From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
13.1 (1993): 89-107.
Copyright © 1993, The Cervantes Society of America
| ARTICLE |
|
|
|
ALBERTO RODRÍGUEZ |
UCHOS
ERUDITOS se han percatado de que el diálogo es un elemento
fundamental de la gran obra maestra de Cervantes, pues Don Quijote y Sancho
pasan muchas horas de ocio en amables coloquios. Sin embargo, podemos declarar
con cierto asombro que sólo hay unos pocos estudios que elucidan el
tema del diálogo. El enfoque de estos estudios muestra diversidad.
Para Angel Rosenblat, el estilo de hablar de los personajes es de gran
importancia: el ilustre filólogo estudia los refranes, los
arcaísmos, las prevaricaciones de Sancho, y termina mostrando el ideal
cervantino de una lengua elegante y sin afectación. Anthony Close
señala que Cervantes, al crear los coloquios del Quijote, tuvo
en mente los ágiles vaivenes del diálogo entremesil, en el
cual aparecen cómicas situaciones. También Luis Andrés
Murillo ha escrito algunas páginas sobre el diálogo cervantino;
nos dice que los diálogos del Quijote son muy diferentes de
todas las creaciones dialógicas anteriores a Cervantes, pues no
hay fuentes literarias que los expliquen, y añade con gran
entusiasmo que son la originalidad misma. Elias Rivers nos muestra
que el principio dialógico permea múltiples niveles de la novela,
y Manuel Criado de Val perfila la relación que se establece entre
las voces y los lugares donde se realizan las pláticas.
|
|
||
| 90 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
Estos son los ensayos que concentran su enfoque
en el estilo dialógico de Cervantes. A los autores que he mencionado,
podemos añadir otros que en sus escritos tocan tangencialmente el
tema del diálogo y elaboran algunas ideas de gran valor; entre los
principales, tenemos a Juan Bautista Avalle Arce, Alan Trueblood y Walter
Reed.1
Los importantes autores que he enumerado no
han definido o precisado con claridad lo que es el arte de la
conversación, o sea, la interacción elegante, refinada
y mesurada en la que se palpa la buena crianza y la amabilidad de los
interlocutores. La sociedad renacentista prefiere que no salgan a relucir
los más íntimos aspectos de la persona, los cuales no deben
ventilarse en el trato social, ni tampoco se inclina por las discusiones
muy técnicas y abstractas, pues éstas impiden o entorpecen
con sus difíciles razonamientos la comunicación de los
interlocutores. Todos estos excesos deben evitarse en los círculos
sociales refinados. Al cortesano, la sociedad le exige un comportamiento
moderado, y un sentido de mesura en sus actos y gestos. En su libro Courtly
Performances: Masking and Festivity in Castiglione's Book of the
Courtier, Wayne Rebhorn describe las características que
una persona de educación y buenos modales debe exhibir dentro del
ámbito de una sociedad selecta; Rebhorn señala que:
Even more than most societies, the courtly world of the High Renaissance purchased its civilization at the price of personal restraint and limitation. Although it granted the individual a right to self-expression, it restricted the sphere in which his self-expression could operate, excluding profoundly personal, emotional, and even intellectual experiences from its bounds.
1 Sobre
el diálogo cervantino, el lector puede consultar los siguientes ensayos:
Juan Bautista Avalle-Arce, Don Quijote como forma de vida (Valencia:
Fundación Juan March y Editorial Castalia, 1976), págs. 284-290;
Anthony Close, Characterization and Dialogue in Cervantes's Comedias
en prosa, MLR, 76: 338-356 (1981); Manuel Criado de Val,
Don Quijote como diálogo, AC, 5: 183-208
(1955-56); Luis Andrés Murillo, Diálogo y dialéctica
en el siglo XVI español, RUBA, 5a época, a. 4:
56-66 (1959); Walter L. Reed, The Problem
of Cervantes in Bakhtin's Poetics,
Cervantes 7, 2: 29-37 (1987); Elias Rivers,
Talking and Writing in Don Quijote, Thought 51: 296-305
(1976); Angel Rosenblat, La lengua del Quijote (Madrid: Gredos
Biblioteca Románica Hispánica, 1971), págs. 13-67; Alan
S. Trueblood, El silencio en el Quijote en Letter and
Spirit in Hispanic Writers: Renaissance to Civil War. Selected Essays
(London: Tamesis Books Limited, 1986), págs. 45-64; también
de Trueblood La risa en el Quijote y la risa de Don Quijote,
publicado en Letter and Spirit in Hispanic Writers en las páginas
65-82.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 91 |
|
|
||
Soaring passions, deeply probing philosophies, the excesses of both vulgar and exalted human experience had no place in High Renaissance society (Rebhorn 130).
Tal como declara Rebhorn, el cortesano debe contener los impulsos fuertes
y negativos, con los cuales se afea la convivencia de las personas y se
distorsionan los contenidos que aparecen en la conversación. Sin embargo,
tampoco debemos pensar que los ideales renacentistas amengüen el dinamismo
y la profundidad del individuo. Para Rebhorn, los ideales renacentistas poseen
hondura: To be sure, such limitation does permit an infinite refinement
of sensibility and subtlety of passion . . . (130), a la
vez que los hablantes alcanzan a vigorous intellectual interaction
(131).2 Es decir, en la conversación
cortés pueden surgir las emociones, las elucubraciones y los pensamientos
del cortesano, siempre y cuando se mantengan dentro de los límites
de la discreción y el buen gusto.
Pues bien, los modales corteses y la profundidad
de los hablantes son características fundamentales de algunas
conversaciones del Quijote. Se perciben claramente estos rasgos en
diversos coloquios del palacio ducal, en la casa del Caballero del Verde
Gabán, y, también, en otros lugares de la novela. En estas
pláticas, surgen en los personajes ciertos motivos y propósitos
íntimos, que afloran suavemente en el diálogo, bien sea por
medio de breves comentarios que descubren una intención velada, o
de ciertas incitaciones del pensamiento que cristalizan delicadamente en
una frase. Así ocurre cuando algunos personajes tienen la intención
de sacar a Don Quijote de algún desvarío literario, o cuando
tan sólo desean entretenerse con los desatinos del hidalgo; en estas
ocasiones, podemos apreciar que bajo las formas de una distinguida
cortesía, late, con sus intenciones y motivos, un nivel interior al
cual llamaré subdiálogo.
El nivel subdialógico es la
contribución más sobresaliente de Cervantes al arte de la
conversación. En el diálogo cortés, no se había
planteado nunca esta profundidad hasta que Cervantes
2 Una de
las figuras más destacadas del Renacimiento, Michel de Montaigne,
también mostró su inclinación por una plática
enérgica y significativa: The most fruitful and natural exercise
of our mind, in my opinion, is discussion. I find it sweeter than any other
action of our life; and that is the reason why, if I were right now forced
to choose, I believe I would rather consent to lose my sight than my hearing
or speech. Véase On the Art of Discussion en The
Complete Essays of Montaigne, trad. Donald M. Frame, (Stanford: Stanford
University Press, 1985), pág. 704.
|
|
||
| 92 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
escribe el Quijote. Se trata de un estilo novedoso del arte de la
conversación que sobrepasa en amplitud y complejidad las creaciones
de los autores que escribieron antes de Cervantes.
Lo que he querido señalar es que el
arte cervantino de la conversación manifiesta refinamiento, elegancia
y moderación, a la vez que perfila un plano interior en el personaje.
Como anillo al dedo vienen estas palabras de Luis Andrés Murillo:
En toda su historia, desde Platón, no había variado el arte del diálogo; en cada caso el dialogar representaba el discurso racional elaborado dentro de una idea, ya fuera Cicerón, San Agustín o Petrarca y sus distintos interlocutores, o los personajes de Tasso o de Giordano Bruno. Sólo con el Quijote de Cervantes adquiere nueva dimensión; aquí el discurso es la concentrada y conservada esencia del personaje desde su intimidad . . . (Murillo 65-66).
Cervantes se coloca dentro de la tradición más excelsa y refinada;
pero añade al diálogo, tal como señala Murillo, una
concentrada intimidad que palpita en los personajes. Aparecen en este plano
interno las sutiles elucubraciones y la vigorosa interacción que menciona
Rebhorn.
Pues bien, el ensayo presente irá en
dos partes. En la primera parte, estudiaré algunas características
del simposio en los diálogos del Quijote, y, en la segunda,
examinaré un aspecto recurrente del arte de la conversación,
el diálogo asimétrico, que presenta a un hablante
que domina la plática con sus intervenciones, mientras su interlocutor
le escucha con cortesía sin hacer muchos comentarios, porque está
considerando y evaluando todo lo que le dice el que domina la conversación.
Resonancias del simposio en el Quijote
El simposio es un tipo de diálogo que pertenece al arte de la conversación. Escribieron simposios algunos autores de la Antigüedad, tales como Platón, Jenofonte y Plutarco, y en el Renacimiento algunos como Alberti, Ficino y Erasmo.3 En los libros de
3 Leon Battista Alberti,
I libri della famiglia, ed. por Ruggiero Romano y Alberto Tenenti,
(Turín: Einaudi, 1969); Desiderius Erasmus, The Godly Feast
en Ten Colloquies, ed y trad. por Craig R. Thompson, (New York: Macmillan
Publishing Company, 1986), págs. 130-174; Marsilio Ficino, Commentary
on Plato's Symposium. Texto y traducción de Sears
R. Jayne. University of Missouri Studies vol. 19, (Columbia: University of
Missouri Press, 1949); Jenofonte, Symposium en Minor Works,
trad. por J. S. Watson [p. 93] (Londres: G. Bell
and Sons, 1914), págs. 148-191; Platón, El banquete o
del amor en Diálogos, La República o El
Estado, trad. por Patricio Azcárate, (Madrid: E.D.A.F., 1965),
págs. 477-553; Plutarco, The Dinner of the Seven Wise Men
en Moralia vol. II, trad. por Frank Cole Babbit (Londres: William
Heinemann, 1928), págs. 346-449.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 93 |
|
|
||
cortesía aparecen los simposios; por ejemplo, en Il Cortegiano
de Baldassare di Castiglione y en La Civile Conversazione de Stefano
Guazzo, se manifiesta este género dialógico para que los comensales
exhiban sus buenos modales y discutan por lo extenso diversos temas que
pertenecen al arte de la conversación. También en algunas
conversaciones del Quijote, Cervantes perfila varias características
del simposio.
Wayne Rebhorn señala que el simposio
es . . . a . . . ceremonious situation in which
individuals carry on relatively serious conversations, but in an informal
atmosphere and a festive mood (162). Es decir, reina la cordialidad
entre los participantes, a la vez que surge un espíritu jovial. La
conversación en un simposio puede tratar temas profundos, pero no
debe presentar discusiones muy complicadas o disquisiciones muy técnicas
que agobien con su dificultad a los comensales. Por supuesto, en un simposio,
la comida es un elemento indispensable, pero, más que cualquier manjar
que se sirva en la mesa, el rasgo distintivo del simposio es el abundante
consumo de vino, con el cual se suelta la lengua para que los participantes
se expresen sin inhibiciones. Así ocurría en los simposios
de la época clásica. Ahora bien, para los escritores renacentistas,
el vino pierde su importancia, convirtiéndose en otro ingrediente
más de la reunión. Para los renacentistas, el simposio era
una cena amistosa, con cierta tendencia a lo intelectual, que no terminaba
en una escandalosa borrachera.
Otra característica del simposio es
la distancia que hay entre los comensales y la realidad cotidiana. Por lo
general, los participantes en un simposio se recluyen en un recinto retirado,
que está protegido por paredes o por algún tipo de barrera
natural, y se colocan, casi siempre, alrededor de una mesa, dándole
la espalda al mundo de fuera. Este tipo de diálogo se aleja de la
realidad, pues los comensales concentran su atención en la mesa, que
es el punto central, el eje o foco de la reunión. Podemos decir que
en esta ceremonia reina una tendencia centrípeta, porque los personajes
abandonan las contingencias y propósitos prácticos de la realidad
para adentrarse en el nivel de la sociabilidad refinada y los buenos modales.
Con elocuentes palabras,
|
|
||
| 94 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
Rebhorn señala que The surrounding walls of their room join
with the circle of their chairs to create a concentric set of boundaries
which powerfully distinguish the world of society outside the symposium from
the one inside it (162).4
El recinto cerrado del simposio tiene cierta
influencia sobre el discurso de los personajes. Con frecuencia, surge en
la plática un hablante que, incitado por los elevados temas de la
discusión y por las propias ideas que se van configurando en su mente,
toma la palabra y diserta admirablemente sobre algunos conceptos. Durante
su discurso se percibe que el hablante va perdiendo de vista a sus
interlocutores; se va ensimismando paulatinamente con la maravillosa visión
que plantea y con la hondura de sus palabras. En el Simposio de
Platón, Sócrates se embelesa en su sublime discurso sobre el
amor. En Il Cortegiano, il Magnifico queda absorto en
los momentos más solemnes de su disquisición sobre las mujeres,
y cuando Pietro Bembo plantea su visión neoplatónica del amor
en el cuarto libro, Emilia Pia tiene que halarle un extremo de la chaqueta
para sacarlo de su ensimismamiento. Por medio de estos discursos, el simposio
incrementa su ornato, belleza y profundidad; los interlocutores quedan admirados
de la elocuencia y apostura del orador. El ambiente apartado del simposio
induce a los hablantes a realizar estos bellos discursos que conducen a momentos
de gran inspiración.
El carácter refinado del simposio no
permite que un comensal se muestre agresivo o egoísta; las
características idiosincráticas de los interlocutores deben
quedar fuera de la conversación. El simposio es una ceremonia igualitaria,
en la cual se evitan todas las reacciones humanas que amenacen con destruir
el equilibrio y la armonía de los comensales. En Il Cortegiano,
se mantiene un firme equilibrio, pues se le otorga a un hombre un puesto
en la mesa, y se coloca a su lado a una mujer, que a su vez, tiene junto
a sí a otro hombre. En La Civile Conversazione, Stefano Guazzo
reúne en el simposio a seis hombres y a cuatro mujeres, porque le
parece que esta proporción crea un balance adecuado. Quedan fuera
del simposio los privilegios y las distinciones sociales. Por lo general,
al comensal que le toca la cabecera de la mesa, le hacen sus compañeros
algunas bromas, con el propósito de indicarle que, aunque se le haya
otorgado el
4 El lector
puede encontrar más información sobre el simposio en Mikhail
Bakhtin, Problems of Dostoevsky's Poetics, ed. y trad. por Caryl Emerson
(Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984), págs. 101-180.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 95 |
|
|
||
puesto de honor, sigue vigente el principio de que todos los participantes
son iguales. Este carácter igualitario sugiere los temas que siempre
aparecen en los simposios: los comensales hablan sobre el amor, la amistad,
la hermandad, la comunión humana. Podemos afirmar que la equidad e
igualdad de los comensales prefigura el contenido de la plática.
El simposio es una experiencia transitoria,
ya que, en algún momento, los comensales tendrán que abandonar
los círculos concéntricos para regresar a las faenas de la
vida cotidiana. El simposio se presenta siempre como una especie de interludio
o episodio, que aparta del mundo por cierto tiempo a un grupo de personas.
La ceremonia llega a su fin con la entrada imprevista de un personaje proveniente
de la realidad (por ejemplo, la llegada del borracho Alcibíades en
el Simposio de Platón), o concluye con la salida del sol, tal
como ocurre en Il Cortegiano, o, quizás, cuando se agotan las
fuerzas de los hablantes en las altas horas de la noche, tal como sucede
en The Dinner of the Seven Wise Men de Plutarco. La del simposio es
una experiencia de corta duración.
Pues bien, veamos cómo aparecen algunas
características del simposio en las conversaciones del Quijote.
Para comenzar, voy a concentrarme en los capítulos II, 31 y II, 32,
cuando la pareja andantesca llega a casa de los Duques. Después de
asearse y cambiarse de ropa, Don Quijote, acompañado por doce pajes
y el maestresala, va a un comedor . . . donde estaba puesta
una rica mesa con solos cuatro servicios (II,
31).5 Cuando se acaban los saludos y
cortesías, el Duque coloca al hidalgo a la cabecera, el Eclesiástico
se sienta frente a Don Quijote y los anfitriones a los lados. Podemos apreciar
que la habitación es un lugar íntimo y privado, que aparta
a los comensales del mundo de fuera. Tal como ocurre en otros simposios,
los puestos en la mesa se distribuyen según un orden específico:
los Duques reservan el lugar de honor para Don Quijote, el segundo puesto
se lo adjudican al Eclesiástico, y ellos se sientan cortésmente
a los lados de la mesa. También debo señalar que A todo
esto estaba presente Sancho, embobado y atónito de ver la honra que
a su señor aquellos príncipes le hacían
. . . (II, 31), y para mofarse de tanta ceremoniosidad y
comedimiento, el escudero narra el cuento
5 Cervantes
Saavedra, Miguel de, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha,
ed. por Luis Andrés Murillo, (Madrid: Clásicos Castalia, 1978),
vol. II, pág. 278. En adelante citaré por esta edición.
|
|
||
| 96 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
de la cabecera. Por medio de este gracioso relato, Sancho sugiere que sentarse
a la cabecera de la mesa no es un suceso extraordinario que coloque a Don
Quijote en un plano superior, pues, según dice uno de los personajes
de su narración . . . adondequiera que yo me siente
será vuestra cabecera (II, 31). Con su jocoso cuento, Sancho
resalta la igualdad de los interlocutores, que, según hemos visto,
es un rasgo fundamental del simposio.
No tarda el Eclesiástico en plantear
algunos comentarios airados sobre la pareja andantesca, con los cuales perturba
el ambiente de cortesía que reina en el simposio. El enojo y la
agresión no caben dentro del espíritu refinado de esta ceremonia;
los agravios pertenecen al mundo de la realidad. El Eclesiástico tiene
que retirarse, porque sus declaraciones han violado la etiqueta del simposio.
Para defenderse de los vituperios que han caído sobre él, Don
Quijote pronuncia un discurso, en el cual refuta las declaraciones del
Eclesiástico, y, luego, añade otro sobre las maneras y tipos
de agravios. Las piezas de brillante oratoria son un rasgo frecuente de los
simposios.
Habíamos dicho antes que el arte cervantino
de la conversación tiene una fuerte corriente subdialógica.
En II, 32, surge claramente el subdiálogo cuando las doncellas entran
al comedor con un aguamanil y le jabonan la barba a Don Quijote. Aunque este
lavatorio parece ser una elegante cortesía, la verdad es que se trata
de una broma. Para que no se dé cuenta el hidalgo de la burla que
le habían hecho, el Duque pide que también a él se le
dé el mismo tratamiento. Así se disimulan las motivaciones
y propósitos burlescos de las doncellas. El narrador nos revela los
impulsos que latían en el subdiálogo:
La muchacha, aguda y diligente, llegó y puso la fuente al Duque como a Don Quijote, y dándose prisa, le lavaron y jabonaron muy bien, y dejándole enjuto y limpio, haciendo reverencias se fueron. Después se supo que había jurado el duque que si a él no le lavaran como a don Quijote, había de castigar su desenvoltura, lo cual habían enmendado discretamente con haberle a él jabonado (II, 32).
Revelando cierta premura y nerviosismo, la muchacha le lava la barba al Duque.
En esta escena, podemos palpar fuertes tensiones que subyacen la
conversación.
En otros momentos de la plática, surgen
los temas característicos del simposio: el amor y la comunión
humana. Con grandes y elevados sentimientos, Don Quijote presenta su amor
por Dulcinea
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 97 |
|
|
||
ante los Duques, que escuchan sus declaraciones con atención y
cortesía. Pero cuando menos se le espera, irrumpe Sancho en el comedor
perseguido por algunos criados que quieren lavarle las barbas con lejía
sucia. El escudero entra a la habitación poco después de escaparse
de la burda realidad de la cocina y el tinelo, haciendo gran ruido, y con
los pícaros criados siguiéndole de cerca. Con esta situación
burlesca, llega a su fin el simposio en el palacio ducal; la irrupción
de la realidad, plasmada en el escándalo y estruendo de la turbamulta,
nos hace recordar el final del Simposio platónico, en el cual
Alcibíades, totalmente ebrio, interrumpe la discusión de los
comensales.
Podemos encontrar diversos rasgos del simposio
en I, 37 y I, 38, cuando Don Quijote pronuncia su discurso de las Armas y
las Letras ante los personajes que se reúnen en la venta. Lo primero
que debemos señalar es que la cena se celebra en un comedor que está
apartado del mundo externo. A Don Quijote le . . . dieron
la cabecera y principal asiento . . . (I, 37); los otros
comensales obtienen sus puestos siguiendo un orden determinado. El narrador
refiere la manera en que se distribuyeron los puestos:
. . . Don Quijote . . . quiso que estuviese a su lado la señora Micomicona, pues él era su aguardador. Luego se sentaron Luscinda y Zoraida, y frontero dellas, Don Fernando y Cardenio, y luego el cautivo y los demás caballeros, y al lado de las señoras, el Cura y el Barbero. Y así, cenaron con mucho contento . . . (I, 37).
Podemos observar que se separan las parejas: a un lado de la cabecera que
ocupa Don Quijote (me imagino que a mano derecha) se ubican las señoras,
y los caballeros (exceptuando al Cura y al Barbero) se colocan al otro lado,
es decir, a la izquierda del hidalgo. Este orden protege a los comensales
de las influencias de la realidad, porque la atención de todos se
fija en la mesa; o sea, tal como exige el simposio, tenemos un movimiento
centrípeto, que resguarda a los comensales de los embates de la
realidad.
Ya había dicho que la pieza oratoria
es un ingrediente importante del simposio. En el Discurso de las Armas y
las Letras, Don Quijote, entusiasmado por la fuerza de sus propias palabras,
se concentra paulatinamente en sí mismo, tal como le ocurre a Pietro
Bembo en Il Cortegiano al plantear su resplandeciente visión
del amor. Este ensimismamiento es un proceso lento, que se va intensificando
según se desarrolla el discurso, y que
|
|
||
| 98 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
alcanza su momento culminante cuando Don Quijote describe varias escenas de guerra con rasgos tan enérgicos que vislumbramos los actos bélicos y palpamos los sentimientos más profundos de los soldados. Veamos:
. . . y, con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno, y, con todo esto, con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucería, y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario (I, 38).
Percibimos cómo el soldado se da cuenta de todos los peligros que
le amenazan, y observamos su preocupación al enfrentarse con tantos
ministros de la muerte; sin embargo, también surge
heroicamente en su espíritu un gran arrojo y valentía. Finalmente,
incitado por la honra, el soldado se coloca ante el fuego del enemigo e intenta
pasar al bajel contrario. Con la imaginación enardecida, Don Quijote
perfila este trance del soldado que bien podría ser el esbozo de un
episodio novelístico. El hidalgo ensimismado se deja llevar por la
elocuencia de sus palabras. La oratoria de Don Quijote alcanza en este simposio
venteril momentos de inusitada grandeza. El heroísmo del soldado incita
en el auditorio los temas característicos del simposio: se estremecen
los oyentes con emociones solidarias al contemplar la valentía del
guerrero.
También hay que señalar la presencia
del subdiálogo en este simposio. Al escuchar las brillantes declaraciones
con que inicia Don Quijote su discurso de las Armas y las Letras, los comensales
se admiran del buen juicio y los conocimientos del hidalgo; el narrador nos
explica la admiración que surge en la mente de los que le escuchan:
De tal manera y por tan buenos términos iba prosiguiendo en su plática Don Quijote, que obligó a que, por entonces, ninguno de los que escuchándole estaban le tuviese por loco; antes, como todos los más eran caballeros, a quien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana . . . (I, 37).
Todos aprecian la elocuencia de Don Quijote y las ideas que expresa; no le tienen por loco, y el discurso produce placer y elogios de los concurrentes. Sin embargo, esta admiración que palpita en la conciencia de todos los presentes se torna en lástima más
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 99 |
|
|
||
adelante, cuando los comensales empiezan a percibir el desvarío de Don Quijote y el desatino de querer revivir en aquellos tiempos la olvidada caballería andante. El narrador declara que:
En los que escuchado le habían sobrevino nueva lástima de ver que hombre que, al parecer, tenía buen entendimiento y buen discurso en todas las cosas que trataba, le hubiese perdido tan rematadamente, en tratándose de su negra y pizmienta caballería (I, 38).
Podemos observar que se va creando un nivel subyacente que incluye las ideas
e impresiones de los comensales. Pero lo más interesante es que este
plano subdialógico no es estático, pues va cambiando a lo largo
del discurso, ya que la admiración inicial que sentían los
comensales se transforma en compasión y lástima por Don
Quijote.
Pues bien, las conversaciones que hemos estudiado
plantean dos niveles: el externo, que presenta el boato, los gestos y las
costumbres refinadas, y el interno o subdialógico, que incluye las
cavilaciones y propósitos íntimos de los personajes. Veamos
ahora cómo se perfila esta doble vertiente en otro tipo de
conversación cortés.
El diálogo asimétrico
Al tratar el tema del arte de la conversación en La Civile Conversazione, Stefano Guazzo declara que, para cualquier individuo, . . . to stay the tongue, and use the eare, are the hardest things that may bee . . . (I, 120)6. En muy diversos momentos de su obra, Guazzo resalta el valor e importancia de la moderación y el silencio en el diálogo. Aunque le parece indispensable que un interlocutor se exprese con un lenguaje correcto y elegante, Guazzo piensa que el saber escuchar lo que la otra persona está diciendo es un atributo esencial de todo buen interlocutor. Guazzo es uno de los pocos autores de libros de cortesía que no
6 He usado
la siguiente edición: The Civile Conversation of M. Steeven
Guazzo vols. I y II, trad. por George Pettie (libros I, II, III) y
Bartholomew Young (libro IV), New York: AMS Press, Inc., 1967. En la
introducción, Sir Edward Sullivan señala que, después
de su publicación en 1574, La Civile Conversazione se
convirtió en un libro tan popular que para el año de 1621 contaba
con diez ediciones italianas, dos francesas en 1579, y la inglesa que consta
de los tres primeros libros traducidos por Pettie en 1581 y el cuarto libro
por Young en 1586. Sin embargo, la popularidad de Guazzo disminuyó
rápidamente, pues no he encontrado ninguna edición italiana
moderna.
|
|
||
| 100 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
concentran toda su atención en el hablante, ya que, con frecuencia,
plantea algunas consideraciones sobre el oyente; por ejemplo, observemos
esta aseveración: For, as wordes wel uttered, shewe eloquence
and learning, so silence well kept, sheweth prudence and gravitie (I,
120). En otra ocasión, se dirige al lector con el propósito
de recomendarle . . . to keep the mouth more shut, and the
eares more open (I, 120). Para Guazzo, el saber escuchar es tan importante
como el saber hablar.
En su obra, Guazzo compara al personaje silencioso
de una plática con el meditabundo filósofo, tal como podemos
apreciar en estos originales pensamientos que el italiano ha tomado de
Pitágoras:
. . . you have brought to my remembraunce a place of Pythagoras, where hee sayde that this worlde was nothing else but a verie mercate, where there meete three sortes of men, the one to buy, the other to sell, and the third to looke on, who (hee sayde) were the Philosophers, whom he counted the happiest of them all (Guazzo I, 118).
El que contempla queda en silencio porque está evaluando lo que declaran los otros. A esta tendencia reflexiva que se manifiesta en la conversación, Guazzo le otorga mucha importancia, porque
. . . silence in time and place, passeth all well speaking: and that it ought to be put in the number of the Philosophical virtues. For as the Oratour is not knowne but only by speaking, so the Philosopher is no lesse knowne by modest silence, then by his grave sentences (Guazzo I, 151-152).
Pues bien, en el Quijote tenemos diversos diálogos que presentan a un personaje que domina la plática con sus comentarios, mientras que el interlocutor guarda silencio, o tan sólo participa con breves declaraciones. Se trata de una relación asimétrica, porque un personaje tiene mucho que decir, mientras que al otro le toca escuchar. En el arte de la conversación, el hablante se expresa siempre con la venia y consentimiento del oyente cortés y comedido; el discurso del hablante se materializa gracias a los finos modales y la buena crianza del oyente. Pero también hay que observar que el oyente, con su actitud tolerante, adopta una postura sosegada desde la cual puede inspeccionar y evaluar todo lo que escucha; o sea, surge en el oyente una profunda actividad subdialógica, porque puede mantenerse en silencio para auscultar o revisar tranquilamente los comentarios del hablante.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 101 |
|
|
||
Este tipo de situación dialógica aparece con frecuencia en
el Quijote. Conviene señalar que el personaje más vigoroso
del diálogo no es siempre el que habla mucho, sino el que escucha,
porque éste cala hondo en los enunciados del hablante para averiguar
sus más íntimos propósitos.7
Un magnífico ejemplo del diálogo
asimétrico se encuentra en I, 49. En este episodio, el Canónigo
de Toledo le explica a Don Quijote que no hay caballeros andantes, que los
libros de caballerías son una patraña, y que es un disparate
tratar de imitar a los Amadises y Roldanes de estas novelas. Con sosiego
y cortesía, Don Quijote escucha el largo discurso del Canónigo.
En silencio, va forjando las ideas que incluirá en su respuesta. Cuando
el razonamiento del religioso llega a su fin, Don Quijote no dispara su
contestación de inmediato; el hidalgo se demora en contestar porque
quiere revisar y sopesar todos los argumentos que ha mencionado su interlocutor.
Veamos:
Paréceme, señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a querer darme a entender que no ha habido caballeros andantes en el mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho mal en leerlos, y peor en creerlos, y mal en imitarlos, habiéndome puesto a seguir la durísima profesión de la caballería andante, que ellos enseñan, negándome que no ha habido en el mundo Amadises, ni de Gaula ni de Grecia, ni todos los otros caballeros de que las escrituras están llenas.
Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va relatando dijo a esta sazón el Canónigo.
A lo cual respondió Don Quijote:
7 Mikhail
Bakhtin describe la profunda actividad interna del oyente: En efecto,
el oyente, al percibir y comprender el significado (lingüístico)
del discurso, simultáneamente toma con respecto a éste una
activa postura de respuesta: está o no está de acuerdo con
el discurso (total o parcialmente), lo completa, lo aplica, se prepara para
una acción, etc.; y la postura de respuesta del oyente está
en formación a lo largo de todo el proceso de audición y
comprensión desde el principio, a veces, a partir de las primeras
palabras del hablante. El problema de los géneros
discursivos en Estética de la creación verbal
(México: Siglo XXI, 1982), pág. 257. Sobre el diálogo
asimétrico, el lector puede consultar a Andrew Kennedy, Dramatic
Dialogue: The Duologue of Personal Encounter (Cambridge: Cambridge University
Press, 1983), págs. 12-14. También Aaron Fogel, Coerced
Speech and the Oedipus Dialogue Complex en Rethinking Bakhtin:
Extensions and Challenges ed. por Gary Saul Morson y Caryl Emerson (Evanston:
Northwestern University Press, 1989), págs. 173-196.
|
|
||
| 102 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
Añadió también vuestra merced, diciendo que me habían hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto el juicio y puéstome en una jaula, y que me sería mejor hacer la enmienda y mudar de letura, leyendo otros más verdaderos y que mejor deleitan y enseñan.
Así es dijo el Canónigo.
Pues yo replicó don Quijote, hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado es vuestra merced . . . (II, 49).
En la conciencia de Don Quijote se ha ido configurando la respuesta que le
va a dar al Canónigo. Cuando llega el momento indicado, sus ideas
brotan en un discurso vehemente, con el cual sorprende al
interlocutor.8 Podemos apreciar que la actividad
interior del hidalgo se va intensificando hasta que aflora con gran fuerza
en la conversación.
El diálogo de Don Quijote y Don Lorenzo
en la casa del Caballero del Verde Gabán en II, 18 es uno de los más
refinados y distinguidos que podemos hallar en la novela. Para auscultar
la locura de Don Quijote, Don Lorenzo prefiere ser oyente, contribuyendo
a la plática con breves declaraciones, mientras que Don Quijote diserta
sobre muy diversos aspectos de la caballería andante. Desde su puesto
sosegado, Don Lorenzo evalúa todos los comentarios del hidalgo; pero,
al no poder confirmar que Don Quijote era un loco desquiciado, Don Lorenzo
se descuida y deja que cristalicen en la plática algunas inquietudes
que guardaba en su conciencia; por ejemplo, en pleno diálogo declara:
Escapado se nos ha nuestro huésped dijo a esta sazón
entre sí Don Lorenzo; pero, con todo eso, él es loco
bizarro, y yo sería mentecato flojo si así no lo creyese
(II, 18). Lo que tenemos aquí es el subdiálogo cristalizado
en la conversación. También podemos apreciar, que, en otro
momento de la plática, aparecen matices subdialógicos que confunden
a Don Quijote:
Verdaderamente, señor Don Quijote dijo Don Lorenzo, que deseo coger a vuesa merced en un mal latín continuado, y no puedo, porque se me desliza de entre las manos como anguila.
8 Algunas
ideas de Bakhtin se aplican muy bien a este diálogo, en particular
a la lenta y mesurada reacción de Don Quijote y al impetuoso discurso
con que refuta al Canónigo. Bakhtin señala que
. . . tarde o temprano lo escuchado y comprendido activamente
resurgirá en los discursos posteriores o en la conducta del oyente.
Los géneros de la compleja comunicación cultural cuentan
precisamente con esta activa comprensión de respuesta de acción
retardada. El problema de los géneros discursivos
Estética de la creación verbal págs. 257-258.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 103 |
|
|
||
No entiendo respondió Don Quijote lo que vuesa merced dice ni quiere decir en esto del deslizarme (II, 18).
Para Don Quijote, las palabras de Don Lorenzo se me desliza de
entre las manos como anguila son incomprensibles. Podemos observar
que el joven sin querer, está revelando las consideraciones íntimas
que lleva en su conciencia. A Don Lorenzo, Cervantes le otorga un nivel
subdialógico de gran hondura.
Otro magnífico ejemplo de subdiálogo
se encuentra en II, 1. En esta conversación, el cura y el barbero
visitan a Don Quijote, quien está en cama recuperándose de
todos los accidentes sufridos durante el tiempo que fue caballero andante.
El propósito subdialógico que traen el cura y el barbero es
. . . hacer de todo en todo esperiencia si la sanidad de
don Quijote era falsa o verdadera (II, 1). Para averiguar si el hidalgo
todavía tiene la manía caballeresca, el cura menciona algunas
noticias recientes sobre el conflicto del Turco y la Cristiandad, con las
cuales Don Quijote da rienda suelta a su desenfrenada imaginación.
Veamos cómo se expresa el hidalgo:
Su Majestad ha hecho como prudentísimo guerrero en proveer sus estados con tiempo, porque no le halle desapercibido el enemigo; pero si se tomara mi consejo, aconsejárale yo que usara de una prevención, de la cual su Majestad la hora de agora debe estar muy ajeno de pensar en ella.
Apenas oyó esto el cura, cuando dijo entre sí:
¡Dios te tenga de su mano, pobre don Quijote; que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad! (II, 1).
Al confirmar que Don Quijote continúa empeñado en ser caballero
andante, el cura y el barbero comienzan a sonsacar al hidalgo, haciéndole
preguntas sobre el gigante Morgante, Angélica y Medoro, y hasta le
piden que describa la fisonomía de Roldán y Reinaldos de
Montalbán. Se plantea un diálogo asimétrico, pues el
hidalgo responde a las preguntas con abundantes detalles, mientras el cura
y el barbero casi no dicen nada, porque están disfrutando todos los
desatinos que dice Don Quijote. En esta situación asimétrica
se plasma el subdiálogo, ya que podemos apreciar el regocijo de los
oyentes al escuchar las cómicas invenciones del hidalgo.
En II, 68, con gran habilidad y elocuencia,
Sancho diserta por lo extenso sobre los beneficios del sueño ante
Don Quijote, quien le escucha con atención. Al percibir la belleza
de las palabras y la claridad de los conceptos que emplea Sancho, surge en
|
|
||
| 104 | ALBERTO RODRÍGUEZ | Cervantes |
|
|
||
Don Quijote una sincera y franca admiración. El razonamiento de Sancho estremece a su oyente, produciendo en el hidalgo fuertes emociones. Así va el diálogo:
. . . sólo entiendo que en tanto que duermo, ni tengo temor, ni esperanza, ni trabajo, ni gloria; y bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita la hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor, y, finalmente, moneda general con que todas las cosas se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto. Sola una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es que se parece a la muerte, pues de un dormido a un muerto hay muy poca diferencia.
Nunca te he oído hablar, Sancho dijo don Quijote, tan elegantemente como ahora; por donde vengo a conocer ser verdad el refrán que tú algunas veces sueles decir: No con quien naces, sino con quien paces (Il, 68).
Durante el discurso de Sancho surgen en Don Quijote dos emociones principales:
se perfila la admiración del hidalgo al escuchar las profundas ideas
del escudero, y también se manifiesta en el hidalgo la satisfacción
personal de haber inculcado en Sancho cierta galanura en la expresión
(No con quien naces, sino con quien paces). Por medio de la
asimetría dialógica, Cervantes revela los sentimientos que
laten en la conciencia de Don Quijote. Desde su posición sosegada
el oyente evalúa las ideas del hablante. Con frecuencia el personaje
más intenso del diálogo asimétrico no es el que pronuncia
el discurso, sino el que escucha el discurso.
En resumen, podemos declarar que Cervantes
presenta diversas formas del arte de la conversación. Primero vimos
algunos rasgos del antiguo género del simposio, que trata temas elevados
en el ambiente fraternal de una cena. Después estudiamos algunas
conversaciones en que un personaje muestra sus buenos modales al concederle
la palabra al interlocutor. En todos estos diálogos, se perfila un
nivel interior que revela las cavilaciones, intenciones y propósitos
personales de algunos hablantes; por medios sutiles, cristalizan en la
conversación las incitaciones de la conciencia.
Cervantes introduce en la conversación
este ingrediente novedoso que he llamado subdiálogo. Con el
subdiálogo, se ensanchan las dimensiones de la conversación
cortés, porque no tan sólo aparecen el boato, las buenas
costumbres, el lenguaje refinado,
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 105 |
|
|
||
los elegantes gestos, la discreta interacción de los comensales, sino
también las elucubraciones de los personajes. Para Cervantes, el arte
de la conversación no es tan sólo una vistosa ceremonia o un
delicado coloquio, sino la expresión de una intimidad vibrante y compleja.
Así pues, en el diálogo cervantino,
las declaraciones de un personaje son tan importantes como sus pensamientos.
La combinación de estos dos niveles es un logro artístico de
gran alcance, con el cual Cervantes amplía la perspectiva del arte
de la conversación.
| DICKINSON COLLEGE |
|
|
||
| OBRAS CITADAS | ||
|
|
Alberti, Leon Battista, I libri della famiglia, ed. por Ruggiero Romano y Alberto Tenenti, Turín: Einaudi, 1969.
Avalle-Arce, Juan Bautista, Don Quijote como forma de vida, Valencia: Fundación Juan March y Editorial Castalia, 1976.
Bakhtin, Mikhail, El problema de los géneros discursivos en Estética de la creación verbal, México: Siglo XXI, 1982.
Bakhtin, Mikhail, Problems of Dostoevsky's Poetics, ed. y trad. por Caryl Emerson, Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984.
Castiglione, Baldassare, Il libro del Cortegiano, ed. por Ettore Bonora y Paolo Zoccola, Milán: Mursia editore, 1981.
Cervantes, Miguel de, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, vols. I y II, ed. por Luis Andrés Murillo, Madrid: Editorial Castalia, 1978.
Close, Anthony, Characterization and Dialogue in Cervantes's Comedias en prosa, MLR, 76: 338-356 (1981).
Criado de Val, Manuel, Don Quijote como diálogo, AC, 5: 183-208 (1955-56).
Erasmus, Desiderius, The Godly Feast en Ten Colloquies, ed. y trad. por Craig R. Thompson, New York: Macmillan Publishing Company, 1986.
Ficino, Marsilio, Commentary on Plato's Symposium, texto y trad. de Sears R. Jayne, University of Missouri Studies vol. 19, Columbia: University of Missouri Press, 1949.
Fogel, Aaron, Coerced Speech and the Oedipus Dialogue Complex en Rethinking Bakhtin: Extensions and Challenges, ed. por Gary Saul Morrison y Caryl Emerson, Evanston: Northwestern University Press, 1989.
|
|
||
| 13.1 (1993) | El arte de la conversación en el Quijote | 107 |
|
|
||
Guazzo, Stefano, The Civile Conversation of M. Steeven Guazzo vols. I y II, trad. por George Pettie (libros I, II, III y Bartholomew Young (libro IV), New York: AMS Press, Inc., 1967.
Jenofonte, Symposium en Minor Works, trad. por J. S. Watson, Londres: G. Bell and Sons, 1914.
Kennedy, Andrew, Dramatic Dialogue: The Duologue of Personal Encounter, Cambridge: Cambridge University Press, 1983.
Montaigne, Michel de, On the Art of Discussion en The Complete Essays of Montaigne, trad. por Donald M. Frame, Stanford: Stanford University Press, 1985.
Murillo, Luis Andrés, Diálogo y dialéctica en el siglo XVI español, RUBA 5a época, a. 4: 56-66 (1959).
Platón, El banquete o el amor en Diálogos, La República o El Estado, trad. por Patricio Azcárate, Madrid: E.D.A.F., 1965.
Plutarco, The Dinner of the Seven Wise Men en Moralia vol. II, trad. por Frank Cole Babbit, Londres: William Heinemann, 1928.
Rebhorn, Wayne, Courtly Performances: Masking and Festivity in Castiglione's Book of the Courtier, Detroit: Wayne State University Press, 1978.
Reed, Walter L., The Problem of Cervantes in Bakhtin's Poetics, Cervantes 7, 2: 29-37 (1987).
Rivers, Elias, Talking and Writing in Don Quixote, Thought 51: 296-305 (1976).
Rosenblat, Angel, La lengua del Quijote, Madrid: Gredos - Biblioteca Románica Hispánica, 1971.
Trueblood, Alan S., El silencio en el Quixote en Letter and Spirit in Hispanic Writers: Renaissance to Civil War. Selected Essays, Londres: Tamesis Books Limited, 1986.
Trueblood, Alan. La risa en el Quijote y la risa de Don Quijote en Letter and Spirit in Hispanic Writers: Renaissance to Civil War. Selected Essays, Londres: Tamesis Books Limited, 1986.
|
|
Digitized with the help of Kendall Sydnor |
|
| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://users.ipfw.edu/jehle/cervante/csa/artics93/rodrigue.htm | ||