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Apéndice. La influencia de Don Quijote en el romanticismo
| Este gran cavallero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo...y, assí, le invocan y llaman [los españoles] como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas vezes le han visto visiblemente en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando. | |
IV, 230, 9-17 |
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| Esta orden es una institución de caballerosidad, humanidad, justicia y patriotismo; incorpora en su genio y en sus principios todo lo caballeroso en la conducta, lo noble en el sentimiento, lo generoso en la virilidad y lo patriótico en la intención. | |
La Constitución del Ku Klux Klan1 |
Mientras que la historia de la interpretación
de Don Quijote ha sido tema de muchos estudios, la única influencia
del libro que se ha estudiado recientemente es el papel clave que ha
desempeñado en el desarrollo de la novela. El hecho de que no se haya
dicho casi nada sobre su influencia en la literatura en general, en las ideas,
en la cultura, en las costumbres e indirectamente incluso en la política,
hace sospechar que hay mucho por decir.2 El
romanticismo es un enfoque adecuado para nuestro examen de la influencia
de Don Quijote, debido al gran impacto que ha causado, que aún
persiste de muchas formas, y a la reciente controversia sobre Ala
interpretación romántica de Don
Quijote.3
Esta investigación, sin embargo,
carecería de sentido si se tratara de las interpretaciones erróneas
de los románticos. En este caso su utilización de Cervantes
sería secundario al movimiento. No parece, sin embargo, que sea así.
Les debemos mucho: el origen de los estudios cervantinos
modernos,4 que, junto con el nacimiento del
hispanismo en general, si no es inseparable del nacimiento del romanticismo,
está estrechamente vinculado a él. Los románticos fueron
los primeros en señalar la complejidad de la obra, sus distintos niveles
y su autoanálisis;5 fueron ellos los
que señalaron que las novelas intercaladas constituyen una parte
integrante del libro (Close, Romantic Approach, pág. 31).
También fueronAlos primeros en describir la sutileza
lingüística de las obras de Cervantes (Bergel, pág.
324), los primeros en ver que el uso de personajes pertenecientes a la clase
baja era una característica
positiva.6 Finalmente, también fueron
los primeros en entender el complejo punto de vista de Cervantes sobre la
caballería: que, al mismo tiempo que atacaba la falsa literatura
caballeresca, defendía lo que entendía como caballería
verdadera, y sentía una considerable simpatía por algunos de
los libros que atacaba, con la única condición de que se
presentaran e interpretaran como literatura (poesía),
en lugar de como historia.7
El estereotipo de la interpretación
romántica de Don Quijote, que los románticos no prestaron
atención al humor de la obra, no lo respaldan los escritos de los
primeros románticos: se fija la atención de los
románticos [en] el carácter profundamente cómico de
la novela.8 Las primeras historias
verdaderas de la literatura española, las de Bouterwek y Simonde de
Sismondi, son también las principales transmisoras de las ideas
románticas alemanas acerca de Don Quijote al resto de
Europa.9 Bouterwek, cuya historia de la literatura
española tuvo una gran
influencia10 y se convirtió
rápidamente en un clásico,11
dijo que Don Quijote era el prototipo indudable de la novela
cómica. Las situaciones humorísticas son, es verdad, casi todas
burlescas, lo que no era necesario, pero la sátira es tan delicada,
que se escapa más que se impone a la atención inexperta
(pág. 239). Calificó la obra de romance cómico (pág.
237), llena de una serie de situaciones cómicas del tipo más
burlesco (pág. 236). Como prueba de que Cervantes no quería
que Don Quijote sólo provocara risa, cita los elementos
interpolados de la Primera Parte.12
En su Historical View of the Literature
of the South of Europe, publicado por primera vez en 1813, Simonde de
Sismondi escribió que ninguna obra en ningún otro idioma
ha mostrado jamás una sátira tan exquisita o tan viva, o una
inventiva tan acertada y resuelta con tanto éxito (pág.
218). Después de alegar razones en contra de que la obra se considere
melancólica, indicó que a satire, written without bitterness,
may still be a gay and lively production.... If it be true that to
ridicule oneself is the highest effort of good taste, we find much
in Cervantes to display the ridicule which might attach even to his most
generous attempts. Every enthusiastic mind, like his, readily joins in pleasantry
which does not spare the individual himself, nor that which he most loves
and respects, if at the same time it does not degrade him (págs.
220-221). [Trad.: una sátira, escrita sin amargura, puede ser
un producto alegre y vivo.... Si es verdad que reírse de sí
mismo es el máximo esfuerzo del buen gusto, encontramos en Cervantes
muchas muestras del ridículo que puede atribuirse incluso a sus intentos
más generosos. Todas las mentes entusiastas, como la suya, en seguida
se unen a las bromas que no perdonan ni al propio individuo, ni a lo que
más quiere y respeta, si al mismo tiempo no lo
rebaja.13
Los románticos, lejos de forjar una
única interpretación de la obra, discreparon
notablemente.14 Parece que estaban de acuerdo
en que no debía considerarse a Don Quijotesólo como
un libro de caballerías burlesco, que, aunque empezó como tal,
rebasa su propósito original. Al escribir el presente libro, he llegado
a la conclusión de que tenían razón, y entonces el examen
de la influencia de Don Quijote en los románticos es una
cuestión válida.
Parece, ya desde el principio, que su influencia
debió de ser considerable. Don Quijote fue la novela por excelencia
en la Inglaterra del siglo XVIII,15 donde
la novela era el género literario por excelencia. Casi todos
los aspectos y fases de la vida alemana reflejada en la literatura entre
1750 y 1800 están relacionados directa o indirectamente con Don
Quijote (Bergel, pág. 309). España fue el país
preferido de los primeros románticos
ingleses16 y
alemanes,17 y Don Quijote su libro
preferido.18 Casi todos los temas contradictorios
que se han encontrado en el movimiento
romántico19 son los que los
románticos dijeron que habían encontrado en
Cervantes.20
No es fácil, sin embargo, especificar
la influencia de un libro que fue comprendido de forma
contradictoria,21 algunas veces por la misma
persona,22 en un movimiento para el que no
hay definición.23 Sin entrar en la
controversia sobre la definición del movimiento
romántico,24 me limitaré a
mostrar que los alemanes e ingleses que dieron forma al romanticismo
sentían una admiración muy grande por Don
Quijote.25 Centro mi atención
en Alemania e Inglaterra porque son los países en que Don Quijote
era más popular en esta
época,26 y en una coincidencia como
mínimo curiosa, los países donde empezó el romanticismo
y con los que más se asocia.27
Acabaré con un examen del influjo de Don Quijote en el renacimiento
de la literatura medieval y la caballería.
Los dos hombres a quienes se atribuye, más
que a ningún otro, el inicio del romanticismo son los hermanos Friedrich
y August Wilhelm Schlegel. El más joven, Friedrich, es el padre espiritual
y filosófico del movimiento; a él se atribuye el
descubrimiento de toda la teoría romántica y el empleo, por
primera vez, del término romanticismo para designar una
etapa determinada de la historia
literaria.28 Encontró en Cervantes
el verdadero artista romántico, inspirado y
consciente.29 El Quijote
es [para él] modelo de
novela,30 y la novela, patrimonio
de los españoles,31 es el
género literario romántico por
excelencia.32 Fue también quien, por
primera vez, defendió que de este autor inmortal hay que haber
leído, y por lo tanto traducido, o todo o
nada.33
August Wilhelm Schlegel fue menos original,
pero fue un divulgador muy importante de las ideas de su hermano dentro y
fuera de Alemania. Su famosa distinción entre lo clásico y
lo romántico es indicativa de su importancia; no es el inventor
de dicha diferencia, pero supo formularla de tal modo que se ganó
la aprobación y difusión general, dentro y fuera de Alemania
(Wellek, Historia, II, 70). Proclamó que Don Quijoteera
la obra perfecta del arte romántico
culto.34
Fue Ludwig Tieck, sin embargo, quien es
considerado generalmente la cabeza visible de la escuela romántica
alemana (Wellek, Historia, II, 110); aunque su prestigio ha
disminuido, fue en su época un hombre de gran influencia y
categoría.35 Tieck también
fue el primer alemán que se interesó especialmente por la
literatura española en general (véase Wellek, Historia,
II, 114), de la que acumuló una notable
biblioteca.36
La amistad de Tieck con Cervantes fue
[desde joven] sellada de por vida; Don Quijote fue durante
mucho tiempo su compañero
diario.37 Don Quijote,
escribió, es sin duda el único libro en el que se ha
elevado a verdadera obra de arte el humor, el placer, la burla, la seriedad
y la parodia, la poesía y el ingenio, las más grandes aventuras
imaginarias y las realidades más duras de la
vida.38 Tieck tradujo Don Quijote
al alemán (1799-1801); su hija, por sugerencia suya, tradujo el
Persiles (1837), para cuya traducción escribió una
introducción.39
El estudio de la influencia de Cervantes en
el romanticismo inglés es más difícil. Desgraciadamente
no hay ningún estudio de la influencia de Cervantes ni de ningún
otro escritor español en la literatura inglesa durante este período
que sea similar a German Literature as Known in England 1750-1830
de Violet Stockley (London: George Routledge, 1929), o a los diversos estudios
sobre la influencia hispana en los Estados
Unidos40 y en Alemania. El análisis
más completo, Spanish Influence on English Literature de Martin
Hume (1905; reimpreso en New York: Haskell House, 1964), apenas va más
allá del siglo XVII; parece que al autor no se le ha ocurrido la
posibilidad de una influencia española en los románticos ingleses.
Edwin B. Knowles, Jr., al mismo tiempo que estudia Don Quijote en
Inglaterra durante el período
1605-1660,41 señala justamente que
es el único período en que se ha estudiado a fondo la
influencia de Cervantes.42 Sin embargo,
podemos mencionar, para empezar, el caso de Wordsworth, el autor de el
manifiesto del romanticismo inglés, que señala la ruptura con
el neoclasicismo (Wellek, Historia, II, 151). Él mismo
asignó a Don Quijote un lugar preeminente en su
autobiográfico
Preludio.43
Para reforzar la teoría de la influencia,
dejando de lado aspectos potencialmente tan atractivos como la influencia
de Cervantes en la idea romántica del héroe o en su visión
de la naturaleza o del amor,44 limitaré
mis comentarios a dos áreas especialmente confusas, en las cuales
algunos aspectos del nacimiento del romanticismo parecen inexplicables sin
la influencia, directa o indirecta, de Don Quijote y de los libros
de caballerías, a los que el texto de Cervantes servía de
introducción. La primera es el resurgimiento del interés por
la literatura medieval (romances): se aplicó el término
romántico a este movimiento porque significaba en el espíritu
de los romances,45 y el reconocido
experto en romances, autor de lo que el joven Schlegel llamó el
más romántico de los
romances,46 era Cervantes.
Johann Jakob Bodmer ofreció en 1741
el primer análisis crítico alemán de Don
Quijote.47 También fue el
descubridor de la literatura medieval alemana (Wellek, Historia,
I, 173): publicó Percevalde Wolfram en 1754 y una edición
parcial de Los Nibelungos en
1757.48 Los entusiastas de Cervantes, los
hermanos Schlegel y Tieck, continuaron este resurgimiento (Wellek,
Historia, II, 35, 50 y 115). Friedrich Schlegel deseaba el retorno
a la edad de oro de la caballería, del amor y de la literatura
fantástica ([das] Zeitalter der Ritter, der Liebe und der
Marchen), donde supuestamente nació el romanticismo (Tymms,
págs. 8-9 y 126). Si se deja de lado el distinto contexto religioso
y la preferencia por la literatura fantástica en lugar de la
histórica, vemos que es el mismo sueño imposible que el de
Don Quijote.
En Inglaterra, Thomas Percy inició el
resurgimiento de la literatura medieval y dio forma a la poesía inglesa
contemporánea con su Reliques of Ancient English Poetry (1765),
que fue muy influyente y de la que, en 1794, habían salido a la luz
cuatro ediciones.49 Aunque se sabe que estaba
en preparación en 1761,50 el estudio
de Percy sobre la literatura española fue anterior, y fue más
importante que sus proyectos sobre la literatura escandinava, oriental y
hebrea, que son más conocidos.51 En
la primera carta existente (1755) menciona su empleo de ediciones
de Don Quijote,52 del que frecuentemente
dice que es su libro favorito.53 Coleccionaba
los libros (romances) de la biblioteca de Don Quijote, con la
idea de publicar anotaciones al libro, así como también una
traducción revisada;54 la colección
de Percy fue usada no sólo por Samuel
Johnson,55 sino también por el primer
editor erudito de Don Quijote y heredero del proyecto de Percy, John
Bowle.56
Southey, amigo íntimo de Coleridge,
que en este período fue nombrado poeta laureado de Inglaterra, gracias
a la influencia de Scott, creía que sólo porque estas
historias caballerescas españolas se tradujeron tan mal que tuvieron
poca influencia en nuestra
literatura.57 Para remediar esta
deficiencia, publicó traducciones inglesas de
Amadís(1803) y Palmerín de Inglaterra
(1807);58 su traducción de
Palmerín tuvo una influencia considerable en la poesía
de John Keats, quien también conocía
Amadís.59 Estas obras fueron
seguidas de la traducción de Southey Chronicle of the
Cid(1808),60 y de su propia obra sobre
Rodrigo (1814).61 Fue inmediatamente
después cuando se publicó la primera edición de Malory
después de casi dos siglos, iniciando los estudios artúricos
en Inglaterra, y resurgiendo la literatura artúrica que todavía
perdura.62
Otra tendencia que parecería inexplicable
sin la influencia de Cervantes es el gran culto a la caballería en
la Inglaterra y en la Alemania del siglo XIX y en menor medida en el sur
de los Estados Unidos, hoy casi olvidada por sus consecuencias tan molestas
y desastrosas.63 Como muestra Girouard, el
resurgimiento de la caballería en Inglaterra se atribuye a Sir Walter
Scott.64 Fue el autor vivo más famoso
del mundo de principios del siglo XIX;65
al que, incidentalmente, los autores españoles han imitado más
que a ningún otro;66 también
fue el autor favorito del rey Jorge IV (Girouard, pág. 34). En una
época se representaron simultáneamente en London cinco adaptaciones
teatrales de Ivanhoe (Girouard, pág.
90).67
Scott sentía una admiración
sin límites por
Cervantes;68 como autor se
comparó a Cervantes.69 Fueron
las Novelas las que le infundieron por primera vez la ambición
de sobresalir en el género
novelístico.70 Scott conocía
bien Don Quijote. Lo leyó en el original y al parecer lo usó
como un Baedeker en su largo viaje por la tierra de los romances.... Hubo
una época en que pensó seriamente en hacer una traducción
inglesa.71 En las obras de Scott se
han encontrado más de cien alusiones a Don
Quijote.72
Clara Snell Wolfe ha observado que una
fase muy amplia de la obra de Scottsu selección de elementos
de la caballería medieval para sus novelasdebe mucho a sus lecturas
de obras españolas.... Es evidente que la típica obra caballeresca
de Scott halla su equivalente en Don Quijote y en Amadís,
su modelo (pág. 310). Su lectura de Amadís, en
la traducción de Southey, fue el inicio de sus novelas de Waverly
y, en general, de su cambio de verso (The Lay of the Last Minstrel)
a prosa.73 En su reseña de este
libro,74 observa que la fama de
Amadís de Gaula ha llegado hasta hoy, y es muy conocido en
la mayoría de las lenguas europeas. Pero ha conseguido esta
distinción de una forma un poco mortificante: pues parece que el
héroe debe su fama mucho menos a sus historiadores, Lobeira, Montalvo
y Herberay,75 que a Cervantes.
Como mínimo, la influencia de Cervantes
merece un examen posterior más
profundo.76
1 Reproducido
en Stanley Frost, The Challenge of the Klan (1924; reimpreso en New
York: AMS, 1969), pág. 68. El Ku Klux Klan es una organización
semisecreta de la extrema derecha, especialmente activa en el sur de los
Estados Unidos. Aunque ya ha perdido mucho de su fuerza, se dedicaba a oponer
resistencia por medio de la violencia y amenazas a todo lo que sus miembros
consideran que hacen los negros y también los judíos para
perjudicar los cristianos blancos. En esta misma línea, así
empieza un artículo periodístico sobre los que tiraron bombas
en clínicas donde se practicaba el aborto: Se llamaban a sí
mismos caballeros, su emblema era una máscara que habían estampado
en sus camisetas con el lema Defensores del Código, y
su misión era defender los ideales de la caballería (New
York Times, 18 de enero de 1985, pág. 12).
2 Un aspecto que ha
sido estudiado con cierto detenimiento es el influjo de Cervantes sobre Freud.
Según Stanko B. Vranich, Sigmund Freud también leyó
las Novelas ejemplares en español cuando era adolescente,
identificándose con el perro Cipión, que escucha
terapéuticamente la historia de Berganza acerca de sus sufrimientos
en una sociedad enferma. Véase Sigmund Freud y El historial
clínico de Berganza: Los comienzos psicoanalíticos de
Freud en Ensayos sevillanos del Siglo de Oro (Valencia: Albatros
Hispanófila, 1981), págs. 105-114, y también León
Grinberg y Juan Francisco Rodríguez, La influencia de Cervantes
sobre el futuro creador del psicoanálisis, Anales
cervantinos, 25-26 (1987-1988), 157-174 y Cervantes as Cultural
Ancestor of Freud, en Quixotic Desire. Psychoanalytic Perspectives
on Cervantes,ed. Ruth Anthony El Saffar y Diana de Armas Wilson (Ithaca:
Cornell University Press, 1993), págs. 23-33, Edward C. Riley,
Cervantes y Freud, Ínsula,538 [1991], 34-35, Riley,
Cervantes, Freud and Psychoanalytic Narrative Theory, Modern
Language Review, 88 (1993), 1-14 y Riley, Cipión
Writes to Berganza in the Freudian Academia Española,
Cervantes,14 (1994), 3-18.
3 El libro de Anthony
Close que lleva este título ha provocado más comentarios que
cualquier otro estudio actual sobre Cervantes. Mientras que la parte central
del libro, la historia del enfoque romántico, ha sido sólo
objeto de algún examen ocasional (v.g., Lowry Nelson, Jr., Chaos
and Parody: Reflections on Anthony Close's The Romantic Approach to Don
Quixote, Cervantes,2 [1982], 89-95), varios críticos
han analizado los comentarios interpretativos que preceden y forman el contexto
de su historia. Lamentablemente, esta crítica se ha dividido por naciones.
En España el libro ni siquiera ha sido reseñado y sólo
se incluyó en la extensa sección bibliográfica de
Anales cervantinos(24 [1986 (1988)], 265-267) después de comentarse
su ausencia en la edición norteamericana del libro presente. En Inglaterra
las reseñas han sido unánimamente favorables, sin ninguna
objeción importante: E. C. Riley, Times Literary Supplement,
9 de junio de 1978, pág. 639; R. W. Truman, Bulletin of Hispanic
Studies, 57 (1980), 349-350; Frank Pierce, Modern Language Review,
74 (1979), 477-478. Quizás tras esta división esté el
hecho de que Close escriba relativamente poco sobre los errores de los
románticos ingleses, y mucho sobre lo que él considera
interpretaciones equivocadas de los españoles.
En los Estados Unidos la reacción al
libro de Close se ha situado entre estos dos polos: ha recibido alabanzas
combinadas con reservas significativas. Además del artículo
de Nelson que acabo de citar, las reacciones más importantes son las
reseñas de John J. Allen, Journal of Hispanic Philology, 3
(1978 [1979]), 92-94, Ruth El Saffar, Modern Language Notes, 94 (1979),
399-405, Richard L. Predmore, Modern Philology, 77 (1979), 257-260,
T. R. H[art], Comparative Literature 31 (1979), 305-306, Alexander
Welsh, Novel, 13 (1980), 326-330, Henry W. Sullivan, Canadian Journal
of Comparative Literature, 7 (1980), 114-118 y los artículos de
Pierre L. Ullman, Romanticism and Irony in Don Quixote: A Continuing
Controversy, Papers on Language and Literature, 17 (1981), 320-333
e Inés Azar, Meaning, Intention and the Written Text: Anthony
Close's Approach to Don Quixote and its Critics, Modern Language
Notes, 96 (1981), 440-444, y trata principalmente del enfoque de Close
a la intención del autor.
4 Toutes les
grands questions que se pose la pensée actuelle à l'endroit
de Cervantes ont été levées par la critique
romantique (J.-J. A. Bertrand, Cervantes et le romantisme allemand
[Paris: Librairie Félix Alcan, 1914], pág. ii.) Con la evidente
excepción del problema ontológico examinado por Américo
Castro en su Pensamiento de Cervantes, está afirmación
todavía es válida en gran parte.
5 El principal
personaje de la segunda parte deDon Quijote es la primera parte. Consiste,
en su totalidad, en la reflexión de la obra sobre sí misma.
Don Quijotetiene lo que toda novela desea, dos centros y dos niveles
de significado. En primer lugar tenemos el nivel de acción: la primera
parte de Don Quijoteconsiste en las violentas aventuras que acontecen
a Don Quijote y, con consecuencias más graves, a los personajes que
están relacionados con las novelas intercaladas. Después sigue
el nivel de reflexión, la segunda parte de la novela, que consiste
en gran parte en charadas que reflexionan sobre las aventuras de la primera
parte y las explotan. En esta segunda parte, se revela el significado, la
profundidad y, como lo llama Schlegel, la personalidad de las acciones.
(Marshall Brown, The Shape of German Romanticism [Ithaca: Cornell
Univ. Press, 1979], págs. 203-204.) La cita es de Literary
Notebooks de Friedrich Schlegel; su descripción de Don
Quijote podría aplicarse sin modificaciones a varias de
las novelas románticas más importantes (pág.
203).
6 Gerhart Hoffmeister,
España y Alemania. Historia y documentación de sus relaciones
literarias, trad. de Isidro Gómez Romero (Madrid: Gredos, 1980),
págs. 171-172.
7 Se ha hablado mucho
acerca de los románticos y Don Quijote, pero se ha leído
menos lo que realmente escribieron sobre el libro. La única
recopilación general de sus escritos, aparte de los fragmentos en
Rius, III, capítulo 9, es el obsoleto Cervantes und seine Werke
nach deutschen Urtheilen. Mit einem Anhange: Die Cervantes-Bibliographie,
ed. Edmund Dorer (Leipzig, 1881); una antología de los escritos sobre
Cervantes puesta al día, como el volumen The Romantics on Milton
(ed. Joseph Anthony Wittreich, Cleveland: Press of Case Western Reserve,
1970) sería muy útil.
Como ilustración, voy a reproducir,
en traducción de Rius (III, 223), un comentario de August Wilhelm
Schlegel sobre la Segunda Parte. Se ha dicho que la Parte Segunda del
Quijoteera muy inferior a la Primera. La injusticia de este aserto
aparece en el mismo instante en que uno se hace cargo de la relación
de esta parte con el todo y de lo que en ella debe esperarse dada la naturaleza
de la materia. Don Quijote ya no podía ni debía chocar tan
violentamente como al principio con el mundo externo, y, para evitarlo, el
poeta supo aprovechar la circunstancia de que la Primera Parte de la historia
había salido mucho tiempo antes; las locuras del caballero se presuponen
ya conocidas, y por consiguiente son más moderadas. Cuanto más
había durado la chanza de sí mismo, tanto más, naturalmente,
se burlan los otros de él; a medida que la historia se va desarrollando,
Don Quijote es más pasivo y en consecuencia representa Sancho papel
más principal, llenando así el vacío que de otro modo
se hubiera hecho evidente. Hacia el fin se observa en Don Quijote un estado
como el del abatimiento que sigue a una calentura; la recién ideada
apacible manía de establecer una arcádica vida pastoral, que
ya en la Primera Parte previó el Ama (tanto sabe preparar el
profético Cervantes), es casi su último canto; y su muerte,
que, para quedar la obra satisfactoriamente redondeada, debía ser
tranquila, está perfectamente traída. Y aun cuando comparemos
sus graciosas aventuras ¿qué ventaja tiene la
de los molinos de viento sobre la de los batanes, y la batalla de los
rebaños de ovejas sobre la destrucción de los títeres?
Ninguna más que el haber acontecido antes. ¿Y qué puede
igualarse en fantasía y en arte el sueño de la cueva de Montesinos?
Con el pie forzado de tener que repetir muchas veces acciones y palabras
de los dos personajes principales, ha sabido Cervantes ayudarse, cual diestro
músico, por medio de infinitas variaciones; Sancho Panza en la Segunda
Parte se adelanta a sí mismo y es aun mucho más gracioso que
en la Primera. (De una reseña de la traducción de Tieck
[1799], publicado en Jenaischen allgemeinen Literatur-Zeitung, 230
y 231 [1801] y reimpreso a menudo, primero en su Charakteristiken und
Kritiken [Königsberg, 1801], II, 309-333; también en su
Sämmtliche Werke, 11 [Leipzig, 1847], 408-426; he usado la
edición que está en su Kritische Schriften, ed. Emil
Staiger [Zurich y Stuttgart: Artemis, 1962], págs. 294-307, en la
pág. 298.)
Seguramente no estamos de acuerdo con todo
lo afirmado. Sin embargo, si consideramos que se publicó en 1801,
creo que merece nuestro respeto.
8 J. J. A. Bertrand,
Renacimiento del cervantismo romántico alemán,
Anales cervantinos, 9 (1961-1962), 143-167, en la pág. 155.
9 Close, Romantic
Approach, págs. 41 y 104; Franco Meregalli, La crítica
cervantina dell'ottocento in Francia e in Spagna, Anales
cervantinos, 15 (1976), 121-148, en las págs. 124 y 135.
10 Bertrand, Cervantes
et le romantisme allemand, pág. 629.
11 Bertrand,
Figures d'hispanologues, Bulletin hispanique, 24 (1922),
343-360, en la pág. 358.
12 La
conexión esencial de estos episodios con el todo a veces se ha escapado
a la observación de los críticos, que han considerado secundarias
las partes donde Cervantes ha manifestado más decididamente el
espíritu poético de su obra.... La encantadora historia de
la pastora Marcela, la historia de Dorotea, y la historia del rico Camacho
y del pobre Basilio, están indudablemente conectadas con el interés
del todo. Estas partes románticas serias...no son, es verdad, esenciales
a la narración, pero pertenecen a la característica dignidad
de todo el conjunto (p. 238). (Las citas de Friedrich Bouterwek han
sido extraídas de su History of Spanish Literature, trad. de
Thomasina Ross [London, 1847]; el original alemán fue publicado por
primera vez en 1804. De la anotada traducción al español [Madrid,
1829], no se llegó a publicar sino el primer tomo, que llega hasta
finales del siglo XV.)
13 Las citas de
Historical View of the Literature of the South of Europe de J. C.
L. Simonde de Sismondi están tomadas de la traducción ya citada
en la Introducción, de Thomas Roscoe, 40 edición, II (London:
George Bell, 1885). Acerca de Sismondi, véase J.-J. A. Bertrand,
Génesis de la concepción romántica de Don Quijote
en Francia [Primera parte], Anales cervantinos, 3 (1953), 1-41,
págs. 3-8.
14 En fait,
il n'y eut pas une interprétation ni une imitation romantiques; chaque
écrivain a compris Cervantes selon son tempérament (Bertrand,
Cervantes et le romantisme allemand, pág. 631).
15 Don Quijote
fue la influencia literaria más importante en la novela del
siglo XVIII, la novela arquetipo para Fielding, Smollett, Sterne
y muchos escritores menos importantes (Frederick R. Karl, A Reader's
Guide to the Eighteenth Century English Novel [New York: Noonday, 1974],
págs. 54 y 67); ninguna otra literatura nacional asimiló
la idea de Don Quijote más profundamente que la inglesa (Staves,
pág. 193). No hay biblioteca o estantería para libros
sin una edición u otra de Don Quijote escribió
Thomas Percy (en su carta a Locker Davis de principios de marzo, 1761, publicada
en Ancient Songs de Percy, pág. xi); el librero Davis dijo
que Don Quijote era el favorito del público (carta
a Thomas Percy, 20 marzo 1761; Boston Public Library, MS Eng 154(1)). El
hecho de que todos lo leen con placer demuestra que vale la pena leerlo,
escribió John Bowle (A Letter to Dr. Percy, pág. 47).
16 Todos los
ingleses, sin faltar uno, están profundamente interesados en la historia
de España presente y pasada (de una reseña anónima
de Chronicle of the Cid de Southey, Gentleman's Magazine, 79
[1809], 237-245, en la pág. 245). Oh, dulce y romántica
España, exclamó [Thomas] Campbell en 1808; y después
de 1808 muchos otros escritores siguieron a Southey en este nuevo y pintoresco
campo (Frederick E. Pierce, Currents and Eddies in the English Romantic
Generation [New Haven: Yale University Press, 1918], pág. 93).
17 España
era el país que los románticos alemanes buscaban con
toda su alma (Hoffmeister, pág. 169); Apara los románticos
de Alemania, España llega a ser otra patria de adopción.
Español y romántico eran con frecuencia términos
sinónimos(Arturo Farinelli, Ensayos y discursos de crítica
literaria hispano-europea [Roma, 1925], I, 88, citado por Herbert O.
Lyte, Spanish Literature and Spain in Some of the Leading German Magazines
of the Second Half of the Eighteenth Century, University of Wisconsin
Studies in Language and Literature, 32 [Madison: Universidad de Wisconsin,
1932], pág. 8). Para Friedrich Schlegel, de quien se hablará
más adelante, España era el país poético
por antonomasia (Dietrich Briesemeister, Entre irracionalismo
y ciencia: los estudios hispánicos en Alemania durante el siglo
XIX, Arbor, 119 [1984], 249-266, en la pág. 256).
Hasta cierto punto eso se debía a que
España era considerado un país gótico. (Por
ejemplo, véase España como el país de origen de la
arquitectura gótica en una larga nota al pie de página
de una epístola de Pope, en The Works of Alexander Pope, with Notes
and Illustrations by Joseph Warton, D. D. and Others[London, 1822], III,
271-272; para la imagen de país gótico que la España
cristiana tenía de sí misma véase Carlos Clavería,
Reflejos del goticismo español en la fraseología
del Siglo de Oro, en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a
Dámaso Alonso por sus amigos y discípulos con ocasión
de su 601 aniversario [Madrid: Gredos, 1960-1963], I, 357-372.) Tenía,
por tanto, ciertos vínculos étnicos o raciales con Alemania,
y además era el país donde la cultura medieval
(gótica), que se consideraba que había celebrado
el honor y los combates, había subsistido durante más tiempo
y en cierto grado todavía permanecía. El que España
sea un país gótico o germánico (es decir, que las
características que hacen a España española existían
antes de la invasión islámica del siglo VIII y fueron traídas
por un pequeño número de conquistadores germánicos)
se considera en la actualidad una afirmación más que
discutible.
También vale la pena observar que
según una visión muy extendida, aunque polémica, de
los siglos XVII y XVIII, se creía que España era el país
que había introducido los romances en Europa. Por una parte,
se creía que los romances que España había introducido
eran góticos. Por otra, debido a que los romances en las
Guerras civiles de Granada de Pérez de Hita fueron en el siglo
XVIII la principal fuente de información de la España árabe,
a la fama de los árabes como narradores y a veces a una confusión
entre árabe y gótico, se creía
que los romances que supuestamente España había introducido
en Europa estaban basados en modelos árabes. La encarnación
moderna de esta corriente es la teoría que la poesía trovadoresca
y el amor cortés, de origen islámico, llegaron
a Europa a través de España. Véase Theories of
the Origin of Romance: Huet to Caylus y Warton to Scott
en Arthur Johnston, Enchanted Ground. The Study of Medieval Romance in
the Eighteenth Century (London: The Athlone Press, 1964), págs
13-21 y 51-59; Raymond Immerwahr, Romantic and its Cognates
in England, Germany and France before 1790, en Romantic
and its Cognates. The European History of a Word, ed. Hans Eichner (Toronto:
University of Toronto Press, 1972), págs. 17-97, en las págs.
52 y 63; el capítulo Gothic Romance en Samuel Kliger,
The Goths in England. A Study in Seventeenth and Eighteenth Century
Thought (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1952),
especialmente págs. 231-235; Montague Summers, The Gothic Quest.
A History of the Gothic Novel(London: The Fortune Press, [1939?], págs
37-38; Lovejoy, The First Gothic Revival and the Return to Nature,
Modern Language Notes 27 (1932), 419-446 (reimpreso en su
Essays, págs. 136-165); Gothic, Gothicism, and
Gothicists, capítulo 7 de Reader's Guide de Karl,
especialmente la pág. 242. Acerca de la conexión entre árabes
y godos, véase además Paul Frankl,The Gothic. Literary Sources
and Interpretations through Eight Centuries(Princeton: Princeton University
Press, 1960), págs 365, 376, 389, y 456; acerca de la teoría
moderna que he mencionado, María Rosa Menocal, Pride and Prejudice
in Medieval Studies: European and Oriental, Hispanic Review,
53 (1985), 61-78.
Hasta cierto punto esta confusión acerca
del romance es debido a lo que William Warburton llamó el
equívoco de un término corriente: la imprecisión
lingüística de esta palabra, que como categoría literaria
se refería a distintos tipos de obras: obras breves en verso (en
español), obras largas en verso (en italiano), obras en prosa (en
francés y en inglés). (El comentario de Warburton se encuentra
en su poco conocida Dissertation on the Origin of Books of Chivalry
[también A Supplement to the Translator's Preface], que
es el punto de partida de los estudios modernos de los libros de
caballerías españoles. Se publicó por primera vez
[según el National Union Catalog, Pre-1956 Imprints, Vol. 101,
pág. 528] en la segunda tirada de una edición de
1742 de la traducción que hizo Jarvis de Don Quijote; en ediciones
posteriores de la misma traducción [como la de Dublin, 1747, I,
(xxii-xxxiv)] es atribuida a un docto escritor, muy conocido en el
mundo literario [no las he visto]. La he leído en The Works
of Shakespear..., ed. Mr. Pope y Mr, Warburton [1747; reimpreso en New
York: AMS, 1968], II, 8 páginas sin numerar entre las págs,
288 y 289; también se encuentra, junto con una larga respuesta de
Thomas Tyrwhitt, en The Plays and Poems of William Shakspeare...,
ed. Edmond Malone [1790, reimpreso en New York: AMS, 1968], II, 438-448.)
Warburton fue uno de los que identificó
los romances como un género árabe de literatura, introducido
en Europa a través de España. Le apoyó Thomas Warton,
Dissertation on the Origin of Romantic Fiction in Europe, en
su History of English Poetry from the Twelfth to the Close of the Sixteenth
Century, publicado por primera vez en 1774 (ed. W. Carew Hazlitt [London:
Reeves and Turner, 1871], I, 92-93 y 137); además de Tyrwhitt, que
le ataca directamente, Thomas Percy también le respondió de
forma más indirecta, On the Ancient Metrical Romances,
en su Reliques of Ancient English Poetry (el texto varía en
las distintas ediciones; en la de Henry B. Wheatley [London: Swan Sonnenschein,
1910], III, 339-376, véanse págs. 342-346). Véase
también A. W. Evans, Warburton and the Warburtonians. A Study in
some Eighteenth-Century Controversies (London: Humphrey Milford, para
Oxford University Press, 1932), págs. 120-121.
18 Una
descripción muy comprensiva de los lectores sería la
de admiradores de Cervantes (de una reseña anónima
de la traducción de Southey de Palmerín de Inglaterra, Critical
Review, 30 serie, 12 [1807], 431-437, en la pág. 436).
19 Tales como la
idealización de la naturaleza, la tensión entre el individuo
y la sociedad, y el interés por la Edad Media. Véase, además,
con sus reservas (pues dice que este movimiento no puede definirse) la lista
dada por Ernest Bernbaum,A Guide through the Romantic Movement, 20
edición (New York: Ronald, 1949), págs. 301-303. Ralph Tymms,
en German Romantic Literature (London: Methuen, 1955), pág.
8 señala que la existencia de...contradicciones en la literatura
romántica sin duda atraía a sus seguidores, pues les animaba
a aspirar a la totalidad ideal, la síntesis más elevada en
la que coincidirían todos los opuestosuna modificación
de la creencia mística que todos los opuestos finalmente coinciden
en la Divinidad.
20 La cuestión
de la influencia de Don Quijote no es socavada por el posterior
redescubrimiento de otras obras de la literatura española, tales como
Calderón (un poeta romántico) y romances
españoles. Naturalmente tampoco lo es por la atención que se
prestó a otras obras de Cervantes. Los especialistas citados más
adelante, como Burkhard, comentan las Novelas ejemplares; todavía
no se ha examinado la imagen de La Galatea ni, en especial, el
Persiles, traducido al alemán ocho veces entre 1746 y 1839
(Tilbert Stegmann, Cervantes' Musterroman Persiles [Hamburgo:
Hartmut Lüdke, 1971], págs. 224-225). La Numancia, que
se creía perdida, fue publicada por primera vez en 1784. Shelley la
llamó divina y se representó en España para
fomentar la resistencia contra Napoleón (Enrique de Gandía,
Orígenes del romanticismo y otros ensayos [Buenos Aires: Atalaya,
1946], pág. 36; también Bertrand, Romantisme allemand,
págs. 410-417), su culto llega...a una verdadera locura
(Arturo Farinelli, España y su literatura en el extranjero,
en Divagaciones hispánicas [Barcelona: Bosch, 1936], I, 11-51,
en la pág. 39 [publicado por primera vez en La lectura, 2 (1901),
523-542, 834-849 (no visto)]).
21 Scott, de quién
hablaré dentro de poco, fue llamado el Cervantes de Escocia
por fomentar la caballería (E. Allison Peers, A History of the
Romantic Movement in Spain [1940; reimpreso en New York y London: Hafner,
1964], I, 107), y Twain fue llamado el Cervantes de América
por atacar la caballería que Scott resucitó (Fraser, America
and the Patterns of Chivalry, pág. 4).
22 Entre las personas
asociadas al romanticismo que, en distintas épocas, vieron a Don
Quijote de forma contradictoria se incluiría a Goethe, quien
dedicó un estudio minucioso y continuado al libro (Bergel,
págs. 317-320, la cita está en la pág. 318), Heine (Rius,
III, 263-264; Maelsaeke, The Paradox of Humor, págs. 37-41),
Herder (Bergel, págs. 313-315), y probablemente Tieck (véase
Alfred E. Lussky, Cervantes and Tieck's Idealism, Publications
of the Modern Language Association of America,43 [1928], 1082-1097).
(He eludido el difícil tema de la influencia de Cervantes en Goethe,
quien tuvo una gran influencia en los hermanos Schlegel y en Tieck. Maelsaeke
dice en la pág. 34: No nos es permitido ver en las obras maestras
de Goethe como Faustoy Wilhelm Meister la menor influencia
directa de la obra de Cervantes, pero la relación del poeta de
Fausto con el autor de Don Quijote debe encontrarse en las
extrañas afinidades que, más allá de las fronteras de
épocas y países, siempre darán testimonio de una tendencia
humana, demasiada humana, que subyace en todas las grandes obras de arte.
No podemos sino reconocer la gran semejanza en la irónica actitud
de superioridad de Goethe y Cervantes hacia héroes como Wilhelm Meister
y Don Quijote.
23
Romántico, término para el que, en conexión con
la literatura, no existe ninguna definición generalmente aceptada
(Oxford Companion to English Literature, ed. Sir Paul Harvey, 40
edición [Oxford: Clarendon Press, 1967]; la 50 edición, de
Margaret Drabble [1985], omite esta frase e incluye un largo artículo
sobre el romanticismo, haciendo hincapié en su diversidad). En 1963
se afirmó que se había llegado a un acuerdo acerca de los elementos
de una definición (René Wellek, Romanticism
Reexamined, en Romanticism Reconsidered, ed. Northrop Frye [New
York: Columbia University Press, 1963], págs. 107-133, en la pág.
131; citado y aceptado por Henry H. H. Remak, Current Research on
Romanticism, en Romantic and Its Cognates. The European
History of a Word, ed. Hans Eichner [Toronto: University of Toronto Press,
1972], págs. 475-500, en la pág. 490). Pero en 1965, el
romanticismo es todavía el problema más molesto de la historia
literaria, según Morse Peckham, Romanticism: The Present
State of Theory, en su The Triumph of Romanticism(Columbia:
University of South Carolina Press, 1970), págs. 58-83, en la pág.
58 (publicado por primera vez en The PCTE [Pennsylvania Council of
Teachers of English] Bulletin, 12 [1965], págs. 31-53). El
debate moderno fue iniciado por Arthur O. Lovejoy, On the Discrimination
of Romanticisms, Publications of the Modern Language Association,
39 (1924), 229-253 (reimpreso en su Essays in the History of Ideas
[Baltimore: Johns Hopkins Press, 1948], págs. 228-253), con respuesta
de Wellek en The Concept of Romanticism in Literary
History, Comparative Literature, 1 (1949), 1-23 y 147-172 (reimpreso
en Concepts of Criticism de Wellek [New Haven: Yale University Press,
1963], págs. 128-198, traducido por Edgar Rodríguez Leal en
Conceptos de crítica literaria [Caracas: Universidad Central
de Venezuela, 1968], págs. 103-152); el debate fue prolongado y ampliado
por Peckham, Toward a Theory of Romanticism, Publications
of the Modern Language Association, 66.2 (Marzo,1951), 5-23 (reimpreso
en The Triumph of Romanticism, págs. 3-26), quien después
rechazó la mayor parte de lo que había dicho en Toward
a Theory of Romanticism: II. Reconsiderations, Studies in
Romanticism, 1 (1961), 1-8 (reimpreso en The Triumph of Romanticism,
págs 27-35). Hans Eichner resume de esta manera el estado de la
cuestión, The Rise of Modern Science and the Genesis of
Romanticism, Publications of the Modern Language Association,
97 (1982), 8-30, en la pág. 8: Aunque no hay acuerdo en absoluto
acerca del significado de este evasivo término, las definiciones
propuestas han disminuido mucho en número e importancia. Al fin y
al cabo, parece que los académicos se han dado cuenta...de que cualquier
definición que pueda abarcar el soneto de Keats Al
Sueño, Enrique von Ofterdingen de Novalis y
Hernani de Hugo debe ser tan amplia que carecería de
sentido.
24 Sin embargo,
obsérvense las alusiones cervantinas en una afirmación reciente:
Había en la mente romántica la conciencia, común
a todo el movimiento, de un conflicto entre dos mundos: Uno era el
mundo de la verdad, bondad y belleza ideales; este mundo era eterno, infinito
y absolutamente real. El otro era el mundo de las apariencias, que para el
sentido común era el único, y que para los idealistas estaba
tan lleno de engaños, ignorancia, maldad, fealdad y tristeza, que
les descorazonaba y llenaba de indignación (Ernest Bernbaum,
citado por William Emmet Coleman, On the Discrimination of Gothicisms
[New York: Arno, 1980], págs. 232-233; Coleman también proporciona
un resumen del punto de vista actual sobre la definición del
romanticismo.)
25 Quienes estaban
menos interesados en Cervantes, como Novalis, también estaban menos
integrados en el movimiento.
26 Cervantes era
menos popular en la España del siglo XVIII, y su categoría
fue a menudo polémica. A principios del siglo el bibliotecario real
y académico Nasarre defendió la superioridad de la Segunda
Parte de Avellaneda sobre la de Cervantes. Defender que Cervantes era el
mejor autor español (y como consecuencia rebajar a Lope, Calderón,
etc.) significaba exponerse a ser acusado de falta de patriotismo, como le
ocurrió a Mayáns, primer biógrafo de Cervantes. La misma
situación se repitió en 1939 (Julio Rodríguez
Puértolas, Ideología y realidad. La mitomanía
casticista de los Siglos de Oro, Nuevo hispanismo,
1 [1982], 77-102, en la pág. 89). Como señaló Tubino
(pág. 196), la apreciación de Don Quijote como clásico
llegó a España del extranjero.
Feijoo ni siquiera menciona a Cervantes (ni
tampoco ninguna obra de ficción en prosa) en su ensayo Glorias
de España de su Teatro crítico universal. En ninguna
de las primeras historias de la literatura española se le da, ni de
lejos, la importancia que cobró más tarde. El poco
imaginativo siglo XVIII [español] era propenso a considerar el
Quijote como una alegoría gigantesca, y por consiguiente a
interpretarlo mal, emplearlo mal e infravalorarlo (I. L. McClelland,
The Origins of the Romantic Movement in Spain [Liverpool: Institute
of Hispanic Studies, 1937], pág. 268; para un ejemplo, véase
Gilbert Smith, Juan Pablo Forner [Boston: Twayne, 1976], pág.
75). La primera indicación que conozco de cambio en la
interpretación se encuentra en Cartas marruecas de Cadalso:
En esta nación hay un libro muy aplaudido por todas las demás.
Lo he leído, y me ha gustado sin duda; pero no deja de mortificarme
la sospecha de que el sentido literal es uno, y el verdadero es otro muy
diferente (ed. Lucien Dupuis y Nigel Glendinning [London: Tamesis,
1966], pág. 131). Según una nota de Ribero y Larrea publicada
en 1792, La popularidad de Cervantes crecía rápidamente....
Aunque parezca extraño, aunque el siglo XVIII sufría muchas
ilusiones misteriosamente adversas acerca del genio nativo, preservó
la tradición de Calderón, rescató a Lope y a Tirso del
olvidó, y empezó a pensar en Cervantes como el rey de
la literatura española (McClelland, pág. 269; cursiva
del autor). Acerca de las distintas lecturas que la España del siglo
XVIII hizo de Don Quijote, véase Francisco Aguilar Piñal,
Anverso y reverso del quijotismo en el siglo XVIII español,
Anales de literatura española, 1 (1982), 207-216 y Cervantes
en el siglo XVIII, Anales cervantinos, 21 (1983 [1984]), 153-163.
Sobre la polémica acerca de Cervantes, la introducción de Antonio
Mestre en su edición de la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra
de Mayáns, Gilbert Smith, El cervantismo en las polémicas
literarias del siglo XVIII, en Cervantes. Su obra y su mundo. Actas
del I Congreso Internacional sobre Cervantes, ed. Manuel Criado de Val
(Madrid: Edi-6, 1981), págs. 1031-1035 y R. Merritt Cox, Cervantes
and Three Ilustrados: Mayáns, Sarmiento, and Bowle, en
Studies in the Spanish Golden Age: Cervantes and Lope de Vega, ed.
Dana B. Drake y José A. Madrigal (Miami: Universal, 1978), págs.
12-20.
27 No puedo resistir
la tentación de citar el siguiente ejemplo de la influencia de Cervantes
en los Estados Unidos: Thoreau creía que para ser caminante
se necesitaba una dispensa directa del cielo. El espíritu
heroico caballeresco que había pertenecido al caballero,
observó, parece que ahora reside, o quizás se haya rebajado,
en el del caminante: no el caballero, sino el caminante andante
(Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 173).
28 Alfred Lussky,
Tieck's Romantic Irony, with Special Emphasis upon the Influence of Cervantes,
Sterne, and Goethe (Chapel Hill: University of North Carolina Press,
1932), pág. 3. Tymms, pág. 121, lo expone de la siguiente forma:
fue Friedrich Schlegel quien se constituyó en el primer y mayor
legislador del movimiento, e ideó un código teórico
de principios románticos.
29
Bertrand,Cervantes et le romantisme allemand, págs. 120 y 627.
Debe mencionarse que según Bertrand (págs. 102-103), Cervantes
confirmó a Friedrich Schlegel conclusiones a las ya había llegado;
sobre los orígenes de la teoría del romanticismo de Schlegel
véase Lussky, Tieck's Romantic Irony, especialmente los
capítulos 1 y 2, y Raymond Immerwahr, The Subjectivity or
Objectivity of Friedrich Schlegel's Poetic Irony, Germanic Review,
26 (1951), 173-191, en la pág. 185, nota 55.
30 René Wellek,
Historia de la crítica moderna (1750-1950), versión
castellana de J. C. Cayol de Bethencourt (Madrid: Gredos, 1959-1972), II,
36.
31 Herder, citado
en Hoffmeister, pág. 129.
32
Wellek,Historia, II, 64. Dentro de este supremo género
de la novela Don Quijote era para Friedrich el más gran
ejemplo (Tymms, pág. 131). La identificación del romanticismo
con un tipo de poesía lírica es tardía y limitada a
la historia literaria inglesa.
33 Citado de la revista
Athenaeum, sin especificar el número ni la página, por
Franco Meregalli, Los primeros dos siglos de recepción de la
obra cervantina: una perspectiva, en Actas del Tercer Coloquio
Internacional de la Asociación de Cervantistas(Barcelona: Anthropos,
en coedición con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1993),
chapter 6págs. 33-42, en la pág. 41.
34 Vorlesungen
über philosophische Kunstlehre, citado por Wellek, The Concept
of Romanticism in Literary History, pág. 6.
35 Close,Romantic
Approach, págs. 29-30.
36 Catalogue de
la Bibliothèque célèbre de M. Ludwig Tieck qui sera
vendue à Berlin le 10. Décembre 1849 et jours suivants par
MM. A. Asher et Comp. (1849; reimpreso en Wiesbaden: Martin Sändig,
1979).
37 Köpke, citado
en Lussky, ACervantes and Tieck's Idealism, pág. 1084.
38 Kritische
Schriften, citado por Lussky, Tieck's Romantic Irony, pág.
122.
39 Nos dice
el motivo por el que venera a Cervantes por encima de los demás
prosistas...: Es aquel delicado equilibrio entre la cariñosa
estimación que tiene Cervantes por su héroe y el hecho de que
se sonría ante sus debilidades (Roger Paulin, Ludwig Tieck.
A Literary Biography [Oxford Univ. Press, 1985], pág. 313). Hay
una edición crítica de la traducción de Tieck hecha
por H. Rheinfelder (Düsseldorf: Rauch, 1951), según Kurt
Reichenberger, Cervantes und die Literarischen Gattungen,
Germanisch-Romanische Monatsschrift, neue folge, 13 (1963), 233-246,
pág. 243; Reichenberger también cita Berichtigung zur
Tieck'schen Übersetzung des Don Quijote, 1944, de
Rheinfelder, que no he podido localizar.
40 Miguel Romera-Navarro,
El hispanismo en Norte-América: exposición y crítica
de su aspecto literario (Madrid: Renacimiento, 1917); Merrill F. Heiser,
Cervantes in the United States, Hispanic Review, 15 (1947),
409-435; Stanley Williams, The Spanish Background of American Literature
(New Haven: Yale University Press, 1955), sobre el cual hay importantes
reseñas escritas por Lewis Mumford Jones, Comparative Literature,
7 (1955), 272-275 y Ángel del Río, Romanic Review, 47
(1956), 197-205; Frederick S. Stimson, Orígenes del hispanismo
norteamericano (México: de Andrea, 1961); y Joseph Harry Harkey,
Don Quijote and American Fiction through Mark Twain, tesis,
University of Tennessee, 1967 (resumen en Dissertation Abstracts,
29 [1968], 229A).
41 The Vogue
of Don Quixote in England, 1605-1660, tesis, New York University,
1938; en Four Articles on Don Quixote in England, del
mismo autor (New York, 1941) hay un extracto de esta tesis, junto con
Don Quixote through English Eyes de Knowles,
Hispania, 23 (1940), 103-115. Véase también el
artículo Cervantes and English Literature, ya citado
(capítulo 4, nota ).
42 Cervantes
and English Literature, pág. 273. Su influencia en los siglos
XVII y XVIII ha sido posteriormente analizada por John Ledger Skinner,
Changing Interpretations of Don Quixote from Hudibrasto
Pickwick, tesis, Cambridge University, 1973, y por Edward Lee
Niehus, The Nature and Development of the Quixote Figure in the
Eighteenth-Century English Novel, tesis, University of Minnesota, 1971
(resumen en Dissertation Abstracts International, 32 [1971],
3319A-3320A).
43 Edward Dudley,
Cervantes and Wordsworth: Literary History as Literature and Literature
as Literary History, en Cervantes. Su obra y su mundo. Actas del
I Congreso Internacional sobre Cervantes, ed. Manuel Criado de Val (Madrid:
Edi-6, 1981),págs. 1097-1104; Glenn W. Most, Wordsworth's
Dream of the Arab and Cervantes, English Language
Notes, 22.3 (Marzo, 1985), 52-58.
44 No obstante, ver
la influencia de Cervantes en una idea tan romántica como la siguiente
es algo tentador: Donde los románticos disentían más
profundamente de las actitudes del siglo anterior era en su concepción
del amor. Lo concebían como la unión perfectamente armónica
entre un hombre y una mujer. Eso implicaba, ante todo, que no tenía
que disociarse el impulso sexual y el amor espiritual, como solía
ocurrir en la época anterior.... [Una formulación de Friedrich
Schlegel y Shelley]: Llegará el día en que la belleza
interior, la vida interior del alma será el primer y principal atributo
de una mujer. Sin esta belleza interior una mujer no puede ser ni siquiera
físicamente atractiva (H. G. Schenk, The Mind of the
European Romantics. An Essay in Cultural History [New York: Frederick
Ungar, 1967], pág. 153); sobre el equivalente homosexual véase
Tymms, págs. 130-131. James D. Wilson, aunque no menciona a Cervantes
en su The Romantic Heroic Ideal (Baton Rouge: Louisiana State University
Press, 1982) tiene unos capítulos sobre El objeto amoroso
romántico: la mujer como proyección narcisista y La
búsqueda estética de la autoaniquilación, y
también habla sobre el sentido de misión divina que tenía
el héroe romántico. La distinción que Tymms establece
entre el héroe romántico y Don Quijote muestra que ha interpretado
mal la obra de Cervantes: El héroe romántico alemán
huye de la realidad, del mundo físico, como un nuevo Don Quijote:
pero con la diferencia esencial de que la huida del romántico no es
el capricho de un excéntrico, cuya huida al caballeresco mundo del
romance es absurda, una ilusión, una forma de locura (como lo es en
Don Quijote); la huida del romántico expresa el triunfo del
espíritu humano sobre la esclavitud de la mortalidad, es una huida
perfectamente válida y (subjetivamente) afortunada de la realidad
física (pág. 6).
45 Immerwahr,
Romantic and its Cognates, especialmente las págs.
18-19, y The Word romantisch and its History, en The
Romantic Period in Germany, ed. Siegbert Prawer (London: Weidenfeld and
Nicolson, 1970), págs. 34-63, especialmente las págs. 39-40
y 48-51; también Lovejoy, The Meaning of Romantic
in Early German Romanticism, en Modern Language Notes, 31 (1916),
385-396 y 32 (1917), 65-77, reimpreso en sus Essays in the History of
Ideas, págs. 183-206, págs. 190-191 y 205 de la
reimpresión. Como indica Immerwahr, el término
romántico en el sentido que nos interesa aquí
nació en Inglaterra, donde romántico significaba
como en un romance, y por tanto medieval y
caballeresco (Tymms, pág. 3). El término
romance aplicado a una narración o a una obra de ficción
no tenía, a mediados del siglo XVIII, el mismo significado que ahora.
La distinción puede ser vaga; pero un romance en 1750 a menudo
sugería las sagas de caballerías, Amadís, los
Palmerines, Tirante el blanco... (Summers, pág. 25).
La inspiración de esta selección de títulos sólo
puede ser cervantina.
46 Literary
Notebooks, citado en Immerwahr, The Word romantisch,
pág. 54. El término romance aplicado a Don Quijote
tiene distintas connotaciones genéricas en un contexto alemán
y en uno inglés. En Inglaterra romance se había considerado
durante cierto tiempo inferior a su sucesor, la novela; en Alemania,
donde Roman significaba novela (véase Stuart Atkins,
Wilhelm Meisters Lehrjahre: Novel or Romance?, en Essays
on European Literature in Honor of Liselotte Dieckmann [St. Louis: Washington
University Press, 1972], págs. 45-52), la novela o Roman se
oponía a su sucesora, la épica. (Como la épica medieval
era casi desconocida, no se consideraba, como en la actualidad, que el romance
desciende de la épica medieval.)
En ambos casos, el romance es el género
más antiguo, y se estimaba conveniente que reviviera o que se extrajeran
algunas de sus cualidades. España era romántica porque era
medieval, lo que se interpretaba como católica, sentimental, irracional
(véase Van Maelsaeke, pág. 34; sobre el sentido religioso del
interés romántico por la Edad Media, véase Wilson, The
Romantic Heroic Ideal, capítulo 3: The Romantic Communal
Impulse: A Search for Providential Order).
47 Oscar Burkhard,
The Novelas exemplares of Cervantes in Germany, Modern
Language Notes, 32 (1917), 401-405, en la pág. 405.
48 Sobre su lugar
en la historia cervantina alemana, véase Bergel, pág. 313,
y W. Daniel Wilson, The Narrative Structure of Wieland's Don Sylvio
von Rosalva (Bern: Peter Lang, 1981), págs. 123-127. En
Rius, III, 197-199 hay una traducción de un acertado extracto de
Kritische Betrachtungen über die poetischen Gemälde der
Dichter de Bodmer (Zurich, 1741); Wilson (pág. 123, nota 4) incluye
referencias a unas ediciones del texto alemán.
49 Pocas obras
han tenido tanta influencia en la literatura inglesa como las
Reliquias de Percy.... Scott conoció esta obra a la edad de
trece años, y el lugar donde la leyó quedó grabado en
su memoria para siempre. Wordsworth no la admiraba menos. Escribió:
Creo que no hay ningún buen poeta actual que no se enorgullezca
de reconocer su deuda con las Reliquias (Henry B. Wheatley,
introducción de su edición de las Reliques, I, xci.)
Wordsworth dijo que los volúmenes de Percy habían
redimido la poesía inglesa (citado por Johnston,
Enchanted Ground, pág. 1). Las Reliquiasde Percy
también tuvieron una importante influencia en la Alemania
prerromántica: véase Elsie I. M. Boyd, The Influence
of Percy's Reliques of Ancient English Poetry on German Literature,
Modern Language Quarterly, 7 (1904), 80-99.
50 Wheatley, I, lxxxv.
Todavía no tenía la idea de redactarlo en noviembre de 1757
(Bertram H. Davis, Thomas Percy [Boston: Twayne, 1981], pág.
76).
51 Cleanth Brooks,
Thomas Percy, Don Quixote, and Don Bowle, en Evidence
in Literary Scholarship. Essays in Memory of James Marshall Osborn, ed.
René Wellek y Alvaro Ribeiro [Oxford: Clarendon Press, 1979], págs.
247-261, en las págs. 246-247.
52 Citado por Smith,
en la introducción de Ancient Songs de Percy. No se ha publicado
esta carta; véase Beutler, Thomas Percy's spanische Studien,
pág. 79.
53 Don
Quijote ha sido siempre mi libro favorito (carta a Locker Davis
de principios de marzo de 1761, en Ancient Songs de Percy, pág.
x); en la primera frase de su Letter to Dr. Percy, John Bowle se refiere
a nuestro escritor favorito Cervantes. En la correspondencia
entre Percy y Bowle se encuentran más comentarios de este tipo.
54 Véase la
carta a Lockyer Davis de principios de marzo de 1761, en Ancient Songs
de Percy, págs. xii-xiii. La Bibliotheca Quixotiana de
Percy fue calificada de colección en 1761, y en 1759 tenía
libros tales como Palmerín de Oliva en español y Tiran
lo blanc en francés. En su correspondencia con Davis, Percy dice
que desea utilizar libros caros que no podía comprar, a cambio de
los cuales Davis tendría la primera opción para la
publicación de los resultados de la investigación de Percy
sobre Cervantes; por la factura de Davis a Percy, incluida en su carta del
28 de marzo de 1761 (Boston Public Library, MS Eng. 154(2)), vemos que los
libros en cuestión eran Polindo, Las Sergas del [sic]
Esplandian, Amadis de Gracia [sic], y Felix Marte de Yrcania,
todos a 2.2 libras esterlinas cada uno; también había en la
factura Amadis de Gaule en 3 volúmenes (1.5 libra), Diana
of Montemayor (0.7.6), Palmerin of England (0.7.0), Roland
l'Amoureux en 2 volúmenes (0.3.0) y Notes on Don Quixotede
Gayton (0.2.6). Véase también Beutler, Thomas Percy's spanische
Studien, pág. 349, que reconstruye y anota la Quixotic
Library en las págs. 367-400, A. Watkin-Jones, A Pioneer
Hispanist: Thomas Percy, Bulletin of Spanish Studies, 14 (1937),
3-9, y el capítulo sobre Percy en Johnston, Enchanted Ground,
en especial la pág. 91. Aunque la biblioteca de Percy no se vendió
hasta 1969, cuando fue comprada en bloque por Queen's University de Belfast
(The Library of Thomas Percy, 1829-1811[London: Sotheby, 1969]; hay
un ejemplar en la biblioteca de Florida State University) y hacía
tiempo que faltaban casi todos los libros de caballerías y otras obras
españolas (véase Watkin-Jones, pág. 9).
55 Véase Mack
Singleton, Cervantes, John Locke, and Dr. Johnson, en Studia
Hispanica in Honorem R. Lapesa (Madrid: Cátedra-Seminario
Menéndez PidalGredos, 1972), I, 531-547.
56 En A Letter
to Dr. Percy, Bowle dice al principio que se dirigió a Percy porque
está muy versado en todas las ramas de las buenas letras,
especialmente la que tanto ha absorbido mi tiempo y mi
atención (pág. 1, he añadido la cursiva),
y después añade que no es mi intención ahora
molestarle con extractos de los Libros de Cavalleríaslos Romances,
que, con su ayuda, me he esforzado en estudiar (pág.
3, cursiva añadida). Al principio de su edición, Bowle
escribió Se deben principalmente Agradecimientos al Reverendo
Señor el Dr. Thomas Percy, Dean de Carlisle, que de su Librería
Cavalleresca de Quixote me regaló el uso de quantos Libros tuvo,
necessarios para ilustrar su Historia (citado por Smith en el prólogo
de Ancient Songs, pág. xv). En la correspondencia entre Percy
y Bowle puede verse como, de los dos, era Percy quien más se
interesó por los romances españoles, que, como dijo en su carta
a Bowle del 15 de julio de 1781, quería ver reimpresos.
57 Introducción
de su edición de Palmerin of England (London, 1807), I, xliv.
Southey señala una excepción: Amadís de Grecia,
que ha influido en Sidney, Spenser y Shakespeare.
58 Se incluyen breves
extractos de las traducciones de Amadís y
Palmerínen la traducción de Don Quijote realizada
por Ormsby-Jones-Douglas, págs. 848-880. Puede conseguirse la
edición que hizo Southey de Amadísen 1872, en University
Microfilms, número de pedido A7G-OP62574.
59 Charles I. Patterson,
The Keats-Hazlitt-Hunt Copy of Palmerin of England in Relation
to Keats's Poetry, Journal of English and Germanic Philology,
60 (1961), 31-43; Thomas, pág. 226.
60 Puede encontrarse
Chronicle of the Cid, que es una combinación de diversas fuentes,
como explica Southey en su prólogo, con una introducción de
V. S. Prichett (New York: Heritage Press, 1958).
61 Sobre el hispanismo
de Southey, véase Ludwig Pfandl, Robert Southey und Spanien.
Leben und Dichtung eines englischen Romantikers unter dem Einflusse seiner
Bezeiehungen zur pyrenäischen Halbinsel, Revue hispanique,
28 (1913), 1-315. Tres episodios en Omniana de Southey y Coleridge,
todos de Southey, aluden a libros de caballerías : Lions of
Romance (págs. 85-87), que menciona Palmerín de
Oliva, Amadis and Esplandian (págs. 90-91) y
Tirante el blanco, ya citado en el capítulo 3. Los dos
primeros se publicaron por primera vez en The Athenaeum, 4 (1808),
30-31 y 125-126 respectivamente.
62 Mientras que en
España había un Belianís literario desde mediados
del siglo XVIII (McClelland, págs. 58, 62 nota 2, etc.) la primera
edición de Amadísdesde 1587 no se publicó hasta
1838. Sobre las nuevas ediciones de Malory, véase Johnston, Enchanted
Ground, págs. 190-192; sobre el resurgimiento de la literatura
artúrica en Inglaterra, véanse los dos últimos
capítulos de Stephen Knight, Arthurian Literature and Society
(New York: St. Martin's, 1983), y Raymond H. Thompson, The Return from
Avalon: A Study of the Arthurian Legend in Modern Fiction (Westport,
Connecticut: Greenwood, 1985). El estudio pionero fue el de Nathan Comfort
Starr, King Arthur Today: The Arthurian Legend in English and American
Literature, 1901-53 (Gainesville: University of Florida Press, 1954).
Sobre el renacimiento de la literatura artúrica en la Inglaterra del
siglo XVIII, véase Kurt Gamerschlag, Arthur Coming Alive Again:
18th-Century Medievalism and the Beginnings of a Modern Myth, en Mette
Pors, ed., The Vitality of the Arthurian Legend: A Symposium (Odense:
Odense University Press, 1988), págs. 91-103.
63 Mark Girouard,
The Return to Camelot. Chivalry and the English Gentleman (New Haven
y London: Yale University Press, 1981), en un asombroso último
capítulo le atribuye cierta responsabilidad por la Primera Guerra
Mundial. La acusación de Twain (en Vida en el Mississippi)
que tuvo cierta influencia, por la caballería sureña,
en la Guerra Civil Americana es bien conocida. También es bien conocido
el papel que desempeñó la caballerosía sirviendo de
estímulo al nacionalismo alemán, y con él, a la maquinaria
militar alemana en la época expansionista y agresiva de Bismarck (Tymms,
pág. 9) por medio de Wagner, tuvo cierta influencia en el movimiento
nacionalsocialista.
64 El restablecimiento
de la caballería por parte de Scott jugó un papel importante
en el nacimiento del concepto moderno de Escocia. Un drama
prerromántico, Goetz von Berlichingen de Goethe, ya había
inaugurado la tradición de las obras de teatro caballerescas, pero
no fue hasta la era romántica cuando surgió el género
literario de la novela caballeresca, que tuvo gran aceptación gracias
a las dotes imaginativas de Sir Walter Scott. Scott, de origen parcialmente
celta, combinó con ingenio la nostalgia feudal y patriótica.
En sus evocaciones le ayudó mucho el hecho de que la era de los ideales
heroicos que intentó resucitar era mucho menos remota en Escocia que
en la mayoría de los demás países. Pues no hacía
mucho tiempo, quizás sólo una generación antes de su
nacimiento en 1771, que había predominado el sistema de clanes en
la sociedad de frontera a la que pertenecían sus antepasados. Y el
patriotismo retrospectivo podía valerse de un acontecimiento tan reciente
como la rebelión jacobita del Bello Príncipe Charlie
de 1745-1746, que, en Waverly, la primera novela de Scott, se presenta
con todo el encanto de una causa perdida. Evidentemente la nostalgia por
el pasado y la simpatía por las causas perdidas a menudo van de la
mano. (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág.
34.) Sobre este tema, véase Hugh Trevor-Roper, The Highland
Tradition of Scotland, en The Invention of Tradition, ed. Eric
Hobsbawm y Terence Ranger (Cambridge: Cambridge University Press, 1983),
págs. 15-41.
65 Girouard, pág.
30; también Pierce, Currents and Eddies, capítulos 5
y 7. Para encontrar un éxito universal semejante al que tuvo
Amadís de Gaula, es menester llegar en el siglo XIX a las novelas
de Walter Scott (Ángel Salcedo Ruiz, La literatura
española, II [Madrid: Calleja, 1916], 386).
66 Peers,A History
of the Romantic Movement in Spain, I, 107. Entre los españoles
influidos por Scott tenemos a Milá y Fontanals, quien dijo que Scott
era su autor preferido y el que le introdujo a los estudios medievales (Philip
H. Churchman y E. Allison Peers, A Survey of the Influence of Sir Walter
Scott in Spain, Revue hispanique, 55 [1922], 227-310, en las
págs 261-262). Scott es por lo tanto un antecesor clave en la
tradición erudita que produciría la exaltación del
heroísmo medieval español de Menéndez Pidal. Sobre sus
consecuencias véase María Eugenia Lacarra, La
utilización del Cid de Menéndez Pidal en la ideología
militar franquista, Ideologies & Literature, 12 (1980),
95-127, y Consecuencias ideológicas de algunas teorías
en torno a la épica peninsular, en Actas del séptimo
congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Roma:
Bulzoni, 1982), II, 657-666.
67 El impacto
de la obra de Scott no fue menos prodigioso que el de Lord Byron. Manzoni,
Alfred de Vigny...e incluso Balzac, a pesar de sus críticas, admitió
que Scott le había influido. (Schenk, The Mind of the European
Romantics, pág. 35.)
68 Vida de Scott
escrita por Lockhart, citada en W. U. McDonald, Jr., Scott's Conception
of Don Quixote, Midwest Review, 1 (marzo, 1959), págs.
37-42, en la pág. 37.
69 Skinner, pág.
335. Continúa: La existencia de importantes paralelismos entre
Cervantes y Scott era clara incluso para los contemporáneos de éste,
y el distinguido crítico sueco C. A. Hagberg explicó estas
conexiones en una fecha tan temprana como 1838. En una nota Skinner
cita Ch. Aug. Hagberg, Cervantes et Walter Scott. Parallèle
littéraire (Lund, 1838).
70 James
Fitzmaurice-Kelly, Historia de la literatura española, desde los
orígenes hasta el año 1900, traducida del inglés
y anotada por Adolfo Bonilla y San Martín (Madrid: La España
Moderna, [1901]), pág. 321; Aubrey Bell, Scott and Cervantes,
en Sir Walter Scott Today. Some Retrospective Essays and Studies,
ed. H. J. C. Grierson (London: Constable, 1932), págs. 69-90, en la
pág. 70.
71 Knowles,
Cervantes and English Literature, pág. 286.
72 Clara Snell Wolfe,
AEvidences of Scott's Indebtedness to Spanish Literature, Romanic
Review, 23 (1932), 301-311; más superficialmente, Aubrey Bell,
Scott and Cervantes.
73 Staves, pág.
214. Esta postura puede contrastarse con un estudio como el de Jane Millgate,
Walter Scott: The Making of the Novelist (Toronto: University of Toronto
Press, 1984), que no dice nada acerca de Cervantes, de Amadís,
y ni siquiera de Southey, o con la confusión histórica que
hay en un artículo en el que por lo menos se menciona a
Amadís: Jerome Mitchell, Scott's Use of the Tristan-Story
in the Waverley Novels, Tristania, 6.1 (1980), 19-29.
Pierce,Currents and Eddies, habla mucho sobre Scott y no puede evitar
tratar de los elementos españoles, pero equipara la influencia
española con el tratado de temas españoles y es poco
comprensivo.
74 Edinburgh
Review, Octubre 1803, págs. 109-136. Fue la primera reseña
que Scott publicó (Margaret Ball, Sir Walter Scott as a Critic
of Literature [New York: Columbia University Press, 1907], págs.
37 y 162).
75 En un principio
se creía que Vasco de Lobeira era el autor de una redacción
portuguesa original de Amadís, ahora perdida, tal como consta
en la introducción de Southey; la teoría de la autoría
portuguesa actualmente no está de moda, pero todavía subsiste.
Montalvo escribió la versión que tenemos. Herberay es el traductor
francés de la obra.
76 Mientras que
Amadís tiene una vida independiente (véase, para Alemania,
Sigmund J. Barber, Amadis de Gaule and the German
Enlightenment [New York: Peter Lang, 1984]), la alusión a
Tirant y en especial a Palmerín de Inglaterra es un
signo infalible de influencia cervantina. Por ejemplo, Daniel Schlieber los
menciona junto con otros en Anmerkung zu Lisuart und Dariolette
(1767; resumido por Gloria Flaherty, Opera in the Development of German
Critical Thought [Princeton: Princeton University Press, 1978], pág.
255). También se encuentran (con Perceforesty The Knight
of the Sun) en Matthew G. Lewis, The Monk, ed. Louis F. Peck (New
York: Grove, 1952), págs. 147 y 258; véase Edgar G. Knowlton,
Jr., Lewis's The Monk and Tirant lo blanc, Notes
and Queries, new series, 30 (1983), 64-65. No obstante, no es necesario
contar con estos nombres para detectar la influencia de Cervantes, que se
encuentra en toda esta importante novela gótica. La misma obra The
Monk, según la introducción de John Berryman en la
edición de Grove (págs. 25-27) influyó en Byron
(especialmente en el concepto que Byron tenía del héroe) y
en Scott, a los que Lewis inspiró, y también en Shelley, Wordsworth
y Southey.