From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
13.1 (1993): 129-30.
Copyright © 1993, The Cervantes Society of America
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Martín Morán, José Manuel. El Quijote
en ciernes. Los descuidos de Cervantes y las fases de elaboración
textual. Torino: Edizioni dell 'Orso, 1990. 238 pp.
Al estudiar los descuidos de Cervantes como
evidencia de las etapas de la creación del Quijote, Martín
Morán se propone reconstruir [su] coherencia textual (10)
y descubrir aspectos esenciales del texto tales como su unidad, la función
del narrador y su dimensión paródica. Se trata de algo así
como intentar la cuadratura del círculo crítico de los estudios
cervantinos, la reconstrucción ideal del
Protoquijote (18), y lo logrado en el proceso es, si no definitivo,
una contribución notable, digna de aprecio y encomio.
El libro está dividido en cinco
capítulos; el primero nos presenta a manera de introducción
un breve historia de cómo la crítica ha tratado los descuidos
y ofrece una clasificación de los mismos. Los capítulos 2 y
3 se ocupan de analizar las incongruencias y el papel de Cide Hamete en la
Primera Parte, mientras que los dos restantes, invirtiendo el orden, estudian
la función del narrador múltiple y las incongruencias de la
Segunda Parte.
El minucioso análisis textual, los
intrincados razonamientos con respecto a la lógica espacial y temporal
del texto y la inevitable abundancia de especulaciones y conjeturas hacen
que a menudo este lector se sintiera algo aturdido y confuso. Sin embargo,
si bien las pruebas particulares sobre la reordenación del texto lleguen
a ser difíciles de seguir, y aun de aceptar, los hallazgos resultantes
constituyen en su conjunto una aportación válida; la
elaboración fragmentaria del Quijote y la especial
atención al episodio en detrimento de la unidad superior de la
trama (19) nos parecen ahora premisas indiscutibles. Pero sin duda
la aportación crítica de mayor importancia es la relacionada
con el análisis del papel de Cide Hamete. En la Primera Parte,
Martín Morán lo ve como una manera de dar a la historia unidad,
estructura interna (113), y lo relaciona con otras dos decisiones: la
reordenación de capítulos y la interpolación de novelas.
En este contexto, es lástima que Martín Morán no llegara
a conocer a tiempo lo dicho al respecto por James Parr en Don Quixote: An
Anatomy of Subversive Discourse (Juan de la Cuesta, 1988). Especula que
en un principio el texto no llevaba división en capítulos y
que Cide Hamete no pudiendo ser su primer autor,
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según las menciones que se hacen en el texto, queda reducido a un
instrumento de composición de su relato (129). El orden
de elaboración textual sería: 1) división en
capítulos, 2) división en partes e introducción de Cide
Hamete, 3) interpolaciones, 4) retoques a divisiones en partes y 5) nuevas
interpolaciones. Este orden le lleva a concluir que en su primera versión
el Quijote consistía de tres partes de ocho capítulos
cada una, habiéndose introducido las interpolaciones y retoques entre
los presentes capítulos 8 y 9 y 21 y 22.
La inclusión de la Primera Parte en
la Segunda afecta el papel de Cide Hamete, visto ahora por Martín
Morán como autor ficticio (145), ficcionalizado
(164) y finalmente personaje o ente imaginario (193). En contraste
con la Primera Parte, es ahora narrador múltiple con dos funciones
bien delimitadas; una paradigmática, de cara a la parodia de los libros
de caballerías, y otra sintagmática en relación con
su realización como narrador (153). Esta división se elabora
en torno al análisis de las funciones de las voces narrativas siguiendo
la tipología de Genette. Cide Hamete domina las funciones narrativa
y testimonial y comparte con el segundo autor las funciones organizativa,
comunicativa e ideológica. De nuevo aquí la referencia a Parr
resulta ahora imprescindible. A través de ejemplos textuales Martín
Morán da prueba de la inconstancia como voz autónoma y de la
falta de omnisciencia de Cide Hamete, mientras que las intervenciones del
segundo autor, responsable directo del efecto irónico
(190), se remiten a su función paródica. Estamos plenamente
de acuerdo con que la perspectiva narrativa de Cide Hamete obedece siempre
a la parodia del motivo del autor ficticio y remoto de los libros
de caballerías (197), aunque no sea esto del todo original.
El estudio de las incongruencias presentes
en la Segunda Parte, de menor número, pone de manifiesto cómo
las exigencias de la situación contradicen a veces informaciones pasadas.
Asimismo, los cambios observados en Sancho Panza y don Quijote parecen estar
motivados por la necesidad de satisfacer las expectativas del
público (211), a lo teatral. Niega por lo tanto toda
quijotización o sanchificación. En cada caso los cambios son
acomodación al molde comportamental de las situaciones
(214-15). Cervantes busca dar a su relato coherencia paradigmática
en lugar de sintagmática. Las aparentes posturas contradictorias de
los personajes no son producto de un desarrollo gradual, sino cambios
bruscos con lo que se diría que Cervantes busca la eclosión
súbita de los significados, la manifestación efectista de las
características de los personajes (215).
El Quijote en ciernes representa
un sólido avance con respecto a la interpretación de los descuidos
de Cervantes y su comprensión como base de la elaboración del
texto y constituye, por sus razonables conjeturas y convincentes razones,
una valiosa aportación crítica que ha de ser el punto de partida
inevitable de toda futura investigación.
| EDUARDO URBINA |
| Texas A&M University |
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| Fred Jehle jehle@ipfw.edu | Publications of the CSA | HCervantes |
| URL: http://users.ipfw.edu/jehle/cervante/csa/artics93/urbina.htm | ||