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OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS Y ENTREMESES
TOMO I
Versión modernizada
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1915 Rodolfo Schevill
Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS
Y
ENTREMESES
TOMO I
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ
Calle del Barquillo, núm. 8.
M. CM. XV.
p. 1
ADVERTENCIA
El estudio crítico del teatro cervantino
figurará en el último tomo de esta colección de
Comedias y entremeses. La necesidad de fijar
su texto, harto deficiente en las ediciones hasta
ahora publicadas, antes de proceder a su examen
histórico-literario, impone, según comprenderá
el lector, tal variación del plan seguido por
nosotros en la presente serie de Obras completas
de Miguel de Cervantes Saavedra.
Berkeley, junio de 1915.
OCHO
COMEDIAS Y OCHO
ENTREMESES NUEVOS
Nunca representados.
COMPUESTAS POR MIGUEL
de Cervantes Saavedra.
DIRIGIDAS A DON PEDRO FERNANDEZ
de Castro, Conde de Lemos, de Andrade
y de Villalba; Marqués de Sarria, Gentilhombre
de la Cámara de su Majestad, Comendador de
la Encomienda de Peñafiel y la Zarza, de la
Orden de Alcántara, Virrey, Gobernador y
Capitán general del Reino de Nápoles, y
Presidente del supremo Consejo
de Italia.
LOS TITULOS DE ESTAS OCHO COMEDIAS
y sus entremeses van en la cuarta hoja.
Año 1615.
CON PRIVILEGIO
______________________________________________
EN MADRID, Por la viuda de Alonso Martín.
A costa de Juan de Villarroel, mercader de libros; véndense en
su casa, a la plazuela del Angel.
p. 3
SUMA DEL PRIVILEGIO
Tiene privilegio Miguel de Cervantes Saavedra por
diez años para imprimir estas ocho comedias y entremeses.
Su fecha del dicho privilegio en Valladolid, a
veinticinco días del mes de julio de mil y seiscientos y 5
quince años. Pasó ante Hernando de Vallejo, escribano
de Cámara.
SUMA DE LA TASA
Este libro de las Ocho comedias y entremeses de
Miguel de Cervantes Saavedra, está tasado por los 10
señores del Consejo a cuatro maravedís cada pliego, que
el dicho libro tiene sesenta y seis pliegos, que, a razón
de cuatro maravedís, monta doscientos y sesenta y cuatro
maravedís. Su data en Madrid, a veintidós días del
mes de setiembre de mil y seiscientos y quince años, 15
ante Hernando de Vallejo, escribano de Cámara.
FE DE LAS ERRATAS
Estas Comedias, compuestas por Miguel de Cervantes
Saavedra, corresponden con su original. Dada en
Madrid, a 13 de setiembre de 1615 años. 20
El Lic. Murcia de la Llana.
p. 4
APROBACION
Por mandado y comisión del señor doctor Cetina,
vicario general en esta corte, he visto el libro de Comedias
y entremeses de Miguel de Cervantes no representadas
y no hallo en él cosa contra nuestra santa fe 5
católica y buenas costumbres; antes, muchas entretenidas
y de gusto. Este es mi parecer, salvo, etc. En Madrid,
3 de julio 1615.
El Maestro Josef de Valdivielso.
p. 5
PROLOGO AL LECTOR
No puedo dejar, lector carísimo, de suplicarte
me perdones, si vieres que en este prólogo
salgo algún tanto de mi acostumbrada modestia.
Los días pasados me hallé en una conversación 5
de amigos, donde se trató de comedias y
de las cosas a ellas concernientes, y de tal manera
las sutilizaron y atildaron, que, a mi parecer,
vinieron a quedar en punto de toda perfección.
Tratóse también de quién fue el primero 10
que en España las sacó de mantillas, y las puso
en toldo, y vistió de gala y apariencia; yo,
como el más viejo que allí estaba, dije que me
acordaba de haber visto representar al gran Lope
de Rueda, varón insigne en la representación 15
y en el entendimiento. Fue natural de Sevilla, y
de oficio batihoja, que quiere decir de los que
hacen panes de oro; fue admirable en la poesía
pastoril, y en este modo, ni entonces ni después
acá ninguno le ha llevado ventaja; y aunque, 20
por ser muchacho yo entonces, no podía hacer
juicio firme de la bondad de sus versos, por
algunos que me quedaron en la memoria, vistos
ahora en la edad madura que tengo, hallo ser
verdad lo que he dicho; y si no fuera por no 25
salir del propósito de prólogo, pusiera aquí
PROLOGO AL LECTOR p. 6
algunos que acreditaran esta verdad. En el tiempo
de este célebre español, todos los aparatos de un
autor de comedias se encerraban en un costal,
y se cifraban en cuatro pellicos blancos
guarnecidos de guadamecí dorado, y en cuatro 5
barbas y cabelleras, y cuatro cayados, poco más o
menos. Las comedias eran unos coloquios como
églogas entre dos o tres pastores y alguna
pastora; aderezábanlas y dilatábanlas con dos o
tres entremeses, ya de negra, ya de rufián, ya 10
de bobo y ya de vizcaíno: que todas estas cuatro
figuras y otras muchas hacía el tal Lope con
la mayor excelencia y propiedad que pudiera
imaginarse. No había en aquel tiempo tramoyas,
ni desafíos de moros y cristianos, a pie ni a 15
caballo; no había figura que saliese o pareciese
salir del centro de la tierra por lo hueco del
teatro, al cual componían cuatro bancos en
cuadro y cuatro o seis tablas encima, con que
se levantaba del suelo cuatro palmos; ni menos 20
bajaban del cielo nubes con ángeles o con
almas. El adorno del teatro era una manta vieja
tirada con dos cordeles de una parte a otra, que
hacía lo que llaman vestuario, detrás de la cual
estaban los músicos, cantando sin guitarra algún 25
romance antiguo. Murió Lope de Rueda, y por
hombre excelente y famoso le enterraron en la
iglesia mayor de Córdoba (donde murió), entre
los dos coros, donde también está enterrado
aquel famoso loco Luis López. 30
Sucedió a Lope de Rueda Navarro, natural
de Toledo, el cual fue famoso en hacer la
PROLOGO AL LECTOR p. 7
figura de un rufián cobarde; éste levantó algún
tanto más el adorno de las comedias, y mudó
el costal de vestidos en cofres y en baúles; sacó
la música, que antes cantaba detrás de la manta,
al teatro público; quitó las barbas de los 5
farsantes, que hasta entonces ninguno representaba
sin barba postiza, e hizo que todos representasen
a cureña rasa, si no era los que habían
de representar los viejos u otras figuras que
pidiesen mudanza de rostro; inventó tramoyas, 10
nubes, truenos y relámpagos, desafíos y batallas;
pero esto no llegó al sublime punto en que está
ahora.
Y esto es verdad que no se me puede contradecir,
y aquí entra el salir yo de los límites 15
de mi llaneza: que se vieron en los teatros
de Madrid representar Los tratos de Argel, que
yo compuse, La destrucción de Numancia y La
batalla naval, donde me atreví a reducir las
comedias a tres jornadas, de cinco que tenían; 20
mostré, o, por mejor decir, fui el primero que
representase las imaginaciones y los
pensamientos escondidos del alma, sacando figuras
morales al teatro, con general y gustoso aplauso
de los oyentes; compuse en este tiempo hasta 25
veinte comedias o treinta, que todas ellas se
recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de
pepinos ni de otra cosa arrojadiza: corrieron
su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas. Tuve
otras cosas en que ocuparme, dejé la pluma y 30
las comedias, y entró luego el monstruo de
naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con
PROLOGO AL LECTOR p. 8
la monarquía cómica. Avasalló y puso debajo
de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el
mundo de comedias propias, felices y bien
razonadas, y tantas, que pasan de diez mil
pliegos los que tiene escritos, y todas, que es una 5
de las mayores cosas que puede decirse, las ha
visto representar, u oído decir, por lo menos,
que se han representado; y si algunos, que hay
muchos, han querido entrar a la parte y gloria
de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo 10
que han escrito a la mitad de lo que él solo.
Pero no por esto, pues no lo concede Dios
todo a todos, dejen de tenerse en precio los
trabajos del doctor Ramón, que fueron los
más después de los del gran Lope; estímense 15
las trazas artificiosas en todo extremo del
licenciado Miguel Sánchez; la gravedad del
doctor Mira de [A]mescua, honra singular de
nuestra nación; la discreción e innumerables
conceptos del canónigo Tárrega; la suavidad y 20
dulzura de don Guillén de Castro; la agudeza
de Aguilar; el rumbo, el tropel, el boato, la
grandeza de las comedias de Luis Vélez de
Guevara, y las que ahora están en jerga
del agudo ingenio de don Antonio de Galarza, 25
y las que prometen Las fullerías de
amor, de Gaspar de Avila: que todos éstos
y otros algunos han ayudado a llevar esta gran
máquina al gran Lope.
Algunos años ha que volví yo a mi antigua 30
ociosidad, y, pensando que aún duraban los siglos
donde corrían mis alabanzas, volví a componer
PROLOGO AL LECTOR p. 9
algunas comedias; pero no hallé pájaros
en los nidos de antaño; quiero decir que no
hallé autor que me las pidiese, puesto que
sabían que las tenía, y así, las arrinconé en un
cofre, y las consagré y condené al perpetuo 5
silencio. En esta sazón me dijo un librero que él
me las comprara, si un autor de título no le
hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar
mucho, pero que del verso, nada; y, si va a
decir la verdad, cierto que me dio pesadumbre 10
el oírlo, y dije entre mí: O yo me he mudado
en otro, o los tiempos se han mejorado mucho,
sucediendo siempre al revés, pues siempre se
alaban los pasados tiempos. Torné a pasar
los ojos por mis comedias, y por algunos 15
entremeses míos que con ellas estaban arrinconados,
y vi no ser tan malas ni tan malos que no
mereciesen salir de las tinieblas del ingenio
de aquel autor a la luz de otros autores menos
escrupulosos y más entendidos. Aburríme, y 20
vendíselas al tal librero, que las ha puesto en
la estampa como aquí te las ofrece; él me las
pagó razonablemente; yo cogí mi dinero con
suavidad, sin tener cuenta con dimes ni diretes
de recitantes. Querría que fuesen las mejores 25
del mundo, o a lo menos razonables; tú lo verás,
lector mío; y si hallares que tienen alguna
cosa buena, en topando a aquel mi maldiciente
autor, dile que se enmiende, pues yo no ofendo
a nadie, y que advierta que no tienen necedades 30
patentes y descubiertas, y que el verso es
el mismo que piden las comedias, que ha de
PROLOGO AL LECTOR p. 10
ser, de los tres estilos, el ínfimo, y que el
lenguaje de los entremeses es propio de las
figuras que en ellos se introducen; y que para
enmienda de todo esto le ofrezco una comedia
que estoy componiendo, y la intitulo El engaño 5
a los ojos, que, si no me engaño, le ha de
dar contento. Y con esto, Dios te dé salud, y a
mí paciencia.
p. 11
Dedicatoria al Conde de Lemos.
Ahora se agoste o no el jardín de mi corto
ingenio, que los frutos que él ofreciere, en
cualquiera sazón que sea, han de ser de V. E., a
quien ofrezco el de estas comedias y entremeses, 5
no tan desabridos, a mi parecer, que no
puedan dar algún gusto; y si alguna cosa llevan
razonable, es que no van manoseados ni han
salido al teatro, merced a los farsantes, que, de
puro discretos, no se ocupan sino en obras 10
grandes y de graves autores, puesto que tal vez
se engañan. Don Quijote de la Mancha queda
calzadas las espuelas en su segunda parte para
ir a besar los pies a V. E. Creo que llegará
quejoso, porque en Tarragona le han asendereado 15
y malparado; aunque, por sí o por no, lleva
información hecha de que no es él el contenido
en aquella historia, sino otro supuesto, que quiso
ser él, y no acertó a serlo. Luego irá el gran
Persiles, y luego Las semanas del jardín, y 20
luego la segunda parte de La Galatea, si tanta
carga pueden llevar mis ancianos hombros; y
luego y siempre irán las muestras del deseo
que tengo de servir a V. E. como a mi verdadero
señor, y firme y verdadero amparo, cuya 25
persona, etc.
Criado de V. Exc.,
Miguel de Cervantes Saavedra.
P. 12
p. 13
LOS NOMBRES DE ESTAS
comedias son los siguientes:
El gallardo español. La gran sultana.
La casa de los celos. El laberinto de amor.
Los baños de Argel. La entretenida. 5
El rufián dichoso. Pedro de Urdemalas.
ENTREMESES
El juez de los El vizcaíno fingido.
divorcios. El retablo de las
El rufián viudo. maravillas. 10
Elección de los La cueva de
alcaldes de Daganzo. Salamanca
La guarda cuidadosa. El viejo celoso.
p. 14
p. 15
COMEDIA
FAMOSA DEL GALLARDO
español.
Hablan en esta primera jornada las personas
siguientes: 5
Arlaja, mora. Cebrián, moro, criado
Alimuzel, moro. de Alimuzel.
Don Alonso de Córdoba, Nacor, moro.
conde de Alcaudete, Don Martín de
general de Orán. Córdoba. 10
Don Fernando de Uno con una petición.
Saavedra. Buitrago, soldado.
Guzmán, capitán. Un pajecillo.
Fratín, ingeniero. Oropesa, cautivo.
Un soldado. Robledo, alférez. 15
JORNADA PRIMERA
Salen Arlaja, mora, y Alimuzel, moro.
Arl. Es el caso, Alimuzel,
que, a no traerme el cristiano,
te será el amor tirano, 20
y yo te seré crüel.
JORNADA PRIMERA p. 16
Quiérole preso y rendido,
aunque sano y sin cautela.
Ali. ¿Posible es que te desuela
deseo tan mal nacido?
Conténtate que le mate, 5
si no pudiere rendirle;
que detener al herirle
el brazo, será dislate.
Partiréme a Orán al punto,
y desafiaré al cristiano, 10
y haré por traerle sano,
pues no le quieres difunto.
Pero si acaso el rigor
de la cólera me incita
y su muerte solicita, 15
¿tengo de perder tu amor?
¿Está tan puesto en razón
Marte, desnuda la espada,
que la tenga nivelada
al peso de tu afición? 20
Arl. Alimuzel, yo confieso
que tienes razón en parte,
que, en las hazañas de Marte,
hay muy pocas sin exceso,
el cual se suele templar 25
con la cordura y valor.
Yo he puesto precio en mi amor;
mira si le puedes dar.
Quiero ver la bizarría
de este que con miedo nombro, 30
de este espanto, de este asombro
de toda la Berbería;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 17
de este Fernando valiente,
ensalzador de su crisma
y coco de la morisma
que nombrar su nombre siente;
de este Atlante de su España, 5
su nuevo Cid, su Bernardo,
su don Manuel el gallardo
por una y otra hazaña.
Quiero de cerca mirarle,
pero rendido a mis pies. 10
Ali. Haz cuenta que ya lo ves,
puesto que dé en ayudarle
todo el cielo.
Arl. ¿Pues qué esperas?
Ali. Espero a ver si te burlas; 15
aunque para mí tus burlas
siempre han sido puras veras.
Comedido, como amante,
soy, y sólo sé decirte
que el deseo de servirte 20
me hace ser arrogante.
Puedes de mí prometerte
imposibles sobrehumanos,
mil prisioneros cristianos
que vengan a obedecerte. 25
Arl. Tráeme solamente al fuerte
don Fernando Saavedra,
que con él veré que medra
y se mejora mi suerte,
y aun la tuya, pues te doy 30
palabra que he de ser tuya
como el hecho se concluya
JORNADA PRIMERA p. 18
a mi gusto.
Ali. Quizá hoy
oirán los muros de Orán
mi voz en el desafío,
y aun de los cielos confío, 5
que luz y vida nos dan,
que han de acudir a mi intento
con suceso venturoso.
Arl. Parte, Alimuzel famoso.
Ali. Fuerzas de tu mandamiento 10
me llevan tan alentado,
que acabaré con valor
el imposible mayor
que se hubiere imaginado.
Arl. Ve en paz, que de aquesta guerra 15
la vitoria te adivino.
Entrase Arlaja.
Ali. ¡Queda en paz, rostro divino,
ángel que mora en la tierra,
bizarra sobre los hombres, 20
que a guerra a Marte provocan,
a quien de excelencias tocan
mil títulos y renombres;
en extremo poderosa
de dar tormento y placer, 25
hielo que nos hace arder
en viva llama amorosa!
Que[da] en paz, que, sin tu sol,
ya camino en noche oscura;
resucite mi ventura 30
la muerte de este español.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 19
Mas, ¡ay, que no he de matarle,
sino prenderle, y no más!
¿Quién tal deseo jamás
vio, ni pudo imaginalle?
Entrase Alimuzel. 5
Salen don Alonso de Córdoba, conde de Alcaudete,
general de Orán; don Fernando de Saavedra;
Guzmán, capitán; Fratín, ingeniero.
Frat. Hase de alzar, señor, esta cortina
a peso de aquel cubo, que responde 10
a éste, que descubre la marina.
De la silla esta parte no se esconde;
mas ¿qué aprovecha, si no está en
[defensa,
ni Almarza a nuestro intento 15
[corresponde?
D. Al. El cerco es cierto, y más cierta la
[ofensa,
si ya no son cortinas y muralla
de vuestros brazos la virtud inmensa. 20
Donde el deseo de la fama se halla,
las defensas se estiman en un cero,
y a campo abierto salta a la batalla.
Venga, pues, la morisma, que yo
[espero 25
en Dios y en vuestras manos
[vencedoras,
que volverá el león manso cordero.
Los argos, centinelas veladoras,
miren al mar y miren a la tierra 30
en las del día y las nocturnas horas.
JORNADA PRIMERA p. 20
No hay disculpa al descuido que en la
[guerra
se hace, por pequeño que parezca,
que pierde mucho quien en poco yerra;
y si aviniere que el cabello ofrezca 5
la ligera ocasión, ha de tomarse,
antes que a espaldas vueltas
[desparezca:
que, en la guerra, el perderse o el
[ganarse 10
suele estar en un punto, que, si pasa,
vendrá el de estar quejoso y no
[vengarse.
En su pajiza, pobre y débil casa
se defiende el pastor del sol ardiente 15
que el campo agosta y la montaña
[abrasa.
Quiero inferir que puede ser valiente
detrás de un muro un corazón medroso,
cuando a sus lados que le animan 20
[siente.
Entra un soldado.
Sold. Señor, con ademán bravo y airoso,
picando un alazán, un moro viene
y a la ciudad se acerca presuroso. 25
Bien es verdad que a veces se detiene
y mira a todas partes recatado,
como quien miedo y osadía tiene.
Adarga blanca trae, y alfanje al lado,
lanza con bandereta de seguro, 30
y el bonete con plumas adornado.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 21
Puedes, si gustas, verle desde el muro.
D. Al. Bien de aquí se descubre; ya le veo.
Si es embajada, yo le doy seguro.
D. Fer. Antes es desafío, a lo que creo.
Entra Alimuzel a caballo, con lanza y adarga. 5
Ali. Escuchadme, los de Orán,
caballeros y soldados,
que firmáis con nuestra sangre
vuestros hechos señalados.
Alimuzel soy, un moro 10
de aquellos que son llamados
galanes de Melïona,
tan valientes como hidalgos.
No me trae aquí Mahoma
a averiguar en el campo 15
si su secta es buena o mala,
que él tiene de eso cuidado.
Tráeme otro dios más brioso,
que es tan soberbio y tan manso,
que ya parece cordero, 20
y ya león irritado.
Y este dios, que así me impele,
es de una mora vasallo,
que es reina de la hermosura,
de quien soy humilde esclavo. 25
No quiero decir que hiendo,
que destrozo, parto o rajo:
que animoso, y no arrogante,
es el buen enamorado.
Amo, en fin, y he dicho mucho 30
en sólo decir que amo,
JORNADA PRIMERA p. 22
para daros a entender
que puedo estimarme en algo.
Pero, sea yo quien fuere,
basta que me muestro armado
ante estos soberbios muros, 5
de tantos buenos guardados;
que si no es señal de loco,
será indicio de que he dado
palabra que he de cumplirla,
o quedar muerto en el campo. 10
Y así, a ti te desafío,
don Fernando el fuerte, el bravo,
tan infamia de los moros,
cuanto prez de los cristianos.
Bien se verá en lo que he dicho 15
que, aunque haya otros Fernandos,
es aquel de Saavedra
a quien a batalla llamo.
Tu fama, que no se encierra
en límites, ha llegado 20
a los oídos de Arlaja,
de la belleza milagro.
Quiere verte; mas no muerto,
sino preso, y hame dado
el asunto de prenderte: 25
mira si es pequeño el cargo.
Yo prometí de hacerlo,
porque el que está enamorado,
los más arduos imposibles
facilita y hace llano. 30
Y para darte ocasión
de que salgas mano a mano
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 23
a verte conmigo ahora,
de estas cosas te hago cargo:
que peleas desde lejos,
que el arcabuz es tu amparo,
que en comunidad aguijas, 5
y a solas te vas despacio;
que eres Ulises nocturno,
no Telamón al sol claro;
que nunca mides tu espada
con otra, a fuer de hidalgo. 10
Si no sales, verdad digo;
si sales, quedará llano,
ya vencido o vencedor,
que tu fama no habla en vano.
Aquí, junto a Canastel, 15
solo te estaré esperando
hasta que mañana el sol
llegue al Poniente su carro.
Del que fuere vencedor
ha de ser el otro esclavo, 20
premio rico y premio honesto.
Ven, que espero, don Fernando.
Vase.
D. Al. Don Fernando, ¿qué os parece?
D. Fer. Que es el moro comedido 25
y valiente, y que merece
ser de amor favorecido
en el trance que se ofrece.
D. Al. ¿Luego pensáis de salir?
D. Fer. Bien se puede esto inferir 30
de su demanda y mi celo,
JORNADA PRIMERA p. 24
pues ya se sabe que suelo
a lo que es honra acudir.
Déme vuestra señoría
licencia, que es bien que salga
antes que se pase el día. 5
D. Al. No es posible que ahora os valga
vuestra noble valentía.
No quiero que allá salgáis,
porque hallaréis, si miráis
a la soldadesca ley, 10
que obligado a vuestro rey
mucho más que a vos estáis.
En la guerra usanza es vieja,
y aun ley casi principal,
a toda razón aneja, 15
que por causa general
la particular se deja.
Porque no es suyo el soldado
que está en presidio encerrado,
sino de aquel que le encierra, 20
y no ha de hacer otra guerra
sino a la que se ha obligado.
En ningún modo sois vuestro,
sino del rey, y en su nombre
sois mío, según lo muestro; 25
y yo no aventuro un hombre
que es de la guerra maestro,
por la simple niñería
de una amorosa porfía:
don Fernando, esto es verdad. 30
D. Fer. ¡De extraña riguridad
usa vuestra señoría
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 25
conmigo! ¿Qué dirá el moro?
D. Al. Diga lo que él más quisiere,
que yo guardo aquí el decoro
que la guerra pide y quiere,
y de ella ninguno ignoro. 5
D. Fer. Respóndasele, a lo menos,
y sepa que por tus buenos
respetos allá no salgo.
Guz. No os tendrá por esto el galgo,
señor don Fernando, en menos. 10
D. Al. Lleve el capitán Guzmán
la respuesta.
Guz. Sí haré,
y, ¡voto a tal!, si me dan
licencia, que yo le dé 15
al morico ganapán
tal rato, que quede frío
de amor con el desafío.
D. Al. Respondedle cortésmente,
con el término prudente 20
que de vuestro ingenio fío.
Vanse don Alonso y Fratín.
Guz. ¿Queréis que, en vez de respuesta,
os le dé una mano tal,
que se concluya la fiesta? 25
D. Fer. Que me estará a mí muy mal
eso, es cosa manifiesta.
Sólo a mí me desafía,
y gran mengua me sería
que otro por mí pelease. 30
Mas si el moro me esperase
JORNADA PRIMERA p. 26
allí siquiera otro día,
yo le saldré a responder,
a pesar de todo el mundo
que lo quiera defender.
Guz. ¿En qué os fundáis? 5
D. Fer. Yo me fundo
en esto que pienso hacer:
el lunes soy yo de ronda,
y cuando la noche esconda
la luz con su manto oscuro, 10
arrojaréme del muro
a la cava.
Guz. Está muy honda,
y podríais peligrar.
D. Fer. Póneme en los pies el brío 15
mil alas para volar.
Todo aquesto de vos fío.
Guz. Ya sabéis que sé callar.
Dejadme salir primero,
porque de mi industria espero 20
que saldréis bien de este hecho.
D. Fer. Sois amigo de provecho.
Guz. Sí, porque soy verdadero.
Vanse, y salen Alimuzel y Cebrián, su criado, que en
arábigo quiere decir lacayo o mozo de caballos. 25
Ali. Atale allí, Cebrián,
al tronco de aquella palma;
repose el fuerte alazán
mientras reposa mi alma
los cuidados que le dan. 30
Aquí a solas daré al llanto
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 27
las riendas, o al pensar santo
en las memorias de Arlaja,
en tanto que al campo baja
aquel que se estima en tanto.
Baja la cabeza Cebrián, y vase. 5
¡Venturoso tu, cristiano,
que puedes a tus despojos
añadir el más que humano
que es querer verte los ojos
del cielo que adoro en vano! 10
Y más que pena recibo
de esto que en el alma escribo
con celoso desconcierto:
que a mí me quieren ver muerto,
y a ti te quieren ver vivo. 15
Pero yo no haré locura
semejante; que, si venzo,
o por fuerza o por ventura,
daré a mis glorias comienzo
dándote aquí sepultura. 20
Mas, si te hago morir,
¿cómo podré yo cumplir
lo que Arlaja me ha mandado?
¡Oh triste y dudoso estado,
insufrible de sufrir! 25
Parleras aves, que al viento
esparcís quejas de amor,
¿qué haré en el mal que siento?
¿Daré la rienda al rigor,
o al cortés comedimiento? 30
Mas démosla al sueño ahora;
JORNADA PRIMERA p. 28
perdonadme, hermosa mora,
si aplico sin tu licencia
este alivio a la dolencia
que en mi alma triste mora.
Echase a dormir, y sale al instante Nacor, moro, 5
con un turbante verde.
[Nac.] Mahoma, ya que el amor
en mis dichas no consiente,
muéstrame tú tu favor,
mira que soy tu pariente, 10
el infelice Nacor.
Jarife soy de tu casta,
y no me respeta el asta
de amor que blande en mi pecho,
un blanco a sus tiros hecho, 15
do todas sus flechas gasta.
Y más, y no sé qué es esto,
que, con ser enamorado,
soy de tan bajo supuesto,
que no hay conejo acosado 20
más cobarde ni más presto.
De esto será buen testigo
el ver aquí mi enemigo
dormido, y no osar tocarle,
deseando de matarle 25
por venganza y por castigo.
Que esté celoso y con miedo,
por Alá que es cosa nueva.
¿Llegaré, o estarme he quedo?
¿Cortaré en segura prueba 30
este gordiano enredo?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 29
Que si éste quito delante,
podrá ser que vuelva amante
el pecho de Arlaja ingrato.
Muérome porque no mato;
oso y tiemblo en un instante. 5
Entra el capitán Guzmán con espada y rodela.
Guz. ¿Eres tú el desafiador
de don Fernando, por dicha?
Nac. No tengo yo ese valor:
que el corazón con desdicha 10
es morada del temor.
Aquél es que está allí echado,
moro tan afortunado,
que Arlaja le manda y mira.
Guz. Paréceme que suspira. 15
Nac. Sí hará, que está enamorado.
Guz. ¡Alimuzel!
Ali. ¿Quién me llama?
Guz. Mal acudirás, durmiendo,
al servicio de tu dama. 20
Ali. En el sueño va adquiriendo
fuerzas la amorosa llama,
porque en él se representan
visiones que me atormentan,
obligaciones que guarde, 25
miedos que me hacen cobarde,
y celos que más me alientan.
Mirándote estoy, y veo
cuán propio es de la mujer
tener extraño deseo. 30
Cosas hay en ti que ver,
JORNADA PRIMERA p. 30
no que admirar.
Guz. Yo lo creo.
Pero ¿por qué dices eso?
Ali. Don Fernando, yo confieso
que tu buen talle y buen brío 5
llega y se aventaja al mío,
pero no en muy grande exceso;
y si no es por el gran nombre
que entre la morisma tienes
de ser en las armas hombre, 10
ninguna cosa contienes
que enamores ni que asombre;
y yo no sé por qué Arlaja
tanto se angustia y trabaja
por verte, y vivo, que es más. 15
Guz. Engañado, moro, estás;
tu vano discurso ataja,
que yo no soy don Fernando.
Ali. ¿Pues quién eres?
Guz. Un su amigo 20
y embajador.
Ali. Dime cuándo
espera verse conmigo,
porque le estoy aguardando.
Guz. Has de saber, moro diestro, 25
que el sabio general nuestro
que salga no le consiente.
Ali. ¿Pues por qué?
Guz. Porque es prudente,
y en la guerra gran maestro. 30
Teme el cerco que se espera,
y no quiere aventurar
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 31
en empresa tan ligera
una espada que en cortar
es entre muchas primera.
Pero dice don Fernando
que le estés aquí aguardando 5
hasta el lunes, que él te jura
salir en la noche oscura,
aunque rompa cualquier bando.
Si aquesto no te contenta,
y quieres probar la suerte 10
con menos daño y afrenta,
tu brazo gallardo y fuerte
con éste, que es flaco, tienta,
y a tu mora levarás,
si me vences, quizá más 15
que en llevar a don Fernando.
Ali. No estoy en eso pensando;
muy descaminado vas.
No eres tú por quien me envía
Arlaja, y aunque te prenda, 20
no saldré con mi porfía.
Haz que don Fernando entienda
que le aguardaré ese día
que pide, y, si le venciere,
y entonces tu gusto fuere 25
probarme en el marcial juego,
mi voluntad hará luego
lo que la tuya quisiere:
que ya sabes que no es dado
dejar la empresa primera 30
por la segunda al soldado.
Guz. Es verdad.
JORNADA PRIMERA p. 32
Ali. De esa manera
bien quedaré disculpado.
Guz. Dices muy bien.
Ali. Sí, bien digo.
Vuélvete, y dile a tu amigo 5
que le espero y que no tarde.
Guz. Tu Mahoma, Alí, te guarde.
Ali. Tu Cristo vaya contigo.
Vase Guzmán.
Nacor, ¿qué es esto?, ¿a qué vienes? 10
Nac. A ver cómo en esta empresa
tan peligrosa te avienes;
y por Alá que me pesa
de ver que en punto la tienes,
que el de tu muerte está a punto. 15
Ali. ¿En qué modo?
Nac. En que barrunto
que, si de noche peleas,
sobre ti no es mucho veas
todo un ejército junto. 20
Esto de no estar en mano
de don Fernando el salir,
tenlo por ligero y vano:
que se suele prevenir
con astucias el cristiano. 25
De noche quieren cogerte,
porque al matarte o prenderte
aun el sol no sea testigo.
No creas a tu enemigo;
Alí, procura volverte, 30
que bien disculpado irás
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 33
con Arlaja, pues has hecho
lo que es posible, y aun más.
Ali. Consejos de sabio pecho
son, Nacor, los que me das;
pero no puedo admitillos, 5
ni menos con gusto oíllos:
que tiene el amor echados
a mis oídos candados,
a los pies y alma grillos.
Nac. Para mejor ocasión 10
te guarda, porque es cordura
prevenir a la intención
del que a su salvo procura
su gloria y tu perdición.
Ven, que a Arlaja daré cuenta 15
de modo que diga y sienta
que eres vencedor osado,
pues si no sale el llamado,
en sí se queda la afrenta.
Cuanto más que, cuando venga 20
el cerco de esta ciudad,
que ya no hay quien le detenga,
podrás, a tu voluntad,
hacer lo que más convenga;
que entonces saldrá el cristiano, 25
si es arrogante y lozano,
al campo abierto, sin duda.
Ali. Bien es, Nacor, que yo acuda
a tu consejo, que es sano.
Ven y vamos, pues podré, 30
en este cerco que dices,
cumplir lo que aquí falté.
JORNADA PRIMERA p. 34
Mas mira que me autorices
con Arlaja.
Nac. Sí haré. [Aparte.]
Sentirá Arlaja la mengua
que tanto al cristiano amengua, 5
haciéndole de ella alarde;
vos quedaréis por cobarde,
o mal me andará la lengua.
Vanse.
Salen don Alonso de Córdoba, general de Orán, conde 10
de Alcaudete, y su hermano, don Martín de Córdoba,
y don Fernando de Saavedra.
Conde. Señor don Martín, conviene
que vuestra merced acuda
a Mazalquivir, que tiene 15
necesidad de la ayuda
que vuestro esfuerzo contiene;
que allí acudirá primero
el enemigo ligero.
Mas que venzáis no lo dudo: 20
que el cobarde está desnudo,
aunque se vista de acero.
En su muchedumbre estriba
aquesta mora canalla,
que así se nos muestra esquiva; 25
mas cuando defensa halla,
se humilla, postra y derriba.
Sus gustos, sus algazaras,
si bien en ello reparas,
son el canto del medroso; 30
calla el león animoso
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 35
entre las balas y jaras.
D. Mar. Por mi caudillo y mi hermano
te obedezco, y haré cuanto
fuere, señor, en mi mano;
que ni de gritos me espanto, 5
ni de tumulto pagano.
Dame, señor, municiones,
que, en el trance que me pones,
pienso, si no faltan ellas,
poner sobre las estrellas 10
los españoles blasones.
Entra uno con una petición.
Uno. Señor, dame licencia que te lea
aquesta petición.
Conde. Lee en buen hora. 15
Uno. Doña Isabel de Avellaneda, en
[nombre
de todas las mujeres de esta tierra,
dice que llegó ayer a su noticia
que, por temor del cerco que se espera, 20
quieres que quede la ciudad vacía
de gente inútil, enviando a España
las mujeres, los viejos y los niños;
resolución prudente, aunque medrosa.
Y apelan de esto a ti de ti, diciendo 25
que ellas se ofrecen de acudir al muro,
ya con tierra o fajina, o ya con lienzos
bañados en vinagre, con que limpien
el sudor de los fieros combatientes
que asistan al rigor de los asaltos; 30
que tomarán la sangre a los heridos;
JORNADA PRIMERA p. 36
que las más pequeñuelas harán hilas,
dando la mano al lienzo y voz al cielo
con tiernas virginales rogativas,
pidiendo a Dios misericordia, en tanto
que los robustos brazos de sus padres 5
defiendan sus murallas y sus vidas;
que los niños darán de buena gana
para enviar a España con los viejos,
pues no pueden servir de cosa alguna;
mas ellas, que por útiles se tienen, 10
no irán de ningún modo, porque
[piensan,
por Dios, y por su ley, y por su patria,
morir sirviendo a Dios, y en la muerte,
cuando el hado les fuere inexorable, 15
dar el último vale a sus maridos,
o ya cerrar los ojos a sus padres
con tristes y cristianos sentimientos.
En fin, serán, señor, de más provecho
que daño, por lo cual te ruegan todas 20
que revoques, señor, lo que ordenaste,
en cuanto toca a las mujeres sólo,
que en ello harás a Dios servicio grande,
merced a ellas, y favor inmenso.
Esto la petición, señor, contiene. 25
Conde. Nunca tal me pasó por pensamiento,
nunca tanto el temor se ha apoderado
de mí, que hiciese prevención tan triste.
Por respuesta llevad que yo agradezco
y admito su gallardo ofrecimiento, 30
y que de su valor tendrá la fama
cuidado de escribirle y de grabarle
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 37
en láminas de bronce, porque viva
siglos eternos. Y esto les respondo,
y andad con Dios.
Uno. Por cierto que han mostrado
de espartanas valor, de argivas brío. 5
Entra el capitán Guzmán.
Conde. Pues, capitán Guzmán, ¿qué dice el
Guz. Ya se fue mal contento. [moro?
D. Fer. [Aparte.] ¿Es ido cierto?
Guz. [Aparte.] Aguardándote está, porque 10
[es valiente,
y discreto además, en lo que muestra.
D. Fer. [Aparte.] Saldré, sin duda.
Guz. [Aparte.] No sé si lo aciertas,
que está muy cerca el cerco. 15
D. Fer. [Aparte.] Si le venzo,
presto me volveré; si soy vencido,
poca falta haré, pues poco valgo.
Conde. ¡Bravo parece el moro!
Guz. Bravo, cierto, 20
y muy enamorado y comedido.
Entra a esta sazón Buitrago, un soldado, con la espada
sin vaina, oleada con un orillo, tiros de soga,
finalmente, muy malparado. Trae una tablilla con
demanda de las ánimas de purgatorio, y pide para 25
ellas. Y esto de pedir para las ánimas es cuento
verdadero, que yo lo vi, y la razón por que pedía se
dice adelante.
Buit. Denme para las ánimas, señores,
pues saben que me importa. 30
Conde. ¡Oh buen Buitrago!
JORNADA PRIMERA p. 38
¿Cuánto ha caído hoy?
Buit. Hasta tres cuartos.
D. Mar. ¿De ellos qué habéis comprado?
Buit. Casi nada:
una asadura sola, y cien sardinas. 5
D. Mar. Harto habrá para hoy.
Buit. ¡Por Santo Nuflo,
que apenas hay para que masque un
D. Mar. Comeréis hoy conmigo. [diente
Buit. De ese modo 10
habrá para almorzar en lo comprado.
D. Mar. ¿Y la ración?
Buit. ¿Qué? ¿La ración? Ya asiste
a un lado del estómago, y no ocupa
cuanto una casa de ajedrez pequeña. 15
D. Fer. ¡Gran comedor!
Guz. Tan grande, que le ha dado
el conde esta demanda porque pueda
sustentarse con ella.
Buit. ¿Qué aprovecha?; 20
que, como saben todos que no hay ánima
a quien haga decir sólo un responso,
si me dan medio cuarto, es por
[milagro;
y así, pienso pedir para mi cuerpo, 25
y no para las ánimas.
D. Mar. Sería
gran discreción.
Buit. Oh, ¡pese a mi linaje!,
¿no sabe todo el mundo que, si como 30
por seis, que suelo pelear por siete?
¡Cuerpo de Dios conmigo! Denme ripio
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 39
suficiente a la boca, y denme moros
a las manos a pares y a millares;
verán quién es Buitrago, y si merece
comer por diez, pues que pelea por
[veinte. 5
Conde. Tiene razón Buitrago; mas ahora,
si llega el cerco, mostrará sus bríos,
y haré yo que le den siete raciones,
con tal que cese la demanda.
Buit. Cese, 10
que entonces no habrá lengua, y habrá
[manos.
No hay pedir, sino dar; no hay sacar
[almas
del purgatorio entonces, sino espiches, 15
para meter en el infierno muchas
de la mora canalla que se espera.
Un pajecillo diga:
¡Daca el alma, Buitrago, daca el alma!
Buit. ¡Hijo de puta y puto, y miente, y calle! 20
¿No sabe el cornudillo, sea quien fuere,
que, aunque tenga cien cuerpos y cien
[almas
para dar por mi rey, no daré una
si me la piden de ese modo infame? 25
D. Mar. Otra vez, Cereceda.
Pag. ¡Daca el alma!
Buit. ¡Por vida de!
Conde. Buitrago, con paciencia;
no la deis vos, por más que os la 30
[demanden.
JORNADA PRIMERA p. 40
Buit. ¡Que tenga atrevimiento un pajecillo
de pedirme a mí el alma! ¡Voto a
[Cristo,
que, a no estar aquí el conde, don
[hediondo, 5
que os sacara la vuestra a puntillazos,
aunque me lo impidiera el mismo
[diablo
por prenda suya!
Conde. No haya más, Buitrago; 10
guardad vuestra alma, y dadnos vuestras
[manos,
que serán menester, yo os lo prometo.
Buit. Denme para las ánimas ahora,
que todo se andará. 15
D. Mar. Tomad.
Buit. ¡Oh invicto
don Martín, generoso! Por mi diestra,
que he de ser tu soldado, si, por dicha,
vas a Mazalquivir, como se ha dicho. 20
D. Mar. Seréis mi camarada y compañero.
Buit. ¡Vive Dios que eres bravo caballero!
Vanse, y sale Arlaja y Oropesa, su cautivo.
Arl. ¡Mucho tarda Alimuzel!
Cristiano, no sé qué sea. 25
Orop. Fuiste, señora, con él
otra segunda Medea,
famosa por ser crüel.
A una empresa le enviaste,
que parece que mostraste 30
que te era en odio su vida.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 41
Arl. Yo fui parte en su partida,
tú el todo, pues la causaste.
Las alabanzas extrañas
que aplicaste a aquel Fernando,
contándome sus hazañas, 5
se me fueron estampando
en medio de las entrañas,
y de allí nació un deseo,
no lascivo, torpe o feo,
aunque vano por curioso, 10
de ver a un hombre famoso
más de los que siempre veo.
Más que discreta, curiosa,
ordené que Alimuzel
fuese a la empresa dudosa; 15
no por mostrarme con él
ingrata ni rigurosa.
Y muéstrame su tardanza
que me engañó la esperanza,
y que es premio merecido 20
del deseo mal nacido
tenerle quien no le alcanza.
Yo tengo un alma bizarra
y varonil, de tal suerte,
que gusto del que desgarra 25
y más allá de la muerte
tira atrevido la barra.
Huélgome de ver a un hombre
de tal valor y tal nombre,
que con los dientes tarace, 30
con las manos despedace,
y con los ojos asombre.
JORNADA PRIMERA p. 42
Orop. Pues si viene Alimuzel,
y a don Fernando trae preso,
no verás, señora, en él
ninguna cosa en exceso
de las que te he dicho de él. 5
Tendrásme por hablador,
y será más el valor
de Alimuzel conocido,
pues la fama del vencido
se pasa en el vencedor. 10
Pero si acaso da el cielo
a don Fernando victoria,
cierto está tu desconsuelo,
pues su fama en tu memoria
alzará más alto el vuelo, 15
y de no poderle ver,
vendrá el deseo a crecer
de verle.
Arl. Tienes razón;
parienta es la confusión 20
del discurso de mujer.
Entran Alimuzel y Nacor.
Ali. Dadle la mano, señora,
o los pies a aqueste esclavo,
que con el alma os adora. 25
Arl. ¿Cómo en corazón tan bravo
tanta humildad, señor, mora?
Alzaos, no estéis de ese modo.
Ali. A tu gusto me acomodo.
Arl. ¿Sois vencido, o vencedor? 30
Ali. Todo lo dirá Nacor,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 43
que se halló presente a todo.
Nac. No quiso el desafiado
acudir al desafío,
aunque bien se ha disculpado.
Arl. ¿Ese es soldado de brío, 5
tan temido y alabado?
¿Cómo pudo dar disculpa
buena de tan fea culpa?
Nac. Su general le detuvo,
que él ninguna culpa tuvo, 10
aunque Alimuzel le culpa;
que él saliera al campo abierto
a esperarle un día más,
según quedó en el concierto.
Ali. Nacor, endiablado estás; 15
no sé cómo no te he muerto.
Nac. Mal haces de amenazarme,
ni, soberbio, ocasión darme
para que contigo rife,
pues sabes que soy jarife, 20
y que pecas en tocarme.
Arl. Paso, mi señor valiente,
que entiendo de este contraste,
sin que ninguno le cuente,
que ni él salió, ni esperaste. 25
Nac. Es así.
Ali. ¡Un jarife miente!
¡Por Alá, que es gran maldad!
Nac. ¿No se muestra la verdad
en que te vienes sin él? 30
Ali. ¿Pude yo verme con él,
encerrado en la ciudad?
JORNADA PRIMERA p. 44
¿No sabes lo que pasó,
y la embajada que trujo
quien por él me respondió?
Nac. Sé que a esperar se redujo
el trance, y más no sé yo. 5
Ali. ¿Por consejo no me diste
que me volviese?
Nac. Hiciste
mal; yo bien, porque pensaba
que a un cobarde aconsejaba. 10
Ali. ¡El diablo se me reviste!
¡Incita a hacerte pedazos!
Nac. Jarife soy; no me toques
con los dientes ni los brazos,
ni a que te dé me provoques 15
duros y fuertes abrazos;
que ya sabes que Mahoma
por suya la causa toma
del jarife, y le defiende,
y al soberbio que le ofende, 20
a sus pies le humilla y doma.
Entran dos moros y traen cautivo a don Fernando,
en cuerpo y sin espada.
Ali. ¿Qué es aquesto?
Prim. A este cristiano 25
cautivó tu escuadra ayer
junto a Orán.
D. Fer. ¡Miente el villano!
Yo me entregué, sin poner
pies a huir ni a espada mano. 30
Si no quisiera entregarme,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 45
no pudieran cautivarme
tres escuadras, ni aun trescientas.
Ali. Estás cautivo, y revientas
de bravo.
D. Fer. Puedo alabarme. 5
Arl. ¿Quién eres?
D. Fer. Soy un soldado
que me he venido a entregar
a vuestra prisión de grado,
por no poder tolerar 10
ser valiente y mal pagado.
Arl. ¿Luego quieres ser cautivo?
D. Fer. De serlo gusto recibo;
dadme patrón que me mande.
Arl. ¡Qué disparate tan grande! 15
D. Fer. Yo de disparates vivo.
Orop. Este es don Fernando, cierto,
el que yo tanto alabé,
y ni viene preso o muerto,
ni cómo viene no sé, 20
ni atino su desconcierto.
El callar será acertado
hasta hablarle en apartado,
que me admira su venida.
Ali. ¿Seréis, Arlaja, servida 25
de que os sirva este soldado?
Que si ayer fue el primer día
que salió de Orán, dirá
si hice lo que debía;
que yo entiendo que sabrá 30
mi valor o cobardía.
Dime: ¿oíste un desafío
JORNADA PRIMERA p. 46
que hizo un moro vacío
de ventura, y de fe lleno?
D. Fer. Y fue tenido por bueno,
bien criado y de gran brío.
El retado no salió, 5
que lo estorbó el general
por cierta ley que halló;
pero después, por su mal,
que vino al campo sé yo,
pensando de hallar allí 10
al valeroso Alí,
porque salimos los dos:
él a combatir con vos,
yo para venir aquí,
que ya os conozco en el talle. 15
Ali. Pues esto es verdad, señora,
bien será que Nacor calle.
Orop. ¡Oh! Si llegase la hora
en que pudiese hablalle,
¡qué de cosas le diría! 20
[Nac.] ¿No se ve tu cobardía,
si el cristiano salió a verte,
y tú quisiste volverte
sin esperar más de un día?
Ali. Si tú no hicieras alarde 25
de tu ingenio caviloso,
yo volviera nunca o tarde.
Nac. Consejos de religioso
presto los toma el cobarde.
Ali. Arlaja, yo volveré, 30
y a tu presencia traeré,
o muerto o preso, al cristiano.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 47
Nac. Ya tu vuelta será en vano.
Arl. No le quiero, déjale;
que, pues a la voz primera
no saltó de la muralla
y empuñó la espada fiera, 5
la fama que en él se halla
no debe ser verdadera,
y así, ya no quiero verle;
aunque, si puedes traerle
sin tu daño, darme has gusto. 10
D. Fer. Es don Fernando robusto,
y habrá que hacer en prenderle.
Conózcole como a mí,
y sé que es de condición
que sabrá volver por sí, 15
y aun buscará la ocasión
para responder a Alí.
Arl. ¿Es valiente?
D. Fer. Como yo.
Arl. ¿De buen rostro? 20
D. Fer. Aqueso no,
porque me parece mucho.
Ali. ¡Todo esto con rabia escucho!
Arl. ¿Tiene amor?
D. Fer. Ya le dejó. 25
Arl. ¿Luego túvole?
D. Fer. Sí creo.
Arl. ¿Será mudable?
D. Fer. No es fuerza
que sea eterno un deseo. 30
Arl. ¿Tiene brío?
D. Fer. Y tiene fuerza.
JORNADA PRIMERA p. 48
Arl. ¿Es galán?
D. Fer. De buen aseo.
Arl. ¿Raja y hiende?
D. Fer. Tronca y parte.
Arl. ¿Es diestro? 5
D. Fer. Como otro Marte.
Arl. ¿Atrevido?
D. Fer. Es un león.
Arl. Partes todas éstas son,
cristiano, para adorarte, 10
a ser moro.
Ali. Calla, Arlaja,
pues tienes aquí delante
quien por tu gusto trabaja.
Arl. Gusto yo de un arrogante 15
que bravea, hiende y raja.
Vuelve, Alí, por el cristiano,
que te doy mi fe y mi mano,
si le traes, de ser tu esposa.
D. Fer. Tú le mandas una cosa 20
donde ha de sudar en vano.
Nac. ¡Soberbios sois los cristianos!
D. Fer. Eslo, al menos, quien se alaba.
Ali. Aquí hay quien con ufanos
bríos quitará la clava 25
a Hércules de las manos;
aquí hay quien, a pesar
de quien lo quiera estorbar,
Arlaja, hará lo que mandas.
D. Fer. A veces se mandan mandas 30
que nunca se piensan dar,
y a las veces las promete
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 49
quien no las quiere cumplir,
ni puede.
Nac. ¿Quién te mete
a ti en eso?
D. Fer. Sé decir 5
que en parte a mí me compete;
que es don Fernando mi amigo,
y soy cierto y buen testigo
del mucho valor que encierra.
Ali. Traen los casos de la guerra 10
diversos fines consigo.
El valiente y fanfarrón
tal vez se ha visto vencido
del flaco de corazón:
que Alá da ayuda al partido 15
que defiende la razón.
D. Fer. ¿Pues qué razón lleva en éste
Alí?
Orop. Tú harás que te cueste
la vida tu lengua necia. 20
Ali. Si al que ama, el amor precia,
su santo favor me preste;
que, sin razón y con él,
a don Fernando el valiente
vencerá el flaco Muzel. 25
Arl. ¡Qué plática impertinente!
Ali. ¡Qué corazón tan crüel!
Arl. Quede el cristiano conmigo;
Alá vaya, Alí, contigo
y con Nacor. 30
Nac. El te guarde.
Arl. Volvedme a ver esta tarde.
JORNADA PRIMERA p. 50
Entranse todos, sino don Fernando y Oropesa.
Orop. ¡Hola, soldado! ¿A quién digo?
¿Qué noramala, señor,
os ha traído a este puesto,
tan contrario a vuestro honor? 5
D. Fer. En buena te diré presto
de mi fortuna el rigor.
No quiso el general mío
que saliese al desafío
que me hizo aqueste moro. 10
Yo, por guardar el decoro
que corresponde a mi brío,
me descolgué por el muro,
y cuando pensé hallar
lo que aun ahora procuro, 15
un escuadrón vino a dar
conmigo, estando seguro.
Era la noche cerrada,
y como vi defraudada
mi esperanza tan del todo, 20
con el tiempo me acomodo.
Mentí; rendíles la espada;
díjeles que mi intención
era venir a ponerme
de grado en su sujeción, 25
y que quisiesen traerme
a reconocer patrón.
Dijéronme que este Alí
era su señor, y así,
vine sin fuerza y forzado. 30
De todo cuenta te he dado;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 51
no hay más que saber de mí.
Calla mi nombre, que veo
que aquesta mora hermosa
tiene de verme deseo.
Orop. De tu fama valerosa 5
que está enamorada creo.
No te des a conocer,
que deseos de mujer
se mudan a cada paso.
D. Fer. Vuelve Muzel; habla paso. 10
Orop. No se qué pueda querer.
Entra Alimuzel.
Ali. Oropesa, escucha y calla,
y guárdame aquel secreto
que en tu discreción se halla, 15
que a tu bondad le prometo
con la mía de premialla.
Yo te daré libertad,
y a ti, si tu voluntad
fuere de volverte a Orán, 20
mis designios te darán
honrosa comodidad.
Sólo os pido, en cambio de esto,
que me descubráis un modo
tan honroso y tan compuesto, 25
que en las partes y en el todo
eche de hidalguía el resto,
el cual me vaya mostrando
en qué parte, cómo o cuándo,
ya en el campo o estacada, 30
JORNADA PRIMERA p. 52
pueda yo medir mi espada
con la del bravo Fernando.
Quizá está en su vencimiento,
como Arlaja significa,
de mi bien el cumplimiento, 5
si ya mi esperanza rica
no la empobrece su intento,
que debe de ser doblado,
pues de lo que me ha mandado
todo se puede temer, 10
y no hay bien que venga a ser
seguro en el desdichado.
D. Fer. Yo te daré a tu enemigo
a toda tu voluntad,
como estoy aquí contigo, 15
sin usar de deslealtad,
que nunca albergó conmigo.
Ali. No es enemigo el cristiano,
contrario sí: que el lozano
deseo de Arlaja bella 20
presta para esta querella
la voz, el intento y mano.
D. Fer. Presto te pondré con él,
y fía aquesto de mí,
comedido Alimuzel; 25
y aun pienso hacer por ti
lo que un amigo fiel,
porque la ley que divide
nuestra amistad no me impide
de mostrar hidalgo el pecho; 30
antes, con lo que es bien hecho
se acomoda, ajusta y mide.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 53
Ve en paz, que yo pensaré
el tiempo que más convenga
para hacer lo que haré.
Ali. Mahoma sobre ti venga,
y lo que puede te dé. 5
Vase.
D. Fer. ¡Gentil carga!
Orop. Y gentil presa.
D. Fer. ¿Pesa mucho?
Orop. Poco pesa, 10
que está en fuego convertida.
D. Fer. Mira que importa la vida
tener secreto, Oropesa.
Vanse, y salen riñendo el capitán Guzmán
con el alférez Robledo. 15
Guz. Señor alférez Robledo,
póngase luego entredicho
a esa plática.
Robl. No puedo;
que, lo que sin miedo he dicho, 20
no lo desdigo por miedo.
O él se fue a renegar,
o hizo mal en dejar
su presidio en tiempos tales.
Guz. De los hombres principales 25
no se debe así hablar.
El renegar no es posible,
y si en ello os afirmáis,
JORNADA PRIMERA p. 54
mentís.
Meten mano.
Robl. ¡Oh trance terrible!
Guz. Ahora sí que os halláis
en más dudoso imposible 5
si queréis satisfaceros.
Entra el conde de Alcaudete y don Martín de Córdoba,
acompañados.
Conde. ¡Paso! ¡Teneos, caballeros!
¿Por qué ha sido la pendencia? 10
Guz. ¡Más agudo es de conciencia
este hidalgo que de aceros!
Ha afirmado que se es ido
a renegar don Fernando,
y ¡vive Dios! que ha mentido, 15
y mentirá cada y cuando
lo diga.
Conde. ¡Descomedido!
Llévenle luego a una torre.
Guz. Ni me afrenta ni me corre 20
este agravio, porque nace
de la justicia que hace
al que su amigo socorre.
Conde. Vaya el alférez también,
y mientras que el cerco pasa, 25
hagan treguas.
Robl. Hazme un bien:
que sea la torre mi casa.
D. Mar. Sí, porque juntos no estén.
Llevan al alférez. 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 55
Uno. Señor, la guarda ha descubierto ahora
un bajel por la banda de Poniente.
D. Mar. ¿Qué vela trae?
Uno. Entiendo que latina.
Conde. Vamos a recibirle a la marina. 5
Fin del primer acto.
JORNADA SEGUNDA p. 56
SEGUNDA JORNADA
Los que hablan en ella son:
Arlaja. Buitrago.
Don Fernando. Don Martín.
Oropesa. El conde. 5
Nacor. Guzmán, el capitán.
Vozmediano, anciano. Alimuzel.
Doña Margarita, Bairán, renegado.
doncella, en hábito de Un moro.
hombre. 10
Salen Arlaja, don Fernando y Oropesa.
Arl. ¿Cómo te llamas, cristiano,
que tu nombre aún no he sabido?
D. Fer. Es mi nombre Juan Lozano,
nombre que es bien conocido 15
por el distrito africano.
Arl. Nunca le he oído decir.
D. Fer. Pues él suele competir
con el del bravo Fernando.
Arl. ¡Mucho te vas alabando! 20
D. Fer. Alábome sin mentir.
Arl. ¿Pues qué hazañas has tú hecho?
D. Fer. He hecho las mismas que él,
con el mismo esfuerzo y pecho,
y ya me he visto con él 25
en más de un marcial estrecho.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 57
Arl. ¿Es tu amigo?
D. Fer. Es otro yo.
Arl. ¿Por ventura, di, salió
a combatir con mi moro?
D. Fer. Siempre de bravo el decoro 5
en todo trance guardó.
Arl. De ese modo, Alí es cobarde.
D. Fer. Eso no; que pudo ser
salir don Fernando tarde,
cuando no pudiese hacer 10
Alí de su esfuerzo alarde.
E imagino que este moro
jarife, no con decoro
de amigo, a Muzel da culpa.
Arl. De su esfuerzo y de su culpa 15
toda la verdad ignoro.
D. Fer. Haz cuenta que te trae preso
a Fernando tu Muzel;
¿qué piensas hacer por eso?
Arl. Estimaré mucho en él 20
de su esfuerzo el grande exceso.
Tendré en menos al cristiano,
cuyo nombre sobrehumano
me incita y mueve el deseo
de verle. 25
Orop. Pues yo le veo
en sólo ver a Lozano.
Arl. ¿Qué, tanto se le parece?
Orop. Yo no sé qué diferencia
entre los dos se me ofrece: 30
ésta es su misma presencia,
y el brazo que le engrandece.
JORNADA SEGUNDA p. 58
Arl. ¿Qué hazañas ha hecho ese hombre
para alcanzar tan gran nombre
como tiene?
Orop. Escucha una
de su esfuerzo y su fortuna, 5
que podrá ser que te asombre.
Dio fondo en una caleta
de Argel una galeota,
casi de Orán cinco millas,
poblada de turcos toda. 10
Dieron las guardas aviso
al general, y, con tropa
de hasta trescientos soldados,
se fue a requerir la costa.
Estaba el bajel tan junto 15
de tierra, que se le antoja
dar sobre él: ved qué batalla
tan nueva y tan peligrosa.
Dispararon los soldados
con prisa una vez y otra; 20
tanto, que dejan los turcos
casi la cubierta sola.
No hay ganchos para acercar
a tierra la galeota;
pero el bravo don Fernando 25
ligero a la mar se arroja.
Ase recio de gúmena,
que ya el turco aprisa corta,
porque no le dan lugar
de que el áncora recoja. 30
Tiró hacia sí con tal fuerza
que, cual si fuera una góndola,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 59
hizo que el bajel besase
el arena con la popa.
Salió a tierra, y de ella un salto
dio al bajel, cosa espantosa,
que piensa el turco que el cielo 5
cristianos llueve, y se asombra.
Reconocido su miedo,
don Fernando, con voz ronca
de la cólera y trabajo,
grita: ¡Victoria, victoria! 10
La voz da al viento, y la mano
a la espada victoriosa,
con que matando e hiriendo
corrió de la popa a proa.
El solo rindió el bajel; 15
mira, Arlaja, si ésta es obra
para que la fama diga
los bienes que de él pregona.
Probado han bien sus aceros
los lindos de Melïona, 20
los elches de Tremecén
y los leventes de Bona.
Cien moros ha muerto en trances,
siete en estacada sola,
doscientos sirven al remo, 25
ciento tiene en las mazmorras.
Es muy humilde en la paz,
y en la guerra no hay persona
que le iguale, ya cristiana,
o ya que sirva a Mahoma. 30
Arl. ¡Oh, qué famoso español!
Orop. Hércules, Héctor, Roldán,
JORNADA SEGUNDA p. 60
se hicieron en su crisol.
Arl. Mejor no le ha visto Orán.
Orop. Ni tal no le ha visto el sol.
Entra Nacor.
Arl. Aqueste Nacor me enfada; 5
no me dejéis sola.
Orop. Honrada
te le muestra y comedida.
D. Fer. Da a sus razones salida;
que espere, y no espere en nada. 10
Nac. Hermosa Arlaja, yo estoy
resuelto en traerte preso
al cristiano, y así, voy
a Orán luego.
Arl. Buen suceso 15
y agüero espero y te doy,
porque irás en gracia mía,
y en verte tomó alegría
desusada el corazón.
Nac. Tienes, Arlaja, razón, 20
que yo la tendré algún día
de rogarte que me quieras.
Arl. Déjate ahora de burlas,
pues partes a tantas veras.
D. Fer. Hará Nacor, si no burlas, 25
sus palabras verdaderas;
que amante favorecido
es un león atrevido,
y romperá, por su dama,
por la muerte y por la llama 30
del fuego más encendido.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 61
Orop. Concluyeras tú esta empresa
harto mejor que no él.
D. Fer. Calla y excusa, Oropesa.
Nac. Ya en este caso Muzel
por vencido se confiesa, 5
pues no hace diligencia
por traer a tu presencia
el que yo te traeré presto.
Arl. Pártete, Nacor, con esto,
que gusto y te doy licencia. 10
Nac. Dame las manos, señora,
por el favor con que animas
al alma que más te adora.
Arl. En poco, Nacor, te estimas,
pues te humillas tanto ahora. 15
Eres jarife; levanta,
que verte a mis pies me espanta.
¿Qué dirá de esto Mahoma?
Nac. Estos rendimientos toma
él por cosa buena y santa. 20
Queda en paz.
Vase Nacor.
Arl. Vayas con ella,
que con el fin de este trance
le tendrá el de tu querella. 25
D. Fer. ¡Echado ha el moro buen lance!
Orop. Ella es falsa cuanto es bella.
Arl. Venid, que habemos de ir
los tres a ver combatir
a mis amantes valientes. 30
JORNADA SEGUNDA p. 62
Orop. Si nos vieren ir las gentes,
tarde nos verán venir.
Vanse, y sale Vozmediano, anciano, y doña Margarita
en hábito de hombre.
Vozm. ¿Prisa por llegar a Orán, 5
y prisa por salir de él?
¡Muy bien nuestras cosas van!
Marg. Préciase amor de crüel,
y tras uno da otro afán.
Vozm. Ya os he dicho, Margarita, 10
que su daño solicita
quien camina tras un ciego.
Marg. Ayo y señor, yo no niego
que esa razón es bendita;
pero ¿qué puedo hacer, 15
si he echado la capa al toro,
y no la puedo coger?
Vozm. Menos te la podrá un moro,
si bien lo miras, volver.
Marg. ¿Que sea moro don Fernando? 20
Vozm. Así lo van pregonando
los niños por la ciudad.
Marg. ¡Que haya hecho tal maldad!
¡De cólera estoy rabiando!
No lo creo, Vozmediano. 25
Vozm. Haces bien; pero yo veo
que ni moro ni cristiano
parece.
Marg. Verle deseo.
Vozm. Siempre tu deseo es vano. 30
Marg. Quiérelo así mi ventura;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 63
pero no será tan dura
que no dé fin a mis penas
con darme en estas arenas
berberisca sepultura.
Vozm. No dirás, señora, al menos, 5
que no te he dado consejos
de bondad y de honor llenos.
Marg. Los prudentes y los viejos
siempre dan consejos buenos;
pero no ve su bondad 10
la loca y temprana edad,
que en sí misma se embaraza,
ni cosa prudente traza
fuera de su voluntad.
Entra Buitrago con la demanda. 15
Buit. Vuestras mercedes me den
para las ánimas luego,
que les estará muy bien.
Marg. Si ellas arden en mi fuego.
Vozm. Pasito, Anastasio, ten; 20
no digas alguna cosa
malsonante, aunque curiosa.
Marg. Váyase, señor soldado,
que no tenemos trocado.
Buit. ¡La respuesta está donosa! 25
Denme, pese a mis pecados.
¡Siempre yo de aquesta guisa
medro con almidonados!
Denme, que vengo de prisa,
y ellos están muy pausados. 30
¡Oh, qué novatos que están
JORNADA SEGUNDA p. 64
de lo que se usa en Orán
en esto de las demandas!
Descoja sus manos blandas
y dé limosna, galán.
¿Qué me mira? Acabe ya; 5
eche mano, y no a la espada,
que su tiempo se vendrá.
Vozm. La limosna que es rogada,
mas fácilmente se da
que la que se pide a fuerza. 10
Buit. Usase en aquesta fuerza
de Orán pedirse de este arte:
que son las almas de Marte,
y piden siempre con fuerza.
Nadie muere aquí en el lecho 15
a almidones y almendradas,
a pistos y purgas hecho;
aquí se muere a estocadas
y a balazos roto el pecho.
Bajan las almas feroces 20
tan furibundas y atroces,
que piden que acá se pida
para su pena afligida
a cuchilladas y a voces.
En fin, las almas de Orán, 25
que tienen comedimiento,
aunque en purgatorio están,
dicen que vuelva en sustento
la limosna que me dan.
A la parte voy con ellas, 30
remediando sus querellas
a fuerza de avemarías,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 65
y mis hambrientas porfías
con lo que me dan para ellas.
Vozm. Hermano, yo no os entiendo,
y no hay limosna que os dar.
Buit. ¡De gana me voy riendo! 5
¿Y adónde se vino a hallar
el parentesco tremendo?
¿Hace burla en ver el traje,
entre pícaro y salvaje?
Pues sepa que este sayal 10
tiene encubierto algún al
que puede honrar un linaje.
El conde es éste, ¡qué pieza!
que, cuando me da, le dan
mil vaguidos de cabeza. 15
Pobretas almas de Orán,
que estáis en vuestra estrecheza,
rogad a Dios que me den,
porque si yo como bien,
rezaré más de un rosario, 20
y os haré un aniversario
por siempre jamás. Amén.
Entra el conde, don Martín, el capitán Guzmán
y Nacor.
Nac. Digo, señor, que entregaré sin duda 25
la presa que he contado fácilmente
en el silencio de la noche muda
con muy poquito número de gente;
y porque al hecho la verdad acuda,
las manos a un cordel daré obediente; 30
dejaréme llevar, siendo yo guía
JORNADA SEGUNDA p. 66
que os muestre el aduar antes del día.
Y sólo quiero de esta rica presa,
por quien mi industria y mi traición
[trabaja,
un cuerpo que a mi alma tiene presa: 5
quiero a la bella sin igual Arlaja.
Por ella tengo tan infame empresa
por ilustre, por grande, y no por baja:
que, por reinar y por amor, no hay culpa
que no tenga perdón y halle disculpa. 10
No siento ni descubro otro camino,
para ser posesor de aquesta mora,
que hacer este amoroso desatino,
puesto que en él crueldad y traición
[mora. 15
Amola por la fuerza del destino,
y aunque mi alma su beldad adora,
quiérola cautivar para soltarla,
por si puedo moverla u obligarla.
Conde. No estamos en sazón que nos permita 20
sacar de Orán un mínimo soldado;
que el cerco que se espera, solicita
que ponga en otras cosas mi cuidado.
Nac. La victoria en la palma traigo escrita;
en breves horas te daré acabado 25
sin peligro el negocio que he
[propuesto;
si presto vamos, volveremos presto.
Conde. Esta tarde os daré, Nacor, respuesta;
esperad hasta entonces. 30
Nac. Soy contento.
Vase Nacor.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 67
D. Mar. Empresa rica y sin peligro es ésta,
si cierta fuese.
Guz. Yo por tal la cuento:
hace la lengua al alma manifiesta.
Declarado ha Nacor su pensamiento 5
con tal demostración, con tal afecto,
que, si vamos, el saco me prometo.
D. Mar. Cubre el traidor sus malas intenciones
con rostro grave y ademán sincero,
y adorna su traición con las razones 10
de que se precia un pecho verdadero.
De un Sinón aprendieron mil Sinones,
y así, el que es general, al blando o
[fiero
razonar del contrario no se rinde 15
sin que primero la intención deslinde.
Conde. Hermano, así se hará; no tengáis miedo
que yo me arroje o precipite en nada.
¿Hicisteis ya las treguas con Robledo,
y queda ante escribano confirmada? 20
D. Mar. Gran cólera tenéis, Guzmán.
Guz. No puedo
tenerla en la ocasión más enfrenada.
Conde. Podréis darle la rienda entre enemigos,
y es prudencia cogerla con amigos. 25
Pues, Buitrago, ¿qué hacemos?
Buit. Aquí asisto,
procurando sacar de aqueste esparto
jugo de algún plus ultra, y no le he visto
siquiera de una tarja ni de un cuarto. 30
Así guardan la ley de Jesucristo
aquéstos, como yo cuando estoy harto,
JORNADA SEGUNDA p. 68
que no me acuerdo si hay cielo ni tierra;
sólo a mi vientre acudo y a la guerra.
Marg. Pide limosna en modo este soldado,
que parece que grita o que reniega,
y yo estoy en España acostumbrado 5
a darla a quien por Dios la pide y
[ruega.
Buit. Quiérosela pedir arrodillado;
veré si la concede o si la niega.
Vozm. Ni tanto, ni tan poco. 10
Buit. Soy cristiano.
Marg. ¿Ya no le han dicho que no ay blanca,
[hermano?
Buit. ¡Hermano! ¡Lleve el diablo el parentesco
y el ladrón que le halló la vez primera! 15
Descosa, pese al mundo, ese gregüesco;
desgarre esa olorosa faltriquera.
De aquestas pinturitas a lo fresco
¿qué se puede esperar?
Vozm. Esa es manera 20
de hacer sacar la espada, y no el dinero.
Conde. ¡Paso, Buitrago!
Marg. ¡A fe de caballero!
D. Mar. No os enfadéis, galán, que de este modo
se pide la limosna en esta tierra; 25
todo es aquí braveza, es aquí todo
rigor y duros términos de guerra.
Buit. Y yo, que a lo de Marte me acomodo,
y a lo de Dios es Cristo doy por tierra
con todo el bodegón, si con floreos 30
responden a mis gustos y deseos.
D. Mar. En fin, ¿que aqueste galán
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 69
es de Jerez?
Vozm. Y de nombre,
de los buenos que allí están,
e hijo, señor, de un hombre
que en Francia fue capitán. 5
Quedó rico y con hacienda;
dejómele a mí por prenda
mi hermana, que fue su madre,
y yo quise que del padre
siguiese la honrada senda. 10
Supe el cerco que se espera,
y con su gusto le truje,
que sin él no le trajera,
y a esta dura le reduje
de su vida placentera; 15
que, en los grados de alabanza,
aunque pervierta la usanza
el adulador liviano,
no alcanza un gran cortesano
lo que un buen soldado alcanza. 20
Conde. Así es verdad, y agradezco
venida de tales dos,
y a servírosla me ofrezco.
Buit. ¡Que no me darán por Dios
lo que por mí no merezco! 25
¡Voto a Cristóbal del Pino,
que si una vez me amohíno,
que han de ver quién es Callejas!
Busquen alivio a sus quejas,
almas, por otro camino. 30
Buscaréle yo también
para mi hambre insolente,
JORNADA SEGUNDA p. 70
o me den, o no me den;
que nunca muere un valiente
de hambre.
D. Mar. Dices muy bien.
Buit. No digo sino muy mal. 5
¿Es eso por excusarse
de no sacar un real?
Conde. Vamos, que ya de enojarse
Buitrago nos da señal,
y no quiero que lo esté. 10
Vanse el conde y don Martín.
Buit. Con aqueso comeré.
¡No fuera yo motilón
o mozo de bodegón,
y no soldado! 15
Marg. ¿Por qué?
Buit. Yo me entiendo, so galán;
vaya y guarde su dinero.
¡A Dios, mi señor Guzmán!
Guz. No, no; convidaros quiero; 20
¡por vida del capitán!
Venid, Buitrago, conmigo.
Buit. En seguirte, sé que sigo
a un Alejandro y a un Marte.
Vanse el capitán y Buitrago. 25
Marg. Señor, llégate a esta parte,
que tengo que hablar contigo.
Resuelta estoy.
Vozm. En tu daño.
Marg. No me atajes; déjame 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 71
relatar mi mal extraño.
Vozm. ¿Ya no sabes que lo sé,
por mi mal, más ha de un año?
Marg. Dime, señor: ¿tú no sientes
que con nuevos accidentes 5
cada día amor me embiste?
Vozm. Y sé que no los resiste
tu alma, pues los consientes.
Marg. Déjate de aconsejarme,
y dame ayuda, si quieres; 10
que lo demás es matarme.
Vozm. Por quien soy y por quien eres,
siempre te oiré sin cansarme,
y siempre te ayudaré,
porque a ello me obligué 15
cuando de venir contigo
como ayo y como amigo
te di la palabra y fe.
Di, en fin: ¿qué piensas hacer?
Marg. Yo, por soldado a esta empresa, 20
con extraño parecer,
pues procuraré ser presa,
puesto que vaya a prender.
Procuraré ser cautiva;
que de la dura y esquiva 25
tormenta que siente el alma,
el sosiego, gusto y palma
en disparates estriba.
Sabré cautiva de quien
me cautivó sin sabello, 30
pensando de hacerme bien;
daré al moro perro el cuello,
JORNADA SEGUNDA p. 72
porque a mi alma me den.
Que no es posible sea moro
quien guardó tanto el decoro
de cristiano caballero;
y si fuere esclavo, quiero 5
dar por él mil montes de oro.
De que los halle no dude
nadie: que el cielo al deseo
del aflicto siempre acude.
Vozm. El gran Dios de ese deseo 10
impertinente te mude.
Marg. ¿Habrá más de rescatarme,
dando tiempo al informarme
de lo que voy a saber?
Que en el mal de irme a perder 15
consiste el bien de ganarme.
Venid, señor Vozmediano;
negociaréis mi salida
con el escuadrón cristiano.
Vozm. ¿Dónde quieres ir, perdida? 20
Marg. Aconsejarme es en vano.
Vozm. Yo haré con su señoría
que se oponga a tu partida.
Marg. Si esto me impedís señor,
haré otro yerro mayor, 25
con que lloréis más de un día.
Echada está ya la suerte;
yo he de seguir mi destino,
aunque me lleve a la muerte.
Vozm. Del amor el desatino 30
cualquier bien en mal convierte.
¡En mal punto me encargué
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 73
de ti! ¡En mal punto dejé
la patria por tus antojos!
Marg. Tal vez, tras nubes de enojos,
de esperanza el sol se ve.
Vanse, y salen Arlaja, Alimuzel, Oropesa 5
y don Fernando.
Arl. ¿Adónde está Alimuzel?
Oropesa, ¿dó te has ido?
Y mi Lozano, ¿qué es de él?
¡Cielo, escucha mi gemido, 10
no te me muestres crüel!
Ali. Bella Arlaja, aquí me tienes.
Arl. Amigo, a buen tiempo vienes.
Orop. ¿Qué es lo que mandas, señora?
Arl. Vengas, amigo, en buen hora. 15
Lozano, ¿en qué te detienes?
D. Fer. Aquí estoy, señora mía.
¿Qué me mandas? Dilo, acaba.
Arl. ¡Desdichada dicha mía!
Ali. ¿Qué has, Arlaja? 20
Arl. Yo soñaba
que esta noche, al alba fría
daban sobre este aduar
cristianos, y, a mi pesar,
Nacor me llevaba presa, 25
y desperté con la presa
del asalto y del gritar,
y he venido a socorrerme
de vosotros con el miedo
que el sueño pudo ponerme, 30
y, aunque os veo, apenas puedo
JORNADA SEGUNDA p. 74
sosegarme ni valerme.
Tengo a Nacor por traidor,
y no me deja el temor
fiar de vuestra lealtad.
Ali. No son los sueños verdad; 5
no tengas miedo, mi amor;
y si lo son, juzga y piensa
que a tu lado hallarás
quien no consienta tu ofensa.
Arl. Contra el hado es por demás 10
que valga humana defensa.
D. Fer. No te congojes, señora,
que si llegare la hora
de verte en aquese aprieto,
librarte de él te prometo 15
por el Dios que mi alma adora.
Si no quedase cristiano
en Orán, y aquí viniese
tan arrojado y ufano
que la victoria tuviese 20
tan cierta como en la mano,
será esta mía bastante
para que el más arrogante
vuelva humilde y sin despojos.
Temple aquesto tus enojos, 25
no pase el miedo adelante,
que haré más de lo que digo;
y de que prometo poco,
mis obras serán testigo.
Orop. O está don Fernando loco, 30
o es ya de Cristo enemigo.
Pelear contra cristianos
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 75
promete. Venid, hermanos,
que yo, con mejor conciencia,
pasaré la diligencia
a los pies, y no a las manos.
D. Fer. Alí, dame tú una espada 5
y un turbante, con que pueda
la cabeza estar guardada.
Orop. Señora, ¿dónde se queda
tu condición arrojada?
Ahora verás hender, 10
herir, matar y romper.
Deja venir al cristiano.
Arl. Es accidental y vano
tal deseo en la mujer,
y fácilmente se trueca; 15
y antes que la espada, ahora
tomaría ver la rueca.
Ali. El que te ofende, señora,
contra todo el mundo peca.
Ven, cristiano, a tomar armas. 20
Orop. Mira contra quién te armas,
Lozano.
D. Fer. ¡Calla, Oropesa!
Orop. En armarte a tal empresa,
de tu valor te desarmas. 25
Entranse todos.
Salen Nacor, atadas las manos atrás con un cordel, y
tráenle Buitrago, el capitán Guzmán, Margarita y
otros soldados con sus arcabuces.
Nac. Valeroso Guzmán, éste es, sin duda, 30
el vendido aduar, el paraíso
JORNADA SEGUNDA p. 76
do está la gloria que mi alma busca.
Con la caballería, como es uso,
le puedes coronar a la redonda,
porque apenas escape un solo moro.
Guz. No tengo tanta gente para tanto. 5
Nac. Cerca, pues, por lo menos, esta parte,
que responde derecha a una montaña
que está cerca de aquí, donde, sin duda,
harán designio de acogerse cuantos
sobresaltados fueren esta noche. 10
Guz. Dices muy bien.
Nac. Pues manda que me suelten,
porque vaya a buscar el grande premio
que pide la amorosa traición mía.
Buit. Eso no, ¡vive Dios!, hasta que vea 15
cómo se entabla el juego, ¡so Mahoma!
Estése atraillado como galgo,
porque hasta ver las liebres no le
[suelto.
Nac. Señor Guzmán, agravio se me hace. 20
Guz. Buitrago, suéltale, y a Dios, y embiste.
Buit. Contra mi voluntad le suelto. Vaya.
Nac. Venid, que yo pondré la gente en orden,
de modo que no haya algún desorden.
Vanse, y queda sola Margarita. 25
Marg. ¡Pobre de mí! ¿Dónde quedo?
¿Adónde me trae la suerte,
confusa y llena de miedo?
¿Qué cosa haré con que acierte,
si ninguna cosa puedo? 30
¡Oh amoroso desvarío,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 77
que ciegas el albedrío
y la razón tienes presa!
¿Qué sacaré de esta empresa,
de quién temo y de quién fío?
Soy mariposa inocente 5
que, despreciando el sosiego,
simple y presurosamente
me voy entregando al fuego
de la llama más ardiente.
Estos pasos son testigos 10
que huyo de los amigos,
y, llena de ceguedad,
de mi propia voluntad
me entrego a los enemigos.
Suena dentro: ¡Arma, arma! ¡Santiago, cierra, cierra 15
España, España! Salga al teatro Nacor, abrazado
con Arlaja, y a su encuentro Buitrago.
Buit. ¡Por aqueste portillo se desagua
el aduar! ¡Soldados, aquí; amigos!
¡Tente, perro cargado; tente, galgo! 20
Nac. Amigo soy, señor.
Buit. ¡No es éste tiempo
para estas amistades! ¡Tente, perro!
Nac. ¡Muerto soy, por Alá!
Buit. ¡Por San Benito, 25
que he pasado a Nacor de parte a
[parte,
y que ésta debe ser su amada ingrata!
Arl. Cristiano, yo me rindo; no
[ensangrientes 30
tu espada en mujeril sangre mezquina.
JORNADA SEGUNDA p. 78
Llévame do quisieres.
Sale Alí.
Ali. La voz oigo
de Arlaja bella, que socorro pide.
¡Ah, perro, suelta! 5
Buit. ¡Suéltala tú, podenco sin provecho!
¿No hay quien me ayude aquí?
Arl. Mientras pelean
aquestos dos, podrá ser escaparme,
si acaso acierto de tomar la parte 10
que lleva a la montaña.
Marg. Si me guías,
seré tu esclavo, tu defensa y guarda
hasta ponerte en ella. Ven, señora.
Vase Arlaja y Margarita; sale don Fernando 15
y Guzmán.
Buit. ¡Animas de purgatorio,
favorecedme, señoras,
que mi peligro es notorio,
si ya no estáis a estas horas 20
durmiendo en el dormitorio!
De vuestro divino aliento
con mayor fuerza me siento.
¡Perro, el huir no te cale!
¡Ahora verán si vale 25
Buitrago por más de ciento!
Entrase Alí, y Buitrago tras él.
Guz. ¡O eres diablo, o no eres hombre!
¿Quién te dio tal fuerza, perro?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 79
D. Fer. No os admire ni os asombre,
Guzmán, que haga este yerro
quien respeta vuestro nombre.
Guz. ¿Sois, a dicha, don Fernando?
D. Fer. El mismo que estáis mirando, 5
aunque no me veis, amigo.
Guz. ¿Sois ya de Cristo enemigo?
D. Fer. Ni de veras, ni burlando.
Guz. ¿Pues cómo sacas la espada
contra él? 10
D. Fer. Vendrá sazón
más llana y acomodada,
en que te dé relación
de mi pretensión honrada.
Cristiano soy, no lo dudes. 15
Guz. ¿Por qué a defender acudes
este aduar?
D. Fer. Porque encierra
la paz que causa esta guerra,
la salud de mis saludes. 20
Dos prendas has de dejar,
y carga, amigo, con todo
cuanto hay en este aduar.
Guz. A tu gusto me acomodo,
no quiero más preguntar; 25
pero, porque no se diga
que tengo contigo liga,
tú, pues bastas, lo defiende.
Vase Guzmán, y vuelve Buitrago y Alimuzel.
Buit. En vano, moro, pretende 30
tu miedo que no te siga,
JORNADA SEGUNDA p. 80
que tengo para ofenderte
dos manos y dos mil almas,
que a mis pies han de ponerte.
D. Fer. Otros despojos y palmas
puedes, amigo, ofrecerte, 5
que éste no.
Ali. Deja, Lozano,
que este valiente cristiano
en grande aprieto me ha puesto.
D. Fer. Ve tú a socorrer el resto, 10
y éste déjale en mi mano,
que yo daré cuenta de él.
Arlaja, dentro.
Arl. ¡Lozano, que voy cautiva!
¡Que voy cautiva, Muzel! 15
Ali. ¡Fortuna a mi suerte esquiva,
cielo envidioso y crüel,
ejecutad vuestra rabia
en mi vida, si os agravia;
dejad libre la de aquélla, 20
que os podéis honrar con ella
por hermosa, honesta y sabia!
Sale Arlaja, defendiéndola Margarita del capitán
Guzmán y de otros tres soldados.
D. Fer. ¡Todos sois pocos soldados! 25
Guz. Esta es la mora en quien tiene
don Fernando sus cuidados;
dejársela me conviene.
Vase.
Buit. Aquí hay moros encantados 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 81
o cristianos fementidos,
que ha llegado a mis oídos,
creo, el nombre de Lozano.
D. Fer. Vuestro trabajo es en vano,
cristianos mal advertidos, 5
que esta mora no ha de ir presa.
Entrad en el aduar,
y hallaréis más rica presa.
Buit. ¡De ésta irás a señalar,
perro, el tanto de tu fuesa! 10
Ali. ¡Muerto soy; Alá me ayude!
Arl. ¡Acude, Lozano, acude,
que han muerto a tu grande amigo!
Cae Alí dentro, y éntrase Arlaja tras él.
D. Fer. Vengaréle en su enemigo, 15
aunque de intención me mude.
¡No te retires; aguarda!
Buit. ¿Yo retirar? ¡Bueno es eso!
Si tuviera una alabarda,
le partiera hasta el hueso. 20
¡Oh, cómo el perro se guarda!
D. Fer. Este que va a dar el pago
de tus bravatas, Buitrago,
mejor cristiano es que tú.
Buit. ¡Que te valga Belcebú, 25
y a mí Dios y Santiago!
Di quién eres, que, sonando
el eco, me trae con miedo
la habla de don Fernando.
D. Fer. El mismo soy. 30
Buit. ¡Oh Robledo
JORNADA SEGUNDA p. 82
verdadero y memorando,
y cuánta verdad dijiste!
Sin razón le desmentiste,
Guzmán atrevido y fuerte.
Yo quiero huir de la muerte 5
que en esas manos asiste.
D. Fer. ¿Cómo, di, tú no peleas?
¿Te retiras o te vas
antes que tu prisión veas?
Marg. ¡Extraños consejos das 10
a quien la muerte deseas!
Mas no puedo retirarme
ni pelear, y he de darme
de cansado a moras manos,
que se van ya los cristianos, 15
y tú no querrás dejarme.
Dentro, diga Guzmán:
¡Al retirar, cristianos! ¡Toca, Robles!
¡A retirar, a retirar, amigos!
No se quede ninguno, y los cansados, 20
a las ancas los suban los jinetes,
y en la mitad del escuadrón recojan
la presa. ¡Al retirar, que viene el día!
D. Fer. Yo te pondré en las ancas de un caballo
de los tuyos, amigo; no desmayes. 25
Marg. Mayor merced me harás si aquí me
[dejas.
D. Fer. ¿Quieres quedar cautivo por tu gusto?
Marg. Quizá mi libertad consiste en eso.
D. Fer. ¿Hay otros don Fernandos en el mundo? 30
Demos lugar que los cristianos pasen;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 83
retiraos a esta parte.
Marg. Yo no puedo.
D. Fer. Dadme la mano, pues.
Marg. De buena gana.
D. Fer. ¡Jesús, y qué desmayo! 5
Marg. Gentilhombre,
¿lleváisme a los cristianos, o a los
[moros?
D. Fer. A los moros os llevo.
Marg. No querría 10
que fuésedes cristiano y me
[engañásedes.
D. Fer. Cristiano soy; pero, ¡por Dios!, que os
[llevo
a entregar a los moros. 15
Marg. ¡Dios lo haga!
D. Fer. De novedades anda el mundo lleno.
¿Estáis herido acaso?
Marg. No estoy bueno.
Vanse. 20
Sale Oropesa cargado de despojos.
Orop. No sino estaos atenido
a los consejos de un loco,
enamorado y perdido.
Mucho llevo en esto poco; 25
voy libre y enriquecido.
Ya en mi libertad contemplo
un nuevo y extraño ejemplo
de los casos de fortuna,
y adornarán la coluna 30
mis cadenas de algún templo.
JORNADA SEGUNDA p. 84
Salen el conde y don Martín, y Bairán,
el renegado.
Bai. Digo, señor, que la venida es cierta,
y que este mar verás y esta ribera,
el de bajeles lleno, ella cubierta 5
de gente innumerable y vocinglera.
De Barbarroja el hijo se concierta
con Alabez y el Cuco, de manera
que en su favor más moros dan y ofrecen
que en clara noche estrellas se parecen. 10
Los turcos son seis mil, y los
[leventes
siete mil, toda gente vencedora;
veinte y seis las galeras, suficientes
a traer municiones de hora en hora. 15
Andan en pareceres diferentes
sobre cuál de estas plazas se mejora
en fortaleza y sitio, y creo se ordena
de dar a San Miguel la buena estrena.
Esto es, señor, lo que hay del campo 20
[moro,
y en Argel el armada queda a punto,
y Azán, el rey, guardando su decoro,
que es diligente, la traerá aquí al punto.
Conde. De sus designios poco o nada ignoro; 25
mas por tu relación cuerda barrunto
que a San Miguel el bárbaro amenaza,
como más flaca, aunque importante
[plaza.
Pero, puesto le tengo en tal reparo, 30
tales soldados dentro de él he puesto,
que al bárbaro el ganarle será caro
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 85
muy más que en su designio trae
[propuesto.
Idos a reposar, mi amigo caro,
y el agradecimiento y paga de esto
esperadla de mí, con la ventaja 5
que aquél merece que cual vos trabaja.
Vase Bairán.
¿No tarda ya Guzmán?
D. Mar. Las centinelas
le han descubierto ya. 10
Conde. Venga en buen hora.
D. Mar. Su premio habrá Nacor de sus cautelas
cobrado, su adorada ingrata mora.
¡Amor, como otro Marte nos desvelas,
furia y rigor en tus entrañas mora, 15
hasta las religiosas almas dañas,
y fundas en traiciones tus hazañas!
Entra el capitán Guzmán, Oropesa, Buitrago,
Vozmediano y otros soldados.
Guz. Tus manos pido, y de las mías toma, 20
o, por mejor decir, de tus soldados,
amorosos despojos de Mahoma.
Volvemos, como fuimos, alentados,
mejorados en honra y buena fama,
y en ropa y en esclavos mejorados. 25
Nacor no trae a su hermosa dama,
que Buitrago apagó con fuerte acero
del moro infame la amorosa llama.
Buit. Paséle, por la fe de caballero,
por entrambas ijadas, ignorando 30
JORNADA SEGUNDA p. 86
que fuese el que el aviso dio primero;
y si no lo estorbara don Fernando,
diera con más de dos patas arriba,
que con él se me fueron escapando.
Conde. ¿Qué, en fin se volvió moro? 5
Orop. No se escriba,
se diga o piense tal de quien su intento
en ser honrado y valeroso estriba.
Yo sé de don Fernando el pensamiento,
y sé que presto volverá a servirte 10
con las veras que ofrece su ardimiento.
Guz. Que él es cristiano, sé, señor, decirte;
que él se nombró conmigo combatiendo.
D. Mar. ¿Y procuraba, por ventura, herirte?
Guz. Con tiento pareció que iba esgrimiendo, 15
y palabras me dijo en el combate
por quien fui sus designios conociendo.
D. Mar. De este caso, señores, no se trate;
ya, por lo menos, ha caído en culpa,
y no hay disculpa a tanto disparate. 20
Conde. Salió sin mi licencia, ya le culpa,
y más el escalar de la muralla,
insulto que jamás tendrá disculpa.
Guz. Precipitóle honor; vistió la malla
por conservar su crédito famoso; 25
huyóle el moro; fue a buscar batalla.
D. Mar. ¡Por cierto, oh buen Guzmán, que estáis
[donoso!
Pues ¿cómo no se ha vuelto, o cómo
[muestra 30
contra cristianos ánimo brioso?
Orop. El dará presto de su intento muestra,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 87
sacando, en gloria de la ley cristiana,
a luz la fuerza de su honrada diestra.
Conde. Venid; repartiré de buena gana
lo que de este despojo a todos toca;
que el gusto crece lo que así se gana. 5
Vanse, y queda Buitrago y Vozmediano.
Vozm. ¡Válgame Dios, si se quedó la loca,
si se quedó la sin ventura y triste,
que así su suerte y su valor apoca!
Dime, señor, si por ventura viste 10
aquel soldado que partió conmigo
cuando a la empresa do has venido
[fuiste;
aquel bisoño manicorto, digo,
que no te quiso dar limosna un día, 15
y habrá hasta seis que vino aquí
[conmigo.
Buit. ¿No es aquel del entono y bizarría,
de las plumas volantes y del rizo,
que me habló con remoques y acedía(s)? 20
Vozm. Aquese mismo.
Buit. No sé qué se hizo.
Vase.
Vozm. ¿Adónde estarás ahora,
moza por tus pies llevada 25
do toda miseria mora,
de mandar a ser mandada,
esclava de ser señora?
¿Que es posible que un deseo
incite a tal devaneo? 30
JORNADA SEGUNDA p. 88
Y éste es, en fin, de tal ser,
que no lo puedo creer,
y con los ojos lo veo.
Sale Arlaja, don Fernando y Margarita.
D. Fer. Para ser mozo y galán, 5
y al parecer bien nacido,
muchos desmayos os dan:
señal de que habéis comido
mucha liebre y poco pan.
Quien se rinde a su enemigo, 10
en sí presenta testigo
de que es cobarde.
Marg. Es verdad;
pero trae mi poca edad
grande disculpa consigo. 15
El que mis cuitas no siente,
hará de mi miedo alarde;
pero yo sé claramente
que hice más en ser cobarde
que no hiciera en ser valiente. 20
¡Desdichada de la vida
a términos reducida
que busca con ceguedad
en la prisión libertad
y a lo imposible salida! 25
Arl. ¿Qué sabes si este soldado,
cual tú, tiene aquella queja
de valiente mal pagado?
D. Fer. Fácil conocer se deja
que le aflige otro cuidado; 30
que sus años, cual él muestra,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 89
no habrán podido dar muestra,
por ser pocos, de los hechos
que, por ser mal satisfechos,
muestran voluntad siniestra.
Y el ofrecerle caballo 5
para que volviese a Orán,
y el no querer aceptallo,
unas sospechas me dan
que por su honra las callo.
Quizá la vida le enfada 10
soldadesca y desgarrada,
y como el vicio le doma,
viene tras la de Mahoma,
que es más ancha y regalada.
Marg. En mi edad, aunque está en flor, 15
he alcanzado y conocido
que no hay mal de tal rigor
que llegue al verse ofendido,
el que es honrado, en su honor.
Y más si culpa no tiene; 20
que cuando la infamia viene
a quien la busca y procura,
es menor la desventura
que la deshonra contiene.
Y así, me será forzoso, 25
para huir la infamia y mengua
de mal cristiano y medroso,
que os descubra aquí mi lengua
lo que apenas pensar oso.
Si gustáis de estarme atentos, 30
veréis que paran los vientos
su veloz curso a escucharme,
JORNADA SEGUNDA p. 90
y veréis que fue el quedarme
honra de mis pensamientos.
Entra Alimuzel.
Ali. El remedio que aplicaste,
bella Arlaja, de tu mano, 5
fue tal, que en él te mostraste
ser un ángel soberano
que a la vida me tornaste.
Conságrotela dos veces:
una porque la mereces, 10
y la otra te consagro
por el extraño milagro
con que tu fama engrandeces.
Arl. Sosiégate y no me alabes,
que el médico ha sido Alá 15
de tus heridas tan graves.
Comienza, cristiano, ya
la historia que alegre acabes.
Marg. Sí haré; mas tú verás,
en el cuento que me oirás, 20
que no dan los duros hados
a principios desdichados
alegres fines jamás.
Nací en un lugar famoso,
de los mejores de España, 25
de padres que fueron ricos
y de antigua y noble casta;
los cuales, como prudentes,
apenas mi edad temprana
dio muestras de entendimiento, 30
cuando me encierran y guardan
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 91
en un santo monasterio
de la virgen Santa Clara:
¡que soy mujer sin ventura,
que soy mujer desdichada!
Arl. ¡Santo Alá! ¿Qué es lo que dices? 5
Marg. ¿De esto poquito te espantas?
Ten silencio, hermosa mora,
hasta el fin de mis desgracias,
que, aunque ellas jamás le tengan,
yo me animaré a contarlas, 10
si es posible, en breve espacio
y con sucintas palabras.
No me encerraron mis padres
sino para la crianza,
y fue su intención que fuese, 15
no monja, sino casada.
Faltáronme antes de tiempo:
que la inexorable parca
cortó el hilo de sus vidas
para añadirle a mis ansias. 20
Quedé con sólo un hermano,
de condición tan bizarra,
que parece que en él solo
hizo asiento la arrogancia.
Llegó la edad de casarme; 25
hiciéronle mil demandas
de mí; no acudió a ninguna,
fundándose en leves causas;
y entre los que me pidieron,
fue uno que con la espada 30
satisfizo a la respuesta,
según se la dieron mala.
JORNADA SEGUNDA p. 92
Suenan dentro atambores.
Ali. Escucha, que oigo clarines,
oigo trompetas y cajas;
algún escuadrón es éste
de turcos que hacia Orán marcha. 5
Entra uno.
Moro. Si lo que dejó el cristiano
no quieres, hermosa Arlaja,
no lo acaben de talar
diez escuadrones que pasan, 10
ven, señora, a defenderlo,
que con tu presencia, Arlaja,
pararás al sol su curso
y suspenderás las armas.
Ali. Bien dice, señora; vamos, 15
que lugar habrá mañana
para oír si aquesta historia
en fin triste o alegre acaba.
Arl. Vamos, pues. Y vos, hermosa
y lastimada cristiana, 20
no os pene si a vuestras penas
el oírlas se dilata.
Vanse Arlaja, y Alí tras ella, y Margarita a lo último,
y don Fernando tras ella, y dicen antes:
Marg. Como no tengo, señora, 25
ningún alivio en contarlas,
tengo a ventura el estorbo
que de tal silencio es causa.
D. Fer. ¡Válgame Dios, qué sospechas
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 93
me van encendiendo el alma!
Muchas cosas imagino,
y todas me sobresaltan.
Desesperado esperando
he de estar hasta mañana, 5
o hasta el punto que el fin sepa
de la historia comenzada.
Fin del segundo acto.
JORNADA TERCERA p. 94
TERCERA JORNADA
Los que hablan en ella son:
Arlaja. Don Martín.
Margarita. Don Juan de
Vozmediano. Valderrama. 5
Don Fernando de Alimuzel.
Saavedra. Roama, moro.
Guzmán. Azán, rey de Argel.
Buitrago. [Bairán.]
El conde de Alcaudete. El del Cuco. 10
[Don Francisco de El de Alabez.
Mendoza.] Y acompañamiento.
Salen los reyes del Cuco y Alabez, don Fernando,
de moro, Alimuzel, Arlaja y Margarita.
Cuco. Hermosísima Arlaja, tu belleza 15
puede volver del mismo Marte airado
en mansedumbre su mayor braveza,
y dar leyes al mundo alborotado.
Alab. Puedes, con tu extremada gentileza,
suspender los extremos del cuidado 20
que amor pone en el alma que cautiva,
y hacer que en gloria sosegada viva.
Cuco. Puede la luz de esos serenos ojos
prestarla al sol y hacerle más hermoso;
puede colmar el carro de despojos 25
del dios antojadizo y riguroso.
Alab. Puede templar la ira, los enojos
del amante olvidado y del celoso;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 95
puedes, en fin, parar, sin duda alguna,
el curso volador de la fortuna.
Arl. Nace de vuestra rara cortesía
la sin par que me dais dulce alabanza,
porque no llega la bajeza mía 5
adonde su pequeña parte alcanza.
Tendré por felicísimo este día,
pues en él toma fuerzas mi esperanza
de ver mis aduares mejorados,
viendo a sus robadores castigados. 10
Cien canastos de pan blanco apurado,
con treinta orzas de miel aún no tocada,
y del menudo y más gordo ganado
casi os ofrezco entera una manada;
dulce lebeni en zaques encerrado, 15
agrio yogurt. Y todo aquesto es nada
si mi deseo no tomáis en cuenta,
que en su virtud la dádiva se aumenta.
Cuco. Admitimos tu oferta, y prometemos
de vengarte de aquel que te ha ofendido; 20
que, en fe de haberte visto, bien podemos
mostrar el corazón algo atrevido.
Alab. Arlaja, queda en paz, porque tenemos
el tiempo limitado y encogido.
Arl. Viváis alegres siglos e infinitos, 25
reyes del Cuco y Alabez invitos.
Vanse los reyes.
Vuelve a seguir tu comenzada historia,
cristiana, sin que dejes cosa alguna
que puedas reducir a la memoria 30
de tu adversa o tu próspera fortuna.
JORNADA TERCERA p. 96
Marg. Pasadas penas en presente gloria
el contarlas la lengua no repugna;
mas si el mal está en ser que se padece,
al contarle, la lengua se enmudece.
Quedé, si mal no me acuerdo, 5
en una mala respuesta
que dio mi bizarro hermano
a un caballero de prendas,
el cual, por satisfacerse,
muy malherido le deja. 10
Ausentóse y fuese a Italia,
según después tuve nuevas.
Tardó mi hermano en sanar
mucho tiempo, y no se acuerda
en mucho más de su hermana, 15
como si ya muerta fuera.
Vi que volaban los tiempos,
y que encerraban las rejas
el cuerpo, mas no el deseo,
que es libre y muy mal se encierra. 20
Vi que mi hermano aspiraba,
codicioso de mi hacienda,
a dejarme entre paredes,
medio viva y medio muerta.
Quise casarme yo misma; 25
mas no supe en qué manera
ni con quién: que pocos años
en pocos casos aciertan.
Dejóme un viejo mi padre,
hidalgo y de intención buena, 30
con el cual me aconsejase
en mis burlas y en mis veras.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 97
Comuniquéle mi intento;
respondióme que él quisiera
que el caballero que tuvo
con mi hermano la pendencia,
fuera aquel que me alcanzara 5
por su legítima prenda,
porque eran tales las suyas,
que por extremo se cuentan.
Pintómele tan galán,
tan gallardo en paz y en guerra, 10
que en relación vi a un Adonis,
y a otro Marte vi en la tierra.
Dijo que su discreción
igualaba con sus fuerzas,
puesto que valiente y sabio 15
pocas veces se conciertan.
Estaba yo a sus loores
tan descuidada y atenta,
que tomó el pincel la fama,
y en el alma las asienta, 20
y amor, que por los oídos
pocas veces dicen que entra,
se entró entonces hasta el alma
con blanda y honrada fuerza;
y fue de tanta eficacia 25
la relación verdadera,
que adoré lo que los ojos
no vieron, ni ver esperan;
que, rendida a la inclemencia
de un antojo honrado y simple, 30
mudé traje y mudé tierra.
A mi sabio consejero
JORNADA TERCERA p. 98
fuerzo a que conmigo venga;
que ánimo determinado,
de imposibles no hace cuenta.
Arl. No te suspendas, prosigue
tu bien comenzado cuento, 5
que ninguna cosa siento
en él que a gusto no obligue,
y aun a pesar.
D. Fer. [Aparte.] Y es de modo,
según que voy discurriendo, 10
que al alma va suspendiendo
con la parte y con el todo.
Marg. Enamorada de oídas
del caballero que dije,
me salí del monasterio, 15
y en traje de hombre vestíme.
Dejé el hermano y la patria,
y, entre alegre y entre triste,
con mi consejero anciano
a la bella Italia vine. 20
De la mitad de mi alma,
para que yo más le estime,
supe allí que en estacada
venció a tres, y quedó libre,
y que la parlera fama, 25
que más de lo que oye dice,
le trajo a encerrar a Orán,
que espera el cerco terrible.
En alas de mi deseo,
desde Nápoles partíme; 30
llegué a Orán, facilitando
cualquier dudoso imposible,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 99
y apenas pisé su arena,
cuando alborotada fuime
a saber, sin preguntarlo,
de quien me tiene tan triste.
De él supe, y pluguiera al cielo, 5
que consuela a los que aflige,
que nunca yo lo supiera.
D. Fer. Di presto lo que supiste.
Marg. Supe que a volverse moro,
cosa, a pensarla, imposible, 10
dejó los muros de Orán,
y que en vuestra secta vive.
Yo, por no vivir muriendo
entre sospechas tan tristes,
a trueco de ser cautiva, 15
todo el hecho saber quise;
y así, arrojada y ansiosa,
entre los cristianos vine,
de quien fue Nacor la guía,
que los trajo a lo que visteis. 20
Ya me quedé, y soy cautiva,
y ya os pregunto si visteis
a este cristiano que busco,
o a este moro que acogisteis.
Llamábase don Fernando 25
de Saavedra, de insignes
costumbres y claro nombre,
como su fama lo dice.
Por él y por mi rescate
si de él sabéis, se apercibe 30
mi lengua a ofreceros tanto,
que pase de lo posible.
JORNADA TERCERA p. 100
Esta es mi historia, señores;
nunca alegre, siempre triste;
si os he cansado en contarla,
lo que me mandasteis hice.
Arl. Cristiana, de tu dolor 5
casi siento la mitad:
que tal vez curiosidad
fatiga como el amor.
Y al que te enciende en la llama
de amor con tantos extremos, 10
como tú, le conocemos
solamente por la fama.
Ali. ¿Debajo de cuál estrella
ese cristiano ha nacido,
que aun de quien no es conocido 15
los deseos atropella?
Ese amigo por quien lloras,
y en quien pones tus tesoros,
las vidas quita a los moros,
y las almas a las moras. 20
D. Fer. Que no es moro está en razón:
que no muda un bien nacido,
por más que se vea ofendido,
por otra su religión.
Puede ser que a ese español, 25
que ahora tanto se encubre,
alguna causa le encubre,
como alguna nube al sol.
Mas dime: ¿quién te asegura
que, después de haberle visto, 30
quede en tu pecho bienquisto?
Que engendra amor la hermosura,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 101
y si él carece de ella,
como imagino y aun creo,
faltando causa, el deseo
faltará, faltando en ella.
Marg. La fama de su cordura 5
y valor es la que ha hecho
la herida dentro del pecho;
no del rostro la hermosura,
que ésa es prenda que la quita
el tiempo breve y ligero, 10
flor que se muestra en enero,
que a la sombra se marchita.
Así que, aunque en él hallase
no el rostro y la lozanía
que pinté en mi fantasía, 15
no hay pensar que no le amase.
D. Fer. Con esa seguridad,
presto me ofrezco mostrarte
al que puede asegurarte
el gusto y la libertad. 20
Muda ese traje indecente,
que en parte tu ser desdora,
y vístete en el de mora,
que la ocasión lo consiente,
y con Arlaja y Muzel 25
los muros de Orán veremos,
donde, sin duda, hallaremos
tu piadoso o tu crüel,
que no es posible dejar
de hallarse en aquesta guerra, 30
si no le ha hundido la tierra
o le ha sorbido la mar.
JORNADA TERCERA p. 102
Alimuzel, no te tardes;
ven, y mira que es razón,
que en semejante ocasión
no es bien parecer cobarde.
Ali. Haz cuenta que a punto estoy. 5
Arl. A mí nada me detiene.
Marg. Ya veis si a mí me conviene
seguiros.
D. Fer. Pues pase hoy;
y mañana, cuando dan 10
las aves el alborada,
demos a nuestra jornada
principio, y al fin de Orán.
¿Queda así?
Ali. No hay que dudar. 15
Arl. ¿Cómo te llamas, señora?
Marg. Margarita; mar do mora
gustos que me han de amargar.
Arl. Ven, que el amor favorece
siempre a honestos pensamientos. 20
D. Fer. ¡Qué atropellados contentos
la ventura aquí me ofrece!
Entranse todos.
Sale Buitrago solo a la muralla.
[Buit.] ¡Arma, arma, señor, con toda priesa, 25
porque en el charco azul columbro y veo
pintados leños de una armada gruesa
hacer un medio círculo y rodeo!
El viento el remo impele, el lienzo
[atesa; 30
el mar tranquilo ayuda a su deseo.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 103
Arma, pues, que en un vuelo se avecina,
y viene a tomar tierra a la marina.
A la muralla el conde y Guzmán.
Conde. Turcos cubren el mar, moros la tierra;
don Fernando de Cárcamo al momento 5
a San Miguel defienda, y a la guerra
se dé principio con furor sangriento.
Mi hermano, que en Almarza ya se
[encierra,
mostrará de quién es el bravo intento; 10
que este perro, que nunca otra vez ladre,
es el que en Mostagán mordió a su
[padre.
Guz. Mal puedes defenderle la ribera.
Conde. No hay para qué, si todo el campo cubre 15
del Cuco y Alabez la gente fiera,
tanta, que hace horizonte lo que encubre;
y los que van poblando la ladera
de aquel cerro empinado que descubre
y mira exento nuestros prados secos, 20
son los moros de Fez y de Marruecos.
Coronen las murallas los soldados,
y reitérese el arma en toda parte;
estén los artilleros alistados,
y usen certeros de su industria y arte; 25
los a cosas diversas diputados,
acudan a su oficio, y dése a Marte
el que a Venus se daba, y haga cosas
que sean increíbles de espantosas.
Entrese de la muralla el conde 30
y Guzmán.
JORNADA TERCERA p. 104
Buit. Animas, si queréis que al ejercicio
vuelva de mis plegarias y rosario,
pedid que me haga el cielo beneficio
que siquiera no falte el ordinario;
que, aunque de Marte el trabajoso oficio 5
en mi estómago pide extraordinario,
con diez hogazas que me envíe, sienta
que a seis bravos soldados alimenta.
Entranse, y suenan chirimías y cajas; entra Azán
Bajá y Bairán, con el rey del Cuco y el Alabez. 10
Bai. Don Francisco, el hermano del valiente
don Juan, que naufragó en la Herradura,
apercibe gran número de gente,
y socorrer a esta ciudad procura.
Don Alvaro Bazán, otro excelente 15
caballero famoso y de ventura,
tiene cuatro galeras a su cargo,
y éste ha de ser de tu designio embargo.
Azán. Su arena piso ya, de Orán colijo
no aquella lozanía que dijiste; 20
sólo por tocar arma ya me aflijo,
y ver quién será aquel que me resiste.
Alab. Quien al padre venció, vencerá al hijo.
No hay que esperar, ¡oh grande Azán!;
[embiste, 25
que el tiempo que te tardas, ése quitas
a tus victorias raras e infinitas.
Entren a esta sazón Arlaja y Margarita en hábito de
moro, don Fernando como moro, y Alimuzel.
Cuco. Tienes presente, ¡oh rey Azán!, la gloria 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 105
de la Africa y la flor de Berbería;
un ángel es que anuncia tu victoria,
que el cielo, donde él vive, te le envía.
Azán. Tendré yo para siempre en la memoria
esta merced, ¡oh gran señora mía!, 5
bella y sin par Arlaja, en cuanto el cielo
pudo de bien comunicar al suelo.
¿Qué buscas entre el áspero rüido
del cóncavo metal, que, el aire hiriendo,
no ha de llevar a tu sabroso oído 10
de Apolo el son, mas el de Marte
[horrendo?
Arl. El tantarán del atabal herido,
el bullicio de guerra y el estruendo
de gruesa y disparada artillería, 15
es para mí süave melodía.
Cuanto más, que yo vengo a ser testigo
de tus raras hazañas y excelentes,
y a servirte estos dos traje conmigo,
que cuanto son gallardos son valientes. 20
Azán. De agradecer tanta merced me obligo
cuando corran los tiempos diferentes
de aquéstos, porque el fruto de la guerra
en la paz felicísima se encierra.
Entra Roama, moro, con un cristiano galán 25
atadas las manos.
Roa. El bergantín que de la Vez se llama
cautivaron anoche tus fragatas,
y éste, que es un don Juan de
venía en él. [Valderrama, 30
Azán. ¿Por qué no le desatas?
JORNADA TERCERA p. 106
Como entra el cautivo, se cubre Margarita el rostro
con un velo.
Alab. ¿Cómo sabes su nombre tú, Roama?
Roa. El me lo ha dicho así.
Azán. Pues mal le tratas; 5
si es caballero, suéltale las manos.
D. Juan. ¿Qué es lo que veo, cielos soberanos?
Mira a don Fernando.
Azán. ¿De qué tierra eres, cristiano?
D. Juan. De Jerez de la Frontera. 10
Azán. ¿Eres hidalgo, o villano?
Alab. Vestir de aquella manera
los villanos no es muy llano.
D. Juan. Caballero soy.
Azán. ¿Y rico? 15
D. Juan. Eso no, pues que me aplico
a ser soldado, señal
que de bienes me va mal;
y esto os juro y certifico.
Alab. De cristianos juramentos 20
está preñada la tierra,
lleno el mar, densos los vientos.
Azán. ¿Y venías?
D. Juan. A la guerra.
Azán. ¡Honrados son tus intentos! 25
Marg. ¡Este es mi hermano, señora!
Arl. Disimula como mora,
y cúbrete el rostro más.
Cuco. ¡Buena guerra ahora harás!
D. Juan. ¿Y cómo la hago ahora? 30
Azán. ¿Qué nuevas hay en España?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 107
D. Juan. No más de la de esta guerra,
y que ya estás en campaña.
Azán. Dirán que mi intento yerra
en emprender tal hazaña;
el socorro aprestarán, 5
el mundo amenazarán,
y, estándole amenazando,
llegarán a tiempo cuando
yo esté en sosiego en Orán.
Preséntote este cristiano, 10
Arlaja, como en indicio
de lo que en servirte gano;
y acepta el primer servicio
que recibes de mi mano,
que otros pienso de hacerte 15
con que mejores la suerte
de tu aduar saqueado.
Arl. Tenga el grande Alá cuidado,
grande Azán, de engrandecerte.
Azán. Vamos, que Marte nos llama 20
a ejercitar el rigor
que enciende tu ardiente llama.
Arl. Mahoma te dé favor
que aumente tu buena fama.
Ven, cristiano, y darme has cuenta 25
de quién eres.
Entranse todos, excepto don Juan y don Fernando.
D. Juan. ¡No consienta
el cielo que éste sea aquel
que, enamorado y crüel, 30
pudo hacerme honrada afrenta!
JORNADA TERCERA p. 108
D. Fer. Escucha, cristiano, espera.
D. Juan. Ya espero, ya escucho, y veo
lo que nunca ver quisiera,
si me pinta aquí el deseo
esta visión verdadera. 5
D. Fer. ¿Qué murmuras entre dientes?
D. Juan. ¿Qué me quieres?
D. Fer. Que me cuentes
quién eres.
D. Juan. ¿Pues qué te importa? 10
D. Fer. Hacer tu desgracia corta.
D. Juan. ¡Podrá ser que me la aumentes!
Muestran que no es opinión
los sobresaltos que paso,
mas cosa puesta en razón, 15
que, sin duda, hace caso
tal vez la imaginación,
pues pienso que estoy mirando
el rostro de don Fernando,
su habla, su talle y brío; 20
pero que esto es desvarío
su traje me va mostrando.
D. Fer. ¿Todo ha de ser murmurar,
cristiano?
D. Juan. Perdona, moro, 25
que no me dejan guardar
el cortesano decoro
las ansias de mi pesar.
Y más, que tú me enmudeces,
porque tanto te pareces 30
a un cristiano, que me admiro,
que le veo si te miro,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 109
y él mismo en ti mismo ofreces.
D. Fer. En Orán hay un cristiano
que dicen que me parece
como esta mano a esta mano,
y que si acaso se ofrece 5
vestir hábito africano,
ningún moro hay que le vea
que no diga que yo sea,
y juzgue con evidencia
que sólo nos diferencia 10
su vestido y mi librea.
No le he visto, y voy trazando
verle, que verle deseo,
ya en paz, o ya peleando.
D. Juan. ¿Cómo se llama? 15
D. Fer. Yo creo
que se llama don Fernando,
y tiene por sobrenombre
Saavedra.
D. Juan. Ese es el hombre 20
por quien con mil males lucho.
D. Fer. De esa manera, no es mucho
que mi presencia te asombre.
Entra Roama, el moro.
Roa. Arlaja y Fátima están 25
esperándote, cautivo.
D. Fer. Ve en paz, que, rendido Orán,
si el otro yo queda vivo,
tendrá remedio tu afán.
D. Juan. Estimo tu buen deseo; 30
mas, con todo aquesto, creo...
JORNADA TERCERA p. 110
Pero no, no creo nada;
que es cosa desvariada
dar crédito a lo que veo.
Entrase don Juan y Roama.
D. Fer. Entre sospechas y antojos, 5
y en gran confusión metido,
va don Juan lleno de enojos,
pues le estorba este vestido
no dar crédito a sus ojos.
No se puede persuadir 10
que yo pudiese venir
a ser moro y renegar,
y así, se deja llevar
de lo que quise fingir.
Su confesión está llana, 15
y más lo estará si mira
y si conoce a su hermana;
que entonces no habrá mentira
que no se tenga por vana.
Pregunto: ¿en qué ha de parar 20
este mi disimular
y este vestirme de moro?
En que guardaré el decoro,
con que más me pueda honrar.
Entrase. 25
Tócase arma; salen a la muralla el conde y Guzmán,
y al teatro, Azán, el Cuco y Alabez.
Conde. Veinte asaltos creo que son
los que han dado a San Miguel,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 111
y éste, según es crüel,
me muestra su perdición.
No podrá más don Fernando
de Cárcamo.
Guz. No, sin duda; 5
mas, si no se le da ayuda,
su fin le está amenazando.
Fuerza que no se socorre,
haz cuenta que está rendida.
Azán. San Miguel va de vencida, 10
que gran morisma allá corre.
Suena mucha vocería de ¡Li, li, li! y atambores;
sale Roama.
Roa. San Miguel se ha entrado ya,
y sobre el muro español 15
son tus medias lunas, sol,
el más bello que hizo Alá.
Fuéronse a Mazalquivir
algunos que se escaparon.
Azán. Algún tanto dilataron 20
esos perros el vivir.
Alab. De esta huida no se arguye
el refrán que el vulgo trata,
que es hacer puente de plata
al enemigo que huye. 25
Cuco. Hoy de aquel gran capilludo
las memorias quedarán
enterradas con Orán,
pues tú puedes más que él pudo.
Azán. ¡Valeroso don Martín, 30
que te precias de otro Marte;
JORNADA TERCERA p. 112
espera, que voy a darte,
a tu usanza, un San Martín!
Entranse todos; salen Arlaja y Margarita cubierto el
rostro con un velo, y don Juan como cautivo.
D. Juan. Ayer me entró por la vista 5
cruda rabia a los sentidos,
y hoy me entra por los oídos,
sin haber quien la resista.
Ayer la suerte inhumana,
a quien mil veces maldigo, 10
me hizo ver mi enemigo,
y hoy me hace oír mi hermana.
Quítate el velo, señora,
y sacarme has de una duda
por quien tiembla el alma y suda. 15
Marg. ¿Otra vez? No puedo ahora.
D. Juan. ¡Ay, Dios, que la voz es ésta
de mi buscada enemiga!
Marg. Si el oírme te fatiga,
jamás te daré respuesta. 20
D. Juan. No me tengas más suspenso;
descúbrete, que me das,
mientras que cubierta estás,
un dolor que llega a inmenso.
Arl. Fátima, por vida mía, 25
que te descubras; veremos
por qué hace estos extremos
este cristiano.
Marg. Sí haría,
si no me importase mucho 30
encubrirme de esta suerte.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 113
D. Juan. Los ecos son de mi muerte
los que en esta voz escucho.
Arl. Descúbrete, no te asombres,
que has de saber, si lo ignoras,
que nunca para las moras 5
los cristianos fueron hombres.
Ya no es nadie el que es esclavo;
no tienes que recelarte.
Marg. Yo daré, por contentarte,
con mis designios al cabo. 10
Arl. [Aparte.] Que te conozca, no importa;
cuanto más, que has de negallo.
Marg. [Aparte.] Dudosa en todo me hallo.
Arl. [Aparte.] Ten ánimo, no seas corta.
Marg. Descúbrome; vesme aquí, 15
cristiano; mírame bien.
D. Juan. ¡Oh el mismo rostro de quien
aquí me tiene sin mí!
¡Oh hembra la más liviana
que el sol ha visto jamás! 20
¡Oh hermana de Satanás
primero que no mi hermana!
Por ejemplos más de dos
he visto puesto en efeto
que, en perdiéndose el respeto 25
al mundo, se pierde a Dios.
Arl. ¿Qué dices, perro?
D. Juan. Que es ésta
mi hermana.
Arl. ¿Fátima? 30
D. Juan. Si.
Arl. ¡En mi vida vi ni oí
JORNADA TERCERA p. 114
tan linda y graciosa fiesta!
¡Tuya mi hermana! ¿Estás loco?
Mírala bien.
D. Juan. Ya la miro.
Arl. ¿Qué dices, pues? 5
D. Juan. Que me admiro,
y en el juicio me apoco.
¿Por dicha, hace Mahoma
milagros?
Arl. Mil a montones. 10
D. Juan. ¿Y hace transformaciones?
Arl. Cuando voluntad le toma.
D. Juan. ¿Y suele muda[r] tal vez
en mora alguna cristiana?
Arl. Sí. 15
D. Juan. Pues aquésta es mi hermana,
y la tuya está en Jerez.
Arl. ¡Roama, Roama, ven!
Entra Roama.
Roa. Señora, ¿qué es lo que mandas? 20
Arl. Que pongas las carnes blandas
a este perro.
Roa. Está bien.
Vuélvese.
Arl. Con un corbacho procura 25
sacarle de la intención
una cierta discreción
que da indicios de locura.
Marg. De cualquiera maleficio,
Arlaja, que al hombre culpa, 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 115
le viene a sobrar disculpa
en la falta del jüicio.
No le castigues así
por cosa que es tan liviana.
D. Juan. ¡Juro a Dios que eres mi hermana, 5
o el diablo está hablando en ti!
Suena dentro asalto.
Arl. ¿No oyes, Fátima, que dan
asalto a Mazalquivir,
que hasta aquí se hace sentir 10
en el conflicto en que están?
Deja a ese perro, y acude,
por si lo podremos ver.
Entranse Arlaja y Margarita.
Marg. Siempre te he de obedecer. 15
D. Juan. ¡Y quieren que de esto dude!
Por ser grande la distancia
que hay de mi hermana a ser mora,
imagino que en mí mora
gran cantidad de ignorancia. 20
Extraño es el devaneo
con quien vengo a contender,
pues no me deja creer
lo que con los ojos veo.
Entrase. 25
Salen a la muralla don Martín, el capitán Guzmán, y
Buitrago con una mochila a las espaldas y una bota
de vino, comiendo un pedazo de pan.
D. Mar. ¡Gente soberbia y crüel,
a quien ayuda la suerte; 30
JORNADA TERCERA p. 116
no penséis que es éste el fuerte
tan flaco de San Miguel!
¡Bravo Guzmán, gran Buitrago,
hoy ha de ser vuestro día!
Buit. [Bebe.] Déjeme vueseñoría 5
que me esfuerce con un trago.
¡Echenme de estos alanos
ahora de dos en dos,
porque yo les juro a Dios
que han de ver si tengo manos! 10
Salen al teatro Azán, el Cuco, el Alabez, don Fernando
y otros moros con escalas.
Azán. Al embestir no se tarde,
porque quiero estar presente,
para honrar al que es valiente, 15
y dar infamia al cobarde.
Muzel, una escala toma,
y muéstranos que te dan,
como a meliones galán,
manos las del gran Mahoma. 20
¡Ea; al embestir, amigos;
amigos, al embestir;
que hoy será Mazalquivir
sepultura de enemigos!
Embisten; anda la grita; lleva Muzel una escala; sube 25
por ella, y otro moro por otra; desciende al moro
Buitrago, y don Fernando ase a Muzel y derríbale;
pelea con otros, y mátalos. Todos han de caer dentro
del vestuario. Desde un cabo mira Azán, el Cuco
y el Alabez lo que pasa. 30
D. Fer. Ya no es tiempo de aguardar
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 117
a designios prevenidos,
viendo que están oprimidos
los que yo debo ayudar.
¡Baja, Muzel!
Muz. ¿Por ventura, 5
quiéresme quitar la gloria
de esta ganada victoria?
D. Fer. Aun más mi intento procura.
Ali. ¡Que me derribas! ¡Espera,
que ya abajo a castigarte! 10
D. Fer. Aunque bajase el dios Marte
acá de su quinta esfera,
no le estimaré en un higo.
¡Oh cómo que trepa el galgo!
Derriba al otro que sube. 15
Ali. Poco puedo y poco valgo
con este amigo enemigo.
¿Por qué contra mí, Lozano,
esgrimes el fuerte acero?
Riñen los dos. 20
D. Fer. Porque soy cristiano, y quiero
mostrarte que soy cristiano.
D. Mar. ¡Disparen la artillería!
¡Aquí, Buitrago y Guzmán!
¡Robledo, venga alquitrán! 25
¡Arrojad esa alcancía!
¡Allí, que se sube aquél!
D. Fer. Donde yo estoy, este muro
estará siempre seguro;
JORNADA TERCERA p. 118
y, aunque le pese a Muzel,
este perro vendrá al suelo.
Derriba a otro.
Azán. ¿Quién es aquel que derriba
a cuantos suben arriba? 5
Cuco. Que es renegado recelo;
pero yo lo veré presto,
y le haré que se arrepienta.
Azán. A un rey no toca esa afrenta.
Vase el del Cuco contra don Fernando. 10
Cuco. Mahoma se sirve en esto.
Guz. Buitrago, el que nos defiende
es, sin duda, don Fernando.
Buit. Aqueso estaba pensando,
porque a los moros ofende. 15
Cuco. ¡Renegado, perro, aguarda!
D. Fer. ¡Rey del Cuco, perro, aguardo!
Cuco. ¿Cómo en tu muerte me tardo?
D. Fer. Pues la tuya ya se tarda.
Alimuzel, de ésta vas, 20
y tú, rey, irás de aquésta.
¡Concluyóse ya esta fiesta!
Cuco. ¡Muy mal herido me has!
Ali. ¡Muerto me has, moro fingido
y cristiano mal cristiano! 25
Caen dentro del vestuario.
D. Fer. Tengo pesada la mano
y alborotado el sentido,
Dios sabe si a mí me pesa.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 119
Gran don Martín valeroso,
haz que desciendan al foso
y recojan esta presa.
Guz. Don Fernando, señor, es,
que viene a hacer recompensa 5
de la cometida ofensa:
diez ha herido, y muerto a tres;
y el rey del Cuco es aquel
que yace casi difunto.
D. Mar. Pues socorrámosle al punto. 10
Guz. Y el otro es Alimuzel.
D. Mar. Vayan por la casamata
al foso, y retírenlos.
Buit. Vamos por ellos los dos.
Quítase del muro Guzmán y Buitrago. 15
Azán. Ya no es la empresa barata,
pues me cuesta un rey y tantos
que en veinte asaltos han muerto.
¿Alboroto, y en el puerto
--¿qué podrá ser?-- de los Santos? 20
Suena todo.
Campanas en la ciudad
suenan, señal de alegrías,
y tocan las chirimías;
aquésta es gran novedad. 25
Vamos a ver lo que es esto,
y toquen a recoger.
Alab. No sé lo que pueda ser.
Azán. Pues yo lo sabré bien presto.
Entranse. 30
JORNADA TERCERA p. 120
Salen Buitrago y Guzmán.
Guz. Al retirar, don Fernando,
que en gran peligro estás puesto.
D. Fer. No lo pienso hacer tan presto.
Buit. ¿Pues cuándo? 5
D. Fer. Menos sé cuándo.
Yo, que escalé estas murallas,
aunque no para huir de ellas,
he de morir al pie de ellas,
y con la vida amparallas. 10
Conozco lo que me culpa,
y, aunque a la muerte me entregue,
haré la disculpa llegue
adonde llegó la culpa.
Buit. Yo sé muy poco, y diría, 15
y está muy puesto en razón,
que la desesperación
no puede ser valentía.
Guz. Menos riesgo está en ponerte
del conde a la voluntad, 20
que hacer la temeridad,
donde está cierto el perderte.
Procúrate retirar,
pues es cosa conocida
que al mal de perder la vida 25
no hay mal que pueda llegar.
En efecto, has de ir por fuerza,
si ya no quieres de grado.
D. Fer. De vuestra fuerza me agrado,
pues más obliga que fuerza. 30
Retirad aquesos dos
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 121
del foso, que es gente ilustre.
Buit. Locura fuera de lustre
el quedarte, ¡juro a Dios!
Entranse todos.
Salen Azán, Arlaja, Margarita, don Juan, Roama, 5
que trae preso a Vozmediano.
Roa. Este, pasando de Orán
a Mazalquivir, fue preso.
Azán. Este nos dirá el suceso
y por qué alegres están. 10
Vozm. Porque les entró un socorro,
que por él, ¡oh gran señor!,
a la hambre y al temor
han dado carta de horro.
Un don Alvaro Bazán, 15
terror de naciones fieras,
a pesar de tus galeras,
ha dado socorro a Orán.
En la cantidad es poco,
y en el valor sobrehumano. 20
D. Juan. Si aquéste no es Vozmediano,
concluyo con que estoy loco.
Vozm. ¡Suerte airada, por quien vivo
en pena casi infinita!
¿Aquélla no es Margarita, 25
y su hermano aquel cautivo?
Azán. ¿Hay nuevas de otro socorro,
cristiano?
Vozm. Dicen que sí.
D. Juan. De haber dudado hasta aquí 30
ya me avergüenzo y me corro.
JORNADA TERCERA p. 122
¿No os llamáis vos Vozmediano?
Vozm. No, señor.
D. Juan. ¿Qué me decís?
Vozm. Que no.
D. Juan. ¡Por Dios, que mentís! 5
Vozm. Estoy preso y soy cristiano,
y así, no os respondo nada.
D. Juan. ¿Aquélla no es Margarita,
viejo ruin?
Vozm. Es infinita 10
vuestra necedad pensada.
Pedro Alvarez es mi nombre;
ved si os habéis engañado.
D. Juan. El seso tengo turbado;
no hay cosa que no me asombre. 15
Que si éste no es Vozmediano,
y no es Margarita aquélla,
y el que causó mi querella
no es el otro mal cristiano,
tampoco soy yo don Juan, 20
sino algún hombre encantado.
Entra un moro.
Moro. ¿Cómo estás tan sosegado,
valeroso y fuerte Azán?
Si tardas un momento, no habrá fusta, 25
galera ni bajel de cuantos tienes
en este mar, que no sea miserable
presa del español, que a remo y vela
viene a embestiste. Rey Azán, ¿qué
[aguardas? 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 123
Azán. Todo moro se salve, que los turcos
solos se han de embarcar. ¡A Dios,
[amigos!
Vase.
Arl. Fátima, no me dejes, ven conmigo, 5
que tiempo habrá donde a tu gusto
[acudas.
Marg. No te puedo faltar; guía señora.
Entranse los dos.
D. Juan. Solos quedamos, hombre, y sólo quiero 10
que me digas quién eres; que yo pienso
que eres un Vozmediano de mi tierra.
Vozm. No es éste tiempo para tantas largas;
la libertad tenemos en las manos;
dejarla de cobrar será locura. 15
Pedro Alvarez me llamo por ahora.
Entrase.
D. Juan. ¿Cómo podré dejarte, hermana o mora?
Entrase.
Salen a la muralla don Martín, Guzmán, 20
don Fernando y Buitrago.
D. Mar. ¡Oh, que se embarca el perro, y que se
[escapa!
Dobla la punta, general invicto,
y embístele. 25
Guz. Por más que lo procura,
no es posible alcanzarle.
D. Fer. ¡A orza, a orza,
JORNADA TERCERA p. 124
con la vela hasta el tope! ¡Oh, que se
[escapa!
De Canastel el cabo dobla, y vase.
D Mar. Los perros de la tierra, en remolinos
confusos, con el miedo a las espaldas, 5
huyen y dejan la campaña libre.
Buit. Toda la artillería se han dejado.
Guz. Las proas endereza nuestra armada
al puerto, y ya de Orán el conde insigne
ha salido también. 10
D. Mar. A la marina,
que el bravo don Francisco de Mendoza
no tardará en llegar.
Entrase don Martín y Buitrago.
D. Fer. Amigo, escucha: 15
¿no ves aquel montón que va huyendo
de moros por la falda del ribazo?
Guz. Muy bien. ¿Por qué lo dices?
D. Fer. Allí creo
que va de esta alma la mitad. 20
Guz. ¿Va Arlaja?
D. Fer. Arlaja va.
Guz. ¡Mahoma la acompañe!
D. Fer. Ven, que con ella va la que me lleva
el alma, y me conviene detenerlas; 25
sígueme, que has de hacer por mí otras
[cosas
que me importan la honra.
Guz. Yo te sigo;
que hasta las aras he de serte amigo. 30
Entranse.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 125
Sale, como que se desembarca, don Francisco de
Mendoza; recíbenle el conde y don Martín, Buitrago y
otros.
Conde. Sea vuestra señoría bien venido,
cuanto ha sido el deseo 5
que de verle estas fuerzas han tenido.
D. Fr. El cielo, a lo que creo,
en mi mucha tardanza ha sido parte,
porque viese esta tierra más de un
[Marte: 10
que de aquestas murallas las ruinas
muestran que aquí hubo brazos
de fuerzas que llegaron a divinas.
Buit. Rompen por embarazos
imposibles los hartos y valientes, 15
y esto saben mis brazos y mis dientes.
D. Mar. ¡Paso, Buitrago!
Buit. Yo, señor, bien puedo
hablar, pues soy soldado
tal, que a la hambre sola tengo miedo. 20
Ya el cerco es acabado.
D. Mar. No es para aquí, Buitrago, aqueso.
[¡Paso!
Buit. Nadie sabe la hambre que yo paso.
Conde. Cincuenta y siete asaltos reforzados 25
dieron los turcos fieros
a estos terrones por el suelo echados.
Buit. Cincuenta y siete aceros
tajantes respondieron a sus bríos,
todos en peso de estos brazos míos. 30
Corté y tajé más de una turca estambre.
Conde. ¡Buitrago, basta ahora!
JORNADA TERCERA p. 126
Buit. Bastará, a no morirme yo de hambre.
D. Fr. En vuestro pecho mora,
famoso don Martín, la valentía.
Buit. Y en el mío la hambre y sed se cría.
Entra el capitán Guzmán y lee un billete a don 5
Francisco, y, en leyéndole, dice:
D. Fr. Haráse lo que pide don Fernando;
que todo lo merece
lo que de él va la fama publicando.
Coyuntura se ofrece 10
donde alegre y seguro venir puede.
Guz. Tu gran valor al que es mayor excede.
Entrase Guzmán.
D. Fr. Pido, en albricias de este buen suceso,
señor conde, una cosa 15
que por algo atrevida la confieso,
mas no dificultosa.
Conde. ¿Qué me puede mandar vueseñoría
que no haga por deuda o cortesía?
D. Fr. De don Fernando Saavedra pido 20
perdón, porque su culpa
con su fogoso corazón la mido,
y él dará su disculpa.
Conde. Muy mal la podrá dar; pero, con todo,
señor, a vuestro gusto me acomodo. 25
Entran don Fernando y Alimuzel, con una banda,
como que está herido; Arlaja, Margarita, don Juan
y Vozmediano.
D. Fer. Si confesar el delito,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 127
con claro arrepentimiento,
mitiga en parte la ira
del juez que es sabio y recto,
yo, arrepentido, aunque tarde,
el mal que hice confieso, 5
sin dar más disculpa de él
que un honrado pensamiento.
A la voz del desafío
de este moro corrí ciego,
sin echar de ver los bandos, 10
que al más bravo ponen freno.
Pero no es éste lugar
para alargarme en el cuento
de mi extraña y rara historia,
que dejo para otro tiempo. 15
Conde. Agradecedlo al padrino
que habéis tenido, que creo
que allí llegará la pena
do llegó el delito vuestro.
Pero ¿qué moras son éstas 20
y qué cautivos? ¿Qué es esto?
D. Fer. Todo lo sabrás después,
y por ahora te ruego
que me des, señor, licencia
para hablar sólo un momento, 25
y acomodar muchas causas
de quien verás los efectos.
Conde. Hablad lo que os diere gusto,
que del vuestro le tendremos;
que siempre vuestras palabras 30
responden a vuestros hechos.
D. Fer. Yo soy, Arlaja, el cristiano,
JORNADA TERCERA p. 128
y entiende que ya no miento,
don Fernando, el de la fama,
que te enamoró el deseo.
La palabra que le diste
a Alimuzel tenga efecto, 5
que él hará entrego de mí,
pues yo en sus manos me entrego.
Y vos, don Juan valeroso,
cuyo honrado y noble intento
os trajo a tal confusión, 10
que os turbó el conocimiento,
perdonad a vuestra hermana,
que el romper del monasterio
redundará en su alabanza,
señor, si vos gustáis de ello. 15
Sin dote será mi esposa;
que nunca falta el dinero
donde los gustos se miden
y se estrechan los deseos.
En esta mora en el traje 20
a vuestra hermana os ofrezco,
y a mi esposa, si ella quiere.
Marg. Yo sí quiero.
D. Fer. Yo sí quiero.
D. Juan. ¿No es aquéste Vozmediano? 25
Vozm. El mismo.
D. Juan. ¡Gracias al cielo,
que, tras de tantos nublados,
claro el sol y alegre veo!
No es este famoso día 30
de venganzas, y no tengo
corazón a quien no ablande
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 129
tal sumisión y tal ruego.
Yo perdono a Margarita,
y por esposa os la entrego,
Alejandro de mi hacienda,
pues la mitad os ofrezco. 5
Arl. Y yo la mano a Muzel:
que, aunque mora, valor tengo
para cumplir mi palabra;
cuanto más, que lo deseo.
Conde. Tan alegre de estas cosas 10
estoy, cuanto estoy suspenso,
porque de ellas veo el fin,
y no imagino el comienzo.
D. Fer. ¿Ya no te he dicho, señor,
que te lo diré a su tiempo? 15
Entra uno.
Uno. En este punto espiró
el buen alférez Robledo.
Guz. Dios le perdone, y mil gracias
doy al piadoso cielo, 20
que me quitó de los hombros
tan pesado sobrehueso.
Quien quiere tener la vida
rendida a cualquier encuentro,
y no tener gusto en ella 25
ni velando ni durmiendo,
afrente a algún bien nacido,
y verá presente luego
el rostro que el temor tiene,
las sospechas y el recelo. 30
Buit. Quien quisiere se le quite
JORNADA TERCERA p. 130
todo temor, todo miedo,
tenga hambre, y verá cómo
cesa todo en no comiendo.
D. Mar. Yo añadiré las raciones,
Buitrago. 5
Buit. ¡Hágate el cielo
vencedor nunca vencido
por casi siglos eternos!
Conde. Entremos en la ciudad,
señor don Francisco. 10
D. Fr. Entremos,
porque a la vuelta me llaman
estos favorables vientos,
y quiero de este principio
entender estos sucesos, 15
porque, en ser de don Fernando,
gustaré de que sean buenos.
Buit. Tóquense las chirimías,
y serán, si bien comemos,
dulces y alegres las fiestas. 20
Guz. ¿Y si no?
Buit. Renegaremos.
Uno. ¡Buitrago, daca el alma!
Buit. ¡Hijo de puta! ¿Tenemos
más almas que dar, bellaco? 25
Uno. ¡Daca el alma!
Buit. ¡Por San Pedro,
que si os asgo, hi de poltrón,
que habéis de saber si tengo
alma que daros! 30
Guz. Buitrago,
no haya más, que llega el tiempo
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 131
de dar fin a esta comedia,
cuyo principal intento
ha sido mezclar verdades
con fabulosos intentos.
Fin de esta comedia.
p. 132
p. 133
COMEDIA FAMOSA
DE LA CASA DE LOS CELOS
y selvas de Ardenia.
Los que hablan en ella son:
Reinaldos. Rústico, pastor. 5
Malgesí. Clori, pastora.
Roldán. El temor.
Galalón. [La sospecha.]
Emperador La curiosidad.
Carlomagno. La desesperación. 10
Angélica. Los celos.
Bernardo del Carpio. La diosa Venus.
Una dueña. Cupido.
Un escudero. Mala fama.
Argalia. Buena fama. 15
Espíritu de Merlín. Ferraguto.
Marfisa. Castilla.
Lauso, pastor. [Un ángel.]
Corinto, pastor. [Un page.]
JORNADA PRIMERA 20
Entra Reinaldos y Malgesí.
Rei. Sin duda que el ser pobre es causa de esto.
Pues, ¡vive Dios!, que pueden estas
[manos
JORNADA PRIMERA p. 134
echar a todas horas todo el resto
con bárbaros, franceses y paganos.
¿A mí, Roldán, a mí se ha de hacer esto?
Levántate a los cielos soberanos
el confalón que tienes de la Iglesia. 5
O reniego, o descreo.
Mal. ¡Oh hermano!
Rei. ¡Oh pesia!...
Mal. Mira que suenan mal esas razones.
Rei. Nunca las pasa mi intención del techo. 10
Mal. ¿Pues por qué a pronunciarlas te
[dispones?
Rei. ¡Rabio de enojo, y muero de despecho!
Mal. Pónesme en confusión.
Rei. Y tú me pones... 15
¡Déjame, que revienta de ira el pecho!
Mal. ¡Por Dios!, que has de decirme en este
con quién las has. [instante
Rei. Con el señor de Aglante.
Con aquese bastardo, malnacido, 20
arrogante, hablador, antojadizo,
más de soberbia que de honor vestido.
Mal. ¿No me dirás, Reinaldos, qué te hizo?
Rei. ¿Que a tanto desprecio he yo venido,
que así ose atrevérseme un mestizo? 25
¡Pues juro a fe que, aunque le valga
[Roma,
que le mate, y le guise, y me le coma!
En un balcón estaba de palacio,
y con él Galalón junto a su lado; 30
yo entraba por el patio muy despacio,
cual suelo, de mí mismo acompañado.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 135
Los dos miraron mi bohemio lacio,
y no de perlas mi capelo ornado;
tomáronse a reír, y, a lo que creo,
la risa fue de ver mi pobre arreo.
Subí como con alas la escalera, 5
de rabia lleno y de temor vacío;
no los hallé donde los vi, y quisiera
ejecutar en mí mi furia y brío.
Entráronse allá dentro, y, si no fuera
porque debo respeto al señor mío, 10
en su presencia le sacara el alma,
pequeña a tanta injuria, y débil palma.
De aquel traidor de Galalón no hago
cuenta ninguna, que es cobarde y necio;
de Roldán sí, y en ira me deshago, 15
pues me conoce, y no me tiene en precio.
Pero presto tendrán los dos el pago,
pagando con sus vidas mi desprecio,
aunque lo estorbe...
Mal. ¿No ves que desatinas? 20
Rei. Con aquesas palabras más me indinas.
Mal. Roldán es éste; vesle aquí que sale,
y con él Galalón.
Rei. Hazte a una parte,
que quiero ver lo que este infame vale, 25
que es tenido en el mundo por un Marte.
Entra Roldán y Galalón.
¡Ahora sí, burlón, que no te cale
en la estancia de Carlos retirarte,
ni a ti forjar traiciones y mentiras 30
para volver pacíficas mis iras!
JORNADA PRIMERA p. 136
Gal. Vuélvome, porque es éste un atrevido,
y el decir y hacer pone en un
[punto. [Vase.]
Rei. ¡Bien os habéis de mi ademán reído
los dos, a fe! 5
Rol. Que está loco barrunto.
Rei. ¿Dónde está aquel cobarde?
Mal. Ya se ha ido.
Rei. Tuvo temor de no quedar difunto
si un soplo le alcanzara de mi boca. 10
Rol. ¡A risa su arrogancia me provoca!
¿Con quién las has, Reinaldos?
Rei. ¿Yo? Contigo.
Rol. ¿Conmigo? ¿Pues por qué?
Rei. Ya tú lo sabes. 15
Rol. No sé más de que siempre fui tu amigo,
pues de mi voluntad tienes las llaves.
Rei. Tu risa ha sido de eso buen testigo;
no hay para qué tan sin por qué te alabes.
Dime: ¿puede, por dicha, la pobreza 20
quitar lo que nos da naturaleza?
Que yo trajera con anillos de oro
adornadas mis manos, y trajera
con pompa, a modo de real decoro,
mi persona compuesta; ¿adóndequiera 25
rindiera yo con esto al fuerte moro
o al gallardo español, que nos espera?
No; que no dan costosos atavíos
fuerza a los brazos y a los pechos bríos.
Mi persona desnuda, y esta espada, 30
y este indomable pecho que conoces,
ancha se harán adondequiera entrada,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 137
como en la seca mies agudas hoces.
Mi fuerza conocida y estimada
está por todo el orbe dando voces,
diciendo quién yo soy, y así, tu burla
contra toda razón de mí se burla. 5
Y porque veas que en razón me fundo,
mete mano a la espada, y haz la
[prueba;
verás que en nada no te soy segundo.
Ni es para mí el probarte cosa nueva. 10
¿Que de nuevo te ríes, pese al mundo?
Rol. ¿Qué endiablado furor, primo, te lleva
a romper nuestras paces, o qué risa
así el aviso tuyo desavisa?
Mal. Dice que de él hiciste burla cuando 15
entraba por el patio de palacio,
su poco fausto y soledad mirando,
y su bohemio, por antiguo, lacio.
Pensólo, y, su estrecheza
[contemplando, 20
y creyendo la burla, en poco espacio
la escalera subió, y, si allí os hallara,
en llanto vuestra risa se tornara.
Rol. Hiciera mal, porque por Dios os juro
que no me pasó tal por pensamiento; 25
y de esto puede estar cierto y seguro,
pues yo lo digo, y más con juramento.
Al pilar de la Iglesia, al fuerte muro,
al amparo de Francia y al aliento
de los pechos valientes, ¿quién osara, 30
aunque en ello la vida le importara?
Esta disculpa baste, ¡oh primo amado!,
JORNADA PRIMERA p. 138
para templar vuestra no vista furia;
que no es costumbre de mi pecho
[honrado
hacer a nadie semejante injuria.
Y más a vos, que solo habéis ganado 5
más oro que tendrá y tiene Liguria,
si es que la honra vale más que el oro
que en Tíbar cierne el mal vestido
[moro.
Dadme esa mano, ¡oh primo! porque 10
[en uno
estas dos que imagino sin iguales,
no siento yo que habrá valor alguno
que de su puerta llegue a los umbrales.
Vuelve Galalón con el emperador Carlomagno. 15
Emp. ¿Que así comenzó a hablar el
[importuno,
y descubrió en el modo indicios tales,
que presto de la lengua desmandada
pasaría la cólera a la espada? 20
Gal. No los pongas en paz, porque es
[prudencia,
y en materia de estado esto se advierte,
tener a tales dos en diferencia,
que son ministros de tu vida y muerte: 25
que habiendo entre dos grandes
[competencia,
y entre dos consejeros, de tal suerte
el uno y otro a sus contrarios temen,
que es fuerza que en virtud ambos se 30
[extremen,
DE LA CASA De LOS CELOS p. 139
por temor de las ciertas parlerías
que te podrá decir aquél de aquéste;
y no desprecies las razones mías,
si no quieres que caro no te cueste.
Emp. No están de aquel talante que decías. 5
Di: ¿Roldán no es aquél? ¿Reinaldos
[éste?
En paz están, y asidos de la mano.
Gal. Señores, ¿no habéis visto a Carlomano?
Rol. ¡Oh grande emperador! 10
Emp. ¡Oh amados primos!
¿Habéis tenido algún enojo acaso?
Rol. Sin padrinos, los dos nos avenimos
cuando torcemos de amistad el paso.
Muchas veces confieso que reñimos; 15
mas ninguna de veras.
Gal. A hablar paso
Reinaldos y sin cólera, no hiciera
que nuestro emperador aquí viniera;
que yo le traje imaginando, cierto, 20
que estábades los dos ya en gran
[batalla.
Mal. Holgáraste que el uno fuera muerto,
y aun los dos: que este intento en ti se
[halla. 25
Emp. Tu temor ha salido en todo incierto.
De lo que a mí me place, es que la malla
y los aceros de estos dos varones
requieren más honrosas ocasiones.
Rol. Reinaldos, no le tengas ojeriza 30
a Galalón, que a fe que es nuestro
[amigo.
JORNADA PRIMERA p. 140
Mal. ¡Así le viese yo hecho ceniza,
o de la suerte que en mi mente digo!
Este es el soplo que aquel fuego atiza
y enciende, por quien siempre es
[enemigo 5
nuestro buen rey de nuestro buen
[linaje.
Rei. ¡Cuán sin aliento viene aqueste paje!
Paje. Señor, si quieres ver una ventura
que en la vida se ha visto semejante, 10
ponte a ese corredor, que te aseguro
que es aventicio hermoso y elegante.
Rei. ¡Donoso ha estado el paje!
Paje. Yo lo juro
por vida de mi padre. Trae delante 15
una diosa del cielo dos salvajes
que sirven de escuderos y de pajes;
una que debe ser su bisabuela
viene detrás sobre una mula puesta.
Digo que es cosa de admirar. Mas hela 20
do asoma; ved si viene bien
[compuesta.
Mal. ¿Si viene con mixtura de cautela
tan grande novedad?
Emp. Poco te cuesta 25
saberlo, si tu libro traes a mano.
Mal. Aquí le tengo, y el saberlo es llano.
Apártase Malgesí a un lado del teatro, saca un libro
pequeño, pónese a leer en él, y luego sale una figura
de demonio por lo hueco del teatro y pónese al lado 30
de Malgesí; y han de haber comenzado a entrar por el
patio Angélica la bella sobre un palafrén, embozada
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 141
y la más ricamente vestida que ser pudiere; traen
la rienda dos salvaje[s] vestidos de yedra o de
cáñamo teñido de verde; detrás viene una dueña sobre
una mula con gualdrapa; trae delante de sí un rico
cofrecillo y a una perrilla de falda; en dando una 5
vuelta al patio, la apean los salvajes, y va donde
está el emperador, el cual, como la ve, dice:
Emp. Digo que trae gallarda compostura,
y que es gallardo el traje y peregrino,
y que si llega al brío la hermosura, 10
que pasa de lo humano a lo divino.
Mal. ¿Aventura es aquésta? Es desventura.
Emp. ¿Qué dices, Malgesí?
Mal. No determino
aun bien lo que es. 15
Emp. Pues mira más atento.
Mal. Ya procuro cumplir tu mandamiento.
Emp. Salid a la escalera a recibilla,
y traed a la dama a mi presciencia.
Rei. Cierto que es ésta extraña maravilla. 20
Mal. Cierto que no yerra aquí mi ciencia.
Emp. ¿Qué es eso, Malgesí?
Mal. Darás a oílla
gratos oídos, pero no creencia,
que esta dama que ves... Aún no sé el 25
[resto;
escúchala, que yo lo sabré presto.
Entra en el teatro Angélica con los salvajes y la
dueña, acompañada de Reinaldos, Roldán y Galalón;
viene Angélica embozada. 30
Ang. Prospere el alto cielo,
poderoso señor, tu real estado,
JORNADA PRIMERA p. 142
y seas en el suelo
por uno y otro siglo prolongado
de tan rara ventura,
que del tiempo mudable esté segura.
Puesto que tu presencia 5
de un sí cortés me tiene asegurada,
no osaré sin licencia
decirte, ¡oh gran señor!, una embajada
que aumentará la fama
que a tanto prez y a tanto honor te 10
[llama.
Emp. Decid lo que os pluguiere.
Ang. Hizo verdad tu sí mi pensamiento.
Presta a lo que dijere,
sagrado emperador, oído atento, 15
y préstenmele aquéllos
a quien la gola señaló sus cuellos.
Soy única heredera
del gran rey Galafrón, cuyo ancho
[imperio 20
de este mar la ribera,
ni aun casi la mitad del hemisferio,
sus límites describe,
que en otros mares y otros cielos vive.
A su grandeza iguala 25
su saber, en el cual tuvo noticia
ser mi ventura mala,
si así como el estado real codicia,
a varón me entregase
que en sangre y en grandeza me 30
[igualase.
Halló por cierto y llano
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 143
que el que venciese en singular
[batalla
a un mi pequeño hermano
que viste honrosa, aunque temprana
[malla, 5
éste, cierto, sería
bien de su reino y la ventura mía.
Por provincias diversas
he venido con él, donde he tenido,
ya prósperas, ya adversas 10
venturas, y a la fin me he conducido
a este reino de Francia,
donde tengo por cierta mi ganancia.
De Ardenia en las umbrosas
selvas queda mi hermano, allí 15
[esperando
quien, ya por codiciosas
prendas, o esta belleza deseando,
Desembózase.
su fuerte brazo pruebe; 20
y es lo que he de decir lo que hacer
[debe.
Quien fuere derribado
del golpe de la lanza, ha de ser preso,
porque le está vedado 25
poner mano a la espada; y es expreso
del rey este mandato,
o, por mejor decir, concierto y pacto.
Y si tocare el suelo
mi hermano, quedará quien le venciere 30
levantado a mi cielo,
JORNADA PRIMERA p. 144
o noble sea, o sea el que se fuere,
y no de otra manera.
Mal. ¡Qué bien que lo relata la hechicera!
Ang. Ea, pues, caballeros;
quien reinos apetece y gentileza, 5
aprestad los aceros,
que a poco precio venden la belleza
que veis; venid en vuelo.
Rol. ¡Por Dios, que encanta!
Rei. Admira, ¡vive el cielo! 10
Ang. Ya te he dicho mi intento;
conviéneme que dé la vuelta luego.
Entrase la sombra.
Emp. Deteneos un momento,
si es que puede con vos mi mando o 15
[ruego,
porque seáis servida
según vuestra grandeza conocida.
Ang. Lo imposible me pides;
dame licencia y queda en paz. 20
Emp. Pues veo
que a tu gusto te mides,
en buen hora te vuelve, y el deseo
de servirte recibe.
Mal. ¡El mismo engaño en esta falsa vive! 25
Vase Angélica y su compañía.
Rei. ¿Para qué vas tras ella,
Roldán?
Rol. Son excusadas tus demandas.
Rei. Yo solo he de ir con ella. 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 145
Rol. ¡Qué impertinente y qué soberbio
[andas!
Rei. ¡Detente, no la sigas!
Rol. Reinaldos, bueno está; no me persigas.
Mal. Detenlos, no los dejes; 5
haz, señor, que se prenda aquella maga.
Rei. Como de aquí te alejes,
daréte de tu intento justa paga.
Emp. ¿Qué desvergüenza es ésta?
Mal. Manda prender aquella deshonesta, 10
que será, a lo que veo,
la ruina de Francia en cierto modo.
Rol. Cumpliré mi deseo
a tu pesar, y aun al del mundo todo.
Rei. Camina, pues, y guarte. 15
Emp. Acaba, Malgesí, de declararte.
Mal. Esta que has visto es hija
del Galafrón, cual dijo; mas su intento,
que el cielo le corrija,
es diferente del fingido cuento, 20
porque su padre ordena
tener tus doce Pares en cadena,
y, si los prende, piensa
venir sobre tu reino y conquistarle;
y trázase esta ofensa 25
con enviar su hijo y adornarle
con una hermosa lanza,
con que de todos la victoria alcanza.
La lanza es encantada,
y tiene tal virtud, que, aquel que toca, 30
le atierra, y es dorada;
por eso pide aquella infame y loca
JORNADA PRIMERA p. 146
que la espada no prueben
los que a la empresa con valor se
[atreven.
Por añagaza pone
aquella incomparable hermosura, 5
que el corazón dispone
aun de la más cobarde criatura
para que el hecho intente,
do, aunque se pierda, nunca se
[arrepiente. 10
Serán tus doce Pares
presos si no lo estorbas, señor mío,
y otros muchos millares
de los tuyos que tienen fuerza y brío
para mayores cosas. 15
Emp. Las que has contado son bien
[espantosas;
mas no sé remediarlas,
y es porque no las creo. A ti te queda
creerlas y estorbarlas. 20
Mal. Haré cuanto mi industria y ciencia
[pueda.
Gal. No son muy verdaderos,
a decirte verdad, tus consejeros.
Entrase el emperador y Galalón. 25
Mal. Mi hermano va enojado
con Roldán; estorbar quiero su daño.
En laberinto he entrado
que apenas saldré de él. ¡Oh ciego engaño,
oh fuerza poderosa 30
de la mujer que es, sobre falsa, hermosa!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 147
Entrase Malgesí, y entra Bernardo del Carpio armado,
y tráele la celada un vizcaíno, su escudero, con
botas y fieltro, y su espada.
Ber. Aquí, fuera de camino,
podré reposar un poco. 5
Viz. Señor sabio, que estás loco,
tino vuelves desatino.
Vizcaíno que escudero
llevas contigo, te avisa
camines no tanta prisa, 10
paso lleves de arriero.
Tierra buscas, tierra dejas,
tanta parece hazaña,
pues, metiendo en tierra extraña,
por Dios, de propia te alejas. 15
Bien que en España hay que hacer,
moros tienes en fronteras,
tambores, pitos, banderas
hay allá, ya puedes ver.
Ber. ¿Ya no te he dicho el intento 20
que a esta tierra me ha traído?
Viz. Curioso mucho atrevido
goza nunca pensamiento.
Bien podrás, bien podrás
dejar mala tanto hazaña; 25
a las de guerra y España
llama.
Ber. Ya te entiendo, Blas.
Viz. Bien es que sepas de yo
buenos que consejos doy; 30
que, por Juan Gaicoa, soy
vizcaíno, burro no.
JORNADA PRIMERA p. 148
Señor, mira, si es que ver
poder quieres del francés,
camino aqueste no es
derecho; puedes volver.
Ber. Dicen que estas selvas son 5
donde se hallan de contino,
por cualquier senda o camino,
venturas de admiración,
y que en la mitad o al fin,
o al principio o no sé dónde, 10
entre unos bosques se esconde
el gran padrón de Merlín,
aquel grande encantador,
que fue su padre el demonio.
Viz. Echado está testimonio, 15
y levántanle, señor.
Ber. Hele de buscar y hallar,
si mil veces rodease
estas selvas.
Viz. Tiempo vase; 20
duerme, o vuelve a caminar.
Ber. Vuelve, y ve si Ferraguto
viene, que se quedó atrás,
y a do quedo le dirás.
Viz. Escudero siempre puto. 25
Ber. Dura y detestable guerra,
por sólo aquesto eres buena:
que en pluma vuelves la arena,
y en blanda cama la tierra.
Tú ofreces, doquier que estás, 30
anchos y extendidos lechos,
si no es que hay campos estrechos
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 149
por donde los pasos das.
Eres un cierto beleño,
que, entre cuidados y enojos,
ofreces siempre a los ojos
blando, aunque forzoso sueño. 5
Eres de su calidad,
según muestra la experiencia,
madre de la diligencia,
madrastra de ociosidad.
Venid acá vos, cimera, 10
rica y extremada pieza,
y, pues sois de la cabeza,
servidme de cabecera,
que ya el sueño de rondón
va ocupando mis sentidos. 15
¡Bien dicen que los dormidos
imagen de muerte son!
Echase a dormir Bernardo junto al padrón de Merlín,
que ha de ser un mármol jaspeado que se pueda
abrir y cerrar, y a este instante parece encima de 20
la montaña el mancebo Argalia, hermano de Angélica
la bella, armado y con una lanza dorada.
Arg. Mucha tierra se descubre
de encima de esta montaña:
de aquesta parte es campaña, 25
de estotra el bosque la cubre;
allí el camino blanquea,
y hasta Paris va derecho.
¡Si mi hermana hubiese hecho
el gran caso que desea! 30
Mas, si no me miente acaso
JORNADA PRIMERA p. 150
la vista, aquélla es, sin duda,
que el camino trueca y muda,
y hacia aquí endereza el paso.
Los palafrenes envía
por el camino real. 5
En cuanto hace, no hace mal;
recibirla es cortesía.
Entrase Argalia, y sale Angélica con los salvajes
y la dueña.
Ang. Cierto que es ésta la senda, 10
o no acierto bien las señas,
y a la vuelta de estas peñas
sin duda está nuestra tienda.
Dueña. ¿Cuándo, señora, veremos
el fin de nuestros caminos? 15
¿Cuándo de estos desatinos
a buen acuerdo saldremos?
¿Cuándo me veré, ¡ay de mí!,
con mi almohadilla, sentada
en estrado y descansada, 20
como algún tiempo me vi?
¿Cuándo dejaré de andar,
cuando el sol salga o tramonte,
de este monte en aquel monte,
de un lugar a otro lugar? 25
¿Cuándo de mis redomillas
veré los blancos afeites,
las unturas, los aceites,
las adobadas pasillas?
¿Cuándo me daré un buen rato 30
en reposo y sin sospecha?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 151
Que traigo esta cara hecha
una suela de zapato.
Los crudos aires de Francia
me tienen de aqueste modo.
Ang. Calla, que bien se hará todo. 5
Dueña. No te arriendo la ganancia:
que, según yo vi el denuedo
de aquellos dos paladines,
de tus caminos y fines
esperar buen fin no puedo. 10
Ang. No atinas con la verdad;
calla, que mi hermano viene.
Entra Argalia.
Arg. ¡Oh rico archivo, do tiene
sus tesoros la beldad! 15
¿Cómo vienes, y en qué modo
has salido con tu intento?
Ang. Midióse a mi pensamiento
la ventura casi en todo.
Vámonos al pabellón, 20
que allí, despacio y sentada,
contaré de mi embajada
el principio y conclusión
Arg. Bien dices, hermana; ven,
que bien cerca de aquí está. 25
Dueña. La triste que cual yo va,
yo sé que no va muy bien;
que de la madre me aprieta
un gran dolor en verdad.
Todo aquesto es frialdad 30
de este andar a la jineta.
JORNADA PRIMERA p. 152
Entranse todos, sino Bernardo, que aún duerme;
suene música de flautas tristes; despierta Bernardo,
ábrese el padrón, pare una figura de muerto, y dice:
Esp. Valeroso español, cuyo alto intento
de tu patria y amigos te destierra; 5
vuelve a tu amado padre el
[pensamiento,
a quien larga prisión y oscura encierra.
A tal hazaña es gran razón que atento
estés, y no en buscar inútil guerra 10
por tan remotas partes y excusadas,
adonde son las dichas desdichadas.
Tiempo vendrá que del francés
[valiente,
al margen de los montes Pirineos, 15
bajes la altiva y generosa frente,
y goces de honrosísimos trofeos.
Sigue de tu ventura la corriente,
que iguala al gran valor de tus deseos;
verás cómo te sube tu fortuna 20
sobre la faz convexa de la luna.
Por ti tu patria se verá en sosiego,
libre de ajeno mando y señorío;
tú serás agua al encendido fuego
que arde en el pecho que de casto es 25
[frío.
Deja estas selvas, do caminas ciego,
llevado de un curioso desvarío.
Vuelve, vuelve, Bernardo, a do te
[llama 30
un inmortal renombre y clara fama.
De Merlín el espíritu encantado
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 153
soy, que aquí yazgo, en esta selva
[oscura,
del cielo para bien y mal guardado,
aunque en mis males siempre se
[conjura; 5
y no seré de este lugar llevado
a la negra región do el llanto dura,
hasta que crucen estas selvas fieras
muchas y cristianísimas banderas.
Mil cosas se me quedan por contarte, 10
que otra vez te diré, porque ahora
[importa
detrás de aquestas ramas ocultarte,
donde será tu estada breve y corta.
A dos, que cada cual por sí es un Marte, 15
pondrás en paz, o mostrarás que corta
tu espada. Y, sin hablar, haz lo que digo,
y entiende que te soy y seré amigo.
Ciérrase el padrón, éntrase en él Bernardo sin hablar
palabra, y luego sale Reinaldos. 20
Rei. En vano mis pasos muevo,
pues, entre estas flores tantas,
no hay señales de las plantas
que por guía y norte llevo.
Que si aquí hubieran pisado, 25
claro estaba que este suelo
fuera un traslado del cielo,
de varias lumbres pintado.
¿Qué flor tocará la bella
planta a mí tan dulce y cara, 30
que luego no se tornara,
JORNADA PRIMERA p. 154
o ya en sol, o en clara estrella?
Lejos estoy del camino
que a do está mi cielo guía,
pues este suelo no envía,
o luz clara, u olor divino. 5
Mas ya no tendré pereza
en buscar este sol bello,
pues me han de guiar a vello,
ya su luz, ya su belleza.
Pero ¿qué es esto, que el sueño 10
así me acosa y aprieta?
¡Oh fuerza libre, sujeta
a fuerzas de tan vil dueño!
Aquí me habré de acostar,
al pie de este risco yerto, 15
haciendo imagen de un muerto,
pues estoy para expirar.
Recuéstase Reinaldos, pone el escudo por cabecera,
y entra luego Roldán embrazado del suyo.
Rol. ¡Tantas vueltas sin provecho! 20
¿Dónde, ¡oh sol! te tramontaste
después que tu luz dejaste
en lo mejor de mi pecho?
Descúbrete, sol hermoso,
que voy buscando tu lumbre 25
por el llano y por la cumbre,
desalentado y ansioso.
¡Oh Angélica, luz divina
de mi humana ceguedad;
norte cuya claridad 30
a nuevo ser me encamina!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 155
¿Cuándo te verán mis ojos,
o cuándo, si no he de verte,
vendrá la espantosa muerte
a triunfar de mis despojos?
Mas ¿quién es este holgazán, 5
que duerme con tal remanso?
No hay quien no viva en descanso,
sino el mísero Roldán.
¿Qué es esto? Reinaldos es
el que yace aquí dormido. 10
¡Oh primo, al mundo nacido
para grillos de mis pies,
para esposas de mis manos,
para infierno de mis glorias,
para opuesto a mis victorias, 15
para hacer mis triunfos vanos,
para acíbar de mi gusto!
Mas yo haré que no lo seas;
sin que el mundo ni tú veas
que paso el término justo, 20
quitarte quiero la vida.
Mas, ¡ay, Roldán! ¿Cómo es esto?
¿Así os arrojáis tan presto
a ser traidor y homicida?
¿Qué decís, mal pensamiento? 25
¿Decísme que es mi rival
y que consiste en su mal
todo el bien de mi tormento?
Sí decís; mas yo sé, al fin,
que el que es buen enamorado, 30
tiene más de pecho honrado
que de traidor y de ruin.
JORNADA PRIMERA p. 156
Yo fui Roldán sin amor,
y seré Roldán con él,
en todo tiempo fiel,
pues en todo busco honor.
Duerme, pues, primo, en sazón; 5
que arrimo te sea mi escudo;
que, aunque amor vencerme pudo,
no me vence la traición.
El tuyo quiero tomar,
porque adviertas, si despiertas, 10
que amistades que son ciertas
nadie las puede turbar.
Echase Roldán junto a Reinaldos, y pone a su
cabecera el escudo de Reinaldos, y luego despierta
Reinaldos. 15
Rei. ¡Angélica! ¡Oh extraña vista!
¿No es Roldán este que veo,
y el que del bien que deseo
procura hacer la conquista?
El es; pero ¿quién me puso 20
su escudo para mi arrimo?
Tu cortés bondad, ¡oh primo!,
sin duda que esto dispuso.
Bien me pudieras matar,
pues durmiendo me hallaste, 25
por quitar aquel contraste
que en mi vida has de hallar;
empero tu cortesía
más que amor pudo en tu pecho,
por la costumbre que has hecho 30
de hacer actos de hidalguía.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 157
Mas ¿si fue por menosprecio
el dejarme con la vida?
No, por ser cosa sabida
que yo soy hombre de precio,
y tú mismo lo has probado 5
una y otra vez y ciento.
No atino cuál pensamiento
tenga por más acertado:
si me deja de arrogante,
o si fue por amistad; 10
que tal vez la deslealtad
vive en el celoso amante.
¡Oh! Si aquéste me dejase
señero en mi pretensión,
con el alma y corazón 15
vive Dios que le adorase;
pero si no, no imagines,
primo, que por tu bondad
dejará mi voluntad
de seguir sus dulces fines. 20
Y de aquesta intención mía
no me debes de culpar,
porque el amor y el reinar
nunca admiten compañía.
Seguramente a mi lado 25
pudiste echarte a dormir,
pues no se puede herir
un hombre que es encantado;
y así la ocasión quitaste
que tu sueño me ofrecía 30
para usar la cortesía
de que tú conmigo usaste.
JORNADA PRIMERA p. 158
Pero, despierto, veremos
tu intención a dó se inclina,
y si donde yo camina,
pondré medio en sus extremos.
Irá el parentesco afuera, 5
la cortesía a una parte,
si bajase el mismo Marte
a impedirlo de su esfera.
¡Ah, Roldán! ¡Roldán, despierta!
que es gran descuido el que tienes, 10
y más si, por dicha, vienes
donde mi sospecha acierta.
Toma tu escudo, y el mío
me vuelve. ¡Despierta ahora!
[Rol.] ¡Ay Angélica, señora 15
de mi vida y mi albedrío!
¿A dó se esconde tu faz,
que todo mi bien encierra?
Rei. Declarada es nuestra guerra,
y perdida nuestra paz. 20
¡Roldán, acaba, levanta;
destroquemos los escudos!
Rol. ¡Con qué dulces, ciegos nudos
me añudaste la garganta:
la voluntad decir quiero, 25
y el alma que te entregué!
Rei. ¡Si no despiertas, a fe
que te despierte este acero,
y aun te mate, pues me matas,
ahora duermas, ahora veles! 30
Estos intentos crüeles
nacen de entrañas ingratas.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 159
Estoy por dejar de ser
quien soy. ¡Acudid al punto,
respetos, que está difunto
mi acertado proceder!
¡Ansias que me consumís, 5
sospechas que me cansáis,
recelos que me acabáis,
celos que me pervertís!
Roldán despierta.
Rol. Reinaldos, ¿qué quies hacer? 10
Rei. ¡Deshacerme, o deshacerte!
Rol. ¿Quieres, primo, darme muerte?
Rei. Tu vida está en mi querer.
Rol. ¿Cómo en mi querer?
Rei. Dirélo: 15
no más de en querer decirme
si vienes a perseguirme
en la busca de mi cielo;
si es tu venida a buscar
a Angélica. ¿No me entiendes? 20
Rol. ¿De saber lo que pretendes...?
Rei. ¡Acabarte, o acabar!
Rol. ¿Tanto el vivir te embaraza,
que tras tu muerte caminas?
Rei. Profeta falso, adivinas 25
el mal que así te amenaza.
Rol. Contigo las cortesías
siempre fueron por demás.
Rei. Dame mi escudo, y verás
cómo siempre desvarías. 30
Si a París no te vuelves,
JORNADA PRIMERA p. 160
verás también en un punto
tu culpa y castigo junto.
Rol. ¡Fácilmente te resuelves!
Ni a París he de volver,
ni a Angélica he de dejar. 5
Mira qué quieres.
Rei. Cortar
tu insolente proceder.
¡Desharéte entre mis brazos,
aunque seas encantado! 10
Rol. ¡Eres villano atestado,
y quieres luchar a brazos!
Rei. ¡Mientes! ¡Y ven con la espada,
que, aunque seas de diamante,
verás, infame arrogante, 15
mi verdad averiguada!
Vanse a herir con las espadas; salen del hueco del
teatro llamas de fuego, que no los deja llegar.
Rol. Bien sé que anda por aquí,
temeroso de tu muerte, 20
mas no ha de poder valerte,
tu hechicero Malgesí;
que pasaré de Aqueronte
la barca por castigarte.
Rei. Yo pondré por alcanzarte 25
un monte sobre otro monte;
arrojaréme en el fuego,
como ves que aquí lo hago.
Rol. No te deja dar tu pago
tu hermano. 30
Rei. ¡Pues de él reniego!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 161
Dice el espíritu de Merlín:
Esp. Fuerte Bernardo, sal fuera,
y a los dos en paz pondrás.
Sale Bernardo.
Ber. ¡Caballeros, no haya más! 5
¡Guerreros fuertes, afuera!
Rei. ¿Hate el cielo aquí llovido?
¿Qué quieres, o qué nos mandas?
Ber. Son tan justas mis demandas,
que he de ser obedecido. 10
Y es que dejéis la dudosa
lid de tan esquivo trance.
Rei. Tú has echado muy buen lance,
y la demanda es donosa.
¿Eres español, a dicha? 15
Ber. Por dicha, soy español.
Rei. Vete, porque sólo el sol
ha de ver nuestra desdicha:
que no queremos testigos,
más que el sol, en la lid nuestra. 20
Ber. No me he de ir sin que la diestra
os deis de buenos amigos.
Rol. ¡Pesado estás!
Ber. Más pesados
estáis los dos, si advertís. 25
Rei. Español, ¿cómo no os is?
Ber. Por corteses o rogados,
vuestra cuestión, por ahora,
no ha de pasar adelante.
Rol. Yo soy el señor de Aglante. 30
JORNADA PRIMERA p. 162
Rei. Yo, Reinaldos.
Ber. Sea en buen hora;
que ser quien sois, os obliga
a conceder con mi ruego.
Rol. Esa razón no la niego. 5
Rei. Este español me atosiga:
que siempre aquesta nación
fue arrogante y porfiada.
Rol. Señor, pues que no os va nada,
no impidáis nuestra cuestión; 10
dejadnos llevar al fin
nuestro deseo, que es justo.
Ber. Aquése fuera mi gusto,
a serlo así el de Merlín.
Rol. ¡Oh cuerpo de San Dionís, 15
con el español marrano!
Ber. ¡Mientes, infame villano!
Rei. A plomo cayó el mentís.
¡Afuera, Roldán, no más!
Rol. ¡Deja, que me abraso en ira! 20
¿Qué es esto? ¿Quién me retira?
¿El pie de Roldán atrás?
¿Roldán el pie atrás? ¿Qué es esto?
¡Ni huyo, ni me retiro!
Rei. De Merlín es este tiro. 25
Ber. Pues yo haré que huyáis presto.
Vase retirando Roldán hacia atrás, y sube por la
montaña como por fuerza de oculta virtud.
Rei. ¡Por cierto, a gentiles manos
te ha traído tu fortuna! 30
Ber. Manos yo no veo ninguna;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 163
pies sí, ligeros y sanos.
¿Y qué os importa tenellos,
para huir de mi presencia?
Rei. ¡Sin igual es tu insolencia!
Sube Bernardo por la peña arriba, siguiendo a Roldán, 5
y va tras él Reinaldos. Sale Marfisa armada
ricamente; trae por timbre una ave fénix y una águila
blanca pintada en el escudo, y, mirando subir a los
tres de la montaña con las espadas desnudas y que
se acaban de desaparecer, dice: 10
Mar. ¿Si se combaten aquéllos?
Si hacen, ponerlos quiero
en paz, si fuere posible.
¡Oh qué montaña terrible!
Subir por ella no espero. 15
Ni podré a caballo ir,
aunque le vuelva a tomar;
mas, con todo, he de probar
el trabajo del subir.
Bien se queda en la espesura 20
mi caballo hasta que vuelva;
nunca falta en esta selva
o buena o mala ventura.
Sube Marfisa por la montaña, y vuelven a salir al
teatro riñendo Roldán, Bernardo y Reinaldos. 25
Rol. No sé yo cómo sea,
que contra ti no tengo alguna saña,
ni puedo en tal pelea
mover la espada. ¡Cosa es ésta extraña!
Ber. La razón que me ayuda 30
pone tus fuerzas y tu esfuerzo en duda.
JORNADA PRIMERA p. 164
Rei. De Merlín es el hecho,
que no hay razón que valga con su
que, aunque fuera su pecho [encanto;
león en furia y en dureza un canto,
si hechiceros no hubiera, 5
nunca mi primo atrás el pie volviera.
Entra Angélica llorando, y con ella el vizcaíno
escudero de Bernardo.
Viz. ¡Pardiós, echóte al río!
¡Tienes, Granada, bravo Ferraguto! 10
Ang. ¡Ay, triste hermano mío!
Rol. ¿Por qué ese cielo al suelo da tributo
de lágrimas tan bellas,
si el mismo cielo se le debe a ellas?
Ang. Un español ha muerto 15
a mi querido hermano, y es un moro
que no guardó el concierto
debido a la milicia y su decoro,
y arrojóle en un río.
Rol. ¿Quién es el moro? 20
Ber. Es un amigo mío.
Rol. ¿Amigo tuyo? ¡Oh perro;
tú llevarás de su maldad la pena!
Rei. Roldán, no hagas tal yerro;
deja a mí el castigo. 25
Ang. Aquí se ordena
mi muerte, y más desdicha
si de los dos me coge alguno, a dicha.
A esta selva oscura
quiero entregar ya mis ligeras plantas, 30
mi guarda y mi ventura.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 165
Ber. ¿Cómo, Reinaldos, di, no te adelantas
a herirme con tu primo?
Por la honra, la vida en poco estimo.
Sale Marfisa poniendo paz y poniendo mano a la
espada; éntrase huyendo Angélica. 5
Mar. ¿Qué es esto? ¡Afuera, afuera;
afuera, caballeros!; que os lo pide
quien mandarlo pudiera;
que, si no es que mi luz la vista
[impide, 10
mirando esta divisa,
veréis que soy la sin igual Marfisa.
Viz. La puta, la doncella
se es ida.
Rol. ¡Oh nunca vista desventura! 15
Forzoso he de ir tras ella.
Rei. Yo sí; tú no.
Rol. ¡Notable es tu locura!
Rei. No muevas de aquí el paso.
Rol. No hago yo de tus locuras caso. 20
Rei. ¡Por Dios que, si te mueves,
que te haga pedazos al instante!
Rol. ¿Qué? ¿A estorbarme te atreves,
fanfarrón, pordiosero y arrogante?
¿Cómo te estás tan quedo? 25
¡Que no me tenga este cobarde miedo!
Entrase Roldán [y Reinaldos].
Viz. Señor, déjale vaya,
que pues no por allí, que por la senda
quedan arriz, en playa 30
JORNADA PRIMERA p. 166
poned (a la) dama.
Mar. ¿Por qué fue la contienda?
Ber. Por celos sé que ha sido.
Dime: ¿Ferraguto quedó herido?
Viz. Bueno, puto y qué sano. 5
Ber. ¿Con quién tuvo batalla?
Viz. ¿Ya no oíste?
Batalla con hermano
de bella huidora, y pobre, y muerto, y
[triste, 10
de moro enojo, brío
teniendo, dio con él todo en el río,
y queda aquí aguardando
espaldas de montaña.
Mar. Iréte acompañando, 15
que quiero saber más de tu hazaña;
que descubro en ti muestras
que muestran que eres más de lo que
[muestras.
Y advierte que contigo 20
llevas a la sin par sola Marfisa,
que, en señas y testigo
que es única en el mundo, la divisa
trae de aquella ave nueva
que en el fuego la vida se renueva. 25
[Ber.] Haréte compañía,
subas al cielo, o bajes al abismo.
Mar. Tan grande cortesía
no puede parecer sino a ti mismo,
y, usando de este gusto, 30
yo he de seguir el tuyo, que es muy
[justo.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 167
JORNADA SEGUNDA
Sale Lauso, pastor, por una parte de la montaña, con
su guitarra, y Corinto por la otra con otra.
Lau. ¡Ah, Corinto, Corinto!
Cor. ¿Quién me llama? 5
Lau. Lauso, tu amigo.
Cor. ¿Adónde estás?
Lau. ¿No miras?
Cor. Algún árbol te encubre, alguna rama,
o estás en el lugar donde suspiras 10
cuando Clori te muestra el rostro airado,
y en solitaria parte te retiras.
Baja, si quieres, Lauso, al verde prado,
en tanto que de Febo la carrera
declina de esta cumbre al otro lado. 15
Cantaremos de Clori lisonjera,
al pie de un verde sauce o murto
[umbroso,
que pasa el pensamiento en ser ligera.
Lau. Ya abajo; pero no a buscar reposo, 20
sino a cumplir lo que amistad me obliga
y a pasar a la sombra el sol fogoso;
que en tanto que la dulce mi enemiga
se esté fortalecida en su dureza,
no hay mal que huya ni placer que siga. 25
Bajan los dos de la montaña.
Cor. Pesado contrapeso es la pobreza
para volar de amor, ¡oh Lauso!, al cielo,
JORNADA SEGUNDA p. 168
aunque tengas cien alas de firmeza.
No hay amor que se abata ya al señuelo
de un ingenio sutil, de un tierno pecho,
de un raro proceder, de un casto celo.
Granjería común amor se ha hecho, 5
y de él hay feria franca dondequiera,
do cada cual atiende a su provecho.
Lau. ¡Oh Clori, para mí serpiente fiera,
por mi estrecheza, aunque paloma
[mansa, 10
para un alma de piedra verdadera!
¿Que es posible, crüel, que no te cansa
de Rústico el ingenio, que es de robre,
y que el tuyo estimado en él descansa?
Cor. Vuélvese el oro más cendrado en cobre, 15
y el ingenio más claro en tonta ciencia,
si le toca o le tiene el hombre pobre;
y de esto es buen testigo la experiencia.
Pero escucha, que cantan en la sierra,
y aun es la voz bien para darle audiencia. 20
Canta Clori en la montaña, y sale cogiendo flores.
[Clo.] Derramasteis el agua, la niña,
y no dijisteis: «¡Agua va!»
La justicia os prenderá.
Lau. De aquella que el placer de mí destierra 25
es el süave y regalado acento,
y aun quien sus gustos el amor
[encierra.
Cor. Escuchémosla, pues.
Lau. Ya estoy atento. 30
Clo. Derramásteisla a deshora,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 169
y fue con tan poca cuenta,
que mojasteis con afrenta
al que os sirve y os adora.
Pero, llegada la hora
donde el daño se sabrá, 5
la justicia os prenderá.
Lau. Bien es que la ayudemos;
acuerda con el mío tu instrumento.
Cor. Yo creo que está bien; mas ¿qué
[diremos? 10
Lau. Su mismo villancico trastrocado,
cual tú sabrás hacer.
Cor. Los dos le haremos.
Canta Corinto:
Cor. Cautivásteisme el alma, la niña, 15
y tenéisla siempre allá;
el amor me vengará.
Vuestros ojos salteadores,
sin ser de nadie impedidos,
se entraron por mis sentidos, 20
y se hicieron salteadores;
lleváronme los mejores,
y tenéislos siempre allá;
el amor me vengará.
Lau. Así, Clori gentil, te ofrezca el prado, 25
en mitad del invierno, flores bellas,
y cuando el campo esté más agostado,
y que siempre te halles al cogellas
con el júbilo alegre que nos muestra
la voz con que se ahuyentan mis 30
[querellas:
JORNADA SEGUNDA p. 170
que esa rara beldad, que nos adiestra
a conocer al Hacedor del cielo,
en este sitio haga alegre muestra.
Volverás paraíso aqueste suelo,
y este calor que nos abrasa ardiente, 5
en aura blanda y regalado hielo.
Clo. Porque no es tu demanda impertinente,
cual otras veces suele, haré tu gusto,
que es en todo del mío diferente.
Cor. Dime, Clori gentil: ¿dó está el robusto, 10
el bronce, el roble, el mármol, leño o
[tronco
que así a tu gusto le ha venido al justo?
Por aquel, digo, desarmado y bronco,
calzado de la frente y de pies ancho, 15
corto de zancas y de pecho ronco,
cuyo dios es el extendido pancho,
y a do tiene la crápula su estancia,
él tiene siempre su manida y rancho.
Clo. Con él tengo, Corinto, más ganancia 20
que contigo, con Lauso y con Riselo,
que vendéis discreción con arrogancia.
Rústica el alma, y rústico es el velo
que al alma cubre, y Rústico es el
[nombre 25
del pastor que me tiene por su cielo.
Mas, por rústico que es, en fin es
[hombre
que de sus manos llueve plata y oro,
Júpiter nuevo, y con mejor renombre. 30
El guarda de mis gustos el decoro,
ora le envíe al blanco Cita frío,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 171
o al tostado engañoso libio moro.
Tiene por justa ley el gusto mío,
y el levantado cuello humilde
[indigna
al yugo que le pone mi albedrío. 5
No tiene el rico Oriente otra tal mina
como es la que yo saco de sus manos,
ora crüel me muestre, ora benigna.
Quédense los pastores cortesanos
con la melifluidad de sus razones 10
y dichos, aunque agudos, siempre
[vanos.
No se sustenta el cuerpo de
[intenciones,
ni de conceptos trasnochados hace 15
sus muchas y forzosas provisiones.
El rústico, si es rico, satisface
aun a los ojos del entendimiento,
y el más sabio, si es pobre, en nada
[aplace. 20
Dirán Corinto y Lauso que yo miento,
y muestra la experiencia lo contrario,
y Rústico lo sabe, y yo lo siento.
Lau. Es gusto de mujeres ordinario,
en lo que es opinión, tener la parte 25
que más descubra ser su ingenio vario.
Quisiera de ese error, Clori, sacarte;
mas ya estás pertinaz en tu locura,
y en vano será ahora predicarte.
Cor. Así, pastora, goces tu hermosura, 30
que me dejes hacer una experiencia;
quizá te hará volver a tu locura.
JORNADA SEGUNDA p. 172
Verás, pastora, al vivo la inocencia
de Rústico el pastor, por quien nos
[dejas.
Clo. ¿Para qué es el pedirme a mí licencia?
Lau. Paréceme que llega a mis orejas 5
de Rústico la voz.
Cor. El es, sin duda,
que a sestear recoge sus ovejas.
Rústico parece por la montaña.
Rús. Mirad si se cayó en aquella azuda 10
una oveja, pastores; corred luego,
y cada cual a su remedio acuda.
Dejad mal hora del herrón el
[juego.
Aguija, Coridón. ¡Oh, cómo corre! 15
¡Quién quitara a Damón de su sosiego!
Llegó; ya se arrojó; ya la socorre,
y la saca en los brazos medio muerta,
y parece que un río de ambos corre.
Esta noche, tú, hola, está alerta, 20
no venga, como hizo en la pasada,
el lobo que la cabra dejó muerta.
Tú acudirás, Cloanto, a la majada
del valle de la Enceña, y darás orden
que estén todos aquí de madrugada. 25
¡Oh Compo! Tú harás que se concorden
en el pasto Corbato con Francenio,
que me da pesadumbre su desorden.
Clo. ¡Mirad si tiene Rústico el ingenio
para mandar acomodado y presto! 30
Rús. Tú acude a las colmenas, buen Partenio.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 173
Llévese de las vacas todo el resto
al padrón de Merlín, y de las cabras
al monte o soto de ciprés funesto.
Clo. ¿Parécenos de pobre las palabras
que dice? 5
Cor. Pues aquí en esta espesura,
te has de esconder, y mira que no abras
la boca, porque importa a la aventura
que queremos probar de nuestro
[intento, 10
por ver si es suya o nuestra la locura.
Clo. Yo enmudezco y me escondo, y vuestro
[cuento
sea, si puede ser, breve y ligero;
que, si es pesado y grande, da tormento. 15
Escóndese Clori.
Lau. Corinto, ¿qué has de hacer?
Cor. Estáme atento.
Rústico amigo, al llano abaja; aguija,
que es cosa que te importa; corre, 20
[corre.
Rús. Ya voy, Corinto amigo; espera, espera
mientras que cuento un centenar de
[bueyes,
y tres hatos de ovejas, y otros cinco 25
de cabras desde encima de este pico
do estoy sentado. ¿No me ves?
Cor. ¡Acaba!
¿Haces burla de mí?
Rús. Por Dios, no hago; 30
mas yo lo dejo todo por servirte.
JORNADA SEGUNDA p. 174
Vesme aquí. ¿Qué me mandas?
Cor. Que me ayudes
a alcanzar de este ramo un papagayo
que viene del camino de las Indias,
y esta noche hizo venta en aquel 5
[hueco
de este árbol, y alcanzarle me conviene.
Rús. ¿Qué llamas papagayo? ¿Es un
[pintado,
que al barquero da voces y a la barca, 10
y se llama real por fantasía?
Cor. De esa ralea es éste; pero entiendo
que es bachiller y sabe muchas lenguas,
principal la que llaman bergamasca.
Rús. ¿Pues qué se ha de hacer para 15
[alcanzarle?
Cor. Conviene que te pongas de esta suerte.
Daca este brazo, y lígale tú, Lauso,
y átale bien, que yo le ataré esotro.
Rús. ¿Pues yo no estaré quedo sin atarme? 20
Cor. Si te meneas, espantarse ha el pájaro;
y así, conviene que aun los pies te
[atemos.
Rús. Atad cuanto quisiéredes; que, a trueco
de tener esa joya entre mis manos, 25
para que luego esté en las de mi Clori,
dejaré que me atéis dentro de un saco.
Ya bien atado estoy. ¿Qué falta ahora?
Cor. Que yo me suba encima de tus hombros,
y que Lauso, pasito y con silencio, 30
me ayude a levantar las verdes hojas
que cubren, según pienso, el dulce nido.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 175
Rús. Sube, pues. ¿A qué esperas?
Cor. Ten paciencia;
que no soy tan pesado como piensas.
Rús. ¡Vive Dios, que me brumas las costillas!
¿Has llegado a la cumbre? 5
Cor. Ya estoy cerca.
Rús. Avisa a Lauso que las ramas mueva
pasito, no se vaya el pajarote.
Lau. No se nos puede ir, que ya le he visto.
Rús. Pregúntale, Corinto, lo que suelen 10
preguntar a los otros papagayos,
por ver si entiende bien nuestro
[lenguaje.
Cor. ¿Cómo estás, loro, di? ¿Cómo?
[Cautivo. 15
Rús. ¡Hi de puta, qué pieza! Di otra cosa.
Cor. ¡Daca la barca, hao; daca la barca!
Rús. Y aqueso, ¿quién lo dijo?
Cor. El papagayo.
Rús. ¡Oh Clori, qué presente que te hago! 20
Cor. ¡Clori, Clori, Clori, Clori, Clori!
Rús. ¿Es todavía el papagayo aquése?
Cor. ¿Pues quién había de ser?
Rús. ¿Hasle ya asido?
Cor. Dentro en mi caperuza está ya preso. 25
Rús. Desciende, pues, y véndemele, amigo,
que te daré por él cuatro novillos
que aun no ha llegado el yugo a sus
[cervices,
no más de porque de él mi Clori goce. 30
Lau. No se dará por treinta mil florines.
Rús. ¡Ah, por amor de Dios! Yo daré ciento.
JORNADA SEGUNDA p. 176
Desatadme de aquí, porque a mi gusto
le vea y le contemple.
Cor. Es ceremonia
que en semejantes cazas suele usarse,
que tan sola una mano se desate 5
del que las dos tuviere y pies atados;
con ésta suelta, puedes blandamente
alzar mi caperuza venturosa,
que tal tesoro encubre. Despabila
los ojos para ver belleza tanta. 10
Pasito, no le ahajes. Mas espera,
que está la mano sucia; con saliva
te la puedes limpiar.
Rús. Ya está bien limpia.
Cor. Ahora sí. ¡Dichoso aquel que llega 15
a descubrir tan codiciosa prenda!
Rús. ¡Donosa está la burla! Di, Corinto:
¿es ése el papagayo?
Cor. Este es el pico.
las alas éstas, éstas las orejas 20
del asno de mi Rústico y amigo.
Rús. ¡Desátenme, que a fe que yo me vengue!
Sale Clori.
Clo. ¡Ah simple, ah simple!
Rús. ¿Y haslo visto, Clori? 25
Por ti la burla siento, y no por otrie.
Clo. Calla, que para aquello que me sirves,
más sabes que trescientos Salomones.
Di que se vista Lauso de esta burla,
o que compre Corinto algún tributo, 30
o me envíe mañana una patena
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 177
y unos ricos corales, como espero
que podrás y querrás, con tu simpleza,
enviármelos luego.
Rús. ¿Y cómo, Clori?
Y aun dos sartas de perlas 5
[hermosísimas.
Clo. ¿Compárase con esto algún soneto,
Lauso? Y dime, Corinto: ¿habrá sonada,
aunque se cante a tres ni aun a
[trescientos, 10
que a la patena y sartas se compare?
Lau. Eres mujer, y sigues tu costumbre.
Clo. Sigo lo que es razón.
Lau. Será milagro
hallarla en las mujeres. 15
Clo. ¿Qué razones
puede decir la lengua que se mueve
guiada del desdén y de los celos?
Tú eres la causa.
Entra Angélica alborotada. 20
Ang. ¡Socorredme, cielos,
si en vuestros pechos mora
misericordia alguna!
Hermosa y agradable compañía:
en mí os ofrece ahora 25
el cielo y la fortuna,
sujeto igual a vuestra cortesía;
que, la desdicha mía
sabida, me asegura
que podrá enterneceros 30
y al remedio moveros,
JORNADA SEGUNDA p. 178
si es que le tiene tanta desventura.
Clo. Señora, di qué tienes.
Ang. Sin tasa males, y ningunos bienes.
Pero no estoy en tiempo
en que pueda contaros 5
de mi dolor la parte más pequeña,
ni vuestro pasatiempo
será bien estorbaros
contando el mal que ablandará esta
[peña. 10
¿No hay por aquí una breña
donde me esconda, amigos?
Lau. ¿Luego quies esconderte?
¿Quién podrá aquí ofenderte?
Ang. Persíguenme dos bravos enemigos. 15
Cor. ¿No somos tres nosotros?
Ang. Ni aun a tres mil no temerán los otros.
Llevadme a vuestras chozas,
mudadme este vestido;
amigos, escondedme. 20
Lau. No te espantes.
¿Para qué te alborozas,
si has a parte venido
do se estiman en poco los gigantes?
Montalbanes y Aglantes 25
se tienen aquí en nada;
porque, ¡por Dios!, si quiero,
que los compre a dinero.
Ang. ¡Hoy acaba mi vida su jornada!
Cor. ¿Quieres que te escondamos? 30
Rús. ¿Dice que sí?
Lau. ¿Pues, ¡sus!, ¿en qué tardamos?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 179
Ven; mudarás de traje
y de lugar y todo.
Ang. De mis contrarios casi veo la sombra.
Cor. Parece de linaje,
y su habla y su modo 5
a mí me admira.
Rús. Pues a mí me asombra.
Entrase Angélica y Lauso.
¿Sabéis cómo se nombra?
Cor. ¿Pues cómo he de sabello? 10
Rús. Busca algún nuevo ensayo.
Cor. Buscaré un papagayo
que me lo diga.
Clo. Ganarás en ello.
Cor. Ganarás tú patenas. 15
Clo. Siempre tus burlas para mí son buenas.
Entranse todos, y sale Reinaldos.
Rei. ¿Eres Dafne, por ventura,
que de Apolo va huyendo,
o eres Juno, que procura 20
librarse del monstruo horrendo
cerrada en la nube oscura?
¡Oh selvas de encantos llenas,
do jamás se ha visto apenas
cosa en su ser verdadero; 25
contar de vosotras quiero
aun las menudas arenas!
Quizá esta fiera homicida,
que cual sombra desparece
porque padezca mi vida, 30
JORNADA SEGUNDA p. 180
adonde menos se ofrece
la tendrá amor escondida.
De nuevo vuelvan mis plantas
a buscar entre estas plantas
a la bella fugitiva. 5
¡Dura ocasión, que yo viva
muriendo de muertes tantas!
Crujidos de cadenas, ayes y suspiros dentro.
¡Válgame Dios! ¿Qué ruido
es este que suena extraño? 10
¿Estoy despierto, o dormido?
¿Engáñome, o no me engaño?
Otra vez llega al oído.
De entre estas hojas entiendo
que sale el horrible estruendo. 15
Mas, ¡ay! ¿qué boca espantosa,
terrible y extraña cosa,
es aquesta que estoy viendo?
Mientras más vomitas llamas,
boca horrenda o cueva oscura, 20
más me incitas y me inflamas.
A ver si en esta aventura
para algún buen fin me llamas.
Descúbrese la boca de la sierpe.
Acógeme allá en tu centro, 25
porque por tus fuegos entro
a tu estómago de azufre.
Malgesí, vestido como diré, sale por la boca
de la sierpe.
Mal. ¿Adónde aquesto se sufre? 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 181
Rei. ¡Este sí que es mal encuentro!
¿Quién eres?
Mal. Soy el Horror,
portero de aquesta puerta,
adonde vive el temor 5
y la sospecha más cierta
que engendra el cielo de amor.
Soy ministro de los duelos,
embajador de los celos,
que habitan en esta cueva. 10
Rei. Pues adonde están me lleva.
Mal. Espera, y avisarélos.
Mas primero has de mirar
las guardas que puestas tiene
en este triste lugar, 15
y esto es lo que te conviene.
Rei. Comiénzalas a mostrar;
que, aunque me muestras cifrados
en ellas los condenados
rostros que encierra el abismo, 20
seré en este trance el mismo
que he sido en los regalados.
Suena dentro música triste, como la pasada del
padrón; sale el Temor vestido como diré, con una
tunicela parda, ceñida con culebras. 25
Mal. Esta figura que ves
es el Temor sospechoso,
que engendra ajeno interés,
impertinente curioso,
que mira siempre al través; 30
y así, el mezquino se admira
JORNADA SEGUNDA p. 182
de cada cosa que mira,
ora sea mala o buena;
la verdad le causa pena,
y tiembla con la mentira.
Sale la Sospecha con una tunicela de varias colores. 5
Esta es la infame Sospecha,
de los celos muy parienta,
toda de contrarios hecha,
siempre de saber sedienta
lo que menos le aprovecha. 10
Aquí nace, y muere allí,
y torna a nacer aquí;
tiene mil padres a un punto,
éste vivo, aquél difunto,
y ella vive y muere así. 15
Sale Curiosidad.
La vana Curiosidad
es esta que ves presente,
hija de la Liviandad,
con cien ojos en la frente, 20
y los más con ceguedad.
Es en todo entremetida,
y susténtale la vida
estar continuo despierta,
y hace la guarda a una puerta 25
de mi difícil salida.
Con una soga a la garganta y una daga desenvainada
en la mano, sale la Desesperación como diré.
Es la Desesperación
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 183
esta espantosa figura,
sobre todas cuantas son,
y, aunque es mala su hechura,
es peor su condición.
Esta sigue las pisadas 5
de los celos desdichadas,
y anda tan junto con ellos,
que desde aquí puedes vellos,
si cesan las llamaradas.
Suena la música triste, y salen los Celos como diré, 10
con una tunicela azul, pintada en ella sierpes y
lagartos, con una cabellera blanca, negra y azul.
Mas veslos salen; advierte
que cuanto con ellos miras,
amenazan triste suerte, 15
ciertos y luengos pesares,
y al fin desdichada muerte.
Todos sus secuaces son,
puestos en comparación,
de sus males una sombra, 20
que, puesto que nos asombra,
no desmaya al corazón.
Toca su mano, y verás
en el estado que quedas,
diferente del que estás, 25
y tal quedes, que no puedas
ni quieras ya querer más.
Tocan los Celos la mano a Reinaldos.
Rei. ¡Celos, que se (me) abrasa el pecho
y se cela! ¡En duro estrecho 30
me pone el señor de Aglante!
JORNADA SEGUNDA p. 184
¡Celos, quitáosme delante;
basta el mal que me habéis hecho!
Mal. ¿Cómo que con la invención
de quien yo tanto fie
no se cela el corazón 5
de mi primo? Yo no sé
la causa ni la razón.
Dice de dentro Merlín:
[Mer.] Malgesí, ¡cuán poco sabes!
Mas yo haré que no te alabes 10
de tu invención, aunque extraña.
Pártete de esta montaña,
antes que la vida acabes.
Mal. Ya te conozco, Merlín;
pero yo veré si puedo 15
ver de mi deseo el fin,
porque no me pone miedo
de esa tu voz el retín.
Mer. A tu primo entre esa yerba
pondrás, que a mí se reserva 20
y a mi fuente su salud;
que hasta ahora su virtud
el cielo en ella conserva.
Mal. Volveos por do venistes,
figuras feas y tristes, 25
que mi primo quedará
adonde esperar podrá
el remedio que no distes.
Entranse las sombras.
Y yo, en tanto, buscaré 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 185
medio para remediarle,
y creo que lo hallaré.
Desvía de allí a Reinaldos.
Mer. Calla, y procura dejarle,
Malgesí. 5
Mal. Así lo haré.
Entrase Malgesí.
Parece a este instante el carro [de fuego, tirado]
de los leones de la montaña, y en él la diosa
Venus. 10
Ven. De Adonis la compañía
dejo casi de mi grado,
por seguir la fantasía
de este espíritu encantado,
que en apremiarme porfía. 15
Espérame hasta que vuelva,
mi Adonis, y amor resuelva
tu brío, que no le alabo;
mira que es el puerco bravo
de la Calidonia selva. 20
Pero ¿qué puedo hacer
sin mi hijo en este trance,
donde tanto es menester?
Merlín ha errado este lance:
que a veces yerra el saber. 25
Mas yo le quiero llamar,
que a las veces suele estar
mezclado entre los pastores,
y entonces son los amores
para mirar y admirar. 30
JORNADA SEGUNDA p. 186
Hijo mío, ¿dónde estáis?
Si acaso la voz oís,
y como a madre me amáis,
decid: ¿cómo no venís?
Que si venís, ya tardáis. 5
Mas los músicos acentos
que van rompiendo los vientos
su venida manifiestan.
¡Oh hijo, y cuánto que cuestan
aun tus fingidos contentos! 10
Suena música de chirimías; sale la nube, y en ella el
dios Cupido, vestido, y con alas, flecha y arco
desarmado.
Am. ¿Qué quieres, madre querida,
que con tal prisa me llamas? 15
Ven. Está en peligro una vida,
ardiendo en tus vivas llamas,
y en un hielo consumida.
Los celos, que en opinión
están que tus hijos son, 20
ciego y simple desvarío,
le tienen el pecho frío,
y abrasado el corazón.
Conviene que te resuelvas
en su bien, y que le vuelvas 25
en su antigua libertad.
Am. Remedio a su enfermedad
ha de hallar en estas selvas.
Por tiempo hallará una fuente,
cuyo corriente templado 30
apaga mi fuego ardiente,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 187
y mi pena enamorada
vuelve en desdén insolente.
Beberá Reinaldos de ella,
y de Angélica la bella
la hermosura que así quiere, 5
si ahora por verla muere,
ha de morir por no verla.
Levanta, guerrero invicto,
y tiende otra vez el paso
cerca de aqueste distrito, 10
que en él hallarás acaso
medio a su mal infinito.
Aunque has de pasar primero
trances que callarlos quiero,
pues decirlos no conviene. 15
Rei. Aquel que celos no tiene,
no tiene amor verdadero.
Entrase Reinaldos.
Ven. Ya aqueste negocio es hecho.
¿No me dirás, hijo amado, 20
si es invención de provecho
andar en traje no usado,
y el arco roto y deshecho?
¿Quién te le rompió? ¿Y quién pudo
cubrir tu cuerpo desnudo, 25
que su libertad mostraba?
¿Quién te ha quitado el aljaba
y la venda? Di; ¿estás mudo?
Am. Has de saber, madre mía,
que en la corte donde he estado 30
no hay amor sin granjería,
JORNADA SEGUNDA p. 188
y el interés se ha usurpado
mi reino y mi monarquía.
Yo, viendo que mi poder
poco me podía valer,
usé de astucia, y vestíme, 5
y con él entremetíme,
y todo fue menester.
Quité a mis alas el pelo,
y en su lugar me dispuse
a volar con terciopelo, 10
y, al instante que lo puse,
sentí aligerar mi vuelo.
Del carcaj hice bolsón,
y del dorado arpón
de cada flecha un escudo, 15
y con esto, y no ir desnudo,
alcancé mi pretensión.
Hallé entradas en los pechos
que a la vista parecían
de acero o de mármol hechos; 20
pero luego se rendían
al golpe de mis provechos.
No valen en nuestros días
las antiguas bizarrías
de Heros ni de Leandros, 25
y valen dos Alejandros
más que doscientos Macías.
Entra Rústico.
Rús. Lauso, acude; y tú, Corinto,
acude, que, a lo que creo, 30
otro papagayo veo,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 189
o si no, pájaro pinto.
Acude, Clori, y verás
la verdad de lo que digo;
y trae a esotra contigo,
y más, si quisieres más. 5
Am. Yo sé bien que estos pastores
nos han de dar un buen rato.
Entra Lauso, Corinto y Clori, y Angélica como pastora.
Lau. ¿Tú no miras, insensato,
que aquél es el dios de amor[es]? 10
Rús. Como con alas le vi,
entendí que era alcotán.
Cor. ¡Quítate de aquí pausán!
Rús. ¿Pues yo qué te hago aquí?
Cor. No te me pongas delante, 15
que quiero hacer reverencia
a este niño.
Rús. ¡Qué inocencia!
¿Niño es éste?
Cor. Y es gigante. 20
Rús. Niñazo le llamo yo,
pues ya le apunta el bigote.
No os burléis con el cogote.
¡Mal haya quien me vistió!
Am. No quiero que me hagáis, 25
buena gente, sacrificio,
y téngoos en gran servicio
la voluntad que mostráis,
y en pago quiero deciros
la ventura que os espera. 30
Ven. Harás, hijo, de manera
JORNADA SEGUNDA p. 190
que den vado a sus suspiros.
Am. Tú, Lauso, jamás serás
desechado ni admitido;
tú, Corinto, da al olvido
tu pretensión desde hoy más; 5
Rústico, mientras tuviere
riquezas, tendrá contento;
mudará cada momento
Clori el bien que poseyere;
la pastora disfrazada 10
suplicará a quien la ruega.
Y, esto dicho, el fin se llega
de dar fin a esta jornada.
Lau. En tanto, Amor, que te vas,
porque algún contento goces, 15
de nuestras rústicas voces
el rústico acento oirás.
Corinto y Clori, ayudadme;
cantaréis lo que diré.
Clo. ¿Qué hemos de cantar? 20
Cor. No sé.
Lau. Diréis después, y escuchadme.
--Venga norabuena
Cupido a nuestras selvas,
norabuena venga. 25
Sea bien venido
médico tan grave,
que así curar sabe
de desdén y olvido;
hémosle entendido, 30
y lo que él ordena,
sea norabuena.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 191
Quedan estas peñas
ricas de ventura,
pues tanta hermosura
hoy en ella enseñas.
Brotarán sus breñas 5
néctar dondequiera.
¡Norabuena [sea]!
Mientras cantan, se va el carro de Venus, y Cupido en
él, y suenen las chirimías, y luego dice Lauso:
Lau. Vamos a nuestras cabañas 10
a hacer nuevas alegrías,
pues vemos en nuestros días
tan ricas estas montañas;
y si aquello que desea
cada cual no ha sucedido, 15
pues el amor lo ha querido,
decid: ¡Norabuena sea!
Todos: ¡Norabuena sea, sea norabuena!, y éntranse,
y sale Bernardo y su escudero.
Ber. ¿Cómo no viene Marfisa? 20
Esc. Detrás quedó de aquel monte.
Ber. Pues sobre ese risco ponte,
y mira si se divisa.
Esc. Ella dijo que al momento
tras nosotros se vendría. 25
Ber. ¡Extraña es su bizarría!
Esc. Y su valor, según siento.
Ber. A lo menos su arrogancia,
pues la lleva sin parar
a sola desafiar 30
JORNADA SEGUNDA p. 192
los doce Pares de Francia;
y tengo de acompañalla,
que ya se lo he prometido.
Esc. En negocio te has metido
harto extraño. 5
Ber. ¡Simple, calla!
Que siempre es mi intención
buscar y ver aventuras.
En París están seguras,
si se traba esta cuestión, 10
y veré dó llegar puede
el valor de aquesta dama.
Esc. Llegará donde su fama,
que a las mejores excede.
Ber. ¿Qué, se nos fue Ferraguto? 15
Esc. Siempre, en cuanto hacía aquel moro,
le vi guardar un decoro
arrojado y resoluto.
Después que mató a Argalia,
y en el río le arrojó 20
al momento se partió.
Ber. Tiene loca fantasía.
Mas dime: ¿no es el que asoma
aquel gallardo francés
de la pendencia? 25
Esc. Sí es,
y es confalonier de Roma.
Ber. ¿No es Roldán?
Esc. Roldán es, cierto.
Ber. Ahora quiero probarlo, 30
pues nadie podrá estorbarlo
en este solo desierto.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 193
¡Qué pensativo que viene!
¿No parece que algo busca?
Esc. Todo el sentido le ofusca
amor que en el pecho tiene.
Ber. ¿Cómo lo sabes? 5
Esc. ¿No viste
que la pendencia dejó,
y tras la dama corrió
que allí se mostró tan triste?
Ber. ¡Ah, Roldán, Roldán! 10
Rol. ¿Quién llama?
Ber. Desciende acá, y lo verás.
Rol. ¡Oh Angélica!, ¿dónde estás?
Esc. ¿Ves si le abrasa su llama?
Rol. ¿Qué me quieres, caballero? 15
Ber. ¿No me conoces?
Rol. No, cierto.
Esc. Bien en lo que digo acierto:
él es de amor prisionero.
Haré yo una buena apuesta 20
que está puesto en tal abismo,
que no sabe de sí mismo.
Ber. ¿Hay cosa que iguale a ésta?
¿Qué, no me conoces?
Rol. No. 25
Ber. Pues yo te conozco a ti.
¿No eres Roldán?
Rol. Creo que sí.
Esc. Mirad si lo digo yo.
En creo pone si es él; 30
¡cuál le tiene amor esquivo!
Ber. El estar tan pensativo
JORNADA SEGUNDA p. 194
nos muestra su mal crüel.
¡Ah, Roldán, señor, señor!
Rol. ¿Habláis conmigo, por dicha?
Ber. ¡Esta sí que es gran desdicha!
Esc. Como desdicha de amor. 5
¡Extraño embelesamiento!
Rol. ¡Oh Angélica dulce y cara!
¿Adónde escondes la cara,
que es gloria de mi tormento?
El corazón se me quema, 10
¡oh Angélica, mi reposo!
Esc. De este sermón amoroso,
esta Angélica es el tema.
Parece que está en ser
que puedes desafiarle. 15
Ber. Quisiera yo remediarle,
si lo pudiera hacer.
Parece Angélica, y va tras ella Roldán; pónese en la
tramoya y desaparece, y a la vuelta parece la Mala
Fama vestida como diré, con una tunicela negra, 20
una trompeta negra en la mano, y alas negras y
cabellera negra.
Rol. ¿No es aquél mi cielo, cielos?
El es; pero ya se encubre;
pues cuando él se me descubre, 25
es porque me cubran duelos.
Tras ti voy, nueva Atalanta,
que, si quiere socorrerme
amor, puede aquí ponerme
mil alas en cada planta. 30
Mi sol, ¿dó te transmontaste,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 195
y qué sombra te sucede?
Más bien es que en noche quede
el que de tu luz privaste.
Ber. De aventuras están llenas
estas selvas, según veo. 5
Esc. Viendo estoy lo que no creo.
Ber. ¡Calla!
Esc. No respiro apenas.
M. Fam. Detén el paso, senador romano,
y aun la intención pudieras detenella, 10
si tras sí, en vuelo presuroso y
[vano,
no la llevara Angélica la bella.
¿Mas tu consejo y proceder liviano
así la entregas, que cebado en ella 15
quieres que quede, ¡oh grave
[desventura!,
tu clara fama para siempre oscura?
La Mala Fama soy, que tiene cuenta
con las torpezas de excelentes hombres, 20
para entregarlas a perpetua afrenta,
y a viva muerte sus subidos nombres.
Mi mano en este libro negro asienta,
borrando la altivez de sus renombres,
los hechos malos que en el tiempo 25
[hicieron,
cuando de amor la vana ley siguieron.
Aquí está el grande Alcides, no
[cortando
de la hidra Lernea las cabezas, 30
sino a los pies de Deyanira hilando,
con mujeriles paños y ternezas.
JORNADA SEGUNDA p. 196
Está el rey Salomón; mas no juzgando
las diferencias faltas de certezas,
sino dando ocasión por mil razones
que esté su salvación en opiniones.
Uno de aquel famoso triunvirato 5
aquí le tengo escrito y señalado,
cuando, a su patria y a su honor
[ingrato,
cegó en la luz del rostro delicado.
En mitad de la pompa y aparato 10
del bélico furor, de miedo armado,
los ojos vuelve y ánimo a la nueva
Angélica egipciana que le lleva.
Es infinito el número que encierran
aquestas negras hojas de los hechos 15
de aquellos que su nombre y fama
[atierran
porque amor sujetó sus duros pechos;
y si tú quieres ser de los que yerran,
aunque están los renglones tan 20
[estrechos,
ancho lugar haré para que escriba
tu nombre, y en infamia eterna viva.
Vuélvese la tramoya.
Rol. Yo mudaré parecer, 25
a pesar de lo que quiero.
Ber. ¿Conocéisme, caballero?
Rol. ¿Pues no os he de conocer?
Bien sé que sois español,
y que Bernardo os llamáis. 30
Ber. ¡Gracias a Dios que miráis
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 197
ya sin nublados el sol!
Rol. ¿Habéis estado presente
al caso de admiración?
Ber. Sí he estado.
Rol. ¿Y no es gran razón 5
que yo vuelva diferente,
siendo una joya la honra
que no se puede estimar?
Ber. Verdad es; mas por amar
no se adquiere la deshonra. 10
Rol. No hay amador que no haga
mil disparates, si es fino;
mas ya que he cobrado el tino
y sanado de mi llaga,
mis pasos caminarán 15
por diferente sendero.
Entra Marfisa.
Mar. Bernardo, ¿no es el guerrero
éste a quien llaman Roldán?
Ber. El es. Mas ¿por qué lo dices? 20
Man. Porque su fama me fuerza
a probar con él mi fuerza,
porque tú la solemnices
y veas qué compañero
te ha dado en mí la fortuna. 25
Rol. ¡No hay cual Angélica alguna
en todo nuestro hemisfero!
Esc. ¡Por Dios, que se ha vuelto al tema!
Rol. Falsa fue aquella visión,
y de nuevo el corazón 30
parece que se me quema.
JORNADA SEGUNDA p. 198
Aparece otra vez Angélica, y huye a la tramoya, y
vuélvese, y parece la Buena Fama vestida de blanco, con
una corona en la cabeza, alas pintadas de varias
colores, y una trompeta.
¿Has tornado a amanecer, 5
sol mío? Pues ya te sigo.
Esc. Poco ha durado el amigo
en su honroso parecer.
Mar. Bernardo, ¿qué es lo que veo?
Ber. Calla y escucha, y verás 10
misterios.
Esc. No digas más,
que quiere hablar, según creo.
B. Fam. Pues temor de la infamia no ha podido
tus deseos volver a mejor parte, 15
vuélvalos el amor de ser tenido
en todo el orbe por segundo Marte.
En este libro de oro está esculpido,
como en mármol o en bronce, en esta
[parte, 20
tu nombre y el de aquellos esforzados
que dieron a las armas sus cuidados.
Aquí, con inmortal, alto trofeo,
notado tengo en la verdad que sigo
aquel gran caballero Macabeo, 25
guía del pueblo que de Dios fue amigo.
Casi a su lado el nombre escrito veo
de aquel batallador que fue enemigo
de la pereza infame, del que, en suma,
puso en igual balanza lanza y 30
[pluma.
Tengo otros mil que no puedo contarte,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 199
porque el tiempo y lugar no lo
[concede,
y porque yo le tenga de avisarte
lo que mi voz con mis escritos puede.
De ella verás y de ellos levantarte 5
sobre el altura que aun al cielo excede,
si dejas de seguir del niño ciego
la blandura y regalo y dulce fuego.
Huye, Roldán, de Angélica, y advierte
que, en seguir la belleza que te inflama, 10
la vida pierdes, y granjeas la muerte,
perdiendo a mí, que soy la Buena Fama.
Deben estas razones convencerte,
pues Marte a nombre sin igual te llama,
amor a un abatido. En paz te queda, 15
y lo que te deseo te suceda.
Vuélvese la tramoya.
Rol. Bien sé que de Malgesí
son todas estas visiones.
Ber. Pues dime: ¿a qué te dispones? 20
Mar. De espanto, no estoy en mí.
Mal dije; de admiración,
que espanto jamás le tuve.
Rol. Corto de manos anduve
con una y otra visión; 25
si pedazos las hiciera,
no me dejaran confuso.
Mas volverán: que es su uso
asaltarme dondequiera.
Respondiendo, pues, Bernardo, 30
a lo que me preguntaste,
JORNADA SEGUNDA p. 200
digo que no hay mar que baste
templar el fuego en que ardo.
Y quedaos en paz los dos,
porque ir de aquí me conviene.
Mar. ¡Extremado brío tiene! 5
Ber. Dios vaya, Roldán, con vos.
Mar. Vilo, y no puedo creello:
tal es lo que visto habemos.
Ber. Por el camino podremos
hacer discurso sobre ello. 10
Esc. ¿En fin vamos a París?
Ber. ¿Ya no te he dicho que sí?
Mar. Yo, a lo menos.
Esc. Por allí
hay camino, si advertís. 15
Ber. Los caballos, ¿dónde están?
Esc. Aquí junto.
Ber. Ve por ellos.
Esc. Allá subiréis en ellos.
Mar. ¡Pensativo iba Roldán! 20
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 201
JORNADA TERCERA
Salen Lauso y Corinto, pastores.
Lau. En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males 5
estoy al cielo y a mi Clori dando.
Y al tiempo cuando el sol se va
[mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con gemidos y acentos desiguales, 10
voy la antigua querella renovando.
Y cuando el sol de su estrellado
[asiento
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece, y doblo los gemidos. 15
Vuelve la noche, y vuelvo al triste
[cuento,
y siempre hallo en mi mortal porfía
al cielo sordo, a Clori sin oídos.
Cor. ¿Para qué tantas endechas? 20
Lauso amigo, déjalas,
pues mientras más dices, más,
siempre menos te aprovechas.
Yo tengo el corazón negro
por Clori y por sus desdenes; 25
mas, pues no me vienen bienes,
ya con los males me alegro.
Clori y la nueva pastora,
ajenas de nuestros males,
JORNADA TERCERA p. 202
con voces claras e iguales,
venían cantando ahora.
Al encuentro les salgamos,
y ayudemos su canticio:
que tanto llorar es vicio, 5
si bien lo consideramos.
Lau. ¿Viene Rústico con ellas?
Cor. No se les quita del lado.
Lau. ¡Ah pastor afortunado!
Ni quiero oírlas, ni vellas. 10
Cor. Eso ya no puede ser,
que veslas, vienen allí;
canta por amor de mí.
Lau. Procúralas de entender.
Entra Clori cantando, y Rústico con ellas, y Angélica. 15
[Clo.] --¡Bien haya quien hizo
cadenitas, cadenas;
bien haya quien hizo
cadenas de amor!
¡Bien haya el acero 20
de que se formaron,
y los que inventaron
amor verdadero!
¡Bien haya el dinero
de metal mejor; 25
bien haya quien hizo
cadenas de amor!
Lau. ¡Bien haya el amante
que a tantos vaivenes,
iras y desdenes, 30
firme está y constante!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 203
Este se adelante
al rico mayor.
¡Bien haya quien hizo
cadenas de amor!
Rús. ¡Oh quién supiera cantar! 5
Cor. ¿Qué, no lo sabes, pastor?
Rús. Ni contralto, ni tenor,
que estoy para reventar.
Cor. Mas ¿va que tienes agallas?
Muestra; abre bien la boca, 10
que esta cura a mí me toca;
abre más, si he de curallas.
Ven acá. ¡Mal hayas tú
y el padre que te engendró!
Rús. ¿Pues qué culpa tengo yo? 15
Cor. ¡Ofrézcote a Belcebú!
¿Y no has caído en la cuenta
de que tenías agallas?
Rús. ¿Pues hay más sino sacallas?
Clo. Esta burla me contenta: 20
que, puesto que bien le quiero,
que le burlen me da gusto.
Cor. Yo te sacaré, a tu gusto,
o cantor, o pregonero.
¿Tienes algún senojil? 25
Rús. Una ligapierna tengo,
y buena.
Cor. Ya me prevengo
a hacerte cantor sutil.
Aquésta poco aprovecha: 30
que, para este menester,
izquierda tiene de ser,
JORNADA TERCERA p. 204
que no vale la derecha.
¿Qué me darás, y te haré
cantor subido y notable?
Rús. En la paga no se hable,
que un novillo te daré. 5
La liga izquierda es aquésta;
tómala, y pon diligencia
en mostrar aquí tu ciencia.
Cor. Dios sabe cuánto me cuesta.
Mas con esta liga y lazo 10
saldré muy bien con mi intento.
Rús. Hacia esta parte las siento.
Cor. Déjame atar; quita el brazo.
¿Con qué voz quieres quedar:
tiple, contralto, o tenor? 15
Rús. Contrabajo es muy mejor.
Cor. Ese no te ha de faltar
mientras tratares conmigo.
Ten paciencia, sufre y calla;
ya se ha quebrado una agalla. 20
Rús. ¡Que me ahogas, enemigo!
Cor. Contralto quedas, sin duda,
que la voz lo manifiesta,
.........................
pues aun ahora está en muda; 25
a otro estirón que le dé,
estará como ha de estar.
Rús. Ladrón, ¿quiéresme ahogar?
Cor. No lo sé; mas probaré.
Clo. ¡Acaba; la burla baste! 30
Rús. ¡A mí semejantes burlas!
Cor. Rústico, ¿de mí te burlas,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 205
que no me pagas y vaste?
¡Pues a fe que has de llevar
comida y sobrecomida!
Todo, amigo, se comida
a ayudarme a este cantar: 5
Corrido va el abad
por el cañaveral.
Corrido va el abad,
corrido va y muy mohíno,
porque, por su desatino, 10
cierto desastre le vino
que le hizo caminar
por el cañaveral.
Confiado en que es muy rico,
no ha caído en que es borrico; 15
y por aquesto me aplico
a decirle este cantar:
por el cañaveral.
Parece Reinaldos por la montaña.
Lau. La burla ha estado, a lo menos, 20
como al sujeto conviene.
Ang. ¡Otra vez mi muerte viene!
¡Abrid, tierra, vuestros senos,
y encerradme en ellos luego!
Lau. ¿De qué, pastora, te espantas? 25
Ang. ¡A vosotras, tiernas plantas,
mi vida o mi muerte entrego!
Entrase Angélica huyendo.
Clo. Lauso, vámonos tras ella,
a ver qué le ha sucedido. 30
JORNADA TERCERA p. 206
Lau. A tu voluntad rendido
estoy siempre, ingrata bella.
Entrase todos, y quédase Corinto.
Cor. Quedar quiero, a ver quién es
este pensativo y bravo. 5
El ademán yo le alabo;
mas ¿si es paladín francés?
Rei. O le falta al amor conocimiento,
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena 10
al género más duro de tormento.
Pero si amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. ¿Pues quién
[ordena 15
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que es Angélica, no acierto:
que tanto mal en tanto bien no cabe,
ni me viene del cielo esta rüina.
Presto habré de morir, que es lo más 20
[cierto:
que, al mal de quien la causa no se sabe,
milagro es acertar la medicina.
Cor. ¡Ta, ta! De amor viene herido;
bien tenemos que hacer. 25
Rei. ¿Qué, no quieres parecer,
oh bien, por mi mal perdido?
¿Has visto, pastor, acaso,
por entre aquesta espesura,
un milagro de hermosura 30
por quien yo mil muertes paso?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 207
¿Has visto unos ojos bellos
que dos estrellas semejan,
y unos cabellos que dejan,
por ser oro, ser cabellos?
¿Has visto, a dicha, una frente 5
como espaciosa ribera,
y una hilera y otra hilera
de ricas perlas de Oriente?
Dime si has visto una boca
que respira olor sabeo, 10
y unos labios por quien creo
que el fino coral se apoca.
Di si has visto una garganta
que es columna de este cielo,
y un blanco pecho de hielo, 15
do su fuego amor quebranta,
y unas manos que son hechas
a torno de marfil blanco,
y un compuesto que es el blanco
do amor despunta sus flechas. 20
Cor. ¿Tiene, por dicha, señor,
ombligo aquesa quimera,
o pies de barro, como era
la de aquel rey Donosor?
Porque, a decirte verdad, 25
no he visto en estas montañas
cosas tan ricas y extrañas
y de tanta calidad.
Y fuera muy fácil cosa,
si ellas por aquí anduvieran, 30
por invisibles que fueran,
verlas mi vista curiosa.
JORNADA TERCERA p. 208
Que una espaciosa ribera,
dos estrellas y un tesoro
de cabellos, ¡qué sonoro!,
¿dónde esconderse pudiera?
Y el sabeo olor que dices, 5
¿no me llevara tras sí?
Porque en mi vida sentí
romadizo en mis narices.
Mas, en fin, decirte quiero
lo que he hallado, y no ser terco. 10
Rei. ¿Qué son? Habla.
Cor. Tres pies de puerco
y unas manos de carnero.
Rei. ¡Oh hi de puta, bellaco!;
pues ¿con Reinaldos de burlas? 15
Cor. De mis donaires y burlas
siempre tales premios saco.
Entrase huyendo Corinto.
Suena dentro esta voz de Angélica:
Ang. ¡Socorredme, Reinaldos, que me 20
[matan!
¡Mira que soy la sin ventura Angélica!
Rei. La voz es ésta de mi amada diosa.
¿Adónde estás, tesoro de mi alma,
única al mundo en hermosura y gracia? 25
La triste barca del barquero horrendo
pasaré por hallarte, y al abismo,
cual nuevo Orfeo, bajaré llorando,
y romperé las puertas de diamante.
Ang. ¡Moriré si te tardas; date prisa! 30
Rei. ¿Qué camino he de hacer, amada mía?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 209
¿Estás en las entrañas de la tierra,
o enciérrante estas peñas en su centro?
Doquier que estás te buscaré, viviendo,
o ya desnudo espíritu sin carne.
Salen dos sátiros que traen a Angélica como 5
arrastrando, con un cordel a la garganta.
Ang. ¡Socorredme, Reinaldos, que me
[matan!
Rei. No corráis mas; volved, ligeras plantas,
que no os va menos que la vida en esto. 10
¡Miserable de mí! ¿Quién me detiene?
¿Quién mis pies ha clavado con la tierra?
¡Verdugos infernales, deteneos;
no añudéis el cordel a la garganta
que es basa donde asienta y donde 15
[estriba
el cielo de hermosura sobrehumana!
¡Miserable de mí cien mil vegadas,
que no puedo moverme ni dar paso!
Canalla infame, ¿para qué os dais prisa 20
a acabar esa vida de mi vida,
a oscurecer el sol que alumbra el mundo?
¡Tate, traidores, que apretáis un cuello
adonde el amor forma tales voces,
que el mal desmenguan y la gloria 25
[aumentan
del venturoso que escucharlas puede!
¡Oh, que la ahogan! ¡Socorredla, cielos,
pues yo no puedo! ¡Oh sátiros lascivos!
¿Cómo tanta belleza no os ablanda? 30
Vanse los sátiros.
JORNADA TERCERA p. 210
Ya dieron fin a su crüel empresa;
muerta queda mi vida, muerta queda
la esperanza que en pie la sostenía.
Ahora os moveré, pies, sin provecho;
otra vez y otras mil soy miserable; 5
ahora, pies, me llevaréis do vea
la imagen de la muerte más hermosa
que vieron ni verán ojos humanos;
¡oh pies, al bien enfermos y al mal sanos!
Llégase Reinaldos a Angélica. 10
¿Es posible que ante mí
te mataron, dulce amiga?
¿Y es posible que se diga
que yo no te socorrí?
¿Que es posible que la muerte 15
ha sido tan atrevida,
que acabó tu dulce vida
con trance amargo y tan fuerte?
¿Y que mi ventura encierra
tanta desventura y duelo, 20
que hoy tengo de ver mi cielo
puesto debajo la tierra?
¿Qué antropófagos, qué escitas
contra ti se conjuraron,
y qué manos te acabaron 25
sacrílegas y malditas?
Sin duda, el infierno todo
fue en tan desdichada empresa:
que así lo afirma y confiesa
de tu muerte el triste modo. 30
Mas yo le moveré guerra,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 211
si es que me alcanza la vida
en tu triste despedida
para vivir en la tierra.
¿Yo vivir? Démoste ahora
sepultura, ¡oh ángel bello!, 5
y después me veré en ello
cuando se llegue la hora.
Será de azada esta daga,
que abrirá la estrecha fuesa,
y daráse en ello priesa, 10
porque ha de hacer otra llaga.
Brazo en valor sin segundo,
trabajad con entereza
para enterrar la riqueza
mayor que ha tenido el mundo. 15
Vuestro afán, y no mi celo,
parece que en esto yerra,
si he de sacar tanta tierra,
que venga a cubrir el cielo.
La tierra te sea liviana, 20
extremo de la beldad
que crio en cualquier edad
la naturaleza humana.
El tesoro desentierra
el que halla algún tesoro; 25
mas yo sigo otro decoro,
que cubro el mío con tierra.
Esta parte es concluida;
otra falta, y concluiráse,
si bien el alma costase, 30
como ha de costar la vida.
Otra sepultura esquiva
JORNADA TERCERA p. 212
abriréis, daga, en mi pecho,
con que daréis fin a un hecho
que por luengos siglos viva.
Mi cuerpo, mi dulce y bella,
quede en esta tierra dura, 5
cual piedra de sepultura,
que dice quién yace en ella.
¡Ea, cobarde francés,
morid con bríos ufanos,
pues no os ataron las manos 10
como os ligaron los pies!
Vase a dar Reinaldos con la daga; sale Malgesí en su
misma figura, y detiénele el brazo, diciendo:
Mal. No hagas tal, hermano amado,
porque, en este desconcierto, 15
antes que no verte muerto,
quiero verte enamorado.
Aquesa enterrada y muerta
no es Angélica la bella,
sino sombra o imagen de ella, 20
que su vista desconcierta.
Para volverte en tu ser
hice aquesta semejanza:
que el amor sin esperanza
no suele permanecer. 25
Mas pues es tal tu locura,
que aun sin ella perseveras,
mira, para que no mueras,
vacía la sepultura.
Rei. ¿Que estos sobresaltos das 30
al que tienes por hermano?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 213
Hechicero, mal cristiano;
mas tú me lo pagarás.
Pues lo sabes, ¿por qué gustas
de tratarme de este modo?
Mal. Porque te extremas en todo, 5
y a ningún medio te ajustas.
Ven, y pondréte en la mano
a Angélica, y no fingida.
Rei. Seréte toda mi vida
humilde, obediente hermano. 10
Entranse todos.
Suena una trompeta bastarda lejos, y entran
en el teatro Carlomagno y Galalón.
Car. ¿Qué trompeta es la que suena?
¿Si es acaso otra aventura 15
que nos ponga en desventura,
que la otra no fue buena?
Bien lo dijo Malgesí;
mas yo, incrédulo y cristiano,
tuve su aviso por vano, 20
y crédito no le di.
Otra vez suena. ¿No habrá
quien nos avise qué es esto?
Gal. Yo te lo diré bien presto.
Car. Mejor éste lo dirá. 25
Entra un paje.
Paje. Por San Dionís han entrado
dos apuestos caballeros
que parecen forasteros,
pero de esfuerzo sobrado: 30
JORNADA TERCERA p. 214
uno mayor y robusto,
otro mancebo y galán.
Gal. ¿Dónde llegan?
Paje. Llegarán.
Mas miradlos, si os da gusto, 5
que veis do asoman allí.
Entra Marfisa y Bernardo a caballo.
Car. ¡Bravo ademán y valiente!
Gal. ¡Qué gran número de gente
que traen los dos tras de sí! 10
Car. Pondré yo que es desafío.
Gal. El continente así muestra.
Car. ¿Dónde está ahora la diestra
de Roldán?
Gal. ¡Ah, señor mío! 15
¿Faltan en tu corte iguales
a Roldán?
Car. Yo no lo sé.
Calla, que hablan.
Gal. Sí haré. 20
Car. Si dijeras desiguales...
Mar. Escúchame, Carlomagno,
que yo hablaré como alcance
mi voz hasta tus orejas,
por más que estemos distantes; 25
y denme también oídos
tus famosos doce Pares,
que yo les daré mis manos
cada y cuando que gustaren.
Una mujer soy que encierra 30
deseos en sí tan grandes,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 215
que compiten con el cielo,
porque en la tierra no caben.
Soy más varón en las obras
que mujer en el semblante;
ciño espada y traigo escudo, 5
huyo a Venus, sigo a Marte;
poco me curo de Cristo;
de Mahoma no hay hablarme;
es mi Dios mi brazo solo,
y mis obras, mis penates. 10
Fama quiero y honra busco,
no entre bailes ni cantares,
sino entre acerados petos,
entre lanzas y entre alfanjes.
Y es fama que las que vibran 15
y las que ciñen tus Pares,
vuelan y cortan más que otras
regidas de brazos tales.
Por probar si esto es verdad,
vivos deseos me traen, 20
y a todos los desafío,
pero a singular certamen;
y para que no se afrenten
de una mujer que esto hace,
mi nombre quiero decirles: 25
soy Marfisa, y esto baste.
Ber. En el padrón de Merlín
va Marfisa a aposentarse,
donde esperará tres días
el deseado combate; 30
y si tantos acudieren
que no puedan despacharse,
JORNADA TERCERA p. 216
ella desde aquí me escoge
y elige por su ayudante.
Soy caballero español,
de prendas y de linaje,
y quizá el mismo deseo 5
de Marfisa aquí me trae.
Y entended que el desafío
ha de ser a todo trance,
porque grandes honras deben
comprarse a peligros grandes. 10
Mar. Decid que deje Roldán
amorosos disparates:
que con Venus y Cupido
se aviene mal el dios Marte.
Lo que el español ha dicho 15
lo confirmo, y porque es tarde
y el padrón no está muy cerca,
el Dios que adoráis os guarde.
Car. ¿Hay, por dicha, Galalón,
en París otros Roldanes? 20
¿Hay otro alguno que pueda
con Reinaldos igualarse?
Si los hay, ¿cómo han callado,
oyendo desafiarse?
¡Oh, mal hubieses, Angélica, 25
que tantos males me haces!
Colgados de tu hermosura
todos mis valientes traes;
solo han dejado a París,
sólo por ir a buscarte. 30
Gal. Mientras vive Galalón,
ninguno podrá agraviarte;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 217
y mañana con las obras
haré mis dichos verdades.
Dame licencia, señor,
porque al punto vaya a armarme.
Car. No hay para qué me la pida 5
quien es de los doce Pares.
Entranse.
Entran Ferraguto y Roldán riñendo,
con las espadas desnudas.
Rol. Tú le mataste, y fue alevosamente, 10
moro español, sin fe y sin Dios nacido.
Fer. Tu falsa lengua como falso miente,
y mentirá mil veces, y ha mentido.
Rol. ¿No fue maldad echarle en la corriente
del río? 15
Fer. Muy bien puede del vencido
hacer el vencedor lo que quisiere.
Rol. De tu falso argüir eso se infiere.
No te retires, bárbaro arrogante,
que quiero castigar tu alevosía. 20
Fer. Si me retiro, fanfarrón de Aglante,
el paso, sí; la voluntad no es mía.
Por Mahoma te juro, y Trivigante,
que no sé quién me impele y me
[desvía 25
de tu presencia, ¡oh paladín gallardo!
Rol. Con ésta acabarás, que ya me tardo.
Retírase Ferraguto, y, puesto en la tramoya, al tirarle
Roldán una estocada, se vuelva la tramoya, y parece
en ella Angélica, y Roldán echándose a los pies 30
de ella; al punto que se inclina se vuelve la tramoya,
JORNADA TERCERA p. 218
y parece uno de los sátiros, y hállase Roldán
abrazado con sus pies.
Rol. ¿Qué milagros son éstos, Dios
[inmenso?
¿Es piedad del amor esta que veo? 5
Arrójome a tus pies, y en esto pienso
que satisfago en todo a mi deseo.
Coge, amada enemiga, el fruto y censo
que estos labios te dan, y por trofeo
ponga amor en su templo que un 10
[Orlando
está tus bellas plantas adorando.
De ámbar pensé, mas no es sino de
[azufre
el olor que despiden estas plantas. 15
¿Adónde tanto engaño, amor, se sufre,
o quién puede formar visiones tantas?
Esta veré si esta estocada sufre.
Vuélvese la tramoya y parece Malgesí en su forma.
Mal. Primo, ¿qué, no te enmiendas ni te 20
[espantas?
Rol. ¡Oh Malgesí! Hazaña ha sido aquésta
que mi amor y tu ciencia manifiesta.
Mas dime: ¿de qué sirven tantas
[pruebas 25
para ver que estoy loco y que me
[pierdo,
sabiendo que el estilo que tú llevas
ni le cree ni le admite el hombre
[cuerdo? 30
Mal. Ven conmigo, Roldán; daréte nuevas
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 219
de tu bien por tu mal.
Rol. ¡Oh, sabio acuerdo!
Llévame, primo, en presuroso vuelo
de este infierno de ausencia a ver mi cielo.
Mal. Arrima las espaldas a esa caña, 5
los ojos cierra y de Jesús te olvida.
Rol. Grave cosa me pides.
Mal. Date maña,
que importa a tu contento esta venida.
Rol. ¿Estoy bien puesto? 10
Mal. Bien.
Rol. Jesús me valga,
aunque jamás con esta empresa
[salga.
Vuélvese la tramoya con Roldán, salen Bernardo 15
y Marfisa, y suena dentro una trompeta.
Ber. Trompeta y caballos siento,
y, según mi parecer,
paladín debe de ser,
que viene al padrón contento 20
y seguro de alcanzar
de ti, Marfisa, el trofeo.
Mar. A pie viene, a lo que veo.
Ber. ¿Pues quién le hizo apear?
Mar. Lo que a nosotros. ¿No ves 25
que aquí caballo no llega?
Ber. Sin duda es de la refriega;
que me parece francés.
Entra Galalón armado de peto y espaldar.
Gal. Sálveos Dios, copia dichosa, 30
JORNADA TERCERA p. 220
tan bella como valiente.
Ber. Dios te salve y te contente.
Mar. ¡Salutación enfadosa!
Sálveme mi brazo a mí,
y conténteme mi fuerza. 5
Gal. Vuestro desafío me fuerza
y mueve a venir aquí.
Mar. Dime si eres paladín.
Gal. Paladín digo que soy.
Ber. ¿Partiste de París hoy? 10
Gal. Anoche.
Ber. ¿Pues a qué fin?
Gal. No más de a ver si hay que ver
en ti y la bella Marfisa.
Ber. Tú te has dado buena prisa. 15
Gal. Conviene, porque hay que hacer.
Mar. ¿Qué tienes que hacer?
Gal. Venceros,
y dar a París la vuelta.
Ber. Si cual tienes lengua suelta, 20
tienes agudos aceros,
bien saldrás con tu intención.
Mas dime: ¿cómo es tu nombre?
Gal. Diréoslo, porque os asombre:
es mi nombre Galalón, 25
el gran señor de Maganza,
de los doce el escogido.
Ber. Días ha que yo he sabido
que eres una buena lanza,
un crisol de la verdad, 30
un abismo de elocuencia,
un imposible de ciencia,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 221
un archivo de lealtad.
Mar. Contra la razón te pones,
Bernardo, porque la fama
por todo el mundo derrama
que éste es saco de traiciones, 5
y aun enemigo mortal
de todos los paladines,
malsín sobre los malsines,
mentiroso y desleal,
y, sobre todo, cobarde. 10
Gal. A la prueba me remito,
y vengamos al conflito,
que se va haciendo tarde.
Empero si queréis iros
sin comenzar esta empresa, 15
yo os juro y hago promesa
de eternamente serviros
y de no desenvainar
en contra vuestra mi espada.
Ber. Promesa calificada 20
y muy digna de estimar.
Mar. Dame la mano, que quiero
aceptarte por amigo.
Gal. Doyla, porque siempre sigo
proceder de caballero. 25
¡Cuerpo de quien me parió,
que los huesos me quebrantas!
Mar. ¿Pues de esto poco te espantas?
Gal. De menos me espanto yo.
De modo vas apretando, 30
que se acerca ya mi fin.
Ber. ¿Un famoso paladín
JORNADA TERCERA p. 222
así se ha de estar quejando,
porque le dé una doncella
la mano por gran favor?
Gal. ¿Esta es doncella? Es furor,
es rayo que me atropella, 5
es de mi vida el contraste,
pues que ya me la ha quitado.
Mar. ¡Por Dios, que se ha desmayado!
Ber. ¿Cómo, y tanto le apretaste?
Mar. La mano le hice pedazos. 10
Ber. ¡Oh desdichado francés!
Mar. Quitarle quiero el arnés,
pues viene sin guardabrazos,
y ponerle por trofeo
colgado de alguna rama, 15
con un mote que su fama
descubra, como deseo.
Pero fáltanme instrumentos
con que ponerlo en efecto.
Malgesí dice de dentro: 20
Mal. No faltarán, te prometo,
pues sé tus buenos intentos.
Esos ministros que envío
cumplirán tu voluntad.
Ber. ¡Oh qué extraña novedad! 25
Mar. ¿Quién sabe el intento mío?
Los versos dicen lo mismo
que imaginé en mi intención.
¿Si llevan a Galalón
estos diablos al abismo? 30
Gal. Ya yo entiendo que aquí andas;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 223
a ti digo, Malgesí.
Di: ¿no hallaste para mí
otro coche ni otras andas?
Llévanle los sátiros en brazos a Galalón.
Mar. Di cómo dice el trofeo; 5
quizá yo no lo he entendido.
Ber. Agudo está y escogido.
Mar. Léelo en voz.
Ber. En voz lo leo.
Estar tan limpio y terso aqueste acero, 10
con la entereza que por todo alcanza,
nos dice que es, y es dicho verdadero,
del señor de la casa de Maganza.
Estas selvas está cierto
que están llenas de aventuras. 15
Mar. Quedado habemos a oscuras,
por el sol que se ha encubierto;
y entretanto que él visita
los antípodas de abajo,
demos al sueño el trabajo 20
que el reposo solicita.
A esta parte dormiré;
tú, Bernardo, duerme a aquélla,
hasta que salga la estrella
que a Febo guarda la fe. 25
Y si en aquestos tres días
no vinieren paladines,
buscaremos otros fines
de más altas bizarrías.
Ber. Bien dices; aunque el sosiego 30
pocas veces le procuro,
JORNADA TERCERA p. 224
con todo, a este peñón duro
el sueño y cabeza entrego.
Echase a dormir.
Sale por lo hueco del teatro Castilla, con un león en la
una mano, y en la otra un castillo. 5
Cast. ¿Duermes, Bernardo amigo,
y aun de pesado sueño,
como el que de cuidados no procede?
¿Huyes de ser testigo
de que un extraño dueño 10
tu amada patria sin razón herede?
¿Esto sufrirse puede?
Advierte que tu tío,
contra todo derecho,
forma en el casto pecho 15
una opinión, un miedo, un desvarío
que le mueve a hacer cosa
ingrata a ti, infame a mí, y dañosa.
Quiere entregarme a Francia,
temeroso que, él muerto, 20
en mis despojos no se entregue el moro,
y está en esta ignorancia
de mi valor incierto
y de ese tuyo sin igual que adoro.
No mira que el decoro 25
de animosa y valiente,
sin cansancio o desmayo,
que me infundió Pelayo,
he guardado en mi pecho eternamente,
y he de guardar contino, 30
sin que pavor le tuerza su camino.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 225
Ven, y con tu presencia
infundirás un nuevo
corazón en los pechos desmayados;
curarás la dolencia
del rey, que, ciego al cebo 5
de pensamientos en temor fundados,
sigue vanos cuidados,
tan en deshonra mía,
que, si tú no me acorres,
y luego me socorres, 10
huiré la luz del sol, huiré del día,
y en noche eterna oscura
lloraré sin cesar mi desventura.
Por oculto camino
del centro de la tierra 15
te llevaré, Bernardo, al patrio suelo.
Ven luego, que el destino
propicio tuyo, encierra
tú en tu brazo tu honra y mi consuelo.
Ven, que el benigno cielo 20
a tu favor se inclina.
Llevaré a tu escudero
por el mismo sendero.
Y tú, sin par, que aspiras a divina,
procura otras empresas, 25
que es poco lo que en éstas interesas.
Nadie en esta querella
batallará contigo,
que tras sí se les lleva la hermosura
de Angélica la bella, 30
común fiero enemigo
de los que en esto ponen su ventura.
JORNADA TERCERA p. 226
Y está cierta y segura
que dentro en pocos años
verás extrañas cosas,
amargas y gustosas,
engaños falsos, ciertos desengaños. 5
Y en tanto, en paz te queda,
y así cual lo deseo te suceda.
Entrase Castilla con Bernardo por lo hueco del teatro.
Mar. Selvas de encantos llenas,
¿qué es aquesto que veo? 10
¿Qué figuras son estas que se ofrecen?
¿Son malas, o son buenas?
Entre creo y no creo
me tienen estas sombras que parecen;
admiraciones crecen 15
en mí, no ningún miedo.
Lleváronme a Bernardo,
y aquí sin causa aguardo.
Ir quiero a do mostrar mi esfuerzo
[puedo. 20
Vuelto me he en un instante;
derecha voy al campo de Agramante.
Corinto, pastor, y Angélica como pastora.
Cor. Digo que te llevaré,
si fuese a cabo del mundo. 25
Ang. En tu valor sin segundo
sé bien que bien me fie.
Cor. Haya guelte, y tú verás
si te llevo do quisieres.
Ang. Mira tú cuánto pudieres, 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 227
que eso mismo gastarás:
que tengo joyas que son
de valor y parecer.
Cor. ¿Y adónde se han de vender?
Ang. Allí está la confusión. 5
Cor. No reparar en el precio:
que, cuando hay necesidad,
es punto de habilidad
dar la cosa a menos precio.
Y más, que todo lo allana 10
un buen ingenio cursado.
¿Y cuándo has determinado
que partamos?
Ang. Yo, mañana.
Cor. Daremos de aquí en Marsella, 15
y allí nos embarcaremos,
y el camino tomaremos
para España, rica y bella.
Y en saliendo del estrecho,
tomar el rumbo a esta mano 20
por el mar profundo y cano
que tantas burlas me ha hecho.
Digo que si naves hay,
y en el viento no hay reveses,
en menos de trece meses 25
yo te pondré en el Catay.
¿Quieres más?
Ang. Eso me basta,
si así lo ordenase el cielo.
Cor. Aunque me ves de este pelo, 30
soy marinero (en) de casta,
y nado como un atún,
JORNADA TERCERA p. 228
y descubro como un lince,
y trabajo más que quince,
y más que veinte, y aún.
Pues en el guardar secreto,
haz cuenta que mudo soy. 5
¿Quieres que nos vamos hoy?
Entra Reinaldos.
Ang. ¡Oh nuevo y terrible aprieto!
Si éste me conoce, es cierta
mi muerte y mi sepultura. 10
Cor. Pues encubre tu hermosura,
si es que puede estar cubierta.
Pero dime: ¿que éste es
el francés del otro día?
¡A Dios, pastoraza mía, 15
que está mi vida en mis pies!
Huye Corinto.
Ang. No es acertado esperalle;
muy mejor será hüir.
Rei. ¿Sabrásme, amiga, decir 20
de un rostro, donaire y talle
que es, más que humano, divino?
Alza el rostro. ¿A qué te encubres,
que parece que descubres
un no sé qué peregrino? 25
Alza a ver. ¡Oh santos cielos!
¿Qué es esto que ven mis ojos?
¡Oh gloria de mis enojos,
o quietud de mis recelos!
¿Quién os puso en este traje? 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 229
¿Huísos? Pues, ¡vive Dios!,
ingrata, que he de ir tras vos
hasta que al infierno baje
o hasta que al cielo me encumbre,
si allá os pensáis esconder: 5
que el tino no he de perder,
pues va delante tal lumbre.
Corre Angélica y entra por una puerta, y Reinaldos
tras ella, y, al salir por otra, haya entrado Roldán, y
encuentra con ella. 10
[Rol.] De mi dolor conmovido,
te ha puesto el cielo en mis brazos.
Rei. Suelta, que te haré pedazos,
amante descomedido;
suelta, digo, y considera 15
la grosería que haces.
Rol. ¿Para qué turbas mis paces,
sombra despiadada y fiera?
¿No ves que esta prenda es mía
de razón y de derecho? 20
Rei. ¡Por Dios, que te pase el pecho!
Ang. ¡Suerte airada, estrella impía!
Rei. ¿Fiaste en ser encantado,
que no quieres defenderte?
Rol. No fío sino en tenerte 25
por un simple enamorado.
Rei. ¡Mataréte, vive el cielo!
Rol. Si puedes, luego me acaba.
Rei. ¿Hay desvergüenza tan brava?
Rol. ¿Hay tan necio y simple celo? 30
Ang. ¿Hay hembra tan sin ventura
JORNADA TERCERA p. 230
como yo? Dúdolo, cierto.
¡Suelta, crüel, que me has muerto
a manos de tu locura!
Rei. ¡Suéltala, digo!
Rol. ¡No quiero! 5
Rei. ¡Defiéndete, pues!
Rol. ¡Ni aqueso!
Rei. ¡Loco estás!
Rol. Yo lo confieso;
aunque de estar cuerdo espero. 10
Ang. Divididme en dos pedazos,
y repartid por mitad.
Rol. No parto yo la beldad
que tengo puesta en mis brazos.
Rei. Dejarla tienes entera, 15
o la vida en estas manos.
Ang. ¡Oh hambrientos lobos tiranos,
cuál tenéis esta cordera!
El cielo se viene abajo,
de mi angustia condolido. 20
Rol. ¡Oh salteador atrevido,
cuán sin fruto es tu trabajo!
Descuélgase la nube y cubre a todos tres, que se
esconden por lo hueco del teatro, y salen luego el
emperador Carlomagno y Galalón la mano en una 25
banda, lastimada cuando se la apretó Marfisa.
Car. ¿Qué, vencisteis a Marfisa?
Gal. Llegué y vencí todo junto,
porque yo no pierdo punto
si acaso importa la prisa. 30
Maltratóme aquesta mano
de un bravo golpe de espada,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 231
de que quedó magullada,
porque fue el golpe de llano.
Car. ¿Qué se hizo el español?
Gal. Como vio en mí a toda Francia,
se deshizo su arrogancia 5
como las nubes al sol.
También le dejé vencido.
Car. ¡Brava hazaña, Galalón!
Gal. Hazaña de un corazón
que es de ti favorecido. 10
Car. ¿Quién es éste?
Gal. Malgesí.
Car. ¡Oh! ¡A qué buen tiempo que viene!
Parece que se detiene.
¿Viene armado? 15
Gal. Creo que sí.
Entra Malgesí con el escudo de Galalón, donde vienen
escritos los cuatro versos de antes.
Car. ¡Extraña armadura es ésta,
oh Malgesí, caro amigo! 20
Gal. La ciencia de este enemigo,
honra y vida y más me cuesta.
Mal. Señor, pues sabéis leer,
leed aquesta escritura.
Gal. Mi cobardía se apura, 25
si más quiero aquí atender.
Irme quiero a procurar
venganza de este embaidor.
Entra Galalón.
Mal. Después os diré, señor, 30
JORNADA TERCERA p. 232
cosas que os han de admirar.
Car. ¿Adónde queda Roldán,
y adónde queda Reinaldos?
Mal. Sacro emperador, miraldos
de la manera que están. 5
Vuelven a salir Roldán, Reinaldos y Angélica, de la
misma manera como se entraron cuando les cubrió
la nube.
Rei. Mi trabajo doy al viento,
por más que mi fuerza empleo. 10
Rol. Reinaldos, no soy Anteo,
que me ha de faltar aliento.
Ang. ¡Cobardes como arrogantes,
de tal modo me tratáis,
que no es posible seáis 15
ni caballeros ni amantes!
Mal. Vuelve la vista, emperador supremo;
verás el genio de París rompiendo
los aires y las nubes, paraninfo
despachado del cielo en favor tuyo. 20
Car. ¡Hermosa vista y novedad es ésta!
Parece un ángel en una nube volante.
Angel. Préstame, Carlo, atento y grato oído,
y escucha del divino acuerdo cuanto
tiene en tu daño y gusto estatuido 25
allá en las aulas del alcázar santo.
Presto estos campos con marcial rüido
retumbarán, y con horror y espanto
volverá las espaldas la cristiana
a la gente agarena y africana. 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 233
En honor de Macón y Trivigante,
con torcida y errada fantasía,
viste las duras [armas] Agramante,
y deja Ferraguto a Andalucía.
Rodamonte feroz viene delante; 5
sus fuertes moros Zaragoza envía,
con Marsilio, su rey y el rey Sobrino,
tan prudente, que casi es adivino.
Queda Libia desierta, sin un moro;
de Africa quedan solas las mezquitas, 10
y todos a una voz tus lirios de oro
afrentan con palabras inauditas.
Mas tú, guardando el sin igual decoro
que guardas en empresas exquisitas,
sal al encuentro luego a esta canalla, 15
puesto que perderás en la batalla.
Pero después la poderosa mano
ayudarte de modo determina,
que del moro español y el africano
seas el miedo y la total rüina. 20
Vuelvo con esto al trono soberano,
a ver si en tu favor se determina
de nuevo alguna cosa, y en un punto
tendrás mi vista y el aviso junto.
Vase. 25
Car. ¡Gracias te doy, Dios inmenso,
por el aviso y merced!
Rol. Pues ella cayó en mi red,
gozarla, sin duda, pienso.
Rei. ¿Todavía estás en eso? 30
Rol. ¿Y tú en eso todavía?
JORNADA TERCERA p. 234
Car. De vuestra loca porfía
he de sacar buen suceso,
y ha de ser de esta manera:
aquesta dama llevad,
y al momento la entregad 5
al gran duque de Baviera;
y el que más daño hiciere
en el contrario escuadrón,
llevará por galardón
la prenda que tanto quiere. 10
Rol. Soy contento.
Rei. Soy contento.
Rol. ¡Morirán luego a mis manos
andaluces y africanos!
Mal. ¡Vano saldrá vuestro intento! 15
Rol. ¡Despedazaré a Agramante
y a su ejército en un punto!
Cuéntenle ya por difunto.
Mal. No te alargues, arrogante,
que Dios dispone otra cosa, 20
como en efecto verás.
Rol. ¡Oh Agramante! ¿Dónde estás?
Rei. ¡Por mía cuento esta diosa!
Cuando con victoria vuelvas,
crecerá tu gusto y fama, 25
que por ahora nos llama
fin suspenso a nuestras selvas.
Suenan chirimías, y dase fin a la comedia.
p. 235
COMEDIA
FAMOSA DE LOS
baños de Argel.
Hablan en esta comedia las personas siguientes:
Cauralí, capitán de Un cautivo. 5
Argel. Don Lope y Vivanco,
Yzuf, renegado. cautivos.
Cuatro moros, que se Hazén, renegado.
señalan: Moro l, 2, Carahoja, moro.
3, 4. Hazán Bajá, rey de 10
Un viejo. Argel, y el cadí.
Juanico , y Francisquito, Halima, mora.
sus hijos. Zahara, mora.
Un sacristán. Tres moros pequeños.
Costanza, cristiana. Ambrosio. 15
Capitán cristiano. La S. Catalina.
Dos arcabuceros Un judío.
cristianos. Osorio.
Don Fernando. Guillermo, pastor.
Guardián Bají. 20
JORNADA PRIMERA
Cauralí, capitán de Argel; Yzuf, renegado; otros cuatro
moros, que se señalan así: l, 2, 3, 4.
Yzuf. De en uno en uno y con silencio ve
que ésta es la trocha, y el lugar es éste, 25
JORNADA PRIMERA p. 236
y a la parte del monte más se atengan.
Cau. Mira, Yzuf, que no yerres, y te cueste
la vida el no acertar.
Yzuf. Pierde cuidado;
haz que la gente el hierro y fuego 5
[apreste.
Cau. ¿Por dó tienes, Yzuf, determinado
que demos el asalto?
Yzuf. Por la sierra,
lugar que, por ser fuerte, no es guardado. 10
Nací y crecí, cual dije, en esta tierra,
y sé bien sus entradas y salidas
y la parte mejor de hacerle guerra.
Cau. Ya vienen las escalas prevenidas,
y están las atalayas hasta ahora 15
con borrachera y sueño entretenidas.
Yzuf. Conviene que los ojos de la aurora
no nos hallen aquí.
Cau. Tú eres el todo;
guía, y embiste, y vence. 20
Yzuf. Sea en buen ora,
y no se rompa en cosa alguna el modo
que tengo dado, que con él, sin duda,
a daros la victoria me acomodo,
primero que socorro alguno acuda. 25
Entranse.
Suena dentro vocería de moros, enciéndese hachos,
pónese fuego al lugar, sale un viejo a la muralla
medio desnudo, y dice:
[Viejo.] ¡Válgame Dios! ¿Qué es esto? 30
¿Moros hay en la tierra?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 237
¡Perdidos somos, triste!
¡Vecinos, que os perdéis; al arma, al
De los atajadores [arma!
la diligencia ha sido
aquesta vez burlada; 5
las atalayas duermen, todo es sueño.
¡Oh si mis prendas caras,
cual un cristiano Eneas,
sobre mis flacos hombros
sacase de este incendio a luz segura! 10
¿Qué, no hay quien grite al arma?
¿No hay quien haga pedazos
esas campanas mudas?
¡A socorreros voy, amados hijos!
Entrase. 15
Sale el sacristán a la muralla con una sotana
vieja y un paño de tocar.
Sac. Turcos son, en conclusión.
¡Oh torre, defensa mía!,
ventaja a la sacristía 20
hacéis en esta ocasión.
Tocar las campanas quiero,
y gritar aprisa al arma;
Toca la campana.
el corazón se desarma 25
de brío, y de miedo muero.
Ningún hacho en la marina
ninguna atalaya enciende,
señal do se comprehende
ser cierta nuestra rüina. 30
JORNADA PRIMERA p. 238
Como persona aplicada
a la Iglesia, y no al trabajo,
mejor meneo el badajo
que desenvaino la espada.
Torna a tocar, y éntrase. 5
Salen al teatro Cauralí, Yzuf y otros dos moros.
Yzuf. Por esta parte acudirán, sin duda,
los que del monte quieran ampararse;
sosiégate, y verás medrosa y muda
gente que viene por aquí a salvarse; 10
y antes que aquella del socorro acuda,
conviene que se acuda al retirarse.
Cau. ¿Los bajeles no están bien a la orilla?
Mor. 1. Y estibados de gusto y de mancilla.
Sale el viejo que salió a la muralla, con un niño en 15
brazos medio desnudo y otro pequeño de la mano.
Pad. ¿Adónde os llevaré, pedazos vivos
de mis muertas entrañas? Sí, a ventura
tendría, antes que fuésedes cautivos,
veros en una estrecha sepultura. 20
Cau. De aquesos tus discursos pensativos
te sacará mi espada, que procura,
sin acudir al gusto de tu muerte,
darte la vida y ensalzar mi suerte.
Fran. ¿Para qué me sacó, padre, del lecho? 25
¡Que me muero de frío! ¿Adónde
[vamos?
Llégueme a mí como a mi hermano al
[pecho.
¿Cómo tan de mañana madrugamos? 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 239
Pad. ¡Oh de este inútil tronco ya y deshecho,
tiernos, amables y hermosos ramos!
No sé dó voy; aunque, si bien se
[advierte,
de este camino el fin será mi muerte. 5
Cau. Llévalos tú, Bairán, a la marina,
y mira bien que esté la armada a punto,
porque, según os muestra la bocina,
la esposa de Titón ya viene junto.
Entrase el viejo; sale el sacristán. 10
Pad. Huir el mal que el cielo determina,
es trabajo excusado.
Sac. Yo barrunto,
si el cielo mi agudeza no socorre,
que estaba más seguro yo en mi torre. 15
¿Quién me engañó? Y más si, a dicha,
[yerro
el camino o atajo de la sierra.
Cau. ¡Camina, perro, a la marina!
Sac. ¿Perro? 20
Ahora sé que fue mi madre perra.
Cau. Aguija tú con él, y zarpe el ferro
la capitana, y vaya tierra a tierra,
hasta la cala donde dimos fondo.
Entrase el moro y el sacristán. 25
[Yzuf.] ¿Qué (es lo que) dices, Cauralí?
Mor. 2. Yo no respondo.
Yzuf. Escucha, Cauralí, que me parece
que una trompeta a mis oídos suena.
Cau. Sin duda, es el temor el que te ofrece 30
JORNADA PRIMERA p. 240
el son que tus bravezas desordena.
Yzuf. Toca tú a recoger, que ya amanece,
y está tu armada de despojos llena,
y creo que el socorro se avecina.
¡A la marina! 5
Cau. ¡Hola, a la marina!
Entranse.
Suena una trompeta bastarda; salen cuatro moros
uno tras otro, cargados de despojos.
Mor. 1. Aunque la carga es poca, es de 10
[provecho.
Mor. 2. Yo no sé lo que llevo; pero vaya.
Mor. 3. Lo que hasta aquí está hecho, está
[bien hecho.
Mor. 4. ¡Permita Alá que esté libre la playa! 15
Sale un moro con una doncella llamada Costanza,
medio desnuda.
Cos. Saltos el corazón me da en el pecho;
falta el aliento, el ánimo desmaya.
Llévame más despacio. 20
Mor. ¡Aguija, perra,
que el mar te aguarda!
Cos. ¡A Dios, mi cielo y tierra!
Entrase Costanza; sale uno a la muralla.
Uno. ¡A la marina, a la marina, amigos, 25
que los turcos se embarcan muy
[apriesa!
Si aguijáis, dejarán los enemigos
la mal perdida y mal ganada presa.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 241
Entra un arcabucero cristiano.
Arc. Sólo habremos llegado a ser testigos
de que Troya fue aquí.
Otro. Fortuna aviesa,
pon alas en mis pies, fuego en mis 5
[manos.
Otro. Nuestros ahíncos han salido vanos,
porque ya los turcos son
[embarcados,
y en jolito se están cerca de tierra. 10
Entra el capitán cristiano.
Cap. ¡Oh! ¡Mal hayan mis pies, acostumbrados,
más que a la arena, a riscos de la
[sierra!
¿Qué han hecho los jinetes? 15
Uno. Desmayados
llegaron los caballos tierra a tierra,
a tiempo que zarpaban las galeras,
y tras ellos llegaron tres banderas.
Los dos atajadores de la playa 20
muertos hallé de arcabuzazos, creo.
La oscuridad disculpa al atalaya
del mísero suceso que aquí veo.
Otro. ¿Qué habemos de hacer?
Cap. La gente vaya 25
tomando por el monte algún rodeo,
y embósquese en la cala allí vecina,
por ver lo que el corsario determina.
Uno. ¿Qué ha de determinar, si no es
[tornarse 30
JORNADA PRIMERA p. 242
a Argel, pues que su intento ha
[conseguido?
Cap. ¿Quién puede a tan gran hecho
[aventurarse?
Otro. Si él es Morato arráez, es atrevido; 5
cuanto más, que bien puede imaginarse
que de algún renegado fue traído,
práctico de esta tierra.
Cap. De ésta hay uno
que en ser traidor no se le iguala alguno. 10
¿Adónde está mi hermano?
Uno. Llegó apenas,
cuando, despavorido y sin aliento,
se arrojó en el lugar.
Cap. Hallará estrenas 15
triste[s] de su esperado casamiento.
Parece en la muralla don Fernando.
D. Fer. Puntas de cristal claro, y no de almenas,
murallas de bruñido y rico argento
que guardasteis un tiempo mi esperanza, 20
¿dónde hallaré, decidme, a mi
[Costanza?
Techos que vomitáis llamas teosas,
calles de sangre y lágrimas cubiertas,
¿adónde de mis glorias ya dudosas 25
está la causa, y de mis penas ciertas?
Descubre, ¡oh sol!, tus hebras luminosas;
abre ya, aurora, tus rosadas puertas;
dejadme ver el mar, donde navega
el bien que el cielo por mi mal me niega. 30
Cap. Vámosle a socorrer, no desespere,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 243
que en lo que dice da de loco indicio.
Uno. Bien dices; vamos, que su mal requiere
fuerte y apresurado beneficio.
Entranse.
D. Fer. Mas ¿qué digo, cuitado? Bien se infiere 5
de las reliquias de este maleficio
que va cautiva mi querida prenda,
y es bien que a darle libertad atienda.
Entrase don Fernando, y parece el capitán en la
muralla con otro soldado. 10
Desde aquel risco levantado quiero
hacer señal; quizá querrá el vil moro
trocar la hermosura por dinero,
a quien no pagará ningún tesoro.
Cap. Ya no está aquí mi hermano; el dolor 15
[fiero
temo que no le saque del decoro
que debe a ser quien es. ¡Oh caso extraño!
Uno. Señor, por allí va, si no me engaño.
Entranse el capitán, sale don Fernando, y va subiendo 20
por un risco.
D. Fer. Subid, ¡oh pies cansados!;
llegad a la alta cumbre
de esta encumbrada y rústica aspereza,
si ya de mis cuidados 25
la inmensa pesadumbre
no os detiene en mitad de su maleza.
Ya a descubrir se empieza
la máquina terrible
JORNADA PRIMERA p. 244
que con ligero vuelo
la carga de mi cielo
lleva en su vientre tragador y horrible;
ya las alas extiende,
ya le ayudan los pies, ya al curso atiende. 5
No será de provecho
esta señal que muestro
de rescate, de paz y de alianza,
ni la voz de mi pecho,
aunque a gritar me adiestro, 10
ha de alcanzar do mi deseo alcanza.
¡Ah, mi amada Costanza!
¡Ah, dulce, honrada esposa!
No apliques los oídos
a ruegos descreídos, 15
ni a la fuerza agarena poderosa
os entreguéis rendida,
que aún yo para la vía tengo vida.
Volved, volved, tiranos,
que de vuestra codicia 20
ofrezco de llenar con gusto y gloria
los senos, y las manos,
ajenas de avaricia,
sin duda aumentarán vuestra victoria.
Volved, que es vil escoria 25
cuanto lleváis robado,
si no lleváis los dones
que os ofrezco a montones
en cambio de mi sol, que va eclipsado
entre las pardas nubes 30
que tú del mar, ¡oh blando cierzo!, subes.
De Arabia todo el oro,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 245
del Sur todas las perlas,
la púrpura de Tiro más preciosa,
con liberal decoro
ofrezco, aunque el tenerlas
os venga a parecer dificultosa. 5
Si me volvéis mi esposa,
un nuevo mundo ofrezco,
con todo cuanto encierra
todo el cielo y la tierra.
Locuras digo; mas, pues no merezco 10
alcanzar esta palma,
llevad mi cuerpo, pues lleváis mi alma.
Arrójase del risco.
Sale el guardián Bají y un cautivo con papel
y tinta. 15
Guar. ¡Hola! ¡Al trabajo, cristianos!
No quede ninguno dentro;
así enfermos como sanos,
no os tardéis, que, si allá entro,
pies os pondrán estas manos. 20
Que trabajen todos quiero,
ya papaz, ya caballero.
¡Ea, canalla soez!
¿Heos de llamar otra vez?
Sale un cautivo, y van saliendo de mano en mano 25
los que pudieren.
Uno. Yo quiero ser el primero.
Guar. Este a la leña le asienta;
éste vaya a la marina;
ten en todo buena cuenta; 30
JORNADA PRIMERA p. 246
treinta [a] aquel burche encamina,
y a la muralla sesenta;
veinte al horno, y diez envía
a casa de Cauralí.
Y abrevia, que se va el día. 5
Esc. Por cuarenta envió el cadí;
dárselos es cortesía.
Guar. Y aun fuerza. En eso no pares;
enviarás otros dos pares
a los ladrillos de ayer. 10
Esc. Para todos hay que hacer,
aunque fueran dos millares.
¿Dónde irán los caballeros?
Guar. Déjalos hasta mañana,
que serán de los primeros. 15
Esc. ¿Y si pagan?
Guar. Cosa es llana
que hay sosiego do hay dineros.
Esc. Yo con ellos me avendré,
de modo que se te dé 20
gusto y honesta pitanza.
Guar. Despacha a la maestranza.
Esc. Ve con Dios, que sí haré.
Entrase.
Salen don Lope y Vivanco cautivos, con sus cadenas 25
a los pies.
D. Lop. Ventura, y no poca, ha sido
haber escapado hoy
del trabajo prevenido.
Viv. Cuando no trabajo, estoy 30
más cansado y más molido.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 247
Para mí es grave tormento
este estrecho encerramiento,
y es alivio a mi pesar
ver el campo o ver la mar,
pues yo en verlo me atormento. 5
D. Lop. Porque la melancolía
que es no tener libertad
encierra en el alma mía:
quiere triste soledad
más que alegre compañía. 10
Trabajar y no comer,
bien fácil se echa de ver
que son pasos de la muerte.
Sale un cristiano cautivo que viene huyendo del
guardián, que viene tras él dándole de palos. 15
Guar. ¡Oh chufetre! ¿De esta suerte
siempre os habéis de esconder?
Que os criasteis en regalo,
inútil perro, barrunto.
Cris. ¡Por Dios, fende, que estoy malo! 20
Guar. Pues yo os curaré en un punto
con el sudor de este palo.
Cris. Con calentura contina,
que me turba y desatina,
estoy ha más de dos días. 25
Entranse, dándole de palos, estos dos.
Guar. ¿Y por eso te escondías?
Cris. Sí, fende.
Guar. ¡Perro, camina!
D. Lop. ¡Por Dios, que es un buen soldado, 30
JORNADA PRIMERA p. 248
y no lo hace de vicio
el mísero apaleado!
Viv. Mirad, pues, qué beneficio
ha en su enfermedad hallado.
¿No es notable desatino 5
que está un cautivo vecino
a la muerte, y no le creen?
Y cuando muerto le ven,
dicen: ¡Gualá, que el mezquino
estaba malo, sin duda! 10
¡Oh canalla fementida,
de toda piedad desnuda!
¿Quién, al perder de la vida,
queréis que al mentir acuda?
De nuestra calamidad 15
con vuestra incredulidad
la muerte es testigo cierto;
más creéis a un hombre muerto,
que al vivo de más verdad.
D. Lop. Alza los ojos, y atiende 20
a aquella parte, Vivanco,
y mira si comprehende
tu vista que un paño blanco
de una luenga caña pende.
Parece una caña, atado un paño blanco en ella, 25
con un bulto.
Viv. Bien dices, y atado está.
Quiérome llegar allá
para ver esta hazaña.
¡Por Dios, que se alza la caña! 30
D. Lop. Ve; quizá se abajará.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 249
Viv. No es para mí esta aventura,
don Lope; ven tú a probarla,
que no sé quién me asegura
que han de venir a alcanzarla
las manos de tu ventura. 5
D. Lop. Algún muchacho habrá puesto
cebo o lazo allí dispuesto
para cazar los vencejos.
Viv. No está hondo, ni está lejos;
ven, y verémoslo presto. 10
¿No ves cómo se te inclina
la caña? ¡Vive el Señor,
que ésta es cosa peregrina!
D. Lop. En el trapo está el favor.
Viv. Si es favor, desata aína. 15
D. Lop. Once escudos de oro son;
entre ellos viene un doblón
que parece necesario
paternóster del rosario.
Viv. ¡Bien propia comparación! 20
D. Lop. La caña se tornó a alzar.
¿Qué maná del cielo es ésta?
¿Qué Abacuc nos vino a dar
en nuestra prisión la cesta
de este que es más que manjar? 25
Viv. ¿Por qué, don Lope, no acudes
a dar gracias y saludes
a quien hizo esta hazaña?
¡Oh caña, de hoy más no caña,
sino vara de virtudes! 30
D. Lop. ¿A quién quieres que las dé,
si en aquella celosía
JORNADA PRIMERA p. 250
estrecha nadie se ve?
Viv. Pues alguien aquesto envía.
D. Lop. Claro está; mas quién, no sé.
Quizá será renegada
cristiana la que se agrada 5
de mostrarse compasiva,
o ya cristiana cautiva
en esta casa encerrada.
Mas, quienquiera que ella sea,
es bien que las apariencias 10
de agradecidos nos vea:
hazle dos mil reverencias,
porque nuestro intento crea;
yo a lo morisco haré
ceremonias, por si fue 15
mora la que hizo el bien.
Entra Hazén, renegado.
D. Lop. Calla, porque viene Hazén.
Viv. ¡Noramala venga el pe...!
Las dos erres y la o 20
me como contra mi gusto.
D. Lop. Creo, por Dios, que te oyó.
Viv. Si él me oyó, por Dios, fue justo
no acabar su nombre yo.
Haz. Con vuestras dos firmas solas 25
pisaré alegre y contento
las riberas españolas;
llevaré propicio el viento,
manso el mar, blandas sus olas.
A España quiero tornar, 30
y a quien debo confesar
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 251
mi mozo y antiguo yerro;
no como Yzuf, aquel perro
que fue a vender su lugar.
Dales un papel escrito.
Aquí va cómo es verdad 5
que he tratado a los cristianos
con mucha afabilidad,
sin tener en lengua o manos
la turquesca crüeldad;
cómo he a muchos socorrido; 10
cómo, niño, fui oprimido
a ser turco; cómo voy
en corso, pero que soy
buen cristiano en lo escondido,
y quizá hallaré ocasión 15
para quedarme en la tierra,
para mí, de promisión.
D. Lop. Es la enmienda en el que yerra
arras de su salvación.
Echaremos de buen grado 20
las firmas que nos pedís,
que ya está experimentado
ser verdad cuanto decís,
Hazén, y que sois honrado.
Y quiera el cielo divino 25
que os facilite el camino
como vos lo deseáis.
Viv. A mucho os determináis.
Haz. Pues a más me determino:
que he de procurar alzar 30
la galeota en que voy.
JORNADA PRIMERA p. 252
D. Lop. ¿Cómo lo pensáis trazar?
Haz. Ya con otros cuatro estoy
convenido.
Viv. Temo azar,
si es que entre muchos se sabe: 5
que no hay cosa que se acabe
aquí en Argel sin afrenta
cuando a muchos se da cuenta.
Haz. En los que digo, más cabe.
D. Lop. ¿Sabrías decir, Hazén, 10
quién mora en aquella casa?
Haz. ¿En aquélla?
Viv. Sí.
Haz. Muy bien.
Un moro de buena masa, 15
principal y hombre de bien,
y rico en extremo grado;
y, sobre todo, le ha dado
el cielo una hija tal,
que de belleza el caudal 20
todo en ella está cifrado.
Muley Maluco apetece
ser su marido.
D. Lop. Y el moro,
¿qué dice? 25
Haz. Que la merece,
no por rey, mas por el oro
que en la dote el rey ofrece:
que en esta nación confusa
que dé el marido se usa 30
la dote, y no la mujer.
Viv. ¿Y ella está del parecer
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 253
del padre?
Haz. No lo rehúsa.
D. Lop. ¿Está acaso alguna esclava,
ya renegada o cristiana,
en esta casa? 5
Haz. Una estaba
años ha, llamada Juana.
Sí, sí; Juana se llama[ba],
y el sobrenombre tenía,
creo, que de Rentería. 10
D. Lop. ¿Qué se hizo?
Haz. Ya murió,
y a aquesta mora crio
que denantes os decía.
Ella fue una gran matrona, 15
archivo de cristiandad,
de las cautivas corona;
no quedó en esta ciudad
otra tan buena persona.
Los tornadizos lloramos 20
su falta, porque quedamos
ciegos sin su luz y aviso.
Por cobrarla el cielo, quiso
que la perdiesen sus amos.
D. Lop. Vete en paz, y aquesta tarde 25
ven por tus firmas, Hazén.
Vase.
Entrase Hazén.
Haz. La Trinidad toda os guarde.
Viv. Bien podemos de este bien 30
hacer otra vez alarde.
JORNADA PRIMERA p. 254
¿Cuántos son?
D. Lop. ¿Once no dije?
Pero lo que aquí me aflige,
es no ver [a] quien los dio.
Viv. ¿Quién? Para mí tengo yo 5
que fue aquel que el cielo rige,
que por no vistos caminos
su pródiga mano acorre
a los míseros mezquinos;
y así a nosotros socorre, 10
aunque de tal gracia indignos.
Parece la caña otra vez con otro paño de más bulto.
Mira que otra vez asoma
la caña.
D. Lop. Trabajo toma 15
de ir a ver si se te inclina.
Viv. Aquesta pesca es divina,
aunque sea de Mahoma.
Mas, apenas muevo el pie
hacia allá, cuando levantan 20
la caña, y no sé por qué;
si es que de mí se espantan,
díganlo, y me volveré.
Para ti, amigo, se guarda
esta ventura gallarda; 25
ven, y veremos lo que es;
y no empereces los pies,
que, si el bien llega, no tarda.
Inclínase la caña a don Lope, y desata el paño.
D. Lop. Más peso tiene, a mi ver, 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 255
que el de denantes aquéste.
Viv. Más numos debe de haber.
D. Lop. ¡Ta, ta, billetico es éste!
Viv. ¿Quiéresle ahora leer?
Mira si es oro o argento, 5
primero, que de contento
estoy para reventar.
¿Que no lo queréis mirar?
Pónese don Lope a leer el billete, y antes que le acabe
de leer, dice: 10
D. Lop. ¡Por Dios, que pasan de ciento,
y son los más de a dos caras!
Viv. ¿Para qué a leer te paras?
A contarlos te apresura.
D. Lop. Cierto que es esta aventura 15
rarísima entre las raras.
Viv. ¿Qué es lo que dice el papel?
D. Lop. En lo poco que he leído,
milagros he visto en él.
Viv. Oye, que siento rüido. 20
D. Lop. Gente viene de tropel;
en el rancho nos entremos,
adonde a solas podremos
ver lo que el billete dice.
Viv. ¿Despedístete? 25
D. Lop. Sí hice.
Viv. Desorejado tenemos.
Sale el guardián Bají y un moro llamado Carahoja, y
un cristiano atadas las orejas con un paño
sangriento, como que las trae cortadas. 30
Car. ¿No os dije, perro insensato,
JORNADA PRIMERA p. 256
que, si huíades por tierra,
que os haría aqueste trato?
Cris. Es grande el gusto que encierra
voz de libertad.
Car. ¡Oh ingrato! 5
Por la mar te he aconsejado
que huyas; más tú, malvado,
que en los estorbos no miras,
siempre a huir por tierra aspiras.
Cris. Hasta quedar enterrado. 10
Car. Tres veces por tierra ha huido
este perro, y treinta doblas
di [a] aquellos que le han traído.
Cris. Si las prisiones no doblas,
haz cuenta que me has perdido: 15
que, aunque me desmoches todo,
y me pongas de otro modo
peor que éste en que me veo,
tanto el ser libre deseo,
que a la fuga me acomodo, 20
por la tierra o por el viento,
por el agua y por el fuego:
que, a la libertad atento,
a cualquier cosa me entrego
que me muestre este contento. 25
Y, aunque más te encolerices,
respondo a lo que me dices,
que das en mi huida cortes,
que no importa el ramo cortes,
si no arrancas las raíces. 30
Si no me cortas los pies,
al huirme no hay reparo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 257
Guar. Carahoja, ¿éste no es
español?
Car. ¿Pues no está claro?
¿En su brío no lo ves?
Guar. Por Alá, que, aunque esté muerto, 5
estás de guardarlo incierto.
¡Entrate, perro, a curar!
Aquéste le habrás de dar
a la limosna.
Car. Está cierto. 10
Entrase el cristiano.
Guar. Oye, que un tiro han tirado
en la mar.
Car. No le he sentido.
Entra un cautivo. 15
Caut. Fendi, Cauralí es llegado,
y viene, según he oído,
rico, próspero y honrado;
y el rey sale a la marina,
que ver allí determina 20
los cautivos y el despojo.
Guar. ¿Quieres venir?
Car. Yo estoy cojo.
Guar. Pues poco a poco camina.
Entranse. 25
Vuelven a salir don Lope y Vivanco.
Viv. Léele otra vez, que me admira
la sencillez que contiene
y el grande intento a que aspira.
JORNADA PRIMERA p. 258
D. Lop. Mira bien si alguno viene,
y a esta parte te retira.
El billete dice así;
en toda mi vida vi
razones así sencillas. 5
¡Estas son tus maravillas,
gran Señor!
Viv. Acaba, di.
Lee el billete don Lope:
[D. Lop.] Mi padre, que es muy rico, tuvo 10
por cautiva a una cristiana que me
dio leche y me enseñó todo el
cristianesco. Sé las cuatro oraciones, y
leer y escribir, que ésta es mi letra.
Díjome la cristiana que Lela Marién, 15
a quien vosotros llamáis Santa María,
me quería mucho, y que un cristiano
me había de llevar a su tierra.
Muchos he visto en ese baño por los
agujeros de esta celosía, y ninguno me ha 20
parecido bien, sino tú. Yo soy hermosa,
y tengo en mi poder muchos dineros
de mi padre. Si quieres, yo te
daré muchos para que te rescates, y
mira tú cómo podrás llevarme a tu 25
tierra, donde te has de casar conmigo;
y cuando no quisieres, no se me dará
nada: que Lela Marién tendrá cuidado
de darme marido. Con la caña me
podrás responder cuando esté el baño 30
sin gente. Envíame a decir cómo te
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 259
llamas, y de qué tierra eres, y si eres
casado, y no te fíes de ningún moro
ni renegado. Yo me llamo Zara, y Alá
te guarde.
¿Qué te parece? 5
Viv. Que el cielo
se nos descubre en la tierra
en este tan santo celo.
D. Lop. Sin duda, en Zara se encierra
toda la bondad del suelo. 10
Viv. Quizá nos está mirando.
Vuelve, y haz de cuando en cuando
señales de agradecido.
Mas ¿en qué te has suspendido?
D. Lop. La respuesta estoy pensando. 15
Viv. ¿Pues hay más que responder,
sino que harás todo cuanto
fuere al caso menester?
Entra Hazén.
D. Lop. Hazén vuelve. 20
Haz. Estimo en tanto
el bien que me habéis de hacer,
que, hasta tenerle en mi pecho,
no puedo tener sosiego.
Vuélvele el papel. 25
D. Lop. Amigo Hazén, ya está hecho,
y así como yo os lo entrego
con gusto, os haga el provecho.
Viv. ¿Es verdad que ya ha llegado
JORNADA PRIMERA p. 260
Cauralí?
Haz. Ya se ha mostrado
al cabo de Metafús.
D. Lop. ¿En qué piensas?
Haz. Ahora, ¡sus!, 5
yo he de ver al renegado
y decirle de mí a él
quién es.
Viv. ¿Por Yzuf dirás?
Haz. Por ese perro crüel 10
digo.
D. Lop. Pues muy mal harás
en tomarte, Hazén, con él.
Viv. Déjale; Dios le maldiga.
Haz. El alma se me fatiga 15
en ver que este perro infame
su sangre venda y derrame
como si fuera enemiga.
Dios me ayude, a Dios quedad,
que jamás no me veréis, 20
y Dios os dé libertad.
Viv. ¡Mirad, Hazén, lo que hacéis!
Entrase Hazén.
Haz. ¡Dios mueve mi voluntad!
Viv. ¿Apostaréis que se toma, 25
según la ira le doma,
con Yzuf?
D. Lop. Ya le acabase,
porque del suelo quitase
este rayo de Mahoma. 30
¿No será bien que escribamos,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 261
por si otra vez se aparece
esta estrella que miramos?
Viv. Así a mí me lo parece
ya, y ahora.
D. Lop. Vamos. 5
Viv. Vamos.
Entranse.
Sale Azán Bajá, rey de Argel, y el cadí y Carahoja, y
Hazén, el guardián Bají y otros moros de acompañamiento;
suenan chirimías y grita de desembarcar. 10
Bajá. ¡Bueno viene Cauralí!
De alegría da gran muestra.
¿Qué dices, guardián Bají?
Guar. De su industria y de su diestra
siempre estos efectos vi; 15
es valiente, y fue guiado
por un bravo renegado.
Bajá. ¿No fue Yzuf?
Guar. Yzuf se llama,
a quien pregona la fama 20
por buen moro y buen soldado.
Entran Cauralí e Yzuf.
Cau. Dame tus pies, fuerte Azán,
como mi rey y señor.
Bajá. Mis pies por jamás se dan 25
a labios de tal valor
y a tan bravo capitán.
Del suelo os alzad.
Yzuf. A mí
darás lo que a Cauralí 30
niegas con justa razón.
JORNADA PRIMERA p. 262
Bajá. De entrambos mis brazos son.
Cadí. Y también los del cadí.
En buen hora seas venido.
Cau. En la misma estés.
Cadí. Pues bien: 5
¿haos España enriquecido?
Porque lo suele hacer bien
con el corsario atrevido.
Yzuf. Mi pueblo se saqueó,
y, aunque poca, en él se halló 10
ganancia y algún cautivo.
Haz. ¡Oh más que Nerón esquivo,
ni al que a Sicilia asoló!
Bajá. Haz venir alguno de ellos
en mi presencia, y advierte 15
que sean de los más bellos.
Cau. Yo mismo, por complacerte,
quiero ir, señor, a traellos.
Entrase Cauralí.
Bajá. ¿Cuántos serán? 20
Yzuf. Ciento y veinte.
Bajá. ¿Hay entre ellos buena gente
para el remo? ¿Hay oficiales?
Yzuf. Yo creo que vienen tales,
que el más ruin más te contente. 25
Cadí. ¿Hay muchachos?
Yzuf. Dos no más;
pero de belleza extraña,
como presto lo verás.
Cadí. Hermosos los cría España. 30
Yzuf. Pues de ésto[s] te admirarás.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 263
Y son, a lo que imagino,
uno y otro mi sobrino.
Cadí. Hasles hecho un gran favor.
Haz. ¿Qué tal hiciste, traidor,
alma fiera de Ezino? 5
Vuelve Cauralí con el padre, que trae al niño de la
mano y otro chiquito en los brazos que no ha de
hablar, y vienen asimismo el sacristán, don
Fernando y otros dos cautivos.
Cau. De aquestos dos niños, creo 10
que este honrado viejo es padre.
Yzuf. El mío en su rostro veo.
Bajá. ¿Viene cautiva su madre?
Cau. No, señor.
Cadí. Este no es feo. 15
Bajá. Son muy chiquitos.
Cau. Con todo,
con el tiempo me acomodo,
sin que lo estorbe su Roma,
dar dos pajes a Mahoma 20
que le sirvan a su modo.
Pad. ¡Cuitado! ¿Qué es lo que escucho?
Cadí. Llegad éste acá.
Pad. Señor,
no nos aparte; ya lucho 25
con los brazos del temor,
y venceránme, que es mucho.
Cau. Este es un desesperado,
que él mismo al mar se arrojó
ya después de haber zarpado, 30
y un gancho que le eché yo
le pescó como pescado.
JORNADA PRIMERA p. 264
Bajá. ¿Pues quién le movió a tal hecho?
Cau. Amor que reina en su pecho
de un hijo que él se temía
que en nuestra armada venía.
Bajá. Y el muchacho, ¿qué se ha hecho? 5
Yzuf. No parece.
Cadí. ¿Cómo así?
Cau. Debió de quedarse allá.
D. Fer. ¡Ay Costanza! ¿Qué es de ti?
Bajá. ¿Qué es lo que dices? 10
D. Fer. ¡Quizá
en el lugar le perdí!
Bajá. Cordura fuera buscarle
primero, y, al no hallarle,
el rescate lo suplía; 15
y fue mala granjería
el perderte por ganarle.
Este, ¿quién es?
Cau. No sé cierto.
Caut. ¿Yo, señor? Soy carpintero. 20
Haz. ¡Oh cristiano poco experto!
No te sacará el dinero
de esta tormenta a buen puerto.
El que es oficial, no espere,
mientras que vida tuviere, 25
verse libre de estas manos.
Cau. ¿Vendrán todos los cristianos?
Bajá. Muestra alguno, y sea quien fuere.
Entra el sacristán.
¿Este es pápaz? 30
Sac. No soy Papa,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 265
sino un pobre sacristán
que apenas tuvo una capa.
Cadí. ¿Cómo te llaman?
Sac. Tristán.
Bajá. ¿Tu tierra? 5
Sac. No está en el mapa.
Es mi tierra Mollorido,
un lugar muy escondido
allá en Castilla la Vieja.
¡Mucho este perro me aqueja! 10
¡Guarde el cielo mi sentido!
Bajá. ¿Qué oficio tienes?
Sac. Tañer:
que soy músico divino,
como lo echaréis de ver. 15
Haz. O este pobre pierde el tino,
o él es hombre de placer.
Bajá. ¿Tocas flauta o chirimía,
o cantas con melodía?
Sac. Como yo soy sacristán, 20
toco el din, el don y el dan
a cualquiera hora del día.
Cadí. ¿Las campanas no son esas
que llamáis entre vosotros?
Sac. Sí, señor. 25
Bajá. Bien lo confiesas:
música para nosotros
divina es la que profesas.
Bajá. ¿No sabrás tirar un remo?
Sac. No, mi señor, porque temo 30
reventar: que soy quebrado.
Cadí. Irás a guardar ganado.
JORNADA PRIMERA p. 266
Sac. Soy friolero en extremo
en invierno, y en verano
no puedo hablar de calor.
Bajá. Bufón es este cristiano.
Sac. ¿Yo búfalo? No, señor: 5
antes soy pobre aldeano.
En lo que yo tendré maña,
será en guardar una puerta,
o en ser pescador de caña.
Cadí. Bien tus oficios concierta; 10
no fuérades vos de España.
Entra un moro.
Moro. Los jenízaros están
aguardándote en palacio.
Bajá. Vamos. ¡A Dios, capitán!, 15
y veámonos despacio.
Cau. ¡Oh qué bien mis cosas van!
Entranse todos; quedan Hazén e Yzuf.
Escapado he la cristiana;
ya la fortuna me allana 20
los caminos de mi bien.
Yzuf. Ahora hablaré yo a Hazén.
Haz. De hablarte tengo gana.
Deja ir a Cauralí,
porque los cautivos lleve, 25
y quedémonos aquí.
Yzuf. En tus razones sé breve,
que tengo que hacer.
Haz. Sea así.
Dejo aparte que no tengas 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 267
ley con quien tu alma avengas,
ni la de gracia ni escrita,
ni en iglesia ni en mezquita
a encomendarte a Dios vengas.
Con todo, de tu fiereza 5
no pudiera imaginar
cosa de tanta extrañeza
como es venirte a faltar
la ley de naturaleza.
Con sólo que la tuvieras, 10
fácilmente conocieras
la maldad que cometías
cuando a pisar te ofrecías
las españolas riberas.
¿Qué Falaris agraviado, 15
qué Dionisio embravecido,
o qué Catilina airado,
contra su sangre ha querido
mostrar su rigor sobrado?
¿Contra tu patria levantas 20
la espada? ¿Contra las plantas
que con tu sangre crecieron,
tus hoces agudas fueron?
Yzuf. ¡Por Dios, Hazén, que me espantas!
Haz. ¿No te espanta haber vendido 25
a tu tío y tus sobrinos
y a tu patria, descreído,
y espántate...?
Yzuf. Desatinos
dices, Hazén fementido. 30
Sin duda que eres cristiano.
Haz. Bien dices; y aquesta mano
JORNADA PRIMERA p. 268
confirmará lo que has dicho,
poniendo eterno entredicho
a tu proceder tirano.
Da Hazén de puñaladas a Yzuf.
Yzuf. ¡Ay, que me ha muerto! ¡Mahoma, 5
desde luego la venganza,
como es tu costumbre, toma!
Haz. ¡Tú llevas buena esperanza
a los lagos de Sodoma!
Vuelve el cadí. 10
Cadí. ¿Qué es esto? ¿Qué grito oí?
Haz. ¡Por Dios, que vuelve el cadí!
Yzuf. ¡Ay, señor! ¡Hazén me ha muerto,
y es cristiano!
Haz. Aqueso es cierto: 15
cristiano soy; veisme aquí.
Cadí. ¿Por qué le mataste, perro?
Haz. No porque éste fue de caza
de la vida le destierro,
sino porque fue de raza 20
que siempre cazó por yerro.
Cadí. ¿Eres cristiano?
Haz. Sí soy;
y en serlo tan firme estoy,
que deseo, como has visto, 25
deshacerme y ser con Cristo,
si fuese posible, hoy.
¡Buen Dios, perdona el exceso
de haber faltado en la fe,
pues, al cerrar del proceso, 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 269
si en público te negué,
en público te confieso!
Bien sé que aquéste conviene
que haga a aquel que te tiene
ofendido como yo. 5
Cadí. ¿Quién jamás tal cosa vio?
¡Alto su muerte se ordene!
¡Ponedle luego en un palo!
Haz. Mientras yo tuviere aquéste,
con quien el alma regalo, 10
lecho será en que me acueste,
el tuyo, Sardanapalo.
Dame, enemigo, esa cama,
que es la que el alma más ama,
puesto que al cuerpo sea dura; 15
dámela, que a gran ventura
por ella el cielo me llama.
Saca una cruz de palo Hazén.
No le mudes la intención;
buen Jesús, confirma en él 20
su intento y mi petición,
que en ser el cadí crüel
consiste mi salvación.
Cadí. Caminad; llevadle aína,
y empaladle en la marina. 25
Haz. Por tal palo, palio espero,
y así correré ligero.
Moro. ¡Camina, perro, camina!
Haz. Cristianos, a morir voy,
no moro, sino cristiano: 30
que aqueste descuento doy
JORNADA PRIMERA p. 270
del vivir torpe y profano
en que he vivido hasta hoy.
En España lo diréis
a mis padres, si es que os veis
fuera de aqueste destierro. 5
Cadí. ¡Cortad la lengua a ese perro!
¡Acabad con él! ¿Qué hacéis?
Carga tú con éste, y mira
si ha acabado de expirar.
Moro. Paréceme que aún respira. 10
Cadí. Tráele a mi casa a curar.
Este suceso me admira;
en él se ha visto una prueba
tan nueva al mundo, que es nueva
aun a los ojos del sol; 15
mas si el perro es español,
no hay de qué admirarme deba.
Entranse todos.
Fin de la primera jornada.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 271
JORNADA SEGUNDA
Halima, mujer de Cauralí, y doña Costanza.
Hal. ¿Cómo te hallas, cristiana?
Cos. Bien, señora: que en ser tuya
mucho mi ventura gana. 5
Hal. Que gana más la que es suya,
bien se ve ser cosa llana.
Al no tener libertad,
no hay mal que tenga igualdad;
sélo yo, sin ser esclava. 10
Cos. Yo, señora, esto pensaba.
Hal. Piensas contra la verdad.
Sólo por estar sujeta
a mi esposo, estoy de suerte,
que el corazón se me aprieta. 15
Cos. Blando del marido fuerte
hace la mujer discreta.
Hal. ¿Eres casada?
Cos. Pudiera
serlo, si lo permitiera 20
el cielo, que no lo quiso.
Hal. Tu gentileza y aviso
corren igual la carrera.
Entran Cauralí y don Fernando como cautivo.
Cau. Ella es hermosa en extremo; 25
mas llega a su hermosura
su riguridad, que temo
ya; ¡amor, de esta piedra dura
JORNADA SEGUNDA p. 272
saca el fuego en que me quemo!
Hete dado cuenta de esto,
para que en mi gusto el resto
eches de tu discreción.
D. Fer. Más pide la obligación, 5
buen señor, en que me has puesto.
Muéstrame tú la cautiva;
que, aunque más exenta viva
del grande poder de amor,
la has de ver de tu dolor, 10
o amorosa, o compasiva.
Cau. Vesla allí; y ésta es Halima,
mi mujer y tu señora.
D. Fer. ¡A fe que es prenda de estima!
Hal. Pues, amigo, ¿qué hay ahora? 15
Cau. Más de un ay que me lastima.
Hal. ¿Alzase el rey con la presa?
Cau. No fuera desdicha aquésa.
Hal. ¿Pues qué daño puede haber?
Cau. ¿No es mal mandarme volver 20
en corso con toda priesa?
Mas Alá lo hará mejor.
Aqueste esclavo os presento,
que es cristiano de valor.
D. Fer. ¿Juzgo, veo, entiendo, siento? 25
¿Este es esfuerzo, o temor?
¿No están mirando mis ojos
los ricos altos despojos
por quien al mar me arrojé?
¿No es ésta, que el alma fue, 30
la gloria de sus enojos?
Cau. ¿Con quién hablas, di, cristiano?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 273
¿Por qué no te echas por tierra,
y Halima besas la mano?
D. Fer. Más acierta el que más yerra,
viendo un dolor sobrehumano.
Dame, señora, los pies, 5
que este que postrado ves
ante ellos, es tu cautivo.
Hal. Ahora esclavo recibo
que será señor después.
¿Conoces a esta cautiva? 10
D. Fer. No, por cierto.
Cos. Bien dijiste;
y si de memoria priva
un dolor, muera ésta triste,
porque olvidada no viva. 15
Pero quizá disimulas,
y mentiras acumulas
que ser de provecho sientes.
Cau. ¿Por qué, hablando entre los dientes,
las razones no articulas? 20
D. Fer. ¿Cómo os llamáis?
Cos. ¿Yo? Costanza.
D. Fer. ¿Sois soltera, o sois casada?
Cos. De serlo tuve esperanza.
D. Fer. ¿Y estáis ya desesperada? 25
Cos. Aún vive la confianza:
que, mientras dura la vida,
es necedad conocida
desesperarse del bien.
D. Fer. ¿Quién fue vuestro padre? 30
Cos. ¿Quién?
Un Diego de la Bastida.
JORNADA SEGUNDA p. 274
D. Fer. ¿No estábades concertada
con un cierto don Fernando,
de sobrenombre de Andrada?
Cos. Así es; mas nunca el cuándo
llegó de esa suerte honrada: 5
que mi señor Cauralí,
del bien que en fe poseí,
merced a Yzuf el traidor,
trajo de su borrador
el original aquí. 10
D. Fer. Señora, trátala bien,
porque es mujer principal.
Hal. Como ella me sirva bien,
no la trataré yo mal.
Entra Zahara muy bien aderezada. 15
Zah. Ya queda empalado Hazén.
Hal. Señora Zara, ¿qué es esto?
No te esperaba tan presto.
Zah. No estaba el baño a mi gusto,
y víneme con disgusto 20
de aqueste caso funesto.
Hal. ¿Pues qué caso?
Zah. A Yzuf mató
Hazén, y el cadí, al momento,
a empalarle sentenció. 25
Vile morir tan contento,
que creo que no murió.
Si ella fuera de otra suerte,
tuviera envidia a su muerte.
Cau. ¿Pues no murió como moro? 30
Zah. Dicen que guardó un decoro
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 275
que entre cristianos se advierte,
que es el morir confesando
al Cristo que ellos adoran.
Y estúvemele mirando,
y, entre otros muchos que lloran, 5
también estuve llorando,
porque soy naturalmente
de pecho humano y clemente;
en fin, pecho de mujer.
Cau. ¿Qué tal te paraste a ver? 10
Zah. Soy curiosa impertinente.
Cau. ¿Estarás aquí esta tarde,
Zahara?
Zah. Sí, porque he de hacer
con Halima cierto alarde. 15
Cau. ¿De soldados?
Zah. Podrá ser.
Cau. Quedad con Alá.
Zah. El te guarde.
Vase Cauralí. 20
Hal. No te vayas tú, cristiano.
Cau. Quédate.
D. Fer. Término llano
es este de Berbería.
Cos. ¡Dichosa desdicha mía! 25
Hal. ¿Por qué?
Cos. Porque en ella gano.
Zah. ¿Qué ganas?
Cos. Un bien perdido
que cobré con la paciencia 30
de los males que he sufrido.
JORNADA SEGUNDA p. 276
Zah. ¡Mucho enseña la experiencia!
Cos. Mucho he visto, y más sabido.
Zah. ¿Nuevos son estos cristianos?
Hal. Sus rostros mira y sus manos,
que están limpios, y ellas blandas. 5
D. Fer. Saldréme fuera, si mandas.
Hal. No tengas temores vanos,
porque no tiene recelo
de ningún cautivo el moro,
ni cristiano le dio celo. 10
Guarda ese honesto decoro
para tu tierra.
D. Fer. Harélo.
Hal. No hay mora que acá se abaje
a hacer a algún moro ultraje 15
con el que no es de su ley,
aunque supiese que un rey
se encubría en ese traje.
Por eso nos dan licencia
de hablar con nuestros cautivos. 20
D. Fer. ¡Confiada impertinencia!
Zah. Matan los bríos lascivos
el trabajo y la dolencia,
y el gran temor de la pena
de la culpa nos refrena 25
a todos: que, según veo,
doquiera nace un deseo
que un buen pecho desordena.
Ven acá; dime, cristiano:
¿en tu tierra hay quien prometa 30
y no cumpla?
D. Fer. Algún villano.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 277
Zah. ¿Aunque dé en parte secreta
su fe, su palabra y mano?
D. Fer. Aunque sólo sean testigos
los cielos, que son amigos
de descubrir la verdad. 5
Zah. ¿Y guardan esa lealtad
con los que son enemigos?
D. Fer. Con todos: que la promesa
del hidalgo o caballero
es deuda líquida expresa, 10
y ser siempre verdadero
el bien nacido profesa.
Hal. ¿Qué te importa a ti saber
su buen o mal proceder
de aquéstos, que en fin son galgos? 15
Zah. ¡Haz, oh Alá, que sean hidalgos
los que me diste a escoger!
Hal. ¿Qué dices, Zara!
Zah. Nonada;
déjame a solas, si quieres, 20
con esta tu esclava honrada.
Hal. ¡Qué amiga de saber eres!
Zah. ¿A quién el saber no agrada?
Hal. Habla tú con ella, y yo
con mi esclavo. 25
Cos. Al fin salió
verdad lo que yo temía.
¿Si ha de acabar Berbería
lo que España comenzó?
Allá comencé a perder, 30
y aquí me he de rematar;
porque bien se echa de ver
JORNADA SEGUNDA p. 278
que este apartarse y hablar
se funda en un buen querer.
Zah. ¿Cómo te llamas, amiga?
Cos. Costanza.
Zah. ¿Tendrás fatiga 5
de verte sin libertad?
Cos. Más, si va a decir verdad,
otra cosa me fatiga.
Hal. La blandura o la aspereza
de las manos nos da muestra 10
de la abundancia o pobreza
de vosotros. Muestra, muestra;
no las huyas, que es simpleza,
porque, si eres de rescate,
será ocasión que te trate 15
con proceder justo y blando.
Zah. ¿Qué miras?
Cos. Estoy mirando
un extraño disparate.
D. Fer. Señora, a mi amo toca 20
el hacer esa experiencia;
aunque a risa me provoca
que a tan engañosa ciencia
deis creencia mucha o poca;
porque hay pobres holgazanes 25
en nuestra tierra galanes
y del trabajo enemigos.
Hal. Estas manos son testigos
de quién eres; no te allanes.
Cos. ¡Ay, embustera gitana! 30
En esas rayas que miras
está mi desdicha llana.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 279
¡Qué despacio las retiras,
enemigo!
Zah. ¿Qué has, cristiana?
Cos. ¿Qué tengo de haber? Nonada.
Zah. ¿Fuiste, a dicha, enamorada 5
en tu tierra?
Cos. Y aun aquí.
Zah. ¿Aquí dices? ¿Cómo así?
¿Luego a moro estás prendada?
Cos. No, sino de un renegado 10
de fe poca y fe perjura.
D. Fer. Harto, señora, has mirado.
Zah. Has dado en una locura
en que cristiana no ha dado.
Amar a cristianos moras, 15
eso vese a todas horas;
mas que ame cristiana a moro,
eso no.
Cos. De ese decoro
reniego. 20
Hal. ¿De qué te azoras?
Además eres esquivo.
D. Fer. Rico, pobre, blando o fuerte,
señora, soy tu cautivo,
y tengo a dichosa suerte 25
el serlo.
Cos. ¡Muriendo vivo!
Zah. ¿Que tanto le quieres, triste?
¿Hoy quieres, y ayer viniste?
¡Cómo amor tu pecho enciende! 30
Mas ¿cómo te reprehende
la que tan mal le resiste?
JORNADA SEGUNDA p. 280
Lo que en esto siento, amiga,
es que me cansa y afana
sentir que tu lengua diga
que una tan bella cristiana
le causa un moro fatiga. 5
Cos. No es sino mora.
Zah. Dislates
dices; de aqueso no trates,
que es locura y vano error.
Cos. Son en los casos de amor 10
extraños los disparates.
Zah. Bien el que has dicho lo allana.
Hal. ¿Qué habláis las dos?
Zah. ¡Es de precio
y discreta la cristiana! 15
Hal. ¡Pues el cristiano no es necio!
Cos. Es de fe perjura y vana.
Hal. Entremos, que ya has oído
el azar, y el encendido
sol demedia su jornada. 20
D. Fer. ¡Oh, por mi bien, prenda hallada!
Cos. ¡Oh, por mi mal, bien perdido!
Entranse todos.
Sale el viejo, padre de los niños, y el sacristán; el viejo
con vestido de cautivo, y el sacristán con su mismo 25
vestido y con un barril de agua.
Sac. No hay sino tener paciencia
y encomendarnos a Dios;
porque es necia impertinencia
dejarse morir. 30
Viejo. Ya vos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 281
tenéis ancha la conciencia;
ya coméis carne en los días
vedados.
Sac. ¡Qué niñerías!
Como aquello que me da 5
mi amo.
Viejo. Mal os hará.
Sac. ¡Que no hay aquí teologías!
Viejo. ¿No te acuerdas, por ventura,
de aquellos niños hebreos 10
que nos cuenta la Escritura?
Sac. ¿Dirás por los Macabeos,
que, por no comer grosura,
se dejaron hacer piezas?
Viejo. Por ésos digo. 15
Sac. Si empiezas,
en viéndome, a predicarme,
por Dios, que he [de] deslizarme
en viéndote.
Viejo. ¿Ya tropiezas? 20
Que no caigas, plega al cielo.
Sac. Eso no, porque en la fe
soy de bronce.
Viejo. Yo recelo
que si una mora os da el pie, 25
deis vos de mano a ese celo.
Sac. ¿Luego no me han dado ya
más de dos lo que quizá
otro no lo desechara?
Viejo. Dádiva es que cuesta cara 30
a quien la toma y la da.
Pero dejémonos de esto.
JORNADA SEGUNDA p. 282
¿Quién es vuestro amo?
Sac. Mamí,
un jenízaro dispuesto
que es soldado y dabají,
turco de nación y honesto. 5
Dabají es cabo de escuadra
o alférez, y bien le cuadra
el oficio, que es valiente;
y es perro tan excelente,
que ni me muerde, ni ladra. 10
Y así, a mi desdicha alabo,
que, ya que me trajo a ser
cautivo, mísero esclavo,
vino a traerme a poder
de jenízaro, y que es bravo: 15
que no hay turco, rey ni Roque
que le mire ni le toque
de jenízaro al cautivo,
aunque a furor excesivo
su insolencia le provoque. 20
Viejo. Más cautiverio y más duelos
cupieron a mis dos niños,
por crecer mis desconsuelos.
Conservad a estos armiños
en limpieza, ¡oh limpios cielos!, 25
y si veis que se endereza
de Mahoma la torpeza
a procurar su caída,
quitadles antes la vida
que ellos pierdan su limpieza. 30
Entran dos o tres muchachos morillos, aunque se tomen
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 283
de la calle, los cuales han de decir no más que
estas palabras:
Mor. ¡Rapaz cristiano,
non rescatar, non fugir;
don Juan no venir, 5
acá morir,
perro, acá morir!
Sac. ¡Oh hijo de una puta,
nieto de un gran cornudo,
sobrino de un bellaco, 10
hermano de un gran traidor y
[sodomita!
Otro. ¡Non rescatar, non fugir;
don Juan no venir;
acá morir! 15
Sac. ¡Tu morirás, borracho,
bardaja fementido;
quínola punto menos,
anzuelo de Mahoma, el hideputa!
Otro. ¡Acá morir! 20
Viejo. No mientes a Mahoma,
¡mal haya mi linaje!,
que nos quemarán vivos.
Sac. Déjeme, pese a mí, con estos galgos.
Otro. ¡Don Juan no venir; 25
acá morir!
Viejo. Bien de aqueso se infiera
que si él venido hubiera,
vuestra maldita lengua
no tuviera ocasión de decir esto. 30
Mor. ¡Don Juan no venir;
acá morir!
JORNADA SEGUNDA p. 284
Sac. Escuchadme, perritos;
venid, ¡tus, tus!, oídme,
que os quiero dar la causa
porque don Juan no viene; estadme
[atentos. 5
Sin duda que en el cielo
debía de haber gran guerra,
do el general faltaba,
y a don Juan se llevaron para serlo.
Dejadle que concluya, 10
y veréis cómo vuelve,
y os pone como nuevos.
Viejo. ¡Gracioso disparate! Ya se han ido.
Entra un judío.
Viejo. ¿No es aquéste judío? 15
Sac. Su copete lo muestra,
sus infames chinelas,
su rostro de mezquino y de pobrete.
Trae el turco en la corona
una guedeja sola 20
de peinados cabellos,
y el judío los trae sobre la frente;
el francés, tras la oreja;
y el español, acémila,
que es rendajo de todos, 25
le trae, ¡válgame Dios!, en todo el
[cuerpo.
¡Hola, judío! Escucha.
Jud. ¿Qué me quieres, cristiano?
Sac. Que este barril te cargues, 30
y le lleves en casa de mi amo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 285
Jud. Es sábado, y no puedo
hacer alguna cosa
que sea de trabajo;
no hay pensar que lo lleve, aunque me
[mates. 5
Deja venga mañana
que, aunque domingo sea,
te llevaré doscientos.
Sac. Mañana huelgo yo, perro judío.
Cargaos, y no riñamos. 10
Jud. Aunque me mates, digo
que no quiero llevarlo.
Sac. ¡Vive Dios, perro, que os arranque el
[hígado!
Jud. ¡Ay, ay, misero y triste! 15
Por el Dío bendito,
que si hoy no fuera sábado,
que lo llevara. ¡Buen cristiano, basta!
Viejo. A compasión me mueve.
¡Oh gente afeminada, 20
infame y para poco!
Por esta vez te ruego que le dejes.
Sac. Por ti le dejo; vaya
el circunciso infame;
mas, si otra vez le encuentro, 25
ha de llevar un monte, si le llevo.
Jud. Pies y manos te beso,
señor, y el Dío te pague
el bien que aquí me has hecho.
Vase el judío. 30
Viejo. La pena es ésta de aquel gran pecado.
JORNADA SEGUNDA p. 286
Bien se cumple a la letra
la maldición eterna
que os echó el ya venido,
que vuestro error tan vanamente espera.
Sac. ¡A Dios!, que ha mucho tiempo 5
que estoy contigo hablando,
y, aunque mi amo es noble,
temo no le avillane mi pereza.
Toma su barril, y vase.
Salen Juanico y Francisco, que así se han de llamar 10
los hijos del viejo; vienen vestidos a la turquesca de
galanes; saldrá con ellos la señora Catalina, vestida
de garzón, y un cristiano como cautivo, Costanza
y don Fernando de cautivo, y Julio de cautivo, y
traen las tersas y vestidos de los garzones, y 15
las guitarras y el rabel. Don Fernando ha de hacer
salida.
Viejo. ¿No son mis prendas aquéstas?
¿Cómo vienen adornadas
de regocijo y de fiestas? 20
Prendas por mi bien halladas,
¿qué bizarrías son éstas?
Harto costoso ropaje
es éste. ¿Qué se hizo el traje
que mostraba en mil semejas 25
que érades de Cristo ovejas,
aunque de pobre linaje?
Juan. Padre, no le pene el ver
que hemos vestido trocado,
que no se ha podido hacer 30
otra cosa; y, bien mirado,
de aquesto no hay que temer,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 287
porque si nuestra intención
está con firme afición
puesta en Dios, caso es sabido
que no deshace el vestido
lo que hace el corazón. 5
Fran. Padre, ¿tiene, por ventura,
que darme de merendar?
Viejo. ¿Hay tan simple criatura?
Juan. ¿Simple? Pues déjenlo estar,
que él mostrará su cordura. 10
Jul. Amigo, no nos detenga,
y, si gusta de ello, venga
con nosotros.
Juan. No, señor;
quedarse será mejor. 15
Fran. Padre mío, tome, tenga;
una cruz que me han quitado
me ponga en este rosario.
Viejo. Yo os la pondré de buen grado,
depósito y relicario 20
de mi alma.
Juan. Padre honrado,
déjenos ir, que tardamos.
[Amb.] Pues, amigos, ¿dónde vamos?
Ambrosio, que es la señora Catalina. 25
Jul. Aunque está de aquí un buen rato,
al jardín de Agimorato.
D. Fer. Pues, ¡sus!, no nos detengamos.
Jul. Allí podremos a solas
danzar, cantar y tañer, 30
y hacer nuestras cabriolas:
JORNADA SEGUNDA p. 288
que el mar no suele tener
siempre alteradas sus olas.
Demos vado a la pasión,
cuanto más, que es la intención
del cadí que nos holguemos, 5
y que los viernes tomemos
honesta recreación.
D. Fer. ¿Quién le dijo que tenía
yo buena voz?
Jul. No sé, a fe; 10
algún cautivo sería,
y el cadí me dijo: Ve,
y dile de parte mía
a Cauralí que [me mande]
a su cristiano el más grande, 15
de la buena voz. Yo fui,
habléle, envióos aquí;
no sé más.
Juan. No se desmande,
padre, en venirnos a ver, 20
que se enojará nuestramo,
y nos dará en qué entender.
Fran. Padre, Francisco me llamo,
no Azán, Alí ni Jaer;
cristiano soy, y he de sello 25
aunque me pongan al cuello
dos garrotes y un cuchillo.
Juan. ¿Veis cómo sabe decillo?
Pues mejor sabrá hacello.
D. Fer. No pasemos adelante, 30
que bien estamos aquí.
Jul. Sea así, y algo se cante.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 289
Ambrosio, que le ha de hacer la señora Catalina.
Amb. ¿Qué decís, que no os oí?
Jul. Que cantes, porque me encante.
D. Fer. ¿Es sordo?
Jul. Un poco es teniente 5
de los oídos.
Amb. ¿No hay gente
que nos oiga? Bien decís,
y pues que todos venís,
comencemos tristemente. 10
Aquel romance diremos,
Julio, que tú compusiste,
pues de coro le sabemos,
y tiene aquel tono triste
con que alegrarnos solemos. 15
Cantan este romance:
--A las orillas del mar,
que con su lengua y sus aguas,
ya manso, ya airado, llega
del perro Argel las murallas, 20
con los ojos del deseo
están mirando a su patria
cuatro míseros cautivos
que del trabajo descansan;
y al son del ir y volver 25
de las olas en la playa,
con desmayados acentos
esto lloran y esto cantan:
¡Cuán cara eres de haber, oh dulce
Tiene el cielo conjurado [España! 30
JORNADA SEGUNDA p. 290
con nuestra suerte contraria
nuestros cuerpos en cadenas,
y en gran peligro las almas.
¡Oh si abriesen ya los cielos
sus cerradas cataratas, 5
ya en vez de agua, aquí lloviesen
pez, resina, azufre y brasas!
¡Oh si se abriese la tierra,
y escondiese en sus entrañas
tanto Datán y Virón, 10
tanto brujo y tanta maga!
¡Cuán cara eres de haber, oh dulce
[España!
Fran. Padre, hágales cantar
aquel cantar que mi madre 15
cantaba en nuestro lugar.
¿Qué dice? ¿No quiere, padre?
Viejo. ¿Cómo decía el cantar?
Fran. Ando enamorado,
no diré de quién; 20
allá miran ojos
donde quieren bien.
Viejo. Bien al propósito fuera,
pues que los del alma miran
desde esta infame ribera 25
la patria por quien suspira[n],
que huye y no nos espera.
Jul. ¡Extremado es Francisquito!
Canta tú, Ambrosio, un poquito
lo que sueles a tus solas, 30
que te escucharán las olas
del mar con gusto infinito.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 291
Ambrosio cante solo:
[Amb.] Aunque pensáis que me alegro,
conmigo traigo el dolor.
Aunque mi rostro semeja
que de mi alma se aleja 5
la pena, y libre la deja,
sabed que es notorio error:
conmigo traigo el dolor.
Cúmpleme disimular
por acabar de acabar, 10
y porque el mal, con callar,
se hace mucho mayor.
Conmigo traigo el dolor.
Entran el cadí y Cauralí.
Juan. No más, que viene el cadí. 15
Padre, no os halle aquí a vos.
D. Fer. Con él viene Cauralí.
Viejo. ¡Queridas prendas, a Dios!
Cadí. Perro, ¿vos estáis aquí?
¿No te he dicho yo, malvado, 20
que te quites del cuidado
del ver tus hijos?
Fran. ¿Por qué?
¿No es mi padre? ¡A buena fe,
que he de verle, mal su grado! 25
Juan. Calla, Francisquito hermano,
que, en lo que dices, incitas
en nuestro daño al tirano.
Fran. ¿Ver nuestro padre nos quitas?
Nunca tú eres buen cristiano. 30
JORNADA SEGUNDA p. 292
Padre, lléveme consigo,
que me dice este enemigo
tantas de bellaquerías...
Cau. ¡Qué discretas niñerías!
Decid qué esperáis, amigo. 5
Vase el viejo.
Cadí. Perro, si otra vez dejáis
que los hable aquel perrón,
vos veréis lo que lleváis.
Jul. Pedazos del alma son. 10
Cadí. Perro, ¿qué me replicáis?
Cau. Tente, que no dice nada.
Fran. ¡Válgame Dios, qué alterada
está la mora garrida!
Juan. ¡Calla, hermano, por tu vida! 15
Cau. ¡El tiene gracia extremada!
Cadí. ¿Veisle? Sabed que le adoro,
y que pienso prohijarle
después que le vuelva moro.
Fran. Pues sepa que he de burlarle 20
aunque me dé montes de oro,
y aunque me dé tres reales
justos, enteros, cabales,
y más dos maravedís.
Cadí. De estas gracias, ¿qué decís? 25
Cau. Que son sobrenaturales.
Cadí. Veníos tras mí a la ciudad.
Cau. Yo quiero hablar con mi esclavo.
Cadí. Pues, ¡sus!, con Alá os quedad.
Cau. Con él vais. Ya estáis al cabo 30
de mi gran necesidad.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 293
Vase el cadí y todos, sino don Fernando [y Cauralí].
D. Fer. Digo que yo la hablaré
en yendo a casa, y haré
por servirte lo posible,
aunque más dura o terrible 5
que un áspid o un monte esté.
Dame lugar para hablalla,
y déjame hacer, señor.
Cau. Si vienes a conquistalla,
llevarás, cual vencedor, 10
el premio de la batalla.
D. Fer. Yo lo creo.
Cau. Decir quiero
que, amén de mucho dinero,
te daré la libertad. 15
D. Fer. De tu liberalidad
aun más mercedes espero.
Entranse.
Salen don Lope y Vivanco.
D. Lop. Veisnos aquí en libertad 20
por el más extraño caso
que vio la cautividad.
Viv. ¿Pensáis que esto ha sido acaso?
¡Misterio tiene, en verdad!
Dios, que quiere que esta mora 25
vaya a tierra do se adora
su nombre, movió su intento
para ser el instrumento
del bien que a los tres mejora.
JORNADA SEGUNDA p. 294
D. Lop. Dijo en su postrer billete
que un viernes quizá saldría
al campo por Vavalvete,
y que se descubriría
con cierta industria promete. 5
También escribió en el fin
que sepamos el jardín
de su padre Agimorato,
do a nuestra comedia y trato
se ha de dar felice fin. 10
Viv. Tres mil escudos han sido
los que en veces nos ha dado.
D. Lop. En libertarnos se han ido
los dos mil.
Viv. Más se ha ganado 15
de lo que habemos perdido.
Y más, si acaso se gana
esta alma, en obras cristiana,
aunque en moro cuerpo mora.
¿Mas si fuese ésta la mora? 20
D. Lop. Si es ella, ¡a fe que es lozana!
Entran Zahara y Halima, cubiertos los rostros con sus
almalafas blancas, y vienen con ellas, vestidas
como moras, Costanza y la señora Catalina, que no
ha de hablar sino dos o tres veces. 25
Mas ¿cuál será de las dos?
Que las otras son cautivas.
Hal. Con todo, yo sé de vos
que si le habláis...
Cos. No vivas 30
sin esperanza, por Dios;
que yo me ofrezco de hablarle,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 295
de inclinarle y de forzarle
a que te venga a adorar;
mas hasme de dar lugar
para que pueda tratarle.
Hal. Cuanto quisieres, amiga, 5
tendrás; por eso no quedes
de remediar mi fatiga.
Zah. Camina, Halima, si puedes.
Cos. A más tu bondad me obliga.
Zah. Mira, Costanza, y advierte 10
si, de aquellos dos, por suerte,
es tu conocido alguno.
Cos. Yo no conozco ninguno.
Viv. Si es ella, es dichosa suerte,
porque parece en el brío 15
hermosa sobremanera.
Zah. Perritos son de buen brío.
¡Oh, quién hablarlos pudiera!
Hal. Como allí estuviera el mío,
yo me llegara a hablarlos. 20
Zah. Costanza, vuelve a mirarlos,
y dime si echas de ver
que es noble su parecer.
Cat. ¿Para qué?
Zah. Para comprarlos. 25
Cos. Este de la izquierda mano
me parece caballero;
y aun el otro no es villano.
Zah. Verlos de más cerca quiero.
Hal. ¡Que no esté aquí mi cristiano! 30
Zah. Entrambos me satisfacen.
Viv. ¡Qué de represas me hacen!
JORNADA SEGUNDA p. 296
Lleguémonos hacia allá.
D. Lop. No, que ellas vienen acá.
Viv. Su brío y su vista aplacen.
Zah. ¡Ay, Alá! ¿Quién me picó?
Mira por aquí, Costanza, 5
si es avispa. Amarga yo,
que parece que una lanza
por el cuello se me entró.
Sacude bien esa toca,
que casi me vuelvo loca 10
en ver lo que veo. ¡Ay, triste!
¿Matástela? ¿No la viste?
Sacude más; mira y toca.
¡Si está aquí!
Cos. Yo no veo nada. 15
Zah. ¡Llegado me ha al corazón
esta no vista picada!
Cos. Del avispa el aguijón
es cosa muy enconada;
mas temo no fuese araña. 20
Zah. Si fue araña, fue de España;
que las de Argel no hacen mal.
D. Lop. ¿Hase visto industria tal?
¿Hay tan discreta maraña?
Hal. Zara, no estés descompuesta; 25
torna a ponerte tu toca.
Zah. Aun el aire me molesta.
Hal. Esta desgracia, aunque poca,
turbado nos ha la fiesta.
Viv. ¿Qué os parece? 30
D. Lop. Que parece
que la ventura me ofrece
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 297
cuanto puedo desear.
Viv. Volvióse el sol a eclipsar;
ya su luz desaparece.
Zah. ¿No sabrás de aquel cautivo,
Costanza, si es español? 5
Cos. En eso gusto recibo.
D. Lop. Torna a descubrirte, ¡oh sol!
en cuyas luces avivo
el ser, el entendimiento,
la ventura y el contento 10
que en tu posesión se alcanza.
Zah. Pregúntaselo, Costanza.
Hal. ¿Cómo estás?
Zah. Mejor me siento.
Cos. Gentilhombre, ¿sois de España? 15
D. Lop. Sí, señora; y de una tierra
donde no se cría araña
ponzoñosa, ni se encierra
fraude, embuste ni maraña,
sino un limpio proceder, 20
y el cumplir y el prometer
es todo una misma cosa.
Zah. Pregúntale si es hermosa,
si es casado, su mujer
Cos. ¿Sois casado? 25
D. Lop. No, señora;
pero serélo bien presto
con una cristiana mora.
Cos. ¿Cómo es eso?
D. Lop. ¿Cómo es esto? 30
Poco sabe quien lo ignora.
Mora en la incredulidad,
JORNADA SEGUNDA p. 298
y cristiana en la bondad,
es la que ha de ser mi dueño.
Cos. Yo os entiendo como un leño.
Zah. ¡Plega Alá digáis verdad!
Hal. Pregúntale si es esclavo, 5
o si es libre.
D. Lop. Ya os entiendo.
De ser cautivo me alabo.
Zah. Cuanto dice comprehendo,
y de todo estoy al cabo. 10
D. Lop. Presto pisaré de España,
con gusto y con gloria extraña,
las riberas, y mi fe
firme entonces mostraré.
Zah. Gracias a Alá y a una caña. 15
Hal. Cristianos, quedaos atrás,
porque en la ciudad entramos.
Entranse las moras.
Viv. Obedecida serás.
D. Lop. En oscuridad quedamos. 20
Sol bello, ¿cómo te vas?
De cautividad sacaste
el cuerpo que rescataste
con tu liberalidad;
pero más con tu beldad 25
al alma yerros echaste.
En fe de lo que en ti he visto,
del deseo que te doma,
de adorarte no resisto,
no por prenda de Mahoma, 30
sino por prenda de Cristo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 299
Yo te llevaré a do seas
todo aquello que deseas,
aunque mil vidas me cueste.
Viv. Vamos, que el dolor es éste;
no por allí, que rodeas. 5
Entranse.
Sale el sacristán con una cazuela mojí,
y tras él el judío.
Jud. Cristiano honrado, así el Dío
te vuelva a tu libre estado, 10
que me vuelvas lo que es mío.
Sac. No quiero, judío honrado;
no quiero, honrado judío.
Jud. Hoy es sábado, y no tengo
que comer, y me mantengo 15
de aqueso que guisé ayer.
Sac. Vuelve a guisar de comer.
Jud. No, que a mi ley contravengo.
Sac. Rescátame esta cazuela,
y en dártela no haré poco, 20
porque el olor me consuela.
Jud. No puedo en mucho ni en poco
contratar.
Sac. Pues llevaréla.
Jud. No la lleves; ves aquí 25
lo que costó.
Sac. Sea así,
que a los dos es de provecho.
¿Dó el dinero?
Jud. Aquí, en el pecho 30
lo tengo, ¡amargo de mí!
JORNADA SEGUNDA p. 300
Sac. Pues venga.
Jud. Sácalo tú,
que mi ley no me concede
el sacarlo.
Sac. ¡Belcebú 5
así te lleve cual puede,
descendiente de Abacú!
Aquí tienes quince reales
justos de plata y cabales.
Jud. No contrates tú conmigo; 10
conciértalo allá contigo.
Sac. Di, cazuela: ¿cuánto vales?
Paréceme a mí que valgo
cinco reales, y no más.
¡Mentís, a fe de hidalgo! 15
Jud. ¡Qué sobresaltos me das,
cristiano!
Sac. Pues hable el galgo.
¿Qué, no quieres alargarte?
Mas quiero crédito darte; 20
tomadla, y andad con Dios.
Jud. ¿Los diez?
Sac. Son por otras dos
cazuelas que pienso hurtarte.
Jud. ¿Y pagaste adelantado? 25
Sac. Y, aun si bien hago la cuenta,
creo que voy engañado.
Jud. ¿Que hay cielo que tal consienta?
Sac. ¿Que hay tan gustoso guisado?
No es carne de landrecillas, 30
ni de la que a las costillas
se pega el bayo que es trefe.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 301
Jud. ¡Haced, cielos, que me deje
este ladrón de cosillas!
Entrase el judío.
Sac. ¿De cosillas? ¡Vive Dios,
que os tengo de hurtar un niño 5
antes de los meses dos;
y aun si las uñas aliño...,
Dios me entiende! ¡Vámonos!
Entrase.
Salen don Fernando y Costanza. 10
D. Fer. Subí, cual digo, aquella peña, adonde
las fustas vi que ya a la mar se hacían.
Voces comencé a dar; mas no responde
ninguno, aunque muy bien todos me
[oían. 15
Eco, que en un peñasco allí se esconde,
donde las olas su furor rompían,
teniendo compasión de mi tormento,
respuesta daba a mi postrero acento.
Las voces reforcé; hice las señas 20
que el brazo y un pañuelo me ofrecía;
Eco tornaba, y de las mismas peñas
los amargos acentos repetía.
Mas ¿qué remedio, amor, hay que no
[enseñas 25
para el dolor que causa tu agonía?
Uno sé me enseñaste, de tal suerte,
que hallé la vida do busqué la muerte.
El corazón, que su dolor desagua
por los ojos en lágrimas corrientes, 30
JORNADA SEGUNDA p. 302
humor que hace en la amorosa fragua
que las ascuas se muestren más
[ardientes,
el cuerpo hizo que arrojase al agua,
sin peligros mirar ni inconvenientes, 5
juzgando que alcanzaba honrosa palma
si llegaba a juntarse con su alma.
Arrojando las armas, arrojéme
al mar, en amoroso fuego ardiendo,
y otro Leandro con más luz tornéme, 10
pues iba aquella de tu luz siguiendo.
Cansábanse los brazos, y esforcéme,
por medio de la muerte y mar
[rompiendo,
porque vi que una fusta a mí volvía, 15
por su interese y por ventura mía.
Un corvo hierro un turco echó, y asióme
--inútil presa--, y con muy gran fatiga
al bajel enemigo al fin subióme,
y de mi historia no sé más que diga. 20
Entre los suyos Cauralí contóme;
su mujer me persigue y mi enemiga;
él te persigue a ti. ¡Mira si es cuento
digno de admiración y sentimiento!
Cos. Si tú a los ruegos de Halima 25
estás fuerte, cual espero,
yo me mostraré a la lima
de Cauralí duro acero,
impenetrable y de estima.
Aunque será menester, 30
para que nos dejen ver,
alivio de nuestro mal,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 303
darles alguna señal
de amoroso proceder.
Rogóte a ti Cauralí
que me hablases, y Halima
me pidió que hablase a ti. 5
D. Fer. Otra cosa me lastima
más que su pena.
Cos. Y a mí.
D. Fer. Pues rompan estos abrazos
sus designios en pedazos, 10
que, mientras esto se alcance,
no hay temer desvelo o trance,
pues tengo al cielo en mis brazos.
Entran Cauralí y Halima, y venlos abrazados.
Aprieta, querida esposa, 15
que, en tanto que en este cielo
mi afligida alma reposa,
no hay mal que me dé en el suelo
la fortuna rigurosa.
Cau. ¡Oh perro! ¿Tú con mi esclava? 20
¿Cómo el cielo no te acaba?
Hal. ¡Perra! ¿Tú con mi cautivo?
¿Cómo sin matarte vivo?
¡Esto es lo que yo esperaba,
perra! 25
Cau. ¡Perro!
Hal. ¡Perra!
Cau. ¡Perro!
Hal. De esta perra es la maldad;
que no nació de él el yerro. 30
Cau. De él nació, y esto es verdad,
JORNADA SEGUNDA p. 304
y sé bien que no me yerro.
¡Yo os sacaré el corazón,
perro!
Hal. ¡Perra, esta traición
me pagarás con la vida! 5
D. Fer. ¡Oh cuán mal está entendida,
señores, nuestra intención!
Aquel abrazo que viste,
Costanza a ti le enviaba.
Cau. ¿Qué dices? 10
D. Fer. Lo que oyes, triste.
Cos. En tu nombre se fraguaba
el favor que interrumpiste.
¡Colérica eres, a fe!
D. Fer. Esto entiende y esto cree. 15
Hal. ¿Qué dices, amiga mía?
Cos. Si éste se perdió, otro día
otros cuatro cobraré.
Cau. ¿Es lo que has dicho verdad?
D. Fer. ¿Pues a qué te he de mentir? 20
Cau. Ten cierta tu libertad.
Hal. Más os pudiera reñir
este amor o liviandad;
pero déjolo hasta ver
si proseguís en hacer 25
esto que he visto y no creo.
Cau. Halima, en mil cosas veo
que eres prudente mujer,
y más en esto; que pienso
que éstos, cual nuevos cristianos, 30
dieron a su gusto el censo:
que a cautivos y paisanos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 305
les da el verse gusto inmenso;
y como solos se hallaron,
sus penas comunicaron.
Hal. Y aun las ajenas también.
Cau. Esto no me suena bien. 5
Cos. Entrambos adivinaron.
Cau. ¿Por ventura sabe Halima
cosa de esto?
Hal. ¿Por ventura
a Cauralí le lastima 10
tu amor?
Cos. ¡Aqueso es locura!
D. Fer. Tal sospecha no te oprima,
que no ha caído en la cuenta.
Cos. Señora, vive contenta 15
y sin sospecha en tu daño.
Cau. Fácil se cae en un engaño.
Cos. Y tarde se alza una afrenta.
Cau. Haz cuanto puedes y sabes.
Hal. No te descuides en nada. 20
Cau. Bien es tu cólera acabes.
Hal. Tenla ya por acabada.
Entra, y dame aquellas llaves.
Entrase Halima y Costanza.
Cau. Tú vente al zoco conmigo. 25
D. Fer. ¡Amor, puesto que te sigo
con el alma y con los pasos,
tus enredos y tus pasos
bendigo en parte y maldigo!
Entranse. 30
JORNADA SEGUNDA p. 306
Juanico y Francisquito trompando con un trompo.
Fran. Tú, que turbas mi quietud,
porque los sollozos rompo
que nacen de tu virtud,
¿has visto más lindo trompo, 5
así Dios te dé salud?
Juan. Deja de echar esos lazos,
que otros de más embarazos
esperan nuestras gargantas.
Fran. ¿Pues de eso, hermano, te espantas? 10
Yo los haré mil pedazos.
No pienses que he de ser moro,
por más que aqueste inhumano
me prometa plata y oro,
que soy español cristiano. 15
Juan. Eso temo y eso lloro.
Fran. Como tengo pocos días,
de mi valor desconfías.
Juan. Así es.
Fran. Pues imagina 20
que tengo fuerza divina
contra humanas tiranías.
No sé yo quién me aconseja
con voz callada en el pecho,
que no la siento en la oreja, 25
y de morir satisfecho
y con gran gusto me deja;
dícenme, y yo de ello gusto,
que he de ser un nuevo Justo,
y tú otro nuevo Pastor. 30
Juan. Hazlo así, divino amor,
que con tu querer me ajusto.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 307
Deja aquesta niñería
del trompo, ¡por vida mía!,
y repasemos los dos
las oraciones de Dios.
Fran. Bástame el Avemaría. 5
Juan. ¿Y el Padrenuestro?
Fran. También.
Juan. ¿Y el Credo?
Fran. Séle de coro.
Juan. ¿Y la Salve? 10
Fran. ¡Aunque me den
dos trompos no seré moro!
Juan. ¡Qué niñería!
Fran. Pues bien:
¿piensa que me estoy burlando? 15
Juan. Estamos cosas tratando
como si fuésemos hombres,
¿y es bien que el trompo aquí nombres?
Fran. ¿[He de] estar siempre llorando?
Mi fe, hermano, tened cuenta 20
con vos, y mirad no os hunda
de Mahoma la tormenta;
que yo encubro en esta funda
un alma de Dios sedienta,
y ni el trompo, ni el cordel, 25
ni las fuentes que en Argel
y en sus contornos están,
mi sed divina hartarán,
ni se ha de hartar sino en él.
Y así os digo, hermano mío, 30
que por ver mis niñerías
no penséis que estoy sin brío,
JORNADA SEGUNDA p. 308
porque en las entrañas mías
no hay lugar de Dios vacío.
Tened cuidado de vos,
y encomendaos bien a Dios
en la afrenta que amenaza; 5
si no, yo saldré a la plaza
a pelear por los dos.
Tengo yo el Avemaría
clavada en el corazón,
y es la estrella que me guía 10
en este mar de aflicción
al puerto del alegría.
Juan. Dios en tu lengua se mira,
y por eso no me admira
el ver que hables tan alto. 15
Fran. No os turbará sobresalto
si en ella ponéis la mira.
Juan. ¡Ay de nosotros, que viene
el cadí con su porfía!
Mostrar ánimo conviene. 20
Fran. Acude al Avemaría;
verás qué fuerzas que tiene.
Entra el cadí y el Carahoja, amo del desorejado.
Cadí. Pues, hijos, ¿en qué entendéis?
Juan. En trompear, como veis, 25
mi hermano, señor, entiende.
Car. Es niño, y, en fin, atiende
a su edad.
Cadí. Y vos, ¿qué hacéis?
Juan. Rezando estaba. 30
Cadí. ¿Por quién?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 309
Juan. Por mí, que soy pecador.
Cadí. Todo aqueso está muy bien.
¿Qué rezábades?
Juan. Señor,
lo que sé. 5
Fran. Respondió bien.
Rezaba el Avemaría.
Trompa Francisco.
Cadí. Dejar el trompo podría
delante de mí, Bairán. 10
Fran. ¡Buen nombre puesto me han!
Car. Todo aquello es niñería.
Cadí. Este rapaz me da pena.
Deja, Bairán, la porfía,
que a gran daño te condena. 15
¿Qué dices?
Fran. Ave María.
Cadí. ¿Qué respondes?
Fran. Gracia plena.
Car. Este mayor es maestro 20
del menor.
Juan. Yo no le muestro:
que él, por sí, habilidad tiene.
Fran. ¡Oh cuán de molde que viene
decir aquí el Padrenuestro! 25
Juan. Pues faltan los de la tierra,
bien es acudir al cielo,
do nuestro Padre se encierra.
Fran. A su tiempo llamarélo.
Juan. Ya se comienza la guerra. 30
Fran. Porque todo al justo cuadre,
JORNADA SEGUNDA p. 310
lo postrero que mi madre
me enseñó quiero decir,
que es bueno para el morir.
Cadí. ¿Qué has de decir?
Fran. Creo en Dios Padre. 5
Cadí. ¡Por Alá, que a su rüina
me dispongo!
Fran. ¿Ya os turbáis?
Pues si es que aquesto os indina,
¿qué hará cuando me oigáis 10
decir la Salve Regina?
Para vuestras confusiones,
todas las cuatro oraciones
sé, y sé bien que son escudos
a tus alfanjes agudos 15
y a tus torpes invenciones.
Car. Con no más de alzar el dedo
y decir: Ilá, ilalá,
te librarás de este miedo.
Fran. En la cartilla no está 20
eso, que decir no puedo.
Juan. Ni quiero, has de añadir.
Fran. Ya yo lo iba a decir.
Cadí. ¡Esto es cansarnos en balde!
Este a mi instancia llevadle, 25
y estotro, que han de morir.
Arroja el trompo y desnúdase.
Fran. Ea, vaya el trompo afuera,
y este vestido grosero,
que me vuelve el alma fiera, 30
y es bien que vaya ligero
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 311
quien se atreve a esta carrera.
Ea, hermano; sed Pastor
con esfuerzo y con valor,
que tras vos irá con gusto
un pecadorcito Justo 5
por la gracia del Señor.
Ea, tiranos feroces;
mostrad vuestras manos listas,
y bien agudas las hoces,
para segar las aristas 10
de estas gargantas y voces:
que en esta extraña porfía,
adonde la tiranía
toda su rabia convoca,
no sacaréis de mi boca 15
sino...
Juan. ¿Qué?
Fran. Un Avemaría.
Car. Entremos, que ya el regalo
les hará mudar de intento 20
más que el azote y el palo.
Cadí. Por cien mil señales siento
que va mi partido malo:
que el mayor es en extremo
callado y sagaz. ¡Blasfemo 25
seré del mismo Mahoma,
si estos rapaces no doma!
Fran. ¿No le temes?
Juan. No le temo.
Fin del acto segundo. 30
JORNADA TERCERA p. 312
JORNADA TERCERA
Salen Guardián Bají y otro moro.
Guar. Por diez escudos no daré mi parte.
Sentaos, y no dejéis entrar alguno,
si no pagan dos ásperos muy 5
[buenos.
Mor. La Pascua de Natal, como ellos llaman,
veinticinco ducados se llegaron.
Guar. Los españoles, por su parte, hacen
una brava comedia. 10
Mor. Son saetanes;
los mismos diablos son; son para todo.
Ya descuelgan cristianos a su misa.
Entran Vivanco, don Fernando, don Lope, el sacristán,
el padre de los niños; trae don Fernando los 15
calzones del sacristán.
D. Fer. Veislos aquí, que no me los he puesto;
antes Costanza les echó un remiendo
en parte do importaba, y de su mano.
Sac. De molde vienen para la comedia; 20
ahora me los chanto. ¡Sus,
[entremos!
Guar. ¿Adónde vais, cristiano?
Pad. Yo, a oír misa.
Mor. Pues paga. 25
Pad. ¿Cómo paga? ¿Aquí se paga?
Guar. ¡Bien parece que es nuevo el padre
[viejo!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 313
Mor. Dos ásperos, o apártate, camina.
Pad. No los tengo, por Dios.
Mor. Pues ve y ahórcate.
D. Lop. Yo pagaré por él.
Mor. Eso en buen hora. 5
Sac. Fende, déjeme entrar, y este pañuelo,
que no ha media hora que hurté a un
[judío,
tome por prenda, o déme lo que vale,
que lo daré no más de por el costo, 10
o muy poquito más.
Guar. Con otros cuatro
quedas muy bien pagado.
Sac. Vengan, y entro.
[Mor.] Ea; acudid a entrar, que se hace tarde. 15
Con los del rey, yo apostaré que pasen
de dos mil los que están en el banasto.
Entremos a mirar desde la puerta
cómo dicen su misa, que imagino
que tienen grande música y concierto. 20
Guar. Poneos tras el postigo, y veréis todo
cuanto hacen los cristianos en el
[patio,
porque es cosa de ver.
Mor. Ya los he visto. 25
Hoy dicen que tornó a vivir su Cristo.
Entranse.
Salen al teatro todos los cristianos que haya, y Osorio
entre ellos, y el sacristán, puestos los calzones
que le dio don Fernando. 30
Oso. Misterio es éste no visto.
JORNADA TERCERA p. 314
Veinte religiosos son
los que hoy la Resurrección
han celebrado de Cristo
con música concertada,
la que llaman contrapunto. 5
Argel es, según barrunto,
arca de Noé abreviada:
aquí están de todas suertes
oficios y habilidades,
disfrazadas calidades. 10
Viv. Y aun otra cosa, si adviertas,
que es de más admiración,
y es que estos perros sin fe
nos dejen, como se ve,
guardar nuestra religión. 15
Que digamos nuestra misa
nos dejan, aunque en secreto.
Oso. Mas de una vez, con aprieto
se ha celebrado y con prisa:
que una vez, desde el altar, 20
al sacerdote sacaron
revestido, y le llevaron
por las calles del lugar
arrastrando; y la crueldad
fue tal que con él se usó, 25
que en el camino acabó
la vida y la libertad.
Mas dejémonos de aquesto,
y a nuestra holgura atendamos,
pues que nos dan nuestros amos 30
hoy lugar para hacer esto.
De nuestras Pascuas tenemos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 315
los primeros días por nuestros.
D. Lop. ¿Y qué? ¿Hay músicos?
Oso. Y diestros;
los del cadí llamaremos.
Viv. Aquí están. 5
Oso. Y aquel que ayuda
al coloquio ya está aquí.
D. Fer. ¡Bien cantan los del cadí!
Oso. Antes que más gente acuda,
el coloquio se comience, 10
que es del gran Lope de Rueda,
impreso por Timoneda,
que en vejez al tiempo vence.
No pude hallar otra cosa
que poder representar 15
más breve, y sé que ha de dar
gusto, por ser muy curiosa
su manera de decir
en el pastoril lenguaje.
Viv. ¿Hay pellicos? 20
Oso. De ropaje
humilde, y voyme a vestir.
Viv. ¿Quién canta?
Oso. Aquí el sacristán,
que tiene donaire en todo. 25
Viv. ¿Ay loa?
Oso. ¡De ningún modo!
Entrase Osorio y el sacristán.
Viv. ¡Oh qué mendigos están!
En fin, comedia cautiva, 30
pobre, hambrienta y desdichada,
JORNADA TERCERA p. 316
desnuda y atarantada.
D. Lop. La voluntad se reciba.
Entra Cauralí.
Cau. Sentaos, no os alborotéis,
que vengo a ver vuestra fiesta. 5
D. Fer. Quisiera que fuera ésta,
fende, cual la merecéis.
D. Lop. Aquí os podéis asentar,
que yo me quedaré en pie.
Cau. No, no; amigo, siéntate, 10
que salen a comenzar.
D. Lop. Ya salen; sosiego y chite,
que cantan.
Viv. Mejor sería
que llorasen. 15
D. Fer. Este día
lágrimas no las permite.
Canten lo que quisieren.
Viv. La música ha sido hereje;
si el coloquio así sucede, 20
antes que la rueda ruede,
se rompa el timón y el eje.
En acabando la música, dice el sacristán. Todo cuanto
dice ahora el sacristán, lo diga mirando al soslayo
a Cauralí. 25
Sac. ¿Qué es esto? ¿Qué tierra es ésta?
¿Qué siento? ¿Qué es lo que veo?
De réquiem es esta fiesta
para mí, pues un deseo
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 317
más que mortal me molesta.
¿Dónde se encendió este fuego,
que tiene, entre burla y juego,
el alma ceniza hecha?
De Mahoma es esta flecha, 5
de cuya fuerza reniego.
Como cuando el sol asoma
por una montana baja,
y de súbito nos toma,
y con su vista nos doma 10
nuestra vista y la relaja;
como la piedra balaja,
que no consiente carcoma:
tal es el tu rostro, Aja,
dura lanza de Mahoma, 15
que las mis entrañas raja.
Cau. ¿Es esto de la comedia,
o es bufón este cristiano?
Sac. Si mi dolor no remedia
su bruñida y blanca mano, 20
todo acabará en tragedia.
¡[Oh] mora la más hermosa,
más discreta y más graciosa
que la fama nos ofrece,
desde do el alba amanece 25
hasta donde el sol reposa!:
Dice esto mirando a Cauralí.
Mahoma en su compañía
te tenga siglos sin cuento.
Cau. ¿Este perro desvaría, 30
o entra aquesto en el cuento
JORNADA TERCERA p. 318
de la fiesta de este día?
D. Fer. Calla, Tristán, y ten cuenta,
porque ya se representa
el coloquio.
Sac. Sí haré; 5
pero no sé si podré,
según el diablo me tienta.
Sale Guillermo, pastor.
Gui. Si el recontento que trayo,
venido tan de rondón, 10
no me le abraza el zurrón,
¿cuáles nesgas pondré al sayo,
y qué ensanchas al jubón?
Sac. ¡Vive Dios, que se me abrasa
el hígado, y sufro y callo! 15
Gui. Si es que esto adelante pasa,
muy mejor será dejallo.
Sac. ¿Quién encendió aquesta brasa?
D. Lop. Tristán amigo, escuchad,
pues sois discreto, y callad, 20
que ésa es grande impertinencia.
Sac. Callaré y tendré paciencia.
[Gui.] ¿Comienzo?
D. Lop. Sí, comenzad.
Gui. Si el recontento que trayo, 25
venido tan de rondón,
no me lo abraza el zurrón,
¿cuáles nesgas pondré al sayo,
o qué ensanchas al jubón?
Y si al contarlo extremeño, 30
con un donaire risueño
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 319
ayer me miró Costanza,
¿qué turba habrá ya o mudanza
que no le pase por sueño?
Esparcíos, las mis corderas,
por las dehesas y prados, 5
morded sabrosos bocados,
no temáis las venideras
noches de nublos airados;
antes os andad exentas,
brincando de recontentas. 10
No os aflija el ser mordidas
de las lobas deshambridas,
tragantonas, malcontentas,
y, al dar de los vellocinos,
venid simpres, no ronceras, 15
rumiando por las laderas,
a jornaleros vecinos,
o al corte de sus tijeras;
que el sin medida contento,
cual no abarca el pensamiento, 20
os librará de lesión,
si al dar del blanco vellón,
barruntáis el bien que siento.
Mas ¿quién es este cuitado
que asoma acá entellerido, 25
cabizbajo, atordecido,
barba y cabello erizado,
desairado y mal erguido?
Sac. ¿Quién ha de ser? Yo soy, cierto,
el triste y desventurado, 30
vivo en un instante y muerto,
de Mahoma enamorado.
JORNADA TERCERA p. 320
Cau. ¡Echadle fuera a este loco!
Sac. ¡Tu divina boca invoco,
Aja, de mil azahares,
boca de quitapesares,
a quien desde lejos toco! 5
Cau. ¡Dejádmele!
D. Fer. No, señor;
que cuanto dice es donaire,
y es bufón el pecador.
Sac. ¡Dios de los vientos! ¿No hay aire 10
para templar tanto ardor?
Gui. ¡Ya es mucha descortesía
y mucha bufonería!
¡Echenle ya, y déjenos!
Sac. Yo me voy. ¡Quédate a Dios, 15
argelina gloria mía!
Gui. ¿Dónde quedé?
Viv. No sé yo.
D. Lop. Mas ¿quién es este cuitado...?,
fue el verso donde paró. 20
D. Fer. Los calzones han obrado.
Gui. ¿Vuelvo a comenzar?
D. Fer. No, no;
no nos turben a deshora.
Prosigue el coloquio ahora. 25
Un moro dice desde arriba:
Mor. ¡Cristianos, estad alerta;
cerrad del baño la puerta!
Gui. ¡Vengas, perrazo, en mal hora!
Mor. ¡Abrid aquese cristiano, 30
que va herido, y cerrad presto!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 321
Cau. ¡Válgame Alá! ¿Qué es aquesto?
Mor. ¡Oh santo Alá soberano!
Dos han muerto, y del rey son.
¡Oh crueldad jamás oída!
A todos quitan la vida, 5
sin ninguna distinción.
Entra un cristiano herido, y otro sin herir.
D. Fer. Pasad, hermano, adelante.
¿Quién os ha herido?
Cris. Un archí. 10
D. Fer. ¿La causa?
Cris. Ninguna di.
Viv. ¿Es la herida penetrante?
Cris. No sé; con manera fue,
y será mortal, sin duda. 15
Cris. 2. Otra traigo yo más cruda,
y en parte do no se ve.
Cau. ¿No dirás qué es esto, Alí?
Mor. Grande armada han descubierto
por la mar. 20
D. Fer. ¿Y aqueso es cierto?
¿Vaste, fende Cauralí?
Vase Cauralí.
Mor. Y los jenízaros matan,
si encuentran algún cautivo, 25
o con furor duro esquivo
malamente le maltratan;
y aquestas voces que oís,
las dan judíos de miedo.
Gui. ¡Todo el mundo se esté quedo! 30
Yo creo, Alí, que mentís,
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pues no ha mucho que en España
no había ninguna nueva
de armada.
Mor. Pues esta prueba
os desmiente y desengaña: 5
que a fe que dicen que asoman
más de trescientas galeras
con flámulas y banderas,
y que el rumbo de Argel toman.
Gui. Quizá por encantamiento 10
aquesta armada se ha hecho.
Entra el guardián Bají.
Guar. ¡El corazón en el pecho
no cabe, y de ira reviento!
Oso. ¿Pues qué hay, fendi? 15
Guar. Yo me alisto
a contar la crüeldad,
igual de la necedad
mayor que jamás se ha visto.
Salió el sol esta mañana, 20
y sus rayos imprimieron
en las nubes tales formas,
que, aunque han mentido, las creo.
Una armada figuraron
que venía a vela y remo 25
por el sesgo mar aprisa,
a tomar en Argel puerto.
Tan claramente descubren
los ojos que la están viendo
de las fingidas galeras 30
las proas, popas y remos,
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que hay quien afirme y quien jure
que del cómitre y remero
vio el mandar y obedecer
hacerse todo en un tiempo.
Tal hay que dice haber visto 5
a vuestro Profeta muerto
en la gavia de una nave,
en una bandera puesto.
Muestra tan al vivo el humo
su vano y oscuro cuerpo, 10
y tan de cerca perciben
los oídos fuego y truenos,
que, por temor de las balas,
más de cuatro se pusieron
a abrazar la madre tierra: 15
tal fue el miedo que tuvieron.
Por estas formas que el sol
ha con sus rayos impreso
en las nubes, ha en nosotros
otras mil formado el miedo. 20
Pensamos que ese don Juan,
cuyo valor fue el primero
que a la otomana braveza
tuvo a raya y puso freno,
venía a dar fin honroso 25
al desdichado comienzo
que su valeroso padre
comenzó en hado siniestro.
Los jenízaros archíes,
que están siempre zaques hechos, 30
dieron en matar cautivos,
por tener contrarios menos;
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y si acaso el sol tardara
de borrar sus embelecos,
no estábades bien seguros
cuantos estáis aquí dentro.
Veinte y más son los heridos, 5
y más de treinta los muertos.
Ya el sol deshizo la armada;
volved a hacer vuestros juegos.
Oso. ¡Mal podremos proseguir
tan sangrientos pasatiempos! 10
Cris. 2. Pues escuchad otra historia
más sangrienta y de más peso.
El cadí, como sabéis,
tiene en su poder a un niño
de tiernos y pocos años, 15
el cual se llama Francisco.
Ha puesto toda su industria,
su autoridad y jüicio,
mil promesas y amenazas,
mil contrapuestos partidos, 20
para que de bueno a bueno
esta prenda del bautismo
se deje circuncidar
por su gusto y su albedrío.
Su industria ha salido vana; 25
su jüicio no ha podido
imprimir humanas trazas
en este pecho divino.
Por esto, según se entiende,
como afrentado y corrido, 30
su luciferina rabia
hoy ha esfogado en Francisco.
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Atado está a una columna,
hecho retrato de Cristo,
de la cabeza a los pies
en su misma sangre tinto;
témome que habrá expirado, 5
porque tan crüel martirio,
mayores años y fuerzas
no le hubieran resistido.
Pad. ¡Dulce mitad de mi alma,
ay de mis entrañas hijo, 10
detened la vida en tanto
que os va a ver este afligido!
¡En la calle de amargura,
perezosos pies, sed listos;
veré en su ser a Pilatos, 15
y en figura veré a Cristo!
Entrase el padre.
[Cris.]2. ¿Este es su padre, señores?
D. Fer. Su padre es este mezquino,
hidalgo y muy buen cristiano, 20
y somos de un pueblo mismo.
Acábense nuestras fiestas,
cesen nuestros regocijos,
que siempre en tragedia acaban
las comedias de cautivos. 25
Entranse todos.
Salen Zahara, Halima y Costanza.
Hal. Tu padre me rogó, amiga,
que viniese en un momento
a componerte. 30
Zah. ¡Su intento
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todo el cielo le maldiga!
Hal. ¿Pues cásaste con un rey,
y muéstraste desabrida?
Y más, que es cosa sabida
que es gentilhombre Muley. 5
Sin duda que estás prendada
en otra parte.
Zah. No hay prenda
que me halague ni me ofenda,
porque de amor no sé nada. 10
Hal. Pues esta noche sabrás,
en la escuela de tu esposo,
que es amor dulce y sabroso.
Zah. ¡Amargas nuevas me das!
Hal. ¡Qué melindrosa señora! 15
Zah. No es melindre, sino enfado:
que había determinado
no casarme por ahora,
hasta que el cielo me diese
con otro compás mi suerte. 20
Hal. Calla, que reina has de verte.
Zah. No aspiro a tanto interese.
Con otro estado menor,
con mayor gusto estaría.
Hal. Yo juro por vida mía, 25
Zara, que tenéis amor.
Ahora bien: mostrad las perlas
que tenéis, que quiero ver
cuántos lazos podré hacer.
Zah. Allí dentro podrás verlas. 30
Entrate, y déjame un poco,
que quiero hablar con Costanza.
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Hal. ¡Vos gustaréis de la danza
antes de mucho, y no poco!
Entrase Halima.
Cos. Dime, señora, qué es esto.
¿Tanto te enfada el casarte, 5
y con un rey?
Zah. No hay contarte
tantas cosas y tan presto.
Cos. ¿De dónde el enfado mana
que muestras tan importuno? 10
Zah. Pasito, no escuche alguno.
¡Soy cristiana, soy cristiana!
Cos. ¡Válgame Santa María!
Zah. Esa Señora es aquella
que ha de ser mi luz y estrella 15
en el mar de mi agonía.
Cos. ¿Quién te enseñó nuestra ley?
Zah. No hay lugar en que lo diga.
Cristiana soy; mira, amiga,
que me sirve el moro rey. 20
Di: ¿conoces, por ventura,
a un cautivo rescatado
que es caballero y soldado?
Cos. ¿Cómo ha nombre?
Zah. Mal segura 25
estoy aquí y con temor
de algún desgraciado encuentro.
Cos. Pues entrémonos adentro.
Zah. Sin duda será mejor.
Entranse. 30
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Salen el rey, el cadí, el guardián Bají.
Cadí. ¡Extraño caso ha sido!
Rey. Y tan extraño,
que no sé si jamás le ha visto el mundo.
Cadí. Ya se han visto en el aire muchas veces 5
formados escuadrones espantables
de fantásticas sombras, y encontrarse
con todo el artificio y maestría
que en la mitad de una campaña rasa
se suelen embestir los verdaderos; 10
las nubes han llovido sangre y malla,
y pedazos de alfanjes y de escudos.
Rey. Esos llaman prodigios los cristianos,
que suelen parecer algunas veces;
pero que acaso, y sin misterio alguno, 15
del sol los rayos, que en las nubes
[topan,
hayan formado así tan grande armada,
nunca lo oí jamás.
Guar. Yo así lo digo; 20
pues a fe que te cuesta la burleta
más de treinta cristianos.
Rey. No hace al caso;
mas que pasaran a cuchillo todos.
Cadí. Quitóme el sobresalto de las manos 25
el corbacho y la furia.
Rey. ¿Qué hacías?
Cadí. Azotaba a un cristiano.
Rey. ¿Por qué causa?
Cadí. Es de pequeña edad, y no es posible 30
que regalos, promesas ni amenazas
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le puedan volver moro.
Rey. ¿Es, por ventura,
el muchacho español del otro día?
Cadí. Aqueste mismo es.
Rey. Pues no te canses, 5
que es español, y no podrán tus mañas,
tus iras, tus castigos, tus promesas,
a hacerle torcer de su propósito.
¡Qué mal conoces la canalla terca,
porfiada, feroz, fiera, arrogante, 10
pertinaz, indomable y atrevida!
Antes que moro, le verás sin vida.
Entra un moro asido de un cautivo.
Rey. ¿Qué ha hecho este cristiano?
Mor. En este punto, 15
en una extraña y nunca vista barca,
casi una legua al mar, en este punto
le acabé de coger.
Rey. ¿Pues de qué modo
era la barca extra&nt