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OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS Y ENTREMESES
TOMO II
Versión modernizada
Texto electrónico por
Fred F. Jehle
Copyright © 1916 Rodolfo Schevill
Copyright © 1998 Fred F. Jehle &
Purdue Research Foundation
OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
________
COMEDIAS
Y
ENTREMESES
TOMO II
EDICIÓN PUBLICADA POR
RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA
Profesor en la Profesor en la
Universidad de Universidad de
California (Berkeley). Madrid.
MADRID
IMPRENTA DE BERNARDO RODRÍGUEZ
Calle del Barquillo, núm. 8.
M. CM. XVI.
p. 3
p. 4
p. 5
COMEDIA FAMOSA
INTITULADA EL RUFIAN
DICHOSO
Los que hablan en ella son los siguientes:
Lugo, estudiante. Un ángel. 5
Lobillo y Ganchoso, La Comedia.
rufianes. La Curiosidad.
Alguacil. Fray Antonio.
Dos corchetes. Fray Angel.
Lagartija, muchacho. El prior. 10
Una dama. Dos ciudadanos.
Su marido. Doña Ana de Treviño.
El inquisidor Tello de Dos criados.
Sandoval. Un clérigo.
Dos músicos. Lucifer. 15
Un pastelero. Visiel, demonio.
Antonia. El virrey de México.
Otra mujer. El padre Cruz.
Carrascosa, padre de Saquel, demonio.
la mancebía. Tres almas de 20
Peralta y Gilberto, purgatorio.
estudiantes.
Salen Lugo, envainando una daga de ganchos, y
el Lobillo y Ganchoso, rufianes. Lugo viene como
JORNADA PRIMERA p. 6
estudiante, con una media sotana, un broquel en
la cinta y una daga de ganchos, que no ha de traer
espada.
Lob. ¿Por qué fue la cuestión?
Lug. No fue por nada. 5
No se repita, si es que amigos somos.
Gan. Quiso Lugo empinarse sobre
[el hombre,
y, siendo rufo de primer tonsura,
asentarse en la cátedra de prima, 10
teniendo al hombre aquí por
[espantajo.
Lug. Mis sores, poco a poco. Yo soy mozo
y mazo, y tengo hígados y bofes
para dar en el trato de la hampa 15
quinao (o) al más pintado de su
[escuela,
en la cual no recibe el grado alguno
de valeroso, por haber gran tiempo
que cura en sus entradas y salidas, 20
sino por las hazañas que [ha]ya hecho.
¿No tienen ya sabido que hay cofrades
de luz, y otros de sangre?
Lob. Aqueso pido.
Gan. ¡Hola, so Lobo! Si es que pide queso, 25
pídalo en otra parte, que, en aquésta,
no se da. Si no...
Lob. ¡Basta, s(eñ)or Ganchoso!
O logue luenga, y téngase por
[dicho, 30
que entrevo toda flor y todo rumbo.
Gan. ¿Pues nosotros nacimos en Guinea,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 7
so Lobo?
Lob. No sé nada.
Gan. Pues apréndalo
con aquesta lección.
Lug. ¡Fuera, Lobillo! 5
Gan. Entrambos sois ovejas fanfarronas,
y gallinas mojadas, y conejos.
Lob. ¡Menos lengua y más manos, hideputa!
Entran a esta sazón un alguacil y dos corchetes;
huyen Ganchoso y Lobillo; queda solo Lugo, 10
envainando.
Cor. ¡Téngase a la justicia!
Lug. ¡Tente, pícaro!
¿Conócesme?
Cor. ¡So Lugo! 15
Lug. ¿Qué so Lugo?
Alg. Bellacos, ¿no le asís?
Cor. 2. Señor nuestro amo,
¿sabe lo que nos manda? ¿No conoce
que es el señor Cristóbal el delinque? 20
Alg. ¡Que siempre le he de hallar en estas
[danzas!
¡Por Dios, que es cosa recia! ¡No hay
[paciencia
que lo pueda llevar! 25
Lug. Llévelo en cólera,
que tanto monta.
Alg. Ahora yo sé cierto
que ha de romper el diablo sus zapatos
alguna vez. 30
Lug. Mas que los rompa ciento;
JORNADA PRIMERA p. 8
que él los sabrá comprar donde
[quisiere.
Alg. El señor Sandoval tiene la culpa.
Cor. 2. Tello de Sandoval es su amo de éste.
Cor. 1. Y manda la ciudad, y no hay justicia 5
que le ose tocar por su respeto.
Lug. El señor alguacil haga su oficio,
y déjese de cuentos y preámbulos.
Alg. ¡Cuán mejor pareciera el señor Lugo
en su colegio que en la barbacana, 10
el libro en mano, y no el broquel en
[cinta!
Lug. Crea el so alguacil que no le cuadra
ni esquina el predicar; deje ese
[oficio 15
a quien le toca, y vaya y pique
[aprisa.
Alg. Sin picar nos iremos, y agradézcalo
a su amo; que, a fe de hijodalgo,
que yo sé en qué parara este negocio. 20
Lug. En irse y en quedarme.
Cor. 1. Yo lo creo,
porque es un Barrabás este Cristóbal.
Cor. 2. No hay gamo que le iguale en ligereza.
Cor. 1. Mejor juega la blanca que la negra, 25
y en entrambas es águila volante.
Alg. Recójase, y procure no encontrarme,
que será lo más sano.
Lug. Aunque sea enfermo,
hará lo que füere de mi gusto. 30
Alg. Venid vosotros.
Entrase el alguacil.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 9
Cor. 1. So Cristóbal, vive
que no le conocí; sí, juro cierto.
Cor. 2. Señor Cristóbal, yo me recomiendo;
de mí no hay que temer; soy ciego y
[mudo 5
para ver ni hablar cosa que toque
a la mínima suela del calcorro
que tapa y cubre la columna y basa
que sustentan la máquina hampesca.
Lug. ¿Dónde cargaste, Calahorra? 10
Cor. 2. No sé; Dios con la noche me socorra.
Entranse los dos corchetes.
Lug. Que sólo me respeten por mi amo,
y no por mí, no sé esta maravilla;
mas yo haré que salga de mí un 15
[bramo
que pase de los muros de Sevilla.
Cuelgue mi padre de su puerta el
[ramo,
despoje de su jugo a Manzanilla, 20
conténtese en su humilde y bajo oficio,
que yo seré famoso en mi ejercicio.
Entra a este instante Lagartija, muchacho.
Lag. Señor Cristóbal, ¿qué es esto?
¿Has reñido, por ventura, 25
que tienes turbado el gesto?
Lug. Pónele de sepultura
el ánimo descompuesto.
La de ganchos saqué a luz,
porque me hiciese el buz 30
JORNADA PRIMERA p. 10
un bravo por mi respeto;
mas huyóse de su aspecto
como el diablo de la cruz.
¿Qué me quieres, Lagartija?
Lag. La Salmerona y la Pava, 5
la Mendoza y la Librija,
que es cada cual por sí brava,
gananciosa y buena hija,
te suplican que esta tarde,
allá cuando el sol no arde, 10
y hiere en rayo sencillo,
en el famoso Alamillo
hagas de tu vista alarde.
Lug. ¿Hay regodeo?
Lag. Hay merienda, 15
que las más famosas cenas
ante ella cogen la rienda:
cazuelas de berenjenas
serán penúltima ofrenda.
Hay el conejo empanado, 20
por mil partes traspasado
con saetas de tocino;
blanco el pan, aloque el vino,
y hay turrón alicantado.
Cada cual para esto roba 25
blancas vistosas y nuevas,
una y otra rica coba;
dales limones las Cuevas,
y naranjas el Alcoba.
Daráles en un instante 30
el pescador arrogante
más que le hay del Norte al Sur,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 11
el gordo y sabroso albur
y la anguilla resbalante.
El sábalo vivo, vivo,
colear en la caldera
o saltar en fuego esquivo, 5
verás en mejor manera
que te lo pinto y describo.
El pintado camarón,
con el partido limón
y bien molida pimienta, 10
verás cómo el gusto aumenta
y le saca de harón.
Lug. ¡Lagartija, bien lo pintas!
Lag. Pues llevan otras mil cosas
de comer, varias, distintas, 15
que a voluntades golosas
las harán poner en quintas.
Lug. ¿Qué es (en) quintas?
Lag. En división,
llevándose la afición 20
aquí y allí y acullá:
que la variedad hará
no atinar con la razón.
Lug. ¿Y quién va con ellas?
Lag. ¿Quién? 25
El Patojo, y el Mochuelo,
y el Tuerto del Almadén.
Lug. Que ha de haber soplo recelo.
Lag. Ve tú, y se hará todo bien.
Lug. Quizá por tu gusto iré: 30
que tienes un no sé qué
de agudeza, que me encanta.
JORNADA PRIMERA p. 12
Lag. Mi boca pongo en la planta
de tu valeroso pie.
Lug. ¡Alza, rapaz lisonjero,
indigno del vil oficio
que tienes! 5
Lag. Pues de él espero
salir presto a otro ejercicio
que muestre ser perulero.
Lug. ¿Qué ejercicio?
Lag. Señor Lugo, 10
será ejercicio de jugo,
puesto que en él se trabaja,
que es jugador de ventaja,
y de las bolsas verdugo.
¿No has visto tú por ahí 15
mil con capas guarnecidas,
volantes más que un neblí,
que en dos barajas bruñidas
encierran un Potosí?
Cuál de éstos se finge manco 20
para dar un toque franco
al más agudo, y me alegro
de ver no usar de su negro
hasta que topen un blanco.
Lug. ¡Mucho sabes! ¿Qué papel 25
es el que traes en el pecho?
Lag. ¿Descúbreseme algo de él?
Todo el seso sin provecho
de Apolo se encierra en él.
Es un romance jacaro, 30
que le igualo y le comparo
al mejor que se ha compuesto;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 13
echa de la hampa el resto
en estilo jaco y raro.
Tiene vocablos modernos,
de tal manera, que encantan;
unos bravos, y otros tiernos; 5
ya a los cielos se levantan,
ya bajan a los infiernos.
Lug. Dile, pues.
Lag. Séle de coro:
que ninguna cosa ignoro 10
de aquesta que a luz se saque.
Lug. ¿Y de qué trata?
Lag. De un jaque
que se tomó con un toro.
Lug. Vaya, Lagartija. 15
Lag. Vaya,
y todo el mundo esté atento
a mirar cómo se ensaya
a pasar mi entendimiento
del que más sube la raya. 20
Año de mil y quinientos
y treinta y cuatro corría,
a veinte y cinco de mayo,
martes, acïago día,
sucedió un caso notable 25
en la ciudad de Sevilla,
digno que ciegos le canten
y que poetas le escriban.
Del gran corral de los Olmos,
do está la jacarandina, 30
sale Reguilete, el jaque,
vestido a las maravillas.
JORNADA PRIMERA p. 14
No va la vuelta del Cairo,
del Catay ni de la China,
ni de Flandes ni Alemania,
ni menos de Lombardía;
va la vuelta de la plaza 5
de San Francisco bendita,
que corren toros en ella
por santa Justa y Rufina,
y, apenas entró en la plaza,
cuando se lleva la vista 10
tras sí de todos los ojos,
que su buen donaire miran.
Salió en esto un toro hosco,
¡válgasme, Santa María!,
y, arremetiendo con él, 15
dio con él patas arriba.
Dejóle muerto y mohíno,
bañado en su sangre misma;
y aquí da fin el romance,
porque llegó el de su vida. 20
Lug. ¿Y éste es el romance bravo
que decías?
Lag. Su llaneza
y su buen decir alabo;
y más, que muestra agudeza 25
en llegar tan presto al cabo.
Lug. ¿Quién le compuso?
Lag. Tristán,
que gobierna en San Román
la bendita sacristía, 30
que excede en la poesía
a Garcilaso y Boscán.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 15
Entra a este instante una dama, con el manto hasta la
mitad del rostro.
Dam. Una palabra, galán.
Lug. Ve con Dios, y quizá iré,
si estás cierto que allá van. 5
Lag. Digo que van; yo lo sé,
y sé que te aguardarán.
Entrase Lagartija.
Dam. Arrastrada de un deseo
sin provecho resistido, 10
a hurto de mi marido,
delante de vos me veo.
Lo que este manto os encubre
mirad, y después veréis
Mírala por debajo del manto. 15
si es razón que remediéis
lo que la lengua os descubre.
¿Conocéisme?
Lug. Demasiado.
Dam. En eso veréis la fuerza 20
que me incita y aun me fuerza
a ponerme en este estado;
mas, porque no estéis en calma
pensando a qué es mi venida,
digo que a daros mi vida 25
con la voluntad del alma.
Vuestra rara valentía
y vuestro despejo han hecho
tanta impresión en mi pecho,
que pienso en vos noche y día. 30
JORNADA PRIMERA p. 16
Quítame este pensamiento
pensar en mi calidad,
y al gusto la voluntad
da libre consentimiento;
y así, sin guardar decoro 5
a quien soy en ningún modo,
Habré de decirlo todo:
sabed, Lugo, que os adoro.
No fea, y muy rica soy;
sabré dar, sabré querer, 10
y esto lo echaréis de ver
por este trance en que estoy:
que la mujer ya rendida,
aunque es toda mezquindad,
muestra liberalidad 15
con el dueño de su vida.
En la tuya o en mi casa,
de mí y de mi hacienda puedes
prometerte, no mercedes,
sino servicios sin tasa; 20
y, pues miedo no te alcanza,
no te le dé mi marido,
que el engaño siempre ha sido
parcial de la confianza.
No llegan de los recelos, 25
porque los tiene discretos,
a hacer los tristes efectos
que suelen hacer los celos;
y porque nunca ocasión
de tenerlos yo le he dado, 30
le juzgo por engañado
a nuestra satisfacción.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 17
¿Para qué arrugas la frente
y alzas las cejas? ¿Qué es esto?
Lug. En admiración me ha puesto
tu deseo impertinente.
Pudieras, ya que querías 5
satisfacer tu mal gusto,
buscar un sujeto al justo
de tus grandes bizarrías;
pudieras, como entre peras,
escoger en la ciudad 10
quien diera a tu voluntad
satisfacción con más veras;
y así tuviera(s) disculpa
con la alteza del empleo
tu malnacido deseo, 15
que en mi bajeza te culpa.
Yo soy un pobre criado
de un inquisidor, cual sabes,
de caudal, que está sin llaves,
entre libros abreviado; 20
vivo a lo de Dios es Cristo,
sin estrechar el deseo,
y siempre traigo el baldeo
como sacabuche listo;
ocúpome en bajas cosas, 25
y en todas soy tan terrible,
que el acudir no es posible
a las que son amorosas;
a lo menos a las altas,
como en las que en ti señalas: 30
que son de cuervo mis alas.
Dam. No te pintes con más faltas,
JORNADA PRIMERA p. 18
porque en mi imaginación
te tiene amor retratado
del modo que tú has contado,
pero con más perfección.
No pido hagas quimeras 5
de ti mismo; sólo pido,
deseo bien comedido,
que, pues te quiero, me quieras.
Pero ¡ay de mí, desdichada!
¡Mi marido! ¿Qué haré? 10
Tiemblo y temo, aunque bien sé
que vengo bien disfrazada.
Entra su marido.
Lug. Sosegaos, no os desviéis,
que no os ha de descubrir. 15
Dam. Aunque me quisiera ir,
no puedo mover los pies.
Mar. Señor Lugo, ¿qué hay de nuevo?
Lug. Cierta cosa que contaros,
que me obligaba a buscaros. 20
Dam. Irme quiero, y no me atrevo.
Mar. Aquí me tenéis; mirad
lo que tenéis que decirme.
Dam. Harto mejor fuera irme.
Lug. Llegaos aquí, y escuchad. 25
La hermosura que dar quiso
el cielo a vuestra mujer,
con que la vino a hacer
en la tierra un paraíso,
ha encendido de manera 30
de un mancebo el corazón,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 19
que le tiene hecho carbón
de la amorosa hoguera.
Es rico y es poderoso,
y atrevido de tal modo,
que atropella y rompe todo 5
lo que es más dificultoso.
No quiere usar de los medios
de ofrecer ni de rogar,
porque, en su mal, quiere usar
de otros más breves remedios. 10
Dice que la honestidad
de vuestra consorte es tanta,
que le admira y que le espanta
tanto como la beldad.
Por jamás le ha descubierto 15
su lascivo pensamiento:
que queda su atrevimiento,
ante su recato, muerto.
Mar. ¿Es hombre que entra en mi casa?
Lug. Róndala, mas no entra en ella. 20
Mar. Quien casa con mujer bella,
de su honra se descasa,
si no lo remedia el cielo.
Dam. ¿Qué es lo que tratan los dos?
¿Si es de mí? ¡Válgame Dios, 25
de cuántos males recelo!
Lug. Digo, en fin, que es tal el fuego
que a este amante abrasa y fuerza,
que quiere usar de la fuerza
en cambio y lugar del ruego. 30
Robar quiere a vuestra esposa,
ayudado de otra gente
JORNADA PRIMERA p. 20
como yo, de esta valiente,
atrevida y licenciosa.
Hame dado cuenta de ello,
casi como a principal
de esta canalla mortal, 5
que en hacer mal echa el sello.
Yo, aunque soy mozo arriscado,
de los de campo través,
ni mato por interés,
ni de ruindades me agrado. 10
De ayudarle he prometido,
con intento de avisaros:
que es fácil el repararos,
estando así prevenido.
Mar. ¿Soy hombre yo de amenazas? 15
Tengo valor, ciño espada.
Lug. No hay valor que pueda nada
contra las traidoras trazas.
Mar. En fin, ¿mi consorte ignora
todo este cuento? 20
Lug. Así ella
os ofende, como aquella
cubierta y buena señora.
Por el cielo santo os juro
que no sabe nada de esto. 25
Mar. De ausentarla estoy dispuesto.
Lug. Eso es lo que yo procuro.
Mar. Yo la pondré donde el viento
apenas pueda tocalla.
Lug. En el recato se halla 30
buen fin del dudoso intento.
Retiradla, que la ausencia
DEL RUFIAN DICHOSO p. 21
hace, pasando los días,
volver las entrañas frías
que abrasaba la presencia;
y nunca en la poca edad
tiene firme asiento amor, 5
y siempre el mozo amador
huye la dificultad.
Mar. El aviso os agradezco,
señor Lugo, y algún día
sabréis de mi cortesía 10
si vuestra amistad merezco.
El nombre saber quisiera
de ese galán que me acosa.
Lug. Eso es pedirme una cosa
que de quien soy no se espera. 15
Basta que vais avisado
de lo que más os conviene,
y este negocio no tiene
más de lo que os he contado.
Vuestra consorte, inocente 20
está de todo este hecho;
vos, con esto satisfecho,
haced como hombre prudente.
Mar. Casa fuerte y heredad
tengo en no pequeña aldea, 25
y llaves, que harán que sea
grande la dificultad
que se oponga al mal intento
de ese atrevido mancebo.
Quedaos, que en el alma llevo 30
más de un vario pensamiento.
Vase el marido.
JORNADA PRIMERA p. 22
Dam. Entre los dientes ya estaba
el alma para dejarme;
quise, y no pude mudarme,
aunque más lo procuraba.
¡Mucho esfuerzo ha menester 5
quien, con traidora conciencia,
no se alborota en presencia
de aquel que quiere ofender!
Lug. Y más si la ofensa es hecha
de la mujer al marido. 10
Dam. El nublado ya se ha ido;
hazme ahora satisfecha,
contándome qué querías
a mi esclavo y mi señor.
Lug. Hanme hecho corredor 15
de no sé qué mercancías.
Díjele, si las quería,
que fuésemos luego a vellas.
Dam. ¿De qué calidad son ellas?
Lug. De la de mayor cuantía; 20
que le importa, estoy pensando,
comprarlas, honor y hacienda.
Dam. ¿Cómo haré yo que él entienda
esa importancia?
Lug. Callando. 25
Calla y vete, y así harás
muy segura su ganancia.
Dam. ¿Pues qué traza de importancia
en lo de gozarnos das?
Lug. Ninguna que sea de gusto; 30
por hoy, a lo menos.
Dam. ¿Pues
DEL RUFIAN DICHOSO p. 23
cuándo la darás, si es
que gustas de lo que gusto?
Lug. Yo haré por verme contigo.
Vete en paz.
Dam. Con ella queda, 5
y el amor contigo pueda
todo aquello que conmigo. [Vase.]
Lug. Como de rayo del cielo,
como en el mar de tormenta,
como de improviso afrenta, 10
y terremoto del suelo;
como de fiera indignada,
del vulgo insolente y libre,
pediré a Dios que me libre
de mujer determinada. 15
Entrase Lugo.
Sale el licenciado Tello de Sandoval, amo de Cristóbal
de Lugo, y el alguacil que salió primero.
Tello. ¿Pasan de mocedades?
Alg. Es de modo 20
que, si no se remedia, a buen seguro
que ha de escandalizar [al] pueblo todo.
Como cristiano, a vuestra merced juro
que piensa y hace tales travesuras,
que nadie de él se tiene por seguro. 25
Tello. ¿Es ladrón?
Alg. No, por cierto.
Tello. ¿Quita a oscuras
las capas en poblado?
Alg. No, tampoco. 30
JORNADA PRIMERA p. 24
Tello. ¿Qué hace, pues?
Alg. Otras cien mil diabluras.
Esto de valentón le vuelve loco:
aquí riñe, allí hiere, allí se arroja,
y es en el trato airado el rey y el coco: 5
con una daga que le sirve de hoja,
y un broquel que pendiente trae al lado,
sale con lo que quiere o se le antoja.
Es de toda la hampa respetado,
averigua pendencias y las hace, 10
estafa, y es señor de lo guisado;
entre rufos, él hace y él deshace,
el corral de los Olmos le da parias,
y en el dar cantaletas se complace.
Por tres heridas de personas varias, 15
tres mandamientos traigo y no ejecuto,
y otros dos tiene el alguacil Pedro Arias.
Muchas veces he estado resoluto
de aventurarlo todo y de prenderle,
o ya a la clara, o ya con modo astuto; 20
pero, viendo que da en favorecerle
tanto vuestra merced, aún no me atrevo
a mirarle, tocarle ni ofenderle.
Tello. Esta deuda conozco que la debo,
y la pagaré algún día, 25
y procuraré que Lugo
use de más cortesía,
o le seré yo verdugo,
por vida del alma mía.
Mas lo mejor es quitarle 30
de aquesta tierra, y llevarle
a México, donde voy,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 25
no obstante que puesto estoy
en reñirle y castigarle.
Vuestra merced en buen hora
vaya, que yo le agradezco
el aviso, y desde ahora 5
todo por suyo me ofrezco.
Alg. Ya adivino su mejora
sacándole de Sevilla,
que es tierra do la semilla
holgazana se levanta 10
sobre cualquiera otra planta
que por virtud maravilla.
Entrase el alguacil.
Tello. ¡Que aqueste mozo me engañe,
y que tan a suelta rienda 15
a mi honor y su alma dañe!
Pues yo haré, si no se enmienda,
que de mi favor se extrañe:
que, viéndose sin ayuda,
será posible que acuda 20
a la enmienda de su error:
que a la sombra del favor
crecen los vicios, sin duda.
Entrase Tello.
Salen dos músicos con guitarras, y Cristóbal con su 25
broquel y daga de ganchos.
Lug. Toquen, que ésta es la casa, y al seguro,
que presto llegue el bramo a los oídos
de la ninfa, que he dicho, jerezana,
cuya vida y milagros en mi lengua 30
JORNADA PRIMERA p. 26
viene cifrada en verso correntío.
A la jácara toquen, pues comienzo.
Mús. 1. ¿Quieres que le rompamos las ventanas
antes de comenzar, porque esté atenta?
Lug. Acabada la música, andaremos 5
aquestas estaciones. Vaya ahora
el guitarresco son y el aquelindo.
Tocan.
Escucha, la que viniste
de la jerezana tierra 10
a hacer a Sevilla guerra
en cueros, como valiente;
la que llama su pariente
al gran Miramamolín;
la que se precia de ruin, 15
como otras de generosas;
la que tiene cuatro cosas,
y aun cuatro mil, que son malas;
la que pasea sin alas
los aires en noche oscura; 20
la que tiene a gran ventura
ser amiga de un lacayo;
la que tiene un papagayo
que siempre la llama puta;
la que en vieja y en astuta 25
da quinao a Celestina;
la que, como golondrina,
muda tierras y sazones;
la que a pares, y aun a nones,
ha ganado lo que tiene; 30
la que no se desaviene
DEL RUFIAN DICHOSO p. 27
por poco que se le dé;
la que su palabra y fe
que diese, jamás guardó;
la que en darse a sí excedió
a las godeñas más francas; 5
la que echa por cinco blanca[s]
las habas y el cedacillo.
Asómase a la ventana uno medio desnudo, con un
paño de tocar y un candil.
Uno. ¿Están en sí, señores? ¿No dan cata 10
que no los oye nadie en esta casa?
Mús. 1. ¿Cómo así, tajamoco?
Uno. Porque el dueño
ha que está ya a la sombra cuatro
[días. 15
Mús. 2. Convaleciente, di: ¿cómo a la sombra?
Uno. En la cárcel; ¿no entrevan?
Lug. ¿En la cárcel?
¿Pues por qué la llevaron?
Uno. Por amiga 20
de aquel Pierres Papín, el de los
[naipes.
Mús. 1. ¿Aquel francés giboso?
Uno. Aquese mismo,
que en la cal de la Sierpe tiene tienda. 25
Lug. ¡Entrate, bodegón almidonado!
Mús. 2. ¡Zabúllete, fantasma antojadiza!
Mús. 1. ¡Escóndete, podenco cuartanario!
Uno. Entrome, ladroncitos en cuadrilla;
zabúllome, cernícalos rateros; 30
escóndome, corchetes a lo Caco.
JORNADA PRIMERA p. 28
Lug. ¡Vive Dios, que es de humor el
[hideputa!
Uno. No tire nadie; estén las manos quedas,
y anden las lenguas.
Mús. 1. ¿Quién te tira, sucio? 5
Uno. ¿Hay más? ¡Si no me abajo, cuál me
[paran!
¡Mancebitos, a Dios! Que no soy pera,
que me han de derribar a terronazos.
Entrase. 10
Lug. ¿Han visto los melindres del bellaco?
No le tiran, y quéjase.
Mús. 2. (Este) es un sastre
remendón muy donoso.
Mús. 1. ¿Qué haremos? 15
Lug. Vamos a dar asalto al pastelero
que está aquí cerca.
Mús. 2. Vamos, que ya es hora
que esté haciendo pasteles; que este
[ciego 20
que viene aquí nos da a entender cuán
[cerca
Entra un ciego.
viene ya el día.
Ciego. No he madrugado mucho, 25
pues que ya suena gente por la calle.
Hoy quiero comenzar por este sastre.
Lug. ¡Hola, ciego, buen hombre!
Ciego. ¿Quién me llama?
Lug. Tomad aqueste real, y diez y siete 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 29
oraciones decid, una tras otra,
por las almas que están en purgatorio.
Ciego. Que me place, señor, y haré mis fuerzas
por decirlas devota y claramente.
Lug. No me las engulláis, ni me echéis sisa 5
en ellas.
Ciego. No, señor; ni por semejas.
A las Gradas me voy, y allí,
[sentado,
las diré poco a poco. 10
Lug. ¡Dios os guíe!
Vase el ciego.
Mús. 1. ¿Quédate para vino, Lugo amigo?
Lug. Ni aun un solo cornado.
Mús. 1. ¡Vive Roque, 15
que tienes condición extraordinaria!
Muchas veces te he visto dar limosna
al tiempo que la lengua se nos pega
al paladar, y sin dejar siquiera
para comprar un polvo de Cazalla. 20
Lug. Las ánimas me llevan cuanto tengo;
mas yo tengo esperanza que algún día
lo tienen de volver ciento por uno.
Mús. 2. ¡A la larga lo tomas!
Lug. Y a lo corto; 25
que al bien hacer jamás le falta premio.
Suena dentro como que hacen pasteles, y canta uno
dentro lo siguiente:
¡Afuera, consejos vanos,
que despertáis mi dolor! 30
JORNADA PRIMERA p. 30
No me toquen vuestras manos;
que, en los consejos de amor,
los que matan son los sanos.
Mús. 1. ¡Hola! Cantando está el pastelerazo,
y, por lo menos, los consejos vanos. 5
¿Tienes pasteles, cangilón con tetas?
Past. ¡Músico de mohatra sincopado!
Lug. Pastelero de riego, ¿no respondes?
Past. Pasteles tengo, mancebitos hampos;
mas no son para ellos, corchapines. 10
Lug. ¡Abre, socarra, y danos de tu obra!
Past. ¡No quiero, socarrones! ¡A otra puerta,
que no se abre aquésta por ahora!
Lug. ¡Por Dios, que a puntapiés la haga leña
si acaso no nos abres, buenos vinos! 15
Past. ¡Por Dios, que no he de abrir, malos
[vinagres!
Lug. ¡Ahora lo veredes!, dijo Agrajes.
Mús. 1. ¡Paso, no la derribes! ¡Lugo, tente!
Da de coces a la puerta; sale el pastelero y sus 20
secuaces con palas y barrederos y asadores.
Past. ¡Bellacos, no hay aquí Agrajes que
[valgan;
que, si tocan historias, tocaremos
palas y chuzos! 25
Mús. 2. ¡(En)ciérrate, capacho!
Lug. ¿Quieres que te derribe aquesas
[muelas,
remero de Carón el chamuscado?
Past. ¡Cuerpo de mí! ¿Es Cristóbal el de 30
[Tello?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 31
Mús. 1. El es. ¿Por qué lo dices,
[zangomango?
Past. Dígolo porque yo le soy amigo
y muy su servidor, y para cuatro
o para seis pasteles, no tenía 5
para qué romper puertas ni ventanas,
ni darme cantaletas ni matracas.
Entre Cristóbal, sus amigos entren,
y allánese la tienda por el suelo.
Lug. ¡Vive Dios, que eres príncipe entre 10
[príncipes,
y que esa sumisión te ha de hacer
[franco
de todo mi rigor y mal talante!
Enváinense la pala y barrederas, 15
y amigos usque ad mortem.
Past. Por San Pito,
que han de entrar todos, y la buena
[estrena
han de hacer a la hornada, que ya sale; 20
y más, que tengo de Alanís un cuero
que se viene a las barbas y a los ojos.
Mús. 1. De miedo hace todo cuanto hace
aqueste marión.
Lug. No importa nada. 25
Asgamos la ocasión por el harapo,
por el hopo o copete, como dicen,
ora la ofrezca el miedo o cortesía.
El señor pastelero es cortesísimo,
y yo le soy amigo verdadero, 30
y hacer su gusto por mi gusto quiero.
Entranse todos.
JORNADA PRIMERA p. 32
Sale Antonia con su manto, no muy aderezada, sino
honesta.
Ant. Si ahora yo le hallase
en su aposento, no habría
cosa de que más gustase; 5
quizá a solas le diría
alguna que le ablandase.
Atrevimiento es el mío;
pero dame esfuerzo y brío
estos celos y este amor, 10
que rinden con su rigor
al más exento albedrío.
Esta es la casa, y la puerta,
como pide mi deseo,
parece que está entreabierta; 15
mas, ¡ay!, que a sus quicios veo
yacer mi esperanza muerta.
Apenas puedo moverme;
pero, en fin, he de atreverme,
aunque tan cobarde estoy, 20
porque en el punto de hoy
está el ganarme o perderme.
Sale el inquisidor Tello de Sandoval con ropa
de levantar, rezando en unas horas.
Tello. Deus in adjutorium meum intende. 25
Domine, ad adjuvandum me festina.
Gloria Patri & Filio & Spiritui Sancto.
Sicut erat, &c.
¿Quién está ahí? ¿Qué rüido
es ése? ¿Quién está ahí? 30
Ant. ¡Ay, desdichada de mí!
DEL RUFIAN DICHOSO p. 33
¿Qué es lo que me ha sucedido?
Tello. Pues, señora, ¿qué buscáis
tan de mañana en mi casa?
Este de madrugar pasa.
No os turbéis. ¿De qué os turbáis? 5
Ant. ¡Señor!
Tello. Adelante. ¿Qué es?
Proseguid vuestra razón.
Ant. Nunca la errada intención
supo enderezar los pies. 10
A Lugo vengo a buscar.
Tello. ¿Mi criado?
Ant. Sí, señor.
Tello. ¿Tan de mañana?
Ant. El amor 15
tal vez hace madrugar.
Tello. ¿Bien le queréis?
Ant. No lo niego;
mas quiérole en parte buena.
Tello. El madrugar os condena. 20
Ant. Siempre es solícito el fuego.
Tello. En otra parte buscad
materia que le apliquéis,
que en mi casa no hallaréi[s]
sino toda honestidad; 25
y si el mozo da ocasión
que le busquéis, yo haré
que desde hoy más no os la dé.
Ant. Enójase sin razón
vuestra merced; que, en mi alma, 30
que el mancebo es de manera,
que puede llevar doquiera
JORNADA PRIMERA p. 34
entre mil honestos palma.
Verdad es que él es travieso,
matante, acuchillador;
pero, en cosas del amor,
por un leño le confieso. 5
No me lleva a mí tras él
Venus blanda y amorosa,
sino su aguda ganchosa
y su acerado broquel.
Tello. ¿Es valiente? 10
Ant. Muy bien puedes
sin escrúpulo igualarle,
y aun quizá será agraviarle,
a García de Paredes.
Y por esto este mocito 15
trae a todas las del trato
muertas: por ser tan bravato;
que en lo demás es bendito.
Tello. Oigole. Escondeos aquí,
porque quiero hablar con él 20
sin que os vea.
Ant. ¡Que no es él!
Tello. Es, sin duda; yo le oí.
Después os daré lugar
para hablarle. 25
Ant. Sea en buen hora.
Escóndese Antonia.
Entra Lugo en cuerpo, pendiente a las espaldas
el broquel y la daga, y trae el rosario en la mano.
Lug. Mi señor suele a esta hora 30
de ordinario madrugar.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 35
Mirad si lo dije bien;
hele aquí. Yo apostaré
que hay sermón do no pensé.
Acábese presto. Amén.
Tello. ¿De dónde venís, mancebo? 5
Lug. ¿De dó tengo de venir?
Tello. De matar y de herir,
que esto para vos no es nuevo.
Lug. A nadie hiero ni mato.
Tello. Siete veces te he librado 10
de la cárcel.
Lug. Ya es pasado
aquése, y tengo otro trato.
Tello. Mas sé que hay de un mandamiento
para prenderte en la plaza. 15
Lug. Sí; mas ninguno amenaza
a que dé coces al viento:
que todas son liviandades
de mozo las que me culpan,
y a mí mismo me disculpan, 20
pues no llegan a maldades.
Ellas son cortar la cara
a un valentón arrogante;
una matraca picante,
aguda, graciosa y rara; 25
calcorrear diez pasteles
o cajas de diacitrón;
sustanciar una cuestión
entre dos jaques noveles;
el tener en la dehesa 30
dos vacas, y a veces tres,
pero sin el interés
JORNADA PRIMERA p. 36
que en el trato se profesa;
procurar que ningún rufo
se entone do yo estuviere,
y que estime, sea quien fuere,
la suela de mi pantufo. 5
Estas y otras cosas tales
hago por mi pasatiempo,
demás que rezo algún tiempo
los salmos penitenciales;
y, aunque peco de ordinario, 10
pienso, y ello será así,
dar buena cuenta de mí
por las de aqueste rosario.
Tello. Dime, simple: ¿y tú no ves
que de esa tu plata y cobre, 15
es dar en limosna al pobre
del puerco hurtado los pies?
Haces a Dios mil ofensas,
como dices, de ordinario,
¿y, con rezar un rosario, 20
sin más, ir al cielo piensas?
Entra por un libro allí,
que está sobre aquella mesa.
Dime: ¿qué manera es ésa
de andar, que jamás la vi? 25
¿Hacia atrás? ¿Eres cangrejo?
Vuélvete. ¿Qué novedad
es ésa?
Lug. Es curiosidad
y cortesano consejo 30
que no vuelva el buen criado
las espaldas al señor.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 37
Tello. Crianza de tal tenor,
en ninguno la he notado.
Vuelve, digo.
Lug. Ya me vuelvo:
que por esto el paso atrás 5
daba.
Tello. En que eres Satanás
desde ahora me resuelvo.
¿Armado en casa? ¿Por suerte,
tienes en ella enemigos? 10
Sí tendrás, cual son testigos
los ministros de la muerte
que penden de tu pretina,
y en ellos has confirmado
que el mozo descaminado, 15
como tú, hacia atrás camina.
¡Bien iré a la Nueva España
cargado de ti, malino;
bien a hacer este camino
tu ingenio y virtud se amaña! 20
Si, en lugar de libros, llevas
estas joyas que veo aquí
por cierto que das de ti
grandes e ingeniosas pruebas.
¡Bien responde la esperanza 25
en que engañado he vivido
al cuidado que he tenido
de tu estudio y tu crianza!
¡Bien me pagas, bien procuras
que tu humilde nacimiento 30
en ti cobre nuevo asiento,
menos bríos y venturas!
JORNADA PRIMERA p. 38
En balde será avisarte,
por ejemplos que te den,
que nunca se avienen bien
Aristóteles y Marte,
y que está en los aranceles 5
de la discreción mejor
que no guardan un tenor
las súmulas y broqueles.
Espera, que quiero darte
un testigo de quién eres, 10
si es que hacen las mujeres
alguna fe en esta parte.
Salid, señora, y hablad
a vuestro duro diamante,
honesto, pero matante, 15
valiente, pero rufián.
Sale Antonia.
Lug. Demonio, ¿quién te ha traído
aquí? ¿Por qué me persigues,
si ningún fruto consigues 20
de tu intento malnacido?
Entra Lagartija asustado.
Tello. Mancebo, ¿qué buscáis vos?
¡Con sobresalto venís!
¿Qué respondéis? ¿Qué decís? 25
Lag. Digo que me valga Dios;
digo que al so Lugo busco.
Tello. Veisle ahí; dadle el recado.
Lag. De cansado y de turbado,
en las palabras me ofusco. 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 39
Lug. Sosiégate, Lagartija,
y dime lo que me quieres.
Lag. Considerando quién eres,
mi alma se regocija
y espera de tu valor 5
que saldrás con cualquier cosa.
Lug. Bien; ¿qué hay?
Lag. ¡A Carrascosa
le llevan preso, señor!
Lug. ¿Al padre? 10
Lag. Al mismo.
Lug. ¿Por dónde
le llevan? ¡Dímelo; acaba!
Lag. Poquito habrá que llegaba
junto a la puerta del conde 15
del Castellar.
Lug. ¿Quién le lleva,
y por qué, si lo has sabido?
Lag. Por pendencia, a lo que he oído;
y el alguacil Villanueva, 20
con dos corchetes, en peso
le llevan, como a un ladrón.
¡Quebrárate el corazón
si le vieras!
Lug. ¡Bueno es eso! 25
Camina y guía, y espera
buen suceso de este caso,
si los alcanza mi paso.
Lag. ¡Muera Villanueva!
Lug. ¡Muera! 30
Vase Lagartija y Lugo alborotados.
JORNADA PRIMERA p. 40
Tello. ¡Qué padre es éste? ¿Por dicha,
llevan a algún fraile preso?
Ant. No, señor, no es nada de eso:
que éste es padre de desdicha,
puesto que en su oficio gana 5
más que dos padres, y aun tres.
Tello. Decidme de qué orden es.
Ant. De los de la casa llana.
Es alcaide, con perdón,
señor, de la mancebía, 10
a quien llaman padre hoy día
las de nuestra profesión;
su tenencia es casa llana,
porque se allanan en ella
cuantas viven dentro de ella. 15
Tello. Bien el nombre se profana
en eso de alcaide y padre,
nombres honrados y buenos.
Ant. Quien vive en ella, a lo menos,
no estará sin padre y madre 20
jamás.
Tello. Ahora bien: señora,
id con Dios, que a este mancebo
yo os le pondré como nuevo.
Ant. Tras él voy. 25
Tello. Id en buen hora.
Sale el alguacil que suele, con dos corchetes, que traen
preso a Carrascosa, padre de la mancebía.
Padre. Soy de los Carrascosas de Antequera,
y tengo oficio honrado en la república, 30
y háseme de tratar de otra manera.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 41
Solíanme hablar a mí por súplica,
y es mal hecho y mal caso que se
[atreva
hacerme un alguacil afrenta pública.
Si a un personaje como yo se lleva 5
de aqueste modo, ¿qué hará a un mal
[hombre?
Por Dios, que anda muy mal, sor
[Villanueva;
mire que da ocasión a que se asombre 10
el que viere tratarme de esta suerte.
Alg. Calle, y la calle con más prisa
[escombre,
porque le irá mejor, si en ello advierte.
Entra a este instante Lugo, puesta la mano en la daga 15
y el broquel; viene con él Lagartija y Lobillo.
Lug. Todo viviente se tenga,
y suelten a Carrascosa
para que conmigo venga,
y no se haga otra cosa, 20
aunque a su oficio convenga.
Ea, señor Villanueva,
dé de contentarme prueba,
como otras veces lo hace.
Alg. Señor Lugo, que me place. 25
Cor. ¡Juro a mí que se le lleva!
Lug. Padre Carrascosa, vaya
y éntrese en San Salvador,
y a su temor ponga raya.
Lag. Este Cid campeador 30
mil años viva y bien haya.
JORNADA PRIMERA p. 42
Alg. Cristóbal, eche de ver
que no me quiero perder
y que le sirvo.
Lug. Está bien;
yo lo miraré muy bien 5
cuando fuere menester.
Alg. ¡Agradézcalo al padrino,
señor padre!
Lob. No haya más,
y siga en paz su camino. 10
Cor. ¿Este mozo es Barrabás,
o es Orlando el Paladino?
¡No hay hacer baza con él!
Entrase el alguacil y los corchetes.
Padre. Nuevo español bravonel, 15
con tus bravatas bizarras
me has librado de las garras
de aquel tacaño Luzbel.
Yo me voy a retraer,
por sí o por no. ¡Queda en paz, 20
honor de la hampa y ser!
Lug. Dices bien, y aqueso haz,
que yo después te iré a ver.
¡Bien se ha negociado!
Lob. Bien; 25
sin sangre, sin hierro o fuego.
Lug. De cólera venía ciego
y enfadado.
Lob. Y yo también.
Vamos a cortarla aquí 30
con un polvo de lo caro.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 43
Lug. En otras cosas reparo
que me importan más a mí.
Ir quiero ahora a jugar
con Gilberto, un estudiante
que siempre ha sido mi azar, 5
hombre que ha de ser bastante
a hacerme desesperar.
Cuanto tengo me ha ganado;
solamente me han quedado
unas súmulas, y a fe 10
que, si las pierdo, que sé
cómo esquitarme al doblado.
Lob. Yo te daré una baraja
hecha, con que le despojes,
sin que le dejes alhaja. 15
Lug. ¡Largo medio es el que escoges!
Otro sé por do se ataja.
Juro a Dios omnipotente
que, si las pierdo al presente,
me he de hacer salteador. 20
Lob. ¡Resolución de valor,
y traza de hombre prudente!
Si pierdes, ¡ojalá pierdas!,
yo mostraré en tu ejercicio
que estas manos no son lerdas. 25
Lag. Siempre fue usado este oficio
de personas que son cuerdas,
industriosas y valientes,
por los casos diferentes
que se ofrecen de contino. 30
Lob. De seguirte determino.
Lag. Por tuyo es bien que me cuentes.
JORNADA PRIMERA p. 44
Ya ves que mi voluntad
es de alquimia, que se aplica
al bien como a la maldad.
Lug. Esa verdad testifica
tu fácil habilidad. 5
No te dejaré jamás,
y ¡a Dios!
Lob. Lugo, ¿qué, te vas?
Lug. Luego seré con vosotros.
Lag. Pues, ¡sus!, vámonos nosotros 10
a la ermita del Compás.
Entranse todos, y sale Peralta, estudiante, y Antonia.
Ant. Si ha de ser hallarle acaso,
mis desdichas son mayores.
Per. ¿Son celos, o son amores 15
los que aquí os guían el paso,
señora Antonia?
Ant. No sé,
si no es rabia, lo que sea.
Per. Por cierto, muy mal se emplea 20
en tal sujeto tal fe.
Ant. No hay parte tan escondida,
do no se sepa mi historia.
Per. Hácela a todos notoria
el veros andar perdida 25
buscando siempre a este hombre.
Ant. ¿Hombre? Si él lo fuera, fuera
descanso mi angustia fiera.
Mas no tiene más del nombre;
conmigo, a lo menos. 30
Per. ¿Cómo?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 45
Ant. Esto, sin duda, es así;
que amor le hirió para mí
con las saetas de plomo.
No hay hielo que se le iguale.
Per. ¿Pues por qué le queréis tanto? 5
Ant. Porque me alegro y me espanto
de lo que con hombres vale.
¿Hay más que ver que le dan
parias los más arrogantes,
de la heria los matantes, 10
los bravos de San Román?
¿Y hay más que vivir segura,
la que fuere su respeto,
de verse en ningún aprieto
de los de nuestra soltura? 15
Quien tiene nombre de suya,
vive alegre y respetada;
a razón enamorada,
no hay ninguna que la arguya.
Vase Antonia. 20
Per. Estas señoras del trato
precian más, en conclusión,
un socarra valentón,
que un Medoro gallinato.
En efecto, gran lesión 25
es la de esta moza loca.
Ya la campanilla toca;
entrémonos a lición.
Entra Peralta, y salen Gilberto, estudiante, y Lugo.
Gil. Ya irás contento, y ya puedes 30
JORNADA PRIMERA p. 46
dejar de gruñir un rato,
y ya puedes dar barato
tal, que parezcan mercedes.
Más me has ganado este día,
que yo en ciento te he ganado. 5
Lug. Así es verdad.
Gil. Que buen grado
le venga a mi cortesía.
¿Yo tus súmulas? ¡Estaba
loco, sin duda ninguna! 10
Lug. Sucesos son de fortuna.
Gil. Ya yo los adivinaba;
porque al tahur no le dura
mucho tiempo el alegría,
y el que de naipes se fía, 15
tiene al quitar la ventura.
Hoy de cualquiera cuestión
has de salir victorioso;
y ¡a Dios, señor ganancioso!
que yo me vuelvo a lición. 20
Entrase Gilberto, y sale el marido de la mujer
que salió primero.
Mar. Señor Lugo, a gran ventura
tengo este encuentro.
Lug. Señor, 25
¿qué hay de nuevo?
Mar. Aquel temor
de ser ofendido aún dura.
Tengo a mi consorte amada
retirada en una aldea, 30
y para que el sol la vea,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 47
apenas halla la entrada.
Con aquel recato vivo
que me mandasteis tener,
y muérome por saber
de quién tanto mal recibo. 5
Lug. Ya aquel que pudo poneros
en cuidado está de suerte,
que llegará al de la muerte,
y no al punto de ofenderos.
Quietad con este seguro 10
el celoso ansiado pecho.
Mar. Con eso voy satisfecho,
y de servíroslo juro.
Hacer podéis de mi hacienda,
Lugo, a vuestra voluntad. 15
Lug. Pasó mi necesidad,
no hay ninguna que me ofenda;
y así, sólo en recompensa
recibo vuestro deseo.
Mar. No aquel estilo en vos veo 20
que el vulgo engañado piensa.
¡A Dios, señor Lugo!
Vase.
Lug. ¡A Dios!
Entra Lagartija. 25
Pues, Lagartija, ¿a qué vienes?
Lag. ¡Qué gentil remanso tienes!
¿No ves que dará las dos,
Reza Lugo.
y te está esperando toda(vía) 30
JORNADA PRIMERA p. 48
la chirinola hampesca?
Ven, que la tarde hace fresca
y a los tragos se acomoda.
¿Cuando te están esperando
tus amigos con más gusto, 5
andas, cual si fueras justo,
Ave Marías tragando?
O sé rufián, o sé santo;
mira lo que más te agrada.
Voyme, porque ya me enfada 10
tanta Gloria, y Patri tanto.
Vase Lagartija.
Lug. Solo quedo, y quiero entrar
en cuentas conmigo a solas,
aunque lo impidan las olas 15
donde temo naufragar.
Yo hice voto, si hoy perdía,
de irme a ser salteador:
claro y manifiesto error
de una ciega fantasía. 20
Locura y atrevimiento
fue el peor que se pensó,
puesto que nunca obligó
mal voto a su cumplimiento.
Pero ¿dejaré por esto 25
de haber hecho una maldad,
adonde mi voluntad
echó de codicia el resto?
No, por cierto. Mas, pues sé
que contrario con contrario 30
se cura muy de ordinario,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 49
contrario voto haré,
y así, le hago de ser
religioso. Ea, Señor;
veis aquí a este salteador
de contrario parecer. 5
Virgen, que Madre de Dios
fuiste por los pecadores;
ya os llaman salteadores;
oídlos, Señora, vos.
Angel de mi guarda, ahora 10
es menester que acudáis,
y el temor fortalezcáis
que en mi alma amarga mora.
Animas de purgatorio,
de quien continua memoria 15
he tenido; séaos notoria
mi angustia, y mi mal notorio;
y pues que la caridad
entre esas llamas no os deja,
pedid a Dios que su oreja 20
preste a mi necesidad.
Salmos de David benditos,
cuyos misterios son tantos,
que sobreceden a cuantos
renglones tenéis escritos; 25
vuestros conceptos me animen,
que he advertido veces tantas,
a que yo ponga mis plantas
donde al alma no lastimen;
no en los montes salteando 30
con mal cristiano decoro,
sino en los claustros y el coro
JORNADA PRIMERA p. 50
desnudas, y yo rezando.
¡Ea, demonios; por mil modos
a todos os desafío,
y en mi Dios bueno confío
que os he de vencer a todos! 5
Entrase, y suenan a este instante las chirimías;
descúbrese una gloria, o, por lo menos, un ángel que,
en cesando la música, diga:
Cuando un pecador se vuelve
a Dios con humilde celo, 10
se hacen fiestas en el cielo.
Fin del acto primero.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 51
SEGUNDA JORNADA
Salen dos figuras de ninfas vestidas bizarramente,
cada una con su tarjeta en el brazo: en la una viene
escrito «Curiosidad»; en la otra «Comedia».
Cur. Comedia. 5
Com. Curiosidad,
¿qué me quieres?
Cur. Informarme
qué es la causa por que dejas
de usar tus antiguos trajes, 10
del coturno en las tragedias,
del zueco en las manuales
comedias, y de la toga
en las que son principales;
cómo has reducido a tres 15
los cinco actos que sabes
que un tiempo te componían
ilustre, risueña y grave;
ahora aquí representas,
y al mismo momento en Flandes; 20
truecas sin discurso alguno
tiempos, teatros, lugares.
Véote, y no te conozco.
Dame de ti nuevas tales
que te vuelva a conocer, 25
pues que soy tu amiga grande.
Com. Los tiempos mudan las cosas
y perfeccionan las artes,
y añadir a lo inventado
no es dificultad notable. 30
JORNADA SEGUNDA p. 52
Buena fui pasados tiempos,
y en éstos, si los mirares,
no soy mala, aunque desdigo
de aquellos preceptos graves
que me dieron y dejaron 5
en sus obras admirables
Séneca, Terencio y Plauto,
y otros griegos que tú sabes.
He dejado parte de ellos,
y he también guardado parte, 10
porque lo quiere así el uso,
que no se sujeta al arte.
Ya represento mil cosas,
no en relación, como de antes,
sino en hecho, y así es fuerza 15
que haya de mudar lugares;
que como acontecen ellas
en muy diferentes partes,
voyme allí donde acontecen,
disculpa del disparate. 20
Ya la comedia es un mapa
donde no un dedo distante
verás a Londres y a Roma,
a Valladolid y a Gante.
Muy poco importa al oyente 25
que yo en un punto me pase
desde Alemania a Guinea
sin del teatro mudarme;
el pensamiento es ligero:
bien pueden acompañarme 30
con él doquiera que fuere,
sin perderme ni cansarse.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 53
Yo estaba ahora en Sevilla,
representando con arte
la vida de un joven loco,
apasionado de Marte,
rufián en manos y lengua, 5
pero no que se enfrascase
en admitir de perdidas
el trato y ganancia infame.
Fue estudiante y rezador
de salmos penitenciales, 10
y el rosario ningún día
se le pasó sin rezarle.
Su conversión fue en Toledo,
y no será bien te enfade
que, contando la verdad, 15
en Sevilla se relate.
En Toledo se hizo clérigo,
y aquí, en México, fue fraile,
adonde el discurso ahora
nos trajo aquí por el aire. 20
El sobrenombre de Lugo
mudó en Cruz, y es bien se llame
fray Cristóbal de la Cruz
desde este punto adelante.
A México y a Sevilla 25
he juntado en un instante,
zurciendo con la primera
ésta y la tercera parte:
una de su vida libre,
otra de su vida grave, 30
otra de su santa muerte
y de sus milagros grandes.
JORNADA SEGUNDA p. 54
Mal pudiera yo traer,
a estar atenida al arte,
tanto oyente por las ventas
y por tanto mar sin naves.
Da lugar, Curiosidad, 5
que el bendito fraile sale
con fray Antonio, un corista
bueno, pero con donaires.
Fue en el siglo Lagartija,
y en la religión es sacre, 10
de cuyo vuelo se espera
que ha de dar al cielo alcance.
[Cur.] Aunque no lo quedo en todo,
quedo satisfecha en parte,
amiga; por esto quiero, 15
sin replicarte, escucharte.
Entranse.
Sale fray Cristóbal en hábito de santo Domingo,
y fray Antonio también.
F. Ant. Sepa su paternidad... 20
Cruz. Entone más bajo el punto
de cortesía.
F. Ant. En verdad,
padre mío, que barrunto
que tiene su caridad 25
de bronce el cuerpo, y de suerte,
que tarde ha de hallar la muerte
entrada para acabarle,
según da en ejercitarle
en rigor áspero y fuerte. 30
Cruz. Es bestia la carne nuestra,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 55
y, si rienda se le da,
tan desbocada se muestra,
que nadie la volverá
de la siniestra a la diestra.
Obra por nuestros sentidos 5
nuestra alma: así están tupidos,
y no sutiles; es fuerza
que a la carrera se tuerza
por donde van los perdidos.
La lujuria está en el vino, 10
y a la crápula y regalo
todo vicio le es vecino.
F. Ant. Yo, en ayunando, estoy malo,
flojo, indevoto y mohíno.
De un otro talle y manera 15
me hallaba yo cuando era
en Sevilla tu mandil:
que hacen ingenio sutil
las blancas roscas de Utrera.
¡Oh uvas albarazadas, 20
que en el pago de Triana
por la noche sois cortadas,
y os halláis a la mañana
tan frescas y aljofaradas,
que no hay cosa más hermosa, 25
ni fruta que a la golosa
voluntad así despierte!
¡No espero verme en la suerte
que ya se pasó dichosa!
Cruz. Cierto, fray Antonio amigo, 30
que esa consideración
es lazo que el enemigo
JORNADA SEGUNDA p. 56
le pone a su perdición.
Esté atento a lo que digo.
F. Ant. Consideraba yo ahora
dónde estará la señora
Librija, o la Salmerona, 5
cada cual, por su persona,
buena para pecadora.
¡Quién supiera de Ganchoso,
del Lobillo y de Terciado,
y del Patojo famoso! 10
¡Oh feliz siglo dorado,
tiempo alegre y venturoso,
adonde la libertad
brindaba a la voluntad
del gusto más exquisito! 15
Cruz. ¡Calle; de Dios sea bendito!
F. Ant. Calle su paternidad
y déjeme, que con esto
evacuo un pésimo humor
que me es amargo y molesto. 20
Cruz. Cierto que tengo temor,
por verle tan descompuesto,
que ha de apostatar un día,
que para los dos sería
noche de luto cubierta. 25
F. Ant. No saldrá por esa puerta
jamás mi melancolía;
no me he de extender a más
que a quejarme y a sentir
el ausencia del Compás. 30
Cruz. ¡Que tal te dejas decir,
fray Antonio! Loco estás;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 57
que en el jüicio empeora
quien tal acuerdo atesora
en su memoria vilmente.
F. Ant. Rufián corriente y moliente
fuera yo en Sevilla ahora, 5
y tuviera en la dehesa
dos yeguas, y aun quizá tres,
diestras en el arte aviesa.
Cruz. De que en esas cosas des,
sabe Dios lo que me pesa; 10
mas yo haré la penitencia
de tu rasgada conciencia.
Quédate, Antonio, y advierte
que de la vida a la muerte
hay muy poca diferencia: 15
quien vive bien, muere bien;
quien mal vive, muere mal.
F. Ant. Digo, padre, que está bien;
pero no has de hacer caudal
de mí, ni enfado te den 20
mis palabras, que no son
nacidas del corazón,
que en sola la lengua yacen.
Cruz. Dan las palabras y hacen
fe de cuál es la intención. 25
Entra un corista llamado fray Angel; señálase
con sola la A.
A. Padre maestro, el prior
llama a vuestra reverencia,
y espera en el corredor. 30
Vase luego el padre Cruz.
JORNADA SEGUNDA p. 58
F. Ant. Más presto es a la obediencia,
que el sol a dar resplandor.
Padre fray Angel, espere.
A. Diga presto qué me quiere.
Enséñale hasta una docena de naipes. 5
F. Ant. Mire.
A. ¿Naipes? ¡Perdición!
F. Ant. No se admire, hipocritón,
que el caso no lo requiere.
A. ¿Quién te los dio, fray Antonio? 10
F. Ant. Una devota que tengo.
A. ¿Devota? ¡Será el demonio!
F. Ant. Nunca con el bien me avengo;
levántasle testimonio.
A. ¿Están justos? 15
F. Ant. Pecadores
creo que están los señores,
pues, para cumplir cuarenta,
entiendo faltan los treinta.
A. Si fueran algo mejores, 20
buscáramos un rincón
donde podernos holgar.
F. Ant. Y halláramosle a sazón:
que nunca suele faltar
para hacer mal ocasión. 25
¡Bien hayan los gariteros
magníficos y groseros,
que con un ánimo franco
tienen patente el tabanco
para blancos y fulleros! 30
Vamos de aquí, que el prior
DEL RUFIAN DICHOSO p. 59
viene allí con el señor
que lo fue de nuestro Cruz,
gran caballero andaluz,
letrado y visitador.
Entranse. 5
Salen el prior y Tello de Sandoval.
Pri. El es un ángel en la tierra, cierto,
y vive entre nosotros de manera,
como en las soledades del desierto;
no desmaya ni afloja en la carrera 10
del cielo, adonde, por llegar más presto,
corre desnudo y pobre, a la ligera,
humilde sobre modo, y tan honesto,
que admira a quien le ve en edad florida
tan recatado en todo y tan compuesto. 15
En efecto, señor, él hace vida
de quien puede esperar muerte dichosa
y gloria que no pueda ser medida.
Su oración es continua y fervorosa,
su ayuno inimitable, y su obediencia 20
presta, sencilla, humilde y hacendosa.
Resucitado ha en la penitencia
de los antiguos padres, que en Egipto
en ella acrisolaron la conciencia.
Tello. Por millares de lenguas sea bendito 25
el nombre de mi Dios; a este mancebo
volvió de do pensé que iba precito.
Vuélvome a España, y en el alma llevo
tan grande soledad de su persona,
que quiero exagerarla, y no me atrevo. 30
JORNADA SEGUNDA p. 60
Pri. Vuestra merced nos deja una corona
que ha de honrar este reino mientras
[ciña
el cerco azul el hijo de la Zona.
Está entre aquestos bárbaros aún niña 5
la fe cristiana, y faltan los obreros
que cultiven aquí de Dios la viña,
y la leche mejor, y los aceros,
que a entrambas les hará mayor
[provecho. 10
Es ejemplo de[ e]stos jornaleros,
que es menester que tenga sano el
[pecho
el médico que cura a lo divino,
para dejar al cielo satisfecho. 15
Entran el padre Cruz y fray Antonio.
Aquesta compostura de continuo
trae nuestro padre Cruz, tan mansa y
[grave,
que alegre y triste sigue su camino: 20
que en él lo triste con lo alegre cabe.
Cruz. Deo gracias.
Pri. Por siempre, amén,
éstas y todas naciones
con viva fe se las den. 25
Cruz. Suplícote me perdones,
señor, si no he andado bien,
faltando a la cortesía
que a tu presencia debía.
Tello. Padre fray Cristóbal mío, 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 61
esto toca en desvarío,
porque toca en demasía;
yo soy el que he de postrarme
a sus pies.
Cruz. Por el oficio 5
que tengo, puedo excusarme
de haber dado poco indicio
de cortés en no humillarme,
y más a quien debo tanto,
que, a poder decir el cuánto, 10
fuera poco.
Tello. Yo confieso
que quedo deudor en eso.
Pri. Bien cuadra cortés y santo.
Tello. A España parto mañana; 15
si me manda alguna cosa,
haréla de buena gana.
Cruz. Tu jornada sea dichosa:
viento en popa y la mar llana.
Yo, mis pobres oraciones 20
a las celestes regiones
enviaré por tu camino,
puesto, señor, que imagino
que en recio tiempo te pones
a navegar. 25
Tello. La derrota
está de fuerza que siga
de la ya aprestada flota.
Cruz. Ni el huracán te persiga,
ni toques en la derrota 30
Bermuda, ni en la Florida,
de mil cuerpos homicida,
JORNADA SEGUNDA p. 62
adonde, contra natura,
es el cuerpo sepultura
viva del cuerpo sin vida.
A Cádiz, como deseas,
llegues sano, y en Sanlúcar 5
desembarques tus preseas,
y, en virtudes hecho un Fúcar,
presto en Sevilla te veas,
donde a mi padre dirás
lo que quisieres, y harás 10
por él lo que mereciere.
Tello. Haré lo que me pidiere,
y si es poco, haré yo más.
Y ahora, por paga, pido
de aquella buena intención 15
que en su crianza he tenido,
padre, que su bendición
me deje aquí enriquecido
de esperanzas, con que pueda
esperar que me suceda 20
el viaje tan a cuento,
que sople propicio el viento,
y la fortuna esté queda.
Cruz. La de Dios encierre en ésta
tanta ventura, que sea 25
la jornada alegre y presta,
sin que en tormenta se vea,
ni en la calma que molesta.
F. Ant. Si viere allá a la persona...
Tello. ¿De quién? 30
F. Ant. De la Salmerona,
encájele un besapiés
DEL RUFIAN DICHOSO p. 63
de mi parte, y dos o tres
buces, a modo de mona.
Pri. Fray Antonio, ¿cómo es esto?
¿Cómo delante de mí
se muestra tan descompuesto? 5
F. Ant. Ocurrióseme esto aquí,
y vase el señor tan presto,
que temí que me faltara
lugar do le encomendara
estos y otros besamanos: 10
que poder ser cortesanos
los frailes, es cosa clara.
Pri. ¡Calle, y a vernos después!
Tello. Por cierto, que no merece
castigo por ser cortés. 15
Pri. Cierta enfermedad padece
en la lengua.
F. Ant. Ello así es;
pero nunca hablo cosa
que toque en escandalosa; 20
que hablo a la vizcaína.
Pri. Yo hablaré a la disciplina,
lengua breve y compendiosa.
Tello. Déme su paternidad
licencia, y aqueste enojo 25
no toque en riguridad.
F. Ant. Si conociera al Patojo,
hiciérame caridad
de saludarle también
de mi parte. Aunque me den 30
disciplina porque calle,
no puedo no encomendalle
JORNADA SEGUNDA p. 64
aquello que me está bien.
Pri. Vuestra merced vaya en paz,
que a cólera no me mueve
plática que da solaz,
y éste, por mozo, se atreve, 5
y él de suyo se es locuaz;
y sean estos abrazos
muestra de los santos lazos
con que caridad nos liga.
Abraza a los dos. 10
[Tello.] Mi amor, padre Cruz, le obliga
a que apriete más los brazos,
y veisme que me enternezco.
Cruz. Dios te guíe, señor mío,
que a su protección te ofrezco. 15
Tello. Que me dará yo confío,
por vos, más bien que merezco.
Vase Tello.
Pri. Venga, fray Antonio, venga.
Cruz. Déjele que se detenga 20
conmigo, padre, aquí un poco.
[Pri.] En buen hora; y, si está loco,
haga cómo seso tenga.
Vase el prior.
Cruz. ¿Que es posible, fray Antonio, 25
que ha de caer en tal mengua,
que consienta que su lengua
se la gobierne el demonio?
Cierto que pone mancilla
DEL RUFIAN DICHOSO p. 65
ver que el demonio maldito
le trae las ollas de Egipto
en lo que dejó en Sevilla.
De las cosas ya pasadas,
mal hechas, se ha de acordar, 5
no para se deleitar,
sino para ser lloradas;
de aquella gente perdida
no debe acordarse más,
ni del Compás, si hay compás 10
do se vive sin medida.
Sólo dé gracias a Dios,
que, por su santa clemencia,
nos dio de la penitencia
la estrecha tabla a los dos, 15
para que, de la tormenta
y naufragar casi cierto,
de la religión el puerto
tacásemos sin afrenta.
F. Ant. Yo miraré lo que hablo 20
de aquí adelante más cuerdo,
pues conozco lo que pierdo,
y sé lo que gana el diablo.
Ruéguele, padre, al prior
que en su furia se mitigue, 25
y no al peso me castigue
de mi descuidado error.
Cruz. Vamos, que yo le daré
bastantísima disculpa
de su yerro, y por su culpa 30
y las mías rezaré.
Entranse todos.
JORNADA SEGUNDA p. 66
Sale una dama llamada doña Ana Treviño, un médico
y dos criados. Todo esto es verdad de la historia.
Méd. Vuestra merced sepa cierto
que aquesta su enfermedad
es de muy ruin calidad; 5
hablo en ella como experto.
Mi oficio obliga a decillo,
cause o no cause pasión:
que, entre razón y razón,
pondrá la Parca el cuchillo. 10
Hablando se ha de quedar
muerta; y aquesto le digo
como médico y amigo
que no la quiere engañar.
D.ª Ana. Pues a mí no me parece 15
que estoy tan mala. ¿Qué es esto?
¿Cómo me anuncia tan presto
la muerte?
Méd. El pulso me ofrece,
los ojos y la color, 20
esta verdad a la clara.
D.ª Ana. En los ojos de mi cara
suele mirarse el amor.
Méd. Vuestra merced se confiese,
Y quédense aparte burlas. 25
Cri. 1. Señor, si es que no te burlas,
recio mandamiento es ése.
Méd. No me suelo yo burlar
en casos de este jaez.
D.ª Ana. Podrá su merce(d) esta vez, 30
si quisiere, perdonar,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 67
que, ni quiero confesarme,
ni hacer cosa que me diga.
Méd. A más mi oficio me obliga,
y a Dios.
D.ª Ana. El querrá ayudarme. 5
Vase el médico.
Pesado médico y necio,
siempre cansa y amohína.
Cri. 2. Crio Dios la medicina,
y hase de tener en precio. 10
D.ª Ana. La medicina yo alabo;
pero los médicos no,
porque ninguno llegó
con lo que es la ciencia al cabo.
Algo fatigada estoy. 15
Cri. 1. Procura desenfadarte,
esparcirte y alegrarte.
D.ª Ana. Al campo pienso de ir hoy.
Parece que están templando
una guitarra allí fuera. 20
Cri. 1. ¿Será Ambrosio?
D.ª Ana. Sea quienquiera,
escuchad, que va cantando.
Cantan dentro:
Muerte y vida me dan pena; 25
no sé qué remedio escoja:
que, si la vida me enoja,
tampoco la muerte es buena.
D.ª Ana. Con todo, es mejor vivir:
que, en los casos desiguales, 30
JORNADA SEGUNDA p. 68
el mayor mal de los males
se sabe que es el morir.
Calle el que canta, que aterra
oír tratar de la muerte:
que no hay tesoro de suerte 5
en tal espacio de tierra.
La muerte y la mocedad
hacen dura compañía,
como la noche y el día,
la salud y enfermedad, 10
y edad poca y maldad mucha,
y voz de muerte a deshora;
¡ay del alma pecadora
que impenitente la escucha!
Cri. 1. No me contenta mi ama; 15
nunca la he visto peor:
fuego es ya, no es resplandor,
el que en su vista derrama.
Entranse todos.
Sale el padre fray Antonio. 20
F. Ant. Mientras el fraile no llega
a ser sacerdote, pasa
vida pobre, estrecha, escasa,
de quien a veces reniega.
Tiene allá el predicador 25
sus devotas y sus botas,
y el presentado echa gotas
y suda con el prior;
mas el novicio y corista,
en el coro y en la escoba 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 69
sus apetitos adoba,
diciendo con el Salmista:
Et potum meum cum fletu miscebam.
Pero bien será callar,
pues sé que muchos convienen 5
en que las paredes tienen
oídos para escuchar.
La celda del padre Cruz
está abierta, ciertamente;
ver quiero este penitente, 10
que está a oscuras y es de luz.
Abre la celda; parece el padre Cruz arrobado, hincado
de rodillas, con un crucifijo en la mano.
¡Mirad qué postura aquella
del bravo rufián divino, 15
y si hallará camino
Satanás para rompella!
Arrobado está, y es cierto
que, en tanto que él está así,
los sentidos tiene en sí 20
tan muertos como de un muerto.
Suenan desde lejos guitarras y sonajas, y vocería de
regocijo. Todo esto de esta máscara y visión fue
verdad, que así lo cuenta la historia del santo.
Pero ¿qué música es ésta? 25
¿Qué guitarras y sonajas?
¿Pues los frailes se hacen rajas?
¿Mañana es alguna fiesta?
Aunque música a tal hora,
no es decente en el convento. 30
JORNADA SEGUNDA p. 70
Miedo de escucharla siento.
¡Válgame Nuestra Señora!
Suena más cerca.
¡Padre nuestro, despierte,
que se hunde el mundo todo 5
de música! No hallo modo
bueno alguno con que acierte.
La música no es divina,
porque, según voy notando,
al modo vienen cantando 10
rufo y de jacarandina.
Entran a este instante seis con sus máscaras, vestidos
como ninfas lascivamente, y los que han de cantar
y tañer, con máscaras de demonios vestidos a lo antiguo,
y hacen su danza. Todo esto fue así, que no 15
es visión supuesta, apócrifa ni mentirosa. Cantan:
No hay cosa que sea gustosa,
sin Venus blanda amorosa.
No hay comida que así agrade,
ni que sea tan sabrosa, 20
como la que guisa Venus,
en todos gustos curiosa.
Ella el verde amargo jugo
de la amarga hiel sazona,
y de los más tristes tiempos 25
vuelve muy dulces las horas;
quien con ella trata, ríe,
y quien no la trata, llora.
Pasa cual sombra en la vida,
sin dejar de sí memoria, 30
ni se eterniza en los hijos,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 71
y es como el árbol sin hojas,
sin flor ni fruto, que el suelo
con ninguna cosa adorna.
Y por esto, en cuanto el sol
ciñe y el ancho mar moja, 5
no hay cosa que sea gustosa
sin Venus blanda amorosa.
El padre Cruz, sin abrir los ojos, dice:
Cruz. No hay cosa que sea gustosa,
sin la dura cruz preciosa. 10
Si por esta senda estrecha
que la cruz señala y forma
no pone el pie el que camina
a la patria venturosa,
cuando menos lo pensare, 15
de improviso y a deshora,
caerá de un despeñadero
del abismo en las mazmorras.
Torpeza y honestidad
nunca las manos se toman, 20
ni pueden caminar juntas
por esta senda fragosa.
Y yo [sé] que en todo el cielo,
ni en la tierra, aunque espaciosa,
no hay cosa que sea gustosa 25
sin la dura cruz preciosa.
Mús. ¡Dulces días, dulces ratos
los que en Sevilla se gozan,
y dulces comodidades
de aquella ciudad famosa, 30
do la libertad campea,
JORNADA SEGUNDA p. 72
y en sucinta y amorosa
manera Venus camina
y a todos se ofrece toda,
y risueño el amor canta
con mil pasajes de gloria: 5
No hay cosa que sea gustosa,
sin Venus blanda amorosa!
Cruz. Vade retro, Satanás,
que para mi gusto ahora
no hay cosa que sea gustosa 10
sin la dura cruz preciosa.
Vanse los demonios gritando.
F. Ant. Hacerme quiero mil cruces;
he visto lo que aún no creo.
Afuera el temor, pues veo 15
que viene gente con luces.
Cruz. ¿Qué hace aquí, fray Antonio?
F. Ant. Estaba mirando atento
una danza de quien siento
que la guiaba el demonio. 20
Cruz. Debía de estar durmiendo,
y soñaba.
F. Ant. No, a fe mía;
padre Cruz, yo no dormía.
Entran a este punto dos ciudadanos con sus 25
linternas y el prior.
Ciu. 1. Señor, como voy diciendo,
pone gran lástima oírla:
que no hay razón de provecho
para enternecerle el pecho 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 73
ni de su error divertirla;
y pues habemos venido
a tal hora a este convento
por remedio, es argumento
que es el daño muy crecido. 5
Pri. Que diga que Dios no puede
perdonarla, caso extraño;
es ése el mayor engaño
que al pecador le sucede.
Fray Cristóbal de la Cruz 10
está en pie; quizá adivino
que ha de hacer este camino,
y en él dar a este alma luz.
Padre, su paternidad
con estos señores vaya, 15
y cuanto pueda la raya
suba de su caridad,
que anda muy listo el demonio
con un alma pecadora.
Vaya con el padre. 20
F. Ant. ¿Ahora?
Pri. No replique, fray Antonio.
F. Ant. Vamos, que a mí se me alcanza
poco o nada, o me imagino
que he de ver en el camino 25
la no fantástica danza
de denantes.
Cruz. Calle un poco,
si puede.
Ciu. 2. Señor, tardamos, 30
y será bien que nos vamos.
F. Ant. Todos me tienen por loco
JORNADA SEGUNDA p. 74
en aqueste monasterio.
Cruz. No hable entre dientes; camine,
y esas danzas no imagine
que carecen de misterio.
Pri. Vaya con Dios, padre mío. 5
Ciu. 1. Con él vamos muy contentos.
Cruz. ¡Favorezca mis intento[s]
Dios, de quien siempre confío!
Sale un clérigo y doña Ana de Treviño
y acompañamiento. 10
Clé. Si así la cama la cansa,
puede salir a esta sala.
D.ª Ana. Cualquiera parte halla mala
la que en ninguna descansa.
Clé. Lleguen esas sillas. 15
D.ª Ana. Cierto
que me tiene su porfía,
padre, helada, yerta y fría,
y que ella sola me ha muerto.
No me canse ni se canse 20
en persuadirme otra cosa,
que no soy tan amorosa
que con lágrimas me amanse.
¡No hay misericordia alguna
que me valga en suelo o cielo! 25
Clé. Toda la verdad del cielo
a tu mentira repugna.
En Dios no hay minoridad
de poder, y, si la hubiera,
su menor parte pudiera 30
curar la mayor maldad.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 75
Es Dios un bien infinito,
y, a respeto de quien es,
cuanto imaginas y ves,
viene a ser punto finito.
D.ª Ana. Los atributos de Dios 5
son iguales; no os entiendo,
ni de entenderos pretendo.
Matáisme, y cansáisos vos.
¡Bien fuera que Dios ahora,
sin que en nada reparara, 10
sin más ni más, perdonara
a tan grande pecadora!
No hace cosa mal hecha,
y así, no ha de hacer aquésta.
Clé. ¿Hay locura como ésta? 15
D.ª Ana. No gritéis, que no aprovecha.
Entran a este instante el padre Cruz y fray Antonio, y
pónese el padre a escuchar lo que está diciendo el
clérigo, el cual prosigue diciendo:
Clé. Pues nació para salvarme 20
Dios, y en cruz murió enclavado,
perdonará mi pecado,
si está en menos perdonarme.
De su parte has de esperar,
que de la tuya no esperes 25
el gran perdón que no quieres,
que él se extrema en perdonar.
Deus cui proprium est misereri semper,
& parcere, & misericordia ejus
super omnia opera ejus. 30
Y el rey divino cantor,
JORNADA SEGUNDA p. 76
las alabanzas que escuchas
después que ha dicho, otras muchas
dice de aqueste tenor:
Misericordias tuas, Domine, in
aeternum cantabo. 5
La mayor ofensa haces
a Dios que puedes hacer:
que, en no esperar y temer,
parece que le deshaces,
pues vas contra el atributo 10
que él tiene de omnipotente,
pecado el más insolente,
más sin razón y más bruto.
En dos pecados se ha visto
que Judas quiso extremarse, 15
y fue el mayor ahorcarse
que el haber vendido a Cristo.
Hácesle agravio, señora,
grande en no esperar en él,
porque es paloma sin hiel 20
con quien su pecado llora.
Cor contritum & humiliatum, Deus,
non despicies.
El corazón humillado,
Dios por jamás le desprecia; 25
antes, en tanto le precia,
que es fe y caso averiguado
que [se] regocija el cielo
cuando con nueva conciencia
se vuelve a hacer penitencia 30
un pecador en el suelo.
El padre Cruz está aquí;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 77
buen suceso en todo espero.
Cruz. Prosiga, padre, que quiero
estarle atento.
D.ª Ana. ¡Ay de mí,
que otro moledor acude 5
a acrecentar mi tormento!
¡Pues no ha de mudar mi intento
aunque más trabaje y sude!
¿Qué me queréis, padre, vos,
que tan hinchado os llegáis? 10
¡Bien parece que ignoráis
cómo para mí no hay Dios!
No hay Dios, digo, y mi malicia
hace, con mortal discordia,
que esconda misericordia 15
el rostro, y no la justicia.
Cruz. Dixit insipiens in corde suo: non est
Deus.
Vuestra humildad, señor, sea
servida de encomendarme 20
a Dios, que quiero mostrarme
sucesor en su pelea.
Híncanse de rodillas el clérigo, fray Antonio y el padre
Cruz, y los circunstantes todos.
¡Dichosa del cielo puerta, 25
que levantó la caída
y resucitó la vida
de nuestra esperanza muerta!
¡Pide a tu parto dichoso
que ablande aquí estas entrañas, 30
y muestre aquí las hazañas
JORNADA SEGUNDA p. 78
de su corazón piadoso!
Et docebo iniquos vias tuas, & impii
ad te convertentur.
Mi señora doña Ana de Treviño,
estando ya tan cerca la partida 5
del otro mundo, pobre es el aliño
que veo en esta amarga despedida.
Blancas las almas como blanco armiño
han de entrar en la patria de la vida,
que ha de durar por infinitos siglos, 10
y negras donde habitan los vestiglos.
Mirad dónde queréis vuestra alma vaya;
escogedle la patria a vuestro gusto.
D.ª Ana. La justicia de Dios me tiene a raya;
no me ha de perdonar, por ser tan justo; 15
al malo la justicia le desmaya;
no habita la esperanza en el injusto
pecho del pecador, ni es bien que habite.
Cruz. Tal error de tu pecho Dios le quite.
En la hora que la muerte 20
a la pobre vida alcanza,
se ha de asir de la esperanza
el alma que en ello advierte;
que, en término tan estrecho
y de tan fuerte rigor, 25
no es posible que el temor
sea al alma de provecho.
El esperar y el temer
en la vida han de andar juntos;
pero en la muerte otros puntos 30
han de guardar y tener.
El que, en el palenque puesto,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 79
teme a su contrario, yerra,
y está el que animoso cierra
a la victoria dispuesto.
En el campo estáis, señora;
la guerra será esta tarde; 5
mirad que no os acobarde
el enemigo en tal hora.
D.ª Ana. Sin armas, ¿cómo he de entrar
en el trance riguroso,
siendo el contrario mañoso 10
y duro de contrastar?
Cruz. Confiad en el padrino
y en el juez, que es mi Dios.
D.ª Ana. Parece que dais los dos
en un mismo desatino. 15
Dejadme, que, en conclusión,
tengo el alma de manera,
que no quiero, aunque Dios quiera,
gozar de indulto y perdón.
¡Ay, que se me arranca el alma! 20
¡Desesperada me muero!
Cruz. Demonio, en Jesús espero
que no has de llevar la palma
de esta empresa. ¡Oh Virgen pura!
¿Cómo vuestro auxilio tarda? 25
¡Angel bueno de su guarda,
ved que el malo se apresura!
Padre mío, no desista
de la oración, rece más,
que es arma que a Satanás 30
le vence en cualquier conquista.
F. Ant. Cuerpo ayuno y desvelado
JORNADA SEGUNDA p. 80
fácilmente se empereza,
y, más que reza, bosteza,
indevoto y desmayado.
D.ª Ana. ¡Que tan sin obras se halle
mi alma! 5
Cruz. Si fe recobras,
yo haré que te sobren obras.
D.ª Ana. ¿Hállanse, a dicha, en la calle?
Y la[s] que he hecho hasta aquí,
¿han sido sino de muerte? 10
Cruz. Escucha un poco, y advierte
lo que ahora diré.
D.ª Ana. Di.
Cruz. Un religioso que ha estado
gran tiempo en su religión, 15
y con limpio corazón
siempre su regla ha guardado,
haciendo tal penitencia,
que mil veces el prior
le manda temple el rigor 20
en virtud de la obediencia;
y él, con ayunos continuos,
con oración y humildad,
busca de riguridad
los más ásperos caminos: 25
e[l] duro suelo es su cama,
sus lágrimas su bebida,
y sazona su comida
de Dios la amorosa llama;
un canto aplica a su pecho 30
con golpes, de tal manera,
que, aunque de diamante fuera,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 81
le tuviera ya deshecho;
por huir del torpe vicio
de la carne y su regalo,
su camisa, aunque esté malo,
es de un áspero cilicio; 5
descalzo siempre los pies,
de toda malicia ajeno,
amando a Dios por ser bueno,
sin mirar otro interés.
D.ª Ana. ¿Qué quieres de eso inferir, 10
padre?
Cruz. Que digáis, señora,
si este tal podrá, en la hora
angustiada del morir,
tener alguna esperanza 15
de salvarse.
D.ª Ana. ¿Por qué no?
¡Ojalá tuviera yo
la menor parte que alcanza
de tales obras tal padre! 20
Pero no tengo ni aun una
que en esta angustia importuna
a mis esperanzas cuadre.
Cruz. Yo os daré todas las mías,
y tomaré el grave cargo 25
de las vuestras a mi cargo.
D.ª Ana. Padre, dime: ¿desvarías?
¿Cómo se puede hacer eso?
Cruz. Si te quieres confesar,
los montes puede allanar 30
de caridad el exceso.
Pon tú el arrepentimiento
JORNADA SEGUNDA p. 82
de tu parte, y verás luego
cómo en tus obras me entrego,
y tú en aquellos que cuento.
D.ª Ana. ¿Dónde están los fiadores
que aseguren el concierto? 5
Cruz. Yo estoy bien seguro y cierto
que nadie los dio mejores,
ni tan grandes, ni tan buenos,
ni tan ricos, ni tan llanos,
puesto que son soberanos, 10
y de inmensa alteza llenos.
D.ª Ana. ¿A quién me dais?
Cruz. A la pura,
sacrosanta, rica y bella,
que fue Madre y fue doncella, 15
crisol de nuestra ventura.
A Cristo crucificado
os doy por fiador también;
dóyosle niño en Belén,
perdido y después hallado. 20
D.ª Ana. Los fiadores me contentan;
los testigos, ¿quién serán?
Cruz. Cuantos en el cielo están
y en sus escaños se sientan.
D.ª Ana. El contrato referid, 25
porque yo quede enterada
de la merced señalada
que me hacéis.
Cruz. Cielos, oíd.
Yo, fray Cristóbal de la Cruz, indigno 30
religioso, y profeso en la sagrada
orden del patriarca felicísimo
DEL RUFIAN DICHOSO p. 83
Domingo santo, en esta forma digo:
Que al alma de doña Ana de Treviño,
que está presente, doy de buena gana
todas las buenas obras que yo he hecho
en caridad y en gracia desde el punto 5
que dejé la carrera de la muerte
y entré en la de la vida; doyle todos
mis ayunos, mis lágrimas y azotes,
y el mérito santísimo de cuantas
misas he dicho, y asimismo doyle 10
mis oraciones todas y deseos,
que han tenido a mi Dios siempre por
[blanco;
y, en contracambio, tomo sus pecados,
por enormes que sean, y me obligo 15
de dar la cuenta de ellos en el alto
y eterno tribunal de Dios eterno,
y pagar los alcances y las penas
que merecieren sus pecados todos.
Mas es la condición de este concierto, 20
que ella primero de su parte ponga
la confesión y el arrepentimiento.
F. Ant. ¡Caso jamás oído es éste, padre!
Clé. Y caridad jamás imaginada.
Cruz. Y para que me crea y se asegure, 25
le doy por fiadores a la Virgen
santísima María y a su Hijo,
y a las once mil vírgenes benditas,
que son mis valedoras y abogadas;
y a la tierra y el cielo hago testigos, 30
y a todos los presentes que me
[escuchan.
JORNADA SEGUNDA p. 84
Moradores del cielo, no se os pase
esta ocasión, pues que podéis en ella
mostrar la caridad vuestra encendida;
pedid al gran Pastor de los rebaños
del cielo y de la tierra que no deje 5
que lleve Satanás esta ovejuela,
que el almagró con su preciosa
[sangre.
¿Señora, no aceptáis este concierto?
D.ª Ana. Sí acepto, padre, y pido arrepentida 10
confesión, que me muero.
Clé. ¡Obras son éstas,
gran Señor, de las tuyas!
F. Ant. ¡Bueno queda
el padre Cruz ahora, hecha arista 15
el alma, seca y sola como espárrago!
Paréceme que vuelve al Sicut erat,
y que deja el Breviario, y se
[acomoda
con el barcelonés y la de ganchos. 20
Siempre fue liberal, o malo, o bueno.
D.ª Ana. Padre, no me dilate este remedio;
oiga las culpas que a su cargo quedan,
que, si no le desmayan por ser tantas,
yo moriré segura y confiada 25
que he de alcanzar perdón de todas
[ellas.
Cruz. Padre, vaya al convento, y dé esta
[nueva
a nuestro padre, y ruéguele que haga 30
general oración, dando las gracias
a Dios de este suceso milagroso,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 85
en tanto que a esta nueva penitente
oigo de confesión.
F. Ant. A mí me place.
Cruz. Vamos do estemos solos.
D.ª Ana. En buen hora. 5
Clé. ¡Oh bienaventurada pecadora!
Fin de la segunda jornada.
JORNADA TERCERA p. 86
JORNADA TERCERA
Entra un ciudadano y el prior.
Ciu. Oigan los cielos y la tierra entienda
tan nueva y tan extraña maravilla,
y su paternidad a oírla atienda; 5
que, puesto que no pueda referilla
con aquellas razones que merece,
peor será que deje de decilla.
Apenas a la vista se le ofrece
doña Ana al padre Cruz, sin la fe pura 10
que a nuestras esperanzas fortalece,
cuando, con caridad firme y segura,
hizo con ella un cambio, de tal suerte,
que cambió su desgracia en gran
[ventura. 15
Su alma de las garras de la muerte
eterna arrebató, y volvió a la vida,
y de su pertinacia la divierte,
la cual, como se viese enriquecida
con la dádiva santa que el bendito 20
padre le dio sin tasa y sin medida,
alzó al momento un piadoso grito
al cielo, y confesión pidió llorando,
con voz humilde y corazón contrito;
y, en lo que antes dudaba no dudando, 25
de sus deudas dio cuenta muy estrecha
a quien ahora las está pagando;
y luego, sosegada y satisfecha,
todos los sacramentos recibidos,
dejó la cárcel de su cuerpo estrecha. 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 87
Oyéronse en los aires divididos
coros de voces dulces, de manera
que quedaron suspensos los sentidos;
dijo al partir de la mortal carrera
que las once mil vírgenes estaban 5
todas en torno de su cabecera;
por los ojos las almas destilaban
de gozo y maravilla los presentes,
que la süave música escuchaban;
y apenas por los aires transparentes 10
voló de la contrita pecadora
el alma a las regiones refulgentes,
cuando en aquella misma feliz hora
se vio del padre Cruz cubierto el rostro
de lepra, adonde el asco mismo mora. 15
Volved los ojos, y veréis el monstruo,
que lo es en santidad y en la fiereza,
cuya fealdad a nadie le da en rostro.
Entra el padre Cruz, llagado el rostro y las manos;
tráenle dos ciudadanos de los brazos, y fray 20
Antonio.
Cruz. Acompaña a la lepra la flaqueza;
no me puedo tener. ¡Dios sea bendito,
que así a pagar mi buen deseo
[empieza! 25
Pri. Por ese tan borrado sobrescrito
no podrá conoceros, varón santo,
quien no os mirare muy de hito en hito.
Cruz. Padre prior, no se adelante tanto
vuestra afición, que me llaméis con 30
[nombre
JORNADA TERCERA p. 88
que me cuadra tan mal, que yo me
[espanto.
Inútil fraile soy, pecador hombre,
puesto que me acompaña un buen
[deseo; 5
mas no dan los deseos tal renombre.
Ciu. En vos contemplo, padre Cruz, y leo
la paciencia de Job, y su presencia
en vuestro rostro deslustrado veo.
Por la ajena malicia la inocencia 10
vuestra salió, y pagó tan de contado,
cual lo muestra el rigor de esta dolencia.
Obligásteisos hoy, y habéis pagado
hoy.
Cruz. A lo menos, de pagar espero, 15
pues de mi voluntad quedé obligado.
Ciu. 2. ¡Oh en la viña de Dios gran jornalero!
¡Oh caridad, brasero y fragua ardiente!
Cruz. Señores, hijo soy de un tabernero;
y si es que adulación no está presente, 20
y puede la humildad hacer su oficio,
cese la cortesía, aquí indecente.
F. Ant. Yo, traidor, que a la gula, en sacrificio
del alma, y a la hampa, engendradora
de todo torpe y asqueroso vicio, 25
digo que me consagro desde ahora
para limpiar tus llagas y curarte,
hasta el fin de mi vida o su mejora;
y no tendrá conmigo alguna parte
la vana adulación, pues, de contino, 30
antes rufián que santo he de llamarte.
Con esto no hallará ningún camino
DEL RUFIAN DICHOSO p. 89
la vanagloria para hacerte guerra,
enemigo casero y repentino.
Ciu. 2. Vinisteis para bien de aquesta tierra.
¡Dios os guarde mil años, padre amado!
Ciu. 1. ¡Sólo en su pecho caridad encierra! 5
Cruz. Padres, recójanme, que estoy cansado.
Entranse todos, y salen dos demonios: el uno con
figura de oso, y el otro como quisieren. Esta visión
fue verdadera, que así se cuenta en su historia.
Saq. ¡Que así nos la quitase de las manos! 10
¡Que así la mies tan sazonada nuestra
la segase la hoz del tabernero!
¡Reniego de mí mismo, y aun reniego!
¡Y que tuviese Dios por bueno y justo
tal cambalache! Estúvose la dama 15
al pie de cuarenta años en sus vicios,
desesperada de remedio alguno;
llega estotro buen alma, y dale luego
los tesoros de gracia que tenía
adquiridos por Cristo y por sus obras. 20
¡Gentil razón, gentil guardar justicia,
y gentil igualar de desiguales
y contrapuestas prendas: gracia y culpa,
bienes de gloria y del infierno males!
Vis. Como fue el corredor de esta mohatra 25
la caridad, facilitó el contrato,
puesto que desigual.
Saq. De esa manera,
más rica queda el alma de este rufo,
por haber dado cuanto bien tenía, 30
y tomado el ajeno mal a cuestas,
JORNADA TERCERA p. 90
que antes estaba que el contrato
[hiciese.
Vis. No sé qué te responda; sólo veo
que no puede ninguno de nosotros
alabarse que ha visto en el infierno 5
algún caritativo.
Saq. ¿Quién lo duda?
¿Sabes qué veo, Visiel amigo?
Que no es equivalente aquesta lepra
que padece este fraile, a los tormentos 10
que pasara doña Ana en la otra vida.
Vis. ¿No adviertes que ella puso de su
[parte
grande arrepentimiento?
Saq. Fue a los fines 15
de su malvada vida.
Vis. En un instante
nos quita de las manos Dios al alma
que se arrepiente y sus pecados llora;
cuanto y más, que ésta estaba 20
[enriquecida
con las gracias del fraile hi de bellaco.
Saq. Mas de este generoso, a lo que
[entiendes,
¿qué será de él, ahora que está seco 25
e inútil para cosa de esta vida?
Vis. ¿Aqueso ignoras? ¿No sabes (que)
[conocen
sus frailes su virtud y su talento,
su ingenio y su bondad, partes 30
[bastantes
para que le encomienden su gobierno?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 91
Saq. ¿Luego será prior?
Vis. ¡Muy poco dices!
Provincial le verás.
Saq. Ya lo adivino.
En el jardín está; tú no te muestres, 5
que yo quiero a mis solas darle un
[toque
con que siquiera a ira le provoque.
Entranse.
Sale fray Angel y fray Antonio. 10
F. Ant. ¿Qué trae, fray Angel? ¿Son huevos?
A. Hable, fray Antonio, quedo.
F. Ant. ¿Tiene miedo?
A. Tengo miedo.
F. Ant. Déme dos de los más nuevos, 15
de los más frescos, le digo,
que me los quiero sorber
así, crudos.
A. Hay que hacer
primero otra cosa, amigo. 20
F. Ant. Siempre acudes a mi ruego
dilatando tus mercedes.
A. Si estos huevos comer puedes,
veslos aquí, no los niego.
Muéstrale dos bolas de argolla. 25
F. Ant. ¡Oh coristas y novicios!
La mano que el bien dispensa,
os quite de la despensa
las cerraduras y quicios;
la yerba del pito os dé, 30
JORNADA TERCERA p. 92
que abre todas cerraduras,
y veáis, estando a oscuras,
como el luciérnago ve;
y, señores de las llaves,
sin temor y sobresalto, 5
deis un generoso asalto
a las cosas más süaves;
busquéis hebras de tocino,
sin hacer del unto caso,
y en penante y limpio vaso 10
deis dulces sorbos de vino;
de almendra morisca y pasa
vuestras mangas se vean llenas,
y jamás muelas ajenas
a las vuestras pongan tasa; 15
cuando en la tierra comáis
pan y agua con querellas,
halléis empanadas bellas
cuando a la celda volváis;
hágaos la paciencia escudo 20
en cualquiera vuestro aprieto;
mándeos un prior discreto,
afable y no cabezudo.
A. Deprecación bien cristiana,
fray Antonio, es la que has hecho; 25
que aspiró a nuestro provecho,
es cosa también bien llana.
Grande miseria pasamos
y a sumo estrecho venimos
los que misa no decimos 30
y los que no predicamos.
[F. Ant.] ¿Para qué son esas bolas?
DEL RUFIAN DICHOSO p. 93
A. Yo las llevaba con fin
de jugar en el jardín
contigo esta tarde a solas,
en las horas que nos dan
de recreación. 5
F. Ant. ¿Y llevas
argolla?
A. Y paletas nuevas.
F. Ant. ¿Quién te las dio?
A. Fray Beltrán. 10
Se las envió su prima,
y él me las ha dado a mí.
F. Ant. Con las paletas aquí,
haré dos tretas de esgrima.
Precíngete como yo, 15
y entrégame una paleta,
y está advertido una treta
que el padre Cruz me mostró
cuando en la jácara fue
águila volante y diestra. 20
Muestra, digo; acaba, muestra.
A. Toma; pero yo no sé
de esgrima más que un jumento.
F. Ant. Ponte de aquesta manera:
vista alerta; ese pie fuera, 25
puesto en medio movimiento.
Tírame un tajo volado
a la cabeza. ¡No así;
que ése es revés, pese a mí!
A. ¡Soy un asno enalbardado! 30
F. Ant. Esta es la brava postura
que llaman puerta de hierro
JORNADA TERCERA p. 94
los jaques.
A. ¡Notable yerro
y disparada locura!
F. Ant. Doy broquel, saco el baldeo,
levanto, señalo o pego, 5
repárome en cruz, y luego
tiro un tajo de voleo.
Entra el padre Cruz arrimado a un báculo y rezando
en un rosario.
Cruz. Fray Antonio, basta ya; 10
no mueran más, si es posible.
A. ¡Qué confusión tan terrible!
Cruz. ¡Buena la postura está!
No se os pueden embotar
las agudezas de loco. 15
F. Ant. Indigesto estaba un poco,
y quíseme ejercitar
para hacer la digestión,
que dicen que es conveniente
el ejercicio vehemente. 20
Cruz. Vos tenéis mucha razón;
mas yo os daré un ejercicio
con que os haga por la posta
digerir a vuestra costa
la superfluidad del vicio: 25
vaya y póngase a rezar
dos horas en penitencia;
y puede su reverencia,
fray Angel, ir a estudiar,
y déjese de las tretas 30
de este valiente mancebo.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 95
F. Ant. ¿Las bolas?
A. Aquí las llevo.
F. Ant. Toma, y lleva las paletas.
Entrase fray Antonio y fray Angel.
Cruz. De la oscuridad del suelo 5
te saqué a la luz del día,
Dios queriendo, y yo querría
llevarte a la luz del cielo.
Vuelve a entrar Saquel vestido de oso.
Todo fue así. 10
Saq. Cambiador nuevo en el mundo,
por tu voluntad enfermo,
¿piensas que eres en el yermo
algún Macario segundo?
¿Piensas que se han de avenir 15
bien para siempre jamás,
con lo que es menos lo más,
la vida con el morir,
soberbia con humildad,
diligencia con pereza, 20
la torpedad con limpieza,
la virtud con la maldad?
Engáñaste; y es tan cierto
no avenirse lo que digo,
que puedes ser tú testigo 25
de esta verdad, con que acierto.
Cruz. ¿Qué quieres de eso inferir,
enemigo Satanás?
Saq. Que es locura en la que das,
dignísima de reír; 30
JORNADA TERCERA p. 96
que en el cielo ya no dan
puerta, a que entren de rondón,
así como entró un ladrón,
que entre también un rufián.
Cruz. Conmigo en balde te pones 5
a disputar: que yo sé
que, aunque te sobre en la fe,
me has de sobrar tú en razones.
Dime a qué fue tu venida,
o vuélvete, y no hables más. 10
Saq. Mi venida, cual verás,
es a quitarte la vida.
Cruz. Si es que traes de Dios licencia,
fácil te será quitarla,
y más fácil a mí darla 15
con prontísima obediencia.
Si la traes, ¿por qué no pruebas
a ofenderme? Aunque recelo
que no has de tocarme a un pelo,
por muy mucho que te atrevas. 20
¿Qué bramas? ¿Quién te atormenta?
Pero espérate, adversario.
Saq. Es para mí de un rosario
bala la más chica cuenta.
Rufián, no me martirices; 25
tuerce, hipócrita, el camino.
Cruz. Aun bien que tal vez, malino,
algunas verdades dices.
Vase el demonio bramando.
Vuelve, que te desafío 30
a ti y al infierno todo,
DEL RUFIAN DICHOSO p. 97
hecho valentón al modo
que plugo al gran Padre mío.
¡Oh alma!, mira quién eres,
para que del bien no tuerzas;
que el diablo no tiene fuerzas, 5
más de las que tú le dieres.
Y para que no rehuyas
de verte con él a brazos,
Dios rompe y quiebra los lazos
que pasan las fuerzas tuyas. 10
Vuelve a entrar fray Antonio, con un plato de hilas
y paños limpios.
F. Ant. Entrese, padre, a curar.
Cruz. Paréceme que es locura
pretender a mi mal cura. 15
F. Ant. ¿Es eso desesperar?
Cruz. No, por cierto, hijo mío;
mas es esta enfermedad
de una cierta calidad,
que curarla es desvarío. 20
Viene del cielo.
F. Ant. ¿Es posible
que tan mala cosa encierra
el cielo, do el bien se encierra?
Téngolo por imposible. 25
¿Estaráse ahora holgando
doña Ana, que te la dio,
y estaréme en balde yo
tu remedio procurando?
Entra fray Angel. 30
JORNADA TERCERA p. 98
A. Padre Cruz, mándeme albricias,
que han elegido prior.
Cruz. Si no te las da el Señor,
de mí en vano las codicias.
Mas decidme: ¿quién salió? 5
A. Salió su paternidad.
Cruz. ¿Yo, padre?
A. Sí, en mi verdad.
F. Ant. ¿Búrlaste, fray Angel?
A. No. 10
Cruz. ¿Sobre unos hombros podridos
tan pesada carga han puesto?
No sé qué me diga de esto.
F. Ant. Cególes Dios los sentidos:
que si ellos te conocieran 15
como yo te he conocido,
tomaran otro partido,
y otro prior eligieran.
A. Ahora digo, fray Antonio,
que tiene, sin duda alguna, 20
en esa lengua importuna
entretejido el demonio:
que si ello no fuera así,
nunca tal cosa dijera[s].
F. Ant. Fray Angel, no hablo de veras; 25
pero conviene esto aquí.
Gusta este santo de verse
vituperado de todos,
y va huyendo los modos
do pueda ensoberbecerse. 30
Mira qué confuso está
por la nueva que le has dado.
DEL RUFIAN DICHOSO p. 99
A. Puesto le tiene en cuidado.
F. Ant. El cargo no aceptará.
Cruz. ¿No saben estos benditos
cómo soy simple y grosero,
e hijo de un tabernero, 5
y padre de mil delitos?
F. Ant. Si yo pudiera dar voto,
a fe que no te le diera;
antes, a todos dijera
la vida que de hombre roto 10
en Sevilla y en Toledo
te vi hacer.
Cruz. Tiempo te queda;
dila, amigo, porque pueda
escaparme de este miedo 15
que tengo de ser prelado,
cargo para mí indecente:
que ¿a qué será suficiente
hombre que está tan llagado
y que ha sido un...? 20
F. Ant. ¿Qué? ¿Rufián?
Que por Dios, y así me goce,
que le vi reñir con doce
de heria y de San Román;
y en Toledo, en las Ventillas, 25
con siete terciopeleros,
él hecho zaque, ellos cueros,
le vide hacer maravillas.
¡Qué de capas vi a sus pies!
¡Qué de broqueles rajados! 30
¡Qué de cascos abollados!
Hirió a cuatro; huyeron tres.
JORNADA TERCERA p. 100
Para aqueste ministerio
sí que le diera mi voto,
porque en él fuera el más doto
rufián de nuestro hemisferio;
pero para ser prior 5
no le diera yo jamás.
Cruz. ¡Oh cuánto en lo cierto estás,
Antonio!
F. Ant. ¡Y cómo, señor!
Cruz. Así cual quieres te goces, 10
cristiano, y fraile, y sin mengua,
que des un filo a la lengua,
y digas mi vida a voces.
Entra el prior, y otro fraile de acompañamiento.
Pri. Vuestra paternidad nos dé las manos, 15
y bendición con ellas.
Cruz. Padres míos,
¿adónde a mí tal sumisión?
Pri. Mi padre,
es ya nuestro prelado. 20
F. Ant. ¡Buenos cascos
tienen, por vida mía, los que han hecho
semejante elección!
Pri. ¿Pues qué, no es santa?
F. Ant. A un Job hacen prior, que no le falta 25
si no es el muladar y ser casado
para serlo del todo. ¡En fin, son frailes!
Quien tiene el cuerpo de dolores lleno,
¿cómo podrá tener entendimiento
libre para el gobierno que requiere 30
DEL RUFIAN DICHOSO p. 101
tan peligroso y trabajoso oficio
como el de ser prior? ¿No lo ven
[claro?
Cruz. ¡Oh qué bien que lo ha dicho fray
[Antonio! 5
¡El cielo se lo pague! Padres míos,
¿no miran cuál estoy, que en todo el
[cuerpo
no tengo cosa sana? Consideren
que los dolores turban los sentidos, 10
y que ya no estoy bueno para cosa,
si no es para llorar y dar gemidos
a Dios por mis pecados infinitos.
Amigo fray Antonio, di a los padres
mi vida, de quien fuiste buen testigo; 15
diles mis insolencias y recreos,
la inmensidad descubre de mis culpas,
la bajeza les di de mi linaje,
diles que soy de un tabernero hijo,
porque les haga todo aquesto junto 20
mudar de parecer.
Pri. Escusa débil
es ésa, padre mío; a lo que ha sido,
ha borrado lo que es. Acepte y calle,
que así lo quiere Dios. 25
Cruz. ¡El sea bendito!
Vamos, que la experiencia dará presto
muestras que soy inútil.
F. Ant. ¡Vive el cielo,
que merece ser Papa tan buen fraile! 30
A. Que será provincial, yo no lo dudo.
F. Ant. Aqueso está de molde. Padre, vamos,
JORNADA TERCERA p. 102
que es hora de curarte.
Cruz. Sea en buen hora.
F. Ant. Va a ser prior, ¿y por no serlo llora?
Entranse.
Salen Lucifer con corona y cetro, el más galán demonio 5
y bien vestido que ser pueda, y Saquel y Visiel,
como quisieren, de demonios feos.
Luc. Desde el instante que salimos fuera
de la mente eternal, ángeles siendo,
y con soberbia voluntad y fiera 10
fuimos el gran pecado aprehendiendo,
sin querer ni poder de la carrera
torcer donde una vez fuimos subiendo,
hasta ser derribados a este asiento,
do no se admite el arrepentimiento; 15
digo que desde entonces se recoge
la fiera envidia en este pecho fiero,
de ver que el cielo en su morada acoge
a quien pasó también de Dios el fuero.
En mí se extiende y en Adán se encoge 20
la justicia de Dios, manso y severo,
y de él gozan los hombres in eterno,
y mis secuaces, de este duro infierno.
Y, no contento aquel que dio en un palo
la vida, que fue muerte de la muerte, 25
de verme despojado del regalo
de mi primera aventajada suerte,
quiere que se alce con el cielo un malo,
un pecador blasfemo, y que se acierte
a salvar en un corto y breve instante 30
un ladrón que no tuvo semejante;
DEL RUFIAN DICHOSO p. 103
la pecadora pública arrebata
de sus pies el perdón de sus pecados,
y su historia santísima dilata
por siglos en los años prolongados;
un cambiador, que en sus usuras trata, 5
deja a sola una voz sus intricados
libros, y por manera nunca vista
le pasa a ser divino coronista;
y ahora quiere que un rufián se asiente
en los ricos escaños de la gloria, 10
y que su vida y muerte nos la cuente
alta, famosa y verdadera historia.
Por esto inclino la soberbia frente,
y quiero que mi angustia sea notoria
a vosotros, partícipes y amigos, 15
y de mi mal y mi rencor testigos;
no para que me deis consuelo alguno,
pues tenerle nosotros no es posible,
sino porque acudáis al oportuno
punto que hasta los santos es terrible. 20
Este rufián, cual no lo fue ninguno,
por su fealdad al mundo aborrecible,
está ya de partida para el cielo,
y humilde apresta el levantado vuelo.
Acudid, y turbadle los sentidos, 25
y entibiad, si es posible, su esperanza,
y de sus vanos pasos y perdidos
hacedle temerosa remembranza;
no llegue alegre voz a sus oídos
que prometa segura confianza 30
de haber cumplido con la deuda y cargo
que por su caridad tomó a su cargo.
JORNADA TERCERA p. 104
¡Ea!, que expira ya, después que ha
[hecho
prior y provincial tan bien su oficio,
que tiene al suelo y cielo satisfecho,
y da de que es gran santo gran indicio. 5
Saq. No será nuestra ida de provecho,
porque será de hacerle beneficio,
pues siempre que a los brazos he venido
con él, queda con palma, y yo vencido.
Luc. Mientras no arroja el postrimero aliento, 10
bien se puede esperar que en algo tuerza
el peso, puesto en duda el pensamiento:
que a veces puede mucho nuestra
[fuerza.
Vis. Yo cumpliré, señor, tu mandamiento: 15
que adonde hay más bondad, allí se
[esfuerza
más mi maldad. Allá voy diligente.
Luc. Todos venid, que quiero estar presente.
Entranse todos, y salen tres almas, vestidas con 20
tunicelas de tafetán blanco, velos sobre los rostros, y
velas encendidas.
Al. 1. Hoy, hermanas, que es el día
en quien, por nuestro consuelo,
las puertas ha abierto el cielo 25
de nuestra carcelería
para venir a este punto,
todo lleno de misterio,
viendo en este monasterio
al gran Cristóbal difunto, 30
al alma devota suya
DEL RUFIAN DICHOSO p. 105
bien será la acompañemos,
y a la región la llevemos
do está la eterna aleluya.
Al. 2. Felice jornada es ésta,
santa y bienaventurada, 5
pues se hará, con su llegada,
en todos los cielos fiesta:
que llevando en compañía
alma tan devota nuestra,
darán más claro la muestra 10
de júbilo y de alegría.
Al. 3. Ella abrió con oraciones,
ayunos y sacrificios,
de nuestra prisión los quicios,
y abrevió nuestras pasiones. 15
Cuando en libertad vivía,
de nosotras se acordaba,
y el rosario nos rezaba
con devoción cada día;
y cuando en la religión 20
entró, como habemos visto,
muerto al diablo y vivo a Cristo,
aumentó la devoción.
Ni por la riguridad
de las llagas que en sí tuvo, 25
jamás indevoto estuvo,
ni falto de caridad.
Prior siendo y provincial,
tan manso y humilde fue,
que hizo de andar a pie 30
y descalzo gran caudal.
Trece años ha que ha vivido
JORNADA TERCERA p. 106
llagado, de tal manera,
que, a no ser milagro, fuera
en dos días consumido.
Al. 1. Remite sus alabanzas
al lugar donde caminas, 5
que allí las darán condignas
al valor que tú no alcanzas;
y mezclémonos ahora
entre su acompañamiento,
escuchando el sentimiento 10
de este su amigo que llora.
Entranse.
Sale fray Antonio llorando, y trae un lienzo
manchado de sangre.
F. Ant. Acabó la carrera 15
de su cansada vida;
dio al suelo los despojos;
del cuerpo voló al cielo la alma santa.
¡Oh padre, que en el siglo
fuiste mi nube oscura, 20
mas en el fuerte asilo,
que así es la religión, mi norte fuiste!
Trece años ha que lidias,
por ser caritativo
sobre el humano modo, 25
con podredumbre y llagas insufribles;
mas los manchados paños
de tus sangrientas llagas,
se estiman más ahora
que delicados y olorosos lienzos: 30
con ellos mil enfermos
DEL RUFIAN DICHOSO p. 107
cobran salud entera;
mil veces les imprimen
los labios más ilustres y señores.
Tus pies, que, mientras fuiste
provincial, anduvieron 5
a pie infinitas leguas
por lodos, por barrancos, por malezas,
ahora sois reliquias,
ahora te los besan
tus súbditos, y aun todos 10
cuantos pueden llegar adonde yaces.
Tu cuerpo, que ayer era
espectáculo horrendo,
según llagado estaba,
hoy es bruñida plata y cristal limpio; 15
señal que tus carbuncos,
tus grietas y aberturas,
que podrición vertía[n],
estaban por milagro en ti, hasta tanto
que la deuda pagases 20
de aquella pecadora
que fue limpia en un punto:
¡tanto tu caridad con Dios valía!
Entra el prior.
Pri. Padre Antonio, deje el llanto, 25
y acuda a cerrar las puertas,
porque si las halla abiertas
el pueblo, que acude tanto,
no nos han de dar lugar
para enterrar a su amigo. 30
F. Ant. Aunque se cierren, yo digo
JORNADA TERCERA p. 108
que ha poco de aprovechar.
No ha de bastar diligencia;
pero, con todo, allá iré.
Entra fray Angel.
A. ¿Dónde vas, padre? 5
F. Ant. No sé.
A. Acuda su reverencia,
que está toda la ciudad
en el convento, y se arrojan
sobre el cuerpo, y le despojan 10
con tanta celeridad.
Y el virrey está también
en su celda.
Pri. Padre Antonio,
venga a ver el testimonio 15
que el cielo da de su bien.
Entranse todos.
Salen dos ciudadanos: el uno con lienzo de sangre,
y el otro con un pedazo de capilla.
Ciu. 1. ¿Qué lleváis vos? 20
Ciu. 2. Un lienzo de sus llagas.
¿Y vos?
Ciu. 1. De su capilla este pedazo,
que le precio y le tengo en más
[estima 25
que si hallara una mina.
Ciu. 2. Pues salgamos
aprisa del convento, no nos quiten
DEL RUFIAN DICHOSO p. 109
los frailes las reliquias.
Ciu. 1. ¡Bueno es eso!
¡Antes daré la vida que volverlas!
Entra otro.
Ciu. 3. Yo soy, sin duda, la desgracia misma; 5
no he podido topar de aqueste santo
siquiera con un hilo de su ropa,
puesto que voy contento y satisfecho
con haberle besado cuatro veces
los santos pies, de quien olor despide 10
del cielo; pero tal fue él en la tierra.
El virrey le trae en hombros, y sus
[frailes,
y aquí, en aquesta bóveda del claustro,
le quieren enterrar. Música suena; 15
parece que es del cielo, y no lo dudo.
Traen al santo tendido en una tabla, con muchos rosarios
sobre el cuerpo; tráenle en hombros sus frailes
y el virrey; suena lejos música de flautas o chirimías;
cesando la música, dice a voces dentro Lucifer, 20
o, si quisieren, salgan los demonios al teatro:
Luc. Aun no puedo llegar siquiera al cuerpo,
para vengar en él lo que en el alma
no pude: tales armas le defienden.
Saq. No hay arnés que se iguale al del 25
[rosario.
Luc. Vamos, que en sólo verle me confundo.
Saq. No habemos de parar hasta el profundo.
F. Ant. ¿Oyes, fray Angel?
A. Oigo, y son los diablos. 30
Vir. Háganme caridad sus reverencias
JORNADA TERCERA p. 110
que torne yo otra vez a ver el rostro
de este bendito padre.
Pri. Sea en buen hora.
Padres, abajen, pónganle [en el suelo],
que, pues la devoción de su excelencia 5
se extiende a tanto, bien será agradarle.
Vir. ¿Que es éste el rostro que yo vi ha dos
[días
de horror y llagas y materias lleno?
¿Las manos gafas son aquéstas, 10
[cielo?
¡Oh alma, que, volando a las serenas
regiones, nos dejaste testimonio
del felice camino que hoy has hecho!
Clara y limpia la caja do habitaste, 15
abrasada primero y ahumada
con el fuego encendido en que se ardía,
todo de caridad y amor divino.
Ciu. 1. Déjennosle besar sus reverencias
los pies siquiera. 20
Pri. Devoción muy justa.
Vir. Hagan su oficio, padres, y en la tierra
escondan esta joya tan del cielo;
esa esperanza nuestro mal remedia.
Y aquí da fin felice esta comedia. 25
Fin de esta comedia.
Hase de advertir que todas las figuras de mujer
de esta comedia las pueden hacer solas dos mujeres.
p. 111
COMEDIA FAMOSA
INTITULADA LA GRAN SULTANA
doña Catalina de Oviedo.
Los que hablan en ella son los siguientes:
Salec, turco renegado. Andrea, espía. 5
Roberto, renegado. Dos judíos.
Un alárabe. Un embajador de
El Gran Turco. Persia.
Un paje vestido a lo Dos moros.
turquesco, y otros El gran cadí. 10
tres garzones. Cuatro bajaes
Mamí y Rustán, ancianos.
eunucos. Clara, llamada Zaida.
Doña Catalina de Zelinda, que es
Oviedo, gran Lamberto. 15
sultana. Un cautivo anciano.
Su padre. Dos músicos.
Madrigal, cautivo.
JORNADA PRIMERA
Sale Salec, turco, y Roberto vestido a lo griego, y, 20
detrás de ellos, un alárabe vestido de un alquicel; trae
en una lanza muchas estopas, y en una varilla de
JORNADA PRIMERA p. 112
membrillo, en la punta, un papel como billete, y una
velilla de cera encendida en la mano; este tal
alárabe se pone al lado del teatro, sin hablar palabra,
y luego dice Roberto:
Rob. La pompa y majestad de este tirano, 5
sin duda alguna, sube y se engrandece
sobre las fuerzas del poder humano.
Mas ¿qué fantasma es esta que se ofrece,
coronada de estopas media lanza?
Alárabe en el traje me parece. 10
Sal. Tienen aquí los pobres esta usanza
cuando alguno a pedir justicia viene,
que sólo el interés es quien la alcanza.
De una caña y de estopas se previene,
y, cuando el Turco pasa, enciende 15
[fuego,
a cuyo resplandor él se detiene;
pide justicia a voces, dale luego
lugar la guarda, (y) el pobre como jara
arremete turbado y sin sosiego, 20
y en la punta y remate de una vara
al Gran Señor su memorial presenta,
que para aquel efecto el paso para.
Luego a un bello garzón, que tiene
[cuenta 25
con estos memoriales, se le entrega,
que, en relación, después de ellos da
[cuenta;
pero jamás el término se llega
del buen despacho de estos miserables, 30
que el interés le turba y se le niega.
Rob. Cosas he visto aquí que, de admirables,
DE LA GRAN SULTANA p. 113
pueden al más gallardo entendimiento
suspender.
Sal. Verás otras más notables.
Ya está a pie el Gran Señor; puedes
[atento 5
verle a tu gusto, que el cristiano puede
mirarle rostro a rostro a su contento.
A ningún moro o turco se concede
que levante los ojos a miralle,
y en esto a toda majestad excede. 10
Entra a este instante el Gran Turco con mucho
acompañamiento; delante de sí lleva un paje vestido a lo
turquesco, con una flecha en la mano levantada en
alto, y detrás del Turco van otros dos garzones con
dos bolsas de terciopelo verde, donde ponen los 15
papeles que el Turco les da.
Rob. Por cierto, él es mancebo de buen talle,
y que, de gravedad y bizarría,
la fama, con razón, puede loalle.
Sal. Hoy hace la zalá(c) en Santa Sofía, 20
ese templo que ves que en la grandeza
excede a cuantos tiene la Turquía.
Rob. A encender y a gritar el moro empieza;
el Turco se detiene mesurado,
señal de piedad como de alteza. 25
El moro llega; un memorial le ha dado;
el Gran Señor le toma, y se le entrega
a un bel garzón que casi trae al lado.
En tanto que esto dice Roberto, y el Turco pasa, tiene
Salec doblado el cuerpo e inclinada la cabeza, sin 30
mirarle al rostro.
JORNADA PRIMERA p. 114
Sal. Esta audiencia al que es pobre no se
[niega.
¿Podré alzar la cabeza?
Rob. Alza y mira,
que ya el Señor a la mezquita llega, 5
cuya grandeza desde aquí me admira.
Entrase el Gran Señor, y queda en el teatro
Salec y Roberto.
Sal. ¿Qué te parece, Roberto,
de la pompa y majestad 10
que aquí se te ha descubierto?
Rob. Que no creo a la verdad,
y pongo duda en lo cierto.
Sal. De a pie y de a caballo, van
seis mil soldados. 15
Rob. Sí irán.
Sal. No hay dudar que seis mil son.
Rob. Juntamente, admiración
y gusto y asombro dan.
Sal. Cuando sale a la zalá, 20
sale con este decoro;
y es el día del jumá,
que así al viernes llama el moro.
Rob. ¡Bien acompañado va!
Pero, pues nos da lugar 25
el tiempo, quiero acabar
de contarte lo que ayer
comencé a darte a entender.
Sal. Vuelve, amigo, a comenzar.
Rob. Aquel mancebo que dije 30
vengo a buscar: que le quiero
DE LA GRAN SULTANA p. 115
más que al alma por quien vivo,
más que a los ojos que tengo.
Desde su pequeña edad
fui su ayo y su maestro,
y del templo de la fama 5
le enseñé el camino estrecho;
encaminéle los pasos
por el angosto sendero
de la virtud; tuve a ray[a]
sus juveniles deseos; 10
pero no fueron bastantes
mis bien mirados consejos,
mis persecuciones cristianas,
del bien y mal mil ejemplos,
para que, en mitad del curso 15
de su más florido tiempo,
amor no le saltease,
monfí de los años tiernos.
Enamoróse de Clara,
la hija de aquel Lamberto 20
que tú en Praga conociste,
teutónico caballero.
Sus padres y su hermosura
nombre de Clara la dieron;
pero quizá sus desdichas 25
en oscuridad la han puesto.
Demandóla por esposa,
y no salió con su intento;
no porque no fuese igual
y acertado el casamiento, 30
sino porque las desgracias
traen su corriente de lejos,
JORNADA PRIMERA p. 116
y no hay diligencia humana
que prevenga su remedio.
Finalmente, él la sacó:
que voluntades que han puesto
la mira en cumplir su gusto, 5
pierden respetos y miedos.
Solos y a pie, en una noche
de las frías del invierno,
iban los pobres amantes,
sin saber adónde, huyendo; 10
y, al tiempo que ya yo había
echado a Lamberto menos,
que éste [es] el nombre del triste
que he dicho que a buscar vengo,
con aliento desmayado, 15
de un frío sudor cubierto
el rostro, y todo turbado,
ante mis ojos le veo.
Arrojóseme a los pies,
la color como de un muerto, 20
y, con voz interrumpida
de sollozos, dijo: Muero,
padre y señor, que estos nombres
a tus obras se los debo.
A Clara llevan cautiva 25
los turcos de Rocaferro.
Yo, cobarde; yo, mezquino
y un traidor, que no lo niego,
hela dejado en sus manos,
por tener los pies ligeros. 30
Esta noche la llevaba
no sé adónde, aunque sé cierto
DE LA GRAN SULTANA p. 117
que, si fortuna quisiera,
fuéramos los dos al cielo.
A la nueva triste y nueva,
en un confuso silencio
quedé, sin osar decirle: 5
Hijo mío, ¿cómo es esto?
De aquesta perplejidad
me sacó el marcial estruendo
del rebato a que tocaron
las campanas en el pueblo. 10
Púseme luego a caballo,
salió conmigo Lamberto
en otro, y salió una tropa
de caballos herreruelos.
Con la oscuridad, perdimos 15
el rastro de los que hicieron
el robo de Clara, y otros
que con el día se vieron.
Temerosos de celada,
no nos apartamos lejos 20
del lugar, al cual volvimos
cansados y sin Lamberto.
Sal. ¿Pues cómo? ¿Quedóse aposta?
Rob. Aposta, a lo que sospecho,
porque nunca ha parecido 25
desde entonces, vivo o muerto.
Su padre ofreció por Clara
gran cantidad de dinero;
pero no le fue posible
cobrarla por ningún precio. 30
Díjose por cosa cierta,
que el turco que fue su dueño
JORNADA PRIMERA p. 118
la presentó al Gran Señor,
por ser hermosa en extremo.
Por saber si esto es verdad,
y por saber de Lamberto,
he venido como has visto 5
aquí en hábito de griego.
Sé hablar la lengua de modo,
que pasar por griego entiendo.
Sal. Puesto que nunca la sepas,
no tienes de qué haber miedo: 10
aquí todo es confusión,
y todos nos entendemos
con una lengua mezclada
que ignoramos y sabemos.
De mí no te escaparás, 15
pues, cuando te vi, al momento
te conocí.
Rob. ¡Gran memoria!
Sal. Siempre la tuve en extremo.
Rob. ¿Pues cómo te has olvidado 20
de quién eres?
Sal. No hablemos
en eso ahora; otro día
de mis cosas trataremos:
que, si va a decir verdad, 25
yo ninguna cosa creo.
Rob. Fino ateísta te muestras.
Sal. Yo no sé lo que me muestro;
sólo sé que he de mostrarte,
con obras al descubierto, 30
que soy tu amigo, a la traza
como lo fui en algún tiempo;
DE LA GRAN SULTANA p. 119
y para saber de Clara,
un eunuco del gobierno
del serrallo del Gran Turco
podrá hacerme satisfecho,
que es mi amigo. Y, entretanto, 5
puedes mirar por Lamberto:
quizá, como tuvo el alma,
también tendrá preso el cuerpo.
Entranse.
Salen Mamí y Rustán, eunucos. 10
Mam. Ten, Rustán, la lengua muda,
y conmigo no autorices
tu fe, de verdad desnuda,
pues mientes en cuanto dices,
y eres cristiano, sin duda: 15
que el tener así encerrada
tanto tiempo y tan guardada
a la cautiva española,
es señal bastante y sola
que tu intención es dañada. 20
Has quitado al Gran Señor
de gozar la hermosura
que tiene el mundo mayor,
siendo mal darle madura
fruta que verde es mejor. 25
Seis años ha que la celas
y la encubres con cautelas
que ya no pueden durar,
y ahora por desvelar
esta verdad te desvelas. 30
JORNADA PRIMERA p. 120
¡Pero espera, perro, aguarda,
y verás de qué manera
la fe al Gran Señor se guarda!
Rus. ¡Mamí amigo, espera, espera!
Mam. Llega el castigo, aunque tarda; 5
y el que sabe una traición,
y se está sin descubrirla
algún tiempo, da ocasión
de pensar si en consentirla
tuvo parte la intención. 10
La tuya he sabido hoy,
y, así, al Gran Señor me voy
a contarle tu maldad.
Entrase Mamí.
Rus. No hay negarle esta verdad; 15
por empalado me doy.
Sale doña Catalina de Oviedo, gran sultana, vestida
a la turquesca.
Sul. Rustán, ¿qué hay?
Rus. Mi señora, 20
de nuestra temprana muerte
es ya llegada la hora,
que así el alma me lo advierte,
pues en mi constancia llora;
que, aunque parezco mujer, 25
nunca suelo yo verter
lágrimas que den señal
de grande bien o gran mal,
como suele acontecer.
Mamí, señora, ha notado, 30
DE LA GRAN SULTANA p. 121
con astucia y con maldad,
el tiempo que te he guardado,
y ha juzgado mi lealtad
por traición y por pecado.
Al Gran Señor va derecho 5
a contar por malo el hecho
que yo he tenido por bueno,
de malicia y rabia lleno
el siempre maligno pecho.
Sul. ¿Qué hemos de hacer? 10
Rus. Esperar
la muerte con la entereza
que se puede imaginar;
aunque sé que a tu belleza
sultán ha de respetar. 15
No te matará sultán;
quien muera será Rustán,
como de este caso autor.
Sul. ¿Es crüel el Gran Señor?
Rus. Nombre de blando le dan; 20
pero, en efecto, es tirano.
Sul. Con todo, confío en Dios,
que su poderosa mano
ha de librar a los dos
de este temor, que no es vano; 25
y si estuvieren cerrados
los cielos por mis pecados,
por no oír mi petición,
dispondré mi corazón
a casos más desastrados. 30
No triunfará el inhumano
del alma; del cuerpo sí,
JORNADA PRIMERA p. 122
caduco, frágil y vano.
Rus. Este suceso temí
de mi proceder cristiano.
Mas no estoy arrepentido;
antes, estoy prevenido 5
de paciencia y sufrimiento
para cualquiera tormento.
Sul. Con mi intención has venido.
Dispuesta estoy a tener
por regalo cualquier pena 10
que me pueda suceder.
Rus. Nunca a muerte se condena
tan gallardo parecer.
Hallarás en tu hermosura,
no pena, sino ventura; 15
yo, por el contrario extremo,
hallaré, como lo temo,
en el fuego sepultura.
Sul. Bien podrá ofrecerme el mundo
cuantos tesoros encierra 20
la tierra y el mar profundo;
podrá bien hacerme guerra
el contrario sin segundo
con una y otra legión
de su infernal escuadrón; 25
pero no podrán, Dios mío,
como yo de vos confío,
mudar mi buena intención.
En mi tierna edad perdí,
Dios mío, la libertad, 30
que aun apenas conocí;
trájome aquí la beldad,
DE LA GRAN SULTANA p. 123
Señor, que pusiste en mí;
si ella ha de ser instrumento
de perderme, yo consiento,
petición cristiana y cuerda,
que mi belleza se pierda 5
por milagro en un momento;
esta rosada color
que tengo, según se muestra
en mi espejo adulador,
marchítala con tu diestra; 10
vuélveme fea, Señor:
que no es bien que lleve palma
de la hermosura del alma
la del cuerpo.
Rus. Dices bien. 15
Mas no es bien que aquí se estén
nuestros sentidos en calma,
sin que demos traza o medio
de buscar a nuestra culpa,
o ya disculpa, o remedio. 20
Sul. Del remedio a la disculpa
hay grandes montes en medio.
Vámonos a apercibir,
amigo, para morir
cristianos. 25
Rus. Remedio es ése
del más subido interese
que al cielo puedes pedir.
Entranse.
Salen Mamí, el eunuco, y el Gran Turco. 30
Mam. Morato Arráez, Gran Señor,
JORNADA PRIMERA p. 124
te la presentó, y es ella
la primera y la mejor
que del título de bella
puede llevarse el honor.
De tus ojos escondido 5
este gran tesoro ha sido
por industria de Rustán
seis años, y a siete van,
según la cuenta he tenido.
Tur. ¿Y del modo que has contado 10
es hermosa?
Mam. Es tan hermosa,
como en el jardín cerrado
la entreabierta y fresca rosa
a quien el sol no ha tocado; 15
o como el alba serena,
de aljófar y perlas llena,
al salir del claro Oriente;
o como sol al Poniente,
con los reflejos que ordena. 20
Robó la Naturaleza
lo mejor de cada cosa
para formar esta pieza,
y así, la sacó hermosa
sobre la humana belleza. 25
Quitó al cielo dos estrellas,
que puso en las luces bellas
de sus bellísimos ojos,
con que de amor los despojos
se aumentan, pues vive en ellas. 30
El todo y sus partes son
correspondientes de modo,
DE LA GRAN SULTANA p. 125
que me muestra la razón
que en las partes y en el todo
asiste la perfección.
Y con esto se conforma
el color, que hace la forma 5
hermosa en un grado inmenso.
Tur. Este loco, a lo que pienso,
de alguna diosa me informa.
Mam. A su belleza, que es tanta
que pasa al imaginar, 10
su discreción se adelanta.
Tur. Tú me la harás adorar
por cosa divina y santa.
Mam. Tal jamás la ha visto el sol,
ni otra fundió en su crisol 15
el cielo que la compuso;
y, sobre todo, le puso
el desenfado español.
Digo, señor, que es divina
la beldad de esta cautiva, 20
en el mundo peregrina.
Tur. De verla el deseo se aviva.
¿Y llámase?
Mam. Catalina,
y es de Oviedo el sobrenombre. 25
Tur. ¿Cómo no ha mudado el nombre,
siendo ya turca?
Mam. No sé;
como no ha mudado fe,
no apetece otro renombre. 30
Tur. ¿Luego es cristiana?
Mam. Yo hallo
JORNADA PRIMERA p. 126
por mi cuenta que lo es.
Tur. ¿Cristiana, y en mi serrallo?
Mam. Más deben de estar de tres;
mas ¿quién podrá averiguallo?
Si otra cosa yo supiera, 5
como aquésta, la dijera,
sin encubrir un momento
dicho o hecho o pensamiento
que contra ti se ofreciera.
Tur. Descuido es vuestro y maldad. 10
Mam. Yo sé decir que te adoro
y sirvo con la lealtad
y con el justo decoro
que debo a tu majestad.
Tur. Al serrallo iré esta tarde, 15
a ver si hiela o si arde
la belleza única y sola
de tu alabada española.
Mam. Mahoma, señor, te guarde.
Entranse estos dos. 20
Salen Madrigal, cautivo, y Andrea, en hábito de griego.
Mad. ¡Vive Roque, canalla barretina,
que no habéis de gozar de la cazuela,
llena de boronía y caldo prieto!
And. ¿Con quién las has, cristiano? 25
Mad. No con nadie.
¿No escucháis la bolina y la algazara
que suena dentro de esta casa?
Dice dentro un judío:
Jud. (¡Ah,) perro! 30
DE LA GRAN SULTANA p. 127
¡El Dío te maldiga y te confunda!
¡Jamás la libertad amada alcances!
And. Di: ¿por qué te maldicen estos tristes?
Mad. Entré sin que me viesen en su casa,
y en una gran cazuela que tenían 5
de un guisado que llaman boronía,
les eché de tocino un gran pedazo.
And. ¿Pues quién te lo dio a ti?
Mad. Ciertos jenízaros
mataron en el monte el otro día 10
un puerco jabalí, que le vendieron
a los cristianos de Mamud Arráez,
de los cuales compré de la papada
lo que está en la cazuela sepultado
para dar sepultura a estos malditos, 15
con quien tengo rencor y mal talante,
a quien el diablo pape, engulla y
[sorba.
Pónese un judío a la ventana.
Jud. ¡Mueras de hambre, bárbaro insolente; 20
el cuotidiano pan te niegue el Dío;
andes de puerta en puerta mendigando;
échente de la tierra como a gafo,
agraz de nuestros ojos, espantajo,
de nuestra sinagoga asombro y miedo, 25
de nuestras criaturas enemigo
el mayor que tenemos en el mundo!
Mad. ¡Agáchate, judío!
Jud. ¡Ay, sin ventura,
que entrambas sienes me ha quebrado! 30
[¡Ay, triste!
JORNADA PRIMERA p. 128
And. Sí que no le tiraste.
Mad. ¡Ni por pienso!
And. ¿Pues de qué se lamenta el hideputa?
Dice dentro otro judío:
Jud. Quítate, Zabulón, de la ventana, 5
que ese perro español es un demonio,
y te hará pedazos la cabeza
con sólo que te escupa y que te acierte.
¡Guayas, y qué comida que tenemos!
¡Guayas, y qué cazuela que se pierde! 10
Mad. ¿Los llantos de Ramá volvéis al
[mundo,
canalla miserable? ¿Otra vez vuelves,
perro?
Jud. ¿Qué, aún no te has ido? ¿Por 15
[ventura,
quieres atosigarnos el aliento?
Mad. ¡Recógeme este prisco!
Dicen dentro:
¿No aprovecha 20
decirte, Zabulón, que no te asomes?
Déjale ya en mal hora; éntrate, hijo.
And. ¡Oh gente aniquilada! ¡Oh infame, oh sucia
raza, y a qué miseria os ha traído
vuestro vano esperar, vuestra locura 25
y vuestra incomparable pertinacia,
a quien llamáis firmeza y fe
[inmudable,
contra toda verdad y buen discurso!
Ya parece que callan; ya en silencio 30
DE LA GRAN SULTANA p. 129
pasan su burla y hambre los mezquinos.
Español, ¿conocéisme?
Mad. Juraría
[q]ue en mi vida os he visto.
And. Soy Andrea, 5
la espía.
Mad. ¿Vos Andrea?
And. Sí, sin duda.
Mad. ¿El que llevó a Castillo y Palomares,
mis camaradas? 10
And. Y el que llevó a Méndez,
a Arguijo y Santisteban, todos juntos,
y en Nápoles los dejó a sus
[anchuras,
de la agradable libertad gozando. 15
Mad. ¿Cómo me conocisteis?
And. La memoria
tenéis dada a adobar, a lo que entiendo,
o reducida a voluntad no buena.
¿No os acordáis que os vi y hablé la 20
[noche
que recogí a los cinco, y vos quisisteis
quedaros por no más de vuestro gusto,
poniendo por excusa que os tenía
amor rendida el alma, y que una 25
[alárabe,
con nuevo cautiverio y nuevas leyes,
os la tenía encadenada y presa?
Mad. Verdad; y aun todavía tengo el yugo
al cuello, todavía estoy cautivo, 30
todavía la fuerza poderosa
de amor tiene sujeto a mi albedrío.
JORNADA PRIMERA p. 130
And. ¿Luego en balde será tratar yo ahora
de que os vengáis conmigo?
Mad. En balde, cierto.
And. ¡Desdichado de vos!
Mad. Quizá dichoso. 5
And. ¿Cómo puede ser eso?
Mad. Son las leyes
del gusto poderosas sobremodo.
And. Una resolución gallarda puede
romperlas. 10
Mad. Yo lo creo; mas no es tiempo
de ponerme a los brazos con sus
[fuerzas.
And. ¿No sois vos español?
Mad. ¿Por qué? ¿Por esto? 15
Pues, por las once mil de malla juro,
y por el alto, dulce, omnipotente
deseo que se encierra bajo el hopo
de cuatro acomodados porcionistas,
que he de romper por montes de 20
[diamantes
y por dificultades indecibles,
y he de llevar mi libertad en peso
sobre los propios hombros de mi gusto,
y entrar triunfando en Nápoles la bella 25
con dos o tres galeras levantadas
por mi industria y valor, y Dios delante,
y, dando a la Anunciada los dos
[bucos,
quedaré con el uno rico y próspero, 30
y no ponerme ahora a andar por
[trena,
DE LA GRAN SULTANA p. 131
cargado de temor y de miseria.
And. ¡Español sois, sin duda!
Mad. Y soylo, y soylo;
lo he sido y lo seré mientras que viva,
y aun después de ser muerto ochenta 5
[siglos.
And. ¿Habrá quien quiera libertad huyendo?
Mad. Cuatro bravos soldados os esperan,
y son gente de pluma y bien nacidos.
And. ¿Son los que dijo Arguijo? 10
Mad. Aquellos mismos.
And. Yo los tengo escondidos y a recaudo.
Mad. ¿Qué turba es ésta? ¿Qué rüido es
[éste?
And. Es el embajador de los persianos, 15
que viene a tratar paces con el Turco.
Haceos a aquesta parte mientras pasa.
Entra un embajador, vestido como los que andan
aquí y acompáñanle jenízaros; va como turco.
Mad. ¡Bizarro va y gallardo por extremo! 20
And. Los más de los persianos son gallardos,
y muy grandes de cuerpo, y grandes
[hombres
de a caballo.
Mad. Y son, según se dice, 25
los caballos el nervio de sus fuerzas.
¡Plega a Dios que las paces no se hagan!
¿Queréis venir, Andrea?
And. Guía adonde
fuere más de tu gusto. 30
Mad. Al baño guío
JORNADA PRIMERA p. 132
del Uchalí.
And. Al de Morato guía,
que he de juntarme allí con otra espía.
Entranse.
Entra el Gran Turco, Rustán y Mamí. 5
Tur. Flaca disculpa me das
de la traición que me has hecho,
mayor que se vio jamás.
Rus. Si bien estás en el hecho,
señor, no me culparás. 10
Cuando vino a mi poder,
no vino de parecer
que pudiese darte gusto,
y fue el reservarla justo
a más tomo y mejor ser; 15
muchos años, Gran Señor,
profundas melancolías
la tuvieron sin color.
Tur. ¿Quién la curó?
Rus. Sedequías, 20
el judío, tu doctor.
Tur. Testigos muertos presentas
en tu causa; a fe que intentas
escaparte por buen modo.
Rus. Yo digo verdad en todo. 25
Tur. Razón será que no mientas.
Rus. No ha tres días que el sereno
cielo de su rostro hermoso
mostró de hermosura lleno;
no ha tres días que un ansioso 30
dolor salió de su seno.
DE LA GRAN SULTANA p. 133
En efecto: no ha tres días
que de sus melancolías
está libre esta española,
que es en la belleza sola.
Tur. Tú mientes o desvarías. 5
Rus. Ni miento, ni desvarío.
Puedes hacer la experiencia
cuando gustes, señor mío.
Haz que venga a tu presencia;
verás su donaire y brío, 10
verás andar en el suelo,
con pies humanos, al cielo,
cifrado en su gentileza.
Tur. De un temor, otro se empieza;
de un recelo, otro recelo. 15
Mucho temo, mucho espero,
mucho puede la alabanza
en lengua de lisonjero;
mas la lisonja no alcanza
parte aquí. Rustán, yo quiero 20
ver esa cautiva luego;
¡ve por ella, y por (el) dios ciego
que me tiene asombrado,
que, a no ser cual la has pintado,
que te he de entregar al fuego! 25
Entrase Rustán.
Mam. Si no está en más la ventura
de Rustán que en ser hermosa
la cautiva, y de hermosura
rara, su suerte es dichosa; 30
libre está de desventura;
JORNADA PRIMERA p. 134
desde ahora muy bien puedes
hacerle, señor, mercedes,
porque verás de aquí a poco
aquí todo el cielo.
Tur. Loco, 5
a todo hipérbole excedes.
Deja, que es justo, a los ojos
algo que puedan hallar
en tan divinos despojos.
Mam. ¿Qué vista podrá mirar 10
de Apolo los rayos rojos,
que no quede deslumbrada?
Tur. Tanta alabanza me enfada.
Mam. Remítome a la experiencia
que has de hacer con la presencia 15
de ésta en mi lengua agraviada.
Entran Rustán y la sultana.
Rus. Háblale mansa y süave,
que importa, señora mía,
porque con todos no acabe. 20
Sul. Daré de la lengua mía
al santo cielo la llave;
arrojaréme a sus pies;
diré que su esclava es
la que tiene a gran ventura 25
besárselos.
Rus. Es cordura
que en ese artificio des.
Sul. Las rodillas en la tierra,
y mis ojos en tus ojos, 30
te doy, señor, los despojos
DE LA GRAN SULTANA p. 135
que mi humilde ser encierra;
y si es soberbia el mirarte,
ya los abajo e inclino,
por ir por aquel camino
que suele más agradarte. 5
Tur. ¡Gente indiscreta, ignorante,
locos, sin duda, de atar,
a quien no se puede hallar,
en ser simples, semejante;
robadores de la fama 10
debida a tan gran sujeto;
mentirosos, en efecto,
que es la traición que os infama!
¡Por cierto que bien se emplea
cualquier castigo en vosotros! 15
Mam. ¡Desdichados de nosotros
si le ha parecido fea!
Tur. ¡Cuán a lo humano hablasteis
de una hermosura divina,
y esta beldad peregrina 20
cuán vulgarmente pintasteis!
¿No fuera mejor ponella
al par de Alá en sus asientos,
hollando los elementos
y una y otra clara estrella, 25
dando leyes desde allá,
que con reverencia y celo
guardaremos los del suelo,
como Mahoma las da?
Mam. ¿No te dije que era rosa 30
en el huerto a medio abrir?
¿Qué más pudiera decir
JORNADA PRIMERA p. 136
la lengua más ingeniosa?
¿No te la pinté discreta
cual nunca se vio jamás?
¿Pudiera decirte más
un mentiroso poeta? 5
Rus. Cielo te la hice yo,
con pies humanos, señor.
Tur. A hacerla su Hacedor,
acertaras.
Rus. Eso no; 10
que esos grandes atributos
cuadran solamente a Dios.
Tur. En su alabanza los dos
anduvisteis resolutos
y cortos en demasía, 15
por lo cual, sin replicar,
os he de hacer empalar
antes que pase este día.
Mayor pena merecías,
traidor Rustán, por ser cierto 20
que me has tenido encubierto
tan gran tesoro tres días.
Tres días has detenido
el curso de mi ventura;
tres días en mal segura 25
vida y penosa he vivido;
tres días me has defraudado
del mayor bien que se encierra
en el cerco de la tierra
y en cuanto ve el sol dorado. 30
Morirás, sin duda alguna,
hoy, en este mismo día:
DE LA GRAN SULTANA p. 137
que, a do comienza la mía,
ha de acabar tu fortuna.
Sul. Si ha hallado esta cautiva
alguna gracia ante ti,
vivan Rustán y Mamí. 5
Tur. Rustán muera; Mamí viva.
Pero maldigo la lengua
que tal cosa pronunció;
vos pedís; no otorgo yo.
Recompensaré esta mengua 10
con haceros juramento,
por mi valor todo junto,
de no discrepar un punto
de hacer vuestro mandamiento.
No sólo viva Rustán; 15
pero, si vos lo queréis,
los cautivos soltaréis
que en las mazmorras están;
porque a vuestra voluntad
tan sujeta está la mía, 20
como está a la luz del día
sujeta la oscuridad.
Sul. No tengo capacidad
para tanto bien, señor.
Tur. Sabe igualar el amor 25
el vos y la majestad.
De los reinos que poseo,
que casi infinitos son,
toda su jurisdicción
rendida a la tuya veo; 30
ya mis grandes señoríos,
que Grande Señor me han hecho,
JORNADA PRIMERA p. 138
por justicia y por derecho
son ya tuyos más que míos;
y en pensar no te demandes:
esto soy, aquello fui:
que, pues me mandas a mí, 5
no es mucho que al mundo mandes.
Que seas turca o seas cristiana,
a mí no me importa cosa;
esta belleza es mi esposa,
y es de hoy más la gran sultana. 10
Sul. Cristiana soy, y de suerte,
que de la fe que profeso
no me ha de mudar exceso
de promesas ni aun de muerte.
Y mira que no es cordura 15
que entre los tuyos se hable
de un caso que, por notable,
se ha de juzgar por locura.
¿Dónde, señor, se habrá visto
que asistan dos en un lecho, 20
que el uno tenga en el pecho
a Mahoma, el otro a Cristo?
Mal tus deseos se miden
con tu supremo valor,
pues no junta bien amor 25
dos que las leyes dividen.
Allá te avén con tu alteza,
con tus ritos y tu secta,
que no es bien que se entremeta
con mi ley y mi bajeza. 30
Tur. En estos discursos entro,
pues amor me da licencia;
DE LA GRAN SULTANA p. 139
yo soy tu circunferencia,
y tú, señora, mi centro;
de mí a ti han de ser iguales
las cosas que se trataren,
sin que en otro punto paren 5
que las haga desiguales.
La majestad y el amor
nunca bien se convinieron,
y en la igualdad le pusieron
los que hablaron del mejor. 10
De este modo se adereza
lo que tú ves después:
que, humillándome a tus pies,
te levanto a mi cabeza.
Iguales estamos ya. 15
Sul. Levanta, señor, levanta,
que tanta humildad espanta.
Mam. Rindióse; vencido está.
Sul. Una merced te suplico,
y me la has de conceder. 20
Tur. A cuanto quieras querer,
obedezco y no replico.
Suelta, condena, rescata,
absuelve, quita, haz mercedes,
que esto y más, señora, puedes: 25
que amor tu imperio dilata.
Pídeme los imposibles
que te ofreciere el deseo,
que, en fe de ser tuyo, creo
que los he de hacer posibles. 30
No vengas a contentarte
con pocas cosas, mi amor;
JORNADA PRIMERA p. 140
que haré, siendo pecador,
milagros por agradarte.
Sul. Sólo te pido tres días,
Gran Señor, para pensar...
Tur. Tres días me han de acabar. 5
Sul. En no sé qué dudas mías,
que escrupulosa me han hecho;
y, éstos cumplidos, vendrás,
y claramente verás
lo que tienes en mi pecho. 10
Tur. Soy contento. Queda en paz,
guerra de mi pensamiento,
de mis placeres aumento,
de mis angustias solaz.
Vosotros, atribulados 15
y alegres en un instante,
llevaréis de aquí adelante
vuestros gajes seis doblados.
Entra, Rustán; da las nuevas
a esas cautivas todas 20
de mis esperadas bodas.
Mam. ¡Gentil recado les llevas!
Tur. Y como a cosa divina,
y esto también les dirás,
sirvan y adoren de hoy más 25
a mi hermosa Catalina.
Entranse el Turco, Mamí y Rustán, y queda en el
teatro sola la sultana.
Sul. ¡A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste,
a costa de tu sangre y de tu vida, 30
la mísera de Adán primer caída,
DE LA GRAN SULTANA p. 141
y, adonde él nos perdió, tú nos
[cobraste;
a ti, Pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas la perdida,
y, hallándola del lobo perseguida, 5
sobre tus hombros santos te la echaste;
a ti me vuelvo en mi afición amarga,
y a ti toca, Señor, el darme ayuda,
que soy cordera de tu aprisco ausente,
y temo que a carrera corta o larga, 10
cuando a mi daño tu favor no acuda,
me ha de alcanzar esta infernal
[serpiente!
Fin de la primera jornada.
JORNADA SEGUNDA p. 142
JORNADA SEGUNDA
Traen dos moros atado a Madrigal las manos atrás,
y sale con ellos el gran cadí, que es el juez obispo
de los turcos.
Mor. 1. Como te habemos contado, 5
por aviso que tuvimos,
en fragante le cogimos
cometiendo el gran pecado.
La alárabe queda presa,
y, como se ve con culpa 10
que carece de disculpa,
toda su maldad confiesa.
Cadí. Dad con ellos en la mar,
de pies y manos atados,
y de peso acomodados, 15
que no los dejen nadar;
pero si moro se vuelve,
casadlos, y libres queden.
Mad. Hermanos, atarme pueden.
Cadí. ¿En qué el perro se resuelve: 20
en casarse, o en morir?
Mad. Todo es muerte, y todo es pena;
ninguna cosa hallo buena
en casarme ni en vivir.
Como la ley no dejara 25
en la cual pienso salvarme,
la vida, con el casarme,
aunque es muerte, dilatara;
pero casarme y ser moro,
son dos muertes, de tal suerte, 30
que atado corro a la muerte,
DE LA GRAN SULTANA p. 143
y suelto mi ley adoro.
Mas yo sé que de esta vez
no he de morir, señor bueno.
Cadí. ¿Cómo, si yo te condeno,
y soy supremo jüez? 5
De las sentencias que doy
no hay apelación alguna.
Mad. Con todo, de mi fortuna,
aunque mala, alegre estoy.
La piedra tendré ya puesta 10
al cuello, y has de pensar
que no me pienso anegar;
y de esto haré buena puesta.
Y porque no estés suspenso,
haz salir estos dos fuera; 15
diréte de la manera
que ha de ser, según yo pienso.
Cadí. Idos, y dejadle atado,
que quiero ver de la suerte
cómo escapa de la muerte, 20
a quien está condenado.
Vanse los dos moros.
Mad. Si de bien tendrás memoria,
porque no es posible menos,
de aquel sabio cuyo nombre 25
fue Apolonio Tianeo,
el cual, según que lo sabes,
o fuese favor del cielo,
o fuese ciencia adquirida
con el trabajo y el tiempo, 30
supo entender de las aves
JORNADA SEGUNDA p. 144
el canto tan por extremo,
que, en oyéndolas, decía:
Esto dicen. Y esto es cierto.
Ora cantase el canario,
ora trinase el jilguero, 5
ora gimiese la tórtola,
ora graznasen los cuervos,
desde el pardal malicioso
hasta el águila de imperio,
de sus cantos entendía 10
los escondidos secretos.
Este fue, según es fama,
abuelo de mis abuelos,
a quien dejó de su gracia
por únicos herederos. 15
Uno la supo de todos
los que en aquel tiempo fueron,
y no la hereda más de uno
de sus más cercanos deudos.
De deudo a deudo ha venido, 20
con el valor de los tiempos,
a encerrarse esta ventura
en mi desdichado pecho.
A esta mañana, que iba
al pecado, porque vengo 25
a tener cercada el alma
de esperanzas y de miedos,
oí en casa de un judío
a un ruiseñor pequeñuelo,
que, con divina armonía, 30
aquesto estaba diciendo:
¿Adónde vas, miserable?
DE LA GRAN SULTANA p. 145
Tuerce el paso, y hurta el cuerpo
a la ocasión que te llama
y lleva a tu fin postrero.
Cogeránte en el garlito,
ya cumplido tu deseo; 5
morirás, sin duda alguna,
si te falta este remedio.
Dile al jüez de tu causa,
que han decretado los cielos
que muera de aquí a seis días, 10
y baje al estigio reino;
pero que si hiciere enmienda
de tres grandes desafueros
que a dos moros y una viuda
no ha muchos años que ha hecho, 15
y si hiciere la zalá,
lavando el cuerpo primero
con tal agua --y dijo el agua,
que yo decirte no quiero--,
tendrá salud en el alma, 20
tendrá salud en el cuerpo,
y será del Gran Señor
favorecido en extremo.
Con esta gracia admirable,
otra más subida tengo: 25
que hago hablar a las bestias
dentro de muy poco tiempo.
Y aquel valiente elefante
del Gran Señor, yo me ofrezco
de hacerle hablar en diez años 30
distintamente turquesco;
y cuando de esto faltare,
JORNADA SEGUNDA p. 146
que me empalen, que en el fuego
me abrasen, que desmenucen
brizna a brizna estos mis miembros.
Cadí. El agua me has de decir,
que importa. 5
Mad. Su tiempo espero,
porque ha de ser destilada
de ciertas yerbas y yezgos.
Tú no la conocerás;
yo sí, y al cielo sereno 10
se han de coger en tres noches.
Desátale.
Cadí. En tu libertad te vuelvo.
Pero una cosa me tiene
confuso, amigo, y perplejo: 15
que no sé cuál viuda sea,
ni cuáles moros sean éstos
a quien he de hacer la enmienda:
que veo que son sin cuento
los moros de mí ofendidos, 20
y viudas pasan de ciento.
Mad. Iré a oír al ruiseñor
otra vez, y yo sé cierto
que él me dirá en su cantico
quién son los que no sabemos. 25
Cadí. A estos moros les diré
la causa por que te suelto,
que será que al elefante
has de hacer hablar turquesco.
Pero dime: ¿acaso sabes 30
DE LA GRAN SULTANA p. 147
hablar turco?
Mad. ¡Ni por pienso!
Cadí. ¿Pues cómo de lo que ignoras
quieres mostrarte maestro?
Mad. Aprenderé cada día 5
lo que mostrarle pretendo,
pues habrá tiempo en diez años
de aprender el turco y griego.
Cadí. Dices verdad. Mira, amigo,
que mi vida te encomiendo; 10
que será de esto la paga
tu libertad, por lo menos.
Mad. ¡Penitencia, gran cadí,
penitencia y buen deseo
de no hacer de aquí adelante 15
tantos tuertos a derechos!
Cadí. No se te olviden las yerbas,
que es la importancia del hecho
memorable que me has dicho,
y sin duda alguna creo: 20
que ya sé que fue en el mundo
Apolonio Tianeo,
que entendía de las aves
el canto, y también entiendo
que hay arte que hace hablar 25
a los mudos.
Mad. ¡Bueno es eso!
Al elefante os aguardo,
y las yerbas os espero.
Entranse. 30
Parece el Gran Turco detrás de unas cortinas de tafetán
JORNADA SEGUNDA p. 148
verde; salen cuatro bajaes ancianos; siéntanse
sobre alfombras y almohadas; entra el embajador
de Persia, y, al entrar, le echan encima una ropa
de brocado; llévanle dos turcos de brazo, habiéndole
mirado primero si trae armas encubiertas; llévanle 5
a asentar en una almohada de terciopelo; descúbrese
la cortina; parece el Gran Turco; mientras
esto se hace, puede sonar chirimías. Sentados todos,
dice el embajador:
Emb. Prospere Alá tu poderoso Estado, 10
señor universal casi del suelo;
sea por luengos siglos dilatado,
por suerte amiga y por querer del cielo.
La embajada de aquel que me ha
[enviado, 15
con preámbulos cortos, como suelo,
diré, si es que me das de hablar licencia;
que, sin ella, enmudezco en tu
[presencia.
Baj. 1. Di con la brevedad que has prometido; 20
que si es con la que sueles, será parte
a darte el Gran Señor atento oído,
puesto que le forzamos a escucharte.
Por muchas persuasiones ha venido
a darte audiencia y a respuesta darte; 25
que pocas veces oye al enemigo.
Di, pues; que ya eres largo.
Emb. Pues ya digo.
Dice el soldán, señor, que, si tú gustas
de paz, que él te la pide, y que se haga 30
con leyes tan honestas y tan justas,
que el tiempo o el rencor no las
[deshaga;
DE LA GRAN SULTANA p. 149
si a la suya, que es buena, tu alma
[ajustas,
dar el cielo a los dos será la paga.
Baj. 2. No aconsejes; propón, di tu
[embajada. 5
Emb. Toda en pedir la paz está cifrada.
Baj. 1. Ese cabeza roja, ese maldito,
que de las ceremonias de Mahoma,
con depravado y bárbaro apetito,
unas cosas despide y otras toma, 10
bien debe de pensar que el infinito
poder, que al mundo espanta, estrecha
[y doma,
del Gran Señor, el cielo tal le tenga,
que hacer paces infames le convenga. 15
Su mendiguez sabemos y sus mañas,
por quien con él de nuevo me enemisto,
viendo que el grande rey de las Españas
muchos persianos en su corte ha
[visto. 20
Estas son de tu dueño las hazañas:
pedir favor a quien adora en Cristo;
y como ve que el ayudarle niega,
por paz cobarde en ruego humilde
[ruega. 25
Emb. Aquella majestad que tiene al mundo
admirado y suspenso; el verdadero
retrato de Filipo, aquel Segundo,
que sólo pudo darse a sí tercero;
aquél, cuyo valor alto y profundo 30
no es posible alabarle como quiero;
aquél, en fin, que el sol, en su camino,
JORNADA SEGUNDA p. 150
mirando va sus reinos de contino;
llevado en vuelo de la buena fama
su nombre y su virtud a los oídos
del soldán, mi señor, así le inflama
el deseo de verle los sentidos, 5
que a mí me insiste, solicita y llama,
y manda que por pasos no
[entendidos,
por mares y por reinos diferentes,
vaya a ver al gran rey. 10
Baj. 1. ¿Esto consientes?
Echadle fuera. Adulador, camina;
embajador cristiano. Echadle fuera;
que, de los que profesan su doctrina,
algún buen fruto por jamás se espera. 15
El cuerpo dobla; la cabeza inclina.
Echadle, digo.
Baj. 2. ¿No es mejor que muera?
Baj. 1. Goce de embajador la preeminencia,
que es la que no ejecuta esa 20
[sentencia.
Echanle a empujones al embajador.
No es mucho, Gran Señor, que me
[desmande
a alzar la voz, de cólera encendido: 25
que no ha sido pequeña, sino grande,
la desvergüenza de este fementido.
Vea tu majestad ahora, y mande
la respuesta que más fuere servido
que se le dé a este can. 30
Tur. Comunicadme
DE LA GRAN SULTANA p. 151
y, cual el caso pide, aconsejadme.
Mirad bien si la paz es conveniente
y honrosa.
Baj. 2. A lo que yo descubro y veo,
que sosegar las armas del Oriente, 5
no te puede pedir más el deseo,
con tanto que el persiano no alce
[frente
contra ti. Triste historia es la que leo:
que a nosotros la Persia así nos daña, 10
que es lo mismo que Flandes para
[España.
Conviene hacer la paz, por las razones
que en este pergamino van escritas.
Tur. Presto a la paz ociosa te dispones; 15
presto el regalo blando solicitas.
Tú, Braín valeroso, ¿no te opones
a Mustafá? ¿Por dicha, solicitas
también la paz?
Baj. 1. La guerra facilito, 20
y daré las razones por escrito.
Tur. Veréla, y veré lo que contiene,
y de mi parecer os daré parte.
Baj. 1. Alá que el mundo entre los dedos
[tiene, 25
te entregue de él la rica y mayor parte.
Baj. 2. Mahoma así la paz dichosa ordene,
que se oiga el son del belicoso Marte,
no en Persia, sino en Roma, y tus
[galeras 30
corran del mar de España las riberas.
Entranse.
JORNADA SEGUNDA p. 152
Sale la sultana y Rustán.
Rus. Como de su alhaja, puede
gozar de ti a su contento.
Sul. La viva fe de mi intento
a toda su fuerza excede: 5
resuelta estoy de morir,
primero que darle gusto.
Rus. Contra intento que es tan justo,
no tengo qué te decir;
pero mira que una fuerza 10
tal puede mucho, señora,
y mira bien que a ser mora
no te induce ni te fuerza.
Sul. ¿No es grandísimo pecado
el juntarme a un infïel? 15
Rus. Si pudieras huïr de él,
te lo hubiera aconsejado;
mas cuando la fuerza va
contra razón y derecho,
no está el pecado en el hecho, 20
si en la voluntad no está:
condénanos la intención
o nos salva en cuanto hacemos.
Sul. Eso es andar por extremos.
Rus. Sí; mas puestos en razón: 25
que el alma no es bien peligre
cuando por fuerza de brazos
echan a su cuerpo lazos
que rendirán a una tigre.
De esta verdad se recibe 30
la que no habrá quien la tuerza:
DE LA GRAN SULTANA p. 153
que peca el que hace la fuerza,
pero no quien la recibe.
Sul. Mártir seré si consiento;
antes morir que pecar.
Rus. Ser mártir se ha de causar 5
por más alto fundamento,
que es por el perder la vida
por confesión de la fe.
Sul. Esa ocasión tomaré.
Rus. ¿Quién a ella te convida? 10
Sultán te quiere cristiana,
y a fuerza, si no de grado,
sin darle muerte al ganado,
podrá gozar de la lana.
Muchos santos desearon 15
ser mártires, y pusieron
los medios que convinieron
para serlo, y no bastaron:
que al ser mártir se requiere
virtud sobresingular, 20
y es merced particular
que Dios hace a quien él quiere.
Sul. Al cielo le pediré,
ya que no merezco tanto,
que a mi propósito santo 25
de su firmeza le dé;
haré lo que fuere en mí,
y en silencio, en mis recelos,
daré voces a los cielos.
Rus. Calla, que viene Mamí. 30
Entra Mamí.
JORNADA SEGUNDA p. 154
Mam. El Gran Señor viene a verte.
Sul. ¡Vista para mí mortal!
Mam. Hablas, señora, muy mal.
Sul. Siempre hablaré de esta suerte;
y no quieras tú mostrarte 5
prudente en aconsejarme.
Mam. Sé que vendrás a mandarme,
y no es bien descontentarte.
Entra el Gran Turco.
Tur. ¡Catalina! 10
Sul. Ese es mi nombre.
Tur. Catalina la Otomana
te llamarán.
Sul. Soy cristiana,
y no admito el sobrenombre, 15
porque es el mío de Oviedo,
hidalgo, ilustre y cristiano.
Tur. No es humilde el otomano.
Sul. Esa verdad te concedo:
que en altivo y arrogante, 20
ninguno igualarte puede.
Tur. Pues el tuyo al mío excede
y en todo le va adelante,
pues que desprecias por él
al mayor que el suelo tiene. 25
Sul. Sé yo que en él se contiene
lo que es de estimar en él,
que es el darme a conocer
por cristiana si me nombran.
Tur. Tus libertades me asombran, 30
que son más que de mujer;
DE LA GRAN SULTANA p. 155
pero bien puedes tenellas
con quien solamente puede
aquello que le concede
el valor que vive en ellas.
De él conozco que te estimas 5
en todo aquello que vales,
y con arrogancias tales
me alegras y me lastimas.
Muéstrate más soberana,
haz que te tenga respeto 10
el mundo, porque, en efeto,
has de ser la gran sultana.
Y doyte la preeminencia
desde luego: ya lo eres.
Sul. ¿Dar a una tu esclava quieres 15
de tu esposa la excelencia?
Míralo bien, porque temo
que has de arrepentirte presto.
Tur. Ya lo he mirado, y en esto
no hago ningún extremo, 20
si ya no fuese el de hacer
que con la sangre otomana
mezcle la tuya cristiana
para darle mayor ser.
Si el fruto que de ti espero 25
llega a colmo, verá el mundo
que no ha de tener segundo
el que me dieres primero.
No habrá descubierto el sol,
en cuanto ciñe y rodea, 30
no quien pase, que igual sea
a un otomano español.
JORNADA SEGUNDA p. 156
Mira a lo que te dispones,
que ya mi alma adivina
que has de parir, Catalina,
hermosísimos leones.
Sul. Antes tomara engendrar 5
águilas.
Tur. A tu fortuna
no hay dificultad alguna
que la pueda contrastar.
En la cumbre de la rueda 10
está, y, aunque varïable,
contigo ha de ser estable,
estando en tu gloria queda.
Daréte la posesión
de mi alma aquesta tarde, 15
y la de mi cuerpo, que arde
en llamas de tu afición;
qué afición de amor interno,
que, con poderoso brío,
de mi alma y mi albedrío 20
tiene el mando y el gobierno.
Sul. He de ser cristiana.
Tur. Sélo;
que a tu cuerpo, por ahora,
es el que mi alma adora, 25
como si fuese su cielo.
¿Tengo yo a cargo tu alma,
o soy Dios para inclinarla,
o ya de hecho llevarla
donde alcance eterna palma? 30
Vive tú a tu parecer,
como no vivas sin mí.
DE LA GRAN SULTANA p. 157
Rus. ¿Qué te parece, Mamí?
Mam. ¡Mucho puede una mujer!
Sul. No me has de quitar, señor,
que con cristianos no trate.
Mam. Este es grande disparate, 5
y el concederle, mayor.
Tur. Tal te veo y tal me veo,
que con grave imperio y firme
puedes, sultana, pedirme
cuando te pida el deseo. 10
De mi voluntad te he dado
entera jurisdicción;
tus deseos míos son:
mira si estoy obligado
a cumplirlos. 15
Mam. Caso grave,
y entre turcos jamás visto,
andar por aquí tu Cristo,
Rustán.
Rus. El mismo lo sabe. 20
El suele, Mamí, sacar
de mucho mal mucho bien.
Tur. Tus aranceles me den
el modo que he de guardar
para no salir un punto 25
de tu gusto; que el saberle
y el entenderle y hacerle,
estará en mi alma junto.
Saca de aquesta humildad,
bellísima Catalina, 30
que se guía y se encamina
a rendir su voluntad.
JORNADA SEGUNDA p. 158
No quiero gustos por fuerza
de gran poder conquistados:
que nunca son bien logrados
los que se toman por fuerza.
Como a mi esclava, en un punto 5
pudiera gozarte ahora;
mas quiero hacerte señora,
por subir el bien de punto;
y aunque del cercado ajeno
es la fruta más sabrosa 10
que del propio, ¡extraña cosa!,
por la que es tan mía peno.
Entre las manos la tengo,
y entre la boca y las manos
desparece. ¡Oh miedos vanos, 15
y a cuántas bajezas vengo!
Puedo cumplir mi deseo,
y estoy en comedimientos.
Rus. Humilla tus pensamientos,
porque muy airado veo 20
al Gran Señor; no fabriques
tu tristeza en su pesar,
y a quien ya puedes mandar,
no será bien que supliques.
Sul. Dio el temor con mi buen celo 25
en tierra. ¡Oh pequeña edad!
¡Con cuánta facilidad
te rinde cualquier recelo!
Gran Señor, veisme aquí; postro
las rodillas ante ti; 30
tu esclava soy.
Tur. ¿Cómo así?
DE LA GRAN SULTANA p. 159
Alza, señora, ese rostro,
y en esos sus soles dos,
que tanto le hermosean,
harás que mis ojos vean
el grande poder de Dios 5
o de la Naturaleza,
a quien Alá dio poder
para que pudiese hacer
milagros en su belleza.
Sul. Advierte que soy cristiana, 10
y lo que he de ser contino.
Mam. ¡Caso extraño y peregrino:
cristiana una gran sultana!
Tur. Puedes dar leyes al mundo
y guardar la que quisieres. 15
No eres mía; tuya eres,
y a tu valor sin segundo
se le debe adoración,
no sólo humano respeto;
y así, de guardar prometo 20
las sombras de tu intención.
Mamí, tráeme, ¡así tú vivas!,
a que den en mi presencia
a sultana la obediencia
del serrallo las cautivas. 25
Entrase Mamí.
Reveréncienla, no sólo
los que obediencia me dan,
sino las gentes que están
desde éste al contrario polo. 30
Sul. ¡Mira, señor, que ya pasan
JORNADA SEGUNDA p. 160
tus deseos de lo justo!
Tur. Las cosas que me dan gusto,
no se miden ni se tasan;
todas llegan al extremo
mayor que pueden llegar, 5
y para las alcanzar,
siempre espero, nunca temo.
Vuelve Mamí, y con él Clara, llamada Zaida, y
Zelinda, que es Lamberto, el que busca Roberto.
Mam. Todas vienen. 10
Tur. Estas dos
den la obediencia por todas.
Zai. Hagan dichosas tus bodas
las bendiciones de Dios;
fecundo tu seno sea, 15
y, con parto sazonado,
del Gran Señor el Estado
con mayorazgo se vea;
logres la intención que tienes,
que ya de Rustán la sé, 20
y en varios modos te dé
el mundo mil parabienes.
Zel. Hermosísima española,
corona de su nación,
única en la discreción, 25
y en buenos intentos sola;
traiga a colmo tu deseo
el cielo, que le conoce,
y en estas bodas se goce
el dulce y santo Himeneo; 30
por tu parecer se rija
DE LA GRAN SULTANA p. 161
el imperio que posees;
ninguna cosa desees
que el no alcanzarla te aflija;
de ensalzarte es cosa llana
que Mahoma el cargo toma. 5
Tur. No le nombréis a Mahoma,
que la sultana es cristiana.
Doña Catalina es
su nombre, y el sobrenombre
de Oviedo, para mí, nombre 10
de riquísimo interés;
porque, a tenerle de mora,
nunca a mi poder llegara,
ni del tesoro gozara
que en su hermosura mora. 15
Ya como a cosa divina,
sin que lo encubra el silencio,
el gran nombre reverencio
de mi hermosa Catalina.
Para celebrar las bodas, 20
que han de dar asombro al suelo,
déme de su gloria el cielo,
y acudan mis gentes todas;
concédame el mar profundo,
de sus senos temerosos, 25
los pescados más sabrosos;
sus riquezas me dé el mundo;
denme la tierra y el viento
aves y caza, de modo
que esté en cada una el todo 30
del más gustoso alimento.
Sul. Mira, señor, que me agravia
JORNADA SEGUNDA p. 162
el bien que de mí pregonas.
Tur. Denme para tus coronas
perlas el Sur, oro Arabia,
púrpura Tiro y olores
la Sabea, y, finalmente, 5
denme para ornar tu frente
abril y mayo sus flores;
y si os parece que el modo
de pedir ha dado indicio
de tener poco jüicio, 10
venid y veréislo todo.
Entranse todos, si no es Zaida y Zelinda.
Zel. ¡Oh Clara! ¡Cuán turbias van
nuestras cosas! ¿Qué haremos?
Que ya están en los extremos 15
del más sin remedio afán.
¿Yo varón, y en el serrallo
del Gran Turco? No imagino
traza, remedio o camino
a este mal. 20
Zai. Ni yo le hallo.
¡Grande fue tu atrevimiento!
Zel. Llegó do llegó el amor,
que no repara en temor
cuando mira a su contento. 25
Entre una y otra muerte,
por entre puntas de espadas
contra mí desenvainadas,
entrara, mi bien, a verte.
Ya te he visto y te he gozado, 30
y a este bien no llega el mal
DE LA GRAN SULTANA p. 163
que suceda, aunque mortal.
Zai. Hablas como enamorado:
todo eres brío, eres todo
valor y todo esperanza;
pero nuestro mal no alcanza 5
remedio por ningún modo:
que de esta triste morada,
por nuestro mal conocida,
es la muerte la salida,
y desventura la entrada. 10
De aquí no hay pensar hüir
a más seguro lugar:
que sólo se ha de escapar
con las alas del morir.
Ningún cohecho es bastante 15
que a las guardas enternezca,
ni remedio que se ofrezca
que el morir no esté delante.
¿Yo preñada, y tú varón,
y en este serrallo? Mira 20
adónde pone la mira
nuestra cierta perdición.
Zel. ¡Alto! Pues se ha de acabar
en muerte nuestra fortuna,
no esperar salida alguna 25
es lo que se ha de esperar;
pero estad, Clara, advertida
que hemos de morir de suerte,
que nos granjee la muerte
nueva y perdurable vida. 30
Quiero decir que muramos
cristianos en todo caso.
JORNADA SEGUNDA p. 164
Zai. De la vida no hago caso,
como a tal muerte corramos.
Entranse.
Sale Madrigal, el maestro del elefante, con una trompetilla
de hoja de lata, y sale con él Andrea, la 5
espía.
And. ¡Bien te dije, Madrigal,
que la alárabe algún día
a la muerte te traería!
Mad. Más bien me hizo que mal. 10
And. Maestro de un elefante
te hizo.
Mad. ¿Ya es barro, Andrea?
Podrá ser que no se vea
jamás caso semejante. 15
And. Al cabo, ¿no has de morir
cuando caigan en el caso
de la burla?
Mad. No hace al caso.
Déjame ahora vivir, 20
que, en término de diez años,
o morirá el elefante,
o yo, o el Turco, bastante
causa a reparar mi[s] daño[s].
¿No fuera peor dejarme 25
arrojar en un costal,
por lo menos en la mar,
donde pudiera ahogarme,
sin que pudiera valerme
de ser grande nadador? 30
¿No estoy ahora mejor?
DE LA GRAN SULTANA p. 165
¿No podéis vos socorrerme
ahora con más provecho
vuestro y mío?
And. Así es verdad.
Mad. Andrea, considerad 5
que este hecho es un gran hecho,
y aun salir con él entiendo
cuando menos os penséis.
And. Gracias, Madrigal, tenéis,
que al diablo las encomiendo. 10
¿El elefante ha de hablar?
Mad. No quedará por maestro;
y él es animal tan diestro,
que me hace imaginar
que tiene algún no sé qué 15
de discurso racional.
And. Vos sí sois el animal
sin razón, como se ve,
pues en disparates dais
en que no da quien la tiene. 20
Mad. Darlo a entender me conviene
así al cadí.
And. Bien andáis;
pero no os cortéis conmigo
las uñas, que no es razón. 25
Mad. Es mi propia condición
burlarme del más amigo.
And. ¿Esa trompeta es de plata?
Mad. De plata la pedí yo;
mas dijo quien me la dio 30
que bastaba ser de lata.
Al elefante con ella
JORNADA SEGUNDA p. 166
he de hablar en el oído.
And. ¡Trabajo y tiempo perdido!
Mad. ¡Traza ilustre y burla bella!
Cien ásperos cada día
me dan por acostamiento. 5
And. ¿Dos escudos? ¡Gentil cuento!
¡Buena va la burlería!
Mad. El cadí es éste. A más ver,
que me convïene hablarle.
And. ¿Querrás de nuevo engañarle? 10
Mad. Podrá ser que pueda ser.
Vase Andrea, y entra el cadí.
Cadí. Español, ¿has comenzado
a enseñar al elefante?
Mad. Sí; y está muy adelante: 15
cuatro lecciones le he dado.
Cadí. ¿En qué lengua?
Mad. En vizcaína,
que es lengua que se averigua
que lleva el lauro de antigua 20
a la etiopia y abisina.
Cadí. Paréceme lengua extraña.
¿Dónde se usa?
Mad. En Vizcaya.
Cadí. ¿Y es Vizcaya? 25
Mad. Allá en la raya
de Navarra, junto a España.
Cadí. Esta lengua de valor
por su antigüedad es sola;
enséñale la española, 30
que la entendemos mejor.
DE LA GRAN SULTANA p. 167
Mad. De aquellas que son más graves,
le diré las que supiere,
y él tome la que quisiere.
Cadí. ¿Y cuáles son las que sabes?
Mad. La jerigonza de ciegos, 5
la bergamasca de Italia,
la gascona de la Galia
y la antigua de los griegos;
con letras como de estampa
una materia le haré, 10
adonde a entender le dé
la famosa de la hampa;
y si de aquéstas le pesa,
porque son algo escabrosas,
mostraréle las melosas 15
valenciana y portuguesa.
Cadí. A gran peligro se arrisca
tu vida, si el elefante
no sale grande estudiante
en la turquesca o morisca, 20
o en la española, a lo menos.
Mad. En todas saldrá perito,
si le place al infinito
sustentador de los buenos
y aun de los malos, pues hace 25
que a todos alumbre el sol.
Cadí. Hazme un placer, español.
Mad. Por cierto que a mí me place.
Declara tu voluntad,
que luego será cumplida. 30
Cadí. Será el mayor que en mi vida
pueda hacerme tu amistad.
JORNADA SEGUNDA p. 168
Dime: ¿qué iban hablando,
con acento bronco y triste,
aquellos cuervos que hoy viste
ir por el aire volando?
Que por entonces no pude 5
preguntártelo.
Mad. Sabrás
--y de aquesto que me oirás
no es bien que tu ingenio dude--,
sabrás, digo, que trataban 10
que al campo de Alcudia irían,
lugar donde hartar podían
la gran hambre que llevaban:
que nunca falta res muerta
en aquellos campos anchos, 15
donde podrían sus panchos
de su hartura hallar la puerta.
Cadí. Y esos campos, ¿dónde están?
Mad. En España.
Cadí. ¡Gran viaje! 20
Mad. Son los cuervos de volaje
tan ligeros, que se van
dos mil leguas en un tris:
que vuelan con tal instancia,
que hoy amanecen en Francia, 25
y anochecen en Paris.
Cadí. Dime: ¿qué estaba diciendo
aquel colorín ayer?
Mad. Nunca le pude entender;
es húngaro: no le entiendo. 30
Cadí. Y aquella calandria bella,
¿supiste lo que decía?
DE LA GRAN SULTANA p. 169
Mad. Una cierta niñería,
que no te importa sabella.
Cadí. Yo sé que me lo dirás.
Mad. Ella dijo, en conclusión,
que andabas tras un garzón, 5
y aun otras cosillas más.
Cadí. Pues, ¡válgala Lucifer!,
¿a qué se mete conmigo?
Mad. Si hay algo de lo que digo,
verás que la sé entender. 10
Cadí. No va muy descaminada;
pero no ha llegado el juego
a que me abrase en tal fuego.
No digas a nadie nada,
que el crédito quedaría 15
granjeado, a buenas noches.
Mad. Para hablar en tus reproches,
es muda la lengua mía.
Bien puedes a sueño suelto
dormir en mi confianza, 20
pues de hablar en tu alabanza
para siempre estoy resuelto.
Puesto que los tordos sean
de tu ruindad pregoneros,
y la digan los jilgueros 25
que en los pimpollos gorjean;
ora los asnos roznando
digan tus males protervos,
ora graznando los cuervos,
o los canarios cantando, 30
que pues yo soy aquel solo
que los entiende, seré
JORNADA SEGUNDA p. 170
aquel que los callaré
desde el uno al otro polo.
Cadí. ¿No habrá pájaro que cante
alguna virtud de mí?
Mad. Respetaránte, ¡oh cadí!, 5
si puedo, de aquí adelante:
que apenas veré en sus labios
dar indicios de tus menguas,
cuando les corte las lenguas,
en pena de tus agravios. 10
Entra Rustán, el eunuco, y tras él un cautivo anciano,
que se pone a escuchar lo que hablan.
Cadí. Buen Rustán, ¿adónde vais?
Rus. A buscar un tarasí
español. 15
Mad. ¿No es sastre?
Rus. Sí.
Mad. Sin duda que me buscáis,
pues soy sastre y español,
y de tan grande tijera, 20
que no la tiene en su esfera
el gran tarasí del sol.
¿Qué hemos de cortar?
Rus. Vestidos
ricos para la sultana, 25
que se viste a la cristiana.
Cadí. ¿Dónde tenéis los sentidos?
Rustán, ¿qué es lo que decís?
¿Ya hay sultana, y que se viste
a la cristiana? 30
Rus. No es chiste;
DE LA GRAN SULTANA p. 171
verdades son las que oís.
Doña Catalina ha nombre,
con sobrenombre de Oviedo.
Cadí. Vos diréis algún enredo
con que me enoje y asombre. 5
Rus. Con una hermosa cautiva
se ha casado el Gran Señor,
y consiéntele su amor
que en su ley cristiana viva,
y que se vista y se trate 10
como cristiana, a su gusto.
Cris. ¡Cielo pïadoso y justo!
Cadí. ¿Hay tan grande disparate?
Moriré si no voy luego
a reñirle. 15
Vase el cadí.
Rus. En vano irás,
pues del amor [le] hallarás
del todo encendido en fuego.
Venid conmigo, y mirad 20
que seáis buen sastre.
Mad. Señor,
yo sé que no le hay mejor
en toda esta gran ciudad,
cautivo ni renegado; 25
y, para prueba de aquesto,
séaos, señor, manifiesto
que lo soy aquel nombrado
maestro del elefante;
y, quien ha de hacer hablar 30
a una bestia, en el cortar
JORNADA SEGUNDA p. 172
de vestir será elegante.
Rus. Digo que tenéis razón;
pero si otra no me dais,
desde aquí conmigo estáis
en contraria posesión. 5
Mas, con todo, os llevaré.
Venid.
Cris. Señor, a esta parte,
si quieres, quiero hablarte.
Rus. Decid, que os escucharé. 10
Cris. Para mí es averiguada
cosa, por más de un indicio,
que éste sabe del oficio
de sastre muy poco o nada.
Yo soy sastre de la corte, 15
y de España, por lo menos,
y en ella de los más buenos,
de mejor medida y corte;
soy, en fin, de damas sastre,
y he venido al cautiverio, 20
quizá no sin gran misterio,
y sin quizá por desastre.
Llevadme; veréis quizá
maravillas.
Rus. Está bien. 25
Venid vos, y vos también;
quizá alguno acertará.
Mad. Amigo, ¿sois sastre?
Cris. Sí.
Mad. Pues yo a Judas me encomiendo 30
si sé coser un remiendo.
Cris. ¡Ved qué gentil tarasí!
DE LA GRAN SULTANA p. 173
Aunque pienso con mi maña,
antes que a fuerza de brazos,
de sacar de aquí retazos
que puedan llevarme a España.
Entranse todos. 5
Entra la sultana con un rosario en la mano,
y el Gran Turco tras ella escuchándola.
Sul. ¡Virgen, que el sol más bella;
Madre de Dios, que es toda tu
[alabanza; 10
del mar del mundo estrella,
por quien el alma alcanza
a ver de sus borrascas la bonanza!
En mi aflicción te invoco;
advierte, ¡oh gran Señora!, que me 15
[anego,
pues ya en las sirtes toco
del desvalido y ciego
temor, a quien el alma ansiosa entrego.
La voluntad, que es mía 20
y la puedo guardar, ésa os ofrezco,
santísima María;
mirad que desfallezco;
dadme, Señora, el bien que no
[merezco. 25
¡Oh Gran Señor! ¿Aquí vienes?
Tur. Reza, reza, Catalina,
que, sin la ayuda divina,
duran poco humanos bienes;
y llama, que no me espanta, 30
antes me parece bien,
JORNADA SEGUNDA p. 174
a tu Lela Marién,
que entre nosotros es santa.
Sul. No hay generación alguna
que no te bendiga, ¡oh Esposa
de tu Hijo!, ¡oh, tan hermosa, 5
que es fea ante ti la luna!
Tur. Bien la puedes alabar,
que nosotros la alabamos,
y de ser Virgen la damos
la palma en primer lugar. 10
Entra Rustán, Madrigal y el viejo cautivo, y Mamí.
Rus. Estos son los tarasíes.
Mad. Yo, señor, soy el que sabe
cuanto en el oficio cabe;
los demás son baladíes. 15
Sul. Vestiréisme a la española.
Mad. Eso haré de muy buen grado,
como se le dé recado
bastante a la chirinola.
Sul. ¿Qué es chirinola? 20
Mad. Un vestido
trazado por tal compás,
que tan lindo por jamás
ninguna reina ha vestido:
trescientas varas de tela 25
de oro y plata entran en él.
Sul. ¿Pues quién podrá andar con él,
que no se agobie y se muela?
Mad. Ha de ser, señora mía,
la falda postiza. 30
Cris. ¡Bueno!
DE LA GRAN SULTANA p. 175
Este está de seso ajeno;
o se burla, o desvaría.
Amigo, muy mal te burlas,
y sabe, si no lo sabes,
que con personas tan graves 5
nunca salen bien las burlas.
Yo os haré al modo de España
un vestido tal, que os cuadre.
Sul. Este, sin duda, es mi padre,
si no es que la voz me engaña. 10
Tomadme vos la medida,
buen hombre.
Cris. ¡Fuera acertado
que se la hubieran tomado
ya los cielos a tu vida! 15
Sul. Sin duda, es él. ¿Qué haré?
¡Puesta estoy en confusión!
Tur. Libertad por galardón
y gran riqueza os daré.
Vestídmela a la española, 20
con vestidos tan hermosos,
que admiren por lo(s) costosos,
como ella admira por sola;
gastad las perlas de Oriente
y los diamantes indianos, 25
que hoy os colmaré las manos
y el deseo fácilmente.
Véase mi Catalina
con el adorno que quiere,
puesto que en el que trajere 30
la tendré yo por divina.
Es ídolo de mis ojos,
JORNADA SEGUNDA p. 176
y, en el propio o extranjero
adorno, adorarla quiero,
y entregarle mis despojos.
Cris. Venid acá, buena alhaja;
tomaros he la medida, 5
que fuera más bien medida
a ser de vuestra mortaja.
Mad. ¡Por la cintura comienza!
¡Así es sastre como yo!
Tur. Cristiano amigo, eso no, 10
que algo toca en desvergüenza;
tanteadla desde fuera,
y no lleguéis a tocalla.
Cris. ¿Adónde, señor, se halla
sastre que de esa manera 15
haga su oficio? ¿No ves
que en el corte erraría,
si no llevase por guía
la medida?
Tur. Ello así es; 20
mas, a poder excusarse,
tendríalo por mejor.
Cris. De mis abrazos, señor,
no hay para qué recelarte,
que como de padre puede 25
recibirlos la sultana.
Sul. Ya mi sospecha está llana;
ya el miedo que tengo excede
a todos los de hasta aquí.
Tur. Llegad, y haced vuestro oficio. 30
Sul. No des, ¡oh buen padre!, indicio
de ser sino tarasí.
DE LA GRAN SULTANA p. 177
Estándole tomando la medida, dice el padre:
Cris. ¡Pluguiera a Dios que estos lazos,
que tus aseos preparan,
fueran los que te llevaran
a la huesa entre mis brazos! 5
¡Pluguiera a Dios que en tu tierra
en humildad y bajeza
se cambiara la grandeza
que esta majestad encierra,
y que estos ricos adornos 10
en burieles se trocaran,
y en España se gozaran
detrás de redes y tornos!
Sul. ¡No más, padre, que no puedo
sufrir la reprehensión; 15
que me falta el corazón,
y me desmayo de miedo!
Desmáyase la sultana.
Tur. ¿Qué es esto? ¿Qué desconcierto
es éste? ¿Qué desespero? 20
Di, encantador, embustero:
¿hasla hechizado?, ¿hasla muerto?
Basilisco, di: ¿qué has hecho?
Espíritu malo, habla.
Cris. Ella volverá a su habla. 25
Haz que la aflojen el pecho,
báñenle con agua el rostro,
y verás cómo en sí vuelve.
Tur. ¡La vida se le resuelve!
¡Empalad luego a ese monstro! 30
JORNADA SEGUNDA p. 178
¡Empalad aquél también!
¡Quitádmelos de delante!
Mad. ¡Primero que el elefante
vengo a morir!
Mam. ¡Perro, ven! 5
Cris. Yo soy el padre, sin duda,
de la sultana, que vive.
Mam. De mentiras se apercibe
el que la verdad no ayuda.
Venid, venid, embusteros, 10
españoles y arrogantes.
Mad. ¡Oh flor de los elefantes!,
hoy hago estanco en el veros.
Llevan Mamí y Rustán por fuerza al padre de la sultana
y a Madrigal; queda en el teatro el Gran Turco 15
y la sultana desmayada.
Tur. ¡Sobre mis hombros vendrás,
cielo de este pobre Atlante,
en males sin semejante,
si vos en vos no volvéis! 20
Llévala.
DE LA GRAN SULTANA p. 179
JORNADA TERCERA
Salen Rustán y Mamí.
Mam. A no volver tan presto
del grave parasismo,
la sultana quedara 5
sin padre, y sin maestro el elefante.
Volvió, y a voces dijo:
¿Qué es de mi padre? ¡Ay, triste!
¿Adónde está mi padre?,
buscándole por todo con la vista. 10
Sin esperar respuestas
de preguntas tardías,
el Gran Señor mandóme
que acudiese a quitar del palo o fuego
a los dos tarasíes, 15
certísimo adivino
que el más anciano era
de su querida prenda el padre amado.
Corrí, llegué, y hallélos
a tiempo que ya estaba 20
aguzando el verdugo
las puntas de los palos del suplicio.
El español maestro,
apenas se vio libre,
cuando, dando dos brincos, 25
dijo: ¡Gracias a Dios y a mi discípulo!;
creyendo, a lo que creo,
que le daban la vida
porque él el habla diese
JORNADA TERCERA p. 180
que tiene prometida al elefante.
Al padre anciano traje
ante la gran sultana,
que con abrazos tiernos
le recibió, besándole mil veces. 5
Allí se dieron cuenta,
aunque en razones cortas,
de mil sucesos varios
al padre y a la hija acontecidos.
Finalmente, mandóme 10
el Gran Señor que hiciese
cómo en la Judería
se alojase su suegro.
Ordena que le sirvan
a la cristiana usanza, 15
con pompa y aparato,
que dé fe de su amor y su grandeza.
Rus. ¡Extraño caso es éste!
Amala tiernamente;
su voluntad se rige 20
por la de la cristiana.
Al gran cadí no quiso
escuchar, sospechoso
que con reprehensiones
pesadas sus intentos afearía. 25
Quiere de aquí a dos días
con ella y sus cautivas
holgarse en el serrallo
con bailes y con danzas cristianescas.
Músicos he buscado, 30
cautivos y españoles,
que alegres solemnicen
DE LA GRAN SULTANA p. 181
la fiesta en el serrallo jamás vista.
¿Haré que vayan limpios
y vestidos de nuevo?
Mam. Sí; pero como esclavos.
Rus. A dar lugar el tiempo, mejor fuera 5
que fueran como libres,
con plumas y con galas,
representando al vivo
los saraos que en España se
[acostumbran. 10
Mam. No te metas en eso,
pues ves que no es posible.
Rus. Ya la sultana tiene
un vestido español.
Mam. ¿Y quién le hizo? 15
[Rus.] Un judío le trajo
de Argel, a do llegaron
dos galeras de corso,
colmas de barcas, fuertes de despojos,
y allí compró el judío 20
el vestido que he dicho.
Mam. Será indecencia grande
vestirse una sultana ropa ajena.
Rus. Tiene tanto deseo
de verse sin el traje 25
turquesco, que imagino
que de jerga y sayal se vestiría,
como el vestido fuese
cortado a lo cristiano.
Mam. A mí, más que se vista 30
de hojas de palmitos o lampazos.
Rus. Mamí, vete en buen hora,
JORNADA TERCERA p. 182
porque he de hacer mil cosas.
Mam. Y yo dos mil y tantas
en el servicio del señor Oviedo.
Entranse.
Salen la sultana y su padre vestido de negro. 5
Pad. Hija, por más que me arguyas,
no puedo darme a entender
sino que has venido a ser
lo que eres por culpas tuyas,
quiero decir, por tu gusto; 10
que, a tenerle más cristiano,
no gozara este tirano
de gusto que es tan injusto.
¿Qué señales de cordeles
descubren tus pies y brazos? 15
¿Qué ataduras o qué lazos
fueron para ti crüeles?
De tu propia voluntad
te has rendido, convencida
de esta licenciosa vida, 20
de esta pompa y majestad.
Sul. Si yo de consentimiento
pacífico he convenido
con el de este descreído,
ministro de mi tormento, 25
todo el cielo me destruya,
y, atenta a mi perdición,
se me vuelva en maldición,
padre, la bendición tuya.
Mil veces determiné 30
antes morir que agradarle;
DE LA GRAN SULTANA p. 183
mil veces, para enojarle,
sus halagos desprecié;
pero todo mi desprecio,
mis desdenes y arrogancia,
fueron medio y circunstancia 5
para tenerme en más precio.
Con mi celo le encendía,
con mi desdén le llamaba,
con mi altivez le acercaba
a mí cuando más huía. 10
Finalmente, por quedarme
con el nombre de cristiana,
antes que por ser sultana,
medrosa vine a entregarme.
Pad. Has de advertir en tu mal, 15
y sé que lo advertirás,
que, por lo menos, estás,
hija, en pecado mortal.
Mira el estado que tienes,
y mira cómo te vales, 20
porque está lleno de males,
aunque parece de bienes.
Sul. Pues sabrás aconsejarme,
dime, mas es disparate:
¿será justo que me mate, 25
ya que no quieren matarme?
Tengo de morir a fuerza
de mí misma; si no quiere
él que viva, me requiere
matarme por gusto o fuerza. 30
Pad. Es la desesperación
pecado tan malo y feo,
JORNADA TERCERA p. 184
que ninguno, según creo,
le hace comparación.
El matarse es cobardía,
y es poner tasa a la mano
liberal del soberano 5
bien que nos sustenta y cría.
Esta gran verdad se ha visto
donde no puede dudarse:
que más pecó en ahorcarse
Judas, que en vender a Cristo. 10
Sul. Mártir soy en el deseo,
y, aunque por ahora duerma
la carne frágil y enferma
en este maldito empleo,
espero en la luz que guía 15
al cielo al más pecador,
que ha de dar su resplandor
en mi tiniebla algún día,
y de esta cautividad,
adonde reino ofendida, 20
me llevará arrepentida
a la eterna libertad.
Pad. Esperar y no temer,
es lo que he de aconsejar,
pues no se puede abreviar 25
de Dios el sumo poder.
En su confianza atino,
y no en mal discurso pinto
de este ciego laberinto
a la salida el camino; 30
pero si fuera por muerte,
no la huyas, está firme.
DE LA GRAN SULTANA p. 185
Sul. Mis propósitos confirme
el cielo en mi triste suerte,
para que, poniendo el pecho
al rigor jamás pensado,
él quede de mí pagado, 5
y vos, padre, satisfecho.
Y voyme, porque esta tarde
tengo mucho en que entender;
que el Gran Señor quiere hacer
de mis donaires alarde. 10
Si os queréis hallar allí,
padre, en vuestra mano está.
Pad. ¿Cómo hallarse allí podrá
quien está perdido aquí?
Guardarás de honestidad 15
el decoro en tus placeres,
y haz aquello que supieres
alegre y con brevedad;
da indicios de bien criada
y bien nacida. 20
Sul. Sí haré,
puesto que sé que no sé
de gracias algo, ni aun nada.
Pad. ¡Téngate Dios de su mano!
¡Ve con él, prenda querida, 25
mal contenta y bien servida;
yo triste y alegre en vano!
Entranse, y la sultana se ha de vestir a lo cristiano,
lo más bizarramente que pudiere.
Salen los dos músicos, y Madrigal con ellos, como 30
cautivos, con sus almillas coloradas, calzones de
JORNADA TERCERA p. 186
lienzo blanco, borceguíes negros, todo nuevo, con
vueltas sin lechuguillas; Madrigal traiga unas
sonajas, y los demás sus guitarras; señálanse los
músicos primero y 2.
Mús. 1. Otro es esto que estar al pie del palo, 5
esperando la burla que os tenía
algo de mal talante.
Mad. ¡Por San Cristo,
que estaba algo mohíno! Media entena
habían preparado y puesto a punto 10
para ser asador de mis redaños.
Mús. 1. ¿Quién os metió a ser sastre?
Mad. El que nos mete
ahora a todos tres a ser poetas,
músicos y danzantes y bailistas: 15
el diablo, a lo que creo, y no otro alguno.
Mús. 1. A no volver en sí la gran sultana
tan presto, ¡cuál quedábades, bodega!
Mad. Como conejo asado, y no en parrillas.
¡Mirad este tirano! 20
Mús. 2. Hablad pasito,
¡mala Pascua os dé Dios! ¿No se os
[acuerda
de aquel refrán que dicen comúnmente,
que las paredes oyen? 25
Mad. Hablo paso,
y digo...
Mús. 1. ¿Qué decís? No digáis nada.
Mad. Digo que el Gran Señor tiene sus
[ímpetus, 30
como otro cualquier rey de su tamaño,
y temo que a cualquiera zancadilla
DE LA GRAN SULTANA p. 187
que demos en la danza, ha de
[pringarnos.
Mús. 2. ¿Y sabéis vos danzar?
Mad. Como una mula;
pero tengo un romance correntío, 5
que le pienso cantar a la loquesca,
que trata ad longum todo el gran
[suceso
de la grande sultana Catalina.
Mús. 1. ¿Cómo lo sabéis vos? 10
Mad. Su mismo padre
me lo ha contado todo ad pedem litere.
Mús. 2. ¿Qué cantaremos más?
Mad. Mil zarabandas,
mil zambapalos lindos, mil chaconas, 15
y mil pésame de ello, y mil folías.
Mús. 1. ¿Quién las ha de bailar?
Mad. La gran sultana.
Mús. 2. Imposible es que sepa baile alguno,
porque de edad pequeña, según dicen, 20
perdió la libertad.
Mad. ¡Mirad, Capacho!
No hay mujer española que no salga
del vientre de su madre bailadora.
Mús. 1. Esa es razón que no la contradigo; 25
pero dudo en que baile la sultana,
por guardar el decoro a su persona.
Mús. 2. También danzan las reinas en saraos.
Mad. Verdad; y, a solas, mil desenvolturas,
guardando honestidad, hacen las 30
[damas.
Mús. 1. Si nos hubieran dado algún espacio
JORNADA TERCERA p. 188
para poder juntarnos y acordarnos,
trazáramos quizá una danza alegre,
cantada a la manera que se usa
en las comedias que yo vi en España;
y aun Alonso Martínez, que Dios 5
[haya,
fue el primer inventor de aquestos
[bailes,
que entretienen y alegran juntamente
más que entretiene un entremés [de] 10
[hambriento,
ladrón o apaleado.
Mús. 2. Verdad llana.
Mad. De esta vez nos empalan; de ésta vamos
a ser manjar de atunes y de tencas. 15
Mús. 1. Madrigal, ésa es mucha cobardía;
mentiroso adivino siempre seas.
Entra Rustán.
Rus. Amigos, ¿estáis todos?
Mad. Todos juntos, 20
como nos ves, con nuestros
[instrumentos;
pero todos con miedo tal, que temo
que habemos de oler mal desde aquí a
[poco. 25
Rus. Limpios y bien vestidos vais de nuevo;
no temáis, y venid, que ya os espera
el Gran Señor.
Mad. [Yo] juro a mi pecado
que voy. ¡Dios sea en mi ánima! 30
Mús. 2. No temas,
DE LA GRAN SULTANA p. 189
que nos haces temer sin cosa alguna,
y ayuda a los osados la fortuna.
Entranse.
Sale Mamí a poner un estrado, con otros dos o tres
garzones; tienden una alfombra turca, con cinco o 5
seis almohadas de terciopelo de color.
Mam. Tira más de esa parte, Muza, tira;
entra por los cojines tú, Arnaute;
y tu, Bairán, ten cuenta que las flores
se esparzan por do el Gran Señor 10
[pisare,
y enciende los pebetes. ¡Ea, acabemos!
Hácese todo esto sin responder los garzones, y, en
estando puesto el estrado entra el Gran Turco,
Rustán y los músicos y Madrigal. 15
Tur. ¿Sois español[es], por ventura?
Mad. Somos.
Tur. ¿De Aragón, o andaluces?
Mad. Castellanos.
Tur. ¿Soldados, u oficiales? 20
Mad. Oficiales.
Tur. ¿Qué oficio tenéis vos?
Mad. ¿Yo? Pregonero.
Tur. Y éste, ¿qué oficio tiene?
Mad. Guitarrista; 25
quiero decir, que tañe una guitarra
peor ochenta veces que su madre.
Tur. ¿Qué habilidad esotro tiene?
Mad. Grande:
costales cose, y sabe cortar guantes. 30
JORNADA TERCERA p. 190
Tur. ¡Por cierto, los oficios son de estima!
Mad. ¿Quisieras tú, señor, que el uno
[fuera
herrero, y maestro de hacha fuera el
[otro, 5
y el otro polvorista, o, por lo menos,
maestro de fundar artillería?
Tur. A serlo, os estimara y regalara
sobre cuantos cautivos tengo.
Mad. Bueno; 10
en humo se nos fuera la esperanza
de tener libertad.
Tur. Cuando Alá gusta,
hace cautivo aquél, y aquéste libre:
no hay al querer de Alá quien se le 15
[oponga.
Mirad si viene Catalina.
Rus. Viene,
y, adonde pone la hermosa planta,
un clavel o azucena se levanta. 20
Entra la sultana vestida a lo cristiano, como ya he
dicho, lo más ricamente que pudiere: trae al cuello
una cruz pequeña de ébano; salen con ella Zaida
y Zelinda, que son Clara y Lamberto, y los tres
garzones que pusieron el estrado. 25
Tur. Bien vengas, humana diosa,
con verdad, y no opinión,
más que los cielos hermosa,
centro do mi corazón
se alegra, vive y reposa; 30
a mis ojos más lozana
que de abril fresca mañana,
DE LA GRAN SULTANA p. 191
cuando, en brazos de la aurora,
pule, esmalta, borda y dora
el campo, y al mundo ufana.
No es menester mudar traje
para que os rinda contento 5
todo el orbe vasallaje.
Sul. Tantas alabanzas siento
que me han de servir de ultraje,
pues siempre la adulación
nunca dice la razón 10
como en el alma se siente,
y así, cuando alaba, miente.
Mad. A un mentís, un bofetón.
Mús. 2. Madrigal amigo, advierte
dónde estamos; no granjees 15
con tu lengua nuestra muerte.
Tur. Puede el valor que posees
sobre el cielo engrandecerte.
Ven, señora, y toma asiento,
que hoy mi alma tiene intento, 20
dulce fin de mis enojos,
de hacerse toda ojos
por mirarte a su contento.
Siéntese el Turco y la sultana en las almohadas;
quedan en pie Rustán y Mamí y los músicos. 25
Mam. A la puerta está el cadí.
Tur. Abrele, y entre, Mamí,
pues no hay negarle la entrada.
Esta visita me enfada,
y más por hacerse aquí. 30
Vendráme a reprehender,
JORNADA TERCERA p. 192
a reñir y a exagerar
que tengo en mi proceder,
como altivez en mandar,
llaneza en obedecer.
Inútil reprehensor 5
ha de ser, porque el amor,
cuyas hazañas alabo,
teniéndome por su esclavo,
no me deja ser señor.
Entra el cadí. 10
Cadí. ¿Qué es lo que veo? ¡Ay de mí!
¡Cielo, que esto consintáis!
Tur. ¡Por vida del gran cadí,
que no me reprehendáis,
y que os sentéis junto a mí! 15
Porque las reprehensiones
piden lugar y ocasiones
diferentes que éstas son.
Cadí. Enmudezca mi razón
el silencio que me pones. 20
Callo y siéntome.
Tur. Así haced.
Vosotros, como he pedido,
a darme gusto atended;
que yo sabré, agradecido, 25
hacer a todos merced.
Mad. Antes de llegar al trance
del baile nunca aprendido,
oye, señor, un romance.
Mús. 1. ¡Plega a Dios que este perdido 30
no nos pierda en este lance!
DE LA GRAN SULTANA p. 193
Mad. Y has de saber que es la historia
de la vida de tu gloria;
y cantaréle muy presto,
porque soy único en esto,
y lo sé bien de memoria. 5
En un bajel de diez bancos,
de Málaga, y en invierno,
se embarcó para ir a Orán
un tal Fulano de Oviedo,
hidalgo, pero no rico: 10
maldición del siglo nuestro,
que parece que el ser pobre
al ser hidalgo es anejo.
Su mujer y una hija suya,
niña, y hermosa en extremo, 15
por convenirles así,
también con él se partieron.
El mar les aseguraba
el tiempo, por ser de enero,
sazón en que los corsarios 20
se recogen en sus puertos;
pero como las desgracias
navegan con todos vientos,
una les vino tan mala,
que la libertad perdieron. 25
Morato Arráez, que no duerme
por desvelar nuestro sueño,
en aquella travesía
alcanzó al bajel ligero;
hizo escala en Tetuán, 30
y a la niña vendió luego
a un famoso y rico moro
JORNADA TERCERA p. 194
cuyo nombre es Alí Izquierdo.
La madre murió de pena;
al padre a Argel le trajeron,
adonde sus muchos años
le excusaron de ir al remo. 5
Cuatro años eran pasados,
cuando Morato, volviendo
a Tetuán, vio a la niña
más hermosa que el sol mismo.
Compróla de su patrón, 10
cuatrodoblándole el precio
que había dado por ella
a Alí, comprador primero;
el cual le dijo a Morato:
De buena gana la vendo, 15
pues no la puedo hacer mora
por dádivas ni por ruegos.
Diez años tiene apenas;
mas tal discreción en ellos,
que no les hacen ventaja 20
los maduros de los viejos.
Es gloria de su nación,
y de fortaleza ejemplo;
tanto más, cuanto es más sola,
y de humilde y frágil sexo. 25
Con la compra el gran corsario
sobremanera contento,
se vino a Constantinopla,
creo el año de seiscientos;
presentóla al Gran Señor, 30
mozo entonces, el cual luego
del serrallo a los eunucos
DE LA GRAN SULTANA p. 195
hizo el extremado entrego.
En Zoraida el Catalina,
su dulce nombre, quisieron
trocarle; mas nunca quiso,
ni el sobrenombre de Oviedo. 5
Viola al fin el Gran Señor
después de varios sucesos,
y, cual si mirara al sol,
quedó sin vida y suspenso;
ofrecióle el mayorazgo 10
de sus extendidos reinos,
y diole el alma en señal.
Tur. ¡Qué gran verdad dice en esto!
Mad. Consiéntale ser cristiana.
Cadí. ¡Extraño consentimiento! 15
Tur. Calla, amigo; no me turbes,
que estoy mis dichas oyendo.
Mad. Cómo no la halló su padre,
contar aquí no pretendo:
que serán cuentos muy largos, 20
si he de abreviar este cuento;
basta que vino a buscarla
por discursos y rodeos
dignos de más larga historia
y de otra sazón y tiempo. 25
Hoy Catalina es sultana,
hoy reina, hoy vive, y hoy vemos
que del león otomano
pisa el indomable cuello;
hoy le rinde y avasalla, 30
y, con no vistos extremos,
hace bien a los cristianos.
JORNADA TERCERA p. 196
Y esto sé de este suceso.
Mús. 2. ¡Oh repentino poeta!
El rubio señor de Delo,
de su agua de Aganipe
te dé a beber un caldero. 5
Mús. 1. Paladéente las musas
con jamón y vino añejo
de Rute y Ciudad Real.
Mad. Con San Martín me contento.
Cadí. ¡El diablo es este cristiano! 10
Yo le conozco, y sé cierto
que sabe más que Mahoma.
Tur. Hacerles mercedes pienso.
Mad. Tú, señora, a nuestra usanza
ven, que has de ser de una danza 15
la primera y la postrera.
Sul. El gusto de esa manera
del Gran Señor no se alcanza;
que, como la libertad
perdí tan niña, no sé 20
bailes de curiosidad.
Mad. Yo, señora, os guiaré.
Sul. En buen hora comenzad.
Levántase la sultana a bailar, y ensáyase este baile
bien. Cantan los músicos: 25
[Mús.] A vos, hermosa española,
tan rendida el alma tengo,
que no miro por mi gusto,
por mirar al gusto vuestro;
por vos ufano y gozoso 30
a tales extremos vengo,
DE LA GRAN SULTANA p. 197
que precio ser vuestro esclavo
más que mandar mil imperios;
por vos, con discurso claro,
puesto que puedo, no quiero
admitir reprehensiones 5
ni escuchar graves consejos;
por vos, contra mi Profeta,
que me manda en sus preceptos
que aborrezca a los cristianos,
por vos no los aborrezco; 10
con vos, niña de mis ojos,
todas mis venturas veo,
y sé que, sin duda alguna,
por vos vivo y por vos muero.
Muda el baile. 15
Escuchaba la niña los dulces
[requiebros,
y está de su alma su gusto lejos.
Como tiene intento
de guardar su ley, 20
requiebros del rey
no le dan contento.
Vuelve el pensamiento
a parte mejor,
sin que torpe amor 25
le turbe el sosiego.
Y está de su alma su gusto lejos.
Su donaire y brío
extremos contienen
que del Turco tienen 30
preso el albedrío.
JORNADA TERCERA p. 198
Arde con su frío,
su valor le asombra,
y adora su sombra,
puesto que ve cierto
que está de su alma su gusto lejos. 5
Tur. Paso, bien mío, no más,
porque me llevas el alma
tras cada paso que das.
Déte el donaire la palma,
la ligereza y compás. 10
Alma mía, sosegad,
y, si os cansáis, descansad;
y, en este dichoso día,
la liberal mano mía
a todos da libertad. 15
Híncanse delante del Turco, en diciendo esto, todos de
rodillas: los cautivos, y Zaida y Zelinda, los
garzones y la sultana.
Sul. ¡Mil veces los pies te beso!
Zel. ¡Este ha sido para mí 20
felicísimo suceso!
Tur. Catalina, ¿estás en ti?
Sul. No, señor, yo lo confieso:
que, con la grande alegría
de la suma cortesía 25
que has con nosotros usado,
tengo el sentido turbado.
Tur. Levanta, señora mía,
que a ti no te comprehende
la merced que quise hacer; 30
y, si la queréis saber,
DE LA GRAN SULTANA p. 199
a los esclavos se extiende,
y no a ti, que eres señora
de mi alma, a quien adora
como si fueses su Alá.
Zel. ¡Cerróseme el cielo ya! 5
¡Llegó de mi fin la hora!
No sé, Clara, qué temores
de nuevo me pronostican
el fin de nuestros amores,
y que ha de ser significan 10
nuevo ejemplo de amadores.
Creí que la libertad
que la liberalidad
del Gran Señor prometía,
a nosotros se extendía; 15
mas no ha salido verdad.
Zai. Calla, y mira que no des
indicio de la sospecha
que me contarás después.
Cadí. ¿De la merced tan bien hecha 20
no han de gozar estos tres?
Tur. Los dos sí; pero éste no,
que es aquel que se ofreció
de mostrar al elefante
a hablar turquesco elegante. 25
Mad. ¡Cuerpo de quien me parió!
¿Ahí llegamos ahora?
Tur. Enséñele, y llegará
de su libertad la hora.
Mad. Hora menguada será, 30
si Andrea no la mejora.
Pondré pies en polvorosa;
JORNADA TERCERA p. 200
tomaré de Villadiego
las calzas.
Cadí. Es tan hermosa
Catalina, que no niego
ser su suerte venturosa. 5
Pero, entre estos regocijos,
atiende, hijo, a hacer hijos,
y en más de una tierra siembra.
Tur. Catalina es bella hembra.
Cadí. Y tus deseos prolijos. 10
Tur. ¿Cómo prolijos, si están
a sólo un objeto atentos?
Cadí. Los sucesos lo dirán.
Tur. Con todo, tus documentos
por mí en obra se pondrán. 15
Escucha aparte, Mamí.
Mad. Y escuche, señor cadí,
cosas que le importan mucho.
Cadí. Ya, Madrigal, os escucho.
Mad. Pues ya hablo, y digo así: 20
Que me vengan luego a ver
treinta escudos, que han de ser
para comprar al instante
un papagayo elegante
que un indio trae a vender. 25
De las Indias del Poniente
el pájaro sin segundo
viene a enseñar suficiente
a la ignorante del mundo
sabia y rica y pobre gente. 30
Lo que dice te diré,
pues ya sabes que lo sé
DE LA GRAN SULTANA p. 201
por ciencia divina y alta.
Cadí. Ve por ellos, que sin falta
en mi casa los daré.
Tur. Mamí, mira que sea luego,
porque he de volver al punto. 5
Venid, yesca de mi fuego,
divino y propio trasunto
de la madre del dios ciego.
Venid vosotros, gozad
de la alegre libertad 10
que he concedido a los dos.
Mús. 2. ¡Concédate el alto Dios
siglos de felicidad!
Mad. Discípulo, ¿dónde hallaste
una paga tan perdida 15
del gran bien que en mí cobraste?
Que, si me diste la vida,
la libertad me quitaste.
De esto infiero, juzgo y siento
que no hay bien sin su descuento, 20
ni mal que algún bien no espere,
si no es el mal del que muere
y va al eterno tormento.
Vanse todos, si no es Mamí y Rustán, que quedan.
Mam. ¿Qué piensas que me quería 25
el Gran Sultán?
Rus. No sé cierto;
pero saberlo querría.
Mam. El tiene, y en ello acierto,
voluble la fantasía. 30
Quiere renovar su fuego,
JORNADA TERCERA p. 202
y volver al dulce fuego
de sus pasados placeres;
quiere ver a sus mujeres,
y no tarde, sino luego.
Cuadróle mucho el consejo 5
del gran cadí, que le dijo,
como astuto, sabio y viejo:
Hijo, hasta hacer un hijo,
que sembréis os aconsejo
en una y en otra tierra: 10
que si ésta no, aquélla encierra
alegre fertilidad.
Rus. Fundado en esa verdad,
Amurates poco yerra.
Poco agravia a la sultana, 15
pues por tener heredero,
cualquier agravio se allana.
Mad. Y aun es mejor, considero,
no haberle en una cristiana
de cuantas cautivas tiene. 20
¿Quién es esta que aquí viene?
Rus. Dos son.
Mam. Estas dos serán
las que principio darán
al alarde. 25
Rus. Así conviene,
que son en extremo bellas.
Entran Clara y Lamberto, y, como se ha dicho,
son Zaida y Zelinda.
Zel. No puedo de mis querellas 30
darte cuenta, que aún aquí
DE LA GRAN SULTANA p. 203
se están Rustán y Mamí.
Zai. Pon silencio, amigo, en ellas.
Mam. Cada cual de vosotras pida al cielo
que la suerte le sea favorable
en que sultán la mire y le contente. 5
Zel. ¿Pues cómo? ¿El Gran Señor vuelve a
[su usanza?
Rus. Y en este punto se ha de hacer alarde
de todas sus cautivas.
Zai. ¿Cómo es esto? 10
¿Tan presto se le fue de la memoria
la singular belleza que adoraba?
El suyo no es amor, sino apetito.
Rus. Busca dónde hacer un heredero,
y sea en quien se fuere; ésta es la causa 15
de mostrarse inconstante en sus amores.
Mam. ¿Dónde pondré a Zelinda que la mire?
Que tiene parecer de ser fecunda.
¿Será bien al principio?
Zel. ¡Ni por pienso! 20
Remate sean de la hermosa lista
Zaida y Zelinda.
Mam. Sean en buen hora,
pues que de ello gustáis.
Rus. Mira, Zelinda, 25
da rostro al Gran Señor, muéstrale el
[vivo
varonil resplandor de tus dos soles;
quizá te escogerá, y serás dichosa
dándole el mayorazgo que desea. 30
Aquí será el remate de la cuenta.
Quedaos en tanto que a las otras pongo
JORNADA TERCERA p. 204
en numerosa lista.
Zai. Yo obedezco.
Zel. Y yo, que aquí nos pongas te agradezco.
Vanse Mamí y Rustán.
¡Ahora sí que es llegada 5
la infelicísima hora!
Antes de venir, menguada,
¿qué habemos de hacer, señora,
yo varón, y tú preñada?
Que si Amurates repara 10
en esa tu hermosa cara,
escogeráte, sin duda;
y no hay prevención que acuda
a desventura tan clara.
Y si, por desdicha, fuese 15
tan desdichada mi suerte,
que el Gran Señor me escogiese...
Zai. Veréme en el de mi muerte,
si en ese paso te viese.
Zel. ¿No será bien afearnos 20
los rostros?
Zai. Será obligarnos
a dar razón del mal hecho,
y será tan sin provecho,
que ella sea en condenarnos. 25
Zel. Mira qué prisa se dan
el renegado Mamí
y el mal cristiano Rustán.
Ya las cautivas aquí
llegan; ya todas están; 30
yo seguro, si las cuentas,
DE LA GRAN SULTANA p. 205
que hallarás más de doscientas.
Zai. Y todas, a lo que creo,
con diferente deseo
del nuestro, pero contentas.
¡Oh qué de paso que pasa 5
por todas el Gran Señor!
A más de la mitad pasa.
Zel. Clara, un helado temor
el corazón me traspasa.
¡Plegue a Dios que, antes que llegue, 10
el cielo a la tierra pegue
sus pies!
Zai. Quizá escogerá
primero que llegue acá.
Zel. Y si llegare, ¡que ciegue! 15
Entra el Gran Turco, Mamí y Rustán.
Tur. De cuantas quedan atrás,
no me contenta ninguna.
Mamí, no me muestres más.
Mam. Pues entre estas dos hay una 20
en quien te satisfarás.
Rus. Alzad, que aquí la vergüenza
no conviene que os convenza;
alzad el rostro las dos.
Tur. ¡Catalina, como vos, 25
no hay ninguna que me venza!
Mas, pues lo quiere el cadí,
y ello me conviene tanto,
ésta me traeréis, Mamí.
Echale un pañizuelo el Turco a Zelinda, y vase. 30
JORNADA TERCERA p. 206
Rus. ¿Tú solemnizas con llanto
la dicha de estotra?
Zai. Sí;
porque quisiera yo ser
la que alcanzara tener 5
tal dicha.
Mam. Zelinda, vamos.
Rus. Sola y triste te dejamos.
Zai. ¡Tengo envidia, y soy mujer!
Vanse Rustán y Mamí, y llevan a Zelinda, 10
que es Lamberto.
¡Oh mi dulce amor primero!
¿Adónde vas? ¿Quién te lleva
a la más extraña prueba
que hizo amante verdadero? 15
Esta triste despedida
bien claro me da a entender
que, por tu sobra, ha de ser
mi falta más conocida.
¿Qué remedio habrá que cuadre 20
en tan grande confusión,
si eres, Lamberto, varón,
y te quieren para madre?
¡Ay de mí, que de la culpa
de nuestro justo deseo 25
por ninguna suerte veo
ni remedio ni disculpa!
Sale la sultana.
Sul. Zaida, ¿qué has?
Zai. Mi señora, 30
DE LA GRAN SULTANA p. 207
no alcanzo cómo te diga
el dolor que [en] mi alma mora:
Zelinda, aquella mi amiga
que estaba conmigo ahora,
al Gran Señor le han llevado. 5
Sul. ¿Pues eso te da cuidado?
¿No va a mejorar ventura?
Zai. Llévanla a la sepultura,
que es varón, y desdichado.
Ambos a dos nos quisimos 10
desde nuestros años tiernos,
y ambos somos transilvanos,
de una patria y barrio mismo.
Cautivé yo por desgracia
que ahora no te la cuento, 15
porque el tiempo no se gaste
sin pensar en mi remedio;
él supo con nueva cierta
el fin de mi cautiverio,
que fue traerme al serrallo, 20
sepulcro de mis deseos,
y los suyos de tal suerte
le apretaron y rindieron,
que se dejó cautivar
con un discurso discreto. 25
Vistióse como mujer,
cuya hermosura al momento
hizo venderla al Gran Turco
sin conocerla su dueño.
Con este designio extraño 30
salió con su intento Lamberto,
que éste es el nombre del triste
JORNADA TERCERA p. 208
por quien muero y por quien peno.
Conocióme y conocíle,
y de estos conocimientos
he quedado yo preñada,
que lo estoy, y estoy muriendo. 5
Mira, hermosa Catalina,
que con este nombre entiendo
que te alegras: ¿qué he de hacer
en mal de tales extremos?
Ya estará en poder del Turco 10
el desdichado mancebo,
enamorado atrevido,
más constante que no cuerdo;
ya me parece que escucho
que vuelve Mamí diciendo: 15
Zaida, ya de tus amores
se sabe todo el suceso.
¡Disponte a morir, traidora,
que para ti queda el fuego
encendido, y puesto el gancho 20
para enganchar a Lamberto!
Sul. Ven conmigo, Zaida hermosa,
y ten ánima, que espero
en la gran bondad de Dios
salir bien de aqueste estrecho. 25
Entranse las dos.
Sale el Gran Turco, y trae asido del cuello a Lamberto,
con una daga desenvainada; sale con el cadí y
Mamí.
Tur. ¡A mí el ser verdugo toca 30
de tan infame maldad!
DE LA GRAN SULTANA p. 209
Lam. Templa la celeridad
que así tu grandeza apoca;
déjame hablar, y dame
después la muerte que gustes.
Tur. No podrás con tus embustes 5
que tu sangre no derrame.
Cadí. Justo es escuchar al reo;
Amurates, óyele.
Tur. Diga, que yo escucharé.
Mam. Que se disculpe deseo. 10
Lam. Siendo niña, a un varón sabio
oí decir las excelencias
y mejoras que tenía
el hombre más que la hembra;
desde allí me aficioné 15
a ser varón, de manera
que le pedí esta merced
al cielo con asistencia.
Cristiana me la negó,
y mora no me la niega 20
Mahoma, a quien hoy gimiendo,
con lágrimas y ternezas,
con fervorosos deseos,
con votos y con promesas,
con ruegos y con suspiros 25
que a una roca enternecieran,
desde el serrallo hasta aquí,
en silencio y con inmensa
eficacia, le he pedido
me hiciese merced tan nueva. 30
Acudió a mis ruegos tiernos,
enternecido, el Profeta,
JORNADA TERCERA p. 210
y en un instante volvióme
en fuerte varón de hembra;
y si por tales milagros
se merece alguna pena,
vuelva el Profeta por mí, 5
y por mi inocencia vuelva.
Tur. ¿Puede ser esto, cadí?
Cadí. Y sin milagro, que es más.
Tur. Ni tal vi, ni tal oí.
Cadí. El cómo es esto sabrás 10
cuando quisieres de mí,
y la razón te dijera
ahora, si no viniera
la sultana, que allí veo.
Tur. Y enojada, a lo que creo. 15
Lam. ¡Mi desesperar espera!
Entra la sultana y Zaida.
Sul. ¡Cuán fácilmente y cuán presto
has hecho con esta prueba
tu tibio amor manifiesto! 20
¡Cuán presto el gusto te lleva
tras el que es más descompuesto!
Si es que estás arrepentido
de haberme, señor, subido
desde mi humilde bajeza 25
a la cumbre de tu alteza,
déjame, ponme en olvido.
Bien, cuitada, yo temía
que estas dos habían de ser
azares de mi alegría; 30
DE LA GRAN SULTANA p. 211
bien temí que había de ver
este punto y este día.
Pero, en medio de mi daño,
doy gracias al desengaño,
y, porque yo no perezca, 5
no ha dejado que más crezca
tu sabroso y dulce engaño.
Echalas de ti, señor,
y del serrallo al momento:
que bien merece mi amor 10
que me des este contento
y asegures mi temor.
Todos mis placeres fundo
en pensar no harás segundo
yerro en semejante cosa. 15
Tur. Más precio verte celosa,
que mandar a todo el mundo,
si es que son los celos hijos
del amor, según es fama,
y, cuando no son prolijos, 20
aumentan de amor la llama,
la gloria y los regocijos.
Sul. Si, por dejar herederos,
este y otro desafueros
haces, bien podré afirmar 25
que yo te los he de dar,
y que han de ser los primeros,
pues tres faltas tengo ya
de la ordinaria dolencia
que a las mujeres les da. 30
Tur. ¡Oh archivo do la prudencia
y la hermosura está!
JORNADA TERCERA p. 212
Con la nueva que me has dado,
te prometo, a fe de moro
bien nacido y bien crïado,
de guardarte aquel decoro
que tú, mi bien, me has guardado; 5
que los cielos, en razón
de no dar más ocasión
a los celos que has tenido,
a Zelinda han convertido,
como hemos visto, en varón. 10
El lo dice, y es verdad,
y es milagro, y es ventura,
y es señal de su bondad.
Sul. Y es un caso que asegura
sin temor nuestra amistad. 15
Y pues tal milagro pasa,
con Zaida a Zelinda casa,
y con lágrimas te ruego
los eches de casa luego;
no estén un punto en tu casa, 20
que no quiero ver visiones.
Zai. En duro estrecho me pones,
que no quisiera casarme.
Sul. Podrá ser vengáis a darme
por esto mil bendiciones. 25
Hazles alguna merced,
que no los he de ver más.
Tur. Vos, señora, se la haced.
Rus. ¿Ha visto el mundo jamás
tal suceso? 30
Tur. Disponed,
señora, a vuestro albedrío
DE LA GRAN SULTANA p. 213
de los dos.
Sul. Bajá de Chío,
Zelinda o Zelindo es ya.
Tur. ¿Cómo tan poco le da
tu gran poder, si es el mío? 5
Bajá de Rodas le hago,
y con esto satisfago
a su valor sin segundo.
Lam. Déte sujeción el mundo,
y a ti el cielo te dé el pago 10
de tus entrañas piadosas,
¡oh rosa puesta entre espinas
para gloria de las rosas!
Tur. Tú me fuerzas, no que inclinas,
a hacer magníficas cosas; 15
y así, quiero, en alegrías
de las ciertas profecías
que de tus partos me has dado,
que tenga el cadí cuidado
de hacer de las noches días; 20
infinitas luminarias
por las ventanas se pongan,
y, con invenciones varias,
mis vasallos se dispongan
a fiestas extraordinarias; 25
renueven de los romanos
los santos y los profanos
grandes y admirables juegos,
y también los de los griegos,
y otros, si hay más soberanos. 30
Cadí. Haráse como deseas,
y de esta grande esperanza
JORNADA TERCERA p. 214
en la posesión te veas;
y tú, con honesta (esta) usanza,
cual Raquel, fecunda seas.
Sul. Vosotros luego en camino
os poned, que determino 5
no veros más, por no ver
ocasión que haya de ser
causa de otro desatino.
Lam. En dándome la patent[e],
me veré, señora mía, 10
de tu alegre vista ausente,
y tu ingenio y cortesía
tendré continuo presente.
Zai. Y yo, hermosa Catalina,
por sin par y por divina 15
tendré vuestra discreción.
Tur. Justas alabanzas son
de su bondad peregrina.
Ven, cristiana de mis ojos,
que te quiero dar de nuevo 20
de mi alma los despojos.
Sul. De ese modo, yo me llevo
la palma de estos enojos;
porque las paces que hacen
amantes desavenidos, 25
alegran y satisfacen
sobremodo a los sentidos,
que enojados se deshacen.
Entranse todos.
Salen Madrigal y Andrea. 30
Mad. Veislos aquí, Andrea, y dichosísimo
DE LA GRAN SULTANA p. 215
seré si me ponéis en salvamento;
porque no hay que esperar a los diez
[años
de aquella elefantil cátedra mía;
más vale que los ruegos de los buenos 5
el salto de la mata.
And. ¿No está claro?
Mad. Los treinta de oro en oro son el precio
de un papagayo indiano, único al
[mundo, 10
que no le falta sino hablar.
And. Si es mudo,
alabáisle muy bien.
Mad. ¡Cadí ignorante...!
And. ¿Qué decís del cadí? 15
Mad. Por el camino
te diré maravillas. Ven, que muero
por verme ya en Madrid hacer
[corrillos
de gente que pregunte: ¿Cómo es 20
[esto?
Diga, señor cautivo, por su vida:
¿es verdad que se llama la sultana
que hoy reina en la Turquía, Catalina,
y que es cristiana, y tiene don y todo, 25
y que es de Oviedo el sobrenombre
[suyo?
¡Oh! ¡Qué de cosas les diré! Y aun
[pienso,
pues tengo ya el camino medio 30
[andado
siendo poeta, hacerme comediante,
JORNADA TERCERA p. 216
y componer la historia de esta niña
sin discrepar de la verdad un punto,
representando el mismo personaje
allá que hago aquí. ¿Ya es barro,
[Andrea, 5
ver al mosqueterón tan boquiabierto,
que trague moscas, y aun avispas
[trague,
sin echarlo de ver, sólo por verme?
Mas él se vengará quizá, poniéndome 10
nombres que me amohínen y fastidien.
¡A Dios, Constantinopla famosísima!
¡Pera y Permas, a Dios! ¡A Dios, escala,
Chifutí, y aun Guedí! ¡A Dios, hermoso
jardín de Visitax! ¡A Dios, gran templo 15
que de Santa Sofía sois llamado,
puesto que ya servís de gran mezquita!
¡Tarazanas, a Dios, que os lleve el
[diablo,
porque podéis al agua cada día 20
echar una galera fabricada
desde la quilla al tope de la gavia,
sin que le falte cosa necesaria
a la navegación!
And. Mira que es hora, 25
Madrigal.
Mad. Ya lo veo, y no me quedan
sino trescientas cosas a quien darles
el dulce a Dios acostumbrado mío.
And. Vamos; que tanto a Dios es desvarío. 30
Vanse.
DE LA GRAN SULTANA p. 217
Salen Salec, el renegado, y Roberto, los dos primeros
que comenzaron la comedia.
Sal. Ella, sin duda, [es], según las señas
que me ha dado Rustán, aquel eunuco
que dije ser mi amigo. 5
Rob. No lo dudo;
que aquel volverse en hombre por
[milagro
fue industria de Lamberto, que es
[discreto. 10
Sal. Vamos a la gran corte, que podría
ser que saliese ya con la patente
de gran bajá de Rodas, como dicen
que el Gran Señor le ha hecho.
Rob. ¡Dios lo haga 15
¡Oh si los viese yo primero, y antes
que cerrase la muerte estos mis ojos!
Sal. Vamos, y el cielo alegre tus enojos.
Entranse.
Suenan las chirimías; comienzan a poner luminarias; 20
salen los garzones del Turco por el tablado,
corriendo con hachas y hachos encendidos, diciendo a
voces: ¡Viva la gran sultana doña Catalina de
Oviedo! ¡Felice parto tenga, tenga parto felice! Salen
luego Rustán y Mamí, y dicen a los garzones: 25
Rus. Alzad la voz, muchachos; viva a voces
la gran sultana doña Catalina,
gran sultana y cristiana, gloria y honra
de sus pequeños y cristianos años,
honor de su nación y de su patria, 30
JORNADA TERCERA p. 218
a quien Dios de tal modo sus deseos
encamine por justos y por santos,
que de su libertad y su memoria
se haga nueva y verdadera historia.
Tornan las chirimías y las voces de los garzones, 5
y dase fin.
p. 219
COMEDIA FAMOSA
DEL LABERINTO DE
AMOR
Los que hablan en ella son los siguientes:
Anastasio, duque. Tácito y Andronio. 5
Dos ciudadanos. Un carcelero.
Cornelio, criado de Dagoberto, duque [de]
Anastasio. Utrino.
El duque de Novara. Manfredo.
Un paje. Rosamira. 10
Un embajador del de Un huésped.
Rosena. Dos jueces.
Un embajador del de Un verdugo.
Dorlán. Trino, correo.
Julia y Porcia. 15
JORNADA PRIMERA
Salen dos ciudadanos de Novara, y el duque
Anastasio en hábito de labrador.
Anas. Señores, ¿es verdad lo que se suena?
¿Que apenas treinta millas de Novara 20
está Manfredo, duque de Rosena?
Ciu. 1. Si esa verdad queréis saber más clara,
JORNADA PRIMERA p. 220
aquí un embajador del duque viene,
que bien la nueva y su llegada aclara.
En Rezo y sus jardines se entretiene
hasta que nuestro duque le dé aviso
para venir al tiempo que conviene. 5
Anas. ¿Y es Manfredo galán?
Ciu. 2. Es un Narciso,
según que sus retratos dan la muestra,
y aun le va bien de discreción y aviso.
Anas. ¿Y Rosamira, la duquesa vuestra, 10
pone de voluntad el yugo al cuello?
Ciu. 1. Nunca al querer del padre fue siniestra;
cuanto más, que se ve que gana en ello,
siendo el duque quien es.
Anas. Así parece; 15
aunque, con todo, algunos dudan de ello.
Ciu. 2. Del duque es esta guarda que se ofrece,
y aquí el embajador vendrá, sin duda.
Ciu. 1. Mucho le honra el duque.
Ciu. 2. El lo merece. 20
Entra el duque Federico de Novara y el embajador
del de Rosena con acompañamiento.
Duq. Diréis también que a recrearse acuda,
y que en Módena o Rezo se
[entretenga 25
mientras del tiempo este rigor se muda,
para que en este espacio se prevenga
a su venida tal recibimiento,
que más de amor que de grandeza
[tenga; 30
añadiréis el singular contento
DEL LABERINTO DE AMOR p. 221
que con sus dones recibió su
[esposa,
y más de su llegada a salvamento.
Emb. Tu condición, señor, tan generosa,
me obliga a que me haga lenguas todo 5
para decir el bien que en ti reposa;
pero, aunque no las tenga, me acomodo
a decir por extenso al señor mío
de tus grandezas el no visto modo.
[Duq.] De ellas no; mas de vos muy más confío. 10
Entra Dagoberto, hijo del duque de Utrino.
Dag. Si no supiera, ¡oh sabio Federico!,
gran duque de Novara generoso,
que sabes bien quién soy, y que me
[aplico 15
continuo al proceder más virtüoso,
juro por lo que puedo y certifico,
que a este trance viniera temeroso;
mas tráeme mi bondad aquí sin miedo,
para decir lo que encubrir no puedo. 20
Tu honra puesta en deshonrado trance
está por quien guardarla más debiera,
haciendo de ella peligroso alcance
la fama, en esta parte verdadera.
Forzosa es la ocasión, forzoso el lance; 25
las riendas he soltado en la carrera;
imposible es parar hasta que diga
lo que una justa obligación me obliga.
Tu hija Rosamira en lazo estrecho
yace con quien pudiera declararlo, 30
si a la grande importancia de este hecho
JORNADA PRIMERA p. 222
tocara con la lengua publicarlo.
Impide una ocasión lo que el derecho
pide, y así, es forzoso el ocultarlo;
basta que esto es verdad, y que me
[obligo 5
a probar con las armas lo que digo.
Digo que en deshonrado ayuntamiento
se estrecha con un bajo caballero,
sin tener a tus canas miramiento,
ni a la ofensa de Dios, que es lo primero. 10
Y a probar la verdad de lo que cuento,
diez días en el campo armado espero;
que ésta es la vía que el derecho halla:
do no hay testigos, suple la batalla.
Duq. Confuso estoy; no sé qué responderte; 15
considero quién eres, e imagino
que sólo la verdad pudo traerte
a cerrar de mis glorias el camino.
¿Quién dará medio a extremos de tal
[suerte? 20
Es el que acusa (a) un príncipe de Utrino;
la acusada, mi hija; él, sabio y justo;
ella, cortada de la honra al justo.
A que te crea tu valor me incita,
puesto que la bondad de Rosamira 25
tiene perpleja el alma, y solicita
que no confunda a la razón la ira.
Mas si es que en parte la sospecha quita,
o muestra la verdad o la mentira,
la confesión del reo, oírla quiero, 30
por ver si he de ser padre o juez severo.
Traigan a Rosamira a mi presencia,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 223
que es bien que la verdad no se
[confunda:
que el reo a quien le libra su inocencia,
la avisa en gloria y en su honor
[redunda. 5
Emb. Dame, señor, para partir licencia;
que, aunque entiendas que el príncipe
[se funda
en claro o en confuso testimonio,
borrado ha de Manfredo el matrimonio. 10
Calumnia tal, o falsa o verdadera,
deshará más fundadas intenciones:
que no es prenda la honra tan ligera,
que se deba traer en opiniones.
Mira si mandas otra cosa. 15
Duq. Espera;
quizá verás que sin razón te pones
a llevar a Manfredo aquesta nueva,
hasta que veas más fundada prueba.
Tráiganme aquí a mi hija. 20
Guar. Ya son idos
por ella.
Dag. ¿Poca prueba te parece
la verdad que en mis hechos
[comedidos 25
y en mis palabras la razón ofrece?
Duq. Yo he visto engaños por verdad creídos.
Dag. El que de ellos se precia, bien merece
que su verdad se tenga por mentira.
Entra Rosamira. 30
Guar. Ya viene mi señora Rosamira.
JORNADA PRIMERA p. 224
Ros. ¿Qué prisa es ésta, buen señor?
Duq. ¿Qué prisa?
Dirála ahora el príncipe de Utrino.
Dag. Diréla, y sabe Dios cuánto me pesa
el venirla a decir por tal camino. 5
Yo he dicho, ¡oh hermosísima duquesa!,
lo que callarlo fuera desatino:
he dicho que, con torpe ayuntamiento,
un caballero está de ti contento;
copia de ti le haces en secreto. 10
Y esta prueba remítola a mi espada,
que ha de ser el testigo más perfecto
que se halle en la causa averiguada;
y esto será cuando de este aprieto
se admita tu disculpa mal fundada; 15
mas sabes que es tan cierta esta tu
[culpa,
que no te has de atrever a dar disculpa.
Duq. ¿Qué dices, hija? ¿Cómo no respondes?
¿Empáchate el temor, o la vergüenza? 20
Sin duda quieres, pues el rostro
[escondes,
que tu contrario sin testigos venza.
¡Mal a quien eres, hija, correspondes!
Dag. Con la verdad bien es que se convenza. 25
Duq. Culpada estáis; indicio es manifiesto
tu lengua muda, tu inclinado gesto.
¿Quién fue el traidor que te engañó,
[cuitada?
¿O cuál [fue el que] la honra me ha 30
[llevado?
¿O qué estrella, en mi daño conjurada,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 225
nos ha puesto a los dos en tal estado?
¿Dó está tu condición tan recatada?
¿Adónde tu jüicio reposado?
¡Mal le tuviste con el vicio a raya!
Paje. ¡Señores, mi señora se desmaya! 5
Desmáyase Rosamira.
Duq. Llévenla como está luego a esta torre,
y en ella esté en prisión dura y molesta,
hasta que alguna espada o pluma borre
la mancha que en la honra lleva puesta. 10
Dag. Porque luenga probanza aquí se ahorre,
está mi mano con mi espada presta
a probar lo que [he] dicho en campo
[abierto.
Duq. Parece que admito ese concierto, 15
puesto que (de) [al] parecer de mi
[consejo
tengo de remitir todo este hecho.
Dag. Pues yo en mi espada y mi verdad lo
[dejo, 20
y en la sana intención de mi buen
[pecho.
Emb. Confuso voy, atónito y perplejo,
entre el sí y entre el no mal satisfecho.
A Dios, señor, porque este extraño 25
[caso,
junto con el dolor, acucia el paso.
Vase el embajador.
Duq. ¡Parte con Dios, y lleva mi deshonra
a los oídos de mi yerno honrados, 30
JORNADA PRIMERA p. 226
yerno con quien pensé aumentar la
[honra,
que tan por tierra han puesto ya mis
[hados!
Mostrado me has, fortuna, que, quien 5
[honra
tus altares, en humo levantados,
por premio le has de dar infamia y
[mengua,
pues quita cien mil honras una lengua. 10
Entrase el duque, y, al entrarse Dagoberto, le detiene
Anastasio.
Anas. Oye, señor, si no es que tu grandeza
no se suele inclinar a dar oídos
al bajo parecer de mi rudeza 15
y a los que amenguan rústicos vestidos.
Dag. La gravedad de confirmada alteza,
no tiene aquesos puntos admitidos;
habla cuanto te fuere de contento,
que a todo te prometo estar atento. 20
Anas. Por esta acusación, que a Rosamira
has puesto tan en mengua de su fama,
este rústico pecho, ardiendo en ira,
a su defensa me convida y llama:
que, ora sea verdad, ora mentira 25
el relatado caso que la infama,
el ser ella mujer, y amor la causa,
debieran en tu lengua poner pausa.
No te azores, escúchame: o tú solo
sabías este caso, o ya a noticia 30
vino de más de alguno que notólo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 227
o por curiosidad o por malicia.
Si sólo lo sabías, mal mirólo
tu discreción, pues, no siendo justicia,
pretende castigar secretas culpas,
teniendo las de amor tantas disculpas. 5
Si a muchos era el caso manifiesto,
dejaras que otro alguno le dijera:
que no es decente a tu valor ni honesto,
tener para ofender lengua ligera.
Si notas de mi arenga el presupuesto, 10
verás que digo, o que decir quisiera,
que espadas de los príncipes, cual eres,
no ofenden, mas defienden las
[mujeres.
Si amaras al buen duque de Novara, 15
otro camino hallaras, según creo,
por donde, sin que en nada se infamara
su honra, tú cumplieras tu deseo.
Mas tengo para mí, y es cosa clara,
por mil señales que descubro y veo, 20
que en ese pecho tuyo alberga y lidia,
más que celo y honor, rabia y envidia.
Perdóname que hablo de esta suerte,
si es que la verdad, señor, te enoja.
Ciu. 1. Apostad que le da el príncipe muerte. 25
¿No veis el labrador cómo se arroja?
Dag. Quisiera de otro modo responderte;
mas será bien que la razón recoja
las riendas a la ira. Calla y vete,
que más paciencia mi bondad promete. 30
Entrase Dagoberto.
JORNADA PRIMERA p. 228
Ciu. 2. Por Dios, que habéis hablado
[largamente,
y que, notando bien vuestro lenguaje,
es tanto del vestido diferente,
que uno muestra la lengua, y otro el 5
[traje.
Anas. A veces un enojo hace elocuente
al de más torpe ingenio: que el coraje
levanta los espíritus caídos,
y aun hace a los cobardes atrevidos. 10
En fin, ¿éste es el príncipe de Utrino,
digo, el hijo heredero del Estado?
Ciu. 1. El es.
Anas. ¿Pues cómo aquí a Novara vino?
Ciu. 2. Dicen que del amor blando forzado. 15
Anas. ¿Y a quién daba su alma?
Ciu. 2. Yo imagino,
si no es que el vulgo en esto se ha
[engañado,
que Rosamira le tenía rendido; 20
pero ya lo contrario ha parecido.
Anas. Si eso dijo la fama, cosa es clara,
y no van mal fundados mis recelos,
visto que en su deshonra no repara,
que esta su acusación nace de celos. 25
¡Oh infernal calentura, que a la cara
sale, y aun a la boca! ¡Oh santos cielos!
¡Oh amor! ¡Oh confusión jamás oída!
¡Oh vida muerta! ¡Oh libertad rendida!
Entrase Anastasio. 30
Ciu. 1. So aquel sayal hay al, sin duda alguna;
DEL LABERINTO DE AMOR p. 229
o yo sé poco, o no sois vos villano.
Ciu. 2. Mudan los trajes trances de fortuna,
y encubren lo que está más claro y llano.
No sé yo si debajo de la luna
se ha visto lo que hemos visto. ¡Oh 5
[mundo insano,
cómo tus glorias son perecederas,
pues vendes burlas, pregonando veras!
Entranse.
Salen Julia y Porcia en hábito de pastorcillos, 10
con pellicos.
Jul. Porcia amiga...
Por. ¡Bueno es eso!
Rutilio me has de llamar,
Si es que quieres excusar 15
un desastrado suceso.
Yo no sé cómo te olvidas
de nuestros nombres trocados.
Jul. Suspéndenme los cuidados
de nuestras trocadas vidas; 20
y no es bien que así te asombre
ver mi memoria perdida:
que, quien de su ser se olvida,
no es mucho olvide su nombre,
Rutilio amigo, ¡ay de mí!, 25
que arrepentida me veo,
muerta a manos de un deseo
a quien yo la vida di.
Mientras más, Rutilio, voy
considerando lo hecho, 30
más temor nace en mi pecho,
JORNADA PRIMERA p. 230
más arrepentida estoy.
Por. Eso, amigo, es lo peor
que yo veo en tus dolores:
que, adonde sobran temores,
hay siempre falta de amor. 5
Si el amor en ti se enfría,
cuesta se te hará la palma,
grave tormenta la calma,
noche oscura el claro día.
Ama más, y verás luego 10
esparcirse los nublados,
todos tus males trocados
en dulce paz y sosiego.
Pero, quieras o no quieras,
ya estás puesta en la batalla, 15
y tienes de atropellalla,
sea de burlas, sea de veras.
Ya en el ciego laberinto
te metió el amor cruel;
ya no puedes salir de él 20
por industria ni 1nstinto.
El hilo de la razón
no hace al caso que prevengas;
todo el toque está en que tengas
un gallardo corazón, 25
no para entrar en peleas,
que en ellas no es bien te pongas,
sino con que te dispongas
a alcanzar lo que deseas,
cuéstete lo que costare: 30
que, si tu deseo alcanzas,
no hay cumplidas esperanzas
DEL LABERINTO DE AMOR p. 231
en quien el gusto repare.
Muestra ser varón en todo,
no te descuides acaso,
algo más alarga el paso,
y huella de aqueste modo; 5
a la voz da más aliento,
no salga tan delicada;
no estés encogida en nada,
espárcete en tu contento;
y, si fuere menester 10
disparar un arcabuz,
¡juro a Dios y a ésta, que es cruz,
que lo tenéis de hacer!
Jul. ¡Jesús! ¿Quieres que me asombre,
Rutilio, en verte jurar? 15
Por. ¿Con qué podré yo mostrar
más fácilmente ser hombre?
Un voto de cuando en cuando,
es gran cosa, por mi fe.
Jul. Yo, amiga, jurar no sé. 20
Por. Iráte el tiempo enseñando.
Jul. ¿Sabes, Porcia, lo que temo?
¡Ay, que el nombre se me olvida!
Por. ¡Juro a Dios que estás perdida!
Jul. Ya aqueso pasa de extremo. 25
No jures más; si no, a fe
que te deje y que me vaya.
Por. Tanto melindre mal haya.
Jul. ¿Pues por qué?
Por. Yo me lo sé. 30
Jul. En cólera me deshago,
en verte jurar por Dios.
JORNADA PRIMERA p. 232
Por. Pues también soy como vos
medrosa, y a todo hago;
y no os llevo tantos años,
que ellos puedan enseñarme
la experiencia de librarme 5
de no conocidos daños.
Avisad y tened brío,
y, pues ya estamos en esto,
echad del ánimo el resto,
que yo estaré con el mío. 10
Jul. Porcia amiga, ello es así.
¡Ay, que el nombre se olvidó!
Por. ¡Mal haya quien me parió!
Di Rutilio, ¡pesia a mí!
Jul. No te enojes, que yo juro 15
de no olvidarme jamás.
Por. Cuando jures, jura más,
y estarás muy más seguro.
Jul. Témome de estos pellicos
que nos han de descubrir. 20
Por. Yo lo he querido decir,
que es malo que sean tan ricos.
Jul. No va en esto, sino en ser
conocidos.
Por. ¿Pues en qué? 25
Jul. ¿No ves que yo los mandé
de aqueste modo hacer
para la farsa o comedia
que querían mis doncellas
hacer? 30
Por. Haráse sin ellas;
mas quizá será tragedia.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 233
Jul. Y no los echaron menos
cuando nosotras faltamos.
Por esto en peligro estamos,
y no por ser ellos buenos.
Por. Como a Módena lleguemos, 5
mudaremos este traje.
Jul. Yo me vestiré de paje.
Por. Entrambos nos vestiremos.
Jul. Témome que está en Novara
mi hermano. 10
Por. ¡Pluguiese al cielo!
Jul. Pues a fe que lo recelo;
mas, sin duda, es cosa clara
que él de Rosamira está
en extremo enamorado, 15
y sírvela disfrazado.
Por. Eso importa poco ya;
que, en llegando el de Rosena,
Celia se casa con él.
Podrá tu hermano fïel 20
morir, o dejar su pena.
Jul. ¡Qué corta es nuestra ventura!
Tú, enamorada de quien
tiene a otra por su bien;
yo, de quien mi mal procura, 25
de quien se casa mañana.
Y la fortuna molesta
nos lleva a morir la fiesta
de nuestra muerte temprana.
¡Qué de imposibles se oponen 30
a nuestros buenos deseos!
¡Qué miedos, qué devaneos
JORNADA PRIMERA p. 234
nuestra intención descomponen!
¡Ay Rutilio, y cuán en vano
ha de ser nuestra venida!
Por. Mientras esté con la vida,
pienso que en ventura gano. 5
Confía y no desesperes,
que puesto en plática está
que el diablo no acabará
lo que no acaban mujeres.
[Jul.] Escucha, que gente suena; 10
cazadores son; escucha;
gente viene, y gente mucha.
Por. No te dé ninguna pena;
saludarlos y pasar,
sin ponernos en razones. 15
Entran dos cazadores.
Caz. 1. ¿Tomó dos esmerejones?
Caz. 2. Sí.
Caz. 1. No hay más que desear.
¿Y el duque, quédase atrás? 20
Caz. 2. No; que veisle aquí a do viene.
Caz. 1. Mucho en Rezo se detiene.
Caz. 2. Sabed que no puede más.
Y hoy vendrá su embajador,
y sabrá lo que ha de hacer. 25
Por. Camilo, aquí es menester
ingenio, esfuerzo y valor;
que el de Rosena es aquel
que allí viene, según creo.
Jul. ¡Amor, ayuda al deseo, 30
pues que me pusiste en él!
DEL LABERINTO DE AMOR p. 235
Sale el duque de Rosena, de caza.
Man. ¿La garza no parece?
Caz. 1. Ayer se descubrió en esta laguna
que a la vista se ofrece.
Man. Pues un pastor me ha dicho que ninguna 5
se ha visto en estos llanos.
Caz. 2. Pues de dos me dijeron dos villanos.
Man. Dése a Rezo la vuelta;
que, aunque no es tarde, va creciendo
[el viento, 10
y aquella nube suelta
señala injuria de turbión violento.
¡Oh qué bellos zagales!
Mancebos, ¿sois de Rezo naturales?
Jul. En Pavía nacimos. 15
Man. ¿Pues dónde vais ahora?
Jul. Hacia Novara,
no más de porque oímos
que el duque Federico allí prepara
una fiesta que admira, 20
porque casa a su hija Rosamira
con un señor llamado
Manfredo, que es gran duque de Rosena.
Man. Verdad os han contado.
Por. Pues a la fama que será tan buena 25
la fiesta y boda vamos,
y a nuestro padre en cólera dejamos.
Man. ¿Y adónde queda el ganado?
Por. Imagino que perdido.
Man. ¡Mucho atrevimiento ha sido! 30
Jul. A más obliga un cuidado.
JORNADA PRIMERA p. 236
Man. ¿Usanse aquestos pellicos
ahora entre los pastores?
Por. También muestran sus primores
los villanos, si son ricos.
Man. ¿Y lleváis bien que gastar? 5
Jul. Un tesoro de paciencia.
Man. ¿Encargaréis la conciencia
si le acabáis de acabar?
Por. Tal puede ser el suceso,
que se acabe el sufrimiento. 10
Man. ¡Por Dios, que me dais contento!
Jul. Ya nos viéramos en eso.
Man. ¿Cómo os llamáis?
Jul. Yo, Camilo.
Por. Y yo, Rutilio. 15
Man. En verdad
que parecen de ciudad
vuestros nombres y el estilo,
y que en ellos, y aun en él,
poco es, mentís villanía. 20
Por. Como hay estudio en Pavía,
algo se nos pega de él.
Jul. Díganos, señor: ¿qué millas
desde aquí a Novara habrá?
Man. Treinta a lo más que creo está. 25
Caz. 2. Y dos más; son angostillas.
Man. Conmigo os iréis, si os place,
que yo ese camino hago.
Jul. Yo, por mí, me satisfago.
Por. Pues a mí no me desplace. 30
Pero advierta que los dos
vamos poco a poco a pie.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 237
Man. Bien está; que yo os daré
en que vais.
Por. Págueoslo Dios;
que bien parecéis honrado,
noble, y rico, y principal. 5
Caz. 1. Y aun vosotros, de caudal
mayor del que habéis mostrado;
si no, dígalo el lenguaje,
y el uno y otro pellico.
Caz. 2. Es en Pavía muy rico 10
casi todo el villanaje,
y éstos hijos deben ser
de algún rico ganadero.
Man. A Rezo volverme quiero;
bien os podéis recoger. 15
Entra uno.
Uno. Tu embajador ha llegado.
Man. ¿Mompesir?
Uno. Sí, mi señor.
Man. Esperadme, por mi amor, 20
que luego vuelvo.
Por. Haz tu grado.
Entranse todos, si no es Porcia y Julia, que quedan.
Jul. Rutilio, ¿qué te parece?
Por. Camilo amigo, que estás 25
en punto donde verás
que es bueno el que se te ofrece.
La fortuna te ha traído
a poder del duque; advierte
que un principio de tal suerte, 30
JORNADA PRIMERA p. 238
un buen fin tiene escondido.
Jul. ¿Parécete que le diga
quién soy por un modo honesto?
Por. No te descubras tan presto.
Jul. ¿Pues cómo quies que prosiga? 5
Por. El tiempo vendrá a avisarte
de aquello que has de hacer.
Jul. Mi mal no puede tener
en parte del tiempo parte.
Si no estará el duque apenas 10
tres días sin que se case,
¿cómo dejaré que pase
el tiempo, como me ordenas?
Por. Un caso tan grave y tal,
con prisa mal se resuelve. 15
Silencio, que el duque vuelve;
el semblante trae mortal.
Vuelve a entrar el duque, y el embajador que entró
primero, y los dos cazadores.
Emb. Digo, señor, que el príncipe de Utrino, 20
Dagoberto, heredero del Estado,
en mi presencia y la del duque vino,
y allí propuso lo que te he contado.
No con la triste nueva perdió el tino
el padre; padre no, mas recatado 25
jüez, pues, como tal, mandó traella,
y el príncipe afirmó su culpa ante ella.
Rosamira la oyó, y en su defensa
mover no pudo o nunca quiso el labio;
por esto el duque que es culpada 30
[piensa,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 239
pues no responde a tan notable agravio.
El caso ponderó, y al fin dispensa
en todo, procediendo como sabio,
que, mientras se ve el caso, la
[duquesa 5
en una torre esté encerrada y presa.
Dagoberto se ofrece con su espada
a probar en el campo lo que dice.
Yo, viendo a Rosamira así acusada,
tus bodas al instante las deshice. 10
Esto resulta, en fin, de mi embajada;
mira, señor, si bien o si mal hice:
que el duque, ya rendido a su fortuna,
no quiso responderte cosa alguna.
Man. ¡Válgame Dios, qué miserable caso! 15
¿Dónde fabricas, mundo, estos
[vaivenes?
¿Daslos con luenga prevención, o
[acaso?
¿O por qué antes de darlos no 20
[previenes?
Caz. 1. Señor, con largo y con ligero paso,
cubierto de las plantas a las sienes
de luto, un caballero veo que asoma
por el verde recuesto de esta loma. 25
Man. Y aun me parece que hacia aquí
[endereza
la rienda, y del caballo ya se apea.
¡Qué bien con la color de mi tristeza
viene el que trae aquéste por librea! 30
¿Quién podrá ser?
Caz. 2. La espada se adereza.
JORNADA PRIMERA p. 240
Emb. Descolorido llega.
Man. Y mal criado.
Entra un embajador del duque de Dorlán,
vestido de luto.
Dor. ¡Gracias a Dios, Manfredo, que [te] he 5
[hallado!
Quien viene a lo que yo, Manfredo,
[vengo,
no le conviene usar de más crianza:
que sólo en las razones me prevengo 10
que estarán en la lengua o en la lanza.
La antigua ley de embajador
[mantengo;
escúchame, y responde sin tardanza,
que a ti el gran duque de Dorlán me 15
[envía,
y a guerra a sangre y fuego desafía.
Dice, y esto es verdad, que, habiendo
[dado
a tu corte en la suya alojamiento, 20
y habiéndote en su casa agasajado,
viniendo a efectuar tu casamiento,
como el troyano huésped, olvidado
del hospedaje, con lascivo intento,
su hija le robaste y su sobrina: 25
traición no de tu fama y nombre digna.
Por esto, si a su intento no te ajustas,
y a la ley no respondes de hidalguía,
de poder a poder, o, si más gustas,
de persona a persona, desafía. 30
Por. Nuestras [s]andeces causan estas justas.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 241
¿Haslo notado bien? Di, Julia mía.
Jul. Calla, y entre estos árboles te esconde;
veremos lo que el duque le responde.
Dor. Y tanto a la venganza está dispuesto
de aqueste agravio y malicioso hecho, 5
que de este paño de color funesto
que se vista su gente toda ha hecho,
en tanto, o ya sea tarde, o ya sea presto,
que, a desprecio y pesar de tu
[despecho, 10
castiga la insolencia de este ultraje,
transgresor de la ley del hospedaje.
Este es el fin de mi embajada; mira
si quieres responderme alguna cosa.
Man. Reprima mi inocencia en mí la ira 15
que alborota tu lengua licenciosa;
yo no sé qué responda a esa mentira;
sólo sé que fortuna mentirosa
debe o quiere probar con su insolencia
los quilates que tiene mi paciencia. 20
Diréisle al duque que ante él mismo
[apelo
de aquesta acusación vana que ha
[hecho,
porque, por la Deidad que rige el cielo, 25
que jamás tal traición cupo en mi
[pecho.
Leal pisé de su palacio el suelo,
leal salí, guardando aquel derecho
que al hospedaje amigo se debía 30
y a la ley que profeso de hidalguía.
Ni vi a su hija, ni jamás la he visto,
JORNADA PRIMERA p. 242
ni la intención de mi camino era
hacerme con mis huéspedes malquisto,
aunque el lascivo gusto lo pidiera:
que entonces con mayor fuerza resisto,
cuando la torpe inclinación ligera 5
con más regalo acude al pensamiento,
estando al ser quien soy contino atento.
Ni acepto el desafío, ni desecho;
sólo lo que pretendo es dilatarlo
hasta que el duque esté más satisfecho 10
y la misma verdad venga a estorbarlo.
Y cuando esto no fuese de provecho,
y el engaño prosiga en engañarlo,
para entonces acepto el desafío,
ajustando a su gusto el gusto mío. 15
Esto doy por respuesta, y no otra cosa;
mirad si a Rezo queréis ir conmigo.
Dor. Es el camino largo, y presurosa
la gana de volver al suelo amigo.
¡A Dios quedad! [Vase.] 20
Man. Fortuna rigurosa,
¿qué es esto? ¿Quién soy yo, o qué
[pasos sigo
tan malos, que se extrema así tu furia
en hacerme una injuria y otra injuria? 25
¡Infamada mi esposa, y yo infamado,
y por lo menos de traición! ¿Qué es
[esto?
¡En tan triste sazón me tiene puesto!
Emb. Señor, si en nada de esto estás culpado, 30
no es bien que te [a]congoje nada de esto:
tu esposa aún no era tuya; estotra culpa,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 243
en tu pura verdad tiene disculpa.
Man. No me aconsejes ni me des consuelo,
y a Rosena mi gente luego vuelva;
que este rigor con que me trata el cielo,
quiere que en éste sólo me resuelva. 5
Emb. Aunque con vengativo, airado celo,
su fuerza el hado contra ti resuelva,
yo no le he de dejar.
Man. Escucha un poco;
quizá dirás de veras que estoy loco. 10
Por. ¿Qué hemos de hacer, Camilo?
Jul. ¿No está claro?
Seguir del duque las pisadas todas.
Por. ¿Con qué ocasión?
Jul. En eso no reparo. 15
Por. ¿No ves que se han deshecho ya las
[bodas?
Jul. Ventura ha sido mía.
Man. No me aclaro
más por ahora. 20
Emb. En fin, ¿que te acomodas
a ir de esa manera?
Man. Ten a punto
los vestidos que digo.
Emb. Harélo al punto. 25
[Man.] Y no quede ninguno de los míos.
Y en esto no me hagas más instancia,
que la mudable rueda es desvaríos,
tiene encerrada a voces la ganancia.
Y estos dos pastorcillos, que en sus bríos 30
muestran más sencillez que no
[arrogancia,
JORNADA PRIMERA p. 244
si de ello gustan, quedarán conmigo.
Por. ¿Entendístele?
Jul. ¡Y cómo, oh cielo amigo!
Señor, si es que la ida de Novara,
según que hemos oído, se te impide, 5
volver queremos a la patria clara,
si otra cosa tu gusto no nos pide.
Man. Puesto que la fortuna y suerte avara
su querer con el mío jamás mide,
por esta vez entiendo que me ha(s) dado 10
en los dos lo que pide mi cuidado.
Quedaos conmigo, que a Novara
[iremos,
donde, puesto que fiestas no veamos,
quizá cosas más raras hallaremos, 15
con que el sentido y vista
[entretengamos.
Por. Por tuyos desde aquí nos ofrecemos:
que bien se nos trasluce que ganamos
en servirte, señor, cuanto es posible. 20
Man. Haz lo que he dicho.
Emb. ¡Oh caso no creíble!
Entranse todos, y sale Anastasio, y Cornelio, su criado.
Anas. Poco me alegra el campo ni las flores.
Cor. Ni a mí tus sinsabores me contentan; 25
porque es cierto que afrentan los amores
que en tan bajos primores se sustentan,
y en mil partes nos cuentan mil autores
cien mil varios dolores que atormentan
al miserable amante no entendido, 30
poco premiado y menos conocido.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 245
Anas. Ya te he dicho, Cornelio, que te dejes
de darme esos consejos excusados;
y nunca a los amantes aconsejes
cuando tienen por gloria sus cuidados,
que es como quien predica a los herejes, 5
en sus vanos errores obstinados.
Cor. Muy bien te has comparado. Advierte
[y mira
que ya no es Rosamira Rosamira:
las trenzas de oro y la espaciosa frente, 10
las cejas y sus arcos celestiales,
el uno y otro sol resplandeciente,
las hileras de perlas orientales,
la bella aurora que del nuevo Oriente
sale de las mejillas, los corales 15
de los hermosos labios, todo es feo,
si a quien lo tiene infama infame
[empleo.
La buena fama es parte de belleza,
y la virtud perfecta hermosura: 20
que, a do suele faltar, naturaleza
suple con gran ventaja la cordura;
y, entre personas de subida alteza,
amor hermoso a secas es locura.
En fin, quiero decir que no es hermosa, 25
siéndolo, la mujer no virtüosa.
Rosamira, en prisión; la causa, infame;
tú, disfrazado y muerto por libralla;
ignoras la verdad; ¿y quies que
[llame 30
justa la pretensión de esta batalla?
Anas. Tu sangre harás, Cornelio, que derrame,
JORNADA PRIMERA p. 246
pues procuras la mía así alteralla
con tus razones vanas y estudiadas,
y entre libres discursos fabricadas.
Vete; déjame y calla; si no, ¡juro...!
Cor. Yo callaré; no jures, sino advierte 5
que gente viene alrededor del muro,
y temo, al fin, que habrán de acometerte.
Anas. De esto puedes estar muy bien seguro,
que en la ciudad he estado de esta suerte
seis días hace hoy, y estaré ciento: 10
que salió este disfraz a mi contento.
Entran Tácito y Andronio, estudiantes
capigorristas.
And. Deja los libros, Tácito;
digo deja el tomar de coro ahora, 15
y, a nuestro beneplácito,
gozando el fresco de la fresca aurora,
por aquí nos andemos.
Tác. ¡Por Dios, que es buen encuentro el que
[tenemos! 20
Villano es el morlaco.
¿Quieres que le tentemos las corazas,
y veremos si es maco?
And. Siempre en las burlas, Tácito, que trazas,
salimos mal medrados. 25
Talle tienen los mozos de avisados.
Tác. Por esta vez, probemos:
que si el pacho consiente
[bernardinas,
el tiempo entretendremos. 30
And. ¡Con qué facilidad te determinas
DEL LABERINTO DE AMOR p. 247
a hacer bellaquerías!
Cor. Hacia nosotros vienen.
Tác. No te rías.
Díganos, gentilhombre,
así la diosa de la verecundia 5
reciproque su nombre,
y el blanco pecho de tremante enjundia
soborne en confornino:
¿adónde va, si sabe, este camino?
Anas. Mancebo, soy de lejos, 10
y no sé responder a esa pregunta.
Tác. Dígame: ¿son reflejos
los marcurcios que asoman por la
[punta
de aquel monte, compadre? 15
Cor. ¡Bellaco sois, por vida de mi madre!
¿Bernardinas a horma?
Yo apostaré que el duque no le entiende.
Anas. Habláisme de tal suerte,
que no sé responderos. 20
Tác. Pues atiende,
gamicivo, y está atento.
Cor. ¡Qué donaire y qué gracioso acento!
Tác. Digo que ¿si mi paso
tiendo por los barrancos de este llano, 25
si podrá hacer al caso?
Anas. Digo que no os entiendo, amigo
[hermano.
Tác. Pues bien claro se aclara,
que es clara, si no es turbia, el agua 30
[clara.
Quiero decir que el tronto,
JORNADA PRIMERA p. 248
por do su curso lleva al horizonte,
está a caballo, y pronto
a propagar la cima de aquel monte.
Anas. ¡Ya, ya; ya estoy en ello!
Tác. ¿Pues qué quiero decir, gozmio, camello? 5
Anas. Que son bellacos grandes
los mancebitos de primer tonsura.
Tác. Tontón, no te desmandes,
que llevarás del sueño la soltura.
Cor. Mi señor estudiante, 10
mire no haga que le asiente el guante.
Anas. Confieso que al principio
yo no entendí la flor de los mancebos.
And. Arena, cal y ripio
trago, mi señorazo papahuevos. 15
Cor. Su flor se ha descubierto.
Tác. Pues zarpo de éste, y voyme a mejor
[puerto.
Cor. No se vayan, que asoman
otros dos de su traza y compostura, 20
y este camino toman.
También son éstos de primer tonsura,
y, a lo que yo imagino,
de aquí no son, y vienen de camino.
Entran Julia y Porcia como estudiantes de camino. 25
Por. Querría que no errásemos
en lo que el duque nos mandó, Camilo,
y es que aquí le esperásemos.
Jul. ¿Entendístelo bien?
Por. Bien entendílo. 30
And. Argumentando vienen.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 249
Lleguémonos, si acaso se detienen,
y déjennos con ellos;
gustarán de la burla.
Cor. Que nos place.
Anas. Yo no estoy para vellos: 5
que mal la alegre burla satisface
al alma que no alcanza
a ver, si no es burlada, su esperanza.
Entranse Anastasio y Cornelio.
Jul. En esta tierra asiste, 10
en disfrazado traje, aquel mi hermano
a quien tú adoras triste.
Si me encuentra y conoce...
Por. Es temor vano:
que en tal traje nos vemos, 15
que a la misma verdad engañaremos.
A mí una vez me ha visto,
y ésa de noche.
Jul. A mí, casi ninguna.
Mal al temor resisto; 20
estudiantes son éstos.
Tác. La fortuna
mi atrevimiento ayude;
si en trabajo me viere, Andronio, acude.
¿Son estudiantes, señores? 25
Por. Sí, señor, y forasteros.
Tác. ¿Pacacios, o caballeros?
Jul. No somos de los peores.
Tác. ¿Y qué han oído?
Por. Desgracias. 30
Jul. Y en ellas somos maestros.
JORNADA PRIMERA p. 250
And. Por mi vida, que son diestros
y que saben decir gracias.
Pues háganme este latín,
así Dios les dé salud:
Yo soy falto de virtud, 5
tan bellaco como ruin.
Por. No venimos de ese espacio.
And. No se deben de excusar,
si es que nos quieren mostrar
que son hombres de palacio. 10
Jul. Ni aun de nada somos hombres.
And. Pues, ya que se excusan de esto,
dígannos, y luego, y presto,
de dónde son, y sus nombres,
qué estudian, la edad que tienen 15
si es rico o pobre su padre,
la estatura de su madre,
dónde van y de a dó vienen.
¡Turbados están! ¡Apriesa,
respondan, que tardan mucho! 20
Por. Con gran paciencia te escucho,
mancebito de traviesa.
Váyase y déjenos ir,
y serále muy más sano.
And. ¡Jesús, qué mal cortesano! 25
¿Tal se ha dejado decir?
Jul. Es tarde, y hay que hacer,
y servimos, y tardamos.
Tác. Ténganse, que aquí cobramos
la alcabala del saber; 30
porque cuando el sacrilegio
a Mahoma se entregó,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 251
esta autoridad nos dio
nuestro famoso colegio.
¡Miren si voy arguyendo
con razones circunflejas!
Por. Atruénasme las orejas, 5
mancebito, y no te entiendo.
Tác. Andronio.
And. Ya estoy al cabo.
Pónese Andronio detrás de Julia para hacerla caer;
pero no la ha de derribar. 10
Tác. Volviendo a nuestro comienzo,
el asado San Lorenzo,
cuyas virtudes alabo,
en sus Cuntiloquios dice...
Jul. ¡Esta es gran bellaquería, 15
y juro por vida mía...!
Tác. Y dirán que yo lo hice.
Jul. Pero aquí viene nuestro amo,
y mala ventura os mando.
Tác. Signori, me recomendo, 20
y a la corona me llamo.
Y a revederci altra volta,
dove finitemo el resto,
or non piu, & visogna presto
fugiré de qui si ascolta. 25
Entrase Tácito y Andronio.
Entra Manfredo como estudiante, de camino.
Man. Rutilio y Camilo, pues,
¿he, por ventura, tardado?
Por. Más de un hora hemos estado 30
JORNADA PRIMERA p. 252
esperando, como ves;
y aun nos han dado mal rato
dos bonitos estudiantes,
que tienen más de chocantes,
que no de letras su trato. 5
Pero ¿en qué te has detenido
tanto tiempo?
Man. Fui escuchando
dos que iban razonando
de este caso sucedido. 10
Y apostaré que estos dos
que vienen, tratan también
de este hecho. Escucha bien
si acierto, así os guarde Dios.
Jul. ¿De qué sirve el escuchar, 15
pues podemos preguntallo?
Entran los dos ciudadanos que entraron al principio.
Ciu. 1. Por mil conjeturas hallo
que ella habrá de peligrar.
Ciu. 2. En fin, que no se disculpa. 20
Ciu. 1. ¡Esa es una cosa extraña!
Ciu. 2. El pensamiento me engaña,
o ella no tiene culpa.
Man. Mis señores, ¿qué se suena
del caso de la duquesa? 25
Ciu. 1. Que se está todavía presa,
y el silencio la condena.
Man. ¿Quién la acusa?
Ciu. 2. Dagoberto.
Man. ¿Da testigos? 30
Ciu. 2. Ni aun indicio.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 253
Man. Cierto que no es ése oficio
de caballero.
Ciu. 1. No, cierto.
Man. ¿Y su padre?
Ciu. 1. ¿Qué ha de hacer? 5
Sólo ha hecho pregonar
que a quien la acierte a librar
se la dará por mujer,
como sea caballero
el que se oponga a la empresa. 10
Man. ¿Y qué, calla la duquesa?
Ciu. 2. Como si fuese un madero.
Man. ¿Y del duque que se suena
que había de ser su esposo?
Ciu. 1. Que, en sabiendo el caso astroso, 15
dio la vuelta hacia Rosena.
Y aun otras nuevas nos dan,
ni sé si es verdad o no:
que, estando en Dorlán, sacó
una hija al de Dorlán, 20
y también a una parienta,
del mismo duque sobrina,
y que el duque determina
vengarse de aquesta afrenta.
Y que se tiene por cierto 25
que la sacó el de Rosena.
Ciu. 2. Hasta ahora, así se suena;
ni sé si es cierto o incierto.
Man. Y si como eso es mentira,
como me doy a entender, 30
podrá ser que venga a ser
bien mismo de Rosamira:
JORNADA PRIMERA p. 254
que sé que el duque es muy bueno,
y que traición ni ruindad,
si no es razón y bondad,
jamás albergó en su seno.
Ciu. 1. ¿Sois acaso milanés? 5
Porque de serlo dais muestra.
Man. Aunque la lengua lo muestra,
no soy, sino boloniés;
mas he estudiado en Pavía,
y algo la lengua he tomado. 10
Ciu. 2. ¿Y qué es lo que se ha estudiado?
Man. Humanidad.
Ciu. 1. Sí haría:
que todos los de su edad
eso es lo que estudian más. 15
Man. Sin estudiarla, jamás
se aprende esta facultad.
Ciu. 1. ¿Y a qué venís a Novara?
Man. A ver la boda venía.
Ciu. 2. No quiso en tanta alegría 20
ponernos la suerte avara;
y en lugar de ella, podréis
ver, si gustáis, la batalla.
Man. Si no hay quien salga a tomalla.
Ciu. 1. Poco tiempo os detendréis: 25
que me quedan más de seis
días para el plazo puesto.
Man. De quedarme estoy dispuesto.
Ciu. 1. Sin duda, lo acertaréis.
Y ¡a Dios! 30
Man. Con él vais los dos.
Ciu. 2. ¿Luego aquí os queréis quedar?
DEL LABERINTO DE AMOR p. 255
Man. Sí; porque aquí he de aguardar
a un amigo.
Ciu. 2. Pues, ¡a Dios!
Man. Yo no sé en qué se confía
mi dudosa voluntad, 5
y, si no es curiosidad,
¿qué locura es esta mía?
Creo que darme deshonra,
ingrato amor, te dispones,
pues cuando está en opiniones 10
la honra, no hay tener honra.
Entrase Julia, Porcia y Manfredo.
Sale el duque Federico y el carcelero que tiene
a la duquesa Rosamira.
Duq. ¿Cómo está la duquesa? 15
Car. Negro luto
cubre su faz, y, sola en su aposento,
al suelo da de lágrimas tributo,
con doloroso, amargo sentimiento.
Duq. ¡Oh bien hermoso y mal nacido fruto, 20
marchito en la sazón de más contento,
y cómo al mejor tiempo me has burlado,
quedando en mis designios defraudado!
¿Y qué, no se disculpa?
Car. Ni por pienso. 25
Duq. ¿De quién se queja?
Car. De su corta suerte.
[Duq.] En breve tiempo de su vida el censo
dará a una infame, inevitable muerte.
Car. ¿Sabes, señor, lo que imagino y pienso? 30
JORNADA PRIMERA p. 256
Duq. ¿Qué piensas o imaginas?
Car. Que es muy fuerte
de creer que el de Utrino verdad diga.
Duq. A que lo crea, su bondad me obliga,
y el ver que Rosamira, en su disculpa, 5
el labio no ha movido ni le mueve;
y es muy cierta señal de tener culpa,
el que a volver por sí nunca se atreve.
La culpa es grave; grave el que la culpa;
el plazo a la batalla, corto y breve; 10
defensor no se ofrece: indicio claro
que a su desdicha no ha de hallar
[reparo.
Car. ¿Si quisiere, por dicha, dar descargo
con otro, pues no quiere en tu presencia, 15
quizá turbada del infame cargo,
dejarla he visitar?
Duq. Con mi licencia.
Car. Puesto que el bien guardarla está a mi
[cargo, 20
no está a mi cargo usar de esta
[inclemencia:
que a fe, si su remedio se hallase,
que muy poco tus órdenes guardase.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 257
JORNADA SEGUNDA
Entran Cornelio y Anastasio.
Cor. Volviendo a lo comenzado,
señor, ¿qué piensas hacer?
Anas. Lo que procuro, es saber 5
si el príncipe se ha engañado,
o qué causa le ha movido
a acusar a Rosamira:
si fueron celos, o ira,
ser llamado, y no escogido; 10
y cuando de esta querella
no sepa verdad jamás,
por gentileza no más,
me dispongo a defendella.
Cor. Propongo que Dagoberto 15
es vencido en la batalla,
y que ella libre se halla
de la tormenta en el puerto.
¿Tendrás por cosa notoria
el poder asegurarte 20
que la razón vino a darte,
y no fuerza, la victoria?
Porque de Dios los secretos
son tan incomprehensibles,
que a veces vemos visibles, 25
de bienes, malos efetos.
Anas. Ya entiendo tus argumentos,
y con ellos me das pena.
JORNADA SEGUNDA p. 258
Haga el cielo lo que ordena;
yo honraré mis pensamientos.
Entran Julia y Porcia.
Cor. Los estudiantes son estos
de quien los otros burlaron. 5
Anas. Sus burlas, ¿en qué pararon?
Cor. Eran algo descompuestos.
Forastero me parece
en cierto modo su traje;
eso veré en su lenguaje, 10
si el hablarlos se me ofrece.
Por. Camilo, no te descuides
en mostrar en dicho y hecho
que eres varón, a despecho
de cuantos cuidados cuides. 15
Deja melindres aparte,
da a las ternezas de mano,
y mira que está en tu mano
el perderte o el ganarte.
Mira que amor te ha traído, 20
por un nunca visto enredo,
a ser paje de Manfredo,
y paje favorecido:
que es principio que asegura
buen fin a tu pretensión. 25
Jul. Tienes, Rutilio, razón;
mas no tengo yo ventura,
pues, cuando más me acomodo
a hacer lo que me ordenas,
embebecida en mis penas, 30
se me olvida a veces todo.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 259
Mas ¡ay de mí, desdichada,
que éste es el duque, mi hermano!
Por. Vuelve el rostro a esotra mano,
y vuélvete a la posada;
que él no me conoce a mí, 5
y conviéneme hablalle.
Jul. ¿Por dó he de ir?
Por. Por esa calle.
Jul. ¿Vendrás presto?
Por. Voy tras ti. 10
Vase Julia.
Buen hombre, ¿sois de esta tierra?
Anas. Ni soy de ella, ni buen hombre.
Por. ¿Pues cómo la vuestra ha nombre?
Anas. Como el cielo que la encierra. 15
Cor. [Aparte.] Querrá decir Rosamira,
que es tierra y cielo a do vive.
Estas quimeras concibe
quien más por amor suspira.
Anas. Y vos, ¿sois de este lugar, 20
señor estudiante?
Por. No.
Anas. ¿Pues de dónde?
Por. Aún no sé yo
de a dó me podré llamar: 25
que el cielo y tierra, hasta ahora,
me tratan como extranjero,
y ni de él ni de ella espero
ver en mis cuitas mejora(s).
Anas. ¿Vos con cuitas en edad 30
tan tierna? ¡A fe que me espanta!
JORNADA SEGUNDA p. 260
[Por.] A los años se adelanta
tal vez la calamidad;
y más cuando son de aquellas
que trae el amor en sus alas.
Cor. Sus razones no son malas, 5
aunque yo no sé entendellas;
mas, con todo, apostaré
que está el rapaz traspasado
del agudo arpón dorado,
como el señor su mercé. 10
Anas. ¿Amáis, por ventura?
Por. Sí;
mas no sé si por ventura,
aunque alguna me asegura
ver ahora lo que vi. 15
Anas. ¿Pues qué veis?
Por. No será honesto
hacer que me ponga en mengua
tan fácilmente mi lengua
como mis ojos me han puesto; 20
ni vuestro traje me mueve,
ni mi deseo, a mostrar
lo que en silencio ha de estar
hasta que otras cosas pruebe.
Anas. ¿Tan mal os parece el traje? 25
Por. No, por cierto; porque veo
que de ese rústico aseo
es muy contrario el lenguaje,
y podrá ser que el sayal
encubra el al del refrán. 30
Anas. ¿De dónde sois?
Por. De Dorlán.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 261
Anas. De ahí soy yo natural.
¿Cuánto ha que de allá vinistes?
Por. Poco más de doce días.
Anas. ¿Qué hay de nuevo?
Por. Niñerías, 5
aunque son un poco tristes.
Anas. ¿Y qué son?
Por. Que el de Rosena,
que el de Dorlán hospedó,
a Julia y Porcia robó, 10
como París hizo a Helena.
Anas. ¿Tiénese eso por verdad?
Por. Sí tiene; mas yo imagino
que no lleva más camino
que del cielo la maldad. 15
Anas. ¿Pues qué dicen?
Por. Yo entreoí
que la Porcia quería bien
a Anastasio.
Anas. ¿Cómo? ¿A quién? 20
Por. A Anastasio.
Anas. [Aparte.] ¿Cómo? ¿A mí?
¿A su primo hermano? ¡Bueno!
Por. Quizá guiaba su intento
por vía de casamiento. 25
Anas. De eso está mi bien ajeno.
Mas ¿eso qué importa al hecho
de robarla?
Por. No sé yo;
dícese que la sacó 30
el mismo amor de su pecho.
Mas deben de ser hablillas
JORNADA SEGUNDA p. 262
del vulgo mal informado.
Cor. A mí me han maravillado.
Anas. ¿Pues de qué te maravillas?
Di: ¿no puede acontecer,
sin admiración que asombre, 5
que una mujer busque a un hombre,
como un hombre a una mujer?
Cor. Sí puede; y es tan agible
lo que dices, que se ve
que, en las posibles, no sé 10
otra cosa más posible.
Anas. Como a su centro camina,
esté cerca o apartado,
lo leve o lo que es pesado,
y a procurarle se inclina, 15
tal la hembra y el varón
el uno al otro apetece,
y a veces más se parece
en ella esta inclinación;
y si la naturaleza 20
quitase a su calidad
el freno de honestidad,
que templa su ligereza,
correría a rienda suelta
por do más se le antojase, 25
sin que la razón bastase
a hacerla dar la vuelta;
y así, cuando el freno toma
entre los dientes del gusto,
ni la detiene lo justo, 30
ni algún respeto la doma.
Por. ¡En poca deuda os están
DEL LABERINTO DE AMOR p. 263
las mujeres!
Cor. Si así fuera,
ni yo este traje trajera,
ni él vistiera aquel gabán.
Anas. No es tan poca: que si hago 5
la cuenta, no sé yo paga
que a la deuda satisfaga,
puesto que en ella me pago.
Por. En fin, ¿amáis?
Anas. Alma tengo, 10
y no he de estar sin amor.
Por. Hay amor bueno, y mejor.
Anas. Yo con el mejor me avengo.
Por. ¿Es labradora?
Anas. El tabarro 15
que me cubre así lo dice.
Por. Pues todo lo contradice
el talle y horro bizarro:
que el tabarro es tosca caja
que encierra el fino diamante. 20
Cor. ¡El diablo es el estudiante!
¡Qué bien su razón encaja!
Apostaré que mi amo,
sin más ni más, le da cuenta
de quién es y lo que intenta. 25
Por aquesto le desamo:
que presume de discreto,
y no ve que es ignorancia,
en las cosas de importancia,
fiar de nadie el secreto. 30
Anas. Ahora bien: si vuestra estada
no es de asiento en el lugar,
JORNADA SEGUNDA p. 264
y queréis conmigo estar
en una misma posada,
en la que tengo os ofrezco
el género de amistad
que engrandece la igualdad. 5
Por. Daisme lo que no merezco.
Mas heme de despedir
primero de un cierto amigo.
Cor. Aquesto es lo que yo digo:
él se vendrá a descubrir. 10
Anas. A la insignia del Pavón
es mi estancia.
Por. Andad con Dios,
que mañana soy con vos.
¡Oh venturosa ocasión! 15
Entrase Anastasio y Cornelio.
Si al fuego natural no se le pone
materia que en la tierra le sustente,
volveráse a su esfera fácilmente,
que así naturaleza lo dispone. 20
Y el amante que quiere que se abone
su fe con afirmar que no consiente
en su alma esperanza, poco siente
de amor, pues que a su ley justa se
[opone. 25
Cual sin el agua quedaría la tierra,
sin sol el cielo, el aire sin vacío,
el mar en tempestad, nunca en
[bonanza,
y sin su objeto, que es la paz, la guerra, 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 265
forzado sin su gusto el albedrío,
tal quedara amor sin esperanza.
Entrase Porcia.
Salen Tácito y Andronio.
And. Vamos hacia la prisión 5
de la duquesa, que importa.
Tác. Reporta, Andronio, reporta
tu arrojada condición:
que siempre quieres saber
lo que no te importa un pelo. 10
And. Soy curioso.
Tác. Yo recelo
que aqueso te ha de ofender.
Necio llamaré del todo,
no curioso, al que se mete 15
en lo que no le compete
ni toca por algún modo.
Hay algunos tan simplones,
que desde su muladar
se ponen a gobernar 20
mil reinos y mil naciones;
dan trazas, forman estados
y repúblicas sin tasa,
y no saben en su casa
gobernar a dos criados. 25
De aquéllos mi Andronio es,
y esto lo sé con certeza,
que enmiendan a la cabeza,
y apenas son ellos pies.
Llaman con su ceguedad 30
y mal fundada opinión,
JORNADA SEGUNDA p. 266
al recato, remisión;
al castigo, crueldad.
El gobierno no les cuadra
más justo y más nivelado;
siguen del vulgo engañado 5
la siempre mudable escuadra.
El que es buen vasallo, atiende
a rogar por su señor,
si es bueno, que sea mejor;
y si es malo, que se enmiende. 10
De los viejos que enterramos,
fue sentencia singular
que el mundo hemos de dejar
del modo que le hallamos.
¿Qué te importa a ti si hace 15
bien o mal el duque en esto?
And. ¿Hasme oído tratar de esto?
Tác. Y tanto, que me desplace.
Que quemen a la duquesa,
no se te dé a ti un ardite. 20
And. Desde hoy más guardaré el chite,
y de lo hablado me pesa.
Tác. A la espada me remito
de Dagoberto en la riña.
And. ¿Si vence?... 25
Tác. Pague la niña:
que, a buen bocado, buen grito.
Quien de honestidad los muros
rompe, mil males se aplica.
And. Cuando la zorra predica, 30
no están los pollos seguros.
Entranse Tácito y Andronio.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 267
Sale Porcia como labrador y Julia como estudiante.
Jul. ¿Por qué quieres intentar,
Rutilio, tan gran locura?
Por. Porque en el mal es cordura
no temer, sino esperar; 5
y la negligencia estraga
los remedios del dolor,
y no quiero yo que amor
conmigo milagros haga.
El que padece tormenta, 10
si es que de piloto sabe,
si puede, guíe la nave
adonde menos la sienta.
Yo en la mía un puerto veo
a los ojos de mi fe, 15
y allá me encaminaré
con los soplos del deseo.
Ya viste que era tu hermano
el labrador que aquí vimos:
que los dos le conocimos, 20
aunque en el traje villano;
y ha muchos días que sabes,
y yo también, por mi mal,
que tiene de su caudal
el amor todas las llaves, 25
y que Rosamira es
la que así le tiene aquí.
Jul. Ya yo te he dicho que sí.
Por. Pues dime: ¿ahora no ves
que será muy acertada 30
la traza que te he contado?
JORNADA SEGUNDA p. 268
Jul. Caminas tras tu cuidado;
en fin, como enamorada.
¿Que podrás dejarme a solas?
Por. ¿A solas dices que estás,
quedando con quien podrás 5
contrastar de amor las olas?
Ingenio tienes y brío,
y ocasión tienes también
para procurar tu bien,
como yo procuro el mío. 10
Jul. ¿Y si te conoce, a dicha?
Por. Engañada en eso estás:
que él no me ha visto jamás.
Jul. Puede mucho una desdicha.
[Por.] Nuestro mucho encerramiento 15
y libertad oprimida,
como causó esta venida,
cegará su entendimiento.
Jul. Pues si el cielo, mi enemigo,
te hiciere conocer, 20
nunca lo des a entender
que te viniste conmigo.
Sigue a solas tu ventura,
que yo seguiré la mía,
y el blando amor que nos guía, 25
abone nuestra locura.
Yo a Manfredo le diré
que a la patria te volviste.
Mas ¿qué gente es ésta? ¡Ay, triste!
Por. No sé; disimúlate. 30
Entran Anastasio, Manfredo y los dos ciudadanos.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 269
Ciu. 1. Es el caso inaudito, y la insolencia
del duque de Rosena demasiada,
mala en el hecho y mala en la
[apariencia.
Anas. Cuando del apetito es sojuzgada 5
la razón, no hay respeto que se mire,
ni justa obligación que sea guardada.
Ciu. 2. ¿Quién lo vendrá a entender que no se
[admire?:
que, faltando a la ley del hospedaje, 10
con las prendas del huésped se retire.
Y más aquel que debe por linaje,
por ser por calidad, por gentileza,
hacer a todos bien, a nadie ultraje.
Anas. Debe de ser de vil naturaleza, 15
o a quien soberbia natural inclina
a tan infames hechos de bajeza.
Pues a fe que fabricas tu rüina,
Manfredo ingrato: que Dorlán bien suele
amansar tu arrogancia repentina. 20
Man. A un pobre labrador, ¿por qué le duele
tanto de Julia y Porcia el robo incierto?
Quizá miente la fama.
Por. ¿Hablaréle?
Jul. Háblale; pero no te ha descubierto. 25
Anas. ¡Siempre son ciertas las desdichas mías!
Man. ¿Desdichas tuyas? ¡Bueno estás, por
[cierto!
Anas. ¿Qué escita vive en sus regiones
[fieras, 30
qué garamanta en su abrasada arena,
o en tierras, si las hay, de amubaceas,
JORNADA SEGUNDA p. 270
que apruebe que un gran duque de
[Rosena,
siendo del de Dorlán huésped y amigo...
Jul. Aquestos argumentos me dan pena.
Anas. ...como astuto ladrón, como enemigo, 5
haberle de sus prendas despojado,
sin que diga lo mismo que yo digo:
que fue Manfredo ingrato y mal mirado?
Jul. Apostaré que el duque te conoce.
Por. Desvíate en buen hora a esotro lado. 10
Man. Buen hombre, no es razón que se
[alboroce
así vuestro sentido: que a Manfredo
no le estima cual vos quien le conoce.
Jul. Que han de reñir los dos tengo gran 15
[miedo.
Por. Pues, por Dios, que si riñen...
Jul. Calla, o vete.
Por. Añade a lo que dices: si es que puedo.
Anas. Tampoco no sé yo a qué se entremete 20
a defender un hecho un estudiante
donde tan gran pecado se comete.
Ciu. 2. Señores, no paséis más adelante:
que si es verdad que el duque hizo tal
[hecho, 25
aquel que lo defienda es ignorante.
Anas. ¡Vive Dios, que se me arde en rabia el
[pecho!
Man. ¡Por Dios, que está el villano muy
[donoso! 30
Jul. Cuajóse la cuestión; ello está hecho.
Anas. ¿Villano a mí? ¡Escolar sucio y astroso,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 271
capigorrón, brodista, pordiosero!
Man. ¡Oh villano otra vez, loco furioso!
Por. Mal haré si no ayudo a quien bien quiero.
Ciu. 1. ¿Qué es esto? ¿Con puñal a un
[desarmado? 5
Anas. Dejad que llegue aqueste vil grosero.
Ciu. 2. Cada cual de los dos sea bien mirado;
miren quién está en medio.
Man. ¿Tanto brío
en un villano pecho está encerrado? 10
Jul. ¿Piedras a mi señor?
Por. ¿Piedras tú al mío?
Jul. ¡Oh! ¿También tú, villano?
Por. ¡Oh sucio paje!
Jul. Rutilio, di: ¿no es éste desvarío? 15
¿Bofetada en mi rostro? ¡Ya el coraje
ha llegado a su punto, y no es posible
que temor o respeto aquí le ataje!
Ciu. 1. Los dos criados, con furor terrible,
se han asido también. 20
Ciu. 2. ¡Ténganse, digo!
Man. ¡Hasta que mate a éste, es imposible!
Anas. ¡No estimo su puñal en sólo un higo!
Ciu. 2. ¡Otra vez digo que se tengan, ea!
Jul. ¡Deja estar los cabellos, enemigo! 25
¿Quieres, con esparcirlos, que se vea
quién somos?
Por. Pues, hereje, ¿estásme dando,
y no te he yo de dar?
Ciu. 1. Otra pelea 30
es ésta más cruel que estoy mirando.
Jul. ¡Ay, que la boca toda me deshaces!
JORNADA SEGUNDA p. 272
Por. ¡Suelta tú el labio!
Jul. ¡Ya le voy soltando!
Por. ¡Acaba de soltar!
Ciu. 1. ¡Quitad, rapaces!
Jul. ¡Ay, que me muerde! 5
Por. ¿Echáisme zancadilla?
Jul. ¿Qué haces, enemigo?
Por. Y tú, ¿qué haces?
Ciu. 2. Envainad vos, señor, y esta rencilla
quédese así, pues no os importa nada. 10
Man. ¡Dios sabe por qué gusto diferilla!
Por. Quitásteme el gabán, desvergonzada;
la mano, digo, que tal fuerza tiene;
pero esta mía me hará vengada.
Ciu. 1. ¿Han visto con qué brío el mozo viene? 15
¿Y éste es vuestro criado?
Anas. No, por cierto.
Man. Rutilio, ¿cómo es esto?
Por. No conviene
que mi designio aquí sea descubierto. 20
Man. ¿Pues por qué peleabas con tu
[hermano?
Por. De ignorancia nació mi desconcierto:
que, como vi este traje de villano,
tan parecido a aquellos de mi tierra, 25
dejarle de ayudar no fue en mi mano.
Y creo, si la vista no se yerra,
que éste es un mi pariente conocido,
que de todo mi gusto me destierra.
Man. El seso, al parecer, tienes perdido; 30
mas no le pierdas tanto, que señales
pieza por donde yo sea conocido.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 273
Por. Seguro está, señor, que, ni por males
ni bienes que a Rutilio el cielo envíe,
dará de ser quién eres las señales,
y en tal seguro el tuyo se confíe.
Man. ¿De modo que a la patria quies 5
[volverte?
Por. Antes que el tiempo cargue y más
[enfríe.
Man. ¡A Dios!, que yo no quiero detenerte.
Por. Mi hermano queda acá. 10
Man. Gusto infinito.
Por. Plega a Dios que en servirte en todo
[acierte.
Vase Manfredo y los dos ciudadanos.
Jul. Dime, Rutilio: ¿a dicha, queda escrito 15
en el alma el rencor que hemos
[mostrado?
Por. A la ocasión y al gusto lo remito.
Jul. ¿Iré de tu buen pecho confiado?
Por. ¿Pues quién lo duda? 20
Jul. ¡A Dios, pues, firme amigo!
Vase Julia.
Por. ¡A Dios, mocito malaconsejado!
Ya me tienes, señor, aquí contigo;
a tu gusto me manda, que yo espero 25
que amor me ha de ayudar al bien que
[sigo.
Anas. Pues yo de todo bien ya desespero.
¡Oh amor, que con la vida me atropellas
la honra, pues sin ella vivo y muero! 30
JORNADA SEGUNDA p. 274
Allí llega el ardor de sus centellas,
donde pueda quitar el sentimiento
de las cosas, que es muerte el no
[tenellas.
Julia robada; el duque en salvamento; 5
yo, a quien el caso toca, descuidado
con el cuidado que en el alma siento.
De un estudiante vil mal afrentado;
socorrido de un pobre pastorcillo,
aunque en esto me doy por bien 10
[pagado.
Padezco el mal; no sé a quién
[descubrillo;
mas, aunque lo supiese, no osaría,
pues no es para sufrirlo ni decillo. 15
Por. Si acaso éste no fuera el primer día
que de buena amistad te doy la mano,
pudiéraste fïar de la fe mía.
Acomódome al traje de villano
por servirte en el tuyo: señal clara 20
que soy de proceder fácil y llano.
Si en algunos escrúpulos repara
tu voluntad, el tiempo tendrá cargo
de mostrarte la mía abierta y clara.
Yo de serte fïel sólo me encargo, 25
con pecho noble, sin torcido enredo,
sin que dificultad me ponga embargo.
Anas. Sabrás...; basta, no más.
Por. ¿Qué, tienes miedo
de descubrirte a mí? Pues yo te juro, 30
por todo aquello que jurarte puedo,
que puedes sin escrúpulo, al seguro,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 275
fïar de mí cualquier tu pensamiento.
Anas. Conviéneme creer que estoy seguro;
porque, para sa[lir] con el intento
que tengo, sólo entiendo que tú eres
el más fácil y cómodo instrumento; 5
y es menester, si gusto darme quieres,
que, fingiendo ser moza labradora...
¿De qué te ríes?
Por. Di lo que quisieres,
que no me río, a fe. 10
Anas. Si es que no mora
voluntad en tu pecho de servirme,
dímelo, y callaré luego a la hora.
Por. No digo de mujer; pero vestirme
de diablo lo haré, pues que te 15
[agrada,
con pronta voluntad y ánimo firme.
Anas. Serás de mí tan bien gratificado,
que iguale a tu deseo el beneficio.
Por. Quedo en sólo servirte bien pagado. 20
Prosigue, pues.
Anas. Ha dado en sacrificio
un amigo su alma a la duquesa,
que está acusada de un infame vicio.
No se puede saber, como está presa, 25
si tiene culpa o no, y él, sin sabello,
duda el ser defensor de tal empresa.
A mí me ha dado el cargo de
[entendello,
y, con este gabán disimulado, 30
ha algunos días que he entendido en
[ello.
JORNADA SEGUNDA p. 276
Por. ¿Y has alguna verdad averiguado?
Anas. Ninguna.
Por. ¿Pues qué ordenas?
Anas. Que te pongas
en el traje que digo disfrazado, 5
y a dar a Rosamira te dispongas
un papel, y a sacarle de su pecho
cuanto tuviere en él.
Por. Como compongas
bien el rústico traje, ten por hecho 10
lo que pides.
Anas. La entrada está segura,
dejando al carcelero satisfecho.
Has de llevar el rostro con mesura.
Por. Para una labradora, poco importa; 15
basta que lleve el pecho con cordura.
La carta escribe y la partida acorta;
que yo de parecer mujer no dudo.
Anas. Habla sutil, y en pláticas sé corta.
Por. ¡Ah, ciego amor, de pïedad desnudo, 20
y en qué trance me pones!
Anas. ¿Te arrepientes?
Por. Nunca del buen intento yo me mudo.
Aunque tuviera el caso inconvenientes
mayores, con mi industria los venciera, 25
y buscara los medios suficientes.
Anas. Si supieses la paga que te espera,
cual yo la sé, mancebo generoso,
a más tu voluntad se dispusiera:
que soy otra persona que este astroso 30
hábito muestra.
Por. Y yo seré un criado
DEL LABERINTO DE AMOR p. 277
para ti el más fïel y cuidadoso
que se pueda hallar en lo criado.
Entranse.
Sale Manfredo y Julia.
Man. ¡Brioso era el villano! 5
Jul. Y atrevido además, según dio muestra.
Man. Y muy necio tu hermano.
Jul. La juventud lo causa, poco diestra
en lazos de importancia.
Man. ¿Volvióse? 10
Jul. ¡Y no le arriendo la ganancia!
Man. Torna, pues, ¡oh Camilo!,
y dime aquello que decías ahora,
usando el mismo estilo:
que el modo de decirlo me enamora, 15
y el caso me suspende.
Jul. Pues de ello gustas, buen señor, atiende.
Llegóse a mí un mancebo
de agradable presencia, bien tratado,
con un vestido nuevo, 20
que creo que por éste fue trazado;
llegóse, como digo,
y díjome: Escuchadme, buen amigo.
Volví, miréle, y vile
lloviendo perlas de sus bellos ojos; 25
la mano entonces dile,
de lástima movido, y él, de hinojos,
temeroso tomóla,
y, bañándola en lágrimas, besóla.
Yo, del caso espantado, 30
le alcé, y le pregunté lo que quería;
JORNADA SEGUNDA p. 278
él, casi desmayado,
me dijo que merced recibiría
si un poco le escuchase
en parte donde nadie nos notase.
Llevéle a mi aposento; 5
sentóse, sosegóse, y después dijo
con desmayado aliento,
con voz turbada y anhelar prolijo:
Yo soy..., y calló luego,
y el rostro se le puso como un fuego. 10
Por estos movimientos
conocí que vergüenza le estorbaba
a decir sus intentos;
y como yo saberlos deseaba,
lleguéme a él, diciendo 15
razones que le fueron convenciendo.
En fin, de ellas vencido,
tras de un suspiro doloroso, ardiente,
ya el rostro amortecido,
el codo y palma en la rodilla y frente, 20
dijo: Yo soy aquélla
a quien persigue su contraria estrella;
yo soy la sin ventura
que, a la primera vista de unos ojos,
sin valor ni cordura, 25
rendí la libertad de los despojos
de la honra y la vida,
pues una y otra cuento por perdida;
yo soy Julia, la hija
del duque de Dorlán, cuyo deseo 30
ya no hay quien le corrija;
ni el cielo ofrece, ni en la tierra veo
DEL LABERINTO DE AMOR p. 279
remedio al dolor mío,
y es bien que no le tenga un desvarío.
Quedé en oyendo aquesto
bien como estatua mudo, y, sin hablarla,
quise escuchar el resto, 5
temiendo con mi plática estorbarla;
y prosiguió diciendo
lo que me fue encantando y
[suspendiendo.
Yo, dijo, vi a Manfredo, 10
aqueste dueño venturoso tuyo
--que ya no tengo miedo,
ni de contar, y más a ti, rehuyo
la mal tejida historia,
digna de infame y de inmortal 15
[memoria--.
Teníame mi padre
encerrada do el sol entraba apenas,
era muerta mi madre,
y eran mi compañía las almenas 20
de torres levantadas,
sobre vanos temores fabricadas.
Avivóme el deseo
la privación de lo que no tenía
--que crece, a lo que creo, 25
la hambre que imagina carestía--;
mas no era de manera
que yo no respondiese a ser quien era.
Hasta que mi desdicha
hizo que este Manfredo huésped fuese 30
de mi padre, que a dicha
tuvo que la ocasión se le ofreciese
JORNADA SEGUNDA p. 280
de mostrar su grandeza
sirviendo a un duque de tan grande
[alteza.
En fin, yo, de curiosa,
un agujero hice en una puerta, 5
que a la vista medrosa,
y aun al alma, mostró ventana abierta
para ver a Manfredo.
Vile, y quedé cual declarar no puedo.
Ni aun yo puedo contarte 10
más por ahora, porque gente viene.
Man. Vamos por esta parte,
que está más fresca, y menos gente
[tiene.
Anda, que estoy suspenso, 15
y vame dando el cuento gusto inmenso.
Entranse Manfredo y Julia.
Sale Porcia como labradora, con un canastico
de flores y fruta.
Por. Amor, bien será que abajes 20
mi vida a tu proceder,
pues no me quieres comer,
aun hecha tantos potajes.
Primeramente pastor
me hiciste, y luego estudiante, 25
y, andando un poco adelante,
me volviste en labrador,
para labrar mis desdichas
con yerros de tus marañas:
que éstas son de tus hazañas 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 281
las más venturosas dichas.
Flores llevo, donde el fruto
que cogeré ha de ser tal,
que al corazón de mortal
le sirva [y] de triste luto. 5
Papel que vas encerrado
entre estas flores, advierte
que eres sierpe que a mi muerte
ha el amor determinado.
No pienses, yendo conmigo, 10
ver tu intención declarada:
que no he de poner la espada
en manos de mi enemigo.
Tú de mi alma lo eres,
y éstos del cuerpo lo son. 15
Entra Tácito y Andronio.
¡Del diablo es esta visión!
¡Vade retro! ¿Qué me quieres?
Tác. ¡Oh, qué buen rato se ofrece
con la pulida villana! 20
Por. ¡Por Dios, que vengo de gana!
And. Bonísima me parece.
¿Qué es lo que cogió del suelo?
Tác. Algo que se le cayó.
O tú llega, o llego yo. 25
Por. Algún mal caso recelo:
que éstos son grandes bellacos,
y me tienen de embestir.
¡Oh, quién pudiera hüir
el encuentro de estos cacos! 30
Tác. Mi señora labradora,
JORNADA SEGUNDA p. 282
vengáis con los años buenos,
de paz y abundancia llenos.
And. Vengáis muy mucho en buen hora.
Tác. ¿Qué trae aquí, por mi vida?
¡Oh, pese a quien me parió! 5
And. ¿Diote?
Tác. Sí. ¡Y cómo que me dio!
La mano tengo aturdida.
¡Con otro me has de pagar
el garrote que me has dado! 10
Por. ¡Que me roban en poblado!
¿No hay quien me venga a ayudar?
¡Que me roban, ay de mí!
¡Ladrones dejad la cesta!
Sale el carcelero. 15
¿Qué soledad es aquésta?
¿Nadie pasa por aquí?
Car. ¿Qué es esto, desvergonzados?
Tác. Ojo. El señor, ¿con qué viene?
Bien parece que no tiene 20
los amplíficos cuidados
ni la cuenta del negocio
de los dolientes distintos,
cuando de estos laberintos
es la propia causa el ocio. 25
Car. ¿Qué es lo que decís, malditos?
And. Que se vaya dilatando
en paz, con el cómo y cuándo;
tenga los ojos marchitos,
porque nos cumple acabar 30
con aquesta labradora.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 283
Car. Y vos, ¿qué decís, señora?
Por. Que me querían robar
aquesta fruta que llevo
a la señora duquesa.
Car. ¿A la presa? 5
Por. Sí, a la presa.
Tác. Nego.
And. Probo.
Meten la mano en el canastillo, y comen de la fruta.
Tác. Y yo las pruebo. 10
Car. ¡Hideputa, sinvergüenza!
¡Andad, bellacos, de aquí!
Tác. Nunca el comer puso en mí
género de desvergüenza.
And. Agradezca la villana 15
que ha tenido buen padrino;
mas si hacéis otro camino,
yo reharé mi sotana.
Tác. ¡Mal haya la suerte avara!
And. Vamos, amigo, a lección. 20
Entranse Tácito y Andronio.
Car. Tan grandes bellacos son,
como los hay en Ferrara.
Vamos, labradora, adonde
podáis ver a la duquesa, 25
que en mi poder está presa.
Por. Guíe, que no sé por dónde.
Entranse.
JORNADA SEGUNDA p. 284
Salen Manfredo y Julia.
Man. Prosigue, que no hay gente
que aquí nos pueda oír.
Jul. La desdichada
prosiguió en voz doliente 5
su historia, en desvaríos comenzada,
y dijo: Vi a Manfredo,
vile, y quedé cual declarar no puedo:
que en un instante pudo
y quiso amor, con mano poderosa, 10
de pïedad desnudo,
la imagen de Manfredo generosa
grabar así en mi alma,
que de ella luego le entregué la palma.
Volvíme a mi aposento, 15
llevando en la memoria y en el seno,
con gusto y descontento,
la mirada belleza y el veneno
de amor que me abrasaba,
y la virtud honrosa refriaba. 20
Hice discursos varios,
fundé esperanzas en el aire vano,
atropellé contrarios,
dile al amor renombre de tirano
y de señor piadoso, 25
y al cabo el entregarme fue forzoso.
Dejé mi padre, ¡ay cielos!,
dejé mi libertad, dejé mi honra,
y, en su lugar, recelos
y sujeción tomé, muerte y deshonra, 30
y a buscar he venido
DEL LABERINTO DE AMOR p. 285
este huésped apenas conocido.
Hoy en tu compañía
le he visto, y, aunque en traje
[disfrazado,
como en el alma mía 5
traigo su rostro al vivo dibujado,
al punto conocíle;
vile, alegréme, y hasta aquí seguíle.
Quiero, pues, ¡oh mancebo!
--y esto cubriendo perlas sus mejillas, 10
hincándose de nuevo
ante mí, visión bella, de rodillas--,
quiero, dijo, que digas
al tuyo, que es mi dueño, mis fatigas.
Que yo no tengo lengua 15
para decir mi mal ni la dolencia
mi honestidad amengua,
para poder ponerme en su presencia.
Tú a solas le relata
la muerte con que amor mi vida mata: 20
que no estará tan duro
cual peñasco al tocar de leves ondas,
ni cual está al conjuro
del sabio encantador, en cuevas hondas,
la sierpe, en esto cauta, 25
ni cual airado viento al Euste nauta.
No le habrán leche dado
leonas fieras de la Libia ardiente,
ni habrá sido engendrado
de algún cíclope bárbaro inclemente, 30
para que no se ablande
oyendo mi dolor y amor tan grande.
JORNADA SEGUNDA p. 286
Rica soy y no fea,
tan buena como él en el linaje,
si ya no es que me afea
y me deshonra este trocado traje;
mas, cuando amor las causa, 5
en todas estas cosas pone pausa.
Rosamira infamada,
justamente impedido el casamiento,
yo de él enamorada,
cual la tierra del húmedo elemento: 10
si esto no es desvarío,
¿quién lo podrá estorbar que no sea
[mío?
Esto dijo, y al punto
dejó caer los brazos desmayados, 15
quedó el rostro difunto,
los labios, que antes eran colorados,
cárdenos se tornaron,
y sus dos bellos soles se eclipsaron.
Levantósele el pecho, 20
su rostro de un sudor frío cubrióse,
púsela sobre el lecho,
de allí a un pequeño rato estremecióse,
volvió en sí suspirando,
siempre lágrimas tiernas derramando. 25
Consoléla, y roguéla
que en aquel aposento se estuviese,
sin temor de cautela,
hasta que yo su historia te dijese.
Encerrada la dejo; 30
¡mira si es raro de mi cuento el dejo!
Man. Y tan raro, que no puedo
DEL LABERINTO DE AMOR p. 287
persuadirme a que es verdad;
aunque amor y liviandad
no se apartan por un dedo.
¿Y qué, queda en tu aposento?
Jul. Como digo, sin mentir. 5
Man. No me pudiera venir
nueva de mayor contento.
Jul. ¿Luego piénsasla gozar?
Man. Mal me conoces, Camilo:
que tan mal mirado estilo 10
no se puede en mí hallar.
Jul. ¿Pues qué piensas hacer de ella?
Man. Enviarla al padre suyo:
que con esto restituyo
mi inocencia y su querella. 15
Jul. ¡Mal pagas lo que te quiere!
Man. La honra se satisfaga:
que un torpe amor esta paga
y aun otra peor requiere.
Jul. ¿Amar tan alto sujeto 20
es error?
Man. Y conocido;
porque amor tan atrevido,
aunque es amor, no es perfeto.
Es el amor, cuando es bueno, 25
deseo de lo mejor;
si esto falta, no es amor,
sino apetito sin freno.
Con todo, vamos a verla;
pero no es bien miralla, 30
que en tales visitas se halla
ocasión para perderla:
JORNADA SEGUNDA p. 288
que yo no soy Escipión
ni Alejandro en continencia,
para hacer la experiencia
de mi blanda condición;
y yo soy de parecer, 5
y la experiencia lo enseña,
que ablandarán una peña
lágrimas de una mujer.
Jul. Si no te ablanda su amor,
no lo hará su hermosura. 10
Man. Con todo, será cordura
hüir del daño mayor.
Si la recibo, me hago
en su hüida culpado;
si la vuelvo, habré mostrado 15
que a ser quien soy satisfago,
excusaré el desafío,
cobraré el perdido honor.
Jul. ¡Oh! ¡Mal haya tanto amor,
mal pagado y mal nacido! 20
¡Desdichada de la triste
que te quiso sin porqué!
[Man.] En esos trances se ve
quien su gusto no resiste.
Pero vámonos a casa: 25
que, con todo, pienso verla.
Jul. Quizá vendrás a quererla.
Man. No es mi fuego de esa brasa.
Entrase Manfredo.
Jul. ¡Ay crüel, cómo te vas, 30
triunfando de mis despojos!
DEL LABERINTO DE AMOR p. 289
¿Qué consejo en mis enojos
es, ¡oh amor!, el que me das?
En gran confusión me veo.
¿Quién me podrá aconsejar?
En fin habré de acabar 5
a las manos del deseo.
[Entrase Julia.] Sale Rosamira con un manto hasta
los ojos.
Ros. Quien me viere de esta suerte,
juzgará, sin duda alguna, 10
que me tiene la fortuna
en los brazos de la muerte.
Pues no es así; porque amor,
cuando se quiere extremar,
con el velo del pesar 15
suele encubrir su favor.
Honra, eclipse padecéis,
porque entre vos y mi gusto
la industria ha puesto un disgusto,
por el cual oscura os veis; 20
mas pasará esta fortuna,
que así vuestra luz atierra,
como sombra de la tierra,
puesta entre el sol y la luna.
Entran el carcelero y Porcia. 25
Car. Veisla ahí; habladla, y luego
os salid con brevedad.
[Por.] ¡Ay oscura claridad!
¡Mal haya el vendado ciego!
¡Mirad cuál la tiene puesta! 30
JORNADA SEGUNDA p. 290
Ros. Pues, amiga, ¿qué buscáis?
Por. Señora, que recibáis
lo que traigo en esta cesta,
que son unas bellas flores
con alguna fruta nueva. 5
Ros. ¡Vos sola habéis hecho prueba
de consolar mis dolores!
Sentaos aquí par de mí,
y esas flores me mostrad,
y ese rebozo os quitad. 10
Por. Señora, veislas aquí;
pero sentarme, eso no.
El embozo ya le quito.
Ros. Sentaos conmigo un poquito;
basta que lo diga yo. 15
Por. Estaba determinada,
señora, de no lo hacer;
mas dicen que es mejor ser
necia, que no porfiada,
y así, me asiento y suplico, 20
si mi ruego puede tanto,
que os alcéis del rostro el manto
otro poco, otro tantico.
Ros. Vesme descubierta, amiga:
que a más fuerza tu cordura. 25
Por. ¡Jesús! ¿Que tanta hermosura
ha puesto en tanta fatiga?
Ros. Amiga, déjate de eso,
y dime: ¿qué te movió
a venirme a ver? 30
Por. Sé yo
que fue de amor el exceso,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 291
y el ver que ya el señalado
plazo llega a más correr,
adonde el mundo ha de ver
tu inocencia o tu pecado;
y querría ver si puedo 5
serte en algo de provecho
antes de llegar al hecho
que al más fuerte pone miedo:
que es Dagoberto valiente.
Ros. Así le conviene ser 10
quien tiene de defender
que es culpada la inocente.
Sale del curso ordinario
el caso de mi porfía,
porque está la salud mía 15
en la lengua del contrario.
Quien me deshonra ha de ser
el mismo que me ha de honrar,
y esto me hace callar
y culpada parecer. 20
Mas dime: ¿acaso has oído
qué se hizo el de Rosena?
Por. Por todo el lugar se suena
que volvió al suyo corrido.
Otros la culpa le dan 25
de que la hija sacó,
cuando alegre le hospedó
el gran duque de Dorlán,
y con ella otra su prima;
pero yo sé que es mentira. 30
Ros. ¡Ya no es sola Rosamira
a quien fortuna lastima!
JORNADA SEGUNDA p. 292
Por. Y esta su prima es hermana
de Dagoberto el traidor.
Ros. ¡Sabes muy poco de amor,
discreta y bella aldeana!
Por. El hijo del de Dorlán 5
se suena que te defiende.
Ros. ¿Quién lo dice?
Por. Quien lo entiende.
Ros. ¡En vano toma ese afán!
Mas su intención le agradezco, 10
porque, al fin, es de quien es.
Por. Que él no pida el interés,
aunque venza, yo me ofrezco;
porque por su gentileza
lo hace, y no por su amor. 15
Ros. Así mostrará mejor
su valentía y nobleza.
Pero, puesto que él venciese
con él no me casaré.
Por. ¿Pues por qué? 20
Ros. Yo sé el porqué.
Por. ¿Y si él el premio pidiese?
Ros. No llegará a aquese extremo,
si me vale mi justicia;
mas, como reina malicia, 25
de cien mil azares temo.
Ven conmigo a otro aposento,
labradora de mi vida,
que en parte más escondida
te quiero hablar un momento: 30
que me ha dado el corazón
que el cielo aquí te ha traído
DEL LABERINTO DE AMOR p. 293
para que en gozo cumplido
vuelvas mi amarga prisión.
Ven, que ya en tu voluntad
está mi vida o mi muerte,
mi buena o mi mala suerte, 5
mi prisión o libertad.
Por. Vamos, señora, do quieres,
y de mí daré a entender
que te puedes prometer
aun más de lo que quisieres: 10
que desde aquí te consagro
la voluntad y la vida.
Ros. Sin duda que tu venida
ha sido aquí por milagro.
JORNADA TERCERA p. 294
JORNADA TERCERA
Salen Manfredo y Julia.
Man. ¿Qué, se fue?
Jul. Como lo cuento.
Man. ¿Pues por qué no la tuviste? 5
Jul. Porque muy mal se resiste
un determinado intento.
Apenas abrí la puerta,
cuando dijo: Amigo mío,
yo sé que mi desvarío 10
en ninguna cosa acierta.
No digas al duque nada,
pues sé que no ha de importar,
y es mejor el acabar
con mi muerte esta jornada. 15
¡Quédate a Dios! Y salióse,
sin poderla resistir;
y, aunque la quise seguir,
al punto desparecióse.
Man. Mucho descuido has tenido. 20
¿Por dó se fue?
Jul. No sé, a fe.
Man. ¿Que es posible que se fue?
Jul. Del modo que he referido.
Mas, si no la puedes ver, 25
mejor es que no esté en casa.
Man. ¿No sabes ya lo que pasa?
Jul. Más de lo que he menester.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 295
[Aparte.] ¡Ay de mí, cómo me veo,
puesta en dudosa balanza,
esperando la esperanza
cuando revive el deseo!
Man. ¿Qué es lo que dices? 5
Jul. No nada;
sólo digo que va tal,
que será el fin de su mal
acabar desesperada.
Man. En eso echarás de ver, 10
Camilo, bien claramente,
que apenas hay accidente
que sea bueno en la mujer.
Quieren do han de aborrecer,
vanse de adonde han de estar, 15
temen donde han de esperar,
esperan do han de temer.
Jul. Pues, si la vuelvo a encontrar,
¿quieres, señor, que la diga
que te duele su fatiga? 20
Man. A nadie supe engañar;
mas dile lo que quisieres,
como hagas que la vea.
Jul. De modo haré que así sea,
si haces como quien eres. 25
Man. ¿Qué es lo que tengo de hacer?
Jul. Ni reñirla, ni afrentarla,
ni al padre suyo enviarla.
Man. No sé cómo podrá ser.
Sin duda, te dejó el pecho 30
blando Julia con su llanto.
Jul. Tanto, que, a entender tú el cuánto,
JORNADA TERCERA p. 296
ya la hubieras satisfecho.
¿Lágrimas eran aquéllas
para no ablandar un canto?
Y ¿hay cielo que se alce tanto,
do no alcancen sus querellas? 5
¡Ah, señor Manfredo!
Man. A fe,
Camilo, que estás rendido.
Jul. Tengo el corazón herido
de lo que en Julia noté. 10
El agradable reposo,
las razones tan sentidas,
aquellas perlas vertidas
por aquel rostro hermoso;
los desmayos, los temores, 15
la vergüenza y sobresaltos,
el darle el corazón saltos,
en fin, el morir de amores,
con otras cosas que, a vellas
tú, señor, como las vi, 20
así como han hecho a mí,
te ablandaran sus querellas.
Man. Vamos; que, pues ya se fue,
no hay de ella tratarme más;
mas, si vuelve, le dirás... 25
Jul. ¿Qué?
Man. ¡Por Dios, que no sé qué!
¿Dicen que dejan hablar
ya a la presa Rosamira?
Jul. Esa cuerda es la que tira 30
de tu gusto y mi pesar.
Man. Y he de procurar, si puedo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 297
hablarla, porque me importa.
Jul. [Aparte.] ¡En fin, mi ventura es corta;
no hay que esperar en Manfredo!
Mas, antes que el fin funesto
llegue que temo y deseo, 5
yo echaré de mi deseo
en la plaza todo el resto.
Entranse Julia y Manfredo.
Sale Rosamira con el vestido y rebozo de Porcia, y
Porcia sale con el de Rosamira, con el manto hasta 10
cubrirse todo el rostro.
Ros. Abrázame, y a Dios queda,
y de mi palabra fía.
Por. Advertid, señora mía,
que es variable la rüeda 15
de la fortuna, y que es bien
que a la prisión no volváis;
porque, aunque sin culpa estáis,
hasta ahora no veo quién
os defienda. 20
Ros. Yo haré en eso
lo que a entrambas más importe.
Por. Dad en vuestras cosas corte,
sin temor de mi suceso:
que a mí no me han de matar 25
por hacer tan buena obra,
y yo sé que mi alma cobra
en ella un bien singular,
y en que vos no parezcáis
está este bien escondido. 30
JORNADA TERCERA p. 298
Idos, que siento rüido.
Ros. Yo volveré. [Vase.]
Por. No volváis.
Entra el carcelero en la mano un manto, la mitad
de arriba abajo de tafetán negro, y la otra mitad 5
de tafetán verde.
Car. ¡Vais norabuena, labradora hermosa!
Si de volver gustáredes, prometo
de daros puerta franca a todas horas,
y aun a todos aquellos que quisieren 10
comunicar con mi señora.
Por. Bueno.
Car. No sino no le den al delincuente
procurador, y niéguenle abogado,
ciérrenle los caminos y los medios 15
de su defensa, tápenle la boca:
quedarse ha a buenas noches de la vida.
¡Oh señora!, ¿aquí estabas? Yo te hacía
en el otro aposento, donde sueles
en ciega oscuridad pasar los días. 20
Orden es de tu padre que te pongas
mañana, cuando salgas a la plaza,
al triste, temeroso, amargo trance,
este manto que ves de dos colores.
Ha ordenado también que te 25
[acompañen
la mitad de su guarda con insignias
de dolor y tristeza, y que asimismo
vaya la otra mitad de gala y fiesta.
Al lado izquierdo has de llevar, señora, 30
al verdugo, blandiendo el terso acero,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 299
instrumento mortal que te amenace
a muerte irreparable, si, por dicha,
venciere Dagoberto en tu deshonra.
De verde lauro una corona hermosa
al diestro lado ha de llevar un niño, 5
para que del suceso que resulte,
alegre o triste, o ya el cuchillo corra
por tu bella garganta, o ya sus sienes
del victorioso lauro veas ceñidas.
Esto vengo a decirte, y no otra cosa. 10
¿No me respondes? Pues a fe que sabes
la voluntad que tengo de servirte,
y que, como el soltarte no me pidas,
porque en fin soy leal al señor mío,
que no habrá cosa que por ti no haga, 15
y así, una pura voluntad te ofrezco.
¿Qué me respondes?
Por. Que te lo agradezco.
Entrase Porcia.
Car. ¡Extraño silencio es éste! 20
¡Mucho me da que pensar!
¡Mas téngola de ayudar,
aunque la vida me cueste!
Entran Anastasio y Cornelio.
Cor. De un mozo no conocido 25
fiarte así, ¿quién tal vio?
Anas. ¿Pues qué ha de hacer?
Cor. ¿Qué sé yo?
Anas. ¿Hase de ir así vestido?
Cor. Con todo, digo que fue 30
JORNADA TERCERA p. 300
error conocido y claro.
Anas. A lo hecho no hay reparo.
Mas ¿no es éste?
Cor. ¿Yo qué sé?
Sale Rosamira con el embozo. 5
Anas. El es. Vengas en buen hora,
Rutilio, mi buen amigo.
Cor. Tal estás, que afirmo y digo
que eres pura labradora.
Anas. No porque estemos los dos, 10
vayas el caso encubriendo.
Ros. Hermanos, yo no os entiendo;
dejadme, y andad con Dios,
que no soy la que pensáis.
Anas. No es de Rutilio la habla. 15
¡Mal mi negocio se entabla!
¿Pues quién sois? ¿Adónde vais?
O ¿quién os dio este vestido?
Porque le conozco yo.
Ros. Mi dinero me le dio. 20
Anas. Y el vendedor, ¿quién ha sido?
Porque hasta que lo digáis,
no habéis de pasar de aquí.
Ros. ¡Desventurada de mí!
¡Mal término es el que usáis! 25
No me quitéis el embozo,
porque a fe que os cueste caro.
Anas. En amenazas reparo;
venga el vestido, o el mozo.
¿Qué dije? Muy mal hablé. 30
Este vestido os demando.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 301
Sale Dagoberto y un criado suyo.
Dag. Alza los ojos, mirando
si la ves.
Ros. Ya me escapé;
porque aquéste es Dagoberto, 5
a quien yo vengo a buscar.
Anas. ¿Pues qué, piénsaste escapar?
Ros. Tenga; si no, juro, cierto...
Dag. ¿Qué pendencia es ésta, amigos?
Ros. Príncipe, hablarte quisiera 10
a solas, si ser pudiera,
o no con tantos testigos.
Y, para facilitallo,
mira quién soy.
Descúbrese Rosamira a sólo Dagoberto. 15
Dag. ¿Qué es aquesto?
Amigos, váyanse presto.
Anas. En gran confusión me hallo:
que éste no es Rutilio, no,
puesto que trae su vestido. 20
Cor. Algún mal le ha sucedido.
Anas. ¿Mal ha de ser?
Cor. No sé yo.
Anas. Yo he de hablar a Rosamira,
y de ella lo he de saber. 25
Cor. A mucho te quies poner.
Dag. Señora, el verte me admira.
¿Cómo vienes de este modo?
¿Quién te puso en este traje?
[Ros.] El tiempo, que es corto, ataje 30
JORNADA TERCERA p. 302
el darte cuenta de todo.
Sólo vengo a que me lleves
luego a Utrino.
Dag. ¿Cómo así?
[Ros.] Y lo ordenado hasta aquí, 5
ni lo intentes, ni lo pruebes.
No quiero en un cadahalso
verme puesta, hecha terrero
del vulgo bajo y grosero,
ni a ti juzgado por falso. 10
Dag. ¿Tienes más que me decir?
Ros. No.
Dag. ¿Ni viniste a otra cosa?
Ros. No.
Dag. Mi aldeana hermosa, 15
mal me sabéis persuadir.
Vamos; que yo daré medio
a lo que más nos importe.
Ros. Yo no sé otro mejor corte.
Dag. Mil tiene nuestro remedio. 20
Entrase Rosamira, Dagoberto y su criado.
Salen el carcelero, Manfredo y Julia.
Car. Señor, yo os pondré con ella;
y, pues venís por su bien,
a los dos nos está bien, 25
a mí mostrarla, a vos vella.
Si la prisión os he abierto,
es que me da el corazón
que tiene poca razón
el príncipe Dagoberto. 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 303
Esperad aquí un poquito;
entraré a llamarla yo.
Man. Camilo, vete.
Car. No, no;
estése aquí el pajecito: 5
que mejor es que haya gente,
por carecer de sospechas.
Entrase el carcelero.
Jul. ¡Ay, triste, con cuántas flechas
me hiere amor inclemente! 10
Man. ¿Qué dices, Camilo?
Jul. Digo
que es Julia muy desdichada.
Man. No anduvo en irse acertada.
Jul. Fue huyendo de su enemigo. 15
Man. Esta es la duquesa, calla.
Jul. ¡Qué cubierto el rostro tiene!
Car. Digo, señora, que viene
a hacer por vos batalla;
Sale Porcia y el carcelero. 20
y es de gentil contenencia
y de persona despierta.
Yo me quiero ir a la puerta,
por si viene su excelencia.
Vase el carcelero. 25
Man. Aunque de quien sois se infiere
y nace seguridad
que no os toca la maldad
que os ahija el que no os quiere,
JORNADA TERCERA p. 304
será bien que vuestra lengua
descubra lo que hay en esto,
porque su silencio ha puesto
a vuestro crédito en mengua.
Quien lleva en el desafío 5
a la razón de su parte,
de hombre tierno, se hace un Marte;
de flaco y torpe, con brío.
Si estáis sin culpa, no os pene
que Dagoberto sea tal, 10
que el mundo no le dé igual
en cuantos valientes tiene;
porque sabed, Rosamira,
que los filos de verdad
cortan con facilidad 15
las armas de la mentira.
Y si acaso estáis culpada,
y de amor la culpa fue,
asimismo probaré
con el contrario mi espada: 20
que en fe de que él no hizo bien
en descubrir lo secreto,
de mi victoria os prometo
que os den más de un parabién.
Y soy persona que puedo 25
prometer esto y aun más.
¿Para qué en silencio estás?
Habla; desecha ya el miedo.
Por. Esta noche, y no durmiendo,
porque entre el sueño y mis cuitas 30
nunca el reposo hizo treguas,
ni de veras ni de burlas,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 305
digo que, estando despierta,
desvelada en mis angustias,
se me ofreció ante mis ojos
de ti mismo una figura.
Las razones que aquí has dicho 5
dijo aquel tú, y otras muchas,
que todas se encaminaban
a desear mi ventura.
Dijo que le asegurase
de mi inocencia o mi culpa; 10
aunque, de cualquier manera,
se ofrecía a darme ayuda.
Yo, sepultada en silencio,
y con el miedo confusa,
hice lengua de los ojos, 15
por tener la lengua muda;
con ellos le di a entender
ser traidor el que me acusa,
y que mi silencio nace
de considerada astucia. 20
Ya la visión se volvía,
cuando vi, sin poner duda,
entre el sí y el no una sombra,
¿qué digo sombra?, a la luna
vi y al sol en dos mejillas 25
de una doncella importuna
que, arrodillada a tu imagen,
tales razones pronuncia:
Yo soy, dijo, señor mío,
la desventurada Julia, 30
que, cual Clicia, voy siguiendo
esa luz del sol y tuya.
JORNADA TERCERA p. 306
Soy quien te ha entregado el alma
con la fe más tierna y pura
que vio amor en cuantos pechos
ha rendido a su ley justa.
Tú ofreces favor a quien 5
ni te quiere ni te escucha,
y niegas de dar oídos
a quien te sigue aunque huyas.
Promete, acorre, defiende,
ofrece, trabaja y suda: 10
que amor tiene decretado
que al fin fin yo he de ser tuya.
A estas sentidas razones
acompañaba una lluvia
de vivas líquidas perlas, 15
correos de su tristura.
Tu imagen se le humilló,
y aun le dijo: Estad segura,
señora, que he de ser vuestro,
a pesar de la fortuna. 20
Si esto es así, ¿qué me ofreces?
¿Para qué siempre procuras
otro bien, si te da el cielo
el mayor, dándote a Julia?
Mas ¿con quién hablo, cuitada? 25
La misma visión, sin duda,
es aquesta que vi anoche,
o en muy poquito se muda.
Del varón ésta es la imagen;
la de aquéste, la de Julia. 30
¡Oh visiones amorosas,
dejadme en mi desventura,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 307
idos a buscar verdades,
y no os curéis de mis burlas;
haced cierto lo que amor
os da a entender por figuras!
¿No os vais? Por Dios que dé gritos: 5
que mis ojos no acostumbran
a ver visiones, aunque éstas
más alegran que atribulan.
¿No os vais? A fe que dé voces.
¿No hay ninguno que me acuda? 10
Man. Ya nos vamos; calla un poco.
¡Ella está loca sin duda!
Jul. Antes parece profeta.
¿Quién te ha dicho lo de Julia?
Man. Calla, que su guarda vuelve. 15
¡El alma llevo confusa!
Vanse Manfredo y Julia, y entra el carcelero.
Car. Otro Escipión está abajo,
que, si aquéste no os contenta,
por sacaros de esta afrenta, 20
se pondrá en cualquier trabajo.
Vestido trae de villano;
pero a fe que es caballero:
que el lenguaje no es grosero,
y el brío es de cortesano. 25
Dice que os quiere hablar,
y yo estoy puesto en que os hable.
Hablad más, mostraos afable,
que os mata tanto callar.
Vuelve a salir el carcelero. 30
JORNADA TERCERA p. 308
Por. Si fuese Anastasio... ¡Ay, cielos!
¿Qué he de hacer si acaso es él?
¿He de estar muda con él,
o hele de decir mis duelos?
¡En gran confusión me veo! 5
Ingenio, cielos, ayuda:
que no es posible estar muda
con tan parlero deseo.
Entra Anastasio y Cornelio, su criado, y el carcelero.
Car. Despachad con brevedad, 10
no os suceda algún desmán:
que estos negocios están
de muy mala calidad.
Que el silencio de esta dama
tiene a Novara suspensa, 15
y no imagino en qué piensa
la que no piensa en su fama.
Yo estaré con ojo alerta
por algún pequeño espacio,
mirando si de palacio 20
alguno llega a esta puerta.
Entrase el carcelero.
Por. ¿Sois vos Anastasio?
Anas. Sí.
Por. ¿El que envió este papel? 25
Anas. Señora, yo soy aquel
que ha mucho que el alma os di;
soy quien por vuestra desgracia
a más desventuras vino
que las que vio en su camino 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 309
el gran músico de Tracia;
soy aquel que alegre piensa,
fiado en vuestro valor,
poner la vida y honor
y el alma en vuestra defensa. 5
Por. ¿No leísteis la respuesta
que os llevó la labradora?
Anas. No la he visto más, señora,
y harto el buscarla me cuesta.
Por. Quizá, como forastera, 10
debió de errar la posada.
¡Pues a fe que es avisada,
y que os fue buena tercera!
En efecto, correspondía
con justos comedimientos, 15
que vuestros ofrecimientos
con el alma agradecía,
y que de mi honestidad,
que ahora la infamia lleva,
hiciésedes vos la prueba 20
que os mostrase la verdad.
Jurábaos que Dagoberto
jamás en dicho o en hecho
pudo ver cosa en mi pecho
que apruebe su desconcierto. 25
En vuestros brazos valientes
me resignaba, y ponía
en ellos la suerte mía,
segura de inconvenientes.
Ofrecía, finalmente, 30
de tomaros por esposo:
señal de que es mentiroso
JORNADA TERCERA p. 310
Dagoberto, y yo inocente.
Anas. ¡Oh dulce fin de mis males
y principio de mis bienes,
cielo que en la tierra tienes
glorias que son sin iguales! 5
Vesme rendido a tus pies;
dispón a tu voluntad
con toda seguridad
de cuanto valgo.
Por. ¿No ves 10
que soy tuya, y que a ti toca
disponer de mí a tu gusto?
Anas. ¡Alma, ahora sí que es justo
que os vuelva este gusto loca!
Car. Déjate de esas sandeces; 15
haz, señor, lo que has de hacer:
que no es tiempo de expender
el tiempo así todas veces.
Recíbela por esposa;
acaba, y vamos de aquí. 20
Anas. Señora, ¿queréislo así?
Por. Sí, y me tengo por dichosa.
Anas. Pues dadme esa hermosa mano,
y tomad mi fe y la mía.
Danse las manos. 25
Por. Veisla ahí: que una porfía,
cualquier risco vuelve en llano.
Anas. Ya, pues, que hasta vuestro cielo
levantaste mi caída,
sed, mi señora, servida 30
de alzar de él el negro velo,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 311
para que las luces bellas
vea cuyos rayos fueron
los que han hecho y deshicieron
las nubes de mis querellas,
y para que, con su llama 5
alentado el corazón,
de la esperada cuestión
se prometa triunfo y fama.
Por. No verán ojos mortales,
de estos que vos amáis tanto, 10
levantado el negro manto,
ni más alegres señales,
hasta que mi fama oscura,
a pesar de Dagoberto,
vuelva por vos a buen puerto 15
limpia, alegre, clara y pura.
Y perdonadme, señor,
negaros la primer cosa
que pedís a vuestra esposa.
Echad la culpa a mi amor. 20
Anas. Dadme un abrazo siquiera.
Por. Eso, de muy buena gana.
Cor. Vamos, y espere mañana
vuestro invierno primavera.
Vanse Anastasio y Cornelio. 25
Por. Hasta ahora, en popa el viento
lleva mi barca amorosa.
¡Oh fortuna poderosa,
condúcela a salvamento!
Entrase Porcia. 30
JORNADA TERCERA p. 312
Sale Julia con una rica rodela y una espada, todo
en la mano; sale también Manfredo.
Jul. En fin, ¿las armas son éstas
que señaló Dagoberto?
Man. Sí, amigo. 5
Jul. El está en lo cierto:
que son livianas y prestas,
y él tiene fama de diestro
y de ligero además.
Toma Manfredo la espada y la rodela. 10
Man. Muestra, Camilo, y verás
cómo soy de ellas maestro.
Jul. ¿Pues con quién te has de probar?
Man. Llama al huésped.
Jul. Vesle aquí. 15
Hués. [Sale.] ¡Ah, Camilo, pesia mí!
Venid, que os ando a buscar
más ha de un hora.
Jul. Pues bien:
¿qué hay de nuevo? 20
Hués. Que os espera
vuestra mujer allí fuera.
Jul. ¿Mujer a mí?
Hués. Y aun de bien,
según su traje. 25
Jul. Imagino
que es Julia.
Man. Si Julia es,
hazla entrar.
Jul. ¿Qué harás después 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 313
de entrada?
Man. Yo determino
de hablarla y ver qué es su intento.
Jul. ¿Y enviarásla do dijiste?
Man. No, por Dios. 5
Jul. No; que la triste
no puede más, según siento.
¡Oh, a qué buen tiempo llegaste!
Huésped, yo os lo serviré.
¿Y el vestido que ordené? 10
Hués. Está donde lo ordenaste.
Entrase Julia a vestirse de mujer lo más breve
que se pueda.
Man. Si otra rodela tenéis,
id por ella, y volved luego. 15
Hués. ¿Queréis probar en el juego
lo que en las veras haréis?
Man. Sí, amigo.
Hués. Yo vuelvo presto
con una que es de provecho. 20
Entrase el huésped.
Man. El corazón en el pecho
me da saltos. ¿Qué es aquesto?
Mas, si anuncia que es verdad
lo que Rosamira dijo, 25
por vanas cuentas me rijo.
¿No tengo yo voluntad?
¿Cómo? ¿Sentidos no tengo?
¿No tengo libre albedrío?
JORNADA TERCERA p. 314
¿Pues qué miedo es este mío?
¡Mal con mi esfuerzo me avengo!
¿Conque, para que me venza,
Julia me ha obligado a mí?
Pues no es señal verla aquí 5
de amor, mas de desvergüenza.
¿A dicha, solicitéla?
¿Dónde ve ricos despojos?
¿Viéronla jamás mis ojos,
o, por ventura, habléla? 10
No, por cierto. ¿Pues qué cargo
me puede Julia hacer?
¿Que me quiere y es mujer?
No me faltará descargo.
Vuelve a entrar el huésped con una rodela. 15
Hués. Vesla aquí.
Man. Toma tu espada,
y vente hacia a mí con ella.
Muy mejor fuera no vella.
Hués. ¿Qué dices? 20
Man. No digo nada.
Hués. ¿Hela de desenvainar?
Man. Poco importa; desenvaina.
Hués. Más seguro es con la vaina.
Man. ¡Mucho me das que pensar, 25
Julia!
Hués. Mas yo desenvaino.
¿Estoy bien puesto? ¿No entiendes,
señor? ¿De qué te suspendes?
Si no te ensayas, envaino. 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 315
Man. No verla fuera mejor,
digo otra vez y otras ciento.
Vente a mí.
Hués. ¡Dios ponga tiento
en sus manos! 5
Man. ¡Las de amor
son las que me desatientan!
Hués. ¿Qué es lo que entre dientes hablas?
Man. ¡Mal tus negocios entablas,
amor, cuando al fin afrentan! 10
Ponte en aquesta postura,
la rodela junto al pecho,
y parte con pie derecho.
¡Extraña desenvoltura
ha sido la de esta loca! 15
Hués. ¿Qué es lo que dices, señor?
Man. ¡A qué locura, ¡oh amor!,
tu locura me provoca!
No hay piloto tan famoso
que en tus mares no se ahogue; 20
hieres, amor, como azogue
penetrante y bullicioso.
Hués. Cordura será dejarte,
mejor sazón aguardando:
que estás del amor tratando, 25
cuando has de tratar de Marte.
Man. Mas quizá no será ella.
Hués. El temor le desatienta.
Man. Si él aquesta treta tienta,
bien sé yo la contra de ella. 30
¡Válgate Dios, la mujer,
cuál me tienes sin por qué!
JORNADA TERCERA p. 316
Entra Tácito.
Tác. Señor huésped, óigame,
que una merced me ha de hacer,
y es que me preste su jaca
para ver el desafío 5
mañana.
Hués. A la fe, hijo mío,
ya no puede andar de flaca.
Tác. No importa: que poco peso,
y no he de estar mucho en ella. 10
Hués. Sobre su espinazo está
subido un palmo de hueso.
Tác. Hacerles casi la atrás
o adelante, si es que importa.
Hués. ¿No sabéis que es pasicorta, 15
y que es rijosa, además?
Tác. Yo le tiraré del freno
y me pondré desviado
de otras bestias.
Hués. Hale dado 20
torozón de comer feno.
Tác. Tendréla yo sin comer
dos días, y sanará.
Hués. Para comer, sana está;
pero no para correr. 25
Tác. ¿Yo correrla? ¡Ni por lumbre!
Hués. Digo que está ciega y manca.
[Tác.] Eso no importa una blanca.
¿No sabe ya mi costumbre?
Que correré sobre un palo, 30
sin pies y manos, si quiero.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 317
Man. ¡Qué gracioso chocarrero!
Hués. No es el jinete muy malo,
que no acaba de entender
que no la quiero prestar.
Tác. ¡Acabara yo de hablar! 5
Man. Y vos, de importuno ser.
Tác. Pues présteme seis reales
para alquilar un rocín.
Hués. ¿Yo prestar? ¡Ni aun un cuatrín!
Tác. ¿Tanto era, pesia mis males? 10
¿Pedíalo algún chocante,
o algún mozuelo ordinario,
sino un mero bacalario,
diestro músico estudiante?
Man. Veislos aquí. Andad con Dios, 15
que vuestro donaire fuerza
a que os den más.
Tác. Y esme fuerza,
señor, llevar otros dos
para alquilar un pretal 20
de cascabeles.
Man. Tomad.
Tác. Vuestra liberalidad
es de persona real.
¡Oh si al pretal se añadieran 25
un par de espuelas!
Man. Compradlas.
Hués. Pedí un puño de esmeraldas.
Tác. ¿Qué mucho que las pidieran?
Tan aína este señor 30
las tuviera aquí a la mano.
Hués. Idos en buen hora, hermano.
JORNADA TERCERA p. 318
Tác. Prospere el cielo tu honor,
y a tu jaca dé salud,
y a mí gracia de corrella.
Hués. ¡No echaréis la pierna en ella,
por vida de Cafalud!, 5
Vase Tácito.
que éste es mi nombre.
Man. Camina,
que me importa quedar solo.
Hués. Encubierta trae este Apolo 10
su angélica faz divina.
Vase el huésped, y entra Julia muy bien aderezada de
mujer, cubierta con su manto hasta los ojos, y
pónese de rodillas ante Manfredo.
Jul. Si no halla en tu valor 15
disculpa mi atrevimiento,
en las disculpas no siento
que la puede haber mejor;
y si no templa el rigor
de tu indignación mi pena, 20
acabaré esta jornada
culpada y desesperada,
como mi suerte lo ordena.
Man. Levanta, señora mía,
que esta tu tamaña culpa 25
el deseo la disculpa
que en tus entrañas se cría:
que de amor la tiranía
a peores cosas fuerza,
y sé yo por experiencia 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 319
que no hay hacer resistencia
a los golpes de su fuerza.
Pues ya amor me ha descubierto
tus pasos, tu intento y celo,
descúbreme tú ese cielo 5
que traes con nubes cubierto;
y, si lo ignoras, te advierto
que son seguras verdades
las que la experiencia apura:
que es parte la hermosura 10
para mudar voluntades.
Jul. Harélo, como es razón;
mas, ¡ay de mí!, que barrunto
que ha de llegar en un punto
mi muerte y tu admiración. 15
No te espante esta visión
ni este nunca visto estilo:
que el amor que en mí se esmera,
de Julia la verdadera
hizo un fingido Camilo. 20
Man. Gran desenvoltura es ésta,
Camilo, y pensando voy
por qué te burlas, si estoy
más de luto que de fiesta;
y es cosa muy descompuesta 25
burla de tal proceder
en tiempo turbado y triste;
y, el que de mujer se viste,
mucho tiene de mujer.
Jul. Julia soy la desdichada, 30
y, entre mi pena crecida,
más siento el no ser creída,
JORNADA TERCERA p. 320
que siento el ser mal pagada.
Como no repara en nada
aquel que llaman amor,
quiere que sus hechos cante,
Julia vuelta en estudiante, 5
que primero fue pastor.
Soy la que vio Rosamira
en visión ante tus pies;
soy, señor, la que no es
en los ojos de tu ira; 10
soy la que de sí se admira,
viendo las muchas mudanzas
que amor en sus trajes pone,
y que en ninguno dispone
el fin de sus esperanzas. 15
Man. Yo te creo, pues tus ojos
no pudieran fingir tanto,
que mostrara[n] con su llanto
entregarme tus despojos.
Pon ya tregua a tus enojos, 20
Julia hermosa, y ven conmigo:
que quizá en estos rodeos
descubrirán tus deseos
que no es amor tu enemigo.
Servirásme de padrino 25
en la batalla que espero:
que por gentileza quiero
ponerme en este camino;
y si el cielo y el destino
ordenan que yo sea tuyo, 30
no por salir a este trance
se ha de borrar este lance,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 321
y mas si yo no le huyo.
No te arrodilles; levanta,
que eres mi igual, y aun mejor.
Entrase Manfredo.
Jul. De hoy más diré que es, amor, 5
tu rigor blandura santa;
ya [a] mi pena se adelanta
mi gozo; ya me contemplo,
libre del mar de mis penas,
colgar, ¡oh amor!, las cadenas 10
en los muros de tu [templo].
Entrase Julia.
Suenan trompetas tristes; sale el duque de Novara
con su acompañamiento y dos jueces; siéntase en
su trono, que ha de estar cubierto de luto, y dice: 15
Duq. Traigan a Rosamira de aquel modo
que yo tengo ordenado.
Uno. Ya ella viene,
según lo dice el triste son que suena.
Sale Porcia cubierta con el manto que le dio el 20
carcelero, acompañada de la misma manera que dijo,
con la mitad del acompañamiento enlutado y la
otra mitad de fiesta, el verdugo al lado izquierdo
desenvainado el cuchillo, y al siniestro el niño con
la corona de laurel; los atambores delante sonando 25
triste y ronco, la mitad de la caja de verde y la otra
mitad de negro, que será un extraño espectáculo;
siéntase Porcia cubierta en un asiento alto que ha
de estar a un lado del teatro, desviado del de su
JORNADA TERCERA p. 322
padre; entran asimismo Dagoberto y Rosamira,
como peregrinos embozados, [y Tácito].
Duq. ¿Cómo no viene Dagoberto? ¿Espera
que se le pase el día, pues ya es hora?
Juez. Sin duda, debe ser este que viene: 5
que el actor es costumbre se presente
antes que el reo en la estacada.
Duq. Es claro.
Entra Anastasio, y Cornelio por padrino, y Anastasio
viene cubierto el rostro con un tafetán; viene con 10
sus atambores; serán los mismos que trajeron a
Porcia.
¿No es éste Dagoberto?
Anas. Ni aun quisiera
serlo por la mitad de todo el mundo. 15
Duq. ¿Pues quién sois?
Anas. Su enemigo, sólo en cuanto
lo es de la duquesa Rosamira,
cuya defensa tomo yo a mi cargo.
Duq. Yo os lo agradezco. 20
Juez. Dagoberto tarda.
Duq. Cajas oigo sonar; él es, sin duda.
Entra Manfredo con un tafetán por el rostro; trae a
Julia por padrino, que asimismo viene embozada.
Juez. Tampoco es éste Dagoberto. 25
Duq. El talle
no nos dice que es él.
Juez. Sin duda, pienso
que ha de tener de sobra defensores
DEL LABERINTO DE AMOR p. 323
la duquesa.
Duq. Sepamos quién es éste.
Juez. ¿Quién sois, o a qué venís, buen
[caballero?
Man. El saber quién yo sea, importa poco; 5
saber a lo que vengo, sí que importa:
a defender a la duquesa vengo.
Dag. ¿Quién serán estos dos?
Ros. No los conozco
ni sé quién pueden ser. 10
Anas. A mí me toca
por derecho y razón esa defensa,
pues fui el primero que llegué a este
[punto.
Tác. Razón tiene el primero, o yo sé poco 15
de esto de desafíos y estacadas.
Juez. A la duquesa toca el declararse
cuál quiere de los dos que la defienda.
Duq. Eso es razón.
Anas. Y yo por tal la tengo. 20
Man. Y yo también: que no me queda cosa
por saber de las leyes de la guerra.
Duq. Pregúntenselo, pues, y vea[n] qué dice
mi hija. ¡Oh nombre dulce, cuando el
[cielo 25
quiso que sin escrúpulo llegase
a mis oídos!
Juez. Id vos, y sabedlo.
Uno. El duque, mi señor, dice, señora,
que estos caballeros han venido 30
a ser tus defensores, y que escojas
cuál quieres de los dos que te defienda.
JORNADA TERCERA p. 324
Por. En Dios y en el primero deposito
mi agravio, mi inocencia y esperanza.
Dag. ¿Labradora es ésta? Mejor me ayude
el cielo que la crea. Ya se tarda
mi criado. 5
Ros. Confusa estoy, amigo.
No sé en qué ha de parar tan grande
[enredo.
Juez. Bien se oyó lo que dijo; a vos os toca,
señor, su defensa. 10
Man. Tener paciencia
es lo que más importa en este caso;
basta que se ha mostrado al descubierto
mi voluntad.
Duq. El cielo así os lo pague, 15
como yo os lo agradezco.
Juez. No hay disculpa
que pueda disculpar ya la tardanza
de Dagoberto.
Duq. ¡Mas que nunca venga! 20
Tác. Ciégale, San Antón; quémale un
[brazo;
destróncale un tobillo; nunca acierte
a venir a este sitio; salga en palmas
nuestra buena duquesa, que es un 25
[ángel,
una paloma duenda, una cordera,
que no tiene más hiel que cuatro toros.
Entra un correo con una carta.
Corr. Es de tanta importancia este despacho 30
DEL LABERINTO DE AMOR p. 325
que traigo, ¡oh buen señor!, que me es
[forzoso
dártele aquí: que así me lo mandaron,
porque es de Dagoberto, y que te
[importa. 5
Duq. ¿De Dagoberto? Muestra cómo es esto.
¿Cómo toma la pluma por la espada?
¿Tiempo es éste de cartas?
Corr. No sé nada;
ello dirá. 10
Juez. Vuestra excelencia vea
lo que la carta dice.
Duq. Así lo hago.
Dag. Parece que se turba el duque.
Ros. ¡Ay, triste! 15
¡Cuánto mejor nos fuera habernos
[ido,
y esperar desde lejos el suceso
de este tan grande enredo y desventura!
¡Temblando estoy! 20
Tác. ¿Carticas a tal tiempo?
Apostaré que no llega esta danza
a hacer con las cindojas el tretoque.
Duq. ¿Hay cosa igual? Leed aquesa carta
en alta voz, que es bien que la oigan 25
[todos.
Después de haber leído el duque la carta, se la da
al juez, que la lee en alta voz.
[Juez.] La presta resolución que tomaste
de entregar a Manfredo por esposa a 30
tu hija Rosamira, me forzó a usar de la
JORNADA TERCERA p. 326
industria de acusarla, por evitar por
entonces el peligro de perderla. La
mejor señal que te podré dar de que es
buena, es el haberla yo escogido por
mi legítima mujer. Considera, señor, 5
antes que del todo me culpes, que soy
tan bueno como Manfredo, y que tu
hija escogió lo que quizá tú no le
dieras casándola contra su voluntad. Si
con ella usare[s] término de piadoso 10
padre, usaré yo contigo el de obediente
hijo; aunque, de cualquier manera
que me trates, lo habré de ser hasta la
muerte. --Tu hijo Dagoberto.
Anas. ¿Hase visto maldad tan insolente? 15
A no estar seguro de este hecho,
¿saliera Dagoberto fácilmente
con el embuste que forjó en su pecho?
Duq. Si esto permite el cielo y lo consiente,
¿qué puedo yo hacer? Ello está hecho; 20
gócela en paz.
Anas. Aqueso es sin justicia
y contra todo estilo de milicia.
Según tu bando, mía es Rosamira;
porque tú prometiste de entregarla 25
por legítima esposa al que la mira
pusiese en defenderla y libertarla.
Lo que el de Utrino dice es gran
[mentira,
y podrá la experiencia averiguarla; 30
luego en este momento yo he vencido,
DEL LABERINTO DE AMOR p. 327
pues mi contrario al puesto no ha
[venido,
y la excusa que da no es de importancia,
porque es todo al revés de lo que cuenta.
Man. Venciste; pero mía es tu ganancia, 5
si aquí al buen proceder se tiene cuenta.
Si de otro es Rosamira, es ignorancia
pensar que ha de ser tuya.
Anas. ¡No consienta
el cielo que mi esposa de otro sea! 10
Man. Esta verdad haré que aquí se vea.
Anas. ¿En qué la fundas?
Man. En que soy Manfredo,
de Rosamira, por concierto, esposo.
Que la has librado tú, yo lo concedo, 15
no más de porque yo fui perezoso.
Por cuatro pasos, bien decirlo puedo,
que llevaste a los míos, fin dichoso
has alcanzado en la dudosa empresa;
mas no por esto es tuya la duquesa: 20
que la razón que así te da el derecho,
por primer defensor que llegó al puesto,
la turba, según siento, estar ya hecho
conmigo el casamiento antes de
[aquesto. 25
Por. ¡Saltando el corazón me está en el
[pecho!
Jul. ¡Válgame Dios! ¿En qué ha de parar esto?
Ros. ¿Adónde vas?
Dag. Sosiégate. 30
Anas. Recelo...
Duq. ¿Ha visto caso semejante el suelo?
JORNADA TERCERA p. 328
Anas. Quedaos, amor, un poco aquí arrimado;
venid en su lugar, honra, conmigo.
Oye, Manfredo, huésped mal mirado,
ladrón de paz y engañador amigo:
¿dó están las ricas prendas que has 5
[robado?
¿Por qué tan sin por qué, como
[enemigo,
usando en la amistad tan mal decoro,
a mi padre robaste su tesoro? 10
Man. ¿Quién eres?
Anas. Anastasio, el heredero
de Dorlán, y de Julia único hermano,
de Porcia primo, por las cuales quiero
probar que eres ladrón torpe y villano. 15
Man. Si, como eres valiente caballero,
fueras más atentado, claro y llano,
vieras que esas razones afrentosas
se fundan en quimeras fabulosas.
Yo no robé a tu hermana ni a tu 20
[prima;
mas de alguna sabrás, como tú hagas
que a la cuestión primera se dé cima,
con que tu gusto al mío satisfagas.
Dag. La honra de mi hermana me lastima. 25
Ros. ¿Dónde vas, Dagoberto? No deshagas
el buen principio que la suerte
[muestra
de dar buen fin a la desdicha nuestra.
Dag. Sabe que soy Dagoberto, 30
Manfredo, y sabe que soy
aquel que agraviado estoy
DEL LABERINTO DE AMOR p. 329
de tu infame desconcierto.
¡Dame a mi hermana, traidor,
de fe falsa y alevosa!
Man. Restituye tú a mi esposa
antes el robado honor. 5
No te desmiento, porque
de aquí a bien poco verás
en el engaño en que estás
y la bondad de mi fe.
Anas. Primo --mas quédese aparte 10
el parentesco hasta ver
si del justo proceder
os dio el cielo alguna parte--,
¿vos decís que es vuestra esposa
Rosamira? 15
Dag. Y es verdad.
Anas. ¿Tenéis otra claridad
de este hecho no dudosa,
como es el decirlo vos?
Dag. ¿Bastará que yo lo diga? 20
Anas. ¿Quién duda?
Dag. Pues no se diga
más contienda entre los dos
ni entre los tres, que yo haré
que ella lo declare al punto. 25
Duq. El bien me ha venido junto
cuando menos lo pensé.
Escoja mi hija, y haga
su gusto: que todos tres
son iguales. 30
Juez. Así es.
Man. Bien cierta tengo la paga,
JORNADA TERCERA p. 330
pues tan de su voluntad
se entregaba por mi esposa.
Anas. No (es) está mi suerte dudosa,
si es que es firme la verdad.
Dag. ¡Qué engañados quedarán 5
los dos en este suceso!
Jul. Cerrado está ya el proceso;
mirad qué sentencia os dan,
corazón. ¡Ay de mí, triste,
que el miedo crece, y desmengua 10
la esperanza! Callad, lengua,
que mal tal, mal se resiste.
Por. [Aparte.] ¿Si es tiempo de descubrir
la verdad de mi mentira?
Man. Señor, manda a Rosamira 15
diga a quién quiere admitir.
Duq. Dígalo en buen hora.
Por. Digo
que es Anastasio mi esposo.
Jul. ¡Alentad, pecho amoroso! 20
Ros. Lo que tú dices desdigo:
que Dagoberto es mi bien.
Anas. Y vos, señora, mi gloria.
Man. Tragedia ha sido mi historia.
Jul. Aún quedan glorias que os den. 25
¿Tuya no soy, pena vuestra?
Tome la mano Rosamira a Dagoberto, y Anastasio a
Porcia, y a este instante se declaren entrambas.
Tác. ¿De qué Anastasio se admira?
Jul. Aquélla no es Rosamira. 30
Anas. ¿Hay suerte airada y siniestra?
DEL LABERINTO DE AMOR p. 331
¿Quién eres?
Por. Soy la que quiso
el cielo, en todo piadoso,
sacarla de un riguroso
infierno a tu paraíso; 5
soy la que, en traje mudado,
trayendo amor en el pecho,
procurando tu provecho,
he mi gusto procurado;
soy aquella a quien tú diste 10
de esposa la fe y la mano;
soy quien tiene amor ufano
por ver que no se resiste;
soy de Dagoberto hermana,
y soy tu prima, y soy quien, 15
cuando me falte tu bien,
no soy más que sombra vana.
Anas. ¿Dónde está Julia?
Por. Señor,
yo sé que la verás presto. 20
Jul. ¿Podre esperar, según esto,
blandura de tu rigor?
Mira con qué mansedumbre
Anastasio a Porcia mira;
mira que es de Rosamira 25
ya Dagoberto su lumbre;
mira que yo sola quedo
en los brazos de la muerte,
si tu clemencia no advierte
que soy Julia y tú Manfredo. 30
Man. Levanta, pues que ya el cielo
tus deseos asegura,
JORNADA TERCERA p. 332
gracias a tu hermosura
y a mi siempre honrado celo.
Anastasio, mira ahora
con gusto y admiración
que yo nunca fui ladrón, 5
ni de condición traidora.
Aquésta es Julia, tu hermana,
y (a) ésa tu prima, cual dice,
con las cuales nunca hice
traición ni fuerza villana. 10
Ellas te dirán después
del modo que aquí vinieron,
hasta que el fin consiguieron,
y es gusto de su interés.
Tu industria y el cielo han hecho 15
que les seamos esposos;
ellos son lances forzosos;
no hay sino hacerles buen pecho.
Quien se pudiera quejar
de Rosamira, era yo; 20
mas si el cielo esto ordenó...
Anas. Que paciencia y barajar.
Dag. ¡Oh hermana mía!
Por. ¡Oh mi hermano!
Dag. ¡Buenos pasos son aquéstos! 25
Por. Nunca pasos descompuestos
ganaron lo que yo gano.
Anas. Más es tiempo de aliviarlos
aquéste, que de reñillos.
Duq. Aquéstas son maravillas 30
dignas solas de admirarlas.
Anas. En fin, mi hermana es tu esposa.
DEL LABERINTO DE AMOR p. 333
Man. Así es.
Anas. Y Porcia es mía,
si no lo impide y desvía
ser mi prima.
Duq. Fácil cosa 5
es haber dispensación
en caso tan importante.
Tác. Hoy del campo de Agramante
he visto la confusión,
y la paz de Octaviano 10
he visto en espacio breve.
¡No hay camino que amor pruebe,
difícil, que no sea llano!
Duq. Entremos en la ciudad,
donde despacio sabremos 15
de estos no vistos extremos
toda la puntualidad,
y allí se harán regocijos
y desposorios honrosos
de los seis tan venturosos 20
que ya los tengo por hijos.
Tác. Estas son, ¡oh amor!, en fin,
tus disparates y hazanas;
y aquí acaban las marañas
tuyas, que no tienen fin. 25
FIN
p. 334
ÍNDICE
Páginas.
__________
Comedia famosa intitulada el rufián dichoso. 5
Comedia famosa intitulada la gran su
doña Catalina de Oviedo................... 111
Comedia famosa del laberinto de amor........ 219
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