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Nota sobre los textos
La falta de una edición crítica
y científica de Don Quijote y otras obras de Cervantes es una
lacra escandalosa en el cervantismo. Ni existe un acuerdo sobre cómo
debería prepararse tal edición. Somos unos reinos de taifas:
cada cervantista tiene su edición o su proyecto de edición,
cuál más esmerada y cuál menos. Reina la rivalidad y
falta la cooperación.
Incluso carecemos de un sistema común
de numeración de los textos cervantinos. Cada uno los
citaespecialmente Don Quijotesegún una edición
diferente: fulano por la página de nueva edición Planeta de
Riquer, mengano (y hay muchos menganos) por la de su vieja edición
Juventud, otros por las ediciones de Murillo, Allen, Gaos, Avalle-Arce,
Rodríguez Marín y otros editores. El que quiera leer las actas
de un coloquio cervantino y consultar los pasajes citados en ellas tiene
que disponer de toda una biblioteca de ediciones. Es un caos que estorba
mucho a los investigadores.
Dada esta situación, me he visto forzado
a acudir a una edición relativamente inaccesible, pero sí
científica: la de Rudolph Schevill y Adolfo Bonilla y San Martín
(Madrid: los editores, 1914-1941). Producto de la colaboración de
un erudito español y otro norteamericano, no ha recibido nunca el
aprecio que merece, y no ha podido
reimprimirse.1 Para compensar en lo posible
la rareza de esta edición he añadido, en el índice de
referencias a las obras de Cervantes, una clave de las divisiones internas
no sólo de Don Quijote sino de todas las obras de Cervantes
que las tienen: parte y capítulo de Don Quijote, libro de La
Galatea, libro y capítulo de Persiles, capítulo
del Viaje del Parnaso y jornada para las Comedias.
La edición de Schevill y Bonilla no
es perfecta, pero es una selección fácil. Es una edición
uniforme de las obras completas de Cervantes; las otras ediciones completas
accesibles (Aguilar, Juventud y Biblioteca de Autores Españoles) son
bien conocidas por sus errores.2 Además,
la edición de Schevill y Bonilla es la única que presenta las
líneas numeradas, una ayuda que me ha resultado indispensable y medida
que recomiendo encarecidamente a futuros editores.
El hecho de que tenga notas textuales completas,
sin embargo, quita importancia a estas consideraciones. No sólo nos
proporcionan Schevill y Bonilla las variantes que se encuentran en distintos
ejemplares de la primera edición, y de varias ediciones posteriores,
lo cual es importante, sino que nos dicen cuándo han modificado el
texto, y esta información es imprescindible. Editores más recientes
enmiendan tácitamente, y cada uno se guía por criterios distintos,
puesto que las enmiendas varían de una edición a
otra.3 La experiencia me ha demostrado los
riesgos de trabajar con un texto tácitamente corregido.
John J. Allen ha criticado la edición
de Schevill-Bonilla por ser innecesariamente arcaica: su
ortografía podría modernizarse sin que se produjera ninguna
pérdida significativa.4 Aunque para
fines eruditos el conservadurismo editorial es muy preferible a lo contrario,
la crítica de Allen está justificada. Schevill y Bonilla no
son coherentes, por ejemplo, en la cuestión de los acentos. Los primeros
tomos de su edición usaron el acento grave original (hablò),
que pronto abandonaron. Se añadieron acentos agudos según el
sistema español moderno en las palabras homónimas, para evitar
la ambigüedad, pero no se añadieron a las palabras que no eran
ambiguas. Si Cervantes hubiera usado acentos, habríamos podido adoptar
su sistema; por lo que se sabe, no usó
ninguno,5 y la acentuación moderna
no distorsiona al autor. La diéresis sobre la
u(ü), desconocida en el Siglo de Oro, indica la
pronunciación correcta de un par de signos que se prestan a
confusión, gu, y puede ser una ayuda importante en palabras
ahora en desuso (güero).
Hay que señalar que el texto de Schevill
y Bonilla fue modernizado en otros aspectos, además de la
acentuación. La puntuación de las ediciones originales
desapareció,6 las abreviaturas fueron
resueltas y la s alta () fue reemplazada por la baja. Pero aunque
modernizaron /s, conservaron otros pares que no eran más
significativos. Respetaron el uso de u y v; en aquella época
se usaba v como vocal o consonante al principio de palabra
(vna), y u tenía las mismas funciones en mitad de palabra
(lleuar). No se ha propuesto nunca que el distinto uso de u
y v en el español del Siglo de Oro tuviera significado
fonético. Amado Alonso los llamó dos dibujos de una sola
letra.7 El sistema moderno, que usa
v como consonante y u como vocal, es más sencillo y
claro. Elimina una pequeña pero enojosa barrera que separa al lector
del texto; esta ventaja no tiene ningún coste. Lo mismo pasa con los
pares i/j y i/y.
Por estas razones he modificado el texto de
Schevill y Bonilla añadiendo acentos modernos y diéresis, y
modernizando los pares u/v, i/j y i/y. He modernizado
de la misma forma textos tomados directamente de ediciones antiguas, pero
no he creído conveniente modernizar textos tomados de ediciones de
otros editores más recientes. También, después de largas
meditaciones he decidido modernizar las consonantes en los títulos
de las obras cervantinas.
La cursiva para dar énfasis en las citas
de Cervantes es siempre mía.
1 Es la más
aconsejable, en opinión del exigente José María Casasayas
Truyols, Don Quijote en el siglo XX. Breve repaso a las más
recientes ediciones eruditas, Miguel de Cervantes en su obra.
Antología, selección de estudios y documentación, Anthropos
suplementos, 17 (1989), 289-296, en la pág. 293.
Por falta de apoyo de los demás
cervantistas, la edición de Schevill y Bonilla la publicaron ellos
mismos; ayudó a costearla una subvención de Phoebe Apperson
y sus herederos (véanse las declaraciones preliminares en La
Galatea, tomo I, y en Comedias y entremeses, tomo V). La poca
atención que esta edición recibió cuando fue publicada
contrasta con la gran atención que se dedicó a las ediciones
de Don Quijote de Rodríguez Marín, dos de las cuales
todavía están a la venta, una de ellas, la de Clásicos
castellanos, incomprensiblemente, según la autorizada
opinión de José M. Casasayas (nota 55 de su La edición
definitiva de las obras de Cervantes, Cervantes, 6 [1986], 141-190,
con correcciones en 8 [1988], 123). La serie de facsímiles de las
obras de Cervantes, publicada por la Real Academia en 1917-1923 y reimpresa,
menos el último tomo, en 1976-1990, fue la respuesta española
a la edición de Schevill y Bonilla. El caso es paralelo al de la
edición de John Bowle, la primera edición científica
(Historia del famoso cavallero, Don Quixote de la Mancha [Salisbury,
1781]): igualmente innovadora, rechazada y imposibilitada de reproducción
en facsímil (véase la nota 47 del primer capítulo).
2 Cuando estaba
en prensa la traducción española de este libro, ha aparecido
en el mercado una nueva edición de las Obras completas de
Cervantes, de Editorial Turner (Madrid, 1993), y los dos primeros tomos de
la edición del Centro de Estudios Cervantinos (Alcalá de Henares,
1993-en prensa). Ninguna presenta las líneas numeradas. La edición
Turner, sin introducción textual ni notas, no ha sido reseñada,
que yo sepa, hasta el momento de escribir estas líneas. La del Centro
de Estudios Cervantinos (Alcalá de Henares, 1993-en prensa), hecha
de prisa, no es ni crítica ni científica en las
palabras de sus propios editores, Florencio Sevilla y Antonio Rey Hazas (I,
xciv). Sobre estas ediciones, puede verse la comunicación de José
María Casasayas, Ahí va otraY: Lamentaciones sobre las
últimas ediciones quijotescas, en prensa en las Actas del
Segundo Congreso Internacional de la Asociación de
CervantistasNapoli, 5 de abril de 1994.
3 R. M. Flores,
The Compositors of the First and Second Madrid Editions of Don
Quixote Part I (London: Modern Humanities Research Association,
1975), págs. 65-68; E. C. Riley, reseña de las ediciones del
Quijote de Allen, Murillo y Avalle-Arce, Bulletin of Hispanic
Studies, 57 (1980), 346-349.
4 A More
Modest Proposal for an Obras completas Edition,
Cervantes, 2 (1982), 181-184, en la pág. 182. El hecho de que
Schevill y Bonilla no modernizaran u/v había sido criticado
anteriormente por José Toribio Medina en su edición del Viaje
del Parnaso (Santiago de Chile: sin editor, 1925), I, viii.
5 Miguel
Romera-Navarro, Autógrafos cervantinos, University of Texas
Hispanic Studies, 4 (Austin: University of Texas, 1954), pág. 22.
6 La
puntuación de las ediciones refleja criterios e interpretaciones de
los cajistas, los editores de la época. Sobre el significado de la
puntuación, véase mi On Editing Don Quixote,
Cervantes, 3 (1983), 3-34, en las págs. 11-14. La puntuación
del mismo Cervantes, igual que la de muchos otros autores, era descuidada,
al menos según el manuscrito del supuesto fragmento de las Semanas
del jardínque creo ser autógrafo; véase mi Las
Semanas del jardín de Miguel de Cervantes (Salamanca:
Diputación de Salamanca, 1988 [1989]) y The Story of a Cervantine
Discovery, Manuscripts, 45 (1993), 13-21.
7 De la
pronunciación medieval a la moderna en español, ultimado
y dispuesto para la imprenta por Rafael Lapesa, I (Madrid: Gredos, 1955),
15.