Publicado en el número del invierno 2001 de Hispanic Review

Rico, por Cervantes

Don Quijote de la Mancha. Edición del Instituto Cervantes. Dirigida por Francisco Rico con la colaboración de Joaquín Forradellas. Segunda edición revisada. Barcelona: Crítica, 1998. cclxxxvi + 1247 + 1294 páginas + CD con folleto de 44 páginas. ISBN: 84-7423-892-7 (tela), 84-7423-624-X (rústica).


     Los problemas editoriales de las obras de Cervantes han preocupado a más de una generación de cervantistas. Por buena o mala fortuna, por casualidad o por algún duende o embrujo de la obra, estos problemas son más agudos tratándose de la primera parte del Ingenioso Hidalgo. Cada cual ha tenido su edición o su proyecto de edición; pronto fracasaron los proyectos que desde su fundación pensaron llevar a cabo tanto la Cervantes Society of America como la Asociación de Cervantistas.
     Las consecuencias de esta anarquía han sido dos. Primero, no ha habido una edición aceptada ni una paginación usada por todos. Uno manejaba la edición —una de las ediciones— de Rodríguez Marín, otro la antigua de Riquer, éste la nueva de Riquer. Acullá (diría Cervantes) se emplea a Allen, allí a Murillo, algún atrevido todavía a Schevill y Bonilla. Para leer los estudios de estos eruditos era necesaria toda una biblioteca de ediciones.
     Además de las confusiones e incomodidades aludidas, no hemos tenido un texto fiable, y hasta hace poco, incluso ignorábamos su falta. Rodríguez Marín, con sus ediciones autodenominadas “críticas”, sin que haya entendido el término, tuvo la crítica textual cervantina parada durante más de medio siglo. Hemos elaborado nuestros estudios valiéndonos de textos enmendados caprichosa, incompleta o engañadoramente. No hemos podido conocer las enmiendas, las más veces sin documentación. (Hay que señalar la superioridad de la inaccesible edición de Schevill y Bonilla en este aspecto.) Después de que Robert Flores abrió el tema de la insuficiencia de todas las ediciones existentes, se ha producido una riña de gallos. El debate ha tomado un carácter tan violento que sólo tiene antecedente, dentro de lo literario, en los antiguos debates sobre el canon cervantino.
     Ahora se nos presenta no un cervantista, sino un filólogo, Francisco Rico. Conoce bien la rica literatura angloamericana sobre las ediciones de textos clásicos, todavía poco difundida en España. El proceso de editar, subrayemos, es una tarea filológica. Ser cervantista no implica ser filólogo ni saber editar. Las enmiendas, la modernización, la ortografía y puntuación piden un conocimiento a fondo de la historia de la lengua, además de las técnicas puramente editoriales.
     Rico, ajeno hasta ahora al mundo amargo del cervantismo, ha reexaminado las cuestiones textuales de Don Quijote desde el principio. También conoce la literatura clásica española, como se esperaría de quien ha editado y anotado Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache. Por último, ha podido montar un equipo de especialistas y estudiantes. El resultado es la edición presente, que será central al cervantismo del próximo siglo.

I. El texto

     El fundamento del texto fue un examen riguroso de todas las ediciones antiguas y muchas modernas, y el trazado de su filiación. Rico proporciona una historia de las ediciones de Don Quijotedesde 1604 hasta la actualidad (I, cxcii-ccxlii), hecha con tanta maestría que casi no se advierte el esfuerzo y pericia que hay tras ella.
     El equipo montado por Rico ha trabajado sobre los ejemplares originales y no sobre facsímiles, a menudo —señala Rico— retocados y por ello identificables como base de determinadas ediciones modernas. Se cotejaron cuatro ejemplares de las ediciones príncipes, que, combinadas con las tres cotejadas por Robert Flores, ofrecen —¡por fin!— un control “relativamente firme” de las diferencies entre ejemplares (II, 682).
     Los principios tras la selección del texto base y de las anotaciones se encuentran en la “Historia del texto” del mismo Rico (II, cxcii-ccxlii), y adolecen de la demora en la publicación de su libro El texto del Quijote, anunciado para 1998. Lo más llamativo es, sin duda, su posición sobre el valor de la princeps de 1604/1605. Por un lado, según práctica normal en las imprentas de la época, considera segura la existencia de una copia en limpio, hecha por un amanuense, de los originales cervantinos. Concluye también que es segura la participación de Cervantes en las correcciones de la segunda edición de Cuesta de 1605, y algo probable en las de la tercera edición, de 1608 (II, 677). En 1608 vivía en Madrid “a cuatro pasos” del taller de Cuesta (II, cxcix-cc). ¿Cómo iba a componer y tirarse una obra de Cervantes, sin que se enterara? Estando enterado, ¿no hubiera intervenido?
     Aspecto central de todo el esfuerzo textual de Rico, no es lo que ha hecho, por mucho que esto sea, sino la documentación de lo que ha hecho. Nadie ha conseguido producir un texto del Quijote que haya satisfecho a todos los cervantistas, y habrá discrepancias también con el de Rico. Si Cervantes se refería al matrimonio como “disoluble nudo” o “indisoluble nudo” no es una cuestión filológica. No pidamos enmiendas perfectas e indiscutibles.
     Lo vital es la relación de las enmiendas, para que el estudioso de la obra sepa qué se haya corregido, y dónde, y cómo. Esto Rico lo cumple, e incluso nos invita a repasar sus decisiones editoriales (I, cclxxv). Una innovación absoluta en la edición crítica —si hay otros ejemplos no los conozco— es una página “web” dedicada a las últimas actualizaciones del texto: http://gould.uab.es/quijote/index.html. Las enmiendas nuevas se incorporan a cada reimpresión del texto.
     Por último, y no de poca importancia, figura al principio de las notas al texto la explicación más completa y más meditada de las decisiones editoriales —modernización, puntuación, división en párrafos— que se encuentra en ninguna edición española (II, 671-700). El texto está modernizado, por razones cuidadosamente analizadas: usar la ortografía original significaría alejar el texto del lector.
     En resumen, es el mejor texto de Don Quijote que se haya preparado nunca, y debe usarse tanto para fines eruditos como base para ediciones más populares.


II. Notas y materiales complementarios.

     Los materiales reunidos —las notas, la bibliografía, los ensayos y dibujos— son de una riqueza y una corrección nunca vistas en un proyecto editorial en lengua castellana. Sobresale la calidad de los ensayos complementarios. Jean Canavaggio, el máximo biógrafo cervantino de nuestros días, dedica veinticinco páginas a la vida de Cervantes y el reflejo de la misma en sus escritos, y otras veinticinco a un resumen cronológico de la vida de Cervantes; Anthony Close, la personalidad y cultura de Cervantes y, en otro ensayo, las interpretaciones del Quijote; Sylvia Roubaud, los libros de caballerías; Edward Riley, teoría literaria; Maricarmen Marín Pina, motivos y tópicos caballerescos; y dejo nombres y temas importantes sin mencionar.
     La bibliografía nos ofrece una herramienta rica y cuidadosamente elaborada. El listado de las obras citadas ocupa más de 200 páginas. Al fin de cada comentario de capítulo o apartado temático hay un comentario bibliográfico de cierta extensión, a veces con notas agudas y saladas.
     Para la explicación del texto, en forma lineal, hay cuatro modalidades de información. A pie de las páginas del texto cervantino hay notas brevísimas. Explican alusiones y vocablos arcaicos, y parafrasean cláusulas difíciles para el lector culto de hoy. Con siglas se remite a las Notas complementarias, donde se indica la fuente o fuentes del dato y se señalan otros comentarios, si los hay.
     El Aparato crítico, en forma de notas, documenta y comenta el texto: las enmiendas admitidas, las propuestas por varios editores pero no admitidas, los puntos debatidos por los especialistas. Es el registro de variantes de Don Quijote más completo que existe.
     Por último, hay una serie de ensayos sobre los capítulos del libro, seguido cada uno de una orientación bibliográfica. Estas “Lecturas del Quijote” son la parte más desigual de todo el juego. Se repartió Don Quijote entre 58 comentaristas. Entre sus “lecturas” hay verdaderas perlas con nuevos y valiosos datos y enfoques, pero otras no pasan de ensayos de encargo, cuyos autores al parecer no dominan la bibliografía citada a continuación de su escrito. En cambio, las aludidas orientaciones bibliográficas capitulares son utilísimas.
     Son tan voluminosos y diversos estos materiales incluidos que puede resultar incómodo manejarlos todos. Las explicaciones de las siglas y abreviaturas usadas están repartidas entre las “Notas del uso” (I, cclxxxv-cclxxxvi) y la bibliografía (II, 997-1212). El URL de la página web aludida se encuentra sólo en la página 8 de la Guía de uso del CD. Pero al mismo tiempo, Rico nos proporciona un índice de las notas (75 páginas), titulillos descriptivos en cada página (no reconocida causa de la popularidad de la vieja edición de Riquer) y señala donde comienza cada folio de la edición príncipe.


III. El CD-ROM

     El CD incluye el texto de la edición, sin notas. Está codificado y se lee a través de un programa lector; no es posible sacar los textos para manipularlos con otro programa, ni copiar fácilmente un párrafo para incluirlo en un ensayo.
     El CD, además, nos ofrece las siguientes maneras de estudiar el texto: lista alfabética de palabras con sus frecuencias, lista inversa de palabras (alfabetizadas según sus terminaciones) con frecuencias; lista de palabras en orden de frecuencias, lista alfabética de palabras con sus lugares (página y línea) en el texto; presencia de cada letra y signo de puntuación en una unidad de texto; presencia de cada combinación de letras y signos de puntuación; presencia de cada combinación de palabras. Esta última herramienta no pude hacerla funcionar, quedándose siempre paralizado el programa con un mensaje de error.
     La instalación del CD no ocasionó, como diría el cronista, “nada que de contar sea”. No hay programa de desinstalación. Es necesario siempre el CD original; si se copia en su totalidad al disco duro el programa no arranca.


IV. Significado para los estudios cervantinos.

     Ésta es, en mi opinión, la edición que todo cervantista necesita, y el texto más apropiado para ediciones de divulgación. Nada es perfecto ni inmejorable. Pero en cuanto a la depuración del texto, la documentación de las enmiendas, la anotación, los importantes materiales suplementarios y la forma de presentación, no hemos tenido nunca una edición de Don Quijote tan bien pensada y ejecutada. Dudo que veamos otra mejor mientras ninguno de nosotros viva. Es modélica, como debe ser una edición de la máxima obra de la literatura castellana, si no de la mundial.
     ¡Que se editen otros textos clásicos con el mismo rigor! ¡Y las otras obras de Cervantes!


Daniel Eisenberg
Excelsior College


URL: http://users.ipfw.edu/jehle/deisenbe/reviews/rico.htm
Daniel Eisenberg <Daniel.Eisenberg@bigfoot.com>