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Juan Meléndez Valdés

(1754-1817) Oda XXIV A la mañana, en mi desamparo y orfandad Entre nubes de nácar la mañana, de aljófares regando el mustio suelo, asoma por oriente; las mejillas de grana, de luz candente el transparente velo, 5 y muy más pura que el jazmín la frente. Con su albor no consiente que de la opaca noche el triste manto, ni su escuadra de fúgidos luceros la tierera envuleva en ceguedad y espanto; 10 mas con pasos ligeros, la luz divina y pura dilatando, los va al ocaso umbrífero lanzando. Y en el diáfano cielo coronada de rutilantes rayos vencedora, 15 se desliza corriendo: con la llama rosada que en torno lanza, el bajo mundo dora, a cada cosa su color volviendo. El campo recogiendo 20 el alegre rocío, de las flores del hielo de la noche desmayadas, tributa al almo cielo mil olores: las aves acordadas el cántico le entonan varïado, 25 que su eterno Hacedor les ha enseñado. En el ejido el labrador en tanto los vigorosos brazos sacudiendo a su afán se dispone; y entre sencillo canto, 30 ora el ferrado trillo revolviendo, las granadas espigas descompone; o en alto montón pone la mies dorada que a sus trojes lleve; o en presto giro la levanta al viento, 35 que el grano purgue de la arista leve, con su suerte contento; mientras los turbulentos ciudadanos libres se entregan a cuidados vanos. Yo solo, ¡miserable! a quien el cielo 40 tan gravemente aflige, con la aurora no siento, ¡ay! alegría, sino más desconsuelo. Que en la callada noche al menos llora sola su inmenso mal el alma mía, 45 atendiéndome pía la luna los gemidos lastimeros; que a un mísero la luz siempre fue odiosa. Vuelve, pues, rodeada de luceros, ¡oh noche pavorosa!, 50 que el mundo corrompido ¡ay! no merece le cuente un infeliz lo que él padece. Tú con tu manto fúnebre, sembrado de brillantes antorchas, entretienes los ojos cuidadosos, 55 y al mundo fatigado en alto sueño silenciosa tienes; mientras velan los pechos amorosos, los tristes, sólo ansiosos cual estoy yo de lágrimas y quejas, 60 para mejor llorar te solicitan, y cuando en blanda soledad los dejas, sus ansisas depositan en ti, ¡oh piadosa noche! y sus gemidos de Dios tal vez merecen ser oídos. 65 Que tú en tus negras alas los levantas, y con clemente arrebatado vuelo vas, y ante el solio manto las rindes a sus plantas; de allí trayendo un celesteian consuelo 70 que ledo templa el más amargo llanto. Aunque el fiero quebranto que este mi tierno corazón devora, por más que entre mil ansias te lo cuento, por más que el cielo mi dolor implora, 75 no amaina, no, el tormento: ni yo ¡ay! puedo cesar en mi agemido, huérfano, joven, solo y desvalido. Mientras tú, amiga noche, los mortales regalas con el bálsamo precioso 80 de tu süave sueño, yo corro de mis males la lamentable suma, y congojoso de miseria en miseria me despeño, cual el que en triste ensueño 85 de alta cima rodando el suelo baja. Así en mis secos párpados desiertos su amoroso rocío jamás cuaja; que en mis ojos, de lágrimas cubiertos, quiérote empero más, ¡oh noche umbría! 90 que la enojosa luz del triste día. Sílabas: Versos de siete y de once sílabas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 Entre nubes de nácar la ma_ñana, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 de_aljófares regando_el mustio suelo, 1 2 3 4 5 6 + 1 = 7 asoma por oriente; 1 2 3 4 5 6 + 1 = 7 las mejillas de grana, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 de luz candente_el transparente velo, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 y muy más pura que_el jazmín la frente. 1 2 3 4 5 6 + 1 = 7 Con su_albor no consiente 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 que de la_opaca noche_el triste manto, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 ni su_escuadra de fúgidos lu-ceros 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 la tierra_envuelva_en ceguedad y_espanto; 1 2 3 4 5 6 + 1 = 7 mas con pasos ligeros, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 la luz divina_y pura dilatando, 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 + 1 = 11 los va_al ocaso_umbrífero lanzando. Rima: Rima perfecta con el esquema ABcaBCcDEDEFF Entre nubes de nácar la mañana, A de aljófares regando el mustio suelo, B asoma por oriente; c las mejillas de grana, a de luz candente el transparente velo, B y muy más pura que el jazmín la frente. C Con su albor no consiente c que de la opaca noche el triste manto, D ni su escuadra de fúgidos luceros E la tierra envuelva en ceguedad y espanto; D mas con pasos ligeros, E la luz divina y pura dilatando, F los va al ocaso umbrífero lanzando. F


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Texto electrónico por Fred F. Jehle <jehle@ipfw.edu>.
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