Soleado |
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| ISSN 1554-4575 |
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Volumen 2
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Verdad: Cuando Poncio reconoció lo que perdióEra temprano, y el gobernador, pensativo, se hallaba andando por la terraza gozando del cálido sol del día en su túnica de dormir. Sus pensamientos agotados ya no podían resolver el asunto. Estaba ya al borde de la desesperación. Ansiosamente anhelaba el regreso de Claudia. Sólo ella podía asistirle y darle alguna semejanza de paz. Su reconocida perspicacia y rapidez mental eran sólo el recuerdo de una lúcida carrera militar. Una profunda muchedumbre de dudas confusas le atormentaban la conciencia. Todavía padecía de insomnio y de horribles pesadillas. Ocasionalmente la angustia era incesante. ¿Pero qué me pasa? ¿Por qué? ¡Apolo, ayúdame! Gritaba en sus sueños. Su sirviente, en cuanto le vio, enseguida se allegó a atenderle. -¡Buenos días Señor Gobernador! ¡Qué linda mañana hace hoy! |
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| < 72 > | © Soleado (2005) |