Soleado
Revista de literatura y cultura

 
ISSN 1554-4575

  Ficción        Poesía        Ensayo        Memoria        Drama        Cine        Reseñas        Editorial

Archivos

Volumen 2
(Otoño 2005)

 

 

Sobraría espacio, recordar la lucha y el éxito de José Manuel en sus detalles. Pero ello sería la historia del Matador, y no de la afición y pasión de un joven, que a pasodoble, llegó a ser el número uno. Al fin, papá comprendió la integridad del hijo, a pesar de la oposición de mamá, y le dijo:

    -¡Sé torero, pues, pero sé el mejor, o no seas nada!

Manolo supo que eran palabras serias, pero sabias. Con el apoyo de papá, y la ayuda de su tío Pepe, Manolo emprendió el camino hacia la cima del toreo. Tuvo que viajar a México, al estado de Tlaxcala, para entrevistarse con el maestro Zavala.

    -Si le gustas y reconoce que estás serio, él te puede ayudar, le dijo Pepe.

El maestro Zavala reconoció que José Manuel tenía afición y pasión.

    -Pero, no es suficiente tener afición, chamaco. Tienes que tener ¡ganas y trabajar duro! Si has de ser torero, el toreo tiene que ser tu vida; pero hay que hacerlo con respeto, integridad y verdad. ¡Sé el mejor, o regrésate a casa!

Esa noche José Manuel estuvo de vigilia y ayuno. Al día siguiente dijo,

    -Maestro, anoche quemé mis barcos. No soy Cortes, pero . . . .

Zavala entendió claramente y sonriendo dijo, “Bien has dicho, Manolo.” -¿Qué, maestro? ¿Cómo me dijo?- “De hoy en adelante eres Manolo Cámara.”

próximo cuento>

            < 47 > © Soleado (2005)