuanto más había durado la chanza de sí mismo, tanto más, naturalmente, se burlan los otros de él; a medida que la historia se va desarrollando, Don Quijote es más pasivo y en consecuencia representa Sancho papel más principal, llenando así el vacío que de otro modo se hubiera hecho evidente. Hacia el fin se observa en Don Quijote un estado como el del abatimiento que sigue a una calentura; la recién ideada apacible manía de establecer una arcádica vida pastoral, que ya en la Primera Parte previó el Ama (tanto sabe preparar el profético Cervantes), es casi su último canto; y su muerte, que, para quedar la obra satisfactoriamente redondeada, debía ser tranquila, está perfectamente traída. Y aun cuando comparemos sus graciosas aventuras ¿qué ventaja tiene la de los molinos de viento sobre la de los batanes, y la batalla de los rebaños de ovejas sobre la destrucción de los títeres? Ninguna más que el haber acontecido antes. ¿Y qué puede igualarse en fantasía y en arte el sueño de la cueva de Montesinos? Con el pie forzado de tener que repetir muchas veces acciones y palabras de los dos personajes principales, ha sabido Cervantes ayudarse, cual diestro músico, por medio de infinitas variaciones; Sancho Panza en la Segunda Parte se adelanta a sí mismo y es aun mucho más gracioso que en la Primera.” (De una reseña de la traducción de Tieck [1799], publicado en Jenaischen allgemeinen Literatur-Zeitung, 230 y 231 [1801] y reimpreso a menudo, primero en su Charakteristiken und Kritiken [Königsberg, 1801], II, 309-333; también en su Sämmtliche Werke, 11 [Leipzig, 1847], 408-426; he usado la edición que está en su Kritische Schriften, ed. Emil Staiger [Zurich y Stuttgart: Artemis, 1962], págs. 294-307, en la pág. 298.)
     Seguramente no estamos de acuerdo con todo lo afirmado. Sin embargo, si consideramos que se publicó en 1801, creo que merece nuestro respeto.
     8 J. J. A. Bertrand, “Renacimiento del cervantismo romántico alemán”, Anales cervantinos, 9 (1961-1962), 143-167, en la pág. 155.
     9 Close, Romantic Approach, págs. 41 y 104; Franco Meregalli, “La crítica cervantina dell'ottocento in Francia e in Spagna”, Anales cervantinos, 15 (1976), 121-148, en las págs. 124 y 135.
     10 Bertrand, Cervantes et le romantisme allemand, pág. 629.
     11 Bertrand, “Figures d'hispanologues”, Bulletin hispanique, 24 (1922), 343-360, en la pág. 358.
     12 “La conexión esencial de estos episodios con el todo a veces se ha escapado a la observación de los críticos, que han considerado secundarias las partes donde Cervantes ha manifestado más decididamente el espíritu poético de su obra.... La encantadora historia de la pastora Marcela, la historia de Dorotea, y la historia del rico Camacho y del pobre Basilio, están indudablemente conectadas con el interés del todo. Estas partes románticas serias...no son, es verdad, esenciales a la narración, pero pertenecen a la característica dignidad de todo el conjunto” (p. 238). (Las citas de Friedrich Bouterwek han sido extraídas de su History of Spanish Literature, trad. de Thomasina Ross [London, 1847]; el original alemán fue publicado por primera vez en 1804. De la anotada traducción al español [Madrid, 1829], no se llegó a publicar sino el primer tomo, que llega hasta finales del siglo XV.)
     13 Las citas de Historical View of the Literature of the South of Europe de J. C. L. Simonde de Sismondi están tomadas de la traducción ya citada en la Introducción, de Thomas Roscoe, 40 edición, II (London: George Bell, 1885). Acerca de Sismondi, véase J.-J. A. Bertrand, “Génesis de la concepción romántica de Don Quijote en Francia [Primera parte]”, Anales cervantinos, 3 (1953), 1-41, págs. 3-8.
     14 “En fait, il n'y eut pas une interprétation ni une imitation romantiques; chaque écrivain a compris Cervantes selon son tempérament” (Bertrand, Cervantes et le romantisme allemand, pág. 631).
     15 Don Quijote fue “la influencia literaria más importante en la novela del siglo XVIII”, “la novela arquetipo para Fielding, Smollett, Sterne y muchos escritores menos importantes” (Frederick R. Karl, A Reader's Guide to the Eighteenth Century English Novel [New York: Noonday, 1974], págs. 54 y 67); “ninguna otra literatura nacional asimiló la idea de Don Quijote más profundamente que la inglesa” (Staves, pág. 193). “No hay biblioteca o estantería para libros sin una edición u otra de Don Quijote” escribió Thomas Percy (en su carta a Locker Davis de principios de marzo, 1761, publicada en Ancient Songs de Percy, pág. xi); el librero Davis dijo que Don Quijote era “el favorito del público” (carta a Thomas Percy, 20 marzo 1761; Boston Public Library, MS Eng 154(1)). “El hecho de que todos lo leen con placer demuestra que vale la pena leerlo”, escribió John Bowle (A Letter to Dr. Percy, pág. 47).
     16 “Todos los ingleses, sin faltar uno, están profundamente interesados en la historia de España presente y pasada” (de una reseña anónima de Chronicle of the Cid de Southey, Gentleman's Magazine, 79 [1809], 237-245, en la pág. 245). “‘Oh, dulce y romántica España’, exclamó [Thomas] Campbell en 1808; y después de 1808 muchos otros escritores siguieron a Southey en este nuevo y pintoresco campo” (Frederick E. Pierce, Currents and Eddies in the English Romantic Generation [New Haven: Yale University Press, 1918], pág. 93).
     17 España era “el país que los románticos alemanes buscaban con toda su alma” (Hoffmeister, pág. 169); Apara los románticos de Alemania, España llega a ser otra patria de adopción. Español y romántico eran con frecuencia términos sinónimos”(Arturo Farinelli, Ensayos y discursos de crítica literaria hispano-europea [Roma, 1925], I, 88, citado por Herbert O. Lyte, Spanish Literature and Spain in Some of the Leading German Magazines of the Second Half of the Eighteenth Century, University of Wisconsin Studies in Language and Literature, 32 [Madison: Universidad de Wisconsin, 1932], pág. 8). Para Friedrich Schlegel, de quien se hablará más adelante, España era “el país poético por antonomasia” (Dietrich Briesemeister, “Entre irracionalismo y ciencia: los estudios hispánicos en Alemania durante el siglo XIX”, Arbor, 119 [1984], 249-266, en la pág. 256).
     Hasta cierto punto eso se debía a que España era considerado un país “gótico”. (Por ejemplo, véase España como el país de origen de la arquitectura “gótica” en una larga nota al pie de página de una epístola de Pope, en The Works of Alexander Pope, with Notes and Illustrations by Joseph Warton, D. D. and Others[London, 1822], III, 271-272; para la imagen de país gótico que la España cristiana tenía de sí misma véase Carlos Clavería, “Reflejos del ‘goticismo’ español en la fraseología del Siglo de Oro”, en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso por sus amigos y discípulos con ocasión de su 601 aniversario [Madrid: Gredos, 1960-1963], I, 357-372.) Tenía, por tanto, ciertos vínculos étnicos o raciales con Alemania, y además era el país donde la cultura medieval (“gótica”), que se consideraba que había celebrado el honor y los combates, había subsistido durante más tiempo y en cierto grado todavía permanecía. El que España sea un país gótico o germánico (es decir, que las características que hacen a España española existían antes de la invasión islámica del siglo VIII y fueron traídas por un pequeño número de conquistadores germánicos) se considera en la actualidad una afirmación más que discutible.
     También vale la pena observar que según una visión muy extendida, aunque polémica, de los siglos XVII y XVIII, se creía que España era el país que había introducido los romances en Europa. Por una parte, se creía que los romances que España había introducido eran “góticos”. Por otra, debido a que los romances en las Guerras civiles de Granada de Pérez de Hita fueron en el siglo XVIII la principal fuente de información de la España árabe, a la fama de los árabes como narradores y a veces a una confusión entre “árabe” y “gótico”, se creía que los romances que supuestamente España había introducido en Europa estaban basados en modelos árabes. La encarnación moderna de esta corriente es la teoría que la poesía trovadoresca y el “amor cortés”, de origen islámico, llegaron a Europa a través de España. Véase “Theories of the Origin of Romance: Huet to Caylus” y “Warton to Scott” en Arthur Johnston, Enchanted Ground. The Study of Medieval Romance in the Eighteenth Century (London: The Athlone Press, 1964), págs 13-21 y 51-59; Raymond Immerwahr, “‘Romantic’ and its Cognates in England, Germany and France before 1790”, en “Romantic” and its Cognates. The European History of a Word, ed. Hans Eichner (Toronto: University of Toronto Press, 1972), págs. 17-97, en las págs. 52 y 63; el capítulo “Gothic Romance” en Samuel Kliger, The Goths in England. A Study in Seventeenth and Eighteenth Century Thought (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1952), especialmente págs. 231-235; Montague Summers, The Gothic Quest. A History of the Gothic Novel(London: The Fortune Press, [1939?], págs 37-38; Lovejoy, “The First Gothic Revival and the Return to Nature”, Modern Language Notes 27 (1932), 419-446 (reimpreso en su Essays, págs. 136-165); “Gothic, Gothicism, and Gothicists”, capítulo 7 de Reader's Guide de Karl, especialmente la pág. 242. Acerca de la conexión entre árabes y godos, véase además Paul Frankl,The Gothic. Literary Sources and Interpretations through Eight Centuries(Princeton: Princeton University Press, 1960), págs 365, 376, 389, y 456; acerca de la teoría moderna que he mencionado, María Rosa Menocal, “Pride and Prejudice in Medieval Studies: European and Oriental”, Hispanic Review, 53 (1985), 61-78.
     Hasta cierto punto esta confusión acerca del romance es debido a lo que William Warburton llamó “el equívoco de un término corriente”: la imprecisión lingüística de esta palabra, que como categoría literaria se refería a distintos tipos de obras: obras breves en verso (en español), obras largas en verso (en italiano), obras en prosa (en francés y en inglés). (El comentario de Warburton se encuentra en su poco conocida “Dissertation on the Origin of Books of Chivalry” [también “A Supplement to the Translator's Preface”], que es el punto de partida de los estudios modernos de los libros de caballerías españoles. Se publicó por primera vez [según el National Union Catalog, Pre-1956 Imprints, Vol. 101, pág. 528] en la “segunda tirada” de una edición de 1742 de la traducción que hizo Jarvis de Don Quijote; en ediciones posteriores de la misma traducción [como la de Dublin, 1747, I, (xxii-xxxiv)] es atribuida a “un docto escritor, muy conocido en el mundo literario” [no las he visto]. La he leído en The Works of Shakespear..., ed. Mr. Pope y Mr, Warburton [1747; reimpreso en New York: AMS, 1968], II, 8 páginas sin numerar entre las págs, 288 y 289; también se encuentra, junto con una larga respuesta de Thomas Tyrwhitt, en The Plays and Poems of William Shakspeare..., ed. Edmond Malone [1790, reimpreso en New York: AMS, 1968], II, 438-448.)
     Warburton fue uno de los que identificó los romances como un género árabe de literatura, introducido en Europa a través de España. Le apoyó Thomas Warton, “Dissertation on the Origin of Romantic Fiction in Europe”, en su History of English Poetry from the Twelfth to the Close of the Sixteenth Century, publicado por primera vez en 1774 (ed. W. Carew Hazlitt [London: Reeves and Turner, 1871], I, 92-93 y 137); además de Tyrwhitt, que le ataca directamente, Thomas Percy también le respondió de forma más indirecta, “On the Ancient Metrical Romances”, en su Reliques of Ancient English Poetry (el texto varía en las distintas ediciones; en la de Henry B. Wheatley [London: Swan Sonnenschein, 1910], III, 339-376, véanse págs. 342-346). Véase también A. W. Evans, Warburton and the Warburtonians. A Study in some Eighteenth-Century Controversies (London: Humphrey Milford, para Oxford University Press, 1932), págs. 120-121.
     18 “Una descripción muy comprensiva de los lectores” sería la de “admiradores de Cervantes” (de una reseña anónima de la traducción de Southey de Palmerín de Inglaterra, Critical Review, 30 serie, 12 [1807], 431-437, en la pág. 436).
     19 Tales como la idealización de la naturaleza, la tensión entre el individuo y la sociedad, y el interés por la Edad Media. Véase, además, con sus reservas (pues dice que este movimiento no puede definirse) la lista dada por Ernest Bernbaum,A Guide through the Romantic Movement, 20 edición (New York: Ronald, 1949), págs. 301-303. Ralph Tymms, en German Romantic Literature (London: Methuen, 1955), pág. 8 señala que “la existencia de...contradicciones en la literatura romántica sin duda atraía a sus seguidores, pues les animaba a aspirar a la totalidad ideal, la síntesis más elevada en la que coincidirían todos los opuestos—una modificación de la creencia mística que todos los opuestos finalmente coinciden en la Divinidad”.
     20 La cuestión de la influencia de Don Quijote no es socavada por el posterior redescubrimiento de otras obras de la literatura española, tales como Calderón (“un poeta romántico”) y romances españoles. Naturalmente tampoco lo es por la atención que se prestó a otras obras de Cervantes. Los especialistas citados más adelante, como Burkhard, comentan las Novelas ejemplares; todavía no se ha examinado la imagen de La Galatea ni, en especial, el Persiles, traducido al alemán ocho veces entre 1746 y 1839 (Tilbert Stegmann, Cervantes' Musterroman “Persiles” [Hamburgo: Hartmut Lüdke, 1971], págs. 224-225). La Numancia, que se creía perdida, fue publicada por primera vez en 1784. Shelley la llamó “divina” y se representó en España para fomentar la resistencia contra Napoleón (Enrique de Gandía, Orígenes del romanticismo y otros ensayos [Buenos Aires: Atalaya, 1946], pág. 36; también Bertrand, Romantisme allemand, págs. 410-417), su culto “llega...a una verdadera locura” (Arturo Farinelli, “España y su literatura en el extranjero”, en Divagaciones hispánicas [Barcelona: Bosch, 1936], I, 11-51, en la pág. 39 [publicado por primera vez en La lectura, 2 (1901), 523-542, 834-849 (no visto)]).
     21 Scott, de quién hablaré dentro de poco, fue llamado “el Cervantes de Escocia” por fomentar la caballería (E. Allison Peers, A History of the Romantic Movement in Spain [1940; reimpreso en New York y London: Hafner, 1964], I, 107), y Twain fue llamado “el Cervantes de América” por atacar la caballería que Scott resucitó (Fraser, America and the Patterns of Chivalry, pág. 4).
     22 Entre las personas asociadas al romanticismo que, en distintas épocas, vieron a Don Quijote de forma contradictoria se incluiría a Goethe, quien dedicó un “estudio minucioso y continuado” al libro (Bergel, págs. 317-320, la cita está en la pág. 318), Heine (Rius, III, 263-264; Maelsaeke, “The Paradox of Humor”, págs. 37-41), Herder (Bergel, págs. 313-315), y probablemente Tieck (véase Alfred E. Lussky, “Cervantes and Tieck's Idealism”, Publications of the Modern Language Association of America,43 [1928], 1082-1097). (He eludido el difícil tema de la influencia de Cervantes en Goethe, quien tuvo una gran influencia en los hermanos Schlegel y en Tieck. Maelsaeke dice en la pág. 34: “No nos es permitido ver en las obras maestras de Goethe como Faustoy Wilhelm Meister la menor influencia directa de la obra de Cervantes, pero la relación del poeta de Fausto con el autor de Don Quijote debe encontrarse en las extrañas afinidades que, más allá de las fronteras de épocas y países, siempre darán testimonio de una tendencia humana, demasiada humana, que subyace en todas las grandes obras de arte. No podemos sino reconocer la gran semejanza en la irónica actitud de superioridad de Goethe y Cervantes hacia héroes como Wilhelm Meister y Don Quijote”.
     23 “Romántico, término para el que, en conexión con la literatura, no existe ninguna definición generalmente aceptada” (Oxford Companion to English Literature, ed. Sir Paul Harvey, 40 edición [Oxford: Clarendon Press, 1967]; la 50 edición, de Margaret Drabble [1985], omite esta frase e incluye un largo artículo sobre el romanticismo, haciendo hincapié en su diversidad). En 1963 se afirmó que se había llegado a un acuerdo acerca de los elementos de una definición (René Wellek, “Romanticism Reexamined”, en Romanticism Reconsidered, ed. Northrop Frye [New York: Columbia University Press, 1963], págs. 107-133, en la pág. 131; citado y aceptado por Henry H. H. Remak, “Current Research on Romanticism”, en “Romantic” and Its Cognates. The European History of a Word, ed. Hans Eichner [Toronto: University of Toronto Press, 1972], págs. 475-500, en la pág. 490). Pero en 1965, “el romanticismo es todavía el problema más molesto de la historia literaria”, según Morse Peckham, “Romanticism: The Present State of Theory”, en su The Triumph of Romanticism(Columbia: University of South Carolina Press, 1970), págs. 58-83, en la pág. 58 (publicado por primera vez en The PCTE [Pennsylvania Council of Teachers of English] Bulletin, 12 [1965], págs. 31-53). El debate moderno fue iniciado por Arthur O. Lovejoy, “On the Discrimination of Romanticisms”, Publications of the Modern Language Association, 39 (1924), 229-253 (reimpreso en su Essays in the History of Ideas [Baltimore: Johns Hopkins Press, 1948], págs. 228-253), con respuesta de Wellek en “The Concept of ‘Romanticism’ in Literary History”, Comparative Literature, 1 (1949), 1-23 y 147-172 (reimpreso en Concepts of Criticism de Wellek [New Haven: Yale University Press, 1963], págs. 128-198, traducido por Edgar Rodríguez Leal en Conceptos de crítica literaria [Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1968], págs. 103-152); el debate fue prolongado y ampliado por Peckham, “Toward a Theory of Romanticism”, Publications of the Modern Language Association, 66.2 (Marzo,1951), 5-23 (reimpreso en The Triumph of Romanticism, págs. 3-26), quien después rechazó la mayor parte de lo que había dicho en “Toward a Theory of Romanticism: II. Reconsiderations”, Studies in Romanticism, 1 (1961), 1-8 (reimpreso en The Triumph of Romanticism, págs 27-35). Hans Eichner resume de esta manera el estado de la cuestión, “The Rise of Modern Science and the Genesis of Romanticism”, Publications of the Modern Language Association, 97 (1982), 8-30, en la pág. 8: “Aunque no hay acuerdo en absoluto acerca del significado de este evasivo término, las definiciones propuestas han disminuido mucho en número e importancia. Al fin y al cabo, parece que los académicos se han dado cuenta...de que cualquier definición que pueda abarcar el soneto de Keats ‘Al Sueño’, Enrique von Ofterdingen de Novalis y Hernani de Hugo debe ser tan amplia que carecería de sentido”.
     24 Sin embargo, obsérvense las alusiones cervantinas en una afirmación reciente: “Había en la mente romántica la conciencia, común a todo el movimiento, de un conflicto entre dos mundos: ‘Uno era el mundo de la verdad, bondad y belleza ideales; este mundo era eterno, infinito y absolutamente real. El otro era el mundo de las apariencias, que para el sentido común era el único, y que para los idealistas estaba tan lleno de engaños, ignorancia, maldad, fealdad y tristeza, que les descorazonaba y llenaba de indignación”’ (Ernest Bernbaum, citado por William Emmet Coleman, On the Discrimination of Gothicisms [New York: Arno, 1980], págs. 232-233; Coleman también proporciona un resumen del punto de vista actual sobre la definición del romanticismo.)
     25 Quienes estaban menos interesados en Cervantes, como Novalis, también estaban menos integrados en el movimiento.
     26 Cervantes era menos popular en la España del siglo XVIII, y su categoría fue a menudo polémica. A principios del siglo el bibliotecario real y académico Nasarre defendió la superioridad de la Segunda Parte de Avellaneda sobre la de Cervantes. Defender que Cervantes era el mejor autor español (y como consecuencia rebajar a Lope, Calderón, etc.) significaba exponerse a ser acusado de falta de patriotismo, como le ocurrió a Mayáns, primer biógrafo de Cervantes. La misma situación se repitió en 1939 (Julio Rodríguez Puértolas, “Ideología y realidad. La mitomanía casticista de los ‘Siglos de Oro”’, Nuevo hispanismo, 1 [1982], 77-102, en la pág. 89). Como señaló Tubino (pág. 196), la apreciación de Don Quijote como clásico llegó a España del extranjero.
     Feijoo ni siquiera menciona a Cervantes (ni tampoco ninguna obra de ficción en prosa) en su ensayo “Glorias de España” de su Teatro crítico universal. En ninguna de las primeras historias de la literatura española se le da, ni de lejos, la importancia que cobró más tarde. “El poco imaginativo siglo XVIII [español] era propenso a considerar el Quijote como una alegoría gigantesca, y por consiguiente a interpretarlo mal, emplearlo mal e infravalorarlo” (I. L. McClelland, The Origins of the Romantic Movement in Spain [Liverpool: Institute of Hispanic Studies, 1937], pág. 268; para un ejemplo, véase Gilbert Smith, Juan Pablo Forner [Boston: Twayne, 1976], pág. 75). La primera indicación que conozco de cambio en la interpretación se encuentra en Cartas marruecas de Cadalso: “En esta nación hay un libro muy aplaudido por todas las demás. Lo he leído, y me ha gustado sin duda; pero no deja de mortificarme la sospecha de que el sentido literal es uno, y el verdadero es otro muy diferente” (ed. Lucien Dupuis y Nigel Glendinning [London: Tamesis, 1966], pág. 131). Según una nota de Ribero y Larrea publicada en 1792, “La popularidad de Cervantes crecía rápidamente.... Aunque parezca extraño, aunque el siglo XVIII sufría muchas ilusiones misteriosamente adversas acerca del genio nativo, preservó la tradición de Calderón, rescató a Lope y a Tirso del olvidó, y empezó a pensar en Cervantes como el rey de la literatura española” (McClelland, pág. 269; cursiva del autor). Acerca de las distintas lecturas que la España del siglo XVIII hizo de Don Quijote, véase Francisco Aguilar Piñal, “Anverso y reverso del quijotismo en el siglo XVIII español”, Anales de literatura española, 1 (1982), 207-216 y “Cervantes en el siglo XVIII”, Anales cervantinos, 21 (1983 [1984]), 153-163. Sobre la polémica acerca de Cervantes, la introducción de Antonio Mestre en su edición de la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra de Mayáns, Gilbert Smith, “El cervantismo en las polémicas literarias del siglo XVIII”, en Cervantes. Su obra y su mundo. Actas del I Congreso Internacional sobre Cervantes, ed. Manuel Criado de Val (Madrid: Edi-6, 1981), págs. 1031-1035 y R. Merritt Cox, “Cervantes and Three Ilustrados: Mayáns, Sarmiento, and Bowle”, en Studies in the Spanish Golden Age: Cervantes and Lope de Vega, ed. Dana B. Drake y José A. Madrigal (Miami: Universal, 1978), págs. 12-20.
     27 No puedo resistir la tentación de citar el siguiente ejemplo de la influencia de Cervantes en los Estados Unidos: “Thoreau creía que ‘para ser caminante se necesitaba una dispensa directa del cielo’. ‘El espíritu heroico caballeresco que había pertenecido al caballero’, observó, ‘parece que ahora reside, o quizás se haya rebajado, en el del caminante: no el caballero, sino el caminante andante’” (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 173).
     28 Alfred Lussky, Tieck's Romantic Irony, with Special Emphasis upon the Influence of Cervantes, Sterne, and Goethe (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1932), pág. 3. Tymms, pág. 121, lo expone de la siguiente forma: “fue Friedrich Schlegel quien se constituyó en el primer y mayor legislador del movimiento, e ideó un código teórico de principios románticos”.
     29 Bertrand,Cervantes et le romantisme allemand, págs. 120 y 627. Debe mencionarse que según Bertrand (págs. 102-103), Cervantes confirmó a Friedrich Schlegel conclusiones a las ya había llegado; sobre los orígenes de la teoría del romanticismo de Schlegel véase Lussky, Tieck's Romantic Irony, especialmente los capítulos 1 y 2, y Raymond Immerwahr, “The Subjectivity or Objectivity of Friedrich Schlegel's Poetic Irony”, Germanic Review, 26 (1951), 173-191, en la pág. 185, nota 55.
     30 René Wellek, Historia de la crítica moderna (1750-1950), versión castellana de J. C. Cayol de Bethencourt (Madrid: Gredos, 1959-1972), II, 36.
     31 Herder, citado en Hoffmeister, pág. 129.
     32 Wellek,Historia, II, 64. “Dentro de este supremo género de la novela Don Quijote era para Friedrich el más gran ejemplo” (Tymms, pág. 131). La identificación del romanticismo con un tipo de poesía lírica es tardía y limitada a la historia literaria inglesa.
     33 Citado de la revista Athenaeum, sin especificar el número ni la página, por Franco Meregalli, “Los primeros dos siglos de recepción de la obra cervantina: una perspectiva”, en Actas del Tercer Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas(Barcelona: Anthropos, en coedición con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1993), chapter 6págs. 33-42, en la pág. 41.
     34 Vorlesungen über philosophische Kunstlehre, citado por Wellek, “The Concept of ‘Romanticism’ in Literary History”, pág. 6.
     35 Close,Romantic Approach, págs. 29-30.
     36 Catalogue de la Bibliothèque célèbre de M. Ludwig Tieck qui sera vendue à Berlin le 10. Décembre 1849 et jours suivants par MM. A. Asher et Comp. (1849; reimpreso en Wiesbaden: Martin Sändig, 1979).
     37 Köpke, citado en Lussky, ACervantes and Tieck's Idealism”, pág. 1084.
     38 Kritische Schriften, citado por Lussky, Tieck's Romantic Irony, pág. 122.
     39 “Nos dice el motivo por el que venera a Cervantes por encima de los demás prosistas...: Es aquel delicado equilibrio entre la cariñosa estimación que tiene Cervantes por su héroe y el hecho de que se sonría ante sus debilidades” (Roger Paulin, Ludwig Tieck. A Literary Biography [Oxford Univ. Press, 1985], pág. 313). Hay una edición crítica de la traducción de Tieck hecha por H. Rheinfelder (Düsseldorf: Rauch, 1951), según Kurt Reichenberger, “Cervantes und die Literarischen Gattungen”, Germanisch-Romanische Monatsschrift, neue folge, 13 (1963), 233-246, pág. 243; Reichenberger también cita Berichtigung zur Tieck'schen Übersetzung des “Don Quijote”, 1944, de Rheinfelder, que no he podido localizar.
     40 Miguel Romera-Navarro, El hispanismo en Norte-América: exposición y crítica de su aspecto literario (Madrid: Renacimiento, 1917); Merrill F. Heiser, “Cervantes in the United States”, Hispanic Review, 15 (1947), 409-435; Stanley Williams, The Spanish Background of American Literature (New Haven: Yale University Press, 1955), sobre el cual hay importantes reseñas escritas por Lewis Mumford Jones, Comparative Literature, 7 (1955), 272-275 y Ángel del Río, Romanic Review, 47 (1956), 197-205; Frederick S. Stimson, Orígenes del hispanismo norteamericano (México: de Andrea, 1961); y Joseph Harry Harkey, “Don Quijote and American Fiction through Mark Twain”, tesis, University of Tennessee, 1967 (resumen en Dissertation Abstracts, 29 [1968], 229A).
     41 “The Vogue of Don Quixote in England, 1605-1660”, tesis, New York University, 1938; en Four Articles on “Don Quixote” in England, del mismo autor (New York, 1941) hay un extracto de esta tesis, junto con “Don Quixote through English Eyes” de Knowles, Hispania, 23 (1940), 103-115. Véase también el artículo “Cervantes and English Literature”, ya citado (capítulo 4, nota ).
     42 “Cervantes and English Literature”, pág. 273. Su influencia en los siglos XVII y XVIII ha sido posteriormente analizada por John Ledger Skinner, “Changing Interpretations of Don Quixote from Hudibrasto Pickwick”, tesis, Cambridge University, 1973, y por Edward Lee Niehus, “The Nature and Development of the Quixote Figure in the Eighteenth-Century English Novel”, tesis, University of Minnesota, 1971 (resumen en Dissertation Abstracts International, 32 [1971], 3319A-3320A).
     43 Edward Dudley, “Cervantes and Wordsworth: Literary History as Literature and Literature as Literary History”, en Cervantes. Su obra y su mundo. Actas del I Congreso Internacional sobre Cervantes, ed. Manuel Criado de Val (Madrid: Edi-6, 1981),págs. 1097-1104; Glenn W. Most, “Wordsworth's ‘Dream of the Arab’ and Cervantes”, English Language Notes, 22.3 (Marzo, 1985), 52-58.
     44 No obstante, ver la influencia de Cervantes en una idea tan romántica como la siguiente es algo tentador: “Donde los románticos disentían más profundamente de las actitudes del siglo anterior era en su concepción del amor. Lo concebían como la unión perfectamente armónica entre un hombre y una mujer. Eso implicaba, ante todo, que no tenía que disociarse el impulso sexual y el amor espiritual, como solía ocurrir en la época anterior.... [Una formulación de Friedrich Schlegel y Shelley]: ‘Llegará el día en que la belleza interior, la vida interior del alma será el primer y principal atributo de una mujer. Sin esta belleza interior una mujer no puede ser ni siquiera físicamente atractiva’” (H. G. Schenk, The Mind of the European Romantics. An Essay in Cultural History [New York: Frederick Ungar, 1967], pág. 153); sobre el equivalente homosexual véase Tymms, págs. 130-131. James D. Wilson, aunque no menciona a Cervantes en su The Romantic Heroic Ideal (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1982) tiene unos capítulos sobre “El objeto amoroso romántico: la mujer como proyección narcisista” y “La búsqueda estética de la autoaniquilación”, y también habla sobre el sentido de misión divina que tenía el héroe romántico. La distinción que Tymms establece entre el héroe romántico y Don Quijote muestra que ha interpretado mal la obra de Cervantes: “El héroe romántico alemán huye de la realidad, del mundo físico, como un nuevo Don Quijote: pero con la diferencia esencial de que la huida del romántico no es el capricho de un excéntrico, cuya huida al caballeresco mundo del romance es absurda, una ilusión, una forma de locura (como lo es en Don Quijote); la huida del romántico expresa el triunfo del espíritu humano sobre la esclavitud de la mortalidad, es una huida perfectamente válida y (subjetivamente) afortunada de la realidad física” (pág. 6).
     45 Immerwahr, “‘Romantic’ and its Cognates”, especialmente las págs. 18-19, y “The Word romantisch and its History”, en The Romantic Period in Germany, ed. Siegbert Prawer (London: Weidenfeld and Nicolson, 1970), págs. 34-63, especialmente las págs. 39-40 y 48-51; también Lovejoy, “The Meaning of ‘Romantic’ in Early German Romanticism”, en Modern Language Notes, 31 (1916), 385-396 y 32 (1917), 65-77, reimpreso en sus Essays in the History of Ideas, págs. 183-206, págs. 190-191 y 205 de la reimpresión. Como indica Immerwahr, el término “romántico” en el sentido que nos interesa aquí nació en Inglaterra, donde “‘romántico’ significaba ‘como en un romance’, y por tanto ‘medieval’ y ‘caballeresco”’ (Tymms, pág. 3). “El término romance aplicado a una narración o a una obra de ficción no tenía, a mediados del siglo XVIII, el mismo significado que ahora. La distinción puede ser vaga; pero un romance en 1750 a menudo sugería las sagas de caballerías, Amadís, los Palmerines, Tirante el blanco...” (Summers, pág. 25). La inspiración de esta selección de títulos sólo puede ser cervantina.
     46 Literary Notebooks, citado en Immerwahr, “The Word romantisch”, pág. 54. El término romance aplicado a Don Quijote tiene distintas connotaciones genéricas en un contexto alemán y en uno inglés. En Inglaterra romance se había considerado durante cierto tiempo inferior a su sucesor, la novela; en Alemania, donde Roman significaba novela (véase Stuart Atkins, “Wilhelm Meisters Lehrjahre: Novel or Romance?”, en Essays on European Literature in Honor of Liselotte Dieckmann [St. Louis: Washington University Press, 1972], págs. 45-52), la novela o Roman se oponía a su sucesora, la épica. (Como la épica medieval era casi desconocida, no se consideraba, como en la actualidad, que el romance desciende de la épica medieval.)
     En ambos casos, el romance es el género más antiguo, y se estimaba conveniente que reviviera o que se extrajeran algunas de sus cualidades. España era romántica porque era medieval, lo que se interpretaba como católica, sentimental, irracional (véase Van Maelsaeke, pág. 34; sobre el sentido religioso del interés romántico por la Edad Media, véase Wilson, The Romantic Heroic Ideal, capítulo 3: “The Romantic Communal Impulse: A Search for Providential Order”).
     47 Oscar Burkhard, “The Novelas exemplares of Cervantes in Germany”, Modern Language Notes, 32 (1917), 401-405, en la pág. 405.
     48 Sobre su lugar en la historia cervantina alemana, véase Bergel, pág. 313, y W. Daniel Wilson, The Narrative Structure of Wieland's “Don Sylvio von Rosalva” (Bern: Peter Lang, 1981), págs. 123-127. En Rius, III, 197-199 hay una traducción de un acertado extracto de Kritische Betrachtungen über die poetischen Gemälde der Dichter de Bodmer (Zurich, 1741); Wilson (pág. 123, nota 4) incluye referencias a unas ediciones del texto alemán.
     49 “Pocas obras han tenido tanta influencia en la literatura inglesa como las Reliquias de Percy.... Scott conoció esta obra a la edad de trece años, y el lugar donde la leyó quedó grabado en su memoria para siempre. Wordsworth no la admiraba menos. Escribió: ‘Creo que no hay ningún buen poeta actual que no se enorgullezca de reconocer su deuda con las Reliquias’” (Henry B. Wheatley, introducción de su edición de las Reliques, I, xci.) Wordsworth dijo que los volúmenes de Percy habían “redimido” la poesía inglesa (citado por Johnston, Enchanted Ground, pág. 1). Las Reliquiasde Percy también tuvieron una importante influencia en la Alemania prerromántica: véase Elsie I. M. Boyd, “The Influence of Percy's Reliques of Ancient English Poetry on German Literature”, Modern Language Quarterly, 7 (1904), 80-99.
     50 Wheatley, I, lxxxv. Todavía no tenía la idea de redactarlo en noviembre de 1757 (Bertram H. Davis, Thomas Percy [Boston: Twayne, 1981], pág. 76).
     51 Cleanth Brooks, “Thomas Percy, Don Quixote, and Don Bowle”, en Evidence in Literary Scholarship. Essays in Memory of James Marshall Osborn, ed. René Wellek y Alvaro Ribeiro [Oxford: Clarendon Press, 1979], págs. 247-261, en las págs. 246-247.
     52 Citado por Smith, en la introducción de Ancient Songs de Percy. No se ha publicado esta carta; véase Beutler, Thomas Percy's spanische Studien, pág. 79.
     53Don Quijote ha sido siempre mi libro favorito” (carta a Locker Davis de principios de marzo de 1761, en Ancient Songs de Percy, pág. x); en la primera frase de su Letter to Dr. Percy, John Bowle se refiere a “nuestro escritor favorito Cervantes”. En la correspondencia entre Percy y Bowle se encuentran más comentarios de este tipo.
     54 Véase la carta a Lockyer Davis de principios de marzo de 1761, en Ancient Songs de Percy, págs. xii-xiii. La “Bibliotheca Quixotiana” de Percy fue calificada de colección en 1761, y en 1759 tenía libros tales como Palmerín de Oliva en español y Tiran lo blanc en francés. En su correspondencia con Davis, Percy dice que desea utilizar libros caros que no podía comprar, a cambio de los cuales Davis tendría la primera opción para la publicación de los resultados de la investigación de Percy sobre Cervantes; por la factura de Davis a Percy, incluida en su carta del 28 de marzo de 1761 (Boston Public Library, MS Eng. 154(2)), vemos que los libros en cuestión eran Polindo, Las Sergas del [sic] Esplandian, Amadis de Gracia [sic], y Felix Marte de Yrcania, todos a 2.2 libras esterlinas cada uno; también había en la factura Amadis de Gaule en 3 volúmenes (1.5 libra), Diana of Montemayor (0.7.6), Palmerin of England (0.7.0), Roland l'Amoureux en 2 volúmenes (0.3.0) y Notes on Don Quixotede Gayton (0.2.6). Véase también Beutler, Thomas Percy's spanische Studien, pág. 349, que reconstruye y anota la “Quixotic Library” en las págs. 367-400, A. Watkin-Jones, “A Pioneer Hispanist: Thomas Percy”, Bulletin of Spanish Studies, 14 (1937), 3-9, y el capítulo sobre Percy en Johnston, Enchanted Ground, en especial la pág. 91. Aunque la biblioteca de Percy no se vendió hasta 1969, cuando fue comprada en bloque por Queen's University de Belfast (The Library of Thomas Percy, 1829-1811[London: Sotheby, 1969]; hay un ejemplar en la biblioteca de Florida State University) y hacía tiempo que faltaban casi todos los libros de caballerías y otras obras españolas (véase Watkin-Jones, pág. 9).
     55 Véase Mack Singleton, “Cervantes, John Locke, and Dr. Johnson”, en Studia Hispanica in Honorem R. Lapesa (Madrid: Cátedra-Seminario Menéndez Pidal—Gredos, 1972), I, 531-547.
     56 En A Letter to Dr. Percy, Bowle dice al principio que se dirigió a Percy porque “está muy versado en todas las ramas de las buenas letras, especialmente la que tanto ha absorbido mi tiempo y mi atención” (pág. 1, he añadido la cursiva), y después añade que “no es mi intención ahora molestarle con extractos de los Libros de Cavallerías—los Romances, que, con su ayuda, me he esforzado en estudiar” (pág. 3, cursiva añadida). Al principio de su edición, Bowle escribió “Se deben principalmente Agradecimientos al Reverendo Señor el Dr. Thomas Percy, Dean de Carlisle, que de su Librería Cavalleresca de Quixote me regaló el uso de quantos Libros tuvo, necessarios para ilustrar su Historia” (citado por Smith en el prólogo de Ancient Songs, pág. xv). En la correspondencia entre Percy y Bowle puede verse como, de los dos, era Percy quien más se interesó por los romances españoles, que, como dijo en su carta a Bowle del 15 de julio de 1781, quería ver reimpresos.
     57 Introducción de su edición de Palmerin of England (London, 1807), I, xliv. Southey señala una excepción: Amadís de Grecia, que ha influido en Sidney, Spenser y Shakespeare.
     58 Se incluyen breves extractos de las traducciones de Amadís y Palmerínen la traducción de Don Quijote realizada por Ormsby-Jones-Douglas, págs. 848-880. Puede conseguirse la edición que hizo Southey de Amadísen 1872, en University Microfilms, número de pedido A7G-OP62574.
     59 Charles I. Patterson, “The Keats-Hazlitt-Hunt Copy of Palmerin of England in Relation to Keats's Poetry”, Journal of English and Germanic Philology, 60 (1961), 31-43; Thomas, pág. 226.
     60 Puede encontrarse Chronicle of the Cid, que es una combinación de diversas fuentes, como explica Southey en su prólogo, con una introducción de V. S. Prichett (New York: Heritage Press, 1958).
     61 Sobre el hispanismo de Southey, véase Ludwig Pfandl, “Robert Southey und Spanien. Leben und Dichtung eines englischen Romantikers unter dem Einflusse seiner Bezeiehungen zur pyrenäischen Halbinsel”, Revue hispanique, 28 (1913), 1-315. Tres episodios en Omniana de Southey y Coleridge, todos de Southey, aluden a libros de caballerías : “Lions of Romance” (págs. 85-87), que menciona Palmerín de Oliva, “Amadis and Esplandian” (págs. 90-91) y “Tirante el blanco”, ya citado en el capítulo 3. Los dos primeros se publicaron por primera vez en The Athenaeum, 4 (1808), 30-31 y 125-126 respectivamente.
     62 Mientras que en España había un Belianís literario desde mediados del siglo XVIII (McClelland, págs. 58, 62 nota 2, etc.) la primera edición de Amadísdesde 1587 no se publicó hasta 1838. Sobre las nuevas ediciones de Malory, véase Johnston, Enchanted Ground, págs. 190-192; sobre el resurgimiento de la literatura artúrica en Inglaterra, véanse los dos últimos capítulos de Stephen Knight, Arthurian Literature and Society (New York: St. Martin's, 1983), y Raymond H. Thompson, The Return from Avalon: A Study of the Arthurian Legend in Modern Fiction (Westport, Connecticut: Greenwood, 1985). El estudio pionero fue el de Nathan Comfort Starr, King Arthur Today: The Arthurian Legend in English and American Literature, 1901-53 (Gainesville: University of Florida Press, 1954). Sobre el renacimiento de la literatura artúrica en la Inglaterra del siglo XVIII, véase Kurt Gamerschlag, “Arthur Coming Alive Again: 18th-Century Medievalism and the Beginnings of a Modern Myth”, en Mette Pors, ed., The Vitality of the Arthurian Legend: A Symposium (Odense: Odense University Press, 1988), págs. 91-103.
     63 Mark Girouard, The Return to Camelot. Chivalry and the English Gentleman (New Haven y London: Yale University Press, 1981), en un asombroso último capítulo le atribuye cierta responsabilidad por la Primera Guerra Mundial. La acusación de Twain (en Vida en el Mississippi) que tuvo cierta influencia, por la “caballería sureña”, en la Guerra Civil Americana es bien conocida. También es bien conocido el papel que desempeñó la caballerosía sirviendo de estímulo al nacionalismo alemán, y con él, a la maquinaria militar alemana en la época expansionista y agresiva de Bismarck (Tymms, pág. 9) por medio de Wagner, tuvo cierta influencia en el movimiento nacionalsocialista.
     64 El restablecimiento de la caballería por parte de Scott jugó un papel importante en el nacimiento del concepto moderno de Escocia. “Un drama prerromántico, Goetz von Berlichingen de Goethe, ya había inaugurado la tradición de las obras de teatro caballerescas, pero no fue hasta la era romántica cuando surgió el género literario de la novela caballeresca, que tuvo gran aceptación gracias a las dotes imaginativas de Sir Walter Scott. Scott, de origen parcialmente celta, combinó con ingenio la nostalgia feudal y patriótica. En sus evocaciones le ayudó mucho el hecho de que la era de los ideales heroicos que intentó resucitar era mucho menos remota en Escocia que en la mayoría de los demás países. Pues no hacía mucho tiempo, quizás sólo una generación antes de su nacimiento en 1771, que había predominado el sistema de clanes en la sociedad de frontera a la que pertenecían sus antepasados. Y el patriotismo retrospectivo podía valerse de un acontecimiento tan reciente como la rebelión jacobita del ‘Bello Príncipe Charlie’ de 1745-1746, que, en Waverly, la primera novela de Scott, se presenta con todo el encanto de una causa perdida. Evidentemente la nostalgia por el pasado y la simpatía por las causas perdidas a menudo van de la mano.” (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 34.) Sobre este tema, véase Hugh Trevor-Roper, “The Highland Tradition of Scotland”, en The Invention of Tradition, ed. Eric Hobsbawm y Terence Ranger (Cambridge: Cambridge University Press, 1983), págs. 15-41.
     65 Girouard, pág. 30; también Pierce, Currents and Eddies, capítulos 5 y 7. “Para encontrar un éxito universal semejante al que tuvo Amadís de Gaula, es menester llegar en el siglo XIX a las novelas de Walter Scott” (Ángel Salcedo Ruiz, La literatura española, II [Madrid: Calleja, 1916], 386).
     66 Peers,A History of the Romantic Movement in Spain, I, 107. Entre los españoles influidos por Scott tenemos a Milá y Fontanals, quien dijo que Scott era su autor preferido y el que le introdujo a los estudios medievales (Philip H. Churchman y E. Allison Peers, “A Survey of the Influence of Sir Walter Scott in Spain”, Revue hispanique, 55 [1922], 227-310, en las págs 261-262). Scott es por lo tanto un antecesor clave en la tradición erudita que produciría la exaltación del heroísmo medieval español de Menéndez Pidal. Sobre sus consecuencias véase María Eugenia Lacarra, “La utilización del Cid de Menéndez Pidal en la ideología militar franquista”, Ideologies & Literature, 12 (1980), 95-127, y “Consecuencias ideológicas de algunas teorías en torno a la épica peninsular”, en Actas del séptimo congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Roma: Bulzoni, 1982), II, 657-666.
     67 “El impacto de la obra de Scott no fue menos prodigioso que el de Lord Byron. Manzoni, Alfred de Vigny...e incluso Balzac, a pesar de sus críticas, admitió que Scott le había influido.” (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 35.)
     68 Vida de Scott escrita por Lockhart, citada en W. U. McDonald, Jr., “Scott's Conception of Don Quixote”, Midwest Review, 1 (marzo, 1959), págs. 37-42, en la pág. 37.
     69 Skinner, pág. 335. Continúa: “La existencia de importantes paralelismos entre Cervantes y Scott era clara incluso para los contemporáneos de éste, y el distinguido crítico sueco C. A. Hagberg explicó estas conexiones en una fecha tan temprana como 1838”. En una nota Skinner cita Ch. Aug. Hagberg, Cervantes et Walter Scott. Parallèle littéraire (Lund, 1838).
     70 James Fitzmaurice-Kelly, Historia de la literatura española, desde los orígenes hasta el año 1900, traducida del inglés y anotada por Adolfo Bonilla y San Martín (Madrid: La España Moderna, [1901]), pág. 321; Aubrey Bell, “Scott and Cervantes”, en Sir Walter Scott Today. Some Retrospective Essays and Studies, ed. H. J. C. Grierson (London: Constable, 1932), págs. 69-90, en la pág. 70.
     71 Knowles, “Cervantes and English Literature”, pág. 286.
     72 Clara Snell Wolfe, AEvidences of Scott's Indebtedness to Spanish Literature”, Romanic Review, 23 (1932), 301-311; más superficialmente, Aubrey Bell, “Scott and Cervantes”.
     73 Staves, pág. 214. Esta postura puede contrastarse con un estudio como el de Jane Millgate, Walter Scott: The Making of the Novelist (Toronto: University of Toronto Press, 1984), que no dice nada acerca de Cervantes, de Amadís, y ni siquiera de Southey, o con la confusión histórica que hay en un artículo en el que por lo menos se menciona a Amadís: Jerome Mitchell, “Scott's Use of the Tristan-Story in the Waverley Novels”, Tristania, 6.1 (1980), 19-29. Pierce,Currents and Eddies, habla mucho sobre Scott y no puede evitar tratar de los elementos españoles, pero equipara la influencia española con el tratado de temas españoles y es poco comprensivo.
     74 Edinburgh Review, Octubre 1803, págs. 109-136. Fue la primera reseña que Scott publicó (Margaret Ball, Sir Walter Scott as a Critic of Literature [New York: Columbia University Press, 1907], págs. 37 y 162).
     75 En un principio se creía que Vasco de Lobeira era el autor de una redacción portuguesa original de Amadís, ahora perdida, tal como consta en la introducción de Southey; la teoría de la autoría portuguesa actualmente no está de moda, pero todavía subsiste. Montalvo escribió la versión que tenemos. Herberay es el traductor francés de la obra.
     76 Mientras que Amadís tiene una vida independiente (véase, para Alemania, Sigmund J. Barber, “Amadis de Gaule” and the German Enlightenment [New York: Peter Lang, 1984]), la alusión a Tirant y en especial a Palmerín de Inglaterra es un signo infalible de influencia cervantina. Por ejemplo, Daniel Schlieber los menciona junto con otros en “Anmerkung zu Lisuart und Dariolette” (1767; resumido por Gloria Flaherty, Opera in the Development of German Critical Thought [Princeton: Princeton University Press, 1978], pág. 255). También se encuentran (con Perceforesty The Knight of the Sun) en Matthew G. Lewis, The Monk, ed. Louis F. Peck (New York: Grove, 1952), págs. 147 y 258; véase Edgar G. Knowlton, Jr., “Lewis's The Monk and Tirant lo blanc”, Notes and Queries, new series, 30 (1983), 64-65. No obstante, no es necesario contar con estos nombres para detectar la influencia de Cervantes, que se encuentra en toda esta importante novela gótica. La misma obra The Monk, según la introducción de John Berryman en la edición de Grove (págs. 25-27) influyó en Byron (especialmente en el concepto que Byron tenía del héroe) y en Scott, a los que Lewis inspiró, y también en Shelley, Wordsworth y Southey.


De: La interpretación cervantina del Quijote, por Daniel Eisenberg. © 1995 Compañía Literaria, S.A.
[Índice] - [Introducción metodológica] - [Nota sobre los textos] - [Cap. 1. Cervantes y los libros de caballerías castellanos] - [Cap. 2. El libro de caballerías ideal: El “famoso Bernardo] - [Cap. 3. El género de Don Quijote] - [Cap. 4. El humor de Don Quijote] - [Cap. 5. El provecho de Don Quijote] - [Cap. 6. Don Quijote, un clásico. La insuficiencia de la interpretación cervantina] - [Apéndice: La influencia de Don Quijote en el Romanticismo] - [Bibliografía]


Daniel Eisenberg : <Daniel.Eisenberg@bigfoot.com>
Works of Daniel Eisenberg http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/index.htm
URL: http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/interpret/ICQapend.htm