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OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS Y ENTREMESES
TOMO III
Versión modernizada
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1918 Rodolfo Schevill
Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS
Y
ENTREMESES
TOMO III
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ
Calle del Barquillo, núm. 8.
M. CM. XVIII.
p. 3
p. 4
p. 5
COMEDIA FAMOSA
DE LA ENTRETENIDA
Los que hablan en ella son los siguientes:
Ocaña, lacayo. Músicos.
Cristina, fregona. Un barbero. 5
Don Antonio. Un alguacil.
Marcela, su hermana. Un corchete.
Don Francisco. (Don Gil, bastardo).
Cardenio. Clavijo.
Torrente, su criado. Un cartero. 10
Muñoz, escudero de Don Pedro Osorio,
Marcela. padre de [otra]
Dorotea. Marcela.
Don Ambrosio. [Don Silvestre de
Quiñones, paje. Almendárez.] 15
(Anastasio).
JORNADA PRIMERA
Salen Ocaña, lacayo, con un mandil y harnero,
y Cristina, fregona.
Oca. Mi sora Cristina, demos. 20
Cris. ¿Qué hemos de dar, mi so Ocaña?
Oca. Dar en dulce, no en huraña,
ni en tan amargos extremos.
Cris. ¿Querría el sor que anduviese
JORNADA PRIMERA p. 6
de pa y vereda contino?
Oca. No hay quien ande ese camino,
que algún gusto no interese.
[Cris.] Siempre la melancolía
fue de la muerte parienta, 5
y en la vida alegre asienta
el hablar de argentería.
Motes, cuentos, chistes, dichos,
pensamientos regalados,
muy buenos para pensados, 10
y mejores para dichos.
Oca. Sé yo, Cristina, con quién
te burlas, y no es conmigo.
Cris. ¿Sabe, Ocaña, qué le digo?
Oca. ¿Que dirás que me esté bien? 15
Cris. Dígole que no malicie
con tan dañados intentos.
Oca. Pues a fe que en estos cuentos
ando por la superficie:
que, si llegase hasta el centro, 20
¡oh qué diría de cosas!
Cris. Muchas, pero maliciosas.
Oca. Sálenme mil al encuentro
del corazón a la lengua.
Cris. No te pienso escuchar más. 25
Oca. Vuelve, Cristina; ¿a dó vas?
Cris. Es el escucharte mengua,
y enfádanme tus ruindades
y tus modos de decir.
Oca. El que está para morir, 30
siempre suele hablar verdades.
Yo estoy muriendo, y confieso
DE LA ENTRETENIDA p. 7
que quieres bien a Quiñones.
Cris. De tus malas intenciones
ahora se ve el exceso;
ahora se echa de ver
que eres loco y laca... 5
Oca. Bueno;
pronuncia de lleno en lleno,
aunque el yo no es menester:
que el ser lacayo no ignoro,
sin rodeos y sin cifras. 10
Y mal tu venganza cifras
en no guardar el decoro
que debes a ser fregona
de las más lindas que vi,
entre Quiñones y mí, 15
ya cordera, y ya leona.
Cris. ¿Soy, por ventura, mujer
que he de avasallarme a un paje?
¿O vengo yo de linaje
de tan bajo proceder? 20
¿No soy yo la que en mi flor,
por no querer ofendella,
presumo más de doncella,
que no el Cid de campeador?
¿No soy yo de los Capoches 25
de Oviedo? ¿Hay más que mostrar?
Oca. Con todo, te has de quedar,
Cristina...
Cris. ¿A qué?
Oca. A buenas noches. 30
Eres muy solicitada
y muy vista, y no está el toque
JORNADA PRIMERA p. 8
en que la flor no se toque,
si al serlo está aparejada.
Las flores, en (el) campo, están
sujetas a cualquier mano:
a las del bajo villano 5
y a las del alto galán,
al arado y al pie duro
del labrador que le guía;
pero la flor que se cría
tras el levantado muro 10
del recato, no la ofende
el cierzo murmurador,
ni la marchita el ardor
del que tocarla pretende.
La mujer ha de ser buena, 15
y parecerlo, que es más.
Cris. Gran predicador estás;
mas tu doctrina condena
a tus lascivos intentos.
Oca. Levántasles testimonio: 20
que al blanco del matrimonio
asestan mis pensamientos.
Cris. A mucho te has atrevido.
Muestra; aquí está la cebada.
Dale el harnero; éntrase Cristina. 25
Oca. Toma el harnero, agraviada
de este que de ti lo ha sido.
¡Oh pajes, que sois halcones
de estas duendas fregoniles,
de su salario alguaciles, 30
de sus vivares hurones!
DE LA ENTRETENIDA p. 9
Lleváisos la media nata
de este común beneficio;
dais en ella rienda al vicio,
sin hallar ninguna ingrata;
gozáis del justo botín 5
y de la limpia chinela,
y os reís del arandela
y del dorado chapín;
hacéis con modos süaves
burla que os cuesta barata 10
de aquellas lunas de plata
que van pisando las graves.
¡Qué presto Cristina vuelve
con la cebada y Quiñones!
¡Corazón, triste te pones! 15
¡La sangre se me revuelve
en ver a estos dos tan juntos,
tan domésticos y afables!
Entra Cristina con la cebada, y Quiñones, el paje.
Cris. No le mires ni le hables. 20
Si le hablares, no sea en puntos
que te descubran celoso:
que hará mil suertes en ti.
Qui. Aunque mozo, nunca fui,
ni soy, ni seré medroso. 25
Cris. Advierte que está delante.
Tome, galán, la cebada.
Oca. ¿Bien medida?
Cris. Y bien colmada.
Oca. ¿Midióla mi so galante? 30
Cris. No la midió sino el diablo,
JORNADA PRIMERA p. 10
que tu mala lengua atiza.
Oca. Voyme a mi caballeriza,
por no ver este retablo
de estas dos figuras juntas
que no se apartan jamás. 5
Qui. En tales malicias das,
que con una mil apuntas;
y que te engañas sé yo.
Oca. Y también sé yo muy bien
que a los dos estará bien 10
el callar.
Cris. Yo sé que no;
porque quien calla, concede
con el mal que de él se dice.
Oca. Ninguno te dije o hice. 15
Qui. Ni el decir o hacerle puede.
Oca. Por vida suya, que abaje
el toldo: que, en mi conciencia,
que hay muy poca diferencia
entre un lacayo y un paje. 20
La longura de un caballo
puede medirla a compás,
yo delante, y él detrás;
andallo, mi vida, andallo.
Entrase Ocaña. 25
Cris. ¡Y que tú no tengas brío
para responderle! Creo
que he de recobrar mi empleo,
y volverme a lo que es mío.
Qui. ¿Qué tengo de responder? 30
¿Ciño espada? No la ciño.
DE LA ENTRETENIDA p. 11
Y más, que es mengua si riño
con...
Cris. Quiñones, a placer:
que es Ocaña hombre de bien,
y espadachín además. 5
Entran don Antonio y su hermana Marcela.
D. An. ¡Porfiada, hermana, estás!
Quiero, mas no diré a quién.
Tengo ausente mi alegría,
sin saber adónde yace, 10
y de aquesta ausencia nace
toda mi melancolía.
Hanla escondido, y no sé
adónde, en cielo ni en tierra;
muévenme los celos guerra, 15
y dan alcance a mi fe,
no porque la menoscaben:
que, celos no averiguados,
ministran a los cuidados
materia porque no acaben; 20
son la leña del gran fuego
que en el alma enciende amor,
viento con cuyo rigor
se esparce o turba el sosiego.
Qui. Aún no han echado de ver 25
que estamos aquí nosotros.
D. An. Dejadnos aquí vosotros.
Cris. Entra aquí el obedecer.
Entranse Quiñones y Cristina.
Mar. ¿Siquiera no me dirás 30
JORNADA PRIMERA p. 12
el nombre de esa tu dama?
D. An. Como te llamas, se llama.
Mar. ¿Como yo?
D. An. Y aun tiene más:
que se te parece mucho. 5
Mar. [Aparte.] ¡Válgame Dios! ¿Qué es
[aquesto?
¿Si es amor éste de incesto?
Con varias sospechas lucho.--
¿Es hermosa? 10
D. An. Como vos,
y está bien encarecido.
Mar. [Aparte.] El seso tiene perdido
mi hermano. ¡Válgale Dios!
Entra don Francisco, amigo de don Antonio. 15
D. Fr. ¿Andan hinchadas las olas
del mar de tu pensamiento?
D. An. Entraos en vuestro aposento;
dejadnos, hermana, a solas;
retiraos, hermana mía. 20
Mar. ¡Dios tus intentos mejore!
Entrase Marcela.
D. An. ¿Traéis desdichas que llore,
o ya venturas que ría?
D. Fr. Promesas que se han cumplido 25
con dádivas, se han probado;
industrias se han intentado
del Sinón más entendido;
las diligencias que he hecho,
frisan con las imposibles; 30
DE LA ENTRETENIDA p. 13
linces ha habido invisibles,
y espías de trecho a trecho;
pero no puede mostrar
sagacidad o cautela
dónde han llevado a Marcela: 5
cosa que es para admirar.
Solamente se imagina
que una noche la sacó
su padre, y se la llevó;
pero adónde, no se atina. 10
D. An. ¿Si podrá la astrología
judiciaria declararlo?
D. Fr. Yo no pienso interrogarlo:
que tengo por fruslería
la ciencia, no en cuanto a ciencia, 15
sino en cuanto al usar de ella
el simple que se entra en ella
sin estudio ni experiencia.
Si acaso Marcela fuera
alguna joya perdida, 20
yo buscara otra salida,
que buena en esto la diera.
Santos hay auxiliadores
veinte, o más, o no sé cuántos;
pero no querrán los santos 25
curarnos de mal de amores.
A la justa petición
siempre favorece el cielo.
D. An. ¿Pues no es muy justo mi celo?
¿No está muy puesto en razón? 30
¿Busco yo a Marcela acaso
sino para ser mi esposa?
JORNADA PRIMERA p. 14
¿De ella pretendo otra cosa?
D. Fr. O vámonos, o habla paso:
que no sabes quién te escucha.
D. An. Vamos, amigo; y advierte
que fío mi vida y muerte 5
de tu discreción, que es mucha.
Entranse don Antonio y don Francisco.
Entran Cardenio con manteo y sotana, y tras él
Torrente, capigorrón, comiendo un membrillo o cosa
que se le parezca. 10
Car. Vuela mi estrecha y débil esperanza
con flacas alas, y, aunque sube el vuelo
a la alta cumbre del hermoso cielo,
jamás el punto que pretende alcanza.
Yo vengo a ser perfecta semejanza 15
de aquel mancebo que de Creta el
[suelo
dejó, y, contrario de su padre al celo,
a la región del cielo se abalanza.
Caerán mis atrevidos pensamientos 20
del amoroso incendio derretidos,
en el mar del temor turbado y frío;
pero no llevarán cursos violentos,
del tiempo y de la muerte prevenidos,
al lugar del olvido el nombre mío. 25
¿Comes? Buena pro te haga;
la misma hambre te tome.
Tor. No puede decir que come
el que masca y no lo traga.
No se me vaya a la mano, 30
que de ésta, si acaso es culpa,
DE LA ENTRETENIDA p. 15
ser me sirve de disculpa
el membrillo toledano.
Sé cierto que decir puedo,
y mil veces referillo:
espada, mujer, membrillo, 5
a toda ley, de Toledo.
Las acciones naturales
son forzosas, y el comer,
una de ellas viene a ser,
y de las más principales; 10
y esto aquí de molde viene,
y es una advertencia llana:
come el rico cuando ha gana,
y el pobre, cuando lo tiene.
Car. Con todo, me darás gusto 15
de que en la calle no comas.
Tor. Si estas niñerías tomas
por deshonra o por disgusto,
yo me aturaré la boca
con cal y arena a pisón. 20
Car. Sé que tienes discreción.
Tor. ¡Y golosina no poca!
Car. Sabes lo que nunca supo
el diablo.
Tor. Y aun soy peor. 25
Car. ¿Vuelves a comer, traidor?
Tor. Ya no como, sino chupo.
Entra Muñoz, escudero de Marcela.
Pero ves dónde parece
tu Santelmo. 30
Car. Así es verdad,
JORNADA PRIMERA p. 16
puesto que mi tempestad
nunca mengua, y siempre crece.
En estas benditas manos
tengo mi remedio puesto.
Muñ. Vos veréis cómo echo el resto 5
en daros consejos sanos.
Advertid, hijo, que son
las canas el fundamento
y la basa a do hace asiento
la agudeza y discreción. 10
En la mucha edad se muestra
que asiste toda advertencia,
porque tiene a la experiencia
por consejera y maestra;
y estas canas no han nacido 15
en aqueste rostro acaso.
Car. Hablad, señor Muñoz, paso,
que ya os tengo conocido,
y sé que sabéis cortar,
colgado del aire, un pelo. 20
Muñ. Así me ayude a mí el cielo,
como os pienso de ayudar;
porque el premio es el que aviva
al más torpe ingenio y rudo.
Car. Si es premio este pobre escudo, 25
vuestra merced le reciba
con aquella voluntad
sana con que yo le ofrezco.
Muñ. ¡Oh señor, que no merezco
tanta liberalidad! 30
Tor. Tomóle, besóle, y diole
quizá perpetua clausura;
DE LA ENTRETENIDA p. 17
del oro la color pura
sin duda que enamoróle,
porque tiene una virtud
de alegrar el corazón,
y la avara condición 5
vive con la senectud.
¿Pero a qué pecho no doma
la hambre del oro?
Muñ. Escucha,
y, con advertencia mucha, 10
hijo, este consejo toma.
De Marcela no hay pensar
que es de tan tiernos aceros,
que la han de ablandar terceros,
ni rogar, ni porfiar, 15
ni lágrimas, ni suspiros,
ni voluntad verdadera:
que son con ella de cera
de amor los más fuertes tiros.
A las olas que se atreven 20
a embestirla por amar,
se muestra roca en la mar,
que la tocan y no mueven.
Esto con Marcela pasa.
Car. No me acobardes y espantes. 25
Tor. ¡Oh cuántos de estos diamantes
he visto volver de masa!
¡Cuántas he visto rendidas
a un billete trasnochado!
¡Cuántas, sin darlas, han dado 30
de ganadas en perdidas!
¡Cuántas siguen sus antojos
JORNADA PRIMERA p. 18
en mitad de su recato!
¡Cuántas en el dulce trato
tropiezan, y aun dan de ojos!
Muñ. Pues ni Marcela tropieza,
ni cae. 5
Tor. ¡Gran milagro!
Car. Calla;
que es extremo que se halla
hoy en la naturaleza,
y el señor Muñoz bien sabe 10
lo que dice.
Muñ. Yo estoy cierto
que aún más bien del que os advierto,
todo en mi señora cabe.
Pero vengamos al punto 15
de lo que quiero decir.
Car. Hasta acabarle de oír,
estoy, Torrente, difunto.
Muñ. Es el caso que está en Lima
un hermano de su padre 20
de Marcela, caballero
de ilustre y claro linaje.
De los bienes de fortuna
dicen que le cupo parte
tanta, que, entre los más ricos, 25
suelen por rico nombrarle.
Tiene un hijo, que se llama
don Silvestre de Almendárez,
el cual con doña Marcela,
aunque prima, ha de casarse. 30
Cada flota le esperamos;
mas, si en esta que se sabe
DE LA ENTRETENIDA p. 19
que ha llegado a salvamento,
no viene, echado ha buen lance.
Fíngete tú don Silvestre,
que yo te daré bastantes
relaciones con que muestres 5
ser el mismo; y serán tales,
que, por más que te pregunten,
podrás responder con arte,
que, acreditando el engaño,
tus mentiras sean verdades. 10
Aposentaránte en casa,
haránte gasajos grandes,
y tú dentro, una por una,
podrás ver cómo te vales.
Car. Está bien; pero si acaso 15
en aquesta flota traen
cartas de ese don Silvestre,
y de que no viene saben,
yo dentro en casa, ¿qué haré?
¿Cómo podrá acreditarse 20
tan conocida mentira
para que pase adelante?
Muñ. Dirás que, después de escritas
y dadas, quiso tu madre
que te vinieses a España, 25
aunque a hurto de tu padre;
que ella, deseando verse
con nietos en quien dilate
su nombre y posteridad,
no quiso que más tardases. 30
Y este venirte a escondidas
podrá, señor, excusarte
JORNADA PRIMERA p. 20
de no venir con riquezas
que el ser quien eres señalen;
mas no dejes de traer
algunas piedras bezares,
y algunas sartas de perlas, 5
y papagayos que hablen.
Car. En eso yo daré trazas
que de ese aprieto me saquen,
y tales, que satisfagan.
Tor. Todo aquesto es disparate. 10
Car. La memoria sea cumplida,
y los puntos importantes
que en este nuevo edificio
han de ser fundamentales,
vengan especificados, 15
de modo que me declaren
por el mismo don Silvestre.
Muñ. Ven por ellos esta tarde.
Car. Volverá este mi criado.
Tor. Volveré, si a Dios le place: 20
que, sin su ayuda, no puedo,
ni estornudar, ni mudarme.
Muñ. Señor, si acaso, si a dicha,
si por buena suerte traes
otro escudillo, bien puedes 25
con liberal mano darle:
que es invierno, y no hay bayeta,
y no será bien que pase
frío el que al incendio tuyo
procura refrigerarle. 30
Car. No le traigo, en mi conciencia;
pero yo haré que se os saque
DE LA ENTRETENIDA p. 21
un vestido de bayeta,
y a mi cuenta le hará el sastre.
Muñ. Venderéle, ¡vive Roque!
No consentiré se ensanche
Marcela con mis trofeos, 5
que cuestan gotas de sangre.
Vístame la que quisiere
que polido la acompañe:
que gastar yo mi bayeta
en servicio ajeno, ¡tate! 10
Y voyme, porque conviene
que la memoria se estampe
que fortifique este embuste.
Y a Dios quedéis.
Car. El os guarde. 15
Muñ. Mire que no se le olvide
lo de la bayeta y sastre:
que en este punto consisten
sus gustos o sus pesares.
Entrase Muñoz. 20
Car. ¡Gran principio a mi quimera!
Tor. Llámala, señor, dislate,
torre fundada en palillos,
como casica de naipes.
Dime: ¿dónde están las perlas? 25
¿Dónde las piedras bezares?
¿Adónde las catalnicas
o los papagayos grandes?
¿Dónde la práctica de Indias,
de los puertos y los mares 30
que se toman y navegan?
JORNADA PRIMERA p. 22
¿Dónde la bayeta y sastre?
Si quieres que tus negocios
en felice punto paren,
lleva, y esto te aconsejo,
siempre la verdad delante. 5
Capigorrista soy tuyo,
y, como padezco hambre,
tengo sutil el ingenio,
y en dar consejos soy sacre.
Car. Yo me remito a la lista 10
de Muñoz; tú no desmayes,
que, en las empresas de amor,
tal vez se ha visto que valen
el ingenio y la ventura
más que las riquezas grandes. 15
Tor. De este laberinto, el cielo
con las narices nos saque.
Entranse.
Entran Marcela, y Dorotea, su doncella.
Dor. Dime, señora: ¿qué muestra 20
te ha dado tu hermano tal,
que sea indicio y señal
de alguna intención siniestra?
No puedo darme a entender
que te ama viciosamente, 25
aunque es caso contingente.
Mar. ¡Y cómo si puede ser!
¿Ya no se sabe que Amón
amó a su hermana Tamar?
¿Y no nos vienen a dar 30
Mirra y su padre ocasión
DE LA ENTRETENIDA p. 23
de temer estos incestos?
Dor. Con todo, señora, creo
que encamina su deseo
por términos más compuestos,
y esto tengo por verdad. 5
Mar. Mi querida Dorotea,
plega al cielo que así sea;
él rija su voluntad.
De contino trae en la boca
mi nombre, a hurto me mira, 10
gime a solas y suspira,
las manos me besa y toca;
y da por disculpa de esto,
que me parezco a su dama,
que de mi nombre se llama. 15
Dor. ¿Hase, a dicha, descompuesto
a hacer más de lo que dices?
Mar. No, por cierto; ni querría.
Dor. Pues de esto, señora mía,
no es bien que te escandalices; 20
pues podrá ser que su dama
se llame, señora, así,
y que se parezca a ti,
si de hermosa tiene fama.
Entra don Antonio, hermano de Marcela. 25
Mar. Mira do viene suspenso;
tanto, que no echa de ver
que aquí estamos. De su ser
que está trastrocado pienso.
Escuchémosle, y advierte 30
cómo de Marcela trata.
JORNADA PRIMERA p. 24
D. An. Es tu ausencia la que mata;
no el desdén, aunque es tan fuerte.
¡Ay dura, ay importuna, ay triste
[ausencia!
¡Cuán leños debió estar de conocerte 5
el que al furor de la invencible muerte
igualó tu poder y tu violencia!
Que, cuando con mayor rigor sentencia,
¿qué puede más su limitada suerte,
que deshacer la liga y nudo fuerte 10
que a cuerpo y alma tiene
[inconveniencia?
Tu duro alfanje a mayor mal se
[extiende,
pues un espíritu en dos mitades 15
[parte.
¡Oh milagros de amor, que nadie
[entiende!
Que, del lugar de do mi alma parte,
dejando su mitad con quien la enciende, 20
consigo traiga la más frágil parte.
¡Oh Marcela fugitiva
y sorda al lamento mío!
¿Cómo quiere tu desvío
que ausente muriendo viva? 25
¿Dónde te escondes? ¿Qué clima
inhabitable te encierra?
¿Cómo a tu paz no da guerra
el dolor que me lastima?
¡Téngote siempre delante, 30
y no te puedo alcanzar!
Mar. ¿Para temer y pensar,
DE LA ENTRETENIDA p. 25
esto no es causa bastante?
Dor. Sí, por cierto. Nunca estés
sola, si fuere posible;
de que aspire a lo imposible,
jamás ocasión le des; 5
rómpase en tu honestidad,
en tu advertencia y recato,
la fuerza de su maltrato,
que nace de ociosidad.
Y vámonos, no nos vea; 10
dé a solas rienda a su intento.
Mar. Yo estoy en tu pensamiento,
que es muy bueno, Dorotea.
Entrase Marcela y Dorotea.
Sale Ocaña de lacayo, con una varilla de membrillo y 15
unos anteojos de caballo en la mano, y pónese atento
a escuchar a su amo.
D. An. Amor, que lo imposible facilitas
con poderosa fuerza blandamente,
allanando las cumbres: 20
¿por qué las nubes de mi sol no quitas?
¿Por qué no muestras por algún Oriente
las dos hermosas cumbres
que dan rayos al sol, luz a tus ojos,
por quien te rinde el mundo sus 25
[despojos?
¿Qué quieres, Ocaña?
Oca. Quiero
herrar el bayo, señor,
y no acierta el herrador 30
a herrarle si no hay dinero.
JORNADA PRIMERA p. 26
Débense cuatro herraduras
y un brebajo; mira, pues,
si andarán aquellos pies,
siendo tus manos tan duras.
Y vengo por seis raciones 5
que me deben: que amohína
ver que sobren a Cristina
y resobren a Quiñones,
y que falten para mí,
que sirvo mejor que todos, 10
de tres y de cuatro modos.
D. An. Confieso que ello es así,
Ocaña amigo, y sabed
que todo se os pagará.
Y andad con Dios. 15
Oca. Siempre está
conmigo vuestra merced
riguroso por el cabo.
D. An. ¿En qué modo?
Oca. ¿Yo no veo 20
que, cual si fuera guineo,
bezudo y bozal esclavo,
apenas entro en la sala
por alguna niñería,
cuando cualquiera me envía, 25
si no en buena, en hora mala?
A nadie se le trasluce,
por más que yo lo procuro,
el ingenio lucio y puro
que en este lacayo luce. 30
Anda conmigo al revés
fortuna poco discreta:
DE LA ENTRETENIDA p. 27
que, si tú fueras poeta,
quizá fuera yo marqués,
o, por lo menos, ya fuera
tu consejero y privado;
pero de mi corto hado 5
tamaño bien no se espera.
Hay poetas tan divinos,
de poder tan singular,
que puedan títulos dar
como condes palatinos; 10
y aun, si lo toman despacio,
en tiempo y caso oportuno,
no habrá lacayo ninguno
que no casen en palacio
con doncellas de la reina, 15
de valor único y solo:
que, por la gracia de Apolo,
esta gracia en ellos reina.
Pero yo nací, sin duda,
para la caballeriza, 20
haciendo en mis dichas riza
mi suerte, que no se muda.
El discreto es concordancia
que engendra la habilidad;
el necio, disparidad 25
que no hace consonancia.
Del cuerpo por los sentidos
obra el alma, y, cuales son,
o muestra su perfección,
o términos abatidos. 30
De aquesto quiero inferir
que tan sutil cuerpo tengo,
JORNADA PRIMERA p. 28
que en un instante prevengo
lo que he de hacer y decir.
Lacayo soy, Dios mediante;
pero lacayo discreto,
y, a pocos lances, prometo 5
ser para marqués bastante,
como aquel de Marinán,
de dinare, e piu dinare,
si la suerte no estorbare
este bien que no me dan. 10
D. An. ¡Alto! Vos habéis hablado
de modo, que me obligáis
a que de humilde subáis
a más eminente estado,
siendo al primero escalón 15
servirme de consejero;
y así, amigo Ocaña, quiero
mostraros mi corazón,
para que, viendo patentes
las ansias que en él se anidan, 20
ellas a tu ingenio pidan
los remedios suficientes:
que tal vez una dolencia
casi incurable la sana
de una vejezuela cana 25
una fácil experiencia.
Oca. Dime tu mal, mi señor,
y verás cómo en tantico
tantos remedios aplico,
que sanes con el menor. 30
Y si, por ventura, es
el ciego el que te atormenta,
DE LA ENTRETENIDA p. 29
puedes, señor, hacer cuenta
de que ya sano te ves,
porque no se ha de tomar
conmigo el dios ceguezuelo.
D. An. Que no estás en ti recelo. 5
Oca. ¿Pues en quién había de estar?
Que, a no tomarme del vino,
por costumbre o por conhorte,
no hubiera en toda la corte
otro Catón Censorino 10
como yo.
D. An. Ya desvarías.
Vuélvete, Ocaña, a tu establo.
Entrase don Antonio.
Oca. Aunque más sentencias hablo 15
y elevadas fantasías,
se me trasluce y figura,
conjeturo, pienso y hallo,
ha de ser mi sepultura.
Y está muy puesto en razón: 20
que, el que quiere porfiar
contra su estrella, ha de dar
coces contra el aguijón.
Cristinica estará ahora
en la plaza; allá me impele 25
aquella fuerza que suele
que dentro del alma mora.
Búscola como a mi centro,
y, si la encontrase yo,
nunca jugador echó 30
tan rico y gustoso encuentro.
JORNADA PRIMERA p. 30
De este gusto no me prive
amor, que en mi ayuda llamo,
y siquiera, con mi amo,
ni más medre, ni más prive.
Entrase Ocaña. 5
Salen don Ambrosio, caballero, y Cristina,
con un billete en la mano.
Cris. Hasta ponerle yo en parte
donde le vea, harélo;
pero en lo demás, recelo 10
que no podré contentarte.
D. Am. Haz, amiga, que le lea:
que en sólo aquesto consiste
la alegría de este triste.
Cris. Digo que haré que le vea. 15
Quizá, por curiosidad,
querrá leerle Marcela:
que se ha de usar de cautela
con su mucha honestidad.
No desplegaré la boca 20
para decirla palabra:
que en sus entrañas no labra
fuerza de amor, mucha o poca.
D. Am. ¿Regálala, por ventura,
don Antonio? 25
Cris. Como a hermana.
D. Am. De ser su intención tan sana,
no sé yo quién lo asegura.
¡Oh padre mal advertido!
Cris. No le tiene. 30
D. Am. Sí le tiene;
DE LA ENTRETENIDA p. 31
pero a mí no me conviene
el darme por entendido.
De las cosas que sospecho
y de las que son tan graves,
tenga la lengua las llaves, 5
y no las arroje el pecho.
Cris. Vete, señor, que allí asoma
un paje de casa.
D. Am. Amiga,
por tu industria y tu fatiga, 10
este pobre premio toma.
Y prométete de mí
montes de oro, que bien puedes.
Cris. La menor de tus mercedes
suele ser un Potosí. 15
Dale una cajita pintada.
Vase Ambrosio, y entra Quiñones.
Qui. ¿Quién era, Cristina, el lindo
que con tanta sumisión
debió encajar su razón? 20
Tuyo soy, y a ti me rindo.
¡Vive el dador de los cielos,
que es la fregona bonita!
Ordena, manda, pon, quita;
ta, ta, también pide celos. 25
Cris. El so paje, por su entono,
que primero se tarace
la lengua, que otra vez trace
palabras, y no en mi abono.
¿Hásenos vuelto otro Ocaña? 30
JORNADA PRIMERA p. 32
¡Celos y más celos!
Qui. Calle,
y advierta que está en la calle.
Cris. ¡Ay! Por mi fe, que se ensaña
el mancebito frion. 5
Qui. Cristina, menos gallarda;
que esa gallardía aguarda...
Cris. ¿Qué, mi rufo?
Qui. Un bofetón.
Cris. ¿En mi cara? 10
Qui. En la del cura
le diera, a venir a mano.
Cris. ¿Y qué, alzaras tú la mano
contra tanta hermosura
como pusieron los cielos 15
en mis mejillas rosadas?
Qui. Siempre son desatinadas
las venganzas de los celos.
Ocaña es éste. Camina,
y escóndete entre la gente. 20
Entranse Quiñones y Cristina, y sale Ocaña.
Oca. Partió mi sol de su Oriente,
y al ocaso se encamina,
y tras sí lleva la sombra
que le sirve de arrebol. 25
Para mí no es este sol,
sino niebla que me asombra.
Plega a Dios, humilde paje,
asombro de mi esperanza,
que, ni valgas por privanza, 30
ni te estimen por linaje;
DE LA ENTRETENIDA p. 33
sirvas a un catarribera,
que te dé corta ración;
sea tu estado un bodegón;
no te dé luto, aunque muera;
y, cuando el cielo te adiestre 5
a servir a un titulado,
tu enemigo declarado
el maestresala se muestre.
De las hachas no te valgas,
ni de relieves veas gozo, 10
y nunca te salga el bozo,
porque de paje no salgas.
Póngante infames renombres;
juegues; pierdas la ración,
que es la mayor maldición 15
que pueden darte los hombres.
Entrase Ocaña.
Sale Muñoz.
Muñ. Despierto y durmiendo, estoy
pensando siempre y soñando 20
cuándo ha de llegar el cuándo
mude el pellejo en que estoy;
cuándo querrá aquel planeta
que sobre mí predomina,
que remedien mi rüina 25
el gran sastre y la bayeta.
Diles la memoria, y diles,
previniendo mil barruntos,
de los más sutiles puntos
las respuestas más sutiles; 30
pero, con todo, me pesa
JORNADA PRIMERA p. 34
de haberme empeñado así,
porque tengo para mí
ser de peligro la empresa.
Entran don Antonio, y Torrente en hábito de peregrino.
D. An. Mucho más es melindre que advertencia, 5
y hase tenido confianza poca
de quien yo soy. Por Dios, que estoy
[corrido.
Muñ. ¡Válgate el diablo! ¿Qué disfraz es éste?
Esto no puse yo en la lista. 10
Tor. Digo
que el señor don Silvestre de
[Almendárez
no pudo más. El caso fue forzoso,
y la borrasca tal, que nos convino 15
alijar el navío, y echar cuanto
en su anchísimo vientre recogía
al mar, que se sorbió como dos huevos
catorce mil tejuelos de oro puro.
Al cielo las promesas y oraciones 20
volaban más espesas que las nubes
que la cara del sol cubrían entonces;
entre las cuales oraciones, una
envió don Silvestre al sumo alcázar
con tan vivos y tiernos sentimientos, 25
que penetró los cascos de los cielos.
Conteníase en ella que de Roma
aquello que se llama Siete Iglesias
andaría descalzo peregrino,
si Dios de aquel peligro le sacaba. 30
Añadió a su promesa mi persona;
DE LA ENTRETENIDA p. 35
añadidura inútil, aunque buena
en parte, pues que soy su amparo y
[báculo.
En fin, salimos mondos y desnudos
a tierra, ni sé adónde, ni sé cómo, 5
habiéndose engullido el mar primero
hasta una catalnica que traíamos,
de habilidad tan rara, y tan discreta,
que, si no era el hablar, no le faltaba
otra cosa ninguna. 10
D. An. Bien, por cierto,
la habéis encarecido; aunque yo pienso
que catalnicas mudas valen poco.
Tor. Por señas nos decía todo cuanto
quería que entendiésemos. 15
Muñ. ¡Milagro!
Tor. De perlas, ¡qué de cajas arrojamos,
tamañas como nueces, de buen tomo,
blancas como la nieve aún no pisada!;
de esmeraldas, las peñas como cubas, 20
digo, como toneles, y aun más grandes;
piedras bezares, pues dos grandes
[sacos;
anís y cochinilla, fue sin número.
Muñ. Entre esas zarandajas, ¿por ventura, 25
fue bayeta al mar?
Tor. ¡Y el sastre y todo!
Muñ. A malísimo viento va esta parva;
no me cuadra ni esquina esta
[tormenta, 30
puesto que viene bien para el embuste.
D. An. ¿En qué paraje sucedió el naufragio?
JORNADA PRIMERA p. 36
Tor. Estaba yo durmiendo en aquel trance,
y no pude del paje ver el rostro.
D. An. Paraje dije; pero no me espanto,
que aun hasta aquí os conturba la
[borrasca, 5
ni que en ella os durmiésedes: que
[el miedo
tal vez suele causar sueño profundo.
Tor. No quiso mi señor, ni por semejas,
de cuatro mil y más ofrecimientos 10
que de darle dineros se le hicieron,
recibir sino aquellos que bastasen
a no pedir limosna en su viaje;
pero no supo bien hacer la cuenta,
porque ya casi todos son gastados. 15
Muñ. ¡Válgate Satanás, qué bien lo enredas!
Tor. La primera estación fue a
[Guadalupe,
y a la imagen de Illescas la
[segunda, 20
y la tercera ha sido a la de Atocha;
a hurto quiso verte, y esta tarde
quiere partirse a Roma; ahora queda
en San Ginés hincado de hinojos,
arrojando del pecho mil suspiros, 25
vertiendo de sus ojos tiernas lágrimas,
pidiendo a Dios que le encamine y guíe
en el viaje santo prometido.
Yo, señor, soy ternísimo de plantas,
a quien callos durísimos enclavan, 30
de tan largo camino procedidos;
querría que se diese alguna traza
DE LA ENTRETENIDA p. 37
de que por quince días descansásemos,
para tomar aliento y refrigerio
en el nuevo camino que se espera.
Además, que también [él] es
[ternísimo, 5
y podría el cansancio fatigarle,
de modo que el camino con la vida
se acabase en un punto: caso triste
si tal viniese a ser, por el tremendo
dolor que sentiría mi señora 10
doña Ana de Briones, madre suya.
D. An. Vamos, que yo pondré remedio en todo.
Tor. No hay decir, señor, que yo te he visto,
porque me ha de matar si es que tal
[sabe. 15
¡Oh pecador de mí! ¡Este es que viene!
¡En la red me ha cogido! ¡Negativa,
señor; si no, yo muero!
D. An. No hayas miedo.
Entra Cardenio como peregrino. 20
Mi señor don Silvestre de Almendárez,
¿para qué es encubriros de quien tiene
tantas obligaciones de serviros?
Car. ¡Oh traidor, mal nacido! Por Dios vivo,
que os engaña, señor, este embustero: 25
que yo no soy aquese don Silvestre,
que dices, de Almendárez, sino un pobre
peregrino, y tan pobre.
Tor. ¿Qué me miras?
Yo no le he dicho nada; y si lo he dicho, 30
digo que miento una y cien mil veces.
JORNADA PRIMERA p. 38
[Aparte, a don Antonio.] ¡Vive Dios!, que
[es el mismo que te digo.
Apriétale, y conjúrale, y confiese.
D. An. ¡Por Dios, primo y señor, que es caso
[fuerte 5
negarme esta verdad! ¿Qué importa
[venga[s]
rico o pobre a tu casa, que es la mía?
Tor. ¡Eso es lo que yo digo, pesia al mundo!
D. An. ¿Mandabas tú a los vientos, o pudiste 10
del proceloso mar las altas olas
sosegar algún tanto? ¿No es locura
hacer caso de honra los sucesos
varios de la fortuna, siempre instable,
o, por mejor decir, del cielo firme? 15
Tor. ¡Ea, señor, que ya pasa de raya
tan grande pertinacia ¡Vive Roque,
señor, que es don Silvestre de
[Almendárez,
vuestro primo y cuñado, el peregrino, 20
y mi amo, que es más!
Car. Pues tú lo dices,
no quiero más negarlo, pues no importa.
Dadme señor, las manos.
D. An. Doy los brazos, 25
y el alma en su lugar, querido primo.
Car. Tomad los míos, que, entre aquestos
[brazos,
también os doy mi alma. [A Torrente.]
[En recompensa, 30
no te la cubrirá pelo, si puedo.
Tor. Que no temo amenazas mal nacidas,
DE LA ENTRETENIDA p. 39
porque esto es lo que importa a nuestro hecho.
Muñ. ¿Y cómo?
D. An. No hayáis miedo que se os toque
al pelo de la ropa por lo dicho.
Tor. Mi señor es discreto, y verá presto 5
de cuán poca importancia era el silencio
en semejante caso.
D. An. Señor primo,
vamos a casa, y sepa vuestra esposa
vuestra buena venida y deseada. 10
Car. Siempre he de obedecer.
Muñ. ¡Qué bien trazada
quimera! Si ella llega a colmo, espero
un Potosí de barras y dinero.
Tor. ¿Qué os parece, Muñoz? 15
Muñ. Que me parece
que es verdad cuanto ha dicho, y que
[lo veo.
Tor. ¡Y cómo que es verdad! Sin que le falte
un átomo, una tilde, una meaja. 20
Entranse don Antonio, Cardenio y Torrente.
Muñ. Términos tienen estos socarrones
de hacerme a mí entender que la
[borrasca
y el alijo de ropa es verdadero. 25
Ahora bien: veremos lo que pasa,
que, una por una, (los) dos ya están
[en casa.
Fin de la primera jornada.
JORNADA SEGUNDA p. 40
JORNADA SEGUNDA
Salen Marcela y Dorotea con una almohadilla,
y Cristina.
Mar. Andas con vergüenza poca,
Cristina, muy inqüieta, 5
y, con puntos de discreta,
das mil puntadas de loca.
Sabed, señora, una cosa:
que, entre las prendas de honor,
es tenida por mejor 10
la honesta que la hermosa.
Cris. ¿Señora me llama? ¡Malo!:
que ya sé por experiencia
que no hay dos dedos de ausencia
de esta cortesía a un palo. 15
Mar. ¿Qué murmuras, desatada,
maliciosa y atrevida?
Cris. Nunca murmuré en mi vida.
Mar. ¿Qué dices?
Cris. No digo nada. 20
¡Tenga el Señor en el cielo
a mi señora la vieja!
Mar. De esas plegarias te deja.
Cris. Pronúncialas mi buen celo.
Si ella fuera viva, sé 25
que otro gallo me cantara,
y que ninguna no osara
reñirme; no en buena fe.
¡Tristes de las mozas
DE LA ENTRETENIDA p. 41
a quien trajo el cielo
por casas ajenas
a servir a dueños,
que, entre mil, no salen
cuatro apenas buenos, 5
que los más son torpes
y de antojos feos!
¿Pues que si la triste
acierta a dar celos
al ama, que piensa 10
que le hace tuerto?
Ajenas ofensas
pagan sus cabellos,
oyen sus oídos
siempre vituperios, 15
parece la casa
un confuso infierno:
que los celos siempre
fueron vocingleros.
La tierna fregona, 20
con silencio y miedo,
pasa sus desdichas,
malogra requiebros,
porque jamás llega
a felice puerto 25
su cargada nave
de malos empleos.
Pero, ya que falte
este detrimento,
sobran los del ama, 30
que no tienen cuento:
Ven acá, suciona.
JORNADA SEGUNDA p. 42
¿Dónde está el pañuelo?
La escoba te hurtaron
y un plato pequeño.
Buen salario ganas;
de él pagarme pienso, 5
porque despabiles
los ojos y el seso.
Vas, y nunca vuelves,
y tienes bureo
con Sancho en la calle, 10
con Mingo y con Pedro.
Eres, en fin, pu...
El ta diré quedo,
porque de cristiana
sabes que me precio. 15
Otra vez repito,
con cansado aliento,
con lágrimas tristes
y suspiros tiernos:
¡triste de la moza 20
a quien trajo el cielo
por casas ajenas!
Dor. Señoras, ¿qué es esto?
Cristinica amiga,
dime: ¿con qué viento 25
esta polvareda
has alzado al cielo?
Mar. La desenvoltura
es un viento cierzo
que del rostro ahuyenta 30
la vergüenza y miedo.
Pero yo haré,
DE LA ENTRETENIDA p. 43
si es que acaso puedo,
si ella no se enmienda,
lo que callar quiero.
Entra Quiñones, el paje.
Qui. Don Antonio, mi señor, 5
entra con dos peregrinos.
Entran don Antonio, Cardenio, Torrente y Muñoz.
D. An. ¿Vuestros intentos divinos
fueran disculpa al rigor
del no vernos? 10
Car. Así es;
pero yo, señor, holgara
que esta deuda se pagara
de espacio, y fuera después
de mi peregrinación, 15
que no se puede excusar.
D. An. Fácilmente habéis de hallar
en mi voluntad perdón.
Car. ¿Es mi señora y mi prima?
D. An. La misma. 20
Car. ¡Oh mi señora,
rico archivo donde mora
de la belleza la prima!
No me niegues estos pies,
pues no merezco esas manos. 25
Dor. Peregrinos cortesanos
son éstos.
D. An. No tan cortés,
JORNADA SEGUNDA p. 44
señor primo, que mi hermana
está del caso suspensa.
Muñ. [Aparte.] La traza de lo que él piensa,
es más cortés que no sana.
Mar. Señor, para que me muestre 5
con el respeto debido
a quien sois, el nombre os pido.
Car. Vuestro primo don Silvestre
de Almendárez; vuestro esposo,
o el que lo tiene de ser. 10
Mar. Mudaré de proceder
con un huésped tan famoso:
los brazos habré de daros,
que no los pies, primo mío.
Muñ. [Aparte.] De estos principios yo fío 15
que son más dulces que caros.
Car. No fue huracán el que pudo
desbaratar nuestra flota,
ni torció nuestra derrota
el mar insolente y crudo; 20
no fue del tope a la quilla
mi pobre navío abierto,
pues he llegado a tal puerto,
y pongo el pie en tal orilla;
no mi[s] riquezas sorbieron 25
las aguas que las tragaron,
pues más rico me dejaron
con el bien que en vos me dieron.
Hoy se aumenta mi riqueza,
pues con nueva vida y ser, 30
peregrino llego a ver
la imagen de tu belleza.
DE LA ENTRETENIDA p. 45
Entra Ocaña.
Oca. De esta común alegría
alguna parte quizá
mi tristeza alcanzará,
que está como estar solía. 5
Desde aquí quiero mirarte,
si es que te dejas mirar,
de mi suerte amargo azar,
de mi bien el todo y parte.
Puesto en aqueste rincón, 10
como lacayo sin suerte,
veré quizá de mi muerte
alguna resurrección.
Mar. La desventura mayor,
más espantosa y temida, 15
es la de perder la vida.
D. An. Primero es la del honor.
Mar. Así es; y pues vos, primo,
con honra y vida venís,
mal haréis si mal sentís 20
del mal que por bien yo estimo.
Y en llegar adonde os veis,
habéis de tener por cierto
que habéis arribado a un puerto
adonde restauraréis 25
las riquezas arrojadas
al mar, siempre codicioso.
Car. Tendrá el que fuere tu esposo
las venturas confirmadas.
Tor. ¿Doncella acaso es de casa? 30
Cris. No soy sino de la calle.
JORNADA SEGUNDA p. 46
Tor. Eso no: que aquese talle
a los de palacio pasa.
¿Sirve en ella?
Cris. Soy servida.
Tor. La respuesta ha sido aguda. 5
Oca. Ten, pulcra, la lengua muda;
no la descosas, perdida.
Tor. ¿El nombre?
Cris. Cristina.
Tor. Bueno; 10
que es dulce, con ser de rumbo.
¿Túmbase?
Cris. Yo no me tumbo.
Basta; que tiene barreno
el indianazo gascón. 15
Tor. Yo, señora, como ves,
soy criollo perulés,
aunque tiro a borgoñón.
D. An. Reposaréis, primo mío,
y después saber querría 20
del buen estar de mi tía,
de vuestro padre y mi tío.
Oca. ¡Oh peregrino traidor,
cómo la miras! ¡Oh falsa,
cómo le vas dando salsa 25
al gusto de su sabor!
Tor. Pluguiera a Dios que nunca aquí
[viniera;
o, ya que vine aquí, que nunca amara;
o, ya que amé, que amor se me 30
[mostrara,
de acero no, sino de blanda cera.
DE LA ENTRETENIDA p. 47
Car. Depositario fue el mar
de tus cartas y presentes.
Oca. [Aparte.] ¡El alma tengo en los dientes!
¡Casi estoy para expirar!
Tor. O que de aquesta fregonil guerrera, 5
de los dos soles de su hermosa cara,
no tan agudas flechas me arrojara,
o menos linda y más humana fuera.
Mar. Entrad, señor, do podáis
mudar vestido decente. 10
Car. Mi promesa no consiente
que esa merced me hagáis.
Tor. [Aparte.] Estas si son borrascas no
[fingidas,
de quien no espero verdadera calma, 15
sino naufragios de más duro aprieto.
Car. No puedo mudar de traje
por un tiempo limitado:
que esta pobreza ha causado
la tormenta del viaje. 20
Tor. ¡Oh tú, reparador de nuestras vidas,
amor, cura las ansias de mi alma,
que no pueden caber en un soneto!
D. An. A no ser tan perfecto,
primo, vuestro designio, yo hiciera 25
que por otra persona se cumpliera.
Entranse Marcela, don Antonio, Dorotea, y Cristina
y Cardenio.
Quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Ocaña.
Muñ. No me habléi[s], Torrente hermano, 30
que nos escuchan, y siento
JORNADA SEGUNDA p. 48
que en nuestro famoso intento
el callar es lo más sano.
Entrase Muñoz.
Oca. Si a mí el ojo no me miente,
sé con gran certinidad 5
que vuestra paternidad
tiene el alma algo doliente.
Es Cristinica un arpón,
es un virote, una jara
que el ciego arquero dispara, 10
y traspasa el corazón.
Es un incendio, es un rayo.
¿Cómo un rayo? Dos y tres.
Tor. Y vuestra merced, ¿quién es?
Oca. Soy de esta casa el lacayo; 15
y aunque en la caballeriza
me arrincono, el amor ciego,
con su hielo y con su fuego,
me consume y martiriza.
Entre el harnero y pesebre, 20
entre la paja y cebada,
de noche y de madrugada,
me embiste de amor la fiebre.
Tor. ¿Y es Cristina la ocasión
de tan grande encendimiento? 25
Oca. No sé quién es; sé que siento
el alma hecha un carbón.
Tor. Si es Cristina, pondré pausa
en ciertos recién nacidos
pensamientos atrevidos 30
que su memoria me causa.
DE LA ENTRETENIDA p. 49
No pienso en manera alguna
seros rival: que sería
género de villanía
que al ser quien yo soy repugna.
Honestísimo decoro 5
se guardará en esta casa,
puesto que me arda la brasa
de esta niña a quien adoro.
Quebrantaré en la pared
mis pensamientos primeros, 10
con gusto de conoceros
para haceros merced.
Porque no han de naufragar
siempre las flotas: que alguna
tendrá próspera fortuna 15
para podérnosla dar.
Oca. Beso tus pies, peregrino,
único, raro y bastante
a ablandar en un instante
un corazón diamantino. 20
Yo, en quien nacieron barruntos
de celos cuando te vi,
a tus pies los pongo aquí,
semivivos y aun difuntos.
Tor. Alzaos, señor; no hagáis 25
sumisión tan indecente,
que humillaré yo mi frente,
si es que la vuestra no alzáis.
Dadme los brazos de amigo,
que lo hemos de ser los dos 30
gran tiempo, si quiere Dios,
que es de mi intención testigo.
JORNADA SEGUNDA p. 50
Oca. Como tú, señor, me abones
con tu amistad peregrina,
doy por cordera a Cristina
y por cabrito a Quiñones.
Tor. Por verte con gusto, voy 5
alegre, así Dios me salve.
Oca. [Aparte.] Para éstas que yo os calve,
o no seré yo quien soy.
Entranse Torrente y Ocaña.
Entra don Ambrosio. 10
D. Am. Por ti, virgen hermosa, esparce ufano,
contra el rigor con que amenaza el cielo,
entre los surcos del labrado suelo,
el pobre labrador el rico grano.
Por ti surca las aguas del mar cano 15
el mercader en débil leño a vuelo;
y, en el rigor del sol como del hielo,
pisa alegre el soldado el risco y llano.
Por ti infinitas veces, ya perdida
la fuerza del que busca y del que ruega, 20
se cobra y se promete la victoria.
Por ti, báculo fuerte de la vida,
tal vez se aspira a lo imposible, y llega
el deseo a las puertas de la gloria.
¡Oh esperanza notoria, 25
amiga de alentar los desmayados,
aunque estén en miserias sepultados!
Entra Cristina.
Cris. Habrá fiesta y regodeo,
y la parentela toda 30
DE LA ENTRETENIDA p. 51
vendrá, sin duda, a la boda.
D. Am. Mi norte descubro y veo.
¡Oh dulcísima Cristina!
Cris. De alcorza debo de ser.
D. Am. Tribunal do se ha de ver 5
lo que el amor determina
en mi contra o mi provecho.
Cris. ¡Extraña salutación!
D. Am. La lengua da la razón
como la saca del pecho. 10
Pero vengamos al punto.
Mi esperanza, ¿cómo está?
¿Ha de morir? ¿Vivirá?
¿Contaréme por difunto?
¿Dificúltase la empresa? 15
¡Presto, que me vuelvo loco!
Cris. Idos, señor, poco a poco,
que preguntáis muy aprisa.
D. Am. Más aprisa me consume
el vivo incendio de amor. 20
Cris. En sólo un punto el rigor
suyo se abrevia y resume,
y es que puedes ya contar
a Marcela por casada.
Ya no es suya; ya está dada 25
a quien la sabrá estimar.
D. Am. No me digas el esposo,
que, sin duda, es don Antonio.
Cris. Levantas un testimonio
que pasa de mentiroso. 30
¿Con su hermana?
D. Am. ¡Ah, Cristinica!
JORNADA SEGUNDA p. 52
¿Qué es eso? ¿Cubierta y pala
con que una obra tan mala
se apoya y se fortifica?
Cris. Que es con su primo.
D. Am. ¿Qué es esto, 5
cielo siempre soberano?
¿Hoy primo el que ayer fue hermano?
¿Cámbiase un hombre tan presto?
Cris. Digo que es un peregrino,
primo suyo y perulero, 10
de tan soberbio dinero,
que de las Indias nos vino.
De oro más de cien mil tejos
se sorbió el mar como un huevo,
de este peregrino nuevo, 15
que no está de ti muy lejos,
porque vesle allí do asoma.
D. Am. ¡Y que eso en el mundo pase!
Cris. Puesto que antes que se case,
entiendo que ha de ir a Roma. 20
Entran Cardenio, Torrente y Muñoz.
D. Am. Embustero y perulero,
atrevido e insolente,
¿por qué te haces pariente
de la vida por quien muero? 25
Tor. Descornado se ha la flor;
perecemos.
Muñ. Malo es esto;
la traza se ha descompuesto
al primer paso. 30
Car. Señor,
DE LA ENTRETENIDA p. 53
no te entiendo, ni imagino
por qué tan acelerado
la maldita has desatado
contra un noble peregrino.
Muñ. Quien dijere que yo di 5
lista a nadie, mentirá
cuantas veces lo dirá.
No sino lléguense a mí,
que fabrico en ningún modo
castillos mal prevenidos. 10
Tor. [Aparte.] Antes de ser convencidos,
éste lo ha de decir todo.
¡Oh levantadas quimeras
en el aire, cual yo dije!
D. Am. Por el cielo que nos rige, 15
que si acaso perseveras
en el embuste que intentas,
primero que en algo aciertes,
ha de ser una y mil muertes
el remate de tus cuentas. 20
Vuélvete a tu Potosí,
deja lograr mi porfía.
Car. Aquéste ya desvaría.
Tor. Así me parece a mí.
Cris. Don Francisco y mi señor 25
son éstos. ¡Pies, a correr!
Entrase Cristina.
Salen don Francisco y don Antonio.
D. Fr. Todo aqueso puede ser:
que a más obliga el rigor 30
JORNADA SEGUNDA p. 54
de un celoso, si es honrado,
como el padre de Marcela.
D. Am. Este es el que urdió la tela
que tan cara me ha costado.
¿Qué rigor de estrella ha sido, 5
señor don Antonio, aquel
que de piadoso en cruel
contra mí os ha convertido?
¿Y qué peregrino es éste,
tan medido a vuestro intento, 10
que queréis que su contento
a mí la vida me cueste?
Mía es Marcela, si el cielo
quisiere y si vos queréis:
que en vuestra industria tenéis 15
de mi mal todo el consuelo.
No es desigual mi linaje
del suyo, y su padre creo
que de este igual himeneo
no ha de recibir ultraje. 20
Si él la escondió en vuestra casa
por quitármela delante,
ved, si acaso sois amante,
lo que el alma ausente pasa.
D. Fr. Este habla de Marcela 25
Osorio, y no de tu hermana.
D. An. La presunción está llana,
gran mal mi alma recela.
De esta vana presunción
y mal formados antojos 30
os han de dar vuestros ojos
la justa satisfacción.
DE LA ENTRETENIDA p. 55
Veníos conmigo, y veréis
en el engaño en que estáis.
D. Am. Si a Marcela me lleváis,
al cielo me llevaréis.
Entrase don Antonio, don Francisco y don Ambrosio; 5
quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Cardenio.
Car. ¡Ah, Muñoz, con cuán pequeña
ocasión habéis temblado!
Muñ. Temo de verme abrumado
y molido como alheña; 10
temo que mis trazas den,
mis embustes y quimeras,
con mi cuerpo en las galeras,
que no le estará muy bien.
Tor. ¿Sin apretaros la cuerda, 15
os descoséis? ¡Mala cosa!
Muñ. La conciencia temerosa,
de los castigos se acuerda.
Pero desde aquí adelante
pienso ser mártir, y pienso 20
que paga a la culpa censo
con temor el más constante.
Pésame que fue la lista
de mi letra y de mi mano,
y este temor, que no es vano, 25
todas mis fuerzas conquista.
Tor. Vamos a ver en qué para
el comenzado desastre.
Muñ. Aquella bayeta y sastre
nunca el cielo lo depara. 30
Entranse todos.
JORNADA SEGUNDA p. 56
Salen Marcela y Dorotea.
Mar. Este primo no me agrada,
dulce amiga Dorotea;
¡plegue a Dios que por bien sea
su venida no esperada! 5
Dor. Como le ves mal vestido,
no te parece galán.
Mar. Las galas no siempre dan
aire y brío, ni el vestido.
Desmayado me parece, 10
aunque atrevido tal vez.
Dor. De su causa eres juez.
Mar. Basta; poco me apetece.
Dor. Parece que se ha templado
tu hermano en su pensamiento. 15
Mar. Todavía, a lo que siento,
anda un poco apasionado;
no se le cae de la boca
mi nombre, y aun todavía
descubre una fantasía 20
que en lascivos puntos toca;
mas yo no le doy lugar
de que esté a solas conmigo.
Dor. Eso es lo que yo te digo,
y lo que has de procurar. 25
Aquí han de entrar don Antonio, don Francisco,
Cardenio, Torrente y Muñoz.
D. An. Mirad, señor, de estas dos,
cuál es la Marcela hermosa
que con fuerza poderosa 30
DE LA ENTRETENIDA p. 57
os tiene fuera de vos.
D. Am. Esta le parece en algo,
y no es ella; mas ya veo,
sin duda, que es devaneo,
y que de sentido salgo. 5
Téngame amor de su mano,
y los cielos, si me ofenden.
Mar. ¿O me compran, o me venden?
Decidme qué es esto, hermano.
D. Am. No es otra cosa alguna, 10
sino que la belleza
incomparable y sola
de otra que tiene el propio nombre
[vuestro,
su donaire, su gracia, 15
su honesta compostura,
su ingenio, su linaje,
se llevaron tras sí mis pensamientos.
Améla honestamente,
adoréla rendido, 20
solicitéla mudo,
aunque los ojos son parleros siempre.
Su padre, recatado,
por algún su designio,
o por mi desventura, 25
llevóla, y no sé adónde.
D. An. Esta es mi historia.
D. Am. No con más diligencia
la diosa de las mieses
buscó a su hija amada 30
hasta los escondrijos del infierno,
como yo la he buscado
JORNADA SEGUNDA p. 58
por cuanto las sospechas
han podido llevarme,
pensativo, solícito y ansioso.
En esto, a mis oídos
el nombre de Marcela 5
llegó, y vuestra hermosura;
pero no el sobrenombre de
[Almendárez.
Creí que don Antonio,
vuestro querido hermano, 10
por orden de su padre
de la Marcela Osorio, que yo busco,
en casa la tenía,
y, mal considerado,
y con los celos ciego, 15
hice los disparates que habéis visto.
D. Fr. ¿Estas no son lanzadas
que te pasan el alma?
D. An. Y aun rayos que la embisten,
la hieren, desmenuzan y quebrantan. 20
Dor. Apostaré, señora,
que es ésta la Marcela
por quien tu hermano gime,
suspira y con angustia se lamenta.
Tor. Un canto pesadísimo, 25
una montaña dura,
una máquina inmensa,
de acero un monte dilatado y grave,
de sobre el pecho quito.
Muñ. Y yo de sobre el alma 30
una carcoma aguda.
¡Maldito seas de Dios, amante simple!
DE LA ENTRETENIDA p. 59
¡Qué confusos nos tuvo
aqueste mentecato!
¡Con cuán pocos indicios
trocó las dos Marcelas el cuitado!
Ya pensé que mi lista 5
andaba por la casa
de mano en mano. ¡Ay, duro
trance, no imaginado y repentino!
D. Fr. Pues en esta Marcela veis patente
de vuestro pensamiento el desengaño, 10
mostraos, señor, más cauto y más
[prudente
otra vez que os acose vuestro engaño,
y volved a buscar más diligente
la causa original de vuestro daño. 15
D. Am. Tiene cualquiera enamorada culpa
fácil y compasiva la disculpa.
Erre; mas no es el yerro de tal suerte,
que perdón no merezca.
Car. Yo imagino 20
que ministró ocasión al atreverte
este pobre sayal de peregrino.
D. An. La rabia de los celos es tan fuerte,
que fuerza a hacer cualquiera desatino.
Sélo yo bien, que ya me vi celoso, 25
atrevido, arrojado y malicioso.
D. Am. En siglos prolongados tu ventura
goces, ¡oh peregrino!, y tus bisnietos
te lleven a la honrada sepultura
sobre sus hombros, para el caso electos; 30
no menoscabe el tiempo la hermosura
de tu Marcela; celos indiscretos
JORNADA SEGUNDA p. 60
no perturben tu paz en tanto cuanto
de vida os diere aliento el cielo santo.
Yo vuelvo a renovar mi pena
[antigua,
buscando aquella que me encubre 5
[el cielo,
y mientras dónde está no se averigua,
un Sísifo seré nuevo en el suelo.
De noche, como sombra o estantigua,
llena la vista de inmortal desvelo, 10
por ver el fin de mis trabajos largos,
un lince habré de ser con ojos de Argos.
Entrase don Ambrosio.
Mar. Desesperado se parte.
D. An. Yo sin esperanza quedo, 15
dulce Marcela, de hallarte.
Tor. De mí se ha arredrado el miedo.
Muñ. En mí ya no tiene parte;
pero, con todo, quisiera
que la lista se rompiera 20
que di escrita de mi mano:
que cualquier susto, aunque vano,
la mala conciencia altera.
D. Fr. Haz cuenta, amigo, que envías
en este amante curioso 25
a buscar tu gloria espías.
D. An. Con todo, estoy temeroso:
que son tiernas sus porfías,
y muchas, que es lo peor.
D. Fr. Yo lo tengo por mejor: 30
que este anzuelo ha de sacar
DE LA ENTRETENIDA p. 61
del profundo de la mar
la perla que escondió amor.
Entrase don Francisco y don Antonio.
Car. ¿No ha sido extremado el cuento,
señora prima? 5
Mar. Sí ha sido;
aunque de él me ha parecido
ir mi hermano descontento,
pensativo y desabrido.
Y es la causa, que la dama 10
que aquél busca, adora y ama
como quiere amor tirano,
es la misma que mi hermano
quiere, busca, nombra y llama.
Y yo, simple, imaginaba 15
ser yo la hermosa Marcela
a quien mi hermano llamaba,
y con malicia y cautela
a las manos le miraba,
a los ojos y a la boca, 20
y con no advertencia poca
ponderaba sus razones,
sus movimientos y acciones.
Dor. Curiosidad simple y loca.
Pídele perdón. 25
Mar. No quiero,
pues nunca arraigó en mi pecho
el pensamiento primero.
Car. Y más, que te ha satisfecho
tan llano y tan por entero. 30
JORNADA SEGUNDA p. 62
Muñ. ¿Hemos de hacer la visita
de mi señora doña Ana?
Mar. Todavía es de mañana,
y el frío la gana quita
de hacer visitas ahora. 5
Ven, amiga Dorotea;
vamos donde el sol nos vea.
Dor. ¡Y cómo que iré, señora!
¡Que tirito, ti, ti, ti!
¡Insufrible frío hace! 10
Entranse Marcela y Dorotea.
Tor. El tuyo a mí me desplace.
¿Para qué viniste aquí,
Cardenio, si te has de estar
como una estatua sin lengua? 15
Allá voy, y no hago mengua.
¿Piensas que se te ha de entrar
la ventura por la puerta,
y arrojársete en la cama?
Car. A mi hielo y a mi llama 20
ningún medio las concierta.
Cuando de Marcela ausente
algún breve espacio estoy,
ardo de atrevido, y doy
en pensar que soy valiente; 25
pero apenas me da el cielo
lugar para a solas vella,
cuando estoy, estando ante ella,
frío mucho más que el hielo.
Tor. Con ese hielo, no habrá 30
ostugo que nos alcance.
DE LA ENTRETENIDA p. 63
Muñ. Cierto que yo he echado un lance
que a los ojos me saldrá,
si a las espaldas no sale
primero. ¡Oh viejo imprudente!
Bien merecéis, inocente, 5
que se evapore y exhale
el alma con el más chico
temor que te sobresalte.
Car. Cuando yo, Muñoz, os falte,
cuando yo no os haga rico, 10
jamás del Perú me venga
el mi esperado tesoro.
Muñ. ¡Que no me vuelva yo moro,
y que yo paciencia tenga
para escuchar lo que escucho! 15
¿Dónde está el oro, señores
socarrones, embaidores?
Tor. Muñoz, que ha de venir mucho.
Muñ. ¿De qué Perú ha de venir,
de qué México o qué Charcas? 20
Tor. Cuatro cofres y seis arcas
puedes desde luego abrir
para echar cuatro mil barras,
y aun son pocas las que digo.
Muñ. Tente; que Dios sea contigo; 25
Torrente, que te desgarras.
Con el sastre y la bayeta
estaría yo contento.
Tor. Sastres pasarán de ciento.
Muñ. La bayeta es la que aprieta 30
al deseo de tenella.
Tor. Déjenme los dos aquí,
JORNADA SEGUNDA p. 64
que viene Cristina allí,
y me importa hablar con ella.
Vanse Muñoz y Cardenio.
Entra Cristina.
¿Que es posible, flor y fruto 5
del árbol lindo de amor,
que ha de andar por tu rigor
siempre mi alma con luto?
¿Que es posible que un potente
indiano no te remate, 10
ni que a tu dureza mate
la blandura de Torrente?
Entra Ocaña en calzas y en camisa, con un mandil
delante, y con un harnero y una almohaza; entra
puesto el dedo en la boca, con pasos tímidos, y 15
escóndese detrás de un tapiz, de modo que se le
parezcan los pies no más.
¿Que es posible que no precies
los montones de oro fino,
y por un lacayo indino 20
un perulero desprecies?
¿Que no quieras ser llevada
en hombros como cacique?
¿Que huyas de verte a pique
de ser reina coronada? 25
¿Que, por las faltas de España,
que siempre suelen sobrar,
no quieras ir a gozar
del gran país de Cucaña?
DE LA ENTRETENIDA p. 65
¿Que te tenga avasallada
un lacayo de tal modo,
que por él dejes el todo,
y te acojas al no nada?
¿Que a un borracho te sujetes, 5
que cuela tan sin estorbos,
que unos sorbos y otros sorbos
son sus briznas y luquetes?
¡Oh mujeres, que tenéis
condición de escarabajo! 10
Cris. Hablad, Torrente, más bajo,
si por ventura podéis:
que dicen que las paredes
a veces tienen oídos.
Tor. Los tuyos tienes tapidos 15
a la voz de mis mercedes.
Deja aquese socarrón,
que tu deshonra procura,
y fabrica tu ventura
con tu mucha discreción. 20
Cris. ¿Pues quiérole yo, mezquina,
o, por ventura, hago caso
yo de buzaque?
Tor. Hablad paso;
moderad la voz, Cristina, 25
que no sabéis quién os oye,
y haced con prudencia diestra
que la humilde suerte vuestra
con la que tengo se apoye,
y veréisos encumbrada 30
sobre el cerco de la luna.
Cris. Esa próspera fortuna
JORNADA SEGUNDA p. 66
para mí no está guardada,
que soy una pecadora
inútil, una mozuela
de mantellina y chinela,
no buena para señora; 5
y más, estando abatida
y murmurada de Ocaña.
Tor. Muéveme ese llanto a saña;
perderá Ocaña la vida.
Cris. Con sólo media docena 10
de palos que tú le des,
rendida vendré a tus pies.
Tor. Blanda y moderada pena
a tanta culpa le das;
mejor fuera que la lengua 15
que se desmandó en tu mengua
se le cortara, y aun más.
Cris. Palos bastan; vete en paz.
Tor. El cielo quede contigo.
Cris. Procura hacer lo que digo, 20
secreto, astuto y sagaz.
Entrase Torrente.
¡Ay Jesús! ¿Quién está aquí?
¿Qué pies son éstos, cuitada?
Sale Ocaña. 25
Oca. Cacica en hombros llevada
desde Lima a Potosí:
yo soy; vesme aquí presente,
hecho estafermo sufrible
DE LA ENTRETENIDA p. 67
a tu rencor tan terrible
y a los palos de Torrente.
Pocos son media docena;
la piedad en ti florece:
que mi culpa bien merece 5
cuatrodoblada la pena.
Mas yo no tengo por culpa
el amarte y avisarte
que de aquello has de guardarte
que te obligue a dar disculpa. 10
Cris. Por vida tuya, lacayo
el más discreto de España,
que todo ha sido maraña
burlona y de alegre ensayo;
porque pensaba avisarte 15
en viéndote.
Oca. Una por una,
tú estarás sobre la luna,
sobre el sol y aun sobre Marte;
yo, mísero apaleado, 20
tendido por ese suelo.
Cris. Nunca tal permita el cielo.
Oca. Tú misma me has condenado.
Cris. Ya te he dicho la verdad:
que burlaba; y esto baste. 25
Oca. ¿Pues por qué, di, le intimaste
secreto y sagacidad?
Cris. Porque, advirtiéndote a ti
del caso, y estando alerta,
fuese la burla más cierta 30
y más buena.
Oca. Fuera así,
JORNADA SEGUNDA p. 68
cuando tú no confirmaras
con lágrimas tu deseo.
Cris. ¿Luego no me crees?
Oca. Sí creo;
mas reparo. 5
Cris. ¿En qué reparas?
Oca. En las lágrimas, y en ver
que no son burlas risueñas
las que descubren por señas
matar, rajar y hender. 10
Pero tú forja en tu fragua
tus embustes, que yo espero
que ha de ver el mundo entero
el que lleva el gato al agua.
Entra y dame la cebada, 15
o darásmela después;
¡rendida vendré a tus pies!
Cris. ¿Esa razón no te agrada?
Pero él no verá cumplida
tal promesa en vida suya. 20
Oca. ¿Tomara yo alguna tuya,
puesto que fuera fingida?
Cris. No seas tan ignorante;
muestra, que yo volveré.
Dale el harnero. 25
Con esto me quitaré
dos importunos delante.
Entrase Cristina.
Oca. Que de un lacá la fuerza poderó,
hecha a machamartí con el trabá, 30
DE LA ENTRETENIDA p. 69
de una fregó le rinda el estropá,
es de los cie no vista maldició.
Amor el ar en sus pulgares to,
sacó una fle de su pulí carcá,
encaró al co, y diome una flechá 5
que el alma to y el corazón me do.
Así rendí, forzado estoy a cre
cualquier mentí de aquesta helada pu,
que blandamén me satisface y hie.
¡Oh de Cupí la antigua fuerza y du, 10
cuánto en el ros de una fregona pue,
y más si la sopil se muestra cru!
Fin de la segunda jornada.
JORNADA TERCERA p. 70
TERCERA JORNADA
Entra don Antonio.
D. An. En la sazón del erizado invierno,
desnudo el árbol de su flor y fruto,
cambia en un pardo desabrido luto 5
las esmeraldas del vestido tierno.
Mas, aunque vuela el tiempo casi
[eterno,
vuelve a cobrar el general tributo,
y al árbol seco, y de su humor enjuto, 10
halla con muestras de verdor interno.
Torna el pasado tiempo al mismo
[instante
y punto que pasó: que no lo arrasa
todo, pues templan su rigor los cielos. 15
Pero no le sucede así al amante,
que habrá de perecer, si una vez pasa
por él la infernal rabia de los celos.
Entra don Francisco.
D. Fr. Siempre han de herir los vientos, 20
amigo, en cualquier sazón
los ayes de tu pasión,
los ecos de tus lamentos.
D. An. Si acaso quiero entonar
alguna voz de alegría, 25
siento que la lengua mía
se me pega al paladar.
A mi angustia, a mi dolencia
DE LA ENTRETENIDA p. 71
no dan alivio los cielos:
que no le tienen los celos,
ni le consiente la ausencia.
D. Fr. No hay extremo sin su medio,
ni es eterna humana suerte; 5
sólo no tiene la muerte
en la vida algún remedio.
Naturaleza compuso
la suerte de los mortales
entre bienes y entre males, 10
como nos lo muestra el uso.
Esta verdad sé bien yo,
sin que en probarla porfíe:
ayer lloraba el que hoy ríe,
y hoy llora el que ayer rio. 15
D. An. ¡Oh, qué filósofo vienes,
don Francisco!
D. Fr. Yo confieso
que lo soy por el progreso
de tus males y tus bienes. 20
Dame los brazos y albricias.
D. An. Los brazos veslos aquí,
y las albricias de mí
llevarás, si las codicias;
pero yo no sé de qué 25
me las pides.
D. Fr. Yo las pido
de que el amor ha entendido
los quilates de tu fe,
y te la quiero premiar 30
con entregarte a Marcela.
D. An. Sé que es burla, y llevaréla
JORNADA TERCERA p. 72
con tu gusto y mi pesar;
pero no sé qué te mueve
a hacer burla de un amigo
tal como yo.
D. Fr. Verdad digo, 5
y escucha, que seré breve.
Su padre de Marcela...
D. An. ¡Oh nombres cordialísimos
de Marcela y su padre!
D. Fr. Escucha; no seas tonto. 10
D. An. Escucho y soylo.
D. Fr. Esta mañana, estando
en misa en San Jerónimo,
al salir de la iglesia
me tomó por la mano. 15
D. An. ¡Oh dulce toque!
D. Fr. ¿Qué toque dulce puede
dar la mano de un viejo?
Traslúceseme, amigo,
que así estáis vos en vos, como en el 20
[cuento.
D. An. ¿Luego no fue Marcela
la que os tocó la mano?
D. Fr. Que no, sino su padre.
D. An. No entendí bien. Seguid, que estoy 25
[suspenso.
D. Fr. Las pacíficas plantas
de las olivas verdes
fueron testigos ciertos
de estas palabras que deciros quiero. 30
D. An. ¡Oh santísimos orbes
de todas las esferas,
DE LA ENTRETENIDA p. 73
a quien inteligencias
supernas rigen, mueven y gobiernan!
Haced que estas razones
en mi provecho sean;
lleguen a mis oídos, 5
siquiera esta vez sola, alegres nuevas.
D. Fr. ¡Por vida juro! ¡Muérdome
la lengua! ¡Voto a Chito,
que estoy por...! ¡Lleve el diablo
a cuantos alfeñiques hay amantes! 10
¡Que un hombre con sus barbas,
y con su espada al lado,
que puede alzar en peso
un tercio de once arrobas de sardinas,
llore, gima y se muestre 15
más manso y más humilde
que un santo capuchino
al desdén que le da su carilinda!...
D. An. Paréntesis es éste
que se lleva colgada 20
de cada razón suya
mi alma aquí y allí.
D. Fr. Pues otro queda.
Pidióle a una fregona
un amante alcorzado 25
le diese de su ama
un palillo de dientes, y ofrecióle
por él cuatro doblones;
y la muchacha boba
trájole de su amo, 30
que era viejo, y sin muelas, el palillo.
El dio lo prometido,
JORNADA TERCERA p. 74
y, engastándole en oro,
se lo colgó del cuello,
cual si fuera reliquia de algún santo.
Gemía ante él de hinojos,
y al palo seco y suyo 5
plegarias enviaba
que en su empresa dudosa le ayudase.
¿Y el otro presumido,
que va a las embusteras
del cedacillo y habas, 10
y da crédito firme a disparates?
¡Cuerpo del mundo todo!
Descubra el hombre siempre
tal valor y tal brío,
que le muestren varón a todo trance. 15
No se ande con esferas,
con globos y con máquinas
de inteligencias puras;
atienda, espere, escuche, advierta y
[mire, 20
o lo que en daño suyo,
o en su pro sus amigos
quisieren descubrirle.
D. An. Atiendo, espero, escucho, advierto y
[miro. 25
D. Fr. Digo, pues, que don Pedro,
el padre de Marcela,
me dijo estas palabras...
D. An. ¿Es mucho que te diga que apresures
la comenzada plática, 30
de cuyo fin depende
o mi vida o mi muerte?
DE LA ENTRETENIDA p. 75
D. Fr. Díjome, en fin...
D. An. ¡Primero vendrá el mío!
D. Fr. ¡Colérico, enfadoso
está!
D. An. ¡Cuerpo del mundo! 5
Acaba, don Francisco,
que está pendiente el alma de tu boca.
D. Fr. Dijo que yo sea parte,
como que él nada entiende,
que a Marcela, su hija, 10
se la demandes por mujer.
D. An. ¿Qué escucho?
¿Búrlaste, amigo, o quieres
con falsas esperanzas
entretener las mías? 15
D. Fr. No burlo, juro a Dios; verdad te digo.
D. An. Dame esos pies...
D. Fr. Levanta.
D. An. Y pídeme en albricias
el alma, y te la diera, 20
si ya a Marcela dado no la hubiera.
Mas dime, dulce amigo:
¿tocaste, por ventura,
el cuerpo de don Pedro?
¿Viste si era fantasma o no? 25
D. Fr. Perdido
estás de esa cabeza.
D. An. ¿Que era don Pedro Osorio,
el padre de Marcela?
D. Fr. El mismo. 30
D. An. ¡El mismo!
D. Fr. El mismo. ¿Qué es aquesto?
JORNADA TERCERA p. 76
D. An. A tanta desventura
está el corazón hecho,
que no puede dar crédito
a las dichosas nuevas que le intimas;
pero habrá de creerte, 5
en fe que tú las dices:
que el buen amigo vemos
que es pedazo del alma de su amigo.
D. Fr. Busca a don Pedro Osorio,
y pídele a su hija 10
por legítima esposa.
D. An. ¿Dónde la tiene?
D. Fr. En Santa Cruz la tiene;
un monasterio santo
que está puesto muy cerca 15
de Torrejón y Cubas,
orden del rico capitán de pobres.
D. An. ¿Qué le movió [a] llevarla
a tanto encerramiento?
D. Fr. No me metí en dibujos, 20
no le pregunté nada; sólo estuve
atento a su demanda,
y, con la ligereza
posible, vine a darte
la dulce que has oído alegre nueva. 25
Entran Marcela y Cristina.
Mar. Llega, Cristina, y dile
lo que quieres.
Cris. Ocúpame
el rostro la vergüenza, 30
DE LA ENTRETENIDA p. 77
y enmudece la lengua.
Mar. ¡Qué melindres!
Tomarte has con un toro
y con un hombre armado,
¿y de mi hermano tiemblas? 5
D. An. Pues, hermana,
¿queréis alguna cosa?
¿Mandáis que os sirva en algo?
Pedid a vuestro gusto,
que estoy en ocasión de hacer 10
[mercedes.
Mar. En nombre de Cristina,
os pido deis licencia
para que aquesta noche
os hagan una fiesta los de casa: 15
Muñoz y Dorotea,
Torrente con Ocaña.
Cris. Y nuestro buen vecino
el barbero también, y la barbera,
que canta por el cielo 20
y baila por la tierra,
con otro oficial suyo,
nos tienen de ayudar; dígalo todo.
Mar. Dígolo todo, y digo,
hermano, que yo gusto 25
que esta fiesta se haga.
D. An. Digo que soy contento, y doy licencia
para que el cielo rompa
en diferentes lenguas
y en fiestas diferentes 30
las cataratas del placer, y salga
a playa mi contento.
JORNADA TERCERA p. 78
D. Fr. Y aun, a ser necesario,
haré yo mi figura.
[D. An.] Y aun yo, que soy valiente recitante.
Cris. Mil años, señor, vivas;
mil regocijos buenos 5
el corazón te ocupen.
Hacerme tengo rajas esta noche.
D. An. El término decente
de honestidad se guarde,
Cristina. 10
Cris. ¡Bueno es eso!
Bailaremos a fuer de palaciegos.
D. An. Vamos, amigo.
D. Fr. Vamos;
aunque don Pedro ahora 15
no está en Madrid.
D. An. ¿Pues dónde?
D. Fr. A Santa Cruz es ido,
y volverá mañana.
D. An. Vamos a dar al cielo 20
gracias porque ha mirado mi buen celo.
Entranse don Francisco y don Antonio.
Mar. Mira, Cristina, que sea
el baile y el entremés
discreto, alegre y cortés, 25
sin que haya en él cosa fea.
Cris. Hale compuesto Torrente
y Muñoz, y es la maraña
casi la mitad de Ocaña,
que es un poeta valiente. 30
El baile te sé decir
DE LA ENTRETENIDA p. 79
que llegará a lo posible
en ser dulce y apacible,
pues tiene que ver y oír:
que ha de ser baile cantado,
al modo y uso moderno; 5
tiene de lo grave y tierno,
de lo melifluo y flautado.
Es lacayuno y pajil
el entremés, y me admira
de verle una tira mira 10
que tiene de fregonil.
Mar. La fiesta será extremada.
Cris. Basta que agradable sea.
Mar. ¿Sabe el dicho Dorotea?
Cris. Ninguno no ignora nada 15
de lo que a su parte toca.
Dame, señora, lugar,
que nos hemos de ensayar.
Mar. Vamos.
Cris. De gusto voy loca. 20
Entranse.
Salen Torrente y Ocaña, cada uno con un garrote
debajo del brazo.
Tor. Señor Ocaña, a esta parte,
que está más llano el camino. 25
Oca. Por esta vez, peregrino
traidor, no pienso de honrarte
con darte el lado derecho,
porque he de tomar el tuyo.
De esas ceremonias huyo, 30
lánguidas y sin provecho;
JORNADA TERCERA p. 80
adondequiera voy bien,
al diestro o siniestro lado,
y no quiero, acomodado,
que otros lugares nos den
del que me cupiere acaso, 5
y sé yo, señor Torrente,
que tiene de lo imprudente
hacer de estas cosas caso.
Tor. ¿Es daga aquese garrote,
señor Ocaña? 10
Oca. Es un palo
que por martas lo señalo
para ablandar un cogote.
¿Y es puñal aquese vuestro?
Tor. Es una penca verduga 15
que las espaldas arruga
del maldiciente más diestro.
Oca. ¿Luego vais a castigar
algún maldiciente?
Tor. Sí. 20
Oca. Pues no pasemos de aquí,
que yo también he de dar
doce palos a un bellaco,
socarrón, traidor, y miente.
Tor. Si lo dices por Torrente, 25
daré destierro a este saco,
y haré en calzas y en jubón,
ya con el palo o sin él,
que confieses ser tú aquel
desmentido y socarrón. 30
Oca. Tente, Torrente; ¿estás loco?;
ten tus cóleras a raya,
DE LA ENTRETENIDA p. 81
si quieres que yo me vaya
en las mías poco a poco.
¿Han de fenecer aquí,
por gustos de mozas viles,
dos Héctores, dos Aquiles? 5
Tor. Mueran. ¿Qué se me da a mí?
Oca. Vive Dios, que Cristinilla
me mandó te apalease;
a lo menos, te reglase
la una y otra mejilla 10
con una navaja aguda:
que es, si en ello mirar quieres,
entre las crudas mujeres,
la más insolente y cruda.
Lo mismo a mí me mandó 15
que a ti.
Tor. Sin duda, así es.
Oca. ¿Y saldrá con su interés?
Tor. Amigo Ocaña, eso no.
Vivamos para beber, 20
pues para beber vivimos,
y estos dijes y estos mimos
con otros se han de entender
de más tiernas intenciones
y de más sufribles lomos; 25
no con nosotros, que somos
malos sobre socarrones.
Disimula; vesla allí
donde viene; disimula.
Oca. Esta es la más mala mula 30
que en mi vida rasqué o vi.
Tor. Contemporicémosla;
JORNADA TERCERA p. 82
quizá mudará el rigor:
que su mudanza en mejor
se ha de poner en quizá.
Entra Cristina.
Cris. Apostaré que están hechos 5
pedazos mis dos amantes,
que revientan de arrogantes
y de coléricos pechos.
Pero allí están sosegados
más que en misa. ¿Cómo es esto? 10
Aún no se habrán descompuesto,
que son rufos recatados.
Tor. Señora Cristina mía.
Cris. ¿Tuya? ¡Bueno!
Tor. ¿Pues qué, no? 15
Cris. ¿Quién a ti a Cristina dio?
Tor. El dinero y la porfía.
Cris. ¿Qué dinero?
Tor. Aquel que pienso
darte en llegando la flota, 20
si no es que, de puro rota,
da al mar el usado censo.
Cris. ¿Tú no me das algo, Ocaña?
Oca. Cristina, ¿yo no te he dado,
como poeta rodado, 25
del entremés la maraña?
¿Hay día que no te cebe
con dos cuartos y aun con tres?
Cris. Si es que sale el entremés
tal que mi señor le apruebe, 30
yo me daré por pagada
DE LA ENTRETENIDA p. 83
y satisfecha, que es más.
Tor. Cristina, ¿no nos dirás,
si es que el caso no te enfada,
a cuál de los dos más quieres?
Cris. Es injusta petición, 5
y aquesa declaración
no la han de hacer las mujeres
como yo; mas, si gustáis
que por señas os lo diga,
haré lo que a más me obliga 10
el amor que me mostráis.
Muestra si traes un pañuelo,
Ocaña.
Oca. Sí traigo, y roto,
y te le ofrezco devoto 15
con sano y humilde celo.
Cris. Toma este mío, Torrente,
y con esto he declarado
lo que me habéis preguntado
honesta y discretamente. 20
Y a Dios; y venid, que es hora
de ensayar el entremés.
Entrase Cristina.
Tor. Si no te aclaras después,
más confuso estoy ahora 25
que antes de hacer la pregunta.
Oca. Pues yo me aplico la palma,
que en mi provecho mi alma
estas razones apunta:
a ti dio, sin darle nada, 30
y, sin darme a mí, tomó;
JORNADA TERCERA p. 84
con el darte, te pagó;
llevando, queda obligada
al pago que recibió.
Tor. A quien toman lo que tiene,
dan muestra que se aborrece; 5
y en el dar, claro parece
que más amor se contiene,
pues con las dádivas crece.
Oca. La verdad de esta cuestión
quede a la mosquetería, 10
que tal hay que en él se cría
el ingenio de un Platón.
Estos capipardos son
poetas casi los más,
y tal vez alguno oirás 15
que a socapa dice cosas
que parece, de curiosas,
que las dicta Barrabás.
Entranse Torrente y Ocaña.
Salen don Antonio, don Francisco, Cardenio y Marcela, 20
y Muñoz.
D. An. Quiera Dios que la fiesta corresponda
al buen deseo de los recitantes.
Muñ. Será maravillosa, porque danza
nuestro vecino el barberito, ¡y cómo! 25
Asómase a la puerta del teatro Cristina, y dice:
Cris. Pónganse todos bien, que ya salimos.
Mar. ¿Han venido los músicos?
Cris. Ya templan.
Entrase Cristina. 30
DE LA ENTRETENIDA p. 85
Salen Ocaña y Torrente como lacayos embozados.
Tor. Paréceme que vas algo dañado,
Ocaña.
Oca. Cuando voy de esta manera,
va el jüicio en su punto. Tú no sabes 5
cómo el calor vinático despierta
los espíritus muertos y dormidos.
De suerte voy, que pelearé con ciento,
sin volver el pie atrás una semínima.
Car. No es muy mala la entrada. 10
Muñ. ¿Cómo mala?
Digo que es la mejor cosa del mundo.
Yo soy su medio autor.
Tor. Ocaña, ¿es éste
el zaguán de la fiesta? 15
Oca. No diviso:
que tengo las lumbreras algo turbias.
Adonde oyeres música, repara.
Tor. Escucha, que aquí sale Cristina
y Dorotea. 20
Oca. Cáigome de sueño.
Salen Dorotea y Cristina como fregonas.
Dor. Aquesta tarde, Cristinica amiga,
pienso bailar hasta molerme el alma.
Cris. Y yo hasta reventar he de brincarme. 25
¡Cómo tarda Aguedilla, la del sastre!
Dor. ¿Díjote que vendría?
Cris. Y Julianilla,
la del entallador, con Sabinica,
que sirve a la beata en Cantarranas. 30
JORNADA TERCERA p. 86
Dor. Todas son bailadoras de lo fino.
En fregando, vendrán.
Cris. Como nosotras,
que lo dejamos todo hecho de perlas.
De la cena no curo: que mi amo 5
dos huevos frescos sorbe, y a Dios
[gracias.
Dor. El mío nunca cena: que es asmático,
y con dos bocadillos de conserva
que toma, se santigua y se va al lecho. 10
Cris. Y tu ama, ¿qué hace? ¿No se acuesta?
Dor. No toméis menos; puesta de rodillas
dentro de un oratorio, papa santos
dos horas más allá de los maitines.
Cris. También es mi señora una bendita, 15
y, por nuestra desgracia, ellas son
[santas.
Dor. ¿Pues no es mejor, amiga, que lo sean?
Cris. No; ni con cien mil leguas. Si ellas
[fueran 20
resbaladoras de carcaño, acaso
tropezaran aquí, y allí rodaran;
y, sabiendo nosotras sus melindres,
tuviéramos la nuestra sobre el hito:
ellas fueran las mozas, y nosotras 25
fuéramos las patronas a baqueta,
como dice il toscano.
Dor. Verdad dices:
que el ama de quien sabe su criada
tiernas fragilidades, no se atreve, 30
ni aun es bien que se atreva a darle
[voces,
DE LA ENTRETENIDA p. 87
ni a reñir sus descuidos, temerosa
que no salgan a plaza sus holguras.
Cris. ¿Has visto qué calzado trae Lorenza,
la que sirve al letrado boquituerto?
¿Quién se le dio, si sabes? 5
Dor. Un su primo
donado, que es un santo.
Cris. ¡Ay, Dorotea,
cómo los canonizas!
Dor. Oye, hermana, 10
que los músicos suenan, y el barbero,
gran bailarín, es este que aquí sale.
Muñ. ¡Vive el cielo!, que es cosa de los cielos
el entremés.
Oca. Aquel viejo me enfada; 15
que le he de dar pondré una bofetada.
Entran los músicos y el barbero, danzando al son
de este romance:
[Mús.] De los danzantes la prima
es este barbero nuestro, 20
en el compás acertado,
y en las mudanzas ligero.
Puede danzar ante el rey,
y aqueso será lo menos,
pues alas lleva en los pies, 25
y azogue dentro del cuerpo.
Anda, aguija, salta y corre
aquí y allí como un trueno,
adóranle las fregonas,
respétanle los mancebos. 30
Oca. Oiganme, pido atención;
JORNADA TERCERA p. 88
no gusto de estos paseos,
de este dar coces al aire
y puntapiés a los vientos.
Toquen unas seguidillas,
y entendámonos; y advierto 5
que se juegue limpiamente,
y sepan que no me duermo.
Muñ. ¿Hay tal Ocaña en el mundo?
¿Hay tal lacayo en el cielo?
Bar. Alto, pues; vayan seguidas. 10
Cris. Sí, amigo, porque bailemos.
Mús. Madre, la mi madre,
guardas me ponéis:
que, si yo no me guardo,
mal me guardaréis. 15
Tor. Esto sí, ¡cuerpo del mundo!,
que tiene de lo moderno,
de lo dulce, de lo lindo,
de lo agradable y lo tierno.
Mús. Dicen que está escrito, 20
y con gran razón,
que es la privación
causa de apetito.
Crece en infinito
encerrado amor; 25
por eso es mejor
que no me encerréis:
que si yo no me guardo...
Oca. Ya les he dicho que bailen
a lo templado y honesto: 30
que no gusto que se beban
de las niñas el aliento.
DE LA ENTRETENIDA p. 89
Bar. ¡Por vida del so lacayo,
que nos deje, que aquí haremos
lo que más nos diere gusto!
Oca. Bailen; después nos veremos.
Mús. Es de tal manera 5
la fuerza amorosa,
que a la más hermosa
vuelve en quimera.
El pecho de cera,
de fuego la gana, 10
las manos de lana,
de fieltro los pies:
que si yo no me guardo, &c.
Tor. Tampoco a mí me contentan
estas vueltas ni floreos: 15
que se requiebran bailando,
pues son requiebros los quiebros.
Mús. Señores lacayos, vayan
y monden la haza, y déjennos.
Oca. Musiquillo de mohatra, 20
canta y calla, que queremos
estar aquí a tu pesar.
Mús. Está bien dicho; cantemos.
Que tiene costumbre
de ser amorosa, 25
como mariposa
se va tras su lumbre,
aunque muchedumbre
de guardas le pongan,
y aunque más propongan 30
de hacer lo que hacéis:
que si yo no me guardo...
JORNADA TERCERA p. 90
Tor. Varilla de volver tripas,
no hagas tantos meneos;
lagartija almidonada,
baila a lo grave y compuesto.
Dor. Bodegón con pies, camine, 5
que aquí no le conocemos;
calle o pase, porque olisca
a lacayo y a gallego.
Muñ. Estas sí que son matracas,
que tienen del caballero, 10
de lo ilustre y de lo lindo,
de lo propio y lo risueño.
Oca. Bailar quiero con Cristina.
Tor. No con mi consentimiento.
¿No se acuerda el sor Ocaña 15
que a mí me dio su pañuelo,
y que, en fe de ser su cuyo,
sobre ella dominio tengo,
y que los rayos del sol
no la han de tocar, si puedo? 20
Oca. ¿Y no sabe el so Torrente
que soy aquel que merezco
bailar con un arzobispo,
aunque sea el [de] Toledo?
Car. ¿No pasa el baile adelante? 25
Oca. No; que ha de pasar primero
de Ocaña la valentía,
su venganza y su denuedo.
Tor. ¡Ay, narices derribadas
y tendidas por el suelo! 30
Pero toma esta respuesta;
de Tarpeya mira Nero.
DE LA ENTRETENIDA p. 91
Muñ. Diole. ¡Mal haya la farsa
y el autor suyo primero!
Pero yo no di esta traza,
ni escribí tal en mis versos.
Bar. ¡Pasado de parte a parte 5
está el pobre Ocaña!
Mar. ¡Ay, cielos!
Bar. Yo les tomaré la sangre,
que para esto soy barbero.
Dor. ¡Mi señora se desmaya! 10
D. An. Yo tengo la culpa de esto,
pues que sabía que Ocaña
es buzaque en todo tiempo.
Bar. ¡Paños, estopas, aguijen,
tráiganme claras de huevos! 15
Car. ¡Huye, traidor enemigo;
huye, traidor, que le has muerto!
Tor. Mire si halla mis narices,
porque sin ellas no pienso
salir un paso de casa. 20
Car. ¡Sal, que le has muerto!
Tor. ¡No quiero!
Dor. ¡Ay, sin ventura señora!
D. An. Las dos llevadla allá dentro.
Miren quién llama a esa puerta. 25
¡Y la rompen! ¿Qué es aquesto?
D. Fr. Yo pondré que es la justicia,
que a los llantos lastimeros
de estas muchachas acude.
Cris. Aqueso tengo yo bueno: 30
que no lloraré una lágrima
si viese a mi padre muerto;
JORNADA TERCERA p. 92
y más viéndome vengada
de estos dos amantes ciegos,
importunos, maldicientes,
socarrones, sacrílegos,
pobres, sobre todo, y ruines: 5
¡mirad qué extremos extremos!
Entran un alguacil y un corchete.
Alg. ¿Qué guitarra es aquésta?
Cor. Aquí hay sangre. ¿Qué es aquesto?
Tor. Yo soy, que estoy sin narices. 10
Oca. Y yo, que estoy casi muerto.
Alg. No se me vaya ninguno;
cierren esas puertas luego.
Muñ. De aquí habremos de ir...
Dor. ¿Adónde? 15
Muñ. A la cárcel, por lo menos.
D. An. ¿No la habéis echado el agua?
Dor. Ya vuelve en sí.
Cor. ¿Qué haremos?
¿Han de ir a la cárcel todos? 20
Alg. El caso sabré primero.
Tor. ¡Que tengo de ir a Turpia!
Oca. ¡Que esté tan cerca mi entierro!
¡Mete la tienta, cuitado,
con más blandura y más tiento! 25
Bar. Más de dos palmos le cuela.
Oca. Si yo cuatro azumbres cuelo,
no es bien se mire conmigo
en dos varas más o menos.
Cor. Veamos estas narices. 30
Tor. Paso, detente, reniego
DE LA ENTRETENIDA p. 93
de tus pies y de tus patas;
que las pisas, y tendremos
que enderezarlas si acaso
quedan chatas.
Cor. Yo no veo 5
en el suelo tus narices.
Tor. Verdad, porque aquí las tengo.
Muñ. ¡Milagro, milagro, y grande!
Oca. Tú, compasivo barbero,
por lo hueco de una bota 10
entraste la tienta a tiento.
D. An. ¿Luego todo esto es fingido?
Oca. Sí, señor.
D. An. ¡Por Dios del cielo!,
que estoy por hacer que salga 15
lo que es fingido por cierto.
¡Desnudar, donde hay mujeres,
espadas!
Tor. ¡Ah, señor bueno,
qué mal sientes de sus bríos! 20
D. An. Digo que sois majadero.
Alg. ¿Luego todo aquesto es burla?
Oca. Todo aquesto es burla luego;
pero después serán veras.
Car. ¡Qué buen relente tenemos! 25
D. Fr. El picón, por Dios bendito,
que ha sido de los más buenos
que he visto hacer en mi vida.
Dor. ¿Bailaremos más?
Cris. Bailemos. 30
Mar. No, porque aún no estoy en mí
del sobresalto, y deseo
JORNADA TERCERA p. 94
reparar(e) el accidente,
que me ha puesto en recio extremo.
D. An. Entraos, hermana.
Mar. Venid
conmigo vosotras. 5
Tor. Demos
sobresaltado remate
al principio de sosiego.
Entranse Cristina, Marcela y Dorotea.
Alg. De que todo sea comedia, 10
y no tragedia, me alegro,
y así, a mi ronda, señores,
con vuestra licencia, vuelvo.
Entranse el alguacil y el corchete.
Car. Ocaña y Torrente, digo 15
que el asunto fue discreto
del picón, y que se hizo
con propiedad en extremo.
Muñ. El principio todo es mío;
pero no lo fue el progreso: 20
el perulero y Ocaña
tienen el diablo en el cuerpo.
Oca. Miren la herida por quien
metió la tienta el barbero,
que mientras es más profunda, 25
más vida y bien me prometo.
Enseña una bota de vino.
Tor. Preguntar quiero otra vez,
mis señores mosqueteros,
DE LA ENTRETENIDA p. 95
quién ha de llevar la gala
de los trocados pañuelos.
Pensadlo para otra vez,
que en este sitio saldremos
con preguntas más agudas, 5
con entremeses más buenos.
Y advertid que soy Torrente,
perulero por lo menos,
y os daré selvas de plata
y mil montes de oro llenos. 10
Oca. Hermanos, yo soy Ocaña,
lacayo, mas no gallego;
sé brindar y sé gastar
con amigos cuanto tengo.
Entranse todos. 15
Entran don Silvestre de Almendárez, el verdadero,
con una gran cadena de oro, o que le parezca, y
Clavijo, su compañero.
D. Sil. Si no llega al retrato su hermosura,
y de ella ha declinado alguna parte, 20
podrá buscar en otra su ventura.
Cla. Señor, lo que yo puedo aconsejarte,
es que procures que la vista sea
la que de esta verdad ha de informarte;
y si tu prima acaso fuere fea, 25
no faltarán excusas con que impidas
el lazo que se teme y se desea:
que, a darle el matrimonio por dos
[vidas,
las glorias que no diera la primera, 30
fueran en la segunda prevenidas.
JORNADA TERCERA p. 96
Un nudo solo dado a la ligera,
aprieta, estrecha y liga de tal suerte,
que dura hasta la hora postrimera.
No fue de Gordïano el lazo fuerte
tan duro de romper como este ñudo, 5
que sólo se desata con la muerte.
Mancebo eres, pero muy sesudo,
y así, de que has de hacer como
[discreto
tan confiado estoy, que en nada dudo. 10
D. Sil. De seguir tus consejos te prometo.
Esta es buena coyuntura,
porque imagino que es ésta
mi prima.
Cla. Como es hoy fiesta, 15
saldrá a misa.
D. Sil. ¡Gran ventura!
De mi primo ésta es la casa.
Ella es; no hay que dudar.
Cla. Toda la puedes mirar, 20
si es que descubierta pasa.
Salen Marcela y Dorotea con mantos, y detrás
Quiñones con una almohada de terciopelo, y Muñoz,
que lleva a Marcela de la mano.
Mar. Delantero cargó Ocaña, 25
Muñoz, en el entremés.
Muñ. ¿No sabes, señora, que es
el mayor cuero de España?
Mar. Desenvainar las espadas,
me dio pena. 30
Muñ. Aquellas monas
DE LA ENTRETENIDA p. 97
nunca las sacan tizonas,
porque todas son coladas.
Embebe como esponja
vino Ocaña, y aun Torrente
bebe como hombre valiente, 5
sin melindre y sin lisonja.
Mar. ¿Don Silvestre queda en casa?
Dor. Sí, señora; y acostado.
Mar. Mi primo es tan regalado,
que ya de lo honesto pasa. 10
¿Traes, Dorotea, las horas?
Dor. Sí, señora.
Muñ. El corazón
me dice que hoy el sermón
tiene de durar tres horas. 15
Al pasar don Silvestre y Clavijo, hacen a Marcela
una gran reverencia, y ella, ni más ni menos.
Pero yo le oiré de modo
que fastidio no me pille.
Mar. ¿Luego no pensáis oílle? 20
Muñ. Alguna parte, no todo.
Entranse Marcela, Muñoz, Dorotea y Quiñones.
D. Sil. Esta es Marcela, mi prima,
y el retrato le parece.
Cla. Por cierto que ella merece 25
ser tenida por la prima
de hermosura y gentileza,
y estaría en perfección
grande, si su discreción
llega donde su belleza. 30
JORNADA TERCERA p. 98
D. Sil. Primo y don Silvestre dijo,
y que quedaba acostado,
y que era muy regalado:
¿qué infieres de esto, Clavijo?
Cla. De lo que pueda inferir, 5
ingenio no se resuelve;
mas el escudero vuelve,
que nos lo podrá decir.
Vuelve Muñoz.
Muñ. Viejo en pie, largo sermón, 10
temblores de puro frío,
y el estómago vacío,
no llaman la devoción.
Aquí, al sol estaré, en tanto
que se quiebra la cabeza 15
este fraile, rica pieza,
que todos tienen por santo.
Cla. Díganos, señor galán:
¿quién es aquesta señora
que entró de la mano ahora? 20
Muñ. ¿Adónde?
Cla. En San Sebastián.
Muñ. Es Marcela de Almendárez,
doncella la más garrida
que vive en toda la corte, 25
más honesta y recogida.
Es su hermano don Antonio
de Almendárez. Tiene en Indias
un hermano de su padre,
rico a las mil maravillas, 30
un hijo del cual en casa
DE LA ENTRETENIDA p. 99
se huelga a pierna tendida,
esperando si de Roma
el Padre Santo le envía
licencia para casarse
con Marcela, que es su prima. 5
D. Sil. ¿Y llámase?
Muñ. Don Silvestre
de Almendárez, y es de Lima,
y a nuestra casa llegó,
puedo decir, en camisa, 10
porque en una gran tormenta
echó al mar dos mil valijas
llenas de tejuelos de oro
finísimo y plata fina,
y entre ellas fue mi bayeta, 15
que fue oída y no fue vista.
Cla. ¡Válgame Dios! ¡Grave caso!
Muñ. Este que viene podría
contaros el caso grave
con más luenga narrativa: 20
que se halló presente a todo,
con gran dolor de su anima.
D. Sil. Ánima, querréis decir.
Muñ. No me importa a mí una guinda
pronunciar con dinguindujes. 25
Entra Torrente.
Tor. Muñoz, ¿en qué está la misa?
Muñ. En el misal; ahora empieza.
Tor. ¿Pasó por aquí Cristina?
Muñ. Entre la cruz creo que andáis, 30
Torrente, y la agua bendita.
JORNADA TERCERA p. 100
Bastan las de vuestros ojos,
sin buscar ajenas niñas:
que es Ocaña apitonado,
y sabe mucho de esgrima.
Tor. En este caso y en otros, 5
¿mondo yo, por dicha, níspolas?
Y, cuando no, su cabeza
tiene de guardar la mía.
Entra un cartero de estos que andan por la corte
dando las cartas del correo. 10
Cart. ¿Don Antonio de Almendárez,
saben dónde vive, a dicha,
señores?
Muñ. Hombre de bien,
a la vuelta, en una esquina. 15
¿Son de Roma?
Cart. Sí, señor.
Muñ. La dispensación sería
que aguarda el gran peregrino
y la en beldad peregrina. 20
¿Cuánto es el porte?
Cart. Un escudo.
Muñ. Hoste puto, vaya y diga
al mayordomo de casa
que le pague y la reciba. 25
Entrase el cartero.
Tor. Ahora sí que tendremos
gusto abierto y rica jira,
regodeos hasta el tope,
lautas y limpias comidas. 30
DE LA ENTRETENIDA p. 101
Mudaremos este pelo
de sayal con cebellinas
martas.
Muñ. Procurad que sean
ajunas, que sean más finas. 5
Con tantos gustos, sin duda
que olvidaréis la tormenta
que pasasteis, que, a mi cuenta,
debió ser en la Bermuda:
que siempre en aquel paraje 10
hay huracanes malignos.
Tor. Tanto, que de peregrinos
hicimos pleito homenaje
yo y mi señor don Silvestre;
mas yo tengo por lunático 15
quien sube en caballo acuático,
cuando le tiene terrestre.
A la sorda y a la muda
íbamos muy sin placer,
cuando llegamos a ver 20
la venta de la Barbuda;
pero tenía cerradas
las puertas, si viene a mano,
y no hay fiarse cristiano
de viejas que son barbadas. 25
D. Sil. Y la canal de Bahama,
¿pasóse sin detrimento?
Tor. Otra canal yo no siento
que aquésta por do derrama
sus dulces licores Baco. 30
Cla. ¿Dónde se alijó el navío?
Tor. No le alijó el señor mío,
JORNADA TERCERA p. 102
que le tuvo por bellaco;
y más, que espera tener
hijos en su prima hermosa.
Muñ. La respuesta, aunque graciosa,
nos ha de echar a perder. 5
D. Sil. ¿En el golfo de las Yeguas
sería el trance crüel?
Tor. Creo que pasamos de él
desviados cuatro leguas.
Cla. ¿Y dónde se tomó tierra? 10
Tor. En el suelo.
D. Sil. Dice bien.
Muñ. Vuestras mercedes nos den
licencia.
D. Sil. Donaire encierra 15
el peregrino, en verdad:
que, si aspirara a piloto,
que yo le diera mi voto
con poca dificultad,
porque describe los puertos 20
y los golfos bravamente.
Muñ. Es estimado Torrente
de los pilotos más ciertos
que encierra Guadalcanal,
Alanís, Jerez, Cazalla. 25
Tor. Baco en sus Indias se halla,
pasando por mi canal.
Muñ. Si la plática no atajo
en ocasión oportuna,
vos os veis, sin duda alguna, 30
Torrente amigo, en trabajo.
Entranse Torrente y Muñoz.
DE LA ENTRETENIDA p. 103
Salen don Antonio, don Francisco y don Ambrosio:
trae un papel en la mano.
D. Am. Si de esto albricias no dais,
o esta verdad no creéis,
ni de mi mal os doléis, 5
ni de mi bien os holgáis.
Tras la noche triste mía,
amarga, lóbrega, oscura,
hizo salir la ventura
claro sol y alegre día. 10
Por las levantadas cumbres
de imposibles que temí,
mi luz clara salir vi
llena de piadosas lumbres
que como nortes me guían 15
al puerto con dulces modos,
y de los peligros todos
del mar de amor me desvían.
Ya Marcela ha parecido,
y con esa letra y firma 20
todos mis bienes confirma;
ya, cual veis, soy su marido.
D. An. ¿Sabéis vos que ésta es su mano
y firma?
D. Am. Sin duda alguna. 25
D. An. Con tan próspera fortuna,
bien es que os mostréis ufano;
pero de su padre sé
que la casa en otra parte.
D. Am. El ni nadie será parte 30
a que se rompa la fe
JORNADA TERCERA p. 104
que con sangre viene escrita
en ese papel que veis.
D. An. Haga amor que la gocéis
luengo tiempo en paz bendita.
Tomad, y hágaos buen provecho 5
vuestra ventura extremada.
D. Fr. La mujer determinada
pone a todo trance el pecho.
Pero veis aquí do viene
el padre de vuestra esposa. 10
D. Am. Esperarle aquí, no es cosa
que a mis designios conviene.
Entra el padre de Marcela, y vase Ambrosio,
y entra también Ocaña.
Pad. Como fue demanda honesta 15
la que os hice, vengo a ver
si vino a corresponder
con mi intención la respuesta,
que ya en público la pido:
que no quiero que rodeos 20
encubran que mis deseos
no son de padre advertido.
Daré al señor don Antonio...
de este modo lo diré:
mi alma, pues le daré 25
a mi hija en matrimonio.
En ella le daré esposa
bien nacida, cual se sabe,
y aun extremo adonde cabe
el mayor de ser hermosa; 30
una niña a quien apenas
DE LA ENTRETENIDA p. 105
el sol ni el viento han tocado;
un armiño aprisionado
con religiosas cadenas;
una que son sus cuidados
de simple y tierna doncella; 5
y ofrezco en dote con ella
de renta dos mil ducados.
D. An. Con mucho gusto, señor
don Pedro Osorio, hiciera
lo que tan bien me estuviera, 10
mirando a vuestro valor;
mas la señora Marcela
ha ganado por la mano
a vuestro intento tan sano,
que en honrarla se desvela: 15
ella se ha escogido esposo,
que es el que salió de aquí.
Pad. ¿Mi hija Marcela?
D. Fr. Sí.
Pad. Padre triste, viejo astroso, 20
¿qué escuchas? ¿Cómo es aquesto?
D. Fr. Una cédula le ha dado
de su mano, donde ha echado
de lo que es amor el resto.
Pad. ¿Será falsa? 25
D. Fr. Podría ser;
pero imagino que no.
Pad. ¿Pues para qué os la mostró?
D. An. Turba el sentido el placer.
[Pad.] Primero que él la vea, 30
primero que él la toque,
primero que la goce,
JORNADA TERCERA p. 106
ha de perder la vida, o yo la mía.
¡Que venga un embustero,
con sus manos lavadas,
y no limpias por esto,
y el alma os robe y saque de las 5
[carnes!...
Mitades son del alma
los hijos; mas las hijas
son mitad más entera,
por cuyo honor el padre ha de ser lince. 10
Oca. Por Cristo benditísimo,
que la razón le sobra
por cima los tejados
a este pobre señor, de quien me duelo.
¡Que aquestos pisaverdes, 15
aquestos tiquimiquis
de encrespados copetes,
se anden a pescar bobas con
[embustes!...
D. An. Majadero, ¿qué es esto? 20
Oca. Yo callo y me arrepiento
de lo dicho.
D. An. Mostrenco,
¿de cuándo acá os metéis vos en
[docena? 25
Oca. ¡Que no pueda hacer baza
yo con este mi amo,
y, si a las discreciones
jugamos, quince y falta puedo darle!...
Pad. No os quiero pedir nada, 30
ni es razón que os la pida,
hijo, que, si lo fuérades,
DE LA ENTRETENIDA p. 107
remozara mis canas y mis días.
¡Hijas inobedientes,
que al curso de los años
anticipáis el gusto,
destrúyaos Dios, los cielos os maldigan! 5
Entrase el padre.
D. An. ¡Mi gozo está en el pozo!
D. Fr. ¿Y si es falsa la cédula?
D. An. Aunque lo sea, amigo,
ya el honor titubea de Marcela. 10
Cuanto más, que se sabe
que es bueno don Ambrosio,
y no levantaría
tan grande testimonio.
D. Fr. Así lo creo. 15
D. An. Doncella de escritorios,
de públicas audiencias,
de pruebas y testigos,
no es para mí.
Oca. ¡Sentencia aristotélica! 20
Entran Torrente y Cardenio.
Tor. ¿A cuándo, cuitado, aguardas?
¿Qué diligencias has hecho
que te sean de provecho?
¿A qué esperas? ¿A qué tardas? 25
Lugar tienes y ocasión
para rogar y fingir.
Car. Yo tengo para morir,
no para hablar, corazón.
Tor. Tu silencio ha de ser causa 30
JORNADA TERCERA p. 108
de toda tu desventura.
Car. Su honestidad y hermosura
ponen en mi intento pausa.
Al cabo habré de morir
callando. 5
Tor. ¡Qué simple amante!
Car. Medroso, mas no ignorante.
Tor. Todo lo puedes decir.
Entran Marcela, Dorotea, Muñoz y Cristina
y Quiñones. 10
Mar. La torpeza en vos se halla;
caminad, que os valga Dios.
Oca. Uno a uno, dos a dos,
juntado se ha gran batalla.
Entran Silvestre y Clavijo. 15
D. Sil. ¿Un don Silvestre está aquí
que tiene por sobrenombre
Almendárez?
Car. Gentilhombre,
yo soy. ¿Qué queréis de mí? 20
D. Sil. Dadme, señor, vuestros pies,
que soy grande servidor
de vuestro padre.
Car. Señor,
cortés, mas no tan cortés. 25
D. Sil. Diez mil pesos ensayados,
con vos, me escribe mi padre,
me envía, y tres mil mi madre.
Tor. Pesos serán bien pesados.
Catorce mil se tragó 30
DE LA ENTRETENIDA p. 109
el mar, como soy testigo.
D. Sil. Trece mil son los que digo.
Tor. Catorce mil digo yo.
Car. Es verdad; yo recibí,
señor, todo ese dinero; 5
pero el mar...
Cla. Aquí no hay pero.
D. Sil. Yo responderé por mí;
callad vos. También me envía
de vuestra prima un retrato. 10
Tor. Sorbiósele el mar ingrato,
sin guardarle cortesía.
Pensamos que se amansara
tocándole su figura,
y por respeto y mesura 15
en su lecho se acostara;
pero fue tan mal mirado,
que alzó montes sobre montes,
y escondió los horizontes
y aun la faz del sol dorado. 20
Mar. No era reliquia el retrato.
Cla. No; pero si él le arrojara
con devoción, se mostrara
manso el mar y el cielo grato.
Tor. Todo esto en la memoria 25
no está, Muñoz, que nos diste,
y si nos caen en el chiste,
nuestra desdicha es notoria.
D. Sil. ¿Vuestra merced tiene acaso
otro hermano? 30
Car. Sí, señor.
Muñ. No, señor. ¡Oh grande error!
JORNADA TERCERA p. 110
¡Mil sustos de muerte paso!
Cla. ¿Cómo se llama?
Tor. Don Juan
de Almendárez.
D. Sil. ¿Qué edad tiene? 5
Tor. Aquella que le conviene.
Oca. Examinándoles van,
y yo no sé para qué.
D. Sil. ¿Tocaron en la Bermuda?
Tor. Ya he dicho de esa Barbuda 10
otra vez lo que yo sé.
D. Sil. No ingenio, mas ignorancia,
es fabricar la maldad,
de quien está la verdad
no dos dedos de distancia. 15
Yo soy, señor don Antonio,
vuestro primo verdadero,
y de ser éste embustero
darán claro testimonio
mis papeles y el retrato 20
de mi señora Marcela.
Muñ. ¡El alma se me rebela!
¡Si hoy no me muero, me mato!
D. Sil. Dadme, señora, esos pies
por vuestro primo y esposo. 25
D. Fr. ¡Este es caso prodigioso!
Mar. Cortés, mas no tan cortés.
Tor. Tres días ha, desventurado,
que, por no querer hablar,
te has de ver, a bien librar, 30
en galeras y azotado.
Embistiérasla, malino,
DE LA ENTRETENIDA p. 111
y no aguardaras a verte
en la desdichada suerte
y en el traje peregrino.
D. Fr. ¿Quién eres?
Car. Un estudiante. 5
Tor. Y yo su capigorrón,
que tengo de socarrón
harto más que de ignorante.
Car. Solicitóme el amor
a entrar en esta conquista 10
a la sombra de una lista...
Tor. Que la escribió este traidor
de Muñoz.
Muñ. ¡Dios sea conmigo!
¡Llegó de Muñoz el fin! 15
D. An. ¡Ah, escudero viejo y ruin!
Oca. Eso pido y eso digo.
Car. Estos soles sobrehumanos,
por quien mi mal crece y mengua,
pusieron freno a mi lengua, 20
como esposas a mis manos.
En los rayos de sus ojos
se despuntaban los míos,
y nunca mis desvaríos
llegaron a darla enojos. 25
Si me queréis castigar,
primero advertid, señores,
que los yerros por amores
son dignos de perdonar.
D. An. En albricias, el perdón 30
te diera; mas ten aviso,
que el Pontífice no quiso
JORNADA TERCERA p. 112
conceder dispensación
entre mi primo y mi hermana.
Mar. Casamientos de parientes
tienen mil inconvenientes.
Cla. El favor todo lo allana. 5
Yo iré a Roma, y la traeré.
D. Sil. Yo, aunque primo verdadero,
ni quedarme en casa quiero,
ni poner en ella el pie:
que la honra de mi prima 10
ha de ir contino adelante,
sin que haya otro estudiante
que la asombre o que la oprima.
Cris. ¿No ha de haber un casamiento
en esta casa jamás? 15
Oca. Tú, Cristina, le harás,
si te ajustas a mi intento.
Cris. Yo me ajusto al de Quiñones.
Qui. Pues yo no me ajusto al tuyo.
Cris. ¿Tú, para no ser mi cuyo, 20
hallas razón?
Qui. Y razones.
Cris. Ocaña, si me deseas,
vesme aquí.
Oca. No es mi linaje 25
tal, que lo que arroja un paje
escoja yo, ni tal creas.
Tor. A no estar temiendo aquí
la penca de algún verdugo,
ese arrojado mendrugo 30
le tomara para mí.
Cris. ¡Malos años y mal mes!
DE LA ENTRETENIDA p. 113
Tor. Acordársete debía,
facinorosa arpía,
del pañuelo y entremés.
Mar. Con licencia de mi hermano
y de mi primo, yo quiero 5
sentenciar al escudero
y al gran embustero indiano.
Trocará la mano el juego
a cuyas leyes me arrimo:
quedarse ha en casa mi primo, 10
y él se salga de ella luego.
Lleve su vergüenza a cuestas,
que es la venganza mayor
que puede tomar amor
de invenciones como aquéstas. 15
A Muñoz le doy la pena
que da el arrepentimiento
y el destierro.
Muñ. Yo bien siento
ser ángel el que condena. 20
Mi alma no se alboroza
con sentencia que es tan pía,
pues ve que yo merecía
azotes, si no coroza.
Oca. Bien haya la lacayuna 25
humilde y valiente raza,
pues que traiciones no traza
para subir su fortuna.
Junto a la caballeriza,
y al olor de su caballo, 30
con sus brindez, siento y hallo
que sus gustos solemniza.
JORNADA TERCERA p. 114
Cris. De Quiñones desechada,
y de Ocaña no escogida,
aún no he de quedar perdida,
porque espero ser ganada.
Hace quien se desespera 5
un grandísimo pecado,
y es refrán muy bien pensado
que tal vendrá que tal quiera.
Dor. Yo sola soy sin ventura.
Es tan corto el hado mío, 10
que no ha alcanzado mi brío
lo que impide la hermosura.
Nunca he sido requebrada,
ni sé amor a lo que sabe;
mas esto y mucho más cabe 15
en la ventura quebrada.
Tor. Siento en aqueste desastre
sólo el perder a Cristina.
Muñ. Camina, Muñoz, camina,
pobre, sin bayeta y sastre. 20
Entrase.
Dor. Sin Marcela, don Antonio,
se entra amargo el corazón.
Entrase.
D. Sil. Y yo sin dispensación. 25
Entrase.
Cris. Cristina sin matrimonio.
Entrase.
DE LA ENTRETENIDA p. 115
Cla. Yo seguiré de mi amigo
los pasos, medio contento.
Entrase.
D. Fr. Yo alabaré el pensamiento
de don Antonio, a quien sigo. 5
Entrase.
Mar. Yo quedaré en mi entereza,
no procurando imposibles,
sino casos convenibles
a nuestra naturaleza. 10
Entrase.
Oca. Esto en este cuento pasa:
los unos por no querer,
los otros por no poder,
al fin ninguno se casa. 15
De esta verdad conocida
pido me den testimonio:
que acaba sin matrimonio
la comedia entretenida.
Entrase. 20
Fin de la comedia.
p. 116
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 117
COMEDIA FAMOSA
DE PEDRO DE URDEMALAS
Los que hablan en ella son los siguientes:
Pedro de Urdemalas. Una viuda labradora.
Clemente, zagal. Un labrador, que la 5
Clemencia y Benita, lleva de la mano.
zagalas. Un ciego.
Crespo, alcalde, padre El rey.
de Clemencia. Silerio.
Sancho Macho y Diego Un criado del rey. 10
Tarugo, regidores. Un alguacil.
Lagartija y Hornachuelos, La reina.
labradores. Mostrenco.
Redondo, escribano. Marcelo, caballero.
Pascual. Dos representantes, 15
Un sacristán. con su autor.
Maldonado, conde de Un labrador.
gitanos. Otros tres farsantes.
Músicos. Alguacil de comedias.
Inés y Belica, gitanas. 20
JORNADA PRIMERA p. 118
JORNADA PRIMERA
Entran Pedro de Urdemalas en hábito de mozo de
labrador, y Clemente como zagal.
Cle. De tu ingenio, Pedro amigo,
y nuestra amistad se puede 5
fiar más de lo que digo,
porque él al mayor excede,
y de ella el mundo es testigo;
así, que es de calidad
tu ingenio y nuestra amistad, 10
que, sin buscar otro medio,
en ambos pongo el remedio
de toda mi enfermedad.
Esa hija de tu amo,
la que se llama Clemencia, 15
a quien yo justicia llamo,
la que huye mi presencia,
cual del cazador el gamo;
ésa, a quien naturaleza
dio el extremo de belleza 20
que has visto, me tiene tal,
que llega al punto mi mal
do llega el de su lindeza.
Cuando pensé que ya estaba
algo crédula al cuidado 25
que en mis ansias le mostraba,
yo no sé quién la ha trocado
de cordera en tigre brava,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 119
ni sé yo por qué mentiras
sus mansedumbres en iras
ha vuelto, ni sé, ¡oh amor!,
por qué con tanto rigor
contra mí tus flechas tiras. 5
Ped. Bobear; dime, en efeto,
lo que quieres.
Cle. Pedro hermano,
que me libres de este aprieto
con algún consejo sano 10
o ayuda de hombre discreto.
Ped. ¿Han llegado tus deseos
a más que dulces floreos,
o has tocado en el lugar
donde amor suele fundar 15
el centro de sus empleos?
Cle. Pues sabes que soy pastor,
entona más bajo el punto,
habla con menos primor.
Ped. Que si eres, te pregunto, 20
Amadís o Galaor.
Cle. No soy sino Antón Clemente,
y andas, Pedro, impertinente
en hablar por tal camino.
Ped. Pan por pan, vino por vino, 25
se ha de hablar con esta gente.
¿Haste visto con Clemencia
a solas o en parte oscura,
donde ella te dio licencia
de alguna desenvoltura 30
que encargase la conciencia?
Cle. Pedro, el cielo me confunda,
JORNADA PRIMERA p. 120
y la tierra aquí me hunda,
y el aire jamás me aliente,
si no es un amor decente
en quien el mío se funda.
Del padre el rico caudal 5
el mío pobre desprecia
por no ser al suyo igual,
y entiendo que sólo precia
el de Llorente y Pascual,
que son ricos, y es razón 10
que se lleve el corazón
tras sí de cualquier mujer,
no el querer, sino el tener
del oro la posesión.
Y, además de esto, Clemencia 15
a mi amor no corresponde,
por no sé qué impertinencia
que le han dicho, y así esconde
de mis ojos su presencia;
y si tú, Pedro, no haces 20
de nuestras riñas las paces,
ya por perdido me cuento.
Ped. O no tendré entendimiento,
o he de trazar tus solaces.
Si sale, como imagino, 25
hoy mi amo por alcalde,
te digo, como adivino,
que hoy no te trajo de balde
a hablar conmigo el destino.
Tú verás cómo te entrego 30
en holganza y en sosiego
el bien que interés te veda,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 121
y que al dártele preceda
promesa, dádiva y ruego.
Y, en tanto que esto se traza,
vuelve los ojos y mira
los lazos con que te enlaza 5
amor, y por quien suspira
Febo, que allí se disfraza;
mira a los rubios cabellos
de Clemencia, y mira entre ellos
al lascivo amor jugando, 10
y cómo se va admirando
por ver que se mira en ellos.
Benita viene con ella,
su prima, cual si viniese
con el sol alguna estrella 15
que no menos luz nos diese
que el mismo sol: tal es ella.
Clemente, ten advertencia
que, si llega aquí Clemencia,
te le humilles; yo a Benita, 20
como a una cosa bendita,
le pienso hacer reverencia.
Dile con lengua curiosa
cosas de que no disguste,
y ten por cierta una cosa: 25
que no hay mujer que no guste
de oírse llamar hermosa.
Liberal de esta moneda
te muestra; no tengas queda
la lengua en sus alabanzas; 30
verás volver las mudanzas
de la variable rueda.
JORNADA PRIMERA p. 122
Entran Clemencia y Benita, zagalas,
con sus cantarillas, como que van a la fuente.
Ben. ¿Por qué te vuelves, Clemencia?
Clem. ¿Por qué me vuelvo, Benita?
Por no verme en la presencia 5
de quien la salud me quita
y me da mortal dolencia;
por no ver a un insolente
que tiene bien diferente
de la condición el nombre. 10
Ben. Apostaré que es el hombre
por quien lo dices Clemente.
Cle. ¿Soy basilisco, pastora,
o soy alguna fantasma
que se aparece a deshora, 15
con que el sentido se pasma
y el ánimo se empeora?
Clem. No eres sino un parlero,
adulador, lisonjero
y, sin porqué, jactancioso, 20
en verdades mentiroso
y en mentiras verdadero.
¿Cuándo te he dado yo prenda
que de mi amor te asegure
tanto, que claro se entienda 25
que, aunque el amor me procure,
no hayas temor que te ofenda?
Esto dijiste a Jacinta,
y le mostraste una cinta
encarnada que te di; 30
y en tu rostro se ve aquí
aquesta verdad distinta.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 123
Cle. Clemencia, si yo he dicho cosa alguna
que no vaya a servirte encaminada,
venga de la más próspera fortuna
a la más abatida y desastrada;
si siempre sobre el cerco de la luna 5
no has sido por mi lengua levantada,
cuando quiera decirte mi querella,
mudo silencio el cielo infunda en ella;
si mostré tal, la fe en que yo pensaba,
por la ley amorosa, de salvarme, 10
cuando a la vida el término se acaba,
por ella entonces venga a condenarme;
si dije tal, jamás halle en su aljaba
flechas de plomo amor con que tirarme,
si no es a ti, y a mí con las doradas, 15
a helarte y abrasarme encaminadas.
Ped. Clemencia, tu padre viene,
y con la vara de alcalde.
Clem. No la ha alcanzado de balde:
que su salmorejo tiene. 20
Hermano Clemente, a Dios.
Cle. ¿Pues cómo quedamos?
Clem. Bien.
Benita, si quieres, ven.
Ben. Sí, pues venimos las dos. 25
Entrase Benita y Clemencia.
Ped. Vete en buen hora, Clemente,
y quédese el cargo a mí
de lo que he de hacer por ti.
Cle. A Dios, pues. 30
Ped. El te contente.
JORNADA PRIMERA p. 124
Salen Martín Crespo, alcalde, padre de Clemencia,
y Sancho Macho y Diego Tarugo, regidores.
Tar. Plácenos, Martín Crespo, del suceso.
Desechéisla por otra de brocado,
sin que jamás un voto os salga avieso. 5
Alc. Diego Tarugo, lo que me ha costado
aquesta vara, sólo Dios lo sabe,
y mi vino, y capones, y ganado.
El que no te conoce, ése te alabe,
deseo de mandar. 10
San. Yo aqueso digo,
que sé que en él todo cuidado cabe.
Véala yo en poder de mi enemigo,
vara que es por presentes adquirida.
Alc. Pues ahora la tiene un vuestro amigo. 15
San. De vos, Crespo, será tan bien regida,
que no la doble dádiva ni ruego.
Alc. No, ¡juro a mí!, mientras tuviere vida.
Cuando mujer me informe, estaré
[ciego; 20
al ruego del hidalgo, sordo y mudo:
que a la severidad todo me entrego.
Tar. Ya veo en vuestro tiempo, y no lo dudo,
sentencias de Salmón, el rey discreto,
que el niño dividió con hierro agudo. 25
Alc. Al menos, de mi parte yo prometo
de arrimarme a la ley en cuanto pueda,
sin alterar un mínimo decreto.
San. Como yo lo deseo, así suceda.
Y a Dios. 30
Alc. Fortuna os tenga, Sancho Macho,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 125
en la empinada cumbre de su rueda.
Tar. Sin que el temor o amor os ponga
[empacho,
juzgad, Crespo, terrible y brevemente:
que la tardanza en toda cosa tacho. 5
Y a Dios quedad.
Alc. En fin, sois buen pariente.
Entranse Sancho Macho y Diego Tarugo.
Pedro, que escuchando estás,
¿cómo de mi buen suceso 10
el parabién no me das?
Ya soy alcalde, y confieso
que lo seré por demás,
si tú no me das favor
y muestras algún primor 15
con que juzgue rectamente:
que te tengo por prudente,
más que a un cura y a un doctor.
Ped. Es aqueso tan verdad,
cual lo dirá la experiencia, 20
porque con facilidad
luego os mostraré una ciencia
que os dé nombre y calidad.
Llegaráos Licurgo apenas,
y la celebrada Atenas 25
callará sus doctas leyes;
envidiaros han los reyes
y las escuelas más buenas.
Yo os meteré en la capilla
dos docenas de sentencias 30
que al mundo den maravilla,
JORNADA PRIMERA p. 126
todas con sus diferencias,
civiles, o de rencilla;
y la que primero a mano
os viniere, está bien llano
que no ha de haber más que ver. 5
Alc. Desde hoy más, Pedro, has de ser,
no mi mozo, mas mi hermano.
Ven, y mostrarásme el modo
cómo yo ponga en efeto
lo que has dicho, en parte o en todo. 10
Ped. Pues más cosas te prometo.
Alc. A cualquiera me acomodo.
Entranse el alcalde y Pedro.
Salen otra vez Sancho Macho y Tarugo.
San. Mirad, Tarugo: bien siento 15
que, aunque el parabién le disteis
a Crespo de su contento,
otro paramal tuvisteis
guardado en el pensamiento;
porque, en efecto, es mancilla 20
que se rija aquesta villa
por la persona más necia
que hay desde Flandes a Grecia
y desde Egipto a Castilla.
Tar. Hoy mostrará la experiencia, 25
buen regidor Sancho Macho,
adónde llega la ciencia
de Crespo, a quien yo no tacho
hasta la primera audiencia;
y pues ahora ha de ser, 30
soy, Macho, de parecer
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 127
que le oigamos.
San. Sea así;
aunque tengo para mí
que un simple en él se ha de ver.
Entran Lagartija y Hornachuelos, labradores. 5
Hor. ¿De quién, señores, sabremos
si el alcalde en casa está?
Tar. Aquí los dos le atendemos.
Lag. Señal es que aquí saldrá.
San. Tan cierta, que ya le vemos. 10
Salen el alcalde y Redondo, escribano, y Pedro.
Alc. ¡Oh valientes regidores!
Red. Siéntense vuestras mercedes.
Alc. Sin ceremonia, señores.
Tar. En cortés, exceder puedes 15
a los corteses mayores.
Alc. Siéntese aquí el escribano,
y a mi izquierda y diestra mano
los regidores estén;
y tú, Pedro, estarás bien 20
a mis espaldas.
Ped. Es llano.
Aquí, en tu capilla, están
las sentencias suficientes
a cuantos pleitos vendrán, 25
aunque nunca pares mientes
a la relación que harán;
y si alguna no estuviere,
a tu asesor te refiere,
que yo lo seré de modo 30
JORNADA PRIMERA p. 128
que te saque bien de todo,
y sea lo que se fuere.
Red. ¿Quieren algo, señores?
Lag. Sí querríamos.
Red. Pues digan: que aquí está el señor 5
[alcalde,
que les hará justicia rectamente.
Alc. Perdónemelo Dios lo que ahora digo,
y no me sea tomado por soberbia:
tan tiestamente pienso hacer justicia, 10
como si fuese un sonador romano.
Red. Senador, Martín Crespo.
Alc. Allá va todo.
Digan su pleito aprisa y brevemente:
que apenas me le habrán dicho, en mi 15
[ánima,
cuando les dé sentencia rota y justa.
Red. Recta, señor alcalde.
Alc. Allá va todo.
Hor. Prestóme Lagartija tres reales, 20
volvíle dos, la deuda queda en uno,
y él dice que le debo cuatro justos.
Este es el pleito. Brevedad, y dije.
¿Es aquesto verdad, buen Lagartija?
Lag. Verdad; pero yo hallo por mi cuenta, 25
o que yo soy un asno, o que
[Hornachuelos
me queda a deber cuatro.
Alc. ¡Bravo caso!
Lag. No hay más en nuestro pleito, y me 30
[rezumo
en lo que sentenciare el señor Crespo.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 129
Red. Rezumo por resumo, allá va todo.
Alc. ¿Qué decís vos a esto, Hornachuelos?
Hor. No hay que decir; yo en todo me
[arremeto
al señor Martín Crespo. 5
Red. Me remito,
¡pese a mi abuelo!
Alc. Dejad(le) que arremeta;
¿qué se os da a vos, Redondo?
Red. A mí, no nada. 10
Alc. Pedro, sácame, amigo, una sentencia
de esa capilla: la que está más cerca.
Red. ¿Antes de ver el pleito, hay ya
[sentencia?
Alc. Ahí se podrá ver quién es Callejas. 15
Ped. Léase esta sentencia, y punto en boca.
Red. En el pleito que tratan .N. y .F....
Ped. Zutano con Fulano significan
la .N. con la .F. entre dos puntos.
Red. Así es verdad. Y digo que en el pleito 20
que trata este Fulano con Zutano,
que debo condenar, fallo y condeno
al dicho puerco de Zutano a muerte,
porque fue matador de la criatura
del ya dicho Fulano... Yo no atino 25
qué disparate es este de este puerco
y de tantos Fulanos y Zutanos,
ni sé cómo es posible que esto cuadre
ni esquine con el pleito de estos
[hombres. 30
Alc. Redondo está en lo cierto. Pedro amigo,
mete la mano, y saca otra sentencia;
JORNADA PRIMERA p. 130
podría ser que fuese de provecho.
Ped. Yo, que soy asesor vuestro, me atrevo
de dar sentencia luego cual convenga.
Lag. Por mí, más que la de un jumento
[nuevo. 5
San. Digo que el asesor es extremado.
Hor. Sentencia norabuena.
Alc. Pedro, vaya,
que en tu magín mi honra deposito.
Ped. Deposite primero Hornachuelos, 10
para mí, el asesor, doce reales.
Hor. Pues sola la mitad importa el pleito.
Ped. Así es verdad: que Lagartija, el bueno,
tres reales de a dos os dio prestados,
y de estos le volvisteis dos sencillos; 15
y por aquesta cuenta debéis cuatro,
y no, cual decís vos, no más de uno.
Lag. Ello es así, sin que le falte cosa.
Hor. No lo puedo negar; vencido quedo,
y pagaré los doce con los cuatro. 20
Red. Ensúciome en Catón y en Justiniano,
¡oh Pedro de Urde, montañés famoso!,
que así lo muestra el nombre y el
[ingenio.
Hor. Yo voy por el dinero, y voy corrido. 25
Lag. Yo me contento con haber vencido.
Entranse Lagartija y Hornachuelos.
Salen Clemente y Clemencia como pastor y pastora,
embozados.
Cle. Permítase que hablemos embozados 30
ante tan justiciero ayuntamiento.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 131
Alc. Mas que habléis en un costal atados;
porque a oír, y no a ver, aquí me siento.
Cle. Los siglos que renombre de dorados
les dio la antigüedad con justo intento,
ya se ven en los nuestros, pues que 5
[vemos
en ellos de justicia los extremos.
Vemos un Crespo alcalde...
Alc. Dios os guarde.
Dejad aquesas lonjas a una parte... 10
Red. Lisonjas, decir quiso.
Alc. Y, porque es tarde,
de vuestro intento en breve nos dad
[parte.
Cle. Con verdadera lengua, cierto alarde 15
hace de lo que quiero parte a parte.
Alc. Decid: que ni soy sordo, ni lo he sido.
Cle. Desde mis tiernos años,
de mi fatal estrella conducido,
sin las nubes de engaños, 20
el sol que en este velo está escondido
miré para adorarle,
porque esto hizo el que llegó a mirarle.
Sus rayos se imprimieron
en lo mejor del alma, de tal modo, 25
que en sí la convirtieron:
todo soy fuego, yo soy fuego todo,
y, con todo, me hielo,
si el sol me falta que me eclipsa un
[velo. 30
Grata correspondencia
tuvo mi justo y mi cabal deseo:
JORNADA PRIMERA p. 132
que amor me dio licencia
a hacer de mi alma rico empleo;
en fin, esta pastora,
así como la adoro, ella me adora.
A hurto de su padre, 5
que es de su libertad duro tirano,
que ella no tiene madre,
de esposa me entregó la fe y la mano;
y ahora, temerosa
del padre, no confiesa ser mi esposa. 10
Teme que el padre, rico,
se afrente de mi humilde medianía,
porque hace el pellico
al monje en esta edad de tiranía.
El me sobra en riqueza; 15
pero no en la que da naturaleza.
Como él, yo soy tan bueno;
tan rico, no, y a su riqueza igualo
con estar siempre ajeno
de todo vicio perezoso y malo; 20
y, entre buenos, es fuero
que valga la virtud más que el dinero.
Pido que ante ti vuelva
a confirmar el sí de ser mi esposa,
y en serlo se resuelva, 25
sin estar de su padre temerosa,
pues que no aparta el hombre
a los que Dios juntó en su gracia y
[nombre.
Alc. ¿Qué respondéis a esto, 30
sol que entre nubes se cubrió a
[deshora?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 133
Cle. Su proceder honesto
la tendrá muda, por mi mal, ahora;
pero señales puede
hacer con que su intento claro quede.
Alc. ¿Sois su esposa, doncella? 5
Ped. La cabeza bajó: señal bien clara
que no lo niega ella.
San. ¿Pues en qué, Martín Crespo, se
[repara?
Alc. En que de mi capilla 10
se saque la sentencia, y en oílla.
Pedro, sácala al punto.
Ped. Yo sé que ésta saldrá pintiparada,
porque, a lo que barrunto,
siempre fue la verdad acreditada, 15
por atajo o rodeo;
y esta sentencia lo dirá que leo.
Saca un papel de la capilla, y léele Pedro:
Yo, Martín Crespo, alcalde, determino
que sea la pollina del pollino. 20
Red. Vaso de suertes es vuestra capilla,
y esta que ha sido ahora pronunciada,
aunque es para entre bestias, maravilla,
y aun da muestras de ser cosa pensada.
Cle. El alma en Dios, y en tierra la rodilla, 25
la vuestra besaré, como a extremada
columna que sustenta el edificio
donde moran las ciencias y el jüicio.
Alc. Puesto que redundara esta sentencia,
hijo, en haberos dado el alma mía, 30
porque no es otra cosa mi Clemencia,
JORNADA PRIMERA p. 134
me fuera de gran gusto y alegría.
Y alégrenos ahora la presencia
vuestra, que está en razón y en
[cortesía,
pues ya lo desleído y sentenciado 5
será, sin duda alguna, ejecutado.
Clem. Pues, con ese seguro, padre mío,
el velo quito, y a tus pies me postro.
Mal haces en usar de este desvío,
pues soy tu hija, y no espantable 10
[monstro.
Tú has dado la sentencia a tu albedrío,
y, si es injusta, es bien que te dé en
[rostro;
pero, si justa es, haz que se apruebe, 15
con que a debida ejecución se lleve.
Alc. Lo que escribí, escribí; bien dices, hija;
y así, a Clemente admito por mi hijo,
y el mundo de este proceder colija
que más por ley que por pasión me 20
[rijo.
San. No hay alma aquí que no se regocija
de vuestro no pensado regocijo.
Tar. Ni lengua que a Martín Crespo no alabe
por hombre ingeniosísimo y que sabe. 25
Ped. Nuestro amo, habéis de saber
que es merced particular
la que el cielo quiere hacer
cuando se dispone a dar
al hombre buena mujer; 30
y corre el mismo partido
ella, si le da marido
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 135
que sea en todo varón,
afable de condición,
más que arrojado, sufrido.
De Clemencia y de Clemente
se hará una junta dichosa 5
que os alegre y os contente,
y quien lleve vuestra honrosa
estirpe de gente en gente,
y esta noche de San Juan
las bodas celebrarán, 10
con el suyo y vuestro gusto.
Alc. Señales de hombre muy justo
todas tus cosas me dan;
pero la boda otro día
se hará: que es noche ocupada 15
de general alegría
aquésta.
Cle. No importa nada,
siendo ya Clemencia mía:
que el gusto del corazón 20
consiste en la posesión
mucho más que en la esperanza.
Ped. ¡Oh, cuántas cosas alcanza
la industria y sagacidad!
Alc. Vamos, que hay mucho que hacer 25
esta noche.
Tar. Sea en buen hora.
Cle. Ni qué esperar ni temer
me queda, pues por señora
y esposa te vengo a ver. 30
Tar. ¡Bien escogisteis, Clemencia!
Clem. Al que ordenó la sentencia
JORNADA PRIMERA p. 136
las gracias se den, y al cielo.
Ped. De que he encargado, recelo,
algún tanto mi conciencia.
Entrase todos, y, al entrarse, sale Pascual y tira del
sayo a Pedro, y quédanse los dos en el teatro, y tras 5
Pascual entra un sacristán.
Pas. Pedro amigo.
Ped. ¿Qué hay, Pascual?
No pienses que me descuido
del remedio de tu mal; 10
antes, en él tanto cuido,
que casi no pienso en al.
Esta noche de San Juan
ya tú sabes cómo están
del lugar las mozas todas 15
esperando de sus bodas
las señales que les dan.
Benita, el cabello al viento,
y el pie en una bacía
llena de agua, y oído atento, 20
ha de esperar hasta el día
señal de su casamiento;
sé tú primero en nombrarte
en su calle, de tal arte,
que claro entienda tu nombre. 25
Pas. Por excelencia, el renombre
de industrioso pueden darte.
Yo lo haré así; queda en paz;
mas, después de aquesto hecho,
tú lo que faltare haz, 30
así no abrasa tu pecho
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 137
el fuego de aquel rapaz.
[Ped.] Así será; ve con Dios.
Vase Pascual.
Sac. Por ligero que seáis vos,
yo os saldré por el atajo, 5
y buscaré sin trabajo
la industria de ambos a dos.
Entrase el sacristán.
Sale Maldonado, conde de gitanos; y adviértase
que todos los que hicieren figura de gitanos, han 10
de hablar ceceoso.
Mal. Pedro ceñor, Dioz te guarde.
¿Qué te haz hecho, que he venido
a buzcarte aquezta tarde,
por ver ci eztás ya atrevido, 15
o todavía cobarde?
Quiero decir, ci te agrada
el cer nueztra camarada,
nueztro amigo y compañero,
como me haz dicho. 20
Ped. Sí quiero.
Mal. ¿Repáraz en algo?
Ped. En nada.
Mal. Mira, Pedro: nueztra vida
ez zuelta, libre, curioza, 25
ancha, holgazana, extendida,
a quien nunca falta coza
que el deceo buzque y pida.
Dánoz el herbozo zuelo
léchoz; círvenoz el cielo 30
JORNADA PRIMERA p. 138
de pabellón dondequiera;
ni noz quema el zol, ni altera
el fiero rigor del hielo.
El máz cerrado vergel
laz primíciaz noz ofrece 5
de cuanto bueno haya en él;
y apénaz se ve o parece
la albilla o la mozcatel,
que no eztá luego en la mano
del atrevido gitano, 10
zahorí del fruto ajeno,
de induztria y ánimo lleno,
ágil prezto, zuelto y zano.
Gozámoz nuéstoz amórez
líbrez del dezazociego 15
que dan loz competidórez,
calentándonoz zu fuego
cin céloz y cin temórez.
Y ahora está una muchacha
que con nadie no ce empacha 20
en nueztro rancho, tan bella,
que no halla en qué ponella
la envidia ni aun una tacha.
Una gitana, hurtada,
la trajo; pero ella es tal, 25
que, por hermoza y honrada,
muestra que es de principal
y rica gente engendrada.
Ezta, Pedro, cerá tuya,
aunque máz el yugo huya 30
que rinde la libertad,
cuando de nueztra amiztad
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 139
lo acordado ce concluya.
Ped. Porque veas, Maldonado,
lo que me mueve el intento
a querer mudar de estado,
quiero que me estés atento 5
un rato.
Mal. De muy buen grado.
Ped. Por lo que te he de contar,
vendrás en limpio a sacar
si para gitano soy. 10
Mal. Atento eztaré y eztoy;
bien puédez ya comenzar.
Ped. Yo soy hijo de la piedra,
que padre no conocí:
desdicha de las mayores 15
que a un hombre pueden venir.
No sé dónde me criaron;
pero sé decir que fui
de estos niños de doctrina
sarnosos que hay por ahí. 20
Allí, con dieta y azotes,
que siempre sobran allí,
aprendí las oraciones,
y a tener hambre aprendí;
aunque también con aquesto 25
supe leer y escribir,
y supe hurtar la limosna,
y disculparme y mentir.
No me contentó esta vida
cuando algo grande me vi, 30
y en un navío de flota
con todo mi cuerpo di,
JORNADA PRIMERA p. 140
donde serví de grumete,
y a las Indias fui y volví,
vestido de pez y angeo,
y sin un maravedí.
Temí con los huracanes, 5
y con las calmas temí,
y espantóme la Bermuda
cuando su costa corrí.
Dejé el comer del bizcocho
con dos dedos de hollín, 10
y el beber vino del diablo
antes que de San Martín.
Pisé otra vez las riberas
del rico Guadalquivir,
y entreguéme a sus crecientes, 15
y a Sevilla me volví,
donde al rateruelo oficio
me acomodé bajo y vil
de mozo de la esportilla,
que el tiempo lo pidió así; 20
en el cual, sin ser yo cura,
muy muchos diezmos cogí,
haciendo salva a mil cosas
que me condenan aquí.
En fin, por cierta desgracia, 25
el oficio tuvo fin,
y comenzó el peligroso
que suelen llamar mandil.
En él supe de la hampa
la vida larga y cerril, 30
formar pendencias del viento,
y con el soplo herir.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 141
Mi amo, que era tan bravo
como ligero pasquín,
dio asalto a una faldriquera
a lo callado y sutil;
con las manos en la masa 5
le cogió un cierto alguacil,
y él quiso ser en un potro
confesor, y no martir;
mártir, digo, Maldonado.
Mal. En eso, ¿qué me va a mí? 10
Pronunciad como os dé gusto,
pues que no habláis latín.
Ped. Palmeóle las espaldas
contra su gusto el bochín,
de lo cual quedó mohíno, 15
según que dijo un malsín.
A las casas movedizas
le llevaron, y yo vi
arañarse la Escalanta
y llorar la Becerril. 20
Yo, viéndome sin el fieltro
de mi andaluz paladín,
de mandil a mochilero
un salto forzoso di.
Deparóme la fortuna 25
un soldado espadachín
de los que van hasta el puerto,
y se vuelven desde allí.
Las boletas rescatadas,
las gallinas que cogí, 30
si no las perdona el cielo,
¡desventurado de mí!
JORNADA PRIMERA p. 142
Diome el rostro aquella vida,
porque de ella conocí
que el soldado churrullero
tiene en las gurapas fin,
y a gentilhombre de playa 5
en un punto me acogí,
vida de mil sobresaltos
y de contentos cien mil.
Mas, por temor de irme a Argel,
presto a Córdoba me fui, 10
adonde vendí aguardiente,
y naranjada vendí.
Allí el salario de un mes
en un día me bebí,
porque, si hay agua que sepa, 15
la ardiente es doctor sutil.
Arrojárame mi amo
con un trabuco de sí,
y en casa de un asturiano
por mi desventura di. 20
Hacía suplicaciones,
suplicaciones vendí,
y en un día diez canastas
todas las jugué y perdí.
Fuime, y topé con un ciego, 25
a quien diez meses serví,
que, a ser años, yo supiera
lo que no supo Merlín.
Aprendí la jerigonza,
y a ser vistoso aprendí, 30
y a componer oraciones
en verso airoso y gentil.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 143
Murióseme mi buen ciego,
dejóme cual Juan Paulín,
sin blanca, pero discreto,
de ingenio claro y sutil.
Luego fui mozo de mulas, 5
y aun de un fullero lo fui,
que con la boca de lobo
se tragara a San Quintín;
gran jugador de las cuatro,
y con la sola le vi 10
dar tan mortales heridas,
que no se pueden decir.
Berrugeta y ballestilla,
el raspadillo y hollín
jugaba por excelencia, 15
y el Mase Juan hi de ruin.
Gran saje del espejuelo,
y del retén tan sutil,
que no se le viera un lince
con los antojos del Cid. 20
Cayóse la casa un día,
vínole su San Martín,
pusiéronle un sobreescrito
encima de la nariz.
Dejéle, y víneme al campo, 25
y sirvo, cual ves, aquí,
a Martín Crespo, el alcalde,
que me quiere más que a sí.
Es Pedro de Urde mi nombre;
mas un cierto Malgesí, 30
mirándome un día las rayas
de la mano, dijo así:
JORNADA PRIMERA p. 144
Añadióle Pedro al Urde
un malas; pero advertid,
hijo, que habéis de ser rey,
fraile, y papa, y matachín.
Y avendraos por un gitano 5
un caso que sé decir
que le escucharán los reyes
y gustarán de le oír.
Pasaréis por mil oficios
trabajosos; pero al fin 10
tendréis uno do seáis
todo cuanto he dicho aquí.
Y aunque yo no le doy crédito,
todavía veo en mí
un no sé qué que me inclina 15
a ser todo lo que oí;
pues como de este pronóstico
el indicio veo en ti,
digo que he de ser gitano,
y que lo soy desde aquí. 20
Mal. ¡Oh Pedro de Urdemálaz generozo,
columna y cer del gitanezco templo!
Ven, y daraz principio al alto intento
que te incita, te mueve, impele y lleva
a ponerte en la lizta gitanezca; 25
ven a adulcir el agrio y tierno pecho
de la hurtada muchacha que te he
[dicho,
por quien ceraz dichoso zobremodo.
Ped. Vamos; que yo no pongo duda en eso, 30
y espero de este asunto un gran suceso.
Entranse.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 145
Pónese Benita a la ventana en cabello.
Ben. Tus alas, ¡oh noche!, extiende
sobre cuantos te requiebran,
y a su gusto justo atiende,
pues dicen que te celebran 5
hasta los moros de allende.
Yo, por conseguir mi intento,
los cabellos doy al viento,
y el pie izquierdo a una bacía
llena de agua clara y fría, 10
y el oído al aire atento.
Eres noche tan sagrada,
que hasta la voz que en ti suena
dicen que viene preñada
de alguna ventura buena 15
a quien la escucha guardada.
Haz que a mis oídos toque
alguna que me provoque
a esperar suerte dichosa.
Entra el sacristán. 20
Sac. Prenderá a la dama hermosa,
sin alguna duda, el Roque;
Roque ha de ser el que prenda
en este juego a la dama,
puesto que ella se defienda: 25
que su ventura le llama
a gozar tan rica prenda.
Ben. Roque dicen, Roque oí.
Pues no hay otro Roque aquí
que el necio del sacristán. 30
JORNADA PRIMERA p. 146
Veamos si nombrarán
Roque otra vez.
Sac. Será así,
porque es el Roque tal pieza,
que no hay dama que se esquive 5
de entregarle su belleza;
y, aunque en estrecheza vive,
es muy rico en su estrecheza.
Ben. Ce, gentilhombre, tomad
este listón, y mostrad 10
quién sois mañana con él.
Sac. Seréos en todo fiel,
extremo de la beldad:
Estándole dando un listón Benita al sacristán, entra
Pascual, y ásele del cuello, y quítale la cinta. 15
que cualquiera que seáis
de las dos que en esta casa
vivís, se os aventajáis
a Venus.
Pas. ¿Que aquesto pasa? 20
¿Que esta cuenta de vos dais?
Benita, ¿que a un sacristán
vuestros despojos se dan?
Grave fuera aquesta culpa,
si no tuviera disculpa 25
en ser noche de San Juan.
Vos, bachiller graduado
en letras de canto llano,
¿de quién fuisteis avisado
para ganar por la mano 30
el juego mal comenzado?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 147
¿Así a maitines se toca
con vuestra vergüenza poca?
¿Así os hacen olvidar
del cantar y repicar
los picones de una loca? 5
Entra Pedro.
Ped. ¿Qué es esto, Pascual amigo?
Pas. El sacristán y Benita
han querido sea testigo
de que ella es mujer bendita, 10
y él de embustes enemigo;
mas, porque no se alborote,
y vea que al estricote
le trae su honra su intento,
por testigos le presento 15
esta cinta y este zote.
Sac. Por las santas vinajeras,
a quien dejo cada día
agostadas y ligeras,
que no fue la intención mía 20
de burlarme con las veras.
Hoy a las dos os oí
lo que había de hacer allí
Benita, en cabello puesta,
y, por gozar de la fiesta, 25
vine, señores, aquí.
Nombréme, y ella acudió
al reclamo, como quien,
del primer nombre que oyó,
de su gusto y de su bien 30
JORNADA PRIMERA p. 148
indicio claro tomó:
que la vana hechicería
que la noche antes del día
de San Juan usan doncellas,
hace que se muestren ellas 5
de liviana fantasía.
Pas. ¿Para qué te dio esta cinta?
Sac. Para que me la pusiese,
y conocer por su pinta
quién yo era, cuando fuese 10
ya la luz clara y distinta.
Ben. ¿Para qué a tantas preguntas
te alargas, Pascual? ¿Barruntas
mal de mí? Mas no lo dudo,
porque, en mi daño, de agudo 15
siempre he visto que despuntas.
Pas. Así con esa verdad
se te arranque el alma, ingrata,
sospechosa en la amistad,
que con más llaneza trata 20
que vio la sinceridad.
Los álamos de aquel río,
que con el cuchillo mío
tienen grabado tu nombre,
te dirán si yo soy hombre 25
de buen proceder vacío.
Ped. Yo soy testigo, Benita,
que no hay haya en aquel prado
donde no te vea escrita,
y tu nombre coronado 30
que tu fama solicita.
Pas. ¿Y en qué junta de pastores
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 149
me has visto que los loores
de Benita no alcé al cielo,
descubriendo mi buen celo
y encubriendo mis amores?
¿Qué almendro, guindo o manzano 5
has visto tú que se viese
en dar su fruto temprano,
que por la mía no fuese
traído a tu bella mano
antes que las mismas aves 10
le tocasen? Y aun tú sabes
que otras cosas por ti he hecho
de tu honra y tu provecho,
dignas de que las alabes.
Y en los árboles que ahora 15
vendrán a enramar tu puerta,
verás, cruel matadora,
cómo en ellos se ve cierta
la gran fe que en mi alma mora.
Aquí verás la verbena, 20
de raras virtudes llena,
y el rosal, que alegra al alma,
y la victoriosa palma,
en todos sucesos buena.
Verás del álamo erguido 25
pender la delgada oblea,
y del valle aquí traído,
para que en tu puerta sea
sombra al sol, gusto al sentido.
Ben. No hayas miedo me provoque 30
tu arenga a que yo te toque
la mano, encuentro amoroso,
JORNADA PRIMERA p. 150
porque no ha de ser mi esposo
quien no se llamare Roque.
Ped. Tú tienes mucha razón;
pero el remedio está llano
con toda satisfacción, 5
porque nos le da en la mano
la santa confirmación.
Puede Pascual confirmarse,
y puede el nombre mudarse
de Pascual en Roque, y luego, 10
con su gusto y tu sosiego,
puede contigo casarse.
Ben. De ese modo, yo lo aceto.
Sac. ¡Gracias a Dios que me veo
libre de tan grande aprieto! 15
Ped. Que has hecho un gallardo empleo,
Benita, yo te prometo,
porque aquel refrán que pasa
por gente de buena masa,
que es discreto determino: 20
Al hijo de tu vecino,
límpiale y métele en casa.
Ben. Ponte ese listón, Pascual,
y en parte do yo le vea.
Pas. Pienso hacer de él el caudal 25
que hace de su librea
Iris, arco celestial.
Espérate, que ya suena
la música que se ordena
para el traer de los ramos. 30
Ped. Con gusto aquí la esperamos.
Ben. Ella venga en hora buena.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 151
Suena dentro todo género de música, y su gaita
zamorana; salen todos los que pudieren con ramos,
principalmente Clemente, y los músicos entran
cantando esto:
[Mús.] Niña, la que esperas 5
en reja o balcón,
advierte que viene
tu pulido amor.
Noche de San Juan,
el gran Precursor, 10
que tuvo la mano
más que de reloj,
pues su dedo santo
tan bien señaló,
que nos mostró el día 15
que no anocheció;
muéstratenos clara,
sea en ti el albor
tal, que perlas llueva
sobre cada flor; 20
y en tanto que esperas
a que salga el sol,
dirás a mi niña
en süave son:
«Niña la que esperas, &c.» 25
Dirás a Benita
que Pascual, pastor,
guarda los cuidados
de su corazón;
y que de Clemencia 30
el que es ya señor,
JORNADA PRIMERA p. 152
es su humilde esclavo,
con justa razón;
y a la que desmaya
en su pretensión,
tenla de tu mano, 5
no la olvides, no,
y dile callando,
o en erguida voz,
de modo que oiga
la imaginación: 10
«Niña, la que esperas
en reja o balcón,
advierte que viene
tu pulido amor.»
Cle. Ello está muy bien cantado. 15
Ea, enrámese este umbral
por el uno y otro lado.
¿Qué haces aquí, Pascual,
de los dos acompañado?
Ayúdanos, y a Benita 20
con servicios solicita,
enramándole la puerta:
que a la voluntad ya muerta
el servirla resucita.
Ese laurel pon aquí, 25
ese sauce a esotra parte,
ese álamo blanco allí,
y entre todos tenga parte
el jazmín y el alhelí.
Haga el suelo de esmeraldas 30
la juncia, y la flor de gualdas
le vuelva en ricos topacios,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 153
y llénense estos espacios
de flores para guirnaldas.
Ben. Vaya otra vez la música, señores,
que la escucha Clemencia; y tú, mi
[Roque, 5
Quítase de la ventana.
haz que suene otra vez.
Pas. A mí me place,
confirmadora dulce hermosa mía.
Vuélvanse a repicar esas sonajas, 10
háganse rajas las guitarras, vaya
otra vez el floreo, y solemnícese
esta mañana en todo el mundo célebre,
pues que lo quiere así la gloria mía.
Cle. Cántese, y vamos, que se viene el día: 15
A la puerta puestos
de mis amores,
espinas y zarzas
se vuelven flores.
El fresno escabroso 20
y robusta encina,
puestos a la puerta
do vive mi vida,
verán que se vuelven,
si acaso los mira, 25
en matas sabeas
de sacros olores,
y espinas y zarzas
se vuelven flores;
do pone la vista 30
o la tierna planta,
JORNADA PRIMERA p. 154
la hierba marchita
verde se levanta;
los campos alegra,
regocija al alma,
enamora a siervos, 5
rinde a señores,
y espinas y zarzas
se vuelven flores.
Entranse cantando.
Salen Inés y Belica, gitanas, que las podrán hacer 10
las que han hecho Benita y Clemencia.
Inés. Mucha fantasía es ésa;
Belilla, no sé qué diga:
o tú te sueñas condesa,
o que eres del rey amiga. 15
Bel. De que sea sueño me pesa.
Inés, no me des pasión
con tanta reprehensión;
déjame seguir mi estrella.
Inés. Confiada en que eres bella, 20
tienes tanta presunción.
Pues mira que la hermosura
que no tiene calidad,
raras veces aventura.
Bel. Confírmase esa verdad 25
muy bien con mi desventura.
¡Oh cruda suerte inhumana!
¿Por qué a una pobre gitana
diste ricos pensamientos?
Inés. Aquél fabrica en los vientos, 30
que a ver quién es no se allana.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 155
Huye de esas fantasías;
ven, y el baile aprenderás
que comenzaste estos días.
Bel. Inés, tú me acabarás
con tus extrañas porfías; 5
pero engáñaste en pensar
que tengo yo de guardar
tu gusto cual justa ley,
y sólo ha de ser el rey
el que me ha de hacer bailar. 10
Inés. De esa manera, Belilla,
que vengáis al hospital
no será gran maravilla:
que hacer de la principal
no es para vuestra costilla. 15
¡Acomodaos, noramala,
a la cocina y la sala,
a bailar aquí y allí!
Bel. Aqueso no es para mí.
Inés. ¿Pues qué? ¿El donaire y la gala, 20
el rumbo, el cer del tuzón,
derribando por el zuelo
el gitanezco blazón,
levantado hasta el cielo
por nuestra honezta intención? 25
Antes te vea yo comida
de rabia, y antes rendida
a un gitano que te dome,
o a un verdugo que te tome
de las espaldas medida. 30
¿Esto por ti se ha de ver?
¿Que no sea con gitano
JORNADA PRIMERA p. 156
gitana, mala mujer?
Chico hoyo hagas temprano,
si es que tan mala has de ser.
Bel. Mucho te alargas, Inés,
y, como simple, no ves 5
dónde mi intención camina.
Inés. Pues esta simple adivina
lo que tú verás después.
Salen Pedro y Maldonado.
Mal. Esta que ves, Pedro hermano, 10
es la gitana que digo,
de parecer sobrehumano,
cuya posesión me obligo
de entregártela en la mano.
Acaba, muda de traje, 15
y aprende nuestro lenguaje;
y, aun sin aprenderle, entiendo
que has de ser gitano, siendo
cabeza de tu linaje.
Inés. ¡Dánoz una limoznica, 20
caballero atán garrido!
Mal. ¡De eso el labrador se pica!
¡Qué mal que le has conocido,
Inés!
Inés. Pide tú, Belica. 25
Ped. Si ella pide, no habrá cosa,
por grande y dificultosa
que sea, que yo no haga,
sin esperar otra paga
que el servir a una hermosa. 30
Mal. ¿No le rezpondes, ceñora?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 157
Inés. Ceñor conde, vez do viene
la viuda tan guardadora,
que, puesto que mucho tiene,
máz guarda y máz atezora.
Entra una viuda labradora, que la lleva un escudero 5
labrador de la mano.
Inés. Limozna, ceñora mía,
por la bendita María
y por zu Hijo bendito.
Viu. De mí nunca lleva el grito 10
limosna, ni la porfía.
Mejor estará el servir
a vosotras, que os está
tan sin vergüenza el pedir.
Esc. Va el mundo de suerte ya, 15
que no se puede sufrir.
Es vagamunda esta era;
no hay moza que servir quiera,
ni mozo que por su yerro
no se ande a la flor del berro, 20
él sandio, y ella altanera.
Y esta gente infructuosa,
siempre atenta a mil malicias,
doblada, astuta y mañosa,
ni a la Iglesia da primicias, 25
ni al rey no le sube en cosa.
A la sombra de herreros
usan muchos desafueros,
y, con perdón sea mentado,
no hay seguro asno en el prado 30
de los gitanos cuatreros.
JORNADA PRIMERA p. 158
Viu. Dejadlos, y caminad,
Llorente, que es algo tarde.
Entranse Llorente y la viuda.
Bel. Tómame esa caridad.
No hagáis sino hacer alarde 5
de vuestra necesidad
delante de aquesta gente,
que no faltará un Llorente
como otro Gil que os persiga,
y, sin que os dé nada, diga 10
palabras con que os afrente.
Mal. ¿Veisla, Pedro? Pues es fama
que tiene diez mil ducados
junto a los pies de su cama,
en dos cofres barreados 15
a quien sus ángeles llama.
Requiébrase así con ellos,
que pone su gloria en ellos,
y así, en verlos se desalma:
que han de ser para su alma 20
lo que a Absalón sus cabellos.
Sólo a un ciego da un real
cada mes, porque le reza
las mañanas a su umbral
oraciones que endereza 25
al eterno tribunal,
por si acaso sus parientes,
su marido y ascendientes
están en el purgatorio,
haga el santo consistorio 30
de su gloria merecientes;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 159
y con sola esta obra piensa
irse al cielo de rondón,
sin desmán y sin ofensa.
Ped. Que yo la saque de arón
mi agudo ingenio dispensa. 5
Informarte has, Maldonado,
de todos los que han pasado
de este mundo sus parientes,
amigos y bien querientes,
hasta el siervo o paniaguado, 10
y tráemelo por escrito,
y verás cuán fácilmente
de su miseria la quito;
y, a lo que soy suficiente,
a este embuste lo remito. 15
Mal. Desde su tercer abuelo
hasta el postrer netezuelo
que de su linaje ha muerto,
te traeré el número cierto,
sin que te discrepe un pelo. 20
Ped. Vamos, y verás después
lo que haré en aqueste caso
por el común interés.
Mal. ¿Dó encaminarás el paso,
Belica? 25
Bel. Do querrá Inés.
Ped. Doquiera que le encamines,
tendrá por honrosos fines
tu extremado pensamiento.
Bel. Aunque fabrique en el viento, 30
Pedro, no te determines
a burlar de mi deseo,
JORNADA PRIMERA p. 160
que de lejos se me muestra
una esperanza en quien veo
cierta luz tal, que me adiestra
y lleva al bien que deseo.
Ped. De tu rara hermosura 5
se puede esperar ventura
que la iguale. Ven, gitana,
por quien nuestra edad se ufana
y en sus glorias se asegura.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 161
JORNADA SEGUNDA
Salen un alguacil, y Martín Crespo, el alcalde,
y Sancho Macho, el regidor.
Alc. Digo, señor alguacil,
que un mozo que se me fue, 5
de ingenio agudo y sutil,
de tronchos de coles sé
que hiciera invenciones mil;
y él me aconsejó que hiciese,
si por dicha el rey pidiese 10
danzas, una de tal modo,
que se aventajase en todo
a la que más linda fuese.
Dijo que el llevar doncellas
era una cosa cansada, 15
y que el rey no gusta de ellas,
por ser danza muy usada,
y estar ya tan hecho a vellas;
mas que por nuevos niveles
llévase una de donceles 20
como serranas vestidos,
en pies y brazos ceñidos
multitud de cascabeles;
y ya tengo, a lo que creo,
veinte y cuatro así aprestados, 25
que pueden, según yo veo,
ser sin vergüenza llevados
JORNADA SEGUNDA p. 162
al romano coliseo.
Ya yo le enseñé los dos
de los mejores.
Alg. Por Dios,
que la invención es muy buena. 5
San. Lo que nuestro alcalde ordena,
es cosa rala entre nos,
y todo lo que él más sabe,
de un su mozo lo aprendió
que fue de su ingenio llave; 10
mas ya se fue y nos dejó,
que mala landre le acabe:
que así quedamos vacíos,
sin él, de ingenio y de bríos.
Alg. ¿Tanto sabe? 15
San. Es tan astuto,
que puede darle tributo
Salmón, rey de los judíos.
Alc. Haga cuenta, en viendo aquéstos,
que los veinte y cuatro mira: 20
que todos son tan dispuestos,
derechos como una vira,
sanos, gallardos y prestos.
Aquel que no es nada renco,
se llama Diego Mostrenco; 25
el otro, Gil el Peraile;
cada cual diestro en el baile
como gozquejo flamenco.
Tocándoles Pingarrón,
mostrarán bien su destreza 30
a compás de cualquier son,
y alabarán la agudeza
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 163
de nuestra nueva invención.
Las danzas de las espadas
hoy quedarán arrimadas,
a despecho de hortelanos,
envidiosos los gitanos, 5
las doncellas afrentadas.
¿No le pareció, señor,
muy bien el talle y el brío
de uno y otro danzador?
Alg. Si juzgo al parecer mío, 10
nunca vi cosa peor;
y temo que, si allá vais,
de tal manera volváis,
que no acertéis el camino.
Alc. Tocado, a lo que imagino, 15
señor, de la envidia estáis.
Pues en verdad que hemos de ir
con veinte y cuatro donceles
como aquéllos, sin mentir,
porque invenciones noveles, 20
o admiran, o hacen reír.
Alg. Yo os lo aviso; queda en paz.
Vase el alguacil.
San. Alcalde, tu gusto haz,
porque verás por la prueba 25
que esta danza, por ser nueva,
dará al rey mucho solaz.
Alc. No lo dudo. Venid, Sancho,
que ya el corazón ensancho,
do quepan los parabienes 30
JORNADA SEGUNDA p. 164
de la danza.
San. Razón tienes:
que has de volver hueco y ancho.
Entranse.
Salen dos ciegos, y el uno Pedro de Urdemalas; 5
arrímase el primero a una puerta, y Pedro junto a él,
y pónese la viuda a la ventana.
Cie. Ánimas bien fortunadas
que en el purgatorio estáis,
de Dios seáis consoladas, 10
y en breve tiempo salgáis
de esas penas derramadas,
y como un trueno
baje a vos el ángel bueno
y os lleve a ser coronadas. 15
Ped. Ánimas que de esta casa
partisteis al purgatorio,
ya en sillón, ya en silla rasa,
del divino consistorio
os venga al vuestro sin tasa, 20
y en un vuelo
el ángel os lleve al cielo,
para ver lo que allá pasa.
Cie. Hermano, vaya a otra puerta,
porque aquesta casa es mía, 25
y en rezar aquí no acierta.
Ped. Yo rezo por cortesía,
no por premio, cosa es cierta,
y así, puedo
rezar doquiera, sin miedo 30
de pendencia ni reyerta.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 165
Cie. ¿Es vistoso, ciego honrado?
Ped. Estoy desde que nací
en una tumba encerrado.
Cie. Pues yo en algún tiempo vi;
pero ya, por mi pecado, 5
nada veo,
sino lo que no deseo,
que es lo que ve un desdichado.
¿Sabrá oraciones abondo?
Ped. Porque sé que sé infinitas, 10
aquesto, amigo, os respondo:
que a todos las doy escritas,
o a muy pocos las escondo.
Sé la del ánima sola,
y sé la de San Pancracio, 15
que nadie cual ésta viola;
la de San Quirce y Acacio,
y la de Olalla española,
y otras mil,
adonde el verso sutil 20
y el bien decir se acrisola;
las de los auxiliadores
sé también, aunque son treinta,
y otras de tales primores,
que causo envidia y afrenta 25
a todos los rezadores,
porque soy,
adondequiera que estoy,
el mejor de los mejores.
Sé la de los sabañones, 30
la de curar la tericia
y resolver lamparones,
JORNADA SEGUNDA p. 166
la de templar la codicia
en avaros corazones;
sé, en efeto,
una que sana el aprieto
de las internas pasiones, 5
y otras de curiosidad.
Tantas sé, que yo me admiro
de su virtud y bondad.
Cie. Ya por saberlas suspiro.
Viu. Hermano mío, esperad. 10
Ped. ¿Quién me llama?
Cie. Según la voz, es el ama
de la casa, en mi verdad.
Ella es estrecha, aunque rica,
y sólo a mandar rezar 15
es a lo que más se aplica.
Ped. Pícome yo de callar
con quien al dar no se pica:
que esté mudo
a sus demandas no dudo, 20
si no lo paga y suplica.
Sale la viuda.
Viu. Puesta en aquella ventana,
he escuchado sus razones
y su profesión cristiana, 25
y las muchas oraciones
con que tantos males sana,
y querría me hiciese
placer que algunas me diese
de las que le pediría, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 167
dejando a mi cortesía
el valor del interese.
Ped. [Aparte.] Si despide a esotro ciego,
yo le diré maravillas.
Viu. [Aparte.] Pues yo le despido luego. 5
Ped. Señora, no he de decillas
ni por dádivas ni ruego.
Viu. Váyase, y venga después,
amigo.
Cie. Vendré a las tres, 10
a rezar lo cuotidiano.
Viu. En buen hora.
Cie. A Dios, hermano,
ciego, o vistoso, o lo que es;
y si es que se comunica, 15
sepa mi casa, y verá
que, aunque pobre, ruin y chica,
sin duda en ella hallará
una voluntad muy rica,
y la alegre posesión 20
de un segoviano doblón
gozará liberalmente,
si nos da, de su torrente,
ya milagro, o ya oración.
Ped. Está bien; yo acudiré 25
a saber la casa honrada
tan llena de amor y fe,
y pagaré la posada
con lo que le enseñaré.
Cuarenta milagros tengo 30
con que voy y con que vengo
por dondequiera a mi paso,
JORNADA SEGUNDA p. 168
y alegre la vida paso,
y como un rey me mantengo.
Entrase el ciego.
Mas tú, señora Marina,
Sánchez en el sobrenombre, 5
a mi voz la oreja inclina,
y atenta escucha de un hombre
una embajada divina.
Las almas de purgatorio
entraron en consistorio, 10
y ordenaron las prudentes
que les fuese a sus parientes
su insufrible mal notorio.
Hicieron que una tomase,
de gran prudencia y consejo, 15
para que lo efectuase,
cuerpo de un honrado viejo,
y así al mundo se mostrase,
y diéranle una instrucción
y una larga relación 20
de lo que tiene de hacer
para que puedan tener,
o ya alivio, o ya perdón;
y está ya cerca de aquí
esta alma, en un cuerpo honesto 25
y anciano, cual yo le vi,
y sobre un asno trae puesto
el cerro de Potosí.
Viene lleno de doblones
que le ofrecen a montones 30
los parientes de las almas
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 169
que en las tormentas sin calma[s]
padecen graves pasiones.
En oyendo que en su lista
hay alma que en purgatorio
con duras penas se atrista, 5
no hay talego, ni escritorio,
ni cofre que se resista.
Hasta los gatos guardados,
de rubio metal preñados,
por librarla de tormentos, 10
descubren allí contentos
sus partos acelerados.
Esta alma vendrá esta tarde,
señora Marina mía,
a hacer de su lista alarde 15
ante ti; pero querría
que en secreto esto se guarde,
y que a solas la recibas,
y que a darle te apercibas
lo que piden tus parientes 20
que moran en las ardientes
hornazas, de alivio esquivas.
Esto hecho, te asegura
que te enseñará oración
con que aumentes tu ventura: 25
que esto ofrece en galardón
de aquella voluntad pura
que con él se muestra franca,
y de su escondrijo arranca
hasta el menudo cuatrín, 30
y queda, cual San Paulín,
como se dice, sin blanca.
JORNADA SEGUNDA p. 170
Viu. ¿Que esa embajada me envía
esa alma, ciego bendito?
Ped. Y toda de vos se fía,
y se remite a lo escrito
de vuestra genealogía. 5
Viu. ¿Cómo la conoceré
cuando venga?
Ped. Yo haré
que tome casi mi aspeto.
Viu. ¡Oh, qué albricias te prometo!, 10
¡qué de cosas te daré!
Ped. En las cosas semejantes
es bien gastar los dineros
guardados de tiempos antes;
los ayunos verdaderos, 15
y espaldas disciplinantes,
todo se ha de aventurar
sólo por poder sacar
a un alma de su pasión,
y llevarla a la región 20
donde no mora el pesar.
Viu. Ve en paz, y dile a ese anciano
que tan alegre le espero,
que en verle pondré en su mano
mi alma, que es el dinero, 25
con pecho humilde y cristiano:
que, aunque soy un poco escasa,
me afligiré en ver que pasa
alma de pariente mío,
según dicen, fuego y frío, 30
éste o aquél muy sin tasa.
Ped. Tu fama a la de Leandro
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 171
exceda, y jamás se tizne
tu pecho de otro Alejandro;
antes, cante de él un cisne
en las aguas de Meandro;
a los hiperbóreos montes 5
pase, al cielo te remontes,
y allá te subas con ella,
y otra no encierren cual ella
nuestros corvos horizontes.
Entranse los dos. 10
Salen Maldonado y Belica.
Mal. Mira, Belica: éste es hombre
que te sacará del lodo,
de grande ingenio y gran nombre,
tan discreto y presto en todo, 15
que es forzoso que te asombre.
Quiérese volver gitano
por tu amor, y dar de mano
a otra cualquier pretensión:
considera si es razón 20
que le muestres pecho llano.
El será el mejor cuatrero,
según que me lo imagino,
que habrá visto el mundo entero,
solo, raro y peregrino 25
en las trazas de embustero;
porque en una que ahora intenta,
ha sacado en limpia cuenta
que ha de ser único en todas.
JORNADA SEGUNDA p. 172
Bel. Fácilmente te acomodas
a tu gusto y a mi afrenta.
¿No se te ha ya traslucido
que, el que a grande no me lleve,
no es para mí buen partido? 5
Mal. No hay cosa en que más se pruebe
que careces de sentido,
que en esa tu fantasía,
fundada en la lozanía
de tu juventud gallarda, 10
que en marchitarse no tarda
lo que el sol corre en un día.
Quiero decir que es locura
manifiesta, clara y llana,
pensar que la hermosura 15
dura más que la mañana,
que con la noche se oscura;
y a veces es necedad
el pensar que la beldad
ha de ofrecer gran marido, 20
siendo por mejor tenido
el que ofrece la igualdad.
Así que, gitana loca,
pon freno al grande deseo
que te ensalza y que te apoca, 25
y no busques por rodeo
lo que en nada no te toca.
Cásate, y toma tu igual,
porque es el marido tal
que te ofrezco, que has de ver 30
que en él te vengo a ofrecer
valor, ser, honra y caudal.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 173
Entra Pedro, ya como gitano.
Ped. ¿Qué hay, amigo Maldonado?
Mal. Una presunción, de suerte
que a mí me tiene admirado:
veo en lo flaco lo fuerte, 5
en un bajo un alto estado;
veo que esta gitanilla,
cuanto su estado la humilla,
tanto más levanta el vuelo,
y aspira a tocar el cielo 10
con locura y maravilla.
Ped. Déjala, que muy bien hace,
y no la estimes en menos
por eso: que a mí me aplace
que con soberbios barrenos 15
sus máquinas suba y trace.
Yo también, que soy un leño,
príncipe y papa me sueño,
emperador y monarca,
y aún mi fantasía abarca 20
de todo el mundo a ser dueño.
Mal. Con la viuda, ¿cómo fue?
Ped. Está en un punto la cosa
mejor de lo que pensé.
Ella será generosa, 25
o yo Pedro no seré.
Pero ¿qué gente es aquesta
tan de caza y tan de fiesta?
Mal. El rey es, a lo que creo.
Bel. Hoy subirá mi deseo 30
de amor la fragosa cuesta;
JORNADA SEGUNDA p. 174
Entra el rey con un criado, Silerio,
y todos de caza.
hoy a todo mi contento
he de apacentar mis ojos,
y al alma dar su sustento, 5
gozando de los despojos
que me ofrece el pensamiento
y la vista.
Mal. Yo imagino
que tu grande desatino 10
en gran mal ha de parar.
Bel. Mal se puede contrastar
a las fuerzas del destino.
Rey. ¿Visteis pasar por aquí
un ciervo, decid, gitanos, 15
que va herido?
Bel. Señor, sí:
atravesar estos llanos,
habrá poco que le vi;
lleva en la espalda derecha 20
hincada una gruesa flecha.
Rey. Era un pedazo de lanza.
Bel. El huir y hacer mudanza
de lugares no aprovecha
al que en las entrañas lleva 25
el hierro de amor agudo,
que hasta en el alma se ceba.
Mal. Esta dará, no lo dudo,
de su locura aquí prueba.
Rey. ¿Qué decís, gitana hermosa? 30
Bel. Señor, yo digo una cosa:
que el amor y el cazador
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 175
siguen un mismo tenor
y condición rigurosa.
Hiere el cazador la fiera,
y, aunque va despavorida,
huyendo en larga carrera, 5
consigo lleva la herida,
puesto que huya dondequiera;
hiere amor el corazón
con el dorado arpón,
y, el que siente el parasismo, 10
aunque salga de sí mismo,
lleva tras sí su pasión.
Rey. Gitana tan entendida,
muy pocas veces se ve.
Bel. Soy gitana bien nacida. 15
Rey. ¿Quién es tu padre?
Bel. No sé.
Mal. Señor, es una perdida:
dice dos mil desvaríos,
tiene los cascos vacíos, 20
y llena la necedad
de una cierta gravedad
que la hace tomar bríos
sobre su ser.
Bel. Sea en buen hora; 25
loca soy por la locura
que en vuestra ignorancia mora.
Sil. ¿Sabéis la buenaventura?
Bel. La mala nunca se ignora
de la humilde que levanta 30
su deseo a alteza tanta,
que sobrepuja a las nubes.
JORNADA SEGUNDA p. 176
Sil. ¿Pues por qué tanto la subes?
Bel. No es mucho; a más se adelanta.
Rey. ¡Donaire tienes!
Bel. Y tanto,
que, fiada en mi donaire, 5
mis esperanzas levanto
sobre la región del aire.
Sil. ¡Risa causas!
Rey. Y aun espanto.
¡Vamos! ¡Mal haya quien tiene 10
quien sus gustos le detiene!
Sil. Por la reina dice aquesto.
Bel. No es bien el que viene presto,
si para partirse viene.
Entrase el rey y Silerio. 15
Ped. Mira, Belica: yo atino
que en poner en ti mi amor
haré un grande desatino,
y así, me será mejor
llevar por otro camino 20
mis gustos. Voy, Maldonado,
a efectuar lo trazado,
para que la viuda estrecha
se vea una copia hecha
del cuerno que está nombrado; 25
voyme a vestir de ermitaño,
con cuyo vestido honesto
daré fuerzas a mi engaño.
Mal. Ve donde sabes, que puesto
te dejé el vestido extraño. 30
Entrase Pedro.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 177
Sale el alguacil, comisario de las danzas.
Alg. ¿Quién es aquí Maldonado?
Mal. Yo, mi señor.
Alg. Guárdeos Dios.
Bel. Alguacil y bien criado, 5
¡milagro! Nunca sois vos
de la aldea.
Mal. Has acertado,
porque es de corte, sin duda.
Alg. Es menester que se acuda 10
con una danza al palacio
del bosque.
Mal. Dennos espacio.
Alg. Sí harán: que el rey se muda
del monasterio do está, 15
de aquí a dos días, a él.
Mal. Como lo mandas se hará.
Bel. ¿Viene la reina con él?
Alg. ¿Quién lo duda? Sí vendrá.
Bel. ¿Y es todavía celosa, 20
como suele, y rigurosa?
Alg. Dicen que sí; no sé nada.
Bel. ¿No la hacen confiada
el ser reina y ser hermosa?
Alg. Turba el demasiado amor 25
a los sentidos más altos,
de más prendas y valor.
Bel. A amor son los sobresaltos
muy anejos, y el temor.
Alg. Tan moza, ¿y eso sabéis? 30
Apostaré que tenéis
JORNADA SEGUNDA p. 178
el alma en su red envuelta.
Voyme, que he de dar la vuelta
por aquí. No os descuidéis,
Maldonado, en que sea buena
la danza, porque no hay pueblo 5
que hacer la suya no ordena.
Mal. Todo mi aprisco despueblo;
ella irá de galas llena.
Entrase el alguacil.
Salen Silerio, el criado del rey, e Inés, la gitana. 10
Sil. ¿Qué, tan arisca es la moza?
Inés. Eslo, señor, de manera,
que de no nada se altera,
y se enoja y alboroza;
cierta fantasía reina 15
en ella, que nos enseña,
o que lo es, o que se sueña
que ha de ser princesa o reina;
no puede ver a gitanos,
y usa con ellos de extremos. 20
Sil. Pues ahora le daremos
do pueda llenar las manos,
pues la quiere ver el rey
con amorosa intención.
Inés. En las leyes de afición 25
no guarda ninguna ley.
Aunque quizá, como es alta
y subida en pensamientos,
hallará que a sus intentos
un rey no podrá hacer falta. 30
Yo, a lo menos, de mi parte
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 179
haré lo que me has mandado,
y le daré tu recado,
no más de por contentarte.
Sil. Pudiérase usar la fuerza
antes aquí que no el ruego. 5
Inés. Gusto con desasosiego,
antes mengua que se esfuerza.
Mas llevaremos la danza,
y hablarémonos después:
que la escala de interés 10
hasta las nubes alcanza.
Sil. Encomiéndote otra cosa,
que importa más a este efeto.
Inés. ¿Qué encomiendas?
Sil. El secreto; 15
porque es la reina celosa,
y con la menor señal
que vea de su disgusto,
turbará del rey el gusto,
y a nosotros vendrá mal. 20
Inés. Váyase, que viene allí
nuestro conde.
Sil. Sea en buen hora,
y humíllese esa señora;
yo haré lo que fuere en mí. 25
Vase Silerio.
Entran Maldonado, y Pedro, de ermitaño.
Ped. Aunque yo pintara el caso,
no me saliera mejor.
Mal. Brunelo, el grande embaidor, 30
ante ti retire el paso.
JORNADA SEGUNDA p. 180
Con tan grande industria mides
lo que tu ingenio trabaja,
que te ha de dar la ventaja,
fraudador de los ardides.
Libre de deshonra y mengua 5
saldrás en toda ocasión,
siendo en el pecho Sinón,
Demóstenes en la lengua.
Inés. Señor conde, el rey aguarda
nuestra danza aquesta tarde. 10
Ped. Haga, pues, Belica alarde
de mi rica y buena andanza;
púlase y échese el resto
de la gala y hermosura.
Inés. Quizá forjas su ventura, 15
famoso Pedro, en aquesto.
A ensayar la danza vamos,
y a vestirnos de tal modo,
que se admire el pueblo todo.
Ped. Bien dices, y ya tardamos. 20
Entranse todos.
Salen el rey y Silerio.
Sil. Digo, señor, que vendrá
en la danza ahora, ahora.
Rey. Mi deseo se empeora, 25
pasa de lo honesto ya;
más me pide que pensé,
y ya acuso la tardanza,
pues la propincua esperanza
fatiga, y crece la fe. 30
A los ojos la hurtarás
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 181
de la reina.
Sil. Haré tu gusto.
Rey. Dirás cómo de esto gusto,
y aun otras cosas dirás
con que acuses mi deseo 5
allá en tu imaginación.
Sil. Si amor guardara razón,
fuera aquéste devaneo;
pero como no la guarda,
ni te culpo, ni disculpo. 10
Rey. Conozco el mal, y me culpo,
aunque con disculpa tarda
y floja.
Sil. La reina viene.
Rey. Mira que estés prevenido, 15
y tan sagaz y advertido
como a mi gusto conviene;
porque esta mujer celosa
tiene de lince los ojos.
Sil. Hoy gozarás los despojos 20
de la gitana hermosa.
Entra la reina.
Reina. Señor, ¿sin mí? ¿Cómo es esto?
No sé qué diga, en verdad.
Rey. Alegra la soledad 25
de este fresco hermoso puesto.
Reina. ¿Y enfada mi compañía?
Rey. Eso no es bien que digáis,
pues con ella levantáis
al cielo la suerte mía. 30
Reina. Cualquiera cosa me asombra
JORNADA SEGUNDA p. 182
y enciende, y crece el deseo
si no os veo, o si no veo
de vuestro cuerpo la sombra;
y aunque esto es impertinencia,
si conocéis que el amor 5
me manda como señor,
con gusto tendréis paciencia.
Sil. Las danzas vienen, señores,
que de ellas el son se ofrece.
Suena el tamboril. 10
Rey. Verémoslas, si os parece,
entre estas rosas y flores:
que el sitio es acomodado,
espacioso y agradable.
Reina. Sea así. 15
Entran Crespo, el alcalde, y Tarugo, el regidor.
Alc. ¿Que no le hable?
Tenéislo muy mal pensado.
Voto a tal, que he de quejarme
al rey de aquesta solencia. 20
Tar. Aquí está su reverencia,
Crespo.
Alc. ¿Queréis engañarme?
¿Cuál es?
Rey. Yo soy. ¿Qué os han hecho, 25
buen hombre?
Alc. No sé qué diga.
Han burlado mi fatiga,
y nuestra danza deshecho,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 183
vuestros pajes, que los vea
erguidos en Peralvillo.
Sé sentirlo, y no decillo;
¿qué más mal queréis que sea?
Veinte y cuatro doncellotes, 5
todos de tomo y de lomo,
venían. Yo no sé cómo
no os da el rey dos mil azotes,
pajes, que sois la canalla
más mala que tiene el suelo. 10
Digo, pues, que, con mi celo,
que es bueno el que en mí se halla,
aquestos tantos donceles
junté, como soy alcalde,
para serviros de balde, 15
con barbas y cascabeles.
No quise traer doncellas,
por ser danza tan usada,
sino una cascabelada
de mozos parientes de ellas; 20
y apenas vieron sus trajes,
al galán uso moderno,
cuando todo el mismo infierno
se revistió en vuestros pajes,
y con trapajo y con lodo 25
tanta carga les han dado,
que queda desbaratado
el danzante escuadrón todo.
Han sobajado al mejor
penuscón de danzadores 30
que en estos alrededores
vio príncipe ni señor.
JORNADA SEGUNDA p. 184
Reina. Pues volvedlos a juntar,
que yo haré que el rey espere.
Tar. Aunque vuelva el que quisiere,
no se podrá rodear,
porque van todos molidos 5
como cibera y alheña,
de mojicón, ripio y leña
largamente proveídos.
Reina. ¿No traeréis uno siquiera,
porque gustaré de verle? 10
Tar. Veré si puedo traerle.
Alc. Advertir que el rey espera,
Tarugo, y si no está Renco
tan malo como le vi,
traed, si es posible, aquí 15
a mi sobrino Mostrenco,
que en él echará de verse
cuáles los otros serían.
¡Oh, cuántos pajes se crían
en corte para perderse! 20
Pensé que por ser del rey,
y tan bien nacidos todos,
usarían de otros modos
de mejor crianza y ley;
pero cuatro pupilajes 25
de cuatro universidades,
no encierran tantas ruindades
como saben vuestros pajes.
Las burlas que nos han hecho
descubren con sus ensayos 30
que traen cruces en los sayos
y diablos dentro del pecho.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 185
Vuelve Tarugo, y trae consigo a Mostrenco, tocado a
papos, con un tranzado que llegue hasta las
orejas, saya de bayeta verde guarnecida de amarillo,
corta a la rodilla, y sus polainas con cascabeles,
corpezuelo o camisa de pechos; y, aunque toque el 5
tamboril, no se ha de mover de un lugar.
Tar. A Mostrenco traigo; helo,
Crespo.
Alc. Pingarrón, tocad;
que la buena majestad 10
en él verá nuestro celo
Toca.
y nuestro ingenio lozano.
Menéate, majadero,
o hazte de rogar primero, 15
como músico o villano.
¡Hola! ¿A quién digo? Sobrino,
danza un poco, ¡pese a mí!
Tar. El diablo nos trajo aquí,
según que ya lo adivino. 20
¡Yérguete, cuerpo del mundo!
Guínchale.
Alc. ¡Oh pajes de Satanás!
Reina. Ni le roguéis ni deis más.
Alc. Hoy nos echas al profundo 25
con tu terquedad.
Mos. No puedo
menearme, ¡por San Dios!
Sil. ¡Qué tierno doncel sois vos!
JORNADA SEGUNDA p. 186
Tar. ¿Qué tienes?
Mos. Quebrado un dedo
del pie derecho.
Rey. Dejadle,
y a vuestro pueblo os volved. 5
Alc. Si es que me ha de hacer merced,
de Junquillos soy alcalde;
y si castiga a sus pajes,
otra danza le traeremos
que pase a todos extremos 10
en la invención y los trajes.
Entranse Tarugo, alcalde, y Mostrenco.
Reina. El alcalde es extremado.
Rey. Y la danza bien vestida.
Reina. Bien platicada y reñida, 15
y el premio bien esperado.
Sil. Esta es la de las gitanas
que viene.
Reina. Pues suelen ser
muchas de buen parecer, 20
y de su traje galanas.
Rey. Que tiemble de una gitana
un rey, ¡qué gran poquedad!
Sil. Verá vuestra majestad,
entre éstas, una galana 25
y hermosa sobremanera,
y sobremanera honesta.
Rey. ¡Caro el mirarla me cuesta!
Reina. ¿No llegan? ¿A qué se espera?
Entran los músicos, vestidos a lo gitano, Inés y Belica 30
y otros dos muchachos de gitanos, y en vestir a
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 187
todas, principalmente a Belica, se ha de echar el
resto; entra asimismo Pedro, de gitano, y Maldonado;
han de traer ensayadas dos mudanzas, y su
tamboril.
Ped. Vuestros humildes gitanos, 5
majestades que Dios guarde,
hacemos vistoso alarde
de nuestros bríos lozanos.
Quisiéramos que esta danza
fuera toda de brocado; 10
mas el poder limitado
es muy poco lo que alcanza.
Mas, con todo, mi Belilla,
con su donaire y sus ojos,
os quitará mil enojos, 15
dándoos gusto y maravilla.
¡Ea, gitanas de Dios,
comenzad, y sea en buen pie!
Reina. Bueno es el gitano, a fe.
Mal. Id delantera las dos. 20
Ped. ¡Ea, Belica, flor de abril;
Inés, bailadora ilustre,
que podéis dar fama y lustre
a esta danza y a otras mil!
Bailan. 25
¡Vaya el voladillo apriesa!
¡No os erréis; guardad compás!
¡Qué desvaída que vas,
Francisquilla! ¡Ea, Ginesa!
Mal. Largo y tendido el cruzado, 30
y tomen los brazos vuelo.
JORNADA SEGUNDA p. 188
Si ésta no es danza del cielo,
yo soy asno enalbardado.
Ped. ¡Ea, pizpitas ligeras
y andarríos bulliciosos;
llevad los brazos airosos 5
y las personas enteras!
Mal. El oído en las guitarras,
y haced de azogue los pies.
Ped. ¡Por San! ¡Buenas van las tres!
Mal. Y aun las cuatro no van malas. 10
Pero Belica es extremo
de donaire, brío y gala.
Ped. Como no bailan en sala,
que tropiecen cuido y temo.
Cae Belica junto al rey. 15
¿No lo digo yo? Belilla
ha caído junto al rey.
Rey. Que os alce yo es justa ley,
nueva octava maravilla;
y entended que con la mano 20
os doy el alma también.
Reina. Ello se ha hecho muy bien;
andado ha el rey cortesano.
¡Bien su majestad lo allana,
y la postra por el suelo, 25
pues levanta hasta su cielo
una caída gitana!
Bel. Mostró en esto su grandeza,
pues casi fuera impiedad
que junto a su majestad 30
nadie estuviera en bajeza;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 189
y no se pudo ofender
su grandeza en esto en nada,
pues majestad confirmada
no puede desfallecer;
y, en cierta manera, creo 5
que cabe en la suerte mía
que me hagan cortesía
los reyes.
Reina. Ya yo lo veo.
¿Que ese privilegio tiene 10
la hermosura?
Rey. Ea, señora,
no turbéis la justa ahora,
porque alegra y entretiene.
Reina. Apriétanme el corazón 15
esas palabras livianas.
Llevad aquestas gitanas
y ponedlas en prisión:
que es la belleza tirana,
y a cualquier alma conquista, 20
y está su fuerza en ser vista.
Rey. ¿Celos te da una gitana?
Cierto que es terrible cosa,
e insufrible de decir.
Reina. Pudiérase eso decir, 25
a no ser ésta hermosa,
y a (no) ser vuestra condición
de rey; pero no es así.
Llevádmelas ya de ahí.
Sil. ¡Extraña resolución! 30
Inés. Señora, así el pensamiento
celoso no te fatigue,
JORNADA SEGUNDA p. 190
ni hacer hazañas te obligue
que no lleven fundamento.
Que a solas quieras oírme
un poco que te diré,
y en ello no intentaré 5
de tu prisión eximirme.
Reina. A mi estancia las llevad;
pero traedlas tras mi.
Entranse la reina y las gitanas.
Rey. Pocas veces celos vi 10
sin tocar en crueldad.
Sil. Una sospecha me afana,
señor, por lo que aquí veo,
y es que di de tu deseo
noticia a aquella gitana 15
que a la reina quiere hablar
en secreto, y es razón
temer que de tu intención
larga cuenta querrá dar.
Rey. En mi dolor tan acerbo, 20
no me queda qué temer,
pues no puede negro ser
más que sus alas el cuervo.
Venid, y daremos orden
cómo se temple en la reina 25
la furia que en ella reina,
la confusión y desorden.
Entranse el rey y Silerio.
Ped. ¡Bien habemos negociado,
gustando vos del oficio! 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 191
Mal. Digo que pierdo el jüicio,
y estoy como embelesado.
Belica presa, e Inés
con la reina quiere hablar.
¡Mucho me da que pensar! 5
Ped. Y aun que temer.
Mal. Así es.
Ped. Yo, a lo menos, el suceso
no pienso esperar del caso:
que a compás retiro el paso 10
del gitanesco progreso.
Un bonete reverendo
y el eclesiástico brazo
sacarán de este embarazo
mi persona, a lo que entiendo. 15
¡A Dios, Maldonado!
Mal. Espera.
¿Qué quieres hacer?
Ped. No nada;
la suerte tengo ya echada, 20
y tengo sangre ligera.
No me detendrán aquí
con maromas y con sogas.
Mal. En muy poca agua te ahogas.
Nunca pensé tal de ti; 25
antes, pensé que tenías
ánimo para esperar
un ejército.
Ped. Es hablar;
otras son las fuerzas mías. 30
Aún no me has bien conocido;
pues entiende, Maldonado,
JORNADA SEGUNDA p. 192
que ha de ser el hombre honrado
recatado, y no atrevido;
y es prudencia prevenir
el peligro. Queda en paz.
Mal. Sin porqué temes; mas haz 5
tu gusto.
Ped. Yo sé decir
que es razón que aquí se tema:
que las iras de los reyes
pasan términos y leyes, 10
como es su fuerza suprema.
Mal. Si así es, vámonos luego,
que nos estará mejor.
Mús. Todos tenemos temor,
Maldonado. 15
Mal. No lo niego.
Entranse todos.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 193
JORNADA TERCERA
Sale Pedro como ermitaño, con tres o cuatro taleguillos
de anjeo llenos de arena en las mangas.
Ped. Ya está la casa vecina
de aquella viuda dichosa, 5
digo de aquella Marina
Sánchez, que, por generosa,
al cielo el alma encamina;
Marina, a la ventana.
ya su marido, Vicente 10
del Berrocal, fácilmente
saldrá de la llama horrenda,
en cuanto Marina entienda
que yace en ella doliente;
su hijo Pedro Benito 15
amainará desde luego
el alto espantoso grito
con que se queja en el fuego
que abrasa el negro distrito;
dejará de estar mohíno 20
Martinico, su sobrino,
el del lunar en la cara,
viendo que se le prepara
de la gloria el real camino.
Viu. Padre, espere, que ya abajo, 25
y perdone si le doy
en el esperar trabajo.
Quítase de la ventana, y baja.
JORNADA TERCERA p. 194
Ped. Gracias a los cielos doy,
que me luce si trabajo;
gracias doy a quien me ha hecho
entrar en aqueste estrecho,
donde, sin temor de mengua, 5
me ha de sacar esta lengua
con honra, gusto y provecho.
Memoria, no desfallezcas,
ni por algún accidente
silencio a la lengua ofrezcas; 10
antes, con modo prudente,
ya me alegres, ya entristezcas,
en los semblantes me muda
que con aquesta vïuda
me acrediten, hasta tanto 15
que la dejen con espanto
contenta, pero desnuda.
Entra la viuda.
Viu. Padre, déme aquesos pies.
Ped. Tente, honrada labradora; 20
no me toques. ¿Tú no ves
que, adonde la humildad mora,
pierde el honor su interés?
Las almas que están en penas,
de todo contento ajenas, 25
aunque más las soliciten,
las ceremonias no admiten
de que están las cortes llenas.
Más les importa una misa,
que cuatro mil besamanos; 30
y esto tu padre te avisa,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 195
y esos tratos cortesanos
tenlos por cosa de risa.
Pero, en tanto que te doy
cuenta, amiga, de quién soy,
guárdame aqueste talego, 5
y estotro del nudo ciego,
con quien tan cargado voy.
Viu. Ya, señor, tengo noticia
de quién eres, y sé bien
que tu voluntad codicia, 10
y en misericordia estén
las almas, y no en justicia.
Sé la honrada comisión
que tienes, y, en conclusión,
te suplico que me cuentes 15
cómo las de mis parientes
tendrán descanso y perdón.
Ped. Vicente del Berrocal,
tu marido, con setenta
escudos de principal 20
ha de rematar la cuenta
en mil bienes de su mal.
Pedro Benito, tu hijo,
saldrá de aquel escondrijo
con cuarenta y seis no más, 25
y con esto le darás
un sin igual regocijo.
Tu hija Sancha Redonda
pide que a su voluntad
tu larga mano responda: 30
que es soga la caridad
para aquella cueva honda.
JORNADA TERCERA p. 196
Cincuenta y dos amarillos
pide, redondos, sencillos,
o ya veinte y seis doblados,
con que serán quebrantados
de sus prisiones los grillos. 5
Martín y Quiteria están,
tus sobrinos, en un pozo,
padeciendo estrecho afán,
y desde allí con sollozo
amargas voces te dan. 10
Diez doblones de a dos caras
piden que ofrezca en las aras
de la devoción divina,
pues que los tiene Marina
entre sus cosas más caras. 15
Sancho Manjón, tu buen tío,
padece en una laguna
mucha sed y mucho frío,
y con llantos te importuna
que des a su mal desvío. 20
Solos catorce ducados
pide, pero bien contados
y en plata de cuño nuevo,
y yo a llevarlos me atrevo
sobre mis hombros cansados. 25
Viu. ¿Visteis allá, por ventura,
señor, a mi hermana Sancha?
Ped. Vila en una sepultura
cubierta con una plancha
de bronce, que es cosa dura, 30
y, al pasarle por encima,
dijo: Si es que te lastima
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 197
el dolor que aquí te llora,
tú, que vas al mundo ahora,
a mi hermana y a mi prima
dirás que en su voluntad
está el salir de estas nieblas 5
a la inmensa claridad:
que es luz de aquestas tinieblas
la encendida caridad.
Que apenas sabrá mi hermana
mi pena, cuando esté llana 10
a darme treinta florines,
por poner ella sus fines
en ser cuerda, y no de lana.
Infinitos otros vi,
tus parientes y criados, 15
que se encomiendan a ti,
cuáles hay de a dos ducados,
cuáles de a maravedí;
y séte decir, en suma,
que, reducidos con pluma 20
y con tinta a buena cuenta,
a doscientos y cincuenta
escudos llega la suma.
No te azores, que ese saco
que te di a guardar primero, 25
si es que bien la cuenta saco,
me lo dio un bodegonero,
grande imitador de Caco,
no más de porque a su hija,
que entre rescoldo de hornija 30
yace en las hondas cavernas,
en sus delicadas piernas
JORNADA TERCERA p. 198
el fuego menos la aflija.
Un mozo de mulas fue
quien me dio el saco segundo
que en tus manos entregué,
gran caminador del mundo, 5
malo, mas de buena fe.
De arenas de oro de Tíbar
van llenos, con que el acíbar
y amarguísimo trabajo
de las almas de allá abajo 10
se ha de volver en almíbar.
Ea, pues, mujer gigante,
mujer fuerte, mujer buena;
nada se os ponga delante
para no aliviar la pena 15
de toda ánima penante.
Desechad de la garganta
ese nudo que os quebranta,
y decid con voz serena:
Haré, señor, cuanto ordena 20
tu voz sonorosa y santa.
Que, en entregando los numos
en estas groseras manos,
con gozos altos y sumos,
sus fuegos más inhumanos 25
verás convertir en humos.
¿Qué será ver a deshora
que por la región del aire
va un alma zapateadora
bailando con gran donaire, 30
de esclava hecha señora?
¡Qué de alabanzas oirás
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 199
por delante y por detrás,
ora vayas, ora estés,
de toda ánima cortés
a quien hoy libertad das!
Vuélvele los sacos. 5
Viu. Tenga, y un poco me espere,
que yo voy, y vuelvo luego
con todo aquello que quiere.
Entrase la viuda.
Ped. En gusto, en paz y en sosiego 10
tu vida el cielo prospere.
Si bien en ello se advierte,
aquésta es la mujer fuerte
que se busca en la Escritura.
Tengas, Marina, ventura 15
en la vida y en la muerte.
Belilla, gitana bella,
todo el fruto de este embuste
gozarás sin falta o mella,
aunque tu gusto no guste 20
de mi amorosa querella.
Cuanto este dinero alcanza,
se ha de gastar en la danza
y en tu adorno, porque quiero
que por galas ni dinero 25
no malogres tu esperanza.
Vuelve la viuda con un gato lleno, como que trae
el dinero.
Viu. Toma, venerable anciano,
JORNADA TERCERA p. 200
que ahí va lo que pediste,
y aun a darte más me allano.
Ped. Marina, el tuyo me diste
con el proceder cristiano.
En trasponiendo esta loma, 5
en un salto daré en Roma,
y en otro en el centro hondo;
y porque a quien soy respondo,
mi buena bendición toma,
que da salud a las muelas, 10
preserva que no se engañe
nadie con fraude y cautelas,
ni que de mirar se extrañe
las nocturnas centinelas.
Puede en las oscuras salas 15
tender sin temor las alas
el más flaco corazón,
Bendícela.
levando la bendición
del gran Pedro de Urdemalas. 20
Entrase Pedro.
Viu. Comisario fidedino
de las almas que en trabajo
están penando contino,
pues dicen que es cuesta abajo 25
del purgatorio el camino,
échate a rodar, y llega
ligero a la oscura vega
o valle de llanto amargo,
y aplícalas al descargo 30
que mi largueza te entrega.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 201
En cada escudo que di,
llevas mi alma encerrada,
y en cada maravedí,
y como cosa encantada
parece que quedo aquí. 5
Ya yo soy otra alma en pena,
después que me veo ajena
del talego que entregué;
pero en hombros de mi fe
saldré a la región serena. 10
Entrase.
Sale la reina, y trae en un pañizuelo unas joyas,
y sale con ella Marcelo, caballero anciano.
Reina. Marcelo, sin que os impida
la guarda de algún secreto, 15
porque no os pondrá en aprieto
de perder fama ni vida,
os ruego me respondáis
a ciertas preguntas luego.
Mar. Bien excusado es el ruego, 20
señora, donde mandáis.
Preguntad a vuestro gusto,
porque mi honra y mi vida
está a vuestros pies rendida,
y es de lo que yo más gusto. 25
Reina. Estas joyas de valor,
¿cúyas son, o cúyas fueron?
Mar. Un tiempo dueño tuvieron,
que siempre fue mi señor.
Reina. ¿Pues cómo se enajenaron? 30
Porque me importa saber
JORNADA TERCERA p. 202
cómo aquesto vino a ser:
si se dieron, o se hurtaron.
Mar. Pues que ya la tierra cubre
el delito y la deshonra,
si es deshonra y si es delito 5
el que amor honesto forja,
quiero romper un silencio
que no importa que le rompa
ni a los muertos ni a los vivos;
antes, a todos importa. 10
La duquesa Félix Alba,
que Dios acoja en su gloria,
una noche en luz escasa
y en tinieblas abundosa,
estando yo en el terrero, 15
con esperanza dudosa
de ver a la que me diste,
gran señora, por esposa,
con un turbado ceceo
me llamó, y con voz ansiosa 20
me dijo: Así la ventura
a tus deseos responda,
señor, quienquiera que seas,
que, en esta ocasión forzosa,
mostrando pecho cristiano, 25
a quien te llama socorras.
Pon a recado esa prenda,
más noble que venturosa;
dale el agua del bautismo
y el nombre que tú le escojas. 30
Y en esto ya descolgaba
de unas trenzas que de soga
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 203
sirvieron, una cestilla
de blanca mimbre olorosa.
No dijo más, y encerróse.
Yo quedé en aquella hora
cargado, suspenso y lleno 5
de admiración y congoja,
porque oí que una criatura
dentro de la cesta llora,
así cual recién nacida.
¡Ved qué carga, y a qué hora! 10
En fin, porque presto veas
el de aquesta extraña historia,
digo que al punto salí,
con diligencia no poca,
de la ciudad al aldea 15
que está sobre aquella loma,
por ser cerca. Pero el cielo,
que infortunios acomoda,
me deparó en el camino,
al despuntar del aurora, 20
un rancho de unos gitanos,
de pocas y humildes chozas.
Por dádivas y por ruegos,
una gitana no moza
me tomó la criatura, 25
y al punto desenvolvióla,
y entre las fajas, envueltas
en un lienzo, halló esas joyas,
que yo conocí al momento,
pues son de tu hermano todas. 30
Dejéselas con la niña,
que era una niña hermosa
JORNADA TERCERA p. 204
la que en la cesta venía,
nacida de pocas horas;
encarguéle su crianza
y el bautismo, y que, con ropas
humildes, empero limpias, 5
la criase. ¡Extraña cosa!:
que, cuando de este suceso
mi lengua a tu hermano informa,
dijo: Marcelo, la niña
es mía, como las joyas. 10
La duquesa Félix Alba
es su madre, y ella es sola
el blanco de mis deseos,
y de mis penas la gloria.
Inmaturo ha sido el parto, 15
mal prevenida la toma;
pero no hay falta que llegue
de su ingenio a la gran sobra.
Estando en estas razones,
en son tristísimo doblan 20
las campanas, sin que quede
monasterio ni parroquia.
El son general y triste
daba indicios ser persona
principal la que a la tierra 25
el común tributo torna.
Hizo manifiesto el caso
un paje que entró a deshora
diciendo: Muerta es, señor,
Félix Alba, mi señora. 30
De improviso murió anoche,
y por ella, señor, forman
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 205
este son tantas campanas,
y tantas gentes que lloran.
Con estas nuevas, tu hermano
quedó con el alma absorta,
sin movimiento los ojos, 5
inmovible la persona.
Volvió en sí desde allí a un rato,
y, sin decirme otra cosa
sino: Haz criar la niña,
y no le quites las joyas; 10
como gitana se críe,
sin hacerla sabidora,
aunque crezca, de quién es,
porque esto a mi gusto importa,
dos horas tardó en partirse 15
a las fronteras, do apoca
con su lanza la morisma,
sus gustos con sus memorias.
Siempre me escribe que vea
a Belica, que llamóla 20
así la gitana sabia
que con mucho amor criola.
Yo no alcanzo su designio,
ni a qué aspira, ni en qué topa
el no querer que se sepa 25
tan rara y tan triste historia.
Hanle dicho a la muchacha
que un ladrón gitano hurtóla,
y ella se imagina hija
de alguna real persona. 30
Yo la he visto muchas veces,
y hacer y decir mil cosas,
JORNADA TERCERA p. 206
que parece que ya tiene
en las sienes la corona.
Murió la que la dio leche,
y, con las joyas, dejóla
en poder de otra su hija, 5
si no tan bella, tan moza.
Esta, que es la que tenía
esas joyas, no otra cosa
sabe más de lo que supo
su madre, y el hecho ignora 10
de los padres de Isabel,
tu sobrina, la hermosa,
la señora, la garrida,
la discreta y la briosa.
Respondo esto a la pregunta 15
si se dieron esas joyas,
o se hurtaron: que me admira
verlas donde están ahora.
[Reina.] La mitad he yo sabido
de esta peregrina historia, 20
y una y otra relación,
sin que discrepen, conforman.
Mas dime: ¿conocerías,
si acaso vieses, la hermosa
gitana que dices? 25
Mar. Sí;
como a mí mismo, señora.
Reina. Pues espérate aquí un poco.
Entrase la reina.
Mar. ¿Quién trajo aquí aquestas joyas? 30
¡Cómo a los cielos y al tiempo
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 207
por jamás se encubre cosa!
¿Si he hecho mal en descubrirme?
Sí: que lengua presurosa
no da lugar al discurso,
y más condena que abona. 5
Vuelven la reina, Belica e Inés.
Reina. ¿Es aquél el que venía
a ver a tu hermana?
Inés. Sí:
que con mi madre le vi 10
comunicar más de un día.
Reina. Con eso, y con el semblante,
que al de mi hermano parece,
ya veo que se me ofrece
una sobrina delante. 15
Mar. Así lo puedes creer:
que esa que traes de la mano
es la prenda que tu hermano
quiere y debe más querer.
Si ilustre por el padre 20
la ha hecho Dios en el suelo,
no menos la hace el cielo
extremada por la madre,
y ella, por su hermosura,
merece ser estimada. 25
Entran el rey y el caballero.
Rey. Ello es cosa averiguada
que no hay celos sin locura.
Reina. Y sin amor, señor mío,
dijérades muy mejor. 30
JORNADA TERCERA p. 208
Rey. Celos son rabia, y amor
siempre de ella está vacío;
y de la causa que es buena
mal efecto no procede.
Reina. En mí al contrario sucede: 5
siempre celos me dan pena,
y siempre los ha engendrado
el grande amor que yo os tengo.
Rey. Si hay venganza, yo me vengo
con que os hayáis engañado, 10
pues no podrán redundar
de vuestras preguntas hechas
tan vehementes sospechas,
que me puedan condenar,
ni yo, si miráis en ello, 15
soy de sangre tan liviana,
que a tan humilde gitana
incline el altivo cuello.
Reina. Mirad, señor, que es hermosa,
y que la rara belleza 20
se lleva tras sí la alteza
y fuerza más poderosa.
Por mis ojos, que lleguéis
a mirar sus bellos ojos.
Rey. Si gustáis de darme enojos, 25
no es buen medio el que ponéis.
Reina. ¿Cómo? ¿Y que así os amohína
el mirar a una doncella
que, después de ser tan bella,
aspira a ser mi sobrina? 30
Bel. ¿Qué ha de ser aquesto, Inés?
Que me voy imaginando
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 209
que se están de mí burlando.
Inés. Calla, y sabráslo después.
Reina. Miradla así, descuidado,
y decidme a quién parece.
Rey. A los ojos se me ofrece 5
de Rosamiro un traslado.
Reina. No es mucho, porque es su hija,
y como a tal la estimad.
Cab. ¿Burla vuestra majestad?
Reina. No es bien que eso se colija 10
de verdad tan manifiesta.
Rey. Si no burláis, es razón
que me cause admiración
tal novedad como es ésta.
Reina. Llegad al rey, Isabel, 15
y decid que os dé la mano
como a hija de mi hermano.
Bel. Como sierva llego a él.
Rey. Levantad, bella criatura,
que de vuestro parecer 20
muy bien se puede creer
y esperar mayor ventura.
Pero decidme, señora:
¿cómo sabéis esta historia?
Reina. Aunque es breve y es notoria, 25
no es para decirla ahora.
Vámonos a la ciudad,
que en el camino sabréis
lo que luego creeréis
como infalible verdad. 30
Rey. Vamos.
Mar. No hay dudar, señor,
JORNADA TERCERA p. 210
en historia que es tan clara,
pues su rostro la declara,
y yo, que soy el actor.
Vanse entrando todos, y a la postre quedan Inés
y Belica. 5
Inés. Belica, pues vas sobrina
de la reina, por lo menos,
esos tus ojos serenos
a nuestra humildad inclina.
Acuérdate de que hartamos 10
más de una vegada juntas,
y que sin soberbia y puntas
más de otras cinco bailamos;
y que, aunque habemos andado
muchas veces a las greñas, 15
siempre en efecto y por señas
te he temido y respetado.
Haz algún bien, pues podrás,
a nuestros gitanos pobres;
así en venturosa sobres 20
a cuantas lo fueron más.
Responde a lo que se ve
de tu ser tan principal.
Bel. Dame, Inés, un memorial,
que yo le despacharé. 25
Entranse.
Sale Pedro de Urdemalas, con manteo y bonete,
como estudiante.
Ped. Dicen que la variación
hace a la naturaleza 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 211
colma de gusto y belleza,
y está muy puesto en razón.
Un manjar a la contina
enfada, y un solo objeto
a los ojos del discreto 5
da disgusto y amohína.
Un solo vestido cansa.
En fin, con la variedad
se muda la voluntad,
y el espíritu descansa. 10
Bien logrado iré del mundo
cuando Dios me lleve de él,
pues podré decir que en él
un Proteo fui segundo.
¡Válgame Dios, qué de trajes 15
he mudado, y qué de oficios,
qué de varios ejercicios,
qué de exquisitos lenguajes!
Y ahora, como estudiante,
de la reina voy huyendo, 20
cien mil azares temiendo
de esta mi suerte inconstante.
Pero yo, ¿por qué me cuento,
que llevo (en) mudable palma?
Si ha de estar siempre nuestra alma 25
en continuo movimiento,
Dios me arroje ya a las partes
donde más fuere servido.
Entra un labrador con dos gallinas.
Lab. Pues yo no las he vendido; 30
bien parece que es hoy martes.
JORNADA TERCERA p. 212
Ped. Mostrad, hermano; llegad,
llegad, mostrad. ¿Que os turbáis?
Ellas son de calidad,
que en cada una mostráis
vuestra grande caridad. 5
Andad con Dios y dejadlas,
y desde lejos miradlas,
como a reliquias honradlas,
para el culto dedicadlas
bucólico, y adoradlas. 10
Lab. Como me las pague, haga
altar o reliquias de ellas,
o lo que más satisfaga
a su gusto.
Ped. Sólo es de ellas 15
santa y justísima paga
hacer de ellas un empleo
que satisfaga al deseo
del más mirado cristiano.
Lab. Saldrá su designio vano, 20
señor zote, a lo que creo.
Entran dos representantes, que se señalan
con números 1 y 2.
Ped. Sois hipócrita y malino,
pues no tenéis miramiento 25
que os habla un hombre cetrino,
hombre que vale por ciento
para hacer un desatino;
hombre que se determina,
con una y otra gallina, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 213
sacar de Argel dos cautivos
que están sanos y están vivos
por la voluntad divina.
Far. 1. Este cuento es de primor,
y el sacristán, o lo que es, 5
juega de hermano mayor.
Ped. ¡Oh fuerzas del interés,
llenas de envidia y rigor!
¿Que es posible que te esquives,
por tan pocos arrequives, 10
de sacar sendos cristianos
de mano de los tiranos?
¡Cómante malos caribes!
Lab. Diga, señor papasal:
¿son, por ventura, mostrencas 15
mis gallinas, ¡pesiatal!,
para no hacerme de pencas
de dar mi pobre caudal?
Rescaten a esos cristianos
los ricos, los cortesanos, 20
los frailes, los limosneros:
que yo no tengo dineros,
si no lo ganan mis manos.
Far. 1. Esforcemos este embuste.
Sois un hombre mal mirado, 25
de mala yacija y fuste,
hombre que es tan desalmado,
que no hay cosa de que guste.
Ped. La maldición de mi zorra,
de mi bonete y mi gorra, 30
caiga en ti y en tu ralea,
y cautivo yo te vea
JORNADA TERCERA p. 214
en Fez en una mazmorra,
para ver si te holgarás
de que sea quien entonces,
por dos gallinas no más...
¡Oh corazones de bronces, 5
archivos de Satanás!
¡Oh miseria de esta vida,
a términos reducida,
que vienen los cortesanos
a rogar a los villanos, 10
gente no santa y perdida!
Lab. ¡Pesia a mí! Denme mis aves,
que yo no estoy para dar
limosna.
Far. 1. ¡Qué poco sabes 15
de achaque de rescatar
dos hombres gordos y graves!
Yo los tengo señalados,
corpulentos y barbados,
de raro talle y presencia, 20
que valen en mi conciencia
más de trescientos ducados,
y por estas dos gallinas
solamente los rescato.
¡Ved qué entrañas tan molestas 25
tiene este pobre pazguato,
criado entre las encinas!
¡Ya la ruindad y malicia,
la miseria y la codicia
reina sólo entre esta gente! 30
Lab. Aun bien que hay aquí teniente,
corregidor y justicia. [Entrese.]
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 215
Ped. Y yo tengo lengua y pies.
Esperen, y lo verán.
Far. 1. Sois un traidor magancés,
hombre de aquellos que dan
mohatras de tres en tres. 5
Far. 2. Déjele vuestra merced,
que, pues ya dejó en la red
las cobas, vaya en buen hora.
[Far. 1.] Pues bien: ¿qué haremos ahora?
[Ped.] Lo que es vuestro gusto haced. 10
Despójese de su pluma
el rescate, y véase luego,
con resolución y en suma,
si hay algún rancho o bodego
donde todo se consuma: 15
que yo, a fe de compañero,
desde ahora me prefiero
a dar todo el adherente.
Far. 2. Hay un grande inconveniente:
que hemos de ensayar primero. 20
Ped. Pues díganme: ¿son farsantes?
Far. 1. Por nuestros pecados, sí.
Ped. Haz de mis dichas Atlantes,
cerros de mi Potosí,
de mi pequeñez gigantes; 25
en vosotros se me ofrece
todo aquello que apetece
mi deseo en sumo grado.
Far. 2. ¿Qué vendaval os ha dado,
que así el seso os desvanece? 30
Ped. Sin duda, he de ser farsante,
y haré que estupendamente
JORNADA TERCERA p. 216
la fama mis hechos cante,
y que los lleve y los cuente
en Poniente y en Levante.
Volarán los hechos míos
hasta los reinos vacíos 5
de Policea, y aún más,
en nombre de Nicolás,
y el sobrenombre de Ríos:
que éste fue el nombre de aquel
mago que a entender me dio 10
quién era el mundo cruel,
ciego que sin vista vio
cuantos fraudes hay en él.
En las chozas y en las salas,
entre las jergas y galas 15
será mi nombre extendido,
aunque se ponga en olvido
el de Pedro de Urdemalas.
Far. 2. Enigma y algarabía
es cuanto habláis, señor, 20
para nosotros.
Ped. Sería
falta de ingenio y valor
contaros la historia mía,
a lo menos por ahora. 25
Vamos; que, si se mejora
mi suerte con ser farsista,
seréis testigos de vista
del ingenio que en mí mora,
principalmente en jugar 30
las tretas de un entremés
hasta do pueden llegar.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 217
Entra otro farsante.
Far. 3. ¿No advertirán que ya es
hora y tiempo de ensayar?
Porque pide el rey comedia,
y el autor ha ya hora y media 5
que espera. ¡Grande descuido!
Far. 1. Pues con ir presto, yo cuido
que ese daño se remedia.
Venga, galán, que yo haré
que hoy quede por recitante. 10
Ped. Si lo quedo, mostraré
que soy para autor bastante
con lo menos que yo sé.
Llegado ha ya la ocasión
donde la adivinación 15
que un hablante Malgesí
echó un tiempo sobre mí,
tenga efecto y conclusión.
Ya podré ser patriarca,
pontífice y estudiante, 20
emperador y monarca:
que el oficio de farsante
todos estados abarca;
y, aunque es vida trabajosa,
es, en efecto, curiosa, 25
pues cosas curiosas trata,
y nunca quien la maltrata
le dará nombre de ociosa.
Entranse todos.
JORNADA TERCERA p. 218
Sale un autor con unos papeles como comedia, y dos
farsantes, que todos se señalan por número.
Aut. Son muy anchos de conciencia
vuestras mercedes, y creo,
por las señales que veo, 5
que me ha de faltar paciencia.
¡Cuerpo de mí! ¿En veinte días
no se pudiera haber puesto
esta comedia? ¿Qué es esto?
Ellas son venturas mías. 10
Póneme esto en confusión,
y en un rencor importuno,
que nunca falte ninguno
al pedir de la ración,
y al ensayo es menester 15
que con perros y hurones
los busquen, y aun a pregones,
y no querrán parecer.
Ped. ¿Quién un agudo embustero,
ni un agudo hablador, 20
sabrá hacerle mejor
que yo, si es que hacerle quiero?
Aut. Si no pica de arrogante
el dómine, mucho sabe.
Ped. Sé todo aquello que cabe 25
en un general farsante;
sé todos los requisitos
que un farsante ha de tener
para serlo, que han de ser
tan raros como infinitos. 30
De gran memoria, primero;
segundo, de suelta lengua;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 219
y que no padezca mengua
de galas es lo tercero.
Buen talle no le perdono,
si es que ha de hacer los galanes;
no afectado en ademanes, 5
ni ha de recitar con tono.
Con descuido cuidadoso,
grave anciano, joven presto,
enamorado compuesto,
con rabia si está celoso. 10
Ha de recitar de modo,
con tanta industria y cordura,
que se vuelva en la figura
que hace de todo en todo.
A los versos ha de dar 15
valor con su lengua experta,
y a la fábula que es muerta
ha de hacer resucitar.
Ha de sacar con espanto
las lágrimas de la risa, 20
y hacer que vuelvan con [p]risa
otra vez al triste llanto.
Ha de hacer que aquel semblante
que él mostrare, todo oyente
le muestre, y será excelente 25
si hace aquesto el recitante.
Entra el alguacil de las comedias.
Alg. ¿Ahora están tan despacio?
¿Esperarlos he a que acaben?
Bien parece que no saben 30
las nuevas que hay en palacio.
JORNADA TERCERA p. 220
Vengan, que ya me amohína
la posma que en ellos reina,
aguardando el rey o reina
y la nueva su sobrina.
Aut. ¿Qué sobrina? 5
Alg. Una gitana,
dicen, que es bella en extremo.
Ped. Que sea Belica temo.
¿Y eso es verdad?
Alg. Y tan llana, 10
que yo no sé cuál se sea
mayor verdad por ahora.
Y la reina, mi señora,
hacerle fiestas desea.
Venid, que allá lo sabréis 15
todo como pasa al punto.
Ped. Mucho bien me vendrá junto,
si por vuestro me queréis.
Aut. Admitido estáis ya al gremio
de nuestro alegre ejercicio, 20
pues vuestro raro jüicio
mayor lauro pide en premio.
Largo hablaremos después.
Vamos, y haremos la prueba
de vuestra gracia tan nueva, 25
ensayando un entremés.
Ped. No me hará ventaja alguno
en eso, cual se verá.
Alg. Señores, que es tarde ya.
Aut. ¿Falta aquí alguno? 30
Far. 1. Ninguno.
Vanse todos.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 221
Salen el rey y Silerio.
Rey. En cualquier traje se muestra
su belleza al descubierto:
gitana, me tuvo muerto;
dama, a matarme se adiestra. 5
El parentesco no afloja
mi deseo; antes, por él
con ahínco más cruel
toda el alma se congoja.
Suenan guitarras. 10
Pero ¿qué música es ésta?
Sil. Los comediantes serán,
que adonde se visten van.
Rey. Ya me entristece la fiesta;
ya sólo con mi deseo 15
quisiera avenirme a solas,
y dar costado a las olas
del mar de amor do me veo.
Pero escucha, que mi historia
parece que oigo cantar, 20
y es señal que ha de durar
luengos siglos su memoria.
Entran los músicos cantando este romance:
Mús. Bailan las gitanas;
míralas el rey; 25
la reina, con celos,
mándalas prender.
Por Pascua de Reyes
JORNADA TERCERA p. 222
hicieron al rey
un baile gitano
Belica e Inés;
turbada Belica,
cayó junto al rey, 5
y el rey la levanta
de puro cortés;
mas como es Belilla
de tan linda tez,
la reina, celosa, 10
mándalas prender.
Sil. Vienen tan embebecidos,
que no nos echan de ver.
Rey. Cantan lo que debe ser
suspensión de los sentidos. 15
Mús. 1. El rey está aquí. ¡Chitón!
Quizá no le agradará
nuestra canción.
Mús. 2. Sí hará,
por ser nueva la canción, 20
y no contiene otra cosa,
fuera de que es dulce y grave,
que decir lo que se sabe:
que es la reina recelosa,
y hechura de la mujer 25
tener celos del marido.
Rey. ¡Qué bien que lo has entendido!
Dételo el diablo a entender.
Silerio, mi muerte y vida
vienen juntas. ¿Qué haré? 30
Sil. Mostrar a un tiempo la fe,
aquí cierta, allí fingida.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 223
Entran la reina y Belica, ya vestida de dama; Inés,
de gitana; Maldonado, el autor, Martín Crespo, el
alcalde, y Pedro de Urdemalas.
Ped. Famosa Isabel, que ya
fuiste Belica primero; 5
Pedro, el famoso embustero,
postrado a tus pies está,
tan hecho a hacer desvaríos,
que, para cobrar renombre,
el Pedro de Urde, su nombre, 10
ya es Nicolás de los Ríos.
Digo que tienes delante
a tu Pedro conocido,
de gitano, convertido
en un famoso farsante, 15
para servirte en más obras
que puedes imaginar,
si no le quieres faltar
con lo mucho en que a otros sobras.
Tu presunción y la mía 20
han llegado a conclusión:
la mía sólo en ficción,
la tuya como debía.
Hay suertes de mil maneras,
que, entre donaires y burlas, 25
hacen señores de burlas,
como señores de veras.
Yo, farsante, seré rey
cuando le haya en la comedia,
y tú, oyente, ya eres media 30
reina por valor y ley.
En burlas podré servirte,
JORNADA TERCERA p. 224
tú hacerme merced de veras,
si tras las mañas ligeras
del vulgo no quieres irte;
en el cual, si alguno hubo
o hay humilde en rica alteza, 5
siempre queda la bajeza
de aquel principio que tuvo.
Pero tu ser y virtud
me tienen bien satisfecho,
que no llegará a tu pecho 10
la sombra de ingratitud.
Por aquesta buena fe,
de la reina o gran sobrina,
y por ver que a ti se inclina
quien gitano por ti fue, 15
que al rey pidas te suplico,
andando el tiempo, una cosa
más buena que provechosa,
porque a mi gusto la aplico.
Rey. Desde luego la concedo; 20
pide lo que es de tu gusto.
Ped. Por ser lo que quiero justo,
lo declararé sin miedo.
Y es que, pues claro se entiende
que el recitar es oficio 25
que a enseñar, en su ejercicio,
y a deleitar sólo atiende,
y para esto es menester
grandísima habilidad,
trabajo y curiosidad, 30
saber gastar y tener,
que ninguno no le haga
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 225
que las partes no tuviere
que este ejercicio requiere,
con que enseñe y satisfaga.
Preceda examen primero,
o muestra de compañía, 5
y no por su fantasía
se haga autor un pandero.
Con esto pondrán la mira
a esmerarse en su ejercicio:
que tanto es bueno el oficio, 10
cuanto es el fin a que aspira.
Bel. Yo haré que el rey, mi señor,
vuestra petición conceda.
Rey. Y aun otras, si hay en qué pueda
valerle vuestro favor. 15
Reina. Con mejores ojos miro
ahora que la miréis,
y en cuanto por ella hacéis,
más me alegro que me admiro.
Ya mi voluntad se inclina 20
a acreditar a los dos:
que entre mis celos y vos
se ha puesto el ser mi sobrina.
Vamos a oír la comedia
con gusto, pues que los cielos 25
no ordenaron que mis celos
la volviesen en tragedia.
Y avisaráse a mi hermano
luego de este hallazgo bueno.
Entrase. 30
Rey. Ya yo le tengo en el seno
JORNADA TERCERA p. 226
y le toco con la mano.
¡Oh imaginación, que alcanzas
las cosas menos posibles,
si alcanzan las imposibles
de reyes las esperanzas! 5
[Sil.] No te aflijas, que no es tanto
el parentesco, que impida
hallar a tu mal salida.
Rey. Sí; mas moriré entretanto.
Entrase el rey y Silerio. 10
Mal. Señora Belica, espere;
mire que soy Maldonado,
su conde.
Bel. Tengo otro estado
que estar aquí no requiere. 15
Maldonado, perdonadme,
que yo os hablaré otro día.
Inés. ¡Hermana Belica mía!
Bel. La reina espera; dejadme.
Entrase Belica. 20
Inés. ¡Entróse! ¡Quién me dijera
aquesto casi antiyer!
No lo pudiera creer,
si con los ojos lo viera.
¡Válgame Dios, y qué ingrata 25
muchacha, y qué sacudida!
Ped. La mudanza de la vida
mil firmezas desbarata,
mil agravios comprehende,
mil vivezas atesora, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 227
y olvida sólo en un hora
lo que en mil siglos aprende.
Alc. Pedro, ¿cómo estás aquí
tan galán? ¿Qué te has hecho?
Ped. Pudiérame haber deshecho, 5
si no mirara por mí.
Mudado he de oficio y nombre.
y no es así como quiera:
hecho estoy una quimera.
Alc. Siempre tú fuiste gran hombre. 10
Yo por el premio venía
de la danza que enseñaste,
que en ella claro mostraste
tu ingenio y tu bizarría;
y si en el mundo no hubiera 15
pajes, yo sé que durara
su fama hasta que llegara
la edad que ha de ser postrera.
Clemente y Clemencia están
muy buenos, sin ningún mal, 20
y Benita con Pascual
garrida vida se dan.
Entra uno.
Uno. Sus majestades aguardan;
bien pueden ya comenzar. 25
Ped. Después podremos hablar.
Uno. Miren que dicen que tardan.
Ped. Ya ven vuestras mercedes que los
[reyes
aguardan allá dentro, y no es posible 30
entrar todos a ver la gran comedia
JORNADA TERCERA p. 228
que mi autor representa, que alabardas
y lancineques y frinfrón impiden
la entrada a toda gente mosquetera.
Mañana, en el teatro, se hará una,
donde por poco precio verán todos 5
desde principio al fin toda la traza,
y verán que no acaba en
[casamiento,
cosa común y vista cien mil veces,
ni que parió la dama esta jornada, 10
y en otra tiene el niño ya sus barbas,
y es valiente y feroz, y mata y hiende,
y venga de sus padres cierta injuria,
y al fin viene a ser rey de un cierto
[reino 15
que no hay cosmografía que le
[muestre.
De estas impertinencias y otras tales
ofreció la comedia libre y suelta,
pues llena de artificio, industria y 20
[galas,
se cela del gran Pedro de
[Urdemalas.
Fin de estas comedias.
ÍNDICE
Páginas.
__________
Comedia famosa de la entretenida............ 5
Comedia famosa de Pedro de Urdemalas........ 117
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