Soleado
Revista de literatura y cultura

 
ISSN 1554-4575

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Volumen 2
(Otoño 2005)

 

 

Finalmente la música se acabó y mi baile paró. Salí corriendo del escenario para saludar al público, sintiéndome entusiasmada y ansiosa de encontrar al dueño de Los Ojos mágicos. Al ponerme mi galabia encima de mi vestuario de baile, todavía podía sentir en mí la memoria de la mirada de Los Ojos quemando en mi alma como fuego. Tenía muchas ganas de saber quién me permitió someterme a él. ¿Por qué me hice tan vulnerable bajo su hechizo?

Fui corriendo al auditorio sólo para hallar una sala vacía. Desconcertada, di vuelta la cara hacia el escenario. Encontré al músico que tocaba el tambor guardando sus pertenencias.

"¡Fue un ensayo general magnífico! Me muero de impaciencia de ver tu interpretación delante del gran público esta noche." Él se volvió y desapareció de mi vista.

Me senté en el sol lleno de asombro. ¿Cómo pude imaginar toda esa gente? ¿Y también Los Ojos? Mi baile se dejó guiar por estos ojos. No fueron imaginados. Debían haber sido reales. Sentí estos ojos con todo mi corazón. Fueron los ojos de mi Musa, El Querido.

Salí de la sala de conciertos y sentí la luz del sol abrigando mi pelo. Sonreí y sabía que esta noche sería un espectáculo inolvidable.

            < 50 > © Soleado (2005)