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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

                   ________


            COMEDIAS Y ENTREMESES

                    TOMO I


             Versión modernizada


            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1915 Rodolfo Schevill
       Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO I EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ Calle del Barquillo, núm. 8. M. CM. XV.
p. 1 ADVERTENCIA El estudio crítico del teatro cervantino figurará en el último tomo de esta colección de Comedias y entremeses. La necesidad de fijar su texto, harto deficiente en las ediciones hasta ahora publicadas, antes de proceder a su examen histórico-literario, impone, según comprenderá el lector, tal variación del plan seguido por nosotros en la presente serie de Obras completas de Miguel de Cervantes Saavedra. Berkeley, junio de 1915.
OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES NUEVOS Nunca representados. COMPUESTAS POR MIGUEL de Cervantes Saavedra. DIRIGIDAS A DON PEDRO FERNANDEZ de Castro, Conde de Lemos, de Andrade y de Villalba; Marqués de Sarria, Gentilhombre de la Cámara de su Majestad, Comendador de la Encomienda de Peñafiel y la Zarza, de la Orden de Alcántara, Virrey, Gobernador y Capitán general del Reino de Nápoles, y Presidente del supremo Consejo de Italia. LOS TITULOS DE ESTAS OCHO COMEDIAS y sus entremeses van en la cuarta hoja. Año 1615. CON PRIVILEGIO ______________________________________________ EN MADRID, Por la viuda de Alonso Martín. A costa de Juan de Villarroel, mercader de libros; véndense en su casa, a la plazuela del Angel.
p. 3 SUMA DEL PRIVILEGIO Tiene privilegio Miguel de Cervantes Saavedra por diez años para imprimir estas ocho comedias y entremeses. Su fecha del dicho privilegio en Valladolid, a veinticinco días del mes de julio de mil y seiscientos y 5 quince años. Pasó ante Hernando de Vallejo, escribano de Cámara. SUMA DE LA TASA Este libro de las Ocho comedias y entremeses de Miguel de Cervantes Saavedra, está tasado por los 10 señores del Consejo a cuatro maravedís cada pliego, que el dicho libro tiene sesenta y seis pliegos, que, a razón de cuatro maravedís, monta doscientos y sesenta y cuatro maravedís. Su data en Madrid, a veintidós días del mes de setiembre de mil y seiscientos y quince años, 15 ante Hernando de Vallejo, escribano de Cámara. FE DE LAS ERRATAS Estas Comedias, compuestas por Miguel de Cervantes Saavedra, corresponden con su original. Dada en Madrid, a 13 de setiembre de 1615 años. 20 El Lic. Murcia de la Llana.
p. 4 APROBACION Por mandado y comisión del señor doctor Cetina, vicario general en esta corte, he visto el libro de Comedias y entremeses de Miguel de Cervantes no representadas y no hallo en él cosa contra nuestra santa fe 5 católica y buenas costumbres; antes, muchas entretenidas y de gusto. Este es mi parecer, salvo, etc. En Madrid, 3 de julio 1615. El Maestro Josef de Valdivielso.
p. 5 PROLOGO AL LECTOR No puedo dejar, lector carísimo, de suplicarte me perdones, si vieres que en este prólogo salgo algún tanto de mi acostumbrada modestia. Los días pasados me hallé en una conversación 5 de amigos, donde se trató de comedias y de las cosas a ellas concernientes, y de tal manera las sutilizaron y atildaron, que, a mi parecer, vinieron a quedar en punto de toda perfección. Tratóse también de quién fue el primero 10 que en España las sacó de mantillas, y las puso en toldo, y vistió de gala y apariencia; yo, como el más viejo que allí estaba, dije que me acordaba de haber visto representar al gran Lope de Rueda, varón insigne en la representación 15 y en el entendimiento. Fue natural de Sevilla, y de oficio batihoja, que quiere decir de los que hacen panes de oro; fue admirable en la poesía pastoril, y en este modo, ni entonces ni después acá ninguno le ha llevado ventaja; y aunque, 20 por ser muchacho yo entonces, no podía hacer juicio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos ahora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho; y si no fuera por no 25 salir del propósito de prólogo, pusiera aquí
PROLOGO AL LECTOR p. 6 algunos que acreditaran esta verdad. En el tiempo de este célebre español, todos los aparatos de un autor de comedias se encerraban en un costal, y se cifraban en cuatro pellicos blancos guarnecidos de guadamecí dorado, y en cuatro 5 barbas y cabelleras, y cuatro cayados, poco más o menos. Las comedias eran unos coloquios como églogas entre dos o tres pastores y alguna pastora; aderezábanlas y dilatábanlas con dos o tres entremeses, ya de negra, ya de rufián, ya 10 de bobo y ya de vizcaíno: que todas estas cuatro figuras y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse. No había en aquel tiempo tramoyas, ni desafíos de moros y cristianos, a pie ni a 15 caballo; no había figura que saliese o pareciese salir del centro de la tierra por lo hueco del teatro, al cual componían cuatro bancos en cuadro y cuatro o seis tablas encima, con que se levantaba del suelo cuatro palmos; ni menos 20 bajaban del cielo nubes con ángeles o con almas. El adorno del teatro era una manta vieja tirada con dos cordeles de una parte a otra, que hacía lo que llaman vestuario, detrás de la cual estaban los músicos, cantando sin guitarra algún 25 romance antiguo. Murió Lope de Rueda, y por hombre excelente y famoso le enterraron en la iglesia mayor de Córdoba (donde murió), entre los dos coros, donde también está enterrado aquel famoso loco Luis López. 30 Sucedió a Lope de Rueda Navarro, natural de Toledo, el cual fue famoso en hacer la
PROLOGO AL LECTOR p. 7 figura de un rufián cobarde; éste levantó algún tanto más el adorno de las comedias, y mudó el costal de vestidos en cofres y en baúles; sacó la música, que antes cantaba detrás de la manta, al teatro público; quitó las barbas de los 5 farsantes, que hasta entonces ninguno representaba sin barba postiza, e hizo que todos representasen a cureña rasa, si no era los que habían de representar los viejos u otras figuras que pidiesen mudanza de rostro; inventó tramoyas, 10 nubes, truenos y relámpagos, desafíos y batallas; pero esto no llegó al sublime punto en que está ahora. Y esto es verdad que no se me puede contradecir, y aquí entra el salir yo de los límites 15 de mi llaneza: que se vieron en los teatros de Madrid representar Los tratos de Argel, que yo compuse, La destrucción de Numancia y La batalla naval, donde me atreví a reducir las comedias a tres jornadas, de cinco que tenían; 20 mostré, o, por mejor decir, fui el primero que representase las imaginaciones y los pensamientos escondidos del alma, sacando figuras morales al teatro, con general y gustoso aplauso de los oyentes; compuse en este tiempo hasta 25 veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza: corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas. Tuve otras cosas en que ocuparme, dejé la pluma y 30 las comedias, y entró luego el monstruo de naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con
PROLOGO AL LECTOR p. 8 la monarquía cómica. Avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias propias, felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas, que es una 5 de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar, u oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo 10 que han escrito a la mitad de lo que él solo. Pero no por esto, pues no lo concede Dios todo a todos, dejen de tenerse en precio los trabajos del doctor Ramón, que fueron los más después de los del gran Lope; estímense 15 las trazas artificiosas en todo extremo del licenciado Miguel Sánchez; la gravedad del doctor Mira de [A]mescua, honra singular de nuestra nación; la discreción e innumerables conceptos del canónigo Tárrega; la suavidad y 20 dulzura de don Guillén de Castro; la agudeza de Aguilar; el rumbo, el tropel, el boato, la grandeza de las comedias de Luis Vélez de Guevara, y las que ahora están en jerga del agudo ingenio de don Antonio de Galarza, 25 y las que prometen Las fullerías de amor, de Gaspar de Avila: que todos éstos y otros algunos han ayudado a llevar esta gran máquina al gran Lope. Algunos años ha que volví yo a mi antigua 30 ociosidad, y, pensando que aún duraban los siglos donde corrían mis alabanzas, volví a componer
PROLOGO AL LECTOR p. 9 algunas comedias; pero no hallé pájaros en los nidos de antaño; quiero decir que no hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía, y así, las arrinconé en un cofre, y las consagré y condené al perpetuo 5 silencio. En esta sazón me dijo un librero que él me las comprara, si un autor de título no le hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar mucho, pero que del verso, nada; y, si va a decir la verdad, cierto que me dio pesadumbre 10 el oírlo, y dije entre mí: “O yo me he mudado en otro, o los tiempos se han mejorado mucho, sucediendo siempre al revés, pues siempre se alaban los pasados tiempos.” Torné a pasar los ojos por mis comedias, y por algunos 15 entremeses míos que con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan malas ni tan malos que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor a la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos. Aburríme, y 20 vendíselas al tal librero, que las ha puesto en la estampa como aquí te las ofrece; él me las pagó razonablemente; yo cogí mi dinero con suavidad, sin tener cuenta con dimes ni diretes de recitantes. Querría que fuesen las mejores 25 del mundo, o a lo menos razonables; tú lo verás, lector mío; y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando a aquel mi maldiciente autor, dile que se enmiende, pues yo no ofendo a nadie, y que advierta que no tienen necedades 30 patentes y descubiertas, y que el verso es el mismo que piden las comedias, que ha de
PROLOGO AL LECTOR p. 10 ser, de los tres estilos, el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es propio de las figuras que en ellos se introducen; y que para enmienda de todo esto le ofrezco una comedia que estoy componiendo, y la intitulo El engaño 5 a los ojos, que, si no me engaño, le ha de dar contento. Y con esto, Dios te dé salud, y a mí paciencia.
p. 11 Dedicatoria al Conde de Lemos. Ahora se agoste o no el jardín de mi corto ingenio, que los frutos que él ofreciere, en cualquiera sazón que sea, han de ser de V. E., a quien ofrezco el de estas comedias y entremeses, 5 no tan desabridos, a mi parecer, que no puedan dar algún gusto; y si alguna cosa llevan razonable, es que no van manoseados ni han salido al teatro, merced a los farsantes, que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras 10 grandes y de graves autores, puesto que tal vez se engañan. Don Quijote de la Mancha queda calzadas las espuelas en su segunda parte para ir a besar los pies a V. E. Creo que llegará quejoso, porque en Tarragona le han asendereado 15 y malparado; aunque, por sí o por no, lleva información hecha de que no es él el contenido en aquella historia, sino otro supuesto, que quiso ser él, y no acertó a serlo. Luego irá el gran Persiles, y luego Las semanas del jardín, y 20 luego la segunda parte de La Galatea, si tanta carga pueden llevar mis ancianos hombros; y luego y siempre irán las muestras del deseo que tengo de servir a V. E. como a mi verdadero señor, y firme y verdadero amparo, cuya 25 persona, etc. Criado de V. Exc., Miguel de Cervantes Saavedra.
P. 12
p. 13 LOS NOMBRES DE ESTAS comedias son los siguientes: El gallardo español. La gran sultana. La casa de los celos. El laberinto de amor. Los baños de Argel. La entretenida. 5 El rufián dichoso. Pedro de Urdemalas. ENTREMESES El juez de los El vizcaíno fingido. divorcios. El retablo de las El rufián viudo. maravillas. 10 Elección de los La cueva de alcaldes de Daganzo. Salamanca La guarda cuidadosa. El viejo celoso.
p. 14
p. 15 COMEDIA FAMOSA DEL GALLARDO español. Hablan en esta primera jornada las personas siguientes: 5 Arlaja, mora. Cebrián, moro, criado Alimuzel, moro. de Alimuzel. Don Alonso de Córdoba, Nacor, moro. conde de Alcaudete, Don Martín de general de Orán. Córdoba. 10 Don Fernando de Uno con una petición. Saavedra. Buitrago, soldado. Guzmán, capitán. Un pajecillo. Fratín, ingeniero. Oropesa, cautivo. Un soldado. Robledo, alférez. 15 JORNADA PRIMERA Salen Arlaja, mora, y Alimuzel, moro. Arl. Es el caso, Alimuzel, que, a no traerme el cristiano, te será el amor tirano, 20 y yo te seré crüel.
JORNADA PRIMERA p. 16 Quiérole preso y rendido, aunque sano y sin cautela. Ali. ¿Posible es que te desuela deseo tan mal nacido? Conténtate que le mate, 5 si no pudiere rendirle; que detener al herirle el brazo, será dislate. Partiréme a Orán al punto, y desafiaré al cristiano, 10 y haré por traerle sano, pues no le quieres difunto. Pero si acaso el rigor de la cólera me incita y su muerte solicita, 15 ¿tengo de perder tu amor? ¿Está tan puesto en razón Marte, desnuda la espada, que la tenga nivelada al peso de tu afición? 20 Arl. Alimuzel, yo confieso que tienes razón en parte, que, en las hazañas de Marte, hay muy pocas sin exceso, el cual se suele templar 25 con la cordura y valor. Yo he puesto precio en mi amor; mira si le puedes dar. Quiero ver la bizarría de este que con miedo nombro, 30 de este espanto, de este asombro de toda la Berbería;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 17 de este Fernando valiente, ensalzador de su crisma y coco de la morisma que nombrar su nombre siente; de este Atlante de su España, 5 su nuevo Cid, su Bernardo, su don Manuel el gallardo por una y otra hazaña. Quiero de cerca mirarle, pero rendido a mis pies. 10 Ali. Haz cuenta que ya lo ves, puesto que dé en ayudarle todo el cielo. Arl. ¿Pues qué esperas? Ali. Espero a ver si te burlas; 15 aunque para mí tus burlas siempre han sido puras veras. Comedido, como amante, soy, y sólo sé decirte que el deseo de servirte 20 me hace ser arrogante. Puedes de mí prometerte imposibles sobrehumanos, mil prisioneros cristianos que vengan a obedecerte. 25 Arl. Tráeme solamente al fuerte don Fernando Saavedra, que con él veré que medra y se mejora mi suerte, y aun la tuya, pues te doy 30 palabra que he de ser tuya como el hecho se concluya
JORNADA PRIMERA p. 18 a mi gusto. Ali. Quizá hoy oirán los muros de Orán mi voz en el desafío, y aun de los cielos confío, 5 que luz y vida nos dan, que han de acudir a mi intento con suceso venturoso. Arl. Parte, Alimuzel famoso. Ali. Fuerzas de tu mandamiento 10 me llevan tan alentado, que acabaré con valor el imposible mayor que se hubiere imaginado. Arl. Ve en paz, que de aquesta guerra 15 la vitoria te adivino. Entrase Arlaja. Ali. ¡Queda en paz, rostro divino, ángel que mora en la tierra, bizarra sobre los hombres, 20 que a guerra a Marte provocan, a quien de excelencias tocan mil títulos y renombres; en extremo poderosa de dar tormento y placer, 25 hielo que nos hace arder en viva llama amorosa! Que[da] en paz, que, sin tu sol, ya camino en noche oscura; resucite mi ventura 30 la muerte de este español.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 19 Mas, ¡ay, que no he de matarle, sino prenderle, y no más! ¿Quién tal deseo jamás vio, ni pudo imaginalle? Entrase Alimuzel. 5 Salen don Alonso de Córdoba, conde de Alcaudete, general de Orán; don Fernando de Saavedra; Guzmán, capitán; Fratín, ingeniero. Frat. Hase de alzar, señor, esta cortina a peso de aquel cubo, que responde 10 a éste, que descubre la marina. De la silla esta parte no se esconde; mas ¿qué aprovecha, si no está en [defensa, ni Almarza a nuestro intento 15 [corresponde? D. Al. El cerco es cierto, y más cierta la [ofensa, si ya no son cortinas y muralla de vuestros brazos la virtud inmensa. 20 Donde el deseo de la fama se halla, las defensas se estiman en un cero, y a campo abierto salta a la batalla. Venga, pues, la morisma, que yo [espero 25 en Dios y en vuestras manos [vencedoras, que volverá el león manso cordero. Los argos, centinelas veladoras, miren al mar y miren a la tierra 30 en las del día y las nocturnas horas.
JORNADA PRIMERA p. 20 No hay disculpa al descuido que en la [guerra se hace, por pequeño que parezca, que pierde mucho quien en poco yerra; y si aviniere que el cabello ofrezca 5 la ligera ocasión, ha de tomarse, antes que a espaldas vueltas [desparezca: que, en la guerra, el perderse o el [ganarse 10 suele estar en un punto, que, si pasa, vendrá el de estar quejoso y no [vengarse. En su pajiza, pobre y débil casa se defiende el pastor del sol ardiente 15 que el campo agosta y la montaña [abrasa. Quiero inferir que puede ser valiente detrás de un muro un corazón medroso, cuando a sus lados que le animan 20 [siente. Entra un soldado. Sold. Señor, con ademán bravo y airoso, picando un alazán, un moro viene y a la ciudad se acerca presuroso. 25 Bien es verdad que a veces se detiene y mira a todas partes recatado, como quien miedo y osadía tiene. Adarga blanca trae, y alfanje al lado, lanza con bandereta de seguro, 30 y el bonete con plumas adornado.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 21 Puedes, si gustas, verle desde el muro. D. Al. Bien de aquí se descubre; ya le veo. Si es embajada, yo le doy seguro. D. Fer. Antes es desafío, a lo que creo. Entra Alimuzel a caballo, con lanza y adarga. 5 Ali. Escuchadme, los de Orán, caballeros y soldados, que firmáis con nuestra sangre vuestros hechos señalados. Alimuzel soy, un moro 10 de aquellos que son llamados galanes de Melïona, tan valientes como hidalgos. No me trae aquí Mahoma a averiguar en el campo 15 si su secta es buena o mala, que él tiene de eso cuidado. Tráeme otro dios más brioso, que es tan soberbio y tan manso, que ya parece cordero, 20 y ya león irritado. Y este dios, que así me impele, es de una mora vasallo, que es reina de la hermosura, de quien soy humilde esclavo. 25 No quiero decir que hiendo, que destrozo, parto o rajo: que animoso, y no arrogante, es el buen enamorado. Amo, en fin, y he dicho mucho 30 en sólo decir que amo,
JORNADA PRIMERA p. 22 para daros a entender que puedo estimarme en algo. Pero, sea yo quien fuere, basta que me muestro armado ante estos soberbios muros, 5 de tantos buenos guardados; que si no es señal de loco, será indicio de que he dado palabra que he de cumplirla, o quedar muerto en el campo. 10 Y así, a ti te desafío, don Fernando el fuerte, el bravo, tan infamia de los moros, cuanto prez de los cristianos. Bien se verá en lo que he dicho 15 que, aunque haya otros Fernandos, es aquel de Saavedra a quien a batalla llamo. Tu fama, que no se encierra en límites, ha llegado 20 a los oídos de Arlaja, de la belleza milagro. Quiere verte; mas no muerto, sino preso, y hame dado el asunto de prenderte: 25 mira si es pequeño el cargo. Yo prometí de hacerlo, porque el que está enamorado, los más arduos imposibles facilita y hace llano. 30 Y para darte ocasión de que salgas mano a mano
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 23 a verte conmigo ahora, de estas cosas te hago cargo: que peleas desde lejos, que el arcabuz es tu amparo, que en comunidad aguijas, 5 y a solas te vas despacio; que eres Ulises nocturno, no Telamón al sol claro; que nunca mides tu espada con otra, a fuer de hidalgo. 10 Si no sales, verdad digo; si sales, quedará llano, ya vencido o vencedor, que tu fama no habla en vano. Aquí, junto a Canastel, 15 solo te estaré esperando hasta que mañana el sol llegue al Poniente su carro. Del que fuere vencedor ha de ser el otro esclavo, 20 premio rico y premio honesto. Ven, que espero, don Fernando. Vase. D. Al. Don Fernando, ¿qué os parece? D. Fer. Que es el moro comedido 25 y valiente, y que merece ser de amor favorecido en el trance que se ofrece. D. Al. ¿Luego pensáis de salir? D. Fer. Bien se puede esto inferir 30 de su demanda y mi celo,
JORNADA PRIMERA p. 24 pues ya se sabe que suelo a lo que es honra acudir. Déme vuestra señoría licencia, que es bien que salga antes que se pase el día. 5 D. Al. No es posible que ahora os valga vuestra noble valentía. No quiero que allá salgáis, porque hallaréis, si miráis a la soldadesca ley, 10 que obligado a vuestro rey mucho más que a vos estáis. En la guerra usanza es vieja, y aun ley casi principal, a toda razón aneja, 15 que por causa general la particular se deja. Porque no es suyo el soldado que está en presidio encerrado, sino de aquel que le encierra, 20 y no ha de hacer otra guerra sino a la que se ha obligado. En ningún modo sois vuestro, sino del rey, y en su nombre sois mío, según lo muestro; 25 y yo no aventuro un hombre que es de la guerra maestro, por la simple niñería de una amorosa porfía: don Fernando, esto es verdad. 30 D. Fer. ¡De extraña riguridad usa vuestra señoría
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 25 conmigo! ¿Qué dirá el moro? D. Al. Diga lo que él más quisiere, que yo guardo aquí el decoro que la guerra pide y quiere, y de ella ninguno ignoro. 5 D. Fer. Respóndasele, a lo menos, y sepa que por tus buenos respetos allá no salgo. Guz. No os tendrá por esto el galgo, señor don Fernando, en menos. 10 D. Al. Lleve el capitán Guzmán la respuesta. Guz. Sí haré, y, ¡voto a tal!, si me dan licencia, que yo le dé 15 al morico ganapán tal rato, que quede frío de amor con el desafío. D. Al. Respondedle cortésmente, con el término prudente 20 que de vuestro ingenio fío. Vanse don Alonso y Fratín. Guz. ¿Queréis que, en vez de respuesta, os le dé una mano tal, que se concluya la fiesta? 25 D. Fer. Que me estará a mí muy mal eso, es cosa manifiesta. Sólo a mí me desafía, y gran mengua me sería que otro por mí pelease. 30 Mas si el moro me esperase
JORNADA PRIMERA p. 26 allí siquiera otro día, yo le saldré a responder, a pesar de todo el mundo que lo quiera defender. Guz. ¿En qué os fundáis? 5 D. Fer. Yo me fundo en esto que pienso hacer: el lunes soy yo de ronda, y cuando la noche esconda la luz con su manto oscuro, 10 arrojaréme del muro a la cava. Guz. Está muy honda, y podríais peligrar. D. Fer. Póneme en los pies el brío 15 mil alas para volar. Todo aquesto de vos fío. Guz. Ya sabéis que sé callar. Dejadme salir primero, porque de mi industria espero 20 que saldréis bien de este hecho. D. Fer. Sois amigo de provecho. Guz. Sí, porque soy verdadero. Vanse, y salen Alimuzel y Cebrián, su criado, que en arábigo quiere decir lacayo o mozo de caballos. 25 Ali. Atale allí, Cebrián, al tronco de aquella palma; repose el fuerte alazán mientras reposa mi alma los cuidados que le dan. 30 Aquí a solas daré al llanto
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 27 las riendas, o al pensar santo en las memorias de Arlaja, en tanto que al campo baja aquel que se estima en tanto. Baja la cabeza Cebrián, y vase. 5 ¡Venturoso tu, cristiano, que puedes a tus despojos añadir el más que humano que es querer verte los ojos del cielo que adoro en vano! 10 Y más que pena recibo de esto que en el alma escribo con celoso desconcierto: que a mí me quieren ver muerto, y a ti te quieren ver vivo. 15 Pero yo no haré locura semejante; que, si venzo, o por fuerza o por ventura, daré a mis glorias comienzo dándote aquí sepultura. 20 Mas, si te hago morir, ¿cómo podré yo cumplir lo que Arlaja me ha mandado? ¡Oh triste y dudoso estado, insufrible de sufrir! 25 Parleras aves, que al viento esparcís quejas de amor, ¿qué haré en el mal que siento? ¿Daré la rienda al rigor, o al cortés comedimiento? 30 Mas démosla al sueño ahora;
JORNADA PRIMERA p. 28 perdonadme, hermosa mora, si aplico sin tu licencia este alivio a la dolencia que en mi alma triste mora. Echase a dormir, y sale al instante Nacor, moro, 5 con un turbante verde. [Nac.] Mahoma, ya que el amor en mis dichas no consiente, muéstrame tú tu favor, mira que soy tu pariente, 10 el infelice Nacor. Jarife soy de tu casta, y no me respeta el asta de amor que blande en mi pecho, un blanco a sus tiros hecho, 15 do todas sus flechas gasta. Y más, y no sé qué es esto, que, con ser enamorado, soy de tan bajo supuesto, que no hay conejo acosado 20 más cobarde ni más presto. De esto será buen testigo el ver aquí mi enemigo dormido, y no osar tocarle, deseando de matarle 25 por venganza y por castigo. Que esté celoso y con miedo, por Alá que es cosa nueva. ¿Llegaré, o estarme he quedo? ¿Cortaré en segura prueba 30 este gordiano enredo?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 29 Que si éste quito delante, podrá ser que vuelva amante el pecho de Arlaja ingrato. Muérome porque no mato; oso y tiemblo en un instante. 5 Entra el capitán Guzmán con espada y rodela. Guz. ¿Eres tú el desafiador de don Fernando, por dicha? Nac. No tengo yo ese valor: que el corazón con desdicha 10 es morada del temor. Aquél es que está allí echado, moro tan afortunado, que Arlaja le manda y mira. Guz. Paréceme que suspira. 15 Nac. Sí hará, que está enamorado. Guz. ¡Alimuzel! Ali. ¿Quién me llama? Guz. Mal acudirás, durmiendo, al servicio de tu dama. 20 Ali. En el sueño va adquiriendo fuerzas la amorosa llama, porque en él se representan visiones que me atormentan, obligaciones que guarde, 25 miedos que me hacen cobarde, y celos que más me alientan. Mirándote estoy, y veo cuán propio es de la mujer tener extraño deseo. 30 Cosas hay en ti que ver,
JORNADA PRIMERA p. 30 no que admirar. Guz. Yo lo creo. Pero ¿por qué dices eso? Ali. Don Fernando, yo confieso que tu buen talle y buen brío 5 llega y se aventaja al mío, pero no en muy grande exceso; y si no es por el gran nombre que entre la morisma tienes de ser en las armas hombre, 10 ninguna cosa contienes que enamores ni que asombre; y yo no sé por qué Arlaja tanto se angustia y trabaja por verte, y vivo, que es más. 15 Guz. Engañado, moro, estás; tu vano discurso ataja, que yo no soy don Fernando. Ali. ¿Pues quién eres? Guz. Un su amigo 20 y embajador. Ali. Dime cuándo espera verse conmigo, porque le estoy aguardando. Guz. Has de saber, moro diestro, 25 que el sabio general nuestro que salga no le consiente. Ali. ¿Pues por qué? Guz. Porque es prudente, y en la guerra gran maestro. 30 Teme el cerco que se espera, y no quiere aventurar
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 31 en empresa tan ligera una espada que en cortar es entre muchas primera. Pero dice don Fernando que le estés aquí aguardando 5 hasta el lunes, que él te jura salir en la noche oscura, aunque rompa cualquier bando. Si aquesto no te contenta, y quieres probar la suerte 10 con menos daño y afrenta, tu brazo gallardo y fuerte con éste, que es flaco, tienta, y a tu mora levarás, si me vences, quizá más 15 que en llevar a don Fernando. Ali. No estoy en eso pensando; muy descaminado vas. No eres tú por quien me envía Arlaja, y aunque te prenda, 20 no saldré con mi porfía. Haz que don Fernando entienda que le aguardaré ese día que pide, y, si le venciere, y entonces tu gusto fuere 25 probarme en el marcial juego, mi voluntad hará luego lo que la tuya quisiere: que ya sabes que no es dado dejar la empresa primera 30 por la segunda al soldado. Guz. Es verdad.
JORNADA PRIMERA p. 32 Ali. De esa manera bien quedaré disculpado. Guz. Dices muy bien. Ali. Sí, bien digo. Vuélvete, y dile a tu amigo 5 que le espero y que no tarde. Guz. Tu Mahoma, Alí, te guarde. Ali. Tu Cristo vaya contigo. Vase Guzmán. Nacor, ¿qué es esto?, ¿a qué vienes? 10 Nac. A ver cómo en esta empresa tan peligrosa te avienes; y por Alá que me pesa de ver que en punto la tienes, que el de tu muerte está a punto. 15 Ali. ¿En qué modo? Nac. En que barrunto que, si de noche peleas, sobre ti no es mucho veas todo un ejército junto. 20 Esto de no estar en mano de don Fernando el salir, tenlo por ligero y vano: que se suele prevenir con astucias el cristiano. 25 De noche quieren cogerte, porque al matarte o prenderte aun el sol no sea testigo. No creas a tu enemigo; Alí, procura volverte, 30 que bien disculpado irás
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 33 con Arlaja, pues has hecho lo que es posible, y aun más. Ali. Consejos de sabio pecho son, Nacor, los que me das; pero no puedo admitillos, 5 ni menos con gusto oíllos: que tiene el amor echados a mis oídos candados, a los pies y alma grillos. Nac. Para mejor ocasión 10 te guarda, porque es cordura prevenir a la intención del que a su salvo procura su gloria y tu perdición. Ven, que a Arlaja daré cuenta 15 de modo que diga y sienta que eres vencedor osado, pues si no sale el llamado, en sí se queda la afrenta. Cuanto más que, cuando venga 20 el cerco de esta ciudad, que ya no hay quien le detenga, podrás, a tu voluntad, hacer lo que más convenga; que entonces saldrá el cristiano, 25 si es arrogante y lozano, al campo abierto, sin duda. Ali. Bien es, Nacor, que yo acuda a tu consejo, que es sano. Ven y vamos, pues podré, 30 en este cerco que dices, cumplir lo que aquí falté.
JORNADA PRIMERA p. 34 Mas mira que me autorices con Arlaja. Nac. Sí haré. [Aparte.] Sentirá Arlaja la mengua que tanto al cristiano amengua, 5 haciéndole de ella alarde; vos quedaréis por cobarde, o mal me andará la lengua. Vanse. Salen don Alonso de Córdoba, general de Orán, conde 10 de Alcaudete, y su hermano, don Martín de Córdoba, y don Fernando de Saavedra. Conde. Señor don Martín, conviene que vuestra merced acuda a Mazalquivir, que tiene 15 necesidad de la ayuda que vuestro esfuerzo contiene; que allí acudirá primero el enemigo ligero. Mas que venzáis no lo dudo: 20 que el cobarde está desnudo, aunque se vista de acero. En su muchedumbre estriba aquesta mora canalla, que así se nos muestra esquiva; 25 mas cuando defensa halla, se humilla, postra y derriba. Sus gustos, sus algazaras, si bien en ello reparas, son el canto del medroso; 30 calla el león animoso
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 35 entre las balas y jaras. D. Mar. Por mi caudillo y mi hermano te obedezco, y haré cuanto fuere, señor, en mi mano; que ni de gritos me espanto, 5 ni de tumulto pagano. Dame, señor, municiones, que, en el trance que me pones, pienso, si no faltan ellas, poner sobre las estrellas 10 los españoles blasones. Entra uno con una petición. Uno. Señor, dame licencia que te lea aquesta petición. Conde. Lee en buen hora. 15 Uno. Doña Isabel de Avellaneda, en [nombre de todas las mujeres de esta tierra, dice que llegó ayer a su noticia que, por temor del cerco que se espera, 20 quieres que quede la ciudad vacía de gente inútil, enviando a España las mujeres, los viejos y los niños; resolución prudente, aunque medrosa. Y apelan de esto a ti de ti, diciendo 25 que ellas se ofrecen de acudir al muro, ya con tierra o fajina, o ya con lienzos bañados en vinagre, con que limpien el sudor de los fieros combatientes que asistan al rigor de los asaltos; 30 que tomarán la sangre a los heridos;
JORNADA PRIMERA p. 36 que las más pequeñuelas harán hilas, dando la mano al lienzo y voz al cielo con tiernas virginales rogativas, pidiendo a Dios misericordia, en tanto que los robustos brazos de sus padres 5 defiendan sus murallas y sus vidas; que los niños darán de buena gana para enviar a España con los viejos, pues no pueden servir de cosa alguna; mas ellas, que por útiles se tienen, 10 no irán de ningún modo, porque [piensan, por Dios, y por su ley, y por su patria, morir sirviendo a Dios, y en la muerte, cuando el hado les fuere inexorable, 15 dar el último vale a sus maridos, o ya cerrar los ojos a sus padres con tristes y cristianos sentimientos. En fin, serán, señor, de más provecho que daño, por lo cual te ruegan todas 20 que revoques, señor, lo que ordenaste, en cuanto toca a las mujeres sólo, que en ello harás a Dios servicio grande, merced a ellas, y favor inmenso. Esto la petición, señor, contiene. 25 Conde. Nunca tal me pasó por pensamiento, nunca tanto el temor se ha apoderado de mí, que hiciese prevención tan triste. Por respuesta llevad que yo agradezco y admito su gallardo ofrecimiento, 30 y que de su valor tendrá la fama cuidado de escribirle y de grabarle
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 37 en láminas de bronce, porque viva siglos eternos. Y esto les respondo, y andad con Dios. Uno. Por cierto que han mostrado de espartanas valor, de argivas brío. 5 Entra el capitán Guzmán. Conde. Pues, capitán Guzmán, ¿qué dice el Guz. Ya se fue mal contento. [moro? D. Fer. [Aparte.] ¿Es ido cierto? Guz. [Aparte.] Aguardándote está, porque 10 [es valiente, y discreto además, en lo que muestra. D. Fer. [Aparte.] Saldré, sin duda. Guz. [Aparte.] No sé si lo aciertas, que está muy cerca el cerco. 15 D. Fer. [Aparte.] Si le venzo, presto me volveré; si soy vencido, poca falta haré, pues poco valgo. Conde. ¡Bravo parece el moro! Guz. Bravo, cierto, 20 y muy enamorado y comedido. Entra a esta sazón Buitrago, un soldado, con la espada sin vaina, oleada con un orillo, tiros de soga, finalmente, muy malparado. Trae una tablilla con demanda de las ánimas de purgatorio, y pide para 25 ellas. Y esto de pedir para las ánimas es cuento verdadero, que yo lo vi, y la razón por que pedía se dice adelante. Buit. Denme para las ánimas, señores, pues saben que me importa. 30 Conde. ¡Oh buen Buitrago!
JORNADA PRIMERA p. 38 ¿Cuánto ha caído hoy? Buit. Hasta tres cuartos. D. Mar. ¿De ellos qué habéis comprado? Buit. Casi nada: una asadura sola, y cien sardinas. 5 D. Mar. Harto habrá para hoy. Buit. ¡Por Santo Nuflo, que apenas hay para que masque un D. Mar. Comeréis hoy conmigo. [diente Buit. De ese modo 10 habrá para almorzar en lo comprado. D. Mar. ¿Y la ración? Buit. ¿Qué? ¿La ración? Ya asiste a un lado del estómago, y no ocupa cuanto una casa de ajedrez pequeña. 15 D. Fer. ¡Gran comedor! Guz. Tan grande, que le ha dado el conde esta demanda porque pueda sustentarse con ella. Buit. ¿Qué aprovecha?; 20 que, como saben todos que no hay ánima a quien haga decir sólo un responso, si me dan medio cuarto, es por [milagro; y así, pienso pedir para mi cuerpo, 25 y no para las ánimas. D. Mar. Sería gran discreción. Buit. Oh, ¡pese a mi linaje!, ¿no sabe todo el mundo que, si como 30 por seis, que suelo pelear por siete? ¡Cuerpo de Dios conmigo! Denme ripio
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 39 suficiente a la boca, y denme moros a las manos a pares y a millares; verán quién es Buitrago, y si merece comer por diez, pues que pelea por [veinte. 5 Conde. Tiene razón Buitrago; mas ahora, si llega el cerco, mostrará sus bríos, y haré yo que le den siete raciones, con tal que cese la demanda. Buit. Cese, 10 que entonces no habrá lengua, y habrá [manos. No hay pedir, sino dar; no hay sacar [almas del purgatorio entonces, sino espiches, 15 para meter en el infierno muchas de la mora canalla que se espera. Un pajecillo diga: ¡Daca el alma, Buitrago, daca el alma! Buit. ¡Hijo de puta y puto, y miente, y calle! 20 ¿No sabe el cornudillo, sea quien fuere, que, aunque tenga cien cuerpos y cien [almas para dar por mi rey, no daré una si me la piden de ese modo infame? 25 D. Mar. Otra vez, Cereceda. Pag. ¡Daca el alma! Buit. ¡Por vida de! Conde. Buitrago, con paciencia; no la deis vos, por más que os la 30 [demanden.
JORNADA PRIMERA p. 40 Buit. ¡Que tenga atrevimiento un pajecillo de pedirme a mí el alma! ¡Voto a [Cristo, que, a no estar aquí el conde, don [hediondo, 5 que os sacara la vuestra a puntillazos, aunque me lo impidiera el mismo [diablo por prenda suya! Conde. No haya más, Buitrago; 10 guardad vuestra alma, y dadnos vuestras [manos, que serán menester, yo os lo prometo. Buit. Denme para las ánimas ahora, que todo se andará. 15 D. Mar. Tomad. Buit. ¡Oh invicto don Martín, generoso! Por mi diestra, que he de ser tu soldado, si, por dicha, vas a Mazalquivir, como se ha dicho. 20 D. Mar. Seréis mi camarada y compañero. Buit. ¡Vive Dios que eres bravo caballero! Vanse, y sale Arlaja y Oropesa, su cautivo. Arl. ¡Mucho tarda Alimuzel! Cristiano, no sé qué sea. 25 Orop. Fuiste, señora, con él otra segunda Medea, famosa por ser crüel. A una empresa le enviaste, que parece que mostraste 30 que te era en odio su vida.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 41 Arl. Yo fui parte en su partida, tú el todo, pues la causaste. Las alabanzas extrañas que aplicaste a aquel Fernando, contándome sus hazañas, 5 se me fueron estampando en medio de las entrañas, y de allí nació un deseo, no lascivo, torpe o feo, aunque vano por curioso, 10 de ver a un hombre famoso más de los que siempre veo. Más que discreta, curiosa, ordené que Alimuzel fuese a la empresa dudosa; 15 no por mostrarme con él ingrata ni rigurosa. Y muéstrame su tardanza que me engañó la esperanza, y que es premio merecido 20 del deseo mal nacido tenerle quien no le alcanza. Yo tengo un alma bizarra y varonil, de tal suerte, que gusto del que desgarra 25 y más allá de la muerte tira atrevido la barra. Huélgome de ver a un hombre de tal valor y tal nombre, que con los dientes tarace, 30 con las manos despedace, y con los ojos asombre.
JORNADA PRIMERA p. 42 Orop. Pues si viene Alimuzel, y a don Fernando trae preso, no verás, señora, en él ninguna cosa en exceso de las que te he dicho de él. 5 Tendrásme por hablador, y será más el valor de Alimuzel conocido, pues la fama del vencido se pasa en el vencedor. 10 Pero si acaso da el cielo a don Fernando victoria, cierto está tu desconsuelo, pues su fama en tu memoria alzará más alto el vuelo, 15 y de no poderle ver, vendrá el deseo a crecer de verle. Arl. Tienes razón; parienta es la confusión 20 del discurso de mujer. Entran Alimuzel y Nacor. Ali. Dadle la mano, señora, o los pies a aqueste esclavo, que con el alma os adora. 25 Arl. ¿Cómo en corazón tan bravo tanta humildad, señor, mora? Alzaos, no estéis de ese modo. Ali. A tu gusto me acomodo. Arl. ¿Sois vencido, o vencedor? 30 Ali. Todo lo dirá Nacor,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 43 que se halló presente a todo. Nac. No quiso el desafiado acudir al desafío, aunque bien se ha disculpado. Arl. ¿Ese es soldado de brío, 5 tan temido y alabado? ¿Cómo pudo dar disculpa buena de tan fea culpa? Nac. Su general le detuvo, que él ninguna culpa tuvo, 10 aunque Alimuzel le culpa; que él saliera al campo abierto a esperarle un día más, según quedó en el concierto. Ali. Nacor, endiablado estás; 15 no sé cómo no te he muerto. Nac. Mal haces de amenazarme, ni, soberbio, ocasión darme para que contigo rife, pues sabes que soy jarife, 20 y que pecas en tocarme. Arl. Paso, mi señor valiente, que entiendo de este contraste, sin que ninguno le cuente, que ni él salió, ni esperaste. 25 Nac. Es así. Ali. ¡Un jarife miente! ¡Por Alá, que es gran maldad! Nac. ¿No se muestra la verdad en que te vienes sin él? 30 Ali. ¿Pude yo verme con él, encerrado en la ciudad?
JORNADA PRIMERA p. 44 ¿No sabes lo que pasó, y la embajada que trujo quien por él me respondió? Nac. Sé que a esperar se redujo el trance, y más no sé yo. 5 Ali. ¿Por consejo no me diste que me volviese? Nac. Hiciste mal; yo bien, porque pensaba que a un cobarde aconsejaba. 10 Ali. ¡El diablo se me reviste! ¡Incita a hacerte pedazos! Nac. Jarife soy; no me toques con los dientes ni los brazos, ni a que te dé me provoques 15 duros y fuertes abrazos; que ya sabes que Mahoma por suya la causa toma del jarife, y le defiende, y al soberbio que le ofende, 20 a sus pies le humilla y doma. Entran dos moros y traen cautivo a don Fernando, en cuerpo y sin espada. Ali. ¿Qué es aquesto? Prim. A este cristiano 25 cautivó tu escuadra ayer junto a Orán. D. Fer. ¡Miente el villano! Yo me entregué, sin poner pies a huir ni a espada mano. 30 Si no quisiera entregarme,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 45 no pudieran cautivarme tres escuadras, ni aun trescientas. Ali. Estás cautivo, y revientas de bravo. D. Fer. Puedo alabarme. 5 Arl. ¿Quién eres? D. Fer. Soy un soldado que me he venido a entregar a vuestra prisión de grado, por no poder tolerar 10 ser valiente y mal pagado. Arl. ¿Luego quieres ser cautivo? D. Fer. De serlo gusto recibo; dadme patrón que me mande. Arl. ¡Qué disparate tan grande! 15 D. Fer. Yo de disparates vivo. Orop. Este es don Fernando, cierto, el que yo tanto alabé, y ni viene preso o muerto, ni cómo viene no sé, 20 ni atino su desconcierto. El callar será acertado hasta hablarle en apartado, que me admira su venida. Ali. ¿Seréis, Arlaja, servida 25 de que os sirva este soldado? Que si ayer fue el primer día que salió de Orán, dirá si hice lo que debía; que yo entiendo que sabrá 30 mi valor o cobardía. Dime: ¿oíste un desafío
JORNADA PRIMERA p. 46 que hizo un moro vacío de ventura, y de fe lleno? D. Fer. Y fue tenido por bueno, bien criado y de gran brío. El retado no salió, 5 que lo estorbó el general por cierta ley que halló; pero después, por su mal, que vino al campo sé yo, pensando de hallar allí 10 al valeroso Alí, porque salimos los dos: él a combatir con vos, yo para venir aquí, que ya os conozco en el talle. 15 Ali. Pues esto es verdad, señora, bien será que Nacor calle. Orop. ¡Oh! Si llegase la hora en que pudiese hablalle, ¡qué de cosas le diría! 20 [Nac.] ¿No se ve tu cobardía, si el cristiano salió a verte, y tú quisiste volverte sin esperar más de un día? Ali. Si tú no hicieras alarde 25 de tu ingenio caviloso, yo volviera nunca o tarde. Nac. Consejos de religioso presto los toma el cobarde. Ali. Arlaja, yo volveré, 30 y a tu presencia traeré, o muerto o preso, al cristiano.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 47 Nac. Ya tu vuelta será en vano. Arl. No le quiero, déjale; que, pues a la voz primera no saltó de la muralla y empuñó la espada fiera, 5 la fama que en él se halla no debe ser verdadera, y así, ya no quiero verle; aunque, si puedes traerle sin tu daño, darme has gusto. 10 D. Fer. Es don Fernando robusto, y habrá que hacer en prenderle. Conózcole como a mí, y sé que es de condición que sabrá volver por sí, 15 y aun buscará la ocasión para responder a Alí. Arl. ¿Es valiente? D. Fer. Como yo. Arl. ¿De buen rostro? 20 D. Fer. Aqueso no, porque me parece mucho. Ali. ¡Todo esto con rabia escucho! Arl. ¿Tiene amor? D. Fer. Ya le dejó. 25 Arl. ¿Luego túvole? D. Fer. Sí creo. Arl. ¿Será mudable? D. Fer. No es fuerza que sea eterno un deseo. 30 Arl. ¿Tiene brío? D. Fer. Y tiene fuerza.
JORNADA PRIMERA p. 48 Arl. ¿Es galán? D. Fer. De buen aseo. Arl. ¿Raja y hiende? D. Fer. Tronca y parte. Arl. ¿Es diestro? 5 D. Fer. Como otro Marte. Arl. ¿Atrevido? D. Fer. Es un león. Arl. Partes todas éstas son, cristiano, para adorarte, 10 a ser moro. Ali. Calla, Arlaja, pues tienes aquí delante quien por tu gusto trabaja. Arl. Gusto yo de un arrogante 15 que bravea, hiende y raja. Vuelve, Alí, por el cristiano, que te doy mi fe y mi mano, si le traes, de ser tu esposa. D. Fer. Tú le mandas una cosa 20 donde ha de sudar en vano. Nac. ¡Soberbios sois los cristianos! D. Fer. Eslo, al menos, quien se alaba. Ali. Aquí hay quien con ufanos bríos quitará la clava 25 a Hércules de las manos; aquí hay quien, a pesar de quien lo quiera estorbar, Arlaja, hará lo que mandas. D. Fer. A veces se mandan mandas 30 que nunca se piensan dar, y a las veces las promete
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 49 quien no las quiere cumplir, ni puede. Nac. ¿Quién te mete a ti en eso? D. Fer. Sé decir 5 que en parte a mí me compete; que es don Fernando mi amigo, y soy cierto y buen testigo del mucho valor que encierra. Ali. Traen los casos de la guerra 10 diversos fines consigo. El valiente y fanfarrón tal vez se ha visto vencido del flaco de corazón: que Alá da ayuda al partido 15 que defiende la razón. D. Fer. ¿Pues qué razón lleva en éste Alí? Orop. Tú harás que te cueste la vida tu lengua necia. 20 Ali. Si al que ama, el amor precia, su santo favor me preste; que, sin razón y con él, a don Fernando el valiente vencerá el flaco Muzel. 25 Arl. ¡Qué plática impertinente! Ali. ¡Qué corazón tan crüel! Arl. Quede el cristiano conmigo; Alá vaya, Alí, contigo y con Nacor. 30 Nac. El te guarde. Arl. Volvedme a ver esta tarde.
JORNADA PRIMERA p. 50 Entranse todos, sino don Fernando y Oropesa. Orop. ¡Hola, soldado! ¿A quién digo? ¿Qué noramala, señor, os ha traído a este puesto, tan contrario a vuestro honor? 5 D. Fer. En buena te diré presto de mi fortuna el rigor. No quiso el general mío que saliese al desafío que me hizo aqueste moro. 10 Yo, por guardar el decoro que corresponde a mi brío, me descolgué por el muro, y cuando pensé hallar lo que aun ahora procuro, 15 un escuadrón vino a dar conmigo, estando seguro. Era la noche cerrada, y como vi defraudada mi esperanza tan del todo, 20 con el tiempo me acomodo. Mentí; rendíles la espada; díjeles que mi intención era venir a ponerme de grado en su sujeción, 25 y que quisiesen traerme a reconocer patrón. Dijéronme que este Alí era su señor, y así, vine sin fuerza y forzado. 30 De todo cuenta te he dado;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 51 no hay más que saber de mí. Calla mi nombre, que veo que aquesta mora hermosa tiene de verme deseo. Orop. De tu fama valerosa 5 que está enamorada creo. No te des a conocer, que deseos de mujer se mudan a cada paso. D. Fer. Vuelve Muzel; habla paso. 10 Orop. No se qué pueda querer. Entra Alimuzel. Ali. Oropesa, escucha y calla, y guárdame aquel secreto que en tu discreción se halla, 15 que a tu bondad le prometo con la mía de premialla. Yo te daré libertad, y a ti, si tu voluntad fuere de volverte a Orán, 20 mis designios te darán honrosa comodidad. Sólo os pido, en cambio de esto, que me descubráis un modo tan honroso y tan compuesto, 25 que en las partes y en el todo eche de hidalguía el resto, el cual me vaya mostrando en qué parte, cómo o cuándo, ya en el campo o estacada, 30
JORNADA PRIMERA p. 52 pueda yo medir mi espada con la del bravo Fernando. Quizá está en su vencimiento, como Arlaja significa, de mi bien el cumplimiento, 5 si ya mi esperanza rica no la empobrece su intento, que debe de ser doblado, pues de lo que me ha mandado todo se puede temer, 10 y no hay bien que venga a ser seguro en el desdichado. D. Fer. Yo te daré a tu enemigo a toda tu voluntad, como estoy aquí contigo, 15 sin usar de deslealtad, que nunca albergó conmigo. Ali. No es enemigo el cristiano, contrario sí: que el lozano deseo de Arlaja bella 20 presta para esta querella la voz, el intento y mano. D. Fer. Presto te pondré con él, y fía aquesto de mí, comedido Alimuzel; 25 y aun pienso hacer por ti lo que un amigo fiel, porque la ley que divide nuestra amistad no me impide de mostrar hidalgo el pecho; 30 antes, con lo que es bien hecho se acomoda, ajusta y mide.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 53 Ve en paz, que yo pensaré el tiempo que más convenga para hacer lo que haré. Ali. Mahoma sobre ti venga, y lo que puede te dé. 5 Vase. D. Fer. ¡Gentil carga! Orop. Y gentil presa. D. Fer. ¿Pesa mucho? Orop. Poco pesa, 10 que está en fuego convertida. D. Fer. Mira que importa la vida tener secreto, Oropesa. Vanse, y salen riñendo el capitán Guzmán con el alférez Robledo. 15 Guz. Señor alférez Robledo, póngase luego entredicho a esa plática. Robl. No puedo; que, lo que sin miedo he dicho, 20 no lo desdigo por miedo. O él se fue a renegar, o hizo mal en dejar su presidio en tiempos tales. Guz. De los hombres principales 25 no se debe así hablar. El renegar no es posible, y si en ello os afirmáis,
JORNADA PRIMERA p. 54 mentís. Meten mano. Robl. ¡Oh trance terrible! Guz. Ahora sí que os halláis en más dudoso imposible 5 si queréis satisfaceros. Entra el conde de Alcaudete y don Martín de Córdoba, acompañados. Conde. ¡Paso! ¡Teneos, caballeros! ¿Por qué ha sido la pendencia? 10 Guz. ¡Más agudo es de conciencia este hidalgo que de aceros! Ha afirmado que se es ido a renegar don Fernando, y ¡vive Dios! que ha mentido, 15 y mentirá cada y cuando lo diga. Conde. ¡Descomedido! Llévenle luego a una torre. Guz. Ni me afrenta ni me corre 20 este agravio, porque nace de la justicia que hace al que su amigo socorre. Conde. Vaya el alférez también, y mientras que el cerco pasa, 25 hagan treguas. Robl. Hazme un bien: que sea la torre mi casa. D. Mar. Sí, porque juntos no estén. Llevan al alférez. 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 55 Uno. Señor, la guarda ha descubierto ahora un bajel por la banda de Poniente. D. Mar. ¿Qué vela trae? Uno. Entiendo que latina. Conde. Vamos a recibirle a la marina. 5 Fin del primer acto.
JORNADA SEGUNDA p. 56 SEGUNDA JORNADA Los que hablan en ella son: Arlaja. Buitrago. Don Fernando. Don Martín. Oropesa. El conde. 5 Nacor. Guzmán, el capitán. Vozmediano, anciano. Alimuzel. Doña Margarita, Bairán, renegado. doncella, en hábito de Un moro. hombre. 10 Salen Arlaja, don Fernando y Oropesa. Arl. ¿Cómo te llamas, cristiano, que tu nombre aún no he sabido? D. Fer. Es mi nombre Juan Lozano, nombre que es bien conocido 15 por el distrito africano. Arl. Nunca le he oído decir. D. Fer. Pues él suele competir con el del bravo Fernando. Arl. ¡Mucho te vas alabando! 20 D. Fer. Alábome sin mentir. Arl. ¿Pues qué hazañas has tú hecho? D. Fer. He hecho las mismas que él, con el mismo esfuerzo y pecho, y ya me he visto con él 25 en más de un marcial estrecho.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 57 Arl. ¿Es tu amigo? D. Fer. Es otro yo. Arl. ¿Por ventura, di, salió a combatir con mi moro? D. Fer. Siempre de bravo el decoro 5 en todo trance guardó. Arl. De ese modo, Alí es cobarde. D. Fer. Eso no; que pudo ser salir don Fernando tarde, cuando no pudiese hacer 10 Alí de su esfuerzo alarde. E imagino que este moro jarife, no con decoro de amigo, a Muzel da culpa. Arl. De su esfuerzo y de su culpa 15 toda la verdad ignoro. D. Fer. Haz cuenta que te trae preso a Fernando tu Muzel; ¿qué piensas hacer por eso? Arl. Estimaré mucho en él 20 de su esfuerzo el grande exceso. Tendré en menos al cristiano, cuyo nombre sobrehumano me incita y mueve el deseo de verle. 25 Orop. Pues yo le veo en sólo ver a Lozano. Arl. ¿Qué, tanto se le parece? Orop. Yo no sé qué diferencia entre los dos se me ofrece: 30 ésta es su misma presencia, y el brazo que le engrandece.
JORNADA SEGUNDA p. 58 Arl. ¿Qué hazañas ha hecho ese hombre para alcanzar tan gran nombre como tiene? Orop. Escucha una de su esfuerzo y su fortuna, 5 que podrá ser que te asombre. Dio fondo en una caleta de Argel una galeota, casi de Orán cinco millas, poblada de turcos toda. 10 Dieron las guardas aviso al general, y, con tropa de hasta trescientos soldados, se fue a requerir la costa. Estaba el bajel tan junto 15 de tierra, que se le antoja dar sobre él: ved qué batalla tan nueva y tan peligrosa. Dispararon los soldados con prisa una vez y otra; 20 tanto, que dejan los turcos casi la cubierta sola. No hay ganchos para acercar a tierra la galeota; pero el bravo don Fernando 25 ligero a la mar se arroja. Ase recio de gúmena, que ya el turco aprisa corta, porque no le dan lugar de que el áncora recoja. 30 Tiró hacia sí con tal fuerza que, cual si fuera una góndola,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 59 hizo que el bajel besase el arena con la popa. Salió a tierra, y de ella un salto dio al bajel, cosa espantosa, que piensa el turco que el cielo 5 cristianos llueve, y se asombra. Reconocido su miedo, don Fernando, con voz ronca de la cólera y trabajo, grita: “¡Victoria, victoria!” 10 La voz da al viento, y la mano a la espada victoriosa, con que matando e hiriendo corrió de la popa a proa. El solo rindió el bajel; 15 mira, Arlaja, si ésta es obra para que la fama diga los bienes que de él pregona. Probado han bien sus aceros los lindos de Melïona, 20 los elches de Tremecén y los leventes de Bona. Cien moros ha muerto en trances, siete en estacada sola, doscientos sirven al remo, 25 ciento tiene en las mazmorras. Es muy humilde en la paz, y en la guerra no hay persona que le iguale, ya cristiana, o ya que sirva a Mahoma. 30 Arl. ¡Oh, qué famoso español! Orop. Hércules, Héctor, Roldán,
JORNADA SEGUNDA p. 60 se hicieron en su crisol. Arl. Mejor no le ha visto Orán. Orop. Ni tal no le ha visto el sol. Entra Nacor. Arl. Aqueste Nacor me enfada; 5 no me dejéis sola. Orop. Honrada te le muestra y comedida. D. Fer. Da a sus razones salida; que espere, y no espere en nada. 10 Nac. Hermosa Arlaja, yo estoy resuelto en traerte preso al cristiano, y así, voy a Orán luego. Arl. Buen suceso 15 y agüero espero y te doy, porque irás en gracia mía, y en verte tomó alegría desusada el corazón. Nac. Tienes, Arlaja, razón, 20 que yo la tendré algún día de rogarte que me quieras. Arl. Déjate ahora de burlas, pues partes a tantas veras. D. Fer. Hará Nacor, si no burlas, 25 sus palabras verdaderas; que amante favorecido es un león atrevido, y romperá, por su dama, por la muerte y por la llama 30 del fuego más encendido.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 61 Orop. Concluyeras tú esta empresa harto mejor que no él. D. Fer. Calla y excusa, Oropesa. Nac. Ya en este caso Muzel por vencido se confiesa, 5 pues no hace diligencia por traer a tu presencia el que yo te traeré presto. Arl. Pártete, Nacor, con esto, que gusto y te doy licencia. 10 Nac. Dame las manos, señora, por el favor con que animas al alma que más te adora. Arl. En poco, Nacor, te estimas, pues te humillas tanto ahora. 15 Eres jarife; levanta, que verte a mis pies me espanta. ¿Qué dirá de esto Mahoma? Nac. Estos rendimientos toma él por cosa buena y santa. 20 Queda en paz. Vase Nacor. Arl. Vayas con ella, que con el fin de este trance le tendrá el de tu querella. 25 D. Fer. ¡Echado ha el moro buen lance! Orop. Ella es falsa cuanto es bella. Arl. Venid, que habemos de ir los tres a ver combatir a mis amantes valientes. 30
JORNADA SEGUNDA p. 62 Orop. Si nos vieren ir las gentes, tarde nos verán venir. Vanse, y sale Vozmediano, anciano, y doña Margarita en hábito de hombre. Vozm. ¿Prisa por llegar a Orán, 5 y prisa por salir de él? ¡Muy bien nuestras cosas van! Marg. Préciase amor de crüel, y tras uno da otro afán. Vozm. Ya os he dicho, Margarita, 10 que su daño solicita quien camina tras un ciego. Marg. Ayo y señor, yo no niego que esa razón es bendita; pero ¿qué puedo hacer, 15 si he echado la capa al toro, y no la puedo coger? Vozm. Menos te la podrá un moro, si bien lo miras, volver. Marg. ¿Que sea moro don Fernando? 20 Vozm. Así lo van pregonando los niños por la ciudad. Marg. ¡Que haya hecho tal maldad! ¡De cólera estoy rabiando! No lo creo, Vozmediano. 25 Vozm. Haces bien; pero yo veo que ni moro ni cristiano parece. Marg. Verle deseo. Vozm. Siempre tu deseo es vano. 30 Marg. Quiérelo así mi ventura;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 63 pero no será tan dura que no dé fin a mis penas con darme en estas arenas berberisca sepultura. Vozm. No dirás, señora, al menos, 5 que no te he dado consejos de bondad y de honor llenos. Marg. Los prudentes y los viejos siempre dan consejos buenos; pero no ve su bondad 10 la loca y temprana edad, que en sí misma se embaraza, ni cosa prudente traza fuera de su voluntad. Entra Buitrago con la demanda. 15 Buit. Vuestras mercedes me den para las ánimas luego, que les estará muy bien. Marg. Si ellas arden en mi fuego. Vozm. Pasito, Anastasio, ten; 20 no digas alguna cosa malsonante, aunque curiosa. Marg. Váyase, señor soldado, que no tenemos trocado. Buit. ¡La respuesta está donosa! 25 Denme, pese a mis pecados. ¡Siempre yo de aquesta guisa medro con almidonados! Denme, que vengo de prisa, y ellos están muy pausados. 30 ¡Oh, qué novatos que están
JORNADA SEGUNDA p. 64 de lo que se usa en Orán en esto de las demandas! Descoja sus manos blandas y dé limosna, galán. ¿Qué me mira? Acabe ya; 5 eche mano, y no a la espada, que su tiempo se vendrá. Vozm. La limosna que es rogada, mas fácilmente se da que la que se pide a fuerza. 10 Buit. Usase en aquesta fuerza de Orán pedirse de este arte: que son las almas de Marte, y piden siempre con fuerza. Nadie muere aquí en el lecho 15 a almidones y almendradas, a pistos y purgas hecho; aquí se muere a estocadas y a balazos roto el pecho. Bajan las almas feroces 20 tan furibundas y atroces, que piden que acá se pida para su pena afligida a cuchilladas y a voces. En fin, las almas de Orán, 25 que tienen comedimiento, aunque en purgatorio están, dicen que vuelva en sustento la limosna que me dan. A la parte voy con ellas, 30 remediando sus querellas a fuerza de avemarías,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 65 y mis hambrientas porfías con lo que me dan para ellas. Vozm. Hermano, yo no os entiendo, y no hay limosna que os dar. Buit. ¡De gana me voy riendo! 5 ¿Y adónde se vino a hallar el parentesco tremendo? ¿Hace burla en ver el traje, entre pícaro y salvaje? Pues sepa que este sayal 10 tiene encubierto algún al que puede honrar un linaje. El conde es éste, ¡qué pieza! que, cuando me da, le dan mil vaguidos de cabeza. 15 Pobretas almas de Orán, que estáis en vuestra estrecheza, rogad a Dios que me den, porque si yo como bien, rezaré más de un rosario, 20 y os haré un aniversario por siempre jamás. Amén. Entra el conde, don Martín, el capitán Guzmán y Nacor. Nac. Digo, señor, que entregaré sin duda 25 la presa que he contado fácilmente en el silencio de la noche muda con muy poquito número de gente; y porque al hecho la verdad acuda, las manos a un cordel daré obediente; 30 dejaréme llevar, siendo yo guía
JORNADA SEGUNDA p. 66 que os muestre el aduar antes del día. Y sólo quiero de esta rica presa, por quien mi industria y mi traición [trabaja, un cuerpo que a mi alma tiene presa: 5 quiero a la bella sin igual Arlaja. Por ella tengo tan infame empresa por ilustre, por grande, y no por baja: que, por reinar y por amor, no hay culpa que no tenga perdón y halle disculpa. 10 No siento ni descubro otro camino, para ser posesor de aquesta mora, que hacer este amoroso desatino, puesto que en él crueldad y traición [mora. 15 Amola por la fuerza del destino, y aunque mi alma su beldad adora, quiérola cautivar para soltarla, por si puedo moverla u obligarla. Conde. No estamos en sazón que nos permita 20 sacar de Orán un mínimo soldado; que el cerco que se espera, solicita que ponga en otras cosas mi cuidado. Nac. La victoria en la palma traigo escrita; en breves horas te daré acabado 25 sin peligro el negocio que he [propuesto; si presto vamos, volveremos presto. Conde. Esta tarde os daré, Nacor, respuesta; esperad hasta entonces. 30 Nac. Soy contento. Vase Nacor.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 67 D. Mar. Empresa rica y sin peligro es ésta, si cierta fuese. Guz. Yo por tal la cuento: hace la lengua al alma manifiesta. Declarado ha Nacor su pensamiento 5 con tal demostración, con tal afecto, que, si vamos, el saco me prometo. D. Mar. Cubre el traidor sus malas intenciones con rostro grave y ademán sincero, y adorna su traición con las razones 10 de que se precia un pecho verdadero. De un Sinón aprendieron mil Sinones, y así, el que es general, al blando o [fiero razonar del contrario no se rinde 15 sin que primero la intención deslinde. Conde. Hermano, así se hará; no tengáis miedo que yo me arroje o precipite en nada. ¿Hicisteis ya las treguas con Robledo, y queda ante escribano confirmada? 20 D. Mar. Gran cólera tenéis, Guzmán. Guz. No puedo tenerla en la ocasión más enfrenada. Conde. Podréis darle la rienda entre enemigos, y es prudencia cogerla con amigos. 25 Pues, Buitrago, ¿qué hacemos? Buit. Aquí asisto, procurando sacar de aqueste esparto jugo de algún plus ultra, y no le he visto siquiera de una tarja ni de un cuarto. 30 Así guardan la ley de Jesucristo aquéstos, como yo cuando estoy harto,
JORNADA SEGUNDA p. 68 que no me acuerdo si hay cielo ni tierra; sólo a mi vientre acudo y a la guerra. Marg. Pide limosna en modo este soldado, que parece que grita o que reniega, y yo estoy en España acostumbrado 5 a darla a quien por Dios la pide y [ruega. Buit. Quiérosela pedir arrodillado; veré si la concede o si la niega. Vozm. Ni tanto, ni tan poco. 10 Buit. Soy cristiano. Marg. ¿Ya no le han dicho que no ay blanca, [hermano? Buit. ¡Hermano! ¡Lleve el diablo el parentesco y el ladrón que le halló la vez primera! 15 Descosa, pese al mundo, ese gregüesco; desgarre esa olorosa faltriquera. De aquestas pinturitas a lo fresco ¿qué se puede esperar? Vozm. Esa es manera 20 de hacer sacar la espada, y no el dinero. Conde. ¡Paso, Buitrago! Marg. ¡A fe de caballero! D. Mar. No os enfadéis, galán, que de este modo se pide la limosna en esta tierra; 25 todo es aquí braveza, es aquí todo rigor y duros términos de guerra. Buit. Y yo, que a lo de Marte me acomodo, y a lo de Dios es Cristo doy por tierra con todo el bodegón, si con floreos 30 responden a mis gustos y deseos. D. Mar. En fin, ¿que aqueste galán
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 69 es de Jerez? Vozm. Y de nombre, de los buenos que allí están, e hijo, señor, de un hombre que en Francia fue capitán. 5 Quedó rico y con hacienda; dejómele a mí por prenda mi hermana, que fue su madre, y yo quise que del padre siguiese la honrada senda. 10 Supe el cerco que se espera, y con su gusto le truje, que sin él no le trajera, y a esta dura le reduje de su vida placentera; 15 que, en los grados de alabanza, aunque pervierta la usanza el adulador liviano, no alcanza un gran cortesano lo que un buen soldado alcanza. 20 Conde. Así es verdad, y agradezco venida de tales dos, y a servírosla me ofrezco. Buit. ¡Que no me darán por Dios lo que por mí no merezco! 25 ¡Voto a Cristóbal del Pino, que si una vez me amohíno, que han de ver quién es Callejas! Busquen alivio a sus quejas, almas, por otro camino. 30 Buscaréle yo también para mi hambre insolente,
JORNADA SEGUNDA p. 70 o me den, o no me den; que nunca muere un valiente de hambre. D. Mar. Dices muy bien. Buit. No digo sino muy mal. 5 ¿Es eso por excusarse de no sacar un real? Conde. Vamos, que ya de enojarse Buitrago nos da señal, y no quiero que lo esté. 10 Vanse el conde y don Martín. Buit. Con aqueso comeré. ¡No fuera yo motilón o mozo de bodegón, y no soldado! 15 Marg. ¿Por qué? Buit. Yo me entiendo, so galán; vaya y guarde su dinero. ¡A Dios, mi señor Guzmán! Guz. No, no; convidaros quiero; 20 ¡por vida del capitán! Venid, Buitrago, conmigo. Buit. En seguirte, sé que sigo a un Alejandro y a un Marte. Vanse el capitán y Buitrago. 25 Marg. Señor, llégate a esta parte, que tengo que hablar contigo. Resuelta estoy. Vozm. En tu daño. Marg. No me atajes; déjame 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 71 relatar mi mal extraño. Vozm. ¿Ya no sabes que lo sé, por mi mal, más ha de un año? Marg. Dime, señor: ¿tú no sientes que con nuevos accidentes 5 cada día amor me embiste? Vozm. Y sé que no los resiste tu alma, pues los consientes. Marg. Déjate de aconsejarme, y dame ayuda, si quieres; 10 que lo demás es matarme. Vozm. Por quien soy y por quien eres, siempre te oiré sin cansarme, y siempre te ayudaré, porque a ello me obligué 15 cuando de venir contigo como ayo y como amigo te di la palabra y fe. Di, en fin: ¿qué piensas hacer? Marg. Yo, por soldado a esta empresa, 20 con extraño parecer, pues procuraré ser presa, puesto que vaya a prender. Procuraré ser cautiva; que de la dura y esquiva 25 tormenta que siente el alma, el sosiego, gusto y palma en disparates estriba. Sabré cautiva de quien me cautivó sin sabello, 30 pensando de hacerme bien; daré al moro perro el cuello,
JORNADA SEGUNDA p. 72 porque a mi alma me den. Que no es posible sea moro quien guardó tanto el decoro de cristiano caballero; y si fuere esclavo, quiero 5 dar por él mil montes de oro. De que los halle no dude nadie: que el cielo al deseo del aflicto siempre acude. Vozm. El gran Dios de ese deseo 10 impertinente te mude. Marg. ¿Habrá más de rescatarme, dando tiempo al informarme de lo que voy a saber? Que en el mal de irme a perder 15 consiste el bien de ganarme. Venid, señor Vozmediano; negociaréis mi salida con el escuadrón cristiano. Vozm. ¿Dónde quieres ir, perdida? 20 Marg. Aconsejarme es en vano. Vozm. Yo haré con su señoría que se oponga a tu partida. Marg. Si esto me impedís señor, haré otro yerro mayor, 25 con que lloréis más de un día. Echada está ya la suerte; yo he de seguir mi destino, aunque me lleve a la muerte. Vozm. Del amor el desatino 30 cualquier bien en mal convierte. ¡En mal punto me encargué
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 73 de ti! ¡En mal punto dejé la patria por tus antojos! Marg. Tal vez, tras nubes de enojos, de esperanza el sol se ve. Vanse, y salen Arlaja, Alimuzel, Oropesa 5 y don Fernando. Arl. ¿Adónde está Alimuzel? Oropesa, ¿dó te has ido? Y mi Lozano, ¿qué es de él? ¡Cielo, escucha mi gemido, 10 no te me muestres crüel! Ali. Bella Arlaja, aquí me tienes. Arl. Amigo, a buen tiempo vienes. Orop. ¿Qué es lo que mandas, señora? Arl. Vengas, amigo, en buen hora. 15 Lozano, ¿en qué te detienes? D. Fer. Aquí estoy, señora mía. ¿Qué me mandas? Dilo, acaba. Arl. ¡Desdichada dicha mía! Ali. ¿Qué has, Arlaja? 20 Arl. Yo soñaba que esta noche, al alba fría daban sobre este aduar cristianos, y, a mi pesar, Nacor me llevaba presa, 25 y desperté con la presa del asalto y del gritar, y he venido a socorrerme de vosotros con el miedo que el sueño pudo ponerme, 30 y, aunque os veo, apenas puedo
JORNADA SEGUNDA p. 74 sosegarme ni valerme. Tengo a Nacor por traidor, y no me deja el temor fiar de vuestra lealtad. Ali. No son los sueños verdad; 5 no tengas miedo, mi amor; y si lo son, juzga y piensa que a tu lado hallarás quien no consienta tu ofensa. Arl. Contra el hado es por demás 10 que valga humana defensa. D. Fer. No te congojes, señora, que si llegare la hora de verte en aquese aprieto, librarte de él te prometo 15 por el Dios que mi alma adora. Si no quedase cristiano en Orán, y aquí viniese tan arrojado y ufano que la victoria tuviese 20 tan cierta como en la mano, será esta mía bastante para que el más arrogante vuelva humilde y sin despojos. Temple aquesto tus enojos, 25 no pase el miedo adelante, que haré más de lo que digo; y de que prometo poco, mis obras serán testigo. Orop. O está don Fernando loco, 30 o es ya de Cristo enemigo. Pelear contra cristianos
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 75 promete. Venid, hermanos, que yo, con mejor conciencia, pasaré la diligencia a los pies, y no a las manos. D. Fer. Alí, dame tú una espada 5 y un turbante, con que pueda la cabeza estar guardada. Orop. Señora, ¿dónde se queda tu condición arrojada? Ahora verás hender, 10 herir, matar y romper. Deja venir al cristiano. Arl. Es accidental y vano tal deseo en la mujer, y fácilmente se trueca; 15 y antes que la espada, ahora tomaría ver la rueca. Ali. El que te ofende, señora, contra todo el mundo peca. Ven, cristiano, a tomar armas. 20 Orop. Mira contra quién te armas, Lozano. D. Fer. ¡Calla, Oropesa! Orop. En armarte a tal empresa, de tu valor te desarmas. 25 Entranse todos. Salen Nacor, atadas las manos atrás con un cordel, y tráenle Buitrago, el capitán Guzmán, Margarita y otros soldados con sus arcabuces. Nac. Valeroso Guzmán, éste es, sin duda, 30 el vendido aduar, el paraíso
JORNADA SEGUNDA p. 76 do está la gloria que mi alma busca. Con la caballería, como es uso, le puedes coronar a la redonda, porque apenas escape un solo moro. Guz. No tengo tanta gente para tanto. 5 Nac. Cerca, pues, por lo menos, esta parte, que responde derecha a una montaña que está cerca de aquí, donde, sin duda, harán designio de acogerse cuantos sobresaltados fueren esta noche. 10 Guz. Dices muy bien. Nac. Pues manda que me suelten, porque vaya a buscar el grande premio que pide la amorosa traición mía. Buit. Eso no, ¡vive Dios!, hasta que vea 15 cómo se entabla el juego, ¡so Mahoma! Estése atraillado como galgo, porque hasta ver las liebres no le [suelto. Nac. Señor Guzmán, agravio se me hace. 20 Guz. Buitrago, suéltale, y a Dios, y embiste. Buit. Contra mi voluntad le suelto. Vaya. Nac. Venid, que yo pondré la gente en orden, de modo que no haya algún desorden. Vanse, y queda sola Margarita. 25 Marg. ¡Pobre de mí! ¿Dónde quedo? ¿Adónde me trae la suerte, confusa y llena de miedo? ¿Qué cosa haré con que acierte, si ninguna cosa puedo? 30 ¡Oh amoroso desvarío,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 77 que ciegas el albedrío y la razón tienes presa! ¿Qué sacaré de esta empresa, de quién temo y de quién fío? Soy mariposa inocente 5 que, despreciando el sosiego, simple y presurosamente me voy entregando al fuego de la llama más ardiente. Estos pasos son testigos 10 que huyo de los amigos, y, llena de ceguedad, de mi propia voluntad me entrego a los enemigos. Suena dentro: “¡Arma, arma! ¡Santiago, cierra, cierra 15 España, España!” Salga al teatro Nacor, abrazado con Arlaja, y a su encuentro Buitrago. Buit. ¡Por aqueste portillo se desagua el aduar! ¡Soldados, aquí; amigos! ¡Tente, perro cargado; tente, galgo! 20 Nac. Amigo soy, señor. Buit. ¡No es éste tiempo para estas amistades! ¡Tente, perro! Nac. ¡Muerto soy, por Alá! Buit. ¡Por San Benito, 25 que he pasado a Nacor de parte a [parte, y que ésta debe ser su amada ingrata! Arl. Cristiano, yo me rindo; no [ensangrientes 30 tu espada en mujeril sangre mezquina.
JORNADA SEGUNDA p. 78 Llévame do quisieres. Sale Alí. Ali. La voz oigo de Arlaja bella, que socorro pide. ¡Ah, perro, suelta! 5 Buit. ¡Suéltala tú, podenco sin provecho! ¿No hay quien me ayude aquí? Arl. Mientras pelean aquestos dos, podrá ser escaparme, si acaso acierto de tomar la parte 10 que lleva a la montaña. Marg. Si me guías, seré tu esclavo, tu defensa y guarda hasta ponerte en ella. Ven, señora. Vase Arlaja y Margarita; sale don Fernando 15 y Guzmán. Buit. ¡Animas de purgatorio, favorecedme, señoras, que mi peligro es notorio, si ya no estáis a estas horas 20 durmiendo en el dormitorio! De vuestro divino aliento con mayor fuerza me siento. ¡Perro, el huir no te cale! ¡Ahora verán si vale 25 Buitrago por más de ciento! Entrase Alí, y Buitrago tras él. Guz. ¡O eres diablo, o no eres hombre! ¿Quién te dio tal fuerza, perro?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 79 D. Fer. No os admire ni os asombre, Guzmán, que haga este yerro quien respeta vuestro nombre. Guz. ¿Sois, a dicha, don Fernando? D. Fer. El mismo que estáis mirando, 5 aunque no me veis, amigo. Guz. ¿Sois ya de Cristo enemigo? D. Fer. Ni de veras, ni burlando. Guz. ¿Pues cómo sacas la espada contra él? 10 D. Fer. Vendrá sazón más llana y acomodada, en que te dé relación de mi pretensión honrada. Cristiano soy, no lo dudes. 15 Guz. ¿Por qué a defender acudes este aduar? D. Fer. Porque encierra la paz que causa esta guerra, la salud de mis saludes. 20 Dos prendas has de dejar, y carga, amigo, con todo cuanto hay en este aduar. Guz. A tu gusto me acomodo, no quiero más preguntar; 25 pero, porque no se diga que tengo contigo liga, tú, pues bastas, lo defiende. Vase Guzmán, y vuelve Buitrago y Alimuzel. Buit. En vano, moro, pretende 30 tu miedo que no te siga,
JORNADA SEGUNDA p. 80 que tengo para ofenderte dos manos y dos mil almas, que a mis pies han de ponerte. D. Fer. Otros despojos y palmas puedes, amigo, ofrecerte, 5 que éste no. Ali. Deja, Lozano, que este valiente cristiano en grande aprieto me ha puesto. D. Fer. Ve tú a socorrer el resto, 10 y éste déjale en mi mano, que yo daré cuenta de él. Arlaja, dentro. Arl. ¡Lozano, que voy cautiva! ¡Que voy cautiva, Muzel! 15 Ali. ¡Fortuna a mi suerte esquiva, cielo envidioso y crüel, ejecutad vuestra rabia en mi vida, si os agravia; dejad libre la de aquélla, 20 que os podéis honrar con ella por hermosa, honesta y sabia! Sale Arlaja, defendiéndola Margarita del capitán Guzmán y de otros tres soldados. D. Fer. ¡Todos sois pocos soldados! 25 Guz. Esta es la mora en quien tiene don Fernando sus cuidados; dejársela me conviene. Vase. Buit. Aquí hay moros encantados 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 81 o cristianos fementidos, que ha llegado a mis oídos, creo, el nombre de Lozano. D. Fer. Vuestro trabajo es en vano, cristianos mal advertidos, 5 que esta mora no ha de ir presa. Entrad en el aduar, y hallaréis más rica presa. Buit. ¡De ésta irás a señalar, perro, el tanto de tu fuesa! 10 Ali. ¡Muerto soy; Alá me ayude! Arl. ¡Acude, Lozano, acude, que han muerto a tu grande amigo! Cae Alí dentro, y éntrase Arlaja tras él. D. Fer. Vengaréle en su enemigo, 15 aunque de intención me mude. ¡No te retires; aguarda! Buit. ¿Yo retirar? ¡Bueno es eso! Si tuviera una alabarda, le partiera hasta el hueso. 20 ¡Oh, cómo el perro se guarda! D. Fer. Este que va a dar el pago de tus bravatas, Buitrago, mejor cristiano es que tú. Buit. ¡Que te valga Belcebú, 25 y a mí Dios y Santiago! Di quién eres, que, sonando el eco, me trae con miedo la habla de don Fernando. D. Fer. El mismo soy. 30 Buit. ¡Oh Robledo
JORNADA SEGUNDA p. 82 verdadero y memorando, y cuánta verdad dijiste! Sin razón le desmentiste, Guzmán atrevido y fuerte. Yo quiero huir de la muerte 5 que en esas manos asiste. D. Fer. ¿Cómo, di, tú no peleas? ¿Te retiras o te vas antes que tu prisión veas? Marg. ¡Extraños consejos das 10 a quien la muerte deseas! Mas no puedo retirarme ni pelear, y he de darme de cansado a moras manos, que se van ya los cristianos, 15 y tú no querrás dejarme. Dentro, diga Guzmán: ¡Al retirar, cristianos! ¡Toca, Robles! ¡A retirar, a retirar, amigos! No se quede ninguno, y los cansados, 20 a las ancas los suban los jinetes, y en la mitad del escuadrón recojan la presa. ¡Al retirar, que viene el día! D. Fer. Yo te pondré en las ancas de un caballo de los tuyos, amigo; no desmayes. 25 Marg. Mayor merced me harás si aquí me [dejas. D. Fer. ¿Quieres quedar cautivo por tu gusto? Marg. Quizá mi libertad consiste en eso. D. Fer. ¿Hay otros don Fernandos en el mundo? 30 Demos lugar que los cristianos pasen;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 83 retiraos a esta parte. Marg. Yo no puedo. D. Fer. Dadme la mano, pues. Marg. De buena gana. D. Fer. ¡Jesús, y qué desmayo! 5 Marg. Gentilhombre, ¿lleváisme a los cristianos, o a los [moros? D. Fer. A los moros os llevo. Marg. No querría 10 que fuésedes cristiano y me [engañásedes. D. Fer. Cristiano soy; pero, ¡por Dios!, que os [llevo a entregar a los moros. 15 Marg. ¡Dios lo haga! D. Fer. De novedades anda el mundo lleno. ¿Estáis herido acaso? Marg. No estoy bueno. Vanse. 20 Sale Oropesa cargado de despojos. Orop. No sino estaos atenido a los consejos de un loco, enamorado y perdido. Mucho llevo en esto poco; 25 voy libre y enriquecido. Ya en mi libertad contemplo un nuevo y extraño ejemplo de los casos de fortuna, y adornarán la coluna 30 mis cadenas de algún templo.
JORNADA SEGUNDA p. 84 Salen el conde y don Martín, y Bairán, el renegado. Bai. Digo, señor, que la venida es cierta, y que este mar verás y esta ribera, el de bajeles lleno, ella cubierta 5 de gente innumerable y vocinglera. De Barbarroja el hijo se concierta con Alabez y el Cuco, de manera que en su favor más moros dan y ofrecen que en clara noche estrellas se parecen. 10 Los turcos son seis mil, y los [leventes siete mil, toda gente vencedora; veinte y seis las galeras, suficientes a traer municiones de hora en hora. 15 Andan en pareceres diferentes sobre cuál de estas plazas se mejora en fortaleza y sitio, y creo se ordena de dar a San Miguel la buena estrena. Esto es, señor, lo que hay del campo 20 [moro, y en Argel el armada queda a punto, y Azán, el rey, guardando su decoro, que es diligente, la traerá aquí al punto. Conde. De sus designios poco o nada ignoro; 25 mas por tu relación cuerda barrunto que a San Miguel el bárbaro amenaza, como más flaca, aunque importante [plaza. Pero, puesto le tengo en tal reparo, 30 tales soldados dentro de él he puesto, que al bárbaro el ganarle será caro
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 85 muy más que en su designio trae [propuesto. Idos a reposar, mi amigo caro, y el agradecimiento y paga de esto esperadla de mí, con la ventaja 5 que aquél merece que cual vos trabaja. Vase Bairán. ¿No tarda ya Guzmán? D. Mar. Las centinelas le han descubierto ya. 10 Conde. Venga en buen hora. D. Mar. Su premio habrá Nacor de sus cautelas cobrado, su adorada ingrata mora. ¡Amor, como otro Marte nos desvelas, furia y rigor en tus entrañas mora, 15 hasta las religiosas almas dañas, y fundas en traiciones tus hazañas! Entra el capitán Guzmán, Oropesa, Buitrago, Vozmediano y otros soldados. Guz. Tus manos pido, y de las mías toma, 20 o, por mejor decir, de tus soldados, amorosos despojos de Mahoma. Volvemos, como fuimos, alentados, mejorados en honra y buena fama, y en ropa y en esclavos mejorados. 25 Nacor no trae a su hermosa dama, que Buitrago apagó con fuerte acero del moro infame la amorosa llama. Buit. Paséle, por la fe de caballero, por entrambas ijadas, ignorando 30
JORNADA SEGUNDA p. 86 que fuese el que el aviso dio primero; y si no lo estorbara don Fernando, diera con más de dos patas arriba, que con él se me fueron escapando. Conde. ¿Qué, en fin se volvió moro? 5 Orop. No se escriba, se diga o piense tal de quien su intento en ser honrado y valeroso estriba. Yo sé de don Fernando el pensamiento, y sé que presto volverá a servirte 10 con las veras que ofrece su ardimiento. Guz. Que él es cristiano, sé, señor, decirte; que él se nombró conmigo combatiendo. D. Mar. ¿Y procuraba, por ventura, herirte? Guz. Con tiento pareció que iba esgrimiendo, 15 y palabras me dijo en el combate por quien fui sus designios conociendo. D. Mar. De este caso, señores, no se trate; ya, por lo menos, ha caído en culpa, y no hay disculpa a tanto disparate. 20 Conde. Salió sin mi licencia, ya le culpa, y más el escalar de la muralla, insulto que jamás tendrá disculpa. Guz. Precipitóle honor; vistió la malla por conservar su crédito famoso; 25 huyóle el moro; fue a buscar batalla. D. Mar. ¡Por cierto, oh buen Guzmán, que estáis [donoso! Pues ¿cómo no se ha vuelto, o cómo [muestra 30 contra cristianos ánimo brioso? Orop. El dará presto de su intento muestra,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 87 sacando, en gloria de la ley cristiana, a luz la fuerza de su honrada diestra. Conde. Venid; repartiré de buena gana lo que de este despojo a todos toca; que el gusto crece lo que así se gana. 5 Vanse, y queda Buitrago y Vozmediano. Vozm. ¡Válgame Dios, si se quedó la loca, si se quedó la sin ventura y triste, que así su suerte y su valor apoca! Dime, señor, si por ventura viste 10 aquel soldado que partió conmigo cuando a la empresa do has venido [fuiste; aquel bisoño manicorto, digo, que no te quiso dar limosna un día, 15 y habrá hasta seis que vino aquí [conmigo. Buit. ¿No es aquel del entono y bizarría, de las plumas volantes y del rizo, que me habló con remoques y acedía(s)? 20 Vozm. Aquese mismo. Buit. No sé qué se hizo. Vase. Vozm. ¿Adónde estarás ahora, moza por tus pies llevada 25 do toda miseria mora, de mandar a ser mandada, esclava de ser señora? ¿Que es posible que un deseo incite a tal devaneo? 30
JORNADA SEGUNDA p. 88 Y éste es, en fin, de tal ser, que no lo puedo creer, y con los ojos lo veo. Sale Arlaja, don Fernando y Margarita. D. Fer. Para ser mozo y galán, 5 y al parecer bien nacido, muchos desmayos os dan: señal de que habéis comido mucha liebre y poco pan. Quien se rinde a su enemigo, 10 en sí presenta testigo de que es cobarde. Marg. Es verdad; pero trae mi poca edad grande disculpa consigo. 15 El que mis cuitas no siente, hará de mi miedo alarde; pero yo sé claramente que hice más en ser cobarde que no hiciera en ser valiente. 20 ¡Desdichada de la vida a términos reducida que busca con ceguedad en la prisión libertad y a lo imposible salida! 25 Arl. ¿Qué sabes si este soldado, cual tú, tiene aquella queja de valiente mal pagado? D. Fer. Fácil conocer se deja que le aflige otro cuidado; 30 que sus años, cual él muestra,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 89 no habrán podido dar muestra, por ser pocos, de los hechos que, por ser mal satisfechos, muestran voluntad siniestra. Y el ofrecerle caballo 5 para que volviese a Orán, y el no querer aceptallo, unas sospechas me dan que por su honra las callo. Quizá la vida le enfada 10 soldadesca y desgarrada, y como el vicio le doma, viene tras la de Mahoma, que es más ancha y regalada. Marg. En mi edad, aunque está en flor, 15 he alcanzado y conocido que no hay mal de tal rigor que llegue al verse ofendido, el que es honrado, en su honor. Y más si culpa no tiene; 20 que cuando la infamia viene a quien la busca y procura, es menor la desventura que la deshonra contiene. Y así, me será forzoso, 25 para huir la infamia y mengua de mal cristiano y medroso, que os descubra aquí mi lengua lo que apenas pensar oso. Si gustáis de estarme atentos, 30 veréis que paran los vientos su veloz curso a escucharme,
JORNADA SEGUNDA p. 90 y veréis que fue el quedarme honra de mis pensamientos. Entra Alimuzel. Ali. El remedio que aplicaste, bella Arlaja, de tu mano, 5 fue tal, que en él te mostraste ser un ángel soberano que a la vida me tornaste. Conságrotela dos veces: una porque la mereces, 10 y la otra te consagro por el extraño milagro con que tu fama engrandeces. Arl. Sosiégate y no me alabes, que el médico ha sido Alá 15 de tus heridas tan graves. Comienza, cristiano, ya la historia que alegre acabes. Marg. Sí haré; mas tú verás, en el cuento que me oirás, 20 que no dan los duros hados a principios desdichados alegres fines jamás. Nací en un lugar famoso, de los mejores de España, 25 de padres que fueron ricos y de antigua y noble casta; los cuales, como prudentes, apenas mi edad temprana dio muestras de entendimiento, 30 cuando me encierran y guardan
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 91 en un santo monasterio de la virgen Santa Clara: ¡que soy mujer sin ventura, que soy mujer desdichada! Arl. ¡Santo Alá! ¿Qué es lo que dices? 5 Marg. ¿De esto poquito te espantas? Ten silencio, hermosa mora, hasta el fin de mis desgracias, que, aunque ellas jamás le tengan, yo me animaré a contarlas, 10 si es posible, en breve espacio y con sucintas palabras. No me encerraron mis padres sino para la crianza, y fue su intención que fuese, 15 no monja, sino casada. Faltáronme antes de tiempo: que la inexorable parca cortó el hilo de sus vidas para añadirle a mis ansias. 20 Quedé con sólo un hermano, de condición tan bizarra, que parece que en él solo hizo asiento la arrogancia. Llegó la edad de casarme; 25 hiciéronle mil demandas de mí; no acudió a ninguna, fundándose en leves causas; y entre los que me pidieron, fue uno que con la espada 30 satisfizo a la respuesta, según se la dieron mala.
JORNADA SEGUNDA p. 92 Suenan dentro atambores. Ali. Escucha, que oigo clarines, oigo trompetas y cajas; algún escuadrón es éste de turcos que hacia Orán marcha. 5 Entra uno. Moro. Si lo que dejó el cristiano no quieres, hermosa Arlaja, no lo acaben de talar diez escuadrones que pasan, 10 ven, señora, a defenderlo, que con tu presencia, Arlaja, pararás al sol su curso y suspenderás las armas. Ali. Bien dice, señora; vamos, 15 que lugar habrá mañana para oír si aquesta historia en fin triste o alegre acaba. Arl. Vamos, pues. Y vos, hermosa y lastimada cristiana, 20 no os pene si a vuestras penas el oírlas se dilata. Vanse Arlaja, y Alí tras ella, y Margarita a lo último, y don Fernando tras ella, y dicen antes: Marg. Como no tengo, señora, 25 ningún alivio en contarlas, tengo a ventura el estorbo que de tal silencio es causa. D. Fer. ¡Válgame Dios, qué sospechas
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 93 me van encendiendo el alma! Muchas cosas imagino, y todas me sobresaltan. Desesperado esperando he de estar hasta mañana, 5 o hasta el punto que el fin sepa de la historia comenzada. Fin del segundo acto.
JORNADA TERCERA p. 94 TERCERA JORNADA Los que hablan en ella son: Arlaja. Don Martín. Margarita. Don Juan de Vozmediano. Valderrama. 5 Don Fernando de Alimuzel. Saavedra. Roama, moro. Guzmán. Azán, rey de Argel. Buitrago. [Bairán.] El conde de Alcaudete. El del Cuco. 10 [Don Francisco de El de Alabez. Mendoza.] Y acompañamiento. Salen los reyes del Cuco y Alabez, don Fernando, de moro, Alimuzel, Arlaja y Margarita. Cuco. Hermosísima Arlaja, tu belleza 15 puede volver del mismo Marte airado en mansedumbre su mayor braveza, y dar leyes al mundo alborotado. Alab. Puedes, con tu extremada gentileza, suspender los extremos del cuidado 20 que amor pone en el alma que cautiva, y hacer que en gloria sosegada viva. Cuco. Puede la luz de esos serenos ojos prestarla al sol y hacerle más hermoso; puede colmar el carro de despojos 25 del dios antojadizo y riguroso. Alab. Puede templar la ira, los enojos del amante olvidado y del celoso;
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 95 puedes, en fin, parar, sin duda alguna, el curso volador de la fortuna. Arl. Nace de vuestra rara cortesía la sin par que me dais dulce alabanza, porque no llega la bajeza mía 5 adonde su pequeña parte alcanza. Tendré por felicísimo este día, pues en él toma fuerzas mi esperanza de ver mis aduares mejorados, viendo a sus robadores castigados. 10 Cien canastos de pan blanco apurado, con treinta orzas de miel aún no tocada, y del menudo y más gordo ganado casi os ofrezco entera una manada; dulce lebeni en zaques encerrado, 15 agrio yogurt. Y todo aquesto es nada si mi deseo no tomáis en cuenta, que en su virtud la dádiva se aumenta. Cuco. Admitimos tu oferta, y prometemos de vengarte de aquel que te ha ofendido; 20 que, en fe de haberte visto, bien podemos mostrar el corazón algo atrevido. Alab. Arlaja, queda en paz, porque tenemos el tiempo limitado y encogido. Arl. Viváis alegres siglos e infinitos, 25 reyes del Cuco y Alabez invitos. Vanse los reyes. Vuelve a seguir tu comenzada historia, cristiana, sin que dejes cosa alguna que puedas reducir a la memoria 30 de tu adversa o tu próspera fortuna.
JORNADA TERCERA p. 96 Marg. Pasadas penas en presente gloria el contarlas la lengua no repugna; mas si el mal está en ser que se padece, al contarle, la lengua se enmudece. Quedé, si mal no me acuerdo, 5 en una mala respuesta que dio mi bizarro hermano a un caballero de prendas, el cual, por satisfacerse, muy malherido le deja. 10 Ausentóse y fuese a Italia, según después tuve nuevas. Tardó mi hermano en sanar mucho tiempo, y no se acuerda en mucho más de su hermana, 15 como si ya muerta fuera. Vi que volaban los tiempos, y que encerraban las rejas el cuerpo, mas no el deseo, que es libre y muy mal se encierra. 20 Vi que mi hermano aspiraba, codicioso de mi hacienda, a dejarme entre paredes, medio viva y medio muerta. Quise casarme yo misma; 25 mas no supe en qué manera ni con quién: que pocos años en pocos casos aciertan. Dejóme un viejo mi padre, hidalgo y de intención buena, 30 con el cual me aconsejase en mis burlas y en mis veras.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 97 Comuniquéle mi intento; respondióme que él quisiera que el caballero que tuvo con mi hermano la pendencia, fuera aquel que me alcanzara 5 por su legítima prenda, porque eran tales las suyas, que por extremo se cuentan. Pintómele tan galán, tan gallardo en paz y en guerra, 10 que en relación vi a un Adonis, y a otro Marte vi en la tierra. Dijo que su discreción igualaba con sus fuerzas, puesto que valiente y sabio 15 pocas veces se conciertan. Estaba yo a sus loores tan descuidada y atenta, que tomó el pincel la fama, y en el alma las asienta, 20 y amor, que por los oídos pocas veces dicen que entra, se entró entonces hasta el alma con blanda y honrada fuerza; y fue de tanta eficacia 25 la relación verdadera, que adoré lo que los ojos no vieron, ni ver esperan; que, rendida a la inclemencia de un antojo honrado y simple, 30 mudé traje y mudé tierra. A mi sabio consejero
JORNADA TERCERA p. 98 fuerzo a que conmigo venga; que ánimo determinado, de imposibles no hace cuenta. Arl. No te suspendas, prosigue tu bien comenzado cuento, 5 que ninguna cosa siento en él que a gusto no obligue, y aun a pesar. D. Fer. [Aparte.] Y es de modo, según que voy discurriendo, 10 que al alma va suspendiendo con la parte y con el todo. Marg. Enamorada de oídas del caballero que dije, me salí del monasterio, 15 y en traje de hombre vestíme. Dejé el hermano y la patria, y, entre alegre y entre triste, con mi consejero anciano a la bella Italia vine. 20 De la mitad de mi alma, para que yo más le estime, supe allí que en estacada venció a tres, y quedó libre, y que la parlera fama, 25 que más de lo que oye dice, le trajo a encerrar a Orán, que espera el cerco terrible. En alas de mi deseo, desde Nápoles partíme; 30 llegué a Orán, facilitando cualquier dudoso imposible,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 99 y apenas pisé su arena, cuando alborotada fuime a saber, sin preguntarlo, de quien me tiene tan triste. De él supe, y pluguiera al cielo, 5 que consuela a los que aflige, que nunca yo lo supiera. D. Fer. Di presto lo que supiste. Marg. Supe que a volverse moro, cosa, a pensarla, imposible, 10 dejó los muros de Orán, y que en vuestra secta vive. Yo, por no vivir muriendo entre sospechas tan tristes, a trueco de ser cautiva, 15 todo el hecho saber quise; y así, arrojada y ansiosa, entre los cristianos vine, de quien fue Nacor la guía, que los trajo a lo que visteis. 20 Ya me quedé, y soy cautiva, y ya os pregunto si visteis a este cristiano que busco, o a este moro que acogisteis. Llamábase don Fernando 25 de Saavedra, de insignes costumbres y claro nombre, como su fama lo dice. Por él y por mi rescate si de él sabéis, se apercibe 30 mi lengua a ofreceros tanto, que pase de lo posible.
JORNADA TERCERA p. 100 Esta es mi historia, señores; nunca alegre, siempre triste; si os he cansado en contarla, lo que me mandasteis hice. Arl. Cristiana, de tu dolor 5 casi siento la mitad: que tal vez curiosidad fatiga como el amor. Y al que te enciende en la llama de amor con tantos extremos, 10 como tú, le conocemos solamente por la fama. Ali. ¿Debajo de cuál estrella ese cristiano ha nacido, que aun de quien no es conocido 15 los deseos atropella? Ese amigo por quien lloras, y en quien pones tus tesoros, las vidas quita a los moros, y las almas a las moras. 20 D. Fer. Que no es moro está en razón: que no muda un bien nacido, por más que se vea ofendido, por otra su religión. Puede ser que a ese español, 25 que ahora tanto se encubre, alguna causa le encubre, como alguna nube al sol. Mas dime: ¿quién te asegura que, después de haberle visto, 30 quede en tu pecho bienquisto? Que engendra amor la hermosura,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 101 y si él carece de ella, como imagino y aun creo, faltando causa, el deseo faltará, faltando en ella. Marg. La fama de su cordura 5 y valor es la que ha hecho la herida dentro del pecho; no del rostro la hermosura, que ésa es prenda que la quita el tiempo breve y ligero, 10 flor que se muestra en enero, que a la sombra se marchita. Así que, aunque en él hallase no el rostro y la lozanía que pinté en mi fantasía, 15 no hay pensar que no le amase. D. Fer. Con esa seguridad, presto me ofrezco mostrarte al que puede asegurarte el gusto y la libertad. 20 Muda ese traje indecente, que en parte tu ser desdora, y vístete en el de mora, que la ocasión lo consiente, y con Arlaja y Muzel 25 los muros de Orán veremos, donde, sin duda, hallaremos tu piadoso o tu crüel, que no es posible dejar de hallarse en aquesta guerra, 30 si no le ha hundido la tierra o le ha sorbido la mar.
JORNADA TERCERA p. 102 Alimuzel, no te tardes; ven, y mira que es razón, que en semejante ocasión no es bien parecer cobarde. Ali. Haz cuenta que a punto estoy. 5 Arl. A mí nada me detiene. Marg. Ya veis si a mí me conviene seguiros. D. Fer. Pues pase hoy; y mañana, cuando dan 10 las aves el alborada, demos a nuestra jornada principio, y al fin de Orán. ¿Queda así? Ali. No hay que dudar. 15 Arl. ¿Cómo te llamas, señora? Marg. Margarita; mar do mora gustos que me han de amargar. Arl. Ven, que el amor favorece siempre a honestos pensamientos. 20 D. Fer. ¡Qué atropellados contentos la ventura aquí me ofrece! Entranse todos. Sale Buitrago solo a la muralla. [Buit.] ¡Arma, arma, señor, con toda priesa, 25 porque en el charco azul columbro y veo pintados leños de una armada gruesa hacer un medio círculo y rodeo! El viento el remo impele, el lienzo [atesa; 30 el mar tranquilo ayuda a su deseo.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 103 Arma, pues, que en un vuelo se avecina, y viene a tomar tierra a la marina. A la muralla el conde y Guzmán. Conde. Turcos cubren el mar, moros la tierra; don Fernando de Cárcamo al momento 5 a San Miguel defienda, y a la guerra se dé principio con furor sangriento. Mi hermano, que en Almarza ya se [encierra, mostrará de quién es el bravo intento; 10 que este perro, que nunca otra vez ladre, es el que en Mostagán mordió a su [padre. Guz. Mal puedes defenderle la ribera. Conde. No hay para qué, si todo el campo cubre 15 del Cuco y Alabez la gente fiera, tanta, que hace horizonte lo que encubre; y los que van poblando la ladera de aquel cerro empinado que descubre y mira exento nuestros prados secos, 20 son los moros de Fez y de Marruecos. Coronen las murallas los soldados, y reitérese el arma en toda parte; estén los artilleros alistados, y usen certeros de su industria y arte; 25 los a cosas diversas diputados, acudan a su oficio, y dése a Marte el que a Venus se daba, y haga cosas que sean increíbles de espantosas. Entrese de la muralla el conde 30 y Guzmán.
JORNADA TERCERA p. 104 Buit. Animas, si queréis que al ejercicio vuelva de mis plegarias y rosario, pedid que me haga el cielo beneficio que siquiera no falte el ordinario; que, aunque de Marte el trabajoso oficio 5 en mi estómago pide extraordinario, con diez hogazas que me envíe, sienta que a seis bravos soldados alimenta. Entranse, y suenan chirimías y cajas; entra Azán Bajá y Bairán, con el rey del Cuco y el Alabez. 10 Bai. Don Francisco, el hermano del valiente don Juan, que naufragó en la Herradura, apercibe gran número de gente, y socorrer a esta ciudad procura. Don Alvaro Bazán, otro excelente 15 caballero famoso y de ventura, tiene cuatro galeras a su cargo, y éste ha de ser de tu designio embargo. Azán. Su arena piso ya, de Orán colijo no aquella lozanía que dijiste; 20 sólo por tocar arma ya me aflijo, y ver quién será aquel que me resiste. Alab. Quien al padre venció, vencerá al hijo. No hay que esperar, ¡oh grande Azán!; [embiste, 25 que el tiempo que te tardas, ése quitas a tus victorias raras e infinitas. Entren a esta sazón Arlaja y Margarita en hábito de moro, don Fernando como moro, y Alimuzel. Cuco. Tienes presente, ¡oh rey Azán!, la gloria 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 105 de la Africa y la flor de Berbería; un ángel es que anuncia tu victoria, que el cielo, donde él vive, te le envía. Azán. Tendré yo para siempre en la memoria esta merced, ¡oh gran señora mía!, 5 bella y sin par Arlaja, en cuanto el cielo pudo de bien comunicar al suelo. ¿Qué buscas entre el áspero rüido del cóncavo metal, que, el aire hiriendo, no ha de llevar a tu sabroso oído 10 de Apolo el son, mas el de Marte [horrendo? Arl. El tantarán del atabal herido, el bullicio de guerra y el estruendo de gruesa y disparada artillería, 15 es para mí süave melodía. Cuanto más, que yo vengo a ser testigo de tus raras hazañas y excelentes, y a servirte estos dos traje conmigo, que cuanto son gallardos son valientes. 20 Azán. De agradecer tanta merced me obligo cuando corran los tiempos diferentes de aquéstos, porque el fruto de la guerra en la paz felicísima se encierra. Entra Roama, moro, con un cristiano galán 25 atadas las manos. Roa. El bergantín que de la Vez se llama cautivaron anoche tus fragatas, y éste, que es un don Juan de venía en él. [Valderrama, 30 Azán. ¿Por qué no le desatas?
JORNADA TERCERA p. 106 Como entra el cautivo, se cubre Margarita el rostro con un velo. Alab. ¿Cómo sabes su nombre tú, Roama? Roa. El me lo ha dicho así. Azán. Pues mal le tratas; 5 si es caballero, suéltale las manos. D. Juan. ¿Qué es lo que veo, cielos soberanos? Mira a don Fernando. Azán. ¿De qué tierra eres, cristiano? D. Juan. De Jerez de la Frontera. 10 Azán. ¿Eres hidalgo, o villano? Alab. Vestir de aquella manera los villanos no es muy llano. D. Juan. Caballero soy. Azán. ¿Y rico? 15 D. Juan. Eso no, pues que me aplico a ser soldado, señal que de bienes me va mal; y esto os juro y certifico. Alab. De cristianos juramentos 20 está preñada la tierra, lleno el mar, densos los vientos. Azán. ¿Y venías? D. Juan. A la guerra. Azán. ¡Honrados son tus intentos! 25 Marg. ¡Este es mi hermano, señora! Arl. Disimula como mora, y cúbrete el rostro más. Cuco. ¡Buena guerra ahora harás! D. Juan. ¿Y cómo la hago ahora? 30 Azán. ¿Qué nuevas hay en España?
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 107 D. Juan. No más de la de esta guerra, y que ya estás en campaña. Azán. Dirán que mi intento yerra en emprender tal hazaña; el socorro aprestarán, 5 el mundo amenazarán, y, estándole amenazando, llegarán a tiempo cuando yo esté en sosiego en Orán. Preséntote este cristiano, 10 Arlaja, como en indicio de lo que en servirte gano; y acepta el primer servicio que recibes de mi mano, que otros pienso de hacerte 15 con que mejores la suerte de tu aduar saqueado. Arl. Tenga el grande Alá cuidado, grande Azán, de engrandecerte. Azán. Vamos, que Marte nos llama 20 a ejercitar el rigor que enciende tu ardiente llama. Arl. Mahoma te dé favor que aumente tu buena fama. Ven, cristiano, y darme has cuenta 25 de quién eres. Entranse todos, excepto don Juan y don Fernando. D. Juan. ¡No consienta el cielo que éste sea aquel que, enamorado y crüel, 30 pudo hacerme honrada afrenta!
JORNADA TERCERA p. 108 D. Fer. Escucha, cristiano, espera. D. Juan. Ya espero, ya escucho, y veo lo que nunca ver quisiera, si me pinta aquí el deseo esta visión verdadera. 5 D. Fer. ¿Qué murmuras entre dientes? D. Juan. ¿Qué me quieres? D. Fer. Que me cuentes quién eres. D. Juan. ¿Pues qué te importa? 10 D. Fer. Hacer tu desgracia corta. D. Juan. ¡Podrá ser que me la aumentes! Muestran que no es opinión los sobresaltos que paso, mas cosa puesta en razón, 15 que, sin duda, hace caso tal vez la imaginación, pues pienso que estoy mirando el rostro de don Fernando, su habla, su talle y brío; 20 pero que esto es desvarío su traje me va mostrando. D. Fer. ¿Todo ha de ser murmurar, cristiano? D. Juan. Perdona, moro, 25 que no me dejan guardar el cortesano decoro las ansias de mi pesar. Y más, que tú me enmudeces, porque tanto te pareces 30 a un cristiano, que me admiro, que le veo si te miro,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 109 y él mismo en ti mismo ofreces. D. Fer. En Orán hay un cristiano que dicen que me parece como esta mano a esta mano, y que si acaso se ofrece 5 vestir hábito africano, ningún moro hay que le vea que no diga que yo sea, y juzgue con evidencia que sólo nos diferencia 10 su vestido y mi librea. No le he visto, y voy trazando verle, que verle deseo, ya en paz, o ya peleando. D. Juan. ¿Cómo se llama? 15 D. Fer. Yo creo que se llama don Fernando, y tiene por sobrenombre Saavedra. D. Juan. Ese es el hombre 20 por quien con mil males lucho. D. Fer. De esa manera, no es mucho que mi presencia te asombre. Entra Roama, el moro. Roa. Arlaja y Fátima están 25 esperándote, cautivo. D. Fer. Ve en paz, que, rendido Orán, si el otro yo queda vivo, tendrá remedio tu afán. D. Juan. Estimo tu buen deseo; 30 mas, con todo aquesto, creo...
JORNADA TERCERA p. 110 Pero no, no creo nada; que es cosa desvariada dar crédito a lo que veo. Entrase don Juan y Roama. D. Fer. Entre sospechas y antojos, 5 y en gran confusión metido, va don Juan lleno de enojos, pues le estorba este vestido no dar crédito a sus ojos. No se puede persuadir 10 que yo pudiese venir a ser moro y renegar, y así, se deja llevar de lo que quise fingir. Su confesión está llana, 15 y más lo estará si mira y si conoce a su hermana; que entonces no habrá mentira que no se tenga por vana. Pregunto: ¿en qué ha de parar 20 este mi disimular y este vestirme de moro? En que guardaré el decoro, con que más me pueda honrar. Entrase. 25 Tócase arma; salen a la muralla el conde y Guzmán, y al teatro, Azán, el Cuco y Alabez. Conde. Veinte asaltos creo que son los que han dado a San Miguel,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 111 y éste, según es crüel, me muestra su perdición. No podrá más don Fernando de Cárcamo. Guz. No, sin duda; 5 mas, si no se le da ayuda, su fin le está amenazando. Fuerza que no se socorre, haz cuenta que está rendida. Azán. San Miguel va de vencida, 10 que gran morisma allá corre. Suena mucha vocería de “¡Li, li, li!” y atambores; sale Roama. Roa. San Miguel se ha entrado ya, y sobre el muro español 15 son tus medias lunas, sol, el más bello que hizo Alá. Fuéronse a Mazalquivir algunos que se escaparon. Azán. Algún tanto dilataron 20 esos perros el vivir. Alab. De esta huida no se arguye el refrán que el vulgo trata, que es hacer puente de plata al enemigo que huye. 25 Cuco. Hoy de aquel gran capilludo las memorias quedarán enterradas con Orán, pues tú puedes más que él pudo. Azán. ¡Valeroso don Martín, 30 que te precias de otro Marte;
JORNADA TERCERA p. 112 espera, que voy a darte, a tu usanza, un San Martín! Entranse todos; salen Arlaja y Margarita cubierto el rostro con un velo, y don Juan como cautivo. D. Juan. Ayer me entró por la vista 5 cruda rabia a los sentidos, y hoy me entra por los oídos, sin haber quien la resista. Ayer la suerte inhumana, a quien mil veces maldigo, 10 me hizo ver mi enemigo, y hoy me hace oír mi hermana. Quítate el velo, señora, y sacarme has de una duda por quien tiembla el alma y suda. 15 Marg. ¿Otra vez? No puedo ahora. D. Juan. ¡Ay, Dios, que la voz es ésta de mi buscada enemiga! Marg. Si el oírme te fatiga, jamás te daré respuesta. 20 D. Juan. No me tengas más suspenso; descúbrete, que me das, mientras que cubierta estás, un dolor que llega a inmenso. Arl. Fátima, por vida mía, 25 que te descubras; veremos por qué hace estos extremos este cristiano. Marg. Sí haría, si no me importase mucho 30 encubrirme de esta suerte.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 113 D. Juan. Los ecos son de mi muerte los que en esta voz escucho. Arl. Descúbrete, no te asombres, que has de saber, si lo ignoras, que nunca para las moras 5 los cristianos fueron hombres. Ya no es nadie el que es esclavo; no tienes que recelarte. Marg. Yo daré, por contentarte, con mis designios al cabo. 10 Arl. [Aparte.] Que te conozca, no importa; cuanto más, que has de negallo. Marg. [Aparte.] Dudosa en todo me hallo. Arl. [Aparte.] Ten ánimo, no seas corta. Marg. Descúbrome; vesme aquí, 15 cristiano; mírame bien. D. Juan. ¡Oh el mismo rostro de quien aquí me tiene sin mí! ¡Oh hembra la más liviana que el sol ha visto jamás! 20 ¡Oh hermana de Satanás primero que no mi hermana! Por ejemplos más de dos he visto puesto en efeto que, en perdiéndose el respeto 25 al mundo, se pierde a Dios. Arl. ¿Qué dices, perro? D. Juan. Que es ésta mi hermana. Arl. ¿Fátima? 30 D. Juan. Si. Arl. ¡En mi vida vi ni oí
JORNADA TERCERA p. 114 tan linda y graciosa fiesta! ¡Tuya mi hermana! ¿Estás loco? Mírala bien. D. Juan. Ya la miro. Arl. ¿Qué dices, pues? 5 D. Juan. Que me admiro, y en el juicio me apoco. ¿Por dicha, hace Mahoma milagros? Arl. Mil a montones. 10 D. Juan. ¿Y hace transformaciones? Arl. Cuando voluntad le toma. D. Juan. ¿Y suele muda[r] tal vez en mora alguna cristiana? Arl. Sí. 15 D. Juan. Pues aquésta es mi hermana, y la tuya está en Jerez. Arl. ¡Roama, Roama, ven! Entra Roama. Roa. Señora, ¿qué es lo que mandas? 20 Arl. Que pongas las carnes blandas a este perro. Roa. Está bien. Vuélvese. Arl. Con un corbacho procura 25 sacarle de la intención una cierta discreción que da indicios de locura. Marg. De cualquiera maleficio, Arlaja, que al hombre culpa, 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 115 le viene a sobrar disculpa en la falta del jüicio. No le castigues así por cosa que es tan liviana. D. Juan. ¡Juro a Dios que eres mi hermana, 5 o el diablo está hablando en ti! Suena dentro asalto. Arl. ¿No oyes, Fátima, que dan asalto a Mazalquivir, que hasta aquí se hace sentir 10 en el conflicto en que están? Deja a ese perro, y acude, por si lo podremos ver. Entranse Arlaja y Margarita. Marg. Siempre te he de obedecer. 15 D. Juan. ¡Y quieren que de esto dude! Por ser grande la distancia que hay de mi hermana a ser mora, imagino que en mí mora gran cantidad de ignorancia. 20 Extraño es el devaneo con quien vengo a contender, pues no me deja creer lo que con los ojos veo. Entrase. 25 Salen a la muralla don Martín, el capitán Guzmán, y Buitrago con una mochila a las espaldas y una bota de vino, comiendo un pedazo de pan. D. Mar. ¡Gente soberbia y crüel, a quien ayuda la suerte; 30
JORNADA TERCERA p. 116 no penséis que es éste el fuerte tan flaco de San Miguel! ¡Bravo Guzmán, gran Buitrago, hoy ha de ser vuestro día! Buit. [Bebe.] Déjeme vueseñoría 5 que me esfuerce con un trago. ¡Echenme de estos alanos ahora de dos en dos, porque yo les juro a Dios que han de ver si tengo manos! 10 Salen al teatro Azán, el Cuco, el Alabez, don Fernando y otros moros con escalas. Azán. Al embestir no se tarde, porque quiero estar presente, para honrar al que es valiente, 15 y dar infamia al cobarde. Muzel, una escala toma, y muéstranos que te dan, como a meliones galán, manos las del gran Mahoma. 20 ¡Ea; al embestir, amigos; amigos, al embestir; que hoy será Mazalquivir sepultura de enemigos! Embisten; anda la grita; lleva Muzel una escala; sube 25 por ella, y otro moro por otra; desciende al moro Buitrago, y don Fernando ase a Muzel y derríbale; pelea con otros, y mátalos. Todos han de caer dentro del vestuario. Desde un cabo mira Azán, el Cuco y el Alabez lo que pasa. 30 D. Fer. Ya no es tiempo de aguardar
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 117 a designios prevenidos, viendo que están oprimidos los que yo debo ayudar. ¡Baja, Muzel! Muz. ¿Por ventura, 5 quiéresme quitar la gloria de esta ganada victoria? D. Fer. Aun más mi intento procura. Ali. ¡Que me derribas! ¡Espera, que ya abajo a castigarte! 10 D. Fer. Aunque bajase el dios Marte acá de su quinta esfera, no le estimaré en un higo. ¡Oh cómo que trepa el galgo! Derriba al otro que sube. 15 Ali. Poco puedo y poco valgo con este amigo enemigo. ¿Por qué contra mí, Lozano, esgrimes el fuerte acero? Riñen los dos. 20 D. Fer. Porque soy cristiano, y quiero mostrarte que soy cristiano. D. Mar. ¡Disparen la artillería! ¡Aquí, Buitrago y Guzmán! ¡Robledo, venga alquitrán! 25 ¡Arrojad esa alcancía! ¡Allí, que se sube aquél! D. Fer. Donde yo estoy, este muro estará siempre seguro;
JORNADA TERCERA p. 118 y, aunque le pese a Muzel, este perro vendrá al suelo. Derriba a otro. Azán. ¿Quién es aquel que derriba a cuantos suben arriba? 5 Cuco. Que es renegado recelo; pero yo lo veré presto, y le haré que se arrepienta. Azán. A un rey no toca esa afrenta. Vase el del Cuco contra don Fernando. 10 Cuco. Mahoma se sirve en esto. Guz. Buitrago, el que nos defiende es, sin duda, don Fernando. Buit. Aqueso estaba pensando, porque a los moros ofende. 15 Cuco. ¡Renegado, perro, aguarda! D. Fer. ¡Rey del Cuco, perro, aguardo! Cuco. ¿Cómo en tu muerte me tardo? D. Fer. Pues la tuya ya se tarda. Alimuzel, de ésta vas, 20 y tú, rey, irás de aquésta. ¡Concluyóse ya esta fiesta! Cuco. ¡Muy mal herido me has! Ali. ¡Muerto me has, moro fingido y cristiano mal cristiano! 25 Caen dentro del vestuario. D. Fer. Tengo pesada la mano y alborotado el sentido, Dios sabe si a mí me pesa.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 119 Gran don Martín valeroso, haz que desciendan al foso y recojan esta presa. Guz. Don Fernando, señor, es, que viene a hacer recompensa 5 de la cometida ofensa: diez ha herido, y muerto a tres; y el rey del Cuco es aquel que yace casi difunto. D. Mar. Pues socorrámosle al punto. 10 Guz. Y el otro es Alimuzel. D. Mar. Vayan por la casamata al foso, y retírenlos. Buit. Vamos por ellos los dos. Quítase del muro Guzmán y Buitrago. 15 Azán. Ya no es la empresa barata, pues me cuesta un rey y tantos que en veinte asaltos han muerto. ¿Alboroto, y en el puerto --¿qué podrá ser?-- de los Santos? 20 Suena todo. Campanas en la ciudad suenan, señal de alegrías, y tocan las chirimías; aquésta es gran novedad. 25 Vamos a ver lo que es esto, y toquen a recoger. Alab. No sé lo que pueda ser. Azán. Pues yo lo sabré bien presto. Entranse. 30
JORNADA TERCERA p. 120 Salen Buitrago y Guzmán. Guz. Al retirar, don Fernando, que en gran peligro estás puesto. D. Fer. No lo pienso hacer tan presto. Buit. ¿Pues cuándo? 5 D. Fer. Menos sé cuándo. Yo, que escalé estas murallas, aunque no para huir de ellas, he de morir al pie de ellas, y con la vida amparallas. 10 Conozco lo que me culpa, y, aunque a la muerte me entregue, haré la disculpa llegue adonde llegó la culpa. Buit. Yo sé muy poco, y diría, 15 y está muy puesto en razón, que la desesperación no puede ser valentía. Guz. Menos riesgo está en ponerte del conde a la voluntad, 20 que hacer la temeridad, donde está cierto el perderte. Procúrate retirar, pues es cosa conocida que al mal de perder la vida 25 no hay mal que pueda llegar. En efecto, has de ir por fuerza, si ya no quieres de grado. D. Fer. De vuestra fuerza me agrado, pues más obliga que fuerza. 30 Retirad aquesos dos
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 121 del foso, que es gente ilustre. Buit. Locura fuera de lustre el quedarte, ¡juro a Dios! Entranse todos. Salen Azán, Arlaja, Margarita, don Juan, Roama, 5 que trae preso a Vozmediano. Roa. Este, pasando de Orán a Mazalquivir, fue preso. Azán. Este nos dirá el suceso y por qué alegres están. 10 Vozm. Porque les entró un socorro, que por él, ¡oh gran señor!, a la hambre y al temor han dado carta de horro. Un don Alvaro Bazán, 15 terror de naciones fieras, a pesar de tus galeras, ha dado socorro a Orán. En la cantidad es poco, y en el valor sobrehumano. 20 D. Juan. Si aquéste no es Vozmediano, concluyo con que estoy loco. Vozm. ¡Suerte airada, por quien vivo en pena casi infinita! ¿Aquélla no es Margarita, 25 y su hermano aquel cautivo? Azán. ¿Hay nuevas de otro socorro, cristiano? Vozm. Dicen que sí. D. Juan. De haber dudado hasta aquí 30 ya me avergüenzo y me corro.
JORNADA TERCERA p. 122 ¿No os llamáis vos Vozmediano? Vozm. No, señor. D. Juan. ¿Qué me decís? Vozm. Que no. D. Juan. ¡Por Dios, que mentís! 5 Vozm. Estoy preso y soy cristiano, y así, no os respondo nada. D. Juan. ¿Aquélla no es Margarita, viejo ruin? Vozm. Es infinita 10 vuestra necedad pensada. Pedro Alvarez es mi nombre; ved si os habéis engañado. D. Juan. El seso tengo turbado; no hay cosa que no me asombre. 15 Que si éste no es Vozmediano, y no es Margarita aquélla, y el que causó mi querella no es el otro mal cristiano, tampoco soy yo don Juan, 20 sino algún hombre encantado. Entra un moro. Moro. ¿Cómo estás tan sosegado, valeroso y fuerte Azán? Si tardas un momento, no habrá fusta, 25 galera ni bajel de cuantos tienes en este mar, que no sea miserable presa del español, que a remo y vela viene a embestiste. Rey Azán, ¿qué [aguardas? 30
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 123 Azán. Todo moro se salve, que los turcos solos se han de embarcar. ¡A Dios, [amigos! Vase. Arl. Fátima, no me dejes, ven conmigo, 5 que tiempo habrá donde a tu gusto [acudas. Marg. No te puedo faltar; guía señora. Entranse los dos. D. Juan. Solos quedamos, hombre, y sólo quiero 10 que me digas quién eres; que yo pienso que eres un Vozmediano de mi tierra. Vozm. No es éste tiempo para tantas largas; la libertad tenemos en las manos; dejarla de cobrar será locura. 15 Pedro Alvarez me llamo por ahora. Entrase. D. Juan. ¿Cómo podré dejarte, hermana o mora? Entrase. Salen a la muralla don Martín, Guzmán, 20 don Fernando y Buitrago. D. Mar. ¡Oh, que se embarca el perro, y que se [escapa! Dobla la punta, general invicto, y embístele. 25 Guz. Por más que lo procura, no es posible alcanzarle. D. Fer. ¡A orza, a orza,
JORNADA TERCERA p. 124 con la vela hasta el tope! ¡Oh, que se [escapa! De Canastel el cabo dobla, y vase. D Mar. Los perros de la tierra, en remolinos confusos, con el miedo a las espaldas, 5 huyen y dejan la campaña libre. Buit. Toda la artillería se han dejado. Guz. Las proas endereza nuestra armada al puerto, y ya de Orán el conde insigne ha salido también. 10 D. Mar. A la marina, que el bravo don Francisco de Mendoza no tardará en llegar. Entrase don Martín y Buitrago. D. Fer. Amigo, escucha: 15 ¿no ves aquel montón que va huyendo de moros por la falda del ribazo? Guz. Muy bien. ¿Por qué lo dices? D. Fer. Allí creo que va de esta alma la mitad. 20 Guz. ¿Va Arlaja? D. Fer. Arlaja va. Guz. ¡Mahoma la acompañe! D. Fer. Ven, que con ella va la que me lleva el alma, y me conviene detenerlas; 25 sígueme, que has de hacer por mí otras [cosas que me importan la honra. Guz. Yo te sigo; que hasta las aras he de serte amigo. 30 Entranse.
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 125 Sale, como que se desembarca, don Francisco de Mendoza; recíbenle el conde y don Martín, Buitrago y otros. Conde. Sea vuestra señoría bien venido, cuanto ha sido el deseo 5 que de verle estas fuerzas han tenido. D. Fr. El cielo, a lo que creo, en mi mucha tardanza ha sido parte, porque viese esta tierra más de un [Marte: 10 que de aquestas murallas las ruinas muestran que aquí hubo brazos de fuerzas que llegaron a divinas. Buit. Rompen por embarazos imposibles los hartos y valientes, 15 y esto saben mis brazos y mis dientes. D. Mar. ¡Paso, Buitrago! Buit. Yo, señor, bien puedo hablar, pues soy soldado tal, que a la hambre sola tengo miedo. 20 Ya el cerco es acabado. D. Mar. No es para aquí, Buitrago, aqueso. [¡Paso! Buit. Nadie sabe la hambre que yo paso. Conde. Cincuenta y siete asaltos reforzados 25 dieron los turcos fieros a estos terrones por el suelo echados. Buit. Cincuenta y siete aceros tajantes respondieron a sus bríos, todos en peso de estos brazos míos. 30 Corté y tajé más de una turca estambre. Conde. ¡Buitrago, basta ahora!
JORNADA TERCERA p. 126 Buit. Bastará, a no morirme yo de hambre. D. Fr. En vuestro pecho mora, famoso don Martín, la valentía. Buit. Y en el mío la hambre y sed se cría. Entra el capitán Guzmán y lee un billete a don 5 Francisco, y, en leyéndole, dice: D. Fr. Haráse lo que pide don Fernando; que todo lo merece lo que de él va la fama publicando. Coyuntura se ofrece 10 donde alegre y seguro venir puede. Guz. Tu gran valor al que es mayor excede. Entrase Guzmán. D. Fr. Pido, en albricias de este buen suceso, señor conde, una cosa 15 que por algo atrevida la confieso, mas no dificultosa. Conde. ¿Qué me puede mandar vueseñoría que no haga por deuda o cortesía? D. Fr. De don Fernando Saavedra pido 20 perdón, porque su culpa con su fogoso corazón la mido, y él dará su disculpa. Conde. Muy mal la podrá dar; pero, con todo, señor, a vuestro gusto me acomodo. 25 Entran don Fernando y Alimuzel, con una banda, como que está herido; Arlaja, Margarita, don Juan y Vozmediano. D. Fer. Si confesar el delito,
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 127 con claro arrepentimiento, mitiga en parte la ira del juez que es sabio y recto, yo, arrepentido, aunque tarde, el mal que hice confieso, 5 sin dar más disculpa de él que un honrado pensamiento. A la voz del desafío de este moro corrí ciego, sin echar de ver los bandos, 10 que al más bravo ponen freno. Pero no es éste lugar para alargarme en el cuento de mi extraña y rara historia, que dejo para otro tiempo. 15 Conde. Agradecedlo al padrino que habéis tenido, que creo que allí llegará la pena do llegó el delito vuestro. Pero ¿qué moras son éstas 20 y qué cautivos? ¿Qué es esto? D. Fer. Todo lo sabrás después, y por ahora te ruego que me des, señor, licencia para hablar sólo un momento, 25 y acomodar muchas causas de quien verás los efectos. Conde. Hablad lo que os diere gusto, que del vuestro le tendremos; que siempre vuestras palabras 30 responden a vuestros hechos. D. Fer. Yo soy, Arlaja, el cristiano,
JORNADA TERCERA p. 128 y entiende que ya no miento, don Fernando, el de la fama, que te enamoró el deseo. La palabra que le diste a Alimuzel tenga efecto, 5 que él hará entrego de mí, pues yo en sus manos me entrego. Y vos, don Juan valeroso, cuyo honrado y noble intento os trajo a tal confusión, 10 que os turbó el conocimiento, perdonad a vuestra hermana, que el romper del monasterio redundará en su alabanza, señor, si vos gustáis de ello. 15 Sin dote será mi esposa; que nunca falta el dinero donde los gustos se miden y se estrechan los deseos. En esta mora en el traje 20 a vuestra hermana os ofrezco, y a mi esposa, si ella quiere. Marg. Yo sí quiero. D. Fer. Yo sí quiero. D. Juan. ¿No es aquéste Vozmediano? 25 Vozm. El mismo. D. Juan. ¡Gracias al cielo, que, tras de tantos nublados, claro el sol y alegre veo! No es este famoso día 30 de venganzas, y no tengo corazón a quien no ablande
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 129 tal sumisión y tal ruego. Yo perdono a Margarita, y por esposa os la entrego, Alejandro de mi hacienda, pues la mitad os ofrezco. 5 Arl. Y yo la mano a Muzel: que, aunque mora, valor tengo para cumplir mi palabra; cuanto más, que lo deseo. Conde. Tan alegre de estas cosas 10 estoy, cuanto estoy suspenso, porque de ellas veo el fin, y no imagino el comienzo. D. Fer. ¿Ya no te he dicho, señor, que te lo diré a su tiempo? 15 Entra uno. Uno. En este punto espiró el buen alférez Robledo. Guz. Dios le perdone, y mil gracias doy al piadoso cielo, 20 que me quitó de los hombros tan pesado sobrehueso. Quien quiere tener la vida rendida a cualquier encuentro, y no tener gusto en ella 25 ni velando ni durmiendo, afrente a algún bien nacido, y verá presente luego el rostro que el temor tiene, las sospechas y el recelo. 30 Buit. Quien quisiere se le quite
JORNADA TERCERA p. 130 todo temor, todo miedo, tenga hambre, y verá cómo cesa todo en no comiendo. D. Mar. Yo añadiré las raciones, Buitrago. 5 Buit. ¡Hágate el cielo vencedor nunca vencido por casi siglos eternos! Conde. Entremos en la ciudad, señor don Francisco. 10 D. Fr. Entremos, porque a la vuelta me llaman estos favorables vientos, y quiero de este principio entender estos sucesos, 15 porque, en ser de don Fernando, gustaré de que sean buenos. Buit. Tóquense las chirimías, y serán, si bien comemos, dulces y alegres las fiestas. 20 Guz. ¿Y si no? Buit. Renegaremos. Uno. ¡Buitrago, daca el alma! Buit. ¡Hijo de puta! ¿Tenemos más almas que dar, bellaco? 25 Uno. ¡Daca el alma! Buit. ¡Por San Pedro, que si os asgo, hi de poltrón, que habéis de saber si tengo alma que daros! 30 Guz. Buitrago, no haya más, que llega el tiempo
DEL GALLARDO ESPAÑOL p. 131 de dar fin a esta comedia, cuyo principal intento ha sido mezclar verdades con fabulosos intentos. Fin de esta comedia.
p. 132
p. 133 COMEDIA FAMOSA DE LA CASA DE LOS CELOS y selvas de Ardenia. Los que hablan en ella son: Reinaldos. Rústico, pastor. 5 Malgesí. Clori, pastora. Roldán. El temor. Galalón. [La sospecha.] Emperador La curiosidad. Carlomagno. La desesperación. 10 Angélica. Los celos. Bernardo del Carpio. La diosa Venus. Una dueña. Cupido. Un escudero. Mala fama. Argalia. Buena fama. 15 Espíritu de Merlín. Ferraguto. Marfisa. Castilla. Lauso, pastor. [Un ángel.] Corinto, pastor. [Un page.] JORNADA PRIMERA 20 Entra Reinaldos y Malgesí. Rei. Sin duda que el ser pobre es causa de esto. Pues, ¡vive Dios!, que pueden estas [manos
JORNADA PRIMERA p. 134 echar a todas horas todo el resto con bárbaros, franceses y paganos. ¿A mí, Roldán, a mí se ha de hacer esto? Levántate a los cielos soberanos el confalón que tienes de la Iglesia. 5 O reniego, o descreo. Mal. ¡Oh hermano! Rei. ¡Oh pesia!... Mal. Mira que suenan mal esas razones. Rei. Nunca las pasa mi intención del techo. 10 Mal. ¿Pues por qué a pronunciarlas te [dispones? Rei. ¡Rabio de enojo, y muero de despecho! Mal. Pónesme en confusión. Rei. Y tú me pones... 15 ¡Déjame, que revienta de ira el pecho! Mal. ¡Por Dios!, que has de decirme en este con quién las has. [instante Rei. Con el señor de Aglante. Con aquese bastardo, malnacido, 20 arrogante, hablador, antojadizo, más de soberbia que de honor vestido. Mal. ¿No me dirás, Reinaldos, qué te hizo? Rei. ¿Que a tanto desprecio he yo venido, que así ose atrevérseme un mestizo? 25 ¡Pues juro a fe que, aunque le valga [Roma, que le mate, y le guise, y me le coma! En un balcón estaba de palacio, y con él Galalón junto a su lado; 30 yo entraba por el patio muy despacio, cual suelo, de mí mismo acompañado.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 135 Los dos miraron mi bohemio lacio, y no de perlas mi capelo ornado; tomáronse a reír, y, a lo que creo, la risa fue de ver mi pobre arreo. Subí como con alas la escalera, 5 de rabia lleno y de temor vacío; no los hallé donde los vi, y quisiera ejecutar en mí mi furia y brío. Entráronse allá dentro, y, si no fuera porque debo respeto al señor mío, 10 en su presencia le sacara el alma, pequeña a tanta injuria, y débil palma. De aquel traidor de Galalón no hago cuenta ninguna, que es cobarde y necio; de Roldán sí, y en ira me deshago, 15 pues me conoce, y no me tiene en precio. Pero presto tendrán los dos el pago, pagando con sus vidas mi desprecio, aunque lo estorbe... Mal. ¿No ves que desatinas? 20 Rei. Con aquesas palabras más me indinas. Mal. Roldán es éste; vesle aquí que sale, y con él Galalón. Rei. Hazte a una parte, que quiero ver lo que este infame vale, 25 que es tenido en el mundo por un Marte. Entra Roldán y Galalón. ¡Ahora sí, burlón, que no te cale en la estancia de Carlos retirarte, ni a ti forjar traiciones y mentiras 30 para volver pacíficas mis iras!
JORNADA PRIMERA p. 136 Gal. Vuélvome, porque es éste un atrevido, y el decir y hacer pone en un [punto. [Vase.] Rei. ¡Bien os habéis de mi ademán reído los dos, a fe! 5 Rol. Que está loco barrunto. Rei. ¿Dónde está aquel cobarde? Mal. Ya se ha ido. Rei. Tuvo temor de no quedar difunto si un soplo le alcanzara de mi boca. 10 Rol. ¡A risa su arrogancia me provoca! ¿Con quién las has, Reinaldos? Rei. ¿Yo? Contigo. Rol. ¿Conmigo? ¿Pues por qué? Rei. Ya tú lo sabes. 15 Rol. No sé más de que siempre fui tu amigo, pues de mi voluntad tienes las llaves. Rei. Tu risa ha sido de eso buen testigo; no hay para qué tan sin por qué te alabes. Dime: ¿puede, por dicha, la pobreza 20 quitar lo que nos da naturaleza? Que yo trajera con anillos de oro adornadas mis manos, y trajera con pompa, a modo de real decoro, mi persona compuesta; ¿adóndequiera 25 rindiera yo con esto al fuerte moro o al gallardo español, que nos espera? No; que no dan costosos atavíos fuerza a los brazos y a los pechos bríos. Mi persona desnuda, y esta espada, 30 y este indomable pecho que conoces, ancha se harán adondequiera entrada,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 137 como en la seca mies agudas hoces. Mi fuerza conocida y estimada está por todo el orbe dando voces, diciendo quién yo soy, y así, tu burla contra toda razón de mí se burla. 5 Y porque veas que en razón me fundo, mete mano a la espada, y haz la [prueba; verás que en nada no te soy segundo. Ni es para mí el probarte cosa nueva. 10 ¿Que de nuevo te ríes, pese al mundo? Rol. ¿Qué endiablado furor, primo, te lleva a romper nuestras paces, o qué risa así el aviso tuyo desavisa? Mal. Dice que de él hiciste burla cuando 15 entraba por el patio de palacio, su poco fausto y soledad mirando, y su bohemio, por antiguo, lacio. Pensólo, y, su estrecheza [contemplando, 20 y creyendo la burla, en poco espacio la escalera subió, y, si allí os hallara, en llanto vuestra risa se tornara. Rol. Hiciera mal, porque por Dios os juro que no me pasó tal por pensamiento; 25 y de esto puede estar cierto y seguro, pues yo lo digo, y más con juramento. Al pilar de la Iglesia, al fuerte muro, al amparo de Francia y al aliento de los pechos valientes, ¿quién osara, 30 aunque en ello la vida le importara? Esta disculpa baste, ¡oh primo amado!,
JORNADA PRIMERA p. 138 para templar vuestra no vista furia; que no es costumbre de mi pecho [honrado hacer a nadie semejante injuria. Y más a vos, que solo habéis ganado 5 más oro que tendrá y tiene Liguria, si es que la honra vale más que el oro que en Tíbar cierne el mal vestido [moro. Dadme esa mano, ¡oh primo! porque 10 [en uno estas dos que imagino sin iguales, no siento yo que habrá valor alguno que de su puerta llegue a los umbrales. Vuelve Galalón con el emperador Carlomagno. 15 Emp. ¿Que así comenzó a hablar el [importuno, y descubrió en el modo indicios tales, que presto de la lengua desmandada pasaría la cólera a la espada? 20 Gal. No los pongas en paz, porque es [prudencia, y en materia de estado esto se advierte, tener a tales dos en diferencia, que son ministros de tu vida y muerte: 25 que habiendo entre dos grandes [competencia, y entre dos consejeros, de tal suerte el uno y otro a sus contrarios temen, que es fuerza que en virtud ambos se 30 [extremen,
DE LA CASA De LOS CELOS p. 139 por temor de las ciertas parlerías que te podrá decir aquél de aquéste; y no desprecies las razones mías, si no quieres que caro no te cueste. Emp. No están de aquel talante que decías. 5 Di: ¿Roldán no es aquél? ¿Reinaldos [éste? En paz están, y asidos de la mano. Gal. Señores, ¿no habéis visto a Carlomano? Rol. ¡Oh grande emperador! 10 Emp. ¡Oh amados primos! ¿Habéis tenido algún enojo acaso? Rol. Sin padrinos, los dos nos avenimos cuando torcemos de amistad el paso. Muchas veces confieso que reñimos; 15 mas ninguna de veras. Gal. A hablar paso Reinaldos y sin cólera, no hiciera que nuestro emperador aquí viniera; que yo le traje imaginando, cierto, 20 que estábades los dos ya en gran [batalla. Mal. Holgáraste que el uno fuera muerto, y aun los dos: que este intento en ti se [halla. 25 Emp. Tu temor ha salido en todo incierto. De lo que a mí me place, es que la malla y los aceros de estos dos varones requieren más honrosas ocasiones. Rol. Reinaldos, no le tengas ojeriza 30 a Galalón, que a fe que es nuestro [amigo.
JORNADA PRIMERA p. 140 Mal. ¡Así le viese yo hecho ceniza, o de la suerte que en mi mente digo! Este es el soplo que aquel fuego atiza y enciende, por quien siempre es [enemigo 5 nuestro buen rey de nuestro buen [linaje. Rei. ¡Cuán sin aliento viene aqueste paje! Paje. Señor, si quieres ver una ventura que en la vida se ha visto semejante, 10 ponte a ese corredor, que te aseguro que es aventicio hermoso y elegante. Rei. ¡Donoso ha estado el paje! Paje. Yo lo juro por vida de mi padre. Trae delante 15 una diosa del cielo dos salvajes que sirven de escuderos y de pajes; una que debe ser su bisabuela viene detrás sobre una mula puesta. Digo que es cosa de admirar. Mas hela 20 do asoma; ved si viene bien [compuesta. Mal. ¿Si viene con mixtura de cautela tan grande novedad? Emp. Poco te cuesta 25 saberlo, si tu libro traes a mano. Mal. Aquí le tengo, y el saberlo es llano. Apártase Malgesí a un lado del teatro, saca un libro pequeño, pónese a leer en él, y luego sale una figura de demonio por lo hueco del teatro y pónese al lado 30 de Malgesí; y han de haber comenzado a entrar por el patio Angélica la bella sobre un palafrén, embozada
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 141 y la más ricamente vestida que ser pudiere; traen la rienda dos salvaje[s] vestidos de yedra o de cáñamo teñido de verde; detrás viene una dueña sobre una mula con gualdrapa; trae delante de sí un rico cofrecillo y a una perrilla de falda; en dando una 5 vuelta al patio, la apean los salvajes, y va donde está el emperador, el cual, como la ve, dice: Emp. Digo que trae gallarda compostura, y que es gallardo el traje y peregrino, y que si llega al brío la hermosura, 10 que pasa de lo humano a lo divino. Mal. ¿Aventura es aquésta? Es desventura. Emp. ¿Qué dices, Malgesí? Mal. No determino aun bien lo que es. 15 Emp. Pues mira más atento. Mal. Ya procuro cumplir tu mandamiento. Emp. Salid a la escalera a recibilla, y traed a la dama a mi presciencia. Rei. Cierto que es ésta extraña maravilla. 20 Mal. Cierto que no yerra aquí mi ciencia. Emp. ¿Qué es eso, Malgesí? Mal. Darás a oílla gratos oídos, pero no creencia, que esta dama que ves... Aún no sé el 25 [resto; escúchala, que yo lo sabré presto. Entra en el teatro Angélica con los salvajes y la dueña, acompañada de Reinaldos, Roldán y Galalón; viene Angélica embozada. 30 Ang. Prospere el alto cielo, poderoso señor, tu real estado,
JORNADA PRIMERA p. 142 y seas en el suelo por uno y otro siglo prolongado de tan rara ventura, que del tiempo mudable esté segura. Puesto que tu presencia 5 de un sí cortés me tiene asegurada, no osaré sin licencia decirte, ¡oh gran señor!, una embajada que aumentará la fama que a tanto prez y a tanto honor te 10 [llama. Emp. Decid lo que os pluguiere. Ang. Hizo verdad tu sí mi pensamiento. Presta a lo que dijere, sagrado emperador, oído atento, 15 y préstenmele aquéllos a quien la gola señaló sus cuellos. Soy única heredera del gran rey Galafrón, cuyo ancho [imperio 20 de este mar la ribera, ni aun casi la mitad del hemisferio, sus límites describe, que en otros mares y otros cielos vive. A su grandeza iguala 25 su saber, en el cual tuvo noticia ser mi ventura mala, si así como el estado real codicia, a varón me entregase que en sangre y en grandeza me 30 [igualase. Halló por cierto y llano
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 143 que el que venciese en singular [batalla a un mi pequeño hermano que viste honrosa, aunque temprana [malla, 5 éste, cierto, sería bien de su reino y la ventura mía. Por provincias diversas he venido con él, donde he tenido, ya prósperas, ya adversas 10 venturas, y a la fin me he conducido a este reino de Francia, donde tengo por cierta mi ganancia. De Ardenia en las umbrosas selvas queda mi hermano, allí 15 [esperando quien, ya por codiciosas prendas, o esta belleza deseando, Desembózase. su fuerte brazo pruebe; 20 y es lo que he de decir lo que hacer [debe. Quien fuere derribado del golpe de la lanza, ha de ser preso, porque le está vedado 25 poner mano a la espada; y es expreso del rey este mandato, o, por mejor decir, concierto y pacto. Y si tocare el suelo mi hermano, quedará quien le venciere 30 levantado a mi cielo,
JORNADA PRIMERA p. 144 o noble sea, o sea el que se fuere, y no de otra manera. Mal. ¡Qué bien que lo relata la hechicera! Ang. Ea, pues, caballeros; quien reinos apetece y gentileza, 5 aprestad los aceros, que a poco precio venden la belleza que veis; venid en vuelo. Rol. ¡Por Dios, que encanta! Rei. Admira, ¡vive el cielo! 10 Ang. Ya te he dicho mi intento; conviéneme que dé la vuelta luego. Entrase la sombra. Emp. Deteneos un momento, si es que puede con vos mi mando o 15 [ruego, porque seáis servida según vuestra grandeza conocida. Ang. Lo imposible me pides; dame licencia y queda en paz. 20 Emp. Pues veo que a tu gusto te mides, en buen hora te vuelve, y el deseo de servirte recibe. Mal. ¡El mismo engaño en esta falsa vive! 25 Vase Angélica y su compañía. Rei. ¿Para qué vas tras ella, Roldán? Rol. Son excusadas tus demandas. Rei. Yo solo he de ir con ella. 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 145 Rol. ¡Qué impertinente y qué soberbio [andas! Rei. ¡Detente, no la sigas! Rol. Reinaldos, bueno está; no me persigas. Mal. Detenlos, no los dejes; 5 haz, señor, que se prenda aquella maga. Rei. Como de aquí te alejes, daréte de tu intento justa paga. Emp. ¿Qué desvergüenza es ésta? Mal. Manda prender aquella deshonesta, 10 que será, a lo que veo, la ruina de Francia en cierto modo. Rol. Cumpliré mi deseo a tu pesar, y aun al del mundo todo. Rei. Camina, pues, y guarte. 15 Emp. Acaba, Malgesí, de declararte. Mal. Esta que has visto es hija del Galafrón, cual dijo; mas su intento, que el cielo le corrija, es diferente del fingido cuento, 20 porque su padre ordena tener tus doce Pares en cadena, y, si los prende, piensa venir sobre tu reino y conquistarle; y trázase esta ofensa 25 con enviar su hijo y adornarle con una hermosa lanza, con que de todos la victoria alcanza. La lanza es encantada, y tiene tal virtud, que, aquel que toca, 30 le atierra, y es dorada; por eso pide aquella infame y loca
JORNADA PRIMERA p. 146 que la espada no prueben los que a la empresa con valor se [atreven. Por añagaza pone aquella incomparable hermosura, 5 que el corazón dispone aun de la más cobarde criatura para que el hecho intente, do, aunque se pierda, nunca se [arrepiente. 10 Serán tus doce Pares presos si no lo estorbas, señor mío, y otros muchos millares de los tuyos que tienen fuerza y brío para mayores cosas. 15 Emp. Las que has contado son bien [espantosas; mas no sé remediarlas, y es porque no las creo. A ti te queda creerlas y estorbarlas. 20 Mal. Haré cuanto mi industria y ciencia [pueda. Gal. No son muy verdaderos, a decirte verdad, tus consejeros. Entrase el emperador y Galalón. 25 Mal. Mi hermano va enojado con Roldán; estorbar quiero su daño. En laberinto he entrado que apenas saldré de él. ¡Oh ciego engaño, oh fuerza poderosa 30 de la mujer que es, sobre falsa, hermosa!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 147 Entrase Malgesí, y entra Bernardo del Carpio armado, y tráele la celada un vizcaíno, su escudero, con botas y fieltro, y su espada. Ber. Aquí, fuera de camino, podré reposar un poco. 5 Viz. Señor sabio, que estás loco, tino vuelves desatino. Vizcaíno que escudero llevas contigo, te avisa camines no tanta prisa, 10 paso lleves de arriero. Tierra buscas, tierra dejas, tanta parece hazaña, pues, metiendo en tierra extraña, por Dios, de propia te alejas. 15 Bien que en España hay que hacer, moros tienes en fronteras, tambores, pitos, banderas hay allá, ya puedes ver. Ber. ¿Ya no te he dicho el intento 20 que a esta tierra me ha traído? Viz. Curioso mucho atrevido goza nunca pensamiento. Bien podrás, bien podrás dejar mala tanto hazaña; 25 a las de guerra y España llama. Ber. Ya te entiendo, Blas. Viz. Bien es que sepas de yo buenos que consejos doy; 30 que, por Juan Gaicoa, soy vizcaíno, burro no.
JORNADA PRIMERA p. 148 Señor, mira, si es que ver poder quieres del francés, camino aqueste no es derecho; puedes volver. Ber. Dicen que estas selvas son 5 donde se hallan de contino, por cualquier senda o camino, venturas de admiración, y que en la mitad o al fin, o al principio o no sé dónde, 10 entre unos bosques se esconde el gran padrón de Merlín, aquel grande encantador, que fue su padre el demonio. Viz. Echado está testimonio, 15 y levántanle, señor. Ber. Hele de buscar y hallar, si mil veces rodease estas selvas. Viz. Tiempo vase; 20 duerme, o vuelve a caminar. Ber. Vuelve, y ve si Ferraguto viene, que se quedó atrás, y a do quedo le dirás. Viz. Escudero siempre puto. 25 Ber. Dura y detestable guerra, por sólo aquesto eres buena: que en pluma vuelves la arena, y en blanda cama la tierra. Tú ofreces, doquier que estás, 30 anchos y extendidos lechos, si no es que hay campos estrechos
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 149 por donde los pasos das. Eres un cierto beleño, que, entre cuidados y enojos, ofreces siempre a los ojos blando, aunque forzoso sueño. 5 Eres de su calidad, según muestra la experiencia, madre de la diligencia, madrastra de ociosidad. Venid acá vos, cimera, 10 rica y extremada pieza, y, pues sois de la cabeza, servidme de cabecera, que ya el sueño de rondón va ocupando mis sentidos. 15 ¡Bien dicen que los dormidos imagen de muerte son! Echase a dormir Bernardo junto al padrón de Merlín, que ha de ser un mármol jaspeado que se pueda abrir y cerrar, y a este instante parece encima de 20 la montaña el mancebo Argalia, hermano de Angélica la bella, armado y con una lanza dorada. Arg. Mucha tierra se descubre de encima de esta montaña: de aquesta parte es campaña, 25 de estotra el bosque la cubre; allí el camino blanquea, y hasta Paris va derecho. ¡Si mi hermana hubiese hecho el gran caso que desea! 30 Mas, si no me miente acaso
JORNADA PRIMERA p. 150 la vista, aquélla es, sin duda, que el camino trueca y muda, y hacia aquí endereza el paso. Los palafrenes envía por el camino real. 5 En cuanto hace, no hace mal; recibirla es cortesía. Entrase Argalia, y sale Angélica con los salvajes y la dueña. Ang. Cierto que es ésta la senda, 10 o no acierto bien las señas, y a la vuelta de estas peñas sin duda está nuestra tienda. Dueña. ¿Cuándo, señora, veremos el fin de nuestros caminos? 15 ¿Cuándo de estos desatinos a buen acuerdo saldremos? ¿Cuándo me veré, ¡ay de mí!, con mi almohadilla, sentada en estrado y descansada, 20 como algún tiempo me vi? ¿Cuándo dejaré de andar, cuando el sol salga o tramonte, de este monte en aquel monte, de un lugar a otro lugar? 25 ¿Cuándo de mis redomillas veré los blancos afeites, las unturas, los aceites, las adobadas pasillas? ¿Cuándo me daré un buen rato 30 en reposo y sin sospecha?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 151 Que traigo esta cara hecha una suela de zapato. Los crudos aires de Francia me tienen de aqueste modo. Ang. Calla, que bien se hará todo. 5 Dueña. No te arriendo la ganancia: que, según yo vi el denuedo de aquellos dos paladines, de tus caminos y fines esperar buen fin no puedo. 10 Ang. No atinas con la verdad; calla, que mi hermano viene. Entra Argalia. Arg. ¡Oh rico archivo, do tiene sus tesoros la beldad! 15 ¿Cómo vienes, y en qué modo has salido con tu intento? Ang. Midióse a mi pensamiento la ventura casi en todo. Vámonos al pabellón, 20 que allí, despacio y sentada, contaré de mi embajada el principio y conclusión Arg. Bien dices, hermana; ven, que bien cerca de aquí está. 25 Dueña. La triste que cual yo va, yo sé que no va muy bien; que de la madre me aprieta un gran dolor en verdad. Todo aquesto es frialdad 30 de este andar a la jineta.
JORNADA PRIMERA p. 152 Entranse todos, sino Bernardo, que aún duerme; suene música de flautas tristes; despierta Bernardo, ábrese el padrón, pare una figura de muerto, y dice: Esp. Valeroso español, cuyo alto intento de tu patria y amigos te destierra; 5 vuelve a tu amado padre el [pensamiento, a quien larga prisión y oscura encierra. A tal hazaña es gran razón que atento estés, y no en buscar inútil guerra 10 por tan remotas partes y excusadas, adonde son las dichas desdichadas. Tiempo vendrá que del francés [valiente, al margen de los montes Pirineos, 15 bajes la altiva y generosa frente, y goces de honrosísimos trofeos. Sigue de tu ventura la corriente, que iguala al gran valor de tus deseos; verás cómo te sube tu fortuna 20 sobre la faz convexa de la luna. Por ti tu patria se verá en sosiego, libre de ajeno mando y señorío; tú serás agua al encendido fuego que arde en el pecho que de casto es 25 [frío. Deja estas selvas, do caminas ciego, llevado de un curioso desvarío. Vuelve, vuelve, Bernardo, a do te [llama 30 un inmortal renombre y clara fama. De Merlín el espíritu encantado
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 153 soy, que aquí yazgo, en esta selva [oscura, del cielo para bien y mal guardado, aunque en mis males siempre se [conjura; 5 y no seré de este lugar llevado a la negra región do el llanto dura, hasta que crucen estas selvas fieras muchas y cristianísimas banderas. Mil cosas se me quedan por contarte, 10 que otra vez te diré, porque ahora [importa detrás de aquestas ramas ocultarte, donde será tu estada breve y corta. A dos, que cada cual por sí es un Marte, 15 pondrás en paz, o mostrarás que corta tu espada. Y, sin hablar, haz lo que digo, y entiende que te soy y seré amigo. Ciérrase el padrón, éntrase en él Bernardo sin hablar palabra, y luego sale Reinaldos. 20 Rei. En vano mis pasos muevo, pues, entre estas flores tantas, no hay señales de las plantas que por guía y norte llevo. Que si aquí hubieran pisado, 25 claro estaba que este suelo fuera un traslado del cielo, de varias lumbres pintado. ¿Qué flor tocará la bella planta a mí tan dulce y cara, 30 que luego no se tornara,
JORNADA PRIMERA p. 154 o ya en sol, o en clara estrella? Lejos estoy del camino que a do está mi cielo guía, pues este suelo no envía, o luz clara, u olor divino. 5 Mas ya no tendré pereza en buscar este sol bello, pues me han de guiar a vello, ya su luz, ya su belleza. Pero ¿qué es esto, que el sueño 10 así me acosa y aprieta? ¡Oh fuerza libre, sujeta a fuerzas de tan vil dueño! Aquí me habré de acostar, al pie de este risco yerto, 15 haciendo imagen de un muerto, pues estoy para expirar. Recuéstase Reinaldos, pone el escudo por cabecera, y entra luego Roldán embrazado del suyo. Rol. ¡Tantas vueltas sin provecho! 20 ¿Dónde, ¡oh sol! te tramontaste después que tu luz dejaste en lo mejor de mi pecho? Descúbrete, sol hermoso, que voy buscando tu lumbre 25 por el llano y por la cumbre, desalentado y ansioso. ¡Oh Angélica, luz divina de mi humana ceguedad; norte cuya claridad 30 a nuevo ser me encamina!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 155 ¿Cuándo te verán mis ojos, o cuándo, si no he de verte, vendrá la espantosa muerte a triunfar de mis despojos? Mas ¿quién es este holgazán, 5 que duerme con tal remanso? No hay quien no viva en descanso, sino el mísero Roldán. ¿Qué es esto? Reinaldos es el que yace aquí dormido. 10 ¡Oh primo, al mundo nacido para grillos de mis pies, para esposas de mis manos, para infierno de mis glorias, para opuesto a mis victorias, 15 para hacer mis triunfos vanos, para acíbar de mi gusto! Mas yo haré que no lo seas; sin que el mundo ni tú veas que paso el término justo, 20 quitarte quiero la vida. Mas, ¡ay, Roldán! ¿Cómo es esto? ¿Así os arrojáis tan presto a ser traidor y homicida? ¿Qué decís, mal pensamiento? 25 ¿Decísme que es mi rival y que consiste en su mal todo el bien de mi tormento? Sí decís; mas yo sé, al fin, que el que es buen enamorado, 30 tiene más de pecho honrado que de traidor y de ruin.
JORNADA PRIMERA p. 156 Yo fui Roldán sin amor, y seré Roldán con él, en todo tiempo fiel, pues en todo busco honor. Duerme, pues, primo, en sazón; 5 que arrimo te sea mi escudo; que, aunque amor vencerme pudo, no me vence la traición. El tuyo quiero tomar, porque adviertas, si despiertas, 10 que amistades que son ciertas nadie las puede turbar. Echase Roldán junto a Reinaldos, y pone a su cabecera el escudo de Reinaldos, y luego despierta Reinaldos. 15 Rei. ¡Angélica! ¡Oh extraña vista! ¿No es Roldán este que veo, y el que del bien que deseo procura hacer la conquista? El es; pero ¿quién me puso 20 su escudo para mi arrimo? Tu cortés bondad, ¡oh primo!, sin duda que esto dispuso. Bien me pudieras matar, pues durmiendo me hallaste, 25 por quitar aquel contraste que en mi vida has de hallar; empero tu cortesía más que amor pudo en tu pecho, por la costumbre que has hecho 30 de hacer actos de hidalguía.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 157 Mas ¿si fue por menosprecio el dejarme con la vida? No, por ser cosa sabida que yo soy hombre de precio, y tú mismo lo has probado 5 una y otra vez y ciento. No atino cuál pensamiento tenga por más acertado: si me deja de arrogante, o si fue por amistad; 10 que tal vez la deslealtad vive en el celoso amante. ¡Oh! Si aquéste me dejase señero en mi pretensión, con el alma y corazón 15 vive Dios que le adorase; pero si no, no imagines, primo, que por tu bondad dejará mi voluntad de seguir sus dulces fines. 20 Y de aquesta intención mía no me debes de culpar, porque el amor y el reinar nunca admiten compañía. Seguramente a mi lado 25 pudiste echarte a dormir, pues no se puede herir un hombre que es encantado; y así la ocasión quitaste que tu sueño me ofrecía 30 para usar la cortesía de que tú conmigo usaste.
JORNADA PRIMERA p. 158 Pero, despierto, veremos tu intención a dó se inclina, y si donde yo camina, pondré medio en sus extremos. Irá el parentesco afuera, 5 la cortesía a una parte, si bajase el mismo Marte a impedirlo de su esfera. ¡Ah, Roldán! ¡Roldán, despierta! que es gran descuido el que tienes, 10 y más si, por dicha, vienes donde mi sospecha acierta. Toma tu escudo, y el mío me vuelve. ¡Despierta ahora! [Rol.] ¡Ay Angélica, señora 15 de mi vida y mi albedrío! ¿A dó se esconde tu faz, que todo mi bien encierra? Rei. Declarada es nuestra guerra, y perdida nuestra paz. 20 ¡Roldán, acaba, levanta; destroquemos los escudos! Rol. ¡Con qué dulces, ciegos nudos me añudaste la garganta: la voluntad decir quiero, 25 y el alma que te entregué! Rei. ¡Si no despiertas, a fe que te despierte este acero, y aun te mate, pues me matas, ahora duermas, ahora veles! 30 Estos intentos crüeles nacen de entrañas ingratas.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 159 Estoy por dejar de ser quien soy. ¡Acudid al punto, respetos, que está difunto mi acertado proceder! ¡Ansias que me consumís, 5 sospechas que me cansáis, recelos que me acabáis, celos que me pervertís! Roldán despierta. Rol. Reinaldos, ¿qué quies hacer? 10 Rei. ¡Deshacerme, o deshacerte! Rol. ¿Quieres, primo, darme muerte? Rei. Tu vida está en mi querer. Rol. ¿Cómo en mi querer? Rei. Dirélo: 15 no más de en querer decirme si vienes a perseguirme en la busca de mi cielo; si es tu venida a buscar a Angélica. ¿No me entiendes? 20 Rol. ¿De saber lo que pretendes...? Rei. ¡Acabarte, o acabar! Rol. ¿Tanto el vivir te embaraza, que tras tu muerte caminas? Rei. Profeta falso, adivinas 25 el mal que así te amenaza. Rol. Contigo las cortesías siempre fueron por demás. Rei. Dame mi escudo, y verás cómo siempre desvarías. 30 Si a París no te vuelves,
JORNADA PRIMERA p. 160 verás también en un punto tu culpa y castigo junto. Rol. ¡Fácilmente te resuelves! Ni a París he de volver, ni a Angélica he de dejar. 5 Mira qué quieres. Rei. Cortar tu insolente proceder. ¡Desharéte entre mis brazos, aunque seas encantado! 10 Rol. ¡Eres villano atestado, y quieres luchar a brazos! Rei. ¡Mientes! ¡Y ven con la espada, que, aunque seas de diamante, verás, infame arrogante, 15 mi verdad averiguada! Vanse a herir con las espadas; salen del hueco del teatro llamas de fuego, que no los deja llegar. Rol. Bien sé que anda por aquí, temeroso de tu muerte, 20 mas no ha de poder valerte, tu hechicero Malgesí; que pasaré de Aqueronte la barca por castigarte. Rei. Yo pondré por alcanzarte 25 un monte sobre otro monte; arrojaréme en el fuego, como ves que aquí lo hago. Rol. No te deja dar tu pago tu hermano. 30 Rei. ¡Pues de él reniego!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 161 Dice el espíritu de Merlín: Esp. Fuerte Bernardo, sal fuera, y a los dos en paz pondrás. Sale Bernardo. Ber. ¡Caballeros, no haya más! 5 ¡Guerreros fuertes, afuera! Rei. ¿Hate el cielo aquí llovido? ¿Qué quieres, o qué nos mandas? Ber. Son tan justas mis demandas, que he de ser obedecido. 10 Y es que dejéis la dudosa lid de tan esquivo trance. Rei. Tú has echado muy buen lance, y la demanda es donosa. ¿Eres español, a dicha? 15 Ber. Por dicha, soy español. Rei. Vete, porque sólo el sol ha de ver nuestra desdicha: que no queremos testigos, más que el sol, en la lid nuestra. 20 Ber. No me he de ir sin que la diestra os deis de buenos amigos. Rol. ¡Pesado estás! Ber. Más pesados estáis los dos, si advertís. 25 Rei. Español, ¿cómo no os is? Ber. Por corteses o rogados, vuestra cuestión, por ahora, no ha de pasar adelante. Rol. Yo soy el señor de Aglante. 30
JORNADA PRIMERA p. 162 Rei. Yo, Reinaldos. Ber. Sea en buen hora; que ser quien sois, os obliga a conceder con mi ruego. Rol. Esa razón no la niego. 5 Rei. Este español me atosiga: que siempre aquesta nación fue arrogante y porfiada. Rol. Señor, pues que no os va nada, no impidáis nuestra cuestión; 10 dejadnos llevar al fin nuestro deseo, que es justo. Ber. Aquése fuera mi gusto, a serlo así el de Merlín. Rol. ¡Oh cuerpo de San Dionís, 15 con el español marrano! Ber. ¡Mientes, infame villano! Rei. A plomo cayó el mentís. ¡Afuera, Roldán, no más! Rol. ¡Deja, que me abraso en ira! 20 ¿Qué es esto? ¿Quién me retira? ¿El pie de Roldán atrás? ¿Roldán el pie atrás? ¿Qué es esto? ¡Ni huyo, ni me retiro! Rei. De Merlín es este tiro. 25 Ber. Pues yo haré que huyáis presto. Vase retirando Roldán hacia atrás, y sube por la montaña como por fuerza de oculta virtud. Rei. ¡Por cierto, a gentiles manos te ha traído tu fortuna! 30 Ber. Manos yo no veo ninguna;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 163 pies sí, ligeros y sanos. ¿Y qué os importa tenellos, para huir de mi presencia? Rei. ¡Sin igual es tu insolencia! Sube Bernardo por la peña arriba, siguiendo a Roldán, 5 y va tras él Reinaldos. Sale Marfisa armada ricamente; trae por timbre una ave fénix y una águila blanca pintada en el escudo, y, mirando subir a los tres de la montaña con las espadas desnudas y que se acaban de desaparecer, dice: 10 Mar. ¿Si se combaten aquéllos? Si hacen, ponerlos quiero en paz, si fuere posible. ¡Oh qué montaña terrible! Subir por ella no espero. 15 Ni podré a caballo ir, aunque le vuelva a tomar; mas, con todo, he de probar el trabajo del subir. Bien se queda en la espesura 20 mi caballo hasta que vuelva; nunca falta en esta selva o buena o mala ventura. Sube Marfisa por la montaña, y vuelven a salir al teatro riñendo Roldán, Bernardo y Reinaldos. 25 Rol. No sé yo cómo sea, que contra ti no tengo alguna saña, ni puedo en tal pelea mover la espada. ¡Cosa es ésta extraña! Ber. La razón que me ayuda 30 pone tus fuerzas y tu esfuerzo en duda.
JORNADA PRIMERA p. 164 Rei. De Merlín es el hecho, que no hay razón que valga con su que, aunque fuera su pecho [encanto; león en furia y en dureza un canto, si hechiceros no hubiera, 5 nunca mi primo atrás el pie volviera. Entra Angélica llorando, y con ella el vizcaíno escudero de Bernardo. Viz. ¡Pardiós, echóte al río! ¡Tienes, Granada, bravo Ferraguto! 10 Ang. ¡Ay, triste hermano mío! Rol. ¿Por qué ese cielo al suelo da tributo de lágrimas tan bellas, si el mismo cielo se le debe a ellas? Ang. Un español ha muerto 15 a mi querido hermano, y es un moro que no guardó el concierto debido a la milicia y su decoro, y arrojóle en un río. Rol. ¿Quién es el moro? 20 Ber. Es un amigo mío. Rol. ¿Amigo tuyo? ¡Oh perro; tú llevarás de su maldad la pena! Rei. Roldán, no hagas tal yerro; deja a mí el castigo. 25 Ang. Aquí se ordena mi muerte, y más desdicha si de los dos me coge alguno, a dicha. A esta selva oscura quiero entregar ya mis ligeras plantas, 30 mi guarda y mi ventura.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 165 Ber. ¿Cómo, Reinaldos, di, no te adelantas a herirme con tu primo? Por la honra, la vida en poco estimo. Sale Marfisa poniendo paz y poniendo mano a la espada; éntrase huyendo Angélica. 5 Mar. ¿Qué es esto? ¡Afuera, afuera; afuera, caballeros!; que os lo pide quien mandarlo pudiera; que, si no es que mi luz la vista [impide, 10 mirando esta divisa, veréis que soy la sin igual Marfisa. Viz. La puta, la doncella se es ida. Rol. ¡Oh nunca vista desventura! 15 Forzoso he de ir tras ella. Rei. Yo sí; tú no. Rol. ¡Notable es tu locura! Rei. No muevas de aquí el paso. Rol. No hago yo de tus locuras caso. 20 Rei. ¡Por Dios que, si te mueves, que te haga pedazos al instante! Rol. ¿Qué? ¿A estorbarme te atreves, fanfarrón, pordiosero y arrogante? ¿Cómo te estás tan quedo? 25 ¡Que no me tenga este cobarde miedo! Entrase Roldán [y Reinaldos]. Viz. Señor, déjale vaya, que pues no por allí, que por la senda quedan arriz, en playa 30
JORNADA PRIMERA p. 166 poned (a la) dama. Mar. ¿Por qué fue la contienda? Ber. Por celos sé que ha sido. Dime: ¿Ferraguto quedó herido? Viz. Bueno, puto y qué sano. 5 Ber. ¿Con quién tuvo batalla? Viz. ¿Ya no oíste? Batalla con hermano de bella huidora, y pobre, y muerto, y [triste, 10 de moro enojo, brío teniendo, dio con él todo en el río, y queda aquí aguardando espaldas de montaña. Mar. Iréte acompañando, 15 que quiero saber más de tu hazaña; que descubro en ti muestras que muestran que eres más de lo que [muestras. Y advierte que contigo 20 llevas a la sin par sola Marfisa, que, en señas y testigo que es única en el mundo, la divisa trae de aquella ave nueva que en el fuego la vida se renueva. 25 [Ber.] Haréte compañía, subas al cielo, o bajes al abismo. Mar. Tan grande cortesía no puede parecer sino a ti mismo, y, usando de este gusto, 30 yo he de seguir el tuyo, que es muy [justo.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 167 JORNADA SEGUNDA Sale Lauso, pastor, por una parte de la montaña, con su guitarra, y Corinto por la otra con otra. Lau. ¡Ah, Corinto, Corinto! Cor. ¿Quién me llama? 5 Lau. Lauso, tu amigo. Cor. ¿Adónde estás? Lau. ¿No miras? Cor. Algún árbol te encubre, alguna rama, o estás en el lugar donde suspiras 10 cuando Clori te muestra el rostro airado, y en solitaria parte te retiras. Baja, si quieres, Lauso, al verde prado, en tanto que de Febo la carrera declina de esta cumbre al otro lado. 15 Cantaremos de Clori lisonjera, al pie de un verde sauce o murto [umbroso, que pasa el pensamiento en ser ligera. Lau. Ya abajo; pero no a buscar reposo, 20 sino a cumplir lo que amistad me obliga y a pasar a la sombra el sol fogoso; que en tanto que la dulce mi enemiga se esté fortalecida en su dureza, no hay mal que huya ni placer que siga. 25 Bajan los dos de la montaña. Cor. Pesado contrapeso es la pobreza para volar de amor, ¡oh Lauso!, al cielo,
JORNADA SEGUNDA p. 168 aunque tengas cien alas de firmeza. No hay amor que se abata ya al señuelo de un ingenio sutil, de un tierno pecho, de un raro proceder, de un casto celo. Granjería común amor se ha hecho, 5 y de él hay feria franca dondequiera, do cada cual atiende a su provecho. Lau. ¡Oh Clori, para mí serpiente fiera, por mi estrecheza, aunque paloma [mansa, 10 para un alma de piedra verdadera! ¿Que es posible, crüel, que no te cansa de Rústico el ingenio, que es de robre, y que el tuyo estimado en él descansa? Cor. Vuélvese el oro más cendrado en cobre, 15 y el ingenio más claro en tonta ciencia, si le toca o le tiene el hombre pobre; y de esto es buen testigo la experiencia. Pero escucha, que cantan en la sierra, y aun es la voz bien para darle audiencia. 20 Canta Clori en la montaña, y sale cogiendo flores. [Clo.] “Derramasteis el agua, la niña, y no dijisteis: «¡Agua va!» La justicia os prenderá.” Lau. De aquella que el placer de mí destierra 25 es el süave y regalado acento, y aun quien sus gustos el amor [encierra. Cor. Escuchémosla, pues. Lau. Ya estoy atento. 30 Clo. Derramásteisla a deshora,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 169 y fue con tan poca cuenta, que mojasteis con afrenta al que os sirve y os adora. Pero, llegada la hora donde el daño se sabrá, 5 la justicia os prenderá. Lau. Bien es que la ayudemos; acuerda con el mío tu instrumento. Cor. Yo creo que está bien; mas ¿qué [diremos? 10 Lau. Su mismo villancico trastrocado, cual tú sabrás hacer. Cor. Los dos le haremos. Canta Corinto: Cor. Cautivásteisme el alma, la niña, 15 y tenéisla siempre allá; el amor me vengará. Vuestros ojos salteadores, sin ser de nadie impedidos, se entraron por mis sentidos, 20 y se hicieron salteadores; lleváronme los mejores, y tenéislos siempre allá; el amor me vengará. Lau. Así, Clori gentil, te ofrezca el prado, 25 en mitad del invierno, flores bellas, y cuando el campo esté más agostado, y que siempre te halles al cogellas con el júbilo alegre que nos muestra la voz con que se ahuyentan mis 30 [querellas:
JORNADA SEGUNDA p. 170 que esa rara beldad, que nos adiestra a conocer al Hacedor del cielo, en este sitio haga alegre muestra. Volverás paraíso aqueste suelo, y este calor que nos abrasa ardiente, 5 en aura blanda y regalado hielo. Clo. Porque no es tu demanda impertinente, cual otras veces suele, haré tu gusto, que es en todo del mío diferente. Cor. Dime, Clori gentil: ¿dó está el robusto, 10 el bronce, el roble, el mármol, leño o [tronco que así a tu gusto le ha venido al justo? Por aquel, digo, desarmado y bronco, calzado de la frente y de pies ancho, 15 corto de zancas y de pecho ronco, cuyo dios es el extendido pancho, y a do tiene la crápula su estancia, él tiene siempre su manida y rancho. Clo. Con él tengo, Corinto, más ganancia 20 que contigo, con Lauso y con Riselo, que vendéis discreción con arrogancia. Rústica el alma, y rústico es el velo que al alma cubre, y Rústico es el [nombre 25 del pastor que me tiene por su cielo. Mas, por rústico que es, en fin es [hombre que de sus manos llueve plata y oro, Júpiter nuevo, y con mejor renombre. 30 El guarda de mis gustos el decoro, ora le envíe al blanco Cita frío,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 171 o al tostado engañoso libio moro. Tiene por justa ley el gusto mío, y el levantado cuello humilde [indigna al yugo que le pone mi albedrío. 5 No tiene el rico Oriente otra tal mina como es la que yo saco de sus manos, ora crüel me muestre, ora benigna. Quédense los pastores cortesanos con la melifluidad de sus razones 10 y dichos, aunque agudos, siempre [vanos. No se sustenta el cuerpo de [intenciones, ni de conceptos trasnochados hace 15 sus muchas y forzosas provisiones. El rústico, si es rico, satisface aun a los ojos del entendimiento, y el más sabio, si es pobre, en nada [aplace. 20 Dirán Corinto y Lauso que yo miento, y muestra la experiencia lo contrario, y Rústico lo sabe, y yo lo siento. Lau. Es gusto de mujeres ordinario, en lo que es opinión, tener la parte 25 que más descubra ser su ingenio vario. Quisiera de ese error, Clori, sacarte; mas ya estás pertinaz en tu locura, y en vano será ahora predicarte. Cor. Así, pastora, goces tu hermosura, 30 que me dejes hacer una experiencia; quizá te hará volver a tu locura.
JORNADA SEGUNDA p. 172 Verás, pastora, al vivo la inocencia de Rústico el pastor, por quien nos [dejas. Clo. ¿Para qué es el pedirme a mí licencia? Lau. Paréceme que llega a mis orejas 5 de Rústico la voz. Cor. El es, sin duda, que a sestear recoge sus ovejas. Rústico parece por la montaña. Rús. Mirad si se cayó en aquella azuda 10 una oveja, pastores; corred luego, y cada cual a su remedio acuda. Dejad mal hora del herrón el [juego. Aguija, Coridón. ¡Oh, cómo corre! 15 ¡Quién quitara a Damón de su sosiego! Llegó; ya se arrojó; ya la socorre, y la saca en los brazos medio muerta, y parece que un río de ambos corre. Esta noche, tú, hola, está alerta, 20 no venga, como hizo en la pasada, el lobo que la cabra dejó muerta. Tú acudirás, Cloanto, a la majada del valle de la Enceña, y darás orden que estén todos aquí de madrugada. 25 ¡Oh Compo! Tú harás que se concorden en el pasto Corbato con Francenio, que me da pesadumbre su desorden. Clo. ¡Mirad si tiene Rústico el ingenio para mandar acomodado y presto! 30 Rús. Tú acude a las colmenas, buen Partenio.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 173 Llévese de las vacas todo el resto al padrón de Merlín, y de las cabras al monte o soto de ciprés funesto. Clo. ¿Parécenos de pobre las palabras que dice? 5 Cor. Pues aquí en esta espesura, te has de esconder, y mira que no abras la boca, porque importa a la aventura que queremos probar de nuestro [intento, 10 por ver si es suya o nuestra la locura. Clo. Yo enmudezco y me escondo, y vuestro [cuento sea, si puede ser, breve y ligero; que, si es pesado y grande, da tormento. 15 Escóndese Clori. Lau. Corinto, ¿qué has de hacer? Cor. Estáme atento. Rústico amigo, al llano abaja; aguija, que es cosa que te importa; corre, 20 [corre. Rús. Ya voy, Corinto amigo; espera, espera mientras que cuento un centenar de [bueyes, y tres hatos de ovejas, y otros cinco 25 de cabras desde encima de este pico do estoy sentado. ¿No me ves? Cor. ¡Acaba! ¿Haces burla de mí? Rús. Por Dios, no hago; 30 mas yo lo dejo todo por servirte.
JORNADA SEGUNDA p. 174 Vesme aquí. ¿Qué me mandas? Cor. Que me ayudes a alcanzar de este ramo un papagayo que viene del camino de las Indias, y esta noche hizo venta en aquel 5 [hueco de este árbol, y alcanzarle me conviene. Rús. ¿Qué llamas papagayo? ¿Es un [pintado, que al barquero da voces y a la barca, 10 y se llama real por fantasía? Cor. De esa ralea es éste; pero entiendo que es bachiller y sabe muchas lenguas, principal la que llaman bergamasca. Rús. ¿Pues qué se ha de hacer para 15 [alcanzarle? Cor. Conviene que te pongas de esta suerte. Daca este brazo, y lígale tú, Lauso, y átale bien, que yo le ataré esotro. Rús. ¿Pues yo no estaré quedo sin atarme? 20 Cor. Si te meneas, espantarse ha el pájaro; y así, conviene que aun los pies te [atemos. Rús. Atad cuanto quisiéredes; que, a trueco de tener esa joya entre mis manos, 25 para que luego esté en las de mi Clori, dejaré que me atéis dentro de un saco. Ya bien atado estoy. ¿Qué falta ahora? Cor. Que yo me suba encima de tus hombros, y que Lauso, pasito y con silencio, 30 me ayude a levantar las verdes hojas que cubren, según pienso, el dulce nido.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 175 Rús. Sube, pues. ¿A qué esperas? Cor. Ten paciencia; que no soy tan pesado como piensas. Rús. ¡Vive Dios, que me brumas las costillas! ¿Has llegado a la cumbre? 5 Cor. Ya estoy cerca. Rús. Avisa a Lauso que las ramas mueva pasito, no se vaya el pajarote. Lau. No se nos puede ir, que ya le he visto. Rús. Pregúntale, Corinto, lo que suelen 10 preguntar a los otros papagayos, por ver si entiende bien nuestro [lenguaje. Cor. ¿Cómo estás, loro, di? “¿Cómo? [Cautivo.” 15 Rús. ¡Hi de puta, qué pieza! Di otra cosa. Cor. “¡Daca la barca, hao; daca la barca!” Rús. Y aqueso, ¿quién lo dijo? Cor. El papagayo. Rús. ¡Oh Clori, qué presente que te hago! 20 Cor. “¡Clori, Clori, Clori, Clori, Clori!” Rús. ¿Es todavía el papagayo aquése? Cor. ¿Pues quién había de ser? Rús. ¿Hasle ya asido? Cor. Dentro en mi caperuza está ya preso. 25 Rús. Desciende, pues, y véndemele, amigo, que te daré por él cuatro novillos que aun no ha llegado el yugo a sus [cervices, no más de porque de él mi Clori goce. 30 Lau. No se dará por treinta mil florines. Rús. ¡Ah, por amor de Dios! Yo daré ciento.
JORNADA SEGUNDA p. 176 Desatadme de aquí, porque a mi gusto le vea y le contemple. Cor. Es ceremonia que en semejantes cazas suele usarse, que tan sola una mano se desate 5 del que las dos tuviere y pies atados; con ésta suelta, puedes blandamente alzar mi caperuza venturosa, que tal tesoro encubre. Despabila los ojos para ver belleza tanta. 10 Pasito, no le ahajes. Mas espera, que está la mano sucia; con saliva te la puedes limpiar. Rús. Ya está bien limpia. Cor. Ahora sí. ¡Dichoso aquel que llega 15 a descubrir tan codiciosa prenda! Rús. ¡Donosa está la burla! Di, Corinto: ¿es ése el papagayo? Cor. Este es el pico. las alas éstas, éstas las orejas 20 del asno de mi Rústico y amigo. Rús. ¡Desátenme, que a fe que yo me vengue! Sale Clori. Clo. ¡Ah simple, ah simple! Rús. ¿Y haslo visto, Clori? 25 Por ti la burla siento, y no por otrie. Clo. Calla, que para aquello que me sirves, más sabes que trescientos Salomones. Di que se vista Lauso de esta burla, o que compre Corinto algún tributo, 30 o me envíe mañana una patena
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 177 y unos ricos corales, como espero que podrás y querrás, con tu simpleza, enviármelos luego. Rús. ¿Y cómo, Clori? Y aun dos sartas de perlas 5 [hermosísimas. Clo. ¿Compárase con esto algún soneto, Lauso? Y dime, Corinto: ¿habrá sonada, aunque se cante a tres ni aun a [trescientos, 10 que a la patena y sartas se compare? Lau. Eres mujer, y sigues tu costumbre. Clo. Sigo lo que es razón. Lau. Será milagro hallarla en las mujeres. 15 Clo. ¿Qué razones puede decir la lengua que se mueve guiada del desdén y de los celos? Tú eres la causa. Entra Angélica alborotada. 20 Ang. ¡Socorredme, cielos, si en vuestros pechos mora misericordia alguna! Hermosa y agradable compañía: en mí os ofrece ahora 25 el cielo y la fortuna, sujeto igual a vuestra cortesía; que, la desdicha mía sabida, me asegura que podrá enterneceros 30 y al remedio moveros,
JORNADA SEGUNDA p. 178 si es que le tiene tanta desventura. Clo. Señora, di qué tienes. Ang. Sin tasa males, y ningunos bienes. Pero no estoy en tiempo en que pueda contaros 5 de mi dolor la parte más pequeña, ni vuestro pasatiempo será bien estorbaros contando el mal que ablandará esta [peña. 10 ¿No hay por aquí una breña donde me esconda, amigos? Lau. ¿Luego quies esconderte? ¿Quién podrá aquí ofenderte? Ang. Persíguenme dos bravos enemigos. 15 Cor. ¿No somos tres nosotros? Ang. Ni aun a tres mil no temerán los otros. Llevadme a vuestras chozas, mudadme este vestido; amigos, escondedme. 20 Lau. No te espantes. ¿Para qué te alborozas, si has a parte venido do se estiman en poco los gigantes? Montalbanes y Aglantes 25 se tienen aquí en nada; porque, ¡por Dios!, si quiero, que los compre a dinero. Ang. ¡Hoy acaba mi vida su jornada! Cor. ¿Quieres que te escondamos? 30 Rús. ¿Dice que sí? Lau. ¿Pues, ¡sus!, ¿en qué tardamos?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 179 Ven; mudarás de traje y de lugar y todo. Ang. De mis contrarios casi veo la sombra. Cor. Parece de linaje, y su habla y su modo 5 a mí me admira. Rús. Pues a mí me asombra. Entrase Angélica y Lauso. ¿Sabéis cómo se nombra? Cor. ¿Pues cómo he de sabello? 10 Rús. Busca algún nuevo ensayo. Cor. Buscaré un papagayo que me lo diga. Clo. Ganarás en ello. Cor. Ganarás tú patenas. 15 Clo. Siempre tus burlas para mí son buenas. Entranse todos, y sale Reinaldos. Rei. ¿Eres Dafne, por ventura, que de Apolo va huyendo, o eres Juno, que procura 20 librarse del monstruo horrendo cerrada en la nube oscura? ¡Oh selvas de encantos llenas, do jamás se ha visto apenas cosa en su ser verdadero; 25 contar de vosotras quiero aun las menudas arenas! Quizá esta fiera homicida, que cual sombra desparece porque padezca mi vida, 30
JORNADA SEGUNDA p. 180 adonde menos se ofrece la tendrá amor escondida. De nuevo vuelvan mis plantas a buscar entre estas plantas a la bella fugitiva. 5 ¡Dura ocasión, que yo viva muriendo de muertes tantas! Crujidos de cadenas, ayes y suspiros dentro. ¡Válgame Dios! ¿Qué ruido es este que suena extraño? 10 ¿Estoy despierto, o dormido? ¿Engáñome, o no me engaño? Otra vez llega al oído. De entre estas hojas entiendo que sale el horrible estruendo. 15 Mas, ¡ay! ¿qué boca espantosa, terrible y extraña cosa, es aquesta que estoy viendo? Mientras más vomitas llamas, boca horrenda o cueva oscura, 20 más me incitas y me inflamas. A ver si en esta aventura para algún buen fin me llamas. Descúbrese la boca de la sierpe. Acógeme allá en tu centro, 25 porque por tus fuegos entro a tu estómago de azufre. Malgesí, vestido como diré, sale por la boca de la sierpe. Mal. ¿Adónde aquesto se sufre? 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 181 Rei. ¡Este sí que es mal encuentro! ¿Quién eres? Mal. Soy el Horror, portero de aquesta puerta, adonde vive el temor 5 y la sospecha más cierta que engendra el cielo de amor. Soy ministro de los duelos, embajador de los celos, que habitan en esta cueva. 10 Rei. Pues adonde están me lleva. Mal. Espera, y avisarélos. Mas primero has de mirar las guardas que puestas tiene en este triste lugar, 15 y esto es lo que te conviene. Rei. Comiénzalas a mostrar; que, aunque me muestras cifrados en ellas los condenados rostros que encierra el abismo, 20 seré en este trance el mismo que he sido en los regalados. Suena dentro música triste, como la pasada del padrón; sale el Temor vestido como diré, con una tunicela parda, ceñida con culebras. 25 Mal. Esta figura que ves es el Temor sospechoso, que engendra ajeno interés, impertinente curioso, que mira siempre al través; 30 y así, el mezquino se admira
JORNADA SEGUNDA p. 182 de cada cosa que mira, ora sea mala o buena; la verdad le causa pena, y tiembla con la mentira. Sale la Sospecha con una tunicela de varias colores. 5 Esta es la infame Sospecha, de los celos muy parienta, toda de contrarios hecha, siempre de saber sedienta lo que menos le aprovecha. 10 Aquí nace, y muere allí, y torna a nacer aquí; tiene mil padres a un punto, éste vivo, aquél difunto, y ella vive y muere así. 15 Sale Curiosidad. La vana Curiosidad es esta que ves presente, hija de la Liviandad, con cien ojos en la frente, 20 y los más con ceguedad. Es en todo entremetida, y susténtale la vida estar continuo despierta, y hace la guarda a una puerta 25 de mi difícil salida. Con una soga a la garganta y una daga desenvainada en la mano, sale la Desesperación como diré. Es la Desesperación
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 183 esta espantosa figura, sobre todas cuantas son, y, aunque es mala su hechura, es peor su condición. Esta sigue las pisadas 5 de los celos desdichadas, y anda tan junto con ellos, que desde aquí puedes vellos, si cesan las llamaradas. Suena la música triste, y salen los Celos como diré, 10 con una tunicela azul, pintada en ella sierpes y lagartos, con una cabellera blanca, negra y azul. Mas veslos salen; advierte que cuanto con ellos miras, amenazan triste suerte, 15 ciertos y luengos pesares, y al fin desdichada muerte. Todos sus secuaces son, puestos en comparación, de sus males una sombra, 20 que, puesto que nos asombra, no desmaya al corazón. Toca su mano, y verás en el estado que quedas, diferente del que estás, 25 y tal quedes, que no puedas ni quieras ya querer más. Tocan los Celos la mano a Reinaldos. Rei. ¡Celos, que se (me) abrasa el pecho y se cela! ¡En duro estrecho 30 me pone el señor de Aglante!
JORNADA SEGUNDA p. 184 ¡Celos, quitáosme delante; basta el mal que me habéis hecho! Mal. ¿Cómo que con la invención de quien yo tanto fie no se cela el corazón 5 de mi primo? Yo no sé la causa ni la razón. Dice de dentro Merlín: [Mer.] Malgesí, ¡cuán poco sabes! Mas yo haré que no te alabes 10 de tu invención, aunque extraña. Pártete de esta montaña, antes que la vida acabes. Mal. Ya te conozco, Merlín; pero yo veré si puedo 15 ver de mi deseo el fin, porque no me pone miedo de esa tu voz el retín. Mer. A tu primo entre esa yerba pondrás, que a mí se reserva 20 y a mi fuente su salud; que hasta ahora su virtud el cielo en ella conserva. Mal. Volveos por do venistes, figuras feas y tristes, 25 que mi primo quedará adonde esperar podrá el remedio que no distes. Entranse las sombras. Y yo, en tanto, buscaré 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 185 medio para remediarle, y creo que lo hallaré. Desvía de allí a Reinaldos. Mer. Calla, y procura dejarle, Malgesí. 5 Mal. Así lo haré. Entrase Malgesí. Parece a este instante el carro [de fuego, tirado] de los leones de la montaña, y en él la diosa Venus. 10 Ven. De Adonis la compañía dejo casi de mi grado, por seguir la fantasía de este espíritu encantado, que en apremiarme porfía. 15 Espérame hasta que vuelva, mi Adonis, y amor resuelva tu brío, que no le alabo; mira que es el puerco bravo de la Calidonia selva. 20 Pero ¿qué puedo hacer sin mi hijo en este trance, donde tanto es menester? Merlín ha errado este lance: que a veces yerra el saber. 25 Mas yo le quiero llamar, que a las veces suele estar mezclado entre los pastores, y entonces son los amores para mirar y admirar. 30
JORNADA SEGUNDA p. 186 Hijo mío, ¿dónde estáis? Si acaso la voz oís, y como a madre me amáis, decid: ¿cómo no venís? Que si venís, ya tardáis. 5 Mas los músicos acentos que van rompiendo los vientos su venida manifiestan. ¡Oh hijo, y cuánto que cuestan aun tus fingidos contentos! 10 Suena música de chirimías; sale la nube, y en ella el dios Cupido, vestido, y con alas, flecha y arco desarmado. Am. ¿Qué quieres, madre querida, que con tal prisa me llamas? 15 Ven. Está en peligro una vida, ardiendo en tus vivas llamas, y en un hielo consumida. Los celos, que en opinión están que tus hijos son, 20 ciego y simple desvarío, le tienen el pecho frío, y abrasado el corazón. Conviene que te resuelvas en su bien, y que le vuelvas 25 en su antigua libertad. Am. Remedio a su enfermedad ha de hallar en estas selvas. Por tiempo hallará una fuente, cuyo corriente templado 30 apaga mi fuego ardiente,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 187 y mi pena enamorada vuelve en desdén insolente. Beberá Reinaldos de ella, y de Angélica la bella la hermosura que así quiere, 5 si ahora por verla muere, ha de morir por no verla. Levanta, guerrero invicto, y tiende otra vez el paso cerca de aqueste distrito, 10 que en él hallarás acaso medio a su mal infinito. Aunque has de pasar primero trances que callarlos quiero, pues decirlos no conviene. 15 Rei. Aquel que celos no tiene, no tiene amor verdadero. Entrase Reinaldos. Ven. Ya aqueste negocio es hecho. ¿No me dirás, hijo amado, 20 si es invención de provecho andar en traje no usado, y el arco roto y deshecho? ¿Quién te le rompió? ¿Y quién pudo cubrir tu cuerpo desnudo, 25 que su libertad mostraba? ¿Quién te ha quitado el aljaba y la venda? Di; ¿estás mudo? Am. Has de saber, madre mía, que en la corte donde he estado 30 no hay amor sin granjería,
JORNADA SEGUNDA p. 188 y el interés se ha usurpado mi reino y mi monarquía. Yo, viendo que mi poder poco me podía valer, usé de astucia, y vestíme, 5 y con él entremetíme, y todo fue menester. Quité a mis alas el pelo, y en su lugar me dispuse a volar con terciopelo, 10 y, al instante que lo puse, sentí aligerar mi vuelo. Del carcaj hice bolsón, y del dorado arpón de cada flecha un escudo, 15 y con esto, y no ir desnudo, alcancé mi pretensión. Hallé entradas en los pechos que a la vista parecían de acero o de mármol hechos; 20 pero luego se rendían al golpe de mis provechos. No valen en nuestros días las antiguas bizarrías de Heros ni de Leandros, 25 y valen dos Alejandros más que doscientos Macías. Entra Rústico. Rús. Lauso, acude; y tú, Corinto, acude, que, a lo que creo, 30 otro papagayo veo,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 189 o si no, pájaro pinto. Acude, Clori, y verás la verdad de lo que digo; y trae a esotra contigo, y más, si quisieres más. 5 Am. Yo sé bien que estos pastores nos han de dar un buen rato. Entra Lauso, Corinto y Clori, y Angélica como pastora. Lau. ¿Tú no miras, insensato, que aquél es el dios de amor[es]? 10 Rús. Como con alas le vi, entendí que era alcotán. Cor. ¡Quítate de aquí pausán! Rús. ¿Pues yo qué te hago aquí? Cor. No te me pongas delante, 15 que quiero hacer reverencia a este niño. Rús. ¡Qué inocencia! ¿Niño es éste? Cor. Y es gigante. 20 Rús. Niñazo le llamo yo, pues ya le apunta el bigote. No os burléis con el cogote. ¡Mal haya quien me vistió! Am. No quiero que me hagáis, 25 buena gente, sacrificio, y téngoos en gran servicio la voluntad que mostráis, y en pago quiero deciros la ventura que os espera. 30 Ven. Harás, hijo, de manera
JORNADA SEGUNDA p. 190 que den vado a sus suspiros. Am. Tú, Lauso, jamás serás desechado ni admitido; tú, Corinto, da al olvido tu pretensión desde hoy más; 5 Rústico, mientras tuviere riquezas, tendrá contento; mudará cada momento Clori el bien que poseyere; la pastora disfrazada 10 suplicará a quien la ruega. Y, esto dicho, el fin se llega de dar fin a esta jornada. Lau. En tanto, Amor, que te vas, porque algún contento goces, 15 de nuestras rústicas voces el rústico acento oirás. Corinto y Clori, ayudadme; cantaréis lo que diré. Clo. ¿Qué hemos de cantar? 20 Cor. No sé. Lau. Diréis después, y escuchadme. --Venga norabuena Cupido a nuestras selvas, norabuena venga. 25 Sea bien venido médico tan grave, que así curar sabe de desdén y olvido; hémosle entendido, 30 y lo que él ordena, sea norabuena.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 191 Quedan estas peñas ricas de ventura, pues tanta hermosura hoy en ella enseñas. Brotarán sus breñas 5 néctar dondequiera. ¡Norabuena [sea]! Mientras cantan, se va el carro de Venus, y Cupido en él, y suenen las chirimías, y luego dice Lauso: Lau. Vamos a nuestras cabañas 10 a hacer nuevas alegrías, pues vemos en nuestros días tan ricas estas montañas; y si aquello que desea cada cual no ha sucedido, 15 pues el amor lo ha querido, decid: ¡Norabuena sea! Todos: “¡Norabuena sea, sea norabuena!”, y éntranse, y sale Bernardo y su escudero. Ber. ¿Cómo no viene Marfisa? 20 Esc. Detrás quedó de aquel monte. Ber. Pues sobre ese risco ponte, y mira si se divisa. Esc. Ella dijo que al momento tras nosotros se vendría. 25 Ber. ¡Extraña es su bizarría! Esc. Y su valor, según siento. Ber. A lo menos su arrogancia, pues la lleva sin parar a sola desafiar 30
JORNADA SEGUNDA p. 192 los doce Pares de Francia; y tengo de acompañalla, que ya se lo he prometido. Esc. En negocio te has metido harto extraño. 5 Ber. ¡Simple, calla! Que siempre es mi intención buscar y ver aventuras. En París están seguras, si se traba esta cuestión, 10 y veré dó llegar puede el valor de aquesta dama. Esc. Llegará donde su fama, que a las mejores excede. Ber. ¿Qué, se nos fue Ferraguto? 15 Esc. Siempre, en cuanto hacía aquel moro, le vi guardar un decoro arrojado y resoluto. Después que mató a Argalia, y en el río le arrojó 20 al momento se partió. Ber. Tiene loca fantasía. Mas dime: ¿no es el que asoma aquel gallardo francés de la pendencia? 25 Esc. Sí es, y es confalonier de Roma. Ber. ¿No es Roldán? Esc. Roldán es, cierto. Ber. Ahora quiero probarlo, 30 pues nadie podrá estorbarlo en este solo desierto.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 193 ¡Qué pensativo que viene! ¿No parece que algo busca? Esc. Todo el sentido le ofusca amor que en el pecho tiene. Ber. ¿Cómo lo sabes? 5 Esc. ¿No viste que la pendencia dejó, y tras la dama corrió que allí se mostró tan triste? Ber. ¡Ah, Roldán, Roldán! 10 Rol. ¿Quién llama? Ber. Desciende acá, y lo verás. Rol. ¡Oh Angélica!, ¿dónde estás? Esc. ¿Ves si le abrasa su llama? Rol. ¿Qué me quieres, caballero? 15 Ber. ¿No me conoces? Rol. No, cierto. Esc. Bien en lo que digo acierto: él es de amor prisionero. Haré yo una buena apuesta 20 que está puesto en tal abismo, que no sabe de sí mismo. Ber. ¿Hay cosa que iguale a ésta? ¿Qué, no me conoces? Rol. No. 25 Ber. Pues yo te conozco a ti. ¿No eres Roldán? Rol. Creo que sí. Esc. Mirad si lo digo yo. En “creo” pone si es él; 30 ¡cuál le tiene amor esquivo! Ber. El estar tan pensativo
JORNADA SEGUNDA p. 194 nos muestra su mal crüel. ¡Ah, Roldán, señor, señor! Rol. ¿Habláis conmigo, por dicha? Ber. ¡Esta sí que es gran desdicha! Esc. Como desdicha de amor. 5 ¡Extraño embelesamiento! Rol. ¡Oh Angélica dulce y cara! ¿Adónde escondes la cara, que es gloria de mi tormento? El corazón se me quema, 10 ¡oh Angélica, mi reposo! Esc. De este sermón amoroso, esta Angélica es el tema. Parece que está en ser que puedes desafiarle. 15 Ber. Quisiera yo remediarle, si lo pudiera hacer. Parece Angélica, y va tras ella Roldán; pónese en la tramoya y desaparece, y a la vuelta parece la Mala Fama vestida como diré, con una tunicela negra, 20 una trompeta negra en la mano, y alas negras y cabellera negra. Rol. ¿No es aquél mi cielo, cielos? El es; pero ya se encubre; pues cuando él se me descubre, 25 es porque me cubran duelos. Tras ti voy, nueva Atalanta, que, si quiere socorrerme amor, puede aquí ponerme mil alas en cada planta. 30 Mi sol, ¿dó te transmontaste,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 195 y qué sombra te sucede? Más bien es que en noche quede el que de tu luz privaste. Ber. De aventuras están llenas estas selvas, según veo. 5 Esc. Viendo estoy lo que no creo. Ber. ¡Calla! Esc. No respiro apenas. M. Fam. Detén el paso, senador romano, y aun la intención pudieras detenella, 10 si tras sí, en vuelo presuroso y [vano, no la llevara Angélica la bella. ¿Mas tu consejo y proceder liviano así la entregas, que cebado en ella 15 quieres que quede, ¡oh grave [desventura!, tu clara fama para siempre oscura? La Mala Fama soy, que tiene cuenta con las torpezas de excelentes hombres, 20 para entregarlas a perpetua afrenta, y a viva muerte sus subidos nombres. Mi mano en este libro negro asienta, borrando la altivez de sus renombres, los hechos malos que en el tiempo 25 [hicieron, cuando de amor la vana ley siguieron. Aquí está el grande Alcides, no [cortando de la hidra Lernea las cabezas, 30 sino a los pies de Deyanira hilando, con mujeriles paños y ternezas.
JORNADA SEGUNDA p. 196 Está el rey Salomón; mas no juzgando las diferencias faltas de certezas, sino dando ocasión por mil razones que esté su salvación en opiniones. Uno de aquel famoso triunvirato 5 aquí le tengo escrito y señalado, cuando, a su patria y a su honor [ingrato, cegó en la luz del rostro delicado. En mitad de la pompa y aparato 10 del bélico furor, de miedo armado, los ojos vuelve y ánimo a la nueva Angélica egipciana que le lleva. Es infinito el número que encierran aquestas negras hojas de los hechos 15 de aquellos que su nombre y fama [atierran porque amor sujetó sus duros pechos; y si tú quieres ser de los que yerran, aunque están los renglones tan 20 [estrechos, ancho lugar haré para que escriba tu nombre, y en infamia eterna viva. Vuélvese la tramoya. Rol. Yo mudaré parecer, 25 a pesar de lo que quiero. Ber. ¿Conocéisme, caballero? Rol. ¿Pues no os he de conocer? Bien sé que sois español, y que Bernardo os llamáis. 30 Ber. ¡Gracias a Dios que miráis
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 197 ya sin nublados el sol! Rol. ¿Habéis estado presente al caso de admiración? Ber. Sí he estado. Rol. ¿Y no es gran razón 5 que yo vuelva diferente, siendo una joya la honra que no se puede estimar? Ber. Verdad es; mas por amar no se adquiere la deshonra. 10 Rol. No hay amador que no haga mil disparates, si es fino; mas ya que he cobrado el tino y sanado de mi llaga, mis pasos caminarán 15 por diferente sendero. Entra Marfisa. Mar. Bernardo, ¿no es el guerrero éste a quien llaman Roldán? Ber. El es. Mas ¿por qué lo dices? 20 Man. Porque su fama me fuerza a probar con él mi fuerza, porque tú la solemnices y veas qué compañero te ha dado en mí la fortuna. 25 Rol. ¡No hay cual Angélica alguna en todo nuestro hemisfero! Esc. ¡Por Dios, que se ha vuelto al tema! Rol. Falsa fue aquella visión, y de nuevo el corazón 30 parece que se me quema.
JORNADA SEGUNDA p. 198 Aparece otra vez Angélica, y huye a la tramoya, y vuélvese, y parece la Buena Fama vestida de blanco, con una corona en la cabeza, alas pintadas de varias colores, y una trompeta. ¿Has tornado a amanecer, 5 sol mío? Pues ya te sigo. Esc. Poco ha durado el amigo en su honroso parecer. Mar. Bernardo, ¿qué es lo que veo? Ber. Calla y escucha, y verás 10 misterios. Esc. No digas más, que quiere hablar, según creo. B. Fam. Pues temor de la infamia no ha podido tus deseos volver a mejor parte, 15 vuélvalos el amor de ser tenido en todo el orbe por segundo Marte. En este libro de oro está esculpido, como en mármol o en bronce, en esta [parte, 20 tu nombre y el de aquellos esforzados que dieron a las armas sus cuidados. Aquí, con inmortal, alto trofeo, notado tengo en la verdad que sigo aquel gran caballero Macabeo, 25 guía del pueblo que de Dios fue amigo. Casi a su lado el nombre escrito veo de aquel batallador que fue enemigo de la pereza infame, del que, en suma, puso en igual balanza lanza y 30 [pluma. Tengo otros mil que no puedo contarte,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 199 porque el tiempo y lugar no lo [concede, y porque yo le tenga de avisarte lo que mi voz con mis escritos puede. De ella verás y de ellos levantarte 5 sobre el altura que aun al cielo excede, si dejas de seguir del niño ciego la blandura y regalo y dulce fuego. Huye, Roldán, de Angélica, y advierte que, en seguir la belleza que te inflama, 10 la vida pierdes, y granjeas la muerte, perdiendo a mí, que soy la Buena Fama. Deben estas razones convencerte, pues Marte a nombre sin igual te llama, amor a un abatido. En paz te queda, 15 y lo que te deseo te suceda. Vuélvese la tramoya. Rol. Bien sé que de Malgesí son todas estas visiones. Ber. Pues dime: ¿a qué te dispones? 20 Mar. De espanto, no estoy en mí. Mal dije; de admiración, que espanto jamás le tuve. Rol. Corto de manos anduve con una y otra visión; 25 si pedazos las hiciera, no me dejaran confuso. Mas volverán: que es su uso asaltarme dondequiera. Respondiendo, pues, Bernardo, 30 a lo que me preguntaste,
JORNADA SEGUNDA p. 200 digo que no hay mar que baste templar el fuego en que ardo. Y quedaos en paz los dos, porque ir de aquí me conviene. Mar. ¡Extremado brío tiene! 5 Ber. Dios vaya, Roldán, con vos. Mar. Vilo, y no puedo creello: tal es lo que visto habemos. Ber. Por el camino podremos hacer discurso sobre ello. 10 Esc. ¿En fin vamos a París? Ber. ¿Ya no te he dicho que sí? Mar. Yo, a lo menos. Esc. Por allí hay camino, si advertís. 15 Ber. Los caballos, ¿dónde están? Esc. Aquí junto. Ber. Ve por ellos. Esc. Allá subiréis en ellos. Mar. ¡Pensativo iba Roldán! 20
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 201 JORNADA TERCERA Salen Lauso y Corinto, pastores. Lau. En el silencio de la noche, cuando ocupa el dulce sueño a los mortales, la pobre cuenta de mis ricos males 5 estoy al cielo y a mi Clori dando. Y al tiempo cuando el sol se va [mostrando por las rosadas puertas orientales, con gemidos y acentos desiguales, 10 voy la antigua querella renovando. Y cuando el sol de su estrellado [asiento derechos rayos a la tierra envía, el llanto crece, y doblo los gemidos. 15 Vuelve la noche, y vuelvo al triste [cuento, y siempre hallo en mi mortal porfía al cielo sordo, a Clori sin oídos. Cor. ¿Para qué tantas endechas? 20 Lauso amigo, déjalas, pues mientras más dices, más, siempre menos te aprovechas. Yo tengo el corazón negro por Clori y por sus desdenes; 25 mas, pues no me vienen bienes, ya con los males me alegro. Clori y la nueva pastora, ajenas de nuestros males,
JORNADA TERCERA p. 202 con voces claras e iguales, venían cantando ahora. Al encuentro les salgamos, y ayudemos su canticio: que tanto llorar es vicio, 5 si bien lo consideramos. Lau. ¿Viene Rústico con ellas? Cor. No se les quita del lado. Lau. ¡Ah pastor afortunado! Ni quiero oírlas, ni vellas. 10 Cor. Eso ya no puede ser, que veslas, vienen allí; canta por amor de mí. Lau. Procúralas de entender. Entra Clori cantando, y Rústico con ellas, y Angélica. 15 [Clo.] --¡Bien haya quien hizo cadenitas, cadenas; bien haya quien hizo cadenas de amor! ¡Bien haya el acero 20 de que se formaron, y los que inventaron amor verdadero! ¡Bien haya el dinero de metal mejor; 25 bien haya quien hizo cadenas de amor! Lau. ¡Bien haya el amante que a tantos vaivenes, iras y desdenes, 30 firme está y constante!
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 203 Este se adelante al rico mayor. ¡Bien haya quien hizo cadenas de amor! Rús. ¡Oh quién supiera cantar! 5 Cor. ¿Qué, no lo sabes, pastor? Rús. Ni contralto, ni tenor, que estoy para reventar. Cor. Mas ¿va que tienes agallas? Muestra; abre bien la boca, 10 que esta cura a mí me toca; abre más, si he de curallas. Ven acá. ¡Mal hayas tú y el padre que te engendró! Rús. ¿Pues qué culpa tengo yo? 15 Cor. ¡Ofrézcote a Belcebú! ¿Y no has caído en la cuenta de que tenías agallas? Rús. ¿Pues hay más sino sacallas? Clo. Esta burla me contenta: 20 que, puesto que bien le quiero, que le burlen me da gusto. Cor. Yo te sacaré, a tu gusto, o cantor, o pregonero. ¿Tienes algún senojil? 25 Rús. Una ligapierna tengo, y buena. Cor. Ya me prevengo a hacerte cantor sutil. Aquésta poco aprovecha: 30 que, para este menester, izquierda tiene de ser,
JORNADA TERCERA p. 204 que no vale la derecha. ¿Qué me darás, y te haré cantor subido y notable? Rús. En la paga no se hable, que un novillo te daré. 5 La liga izquierda es aquésta; tómala, y pon diligencia en mostrar aquí tu ciencia. Cor. Dios sabe cuánto me cuesta. Mas con esta liga y lazo 10 saldré muy bien con mi intento. Rús. Hacia esta parte las siento. Cor. Déjame atar; quita el brazo. ¿Con qué voz quieres quedar: tiple, contralto, o tenor? 15 Rús. Contrabajo es muy mejor. Cor. Ese no te ha de faltar mientras tratares conmigo. Ten paciencia, sufre y calla; ya se ha quebrado una agalla. 20 Rús. ¡Que me ahogas, enemigo! Cor. Contralto quedas, sin duda, que la voz lo manifiesta, ......................... pues aun ahora está en muda; 25 a otro estirón que le dé, estará como ha de estar. Rús. Ladrón, ¿quiéresme ahogar? Cor. No lo sé; mas probaré. Clo. ¡Acaba; la burla baste! 30 Rús. ¡A mí semejantes burlas! Cor. Rústico, ¿de mí te burlas,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 205 que no me pagas y vaste? ¡Pues a fe que has de llevar comida y sobrecomida! Todo, amigo, se comida a ayudarme a este cantar: 5 “Corrido va el abad por el cañaveral. Corrido va el abad, corrido va y muy mohíno, porque, por su desatino, 10 cierto desastre le vino que le hizo caminar por el cañaveral. Confiado en que es muy rico, no ha caído en que es borrico; 15 y por aquesto me aplico a decirle este cantar: por el cañaveral.” Parece Reinaldos por la montaña. Lau. La burla ha estado, a lo menos, 20 como al sujeto conviene. Ang. ¡Otra vez mi muerte viene! ¡Abrid, tierra, vuestros senos, y encerradme en ellos luego! Lau. ¿De qué, pastora, te espantas? 25 Ang. ¡A vosotras, tiernas plantas, mi vida o mi muerte entrego! Entrase Angélica huyendo. Clo. Lauso, vámonos tras ella, a ver qué le ha sucedido. 30
JORNADA TERCERA p. 206 Lau. A tu voluntad rendido estoy siempre, ingrata bella. Entrase todos, y quédase Corinto. Cor. Quedar quiero, a ver quién es este pensativo y bravo. 5 El ademán yo le alabo; mas ¿si es paladín francés? Rei. O le falta al amor conocimiento, o le sobra crueldad, o no es mi pena igual a la ocasión que me condena 10 al género más duro de tormento. Pero si amor es dios, es argumento que nada ignora, y es razón muy buena que un dios no sea cruel. ¿Pues quién [ordena 15 el terrible dolor que adoro y siento? Si digo que es Angélica, no acierto: que tanto mal en tanto bien no cabe, ni me viene del cielo esta rüina. Presto habré de morir, que es lo más 20 [cierto: que, al mal de quien la causa no se sabe, milagro es acertar la medicina. Cor. ¡Ta, ta! De amor viene herido; bien tenemos que hacer. 25 Rei. ¿Qué, no quieres parecer, oh bien, por mi mal perdido? ¿Has visto, pastor, acaso, por entre aquesta espesura, un milagro de hermosura 30 por quien yo mil muertes paso?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 207 ¿Has visto unos ojos bellos que dos estrellas semejan, y unos cabellos que dejan, por ser oro, ser cabellos? ¿Has visto, a dicha, una frente 5 como espaciosa ribera, y una hilera y otra hilera de ricas perlas de Oriente? Dime si has visto una boca que respira olor sabeo, 10 y unos labios por quien creo que el fino coral se apoca. Di si has visto una garganta que es columna de este cielo, y un blanco pecho de hielo, 15 do su fuego amor quebranta, y unas manos que son hechas a torno de marfil blanco, y un compuesto que es el blanco do amor despunta sus flechas. 20 Cor. ¿Tiene, por dicha, señor, ombligo aquesa quimera, o pies de barro, como era la de aquel rey Donosor? Porque, a decirte verdad, 25 no he visto en estas montañas cosas tan ricas y extrañas y de tanta calidad. Y fuera muy fácil cosa, si ellas por aquí anduvieran, 30 por invisibles que fueran, verlas mi vista curiosa.
JORNADA TERCERA p. 208 Que una espaciosa ribera, dos estrellas y un tesoro de cabellos, ¡qué sonoro!, ¿dónde esconderse pudiera? Y el sabeo olor que dices, 5 ¿no me llevara tras sí? Porque en mi vida sentí romadizo en mis narices. Mas, en fin, decirte quiero lo que he hallado, y no ser terco. 10 Rei. ¿Qué son? Habla. Cor. Tres pies de puerco y unas manos de carnero. Rei. ¡Oh hi de puta, bellaco!; pues ¿con Reinaldos de burlas? 15 Cor. De mis donaires y burlas siempre tales premios saco. Entrase huyendo Corinto. Suena dentro esta voz de Angélica: Ang. ¡Socorredme, Reinaldos, que me 20 [matan! ¡Mira que soy la sin ventura Angélica! Rei. La voz es ésta de mi amada diosa. ¿Adónde estás, tesoro de mi alma, única al mundo en hermosura y gracia? 25 La triste barca del barquero horrendo pasaré por hallarte, y al abismo, cual nuevo Orfeo, bajaré llorando, y romperé las puertas de diamante. Ang. ¡Moriré si te tardas; date prisa! 30 Rei. ¿Qué camino he de hacer, amada mía?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 209 ¿Estás en las entrañas de la tierra, o enciérrante estas peñas en su centro? Doquier que estás te buscaré, viviendo, o ya desnudo espíritu sin carne. Salen dos sátiros que traen a Angélica como 5 arrastrando, con un cordel a la garganta. Ang. ¡Socorredme, Reinaldos, que me [matan! Rei. No corráis mas; volved, ligeras plantas, que no os va menos que la vida en esto. 10 ¡Miserable de mí! ¿Quién me detiene? ¿Quién mis pies ha clavado con la tierra? ¡Verdugos infernales, deteneos; no añudéis el cordel a la garganta que es basa donde asienta y donde 15 [estriba el cielo de hermosura sobrehumana! ¡Miserable de mí cien mil vegadas, que no puedo moverme ni dar paso! Canalla infame, ¿para qué os dais prisa 20 a acabar esa vida de mi vida, a oscurecer el sol que alumbra el mundo? ¡Tate, traidores, que apretáis un cuello adonde el amor forma tales voces, que el mal desmenguan y la gloria 25 [aumentan del venturoso que escucharlas puede! ¡Oh, que la ahogan! ¡Socorredla, cielos, pues yo no puedo! ¡Oh sátiros lascivos! ¿Cómo tanta belleza no os ablanda? 30 Vanse los sátiros.
JORNADA TERCERA p. 210 Ya dieron fin a su crüel empresa; muerta queda mi vida, muerta queda la esperanza que en pie la sostenía. Ahora os moveré, pies, sin provecho; otra vez y otras mil soy miserable; 5 ahora, pies, me llevaréis do vea la imagen de la muerte más hermosa que vieron ni verán ojos humanos; ¡oh pies, al bien enfermos y al mal sanos! Llégase Reinaldos a Angélica. 10 ¿Es posible que ante mí te mataron, dulce amiga? ¿Y es posible que se diga que yo no te socorrí? ¿Que es posible que la muerte 15 ha sido tan atrevida, que acabó tu dulce vida con trance amargo y tan fuerte? ¿Y que mi ventura encierra tanta desventura y duelo, 20 que hoy tengo de ver mi cielo puesto debajo la tierra? ¿Qué antropófagos, qué escitas contra ti se conjuraron, y qué manos te acabaron 25 sacrílegas y malditas? Sin duda, el infierno todo fue en tan desdichada empresa: que así lo afirma y confiesa de tu muerte el triste modo. 30 Mas yo le moveré guerra,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 211 si es que me alcanza la vida en tu triste despedida para vivir en la tierra. ¿Yo vivir? Démoste ahora sepultura, ¡oh ángel bello!, 5 y después me veré en ello cuando se llegue la hora. Será de azada esta daga, que abrirá la estrecha fuesa, y daráse en ello priesa, 10 porque ha de hacer otra llaga. Brazo en valor sin segundo, trabajad con entereza para enterrar la riqueza mayor que ha tenido el mundo. 15 Vuestro afán, y no mi celo, parece que en esto yerra, si he de sacar tanta tierra, que venga a cubrir el cielo. La tierra te sea liviana, 20 extremo de la beldad que crio en cualquier edad la naturaleza humana. El tesoro desentierra el que halla algún tesoro; 25 mas yo sigo otro decoro, que cubro el mío con tierra. Esta parte es concluida; otra falta, y concluiráse, si bien el alma costase, 30 como ha de costar la vida. Otra sepultura esquiva
JORNADA TERCERA p. 212 abriréis, daga, en mi pecho, con que daréis fin a un hecho que por luengos siglos viva. Mi cuerpo, mi dulce y bella, quede en esta tierra dura, 5 cual piedra de sepultura, que dice quién yace en ella. ¡Ea, cobarde francés, morid con bríos ufanos, pues no os ataron las manos 10 como os ligaron los pies! Vase a dar Reinaldos con la daga; sale Malgesí en su misma figura, y detiénele el brazo, diciendo: Mal. No hagas tal, hermano amado, porque, en este desconcierto, 15 antes que no verte muerto, quiero verte enamorado. Aquesa enterrada y muerta no es Angélica la bella, sino sombra o imagen de ella, 20 que su vista desconcierta. Para volverte en tu ser hice aquesta semejanza: que el amor sin esperanza no suele permanecer. 25 Mas pues es tal tu locura, que aun sin ella perseveras, mira, para que no mueras, vacía la sepultura. Rei. ¿Que estos sobresaltos das 30 al que tienes por hermano?
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 213 Hechicero, mal cristiano; mas tú me lo pagarás. Pues lo sabes, ¿por qué gustas de tratarme de este modo? Mal. Porque te extremas en todo, 5 y a ningún medio te ajustas. Ven, y pondréte en la mano a Angélica, y no fingida. Rei. Seréte toda mi vida humilde, obediente hermano. 10 Entranse todos. Suena una trompeta bastarda lejos, y entran en el teatro Carlomagno y Galalón. Car. ¿Qué trompeta es la que suena? ¿Si es acaso otra aventura 15 que nos ponga en desventura, que la otra no fue buena? Bien lo dijo Malgesí; mas yo, incrédulo y cristiano, tuve su aviso por vano, 20 y crédito no le di. Otra vez suena. ¿No habrá quien nos avise qué es esto? Gal. Yo te lo diré bien presto. Car. Mejor éste lo dirá. 25 Entra un paje. Paje. Por San Dionís han entrado dos apuestos caballeros que parecen forasteros, pero de esfuerzo sobrado: 30
JORNADA TERCERA p. 214 uno mayor y robusto, otro mancebo y galán. Gal. ¿Dónde llegan? Paje. Llegarán. Mas miradlos, si os da gusto, 5 que veis do asoman allí. Entra Marfisa y Bernardo a caballo. Car. ¡Bravo ademán y valiente! Gal. ¡Qué gran número de gente que traen los dos tras de sí! 10 Car. Pondré yo que es desafío. Gal. El continente así muestra. Car. ¿Dónde está ahora la diestra de Roldán? Gal. ¡Ah, señor mío! 15 ¿Faltan en tu corte iguales a Roldán? Car. Yo no lo sé. Calla, que hablan. Gal. Sí haré. 20 Car. Si dijeras desiguales... Mar. Escúchame, Carlomagno, que yo hablaré como alcance mi voz hasta tus orejas, por más que estemos distantes; 25 y denme también oídos tus famosos doce Pares, que yo les daré mis manos cada y cuando que gustaren. Una mujer soy que encierra 30 deseos en sí tan grandes,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 215 que compiten con el cielo, porque en la tierra no caben. Soy más varón en las obras que mujer en el semblante; ciño espada y traigo escudo, 5 huyo a Venus, sigo a Marte; poco me curo de Cristo; de Mahoma no hay hablarme; es mi Dios mi brazo solo, y mis obras, mis penates. 10 Fama quiero y honra busco, no entre bailes ni cantares, sino entre acerados petos, entre lanzas y entre alfanjes. Y es fama que las que vibran 15 y las que ciñen tus Pares, vuelan y cortan más que otras regidas de brazos tales. Por probar si esto es verdad, vivos deseos me traen, 20 y a todos los desafío, pero a singular certamen; y para que no se afrenten de una mujer que esto hace, mi nombre quiero decirles: 25 soy Marfisa, y esto baste. Ber. En el padrón de Merlín va Marfisa a aposentarse, donde esperará tres días el deseado combate; 30 y si tantos acudieren que no puedan despacharse,
JORNADA TERCERA p. 216 ella desde aquí me escoge y elige por su ayudante. Soy caballero español, de prendas y de linaje, y quizá el mismo deseo 5 de Marfisa aquí me trae. Y entended que el desafío ha de ser a todo trance, porque grandes honras deben comprarse a peligros grandes. 10 Mar. Decid que deje Roldán amorosos disparates: que con Venus y Cupido se aviene mal el dios Marte. Lo que el español ha dicho 15 lo confirmo, y porque es tarde y el padrón no está muy cerca, el Dios que adoráis os guarde. Car. ¿Hay, por dicha, Galalón, en París otros Roldanes? 20 ¿Hay otro alguno que pueda con Reinaldos igualarse? Si los hay, ¿cómo han callado, oyendo desafiarse? ¡Oh, mal hubieses, Angélica, 25 que tantos males me haces! Colgados de tu hermosura todos mis valientes traes; solo han dejado a París, sólo por ir a buscarte. 30 Gal. Mientras vive Galalón, ninguno podrá agraviarte;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 217 y mañana con las obras haré mis dichos verdades. Dame licencia, señor, porque al punto vaya a armarme. Car. No hay para qué me la pida 5 quien es de los doce Pares. Entranse. Entran Ferraguto y Roldán riñendo, con las espadas desnudas. Rol. Tú le mataste, y fue alevosamente, 10 moro español, sin fe y sin Dios nacido. Fer. Tu falsa lengua como falso miente, y mentirá mil veces, y ha mentido. Rol. ¿No fue maldad echarle en la corriente del río? 15 Fer. Muy bien puede del vencido hacer el vencedor lo que quisiere. Rol. De tu falso argüir eso se infiere. No te retires, bárbaro arrogante, que quiero castigar tu alevosía. 20 Fer. Si me retiro, fanfarrón de Aglante, el paso, sí; la voluntad no es mía. Por Mahoma te juro, y Trivigante, que no sé quién me impele y me [desvía 25 de tu presencia, ¡oh paladín gallardo! Rol. Con ésta acabarás, que ya me tardo. Retírase Ferraguto, y, puesto en la tramoya, al tirarle Roldán una estocada, se vuelva la tramoya, y parece en ella Angélica, y Roldán echándose a los pies 30 de ella; al punto que se inclina se vuelve la tramoya,
JORNADA TERCERA p. 218 y parece uno de los sátiros, y hállase Roldán abrazado con sus pies. Rol. ¿Qué milagros son éstos, Dios [inmenso? ¿Es piedad del amor esta que veo? 5 Arrójome a tus pies, y en esto pienso que satisfago en todo a mi deseo. Coge, amada enemiga, el fruto y censo que estos labios te dan, y por trofeo ponga amor en su templo que un 10 [Orlando está tus bellas plantas adorando. De ámbar pensé, mas no es sino de [azufre el olor que despiden estas plantas. 15 ¿Adónde tanto engaño, amor, se sufre, o quién puede formar visiones tantas? Esta veré si esta estocada sufre. Vuélvese la tramoya y parece Malgesí en su forma. Mal. Primo, ¿qué, no te enmiendas ni te 20 [espantas? Rol. ¡Oh Malgesí! Hazaña ha sido aquésta que mi amor y tu ciencia manifiesta. Mas dime: ¿de qué sirven tantas [pruebas 25 para ver que estoy loco y que me [pierdo, sabiendo que el estilo que tú llevas ni le cree ni le admite el hombre [cuerdo? 30 Mal. Ven conmigo, Roldán; daréte nuevas
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 219 de tu bien por tu mal. Rol. ¡Oh, sabio acuerdo! Llévame, primo, en presuroso vuelo de este infierno de ausencia a ver mi cielo. Mal. Arrima las espaldas a esa caña, 5 los ojos cierra y de Jesús te olvida. Rol. Grave cosa me pides. Mal. Date maña, que importa a tu contento esta venida. Rol. ¿Estoy bien puesto? 10 Mal. Bien. Rol. Jesús me valga, aunque jamás con esta empresa [salga. Vuélvese la tramoya con Roldán, salen Bernardo 15 y Marfisa, y suena dentro una trompeta. Ber. Trompeta y caballos siento, y, según mi parecer, paladín debe de ser, que viene al padrón contento 20 y seguro de alcanzar de ti, Marfisa, el trofeo. Mar. A pie viene, a lo que veo. Ber. ¿Pues quién le hizo apear? Mar. Lo que a nosotros. ¿No ves 25 que aquí caballo no llega? Ber. Sin duda es de la refriega; que me parece francés. Entra Galalón armado de peto y espaldar. Gal. Sálveos Dios, copia dichosa, 30
JORNADA TERCERA p. 220 tan bella como valiente. Ber. Dios te salve y te contente. Mar. ¡Salutación enfadosa! Sálveme mi brazo a mí, y conténteme mi fuerza. 5 Gal. Vuestro desafío me fuerza y mueve a venir aquí. Mar. Dime si eres paladín. Gal. Paladín digo que soy. Ber. ¿Partiste de París hoy? 10 Gal. Anoche. Ber. ¿Pues a qué fin? Gal. No más de a ver si hay que ver en ti y la bella Marfisa. Ber. Tú te has dado buena prisa. 15 Gal. Conviene, porque hay que hacer. Mar. ¿Qué tienes que hacer? Gal. Venceros, y dar a París la vuelta. Ber. Si cual tienes lengua suelta, 20 tienes agudos aceros, bien saldrás con tu intención. Mas dime: ¿cómo es tu nombre? Gal. Diréoslo, porque os asombre: es mi nombre Galalón, 25 el gran señor de Maganza, de los doce el escogido. Ber. Días ha que yo he sabido que eres una buena lanza, un crisol de la verdad, 30 un abismo de elocuencia, un imposible de ciencia,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 221 un archivo de lealtad. Mar. Contra la razón te pones, Bernardo, porque la fama por todo el mundo derrama que éste es saco de traiciones, 5 y aun enemigo mortal de todos los paladines, malsín sobre los malsines, mentiroso y desleal, y, sobre todo, cobarde. 10 Gal. A la prueba me remito, y vengamos al conflito, que se va haciendo tarde. Empero si queréis iros sin comenzar esta empresa, 15 yo os juro y hago promesa de eternamente serviros y de no desenvainar en contra vuestra mi espada. Ber. Promesa calificada 20 y muy digna de estimar. Mar. Dame la mano, que quiero aceptarte por amigo. Gal. Doyla, porque siempre sigo proceder de caballero. 25 ¡Cuerpo de quien me parió, que los huesos me quebrantas! Mar. ¿Pues de esto poco te espantas? Gal. De menos me espanto yo. De modo vas apretando, 30 que se acerca ya mi fin. Ber. ¿Un famoso paladín
JORNADA TERCERA p. 222 así se ha de estar quejando, porque le dé una doncella la mano por gran favor? Gal. ¿Esta es doncella? Es furor, es rayo que me atropella, 5 es de mi vida el contraste, pues que ya me la ha quitado. Mar. ¡Por Dios, que se ha desmayado! Ber. ¿Cómo, y tanto le apretaste? Mar. La mano le hice pedazos. 10 Ber. ¡Oh desdichado francés! Mar. Quitarle quiero el arnés, pues viene sin guardabrazos, y ponerle por trofeo colgado de alguna rama, 15 con un mote que su fama descubra, como deseo. Pero fáltanme instrumentos con que ponerlo en efecto. Malgesí dice de dentro: 20 Mal. No faltarán, te prometo, pues sé tus buenos intentos. Esos ministros que envío cumplirán tu voluntad. Ber. ¡Oh qué extraña novedad! 25 Mar. ¿Quién sabe el intento mío? Los versos dicen lo mismo que imaginé en mi intención. ¿Si llevan a Galalón estos diablos al abismo? 30 Gal. Ya yo entiendo que aquí andas;
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 223 a ti digo, Malgesí. Di: ¿no hallaste para mí otro coche ni otras andas? Llévanle los sátiros en brazos a Galalón. Mar. Di cómo dice el trofeo; 5 quizá yo no lo he entendido. Ber. Agudo está y escogido. Mar. Léelo en voz. Ber. En voz lo leo. “Estar tan limpio y terso aqueste acero, 10 con la entereza que por todo alcanza, nos dice que es, y es dicho verdadero, del señor de la casa de Maganza.” Estas selvas está cierto que están llenas de aventuras. 15 Mar. Quedado habemos a oscuras, por el sol que se ha encubierto; y entretanto que él visita los antípodas de abajo, demos al sueño el trabajo 20 que el reposo solicita. A esta parte dormiré; tú, Bernardo, duerme a aquélla, hasta que salga la estrella que a Febo guarda la fe. 25 Y si en aquestos tres días no vinieren paladines, buscaremos otros fines de más altas bizarrías. Ber. Bien dices; aunque el sosiego 30 pocas veces le procuro,
JORNADA TERCERA p. 224 con todo, a este peñón duro el sueño y cabeza entrego. Echase a dormir. Sale por lo hueco del teatro Castilla, con un león en la una mano, y en la otra un castillo. 5 Cast. ¿Duermes, Bernardo amigo, y aun de pesado sueño, como el que de cuidados no procede? ¿Huyes de ser testigo de que un extraño dueño 10 tu amada patria sin razón herede? ¿Esto sufrirse puede? Advierte que tu tío, contra todo derecho, forma en el casto pecho 15 una opinión, un miedo, un desvarío que le mueve a hacer cosa ingrata a ti, infame a mí, y dañosa. Quiere entregarme a Francia, temeroso que, él muerto, 20 en mis despojos no se entregue el moro, y está en esta ignorancia de mi valor incierto y de ese tuyo sin igual que adoro. No mira que el decoro 25 de animosa y valiente, sin cansancio o desmayo, que me infundió Pelayo, he guardado en mi pecho eternamente, y he de guardar contino, 30 sin que pavor le tuerza su camino.
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 225 Ven, y con tu presencia infundirás un nuevo corazón en los pechos desmayados; curarás la dolencia del rey, que, ciego al cebo 5 de pensamientos en temor fundados, sigue vanos cuidados, tan en deshonra mía, que, si tú no me acorres, y luego me socorres, 10 huiré la luz del sol, huiré del día, y en noche eterna oscura lloraré sin cesar mi desventura. Por oculto camino del centro de la tierra 15 te llevaré, Bernardo, al patrio suelo. Ven luego, que el destino propicio tuyo, encierra tú en tu brazo tu honra y mi consuelo. Ven, que el benigno cielo 20 a tu favor se inclina. Llevaré a tu escudero por el mismo sendero. Y tú, sin par, que aspiras a divina, procura otras empresas, 25 que es poco lo que en éstas interesas. Nadie en esta querella batallará contigo, que tras sí se les lleva la hermosura de Angélica la bella, 30 común fiero enemigo de los que en esto ponen su ventura.
JORNADA TERCERA p. 226 Y está cierta y segura que dentro en pocos años verás extrañas cosas, amargas y gustosas, engaños falsos, ciertos desengaños. 5 Y en tanto, en paz te queda, y así cual lo deseo te suceda. Entrase Castilla con Bernardo por lo hueco del teatro. Mar. Selvas de encantos llenas, ¿qué es aquesto que veo? 10 ¿Qué figuras son estas que se ofrecen? ¿Son malas, o son buenas? Entre creo y no creo me tienen estas sombras que parecen; admiraciones crecen 15 en mí, no ningún miedo. Lleváronme a Bernardo, y aquí sin causa aguardo. Ir quiero a do mostrar mi esfuerzo [puedo. 20 Vuelto me he en un instante; derecha voy al campo de Agramante. Corinto, pastor, y Angélica como pastora. Cor. Digo que te llevaré, si fuese a cabo del mundo. 25 Ang. En tu valor sin segundo sé bien que bien me fie. Cor. Haya guelte, y tú verás si te llevo do quisieres. Ang. Mira tú cuánto pudieres, 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 227 que eso mismo gastarás: que tengo joyas que son de valor y parecer. Cor. ¿Y adónde se han de vender? Ang. Allí está la confusión. 5 Cor. No reparar en el precio: que, cuando hay necesidad, es punto de habilidad dar la cosa a menos precio. Y más, que todo lo allana 10 un buen ingenio cursado. ¿Y cuándo has determinado que partamos? Ang. Yo, mañana. Cor. Daremos de aquí en Marsella, 15 y allí nos embarcaremos, y el camino tomaremos para España, rica y bella. Y en saliendo del estrecho, tomar el rumbo a esta mano 20 por el mar profundo y cano que tantas burlas me ha hecho. Digo que si naves hay, y en el viento no hay reveses, en menos de trece meses 25 yo te pondré en el Catay. ¿Quieres más? Ang. Eso me basta, si así lo ordenase el cielo. Cor. Aunque me ves de este pelo, 30 soy marinero (en) de casta, y nado como un atún,
JORNADA TERCERA p. 228 y descubro como un lince, y trabajo más que quince, y más que veinte, y aún. Pues en el guardar secreto, haz cuenta que mudo soy. 5 ¿Quieres que nos vamos hoy? Entra Reinaldos. Ang. ¡Oh nuevo y terrible aprieto! Si éste me conoce, es cierta mi muerte y mi sepultura. 10 Cor. Pues encubre tu hermosura, si es que puede estar cubierta. Pero dime: ¿que éste es el francés del otro día? ¡A Dios, pastoraza mía, 15 que está mi vida en mis pies! Huye Corinto. Ang. No es acertado esperalle; muy mejor será hüir. Rei. ¿Sabrásme, amiga, decir 20 de un rostro, donaire y talle que es, más que humano, divino? Alza el rostro. ¿A qué te encubres, que parece que descubres un no sé qué peregrino? 25 Alza a ver. ¡Oh santos cielos! ¿Qué es esto que ven mis ojos? ¡Oh gloria de mis enojos, o quietud de mis recelos! ¿Quién os puso en este traje? 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 229 ¿Huísos? Pues, ¡vive Dios!, ingrata, que he de ir tras vos hasta que al infierno baje o hasta que al cielo me encumbre, si allá os pensáis esconder: 5 que el tino no he de perder, pues va delante tal lumbre. Corre Angélica y entra por una puerta, y Reinaldos tras ella, y, al salir por otra, haya entrado Roldán, y encuentra con ella. 10 [Rol.] De mi dolor conmovido, te ha puesto el cielo en mis brazos. Rei. Suelta, que te haré pedazos, amante descomedido; suelta, digo, y considera 15 la grosería que haces. Rol. ¿Para qué turbas mis paces, sombra despiadada y fiera? ¿No ves que esta prenda es mía de razón y de derecho? 20 Rei. ¡Por Dios, que te pase el pecho! Ang. ¡Suerte airada, estrella impía! Rei. ¿Fiaste en ser encantado, que no quieres defenderte? Rol. No fío sino en tenerte 25 por un simple enamorado. Rei. ¡Mataréte, vive el cielo! Rol. Si puedes, luego me acaba. Rei. ¿Hay desvergüenza tan brava? Rol. ¿Hay tan necio y simple celo? 30 Ang. ¿Hay hembra tan sin ventura
JORNADA TERCERA p. 230 como yo? Dúdolo, cierto. ¡Suelta, crüel, que me has muerto a manos de tu locura! Rei. ¡Suéltala, digo! Rol. ¡No quiero! 5 Rei. ¡Defiéndete, pues! Rol. ¡Ni aqueso! Rei. ¡Loco estás! Rol. Yo lo confieso; aunque de estar cuerdo espero. 10 Ang. Divididme en dos pedazos, y repartid por mitad. Rol. No parto yo la beldad que tengo puesta en mis brazos. Rei. Dejarla tienes entera, 15 o la vida en estas manos. Ang. ¡Oh hambrientos lobos tiranos, cuál tenéis esta cordera! El cielo se viene abajo, de mi angustia condolido. 20 Rol. ¡Oh salteador atrevido, cuán sin fruto es tu trabajo! Descuélgase la nube y cubre a todos tres, que se esconden por lo hueco del teatro, y salen luego el emperador Carlomagno y Galalón la mano en una 25 banda, lastimada cuando se la apretó Marfisa. Car. ¿Qué, vencisteis a Marfisa? Gal. Llegué y vencí todo junto, porque yo no pierdo punto si acaso importa la prisa. 30 Maltratóme aquesta mano de un bravo golpe de espada,
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 231 de que quedó magullada, porque fue el golpe de llano. Car. ¿Qué se hizo el español? Gal. Como vio en mí a toda Francia, se deshizo su arrogancia 5 como las nubes al sol. También le dejé vencido. Car. ¡Brava hazaña, Galalón! Gal. Hazaña de un corazón que es de ti favorecido. 10 Car. ¿Quién es éste? Gal. Malgesí. Car. ¡Oh! ¡A qué buen tiempo que viene! Parece que se detiene. ¿Viene armado? 15 Gal. Creo que sí. Entra Malgesí con el escudo de Galalón, donde vienen escritos los cuatro versos de antes. Car. ¡Extraña armadura es ésta, oh Malgesí, caro amigo! 20 Gal. La ciencia de este enemigo, honra y vida y más me cuesta. Mal. Señor, pues sabéis leer, leed aquesta escritura. Gal. Mi cobardía se apura, 25 si más quiero aquí atender. Irme quiero a procurar venganza de este embaidor. Entra Galalón. Mal. Después os diré, señor, 30
JORNADA TERCERA p. 232 cosas que os han de admirar. Car. ¿Adónde queda Roldán, y adónde queda Reinaldos? Mal. Sacro emperador, miraldos de la manera que están. 5 Vuelven a salir Roldán, Reinaldos y Angélica, de la misma manera como se entraron cuando les cubrió la nube. Rei. Mi trabajo doy al viento, por más que mi fuerza empleo. 10 Rol. Reinaldos, no soy Anteo, que me ha de faltar aliento. Ang. ¡Cobardes como arrogantes, de tal modo me tratáis, que no es posible seáis 15 ni caballeros ni amantes! Mal. Vuelve la vista, emperador supremo; verás el genio de París rompiendo los aires y las nubes, paraninfo despachado del cielo en favor tuyo. 20 Car. ¡Hermosa vista y novedad es ésta! Parece un ángel en una nube volante. Angel. Préstame, Carlo, atento y grato oído, y escucha del divino acuerdo cuanto tiene en tu daño y gusto estatuido 25 allá en las aulas del alcázar santo. Presto estos campos con marcial rüido retumbarán, y con horror y espanto volverá las espaldas la cristiana a la gente agarena y africana. 30
DE LA CASA DE LOS CELOS p. 233 En honor de Macón y Trivigante, con torcida y errada fantasía, viste las duras [armas] Agramante, y deja Ferraguto a Andalucía. Rodamonte feroz viene delante; 5 sus fuertes moros Zaragoza envía, con Marsilio, su rey y el rey Sobrino, tan prudente, que casi es adivino. Queda Libia desierta, sin un moro; de Africa quedan solas las mezquitas, 10 y todos a una voz tus lirios de oro afrentan con palabras inauditas. Mas tú, guardando el sin igual decoro que guardas en empresas exquisitas, sal al encuentro luego a esta canalla, 15 puesto que perderás en la batalla. Pero después la poderosa mano ayudarte de modo determina, que del moro español y el africano seas el miedo y la total rüina. 20 Vuelvo con esto al trono soberano, a ver si en tu favor se determina de nuevo alguna cosa, y en un punto tendrás mi vista y el aviso junto. Vase. 25 Car. ¡Gracias te doy, Dios inmenso, por el aviso y merced! Rol. Pues ella cayó en mi red, gozarla, sin duda, pienso. Rei. ¿Todavía estás en eso? 30 Rol. ¿Y tú en eso todavía?
JORNADA TERCERA p. 234 Car. De vuestra loca porfía he de sacar buen suceso, y ha de ser de esta manera: aquesta dama llevad, y al momento la entregad 5 al gran duque de Baviera; y el que más daño hiciere en el contrario escuadrón, llevará por galardón la prenda que tanto quiere. 10 Rol. Soy contento. Rei. Soy contento. Rol. ¡Morirán luego a mis manos andaluces y africanos! Mal. ¡Vano saldrá vuestro intento! 15 Rol. ¡Despedazaré a Agramante y a su ejército en un punto! Cuéntenle ya por difunto. Mal. No te alargues, arrogante, que Dios dispone otra cosa, 20 como en efecto verás. Rol. ¡Oh Agramante! ¿Dónde estás? Rei. ¡Por mía cuento esta diosa! Cuando con victoria vuelvas, crecerá tu gusto y fama, 25 que por ahora nos llama fin suspenso a nuestras selvas. Suenan chirimías, y dase fin a la comedia.
p. 235 COMEDIA FAMOSA DE LOS baños de Argel. Hablan en esta comedia las personas siguientes: Cauralí, capitán de Un cautivo. 5 Argel. Don Lope y Vivanco, Yzuf, renegado. cautivos. Cuatro moros, que se Hazén, renegado. señalan: Moro l, 2, Carahoja, moro. 3, 4. Hazán Bajá, rey de 10 Un viejo. Argel, y el cadí. Juanico , y Francisquito, Halima, mora. sus hijos. Zahara, mora. Un sacristán. Tres moros pequeños. Costanza, cristiana. Ambrosio. 15 Capitán cristiano. La S. Catalina. Dos arcabuceros Un judío. cristianos. Osorio. Don Fernando. Guillermo, pastor. Guardián Bají. 20 JORNADA PRIMERA Cauralí, capitán de Argel; Yzuf, renegado; otros cuatro moros, que se señalan así: l, 2, 3, 4. Yzuf. De en uno en uno y con silencio ve que ésta es la trocha, y el lugar es éste, 25
JORNADA PRIMERA p. 236 y a la parte del monte más se atengan. Cau. Mira, Yzuf, que no yerres, y te cueste la vida el no acertar. Yzuf. Pierde cuidado; haz que la gente el hierro y fuego 5 [apreste. Cau. ¿Por dó tienes, Yzuf, determinado que demos el asalto? Yzuf. Por la sierra, lugar que, por ser fuerte, no es guardado. 10 Nací y crecí, cual dije, en esta tierra, y sé bien sus entradas y salidas y la parte mejor de hacerle guerra. Cau. Ya vienen las escalas prevenidas, y están las atalayas hasta ahora 15 con borrachera y sueño entretenidas. Yzuf. Conviene que los ojos de la aurora no nos hallen aquí. Cau. Tú eres el todo; guía, y embiste, y vence. 20 Yzuf. Sea en buen ora, y no se rompa en cosa alguna el modo que tengo dado, que con él, sin duda, a daros la victoria me acomodo, primero que socorro alguno acuda. 25 Entranse. Suena dentro vocería de moros, enciéndese hachos, pónese fuego al lugar, sale un viejo a la muralla medio desnudo, y dice: [Viejo.] ¡Válgame Dios! ¿Qué es esto? 30 ¿Moros hay en la tierra?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 237 ¡Perdidos somos, triste! ¡Vecinos, que os perdéis; al arma, al De los atajadores [arma! la diligencia ha sido aquesta vez burlada; 5 las atalayas duermen, todo es sueño. ¡Oh si mis prendas caras, cual un cristiano Eneas, sobre mis flacos hombros sacase de este incendio a luz segura! 10 ¿Qué, no hay quien grite al arma? ¿No hay quien haga pedazos esas campanas mudas? ¡A socorreros voy, amados hijos! Entrase. 15 Sale el sacristán a la muralla con una sotana vieja y un paño de tocar. Sac. Turcos son, en conclusión. ¡Oh torre, defensa mía!, ventaja a la sacristía 20 hacéis en esta ocasión. Tocar las campanas quiero, y gritar aprisa al arma; Toca la campana. el corazón se desarma 25 de brío, y de miedo muero. Ningún hacho en la marina ninguna atalaya enciende, señal do se comprehende ser cierta nuestra rüina. 30
JORNADA PRIMERA p. 238 Como persona aplicada a la Iglesia, y no al trabajo, mejor meneo el badajo que desenvaino la espada. Torna a tocar, y éntrase. 5 Salen al teatro Cauralí, Yzuf y otros dos moros. Yzuf. Por esta parte acudirán, sin duda, los que del monte quieran ampararse; sosiégate, y verás medrosa y muda gente que viene por aquí a salvarse; 10 y antes que aquella del socorro acuda, conviene que se acuda al retirarse. Cau. ¿Los bajeles no están bien a la orilla? Mor. 1. Y estibados de gusto y de mancilla. Sale el viejo que salió a la muralla, con un niño en 15 brazos medio desnudo y otro pequeño de la mano. Pad. ¿Adónde os llevaré, pedazos vivos de mis muertas entrañas? Sí, a ventura tendría, antes que fuésedes cautivos, veros en una estrecha sepultura. 20 Cau. De aquesos tus discursos pensativos te sacará mi espada, que procura, sin acudir al gusto de tu muerte, darte la vida y ensalzar mi suerte. Fran. ¿Para qué me sacó, padre, del lecho? 25 ¡Que me muero de frío! ¿Adónde [vamos? Llégueme a mí como a mi hermano al [pecho. ¿Cómo tan de mañana madrugamos? 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 239 Pad. ¡Oh de este inútil tronco ya y deshecho, tiernos, amables y hermosos ramos! No sé dó voy; aunque, si bien se [advierte, de este camino el fin será mi muerte. 5 Cau. Llévalos tú, Bairán, a la marina, y mira bien que esté la armada a punto, porque, según os muestra la bocina, la esposa de Titón ya viene junto. Entrase el viejo; sale el sacristán. 10 Pad. Huir el mal que el cielo determina, es trabajo excusado. Sac. Yo barrunto, si el cielo mi agudeza no socorre, que estaba más seguro yo en mi torre. 15 ¿Quién me engañó? Y más si, a dicha, [yerro el camino o atajo de la sierra. Cau. ¡Camina, perro, a la marina! Sac. ¿Perro? 20 Ahora sé que fue mi madre perra. Cau. Aguija tú con él, y zarpe el ferro la capitana, y vaya tierra a tierra, hasta la cala donde dimos fondo. Entrase el moro y el sacristán. 25 [Yzuf.] ¿Qué (es lo que) dices, Cauralí? Mor. 2. Yo no respondo. Yzuf. Escucha, Cauralí, que me parece que una trompeta a mis oídos suena. Cau. Sin duda, es el temor el que te ofrece 30
JORNADA PRIMERA p. 240 el son que tus bravezas desordena. Yzuf. Toca tú a recoger, que ya amanece, y está tu armada de despojos llena, y creo que el socorro se avecina. ¡A la marina! 5 Cau. ¡Hola, a la marina! Entranse. Suena una trompeta bastarda; salen cuatro moros uno tras otro, cargados de despojos. Mor. 1. Aunque la carga es poca, es de 10 [provecho. Mor. 2. Yo no sé lo que llevo; pero vaya. Mor. 3. Lo que hasta aquí está hecho, está [bien hecho. Mor. 4. ¡Permita Alá que esté libre la playa! 15 Sale un moro con una doncella llamada Costanza, medio desnuda. Cos. Saltos el corazón me da en el pecho; falta el aliento, el ánimo desmaya. Llévame más despacio. 20 Mor. ¡Aguija, perra, que el mar te aguarda! Cos. ¡A Dios, mi cielo y tierra! Entrase Costanza; sale uno a la muralla. Uno. ¡A la marina, a la marina, amigos, 25 que los turcos se embarcan muy [apriesa! Si aguijáis, dejarán los enemigos la mal perdida y mal ganada presa.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 241 Entra un arcabucero cristiano. Arc. Sólo habremos llegado a ser testigos de que Troya fue aquí. Otro. Fortuna aviesa, pon alas en mis pies, fuego en mis 5 [manos. Otro. Nuestros ahíncos han salido vanos, porque ya los turcos son [embarcados, y en jolito se están cerca de tierra. 10 Entra el capitán cristiano. Cap. ¡Oh! ¡Mal hayan mis pies, acostumbrados, más que a la arena, a riscos de la [sierra! ¿Qué han hecho los jinetes? 15 Uno. Desmayados llegaron los caballos tierra a tierra, a tiempo que zarpaban las galeras, y tras ellos llegaron tres banderas. Los dos atajadores de la playa 20 muertos hallé de arcabuzazos, creo. La oscuridad disculpa al atalaya del mísero suceso que aquí veo. Otro. ¿Qué habemos de hacer? Cap. La gente vaya 25 tomando por el monte algún rodeo, y embósquese en la cala allí vecina, por ver lo que el corsario determina. Uno. ¿Qué ha de determinar, si no es [tornarse 30
JORNADA PRIMERA p. 242 a Argel, pues que su intento ha [conseguido? Cap. ¿Quién puede a tan gran hecho [aventurarse? Otro. Si él es Morato arráez, es atrevido; 5 cuanto más, que bien puede imaginarse que de algún renegado fue traído, práctico de esta tierra. Cap. De ésta hay uno que en ser traidor no se le iguala alguno. 10 ¿Adónde está mi hermano? Uno. Llegó apenas, cuando, despavorido y sin aliento, se arrojó en el lugar. Cap. Hallará estrenas 15 triste[s] de su esperado casamiento. Parece en la muralla don Fernando. D. Fer. Puntas de cristal claro, y no de almenas, murallas de bruñido y rico argento que guardasteis un tiempo mi esperanza, 20 ¿dónde hallaré, decidme, a mi [Costanza? Techos que vomitáis llamas teosas, calles de sangre y lágrimas cubiertas, ¿adónde de mis glorias ya dudosas 25 está la causa, y de mis penas ciertas? Descubre, ¡oh sol!, tus hebras luminosas; abre ya, aurora, tus rosadas puertas; dejadme ver el mar, donde navega el bien que el cielo por mi mal me niega. 30 Cap. Vámosle a socorrer, no desespere,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 243 que en lo que dice da de loco indicio. Uno. Bien dices; vamos, que su mal requiere fuerte y apresurado beneficio. Entranse. D. Fer. Mas ¿qué digo, cuitado? Bien se infiere 5 de las reliquias de este maleficio que va cautiva mi querida prenda, y es bien que a darle libertad atienda. Entrase don Fernando, y parece el capitán en la muralla con otro soldado. 10 Desde aquel risco levantado quiero hacer señal; quizá querrá el vil moro trocar la hermosura por dinero, a quien no pagará ningún tesoro. Cap. Ya no está aquí mi hermano; el dolor 15 [fiero temo que no le saque del decoro que debe a ser quien es. ¡Oh caso extraño! Uno. Señor, por allí va, si no me engaño. Entranse el capitán, sale don Fernando, y va subiendo 20 por un risco. D. Fer. Subid, ¡oh pies cansados!; llegad a la alta cumbre de esta encumbrada y rústica aspereza, si ya de mis cuidados 25 la inmensa pesadumbre no os detiene en mitad de su maleza. Ya a descubrir se empieza la máquina terrible
JORNADA PRIMERA p. 244 que con ligero vuelo la carga de mi cielo lleva en su vientre tragador y horrible; ya las alas extiende, ya le ayudan los pies, ya al curso atiende. 5 No será de provecho esta señal que muestro de rescate, de paz y de alianza, ni la voz de mi pecho, aunque a gritar me adiestro, 10 ha de alcanzar do mi deseo alcanza. ¡Ah, mi amada Costanza! ¡Ah, dulce, honrada esposa! No apliques los oídos a ruegos descreídos, 15 ni a la fuerza agarena poderosa os entreguéis rendida, que aún yo para la vía tengo vida. Volved, volved, tiranos, que de vuestra codicia 20 ofrezco de llenar con gusto y gloria los senos, y las manos, ajenas de avaricia, sin duda aumentarán vuestra victoria. Volved, que es vil escoria 25 cuanto lleváis robado, si no lleváis los dones que os ofrezco a montones en cambio de mi sol, que va eclipsado entre las pardas nubes 30 que tú del mar, ¡oh blando cierzo!, subes. De Arabia todo el oro,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 245 del Sur todas las perlas, la púrpura de Tiro más preciosa, con liberal decoro ofrezco, aunque el tenerlas os venga a parecer dificultosa. 5 Si me volvéis mi esposa, un nuevo mundo ofrezco, con todo cuanto encierra todo el cielo y la tierra. Locuras digo; mas, pues no merezco 10 alcanzar esta palma, llevad mi cuerpo, pues lleváis mi alma. Arrójase del risco. Sale el guardián Bají y un cautivo con papel y tinta. 15 Guar. ¡Hola! ¡Al trabajo, cristianos! No quede ninguno dentro; así enfermos como sanos, no os tardéis, que, si allá entro, pies os pondrán estas manos. 20 Que trabajen todos quiero, ya papaz, ya caballero. ¡Ea, canalla soez! ¿Heos de llamar otra vez? Sale un cautivo, y van saliendo de mano en mano 25 los que pudieren. Uno. Yo quiero ser el primero. Guar. Este a la leña le asienta; éste vaya a la marina; ten en todo buena cuenta; 30
JORNADA PRIMERA p. 246 treinta [a] aquel burche encamina, y a la muralla sesenta; veinte al horno, y diez envía a casa de Cauralí. Y abrevia, que se va el día. 5 Esc. Por cuarenta envió el cadí; dárselos es cortesía. Guar. Y aun fuerza. En eso no pares; enviarás otros dos pares a los ladrillos de ayer. 10 Esc. Para todos hay que hacer, aunque fueran dos millares. ¿Dónde irán los caballeros? Guar. Déjalos hasta mañana, que serán de los primeros. 15 Esc. ¿Y si pagan? Guar. Cosa es llana que hay sosiego do hay dineros. Esc. Yo con ellos me avendré, de modo que se te dé 20 gusto y honesta pitanza. Guar. Despacha a la maestranza. Esc. Ve con Dios, que sí haré. Entrase. Salen don Lope y Vivanco cautivos, con sus cadenas 25 a los pies. D. Lop. Ventura, y no poca, ha sido haber escapado hoy del trabajo prevenido. Viv. Cuando no trabajo, estoy 30 más cansado y más molido.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 247 Para mí es grave tormento este estrecho encerramiento, y es alivio a mi pesar ver el campo o ver la mar, pues yo en verlo me atormento. 5 D. Lop. Porque la melancolía que es no tener libertad encierra en el alma mía: quiere triste soledad más que alegre compañía. 10 Trabajar y no comer, bien fácil se echa de ver que son pasos de la muerte. Sale un cristiano cautivo que viene huyendo del guardián, que viene tras él dándole de palos. 15 Guar. ¡Oh chufetre! ¿De esta suerte siempre os habéis de esconder? Que os criasteis en regalo, inútil perro, barrunto. Cris. ¡Por Dios, fende, que estoy malo! 20 Guar. Pues yo os curaré en un punto con el sudor de este palo. Cris. Con calentura contina, que me turba y desatina, estoy ha más de dos días. 25 Entranse, dándole de palos, estos dos. Guar. ¿Y por eso te escondías? Cris. Sí, fende. Guar. ¡Perro, camina! D. Lop. ¡Por Dios, que es un buen soldado, 30
JORNADA PRIMERA p. 248 y no lo hace de vicio el mísero apaleado! Viv. Mirad, pues, qué beneficio ha en su enfermedad hallado. ¿No es notable desatino 5 que está un cautivo vecino a la muerte, y no le creen? Y cuando muerto le ven, dicen: “¡Gualá, que el mezquino estaba malo, sin duda!” 10 ¡Oh canalla fementida, de toda piedad desnuda! ¿Quién, al perder de la vida, queréis que al mentir acuda? De nuestra calamidad 15 con vuestra incredulidad la muerte es testigo cierto; más creéis a un hombre muerto, que al vivo de más verdad. D. Lop. Alza los ojos, y atiende 20 a aquella parte, Vivanco, y mira si comprehende tu vista que un paño blanco de una luenga caña pende. Parece una caña, atado un paño blanco en ella, 25 con un bulto. Viv. Bien dices, y atado está. Quiérome llegar allá para ver esta hazaña. ¡Por Dios, que se alza la caña! 30 D. Lop. Ve; quizá se abajará.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 249 Viv. No es para mí esta aventura, don Lope; ven tú a probarla, que no sé quién me asegura que han de venir a alcanzarla las manos de tu ventura. 5 D. Lop. Algún muchacho habrá puesto cebo o lazo allí dispuesto para cazar los vencejos. Viv. No está hondo, ni está lejos; ven, y verémoslo presto. 10 ¿No ves cómo se te inclina la caña? ¡Vive el Señor, que ésta es cosa peregrina! D. Lop. En el trapo está el favor. Viv. Si es favor, desata aína. 15 D. Lop. Once escudos de oro son; entre ellos viene un doblón que parece necesario paternóster del rosario. Viv. ¡Bien propia comparación! 20 D. Lop. La caña se tornó a alzar. ¿Qué maná del cielo es ésta? ¿Qué Abacuc nos vino a dar en nuestra prisión la cesta de este que es más que manjar? 25 Viv. ¿Por qué, don Lope, no acudes a dar gracias y saludes a quien hizo esta hazaña? ¡Oh caña, de hoy más no caña, sino vara de virtudes! 30 D. Lop. ¿A quién quieres que las dé, si en aquella celosía
JORNADA PRIMERA p. 250 estrecha nadie se ve? Viv. Pues alguien aquesto envía. D. Lop. Claro está; mas quién, no sé. Quizá será renegada cristiana la que se agrada 5 de mostrarse compasiva, o ya cristiana cautiva en esta casa encerrada. Mas, quienquiera que ella sea, es bien que las apariencias 10 de agradecidos nos vea: hazle dos mil reverencias, porque nuestro intento crea; yo a lo morisco haré ceremonias, por si fue 15 mora la que hizo el bien. Entra Hazén, renegado. D. Lop. Calla, porque viene Hazén. Viv. ¡Noramala venga el pe...! Las dos erres y la o 20 me como contra mi gusto. D. Lop. Creo, por Dios, que te oyó. Viv. Si él me oyó, por Dios, fue justo no acabar su nombre yo. Haz. Con vuestras dos firmas solas 25 pisaré alegre y contento las riberas españolas; llevaré propicio el viento, manso el mar, blandas sus olas. A España quiero tornar, 30 y a quien debo confesar
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 251 mi mozo y antiguo yerro; no como Yzuf, aquel perro que fue a vender su lugar. Dales un papel escrito. Aquí va cómo es verdad 5 que he tratado a los cristianos con mucha afabilidad, sin tener en lengua o manos la turquesca crüeldad; cómo he a muchos socorrido; 10 cómo, niño, fui oprimido a ser turco; cómo voy en corso, pero que soy buen cristiano en lo escondido, y quizá hallaré ocasión 15 para quedarme en la tierra, para mí, de promisión. D. Lop. Es la enmienda en el que yerra arras de su salvación. Echaremos de buen grado 20 las firmas que nos pedís, que ya está experimentado ser verdad cuanto decís, Hazén, y que sois honrado. Y quiera el cielo divino 25 que os facilite el camino como vos lo deseáis. Viv. A mucho os determináis. Haz. Pues a más me determino: que he de procurar alzar 30 la galeota en que voy.
JORNADA PRIMERA p. 252 D. Lop. ¿Cómo lo pensáis trazar? Haz. Ya con otros cuatro estoy convenido. Viv. Temo azar, si es que entre muchos se sabe: 5 que no hay cosa que se acabe aquí en Argel sin afrenta cuando a muchos se da cuenta. Haz. En los que digo, más cabe. D. Lop. ¿Sabrías decir, Hazén, 10 quién mora en aquella casa? Haz. ¿En aquélla? Viv. Sí. Haz. Muy bien. Un moro de buena masa, 15 principal y hombre de bien, y rico en extremo grado; y, sobre todo, le ha dado el cielo una hija tal, que de belleza el caudal 20 todo en ella está cifrado. Muley Maluco apetece ser su marido. D. Lop. Y el moro, ¿qué dice? 25 Haz. Que la merece, no por rey, mas por el oro que en la dote el rey ofrece: que en esta nación confusa que dé el marido se usa 30 la dote, y no la mujer. Viv. ¿Y ella está del parecer
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 253 del padre? Haz. No lo rehúsa. D. Lop. ¿Está acaso alguna esclava, ya renegada o cristiana, en esta casa? 5 Haz. Una estaba años ha, llamada Juana. Sí, sí; Juana se llama[ba], y el sobrenombre tenía, creo, que de Rentería. 10 D. Lop. ¿Qué se hizo? Haz. Ya murió, y a aquesta mora crio que denantes os decía. Ella fue una gran matrona, 15 archivo de cristiandad, de las cautivas corona; no quedó en esta ciudad otra tan buena persona. Los tornadizos lloramos 20 su falta, porque quedamos ciegos sin su luz y aviso. Por cobrarla el cielo, quiso que la perdiesen sus amos. D. Lop. Vete en paz, y aquesta tarde 25 ven por tus firmas, Hazén. Vase. Entrase Hazén. Haz. La Trinidad toda os guarde. Viv. Bien podemos de este bien 30 hacer otra vez alarde.
JORNADA PRIMERA p. 254 ¿Cuántos son? D. Lop. ¿Once no dije? Pero lo que aquí me aflige, es no ver [a] quien los dio. Viv. ¿Quién? Para mí tengo yo 5 que fue aquel que el cielo rige, que por no vistos caminos su pródiga mano acorre a los míseros mezquinos; y así a nosotros socorre, 10 aunque de tal gracia indignos. Parece la caña otra vez con otro paño de más bulto. Mira que otra vez asoma la caña. D. Lop. Trabajo toma 15 de ir a ver si se te inclina. Viv. Aquesta pesca es divina, aunque sea de Mahoma. Mas, apenas muevo el pie hacia allá, cuando levantan 20 la caña, y no sé por qué; si es que de mí se espantan, díganlo, y me volveré. Para ti, amigo, se guarda esta ventura gallarda; 25 ven, y veremos lo que es; y no empereces los pies, que, si el bien llega, no tarda. Inclínase la caña a don Lope, y desata el paño. D. Lop. Más peso tiene, a mi ver, 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 255 que el de denantes aquéste. Viv. Más numos debe de haber. D. Lop. ¡Ta, ta, billetico es éste! Viv. ¿Quiéresle ahora leer? Mira si es oro o argento, 5 primero, que de contento estoy para reventar. ¿Que no lo queréis mirar? Pónese don Lope a leer el billete, y antes que le acabe de leer, dice: 10 D. Lop. ¡Por Dios, que pasan de ciento, y son los más de a dos caras! Viv. ¿Para qué a leer te paras? A contarlos te apresura. D. Lop. Cierto que es esta aventura 15 rarísima entre las raras. Viv. ¿Qué es lo que dice el papel? D. Lop. En lo poco que he leído, milagros he visto en él. Viv. Oye, que siento rüido. 20 D. Lop. Gente viene de tropel; en el rancho nos entremos, adonde a solas podremos ver lo que el billete dice. Viv. ¿Despedístete? 25 D. Lop. Sí hice. Viv. Desorejado tenemos. Sale el guardián Bají y un moro llamado Carahoja, y un cristiano atadas las orejas con un paño sangriento, como que las trae cortadas. 30 Car. ¿No os dije, perro insensato,
JORNADA PRIMERA p. 256 que, si huíades por tierra, que os haría aqueste trato? Cris. Es grande el gusto que encierra voz de libertad. Car. ¡Oh ingrato! 5 Por la mar te he aconsejado que huyas; más tú, malvado, que en los estorbos no miras, siempre a huir por tierra aspiras. Cris. Hasta quedar enterrado. 10 Car. Tres veces por tierra ha huido este perro, y treinta doblas di [a] aquellos que le han traído. Cris. Si las prisiones no doblas, haz cuenta que me has perdido: 15 que, aunque me desmoches todo, y me pongas de otro modo peor que éste en que me veo, tanto el ser libre deseo, que a la fuga me acomodo, 20 por la tierra o por el viento, por el agua y por el fuego: que, a la libertad atento, a cualquier cosa me entrego que me muestre este contento. 25 Y, aunque más te encolerices, respondo a lo que me dices, que das en mi huida cortes, que no importa el ramo cortes, si no arrancas las raíces. 30 Si no me cortas los pies, al huirme no hay reparo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 257 Guar. Carahoja, ¿éste no es español? Car. ¿Pues no está claro? ¿En su brío no lo ves? Guar. Por Alá, que, aunque esté muerto, 5 estás de guardarlo incierto. ¡Entrate, perro, a curar! Aquéste le habrás de dar a la limosna. Car. Está cierto. 10 Entrase el cristiano. Guar. Oye, que un tiro han tirado en la mar. Car. No le he sentido. Entra un cautivo. 15 Caut. Fendi, Cauralí es llegado, y viene, según he oído, rico, próspero y honrado; y el rey sale a la marina, que ver allí determina 20 los cautivos y el despojo. Guar. ¿Quieres venir? Car. Yo estoy cojo. Guar. Pues poco a poco camina. Entranse. 25 Vuelven a salir don Lope y Vivanco. Viv. Léele otra vez, que me admira la sencillez que contiene y el grande intento a que aspira.
JORNADA PRIMERA p. 258 D. Lop. Mira bien si alguno viene, y a esta parte te retira. El billete dice así; en toda mi vida vi razones así sencillas. 5 ¡Estas son tus maravillas, gran Señor! Viv. Acaba, di. Lee el billete don Lope: [D. Lop.] “Mi padre, que es muy rico, tuvo 10 por cautiva a una cristiana que me dio leche y me enseñó todo el cristianesco. Sé las cuatro oraciones, y leer y escribir, que ésta es mi letra. Díjome la cristiana que Lela Marién, 15 a quien vosotros llamáis Santa María, me quería mucho, y que un cristiano me había de llevar a su tierra. Muchos he visto en ese baño por los agujeros de esta celosía, y ninguno me ha 20 parecido bien, sino tú. Yo soy hermosa, y tengo en mi poder muchos dineros de mi padre. Si quieres, yo te daré muchos para que te rescates, y mira tú cómo podrás llevarme a tu 25 tierra, donde te has de casar conmigo; y cuando no quisieres, no se me dará nada: que Lela Marién tendrá cuidado de darme marido. Con la caña me podrás responder cuando esté el baño 30 sin gente. Envíame a decir cómo te
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 259 llamas, y de qué tierra eres, y si eres casado, y no te fíes de ningún moro ni renegado. Yo me llamo Zara, y Alá te guarde.” ¿Qué te parece? 5 Viv. Que el cielo se nos descubre en la tierra en este tan santo celo. D. Lop. Sin duda, en Zara se encierra toda la bondad del suelo. 10 Viv. Quizá nos está mirando. Vuelve, y haz de cuando en cuando señales de agradecido. Mas ¿en qué te has suspendido? D. Lop. La respuesta estoy pensando. 15 Viv. ¿Pues hay más que responder, sino que harás todo cuanto fuere al caso menester? Entra Hazén. D. Lop. Hazén vuelve. 20 Haz. Estimo en tanto el bien que me habéis de hacer, que, hasta tenerle en mi pecho, no puedo tener sosiego. Vuélvele el papel. 25 D. Lop. Amigo Hazén, ya está hecho, y así como yo os lo entrego con gusto, os haga el provecho. Viv. ¿Es verdad que ya ha llegado
JORNADA PRIMERA p. 260 Cauralí? Haz. Ya se ha mostrado al cabo de Metafús. D. Lop. ¿En qué piensas? Haz. Ahora, ¡sus!, 5 yo he de ver al renegado y decirle de mí a él quién es. Viv. ¿Por Yzuf dirás? Haz. Por ese perro crüel 10 digo. D. Lop. Pues muy mal harás en tomarte, Hazén, con él. Viv. Déjale; Dios le maldiga. Haz. El alma se me fatiga 15 en ver que este perro infame su sangre venda y derrame como si fuera enemiga. Dios me ayude, a Dios quedad, que jamás no me veréis, 20 y Dios os dé libertad. Viv. ¡Mirad, Hazén, lo que hacéis! Entrase Hazén. Haz. ¡Dios mueve mi voluntad! Viv. ¿Apostaréis que se toma, 25 según la ira le doma, con Yzuf? D. Lop. Ya le acabase, porque del suelo quitase este rayo de Mahoma. 30 ¿No será bien que escribamos,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 261 por si otra vez se aparece esta estrella que miramos? Viv. Así a mí me lo parece ya, y ahora. D. Lop. Vamos. 5 Viv. Vamos. Entranse. Sale Azán Bajá, rey de Argel, y el cadí y Carahoja, y Hazén, el guardián Bají y otros moros de acompañamiento; suenan chirimías y grita de desembarcar. 10 Bajá. ¡Bueno viene Cauralí! De alegría da gran muestra. ¿Qué dices, guardián Bají? Guar. De su industria y de su diestra siempre estos efectos vi; 15 es valiente, y fue guiado por un bravo renegado. Bajá. ¿No fue Yzuf? Guar. Yzuf se llama, a quien pregona la fama 20 por buen moro y buen soldado. Entran Cauralí e Yzuf. Cau. Dame tus pies, fuerte Azán, como mi rey y señor. Bajá. Mis pies por jamás se dan 25 a labios de tal valor y a tan bravo capitán. Del suelo os alzad. Yzuf. A mí darás lo que a Cauralí 30 niegas con justa razón.
JORNADA PRIMERA p. 262 Bajá. De entrambos mis brazos son. Cadí. Y también los del cadí. En buen hora seas venido. Cau. En la misma estés. Cadí. Pues bien: 5 ¿haos España enriquecido? Porque lo suele hacer bien con el corsario atrevido. Yzuf. Mi pueblo se saqueó, y, aunque poca, en él se halló 10 ganancia y algún cautivo. Haz. ¡Oh más que Nerón esquivo, ni al que a Sicilia asoló! Bajá. Haz venir alguno de ellos en mi presencia, y advierte 15 que sean de los más bellos. Cau. Yo mismo, por complacerte, quiero ir, señor, a traellos. Entrase Cauralí. Bajá. ¿Cuántos serán? 20 Yzuf. Ciento y veinte. Bajá. ¿Hay entre ellos buena gente para el remo? ¿Hay oficiales? Yzuf. Yo creo que vienen tales, que el más ruin más te contente. 25 Cadí. ¿Hay muchachos? Yzuf. Dos no más; pero de belleza extraña, como presto lo verás. Cadí. Hermosos los cría España. 30 Yzuf. Pues de ésto[s] te admirarás.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 263 Y son, a lo que imagino, uno y otro mi sobrino. Cadí. Hasles hecho un gran favor. Haz. ¿Qué tal hiciste, traidor, alma fiera de Ezino? 5 Vuelve Cauralí con el padre, que trae al niño de la mano y otro chiquito en los brazos que no ha de hablar, y vienen asimismo el sacristán, don Fernando y otros dos cautivos. Cau. De aquestos dos niños, creo 10 que este honrado viejo es padre. Yzuf. El mío en su rostro veo. Bajá. ¿Viene cautiva su madre? Cau. No, señor. Cadí. Este no es feo. 15 Bajá. Son muy chiquitos. Cau. Con todo, con el tiempo me acomodo, sin que lo estorbe su Roma, dar dos pajes a Mahoma 20 que le sirvan a su modo. Pad. ¡Cuitado! ¿Qué es lo que escucho? Cadí. Llegad éste acá. Pad. Señor, no nos aparte; ya lucho 25 con los brazos del temor, y venceránme, que es mucho. Cau. Este es un desesperado, que él mismo al mar se arrojó ya después de haber zarpado, 30 y un gancho que le eché yo le pescó como pescado.
JORNADA PRIMERA p. 264 Bajá. ¿Pues quién le movió a tal hecho? Cau. Amor que reina en su pecho de un hijo que él se temía que en nuestra armada venía. Bajá. Y el muchacho, ¿qué se ha hecho? 5 Yzuf. No parece. Cadí. ¿Cómo así? Cau. Debió de quedarse allá. D. Fer. ¡Ay Costanza! ¿Qué es de ti? Bajá. ¿Qué es lo que dices? 10 D. Fer. ¡Quizá en el lugar le perdí! Bajá. Cordura fuera buscarle primero, y, al no hallarle, el rescate lo suplía; 15 y fue mala granjería el perderte por ganarle. Este, ¿quién es? Cau. No sé cierto. Caut. ¿Yo, señor? Soy carpintero. 20 Haz. ¡Oh cristiano poco experto! No te sacará el dinero de esta tormenta a buen puerto. El que es oficial, no espere, mientras que vida tuviere, 25 verse libre de estas manos. Cau. ¿Vendrán todos los cristianos? Bajá. Muestra alguno, y sea quien fuere. Entra el sacristán. ¿Este es pápaz? 30 Sac. No soy Papa,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 265 sino un pobre sacristán que apenas tuvo una capa. Cadí. ¿Cómo te llaman? Sac. Tristán. Bajá. ¿Tu tierra? 5 Sac. No está en el mapa. Es mi tierra Mollorido, un lugar muy escondido allá en Castilla la Vieja. ¡Mucho este perro me aqueja! 10 ¡Guarde el cielo mi sentido! Bajá. ¿Qué oficio tienes? Sac. Tañer: que soy músico divino, como lo echaréis de ver. 15 Haz. O este pobre pierde el tino, o él es hombre de placer. Bajá. ¿Tocas flauta o chirimía, o cantas con melodía? Sac. Como yo soy sacristán, 20 toco el din, el don y el dan a cualquiera hora del día. Cadí. ¿Las campanas no son esas que llamáis entre vosotros? Sac. Sí, señor. 25 Bajá. Bien lo confiesas: música para nosotros divina es la que profesas. Bajá. ¿No sabrás tirar un remo? Sac. No, mi señor, porque temo 30 reventar: que soy quebrado. Cadí. Irás a guardar ganado.
JORNADA PRIMERA p. 266 Sac. Soy friolero en extremo en invierno, y en verano no puedo hablar de calor. Bajá. Bufón es este cristiano. Sac. ¿Yo búfalo? No, señor: 5 antes soy pobre aldeano. En lo que yo tendré maña, será en guardar una puerta, o en ser pescador de caña. Cadí. Bien tus oficios concierta; 10 no fuérades vos de España. Entra un moro. Moro. Los jenízaros están aguardándote en palacio. Bajá. Vamos. ¡A Dios, capitán!, 15 y veámonos despacio. Cau. ¡Oh qué bien mis cosas van! Entranse todos; quedan Hazén e Yzuf. Escapado he la cristiana; ya la fortuna me allana 20 los caminos de mi bien. Yzuf. Ahora hablaré yo a Hazén. Haz. De hablarte tengo gana. Deja ir a Cauralí, porque los cautivos lleve, 25 y quedémonos aquí. Yzuf. En tus razones sé breve, que tengo que hacer. Haz. Sea así. Dejo aparte que no tengas 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 267 ley con quien tu alma avengas, ni la de gracia ni escrita, ni en iglesia ni en mezquita a encomendarte a Dios vengas. Con todo, de tu fiereza 5 no pudiera imaginar cosa de tanta extrañeza como es venirte a faltar la ley de naturaleza. Con sólo que la tuvieras, 10 fácilmente conocieras la maldad que cometías cuando a pisar te ofrecías las españolas riberas. ¿Qué Falaris agraviado, 15 qué Dionisio embravecido, o qué Catilina airado, contra su sangre ha querido mostrar su rigor sobrado? ¿Contra tu patria levantas 20 la espada? ¿Contra las plantas que con tu sangre crecieron, tus hoces agudas fueron? Yzuf. ¡Por Dios, Hazén, que me espantas! Haz. ¿No te espanta haber vendido 25 a tu tío y tus sobrinos y a tu patria, descreído, y espántate...? Yzuf. Desatinos dices, Hazén fementido. 30 Sin duda que eres cristiano. Haz. Bien dices; y aquesta mano
JORNADA PRIMERA p. 268 confirmará lo que has dicho, poniendo eterno entredicho a tu proceder tirano. Da Hazén de puñaladas a Yzuf. Yzuf. ¡Ay, que me ha muerto! ¡Mahoma, 5 desde luego la venganza, como es tu costumbre, toma! Haz. ¡Tú llevas buena esperanza a los lagos de Sodoma! Vuelve el cadí. 10 Cadí. ¿Qué es esto? ¿Qué grito oí? Haz. ¡Por Dios, que vuelve el cadí! Yzuf. ¡Ay, señor! ¡Hazén me ha muerto, y es cristiano! Haz. Aqueso es cierto: 15 cristiano soy; veisme aquí. Cadí. ¿Por qué le mataste, perro? Haz. No porque éste fue de caza de la vida le destierro, sino porque fue de raza 20 que siempre cazó por yerro. Cadí. ¿Eres cristiano? Haz. Sí soy; y en serlo tan firme estoy, que deseo, como has visto, 25 deshacerme y ser con Cristo, si fuese posible, hoy. ¡Buen Dios, perdona el exceso de haber faltado en la fe, pues, al cerrar del proceso, 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 269 si en público te negué, en público te confieso! Bien sé que aquéste conviene que haga a aquel que te tiene ofendido como yo. 5 Cadí. ¿Quién jamás tal cosa vio? ¡Alto su muerte se ordene! ¡Ponedle luego en un palo! Haz. Mientras yo tuviere aquéste, con quien el alma regalo, 10 lecho será en que me acueste, el tuyo, Sardanapalo. Dame, enemigo, esa cama, que es la que el alma más ama, puesto que al cuerpo sea dura; 15 dámela, que a gran ventura por ella el cielo me llama. Saca una cruz de palo Hazén. No le mudes la intención; buen Jesús, confirma en él 20 su intento y mi petición, que en ser el cadí crüel consiste mi salvación. Cadí. Caminad; llevadle aína, y empaladle en la marina. 25 Haz. Por tal palo, palio espero, y así correré ligero. Moro. ¡Camina, perro, camina! Haz. Cristianos, a morir voy, no moro, sino cristiano: 30 que aqueste descuento doy
JORNADA PRIMERA p. 270 del vivir torpe y profano en que he vivido hasta hoy. En España lo diréis a mis padres, si es que os veis fuera de aqueste destierro. 5 Cadí. ¡Cortad la lengua a ese perro! ¡Acabad con él! ¿Qué hacéis? Carga tú con éste, y mira si ha acabado de expirar. Moro. Paréceme que aún respira. 10 Cadí. Tráele a mi casa a curar. Este suceso me admira; en él se ha visto una prueba tan nueva al mundo, que es nueva aun a los ojos del sol; 15 mas si el perro es español, no hay de qué admirarme deba. Entranse todos. Fin de la primera jornada.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 271 JORNADA SEGUNDA Halima, mujer de Cauralí, y doña Costanza. Hal. ¿Cómo te hallas, cristiana? Cos. Bien, señora: que en ser tuya mucho mi ventura gana. 5 Hal. Que gana más la que es suya, bien se ve ser cosa llana. Al no tener libertad, no hay mal que tenga igualdad; sélo yo, sin ser esclava. 10 Cos. Yo, señora, esto pensaba. Hal. Piensas contra la verdad. Sólo por estar sujeta a mi esposo, estoy de suerte, que el corazón se me aprieta. 15 Cos. Blando del marido fuerte hace la mujer discreta. Hal. ¿Eres casada? Cos. Pudiera serlo, si lo permitiera 20 el cielo, que no lo quiso. Hal. Tu gentileza y aviso corren igual la carrera. Entran Cauralí y don Fernando como cautivo. Cau. Ella es hermosa en extremo; 25 mas llega a su hermosura su riguridad, que temo ya; ¡amor, de esta piedra dura
JORNADA SEGUNDA p. 272 saca el fuego en que me quemo! Hete dado cuenta de esto, para que en mi gusto el resto eches de tu discreción. D. Fer. Más pide la obligación, 5 buen señor, en que me has puesto. Muéstrame tú la cautiva; que, aunque más exenta viva del grande poder de amor, la has de ver de tu dolor, 10 o amorosa, o compasiva. Cau. Vesla allí; y ésta es Halima, mi mujer y tu señora. D. Fer. ¡A fe que es prenda de estima! Hal. Pues, amigo, ¿qué hay ahora? 15 Cau. Más de un ay que me lastima. Hal. ¿Alzase el rey con la presa? Cau. No fuera desdicha aquésa. Hal. ¿Pues qué daño puede haber? Cau. ¿No es mal mandarme volver 20 en corso con toda priesa? Mas Alá lo hará mejor. Aqueste esclavo os presento, que es cristiano de valor. D. Fer. ¿Juzgo, veo, entiendo, siento? 25 ¿Este es esfuerzo, o temor? ¿No están mirando mis ojos los ricos altos despojos por quien al mar me arrojé? ¿No es ésta, que el alma fue, 30 la gloria de sus enojos? Cau. ¿Con quién hablas, di, cristiano?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 273 ¿Por qué no te echas por tierra, y Halima besas la mano? D. Fer. Más acierta el que más yerra, viendo un dolor sobrehumano. Dame, señora, los pies, 5 que este que postrado ves ante ellos, es tu cautivo. Hal. Ahora esclavo recibo que será señor después. ¿Conoces a esta cautiva? 10 D. Fer. No, por cierto. Cos. Bien dijiste; y si de memoria priva un dolor, muera ésta triste, porque olvidada no viva. 15 Pero quizá disimulas, y mentiras acumulas que ser de provecho sientes. Cau. ¿Por qué, hablando entre los dientes, las razones no articulas? 20 D. Fer. ¿Cómo os llamáis? Cos. ¿Yo? Costanza. D. Fer. ¿Sois soltera, o sois casada? Cos. De serlo tuve esperanza. D. Fer. ¿Y estáis ya desesperada? 25 Cos. Aún vive la confianza: que, mientras dura la vida, es necedad conocida desesperarse del bien. D. Fer. ¿Quién fue vuestro padre? 30 Cos. ¿Quién? Un Diego de la Bastida.
JORNADA SEGUNDA p. 274 D. Fer. ¿No estábades concertada con un cierto don Fernando, de sobrenombre de Andrada? Cos. Así es; mas nunca el cuándo llegó de esa suerte honrada: 5 que mi señor Cauralí, del bien que en fe poseí, merced a Yzuf el traidor, trajo de su borrador el original aquí. 10 D. Fer. Señora, trátala bien, porque es mujer principal. Hal. Como ella me sirva bien, no la trataré yo mal. Entra Zahara muy bien aderezada. 15 Zah. Ya queda empalado Hazén. Hal. Señora Zara, ¿qué es esto? No te esperaba tan presto. Zah. No estaba el baño a mi gusto, y víneme con disgusto 20 de aqueste caso funesto. Hal. ¿Pues qué caso? Zah. A Yzuf mató Hazén, y el cadí, al momento, a empalarle sentenció. 25 Vile morir tan contento, que creo que no murió. Si ella fuera de otra suerte, tuviera envidia a su muerte. Cau. ¿Pues no murió como moro? 30 Zah. Dicen que guardó un decoro
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 275 que entre cristianos se advierte, que es el morir confesando al Cristo que ellos adoran. Y estúvemele mirando, y, entre otros muchos que lloran, 5 también estuve llorando, porque soy naturalmente de pecho humano y clemente; en fin, pecho de mujer. Cau. ¿Qué tal te paraste a ver? 10 Zah. Soy curiosa impertinente. Cau. ¿Estarás aquí esta tarde, Zahara? Zah. Sí, porque he de hacer con Halima cierto alarde. 15 Cau. ¿De soldados? Zah. Podrá ser. Cau. Quedad con Alá. Zah. El te guarde. Vase Cauralí. 20 Hal. No te vayas tú, cristiano. Cau. Quédate. D. Fer. Término llano es este de Berbería. Cos. ¡Dichosa desdicha mía! 25 Hal. ¿Por qué? Cos. Porque en ella gano. Zah. ¿Qué ganas? Cos. Un bien perdido que cobré con la paciencia 30 de los males que he sufrido.
JORNADA SEGUNDA p. 276 Zah. ¡Mucho enseña la experiencia! Cos. Mucho he visto, y más sabido. Zah. ¿Nuevos son estos cristianos? Hal. Sus rostros mira y sus manos, que están limpios, y ellas blandas. 5 D. Fer. Saldréme fuera, si mandas. Hal. No tengas temores vanos, porque no tiene recelo de ningún cautivo el moro, ni cristiano le dio celo. 10 Guarda ese honesto decoro para tu tierra. D. Fer. Harélo. Hal. No hay mora que acá se abaje a hacer a algún moro ultraje 15 con el que no es de su ley, aunque supiese que un rey se encubría en ese traje. Por eso nos dan licencia de hablar con nuestros cautivos. 20 D. Fer. ¡Confiada impertinencia! Zah. Matan los bríos lascivos el trabajo y la dolencia, y el gran temor de la pena de la culpa nos refrena 25 a todos: que, según veo, doquiera nace un deseo que un buen pecho desordena. Ven acá; dime, cristiano: ¿en tu tierra hay quien prometa 30 y no cumpla? D. Fer. Algún villano.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 277 Zah. ¿Aunque dé en parte secreta su fe, su palabra y mano? D. Fer. Aunque sólo sean testigos los cielos, que son amigos de descubrir la verdad. 5 Zah. ¿Y guardan esa lealtad con los que son enemigos? D. Fer. Con todos: que la promesa del hidalgo o caballero es deuda líquida expresa, 10 y ser siempre verdadero el bien nacido profesa. Hal. ¿Qué te importa a ti saber su buen o mal proceder de aquéstos, que en fin son galgos? 15 Zah. ¡Haz, oh Alá, que sean hidalgos los que me diste a escoger! Hal. ¿Qué dices, Zara! Zah. Nonada; déjame a solas, si quieres, 20 con esta tu esclava honrada. Hal. ¡Qué amiga de saber eres! Zah. ¿A quién el saber no agrada? Hal. Habla tú con ella, y yo con mi esclavo. 25 Cos. Al fin salió verdad lo que yo temía. ¿Si ha de acabar Berbería lo que España comenzó? Allá comencé a perder, 30 y aquí me he de rematar; porque bien se echa de ver
JORNADA SEGUNDA p. 278 que este apartarse y hablar se funda en un buen querer. Zah. ¿Cómo te llamas, amiga? Cos. Costanza. Zah. ¿Tendrás fatiga 5 de verte sin libertad? Cos. Más, si va a decir verdad, otra cosa me fatiga. Hal. La blandura o la aspereza de las manos nos da muestra 10 de la abundancia o pobreza de vosotros. Muestra, muestra; no las huyas, que es simpleza, porque, si eres de rescate, será ocasión que te trate 15 con proceder justo y blando. Zah. ¿Qué miras? Cos. Estoy mirando un extraño disparate. D. Fer. Señora, a mi amo toca 20 el hacer esa experiencia; aunque a risa me provoca que a tan engañosa ciencia deis creencia mucha o poca; porque hay pobres holgazanes 25 en nuestra tierra galanes y del trabajo enemigos. Hal. Estas manos son testigos de quién eres; no te allanes. Cos. ¡Ay, embustera gitana! 30 En esas rayas que miras está mi desdicha llana.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 279 ¡Qué despacio las retiras, enemigo! Zah. ¿Qué has, cristiana? Cos. ¿Qué tengo de haber? Nonada. Zah. ¿Fuiste, a dicha, enamorada 5 en tu tierra? Cos. Y aun aquí. Zah. ¿Aquí dices? ¿Cómo así? ¿Luego a moro estás prendada? Cos. No, sino de un renegado 10 de fe poca y fe perjura. D. Fer. Harto, señora, has mirado. Zah. Has dado en una locura en que cristiana no ha dado. Amar a cristianos moras, 15 eso vese a todas horas; mas que ame cristiana a moro, eso no. Cos. De ese decoro reniego. 20 Hal. ¿De qué te azoras? Además eres esquivo. D. Fer. Rico, pobre, blando o fuerte, señora, soy tu cautivo, y tengo a dichosa suerte 25 el serlo. Cos. ¡Muriendo vivo! Zah. ¿Que tanto le quieres, triste? ¿Hoy quieres, y ayer viniste? ¡Cómo amor tu pecho enciende! 30 Mas ¿cómo te reprehende la que tan mal le resiste?
JORNADA SEGUNDA p. 280 Lo que en esto siento, amiga, es que me cansa y afana sentir que tu lengua diga que una tan bella cristiana le causa un moro fatiga. 5 Cos. No es sino mora. Zah. Dislates dices; de aqueso no trates, que es locura y vano error. Cos. Son en los casos de amor 10 extraños los disparates. Zah. Bien el que has dicho lo allana. Hal. ¿Qué habláis las dos? Zah. ¡Es de precio y discreta la cristiana! 15 Hal. ¡Pues el cristiano no es necio! Cos. Es de fe perjura y vana. Hal. Entremos, que ya has oído el azar, y el encendido sol demedia su jornada. 20 D. Fer. ¡Oh, por mi bien, prenda hallada! Cos. ¡Oh, por mi mal, bien perdido! Entranse todos. Sale el viejo, padre de los niños, y el sacristán; el viejo con vestido de cautivo, y el sacristán con su mismo 25 vestido y con un barril de agua. Sac. No hay sino tener paciencia y encomendarnos a Dios; porque es necia impertinencia dejarse morir. 30 Viejo. Ya vos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 281 tenéis ancha la conciencia; ya coméis carne en los días vedados. Sac. ¡Qué niñerías! Como aquello que me da 5 mi amo. Viejo. Mal os hará. Sac. ¡Que no hay aquí teologías! Viejo. ¿No te acuerdas, por ventura, de aquellos niños hebreos 10 que nos cuenta la Escritura? Sac. ¿Dirás por los Macabeos, que, por no comer grosura, se dejaron hacer piezas? Viejo. Por ésos digo. 15 Sac. Si empiezas, en viéndome, a predicarme, por Dios, que he [de] deslizarme en viéndote. Viejo. ¿Ya tropiezas? 20 Que no caigas, plega al cielo. Sac. Eso no, porque en la fe soy de bronce. Viejo. Yo recelo que si una mora os da el pie, 25 deis vos de mano a ese celo. Sac. ¿Luego no me han dado ya más de dos lo que quizá otro no lo desechara? Viejo. Dádiva es que cuesta cara 30 a quien la toma y la da. Pero dejémonos de esto.
JORNADA SEGUNDA p. 282 ¿Quién es vuestro amo? Sac. Mamí, un jenízaro dispuesto que es soldado y dabají, turco de nación y honesto. 5 Dabají es cabo de escuadra o alférez, y bien le cuadra el oficio, que es valiente; y es perro tan excelente, que ni me muerde, ni ladra. 10 Y así, a mi desdicha alabo, que, ya que me trajo a ser cautivo, mísero esclavo, vino a traerme a poder de jenízaro, y que es bravo: 15 que no hay turco, rey ni Roque que le mire ni le toque de jenízaro al cautivo, aunque a furor excesivo su insolencia le provoque. 20 Viejo. Más cautiverio y más duelos cupieron a mis dos niños, por crecer mis desconsuelos. Conservad a estos armiños en limpieza, ¡oh limpios cielos!, 25 y si veis que se endereza de Mahoma la torpeza a procurar su caída, quitadles antes la vida que ellos pierdan su limpieza. 30 Entran dos o tres muchachos morillos, aunque se tomen
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 283 de la calle, los cuales han de decir no más que estas palabras: Mor. ¡Rapaz cristiano, non rescatar, non fugir; don Juan no venir, 5 acá morir, perro, acá morir! Sac. ¡Oh hijo de una puta, nieto de un gran cornudo, sobrino de un bellaco, 10 hermano de un gran traidor y [sodomita! Otro. ¡Non rescatar, non fugir; don Juan no venir; acá morir! 15 Sac. ¡Tu morirás, borracho, bardaja fementido; quínola punto menos, anzuelo de Mahoma, el hideputa! Otro. ¡Acá morir! 20 Viejo. No mientes a Mahoma, ¡mal haya mi linaje!, que nos quemarán vivos. Sac. Déjeme, pese a mí, con estos galgos. Otro. ¡Don Juan no venir; 25 acá morir! Viejo. Bien de aqueso se infiera que si él venido hubiera, vuestra maldita lengua no tuviera ocasión de decir esto. 30 Mor. ¡Don Juan no venir; acá morir!
JORNADA SEGUNDA p. 284 Sac. Escuchadme, perritos; venid, ¡tus, tus!, oídme, que os quiero dar la causa porque don Juan no viene; estadme [atentos. 5 Sin duda que en el cielo debía de haber gran guerra, do el general faltaba, y a don Juan se llevaron para serlo. Dejadle que concluya, 10 y veréis cómo vuelve, y os pone como nuevos. Viejo. ¡Gracioso disparate! Ya se han ido. Entra un judío. Viejo. ¿No es aquéste judío? 15 Sac. Su copete lo muestra, sus infames chinelas, su rostro de mezquino y de pobrete. Trae el turco en la corona una guedeja sola 20 de peinados cabellos, y el judío los trae sobre la frente; el francés, tras la oreja; y el español, acémila, que es rendajo de todos, 25 le trae, ¡válgame Dios!, en todo el [cuerpo. ¡Hola, judío! Escucha. Jud. ¿Qué me quieres, cristiano? Sac. Que este barril te cargues, 30 y le lleves en casa de mi amo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 285 Jud. Es sábado, y no puedo hacer alguna cosa que sea de trabajo; no hay pensar que lo lleve, aunque me [mates. 5 Deja venga mañana que, aunque domingo sea, te llevaré doscientos. Sac. Mañana huelgo yo, perro judío. Cargaos, y no riñamos. 10 Jud. Aunque me mates, digo que no quiero llevarlo. Sac. ¡Vive Dios, perro, que os arranque el [hígado! Jud. ¡Ay, ay, misero y triste! 15 Por el Dío bendito, que si hoy no fuera sábado, que lo llevara. ¡Buen cristiano, basta! Viejo. A compasión me mueve. ¡Oh gente afeminada, 20 infame y para poco! Por esta vez te ruego que le dejes. Sac. Por ti le dejo; vaya el circunciso infame; mas, si otra vez le encuentro, 25 ha de llevar un monte, si le llevo. Jud. Pies y manos te beso, señor, y el Dío te pague el bien que aquí me has hecho. Vase el judío. 30 Viejo. La pena es ésta de aquel gran pecado.
JORNADA SEGUNDA p. 286 Bien se cumple a la letra la maldición eterna que os echó el ya venido, que vuestro error tan vanamente espera. Sac. ¡A Dios!, que ha mucho tiempo 5 que estoy contigo hablando, y, aunque mi amo es noble, temo no le avillane mi pereza. Toma su barril, y vase. Salen Juanico y Francisco, que así se han de llamar 10 los hijos del viejo; vienen vestidos a la turquesca de galanes; saldrá con ellos la señora Catalina, vestida de garzón, y un cristiano como cautivo, Costanza y don Fernando de cautivo, y Julio de cautivo, y traen las tersas y vestidos de los garzones, y 15 las guitarras y el rabel. Don Fernando ha de hacer salida. Viejo. ¿No son mis prendas aquéstas? ¿Cómo vienen adornadas de regocijo y de fiestas? 20 Prendas por mi bien halladas, ¿qué bizarrías son éstas? Harto costoso ropaje es éste. ¿Qué se hizo el traje que mostraba en mil semejas 25 que érades de Cristo ovejas, aunque de pobre linaje? Juan. Padre, no le pene el ver que hemos vestido trocado, que no se ha podido hacer 30 otra cosa; y, bien mirado, de aquesto no hay que temer,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 287 porque si nuestra intención está con firme afición puesta en Dios, caso es sabido que no deshace el vestido lo que hace el corazón. 5 Fran. Padre, ¿tiene, por ventura, que darme de merendar? Viejo. ¿Hay tan simple criatura? Juan. ¿Simple? Pues déjenlo estar, que él mostrará su cordura. 10 Jul. Amigo, no nos detenga, y, si gusta de ello, venga con nosotros. Juan. No, señor; quedarse será mejor. 15 Fran. Padre mío, tome, tenga; una cruz que me han quitado me ponga en este rosario. Viejo. Yo os la pondré de buen grado, depósito y relicario 20 de mi alma. Juan. Padre honrado, déjenos ir, que tardamos. [Amb.] Pues, amigos, ¿dónde vamos? Ambrosio, que es la señora Catalina. 25 Jul. Aunque está de aquí un buen rato, al jardín de Agimorato. D. Fer. Pues, ¡sus!, no nos detengamos. Jul. Allí podremos a solas danzar, cantar y tañer, 30 y hacer nuestras cabriolas:
JORNADA SEGUNDA p. 288 que el mar no suele tener siempre alteradas sus olas. Demos vado a la pasión, cuanto más, que es la intención del cadí que nos holguemos, 5 y que los viernes tomemos honesta recreación. D. Fer. ¿Quién le dijo que tenía yo buena voz? Jul. No sé, a fe; 10 algún cautivo sería, y el cadí me dijo: “Ve, y dile de parte mía a Cauralí que [me mande] a su cristiano el más grande, 15 de la buena voz.” Yo fui, habléle, envióos aquí; no sé más. Juan. No se desmande, padre, en venirnos a ver, 20 que se enojará nuestramo, y nos dará en qué entender. Fran. Padre, Francisco me llamo, no Azán, Alí ni Jaer; cristiano soy, y he de sello 25 aunque me pongan al cuello dos garrotes y un cuchillo. Juan. ¿Veis cómo sabe decillo? Pues mejor sabrá hacello. D. Fer. No pasemos adelante, 30 que bien estamos aquí. Jul. Sea así, y algo se cante.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 289 Ambrosio, que le ha de hacer la señora Catalina. Amb. ¿Qué decís, que no os oí? Jul. Que cantes, porque me encante. D. Fer. ¿Es sordo? Jul. Un poco es teniente 5 de los oídos. Amb. ¿No hay gente que nos oiga? Bien decís, y pues que todos venís, comencemos tristemente. 10 Aquel romance diremos, Julio, que tú compusiste, pues de coro le sabemos, y tiene aquel tono triste con que alegrarnos solemos. 15 Cantan este romance: --A las orillas del mar, que con su lengua y sus aguas, ya manso, ya airado, llega del perro Argel las murallas, 20 con los ojos del deseo están mirando a su patria cuatro míseros cautivos que del trabajo descansan; y al son del ir y volver 25 de las olas en la playa, con desmayados acentos esto lloran y esto cantan: ¡Cuán cara eres de haber, oh dulce Tiene el cielo conjurado [España! 30
JORNADA SEGUNDA p. 290 con nuestra suerte contraria nuestros cuerpos en cadenas, y en gran peligro las almas. ¡Oh si abriesen ya los cielos sus cerradas cataratas, 5 ya en vez de agua, aquí lloviesen pez, resina, azufre y brasas! ¡Oh si se abriese la tierra, y escondiese en sus entrañas tanto Datán y Virón, 10 tanto brujo y tanta maga! ¡Cuán cara eres de haber, oh dulce [España! Fran. Padre, hágales cantar aquel cantar que mi madre 15 cantaba en nuestro lugar. ¿Qué dice? ¿No quiere, padre? Viejo. ¿Cómo decía el cantar? Fran. “Ando enamorado, no diré de quién; 20 allá miran ojos donde quieren bien.” Viejo. Bien al propósito fuera, pues que los del alma miran desde esta infame ribera 25 la patria por quien suspira[n], que huye y no nos espera. Jul. ¡Extremado es Francisquito! Canta tú, Ambrosio, un poquito lo que sueles a tus solas, 30 que te escucharán las olas del mar con gusto infinito.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 291 Ambrosio cante solo: [Amb.] “Aunque pensáis que me alegro, conmigo traigo el dolor.” Aunque mi rostro semeja que de mi alma se aleja 5 la pena, y libre la deja, sabed que es notorio error: conmigo traigo el dolor. Cúmpleme disimular por acabar de acabar, 10 y porque el mal, con callar, se hace mucho mayor. Conmigo traigo el dolor. Entran el cadí y Cauralí. Juan. No más, que viene el cadí. 15 Padre, no os halle aquí a vos. D. Fer. Con él viene Cauralí. Viejo. ¡Queridas prendas, a Dios! Cadí. Perro, ¿vos estáis aquí? ¿No te he dicho yo, malvado, 20 que te quites del cuidado del ver tus hijos? Fran. ¿Por qué? ¿No es mi padre? ¡A buena fe, que he de verle, mal su grado! 25 Juan. Calla, Francisquito hermano, que, en lo que dices, incitas en nuestro daño al tirano. Fran. ¿Ver nuestro padre nos quitas? Nunca tú eres buen cristiano. 30
JORNADA SEGUNDA p. 292 Padre, lléveme consigo, que me dice este enemigo tantas de bellaquerías... Cau. ¡Qué discretas niñerías! Decid qué esperáis, amigo. 5 Vase el viejo. Cadí. Perro, si otra vez dejáis que los hable aquel perrón, vos veréis lo que lleváis. Jul. Pedazos del alma son. 10 Cadí. Perro, ¿qué me replicáis? Cau. Tente, que no dice nada. Fran. ¡Válgame Dios, qué alterada está la mora garrida! Juan. ¡Calla, hermano, por tu vida! 15 Cau. ¡El tiene gracia extremada! Cadí. ¿Veisle? Sabed que le adoro, y que pienso prohijarle después que le vuelva moro. Fran. Pues sepa que he de burlarle 20 aunque me dé montes de oro, y aunque me dé tres reales justos, enteros, cabales, y más dos maravedís. Cadí. De estas gracias, ¿qué decís? 25 Cau. Que son sobrenaturales. Cadí. Veníos tras mí a la ciudad. Cau. Yo quiero hablar con mi esclavo. Cadí. Pues, ¡sus!, con Alá os quedad. Cau. Con él vais. Ya estáis al cabo 30 de mi gran necesidad.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 293 Vase el cadí y todos, sino don Fernando [y Cauralí]. D. Fer. Digo que yo la hablaré en yendo a casa, y haré por servirte lo posible, aunque más dura o terrible 5 que un áspid o un monte esté. Dame lugar para hablalla, y déjame hacer, señor. Cau. Si vienes a conquistalla, llevarás, cual vencedor, 10 el premio de la batalla. D. Fer. Yo lo creo. Cau. Decir quiero que, amén de mucho dinero, te daré la libertad. 15 D. Fer. De tu liberalidad aun más mercedes espero. Entranse. Salen don Lope y Vivanco. D. Lop. Veisnos aquí en libertad 20 por el más extraño caso que vio la cautividad. Viv. ¿Pensáis que esto ha sido acaso? ¡Misterio tiene, en verdad! Dios, que quiere que esta mora 25 vaya a tierra do se adora su nombre, movió su intento para ser el instrumento del bien que a los tres mejora.
JORNADA SEGUNDA p. 294 D. Lop. Dijo en su postrer billete que un viernes quizá saldría al campo por Vavalvete, y que se descubriría con cierta industria promete. 5 También escribió en el fin que sepamos el jardín de su padre Agimorato, do a nuestra comedia y trato se ha de dar felice fin. 10 Viv. Tres mil escudos han sido los que en veces nos ha dado. D. Lop. En libertarnos se han ido los dos mil. Viv. Más se ha ganado 15 de lo que habemos perdido. Y más, si acaso se gana esta alma, en obras cristiana, aunque en moro cuerpo mora. ¿Mas si fuese ésta la mora? 20 D. Lop. Si es ella, ¡a fe que es lozana! Entran Zahara y Halima, cubiertos los rostros con sus almalafas blancas, y vienen con ellas, vestidas como moras, Costanza y la señora Catalina, que no ha de hablar sino dos o tres veces. 25 Mas ¿cuál será de las dos? Que las otras son cautivas. Hal. Con todo, yo sé de vos que si le habláis... Cos. No vivas 30 sin esperanza, por Dios; que yo me ofrezco de hablarle,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 295 de inclinarle y de forzarle a que te venga a adorar; mas hasme de dar lugar para que pueda tratarle. Hal. Cuanto quisieres, amiga, 5 tendrás; por eso no quedes de remediar mi fatiga. Zah. Camina, Halima, si puedes. Cos. A más tu bondad me obliga. Zah. Mira, Costanza, y advierte 10 si, de aquellos dos, por suerte, es tu conocido alguno. Cos. Yo no conozco ninguno. Viv. Si es ella, es dichosa suerte, porque parece en el brío 15 hermosa sobremanera. Zah. Perritos son de buen brío. ¡Oh, quién hablarlos pudiera! Hal. Como allí estuviera el mío, yo me llegara a hablarlos. 20 Zah. Costanza, vuelve a mirarlos, y dime si echas de ver que es noble su parecer. Cat. ¿Para qué? Zah. Para comprarlos. 25 Cos. Este de la izquierda mano me parece caballero; y aun el otro no es villano. Zah. Verlos de más cerca quiero. Hal. ¡Que no esté aquí mi cristiano! 30 Zah. Entrambos me satisfacen. Viv. ¡Qué de represas me hacen!
JORNADA SEGUNDA p. 296 Lleguémonos hacia allá. D. Lop. No, que ellas vienen acá. Viv. Su brío y su vista aplacen. Zah. ¡Ay, Alá! ¿Quién me picó? Mira por aquí, Costanza, 5 si es avispa. Amarga yo, que parece que una lanza por el cuello se me entró. Sacude bien esa toca, que casi me vuelvo loca 10 en ver lo que veo. ¡Ay, triste! ¿Matástela? ¿No la viste? Sacude más; mira y toca. ¡Si está aquí! Cos. Yo no veo nada. 15 Zah. ¡Llegado me ha al corazón esta no vista picada! Cos. Del avispa el aguijón es cosa muy enconada; mas temo no fuese araña. 20 Zah. Si fue araña, fue de España; que las de Argel no hacen mal. D. Lop. ¿Hase visto industria tal? ¿Hay tan discreta maraña? Hal. Zara, no estés descompuesta; 25 torna a ponerte tu toca. Zah. Aun el aire me molesta. Hal. Esta desgracia, aunque poca, turbado nos ha la fiesta. Viv. ¿Qué os parece? 30 D. Lop. Que parece que la ventura me ofrece
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 297 cuanto puedo desear. Viv. Volvióse el sol a eclipsar; ya su luz desaparece. Zah. ¿No sabrás de aquel cautivo, Costanza, si es español? 5 Cos. En eso gusto recibo. D. Lop. Torna a descubrirte, ¡oh sol! en cuyas luces avivo el ser, el entendimiento, la ventura y el contento 10 que en tu posesión se alcanza. Zah. Pregúntaselo, Costanza. Hal. ¿Cómo estás? Zah. Mejor me siento. Cos. Gentilhombre, ¿sois de España? 15 D. Lop. Sí, señora; y de una tierra donde no se cría araña ponzoñosa, ni se encierra fraude, embuste ni maraña, sino un limpio proceder, 20 y el cumplir y el prometer es todo una misma cosa. Zah. Pregúntale si es hermosa, si es casado, su mujer Cos. ¿Sois casado? 25 D. Lop. No, señora; pero serélo bien presto con una cristiana mora. Cos. ¿Cómo es eso? D. Lop. ¿Cómo es esto? 30 Poco sabe quien lo ignora. Mora en la incredulidad,
JORNADA SEGUNDA p. 298 y cristiana en la bondad, es la que ha de ser mi dueño. Cos. Yo os entiendo como un leño. Zah. ¡Plega Alá digáis verdad! Hal. Pregúntale si es esclavo, 5 o si es libre. D. Lop. Ya os entiendo. De ser cautivo me alabo. Zah. Cuanto dice comprehendo, y de todo estoy al cabo. 10 D. Lop. Presto pisaré de España, con gusto y con gloria extraña, las riberas, y mi fe firme entonces mostraré. Zah. Gracias a Alá y a una caña. 15 Hal. Cristianos, quedaos atrás, porque en la ciudad entramos. Entranse las moras. Viv. Obedecida serás. D. Lop. En oscuridad quedamos. 20 Sol bello, ¿cómo te vas? De cautividad sacaste el cuerpo que rescataste con tu liberalidad; pero más con tu beldad 25 al alma yerros echaste. En fe de lo que en ti he visto, del deseo que te doma, de adorarte no resisto, no por prenda de Mahoma, 30 sino por prenda de Cristo.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 299 Yo te llevaré a do seas todo aquello que deseas, aunque mil vidas me cueste. Viv. Vamos, que el dolor es éste; no por allí, que rodeas. 5 Entranse. Sale el sacristán con una cazuela mojí, y tras él el judío. Jud. Cristiano honrado, así el Dío te vuelva a tu libre estado, 10 que me vuelvas lo que es mío. Sac. No quiero, judío honrado; no quiero, honrado judío. Jud. Hoy es sábado, y no tengo que comer, y me mantengo 15 de aqueso que guisé ayer. Sac. Vuelve a guisar de comer. Jud. No, que a mi ley contravengo. Sac. Rescátame esta cazuela, y en dártela no haré poco, 20 porque el olor me consuela. Jud. No puedo en mucho ni en poco contratar. Sac. Pues llevaréla. Jud. No la lleves; ves aquí 25 lo que costó. Sac. Sea así, que a los dos es de provecho. ¿Dó el dinero? Jud. Aquí, en el pecho 30 lo tengo, ¡amargo de mí!
JORNADA SEGUNDA p. 300 Sac. Pues venga. Jud. Sácalo tú, que mi ley no me concede el sacarlo. Sac. ¡Belcebú 5 así te lleve cual puede, descendiente de Abacú! Aquí tienes quince reales justos de plata y cabales. Jud. No contrates tú conmigo; 10 conciértalo allá contigo. Sac. Di, cazuela: ¿cuánto vales? “Paréceme a mí que valgo cinco reales, y no más.” ¡Mentís, a fe de hidalgo! 15 Jud. ¡Qué sobresaltos me das, cristiano! Sac. Pues hable el galgo. ¿Qué, no quieres alargarte? Mas quiero crédito darte; 20 tomadla, y andad con Dios. Jud. ¿Los diez? Sac. Son por otras dos cazuelas que pienso hurtarte. Jud. ¿Y pagaste adelantado? 25 Sac. Y, aun si bien hago la cuenta, creo que voy engañado. Jud. ¿Que hay cielo que tal consienta? Sac. ¿Que hay tan gustoso guisado? No es carne de landrecillas, 30 ni de la que a las costillas se pega el bayo que es trefe.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 301 Jud. ¡Haced, cielos, que me deje este ladrón de cosillas! Entrase el judío. Sac. ¿De cosillas? ¡Vive Dios, que os tengo de hurtar un niño 5 antes de los meses dos; y aun si las uñas aliño..., Dios me entiende! ¡Vámonos! Entrase. Salen don Fernando y Costanza. 10 D. Fer. Subí, cual digo, aquella peña, adonde las fustas vi que ya a la mar se hacían. Voces comencé a dar; mas no responde ninguno, aunque muy bien todos me [oían. 15 Eco, que en un peñasco allí se esconde, donde las olas su furor rompían, teniendo compasión de mi tormento, respuesta daba a mi postrero acento. Las voces reforcé; hice las señas 20 que el brazo y un pañuelo me ofrecía; Eco tornaba, y de las mismas peñas los amargos acentos repetía. Mas ¿qué remedio, amor, hay que no [enseñas 25 para el dolor que causa tu agonía? Uno sé me enseñaste, de tal suerte, que hallé la vida do busqué la muerte. El corazón, que su dolor desagua por los ojos en lágrimas corrientes, 30
JORNADA SEGUNDA p. 302 humor que hace en la amorosa fragua que las ascuas se muestren más [ardientes, el cuerpo hizo que arrojase al agua, sin peligros mirar ni inconvenientes, 5 juzgando que alcanzaba honrosa palma si llegaba a juntarse con su alma. Arrojando las armas, arrojéme al mar, en amoroso fuego ardiendo, y otro Leandro con más luz tornéme, 10 pues iba aquella de tu luz siguiendo. Cansábanse los brazos, y esforcéme, por medio de la muerte y mar [rompiendo, porque vi que una fusta a mí volvía, 15 por su interese y por ventura mía. Un corvo hierro un turco echó, y asióme --inútil presa--, y con muy gran fatiga al bajel enemigo al fin subióme, y de mi historia no sé más que diga. 20 Entre los suyos Cauralí contóme; su mujer me persigue y mi enemiga; él te persigue a ti. ¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento! Cos. Si tú a los ruegos de Halima 25 estás fuerte, cual espero, yo me mostraré a la lima de Cauralí duro acero, impenetrable y de estima. Aunque será menester, 30 para que nos dejen ver, alivio de nuestro mal,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 303 darles alguna señal de amoroso proceder. Rogóte a ti Cauralí que me hablases, y Halima me pidió que hablase a ti. 5 D. Fer. Otra cosa me lastima más que su pena. Cos. Y a mí. D. Fer. Pues rompan estos abrazos sus designios en pedazos, 10 que, mientras esto se alcance, no hay temer desvelo o trance, pues tengo al cielo en mis brazos. Entran Cauralí y Halima, y venlos abrazados. Aprieta, querida esposa, 15 que, en tanto que en este cielo mi afligida alma reposa, no hay mal que me dé en el suelo la fortuna rigurosa. Cau. ¡Oh perro! ¿Tú con mi esclava? 20 ¿Cómo el cielo no te acaba? Hal. ¡Perra! ¿Tú con mi cautivo? ¿Cómo sin matarte vivo? ¡Esto es lo que yo esperaba, perra! 25 Cau. ¡Perro! Hal. ¡Perra! Cau. ¡Perro! Hal. De esta perra es la maldad; que no nació de él el yerro. 30 Cau. De él nació, y esto es verdad,
JORNADA SEGUNDA p. 304 y sé bien que no me yerro. ¡Yo os sacaré el corazón, perro! Hal. ¡Perra, esta traición me pagarás con la vida! 5 D. Fer. ¡Oh cuán mal está entendida, señores, nuestra intención! Aquel abrazo que viste, Costanza a ti le enviaba. Cau. ¿Qué dices? 10 D. Fer. Lo que oyes, triste. Cos. En tu nombre se fraguaba el favor que interrumpiste. ¡Colérica eres, a fe! D. Fer. Esto entiende y esto cree. 15 Hal. ¿Qué dices, amiga mía? Cos. Si éste se perdió, otro día otros cuatro cobraré. Cau. ¿Es lo que has dicho verdad? D. Fer. ¿Pues a qué te he de mentir? 20 Cau. Ten cierta tu libertad. Hal. Más os pudiera reñir este amor o liviandad; pero déjolo hasta ver si proseguís en hacer 25 esto que he visto y no creo. Cau. Halima, en mil cosas veo que eres prudente mujer, y más en esto; que pienso que éstos, cual nuevos cristianos, 30 dieron a su gusto el censo: que a cautivos y paisanos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 305 les da el verse gusto inmenso; y como solos se hallaron, sus penas comunicaron. Hal. Y aun las ajenas también. Cau. Esto no me suena bien. 5 Cos. Entrambos adivinaron. Cau. ¿Por ventura sabe Halima cosa de esto? Hal. ¿Por ventura a Cauralí le lastima 10 tu amor? Cos. ¡Aqueso es locura! D. Fer. Tal sospecha no te oprima, que no ha caído en la cuenta. Cos. Señora, vive contenta 15 y sin sospecha en tu daño. Cau. Fácil se cae en un engaño. Cos. Y tarde se alza una afrenta. Cau. Haz cuanto puedes y sabes. Hal. No te descuides en nada. 20 Cau. Bien es tu cólera acabes. Hal. Tenla ya por acabada. Entra, y dame aquellas llaves. Entrase Halima y Costanza. Cau. Tú vente al zoco conmigo. 25 D. Fer. ¡Amor, puesto que te sigo con el alma y con los pasos, tus enredos y tus pasos bendigo en parte y maldigo! Entranse. 30
JORNADA SEGUNDA p. 306 Juanico y Francisquito trompando con un trompo. Fran. Tú, que turbas mi quietud, porque los sollozos rompo que nacen de tu virtud, ¿has visto más lindo trompo, 5 así Dios te dé salud? Juan. Deja de echar esos lazos, que otros de más embarazos esperan nuestras gargantas. Fran. ¿Pues de eso, hermano, te espantas? 10 Yo los haré mil pedazos. No pienses que he de ser moro, por más que aqueste inhumano me prometa plata y oro, que soy español cristiano. 15 Juan. Eso temo y eso lloro. Fran. Como tengo pocos días, de mi valor desconfías. Juan. Así es. Fran. Pues imagina 20 que tengo fuerza divina contra humanas tiranías. No sé yo quién me aconseja con voz callada en el pecho, que no la siento en la oreja, 25 y de morir satisfecho y con gran gusto me deja; dícenme, y yo de ello gusto, que he de ser un nuevo Justo, y tú otro nuevo Pastor. 30 Juan. Hazlo así, divino amor, que con tu querer me ajusto.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 307 Deja aquesta niñería del trompo, ¡por vida mía!, y repasemos los dos las oraciones de Dios. Fran. Bástame el Avemaría. 5 Juan. ¿Y el Padrenuestro? Fran. También. Juan. ¿Y el Credo? Fran. Séle de coro. Juan. ¿Y la Salve? 10 Fran. ¡Aunque me den dos trompos no seré moro! Juan. ¡Qué niñería! Fran. Pues bien: ¿piensa que me estoy burlando? 15 Juan. Estamos cosas tratando como si fuésemos hombres, ¿y es bien que el trompo aquí nombres? Fran. ¿[He de] estar siempre llorando? Mi fe, hermano, tened cuenta 20 con vos, y mirad no os hunda de Mahoma la tormenta; que yo encubro en esta funda un alma de Dios sedienta, y ni el trompo, ni el cordel, 25 ni las fuentes que en Argel y en sus contornos están, mi sed divina hartarán, ni se ha de hartar sino en él. Y así os digo, hermano mío, 30 que por ver mis niñerías no penséis que estoy sin brío,
JORNADA SEGUNDA p. 308 porque en las entrañas mías no hay lugar de Dios vacío. Tened cuidado de vos, y encomendaos bien a Dios en la afrenta que amenaza; 5 si no, yo saldré a la plaza a pelear por los dos. Tengo yo el Avemaría clavada en el corazón, y es la estrella que me guía 10 en este mar de aflicción al puerto del alegría. Juan. Dios en tu lengua se mira, y por eso no me admira el ver que hables tan alto. 15 Fran. No os turbará sobresalto si en ella ponéis la mira. Juan. ¡Ay de nosotros, que viene el cadí con su porfía! Mostrar ánimo conviene. 20 Fran. Acude al Avemaría; verás qué fuerzas que tiene. Entra el cadí y el Carahoja, amo del desorejado. Cadí. Pues, hijos, ¿en qué entendéis? Juan. En trompear, como veis, 25 mi hermano, señor, entiende. Car. Es niño, y, en fin, atiende a su edad. Cadí. Y vos, ¿qué hacéis? Juan. Rezando estaba. 30 Cadí. ¿Por quién?
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 309 Juan. Por mí, que soy pecador. Cadí. Todo aqueso está muy bien. ¿Qué rezábades? Juan. Señor, lo que sé. 5 Fran. Respondió bien. Rezaba el Avemaría. Trompa Francisco. Cadí. Dejar el trompo podría delante de mí, Bairán. 10 Fran. ¡Buen nombre puesto me han! Car. Todo aquello es niñería. Cadí. Este rapaz me da pena. Deja, Bairán, la porfía, que a gran daño te condena. 15 ¿Qué dices? Fran. Ave María. Cadí. ¿Qué respondes? Fran. Gracia plena. Car. Este mayor es maestro 20 del menor. Juan. Yo no le muestro: que él, por sí, habilidad tiene. Fran. ¡Oh cuán de molde que viene decir aquí el Padrenuestro! 25 Juan. Pues faltan los de la tierra, bien es acudir al cielo, do nuestro Padre se encierra. Fran. A su tiempo llamarélo. Juan. Ya se comienza la guerra. 30 Fran. Porque todo al justo cuadre,
JORNADA SEGUNDA p. 310 lo postrero que mi madre me enseñó quiero decir, que es bueno para el morir. Cadí. ¿Qué has de decir? Fran. Creo en Dios Padre. 5 Cadí. ¡Por Alá, que a su rüina me dispongo! Fran. ¿Ya os turbáis? Pues si es que aquesto os indina, ¿qué hará cuando me oigáis 10 decir la Salve Regina? Para vuestras confusiones, todas las cuatro oraciones sé, y sé bien que son escudos a tus alfanjes agudos 15 y a tus torpes invenciones. Car. Con no más de alzar el dedo y decir: “Ilá, ilalá”, te librarás de este miedo. Fran. En la cartilla no está 20 eso, que decir no puedo. Juan. Ni quiero, has de añadir. Fran. Ya yo lo iba a decir. Cadí. ¡Esto es cansarnos en balde! Este a mi instancia llevadle, 25 y estotro, que han de morir. Arroja el trompo y desnúdase. Fran. Ea, vaya el trompo afuera, y este vestido grosero, que me vuelve el alma fiera, 30 y es bien que vaya ligero
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 311 quien se atreve a esta carrera. Ea, hermano; sed Pastor con esfuerzo y con valor, que tras vos irá con gusto un pecadorcito Justo 5 por la gracia del Señor. Ea, tiranos feroces; mostrad vuestras manos listas, y bien agudas las hoces, para segar las aristas 10 de estas gargantas y voces: que en esta extraña porfía, adonde la tiranía toda su rabia convoca, no sacaréis de mi boca 15 sino... Juan. ¿Qué? Fran. Un Avemaría. Car. Entremos, que ya el regalo les hará mudar de intento 20 más que el azote y el palo. Cadí. Por cien mil señales siento que va mi partido malo: que el mayor es en extremo callado y sagaz. ¡Blasfemo 25 seré del mismo Mahoma, si estos rapaces no doma! Fran. ¿No le temes? Juan. No le temo. Fin del acto segundo. 30
JORNADA TERCERA p. 312 JORNADA TERCERA Salen Guardián Bají y otro moro. Guar. Por diez escudos no daré mi parte. Sentaos, y no dejéis entrar alguno, si no pagan dos ásperos muy 5 [buenos. Mor. La Pascua de Natal, como ellos llaman, veinticinco ducados se llegaron. Guar. Los españoles, por su parte, hacen una brava comedia. 10 Mor. Son saetanes; los mismos diablos son; son para todo. Ya descuelgan cristianos a su misa. Entran Vivanco, don Fernando, don Lope, el sacristán, el padre de los niños; trae don Fernando los 15 calzones del sacristán. D. Fer. Veislos aquí, que no me los he puesto; antes Costanza les echó un remiendo en parte do importaba, y de su mano. Sac. De molde vienen para la comedia; 20 ahora me los chanto. ¡Sus, [entremos! Guar. ¿Adónde vais, cristiano? Pad. Yo, a oír misa. Mor. Pues paga. 25 Pad. ¿Cómo paga? ¿Aquí se paga? Guar. ¡Bien parece que es nuevo el padre [viejo!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 313 Mor. Dos ásperos, o apártate, camina. Pad. No los tengo, por Dios. Mor. Pues ve y ahórcate. D. Lop. Yo pagaré por él. Mor. Eso en buen hora. 5 Sac. Fende, déjeme entrar, y este pañuelo, que no ha media hora que hurté a un [judío, tome por prenda, o déme lo que vale, que lo daré no más de por el costo, 10 o muy poquito más. Guar. Con otros cuatro quedas muy bien pagado. Sac. Vengan, y entro. [Mor.] Ea; acudid a entrar, que se hace tarde. 15 Con los del rey, yo apostaré que pasen de dos mil los que están en el banasto. Entremos a mirar desde la puerta cómo dicen su misa, que imagino que tienen grande música y concierto. 20 Guar. Poneos tras el postigo, y veréis todo cuanto hacen los cristianos en el [patio, porque es cosa de ver. Mor. Ya los he visto. 25 Hoy dicen que tornó a vivir su Cristo. Entranse. Salen al teatro todos los cristianos que haya, y Osorio entre ellos, y el sacristán, puestos los calzones que le dio don Fernando. 30 Oso. Misterio es éste no visto.
JORNADA TERCERA p. 314 Veinte religiosos son los que hoy la Resurrección han celebrado de Cristo con música concertada, la que llaman contrapunto. 5 Argel es, según barrunto, arca de Noé abreviada: aquí están de todas suertes oficios y habilidades, disfrazadas calidades. 10 Viv. Y aun otra cosa, si adviertas, que es de más admiración, y es que estos perros sin fe nos dejen, como se ve, guardar nuestra religión. 15 Que digamos nuestra misa nos dejan, aunque en secreto. Oso. Mas de una vez, con aprieto se ha celebrado y con prisa: que una vez, desde el altar, 20 al sacerdote sacaron revestido, y le llevaron por las calles del lugar arrastrando; y la crueldad fue tal que con él se usó, 25 que en el camino acabó la vida y la libertad. Mas dejémonos de aquesto, y a nuestra holgura atendamos, pues que nos dan nuestros amos 30 hoy lugar para hacer esto. De nuestras Pascuas tenemos
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 315 los primeros días por nuestros. D. Lop. ¿Y qué? ¿Hay músicos? Oso. Y diestros; los del cadí llamaremos. Viv. Aquí están. 5 Oso. Y aquel que ayuda al coloquio ya está aquí. D. Fer. ¡Bien cantan los del cadí! Oso. Antes que más gente acuda, el coloquio se comience, 10 que es del gran Lope de Rueda, impreso por Timoneda, que en vejez al tiempo vence. No pude hallar otra cosa que poder representar 15 más breve, y sé que ha de dar gusto, por ser muy curiosa su manera de decir en el pastoril lenguaje. Viv. ¿Hay pellicos? 20 Oso. De ropaje humilde, y voyme a vestir. Viv. ¿Quién canta? Oso. Aquí el sacristán, que tiene donaire en todo. 25 Viv. ¿Ay loa? Oso. ¡De ningún modo! Entrase Osorio y el sacristán. Viv. ¡Oh qué mendigos están! En fin, comedia cautiva, 30 pobre, hambrienta y desdichada,
JORNADA TERCERA p. 316 desnuda y atarantada. D. Lop. La voluntad se reciba. Entra Cauralí. Cau. Sentaos, no os alborotéis, que vengo a ver vuestra fiesta. 5 D. Fer. Quisiera que fuera ésta, fende, cual la merecéis. D. Lop. Aquí os podéis asentar, que yo me quedaré en pie. Cau. No, no; amigo, siéntate, 10 que salen a comenzar. D. Lop. Ya salen; sosiego y chite, que cantan. Viv. Mejor sería que llorasen. 15 D. Fer. Este día lágrimas no las permite. Canten lo que quisieren. Viv. La música ha sido hereje; si el coloquio así sucede, 20 antes que la rueda ruede, se rompa el timón y el eje. En acabando la música, dice el sacristán. Todo cuanto dice ahora el sacristán, lo diga mirando al soslayo a Cauralí. 25 Sac. ¿Qué es esto? ¿Qué tierra es ésta? ¿Qué siento? ¿Qué es lo que veo? De réquiem es esta fiesta para mí, pues un deseo
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 317 más que mortal me molesta. ¿Dónde se encendió este fuego, que tiene, entre burla y juego, el alma ceniza hecha? De Mahoma es esta flecha, 5 de cuya fuerza reniego. Como cuando el sol asoma por una montana baja, y de súbito nos toma, y con su vista nos doma 10 nuestra vista y la relaja; como la piedra balaja, que no consiente carcoma: tal es el tu rostro, Aja, dura lanza de Mahoma, 15 que las mis entrañas raja. Cau. ¿Es esto de la comedia, o es bufón este cristiano? Sac. Si mi dolor no remedia su bruñida y blanca mano, 20 todo acabará en tragedia. ¡[Oh] mora la más hermosa, más discreta y más graciosa que la fama nos ofrece, desde do el alba amanece 25 hasta donde el sol reposa!: Dice esto mirando a Cauralí. Mahoma en su compañía te tenga siglos sin cuento. Cau. ¿Este perro desvaría, 30 o entra aquesto en el cuento
JORNADA TERCERA p. 318 de la fiesta de este día? D. Fer. Calla, Tristán, y ten cuenta, porque ya se representa el coloquio. Sac. Sí haré; 5 pero no sé si podré, según el diablo me tienta. Sale Guillermo, pastor. Gui. “Si el recontento que trayo, venido tan de rondón, 10 no me le abraza el zurrón, ¿cuáles nesgas pondré al sayo, y qué ensanchas al jubón?” Sac. ¡Vive Dios, que se me abrasa el hígado, y sufro y callo! 15 Gui. Si es que esto adelante pasa, muy mejor será dejallo. Sac. ¿Quién encendió aquesta brasa? D. Lop. Tristán amigo, escuchad, pues sois discreto, y callad, 20 que ésa es grande impertinencia. Sac. Callaré y tendré paciencia. [Gui.] ¿Comienzo? D. Lop. Sí, comenzad. Gui. “Si el recontento que trayo, 25 venido tan de rondón, no me lo abraza el zurrón, ¿cuáles nesgas pondré al sayo, o qué ensanchas al jubón? Y si al contarlo extremeño, 30 con un donaire risueño
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 319 ayer me miró Costanza, ¿qué turba habrá ya o mudanza que no le pase por sueño? Esparcíos, las mis corderas, por las dehesas y prados, 5 morded sabrosos bocados, no temáis las venideras noches de nublos airados; antes os andad exentas, brincando de recontentas. 10 No os aflija el ser mordidas de las lobas deshambridas, tragantonas, malcontentas, y, al dar de los vellocinos, venid simpres, no ronceras, 15 rumiando por las laderas, a jornaleros vecinos, o al corte de sus tijeras; que el sin medida contento, cual no abarca el pensamiento, 20 os librará de lesión, si al dar del blanco vellón, barruntáis el bien que siento. Mas ¿quién es este cuitado que asoma acá entellerido, 25 cabizbajo, atordecido, barba y cabello erizado, desairado y mal erguido?” Sac. ¿Quién ha de ser? Yo soy, cierto, el triste y desventurado, 30 vivo en un instante y muerto, de Mahoma enamorado.
JORNADA TERCERA p. 320 Cau. ¡Echadle fuera a este loco! Sac. ¡Tu divina boca invoco, Aja, de mil azahares, boca de quitapesares, a quien desde lejos toco! 5 Cau. ¡Dejádmele! D. Fer. No, señor; que cuanto dice es donaire, y es bufón el pecador. Sac. ¡Dios de los vientos! ¿No hay aire 10 para templar tanto ardor? Gui. ¡Ya es mucha descortesía y mucha bufonería! ¡Echenle ya, y déjenos! Sac. Yo me voy. ¡Quédate a Dios, 15 argelina gloria mía! Gui. ¿Dónde quedé? Viv. No sé yo. D. Lop. “Mas ¿quién es este cuitado...?”, fue el verso donde paró. 20 D. Fer. Los calzones han obrado. Gui. ¿Vuelvo a comenzar? D. Fer. No, no; no nos turben a deshora. Prosigue el coloquio ahora. 25 Un moro dice desde arriba: Mor. ¡Cristianos, estad alerta; cerrad del baño la puerta! Gui. ¡Vengas, perrazo, en mal hora! Mor. ¡Abrid aquese cristiano, 30 que va herido, y cerrad presto!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 321 Cau. ¡Válgame Alá! ¿Qué es aquesto? Mor. ¡Oh santo Alá soberano! Dos han muerto, y del rey son. ¡Oh crueldad jamás oída! A todos quitan la vida, 5 sin ninguna distinción. Entra un cristiano herido, y otro sin herir. D. Fer. Pasad, hermano, adelante. ¿Quién os ha herido? Cris. Un archí. 10 D. Fer. ¿La causa? Cris. Ninguna di. Viv. ¿Es la herida penetrante? Cris. No sé; con manera fue, y será mortal, sin duda. 15 Cris. 2. Otra traigo yo más cruda, y en parte do no se ve. Cau. ¿No dirás qué es esto, Alí? Mor. Grande armada han descubierto por la mar. 20 D. Fer. ¿Y aqueso es cierto? ¿Vaste, fende Cauralí? Vase Cauralí. Mor. Y los jenízaros matan, si encuentran algún cautivo, 25 o con furor duro esquivo malamente le maltratan; y aquestas voces que oís, las dan judíos de miedo. Gui. ¡Todo el mundo se esté quedo! 30 Yo creo, Alí, que mentís,
JORNADA TERCERA p. 322 pues no ha mucho que en España no había ninguna nueva de armada. Mor. Pues esta prueba os desmiente y desengaña: 5 que a fe que dicen que asoman más de trescientas galeras con flámulas y banderas, y que el rumbo de Argel toman. Gui. Quizá por encantamiento 10 aquesta armada se ha hecho. Entra el guardián Bají. Guar. ¡El corazón en el pecho no cabe, y de ira reviento! Oso. ¿Pues qué hay, fendi? 15 Guar. Yo me alisto a contar la crüeldad, igual de la necedad mayor que jamás se ha visto. Salió el sol esta mañana, 20 y sus rayos imprimieron en las nubes tales formas, que, aunque han mentido, las creo. Una armada figuraron que venía a vela y remo 25 por el sesgo mar aprisa, a tomar en Argel puerto. Tan claramente descubren los ojos que la están viendo de las fingidas galeras 30 las proas, popas y remos,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 323 que hay quien afirme y quien jure que del cómitre y remero vio el mandar y obedecer hacerse todo en un tiempo. Tal hay que dice haber visto 5 a vuestro Profeta muerto en la gavia de una nave, en una bandera puesto. Muestra tan al vivo el humo su vano y oscuro cuerpo, 10 y tan de cerca perciben los oídos fuego y truenos, que, por temor de las balas, más de cuatro se pusieron a abrazar la madre tierra: 15 tal fue el miedo que tuvieron. Por estas formas que el sol ha con sus rayos impreso en las nubes, ha en nosotros otras mil formado el miedo. 20 Pensamos que ese don Juan, cuyo valor fue el primero que a la otomana braveza tuvo a raya y puso freno, venía a dar fin honroso 25 al desdichado comienzo que su valeroso padre comenzó en hado siniestro. Los jenízaros archíes, que están siempre zaques hechos, 30 dieron en matar cautivos, por tener contrarios menos;
JORNADA TERCERA p. 324 y si acaso el sol tardara de borrar sus embelecos, no estábades bien seguros cuantos estáis aquí dentro. Veinte y más son los heridos, 5 y más de treinta los muertos. Ya el sol deshizo la armada; volved a hacer vuestros juegos. Oso. ¡Mal podremos proseguir tan sangrientos pasatiempos! 10 Cris. 2. Pues escuchad otra historia más sangrienta y de más peso. El cadí, como sabéis, tiene en su poder a un niño de tiernos y pocos años, 15 el cual se llama Francisco. Ha puesto toda su industria, su autoridad y jüicio, mil promesas y amenazas, mil contrapuestos partidos, 20 para que de bueno a bueno esta prenda del bautismo se deje circuncidar por su gusto y su albedrío. Su industria ha salido vana; 25 su jüicio no ha podido imprimir humanas trazas en este pecho divino. Por esto, según se entiende, como afrentado y corrido, 30 su luciferina rabia hoy ha esfogado en Francisco.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 325 Atado está a una columna, hecho retrato de Cristo, de la cabeza a los pies en su misma sangre tinto; témome que habrá expirado, 5 porque tan crüel martirio, mayores años y fuerzas no le hubieran resistido. Pad. ¡Dulce mitad de mi alma, ay de mis entrañas hijo, 10 detened la vida en tanto que os va a ver este afligido! ¡En la calle de amargura, perezosos pies, sed listos; veré en su ser a Pilatos, 15 y en figura veré a Cristo! Entrase el padre. [Cris.]2. ¿Este es su padre, señores? D. Fer. Su padre es este mezquino, hidalgo y muy buen cristiano, 20 y somos de un pueblo mismo. Acábense nuestras fiestas, cesen nuestros regocijos, que siempre en tragedia acaban las comedias de cautivos. 25 Entranse todos. Salen Zahara, Halima y Costanza. Hal. Tu padre me rogó, amiga, que viniese en un momento a componerte. 30 Zah. ¡Su intento
JORNADA TERCERA p. 326 todo el cielo le maldiga! Hal. ¿Pues cásaste con un rey, y muéstraste desabrida? Y más, que es cosa sabida que es gentilhombre Muley. 5 Sin duda que estás prendada en otra parte. Zah. No hay prenda que me halague ni me ofenda, porque de amor no sé nada. 10 Hal. Pues esta noche sabrás, en la escuela de tu esposo, que es amor dulce y sabroso. Zah. ¡Amargas nuevas me das! Hal. ¡Qué melindrosa señora! 15 Zah. No es melindre, sino enfado: que había determinado no casarme por ahora, hasta que el cielo me diese con otro compás mi suerte. 20 Hal. Calla, que reina has de verte. Zah. No aspiro a tanto interese. Con otro estado menor, con mayor gusto estaría. Hal. Yo juro por vida mía, 25 Zara, que tenéis amor. Ahora bien: mostrad las perlas que tenéis, que quiero ver cuántos lazos podré hacer. Zah. Allí dentro podrás verlas. 30 Entrate, y déjame un poco, que quiero hablar con Costanza.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 327 Hal. ¡Vos gustaréis de la danza antes de mucho, y no poco! Entrase Halima. Cos. Dime, señora, qué es esto. ¿Tanto te enfada el casarte, 5 y con un rey? Zah. No hay contarte tantas cosas y tan presto. Cos. ¿De dónde el enfado mana que muestras tan importuno? 10 Zah. Pasito, no escuche alguno. ¡Soy cristiana, soy cristiana! Cos. ¡Válgame Santa María! Zah. Esa Señora es aquella que ha de ser mi luz y estrella 15 en el mar de mi agonía. Cos. ¿Quién te enseñó nuestra ley? Zah. No hay lugar en que lo diga. Cristiana soy; mira, amiga, que me sirve el moro rey. 20 Di: ¿conoces, por ventura, a un cautivo rescatado que es caballero y soldado? Cos. ¿Cómo ha nombre? Zah. Mal segura 25 estoy aquí y con temor de algún desgraciado encuentro. Cos. Pues entrémonos adentro. Zah. Sin duda será mejor. Entranse. 30
JORNADA TERCERA p. 328 Salen el rey, el cadí, el guardián Bají. Cadí. ¡Extraño caso ha sido! Rey. Y tan extraño, que no sé si jamás le ha visto el mundo. Cadí. Ya se han visto en el aire muchas veces 5 formados escuadrones espantables de fantásticas sombras, y encontrarse con todo el artificio y maestría que en la mitad de una campaña rasa se suelen embestir los verdaderos; 10 las nubes han llovido sangre y malla, y pedazos de alfanjes y de escudos. Rey. Esos llaman prodigios los cristianos, que suelen parecer algunas veces; pero que acaso, y sin misterio alguno, 15 del sol los rayos, que en las nubes [topan, hayan formado así tan grande armada, nunca lo oí jamás. Guar. Yo así lo digo; 20 pues a fe que te cuesta la burleta más de treinta cristianos. Rey. No hace al caso; mas que pasaran a cuchillo todos. Cadí. Quitóme el sobresalto de las manos 25 el corbacho y la furia. Rey. ¿Qué hacías? Cadí. Azotaba a un cristiano. Rey. ¿Por qué causa? Cadí. Es de pequeña edad, y no es posible 30 que regalos, promesas ni amenazas
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 329 le puedan volver moro. Rey. ¿Es, por ventura, el muchacho español del otro día? Cadí. Aqueste mismo es. Rey. Pues no te canses, 5 que es español, y no podrán tus mañas, tus iras, tus castigos, tus promesas, a hacerle torcer de su propósito. ¡Qué mal conoces la canalla terca, porfiada, feroz, fiera, arrogante, 10 pertinaz, indomable y atrevida! Antes que moro, le verás sin vida. Entra un moro asido de un cautivo. Rey. ¿Qué ha hecho este cristiano? Mor. En este punto, 15 en una extraña y nunca vista barca, casi una legua al mar, en este punto le acabé de coger. Rey. ¿Pues de qué modo era la barca extraña? 20 Mor. Era una balsa hecha de canalejas, sustentada sobre grandes y muchas calabazas, y él, puesto en medio en pie, de árbol [servía, 25 y sus brazos de entena, en cuyas [manos servía de vela una camisa rota. Rey. ¿Cuándo entraste en la barca? Cris. A medianoche. 30 Rey. ¿Pues cómo en tanto tiempo no pudiste
JORNADA TERCERA p. 330 alejarte de tierra más espacio? Cris. Sultán, no me servía de otra cosa sino de no anegarme, y sólo iba confiado en el cielo y en el viento, que, próspero y furioso arrebatado, 5 la mal formada barca la aportase en cualquiera ribera de cristianos: que ningún remo o vela fuera parte a hacerla tomar curso ligero. Rey. ¡En fin, español eres! 10 Cris. No lo niego. Rey. Pues de eso que no niegas yo reniego. Entra el sacristán con un niño en las mantillas fingido, y tras él el judío de la cazuela. Rey. ¿Es aquésta otra barca? 15 Jud. Este cristiano me acaba de robar a este mi hijo. Cadí. ¿Para qué quiere el niño? Sac. ¿No está bueno? Para que le rescaten, si no quieren 20 que le críe y enseñe el Padrenuestro. ¿Qué decís vos, Raquel o Sedequías, Fares, Sadoc, o Zabulón, o diablo? Jud. Este español, señor, es la rüina de nuestra judería: no hay en ella 25 cosa alguna segura de sus uñas. Rey. Di: ¿no eres español? Sac. ¿Ya no lo sabes? Rey. ¿Quién es tu amo? Sac. El dabají Morato. 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 331 Rey. Tocadle, por mi vida. Cadí. Por la mía, que tienes gran razón en lo que has [dicho de la canalla bárbara española. 5 Entra otro moro con otro cristiano muy roto y llagadas las piernas. Rey. ¿Quién es éste? Mor. Español que se ha hüido tantas veces por tierra, que, con ésta, 10 son veinte y una vez las de su fuga. Rey. Si diésemos audiencia cuatro días, serían de españoles todos cuantos se entrasen a quejar. Cadí. ¡Extraño caso! 15 Rey. Pápaz, vuélvele el niño a este judío, y no le hagan mal a este cristiano, que, pues a tal peligro entregó el cuerpo, en grande cuita debe estar su alma. Y tú, ¿eres español? 20 Cris. Y de Valencia. Rey. Vuélvete, pues, a huir, que, si te [vuelven, yo te pondré en un palo. Sac. Señor, haga 25 que este puto judío dé, siquiera, el jornal que he perdido por andarme tras él para robarle este hideputa. Cadí. Bien dice; desembolse cuarenta [ásperos, 30 y délos al pápaz, que los merece.
JORNADA TERCERA p. 332 Sac. ¿Oye, amigo judío? Jud. Muy bien oigo; mas no los tengo aquí. Sac. Vamos a casa. Cadí. Con españoles, esto y más se pasa. 5 Entranse todos. El padre, solo. [Pad.] ¿Si osaré entrar allá dentro? ¡Oh temor impertinente! ¡Vamos; que no teme encuentro 10 piedra que naturalmente va presurosa a su centro! Córrese una cortina; descúbrese Francisquito atado a una columna, en la forma que pueda mover a más piedad. 15 Fran. ¿No me quieren desatar, para que pueda, siquiera, como es costumbre expirar? Pad. No; que de aquesa manera más a Cristo has de imitar. 20 Si vas caminando al cielo, no has de sentarte en el suelo; más ligero vas así. Fran. ¡Oh padre, lléguese a mí, que el verle me da consuelo! 25 ¡Ya la muerte helada y fría a dejaros me provoca con su mortal agonía! Pad. ¡Echa tu alma en mi boca, para que ensarte la mía! 30 ¡Ay, que expira! Fran. ¡A Dios, que expiro!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 333 Pad. ¡Dios, a quien tu intento aspira, nos junte adonde yo aspiro! ¡Qué poco a poco respira! ¡Ya dio el último suspiro! ¡Vete en paz, alma hermosa, 5 y al que te hizo dichosa, pues ya le ves, pídele que nos sustente en su fe pura, santa, alegre, honrosa! ¡Quién supiese el muladar 10 adonde te han de enterrar, reliquia pequeña y santa, para que pueda mi planta con mis lágrimas regar! Entrase. 15 Aquí ha de salir la boda de esta manera: Halima con un velo delante del rostro, en lugar de Zahara; llévanla en unas andas en hombros, con música y hachas encendidas, guitarras y voces y grande regocijo, cantando los cantares que yo daré. Salen detrás de 20 todos Vivanco y don Lope, y entre los moros de la música va Osorio, el cautivo. Como acaban de pasar, pregunta don Lope a Osorio: D. Lop. ¿Quién es esta novia? Oso. Zara, 25 la hija de Agimorato. D. Lop. ¡No es posible! Oso. ¡Cosa es clara! Viv. Su rostro y el aparato de la boda lo declara. 30 Oso. ¡Por Dios, señores, que es ella, y que es la mora más bella
JORNADA TERCERA p. 334 y rica de Berbería! D. Lop. Por el velo que traía no pudimos conocella. Oso. Muley Maluco es su esposo, el que pretende ser rey 5 de Fez, moro muy famoso, y en su secta y mala ley es versado y muy curioso; sabe la lengua turquesca, la española y la tudesca, 10 italïana y francesa; duerme en alto, come en mesa, sentado a la cristianesca; sobre todo, es gran soldado, liberal, sabio, compuesto, 15 de mil gracias adornado. D. Lop. ¿Qué dices, amigo, de esto? Viv. Que habemos bien negociado, pues siendo una caña vara, y otro nuevo Moisés Zara 20 de este Egipto disoluto, pasamos el mar enjuto a gozar la patria cara. Oso. Gasta en Pascuas el judío su hacienda; en bodas el moro; 25 el cristiano, a su albedrío, sigue en esto otro decoro, de todo gusto vacío, Zahara, a la ventana. porque en pleitos le da cabo. 30 Zah. ¡Ce, hola, cristiano esclavo!
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 335 Oso. ¡A Dios, señores, que quiero hasta el término postrero ver esto! D. Lop. Tu gusto alabo. Zah. ¡Cristiano o moro enemigo! 5 Viv. ¿Quién nos llama? Zah. Quien merece que le oigáis. D. Lop. ¡Por Dios, amigo, que ésta Zara me parece 10 en la voz! Viv. Yo así lo digo. Zah. Decidme qué cosa es ésta de este regocijo y fiesta. D. Lop. Con Zara, la de esta casa, 15 Muley Maluco se casa. Zah. Desvariada respuesta. D. Lop. Y allí va sobre unas andas con música y vocería. Mira si otra cosa mandas. 20 Zah. Ya veo, Lela María, cómo en mis remedios andas. D. Lop. ¿Eres Zara? Zah. Zara soy. Tú, ¿quién eres? 25 D. Lop. ¡Loco estoy! Zah. ¿Qué dices? D. Lop. Que soy, señora, un tu esclavo que te adora. Soy don Lope. 30 Zah. A abrirte voy. Quítase de la ventana, y baja a abrir.
JORNADA TERCERA p. 336 Viv. De misterio no carece estar Zara aquí y allí. D. Lop. Este bien su fe merece, y el estar tan sola aquí la admiración en mí crece; 5 adonde hay tanto criado, tal soledad se ha hallado; todo es milagro y ventura. Viv. El regocijo y holgura de la boda lo ha causado. 10 Quien le hace parecer en lugares diferentes, muy más que esto puede hacer, por quitar inconvenientes al bien que ha de suceder. 15 Sale Zahara. ¿Vesla, don Lope, a do asoma? Mira si es bien que a Mahoma este tesoro quitemos. D. Lop. ¡Oh extremo de los extremos 20 de amor, que las almas doma! ¡Salud de mi enfermedad, arrimo de mi caída, de mi prisión libertad, de mi muerte alegre vida, 25 crédito de mi verdad; archivo donde se encierra toda la paz de mi guerra, sol que alumbra mis sentidos, luz que a míseros perdidos 30 los encamina a su tierra;
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 337 vesme aquí a tus pies postrado, mas tu esclavo y más rendido que cuando estaba aherrojado; por ti ganado y perdido, preso y libre en un estado; 5 dame tus pies sobrehumanos y tus alejandras manos, donde mis labios se pongan! Zah. No es bien que se descompongan con moras labios cristianos. 10 Por mil señales has visto cómo yo toda soy tuya, no por ti, sino por Cristo, y así, en fe de que soy suya, estas caricias resisto; 15 para otro tiempo las guarda, que ahora, que se acobarda el alma con mil temores, comedimientos y amores mal los atiende y aguarda. 20 ¿Cuándo te partes a España, y cuándo piensas volver por quien queda y te acompaña? ¿Cuándo fin has de poner a tan glorïosa hazaña? 25 ¿Cuándo volverán tus ojos a ver los moros despojos, que ser cristianos desean? ¿Cuándo en verte harás que vean fin mis temores y enojos? 30 D. Lop. Mañana me partiré; dentro de ocho días, creo,
JORNADA TERCERA p. 338 señora, que volveré, que a la cuenta del deseo que han de ser siglos bien sé. En el jardín estarás del tu padre, a do verás 5 mi fe y palabra cumplida, si me costase la vida que con tu vista me das. Y no te asalte el recelo que te he de faltar en esto, 10 pues no ha de querer el cielo para caso tan honesto negar su ayuda en el suelo. Cristiano y español soy, y caballero, y te doy 15 mi fe y palabra de nuevo de hacer lo que en esto debo. Zah. Asaz satisfecha estoy; pero, si me quieres bien, porque quede más segura, 20 júrame por Marién. D. Lop. ¡Juro por la Virgen pura, y por su Hijo también, de no olvidarte jamás, y de hacer lo que verás 25 en mi gusto y tu provecho! Zah. ¡Grande juramento has hecho! Basta; no me jures más. Viv. ¿Qué es lo que tu padre dice de esto de tu casamiento 30 con Muley Maluco? Zah. Hice
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 339 esta noche un sentimiento con que la boda deshice. Hoy me mandó aderezar para haberme de llevar esta noche a ser esposa; 5 vino, y hallóme llorosa; fuese sin quererme hablar, y por toda la ciudad se suena que me desposo esta noche. 10 Viv. Así es verdad. D. Lop. ¡Este es caso milagroso! No la apuréis más; callad. Dame tus manos, señora, hasta que llegue la hora 15 que con abrazos las des. Zah. No, sino dame tus pies, que eres cristiano, y yo mora. Vete en paz, que yo, entretanto que vas y vuelves, haré 20 plegarias al cielo santo con las voces de mi fe y lágrimas de mi llanto, rogándole que tranquile el mar, que viento asutile 25 próspero y largo en tus velas, que te libre de cautelas, que en su fe mi genio afile. Y, a Dios, que no puedo más, y mañana iré al jardín, 30 donde te espero. Viv. Verás
JORNADA TERCERA p. 340 de este principio buen fin. Zah. ¿Qué, me dejas y te vas? D. Lop. No puedo hacer otra cosa. Zah. ¿Llegará la venturosa hora de volver a verte? 5 Vase Zahara. D. Lop. Sí llegará, si la muerte no es, cual suele, rigurosa. No será el irme cordura, hasta ver el fin que tiene 10 aquesta boda en figura. Viv. El misterio que contiene, mi buen suceso asegura. Entranse. Descúbrese un tálamo donde ha de estar Halima, 15 cubierta el rostro con el velo; danzan la danza de la morisca; haya hachas; esténlo mirando don Lope y Vivanco, y; en acabando la danza, entran dos moros. Mor. 1. La fiesta cese, y a su casa vuelva 20 la bella Zara, que Muley lo ordena, con prudencia admirable, de esta suerte. Mor. 2. ¿Pues no pasa adelante el casamiento? Mor. 1. Sí pasa; pero quiere que, entretanto que él va a cobrar su reino de Marruecos, 25 Zara se quede en casa de su padre entera y sin tocar, que de este modo quedará más segura, y él espera gozarla con sosiego allá en su reino, a cuya empresa aún bien no habrá salido 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 341 el sol cuando se parta; que esta prisa le dan dos mil jenízaros que lleva en su campo, que ya sabes que marcha. Mor. 2. Si esto pensaba hacer, ¿para qué quiso que el paseo de Zara se hiciese? 5 ¿Qué dirá el pueblo? Pensará, sin duda, que no quiere casarse ya con ella. Mor. 1. Diga lo que dijere, éste es su gusto, y no hay sino callar y obedecerle; y más, que Agimorato gusta de ello. 10 [Mor.] 2. ¿Ha de volver con pompa? [Mor.] 1. ¡Ni por pienso! [Mor.] 2. Vamos, pues, a volverla. Viv. ¡Oh Dios inmenso! Entranse todos, y ciérrase la cortina del tálamo; 15 quedan en el teatro don Lope y Vivanco. ¡Grandes son tus misterios! Ya seguro puedes partir, pues ves cuán fácilmente esta fantasma y sombra se ha [deshecho. 20 D. Lop. Premisas son de nuestro buen suceso. Yo me voy a embarcar; tened cuidado de acudir al lugar donde os he dicho y de hacer nuevas señas cada noche como pasen seis días, en los cuales 25 pienso poder volver como deseo; y procurad con maña y con aviso, sin descubrir jamás vuestro designio, que el padre de aquel mártir se recoja en el jardín con otro algún amigo; 30 que, si toca a Mallorca este navío
JORNADA TERCERA p. 342 en que parto, bien será posible que dentro de seis días vuelva a veros. Viv. Partid con Dios, que yo haré de suerte que más de dos la libertad alcancen. Las señas no se olviden. Abrazadme, 5 y ánimo, y diligencia, y Dios os guíe. D. Lop. De nadie este secreto se confíe. Entranse. Sale Osorio y el sacristán. Oso. El cuento es más gracioso 10 que por jamás se ha oído: que los judíos mismos de su misma hacïenda os rescatasen. Sac. Así, como os lo cuento, ha sucedido el caso: 15 ellos me han rescatado, y dado libertad graciosamente. Dicen que de esta suerte aseguran sus niños, sus trastos y cazuelas, 20 y, finalmente, su hacïenda toda. Yo he dado mi palabra de no hurtarles cosa mientras me fuere a España, y por Dios que no sé si he de 25 [cumplirla. Entra un cristiano. Cris. La limosna ha llegado a Bujía, cristianos. Oso. ¡Buenas nuevas son éstas! 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 343 ¿Quién viene? Cris. La Merced. Oso. ¡Dios nos la haga! ¿Y quién la trae a cargo? Cris. Dícenme que un prudente 5 varón, y que se llama fray Jorge de Olivar. Sac. ¡Venga en buen hora! Oso. Un fray Rodrigo de Arce ha estado aquí otras veces, 10 y es de esa misma orden, de condición real, de ánimo noble. Sac. Por lo menos, me ahorro reverencias y ruegos, gracias a Sedequías 15 y al rabí Netalim, que dio el dinero. Si la esperanza es buena, la posesión no es mala. Muy bien está lo hecho; venga cuando quisiere la limosna. 20 ¡Oh campanas de España! ¿Cuándo entre aquestas manos tendré vuestros badajos? ¿Cuándo haré el tic y toc o el grave [empino? 25 ¿Cuándo de los bodigos que por los pobres muertos ofrecen ricas viudas veré mi arcaz colmado? ¿Cuándo, [cuándo? 30 Cris. ¿Adónde vais ahora? Oso. Pidióle Agimorato
JORNADA TERCERA p. 344 al cadí que nos fuésemos a su jardín por tres o cuatro días; que con su hija Zara y con la bella Halima, de Cauralí consorte, 5 piensa pasar allí todo el verano. Cris. Podrá ser que algún día yo vaya a entretenerme con vosotros un rato. Oso. Serás bien recibido. 10 Cris. ¡A Dios, amigos! Vase. Sac. También, pues estoy libre, iré yo, Osorio, a veros. Oso. Pues lleva la guitarra, 15 y, si es posible, vente luego. Sac. Harélo. Entranse. Salen Halima, Zahara, Costanza, y, al entrar, se le cae a Zahara un rosario, que lo alza Halima. 20 Hal. ¿Cómo es esto, Zara amiga? ¿Cruz en tus cuentas? Cos. Mías son. Hal. Si aquésta no es devoción, no sé qué piense o qué diga. 25 Zah. ¿Qué cosa es cruz? Hal. Este palo que sobre estotro atraviesa. Zah. Pues bien: ¿qué señal es ésa? Hal. ¡No está el disimulo malo! 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 345 Es la señal que el cristiano reverencia como a Alá. Cos. Señora, déjamela, que es mía. Hal. Tu intento es vano, 5 que a Zara se le cayó, y yo lo vi por mis ojos. Zah. Eso no te cause enojos, que Costanza me la dio cuando estaba el otro día 10 en tu casa, y yo no sé lo que es cruz. Cos. Eso así fue, y fue inadvertencia mía no quitarle esa señal. 15 Pero ¿qué importa al decoro de vuestro rezado moro? Zah. Gualá que no dice mal. Hal. Con todo, quítala, hermana; que si algún moro la ve, 20 dirá que guardas la fe, en secreto, de cristiana. Entran Vivanco y don Fernando. Viv. He fiado este secreto de vos por ser caballero. 25 D. Fer. Ser agradecido espero al peso de ser secreto. Estas son Halima y Zara, que yo las conozco bien. Viv. Nuestro negocio va bien. 30 Hal. Repara, amiga, repara,
JORNADA TERCERA p. 346 que viene allí mi cristiano, y en él viene un mi enemigo a quien adoro y maldigo. Zah. ¿Qué dices? Hal. No está en mi mano 5 disimular más. Cos. ¡Ay triste! ¿Si se quiere declarar con él? Hal. Quiérole hablar. 10 Cos. En vano a amor se resiste. Zah. ¿Quiéresle bien? Hal. La vergüenza me perdone. Adórole, y él lo sabe, y yo no sé 15 cómo a su dureza venza. Zah. ¿Y no se humana contigo? Hal. Costanza dice que sí; pero yo siempre en él vi asperezas de enemigo. 20 Llégate; dime, cristiano: ¿sabes que eres mi cautivo? D. Fer. Señora, sí, y sé que vivo por ti. Hal. ¿Pues cómo, inhumano? 25 ¿Nunca te han dicho mis ojos y la lengua de Costanza que tienes de mi esperanza en tu poder los despojos? ¿Has aguardado a que haga 30 de tanta gente en presencia esta costosa experiencia,
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 347 descubriéndote mi llaga? Mira qué fe desdichada, que esto que llaman amor, ya es incendio, ya es furor, cuando no repara en nada; 5 mira bien que podría ser, si desprecias lo que digo, hicieses, hombre, enemigo de tan amiga mujer. D. Fer. Tres días pido, no más, 10 de plazo, señora mía, para dar a tu porfía el dulce fin que verás. Vete con Dios al jardín de Zara, y allí me espera; 15 verás de tu pena fiera, como he dicho, un dulce fin. Hal. ¡Soy contenta! Zah. Y yo la mano doy por él, que así lo hará. 20 Cos. ¡Muy bien negociado está! Hal. Si has de venir, ve temprano. Zah. ¿Qué viento es este que corre, cristiano? Viv. Norte parece, 25 y en él la ventura ofrece el que nos guía y socorre. Zah. ¿Fuese ya tu compañero a España? Viv. Ya habrá seis días. 30 Zah. ¿Solo, sin él, quedarías? Viv. Sí quedé; mas verle espero
JORNADA TERCERA p. 348 con brevedad. Zah. ¿Qué, tan presto? Viv. Partiríame mañana, si hubiese bajel. Hal. Cristiana, 5 alza el rostro. ¿Qué es aquesto? Muy melancólica estás. ¿Qué tienes?, ¿qué sientes? Di. Cos. Vamos, señora, de aquí, aunque he de morir do vas, 10 porque me da el corazón saltos que me rompe el pecho. Zah. El madrugar lo habrá hecho. Cos. Y haber visto una visión que, si no es cosa fingida 15 y en buen discurso trazada, el fin de aquesta jornada ha de ser el de mi vida. D. Fer. Todas son fantasmas vanas; Costanza, no hay que temer. 20 Cos. Presto lo echaré de ver. Zah. ¡Medrosas son las cristianas! Cos. No mucho, puesto que hay tal que se espanta de los cielos; iba a decir de los celos, 25 y no dijera muy mal. Hal. Queda con Alá, mi Hernando, y mira que vengas luego; que te lo mando y lo ruego. Cos. Basta decir te lo mando. 30 Entranse las tres.
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 349 Viv. Vamos; quizá la ventura habrá tan próspera sido, que don Lope sea venido, y no hay perder coyuntura. Entrase Vivanco y don Fernando. 5 Sale el padre con un paño blanco ensangrentado, como que lleva en él los huesos de Francisquito. Pad. Osorio haré que los guarde. Temo que esta oscuridad, o me turbe, o lleve tarde. 10 ¡Oh cuán propio es de mi edad ser temerosa y cobarde! Mas estas reliquias santas encaminarán mis plantas al jardín de Agimorato. 15 Menester es gran recato donde hay asechanzas tantas. Entrase. Sale don Fernando y Vivanco. Viv. En la mar está, sin duda; 20 que haber a tierra llegado muestra este plato quebrado. A nuestra señal se acuda: hiere, amigo, el pedernal, porque saques de [él] la lumbre 25 que traiga, guíe y alumbre todo el bien de nuestro mal. D. Fer. ¿No ves cómo otras centellas corresponden a las nuestras? Viv. Llama a tan alegres muestras, 30
JORNADA TERCERA p. 350 no centellas, sino estrellas. Sosiega y escucha el son manso de los santos remos. D. Fer. Mas a la orilla lleguemos. No hay que dudar; ellos son. 5 Entran don Lope y el patrón de la barca. D. Lop. ¿Es Vivanco? Viv. El mismo soy. D. Lop. ¿Está Zara en el jardín? Viv. Sí, amigo. 10 D. Lop. ¡Felice fin da el cielo a mis males hoy! Viv. ¡Abrázame! D. Lop. No hay lugar de cumplimientos ahora. 15 Ve por ella. Viv. Sea en buen hora. Poco podrás esperar. D. Fer. ¿Quieres que vaya contigo, amigo? 20 Viv. No hay para qué; que yo solo las traeré en un instante conmigo: que todos están a punto, sin dormir, esto esperando. 25 D. Lop. Pues parte, amigo, volando. Pat. ¿Están lejos? Viv. Aquí junto. Entrase Vivanco. Pat. ¡Oh si no tardasen mucho, 30
DE LOS BAÑOS DE ARGEL p. 351 que es el viento favorable! D. Lop. Sosegaos, ninguno hable, que cierto rumor escucho. Pat. A la barca nos volvamos hasta ver lo que es, señor. 5 D. Lop. Quedito, no hagáis rumor, que aquí seguros estamos. Entran Vivanco, (Halima), Zahara, Costanza, el padre con un paño blanco, dando muestra que lleva los huesos de Francisquito; Osorio, el sacristán y otros 10 cristianos que pudieren salir. Viv. Estaban alerta, y vieron las señales en la mar, y, sin poderme esperar, a la marina corrieron. 15 Ahorráronme el camino. Oso. ¡Esta es suerte milagrosa! D. Lop. ¿Dó está mi estrella hermosa? Zah. ¿Dó está mi norte divino? Pat. No es tiempo de cumplimientos; 20 a embarcar, que el viento carga. ¡Oh liviana y santa carga, haced propicios los vientos! Sac. Ya yo estaba rescatado; pero, con todo, me iré. 25 Pat. ¿Hay más cristianos? D. Fer. No sé. Viv. Los que he podido he juntado. Cos. ¡Vamos; no despierte Halima! D. Fer. ¿Quieres que por ella vuelva? 30 Pat. Todo el mundo se resuelva de embarcarse.
JORNADA TERCERA p. 352 Cos. ¿Te lastima dejar tu ama? D. Fer. Y mi amo quisiera que aquí se hallara. D. Lop. ¿Vamos, Zara? 5 Zah. Ya no Zara, sino María me llamo. D. Lop. No de la imaginación este trato se sacó, que la verdad lo fraguó 10 bien lejos de la ficción. Dura en Argel este cuento de amor y dulce memoria, y es bien que verdad e historia alegre al entendimiento. 15 Y aún hoy se hallarán en él la ventana y el jardín. Y aquí da este trato fin, que no le tiene el de Argel. Fin de la comedia. 20
p. 353 ÍNDICE Páginas. __________ ADVERTENCIA................................. VII Portada de la primera edición............... 1 Suma del Privilegio......................... 3 Suma de la Tasa............................. 3 Fe de las Erratas........................... 3 Aprobación.................................. 4 Prólogo al lector........................... 5 Dedicatoria al conde de Lemos............... 11 Nombres de las comedias y de los entremeses. 13 Comedia famosa del gallardo español......... 15 Comedia famosa de la casa de los celos...... 133 Comedia famosa de los baños de Argel........ 235
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