Soleado |
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| ISSN 1554-4575 |
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Volumen 2
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MujerLa luz blanca y pura de la luna, invitada por las cortinas de encaje blanco enmarcando la ventana, hacía sombras suaves en tonos de azul grisáceo de todo en el cuarto. El rítmico, profundo y resonante respirar de un sueño rompía el encanto de la noche. Al abrir lentamente sus ojos, ella dejó que se ajustaran a la tenue magia del día esperando ansiosamente por llegar. Como de costumbre se levanta silenciosamente y sale a empezar su día cotidiano. Su camisón puro navega los pasillos de la casa. Si su familia se despertara y la viera, pensarían que estaban en la presencia de un ángel. Su petite apariencia, cabello color elote y sus ojos verdes sinceros, le quitarían el aliento a los ángeles mismos. Horas más tarde levanta a su esposo con el aroma penetrante de café fresco y huevos con machaca. Una sonrisa mermada le da las gracias y con eso se va a los cuartos adjuntos donde su vida está en la siguiente generación. A ellos les toca jugo de naranja recién exprimido, huevos y unas cosquillitas en la espalda para despertar. En el vacío de esta mini mansión en Recoleta ella es capaz de ser su verdadera persona. Vivir en el centro de Buenos Aires en una localización tan rimbombante tiene su peso en la vida de sol a sol. Pero, aquí en las horas diurnas ella ríe hasta el dolor; se devora con energía insaciable el periódico que deja su marido en su cama adornada de sabanas alborotadas; escucha la envidiable colección de LPs, de los compositores más prestigiosos en el tocadiscos. Siempre muy cautelosa de dejar todo como lo dejó Alejandro la noche anterior. Sólo lava el vaso donde navegan los hielos en mar de whiskey. |
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| < 60 > | © Soleado (2005) |