Soleado |
||
|---|---|---|
| ISSN 1554-4575 |
||
Volumen 2
|
El tambor paróLas luces se encendieron. El momenta había llegado. El tambor solitario comenzó, su ritmo me abrazó y resonó de arriba abajo en todo mi cuerpo. Esperaba mi señal detrás del telón. Ésta era mi primera interpretación delante de tan grande auditorio. Al entrar al escenario yo cerré mis ojos y esperé que la música llevara mi baile. El tambor iba deteniéndose y mis movimientos seguían. Todavía estaba de espaldas al auditorio. Lentamente, yo di la vuelta y abrí mi velo. Sabía que en ese momento me sentiría a la descubierta y vulnerable o me sentiría liberada y segura. El tambor hizo una pausa. Mi mirada recorría el público, pero de repente se paró. Este segundo pareció un siglo. Mi atención se paralizó; yo miré fijamente a los ojos de una sola persona. Un escalofrío corrió por mi cuerpo y el tambor comenzó de nuevo. Yo bailaba pero sabía que mis movimientos habían cambiado. Los ojos del desconocido a quien yo miraba fijamente estaban quemando como un fuego adentro de mi cuerpo. Con cada bajada de la cadera, cada vuelta y revuelta, podía percibir esos ojos dominándome. Era vigorizante. No tenía ninguna idea de lo que pasaba. Había practicado mi rutina, mi coreografía mil veces, pero mi cabeza estaba girando y no podía controlar mi baile. Era, como si mi cuerpo tuviera su propio espíritu, y este espíritu era estos ojos en el auditorio. Bailaba para Los Ojos. Simpatizaba con Los Ojos. Mi velo se arremolinaba alrededor y pirueteaba detrás de mí. Este velo no podía servir como un obstáculo entre Los Ojos y yo. |
|
| < 49 > | © Soleado (2005) |