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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

                   ________


            COMEDIAS Y ENTREMESES

                   TOMO III


             Versión modernizada


            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle



      Copyright © 1918 Rodolfo Schevill
      Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA ________ COMEDIAS Y ENTREMESES TOMO III EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ Calle del Barquillo, núm. 8. M. CM. XVIII.
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p. 5 COMEDIA FAMOSA DE LA ENTRETENIDA Los que hablan en ella son los siguientes: Ocaña, lacayo. Músicos. Cristina, fregona. Un barbero. 5 Don Antonio. Un alguacil. Marcela, su hermana. Un corchete. Don Francisco. (Don Gil, bastardo). Cardenio. Clavijo. Torrente, su criado. Un cartero. 10 Muñoz, escudero de Don Pedro Osorio, Marcela. padre de [otra] Dorotea. Marcela. Don Ambrosio. [Don Silvestre de Quiñones, paje. Almendárez.] 15 (Anastasio). JORNADA PRIMERA Salen Ocaña, lacayo, con un mandil y harnero, y Cristina, fregona. Oca. Mi sora Cristina, demos. 20 Cris. ¿Qué hemos de dar, mi so Ocaña? Oca. Dar en dulce, no en huraña, ni en tan amargos extremos. Cris. ¿Querría el sor que anduviese
JORNADA PRIMERA p. 6 de pa y vereda contino? Oca. No hay quien ande ese camino, que algún gusto no interese. [Cris.] Siempre la melancolía fue de la muerte parienta, 5 y en la vida alegre asienta el hablar de argentería. Motes, cuentos, chistes, dichos, pensamientos regalados, muy buenos para pensados, 10 y mejores para dichos. Oca. Sé yo, Cristina, con quién te burlas, y no es conmigo. Cris. ¿Sabe, Ocaña, qué le digo? Oca. ¿Que dirás que me esté bien? 15 Cris. Dígole que no malicie con tan dañados intentos. Oca. Pues a fe que en estos cuentos ando por la superficie: que, si llegase hasta el centro, 20 ¡oh qué diría de cosas! Cris. Muchas, pero maliciosas. Oca. Sálenme mil al encuentro del corazón a la lengua. Cris. No te pienso escuchar más. 25 Oca. Vuelve, Cristina; ¿a dó vas? Cris. Es el escucharte mengua, y enfádanme tus ruindades y tus modos de decir. Oca. El que está para morir, 30 siempre suele hablar verdades. Yo estoy muriendo, y confieso
DE LA ENTRETENIDA p. 7 que quieres bien a Quiñones. Cris. De tus malas intenciones ahora se ve el exceso; ahora se echa de ver que eres loco y laca... 5 Oca. Bueno; pronuncia de lleno en lleno, aunque el yo no es menester: que el ser lacayo no ignoro, sin rodeos y sin cifras. 10 Y mal tu venganza cifras en no guardar el decoro que debes a ser fregona de las más lindas que vi, entre Quiñones y mí, 15 ya cordera, y ya leona. Cris. ¿Soy, por ventura, mujer que he de avasallarme a un paje? ¿O vengo yo de linaje de tan bajo proceder? 20 ¿No soy yo la que en mi flor, por no querer ofendella, presumo más de doncella, que no el Cid de campeador? ¿No soy yo de los Capoches 25 de Oviedo? ¿Hay más que mostrar? Oca. Con todo, te has de quedar, Cristina... Cris. ¿A qué? Oca. A buenas noches. 30 Eres muy solicitada y muy vista, y no está el toque
JORNADA PRIMERA p. 8 en que la flor no se toque, si al serlo está aparejada. Las flores, en (el) campo, están sujetas a cualquier mano: a las del bajo villano 5 y a las del alto galán, al arado y al pie duro del labrador que le guía; pero la flor que se cría tras el levantado muro 10 del recato, no la ofende el cierzo murmurador, ni la marchita el ardor del que tocarla pretende. La mujer ha de ser buena, 15 y parecerlo, que es más. Cris. Gran predicador estás; mas tu doctrina condena a tus lascivos intentos. Oca. Levántasles testimonio: 20 que al blanco del matrimonio asestan mis pensamientos. Cris. A mucho te has atrevido. Muestra; aquí está la cebada. Dale el harnero; éntrase Cristina. 25 Oca. Toma el harnero, agraviada de este que de ti lo ha sido. ¡Oh pajes, que sois halcones de estas duendas fregoniles, de su salario alguaciles, 30 de sus vivares hurones!
DE LA ENTRETENIDA p. 9 Lleváisos la media nata de este común beneficio; dais en ella rienda al vicio, sin hallar ninguna ingrata; gozáis del justo botín 5 y de la limpia chinela, y os reís del arandela y del dorado chapín; hacéis con modos süaves burla que os cuesta barata 10 de aquellas lunas de plata que van pisando las graves. ¡Qué presto Cristina vuelve con la cebada y Quiñones! ¡Corazón, triste te pones! 15 ¡La sangre se me revuelve en ver a estos dos tan juntos, tan domésticos y afables! Entra Cristina con la cebada, y Quiñones, el paje. Cris. No le mires ni le hables. 20 Si le hablares, no sea en puntos que te descubran celoso: que hará mil suertes en ti. Qui. Aunque mozo, nunca fui, ni soy, ni seré medroso. 25 Cris. Advierte que está delante. Tome, galán, la cebada. Oca. ¿Bien medida? Cris. Y bien colmada. Oca. ¿Midióla mi so galante? 30 Cris. No la midió sino el diablo,
JORNADA PRIMERA p. 10 que tu mala lengua atiza. Oca. Voyme a mi caballeriza, por no ver este retablo de estas dos figuras juntas que no se apartan jamás. 5 Qui. En tales malicias das, que con una mil apuntas; y que te engañas sé yo. Oca. Y también sé yo muy bien que a los dos estará bien 10 el callar. Cris. Yo sé que no; porque quien calla, concede con el mal que de él se dice. Oca. Ninguno te dije o hice. 15 Qui. Ni el decir o hacerle puede. Oca. Por vida suya, que abaje el toldo: que, en mi conciencia, que hay muy poca diferencia entre un lacayo y un paje. 20 La longura de un caballo puede medirla a compás, yo delante, y él detrás; andallo, mi vida, andallo. Entrase Ocaña. 25 Cris. ¡Y que tú no tengas brío para responderle! Creo que he de recobrar mi empleo, y volverme a lo que es mío. Qui. ¿Qué tengo de responder? 30 ¿Ciño espada? No la ciño.
DE LA ENTRETENIDA p. 11 Y más, que es mengua si riño con... Cris. Quiñones, a placer: que es Ocaña hombre de bien, y espadachín además. 5 Entran don Antonio y su hermana Marcela. D. An. ¡Porfiada, hermana, estás! Quiero, mas no diré a quién. Tengo ausente mi alegría, sin saber adónde yace, 10 y de aquesta ausencia nace toda mi melancolía. Hanla escondido, y no sé adónde, en cielo ni en tierra; muévenme los celos guerra, 15 y dan alcance a mi fe, no porque la menoscaben: que, celos no averiguados, ministran a los cuidados materia porque no acaben; 20 son la leña del gran fuego que en el alma enciende amor, viento con cuyo rigor se esparce o turba el sosiego. Qui. Aún no han echado de ver 25 que estamos aquí nosotros. D. An. Dejadnos aquí vosotros. Cris. Entra aquí el obedecer. Entranse Quiñones y Cristina. Mar. ¿Siquiera no me dirás 30
JORNADA PRIMERA p. 12 el nombre de esa tu dama? D. An. Como te llamas, se llama. Mar. ¿Como yo? D. An. Y aun tiene más: que se te parece mucho. 5 Mar. [Aparte.] ¡Válgame Dios! ¿Qué es [aquesto? ¿Si es amor éste de incesto? Con varias sospechas lucho.-- ¿Es hermosa? 10 D. An. Como vos, y está bien encarecido. Mar. [Aparte.] El seso tiene perdido mi hermano. ¡Válgale Dios! Entra don Francisco, amigo de don Antonio. 15 D. Fr. ¿Andan hinchadas las olas del mar de tu pensamiento? D. An. Entraos en vuestro aposento; dejadnos, hermana, a solas; retiraos, hermana mía. 20 Mar. ¡Dios tus intentos mejore! Entrase Marcela. D. An. ¿Traéis desdichas que llore, o ya venturas que ría? D. Fr. Promesas que se han cumplido 25 con dádivas, se han probado; industrias se han intentado del Sinón más entendido; las diligencias que he hecho, frisan con las imposibles; 30
DE LA ENTRETENIDA p. 13 linces ha habido invisibles, y espías de trecho a trecho; pero no puede mostrar sagacidad o cautela dónde han llevado a Marcela: 5 cosa que es para admirar. Solamente se imagina que una noche la sacó su padre, y se la llevó; pero adónde, no se atina. 10 D. An. ¿Si podrá la astrología judiciaria declararlo? D. Fr. Yo no pienso interrogarlo: que tengo por fruslería la ciencia, no en cuanto a ciencia, 15 sino en cuanto al usar de ella el simple que se entra en ella sin estudio ni experiencia. Si acaso Marcela fuera alguna joya perdida, 20 yo buscara otra salida, que buena en esto la diera. Santos hay auxiliadores veinte, o más, o no sé cuántos; pero no querrán los santos 25 curarnos de mal de amores. A la justa petición siempre favorece el cielo. D. An. ¿Pues no es muy justo mi celo? ¿No está muy puesto en razón? 30 ¿Busco yo a Marcela acaso sino para ser mi esposa?
JORNADA PRIMERA p. 14 ¿De ella pretendo otra cosa? D. Fr. O vámonos, o habla paso: que no sabes quién te escucha. D. An. Vamos, amigo; y advierte que fío mi vida y muerte 5 de tu discreción, que es mucha. Entranse don Antonio y don Francisco. Entran Cardenio con manteo y sotana, y tras él Torrente, capigorrón, comiendo un membrillo o cosa que se le parezca. 10 Car. Vuela mi estrecha y débil esperanza con flacas alas, y, aunque sube el vuelo a la alta cumbre del hermoso cielo, jamás el punto que pretende alcanza. Yo vengo a ser perfecta semejanza 15 de aquel mancebo que de Creta el [suelo dejó, y, contrario de su padre al celo, a la región del cielo se abalanza. Caerán mis atrevidos pensamientos 20 del amoroso incendio derretidos, en el mar del temor turbado y frío; pero no llevarán cursos violentos, del tiempo y de la muerte prevenidos, al lugar del olvido el nombre mío. 25 ¿Comes? Buena pro te haga; la misma hambre te tome. Tor. No puede decir que come el que masca y no lo traga. No se me vaya a la mano, 30 que de ésta, si acaso es culpa,
DE LA ENTRETENIDA p. 15 ser me sirve de disculpa el membrillo toledano. Sé cierto que decir puedo, y mil veces referillo: espada, mujer, membrillo, 5 a toda ley, de Toledo. Las acciones naturales son forzosas, y el comer, una de ellas viene a ser, y de las más principales; 10 y esto aquí de molde viene, y es una advertencia llana: come el rico cuando ha gana, y el pobre, cuando lo tiene. Car. Con todo, me darás gusto 15 de que en la calle no comas. Tor. Si estas niñerías tomas por deshonra o por disgusto, yo me aturaré la boca con cal y arena a pisón. 20 Car. Sé que tienes discreción. Tor. ¡Y golosina no poca! Car. Sabes lo que nunca supo el diablo. Tor. Y aun soy peor. 25 Car. ¿Vuelves a comer, traidor? Tor. Ya no como, sino chupo. Entra Muñoz, escudero de Marcela. Pero ves dónde parece tu Santelmo. 30 Car. Así es verdad,
JORNADA PRIMERA p. 16 puesto que mi tempestad nunca mengua, y siempre crece. En estas benditas manos tengo mi remedio puesto. Muñ. Vos veréis cómo echo el resto 5 en daros consejos sanos. Advertid, hijo, que son las canas el fundamento y la basa a do hace asiento la agudeza y discreción. 10 En la mucha edad se muestra que asiste toda advertencia, porque tiene a la experiencia por consejera y maestra; y estas canas no han nacido 15 en aqueste rostro acaso. Car. Hablad, señor Muñoz, paso, que ya os tengo conocido, y sé que sabéis cortar, colgado del aire, un pelo. 20 Muñ. Así me ayude a mí el cielo, como os pienso de ayudar; porque el premio es el que aviva al más torpe ingenio y rudo. Car. Si es premio este pobre escudo, 25 vuestra merced le reciba con aquella voluntad sana con que yo le ofrezco. Muñ. ¡Oh señor, que no merezco tanta liberalidad! 30 Tor. Tomóle, besóle, y diole quizá perpetua clausura;
DE LA ENTRETENIDA p. 17 del oro la color pura sin duda que enamoróle, porque tiene una virtud de alegrar el corazón, y la avara condición 5 vive con la senectud. ¿Pero a qué pecho no doma la hambre del oro? Muñ. Escucha, y, con advertencia mucha, 10 hijo, este consejo toma. De Marcela no hay pensar que es de tan tiernos aceros, que la han de ablandar terceros, ni rogar, ni porfiar, 15 ni lágrimas, ni suspiros, ni voluntad verdadera: que son con ella de cera de amor los más fuertes tiros. A las olas que se atreven 20 a embestirla por amar, se muestra roca en la mar, que la tocan y no mueven. Esto con Marcela pasa. Car. No me acobardes y espantes. 25 Tor. ¡Oh cuántos de estos diamantes he visto volver de masa! ¡Cuántas he visto rendidas a un billete trasnochado! ¡Cuántas, sin darlas, han dado 30 de ganadas en perdidas! ¡Cuántas siguen sus antojos
JORNADA PRIMERA p. 18 en mitad de su recato! ¡Cuántas en el dulce trato tropiezan, y aun dan de ojos! Muñ. Pues ni Marcela tropieza, ni cae. 5 Tor. ¡Gran milagro! Car. Calla; que es extremo que se halla hoy en la naturaleza, y el señor Muñoz bien sabe 10 lo que dice. Muñ. Yo estoy cierto que aún más bien del que os advierto, todo en mi señora cabe. Pero vengamos al punto 15 de lo que quiero decir. Car. Hasta acabarle de oír, estoy, Torrente, difunto. Muñ. Es el caso que está en Lima un hermano de su padre 20 de Marcela, caballero de ilustre y claro linaje. De los bienes de fortuna dicen que le cupo parte tanta, que, entre los más ricos, 25 suelen por rico nombrarle. Tiene un hijo, que se llama don Silvestre de Almendárez, el cual con doña Marcela, aunque prima, ha de casarse. 30 Cada flota le esperamos; mas, si en esta que se sabe
DE LA ENTRETENIDA p. 19 que ha llegado a salvamento, no viene, echado ha buen lance. Fíngete tú don Silvestre, que yo te daré bastantes relaciones con que muestres 5 ser el mismo; y serán tales, que, por más que te pregunten, podrás responder con arte, que, acreditando el engaño, tus mentiras sean verdades. 10 Aposentaránte en casa, haránte gasajos grandes, y tú dentro, una por una, podrás ver cómo te vales. Car. Está bien; pero si acaso 15 en aquesta flota traen cartas de ese don Silvestre, y de que no viene saben, yo dentro en casa, ¿qué haré? ¿Cómo podrá acreditarse 20 tan conocida mentira para que pase adelante? Muñ. Dirás que, después de escritas y dadas, quiso tu madre que te vinieses a España, 25 aunque a hurto de tu padre; que ella, deseando verse con nietos en quien dilate su nombre y posteridad, no quiso que más tardases. 30 Y este venirte a escondidas podrá, señor, excusarte
JORNADA PRIMERA p. 20 de no venir con riquezas que el ser quien eres señalen; mas no dejes de traer algunas piedras bezares, y algunas sartas de perlas, 5 y papagayos que hablen. Car. En eso yo daré trazas que de ese aprieto me saquen, y tales, que satisfagan. Tor. Todo aquesto es disparate. 10 Car. La memoria sea cumplida, y los puntos importantes que en este nuevo edificio han de ser fundamentales, vengan especificados, 15 de modo que me declaren por el mismo don Silvestre. Muñ. Ven por ellos esta tarde. Car. Volverá este mi criado. Tor. Volveré, si a Dios le place: 20 que, sin su ayuda, no puedo, ni estornudar, ni mudarme. Muñ. Señor, si acaso, si a dicha, si por buena suerte traes otro escudillo, bien puedes 25 con liberal mano darle: que es invierno, y no hay bayeta, y no será bien que pase frío el que al incendio tuyo procura refrigerarle. 30 Car. No le traigo, en mi conciencia; pero yo haré que se os saque
DE LA ENTRETENIDA p. 21 un vestido de bayeta, y a mi cuenta le hará el sastre. Muñ. Venderéle, ¡vive Roque! No consentiré se ensanche Marcela con mis trofeos, 5 que cuestan gotas de sangre. Vístame la que quisiere que polido la acompañe: que gastar yo mi bayeta en servicio ajeno, ¡tate! 10 Y voyme, porque conviene que la memoria se estampe que fortifique este embuste. Y a Dios quedéis. Car. El os guarde. 15 Muñ. Mire que no se le olvide lo de la bayeta y sastre: que en este punto consisten sus gustos o sus pesares. Entrase Muñoz. 20 Car. ¡Gran principio a mi quimera! Tor. Llámala, señor, dislate, torre fundada en palillos, como casica de naipes. Dime: ¿dónde están las perlas? 25 ¿Dónde las piedras bezares? ¿Adónde las catalnicas o los papagayos grandes? ¿Dónde la práctica de Indias, de los puertos y los mares 30 que se toman y navegan?
JORNADA PRIMERA p. 22 ¿Dónde la bayeta y sastre? Si quieres que tus negocios en felice punto paren, lleva, y esto te aconsejo, siempre la verdad delante. 5 Capigorrista soy tuyo, y, como padezco hambre, tengo sutil el ingenio, y en dar consejos soy sacre. Car. Yo me remito a la lista 10 de Muñoz; tú no desmayes, que, en las empresas de amor, tal vez se ha visto que valen el ingenio y la ventura más que las riquezas grandes. 15 Tor. De este laberinto, el cielo con las narices nos saque. Entranse. Entran Marcela, y Dorotea, su doncella. Dor. Dime, señora: ¿qué muestra 20 te ha dado tu hermano tal, que sea indicio y señal de alguna intención siniestra? No puedo darme a entender que te ama viciosamente, 25 aunque es caso contingente. Mar. ¡Y cómo si puede ser! ¿Ya no se sabe que Amón amó a su hermana Tamar? ¿Y no nos vienen a dar 30 Mirra y su padre ocasión
DE LA ENTRETENIDA p. 23 de temer estos incestos? Dor. Con todo, señora, creo que encamina su deseo por términos más compuestos, y esto tengo por verdad. 5 Mar. Mi querida Dorotea, plega al cielo que así sea; él rija su voluntad. De contino trae en la boca mi nombre, a hurto me mira, 10 gime a solas y suspira, las manos me besa y toca; y da por disculpa de esto, que me parezco a su dama, que de mi nombre se llama. 15 Dor. ¿Hase, a dicha, descompuesto a hacer más de lo que dices? Mar. No, por cierto; ni querría. Dor. Pues de esto, señora mía, no es bien que te escandalices; 20 pues podrá ser que su dama se llame, señora, así, y que se parezca a ti, si de hermosa tiene fama. Entra don Antonio, hermano de Marcela. 25 Mar. Mira do viene suspenso; tanto, que no echa de ver que aquí estamos. De su ser que está trastrocado pienso. Escuchémosle, y advierte 30 cómo de Marcela trata.
JORNADA PRIMERA p. 24 D. An. Es tu ausencia la que mata; no el desdén, aunque es tan fuerte. ¡Ay dura, ay importuna, ay triste [ausencia! ¡Cuán leños debió estar de conocerte 5 el que al furor de la invencible muerte igualó tu poder y tu violencia! Que, cuando con mayor rigor sentencia, ¿qué puede más su limitada suerte, que deshacer la liga y nudo fuerte 10 que a cuerpo y alma tiene [inconveniencia? Tu duro alfanje a mayor mal se [extiende, pues un espíritu en dos mitades 15 [parte. ¡Oh milagros de amor, que nadie [entiende! Que, del lugar de do mi alma parte, dejando su mitad con quien la enciende, 20 consigo traiga la más frágil parte. ¡Oh Marcela fugitiva y sorda al lamento mío! ¿Cómo quiere tu desvío que ausente muriendo viva? 25 ¿Dónde te escondes? ¿Qué clima inhabitable te encierra? ¿Cómo a tu paz no da guerra el dolor que me lastima? ¡Téngote siempre delante, 30 y no te puedo alcanzar! Mar. ¿Para temer y pensar,
DE LA ENTRETENIDA p. 25 esto no es causa bastante? Dor. Sí, por cierto. Nunca estés sola, si fuere posible; de que aspire a lo imposible, jamás ocasión le des; 5 rómpase en tu honestidad, en tu advertencia y recato, la fuerza de su maltrato, que nace de ociosidad. Y vámonos, no nos vea; 10 dé a solas rienda a su intento. Mar. Yo estoy en tu pensamiento, que es muy bueno, Dorotea. Entrase Marcela y Dorotea. Sale Ocaña de lacayo, con una varilla de membrillo y 15 unos anteojos de caballo en la mano, y pónese atento a escuchar a su amo. D. An. Amor, que lo imposible facilitas con poderosa fuerza blandamente, allanando las cumbres: 20 ¿por qué las nubes de mi sol no quitas? ¿Por qué no muestras por algún Oriente las dos hermosas cumbres que dan rayos al sol, luz a tus ojos, por quien te rinde el mundo sus 25 [despojos? ¿Qué quieres, Ocaña? Oca. Quiero herrar el bayo, señor, y no acierta el herrador 30 a herrarle si no hay dinero.
JORNADA PRIMERA p. 26 Débense cuatro herraduras y un brebajo; mira, pues, si andarán aquellos pies, siendo tus manos tan duras. Y vengo por seis raciones 5 que me deben: que amohína ver que sobren a Cristina y resobren a Quiñones, y que falten para mí, que sirvo mejor que todos, 10 de tres y de cuatro modos. D. An. Confieso que ello es así, Ocaña amigo, y sabed que todo se os pagará. Y andad con Dios. 15 Oca. Siempre está conmigo vuestra merced riguroso por el cabo. D. An. ¿En qué modo? Oca. ¿Yo no veo 20 que, cual si fuera guineo, bezudo y bozal esclavo, apenas entro en la sala por alguna niñería, cuando cualquiera me envía, 25 si no en buena, en hora mala? A nadie se le trasluce, por más que yo lo procuro, el ingenio lucio y puro que en este lacayo luce. 30 Anda conmigo al revés fortuna poco discreta:
DE LA ENTRETENIDA p. 27 que, si tú fueras poeta, quizá fuera yo marqués, o, por lo menos, ya fuera tu consejero y privado; pero de mi corto hado 5 tamaño bien no se espera. Hay poetas tan divinos, de poder tan singular, que puedan títulos dar como condes palatinos; 10 y aun, si lo toman despacio, en tiempo y caso oportuno, no habrá lacayo ninguno que no casen en palacio con doncellas de la reina, 15 de valor único y solo: que, por la gracia de Apolo, esta gracia en ellos reina. Pero yo nací, sin duda, para la caballeriza, 20 haciendo en mis dichas riza mi suerte, que no se muda. El discreto es concordancia que engendra la habilidad; el necio, disparidad 25 que no hace consonancia. Del cuerpo por los sentidos obra el alma, y, cuales son, o muestra su perfección, o términos abatidos. 30 De aquesto quiero inferir que tan sutil cuerpo tengo,
JORNADA PRIMERA p. 28 que en un instante prevengo lo que he de hacer y decir. Lacayo soy, Dios mediante; pero lacayo discreto, y, a pocos lances, prometo 5 ser para marqués bastante, como aquel de Marinán, de dinare, e piu dinare, si la suerte no estorbare este bien que no me dan. 10 D. An. ¡Alto! Vos habéis hablado de modo, que me obligáis a que de humilde subáis a más eminente estado, siendo al primero escalón 15 servirme de consejero; y así, amigo Ocaña, quiero mostraros mi corazón, para que, viendo patentes las ansias que en él se anidan, 20 ellas a tu ingenio pidan los remedios suficientes: que tal vez una dolencia casi incurable la sana de una vejezuela cana 25 una fácil experiencia. Oca. Dime tu mal, mi señor, y verás cómo en tantico tantos remedios aplico, que sanes con el menor. 30 Y si, por ventura, es el ciego el que te atormenta,
DE LA ENTRETENIDA p. 29 puedes, señor, hacer cuenta de que ya sano te ves, porque no se ha de tomar conmigo el dios ceguezuelo. D. An. Que no estás en ti recelo. 5 Oca. ¿Pues en quién había de estar? Que, a no tomarme del vino, por costumbre o por conhorte, no hubiera en toda la corte otro Catón Censorino 10 como yo. D. An. Ya desvarías. Vuélvete, Ocaña, a tu establo. Entrase don Antonio. Oca. Aunque más sentencias hablo 15 y elevadas fantasías, se me trasluce y figura, conjeturo, pienso y hallo, ha de ser mi sepultura. Y está muy puesto en razón: 20 que, el que quiere porfiar contra su estrella, ha de dar coces contra el aguijón. Cristinica estará ahora en la plaza; allá me impele 25 aquella fuerza que suele que dentro del alma mora. Búscola como a mi centro, y, si la encontrase yo, nunca jugador echó 30 tan rico y gustoso encuentro.
JORNADA PRIMERA p. 30 De este gusto no me prive amor, que en mi ayuda llamo, y siquiera, con mi amo, ni más medre, ni más prive. Entrase Ocaña. 5 Salen don Ambrosio, caballero, y Cristina, con un billete en la mano. Cris. Hasta ponerle yo en parte donde le vea, harélo; pero en lo demás, recelo 10 que no podré contentarte. D. Am. Haz, amiga, que le lea: que en sólo aquesto consiste la alegría de este triste. Cris. Digo que haré que le vea. 15 Quizá, por curiosidad, querrá leerle Marcela: que se ha de usar de cautela con su mucha honestidad. No desplegaré la boca 20 para decirla palabra: que en sus entrañas no labra fuerza de amor, mucha o poca. D. Am. ¿Regálala, por ventura, don Antonio? 25 Cris. Como a hermana. D. Am. De ser su intención tan sana, no sé yo quién lo asegura. ¡Oh padre mal advertido! Cris. No le tiene. 30 D. Am. Sí le tiene;
DE LA ENTRETENIDA p. 31 pero a mí no me conviene el darme por entendido. De las cosas que sospecho y de las que son tan graves, tenga la lengua las llaves, 5 y no las arroje el pecho. Cris. Vete, señor, que allí asoma un paje de casa. D. Am. Amiga, por tu industria y tu fatiga, 10 este pobre premio toma. Y prométete de mí montes de oro, que bien puedes. Cris. La menor de tus mercedes suele ser un Potosí. 15 Dale una cajita pintada. Vase Ambrosio, y entra Quiñones. Qui. ¿Quién era, Cristina, el lindo que con tanta sumisión debió encajar su razón? 20 “Tuyo soy, y a ti me rindo.” ¡Vive el dador de los cielos, que es la fregona bonita! Ordena, manda, pon, quita; ta, ta, también pide celos. 25 Cris. El so paje, por su entono, que primero se tarace la lengua, que otra vez trace palabras, y no en mi abono. ¿Hásenos vuelto otro Ocaña? 30
JORNADA PRIMERA p. 32 ¡Celos y más celos! Qui. Calle, y advierta que está en la calle. Cris. ¡Ay! Por mi fe, que se ensaña el mancebito frion. 5 Qui. Cristina, menos gallarda; que esa gallardía aguarda... Cris. ¿Qué, mi rufo? Qui. Un bofetón. Cris. ¿En mi cara? 10 Qui. En la del cura le diera, a venir a mano. Cris. ¿Y qué, alzaras tú la mano contra tanta hermosura como pusieron los cielos 15 en mis mejillas rosadas? Qui. Siempre son desatinadas las venganzas de los celos. Ocaña es éste. Camina, y escóndete entre la gente. 20 Entranse Quiñones y Cristina, y sale Ocaña. Oca. Partió mi sol de su Oriente, y al ocaso se encamina, y tras sí lleva la sombra que le sirve de arrebol. 25 Para mí no es este sol, sino niebla que me asombra. Plega a Dios, humilde paje, asombro de mi esperanza, que, ni valgas por privanza, 30 ni te estimen por linaje;
DE LA ENTRETENIDA p. 33 sirvas a un catarribera, que te dé corta ración; sea tu estado un bodegón; no te dé luto, aunque muera; y, cuando el cielo te adiestre 5 a servir a un titulado, tu enemigo declarado el maestresala se muestre. De las hachas no te valgas, ni de relieves veas gozo, 10 y nunca te salga el bozo, porque de paje no salgas. Póngante infames renombres; juegues; pierdas la ración, que es la mayor maldición 15 que pueden darte los hombres. Entrase Ocaña. Sale Muñoz. Muñ. Despierto y durmiendo, estoy pensando siempre y soñando 20 cuándo ha de llegar el cuándo mude el pellejo en que estoy; cuándo querrá aquel planeta que sobre mí predomina, que remedien mi rüina 25 el gran sastre y la bayeta. Diles la memoria, y diles, previniendo mil barruntos, de los más sutiles puntos las respuestas más sutiles; 30 pero, con todo, me pesa
JORNADA PRIMERA p. 34 de haberme empeñado así, porque tengo para mí ser de peligro la empresa. Entran don Antonio, y Torrente en hábito de peregrino. D. An. Mucho más es melindre que advertencia, 5 y hase tenido confianza poca de quien yo soy. Por Dios, que estoy [corrido. Muñ. ¡Válgate el diablo! ¿Qué disfraz es éste? Esto no puse yo en la lista. 10 Tor. Digo que el señor don Silvestre de [Almendárez no pudo más. El caso fue forzoso, y la borrasca tal, que nos convino 15 alijar el navío, y echar cuanto en su anchísimo vientre recogía al mar, que se sorbió como dos huevos catorce mil tejuelos de oro puro. Al cielo las promesas y oraciones 20 volaban más espesas que las nubes que la cara del sol cubrían entonces; entre las cuales oraciones, una envió don Silvestre al sumo alcázar con tan vivos y tiernos sentimientos, 25 que penetró los cascos de los cielos. Conteníase en ella que de Roma aquello que se llama Siete Iglesias andaría descalzo peregrino, si Dios de aquel peligro le sacaba. 30 Añadió a su promesa mi persona;
DE LA ENTRETENIDA p. 35 añadidura inútil, aunque buena en parte, pues que soy su amparo y [báculo. En fin, salimos mondos y desnudos a tierra, ni sé adónde, ni sé cómo, 5 habiéndose engullido el mar primero hasta una catalnica que traíamos, de habilidad tan rara, y tan discreta, que, si no era el hablar, no le faltaba otra cosa ninguna. 10 D. An. Bien, por cierto, la habéis encarecido; aunque yo pienso que catalnicas mudas valen poco. Tor. Por señas nos decía todo cuanto quería que entendiésemos. 15 Muñ. ¡Milagro! Tor. De perlas, ¡qué de cajas arrojamos, tamañas como nueces, de buen tomo, blancas como la nieve aún no pisada!; de esmeraldas, las peñas como cubas, 20 digo, como toneles, y aun más grandes; piedras bezares, pues dos grandes [sacos; anís y cochinilla, fue sin número. Muñ. Entre esas zarandajas, ¿por ventura, 25 fue bayeta al mar? Tor. ¡Y el sastre y todo! Muñ. A malísimo viento va esta parva; no me cuadra ni esquina esta [tormenta, 30 puesto que viene bien para el embuste. D. An. ¿En qué paraje sucedió el naufragio?
JORNADA PRIMERA p. 36 Tor. Estaba yo durmiendo en aquel trance, y no pude del paje ver el rostro. D. An. Paraje dije; pero no me espanto, que aun hasta aquí os conturba la [borrasca, 5 ni que en ella os durmiésedes: que [el miedo tal vez suele causar sueño profundo. Tor. No quiso mi señor, ni por semejas, de cuatro mil y más ofrecimientos 10 que de darle dineros se le hicieron, recibir sino aquellos que bastasen a no pedir limosna en su viaje; pero no supo bien hacer la cuenta, porque ya casi todos son gastados. 15 Muñ. ¡Válgate Satanás, qué bien lo enredas! Tor. La primera estación fue a [Guadalupe, y a la imagen de Illescas la [segunda, 20 y la tercera ha sido a la de Atocha; a hurto quiso verte, y esta tarde quiere partirse a Roma; ahora queda en San Ginés hincado de hinojos, arrojando del pecho mil suspiros, 25 vertiendo de sus ojos tiernas lágrimas, pidiendo a Dios que le encamine y guíe en el viaje santo prometido. Yo, señor, soy ternísimo de plantas, a quien callos durísimos enclavan, 30 de tan largo camino procedidos; querría que se diese alguna traza
DE LA ENTRETENIDA p. 37 de que por quince días descansásemos, para tomar aliento y refrigerio en el nuevo camino que se espera. Además, que también [él] es [ternísimo, 5 y podría el cansancio fatigarle, de modo que el camino con la vida se acabase en un punto: caso triste si tal viniese a ser, por el tremendo dolor que sentiría mi señora 10 doña Ana de Briones, madre suya. D. An. Vamos, que yo pondré remedio en todo. Tor. No hay decir, señor, que yo te he visto, porque me ha de matar si es que tal [sabe. 15 ¡Oh pecador de mí! ¡Este es que viene! ¡En la red me ha cogido! ¡Negativa, señor; si no, yo muero! D. An. No hayas miedo. Entra Cardenio como peregrino. 20 Mi señor don Silvestre de Almendárez, ¿para qué es encubriros de quien tiene tantas obligaciones de serviros? Car. ¡Oh traidor, mal nacido! Por Dios vivo, que os engaña, señor, este embustero: 25 que yo no soy aquese don Silvestre, que dices, de Almendárez, sino un pobre peregrino, y tan pobre. Tor. ¿Qué me miras? Yo no le he dicho nada; y si lo he dicho, 30 digo que miento una y cien mil veces.
JORNADA PRIMERA p. 38 [Aparte, a don Antonio.] ¡Vive Dios!, que [es el mismo que te digo. Apriétale, y conjúrale, y confiese. D. An. ¡Por Dios, primo y señor, que es caso [fuerte 5 negarme esta verdad! ¿Qué importa [venga[s] rico o pobre a tu casa, que es la mía? Tor. ¡Eso es lo que yo digo, pesia al mundo! D. An. ¿Mandabas tú a los vientos, o pudiste 10 del proceloso mar las altas olas sosegar algún tanto? ¿No es locura hacer caso de honra los sucesos varios de la fortuna, siempre instable, o, por mejor decir, del cielo firme? 15 Tor. ¡Ea, señor, que ya pasa de raya tan grande pertinacia ¡Vive Roque, señor, que es don Silvestre de [Almendárez, vuestro primo y cuñado, el peregrino, 20 y mi amo, que es más! Car. Pues tú lo dices, no quiero más negarlo, pues no importa. Dadme señor, las manos. D. An. Doy los brazos, 25 y el alma en su lugar, querido primo. Car. Tomad los míos, que, entre aquestos [brazos, también os doy mi alma. [A Torrente.] [En recompensa, 30 no te la cubrirá pelo, si puedo. Tor. Que no temo amenazas mal nacidas,
DE LA ENTRETENIDA p. 39 porque esto es lo que importa a nuestro hecho. Muñ. ¿Y cómo? D. An. No hayáis miedo que se os toque al pelo de la ropa por lo dicho. Tor. Mi señor es discreto, y verá presto 5 de cuán poca importancia era el silencio en semejante caso. D. An. Señor primo, vamos a casa, y sepa vuestra esposa vuestra buena venida y deseada. 10 Car. Siempre he de obedecer. Muñ. ¡Qué bien trazada quimera! Si ella llega a colmo, espero un Potosí de barras y dinero. Tor. ¿Qué os parece, Muñoz? 15 Muñ. Que me parece que es verdad cuanto ha dicho, y que [lo veo. Tor. ¡Y cómo que es verdad! Sin que le falte un átomo, una tilde, una meaja. 20 Entranse don Antonio, Cardenio y Torrente. Muñ. Términos tienen estos socarrones de hacerme a mí entender que la [borrasca y el alijo de ropa es verdadero. 25 Ahora bien: veremos lo que pasa, que, una por una, (los) dos ya están [en casa. Fin de la primera jornada.
JORNADA SEGUNDA p. 40 JORNADA SEGUNDA Salen Marcela y Dorotea con una almohadilla, y Cristina. Mar. Andas con vergüenza poca, Cristina, muy inqüieta, 5 y, con puntos de discreta, das mil puntadas de loca. Sabed, señora, una cosa: que, entre las prendas de honor, es tenida por mejor 10 la honesta que la hermosa. Cris. ¿Señora me llama? ¡Malo!: que ya sé por experiencia que no hay dos dedos de ausencia de esta cortesía a un palo. 15 Mar. ¿Qué murmuras, desatada, maliciosa y atrevida? Cris. Nunca murmuré en mi vida. Mar. ¿Qué dices? Cris. No digo nada. 20 ¡Tenga el Señor en el cielo a mi señora la vieja! Mar. De esas plegarias te deja. Cris. Pronúncialas mi buen celo. Si ella fuera viva, sé 25 que otro gallo me cantara, y que ninguna no osara reñirme; no en buena fe. ¡Tristes de las mozas
DE LA ENTRETENIDA p. 41 a quien trajo el cielo por casas ajenas a servir a dueños, que, entre mil, no salen cuatro apenas buenos, 5 que los más son torpes y de antojos feos! ¿Pues que si la triste acierta a dar celos al ama, que piensa 10 que le hace tuerto? Ajenas ofensas pagan sus cabellos, oyen sus oídos siempre vituperios, 15 parece la casa un confuso infierno: que los celos siempre fueron vocingleros. La tierna fregona, 20 con silencio y miedo, pasa sus desdichas, malogra requiebros, porque jamás llega a felice puerto 25 su cargada nave de malos empleos. Pero, ya que falte este detrimento, sobran los del ama, 30 que no tienen cuento: “Ven acá, suciona.
JORNADA SEGUNDA p. 42 ¿Dónde está el pañuelo? La escoba te hurtaron y un plato pequeño. Buen salario ganas; de él pagarme pienso, 5 porque despabiles los ojos y el seso. Vas, y nunca vuelves, y tienes bureo con Sancho en la calle, 10 con Mingo y con Pedro. Eres, en fin, pu... El ta diré quedo, porque de cristiana sabes que me precio.” 15 Otra vez repito, con cansado aliento, con lágrimas tristes y suspiros tiernos: ¡triste de la moza 20 a quien trajo el cielo por casas ajenas! Dor. Señoras, ¿qué es esto? Cristinica amiga, dime: ¿con qué viento 25 esta polvareda has alzado al cielo? Mar. La desenvoltura es un viento cierzo que del rostro ahuyenta 30 la vergüenza y miedo. Pero yo haré,
DE LA ENTRETENIDA p. 43 si es que acaso puedo, si ella no se enmienda, lo que callar quiero. Entra Quiñones, el paje. Qui. Don Antonio, mi señor, 5 entra con dos peregrinos. Entran don Antonio, Cardenio, Torrente y Muñoz. D. An. ¿Vuestros intentos divinos fueran disculpa al rigor del no vernos? 10 Car. Así es; pero yo, señor, holgara que esta deuda se pagara de espacio, y fuera después de mi peregrinación, 15 que no se puede excusar. D. An. Fácilmente habéis de hallar en mi voluntad perdón. Car. ¿Es mi señora y mi prima? D. An. La misma. 20 Car. ¡Oh mi señora, rico archivo donde mora de la belleza la prima! No me niegues estos pies, pues no merezco esas manos. 25 Dor. Peregrinos cortesanos son éstos. D. An. No tan cortés,
JORNADA SEGUNDA p. 44 señor primo, que mi hermana está del caso suspensa. Muñ. [Aparte.] La traza de lo que él piensa, es más cortés que no sana. Mar. Señor, para que me muestre 5 con el respeto debido a quien sois, el nombre os pido. Car. Vuestro primo don Silvestre de Almendárez; vuestro esposo, o el que lo tiene de ser. 10 Mar. Mudaré de proceder con un huésped tan famoso: los brazos habré de daros, que no los pies, primo mío. Muñ. [Aparte.] De estos principios yo fío 15 que son más dulces que caros. Car. No fue huracán el que pudo desbaratar nuestra flota, ni torció nuestra derrota el mar insolente y crudo; 20 no fue del tope a la quilla mi pobre navío abierto, pues he llegado a tal puerto, y pongo el pie en tal orilla; no mi[s] riquezas sorbieron 25 las aguas que las tragaron, pues más rico me dejaron con el bien que en vos me dieron. Hoy se aumenta mi riqueza, pues con nueva vida y ser, 30 peregrino llego a ver la imagen de tu belleza.
DE LA ENTRETENIDA p. 45 Entra Ocaña. Oca. De esta común alegría alguna parte quizá mi tristeza alcanzará, que está como estar solía. 5 Desde aquí quiero mirarte, si es que te dejas mirar, de mi suerte amargo azar, de mi bien el todo y parte. Puesto en aqueste rincón, 10 como lacayo sin suerte, veré quizá de mi muerte alguna resurrección. Mar. La desventura mayor, más espantosa y temida, 15 es la de perder la vida. D. An. Primero es la del honor. Mar. Así es; y pues vos, primo, con honra y vida venís, mal haréis si mal sentís 20 del mal que por bien yo estimo. Y en llegar adonde os veis, habéis de tener por cierto que habéis arribado a un puerto adonde restauraréis 25 las riquezas arrojadas al mar, siempre codicioso. Car. Tendrá el que fuere tu esposo las venturas confirmadas. Tor. ¿Doncella acaso es de casa? 30 Cris. No soy sino de la calle.
JORNADA SEGUNDA p. 46 Tor. Eso no: que aquese talle a los de palacio pasa. ¿Sirve en ella? Cris. Soy servida. Tor. La respuesta ha sido aguda. 5 Oca. Ten, pulcra, la lengua muda; no la descosas, perdida. Tor. ¿El nombre? Cris. Cristina. Tor. Bueno; 10 que es dulce, con ser de rumbo. ¿Túmbase? Cris. Yo no me tumbo. Basta; que tiene barreno el indianazo gascón. 15 Tor. Yo, señora, como ves, soy criollo perulés, aunque tiro a borgoñón. D. An. Reposaréis, primo mío, y después saber querría 20 del buen estar de mi tía, de vuestro padre y mi tío. Oca. ¡Oh peregrino traidor, cómo la miras! ¡Oh falsa, cómo le vas dando salsa 25 al gusto de su sabor! Tor. Pluguiera a Dios que nunca aquí [viniera; o, ya que vine aquí, que nunca amara; o, ya que amé, que amor se me 30 [mostrara, de acero no, sino de blanda cera.
DE LA ENTRETENIDA p. 47 Car. Depositario fue el mar de tus cartas y presentes. Oca. [Aparte.] ¡El alma tengo en los dientes! ¡Casi estoy para expirar! Tor. O que de aquesta fregonil guerrera, 5 de los dos soles de su hermosa cara, no tan agudas flechas me arrojara, o menos linda y más humana fuera. Mar. Entrad, señor, do podáis mudar vestido decente. 10 Car. Mi promesa no consiente que esa merced me hagáis. Tor. [Aparte.] Estas si son borrascas no [fingidas, de quien no espero verdadera calma, 15 sino naufragios de más duro aprieto. Car. No puedo mudar de traje por un tiempo limitado: que esta pobreza ha causado la tormenta del viaje. 20 Tor. ¡Oh tú, reparador de nuestras vidas, amor, cura las ansias de mi alma, que no pueden caber en un soneto! D. An. A no ser tan perfecto, primo, vuestro designio, yo hiciera 25 que por otra persona se cumpliera. Entranse Marcela, don Antonio, Dorotea, y Cristina y Cardenio. Quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Ocaña. Muñ. No me habléi[s], Torrente hermano, 30 que nos escuchan, y siento
JORNADA SEGUNDA p. 48 que en nuestro famoso intento el callar es lo más sano. Entrase Muñoz. Oca. Si a mí el ojo no me miente, sé con gran certinidad 5 que vuestra paternidad tiene el alma algo doliente. Es Cristinica un arpón, es un virote, una jara que el ciego arquero dispara, 10 y traspasa el corazón. Es un incendio, es un rayo. ¿Cómo un rayo? Dos y tres. Tor. Y vuestra merced, ¿quién es? Oca. Soy de esta casa el lacayo; 15 y aunque en la caballeriza me arrincono, el amor ciego, con su hielo y con su fuego, me consume y martiriza. Entre el harnero y pesebre, 20 entre la paja y cebada, de noche y de madrugada, me embiste de amor la fiebre. Tor. ¿Y es Cristina la ocasión de tan grande encendimiento? 25 Oca. No sé quién es; sé que siento el alma hecha un carbón. Tor. Si es Cristina, pondré pausa en ciertos recién nacidos pensamientos atrevidos 30 que su memoria me causa.
DE LA ENTRETENIDA p. 49 No pienso en manera alguna seros rival: que sería género de villanía que al ser quien yo soy repugna. Honestísimo decoro 5 se guardará en esta casa, puesto que me arda la brasa de esta niña a quien adoro. Quebrantaré en la pared mis pensamientos primeros, 10 con gusto de conoceros para haceros merced. Porque no han de naufragar siempre las flotas: que alguna tendrá próspera fortuna 15 para podérnosla dar. Oca. Beso tus pies, peregrino, único, raro y bastante a ablandar en un instante un corazón diamantino. 20 Yo, en quien nacieron barruntos de celos cuando te vi, a tus pies los pongo aquí, semivivos y aun difuntos. Tor. Alzaos, señor; no hagáis 25 sumisión tan indecente, que humillaré yo mi frente, si es que la vuestra no alzáis. Dadme los brazos de amigo, que lo hemos de ser los dos 30 gran tiempo, si quiere Dios, que es de mi intención testigo.
JORNADA SEGUNDA p. 50 Oca. Como tú, señor, me abones con tu amistad peregrina, doy por cordera a Cristina y por cabrito a Quiñones. Tor. Por verte con gusto, voy 5 alegre, así Dios me salve. Oca. [Aparte.] Para éstas que yo os calve, o no seré yo quien soy. Entranse Torrente y Ocaña. Entra don Ambrosio. 10 D. Am. Por ti, virgen hermosa, esparce ufano, contra el rigor con que amenaza el cielo, entre los surcos del labrado suelo, el pobre labrador el rico grano. Por ti surca las aguas del mar cano 15 el mercader en débil leño a vuelo; y, en el rigor del sol como del hielo, pisa alegre el soldado el risco y llano. Por ti infinitas veces, ya perdida la fuerza del que busca y del que ruega, 20 se cobra y se promete la victoria. Por ti, báculo fuerte de la vida, tal vez se aspira a lo imposible, y llega el deseo a las puertas de la gloria. ¡Oh esperanza notoria, 25 amiga de alentar los desmayados, aunque estén en miserias sepultados! Entra Cristina. Cris. Habrá fiesta y regodeo, y la parentela toda 30
DE LA ENTRETENIDA p. 51 vendrá, sin duda, a la boda. D. Am. Mi norte descubro y veo. ¡Oh dulcísima Cristina! Cris. De alcorza debo de ser. D. Am. Tribunal do se ha de ver 5 lo que el amor determina en mi contra o mi provecho. Cris. ¡Extraña salutación! D. Am. La lengua da la razón como la saca del pecho. 10 Pero vengamos al punto. Mi esperanza, ¿cómo está? ¿Ha de morir? ¿Vivirá? ¿Contaréme por difunto? ¿Dificúltase la empresa? 15 ¡Presto, que me vuelvo loco! Cris. Idos, señor, poco a poco, que preguntáis muy aprisa. D. Am. Más aprisa me consume el vivo incendio de amor. 20 Cris. En sólo un punto el rigor suyo se abrevia y resume, y es que puedes ya contar a Marcela por casada. Ya no es suya; ya está dada 25 a quien la sabrá estimar. D. Am. No me digas el esposo, que, sin duda, es don Antonio. Cris. Levantas un testimonio que pasa de mentiroso. 30 ¿Con su hermana? D. Am. ¡Ah, Cristinica!
JORNADA SEGUNDA p. 52 ¿Qué es eso? ¿Cubierta y pala con que una obra tan mala se apoya y se fortifica? Cris. Que es con su primo. D. Am. ¿Qué es esto, 5 cielo siempre soberano? ¿Hoy primo el que ayer fue hermano? ¿Cámbiase un hombre tan presto? Cris. Digo que es un peregrino, primo suyo y perulero, 10 de tan soberbio dinero, que de las Indias nos vino. De oro más de cien mil tejos se sorbió el mar como un huevo, de este peregrino nuevo, 15 que no está de ti muy lejos, porque vesle allí do asoma. D. Am. ¡Y que eso en el mundo pase! Cris. Puesto que antes que se case, entiendo que ha de ir a Roma. 20 Entran Cardenio, Torrente y Muñoz. D. Am. Embustero y perulero, atrevido e insolente, ¿por qué te haces pariente de la vida por quien muero? 25 Tor. Descornado se ha la flor; perecemos. Muñ. Malo es esto; la traza se ha descompuesto al primer paso. 30 Car. Señor,
DE LA ENTRETENIDA p. 53 no te entiendo, ni imagino por qué tan acelerado la maldita has desatado contra un noble peregrino. Muñ. Quien dijere que yo di 5 lista a nadie, mentirá cuantas veces lo dirá. No sino lléguense a mí, que fabrico en ningún modo castillos mal prevenidos. 10 Tor. [Aparte.] Antes de ser convencidos, éste lo ha de decir todo. ¡Oh levantadas quimeras en el aire, cual yo dije! D. Am. Por el cielo que nos rige, 15 que si acaso perseveras en el embuste que intentas, primero que en algo aciertes, ha de ser una y mil muertes el remate de tus cuentas. 20 Vuélvete a tu Potosí, deja lograr mi porfía. Car. Aquéste ya desvaría. Tor. Así me parece a mí. Cris. Don Francisco y mi señor 25 son éstos. ¡Pies, a correr! Entrase Cristina. Salen don Francisco y don Antonio. D. Fr. Todo aqueso puede ser: que a más obliga el rigor 30
JORNADA SEGUNDA p. 54 de un celoso, si es honrado, como el padre de Marcela. D. Am. Este es el que urdió la tela que tan cara me ha costado. ¿Qué rigor de estrella ha sido, 5 señor don Antonio, aquel que de piadoso en cruel contra mí os ha convertido? ¿Y qué peregrino es éste, tan medido a vuestro intento, 10 que queréis que su contento a mí la vida me cueste? Mía es Marcela, si el cielo quisiere y si vos queréis: que en vuestra industria tenéis 15 de mi mal todo el consuelo. No es desigual mi linaje del suyo, y su padre creo que de este igual himeneo no ha de recibir ultraje. 20 Si él la escondió en vuestra casa por quitármela delante, ved, si acaso sois amante, lo que el alma ausente pasa. D. Fr. Este habla de Marcela 25 Osorio, y no de tu hermana. D. An. La presunción está llana, gran mal mi alma recela. De esta vana presunción y mal formados antojos 30 os han de dar vuestros ojos la justa satisfacción.
DE LA ENTRETENIDA p. 55 Veníos conmigo, y veréis en el engaño en que estáis. D. Am. Si a Marcela me lleváis, al cielo me llevaréis. Entrase don Antonio, don Francisco y don Ambrosio; 5 quedan en el teatro Muñoz, Torrente y Cardenio. Car. ¡Ah, Muñoz, con cuán pequeña ocasión habéis temblado! Muñ. Temo de verme abrumado y molido como alheña; 10 temo que mis trazas den, mis embustes y quimeras, con mi cuerpo en las galeras, que no le estará muy bien. Tor. ¿Sin apretaros la cuerda, 15 os descoséis? ¡Mala cosa! Muñ. La conciencia temerosa, de los castigos se acuerda. Pero desde aquí adelante pienso ser mártir, y pienso 20 que paga a la culpa censo con temor el más constante. Pésame que fue la lista de mi letra y de mi mano, y este temor, que no es vano, 25 todas mis fuerzas conquista. Tor. Vamos a ver en qué para el comenzado desastre. Muñ. Aquella bayeta y sastre nunca el cielo lo depara. 30 Entranse todos.
JORNADA SEGUNDA p. 56 Salen Marcela y Dorotea. Mar. Este primo no me agrada, dulce amiga Dorotea; ¡plegue a Dios que por bien sea su venida no esperada! 5 Dor. Como le ves mal vestido, no te parece galán. Mar. Las galas no siempre dan aire y brío, ni el vestido. Desmayado me parece, 10 aunque atrevido tal vez. Dor. De su causa eres juez. Mar. Basta; poco me apetece. Dor. Parece que se ha templado tu hermano en su pensamiento. 15 Mar. Todavía, a lo que siento, anda un poco apasionado; no se le cae de la boca mi nombre, y aun todavía descubre una fantasía 20 que en lascivos puntos toca; mas yo no le doy lugar de que esté a solas conmigo. Dor. Eso es lo que yo te digo, y lo que has de procurar. 25 Aquí han de entrar don Antonio, don Francisco, Cardenio, Torrente y Muñoz. D. An. Mirad, señor, de estas dos, cuál es la Marcela hermosa que con fuerza poderosa 30
DE LA ENTRETENIDA p. 57 os tiene fuera de vos. D. Am. Esta le parece en algo, y no es ella; mas ya veo, sin duda, que es devaneo, y que de sentido salgo. 5 Téngame amor de su mano, y los cielos, si me ofenden. Mar. ¿O me compran, o me venden? Decidme qué es esto, hermano. D. Am. No es otra cosa alguna, 10 sino que la belleza incomparable y sola de otra que tiene el propio nombre [vuestro, su donaire, su gracia, 15 su honesta compostura, su ingenio, su linaje, se llevaron tras sí mis pensamientos. Améla honestamente, adoréla rendido, 20 solicitéla mudo, aunque los ojos son parleros siempre. Su padre, recatado, por algún su designio, o por mi desventura, 25 llevóla, y no sé adónde. D. An. Esta es mi historia. D. Am. No con más diligencia la diosa de las mieses buscó a su hija amada 30 hasta los escondrijos del infierno, como yo la he buscado
JORNADA SEGUNDA p. 58 por cuanto las sospechas han podido llevarme, pensativo, solícito y ansioso. En esto, a mis oídos el nombre de Marcela 5 llegó, y vuestra hermosura; pero no el sobrenombre de [Almendárez. Creí que don Antonio, vuestro querido hermano, 10 por orden de su padre de la Marcela Osorio, que yo busco, en casa la tenía, y, mal considerado, y con los celos ciego, 15 hice los disparates que habéis visto. D. Fr. ¿Estas no son lanzadas que te pasan el alma? D. An. Y aun rayos que la embisten, la hieren, desmenuzan y quebrantan. 20 Dor. Apostaré, señora, que es ésta la Marcela por quien tu hermano gime, suspira y con angustia se lamenta. Tor. Un canto pesadísimo, 25 una montaña dura, una máquina inmensa, de acero un monte dilatado y grave, de sobre el pecho quito. Muñ. Y yo de sobre el alma 30 una carcoma aguda. ¡Maldito seas de Dios, amante simple!
DE LA ENTRETENIDA p. 59 ¡Qué confusos nos tuvo aqueste mentecato! ¡Con cuán pocos indicios trocó las dos Marcelas el cuitado! Ya pensé que mi lista 5 andaba por la casa de mano en mano. ¡Ay, duro trance, no imaginado y repentino! D. Fr. Pues en esta Marcela veis patente de vuestro pensamiento el desengaño, 10 mostraos, señor, más cauto y más [prudente otra vez que os acose vuestro engaño, y volved a buscar más diligente la causa original de vuestro daño. 15 D. Am. Tiene cualquiera enamorada culpa fácil y compasiva la disculpa. Erre; mas no es el yerro de tal suerte, que perdón no merezca. Car. Yo imagino 20 que ministró ocasión al atreverte este pobre sayal de peregrino. D. An. La rabia de los celos es tan fuerte, que fuerza a hacer cualquiera desatino. Sélo yo bien, que ya me vi celoso, 25 atrevido, arrojado y malicioso. D. Am. En siglos prolongados tu ventura goces, ¡oh peregrino!, y tus bisnietos te lleven a la honrada sepultura sobre sus hombros, para el caso electos; 30 no menoscabe el tiempo la hermosura de tu Marcela; celos indiscretos
JORNADA SEGUNDA p. 60 no perturben tu paz en tanto cuanto de vida os diere aliento el cielo santo. Yo vuelvo a renovar mi pena [antigua, buscando aquella que me encubre 5 [el cielo, y mientras dónde está no se averigua, un Sísifo seré nuevo en el suelo. De noche, como sombra o estantigua, llena la vista de inmortal desvelo, 10 por ver el fin de mis trabajos largos, un lince habré de ser con ojos de Argos. Entrase don Ambrosio. Mar. Desesperado se parte. D. An. Yo sin esperanza quedo, 15 dulce Marcela, de hallarte. Tor. De mí se ha arredrado el miedo. Muñ. En mí ya no tiene parte; pero, con todo, quisiera que la lista se rompiera 20 que di escrita de mi mano: que cualquier susto, aunque vano, la mala conciencia altera. D. Fr. Haz cuenta, amigo, que envías en este amante curioso 25 a buscar tu gloria espías. D. An. Con todo, estoy temeroso: que son tiernas sus porfías, y muchas, que es lo peor. D. Fr. Yo lo tengo por mejor: 30 que este anzuelo ha de sacar
DE LA ENTRETENIDA p. 61 del profundo de la mar la perla que escondió amor. Entrase don Francisco y don Antonio. Car. ¿No ha sido extremado el cuento, señora prima? 5 Mar. Sí ha sido; aunque de él me ha parecido ir mi hermano descontento, pensativo y desabrido. Y es la causa, que la dama 10 que aquél busca, adora y ama como quiere amor tirano, es la misma que mi hermano quiere, busca, nombra y llama. Y yo, simple, imaginaba 15 ser yo la hermosa Marcela a quien mi hermano llamaba, y con malicia y cautela a las manos le miraba, a los ojos y a la boca, 20 y con no advertencia poca ponderaba sus razones, sus movimientos y acciones. Dor. Curiosidad simple y loca. Pídele perdón. 25 Mar. No quiero, pues nunca arraigó en mi pecho el pensamiento primero. Car. Y más, que te ha satisfecho tan llano y tan por entero. 30
JORNADA SEGUNDA p. 62 Muñ. ¿Hemos de hacer la visita de mi señora doña Ana? Mar. Todavía es de mañana, y el frío la gana quita de hacer visitas ahora. 5 Ven, amiga Dorotea; vamos donde el sol nos vea. Dor. ¡Y cómo que iré, señora! ¡Que tirito, ti, ti, ti! ¡Insufrible frío hace! 10 Entranse Marcela y Dorotea. Tor. El tuyo a mí me desplace. ¿Para qué viniste aquí, Cardenio, si te has de estar como una estatua sin lengua? 15 Allá voy, y no hago mengua. ¿Piensas que se te ha de entrar la ventura por la puerta, y arrojársete en la cama? Car. A mi hielo y a mi llama 20 ningún medio las concierta. Cuando de Marcela ausente algún breve espacio estoy, ardo de atrevido, y doy en pensar que soy valiente; 25 pero apenas me da el cielo lugar para a solas vella, cuando estoy, estando ante ella, frío mucho más que el hielo. Tor. Con ese hielo, no habrá 30 ostugo que nos alcance.
DE LA ENTRETENIDA p. 63 Muñ. Cierto que yo he echado un lance que a los ojos me saldrá, si a las espaldas no sale primero. ¡Oh viejo imprudente! Bien merecéis, inocente, 5 que se evapore y exhale el alma con el más chico temor que te sobresalte. Car. Cuando yo, Muñoz, os falte, cuando yo no os haga rico, 10 jamás del Perú me venga el mi esperado tesoro. Muñ. ¡Que no me vuelva yo moro, y que yo paciencia tenga para escuchar lo que escucho! 15 ¿Dónde está el oro, señores socarrones, embaidores? Tor. Muñoz, que ha de venir mucho. Muñ. ¿De qué Perú ha de venir, de qué México o qué Charcas? 20 Tor. Cuatro cofres y seis arcas puedes desde luego abrir para echar cuatro mil barras, y aun son pocas las que digo. Muñ. Tente; que Dios sea contigo; 25 Torrente, que te desgarras. Con el sastre y la bayeta estaría yo contento. Tor. Sastres pasarán de ciento. Muñ. La bayeta es la que aprieta 30 al deseo de tenella. Tor. Déjenme los dos aquí,
JORNADA SEGUNDA p. 64 que viene Cristina allí, y me importa hablar con ella. Vanse Muñoz y Cardenio. Entra Cristina. ¿Que es posible, flor y fruto 5 del árbol lindo de amor, que ha de andar por tu rigor siempre mi alma con luto? ¿Que es posible que un potente indiano no te remate, 10 ni que a tu dureza mate la blandura de Torrente? Entra Ocaña en calzas y en camisa, con un mandil delante, y con un harnero y una almohaza; entra puesto el dedo en la boca, con pasos tímidos, y 15 escóndese detrás de un tapiz, de modo que se le parezcan los pies no más. ¿Que es posible que no precies los montones de oro fino, y por un lacayo indino 20 un perulero desprecies? ¿Que no quieras ser llevada en hombros como cacique? ¿Que huyas de verte a pique de ser reina coronada? 25 ¿Que, por las faltas de España, que siempre suelen sobrar, no quieras ir a gozar del gran país de Cucaña?
DE LA ENTRETENIDA p. 65 ¿Que te tenga avasallada un lacayo de tal modo, que por él dejes el todo, y te acojas al no nada? ¿Que a un borracho te sujetes, 5 que cuela tan sin estorbos, que unos sorbos y otros sorbos son sus briznas y luquetes? ¡Oh mujeres, que tenéis condición de escarabajo! 10 Cris. Hablad, Torrente, más bajo, si por ventura podéis: que dicen que las paredes a veces tienen oídos. Tor. Los tuyos tienes tapidos 15 a la voz de mis mercedes. Deja aquese socarrón, que tu deshonra procura, y fabrica tu ventura con tu mucha discreción. 20 Cris. ¿Pues quiérole yo, mezquina, o, por ventura, hago caso yo de buzaque? Tor. Hablad paso; moderad la voz, Cristina, 25 que no sabéis quién os oye, y haced con prudencia diestra que la humilde suerte vuestra con la que tengo se apoye, y veréisos encumbrada 30 sobre el cerco de la luna. Cris. Esa próspera fortuna
JORNADA SEGUNDA p. 66 para mí no está guardada, que soy una pecadora inútil, una mozuela de mantellina y chinela, no buena para señora; 5 y más, estando abatida y murmurada de Ocaña. Tor. Muéveme ese llanto a saña; perderá Ocaña la vida. Cris. Con sólo media docena 10 de palos que tú le des, rendida vendré a tus pies. Tor. Blanda y moderada pena a tanta culpa le das; mejor fuera que la lengua 15 que se desmandó en tu mengua se le cortara, y aun más. Cris. Palos bastan; vete en paz. Tor. El cielo quede contigo. Cris. Procura hacer lo que digo, 20 secreto, astuto y sagaz. Entrase Torrente. ¡Ay Jesús! ¿Quién está aquí? ¿Qué pies son éstos, cuitada? Sale Ocaña. 25 Oca. Cacica en hombros llevada desde Lima a Potosí: yo soy; vesme aquí presente, hecho estafermo sufrible
DE LA ENTRETENIDA p. 67 a tu rencor tan terrible y a los palos de Torrente. Pocos son media docena; la piedad en ti florece: que mi culpa bien merece 5 cuatrodoblada la pena. Mas yo no tengo por culpa el amarte y avisarte que de aquello has de guardarte que te obligue a dar disculpa. 10 Cris. Por vida tuya, lacayo el más discreto de España, que todo ha sido maraña burlona y de alegre ensayo; porque pensaba avisarte 15 en viéndote. Oca. Una por una, tú estarás sobre la luna, sobre el sol y aun sobre Marte; yo, mísero apaleado, 20 tendido por ese suelo. Cris. Nunca tal permita el cielo. Oca. Tú misma me has condenado. Cris. Ya te he dicho la verdad: que burlaba; y esto baste. 25 Oca. ¿Pues por qué, di, le intimaste secreto y sagacidad? Cris. Porque, advirtiéndote a ti del caso, y estando alerta, fuese la burla más cierta 30 y más buena. Oca. Fuera así,
JORNADA SEGUNDA p. 68 cuando tú no confirmaras con lágrimas tu deseo. Cris. ¿Luego no me crees? Oca. Sí creo; mas reparo. 5 Cris. ¿En qué reparas? Oca. En las lágrimas, y en ver que no son burlas risueñas las que descubren por señas matar, rajar y hender. 10 Pero tú forja en tu fragua tus embustes, que yo espero que ha de ver el mundo entero el que lleva el gato al agua. Entra y dame la cebada, 15 o darásmela después; “¡rendida vendré a tus pies!” Cris. ¿Esa razón no te agrada? Pero él no verá cumplida tal promesa en vida suya. 20 Oca. ¿Tomara yo alguna tuya, puesto que fuera fingida? Cris. No seas tan ignorante; muestra, que yo volveré. Dale el harnero. 25 Con esto me quitaré dos importunos delante. Entrase Cristina. Oca. Que de un lacá la fuerza poderó, hecha a machamartí con el trabá, 30
DE LA ENTRETENIDA p. 69 de una fregó le rinda el estropá, es de los cie no vista maldició. Amor el ar en sus pulgares to, sacó una fle de su pulí carcá, encaró al co, y diome una flechá 5 que el alma to y el corazón me do. Así rendí, forzado estoy a cre cualquier mentí de aquesta helada pu, que blandamén me satisface y hie. ¡Oh de Cupí la antigua fuerza y du, 10 cuánto en el ros de una fregona pue, y más si la sopil se muestra cru! Fin de la segunda jornada.
JORNADA TERCERA p. 70 TERCERA JORNADA Entra don Antonio. D. An. En la sazón del erizado invierno, desnudo el árbol de su flor y fruto, cambia en un pardo desabrido luto 5 las esmeraldas del vestido tierno. Mas, aunque vuela el tiempo casi [eterno, vuelve a cobrar el general tributo, y al árbol seco, y de su humor enjuto, 10 halla con muestras de verdor interno. Torna el pasado tiempo al mismo [instante y punto que pasó: que no lo arrasa todo, pues templan su rigor los cielos. 15 Pero no le sucede así al amante, que habrá de perecer, si una vez pasa por él la infernal rabia de los celos. Entra don Francisco. D. Fr. Siempre han de herir los vientos, 20 amigo, en cualquier sazón los ayes de tu pasión, los ecos de tus lamentos. D. An. Si acaso quiero entonar alguna voz de alegría, 25 siento que la lengua mía se me pega al paladar. A mi angustia, a mi dolencia
DE LA ENTRETENIDA p. 71 no dan alivio los cielos: que no le tienen los celos, ni le consiente la ausencia. D. Fr. No hay extremo sin su medio, ni es eterna humana suerte; 5 sólo no tiene la muerte en la vida algún remedio. Naturaleza compuso la suerte de los mortales entre bienes y entre males, 10 como nos lo muestra el uso. Esta verdad sé bien yo, sin que en probarla porfíe: ayer lloraba el que hoy ríe, y hoy llora el que ayer rio. 15 D. An. ¡Oh, qué filósofo vienes, don Francisco! D. Fr. Yo confieso que lo soy por el progreso de tus males y tus bienes. 20 Dame los brazos y albricias. D. An. Los brazos veslos aquí, y las albricias de mí llevarás, si las codicias; pero yo no sé de qué 25 me las pides. D. Fr. Yo las pido de que el amor ha entendido los quilates de tu fe, y te la quiero premiar 30 con entregarte a Marcela. D. An. Sé que es burla, y llevaréla
JORNADA TERCERA p. 72 con tu gusto y mi pesar; pero no sé qué te mueve a hacer burla de un amigo tal como yo. D. Fr. Verdad digo, 5 y escucha, que seré breve. Su padre de Marcela... D. An. ¡Oh nombres cordialísimos de Marcela y su padre! D. Fr. Escucha; no seas tonto. 10 D. An. Escucho y soylo. D. Fr. Esta mañana, estando en misa en San Jerónimo, al salir de la iglesia me tomó por la mano. 15 D. An. ¡Oh dulce toque! D. Fr. ¿Qué toque dulce puede dar la mano de un viejo? Traslúceseme, amigo, que así estáis vos en vos, como en el 20 [cuento. D. An. ¿Luego no fue Marcela la que os tocó la mano? D. Fr. Que no, sino su padre. D. An. No entendí bien. Seguid, que estoy 25 [suspenso. D. Fr. Las pacíficas plantas de las olivas verdes fueron testigos ciertos de estas palabras que deciros quiero. 30 D. An. ¡Oh santísimos orbes de todas las esferas,
DE LA ENTRETENIDA p. 73 a quien inteligencias supernas rigen, mueven y gobiernan! Haced que estas razones en mi provecho sean; lleguen a mis oídos, 5 siquiera esta vez sola, alegres nuevas. D. Fr. ¡Por vida juro! ¡Muérdome la lengua! ¡Voto a Chito, que estoy por...! ¡Lleve el diablo a cuantos alfeñiques hay amantes! 10 ¡Que un hombre con sus barbas, y con su espada al lado, que puede alzar en peso un tercio de once arrobas de sardinas, llore, gima y se muestre 15 más manso y más humilde que un santo capuchino al desdén que le da su carilinda!... D. An. Paréntesis es éste que se lleva colgada 20 de cada razón suya mi alma aquí y allí. D. Fr. Pues otro queda. Pidióle a una fregona un amante alcorzado 25 le diese de su ama un palillo de dientes, y ofrecióle por él cuatro doblones; y la muchacha boba trájole de su amo, 30 que era viejo, y sin muelas, el palillo. El dio lo prometido,
JORNADA TERCERA p. 74 y, engastándole en oro, se lo colgó del cuello, cual si fuera reliquia de algún santo. Gemía ante él de hinojos, y al palo seco y suyo 5 plegarias enviaba que en su empresa dudosa le ayudase. ¿Y el otro presumido, que va a las embusteras del cedacillo y habas, 10 y da crédito firme a disparates? ¡Cuerpo del mundo todo! Descubra el hombre siempre tal valor y tal brío, que le muestren varón a todo trance. 15 No se ande con esferas, con globos y con máquinas de inteligencias puras; atienda, espere, escuche, advierta y [mire, 20 o lo que en daño suyo, o en su pro sus amigos quisieren descubrirle. D. An. Atiendo, espero, escucho, advierto y [miro. 25 D. Fr. Digo, pues, que don Pedro, el padre de Marcela, me dijo estas palabras... D. An. ¿Es mucho que te diga que apresures la comenzada plática, 30 de cuyo fin depende o mi vida o mi muerte?
DE LA ENTRETENIDA p. 75 D. Fr. Díjome, en fin... D. An. ¡Primero vendrá el mío! D. Fr. ¡Colérico, enfadoso está! D. An. ¡Cuerpo del mundo! 5 Acaba, don Francisco, que está pendiente el alma de tu boca. D. Fr. Dijo que yo sea parte, como que él nada entiende, que a Marcela, su hija, 10 se la demandes por mujer. D. An. ¿Qué escucho? ¿Búrlaste, amigo, o quieres con falsas esperanzas entretener las mías? 15 D. Fr. No burlo, juro a Dios; verdad te digo. D. An. Dame esos pies... D. Fr. Levanta. D. An. Y pídeme en albricias el alma, y te la diera, 20 si ya a Marcela dado no la hubiera. Mas dime, dulce amigo: ¿tocaste, por ventura, el cuerpo de don Pedro? ¿Viste si era fantasma o no? 25 D. Fr. Perdido estás de esa cabeza. D. An. ¿Que era don Pedro Osorio, el padre de Marcela? D. Fr. El mismo. 30 D. An. ¡El mismo! D. Fr. El mismo. ¿Qué es aquesto?
JORNADA TERCERA p. 76 D. An. A tanta desventura está el corazón hecho, que no puede dar crédito a las dichosas nuevas que le intimas; pero habrá de creerte, 5 en fe que tú las dices: que el buen amigo vemos que es pedazo del alma de su amigo. D. Fr. Busca a don Pedro Osorio, y pídele a su hija 10 por legítima esposa. D. An. ¿Dónde la tiene? D. Fr. En Santa Cruz la tiene; un monasterio santo que está puesto muy cerca 15 de Torrejón y Cubas, orden del rico capitán de pobres. D. An. ¿Qué le movió [a] llevarla a tanto encerramiento? D. Fr. No me metí en dibujos, 20 no le pregunté nada; sólo estuve atento a su demanda, y, con la ligereza posible, vine a darte la dulce que has oído alegre nueva. 25 Entran Marcela y Cristina. Mar. Llega, Cristina, y dile lo que quieres. Cris. Ocúpame el rostro la vergüenza, 30
DE LA ENTRETENIDA p. 77 y enmudece la lengua. Mar. ¡Qué melindres! Tomarte has con un toro y con un hombre armado, ¿y de mi hermano tiemblas? 5 D. An. Pues, hermana, ¿queréis alguna cosa? ¿Mandáis que os sirva en algo? Pedid a vuestro gusto, que estoy en ocasión de hacer 10 [mercedes. Mar. En nombre de Cristina, os pido deis licencia para que aquesta noche os hagan una fiesta los de casa: 15 Muñoz y Dorotea, Torrente con Ocaña. Cris. Y nuestro buen vecino el barbero también, y la barbera, que canta por el cielo 20 y baila por la tierra, con otro oficial suyo, nos tienen de ayudar; dígalo todo. Mar. Dígolo todo, y digo, hermano, que yo gusto 25 que esta fiesta se haga. D. An. Digo que soy contento, y doy licencia para que el cielo rompa en diferentes lenguas y en fiestas diferentes 30 las cataratas del placer, y salga a playa mi contento.
JORNADA TERCERA p. 78 D. Fr. Y aun, a ser necesario, haré yo mi figura. [D. An.] Y aun yo, que soy valiente recitante. Cris. Mil años, señor, vivas; mil regocijos buenos 5 el corazón te ocupen. Hacerme tengo rajas esta noche. D. An. El término decente de honestidad se guarde, Cristina. 10 Cris. ¡Bueno es eso! Bailaremos a fuer de palaciegos. D. An. Vamos, amigo. D. Fr. Vamos; aunque don Pedro ahora 15 no está en Madrid. D. An. ¿Pues dónde? D. Fr. A Santa Cruz es ido, y volverá mañana. D. An. Vamos a dar al cielo 20 gracias porque ha mirado mi buen celo. Entranse don Francisco y don Antonio. Mar. Mira, Cristina, que sea el baile y el entremés discreto, alegre y cortés, 25 sin que haya en él cosa fea. Cris. Hale compuesto Torrente y Muñoz, y es la maraña casi la mitad de Ocaña, que es un poeta valiente. 30 El baile te sé decir
DE LA ENTRETENIDA p. 79 que llegará a lo posible en ser dulce y apacible, pues tiene que ver y oír: que ha de ser baile cantado, al modo y uso moderno; 5 tiene de lo grave y tierno, de lo melifluo y flautado. Es lacayuno y pajil el entremés, y me admira de verle una tira mira 10 que tiene de fregonil. Mar. La fiesta será extremada. Cris. Basta que agradable sea. Mar. ¿Sabe el dicho Dorotea? Cris. Ninguno no ignora nada 15 de lo que a su parte toca. Dame, señora, lugar, que nos hemos de ensayar. Mar. Vamos. Cris. De gusto voy loca. 20 Entranse. Salen Torrente y Ocaña, cada uno con un garrote debajo del brazo. Tor. Señor Ocaña, a esta parte, que está más llano el camino. 25 Oca. Por esta vez, peregrino traidor, no pienso de honrarte con darte el lado derecho, porque he de tomar el tuyo. De esas ceremonias huyo, 30 lánguidas y sin provecho;
JORNADA TERCERA p. 80 adondequiera voy bien, al diestro o siniestro lado, y no quiero, acomodado, que otros lugares nos den del que me cupiere acaso, 5 y sé yo, señor Torrente, que tiene de lo imprudente hacer de estas cosas caso. Tor. ¿Es daga aquese garrote, señor Ocaña? 10 Oca. Es un palo que por martas lo señalo para ablandar un cogote. ¿Y es puñal aquese vuestro? Tor. Es una penca verduga 15 que las espaldas arruga del maldiciente más diestro. Oca. ¿Luego vais a castigar algún maldiciente? Tor. Sí. 20 Oca. Pues no pasemos de aquí, que yo también he de dar doce palos a un bellaco, socarrón, traidor, y miente. Tor. Si lo dices por Torrente, 25 daré destierro a este saco, y haré en calzas y en jubón, ya con el palo o sin él, que confieses ser tú aquel desmentido y socarrón. 30 Oca. Tente, Torrente; ¿estás loco?; ten tus cóleras a raya,
DE LA ENTRETENIDA p. 81 si quieres que yo me vaya en las mías poco a poco. ¿Han de fenecer aquí, por gustos de mozas viles, dos Héctores, dos Aquiles? 5 Tor. Mueran. ¿Qué se me da a mí? Oca. Vive Dios, que Cristinilla me mandó te apalease; a lo menos, te reglase la una y otra mejilla 10 con una navaja aguda: que es, si en ello mirar quieres, entre las crudas mujeres, la más insolente y cruda. Lo mismo a mí me mandó 15 que a ti. Tor. Sin duda, así es. Oca. ¿Y saldrá con su interés? Tor. Amigo Ocaña, eso no. Vivamos para beber, 20 pues para beber vivimos, y estos dijes y estos mimos con otros se han de entender de más tiernas intenciones y de más sufribles lomos; 25 no con nosotros, que somos malos sobre socarrones. Disimula; vesla allí donde viene; disimula. Oca. Esta es la más mala mula 30 que en mi vida rasqué o vi. Tor. Contemporicémosla;
JORNADA TERCERA p. 82 quizá mudará el rigor: que su mudanza en mejor se ha de poner en quizá. Entra Cristina. Cris. Apostaré que están hechos 5 pedazos mis dos amantes, que revientan de arrogantes y de coléricos pechos. Pero allí están sosegados más que en misa. ¿Cómo es esto? 10 Aún no se habrán descompuesto, que son rufos recatados. Tor. Señora Cristina mía. Cris. ¿Tuya? ¡Bueno! Tor. ¿Pues qué, no? 15 Cris. ¿Quién a ti a Cristina dio? Tor. El dinero y la porfía. Cris. ¿Qué dinero? Tor. Aquel que pienso darte en llegando la flota, 20 si no es que, de puro rota, da al mar el usado censo. Cris. ¿Tú no me das algo, Ocaña? Oca. Cristina, ¿yo no te he dado, como poeta rodado, 25 del entremés la maraña? ¿Hay día que no te cebe con dos cuartos y aun con tres? Cris. Si es que sale el entremés tal que mi señor le apruebe, 30 yo me daré por pagada
DE LA ENTRETENIDA p. 83 y satisfecha, que es más. Tor. Cristina, ¿no nos dirás, si es que el caso no te enfada, a cuál de los dos más quieres? Cris. Es injusta petición, 5 y aquesa declaración no la han de hacer las mujeres como yo; mas, si gustáis que por señas os lo diga, haré lo que a más me obliga 10 el amor que me mostráis. Muestra si traes un pañuelo, Ocaña. Oca. Sí traigo, y roto, y te le ofrezco devoto 15 con sano y humilde celo. Cris. Toma este mío, Torrente, y con esto he declarado lo que me habéis preguntado honesta y discretamente. 20 Y a Dios; y venid, que es hora de ensayar el entremés. Entrase Cristina. Tor. Si no te aclaras después, más confuso estoy ahora 25 que antes de hacer la pregunta. Oca. Pues yo me aplico la palma, que en mi provecho mi alma estas razones apunta: a ti dio, sin darle nada, 30 y, sin darme a mí, tomó;
JORNADA TERCERA p. 84 con el darte, te pagó; llevando, queda obligada al pago que recibió. Tor. A quien toman lo que tiene, dan muestra que se aborrece; 5 y en el dar, claro parece que más amor se contiene, pues con las dádivas crece. Oca. La verdad de esta cuestión quede a la mosquetería, 10 que tal hay que en él se cría el ingenio de un Platón. Estos capipardos son poetas casi los más, y tal vez alguno oirás 15 que a socapa dice cosas que parece, de curiosas, que las dicta Barrabás. Entranse Torrente y Ocaña. Salen don Antonio, don Francisco, Cardenio y Marcela, 20 y Muñoz. D. An. Quiera Dios que la fiesta corresponda al buen deseo de los recitantes. Muñ. Será maravillosa, porque danza nuestro vecino el barberito, ¡y cómo! 25 Asómase a la puerta del teatro Cristina, y dice: Cris. Pónganse todos bien, que ya salimos. Mar. ¿Han venido los músicos? Cris. Ya templan. Entrase Cristina. 30
DE LA ENTRETENIDA p. 85 Salen Ocaña y Torrente como lacayos embozados. Tor. Paréceme que vas algo dañado, Ocaña. Oca. Cuando voy de esta manera, va el jüicio en su punto. Tú no sabes 5 cómo el calor vinático despierta los espíritus muertos y dormidos. De suerte voy, que pelearé con ciento, sin volver el pie atrás una semínima. Car. No es muy mala la entrada. 10 Muñ. ¿Cómo mala? Digo que es la mejor cosa del mundo. Yo soy su medio autor. Tor. Ocaña, ¿es éste el zaguán de la fiesta? 15 Oca. No diviso: que tengo las lumbreras algo turbias. Adonde oyeres música, repara. Tor. Escucha, que aquí sale Cristina y Dorotea. 20 Oca. Cáigome de sueño. Salen Dorotea y Cristina como fregonas. Dor. Aquesta tarde, Cristinica amiga, pienso bailar hasta molerme el alma. Cris. Y yo hasta reventar he de brincarme. 25 ¡Cómo tarda Aguedilla, la del sastre! Dor. ¿Díjote que vendría? Cris. Y Julianilla, la del entallador, con Sabinica, que sirve a la beata en Cantarranas. 30
JORNADA TERCERA p. 86 Dor. Todas son bailadoras de lo fino. En fregando, vendrán. Cris. Como nosotras, que lo dejamos todo hecho de perlas. De la cena no curo: que mi amo 5 dos huevos frescos sorbe, y a Dios [gracias. Dor. El mío nunca cena: que es asmático, y con dos bocadillos de conserva que toma, se santigua y se va al lecho. 10 Cris. Y tu ama, ¿qué hace? ¿No se acuesta? Dor. No toméis menos; puesta de rodillas dentro de un oratorio, papa santos dos horas más allá de los maitines. Cris. También es mi señora una bendita, 15 y, por nuestra desgracia, ellas son [santas. Dor. ¿Pues no es mejor, amiga, que lo sean? Cris. No; ni con cien mil leguas. Si ellas [fueran 20 resbaladoras de carcaño, acaso tropezaran aquí, y allí rodaran; y, sabiendo nosotras sus melindres, tuviéramos la nuestra sobre el hito: ellas fueran las mozas, y nosotras 25 fuéramos las patronas a baqueta, como dice il toscano. Dor. Verdad dices: que el ama de quien sabe su criada tiernas fragilidades, no se atreve, 30 ni aun es bien que se atreva a darle [voces,
DE LA ENTRETENIDA p. 87 ni a reñir sus descuidos, temerosa que no salgan a plaza sus holguras. Cris. ¿Has visto qué calzado trae Lorenza, la que sirve al letrado boquituerto? ¿Quién se le dio, si sabes? 5 Dor. Un su primo donado, que es un santo. Cris. ¡Ay, Dorotea, cómo los canonizas! Dor. Oye, hermana, 10 que los músicos suenan, y el barbero, gran bailarín, es este que aquí sale. Muñ. ¡Vive el cielo!, que es cosa de los cielos el entremés. Oca. Aquel viejo me enfada; 15 que le he de dar pondré una bofetada. Entran los músicos y el barbero, danzando al son de este romance: [Mús.] De los danzantes la prima es este barbero nuestro, 20 en el compás acertado, y en las mudanzas ligero. Puede danzar ante el rey, y aqueso será lo menos, pues alas lleva en los pies, 25 y azogue dentro del cuerpo. Anda, aguija, salta y corre aquí y allí como un trueno, adóranle las fregonas, respétanle los mancebos. 30 Oca. Oiganme, pido atención;
JORNADA TERCERA p. 88 no gusto de estos paseos, de este dar coces al aire y puntapiés a los vientos. Toquen unas seguidillas, y entendámonos; y advierto 5 que se juegue limpiamente, y sepan que no me duermo. Muñ. ¿Hay tal Ocaña en el mundo? ¿Hay tal lacayo en el cielo? Bar. Alto, pues; vayan seguidas. 10 Cris. Sí, amigo, porque bailemos. Mús. “Madre, la mi madre, guardas me ponéis: que, si yo no me guardo, mal me guardaréis.” 15 Tor. Esto sí, ¡cuerpo del mundo!, que tiene de lo moderno, de lo dulce, de lo lindo, de lo agradable y lo tierno. Mús. “Dicen que está escrito, 20 y con gran razón, que es la privación causa de apetito. Crece en infinito encerrado amor; 25 por eso es mejor que no me encerréis: que si yo no me guardo...” Oca. Ya les he dicho que bailen a lo templado y honesto: 30 que no gusto que se beban de las niñas el aliento.
DE LA ENTRETENIDA p. 89 Bar. ¡Por vida del so lacayo, que nos deje, que aquí haremos lo que más nos diere gusto! Oca. Bailen; después nos veremos. Mús. “Es de tal manera 5 la fuerza amorosa, que a la más hermosa vuelve en quimera. El pecho de cera, de fuego la gana, 10 las manos de lana, de fieltro los pies: que si yo no me guardo, &c.” Tor. Tampoco a mí me contentan estas vueltas ni floreos: 15 que se requiebran bailando, pues son requiebros los quiebros. Mús. Señores lacayos, vayan y monden la haza, y déjennos. Oca. Musiquillo de mohatra, 20 canta y calla, que queremos estar aquí a tu pesar. Mús. Está bien dicho; cantemos. “Que tiene costumbre de ser amorosa, 25 como mariposa se va tras su lumbre, aunque muchedumbre de guardas le pongan, y aunque más propongan 30 de hacer lo que hacéis: que si yo no me guardo...”
JORNADA TERCERA p. 90 Tor. Varilla de volver tripas, no hagas tantos meneos; lagartija almidonada, baila a lo grave y compuesto. Dor. Bodegón con pies, camine, 5 que aquí no le conocemos; calle o pase, porque olisca a lacayo y a gallego. Muñ. Estas sí que son matracas, que tienen del caballero, 10 de lo ilustre y de lo lindo, de lo propio y lo risueño. Oca. Bailar quiero con Cristina. Tor. No con mi consentimiento. ¿No se acuerda el sor Ocaña 15 que a mí me dio su pañuelo, y que, en fe de ser su cuyo, sobre ella dominio tengo, y que los rayos del sol no la han de tocar, si puedo? 20 Oca. ¿Y no sabe el so Torrente que soy aquel que merezco bailar con un arzobispo, aunque sea el [de] Toledo? Car. ¿No pasa el baile adelante? 25 Oca. No; que ha de pasar primero de Ocaña la valentía, su venganza y su denuedo. Tor. ¡Ay, narices derribadas y tendidas por el suelo! 30 Pero toma esta respuesta; de Tarpeya mira Nero.
DE LA ENTRETENIDA p. 91 Muñ. Diole. ¡Mal haya la farsa y el autor suyo primero! Pero yo no di esta traza, ni escribí tal en mis versos. Bar. ¡Pasado de parte a parte 5 está el pobre Ocaña! Mar. ¡Ay, cielos! Bar. Yo les tomaré la sangre, que para esto soy barbero. Dor. ¡Mi señora se desmaya! 10 D. An. Yo tengo la culpa de esto, pues que sabía que Ocaña es buzaque en todo tiempo. Bar. ¡Paños, estopas, aguijen, tráiganme claras de huevos! 15 Car. ¡Huye, traidor enemigo; huye, traidor, que le has muerto! Tor. Mire si halla mis narices, porque sin ellas no pienso salir un paso de casa. 20 Car. ¡Sal, que le has muerto! Tor. ¡No quiero! Dor. ¡Ay, sin ventura señora! D. An. Las dos llevadla allá dentro. Miren quién llama a esa puerta. 25 ¡Y la rompen! ¿Qué es aquesto? D. Fr. Yo pondré que es la justicia, que a los llantos lastimeros de estas muchachas acude. Cris. Aqueso tengo yo bueno: 30 que no lloraré una lágrima si viese a mi padre muerto;
JORNADA TERCERA p. 92 y más viéndome vengada de estos dos amantes ciegos, importunos, maldicientes, socarrones, sacrílegos, pobres, sobre todo, y ruines: 5 ¡mirad qué extremos extremos! Entran un alguacil y un corchete. Alg. ¿Qué guitarra es aquésta? Cor. Aquí hay sangre. ¿Qué es aquesto? Tor. Yo soy, que estoy sin narices. 10 Oca. Y yo, que estoy casi muerto. Alg. No se me vaya ninguno; cierren esas puertas luego. Muñ. De aquí habremos de ir... Dor. ¿Adónde? 15 Muñ. A la cárcel, por lo menos. D. An. ¿No la habéis echado el agua? Dor. Ya vuelve en sí. Cor. ¿Qué haremos? ¿Han de ir a la cárcel todos? 20 Alg. El caso sabré primero. Tor. ¡Que tengo de ir a Turpia! Oca. ¡Que esté tan cerca mi entierro! ¡Mete la tienta, cuitado, con más blandura y más tiento! 25 Bar. Más de dos palmos le cuela. Oca. Si yo cuatro azumbres cuelo, no es bien se mire conmigo en dos varas más o menos. Cor. Veamos estas narices. 30 Tor. Paso, detente, reniego
DE LA ENTRETENIDA p. 93 de tus pies y de tus patas; que las pisas, y tendremos que enderezarlas si acaso quedan chatas. Cor. Yo no veo 5 en el suelo tus narices. Tor. Verdad, porque aquí las tengo. Muñ. ¡Milagro, milagro, y grande! Oca. Tú, compasivo barbero, por lo hueco de una bota 10 entraste la tienta a tiento. D. An. ¿Luego todo esto es fingido? Oca. Sí, señor. D. An. ¡Por Dios del cielo!, que estoy por hacer que salga 15 lo que es fingido por cierto. ¡Desnudar, donde hay mujeres, espadas! Tor. ¡Ah, señor bueno, qué mal sientes de sus bríos! 20 D. An. Digo que sois majadero. Alg. ¿Luego todo aquesto es burla? Oca. Todo aquesto es burla luego; pero después serán veras. Car. ¡Qué buen relente tenemos! 25 D. Fr. El picón, por Dios bendito, que ha sido de los más buenos que he visto hacer en mi vida. Dor. ¿Bailaremos más? Cris. Bailemos. 30 Mar. No, porque aún no estoy en mí del sobresalto, y deseo
JORNADA TERCERA p. 94 reparar(e) el accidente, que me ha puesto en recio extremo. D. An. Entraos, hermana. Mar. Venid conmigo vosotras. 5 Tor. Demos sobresaltado remate al principio de sosiego. Entranse Cristina, Marcela y Dorotea. Alg. De que todo sea comedia, 10 y no tragedia, me alegro, y así, a mi ronda, señores, con vuestra licencia, vuelvo. Entranse el alguacil y el corchete. Car. Ocaña y Torrente, digo 15 que el asunto fue discreto del picón, y que se hizo con propiedad en extremo. Muñ. El principio todo es mío; pero no lo fue el progreso: 20 el perulero y Ocaña tienen el diablo en el cuerpo. Oca. Miren la herida por quien metió la tienta el barbero, que mientras es más profunda, 25 más vida y bien me prometo. Enseña una bota de vino. Tor. Preguntar quiero otra vez, mis señores mosqueteros,
DE LA ENTRETENIDA p. 95 quién ha de llevar la gala de los trocados pañuelos. Pensadlo para otra vez, que en este sitio saldremos con preguntas más agudas, 5 con entremeses más buenos. Y advertid que soy Torrente, perulero por lo menos, y os daré selvas de plata y mil montes de oro llenos. 10 Oca. Hermanos, yo soy Ocaña, lacayo, mas no gallego; sé brindar y sé gastar con amigos cuanto tengo. Entranse todos. 15 Entran don Silvestre de Almendárez, el verdadero, con una gran cadena de oro, o que le parezca, y Clavijo, su compañero. D. Sil. Si no llega al retrato su hermosura, y de ella ha declinado alguna parte, 20 podrá buscar en otra su ventura. Cla. Señor, lo que yo puedo aconsejarte, es que procures que la vista sea la que de esta verdad ha de informarte; y si tu prima acaso fuere fea, 25 no faltarán excusas con que impidas el lazo que se teme y se desea: que, a darle el matrimonio por dos [vidas, las glorias que no diera la primera, 30 fueran en la segunda prevenidas.
JORNADA TERCERA p. 96 Un nudo solo dado a la ligera, aprieta, estrecha y liga de tal suerte, que dura hasta la hora postrimera. No fue de Gordïano el lazo fuerte tan duro de romper como este ñudo, 5 que sólo se desata con la muerte. Mancebo eres, pero muy sesudo, y así, de que has de hacer como [discreto tan confiado estoy, que en nada dudo. 10 D. Sil. De seguir tus consejos te prometo. Esta es buena coyuntura, porque imagino que es ésta mi prima. Cla. Como es hoy fiesta, 15 saldrá a misa. D. Sil. ¡Gran ventura! De mi primo ésta es la casa. Ella es; no hay que dudar. Cla. Toda la puedes mirar, 20 si es que descubierta pasa. Salen Marcela y Dorotea con mantos, y detrás Quiñones con una almohada de terciopelo, y Muñoz, que lleva a Marcela de la mano. Mar. Delantero cargó Ocaña, 25 Muñoz, en el entremés. Muñ. ¿No sabes, señora, que es el mayor cuero de España? Mar. Desenvainar las espadas, me dio pena. 30 Muñ. Aquellas monas
DE LA ENTRETENIDA p. 97 nunca las sacan tizonas, porque todas son coladas. Embebe como esponja vino Ocaña, y aun Torrente bebe como hombre valiente, 5 sin melindre y sin lisonja. Mar. ¿Don Silvestre queda en casa? Dor. Sí, señora; y acostado. Mar. Mi primo es tan regalado, que ya de lo honesto pasa. 10 ¿Traes, Dorotea, las horas? Dor. Sí, señora. Muñ. El corazón me dice que hoy el sermón tiene de durar tres horas. 15 Al pasar don Silvestre y Clavijo, hacen a Marcela una gran reverencia, y ella, ni más ni menos. Pero yo le oiré de modo que fastidio no me pille. Mar. ¿Luego no pensáis oílle? 20 Muñ. Alguna parte, no todo. Entranse Marcela, Muñoz, Dorotea y Quiñones. D. Sil. Esta es Marcela, mi prima, y el retrato le parece. Cla. Por cierto que ella merece 25 ser tenida por la prima de hermosura y gentileza, y estaría en perfección grande, si su discreción llega donde su belleza. 30
JORNADA TERCERA p. 98 D. Sil. Primo y don Silvestre dijo, y que quedaba acostado, y que era muy regalado: ¿qué infieres de esto, Clavijo? Cla. De lo que pueda inferir, 5 ingenio no se resuelve; mas el escudero vuelve, que nos lo podrá decir. Vuelve Muñoz. Muñ. Viejo en pie, largo sermón, 10 temblores de puro frío, y el estómago vacío, no llaman la devoción. Aquí, al sol estaré, en tanto que se quiebra la cabeza 15 este fraile, rica pieza, que todos tienen por santo. Cla. Díganos, señor galán: ¿quién es aquesta señora que entró de la mano ahora? 20 Muñ. ¿Adónde? Cla. En San Sebastián. Muñ. Es Marcela de Almendárez, doncella la más garrida que vive en toda la corte, 25 más honesta y recogida. Es su hermano don Antonio de Almendárez. Tiene en Indias un hermano de su padre, rico a las mil maravillas, 30 un hijo del cual en casa
DE LA ENTRETENIDA p. 99 se huelga a pierna tendida, esperando si de Roma el Padre Santo le envía licencia para casarse con Marcela, que es su prima. 5 D. Sil. ¿Y llámase? Muñ. Don Silvestre de Almendárez, y es de Lima, y a nuestra casa llegó, puedo decir, en camisa, 10 porque en una gran tormenta echó al mar dos mil valijas llenas de tejuelos de oro finísimo y plata fina, y entre ellas fue mi bayeta, 15 que fue oída y no fue vista. Cla. ¡Válgame Dios! ¡Grave caso! Muñ. Este que viene podría contaros el caso grave con más luenga narrativa: 20 que se halló presente a todo, con gran dolor de su anima. D. Sil. Ánima, querréis decir. Muñ. No me importa a mí una guinda pronunciar con dinguindujes. 25 Entra Torrente. Tor. Muñoz, ¿en qué está la misa? Muñ. En el misal; ahora empieza. Tor. ¿Pasó por aquí Cristina? Muñ. Entre la cruz creo que andáis, 30 Torrente, y la agua bendita.
JORNADA TERCERA p. 100 Bastan las de vuestros ojos, sin buscar ajenas niñas: que es Ocaña apitonado, y sabe mucho de esgrima. Tor. En este caso y en otros, 5 ¿mondo yo, por dicha, níspolas? Y, cuando no, su cabeza tiene de guardar la mía. Entra un cartero de estos que andan por la corte dando las cartas del correo. 10 Cart. ¿Don Antonio de Almendárez, saben dónde vive, a dicha, señores? Muñ. Hombre de bien, a la vuelta, en una esquina. 15 ¿Son de Roma? Cart. Sí, señor. Muñ. La dispensación sería que aguarda el gran peregrino y la en beldad peregrina. 20 ¿Cuánto es el porte? Cart. Un escudo. Muñ. Hoste puto, vaya y diga al mayordomo de casa que le pague y la reciba. 25 Entrase el cartero. Tor. Ahora sí que tendremos gusto abierto y rica jira, regodeos hasta el tope, lautas y limpias comidas. 30
DE LA ENTRETENIDA p. 101 Mudaremos este pelo de sayal con cebellinas martas. Muñ. Procurad que sean ajunas, que sean más finas. 5 Con tantos gustos, sin duda que olvidaréis la tormenta que pasasteis, que, a mi cuenta, debió ser en la Bermuda: que siempre en aquel paraje 10 hay huracanes malignos. Tor. Tanto, que de peregrinos hicimos pleito homenaje yo y mi señor don Silvestre; mas yo tengo por lunático 15 quien sube en caballo acuático, cuando le tiene terrestre. A la sorda y a la muda íbamos muy sin placer, cuando llegamos a ver 20 la venta de la Barbuda; pero tenía cerradas las puertas, si viene a mano, y no hay fiarse cristiano de viejas que son barbadas. 25 D. Sil. Y la canal de Bahama, ¿pasóse sin detrimento? Tor. Otra canal yo no siento que aquésta por do derrama sus dulces licores Baco. 30 Cla. ¿Dónde se alijó el navío? Tor. No le alijó el señor mío,
JORNADA TERCERA p. 102 que le tuvo por bellaco; y más, que espera tener hijos en su prima hermosa. Muñ. La respuesta, aunque graciosa, nos ha de echar a perder. 5 D. Sil. ¿En el golfo de las Yeguas sería el trance crüel? Tor. Creo que pasamos de él desviados cuatro leguas. Cla. ¿Y dónde se tomó tierra? 10 Tor. En el suelo. D. Sil. Dice bien. Muñ. Vuestras mercedes nos den licencia. D. Sil. Donaire encierra 15 el peregrino, en verdad: que, si aspirara a piloto, que yo le diera mi voto con poca dificultad, porque describe los puertos 20 y los golfos bravamente. Muñ. Es estimado Torrente de los pilotos más ciertos que encierra Guadalcanal, Alanís, Jerez, Cazalla. 25 Tor. Baco en sus Indias se halla, pasando por mi canal. Muñ. Si la plática no atajo en ocasión oportuna, vos os veis, sin duda alguna, 30 Torrente amigo, en trabajo. Entranse Torrente y Muñoz.
DE LA ENTRETENIDA p. 103 Salen don Antonio, don Francisco y don Ambrosio: trae un papel en la mano. D. Am. Si de esto albricias no dais, o esta verdad no creéis, ni de mi mal os doléis, 5 ni de mi bien os holgáis. Tras la noche triste mía, amarga, lóbrega, oscura, hizo salir la ventura claro sol y alegre día. 10 Por las levantadas cumbres de imposibles que temí, mi luz clara salir vi llena de piadosas lumbres que como nortes me guían 15 al puerto con dulces modos, y de los peligros todos del mar de amor me desvían. Ya Marcela ha parecido, y con esa letra y firma 20 todos mis bienes confirma; ya, cual veis, soy su marido. D. An. ¿Sabéis vos que ésta es su mano y firma? D. Am. Sin duda alguna. 25 D. An. Con tan próspera fortuna, bien es que os mostréis ufano; pero de su padre sé que la casa en otra parte. D. Am. El ni nadie será parte 30 a que se rompa la fe
JORNADA TERCERA p. 104 que con sangre viene escrita en ese papel que veis. D. An. Haga amor que la gocéis luengo tiempo en paz bendita. Tomad, y hágaos buen provecho 5 vuestra ventura extremada. D. Fr. La mujer determinada pone a todo trance el pecho. Pero veis aquí do viene el padre de vuestra esposa. 10 D. Am. Esperarle aquí, no es cosa que a mis designios conviene. Entra el padre de Marcela, y vase Ambrosio, y entra también Ocaña. Pad. Como fue demanda honesta 15 la que os hice, vengo a ver si vino a corresponder con mi intención la respuesta, que ya en público la pido: que no quiero que rodeos 20 encubran que mis deseos no son de padre advertido. Daré al señor don Antonio... de este modo lo diré: mi alma, pues le daré 25 a mi hija en matrimonio. En ella le daré esposa bien nacida, cual se sabe, y aun extremo adonde cabe el mayor de ser hermosa; 30 una niña a quien apenas
DE LA ENTRETENIDA p. 105 el sol ni el viento han tocado; un armiño aprisionado con religiosas cadenas; una que son sus cuidados de simple y tierna doncella; 5 y ofrezco en dote con ella de renta dos mil ducados. D. An. Con mucho gusto, señor don Pedro Osorio, hiciera lo que tan bien me estuviera, 10 mirando a vuestro valor; mas la señora Marcela ha ganado por la mano a vuestro intento tan sano, que en honrarla se desvela: 15 ella se ha escogido esposo, que es el que salió de aquí. Pad. ¿Mi hija Marcela? D. Fr. Sí. Pad. Padre triste, viejo astroso, 20 ¿qué escuchas? ¿Cómo es aquesto? D. Fr. Una cédula le ha dado de su mano, donde ha echado de lo que es amor el resto. Pad. ¿Será falsa? 25 D. Fr. Podría ser; pero imagino que no. Pad. ¿Pues para qué os la mostró? D. An. Turba el sentido el placer. [Pad.] Primero que él la vea, 30 primero que él la toque, primero que la goce,
JORNADA TERCERA p. 106 ha de perder la vida, o yo la mía. ¡Que venga un embustero, con sus manos lavadas, y no limpias por esto, y el alma os robe y saque de las 5 [carnes!... Mitades son del alma los hijos; mas las hijas son mitad más entera, por cuyo honor el padre ha de ser lince. 10 Oca. Por Cristo benditísimo, que la razón le sobra por cima los tejados a este pobre señor, de quien me duelo. ¡Que aquestos pisaverdes, 15 aquestos tiquimiquis de encrespados copetes, se anden a pescar bobas con [embustes!... D. An. Majadero, ¿qué es esto? 20 Oca. Yo callo y me arrepiento de lo dicho. D. An. Mostrenco, ¿de cuándo acá os metéis vos en [docena? 25 Oca. ¡Que no pueda hacer baza yo con este mi amo, y, si a las discreciones jugamos, quince y falta puedo darle!... Pad. No os quiero pedir nada, 30 ni es razón que os la pida, hijo, que, si lo fuérades,
DE LA ENTRETENIDA p. 107 remozara mis canas y mis días. ¡Hijas inobedientes, que al curso de los años anticipáis el gusto, destrúyaos Dios, los cielos os maldigan! 5 Entrase el padre. D. An. ¡Mi gozo está en el pozo! D. Fr. ¿Y si es falsa la cédula? D. An. Aunque lo sea, amigo, ya el honor titubea de Marcela. 10 Cuanto más, que se sabe que es bueno don Ambrosio, y no levantaría tan grande testimonio. D. Fr. Así lo creo. 15 D. An. Doncella de escritorios, de públicas audiencias, de pruebas y testigos, no es para mí. Oca. ¡Sentencia aristotélica! 20 Entran Torrente y Cardenio. Tor. ¿A cuándo, cuitado, aguardas? ¿Qué diligencias has hecho que te sean de provecho? ¿A qué esperas? ¿A qué tardas? 25 Lugar tienes y ocasión para rogar y fingir. Car. Yo tengo para morir, no para hablar, corazón. Tor. Tu silencio ha de ser causa 30
JORNADA TERCERA p. 108 de toda tu desventura. Car. Su honestidad y hermosura ponen en mi intento pausa. Al cabo habré de morir callando. 5 Tor. ¡Qué simple amante! Car. Medroso, mas no ignorante. Tor. Todo lo puedes decir. Entran Marcela, Dorotea, Muñoz y Cristina y Quiñones. 10 Mar. La torpeza en vos se halla; caminad, que os valga Dios. Oca. Uno a uno, dos a dos, juntado se ha gran batalla. Entran Silvestre y Clavijo. 15 D. Sil. ¿Un don Silvestre está aquí que tiene por sobrenombre Almendárez? Car. Gentilhombre, yo soy. ¿Qué queréis de mí? 20 D. Sil. Dadme, señor, vuestros pies, que soy grande servidor de vuestro padre. Car. Señor, cortés, mas no tan cortés. 25 D. Sil. Diez mil pesos ensayados, con vos, me escribe mi padre, me envía, y tres mil mi madre. Tor. Pesos serán bien pesados. Catorce mil se tragó 30
DE LA ENTRETENIDA p. 109 el mar, como soy testigo. D. Sil. Trece mil son los que digo. Tor. Catorce mil digo yo. Car. Es verdad; yo recibí, señor, todo ese dinero; 5 pero el mar... Cla. Aquí no hay pero. D. Sil. Yo responderé por mí; callad vos. También me envía de vuestra prima un retrato. 10 Tor. Sorbiósele el mar ingrato, sin guardarle cortesía. Pensamos que se amansara tocándole su figura, y por respeto y mesura 15 en su lecho se acostara; pero fue tan mal mirado, que alzó montes sobre montes, y escondió los horizontes y aun la faz del sol dorado. 20 Mar. No era reliquia el retrato. Cla. No; pero si él le arrojara con devoción, se mostrara manso el mar y el cielo grato. Tor. Todo esto en la memoria 25 no está, Muñoz, que nos diste, y si nos caen en el chiste, nuestra desdicha es notoria. D. Sil. ¿Vuestra merced tiene acaso otro hermano? 30 Car. Sí, señor. Muñ. No, señor. ¡Oh grande error!
JORNADA TERCERA p. 110 ¡Mil sustos de muerte paso! Cla. ¿Cómo se llama? Tor. Don Juan de Almendárez. D. Sil. ¿Qué edad tiene? 5 Tor. Aquella que le conviene. Oca. Examinándoles van, y yo no sé para qué. D. Sil. ¿Tocaron en la Bermuda? Tor. Ya he dicho de esa Barbuda 10 otra vez lo que yo sé. D. Sil. No ingenio, mas ignorancia, es fabricar la maldad, de quien está la verdad no dos dedos de distancia. 15 Yo soy, señor don Antonio, vuestro primo verdadero, y de ser éste embustero darán claro testimonio mis papeles y el retrato 20 de mi señora Marcela. Muñ. ¡El alma se me rebela! ¡Si hoy no me muero, me mato! D. Sil. Dadme, señora, esos pies por vuestro primo y esposo. 25 D. Fr. ¡Este es caso prodigioso! Mar. Cortés, mas no tan cortés. Tor. Tres días ha, desventurado, que, por no querer hablar, te has de ver, a bien librar, 30 en galeras y azotado. Embistiérasla, malino,
DE LA ENTRETENIDA p. 111 y no aguardaras a verte en la desdichada suerte y en el traje peregrino. D. Fr. ¿Quién eres? Car. Un estudiante. 5 Tor. Y yo su capigorrón, que tengo de socarrón harto más que de ignorante. Car. Solicitóme el amor a entrar en esta conquista 10 a la sombra de una lista... Tor. Que la escribió este traidor de Muñoz. Muñ. ¡Dios sea conmigo! ¡Llegó de Muñoz el fin! 15 D. An. ¡Ah, escudero viejo y ruin! Oca. Eso pido y eso digo. Car. Estos soles sobrehumanos, por quien mi mal crece y mengua, pusieron freno a mi lengua, 20 como esposas a mis manos. En los rayos de sus ojos se despuntaban los míos, y nunca mis desvaríos llegaron a darla enojos. 25 Si me queréis castigar, primero advertid, señores, que los yerros por amores son dignos de perdonar. D. An. En albricias, el perdón 30 te diera; mas ten aviso, que el Pontífice no quiso
JORNADA TERCERA p. 112 conceder dispensación entre mi primo y mi hermana. Mar. Casamientos de parientes tienen mil inconvenientes. Cla. El favor todo lo allana. 5 Yo iré a Roma, y la traeré. D. Sil. Yo, aunque primo verdadero, ni quedarme en casa quiero, ni poner en ella el pie: que la honra de mi prima 10 ha de ir contino adelante, sin que haya otro estudiante que la asombre o que la oprima. Cris. ¿No ha de haber un casamiento en esta casa jamás? 15 Oca. Tú, Cristina, le harás, si te ajustas a mi intento. Cris. Yo me ajusto al de Quiñones. Qui. Pues yo no me ajusto al tuyo. Cris. ¿Tú, para no ser mi cuyo, 20 hallas razón? Qui. Y razones. Cris. Ocaña, si me deseas, vesme aquí. Oca. No es mi linaje 25 tal, que lo que arroja un paje escoja yo, ni tal creas. Tor. A no estar temiendo aquí la penca de algún verdugo, ese arrojado mendrugo 30 le tomara para mí. Cris. ¡Malos años y mal mes!
DE LA ENTRETENIDA p. 113 Tor. Acordársete debía, facinorosa arpía, del pañuelo y entremés. Mar. Con licencia de mi hermano y de mi primo, yo quiero 5 sentenciar al escudero y al gran embustero indiano. Trocará la mano el juego a cuyas leyes me arrimo: quedarse ha en casa mi primo, 10 y él se salga de ella luego. Lleve su vergüenza a cuestas, que es la venganza mayor que puede tomar amor de invenciones como aquéstas. 15 A Muñoz le doy la pena que da el arrepentimiento y el destierro. Muñ. Yo bien siento ser ángel el que condena. 20 Mi alma no se alboroza con sentencia que es tan pía, pues ve que yo merecía azotes, si no coroza. Oca. Bien haya la lacayuna 25 humilde y valiente raza, pues que traiciones no traza para subir su fortuna. Junto a la caballeriza, y al olor de su caballo, 30 con sus brindez, siento y hallo que sus gustos solemniza.
JORNADA TERCERA p. 114 Cris. De Quiñones desechada, y de Ocaña no escogida, aún no he de quedar perdida, porque espero ser ganada. Hace quien se desespera 5 un grandísimo pecado, y es refrán muy bien pensado que tal vendrá que tal quiera. Dor. Yo sola soy sin ventura. Es tan corto el hado mío, 10 que no ha alcanzado mi brío lo que impide la hermosura. Nunca he sido requebrada, ni sé amor a lo que sabe; mas esto y mucho más cabe 15 en la ventura quebrada. Tor. Siento en aqueste desastre sólo el perder a Cristina. Muñ. Camina, Muñoz, camina, pobre, sin bayeta y sastre. 20 Entrase. Dor. Sin Marcela, don Antonio, se entra amargo el corazón. Entrase. D. Sil. Y yo sin dispensación. 25 Entrase. Cris. Cristina sin matrimonio. Entrase.
DE LA ENTRETENIDA p. 115 Cla. Yo seguiré de mi amigo los pasos, medio contento. Entrase. D. Fr. Yo alabaré el pensamiento de don Antonio, a quien sigo. 5 Entrase. Mar. Yo quedaré en mi entereza, no procurando imposibles, sino casos convenibles a nuestra naturaleza. 10 Entrase. Oca. Esto en este cuento pasa: los unos por no querer, los otros por no poder, al fin ninguno se casa. 15 De esta verdad conocida pido me den testimonio: que acaba sin matrimonio la comedia entretenida. Entrase. 20 Fin de la comedia.
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DE PEDRO DE URDEMALAS p. 117 COMEDIA FAMOSA DE PEDRO DE URDEMALAS Los que hablan en ella son los siguientes: Pedro de Urdemalas. Una viuda labradora. Clemente, zagal. Un labrador, que la 5 Clemencia y Benita, lleva de la mano. zagalas. Un ciego. Crespo, alcalde, padre El rey. de Clemencia. Silerio. Sancho Macho y Diego Un criado del rey. 10 Tarugo, regidores. Un alguacil. Lagartija y Hornachuelos, La reina. labradores. Mostrenco. Redondo, escribano. Marcelo, caballero. Pascual. Dos representantes, 15 Un sacristán. con su autor. Maldonado, conde de Un labrador. gitanos. Otros tres farsantes. Músicos. Alguacil de comedias. Inés y Belica, gitanas. 20
JORNADA PRIMERA p. 118 JORNADA PRIMERA Entran Pedro de Urdemalas en hábito de mozo de labrador, y Clemente como zagal. Cle. De tu ingenio, Pedro amigo, y nuestra amistad se puede 5 fiar más de lo que digo, porque él al mayor excede, y de ella el mundo es testigo; así, que es de calidad tu ingenio y nuestra amistad, 10 que, sin buscar otro medio, en ambos pongo el remedio de toda mi enfermedad. Esa hija de tu amo, la que se llama Clemencia, 15 a quien yo justicia llamo, la que huye mi presencia, cual del cazador el gamo; ésa, a quien naturaleza dio el extremo de belleza 20 que has visto, me tiene tal, que llega al punto mi mal do llega el de su lindeza. Cuando pensé que ya estaba algo crédula al cuidado 25 que en mis ansias le mostraba, yo no sé quién la ha trocado de cordera en tigre brava,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 119 ni sé yo por qué mentiras sus mansedumbres en iras ha vuelto, ni sé, ¡oh amor!, por qué con tanto rigor contra mí tus flechas tiras. 5 Ped. Bobear; dime, en efeto, lo que quieres. Cle. Pedro hermano, que me libres de este aprieto con algún consejo sano 10 o ayuda de hombre discreto. Ped. ¿Han llegado tus deseos a más que dulces floreos, o has tocado en el lugar donde amor suele fundar 15 el centro de sus empleos? Cle. Pues sabes que soy pastor, entona más bajo el punto, habla con menos primor. Ped. Que si eres, te pregunto, 20 Amadís o Galaor. Cle. No soy sino Antón Clemente, y andas, Pedro, impertinente en hablar por tal camino. Ped. Pan por pan, vino por vino, 25 se ha de hablar con esta gente. ¿Haste visto con Clemencia a solas o en parte oscura, donde ella te dio licencia de alguna desenvoltura 30 que encargase la conciencia? Cle. Pedro, el cielo me confunda,
JORNADA PRIMERA p. 120 y la tierra aquí me hunda, y el aire jamás me aliente, si no es un amor decente en quien el mío se funda. Del padre el rico caudal 5 el mío pobre desprecia por no ser al suyo igual, y entiendo que sólo precia el de Llorente y Pascual, que son ricos, y es razón 10 que se lleve el corazón tras sí de cualquier mujer, no el querer, sino el tener del oro la posesión. Y, además de esto, Clemencia 15 a mi amor no corresponde, por no sé qué impertinencia que le han dicho, y así esconde de mis ojos su presencia; y si tú, Pedro, no haces 20 de nuestras riñas las paces, ya por perdido me cuento. Ped. O no tendré entendimiento, o he de trazar tus solaces. Si sale, como imagino, 25 hoy mi amo por alcalde, te digo, como adivino, que hoy no te trajo de balde a hablar conmigo el destino. Tú verás cómo te entrego 30 en holganza y en sosiego el bien que interés te veda,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 121 y que al dártele preceda promesa, dádiva y ruego. Y, en tanto que esto se traza, vuelve los ojos y mira los lazos con que te enlaza 5 amor, y por quien suspira Febo, que allí se disfraza; mira a los rubios cabellos de Clemencia, y mira entre ellos al lascivo amor jugando, 10 y cómo se va admirando por ver que se mira en ellos. Benita viene con ella, su prima, cual si viniese con el sol alguna estrella 15 que no menos luz nos diese que el mismo sol: tal es ella. Clemente, ten advertencia que, si llega aquí Clemencia, te le humilles; yo a Benita, 20 como a una cosa bendita, le pienso hacer reverencia. Dile con lengua curiosa cosas de que no disguste, y ten por cierta una cosa: 25 que no hay mujer que no guste de oírse llamar hermosa. Liberal de esta moneda te muestra; no tengas queda la lengua en sus alabanzas; 30 verás volver las mudanzas de la variable rueda.
JORNADA PRIMERA p. 122 Entran Clemencia y Benita, zagalas, con sus cantarillas, como que van a la fuente. Ben. ¿Por qué te vuelves, Clemencia? Clem. ¿Por qué me vuelvo, Benita? Por no verme en la presencia 5 de quien la salud me quita y me da mortal dolencia; por no ver a un insolente que tiene bien diferente de la condición el nombre. 10 Ben. Apostaré que es el hombre por quien lo dices Clemente. Cle. ¿Soy basilisco, pastora, o soy alguna fantasma que se aparece a deshora, 15 con que el sentido se pasma y el ánimo se empeora? Clem. No eres sino un parlero, adulador, lisonjero y, sin porqué, jactancioso, 20 en verdades mentiroso y en mentiras verdadero. ¿Cuándo te he dado yo prenda que de mi amor te asegure tanto, que claro se entienda 25 que, aunque el amor me procure, no hayas temor que te ofenda? Esto dijiste a Jacinta, y le mostraste una cinta encarnada que te di; 30 y en tu rostro se ve aquí aquesta verdad distinta.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 123 Cle. Clemencia, si yo he dicho cosa alguna que no vaya a servirte encaminada, venga de la más próspera fortuna a la más abatida y desastrada; si siempre sobre el cerco de la luna 5 no has sido por mi lengua levantada, cuando quiera decirte mi querella, mudo silencio el cielo infunda en ella; si mostré tal, la fe en que yo pensaba, por la ley amorosa, de salvarme, 10 cuando a la vida el término se acaba, por ella entonces venga a condenarme; si dije tal, jamás halle en su aljaba flechas de plomo amor con que tirarme, si no es a ti, y a mí con las doradas, 15 a helarte y abrasarme encaminadas. Ped. Clemencia, tu padre viene, y con la vara de alcalde. Clem. No la ha alcanzado de balde: que su salmorejo tiene. 20 Hermano Clemente, a Dios. Cle. ¿Pues cómo quedamos? Clem. Bien. Benita, si quieres, ven. Ben. Sí, pues venimos las dos. 25 Entrase Benita y Clemencia. Ped. Vete en buen hora, Clemente, y quédese el cargo a mí de lo que he de hacer por ti. Cle. A Dios, pues. 30 Ped. El te contente.
JORNADA PRIMERA p. 124 Salen Martín Crespo, alcalde, padre de Clemencia, y Sancho Macho y Diego Tarugo, regidores. Tar. Plácenos, Martín Crespo, del suceso. Desechéisla por otra de brocado, sin que jamás un voto os salga avieso. 5 Alc. Diego Tarugo, lo que me ha costado aquesta vara, sólo Dios lo sabe, y mi vino, y capones, y ganado. El que no te conoce, ése te alabe, deseo de mandar. 10 San. Yo aqueso digo, que sé que en él todo cuidado cabe. Véala yo en poder de mi enemigo, vara que es por presentes adquirida. Alc. Pues ahora la tiene un vuestro amigo. 15 San. De vos, Crespo, será tan bien regida, que no la doble dádiva ni ruego. Alc. No, ¡juro a mí!, mientras tuviere vida. Cuando mujer me informe, estaré [ciego; 20 al ruego del hidalgo, sordo y mudo: que a la severidad todo me entrego. Tar. Ya veo en vuestro tiempo, y no lo dudo, sentencias de Salmón, el rey discreto, que el niño dividió con hierro agudo. 25 Alc. Al menos, de mi parte yo prometo de arrimarme a la ley en cuanto pueda, sin alterar un mínimo decreto. San. Como yo lo deseo, así suceda. Y a Dios. 30 Alc. Fortuna os tenga, Sancho Macho,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 125 en la empinada cumbre de su rueda. Tar. Sin que el temor o amor os ponga [empacho, juzgad, Crespo, terrible y brevemente: que la tardanza en toda cosa tacho. 5 Y a Dios quedad. Alc. En fin, sois buen pariente. Entranse Sancho Macho y Diego Tarugo. Pedro, que escuchando estás, ¿cómo de mi buen suceso 10 el parabién no me das? Ya soy alcalde, y confieso que lo seré por demás, si tú no me das favor y muestras algún primor 15 con que juzgue rectamente: que te tengo por prudente, más que a un cura y a un doctor. Ped. Es aqueso tan verdad, cual lo dirá la experiencia, 20 porque con facilidad luego os mostraré una ciencia que os dé nombre y calidad. Llegaráos Licurgo apenas, y la celebrada Atenas 25 callará sus doctas leyes; envidiaros han los reyes y las escuelas más buenas. Yo os meteré en la capilla dos docenas de sentencias 30 que al mundo den maravilla,
JORNADA PRIMERA p. 126 todas con sus diferencias, civiles, o de rencilla; y la que primero a mano os viniere, está bien llano que no ha de haber más que ver. 5 Alc. Desde hoy más, Pedro, has de ser, no mi mozo, mas mi hermano. Ven, y mostrarásme el modo cómo yo ponga en efeto lo que has dicho, en parte o en todo. 10 Ped. Pues más cosas te prometo. Alc. A cualquiera me acomodo. Entranse el alcalde y Pedro. Salen otra vez Sancho Macho y Tarugo. San. Mirad, Tarugo: bien siento 15 que, aunque el parabién le disteis a Crespo de su contento, otro paramal tuvisteis guardado en el pensamiento; porque, en efecto, es mancilla 20 que se rija aquesta villa por la persona más necia que hay desde Flandes a Grecia y desde Egipto a Castilla. Tar. Hoy mostrará la experiencia, 25 buen regidor Sancho Macho, adónde llega la ciencia de Crespo, a quien yo no tacho hasta la primera audiencia; y pues ahora ha de ser, 30 soy, Macho, de parecer
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 127 que le oigamos. San. Sea así; aunque tengo para mí que un simple en él se ha de ver. Entran Lagartija y Hornachuelos, labradores. 5 Hor. ¿De quién, señores, sabremos si el alcalde en casa está? Tar. Aquí los dos le atendemos. Lag. Señal es que aquí saldrá. San. Tan cierta, que ya le vemos. 10 Salen el alcalde y Redondo, escribano, y Pedro. Alc. ¡Oh valientes regidores! Red. Siéntense vuestras mercedes. Alc. Sin ceremonia, señores. Tar. En cortés, exceder puedes 15 a los corteses mayores. Alc. Siéntese aquí el escribano, y a mi izquierda y diestra mano los regidores estén; y tú, Pedro, estarás bien 20 a mis espaldas. Ped. Es llano. Aquí, en tu capilla, están las sentencias suficientes a cuantos pleitos vendrán, 25 aunque nunca pares mientes a la relación que harán; y si alguna no estuviere, a tu asesor te refiere, que yo lo seré de modo 30
JORNADA PRIMERA p. 128 que te saque bien de todo, y sea lo que se fuere. Red. ¿Quieren algo, señores? Lag. Sí querríamos. Red. Pues digan: que aquí está el señor 5 [alcalde, que les hará justicia rectamente. Alc. Perdónemelo Dios lo que ahora digo, y no me sea tomado por soberbia: tan tiestamente pienso hacer justicia, 10 como si fuese un sonador romano. Red. Senador, Martín Crespo. Alc. Allá va todo. Digan su pleito aprisa y brevemente: que apenas me le habrán dicho, en mi 15 [ánima, cuando les dé sentencia rota y justa. Red. Recta, señor alcalde. Alc. Allá va todo. Hor. Prestóme Lagartija tres reales, 20 volvíle dos, la deuda queda en uno, y él dice que le debo cuatro justos. Este es el pleito. Brevedad, y dije. ¿Es aquesto verdad, buen Lagartija? Lag. Verdad; pero yo hallo por mi cuenta, 25 o que yo soy un asno, o que [Hornachuelos me queda a deber cuatro. Alc. ¡Bravo caso! Lag. No hay más en nuestro pleito, y me 30 [rezumo en lo que sentenciare el señor Crespo.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 129 Red. Rezumo por resumo, allá va todo. Alc. ¿Qué decís vos a esto, Hornachuelos? Hor. No hay que decir; yo en todo me [arremeto al señor Martín Crespo. 5 Red. Me remito, ¡pese a mi abuelo! Alc. Dejad(le) que arremeta; ¿qué se os da a vos, Redondo? Red. A mí, no nada. 10 Alc. Pedro, sácame, amigo, una sentencia de esa capilla: la que está más cerca. Red. ¿Antes de ver el pleito, hay ya [sentencia? Alc. Ahí se podrá ver quién es Callejas. 15 Ped. Léase esta sentencia, y punto en boca. Red. “En el pleito que tratan .N. y .F.”... Ped. Zutano con Fulano significan la .N. con la .F. entre dos puntos. Red. Así es verdad. Y digo que “en el pleito 20 que trata este Fulano con Zutano, que debo condenar, fallo y condeno al dicho puerco de Zutano a muerte, porque fue matador de la criatura del ya dicho Fulano...” Yo no atino 25 qué disparate es este de este puerco y de tantos Fulanos y Zutanos, ni sé cómo es posible que esto cuadre ni esquine con el pleito de estos [hombres. 30 Alc. Redondo está en lo cierto. Pedro amigo, mete la mano, y saca otra sentencia;
JORNADA PRIMERA p. 130 podría ser que fuese de provecho. Ped. Yo, que soy asesor vuestro, me atrevo de dar sentencia luego cual convenga. Lag. Por mí, más que la de un jumento [nuevo. 5 San. Digo que el asesor es extremado. Hor. Sentencia norabuena. Alc. Pedro, vaya, que en tu magín mi honra deposito. Ped. Deposite primero Hornachuelos, 10 para mí, el asesor, doce reales. Hor. Pues sola la mitad importa el pleito. Ped. Así es verdad: que Lagartija, el bueno, tres reales de a dos os dio prestados, y de estos le volvisteis dos sencillos; 15 y por aquesta cuenta debéis cuatro, y no, cual decís vos, no más de uno. Lag. Ello es así, sin que le falte cosa. Hor. No lo puedo negar; vencido quedo, y pagaré los doce con los cuatro. 20 Red. Ensúciome en Catón y en Justiniano, ¡oh Pedro de Urde, montañés famoso!, que así lo muestra el nombre y el [ingenio. Hor. Yo voy por el dinero, y voy corrido. 25 Lag. Yo me contento con haber vencido. Entranse Lagartija y Hornachuelos. Salen Clemente y Clemencia como pastor y pastora, embozados. Cle. Permítase que hablemos embozados 30 ante tan justiciero ayuntamiento.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 131 Alc. Mas que habléis en un costal atados; porque a oír, y no a ver, aquí me siento. Cle. Los siglos que renombre de dorados les dio la antigüedad con justo intento, ya se ven en los nuestros, pues que 5 [vemos en ellos de justicia los extremos. Vemos un Crespo alcalde... Alc. Dios os guarde. Dejad aquesas lonjas a una parte... 10 Red. Lisonjas, decir quiso. Alc. Y, porque es tarde, de vuestro intento en breve nos dad [parte. Cle. Con verdadera lengua, cierto alarde 15 hace de lo que quiero parte a parte. Alc. Decid: que ni soy sordo, ni lo he sido. Cle. Desde mis tiernos años, de mi fatal estrella conducido, sin las nubes de engaños, 20 el sol que en este velo está escondido miré para adorarle, porque esto hizo el que llegó a mirarle. Sus rayos se imprimieron en lo mejor del alma, de tal modo, 25 que en sí la convirtieron: todo soy fuego, yo soy fuego todo, y, con todo, me hielo, si el sol me falta que me eclipsa un [velo. 30 Grata correspondencia tuvo mi justo y mi cabal deseo:
JORNADA PRIMERA p. 132 que amor me dio licencia a hacer de mi alma rico empleo; en fin, esta pastora, así como la adoro, ella me adora. A hurto de su padre, 5 que es de su libertad duro tirano, que ella no tiene madre, de esposa me entregó la fe y la mano; y ahora, temerosa del padre, no confiesa ser mi esposa. 10 Teme que el padre, rico, se afrente de mi humilde medianía, porque hace el pellico al monje en esta edad de tiranía. El me sobra en riqueza; 15 pero no en la que da naturaleza. Como él, yo soy tan bueno; tan rico, no, y a su riqueza igualo con estar siempre ajeno de todo vicio perezoso y malo; 20 y, entre buenos, es fuero que valga la virtud más que el dinero. Pido que ante ti vuelva a confirmar el sí de ser mi esposa, y en serlo se resuelva, 25 sin estar de su padre temerosa, pues que no aparta el hombre a los que Dios juntó en su gracia y [nombre. Alc. ¿Qué respondéis a esto, 30 sol que entre nubes se cubrió a [deshora?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 133 Cle. Su proceder honesto la tendrá muda, por mi mal, ahora; pero señales puede hacer con que su intento claro quede. Alc. ¿Sois su esposa, doncella? 5 Ped. La cabeza bajó: señal bien clara que no lo niega ella. San. ¿Pues en qué, Martín Crespo, se [repara? Alc. En que de mi capilla 10 se saque la sentencia, y en oílla. Pedro, sácala al punto. Ped. Yo sé que ésta saldrá pintiparada, porque, a lo que barrunto, siempre fue la verdad acreditada, 15 por atajo o rodeo; y esta sentencia lo dirá que leo. Saca un papel de la capilla, y léele Pedro: “Yo, Martín Crespo, alcalde, determino que sea la pollina del pollino.” 20 Red. Vaso de suertes es vuestra capilla, y esta que ha sido ahora pronunciada, aunque es para entre bestias, maravilla, y aun da muestras de ser cosa pensada. Cle. El alma en Dios, y en tierra la rodilla, 25 la vuestra besaré, como a extremada columna que sustenta el edificio donde moran las ciencias y el jüicio. Alc. Puesto que redundara esta sentencia, hijo, en haberos dado el alma mía, 30 porque no es otra cosa mi Clemencia,
JORNADA PRIMERA p. 134 me fuera de gran gusto y alegría. Y alégrenos ahora la presencia vuestra, que está en razón y en [cortesía, pues ya lo desleído y sentenciado 5 será, sin duda alguna, ejecutado. Clem. Pues, con ese seguro, padre mío, el velo quito, y a tus pies me postro. Mal haces en usar de este desvío, pues soy tu hija, y no espantable 10 [monstro. Tú has dado la sentencia a tu albedrío, y, si es injusta, es bien que te dé en [rostro; pero, si justa es, haz que se apruebe, 15 con que a debida ejecución se lleve. Alc. Lo que escribí, escribí; bien dices, hija; y así, a Clemente admito por mi hijo, y el mundo de este proceder colija que más por ley que por pasión me 20 [rijo. San. No hay alma aquí que no se regocija de vuestro no pensado regocijo. Tar. Ni lengua que a Martín Crespo no alabe por hombre ingeniosísimo y que sabe. 25 Ped. Nuestro amo, habéis de saber que es merced particular la que el cielo quiere hacer cuando se dispone a dar al hombre buena mujer; 30 y corre el mismo partido ella, si le da marido
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 135 que sea en todo varón, afable de condición, más que arrojado, sufrido. De Clemencia y de Clemente se hará una junta dichosa 5 que os alegre y os contente, y quien lleve vuestra honrosa estirpe de gente en gente, y esta noche de San Juan las bodas celebrarán, 10 con el suyo y vuestro gusto. Alc. Señales de hombre muy justo todas tus cosas me dan; pero la boda otro día se hará: que es noche ocupada 15 de general alegría aquésta. Cle. No importa nada, siendo ya Clemencia mía: que el gusto del corazón 20 consiste en la posesión mucho más que en la esperanza. Ped. ¡Oh, cuántas cosas alcanza la industria y sagacidad! Alc. Vamos, que hay mucho que hacer 25 esta noche. Tar. Sea en buen hora. Cle. Ni qué esperar ni temer me queda, pues por señora y esposa te vengo a ver. 30 Tar. ¡Bien escogisteis, Clemencia! Clem. Al que ordenó la sentencia
JORNADA PRIMERA p. 136 las gracias se den, y al cielo. Ped. De que he encargado, recelo, algún tanto mi conciencia. Entrase todos, y, al entrarse, sale Pascual y tira del sayo a Pedro, y quédanse los dos en el teatro, y tras 5 Pascual entra un sacristán. Pas. Pedro amigo. Ped. ¿Qué hay, Pascual? No pienses que me descuido del remedio de tu mal; 10 antes, en él tanto cuido, que casi no pienso en al. Esta noche de San Juan ya tú sabes cómo están del lugar las mozas todas 15 esperando de sus bodas las señales que les dan. Benita, el cabello al viento, y el pie en una bacía llena de agua, y oído atento, 20 ha de esperar hasta el día señal de su casamiento; sé tú primero en nombrarte en su calle, de tal arte, que claro entienda tu nombre. 25 Pas. Por excelencia, el renombre de industrioso pueden darte. Yo lo haré así; queda en paz; mas, después de aquesto hecho, tú lo que faltare haz, 30 así no abrasa tu pecho
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 137 el fuego de aquel rapaz. [Ped.] Así será; ve con Dios. Vase Pascual. Sac. Por ligero que seáis vos, yo os saldré por el atajo, 5 y buscaré sin trabajo la industria de ambos a dos. Entrase el sacristán. Sale Maldonado, conde de gitanos; y adviértase que todos los que hicieren figura de gitanos, han 10 de hablar ceceoso. Mal. Pedro ceñor, Dioz te guarde. ¿Qué te haz hecho, que he venido a buzcarte aquezta tarde, por ver ci eztás ya atrevido, 15 o todavía cobarde? Quiero decir, ci te agrada el cer nueztra camarada, nueztro amigo y compañero, como me haz dicho. 20 Ped. Sí quiero. Mal. ¿Repáraz en algo? Ped. En nada. Mal. Mira, Pedro: nueztra vida ez zuelta, libre, curioza, 25 ancha, holgazana, extendida, a quien nunca falta coza que el deceo buzque y pida. Dánoz el herbozo zuelo léchoz; círvenoz el cielo 30
JORNADA PRIMERA p. 138 de pabellón dondequiera; ni noz quema el zol, ni altera el fiero rigor del hielo. El máz cerrado vergel laz primíciaz noz ofrece 5 de cuanto bueno haya en él; y apénaz se ve o parece la albilla o la mozcatel, que no eztá luego en la mano del atrevido gitano, 10 zahorí del fruto ajeno, de induztria y ánimo lleno, ágil prezto, zuelto y zano. Gozámoz nuéstoz amórez líbrez del dezazociego 15 que dan loz competidórez, calentándonoz zu fuego cin céloz y cin temórez. Y ahora está una muchacha que con nadie no ce empacha 20 en nueztro rancho, tan bella, que no halla en qué ponella la envidia ni aun una tacha. Una gitana, hurtada, la trajo; pero ella es tal, 25 que, por hermoza y honrada, muestra que es de principal y rica gente engendrada. Ezta, Pedro, cerá tuya, aunque máz el yugo huya 30 que rinde la libertad, cuando de nueztra amiztad
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 139 lo acordado ce concluya. Ped. Porque veas, Maldonado, lo que me mueve el intento a querer mudar de estado, quiero que me estés atento 5 un rato. Mal. De muy buen grado. Ped. Por lo que te he de contar, vendrás en limpio a sacar si para gitano soy. 10 Mal. Atento eztaré y eztoy; bien puédez ya comenzar. Ped. Yo soy hijo de la piedra, que padre no conocí: desdicha de las mayores 15 que a un hombre pueden venir. No sé dónde me criaron; pero sé decir que fui de estos niños de doctrina sarnosos que hay por ahí. 20 Allí, con dieta y azotes, que siempre sobran allí, aprendí las oraciones, y a tener hambre aprendí; aunque también con aquesto 25 supe leer y escribir, y supe hurtar la limosna, y disculparme y mentir. No me contentó esta vida cuando algo grande me vi, 30 y en un navío de flota con todo mi cuerpo di,
JORNADA PRIMERA p. 140 donde serví de grumete, y a las Indias fui y volví, vestido de pez y angeo, y sin un maravedí. Temí con los huracanes, 5 y con las calmas temí, y espantóme la Bermuda cuando su costa corrí. Dejé el comer del bizcocho con dos dedos de hollín, 10 y el beber vino del diablo antes que de San Martín. Pisé otra vez las riberas del rico Guadalquivir, y entreguéme a sus crecientes, 15 y a Sevilla me volví, donde al rateruelo oficio me acomodé bajo y vil de mozo de la esportilla, que el tiempo lo pidió así; 20 en el cual, sin ser yo cura, muy muchos diezmos cogí, haciendo salva a mil cosas que me condenan aquí. En fin, por cierta desgracia, 25 el oficio tuvo fin, y comenzó el peligroso que suelen llamar mandil. En él supe de la hampa la vida larga y cerril, 30 formar pendencias del viento, y con el soplo herir.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 141 Mi amo, que era tan bravo como ligero pasquín, dio asalto a una faldriquera a lo callado y sutil; con las manos en la masa 5 le cogió un cierto alguacil, y él quiso ser en un potro confesor, y no martir; mártir, digo, Maldonado. Mal. En eso, ¿qué me va a mí? 10 Pronunciad como os dé gusto, pues que no habláis latín. Ped. Palmeóle las espaldas contra su gusto el bochín, de lo cual quedó mohíno, 15 según que dijo un malsín. A las casas movedizas le llevaron, y yo vi arañarse la Escalanta y llorar la Becerril. 20 Yo, viéndome sin el fieltro de mi andaluz paladín, de mandil a mochilero un salto forzoso di. Deparóme la fortuna 25 un soldado espadachín de los que van hasta el puerto, y se vuelven desde allí. Las boletas rescatadas, las gallinas que cogí, 30 si no las perdona el cielo, ¡desventurado de mí!
JORNADA PRIMERA p. 142 Diome el rostro aquella vida, porque de ella conocí que el soldado churrullero tiene en las gurapas fin, y a gentilhombre de playa 5 en un punto me acogí, vida de mil sobresaltos y de contentos cien mil. Mas, por temor de irme a Argel, presto a Córdoba me fui, 10 adonde vendí aguardiente, y naranjada vendí. Allí el salario de un mes en un día me bebí, porque, si hay agua que sepa, 15 la ardiente es doctor sutil. Arrojárame mi amo con un trabuco de sí, y en casa de un asturiano por mi desventura di. 20 Hacía suplicaciones, suplicaciones vendí, y en un día diez canastas todas las jugué y perdí. Fuime, y topé con un ciego, 25 a quien diez meses serví, que, a ser años, yo supiera lo que no supo Merlín. Aprendí la jerigonza, y a ser vistoso aprendí, 30 y a componer oraciones en verso airoso y gentil.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 143 Murióseme mi buen ciego, dejóme cual Juan Paulín, sin blanca, pero discreto, de ingenio claro y sutil. Luego fui mozo de mulas, 5 y aun de un fullero lo fui, que con la boca de lobo se tragara a San Quintín; gran jugador de las cuatro, y con la sola le vi 10 dar tan mortales heridas, que no se pueden decir. Berrugeta y ballestilla, el raspadillo y hollín jugaba por excelencia, 15 y el Mase Juan hi de ruin. Gran saje del espejuelo, y del retén tan sutil, que no se le viera un lince con los antojos del Cid. 20 Cayóse la casa un día, vínole su San Martín, pusiéronle un sobreescrito encima de la nariz. Dejéle, y víneme al campo, 25 y sirvo, cual ves, aquí, a Martín Crespo, el alcalde, que me quiere más que a sí. Es Pedro de Urde mi nombre; mas un cierto Malgesí, 30 mirándome un día las rayas de la mano, dijo así:
JORNADA PRIMERA p. 144 “Añadióle Pedro al Urde un malas; pero advertid, hijo, que habéis de ser rey, fraile, y papa, y matachín. Y avendraos por un gitano 5 un caso que sé decir que le escucharán los reyes y gustarán de le oír. Pasaréis por mil oficios trabajosos; pero al fin 10 tendréis uno do seáis todo cuanto he dicho aquí.” Y aunque yo no le doy crédito, todavía veo en mí un no sé qué que me inclina 15 a ser todo lo que oí; pues como de este pronóstico el indicio veo en ti, digo que he de ser gitano, y que lo soy desde aquí. 20 Mal. ¡Oh Pedro de Urdemálaz generozo, columna y cer del gitanezco templo! Ven, y daraz principio al alto intento que te incita, te mueve, impele y lleva a ponerte en la lizta gitanezca; 25 ven a adulcir el agrio y tierno pecho de la hurtada muchacha que te he [dicho, por quien ceraz dichoso zobremodo. Ped. Vamos; que yo no pongo duda en eso, 30 y espero de este asunto un gran suceso. Entranse.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 145 Pónese Benita a la ventana en cabello. Ben. Tus alas, ¡oh noche!, extiende sobre cuantos te requiebran, y a su gusto justo atiende, pues dicen que te celebran 5 hasta los moros de allende. Yo, por conseguir mi intento, los cabellos doy al viento, y el pie izquierdo a una bacía llena de agua clara y fría, 10 y el oído al aire atento. Eres noche tan sagrada, que hasta la voz que en ti suena dicen que viene preñada de alguna ventura buena 15 a quien la escucha guardada. Haz que a mis oídos toque alguna que me provoque a esperar suerte dichosa. Entra el sacristán. 20 Sac. Prenderá a la dama hermosa, sin alguna duda, el Roque; Roque ha de ser el que prenda en este juego a la dama, puesto que ella se defienda: 25 que su ventura le llama a gozar tan rica prenda. Ben. Roque dicen, Roque oí. Pues no hay otro Roque aquí que el necio del sacristán. 30
JORNADA PRIMERA p. 146 Veamos si nombrarán Roque otra vez. Sac. Será así, porque es el Roque tal pieza, que no hay dama que se esquive 5 de entregarle su belleza; y, aunque en estrecheza vive, es muy rico en su estrecheza. Ben. Ce, gentilhombre, tomad este listón, y mostrad 10 quién sois mañana con él. Sac. Seréos en todo fiel, extremo de la beldad: Estándole dando un listón Benita al sacristán, entra Pascual, y ásele del cuello, y quítale la cinta. 15 que cualquiera que seáis de las dos que en esta casa vivís, se os aventajáis a Venus. Pas. ¿Que aquesto pasa? 20 ¿Que esta cuenta de vos dais? Benita, ¿que a un sacristán vuestros despojos se dan? Grave fuera aquesta culpa, si no tuviera disculpa 25 en ser noche de San Juan. Vos, bachiller graduado en letras de canto llano, ¿de quién fuisteis avisado para ganar por la mano 30 el juego mal comenzado?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 147 ¿Así a maitines se toca con vuestra vergüenza poca? ¿Así os hacen olvidar del cantar y repicar los picones de una loca? 5 Entra Pedro. Ped. ¿Qué es esto, Pascual amigo? Pas. El sacristán y Benita han querido sea testigo de que ella es mujer bendita, 10 y él de embustes enemigo; mas, porque no se alborote, y vea que al estricote le trae su honra su intento, por testigos le presento 15 esta cinta y este zote. Sac. Por las santas vinajeras, a quien dejo cada día agostadas y ligeras, que no fue la intención mía 20 de burlarme con las veras. Hoy a las dos os oí lo que había de hacer allí Benita, en cabello puesta, y, por gozar de la fiesta, 25 vine, señores, aquí. Nombréme, y ella acudió al reclamo, como quien, del primer nombre que oyó, de su gusto y de su bien 30
JORNADA PRIMERA p. 148 indicio claro tomó: que la vana hechicería que la noche antes del día de San Juan usan doncellas, hace que se muestren ellas 5 de liviana fantasía. Pas. ¿Para qué te dio esta cinta? Sac. Para que me la pusiese, y conocer por su pinta quién yo era, cuando fuese 10 ya la luz clara y distinta. Ben. ¿Para qué a tantas preguntas te alargas, Pascual? ¿Barruntas mal de mí? Mas no lo dudo, porque, en mi daño, de agudo 15 siempre he visto que despuntas. Pas. Así con esa verdad se te arranque el alma, ingrata, sospechosa en la amistad, que con más llaneza trata 20 que vio la sinceridad. Los álamos de aquel río, que con el cuchillo mío tienen grabado tu nombre, te dirán si yo soy hombre 25 de buen proceder vacío. Ped. Yo soy testigo, Benita, que no hay haya en aquel prado donde no te vea escrita, y tu nombre coronado 30 que tu fama solicita. Pas. ¿Y en qué junta de pastores
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 149 me has visto que los loores de Benita no alcé al cielo, descubriendo mi buen celo y encubriendo mis amores? ¿Qué almendro, guindo o manzano 5 has visto tú que se viese en dar su fruto temprano, que por la mía no fuese traído a tu bella mano antes que las mismas aves 10 le tocasen? Y aun tú sabes que otras cosas por ti he hecho de tu honra y tu provecho, dignas de que las alabes. Y en los árboles que ahora 15 vendrán a enramar tu puerta, verás, cruel matadora, cómo en ellos se ve cierta la gran fe que en mi alma mora. Aquí verás la verbena, 20 de raras virtudes llena, y el rosal, que alegra al alma, y la victoriosa palma, en todos sucesos buena. Verás del álamo erguido 25 pender la delgada oblea, y del valle aquí traído, para que en tu puerta sea sombra al sol, gusto al sentido. Ben. No hayas miedo me provoque 30 tu arenga a que yo te toque la mano, encuentro amoroso,
JORNADA PRIMERA p. 150 porque no ha de ser mi esposo quien no se llamare Roque. Ped. Tú tienes mucha razón; pero el remedio está llano con toda satisfacción, 5 porque nos le da en la mano la santa confirmación. Puede Pascual confirmarse, y puede el nombre mudarse de Pascual en Roque, y luego, 10 con su gusto y tu sosiego, puede contigo casarse. Ben. De ese modo, yo lo aceto. Sac. ¡Gracias a Dios que me veo libre de tan grande aprieto! 15 Ped. Que has hecho un gallardo empleo, Benita, yo te prometo, porque aquel refrán que pasa por gente de buena masa, que es discreto determino: 20 “Al hijo de tu vecino, límpiale y métele en casa.” Ben. Ponte ese listón, Pascual, y en parte do yo le vea. Pas. Pienso hacer de él el caudal 25 que hace de su librea Iris, arco celestial. Espérate, que ya suena la música que se ordena para el traer de los ramos. 30 Ped. Con gusto aquí la esperamos. Ben. Ella venga en hora buena.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 151 Suena dentro todo género de música, y su gaita zamorana; salen todos los que pudieren con ramos, principalmente Clemente, y los músicos entran cantando esto: [Mús.] “Niña, la que esperas 5 en reja o balcón, advierte que viene tu pulido amor. Noche de San Juan, el gran Precursor, 10 que tuvo la mano más que de reloj, pues su dedo santo tan bien señaló, que nos mostró el día 15 que no anocheció; muéstratenos clara, sea en ti el albor tal, que perlas llueva sobre cada flor; 20 y en tanto que esperas a que salga el sol, dirás a mi niña en süave son: «Niña la que esperas, &c.» 25 Dirás a Benita que Pascual, pastor, guarda los cuidados de su corazón; y que de Clemencia 30 el que es ya señor,
JORNADA PRIMERA p. 152 es su humilde esclavo, con justa razón; y a la que desmaya en su pretensión, tenla de tu mano, 5 no la olvides, no, y dile callando, o en erguida voz, de modo que oiga la imaginación: 10 «Niña, la que esperas en reja o balcón, advierte que viene tu pulido amor.»” Cle. Ello está muy bien cantado. 15 Ea, enrámese este umbral por el uno y otro lado. ¿Qué haces aquí, Pascual, de los dos acompañado? Ayúdanos, y a Benita 20 con servicios solicita, enramándole la puerta: que a la voluntad ya muerta el servirla resucita. Ese laurel pon aquí, 25 ese sauce a esotra parte, ese álamo blanco allí, y entre todos tenga parte el jazmín y el alhelí. Haga el suelo de esmeraldas 30 la juncia, y la flor de gualdas le vuelva en ricos topacios,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 153 y llénense estos espacios de flores para guirnaldas. Ben. Vaya otra vez la música, señores, que la escucha Clemencia; y tú, mi [Roque, 5 Quítase de la ventana. haz que suene otra vez. Pas. A mí me place, confirmadora dulce hermosa mía. Vuélvanse a repicar esas sonajas, 10 háganse rajas las guitarras, vaya otra vez el floreo, y solemnícese esta mañana en todo el mundo célebre, pues que lo quiere así la gloria mía. Cle. Cántese, y vamos, que se viene el día: 15 “A la puerta puestos de mis amores, espinas y zarzas se vuelven flores. El fresno escabroso 20 y robusta encina, puestos a la puerta do vive mi vida, verán que se vuelven, si acaso los mira, 25 en matas sabeas de sacros olores, y espinas y zarzas se vuelven flores; do pone la vista 30 o la tierna planta,
JORNADA PRIMERA p. 154 la hierba marchita verde se levanta; los campos alegra, regocija al alma, enamora a siervos, 5 rinde a señores, y espinas y zarzas se vuelven flores.” Entranse cantando. Salen Inés y Belica, gitanas, que las podrán hacer 10 las que han hecho Benita y Clemencia. Inés. Mucha fantasía es ésa; Belilla, no sé qué diga: o tú te sueñas condesa, o que eres del rey amiga. 15 Bel. De que sea sueño me pesa. Inés, no me des pasión con tanta reprehensión; déjame seguir mi estrella. Inés. Confiada en que eres bella, 20 tienes tanta presunción. Pues mira que la hermosura que no tiene calidad, raras veces aventura. Bel. Confírmase esa verdad 25 muy bien con mi desventura. ¡Oh cruda suerte inhumana! ¿Por qué a una pobre gitana diste ricos pensamientos? Inés. Aquél fabrica en los vientos, 30 que a ver quién es no se allana.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 155 Huye de esas fantasías; ven, y el baile aprenderás que comenzaste estos días. Bel. Inés, tú me acabarás con tus extrañas porfías; 5 pero engáñaste en pensar que tengo yo de guardar tu gusto cual justa ley, y sólo ha de ser el rey el que me ha de hacer bailar. 10 Inés. De esa manera, Belilla, que vengáis al hospital no será gran maravilla: que hacer de la principal no es para vuestra costilla. 15 ¡Acomodaos, noramala, a la cocina y la sala, a bailar aquí y allí! Bel. Aqueso no es para mí. Inés. ¿Pues qué? ¿El donaire y la gala, 20 el rumbo, el cer del tuzón, derribando por el zuelo el gitanezco blazón, levantado hasta el cielo por nuestra honezta intención? 25 Antes te vea yo comida de rabia, y antes rendida a un gitano que te dome, o a un verdugo que te tome de las espaldas medida. 30 ¿Esto por ti se ha de ver? ¿Que no sea con gitano
JORNADA PRIMERA p. 156 gitana, mala mujer? Chico hoyo hagas temprano, si es que tan mala has de ser. Bel. Mucho te alargas, Inés, y, como simple, no ves 5 dónde mi intención camina. Inés. Pues esta simple adivina lo que tú verás después. Salen Pedro y Maldonado. Mal. Esta que ves, Pedro hermano, 10 es la gitana que digo, de parecer sobrehumano, cuya posesión me obligo de entregártela en la mano. Acaba, muda de traje, 15 y aprende nuestro lenguaje; y, aun sin aprenderle, entiendo que has de ser gitano, siendo cabeza de tu linaje. Inés. ¡Dánoz una limoznica, 20 caballero atán garrido! Mal. ¡De eso el labrador se pica! ¡Qué mal que le has conocido, Inés! Inés. Pide tú, Belica. 25 Ped. Si ella pide, no habrá cosa, por grande y dificultosa que sea, que yo no haga, sin esperar otra paga que el servir a una hermosa. 30 Mal. ¿No le rezpondes, ceñora?
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 157 Inés. Ceñor conde, vez do viene la viuda tan guardadora, que, puesto que mucho tiene, máz guarda y máz atezora. Entra una viuda labradora, que la lleva un escudero 5 labrador de la mano. Inés. Limozna, ceñora mía, por la bendita María y por zu Hijo bendito. Viu. De mí nunca lleva el grito 10 limosna, ni la porfía. Mejor estará el servir a vosotras, que os está tan sin vergüenza el pedir. Esc. Va el mundo de suerte ya, 15 que no se puede sufrir. Es vagamunda esta era; no hay moza que servir quiera, ni mozo que por su yerro no se ande a la flor del berro, 20 él sandio, y ella altanera. Y esta gente infructuosa, siempre atenta a mil malicias, doblada, astuta y mañosa, ni a la Iglesia da primicias, 25 ni al rey no le sube en cosa. A la sombra de herreros usan muchos desafueros, y, con perdón sea mentado, no hay seguro asno en el prado 30 de los gitanos cuatreros.
JORNADA PRIMERA p. 158 Viu. Dejadlos, y caminad, Llorente, que es algo tarde. Entranse Llorente y la viuda. Bel. Tómame esa caridad. No hagáis sino hacer alarde 5 de vuestra necesidad delante de aquesta gente, que no faltará un Llorente como otro Gil que os persiga, y, sin que os dé nada, diga 10 palabras con que os afrente. Mal. ¿Veisla, Pedro? Pues es fama que tiene diez mil ducados junto a los pies de su cama, en dos cofres barreados 15 a quien sus ángeles llama. Requiébrase así con ellos, que pone su gloria en ellos, y así, en verlos se desalma: que han de ser para su alma 20 lo que a Absalón sus cabellos. Sólo a un ciego da un real cada mes, porque le reza las mañanas a su umbral oraciones que endereza 25 al eterno tribunal, por si acaso sus parientes, su marido y ascendientes están en el purgatorio, haga el santo consistorio 30 de su gloria merecientes;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 159 y con sola esta obra piensa irse al cielo de rondón, sin desmán y sin ofensa. Ped. Que yo la saque de arón mi agudo ingenio dispensa. 5 Informarte has, Maldonado, de todos los que han pasado de este mundo sus parientes, amigos y bien querientes, hasta el siervo o paniaguado, 10 y tráemelo por escrito, y verás cuán fácilmente de su miseria la quito; y, a lo que soy suficiente, a este embuste lo remito. 15 Mal. Desde su tercer abuelo hasta el postrer netezuelo que de su linaje ha muerto, te traeré el número cierto, sin que te discrepe un pelo. 20 Ped. Vamos, y verás después lo que haré en aqueste caso por el común interés. Mal. ¿Dó encaminarás el paso, Belica? 25 Bel. Do querrá Inés. Ped. Doquiera que le encamines, tendrá por honrosos fines tu extremado pensamiento. Bel. Aunque fabrique en el viento, 30 Pedro, no te determines a burlar de mi deseo,
JORNADA PRIMERA p. 160 que de lejos se me muestra una esperanza en quien veo cierta luz tal, que me adiestra y lleva al bien que deseo. Ped. De tu rara hermosura 5 se puede esperar ventura que la iguale. Ven, gitana, por quien nuestra edad se ufana y en sus glorias se asegura.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 161 JORNADA SEGUNDA Salen un alguacil, y Martín Crespo, el alcalde, y Sancho Macho, el regidor. Alc. Digo, señor alguacil, que un mozo que se me fue, 5 de ingenio agudo y sutil, de tronchos de coles sé que hiciera invenciones mil; y él me aconsejó que hiciese, si por dicha el rey pidiese 10 danzas, una de tal modo, que se aventajase en todo a la que más linda fuese. Dijo que el llevar doncellas era una cosa cansada, 15 y que el rey no gusta de ellas, por ser danza muy usada, y estar ya tan hecho a vellas; mas que por nuevos niveles llévase una de donceles 20 como serranas vestidos, en pies y brazos ceñidos multitud de cascabeles; y ya tengo, a lo que creo, veinte y cuatro así aprestados, 25 que pueden, según yo veo, ser sin vergüenza llevados
JORNADA SEGUNDA p. 162 al romano coliseo. Ya yo le enseñé los dos de los mejores. Alg. Por Dios, que la invención es muy buena. 5 San. Lo que nuestro alcalde ordena, es cosa rala entre nos, y todo lo que él más sabe, de un su mozo lo aprendió que fue de su ingenio llave; 10 mas ya se fue y nos dejó, que mala landre le acabe: que así quedamos vacíos, sin él, de ingenio y de bríos. Alg. ¿Tanto sabe? 15 San. Es tan astuto, que puede darle tributo Salmón, rey de los judíos. Alc. Haga cuenta, en viendo aquéstos, que los veinte y cuatro mira: 20 que todos son tan dispuestos, derechos como una vira, sanos, gallardos y prestos. Aquel que no es nada renco, se llama Diego Mostrenco; 25 el otro, Gil el Peraile; cada cual diestro en el baile como gozquejo flamenco. Tocándoles Pingarrón, mostrarán bien su destreza 30 a compás de cualquier son, y alabarán la agudeza
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 163 de nuestra nueva invención. Las danzas de las espadas hoy quedarán arrimadas, a despecho de hortelanos, envidiosos los gitanos, 5 las doncellas afrentadas. ¿No le pareció, señor, muy bien el talle y el brío de uno y otro danzador? Alg. Si juzgo al parecer mío, 10 nunca vi cosa peor; y temo que, si allá vais, de tal manera volváis, que no acertéis el camino. Alc. Tocado, a lo que imagino, 15 señor, de la envidia estáis. Pues en verdad que hemos de ir con veinte y cuatro donceles como aquéllos, sin mentir, porque invenciones noveles, 20 o admiran, o hacen reír. Alg. Yo os lo aviso; queda en paz. Vase el alguacil. San. Alcalde, tu gusto haz, porque verás por la prueba 25 que esta danza, por ser nueva, dará al rey mucho solaz. Alc. No lo dudo. Venid, Sancho, que ya el corazón ensancho, do quepan los parabienes 30
JORNADA SEGUNDA p. 164 de la danza. San. Razón tienes: que has de volver hueco y ancho. Entranse. Salen dos ciegos, y el uno Pedro de Urdemalas; 5 arrímase el primero a una puerta, y Pedro junto a él, y pónese la viuda a la ventana. Cie. Ánimas bien fortunadas que en el purgatorio estáis, de Dios seáis consoladas, 10 y en breve tiempo salgáis de esas penas derramadas, y como un trueno baje a vos el ángel bueno y os lleve a ser coronadas. 15 Ped. Ánimas que de esta casa partisteis al purgatorio, ya en sillón, ya en silla rasa, del divino consistorio os venga al vuestro sin tasa, 20 y en un vuelo el ángel os lleve al cielo, para ver lo que allá pasa. Cie. Hermano, vaya a otra puerta, porque aquesta casa es mía, 25 y en rezar aquí no acierta. Ped. Yo rezo por cortesía, no por premio, cosa es cierta, y así, puedo rezar doquiera, sin miedo 30 de pendencia ni reyerta.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 165 Cie. ¿Es vistoso, ciego honrado? Ped. Estoy desde que nací en una tumba encerrado. Cie. Pues yo en algún tiempo vi; pero ya, por mi pecado, 5 nada veo, sino lo que no deseo, que es lo que ve un desdichado. ¿Sabrá oraciones abondo? Ped. Porque sé que sé infinitas, 10 aquesto, amigo, os respondo: que a todos las doy escritas, o a muy pocos las escondo. Sé la del ánima sola, y sé la de San Pancracio, 15 que nadie cual ésta viola; la de San Quirce y Acacio, y la de Olalla española, y otras mil, adonde el verso sutil 20 y el bien decir se acrisola; las de los auxiliadores sé también, aunque son treinta, y otras de tales primores, que causo envidia y afrenta 25 a todos los rezadores, porque soy, adondequiera que estoy, el mejor de los mejores. Sé la de los sabañones, 30 la de curar la tericia y resolver lamparones,
JORNADA SEGUNDA p. 166 la de templar la codicia en avaros corazones; sé, en efeto, una que sana el aprieto de las internas pasiones, 5 y otras de curiosidad. Tantas sé, que yo me admiro de su virtud y bondad. Cie. Ya por saberlas suspiro. Viu. Hermano mío, esperad. 10 Ped. ¿Quién me llama? Cie. Según la voz, es el ama de la casa, en mi verdad. Ella es estrecha, aunque rica, y sólo a mandar rezar 15 es a lo que más se aplica. Ped. Pícome yo de callar con quien al dar no se pica: que esté mudo a sus demandas no dudo, 20 si no lo paga y suplica. Sale la viuda. Viu. Puesta en aquella ventana, he escuchado sus razones y su profesión cristiana, 25 y las muchas oraciones con que tantos males sana, y querría me hiciese placer que algunas me diese de las que le pediría, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 167 dejando a mi cortesía el valor del interese. Ped. [Aparte.] Si despide a esotro ciego, yo le diré maravillas. Viu. [Aparte.] Pues yo le despido luego. 5 Ped. Señora, no he de decillas ni por dádivas ni ruego. Viu. Váyase, y venga después, amigo. Cie. Vendré a las tres, 10 a rezar lo cuotidiano. Viu. En buen hora. Cie. A Dios, hermano, ciego, o vistoso, o lo que es; y si es que se comunica, 15 sepa mi casa, y verá que, aunque pobre, ruin y chica, sin duda en ella hallará una voluntad muy rica, y la alegre posesión 20 de un segoviano doblón gozará liberalmente, si nos da, de su torrente, ya milagro, o ya oración. Ped. Está bien; yo acudiré 25 a saber la casa honrada tan llena de amor y fe, y pagaré la posada con lo que le enseñaré. Cuarenta milagros tengo 30 con que voy y con que vengo por dondequiera a mi paso,
JORNADA SEGUNDA p. 168 y alegre la vida paso, y como un rey me mantengo. Entrase el ciego. Mas tú, señora Marina, Sánchez en el sobrenombre, 5 a mi voz la oreja inclina, y atenta escucha de un hombre una embajada divina. Las almas de purgatorio entraron en consistorio, 10 y ordenaron las prudentes que les fuese a sus parientes su insufrible mal notorio. Hicieron que una tomase, de gran prudencia y consejo, 15 para que lo efectuase, cuerpo de un honrado viejo, y así al mundo se mostrase, y diéranle una instrucción y una larga relación 20 de lo que tiene de hacer para que puedan tener, o ya alivio, o ya perdón; y está ya cerca de aquí esta alma, en un cuerpo honesto 25 y anciano, cual yo le vi, y sobre un asno trae puesto el cerro de Potosí. Viene lleno de doblones que le ofrecen a montones 30 los parientes de las almas
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 169 que en las tormentas sin calma[s] padecen graves pasiones. En oyendo que en su lista hay alma que en purgatorio con duras penas se atrista, 5 no hay talego, ni escritorio, ni cofre que se resista. Hasta los gatos guardados, de rubio metal preñados, por librarla de tormentos, 10 descubren allí contentos sus partos acelerados. Esta alma vendrá esta tarde, señora Marina mía, a hacer de su lista alarde 15 ante ti; pero querría que en secreto esto se guarde, y que a solas la recibas, y que a darle te apercibas lo que piden tus parientes 20 que moran en las ardientes hornazas, de alivio esquivas. Esto hecho, te asegura que te enseñará oración con que aumentes tu ventura: 25 que esto ofrece en galardón de aquella voluntad pura que con él se muestra franca, y de su escondrijo arranca hasta el menudo cuatrín, 30 y queda, cual San Paulín, como se dice, sin blanca.
JORNADA SEGUNDA p. 170 Viu. ¿Que esa embajada me envía esa alma, ciego bendito? Ped. Y toda de vos se fía, y se remite a lo escrito de vuestra genealogía. 5 Viu. ¿Cómo la conoceré cuando venga? Ped. Yo haré que tome casi mi aspeto. Viu. ¡Oh, qué albricias te prometo!, 10 ¡qué de cosas te daré! Ped. En las cosas semejantes es bien gastar los dineros guardados de tiempos antes; los ayunos verdaderos, 15 y espaldas disciplinantes, todo se ha de aventurar sólo por poder sacar a un alma de su pasión, y llevarla a la región 20 donde no mora el pesar. Viu. Ve en paz, y dile a ese anciano que tan alegre le espero, que en verle pondré en su mano mi alma, que es el dinero, 25 con pecho humilde y cristiano: que, aunque soy un poco escasa, me afligiré en ver que pasa alma de pariente mío, según dicen, fuego y frío, 30 éste o aquél muy sin tasa. Ped. Tu fama a la de Leandro
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 171 exceda, y jamás se tizne tu pecho de otro Alejandro; antes, cante de él un cisne en las aguas de Meandro; a los hiperbóreos montes 5 pase, al cielo te remontes, y allá te subas con ella, y otra no encierren cual ella nuestros corvos horizontes. Entranse los dos. 10 Salen Maldonado y Belica. Mal. Mira, Belica: éste es hombre que te sacará del lodo, de grande ingenio y gran nombre, tan discreto y presto en todo, 15 que es forzoso que te asombre. Quiérese volver gitano por tu amor, y dar de mano a otra cualquier pretensión: considera si es razón 20 que le muestres pecho llano. El será el mejor cuatrero, según que me lo imagino, que habrá visto el mundo entero, solo, raro y peregrino 25 en las trazas de embustero; porque en una que ahora intenta, ha sacado en limpia cuenta que ha de ser único en todas.
JORNADA SEGUNDA p. 172 Bel. Fácilmente te acomodas a tu gusto y a mi afrenta. ¿No se te ha ya traslucido que, el que a grande no me lleve, no es para mí buen partido? 5 Mal. No hay cosa en que más se pruebe que careces de sentido, que en esa tu fantasía, fundada en la lozanía de tu juventud gallarda, 10 que en marchitarse no tarda lo que el sol corre en un día. Quiero decir que es locura manifiesta, clara y llana, pensar que la hermosura 15 dura más que la mañana, que con la noche se oscura; y a veces es necedad el pensar que la beldad ha de ofrecer gran marido, 20 siendo por mejor tenido el que ofrece la igualdad. Así que, gitana loca, pon freno al grande deseo que te ensalza y que te apoca, 25 y no busques por rodeo lo que en nada no te toca. Cásate, y toma tu igual, porque es el marido tal que te ofrezco, que has de ver 30 que en él te vengo a ofrecer valor, ser, honra y caudal.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 173 Entra Pedro, ya como gitano. Ped. ¿Qué hay, amigo Maldonado? Mal. Una presunción, de suerte que a mí me tiene admirado: veo en lo flaco lo fuerte, 5 en un bajo un alto estado; veo que esta gitanilla, cuanto su estado la humilla, tanto más levanta el vuelo, y aspira a tocar el cielo 10 con locura y maravilla. Ped. Déjala, que muy bien hace, y no la estimes en menos por eso: que a mí me aplace que con soberbios barrenos 15 sus máquinas suba y trace. Yo también, que soy un leño, príncipe y papa me sueño, emperador y monarca, y aún mi fantasía abarca 20 de todo el mundo a ser dueño. Mal. Con la viuda, ¿cómo fue? Ped. Está en un punto la cosa mejor de lo que pensé. Ella será generosa, 25 o yo Pedro no seré. Pero ¿qué gente es aquesta tan de caza y tan de fiesta? Mal. El rey es, a lo que creo. Bel. Hoy subirá mi deseo 30 de amor la fragosa cuesta;
JORNADA SEGUNDA p. 174 Entra el rey con un criado, Silerio, y todos de caza. hoy a todo mi contento he de apacentar mis ojos, y al alma dar su sustento, 5 gozando de los despojos que me ofrece el pensamiento y la vista. Mal. Yo imagino que tu grande desatino 10 en gran mal ha de parar. Bel. Mal se puede contrastar a las fuerzas del destino. Rey. ¿Visteis pasar por aquí un ciervo, decid, gitanos, 15 que va herido? Bel. Señor, sí: atravesar estos llanos, habrá poco que le vi; lleva en la espalda derecha 20 hincada una gruesa flecha. Rey. Era un pedazo de lanza. Bel. El huir y hacer mudanza de lugares no aprovecha al que en las entrañas lleva 25 el hierro de amor agudo, que hasta en el alma se ceba. Mal. Esta dará, no lo dudo, de su locura aquí prueba. Rey. ¿Qué decís, gitana hermosa? 30 Bel. Señor, yo digo una cosa: que el amor y el cazador
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 175 siguen un mismo tenor y condición rigurosa. Hiere el cazador la fiera, y, aunque va despavorida, huyendo en larga carrera, 5 consigo lleva la herida, puesto que huya dondequiera; hiere amor el corazón con el dorado arpón, y, el que siente el parasismo, 10 aunque salga de sí mismo, lleva tras sí su pasión. Rey. Gitana tan entendida, muy pocas veces se ve. Bel. Soy gitana bien nacida. 15 Rey. ¿Quién es tu padre? Bel. No sé. Mal. Señor, es una perdida: dice dos mil desvaríos, tiene los cascos vacíos, 20 y llena la necedad de una cierta gravedad que la hace tomar bríos sobre su ser. Bel. Sea en buen hora; 25 loca soy por la locura que en vuestra ignorancia mora. Sil. ¿Sabéis la buenaventura? Bel. La mala nunca se ignora de la humilde que levanta 30 su deseo a alteza tanta, que sobrepuja a las nubes.
JORNADA SEGUNDA p. 176 Sil. ¿Pues por qué tanto la subes? Bel. No es mucho; a más se adelanta. Rey. ¡Donaire tienes! Bel. Y tanto, que, fiada en mi donaire, 5 mis esperanzas levanto sobre la región del aire. Sil. ¡Risa causas! Rey. Y aun espanto. ¡Vamos! ¡Mal haya quien tiene 10 quien sus gustos le detiene! Sil. Por la reina dice aquesto. Bel. No es bien el que viene presto, si para partirse viene. Entrase el rey y Silerio. 15 Ped. Mira, Belica: yo atino que en poner en ti mi amor haré un grande desatino, y así, me será mejor llevar por otro camino 20 mis gustos. Voy, Maldonado, a efectuar lo trazado, para que la viuda estrecha se vea una copia hecha del cuerno que está nombrado; 25 voyme a vestir de ermitaño, con cuyo vestido honesto daré fuerzas a mi engaño. Mal. Ve donde sabes, que puesto te dejé el vestido extraño. 30 Entrase Pedro.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 177 Sale el alguacil, comisario de las danzas. Alg. ¿Quién es aquí Maldonado? Mal. Yo, mi señor. Alg. Guárdeos Dios. Bel. Alguacil y bien criado, 5 ¡milagro! Nunca sois vos de la aldea. Mal. Has acertado, porque es de corte, sin duda. Alg. Es menester que se acuda 10 con una danza al palacio del bosque. Mal. Dennos espacio. Alg. Sí harán: que el rey se muda del monasterio do está, 15 de aquí a dos días, a él. Mal. Como lo mandas se hará. Bel. ¿Viene la reina con él? Alg. ¿Quién lo duda? Sí vendrá. Bel. ¿Y es todavía celosa, 20 como suele, y rigurosa? Alg. Dicen que sí; no sé nada. Bel. ¿No la hacen confiada el ser reina y ser hermosa? Alg. Turba el demasiado amor 25 a los sentidos más altos, de más prendas y valor. Bel. A amor son los sobresaltos muy anejos, y el temor. Alg. Tan moza, ¿y eso sabéis? 30 Apostaré que tenéis
JORNADA SEGUNDA p. 178 el alma en su red envuelta. Voyme, que he de dar la vuelta por aquí. No os descuidéis, Maldonado, en que sea buena la danza, porque no hay pueblo 5 que hacer la suya no ordena. Mal. Todo mi aprisco despueblo; ella irá de galas llena. Entrase el alguacil. Salen Silerio, el criado del rey, e Inés, la gitana. 10 Sil. ¿Qué, tan arisca es la moza? Inés. Eslo, señor, de manera, que de no nada se altera, y se enoja y alboroza; cierta fantasía reina 15 en ella, que nos enseña, o que lo es, o que se sueña que ha de ser princesa o reina; no puede ver a gitanos, y usa con ellos de extremos. 20 Sil. Pues ahora le daremos do pueda llenar las manos, pues la quiere ver el rey con amorosa intención. Inés. En las leyes de afición 25 no guarda ninguna ley. Aunque quizá, como es alta y subida en pensamientos, hallará que a sus intentos un rey no podrá hacer falta. 30 Yo, a lo menos, de mi parte
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 179 haré lo que me has mandado, y le daré tu recado, no más de por contentarte. Sil. Pudiérase usar la fuerza antes aquí que no el ruego. 5 Inés. Gusto con desasosiego, antes mengua que se esfuerza. Mas llevaremos la danza, y hablarémonos después: que la escala de interés 10 hasta las nubes alcanza. Sil. Encomiéndote otra cosa, que importa más a este efeto. Inés. ¿Qué encomiendas? Sil. El secreto; 15 porque es la reina celosa, y con la menor señal que vea de su disgusto, turbará del rey el gusto, y a nosotros vendrá mal. 20 Inés. Váyase, que viene allí nuestro conde. Sil. Sea en buen hora, y humíllese esa señora; yo haré lo que fuere en mí. 25 Vase Silerio. Entran Maldonado, y Pedro, de ermitaño. Ped. Aunque yo pintara el caso, no me saliera mejor. Mal. Brunelo, el grande embaidor, 30 ante ti retire el paso.
JORNADA SEGUNDA p. 180 Con tan grande industria mides lo que tu ingenio trabaja, que te ha de dar la ventaja, fraudador de los ardides. Libre de deshonra y mengua 5 saldrás en toda ocasión, siendo en el pecho Sinón, Demóstenes en la lengua. Inés. Señor conde, el rey aguarda nuestra danza aquesta tarde. 10 Ped. Haga, pues, Belica alarde de mi rica y buena andanza; púlase y échese el resto de la gala y hermosura. Inés. Quizá forjas su ventura, 15 famoso Pedro, en aquesto. A ensayar la danza vamos, y a vestirnos de tal modo, que se admire el pueblo todo. Ped. Bien dices, y ya tardamos. 20 Entranse todos. Salen el rey y Silerio. Sil. Digo, señor, que vendrá en la danza ahora, ahora. Rey. Mi deseo se empeora, 25 pasa de lo honesto ya; más me pide que pensé, y ya acuso la tardanza, pues la propincua esperanza fatiga, y crece la fe. 30 A los ojos la hurtarás
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 181 de la reina. Sil. Haré tu gusto. Rey. Dirás cómo de esto gusto, y aun otras cosas dirás con que acuses mi deseo 5 allá en tu imaginación. Sil. Si amor guardara razón, fuera aquéste devaneo; pero como no la guarda, ni te culpo, ni disculpo. 10 Rey. Conozco el mal, y me culpo, aunque con disculpa tarda y floja. Sil. La reina viene. Rey. Mira que estés prevenido, 15 y tan sagaz y advertido como a mi gusto conviene; porque esta mujer celosa tiene de lince los ojos. Sil. Hoy gozarás los despojos 20 de la gitana hermosa. Entra la reina. Reina. Señor, ¿sin mí? ¿Cómo es esto? No sé qué diga, en verdad. Rey. Alegra la soledad 25 de este fresco hermoso puesto. Reina. ¿Y enfada mi compañía? Rey. Eso no es bien que digáis, pues con ella levantáis al cielo la suerte mía. 30 Reina. Cualquiera cosa me asombra
JORNADA SEGUNDA p. 182 y enciende, y crece el deseo si no os veo, o si no veo de vuestro cuerpo la sombra; y aunque esto es impertinencia, si conocéis que el amor 5 me manda como señor, con gusto tendréis paciencia. Sil. Las danzas vienen, señores, que de ellas el son se ofrece. Suena el tamboril. 10 Rey. Verémoslas, si os parece, entre estas rosas y flores: que el sitio es acomodado, espacioso y agradable. Reina. Sea así. 15 Entran Crespo, el alcalde, y Tarugo, el regidor. Alc. ¿Que no le hable? Tenéislo muy mal pensado. Voto a tal, que he de quejarme al rey de aquesta solencia. 20 Tar. Aquí está su reverencia, Crespo. Alc. ¿Queréis engañarme? ¿Cuál es? Rey. Yo soy. ¿Qué os han hecho, 25 buen hombre? Alc. No sé qué diga. Han burlado mi fatiga, y nuestra danza deshecho,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 183 vuestros pajes, que los vea erguidos en Peralvillo. Sé sentirlo, y no decillo; ¿qué más mal queréis que sea? Veinte y cuatro doncellotes, 5 todos de tomo y de lomo, venían. Yo no sé cómo no os da el rey dos mil azotes, pajes, que sois la canalla más mala que tiene el suelo. 10 Digo, pues, que, con mi celo, que es bueno el que en mí se halla, aquestos tantos donceles junté, como soy alcalde, para serviros de balde, 15 con barbas y cascabeles. No quise traer doncellas, por ser danza tan usada, sino una cascabelada de mozos parientes de ellas; 20 y apenas vieron sus trajes, al galán uso moderno, cuando todo el mismo infierno se revistió en vuestros pajes, y con trapajo y con lodo 25 tanta carga les han dado, que queda desbaratado el danzante escuadrón todo. Han sobajado al mejor penuscón de danzadores 30 que en estos alrededores vio príncipe ni señor.
JORNADA SEGUNDA p. 184 Reina. Pues volvedlos a juntar, que yo haré que el rey espere. Tar. Aunque vuelva el que quisiere, no se podrá rodear, porque van todos molidos 5 como cibera y alheña, de mojicón, ripio y leña largamente proveídos. Reina. ¿No traeréis uno siquiera, porque gustaré de verle? 10 Tar. Veré si puedo traerle. Alc. Advertir que el rey espera, Tarugo, y si no está Renco tan malo como le vi, traed, si es posible, aquí 15 a mi sobrino Mostrenco, que en él echará de verse cuáles los otros serían. ¡Oh, cuántos pajes se crían en corte para perderse! 20 Pensé que por ser del rey, y tan bien nacidos todos, usarían de otros modos de mejor crianza y ley; pero cuatro pupilajes 25 de cuatro universidades, no encierran tantas ruindades como saben vuestros pajes. Las burlas que nos han hecho descubren con sus ensayos 30 que traen cruces en los sayos y diablos dentro del pecho.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 185 Vuelve Tarugo, y trae consigo a Mostrenco, tocado a papos, con un tranzado que llegue hasta las orejas, saya de bayeta verde guarnecida de amarillo, corta a la rodilla, y sus polainas con cascabeles, corpezuelo o camisa de pechos; y, aunque toque el 5 tamboril, no se ha de mover de un lugar. Tar. A Mostrenco traigo; helo, Crespo. Alc. Pingarrón, tocad; que la buena majestad 10 en él verá nuestro celo Toca. y nuestro ingenio lozano. Menéate, majadero, o hazte de rogar primero, 15 como músico o villano. ¡Hola! ¿A quién digo? Sobrino, danza un poco, ¡pese a mí! Tar. El diablo nos trajo aquí, según que ya lo adivino. 20 ¡Yérguete, cuerpo del mundo! Guínchale. Alc. ¡Oh pajes de Satanás! Reina. Ni le roguéis ni deis más. Alc. Hoy nos echas al profundo 25 con tu terquedad. Mos. No puedo menearme, ¡por San Dios! Sil. ¡Qué tierno doncel sois vos!
JORNADA SEGUNDA p. 186 Tar. ¿Qué tienes? Mos. Quebrado un dedo del pie derecho. Rey. Dejadle, y a vuestro pueblo os volved. 5 Alc. Si es que me ha de hacer merced, de Junquillos soy alcalde; y si castiga a sus pajes, otra danza le traeremos que pase a todos extremos 10 en la invención y los trajes. Entranse Tarugo, alcalde, y Mostrenco. Reina. El alcalde es extremado. Rey. Y la danza bien vestida. Reina. Bien platicada y reñida, 15 y el premio bien esperado. Sil. Esta es la de las gitanas que viene. Reina. Pues suelen ser muchas de buen parecer, 20 y de su traje galanas. Rey. Que tiemble de una gitana un rey, ¡qué gran poquedad! Sil. Verá vuestra majestad, entre éstas, una galana 25 y hermosa sobremanera, y sobremanera honesta. Rey. ¡Caro el mirarla me cuesta! Reina. ¿No llegan? ¿A qué se espera? Entran los músicos, vestidos a lo gitano, Inés y Belica 30 y otros dos muchachos de gitanos, y en vestir a
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 187 todas, principalmente a Belica, se ha de echar el resto; entra asimismo Pedro, de gitano, y Maldonado; han de traer ensayadas dos mudanzas, y su tamboril. Ped. Vuestros humildes gitanos, 5 majestades que Dios guarde, hacemos vistoso alarde de nuestros bríos lozanos. Quisiéramos que esta danza fuera toda de brocado; 10 mas el poder limitado es muy poco lo que alcanza. Mas, con todo, mi Belilla, con su donaire y sus ojos, os quitará mil enojos, 15 dándoos gusto y maravilla. ¡Ea, gitanas de Dios, comenzad, y sea en buen pie! Reina. Bueno es el gitano, a fe. Mal. Id delantera las dos. 20 Ped. ¡Ea, Belica, flor de abril; Inés, bailadora ilustre, que podéis dar fama y lustre a esta danza y a otras mil! Bailan. 25 ¡Vaya el voladillo apriesa! ¡No os erréis; guardad compás! ¡Qué desvaída que vas, Francisquilla! ¡Ea, Ginesa! Mal. Largo y tendido el cruzado, 30 y tomen los brazos vuelo.
JORNADA SEGUNDA p. 188 Si ésta no es danza del cielo, yo soy asno enalbardado. Ped. ¡Ea, pizpitas ligeras y andarríos bulliciosos; llevad los brazos airosos 5 y las personas enteras! Mal. El oído en las guitarras, y haced de azogue los pies. Ped. ¡Por San! ¡Buenas van las tres! Mal. Y aun las cuatro no van malas. 10 Pero Belica es extremo de donaire, brío y gala. Ped. Como no bailan en sala, que tropiecen cuido y temo. Cae Belica junto al rey. 15 ¿No lo digo yo? Belilla ha caído junto al rey. Rey. Que os alce yo es justa ley, nueva octava maravilla; y entended que con la mano 20 os doy el alma también. Reina. Ello se ha hecho muy bien; andado ha el rey cortesano. ¡Bien su majestad lo allana, y la postra por el suelo, 25 pues levanta hasta su cielo una caída gitana! Bel. Mostró en esto su grandeza, pues casi fuera impiedad que junto a su majestad 30 nadie estuviera en bajeza;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 189 y no se pudo ofender su grandeza en esto en nada, pues majestad confirmada no puede desfallecer; y, en cierta manera, creo 5 que cabe en la suerte mía que me hagan cortesía los reyes. Reina. Ya yo lo veo. ¿Que ese privilegio tiene 10 la hermosura? Rey. Ea, señora, no turbéis la justa ahora, porque alegra y entretiene. Reina. Apriétanme el corazón 15 esas palabras livianas. Llevad aquestas gitanas y ponedlas en prisión: que es la belleza tirana, y a cualquier alma conquista, 20 y está su fuerza en ser vista. Rey. ¿Celos te da una gitana? Cierto que es terrible cosa, e insufrible de decir. Reina. Pudiérase eso decir, 25 a no ser ésta hermosa, y a (no) ser vuestra condición de rey; pero no es así. Llevádmelas ya de ahí. Sil. ¡Extraña resolución! 30 Inés. Señora, así el pensamiento celoso no te fatigue,
JORNADA SEGUNDA p. 190 ni hacer hazañas te obligue que no lleven fundamento. Que a solas quieras oírme un poco que te diré, y en ello no intentaré 5 de tu prisión eximirme. Reina. A mi estancia las llevad; pero traedlas tras mi. Entranse la reina y las gitanas. Rey. Pocas veces celos vi 10 sin tocar en crueldad. Sil. Una sospecha me afana, señor, por lo que aquí veo, y es que di de tu deseo noticia a aquella gitana 15 que a la reina quiere hablar en secreto, y es razón temer que de tu intención larga cuenta querrá dar. Rey. En mi dolor tan acerbo, 20 no me queda qué temer, pues no puede negro ser más que sus alas el cuervo. Venid, y daremos orden cómo se temple en la reina 25 la furia que en ella reina, la confusión y desorden. Entranse el rey y Silerio. Ped. ¡Bien habemos negociado, gustando vos del oficio! 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 191 Mal. Digo que pierdo el jüicio, y estoy como embelesado. Belica presa, e Inés con la reina quiere hablar. ¡Mucho me da que pensar! 5 Ped. Y aun que temer. Mal. Así es. Ped. Yo, a lo menos, el suceso no pienso esperar del caso: que a compás retiro el paso 10 del gitanesco progreso. Un bonete reverendo y el eclesiástico brazo sacarán de este embarazo mi persona, a lo que entiendo. 15 ¡A Dios, Maldonado! Mal. Espera. ¿Qué quieres hacer? Ped. No nada; la suerte tengo ya echada, 20 y tengo sangre ligera. No me detendrán aquí con maromas y con sogas. Mal. En muy poca agua te ahogas. Nunca pensé tal de ti; 25 antes, pensé que tenías ánimo para esperar un ejército. Ped. Es hablar; otras son las fuerzas mías. 30 Aún no me has bien conocido; pues entiende, Maldonado,
JORNADA SEGUNDA p. 192 que ha de ser el hombre honrado recatado, y no atrevido; y es prudencia prevenir el peligro. Queda en paz. Mal. Sin porqué temes; mas haz 5 tu gusto. Ped. Yo sé decir que es razón que aquí se tema: que las iras de los reyes pasan términos y leyes, 10 como es su fuerza suprema. Mal. Si así es, vámonos luego, que nos estará mejor. Mús. Todos tenemos temor, Maldonado. 15 Mal. No lo niego. Entranse todos.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 193 JORNADA TERCERA Sale Pedro como ermitaño, con tres o cuatro taleguillos de anjeo llenos de arena en las mangas. Ped. Ya está la casa vecina de aquella viuda dichosa, 5 digo de aquella Marina Sánchez, que, por generosa, al cielo el alma encamina; Marina, a la ventana. ya su marido, Vicente 10 del Berrocal, fácilmente saldrá de la llama horrenda, en cuanto Marina entienda que yace en ella doliente; su hijo Pedro Benito 15 amainará desde luego el alto espantoso grito con que se queja en el fuego que abrasa el negro distrito; dejará de estar mohíno 20 Martinico, su sobrino, el del lunar en la cara, viendo que se le prepara de la gloria el real camino. Viu. Padre, espere, que ya abajo, 25 y perdone si le doy en el esperar trabajo. Quítase de la ventana, y baja.
JORNADA TERCERA p. 194 Ped. Gracias a los cielos doy, que me luce si trabajo; gracias doy a quien me ha hecho entrar en aqueste estrecho, donde, sin temor de mengua, 5 me ha de sacar esta lengua con honra, gusto y provecho. Memoria, no desfallezcas, ni por algún accidente silencio a la lengua ofrezcas; 10 antes, con modo prudente, ya me alegres, ya entristezcas, en los semblantes me muda que con aquesta vïuda me acrediten, hasta tanto 15 que la dejen con espanto contenta, pero desnuda. Entra la viuda. Viu. Padre, déme aquesos pies. Ped. Tente, honrada labradora; 20 no me toques. ¿Tú no ves que, adonde la humildad mora, pierde el honor su interés? Las almas que están en penas, de todo contento ajenas, 25 aunque más las soliciten, las ceremonias no admiten de que están las cortes llenas. Más les importa una misa, que cuatro mil besamanos; 30 y esto tu padre te avisa,
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 195 y esos tratos cortesanos tenlos por cosa de risa. Pero, en tanto que te doy cuenta, amiga, de quién soy, guárdame aqueste talego, 5 y estotro del nudo ciego, con quien tan cargado voy. Viu. Ya, señor, tengo noticia de quién eres, y sé bien que tu voluntad codicia, 10 y en misericordia estén las almas, y no en justicia. Sé la honrada comisión que tienes, y, en conclusión, te suplico que me cuentes 15 cómo las de mis parientes tendrán descanso y perdón. Ped. Vicente del Berrocal, tu marido, con setenta escudos de principal 20 ha de rematar la cuenta en mil bienes de su mal. Pedro Benito, tu hijo, saldrá de aquel escondrijo con cuarenta y seis no más, 25 y con esto le darás un sin igual regocijo. Tu hija Sancha Redonda pide que a su voluntad tu larga mano responda: 30 que es soga la caridad para aquella cueva honda.
JORNADA TERCERA p. 196 Cincuenta y dos amarillos pide, redondos, sencillos, o ya veinte y seis doblados, con que serán quebrantados de sus prisiones los grillos. 5 Martín y Quiteria están, tus sobrinos, en un pozo, padeciendo estrecho afán, y desde allí con sollozo amargas voces te dan. 10 Diez doblones de a dos caras piden que ofrezca en las aras de la devoción divina, pues que los tiene Marina entre sus cosas más caras. 15 Sancho Manjón, tu buen tío, padece en una laguna mucha sed y mucho frío, y con llantos te importuna que des a su mal desvío. 20 Solos catorce ducados pide, pero bien contados y en plata de cuño nuevo, y yo a llevarlos me atrevo sobre mis hombros cansados. 25 Viu. ¿Visteis allá, por ventura, señor, a mi hermana Sancha? Ped. Vila en una sepultura cubierta con una plancha de bronce, que es cosa dura, 30 y, al pasarle por encima, dijo: “Si es que te lastima
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 197 el dolor que aquí te llora, tú, que vas al mundo ahora, a mi hermana y a mi prima dirás que en su voluntad está el salir de estas nieblas 5 a la inmensa claridad: que es luz de aquestas tinieblas la encendida caridad. Que apenas sabrá mi hermana mi pena, cuando esté llana 10 a darme treinta florines, por poner ella sus fines en ser cuerda, y no de lana.” Infinitos otros vi, tus parientes y criados, 15 que se encomiendan a ti, cuáles hay de a dos ducados, cuáles de a maravedí; y séte decir, en suma, que, reducidos con pluma 20 y con tinta a buena cuenta, a doscientos y cincuenta escudos llega la suma. No te azores, que ese saco que te di a guardar primero, 25 si es que bien la cuenta saco, me lo dio un bodegonero, grande imitador de Caco, no más de porque a su hija, que entre rescoldo de hornija 30 yace en las hondas cavernas, en sus delicadas piernas
JORNADA TERCERA p. 198 el fuego menos la aflija. Un mozo de mulas fue quien me dio el saco segundo que en tus manos entregué, gran caminador del mundo, 5 malo, mas de buena fe. De arenas de oro de Tíbar van llenos, con que el acíbar y amarguísimo trabajo de las almas de allá abajo 10 se ha de volver en almíbar. Ea, pues, mujer gigante, mujer fuerte, mujer buena; nada se os ponga delante para no aliviar la pena 15 de toda ánima penante. Desechad de la garganta ese nudo que os quebranta, y decid con voz serena: “Haré, señor, cuanto ordena 20 tu voz sonorosa y santa.” Que, en entregando los numos en estas groseras manos, con gozos altos y sumos, sus fuegos más inhumanos 25 verás convertir en humos. ¿Qué será ver a deshora que por la región del aire va un alma zapateadora bailando con gran donaire, 30 de esclava hecha señora? ¡Qué de alabanzas oirás
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 199 por delante y por detrás, ora vayas, ora estés, de toda ánima cortés a quien hoy libertad das! Vuélvele los sacos. 5 Viu. Tenga, y un poco me espere, que yo voy, y vuelvo luego con todo aquello que quiere. Entrase la viuda. Ped. En gusto, en paz y en sosiego 10 tu vida el cielo prospere. Si bien en ello se advierte, aquésta es la mujer fuerte que se busca en la Escritura. Tengas, Marina, ventura 15 en la vida y en la muerte. Belilla, gitana bella, todo el fruto de este embuste gozarás sin falta o mella, aunque tu gusto no guste 20 de mi amorosa querella. Cuanto este dinero alcanza, se ha de gastar en la danza y en tu adorno, porque quiero que por galas ni dinero 25 no malogres tu esperanza. Vuelve la viuda con un gato lleno, como que trae el dinero. Viu. Toma, venerable anciano,
JORNADA TERCERA p. 200 que ahí va lo que pediste, y aun a darte más me allano. Ped. Marina, el tuyo me diste con el proceder cristiano. En trasponiendo esta loma, 5 en un salto daré en Roma, y en otro en el centro hondo; y porque a quien soy respondo, mi buena bendición toma, que da salud a las muelas, 10 preserva que no se engañe nadie con fraude y cautelas, ni que de mirar se extrañe las nocturnas centinelas. Puede en las oscuras salas 15 tender sin temor las alas el más flaco corazón, Bendícela. levando la bendición del gran Pedro de Urdemalas. 20 Entrase Pedro. Viu. Comisario fidedino de las almas que en trabajo están penando contino, pues dicen que es cuesta abajo 25 del purgatorio el camino, échate a rodar, y llega ligero a la oscura vega o valle de llanto amargo, y aplícalas al descargo 30 que mi largueza te entrega.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 201 En cada escudo que di, llevas mi alma encerrada, y en cada maravedí, y como cosa encantada parece que quedo aquí. 5 Ya yo soy otra alma en pena, después que me veo ajena del talego que entregué; pero en hombros de mi fe saldré a la región serena. 10 Entrase. Sale la reina, y trae en un pañizuelo unas joyas, y sale con ella Marcelo, caballero anciano. Reina. Marcelo, sin que os impida la guarda de algún secreto, 15 porque no os pondrá en aprieto de perder fama ni vida, os ruego me respondáis a ciertas preguntas luego. Mar. Bien excusado es el ruego, 20 señora, donde mandáis. Preguntad a vuestro gusto, porque mi honra y mi vida está a vuestros pies rendida, y es de lo que yo más gusto. 25 Reina. Estas joyas de valor, ¿cúyas son, o cúyas fueron? Mar. Un tiempo dueño tuvieron, que siempre fue mi señor. Reina. ¿Pues cómo se enajenaron? 30 Porque me importa saber
JORNADA TERCERA p. 202 cómo aquesto vino a ser: si se dieron, o se hurtaron. Mar. Pues que ya la tierra cubre el delito y la deshonra, si es deshonra y si es delito 5 el que amor honesto forja, quiero romper un silencio que no importa que le rompa ni a los muertos ni a los vivos; antes, a todos importa. 10 La duquesa Félix Alba, que Dios acoja en su gloria, una noche en luz escasa y en tinieblas abundosa, estando yo en el terrero, 15 con esperanza dudosa de ver a la que me diste, gran señora, por esposa, con un turbado ceceo me llamó, y con voz ansiosa 20 me dijo: “Así la ventura a tus deseos responda, señor, quienquiera que seas, que, en esta ocasión forzosa, mostrando pecho cristiano, 25 a quien te llama socorras. Pon a recado esa prenda, más noble que venturosa; dale el agua del bautismo y el nombre que tú le escojas.” 30 Y en esto ya descolgaba de unas trenzas que de soga
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 203 sirvieron, una cestilla de blanca mimbre olorosa. No dijo más, y encerróse. Yo quedé en aquella hora cargado, suspenso y lleno 5 de admiración y congoja, porque oí que una criatura dentro de la cesta llora, así cual recién nacida. ¡Ved qué carga, y a qué hora! 10 En fin, porque presto veas el de aquesta extraña historia, digo que al punto salí, con diligencia no poca, de la ciudad al aldea 15 que está sobre aquella loma, por ser cerca. Pero el cielo, que infortunios acomoda, me deparó en el camino, al despuntar del aurora, 20 un rancho de unos gitanos, de pocas y humildes chozas. Por dádivas y por ruegos, una gitana no moza me tomó la criatura, 25 y al punto desenvolvióla, y entre las fajas, envueltas en un lienzo, halló esas joyas, que yo conocí al momento, pues son de tu hermano todas. 30 Dejéselas con la niña, que era una niña hermosa
JORNADA TERCERA p. 204 la que en la cesta venía, nacida de pocas horas; encarguéle su crianza y el bautismo, y que, con ropas humildes, empero limpias, 5 la criase. ¡Extraña cosa!: que, cuando de este suceso mi lengua a tu hermano informa, dijo: “Marcelo, la niña es mía, como las joyas. 10 La duquesa Félix Alba es su madre, y ella es sola el blanco de mis deseos, y de mis penas la gloria. Inmaturo ha sido el parto, 15 mal prevenida la toma; pero no hay falta que llegue de su ingenio a la gran sobra.” Estando en estas razones, en son tristísimo doblan 20 las campanas, sin que quede monasterio ni parroquia. El son general y triste daba indicios ser persona principal la que a la tierra 25 el común tributo torna. Hizo manifiesto el caso un paje que entró a deshora diciendo: “Muerta es, señor, Félix Alba, mi señora. 30 De improviso murió anoche, y por ella, señor, forman
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 205 este son tantas campanas, y tantas gentes que lloran.” Con estas nuevas, tu hermano quedó con el alma absorta, sin movimiento los ojos, 5 inmovible la persona. Volvió en sí desde allí a un rato, y, sin decirme otra cosa sino: “Haz criar la niña, y no le quites las joyas; 10 como gitana se críe, sin hacerla sabidora, aunque crezca, de quién es, porque esto a mi gusto importa”, dos horas tardó en partirse 15 a las fronteras, do apoca con su lanza la morisma, sus gustos con sus memorias. Siempre me escribe que vea a Belica, que llamóla 20 así la gitana sabia que con mucho amor criola. Yo no alcanzo su designio, ni a qué aspira, ni en qué topa el no querer que se sepa 25 tan rara y tan triste historia. Hanle dicho a la muchacha que un ladrón gitano hurtóla, y ella se imagina hija de alguna real persona. 30 Yo la he visto muchas veces, y hacer y decir mil cosas,
JORNADA TERCERA p. 206 que parece que ya tiene en las sienes la corona. Murió la que la dio leche, y, con las joyas, dejóla en poder de otra su hija, 5 si no tan bella, tan moza. Esta, que es la que tenía esas joyas, no otra cosa sabe más de lo que supo su madre, y el hecho ignora 10 de los padres de Isabel, tu sobrina, la hermosa, la señora, la garrida, la discreta y la briosa. Respondo esto a la pregunta 15 si se dieron esas joyas, o se hurtaron: que me admira verlas donde están ahora. [Reina.] La mitad he yo sabido de esta peregrina historia, 20 y una y otra relación, sin que discrepen, conforman. Mas dime: ¿conocerías, si acaso vieses, la hermosa gitana que dices? 25 Mar. Sí; como a mí mismo, señora. Reina. Pues espérate aquí un poco. Entrase la reina. Mar. ¿Quién trajo aquí aquestas joyas? 30 ¡Cómo a los cielos y al tiempo
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 207 por jamás se encubre cosa! ¿Si he hecho mal en descubrirme? Sí: que lengua presurosa no da lugar al discurso, y más condena que abona. 5 Vuelven la reina, Belica e Inés. Reina. ¿Es aquél el que venía a ver a tu hermana? Inés. Sí: que con mi madre le vi 10 comunicar más de un día. Reina. Con eso, y con el semblante, que al de mi hermano parece, ya veo que se me ofrece una sobrina delante. 15 Mar. Así lo puedes creer: que esa que traes de la mano es la prenda que tu hermano quiere y debe más querer. Si ilustre por el padre 20 la ha hecho Dios en el suelo, no menos la hace el cielo extremada por la madre, y ella, por su hermosura, merece ser estimada. 25 Entran el rey y el caballero. Rey. Ello es cosa averiguada que no hay celos sin locura. Reina. Y sin amor, señor mío, dijérades muy mejor. 30
JORNADA TERCERA p. 208 Rey. Celos son rabia, y amor siempre de ella está vacío; y de la causa que es buena mal efecto no procede. Reina. En mí al contrario sucede: 5 siempre celos me dan pena, y siempre los ha engendrado el grande amor que yo os tengo. Rey. Si hay venganza, yo me vengo con que os hayáis engañado, 10 pues no podrán redundar de vuestras preguntas hechas tan vehementes sospechas, que me puedan condenar, ni yo, si miráis en ello, 15 soy de sangre tan liviana, que a tan humilde gitana incline el altivo cuello. Reina. Mirad, señor, que es hermosa, y que la rara belleza 20 se lleva tras sí la alteza y fuerza más poderosa. Por mis ojos, que lleguéis a mirar sus bellos ojos. Rey. Si gustáis de darme enojos, 25 no es buen medio el que ponéis. Reina. ¿Cómo? ¿Y que así os amohína el mirar a una doncella que, después de ser tan bella, aspira a ser mi sobrina? 30 Bel. ¿Qué ha de ser aquesto, Inés? Que me voy imaginando
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 209 que se están de mí burlando. Inés. Calla, y sabráslo después. Reina. Miradla así, descuidado, y decidme a quién parece. Rey. A los ojos se me ofrece 5 de Rosamiro un traslado. Reina. No es mucho, porque es su hija, y como a tal la estimad. Cab. ¿Burla vuestra majestad? Reina. No es bien que eso se colija 10 de verdad tan manifiesta. Rey. Si no burláis, es razón que me cause admiración tal novedad como es ésta. Reina. Llegad al rey, Isabel, 15 y decid que os dé la mano como a hija de mi hermano. Bel. Como sierva llego a él. Rey. Levantad, bella criatura, que de vuestro parecer 20 muy bien se puede creer y esperar mayor ventura. Pero decidme, señora: ¿cómo sabéis esta historia? Reina. Aunque es breve y es notoria, 25 no es para decirla ahora. Vámonos a la ciudad, que en el camino sabréis lo que luego creeréis como infalible verdad. 30 Rey. Vamos. Mar. No hay dudar, señor,
JORNADA TERCERA p. 210 en historia que es tan clara, pues su rostro la declara, y yo, que soy el actor. Vanse entrando todos, y a la postre quedan Inés y Belica. 5 Inés. Belica, pues vas sobrina de la reina, por lo menos, esos tus ojos serenos a nuestra humildad inclina. Acuérdate de que hartamos 10 más de una vegada juntas, y que sin soberbia y puntas más de otras cinco bailamos; y que, aunque habemos andado muchas veces a las greñas, 15 siempre en efecto y por señas te he temido y respetado. Haz algún bien, pues podrás, a nuestros gitanos pobres; así en venturosa sobres 20 a cuantas lo fueron más. Responde a lo que se ve de tu ser tan principal. Bel. Dame, Inés, un memorial, que yo le despacharé. 25 Entranse. Sale Pedro de Urdemalas, con manteo y bonete, como estudiante. Ped. Dicen que la variación hace a la naturaleza 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 211 colma de gusto y belleza, y está muy puesto en razón. Un manjar a la contina enfada, y un solo objeto a los ojos del discreto 5 da disgusto y amohína. Un solo vestido cansa. En fin, con la variedad se muda la voluntad, y el espíritu descansa. 10 Bien logrado iré del mundo cuando Dios me lleve de él, pues podré decir que en él un Proteo fui segundo. ¡Válgame Dios, qué de trajes 15 he mudado, y qué de oficios, qué de varios ejercicios, qué de exquisitos lenguajes! Y ahora, como estudiante, de la reina voy huyendo, 20 cien mil azares temiendo de esta mi suerte inconstante. Pero yo, ¿por qué me cuento, que llevo (en) mudable palma? Si ha de estar siempre nuestra alma 25 en continuo movimiento, Dios me arroje ya a las partes donde más fuere servido. Entra un labrador con dos gallinas. Lab. Pues yo no las he vendido; 30 bien parece que es hoy martes.
JORNADA TERCERA p. 212 Ped. Mostrad, hermano; llegad, llegad, mostrad. ¿Que os turbáis? Ellas son de calidad, que en cada una mostráis vuestra grande caridad. 5 Andad con Dios y dejadlas, y desde lejos miradlas, como a reliquias honradlas, para el culto dedicadlas bucólico, y adoradlas. 10 Lab. Como me las pague, haga altar o reliquias de ellas, o lo que más satisfaga a su gusto. Ped. Sólo es de ellas 15 santa y justísima paga hacer de ellas un empleo que satisfaga al deseo del más mirado cristiano. Lab. Saldrá su designio vano, 20 señor zote, a lo que creo. Entran dos representantes, que se señalan con números 1 y 2. Ped. Sois hipócrita y malino, pues no tenéis miramiento 25 que os habla un hombre cetrino, hombre que vale por ciento para hacer un desatino; hombre que se determina, con una y otra gallina, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 213 sacar de Argel dos cautivos que están sanos y están vivos por la voluntad divina. Far. 1. Este cuento es de primor, y el sacristán, o lo que es, 5 juega de hermano mayor. Ped. ¡Oh fuerzas del interés, llenas de envidia y rigor! ¿Que es posible que te esquives, por tan pocos arrequives, 10 de sacar sendos cristianos de mano de los tiranos? ¡Cómante malos caribes! Lab. Diga, señor papasal: ¿son, por ventura, mostrencas 15 mis gallinas, ¡pesiatal!, para no hacerme de pencas de dar mi pobre caudal? Rescaten a esos cristianos los ricos, los cortesanos, 20 los frailes, los limosneros: que yo no tengo dineros, si no lo ganan mis manos. Far. 1. Esforcemos este embuste. Sois un hombre mal mirado, 25 de mala yacija y fuste, hombre que es tan desalmado, que no hay cosa de que guste. Ped. La maldición de mi zorra, de mi bonete y mi gorra, 30 caiga en ti y en tu ralea, y cautivo yo te vea
JORNADA TERCERA p. 214 en Fez en una mazmorra, para ver si te holgarás de que sea quien entonces, por dos gallinas no más... ¡Oh corazones de bronces, 5 archivos de Satanás! ¡Oh miseria de esta vida, a términos reducida, que vienen los cortesanos a rogar a los villanos, 10 gente no santa y perdida! Lab. ¡Pesia a mí! Denme mis aves, que yo no estoy para dar limosna. Far. 1. ¡Qué poco sabes 15 de achaque de rescatar dos hombres gordos y graves! Yo los tengo señalados, corpulentos y barbados, de raro talle y presencia, 20 que valen en mi conciencia más de trescientos ducados, y por estas dos gallinas solamente los rescato. ¡Ved qué entrañas tan molestas 25 tiene este pobre pazguato, criado entre las encinas! ¡Ya la ruindad y malicia, la miseria y la codicia reina sólo entre esta gente! 30 Lab. Aun bien que hay aquí teniente, corregidor y justicia. [Entrese.]
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 215 Ped. Y yo tengo lengua y pies. Esperen, y lo verán. Far. 1. Sois un traidor magancés, hombre de aquellos que dan mohatras de tres en tres. 5 Far. 2. Déjele vuestra merced, que, pues ya dejó en la red las cobas, vaya en buen hora. [Far. 1.] Pues bien: ¿qué haremos ahora? [Ped.] Lo que es vuestro gusto haced. 10 Despójese de su pluma el rescate, y véase luego, con resolución y en suma, si hay algún rancho o bodego donde todo se consuma: 15 que yo, a fe de compañero, desde ahora me prefiero a dar todo el adherente. Far. 2. Hay un grande inconveniente: que hemos de ensayar primero. 20 Ped. Pues díganme: ¿son farsantes? Far. 1. Por nuestros pecados, sí. Ped. Haz de mis dichas Atlantes, cerros de mi Potosí, de mi pequeñez gigantes; 25 en vosotros se me ofrece todo aquello que apetece mi deseo en sumo grado. Far. 2. ¿Qué vendaval os ha dado, que así el seso os desvanece? 30 Ped. Sin duda, he de ser farsante, y haré que estupendamente
JORNADA TERCERA p. 216 la fama mis hechos cante, y que los lleve y los cuente en Poniente y en Levante. Volarán los hechos míos hasta los reinos vacíos 5 de Policea, y aún más, en nombre de Nicolás, y el sobrenombre de Ríos: que éste fue el nombre de aquel mago que a entender me dio 10 quién era el mundo cruel, ciego que sin vista vio cuantos fraudes hay en él. En las chozas y en las salas, entre las jergas y galas 15 será mi nombre extendido, aunque se ponga en olvido el de Pedro de Urdemalas. Far. 2. Enigma y algarabía es cuanto habláis, señor, 20 para nosotros. Ped. Sería falta de ingenio y valor contaros la historia mía, a lo menos por ahora. 25 Vamos; que, si se mejora mi suerte con ser farsista, seréis testigos de vista del ingenio que en mí mora, principalmente en jugar 30 las tretas de un entremés hasta do pueden llegar.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 217 Entra otro farsante. Far. 3. ¿No advertirán que ya es hora y tiempo de ensayar? Porque pide el rey comedia, y el autor ha ya hora y media 5 que espera. ¡Grande descuido! Far. 1. Pues con ir presto, yo cuido que ese daño se remedia. Venga, galán, que yo haré que hoy quede por recitante. 10 Ped. Si lo quedo, mostraré que soy para autor bastante con lo menos que yo sé. Llegado ha ya la ocasión donde la adivinación 15 que un hablante Malgesí echó un tiempo sobre mí, tenga efecto y conclusión. Ya podré ser patriarca, pontífice y estudiante, 20 emperador y monarca: que el oficio de farsante todos estados abarca; y, aunque es vida trabajosa, es, en efecto, curiosa, 25 pues cosas curiosas trata, y nunca quien la maltrata le dará nombre de ociosa. Entranse todos.
JORNADA TERCERA p. 218 Sale un autor con unos papeles como comedia, y dos farsantes, que todos se señalan por número. Aut. Son muy anchos de conciencia vuestras mercedes, y creo, por las señales que veo, 5 que me ha de faltar paciencia. ¡Cuerpo de mí! ¿En veinte días no se pudiera haber puesto esta comedia? ¿Qué es esto? Ellas son venturas mías. 10 Póneme esto en confusión, y en un rencor importuno, que nunca falte ninguno al pedir de la ración, y al ensayo es menester 15 que con perros y hurones los busquen, y aun a pregones, y no querrán parecer. Ped. ¿Quién un agudo embustero, ni un agudo hablador, 20 sabrá hacerle mejor que yo, si es que hacerle quiero? Aut. Si no pica de arrogante el dómine, mucho sabe. Ped. Sé todo aquello que cabe 25 en un general farsante; sé todos los requisitos que un farsante ha de tener para serlo, que han de ser tan raros como infinitos. 30 De gran memoria, primero; segundo, de suelta lengua;
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 219 y que no padezca mengua de galas es lo tercero. Buen talle no le perdono, si es que ha de hacer los galanes; no afectado en ademanes, 5 ni ha de recitar con tono. Con descuido cuidadoso, grave anciano, joven presto, enamorado compuesto, con rabia si está celoso. 10 Ha de recitar de modo, con tanta industria y cordura, que se vuelva en la figura que hace de todo en todo. A los versos ha de dar 15 valor con su lengua experta, y a la fábula que es muerta ha de hacer resucitar. Ha de sacar con espanto las lágrimas de la risa, 20 y hacer que vuelvan con [p]risa otra vez al triste llanto. Ha de hacer que aquel semblante que él mostrare, todo oyente le muestre, y será excelente 25 si hace aquesto el recitante. Entra el alguacil de las comedias. Alg. ¿Ahora están tan despacio? ¿Esperarlos he a que acaben? Bien parece que no saben 30 las nuevas que hay en palacio.
JORNADA TERCERA p. 220 Vengan, que ya me amohína la posma que en ellos reina, aguardando el rey o reina y la nueva su sobrina. Aut. ¿Qué sobrina? 5 Alg. Una gitana, dicen, que es bella en extremo. Ped. Que sea Belica temo. ¿Y eso es verdad? Alg. Y tan llana, 10 que yo no sé cuál se sea mayor verdad por ahora. Y la reina, mi señora, hacerle fiestas desea. Venid, que allá lo sabréis 15 todo como pasa al punto. Ped. Mucho bien me vendrá junto, si por vuestro me queréis. Aut. Admitido estáis ya al gremio de nuestro alegre ejercicio, 20 pues vuestro raro jüicio mayor lauro pide en premio. Largo hablaremos después. Vamos, y haremos la prueba de vuestra gracia tan nueva, 25 ensayando un entremés. Ped. No me hará ventaja alguno en eso, cual se verá. Alg. Señores, que es tarde ya. Aut. ¿Falta aquí alguno? 30 Far. 1. Ninguno. Vanse todos.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 221 Salen el rey y Silerio. Rey. En cualquier traje se muestra su belleza al descubierto: gitana, me tuvo muerto; dama, a matarme se adiestra. 5 El parentesco no afloja mi deseo; antes, por él con ahínco más cruel toda el alma se congoja. Suenan guitarras. 10 Pero ¿qué música es ésta? Sil. Los comediantes serán, que adonde se visten van. Rey. Ya me entristece la fiesta; ya sólo con mi deseo 15 quisiera avenirme a solas, y dar costado a las olas del mar de amor do me veo. Pero escucha, que mi historia parece que oigo cantar, 20 y es señal que ha de durar luengos siglos su memoria. Entran los músicos cantando este romance: Mús. “Bailan las gitanas; míralas el rey; 25 la reina, con celos, mándalas prender. Por Pascua de Reyes
JORNADA TERCERA p. 222 hicieron al rey un baile gitano Belica e Inés; turbada Belica, cayó junto al rey, 5 y el rey la levanta de puro cortés; mas como es Belilla de tan linda tez, la reina, celosa, 10 mándalas prender.” Sil. Vienen tan embebecidos, que no nos echan de ver. Rey. Cantan lo que debe ser suspensión de los sentidos. 15 Mús. 1. El rey está aquí. ¡Chitón! Quizá no le agradará nuestra canción. Mús. 2. Sí hará, por ser nueva la canción, 20 y no contiene otra cosa, fuera de que es dulce y grave, que decir lo que se sabe: que es la reina recelosa, y hechura de la mujer 25 tener celos del marido. Rey. ¡Qué bien que lo has entendido! Dételo el diablo a entender. Silerio, mi muerte y vida vienen juntas. ¿Qué haré? 30 Sil. Mostrar a un tiempo la fe, aquí cierta, allí fingida.
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 223 Entran la reina y Belica, ya vestida de dama; Inés, de gitana; Maldonado, el autor, Martín Crespo, el alcalde, y Pedro de Urdemalas. Ped. Famosa Isabel, que ya fuiste Belica primero; 5 Pedro, el famoso embustero, postrado a tus pies está, tan hecho a hacer desvaríos, que, para cobrar renombre, el Pedro de Urde, su nombre, 10 ya es Nicolás de los Ríos. Digo que tienes delante a tu Pedro conocido, de gitano, convertido en un famoso farsante, 15 para servirte en más obras que puedes imaginar, si no le quieres faltar con lo mucho en que a otros sobras. Tu presunción y la mía 20 han llegado a conclusión: la mía sólo en ficción, la tuya como debía. Hay suertes de mil maneras, que, entre donaires y burlas, 25 hacen señores de burlas, como señores de veras. Yo, farsante, seré rey cuando le haya en la comedia, y tú, oyente, ya eres media 30 reina por valor y ley. En burlas podré servirte,
JORNADA TERCERA p. 224 tú hacerme merced de veras, si tras las mañas ligeras del vulgo no quieres irte; en el cual, si alguno hubo o hay humilde en rica alteza, 5 siempre queda la bajeza de aquel principio que tuvo. Pero tu ser y virtud me tienen bien satisfecho, que no llegará a tu pecho 10 la sombra de ingratitud. Por aquesta buena fe, de la reina o gran sobrina, y por ver que a ti se inclina quien gitano por ti fue, 15 que al rey pidas te suplico, andando el tiempo, una cosa más buena que provechosa, porque a mi gusto la aplico. Rey. Desde luego la concedo; 20 pide lo que es de tu gusto. Ped. Por ser lo que quiero justo, lo declararé sin miedo. Y es que, pues claro se entiende que el recitar es oficio 25 que a enseñar, en su ejercicio, y a deleitar sólo atiende, y para esto es menester grandísima habilidad, trabajo y curiosidad, 30 saber gastar y tener, que ninguno no le haga
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 225 que las partes no tuviere que este ejercicio requiere, con que enseñe y satisfaga. Preceda examen primero, o muestra de compañía, 5 y no por su fantasía se haga autor un pandero. Con esto pondrán la mira a esmerarse en su ejercicio: que tanto es bueno el oficio, 10 cuanto es el fin a que aspira. Bel. Yo haré que el rey, mi señor, vuestra petición conceda. Rey. Y aun otras, si hay en qué pueda valerle vuestro favor. 15 Reina. Con mejores ojos miro ahora que la miréis, y en cuanto por ella hacéis, más me alegro que me admiro. Ya mi voluntad se inclina 20 a acreditar a los dos: que entre mis celos y vos se ha puesto el ser mi sobrina. Vamos a oír la comedia con gusto, pues que los cielos 25 no ordenaron que mis celos la volviesen en tragedia. Y avisaráse a mi hermano luego de este hallazgo bueno. Entrase. 30 Rey. Ya yo le tengo en el seno
JORNADA TERCERA p. 226 y le toco con la mano. ¡Oh imaginación, que alcanzas las cosas menos posibles, si alcanzan las imposibles de reyes las esperanzas! 5 [Sil.] No te aflijas, que no es tanto el parentesco, que impida hallar a tu mal salida. Rey. Sí; mas moriré entretanto. Entrase el rey y Silerio. 10 Mal. Señora Belica, espere; mire que soy Maldonado, su conde. Bel. Tengo otro estado que estar aquí no requiere. 15 Maldonado, perdonadme, que yo os hablaré otro día. Inés. ¡Hermana Belica mía! Bel. La reina espera; dejadme. Entrase Belica. 20 Inés. ¡Entróse! ¡Quién me dijera aquesto casi antiyer! No lo pudiera creer, si con los ojos lo viera. ¡Válgame Dios, y qué ingrata 25 muchacha, y qué sacudida! Ped. La mudanza de la vida mil firmezas desbarata, mil agravios comprehende, mil vivezas atesora, 30
DE PEDRO DE URDEMALAS p. 227 y olvida sólo en un hora lo que en mil siglos aprende. Alc. Pedro, ¿cómo estás aquí tan galán? ¿Qué te has hecho? Ped. Pudiérame haber deshecho, 5 si no mirara por mí. Mudado he de oficio y nombre. y no es así como quiera: hecho estoy una quimera. Alc. Siempre tú fuiste gran hombre. 10 Yo por el premio venía de la danza que enseñaste, que en ella claro mostraste tu ingenio y tu bizarría; y si en el mundo no hubiera 15 pajes, yo sé que durara su fama hasta que llegara la edad que ha de ser postrera. Clemente y Clemencia están muy buenos, sin ningún mal, 20 y Benita con Pascual garrida vida se dan. Entra uno. Uno. Sus majestades aguardan; bien pueden ya comenzar. 25 Ped. Después podremos hablar. Uno. Miren que dicen que tardan. Ped. Ya ven vuestras mercedes que los [reyes aguardan allá dentro, y no es posible 30 entrar todos a ver la gran comedia
JORNADA TERCERA p. 228 que mi autor representa, que alabardas y lancineques y frinfrón impiden la entrada a toda gente mosquetera. Mañana, en el teatro, se hará una, donde por poco precio verán todos 5 desde principio al fin toda la traza, y verán que no acaba en [casamiento, cosa común y vista cien mil veces, ni que parió la dama esta jornada, 10 y en otra tiene el niño ya sus barbas, y es valiente y feroz, y mata y hiende, y venga de sus padres cierta injuria, y al fin viene a ser rey de un cierto [reino 15 que no hay cosmografía que le [muestre. De estas impertinencias y otras tales ofreció la comedia libre y suelta, pues llena de artificio, industria y 20 [galas, se cela del gran Pedro de [Urdemalas. Fin de estas comedias.
ÍNDICE Páginas. __________ Comedia famosa de la entretenida............ 5 Comedia famosa de Pedro de Urdemalas........ 117
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