From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
5.1 (1985): 80-83.
Copyright © 1985, The Cervantes Society of America
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Pocas veces tenemos la suerte de poder enfrentarnos
a la interpretación global de la obra de un escritor de la categoría
de Cervantes. Este es el más alto valor del libro de Ruth El Saffar.
Su ambición es nada menos que darnos la clave para la comprensión
de toda la obra cervantina; aislar aquello que le da unidad interna, lo que
nos permite pasar de un libro a otro sin sentir que abandonamos el ámbito
de una misma voluntad de creación, y lo que rige cómo y por
qué evoluciona esa obra. No podemos menos que admirar la osadía
y perseverancia de la visión de la autora, y agradecerle lo mucho
que enriquece nuestro diálogo sobre Cervantes semejante esfuerzo
interpretativo.
En breve, la profesora El Saffar sostiene que
la obra de Cervantes va depurándose, desde La Galatea hasta
el Persiles, de una serie de contradicciones y desarmonías,
cuyas manifestaciones más visibles son torpezas estructurales en el
argumento de novelas largas y breves (el énfasis recae en las cuatro
largas), y en la postura del autor ante sus personajes. Entre estas deficiencias
se encuentran las narraciones intercaladas del Quijote de 1605, la
multiplicidad de voces que produce la conocida ironía cervantina,
la necesidad que sienten los personajes de ser otros, pero sobre todo, la
manera en que los personajes masculinos tratan a los femeninos que son, excepto
al final, u objeto de repudio o de veneración. A medida que la obra
cervantina avanza, los personajes masculinos aprenden a aceptar lo femenino
tal y como es lo cual equivale a aceptar lo real, con lo cual
se alcanza el equilibrio y la armonía. Tal armonía culmina
en el Persiles, obra en la cual Cervantes abandona la ironía
y logra superar las ambigüedades de su obra anterior. El Persiles
es, para la profesora El Saffar, la suma de perfección a la que todos
los esfuerzos de Cervantes van encaminados a lo largo de su vida de
creación. Aduce la autora en favor de esta opinión las conocidas
frases de Cervantes en las que sostiene que el Persiles será
su mejor obra. También se basa en su interpretación del final
de esa enigmática novela, que cierra con el matrimonio de los
protagonistas, la revelación de sus verdaderas identidades, y su
coronación como reyes. Esta apoteosis de orden, según la autora,
es el resultado de los esfuerzos de Cervantes por crear una obra afín
a la preceptiva aristotélica, y además por alcanzar un equilibrio
en su propia psique. A lo largo de los años y a través de su
obra narrativa, sugiere El Saffar, Cervantes se ha afanado por poner de
manifiesto y resolver las contradicciones internas que lo asedian. La escritura
es así una especie de catarsis progresiva, que le va permitiendo dar
con una armonía interior que es reflejo de la natural.
El trasfondo ideológico del libro de
la profesora El Saffar está marcado por varios episodios relativamente
recientes de la crítica angloamericana. Los más visibles son
la obra de René Girard, que aunque redactada en francés, surge
y tiene resonancia sobre todo en los Estados Unidos: la de Northrop Frye,
y con ella los trabajos de Alban Forcione sobre Cervantes, así como
una buena dosis de Jung, pero (me parece) adaptado a la práctica
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analítica de la ego psychology norteamericana. De Girard deriva
la temática de la violencia entre dos rivales que desean a una misma
mujer (que idealizan); esta tríada, que representa el desorden, se
convierte en orden al aceptarse un cuarto elemento, que es la mujer tal y
como es. De Jung viene la idea de que esta estructura cuatripartita se identifica
con la plentitud, el orden, el equilibrio, la naturaleza. De Frye (pasado
por Forcione) proviene que ese orden se exprese en términos narrativos
mediante el romance, es decir, un relato lineal, de carácter
alegórico y ambiente idealizado, que se atiene a un esquema argumental
aristotélico. La ego psychology norteamericana es la fuente
de la idea, de origen freudiano, de que la externalización de las
contradicciones las neutraliza, y que esta actividad catártica conduce
a la unidad del ser a una especie de equilibrio arquimídico
del ego.
La honestidad me impone decir, antes de comentar
lo que logra la profesora El Saffar al poner en contacto sus fuentes
críticas con la obra de Cervantes, que nunca me he sentido persuadido
ni por las teorías de Girard, ni por la aplicabilidad del concepto
de romance a obras escritas en español, donde ni siquiera existe
el término. En cuanto a Girard, sus teorías me parecen
interesantes, si bien algo anacrónicas, como antropología,
aunque en sus peores momentos (los que aprovechan algunos de sus adeptos),
sólo sirven de pretexto para la satisfacción más
rudimentaria del instinto religioso. El romance es una entelequia
de difícil si no imposible actualización en el discurso literario
que llega a Cervantes de Juan Ruiz y Fernando de Rojas. Aún aplicado
a las novelas de caballerías, o a cierta prosa cuatrocentista de tema
amoroso, me parece forzado el término romance. Pienso que esto
es precisamente lo que mejor revela el Persiles. Sé que expreso
opiniones que no tengo espacio aquí para avalar debidamente con argumentos
y pruebas, pero prefiero que queden por lo menos claros mis prejuicios, para
que se entienda mi escepticismo ante los argumentos de mi admirada amiga
y colega.
Hay un nivel, sobre todo argumental, en que
la interpretación de la profesora El Saffar es casi convincente. Hay
formas que asoman su contorno en ese plano de la acción, que pudieran
hacerse coincidir con las propuestas por la autora de Beyond Fiction.
Pero me parece que las de la obra de Cervantes son demasiado borrosas y elusivas,
mientras que las que impone la profesora El Saffar son en exceso nítidas
e inflexibles. Si nos olvidamos de quién narra en cada momento, si
pasamos por alto el engarce tropológico del texto cervantino, si estamos
dispuestos a no escuchar las disonancias del lenguaje, podemos pasar sin
más a considerar esas estructuras argumentales. Pero, en mi opinión,
la horma rompe el zapato. El texto de Cervantes, aún el del
Persiles, es demasiado espeso para permitirnos tal reducción.
Es como si al mirar los cuadros de Velázquez estuviésemos
dispuestos a prescindir de todo detalle, salvo el perfil bruto de las
figuras.
Pero hay a mi ver dificultades aún más
serias en Beyond Fiction. Una es muy simple, aunque no menos contundente.
Si aceptamos el esquema de la autora y los valores que de él dimanan,
tenemos que convenir en que el
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Quijote de 1605, una de las obras mayores de la literatura universal,
es un libro defectuoso, un mero borrador del Persiles. A mí,
lamento tener que ser franco, esto me parece errado. Aún suponiendo
que aceptáramos la evolución de la mentalidad creadora de Cervantes
en los términos propuestos por El Saffar, lo anterior resulta
insignificante. ¿Qué nos importa el equilibrio o desequilibrio
de la psique cervantina al final de su vida? Lo importante es el
Quijote, donde se ponen en jaque las posibilidades de hacer el tipo
de juicio normativo a que va encaminado Beyond Fiction. ¿En qué
criterios podemos basarnos para afirmar que el Quijote es una obra
imperfecta? ¿Qué quiere decir que una obra sea imperfecta?
¿Hasta cuándo vamos a seguir citando las palabras del cura en
el capítulo 48 de la primera parte como si fueran de Cervantes?
¿Por qué empeñarnos en demostrar la fidelidad de Cervantes
para con sus fuentes teóricas, cuando lo que hace grande su obra fue
no serle fiel a esas fuentes? Cervantes es más importante que Heliodoro
y que toda la caterva de comentaristas aristotélicos que no produjo
ni individual ni colectivamente obra digna de leerse fuera de las más
herméticos claustros.
Pensar la vida y obra de un escritor como una
especie de teleología sólo nos es dado a críticos
universitarios sin mayor contacto con escritores de carne y hueso. Los
escritores, y Cervantes no fue la excepción, escriben
simultáneamente obras muy distintas y hasta contradictorias. Concebir
la unidad de una vida y una obra como un todo conceptual armónico
es una ficción, a mi ver, muy rudimentaria. Avalle-Arce ha insistido,
y estimo que debemos darle crédito, en que el Persiles es una
suerte de palimpsesto hecho en diversos momentos de la carrera de Cervantes.
Ver en ese libro, por hermoso que sea, la culminación de la obra
cervantina, me parece insostenible, salvo como una de esas ficciones
de concordancia estudiadas por Kermode en su estupendo The Sense
of an Ending. El Persiles es un complejísimo trenzado de
historias que no se somete fácilmente a la fórmula del
romance. La apoteosis final tiene más en común, por
su desmesura, con las barrocas batallas de Don Quijote en la venta, que con
la concordancia que la profesora El Saffar quiere ver. En los mejores momentos
de su análisis de esta postrera obra de Cervantes que son muchos
y muy agudos la autora logra demostrar lo contrario de lo que propone
en su tesis central. En esos momentos el Persiles aparece como una
obra llena de complejidades a todo nivel, provista inclusive de un metacomentario
muy desarrollado sobre el tema preferido de Cervantes: la compleja y nunca
resuelta relación entre la ficción y la realidad.
No le hago justicia aquí a Beyond
Fiction, que es un libro rico en ideas, erizado de observaciones penetrantes
sobre los textos, lleno de sugerencias persuasivas o
polémicas, dignas siempre de consideración. Estimo que
con el libro de El Saffar se agotan las posibilidades que sus mentores
teóricos abrieron, y que ahora no debemos acudir a esta o aquella
teoría, ya que los textos cervantinos las anticiparon y neutralizaron
a todas,
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sino a leer a Cervantes desde la perspectiva de sus mejores lectores: Kafka, Borges, Carpentier, Cabrera Infante, Nabokov, o García Márquez.
| ROBERTO GONZÁLEZ-ECHEVARRÍA |
Yale University |
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Prepared with the help of Myrna Douglas |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://users.ipfw.edu/jehle/cervante/csa/artics85/gonzalez.htm | ||