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               OBRAS COMPLETAS

                      DE

         MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
                   _______

           DON QVIXOTE DE LA MANCHA

                    TOMO I
                 [sin notas]




            Texto electrónico por
                Fred F. Jehle


      Copyright © 1928 Rodolfo Schevill
      Copyright © 1996 Fred F. Jehle &
          Purdue Research Foundation


OBRAS COMPLETAS DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA _______ DON QVIXOTE DE LA MANCHA TOMO I EDICIÓN PUBLICADA POR RODOLFO SCHEVILL Y ADOLFO BONILLA Profesor en la Profesor en la Universidad de Universidad de California (Berkeley). Madrid. MADRID GRÁFICAS REUNIDAS, S. A. M. CM. XXVIII.
A DON JUAN C. CEBRIAN SU DEVOTO R. S.
p. 5 PRÓLOGO El nombre de mi colaborador y hermano del alma, Adolfo Bonilla y San Martín (q. e. p. d.), debe ir al principio de este prólogo con el que reanudo solo y con profundo dolor la publicación de estas obras cervantinas. La pérdida de mi amigo fraternal me hizo patente desde luego cuán débiles habían de resultar mis propias fuerzas para la continuación de una empresa tan grande. Pero al darme cuenta de que él no habría cejado en seguir esta faena en la cual los dos habíamos puesto tanto cariño y tantas horas de felicidad, cobré nuevamente valor y tomé la resolución de dedicarme, en cuanto me fuera posible, y hasta donde cupiera en la disposición del cielo, a la tarea de dar fin a esta edición. De tal manera, anhelaba pagar un tributo forzosamente defectuoso y nada proporcionado a la amistad que durante veinticinco años llenó de luz y hermosura espiritual nuestra vida, y al genio de trabajo concienzudo y desinteresado que inspiró a Adolfo Bonilla la creación de tantas publicaciones duraderas, entre las cuales él quería dejar el primer lugar a las obras de Cervantes. * * *
PRÓLOGO p. 6 Con esta edición del QUIJOTE ofrezco al lector una reproducción del texto original, evitando en cuanto me parecía justificado toda enmienda, y conservando, conforme a lo que pide la crítica rigurosa de hoy, las lecciones de la primera edición: ésta se ha de reverenciar como si fuera el manuscrito que se refleja y reproduce en ella. En tal proceder me ha alentado antes de todo el deseo de dar a la propia obra de Cervantes la forma que, hasta cierto punto, se pudiera acercar lo más posible a un texto definitivo. A cada paso me he percatado de que más vale conservar una sola palabra, una frase o un giro cervantino que sustituir una enmienda, la cual, por acertada que pareciese, claro es, había de responder más a reglas de hoy que al estilo o lenguaje del siglo XVI. He tomado como base científica la primera edición (señalada con A), examinando y cotejando varios ejemplares de la misma (en España, Londres y Nueva York), y notando en ellos algunas variantes que se pueden dividir en tres clases: (1) discrepancias de tipografía tales como ta~-tan, tie~po-tiempo, --fee; (2) erratas subsanadas en algunos ejemplares, dejadas sin corregir en otros, y (3) contadísimas lecciones diferentes como en su-en el su. Todas estas diferencias pueden atribuírse a cambios hechos mientras se tiraban los pliegos del libro. Sobre este último proceder escribe Antonio López de Vega en su prólogo a los pocos cuerdos y desengañados varones: “Pónense en las erratas
PRÓLOGO p. 7 sólo los yerros más considerables. Y aunque a algunos se acudió en parte de la impresión, según el tiempo en que se reconocieron, como quedó la otra parte con ellos, a mayor cautela de los tomos comprendidos y por la dificultad de la excepción de los preservados, se pone el defecto como general. El a quien cupiere la suerte de tomo corregido, por el trabajo que se le excusa, perdone la acusación falsa. Al que la hallare verdadera, le ruego no lea sin enmendar; i, a todos, que sea en la lección deste libro vuestra primera curiosidad el examinar en esto, i corregir el que a cada uno le tocare: governándoos por la buena razón, para lo mismo en lo que halláredes que dexó de corregirse.” Heráclito i Demócrito de nuestro siglo etc. Diálogos morales etc. Madrid, 1641. Por lo tanto, las enmiendas realizadas durante la impresión representan una costumbre tradicional y carecen de trascendencia en cuanto a los ejemplares de la misma tirada. De todos modos me he limitado en las notas a señalar, de las tres clases de variantes ya mencionadas, solamente las lecciones distintas y las erratas de la primera edición, dejando sin notar variantes tales como que-q~, don-, que no representan sino caprichos tipográficos. En cambio, las erratas pueden reflejar bastante a menudo descuidos correspondientes al mismo manuscrito, además de darnos una idea más clara del carácter de la impresión; y, tratándose de una obra de universal renombre, cada detalle
PRÓLOGO p. 8 de la primera edición es muy digno de ser notado. Infiero que el original se dictaba al cajista: primero, por la omisión o repetición mecánica de vocales o de sílabas enteras; segundo, por bastantes erratas peculiares: verbigracia, cuando se oyó ansi por aun si, el oydo por he leydo, y, por fin, por algunas palabras como tambien, simpar, por tan bien y sin par. Ya se sabe que en dichas condiciones el cajista se fija antes en el sonido que en el sentido del dictado, lo cual explica muchos detalles del texto original. Señalo en las notas las peculiaridades ortográficas sin subsanarlas en el texto, porque el rectificarlas a cada paso parece desnaturalizar la primera edición, dándole un aspecto pulido que desdice enteramente de su carácter. Si se encontrasen estos rasgos en el manuscrito de Cervantes, nadie se atrevería a tocarlos, y, aunque ignoramos con qué fidelidad la primera edición refleja la ortografía del manuscrito, ya que no poseemos éste (vale repetirlo), no es lícito entregarnos a cambios de mero antojo por más limado que resultara el texto. Doy las variantes intencionales (no las erratas tipográficas) de la segunda edición de Cuesta, 1605 (señalada con B); de la tercera de Cuesta, 1608 (señalada con C); y de la de Bruselas, 1607 (señalada con Br), que tomó por base la segunda (B). De las ediciones de Cuesta, porque se imprimieron en Madrid en vida de
PRÓLOGO p. 9 Cervantes; de la de Bruselas también por su fecha, y porque, de cuantas ediciones vieron la luz fuera de España en la primera mitad del siglo XVII, parece ser la impresa con más esmero y con mayor discreción en las enmiendas. No señalo variantes como dexais-dexays, de essa-dessa, nube-nuue, asentó-assentó; en cambio, mismo-mesmo, assí-ansí tienen importancia. Creo definitivos los indicios de que Cervantes no intervino para nada en ninguna edición, ni en A, ni después de impresa A; esto da a las variantes señaladas solamente el valor de una lección distinta contemporánea, la cual, por consiguiente, tiene derecho a un lugar en el léxico del idioma. El que Cervantes no hubiese de corregir nada en B ni en otras ediciones me parece patente por el proceder disparatado y poco lógico del que enmendaba el texto, dejando a cada paso de corregir palabras o giros que pedían a gritos enmiendas que el propio autor no hubiera podido dejar de hacer. Una prueba convincente de esta aseveración, sacada de las propias palabras de Cervantes, se encuentra en la segunda parte del QUIJOTE. Cuando el autor alude (II, caps. 3 y 4) a los reparos que se le hacían por haber omitido de su relato la pérdida y el hallazgo del Rucio, no sabe “qué responder, sino que el historiador se engañó, o ya sería descuido del impresor”. Y también dice Sancho que hizo “una lamentación, que si no la puso el autor de nuestra historia, puede hacer cuenta que no puso cosa
PRÓLOGO p. 10 buena”. “Yo tendré cuidado”, le contesta Carrasco, “de acusar al autor de la historia, que si otra vez la imprimiere no se le olvide esto que el buen Sancho ha dicho.” Y en el capítulo 27 de la segunda parte el autor vuelve a hablar del hurto del Rucio “que por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la primera parte por culpa de los impresores, ha dado en que entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de imprenta”. Si Cervantes conocía B, no parece posible que hubiera escrito estas palabras sin añadir que se habían suplido las faltas de A por las enmiendas de B. Tampoco ignoraba Cervantes que la historia de Don Quijote se estaba imprimiendo en varios países (cap. 3), pero no dice ni una palabra de una edición corregida. En efecto, está claro que muchas segundas ediciones se hacían a menudo, sin consultar al autor, a raíz de agotarse la primera, y las enmiendas introducidas se hacían sin razonarlas, y a gran prisa, poco antes de la impresión. Entre los ejemplares de B no hay, si no me equivoco, tantas discrepancias como entre los de A. Se ha exagerado algo el descuido con que se imprimió A. Comparado con otras primeras ediciones, v. gr., las de El Buscón, Guzmán de Alfarache y El Peregrino en su Patria, no parece digna de tanto desprecio. En cambio, nada peor que las dos ediciones del QUIJOTE de Lisboa (1605), que carecen de todo valor para un estudio crítico del texto. Las dos ediciones de
PRÓLOGO p. 11 Valencia (me inclino a creer que no representan tiradas distintas), tampoco merecen mucha consideración. Corrigen algunas erratas de A, introducen bastantes nuevas y hacen unas contadas enmiendas dignas de notar y que se hallan también más tarde en ediciones de Madrid (v. gr., las de 1637 y 1647) y en la de Tonson (Londres, 1738). En mi texto resuelvo las abreviaturas de A, tales como tie~po, q~, a~ql, V. M.; sigo en la puntuación el proceder adoptado en los tomos anteriores, y pongo el acento en algunos vocablos homónimos, de más de una sílaba (v. gr., en la 1.ª y 3.ª persona del singular del pretérito de la 1.ª conjugación en los verbos regulares: alabé, alabó, y no acorde ni acordo, en la 1.ª y 2.ª persona del singular y en la 3.ª del singular y plural del futuro, como alabaré, alabarás, alabará, alabarán, etc.; y añado el acento a los pronombres interrogativos quién, qué, cuál; cúyo, adj.), para facilitar la lectura. He tratado de tener en cuenta, hasta donde me ha sido posible, los trabajos de investigación y los comentarios escritos hasta la fecha para las obras cervantinas. Las notas de los principales cervantistas que me parecieron dignas de consideración se señalan en las de esta edición. Cierto es que hace falta un estudio comparativo de las principales investigaciones que se han publicado sobre el QUIJOTE desde Vicente de los Ríos (1780) hasta la última edición del Sr. D. Francisco Rodríguez Marín (1928). Es
PRÓLOGO p. 12 una lista muy extensa y de un valor sumamente desigual, siendo las más significantes las de Juan Bowle (1781), Pellicer (1797), Navarrete (Vida de Cervantes, 1819), García Arrieta (1826), Bastús (1832-4), Clemencín (1833-9), Hartzenbusch y La Barrera (1863), León Máinez (1876-8), Benjumea (1880), Ormsby (1885), Fitzmaurice-Kelly (1898, 1901), Cortejón (1905-13), Cejador (La Lengua de Cervantes, 1905-6) y Rodríguez Marín (1916-17) (*). De todas éstas se destacan principalmente las de Rodríguez Marín, Clemencín, Cortejón y Cejador, a quienes debemos el que podamos entender mejor muchísimos pasos difíciles de la obra. Pero cualquier comentario refleja, no sólo la época, sino los conocimientos peculiares y las cualidades personalísimas del comentador. En Clemencín, que, disfrutando de una erudición vastísima, sobre todo en la materia de los libros de caballerías, arrojó a cada paso mucha luz sobre frases obscuras, y aclaró múltiples alusiones literarias e históricas, tenemos un ejemplo admirable de crítico unilateral; nada sirve, por lo tanto, ponderar su concepto estrecho de la gramática, ni su falta de sentido histórico del lenguaje, cuya evolución a través de los siglos parece que le fué una ciencia enteramente desconocida. Muchas observaciones de Cortejón, por acertadas y valiosas que sean, están obscurecidas o ahogadas entre extensas notas de __________ (*) Logré ver la edición de 1928 sólo después de impresas ya mis notas.
PRÓLOGO p. 13 poco valor literario o científico; el inmenso cuadro de las variantes que añadió da la misma trascendencia a las insignificantes que a las que merecen ser consideradas; y es de sentir también que su sistema mal organizado acarrease muchas equivocaciones. Los dos tomos aludidos de Cejador (que comprenden una Gramática y Diccionario) son de gran utilidad; pero es lástima que se fundasen en la tercera edición de Cuesta, lo cual hace carecer algunas lecciones de la autoridad que se deriva únicamente de la primera. A Rodríguez Marín, patriarca de los cervantistas por una existencia entera noblemente dedicada al estudio de la vida y las obras de Cervantes, debemos el comentario más trascendental de cuantos se hayan emprendido para diversas obras de Cervantes. Le debemos el que se puedan entender por primera vez una infinidad de pasajes, de giros y palabras que antes nadie había acertado a explicar. Con su caudal inmenso de conocimientos en materia de la literatura y de las costumbres del siglo XVI, Rodríguez Marín relaciona a Cervantes íntimamente con el lenguaje y la cultura del Renacimiento; si bien la crítica ha señalado que este admirable investigador ha forzado un tanto la nota con sus deseos de amenizar su comentario, acaso para no pecar de erudito seco; esta objeción, puede, sin embargo, pasarse por alto, ya que dicha amenidad le debió de hacer soportables tantas y tantas horas de abrumadores trabajos.
PRÓLOGO p. 14 Está justificado el que ninguno de estos comentadores se haya ocupado en hacer un estudio detallado lingüístico del glosario cervantino, ni de infinitos detalles de la sintaxis que todavía piden una aclaración. La ciencia de hoy día exige un trabajo definitivo, el cual no se puede hacer comprensivamente sin (a) un texto modelo y uniforme de todas las obras de Cervantes, ni sin (b) un diccionario de las voces que el gran escritor empleó; éstas se podrían reunir con más exactitud por medio de unas concordancias de sus escritos, siguiendo los dechados del género que existen para ciertas obras clásicas, y, en inglés, para la Biblia, para Shakespeare y otros escritores famosos. Excusa decir que un estudio definitivo sobre el lenguaje del siglo XVI, tal como se refleja en las obras cervantinas, sería uno de los capítulos más trascendentales en la historia de la evolución del idioma. A cada paso se notan en Cervantes palabras y giros difíciles de explicar, y toda solución está hecha a medias si no toma en cuenta todo el caudal del lenguaje cervantino (tanto de sus versos como de su prosa), además del léxico usado por sus contemporáneos. De lo cual se sigue que muchas observaciones lingüísticas abultarían desproporcionadamente en un comentario que va con el texto, sin dejar de ser deficientes por falta de trabajos fundamentales. Hay todavía muchos vocablos cuyo origen no se ha estudiado bastante, v. gr., estricote
PRÓLOGO p. 15 (página 42-14), y hasta “frases hechas”, dichos y refranes nacidos de una tradición antigua, que se van dilucidando lentamente por medio de las indagaciones de los eruditos y con la luz de citas sacadas de un sinnúmero de autores. Para facilitar el estudio de la bibliografía de las obras relacionadas con los escritos de Cervantes hacen falta catálogos de los libros españoles que se custodian en las bibliotecas principales de Europa y América (v. gr., Viena, Berlín, Munich, Friburgo (bibl. de Schaeffer), Gotinga, París, Nueva York, etc.), por el estilo del pequeño libro utilísimo del erudito hispanista Dr. Henry Thomas, sobre los libros españoles que se hallan en el Museo Británico. En vista de la importancia que ha de darse únicamente al texto de Cervantes, he procurado evitar toda erudición que pudiera parecer excesiva, y tampoco he querido meterme en ninguna crítica de índole literaria o estética, para la cual tendré más valor una vez terminada esta edición cervantina. Sigo creyendo en un Cervantes cuya “invención” natural (la palabra es suya) superaba inmensamente a su educación y a sus conocimientos escolásticos; cuyo genio, avivado y madurado por las propias experiencias de una vida de acción y perfeccionado por un don sin par de entender omne humanum, supo expresarse en un lenguaje y estilo que seguirán siendo la maravilla de los tiempos venideros. El espíritu nuevo de la crítica estética parece querer ocuparse cada
PRÓLOGO p. 16 vez más de Cervantes artista, consciente de cada belleza de estilo, y trabajando como un arquitecto en la construcción de su obra de arte inmortal; pero podría desorientar al lector, si lo hiciera a costa de la inspiración inconsciente y espontánea del novelista. Los detalles que relacionan al QUIJOTE con otros libros de su género, sus fuentes, las huellas que dejó en obras posteriores, la contribución inmensa de Cervantes, en resumidas cuentas, a la historia novelística, haría un tomo por sí misma. En efecto, una biografía razonada del propio Cervantes coincidiría con un estudio detallado de la literatura y del lenguaje españoles del siglo XVI, llegando hasta integrarse en una historia fundamental de las ideas estéticas del Renacimiento. Algunos giros extraños se me habrán deslizado en el discurso de mis observaciones o comentarios, pero no me han de cortar la mano con que los escribí. Si el lector me averigua faltas, errores e ignorancias, tendré que contestarle con toda franqueza: ¡pero si usted no puede figurarse cuántas cosas ignoro!, y no será fácil ocultar el triste hecho a pesar del tiempo y del cariño que he invertido en una faena que por fuerza ha de quedar deficiente. El comentario puesto a una obra inmortal no puede aspirar a ser más que una pequeña piedra añadida a un edificio que se ha de levantar con el transcurso de los siglos. De todos modos agradeceré cualquier reparo que se le ocurra
PRÓLOGO p. 17 al lector, y trataré de aprovecharlo con tal que hiciere más aceptable el texto cervantino. De lo más esencial ha de carecer el comentario sin la erudición vastísima de mi amigo Adolfo Bonilla, que dotado de una memoria sobrenatural no dejó casi nunca por escrito apuntes o notas para los trabajos que pensaba emprender. Pero confío en la indulgencia del lector, convencido de que únicamente con ella tendré valor para terminar esta edición de las obras de Cervantes. A mi querido amigo, el Dr. Ludwig Pfandl, de Munich, doy aquí mis más expresivas gracias por haberse tomado la molestia de leer las pruebas del texto, y a mi estimado colega D. Homero Serís por haber leído las pruebas de las notas. RODOLFO SCHEVILL. Madrid, Otoño de 1928.
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EL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA Compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra. 5 DIRIGIDO AL DVQVE DE BEIAR, Marques de Gibraleon, Conde de Benalcaçar (*) Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcozer, Señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos. 10 Escudo del impresor: una mano, sobre la cual hay un halcón, puesto el Año capirote; debajo 1605 un león echado; la leyenda dice: Post tenebras spero lvcem (*) CON PRIVILEGIO (*) EN MADRID Por Iuan de la Cuesta (*). __________________________________________________ Vendese en casa de Francisco de Robles (*), librero del Rey nuestro señor. 15
p. 20
p. 21 TASSA Yo, Iuan Gallo de Andrada, escriuano de Camara del Rey nuestro señor, de los que residen en su (*) Consejo, certifico y doy fe: que, auiendo (*) visto por los señores del vn libro 5 intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra, tassaron cada pliego del dicho libro a tres marauedis y medio, el qual tiene ochenta (*) y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho 10 libro docientos y nouenta (*) marauedis y medio, en que se ha de vender en papel, y dieron licencia para que a este precio se pueda vender; y mandaron que esta tassa se ponga al principio del dicho (*) libro, y no se pueda 15 vender sin ella. Y para que dello conste, di la (*) presente, en Valladolid, a veinte dias del mes de Deziembre (*) de mil y seyscientos y quatro años. Iuan Gallo de Andrada. 20
p. 22 TESTIMONIO DE LAS ERRATAS Este Libro no tiene cosa digna [de notar] (*) que no corresponda a su original. En testimonio de lo auer correcto di esta fee, en el Colegio de la Madre de Dios de los Teologos de 5 la Vniuersidad de Alcala, en primero de Diziembre de 1604 años. El Licenciado Francisco Murcia de la Llana (*).
p. 23 EL REY Por quanto por parte de vos, Miguel de Ceruantes, nos fue fecha relacion que auiades compuesto vn libro intitulado El ingenioso Hidalgo de la Mancha, el qual os auia costado 5 mucho trabajo, y era muy vtil y prouechoso, [y] nos pedistes y suplicastes os mandassemos dar licencia y facultad para le poder imprimir, y preuilegio por el tiempo que fuessemos seruidos, o como la nuestra merced fuesse, lo 10 qual, visto por los del nuestro Consejo, por quanto en el dicho libro se hizieron las diligencias que la prematica vltimamente por nos fecha sobre la impression de los libros dispone, fue acordado que deuiamos mandar dar 15 esta nuestra cedula para vos, en la dicha razon, y nos tuuimoslo por bien. Por la qual, por os hazer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder huuiere, y no 20 otra alguna, podays imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso Hidalgo de la Mancha, que de suso se haze mencion, en todos estos nuestros Reynos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten 25 desde el dicho dia de la data desta nuestra cedula; so pena que la persona, o personas,
PRIVILEGIO p. 24 que sin tener vuestro poder lo imprimiere o vendiere, o hiziere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impression que hiziere, con los moldes y aparejos della, y mas incurra en pena de cincuenta mil marauedis cada vez 5 que lo contrario hiziere. La qual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia parte para nuestra Camara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare. Con tanto, que todas las vezes que 10 huuieredes de hazer imprimir el dicho libro durante el tiempo de los dichos diez años, le traygais al nuestro Consejo, juntamente con el original que en el fue visto, que va rubricado cada plana, y firmado al fin del, de Iuan Gallo 15 de Andrada, nuestro escriuano de Camara, de los que en el residen, para saber si la dicha impression está conforme el original; o traygays fe en publica forma de como por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigio 20 la dicha impression por el original y se imprimio conforme a el, y quedan impressas las erratas por el apuntadas, para cada vn libro de los que assi fueren impressos, para que se tasse el precio que por cada volume[n] 25 huuieredes de auer. Y mandamos al impressor que assi imprimiere el dicho libro, no imprima el principio, ni el primer pliego del, ni entregue mas de vn solo libro, con el original, al autor o persona 30 a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno, para efeto de la dicha correcion y tassa, hasta
PRIVILEGIO p. 25 que antes y primero el dicho libro esté corregido y tassado por los del nuestro Consejo; y estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, y sucessiuamente ponga esta nuestra cedula, y 5 la aprouacion, tassa y erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y prematicas destos nuestros Reynos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y a otras qualesquier justicias dellos, guarden y 10 cumplan esta nuestra cedula y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veynte y seys dias del mes de Setiembre de mil y seyscientos y quatro años. 15 YO EL REY Por mandado del Rey nuestro señor, Iuan de Amezqueta (*).
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p. 27 AL DVQVE DE BEIAR, MARQVES DE Gibraleon, Conde de Benalcaçar y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcozer, Señor de las villas 5 de Capilla, Curiel y Burguillos. En fe del buen acogimiento y honra que haze Vuestra Excelencia a toda suerte de libros, como Principe tan inclinado a fauorecer las 10 buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al seruicio y grangerias del vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha, al abrigo del clarissimo nombre de vuestra 15 Excelencia, a quien, con el acatamiento que deuo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente en su proteccion, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudicion de que suelen andar 20 vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer seguramente en el juyzio de algunos que,
DEDICATORIA p. 28 [no] continiendose (*) en los limites de su ignorancia, suelen condenar con mas rigor y menos justicia los trabajos agenos; que, poniendo los ojos la prudencia de vuestra Excelencia en mi buen desseo, fio que no desdeñará 5 la cortedad de tan humilde seruicio. Miguel de Ceruantes Saauedra.
p. 29 PROLOGO Desocupado lector: sin juramento me podras creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el mas hermoso, el mas gallardo y mas discreto que pudiera 5 imaginarse; pero no he podido yo contrauenir al (*) orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y assi, ¿qué podra (*) engendrar el esteril y mal cultiuado ingenio mio, sino la historia de vn hijo seco, auellanado, 10 antojadizo y lleno de pensamientos varios, y nunca imaginados (*) de otro alguno, bien como quien se engendró en vna carcel, donde toda incomodidad tiene su assiento y donde todo triste ruydo haze su habitacion? El 15 sossiego, el lugar apazible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espiritu, son grande parte para que las musas mas esteriles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo 20 que le colmen de marauilla y de contento. Acontece tener vn padre vn hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone vna venda en los ojos para que no vea sus faltas (*), antes las juzga por discreciones y lindezas, 25 y las cuenta a sus amigos por agudezas y donayres. Pero yo, que, aunque parezco padre,
PROLOGO p. 30 soy padrastro de don Quixote, no quiero yrme con la corriente del vso, ni suplicarte, casi con las lagrimas en los ojos, como otros hazen, lector carissimo, que perdones o dissimules las faltas que en este mi hijo vieres; y (*) ni eres 5 su pariente, ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo, y tu libre aluedrio, como el mas pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el Rey de sus alcaualas, y sabes lo que comunmente se dize, que debaxo de mi 10 manto al Rey mato. Todo lo qual te essenta (*) y haze libre de todo respecto y obligacion, y assi (*) puedes dezir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal, ni te premien por el bien que 15 dixeres della. Solo quisiera dartela monda y desnuda, sin el hornato de Prologo, ni de la inumerabilidad y catalogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros 20 suelen ponerse. Porque te se dezir, que, aunque me costo algun trabajo componerla, ninguno tuue por mayor que hazer esta prefacion que vas leyendo. Muchas vezes tomé la pluma para escriuille (*), y muchas la dexé, por no saber 25 lo que escriuiria (*); y estando vna suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mexilla, pensando lo que diria (*), entró a deshora vn amigo mio, gracioso y bien entendido, el qual, 30 viendome tan imaginatiuo, me preguntó la causa, y no encubriendosela yo, le dixe que
PROLOGO p. 31 pensaua en el Prologo que auia de hazer a la historia de don Quixote, y que me tenia de suerte que ni queria hazerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble cauallero. “Porque ¿cómo quereys vos (*) que no me 5 tenga confuso el que dirá el antiguo legislador que llaman vulgo, quando vea que al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del oluido, salgo aora, con todos mis años a cuestas, con vna leyenda seca como 10 vn esparto, agena de inuencion, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudicion y doctrina (*); sin acotaciones en las margenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que estan otros libros, aunque sean 15 fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristoteles, de Platon y de toda la caterua de filosofos, que admiran a los leyentes, y tienen a sus autores por hombres leydos, eruditos y eloquentes? ¡Pues qué, quando citan la 20 Diuina Escritura, no diran sino que son vnos Santos Tomases y otros Doctores de la Yglesia, guardando en esto vn decoro tan ingenioso, que en vn renglon han pintado vn enamorado destraydo (*), y en otro hazen vn sermonzico 25 christiano, que es vn contento y vn regalo oylle (*), o leelle! De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos se qué autores sigo en el, para ponerlos al principio, 30 como hazen todos, por las letras del A B C, començando en Aristoteles y acaba[n]do (*) en
PROLOGO p. 32 Xenofonte (*) y en Zoylo, o Zeuxis, aunque fue maldiciente el vno y pintor el otro. Tambien ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, 5 damas o poetas celeberrimos. Aunque si yo los pidiesse a dos o tres oficiales amigos, yo se que me los darian, y tales, que no les ygualassen los de aquellos que tienen mas nombre en nuestra España. 10 ”En fin, señor y amigo mio --prosegui-- yo determino que el señor don Quixote se quede sepultado en sus archiuos en la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan, porque yo me hallo 15 incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltron y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me se dezir sin ellos. De aqui nace la suspension y eleuamiento, amigo 20 (*), en que me hallastes, bastante causa para ponerme en ella la que de mi aueys oydo.” Oyendo lo qual, mi amigo, dandose vna palmada en la frente y disparando en vna carga de risa (*), me dixo: 25 “Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de vn engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el qual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones (*). Pero 30 agora veo que estays tan lexos (*) de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que
PROLOGO p. 33 es possible que cosas de tan poco momento, y tan faciles de remediar, puedan tener fuerças de suspender y absortar vn ingenio tan maduro como el vuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? A la fe, 5 esto no nace de falta de abilidad (*), sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Quereys ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento y vereys como en vn abrir y cerrar de ojos confundo todas vuestras dificultades, 10 y remedio todas las faltas que dezis que os suspenden y acobardan para dexar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro famoso don Quixote, luz y espejo de toda la caualleria andante.” 15 “Dezid”, le repliqué yo, oyendo lo que me dezia: “¿de qué modo pensays llenar el vazio de mi temor, y reduzir a claridad el caos de mi confusion?” A lo qual el dixo: 20 “Lo primero, en que reparays de los sonetos, epigramas o elogios que os faltan para el principio, y que sean de personages graues y de titulo, se puede remediar en que vos mesmo (*) tomeys algun trabajo en hazerlos, y 25 despues los podeys bautizar y poner el nombre que quisieredes, ahijandolos al Preste Iuan de las Indias, o al Emperador de Trapisonda, de quien yo se que ay noticia que fueron famosos poetas, y quando no lo ayan sido, y vuiere 30 algunos pedantes (*) y bachilleres que por detras os muerdan y murmuren desta verdad, no
PROLOGO p. 34 se os de dos marauedis, porque ya que os aueriguen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escriuistes. ”En lo de citar en las margenes los libros y autores de donde sacaredes las sentencias y 5 dichos que pusieredes en vuestra historia, no ay mas sino hazer de manera que venga[n] (*) a pelo algunas sentencias, o latines, que vos sepays de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle (*), como sera poner, 10 tratando de libertad y cautiuerio: Non bene pro toto libertas venditur auro (*); y luego en el margen citar a Oracio, o a quien lo dixo. Si trataredes del poder de la muerte, acudir luego con 15 Pa[l]lida Mors oequo (*) pulsat pede pauperum regumque turres (*). tabernas Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Diuina, que lo podeys hazer 20 con tantico de curiosidad, y dezir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem dico vobis, diligite inimicos vestros (*). Si trataredes de malos pensamientos, acudid con el Euangelio: De corde exeunt cogitationes malae (*). 25 Si de la instabilidad de los amigos, ahi está Caton, que os dara su distico: Donec eris felix, multos numerabis (*) amicos, tempora si fuerint nubila, solus eris (*). Y con estos latinicos, y otros tales, os tendran 30
PROLOGO p. 35 siquiera por gramatico; que el serlo no es de poca honra y prouecho el dia de oy. ”En lo que toca al (*) poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo podeys hazer desta manera; si nombrays algun gigante en vuestro 5 libro, hazelde que sea el gigante Golias, y con solo esto, que os costará casi nada, teneys vna grande anotacion, pues podeys poner: El gigante Golias, o Goliat, fue vn filisteo a quien el pastor Dauid mató de vna gran pedrada en el 10 valle de Terebinto, segun se cuenta en el libro de los Reyes, en el capitulo que vos hallaredes que se escriue (*). Tras esto, para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmografo, hazed de modo como en vuestra historia 15 se nombre el rio Tajo, y vereysos luego con otra famosa anotacion, poniendo: El rio Tajo fue assi dicho por vn Rey de las Españas; tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar Oceano, besando los muros de la famosa ciudad 20 de Lisboa, y es opinion que tiene las arenas de oro, &c. Si trataredes de ladrones, yo os dire (*) la historia de Caco, que la se de coro; si de mugeres rameras, ahi está el Obispo de Mondoñedo, que os prestará a Lamia, Layda y 25 Flora, cuya anotacion os dara gran credito (*); si de crueles, Ouidio os entregará a Medea; si de encantadores (*) y hechizeras, Homero tiene a Calipso, y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el mesmo (*) Iulio Cesar os prestará 30 a si mismo (*) en sus Comentarios, y Plutarco os dara mil Alexandros. Si trataredes de amores,
PROLOGO p. 36 con dos onças que sepays de la lengua toscana, topareys con Leon Hebreo, que os hincha las medidas (*). Y si no quereys andaros por tierras estrañas, en vuestra casa teneys a Fonseca, Del amor de Dios (*), donde se cifra todo 5 lo que vos y el mas ingenioso acertare (*) a dessear en tal materia. En resolucion, no ay mas sino que vos procureys nombrar estos nombres, o tocar estas historias en la vuestra (*), que aqui he dicho, y dexadme a mi el cargo de 10 poner las anotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las (*) margenes y de gastar quatro pliegos en el fin del libro. ”Vengamos aora a la citacion de los autores que los otros libros tienen, que en el vuestro 15 os faltan. El remedio que esto tiene es muy facil, porque no aueys de hazer otra cosa que buscar vn libro que los acote todos, desde la A hasta la Z, como vos dezis. Pues esse mismo abecedario pondreys vos en vuestro libro; que, 20 puesto que a la clara se vea la mentira, por la poca necessidad que vos teniades de aprouecharos dellos, no importa nada, y quiça alguno aura tan simple que crea que de todos os aueys aprouechado en la simple (*) y senzilla historia 25 vuestra. Y quando no sirua de otra cosa, por lo menos seruira aquel largo catalogo (*) de autores a dar de improuiso autoridad al libro. Y mas, que no aura quien se ponga a aueriguar si los seguistes o no los seguistes, no 30 yendole nada (*) en ello; quanto mas que, si bien caygo en la cuenta, este vuestro libro no
PROLOGO p. 37 tiene necessidad de ninguna cosa de aquellas que vos dezis que le falta (*), porque todo el es vna inuectiua contra los libros de cauallerias, de quien nunca se acordo Aristoteles, ni dixo nada San Basilio, ni alcançó Ciceron. Ni caen 5 debaxo de la cuenta de sus fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las obseruaciones de la astrologia, ni le son de importancia las medidas geometricas, ni la confutacion de los argumentos de quien se sirue 10 la retorica, ni tiene para que predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo diuino, que es vn genero de mezcla de quien no se ha de vestir ningun christiano entendimiento. ”Solo tiene que aprouecharse de la imitacion 15 en lo que fuere escriuiendo; que quanto ella fuere mas perfecta, tanto mejor sera lo que se escriuiere. Y pues esta vuestra escritura no mira a mas que a deshazer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los 20 libros de cauallerias, no ay para que andeys mendigando sentencias de filosofos, consejos de la Diuina Escritura, fabulas de poetas, oraciones de retoricos, milagros de santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, 25 honestas y bien colocadas, salga vuestra oracion y periodo sonoro y festiuo; pintando en todo lo que alcançaredes y fuere possible, vuestra intencion, dando a entender vuestros conceptos, sin intricarlos y escurecerlos. 30 Procurad tambien que, leyendo vuestra historia, el melancolico (*) se mueua a risa, el risueño la
PROLOGO p. 38 acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la inuencion, el graue no la desprecie, ni el prudente dexe de alabarla. En efecto, lleuad la mira puesta a derribar la maquina mal fundada destos cauallerescos libros, 5 aborrecidos de tantos y alabados de muchos mas; que, si esto alcançassedes, no auriades alcançado poco.” Con silencio grande estuue escuchando lo que mi amigo me dezia, y de tal manera se 10 imprimieron en mi sus razones, que, sin ponerlas en disputa (*), las aproue por buenas, y de ellas mismas quise hazer este Prologo; en el qual veras, lector suaue, la discrecion de mi amigo, la buena ventura mia en hallar en tiempo 15 tan necessitado tal consegero, y el aliuio tuyo en hallar tan sinzera y tan sin rebueltas la historia del famoso don Quixote de la Mancha, de quien ay opinion por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el 20 mas casto enamorado y el mas valiente cauallero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yo no quiero encarecerte el seruicio que te hago en darte a conocer tan noble (*) y tan honrado cauallero; pero 25 quiero que me agradezcas el conocimiento que tendras del famoso Sancho Pança, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterua de los libros vanos de cauallerias estan esparzidas. 30 Y con esto, Dios te de salud, y a mi no oluide. Vale.
p. 39 AL LIBRO DE DON QVIXOTE DE LA MANCHA VRGANDA LA DESCONOCIDA (*) Si de llegarte a los bue-, libro, fueres con letu-, (*) no te dira el boquirru- (*) 5 que no pones bien los de-. Mas si el pan no se te cue- por yr a manos de idio-, veras, de manos a bo-, aun no dar vna en el cla-; 10 si bien se comen las ma- por mostrar que son curio-. Y, pues la espiriencia (*) ense- que el que a buen arbol se arri- buena sombra le cobi-, 15 en Bexar tu buena estre- vn arbol real te ofre- que da Principes por fru-, en el qual florecio (*) vn Du- que es nueuo Alexandro Ma-; (*) 20 llega a su sombra: que a osa- (*) fauorece la fortu-. (*) De vn noble hidalgo manche- contarás (*) las auentu-, a quien ociosas (*) letu- 25 trastornaron la cabe-. Damas, armas, caualle- (*) le prouocaron de mo- que, qual Orlando furio-, templado a lo enamora-, 30
ELOGIOS p. 40 alcançó a fuerça de bra- a Dulzinea del Tobo-. No indiscretos hierogli- estampes en el escu-; que, quando es todo figu-, 5 con ruynes puntos se embi-. Si en la direccion te humi-, no dira mofante algu-: «¡Qué don Aluaro de Lu-, qué Anibal el de Carta-, 10 qué Rey Francisco en Espa- se quexa de la fortu-!» (*) Pues al cielo no le plu- que saliesses tan ladi- como el negro Iuan Lati-, (*) 15 hablar latines rehu- (*). No me despuntes de agu-, ni me alegues con filo-; porque torziendo la bo-, dira el que entiende la le-, (*) 20 no vn palmo de las (*) ore-: «¿Para que conmigo flo-?» No te metas en dibu-, ni en saber vidas age-; que en lo que no va ni vie- 25 passar de largo es cordu-. Que suelen en caperu- darles a los que grace-; mas tu quemate las ce- solo en cobrar buena fa-; 30 que el que imprime neceda- dalas a censo perpe-.
ELOGIOS p. 41 Aduierte que es desati-, siendo de vidrio el teja-, tomar piedras en las (*) ma- para tirar al vezi-. Dexa que el hombre de juy- 5 en las obras que compo- se vaya con pies de plo-; que el que saca a luz pape- para entretener donze-, escriue a tontas y a lo-. 10 AMADIS DE GAVLA (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Tu, que imitaste la llorosa vida que tuue, ausente y desdeñado, sobre 15 el gran ribaço de la Peña Pobre, de alegre a penitencia reduzida; tu, a quien los ojos dieron la beuida de abundante licor, aunque salobre, y, alçandote la plata, estaño y cobre, 20 te dio la tierra en tierra la comida; biue seguro de que eternamente, en tanto, al menos, que en la quarta esfera sus cauallos aguije el rubio Apolo, tendras claro renombre de valiente, 25 tu patria sera en todas la primera, tu sabio autor, al mundo vnico y solo.
ELOGIOS p. 42 DON BELIANIS DE GRECIA (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Rompi, corté, abollé, y dixe, y hize mas que en el orbe cauallero andante; 5 fuy diestro, fuy valiente, fuy (*) arrogante; mil agrauios vengué, cien mil deshize. Hazañas di a la fama que eternize; fuy comedido y regalado amante; fue enano para mi todo gigante, 10 y al duelo en qualquier punto satisfize. Tuue a mis pies postrada (*) la fortuna, y traxo del copete mi cordura a la calua ocasion al estricote. (*) Mas, aunque sobre el cuerno de la luna 15 siempre se vio encumbrada mi ventura, tus proezas embidio, ¡o, gran Quixote! LA SEÑORA ORIANA (*) A DVLZINEA DEL TOBOSO SONETO 20 ¡O, quien tuuiera, hermosa Dulzinea, por mas comodidad y mas reposo, a Miraflores puesto en el Toboso, y trocara sus Londres con tu aldea!
ELOGIOS p. 43 ¡O, quien de tus desseos y librea alma y cuerpo adornara, y del famoso cauallero, que hiziste (*) venturoso, mirara alguna desigual pelea! ¡O, quien tan castamente se escapara 5 del señor Amadis, como tu hiziste (*) del comedido hidalgo don Quixote! Que assi, embidiada fuera, y no embidiara, y fuera alegre el tiempo que fue triste, y gozara los gustos sin escote. 10 GANDALIN, ESCVDERO DE AMADIS DE GAVLA, A SANCHO PANÇA, ESCVDERO DE DON QVIXOTE SONETO Salue, varon famoso, a quien fortuna, quando en el trato escuderil te puso, 15 tan blanda y cuerdamente lo dispuso, que lo passaste sin desgracia alguna. Ya la açada o la hoz poco repugna al andante exercicio; ya está en vso la llaneza escudera, con que acuso 20 al soberuio que intenta hollar la luna. Embidio a tu jumento, y a tu nombre, y a tus alforjas ygualmente imbidio (*), que mostraron tu cuerda prouidencia. Salue otra vez, ¡o, Sancho! tan buen hombre, 25 que a solo tu nuestro español Ouidio con buzcorona (*) te haze reberencia.
ELOGIOS p. 44 DEL DONOSO POETA ENTREVERADO (*) A SANCHO PANÇA Y ROZINANTE Soy Sancho Pança, escude- del manchego don Quixo-; puse pies en poluoro- 5 por viuir a lo discre-; que el tacito Villadie- (*) toda su razon de esta- cifró en vna retira-, segun siente Celesti-, 10 libro, en mi opinion, diui-, si encubriera mas lo huma-. A ROZINANTE Soy Rozinante el famo-, bisnieto del gran Babie-; 15 por pecados de flaque- fuy a poder de vn don Quixo-. Parejas corri a lo flo-, (*) mas por vña de caua- no se me escapó ceua-; 20 que esto saqué a Lazari- quando, para hurtar el vi- al ciego, le di la pa-. (*)
ELOGIOS p. 45 ORLANDO FVRIOSO (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Si no eres par, tampoco le has tenido; que par pudieras ser entre mil pares, 5 ni puede auerle donde tu te hallares, inuito (*) vencedor, jamas vencido. Orlando soy, Quixote, que, perdido por Angelica, vi remotos mares, ofreciendo a la fama en sus altares 10 aquel valor que respetó el oluido. No puedo ser tu ygual, que este decoro se deue a tus (*) proezas y a tu fama, puesto que, como yo, perdiste el seso. Mas serlo has mio, si al soberuio Moro 15 y Cita fiero domas, que oy nos llama yguales en amor con mal sucesso. EL CAVALLERO DEL FEBO (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO 20 A vuestra espada no ygualó la mia, Phebo español, curioso cortesano, ni a la alta gloria de valor mi mano, que rayo fue do nace y muere el dia.
ELOGIOS p. 46 Imperios desprecié; la (*) monarquia que me ofrecio el Oriente roxo en vano dexé, por ver el rostro soberano de Claridiana, aurora hermosa mia. Amela por milagro vnico y raro, 5 y, ausente en su desgracia, el propio infierno temio mi braço, que domó su rabia. Mas vos, godo Quixote, ilustre y claro, por Dulzinea soys al mundo eterno, y ella por vos famosa, honesta y sabia. 10 DE SOLISDAN (*) A DON QVIXOTE DE LA MANCHA SONETO Maguer, señor Quixote, que sandezes vos tengan el cerbelo derrumbado, 15 nunca sereys de alguno reprochado por home (*) de obras viles y soezes. Seran vuessas fazañas los joezes, pues tuertos desfaziendo aueys andado, siendo vegadas mil apaleado 20 por follones cautiuos y rahezes. Y si la vuessa linda Dulzinea dessaguisado contra vos comete, ni a vuessas cuytas muestra buen talante, en tal desman, vuesso conorte sea 25 que Sancho Pança fue mal alcaguete, (*) necio el, dura ella, y vos no amante.
ELOGIOS p. 47 DIALOGO (*) ENTRE BABIECA Y ROZINANTE SONETO B. ¿Cómo estays, Rozinante, tan delgado? R. Porque nunca se come, y se trabaja. 5 B. Pues ¿qué es de la ceuada y de la paja? R. No me dexa mi amo ni vn bocado. B. Andá, señor, que estays muy mal criado, pues vuestra lengua de asno al amo vltraja. R. Asno se es de la cuna a la mortaja. 10 ¿Quereyslo ver? Miraldo enamorado. B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia. B. Metafisico estays. R. Es que no como. 15 B. Quexaos del escudero. R. No es bastante. ¿Cómo me he de quexar en mi dolencia, si el amo y escudero o mayordomo son tan rozines como Rozinante? (*) 20
p. 48
p. 49 PRIMERA PARTE (*) DEL INGENIOSO hidalgo don Quixote de la Mancha. Capitulo Primero 5 Que trata de la condicion y exercicio del famoso hidalgo don Quixote de la Mancha. En vn lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en astillero, 10 adarga antigua, rozin flaco y galgo corredor. Vna olla de algo mas vaca que carnero (*), salpicon (*) las mas noches, duelos y quebrantos los sabados (*), lantejas los viernes (*), algun palomino de añadidura los domingos, consumian 15 las tres partes de su hazienda. El resto della concluian sayo de velarte, calças de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los dias de entre semana se honraua con su vellori de lo mas fino. 20 Tenia en su casa vna ama que passaua de los quarenta, y vna sobrina que no llegaua a los veynte, y vn moço de campo y plaça, que assi ensillaua el rozin como tomaua la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 50 podadera. Frisaua la edad de nuestro hidalgo con los cinquenta años. Era de complexion rezia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caça. Quieren dezir que tenia el sobrenombre de Quixada, o Quesada, 5 que en esto ay alguna diferencia en los autores que deste caso escriuen, aunque por conjeturas verosimiles (*) se dexa entender que se llamaua Quexana (*). Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narracion 10 del no se salga vn punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaua ocioso, que eran los mas del año, se daua a leer libros de cauallerias, con tanta aficion y gusto, que oluidó casi 15 de todo punto el exercicio de la caça, y aun la administracion de su hazienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendio muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de cauallerias en que (*) leer, y 20 assi lleuó a su casa todos quantos pudo auer dellos, y, de todos, ningunos le parecian tambien (*) como los que compuso el famoso Feliciano de Silua; porque la claridad de su prosa, y aquellas entricadas razones suyas le 25 parecian de perlas; y mas quando llegaua a leer aquellos requiebros y cartas de desafios, donde en muchas partes hallaua escrito: La razon de la sinrazon que a mi razon se haze, de tal manera mi razon enflaqueze, que con razon 30 me quexo de la vuestra fermosura. Y tambien quando leia: Los altos cielos que de vuestra
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 51 diuinidad diuinamente con las estrellas os fortifican, y os hazen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza (*). Con estas razones perdia el pobre cauallero el juyzio, y desuelauase por entenderlas y desentrañarles 5 el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo (*) Aristoteles, si resucitara para solo ello. No estaua muy bien con las heridas que don Belianis daua y recebia, porque se imaginaua 10 que, por grandes maestros que le huuiessen curado, no dexaria de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alabaua en su autor aquel acabar su libro con la promessa de aquella inacabable auentura, 15 y muchas vezes le vino desseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como alli se promete; y sin duda alguna lo hiziera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estoruaran (*). 20 Tuuo muchas vezes competencia con el cura de su lugar, que era hombre docto, graduado en Ciguença (*), sobre quál auia sido mejor cauallero, Palmerin de Ingalaterra o Amadis de Gaula; mas Maese Nicolas, barbero del 25 mesmo (*) pueblo, dezia que ninguno llegaua al Cauallero del Febo, y que si alguno se le podia comparar, era don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, porque tenia muy acomodada condicion para todo; que no era cauallero melindroso, 30 ni tan lloron como su hermano, y que en lo de la valentia no le yua en çaga.
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 52 En resolucion, el se enfrascó tanto en su letura, que se le passauan las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio; y, assi, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder 5 el juyzio. Llenosele la fantasia de todo aquello que leia en los libros, assi de encantamentos como de pendencias, batallas, desafios, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates impossibles. Y assentosele de tal modo en 10 la imaginacion que era verdad toda aquella maquina de aquellas sonadas (*) soñadas inuenciones que leia, que para el no auia otra historia mas cierta en el mundo. Dezia el, que el Cid Ruydiaz auia sido muy buen cauallero; 15 pero que no tenia que ver con el Cauallero de la Ardiente Espada (*), que de solo vn reues auia partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaua con Bernardo del Carpio (*), porque en Ronçesualles auia muerto 20 a Roldan el encantado, valiendose de la industria de Hercules, quando ahogó a Anteo (*), el hijo de la Tierra, entre los braços. Dezia mucho bien del gigante Morgante (*) porque, con ser de aquella generacion gigantea, que todos 25 son soberuios y descomedidos, el solo era afable y bien criado. Pero sobre todos estaua bien con Reynaldos de Montaluan (*), y mas quando le veia salir de su castillo, y robar quantos topaua, y quando en allende (*) robó 30 aquel idolo de Mahoma, que era todo de oro, segun dize su historia. Diera el, por dar vna
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 53 mano de cozes al traydor de Galalon (*), al ama que tenia, y aun a su sobrina de añadidura. En efeto, rematado ya su juyzio, vino a dar en el mas estraño pensamiento que (*) jamas dio loco en el mundo, y fue, que le parecio 5 conuenible y necessario, assi para el aumento de su honra como para el seruicio de su republica, hazerse cauallero andante, y yrse por todo el mundo con sus armas y cauallo, a buscar las auenturas, y a exercitarse en todo aquello 10 que el auia leydo que los caualleros andantes se exercitauan, deshaziendo todo genero de agrauio, y poniendose en ocasiones y peligros, donde, acabandolos, cobrase eterno nombre y fama. Ymaginauase el pobre ya 15 coronado por el valor de su braço, por lo menos del imperio de Trapisonda, y, assi, con estos tan agradables pensamientos, lleuado del estraño gusto que en ellos sentia, se dio priessa a poner en efeto lo que desseaua. 20 Y lo primero que hizo fue limpiar vnas armas que auian sido de sus visabuelos (*), que, tomadas de orin y llenas (*) de moho, luengos siglos auia que estauan puestas y oluidadas en vn rincon. Limpiolas y adereçolas lo mejor 25 que pudo; pero vio que tenian vna gran falta, y era que no tenian zelada de encaxe, sino morrion simple; mas a esto suplio su industria, porque de cartones hizo vn modo de media zelada, que, encaxada con el morrion, hazian 30 vna apariencia de zelada entera. Es verdad que para prouar si era fuerte y podia estar al
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 54 riesgo de vna cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en vn punto deshizo lo que auia hecho en vna semana; y no dexó de parecerle mal la facilidad con que la auia hecho pedaços, y, por assegurarse 5 deste peligro, la tornó a hazer de nueuo, poniendole vnas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que el quedó satisfecho de su fortaleza, y, sin querer hazer nueua experiencia della, la diputó y tuuo por zelada finissima de 10 encaxe. Fue luego a ver su (*) rozin, y, aunque tenia mas quartos que vn real y mas tachas que el cauallo de Gonela, que tantum pellis & ossa fuit (*), le parecio que ni el Buzefalo de 15 Alexandro, ni Babieca el del Cid con el se ygualauan. Quatro dias se le passaron en imaginar qué nombre le pondria, porque, segun se dezia el a si mesmo (*), no era razon que cauallo de cauallero tan famoso, y tan bueno el por si, 20 estuuiesse sin nombre conocido, y, ansi (*), procuraua acomodarsele de manera que declarasse quien auia sido antes que fuesse de cauallero andante, y lo que era entonces; pues estaua muy puesto en razon que, mudando su señor 25 estado, mudasse el tambien el nombre, y [le] (*) cobrasse famoso y de estruendo, como conuenia a la nueua orden y al nueuo exercicio (*) que ya professaua; y assi, despues de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadio, 30 deshizo y tornó a hazer en su memoria e imaginacion, al fin le vino a llamar Rozinante,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO I p. 55 nombre, a su parecer, alto, sonoro y significatiuo (*) de lo que auia sido quando fue rozin, antes de lo que aora era, que era antes y primero de todos los rozines del mundo. Puesto nombre, y tan a su gusto, a su cauallo, 5 quiso ponersele a si mismo, y en este pensamiento duró otros ocho dias, y al cabo se vino a llamar don Quixote; de donde, como queda dicho (*), tomaron (*) ocasion los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se deuia 10 de llamar Quixada, y no Quesada, como otros quisieron dezir. Pero acordandose que el valeroso Amadis, no solo se auia contentado con llamarse Amadis a secas, sino que añadio el nombre de su reyno y patria por [hazerla] (*) 15 famosa, y se llamó Amadis de Gaula, assi quiso, como buen cauallero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quixote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraua muy al viuo su linage y patria, y la honraua 20 con tomar el sobrenombre della. Limpias, pues, sus armas, hecho del morrion zelada, puesto nombre a su rozin y confirmandose (*) a si mismo, se dio a entender que no le faltaua otra cosa sino buscar vna dama de 25 quien enamorarse; porque el cauallero andante sin amores era arbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma. Deziase el a si: “[Si] yo por malos de mis pecados (*), o por mi buena suerte, me encuentro por ahi con algun gigante, 30 como de ordinario les acontece a los caualleros andantes, y le derribo de vn encuentro, o
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 56 le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venço y le rindo, ¿no sera bien tener a quien embiarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde, y rendido (*): «Yo, señora (*), soy 5 »el gigante Caraculiambro, señor de la insula »Malindrania, a quien vencio en singular »batalla el jamas como se deue alabado »cauallero don Quixote de la Mancha, el qual me »mandó que me presentasse ante vuestra (*) 10 »merced para que la vuestra grandeza »disponga de mi a su talante?»” ¡O, cómo se holgo nuestro buen cauallero quando huuo hecho este discurso, y mas quando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, 15 a lo que se cree, que en vn lugar cerca del suyo auia vna moça labradora de muy buen parecer, de quien el vn tiempo anduuo enamorado, aunque, segun se entiende, ella jamas lo supo ni se (*) dio cata dello. Llamauase Aldonça 20 Lorenço, y a esta le parecio ser bien darle titulo de señora de sus pensamientos; y, buscandole nombre que no desdixesse mucho del suyo, y que tirasse y se encaminasse al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del 25 Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, musico y peregrino, y significatiuo (*), como todos los demas que a el y a sus cosas auia puesto.
p. 57 Capitulo II Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quixote. Hechas, pues, estas preuenciones, no quiso aguardar mas tiempo a poner en efeto su 5 pensamiento, apretandole a ello la falta que el pensaua que hazia en el mundo su tardança, segun eran los agrauios que pensaua deshazer, tuertos que endereçar, sinrazones que emendar (*), y abusos que mejorar, y deudas que satisfazer. 10 Y assi, sin dar parte a persona alguna de su intencion y sin que nadie le viesse, vna mañana, antes del dia, que era vno de los calurosos del mes de Iulio, se armó de todas sus armas, subio sobre Rocinante, puesta su mal compuesta 15 zelada, embraçó su adarga, tomó su lança, y, por la puerta falsa de vn corral, salio al campo con grandissimo contento y alboroço de ver con quánta facilidad auia dado principio a su buen desseo. 20 Mas apenas se vio en el campo quando le assaltó vn pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiziera dexar la començada empresa; y fue, que le vino a la memoria que no era armado cauallero, y que, conforme a ley de 25 caualleria, ni podia ni deuia tomar armas con ningun cauallero; y, puesto que lo fuera, auia de lleuar armas blancas, como nouel cauallero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerço
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 58 la ganasse. Estos pensamientos le hizieron titubear en su proposito; mas, pudiendo mas su locura que otra razon alguna, propuso de hazerse armar cauallero del primero que topasse, a imitacion de otros muchos que assi lo hizieron, 5 segun el auia leydo en los libros que tal le tenian. En lo de las armas blancas, pensaua limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuessen mas que vn armiño (*); y con esto se quietó y prosiguio su camino, sin lleuar otro 10 que aquel que su cauallo queria, creyendo que en aquello consistia la fuerça de las auenturas. Yendo, pues, caminando nuestro flamante auenturero, yua hablando consigo mesmo (*), y diziendo: “¿Quién duda, sino que en los 15 venideros tiempos, quando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escriuiere no ponga, quando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?: «Apenas auia el rubicundo Apolo 20 »tendido por la faz de la ancha y espaciosa »tierra las doradas hebras de sus hermosos »cabellos, y apenas los pequeños y pintados »paxarillos con sus harpadas (*) lenguas auian »saludado con dulce y meliflua armonia la venida 25 »de la rosada Aurora, que, dexando la blanda »cama del zeloso marido, por las puertas y »balcones del manchego orizonte a los mortales »se mostraua, quando el famoso cauallero don »Quixote de la Mancha, dexando las ociosas 30 »plumas, subio sobre su famoso cauallo »Rozinante, y començo a caminar por el antiguo y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 59 »conocido campo de Montiel (*).»” Y era la verdad que por el caminaua; y añadio diziendo: “Dichosa edad, y siglo dichoso, aquel adonde saldran a luz las famosas hazañas mias, dignas de entallarse en bronzes, esculpirse en marmoles 5 y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡O tu, sabio encantador, quien quiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia, ruegote que no te oluides de mi buen Rozinante, compañero eterno 10 mio en todos mis caminos y carreras!” Luego boluia diziendo, como si verdaderamente fuera enamorado: “¡O princesa Dulcinea, señora deste cautiuo coraçon!, mucho agrauio me auedes fecho en despedirme y reprocharme con el 15 riguroso (*) afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plegaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto coraçon, que tantas cuytas por vuestro amor padece.” Con estos yua ensartando otros disparates, todos al 20 modo de los que sus libros le auian enseñado, imitando en quanto podia su lenguaje. Con (*) esto caminaua tan despacio, y el sol entraua tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuuiera. 25 Casi todo aquel dia caminó sin acontecerle cosa que de contar fuesse, de lo qual se desesperaua, porque quisiera topar luego luego (*), con quien hazer experiencia del valor de su fuerte braço. Autores ay que dizen que la 30 primera auentura que le auino fue la del puerto Lapice (*), otros dizen que la de los molinos
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 60 de viento; pero lo que yo he podido aueriguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que el anduuo todo aquel dia, y al anochecer, su rozin y el se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, 5 mirando a todas partes por ver si descubriria algun castillo o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiesse remediar su mucha hambre y (*) necessidad, vio, no lexos del camino por donde yua, vna venta, 10 que fue como si viera vna estrella que no (*) a los portales, sino a los alcaçares de su redencion le encaminaua. Diose priessa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecia. Estauan acaso a la puerta dos mugeres moças, 15 destas que llaman del partido (*), las quales yuan a Seuilla con vnos harrieros que en la venta aquella noche acertaron a hazer jornada; y como a nuestro auenturero todo quanto pensaua, veia o imaginaua, le parecia ser hecho 20 y passar al modo de lo que auia leydo, luego que vio la venta se le representó que era vn castillo con sus quatro torres y chapiteles de luziente plata, sin faltarle su puente leuadiza y honda caua, con todos aquellos aderentes 25 que (*) semejantes castillos se pintan. Fues(s)e llegando a la venta que a el le parecia castillo, y a poco trecho della detuuo las riendas a Rozinante, esperando que algun enano se pusiesse entre las almenas, a dar señal 30 con alguna trompeta de que llegaua cauallero al castillo. Pero como vio que se tardauan y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 61 que Rozinante se daua priessa por llegar a la caualleriza, se llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos destraydas (*) moças que alli estauan, que a el le parecieron dos hermosas donzellas o dos graciosas damas, que delante de 5 la puerta del castillo se estauan solazando. En esto sucedio acaso que vn porquero, que andaua recogiendo de vnos rastrojos vna manada de puercos, que, sin perdon, assi se llaman, tocó vn cuerno, a cuya señal ellos se recogen, 10 y al instante se le representó a don Quixote lo que desseaua, que era que algun enano hazia señal de su venida; y assi, con estraño contento, llegó a la venta y a las damas. Las quales, como vieron venir vn hombre de aquella suerte 15 armado, y con lança y adarga, llenas de miedo se yuan a entrar en la venta; pero don Quixote, coligiendo por su huyda su miedo, alçandose la visera de papelon, y descubriendo su seco y poluoroso rostro, con gentil talante y voz 20 reposada les dixo: “No fuyan las vuestras mercedes ni (*) teman desaguisado alguno, ca a la orden de caualleria que professo non toca ni atañe fazerle a ninguno, quanto mas a tan altas donzellas como 25 vuestras presencias demuestran.” Mirauan[le] (*) las moças, y andauan con los ojos buscandole el rostro, que la mala visera le encubria; mas como se oyeron llamar donzellas, cosa tan fuera de su profession, no 30 pudieron tener la risa, y fue de manera que don Quixote vino a correrse y a dezirles:
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 62 “Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez, ademas, la risa que de leue causa procede; pero non vos lo digo porque os acuytedes ni mostredes mal talante, que el mio non es de al (*) que de seruiros.” 5 El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro cauallero acrecentaua en ellas la risa, y en el el enojo, y passara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacifico; 10 el qual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lança, adarga y coselete, no estuuo en nada en acompañar (*) a las donzellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, 15 temiendo la maquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente, y assi le dixo: “Si vuestra merced, señor cauallero, busca posada, amen del lecho, porque en esta venta 20 no ay ninguno, todo lo demas se hallará en ella en mucha abu[n]dancia.” Viendo don Quixote (*) la humildad del alcayde de la fortaleza, que tal le parecio a el el ventero y la venta, respondio: 25 “Para mi, señor castellano, qualquiera cosa basta, porque mis arreos son las armas, mi descanso el pelear (*), &c.” Penso el huesped que el auerle llamado 30 castellano auia sido por auerle parecido de los
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 63 sanos de Castilla (*), aunque el era andaluz, y de los de la Playa de San Lucar, no menos ladron que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje (*); y, assi, le respondio: “Segun esso, las camas de vuestra merced 5 seran duras peñas, y su dormir, siempre velar; y, siendo assi, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choça ocasion y ocasiones para no dormir en todo vn año, quanto mas en vna noche.” 10 Y, diziendo esto, fue a tener el (*) estribo a don Quixote, el qual se apeó con mucha dificultad y trabaxo, como aquel que en todo aquel dia no se auia desayunado. Dixo luego al huesped que le tuuiesse mucho cuydado de su 15 cauallo, porque era la mejor pieça que comia pan en el mundo. Mirole el ventero, y no le parecio tan bueno como don Quixote dezia, ni aun la mitad; y acomodandole en la caualleriza, boluio a ver lo que su huesped mandaua, al qual estauan 20 desarmando las donzellas, que ya se auian reconciliado con el; las quales, aunque le auian quitado el peto y el espaldar, jamas supieron ni pudieron desencaxarle la gola, ni quitalle (*) la contrahecha zelada que traia atada con vnas 25 cintas verdes, y era menester cortarlas por no poderse quitar los ñudos; mas el no lo quiso consentir en ninguna manera, y, assi, se quedó toda aquella noche con la zelada puesta, que era la mas graciosa y estraña figura que se 30 pudiera pensar. Y al desarmarle, como el se imaginaua que aquellas traydas y lleuadas (*) que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 64 le desarmauan eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dixo con mucho donayre: “Nunca fuera cauallero de damas tambien (*) seruido, 5 como fuera don Quixote quando de su aldea vino: donzellas curauan del, princesas del su rozino (*). ”O Rozinante; que este es el nombre, señoras 10 mias, de mi cauallo, y don Quixote de la Mancha el mio; que, puesto que no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro seruicio y pro me descubrieran, la fuerça de acomodar al proposito presente este romance 15 viejo de Lançarote ha sido causa que sepays mi nombre antes de toda sazon; pero tiempo vendra en que las vuestras señorias me manden, y yo obedezca, y el valor de mi braço descubra el desseo que tengo de seruiros.” 20 Las moças, que no estauan hechas a oyr semejantes retoricas, no respondian palabra; solo le preguntaron si queria comer alguna cosa. “Qualquiera yantaria yo”, respondio don 25 Quixote, “porque a lo que entiendo me haria mucho al caso.” A dicha acerto a ser viernes aquel dia, y no auia en toda la venta sino vnas raciones de vn pescado que en Castilla llaman abadexo, y 30 en Andaluzia bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela. Preguntaronle si,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO II p. 65 por ventura, comeria su merced truchuela; que no auia otro pescado que dalle (*) a comer. “Como aya muchas truchuelas (*)”, respondio don Quixote, “podran seruir de vna trucha; porque esso se (*) me da que me den ocho reales 5 en senzillos, que en vna pieça de a ocho. Quanto mas que podria ser que fuessen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabron. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y 10 peso de las armas no se puede lleuar sin el gouierno de las tripas.” Pusieronle la mesa a la puerta de la venta por el fresco, y truxole el huesped vna porcion del mal remojado y peor cozido bacallao, y vn 15 pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenia puesta la zelada y alçada la visera (*), no podia poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daua y ponia, y 20 ansi (*), vna de aquellas señoras seruia deste menester. Mas al darle de beuer, no fue possible, ni lo fuera, si el ventero no horadara vna caña, y, puesto el vn cabo en la boca, por el otro le yua echando el vino; y todo esto lo 25 recebia en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la zelada. Estando en esto, llegó acaso a la venta vn castrador de puercos, y assi como llegó, sono su siluato de cañas quatro o cinco vezes, con 30 lo qual acabó de confirmar don Quixote que estaua en algun famoso castillo, y que le
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 66 seruian con musica, y que el abadexo eran truchas, el pan candeal (*), y las rameras damas, y el ventero castellano del castillo; y con esto daua por bien empleada su determinacion y salida. Mas lo que mas le fatigaua era el no 5 verse armado cauallero, por parecerle que no se podria poner legitimamente en auentura alguna, sin recebir la orden de caualleria.
p. 67 Capitulo III Donde se cuenta la graciosa manera que tuuo don Quixote en armarse cauallero. Y assi, fatigado deste pensamiento, abreuió su venteril y limitada cena. La qual acabada, 5 llamó al ventero, y, encerrandose con el en la caualleriza, se hincó de rodillas ante el, diziendole: “No me leuantaré jamas de donde estoy, valeroso cauallero, fasta que la vuestra 10 cortesia me otorgue vn don que pedirle quiero, el qual redundará en alabança vuestra y en pro del genero humano.” El ventero, que vio a su huesped a sus pies y oyo semeja[n]tes razones, estaua confuso 15 mirandole sin saber qué hazerse ni dezirle, y porfiaua con el que se leuantase, y jamas quiso, hasta que le huuo de dezir que el le otorgaua el don que le pedia. “No esperaua yo menos de la gran magnificencia 20 (*) vuestra, señor mio”, respondio don Quixote, “y assi os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana, en aquel dia, me aueys de armar cauallero, y esta noche en la 25 capilla deste vuestro castillo velaré las armas, y mañana, como tengo dicho, se cumplira lo que tanto desseo, para poder, como se deue, yr por todas las quatro partes (*) del mundo
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 68 buscando las auenturas en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caualleria y de los caualleros andantes, como yo soy, cuyo desseo a semejantes fazañas es inclinado.” El ventero, que, como está dicho, era vn poco 5 socarron, y ya tenia algunos barruntos de la falta de juyzio de su huesped, acabó de creerlo quando acabó de oyrle (*) semejantes razones, y, por tener que reyr aquella noche, determinó de seguirle el humor; y, assi, le dixo que andaua 10 muy acertado en lo que desseaua y pedia (*), y que tal prosupuesto era propio y natural de los caualleros tan principales como el parecia y como su gallarda presencia mostraua; y que el, ansi mesmo (*), en los años de su mocedad, 15 se auia dado a aquel honroso exercicio, andando por diuersas partes del mundo buscando sus auenturas, sin que huuiesse dexado los percheles de Malaga, islas de [Riaran] (*), Compas de Seuilla, Azoguejo de Segouia, la 20 Oliuera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de San Lucar, Potro de Cordoua y las Ventillas de Toledo (*), y otras diuersas partes, donde auia exercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haziendo muchos tuertos, 25 requestando muchas viudas, deshaziendo algunas donzellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dandose a conocer por quantas audiencias y tribunales ay casi en toda España; y que, a lo vltimo, se auia venido a 30 recoger a aquel su castillo, donde viuia con su hazienda y con las agenas, recogiendo en el
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 69 a todos los caualleros andantes, de qualquiera calidad y condicion que fuessen, solo por la mucha aficion que les tenia, y porque partiessen con el de sus aueres en pago de su buen desseo. 5 Dixole tambien que en aquel su castillo no auia capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaua derribada para hazerla de nueuo; pero que, en caso de necessidad, el sabia que se podian velar donde quiera, y que 10 aquella noche las podria velar en vn patio del castillo; que a la mañana, siendo Dios seruido, se harian las deuidas ceremonias, de manera que el quedasse armado cauallero, y tan cauallero, que no pudiesse ser mas en el mundo. 15 Preguntole si traia dineros; respondio don Quixote que no traia blanca, porque el nunca auia leydo en las historias de los caualleros andantes que ninguno los huuiesse traydo. A esto dixo el ventero que se engañaua; que, 20 puesto caso que en las historias no se escriuia, por auerles parecido a los autores dellas (*) que no era menester escreuir (*) vna cosa tan clara y tan necessaria de traerse, como eran dineros (*) y camisas limpias, no por esso se auia de 25 creer que no los truxeron; y assi, tuuiesse por cierto y aueriguado que todos los caualleros andantes, de que tantos libros estan llenos y atestados, lleuauan bien herradas las bolsas por lo que pudiesse sucederles, y que assi 30 mismo (*) lleuauan camisas y vna arqueta pequeña llena de vnguentos para curar las heridas que
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 70 recebian, porque no todas vezes en los campos y desiertos, donde se combatian y salian heridos, auia quien los curasse, si ya no era que tenian algun sabio encantador por amigo, que luego los socorria, trayendo por el ayre, en 5 alguna nuue, alguna donzella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud que, en gustando alguna gota della, luego al punto quedauan sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno huui[e]ssen tenido; mas que, en 10 tanto que esto no huuiesse, tuuieron los passados caualleros por cosa acertada que sus escuderos fuessen proueydos de dineros y de otras cosas necessarias, como eran hilas y vnguentos para curarse; y quando sucedia que los tales 15 caualleros no tenian escuderos, que eran pocas y raras vezes, ellos mesmos (*) lo lleuauan todo en vnas alforjas muy sutiles, que casi no se parecian, a las ancas del cauallo, como que era otra cosa de mas importancia; porque, no 20 siendo por ocasion semejante, esto de lleuar alforjas no fue muy admitido entre los caualleros andantes, y por esto le daua por consejo, pues aun se lo podia mandar como a su ahijado, que tan presto lo auia de ser, que no caminasse 25 de alli adelante sin dineros y sin las preuenciones referidas (*), y que veria quan bien se hallaua con ellas, quando menos se pensase. Prometiole don Quixote de hazer lo que se le aconsejaua con toda puntualidad. Y, assi, se 30 dio luego orden como velasse las armas en vn corral grande que a vn lado de la venta estaua,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 71 y, recogiendolas don Quixote todas, las puso sobre vna pila que junto a vn pozo estaua. Y, embraçando su adarga, asio de su lança, y con gentil continente se començo a passear delante de la pila, y quando començo el passeo 5 començaua a cerrar la noche. Conto el ventero a todos quantos estauan en la venta la locura de su huesped, la vela de las armas y la armazon de caualleria que esperaua. Admiraronse (*) de tan estraño genero de 10 locura, y (*) fueronselo a mirar desde lexos, y vieron que, con sossegado ademan, vnas vezes se passeaua, otras, arrimado a su lança, ponia los ojos en las armas, sin quitarlos por vn buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero (*) 15 con tanta claridad de la luna, que podia competir con el que se la prestaua; de manera, que quanto el nouel cauallero hazia era bien visto de todos. Antojosele en esto a vno de los harrieros que 20 estauan en la venta yr a dar agua a su requa, y fue menester quitar las armas de don Quixote, que estauan sobre la pila, el qual, viendole llegar, en voz alta le dixo: “¡O tu, quien quiera que seas, atreuido 25 cauallero, que llegas a tocar las armas del mas valeroso andante que jamas se ciño espada, mira lo que hazes y no las toques, si no quieres dexar la vida en pago de tu atreui[mi]ento!” No se curó el harriero destas razones, y fuera 30 mejor que se curara, porque fuera curarse en salud; antes, trauando de las correas, las arrojó
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 72 gran trecho de si. Lo qual visto por don Quixote, alçó los ojos al cielo, y puesto el pensamiento, a lo que parecio, en su señora Dulzinea, dixo: “Acorredme, señora mia, en esta primera 5 afrenta que a este vuestro auassallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro fauor y amparo.” Y, diziendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alçó la lança a dos manos, 10 y dio con ella tan gran golpe al harriero en la cabeça, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si segundara con otro, no tuuiera necessidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogio sus armas y tornó a passearse con el 15 mismo reposo que primero. Desde alli a poco, sin saberse lo que auia passado, porque aun es[ta]ua aturdido el harriero, llegó otro con la mesma intencion de dar agua a sus mulos, y, llegando a quitar las 20 armas para desembaraçar la pila, sin hablar don Quixote palabra, y sin pedir fauor a nadie, solto otra vez la adarga, y alçó otra vez la lança, y sin hazerla pedaços, hizo mas de tres la cabeça del segundo harriero, porque se la abrio 25 por quatro. Al ruydo acudio toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto don Quixote, embraçó su adarga, y, puesta mano a su espada, dixo: “¡O señora de la fermosura, esfuerço y vigor 30 del debilitado coraçon mio, aora es tiempo que bueluas los ojos de tu grandeza a este tu
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 73 cautiuo cauallero, que tamaña auentura está atendiendo!” Con esto cobró, a su parecer, tanto animo, que si le acometieran todos los harrieros del mundo no boluiera el pie atras. Los compañeros 5 de los heridos, que tales los vieron, començaron desde lexos a llouer piedras sobre don Quixote, el qual, lo mejor que podia, se reparaua con su adarga, y no se osaua apartar de la pila por no desamparar las armas. El ventero 10 daua vozes que le dexassen, porque ya les auia dicho como era loco, y que por loco se libraria aunque los matasse a todos. Tambien don Quixote las daua, mayores, llamandolos de aleuosos y traydores, y que el señor del castillo 15 era vn follon y mal nacido cauallero, pues de tal manera consentia que se tratassen los andantes caualleros, y que si el huuiera recebido la orden de caualleria, que el le diera a entender su aleuosia: “Pero de vosotros, soez y baxa 20 canalla, no hago caso alguno. ¡Tirad, llegad, venid y ofendedme en quanto pudieredes (*); que vosotros vereys el pago que lleuays de vuestra sandez y demasia!” Dezia esto con tanto brio y denuedo, que 25 infundio vn terrible temor en los que le acometian, y, assi, por esto, como por las persuasiones del ventero, le dexaron de tirar, y el dexó retirar a los heridos, y tornó a la vela de sus armas con la misma quietud y sossiego que 30 primero. No le parecieron bien al ventero las burlas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 74 de su huesped, y determinó abreuiar y darle la negra orden de caualleria luego, antes que otra desgracia sucediesse. Y assi, llegandose a el, se desculpó de la insolencia que aquella gente baxa con el auia vsado, sin que el supiesse 5 cosa alguna, pero que bien castigados quedauan de su atreuimiento. Dixole, como ya le auia dicho, que en aquel castillo no auia capilla, y para lo que restaua de hazer tampoco era necessaria; que todo el toque de quedar armado 10 cauallero consistia en la pescoçada y en el espaldarazo, segun el tenia noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de vn campo se podia hazer, y que ya auia cumplido con lo que tocaua al velar de las armas, que 15 con solas dos horas de vela se cumplia, quanto mas que el auia estado mas de quatro. Todo se lo creyo don Quixote [y dixo] (*) que el estaua alli pronto (*) para obedecerle, y que concluyesse con la mayor breuedad que 20 pudiesse; porque si fuesse otra vez acometido, y se viesse armado cauallero, no pensaua dexar persona viua en el castillo, eceto aquellas que el le mandasse, a quien por su respeto dexaria. Aduertido y medroso desto el castellano, 25 truxo luego vn libro donde assentaua la paja y ceuada que daua a los harrieros, y con vn cabo de vela que le traia vn muchacho, y con las dos ya dichas donzellas, se vino adonde don Quixote estaua, al qual mandó hincar de 30 rodillas, y, leyendo en su manual, como que dezia alguna deuota oracion, en mitad de la
PRIMERA PARTE, CAPITVLO III p. 75 leyenda alçó la mano y diole sobre el cuello vn buen (*) golpe, y tras el, con su mesma espada, vn gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como que rezaua. Hecho esto, mandó a vna de aquellas damas que le 5 ciñesse la espada, la qual lo hizo con mucha desemboltura y discrecion, porque no fue menester poca para no rebentar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya auian visto del nouel cauallero les tenia la 10 risa a raya. Al ceñirle la espada, dixo la buena señora: “Dios haga a vuestra merced muy venturoso cauallero y le de ventura en lides.” Don Quixote le preguntó como se llamaua, 15 porque el supiesse de alli adelante a quien quedaua obligado por la merced recebida, porque pensaua darle alguna parte de la honra que alcançasse por el valor de su braço. Ella respondio con mucha humildad que se llamaua 20 la Tolosa, y que era hija de vn remendon natural de Toledo, que viuia a las tendillas de Sancho Bienaya (*), y que donde quiera que ella estuuiesse le seruiria y le tendria por señor. Don Quixote le replicó que, por su amor, 25 le hiziesse merced que de alli adelante se pusiesse don, y se llamasse doña Tolosa. Ella se lo prometio, y la otra le calçó la espuela, con la qual le passó casi el mismo coloquio que con la de la espada. Preguntole su nombre, y 30 dixo que se llamaua la Molinera, y que era hija de vn honrado molinero de Antequera; a
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 76 la qual tambien rogo don Quixote que se pusiesse don, y se llamasse doña Molinera, ofreciendole nueuos seruicios y mercedes. Hechas, pues, de galope y aprissa (*), las hasta alli nunca vistas ceremonias, no vio la hora 5 don Quixote de verse a cauallo y salir buscando las auenturas, y, ensillando luego a Rozinante, subio en el, y abraçando (*) a su huesped, le dixo cosas tan estrañas, agradeciendole la merced de auerle armado cauallero, 10 que no es possible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retoricas, aunque con mas breues palabras, respondio a las suyas, y, sin pedirle (*) la costa de la posada, le dexó yr a la buen (*) 15 hora.
p. 77 Capitulo IV De lo que le sucedio a nuestro cauallero (*) quando salio de la venta. La del alua seria quando don Quixote salio de la venta, tan contento, tan gallardo, tan 5 alboroçado por verse ya armado cauallero, que el gozo le rebentaua por las cinchas del cauallo. Mas viniendole a la memoria los consejos de su huesped cerca de las preuenciones tan necessarias que auia de lleuar consigo, 10 especial la de los dineros y camisas, determinó boluer a su casa y acomodarse de todo, y de vn escudero, haziendo cuenta de recebir a vn labrador vezino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a proposito para el oficio 15 escuderil de la caualleria. Con este pensamiento guió a Rozinante hazia su aldea, el qual, casi conociendo la querencia, con tanta gana començo a caminar, que parecia que no ponia los pies en el suelo. 20 No auia andado mucho, quando le parecio que a su diestra mano, de la espessura de vn bosque que alli estaua, salian vnas vozes delicadas, como de persona que se quexaua, y, a penas las huuo oydo, quando dixo: 25 “Gracias doy al cielo por la merced que me haze, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que deuo a mi profession y donde pueda coger el fruto de mis buenos desseos. Estas vozes, sin duda, 30
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 78 son de algun menesteroso, o menesterosa, que ha menester mi fauor y ayuda.” Y, boluiendo las riendas, encaminó a Rozinante hazia donde le parecio que las vozes salian. Y, a pocos passos que entró por el 5 bosque, vio atada vna yegua a vna enzina, y atado en otra a vn muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quinze años, que era el que las vozes daua, y no sin causa, porque le estaua dando con vna pretina muchos 10 açotes vn labrador de buen talle, y cada açote le acompañaua con vna reprehension y consejo. Porque dezia: “La lengua queda, y los ojos listos.” Y el muchacho respondia: 15 “No lo hare otra vez, señor mio; por la passion de Dios, que no lo hare otra vez, y yo prometo de tener de aqui adelante mas cuydado con el hato.” Y viendo don Quixote lo que passaua, con 20 voz ayrada dixo: “Descortes cauallero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro cauallo y tomad vuestra lança --que tambien tenia vna lança arrimada a la enzina 25 adonde estaua arrimada (*) la yegua--, que yo os hare conocer ser de cobardes lo que estays haziendo.” El labrador, que vio sobre si aquella figura llena de armas, blandiendo la lança sobre su 30 rostro, tuuose por muerto, y con buenas palabras respondio:
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 79 “Señor cauallero, este muchacho que estoy castigando, es vn mi criado que me sirue de guardar vna manada de ouejas que tengo en estos contornos, el qual es tan descuydado, que cada dia me falta vna; y porque castigo su 5 descuydo, o vellaqueria, dize que lo hago de miserable, por no pagalle la soldada que le deuo, y en Dios y en mi anima que miente.” “¿Miente delante de mi, ruyn villano?”, dixo don Quixote. “Por el sol que nos alumbra, que 10 estoy por passaros de parte a parte con esta lança; pagadle (*) luego sin mas replica; si no, por el Dios que nos rige que os concluya y aniquile en este punto. Desatadlo (*) luego.” El labrador baxó la cabeça, y, sin responder 15 palabra, desató a su criado, al qual preguntó don Quixote que quánto le deuia su amo; el dixo que nueue meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta don Quixote y halló que montauan sesenta (*) y tres reales, y dixole al labrador 20 que al momento los desembolsasse, si no queria morir por ello. Respondio el medroso villano que para el passo en que estaua y juramento que auia hecho --y aun no auia jurado nada (*)--, que no eran tantos, porque se 25 le auian de descontar y recebir en cuenta tres pares de çapatos que le auia dado, y vn real de dos sangrias que le auian hecho estando enfermo. “Bien está todo esso”, replicó don Quixote; 30 “pero quedense los çapatos y las sangrias por los açotes que sin culpa le aueys
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 80 dado; que si el rompio el cuero de los çapatos que vos pagastes, vos le aueys rompido el de su cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la aueys sacado; ansi (*) que, por esta parte, no os deue 5 nada.” “El daño está, señor cauallero, en que no tengo aqui dineros; vengase Andres conmigo a mi casa, que yo se los pagaré vn real sobre otro.” 10 “¿Yrme yo con el”, dixo el muchacho, “mas? ¡Mal año, no señor, ni por pienso; porque, en viendose solo, me dessuelle (*) como a vn San Bartolome!” “No hara tal”, replicó don Quixote; “basta 15 que yo se lo mande para que me tenga respeto; y con que el me lo jure por la ley de caualleria que ha recebido, le dexaré yr libre y asseguraré la paga.” “Mire vuestra merced, señor, lo que dize”, 20 dixo el muchacho; “que este mi amo no es cauallero, ni ha recebido orden de caualleria alguna; que es Iuan Haldudo el rico, el vezino del Quintanar.” “Importa poco esso”, respondio don Quixote, 25 “que Haldudos puede auer caualleros; quanto mas, que cada vno es hijo de sus obras (*).” “Assi es verdad”, dixo Andres; “pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada, y mi sudor y trabajo?” 30 “No niego, hermano Andres”, respondio el labrador, “y hazedme plazer de veniros
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 81 conmigo; que yo juro por todas las ordenes que de cauallerias ay en el mundo de pagaros, como tengo dicho, vn real sobre otro, y aun sahumados.” “Del sahumerio os hago gracia”, dixo don 5 Quixote; “dadselos en reales, que con esso me contento, y mirad que lo cumplays como lo aueys jurado; si no, por el mismo juramento os juro de boluer a buscaros y a (*) castigaros, y que os tengo de hallar, aunque os escondays 10 mas que vna lagartija. Y, si quereys saber quien os manda esto, para quedar con mas veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quixote de la Mancha, el desfazedor de agrauios y sinrazones, y a Dios quedad; 15 y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.” Y, en diziendo esto, picó a su Rozinante, y en breue espacio se apartó dellos. Siguiole el labrador con los ojos, y quando vio que auia 20 traspuesto del bosque y que ya no parecia, boluiose a su criado Andres, y dixole: “Venid aca, hijo mio, que os quiero pagar lo que os deuo, como aquel deshazedor de agrauios me dexó mandado.” 25 “Esso juro yo”, dixo Andres; “y ¡cómo que andara vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen cauallero, que mil años viua; que, segun es de valeroso y de buen juez, viue Roque que si no me paga, que 30 buelua y execute lo que dixo!” “Tambien lo juro yo”, dixo el labrador; “pero,
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 82 por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por (*) acrecentar la paga.” Y, asiendole del braço, le tornó a atar a la enzina, donde le dio tantos açotes que le dexó por muerto. 5 “Llamad, señor Andres, aora”, dezia el labrador, “al desfazedor de agrauios; vereys como no desfaze aqueste, aunque creo que no está acabado de hazer, porque me viene gana de dessollaros viuo, como vos temiades.” 10 Pero, al fin, le desató y le dio licencia que fuesse a buscar su (*) juez para que executasse la pronunciada sentencia. Andres se partio algo mohino, jurando de yr a buscar al valeroso don Quixote de la Mancha y contalle (*) punto por 15 punto lo que auia passado, y que se lo auia de pagar con las setenas (*). Pero, con todo esto, el se partio llorando y su amo se quedó riendo. Y desta manera deshizo el agrauio el valeroso don Quixote, el qual, contentissimo de lo 20 sucedido, pareciendole que auia dado felicissimo y alto principio a sus cauallerias, con gran satisfacion de si mismo yua caminando hazia su aldea, diziendo a media voz: “Bien te puedes llamar dichosa sobre quantas 25 oy viuen en la tierra, ¡o sobre las bellas bella Dulzinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a vn tan valiente y tan nombrado cauallero como lo es y sera don Quixote de la 30 Mancha. El qual, como todo el mundo sabe, ayer rescibio (*) la orden de caualleria, y oy
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 83 ha desfecho el mayor tuerto y agrauio que formó la sinrazon y cometio la crueldad. Oy quitó el latigo de la mano a aquel despiadado (*) enemigo, que tan sin ocasion vapulaua a aquel delicado infante.” 5 En esto, llegó a vn camino que en quatro se diuidia, y luego se le vino a la imaginacion las encruzexadas (*) donde los caualleros andantes se ponian a pensar quál camino de aquellos tomarian, y, por imitarlos estuuo vn rato quedo, 10 y, al cabo de auerlo muy bien pensado, solto la rienda a Rozinante, dexando a la voluntad del rozin la suya, el qual siguio su primer intento, que fue el yrse camino de su caualleriza. Y auiendo andado como dos millas, descubrio 15 don Quixote vn grande tropel de gente, que, como despues se supo, eran vnos mercaderes toledanos que yuan a comprar seda a Murcia. Eran seys, y venian con sus quitasoles, con otros (*) quatro criados a cauallo y tres moços 20 de mulas a pie. Apenas los diuisó don Quixote, quando se imaginó ser cosa de nueua auentura; y, por imitar en todo quanto a el le parecia possible los passos que auia leydo en sus libros, le 25 parecio venir alli de molde vno que pensaua hazer. Y assi, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apreto la lança, llegó la adarga al pecho, y, puesto en la mitad del camino, estuuo esperando que aquellos 30 caualleros andantes llegassen, que ya el por tales los tenia y juzgaua, y, quando llegaron a trecho
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 84 que se pudieron ver y oyr, leuantó don Quixote la voz, y, con ademan arrogante, dixo: “Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiessa que no ay en el mundo todo donzella mas hermosa que la Emperatriz de la 5 Mancha, la simpar (*) Dulzinea del Toboso.” Pararonse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura del que las dezia, y por la figura y por las razones (*) luego echaron de ver la locura de su dueño; 10 mas quisieron ver despacio en que paraua aquella confession que se les pedia, y vno dellos, que era vn poco burlon y muy mucho discreto, le dixo: “Señor cauallero, nosotros no conocemos 15 quién sea essa buena señora que dezis; mostradnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significays (*), de buena gana y sin apremio alguno confessaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.” 20 “Si os la mostrara”, replicó don Quixote, “¿qué hizierades vosotros en confessar vna verdad tan notoria? La importancia está en que, sin verla, lo aueis de creer, confessar, afirmar, jurar y defender; donde no (*), conmigo 25 soys en batalla, gente descomunal y soberuia. Que, aora vengays vno a vno, como pide la orden de caualleria, ora todos juntos, como es costumbre y mala vsança de los de vuestra ralea, aqui os aguardo y espero, confiado en 30 la razon que de mi parte tengo.” “Señor cauallero”, replicó el mercader,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 85 “suplico a vuestra merced, en nombre de todos estos principes que aqui estamos que, por que no encarguemos nuestras conciencias, confessando vna cosa por nosotros jamas vista ni oyda, y mas siendo tan en perjuyzio de las 5 emperatrizes y reynas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea seruido de mostrarnos algun retrato de essa señora, aunque sea tamaño como vn grano de trigo; que por el hilo se sacará el ouillo, y quedaremos con 10 esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado. Y aun creo que estamos ya tan de su parte, que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de vn ojo y que del otro le mana bermellon y piedra 15 açufre, con todo esso, por complazer a vuestra merced, diremos en su fauor todo lo que quisiere.” “No le mana, canalla infame”, respondio don Quixote encendido en colera; “no le mana, 20 digo, esso que dezis, sino ambar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni corcobada, sino mas derecha que vn huso de Guadarrama (*). Pero ¡vosotros pagareys la grande blasfemia que aueys dicho contra tamaña beldad, como 25 es la de mi señora!” Y, en diziendo esto, arremetio con la lança baxa contra el que lo auia dicho, con tanta furia y enojo, que, si la buena suerte no hiziera que en la mitad del camino tropeçara y 30 cayera Rozinante, lo passara mal el atreuido mercader. Cayo Rozinante, y fue rodando su
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 86 amo vna buena pieça por el campo, y, queriendose leuantar, jamas pudo: tal embaraço le causauan la lança, adarga, espuelas y zelada, con el peso de las antiguas armas. Y entre tanto que pugnaua por leuantarse y no podia, 5 estaua diziendo: “¡Non fuyais, gente cobarde, gente cautiua, atended; que no por culpa mia, sino de mi cauallo, estoy aqui tendido!” Vn moço de mulas de los que alli venian, 10 que no deuia de ser muy bien intencionado, oyendo dezir al pobre caydo tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y, llegandose a el, tomó la lança, y despues de auerla hecho pedaços, con 15 vno dellos començo a dar a nuestro don Quixote tantos palos, que, a despecho y pesar de sus armas, le molio como cibera. Dauanle vozes sus amos que no le diesse tanto, y que le dexasse; pero estaua ya el moço picado y no 20 quiso dexar el juego hasta embidar todo el resto de su colera; y, acudiendo por los demas troços de la lança, los acabó de deshazer sobre el miserable caydo, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre el via, no cerraua 25 la boca, amenazando al cielo y a la tierra, y a los malandrines, que tal le parecian. Cansose el moço, y los mercaderes siguieron su camino, lleuando qué contar en todo el del pobre apaleado. El qual, despues que se 30 vio solo, tornó a prouar si podia leuantarse; pero si no lo pudo hazer quando sano y
PRIMERA PARTE, CAPITVLO IV p. 87 bueno, ¿cómo lo haria molido y casi deshecho? Y aun se tenia por dichoso, pareciendole que aquella era propia desgracia de caualleros andantes, y toda la atribuia a la falta de su cauallo; y no era possible leuantarse, segun tenia 5 brumado todo el cuerpo.
p. 88 Capitulo V Donde se prosigue la narracion de la desgracia de nuestro cauallero. Viendo, pues, que, en efeto, no podia menearse, acordo de acogerse a su ordinario remedio, 5 que era pensar en algun passo de sus libros, y truxole su locura a la memoria aquel de Valdouinos y del Marques de Mantua, quando Carloto le dexó herido en la montiña (*), historia sabida de los niños, no ignorada de los 10 moços, celebrada y aun creyda de los viejos, y, con todo esto, no mas verdadera que los milagros de Mahoma (*). Esta, pues, le parecio a el que le venia de molde para el passo en que se hallaua; y assi, con muestras de grande 15 sentimiento, se començo a bolcar por la tierra, y a dezir con debilitado aliento lo mesmo (*) que dizen dezia el herido cauallero del bosque: ¿Dónde estás, señora mia, que no te duele mi mal? 20 O no lo sabes, señora, o eres falsa y desleal. Y desta manera fue prosiguiendo el romance, hasta aquellos versos que dizen: ¡O, noble Marques de Mantua, 25 mi tio y señor carnal! Y quiso la suerte que, quando llegó a este
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 89 verso, acerto a passar por alli vn labrador de su mesmo (*) lugar y vezino suyo, que venia de lleuar vna carga de trigo al molino, el qual, viendo aquel hombre alli tendido, se llegó a el y le preguntó que quién era y qué mal 5 sentia, que tan tristemente se quexaua. Don Quixote creyo, sin duda, que aquel era el Marques de Mantua, su tio, y, assi, no le respondio otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daua cuenta de su desgracia 10 y de los amores del hijo del Emperante con su esposa; todo de la mesma (*) manera que el romance lo canta. El labrador estaua admirado oyendo aquellos disparates, y, quitandole la visera, que ya estaua hecha pedaços de los 15 palos, le limpio el rostro, que le tenia cubierto (*) de poluo, y apenas le huuo limpiado, quando le conocio, y le dixo: “Señor Quixana” (*) --que assi se deuia de llamar quando el tenia juyzio y no auia passado 20 de hidalgo sossegado a cauallero andante--, “¿quién a puesto a vuestra merced desta suerte?” Pero el seguia con su romance a quanto le preguntaua. 25 Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenia alguna herida; pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró leuantarle del suelo, y no con poco trabajo le subio sobre su jumento, por 30 parecer (*) caualleria mas sossegada. Recogio las armas, hasta las astillas de la lança, y liolas
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 90 sobre Rozinante, al qual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hazia su pueblo, bien pensatiuo de oyr los disparates que don Quixote dezia. Y no menos yua don Quixote, que, de puro molido y quebrantado, 5 no se podia tener sobre el borrico, y de quando en quando daua vnos suspiros (*) que los ponia en el cielo; de modo, que de nueuo obligó a que el labrador le preguntasse le dixesse qué mal sentia. Y no parece sino que el diablo le 10 traia a la memoria los cuentos acomodados a sus sucessos, porque en aquel punto, oluidandose de Valdouinos, se acordo del moro Abindarraez, quando el alcayde de Antequera, Rodrigo de Naruaez, le prendio y lleuó cautiuo (*) 15 a su alcaydia (*). De suerte que, quando el labrador le boluio a preguntar que cómo estaua y qué sentia, le respondio las mesmas palabras y razones que el cautiuo Abenzerrage respondia a Rodrigo de Naruaez, del mesmo 20 modo que el auia leydo la historia en la Diana, de Iorge de Montemayor, donde se escriue, aprouechandose della tan a (*) proposito, que el labrador se yua dando al diablo de oyr tanta maquina de necedades; por donde conocio que 25 su vezino estaua loco y dauale (*) priessa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quixote le causaua con su larga arenga. Al cabo de lo qual, dixo: “Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo 30 de Naruaez, que esta hermosa Xarifa, que he dicho, es aora la linda Dulzinea del Toboso,
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 91 por quien yo he hecho, hago y hare los mas famosos hechos de cauallerias que se han visto, vean ni veran en el mundo.” A esto respondio el labrador: “Mire vuestra merced, señor, ¡pecador de 5 mi!, que yo no soy don Rodrigo de Naruaez, ni el Marques (*) de Mantua, sino Pedro Alonso, su vezino; ni vuestra merced es Valdouinos, ni Abindarraez, sino el honrado hidalgo del señor Quixana (*).” 10 “Yo se quién soy”, respondio don Quixote, “y se que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los doze Pares de Francia, y aun todos los Nueue de la Fama (*), pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada vno 15 por si hizieron, se auentajarán las mias.” En estas platicas y en otras semejantes llegaron al lugar a la hora que anochecia; pero el labrador aguardó a que fuesse algo mas noche, porque no viessen al molido hidalgo 20 tan mal cauallero. Llegada, pues, la hora que le parecio, entró en el pueblo y en la casa de don Quixote, la qual halló toda alborotada --y estauan en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quixote--: 25 que estaua diziendoles su ama a vozes: “¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Perez --que assi se llamaua el cura--, de la desgracia de mi señor? Tres (*) dias ha que no parecen el, ni el rozin, ni la 30 adarga, ni la lança, ni las armas. ¡Desuenturada de mi!, que me doy a entender, y assi es ello la
DON QVIXOTE DE LA MANCHA p. 92 verdad como naci para morir, que estos malditos libros de cauallerias que el tiene y suele leer tan de ordinario, le han buelto el juyzio; que aora me acuerdo auerle (*) oydo dezir muchas vezes, hablando entre si, que queria 5 hazerse cauallero andante e yrse a buscar las auenturas por essos mundos. Encomendados sean a Satanas y a Barrabas tales libros, que assi han echado a perder el mas delicado entendimiento que auia en toda la Mancha.” 10 La sobrina dezia lo mesmo, y aun dezia mas: “Sepa señor maese Nicolas --que este era el nombre del barbero--, que muchas vezes le acontecio a mi señor tio estarse leyendo en estos desalmados libros de desuenturas dos 15 dias con sus noches, al cabo de los quales arrojaua el libro de las manos y ponia mano a la espada y andaua a cuchilladas con las paredes, y, quando estaua muy cansado, dezia que auia muerto a quatro gigantes como quatro 20 torres, y el sudor que sudaua del cansancio dezia que era sangre de las feridas que auia recebido en la batalla, y beuias(s)e luego vn gran jarro de agua fria, y quedaua sano y sossegado, diziendo que aquella agua era vna 25 preciosissima beuida que le auia traydo el sabio Esquife, vn grande encantador y amigo suyo. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no auisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tio, para que lo remediaran 30 antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros; que
PRIMERA PARTE, CAPITVLO V p. 93 tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuessen de herejes.” “Esto digo yo tambien”, dixo el cura, “y a fee que no se passe el dia de mañana sin que dellos no se haga acto publico, y sean 5 condenados al fuego, porque no den ocasion a quien los leyere de hazer lo que mi buen amigo deue de auer hecho.” Todo esto estauan oyendo el labrador, y don Quixote, con que acabó de entender el 10 labrador la enfermedad de su vezino, y assi, començo a dezir a vozes: “Abran vuestras mercedes al señor Valdouinos y al señor Marques de Mantua, que viene mal ferido; y al señor moro Abindarraez, que 15 trae cautiuo el valeroso Rodrigo de Naruaez, alcayde de Antequera.” A estas vozes salieron todos, y como conocieron los vnos a su amigo, las otras a su amo y tio, que aun no se auia apeado del jumento, 20 porque no podia, corrieron a abraçarle. El dixo: “Tenganse todos; que vengo mal ferido por la culpa de mi cauallo. Lleuenme a mi lecho, y llamese, si fuere possible, a la sabia 25 Vrganda, que cure y cate de (*) mis feridas.” “¡Mirá en hora maça” (*), dixo a este punto el ama, “si me dezia a mi bien mi coraçon del pie que coxeaua mi señor! Suba vuestra merced en buen hora; que, sin que venga essa 30 Vrgada (*), le sabremos aqui curar. ¡Malditos, digo, sean otra vez y otras ciento estos libros
DON QVIXOTE DE LA M