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Capítulo 2. El libro de caballerías ideal: El famoso Bernardo
| Una higa para todos los golpes que fingen de Amadís y los fieros hechos de los gigantes, si hubiese en España quien los de los españoles celebrase. | |
Luis de Zapata, Miscelánea1 |
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| ¿Quién mereció la gloria, el nombre y opinión traída de la famosa antigüedad, como Bernardo del Carpio? | |
Fernando de Herrera, Anotaciones2 |
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| Mala la huvistes, franceses, | |
| en essa de Roncesvalles. | |
Romance citado en |
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Don Quijote, III, 125, 26-273 |
En sus prólogos y dedicatorias Cervantes
a menudo comentaba sus proyectos literarios, y siempre que podemos probar
sus declaraciones vemos que son ciertas. En el prólogo de La
Galatea, otras [obras] offresce para adelante de más gusto
y de mayor artificio (I, L, 10-11), empresas más altas
y de mayor importancia (I, xlviii, 7-8), y ciertamente las ofreció.
Al final de la Primera Parte de Don Quijote, dijo que si esa obra
alcanzaba su objetivo, se animará a sacar y buscar otras [obras],
si no tan verdaderas, a lo menos, de tanta invención y passatiempo
(II, 402, 10-12), y también lo hizo. En el prólogo de las
Novelas ejemplaresCervantes afirmó que los lectores verían
primero con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quixote y
donaires de Sancho Pança, después los Trabajos de
Persiles, y finalmente las Semanas del jardín (I, 23, 18-20);
publicó en un período de dos años la Segunda Parte de
Don Quijote, seguida de Persiles. En la dedicatoria de Ocho
comedias y ocho entremeses dijo que Don Quijote tenía
calçadas las espuelas en su segunda parte para ir a besar los
pies a V.E.... Luego irá el gran Persiles, y luego Las semanas
del jardín, y luego la segunda parte de La Galatea, si
tanta carga pueden llevar mis ancianos ombros (I, 11, 12-14 y 19-22).
Don Quijote siguió inmediatamente después, y Cervantes
escribió en su prólogo, esperes el Persiles que
ya estoy acabando y la segunda parte de Galatea (III, 32, 5-6),
y en la dedicatoria dijo que terminaría los Trabajos de Persiles
y Sigismunda dentro de quatro meses, Deo volente (III,
34, 12); murió seis meses más tarde, después de terminar
el Persiles.
En la dedicatoria de su último libro
publicado, Cervantes dijo que además de la segunda parte de la
Galatea y de las Semanas del jardín, estaba escribiendo
el famoso Bernardo, y de las dos últimas obras
sólo quedan en el alma ciertas reliquias y assomos (I,
lvi, 16-18). Nadie ha cuestionado nunca la precisión de estas
declaraciones, y, como se ha dicho antes, las referencias a la continuación
de la Galatease aceptan como una indicación de que al menos
había escrito parte de ella. Los editores del Persiles han
aventurado algunas especulaciones acerca de las Semanas del
jardín, suponiendo que sería del tipo de relatos cortos
estructurados al estilo del Decamerón, quizás,
especula Avalle-Arce.4 Sin embargo, nadie
ha hecho ningún comentario sobre el Bernardo de Cervantes.
Vamos a considerar qué tipo de obra era.
Antes de nada, ¿sobre qué Bernardo
escribió Cervantes? Debió de ser sobre el héroe
español medieval Bernardo del Carpio; no había otro Bernardo
tan conocido como éste en la España del Siglo de Oro. El hecho
de que Bernardocomo título podía solamente referirse
a Bernardo del Carpio es confirmado por el título del poema épico
de Balbuena (Bernardo, publicado en
1624).5 No hay ninguna duda de que fue sobre
Bernardo del Carpio.
Bernardo del Carpio fue en la España
del Siglo de Oro el arquetipo del héroe
hispano.6 Su presencia en las obras
de destacados historiadores contemporáneos, Garibay,
Morales7 y
Mariana,8 así como también en
la crónica publicada por Ocampo, aseguró su historicidad. En
la literatura, además del poema de Balbuena, Bernardo fue el tema
de los poemas épicos de Nicolás Espinosa (Segunda parte
de Orlando, 1555), de Francisco Garrido de Villena, traductor de Boyardo
(El verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles, 1555),
de Agustín Alonso (Historia de las hazañas y hechos del
invencible cavallero Bernardo del Carpio, 1585), de Luis Barahona de
Soto (La Angélica, conocida como Las lágrimas de
Angélica, Primera Parte,
1586),9 y Cristóbal Suárez de
Figueroa (España defendida,
1612);10 desempeñó un papel
destacado en la Lyra heroyca de Francisco Núñez de Oria
(1581),11 y también se encuentra en
numerosos romances. Bernardo del Carpio fue el protagonista de una comedia
de Juan de la Cueva (presentada en Sevilla en 1579, publicada en
1588),12 de otra del mismo Cervantes, y de
dos de Lope de Vega Carpio,13 quien,
de joven, fue ridiculizado por sus pretensiones de descender de
Bernardo.14 También fue el tema de
obras de Lope de Liaño (Bernardo del Carpio en Francia), de
Álvaro Cubillo de Aragón (El Conde de Saldaña
y su continuación, Los hechos de Bernardo del Carpio) y del
autor desconocido de la segunda parte de Bernardo del Carpio de
Lope.15
Bernardo fue tan popular porque era una figura
extremadamente patriótica, organizador y líder de la resistencia
contra los invasores carolingios. Fue la respuesta española a
Roldán, a quien, según la leyenda española y los poemas
mencionados, mató en Roncesvalles. Creado en la Edad
Media,16 su resurgimiento a finales del siglo
XVI forma parte del poco estudiado despertar del interés por la historia
nacional, resultado de la expansión militar y religiosa española.
También refleja la rivalidad de España y Francia en el siglo
XVI: Durante los reinados de Carlos V y Felipe II, se ha dicho
acertadamente, nada parecía más actual que la historia
de Bernardo del Carpio.17 En
la figura de un líder joven y atractivo, pariente ilegítimo
del rey, quizás se veía cierta semejanza con Don Juan de
Austria.18 La resurrección de Bernardo
fue, ante todo, la respuesta española a la glorificación ficticia
de héroes franceses en los popularísimos poemas de Ariosto
y Boyardo; el primero de los poemas épicos sobre Bernardo, el de Espinosa,
fue la Segunda parte de Orlando [furioso], con el verdadero sucesso
de la famosa batalla de Roncesvalles, fin y muerte de los doze Pares de
Francia, y fue publicado acompañando las ediciones de las traducciones
españolas de Ariosto.19 Como dice
Espinosa en su dedicatoria, escribió la obra porque vio que eran
tan cantadas las hazañas de los Pares de Francia, por los famosos
Conde Descandiano [Boyardo], y Ludovico Ariosto, hinchiendo el mundo de sus
heroicos hechos: y que estavan sepultados en el olvido nuestros Españoles,
que a éstos, y muchos más en la nombrada lid de Roncesvalles
vencieron y sobraron.
Sin embargo, Cervantes encontró las
obras del siglo XVI sobre Bernardo (en las cuales se presenta de forma muy
parecida a Amadís y a otros caballeros andantes literarios) muy
deficientes. En el escrutinio de la librería de Don Quijote, las obras
que tratan de estas cosas de Francia han de estar en cuarentena,
como Belianís, hasta que con más acuerdo se vea
lo que se ha de hazer dellos.20 Pero
los poemas épicos Bernardo del Carpio y Roncesvalles
han de estar en las [manos] del ama y dellas en las del fuego, sin
remisión alguna (I, 99,
15-24).21 Bernardo fue, pues, un tema
lógico para Cervantes, que estaba interesado por el heroísmo
español y por el progreso de la literatura. También, Bernardo
era el hijo del conde de Saldaña, y Cervantes asistía a la
Academia de los Nocturnos, patrocinada por Diego Gómez de Sandoval,
conde de Saldaña.22
¿Pero qué era esa obra titulada
Bernardoque Cervantes escribió sobre las hazañas de
Bernardo del Carpio? ¿Se trata de una comedia? Hay que rechazar esta
hipótesis por varias razones. La mención al famoso
Bernardo junto con las Semanas del jardín, y la
afirmación de Cervantes todavía me quedan en el alma
ciertas reliquias y assomos, sugieren que Bernardo era una obra
que tenía la extensión de un libro, no una comedia. Cervantes
ya había escrito una comedia sobre Bernardo del Carpio, La casa
de los celos y selvas de Ardenia, lo que es un argumento en contra de
que hubiera escrito otra. Hay muchos indicios de que Cervantes no escribió
para el teatro después de 1605, mucho menos en una fecha tan tardía
como 1616. ¿Por qué había de escribir, si sus piezas
dramáticas ya no interesaban (Adjunta al Parnaso, 124, 31)?
La lista de sus obras concluidas que se encuentra al principio de Viaje
del Parnaso, IV, es cronológica, y da a entender que sus comedias
son anteriores a Don Quijote. En el prólogo de las Ocho
comedias y ocho entremeses, donde se publicó La casa de los
celos, dijo que había intentado escribir una comedia por última
vez algunos años ha, y esto parece indicar más
de dos o tres años.23
¿Era, pues, un poema? Esta posibilidad
es casi tan remota como la de que fuera una comedia. Un poema sobre Bernardo
habría tenido que ser un poema épico, y ya en 1605 se habían
escrito cinco poemas épicos sobre él, tres de ellos publicados
(los de Alonso, Espinosa, y Garrido de Villena), uno parcialmente publicado
(el de Barahona de Soto),24 y uno inédito
(el de Balbuena); la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, haze
que no se estimen (III, 32, 1-3). Además, el verso no era la
forma preferida de Cervantes; no escribió muchos, y le parecían
difíciles;25 critica sus propios versos
por medio de las palabras del cura Pero Pérez (más versado
en desdichas que en versos, I, 104, 30-32), y puede que se refiera
a ellos en su autocrítica en el Parnaso(14, 2-19; 16, 15-17).
Cervantes no muestra ningún interés
por la narración en verso comparable con su gran interés por
las posibilidades y deficiencias de la prosa existente. Pero Pérez
es hostil al verso hasta el punto de proponer que se suprima de La
Diana, después de lo cual quédesele en ora buena
la prosa (I, 103, 1). Los personajes de Cervantes no discuten los relativos
méritos del Carlo famoso (que tiene mucho de caballeresco)
y de la más contenida Austríada, ni la validez de los
poemas históricos de Lucano y de Tasso, ni incluso el valor de Garcilaso.
Cervantes bien podría haber visto a los españoles como
líderes (y efectivamente lo eran) en el desarrollo de la prosa literaria.
Este género nacional, y no los modelos extranjeros, era lo que los
literatos españoles deberían celebrar, explorar e incluso
coleccionar. El discurso del canónigo da a entender que la prosa es
un medio apropiado para escribir sobre los héroes. Cervantes llevó
a la práctica, en el Persiles, la épica en prosa, y
es imposible aceptar que en el prólogo de su gran poema épico
en prosa mencionara casualmente la composición de un poema épico
en verso.
Llegamos, por tanto, a la conclusión,
totalmente coherente con la trayectoria de Cervantes y con el hecho de que
se mencione junto con las Semanas del jardín y la Segunda Parte
de La Galatea, que Bernardo fue escrito en prosa. No había
habido ningún libro en prosa sobre Bernardo del
Carpio,26 mientras que en el siglo XVI se
habían publicado crónicas caballerescas del Cid, de Fernán
González y del rey Rodrigo. ¿Era Bernardo un libro
histórico? También esta posibilidad es dudosa. Cervantes se
interesaba por la historia; apreciaba los buenos libros históricos
y seguramente leyó un buen número de
ellos.27 Debía de tener conocimientos
del método histórico (búsqueda de fuentes, tanto mejores
cuanto más cercanas a los hechos; conciliación de diferencias,
evaluando la credibilidad de las
fuentes;28 preferencia, en igualdad de
condiciones, de las fuentes escritas a la memoria. Pero no concuerda con
nuestros conocimientos sobre Cervantes imaginarlo escribiendo una historia,
de la que no nos ha dejado ningún texto ni ninguna referencia a su
composición. ... ¿de dónde sacaría Cervantes la
información histórica sobre Bernardo, suficientemente detallada
para llenar un libro? ¿Qué fuentes podía usar? Los materiales
más antiguos que la crónica de Alfonso X, de la cual la
crónica de Ocampo antes mencionada (pág. 45) era una versión
bien conocida, estaban en latín. Las crónicas más antiguas,
como las Silense y Najarense, eran inéditas cuando no
desconocidas; las historias prealfonsinas más importantes, las de
Rodrigo Toledano y de Lucas Tudense, se habían editado sólo
en el extranjero.29 El historiador más
antiguo de los publicados, Lucas Tudense, encontró la historia de
Bernardo extremadamente confusa,30 y ninguna
de estas posibles fuentes ofrecía más que datos escuetos de
la vida de Bernardo.
Debemos recordar que los escritos históricos
no gozaban del mismo prestigio que la literatura, y por tanto no podían
proporcionar a Cervantes la aclamación que anhelaba. La recompensa
psicológica habría sido menor, y el dinero, especialmente
después de recibir el apoyo del Conde de Lemos y del cardenal Sandoval
y Rojas,31 seguramente no era su único
móvil.32 La responsabilidad del
historiador es muy grande, pues debe contar los hechos no como podían
o debían haber sido, sino como realmente
fueron.33
Pero como autor de literatura, a Cervantes
le hubiera sido posible mejorar las obras existentes sobre Bernardo. Lo
habría hecho presentando, como hicieron Homero y
Virgilio34 y como propone el canónigo
(II, 344, 17-26), un modelo o exemplo de conducta; ésta
era otra ventaja clave, y también una responsabilidad, que el escritor
de literatura (poeta) tenía sobre el historiador. Al mismo
tiempo, sin embargo, Cervantes habría suprimido las contradicciones
con la verdad histórica, haciendo verosímil y creíble
la parte inventada o ficticia.35
Por tanto el Bernardo de Cervantes,
aunque tuviera un tema histórico, era una obra literaria en prosa.
Sólo hay dos tipos de literatura heroica en prosa que Cervantes conociera:
el poema épico en prosa, y una subcategoría de la poesía
épica, el libro de caballerías. En base a su contenido, que
era crucial, y no a la forma, que era secundaria, el libro de caballerías,
que trata de hechos heroicos, es un poema épico: todos essos
libros de cauallerias...no tienen, digo, diferencia alguna essencial que
los distinga [de la épica], dice López
Pinciano.36 Las palabras del canónigo,
comparando el libro de caballerías con las obras de Homero y Virgilio
(II, 346, 6-12), indican que éste era el punto de vista de
Cervantes.
No obstante, no todos los poemas épicos
son libros de caballerías; la épica, para López Pinciano,
podía tratar de otros tipos de acciones heroicas, además de
las caballerescas y militares.37 Su ejemplo
más importante, para los estudiosos de Cervantes, es Heliodoro. Heliodoro
es un poeta épico: de Heliodoro no ay duda que sea poeta, y
de los más finos épicos que han hasta agora escripto,
dice López Pinciano (III, 167), y el Persilesde Cervantes fue
escrito siguiendo el modelo de Heliodoro (prólogo de las Novelas
ejemplares). Por lo tanto, para Cervantes, el Persiles era un
poema épico, y en este punto todos están de acuerdo. Aquí
tenemos otro argumento en contra de que Bernardo fuera un poema
épico en prosa, pues Homero fue el único poeta clásico
que escribió dos poemas épicos. Virgilio escribió uno,
Lucano escribió uno; Aquiles Tacio y Heliodoro escribieron uno. Lo
mismo Boyardo, Ariosto y Tasso; Ercilla, Rufo, Virués y Barahona de
Soto, que eran para Cervantes los mejores escritores épicos
españoles (I, 105, 9-30), tampoco escribieron más que uno cada
uno, y dudo de que Cervantes hubiera querido quebrantar esta regla no escrita
escribiendo dos poemas épicos. (Lope publicó el tercero en
1602.38)
Incluso si admitiéramos que Cervantes
había escrito dos poemas épicos, lo que parecería poco
probable, tendríamos que aceptar que ambos fueron totalmente distintos,
lo que es aún menos probable. Bernardotenía un origen
histórico, Persiles, imaginario; Bernardo trataba de
las proezas de un guerrero, y Persiles es el relato de la
peregrinación de una pareja de amantes. Bernardo estaba situado
a principios de la Edad Media, Persiles tiene lugar en tiempos de
Cervantes.39 ¿Cómo podía
Cervantes haber utilizado la épica de dos formas tan dispares?
Por tanto, si Persiles fue el poema
épico de Cervantes, Bernardo fue algo distinto. Nos quedamos
con la conclusión atractiva y lógica de que Bernardo
fue un libro de caballerías, género que brilla por su ausencia
en el corpus de Cervantes, aun cuando lo conocía bien, meditaba sobre
él, hablaba de él y creía que podía ser mucho
mejor de lo que era. Entonces, cuando tenemos a un autor que había
empezado pero no había concluido un libro de
caballerías,40 y cuando un juicioso
personaje de este autor ha hecho lo mismo, creo que podemos, con seguridad,
tomar a ese personaje como portavoz del autor en esta cuestión. Por
lo tanto no dudo en datar el principio de la composición de
Bernardocomo anterior a la composición del capítulo
47 de la Primera Parte de Don
Quijote,41 y en afirmar que Cervantes
ya había escrito más de cien hojas por aquella
época (II, 346, 17). Era una cantidad considerable, puesto que la
Novela del curioso impertinente, escrita de muy buena
letra (II, 83, 3; II, 87, 29), sólo ocupaba ocho pliegos (II,
87, 31).42
Las mismas pruebas indican que, como era, al
parecer, su costumbre,43 Cervantes lo había
mostrado a muchos, incluidos los hombres doctos y discretos, apassionados
desta leyenda del canónigo (II, 346, 19-20;
adaptado),44 recibiendo una agradable
aprobación (II, 346,
22-23),45 pero que lo había dejado
de lado. El discurso del canónigo también sugiere un motivo:
miedo del confuso juizio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor
parte toca leer semejantes libros (II, 346, 30-347,
2),46 confirmado por la aprobación
que dio el vulgo a las comedias defectuosas (II, 347, 3-25; II, 350, 10-12).
Ya que únicamente es mencionado en la dedicatoria de la última
obra que Cervantes escribió, debemos suponer que guardó el
manuscrito de Bernardo durante largo tiempo y lo prosiguió
después de un intervalo de muchos años, habiendo entretanto
elevado el gusto del vulgo con la publicación de Don
Quijote.47 Eso mismo (guardar cuidadosamente
sus manuscritos, y reanudar proyectos dejados de lado) es lo que hizo con
varias otras obras.48
Antes de adentrarnos en el supuesto contenido
de Bernardo, hay otro punto por examinar: lo que Cervantes creía
que debía ser un libro de caballerías. Si habla de un
libro o fábula (II, 341, 25-26) y de historias y libros
(III, 69, 5-6; se reproduce el pasaje infra, pág. 103), Cervantes
entendía el término libro como una categoría
genérica.49 No he encontrado ninguna
discusión sobre este término usado de esa forma, pero muchos
libros de los siglos XVI y XVII usan libro en sus títulos,
y todos ellos, aparte de algunas excepciones que se mencionarán un
poco más adelante, son obras destinadas a dar información a
sus lectores, y de los que, por tanto, los teóricos literarios
lógicamente no hacían caso. Entre ellos están el Libro
de la historia y milagros de Nuestra Señora de Montserrat de Pedro
de Burgos (1514), el Libro de cocina de Roberto de Nola (1525), el
Libro llamado Consulado de mar (1539), el Libro del arte de las
comadres, o madrinas, y del regimiento de las preñadas y paridas,
y de los niños de Damián Carbón (1541); el Libro
llamado Tesoro de virtudes de Alfonso de la Isla (1543), el Libro
intitulado Los problemas de Francisco López de Villalobos (1543),
el Libro de pestilencia curativo y preservativo(1542), el Libro
de experiencias de medicina (1544) y el Libro de las quatro enfermedades
cortesanas (1544) de Luis Lobera de Ávila, que estaban entre los
libros del padre de Cervantes,50 el Libro
de las meditaciones de San Agustín (1550), el Libro de grandezas
y cosas memorables de España (1549) y el Libro de la
verdad(1555) de Pedro de Medina, el Libro de enfrentamientos de la
gineta de Eugenio Manzanas (1583), el Libro del paso honroso de
Juan de Pineda (1588), el Libro de las virtudes y propiedades maravillosas
de las piedras preciosas de Gaspar de Morales (1604), y muchos
otros.51
Los libros que usaban la palabra libroen
el título y no eran verdaderos eran atacados, a veces duramente. Entre
ellos están el Libro áureo de Marco Aurelio (1527),
el Libro llamado Reloj de príncipes (1529), y el Libro llamado
Monte Calvario (1545) de Antonio de
Guevara,52 el antecesor milesio de los libros
de caballerías, el Asno de Oro de Apuleyo (Libro del Lucio
Apuleyo del asno de oro, ¿Sevilla,
1513?),53 y la Pícara Justina,
que, si era un libro, por lo menos tenía la decencia de llamarse
un Libro de entretenimiento. ¿Pero que habría pensado
Cervantes del Libro del esforzado cavallero Tristán de
Leonís? ¿Del Libro del noble y esforzado cavallero Renaldos
de Montalbán? ¿Del Libro del esforzado gigante Morgante
y de Roldán y Reinaldos? ¿Del Libro del muy esforzado
e invencible Caballero de la Fortuna propiamente llamado don Claribalte?
¿Del Libro del invencible caballero Lepolemo? ¿Del Libro
del famoso caballero Palmerín de Oliva, que por el mundo grandes hechos
en armas hizo, sin saber cuyo hijo fuese? ¿Del Libro del invencible
caballero Primaleón?
Habría pensado que efectivamente
engañarían al ignorante, a quien no se podría censurar
si los consideraba verdaderos, especialmente cuando iban acompañados
de un aparato a menudo rebuscado que describía cómo se
encontró el manuscrito y cómo fue traducido, y a veces con
prólogos distintos del autor y del traductor.
Todos los libros de caballerías pretendían narrar acontecimientos
que realmente ocurrieron; algunos incluso llegaron a llamarse
crónicas.54 En Don Quijote
vemos que esta pretensión engañaba a
muchos.55
¿No es éste el centro del ataque
de Cervantes contra los libros de caballerías, que no eran verdaderos
sino falsos? ¿No es éste el sentido de que su
máquina está mal fundada (I, 38, 4-5),
el motivo por el cual deberían quemarse no sólo los libros
(Primera Parte, capítulo 6; II, 362, 21-29) sino también a
los autores (III, 68, 25-27)? ¿No son secundarios su estructura mediocre,
su deficiente estilo y sus fabulosos disparates? Incluso puede explicarse
su inmoralidad como una consecuencia de su
falsedad.56
El Bernardo de Cervantes contendría
hazañas caballerescas verdaderas, basadas en un personaje histórico;
en Don Quijote se subraya la importancia de leer libros de
caballerías verdaderas (II, 83, 30-84; II, 363, 12-27). El
Bernardo de Cervantes no sólo trataría de un caballero
histórico, sino que además este héroe histórico
era español, subsanando una grave deficiencia en los libros de
caballerías existentes, cuyos protagonistas imaginariosAmadís
de Gaula,57 Palmerín de
Inglaterra, Belianís de Grecia, etc.eran siempre
extranjeros.58 Era esencial que
Bernardo fuera una obra literaria antes que histórica, pues
tanto Don Quijote como Juan Palomeque rechazan los libros históricos
por poco interesantes; los críticos de los libros de caballerías
confirman que esta actitud estaba extendida. Deleitar aprovechando
era el principio literario más universal en la España del Siglo
de Oro.59 Un libro de caballerías
podía y debía hacer lo mismo.
Existe la información acerca de la
visión cervantina de la historia de España para permitir una
reconstrucción parcial de su Bernardo, aunque nunca se haya
reunido. (Castro ni siquiera menciona el pensamiento histórico en
su Pensamiento de Cervantes.) Un punto de partida lógico es
su comedia La casa de los
celos,60 en la cual Bernardo, un caballero
andante, es un personaje importante. En esta obra ya puede detectarse la
oposición a la España medieval descrita por Boyardo, Ariosto
y los autores españoles mencionados anteriormente en este
capítulo.61 Hay repetidos comentarios
sobre los conflictos absurdos entre los cristianos y sobre la necesidad de
que Bernardo desist a de sus aventuras en Francia. Merlín le recomienda,
en un largo discurso, que vuelva a España, libre a su padre de la
cárcel y use sus habilidades caballerescas para un fin patriótico:
| Valeroso español, cuyo alto intento |
| de tu patria y amigos te destierra; |
| buelve a tu amado padre el pensamiento, |
| a quien larga prisión y escura encierra. |
| A tal hazaña es gran razón que atento |
| estés, y no en buscar inútil guerra |
| por tan remotas partes y escusadas.... |
| Tiempo vendrá que del francés valiente, |
| al margen de los montes Pireneos, |
| baxes la altiva y generosa frente.... |
| Por ti tu patria se verá en sosiego, |
| libre de ageno mando y señorío.... |
| Buelve, buelve, Bernardo a do te llama |
| un inmortal renombre y clara fama. |
(I, 152, 4-11, 13-16, y 22-23) |
En La casa de los celos, pues, el joven
Bernardo deja una vida improductiva y absurda en el extranjero, para asumir
su responsabilidad: la defensa de su país. Dirigirá la resistencia
contra las fuerzas de Carlomagno, y bajará la altiva y generosa
frente del francés al margen de los montes Pireneos,
es decir, matará a Roldán en Roncesvalles. Aunque se nos dice
en Don Quijote que es dudoso de que Bernardo hiciera todas las
hazañas que se le atribuyen (II, 368, 14-16), ésta es la
única mencionada, que evidentemente impresionó al protagonista
(I, 52, 19-23; I, 373, 23-25; III, 403, 5-11). La fama y el valor de Roldán
fueron ganados con falsedad, por medio de encantamientos, y no hay resistencia
a la verdadera valentía favorecida por
Dios.62 Porque Dios le ayudaba, Bernardo,
y no Claribalte o Primaleón, sería verdaderamente invencible.
Las hazañas de Bernardo, sin embargo,
más que terminar, empezarían con la derrota de los franceses
en Roncesvalles. La cuestión principal era la amenaza islámica
a la Europa cristiana; como su escudero le dice: en España ay
que hazer, / moros tienes en fronteras, / tambores, pitos, vanderas / ay
allá, ya puedes ver (I, 147, 16-19). Castilla, con un león
en una mano y un castillo en la otra, exhorta a Bernardo a ayudar a los
españoles a defenderse, sin la ayuda y el mando francés:
| ¿Duermes, Bernardo amigo...? |
| Advierte que tu tío, |
| contra todo derecho, |
| forma en el casto pecho, |
| una opinión, un miedo, un desvarío |
| que le mueve a hazer cosa |
| ingrata a ti, infame a mí, y dañosa. |
| Quiere entregarme a Francia, |
| temeroso que, él muerto, |
| en mis despojos no se entregue el moro.... |
| No mira que el decoro |
| de animosa y valiente, |
| sin cansancio o desmayo, |
| que me infundió Pelayo, |
| he guardado en mi pecho eternamente.... |
| Ven, y con tu presencia |
| infundirás un nuevo |
| corazón en los pechos desmayados.... |
| Te llevaré, Bernardo, al patrio suelo. |
| Ven luego, que el destino |
| propicio tuyo, encierra |
| tú en tu brazo tu honra y mi consuelo. |
| Ven, que el benigno cielo |
| a tu favor se inclina.... |
| ...Dentro en pocos años |
| verás estrañas cosas, |
| amargas y gustosas, |
| engaños falsos, ciertos desengaños. |
(I, 224, 6-226, 5)63 |
Podemos dirigirnos a los historiadores para
más información acerca de otras hazañas de Bernardo;
Cervantes, apasionado defensor de la verdad histórica, no habría
creado un Bernardo en conflicto con los conocimientos históricos.
Debe observarse, sin embargo, que Bernardo pertenecía a una época
lejana de la Edad Media, y como se ha dicho anteriormente, lo que se
conocía acerca de él se limitaba a unos cuantos acontecimientos
importantes. Al escribir sobre Bernardo, pues, Cervantes tenía el
espacioso campo que el canónigo alabó (II, 343,
24-29)64 y que Juan Rufo echaba de menos
en la historia moderna.65 Había muchas
posibilidades para la imaginación inteligente del autor sin que entrara
en conflicto con los hechos históricos. Éste era un importante
problema crítico, que William Nelson denominó el dilema
del narrador renacentista:66 cómo
escribir literatura sin poner en peligro la verdad. La solución, que
también recomendó López
Pinciano,67 es ingeniosa. La dificultad del
historiador se convierte en la oportunidad del
novelista.68
Desde una perspectiva histórica, los
años en que Bernardo vivió fueron esenciales para el cristianismo
español. Fue el primer señor de Bernardo, Alfonso II, quien
inició lo que Menéndez y Pidal ha llamado
neogoticismo: la creencia de que los reyes de Asturias y León
eran los herederos de la monarquía visigoda, y por lo tanto los verdaderos
soberanos de toda la península.69
Fue también en esta época cuando surgió la idea de que
los musulmanes tenían que ser expulsados, que España tenía
que ser reconquistada por los cristianos.
Como ya se ha mencionado, fue Bernardo quien
demostró que la España cristiana era capaz de emprender esta
empresa sin ayuda francesa. Tras sus habilidades como guerrero y líder
de hombres estaba su virtud moral. En contraste con Roldán, enloquecido
y anulado como guerrero por Angélica y en contraste con los
polígamos árabes, cuyo interés por los muchachos
(garzones) Cervantes menciona en varias
ocasiones,70 Bernardo era un héroe
casto. En ningún romance o texto histórico se mencionan sus
servicios corteses a una dama, aunque se casa; su señor y tío,
Alfonso II el Casto, llevó la castidad a tal extremo que
no tuvo descendientes.71 Según la
historia de la época, fue el libertinaje del rey Rodrigo y su adulterio
con La Cava la causa de que los disolutos árabes conquistaran la
península;72 la virtud de Fernando
e Isabel los condujo al éxito.73 Los
reveses militares y políticos son consecuencia del
pecado;74 la pureza moral, especialmente
la abstinencia sexual, es recompensada con la
victoria.75
En resumen, Bernardo del Carpio fue la razón
principal por la cual prósperamente y casi sin ningún
tropiezo procedían en tiempo del rey don Al[f]onso las cosas de los
cristianos con una perpetua, constante, igual y maravillosa bonanza
(Mariana, pág. 206a). Siendo el iniciador de la Reconquista, a su
vez una inspiración para las Cruzadas, habría sido una persona
que ha sido la salud no sólo de un reino, sino de muchos
(III, 93, 1-2), una persona cuyas hazañas eran incluso más
importantes que las de los doze Pares de Francia y los Nueve
de la Fama juntos (I, 91, 13-14).
El descubrimiento de los supuestos restos del
apóstol Santiago en Galicia fomentó mucho el progreso de la
España cristiana medieval. La aparición de Santiago, patrón
de España, en el Bernardode Cervantes parece inevitable, puesto
que fue el acontecimiento más dichoso del reinado de Alfonso
II (Mariana, pág. 203b), y casi coincidió con el nacimiento
del héroe.76 Como dice Don Quijote,
este gran cavallero de la cruz bermeja háselo dado Dios a
España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos
trances que con los moros los españoles han tenido (IV,
230, 9-13).
El cronista ficticio o sabio encantador, como
Urganda de Amadís de Gaula, Alquife de Amadís de
Grecia y Artemidoro y Lirgandeo del Espejo de príncipes y
caballeros, era un personaje esencial en el libro de caballerías.
La aparición del personaje de Cide Hamete en Don Quijote demuestra
que Cervantes era consciente de la necesidad de esta figura. El uso de estos
adornos seudohistóricos contribuía a que los lectores creyeran
en lo que leían, y no había ningún peligro, más
bien un gran beneficio, en que creyeran en las hazañas de Bernardo
del Carpio.
El sabio encantador, en los libros de
caballerías, no era sólo un cronista. Poseía poderes
sobrenaturales, y podía predecir glorias
futuras.77 Solía aparecer en los momentos
claves, a menudo durante el combate, para ayudar al caballero, a quien aconsejaba
y guiaba, para que todo le fuera
bien.78
Es lógico atribuir este papel a Santiago,
quien habría escrito en griego, la pretendida lengua de
composición más frecuente de los libros de caballerías
castellanos. Con Santiago apoyando a Bernardo, algo perfectamente lógico
que hiciera, los indeseables elementos sobrenaturales de los libros de
caballerías se convertirían en
milagros.79 Esta sugerencia, quizás
sorprendente, lo es menos si consideramos que los escritos fraudulentos acerca
de Santiago eran una importante cuestión histórica y religiosa
en la España de Cervantes. En Granada, una montaña llamada
el Sacromonte, había recibido este nombre al haberse hallado en ella
un polémico grupo de textos, los libros plúmbeos,
cuya autenticidad se debatía
acaloradamente.80 Cervantes y sus lectores,
incluso los relativamente ignorantes, debían de haber oído
hablar de estos famosísimos descubrimientos. Cervantes parece aludirlos
al final de la Primera Parte (II, 401, 17-25). Estos textos tratan de
María, Pedro y Santiago; según afirmaban, habían sido
escritos por los secretarios de este último, y demostraban la preciada
creencia española de que Santiago había visitado España.
Considerando la pretensión, en los libros de caballerías, de
que los manuscritos imaginarios que habían sido recuperados
y traducidos habían sido descubiertos en lugares remotos
y en circunstancias extrañas y
maravillosas,81 es posible que Cervantes
hubiera simulado encontrar el manuscrito de su libro sobre Bernardo del Carpio
en Granada.82
Santiago no era sólo un santo sino
también un caballero (IV, 228,
1-2).83 El hecho de que la profesión
de el exercicio de las armas (IV, 228, 2-3) y la religión
pudieran relacionarse, que los santos pudieran ser caballeros y los caballeros
santos, y parece haber sido importante para Cervantes, sorprendido de que
la mayoría de los santos recientes fueran frailes y no los que trabajaban
en la viña del Señor.84 En
Don Quijote se indica esta conexión. Religión
es la cavallería, cavalleros santos ay en la gloria, explica
Don Quijote a Sancho (III, 120, 10-11); después de recobrar su juicio
en el último capítulo, se declara enemigo de todas las
historias profanasdel andante cavallería (IV, 398, 27-29).
Su descripción de tres caballeros santos adicionales en el capítulo
58 de la Segunda Parte, que provoca el renovado asombro de Sancho por sus
conocimientos (IV, 228, 22-27), es muy directa.
Se creía que Santiago
Matamoros, como le llamaban, aparecía en las batallas para ayudar
a los guerreros cristianos. La primera batalla en la que lo hizo, según
la tradición, fue la de Clavijo (Mariana, pág. 208b), durante
el reinado de Ramiro I, sucesor de Alfonso
II.85 Esta batalla, según los
historiadores del tiempo de Cervantes, fue decisiva para la suerte de los
cristianos: gracias a ella el reinado de Ramiro, aunque breve, fue en
gloria y hazañas muy señalado, por quitar, como quitó,
de las cervices de los cristianos el yugo gravísimo que les tenían
puesto los moros y reprimir las insolencias y demasías de aquella
gente bárbara. A la verdad, el haber España levantado la cabeza
y vuelto a su antigua dignidad, después de Dios se debe al esfuerzo
y perpetua felicidad deste gran príncipe. En los negocios que tuvo
con los de fuera fue excelente, en los de dentro de su reino admirable; y
aunque se señaló mucho en las cosas de la paz, pero en la gloria
militar fue más aventajado(Mariana, pág. 207a).
Por la victoria de Clavijo, que restauró
la dignidad española, se terminó el tributo de las cien doncellas
(Mariana, págs. 200b, 207b-208b), que sería una buena fuente
de historias para intercalar. Al mismo tiempo, y quizás relacionado
con ello, puesto que Don Quijote sostiene que la orden de los cavalleros
andantes se fundó sobre todo para proteger a las
doncellas,86 se fundó, según
algunos autores, la Orden de Santiago,87
cuyos miembros eran para Cervantes la réplica española de los
doce pares franceses.88
Las fuentes históricas no asocian
específicamente a Bernardo con la batalla de Clavijo. Sin embargo,
si el esfuerzo de Bernardo se mostró mucho en todas las guerras
que por este tiempo se hicieron(Mariana, pág. 207a), su
participación en ese acontecimiento, teniendo en cuenta su juventud
en la batalla de Roncesvalles, es inevitable. Con su aparición en
la batalla de Clavijo, Santiago habría ayudado a Bernardo de la misma
forma que los sabios encantadores ayudaban a los caballeros andantes en los
libros de caballerías. De la misma manera que Merlín sugirió
la fundación de una organización caballeresca, los Caballeros
de la Mesa Redonda (supra, nota 78), Santiago pudo haber hecho algo
igual. Bernardo habría sido, pues, el fundador de la Orden de Santiago,
y él y sus hombres habrían sido caballeros de Santiago, causando
gran satisfacción a los lectores que apoyaban esta orden. En esta
época la edad de Bernardo, como la de Don Quijote, frisaba...con
los cinquenta años (I, 50, 1-2).
Esto es, naturalmente, una reconstrucción
especulativa. Sin embargo, es coherente no sólo con el tratamiento
de la historia de España que se encuentra en las obras de Cervantes,
sino también con la descripción del canónigo del libro
de caballerías ideal. Reproduzco aquí el famoso pasaje de
éste para que pueda releerse a la luz de esta discusión de
Bernardo:
con todo cuanto mal había dicho de tales libros, hallava en ellos una cosa buena, que era el sujeto que ofrecían para que un buen entendimiento pudiesse mostrarse en ellos, porque davan largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiese correr la pluma, descubriendo naufragios,89 tormentas, rencuentros y batallas; pintando un capitán valeroso, con todas las partes que para ser tal se requieren, mostrándose prudente, previniendo las astucias de sus enemigos, y eloquente orador, persuadiendo o dissuadiendo a sus soldados, maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer; pintando ora un lamentable y trágico sucesso, aora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una hermosíssima dama, honesta, discreta y recatada; aquí un cavallero christiano, valiente y comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón; acá un príncipe cortés, valeroso y bien mirado; representando bondad y lealtad de vassallos, grandezas y mercedes de señores. Ya puede mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse nigromante,90 si quisiere. Puede mostrar las astucias de Ulixes, la piedad de Eneas, la valentía de Aquiles, las desgracias de Éctor, las traiciones de Sinón, la amistad de Eurialo, la liberalidad de Alexandro, el valor de César, la clemencia y verdad de Trajano, la fidelidad de Zopiro, la prudencia de Catón, y, finalmente, todas aquellas acciones que pueden hazer perfecto a un varón ilustre, aora poniéndolas en uno solo, aora dividiéndolas en muchos; y siendo esto hecho con apazibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere possible a la verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos lazos texida...(II, 343, 23-344, 31)
Cervantes tenía grandes esperanzas en
su Bernardo. Si era, como he mantenido, la obra descrita por el
canónigo, era la obra que Cervantes pensaba que le daría la
fama de Homero y Virgilio (II, 346, 10-12). No es una aspiración desmedida
para Cervantes, quien creía que una obra posterior, el
Persiles, competiría con (es decir, sería
tan bueno o mejor que) las Etiópicas de Heliodoro, obra que
gozaba de gran estima.91 Los autores
españoles, en opinión de Cervantes, superaban no sólo
a los grandes autores italianos,92 sino
también a los más grandes de todos los tiempos: en el Canto
de Calíope, una celebración del genio literario
español, mil espíritus divinos...hacen nuestra edad más
venturosa / que aquella de los griegos y latinos (La Galatea,
II, 214, 14-16). Las hazañas de un héroe español, contadas
poéticamente, pusieran en su olvido las de los Hétores,
Aquiles y Roldanes (II, 84, 17-18); un autor español,
lógicamente, podía superar a los grandes autores mencionados.
Y como pregunta Sánchez de Lima (pág. 21), mirad quales
tienen mayor nombre Hector, y Achiles por lo que hizieron, o Homero, y Virgilio
por lo que escriuieron?
Sin duda Cervantes creía que su
Bernardoera superior porque el tema que trataba, la guerra contra
los moros, era más importante que la guerra de Troya, porque su obra
era más verídica y no usaba encantamientos, puntos por los
que se criticaba a Homero y a Virgilio,93
y porque, en general, había seguido los preceptos literarios que
había puesto en boca del canónigo, por los que se había
quemado las cejas (II, 347, 23-24). (En cambio, la Primera Parte
de Don Quijote sólo le había costado algún
trabajo [I, 30, 22].) No obstante, aunque es una lástima no
tener todas las obras que Cervantes escribió, estén terminadas
o no, no hace falta lamentar mucho la pérdida de Bernardo.
Si lo hubiera terminado y publicado, bien habría podido alcanzar tanto
éxito como los poemas épicos sobre temas nacionales, o quizás
aún mayor. Pero habría sido una obra con poco atractivo para
los lectores modernos, para quienes sería difícil identificarse
con este soldado cristiano, y no habría dado a Cervantes la fama inmortal
de Homero y Virgilio. Bernardo, que en nuestra terminología
habría sido una novela histórica, habría sido intensamente
nacionalista y religiosa. Inevitablemente habría sido una proyección
de las costumbres, valores, conocimientos y lenguaje del Siglo de Oro en
la alta Edad Media; los moros, por ejemplo, habrían sido los mismos
moros que Cervantes conoció en Argel.
Cervantes lo abandonó porque no iba
a gustar al vulgo, y en sus términos, todos nosotros, puesto que
preferimos Don Quijote al Persiles, somos miembros de este
numeroso grupo. Preferimos la espontaneidad a la perfección teórica,
y cuando no leemos literatura fantástica, que sigue siendo tan popular
o más que en la época de Cervantes, preferimos la descripción
realista de la época de un autor a sus conjeturas acerca del pasado.
Bernardo fue simplemente el primer intento de Cervantes de escribir
una obra clásica, y su importancia consiste en situar el contexto
para la composición de la obra que le dio, póstuma e
irónicamente, la fama de Homero y de Virgilio.
Y sin embargo, ¿quién sabe? Las
obras de Shakespeare o de Lope no son peoresquizás mejorespor
proyectar su propio siglo en los anteriores. Si Bernardo hubiera estado
lleno de ingeniosa
invención94 y buen
discurso, con proporción de partes con el todo y del todo
con las partes, y por todo ello una obra que tir[ase] lo más
que fuere possible a la verdad,95
podríamos leerlo, e instruirnos y deleitarnos. Sin embargo, Cervantes
nos ha dado algo mucho más
1 Capítulo
11; página 81 de la edición de Isidoro Montiel (Madrid: Castilla,
1949). Francisco Márquez Villanueva comenta la lectura muy
cuidadosa de la inédita Miscelánea que Cervantes
llevó a cabo, en Don Luis Zapata o el sentido de una fuente
cervantina, en Fuentes literarias cervantinas(Madrid: Gredos,
1973), págs. 109-182.
2 Obras de Garci
Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera, en Garcilaso
de la Vega y sus comentaristas, ed. Antonio Gallego Morell, 20 edición
(Madrid: Gredos, 1972), pág. 554. La cita se encuentra en una larga
exaltación de las proezas de armas de los españoles, en respuesta
al desdén que, según Herrera, los italianos sentían
hacia ellos. Las bien conocidas Anotaciones de Herrera constituían
una fuente fundamental para la historia y teoría literarias de Cervantes
y también para su patriotismo, y a ellas me referiré más
adelante.
3 Bernardo del
Carpio soy / espanto de los Paganos / honra y prez de los Christianos / pues
que de mi esfuerço doy / tal exemplo con mis manos. / Fama, no es
bien que las calles / mis hazañas singulares / y si acaso las callares
/ pregunten a Roncesvalles / que fue de los doze pares. (Montemayor,
La Diana, págs. 174-175.)
4 En su edición
del Persiles (Madrid: Castalia, 1969), pág. 46, nota 10. Sobre
el supuesto fragmento de las Semanas del jardín, que no corresponde
a estas especulaciones, véase mi Las Semanas del
jardín, ya citado.
5 ElBernardo
de Balbuena no es fácilmente asequible más que en la edición
de Cayetano Rosell, Poemas épicos, I, Biblioteca de autores
españoles, 17 (1851; reimpreso en Madrid: Atlas, 1945), 139-399, aunque
hay una edición crítica inédita de Margaret Kidder,
A Critical Edition of El Bernardo de Bernardo de Balbuena,
tesis, Illinois, 1937; algunos fragmentos de la edición de Rosell
son reproducidos, con notas, por Frank Pierce en The Heroic Poem of the
Spanish Golden Age: Selections (Oxford: Dolphin, 1947), págs.
167-231, quien también cita una edición de San Feliu de
Guíxols, 1914. Son estudios recientes los de Gilberto Triviños,
Nacionalismo y desengaño en El Bernardo de Balbuena,
Acta literaria [Concepción, Chile], 6 (1981), 93-117 y
Bernardo del Carpio desencantado por Bernardo de Balbuena, publicado
por primera vez en Revista chilena de literatura, 16-17 (octubre,
1980-abril, 1981), págs. 415 y siguientes (según Sumario
actual de revistas, 40 julio-diciembre de [1980], pág. 183),
después reimpreso en Cuadernos americanos, 236 (mayo de 1981),
79-102; también Felix Karlinger, Anmerkungen zu El Bernardo
(libro nono) von Bernardo de Balbuena, en Aureum Saeculum Hispanum.
Beiträge zu Texten des Siglo de Oro. Festschrift für Hans Flasche
zum 70. Gerburtstag, ed. Karl-Hermann Körner y Dietrich Briesemeister
(Wiesbaden: Franz Steiner, 1983), págs. 117-123; y Maxime Chevalier,
Sur les Eléments merveilleux du Bernardode Balbuena,
en Études de philologie romane et d'histoire littéraire
offerts à Jules Horrent à l'occasion de son soixantième
anniversaire ([Tournai]: Gedit, 1980), págs. 597-601. Juan Bautista
Avalle-Arce cita algunos estudios anteriores en La novela pastoril
española, págs. 225-226, y Keiran McCarty ofrece una
introducción en A Song of Roland in Northwest Arizona,
Arizona and the West, 28 (1986), 378-390.
El Bernardo de Balbuena fue dedicado,
curiosamente, al Conde de Lemos, mecenas de Cervantes, en 1609 (véase
John Van Horne, El Bernardo de Bernardo de Balbuena,
University of Illinois Studies in Language and Literature, 12.1 [Urbana:
University of Illinois Press, 1927], pág. 23). Todavía más
curioso es el hecho de que lleva un prólogo neoaristotélico
escrito en 1615-1616. (En el prólogo, pág. 140, se dice que
de diez [años] que se le concedieron de privilegio, son ya pasados
más de los seis. El privilegio original, renovado más
tarde, era de julio de 1609 [Van Horne, pág. 22].) Balbuena, no obstante,
en esa época estaba en Méjico, y el libro fue escrito en el
siglo dieciséis. (En el prólogo, pág. 140, dice que
la obra estaba terminada desde hacía algo menos de veinte años
[es decir, alrededor de 1596], y que la había empezado en aquella
primera edad, con los bríos de la juventud y la leche de la
retórica; Balbuena, por lo que se sabe, nació en 1568.)
Alfonso Pardo Manuel de Villena, Marqués
de Rafal, en su libro Un mecenas español del siglo XVII. El Conde
de Lemos. Noticia de su vida y de sus relaciones con Cervantes, Lope de Vega,
los Argensola y demás literatos de su época(Madrid, 1911),
apenas menciona a Balbuena (pág. 253), pero tampoco menciona otros
dos nombres relacionados con Lemos y Cervantes: Jerónimo de Pasamonte
(véase mi Cervantes, Lope y Avellaneda, pág. 139)
y Cristóbal de Mesa (véase mi Cervantes y Tasso vueltos
a examinar, pág. 53).
6 Esther Lacadena,
Nacionalismo y alegoría en la épica española del
XVI: La Angélica de Barahona de Soto (Zaragoza:
Departamento de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza,
1980), pág. 196. El dominio del Cid sobre otros héroes medievales
españoles es una postura bastante reciente. Antes de la publicación
del poema que conocemos como el Cantar de mío Cid a finales
del siglo XVIII, la imagen que se tenía de él era menos idealizada,
como vemos, por ejemplo en I, 258, 8-13. (Los dos ejemplos de esta
tradición anterior mejor conocidos hoy son las Mocedades de
Rodrigoy el Cid de Corneille; véase Barbara Matulka, The
Cid as a Courtly Hero.) Su canonización moderna es inseparable
del Cantar, reconocido por primera vez como obra de arte por Southey,
Schlegel y sus contemporáneos (véase Manuel Milá y
Fontanals, De la poesía heroico-popular castellana[ed. Martín
de Riquer y Joaquín Molas, Barcelona: CSIC, 1959], capítulo
1, especialmente págs. 75-76). En España no es anterior a
Milá y Fontanals ni incluso, hasta cierto punto, a Menéndez
Pidal.
7 Utilizado por Cervantes
como fuente para La Numancia (Astrana, III, 331); la historia de Mariana
aún no se había publicado en esa época. El cardenal
Sandoval y Rojas había sido alumno de Morales. No he podido ver la
tesis de Rafael Laínez Alcalá, Aportaciones para la
biografía de D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Arzobispo de Toledo,
mencionada por Astrana, V, 358.
8 En sus Advertencias
a la Historia de Juan de Mariana, Pedro Mantuano ataca la historicidad
de Bernardo; ofrece un resumen Georges Cirot, Mariana historien (Bordeaux,
1905), págs. 271-272. Ésta fue una de las secciones de las
Advertenciasde Mantuano que fueron censuradas antes de que se permitiera
su reimpresión en Madrid en 1613 (Cirot, pág. 191, nota 1),
por lo tanto es discutible si Cervantes la leyó, y no indujo a Mariana,
que revisaba su propia obra publicada (Cirot, págs. 179-188, 221-224),
a hacer algún cambio en su tratamiento de Bernardo en ediciones
posteriores. Mantuano también atacó las cualidades ejemplares
de la figura de Bernardo en una carta, publicada por Cirot, pág. 193.
9 Es difícil
apreciar su papel sólo por la Primera Parte, pero algunos fragmentos
de la Segunda Parte y algunas alusiones en la Primera nos permiten apreciar
cuán importante fue para el conjunto de la obra. Véase Alfred
Triolo, Bernardo del Carpio and Barahona de Soto's Las lágrimas
de Angélica, Kentucky Romance Quarterly, 14 (1967),
265-281, y Lacadena, págs. 342-356.
10 Aparte del poema
de Balbuena, y de la edición de José Lara Garrido de Las
lágrimas de Angélica (Madrid: Cátedra, 1981), no
hay ninguna edición moderna de estos textos. En las series en microfilme
Iberian and Latin American Books before 1701 (antes Hispanic Culture
Series), rollo 33 y Books Printed in the Low Countries before 1601,
rollo 15, se incluye una edición de 1557 del poema de Espinosa.
11 Maxime Chevalier,
L'Arioste en Espagne, pág 206. López de Hoyos escribió
una carta preliminar al libro de Núñez (pág. 209).
12 Comedia de
la libertad de España por Bernardo del Carpio, ed. A. I. Watson,
Exeter Hispanic Texts, 8 (Exeter: University of Exeter, 1974). La
utilización de la leyenda por Cueva es estudiada por Watson en Juan
de la Cueva and the Portuguese Succession (London: Tamesis, 1971),
capítulo 6, y por David G. Burton, The Legend of Bernardo del Carpio:
From Chronicle to Drama (Potomac, Maryland: Scripta Humanistica, 1989),
éste reseñado por E. Michael Gerli, Revista de estudios
hispánicos, 24 (1990), 122-124.
13 Las mocedades
de Bernardo del Carpio, que puede leerse en Obras de Lope de Vega,
17, Biblioteca de autores españoles, 196 (Madrid: Atlas, 1966), 1-48,
y El casamiento en la muerte, en el mismo volumen, págs. 49-93.
Esta obra es estudiada por Michael D. Triwedi, Posthumous Marriage:
Literary Precedents for a Scene in Lope de Vega, Bulletin of the
Comediantes, 24 (1972), 45-47, y Juan Bautista Avalle-Arce, Dos
notas a Lope de Vega, Nueva revista de filología
hispánica, 7 (1953), 426-432.
Un descendiente de Bernardo también
aparece en el último canto de la Hermosura de Angélicade
Lope.
14 Marcelino
Menéndez Pelayo, Estudios sobre el teatro de Lope, págs.
170-171 de la edición de Adolfo Bonilla y San Martín, III (Madrid,
1922), pág. 188 de la edición nacional, III (Madrid: CSIC,
1949) y pág. 124 de la edición en Biblioteca de autores
españoles, 195 (Madrid: Atlas, 1966); y Alfred Morel-Fatio, Les
Origines de Lope de Vega, Bulletin hispanique, 7 (1905), 38-53.
(Está relacionado el estudio de Bataillon, Urganda entre Don
Quijote y La pícara Justina, publicado por primera vez en
Studia Philologica. Homenaje...a Dámaso Alonso, I [Madrid,
1960], 191-215; recogido en su Varia lección de clásicos
españoles[Madrid: Gredos, 1964], págs. 268-299, y véase
la pág. 429 del estudio de Avalle-Arce citado en la nota anterior.)
El soneto al que alude Menéndez Pelayo, junto con varios otros que
atacan a Lope, puede encontrarse en los Sonetosde Góngora,
ed. Biruté Ciplijauskaité (Madison: Hispanic Seminary of Medieval
Studies, 1981), págs. 495-496.
Los estudios de Menéndez Pelayo de las
dos obras de Lope (págs. 109-195, 122-214 y 81-143, respectivamente,
de las tres ediciones mencionadas) son una buena introducción a Bernardo
del Carpio en la España del Siglo de Oro, aunque Menéndez Pelayo
no conocía la segunda parte de la comedia de Lope, mencionada en la
nota siguiente, y no tuvo acceso a los poemas épicos de Garrido de
Villena y Alonso. A ellos tendría que añadirse la información
que presentó en Antología de poetas líricos
castellanos, edición nacional, VI (Madrid: CSIC, 1944), 155-189.
15 Pueden consultarse
las obras de Álvaro Cubillo de Aragón en Dramáticos
posteriores a Lope de Vega, ed. Ramón de Mesonero Romanos, I,
Biblioteca de autores españoles, 47 (1858; reimpreso en Madrid: Hernando,
1924), págs 79-95 y 97-110 respectivamente. De la de Lope de Liaño
no he encontrado ninguna edición reciente; sin embargo, puede encontrarse,
al igual que todas las obras mencionadas hasta ahora, en la serie de microfilmes
Spanish Drama of the Golden Age (New Haven: Research Publications,
¿1971?); véase el índice de José M. Regueiro (New
Haven: Research Publications, 1971). La segunda parte de Bernardo del
Carpio de Lope fue reimpresa a partir de una suelta en la nueva
edición de las obras de Lope, III (Madrid: Real Academia
Española, 1917), 645-679. S. Griswold Morley y Courtney Bruerton dijeron
de esta obra si la escribió originalmente Lope, ha sido refundida
en parte, y tal y como se conserva el texto, no es de Lope
(Cronología de las comedias de Lope de Vega, trad. María
Rosa Cartes [Madrid: Gredos, 1968], pág. 425).
16 El artículo
de William J. Entwistle, The Cantar de gesta of Bernardo del
Carpio, Modern Language Review, 23 (1928), 307-322 y 432-452;
el de Albert B. Franklin, III, A Study of the Origins of the Legend
of Bernardo del Carpio, Hispanic Review, 5 (1937), 286-303;
y el libro de Jules Horrent, La Chanson de Roland dans les
littératures française et espagnole au Moyen Âge,
Bibliothèque de la Faculté de Philosophie et Lettres de
l'Université de Liège, 120 (Paris: Les Belles Lettres, 1951),
probablemente proporcionarán al curioso tanta información o
más de la que desea acerca del Bernardo o Bernardos conocidos en la
Edad Media española, junto con referencias a otros estudios. El debate
acerca de los orígenes de la leyenda de Bernardo, sin embargo, no
ha terminado. Los estudios más recientes son: el artículo de
Ramón d'Abadal i de Vinyals, El comte Bernat de Ribagorça
i la llegenda de Bernardo del Carpio, Estudios dedicados a
Menéndez Pidal, III (Madrid: CSIC, 1951), 463-487; el de Ramón
Menéndez Pidal, La historiografía medieval sobre Alfonso
II, en su Miscelánea histórico-literaria,
Colección austral, 1110 (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1952), págs.
41-78; el de Angelo Monteverdi, Rinaldo di Montalbano e Bernardo del
Carpio a Roncisvalle, Coloquios de Roncesvalles (1955)(Zaragoza:
Institución Príncipe de Viana, Diputación Foral de Navarra,
1956), págs. 263-276 (quisiera agradecer a David Hook el haberme
proporcionado esta referencia); la discusión de elementos literarios
en los Romanceros del rey Rodrigo y de Bernardo del Carpio, ed. Rafael
Lapesa, Diego Catalán, Álvaro Galmés y José Caso,
Vol. I del Romancero hispánico de Menéndez Pidal (Madrid:
Gredos, 1957); J. C. García, Bernardo del Carpio (Oviedo, 1960),
citado por Francisco Márquez Villanueva, El sondeable misterio
de Nicolás de Piamonte (Problemas del Fierabrás
español), en su Relecciones de literatura medieval(Sevilla:
Universidad de Sevilla, 1977), págs. 95-134, en la pág. 129,
nota 36; el artículo de Diego Catalán, El Toledano
romanzado y las Estorias de los fechos de los godos del siglo
XV, en Estudios dedicados a James Homer Herriott ([Madison]:
Universidad de Wisconsin, 1966), I, 9-102, en las págs. 39-44 (mi
agradecimiento de nuevo a Alan Deyermond); los artículos de Erich
von Richthofen, Relaciones franco-hispanas en la época
medieval, en Actas del Primer Congreso Internacional de
Hispanistas (Oxford: Dolphin, 1964), págs. 483-494 (véase
Márquez Villanueva, El sondeable misterio, pág.
130, nota 36), y Analogías histórico-legendarias inadvertidas
en las tradiciones épicas medievales de España, Francia, y
los países germánicos, Prohemio, 3 (1972), 373-407
(reimpreso con sólo cambios de poca importancia en la sección
que trata de Bernardo en su libro Límites de la crítica
literaria [Barcelona: Planeta, 1976], págs. 123-193; mi agradecimiento
a Alan Deyermond); Vicente José González García,
Bernardo del Carpio y la batalla de Roncesvalles, págs.
185-195 del VIII Congreso de la Société Rencesvalls
([Pamplona]: Institución Príncipe de Viana, Diputación
Foral de Navarra, 1981), y capítulo 1 del libro de D. G. Pattison,
From Legend to Chronicle: The Treatment of Epic Material in Alphonsine
Historiography (Oxford: Society for the Study of Mediaeval Languages
and Literature, 1983). Vale la pena todavía leer, por su influencia,
el capítulo 3 de De la poesía heroico-popular castellana
de Milá y Fontanals, autor también de un poema épico
sobre Bernardo. Para bibliografía sobre Milá, véase
Wayne H. Finke, Manuel Milá y Fontanals' Views on Alfonso X
and the Cantigas, en Studies on the Cantigas de Santa
María: Art, Music, and Poetry. Proceedings of the International
Symposium on the Cantigas de Santa María of Alfonso X
el Sabio (1221-1284) in Commemoration of Its 700th Anniversary
Year1981, ed. Israel J. Katz y John E. Keller (Madison: Hispanic
Seminary of Medieval Studies, 1987), págs. 269-277.
17 Horrent,La
Chanson de Roland, pág. 526. Juan de la Cueva hizo
una aplicación política distinta de la figura de Bernardo;
véase el libro de Watson citado en la nota 12 de este
capítulo.
18 Roldán
era un familiar ilegítimo de Carlomagno; es llamado bastardo en I,
107, 13.
19 Acerca de las
implicaciones antifrancesas del héroe nacional Bernardo del Carpio
en la segunda mitad del siglo XVI, véase José Lara Garrido,
Poesía y política. A propósito de Las
lágrimas de Angélica de Luis Barahona de Soto, en
Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía
Moderna. Siglos XVI-XVII, II (Córdoba: Publicaciones del Monte
de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1978), 117-123; Chevalier,
L'Arioste en Espagne, especialmente el capítulo 2; Triviños,
Nacionalismo y desengaño; y el capítulo 4 de la
monografía de Lacadena.
20 En el juramento
de Loaysa, impresionante desde un punto de vista superficial, pero carente
de sentido, jura sobre todo aquello que en su prohemio encierra la
verdadera historia de Carlomagno (El celoso extremeño,
II, 224, 20-21), atacando de nuevo esta clase de literatura.
La oposición en España a estas
obras coincidió con el creciente reconocimiento entre los historiadores
de que una fuente fundamental sobre la presencia carolingia en España,
la crónica atribuida a Turpín, no era fidedigna. Juan Sedeño,
en su Summa de varones ilustres (1551; he usado la edición
de Toledo: Juan Rodríguez, 1590), critica el relato de Turpín
(fol. 53r ). En 1605, sin embargo, Juan Fernández de Velasco,
condestable de Castilla, lo usó como fuente de sus Dos discursos
en que se defiende la venida y predicación del apóstol Santiago
en España (Valladolid, 1605). Mariana atacó a Velasco por
eso, llamó la crónica de Turpín un libro de
caballerías, indigno de ser nombrado por una persona seria y
dijo que Velasco había usado textos notoriamente
apócrifos (Cirot, Mariana historien, pág. 67);
Mariana a su vez fue injustamente atacado por Pedro Mantuano por la misma
razón (véase Cirot, pág. 213). Según Adalbert
Hämel, Überlieferung und Bedeutung des Liber Sancti Jacobi und
des Pseudo-Turpin,Sitzungsberichte der Bayerischen Akademie der
Wissenschaften, Philosophisch-historische Klasse, 2 (Munich: Bayerischen
Akademie der Wissenschaften, 1950), en un tratado posterior Mariana llamó
la crónica de Turpín totus ex fabulis et mendacio est
compactus (pág. 61) y sine iudicio ex aliis fabulosis
libris (pág. 62). (Es aproximadamente en la misma época,
finales del siglo XVI, cuando se puso en duda la Historia Regum
Britannie de Geoffrey de Monmouth, según John J. Parry y Robert
A. Caldwell, Geoffrey of Monmouth, en Arthurian Literature
in the Middle Ages. A Collaborative History, ed. Roger Sherman Loomis
[Oxford: Clarendon Press, 1959], págs. 72-93, en la pág. 72.)
No hay ningún estudio del uso que se
hizo de la crónica seudoturpina en el siglo dieciséis, pero
se menciona (según los índices) 18 veces en el Orlando
furioso y 54 en el Orlando innamorato, y Turpín no es
sólo una fuente sino un personaje en el Morgante de Pulci.
Además de Agustín Alonso, mencionado en la nota siguiente,
el autor francés de la Chrónica llamada Triumpho de los
nueve más preciados varones de la Fama (trad. de Antonio
Rodríguez Portugal, Alcalá, 1585), declaró que
dexando todas las otras chrónicas delas historias y hechos de
Carlo Magno, yo me atengo a la chrónica que el buen hombre y confessor
suyo el arçobispo Turpín de Reyns escrivió y dexó
en memoria, como más verdadero y cierto escriptor y chronista de sus
hechos: y quiero lo seguir como más verdadero de todos (fol.
158v ); un poco más tarde encontramos perlas como
Cómo el Apóstol Santiago apareció al emperador
Carlo Magno, amonestándole que passasse en España (fols.
161-162). Lope, en el prólogo a La hermosura de Angélica,
dijo que traduxe de Turpino estos pequeños cantos (citado
por Pérez Pastor, Bibliografía madrileña, II,
32). Un precedente al engaño de Lope es el de Boyardo, que declaró
con falsedad que su poema era una traducción de la crónica
de Turpín (tradutto de la verace cronica de Turpino);
existe la posibilidad de que algunos autores del siglo dieciséis tomaran
esta afirmación literalmente y hablaran de Turpín utilizando
solamente a Boyardo.
21 Se entiende que
estos poemas, como los de Ariosto y Boyardo, tratan de estas cosas
de Francia.
En el caso de la Historia de las hazañas
y hechos del invencible Cavallero Bernardo del Carpio de Agustín
Alonso (Toledo: Pero López de Haro, a costa de Juan Boyer, 1585),
es posible que Cervantes se opusiera tan enérgicamente porque Alonso
afirmó que su rigor era mayor que el de los libros de caballerías
haziendo yo...(según el precepto de Horacio) las cosas fingidas
tan cercanas a las ciertas.... Aunque de semejantes libros [las historias
de los príncipes valerosos] se pudieran en todo tiempo aver escripto
tantos que tuvieran bien en que ocuparse los curiosos, no contentándose
con esto el ingenio de los que desean saber y enseñar a otros,
inventó otra manera de historias adornadas con estilo y erudición,
fingiendo varios sucessos de fortuna y valentía en algún valeroso
cavallero del nombre que le ponían. Y aunque a muchos ha parecido
negocio impertinente si los libros que desto tratan tienen ingenio y arte,
no sólo no merecen tal nombre pero con justo título grande
alabança por ser ventura de más provecho que los que tratan
de particular historia, porque ésta dize del cavallero qual fue, y
el libro que con razón se dize de cavallerías pinta al cavallero
qual deve ser, y si estas dos cosas quisiéssemos procurar en un subjecto,
ninguno se hallaría como el que tenemos entre manos. Aviendo de tratar
del Invicto Bernardo del Carpio cuyos hechos fueron de manera, que quando
las historias se ocuparan en esso, huviera poca necessidad de fingir otras
cavallerías. (A...Diego Fernando de Alarcón
y Al Benigno Lector, páginas preliminares sin numerar.)
La obra de Alonso no fue mucho mejor que los
libros de caballerías. Declaró que se había basado en
la crónica de Turpín de Rana, el qual yo llevo / Por
norte principal, y por mi guía (fol. 79v ).
22 Williard F. King,
Prosa novelística y academias literarias en el siglo XVII,
Anejo 10 del Boletín de la Real Academia Española (Madrid,
1963), pág. 46; Ellen D. Lokos, The Solitary Journey. Cervantes's
Voyage to Parnassus (New York: Lang, 1991), págs.
106-107. Una Oda al Conde de Saldaña fue publicada por
Aribau en Obras de Cervantes, [I], Biblioteca de autores españoles,
1 (1846; reimpreso en Madrid: Atlas, 1944), 712-713; James Fitzmaurice-Kelly
calificó esta atribución de punto de controversia
(Reseña documentada, pág. 209, nota 521), y Astrana
la atacó (V, 553). Acerca de Saldaña, véase Astrana,
VI, 13, nota 1, Gareth A. Davies, Luis Vélez de Guevara and
Court Life, en Antigüedad y actualidad de Luis Vélez
de Guevara, Purdue University Monographs in Romance Languages, 10
(Amsterdam-Philadelphia: John Benjamins, 1983), págs. 20-38 y A
Poet at Court. Antonio Hurtado de Mendoza (1586-1644) (Oxford: Dolphin,
1971), págs. 18-23, y Joaquín de Entrambasaguas, Un olvidado
poema de Luis Vélez de Guevara, Revista de bibliografía
nacional, 2 (1941), 91-176.
23 Ya que en el
establecimiento de las fechas de las obras de teatro de Cervantes cada cual
tira por donde le parece, arriesgaré mi propio comentario. Ya que
ninguna de sus comedias acusa la influencia de López Pincianono
tienen ningún simple, por ejemplo, cuya relevancia se menciona en
el capítulo 4y ya que no reflejan sus ideas sobre el teatro
expresadas en el capítulo 48 de la Primera Parte, y a la vista de
su tratamiento en Viaje del Parnaso, IV, deben de ser, con sólo
unas pocas excepciones posibles, anteriores a 1605. También apoya
esta postura el consenso de todo el mundo (a excepción de Cervantes)
de que son sus obras más mediocres; si la mejor es La Numancia,
e indiscutiblemente es de las primeras, ¿cómo podemos decir que
sus obras más mediocres son las posteriores?
Hay dos pruebas opuestas, aparte del estudio
de los textos de las obras, que han proporcionado estos resultados
desconcertantes. (Véase el comentario de Bruce Wardropper en
Comedias, pág. 152, y la lista de fechas propuestas por
Jean Canavaggio que se ha incluido en Cervantès. Un théâtre
à naître [Paris: Presses Universitaires de France, 1977],
pág. 19.) La primera es que en Adjunta al Parnaso, 124, 29,
Cervantes dijo que tenía seis comedias y seis entremeses, mientras
que un año más tarde publicó ocho entremeses y ocho
comedias. Que yo sepa, nadie interpreta que escribió dos obras de
cada uno de estos géneros durante aquel año; según
Rodríguez Marín, para formar y abultar su libro arregló
o terminó dos comedias y dos entremeses que tendría a medio
escribir, quitados del telar desde hacía mucho tiempo (pág.
416 de su edición del Parnaso [Madrid, 1935]). (Es una
extraña coincidencia el que el número de obras de teatro que
se comprometió por contrato a escribir en 1593, y que se cree que
no escribió, fueran seis; el contrato puede encontrarse en Astrana,
V, 29-31, Fitzmaurice-Kelly, págs. 107-108, nota 295 y José
María Asensio y Toledo, Nuevos documentos para ilustrar la vida
de Miguel de Cervantes Saavedra [Sevilla, 1864], págs. 26-29.)
La segunda prueba es El engaño
a los ojos, un título mencionado en el prólogo de las
Ocho comedias. Al parecer nunca fue concluido, lo cual revela claramente
los intereses de Cervantes en 1615 y 1616. Astrana (VII, 302, nota 1) ha
sugerido sutilmente que el título no era de una comedia que Cervantes
estaba escribiendo o quería escribir, sino un ataque al estilo de
vida de Lope, que Cervantes ya había atacado en su irónica
referencia a la ocupación continua y virtuosa de Lope
en el prólogo de la segunda parte de Don Quijote. La
interpretación de Astrana estaría bien fundamentada. La
inspiración del título El engaño a los ojos
parece ser el reto, en el prólogo de las Comedias,a la habilidad
de Cervantes por parte del autor descrito allí como
escrupuloso (véase Don Quijote, III, 70, 10-12),
maldiciente, pero dotado de un ingenio que
oscurecía el de Cervantes: indudablemente la persona aludida es Lope.
24 No está
claro cuánto se escribió del poema de Barahona, además
de la primera parte publicada. Véase la discusión de Lara Garrido
en su edición, págs. 567-568.
25 Las obras de Cervantes
están llenas de referencias a poetas y poesías deficientes:
Don Quijote, I, 320, 33-321, 11 (es significativo el hecho de que
Don Quijote no escribiera su carta en verso); III, 78, 31-79, 2; III, 204,
31-207, 25; IV, 13, 18-15, 7; IV, 201, 11-14; El rufián dichoso,
II, 12, 28-14, 32; Rinconete y Cortadillo, I, 288, 1-6; El
licenciado Vidriera, II, 92, 18-95, 1; Coloquio de los perros,
III, 242, 15-243, 14; el Parnaso y Adjunta.
26 UnaEstoria
de Bernaldo, seguramente una obra latina en prosa, existió en
el siglo XIII, pero se perdió, probablemente antes del fin de la Edad
Media. Véase el artículo de Entwistle citado en la nota 16,
supra.
27 Hay una evidente
implicación autobiográfica en la declaración del
canónigo que la lectura de valerosos hechos puede entretener,
enseñar, deleitar y admirar a los más altos ingenios que
los leyeren (II, 363, 24-27).
28 Véase III,
84, 19-22; III, 87, 16-20; y III, 302, 11-29.
29 La historia de
Rodrigo Toledano se publicó completa por primera vez en Hispania
illustrata (Frankfurt, 1603-1608), Vol II; anteriormente se había
publicado en Rerum hispanicarum scriptores (Frankfurt, 1579); se
publicó otra edición incompleta y poco conocida junto con la
historia latina de Fernando e Isabel de Nebrija (Granada, 1545), según
Benito Sánchez Alonso, Fuentes de la historia española e
hispanoamericana, 30 edición (Madrid: Revista de Filología
Española, 1952), artículo número 56. La de Lucas Tudense,
editada por Mariana, apareció en Hispania illustrata, Vol.
IV.
30 Véanse
los artículos y el libro citado en la nota 16 de este capítulo.
La figura de Bernardo, cuyas contradicciones también fueron
comentadas por Esteban de Garibay (Los XL. libros del Compendio
historial [Amberes, 1571, en microfilme en la serie Iberian and Latin
American Books before 1601, antes Hispanic Culture Series, rollo
6], I, 425), es un reto incluso para los especialistas modernos. Albert B.
Franklin, III, dice en la primera página de su artículo: Un
atento examen de los romances y crónicas que tratan de este héroe
y su historia deja al lector con un sentimiento de frustración debido
a las muchas contradicciones y anacronismos en las primeras manifestaciones
que todavía existen, y en la pág. 289: El primer
examen de la historia tal como se reproduce aquí o se encuentra en
una o en todas las crónicas asombra al lector con sus ingenuos
anacronismos y poca veracidad histórica. Jules Horrent hace
la misma afirmación: Todas las narracciones conservadas sobre
Bernardo del Carpio ofrecen la más seria heterogeneidad. Ninguna de
ellas representa la forma original de la historia (La Chanson
de Roland, pág. 462).
31 Se conoce el apoyo
que tuvo de Sandoval y Rojas sólo por el Prólogo de Don
Quijote, II. El mecenazgo de Lemos, amparo y sustento de Cervantes
según sus propias palabras (III, 34, 6-7), es mencionado más
frecuentemente; Rafal (págs. 255-267) ha mantenido que seguramente
era una pensión. M. Hermida Balado, aun admitiendo que la ayuda
debía de haber sido importante, examina la ayuda de Lemos a otros
ingenios y concluye que su trato para con Cervantes era menos entusiástico
que lo que las palabras de este último indican (Vida del VII Conde
de Lemos (Interpretación de un mecenazgo) [s.l.: Nos, 1948],
págs. 157-158). La relación de Cervantes con Lemos ha sido
comentada por Ramón León Máinez, Cervantes y su
época, I (único publicado, Jérez de la Frontera,
1901), págs 535-537. También tratan de Lemos, Otis Green,
The Literary Court of the Conde de Lemos at Naples, 1610-1616,
Hispanic Review, 1 (1933), 290-308, y Félix Fernández
Murga, El Conde de Lemos, Virrey-mecenas de Nápoles,
Annali Istituto Orientale, Napoli, Sezione romanza, 4 (1962), 5-28.
El testamento de Lemos y otros documentos fueron publicados por Astrana,
VII, 722-729, quien también menciona (pág. 729) pero no describe
un inventario de la biblioteca de Lemos; la fuente de Astrana para las
referencias a este documento fue Cristóbal Pérez Pastor,
Noticias y documentos relativos a la historia y literatura
españolas, Memorias de la Real Academia Española, 10-13
(Madrid, 1910-1926), I, 318-319 y 378.
32 Evidentemente
Cervantes quería recibir dinero por sus escritos; véase II,
347, 3-25 y, para una mayor explicación del aspecto económico
de su carrera literaria, mi ¿Tenía Cervantes una
biblioteca? Sin embargo, pone en boca de Sansón, un
socarrón famoso (III, 61, 15-20; III, 105, 7), algo
burlón (IV, 153, 13), perpetuo trastulo y regocijador
de los patios de las escuelas salmanticenses (III, 106, 14-15), la
afirmación, evidentemente falsa, que el autor de Don Quijote
sólo busca el interés. Cuando un autor se preocupa por el
dinero e interés, dice Sancho, maravilla
será que acierte, porque...las obras que se hazen a priessa nunca
se acaban con la perfección que requieren (III, 75, 10-14).
Recuérdese el codicioso autor que Don Quijote encuentra en la imprenta
(IV, 296, 1-23), que espera ganar por lo menos 11.000 reales
(1000 ducados) por 12.000 reales de ventas (2.000 ejemplares a 6 reales cada
uno).
Cervantes seguramente pensó que con
sus obras beneficiaba a los lectores. Pero es evidente que buscó la
fama y la aprobación del público. Cuando la alcanzó,
nos lo dice en varias ocasiones (III, 70, 29-30, y los pasajes citados en
el capítulo 3, nota 90). El canónigo, aunque admite la legitimidad
de una recompensa económica por el esfuerzo literario (más
gente atraerán, II, 347, 28-29; ganancia, II, 348,
27; el entretenimiento del pueblo, II, 353, 7), la sitúa
en un plano inferior a la fama (más fama cobrarán,
II, 347, 29; fama y renombre, II, 348, 26; la opinión
de los ingenios de España, II, 353, 8). Cervantes hizo un contrato
para escribir obras de teatro (citado en la nota 23, supra), por el
que cobraría sólo si cada una de ellas parecía ser
una de las mejores comedias que se han representado en España;
se quejó de que no se incluyera su retrato al principio de las
Novelas ejemplares. Las frecuentes referencias de Don Quijote a la
fama evidentemente tienen implicaciones de autoría. Su deseo de ser
reconocido como líder (el primero en intentar restablecer la
caballería andante) se parece mucho al orgullo de Cervantes por haber
sido un autor pionero (es decir, el primero en novelar, el primero
en escribir un poema épico en prosa, el primero que gozó
el fruto de sus escritos enteramente, como desseava, IV, 406, 7-8).
Lo que parece haber amargado a Cervantes es
que la fama (complaciendo a los discretos) y los beneficios económicos
(complaciendo al vulgo) no podían obtenerse con la misma obra: Bien
sé, dice en el Prólogo de Don Quijote, Segunda
Parte, lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores
es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir
un libro con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros quanta
fama (III, 29, 2-7); en el exercicio de las armas...se
alcançan, si no más riquezas, a lo menos, más honra
que por las letras (III, 309, 22-24).
33 III, 64, 27-30;
III, 68, 25-27. Aquí tenemos la diferencia clave entre historia y
literatura: a fee que no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta,
ni tan prudente Ulisses como le descrive Homero (III, 64, 20-25).
34 I, 352, 6-14;
el pasaje citado en la nota anterior. Cervantes evidentemente tenía
reservas en cuanto al éxito de Virgilio en esa área: la
cueva donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa
Dido (IV, 115, 14-15).
35 Las historias
fingidas tanto tienen de buenas y deleitables quanto se llegan a la verdad
o la semejança della (IV, 297, 11-14); a quien [la
fábula] conviene guissar sus acciones con tanta puntualidad y gusto,
y con tanta verissimilitud, que, ha despecho y pesar de la mentira, que haze
dissonancia en el entendimiento, forme una verdadera armonía
(Persiles, II, 100, 17-22). Una de las objeciones de Cervantes a la
comedia era que a menudo no lo lograba: fundándose la comedia
sobre cosa fingida, atribuirle verdades de historia y mezclarle pedaços
de otras sucedidas a diferentes personas y tiempos, y esto, no con
traças verisímiles, sino con patentes errores (II,
350, 4-9).
36 Alonso López
Pinciano, Philosophía antigua poética, ed. Alfredo Carballo
Picazo (1953; reimpreso en Madrid: CSIC, 1973), III, 166. Esta obra ha sido
estudiada recientemente por Richard Aarre Impola, The
Philosophía antigua poéticaof Alonso López Pinciano
Translated with an Introduction and Annotations, tesis, Columbia, 1972
(resumen en Dissertation Abstracts International, 35 [1975], 7867A-7868A),
y por Judy B. McInnis, Allegory, Mimesis, and the Italian Critical
Tradition in Alonso López Pinciano's Philosophía antigua
poética, Hispano-Italic Studies, 1 (1976), 9-22.
37 La heroyca,
como fábula épica, tiene también sus diferencias según
la materia que trata, porque vnos poetas tratan materia de religión,
como lo hizo Marco Ierónimo Vida y Sanazaro en El Parto de la Virgen...;
cantan otros casos amorosos, como Museo, Heliodoro, y Achiles Tacio; otros,
batallas y victorias, como Homero y Virgilio, y esta especie se ha alçado
con el hombre de heroyca, de manera que, en oyendo el nombre
heroyca, se entiende por ella (López Pinciano, III,
180).
Acerca de la diversidad de poemas épicos
escritos en la España del Siglo de Oro sobre temas totalmente ajenos
a los modelos clásicos, véase el Catálogo
cronológico de poemas publicados entre 1550 y 1700, págs.
327-362 del único estudio del género,La poesía
épica del Siglo de Oro de Frank Pierce. El catálogo de
Cayetano Rosell en Poemas épicos, Biblioteca de autores
españoles, 17 y 29 (1851-1854; reimpreso en Madrid: Atlas, 1945-1948),
II, xix-xxvii es más extenso, aunque no se limita a poemas épicos.
(Como ilustración del cambiante panorama de la literatura española,
las palabras de Rosell al principio de su Advertencia en el Volumen
I son fascinantes: Poema verdaderamente épico, ninguno existe
en nuestra literatura; es una verdad innegable, demostrada por todos los
críticos, y por lo mismo no necesita de nuevas pruebas. Qué
causas hayan podido dar lugar a este fenómeno, ni están bien
averiguadas todavía, ni es fácil averiguarlas; unos alegan...el
nativo temperamento de los españoles, dados más bien a los
arrebatos de la fantasía que a la profundidad y formal cultivo del
entendimiento....)
38 Acerca de los
poemas épicos de Lope, con algunos comentarios útiles sobre
los elementos históricos y los caballerescos no históricos
en la épica del Siglo de Oro, véase la tesis Charles Philip
Johnson, ya citada (capítulo 1, nota 59).
39 Acerca del complejo
uso del tiempo en Persiles, véase Kenneth P. Allen, Aspects
of Time in Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Revista
hispánica moderna, 36 (1970-1971 [1973]), 77-107.
40 Si lo hubiera
concluido su viuda seguramente lo habría vendido a un editor. Las
seis ediciones de Persiles de 1617 demuestran la demanda que había
por las obras de Cervantes.
41 Quizás
también es anterior al capítulo 32 de la Primera Parte, en
el que el sacerdote afirma con tanta seguridad que sabe lo que han
de tener los libros de cavallerías para ser buenos (II, 86,
31-87, 1), al examen de la biblioteca de Don Quijote en el capítulo
6 de la Primera Parte o incluso a la idea de escribir una burla del
género.
42 Un pliego era
una hoja doblada.
43
AsíPersiles, según la opinión de mis amigos
ha de llegar al estremo de bondad posible (Don Quijote, III,
34, 17-18).
44 ¿Quiénes
eran esos hombres doctos y discretos que leían los libros
de caballerías, y a quienes les mostró Bernardo? Sólo
se me ocurren dos nombres, puesto que no había muchos de esos lectores
a finales del siglo XVI. Uno es Luis Zapata, que por su
Miscelánea muestra un considerable conocimiento de dichos libros,
y cuyas obras Cervantes evidentemente conocía (véase el
artículo de Márquez Villanueva, citado en la primera nota de
este capítulo); Zapata, sin embargo, murió en 1595. El otro
candidato, más probable desde el punto de vista cronológico,
es el mismo López Pinciano, a quien Cervantes podía abordar
fácilmente en Valladolid; López Pinciano alabó algunos
libros de caballerías y da pruebas de un contacto directo con ellos
(Romances of Chivalry in the Spanish Golden Age, págs. 11-12).
A Cervantes le interesaba la teoría literaria; el estudio del Pinciano
era la única teoría literaria completa de la España
del Siglo de Oro. La lectura del libro del Pinciano fue el acontecimiento
decisivo (Riley, Teoría, pág. 32) en la
formación de las ideas literarias de Cervantes, y es probable que
se dirigiera a él para que le asesorara.
45 La palabra
famosoutilizada para describir Bernardo, en la dedicatoria
de Persiles, también podría indicar esto. Es verdad
que famoso podía significar no más que cosa
buena, perfecta y que merece fama (Real Academia Española,
Diccionario de autoridades [1726-1739; reimpr. Madrid: Gredos, 1963]),
y es usada de esta forma en III, 420, 15-17 (dieron traça y
orden de hazer una burla...famosa), en la referencia a estos posiblemente
famosos poetas, el preste Juan de las Indias y el
Emperador de Trapisonda (I, 33, 27-30), en las referencias a una
olla de famosas azeitunas (Rinconete y Cortadillo,
I, 278, 19) y a un pedaço de jamón famoso
(Coloquio de los perros, III, 191, 20), y en los encabezamientos
de sus comedias publicadas. Sin embargo, Cervantes usa famoso
con el significado no sólo de merecer fama sino de tenerla. Mauricio
había alcançado famoso nombre como astrólogo
(Persiles, I, 85, 4), la cueva de Montesinos era famosa
(III, 278, 9), porque maravillas...de ella se dezían por todos
aquellos contornos (III, 277, 22-23), y Don Quijote utiliza la palabra
en este sentido cuando expresa su deseo de ser eterno y famoso
(IV, 339, 6-7).
46 Expone más
o menos el mismo motivo en el prólogo de Don Quijote, I, por
su poca disposición a publicar la obra: miedo del antiguo legislador
que llaman vulgo (I, 31, 6-7), con quien tienen autoridad y
cabida...los libros de cavallerías (I, 37, 19-21). El desprecio
de Cervantes por el vulgo es reiterado en varias ocasiones: el vulgo
mal limado y bronco, lo llama en el Parnaso (16, 14); la
mala bestia del vulgo, por la mayor parte...mala, maldita y maldiziente,
en La ilustre fregona (II, 325, 18-20). Acerca de la definición
de Cervantes, y para referencias a las discusiones de este concepto en la
cultura del Siglo de Oro, véase mi artículo Who Read
the Romances of Chivalry?, en Romances of Chivalry in the Spanish
Golden Age, págs. 89-118, en la pág. 107.
47 Hay dos explicaciones
posibles para la tardía vuelta de Cervantes a su Bernardo.
La primera es la controvertida y finalmente fallida propuesta de 1614, por
la que el santo guerrero Santiago, cuya posible relación con Bernardo
se discute más adelante, iba a ser depuesto como patrón de
España y sustituido por la monja Santa Teresa (T. D. Kendrick, Saint
James in Spain [London: Methuen, 1960], pág. 20). Una segunda
posibilidad es el interés del Conde de Lemos por Bernardo del Carpio;
apareció como descendiente de Bernardo del Carpio en el
Bernardode Balbuena, dedicado al Conde de Lemos en 1609 (Chevalier,
L'Arioste en Espagne, pág. 371). Pudo haber sido entonces una
reacción de Lemos a la presentación de Bernardo enLa casa
de los celos, publicado en 1615 y también dedicado a él,
lo que llevó a Cervantes a volver a su Bernardo, mencionado
en una dedicatoria de 1616. En la misma dedicatoria Cervantes menciona el
interés de Lemos por La Galatea, lo que fue seguramente un
factor, aunque no el único, que le empujó a continuarlo.
48 Todo el mundo
está de acuerdo en que las Novelas ejemplares fueron escritas
intermitentemente durante un período de tiempo bastante largo, y las
pruebas de que Persiles y las dos partes de Don Quijote se
escribieron de esta forma son convincentes. Por el prólogo de las
Ocho comedias y ocho entremeses sabemos que Cervantes guardaba sus
manuscritos en un cofre. (Se encontraron varios cofres y arcas en el inventario
de los enseres de su novia, publicado por León Máinez,
Cervantes y su época, págs. 241-244, y por Astrana,
VII, 687-688; León dice que fue publicado por primera vez en la
biografía de Juan Antonio Pellicer [Madrid, 1798].)
49 He encontrado
referencias a historias y libros en el prólogo del Espejo
de príncipes y cavalleros, I, 13, 16, y en el de Sumario de
la natural y general historia de las Indias de Gonzalo Fernández
de Oviedo (1526; reimpreso en Madrid: Espasa-Calpe, 1978), fol.
a2r .
50 Rodríguez
Marín, Nuevos documentos cervantinos, en sus Estudios
cervantinos, pág. 332.
51 Véase
libro en elManual del librero hispanoamericano de Antonio
Palau y Dulcet (Barcelona: Palau, 1948-1977). También era
frecuentísmo el término libro en los títulos
medievales: Libro de Alexandre, Libro de los castigos e documentos,
etc.
52 Véanse
los comentarios y referencias de Márquez, Fuentes literarias
cervantinas, págs. 189-191, para críticas de Guevara.
53 Alejo Venegas
del Busto, antecesor de López de Hoyos como profesor del Estudio de
Madrid, identificó la obra de Apuleyo con las fábulas milesias,
e indicó que los libros de caballerías, que también
utilizaban magia, viajes y relaciones ilícitas entre los dos sexos,
eran sus equivalentes contemporáneos. Véase mi introducción
a la reimpresión de la Primera parte de las Diferencias de libros
que ay en el universo de Venegas (Barcelona: Puvill, 1983), págs.
27-30; también An Early Censor: Alejo Venegas, pág.
240.
54 Véase mi
Pseudo-Historicity.
55 Los ejemplos evidentes
son el protagonista, en cuya biblioteca los libros de caballerías
no están con la poesía o literatura (I, 102, 8-9),
y Juan Palomeque (II, 86, 7-19). Hay indicios de que otros personajes secundarios
de la Primera Parte que leen los libros, pero hablan de ellos sin darse cuenta
de su falsedad ni criticarlos, también los consideraban verídicos.
Como señala el canónigo, es el vulgo ignorante
que llega a tener por verdaderas tantas necedades como contienen
(II, 362, 27-29). Ya mencioné en el capítulo 1 (pág.
29) que había cierta preocupación de que los indios del Nuevo
Mundo no pudieran distinguir entre los hechos ficticios de los libros de
caballerías y la doctrina de libros más serios.
56 III, 68, 20-24;
posiblemente también una implicación de II, 362, 19.
57 A pesar del sentido
original de Gaula (véase Edwin Place, Amadis of Gaul,
Wales, or What?, Hispanic Review, 23 [1955], 99-107), en la
España del Siglo de Oro significaba Francia.
58 Los libros de
caballerías españoles invariablemente usaban héroes
y escenarios extranjeros. Eso fue señalado en mi Pero Pérez
the Priest and His Comment on Tirant lo blanch, en Romances
of Chivalry in the Spanish Golden Age, págs. 147-158, en la pág.
158.
59 La formulación
más famosa de este principio en las obras de Cervantes es naturalmente
la del canónigo: el fin mejor que se pretende en los escritos,
que es enseñar y deleitar juntamente (II, 344, 32-345, 2). Berganza
también declara que se debería enseñar y
deleitar (Coloquio de los perros, III, 163, 27-31),
y el primo humanista que guía a Don Quijote a la cueva de Montesinos
también alaba el provecho y el entretenimiento
de los libros (III, 278, 14-16; III, 279, 6-7). En la aprobación de
Márquez Torres se lee: Ha avido muchos que por no aver sabido
templar ni mezclar a propósito lo útil con lo dulce han dado
con todo su molesto trabajo en tierra.... No todas las postemas a un mismo
tiempo están dispuestas para admitir las recetas o cauterios; antes
algunos mucho mejor reciben las blandas y suaves medicinas, con cuya
aplicación el atentado y docto médico consigue el fin de
resolverlas (III, 19, 28-20, 1 y 20, 15-20).
60 Tradicionalmente
se ha tratado esta obra con desdén, la menos estudiada y menos
respetada de las comedias de Cervantes(Edward H. Friedman, The Unifying
Concept: Approaches to the Structure of Cervantes' Comedias
[York, South Carolina: Spanish Literature Publications Company, 1981], pág.
136). Riley la llamó malísima (Teoría,
pág. 48); Bonilla y San Martín un prototipo de disparatado
engendro (Un crítico desbocado, en su De
crítica cervantina [Madrid: Ruiz Hermanos, 1917], págs.
81-105, en la pág. 98); Schevill y Bonilla dijeron que el lector
más benévolo reconocerá que Cervantes erró
fundamentalmente (introducción aComedias y entremeses,
VI, [107]); Francisco Ynduráin que ni con la mejor voluntad
hallamos rasgo que pueda salvar esta comedia de una repulsa total y
cuando se quiere tomar el pulso a Cervantes como crítico de
sí mismo y valorar sus opiniones sobre el teatro, no debe olvidarse
que escribió El laberinto [de amor] y La casa de los
celos, y, lo que es más grave, que las mandó a la
imprenta (introducción a Obras de Miguel de Cervantes Saavedra.
II. Obras dramáticas, Biblioteca de autores españoles,
156 [Madrid: Atlas, 1961], págs. xxvi y xli); y el influyente
Menéndez Pelayo quizás empezó esta serie de comentarios
diciendo que sólo la reverencia debida a su inmortal autor impide
colocar esta obra entre las que él llamaba conocidos
disparates (Estudios sobre el teatro de Lope, citado,
junto con la opinión de Cotarelo, por Francisco López Estrada,
Una posible fuente de un fragmento de la comedia La casa de los
celos de Cervantes, Homenaje a Cervantes [Madrid: Ínsula,
(1947)], págs. 201-205, en la pág. 201; también en la
pág. 333 de la edición nacional, VI [Madrid: CSIC, 1949]; y
en la pág. 97 de la edición en Biblioteca de autores
españoles, 233 [Madrid: Atlas, 1970]).
Sin embargo, ha habido cierta reevaluación.
Chevalier (L'Arioste en Espagne, pág. 443) dijo que nous
trouvons en germe dans plusieurs des scènes pastorales de La casa
de los celos des thèmes qui sont repris et developpés dans
le Quichotte, un punto de vista que volvemos a encontrar en
Stanislav Zimic (Algunas observaciones sobre La casa de los
celosde Cervantes, Hispanófila, 49 [setiembre, 1973],
págs. 51-58), quien lo encontró un semillero de ideas
y temas que maduran más tarde en otras obras cervantinas, y
en absoluto en contradicción con las ideas literarias expresadas
por Cervantes en el Quijote; Friedman dijo que se aproxima
mucho a Don Quijote en su examen de la realidad literaria
(pág. 136), y Pedro Ruiz Pérez que se halla en él una
unidad de concepción y...un planteamiento temático plenamente
cervantinos (Drama y teatro en La casa de los celos,
en Actas del II Coloquio Internacional de la Asociación de
Cervantistas [Barcelona: Anthropos, 1991], págs. 657-672, en la
pág. 666) . Acerca del significado del nombre, véase Geoffrey
Stagg, Cervantes' Abode of Jealousy Bulletin of
Hispanic Studies, 32 (1955), 21-24; acerca de su simbolismo, Joaquín
Casalduero, Sentido y forma del teatro de Cervantes (Madrid: Gredos,
1966), págs. 56-76, y Jean Canavaggio, Le Décor sylvestre
de La casa de los celos: Mise en scène et symboles, en
Mélanges offerts à Charles Vincent Aubrun (Paris:
Éditions Hispaniques, 1975), I, 137-143. Finalmente debe mencionarse
la tesis de Morley Jennifer Hawk Marks, La casa de los zelos y las
selvas de Ardenia by Miguel de Cervantes (Critical Study with a Modernized
Annotated Edition): An Examination of the Cervantine Process toward the Concept
of the Quijote, Temple University, 1981 (resumen en
Dissertation Abstracts International, 42 [1982], 5140A), y Paul
Lewis-Smith, Cervantes on Human Absurdity: The Unifying Theme of La
casa de los celos y selvas de Ardenia, Cervantes, 12.1 (1992),
93-103.
61 En la discusión
del canónigo sobre los errores históricos en la comedia, su
ejemplo trata de este período, y específicamente de los errores
en la guerra cristiana: si es que la imitación es lo principal
que ha de tener la comedia, ¿cómo es posible que satisfaga a
ningún mediano entendimiento que, fingiendo una acción que
pasa en tiempo del rey Pepino y Carlomagno [es decir, la época de
Roldán, Roncesvalles, y la entrée en Espagne], el mismo
que en ella haze la persona principal le atribuían que fue el emperador
Eraclio, que entró con la Cruz en Jerusalén, y el que ganó
la Casa Santa, como Godofre de Bullón, aviendo infinitos años
de lo uno a lo otro; y fundándose la comedia sobre cosa fingida,
atribuirle verdades de historia y mezclarle pedaços de otras sucedidas
a diferentes personas y tiempos? (II, 349, 26-350, 7). Aunque no se
dice abiertamente, en la queja de que los falsos milagros cantados por los
ciegos disminuyeran la creencia en milagros verdaderos (IV, 166, 17-21),
es posible que los verdaderos milagros cuya credibilidad era
minada fueran los que apoyaban la empresa militar hispano-cristiana, como
la aparición de Santiago.
62 Aquel bastardo
de don Roldán me ha molido a palos.... Mas no me llamaría yo
Reinaldos de Montalván si, en levantándome deste lecho, no
me lo pagare, a pesar de todos sus encantamentos (I, 107, 13-19);
Bernardo del Carpio...en Ronçesvalles avía muerto a
Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules,
quando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los braços
(I, 52, 19-23). El desdén por el valor de los héroes extranjeros,
que también se encuentra en referencias en la Primera Parte de Don
Quijote a artefactos tan increíbles como un yelmo encantado (I,
285, 12), una espada anti-encantamientos (I, 233, 15-18; II, 287, 21-23),
y el bálsamo de Fierabrás que eliminaba el temor a la muerte
(I, 138, 20-139, 10), es claramente expresado en el siguiente comentario
de Don Quijote: Si Roldán fue tan buen cavallero y tan valiente
como todos dizen, ¿qué maravilla?, pues al fin era encantado,
y no le podía matar nadie si no era metiéndole un alfiler de
a blanca por la punta del pie, y él trahía siempre los
çapatos con siete suelas de hierro, aunque no le valieron tretas contra
Bernardo del Carpio, que se las entendió y le ahogó entre los
braços en Ronzesvalles. Pero dexando en él lo de la valentía
a una parte, vengamos a lo de perder el juizio (I, 373, 17-27).
63 Las cuatro
últimas líneas de la cita se dirigen a otro personaje, Marfisa,
pero siguen siendo una profecía sobre Bernardo.
64 Cervantes
expresó este deseo en primera persona, en el prólogo de La
Galatea: Los estudios [de la poesía]...traen consigo más
que medianos provechos, como son...abrir camino para que, a su imitación,
los ánimos estrechos, que en la brevedad del lenguaje antiguo quieren
que se acabe la abundancia de la lengua castellana, entiendan que tienen
campo abierto, fértil y espacioso, por el qual, con facilidad y
dulçura, con gravedad y eloquencia, pueden correr con libertad
(I, xlviii, 2-15). El perro Berganza también podía usar un
largo campo...para dilatar tu plática (Coloquio
de los perros, III, 241, 3-5).
65 En quanto
al hecho de la verdad de las cosas que trato, forzosamente habrá
diferentes opiniones, como las hay en todos los casos de que muchos deponen;
lo que yo pude hacer fue en las evidencias estar a lo cierto, y en las dudas
atenerme a lo verosímil, porque si ésta no fuera mi
intención, más espacioso campo hallara para escribir, y más
oportunidad para explicarme, en otros sugetos de invención, que en
el de historia, y tan moderna.... Antes de sacalle en
público...consulté gravísimos tribunales, por cuyo aplauso
y autoridad fui, no sólo conhortado, pero casi compelido a
manifestarlo. (La austríada, Al lector, en
Poemas épicos, II, 2.) Cervantes, cuya alabanza a Rufo ya ha
sido mencionada, escribió un soneto preliminar para esta obra.
66 William Nelson,
Fact or Fiction. The Dilemma of the Renaissance Storyteller (Cambridge,
Massachusetts: Harvard University Press, 1973).
67 Recomendó
una historia ni tan antigua que esté oluidada, ni tan moderna
que pueda dezir nadie esso no passó ansí
(III, 169). Siguió su propio consejo al escoger al remoto héroe
Pelayo como tema para su Pelayo (Madrid, 1605).
68 La
historiografía de este período es excepcionalmente confusa,
debido en parte a una mistificación posterior en la Edad Media
española, y quizás nunca se aclarará completamente.
He intentado basarme en fuentes que fueran accesibles para Cervantes,
especialmente en la mejor historia de su época, la de Mariana. (Cirot,
Mariana, historien, pág. 331, indica que la lectura de las
hazañas de héroes españoles que el canónigo de
Toledo recomendó a Don Quijote se podía llevar a cabo casi
por completo con la historia de Mariana.) Para un examen reciente, véase
Stanley G. Payne, Spanish Catholicism. An Historical Overview (Madison:
University of Wisconsin Press, 1984), capítulo 1.
69 Como parte de
esta revisión, el metropolitano de Toledo fue excomulgado y la iglesia
católica española fue reconstituida en Asturias; Mariana, sin
embargo, atribuye eso a Alfonso III. Sobre el goticismo español,
véase el apéndice, nota 17.
70 Entre aquellos
bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo
hermoso que una muger, por bellísima que sea (IV, 307, 25-28);
hablé con don Gaspar, contéle el peligro que corría
el mostrar ser hombre, vestíle de mora (IV, 308, 8-10); fue
uno de los más regalados garzones suyos (II, 218, 20-21). (Este
tema es desarrollado más ampliamente en La gran sultana, Los
baños de Argel y Los tratos de Argel.) Albert Mas, Les
Turcs dans la littérature espagnole du Siècle d'Or (Paris:
Centre de Recherches Hispaniques, 1967) confirma la veracidad de este retrato:
La sodomía era frecuente entre los turcos: embajadores,
historiadores, viajeros, cautivos y padres de la Redención hablaron
de ella para subrayar que los musulmanes que la practicaban demostraban así
que su religión no era la verdadera (II, 327).
71 La falta de herederos
de un soberano era siempre un problema grave. Provocar esta situación
evitando la cópula carnal incluso con la propia esposa
(Garibay, I, 420), es excesivo. Tras el supuesto ofrecimiento de entregar
España a Carlomagno estaba la falta de descendencia: El rey
don Alonso, cansado por sus muchos años y con guerras que de ordinario
traía con los moros con mayor esfuerzo y valor que prosperidad,
pensó sería bien valerse de Carlo Magno para echar con sus
armas los moros de toda España. No tenía hijos; ofrecióle
en premio de su trabajo la sucesión en el reino por vía de
adopción (Mariana, pág. 205a; las referencias a Mariana
son de la edición de F[rancisco] P[i] y M[argall], I, Biblioteca de
autores españoles, 30 [1854; reimpreso en Madrid: Hernando, 1931]).
72 El libertinaje
del rey Rodrigo y sus consecuencias es el tema de una amplia literatura,
compendiada en una antología por Menéndez Pidal en Floresta
de leyendas heroicas españolas. Rodrigo, el último godo,
Clásicos castellanos, 62, 71 y 84 (Madrid: La Lectura, 1925-1927);
anteriormente sin los textos pero con más notas en Boletín
de la Real Academia Española, 11 [1924], 157-197, 251-286, 349-387,
519-585, y 12 [1925], 5-38, 192-216); en Don Quijote se cita una
línea de un romance sobre él: Ya me comen, ya me comen
/ por do más pecado avía (III, 414, 8-9). Para una
introducción a la leyenda véase Alan Deyermond, The Death
and Rebirth of Visigothic Spain in the Estoria de España,
Revista canadiense de estudios hispánicos, 9 (1985 [1986]),
345-367, y Colin Smith, History as Myth in Medieval France and
Spain, en A Medieval Miscellany in honour of Profesor John Le
Patourel, ed. R. L. Thomson, Proceedings of the Leeds Philosophical
and Literary Society, Literary and Historical Section, 18, Part 1 (1982),
54-68.
73 Eso se contrastaba
común, y parece que incorrectamente, con la vida disoluta del anterior
monarca, Enrique IV. (Véase mi artículo Enrique IV y
Gregorio Marañon, Renaissance Quarterly, 29 [1976], 21-29.)
Acerca de las connotaciones sexuales de los asuntos mundanos del siglo
dieciséis vistos desde la perspectiva castellana, debería
recordarse la depravación o la supuesta depravación de Lutero,
de Enrique VIII, de los indios del Nuevo Mundo, y del papado de antes de
la Contrarreforma. Los castellanos se atribuyeron la misión de corregirlo
todo.
74 Véase II,
209, 27-29. En el contexto del catolicismo tradicional ésta es una
creencia clásica. En el Tratado y plática de la ciudad de
Toledo de Alejo Venegas, por ejemplo, vemos que el hambre que sufrió
Toledo tenía que solucionarse por medio de una reforma espiritual
(véase mi introducción a su Primera parte de las Diferencias
de libros, págs. 21-22). Para una interpretación de la
historia en esta línea por parte de Herrera y otros, véase
Mary Gaylord Randel, The Historical Prose of Fernando de Herrera (London:
Tamesis, 1971), págs 36-38.
75 Así la
aparentemente extraña afirmación que la honestidad
parecía tan bien en los cavalleros andantes como la valentía
(III, 380, 24-25); alguien que tenga que realizar proezas militares no
podrá con su muger folgar (I, 140, 10). Plutarco
deja claro que la moral sexual de
os lacedemonios estaba determinada por sus exigencias militares. La eugenesia
de Licurgo, y sus detalladas leyes acerca de las relaciones entre marido
y mujer, no tenían otro objetivo que asegurar el poder ofensivo de
los soldados (Denis de Rougemont, Love in the Western World,
trad. Montgomery Belgion, edición revisada y aumentada [1956; reimpr.,
New York: Harper & Row, 1974], pág. 244).
76 Según Garibay,
que trata la cronología con más detalle que Mariana. Mi colega
Lawrence S. Cunninghan, experto en el papel cultural de los santos (The
Meaning of Saints [San Francisco: Harper and Row, 1980]), me asegura
que utilizar a Santiago en esa obra no ofendía a las autoridades
eclesiásticas; encontramos relatos ficticios que toman elementos
religiosos como punto de partida en muchos países y en distintos
períodos, y Santiago apareció en diversos poemas épicos
del Siglo de Oro. La consideración primordial era el propósito
con el cual se le utilizaba, y el propósito de Cervantes era admirable:
estimular el celo cristiano de los lectores.
77 El barbero parodia
estas predicciones en II, 327, 14-328, 10; para ejemplos en los libros de
caballerías, véase mi edición del Espejo de
príncipes y caballeros, V, 81, 27, nota.
78 Los poderes
fundamentales de ambos magos [Urganda y Merlín] son el de vaticinar
los sucesos que ocurrirán en el futuro y el de conocer el pasado de
cada uno de los personajes. Dotados de estos poderes, los magos no
desempeñan un papel pasivo ante el curso de acontecimientos, sino
que intervienen directamente en la marcha. Urganda, por ejemplo, le da a
Amadís su lanza...y a Galaor su espada.... Merlín constantemente
aconseja a los reyes sobre lo que debe hacer, revela la verdad del nacimiento
de Arturo para que se lo acepte por rey...[y] sugiere la idea de la Tabla
Redonda (Eloy Reinerio González, El Amadís de
Gaula: Análisis e interpretación, tesis, Ohio State
University, 1974, págs. 186-187).
79 Indudablemente
Santiago habría predicho cosas que ya habían sucedido,
como la completa cristianización de la península, y la gloria
de España bajo los Habsburgos; éste es el tipo de predicción
que encontramos en Persiles, IV, 6 y en El cerco de
Numancia.
80 Para una
introducción rápida, véase Leonard Patrick Harvey, The
Moriscos and Don Quijote, Conferencia Inaugural de la
Cátedra de Español, Universidad de London, King's College,
1974 (London: King's College, ¿1975?), basada, en un grado considerable,
en cuanto a los libros plúmbeos se refiere, en Kendrick; Menéndez
Pelayo ofrece detalles adicionales, Historia de los heterodoxos
españoles, Biblioteca de autores cristianos, 150-151, 20 edición
(Madrid: Católica, 1965-1967), II, 247-250, y, menos imparcial, Henry
Charles Lea, Chapters from the Religious History of Spain connected with
the Inquisition (Philadelphia: Lea Brothers, 1890), págs 108-117.
Los textos pueden encontrarse traducidos, junto con una introducción,
en Miguel José Hagerty, Los libros plúmbeos del
Sacromonte(Madrid: Nacional, 1980); acerca de su contenido véase
Darío Cabanelas, Intento de supervivencia en el ocaso de una
cultura: Los libros plúmbeos de Granada, Nueva revista de
filología hispánica, 30 (1981 [1983]), 334-358.
81
Pseudo-Historicity, págs. 124-126.
82 El otro escenario
ficticio posible habría sido Santiago de Compostela.
83 La tardía
aparición (en el siglo doce) de Santiago en la historia de España
medieval como caballero, en un cavallo blanco con una senna blanca,
et grand espada reluzient en la mano (Primera crónica
general, ed. Ramón Menéndez Pidal [Madrid: Gredos, 1955],
II, 360) y, como Merlín, haciendo predicciones, parece un reflejo
de la literatura caballeresca anterior. No he visto el libro de Klaus Herbers,
Der Jakobuskult der 12. Jahrhunderts und der Liber Sancti Jacobi.
Studien über das Verhältnis zwischen Religion und Gesellschaft
im hohen Mittelalter (Wiesbaden: Steiner, 1984).
84 De muchos
santos que de pocos años a esta parte avía canonizado la iglesia,
y puesto en el número de los bienaventurados, ninguno se llamava el
capitán don fulano, ni el secretario don tal de don tales [es decir,
armas o letras], ni el conde, marqués o duque de tal parte, sino fray
Diego, fray Jacinto, fray Raimundo; todos frailes y religiosos, porque las
religiones son los aranjuezes del cielo, cuyos frutos de ordinario se ponen
en la mesa de Dios (El licenciado Vidriera, II, 110, 11-19);
más vale ser humilde frailecito de qualquier orden que sea,
que valiente y andante cavallero; más alcançan con Dios dos
dozenas de dicheckedciplinas que dos mil lançadas (III, 120,
1-5), a lo cual Don Quijote responde todo esso es assí.
El interés de Cervantes por los santos recientes, incluyendo al
protagonista de su única obra religiosa, El rufián
dichoso, es una prueba que puede usarse al establecer su punto de vista
religioso.
85
Supuesta batalla [cursiva en el original] entre Ramiro I y los
ejércitos de Abd al-Rahmán II, en la que se habría aparecido
el apóstol Santiago combatiendo contra los moros, montado en un caballo
blanco. Por ella se habrían libertado los cristianos del vergonzoso
tributo de las cien doncellas, que venía de tiempos del rey Mauregato,
y en agradecimiento a la ayuda del Apóstol, Ramiro, en el célebre
privilegio de los Votos (supuesto del 25 de mayo de 844, en realidad
una falsificación del siglo XII), establece para los habitantes de
toda España, conforme fuera liberándose su territorio, la
obligación de pagar a la iglesia de Santiago una medida de trigo y
otra de vino por cada yugada de tierra.... La leyenda, que ha tenido y tiene
aún acérrimos defensores, y ha dado motivo a una bibliografía
extensísima, carece de todo fundamento histórico. Ninguna de
las más antiguas crónicas cristianas de la Reconquista (Alfonso
III, Albeldense) la menciona, y la existencia de esta batalla ni siquiera
se plantea a un historiador serio. (L[uis] V[ázquez] de P[arga],
en Diccionario de historia de España, 20 edición.)
86 Para cuya
seguridad [doncellas], andando más los tiempos y creciendo más
la malicia, se instituyó la orden de los cavalleros andantes
(I, 149, 24-26). Uno de los cuatro santos y cavalleros del capítulo
58 de la Segunda Parte es San Jorge, uno de los mejores andantes que
tuvo la milicia divina; ...y fue, además, defendedor de donzellas
(IV, 226, 17-20).
87 Francisco de Rades
y Andrada, Chrónica de las tres órdenes y cavallerías
de Sanctiago, Calatrava y Alcántara (1572; reimpreso en Barcelona:
El Albir, 1980), fols. 4v -5v . Rades evita tomar una
postura firme en un punto tan delicado, que habría hecho la Orden
de Santiago más antigua que su rival principal, la de Calatrava;
véase la introducción de Derek Lomax, pág. ix. Ningún
historiador moderno atribuiría esta antigüedad a una orden
militar.
88 La verdad
dello es, que fueron cavalleros escogidos por los reyes de Francia, a quien
llamaron pares..., y era como una religión de las que aora
se usan de Santiago o de Calatrava, que se presupone que los que la professan
han de ser o deven ser cavalleros valerosos, valientes y bien nacidos; y
como aora dizen cavallero de San Juan o de Alcántara,
dezían en aquel tiempo cavallero de los doze Pares, porque
lo fueron doze iguales los que para esta religión militar se
escogieron (II, 367, 32-368, 13).
89 No es tan
extraño como pudiera parecer que hubiera naufragios en una obra sobre
Bernardo del Carpio, quien en los poemas épicos anteriores había
viajado mucho (un ejemplo fácilmente accesible: Barahona de Soto,
Las lágrimas de Angélica, ed. Lara Garrido, pág.
572). Teniendo en cuenta que el escenario mediterráneo era el preferido
por Cervantes en sus novelas, Bernardo bien podría haber visitado
Tierra Santa, como Pelayo hace en el Pelayo de López Pinciano
y Carlomagno hace en diversas leyendas tardías, como el Triunfo
de los nueve...de la Fama (véase nota 20,supra). También
es posible que Bernardo hubiera dirigido la resistencia contra los invasores
normandos, que llegaban por mar.
90 A los
nigrománticos y hechiceros castigó [Ramiro] con pena de
fuego (Mariana, pág. 207a).
91 Véase
Bataillon, Erasmo y España, págs. 620-621. Naturalmente
Cervantes también creía que sus comedias estarían
entre las mejores que se habían producido en España (nota 32,
supra; en el prólogo de las Ocho comediastambién
vemos la estima en que las tenía).
92 Véase
Cervantes y Tasso vueltos a examinar, págs. 42-43.
93 Si
[tratárades] de encantadores y hechizeras, Homero tiene a Calipso,
y Virgilio a Circe (I, 35, 27-29). Aunque pueda sorprender que se juzgara
los poemas de Homero y de Virgilio por su exactitud histórica, y
según este criterio se encontraban deficientes, de hecho es lo que
ocurría, y esta crítica no era nueva: incluso Platón
(en la República) criticaba a Homero por esta razón.
Joaquín Romero de Cepeda, en el prólogo de su Antigua memorable,
y sangrienta destruición de Troya (Toledo: Pero López de
Haro, a costa de Antonio López, 1583), dice que va a pon[er]
en el processo della [esta historia] la verdad, y la más común
opinión de los más graves autores, entre los quales Virgilio,
y Homero tienen poco crédito. Y quien esto quisiere ver, lea a Dión
Griego, del qual dize Sabelico, que no entendía sino en confutar mentiras
de Homero, el qual fue tenido por loco, pues fingía los Dioses pelear
con los hõbres y ser dellos heridos (fols. 6v
-7r ). En todo caso Homero no fue popular en la España
del Siglo de Oro (ni tampoco en la Edad Media); sólo había
una edición parcial de la Odisea, que nunca fue reimpresa,
y López Pinciano (III, 179-180) dijo que pudiera ser que, si
Aristóteles alcançara a Virgilio, no gastara tanto en alabar
a Homero. Sobre críticas de Virgilio, véase Forcione,
Cervantes, Aristotle, and the Persiles, pág. 175;
sobre su imagen posclásica, John Spargo, Virgil the Necromancer
(Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1934).
94 II, 344, 28. Cervantes
creía que era aquel que en la invención excede a
muchos (Parnaso, 55, 5-6).
95 II, 346, 9; II,
341, 24-25; II, 344, 28-29.