Published in Ingeniosa invención: Essays on Golden Age Spanish Literature for Geoffrey L. Stagg in Honor of his Eighty-Fifth Birthday. Ed. Ellen Anderson and Amy Williamsen. Newark, Delaware: Juan de la Cuesta, 1999, pp. 241-53.

¿Por qué volvió Cervantes de Argel? (1)

DANIEL EISENBERG


CERVANTES PASÓ UN AÑO en Italia, pero cinco años en la ciudad de Argel. Aquellos años constituyen lo que Zamora Vicente describió como "un hecho primordial en la vida de Cervantes," que la divide "en dos mitades" (239). Pensamos disponer de datos copiosos sobre este período: en la "Historia del cautivo," "El amante liberal," El trato de Argel, Los baños de Argel y también en El gallardo español y La gran sultana. Pero ninguna de estas obras es histórica. La "Epístola a Mateo Vázquez," aunque sigue citándose igual que el supuesto retrato de Jáuregui sigue reproduciéndose, es, en mi opinión, una falsificación. (2) Tenemos, eso sí, la descripción de la valentía de Cervantes publicada por Diego de Haedo, (3) y la larga "Información de Argel" preparada en 1580. (4) Pero ¡cuán poco sabemos de aquellos cinco años principales! Quedan muchas dudas por despejar.
     Seguimos sin comprender por qué Cervantes inventó un personaje llamado "un tal de Saavedra," mencionado en El trato de Argel, la "Historia del cautivo" y protagonista de El gallardo español, y entonces comenzó a usar como suyo el segundo apellido Saavedra, cuando el de su madre fue Cortinas. (5) No tenemos explicación de la extraña enemistad de Blanco de Paz hacia él, ni de las "cosas viciosas, feas y deshonesta[s]" que, según Blanco, hiciera en Argel. (6) Tampoco entendemos la extraña misericordia e incluso amistad del renegado veneciano Hasan Baša, viendo el desorden que sembraba Cervantes entre los cautivos y como repetidas veces organizaba intentos de huida e incluso de rebelión de todos los cristianos de Argel. (7) A muchos cristianos, por menos, les cortaron las orejas, la nariz, el brazo, o simplemente perdieron la vida. (8) A un jardinero colaborador en un intento de huida lo mandó ejecutar, pero a Cervantes, el organizador, Hasan Baša le tuvo en su casa y entonces le soltó, para pasear otra vez por la ciudad. Y no es menos extraño que Cervantes pudiera mantener a quince cristianos escondidos en un jardín durante siete meses sin que nadie los echara de menos. (9)
     ¿Por qué estimó Cervantes deseable comenzar a preparar, antes de marcharse, la detalladísima "Información de Argel"? ¿De qué se protegía? Siempre me ha chocado, también, que al poco tiempo de haber sido rescatado cruzara otra vez el Mediterráneo, a Orán. Hay tanta oscuridad en cuanto a sus cinco años argelinos que Goytisolo (60) atinadamente caracteriza la escasez de datos como el vacío —hueco, vórtice, remolino— en el núcleo central de la gran invención literaria: ésta girará alrededor de lo omitido."
     El propósito de este ensayo es el de perfilar un poco más la estancia argelina de Cervantes, leyendo entre líneas, estudiando lo omitido y especulando sobre por qué volvió a España. Los resultados han sido distintos de los que esperaba. Para comenzar, tenemos que admitir que Cervantes consideró, sea todo lo brevemente que se quiera, cambiar de religión y quedarse, igual que habían hecho muchos cristianos capturados. (10) Desde luego, esta idea no consta en ninguno de los documentos ni textos literarios cervantinos. Éstos nos sugieren, en cambio, un patriota, ferviente devoto de la Virgen María, siempre confiado en el rescate. Pero a pesar de esta falta de apoyo y datos en contra, creo lícito y necesario considerar la posibilidad. Si se prefiere, vamos a dejarlo en que la idea no fue suya, sino de uno de los muchos renegados a quienes veía diariamente. Entre estos renegados —la mitad de la población de Argel, según Haedo— tenía amigos. ¿Cinco años sin que ni uno de ellos le sugiriera ni una vez seguir su ejemplo?
     Ahora bien, la respuesta de Cervantes fue negativa. Pero tal respuesta negativa no fue automática, o al menos no me parece que lo fuera al cien por cien. Las discusiones en las obras cervantinas del reniego —que conllevaba la libertad inmediata y sin rescate, y podría ser una manera, según se discute, de facilitar la huida— muestran que lo tuvo en mente y que fue tema de debate entre los cautivos. (11) La pintura de la vida argelina que encontramos en las obras de Cervantes y en la Topografía e historia general de Argel no es completamente negativa. Primero, la justicia se presenta como más directa y menos pervertida por "el interés." "Entre moros" dice el trujamán de Maese Pedro, "no hay 'traslado a la parte,' ni 'a prueba y estése,' como entre nosotros." En "El amante liberal":

Las causas, si no son las matrimoniales, se despachan en pie y en un punto, más a juicio de buen varón que por ley alguna. Y entre aquellos bárbaros, si lo son en esto, el cadí es el juez competente de todas las causas, que las abrevia en la uña y las sentencia en un soplo, sin que haya apelación de su sentencia para otro tribunal (156).


     Por contraste, en España, la venalidad de los procuradores y jueces es comentada amargamente por Cervantes. La justicia no es de poca monta, sino central, en la teoría política de Cervantes. El deber fundamental de una autoridad, lo que no hace, por ejemplo, el Duque cuyo palacio visita Don Quijote, es facilitar la justicia entre sus súbditos.
     Los moros jamás blasfemaban, se comenta también, indicando una seriedad religiosa no tan común entre los cristianos. De igual modo, la sociedad argelina era más tolerante en materia religiosa e intelectual que la española. Allí vivían cristianos, moros y judíos, si no sin tensiones, al menos sin violencia. No hubo Inquisición, ni órdenes religiosas ricas de tierras y vidas, ni conventos.
     Si Cervantes se hubiera quedado en Argel, habría gozado de una posición distinguida y bien remunerada. Los renegados, mejor formados y con más experiencia del mundo que los indígenas, dominaban completamente el gobierno. Gobernador tras gobernador, como el Hasan Baša que nos es conocido por coincidir con Cervantes, eran renegados. Sin lugar a dudas, Cervantes habría tenido una vida mejor en lo material y sensual de la que le esperaba en España, de donde, a pesar de las cartas de recomendación del Duque de Sesa y de Don Juan de Austria, el rescate tardaba mucho.
     La sociedad islámica fue hedonista, al contrario de la España puritana de Felipe II. "¿Hay más gusto que ser moro?" pregunta Solimán, nacido Juan, en la tercera jornada del Trato de Argel. Había lujosos vestidos, casas, jardines, buena y abundante comida. No faltaba el vino de los taberneros cristianos. Tampoco el hachís, y cabría preguntarse si Cervantes, tan fascinado por las hierbas y por todo aquello que afecta al cerebro, lo experimentara.
     Ahora bien, si Cervantes creó la figura de Don Quijote, enemigo de la vida regalada, urbana y palaciega, también creó la de Sancho, amigo del vino, del buen comer, de la buena cama y de las mozas no melindrosas. Cervantes se sintió muy a gusto en Italia, adonde quería volver. ¿Le habrían tenido sin cuidado, entonces, la comodidad y sensualidad de la vida argelina?
     Con menos reparos, acaso, se puede aceptar que a Cervantes le gustaba conocer a personas diversas, conversar con ellos y escuchar sus historias. Para tal pasatiempo, ningún lugar del mundo mejor que Argel. Era —lo subraya la Topografía e historia general de Argel— la ciudad más cosmopolita del mundo, más que Roma. Considérese cómo fue la ciudad autónoma de Tánger, antes de la independencia de Marruecos. Pues Argel lo fue mucho más. Llegaban cautivos y renegados de todas las naciones de Europa, de África del norte y central, del Nuevo Mundo, de Turquía y de todos los variados territorios del imperio otomano. Entraban y salían constantemente, algunos con historias tan interesantes como la del Cautivo, o la de Ricardo del "Amante liberal."
     Por último, Cervantes no fue cautivado en un pueblo de la costa, ni apresado en su primer viaje marítimo. Había salido de su patria, como muchos de los renegados, huyendo de la justicia. Llevaba muchos años fuera de España, cuyo suelo no había pisado desde 1569. Además, no le esperaban ni mujer ni hijos.
     Así que Argel no carecía de posibles atractivos para Cervantes. (12) El reniego era tema de discusión frecuente entre los cautivos, y aparece en sus obras. Los renegados pudieron haberle invitado a mejorar de vida y seguir su ejemplo. (13) Pero Cervantes decidió no hacerlo, tal vez instantáneamente, tal vez después de largas meditaciones. ¿Por qué?
     Dudo que fuera por motivos religiosos. (¡Muy pocas veces aparece citado este motivo por los cautivos, según los vemos en la literatura!) Es Sancho Panza, y no su amo, quien cree "firme y verdaderamente, en todo aquello que dice y cree la santa Iglesia Católica Romana" (Don Quijote, II.8). Américo Castro señaló hace más de medio siglo la inconformidad de Cervantes con mucho de la religiosidad española. "Los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden," dice Don Quijote (I, 13). No creo tampoco que hubiera sido por la imposibilidad de reencontrarse con sus padres y hermanos, a quienes, con la excepción del hermano que compartía su cautiverio, no había visto desde 1569. Cervantes no tuvo fuertes vínculos familiares. Hay que buscar otras explicaciones.
     Argel era, en primer lugar, una ciudad parásita, que consumía sin producir. En fuerte contraste con la productividad hispanoárabe, los renegados vivían, directa o indirectamente, gracias al comercio de seres humanos. Los ingresos que permitían una buena y en muchos casos una lujosa vida, se derivaban del saqueo y de la piratería. El mejor negocio fue la venta de esclavos hacia otras partes del imperio turco. En los casos de personas nobles, adineradas o importantes para éstas, que tenían, entonces, valor superior al que rendirían como esclavos, se les vendía a cambio de un rescate.
     La teoría económica de Cervantes era sencilla y natural: que produjeran los que podían, y que nadie, pudiendo trabajar, viviera a costa de los demás. No percibo en Cervantes una oposición cabal a la esclavitud, pero la base teórica de la institución, en la Europa cristiana, era que la esclavitud representara una mejora de vida para el esclavo. Los esclavos negros en la España del Siglo de Oro, según las fuentes conocidas (todas europeas), no añoraban volver a sus tierras natales. La práctica de los argelinos de vender como esclavos a europeos, separándolos de sus familias, llevándolos, mal de su grado, adonde no querían ir, haciendo prostitutas de las doncellas y casadas, (14) no concordaba en absoluto con tal concepto de la esclavitud. Los espeluznantes castigos y martirios de unos cristianos a manos de sus dueños moros, referidos con todo detalle por "Haedo" y algunos de ellos probablemente presenciados por Cervantes, tienen que haberle impresionado mucho.
     La justificación de la piratería, para los moros, era que representaba una contramedida al robo que para ellos fue la llamada Reconquista de Castilla y la conquista de Granada. Ahora bien, uno de los pocos lugares que Cervantes visitó sin describirlo en su ficción, es Granada. Supongo que dejara de mencionarla por no saber qué decir de este gozoso y trágico capítulo de la historia de España. Poquísimos granadinos aparecen en sus obras: Álvaro Tarfe, creado por Avellaneda, un anónimo morisco hortelano en el "Coloquio de los perros" y la poderosa maga Cenotia, del Persiles. Tan amigo de comentar las antigüedades y maravillas de España, desde los Toros de Guisando a la Giralda de Sevilla, no menciona nunca ni la gran mezquita de Córdoba ni la Alhambra (ni tampoco el Escorial). Empero, Cervantes tendría que haber rechazado la interpretación mora de la historia de España. Es decir —la conclusión sale de su influyente Numancia— los moros eran invasores desde el principio. Todavía los turcos y moriscos amenazaban a la Europa cristiana, y no hacía tantos años que se había perdido Constantinopla.
     Hay que tener en cuenta que la consideración de la piratería como una contramedida a la Reconquista no justificaba, ni hipotéticamente, las acciones de los renegados y turcos. Éstos, ni en teoría, pudieron haber sido víctimas de la Reconquista; sin embargo, eran ellos los piratas, y no los andaluces y tagarinos refugiados en África del Norte.
     La falta de cultura sería, para Cervantes, otra lacra severísima de Argel. No había teatros (las comedias de que tenemos noticia las representaron para sí mismos los cautivos en los baños (15)), ni tenemos noticia de bibliotecas (16) y menos de colegios o universidades, aparte de los coránicos. En otro contraste con la riqueza de la cultura hispanoárabe, se ignora que los argelinos escribieran poesía, historias o libros de ninguna clase. Búsquese una historia de la literatura argelina de los siglos XVI y XVII. No existe.
     El hecho no es tan difícil de explicar. En Argel se usaba oralmente una lengua franca que era una mezcla de muchas. Pero para fines literarios, ¿qué lengua se podría haber empleado? No la castellana, italiana ni latina, lenguas de sus enemigos. Teóricamente se podría haber usado el turco, pero sólo lo conocía en Argel una pequeña minoría dominante. La lengua para la composición literaria sería el árabe, cuyo alfabeto compartía el turco. Tampoco se trata del árabe hablado o dialecto magrebí, que se oía en la calle y se hablaba en casa. Se trata del árabe clásico, lengua de riquísima literatura que Cervantes parece haber ignorado. Para los literatos árabes el dominio de este idioma ha sido siempre objeto de muchos años de estudio. Era y es casi imposible que uno que no tuviera contacto ni con el árabe familiar hasta los veintiocho años —el caso de Cervantes— llegue a dominarlo hasta el punto de crear literatura. Imagínense si un extranjero actual hoy pudiera escribir sonetos en castellano con la misma facilidad que Góngora o Lorca. El dominar el árabe clásico es igual de difícil o más, y faltaba entonces material didáctico.
     Así que no habría renegado quien hubiera querido tener una vida literaria, y Cervantes nos refiere, en el prólogo a La Galatea, "la inclinación que a la poesía siempre he tenido." La literatura que había en Argel la escribían los cautivos, entre ellos Cervantes, y faltaba una cultura literaria y artística entre los renegados. No hubo imprenta ni libreros, (17) y mientras los libros europeos no estaban prohibidos, llegaban pocos y sin regularidad.
     Para quedarse en Argel, entonces, Cervantes hubiera tenido que abandonar la composición literaria, la lectura e incluso la abundancia de la lengua castellana, a la que llama, otra vez en el prólogo a La Galatea, campo abierto, fértil y espacioso, fácil, dulce, grave y elocuente.
     La Galatea es la obra que comenzó a escribir poco después de volver a la península —si no la comenzó, como mantiene Astrana (3: 29), en Argel mismo (18)— y que dedicó al abad de la perdida Santa Sofía de Constantinopla, Ascanio Colona. El libro es un estudio del amor, y es el amor entre hombre y mujer. (19) Este amor, según las fuentes conocidas, todas europeas, no consta que existiera en la sociedad argelina de la época. La sexualidad abundaba, incluso refinadas artes o técnicas sexuales, pero no el amor. Cervantes, quien estrenó el tema del divorcio en la literatura española, no menciona ni la conocida facilidad del divorcio para el varón en la sociedad islámica, ni cómo el Islam le permite hasta cuatro esposas. También vemos en algunas obras cervantinas y en la Topografía e historia general de Argel que algunos argelinos, abandonando totalmente a las mujeres, se ardían con deseo hacia los muchachos: no los de sus vecinos y correligionarios, sino los de los cristianos. (20) (Que a los muchachos hacían gusto, según nos comunican tanto Cervantes como "Haedo" y Tirso, (21) no es del caso; es un gusto "con prejuicio de terceros," en este caso las mujeres.) Por ello, las mujeres, más que los hombres, deseaban escapar y conservaban en secreto, como podían, la religión católica. Esto consta en las obras de Cervantes y fuera de ellas. Hay muchos ejemplos de hombres que salieron para Argel, tal vez huyendo de algún problema en su país natal, pero no he llegado a conocer el caso de ninguna mujer. Tampoco he encontrado rastro de mujer cautiva que rechazara el rescate. (22) La sociedad que rodeaba a Cervantes fue injusta para las mujeres. Los hombres no las amaban, las prostituían, y se casaban y divorciaban según su capricho.
     En síntesis: quedarse en Argel habría conllevado un abandono de la lengua castellana, de la poesía, de los libros. La vida acomodada y sensual de Argel se financiaba por la venta de cristianos hechos esclavos. Se despreciaba a las mujeres (según las fuentes conocidas, todas europeas), y se prefería, en su lugar, a los muchachos. Esta vida apetecería a muchos —Argel tuvo más vecinos que Roma— pero no podría apetecer a un pensador y lector como Cervantes. En cambio, volvería de Argel convencido o reconvencido de la visión oficial española de los moros, que pronto reforzaría con sus comedias: La Numancia, La casa de los celos, probablemente las perdidas Batalla naval y Trato de Constantinopla, además de Los tratos y Los baños de Argel, La gran sultana y El gallardo español. El estudio del amor que hallamos en La Galatea, y esto creo que lo sugiero por vez primera, también refleja sus experiencias argelinas. Sin duda, volvió de Argel con ganas de escribir. Decidió ser escritor.
     Pero, como apostilla final, Cervantes siempre se nos desliza. Todavía quedan los aludidos vacíos, tremendos vacíos, en nuestro conocimiento de su vida en Argel. Lo expuesto corresponde, espero, a lo que Cervantes permitió que supiéramos de su estancia argelina. Pero consta también que hubo algo, o aun algos, que no nos permitió saber.


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Obras citadas

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Notas

     1 Texto revisado de una comunicación presentada al Primer Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Almagro, 24 de julio de 1991.
     2 Para la bibliografía, véase mi "Repaso." Stagg prepara un artículo en el cual defiende su autenticidad.
     3 Topografía. Uno de los tres diálogos de la obra, el Diálogo de los mártires, ha sido reeditado por Emilio Sola y José María Parreño. Citamos este diálogo por su edición, en la cual el heroísmo de Cervantes está discutido en las páginas 180-81. La Topografía es el libro que informó a los cervantistas del siglo XVIII sobre el origen alcalaíno de Cervantes; con tal pista se encontró su partida de bautismo.
     Sola atribuye la obra, que no fue escrita por Haedo según él mismo declara, al benedictino Antonio de Sosa, compañero de cautiverio de Cervantes; el nombre de Sosa figura en la portada y en la ficha bibliográfica de la edición de Sola y Parreño. En cambio, he llegado a la conclusión de que fue producto del único escritor importante en Argel, Cervantes, con quien "Haedo" coincide en muchísimos aspectos. Sobre esta atribución, y para la bibliografía del tema, véase mi "Cervantes, autor."
     Sobre Sosa y Cervantes en Argel, ha salido el libro de Emilio Sola y José F. de la Peña, en el cual hay dos artículos que se enfocan en esta cuestión. "Hasán Veneciano y Cervantes frente a frente. Renegados y cautivos" (218-75); y "Antonio de Sosa, un clásico inédito amigo de Cervantes, y una posible teoría de los espías" (pp. 277-88).
     4 "Información." Esta edición, en opinión de Astrana Marín incorrectamente leída, mal puntuada y peor dispuesta tipográficamente" y con "muchos errores de impresión" (3: 105 n. l), fue reimpresa (sin confesarlo) en Madrid, El Árbol, 1981. Una parte del documento, transcrita de nuevo por Mario Gómez Moriana y con evidentes errores de impresión, fue publicada como "Curriculum Vitae de Miguel de Cervantes Saavedra."
     5 Sobre el apellido Saavedra, véase Zmantar.
     Hay un documento en Pérez Pastor, 1: doc. 37, que asocia el nombre de Saavedra con Rodrigo de Cervantes, padre de Miguel. De dicho documento el P. Domingo de la Asunción (22) saca la conclusión que el padre de Miguel fue Rodrigo de Cervantes Saavedra. Pero hay un error en el documento, según confirma también Astrana Marín (1: 184, n. 1; también 1: 29, n. 1): Rodrigo de Cervantes jamás firmó como Cervantes Saavedra, y el origen de "Saavedra" es un misterio. Lo confirma también Sliwa.
     6 Astrana Marín 3: 101. Rara es la recompensa obtenida por Blanco de Paz por la denuncia. Una moneda de oro se entiende, pero ¿una jarra de manteca? Imagínese un uso más lúbrico que alimenticio para esta manteca, y la posible malicia de quien —Cervantes mismo, probablemente— le atribuye esta recompensa deshonrada.
     7 McGaha ("Hacia") sugiere que Zahara, la segunda esposa de Hasan Baša, se enamoró de Cervantes, le hizo su amante y persuadió a Hasan que le perdonara.
     8 Diálogo de la captividad de Argel, en Topografía 2. 112-18) ofrece una larga lista de los castigos aplicados a cristianos que intentaban huir.
     9 "Haedo," Diálogo de los mártires de Argel (180).
     Como señala Arriagada, Cervantes no menciona nunca en su ficción el rey de Argel desde 1575, cuando llegó, hasta 1577, Rabadán Bajá. Tampoco menciona a su primer amo, Dalí Mamí. Quisiera agradecer a José María Casasayas haberme llamado la atención a este artículo y facilitarme fotocopia del mismo.
     10 No todos tenían tantas ganas de volver a España. El redentor Jorge del Olivar estaba preocupado con "el riesgo de que apostatassen" (Tirso 2: 64), "Gastado, pues, todo el dinero, supo el riesgo en que estaban de apostatar diez y ocho muchachos fieles, edad poco segura entre deleytes y promesas rnoras" (Tirso 1: 256). "Hecha ya la compra [carísima, de cuatro cautivas catalanas], instigó el demonio y la torpeza a la vna de ellas, asta hacer que apostatasse, renegando, y se cassó con vno de sus solicitantes.... [Pero] la propusso tales amenazas, la representó de parte de la justicia de Dios tales castigos, que asombrada la muger y anegándose en su llanto, pidió, postrándosse en el suelo, la sacasse de el piélago en que su incontinencia la engolfaba" (Tirso 1: 352). "Comenzó en ella [Túnez] a rescatar cristianos. Compadecíasse entrañablemente de tanto número de ciegos, como se precipitaban por los despeñaderos de Mahoma. No podía sufrir los desatinos y barbaridades que aquellos desdichados tenían por indubitables medios para gozar el paraísso" (Tirso 1: 297-98).
     Sobre las conversiones de cristianos al Islam, véase Bartolomé y Lucile Bennassar; Bennassar; Rosenberg; y García Figueras.
     11 Canavaggio (100-01): "En relisant la longue scène de La Vie à Alger ou le soldat Saavedra persuade un de ses compagnons, tenté de devenir turc, qu'il ne doit pas renier, on souscrit volontiers à la fine remarque d'un critique qui voit dans la discussion qui les met aux prises la projection d'un authentique débat intérieur." Canavaggio no identifica al aludido crítico.
     Algunos cautivos incluso utilizaban la amenaza de renegar como presión para conseguir su rescate (Ortiz Bordallo 474).
     12 McGaha ("Arabesque") sugiere que otros atractivos de Argel para Cervantes serían la religión y el pensamiento musulmanes, Menciona la importancia del amor en el misticismo sufí, la figura del loco santo, la idea del libro como realidad última y finalmente la ambigüedad que Don Quijote comparte con el pensamiento musulmán.
     13 Teóricamente pudo haberse quedado como cristiano, pero si no volviera le faltarían los fondos para conseguir la libertad. Los cristianos libres en Argel, pobres y sin influjo, constituían una clase inferior.
     14 "¿No veen aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca llega por las espaldas de Melisendra? Pues miren cómo la da un beso en mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir y a limpiárselos con la blanca manga de su camisa, y cómo se lamenta y se arranca de pesar sus hermosos cabellos" (Don Quijote, II: 26). A continuación el rey Marsilio de Sansueña le manda dar doscientos azotes al ofensor. Debería de haber habido una gran distancia entre el rey Marsilio y los reyes de Argel.
     15 Para la bibliografía, véase mi "Repaso" (485, n. 26); de la versión retocada en mi Estudios cervantinos, 93 n. 25. En la tercera jornada de Los baños de Argel, los cautivos están a punto de representar un "coloquio ... del gran Lope de Rueda, impreso por Timoneda, que en vejez el tiempo vence."
     16 Únicamente en el caso del primer rey Rabadán Bajá, a quien como queda dicho supra Cervantes curiosamente no menciona, encontramos que era "muy aficionado a la lición de libros Arabescos y turquescos, y de su ley. En los cuales de continuo ocupaba el tiempo que de los negocios le vacaba" ("Haedo," Epítome de los reyes de Argel, en Topografía I: 374).
     17 "Les parece tan mal la estampa de los libros, que [dicen] que pecamos los cristianos gravísimamente porque estampamos los libros y no los escribimos de manos" ("Haedo," Diálogo de los morabutos, en Topografía, III, 237).
     18 [Nota editorial: Para otra perspectiva en cuanto a la fecha de composición de La Galatea, consúltese Geoffrey L. Stagg, "The Composition and Revision of La Galatea," Cervantes 14.2 (1994): 9-16.]
     19 Sobre el tema, Cull. [Nota editorial: consúltese también el artículo de López Estrada del presente tomo.]
     20 "La sodomía se tiene, como diximos, por honra, porque aquel es más honrado que sustenta más garçones y los celan más que las propias mujeres y hijas.... A muchos de los turcos y renegados, que con ser ya hombres grandes y viejos, no sólo no se quieren casar con otras mujeres que estos garçones, pero se alaban no haber jamás en toda su vida conocido alguna hembra, antes las aborrecen y no quieren ver de los ojos. Uno déstos y de los más principales alcaydes y más ricos renegados, de nación griego, jura a Dios se tiene por tan afrentado de haber nacido de mujer (tanto le aborrecían ellas), a que si le mostrasen su madre la mataría con sus manos" ("Haedo," Topografía 1: 176-77).Los cristianos capturados, varones y hembras, eran mucho más deseados como amantes sexuales que los mismos musulmanes. Tal preferencia se nota también en la Edad Media ibérica.
     21 Haedo: 1: 129. Tirso: la cita en la n. 10; también: "Volvieron a España con docientos y veintiquatro rescatados, los diez muchachos y una niña, que son los más costosos y que de peor gana nos permiten aquellos descreídos, por la facilidad con que los trasladan desde el bautismo a las torpeças de Mahoma" (2: 154, cursiva mía).
     22 Hay un caso de un muchacho esclavo, en Málaga en 1487, que rehusó separarse de su dueño musulmán y volver a la España cristiana: "le maître ne refuse pas de céder, pensant que ce petit chrétien serait heureux de retrouver son pays et ses parents. Mais le garçon refuse de quitter son maître musulman, parce qu'il l'aime; pour échapper à sa libération, il fait profession de foi islamique, afin que le rachat soit automatiquement annulé. Son maître, tout heureux de le garder, s'empresse de rendre au libérateur la somme qu'il venait de toucher. Les deux amantes —homme et enfant— ont ainsi la joie étonnante de rester ensemble" (Dufourcq 137). Hay también la dudosa de la n. 10.



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