Soleado |
||
|---|---|---|
| ISSN 1554-4575 |
||
Volumen 2
|
Escena 3 Una vieja entra en la lavandería. No tiene ni ropa sucia ni tampoco ropa limpia en las secadoras. Le saluda al dependiente y se dirige a la máquina de café y mete su dinero. Recibe su taza y se sienta en una silla cerca de las secadoras donde Carmen mete su ropa mojada. Carmen no parece notar que la mujer está sentada cerca y está sorprendida al descubrirla cuando se gira. Carmen: ¡Ay! O señora, perdóneme. Usted me sorprendió. Dolores: No hay problema. Casi ninguna gente me nota. Quizás es porque no le molesta a nadie, ni al dependiente, que él me permite visitar aquí para sentarme y beber un café sin usar las máquinas de lavar. No molesto a nadie. No hablo con nadie y nadie habla conmigo. Realmente, tengo una familia. Ni mi familia me habla. Mi hijo es médico y vive en Lake Forest. Mi hija está casada con un médico y vive en Highland Park. Yo vivo en la misma casita cerca de aquí donde los crié. Casi perdimos la casa cuando su papá la usó por una apuesta en un juego de poker. Lo eché de la casa después de ese suceso. Yo trabajaba día y noche para proveer para mi familia. Ahora ni mi hijo ni mi hija me hablan. Nunca cumplí la escuela secundaria. Tal vez tienen vergüenza de mí. No quieren que sus vecinos sepan que su madre es una mujer sencilla que no compra sus vestidos en Nieman Marcus. Yo tenía amigas en este barrio pero se murieron. A veces hablo con ellas como si todavía estuvieran aquí. Más y más lo hago en el auto bus o cuando ando por las calles. Ay, qué lástima. Tal vez me vuelvo loca de la soledad. No echo de menos a mi marido pero me gustaría visitar con mis nietos más. Ay, Dios mío. Acabo de decir que no hablo a nadie y ahora hablo a Vd. sin parar. Perdóneme, señora. Creo que voy a llevar mi café a mi casa. Pues, Feliz Navidad, señora. |
|
| < 34 > | © Soleado (2005) |