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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                    TOMO I
                 [sin notas]




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1928 Rodolfo Schevill
      Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO I EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XXVIII.
A DON JUAN C. CEBRIAN SU DEVOTO R. S.
p. 5 PRÓLOGO El nombre de mi colaborador y hermano del alma, Adolfo Bonilla y San Martín (q. e. p. d.), debe ir al principio de este prólogo con el que reanudo solo y con profundo dolor la publicación de estas obras cervantinas. La pérdida de mi amigo fraternal me hizo patente desde luego cuán débiles habían de resultar mis propias fuerzas para la continuación de una empresa tan grande. Pero al darme cuenta de que él no habría cejado en seguir esta faena en la cual los dos habíamos puesto tanto cariño y tantas horas de felicidad, cobré nuevamente valor y tomé la resolución de dedicarme, en cuanto me fuera posible, y hasta donde cupiera en la disposición del cielo, a la tarea de dar fin a esta edición. De tal manera, anhelaba pagar un tributo forzosamente defectuoso y nada proporcionado a la amistad que durante veinticinco años llenó de luz y hermosura espiritual nuestra vida, y al genio de trabajo concienzudo y desinteresado que inspiró a Adolfo Bonilla la creación de tantas publicaciones duraderas, entre las cuales él quería dejar el primer lugar a las obras de Cervantes. * * *
PRÓLOGO p. 6 Con esta edición del QUIJOTE ofrezco al lector una reproducción del texto original, evitando en cuanto me parecía justificado toda enmienda, y conservando, conforme a lo que pide la crítica rigurosa de hoy, las lecciones de la primera edición: ésta se ha de reverenciar como si fuera el manuscrito que se refleja y reproduce en ella. En tal proceder me ha alentado antes de todo el deseo de dar a la propia obra de Cervantes la forma que, hasta cierto punto, se pudiera acercar lo más posible a un texto definitivo. A cada paso me he percatado de que más vale conservar una sola palabra, una frase o un giro cervantino que sustituir una enmienda, la cual, por acertada que pareciese, claro es, había de responder más a reglas de hoy que al estilo o lenguaje del siglo XVI. He tomado como base científica la primera edición (señalada con A), examinando y cotejando varios ejemplares de la misma (en España, Londres y Nueva York), y notando en ellos algunas variantes que se pueden dividir en tres clases: (1) discrepancias de tipografía tales como ta~-tan, tie~po-tiempo, --fee; (2) erratas subsanadas en algunos ejemplares, dejadas sin corregir en otros, y (3) contadísimas lecciones diferentes como en su-en el su. Todas estas diferencias pueden atribuírse a cambios hechos mientras se tiraban los pliegos del libro. Sobre este último proceder escribe Antonio López de Vega en su prólogo a los pocos cuerdos y desengañados varones: “Pónense en las erratas
PRÓLOGO p. 7 sólo los yerros más considerables. Y aunque a algunos se acudió en parte de la impresión, según el tiempo en que se reconocieron, como quedó la otra parte con ellos, a mayor cautela de los tomos comprendidos y por la dificultad de la excepción de los preservados, se pone el defecto como general. El a quien cupiere la suerte de tomo corregido, por el trabajo que se le excusa, perdone la acusación falsa. Al que la hallare verdadera, le ruego no lea sin enmendar; i, a todos, que sea en la lección deste libro vuestra primera curiosidad el examinar en esto, i corregir el que a cada uno le tocare: governándoos por la buena razón, para lo mismo en lo que halláredes que dexó de corregirse.” Heráclito i Demócrito de nuestro siglo etc. Diálogos morales etc. Madrid, 1641. Por lo tanto, las enmiendas realizadas durante la impresión representan una costumbre tradicional y carecen de trascendencia en cuanto a los ejemplares de la misma tirada. De todos modos me he limitado en las notas a señalar, de las tres clases de variantes ya mencionadas, solamente las lecciones distintas y las erratas de la primera edición, dejando sin notar variantes tales como que-q~, don-, que no representan sino caprichos tipográficos. En cambio, las erratas pueden reflejar bastante a menudo descuidos correspondientes al mismo manuscrito, además de darnos una idea más clara del carácter de la impresión; y, tratándose de una obra de universal renombre, cada detalle
PRÓLOGO p. 8 de la primera edición es muy digno de ser notado. Infiero que el original se dictaba al cajista: primero, por la omisión o repetición mecánica de vocales o de sílabas enteras; segundo, por bastantes erratas peculiares: verbigracia, cuando se oyó ansi por aun si, el oydo por he leydo, y, por fin, por algunas palabras como tambien, simpar, por tan bien y sin par. Ya se sabe que en dichas condiciones el cajista se fija antes en el sonido que en el sentido del dictado, lo cual explica muchos detalles del texto original. Señalo en las notas las peculiaridades ortográficas sin subsanarlas en el texto, porque el rectificarlas a cada paso parece desnaturalizar la primera edición, dándole un aspecto pulido que desdice enteramente de su carácter. Si se encontrasen estos rasgos en el manuscrito de Cervantes, nadie se atrevería a tocarlos, y, aunque ignoramos con qué fidelidad la primera edición refleja la ortografía del manuscrito, ya que no poseemos éste (vale repetirlo), no es lícito entregarnos a cambios de mero antojo por más limado que resultara el texto. Doy las variantes intencionales (no las erratas tipográficas) de la segunda edición de Cuesta, 1605 (señalada con B); de la tercera de Cuesta, 1608 (señalada con C); y de la de Bruselas, 1607 (señalada con Br), que tomó por base la segunda (B). De las ediciones de Cuesta, porque se imprimieron en Madrid en vida de
PRÓLOGO p. 9 Cervantes; de la de Bruselas también por su fecha, y porque, de cuantas ediciones vieron la luz fuera de España en la primera mitad del siglo XVII, parece ser la impresa con más esmero y con mayor discreción en las enmiendas. No señalo variantes como dexais-dexays, de essa-dessa, nube-nuue, asentó-assentó; en cambio, mismo-mesmo, assí-ansí tienen importancia. Creo definitivos los indicios de que Cervantes no intervino para nada en ninguna edición, ni en A, ni después de impresa A; esto da a las variantes señaladas solamente el valor de una lección distinta contemporánea, la cual, por consiguiente, tiene derecho a un lugar en el léxico del idioma. El que Cervantes no hubiese de corregir nada en B ni en otras ediciones me parece patente por el proceder disparatado y poco lógico del que enmendaba el texto, dejando a cada paso de corregir palabras o giros que pedían a gritos enmiendas que el propio autor no hubiera podido dejar de hacer. Una prueba convincente de esta aseveración, sacada de las propias palabras de Cervantes, se encuentra en la segunda parte del QUIJOTE. Cuando el autor alude (II, caps. 3 y 4) a los reparos que se le hacían por haber omitido de su relato la pérdida y el hallazgo del Rucio, no sabe “qué responder, sino que el historiador se engañó, o ya sería descuido del impresor”. Y también dice Sancho que hizo “una lamentación, que si no la puso el autor de nuestra historia, puede hacer cuenta que no puso cosa
PRÓLOGO p. 10 buena”. “Yo tendré cuidado”, le contesta Carrasco, “de acusar al autor de la historia, que si otra vez la imprimiere no se le olvide esto que el buen Sancho ha dicho.” Y en el capítulo 27 de la segunda parte el autor vuelve a hablar del hurto del Rucio “que por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la primera parte por culpa de los impresores, ha dado en que entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de imprenta”. Si Cervantes conocía B, no parece posible que hubiera escrito estas palabras sin añadir que se habían suplido las faltas de A por las enmiendas de B. Tampoco ignoraba Cervantes que la historia de Don Quijote se estaba imprimiendo en varios países (cap. 3), pero no dice ni una palabra de una edición corregida. En efecto, está claro que muchas segundas ediciones se hacían a menudo, sin consultar al autor, a raíz de agotarse la primera, y las enmiendas introducidas se hacían sin razonarlas, y a gran prisa, poco antes de la impresión. Entre los ejemplares de B no hay, si no me equivoco, tantas discrepancias como entre los de A. Se ha exagerado algo el descuido con que se imprimió A. Comparado con otras primeras ediciones, v. gr., las de El Buscón, Guzmán de Alfarache y El Peregrino en su Patria, no parece digna de tanto desprecio. En cambio, nada peor que las dos ediciones del QUIJOTE de Lisboa (1605), que carecen de todo valor para un estudio crítico del texto. Las dos ediciones de
PRÓLOGO p. 11 Valencia (me inclino a creer que no representan tiradas distintas), tampoco merecen mucha consideración. Corrigen algunas erratas de A, introducen bastantes nuevas y hacen unas contadas enmiendas dignas de notar y que se hallan también más tarde en ediciones de Madrid (v. gr., las de 1637 y 1647) y en la de Tonson (Londres, 1738). En mi texto resuelvo las abreviaturas de A, tales como tie~po, q~, a~ql, V. M.; sigo en la puntuación el proceder adoptado en los tomos anteriores, y pongo el acento en algunos vocablos homónimos, de más de una sílaba (v. gr., en la 1.ª y 3.ª persona del singular del pretérito de la 1.ª conjugación en los verbos regulares: alabé, alabó, y no acorde ni acordo, en la 1.ª y 2.ª persona del singular y en la 3.ª del singular y plural del futuro, como alabaré, alabarás, alabará, alabarán, etc.; y añado el acento a los pronombres interrogativos quién, qué, cuál; cúyo, adj.), para facilitar la lectura. He tratado de tener en cuenta, hasta donde me ha sido posible, los trabajos de investigación y los comentarios escritos hasta la fecha para las obras cervantinas. Las notas de los principales cervantistas que me parecieron dignas de consideración se señalan en las de esta edición. Cierto es que hace falta un estudio comparativo de las principales investigaciones que se han publicado sobre el QUIJOTE desde Vicente de los Ríos (1780) hasta la última edición del Sr. D. Francisco Rodríguez Marín (1928). Es
PRÓLOGO p. 12 una lista muy extensa y de un valor sumamente desigual, siendo las más significantes las de Juan Bowle (1781), Pellicer (1797), Navarrete (Vida de Cervantes, 1819), García Arrieta (1826), Bastús (1832-4), Clemencín (1833-9), Hartzenbusch y La Barrera (1863), León Máinez (1876-8), Benjumea (1880), Ormsby (1885), Fitzmaurice-Kelly (1898, 1901), Cortejón (1905-13), Cejador (La Lengua de Cervantes, 1905-6) y Rodríguez Marín (1916-17) (*). De todas éstas se destacan principalmente las de Rodríguez Marín, Clemencín, Cortejón y Cejador, a quienes debemos el que podamos entender mejor muchísimos pasos difíciles de la obra. Pero cualquier comentario refleja, no sólo la época, sino los conocimientos peculiares y las cualidades personalísimas del comentador. En Clemencín, que, disfrutando de una erudición vastísima, sobre todo en la materia de los libros de caballerías, arrojó a cada paso mucha luz sobre frases obscuras, y aclaró múltiples alusiones literarias e históricas, tenemos un ejemplo admirable de crítico unilateral; nada sirve, por lo tanto, ponderar su concepto estrecho de la gramática, ni su falta de sentido histórico del lenguaje, cuya evolución a través de los siglos parece que le fué una ciencia enteramente desconocida. Muchas observaciones de Cortejón, por acertadas y valiosas que sean, están obscurecidas o ahogadas entre extensas notas de __________ (*) Logré ver la edición de 1928 sólo después de impresas ya mis notas.
PRÓLOGO p. 13 poco valor literario o científico; el inmenso cuadro de las variantes que añadió da la misma trascendencia a las insignificantes que a las que merecen ser consideradas; y es de sentir también que su sistema mal organizado acarrease muchas equivocaciones. Los dos tomos aludidos de Cejador (que comprenden una Gramática y Diccionario) son de gran utilidad; pero es lástima que se fundasen en la tercera edición de Cuesta, lo cual hace carecer algunas lecciones de la autoridad que se deriva únicamente de la primera. A Rodríguez Marín, patriarca de los cervantistas por una existencia entera noblemente dedicada al estudio de la vida y las obras de Cervantes, debemos el comentario más trascendental de cuantos se hayan emprendido para diversas obras de Cervantes. Le debemos el que se puedan entender por primera vez una infinidad de pasajes, de giros y palabras que antes nadie había acertado a explicar. Con su caudal inmenso de conocimientos en materia de la literatura y de las costumbres del siglo XVI, Rodríguez Marín relaciona a Cervantes íntimamente con el lenguaje y la cultura del Renacimiento; si bien la crítica ha señalado que este admirable investigador ha forzado un tanto la nota con sus deseos de amenizar su comentario, acaso para no pecar de erudito seco; esta objeción, puede, sin embargo, pasarse por alto, ya que dicha amenidad le debió de hacer soportables tantas y tantas horas de abrumadores trabajos.
PRÓLOGO p. 14 Está justificado el que ninguno de estos comentadores se haya ocupado en hacer un estudio detallado lingüístico del glosario cervantino, ni de infinitos detalles de la sintaxis que todavía piden una aclaración. La ciencia de hoy día exige un trabajo definitivo, el cual no se puede hacer comprensivamente sin (a) un texto modelo y uniforme de todas las obras de Cervantes, ni sin (b) un diccionario de las voces que el gran escritor empleó; éstas se podrían reunir con más exactitud por medio de unas concordancias de sus escritos, siguiendo los dechados del género que existen para ciertas obras clásicas, y, en inglés, para la Biblia, para Shakespeare y otros escritores famosos. Excusa decir que un estudio definitivo sobre el lenguaje del siglo XVI, tal como se refleja en las obras cervantinas, sería uno de los capítulos más trascendentales en la historia de la evolución del idioma. A cada paso se notan en Cervantes palabras y giros difíciles de explicar, y toda solución está hecha a medias si no toma en cuenta todo el caudal del lenguaje cervantino (tanto de sus versos como de su prosa), además del léxico usado por sus contemporáneos. De lo cual se sigue que muchas observaciones lingüísticas abultarían desproporcionadamente en un comentario que va con el texto, sin dejar de ser deficientes por falta de trabajos fundamentales. Hay todavía muchos vocablos cuyo origen no se ha estudiado bastante, v. gr., estricote
PRÓLOGO p. 15 (página 42-14), y hasta “frases hechas”, dichos y refranes nacidos de una tradición antigua, que se van dilucidando lentamente por medio de las indagaciones de los eruditos y con la luz de citas sacadas de un sinnúmero de autores. Para facilitar el estudio de la bibliografía de las obras relacionadas con los escritos de Cervantes hacen falta catálogos de los libros españoles que se custodian en las bibliotecas principales de Europa y América (v. gr., Viena, Berlín, Munich, Friburgo (bibl. de Schaeffer), Gotinga, París, Nueva York, etc.), por el estilo del pequeño libro utilísimo del erudito hispanista Dr. Henry Thomas, sobre los libros españoles que se hallan en el Museo Británico. En vista de la importancia que ha de darse únicamente al texto de Cervantes, he procurado evitar toda erudición que pudiera parecer excesiva, y tampoco he querido meterme en ninguna crítica de índole literaria o estética, para la cual tendré más valor una vez terminada esta edición cervantina. Sigo creyendo en un Cervantes cuya “invención” natural (la palabra es suya) superaba inmensamente a su educación y a sus conocimientos escolásticos; cuyo genio, avivado y madurado por las propias experiencias de una vida de acción y perfeccionado por un don sin par de entender omne humanum, supo expresarse en un lenguaje y estilo que seguirán siendo la maravilla de los tiempos venideros. El espíritu nuevo de la crítica estética parece querer ocuparse cada
PRÓLOGO p. 16 vez más de Cervantes artista, consciente de cada belleza de estilo, y trabajando como un arquitecto en la construcción de su obra de arte inmortal; pero podría desorientar al lector, si lo hiciera a costa de la inspiración inconsciente y espontánea del novelista. Los detalles que relacionan al QUIJOTE con otros libros de su género, sus fuentes, las huellas que dejó en obras posteriores, la contribución inmensa de Cervantes, en resumidas cuentas, a la historia novelística, haría un tomo por sí misma. En efecto, una biografía razonada del propio Cervantes coincidiría con un estudio detallado de la literatura y del lenguaje españoles del siglo XVI, llegando hasta integrarse en una historia fundamental de las ideas estéticas del Renacimiento. Algunos giros extraños se me habrán deslizado en el discurso de mis observaciones o comentarios, pero no me han de cortar la mano con que los escribí. Si el lector me averigua faltas, errores e ignorancias, tendré que contestarle con toda franqueza: ¡pero si usted no puede figurarse cuántas cosas ignoro!, y no será fácil ocultar el triste hecho a pesar del tiempo y del cariño que he invertido en una faena que por fuerza ha de quedar deficiente. El comentario puesto a una obra inmortal no puede aspirar a ser más que una pequeña piedra añadida a un edificio que se ha de levantar con el transcurso de los siglos. De todos modos agradeceré cualquier reparo que se le ocurra
PRÓLOGO p. 17 al lector, y trataré de aprovecharlo con tal que hiciere más aceptable el texto cervantino. De lo más esencial ha de carecer el comentario sin la erudición vastísima de mi amigo Adolfo Bonilla, que dotado de una memoria sobrenatural no dejó casi nunca por escrito apuntes o notas para los trabajos que pensaba emprender. Pero confío en la indulgencia del lector, convencido de que únicamente con ella tendré valor para terminar esta edición de las obras de Cervantes. A mi querido amigo, el Dr. Ludwig Pfandl, de Munich, doy aquí mis más expresivas gracias por haberse tomado la molestia de leer las pruebas del texto, y a mi estimado colega D. Homero Serís por haber leído las pruebas de las notas. RODOLFO SCHEVILL. Madrid, Otoño de 1928.
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EL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra. 5 DIRIGIDO AL DVQVE DE BEIAR, Marques de Gibraleon, Conde de Benalcaçar (*) Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcozer, Señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos. 10 Escudo del impresor: una mano, sobre la cual hay un halcón, puesto el Año capirote; debajo 1605 un león echado; la leyenda dice: Post tenebras spero lvcem (*) CON PRIVILEGIO (*) EN MADRID Por Iuan de la Cuesta (*). __________________________________________________ Vendese en casa de Francisco de Robles (*), librero del Rey nuestro señor. 15
p. 20
p. 21 TASSA Yo, Iuan Gallo de Andrada, escriuano de Camara del Rey nuestro señor, de los que residen en su (*) Consejo, certifico y doy fe: que, auiendo (*) visto por los señores del vn libro 5 intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra, tassaron cada pliego del dicho libro a tres marauedis y medio, el qual tiene ochenta (*) y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho 10 libro docientos y nouenta (*) marauedis y medio, en que se ha de vender en papel, y dieron licencia para que a este precio se pueda vender; y mandaron que esta tassa se ponga al principio del dicho (*) libro, y no se pueda 15 vender sin ella. Y para que dello conste, di la (*) presente, en Valladolid, a veinte dias del mes de Deziembre (*) de mil y seyscientos y quatro años. Iuan Gallo de Andrada. 20
p. 22 TESTIMONIO DE LAS ERRATAS Este Libro no tiene cosa digna [de notar] (*) que no corresponda a su original. En testimonio de lo auer correcto di esta fee, en el Colegio de la Madre de Dios de los Teologos de 5 la Vniuersidad de Alcala, en primero de Diziembre de 1604 años. El Licenciado Francisco Murcia de la Llana (*).
p. 23 EL REY Por quanto por parte de vos, Miguel de Ceruantes, nos fue fecha relacion que auiades compuesto vn libro intitulado El ingenioso Hidalgo de la Mancha, el qual os auia costado 5 mucho trabajo, y era muy vtil y prouechoso, [y] nos pedistes y suplicastes os mandassemos dar licencia y facultad para le poder imprimir, y preuilegio por el tiempo que fuessemos seruidos, o como la nuestra merced fuesse, lo 10 qual, visto por los del nuestro Consejo, por quanto en el dicho libro se hizieron las diligencias que la prematica vltimamente por nos fecha sobre la impression de los libros dispone, fue acordado que deuiamos mandar dar 15 esta nuestra cedula para vos, en la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por la qual, por os hazer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder huuiere, y no 20 otra alguna, podays imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso Hidalgo de la Mancha, que de suso se haze mencion, en todos estos nuestros Reynos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten 25 desde el dicho dia de la data desta nuestra cedula; so pena que la persona, o personas,
PRIVILEGIO p. 24 que sin tener vuestro poder lo imprimiere o vendiere, o hiziere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impression que hiziere, con los moldes y aparejos della, y mas incurra en pena de cincuenta mil marauedis cada vez 5 que lo contrario hiziere. La qual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia parte para nuestra Camara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare. Con tanto, que todas las vezes que 10 huuieredes de hazer imprimir el dicho libro durante el tiempo de los dichos diez años, le traygais al nuestro Consejo, juntamente con el original que en el fue visto, que va rubricado cada plana, y firmado al fin del, de Iuan Gallo 15 de Andrada, nuestro escriuano de Camara, de los que en el residen, para saber si la dicha impression está conforme el original; o traygays fe en publica forma de como por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigio 20 la dicha impression por el original y se imprimio conforme a el, y quedan impressas las erratas por el apuntadas, para cada vn libro de los que assi fueren impressos, para que se tasse el precio que por cada volume[n] 25 huuieredes de auer. Y mandamos al impressor que assi imprimiere el dicho libro, no imprima el principio, ni el primer pliego del, ni entregue mas de vn solo libro, con el original, al autor o persona 30 a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno, para efeto de la dicha correcion y tassa, hasta
PRIVILEGIO p. 25 que antes y primero el dicho libro esté corregido y tassado por los del nuestro Consejo; y estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, y sucessiuamente ponga esta nuestra cedula, y 5 la aprouacion, tassa y erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y prematicas destos nuestros Reynos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y a otras qualesquier justicias dellos, guarden y 10 cumplan esta nuestra cedula y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veynte y seys dias del mes de Setiembre de mil y seyscientos y quatro años. 15 YO EL REY Por mandado del Rey nuestro señor, Iuan de Amezqueta (*).
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p. 27 AL DVQVE DE BEIAR, MARQVES DE Gibraleon, Conde de Benalcaçar y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcozer, Señor de las villas 5 de Capilla, Curiel y Burguillos. En fe del buen acogimiento y honra que haze Vuestra Excelencia a toda suerte de libros, como Principe tan inclinado a fauorecer las 10 buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al seruicio y grangerias del vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha, al abrigo del clarissimo nombre de vuestra 15 Excelencia, a quien, con el acatamiento que deuo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente en su proteccion, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudicion de que suelen andar 20 vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer seguramente en el juyzio de algunos que,
DEDICATORIA p. 28 [no] continiendose (*) en los limites de su ignorancia, suelen condenar con mas rigor y menos justicia los trabajos agenos; que, poniendo los ojos la prudencia de vuestra Excelencia en mi buen desseo, fio que no desdeñará 5 la cortedad de tan humilde seruicio. Miguel de Ceruantes Saauedra.
p. 29 PROLOGO Desocupado lector: sin juramento me podras creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el mas hermoso, el mas gallardo y mas discreto que pudiera 5 imaginarse; pero no he podido yo contrauenir al (*) orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y assi, ¿qué podra (*) engendrar el esteril y mal cultiuado ingenio mio, sino la historia de vn hijo seco, auellanado, 10 antojadizo y lleno de pensamientos varios, y nunca imaginados (*) de otro alguno, bien como quien se engendró en vna carcel, donde toda incomodidad tiene su assiento y donde todo triste ruydo haze su habitacion? El 15 sossiego, el lugar apazible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espiritu, son grande parte para que las musas mas esteriles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo 20 que le colmen de marauilla y de contento. Acontece tener vn padre vn hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone vna venda en los ojos para que no vea sus faltas (*), antes las juzga por discreciones y lindezas, 25 y las cuenta a sus amigos por agudezas y donayres. Pero yo, que, aunque parezco padre,
PROLOGO p. 30 soy padrastro de don Quixote, no quiero yrme con la corriente del vso, ni suplicarte, casi con las lagrimas en los ojos, como otros hazen, lector carissimo, que perdones o dissimules las faltas que en este mi hijo vieres; y (*) ni eres 5 su pariente, ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo, y tu libre aluedrio, como el mas pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el Rey de sus alcaualas, y sabes lo que comunmente se dize, que debaxo de mi 10 manto al Rey mato. Todo lo qual te essenta (*) y haze libre de todo respecto y obligacion, y assi (*) puedes dezir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal, ni te premien por el bien que 15 dixeres della. Solo quisiera dartela monda y desnuda, sin el hornato de Prologo, ni de la inumerabilidad y catalogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros 20 suelen ponerse. Porque te se dezir, que, aunque me costo algun trabajo componerla, ninguno tuue por mayor que hazer esta prefacion que vas leyendo. Muchas vezes tomé la pluma para escriuille (*), y muchas la dexé, por no saber 25 lo que escriuiria (*); y estando vna suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mexilla, pensando lo que diria (*), entró a deshora vn amigo mio, gracioso y bien entendido, el qual, 30 viendome tan imaginatiuo, me preguntó la causa, y no encubriendosela yo, le dixe que
PROLOGO p. 31 pensaua en el Prologo que auia de hazer a la historia de don Quixote, y que me tenia de suerte que ni queria hazerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble cauallero. “Porque ¿cómo quereys vos (*) que no me 5 tenga confuso el que dirá el antiguo legislador que llaman vulgo, quando vea que al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del oluido, salgo aora, con todos mis años a cuestas, con vna leyenda seca como 10 vn esparto, agena de inuencion, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudicion y doctrina (*); sin acotaciones en las margenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que estan otros libros, aunque sean 15 fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristoteles, de Platon y de toda la caterua de filosofos, que admiran a los leyentes, y tienen a sus autores por hombres leydos, eruditos y eloquentes? ¡Pues qué, quando citan la 20 Diuina Escritura, no diran sino que son vnos Santos Tomases y otros Doctores de la Yglesia, guardando en esto vn decoro tan ingenioso, que en vn renglon han pintado vn enamorado destraydo (*), y en otro hazen vn sermonzico 25 christiano, que es vn contento y vn regalo oylle (*), o leelle! De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos se qué autores sigo en el, para ponerlos al principio, 30 como hazen todos, por las letras del A B C, començando en Aristoteles y acaba[n]do (*) en
PROLOGO p. 32 Xenofonte (*) y en Zoylo, o Zeuxis, aunque fue maldiciente el vno y pintor el otro. Tambien ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, 5 damas o poetas celeberrimos. Aunque si yo los pidiesse a dos o tres oficiales amigos, yo se que me los darian, y tales, que no les ygualassen los de aquellos que tienen mas nombre en nuestra España. 10 ”En fin, señor y amigo mio --prosegui-- yo determino que el señor don Quixote se quede sepultado en sus archiuos en la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan, porque yo me hallo 15 incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltron y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me se dezir sin ellos. De aqui nace la suspension y eleuamiento, amigo 20 (*), en que me hallastes, bastante causa para ponerme en ella la que de mi aueys oydo.” Oyendo lo qual, mi amigo, dandose vna palmada en la frente y disparando en vna carga de risa (*), me dixo: 25 “Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de vn engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el qual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones (*). Pero 30 agora veo que estays tan lexos (*) de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que
PROLOGO p. 33 es possible que cosas de tan poco momento, y tan faciles de remediar, puedan tener fuerças de suspender y absortar vn ingenio tan maduro como el vuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? A la fe, 5 esto no nace de falta de abilidad (*), sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Quereys ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento y vereys como en vn abrir y cerrar de ojos confundo todas vuestras dificultades, 10 y remedio todas las faltas que dezis que os suspenden y acobardan para dexar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro famoso don Quixote, luz y espejo de toda la caualleria andante.” 15 “Dezid”, le repliqué yo, oyendo lo que me dezia: “¿de qué modo pensays llenar el vazio de mi temor, y reduzir a claridad el caos de mi confusion?” A lo qual el dixo: 20 “Lo primero, en que reparays de los sonetos, epigramas o elogios que os faltan para el principio, y que sean de personages graues y de titulo, se puede remediar en que vos mesmo (*) tomeys algun trabajo en hazerlos, y 25 despues los podeys bautizar y poner el nombre que quisieredes, ahijandolos al Preste Iuan de las Indias, o al Emperador de Trapisonda, de quien yo se que ay noticia que fueron famosos poetas, y quando no lo ayan sido, y vuiere 30 algunos pedantes (*) y bachilleres que por detras os muerdan y murmuren desta verdad, no
PROLOGO p. 34 se os de dos marauedis, porque ya que os aueriguen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escriuistes. ”En lo de citar en las margenes los libros y autores de donde sacaredes las sentencias y 5 dichos que pusieredes en vuestra historia, no ay mas sino hazer de manera que venga[n] (*) a pelo algunas sentencias, o latines, que vos sepays de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle (*), como sera poner, 10 tratando de libertad y cautiuerio: Non bene pro toto libertas venditur auro (*); y luego en el margen citar a Oracio, o a quien lo dixo. Si trataredes del poder de la muerte, acudir luego con 15 Pa[l]lida Mors oequo (*) pulsat pede pauperum regumque turres (*). tabernas Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Diuina, que lo podeys hazer 20 con tantico de curiosidad, y dezir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem dico vobis, diligite inimicos vestros (*). Si trataredes de malos pensamientos, acudid con el Euangelio: De corde exeunt cogitationes malae (*). 25 Si de la instabilidad de los amigos, ahi está Caton, que os dara su distico: Donec eris felix, multos numerabis (*) amicos, tempora si fuerint nubila, solus eris (*). Y con estos latinicos, y otros tales, os tendran 30
PROLOGO p. 35 siquiera por gramatico; que el serlo no es de poca honra y prouecho el dia de oy. ”En lo que toca al (*) poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo podeys hazer desta manera; si nombrays algun gigante en vuestro 5 libro, hazelde que sea el gigante Golias, y con solo esto, que os costará casi nada, teneys vna grande anotacion, pues podeys poner: El gigante Golias, o Goliat, fue vn filisteo a quien el pastor Dauid mató de vna gran pedrada en el 10 valle de Terebinto, segun se cuenta en el libro de los Reyes, en el capitulo que vos hallaredes que se escriue (*). Tras esto, para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmografo, hazed de modo como en vuestra historia 15 se nombre el rio Tajo, y vereysos luego con otra famosa anotacion, poniendo: El rio Tajo fue assi dicho por vn Rey de las Españas; tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar Oceano, besando los muros de la famosa ciudad 20 de Lisboa, y es opinion que tiene las arenas de oro, &c. Si trataredes de ladrones, yo os dire (*) la historia de Caco, que la se de coro; si de mugeres rameras, ahi está el Obispo de Mondoñedo, que os prestará a Lamia, Layda y 25 Flora, cuya anotacion os dara gran credito (*); si de crueles, Ouidio os entregará a Medea; si de encantadores (*) y hechizeras, Homero tiene a Calipso, y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el mesmo (*) Iulio Cesar os prestará 30 a si mismo (*) en sus Comentarios, y Plutarco os dara mil Alexandros. Si trataredes de amores,
PROLOGO p. 36 con dos onças que sepays de la lengua toscana, topareys con Leon Hebreo, que os hincha las medidas (*). Y si no quereys andaros por tierras estrañas, en vuestra casa teneys a Fonseca, Del amor de Dios (*), donde se cifra todo 5 lo que vos y el mas ingenioso acertare (*) a dessear en tal materia. En resolucion, no ay mas sino que vos procureys nombrar estos nombres, o tocar estas historias en la vuestra (*), que aqui he dicho, y dexadme a mi el cargo de 10 poner las anotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las (*) margenes y de gastar quatro pliegos en el fin del libro. ”Vengamos aora a la citacion de los autores que los otros libros tienen, que en el vuestro 15 os faltan. El remedio que esto tiene es muy facil, porque no aueys de hazer otra cosa que buscar vn libro que los acote todos, desde la A hasta la Z, como vos dezis. Pues esse mismo abecedario pondreys vos en vuestro libro; que, 20 puesto que a la clara se vea la mentira, por la poca necessidad que vos teniades de aprouecharos dellos, no importa nada, y quiça alguno aura tan simple que crea que de todos os aueys aprouechado en la simple (*) y senzilla historia 25 vuestra. Y quando no sirua de otra cosa, por lo menos seruira aquel largo catalogo (*) de autores a dar de improuiso autoridad al libro. Y mas, que no aura quien se ponga a aueriguar si los seguistes o no los seguistes, no 30 yendole nada (*) en ello; quanto mas que, si bien caygo en la cuenta, este vuestro libro no
PROLOGO p. 37 tiene necessidad de ninguna cosa de aquellas que vos dezis que le falta (*), porque todo el es vna inuectiua contra los libros de cauallerias, de quien nunca se acordo Aristoteles, ni dixo nada San Basilio, ni alcançó Ciceron. Ni caen 5 debaxo de la cuenta de sus fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las obseruaciones de la astrologia, ni le son de importancia las medidas geometricas, ni la confutacion de los argumentos de quien se sirue 10 la retorica, ni tiene para que predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo diuino, que es vn genero de mezcla de quien no se ha de vestir ningun christiano entendimiento. ”Solo tiene que aprouecharse de la imitacion 15 en lo que fuere escriuiendo; que quanto ella fuere mas perfecta, tanto mejor sera lo que se escriuiere. Y pues esta vuestra escritura no mira a mas que a deshazer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los 20 libros de cauallerias, no ay para que andeys mendigando sentencias de filosofos, consejos de la Diuina Escritura, fabulas de poetas, oraciones de retoricos, milagros de santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, 25 honestas y bien colocadas, salga vuestra oracion y periodo sonoro y festiuo; pintando en todo lo que alcançaredes y fuere possible, vuestra intencion, dando a entender vuestros conceptos, sin intricarlos y escurecerlos. 30 Procurad tambien que, leyendo vuestra historia, el melancolico (*) se mueua a risa, el risueño la
PROLOGO p. 38 acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la inuencion, el graue no la desprecie, ni el prudente dexe de alabarla. En efecto, lleuad la mira puesta a derribar la maquina mal fundada destos cauallerescos libros, 5 aborrecidos de tantos y alabados de muchos mas; que, si esto alcançassedes, no auriades alcançado poco.” Con silencio grande estuue escuchando lo que mi amigo me dezia, y de tal manera se 10 imprimieron en mi sus razones, que, sin ponerlas en disputa (*), las aproue por buenas, y de ellas mismas quise hazer este Prologo; en el qual veras, lector suaue, la discrecion de mi amigo, la buena ventura mia en hallar en tiempo 15 tan necessitado tal consegero, y el aliuio tuyo en hallar tan sinzera y tan sin rebueltas la historia del famoso don Quixote de la Mancha, de quien ay opinion por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el 20 mas casto enamorado y el mas valiente cauallero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yo no quiero encarecerte el seruicio que te hago en darte a conocer tan noble (*) y tan honrado cauallero; pero 25 quiero que me agradezcas el conocimiento que tendras del famoso Sancho Pança, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterua de los libros vanos de cauallerias estan esparzidas. 30 Y con esto, Dios te de salud, y a mi no oluide. Vale.
p. 39 AL LIBRO DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA VRGANDA LA DESCONOCIDA (*) Si de llegarte a los bue-, libro, fueres con letu-, (*) no te dira el boquirru- (*) 5 que no pones bien los de-. Mas si el pan no se te cue- por yr a manos de idio-, veras, de manos a bo-, aun no dar vna en el cla-; 10 si bien se comen las ma- por mostrar que son curio-. Y, pues la espiriencia (*) ense- que el que a buen arbol se arri- buena sombra le cobi-, 15 en Bexar tu buena estre- vn arbol real te ofre- que da Principes por fru-, en el qual florecio (*) vn Du- que es nueuo Alexandro Ma-; (*) 20 llega a su sombra: que a osa- (*) fauorece la fortu-. (*) De vn noble hidalgo manche- contarás (*) las auentu-, a quien ociosas (*) letu- 25 trastornaron la cabe-. Damas, armas, caualle- (*) le prouocaron de mo- que, qual Orlando furio-, templado a lo enamora-, 30
ELOGIOS p. 40 alcançó a fuerça de bra- a Dulzinea del Tobo-. No indiscretos hierogli- estampes en el escu-; que, quando es todo figu-, 5 con ruynes puntos se embi-. Si en la direccion te humi-, no dira mofante algu-: «¡Qué don Aluaro de Lu-, qué Anibal el de Carta-, 10 qué Rey Francisco en Espa- se quexa de la fortu-!» (*) Pues al cielo no le plu- que saliesses tan ladi- como el negro Iuan Lati-, (*) 15 hablar latines rehu- (*). No me despuntes de agu-, ni me alegues con filo-; porque torziendo la bo-, dira el que entiende la le-, (*) 20 no vn palmo de las (*) ore-: «¿Para que conmigo flo-?» No te metas en dibu-, ni en saber vidas age-; que en lo que no va ni vie- 25 passar de largo es cordu-. Que suelen en caperu- darles a los que grace-; mas tu quemate las ce- solo en cobrar buena fa-; 30 que el que imprime neceda- dalas a censo perpe-.
ELOGIOS p. 41 Aduierte que es desati-, siendo de vidrio el teja-, tomar piedras en las (*) ma- para tirar al vezi-. Dexa que el hombre de juy- 5 en las obras que compo- se vaya con pies de plo-; que el que saca a luz pape- para entretener donze-, escriue a tontas y a lo-. 10 AMADIS DE GAVLA (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Tu, que imitaste la llorosa vida que tuue, ausente y desdeñado, sobre 15 el gran ribaço de la Peña Pobre, de alegre a penitencia reduzida; tu, a quien los ojos dieron la beuida de abundante licor, aunque salobre, y, alçandote la plata, estaño y cobre, 20 te dio la tierra en tierra la comida; biue seguro de que eternamente, en tanto, al menos, que en la quarta esfera sus cauallos aguije el rubio Apolo, tendras claro renombre de valiente, 25 tu patria sera en todas la primera, tu sabio autor, al mundo vnico y solo.
ELOGIOS p. 42 DON BELIANIS DE GRECIA (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Rompi, corté, abollé, y dixe, y hize mas que en el orbe cauallero andante; 5 fuy diestro, fuy valiente, fuy (*) arrogante; mil agrauios vengué, cien mil deshize. Hazañas di a la fama que eternize; fuy comedido y regalado amante; fue enano para mi todo gigante, 10 y al duelo en qualquier punto satisfize. Tuue a mis pies postrada (*) la fortuna, y traxo del copete mi cordura a la calua ocasion al estricote. (*) Mas, aunque sobre el cuerno de la luna 15 siempre se vio encumbrada mi ventura, tus proezas embidio, ¡o, gran Quixote! LA SEÑORA ORIANA (*) A DVLZINEA DEL TOBOSO SONETO 20 ¡O, quien tuuiera, hermosa Dulzinea, por mas comodidad y mas reposo, a Miraflores puesto en el Toboso, y trocara sus Londres con tu aldea!
ELOGIOS p. 43 ¡O, quien de tus desseos y librea alma y cuerpo adornara, y del famoso cauallero, que hiziste (*) venturoso, mirara alguna desigual pelea! ¡O, quien tan castamente se escapara 5 del señor Amadis, como tu hiziste (*) del comedido hidalgo don Quixote! Que assi, embidiada fuera, y no embidiara, y fuera alegre el tiempo que fue triste, y gozara los gustos sin escote. 10 GANDALIN, ESCVDERO DE AMADIS DE GAVLA, A SANCHO PANÇA, ESCVDERO DE DON QVIXOTE SONETO Salue, varon famoso, a quien fortuna, quando en el trato escuderil te puso, 15 tan blanda y cuerdamente lo dispuso, que lo passaste sin desgracia alguna. Ya la açada o la hoz poco repugna al andante exercicio; ya está en vso la llaneza escudera, con que acuso 20 al soberuio que intenta hollar la luna. Embidio a tu jumento, y a tu nombre, y a tus alforjas ygualmente imbidio (*), que mostraron tu cuerda prouidencia. Salue otra vez, ¡o, Sancho! tan buen hombre, 25 que a solo tu nuestro español Ouidio con buzcorona (*) te haze reberencia.
ELOGIOS p. 44 DEL DONOSO POETA ENTREVERADO (*) A SANCHO PANÇA Y ROZINANTE Soy Sancho Pança, escude- del manchego don Quixo-; puse pies en poluoro- 5 por viuir a lo discre-; que el tacito Villadie- (*) toda su razon de esta- cifró en vna retira-, segun siente Celesti-, 10 libro, en mi opinion, diui-, si encubriera mas lo huma-. A ROZINANTE Soy Rozinante el famo-, bisnieto del gran Babie-; 15 por pecados de flaque- fuy a poder de vn don Quixo-. Parejas corri a lo flo-, (*) mas por vña de caua- no se me escapó ceua-; 20 que esto saqué a Lazari- quando, para hurtar el vi- al ciego, le di la pa-. (*)
ELOGIOS p. 45 ORLANDO FVRIOSO (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Si no eres par, tampoco le has tenido; que par pudieras ser entre mil pares, 5 ni puede auerle donde tu te hallares, inuito (*) vencedor, jamas vencido. Orlando soy, Quixote, que, perdido por Angelica, vi remotos mares, ofreciendo a la fama en sus altares 10 aquel valor que respetó el oluido. No puedo ser tu ygual, que este decoro se deue a tus (*) proezas y a tu fama, puesto que, como yo, perdiste el seso. Mas serlo has mio, si al soberuio Moro 15 y Cita fiero domas, que oy nos llama yguales en amor con mal sucesso. EL CAVALLERO DEL FEBO (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO 20 A vuestra espada no ygualó la mia, Phebo español, curioso cortesano, ni a la alta gloria de valor mi mano, que rayo fue do nace y muere el dia.
ELOGIOS p. 46 Imperios desprecié; la (*) monarquia que me ofrecio el Oriente roxo en vano dexé, por ver el rostro soberano de Claridiana, aurora hermosa mia. Amela por milagro vnico y raro, 5 y, ausente en su desgracia, el propio infierno temio mi braço, que domó su rabia. Mas vos, godo Quixote, ilustre y claro, por Dulzinea soys al mundo eterno, y ella por vos famosa, honesta y sabia. 10 DE SOLISDAN (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Maguer, señor Quixote, que sandezes vos tengan el cerbelo derrumbado, 15 nunca sereys de alguno reprochado por home (*) de obras viles y soezes. Seran vuessas fazañas los joezes, pues tuertos desfaziendo aueys andado, siendo vegadas mil apaleado 20 por follones cautiuos y rahezes. Y si la vuessa linda Dulzinea dessaguisado contra vos comete, ni a vuessas cuytas muestra buen talante, en tal desman, vuesso conorte sea 25 que Sancho Pança fue mal alcaguete, (*) necio el, dura ella, y vos no amante.
ELOGIOS p. 47 DIALOGO (*) ENTRE BABIECA Y ROZINANTE SONETO B. ¿Cómo estays, Rozinante, tan delgado? R. Porque nunca se come, y se trabaja. 5 B. Pues ¿qué es de la ceuada y de la paja? R. No me dexa mi amo ni vn bocado. B. Andá, señor, que estays muy mal criado, pues vuestra lengua de asno al amo vltraja. R. Asno se es de la cuna a la mortaja. 10 ¿Quereyslo ver? Miraldo enamorado. B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia. B. Metafisico estays. R. Es que no como. 15 B. Quexaos del escudero. R. No es bastante. ¿Cómo me he de quexar en mi dolencia, si el amo y escudero o mayordomo son tan rozines como Rozinante? (*) 20
p. 48
p. 49 PRIMERA PARTE (*) DEL INGENIOSO hidalgo don Quixote de la Mancha. Capitulo Primero 5 Que trata de la condicion y exercicio del famoso hidalgo don Quixote de la Mancha. En vn lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en astillero, 10 adarga antigua, rozin flaco y galgo corredor. Vna olla de algo mas vaca que carnero (*), salpicon (*) las mas noches, duelos y quebrantos los sabados (*), lantejas los viernes (*), algun palomino de añadidura los domingos, consumian 15 las tres partes de su hazienda. El resto della concluian sayo de velarte, calças de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los dias de entre semana se honraua con su vellori de lo mas fino. 20 Tenia en su casa vna ama que passaua de los quarenta, y vna sobrina que no llegaua a los veynte, y vn moço de campo y plaça, que assi ensillaua el rozin como tomaua la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 podadera. Frisaua la edad de nuestro hidalgo con los cinquenta años. Era de complexion rezia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caça. Quieren dezir que tenia el sobrenombre de Quixada, o Quesada, 5 que en esto ay alguna diferencia en los autores que deste caso escriuen, aunque por conjeturas verosimiles (*) se dexa entender que se llamaua Quexana (*). Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narracion 10 del no se salga vn punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaua ocioso, que eran los mas del año, se daua a leer libros de cauallerias, con tanta aficion y gusto, que oluidó casi 15 de todo punto el exercicio de la caça, y aun la administracion de su hazienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendio muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de cauallerias en que (*) leer, y 20 assi lleuó a su casa todos quantos pudo auer dellos, y, de todos, ningunos le parecian tambien (*) como los que compuso el famoso Feliciano de Silua; porque la claridad de su prosa, y aquellas entricadas razones suyas le 25 parecian de perlas; y mas quando llegaua a leer aquellos requiebros y cartas de desafios, donde en muchas partes hallaua escrito: La razon de la sinrazon que a mi razon se haze, de tal manera mi razon enflaqueze, que con razon 30 me quexo de la vuestra fermosura. Y tambien quando leia: Los altos cielos que de vuestra
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 51 diuinidad diuinamente con las estrellas os fortifican, y os hazen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza (*). Con estas razones perdia el pobre cauallero el juyzio, y desuelauase por entenderlas y desentrañarles 5 el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo (*) Aristoteles, si resucitara para solo ello. No estaua muy bien con las heridas que don Belianis daua y recebia, porque se imaginaua 10 que, por grandes maestros que le huuiessen curado, no dexaria de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alabaua en su autor aquel acabar su libro con la promessa de aquella inacabable auentura, 15 y muchas vezes le vino desseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como alli se promete; y sin duda alguna lo hiziera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estoruaran (*). 20 Tuuo muchas vezes competencia con el cura de su lugar, que era hombre docto, graduado en Ciguença (*), sobre quál auia sido mejor cauallero, Palmerin de Ingalaterra o Amadis de Gaula; mas Maese Nicolas, barbero del 25 mesmo (*) pueblo, dezia que ninguno llegaua al Cauallero del Febo, y que si alguno se le podia comparar, era don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, porque tenia muy acomodada condicion para todo; que no era cauallero melindroso, 30 ni tan lloron como su hermano, y que en lo de la valentia no le yua en çaga.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52 En resolucion, el se enfrascó tanto en su letura, que se le passauan las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio; y, assi, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder 5 el juyzio. Llenosele la fantasia de todo aquello que leia en los libros, assi de encantamentos como de pendencias, batallas, desafios, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates impossibles. Y assentosele de tal modo en 10 la imaginacion que era verdad toda aquella maquina de aquellas sonadas (*) soñadas inuenciones que leia, que para el no auia otra historia mas cierta en el mundo. Dezia el, que el Cid Ruydiaz auia sido muy buen cauallero; 15 pero que no tenia que ver con el Cauallero de la Ardiente Espada (*), que de solo vn reues auia partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaua con Bernardo del Carpio (*), porque en Ronçesualles auia muerto 20 a Roldan el encantado, valiendose de la industria de Hercules, quando ahogó a Anteo (*), el hijo de la Tierra, entre los braços. Dezia mucho bien del gigante Morgante (*) porque, con ser de aquella generacion gigantea, que todos 25 son soberuios y descomedidos, el solo era afable y bien criado. Pero sobre todos estaua bien con Reynaldos de Montaluan (*), y mas quando le veia salir de su castillo, y robar quantos topaua, y quando en allende (*) robó 30 aquel idolo de Mahoma, que era todo de oro, segun dize su historia. Diera el, por dar vna
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 53 mano de cozes al traydor de Galalon (*), al ama que tenia, y aun a su sobrina de añadidura. En efeto, rematado ya su juyzio, vino a dar en el mas estraño pensamiento que (*) jamas dio loco en el mundo, y fue, que le parecio 5 conuenible y necessario, assi para el aumento de su honra como para el seruicio de su republica, hazerse cauallero andante, y yrse por todo el mundo con sus armas y cauallo, a buscar las auenturas, y a exercitarse en todo aquello 10 que el auia leydo que los caualleros andantes se exercitauan, deshaziendo todo genero de agrauio, y poniendose en ocasiones y peligros, donde, acabandolos, cobrase eterno nombre y fama. Ymaginauase el pobre ya 15 coronado por el valor de su braço, por lo menos del imperio de Trapisonda, y, assi, con estos tan agradables pensamientos, lleuado del estraño gusto que en ellos sentia, se dio priessa a poner en efeto lo que desseaua. 20 Y lo primero que hizo fue limpiar vnas armas que auian sido de sus visabuelos (*), que, tomadas de orin y llenas (*) de moho, luengos siglos auia que estauan puestas y oluidadas en vn rincon. Limpiolas y adereçolas lo mejor 25 que pudo; pero vio que tenian vna gran falta, y era que no tenian zelada de encaxe, sino morrion simple; mas a esto suplio su industria, porque de cartones hizo vn modo de media zelada, que, encaxada con el morrion, hazian 30 vna apariencia de zelada entera. Es verdad que para prouar si era fuerte y podia estar al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 riesgo de vna cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en vn punto deshizo lo que auia hecho en vna semana; y no dexó de parecerle mal la facilidad con que la auia hecho pedaços, y, por assegurarse 5 deste peligro, la tornó a hazer de nueuo, poniendole vnas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que el quedó satisfecho de su fortaleza, y, sin querer hazer nueua experiencia della, la diputó y tuuo por zelada finissima de 10 encaxe. Fue luego a ver su (*) rozin, y, aunque tenia mas quartos que vn real y mas tachas que el cauallo de Gonela, que tantum pellis & ossa fuit (*), le parecio que ni el Buzefalo de 15 Alexandro, ni Babieca el del Cid con el se ygualauan. Quatro dias se le passaron en imaginar qué nombre le pondria, porque, segun se dezia el a si mesmo (*), no era razon que cauallo de cauallero tan famoso, y tan bueno el por si, 20 estuuiesse sin nombre conocido, y, ansi (*), procuraua acomodarsele de manera que declarasse quien auia sido antes que fuesse de cauallero andante, y lo que era entonces; pues estaua muy puesto en razon que, mudando su señor 25 estado, mudasse el tambien el nombre, y [le] (*) cobrasse famoso y de estruendo, como conuenia a la nueua orden y al nueuo exercicio (*) que ya professaua; y assi, despues de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadio, 30 deshizo y tornó a hazer en su memoria e imaginacion, al fin le vino a llamar Rozinante,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 55 nombre, a su parecer, alto, sonoro y significatiuo (*) de lo que auia sido quando fue rozin, antes de lo que aora era, que era antes y primero de todos los rozines del mundo. Puesto nombre, y tan a su gusto, a su cauallo, 5 quiso ponersele a si mismo, y en este pensamiento duró otros ocho dias, y al cabo se vino a llamar don Quixote; de donde, como queda dicho (*), tomaron (*) ocasion los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se deuia 10 de llamar Quixada, y no Quesada, como otros quisieron dezir. Pero acordandose que el valeroso Amadis, no solo se auia contentado con llamarse Amadis a secas, sino que añadio el nombre de su reyno y patria por [hazerla] (*) 15 famosa, y se llamó Amadis de Gaula, assi quiso, como buen cauallero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quixote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraua muy al viuo su linage y patria, y la honraua 20 con tomar el sobrenombre della. Limpias, pues, sus armas, hecho del morrion zelada, puesto nombre a su rozin y confirmandose (*) a si mismo, se dio a entender que no le faltaua otra cosa sino buscar vna dama de 25 quien enamorarse; porque el cauallero andante sin amores era arbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma. Deziase el a si: “[Si] yo por malos de mis pecados (*), o por mi buena suerte, me encuentro por ahi con algun gigante, 30 como de ordinario les acontece a los caualleros andantes, y le derribo de vn encuentro, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venço y le rindo, ¿no sera bien tener a quien embiarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde, y rendido (*): «Yo, señora (*), soy 5 »el gigante Caraculiambro, señor de la insula »Malindrania, a quien vencio en singular »batalla el jamas como se deue alabado »cauallero don Quixote de la Mancha, el qual me »mandó que me presentasse ante vuestra (*) 10 »merced para que la vuestra grandeza »disponga de mi a su talante?»” ¡O, cómo se holgo nuestro buen cauallero quando huuo hecho este discurso, y mas quando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, 15 a lo que se cree, que en vn lugar cerca del suyo auia vna moça labradora de muy buen parecer, de quien el vn tiempo anduuo enamorado, aunque, segun se entiende, ella jamas lo supo ni se (*) dio cata dello. Llamauase Aldonça 20 Lorenço, y a esta le parecio ser bien darle titulo de señora de sus pensamientos; y, buscandole nombre que no desdixesse mucho del suyo, y que tirasse y se encaminasse al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del 25 Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, musico y peregrino, y significatiuo (*), como todos los demas que a el y a sus cosas auia puesto.
p. 57 Capitulo II Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quixote. Hechas, pues, estas preuenciones, no quiso aguardar mas tiempo a poner en efeto su 5 pensamiento, apretandole a ello la falta que el pensaua que hazia en el mundo su tardança, segun eran los agrauios que pensaua deshazer, tuertos que endereçar, sinrazones que emendar (*), y abusos que mejorar, y deudas que satisfazer. 10 Y assi, sin dar parte a persona alguna de su intencion y sin que nadie le viesse, vna mañana, antes del dia, que era vno de los calurosos del mes de Iulio, se armó de todas sus armas, subio sobre Rocinante, puesta su mal compuesta 15 zelada, embraçó su adarga, tomó su lança, y, por la puerta falsa de vn corral, salio al campo con grandissimo contento y alboroço de ver con quánta facilidad auia dado principio a su buen desseo. 20 Mas apenas se vio en el campo quando le assaltó vn pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiziera dexar la començada empresa; y fue, que le vino a la memoria que no era armado cauallero, y que, conforme a ley de 25 caualleria, ni podia ni deuia tomar armas con ningun cauallero; y, puesto que lo fuera, auia de lleuar armas blancas, como nouel cauallero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerço
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 la ganasse. Estos pensamientos le hizieron titubear en su proposito; mas, pudiendo mas su locura que otra razon alguna, propuso de hazerse armar cauallero del primero que topasse, a imitacion de otros muchos que assi lo hizieron, 5 segun el auia leydo en los libros que tal le tenian. En lo de las armas blancas, pensaua limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuessen mas que vn armiño (*); y con esto se quietó y prosiguio su camino, sin lleuar otro 10 que aquel que su cauallo queria, creyendo que en aquello consistia la fuerça de las auenturas. Yendo, pues, caminando nuestro flamante auenturero, yua hablando consigo mesmo (*), y diziendo: “¿Quién duda, sino que en los 15 venideros tiempos, quando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escriuiere no ponga, quando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?: «Apenas auia el rubicundo Apolo 20 »tendido por la faz de la ancha y espaciosa »tierra las doradas hebras de sus hermosos »cabellos, y apenas los pequeños y pintados »paxarillos con sus harpadas (*) lenguas auian »saludado con dulce y meliflua armonia la venida 25 »de la rosada Aurora, que, dexando la blanda »cama del zeloso marido, por las puertas y »balcones del manchego orizonte a los mortales »se mostraua, quando el famoso cauallero don »Quixote de la Mancha, dexando las ociosas 30 »plumas, subio sobre su famoso cauallo »Rozinante, y començo a caminar por el antiguo y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 59 »conocido campo de Montiel (*).»” Y era la verdad que por el caminaua; y añadio diziendo: “Dichosa edad, y siglo dichoso, aquel adonde saldran a luz las famosas hazañas mias, dignas de entallarse en bronzes, esculpirse en marmoles 5 y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡O tu, sabio encantador, quien quiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia, ruegote que no te oluides de mi buen Rozinante, compañero eterno 10 mio en todos mis caminos y carreras!” Luego boluia diziendo, como si verdaderamente fuera enamorado: “¡O princesa Dulcinea, señora deste cautiuo coraçon!, mucho agrauio me auedes fecho en despedirme y reprocharme con el 15 riguroso (*) afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plegaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto coraçon, que tantas cuytas por vuestro amor padece.” Con estos yua ensartando otros disparates, todos al 20 modo de los que sus libros le auian enseñado, imitando en quanto podia su lenguaje. Con (*) esto caminaua tan despacio, y el sol entraua tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuuiera. 25 Casi todo aquel dia caminó sin acontecerle cosa que de contar fuesse, de lo qual se desesperaua, porque quisiera topar luego luego (*), con quien hazer experiencia del valor de su fuerte braço. Autores ay que dizen que la 30 primera auentura que le auino fue la del puerto Lapice (*), otros dizen que la de los molinos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60 de viento; pero lo que yo he podido aueriguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que el anduuo todo aquel dia, y al anochecer, su rozin y el se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, 5 mirando a todas partes por ver si descubriria algun castillo o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiesse remediar su mucha hambre y (*) necessidad, vio, no lexos del camino por donde yua, vna venta, 10 que fue como si viera vna estrella que no (*) a los portales, sino a los alcaçares de su redencion le encaminaua. Diose priessa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecia. Estauan acaso a la puerta dos mugeres moças, 15 destas que llaman del partido (*), las quales yuan a Seuilla con vnos harrieros que en la venta aquella noche acertaron a hazer jornada; y como a nuestro auenturero todo quanto pensaua, veia o imaginaua, le parecia ser hecho 20 y passar al modo de lo que auia leydo, luego que vio la venta se le representó que era vn castillo con sus quatro torres y chapiteles de luziente plata, sin faltarle su puente leuadiza y honda caua, con todos aquellos aderentes 25 que (*) semejantes castillos se pintan. Fues(s)e llegando a la venta que a el le parecia castillo, y a poco trecho della detuuo las riendas a Rozinante, esperando que algun enano se pusiesse entre las almenas, a dar señal 30 con alguna trompeta de que llegaua cauallero al castillo. Pero como vio que se tardauan y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 61 que Rozinante se daua priessa por llegar a la caualleriza, se llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos destraydas (*) moças que alli estauan, que a el le parecieron dos hermosas donzellas o dos graciosas damas, que delante de 5 la puerta del castillo se estauan solazando. En esto sucedio acaso que vn porquero, que andaua recogiendo de vnos rastrojos vna manada de puercos, que, sin perdon, assi se llaman, tocó vn cuerno, a cuya señal ellos se recogen, 10 y al instante se le representó a don Quixote lo que desseaua, que era que algun enano hazia señal de su venida; y assi, con estraño contento, llegó a la venta y a las damas. Las quales, como vieron venir vn hombre de aquella suerte 15 armado, y con lança y adarga, llenas de miedo se yuan a entrar en la venta; pero don Quixote, coligiendo por su huyda su miedo, alçandose la visera de papelon, y descubriendo su seco y poluoroso rostro, con gentil talante y voz 20 reposada les dixo: “No fuyan las vuestras mercedes ni (*) teman desaguisado alguno, ca a la orden de caualleria que professo non toca ni atañe fazerle a ninguno, quanto mas a tan altas donzellas como 25 vuestras presencias demuestran.” Mirauan[le] (*) las moças, y andauan con los ojos buscandole el rostro, que la mala visera le encubria; mas como se oyeron llamar donzellas, cosa tan fuera de su profession, no 30 pudieron tener la risa, y fue de manera que don Quixote vino a correrse y a dezirles:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 “Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez, ademas, la risa que de leue causa procede; pero non vos lo digo porque os acuytedes ni mostredes mal talante, que el mio non es de al (*) que de seruiros.” 5 El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro cauallero acrecentaua en ellas la risa, y en el el enojo, y passara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacifico; 10 el qual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lança, adarga y coselete, no estuuo en nada en acompañar (*) a las donzellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, 15 temiendo la maquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente, y assi le dixo: “Si vuestra merced, señor cauallero, busca posada, amen del lecho, porque en esta venta 20 no ay ninguno, todo lo demas se hallará en ella en mucha abu[n]dancia.” Viendo don Quixote (*) la humildad del alcayde de la fortaleza, que tal le parecio a el el ventero y la venta, respondio: 25 “Para mi, señor castellano, qualquiera cosa basta, porque mis arreos son las armas, mi descanso el pelear (*), &c.” Penso el huesped que el auerle llamado 30 castellano auia sido por auerle parecido de los
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 63 sanos de Castilla (*), aunque el era andaluz, y de los de la Playa de San Lucar, no menos ladron que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje (*); y, assi, le respondio: “Segun esso, las camas de vuestra merced 5 seran duras peñas, y su dormir, siempre velar; y, siendo assi, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choça ocasion y ocasiones para no dormir en todo vn año, quanto mas en vna noche.” 10 Y, diziendo esto, fue a tener el (*) estribo a don Quixote, el qual se apeó con mucha dificultad y trabaxo, como aquel que en todo aquel dia no se auia desayunado. Dixo luego al huesped que le tuuiesse mucho cuydado de su 15 cauallo, porque era la mejor pieça que comia pan en el mundo. Mirole el ventero, y no le parecio tan bueno como don Quixote dezia, ni aun la mitad; y acomodandole en la caualleriza, boluio a ver lo que su huesped mandaua, al qual estauan 20 desarmando las donzellas, que ya se auian reconciliado con el; las quales, aunque le auian quitado el peto y el espaldar, jamas supieron ni pudieron desencaxarle la gola, ni quitalle (*) la contrahecha zelada que traia atada con vnas 25 cintas verdes, y era menester cortarlas por no poderse quitar los ñudos; mas el no lo quiso consentir en ninguna manera, y, assi, se quedó toda aquella noche con la zelada puesta, que era la mas graciosa y estraña figura que se 30 pudiera pensar. Y al desarmarle, como el se imaginaua que aquellas traydas y lleuadas (*) que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 64 le desarmauan eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dixo con mucho donayre: “Nunca fuera cauallero de damas tambien (*) seruido, 5 como fuera don Quixote quando de su aldea vino: donzellas curauan del, princesas del su rozino (*). ”O Rozinante; que este es el nombre, señoras 10 mias, de mi cauallo, y don Quixote de la Mancha el mio; que, puesto que no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro seruicio y pro me descubrieran, la fuerça de acomodar al proposito presente este romance 15 viejo de Lançarote ha sido causa que sepays mi nombre antes de toda sazon; pero tiempo vendra en que las vuestras señorias me manden, y yo obedezca, y el valor de mi braço descubra el desseo que tengo de seruiros.” 20 Las moças, que no estauan hechas a oyr semejantes retoricas, no respondian palabra; solo le preguntaron si queria comer alguna cosa. “Qualquiera yantaria yo”, respondio don 25 Quixote, “porque a lo que entiendo me haria mucho al caso.” A dicha acerto a ser viernes aquel dia, y no auia en toda la venta sino vnas raciones de vn pescado que en Castilla llaman abadexo, y 30 en Andaluzia bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela. Preguntaronle si,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 65 por ventura, comeria su merced truchuela; que no auia otro pescado que dalle (*) a comer. “Como aya muchas truchuelas (*)”, respondio don Quixote, “podran seruir de vna trucha; porque esso se (*) me da que me den ocho reales 5 en senzillos, que en vna pieça de a ocho. Quanto mas que podria ser que fuessen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabron. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y 10 peso de las armas no se puede lleuar sin el gouierno de las tripas.” Pusieronle la mesa a la puerta de la venta por el fresco, y truxole el huesped vna porcion del mal remojado y peor cozido bacallao, y vn 15 pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenia puesta la zelada y alçada la visera (*), no podia poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daua y ponia, y 20 ansi (*), vna de aquellas señoras seruia deste menester. Mas al darle de beuer, no fue possible, ni lo fuera, si el ventero no horadara vna caña, y, puesto el vn cabo en la boca, por el otro le yua echando el vino; y todo esto lo 25 recebia en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la zelada. Estando en esto, llegó acaso a la venta vn castrador de puercos, y assi como llegó, sono su siluato de cañas quatro o cinco vezes, con 30 lo qual acabó de confirmar don Quixote que estaua en algun famoso castillo, y que le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 seruian con musica, y que el abadexo eran truchas, el pan candeal (*), y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo; y con esto daua por bien empleada su determinacion y salida. Mas lo que mas le fatigaua era el no 5 verse armado cauallero, por parecerle que no se podria poner legitimamente en auentura alguna, sin recebir la orden de caualleria.
p. 67 Capitulo III Donde se cuenta la graciosa manera que tuuo don Quixote en armarse cauallero. Y assi, fatigado deste pensamiento, abreuió su venteril y limitada cena. La qual acabada, 5 llamó al ventero, y, encerrandose con el en la caualleriza, se hincó de rodillas ante el, diziendole: “No me leuantaré jamas de donde estoy, valeroso cauallero, fasta que la vuestra 10 cortesia me otorgue vn don que pedirle quiero, el qual redundará en alabança vuestra y en pro del genero humano.” El ventero, que vio a su huesped a sus pies y oyo semeja[n]tes razones, estaua confuso 15 mirandole sin saber qué hazerse ni dezirle, y porfiaua con el que se leuantase, y jamas quiso, hasta que le huuo de dezir que el le otorgaua el don que le pedia. “No esperaua yo menos de la gran magnificencia 20 (*) vuestra, señor mio”, respondio don Quixote, “y assi os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana, en aquel dia, me aueys de armar cauallero, y esta noche en la 25 capilla deste vuestro castillo velaré las armas, y mañana, como tengo dicho, se cumplira lo que tanto desseo, para poder, como se deue, yr por todas las quatro partes (*) del mundo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 buscando las auenturas en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caualleria y de los caualleros andantes, como yo soy, cuyo desseo a semejantes fazañas es inclinado.” El ventero, que, como está dicho, era vn poco 5 socarron, y ya tenia algunos barruntos de la falta de juyzio de su huesped, acabó de creerlo quando acabó de oyrle (*) semejantes razones, y, por tener que reyr aquella noche, determinó de seguirle el humor; y, assi, le dixo que andaua 10 muy acertado en lo que desseaua y pedia (*), y que tal prosupuesto era propio y natural de los caualleros tan principales como el parecia y como su gallarda presencia mostraua; y que el, ansi mesmo (*), en los años de su mocedad, 15 se auia dado a aquel honroso exercicio, andando por diuersas partes del mundo buscando sus auenturas, sin que huuiesse dexado los percheles de Malaga, islas de [Riaran] (*), Compas de Seuilla, Azoguejo de Segouia, la 20 Oliuera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de San Lucar, Potro de Cordoua y las Ventillas de Toledo (*), y otras diuersas partes, donde auia exercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haziendo muchos tuertos, 25 requestando muchas viudas, deshaziendo algunas donzellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dandose a conocer por quantas audiencias y tribunales ay casi en toda España; y que, a lo vltimo, se auia venido a 30 recoger a aquel su castillo, donde viuia con su hazienda y con las agenas, recogiendo en el
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 69 a todos los caualleros andantes, de qualquiera calidad y condicion que fuessen, solo por la mucha aficion que les tenia, y porque partiessen con el de sus aueres en pago de su buen desseo. 5 Dixole tambien que en aquel su castillo no auia capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaua derribada para hazerla de nueuo; pero que, en caso de necessidad, el sabia que se podian velar donde quiera, y que 10 aquella noche las podria velar en vn patio del castillo; que a la mañana, siendo Dios seruido, se harian las deuidas ceremonias, de manera que el quedasse armado cauallero, y tan cauallero, que no pudiesse ser mas en el mundo. 15 Preguntole si traia dineros; respondio don Quixote que no traia blanca, porque el nunca auia leydo en las historias de los caualleros andantes que ninguno los huuiesse traydo. A esto dixo el ventero que se engañaua; que, 20 puesto caso que en las historias no se escriuia, por auerles parecido a los autores dellas (*) que no era menester escreuir (*) vna cosa tan clara y tan necessaria de traerse, como eran dineros (*) y camisas limpias, no por esso se auia de 25 creer que no los truxeron; y assi, tuuiesse por cierto y aueriguado que todos los caualleros andantes, de que tantos libros estan llenos y atestados, lleuauan bien herradas las bolsas por lo que pudiesse sucederles, y que assi 30 mismo (*) lleuauan camisas y vna arqueta pequeña llena de vnguentos para curar las heridas que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 recebian, porque no todas vezes en los campos y desiertos, donde se combatian y salian heridos, auia quien los curasse, si ya no era que tenian algun sabio encantador por amigo, que luego los socorria, trayendo por el ayre, en 5 alguna nuue, alguna donzella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud que, en gustando alguna gota della, luego al punto quedauan sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno huui[e]ssen tenido; mas que, en 10 tanto que esto no huuiesse, tuuieron los passados caualleros por cosa acertada que sus escuderos fuessen proueydos de dineros y de otras cosas necessarias, como eran hilas y vnguentos para curarse; y quando sucedia que los tales 15 caualleros no tenian escuderos, que eran pocas y raras vezes, ellos mesmos (*) lo lleuauan todo en vnas alforjas muy sutiles, que casi no se parecian, a las ancas del cauallo, como que era otra cosa de mas importancia; porque, no 20 siendo por ocasion semejante, esto de lleuar alforjas no fue muy admitido entre los caualleros andantes, y por esto le daua por consejo, pues aun se lo podia mandar como a su ahijado, que tan presto lo auia de ser, que no caminasse 25 de alli adelante sin dineros y sin las preuenciones referidas (*), y que veria quan bien se hallaua con ellas, quando menos se pensase. Prometiole don Quixote de hazer lo que se le aconsejaua con toda puntualidad. Y, assi, se 30 dio luego orden como velasse las armas en vn corral grande que a vn lado de la venta estaua,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 71 y, recogiendolas don Quixote todas, las puso sobre vna pila que junto a vn pozo estaua. Y, embraçando su adarga, asio de su lança, y con gentil continente se començo a passear delante de la pila, y quando començo el passeo 5 començaua a cerrar la noche. Conto el ventero a todos quantos estauan en la venta la locura de su huesped, la vela de las armas y la armazon de caualleria que esperaua. Admiraronse (*) de tan estraño genero de 10 locura, y (*) fueronselo a mirar desde lexos, y vieron que, con sossegado ademan, vnas vezes se passeaua, otras, arrimado a su lança, ponia los ojos en las armas, sin quitarlos por vn buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero (*) 15 con tanta claridad de la luna, que podia competir con el que se la prestaua; de manera, que quanto el nouel cauallero hazia era bien visto de todos. Antojosele en esto a vno de los harrieros que 20 estauan en la venta yr a dar agua a su requa, y fue menester quitar las armas de don Quixote, que estauan sobre la pila, el qual, viendole llegar, en voz alta le dixo: “¡O tu, quien quiera que seas, atreuido 25 cauallero, que llegas a tocar las armas del mas valeroso andante que jamas se ciño espada, mira lo que hazes y no las toques, si no quieres dexar la vida en pago de tu atreui[mi]ento!” No se curó el harriero destas razones, y fuera 30 mejor que se curara, porque fuera curarse en salud; antes, trauando de las correas, las arrojó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72 gran trecho de si. Lo qual visto por don Quixote, alçó los ojos al cielo, y puesto el pensamiento, a lo que parecio, en su señora Dulzinea, dixo: “Acorredme, señora mia, en esta primera 5 afrenta que a este vuestro auassallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro fauor y amparo.” Y, diziendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alçó la lança a dos manos, 10 y dio con ella tan gran golpe al harriero en la cabeça, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si segundara con otro, no tuuiera necessidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogio sus armas y tornó a passearse con el 15 mismo reposo que primero. Desde alli a poco, sin saberse lo que auia passado, porque aun es[ta]ua aturdido el harriero, llegó otro con la mesma intencion de dar agua a sus mulos, y, llegando a quitar las 20 armas para desembaraçar la pila, sin hablar don Quixote palabra, y sin pedir fauor a nadie, solto otra vez la adarga, y alçó otra vez la lança, y sin hazerla pedaços, hizo mas de tres la cabeça del segundo harriero, porque se la abrio 25 por quatro. Al ruydo acudio toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto don Quixote, embraçó su adarga, y, puesta mano a su espada, dixo: “¡O señora de la fermosura, esfuerço y vigor 30 del debilitado coraçon mio, aora es tiempo que bueluas los ojos de tu grandeza a este tu
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 73 cautiuo cauallero, que tamaña auentura está atendiendo!” Con esto cobró, a su parecer, tanto animo, que si le acometieran todos los harrieros del mundo no boluiera el pie atras. Los compañeros 5 de los heridos, que tales los vieron, començaron desde lexos a llouer piedras sobre don Quixote, el qual, lo mejor que podia, se reparaua con su adarga, y no se osaua apartar de la pila por no desamparar las armas. El ventero 10 daua vozes que le dexassen, porque ya les auia dicho como era loco, y que por loco se libraria aunque los matasse a todos. Tambien don Quixote las daua, mayores, llamandolos de aleuosos y traydores, y que el señor del castillo 15 era vn follon y mal nacido cauallero, pues de tal manera consentia que se tratassen los andantes caualleros, y que si el huuiera recebido la orden de caualleria, que el le diera a entender su aleuosia: “Pero de vosotros, soez y baxa 20 canalla, no hago caso alguno. ¡Tirad, llegad, venid y ofendedme en quanto pudieredes (*); que vosotros vereys el pago que lleuays de vuestra sandez y demasia!” Dezia esto con tanto brio y denuedo, que 25 infundio vn terrible temor en los que le acometian, y, assi, por esto, como por las persuasiones del ventero, le dexaron de tirar, y el dexó retirar a los heridos, y tornó a la vela de sus armas con la misma quietud y sossiego que 30 primero. No le parecieron bien al ventero las burlas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 de su huesped, y determinó abreuiar y darle la negra orden de caualleria luego, antes que otra desgracia sucediesse. Y assi, llegandose a el, se desculpó de la insolencia que aquella gente baxa con el auia vsado, sin que el supiesse 5 cosa alguna, pero que bien castigados quedauan de su atreuimiento. Dixole, como ya le auia dicho, que en aquel castillo no auia capilla, y para lo que restaua de hazer tampoco era necessaria; que todo el toque de quedar armado 10 cauallero consistia en la pescoçada y en el espaldarazo, segun el tenia noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de vn campo se podia hazer, y que ya auia cumplido con lo que tocaua al velar de las armas, que 15 con solas dos horas de vela se cumplia, quanto mas que el auia estado mas de quatro. Todo se lo creyo don Quixote [y dixo] (*) que el estaua alli pronto (*) para obedecerle, y que concluyesse con la mayor breuedad que 20 pudiesse; porque si fuesse otra vez acometido, y se viesse armado cauallero, no pensaua dexar persona viua en el castillo, eceto aquellas que el le mandasse, a quien por su respeto dexaria. Aduertido y medroso desto el castellano, 25 truxo luego vn libro donde assentaua la paja y ceuada que daua a los harrieros, y con vn cabo de vela que le traia vn muchacho, y con las dos ya dichas donzellas, se vino adonde don Quixote estaua, al qual mandó hincar de 30 rodillas, y, leyendo en su manual, como que dezia alguna deuota oracion, en mitad de la
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 75 leyenda alçó la mano y diole sobre el cuello vn buen (*) golpe, y tras el, con su mesma espada, vn gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como que rezaua. Hecho esto, mandó a vna de aquellas damas que le 5 ciñesse la espada, la qual lo hizo con mucha desemboltura y discrecion, porque no fue menester poca para no rebentar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya auian visto del nouel cauallero les tenia la 10 risa a raya. Al ceñirle la espada, dixo la buena señora: “Dios haga a vuestra merced muy venturoso cauallero y le de ventura en lides.” Don Quixote le preguntó como se llamaua, 15 porque el supiesse de alli adelante a quien quedaua obligado por la merced recebida, porque pensaua darle alguna parte de la honra que alcançasse por el valor de su braço. Ella respondio con mucha humildad que se llamaua 20 la Tolosa, y que era hija de vn remendon natural de Toledo, que viuia a las tendillas de Sancho Bienaya (*), y que donde quiera que ella estuuiesse le seruiria y le tendria por señor. Don Quixote le replicó que, por su amor, 25 le hiziesse merced que de alli adelante se pusiesse don, y se llamasse doña Tolosa. Ella se lo prometio, y la otra le calçó la espuela, con la qual le passó casi el mismo coloquio que con la de la espada. Preguntole su nombre, y 30 dixo que se llamaua la Molinera, y que era hija de vn honrado molinero de Antequera; a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 la qual tambien rogo don Quixote que se pusiesse don, y se llamasse doña Molinera, ofreciendole nueuos seruicios y mercedes. Hechas, pues, de galope y aprissa (*), las hasta alli nunca vistas ceremonias, no vio la hora 5 don Quixote de verse a cauallo y salir buscando las auenturas, y, ensillando luego a Rozinante, subio en el, y abraçando (*) a su huesped, le dixo cosas tan estrañas, agradeciendole la merced de auerle armado cauallero, 10 que no es possible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retoricas, aunque con mas breues palabras, respondio a las suyas, y, sin pedirle (*) la costa de la posada, le dexó yr a la buen (*) 15 hora.
p. 77 Capitulo IV De lo que le sucedio a nuestro cauallero (*) quando salio de la venta. La del alua seria quando don Quixote salio de la venta, tan contento, tan gallardo, tan 5 alboroçado por verse ya armado cauallero, que el gozo le rebentaua por las cinchas del cauallo. Mas viniendole a la memoria los consejos de su huesped cerca de las preuenciones tan necessarias que auia de lleuar consigo, 10 especial la de los dineros y camisas, determinó boluer a su casa y acomodarse de todo, y de vn escudero, haziendo cuenta de recebir a vn labrador vezino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a proposito para el oficio 15 escuderil de la caualleria. Con este pensamiento guió a Rozinante hazia su aldea, el qual, casi conociendo la querencia, con tanta gana començo a caminar, que parecia que no ponia los pies en el suelo. 20 No auia andado mucho, quando le parecio que a su diestra mano, de la espessura de vn bosque que alli estaua, salian vnas vozes delicadas, como de persona que se quexaua, y, a penas las huuo oydo, quando dixo: 25 “Gracias doy al cielo por la merced que me haze, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que deuo a mi profession y donde pueda coger el fruto de mis buenos desseos. Estas vozes, sin duda, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78 son de algun menesteroso, o menesterosa, que ha menester mi fauor y ayuda.” Y, boluiendo las riendas, encaminó a Rozinante hazia donde le parecio que las vozes salian. Y, a pocos passos que entró por el 5 bosque, vio atada vna yegua a vna enzina, y atado en otra a vn muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quinze años, que era el que las vozes daua, y no sin causa, porque le estaua dando con vna pretina muchos 10 açotes vn labrador de buen talle, y cada açote le acompañaua con vna reprehension y consejo. Porque dezia: “La lengua queda, y los ojos listos.” Y el muchacho respondia: 15 “No lo hare otra vez, señor mio; por la passion de Dios, que no lo hare otra vez, y yo prometo de tener de aqui adelante mas cuydado con el hato.” Y viendo don Quixote lo que passaua, con 20 voz ayrada dixo: “Descortes cauallero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro cauallo y tomad vuestra lança --que tambien tenia vna lança arrimada a la enzina 25 adonde estaua arrimada (*) la yegua--, que yo os hare conocer ser de cobardes lo que estays haziendo.” El labrador, que vio sobre si aquella figura llena de armas, blandiendo la lança sobre su 30 rostro, tuuose por muerto, y con buenas palabras respondio:
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 79 “Señor cauallero, este muchacho que estoy castigando, es vn mi criado que me sirue de guardar vna manada de ouejas que tengo en estos contornos, el qual es tan descuydado, que cada dia me falta vna; y porque castigo su 5 descuydo, o vellaqueria, dize que lo hago de miserable, por no pagalle la soldada que le deuo, y en Dios y en mi anima que miente.” “¿Miente delante de mi, ruyn villano?”, dixo don Quixote. “Por el sol que nos alumbra, que 10 estoy por passaros de parte a parte con esta lança; pagadle (*) luego sin mas replica; si no, por el Dios que nos rige que os concluya y aniquile en este punto. Desatadlo (*) luego.” El labrador baxó la cabeça, y, sin responder 15 palabra, desató a su criado, al qual preguntó don Quixote que quánto le deuia su amo; el dixo que nueue meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta don Quixote y halló que montauan sesenta (*) y tres reales, y dixole al labrador 20 que al momento los desembolsasse, si no queria morir por ello. Respondio el medroso villano que para el passo en que estaua y juramento que auia hecho --y aun no auia jurado nada (*)--, que no eran tantos, porque se 25 le auian de descontar y recebir en cuenta tres pares de çapatos que le auia dado, y vn real de dos sangrias que le auian hecho estando enfermo. “Bien está todo esso”, replicó don Quixote; 30 “pero quedense los çapatos y las sangrias por los açotes que sin culpa le aueys
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80 dado; que si el rompio el cuero de los çapatos que vos pagastes, vos le aueys rompido el de su cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la aueys sacado; ansi (*) que, por esta parte, no os deue 5 nada.” “El daño está, señor cauallero, en que no tengo aqui dineros; vengase Andres conmigo a mi casa, que yo se los pagaré vn real sobre otro.” 10 “¿Yrme yo con el”, dixo el muchacho, “mas? ¡Mal año, no señor, ni por pienso; porque, en viendose solo, me dessuelle (*) como a vn San Bartolome!” “No hara tal”, replicó don Quixote; “basta 15 que yo se lo mande para que me tenga respeto; y con que el me lo jure por la ley de caualleria que ha recebido, le dexaré yr libre y asseguraré la paga.” “Mire vuestra merced, señor, lo que dize”, 20 dixo el muchacho; “que este mi amo no es cauallero, ni ha recebido orden de caualleria alguna; que es Iuan Haldudo el rico, el vezino del Quintanar.” “Importa poco esso”, respondio don Quixote, 25 “que Haldudos puede auer caualleros; quanto mas, que cada vno es hijo de sus obras (*).” “Assi es verdad”, dixo Andres; “pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada, y mi sudor y trabajo?” 30 “No niego, hermano Andres”, respondio el labrador, “y hazedme plazer de veniros
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 81 conmigo; que yo juro por todas las ordenes que de cauallerias ay en el mundo de pagaros, como tengo dicho, vn real sobre otro, y aun sahumados.” “Del sahumerio os hago gracia”, dixo don 5 Quixote; “dadselos en reales, que con esso me contento, y mirad que lo cumplays como lo aueys jurado; si no, por el mismo juramento os juro de boluer a buscaros y a (*) castigaros, y que os tengo de hallar, aunque os escondays 10 mas que vna lagartija. Y, si quereys saber quien os manda esto, para quedar con mas veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quixote de la Mancha, el desfazedor de agrauios y sinrazones, y a Dios quedad; 15 y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.” Y, en diziendo esto, picó a su Rozinante, y en breue espacio se apartó dellos. Siguiole el labrador con los ojos, y quando vio que auia 20 traspuesto del bosque y que ya no parecia, boluiose a su criado Andres, y dixole: “Venid aca, hijo mio, que os quiero pagar lo que os deuo, como aquel deshazedor de agrauios me dexó mandado.” 25 “Esso juro yo”, dixo Andres; “y ¡cómo que andara vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen cauallero, que mil años viua; que, segun es de valeroso y de buen juez, viue Roque que si no me paga, que 30 buelua y execute lo que dixo!” “Tambien lo juro yo”, dixo el labrador; “pero,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por (*) acrecentar la paga.” Y, asiendole del braço, le tornó a atar a la enzina, donde le dio tantos açotes que le dexó por muerto. 5 “Llamad, señor Andres, aora”, dezia el labrador, “al desfazedor de agrauios; vereys como no desfaze aqueste, aunque creo que no está acabado de hazer, porque me viene gana de dessollaros viuo, como vos temiades.” 10 Pero, al fin, le desató y le dio licencia que fuesse a buscar su (*) juez para que executasse la pronunciada sentencia. Andres se partio algo mohino, jurando de yr a buscar al valeroso don Quixote de la Mancha y contalle (*) punto por 15 punto lo que auia passado, y que se lo auia de pagar con las setenas (*). Pero, con todo esto, el se partio llorando y su amo se quedó riendo. Y desta manera deshizo el agrauio el valeroso don Quixote, el qual, contentissimo de lo 20 sucedido, pareciendole que auia dado felicissimo y alto principio a sus cauallerias, con gran satisfacion de si mismo yua caminando hazia su aldea, diziendo a media voz: “Bien te puedes llamar dichosa sobre quantas 25 oy viuen en la tierra, ¡o sobre las bellas bella Dulzinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a vn tan valiente y tan nombrado cauallero como lo es y sera don Quixote de la 30 Mancha. El qual, como todo el mundo sabe, ayer rescibio (*) la orden de caualleria, y oy
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 83 ha desfecho el mayor tuerto y agrauio que formó la sinrazon y cometio la crueldad. Oy quitó el latigo de la mano a aquel despiadado (*) enemigo, que tan sin ocasion vapulaua a aquel delicado infante.” 5 En esto, llegó a vn camino que en quatro se diuidia, y luego se le vino a la imaginacion las encruzexadas (*) donde los caualleros andantes se ponian a pensar quál camino de aquellos tomarian, y, por imitarlos estuuo vn rato quedo, 10 y, al cabo de auerlo muy bien pensado, solto la rienda a Rozinante, dexando a la voluntad del rozin la suya, el qual siguio su primer intento, que fue el yrse camino de su caualleriza. Y auiendo andado como dos millas, descubrio 15 don Quixote vn grande tropel de gente, que, como despues se supo, eran vnos mercaderes toledanos que yuan a comprar seda a Murcia. Eran seys, y venian con sus quitasoles, con otros (*) quatro criados a cauallo y tres moços 20 de mulas a pie. Apenas los diuisó don Quixote, quando se imaginó ser cosa de nueua auentura; y, por imitar en todo quanto a el le parecia possible los passos que auia leydo en sus libros, le 25 parecio venir alli de molde vno que pensaua hazer. Y assi, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apreto la lança, llegó la adarga al pecho, y, puesto en la mitad del camino, estuuo esperando que aquellos 30 caualleros andantes llegassen, que ya el por tales los tenia y juzgaua, y, quando llegaron a trecho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 que se pudieron ver y oyr, leuantó don Quixote la voz, y, con ademan arrogante, dixo: “Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiessa que no ay en el mundo todo donzella mas hermosa que la Emperatriz de la 5 Mancha, la simpar (*) Dulzinea del Toboso.” Pararonse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura del que las dezia, y por la figura y por las razones (*) luego echaron de ver la locura de su dueño; 10 mas quisieron ver despacio en que paraua aquella confession que se les pedia, y vno dellos, que era vn poco burlon y muy mucho discreto, le dixo: “Señor cauallero, nosotros no conocemos 15 quién sea essa buena señora que dezis; mostradnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significays (*), de buena gana y sin apremio alguno confessaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.” 20 “Si os la mostrara”, replicó don Quixote, “¿qué hizierades vosotros en confessar vna verdad tan notoria? La importancia está en que, sin verla, lo aueis de creer, confessar, afirmar, jurar y defender; donde no (*), conmigo 25 soys en batalla, gente descomunal y soberuia. Que, aora vengays vno a vno, como pide la orden de caualleria, ora todos juntos, como es costumbre y mala vsança de los de vuestra ralea, aqui os aguardo y espero, confiado en 30 la razon que de mi parte tengo.” “Señor cauallero”, replicó el mercader,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 85 “suplico a vuestra merced, en nombre de todos estos principes que aqui estamos que, por que no encarguemos nuestras conciencias, confessando vna cosa por nosotros jamas vista ni oyda, y mas siendo tan en perjuyzio de las 5 emperatrizes y reynas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea seruido de mostrarnos algun retrato de essa señora, aunque sea tamaño como vn grano de trigo; que por el hilo se sacará el ouillo, y quedaremos con 10 esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado. Y aun creo que estamos ya tan de su parte, que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de vn ojo y que del otro le mana bermellon y piedra 15 açufre, con todo esso, por complazer a vuestra merced, diremos en su fauor todo lo que quisiere.” “No le mana, canalla infame”, respondio don Quixote encendido en colera; “no le mana, 20 digo, esso que dezis, sino ambar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni corcobada, sino mas derecha que vn huso de Guadarrama (*). Pero ¡vosotros pagareys la grande blasfemia que aueys dicho contra tamaña beldad, como 25 es la de mi señora!” Y, en diziendo esto, arremetio con la lança baxa contra el que lo auia dicho, con tanta furia y enojo, que, si la buena suerte no hiziera que en la mitad del camino tropeçara y 30 cayera Rozinante, lo passara mal el atreuido mercader. Cayo Rozinante, y fue rodando su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 amo vna buena pieça por el campo, y, queriendose leuantar, jamas pudo: tal embaraço le causauan la lança, adarga, espuelas y zelada, con el peso de las antiguas armas. Y entre tanto que pugnaua por leuantarse y no podia, 5 estaua diziendo: “¡Non fuyais, gente cobarde, gente cautiua, atended; que no por culpa mia, sino de mi cauallo, estoy aqui tendido!” Vn moço de mulas de los que alli venian, 10 que no deuia de ser muy bien intencionado, oyendo dezir al pobre caydo tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y, llegandose a el, tomó la lança, y despues de auerla hecho pedaços, con 15 vno dellos començo a dar a nuestro don Quixote tantos palos, que, a despecho y pesar de sus armas, le molio como cibera. Dauanle vozes sus amos que no le diesse tanto, y que le dexasse; pero estaua ya el moço picado y no 20 quiso dexar el juego hasta embidar todo el resto de su colera; y, acudiendo por los demas troços de la lança, los acabó de deshazer sobre el miserable caydo, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre el via, no cerraua 25 la boca, amenazando al cielo y a la tierra, y a los malandrines, que tal le parecian. Cansose el moço, y los mercaderes siguieron su camino, lleuando qué contar en todo el del pobre apaleado. El qual, despues que se 30 vio solo, tornó a prouar si podia leuantarse; pero si no lo pudo hazer quando sano y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 87 bueno, ¿cómo lo haria molido y casi deshecho? Y aun se tenia por dichoso, pareciendole que aquella era propia desgracia de caualleros andantes, y toda la atribuia a la falta de su cauallo; y no era possible leuantarse, segun tenia 5 brumado todo el cuerpo.
p. 88 Capitulo V Donde se prosigue la narracion de la desgracia de nuestro cauallero. Viendo, pues, que, en efeto, no podia menearse, acordo de acogerse a su ordinario remedio, 5 que era pensar en algun passo de sus libros, y truxole su locura a la memoria aquel de Valdouinos y del Marques de Mantua, quando Carloto le dexó herido en la montiña (*), historia sabida de los niños, no ignorada de los 10 moços, celebrada y aun creyda de los viejos, y, con todo esto, no mas verdadera que los milagros de Mahoma (*). Esta, pues, le parecio a el que le venia de molde para el passo en que se hallaua; y assi, con muestras de grande 15 sentimiento, se començo a bolcar por la tierra, y a dezir con debilitado aliento lo mesmo (*) que dizen dezia el herido cauallero del bosque: ¿Dónde estás, señora mia, que no te duele mi mal? 20 O no lo sabes, señora, o eres falsa y desleal. Y desta manera fue prosiguiendo el romance, hasta aquellos versos que dizen: ¡O, noble Marques de Mantua, 25 mi tio y señor carnal! Y quiso la suerte que, quando llegó a este
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 89 verso, acerto a passar por alli vn labrador de su mesmo (*) lugar y vezino suyo, que venia de lleuar vna carga de trigo al molino, el qual, viendo aquel hombre alli tendido, se llegó a el y le preguntó que quién era y qué mal 5 sentia, que tan tristemente se quexaua. Don Quixote creyo, sin duda, que aquel era el Marques de Mantua, su tio, y, assi, no le respondio otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daua cuenta de su desgracia 10 y de los amores del hijo del Emperante con su esposa; todo de la mesma (*) manera que el romance lo canta. El labrador estaua admirado oyendo aquellos disparates, y, quitandole la visera, que ya estaua hecha pedaços de los 15 palos, le limpio el rostro, que le tenia cubierto (*) de poluo, y apenas le huuo limpiado, quando le conocio, y le dixo: “Señor Quixana” (*) --que assi se deuia de llamar quando el tenia juyzio y no auia passado 20 de hidalgo sossegado a cauallero andante--, “¿quién a puesto a vuestra merced desta suerte?” Pero el seguia con su romance a quanto le preguntaua. 25 Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenia alguna herida; pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró leuantarle del suelo, y no con poco trabajo le subio sobre su jumento, por 30 parecer (*) caualleria mas sossegada. Recogio las armas, hasta las astillas de la lança, y liolas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 90 sobre Rozinante, al qual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hazia su pueblo, bien pensatiuo de oyr los disparates que don Quixote dezia. Y no menos yua don Quixote, que, de puro molido y quebrantado, 5 no se podia tener sobre el borrico, y de quando en quando daua vnos suspiros (*) que los ponia en el cielo; de modo, que de nueuo obligó a que el labrador le preguntasse le dixesse qué mal sentia. Y no parece sino que el diablo le 10 traia a la memoria los cuentos acomodados a sus sucessos, porque en aquel punto, oluidandose de Valdouinos, se acordo del moro Abindarraez, quando el alcayde de Antequera, Rodrigo de Naruaez, le prendio y lleuó cautiuo (*) 15 a su alcaydia (*). De suerte que, quando el labrador le boluio a preguntar que cómo estaua y qué sentia, le respondio las mesmas palabras y razones que el cautiuo Abenzerrage respondia a Rodrigo de Naruaez, del mesmo 20 modo que el auia leydo la historia en la Diana, de Iorge de Montemayor, donde se escriue, aprouechandose della tan a (*) proposito, que el labrador se yua dando al diablo de oyr tanta maquina de necedades; por donde conocio que 25 su vezino estaua loco y dauale (*) priessa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quixote le causaua con su larga arenga. Al cabo de lo qual, dixo: “Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo 30 de Naruaez, que esta hermosa Xarifa, que he dicho, es aora la linda Dulzinea del Toboso,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 91 por quien yo he hecho, hago y hare los mas famosos hechos de cauallerias que se han visto, vean ni veran en el mundo.” A esto respondio el labrador: “Mire vuestra merced, señor, ¡pecador de 5 mi!, que yo no soy don Rodrigo de Naruaez, ni el Marques (*) de Mantua, sino Pedro Alonso, su vezino; ni vuestra merced es Valdouinos, ni Abindarraez, sino el honrado hidalgo del señor Quixana (*).” 10 “Yo se quién soy”, respondio don Quixote, “y se que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los doze Pares de Francia, y aun todos los Nueue de la Fama (*), pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada vno 15 por si hizieron, se auentajarán las mias.” En estas platicas y en otras semejantes llegaron al lugar a la hora que anochecia; pero el labrador aguardó a que fuesse algo mas noche, porque no viessen al molido hidalgo 20 tan mal cauallero. Llegada, pues, la hora que le parecio, entró en el pueblo y en la casa de don Quixote, la qual halló toda alborotada --y estauan en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quixote--: 25 que estaua diziendoles su ama a vozes: “¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Perez --que assi se llamaua el cura--, de la desgracia de mi señor? Tres (*) dias ha que no parecen el, ni el rozin, ni la 30 adarga, ni la lança, ni las armas. ¡Desuenturada de mi!, que me doy a entender, y assi es ello la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92 verdad como naci para morir, que estos malditos libros de cauallerias que el tiene y suele leer tan de ordinario, le han buelto el juyzio; que aora me acuerdo auerle (*) oydo dezir muchas vezes, hablando entre si, que queria 5 hazerse cauallero andante e yrse a buscar las auenturas por essos mundos. Encomendados sean a Satanas y a Barrabas tales libros, que assi han echado a perder el mas delicado entendimiento que auia en toda la Mancha.” 10 La sobrina dezia lo mesmo, y aun dezia mas: “Sepa señor maese Nicolas --que este era el nombre del barbero--, que muchas vezes le acontecio a mi señor tio estarse leyendo en estos desalmados libros de desuenturas dos 15 dias con sus noches, al cabo de los quales arrojaua el libro de las manos y ponia mano a la espada y andaua a cuchilladas con las paredes, y, quando estaua muy cansado, dezia que auia muerto a quatro gigantes como quatro 20 torres, y el sudor que sudaua del cansancio dezia que era sangre de las feridas que auia recebido en la batalla, y beuias(s)e luego vn gran jarro de agua fria, y quedaua sano y sossegado, diziendo que aquella agua era vna 25 preciosissima beuida que le auia traydo el sabio Esquife, vn grande encantador y amigo suyo. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no auisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tio, para que lo remediaran 30 antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros; que
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 93 tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuessen de herejes.” “Esto digo yo tambien”, dixo el cura, “y a fee que no se passe el dia de mañana sin que dellos no se haga acto publico, y sean 5 condenados al fuego, porque no den ocasion a quien los leyere de hazer lo que mi buen amigo deue de auer hecho.” Todo esto estauan oyendo el labrador, y don Quixote, con que acabó de entender el 10 labrador la enfermedad de su vezino, y assi, començo a dezir a vozes: “Abran vuestras mercedes al señor Valdouinos y al señor Marques de Mantua, que viene mal ferido; y al señor moro Abindarraez, que 15 trae cautiuo el valeroso Rodrigo de Naruaez, alcayde de Antequera.” A estas vozes salieron todos, y como conocieron los vnos a su amigo, las otras a su amo y tio, que aun no se auia apeado del jumento, 20 porque no podia, corrieron a abraçarle. El dixo: “Tenganse todos; que vengo mal ferido por la culpa de mi cauallo. Lleuenme a mi lecho, y llamese, si fuere possible, a la sabia 25 Vrganda, que cure y cate de (*) mis feridas.” “¡Mirá en hora maça” (*), dixo a este punto el ama, “si me dezia a mi bien mi coraçon del pie que coxeaua mi señor! Suba vuestra merced en buen hora; que, sin que venga essa 30 Vrgada (*), le sabremos aqui curar. ¡Malditos, digo, sean otra vez y otras ciento estos libros
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 94 de cauallerias, que tal han parado a vuestra merced!” Lleuaronle (*) luego a la cama, y, catandole las feridas, no le hallaron ninguna; y el dixo que todo era molimiento, por auer dado vna 5 gran cayda con Rozinante, su cauallo, combatiendose con diez jayanes, los mas desaforados y atreuidos que se pudieran fallar en gran parte de la tierra. “Ta, ta”, dixo el cura; “¿jayanes ay en la 10 dança? Para mi santiguada, que yo los queme mañana antes que llegue la noche.” Hizieronle a don Quixote mil preguntas, y a ninguna quiso responder otra cosa sino que le diessen de comer y le dexassen dormir, que 15 era lo que mas le importaua. Hizose assi, y el cura se informó muy a la larga del labrador, del modo que auia hallado a don Quixote; el se lo conto todo, con los disparates que al hallarle y al traerle auia dicho, que fue poner 20 mas desseo en el Licenciado de hazer lo que otro dia hizo, que fue llamar a su amigo el barbero maese Nicolas, con el qual se vino a casa de don Quixote.
p. 95 Capitulo VI Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hizieron en la libreria de nuestro ingenioso hidalgo. El qual aun todauia dormia. Pidio las llaues, 5 a la sobrina, del aposento donde estauan los libros, autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana; entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron mas de cien cuerpos de libros grandes muy bien enquadernados, y 10 otros pequeños; y, assi como el ama los vio, boluiose a salir del aposento con gran priessa, y tornó luego con vna escudilla de agua bendita y vn hisopo, y dixo: “Tome vuestra merced, señor Licenciado; 15 rozie este aposento, no esté aqui algun encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las (*) que les queremos dar echandolos del mundo.” Causó risa al Licenciado la simplicidad del 20 ama, y mandó al barbero que le fuesse dando de aquellos libros, vno a vno, para ver de qué tratauan, pues podia ser hallar algunos que no mereciessen castigo de fuego. “No”, dixo la sobrina, “no ay para qué 25 perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor sera arrojallos (*) por las ventanas al patio, y hazer vn rimero dellos y pegarles fuego, y, si no, lleuarlos al corral,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 96 y alli se hara la hoguera, y no ofendera el humo.” Lo mismo dixo el ama: tal era la gana que las dos tenian de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero 5 leer siquiera los titulos. Y el primero que maese Nicolas le dio en las manos, fue Los quatro de Amadis de Gaula (*), y dixo el cura: “Parece cosa de misterio esta, porque, segun he oydo dezir, este libro fue el primero de 10 cauallerias que se imprimio en España, y todos los demas han tomado principio y origen deste, y assi me parece que, como a dogmatizador de vna secta (*) tan mala, le deuemos sin escusa alguna condenar al fuego.” 15 “No señor”, dixo el barbero; “que tambien he oydo dezir que es el mejor de todos los libros que de este genero se han compuesto, y assi, como a vnico en su arte, se deue perdonar.” 20 “Assi es verdad”, dixo el cura, “y por essa razon se le otorga la vida por aora. Veamos essotro que está junto a el.” “Es”, dixo el barbero, “Las Sergas de Esplandian (*), hijo legitimo de Amadis de Gaula.” 25 “Pues en verdad”, dixo el cura, “que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid essa ventana y echadle (*) al corral, y de principio al monton de la hoguera que se ha de hazer.” 30 Hizolo assi el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandian fue bolando al corral,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VI p. 97 esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaua. “Adelante”, dixo el cura. “Este que viene”, dixo el barbero, “es Amadis de Grecia (*), y aun todos los deste lado, a 5 lo que creo, son del mesmo linage de Amadis.” “Pues vayan todos al corral”, dixo el cura; “que a trueco de quemar a la reyna Pintiquiniestra y al pastor Darinel, y a sus eglogas, y a las endiabladas y rebueltas razones de su 10 autor, quemaré (*) con ellos al padre que me engendró, si anduuiera en figura de cauallero andante.” “De esse parecer soy yo”, dixo el barbero. “Y aun yo”, añadio la sobrina. 15 “Pues assi es”, dixo el ama, “vengan, y al corral con ellos.” Dieronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera, y dio con ellos por la ventana abaxo. 20 “¿Quién es esse tonel?”, dixo el cura. “Este es”, respondio el barbero, “Don Oliuante de Laura (*).” “El autor de esse libro”, dixo el cura, “fue el mesmo que compuso a Iardin de flores (*), y 25 en verdad que no sepa determinar quál de los dos libros es mas verdadero, o, por dezir mejor, menos mentiroso. Solo se dezir que este yra al corral por disparatado y arrogante.” “Este que se sigue es Florismarte (*) de 30 Hircania” (*), dixo el barbero. “¿Ay está el señor Florismarte?” (*), replicó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 98 el cura. “Pues a fe que ha de parar presto en el corral, a pesar de su estraño nacimiento y sonadas (*) auenturas; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. Al corral con el y con esotro, señora ama.” 5 “Que me plaze, señor mio”, respondia ella, y con mucha alegria executaua lo que le era mandado. “Este es El cauallero Platir” (*), dixo el barbero. 10 “Antiguo libro es esse”, dixo el cura, “y no hallo en el cosa que merezca venia; acompañe a los demas sin replica.” Y assi fue hecho. Abriose otro libro, y vieron que tenia por 15 titulo El Cauallero de la Cruz (*). “Por nombre tan santo como este libro tiene, se podia perdonar su ignorancia; mas tambien se suele dezir: tras la Cruz está el diablo; vaya al fuego.” 20 Tomando el barbero otro libro, dixo: “Este es Espejo de cauallerias” (*). “Ya conozco a su merced”, dixo el cura; “ay anda el señor Reynaldos de Montaluan con sus amigos y compañeros, mas ladrones que Caco, 25 y los doze Pares con el verdadero historiador Turpin (*), y, en verdad, que estoy por condenarlos no mas que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la inuencion del famoso Mateo Boyardo, de donde tambien texio 30 su tela el christiano poeta (*) Ludouico Ariosto, al qual, si aqui le hallo, y que habla en otra
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VI p. 99 lengua que la suya (*), no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondre sobre mi cabeça.” “Pues yo le tengo en italiano”, dixo el barbero; “mas no le entiendo.” 5 “Ni aun fuera bien que vos le entendierades”, respondio el cura; “y aqui le perdonaramos al señor Capitan que no le huuiera traydo a España y hecho castellano, que le quitó mucho de su natural valor; y lo mesmo haran todos 10 aquellos que los libros de verso quisieren boluer en otra lengua; que, por mucho cuydado que pongan y habilidad que muestren, jamas llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efeto, que este libro y 15 todos los que se hallaren que tratan destas cosas de Francia, se echen y depositen en vn pozo seco, hasta que con mas acuerdo se vea lo que se ha de hazer dellos, ecetuando (*) a vn Bernardo del Carpio (*) que anda por ahi, y 20 a otro llamado Roncesualles (*); que estos, en llegando a mis manos, han de estar en las del ama y dellas en las del fuego, sin remission alguna.” Todo lo confirmó el barbero, y lo tuuo por 25 bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen christiano y tan amigo de la verdad, que no diria otra cosa por todas las del mundo. Y, abriendo otro libro, vio que era Palmerin de Oliua (*), y junto a el estaua 30 otro que se llamaua Palmerin de Ingalaterra (*). Lo qual, visto por el licenciado, dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 100 “Essa Oliua se haga luego raxas y se queme, que aun no queden della las cenizas; y essa Palma de Ingalaterra se guarde y se conserue, como a cosa vnica, y se haga para ello (*) otra caxa como la que halló Alexandro 5 en los despojos de Dario, que la diputó para guardar en ella las obras del poeta Homero (*). Este libro, señor compadre, tiene autoridad por dos cosas: la vna, porque el por si es muy bueno; y la otra, porque es fama que le compuso 10 vn discreto rey de Portugal. Todas las auenturas del castillo de Miraguarda son bonissimas y de grande artificio, las razones cortesanas y claras, que guardan y miran el decoro del que habla con mucha propriedad (*) y entendimiento. 15 Digo, pues, saluo vuestro buen parecer, señor maese Nicolas, que este y Amadis de Gaula queden libres del fuego, y todos los demas, sin hazer mas cala y cata, perezcan.” “No, señor compadre”, replicó el barbero; 20 “que este que aqui tengo es el afamado Don Belianis” (*). “Pues esse”, replicó el cura, “con la segunda, tercera y quarta parte, tienen necessidad de vn poco de ruybarbo para purgar la demasiada colera 25 suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama y otras impertinencias de mas importancia, para lo qual se les da termino vltramarino (*), y como se enmendaren, assi se vsará con ellos de misericordia o de justicia; 30 y, en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa; mas no los dexeys leer a ninguno.”
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VI p. 101 “Que me plaze”, respondio el barbero. Y sin querer cansarse mas en leer libros de cauallerias, [el cura] mandó al ama que tomasse todos los grandes y diesse con ellos en el corral. No se dixo a tonta ni a sorda, sino a 5 quien tenia mas gana de quemallos que de echar vna tela, por grande y delgada que fuera, y, asiendo casi ocho de vna vez, los arrojó por la ventana. Por tomar muchos juntos, se le cayo vno a los pies del barbero, que le tomó gana 10 de ver de quién era, y vio que dezia: Historia del famoso Cauallero Tirante el Blanco (*). “¡Válame Dios!”, dixo el cura, dando vna gran voz; “¡que aqui esté Tirante el Blanco! Dadmele aca, compadre, que hago cuenta que 15 he hallado en el vn tesoro de contento y vna mina de passatiempos. Aqui está don Quirieleyson de Montaluan, valeroso cauallero, y su hermano Tomas de Montaluan, y el cauallero Fonseca, con la batalla que el valiente [de 20 Tirante] (*) hizo con el alano, y las agudezas de la donzella Plazerdemiuida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de Ipolito, su escudero. Digoos verdad, señor compadre, que 25 por su estilo es este el mejor libro del mundo; aqui comen los caualleros, y duermen y mueren en sus camas, y hazen testamento antes de su muerte, con [otras] (*) cosas, de que todos los demas libros deste genero carecen. 30 Con todo esso, os digo que merecia el que le (*) compuso, pues no hizo tantas necedades
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 102 de industria (*), que le echaran a galeras por todos los dias de su vida. Lleuadle (*) a casa y leedle (*), y vereys que es verdad quanto del os he dicho.” “Assi sera”, respondio el barbero; “pero, 5 ¿qué haremos destos pequeños libros que quedan?” “Estos”, dixo el cura, “no deuen de ser de cauallerias, sino de poesia.” Y abriendo vno, vio que era La Diana, de 10 Iorge de Montemayor (*), y dixo, creyendo que todos los demas eran del mesmo genero: “Estos no merecen ser quemados, como los demas, porque no hazen ni haran el daño que los de cauallerias han hecho; que son libros 15 de entendimiento (*), sin perjuyzio de tercero.” “¡Ay, señor!”, dixo la sobrina, “bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demas, porque no seria mucho que, auiendo sanado mi señor tio de la enfermedad 20 caualleresca, leyendo estos se le antojasse de hazerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y, lo que seria peor, hazerse poeta, que, segun dizen, es enfermedad incurable y pegadiza.” 25 “Verdad dize esta donzella”, dixo el cura, “y sera bien quitarle a nuestro amigo este tropieço y ocasion delante. Y pues començamos por La Diana, de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite 30 todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VI p. 103 mayores, y quedesele en ora buena la prosa y la honra de ser primero en semejantes libros.” “Este que se sigue”, dixo el barbero, “es La Diana, llamada segunda, del Salmantino, y este, otro que tiene el mesmo nombre, cuyo 5 autor es Gil Polo (*).” “Pues la del Salmantino”, respondio el cura, “acompañe y acreciente el numero de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera del mesmo Apolo; y passe 10 adelante, señor compadre, y demonos prissa (*) que se va haziendo tarde.” “Este libro es”, dixo el barbero abriendo otro, “Los diez libros de Fortuna de Amor (*), compuestos por Antonio de Lofraso, poeta 15 sardo (*).” “Por las ordenes que recebi”, dixo el cura, “que desde que Apolo fue Apolo, y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como esse no se ha compuesto, 20 y que, por su camino, es el mejor y el mas vnico de quantos deste genero han salido a la luz del mundo; y el que no le ha leydo puede hazer cuenta que no ha leydo jamas cosa de gusto. Dadmele aca, compadre; que 25 precio mas auerle hallado que si me dieran vna sotana de raja de Florencia.” Pusole aparte con grandissimo gusto, y el barbero prosiguio diziendo: “Estos que se siguen son: El Pastor de 30 Iberia, Ninfas de Enares y Desengaños de zelos (*).”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 104 “Pues no ay mas que hazer”, dixo el cura, “sino entregarlos al braço seglar del ama, y no se me pregunte el por qué, que seria nunca acabar.” “Este que viene es El Pastor de Filida (*).” 5 “No es esse pastor”, dixo el cura, “sino muy discreto cortesano; guardese como joya preciosa.” “Este grande que aqui viene se intitula”, dixo el barbero, “Tesoro de varias poesias (*).” 10 “Como ellas no fueran tantas”, dixo el cura, “fueran mas estimadas; menester es que este libro se escarde y limpie de algunas baxezas que entre sus grandezas tiene; guardese, porque su autor es amigo mio, y por respeto de 15 otras mas heroycas y leuantadas obras que ha escrito.” “Este es”, siguio el barbero, “El Cancionero, de Lopez Maldonado (*).” “Tambien el autor de esse libro”, replicó el 20 cura, “es grande amigo mio, y sus versos en su boca admiran a quien los oye, y tal es la suauidad de la voz con que los canta, que encanta. Algo largo es en las eglogas, pero nunca lo bueno fue mucho; guardese con los 25 escogidos. Pero, ¿qué libro es esse que está junto a el?” “La Galatea, de Miguel de Cerbantes, dixo el barbero. “Muchos años ha que es grande amigo mio 30 esse Cerbantes, y se que es mas versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VI p. 105 de buena inuencion; propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quiça con la emienda (*) alcançará del todo la misericordia que aora se le niega, y entretanto que esto (*) se ve, 5 tenedle (*) recluso en vuestra posada, señor compadre.” “Que me plaze”, respondio el barbero. “Y aqui vienen tres, todos juntos: La Araucana (*) de don Alonso de Ercil[l]a; La Austriada, de 10 Iuan Rufo, Iurado de Cordoua, y El Monserrate (*), de Christoual de Virues, poeta Valenciano (*).” “Todos essos (*) tres libros”, dixo el cura, “son los mejores que en verso heroyco, en 15 lengua Castellana, estan escritos, y pueden competir con los mas famosos de Italia; guardense como las mas ricas prendas de poesia que tiene España.” Cansose el cura de ver mas libros, y assi, a 20 carga cerrada, quiso que todos los demas se quemassen; pero ya tenia abierto vno el barbero, que se llamaua Las Lagrimas de Angelica (*). “Lloraralas yo”, dixo el cura en oyendo el 25 nombre, “si tal libro huuiera mandado quemar; porque su autor fue vno de los famosos poetas del mundo, no solo de España, y fue felicissimo en la traducion de algunas fabulas de Ouidio.” 30
p. 106 Capitulo VII De la segunda salida de nuestro buen cauallero (*) don Quixote de la Mancha. Estando en esto, començo a dar vozes don Quixote, diziendo: 5 “¡Aqui, aqui, valerosos caualleros, aqui es menester mostrar la fuerça de vuestros valerosos braços; que los cortesanos lleuan lo mejor del torneo!” Por acudir a este ruydo y estruendo, no se 10 passó adelante con el escrutinio de los demas libros que quedauan; y assi, se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oydos: La Carolea y Leon de España, con Los Hechos del Emperador, compuestos por don Luys de Auila (*), que, 15 sin duda, deuian de estar entre los que quedauan, y quiça, si el cura los viera, no passaran por tan rigurosa sentencia. Quando llegaron a don Quixote, ya el estaua leuantado de la cama, y proseguia en sus 20 vozes y en sus desatinos, dando cuchilladas y reueses a todas partes, estando tan despierto como si nunca huuiera dormido; abraçaronse con el y por fuerça le boluieron al lecho, y despues que huuo sossegado vn poco, 25 boluiendose a hablar con el cura, le dixo: “Por cierto, señor arçobispo Turpin, que es gran mengua de los que nos llamamos Doze Pares, dexar tan sin mas ni mas lleuar la
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VII p. 107 vitoria deste torneo a los caualleros cortesanos, auiendo nosotros los auentureros ganado el prez en los tres dias antecedentes.” “Calle vuestra merced, señor compadre”, dixo el cura; “que Dios sera seruido que la 5 suerte se mude y que lo que oy se pierde se gane mañana; y atienda vuestra merced a su salud por agora (*), que me parece que deue de estar demasiadamente cansado, si ya no es que está mal ferido.” 10 “Ferido, no”, dixo don Quixote; “pero molido y quebrantado, no ay duda en ello, porque aquel bastardo de don Roldan me ha molido a palos con el tronco de vna enzina, y todo de embidia, porque ve que yo solo soy el opuesto 15 de sus valentias. Mas no me llamaria yo Reynaldos de Montaluan si, en leuantandome deste lecho, no me lo pagare, a pesar de todos sus encantamentos; y, por agora (*), traiganme (*) de yantar, que se que es lo que mas me hara 20 al caso, y quedese lo del vengarme a mi cargo.” Hizieronlo ansi (*), dieronle de comer, y quedose otra vez dormido, y ellos admirados de su locura. 25 Aquella noche quemó y abrasó el ama quantos libros auia en el corral y en toda la casa, y tales deuieron de arder que merecian guardarse en perpetuos archiuos; mas no lo permitio su suerte y la pereza del escrutiñador (*), y 30 assi se cumplio el refran en ellos, de que pagan a las vezes justos por pecadores.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 108 Vno de los remedios que el cura y el barbero dieron por entonces, para el mal de su amigo, fue que le murassen (*) y tapiassen el aposento de los libros, porque quando se leuantasse no los hallasse --quiça quitando la causa, cessaria 5 el efeto--, y que dixessen que vn encantador se los auia lleuado, y el aposento y todo; y assi fue hecho con mucha presteza. De alli a dos dias se leuantó don Quixote, y lo primero que hizo fue [yr] a ver (*) sus libros, 10 y como no hallaua el aposento donde le auia dexado, andaua de vna en otra parte buscandole. Llegaua adonde solia tener la puerta y tentauala con las manos, y boluia y reboluia los ojos por todo, sin dezir palabra; pero al 15 cabo de vna buena pieça, preguntó a su ama que hazia qué parte estaua el aposento de sus libros. El ama, que ya estaua bien aduertida de lo que auia de responder, le dixo: 20 “¿Qué aposento o qué nada busca vuestra merced? Ya no ay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo lleuó el mesmo diablo.” “No era diablo”, replicó la sobrina, “sino vn encantador que vino sobre vna nuue vna 25 noche, despues del dia que vuestra merced de aqui se partio, y, apeandose de vna sierpe en que venia cauallero, entró en el aposento, y no se lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieça salio bolando por el texado, y dexó la 30 casa llena de humo, y quando acordamos a mirar lo que dexaua hecho, no vimos libro ni
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VII p. 109 aposento alguno; solo se nos acuerda muy bien a mi y al ama que, al tiempo del partirse aquel mal viejo, dixo en altas vozes que, por enemistad secreta que tenia al dueño de aquellos libros y aposento, dexaua hecho el daño en 5 aquella casa que despues se veria; dixo, tambien, que se llamaua el sabio Muñaton.” “Freston diria”, dixo don Quixote. “No se”, respondio el ama, “si se llamaua Freston o Friton, solo se que acabó en ton su 10 nombre.” “Assi es”, dixo don Quixote; “que esse es vn sabio encantador, grande enemigo mio, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, 15 a pelear en singular batalla con vn cauallero a quien el fauorece, y le tengo de vencer sin que el lo pueda estoruar, y por esto procura hazerme todos los sinsabores que puede; y mandole yo que mal podra el contradezir, ni euitar, lo 20 que por el cielo está ordenado.” “¿Quién duda de esso?”, dixo la sobrina. “¿Pero quién le mete a vuestra merced, señor tio, en essas pendencias? ¿No sera mejor estarse pacifico en su casa y no yrse por el mundo 25 a buscar pan de trastrigo (*), sin considerar que muchos van por lana y bueluen tresquilados?” “¡O sobrina mia”, respondio don Quixote, “y quán mal que estás en la cuenta! Primero que a mi me tresquilen, tendre peladas y quitadas 30 las baruas a quantos imaginaren tocarme en la punta de vn solo cabello.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 110 No quisieron las dos replicarle mas, porque vieron que se le encendia la colera. Es, pues, el caso que el estuuo qui[n]ze dias en casa muy sossegado, sin dar muestras de querer segundar sus primeros deuaneos, en los 5 quales dias passó graciosissimos cuentos con sus dos compadres el cura y el barbero, sobre que el dezia que la cosa de que mas necessidad tenia el mundo era de caualleros andantes, y de que en el se resucitasse la caualleria 10 andantesca. El cura algunas vezes le contradezia, y otras concedia, porque si no guardaua este artificio, no auia poder aueriguarse con el. En este tiempo solicitó don Quixote a vn labrador vezino suyo, hombre de bien, si es 15 que este titulo se puede dar al que es pobre, pero de muy poca sal en la mollera (*). En resolucion, tanto le dixo, tanto le persuadio y prometio, que el pobre villano se determinó de salirse con el y seruirle de escudero. 20 Deziale, entre otras cosas, don Quixote, que se dispusiesse a yr con el de buena gana, porque tal vez le podia suceder auentura, que ganasse, en quitame alla essas pajas, alguna insula, y le dexasse a el por gouernador della. 25 Con estas promessas y otras tales, Sancho Pança (*), que assi se llamaua el labrador, dexó su muger y hijos y asento por escudero de su vezino. Dio luego don Quixote orden en buscar dineros, y, vendiendo vna cosa y 30 empeñando otra y malbaratandolas todas, llegó vna razonable cantidad. Acomodose, assi mesmo,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VII p. 111 de vna rodela que pidio prestada a vn su amigo, y, pertrechando su rota zelada lo mejor que pudo, auisó a su escudero Sancho del dia y la hora que pensaua ponerse en camino, para que el se acomodasse de lo que viesse 5 que mas le era menester. Sobre todo le encargó que lleuasse alforjas, e dixo (*) que si lleuaria, y que ansi mesmo pensaua lleuar vn asno que tenia muy bueno, porque el no estaua duecho (*) a andar mucho a pie. 10 En lo del asno reparó vn poco don Quixote, ymaginando si se le acordaua si algun cauallero andante auia traydo escudero cauallero asnalmente, pero nunca le vino alguno a la memoria; mas con todo esto determinó que le lleuasse, 15 con presupuesto de acomodarle de mas honrada caualleria en auiendo ocasion para ello, quitandole el cauallo al primer descortes cauallero que topasse. Proueyose de camisas y de las demas cosas 20 que el pudo, conforme al consejo que el ventero le auia dado. Todo lo qual hecho y cumplido, sin despedirse Pança de sus hijos y muger, ni don Quixote de su ama y sobrina, vna noche se salieron del lugar sin que persona los 25 viesse; en la qual caminaron tanto, que, al amanecer, se tuuieron por seguros de que no los hallarian aunque los buscassen. Yua Sancho Pança sobre su jumento como vn patriarca, con sus alforjas y su bota, y con 30 mucho desseo de verse ya gouernador de la insula que su amo le auia prometido. Acerto
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 112 don Quixote a tomar la misma derrota y camino que el que el auia tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el qual caminaua con menos pesadumbre que la vez passada, porque, por ser la hora de la 5 mañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no les fatigauan. Dixo en esto Sancho Pança a su amo: “Mire vuestra merced, señor cauallero andante, que no se le oluide lo que de la insula 10 me tiene prometido, que yo la sabre gouernar por grande que sea.” A lo qual le respondio don Quixote: “Has de saber, amigo Sancho Pança, que fue costumbre muy vsada de los caualleros andantes 15 antiguos, hazer gouernadores a sus escuderos de las insulas o reynos que ganauan, y yo tengo determinado de que por mi no falte tan agradecida vsança, antes pienso auentajarme en ella; porque ellos algunas vezes, y 20 quiça las mas, esperauan a que sus escuderos fuessen viejos, y ya despues de hartos de seruir y de lleuar malos dias y peores noches, les dauan algun titulo de conde, o, por lo mucho (*), de marques, de algun valle o prouincia 25 de poco mas a (*) menos; pero si tu viues y yo viuo, bien podria (*) ser que antes de seys dias ganasse yo tal reyno, que tuuiesse otros a el aderentes, que viniessen de molde para coronarte por rey de vno dellos. Y no lo tengas a 30 mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caualleros, por modos tan nunca vistos ni
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VII p. 113 pensados, que con facilidad te podria dar avn mas de lo que te prometo.” “De essa manera”, respondio Sancho Pança, “si yo fuesse rey por algun milagro de los que vuestra merced dize, por lo menos, Iuana 5 Gutierrez, mi oislo (*), vendria a ser reyna, y mis hijos infantes.” “Pues ¿quién lo duda?”, respondio don Quixote. “Yo lo dudo”, replicó Sancho Pança; “porque 10 tengo para mi que, aunque llouiesse Dios reynos sobre la tierra, ninguno assentaria bien sobre la cabeça de Mari Gutierrez. Sepa, señor, que no vale dos marauedis para reyna; condesa le caera mejor, y aun Dios y ayuda (*).” 15 “Encomiendalo tu a Dios, Sancho”, respondio don Quixote, “que El dara (*) lo que mas le conuenga; pero no apoques tu animo tanto que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.” 20 “No hare, señor mio”, respondio Sancho, “y mas teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabra dar todo aquello que me esté bien y yo pueda lleuar.”
p. 114 Capitulo VIII Del buen sucesso que el valeroso don Quixote tuuo en la espantable y jamas imaginada auentura de los molinos de viento, con otros sucessos dignos de felice recordacion. 5 En esto descubrieron treinta o quarenta molinos de viento que ay en aquel campo; y, assi como don Quixote los vio, dixo a su escudero: “La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertaramos a dessear; porque 10 ¿ves alli, amigo Sancho Pança, donde se descubren treynta, o pocos mas, desaforados gigantes con quien pienso hazer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos començaremos a enriquecer?; que esta es buena 15 guerra, y es gran seruicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.” “¿Qué gigantes?”, dixo Sancho Pança. “Aquellos que alli ves”, respondio su amo, “de los braços largos; que los suelen tener 20 algunos de casi dos leguas.” “Mire vuestra merced”, respondio Sancho, “que aquellos que alli se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen braços, son las aspas, que, 25 bolteadas del viento, hazen andar la piedra del molino.” “Bien parece”, respondio don Quixote, “que no estás cursado en esto de las auenturas: ellos son gigantes, y si tienes miedo, quitate 30
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 115 de ahi, y ponte en oracion en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desygual batalla.” Y, diziendo esto, dio de espuelas a su cauallo Rozinante, sin atender a las vozes que su 5 escudero Sancho le daua, aduirtiendole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que yua a acometer. Pero el yua tan puesto en que eran gigantes, que ni (*) ohia las vozes de su escudero Sancho, ni 10 echaua de ver, aunque estaua ya bien cerca, lo que eran; antes yua diziendo en vozes altas: “¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que vn solo cauallero es el que os acomete!” Leuantose en esto vn poco de viento, y las 15 grandes aspas començaron a mouerse, lo qual visto por don Quixote, dixo: “Pues aunque mouais mas braços que los del gigante Briareo, me lo aueis de pagar.” Y, en diziendo esto, y encomendandose de 20 todo coraçon a su señora Dulzinea, pidiendole que en tal trance le socorriesse, bien cubierto de su rodela, con la lança en el ristre, arremetio a todo el galope de Rozinante, y enuistio con el primero molino que estaua delante, y 25 dandole vna lançada en el aspa, la boluio el viento con tanta furia que hizo la lança pedaços, lleuandose tras si al cauallo y al cauallero, que fue rodando muy mal trecho por el campo. 30 Acudio Sancho Pança a socorrerle a todo el correr de su asno, y, quando llego, hallo que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 116 no se podia menear: tal fue el golpe que dió con el Rozinante. “¡Valame Dios!”, dixo Sancho; “¿no le dixe yo a vuestra merced que mirasse bien lo que hazia, que no eran sino molinos de viento, y no 5 lo podia ignorar sino quien lleuasse otros tales en la cabeça?” “Calla, amigo Sancho”, respondio don Quixote; “que las cosas de la guerra, mas que otras, estan sujetas a continua mudança; 10 quanto mas que yo pienso, y es assi verdad, que aquel sabio Freston que me robó el aposento y los libros ha buelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo 15 al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.” “Dios lo haga como puede”, respondio Sancho Pança. Y, ayudandole a leuantar, tornó a subir sobre 20 Rozinante, que medio despaldado estaua; y, hablando en la passada auentura, siguieron el camino del puerto Lapice (*), porque alli dezia don Quixote que no era possible dexar de hallarse muchas y diuersas auenturas, por ser 25 lugar muy passagero, sino que yua muy pesaroso por auerle faltado la lança, y, diziendoselo a su escudero, le dixo: “Yo me acuerdo auer leydo que vn cauallero español, llamado Diego Perez de Vargas, 30 auiendosele en vna batalla roto (*) la espada, desgajó de vna enzina vn pesado ramo o tronco,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 117 y con el hizo tales cosas aquel dia, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y, assi, el como sus decendientes se llamaron desde aquel dia en adelante Vargas y Machuca (*). Hete dicho esto, porque 5 de la primera enzina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco, tal y tan bueno como aquel, que me imagino y pienso hazer con el tales hazañas, que tu te tengas por bien afortunado de auer merecido venir a vellas (*) 10 y a ser testigo de cosas que apenas podran ser creydas.” “A la mano de Dios”, dixo Sancho; “yo lo creo todo assi como vuestra merced lo dize; pero enderecese vn poco, que parece que va 15 de medio lado, y deue de ser del molimiento de la cayda.” “Assi es la verdad”, respondio don Quixote; “y si no me quexo del dolor, es porque no es dado a los caualleros andantes quexarse de 20 herida alguna, aunque se le (*) salgan las tripas por ella.” “Si esso es assi, no tengo yo que replicar”, respondio Sancho; “pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quexara quando 25 alguna cosa le doliera. De mi se dezir que me he de quexar del mas pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende tambien con los escuderos de los caualleros andantes esso del no quexarse.” 30 No se dexó de reyr don Quixote de la simplicidad de su escudero, y, assi, le declaró que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 118 podia muy bien quexarse como y quando quisiesse, sin gana o con ella; que hasta entonces no auia leydo cosa en contrario en la orden de caualleria. Dixole Sancho que mirasse que era hora de comer. Respondiole su amo que por 5 entonces no le hazia menester; que comiesse el quando se le antojasse. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas lo que en ellas auia puesto, 10 yua caminando y comiendo detras de su amo muy de su espacio (*), y de quando en quando empinaua la bota, con tanto gusto, que le pudiera embidiar el mas regalado bodegonero de Malaga. Y en tanto que el yua de aquella 15 manera menudeando tragos, no se le acordaua de ninguna promessa que su amo le huuiesse hecho, ni tenia por ningun trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las auenturas, por peligrosas que fuessen. 20 En resolucion, aquella noche la passaron entre vnos arboles, y del vno dellos desgajó don Quixote vn ramo seco que casi le podia seruir de lança, y puso en el el hierro que quitó de la que se le auia quebrado. Toda aquella 25 noche no durmio don Quixote, pensando en su señora Dulzinea, por acomodarse a lo que auia leydo en sus libros quando los caualleros passauan sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las 30 memorias de sus señoras. No la passó ansi (*) Sancho Pança; que,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 119 como tenia el estomago lleno, y no de agua de chicoria, de vn sueño se la lleuó toda, y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo (*) llamara, los rayos del sol, que le dauan en el rostro, ni el canto de las aues, que 5 muchas y muy regozijadamente la venida del nueuo dia saludauan. Al leuantarse, dio vn tiento a la bota, y hallola algo mas flaca que la noche antes, y afligiosele (*) el coraçon, por parecerle que no lleuauan camino de remediar 10 tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quixote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su començado camino del puerto Lapice, y a obra de las tres del dia le 15 descubrieron. “Aqui”, dixo en viendole don Quixote, “podemos, hermano Sancho Pança, meter las manos hasta los codos en esto que llaman auenturas. Mas aduierte que, aunque me veas en 20 los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baxa, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caualleros, en ninguna 25 manera te es licito ni concedido por las leyes de caualleria que me ayudes, hasta que seas armado cauallero.” “Por cierto, señor”, respondio Sancho, “que vuestra merced sea muy bien obedicido en 30 esto, y mas, que yo de mio me soy pacifico y enemigo de meterme en ruydos ni pendencias;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 120 bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendre mucha cuenta con essas leyes, pues las diuinas y humanas permiten que cada vno se defienda de quien quisiere agr[a]uiarle.” 5 “No digo yo menos”, respondio don Quixote; “pero en esto de ayudarme contra caualleros, has de tener a raya tus naturales impetus.” “Digo que assi lo hare”, respondio Sancho, “y que guardaré esse preceto tambien (*) como 10 el dia del domingo.” Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frayles de la orden de San Benito, caualleros sobre dos dromedarios, que no eran mas pequeñas dos mulas en que venian. Traian 15 sus antojos de camino y sus quitasoles. Detras dellos venia vn coche (*) con quatro o cinco de a cauallo que le acompañauan, y dos moços de mulas a pie. Venia en el coche, como despues se supo, vna señora vizcayna que yua a Seuilla, 20 donde estaua su marido, que passaua a las Indias con vn muy honroso cargo. No venian los frayles con ella, aunque yuan el mesmo camino; mas apenas los diuisó don Quixote, quando dixo a su escudero: 25 “O yo me engaño, o esta ha de ser la mas famosa auentura que se aya visto, porque aquellos bultos negros que alli parecen deuen de ser, y son, sin duda, algunos encantadores que lleuan hurtada alguna princesa en aquel 30 coche, y es menester deshazer este tuerto a todo mi poderio.”
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 121 “Peor sera esto que los molinos de viento”, dixo Sancho. “Mire, señor, que aquellos son frayles de San Benito, y el coche deue de ser de alguna gente passagera. Mire que digo que mire bien lo que haze, no sea el diablo que le 5 engañe.” “Ya te he dicho, Sancho”, respondio don Quixote, “que sabes poco de achaque de auenturas; lo que yo digo es verdad, y aora lo veras.” Y, diziendo esto, se adelantó y se puso en 10 la mitad del camino por donde los frayles venian, y, en llegando tan cerca que a el le parecio que le podrian oyr lo que dixesse, en alta voz dixo: “¡Gente endiablada y descomunal, dexad luego 15 al punto las altas princesas que en esse coche lleuays forçadas; si no, aparejaos a recebir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras!” Detuuieron los frayles las riendas, y 20 quedaron admirados, assi de la figura de don Quixote como de sus razones, a las quales respondieron: “Señor cauallero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de 25 San Benito que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forçadas princesas.” “Para conmigo no ay palabras blandas; que ya yo os conozco, fementida canalla”, dixo 30 don Quixote. Y, sin esperar mas respuesta, picó a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 122 Rozinante y, la lança baxa, arremetio contra el primero frayle, con tanta furia y denuedo, que si el frayle no se dexara caer de la mula, el le hiziera venir al suelo mal de su grado, y aun mal ferido, si no cayera muerto. 5 El segundo religioso, que vio del modo que tratauan a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y començo a correr por aquella campaña, mas ligero que el mesmo (*) viento. 10 Sancho Pança, que vio en el suelo al frayle, apeandose ligeramente de su asno, arremetio a el y le començo a quitar los habitos. Llegaron en esto dos moços de los frayles, y preguntaronle que por qué le desnudaua; 15 respondioles Sancho que aquello le tocaua a el ligitimamente (*), como despojos de la batalla que su señor don Quixote auia ganado. Los moços, que no sabian de burlas, ni entendian aquello de despojos ni batallas, viendo que ya 20 don Quixote estaua desuiado de alli, hablando con las que en el coche venian, arremetieron con Sancho, y dieron con el en el suelo, y sin dexarle pelo en las barbas, le molieron a cozes, y le dexaron tendido en el suelo, sin aliento 25 ni sentido; y, sin detenerse vn punto, tornó a subir el frayle todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro, y quando se vio a cauallo, picó tras su compañero, que vn buen espacio de alli le estaua aguardando y esperando 30 en que paraua aquel sobresalto; y, sin querer aguardar el fin de todo aquel començado
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 123 sucesso, siguieron su camino, haziendose mas cruzes que si lleuaran al (*) diablo a las espaldas. Don Quixote estaua, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diziendole: 5 “La vuestra fermosura, señora mia, puede fazer de su persona lo que mas le viniere en talante, porque ya la soberuia de vuestros robadores yaze por el suelo, derribada por este mi fuerte braço; y, porque no peneys por saber 10 el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quixote de la Mancha, cauallero andante y auenturero (*), y cautiuo de la sin par y hermosa doña Dulzinea del Toboso; y en pago del beneficio que de mi aueys recebido, 15 no quiero otra cosa sino que boluays al Toboso (*), y que de mi parte os presenteys ante esta señora y le digays lo que por vuestra libertad he fecho.” Todo esto que don Quixote dezia, escuchaua 20 vn escudero de los que el coche acompañauan, que era vizcayno; el qual, viendo que no queria dexar passar el coche adelante, sino que dezia que luego auia de dar la buelta al Toboso, se fue para don Quixote, y, asiendole 25 de la lança, le dixo en mala lengua castellana y peor vizcayna, desta manera: “Anda, cauallero, que mal andes; por el Dios que criome, que, si no dexas coche, assi te matas como estás ahi vizcayno.” 30 Entendiole muy bien don Quixote, y con mucho sossiego le respondio:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 124 “Si fueras cauallero, como no lo eres, ya yo huuiera castigado tu sandez y atreuimiento, cautiua criatura.” A lo qual replicó el vizcayno: “¿Yo no cauallero? Iuro a Dios tan mientes 5 como christiano. ¡Si lança ar[r]ojas y espada sacas, el agua quán presto veras que al gato lleuas! (*). Vizcayno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dizes cosa.” 10 “¡Aora lo veredes, dixo Agrages! (*)”, respondio don Quixote. Y ar[r]ojando la lança en el suelo, sacó su espada y embraçó su rodela, y arremetió al vizcayno con determinacion de quitarle la vida. 15 El vizcayno, que assi le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de las malas de alquiler, no auia que fiar en ella, no pudo hazer otra cosa sino sacar su espada; pero auinole bien que se halló junto al coche, 20 de donde pudo tomar vna almohada que le siruio de escudo, y luego se fueron el vno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demas gente quisiera ponerlos en paz; mas no pudo, porque dezia el vizcayno 25 en sus mal trauadas razones, que si no le dexauan acabar su batalla, que el mismo auia de matar a su ama y a toda la gente que se lo estoruasse. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veia, hizo al cochero que 30 se desuiasse de alli algun poco, y desde lexos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el
PRIMERA PARTE, CAPITVLO VIII p. 125 discurso de la qual dio el vizcayno vna gran cuchillada a don Quixote encima de vn ombro, por encima de la rodela, que, a darsela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quixote, que sintio la pesadumbre de aquel desaforado 5 golpe, dio vna gran voz, diziendo: “¡0 señora de mi alma, Dulzinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro cauallero, que, por satisfazer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!” 10 El dezir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcayno, todo fue en vn tiempo, lleuando determinacion de auenturarlo todo a la de vn gol[pe] solo (*). El vizcayno, que assi le vio venir 15 contra el, bien entendio por su denuedo su coraje, y determinó de hazer lo mesmo (*) que don Quixote; y, assi, le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a vna ni a otra parte, que ya, de puro cansada y no 20 hecha a semejantes niñerias, no podia dar vn passo. Venia, pues, como se ha dicho, don Quixote contra el cauto vizcayno, con la espada en alto, con determinacion de abrirle por medio, 25 y el vizcayno le aguardaua ansi mesmo (*), leuantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estauan temerosos y colgados de lo que auia de suceder de aquellos tamaños golpes con que se 30 amenazauan; y la señora del coche y las demas criadas suyas estauan haziendo mil votos y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 126 ofrecimientos a todas las imagenes y casas de deuocion de España, porque Dios librasse a su escudero, y a ellas, de aquel tan grande peligro en que se hallauan. Pero está el daño de todo esto que (*) en este 5 punto y termino dexa pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpandose que no halló mas escrito destas hazañas de don Quixote, de las que dexa referidas. Bien es verdad que el segundo autor (*) desta obra no quiso creer 10 que tan curiosa historia estuuiesse entregada a las leyes del oluido, ni que huuiessen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha, que no tuuiessen en sus archiuos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso 15 cauallero tratassen, y, assi, con esta imaginacion, no se desesperó de hallar el fin desta apazible historia, el qual, siendole el cielo fauorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte. 20
p. 127 SEGVNDA PARTE DEL INGENIOSO hidalgo don Quixote de la Mancha. Capitulo IX 5 Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcayno y el valiente manchego tuuieron. Dexamos en la primera parte desta historia (*) al valeroso vizcayno y al famoso don 10 Quixote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fe[n]dientes, tales que, si en lleno se acertauan, por lo menos se diuidirian y fenderian de arriba a baxo y abririan como vna granada; y que (*) en aquel 15 punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diesse noticia su autor donde se podria hallar lo que della faltaua. Causome esto mucha pesadumbre, porque el gusto de auer leydo tan poco se boluia 20 en disgusto de pensar el mal camino que se ofrecia para hallar lo mucho que, a mi parecer, faltaua de tan sabroso cuento. Pareciome cosa impossible y fuera de toda buena costumbre,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 128 que a tan buen cauallero le huuiesse faltado algun sabio que tomara a cargo el escreuir (*) sus nunca vistas hazañas, cosa que no faltó a ninguno de los caualleros andantes, “de los que dizen las gentes 5 que van a sus auenturas (*)”, porque cada vno dellos tenia vno o dos sabios, como de molde, que no solamente escriuian sus hechos, sino que pintauan sus mas minimos pensamientos y niñerias, por mas escondidas 10 que fuessen. Y no auia de ser tan desdichado tan buen cauallero, que le faltasse a el lo que sobró a Platir (*) y a otros semejantes. Y, assi, no podia inclinarme a creer que tan gallarda historia huuiesse quedado manca y 15 estropeada, y echaua la culpa a la malignidad del tiempo, deuorador y consumidor de todas las cosas (*), el qual, o la tenia oculta o consumida. Por otra parte, me parecia que, pues entre 20 sus libros se auian hallado tan modernos como Desengaño de zelos y Ninfas y pastores de Henares (*), que tambien su historia deuia de ser moderna, y que, ya que no estuuiesse escrita, estaria en la memoria de la gente de su 25 aldea y de las a ella circunuezinas. Esta imaginacion me traia confuso y desseoso de saber real y verdaderamente toda la vida y milagros de nuestro famoso español don Quixote de la Mancha, luz y espejo de la caualleria manchega, 30 y el primero que en nuestra edad y en estos
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 129 tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y exercicio de las andantes armas, y al [de] desfazer (*) agrauios, socorrer viudas, amparar donzellas, de aquellas que andauan con sus açotes y palafrenes, y con toda su virginidad a 5 cuestas, de monte en monte y de valle en valle; que si no era que algun follon, o algun villano de acha y capellina (*), o algun descomunal gigante las forçaua, donzella huuo en los passados tiempos que, al cabo de ochenta años, 10 que en todos ellos no durmio vn dia debaxo de tejado, se fue (*) tan entera a la sepultura como la madre que la auia parido. Digo, pues, que por estos y otros muchos respetos, es digno nuestro gallardo Quixote de 15 continuas y memorables alabanças, y aun a mi no se me deuen negar por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin desta agradable historia. Aunque bien se que si el cielo, el caso y la fortuna no me ayudan (*), el mundo 20 quedara falto y sin el passatiempo y gusto que bien casi dos horas podra tener el que con atencion la leyere. Passó, pues, el hallarla en esta manera. Estando yo vn dia en el Alcana (*) de Toledo, 25 llegó vn muchacho a vender vnos cartapacios y papeles viejos a vn sedero (*), y como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, lleuado desta mi natural inclinacion, tomé vn cartapacio de los que el muchacho 30 vendia, y vile con caracteres que conoci ser arauigos. Y puesto que, aunque los conocia,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 130 no los sabia leer, anduue mirando si parecia por alli algun morisco aljamiado que los leyesse; y no fue muy dificultoso hallar interprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y mas antigua lengua le hallara. En fin, 5 la suerte me deparó vno, que, diziendole mi desseo y poniendole el libro en las manos, le abrio por medio, y leyendo vn poco en el, se començo a reyr. Preguntele yo (*) que de qué se reya, y 10 respondiome que de vna cosa que tenia aquel libro escrita en el margen por anotacion. Dixele que me la dixesse, y (*) el, sin dexar la risa, dixo: “Está, como he dicho, aqui, en el margen, 15 escrito esto: «Esta Dulzinea del Toboso, tantas »vezes en esta historia referida, dizen que tuuo »la mejor mano para salar puercos que otra »muger de toda la Mancha.»” Quando yo ohi dezir “Dulzinea del Toboso”, 20 quedé atonito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenian la historia de don Quixote. Con esta imaginacion le di priessa que leyesse el principio, y, haziendolo ansi (*), boluiendo de improuiso el 25 arauigo en castellano, dixo que dezia: Historia de don Quixote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli (*), historiador arauigo. Mucha discrecion fue menester para dissimular el contento que recebi quando llegó a mis 30 oydos el titulo del libro, y, salteandosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 131 cartapacios por medio real; que si el tuuiera discrecion y supiera lo que yo los desseaua, bien se pudiera prometer y lleuar mas de seys reales de la compra. Aparteme luego con el morisco por el claustro 5 de la Iglesia Mayor, y roguele me boluiesse aquellos cartapacios, todos los que tratauan de don Quixote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciendole la paga que el quisiesse. Contentose con dos arrobas de passas 10 y dos fanegas de trigo, y prometio de traduzirlos bien y fielmente y con mucha breuedad. Pero yo, por facilitar mas el negocio y por no dexar de la mano tan buen hallazgo, le truxe a mi casa, donde en poco mas de mes y 15 medio la traduxo toda, del mesmo (*) modo que aqui se refiere. Estaua en el primero cartapacio pintada, muy al natural, la batalla de don Quixote con el vizcayno, puestos en la mesma (*) postura que 20 la historia cuenta: leuantadas las espadas, el vno cubierto de su rodela, el otro de la almohada, y la mula del vizcayno tan al viuo, que estaua mostrando ser de alquiler (*) a tiro de ballesta. Tenia a los pies escrito el vizcayno vn 25 titulo que dezia: Don Sancho de Azpe[i]tia (*), que sin duda deuia de ser su nombre, y a los pies de Rozinante estaua otro que dezia: Don Quixote. Estaua Rozinante marauillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y 30 flaco, con tanto espinazo, tan etico confirmado, que mostraua bien al descubierto con quanta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 132 aduertencia y propriedad (*) se le auia puesto el nombre de Rozinante. Iunto a el estaua Sancho Pança, que tenia del cabestro a su asno, a los pies del qual estaua otro retulo que dezia: Sancho Çancas, y deuia de ser que tenia, a lo 5 que mostraua la pintura, la barriga grande, el talle corto y las çancas largas, y por esto se le deuio de poner nombre de Pança, y de Çancas; que con estos dos sobrenombres le llama algunas vezes la historia. 10 Otras algunas menudencias auia que aduertir; pero todas son de poca importancia, y que no hazen al caso a la verdadera relacion de la historia, que ninguna es mala como sea verdadera. Si a esta se le puede poner alguna 15 obgecion cerca de su verdad, no podra ser otra sino auer sido su autor arauigo, siendo muy propio de los de aquella nacion ser mentirosos, aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede entender auer quedado falto en 20 ella que demasiado. Y ansi (*) me parece a mi, pues (*) quando pudiera y deuiera estender la pluma en las alabanças de tan buen cauallero, parece que de industria las passa en silencio: cosa mal hecha y peor pensada, auiendo y 25 deuiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apassionados, y que ni el interes ni el miedo, el rancor ni la aficion, no les hagan (*) torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, emula del tiempo, 30 deposito de las acciones, testigo de lo passado, exemplo y auiso de lo presente, aduertencia
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 133 de lo por venir. En esta se que se hallará todo lo que se acertare a dessear en la mas apazible; y si algo bueno en ella faltare, para mi tengo que fue por culpa del galgo (*) de su autor, antes que por falta del sujeto. 5 En fin, su segunda parte, siguiendo la traducion, començaua desta manera: Puestas y leuantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y enojados combatientes, no parecia sino que estauan amenazando 10 al cielo, a la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenian. Y el primero que fue a descargar el golpe fue el colerico vizcayno, el qual fue dado con tanta fuerça y tanta furia, que, a no boluersele la espada 15 en el camino, aquel solo golpe fuera bastante para dar fin a su rigurosa contienda y a todas las auenturas de nuestro cauallero; mas la buena suerte, que para mayores cosas le tenia guardado, torcio la espada de su contrario, de 20 modo que, aunque le acerto en el hombro yzquierdo, no le hizo otro daño que desarmarle todo aquel lado, lleuandole de camino gran parte de la zelada, con la mitad de la oreja; que todo ello con espantosa ruyna vino al 25 suelo, dexandole muy mal trecho. ¡Valame Dios, y quién sera aquel que buenamente pueda contar aora la rabia que entró en el coraçon de nuestro manchego, viendose parar de aquella manera! No se diga mas sino 30 que fue de manera, que se alçó de nueuo en los estribos, y, apretando mas la espada en las
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 134 dos manos, con tal furia descargó sobre el vizcayno, acertandole de lleno sobre la almohada y sobre la cabeça, que, sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre el vna montaña, començo a echar sangre por las narizes y por 5 la boca y por los oydos, y a dar muestras de caer de la mula abaxo, de donde cayera, sin duda, si no se abraçara con el cuello; pero con todo esso, sacó los pies de los estribos, y luego solto los braços, y la mula, espantada 10 del terrible golpe, dio a correr por el campo, y, a pocos corcobos dio con su dueño en tierra. Estauaselo con mucho sossiego mirando don Quixote, y, como lo vio caer, saltó de su cauallo, y con mucha ligereza se llegó a el, y, 15 poniendole la punta de la espada en los ojos, le dixo que se rindiesse; si no, que le cortaria la cabeça. Estaua el vizcayno tan turbado que no podia responder palabra, y el lo passara mal, segun estaua ciego don Quixote, si las 20 señoras del coche, que hasta entonces con gran desmayo auian mirado la pendencia, no fueran a donde estaua y le pidieran con mucho encarecimiento, les hiziesse (*) tan gran merced y fauor de perdonar la vida a aquel su 25 escudero. A lo qual don Quixote respo[n]dio con mucho entono y grauedad: “Por cierto, fermosas señoras, yo soy muy contento de hazer lo que me pedis; mas ha de 30 ser con vna condicion y concierto, y es que este cauallero me ha de prometer de yr al
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO IX p. 135 lugar del Toboso y presentarse de mi parte ante la simpar (*) doña Dulzinea, para que ella haga del lo que mas fuere de su voluntad.” La[s] temerosa[s] y desconsolada[s] señora[s] (*), sin entrar en cuenta de lo que don 5 Quixote pedia, y sin preguntar quien Dulzinea fuesse, le prometieron que el escudero haria todo aquello que de su parte le fuesse mandado. “Pues en fe de essa palabra, yo no le hare 10 mas daño, puesto que me lo tenia bien merecido.”
p. 136 Capitulo X De lo que mas le auino a don Quixote con el vizcayno y del peligro en que se vio con vna turba de iangueses (*). Ya en este tiempo se auia leuantado Sancho 5 Pança, algo maltratado de los moços de los frayles, y auia estado atento a la batalla de su señor don Quixote, y rogaua a Dios en su coraçon fuesse seruido de darle vitoria, y que en ella ganasse alguna insula de donde le 10 hiziesse gouernador, como se lo auia prometido. Viendo, pues, ya acabada la pendencia, y que su amo boluia a subir sobre Rozinante, llegó a tenerle el estribo, y antes que subiesse se hincó de rodillas delante del, y, asiendole de la 15 mano, se la besó y le dixo: “Sea vuestra merced seruido, señor don Quixote mio, de darme el gouierno de la insula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado; que, por grande que sea, yo me siento 20 con fuerças de saberla gouernar, tal y tan bien como otro que aya gouernado insulas en el mundo.” A lo qual respondio don Quixote: “Aduertid, hermano Sancho, que esta auentura, 25 y la[s] (*) a esta semejantes, no son auenturas de insulas, sino de encruzijadas, en las quales no se gana otra cosa que sacar rota la cabeça o vna oreja menos. Tened paciencia; que auenturas se ofreceran donde no 30
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 137 solamente os pueda hazer gouernador, sino mas adelante.” Agradecioselo mucho Sancho, y, besandole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudó a subir sobre Rozinante, y el subio sobre su 5 asno, y començo a seguir a su señor, que, a passo tirado, sin despedirse ni hablar mas con las del coche, se entró por vn bosque que alli junto estaua. Seguiale Sancho a todo el trote de su jumento, pero caminaua tanto Rozinante, 10 que, viendose quedar atras, le fue forçoso dar vozes a su amo que se aguardasse. Hizolo assi don Quixote, teniendo las riendas a Rozinante hasta que llegasse su cansado escudero, el qual, en llegando, le dixo: 15 “Pareceme, señor, que seria acertado yrnos a retraer a alguna iglesia; que, segun quedó maltrecho aquel con quien os combatistes, no sera mucho que den noticia del caso a la Santa Hermandad (*) y nos prendan; y a fe que si lo 20 hazen, que (*) primero que salgamos de la carcel, que nos ha de sudar el hopo.” “Calla”, dixo don Quixote. “¿Y dónde has visto tu, o leydo jamas, que cauallero andante aya sido puesto ante la justicia por mas 25 homicidios que huuiesse cometido?” “Yo no se nada de omecillos (*)”, respondio Sancho, “ni en mi vida le caté a ninguno; solo se que la Santa Hermandad tiene que ver con los que pelean en el campo, y en essotro no 30 me entremeto.” “Pues no tengas pena, amigo”, respondio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 138 don Quixote; “que yo te sacaré de las manos de los caldeos, quanto mas de las de la Hermandad. Pero dime, por tu vida: ¿has visto (*) mas valeroso cauallero que yo en todo lo descubierto de la tierra? ¿Has leydo en historias 5 otro que tenga ni aya tenido mas brio en acometer, mas aliento en el perseuerar, mas destreza en el herir, ni mas maña en el derribar?” “La verdad sea”, respondio Sancho, “que yo no he leydo ninguna historia jamas, porque ni 10 se leer ni escreuir; mas lo que osaré apostar es que mas atreuido amo que vuestra merced yo no le he seruido en todos los dias de mi vida, y quiera Dios que estos atreui[mi]entos no se paguen donde tengo dicho. Lo que le 15 ruego a vuestra merced es que se cure, que le va mucha sangre de essa oreja; que aqui traygo hilas y vn poco de vnguento blanco en las alforjas.” “Todo esso fuera bien escusado”, respondio 20 don Quixote, “si a mi se me acordara de hazer vna redoma del balsamo de Fierabras; que con sola vna gota se ahorraran tiempo y medizinas.” “¿Qué redoma y qué balsamo es esse?” dixo 25 Sancho Pança. “Es vn balsamo”, respondio don Quixote, “de quien tengo la receta en la memoria, con el qual no ay que tener temor a la muerte, ni ay pensar morir de ferida alguna. Y, ansi (*), 30 quando yo le haga y te le de, no tienes mas que hazer sino que, quando vieres que en
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 139 alguna batalla me han partido por medio del cuerpo, como muchas vezes suele acontecer, bonitamente la parte del cuerpo que huuiere caydo en el suelo, y con mucha sotiliza (*), antes que la sangre se yele, la pondras sobre 5 la otra mitad que quedare en la silla, aduirtiendo de encaxallo ygualmente y al justo. Luego me daras a beuer solos dos tragos del (*) balsamo que he dicho, y verasme (*) quedar mas sano que vna mançana.” 10 “Si esso ay”, dixo Pança, “yo renuncio desde aqui el gouierno de la prometida insula, y no quiero otra cosa en pago de mis muchos y buenos seruicios, sino que vuestra merced me de la receta de esse estremado licor; que para 15 mi tengo que valdra la onça, adonde quiera, mas de a dos reales, y no he menester yo mas para passar esta vida honrada y descansadamente. Pero es de saber agora (*) si tiene mucha costa el hazelle.” 20 “Con menos de tres reales se pueden hazer tres azumbres”, respondio don Quixote. “¡Pecador de mi!”, replicó Sancho, “¿pues a qué aguarda vuestra merced a hazelle y a enseñarmele?” 25 “Calla, amigo”, respondio don Quixote; “que mayores secretos pienso enseñarte y mayores mercedes hazerte; y por agora (*) curemonos, que la oreja me duele mas de lo que yo quisiera.” 30 Sacó Sancho de las alforjas hilas y vnguento. Mas quando don Quixote llegó a ver rota su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 140 zelada, penso perder el juyzio, y, puesta la mano en la espada y alçando los ojos al cielo, dixo: “Yo hago juramento al Criador de todas las cosas, y a los santos quatro Euangelios donde 5 mas largamente estan escritos, de hazer la vida que hizo el grande Marques de Mantua quando juró (*) de vengar la muerte de su sobrino Valdouinos, que fue de no comer pan a manteles, ni con su muger folgar, y otras cosas 10 que, aunque dellas no me acuerdo, las doy aqui por expressadas, hasta tomar entera vengança del que tal desaguisado me fizo.” Oyendo esto Sancho, le dixo: “Aduierta vuestra merced, señor don Quixote, 15 que si el cauallero cumplio lo que se le dexó ordenado de yrse (*) a presentar ante mi señora Dulzinea del Toboso, ya aura cumplido con lo que deuia, y no merece otra pena si no comete nueuo delito.” 20 “Has hablado y apuntado muy bien”, respondio don Quixote; “y, assi, anulo el juramento en quanto lo que toca a tomar del nueua vengança; pero hagole y confirmole de nueuo de hazer la vida que he dicho hasta 25 tanto que quite por fuerça otra zelada, tal y tan buena como esta, a algun cauallero. Y no pienses, Sancho, que assi a humo de pajas hago esto; que bien tengo a quien imitar en ello, que esto mesmo (*) passó al pie de la 30 letra sobre el yelmo de Mambrino, que tan caro le costo a Sacripante (*).”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 141 “Que de al diablo vuestra merced tales juramentos, señor mio”, replicó Sancho, “que son muy en daño de la salud y muy en perjuyzio de la conciencia. Si no, digame aora: si acaso en muchos dias no topamos hombre armado 5 con zelada, ¿qué hemos de hazer? ¿Hase de cumplir el juramento a despecho de tantos inconuenientes e incomodidades como sera el dormir vestido, y el no dormir en poblado, y otras mil penitencias que contenia el juramento 10 de aquel loco viejo del Marques de Mantua, que vuestra merced quiere reualidar aora? Mire vuestra merced bien que por todos estos caminos no andan hombres armados, sino harrieros y carreteros, que no solo no traen zeladas, pero 15 quiça no las han oydo nombrar en todos los dias de su vida.” “Engañaste en esso”, dixo don Quixote, “porque no auremos estado dos horas por estas encruzijadas, quando veamos mas armados 20 que los que vinieron sobre Albraca a la conquista de Angelica la Bella (*).” “Alto, pues; sea ansi (*)”, dixo Sancho, “y a Dios prazga que nos suceda bien, y que se llegue ya el tiempo de ganar esta insula que 25 tan cara me cuesta, y muerame yo luego.” “Ya te he dicho, Sancho, que no te de esso cuydado alguno; que, quando faltare insula, ay está el reyno de Dinamarca o el de Sobradisa (*), que te vendran como anillo al dedo, 30 y mas que, por ser en tierra firme, te deues mas alegrar. Pero dexemos esto para su tiempo,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 142 y mira si traes algo en essas alforjas que comamos, porque vamos luego en busca de algun castillo donde aloxemos esta noche y hagamos el balsamo que te he dicho, porque yo te boto a Dios, que me va doliendo mucho 5 la oreja.” “Aqui trayo vna cebolla y vn poco de queso y no se quantos mendrugos de pan”, dixo Sancho; “pero no son manjares que pertenecen a tan valiente cauallero como vuestra 10 merced.” “Qué mal lo entiendes”, respondio don Quixote; “hagote saber, Sancho, que es honra de los caualleros andantes no comer en vn mes, y ya que coman, sea de aquello que hallaren 15 mas a mano; y esto se te hiziera cierto si huuieras leydo tantas historias como yo, que, aunque han sido muchas, en todas ellas no he hallado hecha relacion de que los caualleros andantes comiessen, si no era acaso y en 20 algunos suntuosos banquetes que les hazian, y los demas dias se los passauan en flores (*). Y aunque se dexa entender que no podian passar sin comer y sin hazer todos los otros menesteres naturales, porque, en efeto, eran 25 hombres como nosotros, hase de entender tambien que, andando lo mas del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cozinero, que su mas ordinaria comida seria de viandas rusticas, tales como las que tu aora 30 me ofreces. Assi que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mi me da gusto; ni querras (*)
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO X p. 143 tu hazer mundo nueuo, ni sacar la caualleria andante de sus quicios.” “Perdoneme vuestra merced”, dixo Sancho; “que como yo no se leer ni escreuir, como otra vez he dicho, no se ni he caydo en las 5 reglas de la profession caualleresca, y de aqui adelante yo proueere las alforjas de todo genero de fruta seca para vuestra merced, que es cauallero, y para mi las proueere, pues no lo soy, de otras cosas bolatiles y de mas 10 sustancia.” “No digo yo, Sancho”, replicó don Quixote, “que sea forçoso a los caualleros andantes no comer otra cosa sino essas frutas que dizes, sino que su mas ordinario sustento deuia de 15 ser dellas, y de algunas yeruas que hallauan por los campos, que ellos conocian y yo tambien conozco.” “Virtud es”, respondio Sancho, “conocer essas yeruas, que, segun yo me voy imaginando, 20 algun dia sera menester vsar de esse conocimiento.” Y sacando, en esto, lo que dixo que trahia, comieron los dos en buena paz y compaña. Pero desseosos de buscar donde alojar aquella 25 noche, acabaron con mucha breuedad su pobre y seca comida. Subieron luego a cauallo, y dieronse priessa por llegar a poblado antes que anocheciesse; pero faltoles el sol, y la esperança de alcançar lo que desseauan, junto a 30 vnas choças de vnos cabreros, y, assi, determinaron de passarla alli; que, quanto fue de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 144 pesadumbre para Sancho no llegar a poblado, fue de contento para su amo dormirla al cielo descubierto, por parecerle que cada vez que esto le sucedia era hazer vn acto possessiuo que facilitaua la prueua de su caualleria. 5
p. 145 Capitulo XI De lo que le sucedio a don Quixote con vnos cabreros. Fue recogido de los cabreros con buen animo, y auiendo Sancho, lo mejor que pudo, 5 acomodado a Rozinante y a su jumento, se fue tras el olor que despedian de si ciertos tasajos de cabra, que hiruiendo al fuego en vn caldero estauan; y, aunque el quisiera en aquel mesmo (*) punto ver si estauan en sazon de 10 trasladarlos del caldero al estomago, lo dexó de hazer, porque los cabreros los quitaron del fuego, y, tendiendo por el suelo vnas pieles de ouejas, adereçaron con mucha priessa su rustica mesa, y combidaron a los dos, con 15 muestras de muy buena voluntad, con lo que tenian. Sentaronse a la redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada auia, auiendo primero, con grosseras ceremonias, rogado a don Quixote que se sentasse sobre 20 vn dornajo que buelto del reues le pusieron. Sentose don Quixote, y quedauase Sancho en pie para seruirle la copa, que era hecha de cuerno. Viendole en pie su amo, le dixo: “Porque veas, Sancho, el bien que en si 25 encierra la andante caualleria, y quán a pique estan los que en qualquiera ministerio della se exercitan de venir breuemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aqui, a mi lado y en compañia desta buena gente, te 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 146 sientes, y que seas vna mesma (*) cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y beuas por donde yo beuiere, porque de la caualleria andante se puede dezir lo mesmo (*) que del amor se dize (*): que todas 5 las cosas yguala.” “Gran merced”, dixo Sancho; “pero se dezir a vuestra merced que como yo tuuiesse bien de comer, tambien (*) y mejor me lo comeria en pie y a mis solas como sentado a par de 10 vn emperador. Y aun si va a dezir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincon, sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipauos de otras mesas donde me sea forçoso mascar despacio, beuer 15 poco, limpiarme a menudo, no estornudar, ni toser si me viene gana, ni hazer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Ansi (*) que, señor mio, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro 20 y aderente de la caualleria andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conuiertalas en otras cosas que me sean de mas comodo y prouecho; que estas, aunque las doy por bien recebidas, las renuncio para desde 25 aqui al fin del mundo.” “Con todo esso, te has de sentar, porque a quien se humilla Dios le ensalça.” Y, asiendole por el braço, le forço a que junto del (*) se sentasse. 30 No entendian los cabreros aquella gerigonça de escuderos y de caualleros andantes, y no
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 147 hazian otra cosa que comer y callar, y mirar a sus huespedes, que, con mucho donayre y gana, embaulauan tassajo como el puño. Acabado el seruicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas auellanadas, 5 y juntamente pusieron vn medio queso, mas duro que si fuera hecho de argamassa. No estaua en esto ocioso el cuerno, porque andaua a la redonda tan a menudo, ya lleno, ya vazio, como arcaduz de noria, que con facilidad 10 vazió vn zaque de dos que estauan de manifiesto. Despues que don Quixote huuo bien satisfecho su estomago, tomó vn puño de bellotas en la mano, y, mirandolas atentamente, solto 15 la voz a semejantes razones: “¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados; y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se 20 alcançasse en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella viuian ignorauan estas dos palabras de tuyo y mio! Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necessario, para alcançar 25 su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alçar la mano y alcançarle de las robustas enzinas, que liberalmente les estauan combidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes rios, en magnifica abundancia, 30 sabrosas y transparentes aguas les ofrecian. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 148 arboles formauan su republica las solicitas y discretas abejas, ofreciendo a qualquiera mano, sin interes alguno, la fertil cosecha de su dulcissimo trabajo. Los valientes alcornoques despedian de si, sin otro artificio que el de su 5 cortesia, sus anchas y liuianas cortezas, con que se començaron a cubrir las casas, sobre rusticas estacas sustentadas, no mas que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; 10 aun no se auia atreuido la pesada reja del corbo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forçada, ofrecia por todas las partes de su fertil y espacioso seno lo que pudiesse hartar, 15 sustentar y deleytar a los hijos que entonces la posseian. ”Entonces si que andauan las simples y hermosas çagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trença y en cabello, sin mas vestidos 20 de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que aora se vsan, a quien la purpura de Tyro y la por tantos modos 25 martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos (*) y yedra entretexidas, con lo que quiça yuan tan pomposas y compuestas como van agora (*) nuestras cortesanas con las raras y peregrinas inuenciones que la 30 curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decorauan los concetos amorosos del alma
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 149 simple y senzillamente, del mesmo (*) modo y manera que ella los concebia, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No auia la fraude, el engaño ni la malicia, mezcladose (*) con la verdad y llaneza. La 5 justicia se estaua en sus proprios (*) terminos, sin que la osassen turbar ni ofender los del fauor y los del interesse, que tanto aora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaxe aun no se auia sentado (*) en el 10 entendimiento del juez, porque entonces no auia que juzgar, ni quien fuesse juzgado. Las donzellas y la honestidad andauan, como tengo dicho, por donde quiera, sola y señera (*), sin temor que la agena desemboltura y lasciuo 15 intento le (*) menoscabassen, y su perdicion nacia de su gusto y propria (*) voluntad. Y agora (*), en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nueuo laberinto como el de Creta; porque 20 alli, por los resquicios, o por el ayre, con el zelo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les haze dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando mas los tiempos y creciendo mas la malicia, se 25 instituyó la orden de los caualleros andantes para defender las donzellas, amparar las viudas, y socorrer a los huerfanos y a los menesterosos. ”Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a 30 quien agradezco el gassaje (*) y buen acogimiento que hazeis a mi y a mi escudero. Que,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 150 aunque por ley natural estan todos los que viuen obligados a fauorecer a los caualleros andantes, todauia, por saber que sin saber vosotros esta obligacion me acogistes y regalastes, es razon que con la voluntad a mi possible 5 os agradezca la vuestra.” Toda esta larga arenga, que se pudiera muy bien escusar, dixo nuestro cauallero, porque las bellotas que le dieron le truxeron a la memoria la edad dorada. Y antojosele hazer aquel 10 inutil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embouados y suspensos, le estuuieron escuchando. Sancho, assi mesmo (*), callaua y comia bellotas, y visitaua muy a menudo el segundo zaque, que, porque 15 se enfriasse el vino, le tenian colgado de vn alcornoque. Mas tardó en hablar don Quixote que en acabarse la cena; al fin de la qual vno de los cabreros dixo: 20 “Para que con mas veras pueda vuestra merced dezir, señor cauallero andante, que le agassajamos con prompta (*) y buena voluntad, queremos darle solaz y contento con hazer que cante vn compañero nuestro, que no tardará 25 mucho en estar aqui. El qual es vn zagal muy entendido y muy enamorado, y que, sobre todo, sabe leer y escreuir, y es musico de vn rabel (*) que no ay mas que dessear.” Apenas auia el cabrero acabado de dezir 30 esto, quando llegó a sus oydos el son del rabel, y de alli a poco llegó el que le tañia, que era
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 151 vn moço de hasta veynte y dos años, de muy buena gracia. Preguntaronle sus compañeros si auia cenado, y, respondiendo que si, el que auia hecho los ofrecimientos le dixo: “De essa manera, Antonio, bien podras 5 hazernos plazer de cantar vn poco, por que vea este señor huesped que tenemos, que (*) tambien por los montes y seluas ay quien sepa de musica. Hemosle dicho tus buenas habilidades, y desseamos que las muestres y nos saques 10 verdaderos; y, assi, te ruego por tu vida que te sientes y cantes el romance de tus amores, que te compuso el beneficiado tu tio, que en el pueblo ha parecido muy bien.” “Que me plaze”, respondio el moço. 15 Y, sin hazerse mas de rogar, se sento en el tronco de vna desmochada enzina, y, templando su rabel, de alli a poco, con muy buena gracia, començo a cantar, diziendo desta manera: ANTONIO 20 Yo se, Olalla, que me adoras, puesto que no me lo has dicho ni aun con los ojos siquiera, mudas lenguas de amorios. Porque se que eres sabida, 25 en que me quieres me afirmo; que nunca fue desdichado amor que fue conocido. Bien es verdad, que tal vez, Olalla, me has dado indicio 30 que tienes de bronze el alma y el blanco pecho de risco. Mas alla, entre tus reproches
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 152 y honestissimos desuios, tal vez la esperança muestra la orilla de su vestido. Aualançase al señuelo mi fe, que nunca ha podido, 5 ni menguar por no llamado, ni crecer por escogido. Si el amor es cortesia, de la que tienes colijo, que el (*) fin de mis esperanças 10 ha de ser qual imagino. Y si son seruicios parte de hazer vn pecho benigno, algunos de los que he hecho fortalezen mi partido. 15 Porque si has mirado en ello, mas de vna vez auras visto que me he vestido en los lunes lo que me honraua el domingo. Como el amor y la gala 20 andan vn mesmo (*) camino, en todo tiempo a tus ojos quise mostrarme polido. Dexo (*) el baylar por tu causa, ni las musicas te pinto 25 que has escuchado a deshoras y al canto del gallo primo. No cuento las alabanças que de tu belleza he dicho; que, aunque verdaderas, hazen 30 ser yo de algunas malquisto. Teresa del Berrocal, yo alabandote, me dixo: “Tal piensa que adora a (*) vn angel, y viene a adorar a vn gimio, 35 merced a los muchos dixes, y a los cabellos postizos, y a hipocritas hermosuras que engañan al amor mismo.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XI p. 153 Desmentila, y enojose; boluio por ella su primo, desafiome, y ya sabes lo que yo hize y el hizo. No te quiero yo a monton, 5 ni te pretendo y te siruo por lo de barragania, que mas bueno es mi designio. Coyundas tiene la Iglesia que son lazadas de sirgo; 10 pon tu el cuello en la gamella, veras como pongo el mio. Donde no, desde aqui juro por el santo mas bendito de no salir destas sierras 15 sino para capuchino. Con esto dio el cabrero fin a su canto, y aunque don Quixote le rogo que algo mas cantasse, no lo consintio Sancho Pança, porque estaua mas para dormir que para oyr 20 canciones. Y ansi (*), dixo a su amo: “Bien puede vuestra merced acomodarse desde luego a donde ha de posar esta noche; que el trabajo que estos buenos hombres tienen todo el dia no permite que passen las 25 noches cantando.” “Ya te entiendo, Sancho”, le respondio don Quixote; “que bien se me trasluze que las visitas del zaque piden mas recompensa de sueño que de musica.” 30 “A todos nos sabe bien, bendito sea Dios”, respondio Sancho. “No lo niego”, replicó don Quixote; “pero acomodate tu donde quisieres, que los de mi
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 154 profession mejor parecen velando que durmiendo. Pero, con todo esto (*), seria bien, Sancho, que me bueluas a curar esta oreja, que me va doliendo mas de lo que es menester.” 5 Hizo Sancho lo que se le mandaua. Y, viendo vno de los cabreros la herida, le dixo que no tuuiesse pena, que el pondria remedio con que facilmente se sanasse. Y, tomando algunas hojas de romero, de mucho que por alli auia, 10 las mascó y las mezcló con vn poco de sal (*), y, aplicandoselas a la oreja, se la vendó muy bien, assegurandole que no auia menester otra medicina, y assi fue la verdad.
p. 155 Capitulo XII De lo que conto vn cabrero a los que estauan con don Quixote. Estando en esto, llegó otro moço de los que les traian del aldea el bastimento, y dixo: 5 “¿Sabeis lo que passa en el lugar, compañeros?” “¿Cómo lo podemos saber?”, respondio vno dellos. “Pues sabed”, prosiguio el moço, “que murio 10 esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisostomo, y se murmura que ha muerto de amores de aquella endiablada moça de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquella que se anda en habito de pastora por 15 essos andurriales.” “Por Marcela dirás”, dixo vno. “Por essa digo”, respondio el cabrero. “Y es lo bueno que mandó en su testamento que le enterrassen en el campo, como si fuera moro, 20 y que sea al pie de la peña donde está la fuente del alcornoque; porque, segun es fama, y el dizen que lo dixo, aquel lugar es adonde el la vio la vez primera. Y tambien mandó otras cosas, tales, que los abades del pueblo 25 dizen que no se han de cumplir, ni es bien que se cumplan, porque parecen de gentiles. A todo lo qual responde aquel gran su amigo (*) Ambrosio, el estudiante, que tambien se vistio de pastor con el, que se ha de cumplir todo, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 156 sin faltar nada, como lo dexó mandado Grisostomo, y sobre esto anda el pueblo alborotado; mas, a lo que se dize, en fin se hara lo que Ambrosio y todos los pastores, sus amigos, quieren; y mañana le vienen a enterrar con 5 gran pompa adonde tengo dicho. Y tengo para mi que ha de ser cosa muy de ver; a lo menos, yo no dexaré de yr a verla, si supiesse no boluer mañana al lugar.” “Todos haremos lo mesmo (*)”, respondieron 10 los cabreros, “y echaremos suertes a quien ha de quedar a guardar las cabras de todos.” “Bien dizes, Pedro”, dixo [vno]; “que (*) no sera menester vsar de essa diligencia, que yo me quedaré por todos; y no lo atribuyas a 15 virtud y a poca curiosidad mia, sino a que no me dexa andar el garrancho que el otro dia me passó este pie.” “Con todo esso, te lo agradecemos”, respondio Pedro. 20 Y don Quixote rogo a Pedro le dixesse qué muerto era aquel y qué pastora aquella. A lo qual Pedro respondio que lo que sabia era que el muerto era vn hijodalgo rico, vezino de vn lugar que estaua en aquellas sierras, 25 el qual auia sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los quales auia buelto a su lugar, con opinion de muy sabio y muy leydo. “Principalmente, dezian que sabia la ciencia de las estrellas, y de lo que passan alla 30 en el cielo el sol y la luna, porque puntualmente nos dezia el cris del sol y de la luna.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 157 “Eclipse se llama, amigo, que no cris, el escurecerse essos dos luminares mayores”, dixo don Quixote. Mas Pedro, no reparando en niñerias, prosiguio su cuento, diziendo: 5 “Assi mesmo (*) adeuinaua quándo auia de ser el año abundante o estil.” “Esteril quereys dezir, amigo”, dixo don Quixote. “Esteril o estil”, respondio Pedro, “todo se 10 sale alla. Y digo que con esto que dezia se hizieron su padre y sus amigos, que le dauan credito, muy ricos, porque hazian lo que el les aconsejaua, diziendoles: «Sembrad este año »ceuada, no trigo; en este podeis sembrar 15 »garuanços, y no ceuada; el que viene sera »de guilla de azeyte; los tres siguientes no se »cogera gota.»” “Essa ciencia se llama astrologia”, dixo don Quixote. 20 “No se yo cómo se llama”, replicó Pedro, “mas se que todo esto sabia, y aun mas. Finalmente (*), no passaron muchos meses despues que vino de Salamanca, quando vn dia remanecio vestido de pastor, con su cayado (*) y 25 pellico, auiendose quitado los habitos largos que como escolar traia, y juntamente se vistio con el de pastor otro su grande amigo, llamado Ambrosio, que auia sido su compañero en los estudios. Oluidauaseme de dezir como 30 Grisostomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que el hazia los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 158 villancicos para la noche del Nacimiento del Señor y los autos para el dia de Dios, que los representauan los moços de nuestro pueblo, y todos dezian que eran por el cabo. Quando los del lugar vieron tan de improuiso vestidos de 5 pastores a los dos escolares, quedaron admirados, y no podian adiuinar la causa que les auia mouido a hazer aquella tan estraña mudança. Ya en este tiempo era muerto el padre de nuestro Grisostomo, y el quedó heredado 10 en mucha cantidad de hazienda, ansi en muebles como en rayzes, y en no pequeña cantidad de ganado mayor y menor, y en gran cantidad de dineros; de todo lo qual quedó el moço señor desoluto, y en verdad que todo lo merecia; 15 que era muy buen compañero, y caritatiuo, y amigo de los buenos, y tenia vna cara como vna bendicion. Despues se vino a entender que el auerse mudado de traje no auia sido por otra cosa que por andarse por estos 20 despoblados empos de aquella pastora Marcela, que nuestro çagal nombró denantes, de la qual se auia (*) enamorado el pobre difunto de Grisostomo. Y quiero os dezir agora (*), porque es bien que lo sepais, quien es esta rapaza; 25 quiça, y aun sin quiça, no aureis oydo semejante cosa en todos los dias de vuestra vida, aunque viuais mas años que Sarna.” “Dezid Sarra”, replicó don Quixote, no pudiendo sufrir el trocar de los vocablos del 30 cabrero. “Harto viue la sarna”, respondio Pedro; “y
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 159 si es, señor, que me aueis de andar çaheriendo a cada passo los vocablos, no acabaremos en vn año.” “Perdonad, amigo”, dixo don Quixote; “que por auer tanta diferencia de sarna a Sarra os 5 lo dixe. Pero vos respondistes muy bien, porque viue mas sarna que Sarra; y proseguid vuestra historia, que no os replicaré mas en nada.” “Digo, pues, señor mio de mi alma”, dixo el 10 cabrero, “que en nuestra aldea huuo vn labrador, aun mas rico que el padre de Grisostomo, el qual se llamaua Guillermo, y al qual dio Dios, amen de las muchas y grandes riquezas, vna hija de cuyo parto murio su madre, que 15 fue la mas honrada muger que huuo en todos estos contornos. No parece sino que aora la veo, con aquella cara que del vn cabo tenia el sol y del otro la luna, y, sobre todo, hazendosa y amiga de los pobres, por lo que creo 20 que deue de estar su anima a la hora de aora (*) gozando de Dios en el otro mundo. De pesar de la muerte de tan buena muger murio su marido Guillermo, dexando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de vn 25 tio suyo, sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Crecio la niña con tanta belleza, que nos hazia acordar de la de su madre, que la tuuo muy grande, y, con todo esto, se juzgaua que le auia (*) de passar la de la hija. 30 ”Y assi fue, que, quando llegó a edad de catorze a quinze años, nadie la miraua que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 160 no bendezia a Dios, que tan hermosa la auia criado, y los mas quedauan enamorados y perdidos por ella. Guardauala su tio con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con todo esto, la fama de su mucha hermosura se 5 estendio de manera que, assi por ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tio se la 10 diesse por muger. Mas el, que a las derechas es buen christiano, aunque quisiera casarla luego, assi como la via de edad, no quiso hazerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la ganancia y grangeria que le ofrecia el tener la 15 hazienda de la moça, dilatando su casamiento. Y a fe que se dixo esto en mas de vn corrillo en el pueblo, en alabança del buen sacerdote. Que quiero que sepa, señor andante, que en estos lugares cortos (*) de todo se trata y de 20 todo se murmura. Y tened para vos, como yo tengo para mi, que deuia de ser demasiadamente bueno el clerigo que obliga a sus feligreses a que digan bien del, especialmente en las aldeas.” 25 “Assi es la verdad”, dixo don Quixote, “y proseguid adelante; que el cuento es muy bueno, y vos, buen Pedro, le contais con muy buena gracia.” “La del Señor no me falte, que es la que haze 30 al caso. Y en lo demas, sabreis que, aunque el tio proponia a la sobrina y le dezia las
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 161 calidades de cada vno en particular, de los muchos que por muger la pedian, rogandole que se casasse y escogiesse a su gusto, jamas ella respondio otra cosa sino que por entonces no queria casarse, y que, por ser tan muchacha, 5 no se sentia abil para poder lleuar la carga del matrimonio. Con estas que daua, al parecer, justas escusas, dexaua el tio de importunarla, y esperaua a que entrasse algo mas en edad, y ella supiesse escoger compañia a su 10 gusto. Porque dezia el, y dezia muy bien, que no auian de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad. Pero hetelo aqui, quando no me cato (*), que remanece vn dia la melindrosa Marcela hecha pastora; y, sin ser parte 15 su tio ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejauan, dio en yrse al campo con las demas çagalas del lugar, y dio en guardar su mesmo (*) ganado. Y, assi como ella salio en publico y su hermosura se vio al descubierto, 20 no os sabre buenamente dezir quántos ricos mancebos, hidalgos y labradores, han tomado el traje de Grisostomo y la andan requebrando por essos campos. Vno de los quales, como ya está dicho, fue nuestro difunto, del qual dezian 25 que la dexaua de querer, y la adoraua. ”Y no se piense que porque Marcela se puso en aquella libertad y vida tan suelta, y de tan poco o de ningun recogimiento, que por esso ha dado indicio, ni por semejas, que venga en 30 menoscabo de su honestidad y recato; antes es tanta y tal la vigilancia con que mira por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 162 su honra, que de quantos la siruen y solicitan ninguno se ha alabado, ni con verdad se podra alabar, que le aya dado alguna pequeña esperança de alcançar su desseo. Que, puesto que no huye ni se esquiua de la compañia y 5 conuersacion de los pastores, y los trata cortes y amigablemente, en llegando a descubrirle su intencion qualquiera dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de si como con vn trabuco. Y con esta manera 10 de condicion haze mas daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad y hermosura atrae los coraçones de los que la tratan a seruirla y a amarla; pero su desden y desengaño los conduze a terminos 15 de desesperarse, y, assi, no saben que dezirle, sino llamarla a vozes cruel y desagradecida, con otros titulos a este semejante[s] (*), que bien la calidad de su condicion manifiestan. Y si aqui estuuiessedes, señor, algun dia, veriades 20 resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. ”No está muy lexos de aqui vn sitio donde ay casi dos dozenas de altas hayas, y no ay ninguna que en su lisa corteza no tenga grauado 25 y escrito el nombre de Marcela, y encima de alguno (*), vna corona grauada en el mesmo (*) arbol, como si mas claramente dixera su amante que Marcela la lleua y la merece de toda la hermosura humana. Aqui sospira (*) 30 vn pastor, alli se quexa otro, aculla se oyen amorosas canciones, aca desesperadas
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XII p. 163 endechas. Qual ay que passa todas las horas de la noche sentado al pie de alguna enzina o peñasco, y alli, sin plegar los llorosos ojos, embeuecido y transportado en sus pensamientos, le halló el sol a la mañana; y qual ay 5 que, sin dar vado ni tregua a sus suspiros, en mitad del ardor de la mas enfadosa siesta del verano, tendido sobre la ardiente arena, embia sus quexas al piadoso cielo; y deste y de aquel, y de aquellos y de estos, libre y 10 desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela, y todos los que la conocemos estamos esperando en qué ha de parar su altiuez, y quién ha de ser el dichoso que ha de venir a domeñar condicion tan terrible y gozar de hermosura tan 15 estremada. Por ser todo lo que he contado tan aueriguada verdad, me doy (*) a entender que tambien lo es la que nuestro çagal dixo que se dezia de la causa de la muerte de Grisostomo. Y, assi, os aconsejo, señor, que no dexeis 20 de hallaros mañana a su entierro, que sera muy de ver, porque Grisostomo tiene muchos amigos, y no está de este lugar a aquel donde manda enterrarse media legua.” “En cuydado me lo tengo”, dixo don 25 Quixote, “y agradezcoos el gusto que me aueis dado con la narracion de tan sabroso cuento.” “¡O!”, replicó el cabrero, “aun no se yo la mitad de los casos sucedidos a los amantes de Marcela; mas podria ser que mañana topassemos 30 en el camino algun pastor que nos los dixesse, y por aora, bien sera que os vais a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 164 dormir debaxo de techado, porque el sereno os podria dañar la herida, puesto que es tal la medicina que se os ha puesto, que no ay que temer de contrario acidente.” Sancho Pança, que ya daua al diablo el tanto 5 hablar del cabrero, solicitó, por su parte, que su amo se entrasse a dormir en la choça de Pedro. Hizolo assi, y todo lo mas de la noche se le passó en memorias de su señora Dulzinea, a imitacion de los amantes de Marcela. 10 Sancho Pança se acomodó entre Rozinante y su jumento, y durmio, no como enamorado desfauorecido, sino como hombre molido a cozes.
p. 165 Capitulo XIII Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucessos. Mas apenas començo a descubrirse el dia por los valcones del Oriente, quando los cinco 5 de los seis cabreros se leuantaron y fueron a despertar a don Quixote, y a dezille si estaua todauia con proposito de yr a ver el famoso entierro de Grisostomo, y que ellos le harian compañia. Don Quixote, que otra cosa no 10 desseaua, se leuantó y mandó a Sancho que ensillasse y enalbardasse al momento, lo qual el hizo con mucha diligencia, y con la mesma se pusieron luego todos en camino. Y no huuieron andado vn quarto de legua, quando, 15 al cruzar de vna senda, vieron venir hazia ellos hasta seis pastores, vestidos con pellicos negros y coronadas las cabeças con guirnaldas de cypres y de amarga adelfa. Traia cada vno vn gruesso baston de azebo en la 20 mano. Venian con ellos, assi mesmo, dos gentiles hombres de a cauallo, muy bien adereçados de camino, con otros tres moços de a pie que los acompañauan. En llegandose a juntar se saludaron cortesmente, y, 25 preguntandose los vnos a los otros donde yuan, supieron que todos se encaminauan al lugar del entierro, y, assi, començaron a caminar todos juntos.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 166 Vno de los de a cauallo, hablando con su compañero, le dixo: “Pareceme, señor Viualdo, que auemos de dar por bien empleada la tardança que hizieremos en ver este famoso entierro, que no 5 podra dexar de ser famoso, segun estos pastores nos han contado estrañezas, ansi (*) del muerto pastor como de la pastora omicida.” “Assi me lo parece a mi”, respondio Viualdo; “y no digo yo hazer tardança de vn 10 dia, pero de quatro la hiziera, a trueco de verle.” Preguntoles don Quixote qué era lo que auian oydo de Marcela y de Grisostomo. El caminante dixo que aquella madrugada auian 15 en[con]trado (*) con aquellos pastores, y que, por auerles visto en aquel tan triste traje, les auian preguntado la ocasion porque yuan de aquella manera; que vno dellos se lo conto, contando la estrañeza y hermosura de vna 20 pastora llamada Marcela, y los amores de muchos que la requestauan, con la muerte de aquel Grisostomo a cuyo entierro yuan. Finalmente, el conto todo lo que Pedro a don Quixote auia contado. 25 Cessó esta platica, y començose otra, preguntando el que se llamaua Viualdo a don Quixote qué era la ocasion que le mouia a andar armado de aquella manera por tierra tan pacifica. 30 A lo qual respondio don Quixote: “La profession de mi exercicio no consiente
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 167 ni permite que yo ande de otra manera. El buen passo, el regalo y el reposo alla se inuentó para los blandos cortesanos; mas el trabajo, la inquietud y las armas solo se inuentaron e hizieron para aquellos que el mundo 5 llama caualleros andantes, de los quales yo, aunque indigno, soy el menor de todos.” Apenas le oyeron esto, quando todos le tuuieron por loco. Y por aueriguarlo mas y ver qué genero de locura era el suyo, le tornó a 10 preguntar Viualdo, que (*) qué queria dezir caualleros andantes. “¿No han vuestras mercedes leydo”, respondio don Quixote, “los anales e historias de Ingalaterra, donde se tratan las famosas fazañas 15 del rey Arturo, que continuamente en nuestro romance castellano llamamos el rey Artus, de quien es tradicion antigua y comun en todo aquel reyno de la gran Bretaña, que este rey no murio, sino que, por arte de encantamento, 20 se conuirtio en cueruo, y que, andando los tiempos, ha de boluer a reynar y a cobrar su reyno y cetro; a cuya causa no se prouará que desde aquel tiempo a este aya ningun ingles muerto cuerno alguno (*)? Pues en 25 tiempo deste buen rey fue instituyda aquella famosa orden de caualleria de los caualleros de la Tabla Redonda, y passaron, sin faltar vn punto, los amores que alli se cuentan de don Lançarote del Lago con la reyna Ginebra, 30 siendo medianera dellos y sabidora aquella tan honrada dueña Quintañona, de donde nacio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 168 aquel tan sabido romance, y tan decantado en nuestra España, de: «Nunca fuera cauallero de damas tan bien seruido, como fuera Lançarote 5 quando de Bretaña vino», con aquel progresso tan dulce y tan suaue de sus amorosos y fuertes fechos. Pues desde entonces, de mano en mano, fue aquella orden de caualleria estendiendose y dilatandose 10 por muchas y diuersas partes del mundo. Y en ella fueron famosos y conocidos por sus fechos el valiente Amadis de Gaula, con todos sus hijos y nietos, hasta la quinta generacion, y el valeroso Felixmarte de Hircania, y el 15 nunca como se deue alabado Tirante el Blanco, y casi que en nuestros dias vimos y comunicamos y oymos al inuencible y valeroso cauallero don Belianis de Grecia. Esto, pues, señores, es ser cauallero andante, y la que he 20 dicho es la orden de su caualleria; en la qual, como otra vez he dicho, yo, aunque pecador, he hecho profession, y lo mesmo (*) que professaron los caualleros referidos professo yo. Y, assi, me voy por estas soledades y 25 despoblados buscando las auenturas, con animo deliberado de ofrecer mi braço y mi persona a la mas peligrosa que la suerte me deparare, en ayuda de los flacos y menesterosos.” Por estas razones que dixo, acabaron de 30 enterarse los caminantes que era don Quixote
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 169 falto de juyzio (*), y del genero de locura que lo señoreaua, de lo qual recibieron la mesma (*) admiracion que recibian (*) todos aquellos que de nueuo venian en conocimiento della. Y Viualdo, que era persona muy discreta y de 5 alegre condicion, por passar sin pesadumbre el poco camino que dezian que les faltaua, al llegar a la sierra del entierro, quiso darle ocasion a que passasse mas adelante con sus disparates. Y assi le dixo: 10 “Pareceme, señor cauallero andante, que vuestra merced ha professado vna de las mas estrechas professiones que ay en la tierra, y tengo para mi que aun la de los frayles cartuxos no es tan estrecha.” 15 “Tan estrecha bien podia ser”, respondio nuestro don Quixote; “pero tan necessaria en el mundo, no estoy en dos dedos de ponello en duda; porque, si va a dezir verdad, no haze menos el soldado que pone en execucion lo 20 que su capitan le manda, que el mesmo (*) capitan que se lo ordena. Quiero dezir que los religiosos, con toda paz y sossiego, piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caualleros ponemos en execucion lo que 25 ellos pide[n], defendiendola con el valor de nuestros braços y filos de nuestras espadas, no debaxo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano y de los erizados yelos del 30 inuierno. Assi, que somos ministros de Dios en la tierra, y braços por quien se executa en ella su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 170 justicia. Y como las cosas de la guerra y las a ellas (*) tocantes y concernientes no se pueden poner en execucion sino sudando, afanando y trabajando (*), siguese que aquellos que la professan tienen, sin duda, mayor trabajo que 5 aquellos que en sossegada paz y reposo estan rogando a Dios fauorezca a los que poco pueden. No quiero yo dezir, ni me passa por pensamiento, que es tan buen estado el de cauallero andante como el del encerrado religioso; 10 solo quiero inferir, por lo que yo padezco, que sin duda es mas trabajoso y mas aporreado, y mas hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso; porque no ay duda sino que los caualleros andantes passados passaron mucha 15 malauentura en el discurso de su vida. Y si algunos subieron a ser emperadores por el valor de su braço, a fe que les costo buen porque (*) de su sangre y de su sudor; y que si a los que a tal grado subieron les faltaran encantadores 20 y sabios que los ayudaran, que ellos quedaran bien defraudados de sus desseos, y bien engañados de sus esperanças.” “De esse parecer estoy yo”, replicó el caminante; “pero vna cosa, entre otras muchas, me 25 parece muy mal de los caualleros andantes, y es que, quando se ven en ocasion de acometer vna grande y peligrosa auentura en que se vee manifiesto peligro de perder la vida, nunca en aquel instante de acometella se acuerdan de 30 encomendarse a Dios, como cada christiano está obligado a hazer en peligros semejantes;
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 171 antes se encomiendan a sus damas, con tanta gana y deuocion, como si ellas fueran su Dios: cosa que me parece que huele algo a gentilidad.” “Señor”, respondio don Quixote, “esso no 5 puede ser menos en ninguna manera, y caeria en mal caso el cauallero andante que otra cosa hiziesse; que ya está en vso y costumbre en la caualleria andantesca que el cauallero andante que al acometer algun gran fecho de armas 10 tuuiesse su señora delante, buelua a ella los ojos blanda y amorosamente, como que le pide con ellos le fauorezca y ampare en el dudoso trance que acomete. Y aun si nadie le oye, está obligado a dezir algunas palabras entre dientes, 15 en que de todo coraçon se le encomiende; y desto tenemos innumerables exemplos en las historias. Y no se ha de entender por esto que han de dexar de encomendarse a Dios; que tiempo y lugar les queda para hazerlo en el 20 discurso de la obra.” “Con todo esso”, replicó el caminante, “me queda vn escrupulo, y es que muchas vezes he leydo que se trauan palabras entre dos andantes caualleros, y, de vna en otra, se les viene a 25 encender la colera, y a boluer los cauallos y tomar (*) vna buena pieça del campo, y luego, sin mas ni mas, a todo el correr dellos, se bueluen a encontrar, y en mitad de la corrida se encomiendan a sus damas; y lo que suele suceder 30 del encuentro es que el vno cae por las ancas del cauallo passado con la lança del contrario
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 172 de parte a parte, y al otro le viene (*) tambien, que, a no tenerse a las crines del suyo, no pudiera dexar de venir al suelo. Y no se yo como el muerto tuuo lugar para encomendarse a Dios en el discurso de esta tan acelerada obra. 5 Mejor fuera que las palabras que en la carrera gastó encomendandose a su dama, las gastara en lo que deuia y estaua obligado como christiano. Quanto mas, que yo tengo para mi que no todos los caualleros andantes tienen damas 10 a quien encomendarse, porque no todos son enamorados.” “Esso no puede ser”, respondio don Quixote; “digo que no puede ser que aya cauallero andante sin dama, porque tan proprio (*) y tan natural 15 les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas. Y a buen seguro que no se aya visto historia donde se halle cauallero andante sin amores, y, por el mesmo caso que estuuiesse sin ellos, no seria tenido por legitimo 20 cauallero, sino por bastardo, y que entró en la fortaleza de la caualleria dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladron (*).” “Con todo esso”, dixo el caminante, “me 25 parece, si mal no me acuerdo, auer leydo que don Galaor, hermano del valeroso Amadis de Gaula, nunca tuuo dama señalada a quien pudiesse encomendarse, y con todo esto no fue tenido en menos, y fue vn muy valiente y 30 famoso cauallero.” A lo qual respondio nuestro don Quixote:
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 173 “Señor, vna golondrina sola no haze verano; quanto mas que yo se que de secreto estaua esse cauallero muy bien enamorado; fuera que aquello de querer a todas bien quantas bien le parecian era condicion natural a quien no 5 podia yr a la mano. Pero, en resolucion, aueriguado está muy bien que el tenia vna sola a quien el auia hecho señora de su voluntad, a la qual se encomendaua muy a menudo y muy secretamente, porque se preció de secreto 10 cauallero.” “Luego, si es de essencia que todo cauallero andante aya de ser enamorado”, dixo el caminante, “bien se puede creer que vuestra merced lo es, pues es de la profession. Y si es 15 que vuestra merced no se precia de ser tan secreto como don Galaor, con las veras que puedo le suplico, en nombre de toda esta compañia y en el mio, nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama; que ella 20 se tendria por dichosa de que todo el mundo sepa que es querida y seruida de vn tal cauallero como vuestra merced parece.” Aqui dio vn gran suspiro don Quixote, y dixo: “Yo no podre afirmar si la dulce mi enemiga 25 (*) gusta o no de que el mundo sepa que yo la siruo; solo se dezir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulzinea; su patria, el Toboso, vn lugar de la Mancha; su calidad, por lo 30 menos, ha de ser de princesa, pues es reyna y señora mia; su hermosura, sobrehumana, pues
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 174 en ella se vienen a hazer verdaderos todos los impossibles y quimericos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos Eliseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus 5 mexillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alauastro su cuello, marmol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieue, y las partes que a la vista humana encubrio la honestidad son tales, segun yo pienso y entiendo, que 10 solo la discreta consideracion puede encarecerla[s] (*) y no compararlas.” “El linaje, prosapia y alcurnia querriamos saber”, replicó Viualdo. A lo qual respondio don Quixote: 15 “No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos; ni de los modernos Colonas y Vrsinos; ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña; ni menos de los Rebellas y Villanouas de Valencia; Palafoxes, Nuças, Rocabertis, 20 Corellas, Lunas, Alagones, Vrreas, Fozes y Gurreas de Aragon; Cerdas, Manriques, Mendoças y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Pallas y Meneses de Portogal (*); pero es de los del Toboso de la Mancha, linage, aunque moderno, 25 tal que puede dar generoso principio a las mas ilustres familias de los venideros siglos. Y no se me replique en esto, si no fuere con las condiciones que puso Cerbino al pie del trofeo de las armas de Orlando, que dezia: 30 “Nadie las mueua, que estar no pueda con Roldan a prueua (*).”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 175 “Aunque el mio es de los Cachopines de Laredo (*)”, respondio el caminante, “no le osaré yo poner con el del Toboso de la Mancha, puesto que, para dezir verdad, semejante apellido hasta aora no ha llegado a mis oydos.” 5 “¡Como esso no aura llegado!”, replicó don Quixote. Con gran atencion yuan escuchando todos los demas la platica de los dos, y aun hasta los mesmos (*) cabreros y pastores conocieron la 10 demasiada falta de juyzio de nuestro don Quixote. Solo Sancho Pança pensaua que quanto su amo dezia era verdad, sabiendo el quién era y auiendole conocido desde su nacimiento. Y en lo que dudaua algo era en creer aquello 15 de la linda Dulzinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa auia llegado jamas a su noticia, aunque viuia tan cerca del Toboso. En estas platicas yuan, quando vieron que, 20 por la quiebra que dos altas montañas hazian, baxauan hasta veynte pastores, todos con pellicos de negra lana vestidos, y coronados con guirnaldas, que, a lo que despues parecio, eran qual de texo y qual de cipres. Entre seys 25 dellos traian vnas andas, cubiertas de mucha diuersidad de flores y de ramos, lo qual visto por vno de los cabreros, dixo: “Aquellos que alli vienen son los que traen el cuerpo de Grisostomo, y el pie de aquella 30 montaña es el lugar donde el mandó que le enterrassen.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 176 Por esto se dieron priessa a llegar, y fue a tiempo que ya los que venian auian puesto las andas en el suelo, y quatro dellos con agudos picos estauan cauando la sepultura a vn lado de vna dura peña. Recibieronse los vnos 5 y los otros cortesmente. Y luego don Quixote y los que con el venian se pusieron a mirar las andas, y en ellas vieron cubierto de flores vn cuerpo muerto, vestido (*) como pastor, de edad, al parecer, de treinta años; y, aunque 10 muerto, mostraua que viuo auia sido de rostro hermoso y de disposi[ci]on gallarda. Alrededor del tenia en las mesmas (*) andas algunos libros y muchos papeles abiertos y cerrados. Y, assi, los que esto mirauan como los que 15 abrian la sepultura y todos los demas que alli auia, guardauan vn marauilloso silencio, hasta que vno de los que al muerto truxeron, dixo a otro: “Mira bien, Ambrosio, si es este el lugar 20 que Grisostomo dixo, ya [que] (*) quereis que tan puntualmente se cumpla lo que dexó mandado en su testamento.” “Este es”, respondio Ambrosio; “que muchas vezes en el me conto mi desdichado amigo 25 la historia de su desuentura. Alli me dixo el que vio la vez primera a aquella enemiga mortal del linaje humano, y alli fue tambien donde la primera vez le declaró su pensamiento, tan honesto como enamorado; y alli fue la 30 vltima vez donde Marcela le acabó de desengañar y desdeñar, de suerte que puso fin a la
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 177 tragedia de su miserable vida. Y aqui, en memoria de tantas desdichas, quiso el que le depositassen en las entrañas del eterno oluido.” Y boluiendose a don Quixote y a los caminantes, prosiguio diziendo: 5 “Esse cuerpo, señores, que con piadosos ojos estais mirando, fue depositario de vn alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Esse es el cuerpo de Grisostomo, que fue vnico en el ingenio, solo en la cortesia, 10 estremo en la gentileza, fenix en la amistad, magnifico sin tassa, graue sin presuncion, alegre sin baxeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue aborrecido; 15 adoró, fue desdeñado; rogo a vna fiera, importunó a vn marmol, corrio tras el viento, dio vozes a la soledad, siruio a la ingratitud, de quien alcançó por premio ser despojos de la muerte en la mitad de la carrera de su vida, 20 a la qual dio fin vna pastora, a quien el procuraua eternizar para que viuiera en la memoria de las gentes, qual lo pudieran mostrar bien essos papeles que estais mirando, si el no me huuiera mandado que los entregara al fuego 25 en auiendo entregado su cuerpo a la tierra.” “De mayor rigor y crueldad vsareis vos con ellos”, dixo Viualdo, “que su mesmo (*) dueño, pues no es justo ni acertado que se cumpla la voluntad de quien lo que ordena (*) va fuera de 30 todo razonable discurso; y no le tuuiera bueno A[u]gusto (*) Cesar si consintiera que se
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 178 pusiera en execucion lo que el diuino Mantuano dexó en su testamento mandado. Ansi (*) que, señor Ambrosio, ya que deis el cuerpo de vuestro amigo a la tierra, no querais dar sus escritos al oluido; que si el ordenó como agrauiado, no 5 es bien que vos cumplais como indiscreto. Antes hazed, dando la vida a estos papeles, que la tenga siempre la crueldad de Marcela, para que sirua de exemplo en los tiempos que estan por venir, a los viuientes, para que se aparten y 10 huyan de caer en semejantes despeñaderos; que ya se yo, y los que aqui venimos, la historia deste vuestro enamorado y desesperado amigo, y sabemos la amistad vuestra, y la ocasion de su muerte, y lo que dexó mandado al acabar 15 de la vida; de la qual lamentable historia se puede sacar quánta (*) aya sido la crueldad de Marcela, el amor de Grisostomo, la fe de la amistad vuestra, con el paradero que tienen los que a rienda suelta corren por la senda que 20 el desuariado amor delante de los ojos les pone. Anoche supimos la muerte de Grisostomo, y que en este lugar auia de ser enterrado, y, assi, de curiosidad y de lastima, dexamos nuestro derecho viaje, y acordamos de venir a 25 ver con los ojos lo que tanto nos auia lastimado en oyllo. Y en pago desta lastima y del desseo que en nosotros nacio de remedialla si pudieramos, te rogamos, ¡o discreto Ambrosio!, a lo menos, yo te lo suplico de mi parte, que, 30 dexando de abrasar estos papeles, me dexes lleuar algunos dellos.”
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIII p. 179 Y, sin aguardar que el pastor respondiesse, alargó la mano y tomó algunos de los que mas cerca estauan; viendo lo qual Ambrosio, dixo: “Por cortesia consentire que os quedeis, señor, con los que ya aueis tomado; pero pensar 5 que dexaré de [abrasar] (*) los que quedan, es pensamiento vano.” Viualdo, que desseaua ver lo que los papeles dezian, abrio luego el vno dellos y vio que tenia por titulo Cancion desesperada. Oyolo 10 Ambrosio, y dixo: “Esse es el vltimo papel que escriuio el desdichado, y porque veais, señor, en el termino que le tenian sus desuenturas, leelde de modo que seais oydo; que bien os dara lugar a ello 15 el que se tardare en abrir la sepultura.” “Esso hare yo de muy buena gana”, dixo Viualdo. Y como todos los circunstantes tenian el mesmo (*) desseo, se le pusieron a la redonda, 20 y el, leyendo en voz clara, vio que assi dezia:
p. 180 Capitulo XIV Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucessos. CANCION DE GRISOSTOMO 5 Ya que quieres, cruel, que se publique de lengua en lengua y de vna en otra gente (*) del aspero rigor tuyo la fuerça, hare que el mesmo infierno comunique al triste pecho mio vn son doliente, 10 con que el vso comun de mi voz tuerça. Y al par de mi desseo, que se esfuerça a dezir mi dolor y tus hazañas, de la espantable voz yra el acento, y en el mezcladas (*), por mayor tormento 15 pedaços de las miseras entrañas. Escucha, pues, y presta atento oydo, no al concertado son, sino al ruydo que de lo hondo de mi amargo pecho, lleuado de vn forçoso desuario, 20 por gusto mio sale y tu despecho. El [rugir] (*) del leon, del lobo fiero, el temeroso aullido, el siluo horrendo de escamosa serpiente, el espantable baladro (*) de algun monstruo, el agorero 25 graznar de la corneja, y el estruendo del viento contrastado en mar instable; del ya vencido toro el implacable bramido, y de la viuda tortolilla el sentible arrullar; el triste canto 30 del embidiado buho, con el llanto de toda la infernal negra quadrilla, salgan con la doliente anima fuera (*), mezclados en vn son, de tal manera,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 181 que se confundan los sentidos todos, pues la pena cruel que en mi se halla, para contalle (*) pide nueuos modos. De tanta confusion, no las arenas del padre Tajo oyran los tristes ecos, 5 ni del famoso Betis las oliuas; que alli se esparziran mis duras penas en altos riscos y en profundos huecos, con muerta lengua y con palabras viuas (*), o ya en escuros valles, o en esquiuas 10 playas, desnudas de contrato humano, o adonde el sol jamas mostro su lumbre, o entre la venenosa muchedumbre de fieras que alimenta el libio (*) llano; que, puesto que en los paramos desiertos 15 los ecos roncos de mi mal, inciertos, suenen con tu rigor tan sin segundo, por priuilegio de mis cortos hados, seran lleuados por el ancho mundo. Mata vn desden, atierra la paciencia, 20 o verdadera o falsa, vna sospecha; matan los zelos con rigor mas fuerte; desconcierta la vida larga ausencia: contra vn temor de oluido no aprouecha firme esperança de dichosa suerte. 25 En todo ay [cierta] (*), ineuitable muerte, mas yo, ¡milagro nunca visto!, viuo zeloso, ausente, desdeñado y cierto de las sospechas que me tienen muerto, y en el oluido en quien mi fuego auiuo, 30 y, entre tantos tormentos, nunca alcança mi vista a ver en sombra a la esperança, ni (*) yo, desesperado, la procuro; antes, por estremarme en mi querella, estar sin ella eternamente juro. 35 ¿Puedese, por ventura, en vn instante esperar y temer, o es bien hazello, siendo las causas del temor mas ciertas? ¿Tengo, si el duro zelo está delante,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 182 de cerrar estos ojos, si he de vello por mil heridas en el alma abiertas? ¿Quién no abrira de par en par las puertas a la desconfiança, quando mira descubierto el desden, y las sospechas, 5 ¡o amarga conuersion!, verdades hechas, y la limpia verdad buelta en mentira? ¡O en el reyno de amor fieros tyranos zelos!, ponedme vn hierro en estas manos; dame, desden, vna torcida soga; 10 mas ¡ay de mi!, que, con cruel vitoria, vuestra memoria el sufrimiento ahoga. Yo muero, en fin; y por que nunca espere buen sucesso en la muerte, ni en la vida, pertinaz estare en mi fantasia; 15 dire que va acertado el que bien quiere, y que es mas libre el alma mas rendida a la de amor antigua tyrania. Dire que la enemiga siempre mia hermosa el alma como el cuerpo tiene, 20 y que su oluido de mi culpa nace, y que en fe de los males que nos haze, amor su imperio en justa paz mantiene. Y con esta opinion, y vn duro lazo, acelerando el miserable plazo 25 a que me han conduzido sus desdenes, ofrecere a los vientos cuerpo y alma, sin lauro o palma de futuros bienes. Tu, que con tantas sinrazones muestras la razon que me fuerça a que la haga 30 a la cansada vida que aborrezco, pues ya ves que te da notorias muestras esta del coraçon profunda llaga, de como alegre a tu rigor me ofrezco, si por dicha conoces que merezco 35 que el cielo claro de tus bellos ojos en mi muerte se turbe, no lo hagas; que no quiero que en nada satisfagas al darte de mi alma los despojos.
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 183 Antes con risa en la ocasion funesta descubre que el fin mio fue tu fiesta; mas gran simpleza es auisarte desto, pues se que está tu gloria conocida en que mi vida llegue al fin tan presto. 5 Venga, que es tiempo ya, del hondo abismo Tantalo con su sed, Sisifo venga con el peso terrible de su canto; Ticio traya (*) su buytre, y ansi mismo con su rueda Egion no se detenga, 10 ni las hermanas que trabajan tanto. Y todos juntos su mortal (*) quebranto trasladen en mi pecho, y en voz baxa, si ya a vn desesperado son deuidas, canten obsequias tristes, doloridas, 15 al cuerpo, a quien se niegue aun la mortaja. Y el portero infernal de los tres rostros, con otras mil quimeras y mil monstros (*), lleuen el doloroso contrapunto; que otra pompa mejor no me parece 20 que la merece vn amador difunto. Cancion desesperada, no te quexes quando mi triste compañia dexes; antes, pues que la causa do naciste con mi desdicha augmenta (*) su ventura, 25 aun en la sepultura, no estes triste (*). Bien les parecio a los que escuchado auian la cancion de Grisostomo, puesto que el que la leyo dixo que no le parecia que conformaua con la relacion que el auia oydo del recato y 30 bondad de Marcela, porque en ella se quexaua Grisostomo de zelos, sospechas y de ausencia, todo en perjuyzio del buen credito y buena fama de Marcela. A lo qual respondio Ambrosio, como aquel que sabia bien los mas 35 escondidos pensami[e]ntos de su amigo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 184 “Para que, señor, os satisfagais dessa (*) duda, es bien que sepais que quando este desdichado escriuio esta cancion estaua ausente de Marcela, de quien el se (*) auia ausentado por su voluntad, por ver si vsaua con el la ausencia de 5 sus ordinarios fueros. Y como al enamorado ausente no ay cosa que no le fatigue ni temor que no le de alcance, assi le fatigauan a Grisostomo los zelos imaginados y las sospechas temidas como si fueran verdaderas. Y con esto 10 queda en su punto la verdad que la fama pregona de la bondad de Marcela, la qual (*), fuera de ser cruel y vn poco arrogante, y vn mucho desdeñosa, la mesma embidia ni deue ni puede ponerle (*) falta alguna.” 15 “Assi es la verdad”, respondio Viualdo. Y, queriendo leer otro papel de los que auia reseruado del fuego, lo estoruó vna marauillosa vision, que tal parecia ella, que improuisamente se les ofrecio a los ojos, y fue que por 20 cima de la peña donde se cauaua la sepultura, parecio la pastora Marcela, tan hermosa, que passaua a su fama su hermosura. Los que hasta entonces no la auian visto la mirauan con admiracion y silencio, y los que ya estauan 25 acostumbrados a verla no quedaron menos suspensos que los que nunca la auian visto. Mas apenas la huuo visto Ambrosio, quando con muestras de animo indignado le dixo: “¿Vienes a ver por ventura, ¡o fiero basilisco 30 destas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas deste miserable a quien tu
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 185 crueldad quitó la vida? (*) ¿O vienes a vfanarte en las crueles hazañas de tu condicion, o a ver desde essa altura, como otro despiadado (*) Nero, el incendio de su abrasada Roma, o a pisar arrogante este desdichado cadauer, como 5 la ingrata hija al de su padre Tarquino? (*) Dinos presto a lo que vienes, o qué es aquello de que mas gustas; que por saber yo que los pensamientos de Grisostomo jamas dexaron de obedecerte en vida, hare que, aun el muerto, te 10 obedezcan los de todos aquellos que se llamaron sus amigos.” “No vengo, ¡o Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho”, respondio Marcela, “sino a boluer por mi misma y a dar a entender quán 15 fuera de razon van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisostomo me culpan; y, assi, ruego a todos los que aqui estais me esteis atentos, que no sera menester mucho tiempo, ni gastar muchas palabras, para persuadir 20 vna verdad a los discretos. ”Hizome el cielo, segun vosotros dezis, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me ameis os mueue mi hermosura. Y por el amor que me mostrais, dezis, 25 y aun quereis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanço que, por razon de ser amado, esté obligado lo que es amado por 30 hermoso, a amar a quien le ama. Y mas, que podria acontecer que el amador de lo hermoso
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 186 fuesse feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el dezir: «quierote por »hermosa; hasme de amar aunque sea feo». Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por esso han de correr iguales los 5 desseos, que no todas hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorassen y rindiessen, seria vn andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en 10 quál auian de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos auian de ser los desseos, y, segun yo he oydo dezir, el verdadero amor no se diuide, y ha de ser voluntario y no forçoso. Siendo esto assi, como yo creo 15 que lo es, ¿por qué quereis que rinda mi voluntad por fuerça, obligada no mas de que dezis que me quereis bien? Si no, dezidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiziera fea, ¿fuera justo que me quexara de vosotros 20 porque no me amauades? Quanto mas que aueis de considerar que yo no escogi la hermosura que tengo, que, tal qual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y, assi como la viuora no merece ser culpada por la 25 ponçoña que tiene, puesto que con ella mata, por auersela dado naturaleza, tan poco (*) yo merezco ser reprehendida por ser hermosa, que la hermosura en la muger honesta es como el fuego apartado, o como la espada aguda: que 30 ni el quema, ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos (*)
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 187 del alma, sin las quales el cuerpo, aunque lo sea, no deue de parecer hermoso. Pues si la honestidad es vna de las virtudes que al cuerpo y alma mas adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, 5 por corresponder a la intencion de aquel que por solo su gusto, con todas sus fuerças e industrias, procura que la pierda? ”Yo naci libre, y para poder viuir libre escogi la soledad de los campos. Los arboles 10 destas montañas son mi compañia, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los arboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lexos. A los que he enamorado 15 con la vista, he desengañado con las palabras. Y si los desseos se sustentan con esperanças, no auiendo yo dado alguna (*) a Grisostomo ni a otro alguno, en (*) fin, de ninguno dellos, bien se puede dezir que antes le mató su 20 porfia que mi crueldad. Y si se me haze cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaua obligada a corresponder a ellos, digo que, quando en esse mismo lugar donde aora se caua su sepultura me descubrio 25 la bondad de su intencion, le dixe yo que la mia era viuir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozasse el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si el, con todo este desengaño, quiso porfiar contra 30 la esperança y nauegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegasse en la mitad del golfo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 188 de su desatino? Si yo le entretuuiera, fuera falsa; si le contentara, hiziera contra mi mejor intencion y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido; ¡mirad aora si sera razon que de su pena se me de a mi la 5 culpa! Quexese el engañado, desesperese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanças, confie(s)se el que yo llamare, vfanese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni omicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo 10 ni admito. ”El cielo aun hasta aora no ha querido que yo ame por destino; y el pensar que tengo de amar por eleccion (*) es escusado. Este general desengaño sirua a cada vno de los que me 15 solicitan de su particular prouecho; y entiendase de aqui adelante, que, si alguno por mi muriere, no muere de zeloso ni desdichado, porque quien a nadie quiere, a ninguno deue dar zelos; que los desengaños no se han de 20 tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, dexeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirua; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, 25 esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscará, seruira, conocera, ni seguira en ninguna manera; que si a Grisostomo mató su impaciencia y arrojado desseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo 30 conseruo mi limpieza con la compañia de los arboles, ¿por qué ha de querer que la pierda
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 189 el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabeis, tengo riquezas propias y no codicio las agenas. Tengo libre condicion y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie. No engaño a este, ni solicito aquel (*); 5 ni burlo con vno, ni me entretengo con el otro. La conuersacion honesta de las zagalas destas aldeas y el cuydado de mis cabras me entretiene. Tienen mis desseos por termino estas montañas; y si de aqui salen, es a contemplar 10 la hermosura del cielo, passos con que camina el alma a su morada primera.” Y, en diziendo esto, sin querer oyr respuesta alguna, boluio las espaldas y se entró por lo mas cerrado de vn monte que alli cerca estaua, 15 dexando admirados, tanto de su discrecion como de su hermosura, a todos los que alli estauan. Y algunos dieron muestras, de aquellos que de la poderosa flecha de los rayos de sus bellos ojos estauan heridos, de quererla 20 seguir, sin aprouecharse del manifiesto desengaño que auian oydo. Lo qual visto por don Quixote, pareciendole que alli venia bien vsar de su caualleria socorriendo a las donzellas menesterosas, puesta 25 la mano en el puño de su espada, en altas e inteligibles vozes dixo: “Ninguna persona, de qualquier estado y condicion que sea, se atreua a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa 30 indignacion mia. Ella ha mostrado, con claras y suficientes (*) razones, la poca o ninguna culpa
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 190 que ha tenido en la muerte de Grisostomo, y quán agena viue de condescender con los desseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los 5 buenos del mundo, pues muestra que en el, ella es sola la que con tan honesta intencion viue.” O ya que fuesse por las amenazas de don Quixote, o porque Ambrosio les dixo que 10 concluyessen con lo que a su buen amigo deuian, ninguno de los pastores se mouio ni apartó de alli hasta que, acabada la sepultura y abrasados los papeles de Grisostomo, pusieron su cuerpo en ella, no sin muchas lagrimas de los 15 circunstantes. Cerraron la sepultura con vna gruessa peña, en tanto que se acabaua vna losa que, segun Ambrosio dixo, pensaua mandar hazer, con vn epitafio que auia de dezir desta manera: 20 Yaze aqui de vn amador el misero cuerpo elado, que fue pastor de ganado, perdido por desamor. Murio a manos del rigor 25 de vna esquiua hermosa ingrata (*), con quien su imperio dilata la tirania de amor. Luego esparzieron por cima de la sepultura muchas flores y ramos, y, dando todos el 30 pesame a su amigo Ambrosio, se despidieron del. Lo mesmo hizieron Viualdo y su compañero,
SEGVNDA PARTE, CAPITVLO XIV p. 191 y don Quixote se despidio de sus huespedes y de los caminantes, los quales le rogaron se viniesse con ellos a Seuilla, por ser lugar tan acomodado a hallar auenturas, que en cada calle y tras cada esquina se ofrecen mas que 5 en otro alguno. Don Quixote les agradecio el auiso y el animo que mostrauan de hazerle merced, y dixo que por entonces no queria ni deuia yr a Seuilla, hasta que huuiesse despojado (*) todas 10 aquellas sierras de ladrones malandrines, de quien era fama que todas estauan llenas. Viendo su buena determinacion, no quisieron los caminantes importunarle mas, sino, tornandose a despedir de nueuo, le dexaron y prosiguieron 15 su camino; en el qual no les faltó de qué tratar, assi de la historia de Marcela y Grisostomo, como de las locuras de don Quixote. El qual determinó de yr a buscar a la pastora Marcela y ofrecerle todo lo que el podia en su 20 seruicio. Mas no le auino como el pensaua, segun se cuenta en el discurso desta verdadera historia, dando aqui fin la segunda parte.
p. 192
p. 193 TERCERA PARTE DEL INGENIOSO hidalgo don Quixote de la Mancha. Capitulo XV 5 Donde se cuenta la desgraciada auentura que se topó don Quixote en topar con vnos desalmados iangueses (*). Cuenta el sabio Cide Hamete Venengeli que, assi como don Quixote se despidio de sus 10 huespedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Grisostomo, el y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron que se auia entrado la pastora Marcela; y, auiendo andado mas de dos horas por el, 15 buscandola por todas partes sin poder hallarla, vinieron a parar a vn prado lleno de fresca yerua, junto del qual corria vn arroyo apazible y fresco, tanto, que combidó, y forço, a passar alli las horas de la siesta, que rigurosamente 20 començaua ya a entrar. Apearonse don Quixote y Sancho, y, dexando al jumento y a Rozinante a sus anchuras
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 194 pacer de la mucha yerua que alli auia, dieron saco a las alforjas, y, sin cerimonia (*) alguna, en buena paz y compañia, amo y moço comieron lo que en ellas hallaron. No se auia curado Sancho de echar sueltas a Rozinante, seguro 5 de que le conocia por tan manso y tan poco rijoso, que todas las yeguas de la dehesa de Cordoua no le hizieran tomar mal siniestro. Ordenó, pues, la suerte, y el diablo, que no todas vezes duerme, que andauan por aquel 10 valle paciendo vna manada de hacas galicianas de vnos harrieros gallegos (*), de los quales es costumbre sestear con su requa en lugares y sitios de yerua y agua. Y aquel, donde acerto a hallarse don Quixote, era muy 15 a proposito de los gallegos (*). Sucedio, pues, que a Rozinante le vino en desseo de refocilarse con las señoras facas, y saliendo, assi como las olio, de su natural passo y costumbre, sin pedir licencia (*) [a] su dueño, tomó vn 20 trotico (*) algo picadillo y se fue a comunicar su necessidad con ellas. Mas ellas, que, a lo que parecio, deuian de tener mas gana de pacer que de al, recibieronle con las herraduras y con los dientes, de tal manera, que a poco 25 espacio se le rompieron las cinchas y quedó sin silla, en pelota. Pero lo que el deuio mas de sentir fue que, viendo los harrieros la fuerça que a sus yeguas se les hazia, acudieron con estacas, y tantos palos le dieron, que le 30 derribaron mal parado en el suelo. Ya, en esto, don Quixote y Sancho, que la
TERCERA PARTE, CAPITVLO XV p. 195 paliza de Rozinante auian visto, llegauan hijadeando. Y dixo don Quixote a Sancho: “A lo que yo veo, amigo Sancho, estos no son caualleros, sino gente soez y de baxa ralea. Digolo porque bien me puedes ayudar a 5 tomar la deuida vengança del agrauio que delante de nuestros ojos se le a hecho a Rozinante.” “¿Qué diablos de vengança hemos de tomar”, respondio Sancho, “si estos son mas de 10 veinte, y nosotros no mas de dos, y aun quiça nosotros (*) sino vno y medio?” “Yo valgo por ciento”, replicó don Quixote. Y, sin hazer mas discursos, echó mano a su espada y arremetio a los gallegos (*), y lo 15 mesmo hizo Sancho Pança, incitado y mouido del exemplo de su amo. Y, a las primeras dio don Quixote vna cuchillada a vno que le abrio vn sayo de cuero de que venia vestido, con gran parte de la espalda. Los gallegos (*), que 20 se vieron maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo ellos tantos, acudieron a sus estacas, y, cogiendo a los dos en medio, començaron a menudear sobre ellos con grande hahinco y vehemencia. Verdad es que al 25 segundo toque dieron con Sancho en el suelo, y lo mesmo (*) le auino a don Quixote, sin que le valiesse su destreza y buen animo. Y quiso su ventura que viniesse a caer a los pies de Rozinante, que aun no se auia leuantado; donde 30 se echa de ver la furia con que machacan estacas puestas en manos rusticas y enojadas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 196 Viendo, pues, los gallegos (*) el mal recado que auian hecho, con la mayor presteza que pudieron cargaron su requa y siguieron su camino, dexando a los dos auentureros de mala traça y de peor talante. El primero que se 5 resintio fue Sancho Pança, y hallandose junto a su señor, con voz enferma y lastimada, dixo: “¡Señor don Quixote! ¡A, señor don Quixote!” “¡Qué quieres, Sancho hermano!”, respondio 10 don Quixote, con el mesmo (*) tono afeminado y doliente que Sancho. “Querria, si fuesse possible”, respondio Sancho Pança, “que vuestra merced me diesse dos tragos de aquella beuida del feo Blas, si es 15 que la tiene vuestra merced ay a mano: quiça sera de prouecho para los quebrantamientos de huesos como lo es para las feridas.” “Pues a tenerla (*) yo aqui, ¡desgraciado yo!, ¿qué nos faltaua?”, respondio don Quixote. 20 “Mas yo te juro, Sancho Pança, a fe de cauallero andante, que antes que passen dos dias, si la fortuna no ordena otra cosa, la tengo de tener en mi poder, o mal me han de andar las manos.” 25 “Pues ¿en quántos le parece a vuestra merced que podremos mouer los pies?”, replicó Sancho Pança. “De mi se dezir”, dixo el molido cauallero don Quixote, “que no sabre poner termino a 30 essos dias. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no auia de poner mano a la espada contra
TERCERA PARTE, CAPITVLO XV p. 197 hombres que no fuessen armados caualleros como yo. Y, assi, creo que en pena de auer passado las leyes de la caualleria, ha permitido el Dios de las batallas que se me diesse este castigo. Por lo qual, Sancho Pança (*), conuiene 5 que estes aduertido en esto que aora te dire, porque importa mucho a la salud de entrambos, y es que quando veas que semejante canalla nos haze algun agrauio, no aguardes a que yo ponga mano al espada para ellos, porque 10 no lo hare en ninguna manera, sino pon tu mano a tu espada y castigalos muy a tu sabor; que, si en su ayuda y defensa acudieren caualleros, yo te sabre defender y ofendellos con todo mi poder, que ya auras visto por mil 15 señales y experiencias hasta adonde se estiende el valor de este mi fuerte braço.” Tal quedó de arrogante el pobre señor con el vencimiento del valiente vizcayno. Mas no le parecio tambien (*) a Sancho 20 Pança el auiso de su amo, que dexasse de responder, diziendo: “Señor, yo soy hombre pacifico, manso, sossegado, y se dissimular qualquiera injuria, porque tengo muger y hijos que sustentar y criar. 25 Assi, que seale a vuestra merced tambien auiso, pues no puede ser mandato, que en ninguna manera pondre mano a la espada ni contra villano ni contra cauallero. Y que, desde aqui para delante de Dios, perdono quantos agrauios 30 me han hecho y han de hazer, ora me los aya hecho o haga o aya de hazer persona alta
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 198 o baxa, rico o pobre, hidalgo o pechero, sin eceptar estado ni condicion alguna.” Lo qual oydo por su amo, le respondio: “Quisiera tener aliento para poder hablar vn poco descansado, y que el dolor que tengo en 5 esta costilla se aplacara tanto quanto, para darte a entender, Pança, en el error en que estás. Ven aca, pecador: si el viento de la fortuna, hasta aora tan contrario, en nuestro fauor se buelue, llenandonos (*) las velas del desseo, 10 para que seguramente y sin contraste alguno tomemos puerto en alguna de las insulas que te tengo prometida, ¿qué seria de ti, si, ganandola yo, te hiziesse señor della, pues lo vendras a impossibilitar por no ser cauallero, ni quererlo 15 ser, ni tener valor ni intencion de vengar tus injurias y defender tu señorio? Porque has de saber que en los reynos y prouincias nueuamente conquistados nunca estan tan quietos los animos de sus naturales, ni tan de parte del 20 nueuo señor, que no se tengan (*) temor de que han de hazer alguna nouedad para alterar de nueuo las cosas, y boluer, como dizen, a prouar ventura. Y, assi, es menester que el nueuo possessor tenga entendimiento para saberse 25 gouernar, y valor para ofender y defenderse en qualquiera (*) acontecimiento.” “En este que aora nos ha acontecido”, respondio Sancho, “quisiera yo tener esse entendimiento y esse valor que vuestra merzed dize. 30 Mas yo le juro, a fe de pobre hombre, que mas estoy para bizmas que para platicas. Mire
TERCERA PARTE, CAPITVLO XV p. 199 vuestra merced si se puede leuantar, y ayudaremos a Rozinante, aunque no lo merece, porque el fue la causa principal de todo este molimiento. Iamas tal crei de Rozinante, que le tenia por persona casta y tan pacifica como yo. En fin, 5 bien dizen que es menester mucho tiempo para venir a conocer las personas, y que no ay cosa segura en esta vida. ¿Quién dixera que tras de aquellas tan grandes cuchilladas como vuestra merced dio a aquel desdichado cauallero andante, 10 auia de venir por la posta y en seguimiento suyo esta tan grande tempestad de palos que ha descargado sobre nuestras espaldas?” “Aun las tuyas, Sancho”, replicó don Quixote, “deuen de estar hechas a semejantes nublados; 15 pero las mias, criadas entre sinabafas (*) y olandas, claro está que sentiran mas el dolor desta desgracia. Y si no fuesse porque imagino, ¿qué digo imagino? se muy cierto, que todas estas incomodidades son muy anejas al exercicio 20 de las armas, aqui me dexaria morir de puro enojo.” A esto replicó el escudero: “Señor, ya que estas desgracias son de la cosecha de la caualleria, digame vuestra 25 merced si suceden muy a menudo, o si tienen sus tiempos limitados en que acaecen; porque me parece a mi que a dos cosechas quedaremos inutiles para la tercera, si Dios, por su infinita misericordia, no nos socorre.” 30 “Sabete, amigo Sancho”, respondio don Quixote, “que la vida de los caualleros andantes
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 200 está sujeta a mil peligros y desuenturas, y ni mas ni menos está en potencia propinqua de ser los caualleros andantes (*) reyes y emperadores, como lo ha mostrado la experiencia en muchos y diuersos caualleros, de cuyas 5 historias yo tengo entera noticia. Y pudierate contar agora (*), si el dolor me diera lugar, de algunos que solo por el valor de su braço han subido a los altos grados que he contado. Y estos mesmos se vieron antes y despues en 10 diuersas calamidades y miserias; porque el valeroso Amadis de Gaula se vio en poder de su mortal enemigo Arcalaus el encantador, de quien se tiene por aueriguado que le dio, teniendole preso, mas de dozientos açotes con 15 las riendas de su cauallo, atado a vna coluna de vn patio. Y aun ay vn autor secreto, y de no poco credito, que dize que, auiendo cogido al Cauallero del Febo con vna cierta trampa que se le hundio debaxo de los pies, en vn 20 cierto castillo, (y) al caer, se halló en vna honda sima debaxo de tierra, atado de pies y manos, y alli le echaron vna destas que llaman melezinas de agua de nieue y arena, de lo que llegó muy al cabo, y si no fuera socorrido en aquella 25 gran cuyta de vn sabio grande amigo suyo, lo passara muy mal el pobre cauallero. Ansi (*), que bien puedo yo passar entre tanta buena gente; que mayores afrentas son las que estos passaron que no las que aora nosotros passamos. 30 Porque quiero hazerte sabidor, Sancho, que no afrentan las heridas que se dan con los
TERCERA PARTE, CAPITVLO XV p. 201 inst[r]umentos (*) que acaso se hallan en las manos (*). Y esto está, en la ley del duelo, escrito por palabras expressas: que si el çapatero da a otro con la horma que tiene en la mano, puesto que verdaderamente es de palo, no por 5 esso se dira que queda apaleado aquel a quien dio con ella. Digo esto porque no pienses que, puesto que quedamos desta pendencia molidos, quedamos afrentados, porque las armas que aquellos hombres traian, con que nos 10 machacaron, no eran otras que sus estacas, y ninguno dellos, a lo que se me acuerda, tenia estoque, espada ni puñal.” “No me dieron a mi lugar”, respondio Sancho, “a que mirasse en tanto, porque apenas 15 puse mano a mi tizona, quando me santiguaron los ombros con sus pinos, de manera que me quitaron la vista de los ojos y la fuerça de los pies, dando conmigo a donde aora yago, y adonde no me da pena alguna el pensar si fue 20 afrenta, o no, lo de los estacazos, como me la da el dolor de los golpes, que me han de quedar tan impressos en la memoria como en las espaldas.” “Con todo esso te hago saber, hermano 25 Pança”, replicó don Quixote, “que no ay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.” “Pues ¿qué mayor desdicha puede ser”, replicó Pança, “de aquella que aguarda al 30 tiempo que la consuma y a la muerte que la acabe? Si esta nuestra desgracia fuera de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 202 aquellas que con vn par de bizmas se curan, aun no tan malo; pero voy viendo que no han de bastar todos los emplastos de vn hospital para ponerlas en buen termino siquiera.” “Dexate desso y saca fuerças de flaqueza, 5 Sancho”, respondio don Quixote, “que assi hare yo, y veamos cómo está Rozinante, que, a lo que me parece, no le ha cabido al pobre la menor parte desta desgracia.” “No ay de que marauillarse desso”, respondio 10 Sancho, “siendo el tan buen (*) cauallero andante; de lo que yo me marauillo es de que mi jumento aya quedado libre y sin costas, donde nosotros salimos sin costillas.” “Siempre dexa la ventura vna puerta abierta 15 en las desdichas para dar remedio a ellas”, dixo don Quixote. “Digolo porque essa bestezuela podra suplir aora la falta de Rozinante, lleuandome a mi desde aqui a algun castillo donde sea curado de mis feridas. Y mas, que 20 no tendre a deshonra la tal caualleria, porque me acuerdo auer leydo que aquel buen viejo Sileno, ayo y pedagogo del alegre Dios de la risa, quando entró en la ciudad de las cien puertas, yua muy a su plazer cauallero sobre 25 vn muy hermoso asno (*).” “Verdad sera que el deuia de yr cauallero como vuestra merced dize”, respondio Sancho; “pero ay grande diferencia del yr cauallero al yr atrauessado como costal de vasura.” 30 A lo qual respondio don Quixote: “Las feridas que se reciben en las batallas
TERCERA PARTE, CAPITVLO XV p. 203 antes dan honra que la quitan. Assi que, Pança amigo, no me repliques mas, sino, como ya te he dicho, leuantate lo mejor que pudieres y ponme de la manera que mas te agradare encima de tu jumento, y vamos de aqui antes 5 que la noche venga y nos saltee en este despoblado.” “Pues yo he oydo dezir a vuestra merced”, dixo Pança, “que es muy de caualleros andantes el dormir en los paramos y desiertos lo mas 10 del año, y que lo tienen a mucha ventura.” “Esso es”, dixo don Quixote, “quando no pueden mas, o quando estan enamorados; y es tan verdad esto, que ha auido cauallero que se ha estado sobre vna peña, al sol y a la sombra 15 y a las inclemencias del cielo, dos años, sin que lo supiesse su señora. Y vno destos fue Amadis quando, llamandose Beltenebros, se aloxó en la Peña Pobre (*), ni se si ocho años o ocho meses, que no estoy muy bien en la 20 cuenta. Basta que el estuuo alli haziendo penitencia por no se qué sinsabor que le hizo la señora Oriana. Pero dexemos ya esto, Sancho, y acaba, antes que suceda otra desgracia al jumento como a Rozinante.” 25 “Aun ahi seria el diablo”, dixo Sancho. Y despidiendo treinta ayes y sesenta sospiros y ciento y veynte pesetes y reniegos de quien alli le auia traido, se leuantó, quedandose agouiado en la mitad del camino, como arco 30 turquesco, sin poder acabar de endereçarse; y con todo este trabajo aparejó su asno, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 204 tambien auia andado algo destraydo (*) con la demasiada libertad de aquel dia. Leuantó luego a Rozinante, el qual, si tuuiera lengua con que quexarse, a buen seguro que Sancho ni su amo no le fueran en çaga. 5 En resolucion, Sancho acomodó a don Quixote sobre el asno y puso de reata a Rozinante, y, lleuando al asno de cabestro se encaminó poco mas a (*) menos hazia donde le parecio que podia estar el camino real. Y la suerte, 10 que sus cosas de bien en mejor yua guiando, aun no huuo andado vna pequeña legua, quando le deparó el camino, en el qual descubrio vna venta que, a pesar suyo y gusto de don Quixote, auia de ser castillo. Porfiaua Sancho 15 que era venta, y su amo que no, sino castillo; y tanto duró la porfia, que tuuieron lugar, sin acabarla, de llegar a ella, en la qual Sancho se entró, sin mas aueriguacion, con toda su requa.
p. 205 Capitulo XVI De lo que le sucedio al ingenioso hidalgo en la venta que el imaginaua ser castillo. El ventero, que vio a don Quixote atrauesado en el asno, preguntó a Sancho qué mal 5 traia. Sancho le respondio que no era nada, sino que auia dado vna cayda de vna peña abaxo, y que venia algo brumadas las costillas. Tenia el ventero por muger a vna, no de la condicion que suelen tener las de semejante 10 trato, porque naturalmente era caritatiua y se dolia de las calamidades de sus proximos, y, assi, acudio luego a curar a don Quixote, y hizo que vna hija suya donzella, muchacha y de muy buen parecer, la ayudasse a curar a su 15 huesped. Seruia en la venta, assi mesmo, vna moça asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del vn ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardia del cuerpo suplia las demas faltas: no tenia siete 20 palmos de los pies a la cabeça, y las espaldas, que algun tanto le cargauan, la hazian mirar al suelo mas de lo que ella quisiera. Esta gentil moça, pues, ayudó a la donzella; y las dos hizieron vna muy mala cama a don Quixote 25 en vn camaranchon que, en otros tiempos, daua manifiestos indicios que auia seruido de pajar muchos años. En la qual (*) tambien aloxaua vn harriero que tenia su cama hecha vn poco mas alla de la de nuestro don Quixote, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 206 y, aunque era de las enxalmas y mantas de sus machos, hazia mucha ventaja a la de don Quixote, que solo contenia quatro mal lisas tablas sobre dos no muy yguales bancos, y vn colchon que, en lo sutil, parecia colcha, lleno de 5 bodoques, que, a no mostrar que eran de lana por algunas roturas, al tiento, en la dureza, semejauan (*) de guijarro, y dos sauanas hechas de cuero de adarga, y vna fraçada, cuyos hilos, si se quisieran contar, no se perdiera vno solo 10 de la cuenta. En esta maldita cama se acosto don Quixote. Y luego la ventera y su hija le emplastaron de arriba abajo (*), alumbrandoles Maritornes, que assi se llamaua la asturiana; y 15 como al bizmalle viesse la ventera tan acardenalado a partes a don Quixote, dixo que aquello mas parecian golpes (*) que cayda. “No fueron golpes”, dixo Sancho, “sino que la peña tenia muchos picos y tropeçones, y que 20 cada vno auia hecho su cardenal.” Y tambien le dixo: “Haga vuestra merced, señora, de manera que queden algunas estopas, que no faltará quien las aya menester; que tambien me duelen a mi vn poco los lomos.” 25 “Dessa manera”, respondio la ventera, “¿tambien deuistes vos de caer?” “No cay”, dixo Sancho Pança, “sino que del sobresalto que tomé de ver caer a mi amo, de tal manera me duele a mi el cuerpo, que me 30 parece que me han dado mil palos.” “Bien podra (*) ser esso”, dixo la donzella;
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVI p. 207 “que a mi me ha acontecido muchas vezes soñar que caya de vna torre abaxo, y que nunca acabaua de llegar al suelo, y quando despertaua del sueño, hallarme tan molida y quebrantada como si verdaderamente huuiera 5 caydo.” “Ay está el toque, señora”, respondio Sancho Pança: “que yo sin soñar nada, sino estando mas despierto que aora estoy, me hallo con pocos menos cardenales que mi señor don 10 Quixote.” “¿Cómo se llama este cauallero?”, preguntó la asturiana Maritornes. “Don Quixote de la Mancha”, respondio Sancho Pança, “y es cauallero auenturero, y 15 de los mejores y mas fuertes que de luengos tiempos aca se han visto en el mundo.” “¿Qué es cauallero auenturero?”, replicó la moça. “¿Tan nueua sois en el mundo, que no lo 20 sabeis vos?”, respondio Sancho Pança. “Pues sabed, hermana mia, que cauallero auenturero es vna cosa que en dos palabras se ve apaleado y emperador. Oy está la mas desdichada criatura del mundo y la mas menesterosa, y 25 mañana tendria (*) dos o tres coronas de reynos que dar a su escudero.” “Pues ¿cómo vos, siendolo deste tan buen señor”, dixo la ventera, “no teneis, a lo que parece, siquiera algun condado?” 30 “Aun es temprano”, respondio Sancho, “porque no ha sino vn mes que andamos buscando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 208 las auenturas, y hasta aora no hemos topado con ninguna que lo sea. Y tal vez ay que se busca vna cosa y se halla otra. Verdad es que si mi señor don Quixote sana desta herida, o cayda, y yo no quedo contrecho della, no 5 trocaria mis esperanças con el mejor titulo de España.” Todas estas platicas estaua escuchando muy atento don Quixote, y sentandose en el lecho como pudo, tomando de la mano a la ventera, 10 le dixo: “Creedme, fermosa señora, que os podeis llamar venturosa por auer alojado en este vuestro castillo a mi persona, que es tal, que si yo no la alabo, es por lo que suele dezirse que la 15 alabança propria (*) enuilece, pero mi escudero os dira quién soy. Solo os digo que tendre eternamente escrito en mi memoria el seruicio que me auedes fecho, para agradeceroslo mientras la vida me durare. Y pluguiera a los altos 20 cielos que el amor no me tuuiera tan rendido y tan sujeto a sus leyes, y los ojos de aquella hermosa ingrata que digo entre mis dientes; que los desta fermosa donzella fueran señores de mi libertad.” 25 Confusas estauan la ventera y su hija y la buena de Maritornes oyendo las razones del andante cauallero, que assi las entendian como si hablara en griego, aunque bien alcançaron que todas se encaminauan a ofrecimiento y 30 requiebros; y, como no vsadas a semejante lenguage, mirauanle y admirauanse, y pareciales
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVI p. 209 otro hombre de los que se vsauan; y, agradeciendole con venteriles razones sus ofrecimientos, le dexaron, y la asturiana Maritornes curó a Sancho, que no menos lo auia menester que su amo. 5 Auia el harriero concertado con ella que aquella noche se refocilarian juntos, y ella le auia dado su palabra de que, en estando sossegados los huespedes y durmiendo sus amos, le yria a buscar y satisfazerle el gusto en quanto le 10 mandasse. Y cuentase desta buena moça que jamas dio semejantes palabras que no las cumpliesse, aunque las diesse en vn monte y sin testigo alguno, porque presumia muy de hidalga, y no tenia por afrenta estar en aquel exercicio de 15 seruir en la venta; porque dezia ella que desgracias y malos sucessos la auian traydo a aquel estado. El duro, estrecho, apocado y fementido lecho de don Quixote estaua primero en mitad de 20 aquel estrellado establo, y luego, junto a el, hizo el suyo Sancho, que solo contenia vna estera de enea y vna manta, que antes mostraua ser de angeo tundido que de lana. Sucedia a estos dos lechos el del harriero, fabricado, como se 25 ha dicho, de las enxalmas y de todo el adorno de los dos mejores mulos que trahia, aunque eran doze, luzios, gordos y famosos, porque era vno de los ricos harrieros de Areualo, segun lo dize el autor desta historia, que deste harriero 30 haze particular mencion, porque le conocia muy bien, y aun quieren dezir que era algo pariente
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 210 suyo. Fuera de que Cide Mahamate (*) Benengeli fue historiador muy curioso y muy puntual en todas las cosas; y echase bien de ver, pues las que quedan referidas, con ser tan minimas y tan rateras, no las quiso passar en silencio. De 5 donde podran tomar exemplo los historiadores graues, que nos cuentan las acciones tan corta y sucintamente, que apenas nos llegan a los labios, dexandose en el tintero, ya por descuydo, por malicia o ygnorancia, lo mas substancial 10 (*) de la obra. ¡Bien aya mil vezes el autor de Tablante de Ricamonte (*), y aquel del otro libro donde se cuenta (*) los hechos del conde Tomillas (*), y con qué puntualidad lo descriuen todo! 15 Digo, pues, que despues de auer visitado el harriero a su requa y dadole el segundo pienso, se tendio en sus enxalmas y se dio a esperar a su puntualissima Maritornes. Ya estaua Sancho bizmado y acostado, y, aunque 20 procuraua dormir, no lo consentia el dolor de sus costillas; y don Quixote, con el dolor de las suyas, tenia los ojos abiertos como liebre. Toda la venta estaua en silencio, y en toda ella no auia otra luz que la que daua vna lampara 25 que colgada en medio del portal ardia. Esta marauillosa quietud, y los pensamientos que siempre nuestro cauallero trahia de los sucessos que a cada passo se cuentan en los libros autores de su desgracia, le truxo a la 30 ymaginacion vna de las estrañas locuras que buenamente ymaginarse pueden. Y fue, que el se
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVI p. 211 ymaginó auer llegado a vn famoso castillo, que, como se ha dicho, castillos eran a su parecer todas las ventas donde aloxaua, y que la hija del ventero lo era del señor del castillo, la qual, vencida de su gentileza, se auia enamorado 5 del y prometido que aquella noche, a furto de sus padres, vendria a yazer con el vna buena pieça; y, teniendo toda esta quimera, que el se auia fabricado, por firme y valedera, se començo a acuytar y a pensar en el peligroso 10 trance en que su honestidad se auia de ver, y propuso en su coraçon de no cometer aleuosia a su señora Dulzinea del Toboso, aunque la mesma (*) reyna Ginebra con su dama Quintañona se le pusiessen delante. 15 Pensando, pues, en estos disparates, se llegó el tiempo y la hora, que para el fue menguada, de la venida de la asturiana, la qual, en camisa y descalça, cogidos los cabellos en vna aluanega de fustan, con tacitos y atentados 20 passos, entró en el aposento donde los tres aloxauan, en busca del harriero. Pero apenas llegó a la puerta, quando don Quixote la sintio, y sentandose en la cama, a pesar de sus bizmas y con dolor de sus costillas, tendio los 25 braços para recebir (*) a su fermosa donzella. La asturiana, que, toda recogida y callando, yua con las manos delante buscando a su querido, topó con los braços de don Quixote, el qual la asio fuertemente de vna muñeca, y, 30 tirandola hazia si, sin que ella osasse hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama. Tentole
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 212 luego la camisa, y, aunque ella era de harpillera, a el le parecio ser de finissimo y delgado cendal. Trahia en las muñecas vnas cuentas de vidro, pero a el le dieron vislumbres de preciosas perlas orientales. Los cabellos, que en 5 alguna manera tirauan a crines, el los marcó por hebras de luzidissimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del mesmo (*) sol escurecia. Y el aliento, que, sin duda alguna, olia a ensalada fiambre y trasnochada, a el le parecio que 10 arrojaua de su boca vn olor suaue y aromatico; y, finalmente, el la pintó en su ymaginacion de la misma traça y modo que lo (*) auia leydo en sus libros, de la otra princesa que vino a ver el mal ferido cauallero, vencida (*) 15 de sus amores, con todos los adornos que aqui van puestos (*). Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas que trahia en si la buena donzella, no le desengañauan, las quales pudieran hazer 20 vomitar a otro que no fuera harriero; antes le parecia que tenia entre sus braços a la diosa de la hermosura. Y, teniendola bien asida, con voz amorosa y baxa, le començo a dezir: “Quisiera hallarme en terminos, fermosa y 25 alta señora, de poder pagar tamaña merced como la que con la vista de vuestra gran fermosura me auedes fecho; pero ha querido la fortuna, que no se cansa de perseguir a los buenos, ponerme en este lecho, donde yago 30 tan molido y quebrantado, que, aunque de mi voluntad quisiera satisfazer a la vuestra, fuera
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVI p. 213 impossible. Y mas, que se añade a esta impossibilidad otra mayor, que es la prometida fe que tengo dada a la simpar (*) Dulzinea del Toboso, vnica señora de mis mas escondidos pensamientos. Que si esto no vuiera de por 5 medio, no fuera yo tan sandio cauallero, que dexara passar en blanco la venturosa ocasion en que vuestra gran bondad me ha puesto.” Maritornes estaua congoxadissima y trasudando de verse tan asida de don Quixote, y, 10 sin entender ni estar atenta a las razones que le dezia, procuraua, sin hablar palabra, desasirse. El bueno del harriero, a quien tenian despierto sus malos desseos, desde el punto que entró su coyma por la puerta, la sintio; estuuo 15 atentamente escuchando todo lo que don Quixote dezia, y, zeloso de que la asturiana le vuiesse faltado [a] la (*) palabra por otro, se fue llegando mas al lecho de don Quixote, y estuuose quedo (*) hasta ver en qué parauan 20 aquellas razones que el no podia entender. Pero como vio que la moça forcejaua por desasirse, y don Quixote trabaxaua por tenella (*), pareciendole mal la burla, enarboló el braço en alto y descargó tan terrible puñada sobre las 25 estrechas quixadas del enamorado cauallero, que le bañó toda la boca en sangre; y, no contento con esto, se le subio encima de las costillas, y con los pies, mas que de trote, se las passeó todas de cabo a cabo. El lecho, que era 30 vn poco endeble y de no firmes fundamentos, no pudiendo sufrir la añadidura del harriero,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 214 dio consigo en el suelo, a cuyo gran ruydo desperto el ventero, y luego ymaginó que deuian de ser pendencias de Maritornes, porque, auiendola llamado a bozes, no respondia. Con esta sospecha se leuantó y, encendiendo vn candil, 5 se fue hazia donde auia sentido la pelaza. La moça, viendo que su amo venia y que era de condicion terrible, toda medrosica y alborotada, se acogio a la cama de Sancho Pança, que aun dormia, y alli se acorrucó y se hizo vn 10 ouillo. El ventero entró diziendo: “¿Adónde estás, puta? A buen seguro que son tus (*) cosas estas.” En esto desperto Sancho, y, sintiendo aquel 15 bulto casi encima de si, penso que tenia la pesadilla y començo a dar puñadas a vna y otra parte, y, entre otras, alcançó con no se quántas a Maritornes, la qual, sentida del dolor, echando a rodar la honestidad, dio el retorno 20 a Sancho con tantas, que, a su despecho, le quitó el sueño; el qual, viendose tratar de aquella manera y sin saber de quien, alçandose como pudo, se abraçó con Maritornes, y començaron entre los dos la mas reñida y 25 graciosa escaramuça del mundo. Viendo, pues, el harriero, a la lumbre del candil del ventero, quál andaua su dama, dexando a don Quixote, acudio a dalle el socorro necessario; lo mismo hizo el ventero, pero con 30 intencion diferente, porque fue a castigar a la moça, creyendo, sin duda, que ella sola era la
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVI p. 215 ocasion de toda aquella armonia. Y, assi, como suele dezirse: el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo (*), daua el harriero a Sancho, Sancho a la moça, la moça a el, el ventero a la moça, y todos menudeauan con 5 tanta priessa que no se dauan (*) punto de reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil, y, como quedaron ascuras, dauanse tan sin compassion todos a bulto, que a doquiera que ponian la mano no dexauan 10 cosa sana. Aloxaua acaso aquella noche en la venta vn quadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo (*), el qual, oyendo ansi mesmo (*) el estraño estruendo de la 15 pelea, asio de su media vara y de la caxa de lata de sus titulos, y entró ascuras en el aposento, diziendo: “¡Tenganse a la justicia! ¡Tenganse a la Santa Hermandad!” 20 Y el primero con quien topó fue con el apuñeado de don Quixote, que estaua en su derribado lecho, tendido boca arriba, sin sentido alguno; y, echandole a tiento mano a las barbas, no cessaua de dezir: “¡Fauor a la justicia!” 25 Pero viendo que el que tenia asido no se bullia ni meneaua, se dio a entender que estaua muerto, y que los que alli dentro estauan eran sus matadores, y, con esta sospecha, reforço la voz, diziendo: 30 “¡Cierrese la puerta de la venta! ¡Miren no se vaya nadie, que han muerto aqui a vn hombre!”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 216 Esta voz sobresaltó a todos, y cada qual dexó la pendencia en el grado que le tomó la voz. Retirose el ventero a su aposento, el harriero a sus enxalmas, la moça a su rancho; solos los desuenturados don Quixote y Sancho 5 no se pudieron mouer de donde estauan. Solto en esto el quadrillero la barba de don Quixote, y salio a buscar luz, para buscar y prender los delinquentes; mas no la halló, porque el ventero, de industria, auia muerto la lampara 10 quando se retiró a su estancia, y fuele forçoso acudir a la chimenea, donde, con mucho trabajo y tiempo, encendio el quadrillero otro candil.
p. 217 Capitulo XVII Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el brauo don Quixote y su buen escudero Sancho Pança passaron en la venta que, por su mal, penso que era castillo. 5 Auia ya buelto en este tiempo de su parasismo don Quixote, y con el mesmo (*) tono de voz con que el dia antes auia llamado a su escudero, quando estaua tendido en el val de las estacas (*), le començo a llamar, diziendo: 10 “Sancho amigo, ¿duermes? ¿Duermes, amigo Sancho?” “¡Qué tengo de dormir, pesia a mi!”, respondio Sancho, lleno de pesadumbre y de despecho; “que no parece sino que todos los diablos 15 han andado comigo (*) esta noche.” “Puedeslo creer ansi (*), sin duda”, respondio don Quixote; “porque, o yo se poco, o este castillo es encantado. Porque has de saber...; mas esto que aora quiero dezirte, hasme de 20 jurar que lo tendras secreto hasta despues de mi muerte.” “Si, juro”, respondio Sancho. “Digolo”, replicó don Quixote, “porque soy enemigo de que se quite la honra a nadie.” 25 “Digo que si juro”, tornó a dezir Sancho; “que lo callaré hasta despues de los dias de vuestra merced, y plega a Dios que lo pueda descubrir mañana.” “¿Tan malas obras te hago, Sancho”, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 218 respondio don Quixote, “que me querrias ver muerto con tanta breuedad?” “No es por esso”, respondio Sancho, “sino porque soy enemigo de guardar mucho las cosas, y no querria que se me pudriessen de 5 guardadas.” “Sea por lo que fuere”, dixo don Quixote, “que mas fio de tu amor y de tu cortesia; y, assi, has de saber que esta noche me ha sucedido vna de las mas estrañas auenturas que yo sabre 10 encarecer; y, por contartela en breue, sabras que poco ha que a mi vino la hija del señor deste castillo, que es la mas apuesta y fermosa donzella que en gran parte de la tierra se puede hallar. ¿Qué te podria dezir del adorno de su 15 persona? ¿Qué de su gallardo entendimiento? ¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que deuo a mi señora Dulzinea del Toboso, dexaré passar intactas y en silencio? Solo te quiero dezir que, embidioso el cielo de tanto 20 bien como la ventura me auia puesto en las manos, o quiça --y esto es lo mas cierto--, que, como tengo dicho, es encantado este castillo, al tiempo que yo estaua con ella en dulcissimos y amorosissimos coloquios, sin que yo la 25 viesse ni supiesse por donde venia, vino vna mano pegada a algun braço de algun descomunal gigante y assentome vna puñada en las quixadas, tal, que las tengo todas bañadas en sangre, y despues me molio de tal suerte que 30 estoy peor que ayer quando los gallegos (*), que, por demasias de Rozinante, nos hizieron el
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 219 agrauio que sabes. Por donde conjeturo que el tesoro de la fermosura desta donzella le deue de guardar algun encantado moro, y no deue de ser para mi.” “Ni para mi tampoco”, respondio Sancho, 5 “porque mas de quatrocientos moros me han aporreado a mi (*) de manera, que el molimiento de las estacas fue tortas y pan pintado. Pero digame, señor, ¿cómo llama a esta buena y rara auentura, auiendo quedado della qual 10 quedamos? Aun vuestra merced, menos mal, pues tuuo en sus manos aquella incomparable fermosura que ha dicho. Pero yo ¿qué tuue, sino los mayores porrazos que pienso recebir en toda mi vida? ¡Desdichado de mi y de la madre 15 que me pario, que ni soy cauallero andante, ni lo pienso ser jamas, y de todas las malandanças me cabe la mayor parte!” “Luego ¿tambien estás tu aporreado?”, respondio don Quixote. 20 “¿No le he dicho que si, pesia (*) a mi linage?”, dixo Sancho. “No tengas pena, amigo”, dixo don Quixote; “que yo hare agora (*) el balsamo precioso con que sanaremos en vn abrir y cerrar 25 de ojos.” Acabó en esto de encender el candil el quadrillero, y entró a ver el que pensaua que era muerto, y assi como le vio entrar Sancho, viendole venir en camisa y con su paño de cabeça 30 y candil en la mano, y con vna muy mala cara, preguntó a su amo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 220 “Señor, ¿si sera este a dicha el moro encantado que nos buelue a castigar, si se dexó algo en el tintero?” “No puede ser el moro”, respondio don Quixote, “porque los encantados no se dexan ver 5 de nadie.” “Si no se dexan ver, dexanse sentir”, dixo Sancho; “si no, diganlo mis espaldas.” “Tambien lo podrian dezir las mias”, respondio don Quixote; “pero no es bastante indicio 10 esse para creer que este que se vee sea el encantado moro.” Llegó el quadrillero, y como los halló hablando en tan sossegada conuersacion, quedó suspenso. Bien es verdad que aun don Quixote se 15 estaua boca arriba, sin poderse menear de puro molido y emplastado. Llegose a el el quadrillero y dixole: “Pues ¿cómo va, buen hombre?” “Hablara yo mas bien criado”, respondio don 20 Quixote, “si fuera que vos. ¿Vsase en esta tierra hablar dessa suerte a los caualleros andantes, majadero?” El quadrillero, que se vio tratar tan mal de vn hombre de tan mal parecer, no lo pudo sufrir, y, 25 alçando el candil con todo su azeyte, dio a don Quixote con el en la cabeça, de suerte que le dexó muy bien descalabrado; y como todo quedó ascuras (*), saliose luego, y Sancho Pança dixo: 30 “Sin duda, señor, que este es el moro encantado, y deue de guardar el tesoro para otros,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 221 y para nosotros solo guarda las puñadas y los candilazos.” “Assi es”, respondio don Quixote, “y no ay que hazer caso destas cosas de encantamentos, ni ay para qué tomar colera ni enojo con ellas; 5 que, como son inuisibles y fantasticas, no hallaremos de quien vengarnos, aunque mas lo procuremos. Leuantate, Sancho, si puedes, y llama al alcayde desta fortaleza, y procura que se me de vn poco de azeyte, vino, sal y romero para 10 hazer el salutifero balsamo; que en verdad que creo que lo he bien menester aora, porque se me va mucha sangre de la herida que esta fantasma me ha dado.” Leuantose Sancho con harto dolor de sus 15 huessos, y fue ascuras donde estaua el ventero, y, encontrandose con el quadrillero, que estaua escuchando en que paraua su enemigo, le dixo: “Señor, quien quiera que seays, hazednos merced y beneficio de darnos vn poco de romero, 20 azeyte, sal y vino, que es menester para curar vno de los mejores caualleros andantes que ay en la tierra, el qual yaze en aquella cama mal ferido por las manos del encantado moro que está en esta venta.” 25 Quando el quadrillero tal oyo, tuuole por hombre falto de seso. Y porque ya començaua a amanecer, abrio la puerta de la venta, y, llamando al ventero, le dixo lo que aquel buen hombre queria. El ventero le proueyo de 30 quanto quiso, y Sancho se lo lleuó a don Quixote, que estaua con las manos en la cabeça,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 222 quexandose del dolor del candilazo, que no le auia hecho mas mal que leuantarle dos chichones algo crecidos, y lo que el pensaua que era sangre no era sino sudor que sudaua con la congoxa de la passada tormenta. 5 En resolucion, el tomó sus simples, de los quales hizo vn compuesto, mezclandolos todos y coziendolos vn buen espacio, hasta que le parecio que estauan (*) en su punto. Pidio luego alguna redoma para echallo, y como no la 10 vuo en la venta, se resoluio de ponello en vna alcuza o azeytera de hoja de lata, de quien el ventero le hizo grata donacion. Y luego dixo sobre la alcuza mas de ochenta paternostres y otras tantas auemarias, salues y credos, y a 15 cada palabra acompañaua vna cruz a modo de bendicion; a todo lo qual se hallaron presentes Sancho, el ventero y quadrillero, que ya el harriero sossegadamente andaua entendiendo en el beneficio de sus machos. 20 Hecho esto, quiso el mesmo (*) hazer luego la esperiencia de la virtud de aquel precioso balsamo que el se ymaginaua, y, assi, se beuio de lo que no pudo caber en la alcuza y quedaua en la olla donde se auia cozido, casi media 25 azumbre; y apenas lo acabó de beuer, quando començo a vomitar de manera, que no le quedó cosa en el estomago, y con las ansias y agitacion del vomito le dio vn sudor copiosissimo, por lo qual mandó que le arropassen y le 30 dexassen solo. Hizieronlo ansi (*), y quedose dormido mas de tres horas, al cabo de las
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 223 quales desperto y se sintio aliuiadissimo del cuerpo, y en tal manera mejor de su quebrantamiento, que se tuuo por sano. Y verdaderamente creyo que auia acertado con el balsamo de Fierabras, y que con aquel remedio podia 5 acometer desde alli adelante, sin temor alguno, qualesquiera ruynas, batallas y pendencias, por peligrosas que fuessen. Sancho Pança, que tambien tuuo a milagro la mejoria de su amo, le rogo que le diesse a 10 el lo que quedaua en la olla, que no era poca cantidad. Concedioselo don Quixote, y el, tomandola a dos manos, con buena fe y mejor talante, se la echó a pechos y enuasó bien poco menos que su amo. Es, pues, el caso que 15 el estomago del pobre Sancho no deuia de ser tan delicado como el de su amo, y, assi, primero que vomitasse le dieron tantas ansias y vascas, con tantos trasudores y desmayos, que el penso bien y verdaderamente que era llegada 20 su vltima hora; y viendose tan afligido y congoxado, maldezia el balsamo y al ladron que se lo auia dado. Viendole assi don Quixote, le dixo: “Yo creo, Sancho, que todo este mal te viene 25 de no ser armado cauallero; porque tengo para mi que este licor no deue de aprouechar a los que no lo son.” “Si esso sabia vuestra merced”, replicó Sancho, “¡mal aya yo y toda mi parentela!, ¿para 30 qué consintio que lo gustasse?” En esto hizo su operacion el breuage, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 224 començo el pobre escudero a dessaguarse por entrambas canales, con tanta priessa, que la estera de enea sobre quien se auia buelto a echar, ni la manta de angeo con que se cubria, fueron mas de prouecho. Sudaua y trasudaua 5 con tales parasismos y accidentes, que no solamente el, sino todos pensaron que se le acabaua la vida. Durole esta borrasca y mala andança casi dos horas, al cabo de las quales no quedó como su amo, sino tan molido y 10 quebrantado, que no se podia tener. Pero don Quixote, que, como se ha dicho, se sintio aliuiado y sano, quiso partirse luego a buscar auenturas, pareciendole que todo el tiempo que alli se tardaua era quitarsele al 15 mundo y a los en el menesterosos de su fauor y amparo, y mas con la seguridad y confiança que lleuaua en su balsamo; y assi, forçado deste desseo, el mismo ensilló a Rozinante y enalbardó al jumento de su escudero, a quien 20 tambien ayudó a vestir y a subir en el asno. Pusose luego a cauallo, y, llegandose a vn rincon de la venta, asio de vn lançon que alli estaua, para que le siruiesse de lança. Estauanle mirando todos quantos auia en la 25 venta, que passauan de mas de veynte personas; mirauale tambien la hija del ventero, y el tambien no quitaua los ojos della, y de quando en quando arrojaua vn sospiro (*) que parecia que le (*) arrancaua de lo profundo de sus 30 entrañas, y todos pensauan que deuia de ser del dolor que sentia en las costillas; a lo menos
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 225 pensauanlo aquellos que la noche antes le auian visto bizmar. Ya que estuuieron los dos a cauallo, puesto a la puerta de la venta, llamó al ventero, y con voz muy reposada y graue le dixo: 5 “Muchas y muy grandes son las mercedes, señor alcayde, que en este vuestro castillo he recebido, y quedo obligadissimo a agradeceroslas todos los dias de mi vida. Si os las puedo pagar en hazeros vengado de algun soberuio 10 que os aya fecho algun agrauio, sabed que mi oficio no es otro sino valer a los que poco pueden, y vengar a los que reciben tuertos, y castigar aleuosias. Recorred vuestra memoria, y, si hallays alguna cosa deste jaez que 15 encomendarme, no ay sino dezilla, que yo os prometo, por la orden de cauallero que recebi, de fazeros satisfecho y pagado a toda vuestra voluntad.” El ventero le respondio con el mesmo (*) 20 sossiego: “Señor cauallero, yo no tengo necessidad de que vuestra merced me vengue ningun agrauio, porque yo se tomar la vengança que me parece, quando se me hazen. Solo he menester 25 que vuestra merced me pague el gasto que esta noche ha hecho en la venta, assi de la paja y ceuada de sus dos bestias, como de la cena y camas.” “Luego ¿venta es esta?”, replicó don 30 Quixote. “Y muy honrada”, respondio el ventero.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 226 “Engañado he viuido hasta aqui”, respondio don Quixote; “que en verdad que pense que era castillo, y no malo; pero, pues es ansi (*) que no es castillo, sino venta, lo que se podra hazer por agora (*) es que perdoneys por la 5 paga; que yo no puedo contrauenir a la orden de los caualleros andantes, de los quales se cierto, sin que hasta aora aya leydo cosa en contrario, que jamas pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuuiessen, porque se 10 les deue de fuero y de derecho qualquier buen acogimiento que se les hiziere, en pago del insufrible trabajo que padecen buscando las auenturas de noche y de dia, en inuierno y en verano, a pie y a cauallo, con sed y con hambre, 15 con calor y con frio, sugetos a todas las inclemencias del cielo y a todos los incomodos de la tierra.” “Poco tengo yo que ver en esso”, respondio el ventero; “pagueseme lo que se me deue, y 20 dexemonos de cuentos ni de cauallerias; que yo no tengo cuenta con otra cosa que con cobrar mi hazienda.” “Vos soys vn sandio y mal hostalero”, respondio don Quixote. 25 Y, poniendo piernas al (*) Rozinante y terciando su lançon, se salio de la venta sin que nadie le detuuiesse, y el, sin mirar si le seguia su escudero, se alongo vn buen trecho. El ventero que le vio yr y que no le pagaua, acudio a 30 cobrar de Sancho Pança, el qual dixo que pues su señor no auia querido pagar, que tampoco
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 227 el pagaria; porque siendo el escudero de cauallero andante, como era, la mesma (*) regla y razon corria por el como por su amo en no pagar cosa alguna en los mesones y ventas. Amohinose mucho desto el ventero, y amenazole 5 que si no le pagaua, que lo cobraria de modo que le pesasse. A lo qual Sancho respondio que, por la ley de caualleria que su amo auia recebido, no pagaria vn solo cornado, aunque le costasse la vida, porque no auia de perder 10 por el la buena y antigua vsança de los caualleros andantes, ni se auian de quexar del los escuderos de los tales que estauan por venir al mundo, reprochandole el quebrantamiento de tan justo fuero. 15 Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que, entre la gente que estaua en la venta, se hallassen quatro perayles de Segouia, tres agujeros (*) del Potro de Cordoua y dos vezinos de la Heria de Seuilla (*), gente alegre, bien 20 intencionada, maleante y juguetona; los quales, casi como instigados y mouidos de vn mesmo (*) espiritu, se llegaron a Sancho, y, apeandole del asno, vno dellos entró por la manta de la cama del huesped, y, echandole en ella, alçaron los 25 ojos y vieron que el techo era algo mas baxo de lo que auian menester para su obra, y determinaron salirse al corral, que tenia por limite el cielo. Y alli, puesto Sancho en mitad de la manta, començaron a leuantarle en alto y a 30 holgarse con el, como con perro por carnestolendas.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 228 Las vozes que el misero manteado daua fueron tantas, que llegaron a los oydos de su amo, el qual [deteniendose] (*) a escuchar atentamente, creyo que alguna nueua auentura le venia, hasta que claramente conocio que el que 5 gritaua era su escudero; y, boluiendo las riendas, con vn penado galope llegó a la venta, y, hallandola cerrada, la rodeó por ver si hallaua por donde entrar. Pero no vuo llegado a las paredes del corral, que no eran muy altas, 10 quando vio el mal juego que se le hazia a su escudero. Viole baxar y subir por el ayre, con tanta gracia y presteza, que, si la colera le dexara, tengo para mi que se riera. Prouo a subir desde el cauallo a las bardas, pero estaua tan 15 molido y quebrantado, que aun apearse no pudo, y, assi, desde encima del cauallo, començo a dezir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteauan, que no es possible acertar a escriuillos (*); mas no por esto cessauan 20 ellos de su risa y de su obra, ni el bolador Sancho dexaua sus quexas, mezcladas ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo aprouechaua poco, ni aprouechó, hasta que de puro cansados le dexaron. Truxeronle alli su asno, y, 25 subiendole encima, le arroparon con su gauan. Y la compassiua de Maritornes, viendole tan fatigado, le parecio ser bien socorrelle con vn jarro de agua, y, assi, se le truxo del pozo, por ser mas frio (*); tomole Sancho, y lleuandole a 30 la boca, se paró a las vozes que su amo le daua, diziendo:
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVII p. 229 “¡Hijo Sancho, no beuas agua! ¡Hijo, no la beuas, que te matará! Ves aqui tengo el santissimo balsamo” --y enseñauale la alcuza del breuage--, “que con dos gotas que del beuas sanarás sin duda.” 5 A estas vozes boluio Sancho los ojos como de traues, y dixo con otras mayores: “Por dicha ¿hasele oluidado a vuestra merced como yo no soy cauallero, o quiere que acabe de vomitar las entrañas que me quedaron 10 de anoche? ¡Guardese su licor con todos los diablos, y dexeme a mi!” Y el acabar de dezir esto y el començar a beuer, todo fue vno; mas como al primer trago vio que era agua, no quiso passar adelante, y 15 rogo a Maritornes que se le truxesse de vino, y assi lo hizo ella de muy buena voluntad, y lo pagó de su mesmo (*) dinero, porque, en efecto, se dize della que, aunque estaua en aquel trato, tenia vnas sombras y lexos de 20 christiana. Assi como beuio Sancho dio de los carcaños (*) a su asno, y, abriendole la puerta de la venta de par en par, se salio della, muy contento de no auer pagado nada y de auer salido 25 con su intencion, aunque auia sido a costa de sus acostumbrados fiadores, que eran sus espaldas. Verdad es que el ventero se quedó con sus alforjas en pago de lo que se le deuia; mas Sancho no las echó menos, segun salio turbado. 30 Quiso el ventero atrancar bien la puerta assi como le vio fuera; mas no lo consintieron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 230 los manteadores, que era gente que, aunque don Quixote fuera verdaderamente de los caualleros andantes de la Tabla Redonda, no le estimaran en dos ardites.
p. 231 Capitulo XVIII Donde se cuentan las razones que passo Sancho Pança con su señor don Quixote, con otras auenturas dignas de ser contadas. Llegó Sancho a su amo marchito y desmayado, 5 tanto, que no podia harrear a su jumento. Quando assi le vio don Quixote, le dixo: “Aora acabo de creer, Sancho bueno (*), que aquel castillo o venta, de que (*) es encantado sin duda, porque aquellos que tan atrozmente 10 tomaron passatiempo contigo, ¿qué podian ser sino fantasmas y gente del otro mundo? Y confirmo esto por auer visto que quando estaua por las bardas del corral mirando los actos de tu triste tragedia, no me fue possible subir 15 por ellas, ni menos pude apearme de Rozinante, porque me deuian de tener encantado; que te juro por la fe de quien soy que, si pudiera subir o apearme, que yo te hiziera vengado de manera que aquellos follones (*) y malandrines 20 se acordaran de la burla para siempre, aunque en ello supiera contrauenir a las leyes de la (*) caualleria, que, como ya muchas vezes te he dicho, no consienten que cauallero ponga mano contra quien no lo sea, si no fuere en 25 defensa de su propria (*) vida y persona, en caso de vrgente y gran necessidad.” “Tambien me vengara yo si pudiera, fuera o no fuera armado cauallero, pero no pude;
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 232 aunque tengo para mi que aquellos que se holgaron conmigo no eran fantasmas ni hombres encantados, como vuestra merced dize, sino hombres de carne y de huesso como nosotros; y todos, segun los oy nombrar quando me 5 bolteauan, tenian sus nombres: que el vno se llamaua Pedro Martinez, y el otro Tenorio Hernandez, y el ventero oy que se llamaua Iuan Palomeque el Zurdo. Assi que, señor, el no poder saltar las bardas del corral ni apearse del 10 cauallo, en al estuuo que en encantamentos. Y lo que yo saco en limpio de todo esto es, que estas auenturas que andamos buscando, al cabo al cabo (*), nos han de traer a tantas desuenturas, que no sepamos quál es nuestro 15 pie derecho. Y lo que seria mejor y mas acertado, segun mi poco entendimiento, fuera el boluernos a nuestro lugar, aora que es tiempo de la siega y de entender en la hazienda, dexandonos de andar de Ceca en Meca y de zoca 20 en colodra, como dizen.” “¡Qué poco sabes, Sancho”, respondio don Quixote, “de achaque de caualleria! Calla y ten paciencia; que [dia] (*) vendra donde veas, por vista de ojos, quán honrosa cosa es andar en 25 este exercicio. Si no, dime, ¿qué mayor contento puede auer en el mundo, o qué gusto puede ygualarse al de vencer vna batalla y al de triunfar de su enemigo? Ninguno, sin duda alguna.” 30 “Assi deue de ser”, respondio Sancho, “puesto que yo no lo se. Solo se que despues
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 233 que somos caualleros andantes, o vuestra merced lo es --que yo no ay para qué me cuente en tan honroso numero--, jamas hemos vencido batalla alguna, si no fue la del vizcayno, y aun de aquella salio vuestra merced con media 5 oreja y media zelada menos; que despues aca todo ha sido palos y mas palos, puñadas y mas puñadas, lleuando yo de ventaja el manteamiento, y auerme sucedido por personas encantadas, de quien no puedo vengarme, para saber 10 hasta donde llega el gusto del vencimiento del enemigo, como vuestra merced dize.” “Essa es la pena que yo tengo y la que tu deues tener, Sancho”, respondio don Quixote; “pero de aqui adelante yo procuraré auer a las 15 manos alguna espada hecha por tal maestria, que al que la truxere consigo no le puedan hazer ningun genero de encantamentos. Y aun podria ser que me deparasse la ventura aquella de Amadis, quando se llamaua el Cauallero 20 de la Ardiente Espada, que fue vna de las mejores espadas que tuuo cauallero en el mundo, porque, fuera que tenia la virtud dicha, cortaua como vna nauaja, y no auia armadura, por fuerte y encantada que fuesse, que se le parasse 25 delante.” “Yo soy tan venturoso”, dixo Sancho, “que quando esso fuesse y vuestra merced viniesse a hallar espada semejante, solo vendria a seruir y aprouechar a los armados caualleros, 30 como el balsamo; y a los escuderos... que se los papen duelos (*).”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 234 “No temas esso, Sancho”, dixo don Quixote, “que mejor lo hara el cielo contigo.” En estos coloquios yuan don Quixote y su escudero, quando vio don Quixote que por el camino que yuan venia hazia ellos vna grande 5 y espessa poluareda, y, en viendola, se boluio a Sancho y le dixo: “Este es el dia, ¡o, Sancho!, en el qual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte. Este es el dia, digo, en que se ha de 10 mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de mi braço, y en el que tengo de hazer obras que queden escritas en el libro de la fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella poluareda que alli se leuanta, Sancho? Pues toda es 15 quaxada de vn copiosissimo exercito que de diuersas e innumerables gentes por alli viene marchando.” “A essa cuenta, dos deuen de ser”, dixo Sancho, “porque desta parte contraria se leuanta 20 assi mesmo (*) otra semejante poluareda.” Boluio a mirarlo don Quixote, y vio que assi era la verdad, y, alegrandose sobremanera, penso sin duda alguna que eran dos exercitos que venian a enuestirse y a encontrarse en 25 mitad de aquella espaciosa llanura; porque tenia a todas horas y momentos llena la fantasia de aquellas batallas, encantamentos, sucessos, desatinos, amores, desafios, que en los libros de cauallerias se cuentan, y todo quanto 30 hablaua, pensaua o hazia, era encaminado a cosas semejantes; y la poluareda que auia visto
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 235 la leuantauan dos grandes manadas de ouejas y carneros que, por aquel mesmo camino, de dos diferentes partes venian, las quales, con el poluo, no se echaron de ver hasta que llegaron cerca. Y con tanto ahinco afirmaua don Quixote 5 que eran exercitos, que Sancho lo vino a creer y a dezirle: “Señor, pues ¿qué hemos de hazer nosotros?” “¿Qué?”, dixo don Quixote; “fauorecer y 10 ayudar a los menesterosos y desualidos. Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente le conduze y guia el grande emperador Alifanfaron, señor de la grande ysla Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha 15 es el de su enemigo el rey de los garamantas, Pentapolen (*) del Arremangado Braço, porque siempre entra en las batallas con el braço derecho desnudo.” “Pues ¿por qué se quieren tan mal estos dos 20 señores?”, preguntó Sancho. “Quierense mal”, respondio don Quixote, “porque este Alefanfaron (*) es vn foribundo (*) pagano, y está enamorado de la hija de Pentapolin, que es vna muy fermosa y ademas agraciada 25 señora, y es christiana, y su padre no se la quiere entregar al rey pagano, si no dexa primero la ley de su falso profeta Mahoma y se buelue a la suya.” “¡Para mis barbas”, dixo Sancho, “si no haze 30 muy bien Pentapolin, y que le tengo de ayudar en quanto pudiere!”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 236 “En esso haras lo que deues, Sancho”, dixo don Quixote, “porque para entrar en batallas semejantes no se requiere ser armado cauallero.” “Bien se me alcança esso”, respondio 5 Sancho. “Pero, ¿dónde pondremos a este asno, que estemos ciertos de hallarle despues de passada la refriega?; porque el (*) entrar en ella en semejante caualleria no creo que está en vso hasta agora (*).” 10 “Assi es verdad”, dixo don Quixote; “lo que puedes hazer del es dexarle a sus auenturas, ora (*) se pierda o no, porque seran tantos los cauallos que tendremos despues que salgamos vencedores, que aun corre peligro Rozinante 15 no le trueque por otro. Pero estame atento y mira, que te quiero dar cuenta de los caualleros mas principales que en estos dos exercitos vienen. Y para que mejor los veas y notes, retiremonos a aquel altillo que alli se haze, de 20 donde se deuen de descubrir los dos exercitos.” Hizieronlo ansi (*), y pusieronse sobre vna loma, desde la qual se vieran (*) bien las dos manadas que a don Quixote se le hizieron exercito[s] (*), si las nuues del poluo que leuantauan 25 no les turbara y cegara la vista; pero, con todo esto, viendo en su ymaginacion lo que no veya ni auia, con voz leuantada començo a dezir: “Aquel cauallero que alli ves de las armas jaldes, que trae en el escudo vn leon coronado, 30 rendido a los pies de vna donzella, es el valeroso Laurcalco, señor de la Puente de Plata;
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 237 el otro de las armas de las flores de oro, que trae en el escudo tres coronas de plata en campo azul, es el temido Micocolembo, gran duque de Quirocia; el otro de los miembros giganteos, que está a su derecha mano, es el 5 nunca medroso Brandabarbaran de Boliche, señor de las tres Arabias, que viene armado de aquel cuero de serpiente, y tiene por escudo vna puerta, que, segun es fama, es vna de las del templo que derribó Sanson, quando con 10 su muerte se vengó de sus enemigos. ”Pero buelue los ojos a estotra parte, y veras delante y en la frente destotro exercito al siempre vencedor y jamas vencido Timonel de Carcajona, principe de la Nueua Vizcaya, que viene 15 armado con las armas partidas a quarteles, azules, verdes, blancas y amarillas, y trae en el escudo vn gato de oro en campo leonado, con vna letra que dize: «Miau» (*), que es el principio del nombre de su dama, que, segun se dize, 20 es la simpar (*) Miulina, hija del duque Alfeñiquen del Algarue; el otro, que carga y oprime los lomos de aquella poderosa alfana, que trae las armas como nieue blancas, y el escudo blanco y sin empresa alguna, es vn cauallero nouel, 25 de nacion frances, llamado Pierres Papin (*), señor de las baronias de Vtrique; el otro, que bate las hijadas con los herrados carcaños (*) a aquella pintada y ligera cebra, y trae las armas de los veros azules, es el poderoso duque 30 de Nerbia, Espartafilardo del Bosque, que trae por empresa en el escudo vna esparraguera,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 238 con vna letra en castellano que dize assi: «Rastrea mi suerte».” Y desta manera fue nombrando muchos caualleros del vno y del otro esquadron, que el se ymaginaua, y a todos les dio sus armas, 5 colores, empresas y motes de improuiso, lleuado de la ymaginacion de su nunca vista locura, y, sin parar, prosiguio diziendo: “A este esquadron frontero forman y hazen gentes de diuersas naciones: aqui estan los que 10 beuian (*) las dulces aguas del famoso Xanto; los montuosos (*) que pisan los masilicos campos; los que [des]cubren (*) el finissimo y menudo oro en la felize Arabia; los que gozan las famosas y frescas riberas del claro Termodonte 15 (*); los que sangran por muchas y diuersas vias al dorado Pactolo; los numidas, dudosos en sus promessas; los persas [en] (*) arcos y flechas famosos; [los] (*) partos, los medos, que pelean huyendo; los arabes, de mudables casas; 20 los citas (*), tan crueles como blancos; los etiopes, de horadados labios, y otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los nombres no me acuerdo. En estotro esquadron vienen los que beuen las corrientes cristalinas 25 del oliuifero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las prouechosas aguas del diuino Genil; los que pisan los tartesios campos, de pastos abundantes; los que se alegran 30 en los eliseos xerezanos prados; los manchegos, ricos y coronados de rubias espigas; los de
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 239 hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre goda; los que en Pisuerga se bañan, famoso por la mansedumbre de su corriente; los que su ganado apacientan en las estendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por su 5 escondido curso; los que tiemblan con el frio del siluoso Pirineo y con los blancos copos del leuantado Apenino. Finalmente, quantos toda la Europa en si contiene y encierra.” ¡Valame Dios, y quántas prouincias dixo, 10 quantas naciones nombró, dandole a cada vna con marauillosa presteza los atributos que le pertenecian, todo absorto y empapado en lo que auia leydo en sus libros mentirosos! Estaua Sancho Pança colgado de sus palabras, 15 sin hablar ninguna, y de quando en quando boluia la cabeça a ver si veya los caualleros y gigantes que su amo nombraua; y como no descubria a ninguno, le dixo: “Señor, encomiendo al diablo hombre, ni 20 gigante, ni cauallero de quantos vuestra merced dize (*) parece por todo esto, a lo menos, yo no los veo; quiça todo deue ser encantamento, como las fantasmas de anoche.” “¿Cómo dizes esso?”, respondio don Quixote. 25 “¿No oyes el relinchar de los cauallos, el tocar de los clarines, el ruydo de los atambores?” “No oygo otra cosa”, respondio Sancho, “sino muchos balidos de ouejas y carneros.” Y assi era la verdad, porque ya llegauan 30 cerca los dos rebaños. “El miedo que tienes”, dixo don Quixote, “te
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 240 haze, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas. Porque vno de los efectos (*) del miedo es turbar los sentidos y hazer que las cosas no parezcan lo que son; y, si es que tanto temes, retirate a vna parte y dexame solo; que solo 5 basto a dar la victoria (*) a la parte a quien yo diere mi ayuda.” Y, diziendo esto, puso las espuelas a Rozinante, y puesta la lança en el ristre, baxó de la costezuela como vn rayo. 10 Diole vozes Sancho, diziendole: “¡Bueluase vuestra merced, señor don Quixote, que boto a Dios que son carneros y ouejas las que va a enuestir! ¡Bueluase, desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es 15 esta? ¡Mire que no ay gigante ni cauallero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados! ¿Qué es lo que haze?, ¡pecador soy yo a Dios!” Ni por essas boluio don Quixote; antes, en 20 altas vozes, yua diziendo: “¡Ea, caualleros, los que seguis y militays debaxo de las vanderas del valeroso Emperador Pentapolin del Arremangado Braço, seguidme todos; vereys quán facilmente le doy 25 vengança de su enemigo Alefanfaron (*) de la Trapobana!” Esto diziendo, se entró por medio del esquadron de las ouejas, y començo de alanceallas con tanto corage y denuedo, como si de veras 30 alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada venian
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 241 dauanle vozes que no hiziesse aquello; pero, viendo que no aprouechauan, desciñeronse las hondas y començaron a saludalle los oydos con piedras como el puño. Don Quixote no se curaua de las piedras; antes, discurriendo a 5 todas partes, [dezia] (*): “¿Adonde estás, soberuio Alifanfaron (*)? Vente a mi, ¡que vn cauallero solo soy que dessea de solo a solo prouar tus fuerças y quitarte la vida, en pena de la que das al valeroso 10 Pentapolin Garamanta!” Llegó en esto vna peladilla de arroyo, y, dandole en vn lado, le sepultó dos costillas en el cuerpo. Viendose tan maltrecho, creyo, sin duda, que estaua muerto o mal ferido, y, 15 acordandose de su licor, sacó su alcuza y pusosela a la boca, y començo a echar licor en el estomago; mas antes que acabasse de enuasar lo que a el le parecia que era bastante, llegó otra almendra y diole en la mano y en el alcuza, tan 20 de lleno, que se la hizo pedaços, lleuandole de camino tres o quatro dientes y muelas de la boca, y machucandole malamente dos dedos de la mano. Tal fue el golpe primero, y tal el segundo, 25 que le fue forçoso al pobre cauallero dar consigo del cauallo abaxo. Llegaronse a el los pastores y creyeron que le auian muerto. Y, assi, con mucha priessa, recogieron su ganado, y cargaron de las reses muertas, que passauan 30 de siete, y sin aueriguar otra cosa, se fueron. Estauase todo este tiempo Sancho sobre la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 242 cuesta, mirando las locuras que su amo hazia, y arrancauase las barbas, maldiziendo la hora y el punto en que la fortuna se le auia dado a conocer. Viendole, pues, caydo en el suelo, y que ya los pastores se auian ydo, baxó de la 5 cuesta y llegose a el, y hallole de muy mal arte, aunque no auia perdido el sentido, y dixole: “¿No le dezia yo, señor don Quixote, que se boluiesse, que los que yua a acometer no eran exercitos, sino manadas de carneros?” 10 “Como esso (*) puede desparecer (*) y contrahazer aquel ladron del sabio mi enemigo. Sabete, Sancho, que es muy facil cosa a los tales hazernos parecer lo que quieren, y este maligno (*) que me persigue, embidioso de la gloria 15 que vio que yo auia de alcançar desta batalla, ha buelto los esquadrones de enemigos en manadas de ouejas. Si no, haz vna cosa, Sancho, por mi vida, porque te desengañes y veas ser verdad lo que te digo: sube en tu asno y 20 siguelos bonitamente, y veras como, en alexandose de aqui algun poco, se bueluen en su ser primero, y, dexando de ser carneros, son hombres hechos y derechos como yo te los pinté primero... Pero no vayas agora (*), que he menester 25 tu fabor y ayuda; llegate a mi y mira quántas muelas y dientes me faltan, que me parece que no me ha quedado ninguno en la boca.” Llegose Sancho tan cerca, que casi le metia los ojos en la boca, y fue a tiempo que ya auia 30 obrado el balsamo en el estomago de don Quixote, y al tiempo que Sancho llegó a mirarle
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 243 la boca, arrojó de si, mas rezio que vna escopeta, quanto dentro tenia, y dio con todo ello en las barbas del compassiuo escudero. “¡Santa Maria!”, dixo Sancho, “y ¿qué es esto que me ha sucedido? Sin duda este pecador 5 está herido de muerte, pues vomita sangre por la boca.” Pero reparando vn poco mas en ello, echó de ver en la color, sabor y olor, que no era sangre, sino el balsamo de la alcuza, que el le 10 auia visto beuer; y fue tanto el asco que tomó, que, reboluiendosele el estomago, vomitó las tripas sobre su mismo señor, y quedaron entrambos como de perlas. Acudio Sancho a su asno para sacar de las alforjas con que 15 limpiarse y con que curar a su amo, y como no las halló, estuuo a punto de perder el juyzio. Maldixose de nueuo y propuso en su coraçon de dexar a su amo y boluerse a su tierra, aunque perdiesse el salario de lo seruido y las 20 esperanças del gouierno de la prometida insula. Leuantose en esto don Quixote, y, puesta la mano yzquierda en la boca, porque no se le acabassen de salir los dientes, asio con la otra las riendas de Rozinante, que nunca se auia 25 mouido de junto a su amo, tal era de leal y bien acondicionado, y fue(s)se a donde su escudero estaua, de pechos sobre su asno, con la mano en la mexilla, en guisa de hombre pensatiuo ademas. Y, viendole don Quixote de 30 aquella manera, con muestras de tanta tristeza, le dixo:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 244 “Sabete, Sancho, que no es vn hombre mas que otro, si no haze mas que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es possible 5 que el mal ni el bien sean durables, y de aqui se sigue que, auiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Assi que no deues congojarte por las desgracias que a mi me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas.” 10 “¿Cómo no?”, respondio Sancho. “Por ventura el que ayer mantearon, ¿era otro que el hijo de mi padre? Y las alforjas que oy me faltan, con todas mis alhajas, ¿son de otro que del mismo?” 15 “¿Que te faltan las alforjas, Sancho?”, dixo don Quixote. “Si que me faltan”, respondio Sancho. “Desse modo, no tenemos qué comer oy”, replicó don Quixote. 20 “Esso fuera”, respondio Sancho, “quando faltaran por estos prados las yeruas que vuestra merced dize que conoce, con que suelen suplir semejantes faltas los tan mal auenturados andantes (*) caualleros como vuestra merced 25 es.” “Con todo esso”, respondio don Quixote, “tomara yo aora mas ayna vn quartal de pan, o vna hogaza, y dos cabeças de sardinas arenques, que quantas yeruas descriue Dioscorides, 30 aunque fuera el ilustrado por el doctor Laguna (*). Mas, con todo esto, sube en tu
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 245 jumento, Sancho el bueno, y vente tras mi; que Dios, que es proueedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, y mas, andando tan en su seruicio como andamos, pues no falta a los mosquitos del ayre, ni a los gusanillos de la 5 tierra, ni a los renaquajos del agua. Y es tan piadoso, que haze salir su sol sobre los buenos y los malos, y llueue sobre los injustos y justos.” “Mas bueno era vuestra merced”, dixo 10 Sancho, “para predicador que para cauallero andante.” “De todo sabian y han de saber los caualleros andantes, Sancho”, dixo don Quixote, “porque cauallero andante vuo en los passados 15 siglos, que assi se paraua a hazer vn sermon o platica en mitad de vn campo real, como si fuera graduado por la vniuersidad de Paris; de donde se infiere que nunca la lança embotó (*) la pluma, ni la pluma la lança.” 20 “Aora bien, sea assi como vuestra merced dize”, respondio Sancho. “Vamos aora de aqui, y procuremos dónde aloxar esta noche, y quiera Dios que sea en parte donde no aya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros 25 encantados; que, si los ay, dare al diablo el hato y el garauato (*).” “Pideselo tu a Dios, hijo”, dixo don Quixote, “y guia tu por donde quisieres; que esta vez quiero dexar a tu elecion el alojarnos. Pero 30 dame aca la mano, y atientame con el dedo, y mira bien quántos dientes y muelas me faltan
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 246 deste lado derecho, de la quixada alta, que alli siento el dolor.” Metio Sancho los dedos, y, estandole tentando (*), le dixo: “¿Quántas muelas solia vuestra merced 5 tener en esta parte?” “Quatro”, respondio don Quixote, “fuera de la cordal, todas enteras y muy sanas.” “Mire vuestra merced bien lo que dize, señor”, respondio Sancho. 10 “Digo quatro, si no eran cinco”, respondio don Quixote, “porque en toda mi vida me han sacado diente ni muela de la boca, ni se me ha caydo, ni comido de neguijon ni de reuma alguna.” 15 “Pues en esta parte de abaxo”, dixo Sancho, “no tiene vuestra merced mas de dos muelas y media, y en la de arriba, ni media ni ninguna, que toda está rasa como la palma de la mano.” 20 “¡Sin ventura yo!”, dixo don Quixote, oyendo las tristes nueuas que su escudero le daua, “que mas quisiera que me vuieran derribado vn braço, como no fuera el de la espada; porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas 25 es como molino sin piedra, y en mucho mas se ha de estimar vn diente que vn diamante. Mas a todo esto estamos sugetos los que professamos la estrecha orden de la caualleria. Sube, amigo, y guia, que yo te seguire al passo 30 que quisieres.” Hizolo assi Sancho y encaminose hazia donde
TERCERA PARTE, CAPITVLO XVIII p. 247 le parecio que podia hallar acogimiento, sin salir del camino real que por alli yua muy seguido. Yendose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quixadas de don Quixote no le dexaua sossegar ni atender a darse priessa, 5 quiso Sancho entretenelle y diuertille (*) diziendole alguna cosa, y entre otras que le dixo, fue lo que se dira en el siguiente capitulo.
p. 248 Capitulo XIX De las discretas razones que Sancho passaua con su amo, y de la auentura que le sucedio con vn cuerpo muerto (*), con otros acontecimientos famosos. 5 “Pareceme, señor mio, que todas estas desuenturas que estos dias nos han sucedido, sin duda alguna, han sido pena del pecado cometido por vuestra merced contra la orden de su caualleria, no auiendo cumplido el juramento 10 que hizo de no comer pan a manteles ni con la reyna folgar, con todo aquello que a esto se sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar aquel almete de Malandrino, o como se llama el moro, que no me acuerdo bien.” 15 “Tienes mucha razon, Sancho”, dixo don Quixote. “Mas, para dezirte verdad, ello se me auia passado de la memoria; y tambien puedes tener por cierto que por la culpa de no auermelo tu acordado en tiempo, te sucedio aquello 20 de la manta; pero yo hare la enmienda, que modos ay de composicion en la orden de la caualleria para todo.” “Pues ¿juré yo algo, por dicha?”, respondio Sancho. 25 “No importa que no ayas jurado”, dixo don Quixote; “basta que yo entiendo que de participantes no estás muy seguro, y, por si o por no, no sera malo proueernos de remedio.” “Pues si ello es assi”, dixo Sancho, “mire 30
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 249 vuestra merced no se le torne a oluidar esto, como lo del juramento; quiça les boluera la gana a las fantasmas de solazarse otra vez conmigo, y aun con vuestra merced, si le ven tan pertinaz.” 5 En estas y otras platicas les tomó la noche en mitad del camino, sin tener ni descubrir donde aquella noche se recogiessen; y lo que no auia de bueno en ello era que perecian de hambre, que con la falta de las alforjas les faltó toda la 10 despensa y matalotaje. Y para acabar de confirmar esta desgracia les sucedio vna auentura, que, sin artificio alguno, verdaderamente lo parecia. Y fue que la noche cerro con alguna escuridad, pero con todo esto caminauan, 15 creyendo Sancho que, pues aquel camino era real, a vna o dos leguas, de buena razon hallaria en el alguna venta. Yendo, pues, desta manera, la noche escura, el escudero hambriento y el amo con gana de 20 comer, vieron que por el mesmo camino que yuan, venian hazia ellos gran multitud de lumbres, que no parecian sino estrellas que se mouian. Pasmose Sancho en viendolas, y don Quixote no las tuuo todas consigo; tiró el vno del 25 cabestro a su asno, y el otro de las riendas a su rozino, y estuuieron quedos mirando atentamente lo que podia ser aquello, y vieron que las lumbres se yuan acercando a ellos, y mientras mas se llegauan mayores parecian. A cuya 30 vista Sancho començo a temblar como vn azogado, y los cabellos de la cabeça se le erizaron
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 250 a don Quixote, el qual, animandose vn poco, dixo: “Esta, sin duda, Sancho, deue de ser grandissima y peligrosissima auentura, donde sera necessario que yo muestre todo mi valor y 5 esfuerço.” “¡Desdichado de mi!”, respondio Sancho. “Si acaso esta auentura fuesse de fantasmas, como me lo va pareciendo, ¿adónde aura costillas que la sufran?” 10 “Por mas fantasmas que sean”, dixo don Quixote, “no consentire yo que te toque (*) en el pelo de la ropa; que si la otra vez se burlaron contigo, fue porque no pude yo saltar las paredes del corral; pero aora estamos en campo 15 raso, donde podre yo como quisiere esgremir (*) mi espada.” “Y si le encantan y entomecen, como la otra vez lo hizieron”, dixo Sancho, “¿qué aprouechará estar en campo abierto o no?” 20 “Con todo esso”, replicó don Quixote, “te ruego, Sancho, que tengas buen animo; que la experiencia te dara a entender el que yo tengo.” “Si tendre, si a Dios plaze”, respondio Sancho. 25 Y, apartandose los dos a vn lado del camino, tornaron a mirar atentamente lo que aquello de aquellas lumbres que caminauan podia ser; y de alli a muy poco descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa vision de 30 todo punto remató el animo de Sancho Pança, el qual començo a dar diente con diente, como
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 251 quien tiene frio de quartana; y crecio mas el batir y dentellear quando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veynte encamisados, todos a cauallo, con sus hachas encendidas en las manos, detras de los quales 5 venia vna litera cubierta de luto, a la qual seguian otros seys de a cauallo, enlutados hasta los pies de las mulas; que bien vieron que no eran cauallos en el sossiego con que caminauan. Yuan los encamisados murmurando entre 10 si, con vna voz baxa y compassiua. Esta estraña (*) vision a tales horas y en tal despoblado, bien bastaua para poner miedo en el coraçon de Sancho, y aun en el de su amo; y assi fuera en quanto a don Quixote, que ya Sancho 15 auia dado al traues con todo su esfuerço. Lo contrario le auino a su amo, al qual en aquel punto se le representó en su imaginacion, al viuo, que aquella era vna de las auenturas de sus libros. Figurosele que la litera eran andas 20 donde deuia de yr algun mal ferido o muerto cauallero, cuya vengança a el solo estaua reseruada, y, sin hazer otro discurso, enristró su lançon, pusose bien en la silla, y, con gentil brio y continente se puso en la mitad del camino 25 por donde los encamisados forçosamente auian de passar, y quando los vio cerca, alçó la voz y dixo: “Deteneos, caualleros, o (*) quien quiera que seays, y dadme cuenta de quién soys, de dónde 30 venis, adónde vays, qué es lo que en aquellas andas lleuays; que, segun las muestras, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 252 vosotros aueys fecho, o vos han fecho, algun desaguisado, y conuiene y es menester que yo lo sepa, o bien para castigaros del mal que fezistes, o bien para vengaros del tuerto que vos fizieron.” 5 “Vamos de priessa”, respondio vno de los encamisados, “y está la venta lexos, y no nos podemos detener a dar tanta cuenta como pedis.” Y, picando la mula, passó adelante. Sintiose 10 desta respuesta grandemente don Quixote, y trauando del freno dixo: “Deteneos y sed mas bien criado, y dadme cuenta de lo que os he preguntado; si no, conmigo soys todos en batalla.” 15 Era la mula assombradiza, y al tomarla del freno se espantó de manera, que, alçandose en los pies, dio con su dueño por las hancas en el suelo. Vn moço que yua a pie, viendo caer al (*) encamisado, començo a denostar a don 20 Quixote, el qual, ya encolerizado, sin esperar mas, enristrando su lançon, arremetio a vno de los enlutados y, mal ferido dio con el en tierra; y reboluiendose por los demas, era cosa de ver con la presteza que los acometia y desbarataua, 25 que no parecia sino que en aquel instante le auian nacido alas a Rozinante, segun andaua de ligero y orgulloso. Todos los encamisados era gente medrosa y sin armas, y, assi, con facilidad en vn momento dexaron la refriega y 30 començaron a correr por aquel campo con las hachas encendidas, que no parecian sino a los
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 253 de las mascaras que en noche de regozijo y fiesta corren. Los enlutados, assi mesmo (*) rebueltos y embueltos en sus faldamentos y lobas, no se podian mouer; assi que, muy a su saluo, don Quixote los apaleó a todos, y les hizo dexar 5 el sitio mal de su grado, porque todos pensaron que aquel no era hombre, sino diablo del infierno que les salia a quitar el cuerpo muerto que en la litera lleuauan. Todo lo miraua Sancho, admirado del 10 ardimiento de su señor, y dezia entre si: “Sin duda este mi amo es tan valiente y esforçado como el dize.” Estaua vna hacha ardiendo en el suelo junto al primero que derribó la mula, a cuya luz 15 le pudo ver don Quixote, y, llegandose a el, le puso la punta del lançon en el rostro, diziendole que se rindiesse; si no, que le mataria. A lo qual respondio el caydo: “Harto rendido estoy, pues no me puedo 20 mouer, que tengo vna pierna quebrada; suplico a vuestra merced, si es cauallero christiano, que no me mate, que cometera vn gran sacrilegio; que soy licenciado y tengo las primeras ordenes.” 25 “Pues ¿quién diablos os ha traydo aqui”, dixo don Quixote, “siendo hombre de iglesia?” “¿Quién, señor?”, replicó el caydo: “mi desuentura.” “Pues otra mayor os amenaza”, dixo don 30 Quixote, “si no me satisfazeys a todo quanto primero os pregunté.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 254 “Con facilidad sera vuestra merced satisfecho”, respondio el licenciado; “y assi, sabra vuestra merced que, aunque denantes dixe que yo era licenciado, no soy sino bachiller, y llamome Alonso Lopez; soy natural de Alcouendas, 5 vengo de la ciudad de Baeça con otros onze sacerdotes, que son los que huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segouia acompañando vn cuerpo muerto, que va en aquella litera, que es de vn cauallero que 10 murio en Baeça, donde fue depositado, y aora, como digo, lleuauamos sus huessos a su sepultura, que está en Segouia, de donde es natural.” “Y ¿quién le mató?”, preguntó don Quixote. 15 “Dios, por medio de vnas calenturas pestilentes que le dieron”, respondio el bachiller. “Dessa suerte”, dixo don Quixote, “quitado me ha nuestro Señor del trabaxo que auia de tomar en vengar su muerte, si otro alguno le 20 huuiera muerto; pero auiendole muerto quien le mató, no ay sino callar y encoger los ombros, porque lo mesmo (*) hiziera si a mi mismo (*) me matara; y quiero que sepa vuestra reuerencia que yo soy vn cauallero de la 25 Mancha, llamado don Quixote, y es mi oficio y exercicio andar por el mundo endereçando tuertos y desfaziendo agrauios.” “No se como pueda ser esso de endereçar tuertos”, dixo el bachiller, “pues a mi de 30 derecho me aueys buelto tuerto, dexandome vna pierna quebrada, la qual no se vera derecha
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 255 en todos los dias de su vida; y el agrauio que en mi aueys deshecho ha sido dexarme agrauiado de manera, que me quedaré agrauiado para siempre; y harta desuentura ha sido topar con vos, que vays buscando auenturas.” 5 “No todas las cosas”, respondio don Quixote, “suceden de vn mismo modo; el daño estuuo, señor bachiller Alonso Lopez, en venir (*), como veniades, de noche, vestidos con aquellas sobrepellizes (*), con las hachas encendidas, 10 rezando, cubiertos de luto, que propiamente semejauades cosa mala y del otro mundo, y assi, yo no pude dexar de cumplir con mi obligacion acometiendoos, y os acometiera aunque verdaderamente supiera que erades los mesmos 15 (*) Satanases del infierno, que por tales os juzgué y tuue siempre.” “Ya que assi lo ha querido mi suerte”, dixo el bachiller, “suplico a vuestra merced, señor cauallero andante --que tan mala andança me 20 ha dado--, me ayude a salir de debaxo desta mula, que me tiene tomada vna pierna entre el estribo y la silla.” “¡Hablara yo para mañana!” (*), dixo don Quixote; “y ¿hasta quándo aguardauades a 25 dezirme vuestro afan?” Dio luego vozes a Sancho Pança que viniesse; pero el no se curó de venir, porque andaua ocupado desbalijando vna azemila de repuesto que trahian aquellos buenos señores, bien 30 bastezida de cosas de comer. Hizo Sancho costal de su gauan, y, recogiendo todo lo que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 256 pudo y cupo en el talego, cargó su jumento, y luego acudio a las vozes de su amo, y ayudó a sacar al señor bachiller de la opression de la mula; y, poniendole encima della, le dio la hacha, y don Quixote le dixo que siguiesse la 5 derrota de sus compañeros, a quien de su parte pidiesse perdon del agrauio; que no auia sido en su mano dexar de auerle (*) hecho. Dixole tambien Sancho: “Si acaso quisieren saber essos señores quién 10 ha sido el valeroso que tales los puso, dirales vuestra merced que es el famoso don Quixote de la Mancha, que por otro nombre se llama el Cauallero de la Triste Figura (*).” Con esto se fue el bachiller, y don Quixote 15 preguntó a Sancho que qué le auia mouido a llamarle el Cauallero de la Triste Figura, mas entonces que nunca. “Yo se lo dire”, respondio Sancho: “porque le he estado mirando vn rato a la luz de 20 aquella hacha que lleua aquel mal andante, y verdaderamente tiene vuestra merced la mas mala figura de poco aca que jamas he visto; y deuelo de auer causado, o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de las muelas y dientes.” 25 “No es esso”, respondio don Quixote, “sino que el sabio (*) a cuyo cargo deue de estar el escriuir (*) la historia de mis hazañas, le aura parecido que sera bien que yo tome algun nombre apelatiuo, como lo tomauan todos los caualleros 30 passados: qual se llamaua el de la Ardiente Espada; qual, el del Vnicornio; aquel, [el] (*)
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 257 de las Donzellas; aqueste, el del aue Fenix, el otro, el Cauallero del Grifo; estotro, el de la Muerte: y por estos nombres e insignias eran conocidos por toda la redondez de la tierra. Y assi, digo que el sabio ya dicho te aura puesto 5 en la lengua y en el pensamiento aora que me llamasses el Cauallero de la Triste Figura, como pienso llamarme desde oy en adelante; y para que mejor me quadre tal nombre, determino de hazer pintar, quando aya lugar, en mi 10 escudo vna muy triste figura.” “No ay para qué (*) gastar tiempo y dineros en hazer essa figura”, dixo Sancho, “sino lo que se ha de hazer es que vuestra merced descubra la suya y de rostro a los que le miraren, 15 que, sin mas ni mas, y sin otra imagen ni escudo, le llamarán el de la Triste Figura; y creame que le digo verdad, porque le prometo a vuestra merced, señor, y esto sea dicho en burlas, que le haze tan mala cara la hambre y la falta 20 de las muelas, que, como ya (*) tengo dicho, se podra muy bien escusar la triste pintura.” Riose don Quixote del donayre de Sancho; pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, 25 como auia imaginado. [En esto boluio el bachiller, y le dixo a don Quixote] (*): “Oluidauaseme de dezir que aduierta vuestra merced que queda descomulgado, por auer 30 puesto las manos violentamente en cosa sagrada: Iuxta illud, si quis suadente diabolo, & (*).”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 258 “No entiendo esse latin”, respondio don Quixote; “mas yo se bien que no puse las manos, sino este lançon; quanto mas que yo no pense que ofendia a sacerdotes (*), ni a cosas de la Yglesia, a quien respeto y adoro como 5 catolico y fiel christiano que soy, sino a fantasmas y a vestiglos del otro mundo; y quando esso assi fuesse, en la memoria tengo lo que le passó al Cid Ruy Diaz, quando quebró la silla del embaxador de aquel rey delante de su 10 Santidad del Papa, por lo qual lo descomulgó, y anduuo aquel dia el buen Rodrigo de Viuar como muy honrado y valiente cauallero (*).” En oyendo esto el bachiller, se fue, como queda dicho, sin replicarle palabra. 15 Quisiera don Quixote mirar si el cuerpo que venia en la litera eran huessos o no; pero no lo consintio Sancho, diziendole: “Señor, vuestra merced ha acabado esta peligrosa auentura lo mas a su saluo de todas 20 las que yo he visto; esta gente, aunque vencida y desbaratada, podria ser que cayesse en la cuenta de que los vencio sola vna persona, y, corridos y auergonçados desto, boluiessen a rehazerse y a buscarnos, y nos diessen (*) en 25 qué entender. El jumento está como conuiene, la montaña cerca (*), la hambre carga, no ay que hazer (*) sino retirarnos con gentil compas de pies, y, como dizen, vaya(s)se el muerto a la sepultura y el viuo a la hogaza.” 30 Y, antecogiendo su asno, rogo a su señor que le siguiesse, el qual, pareciendole que Sancho
TERCERA PARTE, CAPITVLO XIX p. 259 tenia razon, sin boluerle a replicar le siguio. Y a poco trecho que caminauan por entre dos montañuelas, se hallaron en vn espacioso y escondido valle, donde se apearon, y Sancho aliuió el jumento, y tendidos sobre la verde 5 yerua, con la salsa de su hambre, almorçaron, comieron, merendaron y cenaron a vn mesmo punto, satisfaziendo sus estomagos con mas de vna fiambrera que los señores clerigos del difunto, que pocas vezes se dexan mal passar, en 10 la azemila de su repuesto trahian. Mas sucedioles otra desgracia, que Sancho la tuuo por la peor de todas, y fue que no tenian vino que beuer, ni aun agua que llegar a la boca; y, acossados de la sed, dixo Sancho, 15 viendo que el prado donde estauan estaua colmado de verde y menuda yerua, lo que se dira en el siguiente capitulo.
p. 260 Capitulo XX De la jamas vista ni oyda auentura que con mas poco (*) peligro fue acabada de famoso cauallero en el mundo, como la que acabó el valeroso don Quixote de la Mancha. 5 “No es possible, señor mio, sino que estas yeruas dan testimonio de que por aqui cerca deue de estar alguna fuente o arroyo que estas yeruas humedece, y, assi, sera bien que vamos vn poco mas adelante; que ya toparemos 10 donde podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que, sin duda, causa mayor pena que la hambre.” Pareciole bien el consejo a don Quixote, y, tomando de la rienda a Rozinante, y Sancho 15 del cabestro a su asno, despues de auer puesto sobre el los relieues que de la cena quedaron, començaron a caminar por el prado arriba a tiento, porque la escuridad de la noche no les dexaua ver cosa alguna; mas no huuieron 20 andado dozientos passos, quando llegó a sus oydos vn grande ruydo de agua, como que de algunos grandes y leuantados riscos se despeñaua. Alegroles el ruydo en gran manera, y, parandose a escuchar hazia que parte sonaua, 25 oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco animo. Digo que oyeron que dauan vnos golpes a compas, con vn cierto cruxir de hierros y 30
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 261 cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que (*) pusieran pauor a qualquier otro coraçon que no fuera el de don Quixote. Era la noche, como se ha dicho, escura, y ellos acertaron a entrar entre vnos arboles 5 altos, cuyas hojas, mouidas del blando viento, hazian vn temeroso y manso ruydo; de manera que la soledad, el sitio, la escuridad, el ruydo del agua con el susurro de las hojas, todo causaua horror y espanto; y mas quando vieron 10 que ni los golpes cessauan, ni el viento dormia, ni la mañana llegaua, añadiendose a todo esto el ignorar el lugar donde se hallauan. Pero don Quixote, acompañado de su intrepido coraçon, saltó sobre Rozinante, y, embraçando su rodela, 15 terció su lançon, y dixo: “Sancho amigo, has de saber que yo naci por querer del cielo en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse. Yo soy aquel 20 para quien estan guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doze de Francia y los Nueue de la Fama, y el que ha de poner en oluido 25 los Platires, los Tablantes, Oliuantes y Tirantes, los Febos y Belianises (*), con toda la caterua de los famosos caualleros andantes del passado tiempo, haziendo en este en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, 30 que escurezcan las mas claras que ellos fizieron. Bien notas, escudero fiel y legal, las tinieblas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 262 desta noche, su estraño silencio, el sordo y confuso estruendo destos arboles, el temeroso ruydo de aquella agua en cuya busca venimos, que parece que se despeña y der[r]umba desde los altos montes de la Luna, y aquel 5 incessable golpear que nos hiere y lastima los oydos, las quales cosas todas juntas, y cada vna por si, son bastantes a infundir miedo, temor y espanto en el pecho del mesmo (*) Marte, quanto mas en aquel que no está acostumbrado 10 a semejantes acontecimientos y auenturas. Pues todo esto que yo te pinto, son incentiuos y despertadores de mi animo, que ya haze que el coraçon me rebiente en el pecho, con el desseo que tiene de acometer esta auentura, 15 por mas dificultosa que se muestra. Assi que aprieta vn poco las cinchas a Rozinante, y quedate a Dios, y esperame aqui hasta tres dias no mas, en los quales si no boluiere, puedes tu boluerte a nuestra aldea, y desde alli, por 20 hazerme merced y buena obra, yras al Toboso, donde diras a la incomparable señora mia Dulzinea que su cautiuo cauallero murio por acometer cosas que le hiziessen digno de poder llamarse suyo.” 25 Quando Sancho oyo las palabras de su amo, començo a llorar con la mayor ternura del mundo y a dezille (*): “Señor, yo no se porque quiere vuestra merced acometer esta tan temerosa auentura; 30 aora es de noche, aqui no nos vee nadie, bien podemos torcer el camino y desuiarnos del
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 263 peligro, aunque no beuamos en tres dias; y pues no ay quien nos vea, menos aura quien nos note de cobardes; quanto mas que yo he oydo (*) predicar al cura de nuestro lugar, que vuestra merced bien (*) conoce, que quien busca 5 el peligro, perece en el; assi que no es bien tentar a Dios acometiendo tan desaforado hecho, donde no se puede escapar sino por milagro, y basta (*) los que ha hecho el cielo con vuestra merced (*) en librarle de ser manteado, 10 como yo lo fuy, y en sacarle vencedor, libre y saluo de entre tantos enemigos como acompañauan al difunto. Y quando todo esto no mueua ni ablande esse duro coraçon, mueuale el pensar y creer que apenas se aura vuestra 15 merced apartado de aqui, quando yo, de miedo, de mi anima a quien quisiere lleuarla. Yo sali de mi tierra y dexé hijos y muger por venir a seruir a vuestra merced, creyendo valer mas y no menos; pero como la cudicia rompe el 20 saco, a mi me ha rasgado mis esperanças, pues quando mas viuas las tenia de alcançar aquella negra y malhadada insula que tantas vezes vuestra merced me ha prometido, veo que, en pago y trueco della, me quiere aora 25 dexar en vn lugar tan apartado del trato humano. ¡Por vn solo Dios, señor mio, que no se me faga tal desaguisado!; y ya que del todo no quiera vuestra merced desistir de acometer este fecho, dilatelo, a lo menos, hasta la 30 mañana, que, a lo que a mi me muestra la ciencia que aprendi quando era pastor, no deue de (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 264 auer desde aqui al alua tres horas, porque la boca de la bozina está encima de la cabeça, y haze la media noche en la linea del braço yzquierdo (*).” “¿Como puedes tu, Sancho”, dixo don 5 Quixote, “ver donde haze essa linea, ni donde está essa boca o esse colodrillo que dizes, si haze la noche tan escura, que no parece en todo el cielo estrella alguna?” “Assi es”, dixo Sancho; “pero tiene el miedo 10 muchos ojos, y vee las cosas debaxo de tierra, quanto mas encima en el cielo, puesto que, por buen discurso, bien se puede entender que ay poco de aqui al dia.” “Falte lo que faltare”, respondio don Quixote, 15 “que no se ha de dezir por mi aora, ni en ningun tiempo, que lagrimas y ruegos me apartaron de hazer lo que deuia a estilo de cauallero; y, assi, te ruego, Sancho, que calles, que Dios, que me ha puesto en coraçon de 20 acometer aora esta tan no vista y tan temerosa auentura, tendra cuydado de mirar por mi salud y de consolar tu tristeza. Lo que has de hazer es apretar bien las cinchas a Rozinante y quedarte aqui, que yo dare la buelta presto, o viuo o 25 muerto.” Viendo, pues, Sancho la vltima resolucion de su amo, y quán poco valian con el sus lagrimas, consejos y ruegos, determinó de aprouecharse de su industria, y hazerle esperar 30 hasta el dia, si pudiesse; y assi, quando apretaua las cinchas al cauallo, bonitamente y sin
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 265 ser sentido, ató con el cabestro de su asno ambos pies a Rozinante, de manera que, quando don Quixote se quiso partir, no pudo, porque el cauallo no se podia mouer sino a saltos. Viendo Sancho Pança el buen sucesso de su 5 embuste, dixo: “Ea, señor, que el cielo, conmouido de mis lagrimas y plegarias, ha ordenado que no se pueda mouer Rozinante, y si vos quereys porfiar y espolear y dalle, sera enojar a la fortuna, 10 y dar cozes, como dizen, contra el aguijon.” Desesperauase con esto don Quixote, y, por mas que ponia las piernas al cauallo, menos le podia mouer; y, sin caer en la cuenta de la ligadura, tuuo por bien de sossegarse y 15 esperar, o a que amaneciesse, o a que Rozinante se meneasse, creyendo, sin duda, que aquello venia de otra parte que de la industria de Sancho; y, assi, le dixo: “Pues assi es, Sancho, que Rozinante no 20 puede mouerse, yo soy contento de esperar a que ria el alua, aunque yo llore lo que ella tardare en venir.” “No ay que llorar”, respondio Sancho, “que yo entretendre a vuestra merced contando 25 cuentos desde aqui al dia, si ya no es que se quiere apear y echarse a dormir vn poco sobre la verde yerua, a vso de caualleros andantes, para hallarse mas descansado quando llegue el dia y punto de acometer esta tan 30 desemejable auentura que le espera.” “¿A qué llamas apear, o a qué dormir?”, dixo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 266 don Quixote. “¿Soy yo por ventura de aquellos caualleros que toman reposo en los peligros? Duerme tu, que naciste para dormir, o haz lo que quisieres, que yo hare lo que viere que mas viene con mi pretension.” 5 “No se enoje vuestra merced, señor mio”, respondio Sancho, “que no lo dixe por tanto.” Y, llegandose a el, puso la vna mano en el arzon delantero y la otra en el otro, de modo que quedó abraçado con el muslo yzquierdo 10 de su amo, sin osarse apartar del vn dedo: tal era el miedo que tenia a los golpes que todauia alternatiuamente sonauan. Dixole don Quixote que contasse algun cuento para entretenerle, como se lo auia 15 prometido, a lo que Sancho dixo que si hiziera, si le dexara el temor de lo que oia. “Pero con todo esso, yo me esforçaré a dezir vna historia, que, si la acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; 20 y esteme vuestra merced atento, que ya comienço: «Erase que se era, el bien que »viniere para todos sea, y el mal para quien lo »fuere a buscar...» (*) Y aduierta vuestra merced, señor mio, que el principio que los 25 antiguos dieron a sus consejas no fue assi como quiera, que fue vna sentencia de Caton Çonzorino (*), romano, que dize: «Y el mal para »quien le fuere a buscar», que viene aqui como anillo al dedo, para que vuestra merced se esté 30 quedo, y no vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos boluamos por otro camino,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 267 pues nadie nos fuerça a que sigamos este, donde tantos miedos nos sobresaltan.” “Sigue tu cuento, Sancho”, dixo don Quixote, “y del camino que hemos de seguir dexame a mi el cuydado.” 5 “Digo, pues”, prosiguio Sancho, “que en vn lugar de Estremadura auia vn pastor cabrerizo, quiero dezir, que guardaua cabras, el qual pastor o cabrerizo, como digo de mi cuento (*), se llamaua Lope Ruyz, y este Lope Ruyz andaua 10 enamorado de vna pastora que se llamaua Torralua, la qual pastora llamada Torralua era hija de vn ganadero rico, y este ganadero rico...” “Si dessa manera cuentas tu cuento, Sancho”, 15 dixo don Quixote, “repitiendo dos vezes lo que vas diziendo, no acabarás en dos dias; dilo seguidamente, y cuentalo como hombre de entendimiento, y si no, no digas nada.” “De la misma manera que yo lo cuento”, 20 respondio Sancho, “se cuentan en mi tierra todas las consejas, y yo no se contarlo de otra, ni es bien que vuestra merced me pida que haga vsos nueuos.” “Di como quisieres”, respondio don Quixote; 25 “que pues la suerte quiere que no pueda dexar de escucharte, prosigue.” “Assi que, señor mio de mi anima”, prosiguio Sancho, “que, como ya tengo dicho, este pastor andaua enamorado de Torralua la 30 pastora, que era vna moça rolliza, zahareña, y tiraua algo a hombruna, porque tenia vnos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 268 pocos de (*) vigotes, que parece que aora la veo.” “¿Luego conocistela tu?”, dixo don Quixote. “No la conoci yo”, respondio Sancho; “pero quien me conto este cuento me dixo que era 5 tan (*) cierto y verdadero, que podia bien, quando lo contasse a otro, afirmar y jurar que lo auia visto todo. Assi que, yendo dias y viniendo dias, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca, hizo de manera que el amor que el 10 pastor tenia a la pastora se boluiesse en omezillo y mala voluntad, y la causa fue, segun malas lenguas, vna cierta cantidad de zelillos que ella le dio, tales, que passauan de la raya y llegauan a lo vedado; y fue tanto lo que el 15 pastor la aborrecio de alli adelante, que, por no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e yrse donde sus ojos no la viessen jamas. La Torralua, que se vio desdeñada del Lope, luego le quiso bien, mas que nunca le auia 20 querido.” “Essa es natural condicion de mugeres”, dixo don Quixote: “desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece; passa adelante, Sancho.” 25 “Sucedio”, dixo Sancho, “que el pastor puso por obra su determinacion, y, antecogiendo sus cabras, se encaminó por los campos de Estremadura para passarse a los reynos de Portugal. La Torralua, que lo supo, se fue tras el, y 30 seguiale a pie y descalça desde lexos, con vn bordon en la mano y con vnas alforjas al
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 269 cuello, donde lleuaua, segun es fama, vn pedaço de espejo y otro de vn peyne, y no se qué botezillo de mudas para la cara; mas lleuasse lo que lleuasse, que yo no me quiero meter aora en aueriguallo, solo dire (*) que dizen que el 5 pastor llegó con su ganado a passar el rio Guadiana, y en aquella sazon yua crecido y casi fuera de madre, y por la parte que llegó no auia barca ni barco, ni quien le passasse a el ni a su ganado de la otra parte, de lo que se 10 congoxó mucho, porque veia que la Torralua venia ya muy cerca, y le auia de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lagrimas; mas tanto anduuo mirando, que vio vn pescador que tenia junto a si vn barco tan pequeño, que 15 solamente podian caber en el vna persona y vna cabra, y, con todo esto, le habló y concerto con el que le passasse a el y a trezientas cabras que lleuaua. Entró el pescador en el barco, y passó vna cabra; boluio, y passó otra; tornó a 20 boluer, y tornó a passar otra. Tenga vuestra merced cuenta en (*) las cabras que el pescador va passando, porque si se pierde vna de la memoria, se acabará el cuento y no sera possible contar mas palabra del. Sigo, pues, y 25 digo que el dessembarcadero de la otra parte estaua lleno de cieno y resbaloso, y tardaua el pescador mucho tiempo en yr y boluer. Con todo esto, boluio por otra cabra, y otra, y otra...” 30 “Haz cuenta que las passó todas”, dixo don Quixote; “no andes yendo y viniendo dessa
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 270 manera, que no acabarás de passarlas en vn año.” “¿Quántas han passado hasta agora? (*)”, dixo Sancho. “Yo ¡qué diablos se!”, respondio don 5 Quixote. “He ay lo que yo dixe, que tuuiesse buena cuenta (*); pues, por Dios, que se ha acabado el cuento, que no ay passar adelante.” “¿Cómo puede ser esso?”, respondio don 10 Quixote. “¿Tan de essencia de la historia es saber las cabras que han passado por estenso, que si se yerra vna del numero no puedes seguir adelante con la historia?” “No, señor, en ninguna manera”, respondio 15 Sancho; “porque assi como yo pregunté a vuestra merced que me dixesse quántas cabras auian passado, y me respondio que no sabia, en aquel mesmo (*) instante se me fue a mi de la memoria quanto me quedaua por dezir, y a fe que 20 era de mucha virtud y contento.” “¿De modo”, dixo don Quixote, “que ya la historia es acabada?” “Tan acabada es como mi madre”, dixo Sancho. 25 “Digote de verdad”, respondio don Quixote, “que tu has contado vna de las mas nueuas consejas, cuento o historia (*), que nadie pudo pensar en el mundo, y que tal modo de contarla, ni dexarla, jamas se podra ver ni aura 30 visto en toda la vida, aunque no esperaua yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 271 marauillo, pues quiça estos golpes, que no cessan, te deuen de tener turbado el entendimiento.” “Todo puede ser”, respondio Sancho; “mas yo se que en lo de mi cuento no ay mas que 5 dezir, que alli se acaba do comiença el yerro de la cuenta del passage de las cabras.” “Acabe norabuena donde quisiere”, dixo don Quixote, “y veamos si se puede mouer Rozinante.” 10 Tornole a poner las piernas, y el tornó a dar saltos y a estarse quedo: tanto estaua de bien atado. En esto parece ser, o que el frio de la mañana, que ya venia, o que Sancho vuiesse 15 cenado algunas cosas lenitiuas, o que fuesse cosa natural, que es lo que mas se deue creer, a el le vino en voluntad y desseo de hazer lo que otro no pudiera hazer por el (*). Mas era tanto el miedo que auia entrado en su coraçon, 20 que no osaua apartarse vn negro de vña de su amo; pues pensar de no hazer lo que tenia gana, tampoco era possible, y, assi, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenia asida al arçon trasero, con la qual, 25 bonitamente y sin rumor alguno, se solto la lazada corrediza con que los calçones se sostenian, sin ayuda de otra alguna, y, en quitandosela, dieron luego abaxo, y se le quedaron como grillos. Tras esto, alçó la camisa lo mejor 30 que pudo, y echó al ayre entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 272 el penso que era lo mas que tenia que hazer para salir de aquel terrible aprieto y angustia, le sobreuino otra mayor, que fue que le parecio que no podia mudarse sin hazer estrepito y ruydo, y començo a apretar los dientes y a 5 encoger los hombros, recogiendo en si el aliento todo quanto podia. Pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado, que, al cabo al cabo, vino a hazer vn poco de ruydo, bien diferente de aquel que a el le ponia 10 tanto miedo. Oyolo don Quixote, y dixo: “¿Qué rumor es esse, Sancho?” “No se, señor”, respondio el; “alguna cosa nueua deue de ser, que las auenturas y desuenturas nunca comiençan por poco.” 15 Tornó otra vez a prouar ventura, y sucediole tan bien, que, sin mas ruydo ni alboroto que el passado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le auia dado. Mas como don Quixote tenia el sentido del holfato tan viuo como 20 el de los oydos, y Sancho estaua tan junto y cosido con el, que casi por linea recta subian los vapores hazia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegassen a sus narizes, y apenas vuieron llegado, quando el fue al socorro 25 apretandolas entre los dos dedos, y, con tono algo gangoso, dixo: “Pareceme, Sancho, que tienes mucho miedo.” “Si tengo”, respondio Sancho; “mas ¿en qué 30 lo echa de ver vuestra merced aora mas que nunca?”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 273 “En que aora mas que nunca hueles, y no a ambar”, respondio don Quixote. “Bien podra ser”, dixo Sancho; “mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados 5 passos.” “Retirate tres o quatro alla, amigo”, dixo don Quixote --todo esto sin quitarse los dedos de las narizes--; “y desde aqui adelante ten mas cuenta con tu persona, y con lo que deues a la 10 mia, que la mucha conuersacion que tengo contigo ha engendrado este menosprecio.” “Apostaré”, replicó Sancho, “que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deua.” 15 “Peor es meneallo, amigo Sancho”, respondio don Quixote. En estos coloquios y otros semejantes passaron la noche amo y moço. Mas viendo Sancho que a mas andar se venia la mañana, con 20 mucho tiento desligó a Rozinante y se ató los calçones. Como Rozinante se vio libre, aunque el de suyo no era nada brioso, parece que se resintio, y començo a dar manotadas, porque corbetas, con perdon suyo, no las sabia hazer. 25 Viendo, pues, don Quixote que ya Rozinante se mouia, lo tuuo a buena señal, y creyo que lo era de que acometiesse aquella temerosa auentura. Acabó en esto de descubrirse el alua y de parecer distintamente las cosas, y vio don 30 Quixote que estaua entre vnos arboles altos, que ellos (*) eran castaños, que hazen la sombra
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 274 muy escura; sintio tambien que el golpear no cessaua, pero no vio quien lo podia causar. Y, assi, sin mas detenerse, hizo sentir las espuelas a Rozinante, y, tornando a despedirse de Sancho, le mandó que alli le aguardasse tres dias 5 a lo mas largo, como ya otra vez se lo auia dicho, y que si al cabo dellos no vuiesse buelto, tuuiesse por cierto que Dios auia sido seruido de que en aquella peligrosa auentura se le acabassen sus dias. Tornole a referir el recado y 10 embaxada que auia de lleuar de su parte a su señora Dulzinea, y que en lo que tocaua a la paga de sus seruicios no tuuiesse pena, porque el auia dexado hecho su testamento antes que saliera de su lugar, donde se hallaria gratificado 15 de todo lo tocante a su salario, rata por cantidad, del tiempo que vuiesse seruido; pero que si Dios le sacaua de aquel peligro sano y saluo y sin cautela, se podia tener por muy mas que cierta la prometida insula. 20 De nueuo tornó a llorar Sancho, oyendo de nueuo las lastimeras razones de su buen señor, y determinó de no dexarle hasta el vltimo transito y fin de aquel negocio. Destas lagrimas y determinacion tan honrada 25 de Sancho Pança, saca el autor desta historia que deuia de ser bien nacido, y, por lo menos, christiano viejo; cuyo sentimiento enternecio algo a su amo, pero no tanto que mostrasse flaqueza alguna; antes, dissimulando lo mejor que 30 pudo, començo a caminar hazia la parte por donde le parecio que el ruydo del agua y del
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 275 golpear venia. Seguiale Sancho a pie, lleuando, como tenia de costumbre, del cabestro a su jumento, perpetuo compañero de sus prosperas y aduersas fortunas. Y, auiendo andado vna buena pieça por entre aquellos castaños y arboles 5 sombrios, dieron en vn pradezillo que al pie de vnas altas peñas se hazia, de las quales se precipitaua vn grandissimo golpe de agua. Al pie de las peñas estauan vnas casas mal hechas, que mas parecian ruynas de edificios que casas, 10 de entre las quales aduirtieron que salia el ruydo y estruendo de aquel golpear, que aun no cessaua. Alborotose Rozinante con el estruendo (*) del agua y de los golpes, y, sossegandole don 15 Quixote, se fue llegando poco a poco a las casas, encomendandose de todo coraçon a su señora, suplicandole que en aquella temerosa jornada y empresa le fauoreciesse, y, de camino, se encomendaua tambien a Dios, que no le oluidasse. 20 No se le quitaua Sancho del lado, el qual alargaua quanto podia el cuello y la vista por entre las piernas de Rozinante, por ver si veria ya lo que tan suspenso y medroso le tenia. Otros cien passos serian los que anduuieron, 25 quando, al doblar de vna punta, parecio descubierta y patente la misma causa, sin que pudiesse ser otra, de aquel (*) horrisono y para ellos espantable ruydo, que tan suspensos y medrosos toda la noche los auia tenido. Y 30 eran --si no lo has, o lector, por pesadumbre y enojo--, seis maços de batan, que con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 276 sus alternatiuos golpes aquel estruendo formauan. Quando don Quixote vio lo que era, enmudecio y pasmose de arriba abaxo. Mirole Sancho, y vio que tenia la cabeça inclinada sobre 5 el pecho, con muestras de estar corrido. Miró tambien don Quixote a Sancho, y viole que tenia los carrillos hinchados y la boca llena de risa, con euidentes señales de querer rebentar con ella, y no pudo su melanconia tanto con 10 el, que a la vista de Sancho pudiesse dexar de reyrse; y como vio Sancho que su amo auia començado, solto la presa de manera, que tuuo necessidad de apretarse las hijadas con los puños por no rebentar riendo (*). Quatro vezes 15 sossego, y otras tantas boluio a su risa con el mismo impetu que primero; de lo qual ya se daua al diablo don Quixote, y mas quando le oyo dezir, como por modo de fisga: “Has de saber, ¡o, Sancho amigo!, que yo naci, por 20 querer del cielo, en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la dorada, o de oro. Yo soy aquel para quien estan guardados los peligros, las hazañas grandes, los valerosos fechos”; y por aqui fue repitiendo todas o las 25 mas razones, que don Quixote dixo la vez primera que oyeron los temerosos golpes. Viendo, pues, don Quixote que Sancho hazia burla del, se corrio y enojó en tanta manera, que alçó el lançon y le assento dos palos tales, 30 que si, como los recibio en las espaldas, los recibiera en la cabeça, quedara libre de pagarle
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 277 el salario, si no fuera a sus herederos. Viendo Sancho que sacaua tan malas veras de sus burlas, con temor de que su amo no passasse adelante en ellas, con mucha vmildad le dixo: “Sossieguese vuestra merced, que por Dios 5 que me burlo.” “Pues porque os burlays, no me burlo yo”, respondio don Quixote. “Venid aca, señor alegre: ¿pareceos a vos que si como estos fueron maços de batan, fueran otra peligrosa auentura, 10 no auia yo mostrado el animo que conuenia para emprendella y acaballa? ¿Estoy yo obligado, a dicha, siendo, como soy, cauallero, a conocer y destinguir (*) los sones, y saber quáles son de batan (*) o no? Y mas, que podria 15 ser, como es verdad, que no los he visto en mi vida, como vos los aureys visto, como villano ruyn que soys, criado y nacido entre ellos. Si no, hazed vos que estos seys maços se bueluan en seys jayanes, y echadmelos a las barbas 20 vno a vno, o todos juntos, y quando yo no diere con todos patas arriba, hazed de mi la burla que quisieredes.” “No aya mas, señor mio”, replicó Sancho, “que yo confiesso que he andado algo risueño 25 en demasia. Pero digame vuestra merced, aora que estamos en paz --assi Dios le saque de todas las auenturas que le sucedieren tan sano y saluo como le ha sacado desta--, ¿no ha sido cosa de reyr, y lo es de contar, el 30 gran miedo que hemos tenido?; a lo menos el que yo tuue, que de vuestra merced ya yo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 278 se que no le conoce, ni sabe qué es temor ni espanto.” “No niego yo”, respondio don Quixote, “que lo que nos ha sucedido no sea cosa digna de risa; pero no es digna de contarse, que no son 5 todas las personas tan discretas que sepan poner en su punto las cosas.” “A lo menos”, respondio Sancho, “supo vuestra merced poner en su punto el lançon, apuntandome a la cabeça y dandome en las 10 espaldas, gracias a Dios y a la diligencia que puse en ladearme. Pero vaya, que todo saldra en la colada; que yo he oydo dezir: «esse te »quiere bien, que te haze llorar»; y mas, que suelen los principales señores, tras vna mala 15 palabra que dizen a vn criado, darle luego vnas calças, aunque no se lo que le suelen dar tras auerle dado de palos, si ya no es que los caualleros andantes dan, tras palos, insulas o reynos en tierra firme.” 20 “Tal podria correr el dado”, dixo don Quixote, “que todo lo que dizes viniesse a ser verdad; y perdona lo passado, pues eres discreto y sabes que los primeros mouimientos no son en mano del hombre (*); y está aduertido de aqui 25 adelante en vna cosa, para que te abstengas y reportes en el hablar demasiado conmigo; que en quantos libros de cauallerias he leydo, que son infinitos, jamas he hallado que ningun escudero hablasse tanto con su señor como tu 30 con el tuyo. Y en verdad que lo tengo a gran falta, tuya y mia: tuya, en que me estimas en
TERCERA PARTE, CAPITVLO XX p. 279 poco; mia, en que no me dexo estimar en mas. Si, que Gandalin, escudero de Amadis de Gaula, conde fue de la Insula Firme. Y se lee del que siempre hablaua a su señor con la gorra en la mano, inclinada la cabeça y doblado el 5 cuerpo, more turquesco (*). Pues ¿qué diremos de Gasabal, escudero de don Galaor, que fue tan callado, que para declararnos la excelencia de su marauilloso silencio, sola vna vez se nombra su nombre en toda aquella tan grande 10 como verdadera historia? De todo lo que he dicho has de inferir, Sancho, que es menester hazer diferencia de amo a moço, de señor a criado y de cauallero a escudero. Assi que desde oy en adelante nos hemos de tratar con 15 mas respeto, sin darnos cordelejo, porque de qualquiera manera que yo me enoje con vos, ha de ser mal para el cantaro. Las mercedes y beneficios que yo os he prometido llegarán a su tiempo; y si no llegaren, el salario a lo 20 menos no se ha de perder, como ya os he dicho.” “Está bien quanto vuestra merced dize”, dixo Sancho; “pero querria yo saber, por si acaso no llegasse el tiempo de las mercedes y 25 fuesse necessario acudir al de los salarios, quánto ganaua vn escudero de vn cauallero andante en aquellos tiempos, y si se concertauan por meses, o por dias, como peones de albañir.” 30 “No creo yo”, respondio don Quixote, “que jamas los tales escuderos estuuieron a salario,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 280 sino a merced. Y si yo aora te le he señalado a ti en el testamento cerrado que dexé en mi casa, fue por lo que podia suceder; que aun no se cómo prueua en estos tan calamitosos tiempos nuestros la caualleria, y no querria que por 5 pocas cosas penasse mi anima en el otro mundo. Porque quiero que sepas, Sancho, que en el no ay estado mas peligroso que el de los auentureros.” “Assi es verdad”, dixo Sancho, “pues solo 10 el ruydo de los maços de vn batan pudo alborotar y desassossegar el coraçon de vn tan valeroso andante auenturero como es vuestra merced. Mas bien puede estar seguro que, de aqui adelante, no despliegue mis labios para 15 hazer donayre de las cosas de vuestra merced, si no fuere para honrarle como a mi amo y señor natural.” “Dessa manera”, replicó don Quixote, “viuiras sobre la haz de la tierra, porque, despues 20 de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo fuessen.”
p. 281 Capitulo XXI Que trata de la alta auentura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro inuencible cauallero. 5 En esto començó a llouer vn poco, y quisiera Sancho que se entraran en el molino de los batanes. Mas auiales cobrado tal aborrecimiento don Quixote por la pesada (*) burla, que en ninguna manera quiso entrar dentro; y, assi, 10 torciendo el camino a la derecha mano, dieron en otro como el que auian lleuado el dia de antes. De alli a poco descubrio don Quixote vn hombre a cauallo, que trahia en la cabeça vna 15 cosa que relumbraua como si fuera de oro, y aun el (*) apenas le vuo visto, quando se boluio a Sancho y le dixo: “Pareceme, Sancho, que no ay refran que no sea verdadero, porque todos son sentencias 20 sacadas de la mesma (*) experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dize: «donde vna puerta se cierra, otra se abre». Digolo porque si anoche nos cerro la ventura la puerta de la que buscauamos, engañandonos 25 con los batanes, aora nos abre de par en par otra para otra mejor y mas cierta auentura; que, si yo no acertare a entrar por ella, mia sera la culpa, sin que la pueda dar a la poca
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 282 noticia de batanes, ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me engaño, hazia nosotros viene vno que trae en su cabeça puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hize el juramento que sabes.” 5 “Mire vuestra merced bien lo que dize, y mejor lo que haze”, dixo Sancho; “que no querria que fuessen otros batanes que nos acabassen de abatanar (*) y aporrear el sentido.” 10 “¡Valate el diablo por hombre!”, replicó don Quixote. “¿Qué va de yelmo a batanes?” “No se nada”, respondio Sancho; “mas a fe que si yo pudiera hablar tanto como solia, que quiça diera tales razones, que vuestra merced 15 viera que se engañaua en lo que dize.” “¿Cómo me puedo engañar en lo que digo, traydor escrupuloso?”, dixo don Quixote. “Dime, ¿no ves aquel cauallero que hazia nosotros viene, sobre vn cauallo ruzio rodado, que trae 20 puesto en la cabeça vn yelmo de oro?” “Lo que yo (*) veo y columbro”, respondio Sancho, “no es sino vn hombre sobre vn asno, pardo como el mio, que trae sobre la cabeça vna cosa que relumbra.” 25 “Pues esse es el yelmo de Mambrino”, dixo don Quixote. “Apartate a vna parte y dexame con el a solas; veras quán sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta auentura y queda por mio el yelmo que tanto he 30 desseado.” “Yo me tengo en cuydado el apartarme”,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 283 replicó Sancho; “mas quiera Dios, torno a dezir, que oregano sea (*), y no batanes.” “Ya os he dicho, hermano, que no me menteys, ni por pienso, mas esso de los batanes”, dixo don Quixote, “que voto..., y no digo mas, 5 que os batanee el alma.” Calló Sancho, con temor que su amo no cumpliesse el voto que le auia echado, redondo como vna bola. Es, pues, el caso que el yelmo y el cauallo 10 y cauallero que don Quixote vehia, era esto: que en aquel contorno auia dos lugares, el vno tan pequeño que ni tenia botica ni barbero, y el otro, que estaua junto a [el] (*), si; y, assi, el barbero del mayor seruia al menor, en el 15 qual tuuo necessidad vn enfermo de sangrarse y otro de hazerse la barba, para lo qual venia el barbero y traya vna bazia de azofar, y quiso la suerte que, al tiempo que venia, començo a llouer, y porque no se le manchase el sombrero, 20 que deuia de ser nueuo, se puso la bazia sobre la cabeça, y, como estaua limpia, desde media legua relumbraua. Venia sobre vn asno pardo, como Sancho dixo, y esta fue la ocasion que a don Quixote le parecio cauallo 25 ruzio rodado, y cauallero y yelmo (*) de oro; que todas las cosas que veya con mucha facilidad las acomodaua a sus desuariadas cauallerias y mal andantes pensamientos. Y quando el vio que el pobre cauallero llegaua cerca, sin 30 ponerse con el en razones, a todo correr de Rozinante le enristró con el lançon baxo, lleuando
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 284 intencion de passarle de parte a parte; mas quando a el llegaua, sin detener la furia de su carrera, le dixo: “¡Defiendete, cautiua criatura, o entriegame de tu voluntad lo que con tanta razon se me 5 deue!” El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella fantasma sobre si, no tuuo otro remedio, para poder guardarse del golpe de la lança, sino fue el dexarse caer del asno 10 abaxo; y no vuo tocado al suelo, quando se leuantó mas ligero que vn gamo, y començo a correr por aquel llano, que no le alcançara el viento. Dexose la bazia en el suelo, con la qual se contentó don Quixote, y dixo que el pagano 15 auia andado discreto, y que auia ymitado al castor, el qual, viendose acosado de los caçadores, se taraça y [harpa] (*) con los dientes aquello por lo que el, por distinto natural, sabe que es perseguido. Mandó a Sancho que alçasse 20 el yelmo, el qual, tomandola (*) en las manos, dixo: “¡Por Dios que la bazia es buena, y que vale vn real de a ocho como vn marauedi!” Y dandosela a su amo, se la puso luego en 25 la cabeça, rodeandola a vna parte y a otra, buscandole el encaxe, y como no se le hallaua, dixo: “Sin duda que el pagano a cuya medida se forjó primero esta famosa celada, deuia de 30 tener grandissima cabeça, y lo peor dello es que le falta la mitad.”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 285 Quando Sancho oyó llamar a la bazia celada, no pudo tener la risa; mas vinosele a las mientes la colera de su amo, y calló en la mitad della. “¿De qué te ries, Sancho?”, dixo don 5 Quixote. “Riome”, respondio el, “de considerar la gran cabeça que tenia el pagano dueño deste almete, que no semeja si[no] (*) vna bazia de barbero pintiparada.” 10 “¿Sabes qué ymagino, Sancho? Que esta famosa pieça deste encantado yelmo, por algun estraño acidente deuio de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hazia, viendola de oro purissimo, 15 deuio de fundir la otra (*) mitad para aprouecharse del precio, y de la otra mitad hizo esta que parece bazia de barbero, como tu dizes; pero sea lo que fuere, que para mi que la conozco no haze al caso su trasmutacion (*); que 20 yo la adereçaré en el primer lugar donde aya herrero, y de suerte que no le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forjó el Dios de las herrerias para el Dios de las batallas (*), y en este entretanto la traere como pudiere, que mas 25 vale algo que no nada, quanto mas que bien sera bastante para defenderme de alguna pedrada.” “Esso sera”, dixo Sancho, “si no se tira con honda, como se tiraron en la pelea de los 30 dos exercitos, quando le santiguaron a vuestra merced las muelas, y le rompieron el alcuza
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 286 donde venia aquel benditissimo breuaje que me hizo vomitar las assaduras.” “No me da mucha pena el auerle perdido, que ya sabes tu, Sancho”, dixo don Quixote, “que yo tengo la receta en la memoria.” 5 “Tambien la tengo yo”, respondio Sancho. “Pero si yo le hiziere ni le prouare mas en mi vida, aqui sea mi hora; quanto mas, que no pienso ponerme en ocasion de auerle menester, porque pienso guardarme con todos mis 10 cinco sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez manteado no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden preuenir, y si vienen, no ay que hazer otra cosa sino encoger los hombros, detener el aliento, 15 cerrar los ojos y dexarse (*) yr por donde la suerte y la manta nos lleuare.” “Mal christiano eres, Sancho”, dixo, oyendo esto, don Quixote, “porque nunca oluidas la injuria que vna vez te han hecho; pues sabete 20 que es de pechos nobles y generosos no hazer caso de niñerias. ¿Qué pie sacaste coxo, qué costilla quebrada, qué cabeça rota, para que no se te oluide aquella burla? Que, bien apurada la cosa, burla fue y passatiempo; que a no 25 entenderlo yo ansi (*), ya yo vuiera buelto alla y vuiera hecho en tu vengança mas daño que el que hizieron los griegos por la robada Elena. La qual si fuera en este tiempo, o mi Dulzinea fuera en aquel, pudiera estar segura 30 que no tuuiera tanta fama de hermosa como tiene.”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 287 Y aqui dio vn sospiro (*), y le puso en las nuues. Y dixo Sancho: “[Passe] por burlas (*), pues la vengança no puede passar en veras; pero yo se de que calidad fueron las veras y las burlas, y se tambien 5 que no se me caeran de la memoria, como nunca se quitarán de las espaldas. Pero dexando esto aparte, digame vuestra merced qué haremos deste cauallo ruzio rodado, que parece asno pardo, que dexó aqui desamparado aquel Martino 10 que vuestra merced derribó; que, segun el puso los pies en poluorosa y cogio las de Villadiego, no lleua pergenio de boluer por el jamas, y ¡para mis barbas, si no es bueno el ruzio!” “Nunca yo acostumbro”, dixo don Quixote, 15 “despojar a los que venço, ni es vso de caualleria quitarles los cauallos y dexarlos a pie; si ya no fuesse que el vencedor vuiesse perdido en la pendencia el suyo; que, en tal caso, licito es tomar el del vencido, como ganado en 20 guerra licita. Assi que, Sancho, dexa esse cauallo o asno, o lo que tu quisieres que sea; que, como su dueño nos vea alongados de aqui, boluera por el.” “Dios sabe si quisiera lleuarle”, replicó 25 Sancho, “o, por lo menos, trocalle con este mio, que no me parece tan bueno. Verdaderamente que son estrechas las leyes de caualleria, pues no se estienden a dexar trocar vn asno por otro, y querria saber si podria trocar los 30 aparejos siquiera.” “En esso no estoy muy cierto”, respondio
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 288 don Quixote; “y en caso de duda, hasta estar mejor informado, digo que los trueques, si es que tienes dellos necessidad estrema.” “Tan estrema es”, respondio Sancho, “que si fueran para mi misma (*) persona, no los 5 vuiera menester mas.” Y luego, abilitado con aquella licencia, hizo mutacio caparum (*), y puso su jumento a las mil lindezas, dexandole mejorado en tercio y quinto. 10 Hecho esto, almorçaron de las sobras del real que del azemila despojaron, beuieron del agua del arroyo de los batanes, sin boluer la cara a mirallos: tal era el aborrecimiento que les tenian, por el miedo en que les auian (*) 15 puesto. Cortada, pues, la colera (*), y aun la malenconia (*), subieron a cauallo, y sin tomar determinado camino, por ser muy de caualleros andantes el no tomar ninguno cierto, se pusieron a caminar por donde la voluntad de Rozinante 20 quiso, que se lleuaua tras si la de su amo, y aun la del asno, que siempre le seguia por donde quiera que guiaua, en buen amor y compañia. Con todo esto, boluieron al camino real, y siguieron por el a la ventura, sin otro 25 disignio (*) alguno. Yendo, pues, assi caminando, dixo Sancho a su amo: “Señor, ¿quiere vuestra merced darme licencia que departa vn poco con el? Que 30 despues que me puso aquel aspero mandamiento del silencio se me han podrido mas de quatro
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 289 cosas en el estomago, y vna sola que aora tengo en el pico de la lengua no querria que se mal lograsse.” “Dila”, dixo don Quixote; “y se breue en tus razonamientos, que ninguno ay gustoso si 5 es largo.” “Digo, pues, señor”, respondio Sancho, “que de algunos dias a esta parte he considerado quán poco se gana y grangea de andar buscando estas auenturas que vuestra merced 10 busca por estos desiertos y encruzijadas de caminos, donde ya que se vençan y acaben las mas peligrosas, no ay quien las vea ni sepa, y assi, se han de quedar en perpetuo silencio y en perjuyzio de la intencion de vuestra 15 merced y de lo que ellas merecen. Y assi, me parece que seria mejor, saluo el mejor parecer de vuestra merced, que nos fuessemos a seruir a algun emperador, o a otro principe grande que tenga alguna guerra, en cuyo seruicio 20 vuestra merced muestre el valor de su persona, sus grandes fuerças y mayor entendimiento; que visto esto del señor a quien siruieremos (*), por fuerça nos ha de remunerar (*) a cada qual segun sus meritos, y alli no faltará 25 quien ponga en escrito las hazañas de vuestra merced, para perpetua memoria. De las mias no digo nada, pues no han de salir de los limites escuderiles; aunque se dezir que si se vsa en la caualleria escriuir hazañas de escuderos, 30 que no pienso que se han de quedar las mias entre renglones.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 290 “No dizes mal, Sancho”, respondio don Quixote; “mas antes que se llegue a esse termino es menester andar por el mundo, como en aprouacion, buscando las auenturas, para que, acabando algunas, se cobre nombre y fama tal, 5 que quando se fuere a la corte de algun gran monarca ya sea el cauallero conocido por sus obras, y que apenas le ayan visto entrar los muchachos por la puerta de la ciudad, quando todos le sigan y rodeen, dando vozes, diziendo: 10 «Este es el cauallero del Sol», o de la Sierpe (*), o de otra insignia alguna, debaxo de la qual vuiere acabado grandes hazañas. «Este »es, diran, el que vencio en singular batalla al »gigantazo Brocabruno de la Gran Fuerça; el 15 »que desencantó al gran Mameluco de Persia »del largo encantamento en que auia estado »casi nouecientos años.» Assi que, de mano en mano, yran pregonando sus (*) hechos, y luego, al alboroto de los muchachos y de la demas 20 gente, se parará a las fenestras de su real palacio el rey de aquel reyno; y, assi como vea al cauallero, conociendole por las armas o por la empresa del escudo, forçosamente ha de dezir: «¡Ea, sus; salgan mis caualleros, quantos 25 »en mi corte estan, a recebir a la flor de la »caualleria, que alli viene!» A cuyo mandamiento saldran todos, y el llegará hasta la mitad de la escalera, y le abraçará estrechissimamente, y le dara paz, besandole en el rostro, y luego 30 le lleuará por la mano al aposento de la señora reyna, adonde el cauallero la hallará
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 291 con la infanta su hija, que ha de ser vna de las mas fermosas y acabadas donzellas que en gran parte de lo descubierto de la tierra a duras penas se pueda (*) hallar. Sucedera tras esto, luego en continente, que ella ponga los 5 ojos en el cauallero, y el en los della, y cada vno parezca a[l] (*) otro cosa mas diuina que humana, y, sin saber cómo ni cómo [no] (*), han de quedar presos y enlazados en la intricable (*) red amorosa, y con gran cuyta en sus coraçones, 10 por no saber cómo se han de fablar para descubrir sus ansias y sentimientos. Desde alli le lleuarán, sin duda, a algun quarto del palacio, ricamente adereçado, donde, auiendole quitado las armas, le traeran vn rico manto (*) de 15 escarlata con que se cubra, y, si bien parecio armado, tan bien y mejor ha de parecer en farseto (*). ”Venida la noche, cenará con el rey, reyna e infanta, donde (*) nunca quitará los ojos 20 della, mirandola a furto de los circu[n]stantes, y ella hara lo mesmo (*) con la mesma (*) sagacidad, porque, como tengo dicho, es muy discreta donzella. Leuantarse an las tablas, y entrará a deshora por la puerta de la sala vn feo y 25 pequeño enano con vna fermosa dueña, que entre dos gigantes, detras del enano viene, con cierta auentura hecha por vn antiquissimo sabio, que el que la acabare sera tenido por el mejor cauallero del mundo. Mandará luego 30 el rey que todos los que estan presentes la prueuen, y ninguno le dara fin y cima sino
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 292 el cauallero huesped, en mucho pro de su fama, de lo qual quedará contentissima la infanta, y se tendra por contenta y pagada ademas por auer puesto y colocado sus pensamientos en tan alta parte. Y lo bueno es que 5 este rey o principe, o lo que es, tiene vna muy reñida guerra con otro tan poderoso como el, y el cauallero huesped le pide --al cabo de algunos dias que ha estado en su corte--, licencia para yr a seruirle en aquella guerra 10 dicha. Darasela el rey de muy buen talante, y el cauallero le bessará cortesmente las manos por la merced que le faze. ”Y aquella noche se despedira de su señora la infanta por las rejas de vn jardin, que cae en 15 el aposento donde ella duerme, por las quales ya otras muchas vezes la auia fablado, siendo medianera y sabidora de todo vna donzella de quien la infanta mucho se fiaua (*). Sospirará (*) el, desmayara(s)se ella, traera agua la 20 donzella, acuytara(s)se mucho porque viene la mañana y no querria que fuessen descubiertos, por la honra de su señora. Finalmente, la infanta boluera en si, y dara sus blancas manos por la reja al cauallero, el qual se las 25 besará mil y mil vezes, y se las bañará en lagrimas. Quedará concertado entre los dos del modo que se han de hazer saber sus buenos o malos sucessos, y rogarale la princesa que se detenga lo menos que pudiere; prometerselo 30 ha el con muchos juramentos; tornale a besar las manos, y despidese con tanto sentimiento,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 293 que estara [a] (*) poco por acabar la vida; vase desde alli a su aposento, echa(s)se sobre su lecho, no puede dormir del dolor de la partida, madruga muy de mañana; vase a despedir del rey, y de la reyna, y de la infanta; dizenle 5 (*), auiendose despedido de los dos, que la señora infanta está mal dispuesta y que no puede recebir visita; piensa el cauallero que es de pena de su partida, traspa(s)sassele el coraçon, y falta poco de no dar indicio manifiesto 10 de su pena; está la donzella medianera delante; halo de notar todo, vaselo a dezir a su señora, la qual la recibe con lagrimas, y le dize que vna de las mayores penas que tiene es no saber quien sea su cauallero, y si es de linage de 15 reyes, o no; assegurala la donzella que no puede caber tanta cortesia, gentileza y valentia como la de su cauallero sino en subjeto real y graue; consuelase con esto la cuytada: procura (*) consolarse por no dar mal indicio de si a 20 sus padres, y a cabo de dos dias sale en publico. Ya se es ydo el cauallero, pelea en la guerra, vence al enemigo del rey, gana muchas ciudades, triunfa de muchas batallas; buelue a la corte, ve a su señora por donde suele, 25 conciertase que la pida a su padre por muger en pago de sus seruicios; no se la quiere dar el rey, porque no sabe quién es; pero, con todo esto, o robada o de otra qualquier suerte que sea, la infanta viene a ser su esposa, y su padre 30 lo viene a tener a gran ventura, porque se vino a aueriguar que el tal cauallero es hijo de vn
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 294 valeroso rey de no se qué reyno, porque creo que no deue de estar en el mapa. Muerese el padre, hereda la infanta, queda rey el cauallero, en dos palabras. Aqui entra luego el hazer mercedes (*) a su escudero y a todos aquellos 5 que le ayudaron a subir a tan alto estado. Casa a su escudero con vna donzella de la infanta, que sera, sin duda, la que fue tercera en sus amores, que es hija de vn duque muy principal.” 10 “¡Esso pido, y barras derechas!” (*), dixo Sancho; “a esso me atengo, porque todo al pie de la letra ha de suceder por vuestra merced, llamandose el Cauallero de la Triste Figura.” “No lo dudes, Sancho”, replicó don Quixote, 15 “porque del mesmo [modo] (*), y por los mesmos (*) passos que esto he contado, suben y han subido los caualleros andantes a ser reyes y emperadores. Solo falta agora (*) mirar qué rey de los christianos o de los paganos tenga 20 guerra y tenga hija hermosa; pero tiempo aura para pensar esto, pues, como te tengo dicho, primero se ha de cobrar fama por otras partes que se acuda a la corte. Tambien me falta otra cosa: que, puesto caso que se halle rey con guerra y 25 con hija hermosa, y que yo aya cobrado fama increyble por todo el vniuerso, no se yo como se podia hallar que yo sea de linage de reyes, o, por lo menos, primo segundo de emperador; porque no me querra el rey dar a su hija por 30 muger, si no está primero muy enterado en esto, aunque mas lo merezcan mis famosos hechos.
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 295 Assi que, por esta falta, temo perder lo que mi braço tiene bien merecido. Bien es verdad que yo soy hijodalgo de solar conocido, de possession y propriedad (*), y de devengar quinientos sueldos (*), y podria ser que el sabio que 5 escriuiesse mi historia deslindasse de tal manera mi parentela y decendencia, que me hallasse quinto o sesto nieto de rey. Porque te hago saber, Sancho, que ay dos maneras de linages en el mundo: vnos que traen y deriban (*) su 10 decendencia de principes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha deshecho, y han acabado en punta, como piramide puesta al reues (*); otros tuuieron principio de gente baxa, y van subiendo de grado en grado, hasta 15 llegar a ser grandes señores. De manera que está la diferencia en que vnos fueron, que ya no son, y otros son, que ya no fueron; y podria ser yo destos que, despues de aueriguado, vuiesse sido mi principio grande y famoso, con 20 lo qual se deuia de contentar el rey mi suegro, que vuiere de ser; y quando no, la infanta me ha de querer de manera, que a pesar de su padre, aunque claramente sepa que soy hijo de vn açacan, me ha de admitir por señor 25 y por esposo; y si no, aqui entra el roballa y lleualla (*) donde mas gusto me diere, que el tiempo o la muerte ha de acabar el enojo de sus padres.” “Ay entra bien tanbien” (*), dixo Sancho, “lo 30 que algunos desalmados dizen: «no pidas de »grado, lo que puedes tomar por fuerça»,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 296 aunque mejor quadra dezir: «mas vale salto de »mata, que ruego de hombres buenos». Digolo porque, si el señor rey, suegro de vuestra merced, no se quisiere domeñar a entregalle (*) a mi señora la infanta, no ay sino, como vuestra 5 merced dize, roballa y trasponella. Pero está el daño que (*), en tanto que se hagan las pazes y se goze pacificamente del reyno, el pobre escudero se podra estar a diente en esto de las mercedes; si ya no es que la donzella tercera 10 que ha de ser su muger, se sale con la infanta, y el passa (*) con ella su mala ventura, hasta que el cielo ordene otra cosa; porque bien podra, creo yo, desde luego darsela su señor por ligitima (*) esposa.” 15 “Esso no ay quien la (*) quite”, dixo don Quixote. “Pues como esso sea”, respondio Sancho, “no ay sino encomendarnos a Dios, y dexar correr la suerte por donde mejor lo 20 encaminare.” “Hagalo Dios”, respondio don Quixote, “como yo desseo y tu, Sancho, has menester, y ruyn sea quien por ruyn se tiene.” “Sea par (*) Dios”, dixo Sancho; “que yo 25 christiano viejo soy, y para ser conde esto me basta.” “Y aun te sobra”, dixo don Quixote; “y quando no lo fueras, no hazia nada al caso, porque siendo yo el rey, bien te puedo dar nobleza, 30 sin que la compres ni me siruas con nada. Porque en haziendote conde, catate ahi
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXI p. 297 cauallero, y digan lo que dixeren, que a buena fe que te han de llamar señoria, mal que les pese.” “Y ¡montas que no sabria yo autorizar el litado!”, dixo Sancho. “Dictado (*) has de dezir, que no litado”, dixo 5 su amo. “Sea ansi” (*), respondio Sancho Pança. “Digo que le sabria bien acomodar, porque por vida mia que vn tiempo fuy muñidor (*) de vna cofradia, y que me assentaua tan bien la ropa de 10 muñidor (*), que dezian todos que tenia presencia para poder ser prioste de la mesma (*) cofradia. Pues ¿qué sera quando me ponga vn ropon ducal acuestas, o me vista de oro y de perlas, a vso de conde estrangero? Para mi 15 tengo que me han de venir a ver de cien leguas.” “Bien pareceras”, dixo don Quixote; “pero sera menester que te rapes las barbas a menudo; que, segun las tienes de espessas, aborrascadas 20 y mal puestas, si no te las rapas a nauaja cada dos dias, por lo menos, a tiro de escopeta se echará de ver lo que eres.” “¿Qué ay mas”, dixo Sancho, “sino tomar vn barbero y tenelle (*) assalariado en casa. 25 Y aun, si fuere menester, le hare que ande tras mi, como cauallerizo de grande.” “Pues ¿cómo sabes tu”, preguntó don Quixote, “que los grandes lleuan detras de si a sus cauallerizos?” 30 “Yo se lo dire”, respondio Sancho. “Los años passados estuue vn mes en la corte, y
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 298 alli vi que, passeandose vn señor muy pequeño, que dezian que era muy grande, vn hombre le seguia a cauallo a todas las bueltas que daua, que no parecia sino que era su rabo. Pregunté que cómo aquel hombre no se juntaua 5 con el otro (*), sino que siempre andaua tras del. Respondieronme que era su cauallerizo, y que era vso de grandes lleuar tras si a los tales. Desde entonces lo se tan bien (*), que nunca se me ha oluidado.” 10 “Digo que tienes razon”, dixo don Quixote, “y que assi puedes tu lleuar a tu barbero; que los vsos no vinieron todos juntos ni se inuentaron a vna, y puedes ser tu el primero conde que lleue (*) tras si su barbero; y aun es de mas 15 confiança el hazer la barba que ensillar vn cauallo.” “Quedese esso del barbero a mi cargo”, dixo Sancho, “y al de vuestra merced se quede el procurar venir a ser rey y el hazerme 20 conde.” “Assi sera”, respondio don Quixote. Y, alçando los ojos, vio lo que se dira en el siguiente capitulo.
p. 299 Capitulo XXII De la libertad que dio don Quixote a muchos desdichados que, mal de su grado, los lleuauan donde no quisieran yr. Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arauigo 5 y manchego en esta grauissima, altisonante, minima, dulçe e ymaginada historia, que despues que entre el famoso don Quixote de la Mancha y Sancho Pança su escudero passaron aquellas razones, que en el fin del capitulo 10 veynte y vno quedan referidas, que don Quixote alçó los ojos y vio que por el camino que lleuaua venian hasta doze hombres a pie, ensartados como cuentas en vna gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a 15 las manos; venian ansi mismo (*) con ellos dos hombres de a cauallo y dos de a pie; los de a cauallo con escopetas de rueda, y los de a pie con dardos y espadas, y que assi como Sancho Pança los vido, dixo: 20 “Esta es cadena de galeotes: gente forçada del rey, que va a las galeras.” “¿Cómo gente forçada?”, preguntó don Quixote. “¿Es possible que el rey haga fuerça a ninguna gente?” 25 “No digo esso”, respondio Sancho, “sino que es gente que por sus delitos va condenada a seruir al rey en las galeras, de por fuerça.” “En resolucion”, replicó don Quixote, “como
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 300 quiera que ello sea, esta gente, aunque los lleuan, van de por fuerça y no de su voluntad.” “Assi es”, dixo Sancho. “Pues dessa manera”, dixo su amo, “aqui encaxa la execucion de mi oficio: desfazer 5 fuerças y socorrer y acudir a los miserables.” “Aduierta vuestra merced”, dixo Sancho, “que la justicia, que es el mesmo rey, no haze fuerça ni agrauio a semejante gente, sino que los castiga en pena de sus delitos.” 10 Llegó en esto la cadena de los galeotes, y don Quixote, con muy corteses razones, pidio a los que yuan en su guarda fuessen seruidos de informalle y dezille la causa, o causas, porque lleua[ua]n (*) aquella gente de aquella 15 manera. Vna de las guardas de a cauallo respondio que eran galeotes, gente de su magestad que yua a galeras, y que no auia mas que dezir, ni el tenia mas que saber. 20 “Con todo esso”, replicó don Quixote, “querria saber de cada vno dellos, en particular, la causa de su desgracia.” Añadio a estas otras tales y tan comedidas razones para mouerlos a que le dixessen lo que 25 desseaua, que la otra guarda de a cauallo le dixo: “Aunque lleuamos aqui el registro y la fe de las sentencias de cada vno destos malauenturados, no es tiempo este de detenerles a sacarlas 30 ni a leellas; vuestra merced llegue y se lo pregunte a ellos mesmos (*), que ellos lo diran
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 301 si quisieren; que si querran, porque es gente que recibe gusto de hazer y dezir vellaquerias.” Con esta licencia, que don Quixote se tomara aunque no se la dieran, se llegó a la cadena y al primero le preguntó que por qué pecados 5 yua de tan mala guisa; el le (*) respondio que por enamorado yua de aquella manera (*). “¿Por esso no mas?”, replicó don Quixote. “¡Pues si por enamorados echan a galeras, dias ha que pudiera yo estar bogando en ellas!” 10 “No son los amores como los que vuestra merced piensa”, dixo el galeote; “que los mios fueron que quise tanto a vna canasta de colar atestada de ropa blanca, que la abracé conmigo tan fuertemente, que, a no quitarmela la justicia 15 por fuerça, aun hasta agora (*) no la vuiera dexado de mi voluntad. Fue en fragante, no vuo lugar de tormento; concluyose la causa, acomodaronme las espaldas con ciento, y por añadidura tres precisos (*) de gurapas, y acabose 20 la obra.” “¿Qué son gurapas?”, preguntó don Quixote. “Gurapas son galeras”, respondio el galeote. El qual era vn moço de hasta edad de veynte y quatro años, y dixo que era natural de 25 Piedrahita. Lo mesmo (*) preguntó don Quixote al segundo, el qual no respondio palabra, segun yua de triste y malenconico (*); mas respondio por el el primero, y dixo: 30 “Este, señor, va por canario; digo (*), por musico y cantor.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 302 “Pues ¿cómo?”, repitio don Quixote, “¿por musicos y cantores van tambien a galeras?” “Si, señor”, respondio el galeote; “que no ay peor cosa que cantar en el ansia.” “Antes he yo oydo dezir”, dixo don Quixote, 5 “que quien canta, sus males espanta.” “Aca es al reues”, dixo el galeote; “que quien canta vna vez, llora toda la vida.” “No lo entiendo”, dixo don Quixote. Mas vna de las guardas le dixo: 10 “Señor cauallero: cantar en el ansia se dize, entre esta gente non santa, confessar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesso su delito, que era ser quatrero, que es ser ladron de bestias, y por auer confessado 15 le condenaron por seys años a galeras, amen de dozientos açotes que ya lleua en las espaldas. Y va siempre pensatiuo y triste, porque los demas ladrones que alla quedan y aqui van, le maltratan y aniquilan, y escarnecen y 20 tienen en poco, porque confesso y no tuuo animo de dezir nones; porque dizen ellos que tantas letras tiene vn no como vn si, y que harta ventura tiene vn delinquente que está en su lengua su vida o su muerte, y no en la de los 25 testigos y prouanças; y para mi tengo que no van muy fuera de camino.” “Y yo lo entiendo assi”, respondio don Quixote. El qual, passando al tercero, preguntó lo 30 que a los otros; el qual, de presto y con mucho desenfado, respondio y dixo:
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 303 “Yo voy por cinco años a las señoras (*) gurapas por faltarme diez ducados.” “Yo dare veynte de muy buena gana”, dixo don Quixote, “por libraros dessa pesadumbre.” “Esso me parece”, respondio el galeote, 5 “como quien tiene dineros en mitad del golfo y se está muriendo de hambre, sin tener adonde comprar lo que ha menester. Digolo porque, si a su tiempo tuuiera yo essos veynte ducados que vuestra merced aora me ofrece, vuiera 10 vntado con ellos la pendola del escriuano y auiuado el ingenio del procurador, de manera que oy me viera en mitad de la plaça de Çocodouer, de Toledo, y no en este camino, atraillado como galgo; pero Dios es grande: paciencia, 15 y basta.” Passó don Quixote al quarto, que era vn hombre de venerable rostro, con vna barba blanca que le passaua del pecho, el qual, oyendose preguntar la causa porque alli venia, 20 començo a llorar, y no respondio palabra; mas el quinto condenado le siruio de lengua, y dixo: “Este hombre honrado va por quatro años a galeras, auiendo passeado las acostumbradas 25 vestido en pompa y a cauallo.” “Esso es”, dixo Sancho Pança, “a lo que a mi me parece, auer salido a la verguença.” “Assi es”, replicó el galeote; “y la culpa porque le dieron esta pena es por auer sido 30 corredor de oreja, y aun de todo el cuerpo. En efecto (*), quiero dezir que este cauallero va por
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 304 alcahuete, y por tener assi mesmo (*) sus puntas y collar de hechizero.” “A no auerle añadido essas puntas y collar”, dixo don Quixote, “por solamente el alcahuete limpio no merecia el yr a vogar en las galeras, 5 sino a mandallas y a ser general dellas, porque no es assi como quiera el oficio de alcahuete; que es oficio de discretos y necessarissimo en la republica bien ordenada, y que no le deuia exercer sino gente muy bien nacida, y aun auia 10 de auer veedor y examinador de los tales, como le ay de los demas oficios, con numero deputado y conocido, como corredores de lonja, y desta manera se escusarian muchos males que se causan por andar este oficio y exercicio 15 entre gente idiota y de poco entendimiento, como son mugerzillas de poco mas a menos, pajezillos y truhanes de pocos años y de poca (*) experiencia, que a la mas necessaria ocasion, y quando es menester dar vna traça que importe, 20 se les yelan las migas entre la boca y la mano, y no saben qual es su mano derecha. Quisiera passar adelante y dar las razones porque conuenia hazer eleccion (*) de los que en la republica auian de tener tan necessario oficio; pero 25 no es el lugar acomodado para ello: algun dia lo dire a quien lo pueda proueer y remediar. Solo digo aora que la pena que me ha causado ver estas blancas canas y este rostro venerable en tanta fatiga por alcahuete, me la ha quitado 30 el adjunto de ser (*) hechizero; aunque bien se que no ay hechizos en el mundo que puedan
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 305 mouer y forçar la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro aluedrio, y no ay yerua ni encanto que le fuerce. Lo que suelen hazer algunas mugerzillas simples y algunos embusteros vellacos, es algunas misturas y 5 venenos con que bueluen locos a los hombres, dando a entender que tienen fuerça para hazer querer bien, siendo, como digo, cosa impossible forçar la voluntad.” “Assi es”, dixo el buen viejo, “y en verdad, 10 señor, que en lo de hechizero que no tuue culpa; en lo de alcahuete no lo pude negar. Pero nunca pense que hazia mal en ello, que toda mi intencion era que todo el mundo se holgasse y viuiesse en paz y quietud sin pendencias 15 ni penas; pero no me aprouechó nada este buen desseo para dexar de yr a donde no espero boluer, segun me cargan los años y vn mal de orina que lleuo, que no me dexa reposar vn rato.” 20 Y aqui tornó a su llanto como de primero, y tuuole Sancho tanta compassion, que sacó vn real de a quatro del seno y se le dio de limosna. Passó adelante don Quixote y preguntó a otro su delito, el qual respondio con no menos, sino 25 con mucha mas gallardia que el passado: “Yo voy aqui porque me burlé demasiadamente con dos primas hermanas mias, y con otras dos hermanas que no lo eran mias; finalmente, tanto me burlé con todas, que resultó 30 de la burla crecer la parentela tan intricadamente, que no ay diablo (*) que la declare.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 306 Prouoseme todo, faltó fauor, no tuue dineros, viame (*) a pique de perder los tragaderos; sentenciaronme a galeras por seys años, consenti: castigo es de mi culpa; moço soy, dure la vida, que con ella todo se alcança. Si vuestra 5 merced, señor cauallero, lleua alguna cosa con que socorrer a estos pobretes, Dios se lo pagará en el cielo, y nosotros tendremos en la tierra (*) cuydado de rogar a Dios en nuestras oraciones por la vida y salud de vuestra 10 merced, que sea tan larga y tan buena como su buena presencia merece.” Este yua en abito de estudiante, y dixo vna de las guardas que era muy grande hablador y muy gentil latino. 15 Tras todos estos venia vn hombre de muy buen parecer, de edad de treynta años, sino que al mirar metia el vn ojo en el otro vn poco. Venia diferentemente atado que los demas, porque traya vna cadena al pie, tan grande, que 20 se la liaua por todo el cuerpo, y dos argollas a la garganta, la vna en la cadena, y la otra de las que llaman guarda-amigo o pie-de-amigo, de la qual decendian dos hierros que llegauan a la cintura, en los quales se asian dos 25 esposas, donde lleuaua las manos, cerradas con vn grueso candado, de manera que ni con las manos podia llegar a la boca, ni podia baxar la cabeça a llegar a las manos. Preguntó don Quixote que cómo yua aquel hombre con tantas 30 prisiones mas que los otros. Respondiole la guarda: porque tenia aquel solo mas delitos
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 307 que todos los otros juntos, y que era tan atreuido y tan grande vellaco, que aunque le lleuauan de aquella manera, no yuan seguros del, sino que temian que se les auia de huyr. “¿Qué delitos puede tener”, dixo don 5 Quixote, “si no han merecido mas pena que echalle (*) a las galeras?” “Va por diez años”, replicó la guarda, “que es como muerte ceuil (*). No se quiera saber mas sino que este buen hombre es el famoso 10 Gines de Passamonte, que por otro nombre llaman Ginesillo de Parapilla.” “Señor comissario”, dixo entonces el galeote, “vayase poco a poco, y no andemos aora a deslindar nombres y sobrenombres; Gines me 15 llamo, y no Ginesillo, y Passamonte es mi alcurnia, y no Parapilla, como boace dize; y cada vno se de vna buelta a la redonda, y no hara poco.” “Hable con menos tono”, replicó el comissario, 20 “señor ladron de mas de la marca, si no quiere que le haga callar, mal que le pese.” “Bien parece”, respondio el galeote, “que va el hombre como Dios es seruido; pero algun dia sabra (*) alguno si me llamo Ginesillo de 25 Parapilla o no.” “Pues ¿no te llaman ansi (*), embustero?”, dixo la guarda. “Si llaman”, respondio Gines; “mas yo hare que no me lo llamen, o me las pelaria donde 30 yo digo entre mis dientes. Señor cauallero, si tiene algo que darnos, denoslo ya, y vaya con
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 308 Dios, que ya enfada con tanto querer saber vidas agenas; y si la mia quiere saber, sepa que yo soy Gines de Passamonte, cuya vida esta escrita por estos pulgares (*).” “Dize verdad”, dixo el comissario; “que el 5 mesmo ha escrito su historia, que no ay mas (*), y dexa empeñado el libro en la carcel en dozientos reales.” “Y le pienso quitar”, dixo Gines, “si quedara en dozientos ducados.” 10 “¿Tan bueno es?”, dixo don Quixote. “Es tan bueno”, respondio Gines, “que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos quantos de aquel genero se han escrito o escriuieren. Lo que le se dezir a boace es que trata 15 verdades, y que son verdades tan lindas y tan donosas, que no puede (*) auer mentiras que se le (*) ygualen.” “Y ¿cómo se intitula el libro?”, preguntó don Quixote. 20 “La vida de Gines de Passamonte”, respondio el mismo. “Y ¿está acabado?”, preguntó don Quixote. “¿Cómo puede estar acabado”, respondio el, “si aun no está acabada mi vida? Lo que está 25 escrito es desde mi nacimiento hasta el punto que esta vltima vez me han echado en galeras.” “Luego ¿otra vez aueys estado en ellas?”, dixo don Quixote. “Para seruir a Dios y al rey, otra vez he 30 estado quatro años, y ya se a que sabe el vizcocho y el corbacho”, respondio Gines; “y no me
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 309 pesa mucho de yr a ellas, porque alli tendre lugar de acabar mi libro; que me quedan muchas cosas que dezir, y en las galeras de España ay mas sossiego de aquel que seria menester, aunque no es menester mucho mas para 5 lo que yo tengo de escriuir, porque me lo se de coro.” “Abil pareces”, dixo don Quixote. “Y desdichado”, respondio Gines, “porque siempre las desdichas persiguen al buen 10 ingenio.” “Persiguen a los vellacos”, dixo el comissario. “Ya le he dicho, señor comissario”, respondio Passamonte, “que se vaya poco a poco; que aquellos señores no le dieron essa vara 15 para que maltratasse a los pobretes que aqui vamos, sino para que nos guiasse y lleuasse adonde su Magestad manda. Si no, ¡por vida de..., basta!; que podria ser que saliessen algun dia en la colada las manchas que se hizieron 20 en la venta; y todo el mundo calle, y viua bien, y hable mejor, y caminemos, que ya es mucho regodeo este.” Alçó la vara en alto el comissario para dar a Passamonte, en respuesta de sus amenazas, 25 mas don Quixote se puso en medio y le rogo que no le maltratasse, pues no era mucho que quien lleuaua tan atadas las manos tuuiesse algun tanto suelta la lengua; y, boluiendose a todos los de la cadena, dixo: 30 “De todo quanto me aueys dicho, hermanos carissimos, he sacado en limpio que, aunque os
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 310 han castigado por vuestras culpas, las penas que vays a padecer no os dan mucho gusto, y que vays a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad, y que podria ser que el poco animo que aquel tuuo en el tormento, la 5 falta de dineros deste, el poco fauor del otro, y, finalmente, el torcido juyzio del juez, huuiesse sido causa de vuestra perdicion y de no auer salido con la justicia que de vuestra parte teniades. Todo lo qual se me representa a mi aora 10 en la memoria, de manera que me está diziendo, persuadiendo y aun forçando, que muestre con vosotros el efeto para que el cielo me arrojó al mundo y me hizo professar en el la orden de caualleria que professo, y el voto que en ella 15 hize de fauorecer a los menesterosos y opressos de los mayores. Pero, porque se que vna de las partes de la prudencia es que lo que se puede hazer por bien no se haga por mal, quiero rogar a estos señores guardianes y comissario 20 sean seruidos de desataros y dexaros yr en paz; que no faltarán otros que siruan al rey en mejores ocasiones, porque me parece duro caso hazer esclauos a los que Dios y naturaleza hizo libres. Quanto mas, señores guardas”, añadio 25 don Quixote, “que estos pobres no han cometido nada contra vosotros; alla se lo aya cada vno con su pecado. Dios ay en el cielo, que no se descuyda de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres 30 honrados sean verdugos de los otros hombres, no yendoles nada en ello. Pido esto con esta
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 311 mansedumbre y sossiego, porque tenga, si lo cumplis, algo que agradeceros; y quando de grado no lo hagays, esta lança y esta espada, con el valor de mi braço, haran que lo hagays por fuerça.” 5 “¡Donosa majaderia!”, respondio el comissario. “¡Bueno está el donayre con que ha salido a cabo de rato! Los forçados del rey quiere que le dexemos, como si tuuieramos autoridad para soltarlos, o el la tuuiera para mandarnoslo. 10 ¡Vayase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante, y enderecese esse bazin que trae en la cabeça, y no ande buscando tres pies al gato! (*)” “¡Vos soys el gato y el rato y el vellaco!”, 15 respondio don Quixote. Y, diziendo y haziendo, arremetio con el tan presto, que, sin que tuuiesse lugar de ponerse en defensa, dio con el en el suelo, mal herido de vna lançada; y auinole bien, que este era el de la escopeta. Las demas 20 guardas quedaron atonitas y suspensas del no esperado acontecimiento; pero, boluiendo sobre si, pusieron mano a sus espadas los de a cauallo, y los de a pie a sus dardos, y arremetieron a don Quixote, que con mucho sossiego los 25 aguardaua; y sin duda lo passara mal si los galeotes, viendo la ocasion que se les ofrecia de alcançar libertad, no la procura[ra]n (*), procurando romper la cadena donde venian ensartados. Fue la rebuelta de manera que las 30 guardas, ya por acudir a los galeotes que se desatauan, ya por acometer a don Quixote que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 312 los acometia, no hizieron cosa que fuesse de prouecho. Ayudó Sancho, por su parte, a la soltura de Gines de Passamonte, que fue el primero que saltó en la campaña, libre y desembaraçado, y, arremetiendo al comissario caydo, 5 le quitó la espada y la escopeta, con la qual, apuntando al vno y señalando al otro, sin disparalla jamas, no quedó guarda en todo el campo, porque se fueron huyendo, assi de la escopeta de Passamonte como de las muchas 10 pedradas que los ya sueltos galeotes les tirauan. Entristeciose mucho Sancho deste sucesso, porque se le representó que los que yuan huyendo auian de dar noticia del caso a la Santa Hermandad, la qual, a campana herida, 15 saldria a buscar los delinquentes, y assi se lo dixo a su amo, y le rogo que luego de alli se partiessen, y se emboscassen en la sierra, que estaua cerca. “Bien está esso”, dixo don Quixote; “pero yo 20 se lo que aora conuiene que se haga.” Y llamando a (*) todos los galeotes, que andauan alborotados y auian despojado al comissario hasta dexarle en cueros, se le pusieron todos a la redonda para ver lo que les 25 mandaua; y assi les dixo: “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y vno de los pecados que mas a Dios ofende es la ingratitud. Digolo porque ya aueys visto, señores, con manifiesta 30 experiencia, el que de mi aueys recebido, en pago del qual querria, y es mi voluntad, que,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 313 cargados de essa cadena que quité de vuestros cuellos, luego os pongays en camino y vays a la ciudad del Toboso, y alli os presenteys ante la señora Dulzinea del Toboso, y le digays que su cauallero, el de la Triste Figura, se le embia 5 a encomendar, y le conteys punto por punto todos los que ha tenido esta famosa auentura, hasta poneros en la desseada libertad; y, hecho esto, os podreys yr donde quisieredes, a la buena ventura.” 10 Respondio por todos Gines de Passamonte, y dixo: “Lo que vuestra merced nos manda, señor y libertador nuestro, es impossible de toda impossibilidad cumplirlo, porque no podemos yr 15 juntos por los caminos, sino solos y diuididos, y cada vno, por su parte, procurando meterse en las entrañas de la tierra por no ser hallado de la Santa Hermandad, que, sin duda alguna, ha de salir en nuestra busca. Lo que vuestra 20 merced puede hazer, y es justo que haga, es mudar esse seruicio y montazgo de la señora Dulzinea del Toboso en alguna cantidad de auemarias y credos, que nosotros diremos por la intencion de vuestra merced, y esta es cosa que 25 se podra cumplir de noche y de dia, huyendo o reposando, en paz o en guerra; pero pensar que hemos de boluer aora a las ollas de Egypto, digo, a tomar nuestra cadena, y a ponernos en camino del Toboso, es pensar que es aora de 30 noche, que aun no son las diez del dia, y es pedir a nosotros esso como pedir peras al olmo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 314 “Pues, ¡voto a tal”, dixo don Quixote, ya puesto en colera, “don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamays, que aueys de yr vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas!” 5 Passamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don Quixote no era muy cuerdo, pues tal disparate auia acometido (*) como el de querer darles libertad, viendose tratar (*) de aquella manera, hizo del ojo a los 10 compañeros, y, apartandose a parte, començaron a llouer tantas (*) piedras sobre don Quixote, que no se daua manos a cubrirse con la rodela, y el pobre de Rozinante no hazia mas caso de la espuela que si fuera hecho de bronze. Sancho 15 se puso tras su asno, y con el se defendia de la nuue y pedrisco que sobre entrambos llouia. No se pudo escudar tan bien don Quixote que no le acertassen no se quantos guijarros en el cuerpo, con tanta fuerça, que dieron con el en 20 el suelo; y apenas huuo caydo, quando fue sobre el el estudiante, y le quitó la vazia de la cabeça, y diole con ella tres o quatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo (*) pedaços. Quitaronle vna ropilla que 25 trahia sobre las armas, y las medias calças le querian quitar, si las greuas no lo estoruaran. A Sancho le quitaron el gauan, y dexandole en pelota (*), repartiendo entre si los demas despojos de la batalla, se fueron cada vno por 30 su parte, con mas cuydado de escaparse de la Hermandad que temian que de cargarse de la
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXII p. 315 cadena e yr a presentarse ante la señora Dulzinea del Toboso. Solos quedaron jumento y Rozinante, Sancho y don Quixote; el jumento, cabizbaxo y pensatiuo, sacudiendo de quando en quando 5 las orejas, pensando que aun no auia cessado la borrasca de las piedras que le perseguian los oydos; Rozinante, tendido junto a su amo, que tambien vino al suelo de otra pedrada; Sancho en pelota y temeroso de la Santa 10 Hermandad; don Quixote, mohinissimo de verse tan mal parado por los mismos a quien tanto bien auia hecho.
p. 316 Capitulo XXIII De lo que le acontecio al famoso don Quixote en Sierra Morena, que fue vna de las mas raras auenturas que en esta verdadera historia se cuentan. 5 Viendose tan mal parado don Quixote, dixo a su escudero: “Siempre, Sancho, lo he oydo dezir: que el hazer bien a villanos es echar agua en la mar. Si yo huuiera creydo lo que me dixiste, yo 10 huuiera escusado esta pesadumbre; pero ya está hecho; paciencia, y escarmentar para desde aqui adelante.” “Assi escarmentará vuestra merced”, respondio Sancho, “como yo soy turco; pero, pues 15 dize que si me huuiera creydo se huuiera escusado este daño, creame aora y escusará otro mayor, porque le hago saber que con la Santa Hermandad no ay vsar de cauallerias; que no se le da a ella por quantos caualleros andantes 20 ay dos marauedis, y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los oydos.” “Naturalmente eres couarde, Sancho”, dixo don Quixote; “pero porque no digas que soy contumaz y que jamas hago lo que me aconsejas, 25 por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con vna condicion: que jamas, en vida ni en muerte, has de dezir a nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por 30
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 317 complazer a tus ruegos; que si otra cosa dixeres, mentiras en ello, y desde aora para entonces, y desde entonces para aora (*), te desmiento, y digo que mientes y mentiras todas las vezes que lo pensares o lo dixeres. Y no me repliques 5 mas; que en solo pensar que me aparto y retiro de algun peligro, especialmente deste que parece que lleua algun es, no es, de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aqui solo, no solamente a la Santa Hermandad 10 que dizes y temes, sino a los hermanos de los doze Tribus de Israel, y a los siete Macabeos (*), y a Castor y a Polux, y aun a todos los hermanos y hermandades que ay en el mundo.” 15 “Señor”, respondio Sancho, “que el retirar no es huyr, ni el esperar es cordura, quando el peligro sobrepuja a la esperança; y de sabios es guardarse hoy para mañana, y no auenturarse todo en vn dia. Y sepa que, aunque çafio 20 y villano, todauia se me alcança algo desto que llaman buen gouierno; assi que no se arrepienta de auer tomado mi consejo, sino suba en Rozinante si puede, o si no, yo le ayudaré, y sigame, que el caletre me dize que hemos menester 25 aora mas los pies que las manos.” Subio don Quixote sin replicarle mas palabra, y, guiando Sancho sobre su asno, se entraron por vna parte de Sierra Morena, que alli junto estaua, lleuando Sancho intencion de 30 atrauessarla toda, e yr a salir al Viso, o a Almodouar del Campo, y esconderse algunos dias
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 318 por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscasse. Animole a esto auer visto que de la refriega de los galeotes se auia escapado libre la despensa que sobre su asno venia, cosa que la juzgó a milagro, segun 5 fue lo que lleuaron y buscaron los galeotes (*). Assi como don Quixote entró por aquellas montañas, se le alegró el coraçon, pareciendole aquellos lugares acomodados para las auenturas que buscaua. Reduziansele a la memoria 10 los marauillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas auian sucedido a caualleros andantes. Yua pensando en estas cosas, tan embeuecido y trasportado (*) en ellas, que de ninguna otra se acordaua. Ni Sancho 15 lleuaua otro cuydado, despues que le parecio que caminaua por parte segura, sino de satisfazer su estomago con los relieues que del despojo clerical auian quedado, y assi, yua tras su amo sentado (*) a la mugeriega sobre su 20 jumento, sacando de vn costal (*) y embaulando en su pança, y no se le diera por hallar otra ventura (*), entretanto que yua de aquella manera, vn ardite. En esto alçó los ojos y vio (*) que su amo 25 estaua parado, procurando con la punta del lançon alçar no se que bulto que estaua caydo en el suelo (*), por lo qual se dio priessa a llegar a ayudarle, si fuesse menester; y quando llegó fue a tiempo que alçaua con la punta del 30 lançon vn coxin y vna maleta asida a el, medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 319 pesaua tanto, que fue necessario que Sancho se apeasse a tomarlos (*), y mandole su amo que viesse lo que en la maleta venia. Hizolo con mucha presteza Sancho, y aunque la maleta venia cerrada con vna cadena y su 5 candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella auia, que eran quatro camisas de delgada olanda, y otras cosas de lienço no menos curiosas que limpias, y en vn pañizuelo halló vn buen montonzillo de escudos de oro, y assi 10 como los vio dixo: “¡Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado vna auentura que sea de prouecho!” Y, buscando mas, halló vn librillo de memoria ricamente guarnecido. Este le pidio don 15 Quixote, y mandole que guardasse el dinero y lo tomasse para el. Besole las manos Sancho por la merced, y, desbalijando a la balija de su lenceria, la puso en el costal de la despensa. Todo lo qual visto por don Quixote, dixo: 20 “Pareceme, Sancho, y no es possible que sea otra cosa, que algun caminante descaminado deuio de passar por esta sierra, y, salteandole malandrines, le deuieron de matar y le truxeron a enterrar en esta tan escondida parte.” 25 “No puede ser esso”, respondio Sancho, “porque si fueran ladrones, no se dexaran aqui este dinero.” “Verdad dizes”, dixo don Quixote, “y assi, no adiuino ni doy en lo que esto pueda ser; mas 30 esperate, veremos si en este librillo de memoria ay alguna cosa escrita por donde podamos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 320 rastrear y venir en conocimiento de lo que desseamos.” Abriole, y lo primero que halló en el, escrito como en borrador, aunque de muy buena letra, fue vn soneto, que, leyendole alto, porque 5 Sancho tambien lo oyesse, vio que dezia desta manera: O le falta al Amor conocimiento, o le sobra crueldad, o no es mi pena igual a la ocasion que me condena 10 al genero mas duro de tormento. Pero si Amor es dios, es argumento que nada ignora, y es razon muy buena que vn dios no sea cruel; pues ¿quién ordena el terrible dolor que adoro y siento? 15 Si digo que soys vos, Fili, no acierto, que tanto mal en tanto bien no cabe, ni me viene del cielo esta ruyna. Presto aure de morir, que es lo mas cierto; que al mal de quien la causa no se sabe 20 milagro es acertar la medicina (*). “Por essa troba”, dixo Sancho, “no se puede saber nada, si ya no es que por esse hilo que está ahi se saque el ouillo de todo.” “¿Qué hilo está aqui?”, dixo don Quixote. 25 “Pareceme”, dixo Sancho, “que vuestra merced nombró ahi Hilo.” “No dixe sino Fili”, respondio don Quixote, “y este, sin duda, es el nombre de la dama de quien se quexa el autor deste soneto; y a fe 30 que deue de ser razonable poeta, o yo se poco del arte.” “Luego ¿tambien”, dixo Sancho, “se le entiende a vuestra merced de trobas?”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 321 “Y mas de lo que tu piensas”, respondio don Quixote, “y veraslo quando lleues vna carta, escrita en verso de arriba abaxo, a mi señora Dulzinea del Toboso; porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los mas caualleros andantes 5 de la edad passada eran grandes trobadores y grandes musicos; que estas dos abilidades, o gracias, por mejor dezir, son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los passados caualleros tienen mas 10 de espiritu que de primor.” “Lea mas vuestra merced”, dixo Sancho; “que ya hallará algo que nos satisfaga.” Boluio la hoja don Quixote, y dixo: “Esto es prosa, y parece carta.” 15 “¿Carta missiua, señor?”, preguntó Sancho. “En el principio no parece sino de amores”, respondio don Quixote. “Pues lea vuestra merced alto”, dixo Sancho, “que gusto mucho destas cosas de amores.” 20 “Que me plaze”, dixo don Quixote. Y leyendola alto, como Sancho se lo auia rogado, vio que dezia desta manera: “Tu falsa promessa y mi cierta desuentura me lleuan a parte donde antes bolueran a tus 25 oydos las nueuas de mi muerte que las razones de mis quexas. Desechasteme, ¡o ingrata!, por quien tiene mas, no por quien vale mas que yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no embidiara yo dichas agenas, ni 30 llorara desdichas propias. Lo que leuantó tu hermosura han derribado tus obras: por ella
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 322 entendi que eras angel, y por ellas conozco que eres muger. Quedate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los engaños de tu esposo esten siempre encubiertos, porque tu no quedes arrepentida de lo que heziste y yo no 5 tome vengança de lo que no desseo.” Acabando de leer la carta, dixo don Quixote: “Menos por esta que por los versos se puede sacar mas de que quien la escriuio es algun 10 desdeñado amante.” Y, hojeando casi todo el librillo, halló otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no; pero lo que todos contenian eran quexas, lamentos, desconfianças, sabores y sinsabores, 15 fauores y desdenes, solenizados los vnos y llorados los otros. En tanto que don Quixote passaua el libro, passaua Sancho la maleta, sin dexar rincon en toda ella, ni en el coxin, que no buscasse, 20 escudriñasse e inquiriesse, ni costura que no deshiziesse, ni vedixa de lana que no escarmenasse, porque no se quedasse nada por diligencia ni mal recado: tal golosina auian despertado en el los hallados escudos, que passauan de ciento. 25 Y aunque no halló mas de lo hallado, dio por bien empleados los buelos de la manta, el vomitar del breuaje, las bendiciones de las estacas, las puñadas del harriero, la falta de las alforjas, el robo del gauan, y toda la hambre, 30 sed y cansancio que auia passado en seruicio de su buen señor (*), pareciendole que estaua
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 323 mas que rebien pagado con la merced recebida de la entrega del hallazgo. Con gran desseo quedó el Cauallero de la Triste Figura de saber quien fuesse el dueño de la maleta, conjeturando por el soneto y 5 carta, por el dinero en oro y por las tan buenas camisas, que deuia de ser de algun principal enamorado, a quien desdenes y malos tratamientos de su dama deuian de auer conduzido a algun desesperado termino. Pero como 10 por aquel lugar inhabitable y escabroso no parecia persona alguna de quien poder informarse, no se curó de mas que de passar adelante, sin lleuar otro camino que aquel que Rozinante queria, que era por donde el podia 15 caminar, siempre con imaginacion que no podia faltar por aquellas malezas alguna estraña auentura. Yendo, pues, con este pensamiento, vio que por cima de vna montañuela que delante de 20 los ojos se le ofrecia, yua saltando vn hombre de risco en risco y de mata en mata con estraña ligereza. Figurosele que yua desnudo, la barba negra y espessa, los cabellos muchos y rabultados (*), los pies descalços y las piernas sin cosa 25 alguna; los muslos cubrian vnos calçones, al parecer, de terciopelo leonado, mas tan hechos pedaços, que por muchas partes se le descubrian las carnes. Traia la cabeça descubierta, y, aunque passó con la ligereza que se ha dicho, 30 todas estas menudencias miró y notó el Cauallero de la Triste Figura; y, aunque lo procuró,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 324 no pudo seguille, porque no era dado a la debilidad de Rozinante andar por aquellas asperezas, y mas siendo el de suyo pisacorto y flematico. Luego imaginó don Quixote que aquel era el dueño del coxin y de la maleta, 5 y propuso en si de buscalle, aunque supiesse andar vn año por aquellas montañas hasta hallarle; y assi, mandó a Sancho que se apeasse del asno (*) y atajasse por la vna parte de la montaña, que el yria por la otra, y podria 10 ser que topassen, con esta diligencia, con aquel hombre que con tanta priessa se les auia quitado de delante. “No podre hazer esso”, respondio Sancho, “porque en apartandome de vuestra merced, 15 luego es conmigo el miedo, que me assalta con mil generos de sobresaltos y visiones. Y siruale esto que digo de auiso, para que de aqui adelante no me aparte vn dedo de su presencia.” 20 “Assi sera”, dixo el de la triste Figura, “y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi animo, el qual no te ha de faltar, aunque te falte el anima del cuerpo; y vente aora tras mi poco a poco, o como pudieres, y haz de los 25 ojos lanternas; rodearemos esta serrezuela, quiça toparemos con aquel hombre que vimos, el qual, sin duda alguna, no es otro que el dueño de nuestro hallazgo.” A lo que Sancho respondio: 30 “Harto mejor seria no buscalle (*), porque si le hallamos y acaso fuesse el dueño del dinero,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 325 claro está que lo tengo de restituyr, y assi, fuera mejor, sin hazer esta inutil diligencia, posseerlo yo con buena fe, hasta que por otra via menos curiosa y diligente pareciera su verdadero señor, y quiça fuera a tiempo que lo huuiera 5 gastado, y entonces el rey me hazia franco.” “Engañaste en esso, Sancho”, respondio don Quixote; “que ya que hemos caydo en sospecha de quien es el dueño, quasi (*) delante, estamos obligados a buscarle y boluerselos; y, 10 quando no le buscassemos, la vehemente sospecha que tenemos de que el lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuesse. Assi que, Sancho amigo, no te de pena el buscalle, por la que a mi se me quitará si le hallo.” 15 Y assi, picó a Rozinante, y siguiole Sancho con su acostumbrado jumento (*). Y, auiendo rodeado parte de la montaña (*), hallaron en vn arroyo cayda, muerta y medio comida de perros, y picada de grajos, vna mula ensillada 20 y enfrenada. Todo lo qual confirmó en ellos mas la sospecha de que aquel que huia era el dueño de la mula y del coxin. Estandola mirando, oyeron vn siluo como de pastor que guardaua ganado; y a deshora, a su siniestra 25 mano, parecieron vna buena cantidad de cabras, y tras ellas, por cima de la montaña, parecio el cabrero que las guardaua, que era vn hombre anciano. Diole vozes don Quixote, y rogole que baxasse donde estauan. El respondio 30 a gritos que quién les auia traydo por aquel lugar, pocas o ningunas vezes pisado sino de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 326 pies de cabras, o de lobos y otras fieras que por alli andauan. Respondiole Sancho que baxasse, que de todo le darian buena cuenta. Baxó el cabrero, y, en llegando adonde don Quixote estaua, dixo: 5 “Apostaré que está mirando la mula de alquiler que está muerta en essa hondonada; pues a buena fe que ha ya seys meses que está en esse lugar. Diganme, ¿han topado por ahi a su dueño?” 10 “No hemos topado a nadie”, respondio don Quixote, “sino a vn coxin y a vna maletilla que no lexos deste lugar hallamos.” “Tambien la hallé yo”, respondio el cabrero; “mas nunca la quise alçar ni llegar a ella, 15 temeroso de algun desman, y de que no me la pidiessen por de hurto; que es el diablo sotil, y debaxo de los pies se leuanta allombre (*) cosa donde tropiece y caya, sin saber cómo ni cómo no.” 20 “Esso mesmo (*) es lo que yo digo”, respondio Sancho; “que tambien la hallé yo, y no quise llegar a ella con vn tiro de piedra; alli la dexé, y alli se queda como se estaua, que no quiero perro con cencerro.” 25 “Dezidme, buen hombre”, dixo don Quixote, “¿sabeys vos quién sea el dueño destas prendas?” “Lo que sabre yo dezir”, dixo el cabrero, “es que aura al pie de seys meses, poco mas a (*) 30 menos, que llegó a vna majada de pastores, que estara como tres leguas deste lugar, vn
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 327 mancebo de gentil talle y apostura, cauallero sobre essa mesma (*) mula que ahi está muerta, y con el mesmo (*) coxin y maleta que dezis que hallastes y no tocastes. Preguntonos que quál parte desta sierra era la mas aspera y 5 escondida. Diximosle que era esta donde aora estamos, y es ansi (*) la verdad, porque si entrays media legua mas adentro, quiça no acertareys a salir; y estoy marauillado de cómo aueys podido llegar aqui, porque no ay camino ni 10 senda que a este lugar encamine. ”Digo, pues, que en oyendo nuestra respuesta el mancebo, boluio las riendas y encaminó hazia el lugar donde le señalamos, dexandonos a todos contentos de su buen talle, y 15 admirados de su demanda y de la priessa con que le viamos caminar y boluerse hazia la sierra; y desde entonces nunca mas le vimos, hasta que desde alli a algunos dias salio al camino a vno de nuestros pastores, y, sin dezille nada, 20 se llegó (*) a el y le dio muchas puñadas y cozes, y luego se fue a la borrica del hato y le quitó quanto pan y quesso en ella trahia, y con estraña ligereza, hecho esto, se boluio a emboscar (*) en la sierra. Como esto supimos 25 algunos cabreros, le anduuimos a buscar casi dos dias por lo mas cerrado desta sierra, al cabo de los quales le hallamos metido en el hueco de vn grueso y valiente alcornoque. Salio a nosotros con mucha mansedumbre, ya roto 30 el vestido, y el rostro disfigurado (*) y tostado del sol, de tal suerte, que apenas le conociamos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 328 (*), sino que los vestidos, aunque rotos, con la noticia que dellos teniamos, nos dieron a entender que era el que buscauamos. ”Saludonos cortesmente, y en pocas y muy buenas razones nos dixo que no nos marauillassemos 5 de verle andar de aquella suerte, porque assi le conuenia para cumplir cierta penitencia que por sus muchos pecados le auia sido impuesta. Rogamosle que nos dixesse quién era; mas nunca lo pudimos acabar con el. Pedimosle 10 tambien que quando huuiesse menester el sustento, sin el qual no podia passar, nos dixesse donde le hallariamos, porque con mucho amor y cuydado se lo lleuariamos; y que si esto tampoco fuesse de su gusto, que, a lo menos, saliesse 15 a pedirlo, y no a quitarlo, a los pastores. Agradecio nuestro ofrecimiento, pidio perdon de los assaltos passados, y ofrecio de pedillo de alli adelante por amor de Dios, sin dar molestia alguna a nadie. En quanto lo que (*) 20 tocaua a la estancia de su habitacion, dixo que no tenia otra, que aquella que le ofrecia la ocasion (*) donde le tomaua la noche, y acabó su platica con vn tan tierno llanto, que bien fueramos de piedra los que escuchado le auiamos si 25 en el no le acompañaramos, considerandole (*) como le auiamos visto la vez primera, y qual le veiamos entonces. Porque, como tengo dicho, era vn muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses y concertadas razones mostraua ser 30 bien nacido y muy cortesana persona; que, puesto que eramos rusticos los que le
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 329 escuchauamos, su gentileza era tanta, que bastaua a darse a conocer a la mesma (*) rusticidad. ”Y estando en lo mejor de su platica, paró y enmudeciose; clauó los ojos en el suelo por vn buen espacio, en el qual todos estuuimos 5 quedos y suspensos, esperando en qué auia de parar aquel enuelesamiento, con no poca lastima de verlo, porque por lo que hazia de abrir los ojos, estar fixo mirando al suelo sin mouer pestaña gran rato, y otras vezes cerrarlos 10 apretando los labios y enarcando las cejas, facilmente conocimos que algun accidente de locura le auia sobreuenido. Mas el nos dio a entender presto ser verdad lo que pensauamos, porque se leuantó con gran furia del suelo donde se 15 auia echado, y arremetio con el primero que halló junto a si, con tal denuedo y rabia, que, si no se le quitaramos, le matara a puñadas y a bocados; y todo esto hazia diziendo: «¡A, »fementido Fernando!; ¡aqui, aqui me pagarás la 20 »sinrazon que me heziste (*)! Estas manos te »sacarán el coraçon donde aluergan y tienen »manida todas las maldades juntas, principalmente »la fraude y el engaño.» Y a estas añadia otras razones, que todas se encaminauan a 25 dezir mal de aquel Fernando, y a tacharle de traydor y fementido. ”Quitamossele, pues, con no poca pesadumbre, y el, sin dezir mas palabra, se apartó de nosotros y se emboscó corriendo por entre 30 estos xarales y malezas, de modo, que nos impossibilitó el seguille. Por esto conjeturamos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 330 que la locura le venia a tiempos, y que alguno que se llamaua (*) Fernando le deuia de auer hecho alguna mala obra, tan pesada quanto lo mostraua el termino a que le auia conduzido. Todo lo qual se ha confirmado 5 despues aca con las vezes, que han sido muchas, que el ha salido al camino, vnas a pedir a los pastores le den de lo que lleuan para comer, y otras a quitarselo por fuerça; porque quando está con el accidente de la locura, aunque los 10 pastores se lo ofrezcan de buen grado, no lo admite, sino que lo toma a puñadas; y quando está en su seso, lo pide por amor de Dios, cortes y comedidamente, y rinde por ello muchas gracias, y no con falta de lagrimas. Y en 15 verdad os digo, señores --prosiguio el cabrero--, que ayer determinamos yo y quatro zagales, los dos criados y los dos amigos mios, de buscarle hasta tanto que le hallemos; y despues de hallado, ya por fuerça, ya por grado, 20 le hemos de lleuar a la villa de Almodouar, que está de aqui ocho leguas, y alli le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos quién es quando esté en su seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia. 25 Esto es, señores, lo que sabre deziros de lo que me aueys preguntado, y entended que el dueño de las prendas que hallastes es el mesmo (*) que vistes passar con tanta ligereza como desnudez” --; que ya le auia dicho don Quixote 30 como auia visto passar aquel hombre saltando por la sierra.
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIII p. 331 El qual quedó admirado de lo que al cabrero auia oydo, y quedó (*) con mas desseo de saber quién era el desdichado loco, y propuso en si lo mesmo (*) que ya tenia pensado: de buscalle por toda la montaña, sin dexar rincon ni cueua 5 en ella que no mirasse, hasta hallarle. Pero hizolo mejor la suerte de lo que el pensaua ni esperaua, porque en aquel mesmo (*) instante parecio por entre vna quebrada de vna sierra, que salia donde ellos estauan, el mancebo que 10 buscaua, el qual venia hablando entre si cosas que no podian ser entendidas de cerca, quanto mas de lexos. Su trage era qual se ha pintado, solo que, llegando cerca, vio don Quixote que vn coleto hecho pedaços que sobre si trahia, 15 era de ambar (*), por donde acabó de entender que persona que tales habitos trahia no deuia de ser de infima calidad. En llegando el mancebo a ellos, les (*) saludo con vna voz desentonada y bronca (*), pero 20 con mucha cortesia. Don Quixote le boluio las saludes con no menos comedimiento, y, apeandose de Rozinante, con gentil continente y donayre le fue a abraçar, y le tuuo vn buen espacio estrechamente entre sus braços, como si de 25 luengos tiempos le huuiera conocido. El otro, a quien podemos llamar el Roto de la Mala Figura, como a don Quixote el de la Triste, despues de auerse dexado abraçar, le apartó vn poco de si, y, puestas sus manos en los ombros 30 de don Quixote, le estuuo mirando como que queria ver si le conocia; no menos admirado
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 332 quiça de ver la figura, talle y armas de don Quixote, que don Quixote lo estaua de verle a el. En resolucion, el primero que habló despues del abraçamiento fue el Roto, y dixo lo que se dira adelante. 5
p. 333 Capitulo XXIV Donde se prosigue la auentura de la Sierra Morena. Dize la historia que era grandissima la atencion con que don Quixote escuchaua al astroso 5 cauallero de la Sierra, el qual, prosiguiendo su platica, dixo: “Por cierto, señor, quien quiera que seays, que yo no os conozco, yo os agradezco las muestras y la cortesia que conmigo aueys vsado, 10 y quisiera yo hallarme en terminos que, con mas que la voluntad, pudiera seruir la que aueys mostrado tenerme en el buen acogimiento que me aueys hecho; mas no quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda a las 15 buenas obras que me hazen, que buenos desseos de satisfazerlas.” “Los que yo tengo”, respondio don Quixote, “son de seruiros; tanto, que tenia determinado de no salir destas sierras hasta hallaros y saber 20 de vos si el dolor (*) que en la estrañeza de vuestra vida mostrays tener, se podia hallar algun genero de remedio, y, si fuera menester buscarle (*), buscarle con la diligencia possible. Y quando vuestra desuentura fuera de aquellas 25 que tienen cerradas las puertas a todo genero de consuelo, pensaua ayudaros a llorarla y (*) plañirla como mejor pudiera; que todauia es consuelo en las desgracias hallar quien se duela dellas. Y si es que mi buen intento merece 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 334 ser agradecido con algun genero de cortesia, yo os suplico, señor, por la mucha que veo que en vos se encierra, y juntamente os conjuro por la cosa que en esta vida mas aueys amado o amays, que me digays quién soys y la causa 5 que os ha traydo a viuir y a morir entre estas soledades como bruto animal, pues morays entre ellos tan ageno de vos mismo, qual lo muestra vuestro trage y persona. Y juro --añadio don Quixote--, por la orden de caualleria 10 que recebi, aunque indigno y pecador, y por la profession de cauallero andante, que (*) si en esto, señor, me complazeys, de seruiros con las veras a que me obliga el ser quien soy, ora remediando vuestra desgracia, si tiene remedio, 15 ora ayudandoos a llorarla, como os lo he prometido.” El Cauallero del Bosque, que de tal manera oyo hablar al de la Triste Figura, no hazia sino mirarle y remirarle, y tornarle a mirar de arriba 20 a baxo, y despues que le huuo bien mirado, le dixo: “Si tienen algo que darme a comer, por amor de Dios que me lo den; que despues de auer comido, yo hare todo lo que se me manda, en 25 agradecimiento de tan buenos desseos como aqui se me han mostrado.” Luego sacaron, Sancho de su costal y el cabrero de su çurron, con que satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona 30 atontada, tan apriessa, que no daua espacio de vn bocado al otro, pues antes los engullia
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 335 que tragaua; y en tanto que comia, ni el ni los que le mirauan hablauan palabra. Como acabó de comer, les hizo de señas que le siguiessen, como lo hizieron, y el los lleuó a vn verde pradezillo que a la buelta de vna peña 5 poco desuiada de alli estaua. En llegando a el, se tendio en el suelo encima de la yerua, y los demas hizieron lo mismo; y todo esto sin que ninguno hablasse, hasta que el Roto, despues de auerse acomodado en su assiento, dixo: 10 “Si gustays, señores, que os diga en breues razones la inmensidad de mis desuenturas, aueysme de prometer de que con ninguna pregunta ni otra cosa no interrompereys el hilo de mi triste historia, porque en el punto que lo 15 hagays, en esse se quedará lo que fuere contando.” Estas razones del Roto truxeron a la memoria a don Quixote el cuento que le auia contado su escudero, quando no acerto el numero 20 de las cabras que auian passado el rio, y se quedó la historia pendiente. Pero boluiendo al Roto, prosiguio diziendo: “Esta preuencion que hago es porque querria passar breuemente por el cuento de mis 25 desgracias; que el traerlas a la memoria no me sirue de otra cosa que añadir otras de nueuo, y mientras menos me preguntaredes, mas presto acabaré yo de dezillas, puesto que no dexaré por contar cosa alguna que sea de importancia 30 para no (*) satisfazer del todo a vuestro desseo.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 336 Don Quixote se lo prometio en nombre de los demas, y el, con este seguro, començo desta manera: “Mi nombre es Cardenio, mi patria vna ciudad de las mejores desta Andaluzia (*), mi linage 5 noble, mis padres ricos, mi desuentura tanta, que la deuen de auer llorado mis padres y sentido mi linage, sin poderla aliuiar con su riqueza, que, para remediar desdichas del cielo, poco suelen valer los bienes de fortuna. Viuia en 10 esta mesma (*) tierra vn cielo, donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a dessearme. Tal es la hermosura de Luscinda, donzella tan noble y tan rica como yo, pero de mas ventura, y de menos firmeza de la que a mis 15 honrados pensamientos se deuia. A esta Luscinda amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años, y ella me quiso a mi con aquella senzillez y buen animo que su poca edad permitia. Sabian nuestros padres nuestros intentos (*), y 20 no les pesaua dello, porque bien vehian que, quando (*) passaran adelante, no podian tener otro fin que el de casarnos, cosa que casi la concertaua la ygualdad de nuestro linage y riquezas. Crecio la edad y con ella el amor de 25 entrambos, que (*) al padre de Luscinda le parecio que por buenos respetos estaua obligado a negarme la entrada de su casa; casi imitando en esto a los padres de aquella Tisbe tan decantada de los poetas. Y fue esta negacion 30 añadir llama a llama y desseo a desseo, porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 337 le pudieron poner a las plumas, las quales, con mas libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma esta encerrado: que muchas vezes la presencia de la cosa amada turba y enmudece la intencion 5 mas determinada y la lengua mas atreuida. ¡Ay, cielos, y quántos villetes le (*) escriui! ¡Quán regaladas y honestas respuestas tuue! ¡Quántas canciones compuse y quántos enamorados versos, donde el alma declaraua y trasladaua sus 10 sentimientos, pintaua sus encendidos desseos, entretenia sus memorias y recreaua su voluntad! En efeto, viendome apurado, y que mi alma se consumia con el desseo de verla, determiné poner por obra y acabar en vn punto lo que 15 me parecio que mas conuenia para salir con mi desseado y merecido premio, y fue el pedirsela a su padre por legitima esposa, como lo hize. A lo que el me respondio que me agradecia la voluntad que mostraua de honralle (*) 20 y de querer honrarme con prendas suyas, pero que siendo mi padre viuo, a el tocaua de justo derecho hazer aquella demanda, porque, si no, fuesse con mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda muger (*) para tomarse ni darse 25 a hurto. ”Yo le agradeci su buen intento, pareciendome que lleuaua razon en lo que dezia, y que mi padre vendria en ello como yo se lo dixesse. Y con este intento, luego, en aquel mismo 30 instante, fuy a dezirle a mi padre lo que desseaua, y al tiempo que entré en vn aposento
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 338 donde estaua, le hallé con vna carta abierta en la mano, la qual, antes que yo le dixesse palabra, me la dio, y me dixo: «Por essa carta veras, »Cardenio, la voluntad que el duque Ricardo »tiene de hazerte merced.» Este duque Ricardo, 5 como ya vosotros, señores, deueys de saber, es vn grande de España que tiene su estado en lo mejor desta Andaluzia. Tomé y ley la carta, la qual venia tan encarecida, que a mi mesmo (*) me parecio mal si mi padre dexaua de 10 cumplir lo que en ella se le pedia, que era que me embiasse luego donde el estaua; que queria que fuesse compañero, no criado, de su hijo el mayor, y que el tomaua a cargo el ponerme en estado que correspondiesse a la estimacion 15 en que me tenia. Ley la carta, y enmudeci leyendola, y mas quando ohi que mi padre me dezia: «De aqui a dos dias te partiras, »Cardenio, a hazer la voluntad del duque, y da »gracias a Dios que te va abriendo camino por 20 »donde alcances lo que yo se que mereces.» Añadio a estas otras razones de padre consejero. ”Llegose el termino de mi partida, hablé vna noche a Luscinda, dixele todo lo que passaua, 25 y lo mesmo (*) hize a su padre, suplicandole se entretuuiesse algunos dias y dilatasse el darle (*) estado hasta que yo viesse lo que Ricardo me queria. El me lo prometio, y ella me lo (*) confirmó con mil juramentos y mil 30 desmayos. Vine, en fin, donde el duque Ricardo estaua, fuy del tan bien recebido y tratado, que
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 339 desde luego començo la embidia a hazer su oficio, teniendomela los criados antiguos, pareciendoles que las muestras que el duque daua de hazerme merced auian de ser en perjuyzio suyo. Pero el que mas se holgo con mi yda 5 fue vn hijo segundo del duque, llamado Fernando, moço gallardo, gentil hombre, liberal y enamorado, el qual en poco tiempo quiso que fuesse tan su amigo, que daua que dezir a todos; y aunque el mayor me queria bien y 10 me hazia merced, no llegó al estremo con que don Fernando me queria y trataua. ”Es, pues, el caso, que, como entre los amigos no ay cosa secreta que no se comunique, y la priuança que yo tenia con don Fernando 15 dexaua de serlo por ser amistad, todos sus pensamientos me declaraua, especialmente vno enamorado que le trahia con vn poco de desassossiego. Queria bien a vna labradora, vassalla de su padre, y ella los tenia muy 20 ricos, y era tan hermosa, recatada, discreta y honesta, que nadie que la conocia se determinaua en quál destas cosas tuuiesse mas excelencia, ni mas se auentajasse. Estas tan buenas partes de la hermosa labradora reduxeron 25 a tal termino los desseos de don Fernando, que se determinó, para poder alcançarlo y conquistar la entereza de la labradora, darle (*) palabra de ser su esposo, porque de otra manera era procurar lo impossible. Yo, obligado 30 de su amistad, con las mejores razones que supe y con los mas viuos exemplos que pude,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 340 procuré estoruarle y apartarle de tal proposito. Pero viendo que no aprouechaua, determiné de dezirle el caso al duque Ricardo, su padre. Mas don Fernando, como astuto y discreto, se rezeló y temio desto, por parecerle que estaua 5 yo obligado, en vez de buen criado, [a] (*) no tener encubierta cosa que tan en perjuyzio de la honra de mi señor el duque venia; y assi, por diuertirme y engañarme, me dixo que no hallaua otro mejor remedio para poder apartar 10 de la memoria la hermosura que tan sugeto le tenia, que el ausentarse por algunos meses, y que queria que el ausencia fuesse que los dos nos viniessemos en casa de mi padre, con ocasion que darian (*) al duque, que venia a 15 ver y a feriar vnos muy buenos cauallos que en mi ciudad auia, que es madre de los mejores del mundo. ”Apenas le ohi yo dezir esto, quando, mouido de mi aficion, aunque su determinacion no 20 fuera tan buena, la aprouara yo por vna de las mas acertadas que se podian imaginar, por ver quán buena ocasion y coyuntura se me ofrecia de boluer a ver a mi Luscinda. Con este pensamiento y desseo aproue su parecer 25 y esforce su proposito, diziendole que lo pusiesse por obra con la breuedad possible, porque, en efeto, la ausencia hazia su oficio a pesar de los mas firmes pensamientos. Ya (*), quando el me vino a dezir esto, segun despues 30 se supo, auia gozado a la labradora, con titulo de esposo, y esperaua ocasion de descubrirse
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 341 a su saluo, temeroso de lo que el duque, su padre, haria quando supiesse su disparate. ”Sucedio, pues, que, como el amor en los moços por la mayor parte no lo es, sino apetito, el qual, como tiene por vltimo fin el 5 deleyte, en llegando a alcançarle se acaba, y ha de boluer atras aquello que parecia amor, porque no puede passar adelante del termino que le puso naturaleza, el qual termino no le puso a lo que es verdadero amor...; quiero dezir, que 10 assi como don Fernando gozó a la labradora, se le aplacaron sus desseos y se resfriaron sus ahincos, y si primero fingia quererse ausentar por remediarlos, aora de veras procuraua yrse por no ponerlos en execucion. Diole el duque 15 licencia, y mandome que le acompañasse. Venimos a mi ciudad, recibiole mi padre como quien era. Vi yo luego a Luscinda, tornaron a viuir, aunque no auian estado muertos ni amortiguados, mis desseos, de los quales di 20 cuenta, por mi mal, a don Fernando, por parecerme que, en la ley de la mucha amistad que mostraua, no le deuia encubrir nada. Alabele la hermosura, donayre y discrecion de Luscinda de tal manera, que mis alabanças mouieron 25 en el los desseos de querer ver donzella de tantas (*) buenas partes adornada. Cumpliselos yo, por mi corta suerte, enseñandosela vna noche, a la luz de vna vela, por vna ventana por donde los dos soliamos hablarnos. Viola 30 en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por el vistas las puso en oluido.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 342 Enmudecio, perdio el sentido, quedó absorto; y, finalmente, tan enamorado, qual lo vereys en el discurso del cuento de mi desuentura. Y, para encenderle mas el desseo, que a mi me zelaua, y al cielo a solas descubria, quiso la fortuna 5 que hallasse vn dia vn villete suyo pidiendome que la pidiesse a su padre por esposa, tan discreto, tan honesto y tan enamorado, que, en leyendolo, me dixo que en sola Luscinda se encerrauan todas las gracias de hermosura y 10 de entendimiento que en las demas mugeres del mundo estauan repartidas. ”Bien es verdad que quiero confessar aora que, puesto que yo veia con quán justas causas don Fernando a Luscinda alabaua, me 15 pesaua de oyr aquellas alabanças de su boca, y comence a temer y a (*) rezelarme del, porque no se passaua momento donde no quisiesse que tratassemos de Luscinda, y el mouia la platica aunque la truxesse por los cabellos, 20 cosa que despertaua en mi vn no se que de zelos, no porque yo temiesse reues alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo esso, me hazia temer mi suerte lo mesmo (*) que ella me asseguraua. Procuraua siempre 25 don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda embiaua y los que ella me respondia, a titulo que de la discrecion de los dos gustaua mucho. Acaecio, pues, que auiendome pedido Luscinda vn libro de cauallerias en que leer, 30 de quien era ella muy aficionada, que era el de Amadis de Gaula...”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 343 No huuo bien oydo don Quixote nombrar libro de cauallerias, quando dixo: “Con que me dixera vuestra merced al principio de su historia que su merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de 5 cauallerias, no fuera menester otra exageracion para darme a entender la alteza de su entendimiento, porque no le tuuiera tan bueno como vos, señor, le aueys pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda; assi que para 10 conmigo no es menester gastar mas palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con solo auer entendido su aficion, la confirmo por la mas hermosa y mas discreta muger del mundo; y quisiera yo, señor, que 15 vuestra merced le huuiera embiado, junto con Amadis de Gaula, al bueno de don Rugel de Grecia (*), que yo se que gustara la señora Luscinda mucho de Darayda y Geraya (*), y de las discreciones del pastor Darinel (*), y de 20 aquellos admirables versos de sus Bucolicas, cantadas y representadas por el con todo donayre, discrecion y desemboltura; pero tiempo podra venir en que se enmiende essa falta, y no dura (*) mas en hazerse la enmienda de 25 quanto quiera vuestra merced ser seruido de venirse conmigo a mi aldea; que alli le podre dar mas de trecientos libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida, aunque tengo para mi que ya no tengo ninguno, 30 merced a la malicia de malos y embidiosos encantadores. Y perdoneme vuestra merced el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 344 auer contrauenido a lo que prometimos de no interromper su platica, pues en oyendo cosas de cauallerias y de caualleros andantes, assi es en mi mano dexar de hablar en ellos, como lo es en la de los rayos del sol dexar de calentar, 5 ni humedecer en los de la luna. Assi que, perdon, y proseguir, que es lo que aora haze mas al caso.” En tanto que don Quixote estaua diziendo lo que queda dicho, se le auia caydo a Cardenio 10 la cabeça sobre el pecho, dando muestras de estar profundamente pensatiuo. Y puesto que dos vezes le dixo don Quixote que prosiguiesse su historia, ni alçaua la cabeça, ni respondia palabra. Pero al cabo de vn buen espacio la 15 leuantó, y dixo: “No se me puede quitar del pensamiento, ni aura quien me lo quite en el mundo, ni quien me de a entender otra cosa, y seria vn majadero el que lo contrario entendiesse o creyesse, 20 sino que aquel vellaconazo del maestro Elisabat estaua amancebado con la reyna Madasima (*).” “Esso no, ¡voto a tal!”, respondio con mucha colera don Quixote, y arrojole, como tenia de 25 costumbre; “y essa es vna muy gran malicia, o vellaqueria, por mejor dezir. La reyna Madasima fue muy principal señora, y no se ha de presumir que tan alta princessa se auia de amancebar con vn sacapotras; y quien lo 30 contrario entendiere, miente como muy gran vellaco. Y yo se lo dare a entender a pie o a
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXIV p. 345 cauallo, armado o desarmado, de noche o de dia, o como mas gusto le diere.” Estauale mirando Cardenio muy atentamente, al qual ya auia venido el accidente (*) de su locura, y no estaua para proseguir su historia, 5 ni tampoco (*) don Quixote se la oyera, segun le auia disgustado lo que de Madasima le auia oydo. ¡Estraño caso!, que assi boluio por ella como si verdaderamente fuera su verdadera y natural señora: tal le tenian sus descomulgados 10 libros. Digo, pues, que como ya Cardenio estaua loco, y se oyo tratar de mentis y de vellaco, con otros denuestos semejantes, pareciole mal la burla, y alçó vn guijarro que halló junto a si, y dio (*) con el en los pechos tal 15 golpe a don Quixote, que le hizo caer de espaldas. Sancho Pança, que de tal modo vio parar a su señor, arremetio al loco con el puño cerrado, y el Roto le recibio de tal suerte, que con vna puñada dio con el a sus pies, y luego 20 se subio sobre el y le brumó las costillas muy a su sabor. El cabrero, que le quiso defender, corrio el mesmo (*) peligro. Y despues que los tuuo a todos rendidos y molidos, los dexó y se fue con gentil sossiego a emboscarse en la 25 montaña. Leuantose Sancho, y con la rabia que tenia de verse aporreado tan sin merecerlo, acudio a tomar la vengança del cabrero, diziendole que el tenia la culpa de no auerles auisado 30 que a aquel hombre le tomaua a tiempos la locura; que si esto supieran, huuieran estado
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 346 sobre auiso para poderse guardar. Respondio el cabrero que ya lo auia dicho, y que si el no lo auia oydo, que no era suya la culpa. Replicó Sancho Pança, y tornó a replicar el cabrero, y fue el fin de las replicas asirse de las barbas y 5 darse tales puñadas, que si don Quixote no los pusiera en paz, se hizieran pedaços. Dezia Sancho, asido con el cabrero: “Dexeme vuestra merced, señor Cauallero de la Triste Figura, que en este que es villano 10 como yo y no está armado cauallero, bien puedo a mi saluo satisfazerme del agrauio que me ha hecho, peleando (*) con el mano a mano, como hombre honrado.” “Assi es”, dixo don Quixote; “pero yo se 15 que el no tiene ninguna culpa de lo sucedido.” Con esto los apaziguo, y don Quixote boluio a preguntar al cabrero si seria possible hallar a Cardenio, porque quedaua con grandissimo desseo de saber el fin de su historia. Dixole el 20 cabrero lo que primero le auia (*) dicho, que era no saber de cierto su manida, pero que si anduuiesse mucho por aquellos contornos no dexaria de hallarle, o cuerdo o loco.
p. 347 Capitulo XXV Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente cauallero de la Mancha, y de la imitacion que hizo a la penitencia de Beltenebros. 5 Despidiose (*) del cabrero don Quixote, y, subiendo otra vez sobre Rozinante, mandó a Sancho que le siguiesse, el qual lo hizo con su jumento (*) de muy mala gana. Yuanse poco a poco entrando en lo mas aspero de la montaña, 10 y Sancho yua muerto por razonar con su amo, y desseaua que el començasse la platica por no contrauenir a lo que le tenia mandado; mas no pudiendo sufrir tanto silencio, le dixo: “Señor don Quixote, vuestra merced me 15 eche su bendicion y me de licencia, que desde aqui me quiero boluer a mi casa, y a mi muger y a mis hijos, con los quales, por lo menos, hablaré y departire todo lo que quisiere; porque querer vuestra merced que vaya con el 20 por estas soledades de dia y de noche, y que no le hable quando me diere gusto, es enterrarme en vida. Si ya quisiera la suerte que los animales hablaran, como hablauan en tiempo de Guisopete (*), fuera menos mal, porque 25 departiera yo con mi jumento (*) lo que me viniera en gana, y con esto passara (*) mi mala ventura; que es rezia cosa, y que no se puede lleuar en paciencia, andar buscando auenturas toda la vida, y no hallar sino cozes y 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 348 manteamientos, ladrillazos y puñadas, y, con todo esto, nos hemos de coser la boca, sin osar dezir lo que el hombre tiene en su coraçon, como si fuera mudo.” “Ya te entiendo, Sancho”, respondio don 5 Quixote; “tu mueres porque te alce el entredicho que te tengo puesto en la lengua. Dale por alçado y di lo que quisieres, con condicion que no ha de durar este alçamiento mas de en quanto anduuieremos por estas sierras.” 10 “Sea ansi” (*), dixo Sancho; “hable yo aora, que despues Dios sabe lo que sera; y començando a gozar de esse saluoconduto, digo que ¿qué le yua a vuestra merced en boluer tanto por aquella reyna Magimasa, o como se 15 llama? O ¿qué hazia al caso que aquel abad fuesse su amigo o no? Que si vuestra merced passara con ello, pues no era su juez, bien creo yo que el loco passara adelante con su historia, y se vuieran ahorrado el golpe del 20 guijarro y las cozes, y aun mas de seys torniscones.” “A fe, Sancho”, respondio don Quixote, “que si tu supieras, como yo lo se, quán honrada y quán principal señora era la reyna Madasima, 25 yo se que dixeras que tuue mucha paciencia, pues no quebre la boca por donde tales blasfemias salieron. Porque es muy gran blasfemia dezir ni pensar que vna reyna esté amancebada con vn cirujano. La verdad del 30 cuento es que aquel maestro Elisabat, que el loco dixo, fue vn hombre muy prudente y de
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 349 muy sanos consejos, y siruio de ayo y de medico a la reyna. Pero, pensar que ella era su amiga es disparate, digno de muy gran castigo. Y porque veas que Cardenio no supo lo que dixo, has de aduertir que quando lo dixo 5 ya estaua sin juyzio.” “Esso digo yo”, dixo Sancho; “que no auia para qué hazer cuenta de las palabras de vn loco, porque si la buena suerte no ayudara a vuestra merced, y encaminara el guijarro a la 10 cabeça como le encaminó al pecho, buenos quedaramos por auer buelto por aquella mi señora, que Dios cohonda. Pues ¡montas que no se librara Cardenio por loco!” “Contra cuerdos y contra locos”, [respondio 15 don Quixote] (*), “está obligado qualquier cauallero andante a boluer por la honra de las mugeres, qualesquiera que sean; quanto mas por las reynas de tan alta guisa y pro como fue la reyna Madasima, a quien yo tengo particular 20 aficion por sus buenas partes; porque fuera de auer sido fermosa, ademas fue muy prudente y muy sufrida en sus calamidades, que las tuuo muchas. Y los consejos y compañia del maestro Elisabat le fue y le fueron de 25 mucho prouecho y aliuio para poder lleuar sus trabajos con prudencia y paciencia. Y de aqui tomó ocasion el vulgo, ignorante y mal intencionado, de dezir y pensar que ella era su manceba. ¡Y mienten, digo otra vez, y mentiran 30 otras dozientas, todos los que tal pensaren y dixeren!”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 350 “Ni yo lo digo ni lo pienso”, respondio Sancho. “Alla se lo ayan; con su pan se lo coman. Si fueron amancebados o no, a Dios auran dado la cuenta. De mis viñas vengo, no se nada; no soy amigo de saber vidas agenas; 5 que el que compra y miente, en su bolsa lo siente. Quanto mas, que desnudo naci, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Mas que lo fuessen, ¿qué me va a mi? Y muchos piensan que ay tozinos, y no ay estacas. Mas, ¿quién 10 puede poner puertas al campo? Quanto mas, que de Dios dixeron.” “¡Valame Dios”, dixo don Quixote, “y qué de necedades vas, Sancho, ensartando! ¿Qué va de lo que tratamos a los refranes que enhilas? 15 Por tu vida, Sancho, que calles, y de aqui adelante entremetete en espolear a tu asno (*), y dexa de hazello en lo que no te importa. Y entiende con todos tus (*) cinco sentidos que todo quanto yo he hecho, hago e hiziere, va muy 20 puesto en razon y muy conforme a las reglas de caualleria, que las se mejor que quantos caualleros las (*) professaron en el mundo.” “Señor”, respondio Sancho, “y ¿es buena regla de caualleria que andemos perdidos por 25 estas montañas, sin senda ni camino, buscando [a vn loco] (*), el qual, despues de hallado, quiça le vendra en voluntad de acabar lo que dexó començado, no de su cuento, sino de la cabeça de vuestra merced y de mis costillas, 30 acabandonoslas de romper de todo punto?” “¡Calla, te digo otra vez, Sancho!”, dixo don
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 351 Quixote; “porque te hago saber que no solo me trae por estas partes el desseo de hallar al loco, quanto el que tengo de hazer en ellas vna hazaña con que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la 5 tierra, y sera tal, que he de echar con ella el sello a todo aquello que puede hazer perfecto (*) y famoso a vn andante cauallero.” “Y ¿es de muy gran peligro essa hazaña?”, preguntó Sancho Pança. 10 “No”, respondio el de la Triste Figura, “puesto que de tal manera podia correr el dado, que echassemos azar en lugar de encuentro; pero todo ha de estar en tu diligencia.” 15 “¿En mi diligencia?”, dixo Sancho. “Si”, dixo don Quixote, “porque si buelues presto de adonde pienso embiarte, presto se acabará mi pena, y presto començará mi gloria; y porque no es bien que te tenga mas 20 suspenso esperando en lo que han de parar mis razones, quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amadis de Gaula fue vno de los mas perfectos (*) caualleros andantes. No he dicho bien, fue vno: fue el solo, el primero, el vnico, 25 el señor de todos quantos vuo en su tiempo en el mundo. ¡Mal año y mal mes para don Belianis y para todos aquellos que dixeren que se le ygualó en algo, porque se engañan, juro cierto! Digo, assi mismo (*), que quando 30 algun pintor quiere salir famoso en su arte, procura imitar los originales de los mas vnicos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 352 pintores que sabe. Y esta mesma (*) regla corre por todos los mas oficios o exercicios de cuenta que siruen para adorno de las republicas. Y assi lo ha de hazer y haze el que quiere (*) alcançar nombre de prudente y sufrido, imitando 5 a Vlises, en cuya persona y trabajos nos pinta Omero vn retrato viuo de prudencia y de sufrimiento; como tambien nos mostro Virgilio, en persona de Eneas, el valor de vn hijo piadoso y la sagacidad de vn valiente y entendido 10 capitan, no pintandolo ni descubriendolo (*) como ellos fueron, sino como auian de ser, para quedar exemplo a los venideros hombres de sus virtudes. Desta mesma (*) suerte, Amadis fue el norte, el luzero, el sol de los 15 valientes y enamorados caualleros, a quien deuemos de imitar todos aquellos que debaxo de la vandera de amor y de la caualleria militamos. Siendo, pues, esto ansi (*), como lo es, hallo yo, Sancho amigo, que el cauallero 20 andante que mas le imitare, estara mas cerca de alcançar la perfecion de la caualleria. Y vna de las cosas en que mas este cauallero mostro su prudencia, valor, valentia, sufrimiento, firmeça y amor, fue quando se retiró, desdeñado 25 de la señora Oriana, a hazer penitencia en la Peña Pobre, mudado (*) su nombre en el de Beltenebros, nombre por cierto significatiuo y proprio (*) para la vida que el de su voluntad auia escogido. Ansi (*) que me es a mi 30 mas facil imitarle en esto que no en hender gigantes, descabeçar serpientes, matar endriagos,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 353 desbaratar exercitos, fracasar armadas y deshazer encantamentos. Y pues estos lugares son tan acomodados para semejantes efectos (*), no ay para que se dexe passar la ocasion, que aora con tanta comodidad me ofrece 5 sus guedejas.” “En efecto” (*), dixo Sancho, “¿qué es lo que vuestra merced quiere hazer en este tan remoto lugar?” “¿Ya no te he dicho”, respondio don Quixote, 10 “que quiero imitar a Amadis haziendo aqui del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Roldan, quando halló en vna fuente las señales de que Angelica la Bella auia cometido vileza con Medoro 15 (*), de cuya pesadumbre se boluio loco, y arrancó los arboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó choças, derribó casas, arrastró yeguas, y hizo otras cien mil insolencias dignas 20 de eterno nombre y escritura? Y, puesto que yo no pienso imitar a Roldan, o Orlando, o Rotolando --que todos estos tres nombres tenia--, parte por parte en todas las locuras que hizo, dixo y penso, hare el bosquexo como mejor 25 pudiere en las que me pareciere ser mas essenciales; y podra ser que viniesse a contentarme con sola la imitacion de Amadis, que sin hazer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcançó tanta fama como el que mas.” 30 “Pareceme a mi”, dixo Sancho, “que los caualleros que lo tal fizieron fueron prouocados
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 354 y tuuieron causa para hazer essas necedades y penitencias. Pero vuestra merced, ¿qué causa tiene para boluerse loco, qué dama le ha desdeñado, o qué señales ha hallado que le den a entender que la señora Dulzinea del 5 Toboso ha hecho alguna niñeria con moro o christiano?” “Ahi está el punto”, respondio don Quixote, “y essa es la fineza de mi negocio. Que boluerse loco vn cauallero andante con causa, ni 10 grado ni gracias; el toque está (*) desatinar sin ocasion, y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, ¿qué hiziera en mojado? Quanto mas, que harta ocasion tengo en la larga ausencia que he hecho de la siempre señora mia 15 Dulzinea del Toboso, que, como ya oyste dezir a aquel pastor de marras (*), Ambrosio: «quien »está ausente, todos los males tiene y teme». Assi que, Sancho amigo, no gastes tiempo en aconsejarme que dexe tan rara, tan felize y 20 tan no vista imitacion. Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tu bueluas con la respuesta de vna carta que contigo pienso embiar a mi señora Dulzinea; y si fuere tal qual a mi fe se le deue, acabarse a mi sandez y mi penitencia; 25 y si fuere al contrario, sere loco de veras, y siendolo, no sentire nada. Ansi (*) que, de qualquiera manera que responda, saldre del conflito y trabajo en que me dexares: gozando el bien que me truxeres, por cuerdo, o no sintiendo el 30 mal que me aportares, por loco. Pero dime, Sancho, ¿traes bien guardado el yelmo de
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 355 Mambrino? Que ya vi que le alçaste del suelo quando aquel desagradecido le quiso hazer pedazos; pero no pudo, donde se puede echar de ver la fineza de su temple.” A lo qual respondio Sancho: 5 “¡Viue Dios, señor Cauallero de la Triste Figura, que no puedo sufrir ni lleuar en paciencia algunas cosas que vuestra merced dize!; y que por ellas vengo a imaginar que todo quanto me dize de cauallerias y de alcançar reynos 10 e imperios, de dar insulas y de hazer otras mercedes y grandezas, como es vso de caualleros andantes, que todo deue de ser cosa de viento y mentira, y todo pastraña, o patraña, o como lo llamaremos. Porque quien oyere dezir 15 a vuestra merced que vna bazia de barbero es el yelmo de Mambrino, y que no salga de este error en mas de quatro dias, ¿qué ha de pensar sino que quien tal dize y afirma deue de tener guero el juyzio? La bazia yo la lleuo en el 20 costal toda abollada, y lleuola para adereçarla en mi casa y hazerme la barba en ella, si Dios me diere tanta gracia que algun dia me vea con mi muger y hijos.” “Mira, Sancho, por el mismo (*) que denantes 25 juraste, te juro”, dixo don Quixote, “que tienes el mas corto entendimiento que tiene ni tuuo escudero en el mundo. ¿Que es possible que en quanto ha que andas conmigo no has echado de ver que todas las cosas de los caualleros 30 andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al reues? Y no
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 356 porque sea ello ansi (*), sino porque andan entre nosotros siempre vna caterua de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y les (*) bueluen segun su gusto y segun tienen la gana de fauorecernos o destruyrnos, y assi, 5 esso que a ti te parece bazia de barbero me parece a mi el yelmo de Mambrino, y a otro le parecera otra cosa. Y fue rara prouidencia del sabio que es de mi parte hazer que parezca bazia a todos lo que real y verdaderamente es 10 yelmo de Mambrino, a causa que, siendo el de tanta estima, todo el mundo me perseguira (*) por quitarmele, pero como ven que no es mas de vn bazin de barbero, no se curan de procuralle, como se mostro bien en el que quiso rompelle 15 y le dexó en el suelo sin lleuarle; que a fe que si le conociera, que nunca el le dexara. Guardale, amigo, que por aora no le he menester; que antes me tengo de quitar todas estas armas y quedar desnudo como quando 20 naci, si es que me da en voluntad de seguir en mi penitencia mas a Roldan que a Amadis (*).” Llegaron en estas platicas al pie de vna alta montaña, que casi como peñon tajado estaua sola entre otras muchas que la rodeauan. Corria 25 por su falda vn manso arroyuelo, y haziase por toda (*) su redondez vn prado tan verde y vicioso, que daua contento a los ojos que le mirauan (*). Auia por alli muchos arboles siluestres, y algunas plantas y flores que hazian 30 el lugar apazible. Este sitio escogio el cauallero de la Triste Figura para hazer su penitencia, y
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 357 assi, en viendole, començo a dezir en voz alta, como si estuuiera sin juyzio: “Este es el lugar, ¡o, cielos!, que diputo y escojo para llorar la desuentura en que vosotros mesmos (*) me aueys puesto. Este es el sitio 5 donde el humor de mis ojos acrecentará las aguas deste pequeño arroyo, y mis continos (*) y profundos sospiros (*) moueran a la contina (*) las hojas destos montarazes arboles, en testimonio y señal de la pena que mi assendereado 10 coraçon padece. ¡O vosotros, quien quiera que seays, rusticos dioses, que en este inhabitable lugar teneys vuestra morada: oyd las quexas deste desdichado amante, a quien vna luenga ausencia y vnos ymaginados zelos han traydo 15 a lamentarse entre estas hasperezas, y a quexarse de la dura condicion de aquella ingrata y bella, termino y fin de toda humana hermosura! ¡O vosotras, napeas y driadas, que teneys por costumbre de habitar en las espessuras de 20 los montes, assi los ligeros y lasciuos satiros, de quien soys, aunque en vano, amadas (*), no perturben jamas vuestro dulce sossiego, que me ayudeys a lamentar mi desuentura, o, a lo menos, no os canseys de oylla! ¡O Dulzinea 25 del Toboso, dia de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura, assi el cielo te la de buena en quanto acertares a pedirle, que consideres el lugar y el estado a que tu ausencia me ha conduzido, 30 y que con buen termino correspondas al que a mi fe se le deue! ¡O solitarios arboles, que (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 358 desde oy en adelante aueys de hazer compañia a mi soledad: dad indicio, con el blando mouimiento de vuestras ramas, que no os desagrade mi presencia! ¡O tu, escudero mio, agradable compañero en mas (*) prosperos y 5 aduersos sucessos, toma bien en la memoria lo que aqui me veras hazer, para que lo cuentes y recites (*) a la causa total de todo ello!” Y diziendo esto, se apeó de Rozinante, y en vn momento le quitó el freno y la silla, y, 10 dandole vna palmada en las ancas, le dixo: “Libertad te da el que sin ella queda, ¡o cauallo tan estremado por tus obras quan desdichado por tu suerte! Vete por do quisieres; que en la frente lleuas escrito que no te ygualó en 15 ligereza el Hipogrifo de Astolfo, ni el nombrado Frontino, que tan caro le costo a Bradamante (*).” Viendo esto Sancho, dixo: “Bien aya quien nos quitó aora del trabajo 20 de desenalbardar al ruzio (*); que a fe que no faltaran palmadicas que dalle ni cosas que dezille en su alabança; pero si el aqui estuuiera, no consintiera yo que nadie le desalbardara, pues no auia para qué; que a el no le 25 tocauan las generales de enamorado ni de desesperado, pues no lo estaua su amo, que era yo, quando Dios queria. Y, en verdad, señor Cauallero de la Triste Figura, que si es que mi partida y su locura de vuestra merced va 30 de veras, que sera bien tornar a ensillar a Rozinante para que supla la falta del ruzio,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 359 porque sera ahorrar tiempo a mi yda y buelta; que si la hago a pie, no se quando llegaré ni quando boluere, porque, en resolucion, soy mal caminante.” “Digo, Sancho”, respondio don Quixote, “que 5 sea como tu quisieres, que no me parece mal tu designio; y digo que de aqui a tres dias te partiras, porque quiero que en este tiempo veas lo que por ella hago y digo, para que se lo digas.” 10 “Pues ¿qué mas tengo de ver”, dixo Sancho, “que lo que he visto?” “Bien estás en el cuento”, respondio don Quixote; “ahora me falta rasgar las vestiduras, esparzir las armas, y darme de calabaçadas 15 por estas peñas, con otras cosas deste jaez, que te han de admirar.” “¡Por amor de Dios!”, dixo Sancho, “que mire vuestra merced cómo se da essas calabaçadas; que a tal peña podra llegar, y en tal 20 punto, que con la primera se acabasse la maquina desta penitencia; y seria yo de parecer que, ya que a vuestra merced le parece que son aqui necessarias calabaçadas y que no se puede hazer esta obra sin ellas, se contentasse, 25 pues todo esto es fingido y cosa contrahecha y de burla, se contentase, digo, con darselas en el agua, o en alguna cosa blanda, como algodon, y dexeme a mi el cargo, que yo dire a mi señora que vuestra merced se las 30 daua en vna punta de peña mas dura que la de vn diamante.”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 360 “Yo agradezco tu buena intencion, amigo Sancho”, respondio don Quixote; “mas quierote hazer sabidor de que todas estas cosas que hago no son de burlas, sino muy de veras; porque de otra manera, seria contrauenir a las 5 ordenes de caualleria, que nos mandan que no digamos mentira alguna, pena de relasos, y el hazer vna cosa por otra, lo mesmo (*) es que mentir. Ansi (*) que mis calabaçadas han de ser verdaderas, firmes y valederas, 10 sin que lleuen nada del sofistico ni del fantastico. Y sera necessario que me dexes algunas hilas para curarme, pues que la ventura quiso que nos faltasse el balsamo que perdimos.” 15 “Mas fue perder el asno”, respondio Sancho, “pues se perdieron en el las hilas y todo (*), y ruegole a vuestra merced que no se acuerde mas de aquel maldito breuage, que en solo oyrle mentar se me rebuelue el alma, no 20 que (*) el estomago. Y mas le ruego, que haga cuenta que son ya passados los tres dias que me ha dado de termino para ver las locuras que haze, que ya las doy por vistas y por passadas, en cosa juzgada, y dire marauillas a mi 25 señora; y escriua la carta y despacheme luego, porque tengo gran desseo de boluer a sacar a vuestra merced deste purgatorio donde le dexo.” “¿Purgatorio le llamas, Sancho?”, dixo don 30 Quixote; “mejor hizieras de llamarle infierno, y aun peor, si ay otra cosa que lo sea.”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 361 “Quien ha infierno”, respondio Sancho (*), “nula es retencio (*), segun he oydo dezir.” “No entiendo qué quiere dezir retencio”, dixo don Quixote. “Retencio es”, respondio Sancho, “que 5 quien está en el infierno nunca sale del, ni puede. Lo qual sera al reues en vuestra merced, o a mi me andaran mal los pies, si es que lleuo espuelas para auiuar a Rozinante; y pongame yo vna por vna en el Toboso y delante 10 de mi señora Dulzinea; que yo le dire tales cosas de las necedades y locuras, que todo es vno, que vuestra merced ha hecho y queda haziendo, que la venga a poner mas blanda que vn guante, aunque la halle mas dura que 15 vn alcornoque; con cuya respuesta, dulze y melificada, boluere por los ayres como bruxo, y sacaré a vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues ay esperança de salir del, la qual, como tengo dicho, 20 no la tienen de salir los que estan en el infierno, ni creo que vuestra merced dira otra cosa.” “Assi es la verdad”, dixo el de la Triste Figura; “pero ¿qué haremos para escriuir la carta?” 25 “Y la librança pollinezca tambien”, añadio Sancho. “Todo yra inserto”, dixo don Quixote; “y seria bueno, ya que no ay papel, que la escriuiessemos, como hazian los antiguos, en hojas 30 de arboles o en vnas tablitas de cera; aunque tan dificultoso sera hallarse esso aora como el
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 362 papel. Mas ya me ha venido a la memoria donde sera bien, y aun mas que bien, escriuilla, que es en el librillo de memoria que fue de Cardenio, y tu tendras cuydado de hazerla trasladar en papel, de buena letra, en el 5 primer lugar que hallares donde aya maestro de escuela de muchachos, o si no, qualquiera sacristan te la trasladará, y no se la des a trasladar a ningun escriuano, que hazen letra processada, que no la entendera Satanas.” 10 “Pues ¿qué se ha de hazer de la firma?”, dixo Sancho. “Nunca las cartas de Amadis se firman” (*), respondio don Quixote. “Está bien”, respondio Sancho; “pero la 15 librança forçosamente se ha de firmar, y essa si se traslada, diran que la firma es falsa, y quedareme sin pollinos.” “La librança yra en el mesmo (*) librillo firmada, que en viendola mi sobrina, no pondra 20 dificultad en cumplilla. Y en lo que toca a la carta de amores, pondras por firma: «Vuestro »hasta la muerte, el Cauallero de la Triste »Figura.» Y hara poco al caso que vaya de mano agena, porque, a lo que yo me se acordar, Dulzinea 25 no sabe escriuir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mia, ni carta mia, porque mis amores y los suyos han sido siempre platonicos, sin estenderse a mas que a vn honesto mirar. Y aun esto tan de quando en quando, que 30 osaré jurar con verdad que en doze años que ha que la quiero mas que a la lumbre destos
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 363 ojos que han de comer la tierra, no la he visto quatro vezes, y aun podra ser que destas quatro vezes no vuiesse ella echado de ver la vna que la miraua: tal es el recato y encerramiento con que su padre (*) Lorenço Corchuelo y su 5 madre Aldonça Nogales la han criado.” “¡Ta, ta!”, dixo Sancho. “¿Que la hija de Lorenço Corchuelo es la señora Dulzinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonça Lorenço?” 10 “Essa es”, dixo don Quixote, “y es la que merece ser señora de todo el vniuerso.” “Bien la conozco”, dixo Sancho, “y se dezir que tira tan bien vna barra como el mas forçudo çagal de todo el pueblo. ¡Viue el Dador, 15 que es moça de chapa (*), hecha y derecha, y de pelo en pecho (*), y que puede sacar la barba del lodo a qualquier cauallero andante, o por andar, que la tuuiere por señora! ¡O, hideputa, qué rejo que tiene y qué voz! Se dezir que se 20 puso vn dia encima del campanario del aldea a llamar vnos çagales suyos que andauan en vn baruecho de su padre, y aunque estauan de alli mas de media legua, assi la oyeron como si estuuieran al pie de la torre; y lo 25 mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo haze mueca y donayre. Aora digo, señor Cauallero de la Triste Figura, que no solamente puede y deue vuestra merced 30 hazer locuras por ella, sino que con justo titulo puede desesperarse, y ahorcarse; que nadie
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 364 aura que lo sepa que no diga que hizo demasiado de bien, puesto que le lleue el diablo. Y querria ya verme en camino solo por vella, que ha muchos dias que no la veo, y deue de estar ya trocada, porque gasta mucho la faz de 5 las mugeres andar siempre al campo, al sol y al ayre. Y confiesso a vuestra merced vna verdad, señor don Quixote: que hasta aqui he estado en vna grande ignorancia; que pensaua bien y fielmente que la señora Dulzinea deuia 10 de ser alguna princesa de quien vuestra merced estaua enamorado, o alguna persona tal, que mereciesse los ricos presentes que vuestra merced le ha embiado, assi el del Vizcayno como el de los galeotes, y otros muchos que 15 deuen ser, segun deuen de ser muchas las vitorias que vuestra merced ha ganado y ganó en el tiempo que yo aun no era su escudero. Pero bien considerado, ¿qué se le ha de dar a la señora Aldonça Lorenço, digo, a la señora 20 Dulzinea del Toboso, de que se le vayan a hincar de rodillas delante della los vencidos que vuestra merced le embia (*) y ha de embiar? Porque podria ser que al tiempo que ellos llegassen estuuiesse ella rastrillando lino, o 25 trillando en las heras, y ellos se corriessen de verla, y ella se riesse (*) y enfadasse del presente.” “Ya te tengo dicho antes de agora (*) muchas vezes, Sancho”, dixo don Quixote, “que 30 eres muy grande hablador, y que, aunque de ingenio boto, muchas vezes despuntas de
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 365 agudo; mas para que veas quán necio eres tu y quán discreto soy yo, quiero que me oyas (*) vn breue cuento: Has de saber que vna viuda hermosa, moça, libre y rica, y, sobre todo, desenfadada, se enamoró de vn moço motilon, 5 rollizo y de buen tomo; alcançolo a saber su mayor (*), y vn dia dixo a la buena viuda, por via de fraternal reprehension: «Marauillado »estoy, señora, y no sin mucha causa, de que vna »muger tan principal, tan hermosa y tan rica 10 »como vuestra merced, se aya enamorado de »vn hombre tan soez, tan baxo y tan idiota »como Fulano, auiendo en esta casa tantos »maestros, tantos presentados y tantos teologos »en quien vuestra merced pudiera escoger, 15 »como entre peras, y dezir: este quiero, aqueste »no quiero.» Mas ella le respondio con mucho donayre y desemboltura: «Vuestra merced, »señor mio, esta muy engañado, y piensa muy a »lo antiguo, si piensa que yo he escogido mal 20 »en Fulano por idiota que le parece, pues para »lo que yo le quiero, tanta filosofia sabe y mas »que Aristoteles (*).» Assi que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulzinea del Toboso, tanto vale como la mas alta princesa de la tierra. Si, 25 que no todos los poetas que alaban (*) damas debaxo de vn nombre que ellos a su aluedrio les ponen, es verdad que las tienen (*). ¿Piensas tu que las Amariles (*), las Filis (*), las Siluias, las Dianas, las Galateas, las Filidas 30 (*) y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 366 teatros de las comedias, estan llenos, fueron verdaderamente damas de carne y huesso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las mas se las fingen por dar subjeto (*) a sus versos, y porque los tengan 5 por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. Y assi, bastame a mi pensar y creer que la buena de Aldonça Lorenço es hermosa y honesta; y, en lo del linage, importa poco, que no han de yr a hazer la informacion 10 del para darle algun abito, y yo me hago cuenta que es la mas alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar mas que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, 15 y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulzinea, porque en ser hermosa ninguna le yguala, y en la buena fama pocas le llegan. Y para concluyr con todo, yo imagino que todo lo que digo es assi, sin que sobre ni falte 20 nada; y pintola en mi imaginacion como la desseo, assi en la belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcança Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mugeres de las edades preteritas, griega, barbara o latina. 25 Y diga cada vno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no sere castigado de los rigurosos.” “Digo que en todo tiene vuestra merced razon”, respondio Sancho, “y que yo soy (*) vn 30 asno; mas no se yo para qué nombro asno en mi boca, pues no se ha de mentar la soga en
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 367 casa del ahorcado. Pero venga la carta, y a Dios, que me mudo.” Sacó el libro de memoria don Quixote, y, apartandose a vna parte, con mucho sossiego començo a escriuir la carta, y, en acabandola, 5 llamó a Sancho y le dixo que se la queria leer porque la tomasse de memoria, si acaso se le perdiesse por el camino, porque de su desdicha todo se podia temer. A lo qual respondio Sancho: 10 “Escriuala vuestra merced dos o tres vezes ahi en el libro, y demele, que yo le lleuaré bien guardado; porque pensar que yo la he de tomar en la memoria es disparate, que la tengo tan mala, que muchas vezes se me oluida 15 cómo me llamo. Pero, con todo esso, digamela vuestra merced, que (*) me holgaré mucho de oylla, que deue de yr como de molde.” “Escucha, que assi dize”, dixo don Quixote: CARTA DE DON QVIXOTE 20 A DVLZINEA DEL TOBOSO “Soberana y alta señora: ”El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del coraçon, dulcissima Dulzinea del Toboso, te embia la salud que el no 25 tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 368 mal podre sostenerme en esta cuyta, que, ademas de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dara entera relacion, ¡o bella ingrata, amada enemiga mia!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de 5 acorrerme, tuyo soy, y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida aure satisfecho a tu crueldad y a mi desseo. ”Tuyo hasta la muerte, ”El Cauallero de la Triste Figura.” 10 “¡Por vida de mi padre”, dixo Sancho en oyendo la carta, “que es la mas alta cosa que jamas he oydo! ¡Pesia a mi, y cómo que le dize vuestra merced ahi todo quanto quiere, y qué bien que encaxa en la firma el Cauallero de la 15 Triste Figura! Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo (*) diablo, y que no ay cosa que no sepa.” “Todo es menester”, respondio don Quixote, “para el oficio que trayo (*).” 20 “Ea, pues”, dixo Sancho, “ponga vuestra merced en essotra buelta la cedula de los tres pollinos, y firmela con mucha claridad, porque la conozcan en viendola.” “Que me plaze”, dixo don Quixote. 25 Y, auiendola escrito, se la leyo, que dezia ansi (*): “Mandará vuestra merced, por esta primera de pollinos, señora sobrina, dar a Sancho Pança, mi escudero, tres de los cinco que dexé 30
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 369 en casa y estan a cargo de vuestra merced. Los quales tres pollinos se los mando librar y pagar (*) por otros tantos aqui recebidos de contado; que con esta (*), y con su carta de pago seran bien dados. Fecha en las entrañas 5 de Sierra Morena, a veynte y dos (*) de agosto deste presente año.” “Buena está”, dixo Sancho; “firmela vuestra merced.” “No es menester firmarla”, dixo don 10 Quixote, “sino solamente poner mi rubrica, que es lo mesmo (*) que firma, y para tres asnos, y aun para trezientos, fuera bastante.” “Yo me confio de vuestra merced”, respondio Sancho; “dexeme, yre a ensillar a Rozinante, 15 y aparejese vuestra merced a echarme (*) su bendicion, que luego pienso partirme, sin ver las sandezes que vuestra merced ha de hazer, que yo dire que le vi hazer tantas, que no quiera mas.” 20 “Por lo menos quiero, Sancho, y porque es menester ansi (*), quiero, digo (*), que me veas en cueros y hazer vna o dos dozenas de locuras, que las hare en menos de media hora, porque auiendolas tu visto por tus ojos, puedas 25 jurar a tu saluo en las demas que quisieres añadir; y assegurote que no diras tu tantas quantas yo pienso hazer.” “¡Por amor de Dios, señor mio, que no vea yo en cueros a vuestra merced, que me dara 30 mucha lastima y no podre dexar de llorar!; y tengo tal la cabeça del llanto que anoche (*)
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 370 hize por el ruzio, que no estoy para meterme en nueuos lloros; y si es que vuestra merced gusta de que yo vea algunas locuras, hagalas vestido, breues y las que le vinieren mas a cuento. Quanto mas que para mi no era 5 menester nada desso, y, como ya tengo dicho, fuera ahorrar el camino de mi buelta, que ha de ser con las nueuas que vuestra merced dessea y merece. Y si no, aparejese la señora Dulzinea; que si no responde como es razon, 10 voto hago solene a quien puedo que le tengo de sacar la buena respuesta del estomago a cozes y a vofetones. Porque, ¿dónde se ha de sufrir que vn cauallero andante, tan famoso como vuestra merced, se buelua loco, sin qué 15 ni para qué, por vna...? No me lo haga dezir la señora, porque por Dios que despotrique y lo eche todo a doze, aunque nunca se venda (*). ¡Bonico soy yo para esso! ¡Mal me conoce, pues a fe que si me conociesse, que me ayunasse!” 20 “A fe (*), Sancho”, dixo don Quixote, “que, a lo que parece, que no estas tu mas cuerdo que yo.” “No estoy tan loco”, respondio Sancho, “mas estoy mas colerico. Pero dexando esto aparte, 25 ¿qué es lo que ha de comer vuestra merced en tanto que yo bueluo? ¿Ha de salir al camino, como Cardenio, a quitarselo a los pastores?” “No te de pena esse cuydado”, respondio don Quixote, “porque, aunque tuuiera, no 30 comiera otra cosa que las yeruas y frutos que este prado y estos arboles me dieren; que la
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXV p. 371 fineza de mi negocio está en no comer y en hazer otras asperezas equiualentes.” “A Dios (*), pues”, [dixo Sancho]. “Pero ¿sabe vuestra merced que (*) temo que no tengo de acertar a boluer a este lugar donde agora (*) le 5 dexo, segun está de (*) escondido?” “Toma bien las señas, que yo procuraré no apartarme destos contornos”, dixo don Quixote, “y aun tendre cuydado de subirme por estos mas altos riscos, por ver si te descubro 10 quando bueluas. Quanto mas que lo mas acertado sera, para que no me yerres y te pierdas, que cortes algunas retamas de las muchas que por aqui ay, y las vayas poniendo de trecho a trecho hasta salir a lo raso, las quales te 15 seruiran de mojones y señales para que me halles quando bueluas, a imitacion del hilo del laberinto de Perseo (*).” “Assi lo hare”, respondio Sancho Pança; y cortando algunos (*) pidio la bendicion a su 20 señor, y, no sin muchas lagrimas de entrambos, se despidio del. Y, subiendo sobre Rozinante, a quien don Quixote encomendo mucho, y que mirasse por el como por su propria (*) persona, se puso en camino del llano, esparziendo de 25 trecho a trecho los ramos de la retama, como su amo se lo auia aconsejado. Y assi se fue, aunque todauia le importunaua don Quixote que le viesse siquiera hazer dos locuras. Mas no vuo andado cien passos, quando boluio 30 y dixo: “Digo, señor, que vuestra merced ha dicho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 372 muy bien: que para que pueda jurar sin cargo de conciencia que le he visto hazer locuras, sera bien que vea siquiera vna, aunque bien grande la he visto en la quedada de vuestra merced.” 5 “¿No te lo dezia yo?”, dixo don Quixote: “¡Esperate, Sancho, que en vn credo las hare!” Y, desnudandose con toda priessa los calçones, quedó en carnes y en pañales, y luego, sin mas ni mas, dio dos çapatetas en el ayre y dos 10 tumbas la cabeça abaxo y los pies en alto, descubriendo cosas, que, por no verlas otra vez, boluio Sancho la rienda a Rozinante, y se dio por contento y satisfecho de que podia jurar que su amo quedaua loco. Y assi, le dexaremos 15 yr su camino hasta la buelta, que fue breue.
p. 373 Capitulo XXVI Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo don Quixote en Sierra Morena. Y, boluiendo a contar lo que hizo el de la Triste Figura despues que se vio solo, dize la 5 historia que assi como don Quixote acabó de dar las tumbas o bueltas de medio abaxo desnudo, y de medio arriba vestido, y que vio que Sancho se auia ydo sin querer aguardar a ver mas sandezes, se subio sobre vna punta de vna 10 alta peña, y alli tornó a pensar lo que otras muchas vezes auia pensado, sin auerse jamas resuelto en ello, y era que quál seria mejor y le estaria mas a cuento: imitar a Roldan en las locuras desaforadas que hizo, o Amadis (*) en 15 las malenconicas (*); y, hablando entre si mesmo (*), dezia: “Si Roldan fue tan buen cauallero y tan valiente como todos dizen, ¿qué marauilla?, pues al fin era encantado, y no le podia matar nadie si no era metiendole vn alfiler de 20 a blanca por la punta del pie, y el trahia siempre los çapatos con siete suelas de hierro, aunque no le valieron tretas contra (*) Bernardo del Carpio, que se las entendio y le ahogó entre los braços en Ronzesvalles (*). Pero 25 dexando en el lo de la valentia a vna parte, vengamos a lo de perder el juyzio, que es cierto que le perdio por las señales que halló en la [fontana] (*), y por las nueuas que le dio el pastor de que Angelica auia dormido mas de dos 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 374 siestas con Medoro, vn morillo de cabellos enrriçados y paje de Agramante. Y si el entendio que esto era verdad y que su dama le auia cometido desaguissado, no hizo mucho en boluerse loco. Pero yo, ¿cómo puedo imitalle 5 (*) en las locuras, si no le imito en la ocasion dellas?, porque mi Dulzinea del Toboso ossaré yo jurar que no ha visto en todos los dias de su vida moro alguno, ansi (*) como el es, en su mismo traje, y que se está oy como la 10 madre que la pario (*); y hariale agrauio manifiesto si, imaginando otra cosa della, me boluiesse loco de aquel genero de locura de Roldan el furioso. ”Por otra parte, veo que Amadis de Gaula, 15 sin perder el juyzio y sin hazer locuras, alcançó tanta fama de enamorado como el que mas, porque lo que hizo, segun su historia, no fue mas de que (*), por verse desdeñado de su señora Oriana, que le auia mandado que no 20 pareciesse ante su presencia hasta que fuesse su voluntad, de que (*) se retiró a la Peña Pobre en compañia de vn ermitaño, y alli se hartó de llorar y de encomendarse a Dios (*), hasta que el cielo le acorrio en medio de 25 su mayor cuyta y necessidad. Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar trabajo agora (*) de desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos arboles, que no me han hecho mal alguno, ni tengo para qué enturbiar 30 el agua clara destos arroyos, los quales me han de dar de beuer quando tenga gana? Viua
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 375 la memoria de Amadis, y sea imitado de don Quixote de la Mancha en todo lo que pudiere; del qual se dira lo que del otro se dixo, que si no acabó grandes cosas, murio por acometellas (*); y si yo no soy desechado ni desdeñado 5 de Dulzinea del Toboso (*), bastame, como ya he dicho, estar ausente della. ¡Ea, pues, manos a la obra! Venid a mi memoria, cosas de Amadis, y enseñadme por dónde tengo de començar a imitaros; mas ya se que lo mas que el 10 hizo fue rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué hare de rosario, que no le tengo?” En esto le vino al pensamiento cómo le haria, y fue que rasgó vna gran tira de las faldas de la camisa, que andauan colgando, y diole 15 honze ñudos, el vno mas gordo que los demas, y esto le siruio de rosario el tiempo que alli estuuo, donde rezó vn millon de Aue Marias (*). Y lo que le fatigaua mucho era no hallar por alli otro ermitaño que le confessasse y con 20 quien consolarse. Y, assi, se entretenia passeandose por el pradezillo, escriuiendo y grauando por las cortezas de los arboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabança de 25 Dulzinea. Mas los que se pudieron hallar enteros, y que se pudiessen leer despues que a el alli le hallaron, no fueron mas que estos que aqui se siguen: Arboles, yeruas y plantas 30 que en aqueste sitio estays, tan altos (*), verdes y tantas:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 376 si de mi mal no os holgays, escuchad mis quexas santas. Mi dolor no os alborote, aunque mas terrible sea, pues, por pagaros escote, 5 aqui lloró don Quixote ausencias de Dulzinea del Toboso. Es aqui el lugar adonde el amador mas leal 10 de su señora se esconde, y ha venido a tanto mal sin saber cómo o por dónde. Traele amor al estricote, que es de muy mala ralea, 15 y assi, hasta henchir vn pipote, aqui lloró don Quixote ausencias de Dulzinea del Toboso. Buscando las auenturas 20 por entre las duras peñas, maldiziendo entrañas duras, que entre riscos y entre breñas halla el triste desuenturas, hiriole amor con su açote, 25 no con su blanda correa, y en tocandole el (*) cogote, aqui lloró don Quixote ausencias de Dulzinea del Toboso. 30 No causó poca risa en los que hallaron los versos referidos el añadidura del Toboso al nombre de Dulzinea, porque imaginaron que deuio de imaginar don Quixote que si en nombrando a Dulzinea no dezia tambien del (*) 35 Toboso, no se podria entender la copla, y assi fue la verdad, como el despues confesso. Otros
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 377 muchos escriuio, pero, como se ha dicho, no se pudieron sacar en limpio, ni enteros, mas destas tres coplas. En esto, y en suspirar, y en llamar a los faunos y siluanos de aquellos bosques, a las ninfas de los rios, a la dolorosa y 5 vmida Eco, que le respondiesse (*), consolassen y escuchassen, se entretenia, y en buscar algunas yeruas con que sustentarse en tanto que Sancho boluia; que si como tardó tres dias, tardara tres semanas, el Cauallero de la Triste 10 Figura quedara tan desfigurado, que no le (*) conociera la madre que lo pario. Y sera bien dexalle embuelto entre sus suspiros (*) y versos, por contar lo que le auino a Sancho Pança en su mandaderia. Y fue que, 15 en saliendo al camino real, se puso en busca del del Toboso, y otro dia llegó a la venta donde le auia sucedido la desgracia de la manta; y no la vuo bien visto, quando le parecio que otra vez andaua en los ayres, y no quiso entrar 20 dentro, aunque llegó a hora que lo pudiera y deuiera hazer, por ser la del comer y lleuar en desseo de gustar algo caliente, que auia grandes dias que todo era fiambre. Esta necessidad le forço a que llegasse junto a la venta, todauia 25 dudoso si entraria o no. Y estando en esto, salieron de la venta dos personas que luego le conocieron, y dixo el vno al otro: “Digame, señor licenciado, aquel del cauallo, ¿no es Sancho Pança, el que dixo el 30 ama de nuestro auenturero que auia salido con su señor por escudero?”
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 378 “Si es”, dixo el licenciado; “y aquel es el cauallo de nuestro don Quixote.” Y conocieronle tan bien (*) como aquellos que (*) eran el cura y el barbero de su mismo lugar, y los que hizieron el escrutinio y acto (*) 5 general de los libros. Los quales, assi como acabaron de conocer a Sancho Pança y a Rozinante, desseosos de saber de don Quixote, se fueron a el, y el cura le llamó por su nombre, diziendole: 10 “Amigo Sancho Pança, ¿adónde queda vuestro amo?” Conociolos luego Sancho Pança, y determinó de encubrir el lugar y la suerte dónde y cómo su amo quedaua; y assi, les respondio 15 que su amo quedaua ocupado en cierta parte y en cierta cosa que le era de mucha importancia, la qual el (*) no podia descubrir, por los ojos que en la cara tenia. “No, no”, dixo el barbero, “Sancho Pança, 20 si vos no nos dezis donde queda, imaginaremos, como ya imaginamos, que vos le aueys muerto y robado, pues venis encima de su cauallo; en verdad que nos aueys de dar el dueño del rozin, o sobre esso, morena.” 25 “No ay para qué conmigo amenazas, que yo no soy hombre que robo ni mato a nadie: a cada vno mate su ventura, o Dios, que le hizo. Mi amo queda haziendo penitencia en la mitad desta montaña, muy a su sabor.” 30 Y luego, de corrida y sin parar, les conto de la suerte que quedaua, las auenturas que le
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 379 auian sucedido, y como lleuaua la carta a la señora Dulzinea del Toboso, que era la hija de Lorenço Corchuelo, de quien estaua enamorado hasta los higados. Quedaron admirados los dos de lo que Sancho Pança les contaua, y 5 aunque ya sabian la locura de don Quixote y el genero della, siempre que la oyan se admirauan de nueuo. Pidieron(do)le a Sancho Pança que les enseñasse la carta que lleuaua a la señora Dulzinea del Toboso; el dixo que yua 10 escrita en vn libro de memoria, y que era orden de su señor que la hiziesse trasladar en papel en el primer lugar que llegasse (*); a lo qual dixo el cura que se la mostrasse, que el la trasladaria de muy buena letra. Metio la 15 mano en el seno Sancho Pança buscando el librillo, pero no le halló, ni le podia hallar si le buscara hasta agora (*), porque se auia quedado don Quixote con el, y no se le auia dado, ni a el se le acordo de pedirsele. 20 Quando Sancho vio que no hallaua el libro, fue(s)sele parando mortal el rostro, y, tornandose a tentar todo el cuerpo muy apriessa, tornó a echar de ver que no le hallaua, y, sin mas ni mas, se hechó entrambos puños a las barbas y 25 se arrancó la mitad de ellas, y luego, apriessa y sin cessar, se dio media dozena de puñadas en el rostro y en las narizes, que se las bañó todas en sangre. Visto lo qual por el cura y el barbero, le dixeron que qué le auia sucedido, 30 que tan mal se paraua. “¿Qué me ha de suceder?”, respondio Sancho,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 380 “sino el auer perdido de vna mano a otra, en vn estante (*), tres pollinos, que cada vno era como vn castillo.” “¿Cómo es esso?”, replicó el barbero. “He perdido el libro de memoria”, respondio 5 Sancho, “donde venia carta (*) para Dulzinea y vna cedula firmada de su (*) señor, por la qual mandaua que su sobrina me diesse tres pollinos, de quatro o cinco que estauan en casa.” 10 Y con esto les conto la perdida del ruzio. Consolole el cura, y dixole que en hallando a su señor el le haria reualidar la manda, y que tornasse a hazer la librança en papel, como era vso y costumbre, porque las que se hazian en 15 libros de memoria jamas se acetauan ni cumplian. Con esto se consolo Sancho, y dixo que como aquello fuesse ansi (*), que no le daua mucha pena la perdida de la carta de Dulzinea, porque el la sabia casi de memoria, de la qual 20 se podria trasladar donde y quando quisiessen. “Dezildo (*), Sancho, pues”, dixo el barbero; “que despues la trasladaremos (*).” Parose Sancho Pança a rascar la cabeça para traer a la memoria la carta, y ya se ponia 25 sobre vn pie y ya sobre otro; vnas vezes miraua al suelo, otras al cielo, y al cabo (*) de auerse roydo la mitad de la yema de vn dedo, teniendo suspensos a los que esperauan que ya la dixesse, dixo al cabo de (*) 30 grandissimo rato: “¡Por Dios, señor licenciado, que los diablos
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 381 (*) lleuen la cosa que de la carta se me acuerda!; aunque en el principio dezia: «Alta y »sobajada señora».” “No diria” (*), dixo el barbero, “sobajada, sino sobrehumana o soberana señora.” 5 “Assi es”, dixo Sancho; “luego, si mal no me acuerdo, proseguia... si mal no me acuerdo: «el llego (*), y falto de sueño, y el ferido besa »a vuestra merced las manos, ingrata y muy »desconocida hermosa»; y no se qué dezia de 10 salud y de enfermedad, que le embiaua, y por aqui yua escurriendo hasta que acabaua en «Vuestro hasta la muerte, el Cauallero de la »Triste Figura».” No poco gustaron los dos de ver la buena 15 memoria de Sancho Pança, y alabaronsela mucho, y le pidieron que dixesse la carta otras dos vezes, para que ellos ansi mesmo (*) la tomassen de memoria para trasladalla a su tiempo. Tornola a dezir Sancho otras tres vezes, y 20 otras tantas boluio a dezir otros tres mil disparates. Tras esto, conto assi mesmo (*) las cosas de su amo, pero no habló palabra acerca del manteamiento que le auia sucedido en aquella venta, en la qual rehusaua entrar. Dixo 25 tambien como su señor, en trayendo que le truxesse buen despacho de la señora Dulzinea del Toboso, se auia de poner en camino a procurar como ser emperador, o por lo menos monarca, que assi lo tenian concertado entre 30 los dos; y era cosa muy facil venir a serlo, segun era el valor de su persona y la fuerça de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 382 su braço; y que, en siendolo (*), le auia de casar a el, porque ya seria viudo, que no podia ser menos; y le auia de dar por muger a vna donzella de la emperatriz, heredera de vn rico y grande estado, de tierra firme, sin insulos ni 5 insulas, que ya no las queria. Dezia esto Sancho con tanto reposo, limpiandose de quando en quando las narizes, y con tan poco juyzio, que los dos se admiraron de nueuo, considerando quán vehemente auia 10 sido la locura de don Quixote, pues auia lleuado tras si el juyzio de aquel pobre hombre. No quisieron cansarse en sacarle del error en que estaua, pareciendoles que, pues no le dañaua nada la conciencia, mejor era dexarle en el, y 15 a ellos les seria de mas gusto oyr sus necedades. Y assi, le dixeron que rogasse a Dios por la salud de su señor; que cosa contingente y muy agible era venir con el discurso del tiempo a ser emperador, como el dezia, o por lo 20 menos arçobispo, o otra dignidad equiualente. A lo qual respondio Sancho: “Señores: si la fortuna rodeasse las cosas de manera que a mi amo le viniesse en voluntad de no ser emperador, sino de ser arçobispo, 25 querria yo saber agora (*) qué suelen dar los arçobispos andantes a sus escuderos.” “Suelenles dar”, respondio el cura, “algun beneficio simple o curado, o alguna sacristania, que les vale mucho de renta rentada (*), 30 amen del pie de altar, que se suele estimar en otro tanto.”
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVI p. 383 “Para esso sera menester”, replicó Sancho, “que el escudero no sea casado, y que sepa ayudar a missa, por lo menos; y si esto es assi, ¡desdichado de yo, que soy casado y no se la primera letra del A B C! ¿Qué sera de mi si a 5 mi amo le da antojo de ser arçobispo, y no emperador, como es vso y costumbre de los caualleros andantes?” “No tengays pena, Sancho amigo”, dixo el barbero; “que aqui rogaremos a vuestro amo, 10 y se lo aconsejaremos, y aun se lo pondremos en caso de conciencia, que sea emperador y no arçobispo, porque le sera mas facil, a causa de que el es mas valiente que estudiante.” “Assi me ha parecido a mi”, respondio 15 Sancho; “aunque se dezir que para todo tiene abilidad. Lo que yo pienso hazer de mi parte es rogarle a nuestro Señor que le eche a aquellas partes donde el mas se sirua, y adonde a mi mas mercedes me haga.” 20 “Vos lo dezis como discreto”, dixo el cura, “y lo hareys como buen christiano. Mas lo que aora se ha de hazer es dar orden como sacar a vuestro amo de aquella inutil penitencia que dezis que queda haziendo; y para pensar el 25 modo que hemos de tener, y para comer, que ya es hora, sera bien nos entremos en esta venta.” Sancho dixo que entrassen ellos, que el esperaria alli fuera, y que despues les diria la 30 causa porque no entraua, ni le conuenia entrar en ella; mas que les rogaua que le sacassen
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 384 alli algo de comer que fuesse cosa caliente, y, ansi (*) mismo, ceuada para Rozinante. Ellos se entraron y le dexaron, y de alli a poco el barbero le sacó de comer. Despues, auiendo bien pensado entre los dos el modo que tendrian 5 para conseguir lo que desseauan, vino el cura en vn pensamiento muy acomodado al gusto de don Quixote y para lo que ellos querian. Y fue que dixo al barbero que lo que auia pensado era: que el se vestiria en habito de donzella 10 andante, y que el procurasse ponerse lo mejor que pudiesse como escudero, y que assi yrian adonde don Quixote estaua, fingiendo ser ella vna donzella afligida y menesterosa, y le pediria vn don, el qual el no podria 15 dexarsele de otorgar como valeroso cauallero andante; y que el don que le pensaua pedir era que se viniesse con ella, donde ella le lleuasse, a desfazelle vn agrauio que vn mal cauallero le tenia fecho, y que le suplicaua ansi 20 mesmo (*) que no la mandasse quitar su antifaz, ni la demandasse cosa de su fazienda, fasta que la vuiesse fecho derecho de aquel mal cauallero, y que creyesse, sin duda, que don Quixote vendria en todo quanto le pidiesse por 25 este termino, y que desta manera le sacarian de alli y le lleuarian a su lugar, donde procurarian ver si tenia algun remedio su estraña locura.
p. 385 Capitulo XXVII De como salieron con su intencion el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia. No le parecio mal al barbero la inuencion 5 del cura, sino tambien (*), que luego la pusieron por obra. Pidieronle a la ventera vna saya y vnas tocas, dexandole en prendas vna sotana nueua del cura. El barbero hizo vna gran barba de vna cola ruzia o roxa de buey, donde el 10 ventero tenia colgado el peyne. Preguntoles (*) la ventera que para qué le pedian aquellas cosas. El cura le conto en breues razones la locura de don Quixote, y como conuenia aquel disfraz para sacarle de la montaña donde a la sazon 15 estaua. Cayeron luego el ventero y la ventera en que el loco era su huesped, el (*) del balsamo, y el amo del manteado escudero, y contaron al cura todo lo que con el les auia passado, sin callar lo que tanto callaua Sancho. 20 En resolucion, la ventera vistio al cura de modo que no auia mas que ver: pusole vna saya de paño, llena de faxas de terciopelo negro de vn palmo en ancho, todas acuchilladas, y vnos corpiños de terciopelo verde guarnecidos 25 con vnos (*) ribetes de raso blanco, que se deuieron de hazer ellos y la saya en tiempo del rey Bamba (*). No consintio el cura que le tocassen, sino pusose en la cabeça vn birretillo de lienço colchado que lleuaua para dormir de 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 386 noche, y ciñose por la frente vna liga de tafetan negro, y con otra liga hizo vn antifaz con que se cubrio muy bien las barbas y el rostro. Encasquetose su sombrero, que era tan grande que le podia seruir de quitasol, y, cubriendose 5 su (*) herreruelo, subio en su mula a mugeriegas, y el barbero en la suya, con su barba que le llegaua a la cintura, entre roja y blanca, como aquella que, como se ha dicho, era hecha de la cola de vn buey barroso. Despidieronse de 10 todos y de la buena de Maritornes, que prometio de rezar vn rosario, aunque pecadora, porque Dios les diesse buen sucesso en tan arduo y tan christiano negocio como era el que auian emprendido. 15 Mas apenas huuo (*) salido de la venta, quando le vino al cura vn pensamiento: que hazia mal en auerse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente que vn sacerdote se pusiesse assi, aunque le fuesse mucho en 20 ello; y, diziendoselo al barbero, le rogo que trocassen trages, pues era mas justo que el fuesse la donzella menesterosa, y que el haria el escudero, y que assi se profanaua menos su dignidad; y que, si no lo queria hazer, 25 determinaua de no passar adelante, aunque a don Quixote se le lleuasse el diablo. En esto llegó Sancho, y de ver a los dos en aquel trage, no pudo tener la risa. En efeto, el barbero vino en todo aquello que el cura 30 quiso, y, trocando la inuencion, el cura le fue informando el modo que auia de tener, y las
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 387 palabras que auia de dezir a don Quixote para mouerle y forçarle a que con el se viniesse, y dexasse la querencia del lugar que auia escogido para su vana penitencia. El barbero respondio que, sin que se le diesse licion, el lo 5 pondria bien en su punto. No quiso vestirse por entonces, hasta que estuuiessen junto de donde don Quixote estaua, y, assi, dobló sus vestidos, y el cura acomodó su barba, y siguieron su camino guiandolos Sancho Pança, el 10 qual les fue contando lo que les acontecio con el loco que hallaron en la sierra, encubriendo, empero, el hallazgo de la maleta y de quanto en ella venia; que, maguer que tonto, era vn poco codicioso el mancebo. 15 Otro dia llegaron al lugar donde Sancho auia dexado puestas las señales de las ramas para acertar el lugar donde auia dexado a su señor, y, en reconociendole, les dixo como aquella era la entrada, y que bien se podian 20 vestir, si era que aquello hazia al caso para la libertad de su señor. Porque ellos le auian dicho antes que el yr de aquella suerte y vestirse de aquel modo era toda la importancia para sacar a su amo de aquella mala vida que 25 auia escogido, y que le encargauan mucho que no dixesse a su amo quién ellos eran ni que los conocia; y que si le preguntasse, como se lo auia de preguntar, si dio la carta a Dulzinea, dixesse que si, y que, por no saber leer, 30 le auia respondido de palabra, diziendole que le mandaua, so pena de la su desgracia, que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 388 luego al momento se viniesse a ver con ella, que era cosa que le importaua mucho, porque con esto y con lo que ellos pensauan dezirle, tenian por cosa cierta reduzirle a mejor vida, y hazer con el que luego se pusiesse en 5 camino para yr a ser emperador o monarca, que en lo de ser arçobispo no auia de que temer. Todo lo escuchó Sancho, y lo tomó muy bien en la memoria, y les agradecio mucho la intencion que tenian de aconsejar a su señor 10 fuesse emperador, y no arçobispo, porque el tenia para si que para hazer mercedes a sus escuderos mas podian los emperadores que los arçobispos andantes. Tambien les dixo que seria bien que el fuesse delante a buscarle y 15 darle la respuesta de su señora; que ya (*) seria ella bastante a sacarle de aquel lugar, sin que ellos se pusiessen en tanto trabajo. Parecioles bien lo que Sancho Pança dezia, y, assi, determinaron de aguardarle hasta que boluiesse 20 con las nueuas del hallazgo de su amo. Entrose Sancho por aquellas quebradas de la sierra, dexando a los dos en vna por donde corria vn pequeño y manso arroyo, a quien hazian sombra agradable y fresca otras peñas 25 y algunos arboles que por alli estauan. El calor y el dia que alli llegaron, era de los del mes de agosto, que por aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la hora, las tres de la tarde: todo lo qual hazia al sitio mas agradable, 30 y que combidasse a que en el esperassen la buelta de Sancho, como lo hizieron.
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 389 Estando, pues, los dos alli sossegados y a la sombra, llegó a sus oydos vna voz, que, sin acompañarla son de algun otro instrumento, dulce y regaladamente sonaua, de que no poco se admiraron, por parecerles que aquel no era 5 lugar donde pudiesse auer quien tan bien cantasse, porque, aunque suele dezirse que por las seluas y campos se hallan pastores de vozes estremadas, mas son encarecimientos de poetas que verdades; y mas quando aduirtieron 10 que lo que ohian cantar eran versos, no de rusticos ganaderos, sino de discretos cortesanos. Y confirmó esta verdad auer sido los versos que oyeron, estos: ¿Quién menoscaba mis bienes? 15 Desdenes. Y ¿quién aumenta mis duelos? Los zelos. Y ¿quién prueua mi paciencia? Ausencia. 20 De esse modo, en mi dolencia ningun remedio se alcança, pues me matan la esperança desdenes, zelos y ausencia. ¿Quién me causa este dolor? 25 Amor. Y ¿quién mi gloria repugna? Fortuna. Y ¿quién consiente en (*) mi duelo? El cielo. 30 De esse modo, yo rezelo morir deste mal estraño, pues se aumentan (*) en mi daño amor, fortuna y el cielo.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 390 ¿Quién mejorará mi suerte? La muerte. Y el bien de amor ¿quién le alcança? Mudança. Y sus males ¿quién los cura? 5 Locura. De esse modo, no es cordura querer curar la passion, quando los remedios son: muerte, mudança y locura (*). 10 La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaua, causó admiracion y contento en los dos oyentes, los quales se estuuieron quedos, esperando si otra alguna cosa ohian; pero viendo que duraua algun tanto el 15 silencio, determinaron de salir a buscar el musico que con tan buena voz cantaua; y, queriendolo poner en efeto, hizo la mesma (*) voz que no se mouiessen, la qual llegó de nueuo a sus oydos, cantando este soneto: 20 SONETO Santa amistad, que con ligeras alas, tu apariencia quedandose en el suelo, entre benditas almas en el cielo, subiste alegre a las impireas salas, 25 desde alla, quando quieres, nos señalas la justa paz cubierta con vn velo, por quien a vezes se trasluze el zelo de buenas obras, que a la fin son malas. Dexa el cielo, ¡o Amistad!, o no permitas 30 que el engaño se vista tu librea con que destruye a la intencion sincera; que si tus apariencias (*) no le quitas, presto ha de verse el mundo en la pelea de la discorde confusion primera. 35
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 391 El canto se acabó con vn profundo suspiro, y los dos con atencion boluieron a esperar si mas se cantaua; pero viendo que la musica se auia buelto en solloços y en lastimeros ayes, acordaron de saber quién era el triste, tan 5 estremado en la voz como doloroso en los gemidos; y no anduuieron mucho, quando, al boluer de vna punta de vna peña, vieron a vn hombre del mismo talle y figura que Sancho Pança les auia pintado quando les conto el 10 cuento de Cardenio; el qual hombre, quando los vio, sin sobresaltarse, estuuo quedo, con la cabeça inclinada sobre el pecho, a guisa de hombre pensatiuo, sin alçar los ojos a mirarlos mas de la vez primera, quando de 15 improuiso llegaron. El cura, que era hombre bien hablado, como el que ya tenia noticia de su desgracia, pues por las señas le auia conocido, se llegó a el, y con breues aunque muy discretas razones, le 20 rogo y persuadio que aquella tan miserable vida dexasse, porque alli no la perdiesse, que era la desdicha mayor de las desdichas. Estaua Cardenio entonces en su entero juyzio, libre de aquel furioso accidente que tan a menudo le 25 sacaua de si mismo, y assi, viendo a los dos en trage tan no vsado de los que por aquellas soledades andauan, no dexó de admirarse algun tanto, y mas quando oyo que le auian hablado en su negocio como en cosa sabida, porque las 30 razones que el cura le dixo assi lo dieron a entender, y, assi, respondio desta manera:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 392 “Bien veo yo, señores, quien quiera que seays, que el cielo, que tiene cuydado de socorrer a los buenos, y aun a los malos muchas vezes, sin yo merecerlo me embia, en estos tan remotos y apartados lugares del trato comun 5 de las gentes, algunas personas que, poniendome delante de los ojos, con viuas y varias razones, quán sin ella ando en hazer la vida que hago, han procurado sacarme desta a mejor parte; pero como no saben que se yo que 10 en saliendo deste daño he de caer en otro mayor, quiça me deuen de tener por hombre de flacos discursos, y aun, lo que peor seria, por de ningun juyzio; y no seria marauilla que assi fuesse, porque a mi se me trasluze que la fuerça 15 de la imaginacion de mis desgracias es tan intensa y puede tanto en mi perdicion, que, sin que yo pueda ser parte a estoruarlo, vengo a quedar como piedra, falto de todo buen sentido y conocimiento; y vengo a caer en la 20 cuenta desta verdad quando algunos me (*) dizen y muestran señales de las cosas que he hecho en tanto que aquel terrible accidente me señorea, y no se mas que dolerme en vano y maldezir sin prouecho mi ventura (*), y dar 25 por disculpa de mis locuras el dezir la causa dellas a quantos oyrla quieren, porque viendo los cuerdos quál es la causa, no se marauillarán de los efetos, y, si no me dieren remedio, a lo menos no me daran culpa, conuirtiendoseles 30 el enojo de mi desemboltura en lastima de mis desgracias. Y si es que vosotros, señores, venis
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 393 con la mesma (*) intencion que otros han venido, antes que passeys adelante en vuestras discretas persuasiones, os ruego que escucheys el cuento, que no le tiene, de mis desuenturas, porque quiça, despues de entendido, ahorrareys 5 del trabajo que tomareys en consolar vn mal que de todo consuelo es incapaz.” Los dos, que no desseauan otra cosa que saber de su mesma (*) boca la causa de su daño, le rogaron se la contasse, ofreciendole de no 10 hazer otra cosa de la que el quisiesse en su remedio o consuelo; y, con esto, el triste cauallero començo su lastimera historia casi por las mesmas (*) palabras y passos que la auia contado a don Quixote y al cabrero pocos dias 15 atras, quando por ocasion del maestro Elisabat y puntualidad de don Quixote en guardar el decoro a la caualleria, se quedó el cuento imperfeto, como la historia lo dexa contado. Pero aora quiso la buena suerte que se detuuo el 20 accidente de la locura, y le dio lugar de contarlo hasta el fin; y assi, llegando al passo del villete que auia hallado don Fernando entre el libro de Amadis de Gaula, dixo Cardenio que le tenia bien en la memoria y que dezia 25 desta manera: «LVSCINDA A CARDENIO »Cada dia descubro en vos valores que me »obligan y fuerçan a que en mas os estime; y »assi, si quisieredes sacarme desta deuda sin 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 394 »executarme en la honra, lo podreys muy bien »hazer. Padre tengo, que os conoce y que me »quiere bien, el qual, sin forçar mi voluntad, »cumplira la que (*) sera justo que vos »tengays, si es que me estimays como dezis, y 5 »como yo creo.» ”Por este villete me moui a pedir a Luscinda por esposa, como ya os he contado, y este fue por quien quedó Luscinda en la opinion de don Fernando por vna de las mas discretas y 10 auisadas mugeres de su tiempo; y este villete fue el que le puso en desseo de destruyrme antes que el mio se efetuasse. Dixele yo a don Fernando en lo que reparaua el padre de Luscinda, que era en que mi padre se la pidiesse, 15 lo qual yo no le osaua dezir, temeroso que no vendria en ello, no porque no tuuiesse bien conocida la calidad, bondad, virtud y hermosura de Luscinda, y que tenia partes bastantes para enoblecer qualquier otro linage de España, 20 sino porque yo entendia del, que desseaua que no me casasse tan presto, hasta ver lo que el duque Ricardo hazia conmigo. En resolucion, le dixe que no me auenturaua a dezirselo a mi padre, assi por aquel inconueniente 25 como por otros muchos que me acobardauan, sin saber quáles eran, sino que me parecia que lo que yo desseasse jamas auia de tener efeto. ”A todo esto me respondio don Fernando, que el se encargaua de hablar a mi padre, y 30 hazer con el que hablasse al de Luscinda. ¡O Mario ambicioso! ¡O Catilina cruel! ¡O [Sila] (*)
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 395 facinoroso! ¡O Galalon embustero! ¡O Vellido traydor! ¡O Iulian vengatiuo! ¡O Iudas codicioso! Traydor, cruel, vengatiuo y embustero, ¿qué deseruicios te auia hecho este triste, que con tanta llaneza te descubrio los secretos y 5 contentos de su coraçon? ¿Qué ofensa te hize? ¿Qué palabras te dixe, o qué consejos te di, que no fuessen todos encaminados a acrecentar tu honra y tu prouecho? Mas ¿de qué me quexo, desuenturado de mi?, pues es cosa cierta 10 que quando traen las desgracias la corriente de las estrellas, como vienen de alto a baxo, despeñandose con furor y con violencia, no ay fuerça en la tierra que las detenga, ni industria humana que preuenirlas pueda. ¿Quién 15 pudiera imaginar que don Fernando, cauallero ilustre, discreto, obligado de mis seruicios, poderoso para alcançar lo que el desseo amoroso le pidiesse donde quiera que le ocupasse, se auia de enconar, como suele dezirse, en 20 tomarme a mi vna sola oueja que aun no posseia? Pero, quedense estas consideraciones aparte, como inutiles y sin prouecho, y añudemos el roto hilo de mi desdichada historia. ”Digo, pues, que pareciendole a don 25 Fernando que mi presencia le era inconueniente para poner en execucion su falso y mal pensamiento, determinó de embiarme a su hermano mayor con ocasion de pedirle vnos dineros para pagar seys cauallos, que de industria 30 y solo para este efeto de que me ausentasse, para poder mejor salir con su dañado intento,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 396 el mesmo (*) dia que se ofrecio hablar (*) a mi padre los compró, y quiso que yo viniesse por el dinero. ¿Pude yo preuenir esta traycion? ¿Pude, por ventura, caer en imaginarla? No, por cierto; antes, con grandissimo gusto me ofreci a partir 5 luego, contento de la buena compra hecha. Aquella noche hablé con Luscinda, y le dixe lo que con don Fernando quedaua concertado, y que tuuiesse firme esperança de que tendrian efeto nuestros buenos y justos desseos; ella 10 me dixo, tan segura como yo de la traycion de don Fernando, que procurasse boluer presto, porque creia que no tardaria mas la conclusion de nuestras voluntades que tardasse mi padre de hablar al suyo (*). No se qué se fue 15 que, en acabando de dezirme esto, se le llenaron los ojos de lagrimas, y vn nudo (*) se le atrauesso en la garganta, que no le dexaua hablar palabra de otras muchas que me parecio que procuraua dezirme. 20 ”Quedé admirado deste nueuo accidente, hasta alli jamas en ella visto, porque siempre nos hablauamos, las vezes que la buena fortuna y mi diligencia lo concedia, con todo regozijo y contento, sin mezclar en nuestras platicas 25 lagrimas, suspiros, zelos, sospechas o temores. Todo era engrandecer yo mi ventura por auermela dado el cielo por señora; exageraua (*) su belleza, admirauame de su valor y entendimiento. Boluiame ella el recambio (*), 30 alabando en mi lo que como enamorada le parezia (*) digno de alabança. Con esto nos
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 397 contauamos cien mil niñerias y acaecimientos de nuestros vezinos y conocidos, y a lo que mas se estendia mi desemboltura era a tomarle, casi por fuerça, vna de sus bellas y blancas manos y llegarla a mi boca, segun daua lugar la 5 estrecheza de vna baxa reja que nos diuidia. Pero la noche que precedio al triste dia de mi partida, ella lloró, gimio y suspiró, y se fue y me dexó lleno de confusion y sobresalto, espantado de auer visto tan nueuas y tan tristes 10 muestras de dolor y sentimiento en Luscinda; pero, por no destruyr mis esperanças, todo lo atribuy a la fuerça del amor que me tenia y al dolor que suele causar la ausencia en los que bien se quieren. 15 ”En fin, yo me parti, triste y pensatiuo, llena el alma de imaginaciones y sospechas, sin saber lo que sospechaua ni imaginaua: claros indicios que me (*) mostrauan el triste sucesso y desuentura que me estaua guardada. Llegué 20 al lugar donde era embiado; di las cartas al hermano de don Fernando; fuy bien recebido, pero no bien despachado, porque me mandó aguardar, bien a mi disgusto, ocho dias, y en parte donde el duque, su padre, no me viesse, 25 porque su hermano le escriuia que le embiasse cierto dinero sin su sabiduria. Y todo fue inuencion del falso don Fernando, pues no le faltauan a su hermano dineros para despacharme luego. Orden y mandato fue este que 30 me puso en condicion de no obedecerle, por parecerme impossible sustentar tantos dias la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 398 vida en el ausencia de Luscinda, y mas auiendola dexado con la tristeza que os he contado; pero, con todo esto, obedeci, como buen criado, aunque veia que auia de ser a costa de mi salud. 5 ”Pero a los quatro dias que alli llegué, llegó vn hombre en mi busca con vna carta que me dio, que en el sobrescrito conoci ser de Luscinda, porque la letra del era suya. Abrila temeroso y con sobresalto, creyendo 10 que cosa grande deuia de ser la que la auia mouido a escriuirme estando ausente, pues presente pocas vezes lo hazia. Preguntele al hombre, antes de leerla, quién se la auia dado y el tiempo que auia tardado en el camino. 15 Dixome, que acaso passando por vna calle de la ciudad, a la hora de medio dia, vna señora muy hermosa le llamó desde vna ventana, los ojos llenos de lagrimas, y que, con mucha priessa, le dixo: «Hermano, si soys christiano, 20 »como pareceys, por amor de Dios os ruego »que encamineys luego luego (*) esta carta al »lugar y a la persona que dize el sobrescrito, »que todo es bien conocido, y en ello hareys vn »gran seruicio a nuestro Señor; y para que no 25 »os falte comodidad de poderlo hazer, tomad »lo que va en este pañuelo.» (*) «Y, diziendo esto, »me arrojó por la ventana vn pañuelo, donde »venian atados cien reales y esta sortija de oro »que aqui traygo, con essa carta que os he dado; 30 »y luego, sin aguardar respuesta mia, se quitó »de la ventana, aunque primero vio como yo
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 399 »tomé la carta y el pañuelo, y por señas le dixe »que haria lo que me mandaua; y assi, »viendome tan bien pagado del trabajo que podia »tomar en traerosla, y conociendo por el »sobrescrito que erades vos a quien se embiaua, 5 »porque yo, señor, os conozco muy bien, y obligado »assi mesmo (*) de las lagrimas de aquella »hermosa señora, determiné de no fiarme de »otra persona, sino venir yo mesmo (*) a darosla. »Y en diez y seys horas (*) que ha que se me 10 »dio, he hecho el camino, que sabeys que es de »diez y ocho leguas.» ”En tanto que el agradecido y nueuo correo esto me dezia, estaua yo colgado de sus palabras, temblandome las piernas, de manera que 15 apenas podia sostenerme. En efeto, abri la carta y vi que contenia estas razones: «La palabra que don Fernando os dio de »hablar a vuestro padre para que hablasse al »mio, la ha cumplido mas (*) en su gusto que 20 »en vuestro prouecho. Sabed, señor, que el me »ha pedido por esposa, y mi padre, lleuado de »la ventaja que el piensa que don Fernando os »haze, ha venido en lo que quiere, con tantas »veras, que de aqui a dos dias se ha de hazer 25 »el desposorio, tan secreto y tan a solas, que »solo han de ser testigos los cielos y alguna »gente de casa. Quál yo quedo, imaginaldo; si »os cumple venir, veldo; y si os quiero bien o »no, el sucesso deste negocio os lo dara a 30 »entender. ¡A Dios plega que esta llegue a »vuestras manos antes que la mia se vea en
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 400 »condicion de juntarse con la de quien tan mal sabe »guardar la fe que promete!» ”Estas, en suma, fueron las razones que la carta contenia, y las que me hizieron poner luego en camino, sin esperar otra respuesta ni 5 otros dineros; que bien claro conoci entonces que no la compra de los cauallos, sino la de su gusto, auia mouido a don Fernando a embiarme a su hermano. El enojo que contra don Fernando concebi, junto con el temor de perder 10 la prenda que con tantos años de seruicios y desseos tenia grangeada, me pusieron alas, pues, casi como en buelo, otro dia me puse en mi lugar, al punto y hora que conuenia para yr a hablar a Luscinda. Entré secreto, y dexé 15 vna mula en que venia en casa del buen hombre que me auia lleuado la carta; y quiso la suerte que entonces la tuuiesse tan buena, que hallé a Luscinda puesta a la rexa, testigo de nuestros amores. Conociome Luscinda 20 luego, y conocila yo, mas no como deuia ella conocerme, y yo conocerla. Pero, ¿quién ay en el mundo que se pueda alabar que ha penetrado y sabido el confuso pensamiento y condicion mudable (*) de vna muger? Ninguno, 25 por cierto. Digo, pues, que assi como Luscinda me vio, me dixo: «Cardenio, de boda »estoy vestida; ya me estan aguardando en la »sala don Fernando el traydor, y mi padre el »codicioso, con otros testigos, que antes lo 30 »seran de mi muerte que de mi desposorio. »No te turbes, amigo, sino procura hallarte
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 401 »presente a este sacrificio, el qual si no »pudiere ser estoruado de mis razones, vna daga »lleuo escondida que podra estoruar mas (*) »determinadas fuerças, dando fin a mi vida y »principio a que conozcas la voluntad que te 5 »he tenido y tengo.» ”Yo le respondi, turbado y apriessa, temeroso no me faltasse lugar para responderla: «Hagan, señora, tus obras verdaderas tus »palabras; que si tu lleuas daga para acreditarte, 10 »aqui lleuo yo espada para defenderte con »ella, o para matarme, si la suerte nos fuere »contraria.» No creo que pudo oyr todas estas razones, porque senti que la llamauan apriessa, porque el desposado aguardaua. Cerrose con 15 esto la noche de mi tristeza, pusoseme el sol de mi alegria, quedé sin luz en los ojos y sin discurso en el entendimiento. No acertaua a entrar en su casa, ni podia mouerme a parte alguna; pero considerando quánto importaua 20 mi presencia para lo que suceder pudiesse en aquel caso, me animé lo mas que pude y entré en su casa; y como ya sabia muy bien todas sus entradas y salidas, y mas con el alboroto que de secreto en ella andaua, nadie me echó 25 de ver; assi que, sin ser visto, tuue lugar de ponerme en el hueco que hazia vna ventana de la mesma (*) sala, que con las puntas y remates de dos tapizes se cubria, por entre las quales podia yo ver, sin ser visto, todo quanto 30 en la sala se hazia. ”¿Quién pudiera dezir aora los sobresaltos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 402 que me dio el coraçon mientras alli estuue, los pensamientos que me ocurrieron, las consideraciones que hize, que fueron tantas y tales, que ni se pueden dezir ni aun es bien que se digan? Basta que sepays que el desposado entró 5 en la sala, sin otro adorno que los mesmos (*) vestidos ordinarios que solia. Trahia por padrino a vn primo hermano de Luscinda, y en toda la sala no auia persona de fuera, sino los criados de casa. 10 ”De alli a vn poco salio de vna recamara Luscinda, acompañada de su madre y de dos donzellas suyas, tan bien (*) adereçada y compuesta como su calidad y hermosura merecian, y como quien era la perfecion de la gala 15 y bizarria cortesana. No me dio lugar mi suspension y arrobamiento para que mirasse y notasse en particular lo que trahia vestido: solo pude aduertir a las colores, que eran encarnado y blanco (*), y en las vislumbres que 20 las piedras y joyas del tocado y de todo el vestido hazian, a todo lo qual se auentajaua la belleza singular de sus hermosos y rubios cabellos, tales, que en competencia de las preciosas piedras y de las luzes de quatro hachas 25 que en la sala estauan, la suya con mas resplandor a los ojos ofrecian. ¡O memoria, enemiga mortal de mi descanso! ¿De qué sirue representarme aora la incomparable belleza de aquella adorada enemiga mia? ¿No será 30 mejor, cruel memoria, que me acuerdes y representes lo que entonces hizo, para que,
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 403 mouido de tan manifiesto agrauio, procure, ya que no la vengança, a lo menos perder la vida? ”No os canseys, señores, de oyr estas digressiones que hago; que no es mi pena de aquellas que puedan ni deuan contarse 5 sucintamente y de passo, pues cada circunstancia suya me parece a mi que es digna de vn largo discurso.” A esto le respondio el cura que, no solo no se cansauan en oyrle, sino que les daua mucho 10 gusto las menudencias que contaua, por ser tales, que merecian no passarse en silencio y la mesma (*) atencion que lo principal del cuento. “Digo, pues”, prosiguio Cardenio, “que 15 estando todos en la sala, entró el cura de la perrochia (*), y, tomando a los dos por la mano para hazer lo que en tal acto se requiere, al dezir: «¿Quereys, señora Luscinda, al señor don »Fernando, que está presente, por vuestro 20 »legitimo esposo, como lo manda la Santa Madre »Iglesia?», yo saqué toda la cabeça y cuello de entre los tapizes, y con atentissimos oydos y alma turbada me puse a escuchar lo que Luscinda respondia, esperando de su respuesta la 25 sentencia de mi muerte o la confirmacion de mi vida. ¡O!, quién se atreuiera a salir entonces, diziendo a vozes: «¡A, Luscinda, Luscinda, »mira lo que hazes, considera lo que me deues, »mira que eres mia, y que no puedes ser de 30 »otro! ¡Aduierte que el dezir tu «si» y el »acabarseme la vida, ha de ser todo a vn punto! ¡A,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 404 »traydor don Fernando, robador de mi gloria, »muerte de mi vida!, ¿qué quieres?, ¿qué »pretendes? Considera que no puedes christianamente »llegar al fin de tus desseos, porque »Luscinda es mi esposa y yo soy su marido.» 5 ¡A, loco de mi!, aora que estoy ausente y lexos del peligro, digo que auia de hazer lo que no hize; aora que dexé robar mi cara prenda, maldigo al robador, de quien pudiera vengarme si tuuiera coraçon para ello, como le (*) tengo 10 para quexarme. En fin, pues fuy entonces couarde y necio, no es mucho que muera aora corrido, arrepentido y loco. ”Estaua esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuuo vn buen espacio en 15 darla, y quando yo pense que sacaua la daga para acreditarse, o desataua la lengua para dezir alguna verdad o desengaño que en mi prouecho redundasse, oygo que dixo con voz desmayada y flaca: «Si, quiero», y lo mesmo (*) 20 dixo don Fernando, y, dandole el anillo, quedaron en [in]dissoluble (*) nudo ligados. Llegó el desposado a abraçar a su esposa, y ella, poniendose la mano sobre el coraçon, cayo desmayada en los braços de su madre. Resta aora 25 dezir quál quedé yo, viendo en el «si» que auia oydo burladas mis esperanças, falsas las palabras y promessas de Luscinda, impossibilitado de cobrar en algun tiempo el bien que en aquel instante auia perdido. Quedé falto de 30 consejo, desamparado, a mi parecer, de todo el cielo, hecho enemigo de la tierra que me
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 405 sustentaua, negandome el ayre aliento para mis suspiros, y el agua humor para mis ojos; solo el fuego se acrecento de manera que todo ardia de rabia y de zelos. ”Alborotaronse todos con el desmayo de 5 Luscinda, y, desabrochandole su madre el pecho para que le diesse el ayre, se descubrio en el vn papel cerrado, que don Fernando tomó luego y se le puso a leer a la luz de vna de las hachas, y, en acabando de leerle, se sento 10 en vna silla y se puso la mano en la mexilla con muestras de hombre muy pensatiuo, sin acudir a los remedios que a su esposa se hazian para que del desmayo boluiesse. Yo, viendo alborotada toda la gente de casa, me 15 auenturé a salir, ora fuesse visto o no, con determinacion que (*) si me viessen, de hazer vn desatino, tal, que todo el mundo viniera a entender la justa indignacion de mi pecho en el castigo del falso don Fernando, y aun en el 20 mudable de la desmayada traydora. Pero mi suerte, que para mayores males, si es possible que los aya, me deue tener guardado, ordenó que en aquel punto me sobrasse el entendimiento, que despues aca me ha faltado; y, assi, 25 sin querer tomar vengança de mis mayores enemigos, que, por estar tan sin pensamiento mio fuera facil tomarla, quise tomarla de mi mano (*) y executar en mi la pena que ellos merecian, y aun quiça con mas rigor del que 30 con ellos se vsara si entonces les diera muerte, pues la que se recibe repentina presto acaba
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 406 la pena; mas la que se dilata con tormentos, siempre mata, sin acabar la vida. ”En fin, yo sali de aquella casa y vine a la de aquel donde auia dexado la mula; hize que me la ensillasse; sin despedirme del subi en 5 ella, y sali de la ciudad sin osar, como otro Lot, boluer el rostro a miralla (*); y quando me vi en el campo solo, y que la escuridad de la noche me encubria, y su silencio combidaua a quexarme, sin respeto o miedo de ser escuchado 10 ni conocido, solte la voz y desaté la lengua en tantas maldiciones de Luscinda y de don Fernando, como si con ellas satisfiziera el agrauio que me auian hecho. Dile titulos de cruel, de ingrata, de falsa y desagradecida; 15 pero, sobre todos, de codiciosa, pues la riqueza de mi enemigo la auia cerrado los ojos de la voluntad para quitarmela a mi y entregarla a aquel con quien mas liberal y franca la fortuna se auia mostrado; y en mitad de la fuga destas 20 maldiciones y vituperios, la desculpaua, diziendo que no era mucho que vna donzella recogida en casa de sus padres, hecha y acostumbrada siempre a obedecerlos, huuiesse querido condecender con su gusto, pues le dauan por 25 esposo a vn cauallero tan principal, tan rico y tan gentil hombre, que a no querer recebirle, se podia pensar, o que no tenia juyzio, o que en otra parte tenia la voluntad, cosa que redundaua tan en perjuyzio de su buena opinion 30 y fama. ”Luego boluia diziendo que, puesto que ella
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 407 dixera que yo era su esposo, vieran ellos que no auia hecho en escogerme tan mala eleccion que no la disculparan, pues antes de ofrecerseles don Fernando, no pudieran ellos mesmos (*) acertar a dessear, si con razon midiessen 5 su desseo, otro mejor que yo para esposo de su hija; y que bien pudiera ella, antes de ponerse en el trance forçoso y vltimo de dar la mano, dezir que ya yo le auia dado la mia; que yo viniera y concediera (*) con todo 10 quanto ella acertara a fingir en este caso. ”En fin, me resolui en que poco amor, poco juyzio, mucha ambicion y desseos de grandezas hizieron que se oluidasse de las palabras con que me auia engañado, entretenido y 15 sustentado en mis firmes esperanças y honestos desseos. Con estas vozes y con esta inquietud caminé lo que quedaua de aquella (*) noche, y di al amanecer en vna entrada destas sierras, por las quales caminé otros tres 20 dias, sin senda ni camino alguno, hasta que vine a parar a vnos prados que no se a que mano destas montañas caen, y alli pregunté a vnos ganaderos que hazia dónde era lo mas aspero destas sierras. Dixeronme que hazia 25 esta parte. Luego me encaminé a ella, con intencion de acabar aqui la vida, y, en entrando por estas asperezas, del cansancio y de la hambre se cayo mi mula muerta, o, lo que yo mas creo, por desechar de si tan inutil 30 carga como en mi lleuaua. Yo quedé a pie, rendido de la naturaleza, traspassado de
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 408 hambre, sin tener ni pensar buscar quien me socorriesse (*). ”De aquella manera estuue no se qué tiempo tendido en el suelo, al cabo del qual me leuanté sin hambre, y hallé junto a mi a vnos 5 cabreros, que, sin duda, deuieron ser los que mi necessidad remediaron, porque ellos me dixeron de la manera que me auian hallado, y como estaua diziendo tantos disparates y desatinos, que daua indicios claros de auer perdido el 10 juyzio; y yo he sentido en mi, despues aca, que no todas vezes le tengo cabal, sino tan desmedrado y flaco, que hago mil locuras, rasgandome los vestidos, dando vozes por estas soledades, maldiziendo mi ventura y repitiendo 15 en vano el nombre amado de mi enemiga, sin tener otro discurso ni intento entonces que procurar acabar la vida vozeando; y quando en mi bueluo (*), me hallo tan cansado y molido que apenas puedo mouerme. Mi mas comun 20 habitacion es en el hueco de vn alcornoque, capaz de cubrir este miserable cuerpo. Los vaqueros y cabreros que andan por estas montañas, mouidos de caridad, me sustentan, poniendome el manjar por los caminos y por las 25 peñas por donde entienden que acaso podre passar y hallarlo; y, assi, aunque entonces me falte el juyzio, la necessidad natural me da a conocer el mantenimiento, y despierta en mi el desseo de apetecerlo y la voluntad de 30 tomarlo. Otras vezes me dizen ellos, quando me encuentran con juyzio, que yo salgo a los
TERCERA PARTE, CAPITVLO XXVII p. 409 caminos, y que se lo quito por fuerça, aunque me lo den de grado, a los pastores que vienen con ello del lugar a las majadas. ”Desta manera passo mi miserable y estrema vida, hasta que el cielo sea seruido de 5 conduzirle (*) a su vltimo fin, o de ponerle en mi memoria, para que no me acuerde de la hermosura y de la traycion de Luscinda y del agrauio de don Fernando; que si esto el haze sin quitarme la vida, yo boluere a mejor 10 discurso mis pensamientos; donde no, no ay sino rogarle que absolutamente tenga misericordia de mi alma, que yo no siento en mi valor ni fuerças para sacar el cuerpo desta estrecheza en que por mi gusto he querido ponerle. 15 ”Esta es, ¡o, señores!, la amarga historia de mi desgracia; dezidme si es tal que pueda celebrarse con menos sentimientos que los que en mi aueys visto. Y no os canseys en persuadirme, ni aconsejarme, lo que la razon os dixere 20 que puede ser bueno para mi remedio, porque ha de aprouechar conmigo lo que aprouecha la medicina recetada de famoso medico al enfermo que recebir no la quiere. Yo no quiero salud sin Luscinda, y pues ella gustó (*) de ser 25 agena, siendo o deuiendo ser mia, guste yo de ser de la desuentura, pudiendo auer sido de la buena dicha. Ella quiso, con su mudança, hazer estable mi perdicion; yo querre, con procurar perderme, hazer contenta su voluntad, y 30 sera exemplo a los por venir de que a mi solo faltó lo que a todos los desdichados sobra, a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 410 los quales suele ser consuelo la impossibilidad de tenerle, y en [mi es] (*) causa de mayores sentimientos y males, porque aun pienso que no se han de acabar con la muerte.” Aqui dio fin Cardenio a su larga platica, y 5 tan desdichada como amorosa historia; y al tiempo que el cura se preuenia para dezirle algunas razones de consuelo, le suspendio vna voz que llegó a sus oydos, que en lastimados acentos oyeron que dezia lo que se dirá en la 10 quarta parte desta narracion; que en este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado historiador Cide Hamete Benengeli.
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p. 412 ÍNDICE ____ Págs. _____ PRÓLOGO.......................................... 5 Tassa............................................ 21 Testimonio de las Erratas........................ 22 El Rey (Priuilegio).............................. 23 Dedicatoria...................................... 27 Prologo.......................................... 29 Versos preliminares.............................. 39 Tabla de los capítulos........................... 413
p. 413 TABLA (*) DE LOS CAPITVLOS QVE CONTIENE ESTA FAMOSA HISTORIA DEL VALEROSO CAVALLERO DON QVIXOTE DE LA MANCHA PRIMERA PARTE DEL INGENIOSO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Págs. _____ Capitulo I. - Que trata de la condicion y exercicio del famoso y valiente hidalgo don Quixote de la Mancha........................... 49 Capitulo II. - Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quixote. 57 Capitulo III. - Donde se cuenta la graciosa manera que tuuo don Quixote en armarse cauallero...................................... 67 Capitulo IV. - De lo que le sucedio a nuestro cauallero quando salio de la venta............. 77 Capitulo V. - Donde se prosigue la narracion de la desgracia de nuestro cauallero........... 88 Capitulo VI. - Del donoso escrutinio que el cura y el barbero hizieron en la libreria de nuestro ingenioso hidalgo...................... 95 Capitulo VII. - De la segunda salida de nuestro buen cauallero................................. 106 Capitulo VIII. - Del buen sucesso que el valeroso don Quixote tuuo en la espantable y jamas imaginada auentura de los molinos de viento, &c..................................... 114 (*) De la primera edición.
TABLA p. 414 PARTE SEGVNDA DEL INGENIOSO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Págs. _____ Capitulo IX. - Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo Vizcayno y el valiente Manchego tuuieron................ 127 Capitulo X. - De lo que mas le auino a don Quixote con el Vizcayno, y del peligro en que se vio con vna caterua de yangueses............ 136 Capitulo XI. - De lo que le sucedio a don Quixote con vnos cabreros...................... 145 Capitulo XII. - De lo que conto vn cabrero a los que estauan con don Quixote................ 155 Capitulo XIII. - Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucessos......... 165 Capitulo XIV. - Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros sucessos....................................... 180 TERCERA PARTE DEL INGENIOSO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Capitulo XV. - Donde se cuenta la desgraciada auentura que se topó don Quixote en topar con vnos desalmados yangueses.................. 193 Capitulo XVI. - De lo que le sucedio al ingenioso hidalgo en la venta que el se imaginaua ser castillo................................... 205 Capitulo XVII. - Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el brauo don Quixote y su buen escudero Sancho Pança passaron, &c................................... 217 Capitulo XVIII. - Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Pança con su señor don
TABLA p. 415 Págs. _____ Quixote, con otras auenturas dignas de ser contadas....................................... 231 Capitulo XIX. - De las discretas razones que Sancho passaua con su amo, y de la auentura que le sucedio con vn cuerpo muerto, &c........ 248 Capitulo XX. - De la jamas vista ni oyda auentura que con mas poco peligro fue acabada de famoso cauallero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quixote.................. 260 Capitulo XXI. - Que trata de la alta auentura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, &c...... 281 Capitulo XXII. - De la libertad que dio don Quixote a muchos desdichados galeotes.......... 299 Capitulo XXIII. - De lo que le acontecio al famoso don Quixote en Sierra Morena, que fue vna de las mas raras auenturas que en esta verdadera historia se cuenta.............. 316 Capitulo XXIV. - Donde se prosigue la auentura de la Sierra Morena. Dize la historia, que era grandissima la atencion con que don Quixote escuchaua al astroso cauallero de la sierra, el qual, prosiguiendo su platica, dixo: Quienquiera que seays, &c...................... 333 Capitulo XXV. - Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente cauallero de la Mancha, y de la imitacion que hizo a la penitencia de Beltenebros........ 347 Capitulo XXVI. - Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo el nuestro don Quixote en Sierra Morena....................... 373 Capitulo XXVII. - De como salieron con su intencion el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten....................... 385
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