Nerudiana II
Lo que quiero que digas
No me lo dirás.
Desastre. Incendio. Lamento.
Qué verdad más poblada de sueños
Qué hora más llena de eternidad
Qué ganas más luminosas de distancia
Entre mis brazos aún
Tus pálidas manos
Residen. Como un bálsamo.
Amanezco aún sobre las piedras de tu pecho
Blanco. Como las gaviotas.
Resuenan en mis oídos aún
Las anclas de tus palabras
Húmedas. Como el mar.
Salas aún las estaciones de mi vida áspera.
Invitación para el viaje
En el navío ávido de nuestra juventud
Tierras de nadie, islas de todo
Crepúsculos desvaneciéndose
En el horizonte estirado
De nuestros cuerpos
El grito de la noche
El susurrar de la ola
Tu presencia ardiendo en mi deseo
Y, de repente, mañana.
Mañana negra de brumas
Despacio te oculta la realidad.
Van mis barcos en vano
De puerto en puerto
Buscándote
Como si fueras el trigo
Del hombre que tiene hambre
Desesperado, como si fueras
La palabra, el color y la forma.
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